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                    <text>UNlVE~D AtrrONOMA
DE NUEVO LEON

FACULTAO DE ECONOrv1I/:\

��FACULTAD

DE

E C O N O MI A

Fundada en 1957

* La revista ENSAYOS, publica manuscritos de

,.

todos los campos de la economía, la estadística, las ciencias sociales y la educación.
Se edita tres veces a1 año en los meses de
Enero, Mayo y Septiembre; salvo cambios de
última hora que determinen lo contrario.

Mayo 1980.

* La suscripción a la revista tiene un costo

anual de: $250.00 (Doscientos cincuenta
pesos, 00/100, M.N.) para todo el territorio nacional; y de 15.00 Dólares para el
extranjero. Las solicitudes deben dirigirse
a la propia Facultad, mediante cheque u
orden de pago. Dirección: Facultad de Economía, Universidad Autónoma de Nuevo León,
Loma Redonda #1515 Pte., Col. Loma Larga,
Monterrey, N.L . México. Apdo. Postal 288.

* Toda comunicación relativa

a manuscritos y
correspondencia editorial, deberán ser
dirigidos a: Lic. Andrés Garza García.
Editor. Departamento de Relaciones, Facultad de Economía, U.A.N.L., Loma Redonda
#1515 Pte., Col. Loma Larga, Monterrey, N.L.
México. Apdo. Postal 288.

DIRECTORIO

Consejeros:
Consuelo Meyer L.
Manuel Silos Martínez
Ernesto Bolaños Lozano
Eladio Sáenz Quiroga
Romeo Madrigal H.
Alfredo Gómez Garza
Edgar López Garza

* Las opiniones, juicios o ideas que puedan
contener 1os artículos impresos en esta
revista no reflejan de ninguna forma el
criterio de la Facultad de Economía de la
U.A.N.L., siendo de exclusiva responsabilidad de su autor. Sin embargo, esta Institución se reserva todos los derechos y la
revista no puede ser reproducida sin permiso por escrito del Editor. Se autoriza la
reproducción parcial para efectos de análisis
o comentarios en otras publicaciones.

* Pub1i cae i ón rea 1izada por e1 Departamento
de Relaciones de la Facultad de Economía,
de 1a Universidad Autónoma de Nuevo León.

Director:
Arturo García Espinosa
Editor:
Andrés Garza García

�INDICE

Pág.

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL LIC. MANUEL
RODRIGUEZ CISNEROS EN SU· CALIDAD DE
DIRECTOR FUNDADOR, DURANTE LA CELEBRACION
DEL ACTO CONMEMORATIVO AL XX ANIVERSARIO
DEL CENTRO DE INVESTIGACIONES ECONOMI CAS.

REFORMA AGRARIA Y CAMBIO SOCIAL EN BOLIVIA.
EJutu.to QIWltanillo. Rodlúguez.

1

LA CALIDAD DE LA VIVIENDA EN MEXICO:
SU MEDICION Y DETERMINANTES.
W. Wh.ltne.y 11.lc./u IJ &amp;'luce Sc.ha.66eA,

45

BANCA NACIONAL: ANTECEDENTES, SITUACION
ACTUAL, PERSPECTIVAS Y APORTACIONES AL
DESARROLLO ECONOMICO DEL PAIS.
/.laJLco A. Phi.ez ValtleA.

61

ECONOMIA CAMPESINA DE CIUDAD ANAHUAC,
SUBREGION ANAHUAC, NUEVO LEON, MEXICO.
Gentil Ro j o.1, L.

67

�Pa.tabltM p!W 1tU.Y1.CÁ.ada1., pOII. el
Rodlúguez CUneJc.OJ., en .w
V,i/te,clo1t Funda.dOJt, CÍWU1.n.te la.
del a.do c.onme.moluLtlvo a..f. XX
dRi. Cent/to de Invutlga.c.,i,onv.,

U..C. • Manu.el
caUda.d de
c.eleb1ta.c.,i,6n
An,i,veJU,a.ltW
Ec.on6m1c.a.6.

"Hará un par de semanas recibí una llamada telefónica prove11ierrte de la Facultad de Economía, de la Universidad Autónoma de
Nuevo León.
Era acerca del Centro de Investigaciones Económicas,
que cumple 20 años de trabajar ininterrumpidamente en este mes de
abril. Con motivo de este aniversario, se preparaba una ceremonia
conmemorativa y se tuvo la amabilidad de invitarme en mi calidad
de Director Fundador del Centro. Desde luego, agradecí y acepté
la invitación .
Si bien en aquel entonces, elaboramos, entre otras cosas, las
. Cuentas Regionales del Noreste de México, debo confesar que no soy
afecto a llevar cuentas cronológicas, y que he estado desligado
del Centro en los últimos años, por lo que la noticia acerca de su
vigésimo aniversario fue una verdadera sorpresa. Me hizo recordar
el propósito que perseguía el primer plan de investigación del
Centro. Obedecía a un afán de crear el instrumental analítico, de
orden cuantitativo regional, para que estuviera disponible para su
mejor empleo, por las generaciones futuras de economistas de la
Universidad de Nuevo León.
Veinte años después es grato reunirnos, en un acto como este,
con antiguos compañeros quienes, en aquel entonces aún estudiantes
de la primera promoción de la Facultad, trabajaron en el Centro y
dieron su mejor esfuerzo para los primeros logros. También es
grato saber que posteriormente algunos de ellos asumieron la
dirección del Centro.

�Asimismo, es satisfactorio estar reunidos en esta celebración
con quienes concibieron la idea de crear el Centro de Investigaciones: Víctor L. Urquidi, Consuelo Meyer; y no podemos dejar de
lamentar la ausencia de ese gran intelectual ·mexicano, Don Daniel
Cossío Villegas. El propósito de ellos, de que los estudiantes de
Economía contaran con un sitio en donde real izar sus primeros
ensayos y tuvieran la oportunidad de combinar su preparación
teórica con trabajos empíricos, es una esp1énd ida rea1i dad.
También es satisfactorio encontrar que varias de 1as tareas
iniciales, como la medición de la situación ocupacional y del
ingreso de la clase trabajadora, así como el cálculo de varios
indicadores económicos, aún continúan, sin duda ahora perfeccionados. Este trabajo sistemático es digno de encomio, pues sólo
mediante un esfuerzo persistente, se contará con elementos que nos
ayuden a entender e1 comportamiento de 1a actividad económica y,
en consecuencia, capacitarnos para tratar de encauzarla hacia las
metas deseadas.
Precisamente, para establecer estas metas, es que el plan
básico de investigación inicial del Centro, tomó prestado de la
Demografía el tema del análisis y las proyecciones de la población
de esta parte del país, pues la mística de optimizar los medios
materiales y financieros disponibles que impulsa al economista, es
cabalmente justificable cuando tiende a beneficiar a los grupos
más numerosos de la población y, por lo tanto, a elevar la
condición socioeconómica de vida de esos estratos mayoritarios a
un nivel digno.
Consecuentes con este objetivo, los estudios de la población,
incluyendo los cálculos de su evolución en el futuro, deben
constituir un tema permanente en el plan de trabajo de cualquier
Centro comprometido en el campo de las Ciencias Sociales.

En base a los resultados que dichos estudios nos proporcionan,
nosotros los economistas, contamos con un elemento esencial, que
junto con otros propios de nuestra disciplina, nos permiten
fundamentar ante la sociedad, un orden de prioridad en la aplicación de los recursos, ya sea para satisfacer necesidades de
alimentación, salud, vivienda, educación, en fin, nos sirven de
guía para impulsar y fortalecer las condiciones materiales y
sociales de vida de la población.
Este tipo de trabajo es relativamente fácil, puesto que para
llevarlo a cabo se dispone de un probado y amplio instrumental
conceptual y metodológico.
Pero frente a e1 , 1os Centros de
Investí gación Económi'ca en e1 pa is se enfrentan a una gama amplia
de retos de diversa complejidad. Por citar algunos, la disparidad
en la distribución del ingreso, los desequilibrios estructurales
de la economía nacional y los desequilibrios estructurales en su
relación con el exterior.
Estos desafíos vistos no en forma individual, sino en
conjunto, nos conducen al reto mayúsculo de concebir, y de articular
en un esquema coherente, un modelo de desarrollo económico derivado
de nuestra realidad. Ya basta de ensayar una y mi'l veces la
aplicación de modelos importados, ajenos a la realidad nacional,
Por lo anterior, los Centros de Investigación Económica,
deben continuar dedicándose a la investigación básica para determinar, conocer y enseñarnos cómo opera nuestra economía, cuál es
sus interrelaciones, cuáles sus contradicciones, para que en
función de estos 1ogros, podamos estab1ecer so1uc iones emanadas
del conocimiento de nuestro propio sistema económico, social y
político. Este es el camino para hacer más acertado el esfuerzo
de todos nosotros.

�Este es el camino para hacer más efectivo el esfuerzo de
todos.. No necesitamos esperar, a que los economistas e investigadores de los países altamente industrializados, salgan de su
asombro y descontrol al enfrentarse, por primera vez, a un fen6meno
simultáneo de inflación con desempleo y nos exporten un nuevo
modelo . Las teorías económicas del mundo occidental, de donde
fundamentalmente nos nutrimos, están resquebrajadas.

REFORMA AGRARIA Y CAMBIO SOCIAL EN BOLIVIA.

EJtnuto Qc.u.ntanilla. Rodlúguez*

Introducción
Estructuremos nuestro propio modelo . Esto es posible, si las
entidades de investigación intensifican sus esfuerzos. Esto es
posible si se les suministra de los medios necesarios. Apoyemos
en nuestras respectivas esferas de actividad a los Centros de
Investigación Económica del país, y en especial al de la Facultad
de Economía de nuestra querida Universidad Autónoma de Nuevo León."

La Refonna Agraria constituye uno de los más debatidos temas
en las esferas social, económica y política de América Latina.
Desde fines del siglo pasado cada movimiento armado, cada golpe de
estado y cada campaña política ha incluido dentro de su programa
el implementar una Reforma Agraria de algún tipo.
El 9 de abril de 1952 se inició la segunda Revolución Social
en América Latina; las con di ci ones feuda 1es preval enci entes en
Bolivia hasta ese día, se nabían tornado insoportables para la
gran mayoría de la población. Un año después se decretó una Ley de
la Reforma Agraria. Esta ley tenía seis objetivos fundamentales:
"l.

Asignar tierra cultivable a los campesinos que no la tengan o
que tengan muy poca, a condición de que la trabajen,
expropiando para este fin aquellas tierras que terratenientes
ineficientes detentan en exceso, o de las que disfrutan rentas
no ganadas ~or su propio trabajo personal en el campo.

"2.

Restituir a las comun i dades indígenas las t ierras que les
fueron usurpadas y cooperar en la modernización de su

* U a.ctoJt e.6 egJtua.do y, a.c.tual.n,enle, Mau,t 1¡0 de .t'.a Fa.cul.:ta.d de
Econom[a. de .e.a UniveMida.d Au:t6noma. de Nuevo Le6n , habiendo
Jteubido .6u Voctc•Mdo en .ea UnJveMida.d de Pit.t.6bMgh, Penn . en
1976.

�2.

3

agricultura, respetando y haciendo uso de sus tradiciones
colectivas hasta donde sea posible.
"3.

Liberar a los trabajadores rurales de su condición de siervos,
proscribiendo los servicios y obligaciones personales
gratuitos.

"4.

Estimular mayor pruduc.ti-vidad y comercialización de la
ind~stria agrícola, facilitando la inversión de huevo capital _,
respetando a los pequeños y medianos agricultores, desarrollando el cooperativismo agrario, prestando apoyo técnico y
abriendo posibilidades de crédito.

"5.

Conservar los recursos natural es de la nací ón, adoptando los
medios técnicos y científicos que son indispensables.

"6.

Promover las corrientes de migración doméstica de la población
rural, hoy concentradas excesivame~te en la zona interandina,
con el objetivo de obtener ~na distribución hllllana racional,
de reforzar la unidad nacional y de integrar el área oriental
del territorio boliviano económicamente con la occidental . "
(Preámbulo al Decreto Ley de la Reforma Agraria.

El propósito de este trabajo es tratar de proporcionar un
breve resumen de los efectos que la implementaci0n de esta Reforma
Agraria tuvo sobre la vida social de la población rural del país;
esto es, inquirir en qué direcciones y hasta qué grado este
importante evento histórico aceleró el proceso de cambio social.
Haciendo referencia a los seis objetivos mencionados anterionnente,
trataremos de ver hasta qué grado han sido Cllllplidos, siendo ello3

mismos considerados parte del cambio social y cómo ellos, a su vez,
han operado otros cambios.
El artículo está dividido en seis secciones que corresponden,
más o menos, a los componentes de la vida social boliviana que
fueron más afectados por la Revolución, especialmente en el campo
y debidos directamente a la Refonna Agraria, a saber: Estructura
de clases, organización- sociJ1, organización familiar, movilidad,
comportamiento económico y, por último, una breve mención de los
patrones de consumo, valores y actitudes y politización.
Las limitaciones que rodean a un trabajo como este son
considerables. Por una parte, parece existir una disponibilidad
más bien escasa de infonnación estadística sobre los problemas que
aquí nos ocupan. Todos los estudios que hemos consultado adoptan
un tipo cualitativo de enfoque, siendo, la mayoría, relatos de las
experiencias de campo de los autores. Todos ellos están guiados
por criterios metodológicos subjetivos, siendo el resultado,
obviamente, una falta de unifonnidad. Por otra parte, dado que
pretendeiros cubrir todo el país y ·practicar un análisis de estática
comparada entre la situación prevaleciente antes de 1952 y la
imperante después de la Reforma Agraria, el trabajo tendrá que
parecer altamente esquemático.
Enunciaremos, a manera de hipótesis , la siguiente propos1c1on:
La Reforma Agraria, hasta el presente, ha afectado solamente a la
estructura rural de clases y los patrones de :-omportamiento del
campesinado boliviano, especialmente aquella parte que había
estado ligada al sistema de hacienda (es decir, todo un si~tema de
producción y distribución que giraba en torno a este sistema de
tenencia de la tierra).

�4

5

No se encontrará algo estrictamente nuevo en este articulo,
pues dependemos completamente del empleo de fuentes de información
secundarias para desarrollar el trabajo.

Por "cambio social" entendemos lo siguiente:
"l.

Cambio social denota una diferencia- observada de anterieres

estados de la estructura social, instituciones, hábitos o
equipo de una sociedad, en tanto que es; (a) el resultado de
abiertas medidas legislativas o de otro orden para controlar
1a conducta, o ( b) e1 producto de un cambio ya sea en una
subestructura o sector dominante específico de la existencia
social, o en el ambiente social o f'isico; o (c) el efecto
repercusivo de acciones sociales proseguidas de conformidad
con los modos sistemáticamente relacionados de satisfacer
necesidades y de hacer frente a las expectativas que
prevalecen en la sociedad.
"2.

El término también denota el proceso a través del cual ocurren
tales diferencias."
(Tom Burns: 1964, p. 647).

La sociedad boliviana, como todas las demás sociedades
latinoamericanas, ha estado inmersa durante varias décadas en una
etapa de cambio, de una sociedad tradicional hacia una moderna.
Este proceso de cambio cultural ha estado ocurriendo en la forma
de una transmisión de patrones de comportamiento, valores y
actitudes del sector urbano al rural; en otras palabras, la forma
específica en que ha estado ocurriendo el cambio social en Bolivia,
puede identificarse como asimilación, dado que este término se
define como " ... el nombre dado al proceso o procesos por los

cuales pueblos de diversos orígenes raciales y diferentes herencias
culturales, ocupando un territorio común, obtienen una solidaridad
cultural suficiente al menos para lograr una unidad nacional".
(Park: 1930).
Veremos si la Revolución de 1952 y la Refonna Agraria de 1953
tuvieron una influencia importante sobre el proceso de cambio por
el que atraviesa la sociedad bolivia~a.

ESTRUCTURA DE CLASES.

Anteriormente a la Revolución Nacional de 1952 y la Reforma
Agraria del año siguiente, existían tres categorías sociales
genera1es, que pueden ser consideradas como "el ases" si bien
compartían pocas de las características de las clases sociales de
una sociedad industrial. Estas categorías o clases eran: La clase
de 1os hacendados, 1a de 1os peones y los grupos concentrados en
las comunidades indígenas. Se consideraba que las dos últimas
categorías componían el estrato más bajo de la sociedad; también
componían el elemento abori gen de la estructura étnica, elemento
de gran importancia si co.nsideramos que uno de los criterios para
la estratificación social era precisamente el origen étnico del
individuo.
Existía también -y aún existe- un tercer segmento de la
población rural, compuesto de terratenientes en posesión de
propiedades de tamaño medio, pero que no compartían las características de la clase de los hacendados. Este segmento intermedio
constituía solamente una parte muy pequeña de la población rural

�6
7

total. Además, no fue afectado por la Refonna Agraria, por lo
cual nos desentendemos de su análisis.
La pro pi edad agrícola, a:,terionnente a la Refonna, estaba
distribuida con extrema desigualdad. De acuerdo con el Censo de
1950, el 70 porciento de la propiedad particular agrícola estaba
en manos de solamente el 4.5 porciento de los terratenientes, en
propiedades de 111il a diez mil · hectáreas de extensión. El cuadro
siguien~e proporciona la distribución de la tierra cultivada entre
los diferentes tipos de propiedad:

Método de Cultivo
Cultivo Semifeudal
Propiedades Trabajadas por sus Propietarios
Propiedades Trabajadas con Ayuda
Propiedades Rentadas
Propiedades de Comunidades Indígenas
T

o

t

a

De esta infonnación

podemos inferir
hacendados formaba una parte inferior al
población rural; no más del tres porciento
media rural II y el resto de la población
rural, "los indios", más tarde rebautizados

Porciento
90.54
1.50
2.44
2.66
2.86
100.00

que la clase de los
cinco porciento de la
pertenecía a la "clase
fonnaba la cldse baja
como "los campesinos".

Trataremos ahora de describir las relaciones entre estas dos

principales clases rurales económicas y sociales; la clase de los
hacendados, por una parte, y la clase de los campesinos -peones y
habitantes de las comunidades- por la otra.
En primer lugar, existían las relaciones dentro del sistema
de la hacienda; las relaciones patrón-peón. Los peones (también
conocidos como "arrenderos", "colonos", etc.) habitaban en las
tierras de la hacienda;. se les otorgaba una parcela de tierra por
el propietario o sus administradores, y se les permitía cultivar
esta tierra para su propio beneficio. Sin embargo, tenían que
pagar una renta por el uso de esta parcela, ya fuera en efectivo o
en especie con algo de los productos cosechados. Las cantidades a
pagar variaban de lugar a lugar y generalmente eran cantidades
fijas y no eran porcentajes de la producción de los peones. En
algunas regiones, tales como el Altiplano, existían algunas tierras
que podían ser usadas por el patrón o el peón indistintamente
(mayormente tierras de pastos, bosques y puna). En 1a región de
las yungas, por otra parte, dada la escasez de trabajo, el
hacendado también concedía a los peones ·una casa, un pequeño campo
de coca y algunos árboles o arbu'stos de café. Los peones de las
yungas, además, producían algunos cultivos comerciales, participaban un poco en la economía de mercado y no eran autosuficientes;
como resultado de todo esto, estaban, en términos- generales, más
asimilados que los campesinos de otras regiones.
En todas las regiones del país, los peones tenían que trabajar
durante un número fijo de días al año en las tierras reservadas
para el patrón; este era un sistema de trabajo forzado, puesto que
el patrón no pagaba ningún salario por él, o bien las remuneraciones
eran rr:uy pequeñas. En los valles meridionales de Chuquisaca y
Tarija y en el Altiplano, la regla general era el trabajo no
remunerado, en tanto que, al menos en parte de las yungas y en el

�8
9

Oriente, los peones recibían algún salario (especialmente en esta
última región). Además de este trabajo de campo, existían otras
tareas que los peones estaban obligados a desempeñar, tales como
trabajo doméstico en la casa del patrón, tanto por hombres Y como
por mujeres.Y; también tenían que cuidar del ganado de los
hacendados, recolectar leña y, en algunas haciendas, tenían que
transportar mercancías para su venta en el mercado. Al igual que
en ~l caso -del trabajo agrícola l)T'Opiamen~ dicho, la cantidad de
trabajo que los peones tenían que desarrollar variaba de lugar a
lugar; de cinco a cien días al año. Una estimación burda del
promedio para todas las regiones y para la cantidad total oe
trabajo podría ser del orden de 150 días al año para los hombres y
20 para las mujeres.
Al parecer debido en forma directa a la
densidad de población y a la fertilidad de la tierra, los peones
del Oriente y las yungas se encontraban en una mejor posición que
los del Altiplano y los valles meridionales. En algunos lugares,
además, los peones tenían que pagar una porción adicional de la
cosecha de las parcelas a ellos asignadas ("catastro") y de su
ganado ("diezmo", "yerbaje"), como retribución por el uso de las
tierras de pastos.
Las fornias de control de la clase de los peones por la clase de
1os patrones incluía castigos corpora1es y embargo de "prendas" .Y
(de los peones si éstos no CllTlplían con sus obligaciones a
satisfacción del hacendado".
Asimismo, siempre se les conservaba
endeudados.

!J
Y

.Y

"Pangue.a.je"; la.bMu de me.n¿,a.jvw, mozo, ja11.clinvw, e,tc..
"Mlta.naje"; :tali.ea.6 como .e.a de r.ocúta11. ptVUl. .foó peonu, Ump,i.eza.,
aUme.n.tM a l.a.ó avu de co!Vtal, e,tc..
Objáoó vaUoó06, tal.u como man.ta6 o gana.do bov-ino o pMc-ino.

La Refornia Agraria, que comenzó a ser implementada hacia
fines de 1953, ha transformado en fonna radical la estructura de
clases boliviana.
La clase de los hacendados prácticamente ha
sido eliminada; el segmento medio rural ha experimentado un aumento
en su importancia (si bien no se sabe con precisión hasta qué
grado.) y en cantidad, merced a la integración a este grupo de
anteriores hacendados que mantuvieron una porción de sus tierras
después de la Reforma, y antiguos peones que han obtenido derechos
de propiedad sobre 1a ti erra que antes era de 1os hacendados.
A pesar del hecho de que, hasta el presente, sólo una parte menor
de la tierra cultivable ha cambiado en realidad de manos, las
relaciones patrón-peón mencionadas anteriormente han sido abolidas
por entero; el sistema de trabajo forzado ha sido eliminado
totalmente, siendo reemplazado, en aquellos lugares donde aún
existe una clase trabajadora rural, por el trabajo asalariado; los
antiguos peones se encuentran ahora organizados en sindicatos, que
originalmente habían sido creados por el triunfante M.N.R.
(Movimiento Nacional Revolucionario) y tomaron fuerza como parte
del movimiento sindical general.
De esta manera, podemos decir que la situación en realidad ha
cambiado, de una organización en que prevalecían las relaciones
semifeudales, hacia una de relaciones capitalistas. Y
En el
Altiplano, sin embargo, se practica todavía el sistema de alquiler
de la tierra en lugar· del trabajo asalariado, tanto por
conveniencia como por tradición, aún cuando es ilegal; la
diferencia estriba en que ahora existe acuerdo libre y mutuo de
ambas partes.

4/

-

En ai.gunoó .f.ugMeó aún óe M-lgnan pa.11.cei.M de óU.ból6tenci.a. a
tlz.aba.ja.d01Leó, pelta utr ccn6tit.uye u.na "p1teót.a.cA'.6n" acli.cional
al óal.aJr.i.,o en eó ectlvo.
,ful:,

�10

11

es decir, el desarrollo de las comunidades 51, ha recibido muy poca
atención por los nuevos gobiernos. Sin embargo, también existe
consenso de que la situación social de los comunarios se ha mejorado
y, por lo menos, tienen ahora la seguridad de la propiedad de sus
tierras, así como ciudadanía completa a pesar de su analfabetismo,
que era la razón para negarles el derecho al voto.

En segundo lugar, la Reforma Agraria, por sí misma, no
introdujo ningún cambio importante en la s"ituación de los
habitantes de las comunidades indígenas excepto que se garantizaron
sus derechos a las tierras comunales y que las tierras que les
fueron arrebatadas desde el lo. de enero de 1900 les serían
restituidas. El cambio parece haber sido más bien psíquico que
físico; anterionnente a la Reforma, los indios de las comunidades
sentían que ninguno de ellos tenía derecho a la propiedad de la
tierra; al presente, parecen tener un sentimiento· de propiedad
común de su tierra.

ORGANI~CION SOCIAL.
Por otro lado, el status social de los indios de las
comunidades ha cambiado radicalmente. El ténnino "indio" ha sido
legalmente abolido y reemplazado con el término "campesino".
Mientras que previamente no tenían incluso el derecho a la
ciudadanía, posterionnente, con el derecho de voto otorgado a toda
la población, se les proporcionó al menos el derecho de participar
en los procesos políticos; son ahora c~udadanos completos y ya no
se les considera como el estrato más bajo de la sociedad boliviana.
Actualmente, al menos en forma n~minal, se les considera iguales a
los demás ciudadanos, y tratados como tales por las autoridades,
mayormente compuestos por los grupos étnicos blanco Y mestizo.

Fuera de este cambio nominal, sin embargo, las comunidades
han si do muy poco afectadas por 1a Reforma Agraria. Ferragut ha
estimado que las familias que en 1963 habitaban las comunidades,
ascendían a 113 404, que constituye un tercio de1 número tota1 de
familias rurales que habitaba en el país, y este tercio de la
población rural ha permanecido esencialmente en las mismas
condiciones que anteriormente. En otras pa 1abras, existe consenso
acerca de que el segundo objetivo principal de la Reforma Agraria,

Nos ocuparemos ahora de elaborar un breve examen de los
efectos sobre la organización social que resultaron de la Reforma
Agraria.
Anteriormente a ella, una de las formas de organización
social era la que se empleaba para desempeñar las tareas en las
haciendas; esto es, el sistema de trabajo. El peón, además del
trabajo agrícola propiamente dicho, tenia que desempeñar otros
servicios, según se expuso en 1a sección anterior.
Un peón
desempeñaba tales asignaturas en orden de responsabilidad creciente,
conforme a su edad. Existía una jerarquía de puestos con una
jerarquía de prestigio concomitante.
En la cúspide de esta jerarquía se encontraban el patrón y
sus administradores: Obviamente, r.ingún peón podía aspirar a

il

La-6 c.omun,ldadu au.t6noma6 ~nai.u, palla MJt p11.ewo1,,
que, dupuú de la Re6olfma. IJ e.amo 11.uu.Uado clúr.ec..to de
ele.a., 1,e C){eaJton c.omu.nidade1, donde hab.la.n e-x.ú,-U.do hauen.da.6,
ap11.ovec.hando f.al&gt; tJi.acüc.,i,one1, de c.oope1ta.c.l6n entJr.e (01:, c.olm101:,
det:,de -ti.empol&gt; aún antvúo1Lu a la e-xpa111:,,ión Quec.hu.a..
)XLU.to

�12

ocupar cualquiera de estos puestos. El siguiente puesto en
importancia era el de mayordomo; este podía ser desempeñado ya
fuera por un mestizo asalariado de fuera de la hacienda, o por un
peón: Este podía ser, por consiguiente, el puesto máximo en la
jerarquía disponible para los peones, y conllevaba por lo tanto un
grado considerable de prestigio y autoridad. A un nivel inferior
se encontraba el "jilakata" (o "sulta"), quien supervisaba el
trabajo de los peones y fur:cionaba como juez en -casos menores.
Coroo prerrogativas, se le dispensaba de ejecutar cualquier otra
tarea durante el plazo que ocupaba el puesto (que podía ser de uno
a diez años). Un tercer nivel de prestigio y responsabilidad era
el de los alcaldes, quienes eran los asistentes del "jilakata" y
estaban a cargo de tareas específicas ("alcalde de campo",
"de agua", "camani" §.!, etc.). Más abajo ~n la escala se
encontraban los "campos" o "camanas", qui enes servían de mensajeros
del "jilakata" ó estaban a cargo de hacer o supervisar la
confección de la "tunta" y el "chuño" (papas congeladas y secas).
Todos estos oficios eran de una duración anual.
En la base de la
escala de prestigio se encontraban el cúmulo de empleos que
duraban generalmente una semana: mulero, vaquero, "pongo", "mi ti ani"
o "islero", etc. Otros trabajadores, que procedían de fuera de la
hacienda y por lo general eran contratados estacionalmente, no
estaban integrados en este sistema. Por debajo de la categoría
general de los peones (o de los colonos completos) se encontraban
los "utawawas" -1 iteralmerite, "hijos adoptivos"- quienes venían a
ser colonos de los colonos.

§} "Caman.l'' en .tM yungcv.., eJW. el al.cal.de a c.a1r.go de 1teub,i;r.,
pMc.UaJL y a.imac.enaJt .ea e.oc.a. V-i6e1tente de "camana"

13

Muleros, vaqueros, etc.
" Ut a w a w a s "
Gráfica 1: Pirámide Social Rural en Bolivia hacia 1952.

Después de la Reforma, esta forma de organización social
desapareció. En el Altiplano, en tanto que -según se mencionó
anteriormente- el sistema de alquiler de la tierra aún se practica,
los sindicatos cuidan ahora de las condiciones de trabajo,
encargándose los líderes sindicales de dirigir el trabajo en las
tierras de las ex-haciendas (como lo hacía antes el "kilakata")
por una parte Y, por otra, el trabajo que los peones tenían que
desempeñar para beneficio del patrón ha desaparecido, permaneciendo
solamente el trabajo asalariado en efectivo y el sistema de
alquiler de la tierra como formas puramente económicas de contrato
de trabajo. Hoy, en la mayoría de las haciendas que quedan, el
trabajo se realiza en conjunto por el sindicato y se divide la
participación en el producto, o bien a cada trabajador se le
asignan una o dos parcelas. En resumen, cualquier forma real que
tome la orgarrización para el trabajo en la actualidad, es puramente

�14
15
económica y no Conlleva con ella nrngun sistema jerárquico de
prestigio. Habiendo sido declarado ilegal el trabajo forzado,
habiendo sido además abolidos los puestos de "jilakata" y ~lc~ldes,
., Por otra parte, los líderes s1nd1cales
aquel sistema desaparec,o.
son elegidos, al menos en teoría, por el voto popular.
A pesar de lo anterior, se ha observado (Carter: 1965) q~e-se
ha desarrollado una nueva clase de jerarquía de prest1g10.
En las ex-haciendas, el recién creado cuerpo de. funcionarios,
destinad¿ a reemplazar a los puestos de supervisión de las
haciendas, también ha comenzado a ser un sustituto de la elabora~a
forma de organización que se mencionó anterionnente. El secretario
general, el puesto más alto en el sindicato, ha adoptado el papel
, a1 "J.ilakata"·• es decir, este nuevo puesto, con . la
que pert enec,a
máxima responsabilidad Y autoridad en el sindicato, conlleva tamb~én
el más alto nivel de prestigio. El sindicato se di~ide en v~r~as
secretarías, cada una de ellas con una funcion especifica
(relaciones, finanzas, justicia, agricu_ltura, caminos, etc.) _con
la secretaría general en la cima de la jerarquía. Los secretarios,
entonces, desempeñan ahora las funciones que anteriormente eran
eJ·ecutadas por los alcaldes. Parece como si la nueva estructura
· ,
·
de
sindical ha sido superpuesta al antiguo sistema Jerarquico
control del trabajo Y que solamente los nombres han cambiado (~n
caso evidente de sincretismo). Sin embargo, realmente se a
. importante.
.
. 0ado que después de 1a . Reforma
operado un cambio
Agraria los nuevos puestos de los líderes sindicales, ~specialmente
los de secretario general y secretario de actas, requieren que sus
titulares sepan leer y escribir con fluidez en español, y dado que
los servicios educativos se han extendido a las áreas rur~les
lentamente, los antiguos ex-peones prácticamente han sido excluidos
como candidatos, por lo que casi los únicos hombres capaces de
desempeñar estos puestos son 1os más jóvenes. A pesar de esto•

para lograr reconocimiento del resto de los miembros, aún tienen
que cumplir con la tradición de patrocinar fiestas religiosas y
participar en el servicio comunitario. En otras palabras, el
patrón tradicional de obtención de prestigio se encuentra todavía
en vigor; para ser un verdadero líder en los asuntos de la
comunidad, una persona tiene que servir en la serie de puestos
honorarios de acti vi da des religiosas y socia1es, y 1a mera educación
formal no se reconoce aún como fuente de prestigio.
Ahora bien, veamos la situación en las comunidades tradicionales. · En estas comunidades ha existido una jerarquía social,
similar a la descrita en el caso del sistema de la hacienda. Esta
jerarquía, sin embargo, se apoya fuertemente en el desempeño de
actividades relacionadas con la religión y se encuentra totalmente
disociada del control del trabajo. Se supone, también, que data
de tiempos anteriores a la conquista española y se presupone que
fue empleada por el grupo Quechua como una fonna indirecta de
gobierno. La jerarquía está compuesta. por una serie de puestos
destinados a que sus titulares demuestren su interés por la
comunidad y para que "hagan algo positivo" por ella.
En pocas palabras, dicha serie de puestos puede ser descrita
en forma general como sigue: El puesto más alto, como en el caso
de la hacienda, es el de "jilakata"; la diferencia estriba en que
en las comunidades tradicionales el "jilakata" es el máximo juez
dentro de la localidad (en tanto que en las haciendas lo era el
patrón) y, además, posee la autoridad para medir tierras y
establecer límites en disputa, así como nombrar a los "camanas",
llamar al trabajo de faena!./ y constituye el enlace más importante
7Is

6.

IL&lt;.0-0

al. .,.. -b .

.

.

.

aJo ne.ceMn,to palla e1ecuia11. p1¡oyec.to-0 c.omun.lta
t.ale-0 e.orno c.amino-0, {g(Uia-0, cliquu pan.a ,(/lfl.{gaci611, etc-:

- e 11.e ,{e1¡e

,(/U,(.

�16

17

entre el mundo exterior y la comunidad, pues está a cargo de la
recaudación de impuestos, lleva mensajes de las autoridades
municipales y les informa sobre la ocurrencia de casos graves de
comportamiento antisocial en la comunidad. Segundo en prestigio
11
,
se encuentra e1 puesto de preste grande ( a1 fe~e~,
e.1 nuevo " , "e1
81
obligado"), o patrocinador de una fiesta rel 1g1osa importante.Este puesto implica el desembolso de una gran cantidad de dinero
-pero menor que los gastos incurridos por el ~jilakata". En algunas
comunidades existe un tercer puesto en importancia, que se denomina
"alcalde de escuela", siendo sus deberes verificar las listas de
asistencia, supervisar el trabajo del profesor y cultivar las
parcelas de la escuela para beneficio de la misma. De no existir
este puesto, siguen en importancia los de "camana" (quien es el
defensor de las cosechas de la comunidad, de enemigos tanto
natura1es como sobrenatura 1es), altarero -9/Y preste peque -no (e1
patrocinador de una fiesta religiosa de menor importancia}. Estos
tres puestos se encontraban, más o menos, en el mismo nivel de
prestigio pero en general los tres tenían que ser desempeñados por
los aspirantes a obtener prestigio social. El escalón más bajo en
esta jerarquía es el que corresponde al puesto de cabecilla, o el
líder del grupo de danza en las fiestas religiosas principales.
lQué efecto surtió la Reforma Agraria sobre este patrón de
organización social de la comunidad? Muy poco, al parecer. El
único esfuerzo que el gobierno triunfante real izó para cambiar
este patrón fue la organización de sindicatos campesinos. Sin
embargo, se ha encontrado que comunidades muy tradicionales han
adoptado el sistema sindical; el M.N.R. fue más allá, al prohibir

Y
Y

GeneJulimente .e.a del &amp;anto pat,r.ono de .e.a c.omwuda.d.
Quien ti.ene .e.a .tanea de mantenVt a óu c.ue.n:t.a un aUalt _al _alJt.e
.Ub11.e, ub-lc.ado Mbll.e una de ia.ó eóqu-lna.6 de .la plaza pll.,&lt;JIUpa.l.

fonnalmente el puesto de "jilakata" (en 1958), puesto considerado
-por el M.N.R.- como la representación de la explotaci6n del
campesino por el hombre blanco. A pesar de lo anterior, dicho
esfuerzo ha tenido muy poco éxito hasta el presente; las comunidades
rechazan a los sindicatos, por considerarlos una amenaza al
statu-quo comunitario. Por lo tanto, podemos afirmar que los únicos
cambios, si es que ha habido, han si do los nombres de los pues tos
(como "alca1de de justicia" en lugar de "jilakata'') dado que aún
existe la misma presión sobre el servicio religioso y comunitario
Y la serie de actividades a que se ha hecho referencia todavía se
practica.
Una tercera forma de mecanismo social, que puede encontrarse
tanto en las comunidades tradicionales como en las ex-haciendas,
es la que consiste en una serie de artificios relacionados con
acuerdos de trabajo, que tratan de lograr una ventaja neta para
todos los participantes. Esta ayuda mutua voluntaria puede tomar
una de varias formas.
La más común e importante de ellas es el "ayni 11 , consistente
en un intercambio de trabajo por el desempeño de cualquier clase
de tarea agrícola, más comunmente la siembra o la cosecha; un
hombre ayuda a otro en la cosecha de sus productos, por ejemplo, y
el segundo le pagará en una ocasi6n posterior, no necesariamente
desempeñando la misma tarea. · Una segunda forma se denomina "minka 11 ,
en la que el asistente recibe remuneración no en especie sino en
efectivo (esta forma evidentemente resulta ser de origen más
reciente que la primera).
Mientras que el "ayni" se practica
principalmente dentro de parentescos bilaterales, la "minka" se
Practica más comunmente entre hombres con demasiada tierra para
trabajarla solos, por una parte, y "utawawas" sin tierras por la
otra. Esta última es la actividad principal para los "utawawas " y

�18

19

~~º·

su principal medio de subsistencia, practicándola casi todo el
Trabajan no solamente en tareas agrícolas, sino en la construcc,on,
en la fabricación de adobl;!s, cardando, hilando, etc. Una tercera
forma de ayuda mutua es la "sattakha"' que constituye una cier~a
fonna de seguridad social para proporcionar alivio a las necesidades de viudas, huérfanos, ancianos y otras personas incapacitadas•
Ya sea parientes consanguíneos,
así como campesinos sin tierras.

que ésta de hecho ha tenido poco que ver con el proceso de cambio
mencionado.

ORGANIZACION FAMILIAR.

padrinos o amigos de estas personas, los auxilian, la mayor parte
del tiempo sin remuneración.
Otras dos formas de ayuda mutua son el II wa k""
1 Y e l "a partir" ·
El "waki" es un arreglo de trabajo entre un hombre con exceso de
semilla Y uno con exceso de tierra.
"A partir" es un arreglo de
trabajo entre un agricultor con propiedad de una yunta y uno con
exceso de tierra y sin este equipo de capital.
Puede considerarse que ia Reforma Agraria ha dejado esencialmente sin cambio a todas estas formas ~e cooperación voluntaria,
por lo que todas ellas continúan_ existiendo, si bie~ se_ha hecho
notar que, por una serie de razones tecnológicas, mot1vac1onales Y
de otra índole (Erasmus: 1965, pp. 173-199 ) , l a f onna "ayni. " ha
. ka " •
estado perdiendo importancia constantemente, en favor de l a "mm
Esto se debe, sin embargo, a factores diferentes a la Refonna,
tales como el proceso de modernización (asimismo, Erasmus se
refiere a la América del Sur occidental, en fonna general).
Cómo la Reforma Agraria misma ha contribuí.Jo a acelerar este
Podría
proceso, no ha sido investigado hasta el presente.
considerarse, sin embargo, que, dado que el objetivo de "desarrollo
de la comunidad" ha recibido poca atención por parte de l~s
administraciones nacionales Y que las comunidades no han experimentado algún efecto económico importante a raíz de la Reforma,

En el esquema social rural boliviano, la unidad básica y más·
pequeña.de organización es la familia nuclear. Esta unidad básica
está por lo general íntimamente relacionada con la familia
extendida, si bien la membrecía a la familia extendida y a cualquier
otro grupo es un asunto de la familia como unidad, más bien que
como un agregado de individuos .
Aunque las misiones protestantes han obtenido cierto éxito,
el campesinado boliviano es aún abrumadoramente católico romano.
La monogamia, por otra parte, se practica universalmente.
Sin
embargo , se permite un alto grado de libertad sexwll a los
adolescentes solteros de ambos sexos (en amplio contraste con el
patrón de moralidad en los lugares urbanos).
El matrimonio es
generalmente de carácter consensual dentro de la clase campesina:
Tanto la ceremonia civil como, especialmente, la religiosa,
generalmente se obvian debido a su alto costo para las parejas
recién unidas.
No existen prejuicios de ningún tipo en contra de
la unión libre ni de los hijos naturales.
Igualmente, no se
otorga ningún prestigio a los matrimonios legalizados.
Por otra
parte, si bien el adulterio es poco frecuente, la monogamia que

se

ha mencionado líneas arriba suele ser temporal: Los matrimonios
consensuales son con frecuencia de corta duración, con una
separ3ción sin ceremonia, después de la cual tanto el hombre como
la mujer se pueden comprometer en otras uniones del mismo tipo.

�20

Por lo que respecta a los estratos rurales medio y superior,
estos tienden a formalizar sus uniones por lo menos por una de las
leyes y frecuentemente por ambas; estas uniones, asimismo, suelen
ser más estables.
Dentro de la familia campesina propiamente dicha, los papeles
individuales se encuentran establecidos por la tradici6n Y están
definidos en forma rígida. La autoridad se divide por partes más
0 menos iguales entre el jefe de la familia y la esposa, Y las
discusiones son poco frecuentes. El jefe tiene la responsabilidad
de las principales tareas agrícolas, tales como la rotura del
suelo y la siembra, así como el trabajo más pesado de la cosecha.
La esposa controla las actividades domésticas; cocina Y sirve las
comidas, cuida de los niños menores, lava la ropa y asea la casa.
También apoya en las labores agrícolas; puede conducir la yunta en
la rotura de la tierra; puede asimismo depositar la semilla.
También lava, seca y tiñe la lana, la hila y fonna el material del
que se fabrican casi todas las ropas del campesino Y su familia.
La esposa trabaja también a veces atendiendo al ganado y, en días
de mercado, es la "comerciante" de la familia, llevando para venta
0 trueque cualquier excedente de la producci6n familiar.
Los niños, a su vez, están sujetos a la disciplina autoritaria
de la familia y deben obedecer y respetar a sus padres. Ayudan en
la mayor parte de las 1·abores agrícolas y también desempeñan
pequeñas tareas en 1a casa. No existe di ferenci aci6n por edades
en las tareas, excepto que los mayores tienen mayor responsabilidad
en el cuidado del ganado y cuidan todos los animales domésticos.
De esta manera obtienen un valioso entrenamiento y, al separarse
de su familia para fonnar la propia, se encuentran preparados para
adoptar los papeles apropiados de jefe o esposa, respectivamente.

21

Por lo que se refiere a las relaciones de la familia nuclear
con la familia extendida, estas son de carácter bilateral: Tienen
igual importancia ambas líneas (la paterna y la materna) de
ascendenc~a y todos los parientes de segundo grado (tales como
primos segundos) son tratados igualmente y reciben la misma
denominación que los parientes de primer grado. Además, en la
clase campesina, el linaje no es importante y raras veces se rastrea
la ascenáenC'iá a ·descendencic1 por más de dos generaciones, por io
que un individuo raras veces conoce a sus abuelos o a sus nietos.
En los acontecimientos económicos y sociales, las asociaciones
ocurren con mayor frecuencia entre personas de la misma generación,
más bien que entre personas de diferentes generaciones. Para los
estratos medio y superior, por el contrario,
la ascendencia
frecuer,temente se rastrea por varias generaciones, existiendo una
notable preocupación por la genealogía. Asimismo, dentro del
estrato superior, los parientes en todas la~ categorías de
consanguinidad y afinidad tienen reconocimiento (no así en el caso
de los campesinos) y la familia extendida constituye el centro
de muchas funciones sociales.
Por otro lado, el parentesco ritua 1 conocido como compadrazgo,
también se practica en la Bolivia rural.
Socialmente, esta clase
de relación puede tener dos propósitos mutuamente excluyentes; ya
sea reforzar los lazos de amistad, o bien obtener alguna clase de
seguro para los hijos, nombrando para· este propósito, como padrino,
a una persona en mejor situación económica. Ambos tipos de
compadrazgo se .practicaban antenormente a la Revolución de 1952 y,
para la clase de los peones, el segundo tipo constituía la regla
general; los peones solicitaban al patrón ser el padrino de sus
hijos. Al parecer, este, tipo de artificio de seguridad operaba
con eficiencia puesto que, cuando un peón fallecía, el patrón
generalmente se encargaba de los hijos del peón, tratándolos

�22

frecuentemente como propios. Con posterioridad a la Reforma
Agraria, con la virtual eliminación de la clase de los hacendados,
este tipo utilitario de compadrazgo ha venido siendo cada vez más
difícil de practicar, puesto que existen cada vez menos candidatos
a padrino. Podría tal vez considerarse que esta situación es de
transición; probablemente este tipo de compadrazgo se recuperará
cuando existan de nuevo candidatos disponibles; sin embargo, su
Jmport.anci;:¡ como institución socia-1 no alcanzará el nivel anterior
a la Reforma. En cuanto al segundo tipo, siempre ha sido practicado
en las comunidades tradicionales; en este caso el motivo es la
amistad, una rel~ción entre iguales, para apoyarse mutuamente en
los tiempos difíciles.
Podríamos concluir esta sección afirmando que, en términos
generales, la Reforma Agraria ha proporcionado un impa~to muy
pequeño en la organización familiar de la Bolivia rural. La
organización de la familia nuclear no ha sido en nada alterada,
puesto que aún no se reconoce la educación formal como fuente de
autoridad y la infraestruatura y los servicios educacionales
constituyen el único elemento verdaderamente nuevo introducido en
la familia campesina a raíz de la Revolución. Ha persistido la
tradición; los patrones de matrimonios son los mismos que
anteriormente y su legalización no ha recibido una mayor preferencia
que antes.
Asimismo, el parentesco ritual en las comunidades
tradicionales se elige aún en base a la amistad y el afecto. El
único efecto que la Reforma Agraria operó sobre este grupo de
relaciones es la eliminación del tipo de parentesco r1tual de
conveniencia en las haciendas.

23

MOVILIDAD.

Entre las condiciones necesarias para la existencia de un grado
considerable de movilidad social se encuentra la presencia de una
sociedad abierta que proporcione una igual dad de oportunidades
para toda la población.
Una sociedad agrícola tradicional es
exactamente lo opuesto; existe una SPrie de valores y actitudes
que mantiene la división de castas y clases.
Normalmente., el
panorama es, por úna parte, un pequeño número de terratenientes y
políticos que di~frutan una alta posición económica y social; por
otra parte, la gran mayoría de la sociedad, toda más o menos en el
mismo nivel de bienestar. En esta clase de sociedad, no existen
premios para la habilidad y la aptitud: El status y posición
relativa de una persona están predeterminados y son fijos; sus
posibilidades de mejora son extremadamente limitadas.
Dentro de este estado de cosas, entonces, debe esperarse que
solamente muy pocos individuos traten de cambiar su situación; sin
embargo, aún estos pocos individuos generalmente son frustrados en
sus intentos: Estos i ndi vi duos o grupos innovadores enfrentan la
oposición del resto de la sociedad, que tiene a su disposición
diversos medios de control de los intentos de innovación. Así, el
cambio en este tipo de sociedad tiene que operarse solamente como
un proceso extremadamente lento; los individuos y los grupos no
tienen otra alternativa que conformarse con su situación.
Una de tales sociedades era Bolivia en la víspera de la
Revolución Nacional: existía muy poca diferencia entre los grupos
rural es que no fueran los terratenientes; esto es, los peones y
los miembros de ;as comunidades tradicionales. Estos solían decir:
"Todos somos indios y todos los indios son iguales". De hecho,
todos ellos poseían casi la misma cantidad de tierra, el mismo

�24

25

número de cabezas de ganado, el mismo tipo de vivienda y el mismo
nivel educacional. El grado de movilidad social era nulo.
La mayorfa campesina en Bolivia siempre han tenido un rango
muy limitado de posibilidades demovilid~dsocial, y estas pocas
oportunidades están adicionalmente restringidas por factores
sociales y culturales.
Una de estas posibilidades es la migración hacia las áreas
urbanas; era casi imposible escalar a una clase social más alta
pennaneciendo en las áreas rurrues. Con una buena dosis de voluntad
y buena suerte, un individuo podía mudarse a la ciudad, obtener un
empleo, mejorar su nivel de educación y parecer "menos indio",
mejorar sus patrones de vida y vivienda y así incorporarse a una
posición de clase baja en el segmento hispano-parlante, moderno y
occidental izado de la sociedad boliviana. Sin embargo, esto era
difícil de lograr: La clase india urbana, los cholos..!.Q/, tradicionalmente ha proporcionado la fuerza de trabajo urbana no calificada;
controla los puestos en las artesanías y el pequeño comercio en
las ciudades y los pueblos; un recién llegado encuentra difkil
penetrar este segmento cerrado, especialmente si es analfabeto y
no habla muy bien el idioma español.
Una segunda posibilidad que tradicionalmente se ha presentado
a los campesinos es el trabajo en- las minas y la entrada a la
"clase" de los mineros. Aquí también, dado que la minería en el
país ha estado operando desde hace mucho tiempo a un nivel más o
menos constante, no se han ofrecido nuevos empleos en tal cantidad
como para constituir un canal importante de movilidad social para
la población rural.

J..2J

S-l bien algwuu vecu el :tvuni.no "cho.e.o"
de. "meo.Uzo".

¿,e. U6a.

como ün.6rwno

Despu~s de 1952, sin embargo, se ha estado haciendo notar una
nueva tendencia: Han estado apareciendo diferencias en individuos,
fami 1ias Y grupos. Los factores que operan en favor de estas
diferencias son las variaciones en la cantidad de tierra en
propiedad de una famil ·:a (esto es, adquisición · de tierras),
diferencias en la cantidad de cabezas de ganado, en la calidad de
1a vivienda, en 1as capacidades y habil; da des que se requieren
para el liderazgo, en el interés y la preocupación por la educación
formal, en la destreza en el manejo del idioma español y en el
nivel de influencia obtenida en la comunidad. El resultado ha
sido la aparición de un nuevo segmento, intermedio entre los dos
tradicionales. Se ha notado (Leonard: 1966) que existe un proceso
de cambio de un sistema de castas a uno de clases soda1es modernas;
por una parte, tanto el sector inferior como el medio están
adquiriendo una conciencia de las diferencias entre ellos, así
como un reconocimiento de la posibilidad de ascenso; esto es,
sienten que su sociedad está cambiando y que 1es está proporcionando
un grado más alto de movilidad social.
Sin embargo, el grado de movilidad social que existía desde
antes de la Revolución no ha mejorado en forma considerable. La
razón descansa en la baja tasa de crecimiento económico del país:
las áreas urbanas no pueden proporcionar suficientes oportunidades
económicas para un flujo importante de migrantes rura 1es; aún un
nivel aceptable de educación no constituye ninguna garantía de
obtener un empleo adecuado; la incidencia de subempleo (una
situación en que la productividad del trabajador es inferior al
ingreso que recibe) está en crecimiento. Esto, en conjunción con
la limitada disponibilidad de nuevos empleos en las minas y un
aumento en el nivel de aspiraciones de los campesinos, están
produciendo un aumento en la presión sobre la t ierra, los recursos
del gobierno central -a través de demandas por aumentos en la

�26
27
disponibilidad de infraestructura y servicios públicos- Y creciente
frustración.
Asimismo, la ineficiencia y det'iciencia del sistema educativo
y la dificultad para dominar el idioma español y de acumular capital
(así como la escasa demanda que enfrenta el conocimiento práctico
de los campesinos) le impiden moverse, por lo que se ve forzado a
permanecer en la posición tradicionaí en la sociedad en que n_ació.
La clave de ~ste problema, por lo tanto, yace en la incapacidad
real O imaginaria del sistema económico para la expansión. La
sociedad boliviana considera que existe solamente una disponibilidad
1 imitada de oportunidades y que, si una persona mejora, debe ser
a costa de otra, que debe ver empeorada su propia posición (caso
típico que se ajusta al modelo de juego de suma cero). Esto
resulta en frustración que, a su vez, resulta en una sociedad falta
de imaginación, inhibida, improductiva y falta de espíritu de
cooperación.
(De acuerdo a 1os patrones occi ~enta1es modernos,
por supuesto).
Sin embargo, esta sociedad también ha iniciado la búsqueda de
nuevas soluciones al problema de la movilidad, siendo una de ellas
los programas de colonización y reasentamientos rurales, orientados
al cumplimiento del sexto de los objetivos de la Reforma Agraria,
mencionado en la Introducción. Si bien el éxito de estos programas
11/ han visto mejorada su s,·tuac1on
.,
ha sido muy limitado, los colonoseconómica. Por otra parte, los mineros se han convertido en un
grupo muy politizado, con conciencia de clase e influyente. De~ido
a su creciente poder político, han podido obtener algunas ventaJas,
tales como vigencia plena de medidas de seguridad, atención médica

y salarios más altos. Aunque los nuevos colonos, y también los
mineros, constituyen un segmento muy pequeño de la población -de 2
a 3 porciento- tienen, y probablemente aumentarán, una influencia
nací ona1 muy superior a su tamaño. Ellos, así como unos pocos
campesinos que han podido aumentar su acervo de recursos, son 1os
únicos grupos que han mejorado su situación en la sociedad,
exclusivamente a consecuencia de la Revolución y la Reforma.
Una tercera ~o 1uci ón para muchos campe si nos consiste en 1a
emigración. Existe un número considerable de bolivianos que han
emigrado, ya sea ·estacional o permanentemente, a la Argentina y el
Brasil, en busca de oportunidades que la economía boliviana no les
ha podido proporcionar.
A riesgo de caer en repetición, diremos que, en tanto que los
sectores secundario y terciario de 1a economía bo 1i vi ana no
experimenten una expansión, e1 bajo ni ve 1 actua1 de movilidad
social no podrá mejorarse. Por otro lado, se sab~ que se requiere
la movilidad física para disminuir la P:esión de la población
sobre la tierra en el Altiplano y los valles meridionales. Los
proyectos de colonización llevados a cabo por el gobierno han
encontrado un éxito muy limitado. Se estima que, de los participantes en los proyectos de colonización (quienes son ellos mismos
una proporción muy pequeña del número de población que se requiere
relocalizar), solamente alrededor del diez porciento permanece en
las colonias, en tanto que el resto regresa a sus lugares de origen
después de un período no mucho mayor de un año. Se considera que
las razones principales para tan poco éxito son una motivación
insuficiente de parte de los campesinos del Altiplano, así como
las dificultades que tienen que enfrentar los colonos en virtud
del aislamiento, infraestructura sanitaria tropical insuficiente y
el clima diferente de las colonias orientales. Sin embargo, Heath

�28
29
(1969) ~nciona que, en años recientes, ha estado ocurriendo un
movimiento de migración espontáneo, si bien se reconoce que por s1
mismo no contribuirá a aliviar en forma significativa los problemas
de las áreas sobrepobladas.

Por otro lado, la siguiente información (tomada de Urquidi;
1966) proporciona una verificación de la anterior, as 1 como alguna
informaci6n adicional relacionada con mejoras en el empleo de
equipo de capital en la producción agrícola.

COMPORTAMIENTO ECONOMICO.
Acciones de la Reforma Agraria.
Uno de los componentes del patrón de comportamiento económico,
la organizaci6n del trabajo y los esquemas de ayuda mutua, ha sido
ya discutido en la segunda sección.
Pennítasenos ahora proporcionar a1gura información pertinente,
en relación con los efectos de la Reforma Agraria sobre los niveles
agrícolas de producción y las mejoras en el equipo de capital.
El primer cuadro presenta el volumen de la producción (expresado
en millares de toneladas métricas) de algunos de los más importantes
productos agrícolas de Bolivia, en 1950 y 1960, respectivamente
(tomado de García: 1963, p. 71).
Producto
Caña de Azúcar
Arroz
Azúcar
Maíz
Trigo
Papa
Cebada
Quina
Café
Cítricos
Plátano
Algodón

1950

1960

342.9
10.0
1.2
129.7
45.7
180.4
44.2
7.7
1.0
35.0
63.7
0.1

1,161.6
40.0
60.0
260.8
78.4
700.0
126.8
11. 1
3.2
150.0
150.0
1.0

Número
Número
Número
Número

de Hectáreas Distribuidas hasta Enero de 1962
de Beneficiarios hasta Enero de 1962
Total de Máquinas Agrícolas Importadas hasta ]952
Total de Máquinas Agrícolas 1953-1962
De las cuales: Importadas
Fabricadas en el País

3'345,158
178,384
270
8,859
6,359
2,500

Producción Agrícola (Toneladas).
Producto
Arroz
Caña de Azúcar
Maíz
Trigo
Papa
Cebada
Quina
Café

1950

1961

Cambio
Porcentual

7,300
400,000
129,701
45,652
189,384
44,247
7,715
2,529

24,000
1'000,000
260,110
67,208
427,841
118,784
10,397
3,500

328
250
101
47
226
168
35
38

Varios autores norteamericanos y muchos bolivianos sostienen
q~e el resultado de la Reforma sobre la producción agrícola ha
sido una considerable disminución en la cantidad de productos

�30

destinados al mercado, en virtud de: a) la excesiva fraccionalización de la tierra; b) la ausencia tanto de una dirección adecuada
como de motivación por parte de los beneficiarios de la Refonna
Agraria; y, c) un aumento en el consumo, por parte de estos
campesinos, de sus propios productos. Las cifras anteriores -si
bien con algunas discrepancias- proporcionan una demostración de
lo contrario: Aún aceptando que existen diferencias regionales,
que la producción aumentó en mayor medida en algunas áreas que en
otras y que aún ~n otras puPde haber permanecido constante, debe
aceptarse que la produq:ión total del país se ha incrementado
considerablement~. Una hipótesis de expertos es que la producción
decreció notablemente inmediatamente después de la Reforma, debido
a·la confusión e inseguridad del período, pero ha estado en aumento
constante desde entonces. Con respecto a la producción destinada
a la venta en el mercado, se considera que disminuyó sensiblemente
en el período inmediato posterior a la Reforma, dado que en ese
período crítico no se cultivaban las tierras de los hacendados,
siendo que eran precisamente ellos quienes abastec;ian el mercado,
mientras que los peones cultivaban sus "ar:riendos" para su propia
subsistencia y la de sus familias. Este patrón ha cambiado y hoy
en día son 1os campesinos quienes abastecen el mercado; en fonna
individua 1 . 11 evan pequeñas cantidades de su producción, pero
existen grandes cantidades de abastecedores, con lo cual la oferta
disponible ha aumentado. Además, los campesinos aportan su
producción en fonna regular en el tiempo, según la van cosechando;
no especulan con el abastecimiento para mantener altos los precios
(práctica que los hacendados seguían con regularidad), por lo que
en la actualidad existe una oferta de productos alimenticios más o
menos constante y los precios no fluctúan tanto como anteriormente.
Con respecto a la productividad (medida, por ejemplo, en rendimientos por hectárea), se considera que por lo menos no ha disminuido
desde 1953.

31

Otro cambio en la economía agrícola debido también a la
transformación del sistema de producción (de la hacienda al
campesino), es un cambio en los artí~ulos producidos en muchas de
las propiedades afectadas por la Refonna. Se ha operado un cambio
hacia una producción más diversificada, en favor de di versas
variedades de hortalizas y en detrimento de caña de azúcar. En la
act1.:alidad los campesinos tienen que soportar el costo de las
inversiones Y el riesgo de pérdidas (debido tanto a fenómenos
natura1es como de. mercado 2.Y) por lo que, dada la escasez· de
recursos a su disposición, el resultado es una tendencia general
hacia la producción de artículos que requieren menores costos de
inversión o implican un grado menor de riesgo, o que poseen ambas
ventajas.
Sin embargo, existen dos factores que impiden una expansión
de esta economía agrícola: Primero, el campesino tiene aún una
disponibilidad muy 1imitada de herramientas y otros instrumentos
para la producción; muchos de estos instrumentos datan, en su
diseño, desde e1 si g1o XVI, ta 1 como e1 a,:ado de yunta. Además,
hay una escasez generalizada de fertilizantes; el único tipo de
abono disponible es el de origen animal. Segundo, las condiciones
~enerales de la economía boliviana: Mercados de tamaño tan pequeño
que fácilmente se saturan; escasez de fondos públicos para
proporcionar una infraestructura de transportes adecuada, así como
el bien conocido aislamiento del país.
Estas dos clases de
circunstancias provocan que una buena parte de la agricultura
boliviana sea del tipo orientado hacia el autoconsumo.
Por otro lado, la ganadería mayor y menor han sido actividades
1~/ 'al

-

.

.

e.n un momento da.do
to c.uai. c.o.w.a que. du c-le.nda.n lo&amp; p!le.chu1 IJ -0e. de. j e.n ac.uvo-0 d~
p!lod.uct:.0-0 pe.1te.c.e.dvro&amp; -0.i.n. ve.nde.1r..
i

, poll. e.1emplo, como un e.xc.uo de. o6VLt.o.

�32

importantes, especialmente en las haciendas del Altiplano, si bien
se practican casi en todo el país; incluso algunos campesinos se
especializan en la ganadería mayor, en el área de las punas, cerca
de la frontera con Chile, así como en el Oriente. Antes de la
Reforma Agraria, no había hacendados ni campesinos especial izados
en la ganadería. Generalmente los peones tenían algunas ovejas,
ganado, cerdos, burros y, tal vez, algunas llamas; el patrón por
lo general tenía casi exclusivamente ya fuesen ovejas o ganado
bovino. En las haciendas, las actividades necesarias para la
crianza del ganado estaban organizadas dentro del patrón de trabajo
mencionado bajo el encabezado "organización social" : Existían los
puestos de "awatiri" (vaquero o pastor), alcalde de isla (contralor
de los rebaños), islero (quien desempeñaba diversas tareas menores),
lecheros, etc.
Después de la Reforma, en las haciendas ./ aún en las propiedades de tamaño medio, los ganados pertenecientes a los hacendados
fueron considerablemente reducidos en número y aún en a1gunos
casos desaparecí eron totalmente. En 1as haciendas afectadas por
la Reforma, se redujeron los pastizales del hacendado, bien debido
a que las ovejas no registraban como pura sangre, o bien debido a
que fueron robadas o sacrificadas por algunos peones. Sin embargo,
esta reducción en los pastizales se puede justificar completamente
en base a que la tierra puede sostener una cantidad mucho mayor de
personas si se dedica a la agricultura en vez de la ganadería.
Por lo que respecta a las prácticas de mercado, el patrón
general para las mercancías producidas en las haciendas era su
venta a través de expendios localizados en las ciudades y pertenecientes a las haciendas (y con frecuencia atendidos por un peón de
la hacienda, quien debía permanecer por seis meses o un año, antes
de ser relevado), y alguna parte de los productos se ofrecía para

33

su venta en los pueblos cercanos a ias haciendas. Por otro lado,
los peones por lo regular vendían el producto de sus "arriendos"
(o el producto de sus parcelas, en el caso de las con1.midades
tradicionales) directamente en los mercados locales, o bien a
intermediarios, quienes adquirían la mayor cantidad posible para
llevarla a revender a las ciuda!les. Con frecuencia tambi~n los
hacendados vendían sus productos a i ntennedi arios .
Desde la Reforma, se ha observado un aumento general en las
transacciones de mercancías agrícolas, debido en gran medida a la
nejora y extensión de los caminos, así como al otorgamiento de
créditos a los transportistas.
Incluso algunos campesinos han
comenzado a interve:1ir en actividades comerciales, ver.diendo
personalmente la producción de sus parcelas en las ciudades,
operando algunos de ellos como intennediarios de tiempo parcial
para complementar sus actividades agrícolas.
Sin embargo, la proporción de la producción agrícola total
que se lleva al mercado para su venta en efectivo es aún muy
pequeña, si bien ha estado aumentando constantemente. La parte de
la producción que se destina al trueque en los mercados locales es
aún considerable. Para lograr una mayor integración de la
producción agrícola en la economía de mercado (para aumentar la
proporción vendida en efectivo) deberán reducirse los costos de
producción, para que lo's agricultores puedan abastecer sus
productos a precios bajos; asimismo, deberá incrementarse la
disponibilidad de mejores instalaciones para almacenamiento,
mejores y más baratos medios de transporte y mejores canales de
comercialización.
Finalmente, algunas palabras sobre la situación del crédito
agrícola: Anterionnente a la Reforma Agraria, la propiedad· de la

�34

35

tierra se consideraba más un objeto de prestigio social que u_n
activo productivo; en consecuencia, la inversión con propósitos de
explotación agrícola económica era poca, siendo tarooién pequeña la
demanda por créditos. Además, su disponibilidad era escasa y los
costos eran considerablemente altos. Las únicas fuentes disponibles
eran generalmente los contactos familiares o comerciales.
Después de la Reforma, en 1955, una agencia internacional
inició un programa de extensión de crédito para me_joramiento de
siembras ·y ganados, para mecanización y mercado . En 1961, la
Corporación Boliviana de Desarrollo inició un programa de créditos
destinado al mejoramiento de la producción de arroz, azúcar,
algodón y ganado bovino. Sin embargo, estos programas tienen un
alcance muy limitado, y la gran mayoría de los agricultores
bolivianos aún tienen que operar sin la posibilidad de crédito para
mejorar sus instalaciones y para la producción.

OTROS ASPECTOS DEL PROCESO DE CAMBIO SOCIAL.
En primer lugar mencionaremos brevemente algunos aspectos de
los patrones de consumo. Tradicionalmente, los ingredientes básicos
del consumo alimenticio han sido la papa, granos y sus productos y
algo de carne en el Altiplano y las yungas; lo anterior y maíz en
los vaTies meridionales; y maíz, arroz, calabaza, camote y yuca, así
como algunos frutales como el aguacate, ~átano, mango, piña, etc.,
en el Oriente. En todas estas regiones, los productos que se
obtienen de fuera de las comunidades, tales como trigo, manteca,
aceite, azúcar, café, etc., son solamente marginales y contribuyen
con sólo una pequeña parte del consumo alimenticio total.
Por otra parte, con la abolición del trahajo forzado, se

considera que los campesinos se encuentran en una situación mejor
que la anterior a la Reforma en términos de horas-hormre anuales
que debe aportar. La disponibilidad de trabajo con que cuentan
en la actua1idad, así como -1os materia1es que se usaban anteriormente para los edificios de las haciendas, se dedican en la
actualidad al mejoramiento de la vivienda campesina; pisos y techos
de material, ventanas, así como más altos niveles de higiene.
Sin embargo, la vivienda tradicional del campesino -una pequeña
choza con techo de paja- es aún el tipo más común. de vivienda.
Este edificio, además, sirve como taller y almacén. El campesino
tiene J&gt;?CO focentivo para mejorar el aspecto de su vivienda, .pues
pasa la mayor parte del tiempo fuera -de ella.
Otros tipos de mejoramiento han aparecido muy lentamente en
el campo boliviano: La calidad del vestido probablemente ha
pennaneci do a1 mismo ni ve1 que anterionnente. Algunos pl"Orlw:tos
de consumo "modernos" (tales como bicicletas, radios y 112quinas de
coser) han aparecido, pero en cantidades muy pequeñas.
wi
cualquier excedent~ de las operaciones tle subsistencia se-dedica
todavía al patrocinio de fiestas.· Esta preferencia -se consideraconstituye un reflejo de la falta de confianza del campesino en ]a
aCUlllllaci6n de mercandas para el mejorami-ento de sus condiciunes
de vida y, especialmente, su status social. Además, las fiestas
constit(O'en prácticamente el unico medio disponible a los campesfoos
para escapar de la rutina diaria de trabajo .duro, poco .1limento y
ninguna diversi6n.
Segundo, el consumo de servicios tales como los de salud y
educación ha experimentado un aumento en aquel los 1-u§ares llonde
estin disponibles. El personal médico ha estado reemplazando _en
fonna lenta pero continua a los médicos brujos, especialmente por
lo Que respecta a la clientela joven. Los medicamentos también se
usan con mayor frecuencia, así como las vacunas básicas.

�36

No parece existir una oposición fuerte a la medicina moderna;
los médicos han estado capacitando a los curanderos en los
elementos de las técnicas de primeros auxilios. Tal parece que
las costumbres relacionadas con la medicina tradicional tenderán a
·desaparecer en cuanto la medicina moderna esté disponible para el
grueso de la población rural.
Con respecto a la educación, el número de escuelas rurales ha
aumentado, y el número de solicitudes, por parte de muchas
comunidades, para construcción de más aulas, se ha incrementado
aún más: Parece claro que la educación se está aceptando en forma
unánime como algo nuevo. Además, se están proporcionando maestros
rnejor capacitados, campañas de alfabeti zaci ón y otros serví ci os
educativos, si bien las áreas cubiertas son aún relativamente
pocas, con lo que la mayor parte del campesinado boHviano es aún
analfabeta.
En tercer lugar, mencionaremos la situación relacionada con
las actitudes y val ores más importantes en la Bo1i vi a rural.
La actitud hacia la tierra en posesión de los campesinos ha
permanecido sin cambios; la tierra todavía es más que simplemente
una unidad de producción, puesto que constituye un hogar, un
refugio contra el complejo mundo exterior y un seguro contra el
desempleo y el hambre.
Las actitudes hacia el trabajo pueden considerarse constantes;
el campesino boliviano siempre ha demostrado un gran afecto hacia ·
su trabajo. Esta parece más bien ser una herencia de los días del
apogeo de las civilizaciones aymara y quechua, más bien que
actitudes traídas por los españoles. Por otra parte, se ha notado
un aumento en el deseo de diversificación por parte de los
campesinos; muchos dP· ellos muestran una gran preocupaci6n por la
educación de sus niños, para que estos O.timos, puedan tomar una
ocupación diferente de las de agricultor o pastor.

37

Finalmente, pennítasenos mencionar la situación relacionada
con el ·proceso político. Anteriormente a la Revolución, el poder
de los hacendados era absoluto, por lo menos en las áreas rurales:
tt&gt;nopolizaban todos los puestos políticos importantes; formaban
-una clase polí'tica cohesiva y consciente. Por lo tanto, el proceso
político estaba monopolizado por un grupo que compartfa una
posici6n .similar de gran poder económico y social, en tanto ·que a
los campesinos no se les pennitia ninguna i,arti cipación en el
proceso político, ya fuese nacional o loca1 . El ais1amiento de 1as
haciendas les permitía a los patronos convertirse en l~s mediadores
exclusivos entl"e su~ peones y la sociedad nactonal; este papel
consistía en impedir totalmente la participación de los campesinos;
a ellos no se les pennitia expresar ningún interés o demanda. Por
lo que se refiere a 1as comunidades tradi ciona1es, éstas se
encontraban en la misma situación, excepto que en este caso eran
los gobiernos locales y distritales (a su vez controlados por los
hacendados) los que mantenian a las comunidades bajo control.
Después de 1952, los hacendados y los gobiernos locales fueron
reemplazados por los sindicatos como los principales mediadores
políticos entre las comunidades campesinas (tanto las nuevas como
las tradicionales) y la sociedad nacional. Sin embargo, se notaron
ciertas diferencias (Muratorio: 1969) entre los mediadores pre- y
post- revolucionarios .
Por un lado, los 1íderes sindicales no
constituyen una clase sup~rior a la de los campesinos. Por el
otro, el papel de los sindicatos se encuentra mejor definido; no
mantienen un control absoluto sobre todas las relaciones entre las
comunidades y el resto de la sociedad, si bien controlan la
organización interna de las comunidades. Además, la principal
función explícita de los sindicatos, en cuanto mediadores políticos,
consiste precisamente en integrar al campesino a la vida nacional.
Esta función ha· tenido éxito por lo que al presente los campesinos
pueden expresar sus intereses al gobierno .

�38

Sin embargo, a pesar del nivPl de politi,ación logrado por
los campesinos, las características patnnalista, y personalisras
de las relaciones patrón-peón han pennanecido, sólo que ahora las
ejercen los sindicatos en lugar de los patronos. De esta manera,
el tipo de pal itización que surgió de los esfuerzos del nuevo
gobierno fue de tipo personalista y paternalista. Este fue en
parte resultado de la política del nuevo gobierno mismo: El M.N.R.
siempre pudo mantener a los sindicatos bajo un estrecho control, a
través de los mecanismos del partido, por lo cual se mantuvo bajo
control .a los campesinos en un grado considerable. Este grupo,
que hacia 1970 constituía alrededor del 65 porciento de la población
tota 1, · no se encuentra organizado en una fuerza cohesiva propia;
los intereses regionales aún los mantienen divididos y, d veces,
en abierto conflicto. Sin embargo, sí poseen un gran potencial
para convertirse en un grupo de interés cohesivo en el proceso
político nacional, de manera de poder expresar y hacer valer sus
demandas en mayor grado.
A guisa de conclusión a esta sección, se puede aseverar que
se ha experi~entado poco caQbio ~n estos otros aspectos d~ proceso
de cambio social en Bolivia.
Es seguro que se experimentó un
aumento en el nivel de vi da de los campesinos, ya que éstos pudieron
aumentar su nivel de consumo, mejorar las condiciones de su vivienda
y hacer uso de las instalaciones y los servicios médicos Y
educativos. Sin embargo, esto no refleja ningún cambio en valores
El deseo de obtener todas esas mejoras ya estaba
0 actitudes.
presente, sólo que no estaba satisfecho debido a la incapacidad e
ineficiencia del anterior estado de cosas. SolamentP aparecieron
dos nuevos aspectos; una mayor aceptación de la educación, Y un
mayor grado de po1 i ti zac i ón de parte de 1os campesinos. Aún su
deseo de expresar sus demandas e intereses en el proceso político
no puede decirse que sea nuPvo; lo realmPntP nuPvo es Pl podPr quP
adquirieron para expresarlos y, de esta manera, real~nte participar
en el proceso político.

39

CONCLUSIONES.
Se ha tratado de proporcionar una breve revista de 1os
principales elementos de la -vida social rural en Bolivia -según el
autor entiende -el problema- y se ha tratado de elucidar los efectos
sobre ellos de la Revolución Nacional de 1952 y la Reforma Agraria
de 1953.

Heoos visto que elementos tales como la organización social
en lo que hemos denominado "comunidades tradicionales" no ha sido
en ning~n modo afectada y, además, habiendo sido rota la organización social en las haciendas, ha sido reemplazada por un sistema
que sigue de cerca al de las comunidades tradicionales. Esto, sin
embargo, se refiere sólo a los aspectos de la organización :social
que han sido el objeto de este estudio, a saber; la organización
para el trabajo y los patrones de ayuda mutua y seguridad social
no fonnal.
Por otro lado, se encontró que la organización familiar no ha
carooiado, con la única excepción ·de que la relación de parenti!sco
natural conocida como "compadrazgo" se afectó en el sentido ne que
los compadres tradicionales de los campesinos, los tiacendarlos,
fueron eliminados (en cuanto clase).
La oovilidad de la población rural se ha acelerado, pero sólo
ligeramente, y esto se refiere tanto a la movilidad social como a
la ffsica. Consideramos, por otra parte, que no se debe esperar
un allllento notable en la movilidad social por el solo hecho de que
se ha implantado con éxito un esquema de redistribución de la
tierra. Una condición necesaria adicional es una expansión general
de la economfa; debe existir un aumento en la disponibilidad de
oportunidades económicas. En otras pal abras, debe expanderse 1a
base económica, la "riqueza" de la nación pues, de otra manera, la
novilidad no existirá. La Revolución y la Reforma no han ido muy

�40

41

lejos en lo que se refiere a proporcionar tal expansión en la
economía; la Refonna no ha sido cumplida cabalmente; no ha sido
una reforma agraria puesto que solamente se ha cumplido la etapa
de redistribución de la tierra.
La disponibilidad de recursos
complementarios, tales como extensión de créditos, asistencia
técnica, mecanización, mejoras en la comercialización, y seguro de
las cosechas, se ha incrementado en fonna muy lenta, a pesar de la
ayuda externa. Además, dado que las economfas urbanas de Bolivia
han permanecido estancadas, no hdn podido proporcionar una
disponibilidad sustancial de empleos para los migrantes rurales.
Este hecho, junto con e1 1 imitado éxito de 1os proyectos de
colonización, significa que la movilidad a través de estos canales
no ha recibido un impulso significativo.
Muchos otros elementos de la vida social rural en Bolivia
también han pennanecido sin cambio alguno, según se mencionó en la
última sección, siendo la única excepción (que este autor encontró)
un grado positivo de politización.
De esta manera, quedan dos elementos principales, la
estructura de clases en las áreas rurales y lo que aquí se denomina
"comportamiento económico". Tal como se ha visto, estos son los
únicos elementos que fueron afectados considerablemente por la
Reforma. Aún a este respecto, existen ciertas reservas. Así, por
ejemplo, puede estarse de acuerdo en que las prácticas agrícolas Y
ganaderas han cambiado, pero no existe forma de saber hasta qué
grado han ocurrido estos cambios; es decir, no es posible saber si
son lo bastante significativos para ser considerados como "canbio
socia1" •.!}j

!J.!

Adem!t,, aqu ( \ r coM.ldvi6 u,fament.e . el fadu _de .f.o. plt.~duc.c.l6n
df! la.ó ac U.vi .iitc/(!.6 ec.on6m.lcM, no i,.a.ndo po;.,~ble menuona11. el.
lado del. c.ompo!Lta.mlent.o del c.oMum.ldolr..

Sin embargo, si bien se admite la incapacidad para dictaminar
si el proceso de asimilación del segmento rural de la población
boliviana a los valores y patrones de comportamiento modernos y
urbanos fueron acelerados considerablemente por la Revolución
'Nacional de 1952 y la consiguiente Refonna Agraria de 1953, es
posible decir que, por lo menos, estos dos acontecimientos han
allanado el camino para un intento posterior de acelerar el proceso;
pudieron eliminar las relaciones sociales, económicas y políticas
semifeudales entre dos castas, precisamente a través de la
eliminación de ambas castas, arrebatando el poder económico y
político de los grandes terratenientes y transfirÚ!ndolo a una
burocracia nacional que supuestamente representa los intereses de
la antes casta oprimida. · Esta burocracia nacional, a su vez,
redistribuyó una parte importante 'de la propiedad rural, a un grado
suficiente para alterar las relaciones de producción patrón-peón,
así como la organización social de ellas derivada. La burocracia
nacional también fue capaz de tomar algunos pasos para complementar
el programa de redistribución de la tierra. Estos pasos (obras
públicas, créditos, etc.) y, en especial, la redistribución de la
tierra en sí, operaron un cambio significativo en el comportamiento
económico de los anteriores peones y también -aunque en menor
medida- en el de los campesinos de las comunidades tradicionales.
Por tanto, es posible decir que la hipótesis, enunciada en la
introducción es, dentro ~e ciertos límites, correcta, Estos
límites, a su vez, estaran dados por el alcance de la incidencia
de tales cambios(en la estructura de clases y, en especial, en los
patrones de comportamiento económico). En otras palabras: lQué
parte de la población ha experimentado en realidad estos cambios?
Y, lson estos cambios de carácter irreversible?,
Finalmente, se reconoce que el problema planteado no puede
tener una soluci6n rigurosa, dada la poca disponibilidad de

�42
43

información estadística confiable .

Debe tan,oif11 admitirc,p quP

-debido de nuevo a la falta de infomación- ld mayor parte de las
veces fue necesario aventurar generalizaciones muy amplias, si
bien en la dirección correcta.

ChMf.u J. : "The ~ne.e a.nd V-&lt;MpPe.alUUtce 06 Rec.ip11.oc.af.
FMm La.bM in La.:tin Am~. 11 Vw-i.gh:t B. HeaU &amp; R-&lt;.chalrd N.
Adam!, (edh l : Con,tempoJ¡_a_J¡_% Cu.Uwtu a.nd So c.ie.,t¿u o6 La.:tin
Am~c.a.. Ra.ndom Hou.&amp;e. ew Yo,1¡_k. 1965.

E..'lMnu&amp;,

F~u.t, Ca.6.to:

La única información estadística que fue posible encontrar se
refiere a la producción agrícola. Del examen de esta infonnación
legítimamente se puede concluir que la Reforma Agrariil tuvo eixito
en lograr un aumento en la producción; un hecho incontrovertible.

11

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La.nd
F1¡_ed~c.k A. PMeg~

FUHfrES VE INFORMACION.

Amvuc.an UtúveM.U.tJ, The: U.S. A/Un~ Atr.ea. Handbook Óº" Bollv-i.a..
The Ame'Úc.a.n Un-i.veJt.&amp;ay.
fo,1¡_cugn Aíiea. StucLi.e.h V.lv.u.-&lt;.on •
WMh-i.ngton, V. C. 7963.
Ba¡de.Mama G. Ada.ltd: NuutJr.o AgM tJ .&amp;M P-n~jcmia..6_ •
• UtúveJth-ltalua..
Ca c.hiibamba., Bo:U v.la..

Imp11.enta

BU'1n,~ Tom: 11suclai. Change 11 JuUu~ Goufd &amp; WllUam ! Kotb (ed-6):
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In.&amp;tUiito IndZgen.u.ta
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WM,J1,íy1gton, V. C•

BZ.ane.4:
"PM.t-i.c.-i.pa.ci.ón Soc.ia.f. tJ Po-Uti.c.a. de f.o¿,
Campuinoi. de No,1¡_ Yunga.1;, BoUv-i.a., " Rev.U:ta Meu.c.ana. de
Soc.-i.of.ogla.. 31:4, 1969; pp. 909-945.

PaJtk, Rob~ E,:
"kM.mil.alion, Soc.ia.f.." Enc.ycf.o~ 06 the
Soual. Sc.-i.enc.u, 11, Ma.crnlUa.n, New YoíiJi, 193~.2k1-2B3.

IJJr.qu,ld,¿, W.WC.o: U Feudal.-ú,mo en Am/.Júca tJ la. Re6oJUna Af}11111LiA.
Bollv-i.a.na. La Pa.z, Bolivia.
1966.

�LA CALIDAD DE LA VIVIENDA EN MEXICO:
SU MEDICION Y DETERMINANTES . *

W. Whltney Hic.k./* tJ Bituc.e Scha66Vt

Introducción.

En los 0lti'mos años los economistas interesados en el estudio
del desarrollo econ6mico han reconocido la necesidad de definirlo
en términos más amplios que únicamente un incremento en el ingreso
real per capita. El bienestar personal es un concepto mucho más
amplio que el de ingreso per capita. Los incrementos en el ingreso
per capita pueden ser asociados, por ej emplo, con cosas tales como
incremento de las disparidades en la distribución del ingreso y la
contaminación del aire y el agua . En respuesta a estas "deseconomías externas de desarrollo" se le ha puesto mucha atención al
aspecto de abastecer a la población de las "necesidades básicas"
tales como educación, salud, oportunidad de empleo, vivienda y
alimentos.
La finalidad de este trabajo es explorar los factores que
influyen en la calidad de la vivienda, una de las "necesidades
básicas" importantes.
El estudio se enfoca sobre Méxtco y es
para los años 1960 y 1970. El análisis de la calidad de 1a vivi'enda,
• TJt.a.du.c.c.i6n del. Ingl.ú po1t: Alr.;tem,Co Bai.delWl $cfenz, Pllo6e.6o'1. de
uta Fac.uU.ad de Ec.onomúz.

u W. Whltney Hic.fu u Vi!tect.oll del VepM:tammto de Eccnomí.o. de la
UnivVl.l.iidad de Mi1.,60UJti, Columb,ia, Act.uaimmte 4e, de.4e.mpe.ña
e.amo P1ta6e.t,(1}¡_ Ful.btugh;t en e-t.:ta. Faeu.1.tad de Eeononu.á.,

�46

47
es una área fructífera de estudio como se sugirió por la siguiente
observación de una publicación de las Naciones Unidas. "El
secretario General encontró que virtualmente en todos los países
en desarrollo las condiciones de la vivienda se fueron deteriorando
paulatinamente" (United Nations, 1968, p. 5).

usados para ajustar el modelo hipotético.
Esta sección también
discute 1os mode1os alternativos y los supuestos probados. la
discusión de los procedimientos de estimación es seguida por una
presentación de los resultados y su interpretación.

En vista de la tmportancia de la calteüld de la vivienda Y la
falta de atención que se le da a la misma, este trabajo es un
modesto intento de llegar a una medida de la ~alidad de la
vivienda,· y entonces ajustar un modelo explicativo a tal medida
usando la infonnación disponible en los censos.

El Indice Compuesto de la Calidad de la Vivienda.

Existen cuatro pasos para llevar a cabo este estudio, El
primero es, de_rivar un 'indice dimensional para la medición de la
calidad de la vivienda, una caracterfstica multidimensiona.l, El
segundo es, que las consideraciones teóricas deberán ser sopesadas
para determinar los factores que afectan la calidad de la vivienda
y la manera que la afectan. El tercero, 1os procedimientos de
estimación deben ser determinados y ju~ttftcados, Finalmente los
resultados deben ser presentados e interpretados,

Deberá recordarse que todos estos pas1&gt;s están sujetos a las
limitaciones de los datos obtenidos para cada uno de los 31 Estados
y el Distrito Federal en 1960 y 1970,
Inicialmente, este artfculo explorará las justificaciones
para usar diversas variables como medidas o indicadores de la
calidad de la vivienda. · Después de que se ha derivado una medida
compuesta de la calidad de la vivienda, se seleccionan las
variables independientes usadas para "explicar'' los diferentes
niveles de la calidad de la vivienda, Después de hacer esto, una
breve descripción del nodelo estadístico será seguido por una
explicación y justificación de los procedimientos de estimación

la primera tarea es revisar 1os aspectos más importantes de
la cal i&lt;lad de la vivienda desde un punto de vista de bienestar
genera 1.
El Departamento de Economia y Asuntos Sociales de las
Naciones Unidas ha sugerido para los países en etapas iniciales e
intermedias de desarrollo, indicadores tales como: El tipo de
material usado en las paredes de las viviendas, tamaño, número, y
tipo de habitaciones, equipo en la vivie~da tal como los servicios
de agua corriente, inodoros y tipo de cocina y baño son de mucha
importancia (United Nations, 1968). En un informe estadfstico
elaborado por las Naciones Unidas, el porcentaje de viviendas con
agua corriente disponible se sugirió como un indicador importante
de salud en relación a la calidad de la vivienda.
Cuando se
examinaron estos criterios en relación con la información disponible
en los censos en México, se seleccionaron tres variables como
indicadores aceptables de bienestar en cuanto a la calidad de la
vivienda. las tres variables fueron: Porcentaje de viviendas
con agua corriente (PVAC), el porcentaje de viviendas de ladrillo,
block de cemento, o materiales similares para las paredes (PVlBM),
Yel porcentaje de viviendas con servicios de gas o cocina eléctrica
(PVGC).
la inclusión de

(PVAC) es fácilmente justificada ya que una

�48

49
fuente de agua potable es lo más importante cuando se trata de la
salud. · No obstante, en ciertas regiones remotas con climas
templados, podría ser adecuado usar otras formas de abastecimiento
de agua.
En general, el agua corriente es necesaria _para una
•vivienda adecuada.
El uso de CPVLBMl está basado en observaciones en cuanto· a qué
material de construcdón, como el que se usa en México, proporciona
una calidad adecuada de vivienda. El ti~o de material de
construcción detenni:na qué tan bien una vivienda protege a sus
moradores de las variaciones en el cHrna; ast como también de la
seguridad y durabtltdad de la vivienda. Los materiales alternativos al ladrillo o block de cemento ~esto es, madera, adobe,
paja, etc. - proporci'onan una ·prótecctón to adecuada de 1a manera
que se usan generalmente en r~xico,
El indicador final (PVGC1 es incluido debido a su
importancia para la seguridad nutricional.
Debido a que la
mayoría de la comida se prepara en casa, se necesitan ~todos
seguros en 1a preparación de a1imentos para 1a sa1ud de sus
habitantes. Además de proporcionar los ~todos más adecuados para
la preparación de los _alimentos, los servicios -~ gas y electri.cidad para cocinar son menos probables que causen incendios o
ensucien la vivtenda que las alternativas más prevalecientes,
petróleo o madera,
Después de admitir a las tres variables como indicadores de
. la calidad de la vfvienda, deberá enfrentarse la cuestión de s-i
tratarlas separadamente o combi'narl as en un único lndice, La
arbitrariedad con la que serian asignadas las ponderaciones a cada
indicador y la cantidad de información que se perdería al crear un
índice, sugirió que cada indicador fuera tratado separadamente.
Sin embargo, como la calidad de la vfvi'enda en general y no un
atributo en particular, era el objeto de interés, fue deseable
contar con un índice.

La deseabil idad de un índice aumentó al considerarse la
posibilidad de que el índice captara indicadores adicionales de la
calidad de la vivienda mediante alguna variable instrumental no
incluida explícitamente en el índice. Por ejemplo, un estado con
alt~s niveles de (PVAC), (PVLBM) y (PVGC) podria esperarse que
tuvieran un porcentaje por enc.ima del promedio de viviendas con
otras características deseables de calidad. Es más probable que
este efecto sea obtenido en un índice contrario a cualquier
variable tratada separadamente. Por estas razones, un índice fue
superior para analizar la calidad de la vivienda, si pudiera
crearse el índice que retuviera la mayoría de la información en
las variables originales.
El método usado para derivar una medida compuesta para la
calidad de la vivienda fue el de componentes principales. El
índice de calidad (DEP = variable dependiente) se formuló como
DEP i = a1 EPVACi + a2 EPVLBMi + a EPVGCi.
3
DEP es el primer componente principal que resulta de una
combinación lineal de las variables estandarizadas . Cada una de
ellas es ponderada por los valores individuales "a" asignados por
el análisis de los componentes principales. El procedimiento, como
se aplica al crear un índice, puede ser totalmente explicado de una
manera intuitiva.V El procedimiento de los componentes principales
define una nueva variable por· cada observación. El primer
componente pri ne ipa l , es una combi nac i 6n lineal ponderada de los
valores de las variables del indicador para esa observación. Los
pesos, que son una constante para cada variable para todas las
observaciones, para las variables indicadores son calculados de
tal manera que el mayor porcentaje posible de la varianza en las
1/
- PaJt:a un .tJr.aiam-é.en.to miú J.iof,-il,:t-é.cado de.e. p'1oced).m-i ento lJ u◊al&gt; del
mltodo de componen.tu p!¡Á.ndpa,fu
vu Johnl&gt;on e.t af (19731 Thw (19711 .
'
' -,

�50

51
. tres variables originales es "explicado" por la varianza de las
variables originales retenidas o "explicadas" por la varianza del
primer componente principal. El porcentaje de. varianza de las
variables originales retenidas o "explicado" por la varianza en el
número índice creado es fácilmente derivado tal que el analista
puede juzgar lo adecuado del indice para la investigación
disponible, Deóer1a s-er notado que el porcentaje _de la varianza
en la información no explicada por la varianza en el índice podría
ser interpretada como la cantidad de información perd!da, usando el
indice en lugar de las tres variables separadamente,
Un. ejemplo hipotético podría aclarar el signif-tcado

de un
índice creado por el método de componentes principales, El 1ndice
hipotético podria ser expresado como:

Donde las "a" son los pesos asociados con las variables del
indicador estanda rjzadas. Las variables· es tanda ri'zadas son usadas
para compensar el hecho de que el inétodo de ponderaci6n es afectado
por la magnitud y unidades de medida de las variables del ind-tador,
Supóngase que el indice, e1 primer componente principal, sea
computado usando el siguiente sistema de ponderaci6n y que el
índice retiene el 95t de la varianza en las variafiles estan•
darizadas originales:
DEP = .3 EPVAC + .~EPVLBM + ,3 EPVGC
1
Ya que todas las ''a" son positivas, un valor m!s alto de
cualquiera de las variables estanda'rizadas resultará en un valor
más alto del indice, DEP.
Si todos los valores estandariiados
tu,ieran un valor de .5 para una observación, entonces el valor de
DEP = ,3 (.5) + ~5 (. 5) + ,3 ( .5) = .55

Si todas las variables dPl indicador en una observación son
iguales a la media de todas las observaciones, esto es, su valor
estandarizado es igual a O, entonces el valor de DEP será o, para
esa observación.
Si todas las variables del indicador en una
observación están por debajo de la media, el valor de DEP para esa
observación será negativo -deberá recordarse que las "a" son
derivadas de tal manera que maximizan el porcentaje de la
variación en las variables originales estandarizadas que se
obtienen por el DEP. En el ejemplo hipotético anteri.or, se supuso
que el 95% de la varianza fue retenido en el índice DEP.
Usando la técnica de los compone~tes principales junto con la
información para los 31 Estados y el Distrito Federal de los censos
de población de 1960 y 1970 para PVAC, PVLBM y PVGC, derivamos un
índice ponderado de la calidad de la vivienda para cada ''estado"
para 1960 y 1970 como sigue:
DEP

=

.599 (EPVAC) + .533 (EPVLBM) + ,598 (EPVGC)

El DEP así computado obtuvo el 80% de la varianza en las
variables originales estandarizadas. Este esquema de ponderación
es intuitivamente atractivo ya que el DEP se incrementará en
respuesta a un incremento en cualquiera de las variables del
indicador. Este fodicP es aceptable en vista de su plausibilidad
intuitiva, su concordancia con las variables . del indicador cuando
se usan separadamente como variables dependientesY, y la gran
cantidad de la varianza en las variables del indicador que es
retenida en el índice.

---------2/
- v,a
ve

b-

Ul

.~b+:-a

UA-&lt;-Vfl

a/LU.c.ulo.

=~+ de RIUU-u.a
b-1- d
,_,...,.,,_e
Oó

empÍJliC.Oó.

1

en ute mümo

�52

Las variables independientes usadas para explicar
las diferencias en la calidad de la vivienda.

El seleccionar las· variables tndependientes que determinan la
calidad de la vivienda implica decisiones sobre qué factores son _
más relevantes en explicar la calidad de la vivienda y · luego
encontrar instrumentales variables para estos factores para usarlas
en el modelo estadfstico. El -Bepartamento de Economfa y 'Asuntos
Sociales de las Naciones Unidas sugiere que las mejoras en la
calidad de la vivtenda son contingentes sobre los recursos
financi'eros dtsponU,les (ingreso. IPCJ. la exi'stencia de sistemas
de crédito adecuados y una· i'ndustrta de la construcción organizada
y la tasa de ·crecimiento de la po61aci8n (TCPl. (United Nations.
1968). Ya que la elasttctdad del gasto de la vivienda con
respecto al ingreso real per capita (IPC) fia sido estimado en 1.2
(Kuznets, 19621, deber§ ser incluido. Adem8s del ntvel medio de
ingreso, el patrón de la di'stribuct6n del ingreSt&gt; en 1a población
se espera que afecte la calidad de la vivienda ya que una
distribución menos equitativa del ingreso tiende a, bajar la
proporción del tngresti gastado en const11110 Cel consumo definido en
este ejemplo para inclutr los gastos de vivienda} (Kuznets, 1962).
Esto podrta sugerir que entre menos equitati-va la dtstri6uci6n del
ingreso, ser! mas baja la cali'dad de la vivienda.

53
Ya que la disponibilidad de los servicios públicos en la
forma de electricidad, gas y agua potable afecta el precio de la
calidad de la vivienda (PVAC y PVGC) el precio de la calidad de la
vivienda, definido en estos términos, es más alto en áreas rurales
que en áreas urbanas. Por lo tanto, usamos la parte de la fuerza
de trabajo en la agricultura (PAG) como una parte importante para
el precio de la calidad de la vivi'enda. Es también plausible que,
en países en desarrollo, entre más alto el porcentaje de la fuerza
de mano de obra involucrada en la agricultura en un es t ado O región ,
tienden a ser menos adecuados la industria de la construcción y el
sistema de crédito. Estas situaciones de inadecuación también
tenderían a elevar el precio de la calidad de la vivienda donde
PAG fuera a~ to.
Una medida final incluida en el modelo es el tiempo (TIE).
Sin embargo, la teoría económica no proporciona una guía en cuanto
a cómo el tiempo influirá en la calidad de la vivienda en este
modelo .

~ modelo para "explicar" la calidad de la vivienda.

La ecuación de regresión explicativa se especifica como:
El porcentaje de la po6laci6n que ha61a. una lengua ind1gena
(PINDJ es usado COS&gt; una variable tnstrt1nental de la di'stribuci&amp;I
del ingreso menos equttati'Va. Esto signtftca que se espera que el
PINO estl! relactonado en fonna negativa con la calidad de la
vivienda ,
La tasa .de crectmiento de la población CTCPl se es.-pera que
esté inversamente relaci,'onada con la calidad de la -vivienda,

DEPi = Bo + BlEIPC,. + BzEPAG . + B3ETCP. + B4EPIND + B TIE +e
1
1
i
5 i
TIEMPO= O 1960
= 1 1970

El supuesto usua 1 de1 método de min irnos cuadrados ordinarios
de independencia y varianza constante de los términos de error son

�54
55

población de cada estddo por la bl
po ación para ese estado en el
censo anti?ri 0 ... .

aceptados con el tiempo incluido por el uso del modelo de covarianza.
El modelo de covarianza supone que cada penódo de tiempo tiene una
única intercepción y que la variable (muda) del ·tiempo no afecta
ni a los parámetros de regresión ni al término de error. Este
modelo fue aceptado como una primera aproximación.
Después de
haber sido calculada la regresión, se revisaron los res-fduales y no
se encontró una fuerte evidencia de partida del modelo supuesto,
así que el modelo se acept6 ~ postulado.
El ·prefijo S en las váriables independientes indica que las
variables independientes fueron introducidas en sus formas estan ..
darizadas.
Esto se hizo porque las variables independientes
difirieron grandemente en magnitud. Los coeftciente.s de Beta para
estas variables estandarizadas s~ interpretan como que expresan el
cambio en las desviaciones estándar de la variable dependiente
(DEP) ocasionado por un cambio de una desviación estándar de la
variable independiente.
Los coeficientes de las variables
independientes expresadas de esta manera pueden ser interpretados
corro las magnitudes relativas de la importancia de la -yartable al
afectar la variable dependiente.·
Las fuentes de la infonnaci6n para PAG, TCP y PIND son M@xico,
Direcci6n General de Estad1stica, 1953, 1962, 1964, 1972 y para
PCY las fuentes son: .Mendoza-Barrueto, _1969 y México, Direcci6n
General de Estadtsti.ca, 1971, Se tenfan observaciones para 31
Estados y el Distrito Federal haciendo 64 observaci'ones para los.
dos años, 1960 y 1970.
Los autores ajustaron el ingreso per capita real (IPC) a una
base de 1960. En todos los ajustes de precios, hubo problemas Y
una falta de ntvel de precios adecuados frtderon. que los ajustes
fueran en este caso particulannente problemáticos. La tasa de
crecimiento de la población (TCP) se calculó dividiendo la

Resultados empíricos.

Los. resultados de la regresión estimada son
presentados a
continuación. Los errores estándar de los
coeficientes Beta
están en paréntesis bajo los coeficientes.
DEP= -.24~4 - . 0795 (EIPC) -.8289 (EPAG) + .0022 (ETCP} -.0685 (EPINO)
(.06~7)(.5010)

( 0584)
.

( 0423)
·
+ .4989 (TIE)
(.0917)

(

.0454)

. La matriz de los coeficientes de correlación simple para las
variables dependientes e independientes es:
OEP
DEP 1.0000
TIE
ETCP

E!PC
EPAG
EPIND

TIE

ETCP

EIPC

EPAG

EPIND

. 5860

.1369

.4198

1.0000

.1326

- . 9159
-.4113

- . 3852

.0564

-.0604

1.0000

-.0104

-.1438

-.0059

1.0000

-.5429

-.2334

1.0000

.3862
1.0000

Só 1o dos de l
· hl
. . .
as varia es en el modelo fueron estadísticamente
gn1f1cat1vas a niveles de . "f•
.
.
s1gn1 1canc1a normalmente aceptados
la variabl ·
·
e instrumental del precio de la calidad de la vivienda
si

�56

(PAG) fue significativo al nivel de .01 por ciento y la magnitud
del coeficiente de Beta fue significativamente más grande que para
las otras variables. El signo de esta variable fue negativo coroo
se postuló. La otra variable que fue estaMsticamente significativa fue la variable muda para el tiempo (TIE). Esta variable
fue también estadfsti'camente significati'va al nivel de .01 por
ciento y positiva. No habíamos postulado ni,ngOn signo para este
coeficiente. Ninguna de las otras variables fueron estadísticamente
significativas, aún en un nivel del 10 por ciento, por ejemplo, Y
los coeficientes de Beta en estas variables fuer-0n pequeños.
Cada uno de los tres componentes de las variables compuestas
de la calidad de la vivienda se colocaron en una ecuación de
regresión como variables dependi.entes y tres ecuaciones de
regresión separadas fueron estimadas. El signo y el orden de la
magnitud de los coeficientes de Beta fueron los mismos que cuando el
DEP, e 1 fndi ce compuesto, se usó, excepto para e1 co~ficiente de
TCP estandarizada.
El coeficiente de Beta para TCP estandari_zada fue negativo Y
significativo en un nivel de un 10 por ciento cuando PVAC Y PVGC
se usaron como las variables dependientes.

Análisis de los Resultados y Conclusiones.
Mientras R2 indica que una cantidad si.gnificativa de la
variación en la variable dependiente (DEP) fue "expl icada 1' por
las variables en el modelo, solamente dos de las cinco variables
en el modelo fueron significativas estadfsticamente. El porcentaje
de la fuerza de mano de obra en la agricultura (PAG) que se us6
como variable instrumental del precio de la calidad de la vivienda

57

fue altamente significativo y el coeficiente de Beta fue alto con
relación a los coeficientes en las otras variables en el modelo.
Por otro lado el efecto del ingreso per capita de la calidad de la
vivienda fue pequeño y estadísticamente no diferente a cero.
Los mismos resultados no significativos se obtuvieron para PINO el
cual usamos como variable instrumental de la distribución del
ingreso. La variable muda que fue cero para 1960 y uno para 1970
también fue estadísticamente significativa, no obstante que el
coeficiente de Beta fue aproximadamente 1a mitad de 1 coeficiente
de PAG.
Este resultado sugiere que cuando las otras variables
se mantienen constantes, la calidad de la vivienda, como es medida
por nuestro índice, se mejoró entre 1960 y i970.
Finalmente, el
coeficiente para el crecimiento de la población (TCP) no fue
estadísticamente significativo. Sin embargo, cuando el índice
compuesto de calidad de la vivienda se distribuyó en sus partes
componentes TCP tuvo un efecto inverso y estadísticamente significativo (a un nivel de un 10 por ciento) en el porcentaje oe
viviendas con servicios de gas o electricidad para las .necesidades
domésticas (PVGC) y el porcentaJe de viviendas con agua corrientP
pctable (PVAC).
Este :;ugiere qut• tJr rápido crecimiento de
población (por inc ~emento natura l y/ o migración) podría poner algo
de presión en la calidad de la vivienda aparte de la posible
sobrepoblación, la cual no hemos considerado en este trabajo.
El mejor resultado derivado de este estudio es la importancia
del porcentaje de la fuerza de mano de obra en la agricultura
(PAG) al "explicar" la calidad de la vivienda. El lector prdría
. sentir que esto no debería sorprender dada la manera en que hemos
definido la calidad de la vivienda, esto es, incluyendo PVAC y PVGC.
Es claro que el costo de proveer estos servicios públicos es menor
en una área urbana que en una área rural. Hemos seleccionado
interpretar PAG como el precio de la caiidad de la vivienda.
Podría haber otras interpretaciones del efecto de esta variable en
la calidad de la vivienda.

�58

Este resultado sugiere que el grado de bi.enestar es afectado
por la calidad de la vivienda, es menor para aquellos que trabajan
en la agricultura que para aquellos que trabajan en acti.vidades no
agr'icolas . Provee una pequeña evidencia acerca de uno de los
muchos factores que influyen en la migración de las áreas rurales
a las urbanas. Si se pudiera encontrar la manera de mejorar la
calidad de las casas en las áreas rurales y en los pequeños
pueblos donde vi ven 1os trabajadores agrico1as, podría reducirse
en cierto grado la tasa de migración a las áreas urbanas .
Finalmente, como se indicó anteriormente, 1a vartabl e muda
para el tiempo (O en 1960 y 1 en 1970) muestra que cuando otras
variables se mantuvieron constantes, la calidad de la -vivienda
mejoró entre 1960 y 1970. Este descubrí.miento es alentador con
respecto a los cambios en la calidad de la vivienda lcomo se
definió en este trabajo) en México entre 1960 y 1970.

59

Ml!ndoza-Bevweto, EU1.ieo: "Imp.ti,cae,ioi,e1., Reg,ionab 1., de e VuaMo.UO
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Nafloy¡J., Sfa:UiitZc.al PapeM Svúu M, No . 37.

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Ku.zne.t.ó, s.imon: " ~ ve Mpec.t.6 06 Ec.onom.lc. G,wtlJth 06
Na.tlon6 ", Ec.onom.lc. Veve.t'.opment and Cu.Uu.ttal Cha.nge, Vo.t'.. X:
No. 2, p&lt;Vr,t.e 2,
7962.

�BANCA NACIONAL: ANTECEDENTES, SITUACION ACTUAL, PERSPECTIVAS
Y APORTACIONES Al DESARROLLO ECON()IICO DEL PAIS. *

M.vt.c.o A, Pl.Jr.ez Va.ltieJt

la labor de intermediación financiera consiste esencialmente
en la canalitaci6n de recursos de unida des econ6mi cas supera vi ta rias
hacia unidades deftcitari'as.
Evidentemente, mientras más
desarrollada se encuentre una econom1a, el contacto directo entre
inversionistas y ahorradores se toma más complicado con sus
consiguientes deseconomtas, por 1o que es menester contar con
instituciones especializadas para realizar esta funci6n de inter~
mediaci6n financiera eficientemente.
Considerando que existe una relación directa y monotónica
entre el crecimiento del producto y el stock de capital Y, se
encuentran al menos tres formas mediante las cuales el sistema
financiero coadyuva al crecimiento del stock de capital: a) las
instituciones financieras pueden incentivar una asignación más
eficiente de la riqueza, redistribuyendo a trav~s del proceso de
intennediaci6n su utilización, composici6n y rendimiento entre
diferentes tenedores de activos; b) las instituciones financieras
pueden propiciar una asignaci6n más eficiente de las inversiones al
canalizarlas hacia aquellas aplicaciones donde su rendimiento sea
• U p11.uente, e4 Wt Ruume.n. uqu.emtf.:Uc.o de la TuiJ. que el cw.toll
p11.Uent6 e.n opcwn al. tUüi.o de Uce.nci.a.do en EconOfl),ÍQ. en uta
1
Fa.cuU:ad.

!J Gwci.e.y,

J. a.nd Sha.w, E.: "Fhume,lal. Stlwctwr.e a.nd Ec.onomi.c.
Veve.loµne.nt." .út: Eeonom.lc Veve.lopne.nt a.nd CuUuli.a.l Cha.nge,
Vol. XV, No. 3, Apiill 1967.

�62

63

superior, incrementando el stock de capital y obteniendo el máximo
de producto por peso invertido; y c) las instituciones financieras
pueden inducir un incremento en la tasa de acumulación de capital,
ofreciendo incentivos adicionales para ahorrar e invertir. En el
caso a), la redistribución de ahorros deriva redistribución de
riqueza, puesto que la gente que antes ahorraba por medio de
atesoramiento, ahora recibe intereses o dividendos según hubiese
adquirido con sus ahorros, títulos financieros o acciones; en el
caso b), es razonable pensar que si existe, por ejemplo, una razón
marginal·capital/producto de dos o tres, y si mediante una participació_n más activa del sistema financiero se transforma una
riqueza inactiva como joyas o metales preciosos e_n bienes de
capital productivos, entonces, en términos de crecimiento del
producto, una reasignación del 10% de este tipo de riqueza,
equivaldría en términos de valor, a un 20%ó 30% de producto total;
en el caso c), al analizar aquellos factores determinantes del
nivel · de ahorro en diferentes países, se observó que las variables
más importantes en una muestra de 33 países en vías de desarrollo,
eran la tasa de _interés, el crecimiento en el nivel del ingreso
per capita, la tasa de crecimi•ento en el nivel de precios al
consumidor y el déficit en cuenta corriente respecto al nivel del
producto nacional brutoY. No resultaron las anteriores variables
igualmente significativas para quince países desarrollados.
Consecuentemente, puede pensarse que las instituciones financieras,
sobre todo en países en vías de desarrollo, juegan un papel activo
en lo que a promociéin y aceleramiento del ritmo de crecimiento
económico se refiere.
Para el caso concreto del sistema financiero en México, se
procede al anal i sis de los pasivos financieros y el Producto

Interno Bruto ta 1 como lo hace Gol dsmith en su tr~bajo .::1/ para
nueve países desarrollados, encontrándose que para 18 años
anaHzados (19.60.~1977), los pasivos ftnancieros cr~cieron en una
proporción 1-15 veces may9r por unidad de crecimiento en el
producto, Debido a lo anterior es factible esperar que una
adecuada planiftcactéin y control del proceso de intermediación
financiera en el pats, se traduzca en una astgnaci'ón cada vez más
eficiente de los .recursos de la economía hacia prop6sitos de
tnverstón,
De~tro del Sector Financiero Mexi'cano existe un grupo de
Instituciones Nacionales de Crédito también conoci do como Banca
Nacional. Estas insUtuciones han surgido como respuesta a nece~
· sidades muy especificas para coadyuvar al proceso del desarrollo
econ6mico del pafs.
La Banca Privada, al requertr de utili'dades para preservar su
existencia, no puede llevar a cabo proyectos de larga maduración y
poco rendimiento, como es el caso de. las Obras y Servi cios
Públicos, proyectos que sin em~argo son de capital importancia
para acelerar el desarrollo económko nacional, De tal suerte,
las instituciones que hoy forman la Banca Nactonal, han orientado
sus actividades hacia sectores estratégicos de la economfa con la
finalidad de llevar a cabo este tipo de proyectos, además de
representar una importante fuente de recurs~s para el f inancia•iento del déficit del Sector Público Federal·,
A.través de la presente tesis se describe la gestaci6n de las
cinco principales instituciones de la Banca Nacional y se analizan
sus participaciones _en el financiamiento otorgado a los diferentes

3/

'!:J

Tu.n WIÚ V.: F,i.nanual In;te1rmed)aJúe1., _and NalionaR. Sav~&amp; iJr.
VeveR.opi.ng Cowil.JÚ.e,1.,, PMegvr, 19ff;p:-Z0-_21 . LJ.S. A.

- Goleúi,ndh, R, W,; ''Sorne Re.6,fecti.on&amp; on .thP PáM:. PJz.u en;t and
~~e . 06 Fi.n.a.nc&lt;'.a!- ~n&amp;.ti;tuwn,!i. 1' , e.n; CCWLenl PJz.obR.e.m1., ofi
.,2UU!Wtl InteJz.medúvúu, Rot:tVldam Uni..veMlf:y PIIUh ,-m,_ 71Si(-

�64

65

sectores de la economía. Por otra parte se compara la estructura
de las tasas activas de interés con las que actualmente opera la
Banca Nacional versus las prioridades marcadas por el Ejecutivo
Federal, con la finalidad de discernir si existe congruencia entre
' los apoyos financieros otorgados por la Banca Nacional, vía tasas
activas de interés subsidiada·s, y 1os sectores estratégicos a
desarrollar; conjuntamente y para proporcionar una pano'rámica
completa de los apoyos oficiales a las actividades económicas
prioritarias, se incluye infonnación acerca de los apoyos no
crediticios que actualmente ofrece el Gobierno Federal a las
actividades que se analizan.
Como resultado del análisis anterior, se pone de manifiesto
que es necesaria una reestructuración de la actual estructura de
tasas activas de interés para apoyar especialmente a los sectores
y actividades marcados como prioritarios por el Ejecutivo Federal.
La problemática actual de la Banca Nacional se ha gestado
como consecuencia de su posición de desventaja relativa frente a
la Banca Privada en la consecudón del ahorro doméstico, dado que
al estar regulado en precio el sistema financiero, las diferentes
instituciones compiten en calidad y cantidad de servicios
financieros otorgados al público ahorrador para obtener su prefe•
rencia, de aquí que la Banca Privada y Mixta siempre ha mantenido
un porcentaje de participa~ión en la captación de ahorro doméstico
superior al 87%; esto debido a que opera con Servicios Financieros
Integrados, Reciprocidad con trato preferencial a sus el ientes,
Amplia red de Sucursales, Cuerpo de Promotores y Gerentes de Cuenta
para atender las relaciones con los cuentahabientes y otro tipo de
medidas tendientes a brindar mejor calidad en sus servicios
prestados.
Como consecuencia de lo anterior, la Banca Nacional ha

dependido de financiamientos externos ,-préstamos de Bancos
extranjeros- para llevar a cabo sus operaci.ones creditici,as y de
financiamiento al défi'cit de1 Sector Público Federal, Sin embargo,
durante 1977, esta labor colocadora de la Deuda Pública se vió
inclusive disminuida, por lo que un replanteamiento debe ser hecho
tendiente a mejorar la estructura operativa de estas instituciones,
dado que la 1abor desempeñada por la Banca Nacional en el aspecto
de financiamientos a la actividad económica ha cobrado una
importancia preponderante al canalizar más del 56% de los créditos
totales otorgados por el sistema financiero durante 1977,
Las medidas enunciadas para reestructurar el funcionamiento
de la Banca Nacional se basan principalmente en experiencias
observadas en la Banca Privada, como lo es el caso de la integración
en unidades de Servicios Financieros Integrados, por lo que habrfa
que estudiar con detenimiento cada una de las medidas y concluir
el grado de utilidad práctica de las mismas, para el caso particular
de las Instituciones Nacionales de Crédito, En el caso de la
integración, sería menester estimar funciones de producción
bancaria, funciones de costo total por peso captado en los
diferentes departamentos, crecimiento de los sectores a los que
actualmente se atiende y un sin número más de interrogantes q4e
escapan de las fronteras de la presente tesis.
También se ponen de manifiesto en este trabajo las serias
deficiencias conceptuales de los entendidos en Economía al manejar
conceptos como los de Financiamiento Otorgado por el Ststema
Financiero, Captación de las Instituciones Financieras y Pasivos
de las mismas, dado que las cifras siempre mencionadas no corresponden a los conceptos enunciados.

�ECONOMIA CAMPESINA DE CIUDAD ANAHUAC,
SUBREGION ANAHUAC, NUEVO LEON, MEXICO.*

Genta Ro ja-6 L.

RESLf,IEN

l. Los ajidos agricolas individuales ocupan las mejores tierras del
Distrito de Riego 04, Don Martin. Sorgo grano y trigo, para el
mercado, son los bienes dominantes.
En pequeña escala, se
produce maíz para el consumo familiar. Por diferentes razones,
existe poco interés, en ciclos distintos al de primavera-verano.
Es frecuente la tecnología moderna en la producci6n comercial.
El empleo de fertilizantes, no obedece a recomendaciones
específicas, sino generales, sobre las necesidades de los
suelos. La combinación de áreas regadas, casi seis hectáreas,
y un alto nivel de mecanizaci6n, propicia el ocio de la mano de
obra. La demanda estacional de1 mercado de trabajo absorbe
parcialmente el ocio, pero no parecen existir condiciones para
el establecimiento de vinculacion·es laborales más firmes y
duraderas. Los ejidatarios han demostrado capacidad para
adquirí r y usar, asociativamente, algunos insumos. También
para adoptar algunas fonnas organizativas y prácticas de manejo.
Las diferencias de habilidades entre ejidatarios, son notables
en algunos casos.
• El eonte.n,i,do del. p11.e1,ente cvr.:tí.eui.o e6 Jte.6pon6abilida.d exclu.6.lva.
de. iiu Au11J1t tJ ne neee.6a/LÚlmente eoinc.ide eon la. poúu6n del.
PJtOgJUVna. de Ve.6aMoUo Ru!utl de la. OEA, ni ninguna. otlt.a. in6tUuu6n púbti.ea. o p!Li.va.da., eon la. que haya. u:ta.do a.óocia.do el Au.J:.OII..
Loii pa.iia.nte.6 de Ingenie/Úa AgJtOn6m,lc.a., Mlguel Villalr.Jr.e.ai.. tJ
F1ta.nweo Pa.cheeo eoiAboJta.Jton en iiu p1tepa1W.u6n.

�68

69

2. Los rendimientos ffs icos promedios alean za dos son muy buenos,
de acuerdo con cualquier medida de comparación. Pero los
ingresos netos por hectárea -definidos como las ventas más el
consumo imputado menos los costos en efectivo- no son suficientes
para financiar un nivel de vida decoroso.
En efecto, los
ingresos netos anuales por familia se calculan en $43,000, o un
promedio per capita de aproximadamente $8,600. Así se confinna
una de las tesis del Diagnóstico Preliminar, acerca de que el
subde-sarrollo, tiene su causa· fundamental en la inadecuada
remuneración de los recursos más que en su improductividad.
Queda entendido, por supuesto, que la búsqueda por niveles
mayores de productividad no puede considerarse agotada.

transformación radical de la economía, sólo se logrará sustituyendo el patr6n productivo actual. El nuevo patrón propendería
gradualmente a la introducción de cultivos de mayor valor. Los
campesinos intuyen la existencia de alternativas más atractivas
como, horta1izas, sorgo escobero, dos cielos de sorgo grano,
soya, frijol, cebada, etc. Entre otros, serían elementos claves
de la transformación:
a) Firme compromiso financiero por parte de los productores.
b) Desarrollo de una actitud más empresarial, para asumir
riesgos mayores.
c) Apoyo público: crédito, experimentación, insumos, etc.

3. La estrategia de desarrollo agrícola, para favorecer a los
ejidatarios y los estratos más pobres del Municipio, tiene cano
pilar, la rehabilitación del Distrito de Riego 04, Don Martín.
Estudios a profundidad debieran iniciarse de inmediato, para
determinar la factibilidad social y financiera de dicho proyecto.
Y otras fonnas para aumentar la disponibilidad de agua y
tierra. Conservando -el actual patrón producti"vo, seria además
recomendab1e:
a) Mejorar los precios de la ·producción, por decisión oficial y
mediante la fonnación de asodacfones para la venta de las
cosechas.
b} Intensificar la teor'ia y práctica de la experimentación sobre
variedades, insumos y prácticas culturales, como por ejemplo,
la racionalización del manejo de fertilizantes.
c) Proveer más tierra. por ejidatario.
d) Estimular mejoramientos en la administración rural.
4. El pensamiento más importante de 1 presente estudio es, que 1a

d) Disponibilidad de más tierra por ejidatario.
e) Fortalecimiento de la administración rural y las formas
organizativas existentes.
Algunos elementos de la estrategia anterior, tienen naturaleza
exógena al fillnicipio ya que se originan en fuentes centrales de
decisión . Los elementos endógenos, tienen el antecedente del
valioso desempeño de los productores del Municipio. Todos ellos
llevan latente un grado considerable de dificultades,
Colonos.
5. Los colonos están también asentados en el Distrito de Riego.
Concentran la propiedad de la mayoría de las tierras y de los
derechos de riego. Su nivel tecnológico es aceptable y los
sistemas productivos son similares a los de los ejidatarios,
Quienes poseen más tierra y riego, son los más progresistas y
ricos. Demandan por unidad de producción más mano de obra.
Son propietarios cuasi-ausentistas.

�70

6. Sus rendimientos son re1ati vamente buenos. El mayor acceso a
recursos básicos justifican que los ingresos netos anuales por
familia asciendan a $60,000, superiores a los de las familias
ejidales.
Es seguro que un buen número de colonos supera
este promedio. Para los colonos más pequeños, -entre 6 y 12
hectáreas- la estrategia de desarrollo, tendría características
similares a la esbozada antes. Es conveniente advertir, que
los efectos redistributivos tenderían a desviarse, casi que
necesariamente, por la imposibilidad física de _excluir de los
beneficios a grupos poderosos. Estos por otra parte, constituirían vectores de resistencia a algunas innovacfones.
Comparaciones.

JJ

7. En contra di cci6n con ideas más o menos di fundidas, 1os ej idatarios aventajan en varios aspectos a los colonos: rendimientos
físicos por hectárea, costo por tonelada, costo promedio de
producción e ingresos netos por hectárea. Existe pues, dadas
ciertas condiciones, un potencial significativo en los ejidos.
Además la economía ejidal parece insinuar economías de tamaño.
la eficiencia tiende a reducirse a medida que el tamaño de las
parcelas, en términos de hectáreas sembradas, se incrementa.
8. En las presentes condiciones de mercado y precios, la rentabilidad de la tecnología moderna, no es incentivo para la
producción de colonos y ejidos.

Gráfica 1
ANAHUAC: CURVAS DE COSTOS POR TIJCELADA DE SORGO GRANO PARA
· EJIDATARIOS Y COLONOS CON TECNOLOGIA MODERNA 1978.

2.0

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20-26 Has.

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6 12 Has.

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3

4

tarios

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6

5

RENDIMIENTOS (TONS/HA)

Gráfica 2

1.0

ANAHUAC: CURVAS DE COSTOS POR HECTAREA DE SORGO GRANO PARA
EJIDATARIOS Y COLONOS CON TEOOLOGIA HOOERNA 1978

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En el V-ia.gn6M.ico P1c.eLún-é.Yuvt del Se.c;toJr. Ag1c.ope.c.ualÚO de la
Sub1c.eg.l6n., ~e plantean o;f:Jw.,6 cu.utlonu 1c.elevan,tu y c.ompleme.n.ta/úa.6 al. /kmlup,i.o, qu.e ~e oml:ten, polc. no dwvall.6e del
anc1U.6,(J¡ Jr.eiLUzado en. el p1c.uen.te u:tu.cUo.

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11idatarlos
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.1

1

2

3

4

5

€

7

8

9

INGRESO TOTAL (HILES DE PESOS)

10

11

12

13

lonos

�72

73
ECONOMIA EJ IDAL.

ANTECEDENTES. }j

Genera1ida des.
Durante el verano de 1978, el Centro de Investigaciones
Urban1sticas de 1a UANL, p1aneó, diseñó y rea 1izó encuestas, para
investigar aproximadamente 4% de los jefes de familia de la
Subregión Anáhuac. Del total de jefes de familia de Ciudad Anáhuac
dedicados a actividades agropecuarias, 2,440, se encuestaron 120.
Con rev4siones, veri-ficaciones y ajustes posteriores, se aprovecharon 48 encuestas para la preparación del presente articulo: 7
sobre ejidatarios agrícolas; y 41 colonos. Estos tipos de tenencia
corresponden respectivamente, a las columnas (1) y (3) del Cuadro l.
Todas las observaciones, están localizadas en el Distrito de Riego
04, Don Martín.
Cuadro 1
CIUDAD ANAHUAC: TIPOS DE TENENCIA Y CARACTERISTICAS GENERALES
1978
Jl OS

Número
Familias
Riego
Promedio de
Has.: Por tipo
de tenencia
Con riego

Y

!J

Agrícolas Ganaderas Colonos
(1)
(2)
(3)
3
9
1,8cx#
230
330
1,800
Gravedad
no
Gravedad

6-10
6

1,500

15-40
15

80
80
AspersHln

20
no

40-50 3,000-4,000

so

Fuente: Encuesta Socioeconómica.
De acuerdo a los padrones oficiales de la SARH; no obstante, el
número es mucho menor debido a la concentración existente sobre
la propiedad y uso de la tierra.
Como complemento, 1,e 1,ug.úvte la. lectwr.a. de Roja,¿, Ge.nUl,
V,lo. n.61,Uc.o P11.eUmbtalt del Secto11. 11.0 ec.uaJúo de la. Sub11. i,6,.

En el Distrito de . Riego 04 Don Martín, Tercera Unidad, se
1oca 1izan 1os ejidos Nuevo Anáhuac, Nuevo Rodd guez y Camarón Y.
Su población total asciende a 1,500 personas.
El movimiento
migratorio es muy escaso: pocos salen o entran. La totalidad de
las familias tienen vivjenda y servicio eléctrico pero carece de
agua potable. El agua para consuno humano proviene de los canales
del Distrito. La falta de agua potable es evidentemente la más
significativa de las restricciones sociales de la población.
Tierra e Insumos.
La tierra es cedida a los ejidatarios por el Estado mediante
contratos sin costo a largo plazo. La superficie total de los
tres ejidos alcanza a 11,200 hectáreas. El tamaño promedio
utilizable es algo mayor de cinco hectáreas por ejidatario.
El área límite pennitida con riego es seis hectáreas por ciclo
-agricola- Cuadro 2.
Cuadro 2
ANAHUAC: UTILIZACION ESTIMADA DE LA TIERRA DE LOS EJIDOS AGRICOLAS
1978
Utilización
Superficie total en:
Cultivos con riego
(sorgo 600)
(trigo y otros 600)
Agostadero natural
No utilizable

Hectáreas

11,200
1,200
5,000
5,000

Fuente: Entrevista a Ejidatario.
Y;;;--En._c.u_u_ta.6
__e_n._EJ-.-&lt;.-.d_o_N_u_e_vo_Antfh_ u.ac.: MÁ.i,; Nuevo
Rodlúguez: un.a.
No hubo ob1,e11.vaclon.u en. el Ej,i,do Camaltón..

�75

74

Es frecuente la afirmación de que en México, los ejidatarios
han si do asentados en 1as peores ti erras, 1o cua 1 exp1i ca, en
buena medida, sus bajos rendimientos y pobreza. Por el contrario,
en Anáhuac los ejidatarios agrícolas ocupan las mejores tierras
del Distritoll. En la interpretación de los problemas y planteamiento de soluciones, la observación anterior debe ser tenida muy
en cuenta.

El sistema predominante presenta una racionalidad innegable.
Anáhuac se ha especia1izado en 1a producción de sorgo grano con
tecnología moderna. Existe un grado alto de comercialización, a
través de canales establecidos. El sistema básico sorgo grano,
-realizado en el ciclo de primavera: febrero a julio- se combina
de diferentes maneras. En invierno, de noviembre a abril, con
trigo de tecnologfa moderna y también tecnología tradicional. La
rotación sorgo-trigo inflexibiliza la utilización de la tierra por
la superposición que ocasiona en los ciclos. En tierras residuales,
de tempera1 y sin la uti l i zaciOn de insumos modernos, sorgo se
combina con maíz, para el consumo familiar y también con ganaderfa
bovina, de carne y leche -Cuadro 3. Después de la cosecha, es
usual que el ganado pastoree la zoca del sorgo en el campo.

Y

Fu.ente.6 c.onoc.edo!UU) me.nuonan qu.e el. Inó.tltuto Nauonaf. de.
1nve6.tigacione6 AgMpec.u.aJLi.tU, U.ene un utucüo Mb/r.e .la e.ali.dad
de la6 .tlW!.0.1, .

Cuadro 3
ANAHUAC: COMBINACIONES MAS FRECUENTES EN LOS EJIDOS
SEGUN TECNOLOGIA, 1978
Tecnología Moderna
Primavera
Invierno
Sorgo
Sorgo
Sorgo
Sorgo
Sorgo
Sorgo
Sorgo

grano
grano
grano
grano
grano
grano
grano

(6)
Trigo (6)~
(6)
Trigo (6)
( 5)
(5. 5)
(6)
(5.5)
( 6)

Tecnología Tradicional
Primavera
Invierno
Maíz (1)

Maíz (0.7)

Trigo (5) Bovinos (1)
Trigo (5.5)
Trigo (6)

Mafz (o.25)

Fuente: Encuesta Socioeconómica.
!/En las mismas tierras utilizando el derecho de riego del siguiente
año.
- Los números en paréntesis son 1as hectáreas en las diferentes
actividades.

Es conocido que los campesinos desempeñan trabajos fuera de
las parcelas para suplementar sus ingresos. Es menos conocido,
que también para llevar una vida más activa. Pues a menos que
existan problemas especiales de plagas o hierbas, la producción
agropecuaria en Anáhuac da márgen amplio para el ocio, por el
tamaño de las parcelas y el nivel de mecanización. En la muestra
analizada, cuatro ejidatarios eran jornaleros o comerciantes.
Para los ejidatarios asentados en el Distrito, el usufructo
de la tierra es fuente de empleo e ingresos. En otros ejidos de
la subregión, no ocurre lo mismo.
Por ejemplo, en el Ejido
Colorados de Abajo, en Vallecillo, sólo 30 de los 128 ejidatarios
disponen de un suministro confiable de agua, para las actividades
Primarias de producción y autoconsumo humano y animal. Los demás
ejidatarios, viven en el Ejido y laboran como jornaleros en él u

�76
77

otros lugares. En general, así como en otras áreas rurales, existe
un esquema infonnal de "seguridad social" -apoyado en sólidas
relaciones familiares- que proporciona ayuda a desempleados
temporales o inhabilitados por diferentes causas.
tilo de los beneficios de la rehabilitación del Distrito, serfa
ampliar considerablemente la producci6n por aumento en la tierra
cultivable y por su mejor y más intensa utilización. En la
actualidad, ejidatarios y otros productores, no muestran suficiente
interés en el ciclo verano-otoño o en un doble ciclo anual de
cosechas. Esta decisión se justifica por varias razones: (i) Los
productores prefi'eren concentrarse en el ciclo principal con _el
fin de buscar mayores beneficios en base a una preparac16n
cuidadosa de la tierra y a la renovación del material orgánico de
esta, ( ii) 1a estación húmeda favorece 1a aparición de pestes Y
enfennedades cuyo control eleva sustancialmente los costos Y,
(iii) como consecuencia de los riesgos, la obtención de créditos Y
otros servicios se hace difícil.
En 1a producción de sorgo grano y trigo, con te.cno1ogfa
moderna, la preparación de la tierra y recolección de las cosechas
se efectúan con máquina, por supuesto, 1a demanda de mano de obra
se reduce concomitantemente.
La maquinaria ha sido adquirida
mediante créditos a las asociaciones de ejidatarios Y éstos pagan
cuotas comerciales por las labores, las cuales ingresan a un fondo
para la amortización de las deudas. la util'ización de semillas
mejoradas, fertilizantes, insecticidas, etc,, es práctica más~
menos generalizada, Es de señalar que, las f6rmulas aplicadas
ferti 1izantes -18-46-00 y 46-00~00 - han surgido como recomenda •
dones específicás de análisis de suelos, Y se extienden por
• 1"6n
generalización. Un programa de estudios de suelos y su ap 11cac
efectiva, tendda en consecuencia una gran utilidad, Quizás por
costumbre, las cantidades unitarias y tipos de insumos utilizadoS,

han tendido a seguir un patrón sorprendentemente unifonne, en el
misiro y entre diferentes cultivos. En los Cuadros l a 4 del anexo,
se presentan los datos anteriores para todas las observaciones.
Cuadro 4
ANAHUAC: CANTIDADES PROMEDIAS DE INSUMOS UTILIZADOS POR HECTAREA
DE SORGO Y TRIGO CON TECNOLOGIA MODERNES EN EJIDOS, 1978
Insumos

Unidad

Sorgo

Trigo

Semillas
Ferti 1izantes
Insecticidas
Riego

Kgs.
Kgs.
lts.
Veces

20
270

17

so

l
3

l
3

Fuente: Encuesta Socioecon6mica.
Maíz para el consumo de la familia -y trigo para este y el
mercado- se cultivan con tecnología tradicional, No es lo
suficientemente claro de la muestra analizada, si el trigo
tradicional se rota con sorgo moderno, la rotaci6n signfficarfa
perder la oportunidad de realizar sorgo, en el ciclo principal,
probablemente por imposibi 1i dad de esperar durante varios meses
sin percibir ingresos, Otra explicación lógica, serfa que el trigo
tradicional se cultivara en otras tierras de temporal. Sea como
sea, tanto mafz como trigo, no utilizan ninguno de los insumos
-probablemente con la excepción de semillas mejoradas que son
tfpicos en las actividades modernas .
El estado de los servicios públicos a la producción, se
discute en el D1'agn6stico de 1a Subregión Y, El problema mas
frecuente mencionado por los ejidatarios fue la tardanza en el
pago de las indemnizaciones del seguro agrícola, Otros problemas

!I

Ro j'a1,, op, c.,ü;,, p4g, 15.

�78

79

mencionados acerca de los insumos fueron: falta de oportunidad de
los créditos; mala calidad de las semillas y las tierras y el alto
costo del agua de riego.
Rendimientos.
Una de las tesis centrales planteadas en el Diagnóstico,
consistió en que el problema del desarrollo es JMS uno de escasa
dotación y remuneración a los recursos que de baja productividad.
Las infonnaciones primarias contribuyen a confinnar • dicha tes is.
Obtener 4,5 toneladas en promedio en sorgo grano es un logro
sobresaliente. La muestra tiene un rango entre 3 y 6 toneladas,
siendo la moda 4 toneladas. Los rendimientos en trigo se
consideran satisfactorios -Cuadro 5.
Cuadro 5
ANAHUAC: RENDIMIENTOS PROMEDIOS POR HECTAREA ALCANZADOS
POR LOS EJIDOS SEGUN TECONOLOGIA, 1978
(Toneladas)
Sorgo grano
Tecnología Moderna
Tecnología Tradicional

Maíz

Trigo

4.5

1.3

Fuente: Encuesta Socioecon6mica.
!/ Existen dudas sobre esta cifra.
Jlmbos resultados tienen competitividad nacional e internacional. Por ejemplo, en el Distrito de Riego de Bajo Río Bravo en
Tamaul ipas -muy si mil ar a1 Distrito de Riego 04 Don Martfn- los
rendimientos promedios en sorgo, no pasan de 2. 6 tone1adas;
asimisJOO, en el Valle del Cauca, Colom6ia, en tierras mucho mb
fértiles y descansadas, apenas se cosechan 3.5 toneladas. En
comparación con las cifras del Censo de 1970 -sorgo: 2,5 y trigo:
1.7 toneladas, sin discriminar por tipo de tecnología utilizada- los

rendimientos actuales, muestran avances verdaderamente dinámicos.
Los avances no deben interpretarse, como que el punto de máximo
rendimiento hubiera sido ya alcanzado. Las diferencias tan
notables, entre parcelas similares en su dotación de recursos,
insinúan las posibilidades de mejoramientos posteriores. Entre
las prácticas que probab1emente contri bui rían a concretar dichos
11ejorami entos están: siembras más oportunas; mejores semillas y
fertilizaciones; prácticas adecuadas de preparación y conservación
del suelo; y por supuesto, más alta eficiencia en la utilización
del agua disponible. Un problellld generalizado por ejemplo, es la
proliferación del Zacate Johnson -Sorgum Allepense- debido a
prlcticas inadecuadas. La cuestión de basar el desarrollo, en el
11ejoramiento de los rendimientos no puede descartarse. El INIA,
por ejemplo, está experimentando con una variedad de trigo de
florecimiento tardío y más rápida maduración -con el fin de evitar
~s pengros de heladas- con la esperanza de sustituir gradualmente
áreas en sorgo por ella. No obstante, la actitud empresarial y su
composición por edades, es una limitación evidente.
Es en
consecuencia, posición del presente infonne, que la transformaci6n
radical del desarrollo, debe buscar otras vías más promisorias.
Entre estas, están cultivos alternativos de mayor valor, que
generen una mayor remuneración global a los insumos y mano de obra
fnvo1ucrados . Los propi os campesinos están conscientes que con
lás agua, cultivos como hortalizas, soya, frijol y vid, podrían
fntroduci rse .

~stos e Ingresos.
En 1a interpretación de 1as cifras que se presentan, deben
tCllarse en cuenta las siguientes aclaraciones.
Los costos son
desembolsos en efectivo. O sea, que se han omitido depreciación;
cargos por la mano de obra del ejidatario y familia y también por

�80
81
su achinistración y gerencia; interés de la inversión; impuestos;
y otros costos menores. Como la tierra es un "bien libre", para
el usuario, su costo se ha excluido. Los precios utilizados para
valorar los insumos -y también la producción- '3..1 son comerciales.
El avance y profundidad de los estudios, demandarán alguna
aproximación a la valoración en términos de precios-sombra.
Los ingresos totales -precios por cantidades producidas- menos
los costos así definidos, indican el ingreso neto en efectivo, que
representa 1a remuneración a 1a administración y mano de obra del
operario y otros recursos excluidos de la contabilidad.
Cuadro 6
ANAHUAC: COSTOS E INGRESOS POR HECTAREA DE LA PRODUCCION
EJIDAL MODERNA, 1978
(2)

(1)

(3)

TI[_ (6) ]1[

(4)

Sorgo Trigo Sorgo Trigo Sorgo Sorgo Sorgo Sorgo So~
Costos en
efectivo
Ingresos totales
Ingreso neto
Costos/Ingresos
total
Costo por
tonelada
Rendimiento
(tons.)
Hectáreas
cultivadas

4360 1597 4720 1397 4700 4749 5020 4805 4733
8120 9400 6090 4700 9135 10150 12180 10150 8120
3760 7803 1370 3305 4434 5401 7160 5345 33116
0.54 0.17 0.77 0.30 0.51 0.47 0.41 0.47 0.58
1090

400 1573

697 1044

949

836

961 1183

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Fuente: Encuesta Socioecon6mica.
-Los números en· paréntesis identifican las parcelas. Estos
resultados se presentan con más detalles en los Cuadros del anexo.

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Hay relativamente poca variación en los costos en efectivo,
entre las distintas parcelas, debido al significativo grado de
homogeneidad en el uso de los insumos ffsicos.
El número de
hectáreas y calidad de tierra por parcelas son prácticamente los
mismos.
En oposición, existen diferencias marcadas entre los
ingresos -derivados de rendimientos fi'sicos muy distintos que
distinguen con claridad la rentabilidad y eficiencia entre los
distintos ejidatarios.
Un modelo de análi s is más complejo se
requeriría -y prabablenente sería indispensable posteriormente- para
encontrar 1as vari ab1es que definen 1as economías de tamaño. La
interpretación directa de los hechos expuestos, sugiere 1a hipótesis
que 1as diferencias están asociadas, fundamentalmente, con 1a
capacidad gerencial para tomar decisiones sobre planeación,
administración, supervisión, etc.
Especfficamente los recursos y
decisiones que se administrarían más eficientemente son desconocidos. · Asimismo, es desconocida la explicación de las supuestas
habilidades gerenciales entre ejidatarios.

Los resultados de la muestra no revelan con claridad, las
ventajas de la tecnologfa moderna sobre la tradicional en la
producción de trigo. Probablemente, la inexactitud y escaso número
de observaciones -sólo dos; una de ellas discutible- conducen a la
impresión desconcertante que con menos esfuerzo y dinero, trigo
tradicional es más eficiente, que el moderno, en términos de la
relación costo-ingreso y costo unitario de producci6n -Cuadro 7 y
Gráficas 3 y 4.

�82
Gráfica 3

Cuadro 7
COSTOS E INGRESOS POR HECTAREA DE LA PRODUCCION EJIDAL TRADICIONAL
1978

· CURVAS DE COSTOS POR TONELADA DE TRIGO PARA EJIDOS
SEGUNTECNOLOGIA, 1978

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680
7285
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Fuente: Encuesta Socioeconómica
Y calculados en proporción directa.
Fuentes conocedoras, afirman que en efecto existe una marcada
ventaja del sistema moderno. No obstante, las insinuaciones de la
muestra no son del todo engañosas. Trigo no es un cultivo que se
adapta totalmente a las reducidas horas-frío y fluctuaciones
climáticas de Anáhuac.
Es probable que la tecno logia no haya
logrado superar la limitante ecológica, reduciéndose en consecuencia
su efectividad. El interrogante acerca de la continuidad de la
producción se resuelve por el desconocimiento o escasez de
alternativas satisfactoriamente viables, y la falta de apoyo
crediticio, técnico, etc., para aquellas que han mostrado posibilidades más claras. Un atractivo del trigo es su utilización en la
dieta familiar en los ejidos. Tiene también dicho atractivo maíz,
resistente a las heladas, que con algún éxito se ha probado. •De
todas maneras, como se argllllenta en el Diagnóstico, la producción
comercial de temporal sin insumos modernos, tenderá a desaparecer
gradualmente.
Lo determinante en el desarrollo de Anáhuac se
centra alrededor del aumento en la oferta de agua disponible -por
la rehabilitación del Distrito y obras de pequeña irrigación- en
las áreas de temporal .

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Tecnologí a ,noderna
6 Has.

... Tecnologf¡
t radi ciom 1 5. 5 Has .

2
3
RENDIMIENTOS TONS ./HA.

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Gráfica 4

CURVAS DE COSTOS POR HECTAREA DE TRIGO PARA EJIDOS
SEGUN TECNOLOGIA, 1978

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10

11

12

13

�84

85

Ingresos Familiares.
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Los ingresos netos familiares que se calculan en el presente
informe, adolecen de imprecisión ya que no incluyen los jornales
percibidos en otras parcelas y los ingresos no agrícolas. Por
otra parte, no todos los ingresos representan efectivo disponible,
por incluir bienes para el auto-consumo, valorados a los precios
de mercado. Los ingresos netos familia res son en promedio, casi
$43,000 anuales; o sea un promedio anual per capita de $8,600
anuales~ Y.
Una vez más se comprueba el nivel de la pobreza
absoluta y relativa, para la inmensa mayoría de los campesinos
ejidatarios, tal como lo evidencia la muestra analizada -Cuadro 8.

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ventajosas y la remuneración al esfuerzo productivo, se centra la
superación del desarrollo agrícola. El diseño y aplicación de la
estrategia, tiene como pilar básico la rehabilitación del Distrito

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Estrategia.

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Es interesante reflexionar sobre las circunstancias en que se
origina el cuadro de la pobreza. Se ha argumentado que los ejidatarios de Anáhuac (a) poseen las mejores tierras (b) utilizan más
o menos genera1i zadamente tecnología moderna para la producción
comercial (c) trabajan en un distrito de riego (d) tienen un alto
grado de mecanización y (e) como se demostrará después, alcanzan
la eficiencia y productividad relativas más altas en el Municipio.

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87

de riego, en cuyo estudio debe tenerse en cuenta las calificaciones
expresadas en el Diagnóstico Preliminar. Algunas de las acciones,
son de naturaleza exógena, por tener un origen público centra1 ,
que excede el marco subregional, estatal y municipal. La matriz
que se presenta a continuación, plantea las acciones principales y
su naturaleza Y.
Las acciones no son mutuamente excluyentes.
Quizás una
combinación de ellas -con sus grados de dificultad y expectativasrinda los mejores resultados, considerando el gradualismo con que
es sensato programar procesos de transformación agrícola. La
evaluación detenida de las distintas alternativas, "con y sin" el
proyecto tendrá que ser realizada en su oportunidad. De paso se
anota, que como existe un número limitado de alternativas, no será
difícil diseñar 1os modelos de finca.
Independientemente de las
acciones seleccionadas, surge poco a priori,- que aumentar la ti erra
cultivable -por extensión o intensidad- es condición sine qua non,
para superar la situación de pobreza con la urgencia requerida.
Así por ejemplo, la meta ambiciosa de duplicar los ingresos
familiares actuales -a $86,000 anuales, a los que se acercan
quienes utilizan más tierra por ciclo- con la tecnología predominante, significaría aumentar de 6 a 20 hectáreas, la tierra en
sorgo controlada por ejidatario. Por supuesto, dicho incremento
sería menos exigente, en combinación simultánea con mejores
rendimientos, precios o cultivos de mayor valor.

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No escapan los pensamientos sobre las implicaciones generales,
que los resultados tienen para el programa de reforma agraria, en
ejidos que no operan con las ventajas del Distrito de Riego 04,
Don Martín. Por comparaci6n se explican los niveles de pobreza,
que usualmente se mencionan, para configurar una situación de
emergencia nacional en el campo mexicano.

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�88

ECONOMIA DE LOS COLONOS.
Generalidades.
En Anáhuac, los colonos son la fonna de tenencia más
importante, por la tierra que poseen y la producci6n alcanzada.
En los padrones oficiales de la·SARH, aparecen 1,800 colonos, en el
Distrito de Riego. En realidad, los colonos constituyen un grupo
mucho menor. Mediante el -rentismo y compra de las tierras y los
derechos de agua, se ha consolidado a través de los años, la
concentra~ón de estos insumos. No en todos los casos la
concentración puede calificarse de ilegal o dolosa. Propietarios
efectivamente imposibilitados de explotar las tierras, las ceden
de acuerdo a un trámite legal, entre otras razones, porque existen
costos fijos, como el agua para riego.
Los colonos están ubicados justamente en el Distrito. De ahí
que la concentración de la propiedad o los derechos sobre las
aguas, sean muy importantes para la estrategia de desarrollo, pues
los efectos redistributivos de algunos proyectos y po11ticas
fundamentales, tenderían a reducirse. Probablemente, la concentración además de imponer rigideces, constituiría oposici6n efectiva
a algunas transformaciones profundas. Por lo demás, es exigente
esperar un área-problema, habitada exclusivamente por gente pobre.
En la práctica casi siempre, los beneficios de los proyectos se
comparten entre pobres y ricos. De todas maneras, se advierten
los peligros de desviar los propósitos de contribuir al progreso
del grupo más pobre.
La inmensa mayoría de los colonos reside en la cabecera
municipal. Son propietarios cuasi-ausentistas, lo cual resta
eficacia a algunos servicios públicos para la producción.

89

Tierra e Insumos.
La superficie total poseída por los colonos se estima en
29,000 hectáreas. El área lfmite permitida con riego es de 15
hectáreas. La calidad de las tierras ocupadas -en las unidades 1
y 2 del Distrito- se considera relativamente inferior a la de los
ejidos.
Para el análisis, se agruparon los colonos encuestados en
seis estratos.
Cuadro 10
ANAHUAC: TIERRA CULTIVADA POR LOS COLONOS ENCUESTADOS, 1978
Número de
Observaciones

Estratos

16
14
3
1
1
3

6-12
13-19
20-26
27-33
34-39
&gt; 39

Hectáreas
Cu1tivaaas
Totales
9.5
14.4
22
30
35
58.3

260
275
141
46
38

195

Fuente: Encuesta Socioeconómica.
Los colonos están también muy especializados en sorgo moderno,
con especial concentración en el ciclo primavera-verano, casi que
con exclusividad.
La diferencia de sistema productivo con los
ejidos, consiste en la combinación de maíz moderno en un buen
nlinero de parcelas de colonos . Maíz tradicional, para consumo de
la familia, es otra c001binación que se real iza. Tanto para los
colonos como ejidos, las rotaciones con gramineas exclusivamente
contribuyen al deterioro acelerado de los suelos. Como los suelos
han estado bajo continua explotación por casi medio siglo, su
capacidad se ha minado considerablemente.

�90

91

Cuadro 11
ANAHUAC: COMBINACIONES MAS FRECUENTES DE LOS COLONOS
SEGUN TECNOLOGIA, 1978
Número de
Observaciones
1
6
1
4
27
1

Tecnología Moderna
Primavera
Invierno
Sorgo
Sorgo
Sorgo
Sorgo
Sorgo
Sorgo

grano
grano
grano
grano
grano
grano

TecnologJa Tradicional
Primavera Invierno

(10) Trigo (10)
(15)
(13)
Maíz (2)
(20)
(17.5)
(15)
Maíz (2)

Bovino (20)
Caprino (2)

Fuente: Encuesta Socioeconómica.
-Los números en paréntesis son las hectáreas en las diferentes
actividades.

Las cantidades, clases y formas de insumos uti'lizados no
presentan variaciones substancial es.
Por área sembrada, los
colonos menores y los más grandes, aplican más fertilizan tes que
los intermedios, La mano de obra es más o menos constante, En
principio, los colonos utilizarían más mano de obra que los
ejidatarios por poseer menos maquinaria y parcelas más grandes.
En relación a la maquinaria, los colonos no cuentan con
asociaciones que funcionen tan efectivamente como los ejidatarios.
Los colonos se han mostrado notaólemente más individualistas. Asf
dependen en buena parte de la Central de Maquinaria que no opera
con la oportunidad y eficiencia de arreglos de arrendamientos
alternativos del sector privado, Su Asociación de Regantes no ha
cumplido el rol que le corresponderfa, limitándose a trámites
de compra-venta de parcelas, acuerdos sobre la presa, canercialización, etc.

Rendimientos.
Los colonos levantan en promedio 3.5 toneladas de sorgo; sin
embargo, la generalidad de ellos, está por debajo de dicho promedio.
En maíz, el registro promedio de 5 tonel adas, es excelente. Existe
relativamente poca varianza en los rendimientos en sorgo entre
estratos, lo cual en principio se explicaría por la homogeneidad
en la apl icación de los recursos. El nivel de los rendimientos se
explica por la calidad de las tierras y la despreocupación en
algunas prácticas de preparación de las tierras. No está sustentado
por la evidencia, pero es creencia que quienes acumulan más tierra
Y derechos de agua, operan con mejor tecnología.
Cuadro 12
ANAHUAC: RENDIMIENTOS PROMEDIOS POR HECTAREA ALCANZADOS POR LOS
COLONOS SEGUN TECNOLOGIA, 1978
(toneladas)
Observa
cienes16
14
3
1
1
3

Estrato
(has)

Tecnología Moderna
Sorgo Maiz Trigo

6-12
13-19
20-26
27-33
34-39
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3.2
3.3
3.6
4.5
3
3.2

2.5

Tecnología
Tradicional
Ma1z

3
1.3

5

Fuente: Encuesta Socioeconómica.
Costos e Ingresos.
Además de las aclaraciones hechas para el caso de los ejidos,
se menciona que también se ha excluido de la contabilidad de los
costos, el alquiler o cargo por la tierra de los colonos. Por

�92
Gráfica 5

. CURVAS Ot COSTOS POR TONELADA DE MAIZ PARA COLONOS
SEGUN TfCNOLOGIA, 1978

constituir en ocasiones un desembolso en efectivo, los costos
mostrados están subestimados. La subestimaci6n puede alcanzar
hasta $800 por hectárea y ciclo, que es el canón actual de
arrendamiento, La raz6n para este procedimiento, es allllentar el
grado de comparabil idad de los datos entre ejidatarios y colonos.

2.0

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La variaci6n en los costos· por hectárea de sorgo son mínimos
entre los diferentes estratos, mas no así los ingresos. En efecto,
los ingresos netos tienen un rango que fluctúa entre prácticamente
O y $3,235. En promedio, una hectárea de sorgo rinde casi $1,200
por ciclo, casi cuatro veces menos que en los ejidos. La representación gráfica de todas las observaciones para sorgo, revela
una disminución en los costos a medida que allllenta la produccinn
pues la re l aci6n entre costos por tone lada y rendimientos por
hectárea, es convexa hacia el origen con inclinación negativa.
Revela además, que cuanto mayores se hacen las parcelas, más hacia
arriba y hacia la derecha, se desplaza la curva de costo promedio.
Las sugerencias sobre deseconomías de tamaño, surgen con bastante
claridad, Las mismas fonTJas se observan para las relaciones entre
la proporción costo total sobre ingreso total -indicador del costo
de generar cada unidad de ingreso- y el ingreso total, Véanse las
gráficas 1 y 2 que se presentan en el Resumen.

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SEGUN TECNOLOGIA, 1978

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Ingresos Familiares.

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El cálculo de los ingresos familiares, no parece coincidir
con creencias difundidas. Los ingresos promedios anuales escasamente alcanzan $60,000. Los incrementos en los ingresos no se
asocian claramente con el tamaño gradualmente mayor de las
parcelas.
Aparte de la inexactitud en las observaciones, se
sugiere la hipótesis que el manejo de las parcelas se toma
complicado al aumentar su tamaño, en las condiciones de capacidad
gerencial de la mayoría de los colonos, Por lo tanto, ceteris

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paribus, el aumento de las áreas como solución a1 problema de la
pobreza, no tendría una viabilidad clara. El fortalecimiento de
la capacidad para administrar más eficientemente, podría ser una
iniciativa de interés, con el fin de aumentar la rentabilidad
global de la producción.

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27-33
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Los factores que explican el fenómeno anterior, requieren de
estudios posteriores. En la muestra hay algunas sugerencias. Asf
por ejemplo, se menciona que la insuficiente calidad de las tierras;
escasez de créditos y maquinaria y presencia de plagas, son
reconocidos como problemas que restringen una mejor asignación Y
utilización de los recursos. No obstante, por abrumadora mayoría,
el nivel de los precios es el argumento con mayor ponderación en
la identificación de los problemas de producción.
Es lógico

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Total

Fuente: Encuesta Socioeconómica,
~Ingresos para casi dos años .

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Cuadro 13
ANAHUAC: INGRESOS NETOS TOTALES PROMEDIOS POR COLONO, 1978
Tecnología
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Ma1z

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97

interpretar que el inadecuado nivel de los precios, actúe con,
desincentivo para la adopción de ciertos insumos y prácticas
cultural es, que implican desembolsos efectivos. Es más difícil
aceptar su rol inhibidor en el mejoramiento de las actividades,
que de todas maneras su nivel presente, permite realizar.

Estrategia.
De nuevo surge la cuestión fundamental, acerca de las alter-

nativas que -con los actuales o recursos adicionales- favorecen
una mayor rentabilidad financiera por unidad de gasto. Es curioso
que los colonos tengan preferencias definidas y que las acciones
para concretarlas tengan poco o ningún estímulo interno o externo.
La alternativa de producir frijol -realizada actualmente en
Agualeguas y Vallecillo- valorado a un precio, equivalente a más
del doble que el del sorgo, tiene gran popularidad. Así misioo,
con similar estima, se prefieren hortalizas y trigo. Otras alternativas son: dos ciclos anuales de sorgo grano, maíz, sorgo
escobero, soya y cebada.
La estrategia del
coincidencias con el
poderoso de aquellos,
la misma atención que

desarrollo agrícola de los colonos, presenta
grupo ejidal. No obstante, el estrato más
no podría con justicia ser considerado con
los realmente pobres en el 1'\lnicipio,

ALGUNAS COMPARACIONES.
En genera 1 se ca1i fi ca a la produce; ón ej ida 1, de manera
desfavorable por sus esfuerzos internos en comparación con el
apoyo oficial de que es objeto. Por implicación, se juzga que
otras formas de tenencia deberían recH&gt;ir mayor atención en
ténninos de asignación de los recursos pOblicos, Y que los

programas públicos, se benefi ci arfan con la reorientación de
algunas políticas. El presente informe, derruestra con claridad,
que la producción ejidal en Anáhuac, se desenvuelve con patrones
superiores de eficiencia y productividad que la producción de los
colonos. Esta es aventajada en la generación de ingresos totales,
por el mayor control ejercido sobre los recursos tierra y agua,
En efecto, para los sistemas productivos moderno y tradicional,
algunos indica{lores unitarios revelan la superioridad: rendimientos
físicos, costo promedio de producción, costo por tonelada e ingresos
netos. La explicación de las diferencias, radica no sólo en la
relativamente superior calidad de la tierra explotada por los
ejidos. También, los ejidatarios han demostrado una capacidad de
asociación superior para adquirir y usar en conjunto recursos,
como maquinaria por ejemplo. En la administración de sus parcelas,
relativamente más pequeñas, los ejidatarios han sido más eficaces
en seleccionar y aplicar insumos y prácticas culturales apropiadas.
La lógica de los sistemas de producción establecidos, por
ejidatarios y colonos, es una variable restrictiva para las
innovaciones más profundas que se plantean en la estrategia. Sorgo
y trigo proveen algún dinero para la compra de bienes de consumo y
la producción; frijol y maíz ayudan a satisfacer requerimientos
proteínicos y calóricos; las zocas del sorgo y los granos de
desperdicio, se utilizan en la alimentación del ganado; los
productos de este enriquecen la dieta y los excrementos del ganado
vigorizan los suelos. En los casos en que se realiza, la rotación
de maíz y frijol, equilibra el uso de nitrógeno en los suelos.
Es negativa para los suelos la rotación generalizada exclusivamente
en base a gramíneas.
Es hipótesis que el arraigo de los sistemas de producción, se
deriva del ocio que propician especialmente en los ejidos,
Observaciones aisladas insinuarían la conveniencia de estudiar
dicho fenómeno cuidadosamente, por constituir otra fuente potencial

�98
99

de restricciones. En su estudio, la relación marginal entre la
remuneración y los esfuerzos realizados tendría significación
especial en la anticipación, de la respuesta probable de los
productores.
El grado de mecanización es considerablemente más alto que el
de casi cualquier región de un desarrollo similar. Corro se han
introducido simultáneamente otros insumos, la productividad de los
tractores es también presumiblemente alta.
No obstante, los
tractores se utilizan en unos pocos períodos críticos, de demanda
de mano de obra y se mantienen ociosos, la mayor parte del año
agrícola. Para la recolección, el empleo de cosechadoras es usual.
Corro 1as parce1as ej ida 1es son pequeñas, 1os costos de capi ta1,
mantenimiento, servicios, administración, etc., de la maquinaria
incidirían tan fuertemente en la contabilidad, que prácticamente
eliminarían cualquier "beneficio" residual, como los calculados
anteriormente.
Para los colonos la situación sería aún peor.
Aparte de reafirmar la idea sobre la escasa remuneración a los
recursos, la existencia de maquinaria espedaltzada, llegaría a
ser eventualmente una rigidez a la substitución de los sistemas de
producción actuales.
El cambio de sorgo y trigo, por cultivos de más alto valor en
el mercado, tendría ventajas indudables: captar mayor valor
agregado; aprovechar con más intensidad y unifonnidad la mano de
obra agrícola; utilizar más. ampliamente la maquinaria y tierra;
adoptar rotaciones de cultivos más racionales; etc. La ventaja
más importante que los nuevos cultivos ofrecerían, serí'a quizás
que por el monto de sus beneficios la r€habilitación del Distrito
de Riego, sería más factible , . Con los sistemas actuales, parece
dudoso que el flujo de beneficios resulta en tasas de rendimiento
favorables en comparación con el costo de la obra.
Los antecedentes son base suficiente para juzgar que de la
rentabilidad de los cultivos substitutos, dependerá significativa•
mente la respuesta de los productores. La rentabilidad influirá
también en la asignación del tiempo laborable y en el flujo
poblacional hacia y de Anáhuac.

Anexo 1
INDICE DE CUADROS
Cuadro l. Anáhuac: Ingresos Netos Promedios por Hectárea de
Sorgo Grano con Tecno 1ogí'a Moderna en Ejidos con Area
Sembrada de hasta Seis Hectáreas, 1978.
Cuadro 2. An~huac: Ingresos Netos Promedios por Hectárea de
Trigo ~on Tecnología Moderna en Ejidos con Area
Sembrada de hasta Seis Hectáreas, 1978.
Cuadro 3. An~huac: Ingresos Netos Promedios por Hectárea de
Maiz con Tecnología Tradicional en Ejidos con Area
Sembrada de Un Cuarto a Una Hectárea, 1978 ,
Cuadro 4, An~huac: Ingresos Netos Promedios por Hectárea de
Trigo con Te7nología '.radicional en Ejidos con Area
Sembrada de Cinco a Seis Hectáreas, 1978 .
Cuadro 5. Anáhuac: Costos e Ingresos de la Producción
Ej ida1
para las Parcelas Encuestadas, 1978.
Cuadro 6. Anáhuac: Costos e Ingresos de 1a Producción
Ej ida 1
para las Parcelas Encuestadas 1978

'

.

Cuadro 7. Anáhuac: Costos e Ingresos de 1a Producción
Ej ida1
para las Parcelas Encuestadas, 1978.
Cuadro 8. Anáhuac: Costos e Ingresos de la
Producción de los
Colonos· Encuestados, 1978.
Cuadro 9. Anáhuac: Costos e Ingresos de 1a Producción
de los
Colonos Encuestados, 1978,
Cuadro 10, Anáhuac: Costos e Ingresos de la Producción
de los
Colonos Encuestados, 1978.
Cuadro 11 . Anáhuac: Costos e Ingresos de la Producción
de los
Colonos Encuestados, 1978.
Cuadro 12. Anáhuac: Ingresos Netos Promedios por Hectár€a de
Sorg~ Gra_no con Tecno 1ogí' a Moderna para Pequeños
Pro~ietarios con Area Sembrada de Diez a Cuarenta
y Cinco Hectáreas, 1978.
Cuadro 13. An~huac: Ingresos_ Netos Promedios por Hectárea de
Trigo con Tecnologia Moderna para Pequeños Propietarios
con Area Sembrada de hasta Nueve Hectáreas, 1978.

�100

101

Cuadro 1
Cuadro 14.

Anáhuac: Ingresos Netos Promedios por Hectárea de
la Producci6n de Sorgo Grano con Tecnología Moderna
segOn Tenencia, 1978.

Cuadro 15.

Anáhuac: Resumen de las Relaciones entre Area Sembrada,
Costos, Rendimientos e Ingresos de Sorgo Grano con
Tecnología Moderna, 1978.

Cuadro 16.

Unidad

Canti
dad

Precio o cos
to unitario-

InSllllOS

Anáhuac: Ingresos. Netos Promedios por Hectárea de
la Producci6n de Maíz con Tecnología Tradicional según
Tenencia, 1978.

Cuadro 17.

Anáhuac: Ingresos Netos Promedios por Hectárea de
la Producci6n de Maíz con Tecnología Moderna según
Tenencia, 1978.

Cuadro 18.

Anáhuac: Resumen de las Relaci enes entre Area Sembrada,
Costos, Rendimientos e Ingresos de Maíz con Tecnologfa
Tradicional, 1978.

Cuadro 19.

ANAHUAC: INGRESOS NETOS PROMEDIOS POR HECTAREA DE
SORGO GRANO CON TECNOLOGIA MODERNA EN EJIDOS CON
AREA SEMBRADA DE HASTA SEIS HECTAREAS, 1978

Anáhuac: Resumen de las Relaciones entre Areas
Sembradas, Costos, Rendimientos e Ingresos de Maíz
con Tecnología Moderna, 1978.

Cuadro 20 .

Anáhuac: Ingresos Netos Promedios por Hectárea de
la Producci6n de Trigo con Tecnología Moderna según
Tenencia, 1978.

Cuadro 21.

Anáhuac: Resumen de las Relaciones entre Ar~as
Sembradas, Costos, Rendimientos e Ingresos de Trigo
con Tecnología Tradicional, 1978,

Cuadro 22.

Anáhuac: Resumen de las Relaciones entre Areas
Sembradas, Costos, Rendimientos e Ingresos de Trigo
con Tecnología Moderna, 1978.

Cuadro 23.

Anáhuac: Existencias Ganaderas Promedios
según Tenencia, 1978.

Cuadro 24.

Anáhuac: Existencias Ganaderas Promedios de Caprinos
según Tenencia, 1978.

Cuadro 25.

Anáhuac: Combinaciones más Frecuentes según Tenencia
y Tecnología, 1978,

de

Bovinos

Semilla
Fertilizante
Insecticida
Riego
Seguros
Intereses~
Transporte

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Kgs.
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Pesos
Pesos
Pesos

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Labores
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Otras
Total de costos
en efectivo.

Jorna1es
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Producción

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375
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340
328
1,275
275

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1,000

2,030

4,773
9,135
4,362

Ingreso neto

a/
Fuente: Encuesta Socioeconómica .
- Equivale al 14%anual de préstamos por hectárea, en el presente
y todos los deTMs Cuadros sobre costos.

Cuadro 2
ANAHUAC: INGRESOS NETOS PROMEDIOS POR HECTAREA DE
TRIGO CON TECNOLOGIA MODERNA EN EJIDOS CON AREA
SEMBRADA DE HASTA SEIS HECTAREAS, 1978
Unidad
Insumos
Semilla
Insecticida
Riego

Kgs.
Lts.
Veces

Canti
dad-

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Precio o cos
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250
375

2,350

1,220
7,050
5,830

Tota 1 de costos
en efectivo.
Producción

Toneladas

3

Valor
Total

Ingresos netos
Fuente: Encuesta Socioecon6mica.

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Cuadro 5
COSTOS E INGRESOS DE LA PRODUCCION EJIDAL PARA LAS PARCELAS ENCUESTADAS, 1978
TECNOLOGIA TRADICIONAL
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TECNOLOGI A MODERNA

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Sorgo

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Ri ego (veces)
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Seguro
In ter és
Transpor t e (pesos/Ton)
3. 5 72
Labor es
Preparación del suelo
Mano de obra (Jornales) 10
100
Total de c os t os
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Prod ucc,On (Tons)
Ingreso Reto
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Ingreso Total
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I ngreso to t al
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250
375

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3 2,030 6 , 090
1, 370
0. 77

9, 582
56,400
46,818
6
7

VT

25
500
20
270
4 1,080
1 250
250
375
3 125
625
340
3.5 72
275
10

4 , 360
8 ,120
4 2 ,350
3, 760
0.54

2ª-'

Sorgo

1 ,573
28, 320
36,540
8 ,220
6
6

Fuente : Encuesta Socioecon6mica.

1, 395
2 2,350 4 ,720
3,305
0.3

6
6

697
8 , 370
28, 200
19,830

2 2,700

440
5 ,400
4, 960

o.os

220
440
5 ,400
4,960
1
6

;;
w

�ANAHUAC:

TECNOLOGIA
3 a/

Insumos

c

SORGOp

1

MODERNA
4 a/

VT I C

SORGOp
VT

5 a/

c

Semillas (Kgs)
20
25 500 21.5 23 494 20
Fertilizante (Kgs) 270
41,080 250
4 1,000 300
Insecticida (Lts)
1 250 250
1 250 250
1
Riego (veces)
3 125 375 3 125
375
3
Seguro
625
625
Interés
340
340
Transporte (pesos/
Ton)
3.5 73
255
5 73 365 6
Labores
Preparación del suelo
275
300
Mano de obra (Jornales) 10 100 1,000 10 100 1,000 10
Total de Costos
en et'ecti vo.
4,700
4,749
Producci6n
4.5 2,0:ll 9,135
5 2J)30 10,,150 6
Ingreso Neto
4,434
5,401
1:osfo Total
0.51
0.47
Ingreso Total/Ha.
Costo por Tonelada
para la parcela:
1,044
949
Costo Total
23,500
26,119
Ingreso Total
45,675
55,825
Ingreso Neto Total
22,170
29,705
Hectáreas cultivadas 5
5.5
6
Total de parcela
5.5
6
6

SORGOp

c

VT

25

500 20
4 1,200
200
200
125
375
625
340
80

TRI
p

TECNOLOGIA

w

35

TRADICIONAL

4a/

700 10

5 a/

4a/

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VT

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p

VT

20

200 20

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TIHGO-

c

p

VT

35

700 20

-

MllTZ

p

VT

34

680

480
300

100 1,000
5,020
21]30 12. 180
7,160

700
200
700
680
2.5 2,350 5,875 1 2,700 2;¡00 3.1 2,350 7,285 3 2,350 7,050
5,175
2,500
6,585
6,370
0 .41
0.12
0.7
0.9
0.9

836
30,120
73,080
42,960
5
5.5

Fuente: Encuesta

!./ Este

....

Cuadro 6
COSTOS E INGRESOS DE LA PRODUCCION EJIDAL PARA LAS PARCELAS ENCUESTADAS, 1978

280
3,500
29,375
25,875

0.7
6

200
150
2,025
1,875
5,5
6

226
3,850
40,067
36,217

~26
4,080
42,300
38,220

6
6

Soc1oecon6m1ca.

nÍlmero 1dent1f1ca el nClmero de parcela.

ANAHUAC:

Cuadro 7
COSTOS E INGRESOS DE LA PRODUCCION EJIDAL PARA LAS PARCELAS ENCUESTADAS, 1978
TECNOLOGIA MODER~A

Tenencia
Insumos
Semi 11 as ( Kgs)
Fertilizante (Kgs)
Insecticida (Lts)
Riego (veces)
Seguro
Interés
Transporte (Pesos/Ton)
Labores
Preparación del sue1o
Mano de obra (Jornales)
Total de costos
en efectivo
Producci6n (Ton)
Ingreso Neto
Costo Total ,
Ingreso Total' Ha '
Costo por tonelada
para la parcela:
Costo total
Ingreso tota 1
Ingreso neto total
Hectáreas cultivadas
Total de parcela

e

6 a/
SORGO p

VT

20
270

25

1
3

250
125

5

72

500
1,080
250
375
625
340
360

4

1
1

c

p

VT

20
270

25

1
3

250
125

4

72

500
1,080
250
375
625
340
288

4

275
1,000

5

2,030

4,805
10,150
5,345

5.5

c

MAIZ
p

10

24

240

2,700

240
5,400
5,160

VT

275
1,000

4

2,030

0.47

6

TECNOLOGIA TRADICIONAL
6 -a/

7 a/
SORGO -

4,733
8,120
3,386

2

0.58

961
26,427
55,825
29,396
6
6

Fuente: Encuesta Socioecon6mica DURINE,
~Este nOmero indica el namero de parcela .

0.04

1,183
28,398
48,720
20,316
0.25
6

60
1,350
1,285

....
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o

Cuadro 8
COSTOS E INGRESOS DE LA PRODUCCION DE LOS COLONOS ENCUESTADOS, 1978

ANAHUAC:

TECNOLOGIA MODERNA, 6 - 12 Has.
MAIZY
p
VT
c
VT
1
1

SORGO GRANO
Insumos
Semil 1a ( Kg s)
Fertilizante (Kgs)
Insecticida (Lts)
Riego (veces)
Seguro (Pesos)
Interés (Pesos)
Transporte (Pesos/Ton)
Labores
Preparación del suelo
Mano de obra (Jornales)
Total de cos tos
en erect,vo.
Produ cción (Tons)
Ingreso Neto
Costo Total
/Ha
Ingreso total
·
Costo por tonelada
eara la earcela:
Costo total
Ingreso total
Ingreso neto total
Hectáreas cultivadas
Total de parcela

c

p

20
284
1.25
3

24.1
4
214
125

3.2

72.1
100

316,6
2,000

2,030

5,773,2
6,496
722.8

20

3,2

482
1,136.4
267.5
375
625
340
230.7

21. 5
20

23.5
4

3

2,5

505.2
80

a

VT

20
68

35
4

700
274

375

3

125

375

80

200

3

60

180

1,000

275
1,500

2,700

2,935.2
6,750
3,814.8

3

2,350

1,527
7,050
5,523

0.89

0.43

1,814,9
54,845.4
61,712
6,866,6

9.5
10

p

125

2.5
15

TRIGO~

c

0 .22

1,174.1
16,143.6
37,125
20,981.4

5,5
10

509
13,743
63,450
49,707

9
10

Fuente; Encuesta Socioecon6mica.

_}De los colonos que siembran de 6 a 12 hect4reas, dos siembran mafz y uno trigo.

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ANAHUAC:

Insumos
Semilla (Kgs)
Fertilizante (Kgs)
Insecticida (Lts)
Riego (Veces)
Seguro (Pesos)
Interés (Pesos)
Transporte (Pesos/Ton)
Labores
~r'eiiaraci6n del suelo
Mano de obra (Jornales)
Total costos en efectivo
Producci6n (Tons)
Ingreso neto
tosto total
Ingreso total /Ha.
Costo por tonelada
gara la (:!arce la:
osto total
Ingreso total
Ingreso neto total
Hectáreas cultivadas
Total de parcela

Cuadro 11
COSTOS E INGRESOS DE LA PRODUCCION DE LOS COLONOS ENCUESTADOS, 1978
27 - 33 Has.
34 - 39 Has.
1
~s de 40 Has.
1
TECNOLOGIA MODERNA
SORGO GRANO
SORGO GRANO
SORGO GRANO
p
c
18
300
l

3
4.5
20

25
4
200
125
80

100

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30
46

VT

c

p

VT

450
1,200
200
375
625
340
360

18
260
3

25
4
240
125

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70

450
1,040
240
375
625
340
210

24

100

3

2,030

350
2,000
5,900
9,135
3,235
0,64

l

1,311
177,000
274,050
97,050
35
38

350
2,400
6,030
6,090
60
0,99

c

p

17.3
301
2
3

25
4
114
125

3.2

60

21
3.2

2,010
211,050
213,150
2,100
58,3
65,3

100

2,030

VT

432.3
1,204
228
375
625
340
189.6
300
2,100
5,794
6,428.3
634.4
0.90
1,833.5
337.790
374,770
36,980

Fuente: Encuesta Socioecon6mica,
¡....

o

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�110

Cuadro 12
ANAHUAC: INGRESOS NETOS PROMEDIOS POR HECTAREA DE SORGO GRANO
CON TECNOLOGIA MODERNA PARA PEQUEÑOS PROPIETARIOS
CON AREA SEMBRADA DE 10-45 HECTAREAS, 1978

111
M
N

Unidad
Insumos
Semilla
Fertilizante
Insecticida
Riego
Seguros
Intereses
Transporte
Labores
Preparación
del suelo
Otras
Total de costos
en efectivo
Producción
Ingreso neto

Kgs.
Kgs.
Kgs.
Veces
Pesos/ton.

Jornales
contratado

Cantidad
20
275
2
3

3.83

Precio o
Costo Unitario

125

85·

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100

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Semilla
Fertilizante
Riego
Seguros
Labores
Preparación
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Total costos
en efect, vo.
Producción
Ingresos netos

Kgs.
Kgs.
Veces
Pesos
Pesos

20
68

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3

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Fuente: Encuesta Socioeconómica.

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Total

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Cantidad

1

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Cuadro 13
ANAHUAC: INGRESOS NETOS PROMEDIOS POR HECTAREA DE TRIGO
CON TECNOLOGIA MODERNA PARA PEQUEÑOS PROPIETARIOS
CON AREA SEMBRADA DE HASTA 9 HECTAREAS, 1978
.Unidad

1

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Costo Unitario

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Fuente: Encuesta Socioecon6mica.

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375
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325.5
2300

20.5
4
250

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Cuadro 18
ANAHUAC: RESUMEN DE LAS RELACIONES ENTRE AREA SEMBRADA, COSTOS, RENDIMIENTOS E INGRESOS
DE MAIZ CON TECNOLOGIA TRADICIONAL, 1978
No. de
Ingresos
Tenencia
Rangos
Observa
Hectáreas
Rendimiento
Ingresos/ Costos/
Netos/
cionesHas.
sembradas
Ton/Ha.
Hectárea Hectárea
Hectárea
Ejidos
Colonos

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3,310
3,045

Ingresos
Netos
Totales
2,250
6,090

Fuente: Encuesta Soc1oecon6m1ca.
Cuadro 19
ANAHUAC: RESUMEN DE LAS RELACIONES ENTRE AREA SEMBRADA, COSTOS, RENDIMIENTOS E INGRESOS
DE MAIZ CON TECNOLOGIA MODERNA, 1978
No. de
Ingresos Ingresos
Tenencia
Rangos
Observa
Hectáreas
Rendimiento
Ingresos/ Costos/
Netos/
Netos
Has.
ciones
sembradas
Ton/Ha.
Hectárea
Hectárea Hectárea Hectárea
Colonos

1- 9
10-26

4
2

3.7
18

3.5
3

9,450
8,100

3,837
4,403

5,613
3,697

20,768
66,551.4

Fuente: Encuesta Soc1oeconOm1ca.
ANAHUAC:
Tipo de Tenencia
Ejidatarios
Colonos
Pequeños Propietarios

Cuadro 20
INGRESOS NETOS PROMEDIOS POR HECTAREA DE LA PRODUCCION DE TRIGO
CON TECNOLOGIA MODERNA SEGUN TENENCIA, 1978
Observa
ci ones-

Ingresos netos
por Hectárea

2
1
1

Fuente: Encuesta Socioecon6mica.

5,830
5,975
4,678

Area
Utilizada

Ingresos Netos
Totales

6
10
9

34,980
59,750
42,102

........w

�ANAHUAC:
Tenencia
Ejidos

....
....

Cuadro 21
RESUMEN DE LAS RELACIONES ENTRE AREAS SEMBRADAS, COSTOS, RENDIMIENTOS E INGRESOS DE TRIGO
CON TECNOLOGIA TRADICIONAL, 1978
No. de
Rangos
Observa
Ingresos
Hectáreas
Ingresos
Rendimiento
Ingresos/
Has.
cionesCostos/
Netos/
sembradas
Netos
Ton/Ha.
Hectárea
Hectárea
Hectárea
Totales
5-6

4

5.5

2.9

6,815

700

6,115

~

33,632.5

Fuente; Encuesta Socioeconómica.

ANAHUAC;
Tenencia
Ejidos
Colonos
Peq. Propiet.

Cuadro 22
RESUMEN DE LAS RELACIONES ENTRE AREAS SEMBRADAS,
CON TECNOLOGIA MODERNA,
No. de
Rangos
Observa
Hectáreas
Rendimiento
Has.
ciones
sembradas
Ton/Ha.
6

10
9

2

6

l

3
3

10
9

1

3

COSTOS, RENDIMIENTOS E INGRESOS DE TRIGO
1978

Ingresos/
Hectárea

Costos/
Hectárea

Ingresos
Netos/
Hectárea

Ingresos
Netos
Totales

7,050
7,050
7,050

1,220
1,075
2,372

5,830
5,975
4,678

34,980
59,750
42,102

Fuente; Encuesta Socioeconómfca,

ANAHUAC:

Tenencia

Rango
Has.

Ejido Y
Colono

3,350
11-20
21-30
Peq. Propiet. 78

Cuadro 23
EXISTENCIAS GANADERAS PROMEDIOS DE BOVINOS SEGUN TENENCIA, 1978
No. de
Observa
ciones2
2
2
l

Al comienzo
del año
28
21
32
33

NUMERO DE 8NlM8bES
Consu
Compra
dos Muertos
mi dos
12

7

1

-

l

Vend1dos
7
l

Existencia
8
21
23
33

Fuente: Encuesta Socioecon6mica,
Yson hectáreas comunales del ejido Nuevo Anáhuac.

ANAHUAC:

Tenencia
Colono

Cuadro 24
EXISTENCIAS GANADERAS PROMEDIOS DE CAPRINOS SEGUN TENENCIA, 1978

Rango
Has.

No. de
Observa
ciones

Al comienzo
del año

3

l

13

NUMERO DE ANIMALES
Con su
Compra
Muertos
mi dos
dos·

Fuente: Encuesta Socioecon6mica.

Vend1
dos·

Extstencia
13
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�ANAHUAC:
Tenencia

TECNOLOGIA MODERNA
Primavera

Invierno

Ej ida tari os Sorgo grano (6)
Sorgo grano (6~
Sorgo grano (5
Sorgo grano (5.5)
Sorgo grano (6)
Sorgo grano (5.5}
Sorgo grano (6)
Colonos
Sorgo grano (10}
Sorgo grano (14.6}
Sorgo grano (13)
Sorgo grano
Sorgo grano 17,5}
Sorgo grano (15}
Pequei'ios
Propietarios Sorgo grano (45)
Sorgo grano (10)

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Cuadro 25
COMBINACIONES MAS FRECUENTES SEGUN TENENCIA Y TECNOLOGIA, 197B

Trigo (6)
Trigo (6}

No, de
Observa
ciones-

1

TECNOLOGIA TRADICIONAL
Primavera

Trigo (10}
Mafz (8.5}

4
27

Maíz (.25}

Maíz (2}

1
2
43

Trigo (5)
Trigo ~5.5)
Trigo 6)

1Y
2Y

Ganaderfa Bovina (l)~

1

Ganaderfa Bovina El

1!1
1Y
1 !I

Ganaderfa Bovina (20.5}
Mafz

Trigo (9)

Explotaciones
con ganaderfa

1!,

Maíz (1)
Maíz (7)

1
1
6

Invierno

No. de
Observa
ciones-

(2)

1!1

Ganaderfa Caprina (2}~

l

Ganaderfa Bovina (78}

10

Fuente: Encuesta Socioecon6mica.
Explotaciones que utilizan tecnologfa moderna y tradicional,
Tierras residuales.
El comunales
El ejidatario
se dedica
exclusivamente
a la ganadería en tierras comunales del ejido Nuevo Anáhuac, las tierras
ascienden
a 3,700
Has.

~
-

Los números en paréntesis indican el total o promedio de hectáreas en las diferentes actividades productivas.

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                  <text>La revista ENSAYOS publica manuscritos de todos los campos de la economía, la estadística, las ciencias sociales y la educación. Se editó tres veces al año en los meses de 01, 05 y 09; salvo cambios de última hora que determinen lo contrario. A partir del año 1990 cambia su periodicidad a dos ves al año (Mayo y Noviembre). En el 2001 cambia su nombre a Ensayos Revista de Economía y para el año 2012 ya es una revista arbitrada que aparece indexada a EconLit.</text>
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                <text>La revista ENSAYOS publica manuscritos de todos los campos de la economía, la estadística, las ciencias sociales y la educación. Se editó tres veces al año en los meses de 01, 05 y 09; salvo cambios de última hora que determinen lo contrario. A partir del año 1990 cambia su periodicidad a dos ves al año (Mayo y Noviembre). En el 2001 cambia su nombre a Ensayos Revista de Economía y para el año 2012 ya es una revista arbitrada que aparece indexada a EconLit.</text>
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                    <text>�UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
RECTOR: Reyes S. Tamez Guerra
SECRETARIO GENERAL: Luis Galán Wong

FONDO

UNIVERSITARIO

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
DIRECTOR: Nicolás Duarte Ortega

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
NÚMEROS 53-56 / VOLUMEN XIII/ JULIO DE 1996 - JUNIO DE 1997
CONSEJO EDITORIAL
Inna Flores Alanís
Eduardo Carmona Rodríguez
César A. Reza Rodríguez
Benigno Benavides Martínez
Libertad González Hemández
Jesús Contreras Bazaldúa
Femando Flores García
Javier Rojas $andoval

DIRECTOR
Miguel Covatrubias

SECRETARIA DE REDACCIÓN
Libertad González

TIPOGRAFÍA Y FORMACIÓN
Rosa duadalupe Vázquez Carrillo

IMPRESIÓN
Grafo Print Editores, S.A.
Los artículos sin firma son responsabilidad de la redaccción. No se devuelven originales.
Correspondencia y canje: Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México.

Publicación trimestral

�SUMARIO

5

EL SER Y LA MÁSCARA: CONVERSACIÓN CON JEAN-MARIE BINOCHE
Julieta Reoée

1

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75

LA ECONOMÍA CAMPESINA EN EL SUR DE NUEVO LEÓN
Veronika Sieglin

INDETERMINACIÓN, SUJETO Y MEMORIA EN VIOLETA-PERÚ DE LUIS ARTURO
RAMOS
José P. Villalobos

EL CONCEPTO DEL ARTE EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA
Jorge Marroquín Narváez

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PARA RECORDAR A DON ALFREDO
Miguel Covarrubias

LA NOCHE ESTÁ LLENA DE AGUA
Irma Dávalos Pardo

50

55

¿TRES INFAMIAS?
Jaime Palacios Chapa

70
¿CUÁL ES EL LUGAR EN LA TEORÍA PSICOANALÍTICA?
Manuel Contreras Ramos

"PARA SUBIR AL NOPAL": EL CUERPO VISTO COMO UN INSTRUMENTO EN LA CARRERA HACIA EL PODER SOCIAL Y POLÍTICO
EN LA SOCIEDAD URBANA
óscar A. Díaz-Ortiz

ÁNGEL SALVADOR
Thomas Rosenlocher

34

47

66

POESIDA
Abigael Bohórquez

18
33

63

TESTAMENTO DE UN VIVIEN1E
Jean Tardieu

7
14

61

FOTOGRAFÍA DE UN DESNUDO
María Magdalena de la Garza

"EL PORVENIR", UNA EMPRESA CON VOCACIÓN Y DESTINO SOCIAL
José Roberto Mendirichaga

LA GRACIA DE VIVIR EN LA CIUDAD
Nelva Alicia García

57

LAS ENSEÑANZAS DE DON HORACIO
Eloy Garza

127

109

DELTIEMPOENLALITERATURA
ÓscarWong

122

LA CASA DE LOS LEONES
Gabriela Riveros

ATISBO AL ALMA DE SOR JUANA, LIBRE DEL CUERPO Y DE LA CORTE
Adriana Díaz Enciso

132

LA CONSTRUCCIÓN DEL SER Y LA NOVELA EN LAS RAZONES
DEL LAGO DE MARÍA LUISA PUGA
Elizabeth Montes

�TESTAMENTO DE UN VIVIENTE

Jean Tardieu

175
177

Era un lugar móvil en el tiempo: no sé dónde pero atravesé grandes espacios, henchidos de formas animadas.
Me encontraba en la claridad, en las tinieblas. Caminaba. Veía. Entendía Interrogaba ese mundo desconocido y frágil, cruzado de prodigios, de puntos brillantes cosidos al silencio, de gruñidos oscuros, de pasadizos irritados. Oscilaba entre el horror y la alegría; luego mis miradas se estrellaban contra muros; luego
mis pasos dichosos se posaban sobre rientes abismos.
Amaba esos destellos verdes, esas manchas de sombra que d.ylzan en el día al mismo tiempo que acude
hasta nosotros el roce de un soplo, acompañado de clamores fugitivos y apacibles. Es entonces cuando uno
renuncia a conmover a esa Máscara extranjera de párpados semicerrados, suspendida en todo lo alto sobre
nuestras frentes, que nos observa y se calla La hora transcurre y parece que todo el sufrimiento de esa
temporada a la deriva deseaba liberarse de la inocencia de un instante...
¡Pero es en vano! La crueldad se incuba en el 'corazón del olvido. Resplandecen amenazas. La superficie
se abrasa, a ella misma se dirige reproches ensordecedores. ¡Rayos imperiosos! ¡Órdenes venidas desde
muy lejos! El suelo tiembla Un frío líquido recorrido por llamas violetas engulle nuestro endeble horizonte. ¡Aullidos! ¿Qué crimen he cometido? ¿Quién me ha condenado? ¿Qué suplicios me aguardan?...
¿Mas a quién se dirigen nuestras preguntas si no es a nosotros mismos? Finalmente ¿cuándo veremos aparecer al fondo del azur -enmedio del estrépito de una súbita reconciliación, más allá de todas las cimas y
de todos los siglos- a nuestro propio Rostro, donde atisba una antigua sonrisa semiborrada?
Otros me dirán cuál era ese lugar donde he vivido: cerca de manantiales amurallados, de edificios destruidos, de errantes voces sin eco, entre el fuego y la ceniza, entre memoria y porvenir.

.SASKIA: GRAN PINTORA DE NUESTRAS MONTAÑAS
Silvia Mijares

EP/GRAMÍSI'ICOS
Sergio Rommel Alfonso Guzmán

Testament d'un vivant
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191
2
4

Versión de Miguel Covarrubias

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COLABORAN EN ESTE NÚMERO

Ilustran este número f otografias de la ciudad de Monte"ey pertenecientes a diferentes épocas y colecciones; agradecemos a Rosana Cova"ubias Mijares y a Juan Manuel Casas su préstamo.

Je ne sais ou, -c'était un lieu mobile dans le temps, -j'ai traversé de grands espaces, fournis de fonnes animées.
J'étais dans la clarté, dans les ténebres. Je marchais. Je voyais. J'entendais. J'interrogeais ce monde inconnu et fragile,
traversé de prodiges, de points brillants accrochés au silence, de grondements obscurs, de passages irrités. J'oscillais entre
l' horreur et le joie, car tantot mes regareis se heurtaient ades murs, tantot mes pas heureux se posaient sur de riants abimes.
J'aimais ces lueurs vertes, ces taches d'ombre qui dansent dans le jour, en meme temps que parvient jusqu'A nous le
frolement d' un souffle, accompagné de cris fugitifs et paisibles. C'est alors que chacun renonce aémouvoir ce Masque étranger,
aux paupieres mi-closes, suspendu tres haut sur nos fronts, qui nous observe et se tait. L'heure passe et il semble que toute la
souffrance de ce séjour ala derive veuille se racheter par l'innocence d'un instant. ..
5

�EL SER Y LA MÁSCARA
CONVERSACIÓN CON JEAN-MARIE BINOCHE
En el cielo azul pizarro
el sol
incendiándose
añade pinceladas amarillas
a la claridad misteriosa de las nubes.

Julieta Renée
Mais c'est en vain! La cruauté couve au creur de l'oubli. Des menaces rougeoient. L' étendue s'embrase s'adresse a
elle-meme des reproche~ assourdissants. Des lueurs breves! Des ordres venus de tres Ioin! Le sol tremble. un' froid Jiquíde
parco~ru de flammes v1olettes engloutit notre frele horizon. Dites! Quel crime ai-je commis? Qui m'a condamné? Quels
supphces m'attendent?...
Mais a qui done s'adressent nos questions, si ce n'est a nous-memes? Quand verrons-nous enfin dans Je fracas d'une
so~daine réc?nciliati~n, app~tre au fond de l'azur, au-dela de toutes les cimes et de tous les siecles, n~tre propre Visage, ou
vetlle un anc1en sounre adenu effacé?
, D'autres que moi diront que) était ce lieu ou j'ai vécu, pres des sources murées, des édifices détruits, des voix errant sans
echo, entre le feu et la cendre, entre mémoire et avenir.

Lo interesante de mi mundo, es, querer dar a través del arte que yo desarrollo una visión optimista del porvenir... yo pienso que mi papel es contar historias que los hombres quieren
escuchar, de todo tipo, ¡sin restricciones! Dentro del medio del teatro, escogí el teatro de la máscara que es un
género que a mi parecer ha sido totalmente relegado a utilería o accesorio.
Yo por el contacto que tuve con gente
que creó la máscara con gran belleza
de otra cultura, me di cuenta de que a
pesar de que es un género totalmente
olvidado, es valioso y hay que ponerlo de pie. Es mi tarea ¡levantar un
teatro de máscara que sea contundente, bello y fuerte! Yo diría que a un
violín Stradivarius de la más alta calidad nunca nadie lo va a tirar al suelo
después de haberlo tocado, ·¡lo va a
cuidar! Yo pienso dar a la máscara el
mismo tipo de valór, es decir, de respetar esa herramienta como se respeta
a un violín.
Pausado, expresa en tono bajo ... se
toma susurro.
Yo diría que estamos viviendo una
confusión inmensa en cuanto a la actuación, no es culpa de los actores, esto,
nos lo trajo un señor llamado Stanislavsk.i, que nos lleva a una identificación tal, que no sabemos cuál es la frontera entre el yo y el personaje. Eso me

2

6

parece el defecto más grande que le encuentro. La noción del juego de ficción
desaparece, se vive en el momento así,
pero sobre bases totalmente erróneas,
¡falsas! El teatro es una ficción, es un
juego, no es realidad, estamos jugando
a .. el actor hace un préstamo al personaje, presta su cuerpo, su voz, su silencio, su inmovilidad y esto requiere un
conocimiento perfecto de su instrumento. El ·violinista, por ejemplo, va a tener
un instrumento delante de él o el pintor
o el pianista o el escritor. El actor no, el
actor tiene su instrumento, ¡es la paradoja! ...tiene su instrumento adentro de
él. Entonces, tiene que identificarlo y,
¡es el trabajo que no hace el actor! Ese
seáa el defecto principal que yo encontraáa en los actores. Esto viene de la enseñanza, más'que todo.

Directores he formado pocos, ¡es
lo más difícil!, en el sentido que no
hay escuela de dirección teatral en
París. De vez en cuando hay un taller
o un seminario, pero no hay escuela.
Tuve la ocasión de armar seminarios
en París y allí formar algunos de los
que ahora son buenos directores.
Devela una incógnita.
Y'o admiro a Marx, a Fidel Castro
y a Marcos. A personalidad artística...
Bertold Brecht. ...Y Santiago García,
director de la Candelaria de Bogotá,
¡son los personajes que -admiro más!
Y a Peter Brook y Arianne Mouchkine, la directora del Teatro del Sol
-Téathre du Soleil- en París.

Un suspiro escapa suave.
Con miradas tiernas, cálidas, sonríe
ampliamente.
Formé cantidad de actores que
son más o menos famosos. ¡Pero yo
no enseño sólo la máscara!, enseño
actuación en la Escuela Nacional Superior de las Artes y Técnicas de Teatro en París. He formado gente de
teatro -THIARDAN- que tiene ya cierta importancia en París como actores
y son bien conocidos.

Y agrego a Cyrille Dides, que es
un gitano que me abrió la puerta de
arriba, la de la máscara, me puso en
el camino en el cual estoy hoy. Empecé con él en año 1953, él era un
tramoyista de la ópera que tenía una
capacidad de síntesis sobre el mundo
teatral como nunca la tuvo alguien
más, ¡una luz! Lo seguí mucho tiempo, murió a los 72 años.
Vida, muerte, vida...

Sondeando el horizonte... atardece.

�El solo hecho de estar parado en
el suelo ·es una fonna de verdad, la
verdad de mi cuerpo. El cuerpo plantado en el espacio, no hay más verdad
que eso; vivo, estoy vivo, ¡eso es verdadero! Yo diría que, eso a cara destapada lo ves pero más con la máscara, porque allí mi cuerpo se ve como
una especie de escultura y mi escultura ~stá allí en la inmovilidad, pendiente de cualquier sentimiento o
emoción y listo para enfrentarse al
espacio y entrar en un espacio densificado por el mismo cuerpo.
Esculpe naturaleza en cortezas, árboles abrazan, rodeándonos
cuentan secretos.
1

Europa... yo diría, Francia y España
un poco, sí.
Espejos de agua repitiéndose.
Tienen relación con mi tipo de
teatro: el grupo Youyachkani en Lima, Perú; el grupo de Teatro Experimental de Cali, Colombia; ~el teatro
de la Candelaria de Bogotá. Y cantidad de pequeños grupos por aquí y
por acá que no son tan conocidos, pero son gente que conoce mi trabajo.
Y hay en Europa una serie de grupos
también.
Seres somos, humanos ... nuestros actos son.

'

Mi compañía se llama los Talladores de Historia....Tallar historia,
tallar la máscara y tallar el cuerpo y
tallar: escribir historias talladas.
Surgen espacios de encuentro.
Me presento en París. Y cuando
nos piden giras vamos por toda Europa, pero escencialmente París.
Presente, imán de convergencia.
Soy conocido en Perú, Colombia,
Venezuela, el Caribe, Centro América; ahora en México un poquito. En
2

Menciono a mis maestros: Cyrille
Dides de nuevo. Puedo hablar de él
durante horas ...un señor extraordinario. Y Andre Ouason, o_tro genio francés ya muerto. El me inició en, la
dramaturgia, el teatro. Fue alumno de
Cyrille Dides durante una época. Peter Brook, si duda. Mira pienso yo
que, hay gente como Peter Brook o
como Arianne Moucbkine que hacen
el trabajo que me gusta por el cual yo
me entrego, van por la vida, están en
la luz de los reflectores, es gente conocidísima en el mundo entero, estoy
yo en la sombra de esa gente, for~
mando actores para ir a la luz con
ellos, mi papel es éste, estar en la

sombra de esa gente. A mí no me importa ser famoso sino dar medios a
actores para que vayan a rozarse con
los impresionantes genios del teatro
mundial.
Universo en el que todo sucede, pasa, queda ...continúa, sin
comienzo.
Creo yo que, el arte y por supuesto los artistas que lo hacen, tienen un
papel en la sociedad, de plantear la
duda; el arte está allí para plantear
duda en lo establecido. Cuando parece ser que las cosas van bien, el artista debe estar allí y dudar, plantear la
duda revolucionaria. La duda es realmente un motor, el artista es alguien
que va más allá de la ley y va a interrogar la ley hasta torcerla. Torcer el
fuero de la ley, es necesario, hacer
avanzar la sociedad, para preguntar
qué tipo de arte tenemos qué hacer.
¡Creo que el arte tiene un papel sumamente importante en estas sociedades! No podemos vivir de consumo, de televisión, de coches, y la sociedad de consumo nos lleva a la pobreza mental, cuando el arte ¡te hace
elevar! Es el artista que tiene relación
con el arte el que lo hace en tu ámbito: pintura... , música, cine. Todo lo
que va en el sentir del pelo del gato,
me parece miserable. Hay que justamente acariciar al gato pero al revés...

El artista es una persona muy común
pero va a disturb~r. Su papel es disturbar.
En ojos sorprendidos van pintando
aves su vuelo en lo alto.
Me parece que en estas sociedades occidentales, la gran falla es la
educación. Consiste en enseñar mantenimiento, tener una cabeza bien hecha, llena de fónnulas; te enseña la
eficacia... que está dictada por el dinero... es una sociedad de dinero. ¡Es
realmente asqueroso el dinero!, es asqueroso en el sentido en que envicia
toda relación humana. La educación
está hecha en relación con esto, la
eficacia. Y yo diría que, la educación
artística debería ser parte de la educación en general, para dar una visión
digamos más subjetiva de las cosas.
Como yo decía anterionnente, plantear la duda en lo establecido ... No,
¡es que eso es una gran falla de nuestras sociedades! Y bueno, hay gente
que se mueve, pero no es suficiente.
Esto es, un sueño - una utopía- una
buena visión de la formación del ser
humano desde niño en el kínder,
aprender a respirar, aprender a cantar,
a bailar, ... a pintar de verdad. Y que
no sea solamente cuando niñito sino
más tarde en la primaria, secundaria,
bachillerato ... , seguir, seguir tomando
esto, pero no. ¡es un desastre!

Escenario de ausencia, acto teatral la
vida.
En la realidad estamos viviendo
en el espacio, tiempo, movimiento
diluidos totalmente. Sí, voy de un
lugar a otro con una motivación para
desplazarme y de pn;mto, las solicitaciones visuales, auditivas, hacen
que esta motivación se desvanezca.
¡Y eso estamos viviendo a cada momento! Es como una especie de sopa, estamos viviendo una sopa, tibia.
Y eso es llamar al consenso, estamos en la calle y la gente tirando la
cara, hay como una incomunicación.
Cuando en el teatro es totalmente
distinto, tenemos que contar la historia de 20 años de un personaje histórico, en un tiempo, espacio, movimiento dado y eso hace que haya un
choque, ya que los 20 años se van a
reducir a dos horas, en el espacio
teatral que es de 8 por 5, 8 por 10.
Allí sí, ese encuentro espacio tiempo, hace que aparezca el signo que
es el momento que significa, de hecho, eso va a densificar el espacio
tiempo; entonces el actor entra en
esa densidad y no puede entrar como
si entrara en la vida corriente, el
cuerpo - lo físico mental- la herramienta, debe estar relacionada con
este hecho del choque espacio, tiempo y movimiento. Eso hace que cada
segundo cambie el método que co-

rresponde al espacio, tiempo; está
lleno como huevo, está denso. La relación es ésta.
Dentro de todo, espíritu, llenándolo.
Para mí el espacio escénico más
bello es el vacío. El espacio vacío.
Llenar el escenario de escenografía,
de adornos, etc. va a distraer de lo
esencial, es d(.'lCir, del personaje y
del actor que le da vida. Y entonces,
yo diría, que el actor es el centro del
acto dramático. Ahora, se trata de un
personaje, entonces a ~se personaje
hay que vestirlo. Sí, claro, hay que
darle un cuerpo, pero, yo diría que
debe desaparecer su cuerpo detrás
de un vestuario para que se aleje lo
más posible de sí mismo; para tener
una visión del personaje. Entonces,
yo cuando empiezo a montar un espectáculo_siempre lo bago, digamos,
en un espacio vacío y voy a resistir a
todas las tentaciones de meter utilería, muebles u objetos, porque esto
va a distraer de lo esencial. ¿En qué,
consiste un vestuario más apropiado
para la creación de un personaje?, en
lo que acabo de decir de tapar el
cuerpo del actor para que aparezca
un personaje totalmente lejano de sí
mismo.
Inmovilidad, serenidad, paz... al
final de las tormentas, arcoiris.
9

8

•

�Para mí el gran día, es, cuando el
actor al quitarse la máscara actúa como si trajera una puesta. Es decir, la
máscara es un medio para hacer nacer
un actor épico, sin muecas, un actor
capaz de echar al escenario cien toneladas de sentimientos con todos los
matices posibles. Y la máscara es el
medio para lograr eso, sí, que el actor
sea el portador de un sentimiento llevado a sus extremos. La máscara ayuda a eso, sí.

en actitud, de inmovilidad en inmovilidad, pero siguiendo las mismas reglas
que la escultura, es decir, la energía va
convergiendo hacia el centro y del centro va hacia afuera en una divergencia.
Convergencia, divergencia es una regla
de la escultura ...y es una regla del actor. Entonces yo siempre aconsejo a los
actores tener una segunda práctica artísrica para enriquecer su visión de la primera práctica
La verdad oculta, en bandeja de oro y

Se entrega a la danza el aire con las
olas; dirige firme, lo siguen intensas.
Pienso yo que, el artista... de teatro,
y hablo de él porque es mi oficio, debía
tener una segunda práctica artística Es
importante, no como hobby sino con todas las reglas de la segunda práctica,
como para ver mejor la primera práctica, para alimentar, para iluminar, para
enriquecerla. Y, como la primera, enriquecer la segunda. Yo por ejemplo, al
lado de mi trabajo teatral, realizo escultura. Más allá de la máscara que hago,
realizo la escultura. Y esto va a nutrir al
teatro y el teatro nutre a la escultura. Yo
descubrí haciendo escultura unas leyes
que aplico desde luego al arte teatral.
Cuando digo que el actor es escultor de
su propia escultura, está totalmente ligado a mi práctica de escultor. Cuando la
escultura es un gesto, digamos, aparentemente inmóvil, el actor va de actitud
2

8

10

plata, se ofrece.
¿La importancia de mi obra? Solamente el público dirá cuál es, ¿no?
No puedo contestar realmente a eso.
Ahora, creo yo que cuando cuento
historias, trato a la vez de hacer avanzar el lenguaje teatral; es mi visión
personal de que no podemos quedarnos en muecas, en cosas así. Y sí, hay
una cosa que a mí me llama la atención, es que la gente trabaje con nosotros, que el público salga de la sala
más cansado que nosotros. Cuando tú
vas a sugerir en vez de demostrar las
cosas, esa sugerencia va a hacer trabajar al público que va a completar tu
propuesta, según su cultura, según su
sensibilidad, según su vida.
Luna, estrella, sol... aclaran la oscuri 0
dad confusa, ¡iluminan nuestros caminos!

La crítica no se acerca a mi trabajo. Sí, de vez en cuando lo hace y sí
lo hizo. Pero la máscara está considerada como un arte menor como lo fue
mucho tiempo la marioneta, los títeres. Entonces la gente cuando ve teatro de máscaras dice ¡ufff, es trabajo
para niños... ! Yo no desprecio ese tipo de trabajo, pero, no van. Sin embargo, la gente que va sí aprecia; hace un tiempo en el Festival de Avignon hubo una crítica realmente muy
buena sobre el trabajo nuestro. Y está
bien que reconozcan que la máscara
es un medio fuerte para contar historias y para conmover a la gente y hacerla pensar y reír y llorar...
Entre cálido sueño y gélido desperlar, isla de arena blanca.
Un obstáculo que veo en el desinterés total del Ministerio de Cultura
en Francia hacia mi trabajo; el desinterés del Ministerio hacia todo el. uabajo teatral de los jóvenes que se define diariamente... el Ministerio va a
subsidiar a la gente que ya llegó a
cierto punto, cuando hay gente que
trabaja en forma magnífica pero no
tienen con qué vivir. Ese es el obstáculo que encontrarnos nosotros en
Francia. Es terrible ver la situación
del teatro independiente en Francia,
¡es una catástrofe!

"

A tiavés de la piel del silencio emer-

gen distintivas voces.
El éxito profesional lo veo en
crear una máscara distinta, una máscara que deja pasar. .. que será como
el vitral. La máscara como vitral del
ser humano, como la iluminación, el
altoparlante de las emociones y del
sentimiento humano. Eso sí, eso, ¡la
gente lo reconoce!
Parte de la sabiduría lo incomprensible, nos determina.
Es el teatro el que me hizo abrir
una puerta y unas ventanas ¡de arriba! sobre la vida, sobre una visión de
la vida. Sobre la visión de cómo yo
me reconozco como parte de la naturaleza. Mi cuerpo está hecho de no se
cuántos elementos, está hecho de estrellas y está cruzádo por un hilo de
plata que reconozco en el cielo ... eso
sí, la razón que tengo es ésa, pero te
hablo de una cosa muy personal. El
trabajar en el teatro como lo hago me
llevó a esa visión, va más allá de la
anécdota o del gesto o conflicto social. ¡Claro que existe!, no lo niego, y
defiendo esa parte del combate, pero
la vez, tenemos que tener otra visión.
Detrás del gesto social descubrir el
movimiento con sus leyes, por ejemplo: una ley de movimiento es la inercia que es una muerte relativa del

movimiento, es una muerte efímera,
entonces, claro que allí entraría la filosofía, una filosofía de vida, pero estoy en este mundo y soy un ser humano con mis ideas ... yo no soy nadie,
no tengo ninguna práctica espiritual,
yo lo miro así, eso sería una falla mía.
Sin ataduras vamos yendo de lo relativo a lo absoluto.
Jamás en mi vida acepté unirme a
cualquier institución, me ligué a algunas, lo hice y cuando lo hice siempre
me pidieron cuentas. Es decir cuando
entras én la institución te piden cuentas y a mí no me gusta dar cuentas,
quiero mi libertad, relativa. Entonces
no, me siento mejor como el aire;
ahora eso me crea dificultades económicas, es cierto. Y o pertenezco al
mundo de los trabajadores del espectáculo, ¡soy un trabajador del espectáculo, no más! Pertenezco a esa familia del espectáculo de gente que
trabaja cuando los demás descansan y
esto nos une a todos.
Ponerse máscaras, quitárselas, quedar
sin ellas... rostros cuerpos.
Yo diría mejor que es bueno tener
un buen enemigo. Es necesario tener,
uno, pero de gran calidad. Eso te
obliga a afinar tus argumentos. En
cuanto te vas a enfrentar con este

enemigo estás obligado a estar al nive!. Sí, yo tengo algunos, muy pocos,
...pero tengo enemigos... hay cantidad
de enemigos, ¿no?, toda la gente que
está involucrada en el teatro naturalista o en cosas comerciales, esos son
mis enemigos, ¡pero no los cuento!
Ahora, pienso yo... hay un señor de
gran importancia en América Latina,
realmente considerado como el papa
del teatro latinotunericano, contra el
cual estoy totalmente opuesto porque
se dejó comer por la especulación
dramatúrgica y para mí no hay derecho. Es un teórico, tuvo un pasado
sumamente brillante pero se fue por
el lado de la especulación y allí se
perdió. Es un señor muy brillante pero olvidó la vida y eso es grave, esto
es, lo considero como un enemigo pero de alta calidad. Amigos íntimos,
tengo muchos amigos... íntimos no
sé. Sí tengo algunos, gente que está
cerca del trabajo.
Llegan, chocan, se van nuestros deseos; se vuelven recuerdos, ¡ilusiones!
Bueno, mi familia está compuesta
de ... estoy divorciado, tengo dos hijas, dos hijas actrices, una es Juliete
Binoche, actriz, la otra es Marion
Stallenz, actriz. Una es famosa, la
otra no. Somos muy unidos, somos
unidísimos. Nada escapa a ninguno
11

�de nosotros, de lo que ocurre a Juliete, a Marion o a mí estamos hablando... Es una familia de espectáculo,
una de entre nosotros sobresalió, está
en la nube, en las estrellas, estrella
ente las estrellas, muy bien la admiramos así, pero de manera muy simple,
no hay ningún orgullo. Estoy muy
contento de ver que Juliete trabaja seriamente, es una chica muy seria y
cuando se enfrenta a un personaje lo
hace con una seriedad impresionante,
una calidad profesional, eso me agrada mucho, de eso sí puedo decir que
estoy orgulloso, de ver que alguien
muy cercano a mí, hace un trabajo
como ése. Tanto talento, tanta seriedad.
Entre uno y otro momentos los párpados se entrecierran, vislumbrando
mundos.

Mi preocupación es hacer vivir el
espectáculo, buscar funciones... Lo
primero, hacer avanzar la máscara, la
idea de la máscara. Y, preparar el espectáculo siguiente. Estamos en eso!
Nos sostiene el planeta, le entregamos nuestros cuerpos inocentes de
nuevo, desnudos; purificados.
Trato de tomar menos para conservar mi salud. De tener una práctica
física que me mantenga en vida, lo
2
8

12

hago en relación con mi trabajo teatral, doy talleres, eso me ayuda a
mantenerme en forma. Trato de cuidar mucho la alimentación, bueno,z&lt;
una cosa muy normal, nada particular.
Dentro de los seres luz emanando iridiscencias.
Mi visión del futuro es muy oscura, muy pesimista... sobre los problemas del mundo; cuando veo que Chirak hace sus ensayos nucleares a pesar de la protesta mundial me da asco, me dan ganas de vomitar. ¡Es un
escándalo!, un desafío a la naturaleza. El dice que eso no va a matar ni a
un pez, no lo creo, de todas maneras
no tiene derecho a golpear esta tierra.
Eso me da una tristeza profunda, de
ver que mi país hace eso. ¡Ojalá! que
una crítica tan fuerte en Francia y con
el mundo sirvan para parar esa porquería. Entonces dentro de _esto cuando veo la Yugoslavia, cuando veo el
mundo levantarse por todas partes,
cuando veo la pobreza en los países
de América Latina, cuando veo todo
esto, tendría razón de ser pesimista,
lo soy, pero a la vez ... no hay que dejarse llevar. ¡No hay que dejarse llevar! Todo lo contrario, hay que luchar; pero entre más voy más encuentro el combate difícil, y el teatro, que

tiene su papel como fosforito en la
oscuridad.
Caminar hacia adelante en definidas
direcciones, volver, eterno devenir!
No me siento realizado. ¿Quién se
va a sentir realizado? Cuando me
muera, yo dejaré un trabajo pendiente, no más. Sí. No yo, mi rinconcito,
avanzo la máscara como un medio
para revitalizar el teatro, darle un aire, darle espacio aire, público. Y al
arte lo veo como una esperanza. Si
no, no lo haría. No hago arte, esa
práctica teatral para hundir un mundo
ya hundido, sino al contrario para soplar aire fresco. Aunque no hay que
creer que el arte va a resolver todos
los problemas, ¡seguro que no! Pero
los artistas deben de estar de pie para
gritar en voz alta y fuertemente que
hay que parar de hundirse, desaguar
el barco para que no se hunda.
Inhalamos, exhalamos al unísono razas, lo humano.
Creo que lo que menos sabe el actor y que debe de saber es respirar,
respirar y respirar. Con cualquier problema, una buena respiración te va a
ayudar en todos tus problemas que se
van a volver como anecdóticos. Respirar a plenos pulmones. Claro, cuando se trata de respirar el aire contarni-

nado de México es ... un poco peligroso. Pero yo diría que la respiración no
es sólo pulmonar, es una respiración
de todo nuestro ser. Y alejarnos del
psicologismo, por eso lo de mi acercamiento a la animalidad, como para
reconocer el animal que tenemos en
nosotros.
Cantando vuelan pájaros, juegan niños, mujeres danzan, inventan su vuelo hombres... en la superficie de la tierra, magia, emanaciones de energía,
nostalgia.
Me encanta, sin demagogia, me
encanta toda la expresión popular,
veo por ejemplo en Europa las obras
de expresión popular que quedan, el
último canto de la tierra que tenemos
es el cante hondo en España, Andalucía; es el flamenco, es el canto siciliano, es el canto de Córcega, es el canto de algunas mujeres del norte de
Italia, de Lombardía; es el canto de
Europa central, canto cristalino; es el
canto gregoriano, es el arte romántico; soy apasionado del arte romántico, es mi fuente para la máscara.
El río juega
enmascara al sol escondiéndolo
en sus ondas
mientras el cielo entre nubes
deshilvanándose navega plácidamen-.
te su oscurecido azul.

,

,.".. ...

----..-~
•

!

. •

�POESIDA

Abigael Bohórquez
CARTA

Mi calavera es amplia de mandíbula;
me la palpo, la quiero,
sobre la piel marchita que la enfunda,
la cubre o la contiene,
donde ocurre la vida
y el ojo, enamorado
de lo que da la sencillez terrestre,
y la oreja
que alguna vez no escuchará a la vida,
y el olfato avizor,
y la lengua, -sobre todo, ay, la lengua
a la que llega Dios magnánimo y provee-,
me pongo a recordarme,
a recordarte
a muerte;
creo que lo que adentra calavera
me está pidiendo -ya que no estásque te olvide, que hay otros;
pero sucede que
más vale lo que fuimos
que el canto inconocido
que pasa enfrente
y suena.

11

Mi calavera es ancha de quijada,
amplia de frente,
hueso que hiede, sin ti, lejano,
pero ¡cómo ha querido,
calacachóndima!
Mi calavera
donde ocurrió la luz
8

14

y tremó el corazón y aulló la magia
y la carga mortal de los desamoríos,
y que descabelló sus ojos turbios
desencantadamente
sobre hombres de vientre glandular:
ama con su terrena potestad aún
la vida
y le crece la barba y encanece,
pero ah, tú,
el más abandonado y lejos entre la
muchedumbre,
soy tu palabra, cántala conmigo.
Mi calavera de dientes desiguales,
a veces dolorida se dolora,
otras se acuerda amor mi calavera,
ay, huesote de luz
alumbrado desde el doce de marzo
del treinta y siete, esta carne machaca
que han de comerse los gusanos.
Mi calavera
que ya sostengo entre mis manos, casi,
qué leve, qué amarilla, qué cualesquiera
osamenta de amor,
desprestigiada de amor,
hueso de todos,
pobre,
haciendo resonar entre tus cosas
la huesera
que pudo todavía
escribirte esta carta.

�DUELO
Va estarme de luto por aquellos
que han muerto a desabasto,
por los que rútilos o famélicos,
procurando saciar su corazón o su hambre,
cayeron en la trampa;
eran flores de arena, papirolas,
artificios de bublle gum, almas de azogue,
veletas de discotheque, aleteos, dispendio,
pero eran también un alma, una palabra,
un esqueleto de pan y sal,
con rincones amables
como el tuyo o el mío, compañero,
un pensamiento hermoso o ruin,
mas cosa como nosotros,
hechos un haz de sangre todavía
entre el verdor y el agua de la vida.
Vengo a estarme de luto
por aquellos
que recibieron prematuramente
su funeral de escándalo,
su ración, su camastro, su obituario velado,
pero más por aquellos
que, desde que nacieron,
son confinados, etiquetados, muertos
en sus propios rediles,
herrados, engrillados a un escritorio oculto,
a un cubículo negro.
Ah, caravana de las carcajadas,
carne desamparada de la arcaica matanza,
paredón de la pública befa,

il
Id

16

arrimaditos, amontonaditos
en el muro del asco.
Vengo a estarme de luto
porque puedo.
Porque si no lo digo
yo
poeta de mi hora y de mi tiempo,
se me vendría abajo el alma, de vergüenza,
por haberme callado.
Qué natalicio nuevo de la ausencia,
qué grave el día,
qué turbio el sol
apenitas ayer abeja de oro,
qué viento de crueldad este domingo,
qué pena.
Pero está bien;
en este mundo todo está bien:
el hambre, la sequía, las moscas,
el apprutheid, la guerra santa, el Sida,
mientras no se nos toque a Él;
Ése no cuenta,
simplemente está Allá,
loco de risa,
próspero de la muerte,
agusto.

�,

,

¿CUALESELLUGARDELATEORIA
,
PSICOANALITICA?
Una hermosa necedad es el hablar: al hablar, el
hombre baila sobre todas las cosas.

Nietzsche.

Manuel Contreras Ramos
¿Cómo escapar al parloteo? El hombre nace viejo, decía Althusser. No es
el ser viviente al que se refería, sino a
la vejez del parloteante mundo que lo
espera y en el que se incluye cuando
comienza a decir yo. Tampoco se trata del mundo de las cosas, las cuales
están allí desde antes de que hubiera
un ser que las nombrara. Es el mundo
del ser hablante, ese que apareció
después del verbo y que por su íntercesión se ha transformado... y en gran
medida se encuentra sojuzgado, juslamente por las palabras que bailan
sobre él.

'h

Ese mundo que baila al son-ido
que le tocan las palabras, ese mundo,
nuestro único mundo, nuestro cem
anáhuac, se nos presenta, desde que
nacemos viejos, como una esfera.
Una esfera lisa, llana, sin fracturas.
Para la mayoría, al menos para los
que logramos, gateando aún, hablar,
nos hace, gracias a alguien que porta
el cofre de palabras que nos da a mamar, un pequeño espacio al través del
cual nos incluimos en su universo
parloteante. Y quedamos tan diluidos
en ese parloteo que hay todavía quienes lo conciben como un universo natural.

t

No, no hay manera de escapar de
las palabras, ni aún al dar cuenta de
lo que soñamos, salvo, salvo tal vez,
18

fugazmente, cuando nos olvidamos
de hablar y nos concentramos en el
cuerpo, en el sentir del cuerpo. Pero
justamente porque cuando enmudecemos y sólo sentimos, desaparecemos,
es que volvemos a entregar nuestro
soporte corporal al mundo en el cual
estamos representados de la única
manera como podemos estarlo ante
los otros cuerpos que sólo existen en
tanto fueron nombrados. Así, eso que
nos representa, un significante, es el
único recurso que tenemos para estar
en ese mundo de significantes que a
su vez representan a otros. He allí a la
esfera.
Ese mundo de significantes, esas
palabras que bailan sobre las cosas y
que constituyen el jardín de nuestras
vidas, es lo que se nos presenta como
una esfera sin fracturas, como el
mundo «natural» del ser hablante,
que generalmente, por su carácter
parloteante termina comportándose
como ente, como entre parloteante,
como parloteante. No siempre, para
fortuna nuestra; ni en todos los casos;
hay quienes consiguen hacer caso y
captar, los momentos privilegiados en
que la esfera fugazmente permite entrever los hilos de los que está hecha.
No es que muestre su interior entonces, pues no podría mostrar lo que no
tiene, sino más bien retuerce un fragmento de su estructura y deja escapar

un sentido insospechado de una parte
de los significantes que la tejen. Así,
la esfera de saber, pues de eso se trata
la esfera de significantes, muestra el
camino de un nuevo sentido para
quienes sean capaces de soportar a
los enigmas, de poner en duda lo que
saben.
La esfera que nos habita y que habitamos quienes vivimos en este momento de la historia se nos comienza
a presentar particularmente confusa y
como ya desde hace tiempo hubo
quienes comenzaron a seguir los hilos
de sentido que surgen de sus dehiscencias, son ellos, sus críticos, quienes constituyen nuestra esperanza de
aprovechar la confusión reinante para
escapar, al menos parcialmente, al
ensordecedor parloteo.
A la esfera parloteante actual le
llamamos modernidad; así es como la
gente de este siglo llamó al universo
que habitamos o inclusive el que se
nos dice que ineludiblemente terminaremos todos habitando.
Si hemos de aprovecharnos de la
confusión que se produce en el momento en que la modernidad avanza
hacia la globalización, y que algunos
han comenzado a llamar diversidad,
no es conveniente que consideremos
a todos los que hablan de la llamada

modernidad como críticos de la misma. Muchos son los que sólo la han
descrito, otros, sobre todo por estas
latitudes, quienes la anuncian aún como el mundo que estamos construyendo sin siquiera darse cuenta que
desde hace tiempo nos habita disfrazado de futuro un pasado que es pasado porque ya mostró sus límites. Se
trata pues de develar el sentido aparente que nos muestra la esfera significante de la modernidad para poder
entender mejor lo que se auto-propone como el único camino posible hacia el porvenir. No digo que por el
momento no parezca serlo, sino de lo
que se trata es de desenmascarar lo
que la misma esfera no puede ya
ocultar sin estallidos.
Como una esfera no puede tomarse por ninguna parte, y darle vueltas
termina conduciendo eventualmente
a los mismos puntos de partida, comeneemos por nombrarla de otra forma. Aprehendámosla con un nuevo
significante para de esa manera tomar
contacto con un sentido diferente.
Como se trata de una esfera formada
por una red de significantes entretejidos de una determinada manera, llamémosla discurso.
Un discurso es una estructura particular de significantes que excede a
la palabra. La excede porque condi-

ciona ciertas relaciones fundamentales entre las palabras que lo forman.
Un discurso hace constante la retación entre sus componentes, y al inmovilizarlos tiene una punta, un significante privilegiado a partir del cual
se organizan los demás. Desplegada
ya la esfera a man~ra de un discurso,
podemos intentar hallar el nudo príncipe o la dominante a partir de la cual
se encuentra organizado.
Entremos pues al discurso de la
modernidad a partir de su apariencia.
En esto de la apariencia, la modernidad reina i"ndiscutiblemente, o más
bien, la apariencia reina en la modernidad de manera indiscutible.
Desde que hace poco más de un
siglo comenzó a describirse el mundo
de la modernidad, lo que saltaba a la
vista era el surgimiento del gusto por
la moda. La moda es lo fugaz, lo
transitorio, lo efímero; de allí la pertinencia de su nombre.
Su descripción, comenzó a hacerse a mediados del siglo XIX por pensadores que vivían en lo que en aquel
momento constituía el centro del
mundo: la Europa victoriana.
Esa Europa, que por su ubicación
histórica marcaba el rumbo al resto
del planeta, comenzaba a engolosi-

narse con los productos tecnológicos
del capitalismo que usufructuaba ya,
a plenitud, los beneficios surgidos de
la ciencia.
Lo que tres personajes, habitantes
de ese entonces, consignaron, nos
servirá como punto de partida.
Por el camino de la crítica del arte, Baudelaire denu"hció la instauración del gusto por lo nuevo como característica esencial de la naciente
modernidad, asociada con un ocultamiento de lo eterno. Al pretender el
arte aprehender lo trascendente en lo
fugaz de la cotidianeidad, la novedad,
en lugar de lo perenne, pasó a ser lo
importante, aunque a costa de convertirse en efímero y ahistórico; de
allí la importancia de la moda. Baudelaire no suponía la abolición, de lo
eterno, de lo permanente, sino sólo su
ocultamiento. La moda apareció pues
como un velo.
Simmel por su parte, mostró la importancia que adquiría el dinero como
significante privilegiado en el nunca antes conocido espacio de la metrópoli,
pues con el surgimiento de esos enormes conglomerados humanos, las relaciones ya no podían seguir fincándose
en las historias individuales, y al erosionarse los antecedentes como referencia,
fueron siendo sustituidos por la pose19

�sión y el lucimiento de bienes adquiribles de valor universal, éstos, necesariamente menos durables e inconmovibles
que los anteriores. Ante esa caída de los
valores tradicionales resultaba ya difícil
orientarse mediante visiones globales
del acontecer social, de allí su propuesta
de deducir la totalidad a partir de los
comportamientos fragmentarios de esos
ciudadanos metropolitanos, los cuales
había además que captar en su fugacidad, en su transitoriedad, pues las estructuras tradicionales habían dejado de
ser localizables. Así, la historia se convertía en obsoleta y, para captar lo que
ocurre en una sociedad moderna se requiere ahora del científico social, del
sociólogo. El filósofo y el historiador
dejaron de tener un lugar en la modernidad porque comenzaba a resultar inútil
pensar para eslabonar los acontecimientos en una cierta continuidad lineal, y
más bien se hacia necesario observar
los eventos aislados, las formas sociales. como única manera de captar lo que
se oculta tras el incesante flujo de los
fenómenos. El ciudadano moderno tampoco escapa a esa pérdida del objetivo
hacia el cual enderezar el rumbo de la
vida, sino que se refugia en su individualismo. Su contacto con los otros
queda marcado por la satisfacción momentánea a través de nuevos estímulos,
sensaciones y actividades externas. Los
viajes, el consumo continuo, la búsqueda incesante de un goce ubicuo y huidi-

i.pl t

20

zo se constituyen en el eje de la vida, citadina y el dinero, la cosa más eñmera
del mundo, en el símbolo por excelencia de la modernidad.
Finalmente, Benjamín se apercibió del rumbo que tomaba el mundo
a través de los cambios urbanos que
experimentaba París. Eran los tiempos del segundo imperio y Haussman
transformaba a la ciudad de antaño
con el trazo de los grandes bulevares;
la ciudad nueva ponía en contacto sus
diversos barrios pero al mismo tiempo borraba sus peculiaridades; los homogenizaba a costa de abolir sus diferencias, y en medio de esa ciudad
unifonnada en el glamour, lo que
contaba eran las cosas de sí mismas,
separadas de su historia. Los modernos espacios de las galerías, las salas
de juego, de baile, en fin, la moda, la
vida fácil de la mascarada, no hacían
sino ocultar lo que cada día era menos recordado. Se requeriría, decía
Benjamín, el trabajo de los arqueólogos de la modernidad para descubrir
los determinantes de ese mundo ilusorio de relaciones frívolas y tentados
ras mercancías.
Tres características fundamentales podemos rescatar como propias de
la modernidad a partir de las observaciones de éstos, sus primeros cronistas. Las relaciones significantes se

vuelven superficiales, ocultan lo que
antes era evidente y lo sustituyen con
lo siempre nuevo de la moda; al borrarse la historia que da sentido al
presente, la realidad se fragmenta y
queda únicamente unida por significantes que siendo universales son sin
embargo volátiles y efímeros, tales
como el dinero; y tercero, las agrupaciones humanas tienden a homogeneizarse, y en ese volverse iguales
ocultan las diferencias de sus distintos recorridos históricos. El discurso
toma la fonna de una inaprehensible
esfera.
Antes de cuestionar si la sociología ha llegado mucho más lejos que
lo aportado por estos viejos autores,
ha llegado mucho más que para nosotros en estas latitudes, sus aportes son
aún vigentes. Durante mucho tiempo
vivimos pensando que la modernidad
se encontraba allende la frontera, pero hoy, sin ninguna duda, es transformación europea, que luego de la segunda guerra fue encabezada e impuesta al resto del orbe por un país
más próximo a nuestra geografía, comienza a fonnar parte de nuestra propia vida cotidiana. No sólo nuestra
ciudad está cambiando velozmente
para adaptarse justamente a la velocidad que la vida actual impone sino
que indudablemente también nuestro
pasado se esfuma aceleradamente.

Ciertó que la modernidad ha
transformado nuestras vidas haciéndolas más muelles, cierto que no sólo
nuestras ciudades sino también nuestros refugios familiares han vencido a
la oscuridad de la noche, que el clima
se ha tornado artificial mitigando el
calor de nuestro inhóspito verano,
que desde cualq•Jier sitio en donde
nos encontremos¡podemos hablar con
alguien que se halle en el lugar más
apartado del mundo, inclusive viviendo ya en otra fecha, que no sólo los
sonidos y las voces, sino también las
imágenes habitan ya por entero nuestras vidas, que tenemos acceso al saber de las más grandes bibliotecas
desde la comodidad de nuestra propia
casa, que podemos transportarnos cada vez más lejos y más rápido, cierto
en fin que el mundo es más pequeño
y cómodo en la medida en que se ha
ido poblando de aparatos, pero también es innegable que está más lleno
de chatarra, de satisfactores chatarra,
de relaciones chatarra, de palabrería
electrónica, capaz de llegar cada vez
más lejos, sí, pero también cada vez
más vacía, haciendo cada vez más
parloteante al mundo, el cual, aunque
marcha, aceleradamente marcha, cada vez es menos claro para donde va.
No se trata pues de combatir a la
comodidad de la vida moderna en
aras de un romántico pasado, sino tan

sólo de recordar que el mundo de los
hablantes no se mueve por sí mismo,
que siempre son significantes los que
encauzan nuestro paso por la vida y
que de cuando en cuando conviene
recordar a los discursos que no por
olvidados no nos siguen gobernando;
no sea que desperdiciemos nuestras
cada vez más escasas energías en
combatir fantasmas aparentes, no sea
que sigamos siendo víctima de la
consigna modernista de que todo
cambie para que siga todo igual, tal
como la moda nos lo impone.
La modernidad, si me permiten
ahora aventurar una definición, consiste en un velo que envuelve al mundo, ahora sí globalmente, que nos impide tomar contacto con el discurso
que la determina. Contrario a lo que
se nos dice, para aprehender al discurso subyacente es necesario soltarnos momentáneamente de la mano de
la moderna ciencia social y recurrir a
fuentes no tan prestigiosas, como lo
puede ser la obsolescente historia.
La modernidad, ¿de dónde vino?,
¿cómo surgió?, ¿a qué aspiraciones
intentaba responder?
El asunto parece venir desde los
ideales de igualdad tan proclamados
durante la revolución francesa, resultantes del agotamiento del absolutis-

mo en el que había derivado la estructura feudal envejecida.
La razón burguesa, nacida de la
lucha contra el estado absoluto, reclamaba entonces libertad individual e
igualdad ante la ley. De esa manera,
se pensaba, la razón marcaría el juego
de las fuerzas políticas y el estado
quedaría reducido al limitado papel
de árbitro. La humanidad se soñaba
entonces en el camino de su total
emancipación.
Al principio nadie apareció darle
importancia al hecho de que si bien el
monarca había sido decapitado, su heredero, y no me refiero a Luis Capeto
aunque este suceso quedó así consignado en su leyenda, se había perdido entre
las multitudes del futuro.
Fue la ferocidad del capataz que
expoliaba a los proletarizados campesinos, lo que precipitó los acontecimientos que se sucedieron a lo largo
del siglo XIX y que augurándose ya
para el xx, indicaron pronto a dónde
había ido a parar el heredero del viejo
amo. Al hacerse manifiestos los aspectos alienantes del capitalismo
pronto se produjo la denuncia marxista de una nueva y velada sujeción que
había que hacer estallar para reencontrar los anhelos de emancipación de
la sociedad en su conjunto.

�Tuvo aquí lugar una extraña paradoja, pues si bien el marxismo develó
la apropiación del saber por parte del
amo moderno por la vía de la ciencia
aplicada, y a partir de ello planteó la
posibilidad de una nueva sociedad, en
el momento en que la clase proletaria
recuperara el usufructo del saber, no
previó las consecuencias de que esa
recuperación reRueriría de alguien
que se encargara de la transferencia,
pues no se trataba ya def conocimiento rudimentario que se obtiene del
trabajo mismo, sino del de la ciencia.
Pronto resurgió el amo, esta vez encamado en la burocracia detentadora
del saber científico, cuyo estrepitoso
fracaso marca el final del siglo xx y
del anhelo fallido del socialismo.
Justo es recordar que antes aún de
que fuera instaurado el modelo que
Marx consideraba necesario para la
consecución de su ideal, experimento
social que por cierto comenzó repitiendo el desalojo de un monarca envejecido en lugar de sustituir al moderno dueño de los llamados medios
de producción, ya había quienes desconfiaban de que el planteamiento
marxista fuera una verdadera alternativa para llegar a la tantas veces proclamada libertad universal. Weber,
quien · nunca abandonó su esperanza
de que la racionalidad conduciría a la
libertad, si se dio cuenta de que el
22

proyecto basado en que el desarrollo
de la ciencia produciría una mayor
racionalidad y finalmente libertad para todos, en el momento de ser instrumentado sólo llevaría a un nuevo callejón sin salida por la vía de la apropiación de la razón por parte de la burocracia. Capitalismo y socialismo no
serían entonces sino dos caras de la
inevitable sumisión que el moderno
ciudadano sufriría cuando en cualquiera de los dos lados del muro formara parte de una mesa gobernadora
bajo la consigna de bienestar para todos.
Desde entonces, en el terreno oe
la sociología se han sucedido una serie de polémicas que en el mejor de
los casos han profundizado la crítica
y en el peor han planteado soluciones
que se antojan francos retrocesos ante
la situación a la que intentan dar respuesta.
Teodoro W. Adorno consideró
que si bien la salida hacia la emancipación no vendría ni de la razón subjetiva universal, ya que ésta, por vía
de la alienación tecnológica sólo había creado una dominación mayor, ni
tampoco de la razón objetiva de la
planificación total que convierte al
hombre masa en un mero instrumento
de la burocracia científica, aquella
podría surgir de la crítica dialéctica

entre ambas tendencias. Incapaz de
diseñar una praxis que diera cuenta
de esa tercera alternativa, lo que
Adorno consiguió fue demostrar que
el proyecto emancipación humana
propio de la ilustración no era conseguible por la vía de la incesante burocratización ni por la cientifización de
la vida social que nadie parece poder
detener.
En nuestro tiempo, desde los Estados Unidos, convertido en el paradigma de la tendencia triunfadora en
este fin de siglo, asiento indiscutido
del llamado capitalismo avanzado,
sucede que hay quienes comienzan a
denunciar un insospechado efecto de
la modernidad que peligrosamente
puede difundirse al resto de la humanidad. El discurso comienza a mostrar contradicciones, la esfera corre el
riesgo de deshilarse, ante lo que Bell
llama la desaparición del individualismo competitivo en aras del individualismo hedonista. La ética protestante se ve amenazada por la pérdida
de la confianza en el progreso basado
en la tecnología, y la gente, entregada
a vivir el aquí y el ahora, pierde el espíritu de superación y competencia
de antaño. En otras palabras, ya no
hay a veces manera de hacerlo trabajar. El crédito ha terminado sustituyendo al ahorro, la moral puritana se
disuelve y el individuo sólo piensa en

el consumo, el tiempo libre y las actividades que le producen entretenimiento. Al verse absorto el sujeto
mismo en la lucha acelerada por un
mejor nivel de vida, él mismo ha quedado incorporado al mundo de lamoda y de la rápida obsolescencia; la realización plena del individuo coincide con su fugacidad. Es como si la
máxima aspiración del ciudadano
medio norteamericano consistiese en
sentirse el foco de las miradas de las
multitudes aunque sólo sea con la
brevedad de los modernos «media».
Si conseguir aparecer en un programa
coast to coast implica mostrar públicamente sus cosas más íntimas (por
cierto cada vez más inencontrables) o
cometer un magnicidio, la vida tendrá
entonces sentido.
Ante semejante panorama, en años
recientes llegó a proclamarse que la razón ilustrada había muerto, que las instituciones liberales estaban seriame11te
amenazadas y se propuso como salida
que se propiciase una vuelta hacia la religiosidad. La estructura cruje, quien
ocupa el lugar de la dominante en el
discurso, el amo moderno, se preocupa
y busca cómo reforzar la eficiencia cuyo debilitamiento amenaza al sistema
en su conjunto.
En esta crónica del capitalismo
avanzado se nos muestran cosas que

por lo menos merecen el calificativo
de interesantes; yo tomaré una: en la
preocupación de Daniel Bell por solucionar el menoscabo de la inclinación al trabajo en aras de un hedonismo improductivo, se nos muestra claramente a dónde fue a parar el rostro
aparente del antiguo amo.
El amo se ha puesto la máscara
del saber.
En el discurso del amo antiguo, el
saber estaba del lado del esclavo; no
el saber articulado como el del moderno científico social, sino el que en
aquel tiempo era importante, pues era
el que se traducía en producción. Me
refiero al saber hacer del esclavo que
era el que le era sustraído por el amo
antiguo y que no cambió de sitio durante el feudalismo, pues el siervo seguía poseyéndolo y donándolo al señor feudal a cambio de protección.
No les diré por el momento la protección de que trata, pero volveremos a
ello más adelante. Por el momento
nos interesa seguir rastreando el camino que siguió el asiento del saber a
lo largo de la historia para poder
comprender la preocupación actual
de los sociólogos.
La estructura crujió, que no es lo
mismo que se desvencijó, cuando la
ciencia comenzó a producir artefac-

tos, bienes perecederos, mercancías.
Allí, cuando el saber hacer del siervo
ya no era útil, el saber ya no se le sustrajo a la manera antigua, como una
transferencia del producto de su saber, sino que se le desposeyó del saber mismo. Efectivamente el proletario es un desposeído, no sólo de la
tierra, no sólo de la destreza creativa
propia del artesano; es un desposeído,
sobre todo del saber.
Y es esa desposesión la que lo hace más inerme ante la exigencias del
amo moderno. Pensemos en nuestras
dulces «muchachas», vestigio feudal
aún encontrable en nuestra sociedad.
Un buen día, cansadas de las restricciones de su amo antiguo, la «señora»
de la casa, deciden emanciparse y se
van a la fábrica y, más o menos tarde,
descubren lo que han perdido. No las
restricciones, no la sustracción del
producto de su trabajo, sino el lugar
de dadoras de felicidad. En la fábrica
son absolutamente prescindibles y
rescindibles. Pueden tranquilamente
convertirse en un despojo entre las filas de desocupados, o de jubilados,
sin que el amo sufra ninguna consecuencia; lo sorprendente es que ahora, aunque la muchacha consiga entrar a la universidad, su destino muy
probablemente será el mismo que el
de la campesina que a fines del siglo
pasado fue reclutada por la usina.
23

�Pero, y entonces, ¿quién administra ahora el saber?, pues el científico;
no el científico a la antigua, pensador
y ocioso, sino al científico creador de
bienes y servicios, por vía de la institución reordenada ex-profeso para la
reproducción del saber de la ciencia:
la universidad. Ahora inclusive los
políticos han de tener grados universitarios, y entre ¡-más altos ¡mejor! Y
por supuesto, una universidad moderna es aquella que tome· en cuenta el
«mercado de trabajo» y que regule su
propio «mercado académico», no sea
que el «costo beneficio» de su trabajo
no se vea reflejado en la «calidad»
del profesionista que produce.
El amo se interesa en el saber en
tanto puede sustraer por medio de él
un plus de lo que se produce. ¿Cuándo le ha interesado al amo el saber
por el saber? Nunca, ¿Para qué? Si ha
tenido siempre quien lo use para producirle beneficios. El amo moderno
tiene ahora, además de hombres de
ciencia y técnicos capacitados, científicos sociales que se ocupan de que la
estructura mantenga su función, y para que cuando cruja se preocupen de
cómo aceitar su maquinaria. Esa es la
preocupación que se percibe en la
crónii;:a de Daniel Bell respecto al
punto de desembocadura del capitalismo avanzado: ¡algo está pasando
con el goce!

111111 1

24

El discurso de la universidad no
tiene elementos para entender con su
saber, lo que ocurre con el goce. Sugiere formas de controlarlo, de combatirlo, de aprovecharlo! que a final
de cuentas es lo que siempre ha intentado con más o menos éxito, pero le
faltan elementos para ubicarlo en la
estructura del saber.
Conviene aquí recordar para qué
sirve el saber. El saber sirve para que
la vida continúe. No importa que ese
saber se sepa, lo importante es que en
ese sentido no haya confusión. Es el
caso del instinto. Este no se refiere a
un saber recordado sino a un saber
que subyace a la existencia y que se
traduce en algo que tiende a la preservación de la vida. Por eso es que
cuando cualquiera, y sobre todo
cuando se trata de muchos, orientan
su existencia en un rumbo distinto al
de la vida, es decir hacia la muerte, el
saber muestra sus límites, se genera
confusión, se intenta abolir lo que no
tiene sentido de acuerdo al saber establecido. Precisamente por eso es que
no se trata de dotar a ese saber con
elementos para entender y asimilar lo
referente al goce, se trata de entender
por qué el goce no tiene cabida en el
saber que surge de la ciencia.

Es pues lo que se refiere al goce
la parte del discurso que resulta in-

descifrable cuando se está plenamente inserto y por lo tanto preso, en su
estructura y es aquí donde se requiere
de un punto diverso desde el cual mirar. ¿Cómo se adquiere un punto de
mirar diferente? Si los sujetos aún
cuando no sólo somos palabra, de
cualquier forma sólo estamos para los
otros en la medida en que somos representados por un significante, entonces es obvio que nadie puede estar sino estando representado para otros
significantes, es decir, formando parte de una estructura, incluido en un
acomodo particular de la red significante que es como definimos al discurso. Entonces, no es simplemente
estando fuera de un discurso como se
puede tener un punto de vista diferente, porque estar fuera del discurso
puede significar estar en la nada, es
decir, no estar. De lo que se trata es
de estar incluido, inmerso, tomado,
en otro discurso diferente. Es por eso
que el psicoanalista, no me refiero al
universitario con estudios en psicoanálisis, sino al que se encuentra colocado en el lugar que organiza al discurso del psicoanálisis, puede decir
algo acerca del lugar que ocupa el
goce.
El testimonio freudiano adquiere
en esto su importancia. La experiencia analítica condujo a Freud hasta
los límites del saber y lo impulsó, a

través de la búsqueda de sentido, a
hurgar en eso que creó tanta confusión: lo que el llamó el principio de la
muerte. Por la vía del hallazgo de la
repetición, Freud se percató que el ser
hablante no se encuentra regido únicamente por el principio del placer.
Este, el principio del placer, es lamanifestación que justifica al saber establecido; el principio del placer busca
la descarga de la tensión, la placidez,
la preservación de la vida. Lo que
Freud encontró como límite de ese
principio fue lo que el llamó repetición; justamente, lo que esta «más
allá del principio del placer». La repetición que está más allá de la descarga productora de placer y que hace
que interminablemente se restablezca
el circuito que conduce, si nada lo
contiene, irremisiblemente hacia la
muerte. Entonces el goce, pues la repetición no es otra cosa, conduce hacia la muerte. Pensemos por un momento en el llamado mal de nuestro
tiempo, eso que la sociedad tanto
preocupa: el gusto cada vez más difundido por esas irresistibles mercancías que son las drogas.
Pero no hemos avanzado mucho,
sabemos que existe un amo, un amo
que a lo largo de la historia, esa historia tan menospreciada en la modernidad, se ha mantenido. Ha cambiado
de sitio, se ha disfrazado, se ha valido

de distintos artilugios para apoderarse
del saber y del producto del trabajo
de los otros, pero el enigma es ¿qué
lo sostiene? Sabemos quienes lo mantienen, pero no hemos dicho qué los
hace sostenerlo en ese sitio. En un
discurso ningún significante está en
su sitio porque se requiere que ocupe
el sitio que le corresponde ocupar,
para que cumpla con la función que
le toca cumplir. ¿Qué tiene que ver
esto con la vida y con la muerte?
¿Qué produjo la experiencia freudiana que produzca sentido en este límite del saber establecido?

ber que más esclarecedor le pareció,
el de la tragedia griega. Se debatió, lo
sabemos, entre el drama de Hamlet y
la tragedia de E&lt;lipo, pero finalmente
se inclinó por Sófocles. El viejo drama redivivo se convirtió pronto en un
mito e hizo popular al psicoanálisis,
quizás más allá de lo que el mismo
Freud deseara, pues una vez desaparecido su padre y estando ya Sigmund Freud en primera fila ante la
muerte, es decir él mismo en el lugar
de padre, el mito inspirado en la tragedia sofocliana ya no le sirvió como
·al principio.

Freud formaba parte de una estructura, de eso no hay duda, solo que
al quedar colocado en una posición
particular, se encontró con el límite
de lo sabido y allí produjo un intento
de respuesta. De la confusión surgió
una nueva vía orientadora del sentido, surgió un discurso diferente.

Un evento me parece que puso a
Freud sobre la pista de lo que más
tarde sería su nuevo mito. La lucha a
muerte que se produjo entre él y
quien había designado como su heredero.

¿Qué dijo Freud en relación al
amo?
El psicoanálisis freudiano se ocupó del amo por la vía del padre. En
un principio, quizás debido a que él
mismo estaba colocado en el lugar
del significante hijo, Freud orientó su
búsqueda de sentido precisamente
desde ese sitio. Así, a la muerte de Jacobo, el hijo Sigmund recurre al sa-

Fue la disputa con Jung la que hizo
pensar a Freud en el drama filial desde
el lado del padre, y allí el llamado complejo de Edipo ya no le proveyó de suficientes elementos. Naturalmente que
este agotamiento del mito de Edipo pasó desapercibido para quienes ya se
aprovechaban de su popilaridad, la cual
de hecho se sostiene aún en envidiables
ratings, tal vez por las mismas razones
por las que en parte siguen siendo populares las tragedias griegas. Es más cómodo pensamos juguetes del destino
25

�que soportar la incertidumbre de un futuro que puede depender de nuestros
actos.
El estudio de los mitos revela que
en ellos se expresa la verdad, no de
manera absoluta, sino medio dicha, y
si el mito de Edipo mostró pronto sus
límites fue porque después de todo no
da clara cuenta de algo verdadero:
Edipo asesinó a su padre, sin saberlo,
sin ningún sentido, como mera víctima de un capricho de los dioses, y
gozó de su madre, sin saberlo, aunque resulte sospechosa la supuesta ignorancia de ella, a consecuencia de lo
cual sufrió un castigo, un castigo inmerecido, simplemente por no haber
sabido. ¿Por no haber sabido qué?
Por no haber sabido lo que su padre
no supo transmitirle: la ley de la prohibición del incesto. Layo había preferido matarlo que imponerle los buenos límites del goce.

,,

,,,11111 1

Sí, el mito edípico adoptado inicialmente por Freud seguía colocando a la madre como la fuente indiscutibie de todo goce y al padre como un
mero estorbo potencialmente benéfico cuya presencia había que respetar
so pena de perder lo que sirve para
poder gozar del amor de las mujeres.
Pero la pregunta reiterada de sus
pacientes histéricas hizo que Freud,

2

26

luego de varios intentos fallidos, se
diera parcialmente cuenta de que lo
que ellas querían de un hombre no
era necesariamente lo que le sirvió a
Edipo para copular con su señora madre, sino lo que se oculta en el ser del
que cuelga lo que Freud consideró
como la causa de todo deseo. Lo que
a final de cuentas contiene un padre
es, no el falo del que en el mejor de
los casos se sirve, sino una falta, y lo
que la histérica no sabe, aunque pregunta todo el tiempo acerca de ello,
pues no se conforma evidentemente
con querer tener lo que Freud suponía
que todas las mujeres envidiaban, es
que el verdadero secreto de su padre,
es que en el amor lo que una mujer y
cualquier sujeto busca no es lo que el
otro tiene para dar, sino precisamente
lo que no tiene. Freud, no hay por
qué negarlo, se quedó prisionero en la
pregunta ¿Qué quieren las mujeres?,
pero esa duda le bastó para orientar
sus baterías inquisidoras hacia el padre.
Abonada pues su escucha con las
demandas de sus muy pacientes histéricas y en medio de la desgastante reyerta con Jung, su hijo predilecto, el
padre Freud reúne al resto de sus hijos (Ferenczi, Eitington, Sachs, Rank,
Abraham y Jones) y les hereda en vida la administración del saber psicoanalítico. Un anillo regalado a cada

uno cierra el pacto y el padre Freud, a
salvo de la lucha y de su eventual
desbancamiento, se retira del ámbito
callado de su estudio a producir, lejos
del fragor de las batallas por el poder,
la justificación teórica del acto recién
consumado. Poco tiempo después verá la luz la obra en la que quedó inscrito el mito freudiano por excelencía: «Tótem tabú».
Así, Freud, a raíz de su conflictiva
y forzada ubicación como padre del
psicoanálisis, tuvo que poner en acto
una solución que lo llevó más tarde a
la creación de un nuevo mito, en ese
caso un mito propio, el mito del asesinato del padre como origen de la
cultura.
En su documento escrito Freud da
cuenta de lo que él supuso había ocurrido históricamente en el comienzo
de la cultura. Lo que quiero decir
cuando digo «lo que él supuso», es
que cuando ahora llamamos mito a lo
que Freud propuso en «Tótem y tabú», no es porque su creador lo haya
considerado como un mito; por el
contrario él siempre defendió su versión de lo ocurrido como si realmente
así hubiera pasado. Y conviene puntualizarlo porque esa confusión ha
hecho que no pocos antropólogos desechen, como buenos hombres de
ciencia, a la verdad medio dicha en el

mito, simplemente porque desde la
«veracidad científica» es insostenible. Dicho sea de paso, ésa es una de
las razones por las que el conocimiento científico se muestra tan incapaz de convertir al ser hablante en
uno más de sus objetos de estudio,
pues al basarse la ciencia en un lenguaje que se sostiene por sí mismo,
como lo es el'"de las matemáticas, que
no requiere, como el mundo de los
significantes entre los cuales vive el
ser hablante, de referirse uno a otro
para poder significar algo, hace caso
omiso de todo aquello que no es comprobable y renuncia así a encontrarse
de otra manera con la verdad. Por
ejemplo, la verdad medio dicha en los
mitos y que ocultan los discursos, que
aunque se sostienen precisamente en
el hecho de que ningún ser hablante
puede definirse por sí solo, desprecian la vía por la que es posible dar
de lleno con los determinantes significativos que nos aprisionan.
Pero volvamos a Freud y su mito
del padre asesinado: Freud concibió
el origen de la cultura como el momento en el que los machos jóvenes
de una horda, privados de las hembras por la autoridad absoluta del
gran semental, del padre de la horda,
decidieron liquidarlo; pero como su
asesinato no garantizaba que todos
los machos jóvenes tuvieran acceso a

la reproducción, éstos establecieron
el primer pacto de la historia. Para no
matarse interminablemente, tendría
que ser asesinado y así ad-infinitum,
la privación de que el padre muerto
los hacía objetos quedaría establecida
como la ley del tótem. Así, la privación quedaba transformada en prohibición simbólica y los hombres de
ese tótem, los descendientes del gran
macho asesinado, no tendrían ya acceso a las hembras que le habían pertenecido pero sí a cualquier otra que
fuera ajena al tótem.
Es un hecho sabido que una vez
que Freud produjo este mito, ñunca
más lo abandonó; prueba de ello es
que recién consumada su dolorosa
ruptura con Jung, estando Freud en
Roma se encontró con el Moisés de
Miguel Ángel, figura de padre fundador por autonosamia, sobre todo para
un descendiente de la raza hebrea, y
al pensar en el momento que el escultor había plasmado en la piedra comenzó a elaborar la historia del origen de la religión judía, a la que consagraría sus últimos años de existencia.
Al crear el mito del desenlace totémico, tal vez Freud se equivocó al
considerar que ese pacto había realmente ocurrido en el origen de la humanidad; tal vez incluso no puedan

sostenerse sus argumentos sobre el
asesinato de Moisés como origen del
monoteísmo, pero sería producto de
una sordera absoluta el no reconocer
la parte de verdad que el mito tiene y
que es justamente lo que hace que, a
pesar de lo poco comprobable de sus
afirmaciones, el saber freudiano no
haya podido ser simplemente tirado a
la basura por los científicos modernos.
A diferencia del mito de Edipo,
que deja intocada la figura del padre,
el mito planteado por Freud en «Tótero y tabú» deja claro que en el mundo de la cultura, es decir, en el mundo de los seres hablantes, no hay nadie que pueda colocarse como dueño
absoluto del goce. El padre totémico
sólo puede seguir estando al tanto
muerto, en tanto representante de la
ley que organiza el goce de sus descendientes, de manera que más que
privarlos totalmente de él, se los regula para salvarlos de la muerte. Y
eso, así de sencillo, es lo que constituye la esencia de la función del amo:
regular el goce. Por ello el discurso
que sigue predominando, al menos
hasta el momento en que nos encontramos en la historia, es el del amo.
Naturalmente ningún ser humano
ha sido ni será capaz de cumplir con
esa función, pero tampoco se trata de

27

�eso, de hecho, tal como lo indica el
mito freudiano, el amo no está más,
el amo es, nada más y nada menos,
un imperativo que preserva la vida
regulando el goce.

11111

Eso no significa que a lo largo de
la historia no haya pequeños personajes que pretendieron ubicarse en el
lugar del amo consiguen representar
por un tiempo su patética o siniestra
encamación, tal como la que personificaba la imagen del padre de hace
apenas dos generaciones, quien para
poder sostener su rígido autoritarismo
tenía que trabajar de sol a sol para
mantener a su numerosa prole. Esos
eran en el fondo esclavos, como suelen ser los obsesivos, quienes convencidos de que solamente ellos saben c¿mo hacer las cosas, terminan
siempre sintiéndose explotados por
los otros, pues en el fondo ignoran
que es gracias a su trabajo como consiguen que los otros gozosamente los
toleren.

111 1

Lo que puede llegar a extremos
peligrosos es que siempre habrá quienes vean el lugar del padre autoritario
como un privilegio, y también quienes, en determinados momentos, sobre todo en medio de la incertidumbre, ínvoquen ese vestigio del amo
antiguo que está siempre presto a ser
resucitado.
28

Ahora, antes de seguir, intentaré
decir por qué desde el discurso analítico se descubrió que todo sujeto busca la regulación del goce.
Al comenzar mi intervención yo
decía que el hombre nace viejo porI
que llega a un mundo ya lleno de significantes entre los que tiene que incluirse; decía también que esa inclusión se produce mediante el sojuzgamiento de su soporte corporal al sistema de los significantes. Sólo se
puede estar en el sistema en tanto
representado por un significante que
nos representa ante otro significante,
pero tal sojuzgamiento del cuerpo real no es sin efectos. Lo que implica es
división, pues sojuzgar no equivale a
abolir. Hay eso sí, una pérdida, una
pérdida ineludible de lo absoluto. Pero si bien se pierde, se renuncia a lo
absoluto, al goce ilimitado, la pérdida
no es absoluta. Se pierde el todo pero
no todo se pierde. Siempre pennanece un resto que hace posible que el
trabajo de vivir se vea compensado
con un poco de goce. Eso que queda
como resto permite que el arribo al
goce no implique una transgresión, ni
el asesinato reiterado del que prohibe
el goce absoluto, sino es más bien un
resquicio que le permite al goce escabullirse. Para permitir tal escapada, el
dispositivo cultural permite que ese
resto ocupe el lugar de lo perdido,

orientando así el deseo de producido
por la incompletud hacia un objeto
que lo causa. Los caminos que cada
uno se construye para conseguir la
anhelada e imposible posesión del
objeto causa del deseo, no están
exentas de goce. Y como en el capitalismo, en donde el trabajo produce un
excedente que puede sustraerse, acumularse y derrocharse que se llama
plusvalía, así la preservación de la
cultura permite que el trabajo de vivir
en sociedad produzca un excedente:
el goce, no el absoluto, que termina
siempre por matar, sino un plus, el
plus de goce. Es este goce el que
cuando se desboca impide que la vida
siga, el que justifica que haya quien
lo regule mediante el trabajo. Se trata
de que no se arribe nunca a la satisfacción plena del paraíso perdido ni
que tampoco la vida se convierta en
puro sudor de la frente. Para poder
gozar sin morir es para lo que se requiere de un amo.

no nacido el siglo pasado que requiere de un progreso tangible para sostenerse.

De allí que el capitalismo, al despojar al siervo del goce que encontraba en la producción de lo que hacía,
trasladó el goce hacia las mercancías.
El capitalismo salvaje del principio,
el de la revol~ción industrial, no podía sostenerse mucho _tiempo, porque
el trabajo despojado totalmente del
goce representa el fracaso del amo, la
resucitación del viejo macho totémico, insaciable e incompatible con la
cultura. Cuando un ser hablante es
despojado ya no del goce absoluto,
sino absolutamente del goce, aún de
ese pequeño goce que permite que la
vida siga, entonces su vida deja de tener sentido «Somos los muertos de
siempre» dice la consigna de las etnías chiapanecas. No tienen nada que
perder precisamente porque tampoco
obtienen nada que justifique el sacrificio por vivir; cuando la vida se reA cambio de ejercer esa función, duce a la supervivencia y hasta el
el amo sustrae un plus de goce que a más mínimo excedente gozoso le es
diferencia del dinero no es acumula- sustraído, entonces del sujeto no queble.
da más que el cuerpo, lo que equivale
a ser un muerto.
De hecho el trabajo, tan valorado
por cierto en nuestro hábitat citadino,
La sociedad opulenta, por su parno puede nunca ser el valor último. te, muestra el fracaso del amo en el
El trabajo como motivo de orgullo sentido opuesto, en el exceso de goce
por sí mismo, es un mito regiomonta- que hace que el trabajo deje de tener

sentido. El goce en exceso produce
otros problemas; hay que derrocharlo.
Y cuando el goce se derrocha la
muerte está a la vuelta de la esquina.
No sólo implica el peligro de que su \
derroche sea visto como motivo de
guerra por quienes son despojados
absolutamente de él, como ocurrió
con la Alemania del periodo entreguerras, sino que al interior del sistema mismo el exceso de goce se vierte
hacia del despilfarro absurdo descrito
por los cronistas de la post-modernidad. El fantasma de la drogadicción
es una muestra clara de a dónde puede ir a parar el despilfarro del goce.
Por eso decía que la droga es la ·mercancía por excelencia. Los adictos la
consumen en cantidades crecientes,
sin importar lo que cueste, todo lo
que tarden en morirse.
La caída del socialismo real por
otro lado, lo que enseña es el error
marxista de no haber tomado en
cuenta en su análisis del discurso del
amo, la importancia del plus de goce.
En su utopía, Marx imaginaba que el
amo desaparecería una vez que todo
el mundo estuviera satisfecho; ¿pero
de qué satisfactores se trataba en su
concepción del futuro? Evidentemente era necesario limitarle al despiadado amo capitalista de sus tiempos la
acumulación de plusvalía, pero al
aparecer la burocracia planificadora,

encargada del muy loable fin de satisfacer las necesidades biológicas de
todo el mundo por igual, el goce desapareció no solo del trabajo sino de
todas partes. Por eso ningún muro podía contener las miradas de deseo sobre los objetos que en el lado capitalista, ya modernizado por los avances
de la tecnología, se había convertido
en el medio de gozar a medias. Si, en
el socialismo no iba ya a haber despojo de la plusvalía, pero al abolir de
pasada al plus de goce también se .eliminó el goce puesto en la adquisición
de mercancías que ya la ciencia aplicada había desplazado hacia allí, y
entonces el amo nuevo iba derecho a
su fracaso. Para nadie resultaba ya
atractiva la consigna todos iguales,
todos satisfechos, todos trabajando.
Derrumbada la utopía socialista a
causa del fracaso de la burocracia, la
gran pregunta del momento es si el
amor post-moderno será capaz de
cumplir adecuadamente con su función de regulador del goce. Y es terrible que la gran pregunta sea ésa y no
ya si es posible soñar con un futuro
sin amo. Lo que hace tan importante
este momento y este lugar es que entre los poi vos del derrumbe de la polémica que ocupó nuestro tiempo durante el siglo XX, se muestra fugazmente el truco siniestro de la tendencia triunfante: ¿qué produce el traba29

�jo? El trabajo produce riqueza material y también, por vías del saber,
produce goce. ¿Y cómo sustrae el
amo moderno ambas cosas del trabajador? por medio de las mercancías.
Allí va a dar tanto la plusvalía ·como
el plus de goce. El colmo que permite
que el truco se desenmascare es cuando el trabajo ni siquiera permite la
adquisición de mercancías.

1

11

Podría decirse entonces: pobre humanidad, su futuro no parece, a la vuelta del siglo, muy halagüeño. El progreso
no sólo hará que el sujeto siga corriendo
tras los objetos desechables para dejar
en su consumo el plus de su trabajo, sino que la post modernidad, en la medída en que el deseo de saber también le
ha sido sustraído, pretende convertir a
los seres humanos mismos, los jóvenes
que habitarán el futuro, en mercancías
tan desechables como las que nos inundan. Un mundo lleno de cuerpos consumidores de chatarra se cierne como
amenaza sobre las próximas generaciones.

11,1

Pero antes de dejar las cosas para
el futuro, permítanme aventurar una
respuesta a la pregunta que intitula
este trabajo: ¿cuál es el lugar de la
teoría psicoanalítica?
La teoría en sí misma no es nada.
Por una parte son palabras degradadas,

2
30

convertidas en hojarasca, que bien puede incorporarse al lugar en donde el
amo actual ha sentado sus reales: el saber de la ciencia. Pero hay algo además
de eso que permanece inasimilable, escabullidizo; se trata precisamente del
nuevo discurso que se produjo cuando
Freud consiguió; accidentalmente quizás, hacer audible a la verdad. No me
refiero al Freud maestro, al Freud del
premio Goethe, sino al Freud que provocaba con su escucha, con su extraña
consigna de «hable todo lo que se le
ocurra»; a esa palabra medio dicha que
habita a todo sujeto desde el momento
en que forzadarnente es incluido en un
discurso, acto mismo en el que se ve
obligado a sojuzgar a ese cuerpo buscador de goce, buscador de muerte, que
desde entonces queda medio silenciado
por las exigencias de la vida, de la vida
entre los seres hablantes, por supuesto.
Lo que Freud produjo fue la posibilidad de un nuevo discurso, el cual
no es más que un lugar distinto al del
amo cuya función es regular el goce a
costa de acallar a la verdad.
Pensemos por un momento en la
moderna madriguera del amo: la uníversidad. Allí fue a dar el saber cuando la ciencia se lo sustrajo al viejo
siervo convirtiéndolo en mero cuerpo
a su servicio, pero el saber que existía
antes que esa sustracción se produjera

también se transformó, y lógicamente
también el lugar donde solía campear. ¿En qué ha quedado convertida
la universidad en la post-modernidad? En una fábrica de las que hubo
en la revolución industrial, aunque
justificada con palabras nuevas. Los
maestros actuales se quejan de haber
sido proletarizados. Lo dicen por sus
exiguos salarios, pero, ¿no será también por el trabajo obrero en que ha
quedado reducida su función? El
maestro actual es el moderno proletario que, dada la demanda social, ha
de producir mejores mercancías, continuamente mejoradas so pena de sa!ir al mercado de trabajo pasadas ya
de moda y terminen aumentando el
depósito de chatarra de los desempleados. Hay que trabajar en serie, rápido y bien, en fin, con eficiencia.
Los propios maestros, obreros de la
educación, requieren, para mantener
su empleo, de cada vez más cursos de
capacitación que ahora se llaman
maestrías, doctorados, diplomados,
capacitación en métodos didácticos,
etc. El que no esté a la altura de las
exigencias del moderno mercado académico, puede ir liando sus bártulos,
pues la sociedad obliga a la universidad a periódicas reingenierías.
Los pedagogos que se siguen preguntando acerca de lo que se enseña
son desalentados y orientados a hacer

que el maestro mejore su producción
de acuerdo a los estándares ~e saber
que la sociedad demanda. Es decir, se
les pretende convertir en una especie
de modernos supervisores de las líneas de producción.
¿Pero entonces, de qué saber se
trata? Hacia el saber se puede uno
orientar de dos.maneras.
La primera, la
¡-·
más antigua y actualmente más desprestigiada, es la buscadora de sentido,
la que no se conforma con lo que el saber establecido le ofrece como respuestas, la que surge del enigma y que
muchas veces subvierte ~ la estructura
vigente. Lógicamente, esta forma de
orientarse hacia el saber requiere de
cierto ocio, del suficiente al menos para no quedar totalmente preso del trabajo. La otra forma de saber es la que
predomina actualmente en la universidad y en la vida moderna en general.
Es el saber que responde, no al enigma, sino a la consigna de «hay que saber más». Hay que saber más para lograr sobrevivir en este mundo. Hay
que prepararse mejor para vivir, para
responder a las exigencias del país, del
mundo, de la vida moderna. Ese saber
no se orienta hacia los enigmas, sino a
la reproducción de las cosas que ya se
saben y que han de difundirse para hacerse operativas. Se trata de un saber
indistinguible de la capacitación para
el trabajo.

Así, la universidad, regida por el
imperativo categórico que representa
al nuevo amo y que se reduce a esa
consigna de prepararse mejor, ha
quedado convertida en fábrica. La
materia prima son los estudiantes que
deben salir convertidos en una mercancía capaz de competir en calidad
con los que se producen en otras universidades del mundo. A los maestros
proletarizados hay que exigirles cada
vez más y mejores productos. Nadie
debe fallar en la cadena de la calidad
total. El saber ha quedado convertido
en manuales, cursos sello, libros de
texto, en donde de manera eficiente
se incluya lo estrictamente necesario.
Solo las respuestas claras tienen un
lugar. Las preguntas son superfluas y
hay que desalentarlas.
Pero emonces, un discurso que no
ofrece algo de utilidad práctica, sino
que a veces hasta provoca confusión
y dudas, debe quedar fuera del campo
de interés de la sociedad, y cada vez
tiene menos lugar en la universidad.

tervención, hay que modificar la pregunta. Ya sabemos cuál es el lugar de
la parte de la teoría que no se asienta
en el discurso, entonces, ¿cuál es el
lugar del discurso psicoanalítico en la
cultura de nuestro tiempo?
Interrogaré, si me permiten, a Lacan, pues fue él después de todo el
que habló por primera vez del discurso del psicoanalista. Lo interrogaré
por la vía de un enigma que él mismo, mediante un acto, nos dejó planteado: ¿Qué fue a hacer él a la liniversidad mientras daba cuenta del
discurso en el que estaba ella atrapada? No fue como maestro, a dar la
clase para incorporar de la buena manera al psicoanálisis en el saber chatarra. Lo que podemos decir es que
fue repitiendo algo que había hecho
muchas veces antes. Lacan estaba
siempre metido en la boca del lobo.
De hecho, lo buscaba siempre en su
madriguera sin otra arma que lo que
conseguía decir a medias, lo que sólo
puede ser dicha de esa forma, la verdad medio dicha con la que tenía contacto desde el sillón de analista.

La teoría psicoanalítica que es utilizable e incorporable al saber instituido, es paradójicamente la parte
más ajena al discurso del psicoanálisis.

No fue a ganarse la popularidad
ante los estudiantes rebeldes de fines
de los sesentas.

Así pues, para avanzar en el intento de respuesta al título de mi in-

Fue a provocar; no a las autoridades, sino a la verdad. Fue a buscarla
31

�ÁNGEL SALVADOR

Thomas Rosenlocher
en el lugar en donde es más posible
que se asome, en donde era más factible que aún no estuviera liquidada,
pues es precisamente en donde domestican a los sujetos en donde justamente puede emerger un goce por saber lo que se les enseña, una cierta
pasión por la ignorancia.
No se trata de elevar a Lacan a la
estatura de héroe. No se trata de eso
porque no creo que Lacan haya estado en esos sitios por ser una especie
de mártir de la verdad; para eso hubiera tenido que creer que él la poseía
y en tal caso no habría tenido que ir a
provocarla. Más bien estaba allí porque estaba tomado, inserto, en un discurso diferente al del amo, al de la
ciencia, al de la universidad. Estaba
tomado, incluido en el discurso del
psicoanálisis, que no es sino el envés,
la cara opuesta, del discurso del amo,
en lo que se refiere a la verdad.
Ese es el lugar del discurso psicoanalítico en la cultura. Un lugar incóm0&lt;;lo, que no tiene valor ni cabe
bien en ningún lado y que sin embargo, por más que.se le considere tontería, por más que se le quiera expulsar
del parloteo cotidiano que nos ynvuelve a todos, allí sigue, siempre
molestando, a manera de recordador
inoportuno de lo que aparece sin querer; seduciendo también, por qué no,

mediante frases medio inteligibles
que perturban y fascinan, igual que la
verdad que a todos nos habita.

Versión de Miguel Covarrubias

Es el más pequeño entre todos los_ángeles,
ysu mismo canto apenas un hilo muy fino.
Mas reprueba una asignatura llamada Humildad.

Lacan fue pues a Vincennes por
la misma sinrazón por la que ahora,
usted y yo, nos encontramos aquí.

Laborioso vuela, arriba y abajo, junto a las abejas,
mientras un repicar de campanas nieva intensamente a través de las ramas.
Ypor ello su vestido será blanco como la flor del cerezo.

Bibliograf'1a
Antología del diplomado en modernización sociocultural, Racso y FFyL,
UANL, 1993.

Freud, S., Obras completas, 3a. ed. Biblioteca nueva, Madrid, 1973.
Lacan, J., Escritos I y
XXl, México, 1987.

2, 14a.

Lacan, J., El seminario No.
Barcelona, 1992.

ed., Siglos

17,

Paidós,

Yresplandece en so largo camino
através del laberinto de tenebrosos sistemas
que, por esa gracia absoluta
atónitos, desenmarañan y susurran paz, paz.
Rettender Engel
Er ist der kleinste unter ali en Engeln
und selbst sein Singen ist nur wie ein Strich.
Doch im Fach Demut hat er eine Fünf.

Nietzsche, F., Así habló :laratustra,
Alianza editorial, Madrid, 1985.

Fliegt mit den Bienen emsig auf und nieder,
wenn Glockenlauten streng durch Aste schneit.

Picó, J., (comp.), Modernidad y postmodemidad, Alianza editorial, México,

Und davon wird sein Kleid kirschblütenweip.

1990.

Porge, E., La division du sujet et le retour
de la verité, Revue du Littoral, No. 36,
EPEL, París, 1992.

Und leuchtet vor auf seinem langen Weg
durchs Labyrinth der finsteren Systeme,

die sich, von soviel Anmut rettungslos
verwirrt, entwirrn, und Friede, Friede flüstern.

�EL CONCEPTO DE ARTE EN LA
ÉPOCA PREHISPÁNICA
ALGUNAS CONSIDERACIONES

Jorge Marroquín Narváez
Comprender el término arte es difícil
para el común de la gente. Está sujeto
a diferentes interpretaciones y está
muy influido por el punto de vista de
los estudiosos. En la época actual y
en México en particular, el arte es interpretado desde la concepción de
nuestra cultura occidental y de acuerdo con los lineamientos del concepto
de arte que se acuñó desde la época
del comercio en Europa en el inicio
del renacimiento. Sin embargo, insertar el concepto de arte en las culturas
prehispánicas es todavía más difícil,
incluso para los mismos mexicanos,
realmente queda a merced de quienes
estudian estas culturas mesoamericanas.
Samuel Ramos como prologuista
del libro Coatlicue, estética del arte indígena antiguo, nos dice que su autor,
Justino Femández, efectúa en este trabajo una interpretación muy personal
acerca de su concepto de la estética y
se atiene a su propia experiencia artística (1954: 8). De este modo, el público
actual que está expuesto a obras del pasado indígena de México, está juzgando esa estética de acuerdo a lo que los
estudiosos dicen que es el arte y lo que
no lo es en el mundo prehispánico, el
cual ha sido apenas explotado desde
mediados del siglo XVIII, pero sólo se
comienza a valorar el elemento artístico-estético tiempo después.

2

34

Además de esto, tanto los estudiosos como el público en general, anteponen su propia concepción y gusto
acerca de lo que ven en estos objetos
de nuestra antigüedad indígena. En
México la mayoría de la población
posee la estética establecida por los
españoles a su llegada a México, con
una visión muy religiosa, de un catolicismo muy acendrado que se manifiesta incluso todavía hoy en día en
ciertos grupos religiosos.
De ahí el poco interés que despierta el estudio de las culturas prehispánicas, así como el estudio de lo
que es considerado arte en ellas. El
entendimiento que se posee de estas
culturas es muy lejano a nuestra realidad, pues nuestro pasado está más influido por las culturas españolas, judía, romana, griega o árabe y muy
poco del pasado precortesiano.
A este respecto, solamente los actuales grupos indígenas que aún conservan tradiciones, costumbres e idiomas,
pueden comprender y valorar un poco
más el pasado mesoamericano de sus
antecesores. En este caso, y como ejemplo de una actividad que hoy se considera como algo artístico de esa época,
está el arte «plumario», que por el tipo
de material y el poco interés que tenía
después de la conquista española, se
perdió por completo (Victoria, 1988: X).

Los objetos artísticos de diferentes

partes del mundo que son ajenos a
nuestra idiosincrasia mexicana, e incluso los de las culturas prehispánicas, son
valorados de acuerdo a la definición siguiente: «La única razón de llamar arte
a cosas muy heterogéneas, proceden de
muy diversas épocas y países, es que
entre diversos hombres, lugares y tiempos desempeñan la misma función espiritual» (prólogo de Samuel Ramos en
Femández, 1954: 10).
Por otro lado, existen las fuentes
que proporcionan algún dato en relación a lo que puede considerarse como algo de valor estético-artístico,
estas fuentes históricas pueden ser
desde los impresos, documentos y
monumentos que nos ayudan a interpretar históricamente objetos. Aunado a esto, la emoción es otra «explicación» del receptor ante cualquier
manifestación de este tipo elaborado
por el ser humano. Si mueve esa
emoción, puede considerarse como
algo artístico (Santos; 1996).
Existen también las diferentes interpretaciones acerca de los objetos
encontrados en tumbas, pirámides o
simplemente enterradas, como en el
caso de una escultura de piedra procedente de Xochicalco con tres orificios y que Westheim dice que es una
cabeza de hombre (1950: 66) y por otra

parte, otros autores dicen que no es
cabeza de hombre sino de un pájaro,
pero lo realmente interesante es el
objeto como algo artístico, independientemente de lo que se quiso
representar o lo que significaba.
Por otra parte, los autores mexicanos que escriben acerca de estas culturas mesoamericanas, por ese «amor» a
la patria y a fu suelo, invariablemente
expresan todas las bondades y bellezas
de nuestro pasado indígena y colonial,
(dependiendo de quién sea el que lo hace). Por ejemplo, José Juan Tablada, en
su libro Historia del arte en México, comienza su trabajo ensalzando precisamente ese gran aprecio hacia el país:
«Si hay algo por qué sentirse orgulloso
de ser mexicano es, sin duda, por pertenecer a un país cuyos habitantes han tenido siempre acendrado amor por la belleza y singular facultad para sentirla y
expresarla plásticamente» (1927: 7). Lo
cual es una apreciación muy discutible
y muy personal.
A este respecto, las interpretaciones personales acerca de los gustos y
preferencias también tienen una injerencia decisiva en la apreciación del
arte hacia lo bello y más cuando se
trata de apreciar objetos artísticos de
una cultura bastante similar a la nuestra como la española con todas sus
características.

Por otro lado, es bueno señalar
que conforme pasa el tiempo, los
conceptos y las terminologías van
cambiando, pues este mismo autor
menciona que los teotihuacanos eran
«prehistóricos», -apreciación bastante falsa, a menos que se trate de un
error de los editores del libro-. Tablada vivió a principios de siglo, y nombra a ciertos edificios -supongo que
de la ciudad de México- como modernos y fueron construidos a principios de siglo (1927: 7). Todo depende
del cristal con que se mire la situación geográfica, la época y su contexto socio-histórico-cultural. Tablada
con sus apreciaciones muy personales
asegura lo siguiente:
México entre todas las naciones del
continente, es la única que tiene una
gran tradición artística, indígena, colonial y moderna y principiamos a saber que la cultura que poseemos desde Netzahualcoyotl, es creadora y
productiva, superior a cierta civilización que puede faltamos, pero que en
todo caso no es sino reproductiva
(1927: 8-9).

Sin embargo, el concepto de arte
para cada persona es aplicado realmente cuando alguna obra produce
una emoción, un sentimiento especial, además «hay que olvidar por un
momento la pregunta de qué es y qué

no es arte, sólo el tiempo es el que lo
dirá» (Santos: 1996).
Por otro lado, hay que decir que el
arte mexicano se comenzó a estudiar
hace aproximadamente cien años y
como disciplina independiente y muy
joven en relación con la literatura o la
filosofía (Victoria, 1988: X-XI).
De esta forma, el arte de la época
prehispánica, hoy la interpretamos
como tal, las características que vemos en ellas son singulares y muchos
estudiosos y personas no involucradas con esta disciplina lo ven como
obras realmente artísticas, y en muchas ocasiones han sido copiadas sus
líneas y formas para crear obras actuales y altamente valoradas como las
esculturas de Moore, y que alguna de
ellas se parece al Chac mol.
Por sus características ffsicas e históricas, los objetos de arte de las culturas prehispánicas, son bastante valoradas por mucha gente. Eulalia Guzmán,
detalla y desglosa estas características
del arte antiguo mexicano, mismas que
configuran su esencia.
Los elementos principales de las
obras precortesianas, según Guzmán,
son básicamente lo mágico y el sentido religioso. Además de que todas
poseen las mismas líneas fundamen35

�tales en la arquitectura como lo fuera
el Xicalcoliuhqui, que es la greca
usada desde Casas Grandes en Chihuahua hasta el estado de Chiapas.
Las construcciones son piramidales,
lo cual implica una misma concepción del mundo entre los pueblos de
la América antigua, los cuales poseían un mismo sentido religioso y
todas las obra~ producen la impresión
de solemnidad, de grandeza y a la vez
de misterio (Guzmán, 1988: 1-2).
Continuando con el estudio de
Guzmán·, ella clasifica lo esencial de
la línea artística de estas antiguas culturas de la siguiente forma:
111 11111

111

- ritmo acentuado y repetición de
motivos
-estilización
-carácter decorativo u ornamental
-simbolismo
- sentido religioso (1988: 2).

i

Otro elemento importante es el
sentido de la muerte en estas culturas
y que la tenemos presente en la escultura como en las estelas o en la pintura. Las tumbas también encierran mucha información en donde se puede
apreciar el sentido de la belleza al
arreglar estas tumbas, además de la
extracción de valiosa información
histórica (Santos, 1996). Otro elemento es la representación de animales y

2
36

de la flora: pintaban jaguares, serpientes, conejos y utilizaban principalmente el oro para elaborar objetos
artísticos.
De acuerdo con lo anterior, se
puede decir que se consideran objetos
artísticos todos los que encajan en
esas clasificaciones, lo que como vimos anteriormente, acarrea problemas a la hora de identificar algún objeto, por lo que existen autores que
ponen en tela de duda el hecho de
que exista el arte en las culturas prehispánicas como lo sería el caso de E.
O'Gorrnan cuando escribe El arte o
de la monstruosidad, en donde se
preguntaban cuestiones como: ¿los
aztecas tomaban a la Coatlicue, como
un objeto de arte? o, ¿tenían conciencia del arte? O'Gorman dice que es
arriesgado hablar de la existencia de
arte maya, azteca o tarasco cuando
sólo se toma en cuenta la «pura contemplación» de la obra (Prólogo de
Ramos en Fernández, 1954: 11).
De esta manera, podemos constatar
que hablar de arte es complicado, esta
palabra tan pequeña, nos crea conflicto
a la hora de clasificar, por lo que es
francamente ambigua en muchos aspectos, sobre todo de aquellas áreas en las
que nos vemos imposibilitados de interpretar todo lo que es desconocido y diferente. Las definiciones de arte son

muchas, sin embargo, la apreciación estética hacia un objeto puede ser para
unos de repulsión y para otros de atracción. Por ello, el concepto de arte es ante todo una definición esencialmente
personal.

Bibliografía
Fernández, Justino (1954). Coatlicue, estética del arte indígena antiguo. Editorial Imprenta Universitaria.
México.
Guzmán, Eulalia (1988). «Caracteres esenciales de arte antiguo mexicano; su sentido fundamental» , en Victoria, José Guadalupe (1988). Historia del arte, una aproximación al arte
mexicano. Universidad Nacional Autónoma de México. Editorial Porrúa.
México.
Santos, Francisco (1996). Cátedra
impartida en la asignatura Historia
del arte en México, dentro del Décimo Curso de Verano sobre el México
Contemporáneo del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de
México. Fechas: 5, 10 y 17 de julio de
1996.

Tablada, José Juan (1927). Historia de arte en México. Compañía Na-

,,.

cional Editora «Águilas», S.A. México.
Victoria, José Guadalupe ( 1988).
Historia del arte, una aproximación
al ar(e mexicano. Universidad Nacional Autónoma de México. Editorial
Pon-úa. México.
Westheim, Paul (1950). Arte antiguo de México. Fondo de Cultura
Económica. México.

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-·

••

J,

�ÁGUEDA O DE LA PINTURA

RESCOLDO
Aunque es indiscutible el poder
que tiene el tiempo para convertir
en ceniza cualquier página,
es el hombre quien fuera llamado
a descubrir una y otra vez
el rescoldo: guiño luminoso que nos dirige
nuestro semejante desde el ayer.
Raúl Rangel Frías, máxima figura
universitaria y política de Nuevo León,
disfrutaba conviviendo con los jóvenes
talentos de la pintura, los escenarios,
las letras y el pensamiento.
Por eso aceptaba de buen grado
aquellas invitaciones que le permitían
hacer lo que él podía hacer
a la perfección:
disertar sobre asuntos propios
de la filosofía o las artes.
1

1

Al leer las siguientes páginas
inéditas, comprenderemos por qué
Rangel Frías fue considerado,
en todo momento, un notable orador.
(Águeda Lozano, pintora surgida
del Taller de Artes Plásticas
de la Universidad Autónoma
de Nuevo León
durante la década de los sesenta,
vive y trabaja actualmente
en París.)
2

Raúl Rangel Frías
¿Cómo fue que perdió su inocencia la
pintura? Sería tal vez el tema de una
conversación más amplia y sabia de
la que yo puedo brindar. Lo cierto es
que la pintura existe antes, pero mucho antes que a nadie se le hubiera
ocurrido hacer arte con ella. Y a esto
es a lo que se debe llamar el estado
de inocencia de la pintura. Tal vez algunos recuerden ejemplos de la historia del arte tan'"antiguos como las pinturas de la cueva de Altamira en España. Pero muy cerca, más que esas
figuras, tenemos otras que podemos y
debemos señalar: la pintura naciente
de nuestro propio territorio, fuente de
experiencias a nuestro entendimiento
y más próximas por tanto para servir
como ejemplo de lo que yo quiero decir.
Cuenta el Primer Cronista del
Reyno y otros en seguimiento suyo,
que nuestros antepasados indígenas
fueron seres felices, crueles y hambrientos que vagaban por las regiones
hoy conocidas y entonces recién llamadas del Nuevo Reyno de León.
Practicaron costumbres que les parecen a sus aparentes contemporáneos,
castellanos y portugueses, horribles
artes del demonio, pero que no eran
sino directa inspiración de su estado
de naturaleza, en cierto modo tan puro e inocente como la pintura a la que
me voy a referir más adelante.

Estos seres extraños se untaban el
cuerpo -dicen los cronistas- usando
en ello sebo de venado y unos pequeños dientes, algo así como peines hechos de la espina dorsa\ de ciertos peces: se practicaban largas incisiones o
ranuras en la piel donde colocaban
piedra o carbón molido para teñirse
de negro o rojo, sobre lo cual dibujaban serpientes, sapos y otros animales de la naturaleza.
La pintura fue entonces una fórmula mágica, muy seguramente, pese
a que los historiadores apenas si lo
hayan señalado. Aquellos habitantes
practicaban una antiquísima religión
del hombre sobre la tierra, consistente en la adoración del sol y en la comunicación con las fuerzas cósmicas.
Algunos de éstos fueron llamados
"rayados", otros "borrados" o "pelones", y simulaban verdaderos cuadros
modernistas, pintarrajeados de una
manera que no entendía el europeo
del Renacimiento: dichosa edad que
florecía en Italia con la alta y más noble de la pintura de los siglos.
Estos hombres probablemente recreaban lejanas prácticas religiosas
que simulando jaguares o pumas
americanos por sus manchas y aspecto feroz, exorcizaban y conjuraban
elementos de la naturaleza. Probablemente son las primeras imágenes

del arte y éstas las más originales
pinturas de la tierra. Fue en esta tierra como en otras partes del mundo.
La pintura comenzó por ser magia, comunicación o participación de
las fuerzas de la naturaleza. Y mucho
tiempo más tarde, desprendida de esa
fe cósmica, inició el camino que vino
a parar en nuestros días: arte abstracto y deshumanizado. Un camino de
abstracción que continúa haciéndose
desde las ¡ximarias invocaciones a las
fuerzas mágicas, que se realizó también en las cuevas de Altamira. Reproduce los esquemas del bisonte, el
ciervo, el caballo y la cabra, con lo
que se pretendía fabricar por intermedio de la imagen, el objeto real. El
diseño separa o aísla el primer elemento formal, el contorno de su interna materialidad, la cual sustituye o
conjura el color y la forma.
El camino de la representación
fue otro camino de la inteligencia. Y
si ya podemos añorar para nuestra vida la pura magia -esa técnica de resultados-, concedemos luego nuestra
adhesión al éxtasis de la violencia y
la sangre, fuente de la representación
estética. Debemos reconocer que fue
a través de la magia y de sus desprendimientos que el hombre sustrajo los
elementos de la forma, del movimiento y del espacio. Y construyó

�por otra vía sus culturas, otras como
la de hoy. que estimamos de mayor
calidad intelectual, pero que es una
suposición más entre las muchas suposiciones que puedan presentarse a
la duda contemporánea.
La representación que usó la pintura en figuras o formas, fue camino
de la escritura. Primero, criptográfica, después ideográfica y finalmente
fonética como es hoy. Por mucho
tiempo hemos dependido del oído
para el saber, tanto como de la vista.
Incluso filósofos antiguos consideraron más importante oír que ver, pero
en la síntesis de ambos es como se
efectúa la configuración y el perfil
del signo.
1 1

1

1 t 11111 1

111 1

El dibujo fue una abstracción del
color. y el cuadro fue una nueva abstracción donde el espacio significó un
recurso de líneas matrices para colocar figuras , situar lo visible en el
marco y dar al conjunto la distancia y
el ritmo adecuados. Con lo que se llega a otra época y su preferencia por
el arte de perspectiva. Edad correspondiente de un modo general a la civilización occidental (del XVI al pasado siglo XIX), que una vez alcanzada
su final etapa, abrió la otra vía ya más
reciente de nuestra historia, significada por la crítica y el cambio o sus innovaciones.
2

40

No bastó el principio del color
que tenía el cuerpo (aunque subsiste
hoy esta práctica en damas tan exquisitas y amables como las presentes en
la sala; no bastó el dibujo para mantener atenta la mirada del hombre al
objeto de su deseo, y el amor de su
espíritu por discernir el dibujo y el
color). Fue preciso recurrir a la dimensión del espacio interior de los
claros.
Si uno contempla láminas de pintores anteriores al Renacimiento italiano (alguno representante de esos
siglos), cree ver o le parecen sus figuras cual imágenes de iluminar libros
religiosos. Cuando esto sucede conocernos ya un arte de perspectivas: la
historia ha arribado al Renacimiento.
Simple y llanamente el hombre que
pinta quiere abandonar el libro para
echarse a andar enmedio de la geografía. Y más que del ojo creador de
la fonna, brota una nueva perspectiva: su mirada se tiende hacia adelante
y es llevada por brazos y piernas de
viajeros o transeúntes de tierra y más
exige el movimiento del espacio y la
necesaria articulación de la vida. Tal
modo expresará emociones antes desconocidas, paisajes y acciones, en
sustitución de estancias inmóviles.
La historia del Renacimiento tiene su más colosal aunque no siempre

su más fina expresión en la obra de
Miguel Ángel, atleta o genio de pies
a cabeza. Y la obra de sus manos está
más viva en escenas narrativas como
las de la Capilla Sixtina, puro teatro o
novela del mundo. La cultura humana
ha vivido estas sucesivas etapas sin
romper del todo con su pasado, la de
cada vez y otras. Nunca ha borrado
definitivamente las etapas anteriores.
De una se edifican o nutren las otras
pero también a veces hay reflorecímientos de las copas más antiguas. A
nada hemos querido renunciar.
A la historia de la pintura veneciana se le atribuye aquel glorioso desequilibrio del color sobre el dibujo y
su exaltada magia del amor a las veleidades del cuerpo humano. Este color fue por largo tiempo elemento
mágico y en ciertos casos se reduce a
los adjetivos; del dibujo fue recurso y
la decoración espacio total del cuadro. El dominio del campo abierto
dio en el Renacimiento una de sus
notas más significativas -pero no la
única ni la exclusiva- de la pintura
hecha para mirar exteriores, como
teatro y arte de colocar figuras en un
escenario o ver moverse en discursos
el habla de hermosas frases. La "Escuela de Atenas" es prácticamente la
representación de una obra teatral en
donde se ofrecen seres verdaderos en
escena frente al espectador: la visión

y síntesis de la filosofía en imágenes
como ideas.
Al llegar aquí se preguntarán ustedes: ¿cuándo trataremos de la obra
de esta sensitiva pintora, amable amiga, que se llama Águeda Lozano?
Ante una exposición como ésta,
parte de nosotros (y todos somos nosotros) nos serftimos excitados diversamente. La historia de nuestra formación incluye la historia de cierta
humanidad en nuestro inconsciente,
lo que nos obliga a repetir rutinas
mentales con las cuales abordamos
los fenómenos nuevos de la vida. Una
de éstas consiste en vaciar a los cuadros de cosas representativas y lenguajes de gratas lecciones o de moral
pública. Es por ello, y por otras obvias razones, que mis palabras son
tan sólo un prólogo de desilusión para quienes consideran la pintura de
los jóvenes artistas regiomontanos
una prolongación de los cuadros o de
la pintura del siglo XJX.
La pintura del mundo no es exaclamente ese ente cosificado que tiene
por modelo un antiguo arte. En buena
hora el recreo con las más esplendorosas obras del espíritu, pero es otro
sentir de esa expectativa un logro absoluto. De todos modos, como la pintura es más antigua que el arte y co-

mo el arte está ligado al fondo emocional y cósmico, venir a una exposición renueva la sensación de que acudimos al fenómeno de más excepcional originalidad.
Aquí es saber cómo habla Águeda, no si reproduce la temática de los
cuadros del Renacimiento o de la pintura española o lo que sería más próximo, de los maestros mexicanos.
Procedente de tierras alejadas de México, pero del mismo norte contiguo
al nuestro, Águeda vive en Monterrey
y hace pintura por liberar, expresar o
consagrar un arte en cierta manera
representativo, que actúa con espíritu
personal: mundo cerrado de ella misma y su proyecto de pintura.
No confundamos pasar por la ga!ería en espera de tal o cual cuadro
con la calificación del valor que nos
diga algo muy personal. No. Vamos
por el bosque y paseamos bajo los árboles en los senderos del mundo vegetal, mirando una y mil veces la
misma forma bajo el fulgor cambiante y la ennoblecida visión de la graciosa reiteración de un encanto formal.
Yo he contemplado con entusiasmo, parte con admiración y asombro,
estos cuadros y no fuera mucho decir
que me traen una confesión como del

poema que va escribiendo la vida:
son páginas de infancia y hechos de
distante adolescencia con cierto valor
y presencias mágicas de la fuerza o la
violencia de la onda cósmica. El color va aqµí y allá directamente a unirse con la intensidad del sentido y a
expresar algo del enigma universal de
los seres primarios, los arquetipos del
inconsciente. Es el rojo simple una
florescencia de la sangre, ofrenda y
clamor. Pero el negro sigue siendo,
una vez más, el oscuro tránsito, la
maternidad. El ocre empieza a ser inteligencia y es siempre el tono de la
esperanza y la resurrección.
Hay por allí un cuadro que es
conmovedor. Representa la casa paterna en donde figura una gran mesa
con vistas de máquinas computadoras: la precisión cruel a que asoma el
mundo moderno. Pintado en oro, califica de rasgo femenino en una naturaleza que se sitúa contra la realidad,
donde anda perdida la poesía y la gloria de la vida aún rescatable por la
magia del color. Es cierto que en alguna ocasión contrastan los rojos y
los negros para poner de manifiesto
la guerra y la muerte, como señales
presentes de la humanidad; pero de
una manera tan gentil, tan delicada,
como es transparente a pesar suyo
una persona que no quiere ocultar su
condición femenina, su misión de
41

�PARA RECORDAR A DON ALFREDO

Miguel Covarrubias
madre o de mujer amorosa, simplemente.
Esperanzas con mensaje de tiempos marcados en un reloj de minutos
intemporales. Parece juguete y tiene
forma de astro en un mundo muerto.
Paradoja y esencia en que pertenecemos a éste y al otro mundo encantado. visión de la mujer y de las hadas.
A pesar de los oscuros pozos, a pesar
de esas formas de matrices por engendrar o que tienen guardadas todavía el germen del mundo, hay también huellas de las plantas de un niño
o de un hombre que camina por la
playa. Es un mensaje de poeta y pintor, unidos en una íntima expresión
de belleza. La pintura de hoy trata de
igualar la música más que la escultura. Y siendo una, se asemeja en el recuerdo a la pintura de las paredes de
Altamira. Tamayos retrasados.

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2

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1

Sello este día mis palabras para
nuestra joven pintora de Monterrey,
que es nacida de una tierra que habitan la mitología y los juegos mágicos
de la luz. Es de la nueva generación
de romeros y juglares que aniquila el
tiempo interior. El mundo está vivo.
No obstante estar lleno de engranes,
de piedras, de palancas, de poleas y
tu.ercas. Pero todavía hay mujeres en
el mundo, todavía hay amor en el
mundo. Por esto he venido a dar testi-

4

42

monio del alma que empuja en la
fronda las voces del espíritu y de la
vida. Las imágenes y las palabras.
Muchas gracias.

Monterrey, a 16 de agosto de 1976.

11

Al maestro Alfredo Gracia Vicente
lo conocí muchos años atrás. Justamente un poco antes de que se volviera una leyenda viva, un pilar genuino de la buena sociedad regiomontana (así, sin comillas), cimiento de esa sociedad que aún no termina por recQnocerse asumiendo su
ambigüedad hecha de.enormes fealdades y bellezas pequeñas. ¿Y dónde trabamos esa primera reunión?
Sucedió en la también legendaria
Librería Cosmos de la calle de Padre Mier, entre Escobedo y Parás, a
un lado de lo que ahora es un banco
no de ideas e imágenes como el que
regenteaba don Alfredo, sino de todas esas cosas que nos hacen la vida tan elemental, tan machacona,
tan sin gracia. Pues bien, me inicié
en esa admiración que en mí fue un
poco a regañadientes. Su doble
condición de empresario (o de comerciante en libros si así lo prefieren ustedes), y de hombre sabedor
de arte y de letras al mismo tiempo,
me nublaba el entendimiento y el
sentimiento. Don Alfredo -no era
su culpa, yo sólo cargaba con veinte años- aún no se convertía en el
hombre de prodigios que llegó a ser
en mi vida.

Y luego pasaron muchas, muchas cosas. Verbigracia: Pedro Garfias recoma los estantes de la l.ibrería tomando volúmenes de aquí y de allá, mirando páginas y rostros -¿mirando?,
sí, mirando- con aquellos sus ojos
descarriados. Una tarde, don Alfredo
le presentó a un animoso tundemáquinas: "Pedro, te presento al poeta
más malo del mundo; fíjate bien, no
exagero, es el poeta más malo del
mundo". Con esta escena viva en mi
memoria -el gesto mitad-risueño-mitad-angustiado del escritor de ~uyo
nombre no quiero hacerme responsable ahora- pienso que desvirtuamos
la imagen de don Alfredo como blando crítico, blandísimo, puro corazón.
Aunque quizá el maestro le estaba
gastando una broma un poco pesada
al plumífero que, siendo lo que era,
no esperaba oír sino aplausos y más
aplausos; quería obtener, por qué no,
el reconocimiento del autor de Primavera en Eaton Hastings gracias a
interpósita persona. Pero ese día don
Alfredo aguzaba su buen humor
-viéndolo bien, eso era, eso creo- y
un iluso más, habitante del planeta de
las vanidades literarias, recibía una
calificación hiperbólica. De más está
decir que el poeta -voz como de río
cargado de piedras- volteaba a mirar

una y otra vez al ejemplar así vituperado con tanta largueza. Todos obtuvimos algo positivo de aquella escena. Yo, por ejemplo, me repetía que
don Alfredo Gracia había hecho un
voto parecido al de los graduados en
artes marciales: su fuerza intelectual.
sus conocimientos jamás los pondría
al servicio de la pedantería -favoritos
de las musas, absténganse. La suya
era una voz franciscana, amiga de la
cordialidad ecuménica, infatigable y
casi inacabable. Sin embargo ...

m
El maestro Gracia llegó a ser el insustituible guía de los muy jóvenes y de
los menos jóvenes. Parapetado siempre tras sus amados libros -en la Cosmos o en Arte y Libros de la calle de
Zu_azua, frente al Palacio Federal-,
comentaba, aconsejaba, prestaba sus
joyas forjadas con papel y tinta. Algunos incluso lo siguieron hasta su
domicilio. Allí recibía a todos los sedientos de consejos o simple información. No se escatimaba ni se protegía... Alguno llegó a tildarlo de
"ajonjolí de todos los moles". Y era
cierto. Pero es que todos sus allegados disfrutamos con deleite esa etapa
fructífera y bondadosa del profesor a
la vieja usanza. Su verbo paternal era
prácticamente inagotable... Eso lo

�1

distinguía de sus colegas. Liberado
de las transacciones comerciales, permisos, altas y bajas de personal, aranceles, publicidades y pedidos de mercancía, el profesor Gracia pudo convertirse en nuestro Diógenes -lámpara en mano buscaba a un artista, a un
hombre-artista- y también en nuestro
Sócrates: escudriñaba en todas las
sensibilidadQ&amp; para que floreciera el
poeta que todos llevamos dentro ~ro
al que no sabemos aplicarle sino morfina y antibióticos. Por cierto, todas
sus cosas las decía con suavidad, sin
alterarse y sin pennitir que sus oyentes se desbarrancaran a impulsos de
cinismos, apatías, prepotencias o desilusiones.

1

Nuestros encuentros fueron cada
vez más frecuentes, y más dentro del
espectro que don Alfredo mejor dominaba. Llegué a sentanne a su vera
en los estrados -no lo podía creer al
principio- donde su palabra iluminaba este o aquel pasaje literario, este o
aquel paisaje plástico. Y aprendí.
Aprendí de quien siempre, siempre
lograba encontrar al menos una perla
y una flor en quien fuera ... Jamás llegó ante sus congéneres con las manos
vacías y jamás dijo palabras vacías.
Unas y otras eran la misma cosa. Sus
conocimientos y su generosidad lo
volvieron un patricio de la cultura.
44

Tras la buena voluntad y el estudio
emergió la sabiduría. La vejez de don
Alfredo Gracia se tiñó de esencia y
cordialidad. Y fue por eso, ya para
siempre, el patriarca d_e los regiomontanos que no querían codearse nunca
más con ignorancias, insensibilidades
y torceduras del espíritu.
IV
Inclusive llegué a escribirle un recado a Carmen Alardín -para aclarar
paradas. Es que habíamos estado platicando acerca de una ceremonia, una
lectura, algo, queríamos organi~ algo ... Ese año se cumplirían veinte del
fallecimiento del poeta hispano-regiomontano Pedro Garfias y había
que hacer algo. Nos pusimos intranquilos porque la fecha se nos venía
encima y no lográbamos reunir ni a
los lectores y comentaristas, ni a los
patrocinadores de rigor. Agosto de
1987, y anda-vete de conciliábulo...
Al fin, la Facultad de Filosofía y Letras nos tendió la mano y en ella encontramos un auditorio y un público
ad hoc, más unas invitaciones -dignas, severas- diseñadas por nosotros
mismos... Llegó septiembre y con él
los estudiantes y maestros universitarios tan indispensables para la rememoración que se nos había impuesto
como una empresa de honor.

La mesa estaba compuesta por
hombres de letras y artistas que habían conocido a Garfias en vida: el licenciado Raúl Rangel Frías y el profesor Gracia Vicente -dos de los más
conocidos mecenas del poeta; Ernesto Rangel Domene y Carmen Alardín; el actor Rubén González Garza y
un servidor. La velada corrió por los
cauces previstos. Elocuencia de Rangel Frías, amenidad y simpatía de don
Alfredo, vehemencia y rememoración
de Ernesto, habilidad y gracia de Carmen, sensibilidad en la lectura de Rubén, palabras contenidas de quien
cuenta esta peculiar historia. Nos tomaron fotografías a todos los participantes: solos, en parejas, en corrillos,
una panorámica... Pero hubo un detalle especial en todo aquel despliegue
de recuerdos y valoraciones literarias.
Don Alfredo enarboló esa noche una
revista, gruesa como un libro, dedicada enteramente a nuestro querido homenajeado: él siempre se sacaba de la
manga un as inédito -era una de sus
especialidades.
El maestro Gracia en ese tiempo
ya no salía de su casa por las noches,
y menos sin compañía. La única condición para que pudiéramos contar
con él: recogerlo a las puertas de su
hogar y regresarlo al mismo. Así fue
esa ocasión. Llegué temprano por él,

y al término del acto ineludible me
regresé a la Guayana Inglesa para que
el maestro pudiera atender a doña
Luisa, su mujer, y enseguida descansar merecidamente. Pero antes de
despedirme, ratificamos el pacto. Yo
me quedaba con el ejemplar de la revista para sacarle algo así como diez
copias. Todos los de la mesa de esa
noche querían una y yo, mentalmente
y sin preámbulos, me estaba comprometiendo ya con un trío de camaradas
garfianos que con toda seguridad me
la habrían de solicitar. [...]
V

[... ] Una tarde llegó hasta mi domicilio con un enorme camión lleno de
cámaras y micrófonos, cables y luces,
varios asistentes y un agudo cuestionario. Tan complacido quedé con el
resultado de aquel Diálogos con Las
Bellas Artes conducido por el maestro (hacia, que asistí a las oficinas
del canal televisivo a pedirles una copia para mi consumo personal. Un
poco más tarde se me ocurrió grabar
sólo el diálogo para de allí obtener
una transcripción mecanográfica.
Esos papeles, más las palabras que en
otro momento escribiera don Alfredo
para involucrarme en otra de sus producciones (Recinto literario Alfonso
Reyes en Arte, A.C.), me sirvieron pa-

ra incluir al maestro en mi libro de
conversaciones intitulado Junto a una
taza de café.
Y hubo muchas cosas más para
paladear. Trabajamos juntos en una
escuela de artes; le pude regalar un
hermoso ejemplar de los Trece poetas
del mundo azteca de León-Portilla
mientras él me obsequiaba sus apuntes de teoría del arte; en su casa a Silvia y a mí nos entregó ciertas confidencias sobre la vida íntima de Pedro
Garfias... Su afecto nos era cada vez
más grato, hasta el punto de sentirnos
culpables por no haberlo podido
acompañar en su cumpleaños número
85, cuando un centro escolar se los
festejó en debida forma. Pero el divino azar nos otorgó una nueva oportunidad, y así fue como pudimos darle
a nuestra conciencia una buena satisfacción. Y lo mejor de todo: don Alfredo pudo oír las palabras que traducían nuestros sentimientos.

VI
La invitación me la turnó el novelista
Hugo Valdés. En el municipio de Escobedo se estaba fraguando una ceremonia solemne para homenajear a
don Alfredo. Sin embargo, serían
amigos y artistas cercanos al maestro
los que llevarían el peso del acto: los

pintores Gerardo Cantú y Armando
López (en ausencia de éste, fue el
propio Hugo quien leyó sus palabras). Esa mañana escuchamos, además, una semblanza biográfica que a
todos nos impresionó, casi tanto como la charla que don Alfredo nos regalara como fin del acto. Entre el público, atrás de los funcionarios, un
batallón de jovencitos escapados de
alguna secundaria aledaña.
Pero antes de que hablara Gerardo
Cantú, me llamaron a mí primero. Pude
sobreponerme a la emoción del momento y expresé cuánto le debíamos a
don Alfredo por haber sido el librero y
el maestro que la ciudad requería tanto
-sin que lo supiéramos entonces. Por
ello, por haberse desempeñado tan vitalmente en esos oficios, don Alfredo
no fue o no quiso ser un escritor. Él, que
gozaba tanto la palabra escrita, era fundamentalmente un ser de palabras dichas. Su dicha -y la nuestra- descansaba en la palabra que se decía precisa y
sensualmente, como él sabía expresarla
¡Ah, cómo le gustaba decir versos diciéndolos bien!
Sin embargo, el maestro Gracia
Vicente llegó a publicar Tres poetas y De arte y de literatura, entre
otros opúsculos. Del último, leí esa
mañana algunos párrafos machadia45

�LA NOCHE ESTÁ LLENA DE AGUA

Irma Dávalos Pardo
LA PESCA
nos que eran, dado el caso, absolutamente oportunos. "Y si es necesario morir con aceptación, también
es necesario que vivamos con aceptación, considerando nuestra vida
como un goce, como un bien, como
una posibilidad de dicha permanente, como una obra que se ha confiado a nuestra propia responsabilidad, como 11n tiempo de belleza,

como un tiempo creador en que, si
fatalmente sufrimos mutaciones físicas y de todo orden, tenemos la
venturosa compensación de cambiar el mundo y la sociedad en beneficio del hombre, de nuestra especie. [... ] Crear nuestra vida es casi, casi, verle la cara a Dios."

VII

A don Alfredo ya no pudimos mirarlo sino en su ataúd de madera. Con
su rostro muy fino y gesto totalmente plácido, parecía invitamos una
vez más a ser hombres justos y buenos, gozadores de la vida que protege al arte y es amiga del amor y la
esperanza.

Llega. Se sienta. Sus ojos buscan
esperanzados otro lugar, pero los
huizaches, los nopales y el cielo
claro y liso se apelotonan en su cerebro como una plasta gruesa y
amorfa. ¿Acaso no había venido
buscando esto? Ahora que ve el canal y el paxtle encaramado en los
árboles recuerda las similitudes entre éste y su viaje anterior. Ambos
en diciembre y sin los preparativos
necesarios. Sólo que esta vez no
viene su padre y la pesca no se realizará en el canal, sino en ese estanque quieto y lodoso que lo asaltó por primera vez aquel domingo,
el día en el que Marisa lo dejó elegir el color de sus zapatos por primera vez.
Benjamín conoció Santa Rosa
diez años atrás. En aquella ocasión
se levantó temprano. El cielo estaba
oscuro tras los cerros y el naranja de
un sol imprudente anunciaba el mañana. Rocío bebía leche tierna del
seno de Marisa. Los ojos de Benjamín, negros y brillantes como los
del padre, miraban la boca de la hermana, envidioso, celoso de esa herencia fresca que Rocío recibía y
que él había probado sin poder robarla.
-Tengo hambre, mamá -mentía.

-Ahora voy -contestó Marisa,
volteando a ver a Pablo-. ¿Llevarás
al niño al futbol?
-Estoy cansado, mujer -masculló
el profesor.
Arrepentida de la pregunta, cuya
respuesta conocía de antemano, retiró a Rocío, la recostó y condujo suavemente a Benjamín hacia la cocina.
« Ya sé que está cansado -pensó Marisa-. ¿Cuándo no lo ha estádo?
Siempre. Trabaja, sí, más que lamayoría. Pero todo parece costarle tanto trabajo: levantarse, decidir qué
quiere de desayunar, elegir los cursos que dará cada semestre. Incluso
nuestro matrimonio le resultó también una alternativa angustiosa.»
Benjamín la observaba entre distraído y triste, mientras tomaba el vaso
de leche que unos instantes antes
ella depositara descuidadamente sobre alguno de los libros del profesor.
-¡Hijo! -gritó el profesor.
Aquella mañana también fue el
Pecas, era solamente un cachorro. Se
coló a la camioneta mientras el profesor amarraba la pequeña lancha a la
parrilla y el niño lo atraía con las galletas bañadas en leche. El perrito se
acercaba moviendo el rabo para olfatear los bocadillos de Benjamín. Ahora, mientras contempla los huizaches
1 el canal, sabe que no sólo no pudo
,ntenderlo, sino que ni siquiera quiso.

No tuvo el valor de sufrir. Fue simplemente el paseo, el disparo. Fue ante todo la traición, la enseñanza anticipada. Había regresado a su casa en
un camión pollero. El viejito que lo
llevó del canal a Santa Rosa y subió
con él al vehículo nunca pronunció
palabra. Optó por esa almohada de silencios que permite al otro poner la
cabeza y la incomprensión.
Cuando regresó, las nochebuenas
estaban todavía ahí, al igual que la
madre y la hermana. Los libros continuaban sobre la mesa y la leche
fría en el refrigerador. Toda la gente
opinó: los niños dijeron que al profesor Suárez se le había metido mucha agua del canal en la garganta; la
abuela secó sus manos en el delantal, las llevó contra las sienes y rezó
por el alma del muertito.
Mi mamá calló -pensó Benjamín-, yo me asomé a la caja y ya no
pude ver el hoyo por el que había
salido tanta sangre. ¿Te acuerdas
Pecas? Debe ser hermoso no tener
memoria tan larga. Quizá ya no reconocería el lugar. Pero es terrible
tragar esta leche de recuerdos. Se
trataba únicamente de elegir el negro o el café. Los zapatos eran tan
iguales. ¿Cómo volverás? Es bueno
no tener un hijo que te regrese a la
casa, donde algún día Rocío alimentará a su hija y un sol anaranjado se
siga encontrando, cada mañana, cara
a cara con la noche.

47

�ERNESTINA Y EL PF~IÓDICO
I

Hoy también rechina la mecedora. El
ruido monótono, absurdo y triste, no
se asoma en el espejo. El resplandor
de las luces silenciosas de la calle esculpe en la lisa y fría superficie la figura azul de contornos suaves, difuminados en el '"vaivén. El ir y venir en
los huesos y en la sangre, en la cabeza y en los ojos, manándole y cayéndole, su savia y su veneno. A un lado
lejano: la habitación oscura, el olor a
papel quemado, el calendario señalando el diez de marzo, la viejecita
sonrosada y enérgica espiada por
otros ojos.
Javier la conoció diez años atrás.
Era ya una anciana, de ésas que parecen no haberse encontrado jamás en
alguna otra edad. El pelo se adhería
con una paciencia de siglos al cráneo,
pero dejaba escapar, en aureola alrededor de la cara, los cabellos más pequeños. Innumerables arrugas y unos
ojos grises acentuaban esa infinita vejez. Ella lo miró fijamente.
-Madrina, él es Javier, el hombre
con quien quiero vivir -dijo María.
-Bien -asintió la vieja, e inquirió
sobre su profesión.
6

48

--Observador de ancianos -respondió un tanto juguetonamente Javier.
Fue todo lo que doña Ernestina
quiso saber y ésas fueron las únicas
palabras que ella le dijo. En un principio Javier creyó que el mutismo de
la anciana se debía a su respuesta.
Pronto se dio cuenta de que al igual
que el olor a papel quemado y el chirrido de la mecedora, el silencio de
Emestina era algo que formaba parte
inseparable de su nuevo hogar.
-No le hagas caso, madrina -dijo
María-. Es abogado. Acaba de recibirse y pronto conseguirá trabajo.
Ambos sabían que eso nunca sucedería. Javier era ya un observador
de ancianos y el ejercicio constante
de su profesión no ha logrado hasta
hoy disminuir su angustia. La escuela
de derecho le dejó únicamente tres
cosas: un título, una mujer y una eterna obsesión por la justicia. «Pero la
justicia total -decía Javier-, no sólo
la del derecho.» Él es un «observador
juez» de los ancianos y, a través de su
práctica, expía su propia culpa: la de
envejecer para morir. Emestina la
comparte, en eso son cómplices. Sin
embargo, la sabia y etérea resignación de ella, a él se le amontona en la
garganta y en los ojos. Sobre todo

mientras la ve cada noche y María se 11
refugia en la cocina con su rito noc-Arranca la hoja del calendario -pide
tumo.
María-. Hoy lo olvidé.
Cuando Javier se mudó a vivir
con las dos mujeres abandonó la banca de la alameda: punto de mira desde el que observaba ancianos jubilados. Resignados a la vejez, algunos;
esperando la muerte, otros. Habían ya
vivido su tiempo. Emestina también.
Pero en ella existe algo distinto y Javier no alcanza a precisarlo. La observa un día tras otro desde la habitación de enfrente. Algo está mintiendo: ¿la ventana? ¿El espejo? Sólo en
éste puede ver la esfinge móvil de la
anciana, quien mira su propia imagen
y siente a sus espaldas los ojos de Javier enterrados en su nuca y en el
movimiento de la mecedora.
Doña Emestina se balancea y cierra los ojos. Siempre tranquila, incluso entre diez y doce de la noche,
cuando la presencia del observador es
un acecho desgarrado. Es entonces
cuando se hunde el silencio del mar
callejero en la arena callada de la habitación. Es entonces cuando el olor a
papel quemado lo impregna todo. El
centinela trepa el enorme banco; aparecen los ojos contempladores y no
vistos; el chirrido de la mecedora se
propaga.

-Doce de marzo -comenta Javier.
Toma a Marisol, su niña, la única
hija de él y María. La sienta a su lado. Oye el silencio nocturno envuelto
en el olor familiar .. Lee la última hoja
del diario antes de que ésta termine
en el fuego con el que su mujer destruye el periódico cada noche. Ya lo
hacía cuando la conoció en la biblioteca de la escuela de derecho. «La
historiadora María Vázquez», se la
presentaron. La trató, la admiró desde
el momento en el que supo de sus
ocupaciones nocturnas. Todavía sigue amando esa obsesión de María
por lo que ella llama quemar la historia de cada momento: ser justo. ¿Acaso no lo fue él también? ¿Acaso no lo
fueron ambos?
Marisol no lo sabe, simplemente
sintió un olor distinto inundándole la
nariz. Vio el 11 de marzo pintado en
la pared. No oyó nada. Quizá porque
la viejita de la mecedora no gritó;
quizá porque su papá fue certero en el
tiro. Para él y para María todo consistió en matar y quemar: silenciar el
ruido de ese movimiento continuo de
una mecedora que jamás avanza. Ser

justos. Terminar con la conciencia resignada y, por ello, sabia.

III
El calendario señala 13 de marzo. Javier y María duermen tranquilos. Sólo un chirrido monótono, absurdo y
triste despierta a Javier a media noche. Sube al banco. Lo azul de la luz
le devuelve en el espejo la pequeña
figura de Marisol y el rechinar constante de la mecedora.

...

�«EL PORVENIR», UNA EMPRESA CON
VOCACIÓN Y DESTINO SOCIAL

José Roberto Mendirichaga
Primero fueron la agricultura, la riqueza de la mesta (ganadería), la minería y el comercio los que sentaron
las bases de la economía regional. Este mismo comercio ejerció funciones
de banca, hasta que a finales del siglo
pasado y principios del presente surgieron las primeras dos instituciones
(Banco de Nuevo León y Banco Mercantil de Monterrey). Y luego se dio
la primera inliustrialización de la región (1854-1879).
La Fábrica de Hilados y Tejidos de
La Fama, en Santa Catarina (1854); 1 la
Fábrica de Hilados y Tejidos de El Por2
venir, en Villa de Santiago (1871); y
más tarde la Cervecería Cuauhtémoc
(1890) y la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey (1900) son algunas de estas pioneras, que no sólo
pueden ser consideradas como centros
de producción de bienes, sino que en su
seno y a su alrededor generaron una
cultura propia que tiene que ver con el
actual modo de ser de los reineros y regiomontanos; con la forma de concebir
el mundo y la vida; con la manera de
relacionarse hacia dentro y hacia afuera
de este espacio laboral.
A través de este trabajo, intentamos someramente analizar el fenómeno sociocultural de la Fábrica de
Hilados y Tejidos «El Porvenir» en
El Cercado, municipio de Santiago,
2

50

Nuevo León, empresa fundada en
1871 y, por tanto, una de las negociaciones fabriles en operación más antiguas de la entidad y de México.
Cabe aclarar que aquí nos interesan no tanto los aspectos tecnológico,
económico-financiero y administrativo, en sí muy atractivos, cuanto el aspecto humano y, particularmente, el
sentido social que desde su nacimiento tuvo la empresa y que ha brillado
en determinados momentos de la ya
secular vida de la factoría.

El establecimiento, toda una osadía
Muy difíciles deben haber sido los
inicios.
Cuando se ve en planta o en perspectiva el conjunto de acueducto y antigua turbina, naves industriales, talleres,
bodegas, patios, oficinas, casa y jardines de «El Porvenir», uno no puede menos que admirarse de la buena distribución y de la estética de la fábrica.
¿Cómo lograron sus fundadores
-los señores Zambrano y Rivero- concebir tan amplia y armónica obra, la que
quedó hermosamente plasmada en el
lienzo del maestro Antonio Decanini? 3
La fábrica -que se distingue desde
la Carretera Nacional, sobre todo por su

edificio de tres plantas, donde como remate se yergue el legendario reloj cuyas
campanas son inconfundibles- posee en
su casco una extensión de poco más de
56 mil metros cuadrados, conservándose
aún los arcos catalanes que hace lleg¡r
el agua de «Cola de Caballo», arriba de
la exhacienda «Vista Hermosa», en pi~
na Sierra Madre.
Desde las instalaciones más antiguas (donde el agua movía turbina,
ejes y poleas) hasta el frente actual de
la fábrica, se aprecia una simetría y
un orden que llaman la atención del
visitante. Su estado actual, pese a las
repetidas crisis que la han golpeado,
es medianamente satisfactorio, desde
el punto de vista arquitectónico.
Podemos hacer un esfuerzo de unaginamos cómo fue el arranque de «El
Porvenir», cuando nada había en el poblado y la ciudad capital de donde casi
todo provenía, a una distancia de treinta
kilómetros, era alcanzable sólo por un
camino carretero, donde si los arroyos
se crecían la marcha era unposible. A
lomo de caballo o en carruaje, representaba una jornada; pero si era «tiempo de aguas», el viaje podía significlf
varios días. Además, había el riesgo de
continuos asaltos. 4

cemento armado. Y para cerrar las
construcciones se utilizaron, en su
mayoría, techos de pizarra a dos
aguas, o planos con bajadas de hojalata o acero.
Hace falta una historia de esta fábrica, pero lo más completo hasta el
momento y que es base para la futura
investigación es el trabajo de Tomás
y Rodrigo Mendirichaga Cueva titulado El inmigrante, vida y obra de
Valellfín Rivera. En este libro se
menciona que los obreros pioneros
fueron 16 y que a la vuelta de un año
eran 80, «además de los trabajadores
dedicados a proveer materiales». 5
La sociedad de «El Porvenir» se
constituyó con un capital de 50 mil
pesos, donde estaban representados
los señores Zambrano y Rivero, en
una proporción de 60 y 40, respectivamente. Luego, a partir de 1879, se
quedaría únicamente Valentín Rivero. comprando las seis acciones restantes.

Comenzó a producir lienzos blancos de algodón conocidos como «imperiales, hamburgos o madapollanes», únicos por su calidad en el país.
Citemos nuevamente a los hermanos
Mendirichaga Cueva: «En marzo de
La construcción se realizó con si- 1872 la fábrica tendría un salón para
llar de la región, antes de que hubiera blanqueo de los lienzos con 24 varas

de largo por 9 ancho (20 metros por 7
y medio); 23 cuartos para habitaciones de los trabajadores, de 9 varas cada uno (7 y medio metros); la parte
principal y más costosa de la atarjea,
por donde se construiría el agua que
serviría como fuerza motriz; y el edificio para la maquinaria, con 90 pies
de largo por 34 de ancho (25 metros
por 9 y medio). 6

El aspecto social
Hemos consignado poco o casi nada
de lo social. Claro está; había primero
que edificar y arrancar la producción,
pero ya desde el inicio se puede detectar esta preocupación por los trabajadores y esta voluntad empresarial
por hacer más llevadero y humano el
trabajo manual de los operarios de la
citada fábrica.
Entre 1872 y 1874, se construyen
«... 23 cuartos para habitaciones de
los trabajadores ... », lo anterior en el
interior de la planta. Luego, el mismo
crecimiento impondrá que se vayan
comprando casas junto a la fábrica,
las que se sitúan en su mayoría frente
a la misma, pudiendo apreciarse algunas de ellas en la actualidad (con
puertas bajas de mezquite y sin ventanas al exterior, debido a los ataques
revolucionarios y posrevolucionarios). 7

Nos situamos justamente entre el
Manifiesto de Marx y Engels (1874),
reacción a la inhumana fase inicial de
la llamada Revolución Industrial, y la
carta encíclica Rerum Novarum, del
Papa León XIII (1890).
¿Es que los señores Zambrano y
Rivero estaban muy imbuidos del
pensamiento de la Doctrina Social
Cristiana, mismo que insistía en la
responsabilidad de los católicos para
cumpfü con la justicia y ejercer la caridad? No lo creemos así. Simplemente, habían sufrido ellos mismos
en carne propia (sobre todo, el asturiano Valentín Rivero Alvarez-Jove)
los terribles efectos de la Revolución
Industrial en Europa, lo que había
traído a muchos a América en busca
de mejores condiciones de vida. A la
vez, pesaban sobre ellos las enseñanzas de un Evangelio que comprometía a la acción con los más pobres y
los más débiles.
Quizás el testimonio del poeta y
periodista Francisco de P. Morales en
El Espectador de julio de 1897, a la
muerte del patriarca Rivero, sea ilustrativo para retratar a una generación
de empresarios que se hicieron en
forma casi autodidacta y que sentaron, junto con obreros y técnicos de
su época, las bases del actual desarrollo regional.
51

�Escribe Morales refiriéndose a la
fábrica de «El Porvenir», que era «la
primera en que una multitud de obreros encontraron el pan cotidiano segura y religiosamente pagado, en
cambio de un trabajo moderado». 8
No hemos podido localizar las actas iniciales de consejo de la empresa
«El Porvenir», pero sí este libro de
Caja de Valentín Rivero Sucesores
( 1911 -1 923) es clave para detectar una
serie de datos que conducen a la certeza de esta preocupación social de
lo~ pro¡ietarios y directivos de la
misma.
Algunos de estos datos que tienen
que ver con lo social son los préstamos sin intereses a trabajadores y
empleados de la fábrica; los apoyos
al Palacio Municipal de Villa de Santiago, «que se está construyendo»
(1911); la donación de la fuente de
granito para la plaza de Santiago
(1910); las ayudas a la Escuela Oficial
de El Cercado; los subsidios a la
Unión de Obreros (Sindicato); y los
repartos de utilidades que se anticiparon a la Ley Federal del Trabajo, así
como otras prestaciones. JO
Parte _de este estilo empresarial
queda plasmado en el testimonio del
ilustre profesor don Pablo Livas,
quien siendo muy joven había labora-

6
52

do en «El Porvenir». Él menciona en
su obra El Estado de Nuevo León cómo, gracias a la empresa, Villa de
Santiago se anticipó a Monterrey en
lo que se refiere a fuerza motriz, luz
incandescente y teléfono. Y escribe:
«Esta fábrica ha sido, en este respecto, un gran factor para que sean conocidas entre nosotros las maravillosas
aplicaciones científicas al trabajo humano» .11

Por la renovación
¿Qué es lo que ha determinado que el
personal de «El Porvenir» haya mantenido hasta la actualidad ese estilo
de cordialidad y buena educación?
¿Por qué sus técnicos y trabajadores
se mantienen con la sonrisa a flor de
labios, pese a la caída salarial y lo difícil que está resultando a la empresa
sobrevivir?
No podemos pensar más que en la
señorial nobleza de la gente de El
Cercado y el estilo que le imprimieron a la fábrica sus fundadores, tanto
empresarios como obreros.
Actualmente, «El Porvenir» pasa
por una de sus crisis más agudas. De
haber contado por muchos años con
500 ó 600 trabajadores (en época de la
segunda guerra mundial, hasta con
mil 200), hoy apenas rebasa los 200

trabajadores, sumados operarios y
personal de oficina y apoyo.
Al parecer, el mercado no está demandando con la velocidad deseada
algunos de estos materiales, además
de que la empresa sufre descapitalización y la necesidad de renovar
equipos y procesos.
Por otra parte, aunque el conjunto
arquitectónico luce bien a cierta distancia, ya en detalle se observa deterioro, sobre todo en la parte más antigua, al fondo de la fábrica. Esto implica una labor de remozamiento, a
cargo generalmente de especialistas,
para respetar lo original y restaurar,
no destruir.
Todo parece indicar que la fábrica
de «El Porvenir» amerita ser revitalizada con reciente compra de materias
primas, créditos y ayudas de emergencia. Porque si no se le vitaliza, corre el riesgo de estar en desventaja
nacional e internacional (impedida
para exportar) y puede correr el riesgo de otras empresas pioneras de
Nuevo León que han desaparecido.
Lo decimos con el cariño de quienes amamos lo nuestro y sin afán al·
guno de reclamo que pueda implicar
juicio negativo a la tarea empresarial
diariamente emprendida. Sabemos

De esta fábrica eran accionistas los
señores Juan Ma. Clausen (yerno de
don Gregario Zambrano, danés que
luego se fue a radicar a Knoop, Alemania), José Morell, P.edro Calderón,
José Ángel Benavides, Mariano Hernández, Ezequiel Steele y el propio
Valentín Rivero.

que tiene que haber un equilibrio entre lo que se quiere y se puede, y más
en estos tiempos de incertidumbre y
reto.
De todas formas, sea éste un llamado a la solidaridad. Tanto de trabajo como de capital -y, obviamente,
con la ayuda gubernamentaLen materia de exenciótVY baja de impuestos y
simplificación de permisos-, para
que, sin perder posición en el mercado, se revalore el trabajo humano y
crezca la planta laboral hasta alcanzar
los niveles tradicionales.

A partir de la década de los treinta,
los descendientes de Valentín Rivero
redujeron su proporción al 50 por
ciento, al entrar como socio capitalista e industrial don Aurelio González
S. Y a partir del año 1995, cesó toda
participación de la familia Rivero, para quedar exclusivamente en la familia González.

Ambas referencias en El inmigrante,
vida y obra de Valentín Rivera, de
Tomás y Rodrigo Mendirichaga Cueva, Emediciones, Monterrey, 1989, pp.
93-104.
Junto con estas empresas pioneras, sería justo citar tres más: la Fundición
de Metales No. 1 (llamada Maiz-Lederer); la Fábrica de Artefactos de
Metal Laminado (de don Francisco L.
Cantú; y la Fábrica de Vidrios y Cristales (antecedente de la Vidriera Monterrey). En: «Notas sobre la actuación
de la sociedad mercantil Sucesores de
Hemández Hermanos; Monterrey,
1855-1943», de Mariano Hemández
Mendirichaga, Sistemas y Servicios
Técnicos, Monterrey, 1945, p. 8.

Porque «El Porvenir» es, de alguna manera, patrimonio de Nuevo
León. Y guarda en torno a sí una cultura de trabajo, responsabilidad y respeto que deben conocer y asimilar la
actual y venideras generaciones, como muestra de lo que hicieron los
mayores, justamente en este cuarto
centenario de la fundación del Monterrey metropolitano.

Notas
1 El periódico El Restaurador de la libertad calificaba a La Fama como «la
fábrica más hermosa y magnífica que
hemos visto por acá». Para 1887, producía 16 mil piezas de tela al año y
empleaba a 70 obreros, los que recibían un jornal de 50 centavos diarios.

(a la muerte de Valentín, los hijos
continuarían el negocio).

2

Fundadores de «El Porvenir» fueron
los accionistas Gregario Zambrano,
Eduardo y Emilio Zambrano (hijos de
don Gregario), Jesús González Treviño (yerno de don Gregario, casado
con su hija Rosa) y Valentín Rivero

Cuatro grandes momentos tiene «El
Porvenir» desde el punto de vista de
inyección de capital y renovación de
maquinaria y procesos: el primero en
1885, a la llegada del Ing. Manuel Rivera Gajá; el segundo en 1921, bajo el
mismo timón del Ing. Rivero; el tercero a mediados de la década de los
treinta, con don Aurelio González
Santos; y la década de los cincuenta,
con la mancuerna de don Aurelio
González Jr, y don Jorge G. Rivero
Comas.
3

El citado lienzo de «El Porvenir» se
ubica en la superintendencia de la fábrica de hilados y tejidos, que corresponde ahora a Textiles Monterrey, del
Grupo González, que capitanea don
Aurelio González, Jr. El lienzo fue
pintado en la década de los veinte por
el artista Antonio Decanini.
53

�LA GRACIA DE VIVIR EN LA CIUDAD

Nelva Alicia García
4

Mencionan los hermanos Mendirichaga Cueva que en 1885, debido a la agitación política y al levantamiento de
Simón Montalvo en Villa de Santiago, «... los cargamentos de telas enviados de El Cercado a Monterrey,
además de los doce fleteros que los
conducían, se reforzaron con una escolta de tres hombres armados», Op.
cit., p. 217.
Y esta agitación se dio eventualmente
y hasta la década de los veinte, cuando se institucionaliza el país. Así, durante la Revolución, la caja de la fábrica fue asaltada en varias ocasiones,
canjeándose dinero firme (oro y plata)
por billetes constitucionalistas y revolucionarios, solicitando por la fuerza
erogaciones en efectivo y ayudas en
especie. Pudimos consultar, por gentileza del Ing. Rafael Rico Samaniego,
el Libro Auxiliar # 3 de Contabilidad
de Valentín Rivero Sucesores (19111923), el que habla de esta pérdida por
billetes falsos (p. 97) y de «Importe en
efectivo entregado por la fuerza (subrayado nuestro) al Coronel revolucionario Rafael Torres ...»; 300 pesos.
¡Y estamos ya en julio de 1921 ! (p.
2.16).

54

5

El inmigrante ..., p. 152.

6

/bid., p. 152.

7

/bid., pp. 152 y 162.

8

!bid., p.

9

11.

Ver nota 4 de este trabajo.
Se trata de un libro de 70 x 34 Cms.,
de 361 páginas, en impecable letra manuscrita. Lleva los sellos de la Agencia del Timbre y la firma de don José
P. J. Rodríguez, titular de la oficina.
Es el libro de Contabilidad de Caja de
la firma Valentín Rivero Sucesores,
pudiéndose encontrar en él no sólo lo
relativo a «El Porvenir», sino a otros
negocios como la Hacienda «Vista
Hermosa», el Molino «Hércules», la
fábrica de mosaicos «La Imperial»,
etc. Base de todos estos negocios fue
la Casa Rivero (1843) que comerciaba
abarrotes, ropa y una serie de artículos en Nuevo León y todo el norte del
país. Se proveía del país y del extranjero; y contaba con agentes y representantes en ciudades como Nueva
York, Londres, París, Viena, Hamburgo, Barcelona, etc.

10

«las habitaciones de los obreros». Al
mismo tiempo, Clausen, desde
Knoop, habla de los 11 años de ausencia de Monterrey y de cómo no se
acostumbra a Alemania. «Me hace
falta el cielo de México, siempre despejado, y los amigos, con quienes he
partido (sic) buenos y malos días».
También, en El inmigrante... , p. 111.

En el caso de las viviendas para los
trabajadores, en el Archivo Rivero
(correspondencia de Valentfn Rivero)
que se custodia en la Biblioteca Cervantina del ITESM, donación de la familia Rivero al Instituto, se mencionan en la carta# 54 de Juan Clausen
(abril 3 de 1876) a Valentín Rivero

Del diario de Caja-Contabilidad de la
firma V. Rivero Sucs. No. 3 (1911 1923), ver pp. 1, 2, 131 et passim. El dato sobre la fuente de la plaza de Santiago fue aportado por el Ing. Rafael
Rico Samaniego.
11

El inmigrante..., p. 195.

Encuentro «La Fábrica, Patrimonio
Cultural de Nuevo León» / Capilla
Alfonsina, septiembre 9-13, 1996 /
Consejo para la Cultura de Nuevo
León (CONARTE).

PENELOPESCA
Me plancho
me doblo
y me guardo
para
cuando estés aquí.

DEL JARDÍN DE LA MEMORIA
Recuerda
en el jardín de la memoria
todo cabe
desde el cascabel de tu risa
hasta mi nombre
desgajándose como naranja en tus labios.

INSISTENCIA TELEFÓNICA
Una
dos
tres
quizá tu voz se escuche
junto con el gallo
que canta al amanecer.

PEQUEÑAS CONTRADICCIONES
De vez en cuando
te disfrazas de nube

�1

LAS ENSENANZAS DE DON HORACIO

Eloy Garza González
pero a veces la lluvia
te delata
te confundes
te contraes
ante el nacimiento de tus explicaciones.

PREGUNTA
¿Qué pensarás
cuando al decir ENE o
el rojo encuentra acomodo
en tus mejillas?

.,
LIBIDINOSO
Vienes con ojos de borrego
a medio morir
como si no supiera
lo que acabas de hacer.

INDIFERENCIA
Me miraba
sonreía
sus manos entretenidas
desvistie~do una naranja
y yo ajena.

56

El patriarca de las letras actuales de
Nuevo León no nació en este estado.
Horacio Salazar Ortiz es oriundo de
Tlalchapa, Guerrero, una pequeña región sumida en la flora agreste del
sur de México, violenta por la tremenda desigualdad que impera en sus
alrededores. De allá, el hijo adoptivo
de la tierra norteña importó una sensibilidad especial, de simpatía por las
clases oprimidas que le aflora por todos los poros a la menor provocación.
Don Horacio es un defensor de lo
que, en la jerga economicista, se conoce como estratos de bajos ingresos
y que, en buen castizo, dependiendo
del cristal con que se mire, se les llama, desprotegidos, los olvidados, los
marginados y acentuando la nota romanticista, los miserables.
Como buen patriarca, invadido de
experiencia y sabiduría a granel, pletórico de enseñanzas esotéricas y terrenas que envidiaría cualquiera, a
Don Horacio se le ha considerado
viejo desde siempre y sólo por testimonios veraces de sus amigos -que
no tienen por qué mentir-, se comprueba que fue joven alguna vez. No
en balde siendo un veinteañero abstemio, opositor encarnizado del tabaco
Ylector de tiempo completo, sus conocidos lo bautizaron con el apodo
feliz de The Old Man, que en mucho
alude al hombre barbado y bien insta-

lado en la vida, de la estampa coloreada del whisky, O/d Parr.
En suma, Horacio Salazar Ortiz
ganó por méritos propios, indiscutibles y de largo aliento, el reconocimiento público de regiomontano venerable, lo que no to exime de formar
parte de una generación de intelectuales modernos, a la orden del día,
entre los que destacan Miguel Covarrubias, Abraham Nuncio y Celso
Garza Guajardo, militantes al pie de
la cureña literaria y del más arriesgado activismo político. La veneración
que se les tributa, algo tiene de riesgo
latente, de fuerte compromiso social
y de apego a una moral que choca
con el puritanismo de campanario y
la mojigatería sampetrina, propio de
la clase burguesa de Nuevo León. Entre los disidentes de este pragmatismo
empresarial que tanto nos afecta como pueblo, destaca la madurez bien
plantada de Don Horacio, brujo experto en los asuntos trascendentes del
alma y en el raro oficio de escribir
poemas y hacer el bien, a como dé lugar y sin mirar a quien.
Muy joven, Salazar Ortiz se trasladó a Monterrey para estudiar derecho en la Universidad de Nuevo
León. Su entrega a la cátedra en su
Alma Mater, por más de tres décadas,
fue su quehacer prioritario recién

egresado del aula escolar. La docencia fue como un apostolado, al que se
consagró. De esa profesión altruista,
son los manuales educativos: Estructura socioeconómica del mundo
(1984) y Teoria de la historia (1984).
No le resultó fácil, menos cuando
asumió la Secretaría General del
STUANL en un tiempo en que la retórica de izquierda era, más que un instrumento para la reflexión, un arma
intelectual con la cual combatir en
duelos universitarios a los enemigos
de la excelencia académica qtle sí
portaban armas, no en sentido metafórico sino estrictamente literal. De
ahí que la protesta airada contra la
masacre de Tlatelolco, y la puesta en
entredicho de la supuesta tolerancia
del sistema político mexicano reveló
una actitud recta y valerosa, sobre todo porque fue la declaración oficial
de un líder universitario ajeno a esa
típica servidumbre sindical de compra de lealtades con favores.
La primer obra publicada por Salazar, Breve canto a la aurora (1962)
auguraba a un gran poeta coloquial
que halló en el estilo contenido, celoso de la métrica, sujeto a la ortodoxia
formal, una veta que pocas veces suplantaría en poemarios posteriores. El
poeta había encontrado su voz interior, su «sonsonete eterno», y lo que
57

�restaba era regodearse en el hallazgo.
Pocas veces se ha apartado, desde entonces, de su recetario interior de forma y fondo. En él la forma tradicional, de retaguardia, es un vestido que
adorna las ideas liberales, de vanguardia. Convencido del poder de
persuasión de las imágenes sencillas,
renuentes a retruécanos y alambicamientos, SalaJar se quedó en la ortodoxia lingüística, acampando de por
vida.
Y sin embargo, como diría Porfirio Barba Jacob, dejó la lona de su inmóvil tienda junto a los calcinados
precipicios. Su probada receta estilística no significó una cómoda estabilidad. Al contrario, fue la elección de
una perspectiva fija para otear la
realidad que -en contadas ocasiones
y pese a la prevención-, desbarranca
su escritura en el prosaísmo. Pero todo pecado que se asume con conciencia plena, acaba convertido en hábito
feliz. Al amparo de esa poesía coloquia!, teñida de formalismo, SaJazar
bruñe su obra y cultiva sus vicios; se
la juega, pierde y gana alternadamente. Es un apostador.
Ironía que deslumbra: con formas
clásicas, conservadoras, se ofrece al
lector un mensaje radical, de última
hora. ¿Poesía de circunstancias? No
será el primero ni el último de los es58

tilistas que crecen en el progresismo
político sin deslumbrarse por las revoluciones de la literatura. Sin ánimo
de polemizar -porque él mismo lo reconoce- el poeta es un progresista en
la ética y un conservador en la estética. ¿Contradicción? Más bien conciliación de dos aparentes contrarios.
Aquí reside la diferencia de Salazar
frente a otros poetas reconocidos universalmente por su fuerte compromiso social como el español Pedro Salinas. Si Salazar recela de las renovaciones en la forma poética, el célebre
español rompe con la camisa de fuerza de la preceptiva. Nadie más lejano
a él que las normas aristotélicas.

siempre han producido mucho ruido
y pocas nueces. (... ) descreo de ellas
por su esterilidad e ineficacia. En seis
mil años que van de cultura occidental contando desde las raíces mesopotámicas, ninguna gran literatura que
soporta la prueba del tiempo se ha
erigido sobre las vanguardias. Cree
que son simples truculencias conceptuales o verbales, simples juegos de
ingenio aptos para que se luzcan los
críticos y los profesores de historia de
la literatura».

Salazar no cree en los juegos de
palabras de James Joyce y compañía;
se encoge de hombros al leer los experimentos estériles del propio Luis
de Góngora y Argote; mira con el rabillo del ojo las piruetas verbales de
Octavio Paz. Salinas, en cambio, era
un fanático del último grito de la moda literaria; un apasionado seguidor
de la novedad y del estilo original como él mismo dice, «nunca antes visto, por los ojos del mundo».

Al margen del tono un tanto excedido de las anteriores ideas, Salazar
suscribe un manifiesto personal a la
inversa: su corriente literaria niega la
originalidad de la novedad, en fav&lt;1
de un retorno a los orígenes de la
poesía que por ser ich1ico es -¡oh, pa•
radojas!- de un absoluto vanguardismo. Además, el coloquialismo del
que tan bien se ha valido Salazar en
sus antiguos y recientes poemas, ¿no
fue también en su momento una vanguardia en la literatura que poetas como T.S. Eliot y e.e. cummings (y a su
modo Erza Pound) inauguraron con
acierto?

Uno y otro tienen sus razones. Pero, en el caso de Salazar, los argumentos sobre este tema no abundan.
Escribe sin ambages: « ...descreo de
las vanguardias literarias porque

¿Quién vence en esta lid poética:
la tradición o la ruptura? Para Salazar, sin duda, vence la que exhiba un
mensaje .más transparente, y que esté
al alcance del pueblo. En su poesía la

lección es tajante: la claridad se impone. El mundo es turbio, pero el instrumento poético debe ser claro; un
cristal que deje ver y no se empañe:
«En la ciudad envenenada / por el
smog y la miseria/ producen una extraña impresión / las hojas verdes del
otoño / El verano sobrevivió / a los
vientos fríos de octubre / Los niños
juegan sin pensar/ en el smog o en la
miseria».
Pero si de un parentesco poético
se puede hablar en la obra de Salazar
Ortiz éste tendría que ser -¿de manera deliberada?- Nicanor Parra. Hijos
ambos, a su manera, del coloquialismo latinoamericano de Efraín Huerta,
sus vertientes se desprenden sin embargo en direcciones distintas. Parra
termina por ser un cantor constante
de las minucias, las bagatelas y los
mínimos hábitos del hombre común:
Salazar Ortiz se mantendrá por esa
misma década en las eternas figuras
del zodiaco poético: el amor y su ausencia, el abandono, la soledad, las
estaciones del año y un tema añadido
y sufrido: las venturas y desventuras
del proletariado. Esta poética se mantuvo invariable en el libro En el nombre de Eva (1969) y Colección de poemas (1976).
Sin embargo también es posible
registrar evidentes cambios en su re-

gistro poético: con EL nombre de Eva
se desmenuzan temas apenas esbozado en Breve canto a la aurora, dotándolos de un sentido más cosmopolita,
bajo la influencia de los sucesos históricos vueltos mito: la rebelión estudiantil, el monstruoso imperialismo
yanqui, la Cuba de Fidel y la guerra
de Vietnam: «-Llueve pólvora sobre
los trigos de Vietnam... / -Llueve
pólvora sobre los niños de Vietnam ...
/ -Es triste. Recordemos los perales
sobre la carretera ... / -Pienso en los
amantes que pasarán la noche en Hanoi / -Pienso en los amantes que pasarán la noche en Saigón ... »
La mitología del 68 se apodera de
la atención perspicaz del Salazar Ortiz de los setenta, con una fuerte carga de nihilismo que será una de las
características del mundo de los noventa. Desde esta óptica, Salazar es
uno de los precursores locales del escepticismo en el hombre finisecular,
que viene de la guerra del tiempo, tatuado por las cicatrices ideológicas,
que ya no abriga fácilmente una utopía. El poeta se ha vuelto más sensato; también sarcástico. Su siguiente
libro de poemas será agudo, suspicaz,
salpicado de epigramas; le dará un giro de 180 grados a su bibliografía. A
vuelta de rueda (1979) fue la raíz cuadrada de su experiencia personal que
marcó la escritura de este nuevoleo-

nés de Guerrero. ¿Quién dijo que un
militante socialista no puede ser lúdicoy lúcido al mismo tiempo? ¿Quién
dijo que en la guerra de clases no se
podían tomar respiros para reír y festinar ocurrencias?
A vuelta de rueda rubricó esa etapa de su vida, dominada a trechos largos por una sensación desconocida
para los intelectuales no comprometídos con sus ideas: el miedo. La participación de Salazar en la política universitaria, que lo obligó a confrontarse con el porrismo y las acciones
mezquinas de linchamiento físico y
moral del contrario, le abrieron nuevas expectativas a su experiencia vital. A fin de cuentas -porque sobrevivió-, salió victorioso. Y lo mejor es
que dejó intacta su ideología, su sentido filosófico de la existencia y su
manifiesto poético. En los siguientes
años ha publicado: Por las horas desiertas (1981), Elegía sonámbula y
otros poemas (1984), La canción que
cantamos (1990) y Río de aguas azules (1994). En 1986 ganó el primer lugar en los juegos florales convocados
por el H. Ayuntamiento de Monterrey
con un poema que recibió, a un tiempo aplausos y críticas airadas: Relaciónde Monterrey.
Alguien ha acusado a Horacio Salazar Ortiz de ser anticuado porque a
59

�FOTOGRAFÍA DE UN DESNUDO

María Magdalena de la Garza
estas alturas del siglo XX sigue asumiendo posturas «sectarias» de izquierda. Pero, si reparamos en que la
derecha regiomontana ha retornado
por sus viejos fueros, cerrando teatros, censurando las artes e imponiendo morales a chaleco; si advertimos
que la derecha sigue siendo tan cerrada, intolerante y obscurantista como
antaño, bien valdría la pena reconsiderar la línea de pensamiento de Salazar y aceptar de buena gana que su
tendencia ideológica, antes que anacrónica, es de una pasmosa y urgente
actualidad.

,,

Más nos vale que no abandone su
trinchera por enfennedad o cansancio
y siga publicando sus poemas beligerantes al estilo de las primeras obras.
Las enseñanzas de Horacio Salazar
Ortiz siguen viviendo tan orondas y
campantes como en los años sesenta
y setenta. Es hora de ponerlas en
práctica -al menos si se quiere, como
ethos y ya no como doctrina políticaen los confusos años noventa.

LA OLA DE MAR ADENTRO
La maleta se va llenando de ropa. Cada prenda lleva su historia de ficción instantánea que se acentúa al
momento de ser colocada en su lugar; los días se visten de cuentos según la textura de las telas y la disposición en el veliz que crea un orden del tiempo. Algunas prendas ocupan un lugar especial para las mejores
ocasiones que pueden ser la cercanía al otro, a los otros, a una mirada especial, a la conversación -los discursos del yo-, del nosotros sólo unos minutos, tal vez algunas horas o un algo que va a quedar por ahí y
que será resguardado en una concha o en una ola, el mar está hecho de secretos.
En la transición hacia lo otro, de agua azul salada, las articulaciones se reajustan y el pensamiento va
dejando lo cotidiano para incluir lo nuevo. Lo planes van a ser modificados por la nueva realidad de ese
posible si es que se entreteje con el seguramente. El carro, autobús, tren o avión es el boleto hacia mi yo
otro que ya está siendo. En las horas del transcurrir se crea paradójicamente un vacío que incluye lo que
queda atrás y lo que viene delante y que ambos se excluyen. La razón se reajusta a ese por-venir y se prepara el delicioso juego de la sensualidad para captar el entorno hasta la médula de los huesos.
Se llega en el tiempo calculado. Los sentidos registran la atmósfera marina por la costera hacia el hotel.
Impera el sol y el mar. Edificios, vacacionistas, arena. Ya en el hotel se percibe un collage de pieles, de
acentos y de hablas de distintos idiomas. Predomina la lengua materna.
La llave de la habitación asignada es el símbolo de la seguridad de nuestras fantasías. Es en el elevador
donde la pluralidad marca la individualidad ya que cada vez que bajamos o subimos se niega y se reafinna
el yo, nuestra singularidad se enriquece renovándose. Este sentimiento late en el medio ambiente.

El placer de la vista se combina entre la mirada panorámica y del detalle. La mirada es tan inmensa como el mar, tan basta como los turistas, larga como el paseo por la costa. La ola mueve un brazo y un brazo
mueve la ola, la espuma en las piernas, las miradas furtivas sobre el agua y la arena como las sonrisas. Ahí
el placer del bronceado las manos repasan el cuerpo propio y el ajeno: un aquí mi pierna, allá tu brazo.
Al sonido del corazón de la ola se aúnan los sabores de las voces. Las voces parecen acompasarse al ritmo de las Olas. Orquestación del placer natural. El agua es música y habla.
60

�«PARA SUBIR AL NOPAL»: EL CUERPO
VISTO COMO UN INSTRUMENTO EN LA
CARRERA HACIA EL PODER SOCIAL Y
POLÍTICO EN LA SOCIEDAD URBANA
-¡Cállate, pendejo! Tu qué vas a saber de nada, tú que vives como sombra, hurgando, escondido, comiéndote las vidas de los demás. Tú que no tienes ni carne ni huesos. ¡EL hombre puro! Hijo de La gran chingada. Más te valdría justificarte una sola vez y sentirte pobre diablo una sola vez...

Óscar A. Díaz Ortiz
Estas vacaciones tienen el olor del marisco, de la sal de los cuerpos y de su ausencia en el profundo
descanso dedicado al sueño. El gusto del pescado y el tacto del deseo.
Amalgama filigrana a mitad de las vacaciones el tiempo comienza su cuenta regresiva. Las imágenes
de lo que habí~mos dejado poco a poco recobran un refresc~te senti_do que sin quererlo se va deseando, al
mar hemos vuelto como del mar hemos nacido. Es en la mitad del tiempo de la playa cuando recobramos
la conciencia del agua en aquel vivir de rutina. Sin quererlo nos vamos llevando el mar a nuestras casas.
Las vacaciones siguen cuando ya es tiempo de partir, nos despedimos de la playa y otra vez el trayecto
con la ola ds mar adentro.

FOTOGRAFÍA DE UN DESNUDO
Te gusta repetir el juego que se resuelve en el encuentro de ti mismo. La fotografía de un desnudo en el
buró proyecta los instintos de la flor.
Mi cuello se estremece al contacto de tus manos mientras me mira de lado un ojo de papel que sostiene la caricia Ahora veo hacia abajo la geografia azul del satín, mi pelo va cayendo suavemente com~ mis párpados en d
desliz de tus palmas por mi espalda Abrazas mi cintura donde te detienes como una flor rendida Conozco ese camino que se traza en la coyuntura de ser uno y el otro, la magia de ver la fotografía

y cumples con esa rendición característica en ti ante lo eterno que te hace doblarte de rodillas. Pien~
en mí como pensar en ti mismo cuando ,,oJteo mi cabeza hacia un lado para atrás y hacia el otro. Intenm·
tencias en blanco y negro. Mi cabello y r.li mirada en el aire tratan de alcanzarte un~ y m~ veces.~~
adentrándote sintiendo los espasmos de mi piel y tu piel que se confunden. Estoy en t1 y te sientes rec1blf·
'
me. Pareces olvidar
nuestros nombres o más exactamente elaboras una contracción de ambos a partir· del.
músculo de mi pierna derecha. Te sacrifkas una y otra vez en un cuerpo andrógino e~ ?ecadencia Y
nas por aceptar esas terribles mutaciones del ser que formas parte. Ese descanso vert1gmoso en el remo
la palabra muerta, es un abismo al encuentro de ti mismo.

~e":

62

Hoy, inevitablemente, somos testigos de la caída del pétalo de la flor que está al lado de la fotografía en el burÓ-

A través de la obra la región más
transparente (1958) del escritor mexicano Carlos Fuentes (1928), podemos
cons1a1ar que el cuerpo / la sexualidad/ el sexo ha sido aprovechado como un elemento valioso que ha sido
la víctima propicia de sacrificio que
demanda la sociedad patriarcal en su
control, manipulación y consolidación del poder y que puede ser utilizado por los individuos en aras de sus
propios intereses. El cuerpo es usado,
tanto por la mujer como el hombre,
según la visión que éstos tengan de su
papel en la sociedad. Fuentes nos
transporta al microcosmos de la Ciudad de México D.F., en donde en una
singular mezcla de sucesos históricos,
personajes y clases sociales; así como
de elementos míticos y religiosos indígenas, pretende revelar la identidad
moderna del mexicano, el sentir, las
ilusiones, las desdichas, las alegrías y
hasta la utopía de un pueblo engañado por una revolución a medias. La
~ción principal de la novela transcurre durante la época 1946-52. El macrocosmos de un gran país se transpon¡¡ a los predios de una megatrópoli-EI D.F. Las situaciones transcurren
en diferentes lugares que tienen como
escenario la capital mexicana. En esta
ciudad. los personajes pertenecen o
tratan de ser una muestra representativa de todo el ente humano que
compone la sociedad mexicana. Esta

representación, lógicamente, está edificada y vista desde la óptica de la
hegemonía patriarcal. A cada uno de
estos personajes la hegemonía le ha
establecido un espacio en la urbe. Por
ejemplo, las mujeres de clase alta se
mueven dentro de los sectores exclusivos de la vieja aristocracia defeña
como las «Lomas de Chapultepec».
Mientras que los ricos industriales se
mueven en el mundo de los negocios
de las grandes compañías nacionales
o multinacionales y de la banca. De
igual manera, las clases bajas tienen
su espacio dentro de la marginalización social urbana a las que han sido
reducidas. Las mujeres del pueblo
son empleadas domésticas o en su
peor caso prostitutas, mientras que
los hombres son taxistas, braceros o
ladrones. Esta clase se muestra como
servidora de la clase alta. En la región más transparente, el lector se
siente transportado de la mano del
personaje uca Cienfuegos (la conciencia indígena), quien como narrador homodiegético va visitando, escudriñando, y a la vez, estableciendo
situaciones en donde él es amigo o
conocido de los diferentes personajes
para desenmascararlos, mostrando facetas antes desconocidas de los protagonistas, precipitando un desenlace
mítico, establecido de antemano, para
castigar a ciertos elementos de la sociedad capitalina.

Carlos Fuentes, La región más transparente 448

la región más transparente trata
de mostrar los vaivenes de una sociedad burguesa en constante transformación; en donde ciertos personajes
primarios, por estar aliados directamente al poder económico capitalista,
logran llegar a la cúspide u otros personajes secundarios que por su alianza con los primeros, logran ser partícipes del nuevo poder económico en
México. Fuentes en esta obra, según
Lockert, quien a su vez cita a Vargas
Llosa, dice:
Él quería capturar el fluir del tiempo y
el espacio en una área de la capital de
México. Su afán totalizador hace que
la novela se desplace 'desde la base
indígena de la pirámide con sus ritos
ceremoniales hasta la cúspide hecha
de una oligarquía cosmopolita y snobish, cuyos apetitos, modas e imprudencias venían prestadas de Nueva
York y de París'. (32)

Esta nueva clase emergente, arribista arrasa con el espacio económico
privilegiado de la antigua oligarquía
porfiriana, logrando entrar, a través
de engaños, en el selecto círculo social capitalino. La vieja oligarquía, a
pesar de estar desposeída de sus antiguas riquezas, aún sigue viviendo
y vanagloriándose de un pasado esplendoroso, al cual se niega a renunciar y que a su vez, canjea su pasado
63

�clasista y su posición social con los
advenedizos -los nuevos ricos (Carranza 18).
En su ascenso al poder, algunos
elementos de esta clase rural, revolucionaria y desarraigada, logran desplazarse al centro -la capital- y, van
adquiriendo riquezas y apoderándose, poco a p(Jeo, no sólo del Distrito
Federal, sino tambié_n de la economía
del país, logrando apropiaciones tan
importantes como la del petróleo en
1938, bajo el mandato de Lázaro Cárdenas (1933-40). Estas clases saben
que no sólo el dinero es suficiente
para compartir el gran pastel elitista.
Por esta razón, Federico Robles nuevo rico, abogado, indígena se vale de la belleza / la sexualidad, la
clase adquirida por roce social y el
«glamour» de Norma Larragoitti para ser aceptado por la élite. Esta
aceptación era casi imposible, por
parte de la rancia aristocracia, debido
a la descendencia «indita» de Robles. De la misma forma, lo hace el
escritor fracasado, Rodrigo Pola, que
ante el florecimiento del cine mexicano se ve de pronto lanzado a la fama, escribiendo libretos cinematográficos y usa a Pimpinela de Ovando para lograr un espacio en el seno
de la aristocracia.

64

El elemento humano en la obra
está diseñado y construido socialmente con base en un sistema patriarcal que determina y circunscribe la
función de los individuos, con base
en su género. Por esta razón, se nos
presenta, a parte del elemento mítico
indígena -Teódula Monteczuma, a
tres mujeres. Gladys García, Norma
Larragoitti y Pimpinela de Ovandola prostituta, la nueva rica y la aristócrata (Carranza 18). Cada una de estas
mujeres tiene un papel que desempeñar. Gladys es la subaltemidad, explotada y marginada socialmente.
Norma es la muchacha de orig!!n humilde que gracias a su astucia, engaños y al aprovechamiento de su cuerpo logra escalar socialmente. Mientras que Pimpinela está destinada a
ser la negociadora de posiciones sociales con quienes tienen el dinero,
pero no la clase. El sexo para estos
personajes, es su dispositivo controlador para satisfacer, alcanzar el poder,
sostenerse en él y compartirlo. Michael Foucault lo define corno:
El sexo, esa instancia que parece dominamos y ese secreto que nos parece
subyacente en todo lo que somos, ese
punto que nos fascina poi el poder
que manifiesta y el sentido que esconde, al que pedimos que nos revele lo
que esconde, al que pedimos que nos
revele lo que somos y nos libere de lo

que nos define, el sexo, fuera de duda, no es sino un punto ideal vuelto
necesario por el dispositivo de sexu•
lidad y su funcionamiento. (188)
Este dispositivo funciona en La región más transparente como el elomento oculto, a través del cual se logra completar el ascenso al poder.
Los dispositivos del poder, segúa
Foucault, se articulan a través del
cuerpo (184) y esto es lo que hacea
estos personajes; consolidar su pos~
ción en el poder por medio de la sexualidad, logrando una mezcla de lo
histórico y lo biológico, corroborando
la tesis de Foucault sobre el «dispositivo político» del sexo, según sus diferentes definiciones, las cuales se
puede manejar en varias direcciones.
A este respecto Foucault dice:
El 'sexo' fue definido de tres mane•
ras: como lo que es comúnmente al
hombre y la mujer; o como lo que
pertenece por excelencia al hombre y
falta por lo tanto a la mujer; pero también como lo que constituye por sí sólo el cuerpo de la mujer, orientándolo
por entero a las funciones de reproducción y perturbándolo sin cesar en
virtud de los efectos de esas mismas
funciones; en esta estrategia la historia es interpretada como el juego del
sexo en tanto que es lo 'uno' y lo

'otro', todo y parte, principio y carencia. (185)
La manipulación del sexo por parte
del poder, logra limitar la sexualidad
a la función netamente reproductiva
y, en nuestro caso, convertir al sexo
en un dispositivo utilizable para las
clases emergentes en su carrera hacia
el poder político y el control social.

Norma Larragoitti, dentro del espacio al que está destinada, es consciente del poder que ejerce su cuerpo
/ su sexualidad y el bienestar que le
puede brindar en el futuro. Por esta
razón, rompe con la relación de Rodrigo Pola que en sus comienzos es
apenas un principiante de escritor y
para sus ambiciones nada puede ofrecerle como ella misma lo dice:
hay una cosa que no toleraré nunca, y
es que me subestimen; eso es lo que
ha hecho Rodrigo besándome y enamorándose de mí, creyéndome lista y
acceder a todo por el gusto de que me
apriete la cintura al bailar. ¡Idiota!
¿Qué quiere que hagamos entre beso
Y beso? ¿No se ha dado cuenta de que
quiero vivir, vivir, entre los momentos y en compañía de los demás, que
hay grupos superiores a él, coches
descubiertos y cabarets caros y fines
de semana? (125)

Con esta actitud y pensamiento, Norma aspira a escalar posiciones en la
sociedad, ya que su roce social con
gentes pertenecientes a la élite le han
dado cierto «caché», pero necesita
del dinero para llegar a enrolarse en
esta clase. Por esta razón, escoge a
Federico Robles ·que posee el dinero,
factor determinante que la hará subir.
Mientras que Federico la escoge por
su belleza -es rubia y además, ella
sabe muy bien como comportarse como un elemento perteneciente a la alta burguesía.

del juego por el control del poder en la
nación mexicana al ser un elemento
perteneciente al individuo que, al igual
que la sexualidad, éste puede ser manipulado y utilizado por el poder hegemónico a su favor en su control totalizante
de la sociedad.

Lista de obras comultadas
Brody, Robert and Charles Rossman.
Carlos Fuentes. Austin: U of Texas P,
1982.

El punto de vista de Rodrigo Pola,
esposo de Pimpinela, quien anteriormente sostuvo relaciones con Norma
es algo similar como lo confiesa a Ixca en el texto:
¿Qué? ¿Pimpinela? Ella me da cosas,
me da su nombre, su elegancia y sus
relaciones -pero me daba Norma
otras cosas aunque ella no lo supieray yo sigo sin darle nada. Me casé con
Pimpinela por eso. Porque elJa me da
-desde su virginidad, oye. (449)
Finalmente, podemos concluir con
la aseveración de que el sexo ha sido un
factor determinante para las clases sociales en su ascensión al poder político,
social y económico en el México moderno. El sexo ha sido un instrumento
viable o una pieza fundamental dentro

Carranza, Luján. Aproximación a la literatura del mexicano Carlos Fuentes. Santa Fe-Argentina: Colmegna S.A., 1974.
Fuentes, Carlos. Úl región más transparente. México, D.F.: Fondo de Cultura
Económica, 1992.
Foucault, Michel. Historia de la sexualiÚl voluntad de saber. México,
D.F.: Siglo XXI Editores, 1986.

dad / 1

Leal, Luis. «Realism, Myth, and Prophecy in Fuentes «Where the Air is Clear».
Confluencia 1.1 (1985): 70.75.

López, Ana María Hernández de. Úl obra
de Carlos Fuentes/ Una visión múltiple.

Madrid: Editorial Pliegos, 1988.
65

�¿ TRES INFAMIAS?

Jaime Palacios Chapa
DEBEMOS CUIDAR LA AMISTAD DE LAS SOMBRAS
Me recuerda una degustación de carnes frías a la que asistí una vez en un castillo de Transilvania, di'
rompiendo el silencio ante los dos cadáveres tendidos en medio de la calle, bañados de luna llena,
sangre enfriándose con la nochecita de otoño.
Sí, fíjate; yo pienso que enamorarse de alguien que a la vez te puede servir de comida es el doble de
provechoso, y frías o calientes, esas piernas y esos brazos de Margarita aún me despiertan el apetito, dije con un quiebre en la voz porque la gente alrededor nos empezaba a ver muy feo y porque, caray, fueron nuestras novias.

,

Entremos a ver una película mientras vienen a recoger sus cadáveres, dijo caminando y dando a entender con su entonación que realmente fuéramos a buscar el calor y la caricia de las Sombras, ese cala
y esas caricias que nos habían cambiado tanto tanto en muy pocos meses, y aparte nos habían otorgado
el sentido del humor ahora tan característico y oportuno de nosotros en situaciones solemnes como ésta.
sentido el humor que día a día nos gana mayores simpatías.
Me besa, me abraza, me llena de su aliento y no me extraña nadita el que cuando se en'ciende la luz
para el intermedio ella no esté aquí, como tampoco me extraña el que en la mañana nos acompañabaa
las muchachas y ahora ya no, digo, dándome una peinadita.
Ora sí que de la no vista nació el amor, y el deseo, dijo recordando a las dos sombras que se abraza.
ban y besaban con cachondez inhumana en la oscuridad de una sala, sala a la que volvíamos y volvíamos aunque no hubiera permanencia voluntaria.

su intensidad que nos hacían, una vez a ti y la otra a mí, olvidar que asistíamos a una proyección con
siete Oseares y cuatro y media estrellitas.
Estoy de acuerdo, pero espero que tú lo estés conmigo en que cuando una chica te empieza a ganar
afecto y confianza, primero te invita a conocer a su familia y a que la acompañes a eventos formales como bodas y velorios. Una sombra, en cambio, te invita al Certamen.
El Certamen, claro, sí. Mi favorita era la chica de la violación múltiple con los senos mutilados, pero
tú insististe en que el cuate de la cabeza reventada a tubazos tenía mayores posibilidades.
Bueno el serruchado longitudinalmente también me cautivaba pero, caray, éramos primerizos. ~e
dónde íb;mos a sacar el refinamiento para distinguir tal cantidad de matices e intensidades de dolor, sm
tener experiencia.
O la sensibilidad y educación para disfrutar del espectáculo como de una muy alta y sobrenatural
muestra de cultura.
¿A poco no? El arte de las artes. Como si el alma de la Humanidad hubiera hecho caca y con ella esculturas.
¡Éytale! «Art Caqueau 95». El año que entra no iremos tan ignorantes. Qué inauguraciones en Marco
ni que subastas en Sotheby's.
No cabe duda, la amistad de las sombras es algo que debe cuidarse, dijo.

Y fajamos ¡y cómo fajamos! aclaro como antecedente al asunto del Certamen, porque lo cierto es
que una vez, en alguna función de la tarde, vimos que en lugar de dos aparecía sólo una sombra, y entonces echamos suertes para ver quién se le lanzaba.
Estarás de acuerdo, dijo, en que ambos llegamos a concluir que no habría importado el que descubriéramos que se trataba de una anciana o de la más arácnida de las mujeres, sino su calor, su energía.

Oye, pero habrá que ir a ver si ya recogieron a las chicas, contesté. Apenas si tendrán tiempo de empezar a prepararse para el Certamen.

�LAS PELIGROSAS AGUAS·DE SU MONITOR
Estos son los hechos que muchas horas después doña Victoria Zamarripa extemaría con lujo de detalles
a la policía.
Su d~f~nto ~eñor, do~ Ubence, pestañeó con fuerza esa mañana para alejar los sueños de sus ojos y
poder distmguir con clandad lo real de lo fantástico.
Pero no le sirvió de nada.
~l viejo Trinitrón habí~ permanecido encendido la larga noche completa y su pantalla amanecía contem~ndo agua Y_ peces, mientras que la pecera que descansaba sobre el aparato transmitía el rostro distorsionado de Gdberto Marcos, leyendo las noticias de la mañana.
Don Ubence, anciano con la edad y la.conciencia de este siglo de cambios, no tardó en acostumbrarse. Media_ hora.después, ya había destapado el antiguo artefacto Panasonic y con una pequeña pala dejaba caer alimento en polvo a sus mascotas de profundas, turbias y electromagnéticas aguas.
Doña Victoria pidió! su señor que le limpiara muy bien la pecera para no perder detalle de ninguna
telenovela, Y él_ respo~dió con el último gruñido de toda su larga y refünfuñosa vida matrimonial que
ella le escuchana. -¡Dios guarde en su seno a mi cascarrabias!-exclama doña Victoria al recordarlo.
Llamó a su señor a almorzar. El café de siempre estaba servido. Entonces escuchó como si una boca
de grandes proporciones masticase en el cuarto de la televisión. No podía ser su desdentado Ubence, así
que fue a ver.
El agua salpicó a varios metros de distancia, cuando el gigantesco escualo blanco se volvió a hundir
en las regiones _abisales del océano Trinitron. Al rato salió de nuevo y escupió la hebilla del cinto de don
Ubence, Ysus tirantes, mismos que, aún húmedos, sostiene ahora ella con reverencia entre sus manos.

INFAMIA
Mi coche es tan inquieto que sale por las noches a dar la vuelta solo. Pero es infame, pienso, el que por
esto se le acuse de agitador de la materia inerte.
Dicen que acompaña a la gran marcha de papeles y hojas secas por las calles vacías ¿pero atribuirle
el que bailen las estatuas, recórcholis? Tan mensa idea como la de culpar a sus cuatro cilindros de la
animadísima verbena que muebles y construcciones han estado celebrando noche a noche, según reporta
la agencia de detectives.
Claro, es tan obviamente subversivo eso de que el refrigerador del rico salga por su ventana y entre
por la del vecino más necesitado, que nomás un tonto andaría tomándolo como evidencia, y lo mismo
digo del asunto de las revistas de monitos del niño, que vieron interactuando en pleno aire GOn los libros
del doctor. Un hecho más: las muy democráticas salas y comedores que se arman solos enmedio de parques y baldíos, en los que cada mueble proviene de un hogar distinto.
Se trata de un coche inquieto, repito, pero cuya inutilidad como coreógrafo está más que comprobada. No volveré a aguantar a nadie la babosada de asociarlo con el supuesto zapateado que ejecutan los
condominios en las madrugadas. Digan la verdad y déjense de infames cobardías, como la de andamos
distrayendo con chivos expiatorios.
La gente merece saber todo lo referente a la danza de las avenidas. Publiquen las fotografías, exigi-

mos, de las calles despegando, despegándose de la tierra para lanzarse al aire como lenguas grises que
se burlan del cielo, hagan de cuenta que olas de asfalto.
Mi coche es tan inquieto que sale por las noches a dar la vuelta solo, pero sería incapaz, lo juro, de
inducir a la Gravedad a faltar a sus deberes. Para nada, y no se diga más.

�LA ECONOMÍA CAMPESINA EN EL
SUR DE NUEVO LEÓN
UN ANÁLISIS DIAGNÓSTICO

Veronika Sieglin
l. Introducción
El sur de Nuevo León ha sido y sigue
siendo una de las zonas rurales más
pobres en el estado. Se integra por los
municipios de Aramberri, Doctor
Arroyo, Galeana, General Zaragoza,
lturbide, Mi.er y Noriega y Rayones
t·
que se extienden tanto en zonas montañosas como en áreas de la Meseta
Central Mexicana (altitud: 1500 - 2000
metros sobre el mar). El clima predominante es estepario y, en algunas
partes, desértico.
Las condiciones climáticas que
predominan en grandes partes de esta
región, y la carencia de agua no facilitan, precisamente, las actividades
agropecuarias. Por lo mismo, no sorprende que la agricultura privada resulta prácticamente insignificante en
el sur: únicamente el 2.9% de las unidades agropecuarias censadas se encontraron, en 1990, en manos privadas. El históricamente escaso interés
del capital privado en la explotación
agropecuaria de la zona sur, facilitó
al Estado, en décadas pasadas, la realización de una reforma agraria en
cuyo transcurso jornaleros y aparceros fueron beneficiados con una parcela ejidal para su explotación.
54

70

De esta manera, las autoridades
lograron satisfacer (aunque sólo de

manera aparente) las demandas por
tierra de amplios sectores sociales en
el campo nuevoleonés sin que esto
provocara una mayor resistencia entre los agricultores privados. En consecuencia, el sur de Nuevo León concentra el 56.8% de los 25,932 ejidatarios
registrados en el estado (fuente: Censo Agropecuario 1994).
2. Tierras, agua y la producción
agropecuaria
La agricultura que se desarrolla en el

sur es de tipo temporal: en el promedio regional, el 87% de las unidades

domésticas rurales dispone únicamente de tierra de temporal, otro 7~
accede, además, a una superficie de
riego y el 6% trabaja exclusivamente
tierra de riego (cuadro 1). Sin embargo, en algunos municipios (Doctor
Arroyo, General Zaragoza, lturbide,
Mier y Noriega) no existe fuente
acuífera alguna que posibilitaría, por
lo menos, parcialmente el riego de los
cultivos.
Debido a los inviernos secos y
fríos, las siempre escasas e inco,,stantes precipitaciones y dada la imposibilidad de regar artificialmente
Cuadro 1

Unidades agropecuarias ejidales • según tipo de superficie de labor, sur de Nuevo León, 1990.
municipio

nos. de unidades
agropecuarias

composición de la superficie de labor
(%)

sólo
riego

sólo
temporal

temporal y riego

Aramberri
1,670
24.0
50.3
25.7
Doctor Arroyo
5,593
0. 1
99.8
0.07
83.7
9.8
5,604
6.4
Galeana
0.2
99.6
0.2
General Zaragoza
509
lturbide
224
0.6
99.4
100.0
Mier y Noriega
754
Rayones
296
41.9
42.2
15.9
TOTAL
14,650
6.1
86.8
1.1
• Se incluyen solamente las unidades ejidales con tierras de labor (= el de las 14,722 unidades ejidales en total).
Fuente: VII Censo Agropecuario. Nuevo León. Resultados definitivos. Tomo 1, Instituto Nacional
de Estadística, Geografía e Informática. M~xico, 1994. Cuadro 63.

los campos de cultivo, las actividades agrícolas se limitan a unos
cuantos cultivos (maíz y frijol) y a
un solo ciclo de producción (primavera / verano). Además de granos
básicos, muy pocas unidades domésticas producen trigo, alfalfa,
manzana y otros cultivos anuales y
perennes.
La actividad agrícola se desarrolla

sólo en pequeña escala. Así, aproximadamente el 85% de los ejidatarios
(cuadro 2) cultiva el maíz en una extensión no mayor de 3.7 hectáreas
(promedio Nuevo León: 4.7 hectáreas) donde levantaron juntos, en
1990, un total de 17,830 toneladas,
equivalente a 1.44 toneladas por productor, cifra muy por debajo del promedio nuevoleonés (3.3 toneladas /
productor). Al comparar la productividad por hectárea, se desprende que
los ejidatarios del sur lograron únicamente· 0.4 toneladas por hectárea,
mientas que el promedio nuevoleonés
se cifró en 0.7 toneladas. La menor
productividad en la zona sur se explica, en buena parte, por las temporadas de sequía más pronunciadas y por
los volúmenes de precipitación anual
más bajos, fenómenos que repercuten
en el crecimiento y la productividad
de las plantas. Tratándose de terrenos
de temporal, no existe posibilidad alguna de incrementar el rendimiento
de las plantas mediante el uso de fertilizantes.

Cuadro2
La producción ejidal de maíz y frijol, sur del Estado y Nuevo León en total, 1990

NUEVO LEÓN

ZONA SUR

maíz

75.2

frijol

maíz

frijol

unidades domtsticas ejidales
dedicados a la producción
(% del total)

30.8

8-4.7

26.3

área cultivado
(% del total de labor)

12.0

53.2

8.3

37.1

1,970

17,830

10,430

83,110

producción/ hectárea (tons.)

0.2

0.4

0.4

0.7

producción / unidad doméstica
tons.)

0.45

1.4

1.3

3.3

2.26

3.5

3.0

4.7

producción (tons.)

promedio de superficie
cultivada por unidad
dom~tica (hectáreas)

Fuente: Cálculos en base al: vu Censo Agrícola-Ganadero. Nuevo León. Resultados definitivos.
Instituto Nacional de Estadistica, Geografía e lnfocmálica (INEGI). México 1994, cuadro 8.

Un panorama igualmente desolador se observa en la producción de
frijol a la cual se dedica la tercera
parte de los ejidatarios sureños. El
cultivo que se lleva a cabo en parcelas no mayores de 2.3 hectáreas (promedio Nuevo León: 3 hectáreas) arrojó, durante el ciclo de primavera / verano de 1990, un total de 1,970 toneladas, equivalente a 0.45 toneladas por
productor (promedio Nuevo León: 1.3
toneladas). En relación al promedio
estatal, la productividad por hectárea
resultó en esta rama agrícola aún más
bajo que en la producción de maíz.

Los ejidatarios de la zona levantaron
apenas 0.2 toneladas de frijol por hectárea, en tanto que en el promedio estatal lo fueron 0.7 toneladas.

Maíz y frijol conforman los componentes básicos de la dieta diaria de
los pobladores rurales. Sin embargo,
la producción de ambos granos no tan
sólo no arroja un excedente disponible para la comercialización sino resultó incluso insuficiente para el consumo diario de la población. Distribuido en los 365 días del año, la cosecha del maíz pone a disposición de

71

�cada unidad doméstica diariamente
3.7 kilogramos de maíz (fuente: cálculos en base al VII Censo Agrícola y
Ganadero), cantidad que será distribuida para el consumo humano, la
alimentación animal (aves de corral)
y la reserva estratégica de granos que

Dentro del contexto nuevoleonés,
los ejidos de la zona sur del estado
enfrentaron problemas de subsistencia más agudos que en las demás regiones de Nuevo León. Mientras que
el 44% de los ejidatarios nuevoleoneses no logró un excedente agrícola,

Cuadro 3
Destino &lt;Ae la producción en las unidades agropecuarias del sur de Nuevo
León, 1990 (%)
Municipios
Aramberri
Doctor Arroyo
Galeana
General Zaragoza
lturbide
Mier y Noriega
Rayones
PROMEDIO
REGIONAL
PROMEDIO
NUEVO LEÓN

sólo auto
consumo

venta local
y nacional

52.3

39.2

61.7

venta local, nacional
y exportación

sin
. producto
8.5

21.8

0.01 •

16.5

45.4

27.0

0.05 ••

27.6

68.9

29.9

81,7

17.0

1.3

72.4

1.6

26.0

19.2

75.5

5.2

54.7

26.0

0.02

19.3

43.9

36.3

0.02

19.8

1.2

Fuente: vn Censo Agricola Ganadero, Op. cit., cuadro 10.
• Se trata de una sola unidad agroperuaria.
•• Se trata de 3 uoidacles.

72

conforma la semilla del siguiente ciclo de producción. Es obvio que las
magras cosechas no logran satisfacer
ni uno de estos rubros. De ahí resultan una escasa integración al mercado
regional y, a consecuencia, limitadas
espectativas de ingreso.

El panorama y las perspectivas
productivas a nivel regional no son
tan homogéneos como parece a primera vista. Los productores del municipio de Rayones presentan el índice de integración al mercado más elevado: el 76% de los ejidatarios ofreció
sus productos (principalmente aguacate y nuez) en el mercado local y regional. En cambio, en los municipios
de lturbide y Mier y Noriega, entre el
72 y el 82% de los productores no dispuso de excedente agrícola alguno.
Además, en este último municipio al
igual que en Galeana se encontraron
más ejidatarios que no habían levantado producto alguno.

en la región sur el 55% no rebasó el
nivel autoconsumitivo. Otro 20% ni
siquiera levantó producto alguno (cifra idéntica al promedio estatal). De
esta manera, el 74% de los ejidatarios
no aparecieron nunca en el mercado.

En suma, las condiciones climáticas e hidrográficas de la zona sur li•
mitan las actividades agropecuarias a
tal grado que la mayor parte de los
proouctores no cuenta con un excedente el cual podría ofrecer en el
mercado local. Para acceder a los recursos monetarios requeridos (ya que
la estrechez de la gama productiva no
satisface las necesidades de consumo
básico), muchos ejidatarios recurren a
la recolección de productos silvestreS
entre los cuales destaca la lechuguilla: el 90% de los ejidatarios ixtleros
en Nuevo León habita en la zona sur.
Para muchos de ellos, la talla del ixtle
se ha convertido en actividad económica principal y fuente de dinero ex·
elusiva-a pesar de que el ingreso que
logran a través de esta actividad re-

sulta muy bajo (10.50 pesos por una
jornada de Iohoras en la cual se talla,
máximamente, 3 kilogramos de ixtle)
(fuente: entrevista con campesinos
ixtleros de la zona).
Las actividades agrícolas y recolectivas se acompañan por la ganadería en pequeña escala. Uno de cada
tres ejidatarios {36.8%) tiene ganado
bovino (en promedio, 4.8 cabezas por
unidad doméstica), del cual un tercio
es aprovechado, simultáneamente,
para la producción de carne y leche
suministrando, a cada productor, un
promedio de 8.2 litros de leche diariamente que en su mayor parte es consumido por la misma unidad doméstica. Sin embargo, el tipo de vegetación que predomina en gran parte del
sur y que constituye el alimento animal no favorece precisamente la ganadería bovina, hecho que se refleja,
por ejemplo, en el bajo rendimiento
lechero diario. En el sur, cada vaca
aporta, en promedio 4.7 litros de leche
comparado con los 6.7 litros en el promedio estatal. Por lo mismo, sólo el
6.9% de las cabezas bovinas de Nuevo
León son aprovechadas en el sur
(Fuente: vn Censo Agrícola Ganadero).
En cambio, el 41 % de las existencias de ganado caprino en el estado se
encuentra en manos de los ejidatarios
de la zona sur (el 39% de las unidades
domésticas dispone de cabras desti-

nadas en su mayor parte para la producción de carne y, en menor grado,
para leche. (Fuente: VII Censo Agrícola Ganadero).
Tanto en la agricultura como en la
ganadería, el pequeño excedente que,
en ocasiones logran los productores,
llega al mercado como materia prima
ya que las unidades domésticas no
acostumbran aprovechar dichos recursos para la fabricación de productos artesanales, actividad que parece
ser de mayor importancia en las cabeceras municipales.
Las difíciles condiciones productivas se agudizan aún más por la carencia de medios de transporte que
posibilitarían un acceso más directo a
los centros de acopio. De esta manera, muchos campesinos dependen de
comerciantes intermediarios que los
visitan en sus comunidades y que adquieren sus productos a precios ínfimos. Por otra parte, la necesidad de
acceder a recursos monetarios nulifica, prácticamente, la posibilidad de
negociar mejores precios de compra/venta por lo que los campesinos
tienen que aceptar lo que los comerciantes están dispuestos a pagar. .
Las condiciones agropecuarias difíciles han obligado a los productores
a buscar empleos asalariados. Sin
embargo, la predominancia de una
agricultura en pequeña escala y, más

que todo orientado al autoconsumo,
no permitió el surgimiento de un
mercado laboral de consideración en
esta zona. La demanda por jornaleros
es mínima ya que prácticamente el
total de la fuerza de trabajo ocupado
en las unidades agropecuarios (el
98%) se integra por familiares del titular de la parcela. En consecuencia,
quien no puede prescindir de un ingreso salarial está obligado a emigrar
hacia las ciudades o hacia el extranjero.

3. Condiciones de vida y migración
El conjunto de los elementos mencionados mantiene, a la mayor parte de
las familias campesinas, en condiciones de extrema pobreza. Las limitaciones impuestas por el entorno natural no permiten una agricultura que
garantizaría un nivel de subsistencia
satisfactorio para los pobladores. A
menudo, los agricultores no disponen
siquiera de semilla para la siembra
con lo que peligra incluso el precario
nivel de subsistencia que logran en
tiempos normales.
Si bien la situación de los campesinos del sur nunca ha sido halagadora, a partir de la década de los 80, la
crisis económica que sacude al país y
las políticas económicas de corte neoliberal adoptadas por el Estado han
intensificado la pobreza en esta zona.
El hambre, las enfermedades y, en
73

�INDETERMINACIÓN, SUJETO Y
MEMORIA EN VIOLETA-PERÚ
DE LUIS ARTURO RAMOS

José P. Villalobos
De los 2.5 millones de habitantes
en el estado, en 1980 sólo el 5% residió
en la zona sur de Nuevo León. Si
bien las tasas de natalidad rebasaron,
en las zonas rurales de la entidad,
siempre el índice del área metropolitano de Monterrey, la población regional no ha crecido en la misma manera. Sólo durante la reforma agraria
(que se llevó a cabo en su mayor parte hasta 1940) la población regional
aumentó a una tasa anual de 3.3%
(cuadro 4). Empero, las deficiencias
estructurales de la dotación ejidal
aniquilaron rápidamente el efecto estabilizador y convirtieron la zona,
nuevamente, en exportadora de fuerza de trabajo. Desde 1940, la tasa de
crecimiento demográfico anual desciende rápidamente para cifrarse, durante la década de los años 70, en
0.48% por año, lo cual indica una fuerte migración hacia Monterrey y los
Estados Unidos.

consecuencia, la muerte son ahora
fieles acompañantes de las familias
campesinas.
En estas condiciones, muchos labradores carecen de recursos para financiar una consulta médica en uno
de los centros de salud pública y/o
para adquirir los medicamentos necesarios. La pobreza limita, asimismo,
las posibilid~es de niños y jóvenes
de obtener una educación que rebase
el nivel primario y secundario ante el
costo de la educación misma.
Consecuentemente, muchos pobladores rurales optan por abandonar sus
parcelas para trasladarse a Monterrey
y/o los Estados Unidos. A pesar de que
las posibilidades de empleo en las ciudades son mínimas, la ciudad y el extranjero siguen siendo símbolos de
condiciones de vida menos duras, símbolos hacia donde se canalizan los
sueños y anhelos de jóvenes y adultos.

Cuadro4
Crecimiento demográfico, región sur y Nuevo León en total, 1930-1980 (%)
región sur

Nuevo León

19311-1940

3.25

2.60

1940-1950

1.89

3.26

periodo

l9~0-1960

0.93

3.84

19CIO-l970

1.98

uo

1970-1980

0.48

3.68

Fuente: Cifras de Nuevo León. Gobierno del Estado de Nuevo León. Secretaria de Programación y Presupuesto. Dirección General de Estadística. Monterrey, s/f.

74

!

El gobierno poco o nada ha hecho
para corregir las disparidades económicas y sociales en el estado. Después del cardenismo, el Estado contrajo sus inversiones en el campo y
favoreció de manera creciente el desarrollo de la industria, del comercio
y de los servicios; sin embargo, desde
la década de los ochenta, la escasa
atención hacia el campo se ha convertido en abandono. La política de
predios en torno a los productos agrarios deprimió el ingreso de los agricultores; las restricciones a los crédi·
tos para proyectos productivos y las
elevadas tasas de interés eliminaron
cualquier esperanza de modernizar la
producción y a mejorar, indirectamente, las condiciones de vida de la
población rural. La privatización de
las tierras ejidales resulta así sólo el
punto final de una política agraria
que está por acabar con el campesinado y que, por otro lado, no logra más
que intensificar los problemas ecológicos, sociales, políticos y económi·
cos de las grandes urbes.
Por lo anterior, es tiempo para dar
un cambio radical en la política agraria del gobierno estatal y federal- Se
requiere la adoptación de medi~
políticas que generan fuentes de e~
pleo en las zonas rurales y que esb·
mulan a la población rural a quedarSC
en sus comunidades.

Aunque con variantes, la obra entera
de Ramos es representativa de los temas y las tragedias de la narrativa
mexicana contemporánea. De hecho,
esto lo demuestra el artículo de Timothy A. B. Richards, «Cosmopolitanism in the Provinces: Time, Space
and Character in Intramuros,» utilizando las características propuestas
por John Brushwood en su obra la
novela mexicana ( 1967-1982). Pero, si
bien cabe dentro de los confines de la
escritura mexicana de hoy, lo mismo
podría decirse en cuanto al más amplio espacio de la creación literaria
posmoderna. De hecho, Violeta-Perú
(1979) comparte a un nivel ampliamente más inclusivo el ser un ejemplo de los temas y las estrategias de
la literatura posmoderna. 1

De manera muy breve, la novela
de un protagonista narrador del
cual se relatan varios episodios dudosos acerca de su vida durante un viaje
por autobús en la ruta Violeta-Perú
del Distrito Federal. En estos relatos
se dan a conocer varios episodios, en
forma de memorias, que el protagonista ha «vivido». La verdad ·acerca
de estos episodios nunca queda clara
Ysiempre está en duda ya que el protagonista hace su viaje intoxicándose
con tequila. Para la crítica que ha tratado la novela, esta incertidumbre sobre lo que le acontece al personaje en
trata

su viaje varía entre «fantasies of a
drunken man» (Dennis), «los sueños,
las ambiciones, o los recuerdos del
protagonista» (Brushwood 76), y
«daydreams of what might be or
might have been» (Richards 531). A
través de dichos relato se ve, quizá, la
manera en que hubiera sido la vida de
este hombre si pudiera volver a vivirla. Pero, para la desgracia del protagonista, su memoria, la cual cambia
constantemente, siempre lo remite al
presente en que se halla: emborrachándose para escapar de un mal trágico que le ha dado la vida. Por lo
tanto, su intento de cambiar su pasado es inútil; siempre acaba donde
mismo, en un camión del cual se ignora la parada.
Ahora, tomando esto en cuenta, lo
más sobresaliente de esta novela en
términos de los distintos puntos que
se han utilizado para definir lo que es
el posmodernismo y la literatura como producto de ello, es el estado de
indeterminación de la realidad y la
fusión, o (con)fusión, entre lo fidedigno y lo imaginario. No se puede
negar que los efectos del alcohol puedan ser la causa de la (con)fusión del
personaje, pero, reducirlo a ello como
lo hace Dennis al decir que los episodios son fantasías de un borracho, es
descartar el problema social y reducirlo a uno de índole psico-fisiológi-

ca. Sin duda es más factible aplicar la
conclusión de Richards al aludir al
personaje como a un «Walter Mitty»
del proletariado. De hecho, sus recuerdos, o episodios inventados, son
una expresión de la falta de identidad
que su posición como heteróclita del
espacio posmoderno le ha dado. Si se
toman sus delirios como un tipo de
anamnesis en el sentido psicoanalítico como lo aplica Lyotard al arte mo2
derno, la serie de narraciones resultan ser algo más que aventuras inventadas. De hecho, allí aparecen los temores y deseos del protagonista y se
manifiesta su posición en el orden de
la gran urbe mexicana.
En su catena compuesta de las características que él considera clave
para la definición del posmodernismo, Ihab Hassan ha incluido el término «indeterminación», o «indeterminacy», y lo define de la siguiente manera:
... lndeterminacy, or rather, indeterminacies ... include all manner of ambiguities, ruptures, and displacements
affecting knowledge and society... indeterminacies pervade our actions,
ideas, interpretations; they constitute
our world (504-505).
Ahora, si el mundo posmoderno
se halla inundado por estas indetermi75

�naciones que afectan el conocimiento
del ser, uno de sus productos es el sujeto descentrado que se halla fuera de
un sentido fijo de lo que es su realidad. El sujeto posmoderno, como resume Paul Maltby, se halla en un estado de incertidumbre en cuanto a su
mismo ser como fuente de conocímiento:
... the subf~t is «decentered» in relation to meaning; · he/she is not the
source or author of (prívate) meaning
but quite the reverse: the subject or,
more precisely, subjectivities are «called up» by discourses which position
the subject within the social order and
construct his/her perspectives on reality (5).
La realidad, desplazada y enterrada
entre incertidumbres, nunca se puede
hallar con certeza. Por lo tanto, en términos de Lyotard, no rige un «grand récit», o narrativa mayor, que sea la fuente principal del conocimiento. 3 En Vio/eta-Perú se evidencia esto al ver que lo
que se narra es un ejemplo de una práctica paralógica 4 que, en vez de buscar
cómo unificar el conocimiento y la experiencia, busca las inestabilidades, en
forma de·la indeterminación de Hassan,
que subviertan el conocimiento.
De hecho en la novela, ni los lectores ni el mismo protagonista pue76

den concluir con certeza qué es lo
que verdaderamente se ha vivido y
qué es lo que se ha inventado. En vez
de otorgar a cierto episodio alguna
señal de autoridad sobre los otros, el
conjunto de petit récits, o narraciones
menores, destruyen cualquier paradigma hegemónico con el cual se pudiera ordenar el tiempo y el espacio
del recuerdo. No hay por lo tanto, una
manera de legitimizar un episodio sobre otro.
Para ilustrar, se puede tomar como ejemplo el inicio de la novela:
Levantas el brazo para hacerle la parada. Luego brincas al estribo deteniéndote el estómago con una mano.
Con la otra adelantas el dinero y recoges el boleto ... escoges un sitio junto
a la ventana, tres asientos detrás del
conductor y comienzas a mirar hacia
fuera (9).
Mucho después, ya que se ha narrado el episodio en el cual el mítico Santos Gallardo ha golpeado al protagonista en una riña causada por la rivalidad y
celos ocasionado por una mujer, el protagorusta espera el camión con su amigo, el Filin Gud, y se narra lo siguiente:

-Es el tuyo -&lt;!ice el Filin-. Métete la
botella debajo pa que no te la vean
(100).

Poco después, ya que se relata el
episodio en el cual el magnate banquero
don Cayetano le niega al protagonista
empleo como chofer, se plantea la espera del camión en estos términos:
Te asomaste a la calle para ver si no
venía el camión y entraste a la tienda
El dependiente te preguntó que si qué
se te ofrecía y le dijiste que una anforita de tequila... Esperaste recargado
en la pared hasta que miraste venir el
camión... te sacaste la camina y te
metiste la botella debajo, te acercaste
a la esquina y levantaste el brazo
(1 18).

Después, ya que se narra la traición
a Santos Gallardo y su subsecuente
muerte debido a ella, se relata lo siguiente:
Caminas algunas cuadras, te metes a
una licorería y compras una anforita
de tequila; para que la gente no te la
vea, la escondes bajo la camisa Te
detienes en una esquina a esperar el
camión que ya no debe tardar (124125).

Los dos se asoman a la calle, se inclinan un poco al borde de la acera para
distinguir el número de ruta...

Estas son las cuatro instancias en
las cuaíes el protagonista inicia su

viaje por autobús. Se puede apreciar
en ellas una mínima diferencia que
no resulta en ningún cambio en cuan10 al resultado. O sea, no importa de
dónde viene ni con quién ande, el resultado es el mismo. También, como
se postuló anteriormente, no hay narración o memoria que tenga prioridad sobre las otras.
Ahora, si no hay orden de importancia en los relatos, un aspecto importante por estudiarse es el de los
orígenes de sus «recuerdos». Se puede atribuir fácilmente la causa de las
fantasías al escape que busca el pro!agonista de su situación fracasada en
la sociedad. El hecho de querer evadir su realidad en la cual no es más
que un tipo cualquiera, desempleado,
Y -en términos de Cynthia Steele«lumpen» (23), es lo suficiente para
justificar su necesidad de crear una
memoria ficticia. Pero, lo curioso en
este caso es analizar las fuentes y los
orígenes de los argumentos de sus
sueños que resultan como consecuencia de una serie de intertextualidades.
Parte de su (con)fusión, de hecho, está arraigada en una serie de textos
que entrecruzan y atraviesan la experiencia real del personaje. El hecho
de que esté borracho quizás aumente
la capacidad de imaginar y soñar, pero, todos los relatos se basan en algún
texto que sirve como modelo de lo in-

ventado. Así, de tal manera, el personaje se crea y re-crea constantemente
un espacio e identidad en un mundo
del cual se halla enajenado.
Ahora, al ver los textos que entrecruzan el existir del personaje con
mayor frecuencia, se hallan los siguientes: un corrido, un texto dramático, y el cine.
En cuanto al corrido, en un primer
ascenso al camión, el personaje se topa
con un ciego que sube al autobús a cantar un corrido. El «Corrido de Santos
Gallardo», que se reproduce íntegramente en la novela (11-13), es la historia
de un «... héroe de barriada... Ni bueno
ni malo, nomás un hombre, un mexicano que tuvo que luchar desde chiquito
para poder vivir» (11). Esta canción,
pues, y su personaje principal, forman
un texto que internaliza el protagonista
de la novela Así, en los episodios a seguir vemos que Santos Gallego se materializa y ocupa un lugar prominente
en las memorias o sueños del protagorusta Pero, al apropiarse e interiorizar el
texto, la capacidad de imaginar del personaje transforma a Santos Gallardo y
lo deforma de diversas maneras. Por
ejemplo, el nombre: Santos Gallardo,
Santo Terror, Santos Siluetas, y Santos
Ojales. Otro ejemplo de esta internalización y deformación del texto original es
el referente a las armas con las cuales

Santos Gallardo pelea. En el corrido se
dice lo siguiente: «Jamás usó una pistola / y mucho menos navaja / pues con
sólo su palabra / a todos sacó ventaja»
(12). Y de hecho, en ciertos episodios,
Santos rehusa al uso de armas. Él mismo dice cuando se le acusa de haber robado una navaja al protagonista: «Derecho carnal... yo no me quedé con ella
Tú sabes que nunca uso pistola y mucho menos navaja» (122). En este episodio, entonces, las palabras y los actos de
Santos Gallardo confirman lo dicho en
el corrido. Pero el protagonista, quizás
en un lapsus mental, contradice al texto
original varias veces. Por ejemplo, en
un instante narrativo se ve a Santos Gallardo portando armas de fuego para
asaltar el banco de don Cayetano. De tal
forma, las contradicciones abundan: el
corrido sólo presenta a un personaje, real según su autor, pero adoptado y deformado por el receptor.
El segundo texto que interfiere
con la realidad del protagonista es el
texto dramático, intitulado también
«Corrido de Santos Gallardo» (14-21),
que el protagonista compra al ciego.
Este, a pesar de su título, no es más
que un texto con acotaciones dramáticas que dan orden al diálogo y a los
sucesos de su contenido. Los personajes de importancia en este drama
son dos: Santos Gallardo y el «Hombre No. 1». La identidad de este últi-

77

�mo nunca se esclarece, pero, tal como
se manifiesta en episodios subsecuentes, sufre el mismo mal que el protagonista de la novela: ha sido despedido de su trabajo y quiere que Santos
Gallardo lo acompañe a reclamar su
despedida. En el texto dramático, entonces, dice el Hombre No. 1: «Nomás acompáñame a verlo, tú te quedas en la esquinita mientras yo le hablo. Orale \ no?» (18). Después en
otro relato, como haciendo eco del
corrido, el protagonista dice: «...pa
acabarla de amolar fue cuando me
corrió don Cayetano dizque porque
yo era amigo de Santos Desmadre.
Hasta lo fui a ver para que me ayudara a hablar con el patrón porque se
me hacía que don Cayetano le tenía
miedo...» (32). En otra instancia, en la
cual se contradice ésta ya que en ella
es aparente que el protagonista no conoce a Santos Gallardo, se dice: «Pero todo se lo cargó la chingada y no
tener siquiera un cuatacho como el
Santos Gallardo que le dijera al pinche viejo mentiroso 'Ora viejo cabrón, o le da de verdá su chamba aquí
a mi amigo o se va a acordar del primer gachupín que llegó a estas tierras'» (35-36). En estos ejemplos, tenemos un extracto del original (en
torno· al corrido), y dos defonnaciones de éste por el protagonista. En el
extracto del texto dramático se presenta a Santos Gallardo como un tipo
78

de Robin Hood, a quien los desamparados acuden en busca de ayuda. El
Hombre No. 1, de hecho, es lo que
hace en el drama: pide a Gallardo que
lo acompañe a recia.mar su despedida
a su ex-patrón. Entonces, no hay diferencia en la presentación de Santos
Gallardo según su representación en
el texto dramático y fuera de él en los
instantes relatados por el narrador.
De hecho, aunque sin conexión directa a los relatos aquí citados, es Santos
Gallardo quien asesina a don Cayetano, el magnate banquero y supuesto
ex-patrón del protagonista, en un tipo
de vendetta por parte de la clase proletariada en contra de la burguesía. El
protagonista, pues, en sus sueños
adopta casi intacta la imagen de «héroe» que el ciego le da en su corrido
cantado y escrito. La apropiación de
Santos Gallardo, en su dimensión como héroe, cumple los deseos del protagonista al eliminar, tal vez sólo en
sus sueños, al tirano don Cayetano.
El tercer texto que intercede en la
realidad del protagonista es el del cine. Al igual que en los textos ya mencionados hasta aquí, las películas que
el protagonista ha visto se han interiorizado y adaptado a la situación
que inventa en sus relatos. Abundan
los ejemplos de la cinematografía, en
poses por ejemplo, se refiere a un
gesto de Santos Gallardo como «son-

riente con su cara de malo de película» (33). O, al referirse al poderío de
Santos Gallardo: «Si hubiera revoluciones, Santos sería un general... Y
ya te lo imaginas con su sombrero de
charro pareciéndose a Jorge Negrete
y matando güeros culeros que no
cumplen lo que prometen como en
aquella otra película...» (36). Un claro
ejemplo que manifiesta el uso de películas como fuente de los acontecimientos y las acciones en los sueños
es el que ocurre durante el supuesto
asalto al banco de Cayetano. Tenninado el crimen y estando por salir, se
ven los terroristas atrapados por la
policía que está balaceando el frente
del local. Entonces, en busca de maneras de darse a la fuga, dice el narrador: «Cualquier intento de escape por
el frente sería una locura como lo había demostrado el fin de la película
Buch Cásidi ...» (62).
La intertextualidad, que resulta
ser la única experiencia del protagonista, le ofrece material para sus sueños. Además, dentro de las diversas
crisis que le ocurren dentro de dichos
episodios, los textos apropiados le
ofrecen modelos para solucionar SUS
problemas. Estos textos ayudan al
personaje a construir varias reali·
dades que concuerdan o contradicen
lo expuesto en ellós. En términos del
posmodemismo, esto se relaciona ala

conciencia que, según Maltby, «.. .inhabits a space suffused with 'simulacra', that is, primarily the images of
mass entertainment... images of history. society, and nature... » (11). En el
caso de Violeta-PerlÍ, las imágenes
ofrecidas por el corrido, el texto dramático. y el cine se acomodan y encajan con la realidad del personaje.
a81'(1 está que este hecho no se puede
confirmar, ya que los relatos se conlradi&lt;;en entre sí, pero, lo que esto
manifiesta es una situación dialógica
entre lo interno, en el sentido psíquico del personaje, y lo externo, en el
sentido social de los textos. Pensemos aquí en lo que dice el crítico Roben Stam glosando a Bakhtin:
For Bakhtin, the individual, even in
his/her dreams, is permeated by the
social... The process of constructing
the self. .. involves the hearing and assimilating of the words and discourses of others (mother, father, relati\'es, friends, ... the mass media and so
fonh), ali processed dialogically so
that the words in a sense become half
'one's own words' (119).
Si se agrega a esta lista los textos
que entrecruzan el existir del protagonista de Violeta-Perú, se comprende
mejor la apropiación de ellos y la
adaptabilidad con la cual se emplean.
Por lo tanto, la suma importancia al

considerar los relatos no debe caer en
cuáles fueron realmente «vividos» y
cuáles fueron simplemente «inventados». Lo importante es el uso de los
textos, y su apropiación con la cual
demuestra el protagonista la necesidad escapista de un ambiente que lo
hace menos. Dentro de el ambiente
cerrado del camión, que en cierto
sentido es un microcosmo de la gran
capital mexicana, y dentro de la inmovilidad de ser un lumpen, el protagonista no tiene más salida que recordar, imaginar, soñar e inventar. En la
novela, no se estratifican tales términos. Lo mismo es recordar, como lo
es imaginar, soñar e inventar. El mismo Luis Arturo Ramos ha dicho en
cuanto a la memoria:
Estoy consciente de que he venido
construyendo mi memoria desde el
presente lo cual, además de peligroso,
suena tramposo y contradictorio; sin
embargo tengo la certeza de que los
recuerdos se reelaboran y renuevan en
la medida que quien los convoca lo
hace desde tiempos distintos. La perpetua y para mí obligada reconsideración del pasado a través de mi memoria nunca fiel ni confiable, erige un laberinto mórbido y fraudulento ... (1900:
4-59).

La memoria, entonces, nunca es
fiel ni confiable, y el recuerdo, por

ende, se construye según el espacio y
tiempo del cual se hace el esfuerzo a
la remembranza. En ténninos del personaje, no importa el tiempo real, sino el ilógico que se halla en su interior. Como él mismo se pregunta:
«¿Cuánto tiempo llevas en el camión? No mucho porque todavía es
de tardecita aunque tienes la cabeza
más llena de tiempo del que has pasado en verdad» (78), y después se dice:
«... calculas el tiempo que llevas en el
camión que ya parece toda una vida»
(97). Y en verdad, así aparenta serlo,
toda una vida recordada, soñada e inventada en la memoria. La gran tragedia, sin embargo, es que toda esa
vida se hace en la imaginación y no
más allá de allí. Como dice el protagonista al terminar la novela: «Pudiste haber hecho todo esto... Pudiste haber hecho todo eso y más, pero no lo
hiciste» (127). De hecho, no lo hace y
tennina en el mismo lugar que comienza, salvo un poco más borracho,
pero en el mismo lugar: en un camión, ruta Violeta-Perú, del cual ignora su bajada.
La obra de Luis Arturo Ramos,
como lo han discutido Brushwood y
Richards, indiscutiblemente encaja
con la narrativa mexicana de hoy. Al
mismo tiempo, su obra, y VioletaPerú en este caso, tiene cabida dentro del más amplio movimiento lite79

�c·uaclernos ele la re\'ista

DESLINDE

/9

MONTERREY/ JULIO-DICIEMBRE/ 1996

rario denominado posmodemo. En
términos de la indeterminación que
Hassan expone en su catena, Violeta-Perú ejemplifica la crisis del sujeto posmodemo en cuanto al conocimiento.
Notas
1

2

Tomando en cuenta las diversas definiciones de lo que es el posmodernismo, en este trabajo dicho ténnino se
usa teniendo en mente los parámetros
establecidos por Hassan en su catena
(504-508).
Refiriéndose a Manet, Duchamp, y
Barrnett Newman, Lyotard dice: «we
would have to compare their work
with anamnesis, in the sense of a
psychoanalytic therapy. Just as patients try to elaborate their current
problems by freely associating apparently inconsequential details with
past situations -allowing them to uncover hidden meanings in their lives
and their behavior» (1992: 79-80).

4

Jameson, en su introducción a The
Postmodern Condition, dice lo siguiente acerca del paralogismo:
«... Lyotard's ultimate vision of science and knowledge today as a search,
not for consensus, but very precisely
for 'instabilities', as a practice of paralogism, in which the point is not to
reach agreeement but to undennine
from within... » (xix).

Obras citadas
Brushwood, John S. lA novela mexicana
( 1967-1982). México: Grijalbo, 1984.
Dennis, Susan Michele Brown. «La obra
narrativa de Luis Arturo Ramos». DA/ 53
(1992): 168A. Texas Tech U.
Jameson, Frederic. Forward. The Postmodern Condition: A Report on Knowledge.
Minneapolis: U of Minnesota P, 1984. viixxi.
Hassan, Ihab. «Pluralism in Postmodern
Perspective». Critica[ Inquiry 12 ( 1986):
503-520.

3

Sobre narrativa mayor, Lyotard dice:
«In contemporary society and culture... the question of the legitimation
of knowledge is formulated in different forms. Toe grand narrative has
lost its credibility...» (1984: 37). Una de
las maneras de buscar el conocimiento se manifiesta en la narrativa menor.

Lyotard, Jean-Fran~ois. The Postmodern
Exp/ained: Correspondence 1982-1985.
Minneapolis: U ofMinnesota P, 1992.

- The Postmodem Condition: A Report
on Knowledge. Minneapolis: U of Minneapolis: U of Minnesota P, 1984.

Maltby, Paul. Dissident Postmodemists:
Barthelme, Coover, Pynchon. Philadelphia: U of Pennsylvania P, 1991.
Ramos, Luis Arturo. «Autopresentación o
suicidio». Confluencia 6.1 (1990) : 3-6.

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Cultural Critique». Postmodemism and
Its Discontents: Theories, Practices. &amp;l.
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Steele, Cynthia. Politics, Gender, and tht
Mexican Novel, 1968-1988: Beyond tht
Pyramid. Austin: U ofTexas P, 1992.

Durante un tiempo que abarca más de un año -antes y ~espués de 1996-, se celebraron en
la ciudad de Monterrey muchos festejos y publicaciones destinadas a conmemorar sus
primeros 400 años de existencia.
Entre estas últimas destaca Visión de Monterrey, obra con la que obtuviera su autor el
premio de ensayo otorgado por el Ayuntamiento de la ciudad y por IMPAC, organismo
irlandés que promueve el desarrollo literario en los orbes hispánico e inglés.
En estas páginas incluimos el primero y el último de los capítulos que integran el
ensayo firmado por el escritor regiomontano -aunque nacido en el Distrito FederalAbraham Nuncio.
Completa este Cuaderno un amplio fragmento de las entrevistas que sostuvieron los
jóvenes investigadores Rosana Covarrubias Mijares y Juan Manuel Casas García con
cuatro destacados maestros de la arquitectura mexicana, avecindados en nuestra ciudad.
Los arquitectos Adán Lozano Arrambide, Armando V. Flores Salazar, Fernando López
Martínez y Eduardo Padilla Martínez-Negrete hablan -con amplio conocimiento y
mucha vehemencia- de su ciudad. Pero cuando ellos se expresan así, no hacen sino
hablar de nuestra ciudad.

�VISIÓN DE MONTERREY

Abraham Nuncio
La visión ausente
Los indios no vivieron para contarlo, o bien, si lo contaron, ni ellos ni la historia pudieron hacer que trascendiera. Tomados a dos fuegos -el de las fuerzas liberales mexicanas que veían en ellos una masa irredenta, contraria a la credenda del progreso y delincuentes por naturaleza, y el de los blancos norteamericanos que partían de una mirada similar adicionada de
un más franco racismo-, los pocos que quedaban en el
territorio de Nuevo León fueron sacrificados Yextinguidos en el curso del siglo XIX.
En estas tierras no pervive siquiera la inspiradora
visión de los vencidos, fuente de identidad cultural Y
de crítica a todo acto de avasallamiento y despojo.
El único monumento que hay de un indio en Monterrey, la capital, es el de un indio foráneo: Cuauhtémoc, descendiente lejano de los mismos chichimecas
que, como él, se negaron a ser sometidos y por ello
fueron aniquilados, primero por los españoles y luego
por criollos y mestizos. Aureolada por los liberales del
pasado y del presente siglo y convertida en la marca
de fábrica de una cerveza hecha en Monterrey, la figura de Cuauhtémoc resulta admisible y apenas simbólica para una sociedad que seguirá justificando el exterminio de la comunidad indígena que habitó estas tierras; negándola por tanto como parte de su ser. Y aquí
hay que hablar no sólo de la comunidad _cuyo caráct~r
indómito fue queja constante de conqmstadores, misioneros y cronistas; también de esa otra -de origen
tlaxcalteca o cataara- que colaboró con los españoles
82

en su empresa de dominación. ¿Cuántos descendientes habrá de aquellos españoles que, como Antonio
Ladrón de Guevara, aventurero audaz que se jactaba
de «que las indias se morían de amor por él Y que en
todas las tribus nómadas contaba con un gran número
de hijos producto de sus aventuras amorosas», según
relata Vito Alessio Robles?
Curiosidad casi imperceptible es la simbología del
escudo de Monterrey. Colocado éste en el frontispicio
del Palacio Municipal, también luce en uno de los ángulos del módico obelisco levantado en homenaje a
los fundadores de la ciudad en el lugar donde presumiblemente fue inaugurada. Contiene tres figuras de
indios: dos de ellas flanqueando el lienzo del escudo,
en actitud de sostenerlo, y la tercera, en el óvalo de su
emblema, flechando al sol que nace tras las cumbres
del cerro de la Silla. Ninguna otra figura humana forma parte del paradoja! escudo aprobado por la reina
Mariana de Austria en 1672 con el penniso de que su
diseño, según la facultad que le otorgara el gobe~ador Nicolás de Azcárraga, fuese a elección de la ciudad.
La joven pero vigorosa cultura azteca y otras cul~ras prehispánicas lograron, mediante disfraces Y rmmesis, sobrevivir al naufragio de la sociedad en que
florecieron. Sus instituciones hallaron puntos de intersección con algunas de las instituciones que trajeron
consigo los españoles. Quienes las crearon y defendieron hasta el momento de la derrota se resignaron 8
perderlas por un lado, pero quisieron recuperarlas ,por
otro y dieron pie a su transmutación: la monarqma Y

su representante, el huey tlatoani; el uso comunal de
la tierra (calpulll); la religión politeísta, encontraron
sus medios hermanos en la organización política piramidal de la corona y en el virrey; en el ejido; en la galería de santos católicos.
No ocurrió lo mismo con la cultura frágil, carente
de instituciones arraigadas, sin grandes centros ceremoniales pi políticos que fue la de los habitantes seminómadas o practicantes del nomadismo atado del
norte. El médico· Eleuterio González, absolutizaba su
errancia: no había tribu, decía que tuviera «domicilio
fijo». Acaso por ser demasiado grandes, verdaderas
cuencas donde la naturaleza proveía templos y santuarios en esos espacios abiertos -el término usado por
Sunkel para referirse a la pampa argentina- que eran
la Gran Chichimeca y la Gran Cuachichila, territorios
septentrionales de la Nueva España donde hubiera tenido cupo media Europa, ni el conquistador ni el mexicano de nuestros días ha sido capaz de captarlos y
reconocerles otro carácter que el de hábitat primitivo
de las tribus prehispánicas.
Nadie osaría fechar la existencia de la Gran Tenochtitlan -y menos convertirla en objeto de celebración- a partir del momento en que es conquistada por
los españoles. En ese momento era tal desarrollada y
populosa ciudad (más bien: ciudad Estado), «queparecía a las cosas de encantamiento», según la describió Berna! Díaz del Castillo en un castellano al que
después le dará pulimento y dimensión universal de
una parte y otra del Atlántico la literatura del siglo
XVII.

Diferente fue el caso de Monterrey. En el lugar
donde se le edificó no había templos, palacios, plazas,
escuelas, mercados, calzadas, acueductos, pancracios.
Nada había sino una naturaleza a la que poco habían
alterado ni tampoco añadido gran cosa los chichimecas del valle que después fue bautizado por los españoles con el nombre de valle de Extremadura. Pero en
él habitaban, era su territorio. Y en él pudieran no haber construido edificios de su mano, pero -lo sugería
en un comentario epistolar el arquitecto Manuel Rodríguez Vizcarra a un amigo y colega suyo- tenían lugares sagrados. Sólo que eran naturales.
AJ celebrarse los 400 años de la fundación -de hecho refundación- de Monterrey, no sólo la visión, sino la memoria de esos hombres se halla ausente. Como si no hubiesen sido los primeros pobladores del
espacio que hoy ocupa la ciudad; como si no pertenecieran a su historia. Desde un principio se los hizo ajenos a lo suyo, extranjeros en su patria. Replegados al
norte, el corrimiento de la frontera en el siglo XIX materializó su extranjería. Efecto complementario fue el
fortalecimiento de lo que Cuauhtémoc Velasco Avila
llama «cultura de casta criolla». En la base de esta
cultura se halla la creencia, bastante extendida en Aridoamérica, de que «uno de los elementos distintivos
del norte mexicano es el poco mestizaje entre la población blanca e indígena». Así, el indio -sedentario o
nómada- pasa a ser un actor secundario. «El indio nómada -concluye Velasco-, el eterno insurrecto, aparece como un ilegítimo habitante de la región, pues de
hecho su acción está dirigida constantemente en contra del progreso, del desarrollo y de la paz, elementos

�que tradicionalmente son conductores de la narrativa
histórica. El accidente de la nueva línea divisoria en
1848 simplificó las cosas: los apaches, los comanches,
los lipanes, nunca habían sido mexicanos».
Esa cultura de casta criolla es un fenómeno propio
de sociedades regionalistas, ensimismadas, en las que
el orgullo inducido por las élites·para su provecho es
asumido por la mayoría, y a veces llega a convertirse
en columna de identidad, en folclor. Dice el corrido de
Monterrey:
Tengo orgullo de ser del Norte
del mero San Luisito,
porque ai es Monterrey ...

Sebastián Salazar Bondy, en su agudo ensayo Lima la horrible se refiere a una exclusión similar: muy
pocos y con dificultad considerarían limeños a los
moradores de lo que después sería Lima, «pues tal privilegio sólo se concede a los que nacieron en la ciudad dibujada un cálido día de enero por la espada de
Francisco Pizarro». De igual manera, parecería un
atrevimiento llamar monterreyenses o, como han preferido llamarse a sí mismos los habitantes de la Monterrey contemporánea~ regiomontanos, a quienes combatieron a los españoles y sus aliados. Fueron y son
extraños. En la evocación de la ciudad fundada hace
cuatro siglos, recordarlos suena discordante. Los conquistadores y quienes heredaron su poder están presentes en múltiples historias, en sendas estatuas, nombres de calles, homenajes; los indios, salvo algún
nombre de los suyos y referencias poco difundidas so84

bre su existencia y cultura han sido, con raras excepciones, objeto de fobia y presa del olvido.
Fragilidad social y etnocidio se conjugaron para
que los símbolos, rituales y monumentos de los pobladores indígenas quedaran excluidos de la cotidianidad
de los contemporáneos. Desaparecida la base étnica,
no hay tampoco culto alguno que haya trascendido de
la antigua a la nueva sociedad. El de los muertos, de
hondas y fuertes raíces en el centro y sur del país, no
llegó a implantarse a pesar de los cementerios destinados a los indios por un apartheid que los blancos extendían del.mundo de los vivos al de lo funerario.
El mestizaje no mantuvo vivos los remanentes culturales indígenas. Perviven algún guiso, unos cuantos
nombres de personajes, una breve toponimia regional,
vocablos domésticos, así como rituales que pasaron de
contrabando por la aduana del folclor al culto de las
deidades trasplantadas de Europa a suelo americano.
Las procesiones en homenaje a la Virgen de Guadalupe, por ejemplo, se hacen acompañar tradicionalmente
por los matachines, que así se llama a los grupos de
danzantes infatigables que remuelen el ritmo de unos
ancestros paganos comunicados mítica y místicamente con sus dioses o con la naturaleza a través de la
danza.
Briznas de una cultura gastronómica: el esquite, la
«barbacoa de mezcal»; de un universo vocabular Y
onomástico: algunos nahuatlismos y nombres de caudillos como Hualahuises y Huajuco; del sometimiento: las quejas de los indios elevadas al cabildo por el

mal trato de los encomenderos. No sobrevivencias
culturales ni memoria de sus héroes y hazañas, de sus
enemigos y derrotas. Menos todavía una visión.
En esa vasta superficie que comprendía casi en su
totalidad lo que hoy son los estados fronterizos de
México con Estados Unidos y que se extendía más
allá de los antiguos límites entre ambos países, los indios dejar;on, sin embargo, testimonios cuyo significado no se ha lleg~do a descifrar. Tallados en la roca viva -algunos en frisos montañosos que hoy supondrían
la necesidad de sofisticados andamios para su realización-, sus iconos o rasgos aluden a fenómenos cósmicos, órganos humanos, objetos y animales relacionados con la caza; a probables cálculos cronológicos, a
sentimientos afectivos, al aparente capricho que equivaldría a los graffiti de hoy mediante los cuales el turista, que juega a la inmortalidad, nos hace saber de su
paso por cierto lugar: Aquí estuvo x.
Denominados petroglifos y pictografías, esos testimonios, a los que quizá se les reste significado bajo el con~ arte rupestre, pudieran entrañar en su «código limitado de símbolos», si no una visión, sí una versión de
la vida y juicio sobre sí mismos y sobre aquellos a quienes se enfrentaron. William Breen Murray, uno de los inYestigadores que mejor los ha estudiado, establece el origen de los primeros petroglifos alrededor de hace 11 mil
años Yfecha los últimos en la segunda década de este sigl~. Una especie de grito pétreo antes de desaparecer los
liltimos indígenas que pisaron suelo de Nuevo León. El
PIOpio Murray encontró una «pintura de caballo (sin jinete) cerca de Espinazo, como evidencia de esta etapa fi-

nal». La etapa final de una cultura milenaria extinguida
en poco más de tres siglos de barbarie civilizadora -valga
la contradiccióñ.
No se puede descartar en el futuro una lectura más
profunda y totalizadora de la primitiva litografía indígena. Cuando tenga lugar, acaso podría revelamos un
código sui generis de lo que fueron los hechos, el pensamiento y la tragedia de los hombres indómitos que
habitaron el norte de México.

El Reino
Un joven formado en la admiración de Vasconcelos ,
en las 1ecturas universales del grupo Contemporáneos
y en el contacto con la generación de grupos más jóvenes -sobre todo el conocido como Los Barandales-,
en las luchas universitarias y en su fervor universitario
pronuncia un discurso en ocasión del 350 aniversario
de la ciudad de Monterrey. Ese joven era Raúl Rangel
Frías. En una frase de clara matriz hegeliana dice: «la
ciudad ha adquirido conciencia de sí misma, habiendo
llegado a su madurez espiritual. Es decir, a un momento en que el pasado adquiere un matiz especial
que lo convierte en tiempo histórico».
Tenía. razón Rangel Frías. La ciudad había madurado luego de dos siglos de existencia precaria, uno de
incertidumbre y medio de pujante desarrollo industrial. Ahora, en 1946, internalizada su historia, se podía
reflexionar sobre ella. La primera vez que su fundación fue celebrada formalmente había tenido lugar
cincuenta años atrás. Hubo un programa oficial, hono-

�res, recordaciones, acaso odas y epinicios. Pero no
una reflexión. Ni el tiempo ni las circunstancias la
pennitían.
Al cumplirse doscientos años de su fundación corrían versiones diversas sobre Monterrey y sus fundadores. Una, por ejemplo, la de fray José de Arlegui,
atribuía el descubrimiento del Nuevo Reino de León
«el año de 1602 por los reverendos padres fray Andrés
de León, fray Diego de Arcaya y fray Antonio de Zalduendo ... » Las investigaciones de ese sólido e implacable historiador que fue Eugenio del Hoyo nos dejan
ver a la vez los errores o inventos históricos y la forma en que se vinieron corrigiendo. El Memorial de
Juan Díaz de la Calle (1646) que aporta los datos de la
entrada de Carvajal al Nuevo Reino; la recuperación
del Acta de Fundación de Monterrey y su publicación
ordenada en 1861, como ya se vio, por Santiago Vidaurri; los trabajos en los que Vito Alessio Robles
desmitifica múltiples aspectos de Nuevo León y su capital; el Documento del Parral hallado por Wigberto
Jiménez Moreno; las investigaciones realizadas por
varios historiadores de la ciudad o vinculados a ella en
el Archivo General de Indias, en el Archivo General
de la Nación y, más recientemente, en el Archivo General de Nuevo León ·permiten que la conciencia se
apoye en el conocimiento y aparezca la historia. Más
aún: el sentido de la historia, sus causas -siempre en
términos aproximados-, sus posibles horizontes.
¿Cómo había llegado la ciudad a su madurez espiritual, a ese momento en que el pasado adquiría tiempo histórico? Raúl Rangel daba respuesta a la interro86

gante: «Ha menester que ciertos acontecimientos sirvan de eminencias para que los sucesos ocurridos con
anterioridad se organicen en una perspectiva visible
para la mirada interior del alma». ¿Y cuál fue, de todos los sucesos ocurridos entre la desvaída celebración de los 300 años de fundada la ciudad y la que
ahora motivaba su discurso, el más significativo, el
que le daba piso a todo lo humano que se levantaba en
la Monterrey de los años cuarenta? ¿No fue acaso la
revolución? Quizá pensando en Hegel, le daba la razón a ese viejo y empecinado aguafiestas que ha reaparecido varias veces después de otras tantas honras
fúnebres que se le han·hecho. Me refiero, a pesar de
muros derruidos, socialismos reales reconfigurados y
la montaña de filósofos postmodemistas y cuantos fi.
nes de la historia y de la ideología nos han contado, a
Carlos Marx.
Decía precisamente en La ideología alemana:
... la fuerza propulsora de la historia, incluso la de la~
ligión, la filosofía y toda otra teoría, no es la crítica, sino la revolución. Esta concepción revela que la historia
no termina disolviéndose en la «autoconciencia», como
«el espíritu del espíritu», sino que en cada una de l&amp;1
frases se encuentra un resultado material, una suma de
fuerzas de producción, una relación históricamente
creada con la naturaleza y entre unos y otros individuos.
que cada generación transfiere a la que sigue, una ma.11
de fuerzas productivas, capitales y circunstancias, que,
aunque de una parte sean modificados por la nueva generación, dictan a ésta, de otra parte, sus propias condiciones de vida y le imprimen un determinado desartO-

�llo, un carácter especial; de que, por tanto, las circunstancias hacen al hombre en la misma medida en que éste hace a las circunstancias.
La revolución, mediante cambios en las relaciones de
propiedad y en todos los vínculos económicos, entre los
individuos que participaban en la producción, en el gobierno y en la cultura produjo cambios en la conciencia,
en el espíritu de los hombres. Con ella o contra ella maduró la nación su identidad. Y con ella la de regiones y
ciudades, la de algunos de sus habitantes que pudieron
compartir su nueva manera de sentir y expresarse y forjar
por tanto una conciencia colectiva. Así fue como escribió
Alfonso Reyes su Visión de Anáhuac. Y así también Rivera, Siqueiros y Orozco fue que pintaron sus murales, y
Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, José Revueltas,
Agustín Yáñez, Juan Rulfo y Carlos Fuentes dejarnos sus
novelas. Por las mismas razones Sarnuel Ramos en El
hombre y la cultura en México y Octavio Paz en El laberinto de la soledad reflexionaban sobre su país. Paz: «La
Revolución mexicana es un hecho que irrumpe en nuestra historia como una revelación de nuestro ser».¿Y por
qué fue así? Porque ese movimiento entrañaba la causa
de la libertad y la igualdad. La libertad y la igualdad -dice Paz- que eran y son conceptos vacíos, «ideas sin más
contenido histórico concreto que el que le prestan las relaciones sociales, como ha demostrado Marx».
A partir de esos cambios profundos, de los que
Monterrey no podía escapar, Raúl Rangel Frías y
otros hombres de inevitable memoria, introdujeron
una corriente renovadora en el quehacer cultural de la
ciudad y el estado.
88

Intelectual que lo mismo escribió sobre el poeta
Porfirio Barba Jacob que sobre el general Gerónimo
Treviño; lo mismo sobre la orientación ideológica de
la universidad que sobre Monterrey, Raúl Frías fue el
impulsor de la Ciudad Universitaria y el guía intelectual de una generación que le dio cuerpo a un proyecto cultural ya agotado pero del cual quedan aún valiosos destellos. Es, después de Gonzalitos, el segundo
héroe cultural de la ciudad. El siglo XX ya no verá
otro. Tendremos que esperar al que nos depare -si nos
lo depara- el siglo XXI.
Una leve. digresión que creo pertinente. Volcada
Monterrey hacia la producción y la tecnología, pocos
han sido sus pensadores y hombres de letras que se
hayan destacado en el ámbito nacional y más allá de
éste. En rigor, yo sólo consideraría dos: fray Servando
Teresa de Mier y Alfonso Reyes. El resto: glosadores,
articulistas, aspirantes y quizá un ensayista, Gabriel
Zaid, del que pueda hablarse en el futuro. Como sea,
las tres figuras mencionadas se hicieron fuera de
Monterrey y no aquí. Caso diferente el de los industriales de mayor estatura: se han hecho en la ciudad,
pero su nombre e imagen son conocidos en el país Y
de hecho en todo el mundo informado.
Monterrey le parecía a Raúl Rangel Frías «juvenil.
emotiva y ligera»; en suma, como decía, «una joven señora». Pero no era todavía la ciudad metropolitana que
dice su nombre. Lo será, por fin, un cuarto de siglo más
tarde. En 1970 su población (858 mil 107 y más de 1 millón
200 mil habitantes considerando la de los municipios de
San Nicolás de los Garza, Garz.a García, Guadalupe Y

Santa Catarina) ha crecido veinte veces respecto a la que
tenía a principios de siglo y su marcha urbana se confunde con la de los municipios que en el siglo XIX, y antes,
pusieron cabildo aparte. El perímetro que originalmente
le dio Diego de Montemayor está todo urbanizado. Su
nombre era ya su realidad.
En pocos años, la ciudad metropolitana prohijó el
nuevo reiq.o. Los jets de Alfa, Vitro, Cemex y Protexa, firmas vinculadas a la producción de acero, vidrio,
cemento y duetos para grandes obras de conducción,
les daban carácter de ubicuidad. Una ubicuidad que
impregnaba a Monterrey.
En el seno de la ciudad metropolitana habían crecido poderosos consorcios transnacionales cuyas posesiones se hallan prácticamente en todo el mundo. La
prensa internacional más influyente -la de Estados
Unidos, Inglaterra y Francia- empezó a dedicarles
amplios y elogiosos reportajes en la segunda mitad de
los años setenta. La revista Forbes, en octubre de
1979, difundía:
Monterrey, una ciudad rodeada por montañas a 150 millas de la frontera sur de Texas, es ya un potente centro
industrial. Con sus grandes siderurgias, esta ciudad de 2
millones de habitantes alberga al 3% de la población pero produce el 20% de los 99 billones a que asciende el
producto nacional bruto del país. Los regiomontanos
son industriosos y sus industriales legendarios en México, particularmente los que poseen las cuatro poderosas
compañías holding, vinculadas por lazos farniltares, conocidas como el Grupo Monterrey.

El término Area Metropolitana de Monterrey quedó
incorporado al lenguaje cotidiano de sus habitantes. El
resto del estado fue vaciando de pobladores, recursos y
significado. Fuera de Monterrey, todo es Nuevo León. La
centralización, como en el antiguo reino de los Austria,
se fue acentuando. Monterrey convirtió a Nuevo León en
el estado más centralizado del país. Hacia 1990 concentraba el 90 por ciento del inventario humano y material del
estado. En los inicios de su industrialización atrajo hombres y casi a la par materias primas transformables de diversas partes de la República. En los años treinta inició
con sus financieras la atracción de capitales de otras regiones. Como gigantesca piedra imán, en los años setenta empezó a atraer también con fuerza al capital extranjero. Finalmente, en el curso de los años marcados por el
neoliberalismo que ha empobrecido extensos sectores y
· zonas del país, a su radio ha atraído grupos enteros de indios de Chiapas, Oaxaca y otros estados con población
indígena. Otra vez las tribus procedentes de la barbarie
(«cada cual llama barbarie, decía Montaigne, a lo que es
ajeno a sus costumbres») y como tales tratadas: no ya
con los métodos tanatógenos del pasado, sino con los
menos espectaculares pero igualmente desaparecedores
de la marginación.

se

El centro del reino está en la metrópoli, y de ésta extiende sus dominios físicos e invisibles hacia el resto del
globo. Los dueños de Cementos Mexicanos o de Alfa
hoy podrían responderle a Felipe II que, efectivamente,
en sus dominios tampoco jamás se pone el sol.
Todo lo que a la ciudad viene se convierte en parte
del reino. Se lo tritura o se lo hace sudar, se lo trajina

�DIÁLOGO ENTRE LA CIUDAD Y
LOS ARQUITECTOS

Rosana Covarrubias Mijares y Juan Manuel Casas
y transforma. Después se lo vende en el mercado local
o se lo exporta, como hacía España con la plata que
extraía de sus colonias, a cambio de propiedades y lujos para la nobleza. En este caso de propiedades y lujos para las familias dinásticas propietarias de las holdings. En 1985 había quizá algún millonario regiomontano que clasificara en la lista de los hombres más ricos del mundo según la revista Forbes. Entonces, el
cinco por ciento de la población con ingresos más altos percibía más del 30 por ciento del total. En 1994 ya
eran tres esas celebridades y en 1996 su número ha aumentado a cinco.
Después de la muerte de Eugenio Garza Sada, en
1973, se inició la construcción del nuevo reino. Una
década después se conformaba el Comité Industrial de
Nuevo León. Lo integran diez hombres. Son los representantes de las diez empresas más poderosas de la
ciudad.
Como en el principio: la ciudad es el reino. Y quienes mandan son diez: un club rodeado de no socios.
En el pasado eran indómitos y agresivos; ahora, resignados la mayoría, unos pocos verbalmente agresivos y
uno que otro indiferente.
Nada es azaroso en las relaciones humanas. Raúl
Rangel Frías publicó su libro El Reino en 1972. Como
epígrafe o entrada escogió un párrafo de la crónica de
Alonso de León donde dice:
No tan solamente en los Reynos muy poblados y opulentos suceden prodigios y portentos, sino en provincias
90

y poblaciones pequeñas, que son para mayor admiración.

Y en el epílogo, unas líneas sobrecogedoras:
En el Reyno se sucedieron unos a otros. De los prodigios originales, entre inundaciones, llamas del cielo y
asombros de las criaturas de la tierra y el agua; a las secas, al acarreo de las ovejas y las cabras, hasta los tiempos de la prosperidad, de la «grandeza» que solían atribuirse, en que volvieron ahora ricos, a los ranchos y a
las haciendas sobre la misma tierra del pastoreo, de minas y caminos de los que cambiaron la herradura por el
bordado de las llantas de hule.
Están en el lugar de los antepasados. Erguidos contra sí
mismos, para rehuir la soledad y la locura. Construyen
más altos los muros de la ciudad, p~a defender los bienes que encubren la desviación y el extravío. Y que llevan dentro bajo la máscara de la razón, de la fortuna,
del éxito. Una ármadura rígida por donde asoma, pese a
la victoria de las armas y las galas decorativas de las artes, otro rostro. El reflejo inquieto, descompuesto, del
ángel de la melancolía, que es hijo de la locura que hizo
préstamos a la razón para edificar este mundo lineal,
abstracto, vacío. Otra vez como el Reyno de los orígenes, aunque menos inocentes y más cargado de la codicia y la violencia de los hombres.

En este el reino que engendró, sin tener ninguno, la
Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey.

Inicio y metodología
En 1996 los cuatrocientos años que cumple nuestra
ciudad más que un buen pretexto representan la gran
circunstancia en que convergen sucesos únicos e irrepetibles. En estos tiempos coincidentemente acaba el
siglo XX y fenece el segundo milenio de esta era. Haciéndonos conscientes de todo lo anterior, volvemos
los ojos a la ciudad, la razón del festejo y también de
la reflexión. El tema es entonces la Ciudad.
Siendo así, concurren a la fiesta cuantos están interesados, y presumiblemente estos ciudadanos de
gremios, profesiones y pensamientos muy diversos tienen algo que decir respecto a tan inusitado evento. Es
deseable -apelando al sentido común- quitar cuantas
divisiones hay en los estudios de la Ciudad para poder verla con otros ojos, con una visión universal de
todas sus circunstancias y su problemática (que es la
nuestra).
En este trabajo en particular intentamos conciliar
dos de las grandes disciplinas del conocimiento humano: la historia y la arquitectura. Cada una ha hablado mucho de lo suyo en forma parcial: los arquitectos hablan de arqui(ectura y los historiadores de
historia. Esto desde luego no es malo, pero sin duda
sería mejor que los arquitectos conocieran la historia
de su ciudad y los historiadores, a su vez, expusieran
la contemporaneidad de sus temas a través de sus sobrevivientes arquitectónicos; esto podría darnos una
capacidad de lectura más amplia, y tan objetiva como
sea posible.

La mejor manera de tener formado un buen criterio de cualquier tema es conociendo varias opiniones
al respecto. Es por esto que en un pequeño esfuerzo
por contribuir a este concierto citadino, nos hemos
aplicado a conocer las opiniones de cuatro arquitectos autorizados por su trayectoria y notoriamente
comprometidos con la Ciudad.
Básicamente este trabajo consiste en cuatro entrevistas hechas a los arquitecto_s Armando V. Flores Salazar, Fernando López Martínez, Adán Lozano
Arrambide y Eduardo Padilla Martínez-Negrete. Cada uno de ellos refleja en las respuestas su formación
universitaria y la visión y criterio de su tiempo de manera personal.
Las preguntas son de carácter general, pues tocan
temas conocidos por todos los ciudadanos. A preguntas lineales hay respuestas lineales; por esta razón
hemos diseñado algunas de ellas con cierta tendencia,
y cuyo único fin es el de mover a una respuesta categórica; en muchas ocasiones ésta se dio llena de una
fuerza que contradijo o afirmó esa tendencia.
Las preguntas son pocas en número por corresponderles una amplia respuesta llena de pareceres
muy personales, anécdotas y frases coloquiales, todo
lo cual nos privamos de editar, para que quien las lea
conozca no sólo las opiniones sino también el carácter y la personalidad de los maestros. Cabe explicar
que las entrevistas fueron grabadas y transcritas en
su totalidad para primero ser corregidas sintácticamente y luego puestas a consideración de los entrevis91

�tados, quienes hicieron pequeños cambios de forma
pero nunca de contenido.
Es nuestra intención que el presente trabajo sirva
a quien esté interesado en los temas que aquí se tocan
-que nos conciernen a todos- y como testimonio de
nuestro momento. Sea pues ésta una pequeñísima retribución a la tierra que nos ha formado como regiomontanosiy nos ha dado infinitos temas de conversación y estudio: la.Ciudad de Monterrey.
Cómo arquitecto ¿cuál es su visión de la ciudad de
Monterrey a casi cuatrocientos años de su fundación?

Armando Flores: Me siento muy orgulloso de la
ciudad de Monterrey, porque es mi ciudad, es la que
conozco, no la conocí de otra manera, la he visto
transformarse desde 1950 hasta casi el año 2000: yo
aparecí en el escenario de esta ciudad en el verano de
1950. Me gusta mi ciudad, ésta es una ciudad real pero
hay una ciudad imaginaria, la ciudad imaginaria de
Monterrey apareció cuando comencé a interesarme
por su pasado, pero siempre será una ciudad imaginaria y la he leído y la he tratado de entender desde 1596
y mucho antes, pero a final de cuentas será una ciudad
imaginaria y me cuesta mucho trabajo imaginarla, me
cuesta trabajo entender que en 1750 había 250 habitantes en este lugar, me cuesta imaginar que se extendía
de la calle de Ocampo a la de Allende y de la calle de
Naranjo a la de Juárez; trato de imaginar el paisaje urbano cuando recién terminó el Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe monseñor Verger y contemplaba
desde la ventana de su recámara una inmensidad y
92

una manchita urbana por allá lejana donde sobresalía
un pedazo de torre de la Iglesia Parroquial, el Convento de San Andrés de los Franciscanos, el hueco de la
Plaza de Armas -que son plazas vacías- y las calles
no ortogonales a partir de que esto es un escenario entre el río Santa Catarina y el río Santa Lucía; entonces,
como que la trama urbana se vuelve más longitudinal
a partir de estas dos determinantes urbanas, igualmente las formas de las calles, la calle Hidalgo y la calle
Morelos de hecho terminan juntándose en una sola a
partir de las circunstancias de ese paisaje; trato de
imaginar la ciudad del siglo XIX, de principios de si. glo, la ciudad con tantas experiencias históricas: la invasión norteamericana, la intervención francesa, el
trajín de Benito Juárez y Vidaurri, los enconos, los corajes; y cuando uno lee la historia, una historia de dócumentos, de archivo, pues es una historia un poco limitada; yo he imaginado esa ciudad, la ciudad que no
conocí y no dejo de verla muy románticamente. Entonces la ciudad que tenemos es la ciudad que conozco, una ciudad que ha crecido muchísimo, que tiene
unos límites extraordinarios y que sabemos coincidentemente que en este cuatrocentenario se vuelve metropolitana, tal cual fue fundada; muchos dicen que fue
pretensión de Montemayor el haberle denominado
Ciudad Metropolitana, la verdad es que dentro de las
Leyes de Indias, al fundador de la ciudad le era dado
el privilegio de elegir la categoría de la ciudad que iba
a fundar y naturalmente si Montemayor había venido
en plan prácticamente de escribano, de secietario, de
actuario de Carvajal, y Carvajal venía a fundar la capital de un reino, pues el· señor tenía que fundar una
ciudad metropolitana y no necesariamente una villa o

un poblado, ni siquiera una ciudad, sino una ciudad
metropolitana. He vivido la ciudad industrial, la ciudad que generó un comercio boyante, una industria
boyante, que ha sido toda su circunstancia histórica la
consecuencia de hoy y he tratado de entenderla de esa
manera, he tratado de entenderla también sociológica
y antropológicamente, pero no tengo capacidad, me
faltan recursos, me faltan herramientas, me gustaría
leerla de esa manera, hemos avanzado muchísimo en
nuestra postura histórica frente a la ciudad, pero yo no
puedo considerarla ni mejor ni peor. Creo que es una
ciudad que ha vivido sus circunstancias, que ha tenido
altibajos, ha estado a punto de la desaparición muchísimas veces, es una ciudad que se funda constantemente; esa es la ciudad que veo, la ciudad viva, que
me gusta muchísimo, estoy condicionado a su imagen,
a su temperatura, a su ambiente, a su dinámica, a su
horizontalidad, a su cerco de cerros y montañas; me
gusta mucho a los cuatrocientos años y me siento un
tanto privilegiado de ser habitante de ella, no me gustaría ni compararla ni considerarla en valor entendido
como lo tiene mucha gente, que es una ciudad fea; yo
creo que no lo es, de ninguna manera; es una ciudad
que simplemente revela su desarrollo y si tenemos lo
industrial metido en lo habitacional, y lo habitacional
metido dentro de lo comercial, y lo comercial metido
dentro de lo artesanal o de las fabricaciones industriales, bueno, es que la regulación y la comprensión de
las ciudades es demasiado reciente; es una ciudad que
está tratando de funcionar, de servir, de resolver los
problemas, pero es una ciudad de una polaridad y de
una atracción muy fuerte, más fuerte que las posibles
soluciones que le estemos dando.

Fernando López: Es una ciudad que se está desarrollando ... cuatrocientos años son como una adolescencia, el desarrollo urbano tiene cien años y la mayor
cantidad de vestigios no tienen más de eso; todas las
ciudades han tenido su época de decadencia y lo que
pasa es que hay que estarla reinventando, porque los
planes de desarrollo jamás van a ser vigentes todo el
tiempo, duran seis años políticamente y hay partes que
hay que estar replanteando. En ciudades modernas el
urbanismo se revisa cada seis meses.
Ahorita Monterrey no tiene un rumbo, hay planes
pero no hay un rumbo muy claro, como por ejemplo
en el auge industrial de la ciudad, empieza la Cervecería, la Fundidora... qué curioso... las principales [industrias] de la ciudad. Los ejes de la primera parte de
la ciudad urbana, la Calzada [Madero] y Pino Suárez
terminan en esas dos industrias. Desconozco si había
un plan o no, pero en los restos de la ciudad se puede
leer que había una intención industrial, en este caso
dos empresas o grupos punteros que generaron dos
trazos y que era la razón por la cual la gente venía a
Monterrey a trabajar, a estudiar. Los primeros centros
de estudio están muy claramente ligados al desarrollo
urbano, como que había un abanderamiento de "vamos hacia allá", "la ciudad crece para acá", "se desarrolla para acá", "allá está el trabajo"; tenían rumbo
las cosas y ahorita no hay rumbos claros. La ciudad se
va haciendo por zonas: el Centro, d Obispado, la María Luisa y se sale a otras: Vista Hermosa, Valle, Anáhuac, Lindavista, Contry -que ya es otra época- y así
va a seguir siendo; pero falta el caso que dijimos al
principio, la parte que ya está hecha: el Centro. Hay
93

�que replantear lo que existe. Al arquitecto -por ejemplo- en su preparación en la escuela, se le sigue enseñando a hacer arquitectura nueva y nunca se ve qué
hacer con la que ya existe, y ése no es un tema de diseño de las escuelas: el re-uso de la arquitectura, por
ejemplo un edificio como éste I que tiene 40 años y sigue vigente, sigue vivo, sólo ha sabido permitir que
existan en él diferentes actividades.

Adán Lozano: Bueno, yo la he vivido prácticamente toda mi vida. Vine de un pueblo muy cerca de
aquí, Zuazua, Nuevo León, y para mí fue maravilloso
descubrir que había una ciudad que ofrecía muchas
cosas y que a la vez tenía una escala tal que era un
placer dar la vuelta en el camión, recorrerla, paseamos
por la Alameda, pasearnos por el Obispado, ir a la
Quinta Calderón, ir al Nogalar, y todo eso lo hemos
perdido. Yo creo que la calidad de vida de la ciudad
se ha ido deteriorando, la ciudad creada para el disfrute se ha vuelto problemática y casi en contra del hombre.
Con respecto a los cuatrocientos años ... pues ha
llegado a una edad tal que si no la cuidamos, creo que
va a ser el caos, es una ciudad que ha perdido estética,
que ha perdido lugares para el hombre, todo se hace
en función de las distancias que el coche permite, ha
separado, los barrios ya no existen. A cuatrocientos
años podría haber un sistema congruente de funciones: la vialidad, la industria, el comercio y el disfrute
de un lugar para habitarse cómodamente. Lo importante es despertar a una conciencia, ya tenemos una
edad en la que podríamos haber tenido una ciudad que
94

creciera con aspectos más positivos para el hombre
que la habita.

Eduardo Padilla: Pues es la visión que percibimos todos, que es una ciudad muy poco atendida por
las autoridades, muy mal usada por parte de los ciudadanos y los arquitectos e ineficientemente ocupada
por sus habitantes porque es una ciudad muy extendida, muy costosa porque ha tenido que extender todos
los edificios urbanos a impulsos de los dueños de la
tierra más que a los impulsos que debe dar una buena
planeación, eso causa que nos tengamos que trasladar
muchos kilómetros para hacer nuestras tareas diarias,
que ni las calles ni los pasos a desnivel den abasto y
que el precio de la tierra sea carísimo como en pocas
ciudades del país y por supuesto que no en Estados
Unidos; la tierra en Estados Unidos es mucho más barata.
La realización de la Gran Plaza causó polémica por

el derrumbe de parte de la historia de la ciudad el cine Elizondo, el primer puente de Monterrey, etcétera,
amén de los desalojos de que fueron objeto sus habitantes. ¿Cree usted que fue un trueque justo la desaparición de toda esa zona a cambio de la Macroplaza? ¿Hubiera sido factible -o más sano- regenerar
dicho espacio?
AF: Yo nunca fui partidario, desde el punto de vista cultural, de lo que se hizo en la Macroplaza; tiene
demasiados crímenes culturales, se demolió un amplísimo sector sin que éste haya sido registrado, que yo
sepa no hubo un levantamiento fotográfico o arquitec9S

�tónico ni registro de esta zona, desaparecieron con
ella muchos elementos de valor histórico y de valor
cultural, objetos arquitectónicos que alcanzaban estas
· dimensiones de objetos históricos y culturales. Se establece una nueva forma urbana con esta plaza enorme. Las plazas en estos lugares climáticos se caracterizan -como las calles- por ser espacios más reducidos a partir de la necesidad de conducir vientos Y
crear microclimas. Si revisamos la mayoría de nuestras plaz;~, por ejemplo la Alameda que actualmente
la vemos a la nutad de su tamaño original, nunca fue
concebida como una plaza sino como un paseo campestre, posteriormente la ciudad la englobó y tuvo que
tomar las características de plaza; pero la plaza original, que era la Plaza de Armas, frente a la parroquia
de Catedral y a las Casas Reales -el antiguo Palacio
Municipal- no queda hoy ni siquiera denotada ni deslindada, desapareció en esa prisa y en esa neutralidad
de todas las cosas que pusieron encima de ella. Naturalmente toda esta acción obedeció a una revaloración
y a un re-uso del suelo con la excusa de abrirle perspectivas a dos edificios que tenían la escala de sus
plazas y de su ciudad, dos edificios que alojan a las
autoridades de la entidad, tanto la estatal como la municipal; éstos terminarán perdiendo toda su escala minimizándose ante todas estas verticalidades que se van
construyendo alrededor de ellos. Creo que en ese sentido la Macroplaza vuelve a ser una vez más la iniciativa de pensamientos políticos, desarrollistas y de una
modemi.dad no entendida todavía; una vez más la ausencia de los académicos, de los profesionistas de la
arquitectura generados por la ciudad ha estado en silencio, se han quedado tranquilamente inclusive sien-

do parte de un fenómeno que está inscribiendo la ciudad en modalidades que muchas veces no le son propias y que no-están generadas a través de su trasf?ndo
cultural sino que están en nombre de una modernidad,
la cual no es completamente entendible para sus usuarios. Con el tiempo la plaza ha venido a ser tomada por el pueblo - por decirlo de alguna manera- Y
no es necesariamente que el pueblo esté totalmente
contento y convencido de todo este equipamiento que
se ha sobrepuesto a la plaza, más bien es un espacio
público, de los pocos que hay, de los pocos lugares de
reunión y entonces la demanda tiene más que ver con
respuestas sociológicas y antropológicas que con respuestas estéticas y de planeación urbana. Han tenido
que convertir todo ese gran espacio en un lugar de actividades culturales y de diversión haciendo todas esas
convocatorias y esos llamados para que este lugar se
haya habitado en la cantidad de habitabilidad que se
presume que es el éxito del proyecto, pero detrás de
este espacio habitado la respuesta es sociológica. Hay
un gran silencio profesional de los arquitectos y de los
urbanistas pero no necesariamente porque no haya habido voces - me consta que sí las hubo de reclamo
contra el proyecto- pero el poder político tiene una
voz mucho más fuerte y ordinariamente son proyectos que comprometen intereses y entonces llega un
momento en que ya no se tiene que convencer a los
promotores· del proyecto por los intereses que están
detrás de aquéllos. A mí me causa un cierto resentimiento toda esa solución que, insisto, fue hecha de espaldas a una tradición cultural y no es el producto de
una reflexión de la ciudad que nosotros habitamos sino un proyecto que se hizo en nombre de una moder-

nidad que todavía no hemos entendido. Por supuesto
que no estoy de acuerdo con ello, ésta es una acción
que no se queda en sí sola y aislada, tiene muchas repercusiones en otros lugares: si ahorita visitamos la
mayoría de los municipios conurbados, el Palacio Municipal, la Iglesia y la Plaza están integrados, es decir,
las calles que separaban la plaza de estos edificios
ahora forman una totalidad y se ha establecido un diálogo entre el edificio religioso y el edificio de la autoridad civil. Si vemos los lenguajes arquitectónicos de
uno y de otro, son muy distintos y eso plantea la diferencia de ambos organismos y de ambas realidades;
sin embargo, este fenómeno comienza por hacer una
integración con ellos, pero la Macroplaza en la ciudad
de Monterrey trae corno consecuencia un modelo de
seguimiento de los demás municipios, un modelo meramente por imitación. Pero desgraciadamente la Macroplaza no es un fenómeno que se hizo y ahí se quedó, es un fenómeno que sigue influenciando el desarrollo de proyectos semejantes que son las extensiones
de esta misma solución y entonces ahorita estamos
cruzando la Macroplaza con un proyecto paralelo que
se llama Santa Lucía, y entonces ya estamos hablando
de Cuahutémoc hasta el fideicomiso Parque Fundidora, otra vez un proyecto que lo rebasa en cantidad, es
decir, se multiplica aterradoramente, pero el proyecto
no queda ahí; ya hay quien está hablando de prolongar
la Macroplaza hasta el Santuario por un lado y hasta
Colón por el otro, es decir, vamos haciendo estas
grandes extensiones, este cruzamiento de dos nuevas
estructuras urbanas que no están señalando puntos
cardinales ni puntos de referencia importantes, como
en otro tiempo fueron para la Calzada Madero el Hos-

pital [Civil], la Fundidora; son cosas de alguna manera accidentadas y su accidentalidad se va a ir extendiendo y se va a ir apoderando, entonces a cada idea
se irá sobreponiendo otra que la rebase, y para mí el
peligro está ahí y la única solución que le veo es volver una vez más a repensar la ciudad, a valorar los
principios teóricos que le dieron origen. La ciudad de
Monterrey respetaba las Leyes de Indias y éstas tenían recomendaciones que se justificaban de cierta manera,
cuando nosotros vemos que las construcciones están
en el límite de propiedad y están juntas una con la
otra, entonces respondían a necesidades de defensa y
protección; cuando pedían que todas las casas tuvieran la misma altura y que sus pretiles fueran altos, era
para poder comunicar las defensas y que no hubiera
huecos entre las construcciones, era en nombre de la
defensa de la ciudad. Las orientaciones estaban dadas
a partir de la dirección de vientos y los porticados en
los edificios alrededor de la plaza de armas -que era
el centro de origen de una ciudad-. Primero se establecía la plaza de armas, para la cual había especificaciones de largo por ancho, en las cuales pedían que
sus cuatro calles rebasaran la plaza y se continuaran
para establecer la estructura de la ciudad y que los
edificios perimetrales que se le construyeran a la plaza
de armas deberían de tener un porticada para la circulación de la gente y el establecimiento de algunas actividades de comercio; todo ello obedecía naturalmente
a la escala de la ciudad que se iba a fundar, pero tenía
todo un respaldo y una comprensión de por qué se determinaban las cosas. Ahorita siento corno que la ciudad entró en un desorden, desorden que no puede resolver integralmente. Nos hemos entregado a ejercí97

�cios de modernidad y de reproducción de modelos extranjeros en lugar de hacer ejercicios que respondan
más a una necesidad estudiada, a una demanda de la
misma ciudad y de sus habitantes.
En Monterrey el desarrollo empezó a partir de que
se estableció una silla episco¡al en el Obispado. El segundo obispo de la diócesis -que fue quien se construyó el edificio como una casa de descanso- hizo un
estudio sobre la ciudad y llegó a detectar que las construcciones estaban situadas en un terreno bajo, lo cual
no era bueno; que no estaban debidamente orientadas
ni hacia el sol, ni hacia la ventilación, lo cual no era
bueno; que estaba en las partes donde se desbordaban
los ríos, que tampoco era bueno, y a partir de un estudio que él mismo elaboró, empezó a establecer polos
de desarrollo en la ciudad hacia las partes altas: comienza por construir la Iglesia del Roble, que estaba
bastante alejada de la mancha urbana; establece que se
requiere una Iglesia Catedral y también dice el lugar
donde se debe establecer -Tapia y Juárez-; el tercer
Obispo3 que lo sucede es el que comienza la construcción de la Catedral pues él [Llanos y Valdés] no alcanza ni siquiera a planificarlo porque muere muy
pronto, pero crea esos polos de desarrollo para regenerar la ciudad; nunca pensó en tumbar la ciudad existente para hacerla sobre esa otra. Lo que es ahora el
Colegio Civil originalmente se comenzó a construir
como un hospital para pobres, el Ho$pital de Nuestra
Señora del Rosario. El Aula Magna era la iglesia, el
lado sur era la hospitalización de hombres y el lado
norte la hospitalización de mujeres -o viceversa-, pero los edificios todavía responden a la estructura del

esquema del hospital: tienen su patio central y habitaciones perimetrales y luego la iglesia que siempre correspondía a una construcción de actividades pías. Esto con el tiempo se convirtió en el Aula Magna, la
Preparatoria Nºl y la Nº 3, pero el edificio fue traído
ahí precisamente para abrir esa calle del Roble que
hoy se llama Juárez y que era el eje que iba a abrirse
para jalar hacia allá: la Iglesia del Roble, el Hospital
de Nuestra Señora del Rosario; frente al actual mercado Juárez, hacia el poniente, un convento de capuchinas y posteriormente la Iglesia Catedral, eran los edificios públicos que iban a jalar la vida para allá. Ese
sistema de planeación me parece más coherente y no
el de estar tumbando nuestro patrimonio histórico para estar renovando la ciudad. Con ese solo principio
me parece que si tengo que estar demoliendo, pues la
teoría económica y la teoría de la planificación y la revaloración del suelo y la regeneración de no sé qué
más cosas, están en contra de esto, pero aquí naturalmente es probable que se hayan urbanizado ciertos
sectores que no corresponden a una habitabilidad sana: espacios abiertos, espacios comunes, instalaciones
de ciertos servicios, etcétera, pero no es en la medida
en que lo estamos haciendo ni es en la forma en que lo
estamos haciendo la más adecuada, no es el arrasamiento uruchurtiano 4 para posteriormente reemplazar
todo eso, abandonar a su suerte a los habitantes de ese
sector.
Los estudiantes y los maestros de arquitectura de la
UNAM -cierto sector de estudiantes con un elevado nivel crítico- se pusieron a estudiar cómo integrar las
vecindades al desarrollo urbano de ese sector y resca99

�tar la vida en vecindad y la llegaron a calificar y a catalogar como una vida sana urbanamente a partir de la
comunicación, los elementos, el patio común -como
los lavaderos-, esos modelos se han dado aquí en la
ciudad y existen formas de viviendas de aquí [colonia
Deportivo Obispado] hasta el Mercado Juárez que se
les llama privadas, en las que se desarrollan cinco o
seis casas con un patio común, con un remate visual al
fondo. H~y una serie de modelos de vivienda que no
r·
.
hemos analizado las personas que tenemos conocimientos urbanos· y arquitectónicos, y hemos apoyado
el town-house como una forma de vivienda y que realmente no logra esa comunicabilidad entre los usuarios; el tema es amplísimo y creo que al final lo que
pone de manifiesto todo esto es la falta de posturas
críticas y de análisis teóricos de los modelos urbanos
por parte de los urbanistas y de los arquitectos.
FL: En primer lugar, yo estuve en un equipo en el
que participamos varios y de hecho entramos cuando
ya existía el proyecto de la Macroplaza, entramos a algo que ya era un hecho. [Y esto] nada más como aclaración.

Yo pienso que sí salió ganando la ciudad. A la mejor debieron haberse respetado algunas partes, como
se hizo de hecho con la Capilla de los Dulces Nombres. Desgraciadamente yo no sé quién era el que decía "esto sí y esto no"; aun con eso, creo que sí estaba
muy deteriorada y completamente muerta esa parte.
Es posible -yo no tengo el censo de cuántos edificios
había exactamente- que pudieran haberse quedado e
inclusive que le dieran vida a la Macroplaza, como el
100

cine [Elizondo]. Sin embargo, esta ciudad estaba tan
escasa de espacios abiertos que sí era necesario hacer
uno de grandes dimensiones y hasta ahí estamos de
acuerdo. La forma arquitectónica, la forma última, la
forma del detalle, pues creo que podría tener muchas
variaciones... es acertado el espacio semihundido,
muy acertado el espacio que se creó ahí, es quizá lo
más representativo de lo que se pretendía hacer. No es
un proyecto uniforme, pero considero que en el balance sigue ganando la ciudad. Pudo haber sido distinto:
haberle sacado la vuelta, haber sido medio curvo, irse
por otras calles y regresar, pues sí, pero ése es ·el que
está ahí. Lo cierto es que se llena, se vive, hasta ahí
estarnos de acuerdo ... pudo haber sido de otra forma,
pero v~riables en ese sentido hay muchas, y es una situación real que además es política, es jurídica, es legal, las limitaciones de las propiedades... realmente
hacer un trabajo de este tipo es demasiado complicado.
Yo creo que la Macroplaza no se ha tenninado, no
puede tener fin, le hacen falta conexiones, brazos como el que acaban de hacer (la Plaza de los Cuatrocientos Años). Ahora la calle Moi:_elos, que era el espacio abierto más grande de Monterrey en el centro,
es un trozo de la Macroplaza y le hacen falta más centros urbanos dentro de la misma ciudad que ojalá estén ligados a plazas o espacios abiertos existentes, pero hace mucha falta ampliar esto.
Viendo los planos de la ciudad de Monterrey, hemos hecho una especie d~ inventario de áreas verdes ...
son muy pocos los espacios [verdes] que tiene. Hay

que hacer más obras de ese tipo, recuperar espacios
abiertos. La Alameda era cuatro veces más grande y le
han ido quitando terreno; entonces en ese sentido sale
ganando la ciudad, porque es muy válido tener esos
espacios ...

AL: Yo creo que la zona ya estaba muy deprimida,
ya no funcionaba. Yo recuerdo haber hecho varios
proyectos de remodelación de locales comerciales, y
al poco tiempo tenían que sacar sus productos a la calle porque había un tránsito rápido, ya no era aquella
forma de comercio donde vas disfrutando viendo aparadores; definitivamente toda la zona era un caos. Yo
pienso que haber dado una solución mediana a lo mejor no lo hubiera resuelto tampoco; finalmente lo más
valioso de haber hecho la Macroplaza fue tener un
gran espacio abierto en el corazón de la ciudad. Desde
la plaza podemos ver nuestros símbolos -vamos a decir- como son: el Cerro de la Silla, la "M" [de la Sierra
Madre] y todo eso que el habitante que vivía en el
centro de la ciudad no veía por la aglomeración de
edificios y de tránsito tan pesado que había por la calle de Zaragoza y la calle de Zuazua.
Yo creo que era imposible regenerar esa zona, a no
ser que se estructurara de otra manera toda esa vialidad y ese tránsito porque, ¿qué tenemos ahí? Tenemos
concentrados los poderes: el Palacio Municipal y el
Palacio de Gobierno, y algunas iglesias en esa misma
zona y no había más que comercios; había hasta algunos clubes nocturnos, un cine y un teatro por ahí. El
cine Elizondo por razones de ubicación tuvo desgraciadamente que desaparecer, quizás debería de haber-

se pensado en alguna otra alternativa para un uso dentro del mismo complejo de la Gran Plaza, pero casi se
quiso no negar el pasado sino darle una fisonomía
contemporánea y moderna a la ciudad y se sacrificaron muchas cosas como fueron algunos barrios, algunas casas importantes; se conservó una capillita que
tenemos por ahí -la de los Dulces Nombres-; afortunadamente el edificio del Casino se salvó porque n~
estaba dentro de la misma remodelación; el Condominio Acero, que era más contemporáneo, también se
respetó porque ya estaba en los límites de la plaza; pero había unos hoteles muy lindos por ahí también, con
unos patios interiores característicos de la arquitectura, si no norestense, sí de México; el patio es un elemento muy usado todavía en la actualidad en muchos
edificios, inclusive en casas modernas.
Yo me acuerdo que en la carrera de arquitectura,
en el Tecnológico, analizamos la conexión de los dos
palacios desde muchos años antes de que se hiciera la
Macroplaza, y se veía una relación de flujo de personas que tenían que atender asuntos en esos lugares y
que por lo tanto era una concentración impresionante
de gente y de vehículos que era inamovible, es decir,
tú llegabas al centro y te atorabas, era poco práctico ir
allá en aquel entonces; quizás el proyecto de la Macroplaza fue demoledor y se destruyeron muchas cosas, pero creo que sí se planeó. Ahora hay otra energía, si ya se hizo y ya forma parte de la nueva fisonomía de nuestra ciudad pues ahora hay que aprovecharla. El Faro del Comercio -esa escultura que está ahí
presente- le vino a dar también una especie de símbolo a esa Gran Plaza, viene marcando un punto de re101

�ferencia importante en la ciudad, y como que le da
una dinámica a la perspectiva con este espacio tan
enorme, una escultura que tiene suficiente altura como
para tener una presencia muy apreciable o muy característica en la plaza. Si tenemos que calificar finalmente, pues lo calificamos como una oportunidad para la ciudad, una oportunidad para regenerar ciertas
áreas de la ciudad; es válido porque se ha hecho en
muchas piudades: abrir pulmones, abrir visuales, pero
con la conciencia de qué se va a obtener, ¿verdad?

EP: Yo soy el autor del proyecto de la Macroplaza. En 1969 se lo presenté al gobernador Eduardo Elizondo porque él traía la idea de abandonar el Palacio
de Gobierno y el Palacio Federal y construir un mall
tipo Washington en el par del puente de Pino Suárez y
Cuauhtémoc, del lado de la colonia Independencia,
ahí quería hacer el nuevo Palacio Municipal ... todo,
todo nuevo; otra vez me opuse, porque así se borra la
memoria de la ciudad -no todo lo viejo no sirve, los
apellidos son viejos y no por eso me voy a quitar el
Padilla, si no sé de dónde vengo menos voy a saber a
dónde voy-, entonces en contrapropuesta del propio
gobernador me fui, solicité cita con él en su casa, no
le gustó nada la propuesta mía, pero hubo un apoyo
por parte de los industriales y de la iniciativa privada
-en particular don Antonio Rodríguez que lo publicó
en una revista que se llamaba Civitas, de la cual tengo
ejemplares todavía-; yo no lo llamaba Macroplaza,
ese es un nombre cursi de un gobernador que pasó por
aquí -un gobernador en tumo que se fue, pero nos dejó el nombre-; era un área verde y se hizo. Ahora yo
sé la culpa que tengo de haber hecho ese proyecto y

de que se hayan demolido las cosas buenas que se demolieron, no la evado, la resisto y la acepto, pero en la
balanza tuvo muchísimo más ventajas que desventajas: el cine Elizondo, la tienda de Salinas y Rocha ...
Qué raro ... qué rara postura de los historiadores
que nunca lo dijeron ¿verdad?; qué extraño, esperando
que se tumbara para ahora gritar ¡qué hicieron! ¿Por
qué no lo dijeron al principio como se hizo con la
Iglesita de los Dulces Nombres? Qué raro ... Esto desapareció porque quien lo debía de haber defendido
no lo hizo y porque quien tumbó no tuvo el cuidado
de saber qué es lo que estaba tumbando, porque quien
tumbó también tapó el río Santa Lucía, que en mi proyecto. estaba conservarlo, sanearlo, quitarle todo el
drenaje clandestino que se le está echando. El proyecto conceptual fue mío, pero el proyecto en detalle no,
el proyecto de demoler todo no fue mío. El concepto
original era un área verde que uniera visualmente el
Palacio de Gobierno Municipal con el Palacio de Go. ~iemo del Estado, con la Catedral, lo que todos los
pueblos de México tienen tradicionalmente: el poder
temporal y el eterno en el mismo sitio, desde el Zócalo donde estaba la pirámide que ya tumbaron -y ahí
andamos ahorita reconstruyéndola- y la casa de Moctezuma que la tumbaron también; ahí estaba el poder
temporal y el eterno y pues es una lástima que no se
hagan las cosas lo bien que debiéramos hacerlas, pero
en la balanza esa área verde merece aplausos: hoy sí
tenemos a donde llevar a la gente a caminar y a ver la
ciudad; antes no la teníamos. Yo vine [de Guadalajara] y la primera noche que pasé aquí en Monterrey la
pasé en un hotelito que era uno de los internados del
103

�5

Tecnológico arriba del cine Rex, y al día siguiente en
la mañana lo primero que vi a través de la ventana fue
prostitutas, estaba lleno de prostitutas el piso de las
banquetas; ahí estaba El Patio que era un antro de tejabanes y estaba una serie de cantinas de puros tejabanes. ¿Qué tiene de tradición eso? Entonces la tradición mía es tener lo malo. ¿Esa es mi tradición? Pues
no, no voy de acuerdo con esa gente.
Tengo que controlarme y mostrar lo mejor que tengo para que esta plática continúe - porque si no aquí se
acaba la reunión esta, en lo menos dañino, y en lo más
dañino acabamos a trancazos-, y así en la ciudad, en
la ciudad hay que tapar lo que hay que tapar o hay que
borrarlo y sacar lo mejorcito nuestro. En el proyecto
que le presenté a Eduardo Elizondo estaba el que surgieran ahí alrededor lo que le llamamos la pared del
área abierta, la pared del parque que son todos los
edificios que poco a poco se han ido construyendo: el
de lnfonavit, el del Congreso del Estado, el de la Biblioteca, el del Poder Legislativo, el Teatro. ¿Que el
teatro le faltó al respeto a la iglesita de los Dulces
Nombres? Pues sí le faltó porque le puso un muro gris
a diez metros de distancia -de vuelta: es un prietito en
el arroz-, todavía hay manera de salvarlo porque al
mismo arquitecto que hizo el teatro ya se lo sugerí,
que pasara el grafismo de la elevación de esta iglesita
-que es muy agradable, muy interesante, muy graciosa- en el muro de concreto que tiene enfrente como
proyección geométrica, como si fuera un espejo, como si fuera una proyección de geometría descriptiva
en el plano de enfrente, pues ésta sería una gran cosa,
porque los que venimos por la calle Zuazua podría-

mos ver la iglesia como en un espejo, podríamos analizarla, los estudiantes de arquitectura podrían analizar
ahí medidas y cosas; pero bueno, así como ésa hay
muchas sugerencias para remediar lo que faltó. La tesis mía es que se puede remediar, lo que no, es haber
permitido que se hubiera abandonado el Palacio de
Gobierno del Estado, el Palacio de Gobierno Federal,
el Palacio Municipal de Monterrey y la Catedral, eso
sí que era crimen, _así lo consideré, lo defendí y lo gané; no sólo me tocó que la idea conmoviera -más que
moviera- a mucha gente, y la empezaron a publicar.
Además el gobernador [Elizondo] renunció por otras
causas -quien proyectó ese conjunto vive todavía, es
un arquitecto de aquí de Monterrey a quien me le eché
encim~-, pero el gobernador lo sintió [el pleito de la
defensa] en contra suya.
l.a remodelación del llamado Barrio Antiguo ha de-

satado controversias entre los especialistas. ¿Considera atinado el trabajo de regeneración que se ha realizado hasta hoy o cree que es sólo maquillaje?

AF: Hay algo que me parece positivo, trato de encontrar respuestas a estas acciones. Porque a toda acción hay una reacción, quisiera en primera instancia
plantear que la parte positiva, la parte que me resulta
interesante de este fenómeno es que creo que es la primera vez que un pedazo de ciudad, un minúsculo pedacito de ciudad ha sido motivo de darle una perso,1alidad, de darle un sentido aunque sea un tanto inventado, porque la personalidad del Barrio Antiguo es un
tanto inventada y aquí volvemos a enfrentar el problema eterno de la accidentalidad arquitectónica que es la

de carecer de un marco histórico adecuado para comprender el sitio, las etapas que ha vivido el sitio. Aquí
es donde el diseño urbano y la arquitectura están siamesmente unidos, son siameses; lo interesante es que
un pedacito de ciudad se ha tomado para darle una
personalidad, para darle un cuidado, para darle un tratamiento; es una especie de laboratorio urbano en el
que se ha hecho un experimento, que como experimento lo considero saludable, porque se descontaminó visualmente en primera instancia, se terminó ese
desorden, entró en la conciencia de los vecinos usuarios de ese sector la idea de que viven en un lugar especial, que tiene una personalidad a la cual hay que
cuidarla, hay que cuidar la apariencia, la presencia, el
color, la altura, el lenguaje arquitectónico, tratando de
darle una cierta unidad. Estas son las partes que considero buenas, perdón, no podemos usar el juicio moral,
estas partes son afortunadas, positivas; naturalmente
detrás de esta intención hay un cierto grado de inocencia, es inocencia de conciencia histórica, está apastelado todo, está pintado todo, incluso hasta la misma
cantera, hemos reproducido románticamente cómo sería una calle en lo antiguo: la hemos empedrado de
cierta manera, aunque también pudimos haberla adoquinado, el adoquinamiento de las calles hubiera reflejado históricamente que fue hecho al final del siglo
XX, en un tiempo donde la industrialización ha venido
a resolverle al hombre una serie de problemas, de justicias sociales; la industrialización abarata, desplaza la
artesanía arquitectónica para entrar a una arquitectura
de fabricación más rápida para construir los mismos
muros, los mismos techos, los mismos espacios; el
adoquín hubiera petmitido conseguir lo que se trató de

conseguir con la pavimentación a base de piedras que
es disminuir la velocidad de los vehículos que transitan en ese sector, como sucede un poco en la calle de
Hidalgo entre Zarco y Pino Suárez -hay adoquines
para todo tipo de uso-; yo hubiera adoquinado esas
calles, hubiera hecho la diferenciación, hubiera construido un tipo de piso que drena la lluvia, que respira,
que permite alimentar árboles añejos que están metidos en los patios de esas manzanas, es decir, el material no es más que el elemento que sirve para expresar
ideas, para expresar actitudes. Qué bueno que se da la
remodelación del Barrio Antiguo, aunque tendremos
q°:e colgarle el .adjetivo de maquillado porque hay una
serie de elementos que pudieron ser resueltos de otra
forma, en la que se manifestara que esa remodelación
es un acto reflexivo de finales del siglo XX, tomando
en cuenta un tiempo desconocido, un tiempo reinventado. Después de todo la ópera es una invención de los
renacentistas italianos tratando de interpretar la poesía
griega; entonces muchas veces tratando de interpretar
lo que no conocemos permite generar productos culturales que enriquecen al hombre, es decir, hemos hecho
un acto de escenografía urbana que atañe al exterior,
que no repercute en los interi.ores; hemos establecido
ahí un cacicazgo cromático, hemos resuelto artesanalmente parte de ello, sin embargo se ha tenido que acudir a un sistema diferente de iluminación, también tomado de ciudades que han vivido otras expe,riencias
históricas, probablemente Zacatecas, probablemente
Guanajuato, es decir, hemos tomado elementos ajenos
a nosotros tratando de construir algo. Entonces, desde
ese punto de vista, es muy criticable, criticable profesionalmente desde el punto de vista de la experiencia
105

�..

urbana. Y en cuanto a la reflexión para crear una atmósfera me parece que tendrá que reconocerse ese hecho que también es un tanto accidental.

FL: Sólo conozco el exterior, he entrado a una o ·
dos casas y lo que se ve ahí me parece interesante. Esa
parte de la ciudad toma una escala distinta; se puede
caminar ahí, se ve que es para el peatón, se me hace
muy bu;no que lo estén haciendo y cómo lo están haciendo; en la fo~a de algunas casas a lo mejor sí hay
un poquito de maquillaje, ojalá no se haga una escenografía, un Disneylandia, lo bueno es que se está haciendo y que sí hay interés por rescatarlo; ojalá hubiera más regeneraciones de ese tipo y que más o menos
obedezcan a lo que han sido, pero no tratar de hacer
una escena del pasado ni casi casi vestir a la gente como se vestía. Eso [el rescate] es muy interesante y
muy válido, ojalá se haga en otras partes tan valiosas
como el Barrio Antiguo: el caso de la zona del Obispado, de la colonia Mirador, la María Luisa, no estaría
mal mantenerlas en buen estado. Me tocó entrar a una
casa con un patio, de las más conservadas, no sé cuántas hay, de las que físicamente, interiormente siguen
siendo lo que eran, ojalá encontraran más casas de ese
tipo y las dejaran así, no tenemos por qué estar borrando el tiempo, borrando, borrando, borrando para
hacer arquitectura nueva. Hay muchas casas ahí que
se hicieron bien, que tienen valor, que están hechas
como deberíamos de hacer muchas de las cosas de nosotros, para que sean hechas sin tiempo, sin vigencia,
sin término, sin duración, no porque estuvieron de
moda. Son casas que no sé cuánto tiempo tengan: sesenta, ochenta, cien años, se han sabido defender so106

las, nos han enseñado muchas cosas: que no es conveniente hacer las cosas por moda porque está el material x disponible; esas casas están hechas con la mejor
tecnología y con los mejores materiales disponibles en
su tiempo, seguramente encontrados cerca del lugar; y
no eran importaciones ni cosas de esas. Son de una
simpleza impresionante y son un buen ejemplo, no para repetirlas figurativamente en las fachadas de casas
nuevas, ni en las que ya se destruyeron, no tenemos
por qué inventar que esa casa pudo haber sido x o y.
Valdría la pena identificar y dejar las que son originales y las que no lo son que se haga algo nuevo acorde
a lo que debemos hacer ahorita, pero quizá nada más
con el ejemplo de la forma de hacerlo y la intención
de que duren, que perduren, que no sobresalgan; no
necesitamos en cada esquina un edificio sobresaliente
ni una escultura por cada cuadra, y en general me parece que está bien la intención de mantener un lugar
como fue hecho: un Barrio Antiguo, pues todas las
ciudades del mundo tienen su parte vieja.

AL: Es una situación quizás un poco romántica, es
decir, vamos a conservar lo que todavía tiene algo de
las características que eran realmente norteñas; considero que tiene mucho de ese maquillaje, de disfrazar,
hacer escenografía, vamos a decir. Pudo haberse hecho un rescate quizás con un poco más de fidelidad y
dar congruencia aunque fuera un poquito ecléctico, a
lo mejor con algunas áreas verdes, con otros elementos donde no fuera totalmente maquillado, es decir,
pudimos haber respetado las casas que tenían aún autenticidad y las nuevas .construcciones probablemente
darles un tratamiento tal que siguiera el contraste pero

d~ una manera suavizada con el color o de otro modo .
Sm em_bargo, el que viene de fuera sin haberlo conocid? antiguamente piensa que es un barrio que tiene
cierto _encan~o por los farolitos, el empedrado, etcétera, y tiene cierto carácter de pueblo -todas las ciudades fueron pueblo alguna vez-; entonces es hacer un
s~t para decir así era Monterrey, pero a lo mejor no es
cierto porqu~ no tenía tanta unidad como le quisieron
~ar ah?ra; sm embargo había dos o tres casas de distintas epocas con una calidad extraordinaria que franc~ente eran merecedoras de respetarse -y así se manejaron- en la calle de Diego [de Montemayor] y la
calle de_ [Juan] Zuazua donde hay casonas con mucha
presencia que afortunadamente las dejaron intactas·
esto_ le da la variable de un barrio que fue creciend~
segun la _época. Si se tiene que calificar cómo se hizo
ese trabajo yo creo que tuvo mucho de escenografía.

EP: ~o creo que m'!rece un aplauso, el calificativo
de maqmllaj~ o que no fue de fondo se lo dejo a quiene~ est~ ociosos o quieren dar lata. Si yo voy a un
baile y s'. me toca bailar con alguien yo tengo que sa:arle el Jugo a esa persona; eso no quiere decir que
estuvo ~al hecho y hay que resignarse", yo creo que
es apl~ud1ble el resul_tado final. Era un barrio deprimido, oha mal, daba rruedo caminar las calles de noche
¿~e no se hizo del todo bien? Pues no, a veces 1~
mejor es enemigo de lo bueno, muchas veces no queremos hacer lo bueno porque queremos hacer lo mejor
y no tene~os los medios, pero seguimos con la idea
de hacer siempre lo mejor. Merece un aplauso y va a
ser ~~d~lo para muchos barrios de Monterrey y de los
mumc1p10s que están conurbados en el área metropo-

litana.

Adán Lozano Arrambide
Nació en Zuazua, Nuevo León. Arquitecto egresado
del ITESM en 1958. Catedrático de la Escuela de Arquit~tura del ITESM (1966-1967, 1975-1976). Miembro Capi~lar de la Academia Nacional de Arquitectura.
Miembro del Colegio Sociedad de Arquitectos de
~uevo Leó~. Premio Sembradores a la mejor residencia
. con. de la Cmdad (1970) · Calli de cn'stal al meJor
jUnto habitacional
(1980)
Calli
de
cn·sta1
al
. pro.
·
meJor
y~cto_de arquitectura comercial (1980). Calli de cristal
a _meJor ~ro!ecto de arquitectura religiosa (1980). Prerruo de d1se~o ar-qu~tectóni~o de Cementos Monterrey
(1993). Prerruo diseno arqmtectónico Cementos Monterrey (1994). Mención honorífica de Cementos Monterre~ (1995). Mención honorífica en la 8" Bienal de
Arqmtectura (1995).

Armando Flores Salazar
Nació en Allende, Nuevo León. Arquitecto e investigador ~gresado de la Universidad Autónoma de Nuevo ~n en 1964. Ha intervenido en el diseño y produ~ión de escenografía, vestuario, iluminación y dirección escénica de quince obras teatrales. Ha real'izado ocho exposiciones de Artes Plásticas. Catedrático
de la ~acuitad de Arquitectura, ITESM (1973-1977). Catedrático de la Facultad de Arqui·tectura (l'1cenc1atura
.
y
postgrado), UANL (1969-1973, 1991- ). Catedrático de
la Facultad de Arquitectura, UDEM (1974-1978). Ca107

�DEL TIEMPO EN LA LITERATURA

,,

OscarWong
tedrático de la Facultad de Artes Visuales, UANL
(1971- ). Catedrático de la Facultad de Filosofía Y Letras (Escuela de Teatro), UANL (1975-1_986). ~ses?r ~e
la Comisión Académica del H. ConseJO Umvers1tan~
de la UANL. Ha realizado veintiún publicaciones en diversas revistas y libros. Miembro Emérito de la Academia Nacional de Arquitectura y de la Sociedad de
Arquitectos Mexicanos, A. c., entre otras. Vicepresidente pel Capítulo Monterrey de la Academia Nacional de Arquitectura (1995-1997) . Obtuvo, entre otros,_ el
Premio Cementos Mexicanos de la CNIC (1994) por mvestigación en arquitectura.

Eduardo Padilla Martínez-Negrete
Nació en Guadalajara, Jalisco. Arquitecto egresado
del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
Monterrey (1951). Con más de 3000 proyectos urbanos
y arquitectónicos ejecutados en el país. Catedrático de
la Escuela de Arquitectura, ITESM (1949-1959). Catedrático de la Facultad de Arquitectura (licenciatura Y
postgrado), UANL (1953-1956). Asesor de ~esarro~lo
Urbano desde 1952. Miembro de la Academia Nac10nal de Arquitectura desde 1978 y Académico Emérito
desde 1984. Miembro del Colegio de Arquitectos. Delegado de la Federación de Colegios de ~~ui_t~tos de
la República Mexicana. Recibió una d1stmc1on ~e la
Academia Nacional de Arquitectura como el arqmt~to con más proyectos industriales ejecutados en México. Ex-presidente de la Asociación de Clubes Sembradores de la Amistad.

Fernando López Martínez
Nació en Monterrey, Nuevo León. Arquitecto egres~do de la UANL. Catedrático de la Facultad de Arqmtectura de la UANL. Miembro capitular de la Academia Nacional de Arquitectura. Miembro fundador del
103 Grupo de Diseño (1982). Premio en la~• B_ienal de
Arquitectura (1987). Dos premios en la 5ª B~enal de
Arquitectura (1989). Dos premios e~ la 6 BI~nal de
Arquitectura (1991). Premio y mención ho~onfica en
la 7• Bienal de Arquitectura (1993). Premio en la s8
Bienal de Arquitectura (1995).

Notas
t

Un edificio de departamentos con comercios en la planta baja.
Se ubica en la esquina noreste de las calles 20 de Noviembre Y
s de Mayo, colonia María Luisa

2

Rafael José Verger.

3

Andrés AmbrÓsio de Llanos y Valdés.

4

Ernesto P. Uruchurtu, ex-regente capitalino en los años sesenta se distingue, entre otras cosas, por ejecutar violentamente
algunas labores de despejarniento de calles y banquetas.

5

Ya desaparecido. Estaba ubicado en la calle de Zaragoza entre Allende y Juan Ignacio Ramón.

Concebido en tanto praxis, el tiempo
recibe tratamiento especial en la lite:
ratura por cuanto se desarrolla en un
contexto de primera importancia. Si
la filosofía lo considera en tanto punto de apoyo en los sistemas cognoscitivos, la literatura lo adopta en tanto
marco teorético. En la historia literaria las referencias son innumerables.
Elemento sui generis, es un recurso
obsesivo, circular.
Conviene destacar que la literatura es, más que simple forma, un
conjunto de revelaciones; intuición
y expresividad comulgando en el
corpus general de la obra. El escritor
conforma sus elementos de manera
tal que estos configuren el continente y el contenido. Ligados profundamente entre sí, técnica y contenido
son correlatos; por lo mismo, en la
obra literaria el tiempo asume diversidad de conceptos, lejos de los procedimientos racionales circunscritos
al marco filosófico. Es decir, los
«pensamientos» y «reflexiones» de
los autores parten de la intuición; los
factores del pensar -como los denomina la lógica- no tienen cabida en
el fenómeno literario (no en el sentido dado por la epistemología). En
consecuencia, resulta interesante observar de cerca a los escritores para
determinar en esencia cómo visualizan el tiempo, qué significado le dan

y, primordialmente, de qué manera
enlazan dicho concepto en sus
obras.
Niveles y acotaciones

Es justo señalar que la literatura establece profundas diferencias entre
el decir y el pensar. El decir es la
expresión, el estilo, la justa aplicación de recursos técnico-lingüísticos; el qué de la Obra y todo eso,
que hace que una obra sea literaria
(la famosa literaturidad que designan los formalistas rusos). El pensar
se determina por los sustratos que el
lector pretende encontrar en la obra,
la temática general, los núcleos
axiológicos. Por un lado las imágenes son intemporales, recurrentes;
por el otro, se fijan en relación con
las diferentes escuelas literarias predominantes en tal o cual época determinada por los eruditos. Aquí la
historiografía acepta cronometrar los
sucesos desde la perspectiva tradicional, clasificándolos en escuelas,
corrientes, generaciones, o bien según los criterios de evaluación establecidos, como por ejemplo la trascendencia de la obra, la temática general o de acuerdo a las innovaciones que significan al hecho literario.
En este marco crítico, a nivel de
enunciados, el tiempo es un elemento regulador.

Tiempo f'lsico y tiempo literario

A partir de un lugar común -el tiempo, considerado como entidad física;
elemento constitutivo de la relación
espacio temporal-, se esgrime en tanto realidad insoslayable; todo ocurre
en un sitio y en detenninada época.
Así pues, el tiempo y su concepción
intelectual, como referencia pragmática, es un hecho relevante. En lo que
corresponde a este trabajo, en las líneas que siguen trataré de dirimir su
connotación específica; esto es, definiré el tiempo literario.
El argumento de una novela, la
sucesión de imágenes poéticas, el relato lineal o a saltos de un cuento
ocurren en un espacio y en un tiempo
estrictamente literarios. Una realidad
más .fantástica, ad hoc, se perpetúa
durante el proceso señalado: la realidad literaria. He aquí un acto sin malabarismos, fenomenología pura. Diferente a la realidad del lector, al espacio y al tiempo (condicionantes del
cuarto sujeto del arte, concomitancia
con el autor), la Obra responde a
otros niveles, diferentes al tiempo de
creación, al tiempo de lectura.
Lo sucedido en la narrativa o en
la poesía, constituye una realidad
aparte. El tiempo literario es una entidad circunscrita al qué de los perso-

�najes, al desarrollo de la argumentación. El espacio y el tiempo, en este
sentido, se marcan de cláusula en
cláusula, de oración a frase. A veces
una simple interjección marca el
transcurrir del tiempo. Una intención,
un gesto, un monólogo, delimitan el
cambio de escena, el fluir espacialtemporal.
Si ~¡ espacio es la página (o mejor
dicho: la página determina el lugar
donde se desarrollan los hechos), el
tiempo literario constituye el movimiento, el devenir de la vida de los
personajes. Puesto que éstos están
acosados por realidades diferentes
-aunque de cualquier manera son elementos que concurren en esta dimensión- el tiempo gira en razón directa
de la psiqué, de la praxis, de los contenidos. Referencia y convencionalismo comulgando en esta entidad, más
allá de nuestra propia realidad. De
esta manera, constituye una referencia estricta, una situación lejana a
nuestro propio organismo.

El tiempo en la narrativa
En el amplio espectro de la literatura,
asume diferentes connotaciones, tanto a nivel de enunciados como a nivel
de capitulaciones. El cubismo, por
ejemplo, considera que el tiempo está
inmóvil, hecho una eternidad; por lo
110

tanto, las obras etiquetadas dentro de
esta corriente, están concebidas con
exactitud matemática, arquitectónica.
Funcionan como los tableros de ajedrez. «La obr~ maestra del cubismo
hispanoamericano es El señor Presidente (que también muestra rasgos
surrealistas), inspirada en parte por la
novela cubista de Valle Inclán, Tirano Banderas». 1
Otro ejemplo digno de mención: El
jardín de senderos que se bifurcan, de
Jorge Luis Borges. En esta obra, las
ideas básicas de su filosofía están determinadas por el carácter laberíntico
del mundo, el eterno regreso, o sea la
continua repetición de acontecimientos del pretérito; la simultaneidad del
pasado, del presente y del futuro. Borges lo concibe en tanto dimensión concomitante; aquí el concepto del tiempo
circular se refuerza por las referenciasª «la luna baja y circular», el «alto reloj circular», etcétera.2 Para Borges es
un chispazo vital, un momento específico, circunstancial, en que se reúnen
las condiciones ideales. Punto de partida y regreso del ser. O, para decirlo en
una sola palabra: eternidad. El concepto, desde luego, es cristiano, escolástico.
Por su parte Elizondo, al meditar sobre la importancia de este concepto,
destaca:

Concebí de pronto toda la historia de
la 'narrativa mexicana' desde San1a
hasta Pedro Páramo como una de~
dada tentativa de manipular, de alguna manera, el tiempo. Y si los escritores no lo manipulaban, en la inmovilidad, o en el transcurso lentísimo de
sus desarrollos, dejaban siempre entrever una preocupación evidente por
ese fenómeno que es el 'paso del
tiempo'. A la luz que irradiaban las
carátulas de los relojes iba yo desci·
frando esa estructura de nuestra imaginación literaria en los rasgos de
nuestras novelas más importantes 0
. 1es.3
referencia
Efectivamente, en la narrativa
mexicana el concepto tiene importan·
cia capital; de alguna manera se
transforma en un elemento obsesionante tanto como parámetro existenci~I que en tanto factor esencial
del decurso lingüístico. A nivel de estructura, o bien como circunstancias
de la existencia psíquica de los personajes literarios, se determina en tan~
calidad de praxis. Los autores meXI·
canos recurren al tiempo en grado su·
mo: Los de abajo, de Mariano ~
la, de aparente estructura lineal, evt·
dencia lo anterior. Podría citarse el
caso de Aura, de Fuentes, Farabeuf.
0 crónica de un instante, del citado
1 Elizondo o bien Figuraciones en ti
fuégo, de Antonio Delgado.

En otras novelas, como Pedro Páramo -continúa Salvador Elizondo- el
tiempo se dirime en breves curvas cicloides, separadas a veces las unas de
las otras van creando una secuencia
de imágenes y de personajes cuya
unidad más profunda, no sólo el tiempo. sino también de espacio literario,
reside esencialmente en la escritura
que los anima. Particularmente interesante por lo que se refiere al tiempo
literario es el relato «Luvina» en el
que bajo la especie de algo que ya
aconteció se nos narra lo que acontecerá.4
El fantástico mundo que describe
Gabriel García Márquez en su obra
cumbre es inactivo, estático, por
cuanto la story (la manera en que se
nos narran los hechos) es consecuencia
de una «malhada historia ante. 5
nor». Los Buendía y Macondo acaban por desaparecer por esa incesante
repetición de nombres, de incestos y
situaciones que se manejan. En apariencia el tiempo es lineal, continuo;
sin embargo, al final de la obra se observa no sin cierta sorpresa que lo
único real es el manuscrito del gitano
Melquiades. El instante de la narración se reduce, aquí, al manuscrito,
que por otra parte coincide con el
corpus de la history, de la argumentación («Melquíades no había ordenado
los hechos en el tiempo convencional

de los hombres, sino que encontró un
siglo de episodios cotidianos de modo que todo coexistiera en un instante», acota el propio novelista).
Conviene destacar la existencia
de cierto paralelismo entre Pedro Páramo y la obra de García Márquez.
En la primera el tiempo se concibe a
saltos, como ráfagas incidentales, inconexas en apariencia: las situaciones
están enlazadas por el personaje principal; el pasado coexiste con el presente. En cambio en Cien años de soledad. la reincidencia está convenida
de antemano. Tanto en una obra como en la otra los sucesos se manejan
desde la perspectiva existencial; el
«futuro sido» se refleja en el presente. Y todavía más, en el instante: el
instante literario.
Cortázar maneja sus relatos a partir de lo fantástico, donde todo puede
ocurrir. El realismo fantástico de este
narrador se aparta del realismo mágico de los autores anteriores. Su Weltanschauung parte de visualizar la
realidad en su más amplia acepción;
es decir, Cortázar cree firmemente en
otros niveles, a diferencia de Rulfo y
García Márquez, quienes señalan la
magia de la realidad, lo onírico. De
hecho, en Cortázar el tiempo se delimita por las circunstancias. Es, también «un bichito que anda y anda».6

Simultaneidad, coexistencia, ubicuidad frente al tiempo móvil-inmóvil.
Entre la contradicción y la paradoja,
el tiempo cortazariano es un elemento
ftjador del decurso narrativo. Los
cuentos de Todos los fuegos el fuego,
por citar un título al azar, evidencian
esta preocupación del argentino.

Elemento circunstancial en la
ciencia ficción
Si las filosofías escolástica y moderna hablan de la eternidad, en tanto totalidad de tiempo, o bien en tanto ausencia total de él, James Joyce nos ha
dejado ilustrada esta concepción en
El retrato del artista adolescente. 7
La conciencia filosófica discurre sobre diversas interrogantes; empero,
Heráclito señalaba todo lo contrario:
consideraba el tiempo como transcurso, movimiento: devenir. Para este filósofo griego, el tiempo era el río en
cuyas aguas nunca nos bañamos dos
veces. Los escolásticos, siglos más
tarde, predicaron las tesis aristotélicas, aunque decantadas (disfrazadas,
he ahí el ténnino exacto). Virtualmente, la idea del eterno retomo es
contraria a la del presocrático citado
y nos permite tener la oportunidad -o
la esperanza- de volver a bañamos en
las mismas corrientes acuosas. Por
otra parte, Bergson puntualiza que no
existe el tiempo: el cambio es lo evi111

�dente, lo unido digno de tomarse en
cuenta.
En este orden de ideas, es claro
que los filósofos tienen discípulos literarios, autores que en una u otra
forma adoptan -y adaptan- los principios filosóficos en sus obras. El fenómeno literario se sucede en una
tautología condicionada por la visión
i'
de cada autor. En el caso de Proust,
seguidor de Bergson, la memoria es
un mecanismo capaz de detener el
curso de la evolución de la realidad,
factible de detenerse a voluntad de
aguardar en la corriente inmóvil --el
río heracliteano--, hasta que el punto
deseado pase; la memoria, según este
razonamiento, genera la realidad, las
diversas transformaciones de la existencia, el tiempo mismo. Es claro que
Proust lo concibe en tanto referencia
intelectual.
La concepción del tiempo como
río en movimiento ha propiciado toda
una corriente de importancia: la
sciencie-fiction. Ciencia y fantasía
hermanadas bajo este rubro esgrimen
diversidad de elementos para surcar
el tiempo, esa dimensión física, a veces intelectual. Es evid_ente que desde
H.G. Wells las «máquinas del tiempo» surcan los espacios terrestres; sabios, generalmente locos, que manipulan esta entidad a partir de ciertos
112

procesos atómicos. Los temas son
reiterativos. Aquí la teoría de Einstein tiene infinidad de prosélitos que
fantasean con la misma; puesto que
para este matemático el tiempo es
una propiedad de las cosas (mejor dicho: cada cosa es su tiempo), la ciencia ficción adopta y adapta, estos elementos físicos para lucubrar toda clase de historias. De esta doctrina epistemológica a la convicción de un anti-universo sólo hay un paso: el antitiempo, con marcadas aplicaciones
matemáticas. El tiempo inverso que
se dirige hacia el origen en un universo «fáustico» (la concepción del universo se retrotrae al origen; las cosas
fluyen a la inversa, hacia el punto inicial. El tiempo fluye, eternamente,
hacia la nada).
Al realizar un análisis, exento no
del todo de humorismo, sobre La se- ·
mana de los tres domingos, de Edgar
Allan Poe, Julio Veme concibe el
tiempo en tanto entidad reflexiva, referencia. Para este autor, considerado
como iniciador de género, es un elemento generado por la mente; existe
como simple referencia. 8 Otro autor
de ciencia ficción, Hebert George
Welles, se ocupa del tiempo como río
en su «cronodisea» (La máquina del
tiempo), que no es más que la experiencia de remontar la corriente, de
vislumbrar el tiempo. Welles genera

el tiempo como una cuarta dimensión; de este conocido autor, contemporáneo de Veme, se puede advertir
que su concepción sobre un futuro
equívoco de la humanidad es su principal temática. Como cuarta dimensión espacial, tiene su fiel exponente
en una obra aterrante (por el suspense
de que hace gala el autor): La sombra
que vino del Tiempo, de Howard Phillips Lovecraft.

Tiempo y poesía
Antes de entrar en materia, es necesario delimitar las formas que adopta el
lenguaje: el filosófico o científico,
que intenta evitar toda posible ambigüedad, para que lo que se exprese
quede en su e~encia, partiendo de
ciertos esquemas lingüísticos, normativos, y el poético. Este último lenguaje es dual, ambiguo y parte de la
diversidad de significados que adoptan las imágenes, las metáforas (lo
que los lingüistas denominan con
acierto como «polisemia»).
En la poesía, la palabra adquiere funciones más ricas que en otras esferas
del pensamiento; tal vez sea un fenómeno que guarda cierta semejanza,
como algunos antropólogos sostienen,
con el lenguaje mágico de las sociedades primitivas. Importante es, pues,
recordar que la poesía es transforma-

ción y que creador y lector deben participar en esta comunión por el canto.
A diferencia, insistamos, del lenguaje
objetivo de la ciencia, el lenguaje
poético comunica algo que no existía,
en tanto contenido, antes de la experiencia creadora... 9
En este mismo orden de ideas, la·
poesía no intenta conceptualizar las
cosas; antes que nada, el poeta visualiza, intuye, siente. Las vivencias son
intensas. Un verso puede generar toda una gama de conocimientos. A veces el poeta se adelanta a su época e
integra, merced a su obra, toda una
serie de preceptos y conceptos. Por
ello se dice que el poeta es un vate;
esto es, un profeta. En relación con el
tiempo, la poesía universal responde
de buen grado a dicha temática. De
manera casi fortuita, en ocasiones
con un marcado dominio de las tesis
filosóficas predominantes, la poesía
vive en un tiempo perenne. Apollinaire, por citar un ejemplo, sólo en
ocasiones se ocupa del tema. Es cierto que las referencias son escasas; sin
embargo, el poeta confronta su obra
en virtud de sus concepciones temporales. Para este visionario, verdadero
precursor del surrealismo, el concepto es aterrador, inexorable:
Buenos días ratón del tiempo
que poco a poco roes mi vida.

10

La experiencia vital entrega al
poeta una imagen más contundentes
.
11 l .
en sus eal1gramas:
e tiempo es
efímero, lineal, discontinuo (no hay
que olvidar el aspecto vivencia), lírico). Y todavía más: la vida es una
simple expresión de eternidad, un devenir sorpresivo. Tiempo y vida están
íntimamente relacionados. Puede derivarse que el tiempo es vida, existencia. De esta manera, el visionario
acepta -intuye- la convicción de que:
Todo es una efímera llama
que hace florecer a la rosa
de donde sube un suave aroma,
y por lo mismo es esencial. Todo es
un tiempo suspendido aetemis,
aguardando el momento de la creación. Más que poética, la concepción
es religiosa, cuasi bíblica; por ello, la
referencia al suave aroma que asciende se hace sospechosa: la criatura se
manifiesta hacia lo alto, hacia la divinidad, rindiendo pleitesía. Es, por lo
mismo, expresión del Creador.
12

· Para Charles Baudelaire,
la
idea del tiempo está ligada a la fatalidad. Tiempo y destino se conciben a
nivel de mitología. Cronos devora a
sus hijos porque los hados así lo han
dispuesto. El autor de Las flores del
mal asiste impertérrito a su destrucción. La imagen es violenta:

Y el Tiempo me devora segundo por
segundo, como la nieve inmensa a
una carne aterida...
En momentos adopta actitudes antropomórficas, aunque siempre la
concepción está correlacionada a la
fatalidad:
...el Tiempo es jugar tenaz, ¡Que no
hace trampa y gana tiro a tiro! Es la
ley.
La cronología, para Ezra Pound,
se dirime en un transcurso intemporal. Una paradoja: la tribu del hombre exhibe a la historia por cuanto
que se vive el fin del tiempo rectilíneo. La visión de este concepto corre paralela a su expresividad: las diversas lenguas -incluso las muertas,
como el latín y el griego homérico-señalan un instante de tiempo radiante en virtud de que la eternidad
está teniendo lugar en el ámbito del
13
mundo.
La idea de un tiempo circular es una
de las más reiteradas obsesiones de la
filosofía occidental. La Odisea es su
primera gran figura poética: mientras
más se aleja el héroe de su origen más
cerca está de él. En el orden de la historia de la filosofía su expresión culminante es tal vez la filosofía del eter113

�no retorno de Nietzsche y en el de la
literatura el Ulises de Joyce. 14

el 'happening' es una alegoría de la
muerte. 16

Más adelante, Elizondo puntuali-

Paz examina de cerca el tiempo
en la obra lírica, en su transcurso. El
tiempo se salva gracias al ritmo, a la
melodía que el poeta auténtico imprime a los versos. Y sin embargo, la
poesía es intemporal. Paz, no hay que
olvidarlo, es poeta y como tal responde a esta preocupación. El concepto
es vivencia! -si se me permite el término-, puesto que parte de la experiencia como productor literario. Así
pues, en otra parte señala contundente:

za:
La idea es bastante sencilla: si las cosas que componen el mundo son de
número finito las combinaciones entre, ellas tendrán que agotarse, luego
volver a repetirse; así todos los instantes volverán a pasar como ya pasa, d'1a. 15
ron ... a]gun

Eternidad y reacción
Esta misma idea se encuentra presente en la obra de Octavio Paz. En su
obra lírica recurre al instante, a lo que
él denomina la «tradición de la ruptura». Las imágenes pacianas no son
fortuitas: por su parte se «disparan»
hacia la fijación de sus revelaciones
y, por otra, se proyectan en lucubraciones cuasi filosóficas. Empero, su
obra ensayística demuestra la obsesión que del tema tiene este autor.
Veamos un ejemplo:
El instante se disuelve en la sucesión
anónima de los otros instantes. Para
salvarlo debemos convertirlo en ritmo. El 'happening' abre otra posibilidad: el instante que no se repite. Por
definición, ese instante es el último:

En el discurso una fase prepara a la
otra; es un encadenamiento con un
principio y un fin: en el poema la primera frase contiene a la última y la
última evoca a la primera. La poesía
es nuestro único recurso contra el
tiempo rectilíneo -&lt;:ontra el progreso. 17
En pocas palabras. se contiene en
la poesía (entre una y otra frase); el
tiempo literario es diferente al de la
creación, al tiempo real, genérico del
autor. En términos literarios Paz tiene
razón: la poesía es intemporal; en términos filosóficos, e incluso sociológicos, el concepto es enajenante, una
aberración: creer que la poesía es un
único recurso contra el progreso -es-

to es, contra la idea del tiempo lineal- es caer en dogmatismos. Curiosamente, dramáticamente, la concepción paciana se proyecta a ultranza en
sus reflexiones. En Corriente alterna
observa que la clasificación normal
del tiempo -presente, pasado y futuro-, ha dejado de constituirse en núcleo axiológico; la nacionalidad de
los grandes centros productores de arte no funciona. Asistimos, dice Paz,
al nacimiento de un arte nuevo, mientras la modernidad sucumbe junto
con el nacionalismo. De esta misma
manera, modernismo o vanguardia se
erigen en «reliquias del tiempo lineal». 18 Y es que para Octavio Paz:
Todos hablamos simultáneamente, si
no el mismo_idioma, el mismo lenguaje. No hay centro y el tiempo ha
perdido su antigua coherencia: este y
oeste, mafiana y ayer se confunden en
cada uno de nosotros. Los distintos
tiempos y los distintos espacios se
combinan en un ahora y un aquí que
está en todas partes y sucede a cualquier hora. A la visión diacrónica del
arte se superpone una visión sincrónica. El movimiento empezó cuando
Apollinaire intentó la conjunción de
varios espacios en un poema; Pound y
Elliot hicieron lo mismo con la historia, al incorporar en sus textos otros
textos de otros tiempos y de otras lenguas. Estos poetas creían que así eran

modernos: su tiempo era la suma de
los tiempos. 19
Paz cree que la «vanguardia» y
la «modernidad» responden a la negación de la cronología; esta idea se
ve reforzada por su concepto de
eternidad: el instante de todos los
instantes. El tiempo se encuentra
suspendido en una singular «tradición de la ruptura» donde la obra y
el autor coexisten con la obra y los
autores de otras épocas. El tiempo
actual, si seguimos la reflexión de
este autor, es la suma de los instantes pasados. Dicotomía, negación de
los contrarios. Eternidad.

El corazón del espacio
Dentro de la esfera lírica, asume diversidad de connotaciones, todas en
relación con el sentimiento, el path6s
del artista; según la intensidad de Ja
vivencia se refleja el concepto; en este sentido, el vocablo puede indicar
una tempestad, un relámpago cálido.
De cualquier manera:
Sólo el poeta puede decimos que el
tiempo es el corazón del espacio. 20
La poesía clásica española constituye un muestreo de lo anterior. En
l~s Coplas de Jorge Manrique, 21 el
tiempo se denota por su inherente

fugacidad; el tránsito es irreductible.
El presente se termina de inmediato,
Y el pasado es lo que aún no llega;
esta conceptualización representa un
antecedente inmediato de las tesis
existencialistas:
Y pues vemos lo presente

Cómo en un punto es ido
Y acabado,
Si juzgamos sabiamente,
Daremos lo no venido
Por pasado.
Para Fray Luis de León es un
simple impulso, un incentivo: «El
tiempo nos convida / a los estudios
nobles». 22 Ramón de Campoamor,
en su poema «Lo que hace el tiem23
po», señala el fluir del mismo y
los estragos que causa en Blanca
Rosa de Osma -a quien dedica los
versos-; su meditación va del amor
al destino. La vida -y el tiemposon los culpables de los sacrificios
por las que pasa la humanidad. Empero, si se desea vivir es necesario
correr hacia lo eterno, hacia Dios.
La divinidad es, pues, Ja eternidad,
la totalidad del tiempo. De los postrománticos del siglo XlX, Bécquer
representa la fuerza de esta escuela·
para este autor, el instante puede'
adoptar la forma de siglos, siempre
y cuando el espíritu se encuentre
atenazado por la angustia:

en el alma avisaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte
'
para la que un instante son los si24
glos...
En cambio en Juan Ramón Jiménez, es «el movimiento / de lo eterno
que vuelve, en ello mismo¡ y en uno
·
25
mismo.·· Como poeta, anhela conocer su secreto:
¡Oh tiempo, dame tu secreto,
qué te hace más nuevo cuanto
más envejeces!
El pasado es menor, mientras el
porvenir más amplio. El presente se
compara al instante «de la flor del al26
~endro. »
Por supuesto que el
tJempo es una simple referencia, vuela «~~mo una / mariposilla esquiva».

Desierto ilimitado
Para Pedro Salinas, en ese poema lírico denominado justamente El contemplado, el tema se presta a diversas
lucubraciones poéticas:
«Tiempo redondo, centro
de concéntricos gozos, hora limpia,
cielo de circo, allí mi siempre puro
con sus saltos bosqueja el aire

�lo que alguien, si supiese, !!SCribiría». 28
Cemuda, en cambio, observa su
importancia, capaz de exhalar «luces
vegetales, / Amores caídos, / Tristeza
sin donde». 29 También es un desierto blanco, ilimitado, donde algunos
anhelan asir sus reflejos:

ti

Y tiempo, ese blanco desierto ilimitado,
Esa nada creadora, amenaza a los
hombres. 30
Por supuesto que, en este mismo .
sentido:
La vida en tiempo se vive,
31
Tu eternidad es ahora.
Puede decirse que el poeta, hijo
de la tierra y el viento, vive lejos del
tiempo:
Hijo feliz del viento y de la tierra,
Libre en su mundo azul, puso tal lira
De juventud y amor, vivo sin tiempo. 32
La ficción de Cemuda, en cambio, lo lleva a concebir diversos
«tiempo del tiempo». En lugares y situaciones diferentes, el concepto se
desenvuelve siempre en relación con
el hombre:
116

Acaso en el infierno el tiempo tenga
La ficción de medida que le damos
Aquí, o acaso tenga aquella desmesura
De momentQS preciosos en la vida.
No sé. Más allá el tiempo, según dicen,
Marcha hacia atrás, para irnos desviviendo. 33
Es decir, el tiempo marcha hacia
adelante impregnándose de desmesura, de vida; cuando es a la inversa, en
un universo de energía pura, nos desvive.
En la poesía española contemporánea; transterrada en México, también es importante. Tomás Segovia,
por ejemplo, anhela sembrar la luna
en el tiempo; 34 paz y tiempo son
conceptos enlazados: el poeta no tie.
d'1ar1o; 35 en oca-·
ne calma hasta meen
siones la imagen se fija en la «ingravidez del tiempo»; 36 además, Segovia canta «navegando el tiempo / so37
bre el regio oleaje de su danza ... ».
Por momentos, también:
...es una inmensa y silenciosa diáspora las horas siempre llegan tarde eternamente espera el amor al amor al pie
del viejo tronco sobre el que gira el
tiempo.

La temática es capital de Segovia:
tiempo que no avanza, sangre que
hiela «en las venas del tiempo» y la
metamorfosis de una a otra desconocida entidad:
un dia no sé cuando mudó de raza el
tiempo. 38
Para Juan Cervera, el tiempo de
que habla el refrán es oro; también
puede asumir diversidad de formas.
Conceptos disímbolos y diversos (como amor, luz, gloria, patria), están
concatenados al tiempo. Y aún más:
.
de1rmsmo.
.
39
son expresiones

ceiba puede considerarse en tanto «novia del tiempo». Pero vayamos por
partes. Pellicer señala el transcurrir:
Corono tu recuerdo desde una isla
griega que vidria el sol y el tiempo no
pasa sino juega. 40
El amor está, por supuesto, conca~
tenado al tiempo, a su perenne fugacidad:
Y estoy en ti.

Casi como en mí, dentro de pocos
años.
¡Y pasa un minuto y ya siento
los recuerdos del porvenir! 41

Los rostros del tiempo
De los poetas m~xicanos, quizá el más
preocupado por la temática que me
ocupa es Carlos Pellicer. A lo largo de
su obra se refleja esta constante: el
tiempo en relación con el hombre, con
la poesía; sitio de vida, tiempo -pájaro, tiempo-sueño. Nada y eternidad
confabulados para desordenar la hierba. Tiempo-flor; tiempo cartesiano,
mecanicista, donde las garzas pueden
inmovilizarlo. Las referencias son
múltiples. A cada momento el concepto asume otro significado. Ambivalencias. Poesía. De esta manera, se renace
desde el fondo de la mañana-tempo.
El trópico es un elemento quelasume
~bién diversas connotaciones: la

También es la dimensión creadora, merced a la cual el poeta escribe.
Un recurso utilizado en demasía en
otros poetas, pero que en Pellicer cobra vitalidad:

el tiempo sin el tiempo que es el sueno
... 43
En momentos puede integrarse a
la divinidad, ser la divinidad:
El tiempo entre los ángeles me observa. 44
El tiempo se marchita lejos del
45
mundo; aunque durante la tempestad en las escapadas cumbres andinas, fallece gracias a los relámpagos:
Diríase que el tiempo perece
a cada latigazo de esplendor. 46
El mecanismo del tiempo puede
ser captado gracias a los relojes,
siempre y cuando éstos no se des47
compongan. El poeta da «tiempo
·
48
para e1tiempo»,
pese a que:
Las garzas inmovilizan el tiempo. 49

En mitad de la noche habito el tiempo. 42
Como recurso, como latigazo retórico, el tema se presta. a la definición onírica:
El ángel alto de la medianoche,
llega
Disponiendo el encanto
del tiempo enriquecido sin el tiempo;

Más adelante señala el continuo
renacer, y su funcionalidad. Las imágenes son dinámicas, pragmáticas:
Yen una línea nueva de la garza,
renace el tiempo,
lento, fecundo ocioso,
creado para soñar y ser perfecto;
he aquí el quid del asunto: el tiempo
está en relación con la perfección del

hombre; es un medio, un camino. Pero, ¿qué tiempo es este del mar, donde el instante se perpetúa en el oleaje? so La eternidad del paisaje está
contenida en un tiempo, en un espa•
51
c10 compactos, y por lo mismo:
Tanto su tiempo la tarde extiende
que en dos azules
uno despide y el otro vuelve. 52
Incidentalmente el tiempo repta,
se escurre entre las ramas de la ceiba
(denominada por el poeta &lt;~oven de
los siglos») y ésta a su vez lo delimi53
ta.
La transparencia del tiempo
acecha «desde el fondo / de la mañana elemental...» 54
Los fonemas silbantes fluyen como
música de sonaja. El tiempo, en este
contexto, asume una actitud expectante;
asiste al espectáculo de la mañana A
veces alcanza la calidad del diamante:
tiempo-amor, tiempo-sueño, según el
criterio de quien lo sienta. 55 El tiempo,
pues, es palpable; la medida del movimiento del hombre.
En José Gorostiza, los rostros del
tiempo son diferentes a la concepción
del otro tabasqueño. Al observar la
obra cumbre de este autor, Muerte sin
fin, se concluye que la concepción del
movimiento temporal es repetitiva,
estéril, contraria a la tesis hegeliana.
117

�El tiempo es irreversible Y jamás
vuelve al punto de partida en el filósofo austríaco; en cambio en Muerte
sin fin el proceso es un «retorno c!rcular». La muerte, en consecuencia,
es un transcurrir vital dentro del tiempo; por ello, la «muerte sin fin», la
eterna, es la verdadera vida. La relación entre el vaso y la divina (forma
y fondo, continente y conte~ido) se
resuel{e mediante la mecánica eslabonada del «estéril repetirse inédito»,
del tiempo divino. 56 Por lo mismo:
. 57
Es un vaso de tiempo que nos iza.

El enterrador de historias
Para Rubén Bonifaz Nuño, el tema
constituye una ciudad asentada, o
mejor dicho: sustentada en la luz del
sol:
Rostro inmóvil del tiempo; insigne
ciudad fundada con la hoguera
del sol; sentido sustentado
por la alegre ruina de ciudades
.
58
que engendraron la cmdad eterna.
El tiempo, de hecho, es una dirección, un sentido, un vector que determina el paso de las ciudades; este
transcurrir es definitivo:
Rostro del tiempo que transcurre;
de muros eternos consumada,
arde la caída de otros muros;

los despojos del irreparable
.
59
tiempo que huye para el tiempo.
La visión del poeta es cósmica,
religiosa. La nada se une al concepto,
vuelve «como la llama o como el
tiempo». 60 y es que tarnb.,
1en es capaz de repararlo:
Todo se le muestra, nada teme;
nada encubre, todo lo protege.
Nacientes formas perfecciona,
llama de salud conduje, fija
61
es un punto el tiempo y Jo repara.
Si en Bonifaz Nuño es vectorial,
en Jaime Augusto Shelley se aplica a
circunscribir la realidad circundante,
por cuanto acaso:
La noción del tiempo cuelga, sucia y
sin cristal al fono
.d 62
de cualquier pared empobrec1 a.
Por supuesto que su concepción
es más vital, utilitaria (práctica, mejor
dicho). Deja atrás la mirada, los hechos de los hombres:
Es el tiempo inaplazable,
nuestro tiempo,
avejentado mirador hombro atrás
que mira tras de sí.
Sin palabras, sin sucesos.
Dejando atrás paradójicamente
la mirada. 63

La fuerza que muere
Entre los poetas de la década de los
cuarenta, la concepción del tiempo
asume diversos grados. Algunas veces como recurso, otras en tanto temática primordial. En el caso de Raúl
Garduño (1945-1980), tiene connotaciones específicas, de características
antropomórficas:
Llueve en el sur de alguna ausencia,
llueve sobre la ciudad, sobre el
.
64
escándalo de1tiempo.
También constituye una bestia, un
océano que avisora lo~ sucesos, «coi
5
tra un muro donde el tiempo ruge».
Por supuesto que también fluye, rueda «como una sombra, / como una
.
66 l .
guirnalda de guerra... ».
E liempo
amarilla «en las fosas de la muerte en
resurrección». 67 No obstante, Garduño sabe que es un:
enterrador de las historias
más puras. 68
En el caso de Osear González,
constituye movimientos energétic?s,
una fuerza que muere ante los OJOS
del poeta:
todo pasa despacio, ahora,
pesadamente,
corno rueda cansada

al fin
del movimiento.
Fuerza que se gastó
y cumplió,
fuerza que muere
ante mis ojos:
Tiempo. 69
El concepto toma ciertas atribuciones físicas, tales como «1man
oculto» y «ciego reflejo». Es una
70
. 1e «imagen
.
de la imagen».
.
s1mp
Para David Huerta, el tiempo discurre en el olvido; también abre su
vuelo en la penumbra. 71

terarias («El tiempo literario es una
entidad circunscrita al qué de los personajes», señalé en su oportunidad).
No se ha querido, de ninguna manera,
agotar la temática, pese a la abundancía de citas. Quede este trabajo como
un círculo abierto, campo para futuras investigaciones, que tal vez aleance otros niveles analíticos.

novelistas, &amp;tic. Turner, Madrid, Es-

paña, 1975, pp. 27-50.
6 La cita es de memoria. Cortázar pone
en labios de la Maga esta expresión.
Independientemente de su frescura y
hasta aparente ingenuidad, la oración
conlleva una carga semántica trascendental. Cfr. Rayuela, Edit. Sudarnerica
na, Bs.As., Argentina, 1969, 11a. edic.

Notas
1 Cfr. Menton, Seymour, El cuento hispanoamericano, t. 2, FCE, Colee. «Popular&gt;}, Méx., 1970, 3a. edic., p. 9
2

7 V. Elizondo, Salvador, op. cit., p. 187.
8 Apwl. Rebetez, René, la ciencia ficción, cuarta dimensión de la literatura, Cuadernos de Lectura Popular,

Apud. Menton, Seymour, op. cit., ib.

Colee. «La Honda del Espíritu»,
Méx., 1966. pp. 36-37.

SEP,

Los núcleos axiológicos
Corno se ha observado a lo largo de
estas líneas, el tiempo en la literatura
-principalmente en la mexicana- es
revelador en la obra literaria. Concebido en tanto praxis, se desarrolla en
un contexto de primera importancia;
corno elemento obsesivo, circular,
corno recurso lírico o como simple
referencia (tal el caso de Juan Rejano,
destacado poeta español, muerto en
México en 1976), el concepto adquiere visos trascendentes gracias a la
fuerza de la retórica. Marcadas y profundas diferencias se establecieron
entre los autores: desde la definición
del tiempo desde cada punto de vista
particular, hasta sus connotaciones li-

Elizondo, Salvador, Contextos, SEP,
Colee. «SepSetentas», Méx., 1973, pp.
156-157.
4 El autor acierta en sus apreciaciones
en relación con la estructura narrati va
de Pedro Páramo; no obstante cae en
una confusión «irreverente»: el relato
«Luvina» pertenece a El llano en llamas (también de Rulfo). El equívoco
es inexplicable, sobre todo tratándose
de Elizondo, un crítico justo y cuida&lt;loso.
5 Cfr. Blanco Aguinaga, Carlos, «Sobre
la lluvia y la historia en las ficciones
de García Márquez», De mitólogos y

9

V. Labastida, Jaime. El amor, el sueño y la muerte en la poesía mexicana,
&amp;lit. Novaro, Méx., 1974, p. 17.

10

Apollinaire, Guillermo, «Bestiario»,
Poesía, &amp;lit. Joaquín Mortiz, Méx.,
1967.

11 Loe. cit.
12 Cfr. «Las flores del mal», Obras,
Edit. Aguilar, Madrid, España, 1963,
2a. edic.
13

V. Cantares completos (versión directa de Vázquez Amara!, José), Edil.
Joaquín Mortiz, Méx., 1975.

119

�187.
15

Loe. cit.

26 Id., op. cit., p. 142.

16

v. Paz, Octavio, «Recapitulaciones»,

27 Id., ib., p. 145.

Corriente alterna, Siglo
Méx., 1940, 4a. edic., p. 70.
11

XXI

Edil.,

Id.. op. cit., p. 11.

28 Salinas, Pedro, «El Contemplado»,
Poesía (selee. y not. de Cortázar, Ju.
lio), Alianza Editorial, Madrid, España, 1911, p. 137.

18 Id., op. cit., p. 23.
19 Id., op. cit., pp. 23-24.
20

Cfr. Huidobro, Vicente, Poesía y prosa, Edit. Aguilar, Madrid, España,
1967, 2a. edic., p. 325.

La imagen es hermosa: el tiempo concebido corno océano sobre el cual el
poeta navega hacia su destino.

lec. «Sepan Cuántos... », Méx .. 1972,
8a. cdic., p. 19.

14 Cfr. Elizondo, Salvador, op. cit.. p.

29 Cernuda, Luis, LA realidad y el deseo,
FCE, Colee. «Tezontle», Méx., 1970,
1a. reirnp. de la 4a. edic., p. 92.
30 V. id., ib., p. 149.

38 La transformación del tiempo en una
nueva dimensión es clásica en la literatura, sobre todo en la ciencia ficción, corno ya vimos en su oportunidad.

22 Op. cit., p. 32.

40

32 Cfr., id., op. cit., p. 32.
33 y., op. cit., p. 311.
34

Segovia, Tomás, Anagnórisis, Siglo
XXI Edil., Méx., 1967, p. 42.

23 V. op. cit., pp. 299-305.

y. Pellicer, Carlos, Antología, FCE,
Colee. «Popular», Méx., 1969, p. 6S.

25 Jirnénez, Juan Ramón, Platero Y yo.
Trescientos poemas, Edit. Porrúa, Co-

120

37

Obsérvese que las citas están en aparente desorden, aunque son válidas
desde el punto de vista de la exposición. /d., op. cit., p. 119.

Id., ib.• p. 285.

49 Loe. cit.
50

mar tendía / su instante de camisas en la playa. / Blancos. Playas.
Tiempo», expresa el poeta. La imagen
se fija en la eternidad del paisaje,
Cfr., id., ib., p. 289.

51 El poema en cuestión expresa lo siguiente: «En el tiempo compacto / de
los dos mil trescientos metros de altura, / los paisajes están en un solo acto». Cfr., id., ib., p. 294.

42 Id., ib., p. 82.

53 Cfr. p. 308 de la obra citada.

43 Cfr., id., op. cit., p. 132.

54 Musicalidad y conceptos enlazados:
«En el sonido son sonoro /. de la sonaja resonante de su explosiva actividad/ que masca desde el fondo/ de la
mañana elementa... » Los recursos de
Pellicer son amplios, sobre todo en lo
que respecta al uso de la fonología. V.
id., op. cit., p. 316.

Analícense los versos de la p. 138 en
la obra referida.

45 Pellicer señala concluyente: «Y este
mundo cerrado / que se abre al interior de un bosque antiguo/ ve marchitarse el tiempo... », id., op. cit., P· 154·

55

Loe. cit.

68 V. id., op. cit., p. 60.

69 González, Osear, Tiempo adentro,
UNAM, Méx., 1970, p. 22.
70 Id., ib., p. 43. El poema señala lo siguiente: «Y el tiempo que desgasta,
imán oculto, / Ciego reflejo del Dios
de la caverna,/ Imagen de la imagen
de la imagen...»

« Y el

52 Y. id., op. cit., p. 301.

44

36

48

41 Id., op. cit., p. 96.

35 Cfr., id., op. cit., p. 86.
24 Cfr. Bécquer, Gustavo Adolfo, Rimas, Leyendas y narraciones, Edit.
Porrúa, Colee. «Sepan Cuántos...»,
Méx., 1967, 3a. edic., p. 32

47 Cfr., id., op. cit., p. 284.

56 Gorostiza reflexiona poéticamente:
«Es el liernpo de Dios que aflora un
día,/ que cae, nada más, madura, ocurre, / para tornar mañana por sorpresa
/ en un estéril repetirse inédito». V.
Labastida, Jaime, El amor, el sueño y
la muerte en la poesía mexicana,
Edit. Novaro, Méx., 1974, p. 191.
51

39 Cervera, Juan, Donde el tiempo no es
oro, Edic. Tarayal, Cádiz, España,
1966, p. 43 . El tiempo asume otras connotaciones en sus libros posteriores,
principalmente en Inventando el olvido (Candil, Méx., 1976) y en El prisionero (Edic. Rialp, Colee. «Adonais»,
Madrid, 1978).

3l Loe. cit.
21 y. LAs cien mejores poesías líricas de
fa lengua castellana, (selee. y not. de
Menéndez Pelayo, M.), Suárez-Librero, Madrid, 1967, 6a. edic., pp. 2-3.

46 V. el poema «La tempestad en los
Andes». La visión es terrorífica. Op.
cit., p. 2.~6.

Cfr., loe. cit., p. 358

58 Cfr. LA flama en el espejo, FCE, Colee. «Letras mexicanas», Méx., 1971,
p. 10.
59

Loe. cit.

60

V. id., op. cit., p. 11.

71 Huerta, David, El jardín de la luz,
UNAM, Méx., 1972, pp. 45 y 64, respectivamente.

61 Cfr. op. cit., p. 82.
62 V. Shelley, Jaime Augusto, Himno a
la impaciencia, Siglo XXI Edit., Colee. «Mínima», Méx., 1971, p. 33.
63

Cfr., id., op. cit., p. 53.

64

Garduño, Raúl, Poemas, Gob. del
Edo. de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas, Méx., 1973, p. 67.

65 Loe. cit., p. 80.
66

Cfr., id., op. cit., p. 23.

67 Loe. cit.

121

�LA CASA DE LOS LEONES
para don Isidro

Gabriela Riveros
Descubres el retrato. Imposible que
seas tú, Paula... Paula... Contemplas
los ojos y percibes el abismo entre la
mirada de tus cinco años y la de hoy.
Tus cejas se han poblado, tu frente es
más pequeña en proporción al resto
de la cara, la forma de tus manos permanece idéntica. Quieres escuchar a
esa niña que después de retratarse salió al escenario a bailar en su festival
de fin tie cursos. Ni siquiera recuerdas ese festival... Cierras los ojos; pasa tu madre y te llama.
Paula-niña vuelve el rostro.
Tomas su mano. Tu madre dobla
el cuerpo hasta recargar su oreja en
tus labios. Susurras. Hoy intentas en
vano recordar aquellas palabras, ecos
enterrados en los rincones de tu memoria. Descubres el silencio, como
mariposa nocturna que revolotea en
tu habitación. Te acoge una sensación
de extrañeza, frunces el ceño y delineas con el índice una figurilla en el
tapiz del sillón.
Crees que esa niña nunca ha existido; quizá es sólo la conjugación de
un instante que perdura atrapado en
esa fotografía. Te parece irónico que,
después de dieciséis años, esos ojos
te sonrían; te aterra imaginar esa mirada dentro, ese par de cristales negros estáticos -emiten un mensaje

que hoy no comprendes, ¿quién hilvanó la serie de impulsos eléctricos
que avanzan tras ese rostro ingenuo?-. Eres tú... la misma Paula, -injertada, disfrazada, multiplicada, olvidada...-. Eres ·el fruto de una sucesión de reemplazos, de muertes imperfectas. Diversas Paulas se apoderan de ti con el paso del tiempo. Hojeas el álbum y te cercioras de ello
(Paula con piñata, Paula sobre el caballo, Paula con elote, Paula y la
montaña rusa, Paula graduación, Paula frente a pirámide, Paula en Zacatecas). Eres todas y nunca la misma. De
pronto te concibes como una criatura
con un embudo interno en el que conviven tus muecas, tus dedos de pianista, innumerables pares de ojos. Intentas apresar una sola imagen tuya y
no la encuentras. El instante te modifica, (ahora mismo lo hace). Cierras
el álbum y te diriges al baño.
Contemplas tu iris en el espejo y
una náusea te agolpa. Descubres una
mirada ambarina, se pierde con el
olor que cuelga del toallero. Cierras
tus párpados. Brota una imagen que
permaneció dormida durante años, un
acto involuntario que te obliga a revivir un instante. Revivir, re vivir, vivir, ir. .. Observas tu iris de nuevo, un
estanque en el que duermen tus angustias, coaguladas como concha de
mar.

Recuerdas la casa en la que vivían
tus abuelos, aquella con macetas y
enredaderas que colgaban de la terraza mientras las moscas perpetuaban
una danza fúnebre bajo el sol y las familias dormían la siesta. De pronto te
descubres mirando el pasillo donde se
diluían los ronquidos del abuelo, el
claro de la luna y las sombras que
colgaban de la pared. Intentas cruzar
ese túnel mientras la luna asoma por
las persianas y los cuartos se vuelven
una fotografía antigua. Los abuelos
permanecen rígidos, los labios violetas, entreabiertos, las manos yertas
cruzadas sobre el vientre. Abuelita,
tengo miedo... Acuéstate aquf, no tienes por qué tener miedo. La noche te
aflojaba las piernas y los ronquidos
del abuelo te hacían regresar a la recámara en la que debías dormir, la
que años antes era de tu madre. Las
hojas de los árboles cuchicheaban
cerca de la ventana.
Desciendes por las escaleras, te
internas en ese labe_rinto de cuartos y
muebles antiguos ajeno al resto de la
casa. La abuela toca el piano concentrada. Bajas al sótano. La respiración
de la abuela se vuelve espesa; ignoras
el hechizo que traman sus dedos venosos. Desciendes ... Abuelita... tengo
miedo... La Cacería de Mendelsohn
asciende por los barandales y recorre
las habitaciones. Desciendes... La

música se apodera de la casa mientras
ella desliza sus manos sobre el teclado, el volumen aumenta y la melodía
estremece el candil. Percibes la luz
ocre que se filtra por la ventanilla; se
divide en pequeños rayos fijos sobre
sfbanas que cubren muebles. Las parliculas de polvo se revuelven prisioneras en los túneles.
Naturaleza Muerta.
Parece imposible que aquella anciana sentada frente al piano sea el
puente entre individuos ancestrales y
seres de fin de milenio -como tú, como
las figuras de cristal sobre la mesa de la
sala, como aquel gato que merodea la
terraza y el tío soltero que estudia en su
cuarto-. Sabrás que la melodía no se
filtra al sótano; se vuelve una especie
de resplandor que diluye las figuras y
muebles que aparecen a tu paso.
Observas fotos de bebés que, según
t~ ~an dicho, son tus tíos, una Singer
vieja, olor a madera. El polvo se adhiere
a las suelas de tus zapatos mientras descubres cucarachas con las patas encogidas, las colchas que tejió la abuela, roperos. El sótano murmura, crujen los
muros. Abuelita, tengo mkdo...
Sales del baño. Te recuestas en la
cama, múltiples rostros te observan
desde las repisas, muñecos de ojos

grandes. Sabrás que el tiempo aún
transcurre igual, porque abarca instantes huecos en los que de pronto te
encuentras a ti, a Paula... Sabes que
s?lo tienes acceso a este instante (te
sientes cautiva en él); no a existir en
los que te otorga la imaginación ( •0
'?) . . .
(,
SI · , m a v1v1r un futuro casi inmediato que tal vez consista en ir a la cocina o en quedarte dormida para despertar al día siguiente inmersa en la
cotidianeidad. No puedes revivir otro
instante, aunque te parezca tan próximo como extender el brazo y tomar el
libro que descansa sobre el buró. Escuchas tu respiración, el flujo de electrones que zumban mientras recorren
cables y se aglutinan en el foco. No
tienes acceso a modificar el pasado
(ni tampoco el momento que vives
ahora... ahora mismo ... mientras lees,
o recuerdas, o sueñas esto). Permaneces atrapada en esta encrucijada de
pasado Y futuro en el presente que
ahora mismo muere en ti, para permanecer en ti ...
No pudiste olvidar la mirada del
hombre en el sótano por más que te
explicaron que se trataba de un mozo
de un desempleado de Fundidora qu~
se encargaría de barrer, lavar los autos, la cochera...
Entonces, ¿qué hacía en el sótano,
sentado dentro de un armario con las

manos sobre los muslos? ¿Por qué
permanecía inmóvil, con los párpados
entreabiertos mostrando una mirada
am~arina, como una mariposa que
suena, esperando a que rompa la noche... ?
Paula, aún vives en esta ciudad
q~e se comió tu infancia, en este paraje de colonias y avenidas. No concibes cómo articula vivencias tan distintas bajo un mismo nombre, cómo
encierra la ruta que seguía tu transporte escolar cuando asistías al kínder
Ycómo ahora dieciséis años más tarde casi la has olvidado. No recuerdas
haber visto de nuevo aquel rumbo. La
ciudad se traga los recuerdos y los escondes en sus entrañas, sólo te deja
unas imágenes amarillas.
Paula, aquella casa, la «de los leones» aún existe, ahora mismo envuelve habitaciones, jardines y sótano.
Bastaría tomar el auto para llegar a
ella, quince minutos por Gonzalitos
Distrito B-4 # 401, Colonia Leones. '
En la barda del jardín aún debe
permanecer aquel día en el que encontraron una chicharra. La abuela la
recogió del suelo para mostrártela. Te
fue difícil asimilar que aquella criatura plateada con ojos de canica y alas
de mosca fuera la responsable del
canto nocturno, la compañera del
123

�atardecer y la luna que pasea duránte
las noches de agosto. Sentiste un hueco en tu interior, de esos que no has
logrado llenar con los años, una sensación de desencanto. Contemplabas
por primera vez la fealdad en un ser
que imaginaste fantástico. Descubrías
la muerte. Recuerdas el cadáver sobre
la mano de tu abuela; te explicó que
las cigarras viven poco tiempo porque ncfhacen más que cantar. Sentiste compasión; .aquel sentimiento crujió en tu interior al anidar allí por primera vez, al imaginar el suplicio de
un mártir -para ti el primero-. Frunciste el ceño bajo el sol de mediodía
mientras intentabas comprender por
qué un ser daba la vida por los demás, por la noche misma, -incluso
por ti, que caminabas todas las noches en el jardín junto a la abuela
«para bajar la cena»-. Te sentiste culpable al descubrir que tú no albergabas ese altruismo y que, además, no
estabas dispuesta a morir en el anonimato.
No podrás deshacerte de esa mirada porque aún hoy, dieciséis años
después, la invocas frente al espejo
mientras un olorcillo húmedo resbala
por el resumidero. Aparece la mirada
en tu mente como una reliquia de infancia, como un paraje que tú, -la
Paula que permanece recostada sobre
la cama-, no viviste. Eres una serie
124

de sueños pasados, futuros ... una jaula que intenta apresar recuerdos que
al fin han de escurrirse entre los barrotes, o impregnarse como lunar en
las entrañas... Fijas tu mirada en el techo, tomas un mechón de tu cabello y
lo enroscas en tus dedos.
¿La habrán convertido en oficina,
en despacho repleto de hombres con
corbata que esperan mensajes por
fax, en albergue de secretarias que
eternamente levantaban el auricular
para anunciar con un tono agudo
idéntico al de los supermercados o almacenes: ¿Pérez y asociados buenas
tardes?
La segunda .vez que viste a Aurelio barría el suelo de la cochera, el
conjunto de losas negras y blancas,
un ajedrez inmenso en el que se deslizaba corno figurilla en busca de su
destino (¿como tú, Paula? ¿Como tú
que lees esto y por ello te vuelves ficción, partícipe de una historia que finalmente es la tuya también?)
Atravesaste la cochera sin detener
tu mirada en él. Llegaste hasta la reja,
tomaste los barrote con tus manos de
cinco años. Te sorprendió un insecto
gigante que descansaba ahí, una especie de mariposa con alas verde olivo
y una mancha en forma_de ojo azul
cobalto. Pennanecía quieto, respiran-

do lentamente. Quisiste llamar a Aurelio para que contemplara aquello,
pero el miedo no te permitió articular
palabras.
Permaneciste allí parada, alfil de
ajedrez contemplando un ser mitológico. Escuchabas el sonido de la escoba deslizándose; la sombra lejana
de Aurelio vagaba mientras una serie
de contradicciones se acumularon en
tu cerebro ...
Volviste la cabeza para llamarlo;
pero tu voz hizo eco en el ajedrez vacío, en ese espacio donde se jugaron
la vida el destino y el viento de aquella canícula. Aurelio ya no estaba, te
sorprendiste y volvió a tu mente la
imagen del viejo inerte del sótano. Te
invadió un escal·ofrío; corriste con todas tus fuerzas para liberarte de aquella sensación. Gritabas como si el hecho de escuchar tu voz te pusiera a
salvo de aquel silencio, del ojo cobalto ... Abuelita...
Abrazaste la pierna de tu abuela
mientras cocinaba. Le explicaste tu
descubrimiento: chapulín, mariposa,
verde olivo, ojo azul, escoba, reja.
Sabías que ella era la única que podía
creerte; sonrió y tomó tu mano -con
sus manos de piano, de abuela cocinera, de abuela cómplice-. Bajaste
con ella a la cochera. Aurelio barría

de nuevo. Llegaron a la reja; no había
nada. La abuela pronunció un montón
de palabras para explicarte que quizá
se trataba de un chapulín o una mariposa y que probablemente ya había
volado. Entonces volviste tus ojos para encontrar los de Aurelio, para sorprenderte porque su mirada era distinta a la que habías guardado en tu
memoria. Aurelio tenía dos ojos verdecillos escondidos entre algunas
arrugas y una nariz prominente; una
expresión suave.
Nunca volviste a ver un insecto
como aquél, por años buscaste en la
reja de la casa de tus abuelos. Aquel
ser se convirtió en el símbolo de tu
soledad. Desde entonces supiste que
estabas destinada a ser una voz oculta, unos ojos suspendidos en el viento
que todo lo miran y se humedecen
cuando cae la noche violeta, cuando
cae la noche.
Aquel ser permaneció en tu memoria como amuleto, compañero de
este tiempo en el que siempre serás
tú, intentando apresar tu _existencia a
través de la memoria. En el fondo, en
el recuerdo -ese intento de recuperar
tu microcosmos-, estás tú, sola desde
siempre. Paula, dentro de ti se esconde aquel insecto, aplastado bajo el cúmulo de ideas y posibilidades que
descubres en tu interior y te hacen

perder el aliento cuando intentas plasmarlas en un papel o compartirlas en
un diálogo. Paula, tu mundo será
siempre tuyo, sólo tuyo, un mundo
creado a base de viajes internos y externos en los que descubres un laberinto y una noche inmensa recargada
sobre tus pe_nsamientos.
No volviste al sótano por unos meses. Soñabas con ese espacio plagado de
luces; veías cucarachas agonizantes mover sus patas al ritmo de un vals que
provenía del piano. Los armarios se
deslizaban mientras tú volabas a través
de cuartos y pasillos. Una fuerza te
arrastraba hasta el ropero en el que había visto a Aw-elio, no podías detenerte.
Gritabas. De tu boca manaban palomillas que se incrustaban en los retratos de
las paredes.
Paula, te afanas en ver el pasado corno una serie de imágenes amontonadas
que viviste de prisa Entre más remota
la vivencia, más comprimes el recuerdo.
Paula... tu vieja manía de jugar con el
tiempo, de inventarlo, de colgarlo en
fonna de espiral y experimentar con los
recuerdos vividos, con los aún no vividos. Tiendes a ver el pasado en forma
de embudo, de remolino en el que tus
vivencias lejanas ocupan los círculos
más estrechos. Concibes tu existencia
como un juego temporal que transcurrió

tan rápido que ahora lo traes aglomerado en la espalda.
Una mañana te paraste al pie de la
escalera, recargaste una mano en la
pared. Miraste fijamente hacia abajo
con tu corazoncillo acelerado. Balanceabas tu pie derecho sobre el vacío,
indecisa en dar el paso.
Un olor a hllllledad y polvo te atrapó. Bajaste acaric~o la pared con los
dedos. Escalón... sombra, éscalón ... suena el teléfono a lo lejos, escalón... ladra
el perro del vecino, escalón... pasa un
auto, escalón ... el tío soltero contesta la
llamada, escalón... oscuridad, escalón...
silencio, escalón... polvo prisionero, escalón... retratos plateados, escalón... un
bulto grotesco se convulsiona en el suelo, escalón... tinieblas, arrastras los
pies... brazos que imploran en la oscuridad, avanzas... un gemido ronco ancla
en tu pecho, te paralizas... gemidos y
palabras confusas, pennaneces inmóvil... respiración agitada, convulsión de
tus entrañas... voz de muerte.
Extiende tu brazo para apagar la
luz, te incorporas a tu cama y observas las manecillas fluorescentes, 4:23.
En hora y media comienza la rutina,
debes comprimir tus párpados para
dormir un rato, para ahuyentar los recuerdos...
125

�ATISBO AL ALMA DE SOR JUANA, LIBRE
DEL cu·ERPO y DE LA CORTE

Adriana Díaz Enciso
Inmersa en la oscuridad observaste el rostro de Aurelio por última vez:
quijada deforme con encías purpúreas, dedos tibios, exhaustos de clamar al vacío, de acariciar una escoba
que arrastra hojas de fresno, de rascar
pintura en las macetas, de recorrer esta ciudad de concreto y luces. Aurelio
tendido en el suelo, junto a la niña
Paula, al pie de la escalera... Una visión cteada por el mismo sótano.
Extiende el brazo para prender la
luz, una claridad amarillenta acentuó
la palidez del muerto, la expresión
dolorosa, la boca deforme y abierta.
Paula, fijaste tus ojos en los de Aurelio. Buscabas el recuerdo, la mariposa
ambarina que jadeaba en su mirada
aquella tarde.
Te arrodillaste para verlo mejor,
como venerando un ídolo antiguo, de
marfil y herrumbre, como.si fuese necesario indagar tu origen en aquellos
ojos. Encontraste sus párpados entreabiertos una vez más. Acercaste tu
mano para abrirlos bien. Los soltaste
en seguida al percibir la materia fresca y viscosa, la superficie ya inhumana que se endurecía.
La oscuridad se apoderaba poco a
poco de aquel cuerpo. Permanecías inmóvil frente al muerto. Uno de sus dedos llegó a moverse, su materia --órga-

nos, sangre, cabellos, hormonas, sudor,
arterias, uñas...- se acomodaba por última vez.
Supiste entonces que su mirada
no albergaba colores, sino dos canicas pardas. Miraste hacia la ventana
al final del pasillo, una especie de
mariposa articulada un andar sublime
sobre el vidrio. Cruzaba el ventanal
en un vaivén absurdo.
Extendió sus alas y viste en ellas
el ojo cobalto. Una emoción insólita
te invadió (don Aurelio barriendo la
cochera). Te cercioraste de que los
ojos del muerto no albeFgaran mariposas y te dirigiste a la ventanilla de
puntitas.
Contemplaste el lunar azul por última vez; el insecto inició su vuelo.
Su aleteo crujió al rozar el aire denso,
sofocante, al abrirse paso en esa atmósfera plagada de recuerdos y sombras, de polvo y alimañas. Se incorporó al laberinto oscuro del sótano.

Los humanos sentimos una especial
fascinación por las historias trágicas.
Amparados por el calor de la comunidad, por la ilusión de seguridad que
ofrece una vida que avanza, más o
menos, en línea recta, nos gusta imaginar el vértigo de nuestros semejantes cuando se vuelven excepcionales;
cuando enfrentan a un dios que parece reservar su luz deslumbrante y los
estragos de su ira sólo para unos
cuantos. A ese dios le llamarnos Destino.
Sor Juana Inés de la Cruz es uno
de esos seres excepcionales. Desde el
siglo XVII nos lanza una luz oblicua,
que hemos ido desempolvando poco
a poco al paso de los años. Si hasta
principios de este siglo se dieron las
condiciones para reconocernos en la
voz de sor Juana, después de años de
incomprensión u olvido que enterraron tanto la fama como el escándalo
que conoció en vida, también es cierto que ese reconocimiento es distinto
al que su obra despertó en sus contemporáneos. Desde esta orilla del
tiempo, imaginamos que ~l dios Destino habría sido más amable con ella
si no le hubiera tocado nacer en el siglo XVII, en la Nueva España. Nos
asusta leer, en los datos que conocemos de su vida, el poder que tienen la
sociedad y la historia para marcar la
vida individual. También nos gusta

por las contradicciones que pueblan
su historia y su obra misma, a veces
optamos por definirla de un trazo,
burdo pero conclusivo. Fue una pincelada así de torpe la que ofreció
por mucho tiempo un retrato infiel,
que presentaba la amargura y la derrota de los últimos años de sor Juana como el testimonio de su santidad y su conversión. Pero no son
menos torpes infinidad de retratos
psicológicos tan modernos como retorcidos. Hurgar eil su sexualidad
para definir si sus amores eran carnales o imaginarios, hetero, horno o
bisexuales, arroja una imagen tan
distorsionada como el querer ver, en
su defensa del derecho de la mujer
al conocimiento y al estudio, un espejo de un feminismo delirante.

imaginar al personaje; dotar de heroicidad y valentía a una mujer que, de
una u otra forma, consideramos víctima de su tiempo. Con nuestra imaginación y nuestra fantasía vamos aportando rasgos nuevos a su retrato, hasta que lograrnos que esa carne vuelva
a la vida; que los ojos grandes y oscuros nos miren; que hable la boca fina y delgada. Y ya no importa demasiado que ese retrato animado se aleje
inevitablemente, por obra del tiempo
y de los mismos atributos que le otorgarnos, de la verdadera naturaleza, de
carne y hueso, del Original, que ya no
es ni carne ni hueso. Que, en sus propias palabras, apenas «es cadáver, es
polvo, es sombra, es nada.» 1 ¿No hacía ella lo mismo en su poesía? ¿No
convertía a simples mortales en imágenes fijas, mejoradas por los atributos de su imaginación y su deseo?
Hasta en sus obras de encargo, sor
Juana buscó el diálogo con los seres
que poblaban su intelecto y su fantasía, y no dudamos que fuera· una
aventura más excitante cantar las
grandezas de Neptuno que las posibles grandezas verdaderas del Marqués de la Laguna, por mucha gratitud que le tuviera.

Por fortuna, la tragedia de sor
Juana goza de la ambigüedad y la
complejidad de la tragedia humana
en sí, y es por lo tanto irreductible a
moldes y corsés. De acuerdo a la voluntad de una persona que optó por
encarnar en el mundo a través de la
escritura, lo más contundente que
nos deja la existencia de sor Juana
es su obra. La interpretación de ésta
seguirá enriqueciéndose con el paso
de los años; seguirá transformándose, y la imagen que nos ofrezca de
su autora seguirá siendo huidiza. La
riqueza y las figuras cambiantes de

Pero, com9 sucede con todos los
seres excepcionales, la imagen de
.sor Juana es huidiza, y resulta imposible mantenerla quieta. Agotados

127

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�la letra viva tendrán una exis_tencia
más larga que la visión de la monja
lamiendo las baldosas del convento,
o azotándose la espalda desnuda Y
ensangrentada; a la que nos entregamos con una mezcla de horror Yfascinación. Sus textos ya vivían con
vida propia, independiente, cuando
Juana Inés vendió su biblioteca, y siguen alimentando nuestra hambre de
infinito cuando apartamos la vista
del cuadro grotesco de su derrota.
Pero entonces, ¿fue verdaderamente una derrota? Ese cuerpo que
vemos humillado hacia el final de su
vida, a sor Juana le estorbaba. Influida como estaba por el rreoplatonismo, e impulsada por una sed insaciable de conocimiento, concibió
con menos espanto que nosotros la
separación entre cuerpo y alma. Es
sólo su alma, desatada de lastre del
cuerpo, la que aspira a comprender
la perfección de la máquina del Universo en Primero Sueño. Es sólo su
alma la que enciende lo mejor de su
poesía; la que recorre sus versos
amorosos más sinceros; su alma,
unida de manera indisoluble al intelecto, la que interroga al mundo, Y
busca su lugar en ese inmenso y pavoroso engranaje.
Mucho se ha hablado de la intensidad de sus poemas amorosos. Del

conocimiento y la sinceridad con
que describe los movimientos sinuosos del amor, reconocibles aún entre
el alud de poemas laudatorios y halagüeños, tributo con frecuencia
exagerado al poder que le permitía
entregarse al estudio de las letras
con más o menos libertad. Sus poemas de amor divino no son menos
exaltados que los de amor profano.
Que conocía el amor, nadie lo duda.
Sin embargo, resulta difícil creer
que conoció el amor carnal. Mirado
desde acá, ese nos parece un signo
más de su tragedia. A la admiración
con que leemos sus mejores poemas,
se une la compasión originada por la
anécdota: que el alma haya vivido
con tanta pasión lo que le fue negado al cuerpo. Porque el cuerpo no
aparece en la poesía de sor Juana
más que como deseo. El deseo no
aparece más que como ausencia.
·Con qué vemos la imagen del
l
.
?
ausente, si no con los OJOS del alma.
Acá en el alma veré
el centro de mis cuidados
con los ojos de mi fe:
que gustos imaginados,
también un ciego los ve.

2
,

dice sor Juana. Una similar victoria
remata el que es, probablemente, su
soneto más famoso:

que aunque dejas burlado el
lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
3
si te labra prisión mi fantasía.
Para entender, pues, el mundo interior de sor Juana, no hace falta sino
leer cuidadosamente las pistas que
ella misma tendió a lo largo de su
obra, desembarazándonos de la impresión con que nos marca el cuadro
tan retocado de su tragedia. Nunca
pretendió ignorar que ambas fant~mas, sombras, meras representaciones que no encarnaban en cuerpos, o
que su amor se consumía en el deseo,
y nunca en la posesión del ser amado.
Pero esa predilección por las ausencias es confesada con la misma gracia
e ironía con que Juana Inés hace votos de humildad, se inclinaba a los
pies de los poderosos y se condena
por su ignorancia y la pobre factura
de sus versos, cuando en realidad no
hace otra cosa que dejar muy clara la
inferie ,ridad intelectual de sus interlocutores.
No hay ironía, en cambio, cuando
habla de su sed de conocimiento. Nadie mejor que ella ha dibujado el retrato de su espíritu inquieto, que no
conoció descanso, ávido por entender
las cosas de este mundo y de los
mundos más allá. Sabía que su inteli-

gencia era el único instrumento con
que contaba para apropiarse del vasto
Universo. Su inteligencia, que no sus
sentidos; éstos eran apenas el vehículo. Si queremos entender su vida como renuncia, hay muchos datos externos que nos permiten apoyar esa
teoría. Pero si la leemos con atención,
no nos queda más remedio que admitir que, aunque renunció de alguna
forma a la vida, sobre todo a la vida
como acción, como movimiento,
también es cierto que forjó una vida
paralela, igualmente intensa, la de su
pensamiento y de su imaginación, y
en la investigación de esa vida se
conformó. De no haber padecido las
circunstancias históricas y sociales
que la rodeaban, es cierto, tal vez su
existencia hubiera transcurrido de
forma más benigna, pero no podemos
asegurar que hubiera sacrificado un
solo espacio de la contemplación de
su alma por la satisfacción del cuerpo. Su voluntad de despojarse del estorbo del cuerpo para elevar su entendimiento a la Causa Suprema estaba
influida por el neoplatonismo, por sus
lecturas y por algunas de_las interpretaciones del mundo comunes a no pocos de sus &lt;wntemporáneos, aunque
esta concepción no siempre se ciñera
a los fundamentos de la explicación
cristiana. Pero estas circunstancias no
construyen por sí solas el mundo interior de sor Juana. Su hambre de res-

puestas debe haber sido inmensa, e
inmensa su pasión por las ideas, para
que una inteligencia tan lúcida y tan
hábil haya concentrado su energía, lo
que de altivo, insolente y rebelde había en su espíritu, e':' la conquista de
la sabiduría.
Desde este punto de vista, ¿qué
deseo, sino una de las formas del conocimiento? Con la mirada fija en
su propio ascenso hacia el infinito,
sor Juana prescinde de la distracción
de la presencia del amado, y se
muestra atenta sólo a los movimientos de su alma herida por la ausencia. Hay curiosidad en su mirada, y
la interrogante frente a la realidad
del dolor no es distinta a la que busca entender el funcionamiento del
cuerpo, las pruebas de la existencia
de lo divino, o el origen de la diversidad del mundo. Una y otra vez, sor
Juana advierte que el amor más perfecto es aquel que no aspira a ser correspondido, y en esto no marca diferencia entre el amor divino y el
profano. Esta idea parece originar la
defensa que hace en la Carta atenagórica de los «beneficios negativos»
de Dios, como si su fe en la existencia de lo divino y en la existencia
del amor no fuera tan ciega como
para impedirle reconocer el imperio
absoluto de la soledad del hombre.
Octavio Paz lo dice con envidiable

claridad en Sor Juana Inés de la
Cruz o las trampas de la fe. Habla
de «la sombra, la ficción, la imagen
perseguida y siempre esquiva» en la
obra de sor Juana, y dice: «La figura
que dibujan todas esas piezas se llama soledad. También se llama autosuficiencia y su tercer nombre es libertad.» Esta figura, añade, habla de
«su profunda decisión de ser lo que
quería ser, su búsqueda paciente y
subterránea de una autosuficiencia
psíquica y moral que fuese el fundamento de su vida y su destino de
poeta e intelectual.» 4
El amor, como la fe, fue para sor
Juana una aventura intel~tual. El
amado era sólo un vehículo para su
búsqueda del conocimiento, que abarcaba su amor y su fe. No desesperaba
del amor no correspondido porque la
aceptación de esta condición le parecía la forma más perfecta del amor, Y
sor Juana Inés de la Cruz fue una mujer que aspiraba a la perfección. No
sólo le estorbó su época, la incomprensión de sus superiores, el asfixiado desarrollo intelectual de la Nueva
España. También le estorbaba su
cuerpo, la constante negociación con
el poder para rescatar su libertad de
pensamiento, la envidia de sus contemporáneos, y estos obstáculos los
habría tenido que enfrentar en cualquier sociedad y en cualquier época.

�En su obra no leemos una negación
del mundo de los sentidos, ni mucho
menos una negación de la carne. Lo
que leemos es una opción por el mundo no menos vivo de la imaginación
y el intelecto. Y sor Juana no parece
haber dudado de la realidad del espacio así construido, el camino más aéreo y libre para alcanzar la Causa Suprema.
Que en esa opción -como en
cualquier acto que decide la libertad
humana- hubo dolor, es evidenti. Pero difícilmente puede leerse en el dolor una derrota, cuando éste es un
compañero fiel de la existencia de todos los hombres. Más claros como
signos de la derrota son los últimos
años de su vida: la humillación y el
castigo; el miedo y el desmantelamiento de la casa del saber que pacientemente había hecho de su celda;
la autotlagelación, la culpa, los denigrantes textos de consagración absoluta a la voluntad de Dios y de abandono de «los estudios humanos»; la
dimensión del fracaso que en su pluma y en su sangre cobraba la convención auto-humillatoria contenida en
la frase «yo, la peor del mundo.» Seguramente en esos últimos años marcados por la culpa y el castigo el remordimiento de sor Juana fue ambivalente. Debió preguntarse si realmente había pecado de soberbia, y si
130

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ef\ su amor por el saber profano le había arrebatado a Dios mucha de la
consagración que le debía. Pero también debió haberse castigado por su
fracaso; por no haber podido resistir
al poder de sus enemigos, y haber renunciado a lo que era la única justificación de su existencia. Debió castigarse por destruir aquello que le había permitido encarnar entre los vivos, y que le había dado la realidad y
contundencia que no se adquieren nada más por haber nacido y estar hecho de carne y hueso: su vida interior.
Pero esos años brutales de negación y de fracaso fueron muy poco en
comparación al resto de su vida. En
las páginas de sor Juana, entre las
muchas que están dedicadas a las alabanzas y el artificio dictados por su
época y sus circunstancias, está trazado con firmeza el camino de un espíritu que buscaba la perfección. La
conciencia de que conocer el sentido
de la existencia del Universo y de todo lo que habita en él es imposible,
no vuelve la aventura menos osada,
ni inútil. En Primer sueño, la incapacidad del entendimiento humano de
aprehender la diversidad y el misterio
de lo creado no es humiliación suficiente para depone las armas. Por el
contrario, sor Juana exalta, consciente de su fragilidad,

al ánimo arrogante
que, el vivir despreciado, determina
5
su nombre eternizar en su ruina.
Poca derrota es la destrucción de
una mujer de carne y hueso, frágil y
atemorizada como sus semejantes,
durante los últimos años de su vida,
frente a la victoria de su espíritu fecundo que construyó firmes fortalezas de palabras, todavía de pie como
testimonios del asombro, el dolor y el
goce de la conciencia frente a la vastedad, frente al golpe poderoso de la
vida que rebasa la pequeñez de los
destinos, la fugacidad del paso de cada uno de nosotros sobre la tierra.
Mucho menos derrota el haberse
apartado voluntariamente del mundo
para entregarse a una vida paralela
construida toda de tinta sobre papel.
¿Por qué habríamos de lamentarnos si
el placer más violento que conoció
Juana Inés fue el de quemarse en la
hoguera de su intelecto? ¿Por qué, si
esa fue su libre elección, como fue libre su soledad? Habríamos de escucharla antes de entender como debilidad su abandono al reino de lo imaginario, poblado por las visiones de su
inteligencia. No hay mirada condescendiente que pueda sostener la de
estos versos:
Lo que me ha dado m6s gusto,

es ver que, de aquí adelante,

tengo solamente yo
de ser todo mi linaje.
¿Hay cosas como saber
que ya dependo de nadie,
que he de morirme y vivirme
cuando a mf se me antojare?
¿Qué no soy término ya
de relaciones vulgares,
ni ha de cansarme el pariente
ni molestarme el compadre?
¿Qué yo soy toda mi especie
Y que a nadie he de inclinarme,
pues cualquiera debe sólo
amar a su semejante? 6
Si la de sor Juana Inés de la Cruz
fuera so_'amente una historia trágica,
no eStanamos aquí, a trescientos años
de distancia, reunidos alrededor de
ella, intentando descorrer los velos
que nos muestren sus rasgos bajo una
luz más clara, más cercana a ta verdad.
No se sorprendería sor Juana de verse, una vez más, homenajeada Que la
luz de su intelecto y su sensibilidad, ~
r~ tam~ién la de su humor y su gracia,
siga bnllando a través del tiempo y nos
alcance, es una de sus victorias; una
muestra de que libró con dignidad la batalla de su vida, y la suya era una inteligencia muy lúcida como para no haber
reconocido ese triunfo mientras vivía. A
homenajes como éste, estaba acostumbrada. Si en algo podemos retribuirle

los frutos de su experiencia del conocimiento, que aún gozamos; si en algo
~e~~s reparar la incomprensión y la
IDJUStlc1a que terminaron doblegando su
espíritu y su verdadera fe, no queda más
que acercamos a su obra con ojos y
pensamiento limpios, sacudiéndonos la
sombra de horror y ele tragedia de los
últimos años ele su vida, para reconocer
el aliento vital y chispeante en que encarnó su genio; el producto de su lucha
espiritual que ha sobrevivido a ese cuerpo que, vivo y todo como estaba con
sus deseos, le 'resultaba un tanto incómodo, estorboso.
Y aunque la vida de la Corte le
permitió vivir entregada a las letras,
reconocemos lo mejor de su obra en
los textos que no fueron dictados por
la obligación, sino por su espíritu insumiso. También reconocemos que el
poder de la Corte y de la Iglesia, que
en un principio la protegió, precipitó
finalmente su desgracia. Habrá entonces que aproximarnos a su obra desde
el homenaje más sincero, que es el de
la experiencia íntima de la lectura,
devolviéndole su dignidad al retrato
que queramos conservar en ella, como una inteligencia viva que seguramente no querrá ya, liberada de las
obligaciones y aprietos de la vida terrenal, seguir siendo una figura de la
Corte.

Notas
1

«Soneto, en que Procura desmentir
los elogios que a un retrato de la poetisa inscribió la verdad, que llama pasión».

2

«Glosa en quintillas dobles, Porque la
tiene en su pensamiento, desprecia,
como inútil la vista de los ojos».

J

«Soneto, Que contiene una fantasía
contenta con amor decente».

4

Paz, Octavio, Sor Juana Inés de la
Cruz O las Trampas de la Fe, Fondo
de Cultura Económica, México, 1983.

5

Primero sueño.

6

«Romance, en que Respondió nuestra
poetisa al caballero recién llegado a
Nueva Espafia que le había escrito el
Romance 'Madre que haces chiquitos'».

Nota: Este texto fue leído en el Prime¡

Encuentro de Poetas Sor Juana Inés de la
Cruz, en la ciudad de Aguascalientes, en
abril de 1995.

131

�LA CONSTRUCCIÓN DEL SER Y LA
NOVELA EN LAS RAZONES DEL LAGO DE
MARÍA LUISA PUGA

Elizabeth Montes
A partir de la publicación de Las posibilidades del odio en 1978, María
Luisa Puga entra en el escenario de
las letras mexicanas con una voz inconfundible. Tanto en su primera novela como en las obras subsecuentes,
una de las preocupaciones fundamentales es el estudio de la identidad del
hombre contemporán~o enfrentado a
un ambiente de crisis económica Y
social. En Las razones del lago (1991 )
la temática de la búsqueda del ser se
asocia con el cuestionamiento acerca
de la elaboración de un texto literario
y su actualización en el momento de
la lectura. El empleo de las metáforas
del lago y de la construcción son
esenciales para comunicar la ~ecesidad de hallar el ser esencial. Esta se
pone en evidencia en tres aspectos: el
del protagonista por encontrar su papel en la vida, el de las agencias ~arrativas por dibujar a los protagorustas desde diversas perspectivas y el
del lector por construir una imagen
cabal de los personajes. Mediante la
variedad de voces narrativas y la autorreferencialidad del texto, Puga logra poner en tela de juicio tanto la
ideología que define al ser latinoamericano como los presupuestos que dominan el concepto mismo de novela.
La obra presenta la historia de
Darnián: un muchacho de diecinueve
años, quien reside en las riberas del

Lago Pátzcuaro y trata de encontrar
su propósito en la vida. Aunque Damián posee una familia constituida,
las personas más influyentes en su vida sor su tía Sabina, sus amigos y las
parej~ de forasteros que llega al pueblo. La primera, ha desafiado el papel
de las madres amargadas y desposeídas que adoptan por regla general las
mujeres de la región, y es una mujer
soltera dueña de una tienda de cerveza. Los segundos, viven en Monterrey y animan a Darnián ~ara que
emigre a esa ciudad. Con respecto a
los recién llegados, se trata del matrimonio de escritores quienes planean
mudarse definitivamente al poblado
después de vivir por muchos años en
la ciudad de México.
El lector conoce la historia de Damián a través de dos voces narrativas:
la de los perros que lo acompañan Y
la no identificada voz de una tercera
persona. Los primeros ofrecen el toque humorístico de la obra que tienen
del personaje ya que estos últimos
«no se dan cuenta de que lo vemos
todo de ellos» (16). Sin embargo, los
animales reconocen que tal conocimiento es exterior y restringido ya
que «Miramos desde fuera, desde la
invisibilidad...» (50). Dichas observacion~s de parte de los canes producen
dos efectos importantes. Por un lado,
refuerzan el carácter metaficticio de

la obra al enfatizar la forma en que se
está contando el relato. Por el otro, se
hace evidente que la versión de los
perros crea solamente una visión parcial del personaje, dejando al lector la
tarea de construir su propia imagen
del protagonista.
Por otra parte, en las viñetas en
que los perros actúan como agencia
narrativas, se relatan lps eventos que
ocurren en el presente o en el pasado
inmediato. Los perros declaran:
¿Quién sabe qué es un mundo ideal?
Nosotros sólo conocemos éste. Imaginamos que puede haber uno mejor
por la capacidad de deseo que tienen
ellos, los humanos.[...] A nosotros no
nos pasa eso. Somos perros. Vivimos
en el instante .s,in pasados ni futuros
porque no hay espacio (59; énfasis
mío).

Al igual que la visión parcializada
que ofrece al lector de los personajes,
el mundo de las agen~ias narrativas
está reducido al constante presente.
Por lo tanto, lo que el lector logra
captar a través de sus intervenciones,
es simplemente el relato de lo observado en el momento de ser contado.
Estos efectos se complican a partir del capítulo once, cuando se pre-

senta al lector la voz de una tercera

persona no identificada, que en contraste con los perros, da una visíón interior de los personajes. Tratando posiblemente de hacer visual el proceso
de construcción tanto de la novela en
si como de la caracterización de los
personajes, las intervenciones en tercera persona· aparecen identificadas
con letras en bastardilla y forman
bloques que se agregan a la mitad de
cada página. Dicha voz comenta
acerca de Damián: «Se le agólpan las
palabras en el pecho. No las sabe decir. No las conoce. Las palabras que
le organizarían la emoción y le darían
un cauce» (56). Esta voz es la que da
cuenta del remolino emocional que
vive el protagonista quien busca desesperadamente su propia autodefinición ante el constante asedio de sus
amigos y de su padre.
Curiosamente, el caos emocional
al que se enfrenta Damián es equivalente al aluvión de imágenes que recibe el lector a través de las varias
agencias narrativas. Si Damián trata
de definirse como ser humano, el lector intenta construir la caracterización
del personaje en el proceso de lectura. Poco a poco la voz en tercera persona describe los detalles del pasado
remoto de Damián. Es así como el
lector descubre la reacción experimentada por el joven cuando vio a su
tío Pedro ebrio por primera vez:

Darnián miraba desde el corral,
asustado. Casi no podía caminar,
murmuraba algo arrastrando las palabras. VálgameDios, sólo dijo Sabina,
ayudándole a Fermín a meterlo. Ladraban mucho los perros y Darnián
estaba paralizado. Cualquier niño del
pµeblo está acostumbrado a ver borrachos [...] Pero éste era grandote,
gordo y decían que era su tío. Que iba
a vivir ahí. Darnián tenía seis años
(81).

Nótese en esta viñeta que la voz
narrativa se limita a focalizar exclusivamente los pensamientos del protagonista, reforzando de esta manera el
proceso de construcción de la caracterización de Damián.
En otros apartes, la voz narrativa
en tercera persona se centra en episodios importantes en la vida de Sabina
y Pedro, los tíos paternos de Darnián.
En el capítulo doce, por ejemplo, el
lector descubre que Sabina ha tenido
una niñez difícil debido al abandono
de su padre y la muerte prematura de
su madre. Su «carácter endemoniado» causó su expulsión de la escuela
elemental pero reafirmó su voluntad
de decidir a edad muy temprana su
destino de ser una mujer independiente y autosuficiente. Para Damián, Sabina posee la sabiduría de
poder autodefinirse pese a los gran-

des obstáculos que siempre encontró
a su alrededor. Por el contrario, Pedro
es un individuo dominado por el alcohol ya que no pudo escapar a la influencia nociva de su padre y a los
malos tratos que recibió cuando era
niño. Sin embargo, Darnián desprecia
a su tío por haber heredado de su padre el alcoholismo y la violencia con
la que trata a las mujeres cuando está
ebrio. Como se puede observar tanto
Sabina como Pedro son figuras influyentes en la formación de Damián.
Ellos representan dos factores que el
ser humano debe confrontar: la fuerza
de voluntad y el determinismo biológico o social. No obstante, es el lector
quien debe medir el impacto de tales
modelos en la vida del protagonista y
decidir en qué lugar encajan estas
partes en el rompecabezas de la definición del ser individual.
La formación de Damián es paralela al proceso de construcción de la
casa de los forasteros y su adopción
de una nueva manera de vivir. Por un
lado, si en el caso de Damián el muchacho tiene que enfrentar el asedio
de su familia inmediata, los forasteros deben lidiar con la resistencia de
los habitantes del pueblo para impedir que logren su objetivo. Los llamados «comuneros» tratan por todos los
medios de evitar que el matrimonio
citadino edifique la casa arguyendo
133

�«Que esta tierra es de ellos. Que no
los van a dejar terminar la casa» (65).
Por otro lado, el uso de las distintas
voces narrativas hace énfasis en el
proceso de elaboración de la novela
en si y al mismo tiempo describen paso a paso la forma como Damián lleva a cabo la obra:
Y luego lo vemos en la construcción, trepándose por todos lados, rasp¡mdo el cemento entre ladrillo y ladrillo con unos movimientos secos,
precisos, ininterrumpidos: nos damos
cuenta: los trabajos no son el problema de los humanos (69).
La construcción misma de la casa
corre paralela a la invención de la novela y a la toma de conciencia del
personaje de que el trabajo de albañil
es el que más le complace.
Pese a los reparos de su padre,
Damián toma una decisión con relación tanto al oficio que quiere desempeñar en la vida como a la mujer con
la que se quiere casar. Tales decisiones pone en tela de juicio la ideología
dominante en la región. James H. Kavanagh señala que la ideología «is ... a
system of representations, perceptions, and images that precisely encourages men and women to 'see'
their specific place in historically peculiar social formation as inevitable,

natural, a necessary function of the
'real' itself» (310). Según Ferrnín, su
hijo Damián sólo tiene la opción de
dedicarse a la agricultura: «Eres el
mayor, le dice su padre exasperado.
Todo _lo que tengo es tuyo si te enseñas a trabajar. Ya que no quieres estudiar, al menos dedícate al campo»
(56). Para el padre la imagen ideal que
el hijo debe alcanzar en el marco de
la sociedad en la que se desempeña,
es la de ser granjero. Sin embargo, el
muchacho quiere ser albañil porque
es un oficio en el que se siente realizado. En este sentido, Damián logra
desafiar el papel social que le había
asignado y que su padre considera
inevitable.
Por otra parte, tanto Sabina (tía de
Damián) como Yadira (su novia)
cuestionan con sus acciones el patrón
de conducta otorgado a las mujeres.
La primera rechaza el matrimonio y
se convierte en una mujer de negocios. La segunda va en contra de la
costumbre de casarse o convivir con
su primer novio. Abiertamente Yadira lucha por reconquistar a Damián a
pesar cte haber tenido relaciones sexuales con su amigo «el güero». Los
perros dan cuenta del encuentro entre
Gudelia, una amiga de Sabina, y Yadira cuando esta última va en busca
deDamián:

¿Qué andas tú preguntando por Damián? ¿No tienes ya a tu señor? Gudelia, le dije, pero la muchacha dijo
con un timbrecito muy claro que hasta me cayó mal, hijo, qué quieres que
le haga: No me fue bien, por eso busco a Damián. (157; énfasis mío).
Para Gudelia, el destino de Yadira
está marcado y consiste en continuar
su convivencia con «el güero» a pesar de que no es feliz. Yadira, sin embargo, persiste en su afán de restablecer la relación con Damián y tener
una segunda oportunidad. Más aún,
Yadira es desde el principio muy honesta y confiesa abiertamente a Damián que no lo quiere y añade: «te
necesito, y seré una buena mujer, de
eso sí puedes estar seguro» (159).
El protagonista se rebela abiertamente ante la ideología ·reinante en
Zirahuén y la manera de pensar del
padre y reafirma su derecho a escoger
(construir) su propia vida. Damián
acepta a Yadira y quiere casarse con
ella a pesar del rechazo abierto de su
padre quien lo insulta afirmando: «¡Pero estás pendejo o qué! [...] ¡Nada
más eso faltaba!» (160). Al compararlo con su hermano, quien ha conseguido una beca para irse a estudiar a
Guadalajara y ser ingeniero, Fermín
considera que Damián es «peor que
el más pinche infeliz» (160). En opi-

nión de Fennín, los hombres deben
acata: ª.mejoraren la escala social y
econom1ca por medio de la educación. Sin embargo, Damián persiste
en s~ de~eo de encontrar su propio
ser sm traicionar sus motivaciones interiores. Ellas incluyen el unirse a la
mujer que ama sin hacer caso de su
pasado, desempeñar el oficio que le
complace y vivir libremente en un
pueblo de provincia sin aspirar a emigrar a la ciudad o al extranjero.
Con respecto a la pareja de forasteros que constituyen parte del mundo narrativo también se hace evidente
el afán de una autodefinición / construcción del ser que desafía los parámetros establecidos. Los perros como
agencias narrativas revelan las diferencias que existen entre ta pareja y
los hombres Y mujeres que habitan el
pueblo. Mientras que «En el pueblo
es nonnal que durante el día los hombres no estén (cuando están es que
ªndan borrachos) Yellos solitos se salen», el forastero había construido su
oficina y «era frecuente encontrarlos
ahí durante el día, cada uno en su rincón» &lt;11 8). La pareja comparte cada
una de sus actividades y contra la
coStumbre de los turistas de visitar el
lugar e irse inmediatamente, ellos
planean edificar una casa frente al lago. Pero su objetivo no se reduce a

crearse una vida diferente. Ellos planean construir obras de ficción.
La pareja &lt;!e forasteros no sólo
pone en tela de juicio el papel asigna~º a los hombres y mujeres en la
ideología del lugar sino que también
refuerza el carácter auto referencial
de la pieza. A la señora se le caracteriza como escritora quien según la
voz de los perros «se pone a escribir
en su cuaderno y ahí se queda dale y
dale» (77). Además, en su primera entrevista como Sabina, la pareja le
confiesa que «un día, dijeron, escribiremos sobre usted» (25). En efecto, la
obra que el lector tiene en las manos
presenta a Sabina como uno de los
personajes dentro del mundo narrativo. En este sentido la obra se vuelca
sobre sí misma para revelar no sólo la
historia de Damián sino también el
proceso mediante el cual se crea tal
ficción.
Más aún, mediante las voces de
los perros nos damos cuenta que los
foráneos «Planeaban venirse a vivir
para acá, dijeron, Y dedicarse a escribir» (25). Fácilmente se puede asociar
la voz en tercera persona no identificada con la señora, quien según los
perros, posee el don de la palabra
por~ue «Eso que todos pensamos,
sentimos, vemos, a ella se le convierte en palabras» (76). Es decir, al acep-

tar la premisa que _aquella voz en ter~era persona es la del personaje identificado simplemente como «la señora» la novela en sí rompe con las reglas ~e la ficción al proponer un personaje que desempeña dos papeles
dentro ~e la obra, el ser a la vez sujeto Y obJeto de la ficción. Es decir, el
hecho de que la escritora ficcionalizada esté a la vez dentro y fuera del
mundo narrativo, remite al lettor
nuevamente a la reflexión y al cuestionamiento acerca de las leyes mismas que rigen el proceso de creación
/ construcción de la narrativa.
Inclusive las voces narrativas de
los perros que han descrito para el
lector la historia de Damián y su familia, reciben de manos de la escritora ficcionalizada los nombres de «novela» y «relato». Tales nombres podrían corresponder a las categorías
establecidas por el teórico literario
Gerard Genette como histoire y récit,
partes constitutivas de la narrativa de
ficción. La primera correspondiente a
la historia o argumento relatado en la
obra, y la segunda, referente a la trama o manera como se enfatiza en la
novela al proceso mismo de construir
la obra literaria.
~n suma, la única opción de personajes, escritores y lectores es la
continua autorreflexión y construc-

�ción del mundo personal y social como del literario. Mediante el uso de
varias voces narrativas y los procedimientos autorreferenciales Puga consigue incentivar una búsqueda interior que pennite la revaloración tanto
de la novela como literatura en sí como de la ideología social que reduce
a los individuos a la infelicidad, el vicio y la autocompasión. Los personajes de Puga se enfrentan a sí mismos,
se ven en el lago y reflexionan sobre
sus decisiones vitales. A su vez, tanto
la escritora como el lector evalúan el
proceso creativo al tiempo que construyen su propia ficción. El lago tiene
sus razones porque «en sus aguas
contiene hennéticamente todo lo que
ha visto (180). No simplemente por
coincidencia, tanto María Luisa Puga
como la protagonista de la novela son
constructores, la primera de novelas y
el segundo de casas. Ambos han vivido por un tiempo en México D. F. y
han optado por residir pennanentemente en Zirahuén. Respecto a este
tema Puga ha declarado en una entrevista con Adela Salinas:
En los medios urbanos, lo de afuera
es siempre nuestro espejo [...]. El primer problema cuando te sales de un
ambi&lt;;nle urbano es que te quedas sin
ese espejo y no tienes más remedio
que verte y es muy dura porque el es-

pejo de allá afuera ayuda mucho; es
engañoso» (49).

Ante la perspectiva de perderse en
los otros y en lo otro, es necesario
buscarse a sí mismo y redefinirse. El
lago como la novela de Puga ofrece
esa posibilidad de mirar hacia adentro y autoconstruirse no sólo como
individuos sino como lector asiduo de
la narrativa de ficción. Si se extrapola
esta visión para abarcar al ser individual en el contexto de la realiza latinoamericana, el mensaje es obvio. Es
preciso poner en tela de juicio la
ideología que nos domina y buscar en
lo nuestro para lograr la reconstrucción del ser individual y del cuerpo
social.
Universidad de Texas en El Paso

ABANICO
En esta ocasión
publicamos una breve serie
de ensayos, estudios,
artículos y poemas de autores cubanos
actuales. Algunos radican
en La Habana y otros en Holguín.
Figuran al término
un estudio producido
en el postgrado de
nuestra facultad y
la crónica de un viaje
que incluyó a Holguín,
La Habana y Santiago.

�~

ULTIMOS TEXTOS DE UNA AUTORA:
CRONICAS Y MEMORIAS DE
DULCE MARIA LOYNAZ
~

~

Luisa Campuzano
Hay una forma de experiencia vital -la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo
y de los demás, de las posibilidades y los peligros de la vida- que comparten hoy los hombres y mujeres de todo el mundo de hoy. Llamaré a este conjunto de experiencias la «modernidad». Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder,
alegóa, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza cpn destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y las experiencias modernos atraviesan todas las fronteras de la geografía y la etapa, de
la clase y la nacionalidad, de la religión y la ideología: se puede decir que en este sentido
la modernidad une a toda la humanidad. Pero es una unidad paradójica, la unidad de la desunión: nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser modernos es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, «todo lo sólido se desvanece en el aire».
Marshall Berman: 1991

Esta sensación de disolución que promueve la modernidad, es la que informa y transmite el último poema escrito por Dulce María Loynaz, Últimos
días de una casa (1957), en el cual
una vieja mansión «toma la palabra»
y, entre recuerdos de su pasado feliz,
de los rituales de familia, del encanto
de los niños y de la Nochebuena, de
cantos y risas, va refiriendo el progresivo abandono y, finalmente, la destrucción a la que la someten sus viejos moradores, «Cuya codicia pudo
más / que la necesidad de retenerme
[... ], porque llegué a valer tanto en
sus cuentas, / que no valía nada en su
ternura... » (Loynaz: 1984, 134).
La constatación del efecto destructivo de la modernidad ya aparecía
138

como uno de los ejes temáticos de su
novela Jardín (1928-1935; 1951), en la
que aún se proclama ingenuamente
«La alegría de las máquinas que hacen los trajes de las niñas del mundo»
y una engañosa felicidad porque «la
ciudad había llegado hasta la casa/.. ./
circundada ahora por casitas leves»,
pero se hace énfasis en la descripción
de la degradación del medio ambiente, los «desastres de la guerra», los
imperativos de la prisa que, entre
otros males, acarrea el siglo.
Y en Jardín están también como
fragmentos, como piezas para armar,
apenas legibles o no fácilmente desentrañables en su existencia aparentemente autónoma, otros elementos
aportados por la modernidad, periódi-

cos del siglo XIX, fotografías antiguas, que la autora, ya que no su protagonista, sabrá recuperar como claves, como signos que permiten llegar
-regresar- a un mundo congelado,
preservado en el papel: el mundo de
antes.
Entre octubre de 1954 y octubre de
mientras escribe Un verano en
Tenerife, libro iniciado en 1952 y terminado y publicado en 1958, fecha en
que también escribe y publica Últimos días de una casa, Dulce María
Loynaz prepara dos series de crónicas
para dos periódicos habaneros de circulación nacional: El País y Excélsior. Durante cincuenta y dos sábados
se publican en el primero las «Crónicas de ~yer», y por cincuenta cuatro
1955,

domingos, en el segundo, las tituladas
«Entre dos Primaveras». Todas aparecen en cursiva y ocupan casi cuatro
columnas, incluyendo las ilustraciones. Ambas series se insertan en las
. páginas destinadas por esos diarios a
la crónica social, las que estaban a
cargo de Pablo Álvarez de Cañas
(Santa Cruz de Tenerife, 1s93_La Habana, 1974), segundo esposo de la
Loynaz.

mún de intervención en el trazado de
los modelos de representación de la
sociedad habanera, ante la cual Dulce
María Loynaz está especialmente fa~ultada para presentarse como conseJera, puesto que no sólo la legitima su
pertenencia a una de las familias más
ilustres, más permanentemente venerables del país, sino también su condición de escritora, de poetisa, y de
esposa del cronista de ambos diarios.

Entre estos cuatro textos -las dos
series de crónicas, el libro de viajes y
el largo_poema- se establece un juego
de espeJos en que se reflejan los «desencuentros de la modernidad» en el
país de la América Latina que en la
década de los cincuenta más acaloradamente había experimentado la
modernización en todos los niveles
de la vida. A partir de entonces, y como consecuencia de estas indagaciones de signo distinto en torno a la
modernidad, la obra literaria de Dulce María Loynaz toma nuevos derroteros. El objetivo de estas páginas,
como lo indica su título, es ocuparse
de ellos, para lo que se hace necesario volver a las crónicas, apenas presentadas.

Una lectura más atenta advierte
cómo este proyecto se desdobla: una
serie, las «Crónicas de ayer», con
textos ligeramente más extensos -hay
~enos. ilustraciones, por lo regular
solo una por crónica- es de interés
más general: es el ayer de todos, porque se refiere a las instituciones, las
costumbres, las personalidades, los
lugares que ya han entrado definitivamente en el pasado. La otra serie
«Entre dos primaveras», con dos fo~
tografías siempre, se dirige, si no explícita, por lo menos intencionalmente a las mujeres, ya que trata de mujeres, de dos mujeres vivas: una abuela
y su nieta; dos mujeres, además, de la
alta sociedad habanera, con profundas raíces en ella.

Un acercamiento en conjunto a
las dos series del 54-55, «Crónicas de
ayer» Y «Entre dos primaveras», descubre la existencia de un proyecto co-

Esta división en dos de un proyecto que a primera vista podría considerarse general -interviene en la formulación de los modelos de repre-

sentación de la élite cubana-, no puede explicarse sólo por el hecho de
q_ue _ambas series se publicaran en penód1cos diferentes, pues éstos eran
propiedad de una sola empresa -la
autora habría podido publicar «Crónicas de ayer» en ambos diarios del
mismo modo que su marido publicaba sus crónicas sociales en los dossino a la finalidad particular de la se~
rie «Entre dos primaveras», qul sin
duda obedece a un designio específico de la Loynaz en relación con las
muj~res, tanto con las que son protag?mstas Ya la vez destinatarias explíc'.tas de estas crónicas -la abuela y la
meta seleccionadas en cada ocasióncomo con sus demás lectoras.
'
Llama la atención, de entrada, el
que eligiera un esquema composicional tan apretado para «Entre dos primaveras». Si su compromiso con los
editores era por un año, resultaba demasiado riesgoso, puesto que significaba encontrar cincuenta y dos abuel~s Ynietas dignas de ocupar estas págmas. El riesgo de atarse a este «pie
forzado» se explica, sin embargo,
cuando descubrimos el espacio que la
autora reserva para sí y la función
que se atribuye. Colocadas la abuela
en el pasado y la nieta en el futuro, la
generación intermedia, el presente,
queda abolido: se borra. El espacio
resultante se convertirá en el sitio de
139

�enunciación de la autora, quien se autopropone como puente, como
tra(ns)ductora, entre el pasado y el
futuro. El futuro, como tal, apenas
comparece: una fotografía, un nombre, algunos escasísimos datos. De
hecho, el futuro, la nieta, no es dentro
del texto más que el motivo para producir la reactivación del pasado, la
abuela. Pero fuera del texto, en la sociedad, la nieta es la destinaria explícita del mensaje que vehicula la crónica y de los votos de la Cronista, así
como la ejecutora potencial de su
proyecto. El pasado, la abuela, recibe
en el texto una atención mucho mayor: por una parte, una fotografía de
«su primavera» y, tal vez, fragmentos
de crónicas antiguas, alguna carta,
una partitura o un poema que le fueron dedicados; y por otra, recuerdos
personales de la Cronista y, sobre todo, sus reflexiones ingeniosas, a veces insólitas, inesperadas, sobre alguna virtud, algún mérito, alguna costumbre no muy apreciados en el presente, pero que fueron elementos
constitutivos de un estilo de vida que
no quiere que desaparezca.
De este modo se va construyendo
una «Galería de mujeres útiles», como aquella Galería de hombres útiles
de la que el historiador y bibliógrafo
cubano Antonio Bachiller y Morales
(IXl2- IXXlJ) excluyó absolutamente a
140

las mujeres, no sólo como biografiadas, sino también como personajes
referidos -madres, esposas-. (LugoOrtiz: 1990, 32-35). Pero mientras que
la de Bachiller es una «Galería», una
colección de retratos, la de Dulce
María Loynaz es un «Salón de espejos». Todos los biografiados de Bachiller están muertos, ésta es una condición sine qua non para integrar su
serie. Las abuelas de la Loynaz tienen
que estar vivas, 1 porque deben actuar, inter-actuar con sus nietas: «hasta para ordenar nuestros cabellos necesitamos un espejo, ¿quién va a ordenar memorias sin memoria, sin renuevo de alma, sin espejo?» (EP
30/1/55).

Así pues, frente a una sociedad
que antepone «sus cuentas» a «su ternura», la Loynaz se propone constituirse en una especie de conciencia
crítica que no por actuar lateralmente
-desde «las columnas satinadas» de
la crónica social-, tenga que resultar
ineficaz ni débil. Borrar el presente
en un gesto muy osado, porque quiere
decir anular todo lo que él significa.
Su traducción en ténninos históricos
es bien precisa: Cuba bajo la dictadura de Batista, el país entregando a la
mayor ofensiva inversionista y cultural norteamericana, la ciudad dislocada por el boom constructivo, los valores asentados en las tradiciones que

fundaron la nación totalmente desplazados por los nuevos valores impuestos por los nuevos ricos.
En cuanto a su elección de la mujer -y de la mujer de élite- como destinataria de estas crónicas, habría que
recordar que en Cuba se desarrolló un
importantísimo movimiento feminista
en los años veinte y treinta, en el cual
tuvieron gran participación las mujeres de las clases privilegiadas (Stoner: 1991, passim); movimiento que
culminó con el Tercer congreso nacional de mujeres, en 1939, y con la
aprobación de la Constitución de
1940, en la cual se recogían algunas de
sus demandas fundamentales. Sin
embargo, en los años cuarenta el feminismo, tanto en Cuba como en
otros países de la América Latina
(Miller: 1991, 108), prácticamente desaparece, quizás como consecuencia
de la guerra y, en lo que a Cuba respecta, de la constatación del carácter
meramente fonnal de las conquistas
legales alcanzadas. En los años cincuenta el movimiento femenino cubano se verá compelido a dejar a un lado sus reclamos específicos para ocuparse casi exclusivamente de la lucha
política desatada por el golpe de estado de Batista.
Este vacío de acción feminista es
el que va a ocupar la Loynaz con un

proyecto que si bien no roza, «ni con
el pétalo de una flor», la institución
patriarcal, coloca a la mujer en el eje
de un discurso que se descubre, en última instancia, nacionalista y patriótico, lo que implica una gran transgresión del canon tradicional, ya que este tipo de discurso o cualquier otra intervención intelectual en la esfera pública fue antes, era entonces y, en
buena medida, sigue siéndolo, de la
exclusiva incumbencia de los varones.
La matriz composicional de las
«Crónicas de ayer» es totalmente libre, salvo por el hecho de que su núcleo, su punto de arranque, debe ser
una vieja crónica social. Esto lo aclara la autora desde su primera entrega.
Pero en vez de entrar inmediatamente
en materia, de ofrecer un «botón de
muestra», como lo hizo en «Entre dos
primaveras», dedica toda su primera
página a damos la historia nacional y
la poética del género y, aún más, un
perfil profesional, psicológico y moral del cronista social. Este gesto legitimador que toca fondo en la historia
de la nación, es un reclamo de rigor,
de seriedad, para la tarea que va a
emprender.2 Por lo demás, el interés
de los temas y la abundancia de fuentes detenninan en buena medida la
cantidad de crónicas que se dedican a
cada asunto. En esto tiene mucho que

ver también la intervención de la autora. De modo que en una ocasión
puede pasar revista -ese es el contenido de una de sus páginas- a veinte
crónicas de las que sólo debe extraer
una al azar; y en otras, en muchas
ocasiones, la página de un cronista de
antaño dará lugar a tres, que luego se
convertirán en cinco más, porque, por
una parte, Dulce María Loynaz se regodea en la presentación y en los amplios e imaginativos comentarios con
que siempre las acompaña; y, por la
otra, los temas se van entrelazando.
Así, la crónica de Raúl Cay sobre un
baile de disfraces en la ·mansión de
los Pérez de la Riva le da para tres
crónicás llenas de nostalgia y fabulación, que conducen a otras dos, porque en esa misma casa se efectúan los
escrutinios de un concurso de belleza
organizado por El Fígaro; pero como
la elegida, hija de los Grandes de Fernandina, se casa muy poco después
del certamen, a sus regias bodas, reseñadas por el admirado Enrique
Fontanilla, se dedican tres crónicas
más.
El inventario temático de las crónicas, con ser muy variado, se reduce,
como decíamos al principio, a la reseña de visitas de personalidades -el
príncipe Alexis de Rusia, la infanta
Eulalia-, de eventos, de lugares, instituciones, costumbres. El inventario

de recursos expresivos: de medios de
representación puestos en juego por
la autora, resulta prácticamente inabarcable: para cada crónica -y esto es
en buena medida también aplicable a
«Entre dos primaveras»-hay una forma distinta. Pero ahí termina toda semejanza, porque mientras éstas se escriben desde el presente, aquéllas se
escriben sobre el pasado. Así, en
«Entre dos primaveras» habrá cli'álogos entre la Cronista y su esposo, o
cartas, o visitas. Sus amigas le propondrán temas, le sugerirán nombres,
intervendrán, se filtrarán en ellas. En
«Crónicas de ayer» pese a lo que el
titulo podría sugerir, no encontraremos costumbrismo, ni pastiche, sino
una forma sutil de palimpsesto. El
texto antiguo no es raspado ni borrado, para escribir sobre él, sino traído
de nuevo a la superficie con «un pañuelo de seda para apartar un poco el
polvo de los años, del olvido» (CA
22/1/55). Este accionar del pañuelo, al
tiempo que selecciona, acaricia. Hay
zonas que quedan oscuras, fragmentos de crónicas que el polvo puede seguir cubriendo. Pero hay otras, en
ocasiones crónicas completas, que
merecen el mayor pulimiento. Entonces todas las galas del estilo de Dulce
María Loynaz, su talento para recrear
atmósferas, para introducirse en sus
personajes, reencuentra el espacio común de su memoria y de su fantasía.
141

�•

Porque enclaustrada en su casa durante casi toda su infancia y su adolescencia, las colecciones encuadernadas de El Fígaro y La Habana Elegante, las fotografías de familia y
amistades, los recortes de prensa habían sido el mundo por donde viajaba
su imaginación: la Infanta Eulalia
que se mueve en sus páginas, entre
tanto ajetreo de ceremonias y tanta
calidez de cortesía; el Julián del Casal voyeur, extraído ante María Cay
que mira al espejo vestida de japonesa, todo lo que fabula, lo que novela
en sus crónicas ¿lo habría novelado,
lo habría fabulado ya la niña, la adolescencia que sostenía sobre sus rodillas los grandes álbumes? Las lecturas, la imaginación y la memoria se
funden, siempre de modo distinto, en
sus «Crónicas de ayer», en las que,
pese a lo emocionalmente comprometida que está la autora con sus temas, cierto distanciamiento, una perspectiva que no es del momento de la
escritura, que también viene de antes,
organiza la temporalidad, establece la
causalidad. De este modo se historia
la tragedia de una familia, de una sociedad, al recordarse la inauguración
de una -entonces-- nueva casa; o se
van apuntando los estragos, apenas
perceptibles, cuidadosamente justificados, de la modernización que poco
a poco acelera su paso. Del trencito
que llevaba de la estación de Concha
142

a Marianao a una hora en que el viento soplaba en la dirección conveniente para que el humo no manchara las
blancas gasas de las muchachas, a la
destrucción de los hermosos barrios
que le crecían con sus quintas y jardines a la ciudad, se va anotando con
rigor y dolor todo el deterioro inevitable de un mundo hermoso que se
venía abajo.
A medida que avanza la redacción
de las crónicas es posible observar
cómo la nostalgia y el pasatismo que
podían haber sido un subtexto inscrito en este proyecto de formulación de
modelos de autoconocimiento para la
sociedad habanera, van siendo reemplazados por el dolor y la indignación, con tránsitos frecuentes a la ironía. A veces se perciben en ellas signos de desilusión, de cansancio, pero
ese impulso culturalista que sostiene
a la autora en conflicto con la creciente incuria, con el desarraigo de
quienes la rodea, le permite llegar al
final, un final que es más que nada un
reto, puesto que lo que ofrece como
despedida a sus lectores - «como yo
no sé escribir sin traspasar un poco de
mi sangre» (EP Í3/I0/55}- es el retrato
de su madre, en «Entre dos primaveras», y la lección de los libertadores,
entre los cuales estuvo su padre -a
quien ha hecho intervenir en otra
inolvidable página-, en «Crónicas de

ayer». «Algunas veces la generación
[...] que todavía estudió Historia, saluda a los veteranos que quedan con
palabras gentiles y los llevan como
reliquias a sus fiestas» (CA 15/10/55),
dice con amargura en su despedida, y
tras preguntarse si no hubiera sido
mejor para ellos haber muerto en la
guerra, se responde con un programa
de vida que es el suyo: «Morir no es
cosa fácil, pero reconozcamos que la
vida es también un trabajo de valientes» (ibid).
Hablábamos al principio del juego de espejos que se establece entre
estas crónicas y otros textos escritos
en la misma época y cómo su resultado llevaría a la autora a explorar nuevos caminos. Estos nuevos caminos
serán ~os del rescate factual, por las
vías de la memoria, pero también de
la historia -aquella historia que ya no
se estudiaba-- de un pasado que no está dispuesta a que desaparezca. En su
mayoría se trata de textos inéditos e
inconclusos, de los que se conocen
fragmentos leídos en público por la
autora o que, como parte de la leyenda de los Loynaz, son motivo de fantasías y elucubraciones. Todos se vir,culan de un modo u otro a la persona
de Dulce María, de suerte tal que vienen a ser algo así como sus «memorias», fragmentadas en los distintos
vasos en que se han recogido.

«Criatura de isla», como se ha llamado a sí misma en más de una ocasión, al igual que una isla de Loynaz
se define por lo que la rodea, simultáneamente sus bordes. Por eso, aunque
en toda su obra hay tal carga autobiográfica que llega a influir en la lectura de sus textos, es más una escritora
de memorias, que de autobiografía,
pues es mayor su interés por el mundo exterior con sus gentes y sus hechos que la narración de su hacerse
de su propia realización personal:
Así, cuando interviene en tas crónicas
con sus recuerdos, cuando se pone
por escrito, para ella contarse equivale a otorgar veracidad emocional al
p~sado que rememora. La niña que
eJecuta sus primeros «juegos de
agua», en los baños de Carneado, o la
que oye estremecida y oculta entre
los pliegues de una cortina los versos
de «La más fermosa», recitados por
su autor, Enrique Hernández Miyares, comparece ante el lector no como
autoridad, sino como testigo generoso
que quiere salir de fiador de la Cronista con su vida.
Cronológicamente, el primero de
estos libros es la Historia de El Vedado, que hace más de treinta años comenzara a escribir y que la pérdida
ahora casi total de la visión le ha impedido terminar. Descendiente de tos
propietarios de una gran parte de esta

externa zona de La Habana -flanqueada por el mar, al norte; unas suaves colinas, al sur; y el Almendares
«este ~fo de nombre musical», al oes~
te-, donde ha vivido por más de setenta años, Dulce María Loynaz no
s~lo ha tenido la aventura personal,
smo también la documentación -y
hasta la experiencia legal, como abogada encargada de los asuntos familiares- del desarrollo de este barrio,
en el cual está sembrada su novela
Jardín y al que se dedica amplio espacio en sus crónicas.
El segundo de esta serie memorialística es un libro armado, cosido, por
Dulce María, pero no suyo. Son tas
voluminosas e inconclusas Memorias
de la guerra del General Enrique
Loynaz del Castillo, tas que a su
muerte, en 1963, llegaron a manos de
su hija. Con estos miles de páginas
desordenadas, reiterativas a veces, en
otras ocasiones fragmentarias, bregó
por cerca de dos décadas, en las cuales copió, anotó, organizó el material
Y cotejó con posibles fuentes secundarias, pues el General, deseoso de
dar en su totalidad la historia de la
contienda, había escrito también acerca de episodios en los que no había
participado. Conocedora profunda de
la historia de su país, y, como lo atestiguan sus crónicas, poseedora de un
riguroso sentido de su destino, para el

«zurcido» y «remiendo» (Loynaz;
1989, 2) de las Memorias de su padre
la Loynaz debió revisar prácticamente toda la bibliografía de la guerra del
95, de la que salió con un renovado
patriotismo que se expresa en la breve «Síntesis biográfica» del General
(p. 511-513), en la que reciben el mayor énfasis sus méritos morales en la
paz - «no aceptó ningún cargo durante la Intervención norteaJ11ericana, pese a que había qu~do, por muerte
de su padre, al frente de una familia
numerosa y arruinada por tres guerras»; «al efectuarse las elecciones
que daban por reelecto al Presidente
EStrada Palma, considerándolas fraudulentas, renunció a su escaño en la
Cámara para levantarse en armas
contra el Gobierno»; «murió / ..J en
su modesto retiro».

Fe de vida es el título de un libro
de Dulce María Loynaz que habría
debido publicarse póstumamente, pero que al cumplir noventa años ha
aceptado darlo a la imprenta. Se trata
de la biografía de su esposo Pablo Álvarez de Cañas, en la cual, como lo
indica el sentido testimonial del título, es posible que haya un gran peso
de autorreferencialidad, por cuanto
constituye en buena medida la historia de una pareja. En ella trabajó la
autora en la segunda mitad de los setenta, periodo en el que al tiempo que
143

�continuaba ocupándose del ordenamiento de las Memorias de su padre,
tras la muerte de sus hermanos Enrique -en 1966- y Carlos Manuel -en
1977-, va siendo absorbida cada vez
más por el inventario y los recuerdos
de los hechos de su familia.
De este modo, en 1984 da a cono-

cer un intenso trabajo biográfico -basado en las vivencias de una sensibilidad común, de una existencia tan
compartida- sobre quien podía llamar
entonces «un poeta desconocido», su
hennano Enrique, con la esperanza
de que su obra fuera publicada. Este
trabajo -«la tarea más ardua en mi vida de escritora» (Loynaz: 1992, 31)no sólo logró ese objetivo, puesto que
la poesía de Enrique y la de sus otros
hennanos -Carlos Manuel y Flor, fallecida en 1986) ya se ha editado y reeditado ante una gran demanda; sino
que también activó, tanto en la autora
como en sus lectores, mediante esos
misteriosos mecanismos de la recepción, la pasión por conocer más acerca de la familia.
Así pues, en los últimos años y
con distinto motivo, Dulce María
Loynaz ha debido hablar de sí y de
sus hennanos para cineastas, peri~distas y estudiosos, de modo tal que
ha ido produciéndose una abultada
bibliografía y una buena coleccionci-

ta de documentales y videos, con sus
confesiones. Los más representativos
de estos textos son el collage de entrevistas que con el título de «Conversación con Dulce María Loynaz»
publicó Pedro Simón al frente de su
Valoración Múltiple (1991: 31-66) y
que da cuenta, particularmente, de su
vida intelectual; el libro La hija del
General, de Vicente González Castro
-La Habana, 1991-, larga biografía de
la Loynaz construido con una gran
participación suya; y el documental
Una mujer que ya no existe, del propio autor y de 1987, con el que Dulce
María se reincoporó a la vida cubana
con una fuerza y un alcance que no
era posible predecir.
Es en el contexto anterior que la
autora lee en 1990, en el Gran Teatro
de La Habana, la primera parte de un
libro sobre la infancia, adolescencia y
juventud de los hennanos Loynaz, titulada «Memorias de una casa: su
ámbito y su época». En las palabras
con que introduce su lectura, Dulce
María va a utilizar una metáfora similar a la empleada cuando contaba lo
que tuvo que hacer con los papeles de
su padre -«zurcir y remendar»-, para
caracterizar el lenguaje que emplea
en este nuevo texto: «es un trabajo
hecho como una comida casera: no
hay nada de especialidad / .../ ni de
imágenes bellas, no hay nada de lo

que hay en Jardín»3. Y en efecto, no
hay ninguna suntuosidad en las palabras, ningún lujo, sino tan sólo la fragancia de los recuerdos, la vida cotidiana -poco común, pero cotidianade unos niños que transitan entre la
casa de sus padres y la de sus abuelos
a través de las ligeras puertas que las
comunican, que vislumbran o fantasean el mundo gracias a la imaginación de alguna amiguita aventurera o
de un paseo excepcional. Comparece
el viejo cometa a tocar diana bajo la
ventana del General el día de su santo, se leen los periódicos del día, llega a jugar José Manuel Lara -a quien
conocemos de «Entre dos primaveras»-, vuelve a hundirse el Titanic,
esta vez en la sala de los abuelos, y
Rosa -la inefable Rosa de las «Crónicas de ayer»- trae de la casa del cónsul de ·china un cofrecillo de sándalo,
un abanico de plumas de pavo real, y,
sobre todo, la perspectiva de un compromiso matrimonial para ella y para
Dulce María con dos de los príncipes
imperiales...
Así, la escritora que con Jardín
había entregado uno de los textos
más significativos de la vanguardia y,
en particular, de esa literatura femenina cosmopolita que, lejos de mostrarse entusiasmada con la vida urbana moderna, «tendía a pintar [la] ...
como una fuente de prisión, miedo o

desesperación» (Pratt: 1990, 57-58);
que con los caminos humildes parece
haber intentado lo que pocas mujeres
de su tiempo: llevar a una novela los
conflictos que la modernización trae
a los campos4; dedicada desde los sesenta «a un menester que fuera en
otro tiempo tradicionalmente femenino» (Loynaz: 1989, 2), zurciendo y remendando sus recuerdos, aderezándolos como una comida casera, va, y
nos arrastra, al encuentro de la identidad propia y de todos, con un discurso memorialista que no aspira, como
en el caso de Marguerite Yourcenar,
a remontar, con la ayuda de archivos
y genealogías y por los caminos de la
microhistoria, todos los ríos de su
sangre; ni, como en el caso de Victoria Ocampo, a entregarnos las angustias y los éxitos de su difícil camino
de realización. (Quizás algo de esto
último, su imagen de escritora, de salonniere, aparezca cuando se publiquen sus cartas, el nutrido epistolario
en el que ahora trabaja.) Porque tanto
las crónicas como «las memorias» de
Dulce María Loynaz, nutridas de recuerdos personales atrapados en una
malla intertextual de muy compleja
urdimbre, en la que las fotografías,
como en Proust (Adams: 1985, 7-18), o
sobre todo, en los escritos autobiográficos de Marguerite Duras (Mourao: 1992, 247-257), tienen una gran importancia capital; en la que la crónica

modernista que le sirve de fuente y
también de fonna, con su heterogeneidad, con su «mezcla y choque de
discll{Sos» (Ramos: 1989, 12-13), pero
también con la capacidad que ofrecía
por vez primera a los escritores de
apelar a un vasto público (Rotker:
1992, 13-27); esta literatura presuntamente personal se fue demostrando
cada vez más patriótica, mediante la
transformación del espacio privado
en un espacio público de fundación,
de constitución de una identidad nacional.

veces de banderas preciosas y de ángeles diminutos que tenía que defender al día siguiente de la invasión de
las hormigas ... (CA 26/3/SS).
La Habana, junio de 1993.

Notas

1

La muerte de una de las abuelas seleccionadas para integrar la serie la
obligó a dedicar el espacio de la semana a consignar brevemente lo sucedido, pero no hay crónica (EP 211,ss).
En otras dos ocasiones se rompe el
esquema. En una debe introducir una
«abuela» sin hijos ni nietos (EP
18/7/SS); en otra no presenta dos mujeres, sino cuatro: bisabuela, abuela, hija y nieta (EP 16/10/SS).

2

La poética del género y la personalidad del cronista constituyen un frecuente tema en estas páginas, y en esta recurrencia podría encontrarse tanto un proceso de autorreflexión, como
de legitimación de la figura del cronista. En relación con esto último,
Dulce María Loynaz dejó claro alguno de los móviles de sus crónicas:
«Cedí y hasta me animé por espacio
de un año a escribir unas crónicas retrospectivas, que puestas al margen de
su sección [la de su marido, el cronis-

En una de sus «Crónicas de ayer»
Dulce María Loynaz desci:ibía para
sus lectores una fiesta familiar y al
narrar su experiencia infantil, parece
entregársenos por completo, en la develación de sus más altos ideales, de
sus cuantiosos sacrificios:
Por la mañana del gran día mandaban
/ .. ./ los altos túmulos de yemas, dátiles y piononos servidos en esbeltas
salvillas de cristal; el túmulo oloroso,
dorado, almibarado, tentador, solía rematarse con un angelito de merengue
o una miniatura de la bandera cubana.
Y ¡oh, romanticismo mío, ya desde
entonces superior a toda tentación!...
Yo solía cambiar al niño que le tocaba aquel adorno, mi ración de dulces
por su tesoro, y así fui dueña muchas

�YO NO PEDÍ NACER

WaldoLeyva
ta] tenían el propósito ciertamente innecesario de hacerla más atractiva».
(Simón, 1991, 52).
3

4

Tomado de la grabación de la lectura.
Texto inédito.
Según le refirió la autora a Pedro Simón, quien tuvo la gentileza de contármelo, esta novela, cuyo manuscrito
fue destruido por ella, trataba de las
expectativas de los campesinos ante
la construcción de la Carretera Central en los años veinte.

perdu photographiés par Paul Nadar. París, La Bibliotheque des Arts.

Berman, Marshall, 1991. Todo lo sólido se
desvanece en el aire. lA experiencia de la
modernidad. México, Siglo XXI.
Lugo-Ortiz, Agnes, 1990. Identidades itnaginadas. Biografía y nacionalidad en Cuba (186Q-1898J. «Ph. o. Dissertation». New
Jersey, Pinceton University [Ed. mecan.)
Loynaz del Castillo, Enrique, 1989. Memorias de la guerra. La Habana, Editorial de
Ciencias Sociales.

Abreviaturas

Loynaz, Dulce María, 1984, Poesías escogidas. La Habana, Letras Cubanas.

CA Dulce María Loynaz. «Crónicas de
ayeo,. En El País, La Habana, 16 de
octubre de 1954. 15 de octubre de 1955.

Loynaz, Dulce María, 1992, «Enrique
Loynaz, un poeta desconocido». En: Ensayos. La Habana, Instituto Cubano del
Libro, Dirección de Literatura.

EP Dulce María Loynaz. 4&lt;Entre dos primaveras». En Excélsior, La Habana,
11 de octubre de 1954 - 23 de octubre
de 1955.

Mourao, Cleonice P.B., 1992, «A escrita e a
imagen autobiográficas em Marguerite
Duras». En: Mu/her e literatura. Niteroi,
Universidade Federal Fluminense.
Miller, Francesca, 1991, IAtin American
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Bibliograf'aa citada

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modernidad en América IAtina. Literatura y política en el siglo XIX. México, Fondo de Cultura Económica.
Rotker, Susana, 1992. Fundación de una
escritura. lAs crónicas de José Martí. La
Habana, Casa de las Américas.
Simón, Pedro (comp.), 1991. Valoración
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Stoner, K. Lynn, 1991. From the lwuse to
the streets. The Cuban womans movement
for legal refonna, 1898-1940. Durham, Duke University Press.

EL SONIDO SIN FONDO A LA PUERTA
Vuelve a llamar. Toca de nuevo la madera remota de esa puerta. Nadie está en casa. Los últimos habitantes partieron al amanecer de un día, al que tú no has llegado. Vuelve a tocar. Tú no buscas a nadie
só~o necesitas el so~ido sin fondo de la puerta, la esperanza de una voz que responda, que justifique ei
ongen de la memona para poder partir. Hay otra puerta abierta. Los muertos dejan allí vasos de agua,
flores que no han nacido todavía. Pero tú evitas ese umbral sospechoso. Sabes que si lo cruzas volverás
a ser niño, Y Y~ ~o t~ alcanzarán las fuerzas para llegar hasta donde estás ahora, tocando a la puerta de
una casa que m s1qmera desconoces, con la esperanza de una voz que te deje partir a ningún sitio.

COTIDIANA
¿Qué voy a hacer con este día?
No tengo ni siquiera el consuelo de ignorar
el breve porvenir de las horas que vienen.
Temo despertar mañana.
Miro pasar la gente,
sobre todo los ojos de la gente
y quisiera gritarles:
por aquí es el camino,
al final de esta ruta se puede reír,
hay lugar para el sueño al fondo de la calle.
Pero yo mismo no estoy seguro,
evito los espejos,
tengo la lengua amarga,
me echo a llorar sobre la cama
sin encontrar motivos aparentes.
Si pudiera donnir toda la vida
y despertar, no en el futuro,
sino en los años en que lo soñaba.
147

�YO NO PEDÍ NACER
Cuando un hombre y una mujer se juntan,
¿tendrán en cuenta que al hacer el amor
son como dioses,
que del acto de amarse,
.
de intercambiar sus jugos esenciales,
puede venir después un ser
que tendrá un nombre,
un modo de tocar las cosas,
un rostro para el beso o el azote?

pregunta igual, alguien responderá.
El primero de enero del año dos mil uno será lunes
pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada
tiene que ser definitivamente jueves
y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.
Las calles serán las mismas para entonces,
los tlamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,
muchos amigos no estarán
y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,
de la ciudad, de mi país, del mundo.
Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,
prepares la piel, el corazón, las ganas de vivir.

Mientras funden sus cuerpos
hasta lograr que la piel sea una sola,
que baste una boca para respirar,
que lata un corazón para los dos,
;pensarán entonces
"
. . ?
que nadie le ha pedido venir a este pa1saJe.
¿Serán capaces de pedir disculpas?

DEFINITIVAMENTE JUEVES
Quiero que el veintiuno de agosto
del año dos mil diez,
a las seis de la tarde como es hoy,
pm;es desnuda atravesando el cuarto
y preguntes por mí.
Si cstoy,"pregunta, y si no existo,
0 si me he extraviado en algún lugar de la casa,
de la ciudad. del mundo,
14M

149

�EL GENIO DE CARLOS PELLICER

Nancy Morejón
La poesía de Carlos Pellicer (18971977) es uno de los monumentos literarios más espléndidos de la poesía
en lengua española durante el siglo
XX. Y, como tal, lleva grabado el signo de la aventura, de los sentidos, de
la heroicidad y, en el puro centro de
su cenit, el alma de los pueblos de
América Latina.
Leí por primera vez sus subordinaciones (1949) a la sombra de una de
las bibliotecas circulantes nacidas en
Cuba a mediados de los años sesenta.
En apariencia, mucha era la distancia
que mediaba no sólo entre su generación y la mía, sino en el concepto de
la expresión poética preferida por una
y otra. Adolescente aún, yo no podía
apreciar en su efectiva esencia, el
vastísimo cosmos que subyace en cada verso, en cada poema de este genio. Quedó en mí, sin embargo, una
atracción singular que no olvidé en
toda mi vida. En enero de 1967, tuve
el privilegio de conocer personalmente a aquel poeta desbordante, dueño
de las selvas y los ríos tropicales, que
hablaba de un idioma mítico y cortaba la respiración a más de un poeta
joven. La arena azul de Varadero fue
el marco donde escuché sus poemas
fluviales, sus sonetos a Zapotlán, sus
romances telúricos. Venía invitado
por la Casa de las Américas para tomar parte en los festejos del centena150

rio del nicaragüense Rubén Darío.
Quizás aquel paisaje resaltaba no sólo la gran poesía del «tabasqueño
ilustre», sino su propio porte, la insólita energía que emanaba de cada uno
de sus poros, en fin, su cabeza redonda que enarbolaba, como un rey,
frente a nuestros aires invernales de
enero. Era su primera visita a Cuba,
aunque ya había aparecido en su obra
en más de una ocasión.
Cuba divina,
tierra naval y bailarina,
entre el &lt;lanzón de tu apogeo
corre la sombra de tu ruina.
(«Cuba»)!
Una tarde, tras escuchar algunas
canciones de Bola de Nieve en los
antiguos predios de Dupont, Pellicer
dijo uno que otro texto y dejó en mí
esa huella innombrable que sólo dejan los poetas extraordinarios en manos de una muchacha que empezaba
a vivir. La fuerza de aquellos poemas, su ternura privilegiada, su sonoridad de cantata, me sobrecogía y,
durante largos años, casi logra impedir que yo identificara a Pellicer con
el contexto histórico donde había nacido su maravillosa producción y
que, por otra parte, percibiera, desde
entonces, el grari sentido de compromiso intelectual que su ejemplo civil
había dado no sólo a las mejores cau-

sas de la nación mexicana, sino a las
del continente y a las del mundo entero, de Holanda a Palestina. Tanto
nos subyugaba su expresión que, tal
vez, perdíamos de vista que semejante portento literario era la voz poética
de la Revolución mexicana -antecedente de la nuestra-, junto a esos dos
otros gigantes como lo fueron Ramón
López Velarde (1888-1921) y Alfonso
Reyes (1889-1959).
La explosión que había sido, en
verdad, su poesía durante la década
del veinte -a partir de sus dos primeros libros, Colores en el mar (1921) y
Piedra de sacrificios (1924}- no sólo
cambiaba el rumbo de la poesía mexicana e hispanoamericana, sino que
trascendería su misma expresividad.
Pellicer abría los ojos al universo cotidiano para dejar atrás aquella estética de la melancolía, del desasimiento,
del regodeo en una nostalgia que
apartaba al poeta de su circunstancia
y sobre todo, de su paisaje. Todo ello
sin abandonar el enorme lirismo inherente a su genio. Por eso, creo que
esa obsesión por el paisaje en Pellicer
no es sólo es; no es sólo alternativa
temática, sino irrupción de un nuevo
aliento, de un nuevo orden recién estrenado, en aquella nueva ética de los
viejos tiempos en que las nuevas
ideas -en México y luego en todo el
continente-, eran la prueba de la Re-

volución. Junto a José Vasconcelos,
entre otros. Pellicer inaugura los
tiempos de la solidaridad americana.
Así, sufrió prisión, por defender las
ideas revolucionarias y, de esa misma
forma, hallaría la real identidad de su
pueblo.
«Pellicer busca su patria fuera y
halla tierra firme en la plataforma del
continente. Mucho antes que Neruda,
empieza a cantar los puertos y las
playas de América», ha señalado a
tiempo Gabriel Zaid.2 Hallar la plena
identidad del país mexicano supuso
en Carlos Pellicer el declararse ciudadano de América Latina. Admirador
de Bolívar y José Martí, de Cuauhtémoc y Juárez, de Uxmal y el Iguazú,
cantor de las arenas y la épica libertadora, este poeta de los acentos más
autóctonos siempre supo adscribirse a
la cultura universal. Pocos poetas, en
su época, llevaron la enseña de nuestra imagen con tanta honestidad y
tanta precisión como Pellicer supo
llevarla, de manera tan latinoamericana, a las puertas de Europa. Cuando
París era todavía aspiración y sueño
abigarrado de todas las generaciones
que aún sobrevivían bajo el clima del
modernismo, el autor del «Canto al
Usumacinta» -con la audacia de Pativilca y Tilantongo- convocaba a la
reubicación del sol parisino, llamándolo a contar y establecer así un diá-

logo fructífero, aleccionador; de una
agresividad tan saludable que aún cobra vigencia en nuestros días. Su famosa «Oda al sol de París» lo muestra, además, como el gran poeta renovador que fue. Un corte surrealista en
el tratamiento de las imágenes -caro
a su expresión desde los inicios-, lo
hace heredero de toda la historia de la
poesía de la humanidad.
¿Qué otra cosa no es «Divagación
del puerto&gt;&gt; de 1924, o la patética
«Oda a Salvador Novo»? En aquella
fascinación verbal, tan legítima y necesaria, a que nos sometió la poesía
de Carlos Pellicer, también se desdibujaba una actitud fundamental: el reparo perenne a cuanta manifestación
opresiva existiese en y más allá del
hemisferio y el rechazo más absurdo
a la presencia imperialista en nuestras
tierras. En el poema dedicado a Cuba
que citamos hace unos instantes, encuentro nuevas recurrencias de este
orden:
Te estranguló con mano higiénica
el yanqui cínico y brutal.
Civilizáronte y perdiste
tifo, alegría y libertad.
(«Cuba»)3
Necesitamos ser todos los pueblos,
Bolívar y San Martín

y el Che Guevara son los ejemplos.
(«Líneas por el Che Guevara»)4
Otra vez, en «Divagación del
puerto» aparece Il}ás claramente esta
actitud:
Nueva York se opuso a mi conciencia
pero esta in"'.aluable ciudad,
incluso Rockefeller y Roosevelt,
por cinco centavos Ia'pudo comprar.
¿Verdad, Mr. Woolworth?
Mas una tarde de aguafuertes costosísimas
húbele de abandonar?5
Al entrar en otra materia, advierto
gran verdad en una idea de Juan José
Arreola sobre los sentimientos religiosos de Pellicer. Arreola afirma que
«el hilo de religiosidad, profundamente cristiana, que atraviesa toda la
obra de Carlos Pellicer y que desemboca ya torrencial en Práctica de
vuelo, significa tal vez la mayor gloria del poeta que desde la muerte de
Ramón López Velarde es nuestro más
grande lírico viviente»,6 porque en
ella también se afilió el poeta a sus
más nobles tradiciones, esa que a partir de la figura de Camilo Torres se
hace hoy esperanza palpable en la Nicaragua de Ernesto Cardenal.
La religiosidad de Pellicer vuelve
espléndido su amor al prójimo y se
151

�PARA ELISEO DIEGO

Lourdes González Herrero
hace, precursora como fue, más contemporánea. Recuerdo un estremecedor poema suyo al héroe nacional
vietnamita Ho Chi Minh:
Yo, cristiano, estoy diciendo su nom-.
bre en silencio y por haber sabido de
él, le doy gracias a Dios.
(«Ho Chi Minh»)7
8
La «perpetua juventud» de que
hablara Gabriel Zaid es una realidad
incuestion~ble. No encuentro en toda
la obra de Carlos Pellicer algún rasgo
que pudiera inducirme al lamento vacío, el desamor por la vida, la existencia o la sociedad. Sin abandonar
los precisos instantes de recogimiento
y reflexión, la obra de Pellicer es un
canto a los seres humanos y su entorno en el planeta Tierra. Nunca fue de
otra manera. Su espiritualidad registra un grado de panteísmo insuperado
en la poesía hispanoamericana de
nuestros tiempos. Anticonformista
por excelencia, su brújula se dirigía
hacia el porvenir, hacia aquellas potencialidades de la condición humana
que siempre estarían marcadas por
una acción consecuente, diáfanamente constructiva.
Ahora, quisiera detenerme en un
poema de Pellicer cuya primera lectura no se borra de mí. Recurro a él
siempre que puedo, cuando la nostal1S2

gia por México empieza a devorarme
y me achica hasta convertirme en una
hormiga que trabaja tres tumos para
«echar abajo una ceiba colosal». Ese
poema que se vuelve una necesidad
biológica porque adelanta como el
agua de mayo, sólo tiene un nombre:
«Discurso por las flores». La genialidad de su composición, la sabiduría
con que Pellicer transparenta las formas, el modo en que introduce alusiones eruditas sobre botánica y jardinería, el acabado sonoro de cada verso, han creado un verdadero paradigma de este tema de la poesía universal para instalarse en su mejor historia. Es imposible que yo les describa
el sentimiento que me _produce cada
lectura suya. Pellicer,hace potable no
sólo el agua de todos los días, sino la
belleza física y ·espiritual que toda
flor encierra, en especial la que nace
en el Valle de México. Permítanme
rescatar esta tarde sus últimas palabras:
Quiero que nadie sepa que estoy enamorado.
De esto entienden y escuchan solamente las flores.
A decir me acompañe cualquier lirio
morado:
señoras y señores, aquí hemos terminado.
9
(«Discurso por las flores»)

ELISEO

Notas
1

Carlos Pellicer: Poesía, Casa de las
Américas (Colección Literatura Latinoamericana), La Habana, 1982, p. 69.

2

Gabriel Zaid: «Casa a la alegría»,
prólogo a Primera antología poética,
de Carlos Pelliccr. Selección de Guillermo Femández, Editorial Fondo de
Cultura Económica (Colección Popular), México, 1969, p. 16.

3

Carlos Pellicer: op. cit., p. 70.

4

Carlos Pellicer: op cit., p. 365.

5

Carlos Pellicer: op. cit., p. 53.

6

Juan José Arreola: «Prólogo» a Carlos Pelticer, Editorial de la Universidad Autónoma de México (Colección
Voz Viva de México ), México, 1964,
p.

«les dejo el tiempo, todo el tiempo»

No debiste dejamos este tiempo
sin las precisas instrucciones que advirtieran
cómo salir del caos.
Las horas heredadas en tu nombre
so~ dadas por agujas que se quiebran
dejando en su lugar una esfera numérica
Entre tu corazón y el nuestro
hay una isla diferente.
Perdimos la confianza
y el descenso
no puede semejar una escalada
Pero te perdonamos la ambición
'
te absolvemos
Yjuramos lealtad a las palabras
leyendo tu inocente testamento.
Octubre de 1995

l.

7

Carlos Pellicer: op. cit., p. 368.

NUEVO INFORME DEL COLEGIO DE AUGURES

8

«Tiene la voz de un joven poeta que
recobra su alegría, después de un nuevo silencio.» Gabriel Zaid: op. cit., p.

Temerosos escriben los augures:
nada dicen las rojas cavidades
ni las vísceras prohibidas
después del sacrificio.
nada canta.
en el aire un eco pendular
y el olor de velas apagadas
anuncian los comienzos de la lluvia
lluvia de peticiones dentro, de renu~cias.

18.
9

Carlos Pellicer: op. cit., p. 233.

Nota: Palabras leídas en el homenaje a la
memoria del poeta en la sede de la Unión
de Escritores y Artistas de Cuba, el 17 de
febrero de 1984.

1S3

�CÓMPLICE
pudiéramos de nuevo examinar los signos
pero sería mejor interpretar el tiempo sin cautela,
sin vigías los mares, sin fronteras.
el futuro es invisible en nuestros signos.
se deben consultar otros dictados.

Camino hacia el infierno.
Burócratas e intermediarios se ocupan de la cena brindando mis palabras.
Pero el camino no parece arriesgado:
de suave césped, sol, turismo,
de suave calma, viento, fiesta.

Octubre de 1995

REALIDAD VIRTUAL
De algún modo no vivo en el país.
Exiliada en la mente
cierro y abro la puerta del espejo
para esperar así, entretenida,
deconstruyendo el árbol y la casa
cuyo único objeto valorable es un cuadro con arma

Camino hacia el infierno entre el folklore y la moneda
llevo cien pesos a la casa
'
y una mirada oculta, indescifrable.
Soy cómplice de todo.
Mendigo los placeres entre gente que exporta la sonrisa
y que exporta el amor
y que exporta la vida.
Soy cómplice, no hay dudas.

Me queda la esperanza de disfrutar el fuego:
soñar vivir morir abrir cerrar
vender comprar urdir trocar pagar.
Es el remate justo para cuarenta años de subasta,
la herencia conquistada entre días y noches
de verdadero y falso,
la puerta en el espejo de la mente
donde exiliada reconozco que,
de algún modo,
no VIVO.
Septiembre 20 de 1994

Llego a la casa con cien pesos de menos,
me desnudo ante el agua,
rezo un conjuro supersticiosamente para alejar al enemigo,
y yo sé, bien lo sé,
que no hay poderes en las palabras dichas con miedo,
ni en las palabras dichas,
ni en las palabras.
Andando, andando, andando,
un rumor que no cesa me impulsa al infierno
-pobre imagen que cierra la puerta de su casa
y se marcha hacia otro tiempo.

�Otros han preferido declararse inocentes o poetas,
pero yo,
soy cómplice de todo:
guardo la espada, cruzo los brazos,
no me detengo,
voy hacia el infierno por un camino que no parece peligroso.

Burócratas e intennediarios saben donde encontranne,
sólo ellos conocen este camino corto
-)' cada vez más corto.
Yo tenía un lenguaje que todos entendían
y podía con él entender a los otros,
pero en este camino, a los cuarenta años,
mi oído se esfuerza, mi corazón se esfuerza,
mi garganta se rompe,
y tengo que aprender sin objeciones
un idioma que altera el código de paz aprendido
hace cuarenta años.

Admiro a los que saben buscar el oro nuevo
a los que aprenden pronto,
'
a los que esperan tenninar este siglo Heno de provisiones·
admiro a las danzantes que se ofrecen,
'
a los bufones que se brindan,
y es que soy cómplice de todo:
vendo mi tiempo en el camino,
Y mientras voy acercándome al infierno
no me parece peligroso.
(Además, no es justo olvidar,
llevo cien pesos míos a la casa,
mi madre los resta de la deuda mensual
.
'
cierro la puerta y salgo).

Pero no me parece peligroso:
de vez en cuando un extraño sonríe ante mis versos,
un directivo inclina su balanza hacia mí,
me invitan a fumanne un cigarro,
puedo beber en copas y hacer algún dictamen.
(Además, no se puede olvidar
que a mi casa llega mi sombra cada mes
con cien pesos perdidos y encontrados,
mi madre los registra en su cuenta doméstica,
cierro la puerta
y salgo).

Agosto de 1993

EN LA ORILLA DERECHA DEL NILO

Me preocupa el pequeño que no entiende qué hago
alejándome siempre, constantemente, hacia el infierno,
para él inventé una nueva canción de Orfeo
y dispuse que fuera a buscar el orgullo
y le di una pobreza grande para que salve su optimismo,
ya que sólo los pobres alcanzarán la tierra de este cielo.
156

comienzan a caer todas las máscaras de un baile irrevocable
donde gritan los seres de la fe
'
los de la duda,
Y cantan nada más los convidados.
Se estrena el desconcierto:
comprar es la aventura más hennosa
Y vender la más sabia.

•

157

�GASTÓN BAQUERO: LA MAGIA DE
LA INVENCIÓN

Manuel García Verdecia
Los descendientes crecen:
hay una estirpe naciendo en los papeles
con la música impagable de esta fiesta.
Los más humanamente desvestidos resisten el escándalo,
atrapan en el agua la luna de los sueños,
.
.
comprenden que en el río de su orilla se está munendo el tiempo,
que de pronto su arena es una mancha ocre en las postales.
En la orilla derecha del Nilo,
detrás de las paredes,
el poeta comienza a escrib~ lent~,
.
desoye las noticias y perplejo qwere saber su suerte.
qué lugar tiene entre la música y el río que separa esta
orilla del eco sumergido de la opuesta.
El poeta resiste detrás de sus objetos,_
sabe que el mundo se divide en dos siluetas,
.
que las fronteras suelen cambi~ danzando con el tiempo.
El poeta persiste cuidando sus i~eas,
sin deudas que lo hagan aplaudir
los últimos y turbios desalientos;
desciende hasta la playa mirando los fulgores,
.
estrena una palabra: sus juegos infantiles que prohiben esta fiesta postrera.
El poeta define su criterio:
las orillas del Nilo son idénticas.
Enero de 1995

Hacia 1916 o 1918 -hay discrepancias
en los documentos consultados y su
tío materno y hermano de juegos,
Eber Baudín, sostenía que era 1915,
tal vez sea que es la incertidumbre el
humus de la poesía-, por esos años,
nace en Banes un niño que habría de
ver con ojos de almirante inaugurador
lo que otros sólo percibían como la
monda epidennis de lo cotidiano. Para aquel niño ver no era únicamente
aceptar unas geometrías, unos colores. ciertos disfraces o máscaras; ver
era también agregar, variar, transmutar. Jo visto en lo que se quería ver.
Tan así es que aquel niño, ya hoy
en sus setentaisiete años, dato que no
tiene la menor importancia para quien
no transpone la niñez, ha manifestado
que «nací en una atmósfera maravillosa» donde «la poesía era una aparición cotidiana».
¿Es así de cierto? ¿Por qué entonces emplea el vocablo «aparición»,
visión que acontece a nuestros ojos
como un acto supremo de fe? A la
larga son tan reales nuestras percepciones, lo que vemos, como nuestras
visiones, lo que queremos ver, e incluso éstas pueden serlo aún más.
Aunque poco importa la certeza de lo
real en comparación con la certeza de
lo poético.

Lo sustantivo es que aquel niño
no vio el pueblito de vida incipiente,
si bien emprendedora, de calles polvorientas y casas recién levantadas de
entre los rescoldos -dos incendios habían puesto la construcción del pueblo renacimiento de ave Fénix-, de
escasa tradición e historia, como un
gerundio, haciéndose. No, él tuvo la
visión, acto que también se define como aquello que permite Dios ver a
ciertos elegidos, de un mundo feérico, donde las mujeres no lavaban la
mugre de la casa sino que tejían con
espuma las historias de amores y cuitas que cantaban los boleros de entonces; donde las tías solteronas guardaban, en secreta cofrafía, la crónica
sentimental del Universo, llevando en
letra manuscrita y florida, las libretas
de poemas epigonalmente románticos, a lo Juan de Dios Peza, atributos
de su devoción; en cuya barbería, se
narraban proezas dignas de Perrault y
donde aún utilizaba el barbero, de bacía, el yelmo que había sido de Quijote; donde, en el flamante cine del
pueblo, las sombras y las luces hacían
levitar personajes, aventuras y entornos que abochornaban la eficacia de
los sueños; y donde Ña Juliana entonaba, en una lengua selvática, cierta
tonada donde una persona se convertía en las más disímiles cosas para
burlar la muerte.

Y a en un primer poema, siendo

todavía un muchacho, suena un heraldo de estos constituyentes de su poesía. Habiendo soñado que la niña más
linda de Banes se había ahogado en
escaso río del pueblo, Gastón asume
el sueño como una realidad dramática
que desemboca en el poema:
A la niña que ha muerto esta mañana
Je hemos puesto en el pecho una
azucena,
y hemos puesto además una manzana
junto a su mano pálida y serena.
Los niños han venido. Ya está llena
su habitación de leve porcelana,
parece que se mira en la azucena
y que tiende su mano a la manzana.

El hecho soñado se trasunta en visión acontecida y, al realizarse poéticamente, añade una pincelada al palimpsesto mitológico de Ofelias y Bellas Durmientes.
Es curioso que el poeta que despierta pone en la mano de la bella
muerta no un fruto tropical sino una
manzana, y se decide por construirle
un cuarto, no de madera o del común
ladrillo, sino de porcelana. Es parte
de esa propuesta intención de, más
que ver, querer ver, rehacer el hecho
descamado. La poesía es la única que

�puede tapar el sol, no ya con un dedo,
sino con una palabra.
Aquella disposición de observar
el mundo mediante el prisma milagroso de la invención, que había crecido como una comezón al contagio
de boleros, consejas y poemas, alcanzará un refinamiento de destreza, de
denodada conciencia en la mano que
urde el ilusionismo, cuando Gastón ·
es llamado por el padre a La Habana,
para alimentarlo de cuerpo y de alma.
En la capital estudia la carrera de
agrónomo que, si al parecer es un
asunto extraño a la poesía, en su intimidad surte al poeta de llaves imprescindibles para al misterio de la vida.
Por ella aprende que lo oscuro es el
principio de la luz; que una forma
que se corrompe puede inaugurar un
bello cuerpo, co~o una rosa -«¿Qué
pasa, qué está pasando siempre debajo del jardín», le hace escribir su
asombro-; que en un niño, una flor,
un pez, una estrella late una sustancia
que los emparenta -sustancia universal- y corporiza inagotablemente.
También en La Habana hallaría
otros caldos proteicos para su sensibilidad poetizante. Sumérgese en aguas
de lecturas; charlas y tertulias con seres afines que lo llevan a otro gran
descubrimiento: el magma verbal de
Vallejo, donde la palabra punza, sacu160

de, quema, y a Rilke con el simbolismo de la rosa, la belleza que sobrepasa
al tiempo; dos espíritus que lo poseerían por el resto de sus días. Su fluir
converge en la playa del grupo Orígenes y, principalmente se hace amigo
de aquel monstruo cuya linfa, cuya
sangre, cuyo aire eran la poesía: José
Lezama Lima. Indice de estrella polar,
energía de agujero negro, palabra en
su caos genésico es el nuevo amigo.
Esta amistad con Lezama, hallazgo
que Baquero califica «un milagro», sería definitiva, a pesar de las rupturas
en el espacio, en el tiempo y aun en los
modos poéticos que sobrevendóan -no
es fortuito que la imagen de Lezama
presida la salita española de Baquero,
junto con otros iconos cubanos: la
Avellaneda, Maceo, Lidia Cabrera, la
bandera...-. El agujero negro Lezama,
que por fuerza generadora todo lo
atraía a su centro, dejó su impronta en
el novicio Baquero:
No destruye a destiempo el tiempo
sus relojes
Ni castra el césped suyo cualquier
jardín de arena
Arraigándose en mí por la desnuda
tersa herida
Comienzo a renunciar y a pulveózar
la memoria
Sabría ya bastanne sin el soporte
del fuego

Por fortuna para Baquero y para
la poesía, el poeta creciente, entre las
voces del coro, va a trabajar en la afinación de su voz de solista, con una
coloratura y una intencionalidad propias. Ya la poesía tenía a Lezama, no
necesitaba un corista sino otra voz
prima.
El exilio español sería el tamiz
que definitivamente purificaría la originalidad de Baquero. Primero lo devolvió a la poesía, de la que se había
alejado en Cuba, desde los años cuarenta, para dedicarse al periodismo.
Hacia· allá ha acarreado, «ligero de
equipaje», las muy cuidadas almendras de esas dos patrias que son una:
la niñez y el numen espiritual de la
isla. La distancia lo ubica en otra
perspectiva desde donde los elementos sueltos se pueden apreciar en la
armonía del todo.
Desde muy joven, 1942, ya había
definido la poesía como un acto de
transustanciación por el logos: «la
poesía es... la creación que se hace
por y a través del lenguaje y el sentimiento, contra el lenguaje y el sentimiento, en tanto estas dos nociones
sean dos puntos muertos, inmóviles
ya ante la sustancia universal». Acto
de invención, alfarería que se erige
desde el barro del lenguaje y el sentimiento para dejar de ser barro y con-

vertirse en una nueva entidad, entidad
de la inteligencia, en cuya ductilidad
se expresa la constancia de la sustancia eterna en su múltiple renacer.
Es concepto del poeta que la vida
derrota y trasciende la muerte, ya que
esta es sólo la disolución de las formas, pero más allá de estas vestimentas perentorias fluye inacabable la
sustancia eterna, que es la memoria
material de la vida, junto a la cultura,
su memoria espiritual; ambas, que
son testigo del rumoroso acontecer
del hombre sobre la tierra, reconstruyen aquello que derrota al tiempo: la
belleza. no en sus geometrías perecederas, sino en su espíritu. Esto cristaliza en varios de sus poemas sígnicos
como «Testamento del pez»:
yo soy un pez, he sido niño y nube,
por tus calles, ciudad, yo fui geranio,
bajo algún cielo fui la dulce lluvia,
luego la nieve pura, limpia lana,
sonrisa de mujer,
sombrero, fruta, estrépito, silencio,
la aurora, lo nocturno, lo imposible,

O en ese otro tan citado y especulado, «Marce! Proust pasea en barca
por la bahía de Corinto»:
A la sombra de la juventud florecida
sentábase todos los días el viejo

Anaximandro.
fue en aquel pedacito de tiempo que
antecede al morirse,
cuando Anaximandro descubrió la
solución del enigma del tiempo.
Fue allí en Corinto, junto a la bahía, rodeado de muchachas florecidas.
Un día, allá, desde lo lejos,
se vio dibujarse una pequeña barca

Venía en ella, remando con fatigad
tenacidad de asmático,
un hombrecito

Terco, tenaz, tarareando una cancioncilla,
el hombrecito de manos enguantadas
remaba sin cesar.
Anaximandro comenzó a somefr.

Esa noche, poco antes de irse a
dormir,
Marce( Proust gritaba exaltado desde
su habitación:
-Madre, tráigame más papel, traiga
todo el papel que pueda.
Voy a comenzar un nuevo capítulo
de mi obra.

Voy a titularlo: «A la sombra de
las muchachas en flor». Anaximandro
prospecciona en la futuridad del apeirón y tropieza con Proust que ha sumergido su bizcocho en la trastienda
de la memoria; ambos se detienen en
la médula que preserva el tiempo: la
belleza.
La realidad no es sólo lo estático
aparencia! sino lo moviente que puede llegar a ser o a no ser. Y el poeta
puede cooperar incorporando lo intuido, lo soñado, -como realidad verbal.
«La poesía es la fantasía, la lectura
que completa ante nuestros ojos la
desnudez de lo existente», dice en ese
libro refulgente que no por gusto se
titula Magia e invenciones; el poeta
es un ilusionista, nos hace ver, mediante sus justificados trucos, lo que
no notamos bajo la pátina de lo cotidiano; le inventa una nueva dimensión a la realidad, para que nuestros
ojos se enriquezcan y nuestro espíritu
interrogador halle levadura para hacer crecer sus respuestas:
Mi nombre es Garibaldi, dijo, vengo
a besar su mano, vengo a suplicarle
que me deje contemplarla desnuda...

Voy a desnudarme, seftora, para yacer junto a usted. Quiero que su cuerpo

�pase al mío el calor de aquel Hom•
bre...
le pide Garibaldi a Manuela Sáenz en

ese rigodón final que les hace bailar
el poeta, para que el fuego de un héroe se junte al del otro mediante el
eros de la amada.
La poesía es un puente («un puente, un gran puente», exclamaba Lezama) hacia el imposible. Un diálogo
con la parte perdida o soñada del
hombre: la otredad. La poesía reconstruye, completa, completamente el
ser tullido de la vida real. Reúne los
fragmentos rotos y dispersos en el espacio y el tiempo de ese espejo donde
el hombre contempla su rostro verdadero. Es a la vez el único espejo con
memoria, capaz de preservar el resplandor de ese rostro aún cuando este
se hunda en el lodo.
El que la poesía sea, para Baquero, un modo de ~nvención, tiene que
ver con la infancia retenida, siempre
viva en el ser Baquero. El poeta es
crisálida fuerte y segura donde permanece, protegida de los azares y
embates de la jungla irracionalmente
lúcida del mundo adulto, con sus pretensiones, süs intolerancias, sus perjuicios, su aprendida racionalidad.

La infancia, era de la inocencia,
de la imaginación, de los ojos atentos, la mente limpia, el corazón de•
sintoxicado:
Yo no sé escribir y soy un inocente.
Nunca he sabido para qué sirve la escritura y soy un inocente.
No sé escribir, mi alma no sabe otra
cosa que estar viva.
Confiesa el niño inocente que escribe sobre la arena el texto incomprensible que le dictan los astros. Es
la vida para sí; la vida en un presente
centrípeto donde pasado y futuro se
reúnen para ser tiempo absoluto,
magnitud donde hechos y fantasías
no se eximen1 pues todo se .está haciendo en un ahora y un aquí. La inocencia es el verdadero habitat de la .
poesía; es la inmunidad que tiene la
vida para contrarrestar los daños y
mantener la sustancia póstina intacta,
siempre rehaciéndose:
Dejemos vivo para siempre a ese inocente niño.
Porque garabatea insensatamente pa•
labras en la arena.
Y no sabe si sabe o si no sabe
Y asiste al espectáculo de la be-

lleza como al vivo cuerpo de Dios.

La poesía es invención porque sólo mediante esta capacidad puede el
hombre-poeta acceder a una realidad
que lo desborda en el tiempo y el espacio; una realidad que, debido a
nuestros límites vitales -poquedad de
años, territorialidad enmarcada, escasez de nuestros sentidos y nuestra
energía- no puede aprehender o modificar como quisiera por otros medios. Invención que es posible por la
salvación de la inocencia, ese estado
de cuerpo y alma 4onde no tienen lugar los prejuicios, las inhibiciones,
las pretensiones que empañan y debilitan la potencialidad innovadora. Ver
la realidad incompleta, fragmentada,
inmóvil, y _añadir todo lo necesario
para que lo que percibimos se acerque más a esa totalidad, a esa multiplicidad de formas que es la vida; que
ella es una, por su sustancia seminal,
y varia, por sus manifestaciones, sus
metamorfosis como mañas para abolir la muerte. Es así que al poeta le
corresponde el sino de Proteo: dotado
del don de la profecía, en la revelación poética y en la magia del verbo,
tiene que transformarse constante•
mente, no para evadir los preguntones, sino para armonizar con la vida y
conocer las máscaras y disfraces tras
los que se esconde. Entonces el poeta
puede cumplir su tarea de testigo ubicuo y perenne, que ha sido pez y ciudad, niño que escucha a David y con-

versa con Juliano el apóstata, que conoció a Anaximandro en Corinto
cuando transmite el misterio de la belleza a Proust:
porque hubo testigos y habrá testigos
y si no es el hombre
será el cielo quien recuerde siempre
que ha pasado un rumoroso cortejo
lleno de vestimenta y sonatas.

La poesía de Baquero es reino de
la inocencia que todo lo salva, escenario donde se cumple la metamorfosis del acontecer, ámbito donde la invención derrota a las paradojas, los
anacronismos, los imposibles.

Gastón Baquero, él mismo niño,
pez, rosa, lluvia, testigo innumerable,
acude a la magia de la poesía para dar
fe de lo que trasciende el espacio, el
tiempo y sus formas engañosas: la
sustancia universal, nervio de la vida.

�LA POESÍA: SU FUNCIONABILIDAD
COMUNICATIVA

Manuel José Guillén Coello
La poesía no es ciertamente un arma
cargada de futuro. Puede que en alguna ocasión esté cargada de futuro como puede estarlo del presente o del
pasado, pero un arma no lo es. Y no
es un arma porque nunca deja, a su
paso, a los mutilados queriendo ser lo
qúe fueron para estar cerca de mujeres tibias. Además no es un aqna porque no entraña la destrucción ni la
muerte. Las piedras no son armas,
aunque nosotros las hayamos utilizado como tales. Las piedras son tangibles, la poesía no. Ella permanece al
margen de los credos y de las doctrinas; de los vientos y de los decretos
presidenciales. Ella es y está cuando
cae la tarde y la mar es calmada o en
la tristeza de algunos que maldicen la
circunstancia de que su ciudad no
tenga un poco de mar. También está
la poesía cuando se ama, cuando se
reza, cuando se estrenan un par de zapatos o se luchan algunos dólares para el jabón, el aceite en la shooping
más cercana.
No es sinónimo la poesía de lapalabra hablada o escrita; aparece en la
forma en que se le antoja; no entiende de bandos. No es que sea neutral:
está en el universo y el universo es de
todos: de los de allá y de 'los de acá.
Pudo -o puede- esta condición de la
poesía molestar a alguien, pero nada
puede hacerse. Cuando Bécquer dijo:

«Poesía eres tú», dio una de las definiciones más claras y abarcadoras
que haya yo escuchado.
De lo que estoy seguro es que la
poesía es del bien, nunca del mal,
pertenece a todos, es cotidiana pero
no sagrada, como el slogan de una
red de comunicación electrónica: 24
horas durante 7 días a la semana.
Esta poesía siempre ha estado en el
tiempo y se escapa de las conceptualizaciones poesía buena y poesía mala,
que quedan para la otra poesía, la que se
escribe, la poesía para revistas, libros y
concursos y también para los amigos y
novias que escuchan noche a noche el
chas chas de las aguas del puerto. Es
una poesía que se escribe porque el autor quisiera trascender su tiempo, para
que la lean los guatemaltecos, los cosacos def Don, los campesinos del Reino
del Nepal, y los muchachones de las
balsas del Caribe.
Esta poesía no es vital como puede serlo el picadillo de carne de vaca
o un trozo de queso amarillo. Si se le
conoce bien y si no, bien también.
He preguntado a más de 60 personas (63 exactamente) que encontré al
azar y sólo 13 conocían el nombre de
algún poeta y de su obra no recordaban nada. 4 habían leído poesía en

ocasiones y de éstos 2 citaban a José
Angel Buesa como el preferido. A
Martí todos lo conocían por «Los zapaticos de Rosa» y los «Versos sencillos» insertados en la Guantanamera.
Yo me sentí desolado. Pensé: se jodió
el mundo. Leí documentos y consulté
amigos en esto de la poesía que se escribe. Me dijeron: no te preocupes,
siempre ha sido así. Ya Homero y
Shakespeare sufrieron en su tiempo el
no poder establecer una comunicación armoniosa y masiva.
Y en realidad la poseía no es un
medio viable de comunicación, no es
funcional. Una poesía puede ser útil,
incluso para designios turbios, pero
nunca será utilitaria. Recoge de amores, de flora y de fauna y hasta de
dioses. Quizás los códigos que utiliza
la poesía desde siempre les están vedados a la mayoría de los mortales y
de los inmortales. La poesía es particular: te puede gustar o no; puedes
encontrar en ella la existencia misma
o no; como puedes entender a Lezama, o decir que lo entiendes cuando
en realidad no sientes su poesía; o
puedes permanecer callado cuando es
evidente que actúa sobre cada uno de
los movimientos de tu cuerpo.
¿Se capta en verdad la esencia de
Mariano Brull, de José María Heredia
o de Alejandro Fonseca?

De la poesía que se escribe es
muy difícil vivir, porque ella no logra
establecer una comunicación comercial, que quiérase o no, es lo que perseguimos, nosotros, los que la escribimos, que nos lea mucha gente de
muchas regiones. Pero la poesía llega
a tan pocas personas, que no es práctica. Los que la escribimos, lo sabemos, pero la· seguimos escribiendo,
tratando de captar la esencia de la
poesía primaria y dejarla ahí, en blanco y negro, siempre con la certidumbre de que lo hacemos para llegar
muy lejos en el tiempo y escudriñar
todos los espacios posibles. Quisiéramos ser el alma de los pueblos. Llorar
y reír por ellos, pero es en vano. Continuamos escribiendo poesía a sabiendas de que no es rentable como la caña de azúcar o nuestras queridas jineteras.
Los que escribimos la poesía anhelamos publicar en editoriales de
grandes tiradas, hennoso papel y excelsas ilustraciones; pero no es fácil.
Debemos conformarnos con las editoriales de provincia que trabajan con
pedazos de papeles tristes y arrugados que cobran su vida en las _manos
de los poligrafistas. Y estos libros se
entremezclan en el espacio con fibras
ópticas, señales electrónicas, y tengo
la certeza de que estas editoriales que
publican poesía no rentable permane-

cerán por los siglos de los siglos a pesar de.
La forma en que se escribe la poesía no es importante, es únicamente
un recurso, en tanto su quid está en la
aprehensión de los destellos de la
poesía primaria, la que siempre ha ~stado, la que no se hace.
Es absurdo, aunque entretenido y
lucrativo encasillarla en corrientes,
movimientos e influencias sociales y
personales, porque cuando es poesía
perdura para siempre, aunque esto no
la haga más asequible a los hombres.
Los poetas conocemos perfectamente sus estrechas y escasas posibilidades de lograr comunicación multitudinaria, pero carecemos de otra
opción, y valientes, seguimos de por
vida sorteando alegremente los escollos y trampas: ese es el camino de
los que escribimos poesía: no dejarnos derrotar por la transmisión contemporánea de información, sino más
bien alguna vez, con terminales de alta definición, conocer en los parques
el último poema de un poeta que ha
perdido a alguien en cualquier punto
dela mar.
Siempre la poesía que se escribe,
día a día, gana un espacio y es entonces cuando podemos dormir tranqui-

los o más tranquilos, sin temor a que
derrumben la puerta o se nos vaya el
último amor conquistado.

�AGUAS DEL ESPEJO

José Luis Moreno del Toro
HABITAOON 503
Todo artista le debe al lugar
que mejor conoce, el destruirlo
o perpetuarlo.
Emest Hemingway

Yo también estuve
en el viejo hotel
con el jadeo del tiempo.
El aire de mar
llenos de peces voladores
y mariposas de noche
ahogaban la habitación.
Se podía ver el bar de humo
y traficantes de ron
jugándose la muerte.

166

En el viejo hotel
yo también hice el amor
muy cerca de Herningway
a unas cuantas puertas
y a unos años de distancia.

REFLEXION
Lo terrible no es
perderse en el tiempo
smo
encontrarse en el olvido.

Allí
el ruedo tuvo cuatro esquinas
una fiesta brava
colmada de San Fermines y sangre
para atrapar la hermosa gacela
en su propio desierto.
Y volaba
plateada aguja
sobre las sábanas.
La ciudad transpira sus muros
descubriendo a esa mujer
bajo el musgo de sus techos
entre crucigramas de adoquines
sonidos de catedral
el herrumbroso lamento del tranvía
y un despertar de carros de leche.
167

�LA POESÍA COMO DESTINO
EN ELISEO DIEGO
Lo he hecho, si no con brilfanttz ,t

con honradez y honestidad,
porque nunca he UCrilo
sino aquello que yo necesito ucribir.
Eliseo Diego

Julia Soledad Quiñones Vega
Un escritor cubano. Un hombre de voz
aterciopelada. Un rostro que proyecta
el misterio de la vida/ poesía. Un poeta del destino. Un hombre de fe... y
una Bella mujer como compañera. Eso
y más es 'nuestro' Elíseo Diego. Nuestro a través de sus palabras, historias,
confesiones y espacio: su obra.
Publicado por primera vez en 1989
por la Editorial Letras Cubanas, el Libro de quizás y de quién sabe de Elíseo Diego, se publica nuevamente en
México en 1993 por la Universidad
Nacional Autónoma de México.
«El arte es la manera de ver el
mundo de una sensibilidad intensa y
curiosa, manera que es propia de cada
uno de los creadores, e intransferi1
ble.» Elíseo Diego hace de la prosa
de su Libro de quizás y de quién sabe
poesía, sus escritos son la tinta. de la
experiencia. Plasma lo que ha vivido
y sentido; las pequeñas cosas son el
impulso -siempre necesarier- para explotar y construir una 'poética' de la
vida y de la literatura, específicamente de la poesía.
Leer es como vivir: corre uno el peligro de llegar al fin y no enterarse.
Así sucede ante todo con la poesía esencia de los mejores momentos y
palabras.2

168

El libro que hoy es motivo de reflexión, se nos presenta como «un testimonio de una forma de entender la vida y
la poesía, el libro es, asimismo, un repertorio de certidumbre en la lengua
más sencilla y transparente; y, también,
es la apuesta por un ritmo más cercano
al propio fluir de la existencia: una musicalidad sin complicaciones ni aspavientos,»3 como lo podemos observar
en «Fantasmagoóas»:
Desde muy joven -lo confieso- me han
gustado los fantasmas. Me apasionaban
las historias de sus desventuras.
Hoy -lo confieso-, aproximándose la
hora de convertinne en uno, ya no me
gustan tanto.4
Como buen conocedor de los artificios del idioma, Eliseo Diego se tie
de sí mismo, y realiza su obra con palabras comprensibles, palabras con
las 'que se insultan las comadres' como él lo dijo alguna vez.
¿Cómo se llaman los cuatro simpáticos
muchachos? Se llaman Mengano, zutano, Ciclano y Esperencejo. ¿Quién no
ha aludido a ellos alguna vez? Siempre
dicen «¡ presente!» cuando otros faltan_.
Muy distinto es el caso de Juan de los
Palotes. Triste, sin duda; pero, ¿quién lo
mandó a darse humos con el apeÚido'r

Lo auténtico de sus palabras y la
sencillez en cuanto a la construcci611
de las historias, así como la manea
directa de expresarnos su sentido y
sus recuerdos, nos permite sin lugar a
duda conocer a un Elíseo Diego artista, a un hombre que tuvo siempre el
oficio de escribir, pero sobre todo, a
un ser humano que cultivó los grandes oficios de vivir y amar.
A medida que crece en mí el tiempo,
crece mi convicción de que sólo vale
de veras aquella poesía que es capaz
de servirnos, literalmente, para algo.
¿Para qué?, preguntarían ustedes.
Pues nada menos que para vivir, respondería. 6
Quizá sin proponérselo, el aut&lt;r
se acerca al género de la fábula, ya
que nos deja en cada uno de sus escritos una enseñanza, que generalmente tiene que ver con el idioma, la
literatura o la poesía.
poesía, a mi modo de ver, es una
manera peruliar de mirar el mundo. Casi siempre, tenemos ojos y no vetroL
Cuando, de pronto, mirarnos de ~
nace ya la poesía. Es, digamos, el n»mento mismo de su concepción.7

La

Elíseo Diego nos hace cómplices
de sus lecturas, comparte con noso-

sus experiencias con poemas, libros y autores que han sido importantes para su vida y su obra, como es el
caso de San Juan de la Cruz, Bécquer, Hans Christian Andersen, José
Martí, Rubén Darío, Dickens, Fedor
Dostoievski, Franz Kafka, entre otros
muchos.
lrOS

Esta mañana me deslumbra la sorpresa de hallar en una sola el secreto de
cierto poema de Bécquer cuya desolación me ha acompañado siempre.8
El Libro de quizás y de quién sabe se nos presenta como un gran tejido. el cual va tomando forma según
la lectura del receptor, quien es el encargado de ir descubriendo y dosificando historias extraordinarias, recuerdos de la infancia, historias aparentemente cotidianas, poemas, huellas indelebles y llenas de nostalgia.
Negra, precisa, delicada, allí quedó la
hormiga presa en el ámbar y, a la
vuelta de veinte millones de años, está aquí ahora como un trocito congelado de qué tiempo increiblemente remoto.9
La recurrencia a las cosas abandonadas y que casi nadie quiere, o más
bien pocos conocemos realmente porque son del pasado, viejas o antiguas;
ese estado de las cosas Elíseo Diego

lo utiliza para recrear sus historias y
hasta para volverlas protagonistas como en «La casa del perro»:
En el solar yermo, la casita arruinada

del perro que está dónde.
Quién se la fabricó con esmero, cuándo.
Toda la fiesta aún por delante mientras
la brocha esparce el último retoque
blanco. ¿Y un niño quizás abrai.ando al
perro, los dos impacientes, los dos risueños?10
Dice Ernesto Sábato que «un
buen escritor expresa cosas con pequeñas palabras; ... ya que la sencillez produce la im~resión de que no
1
ha costado nada... » Elíseo Diego es
uno de esos escritores, juega con el
lector mostrándole una serie de textos
o fragmentos con la aparente intensión de que no se pierda, y hasta utiliza como herramienta los títulos de los
mismos; pero conforme avanza la
lectura y el libro -casi- llega al final,
el lector se siente emocionado, nervioso y lleno de reflexiones. Siente
que se encuentra frente a una poética
de la vida y de la poesía.
Si la Poesía es como esta doncella de
poca edad, será porque ella es tal cual
es, en el perfecto, impenetrable misterio del juego del aire con sus cabellos
-allá tras la transparencia de la palabra.12

La presencia de personajes de la
literatura universal, no podían quedar
fuera del Libro de quizás y de quién
sabe de Eliseo Diego. A manera de
ejemplos o modelos a seguir y admirar -aún más- desfila Holmes, Macbeth, Hamlet, Caperucita Roja, La
Trotaconventos, el buen Don Quijote
de la Mancha y sólo en una cita aparece la voz de Sancho Panza. El autor
permite al lector como en una función de cine, disfrutar de escenas en
movimiento con personajes ya conocidos pero vistos desde la pantalla de
Elíseo Diego.
¿Qué sucede con esos personajes a
los que uno ama o detesta como jamás lo ha hecho con las criaturas que
llamamos de carne y de hueso?
Pero, ¡qué poco duran la carne y el
hueso! Y, aunque el hueso se aferre
un rato más a sí mismo, ¡qué patética
su impúdica terquedad, cuando ha volado ya el velo aquel que amábamos o
detestábamos! 13
El artista Diego nunca se olvida
de su tierra Cuba, ama su origen, su
historia, sus amigos, la revolución y
su familia. Y ese amor por su Cuba,
lo lleva a dedicarle uno de sus escritos de su Libro de quizás y de quién
sabe, bajo el título de «Los ojos del
almirante»:
169

�EL POETA ENJAULADO

Eugenio Marrón Casanova
Casi quinientos años más tarde, es curioso que sea justamente en Cuba
donde comienza a despuntar una nueva visión de la América -una visión
libre de torvos recovecos, de reojos
impuros, de bajezas. 14
La concepción del tiempo en la
obra de Eliseo Diego nos remite
siempre a un lugar o espacio que formó parte de su pasado; qtfizás eso sea
lo más valioso de sus historias: su infancia, los lugares que habitó, la vieja
Habana, las lecturas que de niño y
adolescente leyó ya que éstas fueron
una influencia importante para la realización de sus libros.
También maneja los elementos de
la naturaleza como personajes de sus
historias en alusión a lo eterno, fusionándolos con elementos transitorios
de la vida como objetos inanimados,
recuerdos, sueños, una muñeca, una
letra, las palabras, etcétera.
He trabajado con palabras de toda mi
vida, y no me pesa ni avergüenza,
porque las palabras qué son sino una
materia como la madera o el hierro, y
con palabras, madera o hierro es posible servir al hombre y enriquecer la
belleza del mundo. 15
El escritor maduro, el hombre de
letras que da consejos a las nuevas
170

generaciones y se permite todo a la
hora de escribir, eso y más es 'nuestro' Eliseo Diego. El poeta del destino. El escritor que como lo dice Alvaro Mutis «sabe tratarse de tú a tú
con el manejo de las palabras»: 16 Éliseo Diego.

1

Sábalo, Ernesto. El escritor y sus f antasmas. Ed. Aguilar, Buenos Aires,
Argentina, 1963, p. 210.

2

Elíseo Diego. Libro de quizás y de
quién sabe. UNAM, México, 1993, p. 21.
Periódico Unomásuno, suplemento
'Sábado', artículo: «Estar vivo en grado sumo», de José Francisco Conde
Ortega, 28 de agosto de 1993, p. 10.

4

Elíseo Diego. Op cit. p. 36.

5

Op. cit. p. 28.

6

Op. cit. p. 66.

1

Op. cit. p. 49.

8

Op. cit. p. 21.

9

Op. cit. p 7.

10 Op.

Sábalo, Ernesto. Op. cit. p. 213.

12

Elíseo Diego. Op. cit. p. 110.

A Alfredo Saínz
Aunque yo esti rodeado de mis e"ores y mis ruinas.

EzraPound

13 Op.

cit. p. 9.

14 Op.

cit. p. 12.

15 Op.

cit. p. 113.

16

Citas

3

11

Periódico Unomásuno, suplemento
'Sábado', artículo: «Eliseo Diego habla de tú a tú con las palabras: Alvaro
Mutis», de Jorge Luis Espinosa, 9 de
septiembre de 1993, p. 12.

Le quebraron el alma y las entendederas,
lo dejaron bajo la noche del universo
fría y solitaria como una caldera
'
hace mucho abandonada entre harapos y restos
de la última cena robada por los verdugos.
Le dejaron en el muladar:
allí tuvo su cama y su pedazo de pan y
el premio a la hora de la venganza,
gritando como un desesperado los cantos de la eternidad.

Bibliografía
Elíseo Diego. Libro de quizás y de quién
sabe. UNAM. México, 1993.
Sábato, Ernesto. El escritor y sus fantasmas. Ed. ~guilar. Buenos Aires, Argentina, t 963.
Periódico Unomásuno, suplemento 'Sábalo', artículo: «Estar vivo en grado sumo», de José Francisco Conde Ortega, 28 de agosto de 1993.
Periódico Unomásuno, suplemento 'Sábalo', artículo: «Eliseo Diego habla de
tú a tú con las palabras: Alvaro Mutis», de Jorge Luis Espinosa, 9 de septiembre de 1993, p. 12.

cit. p. 13.
171

�CUBA EN TRES TIEMPOS

Margarito Cuéllar
l. Noticia de La Habana
La Habana es ahora una ciudad de
viejos y amarillos edificios. Su cielo
es transparente y no hay basura en
sus calles. Una larga fila de cubanos
hace fila para comprar nieve. La Habana Vieja es deprimente. Altas casas
despintadas y en deterioro constante.
Cazaturistas: jóvenes, niños, ancianos, mujeres. Piden utas monedas
(de preferencia dólares), ofrecen .café,
tabaco y ron a bajo costo. Rostros duros, suplicantes, amargos. Pero este
cuadro es apenas una particularidad,
un pequeño espejo del mosaico cubano. Ya Femando Delgadillo lo había
advertido en su canción: «No vayas
para La Habana / porque te bajan tu
lana».
Por las noches, desde el malecón, la
vida en La Habana es diversión, baile,
golpeteo de olas: la blanquísima espuma se eleva a más de diez metros sobre
el ir y venir de los autos. Autos viejos,
modelos de los años cincuenta reparados a base de ingenio y de autos más
deteriorados dada la carencia de refacciones. La mayor parte de los carros que
circulan en La Habana son rusos. La
falta de gasolina ha hecho que a las cabinas de los trailers. se les adapten dos
autobuses y den vida a los llamados
«camellos», que funcionan a base de
diesel.
172

En el malecón y La Habana Vieja
la prostitución se enseñorea como un
mal necesario. Jovencitas de 16 a 20
años son ofrecidas por sus «amigos»
al turismo internacional a cambio de
unos dólares. También funciona el
trueque: mujeres por jabones, cosméticos, medias y chocolates. Tabaco y
ron por ropa. El mercado negro en su
magnitud creciente. La economía informal y clandestina; la cultura dolararizada. Pero Cuba es más. El discurso de Fidel Castro en la ONU despierta nuevas expectativas para la
economía cubana.
Los edificios no son elevados,
más bien horizontales y en aparente
descuido. Impresionante el Capitolio
y el Museo de la Revolución. Son
frecuentes las imágene~ del Che y José Martí en los edificios. En calles y
paredes, en vez de anuncios comerciales, frases de Nicolás Guillén, Ernesto Che Guevara y José Martí; consignas que hablan del avance social,
la unidad y la dignidad humana.
.La Habana es ocre. La zona de la
antigua burguesía batistiana todavía luce su esplendor. Al a~decer, desde el
malecón, el mar desprende destellos luminosos, verdeoscuro, azulfuerte.

La Bodeguita de Enmedio también sufre los embates del deterioro.

Los viejos ·escalones que llevan a la
planta alta rechinan lastimeros. En las
paredes fotos y autógrafos; el más
ilustre es el de Ernest Hemingway.
En las discotecas 1830 los turistas, sobre todo franceses e italianos, hacen
el ridículo intentando bailar al ritmo
mágico de las cubanas.
El Cocoloco está vacío; la Chusmita llena. La salsa es la reina de la
noche. Desde Alamar la brisa del
océano se deja sentir. Los edificios
parecen infonavits. La zona 13 es tierra de Raúl, taxista de peso completo,
de Andrés Rodríguez, que tiene la
!lllra puesta en Chicago y Natacha
Boudet Serrasent, bella entre las bellas de la selva departamental.

2. Holguín: la Atenas de Cuba
A dos horas en avión y doce en autobús verdea Holguín. La Fiesta de la
Cultura Iberoamericana reúne la última semana de octubre a artistas e intelectuales de México, Cuba y Puerto
Rico. Las calles de Holguín llenas de
bicicletas, se atiborran de extranjeros
participantes en los diversos talleres,
encuentros, foros, conferencias, conciertos, exposiciones, lecturas, desfiles de modas y presentaciones de libros. De Monterrey, México: Abraham Nuncio, Martha Flores, Gerardo
Cantú, Marinés Mederos, Andrés

Huerta, Saskia Juárez, Arturo Meza,
Felipe lbarra, Arnulfo Vigil, Cristina
Zorrilla, Miguel Covarrubias, Silvia
Mijares y el firmante.
Características del Festival: desorganización total. Por si las dudas
Mario Nieves, guía intelectual de la
delegación mexica avisa que se hará
ojo de hormiga. Doce meses sin ver a
su mujer se le hacen una eternidad y
se siente obligado a cumplir la «tarea». Prevaleció el desorden y hasta
cierta apatía hacia el trabajo de los artistas visitantes. El pueblo de Holguín
es de una riqueza cultural digna de
admirarse. En la Plaza Iberoamericana. un viernes a las 10 de la mañana,
la banda municipal interpreta Fantasía africana, original del director,
quien sin despeinarse saluda con brevedad a los mexican curios porque
tiene que ir a ensayar una zarzuela.
Los holguineros les dan a los mexicanos trato de señores. Apenas se
abre el día la música empieza a recorrer las calles de Holguín y no cesa
de oírse sino hasta entrada la madrugada. La amistad de Sonia Téllez Pérez y de Idalberto Betancourt hicieron
olvidar por momentos lo desorganizado de la fiesta.
La desbandada no se hizo esperar.
Algunos se fueron a los cañaverales

en busca de musas idílicas. Otros subieron al Cerro de la Cruz. Unos tuvimos la suerte de conocer la imprenta
de linotipos en que se imprimen las
ediciones de Holguín. Otros se entregaron a las arenas y al sol de Guardalavaca. Unos registraron las voces de
los inconformes con el régimen.
Otros le tupieron macizo a la cerveza
y al ron cubanos. Unos desafiaron la
prohibición de comer carne de tortuga. Otros simplemente se dejaron
guiar por la incierta mano de la noche. Sólo Felipe Ibarra se entregó, en
cuerpo y alma, al Taller de Grabado.

3. Santiago para turistas
En una de esas desbandadas algunos
terminamos en Santiago de Cuba. El
mejor regalo: el asombro ante la Sierra Maestra y las canciones de Silvia
Mijares. Ni un tramo de tierra: todo
el verdor del mundo lo tiene el paisaje de Holguín a Santiago. El Cuartel
Moneada, aún con los agujeros de las
balas, ahora es una escuela. Hoteles
cinco estrellas y la vida maravillosa
desde El Morro. Ahí el Museo de la
Piratería nos remite, en voz de la
guía, a historias de corsarios, piratas,
armas de fuego de viejo cuño; a tiempo guardado en los altos muros del
Fuerte, construido por los españoles
en el siglo XVII.

El Tropicana, el Museo Bacardí, los
cazaturistas y las jineteras también son
parte de la fisonomía santiagueña. Calles cerradas: al fondo la balúa.

4. Regreso a casa
La reunión con Roberto Femández
Retamar y Abel Prieto en El Castillito, ya en La Habana, no se realizó.
Arnulfo extraña los ojos de Afina.
Pensaba traerlos a que le emborracharan de luz las calles de Monterrey.
El regreso coincide con el aniversario de Camilo Cienfuegos. Ese día,
los cubanos arrojan flores al mar.
Flashazo final: Uno quisiera que
la poesía registrara las cosas más cotidianas, que cronicara el vivir diario
y diera noticia de los seres ordinarios.
Eso espera un viajante de esta Noticia: «un marinero cubano, atravesada
la cabeza por un arpón, nadó cuarenta
metros, salió a la carretera, abordó un
taxi al hospital y vive todavía para
contarlo.» Eliseo Diego decide hacer
su testamento: «Es / éste: les dejo / el
tiempo, todo el tiempo».

173

�SASKIA: GRAN PINTORA DE NUESTRAS
MONTANAS

Silvia Mijares
SEÑAS/RESEÑAS/
CONTRASEÑAS

¿Qué puedo decir de Saskia que todos ustedes no sepan? Sin embargo
cada circunstancia en la evolución arústica de nuestra pintora es diferente.
Saskia en este momento está en la
cúspide de su madurez. Como artista
tiene rasgos inconfundibles que identifican su trabajo; pero no se conforma, ella se aventura en una búsqueda
continua, experimentando con el dibujo, el óleo, la acualela, la serigraffa, el grabado. En cada exposición
nos ofrece una novedad, como ahora,
cuando Saskia se arriesga presentando sus paisajes al carbón: grandes estandartes de nuestra ciudad como resultado de una nueva concepción
dentro de la línea paisajista.
Saskia Juárez es una pintora victoriosa, reconocida en el país, en nuestro
Estado, y aún más entre los universitarios, pues bien sabemos que fue alumna del antiguo Taller de Artes.Plásticas; posteriormente, a través de una
beca que le concedió el rector Jósé AIvarado, tuvo la oportunidad de acudir
a la Academia de San Carlos en la ciudad de México para completar su formación. En la actualidad es maestra de
la Facultad de Artes Visuales, y además su trabajo ha merecido el reconocimiento de la Universidad Autónoma
de Nuevo León pues la ha distinguido
con la más alta presea con que honra a
sus más notables artistas.

Ahora podríamos decir que Saskia
es heredera de esta grandiosa tradición de pintores paisajistas mexicanos que se inicia en el siglo pasado
con el maestro italiano Eugenio Landesio. Con él se empieza a formar un
pie de cría de pintores paisajistas como José María Velasco; después vendrían el Dr. Atl, O'Gorman y otros.
Los pinceles de Saskia se arraigan en
esta tierra y sus ojos captan la cercanía de las montañas en la región. José
María Velasco pintaba sus magníficos paisajes montañosos desde la lejanía: tienen una profundidad impresionante, desde su perspectiva nos
transporta al infinito. Para Saskia, como para todos los regiomontanos, las
masas montañosas están a la mano,
vivimos en ellas. y con ellas. Vivimos
en y con el Cerro d·el Obispado, las
Mitras, Topo Chico, Chipinque, la Silla, etcétera. Esta situación nos permite solazamos con la majestad de
nuestras serranías. En la mayoría de
las obras de Saskia ellas son sus protagonistas. De· 1a misma manera han
influido, bien se sabe y de sobra, en
nuestro carácter.
Nuestra pintora conoce palmo a
palmo nuestro Estado, sus ríos, arroyos, montañas, basta los pueblos
abandonados donde hay muros destruidos, como en Los Guerra; pero
Saskia los conoce y los encuentra con

facilidad, los reconoce como si estuvieran en el patio de su casa. Es decir, con su mirada descubre y nos hace partícipes de la belleza, nos muestra la limpidez del aire, el atrevimiento de la luz, el tizne industrial y la vida. Pienso que su felicidad como artista son los instantes cuando su mirada se impone con tanta fuerza que logra trasladarla al lienzo. Ya sabemos
que el «paisaje es de quien lo mira,
todo lo decide la mirada Se mira lo
deseado, se desea mirando, mirar es
desear porque en la mirada hay exploración y reconocimiento». Así, los
ojos de Saskia son abismos de la noche evocando la ofrenda clara de la
luz. Se apropia de trozos de la vida,
de la claridad y la penumbra. Esta tierra es de Saskia como Saskia es de
esta tierra: se apega al Cerro de la Silla con sus cañadas, elevaciones escarpadas, a su vegetación; a La Huasteca, con sus precipicios y declives,
sus cimas y barrancas; al Cerro de las
Mitras donde hay testimonios de la
violación que los hombres han infringido a esas elevaciones gigantescas
que vigilan y custodian la ciudad, así
como al Cerro del Topo Chico. Igual
le sucede con los hermosos cielos de
la aurora y del atardecer, y todo el entorno natural de montañas. Las ha
pintado, las ha dibujado con entusiasmo, gusto y minucia, todas ellas con
finura y luminosidad. Capta su carác-

�EPIGRAMÍSTICOS

Sergio Rommel Alfonso Guzmán
ter, el color y el clima de manera
amorosa y veraz. Va persiguiendo
continuamente nuevas formas de ver
en cada realización artística, Sintetiza
el paisaje y nos muestra su imagen
poética; con su afán incansable conjuga magistralmente la luminosidad y
la sombra, los follajes, los muros, las

distancias que al final armonizan en
tonalidades verdes, azules y ocres.
Quiero finalizar afirmando que
nuestra sensible y distinguida pi~tora
ha ofrendado un verdadero y único
universo a través de sus ojos y su pincel: un tríptico que engalana la Biblioteca Alfonsina y ahora, en este

bello espacio creado por Legorreta,
vuelve Saskia a izar sus pendones,
sus estandartes, para decirnos que si
Diego de Montemayor fundó esta
ciudad, ella se la apropió porque la ha
hecho suya con su mirada y su arte.
Biblioteca Magna Universitaria, a 2 de
septiembre de 1996.

Si bien, en sentido estrictamente etimológico un epigrama es una inscripción, con el paso del tiempo el término ha evolucionado hasta nombrar a
un poema que tiene en la agudeza, la
brevedad y la soltura de estilo sus características definitorias.

lizó brillantemente para legarnos
parte de la literatura erótica más significativa de todos los tiempos. De
estos autores se ha alimentado profusamente la vena poética de la escritora neolense Minerva Margarita
Vill arrea!.

De acuerdo al tomo XX de la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana «el concepto moderno del epigrama es el de un poema de
corta extensión, que de tfn modo rápido e interesante expone un pensamiento festivo o satírico, pero siempre ingenioso».

Epigramísticos (1995) es la continuación natural de Dama infiel al
sueño, libro en el cual Villarreal asume plenamente el oficio poético, logrando una voz personalfsima que encuentra en el tema erótico sus tonos
más precisos.

[...] «es una de las formas literarias que se presta mejor a casi todos
los pensamientos y sentimientos, puede ser una elegía, una sátira, un pensamiento amoroso en miniatura, una
incorporación de la sabiduría de las
edades y una agudeza envuelta en
cuatro versos».
El maestro del género fue sin lugar a dudas Marcial, a un lado suyo
Safo, Hiparco y Catulo, quien lo uti-

En Epigramfsticos Minerva Margarita libera el lenguaje de todas las
convenciones. Bien sabe que no se
trata de poseer la palabra sino de consagrarse y consumirse en ella, como
quería María Zambrano. Sus textos
son contundentes. Golpes bajos de
humor y ternura disfrazados de violencia. Abultados en «palabras prohibidas» que es necesario pronunciar,
porque toda crítica al poder y a la sociedad debe ser precedida por una
crítica al lenguaje. Villarreal quiere

-al igual que Marcial- condimentar
con sal romana sus libelos a fin de
que Roma se regocije con su propio
retrato (Menéndez y Pelayo).
La poética de Minerva Margarita
Villarreal es una apuesta a la exhibición cachonda y oportuna de las prácticas eróticas-sexuales que la moralina de la burguesía occidental ha mantenido ocultas.
En este sentido, Epigramísticos
constituye un anti-manual de buenas
costumbres o un libro prohibido para niñas bien a quienes les «hace falta sentir por el culo» y dejar de leer
las babosadas de Cuauhtémoc Sán.chez.
Libro feliz y afortunado, para recuperar en este gris fin de siglo y de
milenio los placeres de la cópula y la
lectura, como únicas vías inmaginables a la felicidad posible.
Minerva Margarita VillarreaJ, Epigramísticos, CNCA, México, 1995, 56p.

�LA VERDADERA HISTORIA DEL
PRIMER REPARTO DE TIERRA DE LA
REVOLUCIÓN MEXICANA

Osear Rivera Saldaña
,

REGION

Se reconoce hoy día que el primer reparto de tierras de la
Revolución Mexicana fue el que hizo Lucio Blanco en Matamoros, Tamaulipas, en 1913; sin embargo, lo que no sabemos es que tales dotaciones pasados algunos años fueron
desconocidas por el gobierno federal, quedando algunos de
los dotados como aparceros, y que hubieron de transcurrir
veinticinco años para que los gobiernos de la Revolución
Mexicana le reconocieran importancia; terminando por presentar a la dotación hecha por Lucio Blanco como el primer
ejido que existió en México.
Sí, las tierras que repartieron en propiedad privada
Lucio Blanco y Francisco J. Múgica en Matamoros el 30
de agosto de 1913 fueron dotadas como ejido hasta el JO de
abril de 1939, según lo manifiesta el Diario Oficial de la
Federación. El presidente Lázaro Cárdenas fue quien reconoció tal suceso, llevado a cabo en un municipio fronterizo, de primordiales actividades agropecuarias, que ese
sexenio solucionó dos de sus problemas fundamentales, el
deslinde de la tenencia de la tierra, problema heredado de
la colonia, y su infraestructura hidráulica, además de
crearse cincuenta y cuatro de las ochenta comunidades
ejidales habidas en Matamoros. Y, pues, quiso Cárdenas
completar su obra en Matamoros enalteciendo el reparto
que había hecho Lucio Blanco en Matamoros, presentando al ejido «Lucio Blanco» o «Los Borregos» de Matamoros como el primer ejido que existió en México, tomando como peccata minuta pasar por alto que los ejidos
existieron hasta la expedición de la ley del 6 de enero de
1915 y que el reparto hecho por Lucio Blanco había sido
en 1913. Por ello es que, dado que no hay investigaciones
serias del caso, las publicaciones oficialistas que del tema
se han ocupado no abordan tanto el concepto agrario en el
que se apoyaron Múgica y Blanco para hacer las dotaciones como la particular historia del ejido «Lucio Blanco»;
por su parte, los ejidatarios de Matamoros .-Je hoy día, que

tienen como baluarte al ejido «Lucio Blanco», por supuesto rechazan a quien les diga que dicha comunidad no
es el primer ejido de México; temiendo, tal vez, que con
ello se les quiera evidenciar la tenencia de sus tierras y la
historia ejidal de Matamoros. A continuación ensayaremos una interpretación de este suceso histórico.
Matamoros, Tamaulipas, es el municipio límite del
noreste de México, ya que por el norte tiene el río Bravo,
frontera con los Estados Unidos, y al este tiene litorales
con el Golfo de México; sus tierras, planas y bajas, de
arroyos y esteros, pertenecen a la provincia fisiográfica
llamada Llanura Costera del Golfo Norte. La extensión
territorial del municipio hoy día es de 3 944 km 2• A la hora
de la Revolución Mexicana, Matamoros tenía una economía deprimida, con todo y que como puerto marítimo y
frontera había jugado un papel importante en la conformación económica del noreste mexicano; esto, durante
los primeros cincuenta años de la vida del México independiente, hasta antes de que se definieran y ubicaran
geopolíticamente los principales focos de desarrollo económico de su radio de influencia: el sureste norteamericano y el noreste de México. Sí, luego de fijarse el río Bravo como frontera con los Estados Unidos, con lo que se
dificultó su operación como puerto marítimo, y que se
montaron los medios de comunicación terrestres (carretera y trenes) de la región, resultando que la frontera de
Nuevo Laredo tenía mejor ubicación geográfica entre
Monterrey, principal polo de desarrollo económico del
noreste mexicano, y los centros de desarrollo económico
texanos, Matamoros se vino abajo. Por eso es que cuando
Lucio Blanco, primer jefe de las fuerzas constitucionalistas de los estados do Nuevo León y Tamaulipas, toma la
ciudad de Matamoros el 3 de junio de 1913, este pueblo tenía alrededor de veinte mil habitantes, siendo que en 1865
lo habían habitado arriba de cuarenta mil personas.

�norte más cerca del centro y sureste del país, comenzaron a
salir grandes cargamentos de annas y municiones con destino a las fuerzas comandadas por don Venustiano Carranza. Don Eliseo Paredes Manzano, primer cronista de Matamoros, me contaba que gustaba el general Lucio Blanco de
acompañarse de músicos tocando cuando encabezaba en
una carcachita la importación del convoy de camiones con
armas por el puente viejo internacional.
Ya instalado en Matamoros Lucio Blanco, puso su
cuartel en el edificio del Instituto literario «Juan José de
la Garza», y comisionó a los oficiales de su estado mayor,
Francisco J. Múgica, Manuel Urquidi y Guillermo Castillo Tapia, en el hoy desaparecido edificio de la aduana,
para que se abocaran al estudio del problema agrario de
Matamoros.
Esta decisión del, para ese tiempo, teniente coronel Lucio Blanco así nos la explica Annando de María y Campos:
«Múgica, que espiaba la oportunidad de poner en práctica
sus ideas sobre reivindicación de la tierra, convenció a
Blanco de que la Revolución tenía una oportunidad sin precedente para hacer justicia con la tierra, y le propuso la repartición de la hacienda que Félix Dfaz tenía en Matamoros
-tierras que había comprado el sobrino de Porfirio Díaz en
1908-. Blanco, intuitivo y patriota, aceptó». 1
El general Lucio Blanco, nacido en Nadadores, Coahuila, primer
jefe de las fuerzas constitucionalistas de Nuevo León y Tamaulipas. Repartió tierras a campesinos naturales de Matamoros el 30 de
agosto de 1913.
Matamoros fue la primera frontera importante tomada
por los constitucionalistas, suceso trascendente en el proceso armado de la Revolución Mexicana; de este punto de la
nación, como tantas otras veces en la historia de los principales movimientos annados de México, por ser la frontera
180

Con todo y que Múgica contara en Matamoros con las
oficinas del Registro Público de la Propiedad (hoy dfa
ubicadas en la capital del estado), el problema de la tenencia de la tierra en Matamoros venía desde la colonia y
no era de fácil solución; resultaba que los primeros catorce ranchos aquí establecidos -fechados sus títulos en
1785-, todos con cabecera al Bravo, que empezaban en
los límites con el municipio de Reynosa y que daban hasta las tierras arenosas cercanas al mar, que comprenden

las mejores tierras del municipio, mismas que delinearon
la dimensión geográfica que finalmente tomó el municipio de Matamoros, siempre estuvieron a nombre de los
propietarios originales; a la hora de las herencias no se
deslindaban los predios en los que se habían ido dividiendo los primeros ranchos; los heredados aparecían en los
documentos como descendientes del propietario original,
o como proindivisos con derechos de posesión, únicamente; circunstancia que más se complicaba en la compra-venta.
Es decir, llevaría mucho tiempo y tramitación -cosa que
no era posible habiendo un levantamiento annado en el
país-. solucionar el problema agrario en Matamoros. Fue
por ello que Lucio Blanco optó por la salida política; sí, si
no era posible ofrecer una solución al problema agrario de
Matamoros, se expropiarían las tierras que en este municipio tenía el sobrino de Porfirio Díaz, quien por esos días se
había destapado en París como candidato a la presidencia
de la República, y se dotarían a campesinos y soldados
constitucionalistas; buscando proyección política y publicidad, además de descalificar la figura de su enemigo.
El día seis de agosto, Lucio Blanco se reunió con su estado mayor en el cuartel general, con el propósito de que la
comisión agraria presentara un resumen de sus estudios y
propuestas. Múgica, Urquidi y Castillo Tapia expusieron
sus planes y proclamas, terminando por firmarse un documento donde se concluía que «para la realización práctica,
segura e inmediata de la distribución de terrenos» se procedería contra las tierras de Félix Díaz.
Aquí es importante detenemos a mencionar a los oficiales
que integraban el estado mayor del general Blanco, pues se trataba de personajes, muchos de ellos figuras importantes de la
Revolución Mexicana que, sin duda, fortalecieron e intervin.ie-

El general Lucio Blanco y su Estado Mayor, con quienes decidió
llevar a cabo la dotación de tierras.
ron en la decisión del general Blanco. Ellos eran: Vicente Segura (torero, en 1911 se une al maderismo; con Carranza alcanzó el grado de general; en 1921 vuelve a los ruedos), Andrés
Saucedo, Erniliano P. Nafarrete (tamaulipeco, maderista, participó en las luchas de la decena trágica; se adhiere a Lucio
Blanco en la toma de Matamoros, donde fue comandante militar en 1915; diputado al Congreso Constituyente), Jesús Garza
M. (nació en 1882 en Monterrey, Nuevo León, profesor normalista, se incorpora al constitucionalismo en mayo de 1913, participa en las campañas de Nuevo León y Tamaulipas, general
brigadier en 1914, participa en la Convención de Aguascalientes, se adhiere al Plan de Agua Prieta), Samuel G. Rebollo, P.
M. Hermosillo, Gustavo Elizondo (nacido en Múz.quiz, Coahuila; con los carrancistas alcanzó el grado de general, jefe de
operaciones en Puebla y Tiaxcala), Abelardo Menchaca, fede,.
rico González Garza (abogado nacido en Saltillo, Coahuila;
maderista, había sido Subsecretario de Gobernación con Madero, senador y ministro de la Suprema Cocte de Justicia), Zeferino Muñoz, L. Discuirt, Silvino M. García, Carlos B. Bringas,

�Alfredo Rodriguez, Juan Barragán Rodriguez (nacido en Río
Verde, San Luis Potosí; siendo estudiante se incorpora a la Revolución; jefe del estado mayor de Venustiano Carranza; gobernador de San Luis Potosí; fundador del Partido Auténtico de
la Revolución Mexicana, diputado federal y escritor), Joaquín
Martí, Erequiel Pérez, Arturo Lazo de la Vega, Fortunato Zuazua (nacido en Lampazos, Nuevo León, se incorpora al maderismo en 1910; combatió al orozquismo, a la división del norte
en el bajío y a los zapatistas; comandante de la ciudad de México en 1920, siendo ya general), León Castro Serio, Alberto
Fuentes Dávila (nacido etf' Saltillo, Coahuila, gobernador de
Aguascalientes de 1911 a 1913; lo obligan a renunciar y se incorpora al constitucionalismo; volviendo a la gubematura de
Aguascalientes en 1914, y organiza la f~osa convención), Luis
G. Malváez, Daniel Ríos l.ertuche, Gregorio Morales Sánchez
(nació en Salinas Victoria, Nuevo León en 1885, profesor, en el
constitucionalismo alcanzó el grado de general brigadier, diputado al congreso constituyente, gobernador provisional de Nuevo León de octubre de 1935 a abril de 1936, general de brigada
en 1940, comandante núlitar en Baja California, muere en la
Ciudad de México en 1962), Francisco J. Múgica (nacido en
Tinguindín, Michoacán; estuvo con Oroz.co en la toma de Ciudad Juárez, gobernador de Tabasco, diputado constituyente por
Michoacán, gobernador de Michoacán, Secretario de Economía y de Obras Públicas en Lázaro Cárdenas, precandidato a la
Presidencia de la República, partidario de la candidatura de Enríquez Guzmán), Ramón Puente (médico y escritor, nacido en
Nieves, Zacatecas; tuvo a su cargo la campaña presidencial de
don Francisco l. Madero; se adhiere al villismo en ·1914), Heriberto Jara (nacido en Orizaba, Veracruz); magonista, diputado
aI'Congreso Constituyente, gobernador de Veracruz y el Distrito Federal, presidente del hoy PRJ y jefe del Departamento de
Marina), Mauro Rodriguez, Alfonso Gómez Morentín, José T.
Cruz, Federico Sánchez Correa, Atanasio C. Pérez, Librado
Peña González, Federico Sada, Alejo G. González, Manuel Urquidi, Eleuterio Reyna García (nació en La Lajilla, municipio
182

de Doctor Coss, Nuevo León, el 21 de febrero de 1885, empleado del ferrocarril al incorporarse al constitucionalismo, obtuvo
el grado de coronel, murió en M~oros, Tamaulipas en 1966),
J. Alvarez E., Jesús G. Hermosillo, José M. Sánchez Valdés,
Juan Francisco Gutiérrez, Armando E. Landois, Fausto Garibay, José R. López, L. Alcaraz, Alejo Gómez, Federico E. Lozano, Alfonso M. Parías, Carlos Campero, Gabriel Gavira,
Víctor Blanco, José María Ayala, Guillermo Castillo Tapia
(nativo de Nuevo León, periodista, de 1914 a 1917 publica el periódico «La Raza» en Monterrey, Nuevo León), P. Elizondo y
Salvador Femández Treviño. El general Lucio Blanco nació en
Nadadores, Coahuila; aparece en la Revolución como maderista; es uno de los firmantes del «Plan de Guadalupe», de donde
aparece primeramente como comandante del primer regimiento de «Libres del Norte», para luego ser el jefe de las fuerzas
constitucionalistas que toma Matamoros en 1913; Carranza lo
saca de Matamoros luego del reparto y lo envía al occidente
con Alvaro Obregón, con quien disiente y termina por adherirse al villismo; del gobierno emanado de la Convención de
Aguascalientes es Ministro de.Guerra; muere en 1922 en Nuevo
Laredo, Tamaulipas.

La invitación que se repartió con este motivo traía el siguiente aviso: «Habiendo tenninado la comisión agraria los
trabajos que sobre repartimiento de tierras le encomendara
el C. general Lucio Blanco, jefe de las armas en este estado
y en el de Nuevo León, se pone en conocimiento de los vecinos de este lugar que se ha resuelto proceder a la repartición de una parte de la hacienda de Los Borregos conocida
con el nombre de «San Vicente del Chiquihuite» y «La Canasta», entre aquellos individuos que no tengan terrenos o
hayan sido despojados de ellos y deseen dedicarse a la agricultura a cuyo efecto los interesados deberán acudir a la
Oficina de Fraccionamiento y Reivindicaciones, situada en
el edificio de la Aduana, con el fin de llenar los requisitos
establecidos&gt;&gt;. 2
El que la Oficina de Fraccionamiento y Reivindicaciones haya anunciado el reparto de las tierras que Félix Díaz
tenía en dos de los primeros catorce ranchos habidos en
Matamoros, «La Canasta» y «San Vicente Chiquihuite», si-

El acto en el que se haría el reparto de tierras se llevó a
cabo en el predio expropiado el 30 de agosto de 1913 a las
cuatro de la tarde; se trataba de un evento improvisado pero
montado buscando darle seriedad y trascendencia al suceso,
que tuvo el siguiente programa:
1. La Marsellesa. 2. Discurso oficial.a cargo del doctor Ramón Puente. 3. Marcha «Viva Madero». 4. Lectura del manifiesto agrario del jefe de las fuerzas constitucionalistas de los
estados de Nuevo León y Tamaulipas. 5. Entrega de títulos de
propiedad a los campesinos beneficiados. 6. Marcha constitucionalista 7. Discurso del jefe del Estado Mayor, mayor Francisco J. Múgica. 8. Demarcación de los linderos de algunas de
las parcelas a repartir. 9. Himno Nacional.

tuados al oriente de la ciudad de Matamoros, motivó que El
Heraldo de Brownsville, edición del 29 de agosto, 3 publicara una nota de la que se desprende interesante infonnación.
La dotación «era el primer acto de reparto de tierras entre
el pueblo de la república»; lo hacían apoyados en el «Plan
de San Luis» de don Francisco l. Madero (y no en el «Plan
de Guadalupe» por el que se habían levantado en armas; esto, seguramente, por el hecho de que el «Plan de Guadalupe» -1913- no toca el tema agrario, lo que sí sucede con el
«Plan de San Luis» -1910-); Lucio Blanco y Francisco J.
Múgica decidieron dotar en propiedad privada las tierras de
Díaz (2926 hectáreas) «confiscadas por los constitucionalistas», en predios que iban de quince hasta trescientas hectáreas, según la situación económica del solicitante, dándoles
un plazo de pago de veinte años, empezando a pagar al final del primer año de la dotación. Precisamente atendiendo
esta cuestión se mandó imprimir una lista de preguntas que
se aplicarían a los solicitantes, por medio de las cuales se
pretendía conocer sus generalidades, sus antecedentes y experiencia como campesinos y soldados de la revolución.
Aquí es importante señalar que Blanco y Múgica no tomaron en cuenta la «Ley ejecutiva agraria para el reparto
de tierras» emitido el 4 de marzo de 1913 por el profesor Alberto Carrera Torres, en las serranías de Tamaulipas y San
Luis Potosí, a pesar de la identidad revolucionaria y sus
considerables aportaciones en materia agraria (como el no
cobrar por la tierra dotada, concebir las dotaciones con una
extensión de diez hectáreas y su intención de desaparecer
las haciendas, cosa que los gobiernos emanados de la revolución no hicieron hasta Lázaro Cárdenas). De dicha ley
vale la pena citar algunos artículos:

Al doctor Ramón Puente, nacido en Nieves, Zacatecas, quien había dirigido la campaña presidencial de don Francisco l. Madero,
le tocó iniciar el improvisado acto por el que se repartieron tierras
en Matamoros, Tamaulipas.

Art. 40. Quedan expropiados para siempre de sus bienes tanto
rústicos como urbanos y monetarios de Porfirio y Félix Díaz,
Victoriano Huerta y todos los partidarios de éstos en general.

183

�Art. 80. Todas las haciendas que vayan cayendo en. poder de
los jefes de la revolución constitucionalista, serán repartidas
inmediatamente en porciones de 100,000 metros cuadrados.

El evento se llevó a cabo el sábado 30 de agosto de 1913
a las cuatro de la tarde como estaba programado; se había
colocado una tribuna, una mesa para la directiva, asientos
para los principales jefes y frente a ellos, a regular distancia. la multitud de los trabajadores del campo, «que asistían
por primera vez en su vida, a un espectáculo desconocido
para ellos».

Art. 11. El poseedor de los lotes o porciones de terrenos, tendrá obligación de ayudar de cualquier manera a la revolución
constitucionalista, por no costarle, ni un centavo, la porción de
tierra citada.

Aquello parecía un teatro al aire libre: al frente una amplia
mesa sobre la que se puso un zarape de Saltillo, a manera de
cubierta y en ella plumas, papel y tinta. A un lado, el montón
de títulos.

Art. 18. En ningún tiempo tendrá derecho el poseedor del lote
de terreno de vender o tfüajenar el que la revolución constitucionalista y la Nación le han regalado. 4

184

La comisión agraria de Múgica también había mandado
imprimir los «Títulos de propiedad», documento que ~unciaba haber sido «hecho por mandato del pueblo» y e1ecutado por el general Lucio Blanco, jefe de las fuerzas constitucionalistas; dicho documento nos advierte que los títulos
son provisionales y sujetos a las restricciones que fijen las
leyes que se decretarán al respecto luego que triun!e el movimiento constitucionalista por el que luchaban; dice en su
artículo cuarto: «(el solicitante) declara de un modo expreso que se sujetará en todo lo que respecta al derecho de
propiedad, posesión, admini~tración, cultivo y explotación
de estas tierras, que le otorga este título, a las leyes que so.bre el repartimiento de las mismas decretare el gobierno
que se constituya, emanado de la Revolución». 5

con fuerza el movimiento agrarista que había despertado en la
entidad dicha medida revolucionaria. Fue este el motivo, -nos
dice el ingeniero Marte R. Gómez en su trabajo las Comisiones Agrarias del Sur, por el que do~ Venustiano Carr~ envió a Tamaulipas a Adolfo de la Huerta El reparto de tlerras en
Tamaulipas, a diferencia de muchos estados del país, empezó
ya tarde, en febrero de 1925, al asumir el poder en el estado
Emilio Portes Gil.

y sí, los gobiernos emanados de la Revolución reconocieron las dotaciones hechas por revolucionarios antes de decretarse la Constitución de 1917, como fue el caso de las colonias
militares de los hermanos Carrera Torres en el suroeste de Tamaulipas, pero no fue lo mismo con los dotados en la_ ll~ada
«hacienda Los Borregos», ya que luego que los cons1Ituc10nalistas tomaron el poder en Tamaulipas se desconoció el reparto
de tierras hecho por Lucio Blanco en Matamoros Yse reprimió

Por documentos existentes en el Archivo Municipal de
Matamoros sabemos de la importancia que tuvo para el general Lucio Blanco el evento en el que se iba a llevar a cabo la entrega de las tierras, pues él personalmente se hizo
cargo de tramitar la consecución en Nuevo Laredo de la
banda de música que iba a participar en el acto, dado qµe
en Matamoros no había en esos tiempos el grupo musical
requerido.

Luego varias hileras de sillas y bancas de madera donde tomaron asiento los concurrentes, quedando frente a la mesa el general Lucio Blanco; ... a la izquierda de Lucio Blanco el general Gabriel Gavira presidía también y junto a ellos el de igual
grado Alejandro McKinney. Junto a éste, de pie, vestido de
blanco, el mayor Samuel Vázquez y tras de la presidencia de
la mesa, de pie también, el capitán Francisco J. Múgica, anotando en su registro los nombres de los favorecidos. Allí había
otros que después se significaron en la revolución entre ellos
Alfonso Gómez Morentín, el licenciado Jesús G. Hermosillo,
el mayor Cantú, el ingeniero Castillo y Tapia, Alfonso Torres,
el hermano de Lucio y otros más ... 6
Haciendo uso de la palabra el doctor Ramón Puente leyó el manifiesto expedido por el general Lucio Blanco; documento del que transcribiremos algunos párrafos. Empieza así:
Por fin. después de muchos esfuerzos, de tres años de lucha y
sacrificios, la Revolución comienza a orientarse en la manera
de resolver uno de los grandes problemas que constituirá, sin
duda alguna, el eje principal de la prosperidad de nuestra patria: la repartición equitativa de la tierra...

Nuestro territorio está en manos de unos cuantos terratenientes... sin fijarse ni considerar que, día a día, han mermado la
riqueza patria y matado el impulso de los humildes en la gran
obra del trabajo libre, productivo y fecundo ...
El que pretenda o esté resuelto a dedicarse a la agricultura,
puede contar con un título de propiedad que, bajo las más liberales condiciones, le asegurará un risueño porvenir económico... este título no será transferible, ni negociable; pero en
cambio, podrá ser legado por herencia a la familia o a la persona que designe el soldado...
La Revolución, justa en sus propósitos, quiere también proteger a los que queden desamparados por las vicisitudes de la
guerra y devolver al país, en vez de combatientes, hombres de
empresa, propietarios de un lote de labranza...
Para empezar a cumplir tan altos fines, se ha designado un terreno en las márgenes del río Bravo... , cuyas lindes se fijarán
muy pronto y donde podrá establecerse una verdadera colonia
militar, que organice y proteja a los pequeños propietarios...
Parece que el programa que venía en las invitaciones
del acto de entrega de tierras sufrió modificaciones, ya que
no estaba programado lo del monumento del que nos habla
el reportero de El Heraldo de Brownsville, y el mismo J.
Múgica adelantó su intervención, pues nos dice Armando
de María y Campos: «Antes del reparto ocupó la tribuna el
mayor Múgica y pronunció una arena llena de patriotismo
y de buenas ideas con esa fogosidad y ese ímpetu tan propios en él. Aquellos campesinos que oyeron por primera
vez, que tenían derecho a ser dueños de las tierras que venían cultivando desde los tiempos de sus mayores, aplaudían delirantemente al primer orador agrarista de la revolución del norte». 7
185

�moros. donde hizo pública su política exterior y «ratificó el
primer reparto de tierras que nosotros realizamos el 30 de
agosto de 1913», 1~ nos dice el general Juan Barragán.

El general Lucio Blanco, por su parte, fue qui.en firmó
los títulos «que iba entregando de pie y a su derecha el ingeniero Urquidi, al campesino, que se desprendía del grupo
de los suyos, atravesaba ceremonioso el espacio que lo separaba de la mesa directiva y daba las gracias al recibir el
título». R
Fueron un total de once los campesinos beneficiados; el
primero que recibió su título de propiedad fue Octaviano
Govea, quien tenía dieciséis años en el rancho «Los Borregos», y vivía al lado de su mujer y cuatro hijos; a él se le
9
dotaron ss hectáreas.
Los diez campesinos restantes, según el profesor Graciano Sánchez (quien estuvo en Matamoros en diciembre
de 1934), fueron: Ventura Govea, Apolinar Govea, Higinio
Gámez, Pedro Vega, José Izaguirre, Florentino lzaguirre,
Francisco Hemández, Juan Campos, José García y Esteban
Reyna. 10
«El evento finalizó con ceremonia junto al monumento
de concreto, levantado cerca de la entrada a 'Los Borregos'. En el interior del monumento se dejó, revestido de cemento, una copia del manifiesto agrarista, ejemplares de los
periódicos El Progreso de Laredo, The San Antonio ~ews,
The Brownsville Herald y de El Paso Herald, una copia de
un título de tierra, una copia de la lista de preguntas hechas
a los solicitantes de tierras y una copia del acuerdo entre los
principales oficiales de las fuerzas constitucionalistas adop•
11
tando el Plan Agrano».
El acto de entrega de tierras tuvo relevancia, despertando simpatía y" comentarios favorables en el México revolucionario y el extranjero. Carranza, primer jefe del «Plan de
Guadalupe» y de Lucio Blanco, «no nulifi.có el acto -nos
dice el general Juan Barragán- pero sí le hizo saber a Blan-

"Antes del reparto ocupó la tribuna el mayor Francisco J. Múgica
y pronunció una arenga llena de patriotismo y de buenas ideas con
esa fogosidad y ese ímpe~ tan propios en él...".
co que no estaba en sus atribuciones abrogarse facultades
.
M . t
,2
que sólo eran del resorte de la Pnmera ag1stra ura»;
auflque el mismo Barragán ubicara tal evento desde la perspectiva carrancista, al decir: «acto de carácter agrario, que
, dec1a
, que se
violaba el Plan de Guadalupe...». 13 Barragan
violaba el «Plan de Guadalupe» porque el acuerdo entre los
firmantes de este plan era que de lo primero que se trataba
era de tirar al gobierno de Huerta, luego ya vendría lo de
los cambios sociales requeridos. Sin embargo, la indisposición de Carranza ante Blanco y sus oficiales se diluyó para
éstos, luego del discurso del Primer Jefe en Hermosillo, Sonora, el 24 de septiembre de ese mismo año, donde habló de
los cambios sociales perseguidos por el movimiento revolucionario que encabezaba. Eso sí, una vez superada la novedad, Lucio -Blanco, sin su ejército, fue integrad_o en Hermosillo a la División del Noroeste del general Alvaro Obregón, donde llegó a ser Jefe de la Caballería del Cuerpo del
Ejército del Noroeste. Dos años después, del 27 al 30 de noviembre de 1915, don Venustiano Carranza estuvo en Mata-

No sabemos con precisión desde cuándo la Oficina Federal
de Hacienda de Matamoros se apoderó de las tierras dotadas
por Lucio Blanco en 1913, para que de nuevo las rentaran los
campesinos que por corto tiempo las creyeron suyas, sólo que
ahora subarrendando las tierras, pues el jefe de la Oficina Federal de Hacienda se las concesionaba a un particular; y éste, a su
vez. las rentaba por ochocientos pesos anuales a los campesinos que las trabajaban desde hacía tiempo. Lo que sí sabemos
es que esta situación se complicó a partir de que el Periódico
Oficial del Gobierno del Estado publicó el 26 de noviembre de
1932 la solicitud de tierras por parte del llamado inicialmente
«ejido Los Borregos»; resultó que a quien la Oficina Federal de
Hacienda le concesionó la renta de las tierras del rancho &lt;d.os
Borregos» para el año de 1933, el señor Alfonso Zolezzi, se
opuso a subarrendársela a José García, quien, junto con algunos otros tenía apenas dos años de trabajar la tierra de «Los
Borregos» y había sido presidente del Comité Ejidal solicitante
de dichas tierras. Este problema terminó al excluirse a José
García como arrendatario de «Los Borregos». 15
Se había complicado también la situación de los campesinos dotados por Lucio Blanco, por el hecho de que para
principios de los años treinta ya quedaban muy pocos de
los que habían sido beneficiados aquel 30 de agosto de 1913.
Dejemos que esto nos lo explique el distinguido profesor
Graciano Sánchez, quien llegó a Matamoros el 18 de diciembre de 1934 como Jefe de la Oficina General de Quejas
del Departamento Agrario, acompañado de una brigada de
ingenieros, con el propósito de arreglar -por instrucciones del presidente Lázaro Cárdenas- las múltiples invasiones existentes y, en general, darle salida a los problemas
agrarios de esta frontera. De «Los Borregos», Graciano

Sánchez dice en el informe que de su visita a Matamoros le
rinde el presidente de la República: «En la visita que practicamos al rancho de 'Los Borregos', nos encontramos con
que las tierras han sido trabajadas en la siguiente forma;
por Florentino lzaguirre, José Izaguirre y Pedro Vega, quienes pertenecen al grupo de adjudicatarios beneficiados por
el acuerdo del general Blanco, y por los CC. Francisco Izaguirre, Martín lzaguirre, Jesús Izaguirre, Amado Juárez,
Juan Vega, Jerónimo Vázquez, Juan Flores, Epifanio Vega
y Manuel Campos, que no tienen el carácter de adjudicatarios de la revolución». 16
Dos problemas arregló Graciano Sánchez en «Los Borregos»; uno, hizo, pensando ya que esas tierras estaban en trámites para ser ejido, que Pedro Vega, dotado por el general Blanco, cediera la porción que él explotaba en «Los Borregos», dado que en otra parte tenía en propiedad privada una cantidad
regular de tierras, para que la usufructwul el viejo José Izaguirre y Juan Aores, aparcero de las referidas tierras de Vega; y
dos, ordenó al señor José Avila, quien pai:a ese 1934 era a quien
la Oficina Federal de Hacienda le rentaba el rancho «Los Borregos», «se abstuviera de llevar otros agricultores al rancho de
'Los Borregos', por considerar que los que venían cultivando
personalmente esas tierras, ya tengan títulos o no, deben ser los
verdaderos usufructuarios de ellas, opinión que me permito someter a la recta consideración de Usted para que de acuerdo
con su escrito, reciba su aprobación, ordenando a la referida
Secretaría de Haciendo y Crédito Público rescinda el contrato
que había celebrado con el mencionado señcr Avila, reconociendo como únicos arrendatarios a los que figuran en la lista
que doy a continuación, para quienes respetuosamente pido se
confirme la posesión militar dada por el general Lucio Blanco,
17
en los términos que señala la legislación agraria en vigor».
No sabemos cuándo la Oficina Federal de Hacienda de
Matamoros rescindió el contrato de arrendamiento del rancho

3

187

�«Los Borregos» al señor José Ávila, pero de que fue un hecho
es cierto, pues para 1935 los campesinos que mencionó Graciano Sánchez en el informe referido eran a quienes la Oficina Federal de Hacienda les rentaba las tierras de «Los Borregos», en
un contrato que tenía con ellos por cinco años.
Ahora bien, la tramitación del ejido «Los Borregos» fue
tardada, sí, pero ese fue el caso de casi todos los ejidos de
Matamoros por el irregular estado jurídico que guardaban
la mayor parte de los predios rurales de este municipio; lo
cierto es que el cardenismo, desde sus inicios, reintegró a la
historia la obra de Lucio Blanco. Esto, lo vimos en su mejor momento en el gobierno del ingeniero Marte R. Gómez,
gobernador de Tamaulipas de 1937 a i941, a la hora de la
ejecución del mandamiento gubernamental en favor del ejido «Los Borregos», el 31 de julio de 1938. Vale la pena citar

el dictamen que con este motivo la Comisión Agraria Mixta hizo en su sexto considerando: «Que los documentos históricos que obran en el expediente y que datan del año de
1913; manifiestos del general Lucio Blanco, títulos de propiedad que e~pidió y fotografías de aquella época nos obligan a legalizar por medio de una resolución dotatoria, como coronamiento de los esfuerzos del general Lucio Blanco en aquel entonces, la situación injusta e irregular en que
han venido viviendo los campesinos del poblado 'Los Borregos'
«En efecto ~ontinúa este honroso considerando-, es un
contrasentido que siendo el reparto de la hacienda 'Los Borregos' el primero que se llevó a cabo en la República Mexicana, esté en poder del Gobierno Federal la propia finis
ca... »
El gobernador Marte R. Gómez visitó «Los Borregos»
el 31 de julio de 1938. Fue a «Los Borregos» este distinguido tamaulipeco al acto por el que se les dio posesión provisional de 152 hectáreas a 21 miembros de dicha comunidad
ejidal, veinticinco años después de haberse solicitado esas
tierras, cuando ya sólo vivía don Florentino lzaguirre, dotado de tierras por el general Lucio Blanco. 19

Libros

Rivera Saldafta, Osear, Frontera heroica, Matamoros, Tamaulipas, 1994.

Campos. Armando de María y, Francisco J. Múgica, Cuadernos
Mexicanos/ SEP, núm. 83.

Zorrilla, Juan Fidel y Carlos González Salas, Diccionario biográfico de Tamaulipas, Ciudad Victoria, Tamaulipas, 11184.

Cavazos Garza, Israel, Diccionario Biográfico de Nuevo Ltón,
UANL, Monterrey, Nuevo León, 1984.

Notas

Cerutli, Mario y Miguel A. González Quiroga, Frontera e historia
económica, Instituto Mora y Universidad Autónoma Metropolitana, Méxko, 1993.

1

Flores, Marco Antonio, Primer repano de tie"as tkl constitucionalismo. Lucio Blanco, Centro de Estudios Históricos del
Agrarismo en México, México, 1982.

2

García García, Raúl, Profesor y general Albeno Ca"era To"es.
Pionero del agrarismo en México, edición especial del G~
biemo del Estado, 1987.

3

Garibay K., Ángel María, Diccionario Porrúa de historia, biografía y geograf(a tk México, Editorial Porrúa, México, D.F.,

4

1964.

Gómez, Mane R., Las Comisiones Agrarias del Sur, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana,
México, D.F., 1982.

188

El general Lucio Blanco firmando los füulos de las tierras dotadas.
A la izquierda de Lucio Blanco el general Gabriel Gavira presidía
también y junto a ellos el de igual grado Alejandro McKinney.
Junto a éste, de pie, vestido de blanco, el mayor Samuel Vázquez
y tras de la presidencia de la mesa, de pie también, el capitán Francisco J. Múgica, anotando en su registro los nombres de los favorecidos.

-, Historia de la Comisión Nacional Agraria, Secretaría de Agricultura y Ganadería, México, 197S.

Manfnez Assad, Carlos, Los rebeldes vencidos, Fondo de CUitura
Económica y UNAM, México, 1990.

Hemeroteca de la biblioteca A""'1fo L Oliveira del Texas
Southmost College-Univcrsity of Texas, de Brownsville, Texas.
García, Raúl García, Profesor y general Alberto Carrera Torres. Pionero del agrarismo en Múico, Comisión Estatal para

5

AGEN (Archivo General de la Nación), galería 7, colección de
documentos de Lucio Blanco, folio 12 A.

6

Campos, Armando de María y, Francisco J. Mllgica, CUIJdernos Mexicanos/ SEP, mímcro 83, pp. 30-31.
lbitkm.

1

Archivo General de la Nación.

Flores, Marco Antonio (coordinador editorial), Primer rq,ano
de tie"as tkl constitucionalismo. Lucio Blanco, Centro de Estudios Históricos del Agrarismo eh M~xico, 1982, pp. 30-31.

la conmemoración del natalicio del general Alberto Carrera
Torres, Tampico, Tamaulipas, 1987.

Bibliografía
Archivos

Campos, Armando de María y, «Francisco J. Mllgica», Cuadernos Mexicanos/ SEP, núm. 83, p. 30.

8

lbitkm.

Archivo de la Comisión Agraria Mixta de Tamaulipas.
Biblioteca «Amulfo L. Oliveira», Brownsville, Texas.

Musacchio, Humberto, Diccionario enciclopédico de México, Andrés León Editor, México, 1989.

9

Hemeroteca de la biblioteca «Amulfo L. Oliveira», Texas
Southmost College-University ofTexas, colección El Heraldo
tk Brownsville, edición de septiembre 1 de 1913.

119

�~

COLABORAN EN ESTE NUMERO

10 AGEN, galería 3, Presidente Lázaro Cárdenas, exp. 404. 1 / 206.
11

Hemeroteca de la biblioteca «Amulfo L. Kliveira», Texas
Southmost College-University ofTexas, colección El Heraldo
de Brownsville, edición de septiembre I de 1913.

12

Flores, Marco Antonio, Op. cit., p. 13.

13

Jbidem.

14

Jbidem.

15 cAM (Comisión Agraria Mixta de Tamaulipas), exp. 271, folio
23.
16 AGEN, galería 3, Presidente Lázaro Cárdenas, exp. 404. 1 / 206.

17 Jbidem.

(Archivo de la Comisión Agraria Mixta de Tamaulipas),
exp. 271, foja 149.

18 CAM

19 CAM, exp. 271, foja 166.

Abigael Bohórquez. Poeta, dramaturgo y ensayista sonorense (1937-1995).
En los años sesenta dirigió el Organismo Promotor Internacional de Cultura
(OPIC) dependiente de la Secretaría de
Relaciones Exteriores. Antes de fallecer, obtuvo por su libro Poesida el premio internacional de poesía CONASIDA, Organización Panamericana de la
Salud, UNAM. Autor de numerosos
poemarios; entre ellos se encuentran
Las amarras terrestres, Digo lo que
amo, Desierto mayor, Heredad, Abigaeles, Poesía en limpio.
Abraham Nuncio (Texcoco, 1941). Licenciado en derecho por la UAC, hizo
estudios de filosofía y letras en la
UNAM y la UANL. Profesor universitario, periodista, editor e investigador de
ciencias sociales. Ha colaborado, en
diversas épocas, en publicaciones como La cultura en México, Excélsior,
Nexos, La Jornada, El Buscón, El Por\'enir (de Monterrey) y otras. Ha publicado En blanco y negro (poesía), Recetas para nada (prosa poética), El
grnpo Monterrey (investigación), Gilberto, la huella del huracán en Nuevo
León (crónica), Fábulas del poder (narración), etcétera. Con su ens1,1yo Visión de Monterrey ganó el premio de
los 400 años de Monterrey convocado
por el Ayuntamiento.
Adriana Díaz Enciso. Narradora. El
año pasado obtuvo una distinción en la
editorial Tusquets, que pronto publica-

190

rá la obra con que fue reconocida;
también es letrista del grupo Santa Sabina y se especializa en vampirología.

Elizabeth Montes. Narradora colombiana. Es doctora en literatura por la
Universidad de Kansas en Lawrence.
Se especializa en la narrativa de su
país natal y actualmente radica en El
Paso, Texas.
Eloy Garza González. Ha colaborado en periódicos de la localidad y es
promotor del activismo político entre
la juventud. Actualmente labora en
las oficinas del Partido Revolucionario Institucional estatal.
Eugenio Marrón Casanova, (Baracoa, Cuba, 1953). Reportero y crítico
literario en el periódico ¡Ahora!, de
Holguín. Es miembro de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba. Autor
del poemario Los pedidos de la lluvia
[premio de poesía, 1987).
Gabriela Riveros. (Monterrey, 1973).
Cursó y aprobó dos licenciaturas: letras españolas en el ITESM y piano en
la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey. Coordinó el programa cultural juvenil IMPULSARTE. Becaria del Centro de Escritores de
Nuevo León. Obtuvo un premio de
cuento en Alemania (1995). Galardonada con la Medalla al Mérito Cívico
en 1995. Autora de Tiempos de arcilla

Irma Dávalos Pardo. Licenciada en
filosofía. Maestra de letras españolas
por la Universidad Autónoma de Nuevo León; obtuvo este grado con la tesis
Una puerta tras otra puerta: pesimismo y escritura en Félix Dauajare. Publicó un volumen de narraciones breves el año pasado.
Jaime H. Palacios Chapa (Monterrey, 1962). Licenciado en ciencias de
la comunicación (ITESM, 1983), licenciado en piscología (Universidad Regiomontana, 1988), pasante de la
maestría _de letras españolas (UANL,
1991). Editor-fundador de la revista
interuniversitaria Nave. Realiza trabajos de creatividad para agencias de
publicidad.
Jean Tardieu, poeta francés nacido
en Saint-Germain-de-Joux (1903). Sus
padres: un pintor, una concertista. Estudió el bachillerato en el Liceo Condorcet y letras en la Sorbona. Publica
sus primeros poemas en la Nouvelle
Revue Fra71faise (1927). Trabajó para
la Editorial Hachette (1939) y participó en las publicaciones clandestinas
de la Resistencia. Más tarde labora en
la Radiodifusora Francesa. Tradujo la
poesía de Holderlin al francés. Algunos de sus libros: Le fleuve caché (El
río escondido), Accents (Acentos),
Monseiur Monsieur (Señor Señor),
Une voix sans personne (Una voz sin
persona), Histoires obscures (Histo-

(1994).

191

�rias oscuras), Poemes
mas para ver).

a voir (Poe-

Jorge Marroquín Narváez. Hizo un
diplomado en El Colegio de México
y actualmente está por concluir la
mestría en letras españolas en la Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL.

José Luis Moreno del Toro. Médico
y poeta cubano (Holguín, 1943). Ha
publicado Carta (1983); Va ... pue...
poemas casi nicaragüenses (1986);
Sonata a la ciudad (1983); Beber de la
lluvia (antología, 1988). Trabajos suyos de narrativa han aparecido en diversas publicaciones cubanas y extranjeras.
José P. Villalobos. Es doctor en literatura y su tema de interés es la narrativa
mexicana contemporánea. Actualmente labora en Jrvine University.
José Roberto Mendiricbaga. Licenciado en filosofía y maestro en letras
españolas. Profesor universitario, editorialista, publicista. Funcionario de
la Universidad de Monterrey. Fue
profesor de nuestra facultad_y director de Deslinde. Autor de los libros
la letra y la tinta (1981), la estética
de José Vasconcelos (1986) y Macario
Pérez, maestro de siempre ( 1994).
Juan Manuel Casas García (Ciudad
de México, 1972). Pasante de arqui-

lectura por la UANL. Ha colaborado
con artículos sobre temas de arquitectura y urbanismo en publicaciones especializadas. Desde 1994, miembro
organizador de Espacio Común, grupo de libre discusión arquitectónica
con sede en Monterrey.

Julia Soledad Quiñones Vega. Licenciada en letras españolas por la
Universidad Autónoma de Nuevo
León, cursa la maestría correspondiente en la misma institución. Profesora del Colegio de Letras (UANL).
Julieta Renée [Pérez-Díaz] (Monterrey, 1941). Licenciada en comunicación por la Universidad de Alabama
(EUA). Directora teatral y consultora
independiente. Escribe poesía, teatro
y cuento. Autora de Poemas (Monterrey, 1977).
Lourdes González Herrero (Holguín, Cuba, 1952). Trabaja como editora en Ediciones Holguín. Es miembro de la UNEAC. Ha publicado los
poemarios: Tenaces como el fuego
(1986), la semejante costumbre que
nos une (1988), Una libertad real
(1991) y la desmemoria (1993). Tiene
un libro inédito: En la orilla derecha
del Nilo.

Luisa Campuzano (La Habana, Cuba, 1943). Doctora en filología por la
Universidad de Bucarest. Labora como profesora en la Universidad de La

Habana (Facultad de Artes y Letras)
y en la Casa de las Américas (Centro
de Investigaciones Literarias). Profesora huésped de nuestra facultad en
varias ocasiones. Autora de -entre
otros títulos- Breve esbozo de poética
preplat6nica (con antología de fragmentos y testimonios), las ideas en el
Satyricon (tesis de doctorado; premio
de la crítica), Quirón o del ensayo.
Manuel Contreras Ramos (Ciudad
Victoria, 1947). Psicoanalista de origen médico. Catedrático en la División de Estudios de Postgrado de la
Facultad de Psicología de la UANL.
Colaborador de El Porvenir y de
Deslinde.
Manuel García Verdecia. Escritor
cubano radicado en Holguín.
Manuel José Guillén Coello. Poeta
cubano. Vive en una isla cercana a la
ciudad de Holguín.
Margarito Cuéllar (San Luis Potosí,
1956). Estudios de periodismo en la
UANL. Ha obtenido varios premios de
poesía, incluido el Premio a las Artes
de nuestra universidad. Director del
Archivo Histórico de Santa Catarina.
Editó dos antologías de poesía nuevoleonesa: Veinte años de poesía en
Monterrey, 1962-1982 (en colaboración
con Humberto Salazar) y Alforja de
poetas (tres volúmenes). Algunos de
sus últimos títulos: Tambores para

empezar la fiesta {1993), Árbol de lluvia (1994), Árbol de luces (1996).
Miguel Covarnbias (Monterrey,
1940). Profesor del Colegio de Letras
y la División de Estudios Superiores
de nuestra facultad. Ha publicado
más de doce títulos de diversos géneros (poesía, prosa, cuento, ensayo
crítico, entrevistas, traducción, compilación). En 1992 coordinó y editó
el volumen Desde el Cerro de la Silla. Arte y Letras de Nuevo Le6n. Ha
obtenido el Premio a las Artes
(UANL. 1989) en literatura y el Pr&amp;mio Nacional de Traducción que
otorga Bellas Artes, en 1994, por su
volumen de traducciones poéticas El
traidor. Desde 1985 es director de
Deslinde. Ediciones Castillo y nuestra facultad publican Papelería en
trámite, obra que reúne ensayos y
críticas de sus últimos 30 años de escritor.
Nancy Morejón. Poeta cubana que
ha visitado Monterrey y ha publicado
en la capital mexicana. Sus libros de
poesía: Mutismo, Amor, ciudad atribuida, Richard trajo su flauta y otros
argumentos, Parajes de una época,
Octubre imprescindible, Piedra pulida, Poemas, Cuaderno de Granada.
Sus libros de investigación y ensayo:
Recopilaci6n de textos sobre Nicolás
Guillén (1974), Naci6n y mestizaje en
Nicolás Guillén (1982) y Fundaci6n
de la imagen.

Nelva Alicia García. Fotógrafa profesional. Egresada del colegio de periodismo de la Facultad de Ciencias
de la Comunización de la UANL. Estudió letras españolas en la Universidad Regiomontana. Fue coordinadora
editorial de Monterrey Magazine.
Óscar A. Díaz-Ortiz. Realizó estudios de letras. Actualmente cursa el
doctorado en literatura de la Universidad Estatal de Arizona.
Óscar Wong. (Tonalá, Chiapas,
1948). Poeta y ensayista. Estudió letras hispánicas en la UNAM. Ganador
del Premio de Poesía Ramón López
Velarde (1988). Ha publicado, entre
otros, los siguientes poemarios: Si te
das al viento, Fragmentaciones, Yo
soy el mar, Enrarecida luz.
Raúl Rangel Frías. (Monterrey, 19311993). Escritor, historiador, abogado,
político, maestro universitario, conferencista y orador elocuente. Fue rector de la Universidad de Nuevo León
y gobernador del Estado. Fundó la
Facultad de Filosofía y Letras y construyó la Ciudad Universitaria; impulsó la Escuela de Verano y la revista
Armas y Letras de nuestra casa de estudios. Benemérito de Nuevo León
por acuerdo del Congreso del Estado.
Autor de numerosas obras, entre las
que destacan: Gerónimo Treviño, Cosas nuestras, Testimonios, El Reyno,
Alma Mater, Kato, Escritos, etcétera.

Rosana Covarrubias Mijares. Concluyó sus estudios de arquitectura en
la Universidad Autónoma de Nuevo
León. Ha colaborado en periódicos y
revistas con artículos sobre su especialidad, y ha dado a conocer el producto de sus investigaciones histórico-arquitectónicas en diversos foros.
Se integró al grupo Espacio Común
desde hace tres años.
Sergio Rommel Alfonso Guzmán.
Es codirector de la Revista de Literatura de la Universidad Autónoma de
Baja California y jefe de extensión de
dicha casa de estudios en la ciudad de
Tecate. Se ha dedicado a la crítica y a
la poesía.
Silvia Mijares (Chihuahua, Chih.).
Cirujano dentista y licenciada en filosofía por la UANL, donde también
concluyó la maestría en filosofía.
Profesora de esta casa de estudios
desde 1965. Ha colaborado en publicaciones regiomontanas como El volantín, Aquí vamos, Deslinde, Humanitas, Movimiento actual. Es autora de la filosofía de Vasconcelos
como filosofía latinoamericana y
coautora de Desde el Cerro de la Silla, Artes y Letras de Nuevo Le6n
( 1992).

Thomas Rosenlocher, poeta alemán,
publicó en Leipzig (1988) su libro de
poemas Schneebier (Cerveza de nieve).

193

�Veronika Sieglin. Profesora de historia en nuestra facultad. Coautora de
Monterrey, Nuevo León, el Noreste.
Siete estlldios históricos (1987). Obtuvo en 1992 su doctorado en la Universidad de Marburgo con la tesis
Wasser, Land und Kapital. Die Entwicklung einer liindlichen Region im
Nordosten Mexikos, 1820-1970.
Waldo Leyva (Cuba, 1941). Licenciado en letras. Ha sido profesor de ~stética y literatura cubana en la Universidad de Oriente. En diferentes ocasiones ha sustentado conferencias y
recitales en nuestra facultad. Autor de
Con mucha piel de gente y De la ciudad y sus héroes.

��En este número
Jean Tardieu: ¡Pero es en vano! La crueldad se incuba en el corazón del olvido. Resplandecen amenazas. La superficie se abrasa, a ella misma se dirige reproches ensordecedores. ¡Rayos imperiosos! ¡Órdenes venidas desde muy lejos! El suelo tiembla. Un
frío líquido recorrido por llamas violentas engulle nuestro endeble horizonte. ¡Aullidos!
¿Qué crimen he cometido? ¿Quién me ha condenado? ¿Qué suplicios me aguardan?...
José Roberto Mendirichaga: Parte de este estilo empresarial queda plasmado en el testimonio del ilustre profesor don Pablo Livas, quien siendo muy joven había laborado en
«El Porvenir» . Él menciona[ ... ] cómo, gracias a la empresa, Villa de Santiago se anticipó a Monterrey en lo que se refiere a fuerza motriz, luz incandescente y teléfono.
Jean-Marie Binoche: Es mi tarea ¡levantar un teatro de máscara que sea contundente,
bello y fuerte! Yo diría que a un violín Stradivarius de la más alta calidad nunca nadie lo
va a tirar al suelo después de haberlo tocado, ¡lo va a cuidar! Yo pienso dar a la máscara
el mismo tipo de valor, es decir, de respetar esa herramienta como se respeta a un violín.
Eduardo Padilla: Yo vine [de Guadalajara] y la primera noche que pasé en Monterrey
la pasé en un hotelíto que era uno de los internados del Tecnológico arriba del cine Rex,
y al día siguiente en la mañana lo primero que vi a través de la ventana fue prostitutas,
[... ] ahí estaba El Patio que era un antro de tejabanes [...]. ¿Qué tiene de tradición eso?
Raúl Rangel Frías: El mundo está vivo. No obstante estar lleno de engranes, de piedras, de palancas, de poleas y tuercas. Pero todavía hay mujeres en el mundo, todavía
hay amor en el mundo. Por eso he venido a dar testimonio del alma que empuja en la
fronda las voces del espíritu y de la vida. Las imágenes y las palabras.
Veronika Sieglin: Si bien la situación de los campesinos del sur nunca ha sido halagadora, a partir de la década de los 80, la ctisis económica que sacude al país y las políticas
económicas de corte neoliberal adoptadas por el Estado han intensificado la pobreza en
esta zona. El hambre, las enfermedades y, en consecuencia, la muerte, son ahora fieles
acompañantes de las familias campesinas.
Margarito Cuéllar: El pueblo de Holguín [Cuba] es de una rqiueza cultural digna de
admirarse. En la plaza Iberoamericana, un viernes a las 10 de la mañana, la banda municipal interpreta Fantasía africana, original del director, quien sin despeinarse saluda con
brevedad a los mexican curios porque tiene que irse a ensayar una zarzuela.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Revista de literatura de la Facultad de Filosofía y Letras. Contiene poesía, narrativa, ensayo, traducción, reseña, y otros géneros literarios. Fundada en 1982.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751773&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Deslinde, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 1996-1997, Vol. 13, No 53-56, Junio-Julio</text>
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                <text>Mendirichaga, José Roberto, 1944-, Coordinador Editorial</text>
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                <text>Nuncio, Abraham, 1941-, Director</text>
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                <text>Humanidades</text>
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                <text>Literatura mexicana</text>
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                <text>Historia crítica</text>
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                <text>México</text>
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                <text>Civilización</text>
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                <text>Revista de literatura de la Facultad de Filosofía y Letras. Contiene poesía, narrativa, ensayo, traducción, reseña, y otros géneros literarios. Fundada en 1982. </text>
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                <text>Vázquez Carrillo, Rosa Gpe., Tipografía y Formación</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�LICAOO

..

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Rector * doctor Luis E. Todd
Secretario general * ingeniero Orel Dario García

fOfr«X) UNIVH!lfliltl).

Facultad de Filosofía y Letras
Director • licenciado Tomás González de Luna
Subdirector * licenciado Juan Angel Sánchez
Secretario general • licenciado Herón Pérez Martínez
COORDINADORES:
Colegio de Filosofía •
Colegio de Letras •
Colegio de Sociología •
Colegio de Historia *
Colegio de Pedagogía *
Colegio de Traducción •
División de Estudios Superiores *
Instituto de Investigaciones· *
Departamento de Editorial *

licenciado Enrique Galván
doctor Jorge Rangel Guem
licenciado Ricardo C. Villarreal
licenciado Arturo Delgado Moya
licenciado J,- Antonio Mejfa Ayala
profesan Carmen Tijerina
licenciado Bernardo Flores Flores
doctor Juan José García Gómez
profesor David Martell

1

llismo en el

ión~c-

, en México
de produe.

CONSEJO EDITORIAL: * licenciado Mario Cerutti
* licenciado Santiago Alfredo Salas
• profesor Pedro Reyes Velázquez
* licenciado Ricardo C. Villarreal
* licenciado Juan Angel Sánchez
* maestro José Luis Balcárcel
• doctor Juan José García Gómez

* profesor David Martell (coordinador)

iarrollo -

11ísticu del

Letras/139

�•

OUPLICAOO

1

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DE LA UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
ENERO-MARZO DE 1978.

NUMERO 7

SUMARIO
Mario Cerutti □ Monterrey y el desarrollo del capltalimlo en el
noreste de México/ 3
Gerardo Otero □ Economía campesina y articulación-destrucción de modos de producción/31
Ricardo Villarreal □ Libre cambio y proteccionismo en México
y Argentina durante el siglo xix/47
Luis María Gatti □ Las representaciones y el modo de producción/67
Arturo Delgado Moya
cial/97

□

Las matemáticas y el deaurollo so-

Luna □

Naturaleza y sociedad/105
Guillermo Ceniceros D Siqueiros ante las tendencias plúticu del
siglo xx/121
Pedro Reyes Velázquez D Reseña de libros/137

Tomás González de

Publicaciones editadas por la Facultad de Filosofía y Letras/139
Colaboradores/143.

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Revista trimestral.
Aparece los meses de marzo, junio, septiembre y diciembre.
Cada autor es responsable de su texto.
No se regresan originales.
Toda correspondencia debe dirigirse a: Departamento de Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad
Autónoma de Nuevo León, Ciudad Universitaria, Apartado postal 3024, Monterrey, Nuevo León, México.
• Impresa en: Técnica Gráfica de Monterrey, S. A., Abasolo 870
Oriente, teléfono 40-43-32, Monterrey, N. L., México.
Diseño y cuidado de la edición: David Martell / Dibujos de Guillermo Ceniceros.

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I

I

I

I

�Nlario Cerutti

Monterrey
y el desarrollo del capitalismo en el
noreste de México
(Aspectos del período 1860-1910)*

EL PERIODO cuyo análisis se procura realizar en esta ponencia puede caracterizarse por cuatro aspectos básicos: 1) entre 1860 y 1910 se
da en Monterrey un importante crecimiento económico, que la convierte en centro de una vasta región del norte del país y que representa el
origen de la actual significación que mantiene esta ciudad en México e
inclusive a nivel latinoamericano; 2) al elevarse como núcleo de una
extensa zona, y al orientar cuantiosos capitales a la producción, Monterrey emerge como una base desde la cual se irradian y multiplican los
métodos capitalistas de generación de riqueza, cumpliendo así un rol
modemizante en la estructura económica de la nación en su conjunto;
3) Monterrey y la región sobre la cual empieza a dominar evidencian
asimismo en este lapso la readecuación global que México está sufrien•

Ponencia pre,entada en el Octavo Concreto de Historia de la Revolución Mezicana, reali•
zado en la ciudad de Cbihuahun en julio de 1977.

CATHEDRA [ 3]

�1 '

do como consecuencia de los nuevos requerimientos de la economía
internacional, en la que Estados Unidos comienza ya -desde fines del
siglo x.ix- a figurar como potencia significativa frente al capitalismo
europeo; 4) en todo este proceso, en el que intervienen elementos internos y externos, surge y se consolida un grupo empresarial que constituye para los momentos previos a la Revolución un sólido núcleo dirigente en la sociedad regiomontana, inclusive a nivel de su clase dominante. Se articula una burguesía que aunque tal vez no ha dejado tras
suyo resabios precapitalistas que todavía se detectan en México, aparece como muy interesada en el desarrollo de rubros como la minería,
la semielaboración de metales, la producción fabril, la explotación agropecuaria y la modernización financiera. Esta burguesía está compuesta
por un conjunto de familias que deben haber jugado un papel determinado en los acontecimientos revolucionarios, sin que ello indique que
todas lo hayan efectuado en un mismo sentido. Un ejemplo nítido de
participación política de miembros de este sector dominante con base
en Monterrey en la Revolución es el de la familia Madero, de la que
emerge el jefe de la primera etapa del movimiento antiporfirista.
Las fases del período

LA SINTESIS EXPUESTA, empero, no define de manera homogénea todo el período. En el medio siglo que transcurre a partir de
1860 puede practicarse una subdivisión, que responde a una evidente
diferenciación en las formas· que asumió el surgimiento y fortalecimiento del capitalismo en Monterrey y su zona de influencia.
La subdivisión que se plantea se realiza sobre la base de los conceptos que algunos estudiosos de la historia regiomontana han difundido
(1), pero especialmente teniendo en cuenta los datos logrados en más
de un año de investigación en fuentes no exploradas todavía, que se encuentran en el Archivo General del Estado de Nuevo León. De estas
fuentes, las más utilizadas son los libros de notarios que legalizaron trámites familiares y profesionales de los empresarios regiomontanos entre
1850 y 1910.
Es indispensable precisar, pues, que el desarrollo de Monten:e.y presenta dos etapas en esta media centuria que se está estudiando: una ca.
rre desde fines de la década de los años 50 hasta alrededor de 1890; la
segunda va desde principios de esta década hasta los años de la Revolución.
[ 4) CATHEDRA

~ la primera puede denominarse fase de transición. La segunda, con
~!andad, sienta las bases del poderío que hoy ofrece Monterrey en el
amb1to nacional.
De Vidauni a Bernardo Reyes

,

DE LOS MILES de datos recogidos en los libros de escribanos de la

epoca pue~en extractarse con cierta certeza algunos matices que rigen
la eco~omia regiomontana en los treinta años anteriores a 1890. Los
sunphf1caremos así:
_1) Es un lapso que bien puede llamarse de acumulación primaria de

capitales, que en los decenios posteriores van a trasladarse masivamente
a la producción.
2) Esta acumulación no se logra a través de un sólo conducto como
.
'
parecen sugenr otros autores al referirse al comercio legal e ilegal. Se
da por medio de diversos canales, en los cuales hay que contar el intercambio_ ~glamentado y el contrabando, pero también la explotación y
extracc1on ~e excedentes de vastas zonas rurales, la utilización del préstamo a partir del mane¡o de la especulación financiera y -de una manera incipiente aún- el desarrollo de una cierta producción manufacturera
que todavía no encuentra condiciones propicias para un crecimiento
vigoroso.
, 3 )_ Esta etapa de primera apropiación y concentración de riqueza
esta signada por una serie de marchas y contramarchas, de momentos
de apogeo ~ de crisis, que a veces responden a problemas que soporta
toda la nac1on, pero que en otros casos están determinados por fuerzas
regionales, en las que es dable percibir influencias de carácter internacional.
. Al perder México en 1848 una vasta zona, Monterrey pasa a convert,~s(' Pn u~a- ciudad casi fro,nteriza con Estados Unidos, con una posic1on ¡¡eograf1ca que la llevara a ser un paso inevitable para la circulación
de mPn·ancías.
. Un fenómeno ligado a esto y sobre el cual han puesto notable énfasis l?s historiadores regionales es el que se registra con la guerra de
Seces1on norteamencana. Aislado de los mercados europeos por el

CATHEDRA

[5]

�bloqueo impuesto por los barcos del Norte industrial, el Sur estadounidense buscará una salida a su algodón y un puente de ingreso para las
manufacturas y armas que requiere de Inglaterra y Francia en el noreste
de México. Porción de territorio que en ese momento está bajo el control de Santiago Vidaurri, y que se verá netamente beneficiada por las
necesidades de los esclavistas del Viejo Sur. Monterrey, se ha mencionado, será de toda la región noreste quien más obtenga de esta situación,
lo que -obviamente- no puede trasladarse a otros puntos de México.
La finalización del conflicto norteamericano y la caída de Vidaurri
parecen traer cierto estancamiento, a lo que seguramente contribuye
los problemas derivados de la intervención francesa. El comercio, elemento importante para el pequeño Monterrey de entonces, con el cual
obtenía vinculaciones no sólo regionales sino también internacionales,
tiende a decrecer.
Desde 1865 en adelante, muchos de los capitales logrados en el intercambio legal e ilegal de mercancías deben derivar hacia otros rubros.
4) Al no existir aún condiciones propicias para encauzarlos hacia la
producción, algunos de los empresarios que resisten la crisis parecen dirigir sus riquezas hacia aquellos ámbitos que aseguran su preservación,
antes que su ampliación. Entre 1865 y fines de la década del 80 se percibe una creciente tendencia a adquirir tierras, una forma siempre eficiente de protección con riesgos escasos. Asimismo, algunos de los grandes comerciantes de los años previos a 1870 se convierten en fuertes
prestamistas, con posturas de netos especuladores.
Tierras y préstamos representan una salida coyuntural que ofrecen
una característica común: no contribuyen, o lo hacen muy relativamente, a ampliar las formas capitalistas de producción. La generación masiva de mercancías no emerge, aparentemente, como un negocio seguro.
Las condiciones económicas y políticas que se registran hasta mediados de los años 80 no conforman un marco en el cual el empresario se
anime a lanzarse a proyectos que no sean absolutamente prudentes. A
lo que debe contribuir que la economía regional y nacional en ~u conjunto no ha terminado de adecuarse a las nuevas tendencias de la economía internacional, y en tanto el mercado interno -por el bajo desarrollo del capitalismo en México- aparece como escasamente motivador para inversiones en rubros tales como la producción fabril.
[ 6] CATIIEDRA

5) No debe extrañar que en una etapa de semejante precariedad
sean escasos los empresarios que crezcan, se consoliden y perduren.
En efecto, entre 1850 y 1885 pueden contarse con los dedos de una
mano los hombres de negocios realmente importantes en Monterrey.
Ellos sobreviven la crisis y hasta parecen salir fortalecidos con ella,
debido a que una gran cantidad de quiebras dejan en el camino a pequeños y medianos comerciantes.
No puede hablarse para entonces de un amplio núcleo burgués,
sino de los gérmenes de una clase que se plasmará a finales de siglo,
cuando se sumen a estos precursores otras familias.
De las investigaciones realizadas en el Archivo del Estado de Nuevo
León pueden destacarse cuatro familias en este primer período, que
además jugarán un rol importante en la etapa siguiente: ellas son la
de los hermanos Hernández, Gregario Zambrano y sus sucesores, y las
que dirigen Valentín Rivera· (2) y Patricio Milmo (3). Otros casos,
como el de Evaristo Madero, pueden situarse en un plano algo secundario, pero sin que ello implique eliminarlos del núcleo de negociantes
destacados de entonces.
6) Es esta una época en que los proyectos e inversiones tendrán,
justamente, a una familia o a un empresario como centro de realización. No ha llegado aún el momento de las grandes sociedades anónimas. Los negocios no rebasan, en general, el ámbito familiar, agrupando en algunas oportunidades a dos o tres empresarios sin que la captación de capitales por medio de la colocación de acciones funcione.
Ello muestra el escaso grado de desarrollo del capitalismo en Monterrey y en la región que comienza a nutrirla.
7) Tampoco debe asombrar, así, que ese detalle tan significativo
del desarrollo del capitalismo que constituyen los bancos aún no se
materialice en Monterrey. Los movimientos financieros se concentran
como anexos de casas comerciales importantes, como las que dirigen
Valentín Rivera y Patricio Milmo. O sea, es una familia o un negociante el que realiza la tarea de prestar y recibir dinero, y no una institución especializada respaldada por capitales logrados en distintas fuentes.
8) A nivel de relaciones internacionales es perceptible que todavía
no es Estados Unidos el área de mayor importancia externa para la ecoCATIIEDRA [ 7]

�nomía regional. La futura potencia norteña recién se encuentra en proceso de consolidación de su capitalismo, del cual la guerra de Secesión
no fue sino un hecho. Europa, y especialmente Inglaterra, representan
todavía el contacto estable más sobresaliente en materia de relaciones
económicas internacionales. Circunstancia que se verifica por el valor
estratégico que mantiene en esta época (hasta principios de la década
de los años 80) el puerto de Matamoros. Habrá que aguardar el notable desarrollo del noreste estadounidense y la instalación de los ferrocarriles para que estas relaciones internacionales queden alteradas.
De Reyes a la Revolución

LOS MATICES VERTEBRALES del subperíodo que corre desde
mediados de la década de los años 80 hasta 1910 serán:

1) Es perceptible que la fase primaria de acumulación es comple-

mentada y poco a poco reemplazada por una fuerte inversión en rubros
antes no intentados, y que lleva al capital a reproducirse y ampliarse
vigorosamente. La producción, sobre todo la minera y la industrial,
tenderán a convertirse ahora en negocios firmes, lucrativos. Minería y
fábricas ubicarán al comercio, al agro y las finanzas en el lugar que Je
corresponden en una economía cuyo objetivo motriz es la generación
de mercancías y la obtención de ganancias por medio de su realización en el mercado. Antiguos empresarios que hasta los años 90 preferían defender su riqueza con la especulación o la posesión de tierras,
la derivan hacia la producción.
2) Es lógico que el dinamismo de este nuevo ciclo necesite y admita más capitales y más empresarios: algunos de éstos pueden ubicarse
entre los de posición mediana de la etapa anterior; otros, son recién
llegados, interesados en intervenir en un proceso que abre buenas persperctivas (éste parece ser el caso de algunos inmigrantes italianos y españoles, y -por l\Upuesto- de muchos inversores norteamericanos).
La cantidad de grupos familiares que constituyen núcleos empresarios
se amplía.
3) Este empuje económico se da en el marco de la estabilidad política de la nación durante el porfiriato. Es notorio que la consolidación
de la paz interior y la protección que reciben las clases dominantes favorece el lanzamiento de proyectos que ahora se presentan como menos

riesgosos que en las décadas pasadas, como es el caso concreto de las
~ufacturas. Lo nacional se ve reforzado por la política regional, que
tiene en el general Bernardo Reyes un sólido sustento: sus medidas de
respaldo a la producción en general y a la industria en particular contribuyen a crear un clima propicio para los empresarios regiomontanos o
asentados en Monterrey.
. 4) La p~ ~orfiriana está vinculada a la estabilidad económica que al
fm logra Mexico tras readecuarse a los requerimientos de la economía
mundial, proceso difícil que se venía dilatando desde antes de la Independencia. En el caso de Monterrey y su zona de influencia, el reacomodo se practica con respecto a Estados Unidos de una manera neta. Hacia
allí marchan productos agropecuarios y especialmente derivados de la
minería. El gran mercado que representa la industria del noreste de
Estados Unidos y ciertas medidas restrictivas que el gobierno de ese país
~pone a la importación de minerales en bruto, por ejemplo, favorece~ en Mo~~rrey el surgimiento de establecimientos de fundición y sem1elaborac10n de metales, que a su vez requieren su materia prima de
una vasta área aledaña.
5) El contacto con Estados Unidos se hará en gran medida a través
del ferrocarril. Laredo, pues, reemplazará a Matamoros, simbolizando
el desvío de Europa hacia la potencia norteamericana. Importantes firmas regiomontanas que tenían casas de intercambio en el citado puerto
tamaulipeco del Golfo, instalarán ahora sucursales o se ligarán con firmas que funcionan en Laredo.
6) De Estados Unidos comenzarán a arribar asimismo cuantiosos
.
'
'
capitales. Ellos marcharán especialmente hacia el sector minero, que
demanda gruesas inversiones por la tecnología y los instrumentos de
producción utilizados. También se observan inversiones norteamericanas en la industria, los transportes y en el ámbito agropecuario.
7) Pero es menester aclarar lo siguiente: de las investigaciones efectuadas puede inferirse que si bien la llegada del capital externo es importante en el período, una base indiscutible del crecimiento económico de Monterrey es el capital local, en especial el acumulado en los
años anteriores a 1890. Las escrituras revisadas comprueban que muchas compañías mineras, destacadas firmas fabriles, importantes empresas dedicadas al agro, la ganadería y las finanzas son impulsadas por la

[81 CATHEDRA
CAfflEDRA [ 9]

�burguesía local. Sector de la clase dominante que ve ampliada sus posibilidades de inversión porque el mismo desarrollo del capitalismo expande de manera marcada el mercado interior al instaurar nuevas relaciones de producción (con mano de obra asalariada) y al convertir en
consumidores obligados a quienes antes producían para el autoconsumo.
8) En el subperíodo 1890-1910 se destacan, pues, nuevas familias
en el sector social aludido. Junto a los Milmo, los Hernández-Mendirichaga, los Zambrano y los sucesores de Rivero se encuentran ahora
otros grupos. Nosotros hemos confeccionado una lista de diez familias,
que consideramos las más sobresalientes de esta etapa. A las cuatro
ya citadas hay que agregar los Sada-Muguerza, los Armendaiz, los Belden, los Ferrara, la encabezada por Isaac Garza y los Madero.
9) Este parece ser el tronco de la clase dominante regiomontana,
burguesía que será el cimiento del futuro Monterrey. Nacida bajo condiciones muy peculiares, es un sector social cuyas particularidades parecen rebasar las fronteras nacionales y muestra una significación que
inclusive habría que llevarla a planos comparativos latinoamericanos,
por razones que ahora no es posible exponer pero que tienen relación
con la forma en que América Latina -en su conjunto- se integra a la
economía mundial desde 1880, en el marco de la división internacional
del trabajo.

la de la sociedad anónima corresponde a una fase de amplia expansión
capitalista", el capitalismo como modo de producción se ha asentado
ya en Monterrey.
11) A este marco corresponderán instituciones bancarias que irán
reemplazando a los viejos comerciantes-prestamistas. El Banco de Nuev? León (1892) y el Banco Mercantil de Monterrey (1899) simbolizaran esta nueva etapa, sumando sus actividades a las sucursales del Banco
Nacional y del Banco de Londres y México.
12) Finalmente, hay que puntualizar que Monterrey efectúa en este
subperíodo una verdadera tarea de integración regional. Estudiar el desarrollo del capitalismo en Monterrey es analizar ese desarrollo en una
gran región, que poco a poco se va transformando en afluente de excedentes que se concentran en la capital neolonesa. Desde aquí estos capital~~ revierten sobre la re~ón, pero para abrir nuevos centros de producc1on, surcursales bancanas, o para controlar industrias o haciendas
est~blecid~ desde antiguo pero que deben someterse al vigor del capitalISmo reg¡omontano.
. Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Chihuahua, Tamaulipas, Coahuila, Sonma, son estados que figuran en las escrituras como receptores
de la act1V1dad que se articula en Monterrey.

Un ejemplo de la etapa 1860-1890: Patricio Milmo
1O) Esta burguesía regiomontana -en la que se destacan las diez
familias apuntadas- ya no es un minúsculo grupo de empresarios
aislados, que se desenvuelven de manera individual en la mayoría de
sus intentos. La cuantía de las inversiones que requieren las nuevas
empresas, la necesidad de ampliar permanentemente la capacidad de
producción debido al mismo desarrollo del capitalismo, los ingentes
capitales que demandan ahora los transportes y la tecnología a emplear, harán que dP. la gestión familiar se pase a la sociedad anónima.
La captación de capitales por vía de accionés será una fórmula común.
Las escrituras revisadas entre 1890 y 1910 señalan numerosas asociaciones en las ·que cuatro, seis u ocho de las familias nombradas (por
medio de algunos de sus integrantes) participan.
Y no solamente se unirán empresarios, sino empresas para la formación de nuevas compañías. Si, como dice Jacques Droz, "la fórmu-

[ 10) CA1llEDRA

PROCURANDO SINTETIZAR, expondremos ahora lo investigado
en torno a dos familias cuyo desenvolvimiento ratificaría lo expuesto
con respecto a cada uno de los subperíodos indicados. Para el lapso
1860-90 tomamos como base a Patricio Milmo; y para las dos décadas
posteriores, a la familia Madero.
He. señalado en otro trabajo (4): "De las indagaciones efectuadas
puede _mfenrse que para 1880 hay ya en Monterrey unidades productivas dignas de tener en cuenta. Hombres como Valentín Rivero los
sucesores de Gregario ~ambrano o los hermanos Hernández están 'proyectando partes de la nqueza acumulada en el comercio hacia la industn~ o las explotaciones mineras, es decir, hacia la producción. Pero tamb1en es notorio que la situación es aún lo suficientemente inestable y
poco segura como para que figuras relevantes de los negocios regiomon-

CATHIDRA [ 11]

�tanos escapen a esta alternativa. Actúan de una manera que los sigue
manteniendo en las áreas de la especulación y la circulación, sin aproxi·
marse de manera decidida a la producción. Prosiguen, en suma, los esquemas de numerosos grupos burgueses latin~eric~os: l~ados a la
importación y a la exportación, a los movimlentos fmanc1eros, para
asegurar sus riquezas preferirán invertir en tierras antes que denvar
sus capitales hacia proyectos tan riesgosos como !as. manufact~. En
todo caso lo harán cuando las condiciones econom1cas y poht1cas le
aseguren un lucro interesante en el ámbito de la producción, aunque es
muy probable que para entonces deban competir (o asociarse) con los
inversores extranjeros".
En este último caso se encuentra Patricio Milmo, irlandés de origen
que llegó a Monterrey en 1849, o sea un año después que Estados Unidos despojó a México de vastos territorios.
Uno de los elementos que seguramente favoreció el crecimiento
económico de Milmo fue el hecho que en 1857 contrajo enlace con
Pudenciana Vidauni, hija del ya hombre fuerte de los estados de Nuevo León y Coahuila. Esta unión facilitará a Milmo el transformarse en
poco menos de un lustro en un empresario de gran alcance, conectado
con el comercio regional e internacional.
Su salto está ligado a fenómenos como la guerra de Secesión, coyuntura en la que se convirtió en uno de los pilares del intercam~io del
Sur con el exterior posibilidad facilitada abiertamente porque V1daum
controlaba las adu~ terrestres del Noreste y -por medio de su influencia en Tamaulipas- los puertos de Matamoros y Tampico. Ronnye
Tyler dirá en un trabajo efectuado sobre este negociante (5): "Para
1864, Patricio Milmo había acumulado un tremendo imperio financiero
y se decía que poseía 'la casa de negocios más grande' del noreste d~
México. Con la ayuda y cooperación del gobernador Santiago V1daum,
había establecido una red de sucursales en Matamoros, Piedras Negras Y
otras ciudades importantes, manteniendo su base en Monterrey".
Al llegar los tiempos de crisis, Milmo desviará de manera ostensible
sus riquezas hacia dos rubros fundamentales: el préstamo y las tierras.
Los préstamos de Milmo rebasan con amplitud la geografía de Monterrey. En las fuentes indagadas se encuentran lazos con la región algo-

(12] CATHEDRA

donera de Coahuila-Durango, por ejemplo, en los que se ven indicaciones que hacen deducir que gracias a su posición de proveedor de mercancías y dinero el irlandés lograba controlar parte del tráfico de algodón y hasta condicionar su producción a los agricultores (6). Por esta
vía, asimismo, Milmo irá incorporando a su haber tierras hipotecadas
por propietarios que no pudieron cumplir sus compromisos.
Hacia el final de su carrera (muere en 1899), Milmo era visualizado
como banquero. Es que la casa "Patricio Milmo e Hijos" cumplía funciones financieras. Por otro lado, desde fines de la década de los 80,
se detecta que funciona en Laredo-Texas el "Milmo National Bank"
que señala la trascendencia que está asumiendo este paso fronterizo (7).'
Pero lo realmente destacable es la gran cantidad de tierras que en
este subperíodo obtiene Milmo, labor que inclusive desenvolvió hasta
su muerte (ver cuadro 1). El norte de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila lo contaban entre sus más grandes terratenientes. En el momento
de fallecer, el inventario de bienes efectuado contabiliza dos ranchos y
una hacienda en Nuevo León, tres haciendas, dos estancias y tres ranchos en Coahuila y una hacienda y seis estancias en Tamaulipas (8).

No será sino hasta la última década de su prolongada carrera cuando se detecten algunas inversiones en los sectores fabril y minero. Y
será para entonces cuando más nítidamente se observe su entrelazamiento con otros miembros de la burguesía local e incluso con extranjeros.
Milmo intervendrá en la fundación de la fábrica de aceite "La Esperanza, S. A.", ubicada en Durango desde 1887 (9). Estará en la puesta
en marcha de la "Compañía Minera de Fierro Mexicana", ese mismo
año, que luego se llamará "The Mexican Coal and Iron Company Limited", al asociarse a capitales ingleses (10).
Su participación será clave en la creación de la "Compañía Minera,
Fundidora y Afinadora de Monterrey, S. A.", en junio de 1890, que es
una de las primeras en su tipo (11). En 1892 se lo verá integrando la
"Compañía Industrial de Monterrey" (12).
De todos modos, con la excepción de estos últimos años y en grado

CATHEDRA [ 13)

�se inicia desde principios de la década del 90. La puesta en marcha del
Banco de Nuevo León, que se da en 1892, parece indicar que los Madero entienden que Monterrey es demasiado importante en la región
como para no asentar buena parte de sus negocios en esta ciudad. Justamente a eso parece referirse José Vasconcelos, biógrafo de Evaristo
Madero, cuando apunta lo siguiente: "Con intereses un tanto dispersos,
en Parras y Torreón, en Monclova y en Monterrey, poco después de su
regreso de Europa don Evaristo comprendió la necesidad de establecer
un centro directivo general de sus crecientes negocios y fomento de
sus empresas, y al efecto creó el Banco de Nuevo León" (13). Y agrega:
"era indirectamente (este Banco) el eje de los negocios de la familia
Madero" (14).

relativo la característica de Milmo fue trasladar sólo una parte de su
riqueza' a la producción fabril y minera, y 1~ hará luego d~ t~einta años
de ser comerciante, prestamista y terrateniente. En su últJIDa_ ~po_ca
deja de ser un empresario aislado y se asocia en grandes compan1as ~dustriales y mineras con otros prominentes miembros de la burgues1a
regiomontana, entre los que figuran los Belden, los Ferrara, los Zambrano y el general Gerónimo Treviño.
Sus herederos actuarán ya en el nuevo ámbito que va surgiendo
desde 1890. Se los verá ---verbigracia- entre los principales asociados
para la puesta en marcha de la "Compañía Fundidora de Fierro y Acero
de Monterrey, s. A.", en 1900, junto a Francisco y Ernesto Made~o,
los Ferrara, los Zambrano, un hijo de Valentín Rivero, los Armendaiz,
Isaac Garza, Francisco Belden, Enrique Sada Muguerza Y otros.

Desde mediados de la década del 90 es perceptible como esta familia se articula con la burguesía regiomontana a través de negocios
en común y amplía sus operaciones desde Monterrey.

Los Madero y los años previos a 1910

COMO EJEMPLO de esta segunda etapa bien puede ubicarse a la

Entre 1894 y 1907 los Madero participan en la formación y desarrollo de más de veinte compañías mineras, según se ha podido verificar en las escrituras de un solo notario de la época: Francisco Pérez
(15). La extensa participación de los Madero en el rubro de la minería y las necesidades de inversión que exigía, señalan la importancia
de los capitales que concentraba la familia (véase el cuadro 2, referido a Francisco Madero y esta actividad).

familia Madero, entre otros motivos porque resulta una prueba de cómo
la centralización económica que se está operando en torno a Monterrey
obliga a importantes empresarios de otro~ estados a si~uarse -por lo
menos desde el punto de vista de sus negoc10s- en esta ciudad.
Si bien la familia Madero en su conjunto no residía en Monterrey,
es notorio observar cómo dos de sus principales miembros -Ernesto Y
Francisco, hijos del director del grupo, Evaristo, Madero- permanecían
estable o provisoriamente en Monterrey. Pero mas ~ue ello es destac:3;ble
la cantidad de compañías que se fundan en esta ciudad (aunque su ambito estricto de producción esté en otro punto geográfico), en las que
aparecen los Madero como accionistas o como conductores.
Por ello es que bien puede considerarse a algunos de los más relevantes integrantes de esta familia como conspicuos componentes de la
clase dominante regiomontana y del grupo empresarial al cual ya se ha
aludido. Ello sin tener en cuenta que, en gran medida, la fortuna que
construyó Evaristo Madero se debió a su ~ctuación co~o comerciante
y transportista, en Monterrey, durante la decada de los anos 60.
La incorporación de los Madero a la nueva burguesía regiomon~a,
a esa que surge y se consolida con claridad en este segundo supenodo,
(14] CATHFJlRA

:

Por supuesto, también se desenvuelven en otros ámbitos: firmas
financieras (Francisco Madero -padre del revolucionario- es accionista del Banco Mercantil de Monterrey, que se funda en 1899; ver
nota 16); en la industria se los observa en la gestación de la Compañía
Fundidora de Fierro y Acero Monterrey, S. A., en 1900, representados por Ernesto y Francisco Madero (17); y están en empresas carboníferas, del vidrio, del cartón, productoras de vinos, molinos y ladrilleras, textiles y editoriales.
En muchos casos se integran no como accionistas individuales, sino
en nombre de toda una empresa, como sucede con la Fábrica de Vidrios
Y Cristales de Monterrey, S. A., en la gue se detecta como accíonista
a Ernesto Madero y Hermanos (18).
Este caso, en esta firma de la que surgió la actual Vidriera de Mon-

CATHEDRA

115]

�terrey, es muy significativo, porque allí encontramos reunidos -en
1904- a miembros de las diez familias más poderosas del empresariado
regiomontano, evidenciando la nueva forma que asume el desarrollo
del capitalismo en Monterrey y su región. Ya no es factible llevar adelante el esfuerzo individual o familiar, sino que se requiere la unión de
éstos y hasta de distintas firmas (ver cuadros 3, 4, 5, 6 y 7).

La actividad de los Madero, pues, es múltiple. O sea: diversificación económica, ramificación regional, articulación con otros grupos
familiares y empresas, explotación del campo y la ciudad, ingentes inversiones. Todos, índices de la forma que va adoptando el capitalismo
en la región, con centro en Monterrey, en la etapa que va desde 1890
a las vísperas de la Revolución.

En el cuadro 4 se señala la composición de la Compañía Carbonífera de Monterrey, fundada en 1902, en la que se distingue el proceso
de vinculación empresarial. En el caso de los Madero se encuentra a
Ernesto, en nombre de Molinos de Cilindro (19).

La ubicación concreta de la familia Madero en un ámbito económico Y social determinado puede contribuir a explicar con mayor certeza los objetivos reales que condujeron a algunos de sus miembros al
movimiento de 1910. Francisco L Madero es hijo de Francisco, uno
de los más importantes empresarios de una familia poderosísima. Nieto
de Evaristo Madero, a quién Vasconcelos califica en su biografía como
uno de los hombres más ricos del país. Integra una familia que evidentemente juega un papel modernizante en la economía mexicana, pero
que probablemente no pretenda transformar radicalmente esa estructura económica y las relaciones sociales que sobre ella se asientan.

Los Madero resultan arquetípicos en cuanto a la regionalización
que se efectúa en derredor de Monterrey. Al observar las veinticuatro
compañías mineras en que actúan entre 1894 y 1907 observamos que
sus intereses, desde la capital de Nuevo León, se extienden hacia Coahuila (Monclova, Romero Rubio, Ramos Arizpe y Villa de Hid!11go);
el mismo estado de Nuevo León (Colombia, Lampazos, Cerralvo y Monterrey); San Luis Potosí (Guadalcazar); Zacatecas (Veta Grande); Chihuahua (Hidalgo, Parral, Camargo y Benito Juárez); y Durango (Santiago Papasquiaro).
También conformarán, con centro en Monterrey, grandes empresas cuyo objeto es el área rural. En 1904 se funda la Compañía de Tierras de Sonora S. A., de la que es presidente Ernesto Madero y en la
que su hermanastro Francisco y su padre Evaristo son vocales. Esta
compañía tiene bajo su control 646,274 hectáreas ubicadas en los distritos de Ures, Altar y Hermosillo, en el estado de Sonora (20). Las tierrar fueron aportadas por Balbina Tapia de Olivares, viuda del general
Francisco Olivares, que recibió estos predios -más otros centenares de
miles de hectáreas- como pago del gobierno federal por tareas de deslinde realizada con terrenos baldíos en Sonora.
Otras dos distinguidas firmas agropecuarias en que figuran como
predominantes, miembros de la familia Madero -según lo detectado en
los notarios revisados- son la Compañía de Terrenos y Ganados de Coahuils, S. A., con asiento en Parras, y que en 1904 cuenta con 430,852
hectáreas en el distrito de Río Grande (21), y la Negociación Agrícola
y Ganadera de San Enrique, de la que es presidente Francisco Madero
y que usufructúa tierra en Coahuila y Nuevo León con un área total de
31,706 hectáreas (22).

[ 16) CATIIEDRA

Las limitaciones que Francisco L Madero presentó en cuestiones
como la reforma agraria probablemente puedan vincularse a un condicionamiento ideológico cuyo transfondo material es su pertenencia
a una familia que -entre otras cosas- era dueña de grandes extensiones de tierras.
En definitiva, la utilización de fuentes no trabajadas aún bien pueden iluminar aspectos fundamentales de períodos tan ricos como el
que nos preocupa.
Para concluir

W QUE SE HA SINTETIZADO en este trabajo no es sino un esbozo de un proceso que aún demanda más investigaciones. Tanto desde el
punto de vista de la documentación a revisar como desde el que incluye
los temas o subtemas a abordar.

En lo que a esto último atañt, es obvio que deben resolverse varios
interrogantes. Entre otros pueden citarse: a) cuál es la efectiva relación
entre lo invertido en las áreas urbanas y mineras y la extracción de excedentes de las zonas rurales; b) cuáles son las formas de producción
que prevalecen en las propiedades que esta burguesía tiene en el ámbito
CATHEDRA [ 17)

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CUADRO NUMERO 1

1

Tierras, usufructo y comercio (décadas de los años 60, 70, 80 y 90)
a) D,\cada de loa años 60

b) D,\cada de loo añoo 70

Nov. 67: compra solar

May. 72: venta de rancho "San Francisco" a
Juan P. de Alcalá, que
haata ese momento Jo
arrendaba.

en Matamoros, Tampa.

Dic. 67: ea desde tiempo atrás propietario de la
mitad de la hacienda ''Mesa de Ot.rtujanos", en Villa
de Candela, limítrofe entre
Coahuila y Nuevo León.
Ea arrendatario de la otra
mitad que pertenece al gobiemo de Coahuila. Subarrienda esta mitad.

i...

-.e

~

Sep. 69: recibe traspaso de rancho "San Francisco". en el pueblo San
Esteban de Saltillo, Coah.
Lo cede la firma "Martfnez Cárdenas Hnos. .,, por
deuda.

Ene. 76: Es propietario de hacienda USaD
Juan", en Villa de Padilla,
Tamps.

Nov. 78: adquiere nueve siti04 con 7 /8 en agoatadero Alamo de los Borregos, Villa de Juárez.
Coah.
Ene. 79: otorga poderes a vecino de Laredo
para que proteja las propiedades que le pertenecen en la frontera, en
Nuevo León, Coahuila y
Tamaulipas.

c) D,\cada de loo añoo 80

d) D6cada de loo años 90

adquiere la

1891: en Ju Memorias
del gobierno del Eatado de
Nuevo León figura como
propietario de los ranchos
"El Pescado", "El Jabalí",
"Santa María" y "Los Marranos", en juri&amp;dicci6n de
Lampazos, N. L.

Nov.

83:

cuarta parte de tierras e

instalaciones de los ranchoa "Agua Verde" y
''San Francisco"', distrito
de Río Grande, Coah.
Compra a JesCla Gonzá.lez
Treviño, por 16,000 pesos, a quien urienda esos
bienes hasta 1885. Incluyen cuatro mil cabezas de
ganado menor de lana.
Abr.
84:
compra
28,902 hectáreaa sobre la
margen izquierda del río
Sabinas, jurisdicción de los
distritos de Monclova y
Río Grande:
Abr. 84: ea propietario
de la finca uLa Calabaza",
al oriente de las tierras adquiridas en Monclova y
Río Grande, Coah.

5

Mar. 92: forma compañfa de ganado menor en
tierras de Coahuila y Nuevo León, con asiento en
Villa de Progreso, Coah.
Comienza con veinte a
veinticinco mil cabezas.
Jun..Jul 92: Pudenciana
Vidaurri de Milmo formaliza su propiedad sobre
13.410 hectáreas de la antigua merced de sucesores
de Alejandro Borrego. Son
tierras limítrofes entre estadoa de Coahuila y Ta-

-e

~

�""o

Abr. 87: su cuñado
lndalecio Vidaurri le cede,
por deudas, lo siguiente:
nueve días de agua con
su tierra en la hacienda
Labores Nuevas, Monterrey; seis horas de agua
con su tierra de labor en
el predio Tijerinas, Monterrey ; cien manzanas en
Tijerinas; terreno de la·
bor en el bosque de hacienda Santo Domingo, en

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...;,::~
~

~

&lt;
~

•

1

'

rnaulipas. Estas hectáreas
son cedidas en pago por
gestiones realizadas por
Pudenciana ante el gobier-

no federal, por otros reclamantes.
Jun. 95: Pudenciana
Vidaurri, al fallecer, deja
ºEl Nogalar", finca de

San Nicolás de loa Garza,
N. L., y propiedades r(laticas en Tamaulipas.

san Nícolás de los Garza,
N. L.

May 87: figura ya como
propietario de hacienda
"Loa Alamoa", sobre la
margen izquierda del río
Sabinas, cércan(as de Rosales, Coab.
Jun. 88: ídem hacienda
"Encinas", Villa de Juárez,
Coab.
la

'

'

Jun. 88: convenio con
Compañía Minera de

Fierro Mexicana para ex-

'
1

tracción de carbón en '"El
Alama''.

Jul. 95: propietario o
copropietario de la hacienda ºSanta Mónica", Villa
de Guerrero, Coahuila.
1895: en las Memorias
del Gobierno del Estado
de Nuevo León aparece
como propietario de los
ranchos
''El Pescado'',
"San Patricio", "El Garceño", en Lampazos; y del
rancho ''Espaldillas'', Colombia.
Nov. 96: arrienda al
norteamericano Prisciliano
Floyd terrenos de la hacienda ''Encinas". Floyd

---

Jun. 88: donación, a la
citada compañía, de dos
mil acres. Para el establecimiento de fundiciones y
fábricas de hierro u otros
metales. Lo donado se encuentra en hacienda "El
Afamo".

-

1
""....

~

Jun. 88: arrienda a la
Compañía Minera de Fierro Mexicana depósitos de
carbón ubicados en las haciendas "El Alamo" y
"Encinas". Contrato por
treinta años, y la firma
minera pagará veintisiete
centavos en moneda de
oro por tonelada de dos
mil libras.

Jun. 88: reserva espacio en estas haciendas a la
Compañía del ferrocarril
Mexicano, para que extraiga carbón durante veinticinco años y hasta cincuenta mil toneladas anuales.
Oct. 88: cede gratuitamente derechos de servidumbre al Ferrocarril In-

explotará el maguey e instalará un establecimiento
productor de bebidas.
Jun. 97 ; contrato con
norteamericano Frank. James, por arrendamiento de
terrenOB de labor y corrales en hacienda "Encinas".
Ene. 98: es propietario
hacienda "El Chamal ",
Tamps.
Feb. 98: asociación con
Luis Vázquez, de Lampazos. para formar la "Compañía de Ganados de Sabinas". Facilita terrenos de
haciendas "El Alama" · y
"Encinas". Capital de la
compañía: veinte mil pe·
sos.
Jul. 98: asociación con
Francisco Garza Rivas, de
Chralloa, Coah. Compañ fa
dedicada a aparcería de ganado vacuno. En predios
de la hacienda "Encinas".
Capital de la compañía:
veinte mil pesos.
Jul. 98: a10ciaci6n simi·

�CUADRO NUMERO 2

Nómina de empresas mineras en las que tiene participación
Francisco Madero, entre 1894 y 1907:

•

"Minera San Pablo, S. A.", 1894.

•

"Las Higueras, S. A.", 1896 .

•
•
•
•

"Anillo de Hierro, S. A." (presidente), 1900 .

•

"Restauradora de Guadal.cazar, S. A.", 1901.

•

"Compañía Carbonífera Nuevo León y Coabuila, S. A." (presidente), 1905 .

•

"Compañía Carbonífera de La Merced, S. A.", (presidente), 1906 .

•

"El Roble y Aneus, S. A." (vicepresidente), 1905.

•

"Ram6n Corona de Naica, S. A." (presidente y tesorero), 1906 .

"Montaña de Hierro, S. A." (presidente), 1900 .
"Dolores de Guadalcazar, S. A." (presidente), 1900.
"Compañía Minera del Norte, S. A.", 1900 .

'

1

1

NOTA:

[ 22) CATIIIDRA

Datos extraídos de un 9610 notarlo. Francbco P6nz, entre 101 aA01 1894 y 1910
(Archivo Genenl del Estado de N'.tevo León).

CATHEDRA [ 23]

�CUADRO NUMERO 4

CUADRO NUMERO 3

Lista de los principales accionistas que constituyeron la
Compañía Carbonífera de Monterrey, S. A. , 1902.

Nómina de los principales accionistas de la "Fábrica de Vidrios y Cristales
de Monterrey, S. A.", en 1904.
ERNESTO MADERO Y HNOS.

Francisco G. Sada

Francisco Belden

José Calderón

Francisco Armendaiz y Sucesores

Francisca M. de Calderón

Valentín Rivero y Sucesores

.

•

•
•
•

Adolfo Zambrano

Miguel Ferrara

Juan W. Weber

Sucesores de Herniindez Hermanos

Patricio V. Milmo

Vicente Ferrara

Onofre Zambrano

Isaac Garza

Ildefonso Zarnbrano

José A. Muguerza

Guido Moebiua

José A. González Treviño

Sigue la lista ...

Alberto Sacia

•

•
•

•

¡

Los nombre. mbrayado1 couesponden a los ¡rupoa familiares indicados en el trabajo como los
tú.a importantes de Monteaey.
FUENTE:

Protocolo de Fnncileo Púez, aepüembre de 1904, fs. 296-297v (Al:cbtvo del
Estado de Nuevo León).

[24] CATHEDRA

•
•
•
•
•
•
•
•
•
•

•

Compañía Mexicana de Carbón de Piedra, S. A., 2500 acciones.

Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S. A., 1890 (represen·
tada por Vicente Ferrara y Adolfo Zambrano ).
Compañía Minera, Fundidora y Afinadora de Monterrey, S. A., 890 (rep. por
V. Ferrara y A Zambrano).
Cervecería Cuauhtémoc, S. A., 1000 (rep. por Francisco G. Sada).
Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey, S. A., 230 (rep. Isaac Garza y
Guido Moebius).
Ladrillera Unión, S. A., 100 (rep. José A. Muguerza y José Calderón) .
Fábrica de Hilados "La Fama", 100 (rep. Pedro Seguí).
Molinos de Cilindro de Monterrey, S. A., 600 (rep. por ERNESTO MADERO) .
Fábrica de Mantas "La lndustrial", 230 (rep. Constantino de Tárnava) .
Vicente Ferrara, 650.
Valentfn Rivero y Gajá, 300 .
1

Adolfo Zambrano, 20.

Constantino de Tárnava, 20 .
Isaac Garza, 20 .
José Armendlliz, 200 .
Tomás Mendirichaga, 500 .
Manuel Cantú Treviño, 300 .
Francisco G. Sada, 100 .
Hay otros.

FUENTE,

Protocolo de Francitco Pérez, diciembre de 1902, fa. 191-213 (Archivo Gene•
ral del Esta.do de Nuevo León),

CATIIEDRA [25]

�CUADRO NUMERO 5

CUADRO NUMERO 6

Nómina de los principales accionistas que conformaron el
Banco Mercantil de Monterrey, en noviembre de 1899

Accionistas que pusieron en marcha la Compañía Ladrillera Uníón, S.A.,
con asiento en Monterrey, en junio de 1900

Sucesores de Hemández, Hnos., 6520 acciones

Eduardo Zambrano, 100 acciones

Evaristo Madero, 100 acciones

Vicente Fenara, 30 acciones

Enrique C. Creel, 2850

laaac Garza, 200

Francisco Madero, 50

Jo• Calderón, 100

Vicente Ferrara, 1000

Jooé A. Muguerza, 100

General Ger6nimo Treviño, 50

Vicente Garza y Hnoa, 20

Valentfn Rivero y Gajá, 1050

Manuel Cantú Treviño Hnoa, 600

Sucesores de Hemández Hnos. 60

Alberto Sada, 100

Antonio V. Hernández, 2160

Banco Central Mexicano, 250

Jo• González Treviño, 20

Guadalupe Z. de Treviño, 10

Tomás Mendirichaga, 600

Lorenzo González Treviño, 360

Valent!n Rivero Sucesores, 30

E. Sada Muguerza, 25

Carlos Brocho, 600

Jesús González Treviño, 300

MiaueJ Ferrara, 40

Mariano González Treviño, 15

General Jerónimo Treviño, 400

Roberto Law, 850

Jooé A. Muguerza, 100

Eduardo A. Zambrano, 140

Marcelino Garza, 840

Sigue la lista ...

Otto Degetan, 25

Patricio V. Milmo, 250

Francisco Belden, 1 O

Francisco G. Sada, 120

Luis Manero, 20

Francisco Madero 1 100

Andrés Martínez Cárdenas, 30

Los nombres aabrayados co:aespooden a 101 pupo, familiares indicados como 101 mú importante, de Monterrey.

FUENTE:

[ 26]

Protocolo de Franci1cO P,re&amp;, noviembre de 1899, fl. 206/214 (Archivo Geneal
del Estado de Nuevo León).

CA1llEDRA

Lo1 nombres a.ibnyadoa conespooden a 101 pupo, famWaru N6alado1 como 101 mú importantes de Monterrey.
FUENTE:

Protocolo de Fnndlco P6rez, junio de 1900, fL 2321242 (ArchiYo Genen.l
del Enado de Nuno León).

CA1llEDRA [ 27]

�NOTAS
CUADRO NUMERO 7
1) Entre otros, los siguientes: Mauro, Frederic, "El desarrollo industrial de Monterrey (1890-1960)", en Los beneficiarios del desarrollo regional, compilado

Parte de los accionistas que integraron la Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de Monterrey, S. A., en mayo de 1900

Vicente Ferrara, 2,148 acciones

Antonio Ferrara, 1000 acciones

Antonio Basagoiti, 21,500

Miguel Ferrara, 1,500

por David Barkin, Sep Setentas, México 1972; Fuentes Marea, Jooé, Monterrey,
una ciudad creadora y sua capitanea, Edit. Jua, Mt!xico,1976; y sobre todo Vizcaya Canales, Isidro, Los orígenes de la industrialización de Monterrey (1867·
1920), Librería Tecnológico, S. A., Monterrey, 1971, autor en el que, en gran
medida, se basan los anteriores.
1

Francisco Armendáiz, 1000

Isaac Gana, 1200

León Signoret, 19,000

José Calderón, 400

Patricio Milmo e Hijos Suc., 10,0~0

Onofre Zambrano, 500

Eugenio Kelly, 13,344

Francisco G. Sada, 500

Tomás H. Kelly, 4,173

Alberto Sada, 100

Daniel Milmo, 1,000

Valentín Rivero, 1900

2) Sobre Rivero puede verae Hernández Elizondo, Roberto, "Comercio e industria textil en Nuevo León (1852-1890). Un empresario: Va!entín Rivero", po·
nencia presentada en el simposio sobre "Formación y desarrollo de la hurgue·
sía en Máxico en el siglo xix", organizado por el Instituto Nacional de Antro-

pología e Historia (INAH). Este trabajo ha sido publicado en la revista "Ca·
thedra", número 6, octubre de 1976, Facultad de Filosofía y Letras de la Uni·
versidad Autónoma de Nuevo León.
3) En lo que atañe a Milmo el autor elaboró el trabajo "Patricio Milmo, empresa·
rio regiomontano del siglo x.ix. En torno a la acumulación de capitales en Monterrey", ponencia presentada en el citado simposio del Instituto Nacional de
Antropología e Historia, realizado en noviembre de 1976.
4) Cerutti, Mario, trabajo citado.
5) Tyler, Ronnie C., "Las reclamaciones de Patricio Milmo", en Humanitu, n!l-

Patricio V. Milmo, 200

Francisco Belden, 1000

Eduardo Kelly, 673

Tomás Mendirichaga, 3,000

Ddefonso Zambrano, 500

Eduardo Zarnbrano e Hijo, 100

Eugenio Zambrano, 100

Enrique Sada Muguerza, 100

Enrique D. Sada, 100

Ernesto Madero y Hnos.,_7 00

Francisco Madero, 500

Adolfo Zambrano, 550

mero 10, Universidad de Nuevo León, Monterrey, 1969, pg. 561.
6) Hay un caso muy evidente con un productor de Durango llamado Eduardo
Avila, que debe a Milmo, en agosto de 1875, 35.968 pesos, de préstamos y
mercancías aportadas por el irlandés para el mejoramiento de la hacienda "El
Sacramento". Las sumas que adeuda Avila -que se acrecientan- deben ser
pagadas con algodón, el que no podrá ser vendido-'á. otros comerciantes, y mien·
tras tanto el agricultor deberá comprar mercancías únicamente a Milmo. Los

datos se localizan en protocolos de Pablo Borrego. de agosto de 1875 (fs. 183184), marzo de 1876 (fs. 132-133v) y julio de 1877 (fs. 95v·96v), del Archivo
General del Estado de Nuevo León (AGENL).
7) Protocolo de Anastasio Treviño, febrero de 1892, fs. 44-45 (AGENL).
8) Protocolo de Anastasio Treviño, mayo de 1900, fs. 484-611 (AGENL).

Los nombres tubnyados corresponden a ¡rupos familiares 1eialado1 como lofi mú importantes
de Monieney.

FUENTE:

Protocolo de Toná1 Crescencio Pacbeco. mayo de 1900, fL 392/414 (Archivo
Genen.l del Estado de Nuevo León).

(28) CAnlEDRA

9) Protocolo de Tomás C. Pacheco, junio de 1887, fs. 84v-86v (AGENL).
10) Protocolos de Tomás C. Pacheco, de julio de 1887 /fs. 92-94) y julio de 1888
(fs. 102-104v) (AGENL).

CAnlEDRA [

29]

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11) Protocolo de Tomás C. Pacbeco, junio de 1890, fa. 165v-168v (AGENL).

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13) Vuconceloa, José, Don Evaristo Madero. Biogzaf!a de un patricio, Impreaiones
Modemaa, S. A., México, 1958, pg. 211.

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15) Protocolos de Franciaco Pérez, años 1894-1910 (AGENL).
16) Protocolo de Francisco Pérez, noviembre de 1899, fa. 205-214 (AGENL).

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18) Protocolo de Francisco Pérez, septiembre de• 1904, fa. 296·297v (AGENL).

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17) Protocolo de Tomás C. Pacbeco, mayo de 1900, fa. 392-414 (AGENL).

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14) Ibídem. pg. 212.

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12) Anexo número 18, en Memoria del Gobierno de Nuevo León año 1895, pga.
1077-79 (AGENL).

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19) Protocolo de Franciaco Pérez, diciembre de 1902, fa. 191·213 (AGENL).

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20) Protocolo de Franciaco Pérez, septiembre de 1904, fa. 289-291 (AGENL).
21) Protocolo de Franciaco Pérez, diciembre de 1904, fa. 281·286 (AGENL).

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22) Protocolo de Franciaco Pérez, febrero de 1905, fs. 216-224 (AGENL).

'

[ 30] CA111EDRA

\

�Gerardo Otero

Economía
campesina y articulación-destrucción de
modos de producción1'
MIENTRAS QUE LA TEORIA de la dependencia puede sortear
muchos de los problemas involucrados en la comprensión de los países
dependientes dentro del sistema capitalista mundial, esta perspectiva no
tan útil al 'intentar una explicación de situaciones más concretas, al
nivel de formación social. Uno de los méritos que se debe reconocer al
enfoque dependentista, es el haber dejado claro que el fenómeno del
subdesarrollo no se puede comprender aisladamente, sino sólo como
parte del sistema capitalista mundial, cuyo desarrollo es la otra cara
de la moneda.

es

Autores marxistas han escrito sobre el imperialismo y han señalado
la unidad del capitalismo mundial. Sin embargo, ellos tienden a ser
eurocentristas, en el sentido de que se enfocan sobre los efectos del
desarrollo capitalista dentro del contexto europeo. Lo nuevo que
aporta la teoría de la dependencia es, como señala Philip O'brien, el
intento de partir de la estructura económica mundial para luego desarrollar las leyes del movimiento que afectan las econol)lÍas dependientes (1975:13).
CA'l11EDRA [31)

1

�Pero este punto de partida, que provee la teoría de la dependencia,
no es suficiente para analizar las especificidades de los países latinoamericanos. Las relaciones de dependencia respecto del imperialismo no
se materializan mecánicamente dentro de las relaciones de producción
de una formación social históricamente determinada. Al creer esto,
equivocadamente, se ha llegado a interpretaciones simplistas de las
clases sociales y del cambio social en América Latina. Esas tienden a
acentuar los factores externos como determinantes principales. Subestimar el papel que desempeñan los factores internos en la promoción
de cambios estructurales o en la contribución al mantenimiento de
las desigualdades y contradicciones entre las clases y se'ctores de la
economía o la sociedad 1'.
Se puede argumentar que los "dependentistas" no intentaron construir una teoría para analizar las estructuras internas de los países dependientes. Sólo trataron de proporcionar un marco general de análisis para poder ubicarlos dentro de la escena internacional. Pero al
llevar a cabo el estudio de formaciones sociales concretas con la teoría de la dependencia sola, llegaron inevitablemente a análisis inadecuados, puesto que no se puede pedir que una teoría resuelva problemas enmarcados en un nivel de abstracción distinto del que ésta pueda
manejar.
En este trabajo me propongo discutir el concepto de "modo de producción" y sus construcciones asociadas. Este tipo de análisis nos permite tratar las particularidades de una formación social, llenando el
vacío que deja la teoría de la dependencia ~'- Aquí se toma la perspectiva de analizar la estructura agraria mexicana como la articulación de
dos modos de producción, a saber: ·el modo de producción mercantil
simple y el modo de producción capitalista (en lo sucesivo MPMS Y
MPC, respectivamente). Así, el desarrollo capitalista se ve, entre otras
cosas, como un prc~eso de articulación-destrucción del MPMS. Es decir, que el mismo desarrollo capitalista global provoca la destrucción
del MPMS en unos lugares, mientras que en otros éste queda articulado
y subordinado al MPC ~'.

este concepto fue muy importante para Marx, él nunca lo definió explícitamente. Roger Bartra define el modo de producción como
la _unidad de lu f~erzas productivas y las relaciones de producción,
unidad que determina las características y la dinámica de la sociedad.
Un modo de producción no es simplemente un conjunto de fuerzas
produc!ivas y de r:Iaciones de producción concentradas; es un tipo

específico de relaciones de producci6n unidas y perfectamente con·
gruentes a ciertos niveles y peculiaridades de las fuerzas productivas
(1974:93).

D?s aspectos constituyen la unidad dialéctica de un modo de producc1on: 1) las fuerzas productivas, que incluyen la fuerza humana de
trabajo Y los ~edios de producción -objeto e instrumento de trabajo-,
Y 2) las relaciones de producción, él conjunto de relaciones que los
hombres contraen en el proceso de la producción social de su vida
que expresan la forma económica y social de las fuerzas productivas'.
Bartra continúa:
Estas relaciones ~. ~efieren_ fundamentalmente al conjunto complejo
de formas de la diV1s16n social del trabajo y a las condiciones y formas
de control Y apropiación de las nuevas fuerzas productivas y del pro-

ducto social (1973:123).

Bridget O'laughlin tiene una conceptualización similar a la de Bartra, en cuanto que no se basa sólo en la apropiación de los medios de
pro~u~?!ón p~a caracterizar las relaciones de producción; para ambos
la diV1s10n so~1al del trabajo y las formas de distribución de la riqueza
social producida son elementos igualmente importantes. O'laughlin
cita a Marx para apoyar su argumento:
La diferencia esencial entre las variadas formas económicas de la sociedad, entre, por ejemplo, una sociedad bassda en el trabajo esclavo, y
u~a _basada ~n el trabaJo asalariado, descansa sólo en el modo de aproPl8c1ón mecbante el cual se extrae el plustrabajo en cada caso del pro-

ductor real, del trabajador (1975:362).

MODO DE PRODUCCION Y FORMACION SOCIAL

. , Enton,ces, las contradicciones de clase están enraizadas en la producc1on y es este el contexto en que deben ser analizadas.

UN NUMERO CONSIDERABLE DE MARXISTAS ha tratado de
desarrollar el concepto de modo de producción, ya que a pesar de que

Louis Althusser enfatiza este punto cuando argumenta, parafraseando a Marx, qu~ no hay producción económica "pura", ni circulación

[ 32] CA111EDRA

CA111EDRA [ 33]

�"pura", ni distribución "pura". Todos estos fenómenos económicos se
dan dentro de relaciones sociales de producción, las cuales son en última instancia, es decir, bajo sus apariencias, relaciones de clase, relaciones antagónicas de clase, es decir, relaciones de lucha de clase (1974:
xüi).
El problema ahora es relacionar el concepto de modo de producción a la totalidad concreta de la formación social, concepto que generalmente se usa como sinónimo de sociedad concreta. La formación
social está constituída en parte por la estructura económica de la sociedad, "la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica
y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia
social" (Marx, 1971: 343). La base o estructura económica de la sociedad posee no sólo uno sino varios modos de producción: remanentes de
modos pasados, un modo fundamental y dominante y, tal vez, elementos del modo de producción futuro. Casi nunca se encuentra un modo
de producción puro en una sociedad concreta, con la posible excepción
de la comunidad primitiva. El modo de producción es una abstracción
necesaria para entender el desarrollo social (Bartra, 1973:106). Entonces, el "modo de producción" es tanto una abstracción como la síntesis concreta de determinaciones múltiples, la cual nos permite explicar a su vez las particularidades tanto como las generalidades de una
formación económica o estructura económica (Bartra, 197 5a: 7).

Virtualmente, éste no es el caso en el contexto latinoamericano actual. De ahí que la formulación de Bartra presente una conceptualización más adecuada del modo de producción, al concebir la estructura
económica de la formación social en México como la articulación de
un modo de producción dominante que impone también su propia superestructura, y un modo de producción subordinado ~1•
ARTICULACION-DESTRUCCION DE MODOS DE PRODUCCION

EN MEXICO, LA PRINCIPAL ARTICULACION existe entre el
MPC y el MPMS. Este último, un modo de producción no capitalista,
está representado por la economía campesina y por la producción artesanal; sus principales características son que el productor directo es
dueño de sus medios de producción, tiene control directo sobre su proceso de producción y vende una parte más o menos importante de su
producto.
Hay un doble carácter dentro de las economías campesina y artesanal que constituye su especificidad como modo de producción subordinando al capital;
este doble carácter se expresa en que el capitalista y el trabajador están fundidos en una persona: el productor directo. La dualidad viene
del hecho de que el campesino y el artesano son explotados por el capital ( a través del mercado), pero ellos mismos son loaagentea directos
de tal explotación en tanto que trabajan bajo condiciones no capita-

No existe un consenso general en la ,interpretación del modo de
producción. Seguidores de Althusser y Etienne Balibar, tales como
Marta Hamecker (1974) y Emmanuel Terrey (1971), ven tres instancias en el modo de producción: la estructura económica, la jurídicopolítica y la ideológica. Aunque la formación social también tiene estas
tres instancias, la diferencia para ellos está en el nivel de abstracción
de cada concepto. La formación se refiere a una totalidad social concreta históricamente determinada, compuesta de una combinación de fuerzas y relaciones de producción, mientras que el concepto_ de mo~o
de producción se refiere a un objeto abstracto, a una totalidad social
"ideal" o pura en la cual la instancia económica es determinante en
última instancia. Esta interpretación parece implicar que aún los modos
de producción subordinados, dentro de una formación social concreta,
tendrían sus propias instancias jurídico-políticas e ideológicas, diferentes a las del modo de producción dominante.
[ 34] CATIIEDRA

listas de producción (Bartra, 1975a: 15).

Bartra afirma que las relaciones de mercado articulan el MPMS al
MPC; este proceso se caracteriza por una relación de intercambio de no
equivalentes que transfiere al sector capitalista un plustrabajo generado
por el trabajo del campesino y del artesano. Al tratar de explicar la explotación del campesino, Bartra describe el doble carácter de su ingreso,
es aJ mismo tiempo "beneficio" y "salario autoatribuído". En la economía campesina no existe la separación entre capital variable y plusvalía; ambos toman la forma de ganancia o salario, sin que sea posible

separarlos como en el caso de una empresa capitalista (1975b:15).

Marx había mencionado las consecuencias para las economías campesinas de estar dominadas por el sistema capitalista; él decía que el
plusproducto de los campesinos vendido en un mercado dominado por

CA1llEDRA

(35]

�el capitalismo difícilmente ae podría realizar su valor, puesto que los
precios 10n fijados por los precios de costo y la cuota g~neral d~ g~cia que 10n determinados por las unidades de producción capitalistas.
Ea 'por este mecanismo de la formación de p~ios que "~- parte d~l
trabajo 10brante de los campesinos que traba,ian en condiciones m~
desfavorables ea regalado a la sociedad ... " (Marx, 1969, 1:746). Sm
embargo, lo que hay que hacer resaltar aquí ea ?~e la ~e~nc~ de
valor no va a parar a la sociedad como tal, o al sector ca1:'1taliata en
abstracto· esta transferencia ciertamente no va al proletariado rural o
al industrial. Bartra clarifica este punto dici~ndo que "es_ la ,?urgueaí~
rural y urbana la que ae apropia del pll18trab&amp;Jo d~ _cam~o (l 976~.
21 ). Esto puede suceder en tanto que la produccion de bienes salariales" de la economía campesina (v.g. aiµnentos) aea barata, de tal ~anera
que reduzca el tiempo de trabaj"o ?eceaario para _la re~robajd~cc1on del
proletariado, permitiendo al capitalista _pagar aalari~ mas
os Y, por
ende, extraer mayor cantidad de plusvaha de su trab&amp;Jador.

1

1

El capital comercial también ae 1&gt;1:neficia de la _existencia: de f~nnas
de producción no capit.aliataa; en real1d9:d, la contmu_ada existe?c~ Independiente del capital comercial perpetúa la prod~~•ón p~cap1talista.
"Loa comerciantes", como observa Geoffrey Kay, no obtienen sus ganancias revolucionando la producción sino controlando los mercados, Y
mientras mayor sea el control que puedan ejercer, mayor se~ su cuo~
de ganancia" (1976:96). Además, Kay afirma que la_diferencl8 específica del subdesarrollo está constituida por una paradoJa aparente que surge cuando el capital industrial ya es dominante en los países desarroll_ados: El capital comercial, en el mundo subdesarrollado, retu~o Y ~erdió
su independencia en el siglo xi.x. Es decir, mientras que continuó siendo
la única forma de capital presente en los países subdesarrollados, también se convirtió en un aspecto del capital industrial dentro de la economía mundial como un todo (Kay, 1976: 100).
Así la persistencia del capital comercial como forma independiente
evita el' desquebrajamiento de los modos de producción no capitalistas,
lo contrario de lo que parecería ser el resultado lógico de la penetración
de las relaciones capit.aliataa a través de la estructura económica. Precisamente por la presencia vigorosa del capital comercial, com? fo?113 in~ependiente en una formación social subdesarrollada, el capital mdustrial
ea incapaz de desarrollarse plenamente.
La paradoja aparent.e del desarrollo capitalista en México es que el

[ 36)

CA111EDILA

proceBO de articulación ,del MPMS al MPC sucede junto con la destrucción de remanentes precapitaliataa, cuando el capital trata de imponer
IU8 propias formas de explotación en toda la estructura económica. La
penetración de relaciones capitaliataa en la estructura agraria crea una
diferenciación interna profunda en la economía CBD1peaina. Los estratos
más bajos del campesinado tienden a la proletarización completa y a la
pauperización, mientras que los estratos altos toman tendencias burgue188 (Bartra, 1976b; Gutehnan, 1974).
Charles Bettelheim concibe esta tendencia a la disolución (o destrucción) de otros modos de producción y a la subsunción de sus agentes a la producción capitalista como la tendencia predominante; sin
embargo, dice,
... tendencia predominante oe combina con otra tendencia IOCWI•
daria, la de "co.......,lón-di.soluci6n". Eato 1ierufica que dentro de una
formación 10ciaJ capilalilta lu formu de producción DO capilaliltu,
utee de d-parecer, 10n "r..tructuradu" (parcialmente dioueliu) y
uí 111bordinadu a Ju relacionu capitaliatu predominantee (y de manera coDMrVadu) (citado por Woipe, 1976:248).

Esta declaración claramente se asemeja a la noción de articulacióndestrucción de modos no capitalistas con la penetración de relaciones
capitalistas de producción. Sin embargo, la "tendencia predominante"
de Bettelheim no puede generalizarse mecánicamente a todas las formaciones sociales en que predomina el MPC y donde persisten formas no
capitalistas. En Sudáfrica lo contrario está sucediendo.
Ea decir, la tendencia de la acumulación de capital a diaolver Ju relacionea milmu (con lu economíu DO capitallliu) Ju cualea hacen po·
aible - acumulación ... ·ea14 bloqueada por la tendencia contradictoria del capital a coDIOrVar la relación y con 6ota Ju econom!u no capi·
taliataa, aunque en forma reatringida ... (Wolpe, 1976:249).

Una de las tareas de la investigación sobre el México rural es analizar
cómo se dan estas diferentes tendencias en las distintas regiones del
país.
Hay un aspecto importante que Bartra no analiza suficientemente
en sus trabajos. Aunque él ofrece una discusión completa del intercambio desigual de mercancías (en sentido estricto) producidas en la economía campesina, él descuida el análisis más profundo de la produc-

•

CADIEDILA [ 37)

�ción campesina de fuerza humana de trabajo. El _MP~~ produce Y reproduce una fuerza de trabajo que cada vez es mas utilizada por el capital productivo ~'. una vez que aquella hace su aparición en el ?1ercado
capitalista de trabajo 21• Al tratar del ciclo del cap1tal:mercanc1as M~
considera que tanto la fuerza de trabajo como los medios de producción
constituyen el capital-mercancías:
En el acto de circulación

o-t.1(:i,,

li el aialema capilali,ta no proporciona adecuadamente pensiones por
ffjez, incapacidad por enfermedad y compenaacionea por d-mpléo,
Nle tiene que depender de otra organización IOcio-económica compren·
liva para llenar eataa necesidades vitales.

Esta organización socioeconómica está constituida en México por el
MPMS.

T y MP ae comportan id6ntica-

mente mientras son mercancfu en manos de 1ua vendedore1, en ma~
del obrero que ffnde 111 fuerza de trabajo y del poNedor de loa medioa
de producción, que vende HIOI medioa (Man, 1969, II:79),

Este acto inicial del ciclo del capital industrial involucra la co~pra
de fuerza de trabajo (T) y de medios de producción (W,.P) por el ca~1~.
Ambos elementos pueden ser producidos bajo co~dic~ones n~ cap1:311Stas sin cambiar en nada la cuestión, ya que el capital mdustríal esta ~ISpuesto a usarlos en su circulación en tanto que ellos sean mercanc1as:
No importa que la mercancía sea producto de un tipo de producción
baaado en la esclavitud o del trabajo de campesinos ... de un ~gun~n
comunal ..• o de la producción del Estado ... de pu~bloa aemiulv-ies
dedicados a la casa, elc6tera; cualquiera que sea 111 origen,• enfrentan
como mercancíu y dinero al dinero y a laa mercancíu que repreanlan
el capital indumial y entran ... en el ciclo ~e ~e . • , El caricler ~
roceao de producción de que procedan es indiferente ... Queda
sin embargo, la necesidad de la reproducción (d~ laa mercancfu
que entran al ciclo def capital induatrial como lt ~nciona arriba) para
poder reponerlaa, y, en este eentido, podemos decir ~ue el modo ca·
pitalilla de producción ee baila condicionado por loa tipos de producción que quedan al margen de 111 fue de 111 desarrollo (Man, 1969,
II:98·99;cilado por Wolpe, 1976:246).

:ie,

A pesar del hecho de que Marx sólo se refiere aquí a mercancías en
sentido estricto, sus observaciones se aplican, indu_~ablemen~, ~ ~ fuerza de trabajo producida en los modos de producc1on no c~p1talis.as. La
existencia de esta situación puede beneficiar al capital de d1v~~ maneras. En ese proceso de articulación-destrucción, la con~rvac1on
sector no capitalista permite a los capitalistas "~elegar" c1e~ funciones
que de otra manera ellos tendrían que cumplir, v.g. funciones en ~ reproducción de la fuerza de trabajo de asalaria~os, como las de segundad
social. Así, Claude Meillassoux (1972: 103) afirma que

de!

Por otro lado, cuando la economía campesina entra al proceso de
destrucción, varias cosas suceden. Se crea un ejército de reserva de fuerza de trabajo que reduce el salario social y, así, incrementa la tasa general de ganancia. Pero más importante aún, desde el punto de vista del
campesinado, el MPMS, al ser articulado al MPC, contribuye a la reproducción de los asalariados más directamente -además de asumir las
funciones de "seguridad social".
Cuando comienza la destrucción de la economía campesina en el
México rural los campesinos deben complementar su ingreso con trabajos temporales percibiendo un salario. Cuando el proceso se profundiza, el efecto que surge es que ahora el trabajador asalariado debe complementar su subsistencia mediante el cultivo de algunos alimentos en
su pequeña parcela. En el caso de trabajadores migratorios que toman
trabajos temporales, el MPMS también es muy "funcional" al capitalismo en cuanto que mantiene viva a la familia del trabajador, y, de esta
manera, el salario sólo tiene que reproducir al trabajador mismo y no a
toda au familia.

METODOLOGIA •

SIGUIENDO A BARTRA, hay tres pasos metodológicos que se deben tomar en un análisis de las clases y la lucha de clases en una formación social !' . En un primer nivel de análisis aparecen las características
de la dependencia, entre otras, en las condiciones típicas de la estructura económica de un país como un todo (concentración monopólica, capital extranjero, etcétera); sin embargo, este primer paso analítico, al nivel de la formación económica, aún no nos da las bases para
entender la estructura de clases, ya que el fenómeno de la dependencia
explica esencialmente las características de la acumulación de capital,
de crecimiento imbalanceado de las fuerzas productivas, los términos
de intercambio entre las naciones, etcétera. Pero la peculiar subordinación de una nación periférica al sistema capitalista mundial no se internaliza mecánicamente en las relaciones de producción.

13.8] CA111IDRA
CA111IDRA

139]

�Se necesita un aegundo paso metodológico: el estudio de las contradicciones que resultan de las relaciones entre modos de producción
distintos dentro de la estructura económica. En este nivel de análisis,
las dife~ncias cualitativas de las relaciones de producción tienen un
papel muy importante, y su estudio permite entender el carácter de las
diferentes formas de explotación, las trabas al desarrollo, etcétera. Aquí
se deben analizar las distintas tendencias que· se dan en la formación social en cuanto a la articulación del MPMS en unos lugares y a la destrucción en otros, ambas como parte del mismo proceso global de desarrollo
capitalista.

de una empresa capitalista o del Estado, tienen una posición objetiva
de trabajadores asalariados y, sin embargo, siguen haciendo demandas
propiamente campesinas. Este es el caso de muchos ejidos que producen cultivos comerciales y cuyas organizaciones son simples apéndices
de una empresa capitalista que industrializa sus productos; o el caso
de ejidos colectivos en que sus miembros son asalariados del Estado
con la mediación del banco oficial !'. Sería interesante comparar la
conciencia de clase que surge de este tipo de situaciones y la que está
surgiendo en el noroeste de México, donde prevalecen relaciones de
producción abiertamente capitalistas en la agricultura.

El tercer paso metodológico es necesario para descubrir las contradicciones dentro de cada modo de producción, para ubicar las contradicciones de clase en su receptáculo esencial. A este nivel se deben usar
los conceptos de la teoría del valor, la unidad de fuer..as y relaciones de
producción, etcétera. El estudio de las contradicciones dentro de un
modo de producción debe reffejar su articulación con otros modos de
producción y las características de la estructura económica como un
todo; pero, al mismo tiempo, este enfoque permite ubicar concretamente la lucha de clases en el contexto concreto de la producción.
Otros aspectos que habría que analizar de la estructura agraria me:ricana son, por ejemplo: a) las formas específicas en que el MPMS asume funciones de "seguridad social" para trabajadores asalariados
mantienen vínculos con este modo de producción, y b) los mecanismos de reproducción social tales como el parentesco, el compadrazgo,
el patronazgo, etcétera. Estos mecanillnos no pueden collliderarBI; si.n,plemente como factores superestructuraJes, sino que deben anal1Z8?8e
en términos de sus funciones en la reproducción de la estructura económica. Un aspecto también importante es el proceso de "movilidad"
ascendente dentro del campesinado. ¿En qué medida pueden algunos
estratos campeainos tomar tendencias burguesas, es decir, acumular capital? Lo que implica investigar cómo se da este proceso y si éste es P':
sible con base en la economía campesina misma, o a través de otras actividades económicas tales como el comercio o el transporte.

que

Otra dimensión de gran importancia es hasta qué punto el diafraz
(legal) de campesino impide que ºmuchos ejidatarios, obreros asalariados en realidad, tomen una conciencia de clase proletaria. Me refiero
a esos ejidatarios (campesinos por ley) que, al depender or¡¡ánicamente
[ 40) CA111EDIA

CA111IDRA [ 41)

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CATHEDRA

1441

CATHIDRA

1451

�1976, '"lbe Tbeory of Intemal Colonlaliml: The South Afrlean .,_.., en lvu
Onal, Tony Bamett y David Boot (eda), op. cit. pp. 229-262.
NOTA: Todu Ju - u - 1 de oltu - d u d e en IDll'8 10D mlu, G,0, La 6nlca
a:cepe:16n II la cita lup de Maa en la p6pDa 10, pan la eaa1 me bll6 a la ecUd6a del J'oado
deCodálnli-micL

(46] CAnlIDRA

�Ricardo Villarreal

Libre cambio
y proteccionismo en México y
Argentina durante el siglo x1x
l. LIBRE CAMBIO Y PROTECCIONISMO:

EL LIBERALISMO ECONOMICO, como ideología del naciente orden capitalista, surgió antes de la revolución industrial configurado en
un ataque a las restricciones que conformaban el sistema mercantilista
comercial y colonial. Como tal, contribuyó a la destrucción de los obstáculos que se oponían a la libertad económica que la ascendente burguesía europea cada vez con más insistencia demandaba.
Los iniciadores del liberalismo económico fueron un grupo de
escritores franceses de mediados del siglo xviii: los fisiócratas: sin
embargo, no fue sino un economista escocés, Adam Smith, quien en
su libro An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, publicado en 1776, incorporó y desarrolló en forma sistemática
esta doctrina, que se convirtió en una apología del capitalismo a través
de los conceptos del laissez-faire, y de una firme defensa del librecambio fundada en la división internacional del trabajo, basada a su vez en
la ley de los costos comparativos.
CATHEDRA

(47]

�La tesis del Jaissez-faire supone que los fenómenos sociales, políticos y económicos están regulados por las mismas leyes que n_gen el umverso material; por lo tanto, las instituciones humanas debenan funcionar mejor si se las deja adaptar libreme~te al orden natural. Cualquier
ingerencia O intervención sólo acarreara consecuencias funestas en la
vida de los hombres y las naciones (1).
Los defensores del Jaissez.faire abogaban por la minim~_ación de la
ingerencia estatal en los asuntos económicos y por la abohc10n absoluta
de todas las medidas restrictivas ,que, según ellos, eran causantes de la
miseria humana.
'"

En cuanto al librecambio, David Ricardo señala que "en sus observaciones sobre el comercio colonial, Adam Smith había demostrado a
satisfacción las ventajas del libre comercio, y la injusticia que sufren las
colonias al impedirles los países metropolitanos que vendan s~ _producción en el mejor mercado, y compren sus manuf~cturas Y ~rov1S1ones en
el más barato. Que permitiéndose a todos los pa1ses cambiar hbreme?te
la producción de sus industrias cuando y donde les plazca, s~ lograra la
mejor distribución del trabajo en el mund? y se asegurara la mayor
abundancia de los artículos de primera necesidad y de los disfrutes de la
vida humana" (2).
Históricamente, la lucha contra el proteccionismo -que ha sido
práctica común desde la época grecorromana- a favor de~ hbre comercio fue realizada en Inglaterra en relación con la campana contra. las
leyes de granos y dentro del contexto de la lucha de la clase cap1tal1sta
contra la aristocracia terrateniente ( 3).
Los argumentos mercantilistas en tomo a las medidas prote~cionistas se basaban en la preocupación de los ideólogos de esa doctrina por
la integridad de la riqueza y poder nacionales.
En términos generales, la defensa del proteccionism_o contiene dos
aspectos fundamentales: por un lado, el interés de los pa1ses en_ prote~e_r
su industria nacional y, por el otro, tener una bal~nza c~merc1al P?s1tJva ( 4). A los cuales habría que agregar _un mteres prop1a~ente fiscal,
esto es, medidas proteccionistas con el fm de aumentar los ingresos del
gobierno.
(481 CATHIDRA

Las ventajas y desventajas de ambas ideologías y políticas económicas fueron debatidas por sus respectivos defensores a todo lo largo del
siglo xix, tanto en Europa como en América, y conformaron una temática que aún perdura en nuestros días.

2. EL CASO ARGENTINO
DURANTE LOS AÑOS que van de la invasión napoleónica a España (1808) al levantamiento indepentista hispanoamericano (1810) la situación del imperio español ofrece a Inglaterra la oportunidad de intervenir en el comercio colonial -en el cual había participado, en considerable medida, por medio del contrabando- en una proporción mayor y,
lo que es más importante, en una forma aceptada y legalizada.
En enero de 1809, los británicos logran concertar con España un
convenio, según el cual una de sus cláusulas permitía franquicias comerciales recíprocas y temporales para ambos países. Con esta perspectiva
y con el nombramiento de Cisneros como virrey de Buenos Aires que,
bajo su responsabilidad y con el apoyo de los hacendados, deroga las
leyes que cerraban el puerto a las mercancías extranjeras ( 5), Inglaterra
empieza a consolidar su influencia económica sobre el Río de la Plata,
influencia que no se vería minada sino hasta la segunda década del siglo
xx, después de la primera guerra mundial.
La discusión sobre la apertura del puerto de Buenos Aires ejemplifica con claridad el debate entre proteccionistas y librecambistas: por un
lado, los intereses de la burocracia colonial y de los comerciantes monopolistas y, por el otro, los de las clases ricas de la ciudad y la campiña
de Buenos Aires (comerciantes criollos y aristocracia terrateniente) y
de Inglaterra. Los intereses de estos últimos convergían en un punto: la
liberalización del comercio (6). En cuanto a los primeros, sus argumentos en contra de la libertad de comercio se basaban en el supuesto de
una desventajosa competencia por parte de los extranjeros que, según
ellos, arruinaría las industrias y la agricultura del país, además de perjudicar las provincias interiores y minar la existencia de los metales preciosos de la región. No obstante señaladas estas consecuencias negativas
como posible corolario de una política de libre cambio, triunfaron los
argumentos -y los intereses- de "la representación de los hacendados"
y la libertad de comercio fue establecida.

CATHEDRA (491

�Un año más tarde , en junio de 1810, tal como lo anunciaron
los
,
.
impugnadores de tal medida, las barracas llenas de cuero segu1an sm
evacuarse. Como dice Irazusta, la contradicción entre la doctrina libre
cambista y la realidad inmediata posterior se hizo sentir: "no sólo se
arruinaron las provincias interiores y las industrias del país, sino que la
agricultura desapareció, obligándonos a importar la harina para elaborar el pan, situación que duró hasta 1836 en que el proteccionismo restauró la agricultura y nos permitió ser exportadores de cereal" (7).
En ese mismo mes, por un decreto de la junta, el 5 de junio de
1810, son rebajados los impuestos establecidos por Cisneros sobre la
extracción de los frutos del país. Esto, aunado a la libertad de exportar el oro y la plata en una plaza comercial dominada por una nación,
cuyo poderío naval en el comercio internacional no tenía parangón;
minó el metálico del país y arruinó el comercio local.
Diversas medidas son llevadas a cabo, todas de corte liberal. En
1812 es suprimido el monopolio oficial del tabaco y, en 1813, es
desechada la solicitud de imponer a los extranjeros la obligación de consignar las importaciones y exportaciones a comerciantes nacionales.
Sin embargo, en 1814 la discusión vuelve a surgir: un síndico del ~onsulado presentó un escrito firmado por medio centenar de comerciantes, que corroboraban las consecuencias negativas señaladas inicialmente
sobre la ruina de los artesanos, el paro de los nativos, la evasión. clandestina del metálico y el fraude fiscal realizado por los extran¡eros.
Para 1815 parecía conformarse algúri atisbo de conciencia nacional.
Las opiniones de algunos provincianos, del gremio d: los ~astres, de _la
Gazeta de Buenos Aires y de El censor, que propoma la IIllplantac10n
del sistema proteccionista, provocaron que el Consulado convocara una
junta general. El proyecto de la comisión redactora, que mtentaba articular jurídicamente las aspiraciones populares de mdependenc1a económica del país, proponía restringir la importación de artículos suntuarios, ropa hecha y de todo lo que se producía en el país; la protecc1on
de las industrias de Córdoba, Tucumán y Cochabamba; perm1t1r la
importación libre de derechos de maquinaria para la agricultura Y~ en
general, el restablecimiento del viejo sistema protecc10msta espanol,
sólo que ahora al servicio de la patria naciente (8). Sm embargo, _el administrador de la aduana consideró el proyecto inoportuno Y los mtentos por neutralizar la influencia extranjera quedaron frustrados; los
[50] CATHEDRA

intereses de la zona pampeana -y de Inglaterra- prevalecieron sobre
los de las provincias interiores; Buenos Aires triunfó sobre Tucumán
(9).

Entre 1810 y 1818, Inglaterra sacó de Argentina alrededor de diez
millones de dólares en metálico. En 1822 se creó el Banco de Buenos
Aires y, para los seis meses de fundado, los ingleses ya poseían treinta
y ocho de los setecientos dos votos de la institución; pero hacia las
vísperas de su refundición en lo que fue el Banco Nacional, los británicos controlaban quinientos ochenta y nueve del total de ochocientos
treinta y ocho votos. En pocas palabras, durante el período que va de
1810 a 1828, Inglaterra logró sustraer a la Argentina el dominio del
Río de La Plata: separada de Uruguay, Bolivia y Paraguay, la nación
argentina quedó con la mitad de su población inicial -que era de tres
millones aproximadamente- y con una gran parte de sus recursos saqueados; el proyecto nacional vislumbrado en 1810 -al parecer- se
había malogrado.
En 1816, a pesar de que las Provincias Unidas del Río de la Plata
declararon su independencia de España, la Argentina no poseía un gobierno nacional. Existía un determinado número de provincias que se
manejaban como estados independientes. Esta situación perduró en
la Argentina alrededor de cuarenta años después de declarada la independencia (10).
Los conflictos durante estos años se suscitaron, por un lado, entre
los centralistas que controlaban las Juntas de Buenos Aires y, por el
otro, los confederacionistas comandados por Artigas, de la Banda Oriental. Este, después de 1813, trató de organizar un conjunto de provincias que hubieran podido transformarse en confederación; pero, para
1820, después de haber perdido su propia provincia, fue desalojado de
la escena política.
El partido contralista, identificado con la provincia de Buenos
Aires, ejerció el poder la mayor parte del tiempo entre 1810 y 1827.
En este año, al fracasar el proyecto de Rivadavia de imponer una constitución unitaria, se vió que la influencia de estos gobiernos iba disminuyendo sobre las provincias del interior. La caída de Rivadavia hizo
pensar que acaso el federalismo triunfaría; pero la aparición de Juan
Manuel de Rosas, que tomó el poder en la provincia de Buenos Aires,
significó el fin de las esperanzas. Rosas, que fué el terrateniente y sala-

CATHEDRA [ 51]

�derista más poderoso de la época (11), realizó una alianza con los terratenientes de Buenos Aires y acuerdos más bien formales con los
caudillos de las provincias del interior, que, en el fondo, sólo pretendían detener el movimiento federal: no fueron los gauchos, sino más
bien la misma ciudad de Buenos Aires, quien sostuvo a Rosas, por
más que éste dijo que gobernaba para los gauchos. Rosas llegó al poder sostenido por las clases ricas de la ciudad y de la campiña de Bue•
nos Aires, herederos directos de la estructura económico-social de la
colonia. Comerciantes, hacendados y terratenientes vieron en Rosas
la mejor garantía para sus intereses. La aristocracia porteña deseaba
mantener el status colonial que, en efecto, significaba el cierre económico del interior del país, en el uso y goce exclusivos del puerto y
aduana de Buenos Aires y, como consecuencia lógica, en el aislamiento
paulatino de las provincias del interior (12).

~eterizar esta época y las ideologías políticas y económicas que habnan de prevalecer en la Argentina, es ilustrativo referirnos a los intentos de definición de un orden económico realizados por Sarmiento y
Alberdi, ambos exilados durante el gobierno de Rosas. Más este último
que aquél, en sus Bases y puntos de partida para la organización políti•
ca de la República Argentina, es inspirado por autores franceses como
Comte y Montesq~ey y considera como modelos de progreso a Inglate~ y Estados Umdos. Preconiza la inmigración europea y todas las
medidas de sus Bases están vinculadas con este propósito: tolerancia
religio~, educación práctica, libre navegación, ferrocarriles y libertad
comercial (16). En los debates sobre el desarrollo económico, la deuda
externa, etcétera, el criterio sustentado por Alberdi en sus Bases es el
de financiar el crecimiento del país con el endeudamiento naci~nal y
el capital extranjero, criterio que finalmente prevaleció.

Sin embargo, la dictadura de Rosas, en relación a los asuntos económicos, no siguió las políticas de sus antecesores. Durante sus años
de gobierno no solicitó ningún préstamo del exterior. Poco después de
iniciado su segundo período, dicta una ley de aduana proteccionista
y echa las bases para una política económica restrictiva para el extranjero. Disolvió el Banco Nacional, dominado por los ingleses, y realizó
un librecambismo mitigado que permitió proteger la agricultura y la
industria nacionales (13). A pesar de que las exportaciones de Inglaterra a La Plata pasaron de 340 mil libras en 1829 a 910 mil en 1856,
para 1846 las ventas de manufactura inglesa cayeron de 600 mil a 100
mil libras (14).

Sin embargo,_ el desarrollo posterior a Caseros se hizo, al parecer,
con recursos nacionales y no con capital extranjero. No fué sino hasta
1862 que el capital extranjero comenzó a afluír, en cantidades considerables, a la economía argentina.

La dictadura de Rosas, contra lo que se dice, contribuyó a la unidad nacional argentina y, de alguna manera, desarrolló la industria y
la agricultura de la nación. Como dice José María Rosa (antecedentes
de Caseros): "Hacia 1850, la protección a la industria y agricultura
criollas comenzaba a dar sus frutos; Tucumán contaba con trece ingenios azucareros, el vino del Cuyo abastecía casi la totalidad del mercado interno; el trigo del litoral acababa de exportarse por primera vez
a Inglaterra; en 1845 se había inaugurado el primer establecimiento de
vapor sudamericano y, la riqueza ganadera, que seguía siendo la base de
nuestra economía, adelantaba en forma considerable" (15).
En 1852, con la batalla de Monte Caseros y la caída repentina de
Rosas, se abren nuevas perspectivas a la dominación extranjera. Para

[52] CATHEDRA

. ~os gobiernos de Urquiza (1853), Mitre (1862) y Sarmiento (1868)
s¡gweron, en general, una política económica liberal que ayudó a consolidar la influencia extranjera. Con una disposición de esta índole, y
en ~ase a los principios que desde entonces sustentó la organización
n~c,onal, en 18'77 se inició un proceso de traspaso de compañías na~1~males a emp~esas extranjeras; tal fue el caso de la venta de la Compama de Consumidores de Gas de Buenos Aires a una empresa británica.
Entre el último cuarto de siglo del siglo xix y el primero del xx la
Argentina traspasó en forma similar el Ferrocarril Oeste el de E~tre
Ríos y el Andino a compañías inglesas. Paulatinamente, 1~ tendencia a
favorecer el interés extranjero se fue acentuando en la legislación.
Sin embargo, a pesar de lo señalado más arriba, la expansión de los
ferrocarriles a partir de 1870 fomentó la industria azucarera y, para
1883, durante la presidencia de Avellaneda, se protegía a esta industria:
los impuestos a la importación ascendían al 25.5 &lt;J&gt; ad valorem sobre la
azúcar refinada y al 43.5"' sobre la azúcar popular (17). Esto contribuyó, en cierta medida, a la conciliación de intereses, entre el capital
industrial azucarero y la economía pampeana.
CAfflEDRA (53] .

�Hacia 1890 la crisis impulsa el desarrollo industrial, Y las medidas
restrictivas a la 'importación aunadas a la devaluación del p~so _-que actúa de hecho como mecanismo protector- ayudaron a sustitwr algunas
importaciones. Sin embargo, en 1907, ~a ley :-fitre, q~e da derecho a
las compañías ferroviarias de importar bienes libres de un~uestos, tuvo
una repercusión negativa sobre la balanza de _pagos arge?tma (1~)- Entre 1900 y 1913, el volumen de las importaciones se qumtuplico. _Esto
se debió a que la política aduanera era con~olad~ por los _grupo~ ~culados a la producción agropecuaria y a un mteres puramen~ f1SCal1sta
-los derechos de importación conformaban el 50 &lt;J&gt; de los mgresos de
ta burocracia-, lo cual produjo una contracción del desarrollo.

ma relación con el desarrollo de la industria textil, que fue provocado

A pesar de las medidas tomadas por el gobierno de Alv~ar, que en

por el aislamiento a que fue sometida la Nueva España durante las guerras napoleónicas (22).

1923 aumentó los derechos de importación para muchos ~1cul~ de la
tarifa arancelaria, no se estimuló el desarrollo de algu~s mdus:nas_ que
quizá pudieron desarrollarse, tales com~ petróleo, ai;wulos electnco~,
vehículos etcétera. El capital internacional monopohco no lo permitió: aho~ le resultaba más rentable la inversión directa que la unportación de productos terminados (19).
En términos generales, las políticas económicas ensayadas_ durR?te
este lapso no estimularon el desarrollo de la ind~~tria argentma, smo
que afianzaron la penetración del capital mo~opolico. A _la conserv~ción del mercado tradicional para las exportaciones argentmas se sac~ficó el desarrollo nativo que, más tarde, con el tratado ?e Roca-R_u~c1man (20), vio restringidas sus posibilidades de_ autonom1~, al pr~h1birse
al capital argentino perseguir fines de lucro pnvado en la_ mdustna ~e la
ganadería y al prometer mayores facilidades para el capital extran¡ero.

3. EL CASO DE MEXICO
LA REAL CEDULA del 16 de octubre de 1765, que reglamentaba
el comercio libre para algunas de las colonias españolas entre sí, excluía
dos regiones de los beneficios del libre comercio: Caracas y la Nueva
España. Sólo hasta febrero de 1789 a ambas se les permitió tfa!icar legalmente, de acuerdo con las reglamentaciones que operaban para las
demás colonias españolas americanas.

Para principios del siglo xix, España apenas podía contener la participación de Francia, Inglaterra y Estados Unidos en el comercio de la
(54) CATHEDRA

Nueu España. En 1805, la participación de los extranjeros en el comercio de la Nueva España alcanzó un 14.4 &lt;J,; para 1807, éste había alcanzado un 60.5 &lt;J&gt; (21).

Por esos años, en general, existían partidarios del proteccionismo y
partidarios del libre comercio, siempre que se prohibiera o se reglamentara la entrada de artículos extranjeros que compitieran con aquellos
que eran producidos en la Nueva España.
El surgimiento de una ideología proteccionista en México tiene ínti-

Después de las luchas de independencia -que causaron prácticamente la ruina económica del país- el gobierno se abocó a la solución de los
innumerables problemas que se le presentaban. Implantada la vigencia
del comercio libre por el imperio de Iturbide, la Junta aprobó en diciembre de 1821 un impuesto de 25 &lt;J&gt; ad valorem sobre los productos
importados que entraran a México. Asimismo, dentro de la reglamentación aprobada por la Junta, se señalaban los artículos que estaban sujetos a prohibición (en general, productos de algodón) y aquellos artículos libres de importación, por su posible contribución al desarrollo minero, agrícola o industrial del país.

El arancel de 1821 intentaba proteger al gremio de artesanos de la
industria textil; sin embargo, a pesar de él, las telas importadas eran más
baratas y de mejor calidad que las producidas en el país. En realidad, el
establecimiento del arancel tenía fines fiscalistas dadas las necesidades
del erario público (23). Esto es muy probable, ya que en enero de 1822
se prohibió la importación de harinas y la extracción de oro y plata en
pasta y, unos días más tarde, se aumentaron en un 20 &lt;J&gt; los impuestos
sobre la importación de vinos extranjeros.
El 20 de mayo de 1824 se aprobó una ley que aumentaba el número
de prohibiciones a las importaciones. En diciembre del mismo año se
decretó la desaparición de los consulados y también se aprobó otro impuesto que imponía un 3 &lt;J&gt; sobre el consumo de artículos extranjeros
(24).

CATHEDRA (55)

�Para 1825, mientras el comercio de México con España estuvo interrumpido, aquél se surtía de mercancías de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. En general, la riqueza minera que México ofrecía a cambio
de los productos importados era muy codiciada por aquéllos (26).
En 1826 fueron abiertos todos los puertos disponibles del Golfo y
del Pacífico, y fue permitida -con excepción del oro y la plata- la libre
exportación de todos los frutos y productos nacionales.
En noviembre de 1827 se aprueba un arancel que modificaba el de
1824, según el cual se aumentaba la lista de artículos prohibidos, pero
se rebajaba sobre todos aquellos artículos que sobrepasaban un 48 &lt;J:&gt; a
un 40 &lt;J:&gt; ad valorem sus derechos de importación. La idea del gobierno
con esta ley era implantar impuestos lo suficientemente altos para aumentar los fondos del erario y lo suficientemente bajos para evitar el
contrabando (26).
De acuerdo con Miguel Lerdo de Tejada, para 1828 México seguía
importando productos manufacturados y exportando ' oro y plata; sin
embargo, entre 1827 y 1828 las exportaciones en est.e rubro declinaron
de 3.4 a 1.4 millones de pesos.
En abril de 1829, Vicente Guerrero sube a la presidencia de la república respaldado por los artesanos, quienes se oponían a una excesiva libertad de comercio. Y esto con toda razón, ya que para 1829 la industria textil mexicana estaba casi en ruinas. Con tal situación se aprobó
una nueva ley arancelaria que tenía por objeto restringir aún más la importación, pues no sólo se prohibió la entrada del hilo, ya estipulada
anteriormente, sino la importación de tejidos de algodón, que seguían
siendo más baratos que los nacionales (27).
En general, el gobierno de Guerrero estaba preocupado por promover el desarrollo industrial del país, el cual se había especializado hasta
esa fecha en la exportación de metales preciosos. Pero para que se fortaleciera la industria nacional, para que se pudiera abastecer las necesidades del mercado interno y para competir con los productos extranjeros eran necesarias medidas protectoras. El proteccionismo ensayado
por Guerrero, aunque fundamentado en las necesidades del erario público-para 1830, la principal fuente de ingreso para el gobierno eran las
aduanas marítimas, en especial Veracruz y Tampico-, benefició a la industria nativa. Las medidas proteccionistas eran una parte de las prác-

[ 56] CA.THFJJRA

ticas ~e una administración progresista que pretendía intervenir y ayudar directamente en el desarrollo industrial de la nación.
En 1830, durante el gobierno de Bustamante, la fundación del Banco de_ Avío ~n México representó un alejamiento más de los principios
del Iaisaez.faire, que de alguna manera habían tratado de imponerse en
1825. con la administración de Guadalupe Victoria (28).
Durante este período, la lucha ideológica entre liberales y conservadores se fue exacerbando: por un lado, los liberales, en boca de Lorenzo de Zavala, acusaban al gobierno de que el Banco era un instrumento
~ para a~entar el poder del gobierno y distraer al pueblo de la pérdida de su libertad. Por el otro, los centros tradicionales de artesanía
acusaban al gobierno de subordinar la industria nacional al comercio exterior. Estos pedían la anulación de la ley del 16 de octubre de 1830
que fundaba el Banco y estipulaba ciertas medidas arancelarias, dentro
de las cuales la prohibición de importar tejidos quedaba abolida. En el
congreso que se reunió en 1831 los artesanos intentaron restaurar la vigencia de la prohibición de la importación de tejidos, pero todo fue en
vano Y tuvieron que resignarse. El conflicto entre los artesanos y el gobierno se debió, fundamentalmente, a que aquéllos pretendían continuar con su antiguo sistema de producción, y el propósito de la fundación del Banco de Avío, según don Lucas Alamán era desarrollar una
industria moderna, con técnicas y maquinaria adec~adas· de ahí las facilidades de crédito que se otorgaron para importar máqlrinas modernas.
La falta de inversionistas arriesgados fue un motivo importante de la
fundación del Banco de Avío. En general, las atractivas posibilidades de
inversión en bienes raíces y las lucrativas oportunidades de especular
con los fondos gubernamentales hacían fuerte competencia a las inversiones industriales ( 29).

La guerra civil iniciada en Veracruz a principios de 1832 tuvo efectos negativos sobre el programa de fomento industrial, lo mismo que sobre la obtención de ingresos provenientes de los derechos aduanales.
Sin embargo, el Banco prosiguió en su funcionamiento y para enerÓ de
1835 ya habían rendido sus frutos al inaugurarse en Puebla la fábrica
textil de Antuñano y Compañía, la primera industria textil moderna
movida por agua que había utilizado, además del capital de los propietarios, ciento sesenta y cuatro mil pesos provenientes de los fondos del
Banco.
CATHIDRA (57)

�En ese mismo año, los artesanos y agricultores, que ahora contaban
con el apoyo de los dueños de las fábricas de tejidos de algod6n a quienes había ayudado el Banco, insistieron nuevamente sobre la implantación de la prohibición de importar tejidos de algodón. El aceptar a esta
petición significaba para el gobierno una disminución considerable de
sus ingresos; sin embargo, en mayo de 1836, la cámara de diputados
votó en favor de la prohibición, la cual, para desgracia de los proteccionistas, al pasar a la cámara de senadores fue soslayada y dejada sin efecto.
La importancia política y económica de los industriales de textiles
de algodón es evidente si PYBminamos la política del Banco de Avío: entre 1830 y 1842 fueron fomentadas por medio de préstamos a las empresas de tejidos de algodón, a algunas fundiciones y talleres mecánicos,
a empresas agrícolas y a textiles de lana, principalmente. Del total de
préstamos concedidos, el 66.8 &lt;J:&gt; correspondía a las primeras, Y el
14.3 &lt;J:&gt;, el 9.6 &lt;J:&gt; y el 6.3 &lt;J:&gt; correspondía sucesivamente a los tres tipos
de empresas restantes (30).
Por otro lado, entre 1837 y 1846 se intensificaron las medidas proteccionistas; quedó prohibida la importación de todo tipo de hilados extranjeros y la de tejidos ordinarios de algodón. Tal medida, que al ser
aceptada por el gobierno, a pesar de la disminución que en sus ingresos
su aplicación traería, revela la creciente influencia de los industriales en
la dirección de los asuntos públicos.

malas cosechas Y el incremento del contrabando- toma el poder en septiembre del mismo año. Con este. gobierno, los. industriales lograron
una medida por la que clamaban hacía mucho tiempo: el 21 de octubre
de 1841, Santa Anna ordena que todos los artículos de algodón requisados por contrabando sean quemados en el momento de su confiscación.
Disuelto el Banco por Santa Anna, en septiembre de 1842 la protección de que disfrutaron los productores y transformadores de materias primas del algodón en este régimen quedó evidenciada cuando e~
diciembre de 1842 el presidente interino, Nicolás Bravo, decretó la creación de un gremio industrial que incorporó ambos grupos, cuyo órgano
ejecutivo fue la Dirección General de la Industria Nacional comandada
por don Lucas Alamán.
'
En septiembre de 1843 diversos grupos de industriales presionaron
para obtener la misma protección concedida a la industria textil; por'
ello, el 26 de septiembre se agregaron ciento ochenta artículos, principalmente de metal, a la lista ya existente de artículos prohibidos.
En general, a pesar de las diferencias políticas, los conservadores,
moderados y los federalistas estuvieron de acuerdo en el mantenimiento de las leyes prohibitorias y, por esa época, la ideología proteccionista había alcanzado su punto más alto desde la independencia (31).

No obstante, a pesar de estas medidas, pe111istió el contrabando de
aquellos artículos en perjuicio de los industriales y de la tesorería de la
nación: la ineficiencia y corrupción del servicio de aduanas no pudo
hacer cumplir efectivamente con dichas medidas.

Para 1846, la industria textil mexicana se encontraba distribuida de
la siguiente manera: del total de usos existenteS', el 86 &lt;J:&gt; se concentraba en cuatro ciudades: en Puebla, el 38 &lt;J:&gt;; en México, el 20 &lt;J:&gt;; en Veracruz, el 17 &lt;J:&gt; y el 10 &lt;J:&gt;, en Jalisco (32).

Otras medidas que durante este mismo período fueron dispuestáS
para proteger a los industriales fue la supresión de las alcabalas y algunas otras excensiones de impuestos sobre algunos productos de industrias del país, tales como textiles, papel, hierro, etcétera.

La política proteccionista prosiguió hasta 1846 cuando, durante el
gobierno de Paredes, se expidió un decreto permitiendo la entrada de algodón extranjero por las aduanas de México y San Bias, pagando un impuesto específico de diez pesos el quintal. A mi juicio, esta política
proteccionista que pretendía proteger a la industria algodonera también
tenía que tener efectos negativos, ya que para 1846 México sólo proporcionaba el 26 &lt;J:&gt; del algodón que necesitaban sus industrias ( 33). Esta realidad no fue aceptada por los industriales sino hasta después de
terminada la guerra con los Estados Unidos, cuando se hizo general la
idea de que el sistema proteccionista había durado más de la cuenta.

En 1841, Santa Anna aprovecha la violación de la ley aduana! cometida por Arista (ministro de guerra), al concertar contratos con comerciantes ingleses, mediante los cuales se permitía la importación de más
de dos millones de libras de hilados de algodón, Y con el apoyo de los
ind~triales -que habían pasado por un peóodo.de dificultades por las
(58] CA111EDRA

CATIIEDRA (59]

�LDII I
..

11 f$P;J i

Jt

lfll'1Li17 Y

IP\I iz&amp;

�Hasta mediados del siglo xix, mientras Argentina se caracterizó
-salvo algunas medidas de Rosar- por una apertura casi total, a partir
de 1809, México siguió el rumbo del proteccionismo.

NOTAS Y REFERENCIAS
BIBLIOGRAFICAS

Entre 1850 y 1880, los dos países siguieron políticas liberales, aunque más moderadas en el caso de México.

(1) Bornes, Harry, Historia de la economía del mundo occidental, Ed. Hilpanoamericana, México, 1955, p. 482,488.

Una gran coincidencia se dio en relación a la inversión extranjera directa, durante el período comprendido de 1880 a 1910, y casi en los
mismos rubros: ferrocarriles, petróleo, bancos y electricidad, minería
(en el caso de México), frigoríficos (en el argentino), ambas actividades
de exportación.

(2) Ricardo, David, Principioe de econonomía política y tributaci6n, Ed. F. C. E.,
Vol. I, México, 1959, p. 252.

En general, entre 1810 y 1930, no se desarrollaron grandemente las
industrias de los dos países. No fue sino hasta después de 1930-y en
el caso de México, más bien a partir de 1940--," que una política sistemática de sustitución de importaciones comenzó a configurar un desarrollo industrial más o menos sostenido.

(3) Emmanuel A., El intercambio deaipal, Ed. Siclo XXI, México, 1972, p. 13.
(4) Un intereante ""'1iaia técnico-econ6mico eobre eate punto ea realizado por:
Kindelberger Charlea, en Economía internacional, Ed. A¡ullar, Madrid, 1962,
p. 189-210.
(5) Street, John, Gran Bretaña y la independencia del Rfo de la Plata, Ed. Paid61,
Buenoe Airea, 1967, p. 155.
(6) Allub, Leopoldo, "Lu claae1 altu terrateniente■ y el deurrollo de la qricultu·
ra comercial en Argentina", Reví.ata Latinoamericana de Ciencia Política, Acoe·
to de 1972, III, p. 284.
(7) Irazuate, Julio, lntluencia económica britúica en el Rfo de la Plata, EUDEBA,
Buenoa Airea, 1963, p. 22.
(8) lbid., p. 31.

(9) Aquí me parece interesante aeiialar una diferencia entre el comportamiento de
loe terrateniente■ argentinoe y ■u1 contrapartes ingleeea: mientraa aqu&amp;oe fueron decidido■ apologi,tu de la libertad de comercio, ésto■ ■e oplllieron al libre
cambio, tenazmente. Esto ea explicable, puesto que loa arl■t6cratu incleeea
producían a precioa altoa y no para la e,cportaci6n; la liberalizaci6n del comer·
cio lignificaba para elloa una competencia perjudicial, pue■to que lngleterra podría importar alimentoe y materias prima■ m.ú baratos. Para loa terrateniente■
argentino■, el libre comercio lignificaba ingre101 altoa por la■ exportaciones e
importación de bienes ■untuarioa para ■u particular diafrute.
(10) Kroeber, Clifton, La nawgaci6n de 101 ríoe en la hiatoria argentina, Ed. Pai·
d6a, B. Aires, 1967. p.177.
(11) Allub, Leopoldo, ob. cit., p. 296.
(12) Martfnez Estrada, Ezequiel, "Sentido y miai6n del penaamiento en Hilpanoamérica", Cuadernos Americanoa, ene-feb., 1958, p. 153-154.
(13) Irazusta, Julio, ob. cit., p. 59-60.

{62] CATHFDRA

CADIEDRA (63)

�•
(14) En realidad, Inglaterra oiempre ae caracterizó por aer un país importador de
mercancías mú que u:portador: entre 1800 y 1900, el valor de las 8"portacio·
nea inglesas ae multiplic6 por ocho, mientras que 1111 importaciones Jo hicieron
por diez. En la d6cada anterior a 1914, loa ingleses tuvieron un exceao de im·
portaciones de 760 millones de dólares al año. Desde Juego, esto era comperua·
do por 1u 11emedu exportaciones "invisibles". Esto es, los servicios de navegación y de seguros y loa intereses de loa priotamoa.

(33) El apro~onamiento de al¡od6n aufieiente 1 buato no exilti6 en Mftico lino
huta el lliglo :u:.
(34) ~!o V-illegu, Daniel, "La cueati6n anacelarla • lll!xico" Hilloda de la JI
lítica Aduanal, México, 1932. p. 30.
'
o-

(36) Keremitaia, Dawn, La indUltrta t8"til mexleua en al
México, 1971, p. 30.

olclo lis

Se Setentu,
'

P

(16) Citado por Iraausta, Julio, op. cit., p. 67.
(16) Tomado de "S-a y puntoa de partida para la organización pol(tica de la Re·
p6bllca Araentina", Extracto, en, Evolución de la Civilización Contempormea,
vol XX, Monterrey, 1966, p. 192·214.

..

(17) Allub, Leopoldo, lnduatriallzación, burguesía dependiente y democracia en
Araentina", 1890-1930, (mimeo), El Colegio de México, 1973. p. 32.

(36) ~ n , Ro¡er D., La pol!tiea del cleouroDo mexicano Ed "''"'
· M
:uco, 1971, p. 30.
•
· ~,..o :u:,, 6-

ele,_.,

(37) Ceceña, lOÑ Luia, "La penetnei6n u:tnnJen, y 1• p,upoa
an Mft1.
co", en Revi.sta Latinoamericana de Economía No. 1 Maico 1 - pp ••
55.
'
'
' 1'Vll', • ~ ,

(18) lbid., p. 22.
(19) lbid., p. 58.
( 20) Panaia, M., Lesser, R., y Skupcb, P., Estudio sobre loa orígenes del peronismo
/2, Ed. Siglo XXI, B. Aires, 1973, p. 36.
(21) Florea, Romeo, "Del libre cambio al proteccionismo", en Historia Mexicana,
El Colegio de México, No. 76. p. 496.
(22) lbid., p. 494.
(23) Potaab, Robert A. El Banco de Avío en México, El fomento de la industria,
(1821-1846), Ed. F. C. E., México, 1969, p. 32, 33.
(24) Florea, Romeo, op. cit., p. 601.
(26) lbid., p. 602.
(26) lbid., p. 506.
(27) Potaah, Robert A, op. cit., p. 56.
(28) lbid., p. 83.
(29) lbid., P. 94.
(30) lbid., p. 182.
1
1

(31) lbid., p. 211.

1

(32) lbid., p. 222.

[ 64) CAffllllRA

CATIIEDRA [ 65)

��Luis María Gatti

Las
representaciones y el modo de
producción
(Notas para el marco t.eórico de una investigación de
campo sobre la escuela rural)

ADVERTENCIA
A PESAR DE haberme propuesto hacer un trabajo exclusivamente
teórico, no he podido evitar referencias a mis trabajos empíricos. Creo
que ello se debe a dos motivos, principalmente.
a) especialmente en la segunda parte del trabajo, sobre el
modo de producción, la teoría marxista "pura" (es decir. puramente teórica como es el Libro Primero de El capital) tiene escasas referencias teóricas a los problemas del campo y está centrado en las transformaciones industriales que jalonan
el nacimiento del modo de producción capitalista. Por ello
resulta difícil compatibilizar esa teoría "pura" con las formas
concretas en que el capitalismo (y sus formas transicionales)
se manifiesta en el campo.
CATHEDRA [67]

�••~••••.. ..-••n

---

(1

�siones· de Vessuri (1975), en Tucumán; de Gatti (1975), en Salta, Y todos ellos conducen a la necesidad de distinguir cuidadosamente entre
proletarios rurales, campesinos (peasants), colonos, chacareros (farm·
ers), empresarios capitalistas, etcétera.

y se deberá discriminar también respecto de las diferentes matrices
culturales que existen entre regiones "tradicio~ales" (NOA_J Y "modernas" (NEA, Patagonia)*, entre poblaci~nes autócton~ o cn~llas (NOA,
parte del NEA) y las de migración mas o menos rec~e_nte, mc\uyendo
los asentamientos nuevos de migrantes internos (Mmones, Formosa,
Chaco, Patagonia).
Aunque mi perspectiva es esencialmente _antrop~~óg!cª! ~ !~~ ejemplos que utilizaré se refieren sobre todo a sociedades prmut1vas , no_ se
descarta de ninguna manera (por el contrario, se integra)_ 1~ _perspecti~a
histórica: no podrían ignorarse en este campo de los análisis de los sistemas de representaciones los trabajos de Febvre sobre "el probl~ma ~e
la incredulidad en el siglo xvi" y de Fuste! de Coulanges sobre la cmdad antigua", etcétera.

1

1

El usar ejemplos de sociedades "primitivas" no implica que no haya
experiencia acumulada por la antropología social en el campo de las sociedades complejas. Los trabajos de Elizabeth Bott (1968) sobre la familia en las sociedades complejas y los de Richard Hoggart sobre los
"usos del alfabetismo" (literacy) en la clase obrera inglesa marcan sendas que inevitablemente habrá que transitar en investigaciones de este
tipo.

NO sólo interesará estudiar las categorías en sí mismas Y en su relación con las diversas prácticas sociales con que se vinculan: también
habrá que descubrir los contextos en que se ju~gan las formas en que
se utilizan. El contenido, los referentes y las s1tuac10nes en que se emplean las categorías de "nosotros" y "ellos" son esenciales para de~cubrir los valores en juego, especialmente en lo que hace a la educa~10n Y
no solamente en cuanto distinción de clase, identidad de clase o etruca,
sentido de pertenencia al grupo, etcétera. Por ejemplo, un tema_ recurrente en el folklore del NOA sostiene que "la ignorancia es prefenble al
saber". La función compensadora de este tema es inmediatemente en

r

• NOA

=Noroeste araentino; NEA= Noreste araentino.

[70] CATHEDRA

dente: las clases subalternas abandonadas a las condiciones de analfabetismo total, parcial o "funcional" consideran la cultura intelectual como algo hostil y ajeno (y así es en efecto, siendo cultura de las clases en
el poder y siendo disfrutada principalmente por esas clases) por lo cual
contraponen polémicamente a la "cultura" de los "otros" propia "ig-

norancia".

J;

Todos estos elementos deberán ser tenidos en cuenta en lo que hace
a la exploración de los aspectos no-sistemáticos de la educación y donde
el papel de la familia como institución generadora y conservadora de
s~m~olos y hábitos es fundamental: por ejemplo, en la enseñanza de las
técrucas corporales, manuales, "etnocientíficas", estéticas, etcétera
(Cfr. Mauss, 1972).
Pero tampoco deberá descuidarse el estudio de las categorías en la
educación sistemática, y en este sentido son fundamentales los aportes
de Bourdieu y su noción de capital cultural.
"Esta investigación nació de la intención de tratar la relación pedagógica como una simple relación de comunicación y de medir loa rendimientos; más precisamente, de determinar loa factorea aociales y eacolarea
del bito de la comunicación pedagógica por el 8Mliaia de laa variaciones del rendimiento de la comunicación en función de laa caracterfaticaa sociales Y eacolares de loa receptorea" (Bourdieu y Puaeron, 1970).

E~ efecto, se~ útil trabajar con la hipótesis de que el grado de product1V1dad espec1f1co de todo trabajo pedagógico (excepto el realizado
por la familia) es función de la distaµcia que separa el hábito que se pretende inculcar del hábito que fue inculcado por todas las formas anteriores de trabajo pedagógico (y en el extremo inicial se encuentra la familia). Por supuesto, en este punto aparecerán las contradicciones más
claras entre el sistema de representaciones "propio" del grupo analizado
Y el sistema de representaciones macrosocial que impone la matriz socio-cultural dominante (la de la clase dominante). Estudios complementarios deberán revelar la "distancia social" que aparece en los contenidos de los planes de estudio por el hecho de tratarse de planes "urbanos", "industriales" (porteños ?), aplicados sin mediaciones en receptores rurales que pueden estar en las antípodas de semejante universo.
El objeto de este trabajo, en resumen, es poner en claro el marco
teórico de una investigación empírica sobre el contexto de la escuela ru-

CA111EDRA [ 71]

�ral y de loa valorea que aobre la educación tienen los distintos sectores Y

clues en el campo.
Una aclaración fmal: aunque deslizaré sugerencias a lo largo del trabajo, el análiais de los sistemas de representaciones y ~e los modos. de
producción no están aquí relacionados. Apenas analizo el contemdo
teórico y las implicancias de cada concep~, tratando de mostrar el ~alor que tienen en una investigación de este tipo. Por o~ parte, ademas,
pienso que la relaci6n entre un sistema de represen~ci~nes Y un modo
de producción determinados no puede postularse a pnon, salvo en generalidades de poco valor instrumental como la que señala, correctame~te
y de acuerdo con Durkheim y Granet, que los sistemas de representaciones están determinados "en última instancia" por el modo de producción en sentido estricto (la base económica). Tal relación, por el contrario debe descubrirse en cada caso, tal como hizo Evans-Pritchard
(1968) al mostrar cómo las categorías de tiempo Y espa~o,_ claves d~ 1~
sociedad nuer del Sudán, se vinculaban con las caractensticas ecolog¡•
cas y económicas de dicha sociedad; o como hizo Leach (1964) al m~strar que gumaa y gumlao eran categorías centrales d~ la socied~d ~achin
en las mesetas birmanas y que se relacionaban con ciclos econom1cos alternados.

LAS REPRESENTACIONES Y EL MODO DE PRODUCCION

COMO MI OBJETIVO en este trabajo es discutir los presupuestos
teóricos de una investigación, trataré en primer Jugar de las representaciones -es decir, de un abordaje claramente antropológico-, y, en segundo lugar, intentare mostrar cómo el concepto de modo de producción permite articular el estudio de las representaciones para el conocimiento de un determinado sistema económico que fundamenta dichas
representaciones. En el análisis de los diversos autores no pretendo hacer un estudio exhaustivo de los mismos, dejando de lado muchos as•
pectos de sus teorías por ser ajenas a mi interés actual.
El método utilizado seguirá un procedimiento teórico que presupone los trabajos de Durkheim y Mauss, así como los de Lévi-Strauss. Paralelamente también será utilizado el concepto de modo de producción,
con el que procuraré rendir cuentas de las relaciones entre las representaciones y la práctica económica. El concepto de modo de producción,
además de suministrar esa posibilidad, nos da las condiciones de caracterizar una práctica económica ( modo de producción en sentido estricto).
Considero que puede aceptarse que la base económica es siempre explicitante de las condiciones que determinan, "en última instancia", el
contenido de esas representaciones. Para esto debe tenerse en cuenta
que la infraestructura económica no puede ser vista como un área de la
sociedad donde las relaciones sociales estén excluidas: por el contrario,
es a través de ella,.a través de las divenas prácticas económicas que la
forman, como las relaciones sociales más amplias se constituyen y se
explican.
La aproximación de dos visiones teóricas que generalmente (y a veces ingenuamente) son tenidas como excluyentes, podría parecer albergar cierto eclecticismo, pero pienso que no hay mayores problemas en
hacerlo en la medida en que:
a) la utilizaci6n de los abordajes teóricos de Durkheim,
Mauss y Lévi-Strauss no presupone un compromiso con la
teoría total de los autores;

NOTA· 11 ooacapio d• 1 t,temo de repraentociona • pddicamea&amp;e 146nüco al de c6di•
al de ldcolo1fa. aallqlle cada uno de ello• pertene&amp;ca • u.n.t,,en:,1
del diNunD ....__, Como no N&amp;oy ....._.,,o aq_u.t' •• nestl:
....antloudll poca moa•
_, 80 _ . de__...o dlarom y loa a&amp;Wsan como t6rmJD011 altemaU.Oa de lcm1 nlor.
ro ,.bnból~ 1 muy

[ 72]

CAnlF.DllA

•••at.

b) comparto con Bourdieu (1968) la idea de que, tanto
Marx como Durkheim, Mauss y'' Weber sostienen la misma

CA111EDRA (73]

�teoría del conocimiento sociológico, lo que hace a sus teorías
parciales mutuamente traducibles. La teoría del conocimiento sociológico, como sistema de reglas que rigen la producción de todos los discursos sociológicos posibles, es el principio generador de las diferentes teorías parciales del sistema
social (v.g. teoría de los intercambios matrimoniales, de la difusión y evolución cultural, de los sistemas de representaciones, del valor-trabajo, de la producción capitalista, etcétera, y
por ello es el principio unificador del discurso propiamente
sociológico, que no hay que confundir con una inexistente
teoría unitaria de lo social.
Mi objetivo es partir del nivel de las representaciones para llegar a
las relaciones entre ellas. Tales relaciones son detectadas a partir de las
representaciones sobre la práctica económica en la que se insertan los
agentes sociales que formulan esas representaciones; en realidad, se trataría de aprehender los lazos del nivel ideológico con el nivel económico
para desentrañar de allí la lógica de las representaciones atinentes a la
educación, la "cultura", la instrucción, etcétera.
Habría entonces que hacer una etnografía de las prácticas económicas específicas (según clases, regiones, variaciones culturales), a través
de las representaciones (o ideologías) de los agentes que en ellas se msertan para lograr develar:
a) de dónde parten las categorías que forman el sistema
de representaciones;
b) cuál es el determinante social que las explica.
Para esto los estudios realizados por la antropología en sociedades
"primitivas" son fundamentales; sin prejuicios etnocéntricos de profesión, la antropología fue obligada a buscar en el seno mismo de la sociedad que estudia las explicaciones para esa sociedad: esa meta sólo puede ser alcanzada a través de los datos formulados por los agentes sociales del contexto social estudiado.
En la medida en que utilice directamente la teoría marxista, me detendré en defmir los conceptos empleados en la segunda parte de este
trabajo.
[74) CATIIIDRA

LAS REPRESENTACIONES
DURKHEIM Y MAUSS, en el famoso trabajo De ciertas formas primitivas de clasificación, postulan, entre otras cosas, que en las "clasificaciones primitivas" las ideas están organizadas de acuerdo con un modelo proporcionado por la sociedad. Pero, dado que esta organización
de la mentalidad colectiva existe, ella es susceptible de reaccionar sobre su causa y contribuir a modificarla.
"Hemos visto cómo lu especies de cosas, claaificadaa en un clan le sir•
ven de tótems secundarios o de sub-tótems; es decir que, denÍro del
clan, este o aquel grupo particular de individuos -influidos por causss que ignoramos-- llegan a sentirse de manera más eapecial en relaciones con estas o aquellas cosas que son atribuidas dt! un modo general
Si ahora el clan, ya demasiado voluminoao,

al clan en su conjunto.

tiende a segmentarse, lo hará siguiendo las líneas marcadas por la clasificación .. Hay que tener mucho cuidado y no creer que, en efecto,

estas secesiones pueden ser el producto de movimientos revolucionarios Y tumultuosos. Parece que lo más corriente es que se produzcan
siguiendo un proceso perfectamente lógico. En numerosos casos, ya
las fratrfas se han constituido y distribuido en clanes, de acuerdo con
ese proceso. En diversas sociedades australianas, las fratrías se oponen
la una a la otra como dos términos de una antítesis, como el blanco sobre el negro, y, en las tribus del estrecho de Torres, como la tierra y el
agua; es más, los clanes que se han formado en el interior de cada una
de ellas soetienen los unos con los otros relaciones de parentesco lógico.
Por consiguiente, en Australia, es raro que el clan del cuervo pertenezca
a una fratría distinta que el del trueno, el de las nubes y el del agua. De
igual modo, en un clan, cuando se impone una segmentación, los indiviguos agrupados en torno a una de las cosas clasificadas dentro del clan
se separan del conjunto para formar un clan independiente, y el sub-tótem se transforma en un tótem. Una vez empezado, el movimiento
puede proseguirse y siempre según el mismo procedimiento. El subclan que se ha emancipado de esta manera, lleva consigo, efectivamente
en su dominio ideal, además de las cosas que le sirven de tótem, algu~
otras que se consideran como solidarias de la primera. En el clan nuevo,
esas cosas cumplen el papel de sub-tótems, y si es oportuno, pueden llegar a ser otros tantos centros alred.edor de los cuales habrán de producirse más tarde nuevas segmentaciones" (Durkheim y Mauss, 1971 ).

Lo que Durkheim y Mauss tratan de demostrar en este trabajo es
que existe un tipo de clasificación, la clasificación primitiva, que tiene
una !ógica diferente de la lógica de la ciencia y que su modelo es proP_oi:c1onado por la sociedad. Pero no por eso dejan de seguir una cierta
log¡ca:

CATHEDRA [75)

�"Por lo tanto, las cluificacionea primitivas no constituyen singularidades excepcionales, sin analogía con las que están en uso en los pueblos
mú cultivados; por el contrario, parecen remitirse sin solución de continuidad a las primeras clasificaciones científicas. Y es que, por muy
profundaa que sean las diferencias entre las primeras y eatas altimaa, en
ciertas relaciones, sin embargo, no dejan de tener todos los caracteres
esenciales. Ante todo, son sistemas de nociones jerarquizadaa, al ~
que las clasificaciones de los científicos. Aquí, las cosas no están d1&amp;puestaa, sin más, bajo la forma de grupos aiBlados unoa de otros'. sino
que estos grupos sostienen entre sf relaciones definidaa y III con¡un~
forma un todo unido e indisoluble. A mayor abundamiento, eatoa SIS·
temas, a la manera de la ciencia, tienen una finalidad totalmente especulativa. Su objeto no es facilitar la acción, sino hacer comprender, desentrañar las relaciones que existen entre loa serea. Teniendo en cuenta
ciertos conceptos considerados como fundamentales, la inteligencia ex·
perimenta la necesidad de ligar con ellos las nociones que se hace de ~
otras coaas. Ante todo, tales clasificaciones eatén destinadaa a relacionar las idees entre sf y a unificar el conocimiento; en este sentido, puede afirmarse sin peligro de error que son obra de la ciencia y constituyen una primera füosoffa de la natunleza" (Durkheim y Mauss, ibid).

Los autores están interesados en aprehender los orígenes de la actividad clasificatoria y por eso analizan los sistemas clasificatorios que
dan cuenta y explican la división de la sociedad en clanes, fratrías, Y la
segmentación que puede ocurrir a partir de la división original. Por otra
parte, estas divisiones están relacionadas con otras divisiones que algunos pueblos hacen del universo. Existe pues una totalización en estas
clasificaciones que no se restringen a una necesidad pragmática de explicar la práctica material de los individuos; por eso puede decirse que ellas
forman una especie de primera filosofía de la naturaleza.
Los autores precisan más su pensamiento acerca de las clasificaciones primitivas:
"Por este medio, se distinguen muy claramente de lo que podría llamar·
se las cluificacionea tecnológicas. Es probable que, siempre, haya clasificado con mayor o menor claridad las cosas con las que se alimenta siguiendo los procedimientos que empleaba para aprehenderlas: por
ejemplo, en animales que ffien en el agua, o en el aire, o bien sobre la
tierra. Pero, ante todo, los grupos as! constituidos no ,están ligados los
unoa con los otros ni tampoco sistematizados. Se trata de divisiones, de
distinciones de nociones, y no de cuadros de clasificación. Además, es
evidente que estas distinciones están estrechamente vinculadas con la
práctica de la que no son sino expresión en algunos de sua aspectos"
(Durkheim y Mauss, ibid).

[76] CA1llEDRA

Me parece que esta observación de Durkheim y Mauss no se integra
con lo que pretenden mostrar en su trabajo, esto es, que las clasificaciones primitivas se modelaron sobre la organización social más próxima y
más fundamental. La sociedad no fue un mero modelo de acuerdo con
el cual el pensamiento clasificatorio habría trabajado; fueron los propios marcos de la sociedad los que sirvieron de marcos al sistema. Las
primeras categorías lógicas fueron categorías sociales, las primeras clases de cosas fueron clases de hombres en las cuales las cosas fueron integradas.
"Fue porque los hombres estaban agrupados y se concebían a sf mismos bajo la forma de grupos que agruparon idealmente loa otroa seres,
Y las dos modalidades de agrupamiento comenzaron a confundirse al
punto de ser indistintas. Las fratrfas fueron los primeros géneroa; loa
cianea las primeras especies. Las cosas e~an vistas como haciendo parte
integrante de la sociedad y era su lugar en la sociedad lo que determinaba III lugar en la natunleza" (!bid.).

Existe en el trabajo una preocupación por mostrar que en las clasificaciones primitivas está presente una actitud científica, especulativa; es
preciso que las cosas que rodean al hombre sean explicadas en los moldes sociales en que vive. Sin embargo, también ahí existe un carácter
práctico, material: los hombres viven de determinada forma, se organizan dentro de un contexto histórico específico y todo el proceso científico estará orientado hacia sus necesidades concretas y materiales. Los
dos aspectos, práctico y teórico, no están desarticulados. Si los hombres clasifican también sus actividades tecnológicas, esas clasificaciones
estarán, a su vez, de alguna forma, articuladas con la clasificación mayor
de la sociedad, con las llamadas representaciones colectivas.
El carácter afectivo presente en las clasificaciones primitivas sería lo
que diferenciaría estos sistemas de representaciones de las clasificaciones científicas. La afectividad sería consecuencia del área sagrada de la
que forman parte las representaciones colectivas. Los lazos lógicos presentes:
11

• • • están representados bajo la forma de vínculos fa.miliares, como relaciones de subordinación ecOnómica o política; quiere decirse, pues,
que los mismos sentimientos que se hallan en la base de la organización
doméstica, social, etc., también han presidido esta repartición lógica de
las cosas. Estas se atraen o se oponen de la misma manera que los hombres están ligadoa por el parentesco u opuestos por la venganza. Las co-

CATHEDRA [77]

�saa ae confunden del miamu modo que los miembros de una familia se
confunden en un pensamiento com6.n. Lo que determina que loa unos

se subordinen a los otros es algo enteramente similar a lo que hace que
el objeto poaeído aparezca como inferior a. 111 propietario y el siervo a
111 dueño. Así, pues, loa estados de ánimo colectivo han dado vida a•·
tos agrupamientos y, además, tales estados de ánimo son claramente
afectivos. Existen afinidade1 sentimentales entre las cosaa, ilfUal que en·
tre los individuos, y las coaas se clasifican precisamente a travéa de ea·
tas afinidades" (ibid).

Se admite, pues, que se puede clasificar sin utilizar conceptos.
"Ya que para que determinadas nociones puedan disponerse sistemáticamente de esa manera por razones de sentimiento, es preciso que no se
trate de ideas puras, sino que ellas miamaa sean producto del sentimien·
to. Y, realmente, para los que llamamos primitivos, una especie de co888 no ea simplemente un objeto de conocimiento, sino que ante todo

corresponde a cierta actitud sentimental. ( ... ) Y precisamente este
valor emocional de las nociones representa el papel preponderante en la
manera de aproximarse o separarse las ideaá. Y este valor es el que sirve
de carácter dominante en la clasificación" (ibid).

El valor emocional a que se refieren Durkheim y Mauss como estando presente en las nociones que operan en las clasificaciones primitivas,
permite una analogía con los fenómenos de ideología. Lo que los dos
autores están considerando del dominio de las representaciones colectivas es lo que se puede llamar ideología. Ellos mismos dicen al final del
trabajo:
" ... la emoción a naturalmente rehactaria al análiaia o, al men01, ae

presta a él con dificultad, dado que es demasiado compleja. Sobre todo
cuando es de origen colectivo, desafía al examen crítico y razonado. La
presión que ejerce el grupo social sobre cada uno de 1111 miembros impide a loa individuos juzgat con libertad las nociones que la aociedad ha
elaborado y en los que ha impreso algo de su personalidad. Colllltruc·
cionea parecidaa son aagradaa para loa particulares. Por collligu.iente, la
historia de la clasificación científica es, en definitiva, la historia misma
de las etapaa en el curso de las cuales ha ido debilitándose progresivamente este elemento de afectividad social, dejando cada vez máa el cam·
po libre al penaamiento reflexivo de los individuos" ( ibid ).

El trabajo consigue demostrar, y ese es su mayor mérito, la existencia de una lógica social que está presente en los sistemas de clasificación
primitivos y muestra la importancia que las representaciones colectivas
presentes en esas clasificaciones dan a los agentes sociales, de manera
[ 781 CA111IDRA

que la actividad crítica de los que viven bajo el dominio de esas representaciones queda, por lo menos, enmarcada y determinada.
Lévi-Strauss critica a Durkheim a propósito de la "afectividad". Según él, Durkheim llega a un impasse en su explicación del totemismo en

la medida en que en ella los fenómenos sociales están derivados del sentimiento.
"Su teoría del totemismo parte de la necellidad y acaba en un recurso al
aentimiento. Como ya llamáramoo la atención,"la e,ciatencia de tótema
para 61 remita del reconocimiento de esf"m¡ea animales o vegetales, que
eran al principio sólo signos no figurativo• y arbitrarios. Pero, ¿por qu6
loa hombrea llegaron a simbolizar por signos 1111 af"lllacione1 clánicaa?
En Yirtud, dice Durkheim, de la "tendencia instintiva" que Una a "loa
hombres de cultura inferior ( . .. ) uociadoa en una vida coman ( ... )
a tomar o a grabar sobre su cuerpo las imágenes que recuerdan esta comunidad de existencia". Este "instinto" gráf"ico está en la base de un

mtema que encuentra au coronación en una teoría afectiva de lo agrado Y reposa, por lo tanto, sobre una petición de principio: no son las
emociones actuales, sentidas en lu ocuiooea de reuniones y de ceremoniu, las que crean o perpet&lt;ian loa ritos, sino la actividad ritual la que
IUlcita las emociones.
En ~ d , lu pulsionea y las emocione1 no explican nada; ellaa resultan 11ernpre, ya de la potencia del cuerpo, ya de la impotencia del espíritu. Conaecuencias en IOB dos C8108, ellas nunca son e&amp;U188" (Lévi-Stra·
uaa, 1968~

Para Lévi-Strauss, lo que en antropología se llamó "totemismo" forma parte de la razón y
"Lu exigenciu a lu cuales responde, la manera por la cual procura sa·
tiafacer, son principalmente de orden intelectual. En este aentido, no
hay nada de arcaico ni de lejano. Su imagen es proyectada y no recibida; ella no aca au substancia de afuera. Porque, si la ilusión recubre
una parte de verdad, ella no eat! fuera de noaotroa, sino en noaotroa"
(Lévi-Strauaa, ibid.)

Si en un sistema clasificatorio, como podemos considerar los diversos ejemplos de totemismo, tenemos por un lado una lógica que se desprende del contexto específico que produjo el mismo sistema tenemos
también, por otro lado, una forma de combinación que organlza las categorías que forman parte del corJunto. Esta manera de organizar las
categorías son formas presentes en toda actividad clasificatoria, es decir,

CATHIDRA [791

�se clasifica a través de definiciones y tales definiciones presuponen una
delimitación del objeto que está siendo clasificado. Cuando clasificamos, jerarquizamos y establecemos relaciones entre las cosas; cuando
una cosa es definida lo es en oposición a otra. Y las cosas que se asemejan a ella, a su vez, se oponen a las cosas que no son ella. En este sentido, toda actividad de conocimiento presupone una démarche semejante.
Sin embargo, insisto, el principio que explicaría cada clasificación existente depende del conocimiento del contexto específico que la produ-

matizadas. Puede decirse que las representaciones son los elementos
constituyentes de la "teoría social" que los agentes involucrados formulan.
En la medida en que las representaciones pueden presentarse como
formas de pensar determinada realidad social, la aproximación de las
mismas con la ideología es evidente:

ce.

"Basta aaber muy esquemáticamente que una ideología es un sistema
(q~e ~ 111 lógica y III rigor propios) de representaciones (imágenes,

Puede decirse que el "pensamiento salvaje", característico de los mitos, las creencias populares y de todo el campo de valores sociales, se
asemeja a la noción de clasificación primitiva de Durkheim y Mauss. Pero, en la medida en que Lévi-Strauss no limita tal pensamiento a las sociedades primitivas y lo extiende a toda y cualquier sociedad (considerando sólo el diverso grado de operacionalización que se presenta en
esas sociedades y en las llamadas "civilizadas"), evita un problema de
discontinuidad entre el pensamiento del civilizado y el del primitivo.

IDltos, ideas o conceptos según los casos), dotados de una ~:,:iatencis y

La forma encontrada por Lévi-Strauss para mostrar lo que exist.e de
común entre el pensamiento salvaje y el llamado pensamiento científico, es la de considerarlos como formando parte de la actividad pensant.e
de la humanidad, y como tal siguiendo las leyes del propio pensamiento. Se puede decir que los dos tipos de lógica existentes responden a
objetivos diversos:
"Esta exigencia de orden está en la b8Be del pensamiento que llamamos
primitivo, pero sólo a causa de que está en la base de todo pensamiento:
pues sólo bajo el ángulo de las propiedades comunes ea como accede·
moa más fácilmente a las formas de pensamiento que nos parecen muy
extrañas. ( ... ) Por lo tanto, en lugar de oponer magia y ciencia, será
mejor colocarlas en paralelo, como doa modos de conocimiento, desiguales en cuanto a 8118 resultados teóricos y prácticos (porque de este
punto de vista es verdad que la ciencia tiene más éxito que la magia, así
como la magia se anticipa a la ciencia en el sentido de que ella también
tiene éxito a veces), pero no por el gfnero de operaciones mentalea que
ambas suponen y que difieren menos en naturaleza que en función de
los tipos de fenómenos a los cuales se aplican" (Lévi-Strauas, 1962).

Por consiguiente, las representaciones que los agentes sociales formulan acerca de una det.erminada realidad, de una práctica social en la
que se encuentran envueltos, se presenta en formas orientadas y sist.e(80) CAfflEDRA

de un papel históricos en el seno de una 110Ciedad dada. Sin entrar en
el problema de las relaciones de una ciencia con III pasado (ideológico)
podemos decir que la ideología como sistema de representaciones se
distingue de la ciencia en que la función práctico-social es más importante que la función teórica (o de conocimiento)" (Althuaser, 1967).

En la ideología los hombres no representan de manera real sus relaciones con sus condiciones de existencia sino la manera como las viven:
"La ideologfs concierne entonces a la relación vivida de 101 hombres
con su mundo. ( ... ) En la ideología la relación reel está inevitable·
mente investida en la relación imaginaria: relación que •"Pre• más una
voluntad (conaervadora, conformista, reformista o revolucionaria), una
esperanza o una nostalgia, que la descripción de una realidad" (Althus·
ser, 1967).
"En eata medida, las ideologías fijan en un univerao relativamente coherente no _sólo una relación real sino tambiéfl una relación ima¡inaria,
una relación real de los hombres y sus condiciones de e:,:istencia investi·
da de una relación imaginaria. ( ... ) Su función social no es ofrecer a
los agentes un conocimiento verdadero de la estructura social sino sbnplemente inaertarloa de alguna forma dentro de 1111 actividades que soportan esta estructura" (Poulantzas, 1969).

A pesar de contener elementos de conocimiento, la ideología hace
que los agent.es t.engan una visión parcial de la realidad social porque su
función, como se mostró arriba, no es suministrar una visión "verdadera" de la realidad donde se ·mueven los agentes, sino proporcionar a los
mismos una "teoría" que justifique la posición que ocupan en la estructura social. De esta forma, la ideología procuraría escamotear las condiciones reales, haciéndolas aparecer en un plano imaginario como representaciones sistematizadas, de manera que las contradicciones no aparezcan como tales. Tal manera de proceder está presente en la estructuCATHEDRA [ 81]

�ra de los mitos, donde la realidad social aparece en un plano consciente
sin contradicciones, aunque tales contradicciones puedan ser aprehendidas a través de la estructura subyacente a los mismos. La ideología tendría, entonces, una función de cohesión social, y como tal estaría diluida en toda la estructura social, siendo una especie de cemento del edificio social.
"La ideología también comprende, como bien lo viera Gramaci, no solamente elementos dispersos de conocimiento, nociones, etc., sino tambien loa 11 guato1" 1 el "estiloº. la 11 moda" y el "modo de vida" en general" (Poulantzas, 1969 ).
·

Siguiendo a Poulantzas, se puede ver la articulación que el autor sugiere de la ideología con el modo de producción (en sentido amplio):
"En consecuencia, la ideología, en tanto instancia específica de un modo de producción y de una formación social, está conatituida en los límites ftjados por ese modo y por esa formación, por ello ofrece una coherencia imaginaria a la unidad que rige las contradiccionea realea del
conjunto de una formación. La estructura de lo ideológico depende de
lo que refleja la unidad de una formación oocial. De este punto de vista,
su papel eapecffico y real de unidad no es conltituir la unidad de una
formación, sino de refieju eats unidad reconatltuyéndola sobre un plano imaginario" (Poulantzas, 1969).

A partir de lo dicho, en este trabajo se considera a las representaciones (contenidas en los discursos de los agentes sociales que se constituyan en objeto de estudio), como parte de la visión ideológica que los
mismos agentes tienen de sus diversas prácticas. En la medida en que
estas prácticas están organizadas de man~ra de distribuir individuos en
posiciones diferenciales, los mismos individuos representarán tales prácticas condicionados por las posiciones que ocupan. La visión que presenten estará siempre condicionada por esas prácticas; ellas son el límite
de todo el marco de las representaciones.
A través de los discursos de esos agentes (proletarios rurales, campesinos, colonos, empresarios rurales) será aprehendida la estructura de
sus prácticas, especialmente de su práctica económica, en la medida en
que se admita que en el discurso ideológico la estructura real est.á oculta, falseada, pero nunca ausente. La manera por la cual el sistema de representaciones suministra las oposiciones y las relaciones entre los agentes que participan de determinadas prácticas, ayudará a detectar las contradicciones existentes en la estructura real.
[82) CATIIIDRA

EL MODO DE PRODUCCION
LA IMPORTANCIA que estoy dando en este trabajo al concepto de
modo de producción deriva del hecho de que habrá qué analizar indefectiblemente los distintos tipos de actividades económicas en el campo
para entender la viabilidad de proyectos alternativos de escuela rural,
especialmente si se tratara de una escuela "productiva".

Estas actividades económicas implican necesariamente una "manera
de producir" en un "proceso de trabajo" donde varios hombres (fuerza
de trabajo) están envueltos en una "forma de producción". La manera
por la cual están organizados en el proceso de trabajo y por cuáles
tipos de relación se encuentran socialmente organizados, son elementos importantes para llegar a tener una visión de la realidad en la que
los agentes sociales, insertos en ese modo de producción, formulan
sus expectativas en relación con su condición de vendedores de fuerza
de trabajo y /o de agentes sociales que tienen un papel específico en
el proceso de trabajo.
El procedimiento a ser utilizado en esta investigación será realizado a través de formas de trabajo antropológicas, es decir, a través de
la investigación de las representaciones de los propios agentes sociales
que pertenecen a cada tipo de práctica económica (proletario, campesino, colono, etcétera).
A través de monografías construídas por las representaciones de
los agentes sociales de la actividad económica se podrá alcanzar el conocimiento de las relaciones entre el modo de producción de esa actividad y las representaciones que de allí se desprenden. En la medida
en que se considera la infraestructura económica como parte de la estructura social (modo de producción en sentido amplio) y se refuerza
su determinación y/o dominación en esa estructura, no se puede dejar
de verla como fundamental para la explicación de los valores de los
agentes sociales que en ella se encuentran involucrados.
Hay que destacar inicialmente los dos sentidos ligados al concepto
de modo de producción. El concepto se duplica en dos acepciones, una
amplia y que equivaldría al concepto de estructura social, y otra restringida (estricta), que se sitúa en el nivel de la producción económica.
CATHEDRA [83)

�Se puede así hablar del "modo de producción material" (sentido estricto), y del "modo de producción" que es el formado por el modo de
producción material o infraestructura económica (base económica),
por las formas jurídicas y políticas, y por las formas de consciencia
social ( o ideología). El análisis del modo de producción (sentido amplio) puede realizarse a través del principio de articulación de las prácticas o instancias (Cfr. Balibar, 1969).
Como la base económica es vista como determinante, en última
instancia, de los otros niveles o instancias que forman el modo de producción en sentido amplio, ella será estudiada a través del principio de
periodización que trata de caracterizar las distintas fases históricas según el modo de producción de la vida material.
El modo de producción (sentido estricto) se relaciona con una forma de trabajo, es decir, una forma de apropiación de la naturaleza por
el hombre; existe allí como presupuesto una noción de proceso donde
entran en combinación los llamados invariantes de todo modo de pro•
ducción. De esa forma se puede decir que cualquier tipo de producción
dependerá siempre, en cada período histórico, de la relación entre los
instrumentos de trabajo (medios de trabajo) y las formas en que seorganizan los hombres en relación a la producción.
Los elementos de todo modo de producción serían, entonces, el
trabajador, los medios de producción ( medio y objeto de trabajo) y el
no-trabajador. La variación de combinación de los elementos depende
de conceptos tales como fuerza de trabajo (trabajador), medios de producción (objeto y medio de trabajo) y propiedad (trabajador/no-trabajador).
Para especificar el modo de producción material es necesario que
los invariantes se combinen según dos relaciones: de propiedad y de
apropiación real. La relación de propiedad se da a nivel del sistema de
las relaciones de producción, lo que correspondería, en el caso de considerarse el modo de producción en sentido amplio, a la división social
del trabajo, donde el mismo se divide entre las clases. Pero, enfocando
tal relación en el nivel del modo de producción en sentido estricto, aparecen las relaciones entre el trabajador y el no-trabajador. Las relaciones de apropiación real pertenecen al sistema de las fuerzas productivas,
relaciones del trabajador con el objeto y el medio de trabajo ( división

técni~ del trabajo). Es importante destacar el significado del término
propiedad, que no ~ define solamente por su denotación jurídica:
"Estas formas no entran en la combinación, ellas forman parte de la
~~ctura Y no_ de la bue de la que lioc OCUp&amp;IIIOI aquí. FAta diatmci6n es eoencial e mdispemable li queremoc poder pemar el desfasaje
event~ de la base y la 111perestructura, de la propiedad (refiriéndonos
exchwvamente a los medi01 de producción) y de las formas jurídicas
de la propiedad" (Marx, 1976).
'
"En el capítulo citado aobre la génelis de la renta Marx nota que ciertos historiador.. oe eopantan al constatar un d.,.;fo, una diacrepancia
1
entre et derecho y una 'tradici6n" que les parece como un aub~ereeho
o un derecho degradado. De hecho, era el desvío entre el derecho y una
relación económica lo que 101 eopantaba" (Balibar, 1969).

. Y,olviendo a considerar las dos relaciones, de propiedad y de aprop1ac1on real, se puede caracterizar a ambas por una separación dentro
del modo de producción (en sentido estricto) capitalista. El trabajador
es ~p~o de todos los medios de producción, que son propiedad del
c~p1~1sta, Y posee solamente su fuerza de trabajo; el capitalista es prop~etario de los medios de producción cubriendo así la relación de propieda~. ~n el caso de
apropiación real, ella también es ejercida por
el capitalista en la medida en que el trabajador es privado de su capacidad ~e poner en acto los instrumentos de trabajo por sí mismo en tanto
trabaJador. Y ello ocurre en la medida en que la habilidad existente en
el ~é~er artesanal no es más la característica del modo de producción
capitalista; c~mo lo era en el artesanado medieval, en la manufactura,
en el campesmado, en ciertos tipos de explotaciones agrícolas familia~ en transición, etcétera: el control del proceso de trabajo no está
mas ~ alcance del trabajador. En consecuencia, se puede decir que el
traba,Jador, en el modo de producción capitalista no es propietario de
los medios de producción y por lo tanto está sometido al capital, en la
medida en q~e es forzado a vender "libremente" su fuerza de trabajo;
Y está sometido realmente al no-trabajador al desarrollar con el mismo
en el nivel de las fuerzas productivas, una relación de apropiación real'.

!ª

Hemos visto un ejemplo de un modo de producción que caracteriza
un período histórico real. Es decir, el modo de producción capitalista
~ _un
de producción que puede ser visto dentro de la periodizac1on. histónca en la medida en que la historia está formada por períodos determinados por un modo de ºproducción de la vida material determinante en última instancia del período o períodos históricos.

~°?º

(84) CA111EDRA
CAfflEDRA (85)

�Sin embargo, a través del concepto de modo ~e producción, manera

de producir (sentido estricto), se pueden ~ctenzar modos de p~oducción que no existieron en forma indepen~te, que est.án dom~dos
por otros modos de producción (sentido amplio), ~ que no caractenzan
ni caract.erizaron ningún período histórico por si m1S1Dos.

11

Por Jo tanto, a través de la combinación de los elementos in_vari'.1_11tes de todo modo de producción, se puede realizar una caracterizac10n
del modo de producción en sentido estricto y con ello ve~1car las relaciones que se desarrollan en el nivel de las fuerzas prod~ctivas (trabajador, objeto y medio de trabajo), la relación de apro~1.ac1on real; como
así también verificar las relaciones que se dan en el mvel de las relaciones de propiedad (trabajador/no trabajador). Esos dos aspedos de m_odo de producción son vistos como dos sistemas ~u~ pueden ser estu~iados separadamente, pero que forman un todo umco en la caractenzación del modo de producción.

u • ••

Del punto de vista teórico, 1u "fuerzas productivas" 10~ tam?ién

una relación de cierto tipo en el interior del modo de produce1ón, dicho
de otra manera, ellas son también una relación de producción¡ pr~isamente esto es lo que intenté indicar al introducir entre las relaciones
constitutivas de la estructura de la 11 combinación", otra relación de
propiedad una relación segunda, de "apropiación real" entre 11los mis'
moa elementoa:
medioa de producción, productores d'irect01, no tra·
bajadorea", o aea, en el cuadro del modo de producción capitalista,

"no ualariadoa" (Balibar, 1969).

AJ analizar las formas de cooperación, de la organización del trabajo en los capítulos referentes al paso de la manufactura a la gran industria, Marx muestra como en ese paso ocurrió la subsunción real ~el
trabajo al capital (siendo la subsunción la forma tomada por la relac1on
de apropiación real). Esa transformación se da en la medida en que, 9.
través de la cooperación simple, es creada una fuerza de trabll)O colectiva que se vende al capital ( ocurre en esa primera etapa de la transformación Ja subsunción formal del trabajo al capital, que corresponde a
la relación de apropiación formal). En ese principio de la transformación, la utilización de la fuerza colectiva de trabajo en modelos de cooperación simple por las manufacturas primitivas, el proceso de trab1110
[86] CATIIFDRA

casi no se diferencia del proceso de trabajo del artesanado. En ese caso
el trabajador posee una habilidad obtenida a través de un largo aprendizaje, teniendo por esto un papel fundamental en el proceso de trabajo
en relación al objeto de trabajo que él transforma. Las manufacturas
primitivas no alteran ese carácter del proceso de trabajo del artesanado,
donde el trabajador forma una unidad con el medio de trabajo que a su
vez es secundario en relación al trabajador en ese proceso: la habilidad
obtenida a través de un largo período de aprendizaje y formación coloca a los medios de trabajo en entera dependencia de la capacidad especializada del trabajador, que sólo podrá movilizarlos por haber pasado por esa formación.
"El capital se apropia primero de las condiciones técnicas dadu por el
desarrollo histórico. El no modifica inmediatamente el modo de pro·
ducción. La producci6n de plusvalía, bajo la forma conaiderada anteriormente, por simple prolongación de la jornada, se presentó por lo

tanto independientemente de todo cambio en el modo de producir.
La producción de plusvalía relativa revoluciona poco a poco loa pro·
cedimientoa técnicoa del trabajo y lu formaa de agrupamiento social.
Ella supone, por lo tanto, un modo de producción específicamente
capitalista, con sus m~todos, sus medios y sus condiciones propias.
Este modo de producción no se forma naturalmente y no se perfecciona sino sobn, la bese de la subsunción formal del trabajo al capital.
La subsunci6n real del trabajo al capital sustituye, entonces, a la sub-

sunción formal" (Marx, 1975).

El capital originariamente reune varios trabajadores en un único
local de trabajo, donde éstos venden su fuerza de trabajo. En la medida
en que se desarrolla esa nueva relación de producción -compra y venta
de fuerza de trabajo- como forma social dominante de la utilización
de la fuerza de trabajo, se da una prolongación de la jornada de trabajo
como un mecanismo de extracción de plusvalía, como una forma de
crear valor y reproducir el capital. Esa misma modificación en el trabajo determina la introducción de una nueva forma de extracción de
plusvalía: es el de la plusvalía relativa que no prolonga la jornada de
trabajo (para crear más valor a través de la utilización de la fuerza de
trabajo del productor directo), sino que introduce nuevos medios de
trabajo que poco a poco se van haciendo prioritarios en el proceso de
trabajo en relación al trabajador.
Con la introducción de máquinas se forma entonces una nueva unidad típica: la gran industria, que es la unidad del medio y el objeto
CATIIEDRA (87]

�de trabajo, diferent.e de la anterior unidad entre trabajador y medio de
trabajo, típicas de la manufactura y el art.esanado. En la gran industria el trabajador pasa a tener un papel secundario en el proceso de trabajo; en ese sentido es que hay una subsunción real del trabajo al capital (el trabajador no controla los medios de trabajo a la vez que también vende su fuerza de trabajo). • ·
Esta diferenciación es important.e para situar a los distintos agent.es
sociales del campo argentino dentro de la práctica económica que ejercen. Se los puede pensar dentro de los dos sist.emas que forman el modo
de producción: el sist.ema de fuerzas productivas, lo que significa int.errogarse sobre la importancia del productor directo en el proceso de
trabajo, y el sist.ema de relaciones de producción, que consiste en la
caracterización de las relaciones entre el productor directo, el trabajador, y el no-trabajador.
Reconsiderando los elementos invariantes presentes en todo modo
de producción y sus relaciones tenemos:
A) trabajador
B) medios de producción (objeto y medio de trabajo)
C) no-trabajador
1) Relación de propiedad
2) Relación de apropiación real
Vimos que en la gran industria ocurre la subsunción real del trabajo
al capital. Lo que significa decir que las relaciones entre trabajador y
no-trabajador implican, además de las relaciones de compra y venta de
fuerza de trabajo en el nivel del sistema de producción, que el trabajador no ejerce más una relación de apropiación con respecto al objeto
de trabajo, ya que los medios de producción pert.enecen al capitalista
y el capital ejerce, en relación al trabajador, una relación de apropiación
formal. Con la introducción de la máquina, la unidad del trabajador con
el medio de trabajo queda transformada. Hay un cambio en la estructura del sistema de las fuerzas productivas y el capital pasa a dominar el
trabajo en forma de sub sunción real.
Pensando el cambio de estructura a partir del análisis que realiza
Balibar, tenemos que hay :
[88] CATHEDRA

·· Unidad del medio de trabajo y la fuerza de trabajo. Es el caso
de la manufa~tura y el art.esanado, del campesinado "típico", de ciertas "explotactones agrícolas familiares" (y lo que Chayanov llamó
"modo de producción campesino" y Sahlins "modo de producción
doméstico").

· · Unidad del medio de trabajo y el objeto de trabajo. Es el caso
de la gran industria, del empresario rural capitalista (no-trabajador)
Y el proletariado rural, de ciertas "explotaciones agrícolas familiares".
A partir de este esquema se puede pensar la estructura del modo
de producción existente, por ejemplo, en las haciendas del NOA (Cfr.
Gatti, 1975). Ese modo de producción se caracteriza en términos del
sist.ema de fuerzas productivas por la unidad del mediQ de trabajo y
de la fuerza de trabajo, que es la unidad tanto del art.esanado como de
la manufactura. Si uno se interroga, a partir de esto, sobre las diferencias entre manufactura y art.esanado (que existió en cuanto modo de
producción dependiente en el modo de producción feudal en Europa),
se puede decir que, en relación al sist.ema de fuerzas productivas:
"La manufactura sólo radicalizó al extremo el carácter distintivo del
mftier artesanal, que ea la unidad de trabajo (fuerza de trabajo) y del
medio de trabajo. Por un lado, el medio de trabajo (in.strwnento) debe
estar adaptado al organiamo humano; por otro lado un inatrumento
deja de aer tal en manos de quien no aabe utilizarlo: au uao efectivo
requiere del trabajador un conjunto de cualidades fíaicaa e intelectua·
lea, una suma de luibitoa culturales (el conocimiento empírico de loa
materiales, la habilidad manual que llega huta el secreto del mftl•"
(Balibar, 1969) (el subrayado me pertenece, LMG ).

Tanto la manufactura como el artesanado permit.en que el trabajador sea un elemento de importancia fundamental en el proceso de
trabajo. La manufactura establece, en el nivel del sist.ema de las relaciones de producción, una relación de propiedad diferente de la relación de propiedad del art.esanado. Tal relación se sitúa en el nivel de
las relaciones de producción y es la relación de propiedad de los medios de producción por el no-trabajador, condicionado de esa forma la
relación de producción existente entre el trabajador y el no-trabajador
en términos de compra y venta de fuerza de trabajo. Hay en la manufactura, por lo tanto, una no correspondencia entre el sist.ema de fuerzas productivas y el sist.ema de relaciones de producción. En la manuCATHEDRA [ 89]

�factura la fuerza de trabajo posee el métier y el control de los medios
de trabajo, en la medida en que éstos dependen fundamentalmente de
ella para ser accionados; pero al mismo tiempo el trabajador (fuerza de
trabajo) no es propietario de los medios de producción, no es propietario del producto de su trabajo, como sería en el caso del artesanado
donde habría una correspondencia entre los dos sistemas, ya que el
trabajador es al mismo tiempo propietario de los medios de producción y posee el control de dichos medios por su habilidad para utilizarlos.
Es necesario considerar las nociones de cooperación simple Y cooperación compleja, que me parecen fundamentales para pensar las relaciones entre la manufactura y el artesanado, entre el campesinado y los
distintos tipos de "explotaciones agrícolas familiares" y empresas capitalistas en el campo.
Las manufacturas inicialmente combinaron el trabajo asalariado
con el mismo procedimiento técnico del artesanado pre-existente, es
decir, a través de la reunión de varios trabajadores en un único lugar
de trabajo.
Se tuvo entonces, desde el punto de vista del procedimiento técnico, una reunión de varios artesanos produciendo separadamente, individualmente, realizando el proceso completo del producto auque estuviesen juntos en el mismo local, utilizacen medios de producción comunes y vendiesen su fuerza de trabajo. En el proceso histórico fue introducida la cooperación compleja y en esa forma de organización del
trabajo las tareas de los diversos trabajadores fueron parcelándose,
siendo necesarios varios trabajadores que se complementasen mutuamente para la obtención del producto. Es en este sentido que se dice
que la manufactura radicaliza la especialización del métier artesanal.
Cabe notar, sin embargo, que la cooperación compleja es ya una necesidad del propio modo de producción capitalista que se implantaba
poco a poco. En relación a las formas de organización del trabajo, cooperación simple y cooperación compleja, la manufactura presenta un
carácter de cooperación entre los trabajadores que sólo es posible por
la subsunción del trabajo al capital, como es también el caso de la
gran industria, constituyendo ambas al trabajador "colectivo". En
ese sentido, tanto la manufactura como la gran industria se oponen al
métier individual. Si desde el punto de vista de la unidad fuerza de tra-

190]

CATHEDRA

bajo y medios de trabajo la manufactura se aproxima al artesanado y
es sobre todo un desarrollo de este último más que una transformación, por otro lado la manufactura -con la introducción de la cooperación entre los trabajadores que trabajan colectivamente para obtener
los medios necesarios para su subsistencia y la de su familia-, se aproxima al modo de producción de la gran industria, ya que en ambos
casos las relaciones de producción se caracterizan por la no propiedad
de los medios de producción y del producto por parte del productor
directo, y por la compra y venta de fuer,:a de trabajo.
En relación al sistema de fuerzas productivas se puede ver la manufactura como un desdoblamiento dei artesanado, y en relación al
sistema de relaciones de producción como un modo de producción
ya marcado por las relaciones de producción capitalistas. Solamente
con la quiebra de la no correspondencia entre los dos sistemas (fuerzas
productivas y relaciones de producción), con la subsunción real del
trabajo al capital, es que aparece la gran industria, que es el modo de
producción típico del capitalismo. Se puede entonces ver a la manufactura como un modo de producción en transición: en ella no hay relaciones de producción que correspondan a las relaciones del trabajador
con los medios de trabajo, hay una relación de propiedad que no se
apropió totalmente del trabajo, que aún es dependiente del trabajador;
en resumen, existe compra de fuerza de trabajo pero los medios de trabajo están dependiendo de los conocimientos y habilidades de la fuerza
de trabajo, pudiendo decirse en este sentido que los controla y los
"posee".
"El nuevo sistema de fuerzas productivas, del cual la gran industria
mecánica capitalista es el primer ejemplo, ... supone una reorganiza·
ción del sistema entero de las fuer7J1S productivas, de la relación de
apropiación real de la naturaleza" (Balibar, 1969).

Volviendo al caso de las haciendas del NOA, vimos que en ese modo
de producción se encuentra la unidad entre la fuerza de trabajo y el
medio de trabajo, lo que l'quivale a decir que el trabajador tiene una importancia crucial en el proceso de trabajo. En el nivel de las fuerzas productiva.~ tendríamos una unidad semPjante a la del artesanado. Sin embargo, si se consideran las relaciones de producción, aparecen las relaciones de• rnmpra y venta de la fuena de trabajo en la medida en que
el trabajo es organizado colPctivamente en función de la propiedad de
CATHEDRA

191]

�los medios de producción por parte del no-trabajador. Tendríamos
entonces un caso de modo de producción que corresponde al modelo
del "modo de producción manufacturero" y, en ese sentido, se podría
hablar de un modo de producción en transición.

1:

No se trata de ver la transición en términos de evolución: el modo
de producción de las "artesanías" textiles en las haciendas del NO¡\ podrá continuar por mucho tiempo reproduciéndose dentro de la no correspondencia entre el sistema de fuerzas productivas y el sistema de
relaciones de producción, y un cálculo sobre el tiempo para una transformación del modo significa un riesgo, en el sentido de crear un falso
problema.
Varios aspectos dan especificidad al modo de producción considerado:
1) el ciclo de actividades económicas regulado por las estaciones, por las épocas de siembra y cosecha, por las relaciones con el entorno regional (la plantación azucarera) que
domina en parte la fuerza de trabajo, por las vinculaciones
con tradiciones y festividades religiosas;
2) una tradición local en relación a las artesanías textiles
que, combinada a la imposibilidad de la autosuficiencia total,
favorece la reproducción de la fuerza de trabajo con todas las
características necesarias a la especialización en el métier, sumándose a los bajos salarios percibidos en actividades alternativas, rurales o urbanas.
Esos aspectos determinan que el tipo de modo de producción se
mantenga y se reproduzca dentro de un tipo análogo al de las primeras
manufacturas, vale decir, con un trabajador ligado al aprendizaje, con
la "posesión" de los medios de trabajo obtenida a través de dicho aprendizaje, y con la división del trabajo realizada en modelos de cooperación
simple.
El problema que debe ser abordado es ver cómo el trabajador, a
través de su inserción en ese modo de producción, siente la contradicciones de esa no correspondencia, es decir, cómo se representa en tanto
poseedor del control de los medios de trabajo (Cfr. Gatti, 1975). El po-

192] CATIIIDRA

seer el control de los medios de trabajo lo coloca en una situación de no
correspondencia en la medida en que no es poseedor del producto que
fabrica aunque sea poseedor del control de los medios de trabajo; en la
medida en que, para poner en acto sus habilidades necesita vender su
fuerza de trabajo, que supone ese métier.
Las representaciones que formule acerca de la importancia (generalmente de gran autoestima) de sus habilidades nos lleva necesariamente a
los procesos de adquisición de las técnicas, donde la familia juega un papel fundamental y la escuela tradicional poco o nada tiene que ver.
Si bien el ejemplo que he explorado resulta clarificador acerca de las
representaciones y de la importancia de la educación no sistemática, no
cabe duda que en todo modo de producción existente en el campo argentino un modelo teórico que tome en cuenta estas dimensiones deberá dar cuenta de la lógica que articula estas prácticas y de los valores en
juego acerca de la educación.
•

l

Posadas, enero-febrero de 1976.

m ,

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,.

.,
r

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CATHIDRA 193]

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194)

CATHF.DRA

CATHEDRA

195)

��Arturo Delgado Moya

Las
matemáticas y el desarrollo
social&lt;•&gt;
LA WSTORIA DEL HOMBRE est.á unida a la historia del trabajo.
La exist.encia del hombre est.á íntimament.e ligada a la exist.encia del

trabajo productivo y, en consecuencia, al mejoramiento constant.e
de los instrumentos que han permitido al hombre producir; este mejoramiento constant.e de los instrumentos de trabajo que el hombre
ha utilizado a través de su vida ha ido formando los elementos técnicos rudimentarios para la producción y la subsist.encia humana.
La transformación orgánica del hombre, los cambios habidos en
sus manos, el desarrollo de su int.eligencia, el uso de herramientas
cada vez más perfeccionadas, etcét.era, trajo consigo una transformación social que obligó al hombre a ir mejorando lentament.e las condiciones de su exist.encia.

(•) TnblJo PftlNntado por m autor en el Primer Coacnao lntemaelonal r Quinto Haeional
de la hoeied:6-. Nadoaal de Profe.... de llatemüeu, eeltbndo en Tola•, Kl&amp;ado de
Múico, del IO al 24 de febrero del Pft81D,te do.

CATIIEDRA [97)

�Junto a este desarrollo de la vida humana, el lenguaje jugó un papel importante como medio de comunicación de sus ideas, de las experiencias y de los requerimientos que cada vez se complicaban Y que
el hombre lograba transmitir a otros hombres, a otras generaciones Y,
posteriormente, a la humanidad.
La técnica, cuyo perfeccionamiento se da en el mejoramiento de los
instrumentos de producción, es decir, la evolución de las fuerzas productivas, todo esto es consecuencia del desarrollo social. Los avances
técnicos no podemos concebirlos independientes del progreso y la transformación sociales, en la medida que el hombre adapta a sus necesidades e intereses a la naturaleza.
En ese proceso de avances, la ciencia se contempla como una información, cuya acumulación de conocimientos son el factor decisivo para
el mantenimiento y desarrollo de la producción y como factor en la modelación de las creencias y actitudes hacia el universo y hacia el hombre.
La ciencia como institución es un cuerpo organizado y colectivo relativamente nuevo, cuyo factor de desarrollo ha sido el de la producción, en períodos donde el avance ha dependido de grandes esfuerzos
individuales.
Los científicos han creado su propio lenguaje, su propia estructura
de conocimientos, y han logrado formar todo un sistema de expresiones
y relaciones, que han ido quedando como un nuevo legado cultural a las
nuevas generaciones.
Para John D. Berna!, el gran científico inglés, la ciencia y su desarrollo están vinculados al progreso social, siendo la observación y la experimentación los métodos usados con mayor preeminencia, en la fase relativa a su período inicial.
Además de los métodos de observación y experimentación que el
científico ha puesto en práctica desde que se ha adentrado al estudio
de la naturaleza, ha creado los símbolos, fórmulas, leyes, principios,
hipótesis y teoría científica que le han motivado toda una actividad
para la investigación y el conocimiento de los procesos del universo.
La ciencia y la técnica deben estudiarse conjuntamente a través

[981 CATHEDRA

de la historia, para poder comprender los efectos, las implicaciones, las
interrelaciones en su progreso, dentro del contexto social e histórico y
dentro también de las formas del pensamiento que se dan y la influencia que han jugado para transformar el pensamiento humano.
El conocimiento científico es acumulativo. La ciencia como cuerpo de conocimientos en desarrollo se integra por las reflexiones y las
ideas; asimismo, por la experiencia y aportaciones de otros investigadores. El conocimiento científico es la síntesis, en un momento determinado, de un cúmulo de conocimientos anteriores.
La ciencia es como un edificio que nunca se deja de reparar.
La investigación científica constituye una cadena ininterrumpida.
Los grandes descubrimientos permiten el progreso de la ciencia, mientras que los científicos hacen el aporte de las condiciones de su existencia y la sociedad le permiten para lograr avances expectantes, en ocasiones con el apoyo predominante de sectores económicos y sociales que
comprenden la necesidad de progreso técnico y científico, y en ocasiones con la oposición de los núcleos que se resisten a todo cambio de
concepción científica y a todo aquel rasgo de progreso que tenga implicaciones en cambios futuros en el pensamiento del hombre.
La historia de los instrumentos de la producción está íntimamente
ligada a la historia de la técnica y la ciencia.
La historia del hombre se identifica con la historia de la ciencia y
la producción. En Grecia, el pensamiento. matemático constituyó una
síntesis de los conocimientos que los hindúes, árabes y otros pueblos
del Medio Oriente tenían acerca de las matemáticas. La sociedad esclavista en Grecia estimuló la actividad intelectual de su aristocracia hacia
la investigación científica y aplicaciones prácticas de los conocimientos,
cada vez mayores, del universo. El desarrollo del pensamiento abstracto
de los griegos, tanto para resolver problemas filosóficos como científicos, sentó las bases para una revolución científica, donde las matemáticas jugaron un papel importante en la aplicación de la capacidad cognoscitiva del hombre hacia los fenómenos de la naturaleza, con las implicaciones técnicas y productivas correspondientes. Esa capacidad de
abstracción desarrollada entre los griegos también sirvió para la elaboración de teorías que los alejó de la realidad, llegando al conocimiento
"de esencias internas e inmutables".
CATHEDRA [991

�Las ciencias naturales, por su parte, han adquirido un desarrollo
superior al de las ciencias de otro orden, justamente porque las capacidades del hombre, a través de su historia, se han centrado para mejorar la producción y los productos que la naturaleza les proporciona para
su alimentación, y para su existencia en general. En con~cuencia, las
ciencias naturales han ejercido una gran presión sobre las concepciones
del mundo y de la vida, han influído en el pensamiento filosófico que el
hombre ha tenido en épocas determinadas, situación que es diferente
en las ciencias de la sociedad, por ejemplo.
La segunda revolución de la ciencia y la técnica tiene su origen en
un conjunto de cambios profundos que se dan en la sociedad medieval
durante el período de máxima expresión de su crisis, que van desde el
siglo xii al siglo xv, período conocido como el Renacimiento de Europa
occidental.
Los problemas técnicos, relacionados con el mejoramiento de las
rutas comerciales, marítimas y terrestres, motivaron al surgimiento de
investigadores científicos, tanto para la navegación como para el mejoramiento de las formas de producción que la naciente burguesía demandaba. La presión de las necesidades sociales (históricamente) ha impulsado el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, cuyas imp!lcaciones en su propia transformación lo demuestran las revoluciones
burguesas posteriores al Renacimiento de Europa.
El progreso de la ciencia y su aplicación técnica trajo consigo un
perfeccionamiento en el modo de producción. En relación al proceso
antes mencionado, la tendencia hacia una estructuración matemática
de los conocimientos ha rebasado los simples procesos de la producción, llegando su aplicación a procesos sociales.
Los grandes descubrimientos e inventos del siglo xvi fueron decisivos para transformar los conceptos que sobre el universo se tenían,
acontecimientos como el descubrimiento de la inercia, la velocidad,
formas elípticas, etcétera. La observación y la experimentación constantes por parte de los científicos y el empeño por matematizar los
fenómenos de la naturaleza trajeron consigo toda una revolución en
la ciencia y en la técnica para dar origen a la fase final de la transición del feudalismo al capitalismo.
[l()()] CATHEDllA

El avance de la ciencia en los siglos xv, xvi y xvü radica en el impulso extraordi~ario dado por los grupos económicos, así como por
las nuevas necesidades de la sociedad.
La _e~perimentación en las ciencias naturales y la revolución en las
matemat1cas y
la física con Galileo, y posteriormente con Newton
v~ ~ ser_ la medula _de ~a revolu_ción científica. Junto al avance de
c1enc1a VIene su aphcac16n técmca la industria textil la p d · •
de hie
I d "dri
,
'
,
ro UCCIOn
rro, a e VI o, etcétera, que van a ser los factores productivos
que sufren avanc~s ex!raordinarios y que son inherentes al grado de
desarrollo Y de aphcac1on de la ciencia en la producción.

;º

1;

J?entro_ ~el proceso de formación de intelectuales, Copémico es una
m~ifestac1on de este avance cuando señala una nueva concepción del
universo, tanto para explicar el movimiento de los planetas como para
establecer una jerarquía y un orden de los planetas incl~yendo a la
Luna.
'
Copémico aporta las leyes del universo para el conocimiento de
nuestro planeta y su aplicación a otros orbes.
Tycho Brahe, junto a Galileo, Kepler y otros renacentistas conf?rman toda una concepción del mundo, donde los elementos ;ientíf1cos de f~e~a, aceleración, inercia, etcétera, constituyen un sistema
del conoc~1ento humano que conduce a una doctrina moderna, a
una filosof1a avanzada de la
. naturaleza .
Junto a todos ell?s, Galile? viene a proporcionar una concepción
~e la n~turaleza sencilla, accesible y digna de interpretación matemá·
t1ca, segun Arturo Azuela.
Duran~ _el siglo xvi se d~ procesos de integración de las ciencias,
las ma~~aticas, la astronom1a, la geometría, la medicina, la física,
la mecamc~ ~ _otras. Se van fundiendo para dar un resultado común:
ro~per def1mtivamente el monopolio del pensamiento de la iglesia y
abnrse p~o para dar cabida a las nuevas ideas planteadas por Francisco
Baco~, q?1en, con su método inductivo, va a dar un impulso importante
a la c1enc1a.
. , La i:evolución científica y técnica operada en los siglos xvi y xvii
dio cabida a los avances extraordinarios del desarrollo capitalista en
CATHEDllA [ 101]

�Europa, cuyo mayor impulso fué recibido en los Países Bajos como
Holanda y Bélgica, así como en Inglaterra y en algunas ciudades mediterráneas, países todos donde mayor desarrollo tuvo el capitalismo
durante los siglos xvi y xvü.
Los avances del desarrollo capitalista en Francia permitieron una
consolidación de los avances científicos y técnicos, dando cabida a toda
una estructura política en el orden socioeconómico, mientras que el
avance de la ciencia y la técnica se consolidaban para dar una nueva
concepción filosófica del mundo. Tales son las manifestaciones del naturalismo, del racionalismo, del empirismo y del materialismo.
Durante el siglo xix el avance extraordinario de la física trajo consigo nuevas concepciones del mundo, sentándose las bases para la física
moderna y el desarrollo de la revolución científica-técnica ciel siglo xx.
Descartes, Kant, Hegel, Marx, Engels, Comte y otros van a construir el marco del pensamiento europeo con las más variadas tendencias y contradicciones, obedeciendo a los diversos intereses económicos y políticos que las clases sociales existentes demandan.
La tercera y última revolución científico-técnica se ha registrado
en el siglo xx, juntamente con grandes revoluciones sociales que han
originado formaciones económico-sociales cuya predicción fue hecha
a mediados del siglo pasado. La ciencia y la técnica de nuestro siglo
son fuertemente impulsadas por el capitalismo y el socialismo, como
formaciones económico-sociales determinantes de nuestra época. En
el régimen de sociedad capitalista y en su fase superior, imperialista,
la ciencia y la técnica juegan un papel importante en la vida mercantil,
productiva, financiera, militar, etcétera.
La industria militar se ha destacado en la economía de las grandes
potencias imperialistas, y los científicos venden sus conocimientos para
que los políticos y los militares elaboren las estrategias más tenebrosas
encaminadas a la destrucción del hombre. En esta situación resulta ser
el científico un intelectual dentro de la sociedad, cuyos conocimientos
y aportaciones están encaminados a la destrucción del hombre. Tanto
la energía atómica como los elementos técnicos más extraordinarios de
precisión para la guerra nuclear se encuentran en los países donde el
científico vende sus conocimientos y sus aportaciones independiente-

[ 102]

CATHEDRA

mente del uso militar que el Estado dete .
.
coser apolítico y que debe estar fu
drml me. Le 1~clulcan al científiera e as luchas ideológicas Es
eso que, para la burguesía, el intelectual debe esta ·
· por
mas social d I
d
r a¡eno a 1os problees e . mun o, ya que su campo de investigación es la materia
sus transformac1ones etcétera R ltad d
,
fico de laboratorio h~ce grand~s d::~ubri:ie~~sd; ~llo q~e el cientíres y políticos le dan el uso más atroz e inhuman os e\ra gas mihtase puede imaginar. La ciencia está al
. .
o que ombre alguno
1
los P,ueblos ~, de ser necesario, destruir:7,
:::~~~~:t~p~ota .ª

e:

;~\1!

::c~:~~~o::::a!:_explotación de los recursos naturales en f:vo:~~
En sociedades como la nuestra se
· d
. ,.
tido social. En los propios Estad ' U r~qwere e un c1ent1f1co con senlia, Alemania etcétera hay un : dm ?s, Y en Iglaterra, Francia, Itacularmente 1ds físicos, 'químico~ y ~i~~;;~;i:e los científicos -partial conocimiento de la estructura at' .
ara que_sus aportac10nes
energía atómica solar etcéte
. om1ca, las pos1bihdades de crear
y de la naturale '
'
ra, no mva para la destrucción del hombre
za.
En los p~íses socialistas, el científico se considera parte activad 1
causa mundial de la paz el d
. . . .
e a
solidaridad d 1
'
esar~e_, 1a conv1venc1a mternacional y la
hombre conc:n: ~ue_blos. El c1entif1co, en un país socialista, no es el
o de in_~estigació:. ;:::~ªE~t=:~l~~~:~:~:~s ::~:n:~:\:es técnicas
obhglac1on del c_ientífico de conocer el contexto internacionJ~:;anqu~:
dan os acontec!Illientos las
ca al tad
'
nuevas aportaciones a la ciencia a la técni
.' ales
?que guardan los problemas sociales y los conflictos intemaC10n es mas destacados de 1 ,
L
.
·
científic,J en
. a epoca. a conciencia que se le forma al
servir ·
e~ Estado soc1al1sta es el de considerar que la ciencia debe
vida d~l:::ci:e~ o controlar las enfermedades que tienden a reducir la
El invest(gador toma conciencia del uso que el Estado socialista d
a sus aportac10nes científicas.
a
. , E~cie?tffico Pllf1:ic(pa d~ la_ lucha ideológica, participa de la concepc1on osof1c~ mate?31~~-d1alectica, se considera parte de una corriente _del pensarmento filosof1co, político y social, cuyo fin es una sociedad
mcoasnd~~anzadda qu~ ofre_zca al hombre más riqueza material y meJ· ores
1c10nes e existencia.

CAfflEDRA [ 103]

�El científico en el Estado socialista es un hombre ligado a los problemas mundiales, con clara conciencia del papel que juega la ciencia en
favor de la humanidad y no permite ni justifica que los avances de la
ciencia y la técnica sirvan para ejercer dominio o destrucción sobre los
pueblos. Se forma al científico con la convicción de que la técnica y la
ciencia, además de mejorar las condiciones de dominación del hombre
sobre la naturaleza, de prolongar su existencia, de resolver sus problemas alimenticios y de la producción, debe servir para impulsar el proceso de liberación de los pueblos y acabar con el dominio y explotación
del sistema capitalista y el colonialismo.
Por último, la actividad científica no se limita solamente a la obtención de nuevos conocimientos acerca de la naturaleza y de la sociedad,
sino que resulta de trascendencia histórica y social la divulgación de los
avances científicos y técnicos. Es aquí donde el maestro juega un papel
importante en la transmisión del conocimiento científico y las implicaciones sociales a que nos hemos referido.

[ 104]

CATHEDRA

-~-·

....

~

�Tomás González de Luna

Naturaleza
y sociedad&lt;*&gt;
LA INQUIETUD POR EL ESTUDIO de este tema nos surgió del
artículo de Lombardo Radice: "Sí, para suerte nuestra" ... , comentario a una carta de Louis Althusser y publicado por Rinascita, con el
título de "La filosofía, la política y la ciencia".
Radice divide su respuesta en dos afirmaciones fundamentales:
1) La distinción entre ciencia marxista de la historia y filosofía marxista; y 2) La relación entre materialismo dialéctico y ciencia marxista
de la historia.
Estas, considera Radice, surgieron de la orientación dada por
Gramsci al marxismo: como filosofía de la praxis y como ciencia de la
historia y de la revolución; es decir, de su explicación de la relación
entre filosofía y política.
La distinción entre ciencia marxista de la historia y filosofía marxista, dice Radice, permitió al marxismo italiano dar solución a la rela(*)

Ponencia pre,entada en el Secundo Coloquio Nacional de Filoaofía, celebrado ea Moa•
teirey, N. L., del 3 al 7 de octubre de 19'1'7, con la participaci6n muy activa de nueatra
Facultad de Filomfía y Lettu.

CATHEDRA [ 105)

�ción teoría revolucionaria y partido revolucionario. Reúne, por consiguiente, en torno suyo, a todos los revolucionarios guiados por la concepción de la historia como lucha de clases y a todos los defensores del
socialismo científico.
Una segunda aseveración, distinción entre materialismo dialéctico
y ciencia marxista de la historia, afirma el autor de Gli accusati ... ,
"posibilita una vinculación entre la filosofía, concebida como hipótesis general de trabajo, y las teorías científicas en el momento de su
fundación. Esto es, la laicidad de toda ciencia, la compatibilidad de la
ciencia con filosofías distintas de aquella que es determinante para su
formación".
Y vuelve Radice: "Esta distinción permite los grandes desarrollos
positivos de la filosofía política marxista en Italia: la libre confrontación de ideas, la posibilidad de valores fuera del marxismo, el pluralismo y la articulación del Estado socialista, no como concesiones al adversario de clase, sino como necesidades vitales de la propia batalla y
estrategia revolucionaria" (1).

MATERIALISMO DIALECTICO Y MATERIALISMO HISTORICO
A NOSOTROS, estas tesis de Radice nos llevan a hacer varias consideraciones.
Si bien es cierto que a Gramsci le interesó, sobre todo, el aspecto
humano (y, por lo tanto, también el ideológico, superestructura! e histórico), sus reflexiones a la difícil cohesión entre naturaleza e historicidad lo llevaban a suscribir la tesis engelsiana de la unidad real del mundo, demostrada por el largo y laborioso desarrollo de la filosofía y las
ciencias de la naturaleza.
Luporini, citando a Gramsci, dice: "Esta formulación contiene realmente el germen de la concepción justa, porque se recurre a la historia
y al hombre para demostrar la realidad objetiva" (2). Lo anterior es una
anotación historicista esencialmente gramsciana. Con todo eso, sólo
quien tuviera los ojos vendados por el dogmatismo y el escolasticismo
podría encontrar en ella cierto alejamiento de la posición de los clásicos.

[ 106] CATHEDRA

Cen:~ni, en términos parecidos, expresa: "En la base unitaria de la
obra
· . es d ec1r,
·
¡ · critica
ta • de Marx se halla una constante instancia un·t
1 aria,
a ms nc1_a ~ue tiende a aprehender en su plena totalidad la unidad del
mundo ob¡etivo (naturaleza y sociedad)" ( . . . ). "Esta·mstanc1a
· um·ta na
·
--~agr:ga- , a _la vez hipótesis y experimentación, o sea, construcción
c1ent1f1ca racional, se halla también en la base de la obra programática
de Marx, fundada en la necesidad histórica de unificar el conocimiento
humano en una ú_nica ciencia positiva, capaz de excluir todo apriorismo
Y toda deontolog1a para aferrarse a los criterios unívocos de la ciencia
ya no solamente en relación con la naturaleza, sino también en relació~
con la historia y con la sociedad humana" ( 3).
Pres!ipino'. textualmente afirma: "En su primer ensayo sobre Ja
econom1a poht1ca, Engels expresó que esa gran alteración de las cosas
a_cuyo encuentro se encamina el siglo, es la reconciliación de )a huma'.
mdad con la naturaleza y consigo misma. En este enunciado está contemdo, en germe~, una temática constante del materialismo histórico, que
en Marx tendr~ una formulación distinta y más rigurosa, significando
que
resoluc10n de las contradicciones que surgen en la esfera de las
rela?i?nes de producción (... ) es la resultante previsible, en el tiempo
h1stónco1 de un proceso que, por su génesis, tiende a conservar y desarrollar las 'fuerzas productivas' " (4).

!ª

E. Fiorani, en su estudio: F, Engels el materialismo dialéctico
~a1
sen a que el marxismo occidental, en aras' de un materialismo históri-'
co con un contenido sociológico contrapuesto a las ciencias naturales
esquema extraño al marxismo, tomado del historicismo alemán indu~
a atribuir una validez "transitoria" al mismo materialismo hlstórico
pues lo_ pr?pone como una simple expresión crítica y, a la vez, negativ~
del cap1.ahsmo. Luego, si el materialismo histórico, disociado y "liberado del materialismo dialéctico", se caracteriza por un contenido genéricamente "humanista", orientado hacia una naturaleza humana metafísica,
.
. una problemática de la "alienación humana" ' entonces las influenc1as idealistas se hacen totalmente patentes (5 ).
Luporini, refiriéndose al marxismo soviético sin mencionarlo, afirma que es una de aquellas formas de exposición del maz;i¡ismo ( . .. ) en
las cuale_s el materialismo histórico se presenta según una implícita lógica_ clasif1cado_ra y no dialéctica; o sea, como caso particular de aplicac1on a la sociedad de un más vasto " materialismo dialéctico"; y cuya
CATHEDRA [ 107]

�descripción de contenido parece no necesitar de la presencia del hombre en el mundo (6).
El mismo Prestipino, en comentario a la opinión de E. Fiorani, q~e
juzga un grueso error típico del 'diamat' soviético la ~plicación extn_nseca de la dialéctica a contenidos ya dados o ya formalizados por las dISciplinas científicas singulares, especialmente aquellas que tienen po_r objeto los fenómenos de la naturaleza, indica: "Si bien la observa~10n _es
fundada, resuelve el problema de un modo engañoso y contrad1ctono,
porque, por un lado, se exagera la conocida fórmula de Engels de la
total compenetración entre el método dialéctico y los contemdos de
las ciencias particulares, y, por el otro, se insiste en la ambigua expresión de 'concepción del mundo', o Weltans-chauung, para definir el materialismo dialéctico como tal, o como conocimiento general distinto
de los conocimientos científicos particulares" (7).
"El materialismo dialéctico -establece Lenin-, por oposición al
materialismo mecanicista ' tampoco depende de enunciaciones de. con.
tenido ligadas a un estudio históricamente determinado de la conc1enc1a
científica-natural, sino que sostiene, como Marx, que los hombres, cualquiera que sean las condiciones históricas en que vivan, se ven frente a
un mundo de cosas imposibles de suprimir, del cual deben apropiarse
para vivir" (8).
Marx, en La sagrada familia, comenta categórico: "El ser humano
crea, pone objetos, sólo porque es puesto por objetos, porque es, desde
su origen, naturaleza. En el· acto de poner no pasa, por lo tanto, d~ s~
'actividad pura' a una creación del objeto, sino que su producto ob¡etivo sólo confirma su actividad objetiva, su actividad como acción de un
ser natural objetivo" (9).
En El capital se expresa en los mismos términos: "El hombre mismo considerado como mera existencia y fuerza laboral, es un objeto de
la ~aturaleza, una cosa, aunque sea una cosa viva y autoconsciente, y el
trabajo mismo es expresión en las cosas de aquella fuerza" (10).
Badoloni, al respecto, concluye: "El efecto, en el concepto de dialéctica, se resumía, por un lado, en un proceso biológico e histórico
desarrollado hasta entonces en gran l&gt;arte en el nivel espontáneo Y, por
otra parte, se formulaba su solución racional y libre, bajo la forma de
una necesidad" ( 11).
1

1
1

11

[ 108)

CATHEDRA

Para Lukács -dice Prestipino-, ontología significa referencia al
estrato más elemental de la realidad material. Una "dialéctica de la naturaleza" no metafísica. Ahí donde Marx y Engels proclaman como
única ciencia a la historia, sostiene la hipótesis de que, si en el futuro
se llegara a descubrir la historia de la composición de la materia, habría
terminado entonces la forma eterna de la materia; o sea, su cognoscibilidad sólo en el cuadrado del postulado físico-matemático galileanonewtoniano, comenzando su cognoscibilidad también en el marco de
la dialéctica-histórico-materialista marxiana y engelsiana. Pareciera perfilarse, en esa sencilla previsión, una sustancial modificación en el significado de las fórmulas "materialismo dialéctico" y "materialismo
histórico", respecto a la versión estaliniana. El materialismo histórico
ya no sería más la extensión y la aplicación de los principios generales
del materialismo dialéctico (válido para cualquier tipo de realidad), al
terreno específico de los fenómenos sociales y a la historia del hombre (12).
Schmidt, en referencia a Lukács, señala: "Para Marx, la naturaleza
no es sólo una categoría social. De ninguna manera se puede disolver
sin residuo, según la forma, el contenido, el alcance y la objetividad,
en los procesos históricos de su apropiación. Si la naturaleza es una categoría social, también vale la proposición inversa de que la sociedad
representa una categoría natural" (13).
Engels -dice Schmidt- adopta una teoría de la naturaleza, desde
fines de la década de 1850, opuesta a Marx. Mientras Marx concretiza,
en el análisis histórico-económico de El capital, el programa de las
Tesis y, con ello también, el problema esencial para la Ideología alemana de la relación existente entre naturaleza y praxis social, Engels,
en cambio, con ayuda de categorías dialécticas, interpreta resultados
ya disponibles de la ciencia natural.
Para probar su aserto, Schmidt recurre a textos de Engels, extraídos
del AntiDühring y de su Dialéctica de la naturaleza, como el siguiente:
"La dialéctica es ( ... ) la ciencia de las leyes generales del movimiento
y desarrollo de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento" (14).
Schmidt observa que Engels ve la naturaleza y la historia como dos
dominios de aplicación distintos del método materialista-dialéctico.
Para Marx, son dos elementos inescindiblemente entretejidos.
CATIIEDRA [ 109]

�O bien este otro texto: "La unidad del mundo consiste en su materialidad".
De la misma manera, Schmidt señala: Es el real dominio, y no sólo
un "largo y complejo desarrollo de la filosofía y la ciencia natural",
como piensa Engels, por más que éste forme parte del proceso, lo que
lleva a su plena realización el concepto de unidad del mundo.
Por consiguiente, el discurso sobre la materialidad del mundo no
significa en absoluto nada de positivo. Sólo expresa ingenuamente el
carácter material total de lo naturalmente dado ( 15).
"El intento de Engels, de interpretar el dominio de la naturaleza
prehumana y extrahumana, en el sentido de una dialéctica puramente
objetiva, debe llevar de hecho a la incompatibilidad de la dialéctica y
materialismo ( ... ). Si la materia se concibe como dialécticamente estructurada en sí, deja de ser materia en el sentido de la ciencia exacta
natural, sobre la cual Engels y sus seguidores creen poder basar su posición" (16).
Así Jo ha dicho Marx en La sagrada familia: "La materia no la ha
creado el hombre. Lo que llega a crear es la capacidad total productiva
de la materia sólo bajo el presupuesto de ésta" (17).
En los Manuscritos parisinos escribe: "El hombre es un ser corpóreo todo hecho de fuerzas naturales, viviente, real, sensible, objetivo.
'
Significa
que tiene como objeto de su existencia, de su manifestación
vital, objetos reales, sensibles, o que sólo puede expresar su vida en objetos reales, sensibles.
"Un ser que no tiene su naturaleza fuera de sí no es un ser natural,
no forma parte del ser de la naturaleza".
Y en El capital: "No es la fertilidad absoluta del suelo, sino su diferenciación, es decir, la multiplicidad de sus productos naturales, lo
que constituye la base natural de la división social del trabajo y acicateó al hombre para la multiplicación de sus propias necesidades, capacidades, medios y modos de trabajo, a través del cambio de las circunstancias naturales, dentro de las cuales éste habita" (18).

[ llOJ

CATHEDRA

Schmidt observa: Para Marx, el intercambio orgánico entre el hombre y la naturaleza es un caso especial de la transformación de las cosas
naturales y se ubica bajo la categoría de intercambio, e inversamente.
Para caracterizar el proceso del intercambio, Marx recurre al concepto
de intercambio orgánico. En el proceso inmediato del trabajo, es decir,
en el intercambio orgánico entre hombre y naturaleza -reafirma--,
que el aspecto material se impone a sus determinaciones formales históricas.
Alfred Schmidt, reseña Prestipino, se esfuerza .en subrayar una incompatibilidad entre el pensamiento de Marx y Engels, en relación al
concepto de naturaleza. Esto es, al significado de las fórmulas materialismo dialéctico y materialismo histórico. Pero concluye con una
rígida fórmula de tipo kantiano, cuando hace decir a Marx que existe
una naturaleza independiente (... ). Pero nosotros conocemos que sólo
hay ciencia de la naturaleza socialmente mediada.
Polemizando con el Feuerbach de Engels, Schmidt escribe: "La
cuestión de la relación del ser con el pensamiento, del espíritu con la
naturaleza, pierde absolutamente importancia, ya que hoy es evidente
que conceptos como 'pensamiento' y 'ser', 'espíritu' y 'naturaleza',
Juntamente con los principios de explicación de las ciencias naturales,
son productos que surgen de la praxis, instrumentos con los cuales
los hopibres buscan resolver no problemas eternos, sino problemas
más históricamente condicionados" (19). "Tal afirmación es indiscutible cuando se refiere a los 'problemas', y a las exigencias de la praxis
humana, pero no lo es tanto cuando se refiere a los 'principios' de explicación de los fenómenos naturales. Puesto que, si incluso los principios de la ciencia sólo se reconocieran verdaderos en el ámbito de
determinadas condiciones históricas, Schmidt no podría enunciar como
'eterno' su principio mencionado de la universal instrumentalidad, determinación y relatividad histórica de los teoremas científicos. Debería
al mismo tiempo postular igual legitimidad de principio contrario, en
una determinación histórica diferente. Permanecemos, recalca Prestipino, todavía en el dualismo entre un 'saber' (el 'postulado' kantiano) y
'un conocer' (la 'determinación' kantiana)" (20).
Continuemos, dice Prestipino, con la tesis de Schmidt, según la
cual: "los enunciados relativos a la naturaleza pueden formularse y
aplicarse sólo con la ayuda de categorías sociales. Llevada a sus límiCATHEDRA [ 111)

11'

�tes, esta tesis significa identificar la ciencia con la actividad social en
cuanto tal. Si luego se borra o atenúa la dialéctica discriminatoria entre
fuerzas productivas y relaciones sociales de producción, entonces la
ciencia podría identificarse con el trabajo productivo, como lo hace
Schmidt, en el cual, según una irónica frase de Marx, retomada por
Schmidt, los hombres se comportan al mismo tiempo como materialistas sensualistas y como idealistas subjetivos" (21).

'.'Es e~dente q~~ la preocupación de circunscribir drásticamente
la nguros1dad _c1ent1f1ca del materialismo histórico al estudio del resente, ~e relaciona c~n la teoría l?gica_ Dellavolpiana de la abstrac!ón
determmada, Y constituye, por as1 deculo, su corolario más consecuen1';· .Pero q~eda abierto el problema de saber si esa teoría lógico-filosof1ca no tiene también ella sus remotos supuestos en algunos · ·
píos ontológico-filosóficos" (25).
pnnci-

"¿Pero es verdad que los enunciados relativos a la naturaleza pueden formularse y aplicarse sólo con la ayuda de categorías sociales?
Schmidt debe admitir, siguiendo a Marx: Mientras las categorías económicas pierden validez con la desaparición de las relaciones históricas que ellas expresan, las categorías lógicas, en cambio, aún estando
condicionadas por supuestos históricos humanos, gozan de ámbito
de validez más amplio y general. Son sedimentos históricos de la especie" (22). Agrega Prestipino: "Cuando se subraya el carácter históricamente determinado de algunos conceptos de la economía política se debe distinguir entre el ámbito limitado al cual pueden aplicarse y su validez epistemológica (que evidentemente no desaparece
ipso facto con la terminación de ese ciclo histórico determinado, aún
cuando no pueda aplicarse sino a él). Además, si la economía política
( o la 'crítica de la economía política') quiere constituirse como ciencia
debe someterse a la condición epistemológica propia de todas las ciencias, en virtud de la cual se puede discutir en torno a un ámbito dado
de objetos, solo mediante conceptos que, por definición, no trascienden. Y, por otra parte, ¿cuál es la fuerza de la moderna ciencia de la
naturaleza, sino la capacidad de universalizarse progresivamente, mediante teorías que incluyan otras anteriores unificándolas?" (23).

~a ~is~oria, para Gramsci -acota Roberto Cessi, en su estudio
El histo~~wno Y los problemas de la historia en la obra de Gramscise 1de~tif1ca con la vida del mundo, en la cual el actor no es la natura'.
leza, ~mo el hombre! pero n~ reducido a una simple expresión ideológica, m a una expres10n economica -el horno economicu- tam
t'
bt
·
,Y
poco
a u_n 1po a s racto, smo al hombre considerado como su¡·eto de 1
.
lac1ones.
as re

"Así -dice Prestipino-, el materialismo de Marx sería el conocimiento científico de las modernas relaciones sociales, en su génesis,
en su estructura y en sus leyes internas de movimiento. Korsch, en su
interpretación de Marx, lejos de buscar una serie de principios generales
siempre válidos de la ciencia social, circunscribe drásticamente la rigurosidad científica del materialismo histórico, como modelo de análisis
social, afirmado en la crítica de la economía política de la sociedad
burguesa moderna (... ). De aquí el mérito atribuído a Korsh por la
emancipación -dice Prestipino-, por la emancipación del marxismo
teórico de las aporías que todavía lo atenazan, y por la revalorización
de la instancia antifilosófica que en Marx precedería de consuno con
la otra, análoga, de la superación del Estado" (24).
[ 112) CATHEDRA

0

"La vida es el conjunto de las relaciones de las energías que actúan
e~ el _mundo, e~ el -~asado, en el presente, en el futuro, por lo cual la
histona es venf1cac1on del pasado, actuación del presente y previsión
del futuro, Y se realiza, no de acuerdo a una ley de regularidad conforme ,ª la ley de los hechos naturales, sino siguiendo un proceso de tesis y
anti tesis, de ~ternas contradicciones, de las cuales todas las filosofías
han sido manifestaciones y que cada uno supone reducido en un substrato sobre un esqueleto constituído por factores fundamentales
--estructuras-:-, Y por factores derivados, -superestructuras de elementos domman~s de hegemonías- y de elementos subyacentes
-.ubalternos-, suJetos a constante evolución por un proceso de perpetuo devenir" (26).
·
"La base de _la dinámica histórica está en dos movimientos y presuP_~ne dos cond1c1ones -agrega Cessi-: 1) Para el nacimiento y la realizacion _de las tareas que la humanidad se propone resolver, se presupone
la ex1~tenc1a real y efectiva en el proceso del devenir, de las condiciones
matenales aptas para su solución; 2) Una estructura social no desaparece antes de haber agotado las fuerzas productivas que es capaz de produci~, Y tampoco antes de que se construyan las nuevas y más activas
relaciones de producción, maduradas en el seno mismo de la vieja sociedad" (27).
Ahora bien, la filosofía, en su máxima síntesis, como ciencia de la
CATHEDRA [ 113)

�dialéctica gnoseológica, reduce a unidad orgánica los conceptos generales de la historia, la política y la economía, en las que se origina la teoría de la historia, y en las que se identifica la filosofía de la praxis.

de captarlo ( objetivo, científico), sino muy especialmente por el modo
de ejercerse esta filosofía: como teoría que se inserta en la praxis misma" (30).

"Filosofía de la praxis -como indica Adolfo Sánchez Vázquezconsiderada en una unidad indisoluble del proyecto de emancipación,
la crítica de Jo existente y el conocimiento de la realidad a transformar.
El gozne en que se articulan estos tres momentos es la praxis como actividad real orientada a un fin. Se trata de transformar el mundo (proyecto fin) con base en una crítica y en un conocimiento de la existencia. El problema teórico (filosófico) fundamental es, por tanto, el problema práctico de la transformación del mundo humano, social; o sea:
el de la autoproducción o cumplimiento del hombre, en un contexto
histórico-social dado, en y por la praxis" (28).

Como conclusión, por nuestra parte, sin tomar en cuenta las manifestaciones extremas, en la consideración de la relación existente entre
el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, creemos que la
afirmación de Marx, en carta a Kugelman, resume nuestra posición:
"Las leyes naturales no se pueden suprimir. Lo que se puede cambiar
en condiciones históricamente diversas es sólo la forma en que aquellas
leyes se imponen" (31).

"Así, pues, la 'filosofía de la praxis' supone una opción ideológica,
un punto de vista de clase. Y, de acuerdo con esta opción, tiene que dejar de limitarse a contemplar o interpretar el mundo y contribuir a su
transformación. La teoría (la filosofía) arranca de esta opción, de la
praxis misma y cumple una función práctica, y por esta inserción consciente, buscada, su práctica como filosofía cambia radicalmente" (29).

'1

"La transformación del mundo -continúa Sánchez Vázquez-,
de la realidad humana y social, se presenta, pues, como un fin u objetivo último al que han dejado de ajustarse tanto el pensamiento como
la acción. Este fin es, en definitiva, la expresión del interés de una
clase social -el proletariado- que sólo puede emanciparse -y con ella
toda la humanidad · transformando consecuentemente la realidad. Se
trata de un fin que nace de la praxis histórica misma y que sólo puede
realizarse con una acción práctica que requiere cierta teoría. La racionalidad de esta praxis no radica sólo en el conocimiento del objeto,
sino también en su ajuste a ese fin último, a través de su inserción en
la praxis que lo realiza. No cualquiera acción real (cualquier movimiento obrero) resulta racional; se requiere que se ajuste al interés de clase
fundamental que se expresa en ese fin último. Y para ello la praxis nenecesita de la teoría.
"Pero no de cualquier teoría, sino de aquella que implica una
transformación radical en la filosofía misma: no sólo por el objeto que
capta (la praxis, o el ser que se constituye en la praxis), o por el modo

[ 114]

CATHEDRA

LA LAICIDAD DE LA CIENCIA
VOLVIENDO A RADICE, cuando éste le reconoce a Althusser
la afirmación de que "Gramsci vió y pensó con fuerza una de las dos
determinaciones de toda filosofía: la relación entre filosofía y política, pero no vió con igual vigor ni aisló la otra determinación: la relación
entre filosofía y ciencia" ( 32), creemos que se separa de la noción
gramsciana.
El materialismo histórico sería el correcto conocimiento lústoriográfico de cualquier región de lo real (incluído, por Jo tanto, el virtual
conocimiento historiográfico de la naturaleza inorgánica), mientras que
se sustenta en un empleo apropiado de ciertas categorías analítico-&lt;iialécticas en su forma abstracta, pero siempre referidas a los momentos
centrales del desarrollo histórico concreto. Constituirían, entonces, el
materialismo dialéctico, o bien la filosofía marxista.
Esta posición de Radice permite aceptar el aserto de Berlinguer
reconociendo que algunos caracteres de una parte del marxismo italiano moderno deben atribuírse a las acentuaciones voluntaristas presentes en el historicismo gramsciano. Luporini, por su parte, escribe: "Puede ser que haya en Gramsci, de hecho, sobre todo por razones de polémica interna (contra las penetraciones de materialismo metafísico en
..el marxismo), cierto debilitamiento de la instancia, o componente naturalista, respecto a la instancia humanista" (33).
Estimamos, por nuestra parte, que Radice, al enfatizar la distinción
entre filosofía marxista y ciencia marxista de la historia, se adhiere a la
CAfflEDRA [ 115]

�tendencia de la desfilosofización del saber. Explicable su propósito
por reivindicar la herencia gramsciana, que ha llevado "al Partido Comunista Italiano a una concepción justa y correcta de la unidad ideal de sus
miembros".
Engels, al respecto, afirma: "De toda la anterior filosofía no subsiste al final con independencia más que la doctrina del pensamiento y de
sus leyes, la lógica formal y la dialéctica. Todo lo demás queda absorbido por la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia" (34).
Este mismo autor, en su obra: "Feuerbach ... , admite el carácter
de la filosofía por el contenido, pero no puede evitar contraponerla a
las ciencias particulares más rigurosas, porque su método: que es analítico e hipotético-deductivo ( ... ) en las ciencias, en la filosofía es sintético o inductivo ( . .. ). Similar contraposición ( ... ) probaría ( .. . )
el carácter no científico de la filosofía, y, en consecuencia, la ilegitimidad de su pretendida función unificadora de las ciencias" (35).
Sería interesante -observa Prestipino- ver cuanto existe aún de
esta visión dualista (relativismo e irrespetibilidad de la historicidad) del
historicismo, en la fórmula gramsciana del "pesimismo de la inteligencia-optimismo de la voluntad". En tal caso, se reabriría el discurso sobre
los orígenes, conquista y límites del historicismo marxista en nuestro
país y sobre sus verdaderos pecados relativistas, iguales y contrarios a
los científico-absolutistas de las corrientes de los países socialistas. Un
intento de evitar los escollos del historicismo es la propuesta "sociológica" que no significa uria exclusión de la historia, sino que, sencillamente, .señala el hecho de que esto que es histórico no puede ser problematizado sino a partir del sistema de lo presente. La ciencia de la historia (y la teoría de esta ciencia) depende por tanto de la ciencia de la so·
ciedad (y de su teoría) (36).
En cuanto a la tesis de Radice, sobre la laicidad de toda ciencia,
Prestipino, coincidiendo, afirma: "La filosofía no sería la síntesis que
sobreviene después que cada una de las ciencias ha alcanzado ciertos resultados, sino la actividad misma constituyente de un marco científico,,
en general, en tanto preceda y funde idealmente la metodología de laf.
ciencias. La filosofía precedería de las ciencias históricamente, como
pensamiento que anticipa, preanuncia y prepara cada una de las disciplinas. Estas, si bien se desprenden de ella, provocarían la desfilosofiza[ 116] CA THEDRA

ción ~e otros tant_os sectores del saber, aunque sin ahogar del todo la
necesidad Y la exigencia del filósofo, como exigencia imperecedera.
, "Las de~cias fundadas por Galileo -dice Radice- tienen como hi-

i;te~~ filosof1ca general la del racionalismo matemático. Tal hipótesis

oso 1~a se ha ~emostrado unilateral e incompleta. Esto no quita que
la c1enc1a de Galileo sea hoy aceptada, en su ámbito específico de validez, por hombres que tienen distintas filosofías ( ... ). La misma relación -concluye Radice-;--_ e_~iste entre el materialismo dialéctico, la hipótesIS general que perm1tio a Marx altanzar su gran descubrimiento
científico y la ley del movimiento de la historia" (32).

Estimo que la noción de_Radice, de laicidad de la ciencia, no es
a~ertada. P?rqu_e precisamente los grandes desarrollos de la filosofía poI~t1ca ~arx1sta 1tal1ana son producto del conocimiento del "punto teónco mas delicado de toda la filosofía marxista": la cohesión indisoluble entre naturaleza e historicidad.
" .E! mismo sentir nuestro lo corrobora Prestipino cuando acota:
DIStmto es el problema de la relación entre las ciencias de lo diacrónico (historia Y filosofía globalmente consideradas) y las ciencias de lo
sincró?ic?, e~ las que, global~ente se incluyen las experimentalestaxonom~cas ( naturales ) y las log¡co-matemáticas ('exactas'). Se trata
de dos ruveles epistemológicos entre los cuales no subsiste coincidencia
m mterpenetración, ni inversión de acento, sino una relación analó'.
gica, debido al hecho de que las ciencias de lo diacrónico (por lo demás
mduso en el aspe~to ontológico, en la realidad objetiva, lo sincrónic~
repite, como ya senalamos, lo que por su origen y naturaleza es diacrónico). Por supuesto, sólo desde el punto de vista del filósofo de la ciencia se puede afirmar que las ciencias de lo sincrónico no coinciden ni se
interpenetran con las de lo diacrónico. En la práctica científica de una
personalidad individual y en la historia efectiva de una obra particular,
ciertamente los dos agrupamientos pueden coexistir de una manera
profi?ua y entrelazarse, como lo atestiguan El capital, en muchas de
sus paginas, y los Manuscritos matemáticos de Marx (38).
"Si se acepta considerar como una correspondencia analógica la
que_ media entre las ciencias de lo diacrónico y las de lo sincrónico, es
decrr, entre las categorías de la 'lógica histórica' y las de la lógica formal (que abarca a la lógica simbólica), se evita con más facilidad la
CATHEDRA [ 117]

1

1
1
1

1

�aporía a que suelen dar lugar las disputas sobre el concepto de necesidad histórica, cuando éste es aceptado, no ya como análogo, sino como homólogo de las leyes generales (o de las uniformidades funcionales) propuestas en el nivel de la lógica formal (o de la lógica simbólica).
¿Cómo se puede pensar en una ley si su verificación está confiada a un
solo acontecimiento histórico, 'singular' en tanto irrepetible? ¿Cómo
puede pensarse en términos de semejante 'necesidad' histórica, por
ejemplo, la revolución francesa, si la única verificación de tal necesidad
('general', por presunción) es el mismo acontecimiento histórico ('específico') denominado revolución francesa?" (39)_.

NOTAS
1) Lombardo Radice, "Sí, para suerte nuestra", en Materialismo histórico y materialismo dialéctico, pp 87·92.

2) Cesare Luporini, La metodología del marxismo en Gramaci y el marxismo
p.51.
'
3) Umberto Cerroni, "Gramaci y la auperación de la aeparación entre aocied8 d
Estado", en Gramsci y el marxismo, p. 97.
Y
4) G. Preatipino, El penaarniento filooófico de En=la,
• la , p. 156.
.- trad. espano

Estas últimas observaciones implican, sin embargo, una sustancial
rectificación del concepto que atribuye al materialismo dialéctico el
objetivo de 'universalizar' o generalizar los resultados de cada una de
las ciencias físicas y naturales ( o mejor dicho, ciencias de lo sincrónicos) y de las generalizaciones propuestas por las mismas ciencias. Muy
distinta es la relación que se establece entre la filosofía dialéctico-materialista (como componente de un conocimiento histórico más vasto y
articulado) y las llamadas ciencias 'naturales' que no tienen más que
una clara delimitación de competencia epistemológica histórica, consistente en abstraer el modo de funcionar propio de aquellas ciencias,
tal como resulta del análisis histórico sistemático de su desarrollo y de
la comparación con el desarrollo de las mismas ciencias históricas o de
otras funciones cognoscitivas ( 40).

5) Citada por Preatipino, op. cit., p. 167.
6) Cesare Luporini, op. cit., p. 50.
7) G. Preatipino, op. cit., p. 224.
8) A. Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx, trad. eapañola, p. 71.
9) Op. cit., p. 73.
10) Ibidem.
11) G. Preatipino, op. cit., p. 188.
12) Op. cit., p. 197.
13) A. Schmidt, op. cit., p. 78.
14) A. Schmidt, op. cit., p. 49.
15) A. Schmidt, op. cit., p. 54.
16) Ibidetn.
17) Op. cit., p. 72.
18) Op. cit., p. 98.
19) G. Prestipino, op. cit., p. 210.
20) Op. cit., pp. 219 y 220.
21) Ibidem.
22) Ibidem.

[ 118]

CATHEORA

CAfflEORA [ 119]

�23) Op. cit., p. 221.
24) lbidem.
25) lbidem.
26) Roberto Cessi, "El historicismo y los problemas de la historia en la obra de
Gramsci", en Gramsci y el marxismo, p. 77.
27) Op. cit., pp. Sí y 82.
28) Adolfo Sánchez Vázquez, La r,Josoffa de la praxis como nueva práctica de la
filoeofía, p. 2.
29) Op. cit., p. 9.
30) Op. cit., pp. 13 y 14.
31) A. Schmidt, op. cit., p. 112.
32) A. Lombardo, op. cit., p. 87.
33) C. Luporini, op. cit., p. 50.
34) G. Preotipino, op. cit., p. 243.
35) G. Prestipino, op. cit., p. 244.
36) Op. cit., p. 248.
37) L. Radice, op. cit., p. 43.

38) G. Prestipino, op. cit., p. 298.
39) Op. cit., p. 299.
40) Op. cit., pp. 300 y 301.

[ 120]

CATHEDRA

�Guillermo Ceniceros

Siqueiros
ante las tendencias plásticas
del siglo xx &lt;•&gt;

•

LA IUSTORIA DE LA PINTURA es la historia del desarrollo del
lenguaje plástico, de la gradual captación de sus recursos y posibilidades. El lenguaje plástico, t.estimonio de las luchas cotidianas del hombre y expresión de sus inquietudes y anhelos, fue en un principio un
medio para subyugar a la naturaleza; de ahí su carácter mágico y su sentido religioso. La pintura como rito fue un lenguaje •más expresivo y directo que la palabra. Los pintores de aquellos tiempos, los precursores
de Altamira, utilizaban la línea como lenguaje. El diseño gráfico fue su
punto de partida, diseño que después y de un modo muy rudimentario
era llenado con los colores que extraían de vegetales, minerales y de al·
gunos animales. Para esos hombres pintar era una necesidad vital .
Necesidad vital, puesto que, como el lenguaje hablado o la necesidad de emitir sonidos y palabras, la necesidad de dibujar símbolos, signos o esquemas, permitía expresar voces diversas. Es decir, esos signos
(•) VDSION SINTETIZADA d~ 1111a conferencia que ~ 1 6 m. autor en el entoacu
Taller de Artes P1úticu de la UANL, U. el Verano de 1974.

CATHEDRA

1121)

�podían ser sumamente expresivos, extraordinariamente poéticos, simplemente decorativos o puramente descriptivos: literarios, constatadores de hechos.
Lo verdaderamente interesante de todo esto es que entre esas voces
se encuentra, como en la poesía o la música, toda la escala de sonidos,
toda la diversidad de tonos. Diversidad que va desde los "primitivos"
poéticos, como los pintores de las cavernas, hasta los expresionistas del
siglo xx, pasando por los cerebrales perfeccionistas, maestros que nos
dejaron un arte lleno de misterio y que nos asombra por su enfoque tan
amplio, El Bosco, Brueghel ...
En el curso de la historia humana se han sucedido infinidad de movimientos plásticos, algunos de una tan gran trascendencia que determinaron el rumbo actual de la pintura. Analizar cada uno de esos movimientos sería imposible, por eso mencionaremos sólo aquellos que fueron un eslabón en la cadena que condujo a la pintura actual en general,
a la obra de Siqueiros, en particular.
Dos aspectos ha tenido como constante el lenguaje de la pintura.
Por una parte, la imitación o representación de la naturaleza, ya sea en
el campo de la magia, de la cacería o en el religioso. Este enfoque ha
cubierto gran parte de la historia del arte y es representado por extraordinarios pintores de la talla de Rembrandt o Velázquez o el expresionista Grunewal. Es, pues, el lenguaje para la representación de la realidad.
Por otra parte, encontramos valor expresivo de la propia pintura en forma de línea, símbolo, señal, textura o en forma de forma.
En ambos casos, el pintor pone en práctica constantemente su capacidad de selección.
Nunca un artista o una escuela contribuyeron simultáneamente en
todos los aspectos de la expresión pictórica. Así, los impresionistas, limitados a dar un nuevo tratamiento a la luz, menospreciaron los aportes
de otros pintores en diferentes campos como los que hemos mencionado. Ese largo camino preparó la aparición de Cézanne, el primer pintor
que se planteó el problema de la estructura del cuadro a partir de la estructura de los objetos dentro de él. El análisis geométrico y la preocupación por los espacios le permitió a Cézanne crear las premisas de la
pintura constructivista que surge después con el nombre de cubismo.

[ 122]

CATHEDRA

. A diferenc!a de Cézanne, Seurat y S~ac, cuya obra es más superfic~ Y se a~r?xnna mucho a la escenograf1a, manifestaron una preocupac10n cromat1ca por el espacio, que los llevó a un procedimiento casi artesanal. Al reducir la expresión original de la pintura, tanto la gráfica
como la composición marcharon hacia un puntillismo alejado de los
problemas característicos de la pintura: gráfica, composición, espacios,
etcétera.
Si Seurat y Signac buscaban la vibración, la intensidad expresiva, los
efectos ópticos interesantes y los contrastes cromáticos, Cézanne se empeñaba en estructurar sus obras a partir de la creación de un lenguaje;
no se detenía en aspectos de la realidad, sino que la escudriñaba para
derivar de ella el lenguaje específico de la pintura.
En cuanto a Van Gogh, el más intuitivo, el más impulsivo y quien
no buscaba adherirse a ninguna corriente ni crearla, es el pintor más turbulento y ·agudo de ese período, el que mejor logró imprimir ala pintura los rasgos de su personalidad, el que logró transmitir, por medio del
lenguaje plástico, la angustia, la desesperación y la muerte. Fue, sin duda, el que tuvo más seguidores. Su esfuerzo por desarrollar el lenguaje,
que fue más allá de los logros de los impresionistas, proporcionó un medio fácil de imitar.
Lamentablemente sus epígonos tomaron, más que su feroz y audaz
actitud hacia la vida, el mero impulso. Por ese camino se transformó la
p~tura en el campo más extraordinario de la libertad y del caos, ofreciendo este segundo con el pretexto del ejercicio de la primera.

I'
I'
1,

1

Quisiera imaginar un fantástico artefacto cuya función fuera la misma g_ue la_ de una criba, en el que se pudieran cernir todos los pintores
-me¡or dicho, su lengua¡e-. Esta máquina hipotética no haría, desde
luego, el papel de un simple seleccionador. Más bien dejaría pasar, si
t?mamos en cuenta el lenguaje de cada pintor, aquellos que por el caracter de la pincelada, por su tamaño y por su intención no lograron
permanecer en la rejilla del tamiz. Los primeros en salir serían los puntillistas. Otros, de pincelada más grande, quedarían atrapados en la trama de la cuadrícula.
A pesar de todo, la constante de todos estos maestros es la lucha
CATIIIDRA [ 123]

�por renovar el lenguaje plástico, renovación que manifiesta sus variantes
en el campo de la expresividad, entendiendo por esta última, en el campo de la pintura, 1~ utilización de un lenguaje que no permite la indiferencia del espectador ante la obra.
Aunque Van Gogh es el más expresivo, dada la propia naturaleza de
su lenguaje, Cézanne postuló la utilización de la pintura como lenguaje,
en oposición a la representación fiel, a la mera imitación de la realidad y
defendió el carácter autónomo de las artes plásticas. Por este camino levantó la preeminencia del lenguaje sobre la anécdota, rasgo qu" marcó
todo el arte del siglo xx.

'

Sin menoscabo del valor de Cézanne en cuanto a su aporte y sin menospreciar su carácter de visionario de la pintura, hay que mencionar
que su lado negativo más pobre y modesto fue su enfoque precario de
la temática. Porque debemos subrayar, sobre todo en nuestro tiempo,
que el carácter autónomo del lenguaje plástico, su autosuficiencia artística, no se contrapone, sino más bien se complementa con una gran temática. Temática que puede ir desde el erotismo y los problemas íntimos o subjetivos hasta los grandes conflictos sociales. Sólo así se puede
llegar a ese descubrimiento que nos revela cómo el gran tema de la pintura es la pintura misma, es decir, el agotamiento de sus posibilidades en
todos los niveles de la realidad. Me parece que esa enseñanza está ya
presente en Picasso.
Así como el científico, el artista está empeñado en penetrar hasta la
realidad última. No la realidad que capta pasivamente, sino aquella
oculta e invisible y que el lenguaje artístico revela. Penetrar, transformar, palpar, crear el mundo como expresión, es la misión del arte.
¿Acaso una ecuación algebraica, la fórmula de una reacción química, no
es parte del lenguaje del científico? ¿ Y acaso la movilidad del lenguaje
científico no es, en cierta medida, semejante a la movilidad del lenguaje
plástico? ¿Acaso en el aprendizaje de un artista no se repite en cierta
forma la movilidad propia de toda la historia de la pintura?
Es sabido que en la actualidad muchos de los cambios que generan
la movilidad del lenguaje plástico encuentran su razón de ser en el mercado, es decir, en la comercialización del arte y en la justificación de su
necesidad por medio de la publicidad. El estudio del mercado cobra vital importancia, ya que constituye en algunos casos casi el único proce-

[ 124] CATHEDRA

dimiento para determinar la autenticidad o .a inautenticidad de algunas
tendencias artísticas.
Estamos muy lejos de la época en que vivieron los pintores malditos, cuando Sou1 · ,,, :, Modigliani llevaron su existencia entre la miseria
y la carne putrefacta, cuando despreciaban cualquier reconocimiento y
masticaban el tiempo para entregar, el primero, las primicias del expresionismo abstracto, y, el segundo, un arte sin paralelo, lleno de drama,
de amargura, de poesía. La pintura solitaria de estos artistas conturbados contrasta bruscamente con la producción que vendría después.
Estamos muy lejos de la etapa de búsqueda de los impresionistas,
dispersos en el campo. Estamos muy lejos del tiempo de Van Gogh,
empeñado en comunicar su ansiedad, su drama y su alucinada alegría
demente, en pos de una extraña belleza.

.

Genio fecundo e inagotable, Picasso arrasó con todo. Picasso, más
que un artista creador, concentró su esfuerzo y su genio productor en
la exploración. Aparentemente, Picasso carecía de la capacidad de selección. Como todo genio pueril y regocijante se dedicó a probar todas
las golosinas. Nadie como él dedicó tanto tiempo a la pintura; nadie como él pintó en tan breve tiempo obras maestras.
En alguna ocasión, Picasso llegó a pintar un cuadro cada tres horas.
Es curioso cómo puede uno observar incansablemente la pintura de Picasso y cómo no se advierte ni avance, ni retroceso, ni grandes errores,
ni grandes aciertos. ¡Picasso, siempre genial! Es la actitud que casi religiosamente se asume ante la obra de Picasso, lo mismo ante los cirqueros de la etapa azul y rosa, que ante las mujeres de Avignón, lo mismo
ante sus obras cubistas que ante los retratos de sus mujeres, esposas,
amantes, siervas, modelos.
Picasso es el pintor que más caracteriza a los últimos setenta años.
Picasso significa pintura, genialidad, creación, individualidad poderosa,
comunicación, humanismo, comunión, paloma de la paz, movilidad
plástica ...
El arte de la pintura tiene pues, una constante de movilidad, de suma, de mu.Itiplicación infinita, de continuidad, de constante logarítmica
sin fin. Vistas las cosas desde otro lado, asombra también en la pintura
CA TIIEDRA [ 125]

�contemporánea la rápida acumulación de tendencias, la vertiginosa aceleración de los cambios que cada vez se producen en mayor cantidad y
en un tiempo menor. Para mencionar sólo algunas de estas tendencias
recuerdo aquí a la abstracción geométrica como designación del arte
concreto, seguida por la abstracción intuitiva con diferentes nombres y
con diferentes formas de iµanifestación exterior: abstracción lírica, informalismo, abstraccionismo abstracto. Viene luego el pop compartiendo terreno con la nueva abstracción; más recientemente aparece el op
art, que junto con el cinetismo, revela una tendencia abierta a dominarlo todo, incluyendo el diseño de estampados para telas, publicidad, accesorios de decoración y otros aspectos de la gráfica aplicada.
Es natural que nos preocupe esta sucesión acelerada, puesto que alguna o varias de las tendencias en cierta manera han repercutido en
nuestro medio como las ondas de una piedra arrojada en el agua. Estos
impactos plásticos originados en París o en Nueva York, naturalmente
han llegado a nosotros con menor inU!nsidad, retrasados en el tiempo,
sin autenticidad y las más de las veces como un eco mecánico. En la
conciencia del público -y lo que es peor todavía a veces también en la
conciencia del pintor- esa movilidad se presenta como un espectáculo
surrealista, como algo surgido de un sueño o de una pesadilla.
Este fenómeno de la movilidad plástica encuentra su más alta figura
en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, donde la substitución de tendencias tiene casi el ritmo propio de la moda.
En el siglo xx, el lenguaje de la pintura tiene, pues, como rasgo distintivo, la movilidad, el cambio, independientemente de que su resultado no corresponda siempre a Jo que deseamos o a lo que esperamos.
El saldo positivo de la prolongada marcha emprendida por genios
anónimos, cavernícolas de trazo elemental en Altamira, "primitivos"
africanos, poéticos huicholes, constructivistas navajos, "primitivos"
australianos, místicos religiosos precortesianos . . . El saldo positivo
de esta marcha emprendida por los anónimos hacedores de signos, creadores verdaderos del lenguaje, sólo puede ser estudiada en función de
toda la evolución posterior de la pintura.
Paradójicamente, entre más anónimos son estos hacedores de lenguaje gráfico y plástico más auténticas son sus grandes creaciones pictóricas.

[ 126) CATHEDRA

Al mismo tiempo, la historia de esta larga ruta nos muestra el esf~_erzo del hombre por ~prender y ca~turar diferentes modos de expres10n. Es una ruta amplia, pero con diferentes caminos que condujeron
siempre a buscar los nexos profundos que unen al hombre con el hombre y a éste con la sociedad.

11

A PRINCIPIOS DE SIGLO, mientras en Europa los pintores que
buscaban renovar la expresión plástica se agrupaban en diferentes comentes que llenarían las primeras décadas de muy diversos "ismos"
en México se desarrollaba una escuela que intentaba tender un puen~
entre el mural1smo del Renacimiento y las posibilidades modernas de
la expresión pictórica.
Co~ocida más tarde como "muralismo", fue impulsada por fuerzas
muy ~-1stmtas_ a las que movían al arte auropeo. Es innegable que Ja revo)uc10n mexicana sacudió las concepciones de los artistas y puso en un
pnmer plan~ el c~cter público y social como exigencia de una pintura
de ~anguard1a. ~si,_ el mural de Siqueiros "Retrato de la burguesía",
realizado en el Sm~1cato de Electricistas, fue promovido, discutido y
a~robado por los miembros de esa organización. Esto sucedía en 1939,
anos ~e gran efervescencia política y social y de vertiginosos avances industriales. De esa manera, tanto la situación del país como los avances
tecnológicos contribuían a desarrollar un lenguaje radical caracterizado
por el anticolonialismo, la independencia de estilo, la inv~nción creadora Y 1~ tem~tica r~voluéionaria. La utilización audaz de herramientas y
mateniJes mdustnales, como la piroxilina aplicada con pistola de aire,
daban un aspecto singular a los hallazgos plásticos de este movimiento.
Al dotar los pintores mexicanos a su pintura de una temática revolucionaria, se creó la necesidad de crear un lenguaje revolucionario de
cambio radical. Un lenguaje orientado más que a transmitir un men~je,
a busc:ir la coi:n:spondencia íntima entre temática y lenguaje y entre
le~gu~Je Y temat1ca. En este sentido el principal teórico, el primordial
practico Y el cardinal irmovador que exploró en todas las direcciones
co!1 ~n entusiasmo inagotable fue Siqueiros. Dotado de un lenguaje
plastico Y de una gráfica que no tiene precedentes en toda la historia de
CATHEDRA [ 127)

�Ja pintura, Siqueiros quería, al mismo tiempo, inscribir s~ estil? dentro
de una forma superior de expresión. Era un poco como s1 considerara a
su lenguaje sólo como el engrane o como una pequeña pieza de un en•
granaje superior. Este engranaje superior naturalmente que es el.mura•
lismo buscado por Siqueiros unas veces entre las paredes de la caree! Y
otras' en los talleres creados por él, tanto en Estados Unidos como en
México, en Chile, Argentina, etcétera. Encarnación plástica de esta búsqueda son la mayoría de los murales de Siqueiros, muy p~cularmente
el del Hospital de la Raza, ejemplo portentoso de una pintura Y de un
lenguaje realizados en equipo y dirigidos a toda la sociedad.
Una ideología humanista, una temática revolucionaria Y en renovación y- un respeto continuo a la autosuficiencia de la pintura distin~e a
Siqueiros como pintor abierto, combativo y comprometido con su epoca.
En Siqueiros la dinámica con tiene a la gráfica como sistem~ es~ctural nervioso; a la composición, como distribución de los espacios Vita•
les, y al color, como piel. Es la suma de estos elementos la que pu~~
crear una unidad superior, el mural como síntesis total de la exp~1on
plástica. De ahí por qué la obra de Siqueiros no podía ser un veh1culo
pam los problemas personales, íntim~s, propi?5 _de los ilus~ado~s que
hacen de la pintura una autobiograf1a, un dla?lo de conf1denc1as. El
arte de Siqueiros, monumental y público, realizado para quienes no
asisten a galerías, se desarrolló como un arte sugestivo, multiplicador de
las posibilidades visuales.
La concepción mural de Siqueiros tiene como piedra an~ar a la
pollangularidad. Este fenómeno óptico establece una rela~1ón entre
el movimiento del espectador, sus distancias y sus ángulos _v1Suales Y l_a
composición del mural. El movimiento de las_formas ~ p ~ de lo e~~tico la multiplicación de posibilidades, es decu, el est1?aID1ento, tens1on
y ~ducción de espacios en la composición, inclusive, la movilidad de
expresión de una misma forma vista de diferente ~gulo, son algun_os
aspectos de la poliangularidad. Con mucha frecuencta, al pen~ en p~tura mural pensamos en las paredes que generalmente se destinan a p~tores que se vuelven muralistas por el solo hecho de trasladar a otras di·
mensiones un cuadro de caballete. Siqueiros no alcanzó a poner un
nombre adecuado a esta tarea difícil y atractiva que es pintar en el pla·
fón. ¿También es muralismo? Las posibilidades plásticas, ópticas, en
(128] CATHF.DRA

un plafón, se multiplican a un grado tal que las formas, siendo estáticas
adquieran más movimiento que en la pared o muro.
'
Sin embargo, no se puede hablar aisladamente de los problemas que
plantea un mural, ya que se busca alcanzar la unidad de ese cuerpo que
nos cobija o nos amenaza y que constituye la obra en su conjunto. y 0
destaco aquí problemas aislados sólo para subrayar la magnitud de las
dificultades a las que se enfrentó Siqueiros y que, de ninguna mauera, se
encuentran en la obra de caballete, independientemente de la magnitud
de su formato. Así, otra parte del mural, generalmente ignorada o destinada a las cosas secundarias, o simplemente no utilizada por los muralistas que trasladan sus cuadros a las paredes, es la esquina. El encuentro de los muros sirvió a Siqueiros para dar soluciones audaces y sin precedentes. Aquí, como en el plafón, interviene también la movilidad del
espectador. En sus soluciones, Siqueiros eliminaba los contrastes del
encuentro entre los muros y ofrecía una continuidad puramente visual,
resultado de la audaz composición. La fusión arquitectura/pintura mural conduce a una integración plástica en la que se borran los límites entre la arquitectura y la pintura.
Recuerdo ahora aquellas discusiones que se suscitaban en esta Escuela-Taller de Artes Plásticas en años pasados, con relación a Diego,
Orozco y Siqueiros. Se decía entonces que Diego era el maestro, Orozco, el pintor, y Siqueiros,el político. Sigo pensando igual, pero yo agregaría que Siqueiros es, además del político intransigente con sus principios, el visionario y precursor de la verdadera pintura mural. Diego y
Orozco agotaron en su obra las posibilidades de su lenguaje. Siqueiros
apenas alcanzó las primicias de su con~¡ición del mural. Claro que
Orozco y Siqueiros, como expresionistas que fueron, tienen rasgos en
común y su enfoque es opuesto al de Diego Rivera, quien con un canto
poético nos entregó fragmentos de la historia de México sugestivamente relatados. Y si Orozco, con un acento desgarrador e inconforme, nos
estruja y maldice, Siqueiros, que es también un grito fuerte, agitado, solidario y heroico, es, al mismo tiempo, un canto a la vida por la protesta
y la denuncia.
A pesar de lo que se diga y en contra de todas las opiniones manipuladas por las galerías, el muralismo mexicano no sólo no fue un arte colonizado, sino que, al mismo tiempo, representa el único aporte concreto y poderoso de una expresión plástica latinoamericana con valor uniCATHEDRA [ 129]

�versal. Poco más o menos lo que es hoy García Márquez en el campo de
la literatura, cuyo lenguaje literario tiene una verdadera concepción mural.
Es interesante advertir cómo en un taller de investigación plástica,
en un laboratorio de lenguaje plástico, como lo fue siempre un mural
de Siqueiros, no siempre se valora en toda su magnitud el papel como
formador de pintores (no me agrada la palabra "artistas"). Para el público de la calle es natural que sólo vea el resultado final. Pero, para
quien trabajó con Siqueiros en un mural, el resultado final es la culminación de un proceso, una verdadera historia y un verdadero desfile de
posibilidades plásticas. En efecto, una sucesión de geometrizaciones,
texturas, abstracciones, concreciones y fusiones, preceden la aparición
del esbozo del mural. Constantemente pienso en lo extraordinario que
pudo haber sido filmar todo el proceso de creación del Poliforum. Ese
conjunto se podría antojar más interesante que el propio mural. Revelaría el proceso de suma y resta tan característico de Siqueiros, el desprecio o rechazo de aspectos o fragmentos que fueron demasiado formalistas. En muchas ocasiones se llegó a sacrificar a todo un panel en
aras de lograr la unidad y la coherencia del lenguaje.

término, si~ndo que es la principal, para no decir la primera instancia
de la creación. Es por lo ~terior que la gran pintura mural arranca de
la ~ometrí~ real del espacio arquitectónico y a partir de una geometrizac1on_ creativa establece la estructura básica de la obra para emprender
despues_ lo _que -~uede ser la acumulación óe datos, las líneas direccionales, la distn_bu?1on de los espacios, la combinación y permutación de rit~?s Y moVIm1entos, las geometrizaciones cuya lógica nos dan una reacc1on en cadena: un lenguaje de propuestas gráficas.

.

.

)

Final

CORRESPONDE A NOSOTROS hacer un examen, revisar panorámica y exahustivamente en el ámbito nacional e internacional, en el enfoque con los pintores viejos y jóvenes, los pintores en proceso de formación o de deformación. Corresponde a nosotros hacer la crítica de las
enseñanzas de nuestros maestros del pasado inmediato y de los maestros
contemporáneos que hoy se encuentran en plena producción. Yo creo
que el pintor de hoy puede elegir tanto su camino como su conducta y
un lenguaje en relación con su carácter, a la medida de sus posibilidades
o de sus limitaciones. La necesidad de un lenguaje abierto y rico es hoy
más grande que antes. No cabe duda que el investigador de la plástica
es quien va a sustituir al pintor individualista con patente en el estilo o
con estilo patentado, y que la mente creativa abierta sustituirá a la
mente herméticamente cerrada.

Por otra parte, la relación de trabajo en equipo constantemente crea
problemas que generalmente desagradan al pintor ya hecho y formado.
Es decir, aquí las enseñanzas sólo tienen valor para quien está más despojado de las "genialidades" propias del pintor individualista. Y es que
la pintura mural requiere un gran equipo; no puede realizarse por una
sola persona. Basta pensar que lo primero y lo más importante es el trabajo geométrico, el trazo de la estructura, la delimitación de los espacios Y los ritmos de composición, cosa imposible para un solo pintor a
menos de que disponga un proyector y esté dispuesto a sacrificar una
enorme energía física. El trabajo en equipo es para la pintura mural totalmente indispensable, como lo es indispensable al cineasta o al arquitecto. El trabajo en equipo se basa, desde luego, en una correcta coordinación de la actividad y en una dirección que debe poner siempre en
primer plano la utilización adecuada del espacio arquitectónico. La correcta comprensión de este problema es el fundamento para la distribución de los espacios.

El pintor actual sabrá valorar debidamente las aportaciones verdaderas en el campo de la plástica.
·

Con mucha frecuencia, no sólo en la pintura mural, sino en la de caballete, la composición como lenguaje es delegada a un tercero o cuarto

Podrá, por medio de las práctica que da el trabajo, saber aquilatar
cu'ál de todos los caminos puede ofrecer una problemática más atracti-

[ 130]

CATHEDRA

CAfflEDRA [ 131]

�va, difícil, no repetitiva, diferente, no académica, renovadora. Problemática que englobe todos los aspectos del lenguaje y la temática y también la superficie en que va a pintar y que no es, necesariamente, una
tela.
Para todos hay, para el artista solitario o de la soledad, incomprendido, conforme en muchas ocasiones, amargado y con un lenguaje de
amargura, degradante, humillante, creador de criaturas deformadas, mutiladas, inofensivas. El artista solitario, símbolo de la conformidad, prefiere no identificarse con los demás hombres -que es una de las tareas
del arte plástico-. Con un lenguaje cerrado, limita la participación del
espectador por dos razones: primera, al reducir el lenguaje plástico a receptáculo de problemas íntimos. Segunda, al escoger un formato más
propio de historietas aue de los problemas dignos de la plástica.
Los pintores de las nuevas generaciones entenderán, sin duda, que la
meta a seguir no está ni en el artista solitario o de la soledad, ni en el individualista con estilo de patente, ni en el folclorista retratador de nuestras variadas frutas, ni tampoco en las efímeras modas de Nueva York o
París.
El pintor del futuro empleará un lenguaje múltiple y multiplicador,
un lenguaje eminentemente social, con participación entre espectador y
artista, un lenguaje que aunque no diga mensajes históricos, ni anécdotas políticas, ni narraciones literarias, exprese con sus propios recursos
-la gráfica, los eRpacios, el color, la composición, la línea- su adhesión
al hombre y su identificación con él, su capacidad de encontrar un lenguaje con significación propia en el combinatorio de trescientos sesenta
grados que es la plástica. Un arte con correspondencia e integración entre artista y sociedad. Un arte de provocación, enemigo del estancamiento y seguidismo, inconforme y anticolonialista, un arte que agregue y ~orte el arte latinoamericano con voces propias.
Vamos, pues, para decirlo con las palabras que en alguna ocasión me
dijera Pedro Garfias, a seguir afinando la puntería, vamos a seguir tirando flechas y flechas; algunas tendrán que dar en el blanco ...

[ 132) CA111EDRA

�reseña de libros

,

· Estados Unidos, una
excepción en América y probablemente
en todo el mundo colonial
• La etapa colonial en Eotadoo Unidoe: Su influencia decilift en un
cuo de deaarrollo capitaliata autónomo, por Mario Cerutti, Edicio1181
de la Facultad de Filoaofía y Letras de la UANL, Monterrey, 1977.

EL ESTUDIO TITULADO: La etapa colonial en Estados Unidos,
del investigador argentino Mario Cerutti, aparece bajo el signo de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo
León, en la serie Cuadernos de historia.
Procura describir las condiciones económicas y sociales -sin dejar
aparte significativos aspectos ideológicos- que se fueron generando
durante la etapa colonial en los actuales Estados Unidos de Norteamerica. Es un trabajo que puede ser útil como peldaño de una futura investigación para profundizar en el contraste de lo que acaeció en los países
que hoy integran la América Latina.
Ambas regiones fueron producto de la expansión europea. Ambas
nacieron bajo el signo colonial. Pero los resultados fueron diametralCATIIIDRA [ 133)

�mente distintos: mientras Estados Unidos se convertiría con el correr
de los años en potencia hegemónica, las naciones de Latinoamérica irán
pasando de una a otra forma de dependencia y terminarán justamente
por insertarse en la órbita de quien, en un momento, fue su hermana
colonial.
(Nacido en Córdoba, Argentina, Mario Cerutti es licenciado en
Ciencias Históricas y licenciado en Periodismo por la Universidad de
Córdoba. Desde 1964 pertenece al Colegio de Historia de la Facultad
de Filosofía y Letras de la UANL. Tiene en preparación una serie de
estudios sobre el desarrollo del capitalismo en Monterrey. El estudio
ahora reseñado lleva el siguiente subtítulo: "Su influencia decisiva en
un caso de desarrollo capitalista autónomo").
Una conclusión derivada del estudio que Mario Cerutti realiza sobre
la etapa colonial de los Estados Unidos estriba en que una región de su
territorio no interesó demasiado a la metrópoli. En consecuencia, no
se vió sometida a las presiones y medidas mercantilistas típicas de la
época. Esta circunstancia permitió el crecimiento de una sociedad y
una economía marginadas de Inglaterra, y por ello se consolidaron
intereses lo suficientemente fuertes como para enfrentar en un momento determinado las intenciones absorbentes de la metrópoli.
Esta situación -observa Cerutti- no se agotará en la etapa colonial
sino que persistirá en épocas posteriores y se verá favorecida por situa•
ciones emergentes en el conYU!sionado mundo de la primera mitad del
siglo xix. Esos intereses autónomos, o sea volcados sobre la propia sociedad en gestación, con escasa ligazón hacia el exterior, serán los que
propugnarán medidas concretas para la defensa de una economía nacional -burguesa- industrial. Criterios tales como el proteccionismo industrial, la defensa de la navegación nacional, el sostenimiento de la importancia de un mercado interno, no serán frutos de simples leyes o
ideas, sino que leyes e ideas serán consecuencia de la acción de grupos
sociales determinados, con el suficiente poder para imponerlas con encacia.
Otra conclusión de Cerutti es que Estados Unidos fue una excepción en América y probablemente en· todo el mundo colonial. Y la excepción anidaba en su seno la confirmación de la regla. Una de sus regiones -el sur- conformará a una sociedad, una economía y una eon,

[ 134)

CATIIEDRA

ce_pción del '.°undo muy parecida a la que asumirán dltlchos grupos dommantes latmoamericanos. Y esto coincidirá, precisamente, con el hecho de que el sur fue la única área que interesó a la metrópoli desde el
punto de vista económico.

(Una Bibliografía fundamental, con un medio centenar de fichas
sirve de apoyo al estudio del investigador argentino/PEDRO REYES
VELAZQUEZ.

De la Escuela
de Mileto a los atomistas, con
Demócrito
• Fragmentos filoaóficos, compilación de textos y notas de Juan Angel
Sánchez, Ediciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL,
Monterrey, 1966.

CON EL TITULO de Fragmentos filosóficos, compilación de textos y notas del catedrático Juan Angel Sánchez, aparece un volumen
dedicado a los pensadores presocráticos bajo el signo de la Facultad de
Filosofía y Letras de la UANL, Monterrey, 1976.
Divide su contenido en cinco partes. Dedica la pnmera a la Escuela
de Mileto: Tales, Anaximandro, Anaxímenes. La segunda corresponde
a Heráclito de Efeso. En la tercera figuran cuatro pensadores de la Escuela eleática: Jenófanes, Parménides, Zenón y Melisso. Los Pluralistas
quedan representados por Anaxágoras y Empédocles, en la cuarta; para
finalizar, en la quinta parte, con Demócrito como representante de los
Atomistas. En cada texto se indica el origen de la versión castellana
CATHEDRA

[135)

�(el maestro español Juan David García Bacca, el italiano atgentinizado
Rodolfo Mondolfo, el francés Abe! Rey, etcétera).
Sobre el filósofo Jenófanes de Colofón (que vivió en el siglo vi ant.es
de Cristo y probablemente rebasó los cien años), se incluye en la compilación el llamado Poema de Jenófanes, donde claramente afirma el monoteísmo. Dice un fragmento:

Anaxágoras y Empédocles (los Pluralistas), y de una manera relativamente perfecta con Demócrito de Abdera (discípulo de Leucipo ).
"Los hombres --dijo- se han forjado un fantasma con el Azar, para
embellecer su propia ignorancia". Pero ig11álmente advirtió: "Quien
obra injustamente es más desdichado que quien padece injustamente".
"No es varonil solamente el que vence a sus enemigos, sino también
el que es señor de sus placeres"/PEDRO REYES VELAZQUEZ.

"Entre los Dioses -hay un Dios máximo; -y es máximo también
entre los hombres. -No es por su traza ni su pensamiento -a los mortales semejante. Todo El ve; todo El piensa; todo El oye. -Con su mente, -del pensamiento sin trabajo alguno, -todas las cosas mueve. -En
lo mismo permanece siempre -sin en nada moverse, -sin trasladarse
nunca -En los diversos tiempos a las diversas partes" (V~rsión de
García Bacca).
La crítica, libre y amplia -explica el alemán Augusto Messer, segeún la traducción de Javier Zubiri-, que hizo Jonófanes de las concepciones religiosas y morales del pueblo contribuyó a que, a causa de
la conquista de Jonia por los persas ( 545), abandonase su patria, recorriendo hasta su vejez toda la Grecia como poeta ambulante. Le llenaba
de mal humor ver que gentes de espíritu tosco, vencedores en los torneos, en las carreras pedestres y en las de carros, fuesen objeto de la
más alta estimación. "Es injusto preferir la fuerza del cuerpo a la de la
buena sabiduría", decía.
Lo cierto es que el concepto del ser, uno e invariable, será el concepto fundamental de los filósofos eleáticos. El concepto del eterno
devenir, por el contrario, dominará en la filosofía de Heráclito. Supersonalidad es de una magnitud impresionante. No es un investigador frío
e intelectual, sino una naturaleza apasionada, artística y moral; con
genial mirada sabe captar Jo esencial, lo igual en la cambiante turbamulta de los fenómenos, y con fina perspicacia anticipa conceptos fundamentales de la moderna ciencia de la naturaleza. "Probablemente
-afirmó Nietszche-, jamás ha escrito un hombre más clara y transparentemente. Sin duda es breve, y solamente en este sentido es oscuro
para un lector ligero".
La reconciliación entre las concepciones fundamentales de los eleáticos y el gran Heráclito de Efeso se realizó incompletamente con

[ 136) CATIIEDRA

CATIIEDRA [ 137)

��Departamento de Editorial

Publicaciones
editadas por la Facultad de Filosofía y
Letras de la U ANL
* Revista Cathedra (trimestral). Coordinadores anteriores: Miguel
Covarrubias, Alfonso Reyes Martínez y Juan José García Gómez. Actual Coordinador: David Martell.

CUADERNOS DE FILOSOFIA
* La pintura como lenguaje/Adolfo Sánchez Vázquez, segunda
edición.
* Tecnología y filosofía/Mario Bunge.

* La filosofía de Vasconcelos como filosofía latinoamericana/
Silvia Mijares.

* Filosofía del derecho/María Guadalupe Martínez de Rodríguez.
CAnlEDRA [

139)

�EDICIONES ESPECIALES

* La metodología: una discusión/EH de Gortari.

CUADERNOS DE HISTORIA
* Aspectos metodológicos básicos del estudio de la historia medieval/Henning Graf.

CUADERNOS DE LETRAS
* Olavide o Sade/Miguel Covarrubias.
COLECCION: MATERIALES DE TRABAJO DE LA DIVISION DE
ESTUDIOS SUPERIORES

* Fragmentos filosóficos de los presocráticos. Antología/Compilación de textos y notas de Juan Angel Sánchez.

* TNs artículos sobre historia y sociedades/Guillermo Beato.
* Sobre la historia latinoamericana/Guillermo Beato.
* Desarrollo demográfico, económico e industrial de Monterrey
(1860-1920)/Domenico Sindico, Roberto Hernández, Víctor Hernán-

COLECCION DE POESIA

* Litoral de sombra/Alfonso Reyes Martínez.
* Matar el tiempo/Xavier Rodríguez Araiza.

dez y Mario Pérez Delgado.

* La etapa colonial en Estados Unidos. Su influencia decisiva en
un caso de desarrollo capitalista autónomo/Mario Cerutti.

CUADERNOS DE SOCIOLOGIA
* .IJesal'lailo urbano en Amilrica Latina/Domenico Sindico.

CUADERNOSDEMETODOLOGIA
* Cuaderno No. 1: "Acerca de la noción de analogía"/Tomás
González de Luna; "Las revoluciones científicas y el método" /Juan
Angel Sánchez; "Las inferencias deductivas aplicadas a la física"/
Laura E. Quiroga.

CUADERNOSDEPEDAGOGIA
* Cuaderno No. 1: "Antecedentes técnicos de la programación
por objetivos" /María Socorro Berra Santana; "El establecimiento de
)os objetivos de aprendizaje" /Clara l. Carpy Navarro y Libertad Menéndez Menéndez.
[140) CATIIEDRA

CATHEDRA [ 141)

��Colaboradores

MARIO CERUTl'I/Argentino. Licenciado en historia por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Licenciado en periodismo. Maestro de tiempo completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL, tiene a su cargo las cátedras de Historia de América en los Colegios de Historia y de Sociología. Ha publicado La etapa colonial en
los Estados Unidos. Su influencia decisiva en un caso de desarrollo
capitalista autónomo, editado por la Facultad de Filosofía y Letras
de la UANL.

GERARDO OTERO/Mexicano. Licenciado en administración pública por el Instituto Tecnológico de Monterrey. Estudios de maestría
en economía y ciencia política en la Universidad de Texas. Actualmente cursa· el doctorado en sociología en la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos.

RICARDO VILLARREAL/Mexicano. Licenciado en psicología por
la Universidad Autónoma de Nuevo León. Estudios de maestría en sociología en el Colegio de México. Coordinador y docente investigador
del Colegio de Sociología de la Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL.

CATHIDRA [ 143]

�CUADERNILLOS sooc~;?it~~T~~~ ~~L~igA~~ SOCIOLOGIA DE LA
FACULTAD DE FIL
LUIS MARIA GAm/Argentino. Maestro de antropología social
por la Universidad Federal de Río de Janeiro. Candidato a doctor en la
CISINAH. Profesor en la Universidad Nacional de Córdoba, Salta y Posadas, en Argentina, y de tiempo completo en la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

ARTURO DELGADO MOYA/Mexicano. Licenciado en filosofía
por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Egresado de la Escuela
Normal Superior de Nuevo León. Maestría de metodología de la ciencia
en la División de Estudios Superiores de la Facultad de Filosofía y
Letras de la UANL. Subdirector de la Escuela de Graduados de la Escuela Normal Superior. Coordinador académico del Colegio de Historia
de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Docente investigador
en la propia Facultad.

Coordinador: David Martell

Apartado postal, 30~4,
Facultad de Filosof1a y Letras,
Ciudad Universitaria,
, .
Monterrey, Nuevo León, Mex1co

NUMEROS PUBLICADOS:

TOMAS GONZALEZ DE LUNA/Mexicano. Licenciado en filosofía
y en derecho por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Maestrías
de filosofía y de metodología de las ciencias. Ha dado cursos en universidades nacionales y europeas. Exsecretario general de la Universidad
Autónoma de Nuevo León. Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

GUILLERMO CENICEROS/ Mexicano. Nauirniento en Durango y
formación profesional plástica en Monterrey (Universidad Autónoma de
Nuevo León), México y en breves viajes de estudio a diversas partes del
orbe. Exposiciones pictóricas en Monterrey, ciudad de México, GuadaIajara, Mineápolis, La Habana, Santiago de Chile, Cracovia, Rotherdam,
etcétera. Colaborador con David Alfaro Siqueiros, fue jefe de taller del
Poliforum y de otras obras siqueirianas.

.

. l) Definiciones sociológicas_ b~rgue-

,

* Número 1/ Soc1olog1a, II.

sas. Su en t1ca.

.

* Numero

2) C tegorías y leyes soc10logicas

ª

marxistas (agota_d?)- Laf
(del mercantilismo a la
21 ff15 toria de Amenca ma 1

cesión norteamericana).
, .
guerra de se , .
ial I · Aspectos econom1cos,
* Número 3/ His~oria econo~1ca¡;:udalismo.
1
poh tic os econom1ca
Y s°: ~s y soc1.al II.. Iniciación al curso.
* Número 4/ Historia
EN PREPARACION:
* Epistemología de las ciencias.
iales contemporáneos, por
* La universidad y los problemas soc
Emest Mande!.

.,

I

II

* Matemáticas para soc10log~s Y Y

*

Estadística I Y II.

Teoría sociológica I (Manrnm_o ). W be

* Teoría sociológica II (Durkheun, . ~

* Teoría sociológica III (Introducc1on

j· funcional-estructuralis-

* :::~~logía del desarrollo latinoamericano.

*
Sociología
* Histona
de rural_-.
Amenca Latina 11 (dos volúmenes).
* Sociología urbana.

[ 144] CATHEDRA

* Ciencia política.

D

r·lnlCIO
. . nes y teorías sociológicas
.

· 1 'a• e
* Segundo curso de socio
ogi · ,

ociológicas marxistas
burguesas. Su crítica.- Categonas y 1eyes s
(segunda edición corregida y aumentada) .

�REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DE LA UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LECN
NUMERO 7

ENERO-MARZO DE 1978,

DIBUJOS DE GUILLERMO CENICEROS

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