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FONOQ

' IDilVtlftfARJO

Gabriel Contreras
Javier Sicilia
Gabriel Contreras
Enrique Vila-Matas
Luis Aguilar
Eduardo Espina
Rodrigo Guajardo
Ilinca Ilian
Francisco Javier Serrano Macías
Cristina Burneo
David Toscana
Domingo Ródenas de Moya
Joaquín María Aguirre Romero

3
4

7
9
11

15
23
29
41

45
51
57

70

armas y letras en el escenario de la palabra
Juan 1, 14
Grandes tumbas de nada. Entrevista a Pierre Michon
Consternación
La literatura como resistencia.
Conversación con Juan Goytisolo
Estrabismo y visión panóptica
Solares
Kafka, la indecisión ante las vidas
Tres
El texto del traductor es la huel/,a de su desaparición
Huellas en el polvo amarillo
Vzaje a /,a prosa de los Contemporáneos
Bolívar en Sicilia

ANDAR A LA REDONDA
Néstor García Canclini
Irving Juárez Gómez
Gabriel Contreras
José Agustín
Carolina Olguín
José Alvarado
José Alvarado

75
79
81
83
86
90
93

Industrias culturales. Diccionario de una década
Gracias aJosé Agustín descubrí que necesito anteojos
Seis notas sobre j osé Agustín
Mis viejas páginas
Clarice Lispector: la pa/,abra sin paliativo
Pensamiento y poesía
Inédito

DE ARTES Y ESPEJISMOS
Francisco Barragán Codina
Daniel González Dueñas

96 Rafael Teniente
98 El retrato del mecenas y el artista adolescente

CABALLERÍA
Jorge Silva 102 Plástica y poesía del cuerpo
Jorge Saucedo 103 La identidad del exilio permanente
Antonio Ramos 104 De la poesía provocativa

Imágenes de Rafael Teniente

•

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' UHlVERf1TARTO

Gabriel Contreras
Javier Sicilia
Gabriel Contreras
Enrique Vila-Matas
Luis Aguilar
Eduardo Espina
Rodrigo Guajardo
Hinca Ilian
Francisco Javier Serrano Macías
Cristina Burneo
David Toscana
Domingo Ródenas de Moya
J oaquín María Aguirre Romero

3 armas y letras en el escenario de la palabra
4 Juan 1, 14
7 Grandes tumbas de nada. Entrevista a Pierre Michon
9 Consternación
11 La literatura como resistencia.
Conversación con Juan Goytisolo
15 Estrabismo y visión panóptica
23 Solares
29 Kafka, la indecisión ante las vidas
41 Tres
45 El texto del traductor es la huella de su desaparición
51 Huellas en el polvo amarillo
57 Viaje a la prosa de los Contemporáneos
70 Bolívar en Sicilia

ANDAR A LA REDONDA
Néstor García Canclini
Irvingjuárez Gómez
Gabriel Contreras
José Agustín
Carolina Olguín
J osé Alvarado
José Alvarado

75
79
81
83
86
90
93

Industrias culturales. Diccionario de una década
Gracias aJosé Agustín descubrí que necesito anteojos
Seis notas sobre José Agustín
Mis viejas páginas
Clarice Lispector: la palabra sin paliativo
Pensamiento y poesía
Inédito

DE ARTES Y ESPEJISMOS
Francisco Barragán Codina
Daniel González Dueñas

96 Rafael Teniente
98 El retrato del mecenas y el artista adolescente

CABALLERÍA
Jorge Silva 102 Plástica y poesi,a del cuerpo
Jorge Saucedo 103 La identidad del exilio permanente
Antonio Ramos 104 De la poesía provocativa

Imágenes de Rafael Teniente

�armas y letras
EN EL ESCENARIO DE LA PALABRA
la novedad del pasado y el diálogo entre América y Europa signan este número. Dos conversaciones, con Juan Goytisolo y Pierre Michon, arrojan impresiones
y experiencias en temas que van de la creación literaria y la influencia que ésta
recibe de las perspectivas teóricas predominantes hasta el significado y las problemáticas del exilio y la inmigración. Hace cien años, en España, nació María
Zambrano, y hace treinta, murió José Alvarado, una de las figuras de mayor
trascendencia en los ámbitos periodístico y literario mexicanos en la primera
mitad del siglo 'ti.. Hemos incluido un texto en el que la visión crítica de Alvarodo registra y valora la aparición de una obra de la autora española. En contraparte, Domingo Ródenas de Moya narra la incursión en la prosa del grupo
Contemporáneos, lo que en España se conoce como la "Generación del 27
mexicana" .
En la corriente de ese diálogo producido por el encuentro, Enrique Vilo-Matas
nos da un adelanto de su novela en gestación y David Toscana hace lo propio
con una historia ubicada en el medio rural del noreste de México. Damos a
conocer la obra de dos jóvenes que ciñen su trabajo en los núcleos del lenguaje: Rodrigo Guajardo y Francisco Javier Serrano Modas, mientras que Javier
Sicilia, una de las voces más apreciadas en el horizonte actual de la poesía
mexicana, aporta un poema de raigambre mística. Eduardo Espina analiza la
peculiar construcción narrativa que Onetti logra en Los adioses, luego de señalar
sus vínculos poco explorados con La muerte en Venecia; Néstor García Canclini
explica las dificultades que involucra narrar la globalización, e ilustra este número Rafael Teniente.
Si es cierto, como afirma Octavio Paz, que las revistas son puentes entre las
generaciones, armas y letras tiende sus páginas para que las voces acorten las
distancias.

Gabriel Contreras

�JUAN 1, 14
Javier Sicilia
/

En el punto inmóvil,
en el centro del amor donde lo Oscuro articula su rostro en un clamor de dicha
y lo invisible resuena poblándolo todo,
¿qué se puede saber si todo ya se sabe?
En el punto inmóvil,
en el clamor de la dicha,
donde la agonía se disuelve en tus labios como un páramo,
¿qué se puede saber si todo ya se sabe?
Mas lo que vino de él lo anuncia
como si la caída
y la palabra rota de todas las criaturas,
remontando la floración de lo creado,
lo llamaran con gemidos.
Desde entonces, con el fruto en los labios
aquel día en que extraviamos la llave de regreso.
Desde entonces,
conforme envejecemos,
el mundo se nos vuelve más confuso y vacío:
una alta densidad sin capas de misterio,
un asomo de dicha que no contiene dicha,
una vida que late,
no oscura e indescifrable en su profundidad magnífica,
sino rota y gastada como una superficie.
Pero el imperceptible abismo cuyos puentes rompimos lo anuncia
desde esa zona ambigua donde emanan las cosas.

¿Quién desea en las bestias,
quién clama en el lento crepitar de los insectos?;
¿no es él llamándose a sí mismo en el secreto ascenso de las plantas,
en la desnuda estepa de la noche,
~n las obras del pasado que ahora despreciamos?
El, bajo el chirriar de las máquinas,
bajo el zumbido de los motores,
en los rojos aullidos de los cadalsos y los lechos,
en las plegarias de todas las historias.
Él, llamándose a sí mismo desde las venas del odio
'
desde el adelgazamiento de lo creado y su ambigua claridad;
él, anunciándose en los sordos giros del mundo,
él, remontando el grito de todo lo creado
a través de los tortuosos rizomas y los vastos laberintos de la sangre.
Y el punto inmóvil,
el clamor de la dicha
que asciende por tus labios como un valle.
Pero no hay sitio que lo acoja,
ni clara voz que articule su nombre,
ni ínfima pureza que permita su entrada
como si hubiéramos encontrado deslavado el camino
Yel accidente hubiera cercenado nuestras cuerdas vocales y atrofiado la escucha;
como si la bisagra de la puerta se hubiera enmohecido para siempre
y la llave estuviera perdida
y no existiera hogar,
smo una mera construcción;
como si el mundo se hubiera secado
y no hubiera agua sino roca,
roca y no agua
y el camino arenoso que sube serpenteando la montaña.
Ay, si tan sólo hubiera un resquicio en la pue1ta,
si tan sólo, en el bolsillo del traje con el que nos vestimos aquel día, encontráramos la
0lave,
si tan sólo un limpio riachuelo corriera entre las rocas.

�Sólo hay alarde y cauces agostados,
templos vacíos y voces que se pierden en los bolsillos rotos

GRANDES TUMBAS DE NADA
ENTREVISTA A PIERRE MICHON
Gabriel Contreras

y los huesos secos de Ezequiel.
Y por ello lo anuncia,
lo hace necesario.
Y si sabes ver entre las sombras,
si sabes escuchar bajo el grito de todo lo creado

y esperar sin esperar nada
envuelto en las tinieblas de la fe,
verás desde el fondo los siglos,
el tumulto de la sangre y sus oscuras selvas,
las montañas de roca sin agua
y los muros de las construcciones,

y al centro una pequeña puerta, una llave;
no el amanecer que recuerda con nostalgia su presencia,
no la poderosa fuerza de lo creado que rasga las sombras nocturnas,
no la luz,
no el vuelo estremecido de las aves contra las escolleras del alba,
no la noche,
las oscuras noches de invierno arropadas de estrellas y silencios,
sino una humilde puerta,
una llave, una bisagra,
un río cristalino,
una pequeña flor en la más alta floración de lo visible,
una simple muchacha que en el tumulto de la sangre encontró
el cauce y te nombró.

N ervioso detrás de sus anteojos redondos, nos otorgo
uno sonriso interrogativo. Tiene un pasado intenso y difícil
bojo esa desgastada camiseta negra. Su vida ha sido tocada por cierta dosis de amargura, alcohol, teatro, algunos inquietudes políticas e inconformidad. Pierre Michon
(Cards, 1945) es un escritor de culto que se niego o los
tentaciones y los privilegios de la vida literario. Comenzó
en Gollimard, pero prefiere quedarse con Verdier. Jorge
Herralde, su editor en castellano, nos cuento que la ausencia de este escritor es notoria en los cocteles, brindis y
presentaciones francesas. Estar ausente es su manero de
estar presente en eso atmósfera, dice Herralde esbozando una sonrisa. Constituye lo gran revelación de lo narrativa francesa de estos años y su próximo libro, Abades,
aparecerá pronto en París.
"He imaginado unas cuantas vidas que se parecen un
poco o mi propia vida. Se trota de vidas anónimas, difíciles. Me encantaría que esos vidas tuvieron un gran final,
que llegaran o constituir grandes tumbas de nado", dice
Michon al referirse a su primera obra: Vidas minúsculas.
Asegura que escribió esa primera novela a los treinta y
siete años, casi como un milagro. Al final de la entrevista,
se llevará las monos al rostro y dirá, con una voz gutural y
alterada paro referirse al clic de la cámara: "la último, ni
una más, por favor".

Vidas minúsculas ostento uno maquinaria complejo que
tiende puentes entre la ficción y la autobiografía, sin dejar
fuera ciertos asomos de prosa poético. Está armado a base
de textos breves y exactos, dotados de un rigor microscópico y una economía expresiva que hace mucho no se
veían en el ámbito de los letras francesas:
El padre está en pie, blandiendo algo que maldice y tira
al suelo, un vaso lleno, un libro tal vez, y los grandes

puños desatados asestan sobre la mesa verdades que
no se oyen, las únicas verdades, las verdades bobas,
aterradas y despavoridas que hablan de antepasados,
de muertes vanas y de permanencia de la desdicha.

Lo novelo fue publicada en 1984 por Gallimard, y ahora
es dada a conocer en castellano por Anagrama, en una
traducción de Flora Botton-Burlá .
"El libro habla de alguna manera de mí, pero también
habla de otros generaciones, de otras familias que no son
la mía. Vidas minúsculas trazo el perfil de unos podres
desastrosos que a su vez tienen hijos desastrosos. Yo mismo he sido un hijo desastroso".

Has dibu¡ado el reverso de unas vidas heroicas.
En esta novela el triunfo y el fracaso se mezclan , se
entretejen.

¿Fuiste retentivo, avaricioso con tus textos antes de publicar tu primero novela?
Ouizás retentivo, pero sobre todo inseguro. Sólo me decido a escribir cuando estoy desbordado de ideas y puedo
realizar un texto redondo.

¿El ámbito de la reflexión teórica europea durante tu ¡uventud, dominado por Kristeva, Lacan, Barthes, Althusser y
Sollers, te inhibió?
No sentía terror, no tanto . Ante las reflexiones de Sollers,
por ejemplo, me sentía crispado, aplacado, pero eso también me llevaba a hacerme muchas preguntas. La reflexión
teórica francesa de los años setenta me ayudó; y no. Por
ejemplo, en 25 años no he entendido todavía qué ero eso
de la "ruptura epistemológica". Tal vez llegue q necesitar
35 para entenderlo. Si no hubieran existido esas perso-

7

�nas y esas teorías, seguramente yo hubiera escrito en mayor
cantidad y más rápido.

¿Cómo es tu trato de escritor con el placer y el rito?
Escribo con una irresistible alegría. Para escribir, necesito
saber que voy a disfrutar enormemente. En el acto de escribir hay una inyección de histeria, algo así como un trance. Puedo pasarme tres meses o tres años sin escribir una
palabra, pero cuando escribo, regreso al placer.

¿Cómo fue el proceso creativo de Abades?
(Ríe) Para escribir esa novela me documenté leyendo una
sola línea; lo demás lo inventé.

Tu obra parece atípica en el territorio editorial francés
actual, en el que abundan los alegatos contra el islam y
las reflexiones sobre la televisión.
Se puede ser un gran escritor y reflexionar en torno al
islam, no hay problema por eso. Pero si mi literatura parece atípica, tal vez eso se deba a que no me interesa la
actualidad. Creo que la distancia es muy importante, es
algo decisivo. Yo prefiero un buen texto de Víctor Hugo

que muchos textos contemporáneos. Esa es una limitación
personal, lo sé. la verdad es que mi presente no es el de
todos. Mi presente es la Francia de los años cincuenta.
Mi presente es ése en el que mi abuela me recitaba de
memoria alejandrinos de Víctor Hugo.

¿Cómo fue tu formación técnica como escritor?
Me licencié en letras (ríe y alza levemente las manos) y
creo que eso me sirvió de algo. Me sirvió para conocer
algún nombre y tal vez para empezar. Ya se ha inventado
en El País que yo fui profesor de letras. Pues no, nunca he
sido profesor, ni de letras ni de nada. Estudié letras sólo
para no hacer nada y eventualmente para escribir, como
la mayoría de la gente que estudia letras. Durante muchos
años no supe lo que era escribir, sólo lo intuía. Yo pensaba que escribir era algo así como crear grandes artefactos, artefactos imposibles y totalmente alejados de mi vida.
Pero un día, un buen día sospeché que tenía que sumergirme en mí, en mi propio yo. Descubrí un mundo patético, o
quizás descubrí lo patético. Eso es: cuando caí en la cuenta de que la inteligencia no es enemiga de lo patético,
comencé a escri bir.

CONSTERNACIÓN*
Enrique Vi/a-Matas

B uscando otra forma de ocupar el tiempo, volví a abrir
el periódico que había comprado en la estación de Atocha y que apenas había leído, y fue allí donde encontré la
noticia de que al día siguiente, es decir, el 2 1 de diciembre de aquel 2003, se cumplían cien años del primer
vuelo, en una playa de Carolina del Norte, de los hermanos Wright, el primer vuelo de la historia. Me concentré
en la lectura de la historia que contaban allí acerca de
aquel día en el que comenzó la era de la aviación y el
mundo jamás volvió a ser el mismo. Y leí que para aquellos que tienen miedo a volar probablemente haya de resultarles perturbador saber que los físicos y los ingenieros
aeronáuticos aún debaten apasionadamente sobre la pregunta fundamental: ¿Qué mantiene a los aviones en el
aire? Por lo visto, no existe una respuesta válida sencilla.
Aunque la explicación más común dice que el aire viaja
más rápido sobre la superficie más curvada de la parte
superior del ala que sobre la parte inferior mucho más
plana, lo cierto es que esa explicación, aunque veraz, no
explica realmente por qué el aire que fluye sobre el ala
se mueve más rápido. Y el no saber esto causa una gran
confusión. En realidad, nadie entiende, pues, por qué
podemos volar. Pero muchos volamos, aunque no entendamos nada.
leí esto y me pregunté qué habría sucedido si lo hubiera leído en un avión. Tal vez me habría quedado asustado. Por suerte, iba en tren y la canción de Tom Waits,
"Underground", me remitía más bien a viaje subterráneo,
a un escasamente arriesgado viaje en metro. Metro, tren,
avión. Me pareció que faltaba el automóvil para completar el cuadro de honor de los transportes que yo más utilizaba. De golpe, una noticia sobre Siria que encontré en

el periódico me recordó de nuevo la rue Vaneau y eso
me llevó a acordarme de la guerra de lrak y de los bombardeos de las tropas norteamericanas, y éstos a su vez
me trajeron la memoria de las conferencias que W. G .
Sebald había pronunciado en Zurich a finales de otoño de
1997 con el título de Guerra aérea y literatura, conferencias sobre el silencio culpable que ha envuelto siempre la
barbarie de las bombas de los Aliados sobre Alemania
durante la Segunda Guerra Mundial.
De pronto, mirando la fecha en el periódico, caí en la
cuenta. ¿No había muerto Sebald en una carretera de
Norwich en accidente de coche un 14 de diciembre de
200 l y el día 16 se había difundido la triste noticia? Acababa de aporecer pues el automóvil que me faltaba para completar aquel cuadro de honor de los transportes que yo más
utilizaba. Metro, tren, avión, y el automóvil en el que se
mató Sebald, un automóvil al que, dado el trágico destino al
que había llevado a su dueño, ya se podía considerar como
fúnebre. Me acordé de pronto de Erraba por París un coche
fúnebre, uno de los títulos de aquellas dos novelas de España que un día yo había imaginado. Y ese recuerdo me llevó
de nuevo a Robert Walser, llegué hasta él no sólo porque la
otra novela de España se llamara El destino de Walser, sino
porque, además, existía un entrañable hilo de conexión entre
los dos escritores. Sebald había pasado toda su infancia junto a su abuelo, y éste no sólo era un viejo que tenía la costumbre de las largas caminatas como Walser, sino que, además, se parecía mucho físicamente a éste. Y no acababan
ahí las coincidencias, pues tanto el abuelo de Sebald como
Robert Walser habían muerto en la nieve en el mismo día y
casi a la misma hora. Walser dejó sus huellas en "la nieve, y
unas fotografías de aquel 25 de diciembre de 1956 perpetuaron esas huellas, que hoy muestran los últimos paseos de

* Este texto es un &amp;agmento de una novela en preparación.

8

g

�un escritor muerto, con su inesperable sombrero de fieltro al
lado, estrellado de bruces contra la pureza de la nieve.
En cuanto a Sebald, las huellas que su literatura ha
dejado impresas componen una especie de poética de la
extinción que sitúa en un plano principal la consternación
del propio escritor al ver que todo a su alrededor se deshumaniza o desaparece y que incluso la Historia desaparece. "Esto no es un lamento general", dice Sebald, "porque siempre ha existido la desaparición, pero nunca a
este ritmo. Es aterrador mirar cuánto daño y extinción se
ha causado en los últimos veinte años, y el proceso de
aceleración parece imparable. Conviene que la literatura
se haga cargo de esta consternación". Sebald era consciente de la necesidad de una literatura que denunciara el
ritmo mortal de las desapariciones y albergaba algunas
dudas, pero también ciertas esperanzas acerca de la capacidad de resistencia de la escritura y del papel fundamental que ésta podía jugar en la supervivencia de la
historia de la memoria humana. Tal vez por esto comentó
un día, muy deliberadamente, lo mucho que le asombraba
que un rastro desaparecido en el aire o el agua durante
años pudiera permanecer visible a través de la palabra
escrita. Lo comentó en su libro Los anillos de Saturno, donde, tras decirnos que en el Sailor's Reading Room de
Southwold ha estado examinando las anotaciones del cuaderno de bitácora de una patrulla marina anclada en el
muelle en el remoto otoño de 1914, reflexiona sobre las
huellas que se han desvanecido y dice: "Siempre que descifro una de estas notas me asombra que una estela ya
hace tiempo extinguida en el aire o el agua pueda seguir
siendo visible aquí, en el papel".
Una estela de muertos. "A todos esos muertos a nuestro alrededor, ¿dónde sepultarlos sino en el lenguaje?",
pregunta Adonis, el poeta sirio que comencé a leer días

después del fin de mi experiencia en la rue Vaneau . Supe
un buen día, por azar -como todo lo que me ocurre con
Siria-, de la existencia de este poeta y me puse a leerlo.
Nacido en 1930 en Oassabine, en el norte de su país,
habla en uno de sus mejores poemas de gente que se
viste con las ropas del mañana y las encuentra estrechas.
También yo encuentro estrechas mis ropas del mañana,
me dije mientras el tren de alta velocidad entraba lentamente en la estación de Ciudad Real y yo constataba que,
tras haber logrado huir de mis especulaciones sobre qué
decir por la tarde en la isla de La Cartuja, había terminado, sin embargo, enredado en la densa madeja del mundo de Sebald, el mundo de la extinción y la escritura.
Parecía como si el tema de la desaparición ti rara mucho
más de mí que el de las relaciones entre realidad y ficción. Y entonces, aunque podía equivocarme, decidí dar
ya por sentado que en el fondo era ella, la Desaparición,
el único tema y el verdadero centro de mis obsesiones de
aquel día y que sobre ella debería girar mi intervención
por la tarde en Sevilla.
Pero, ¿qué podía decir de la desaparición? Pues que
ya estaba harto, como el poeta sirio Adonis, de la estrechez de mis ropas del mañana y de no poder disponer
nunca de nada a la hora de expresar mi vida, salvo de mi
muerte y desaparición. Pero eso eran sólo palabras, literatura. De pronto, decidí que debía dejarme de rodeos y
desaparecer yo mismo. Desaparecer, ése era el gran reto.
Se trataba de no olvidar que Kafka decía que ser infinitamente pequeño era la perfección misma. Pero, ¿cómo conseguir ser tan infinitamente pequeño que uno desapareciera del todo? No parecía sencillo. Bastaba con acordarse
del cuaderno de bitácora del Sailor's Reading Room. Nadie
se va del todo, me dije. Me pareció que una desaparición
absoluta era imposible y que, si esto era así, estaba claro
que aquello que para Sebald había sido motivo de alegría o
de esperanza, para mí no podía ser más angustioso.

LA LITERATURA COMO RESISTENCIA
CONVERSACIÓN CON JUAN GOYTISOLO
Luis Aguilar

J uan Goytisolo (Barcelona, 193 l ) es quizá la memoria
viva más importante de la tragedia humana y el testigo
más contundente de la imbecilidad del hombre. Designado recientemente Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe en su XIV edición -galardón que
recibirá en noviembre durante la Feria Internacional del
Libro de Guadalajara-, Goytisolo representa, como nadie, la supervivencia más palpable de la congruencia intelectual.
Enfrentado siempre con lo políticamente correcto, la amplitud de su obra y su coherencia entre el decir y el hacer lo
colocaron al margen aun en su propia tierra y en su mismo
lenguaje. Ajeno a modas literarias, no se desvió nunca de su
trayectoria, complicada por el exilio y por la censura franquista, que afectó también a sus hermanosJosé Agustín y Luis.
Sus novelas son libres en todos los sentidos. Se arraiga en la tradición oral y polifónica, en la religiosidad de
San Juan de la Cruz e lbn'Arabi, así como en los clásicos
españoles. Es evidente que su idea de la creación literaria se finca en la promoción del diálogo milenario entre
las culturas judía, cristiana y árabe.
Goytisolo se ha llamado a sí mismo "hijo de la Guerra
Civil española", pues su padre fue encarcelado en ese
periodo y su madre, catalana, murió en el primer bombardeo franquista en 1938. En 1954 publicó su primera novela, Juegos de manos.
Huyendo de la censura y el franquismo asfixiante que
gangrenaban el mundo intelectual español, se exilió en París
en 1956, donde trabajó como lector y conoció aJean Gene!, al lado de quien recorrió Argelia. Entonces escribió Señas de identidad (1966), texto fundamental del autor y clave
para entender la visión antifranquista y sus porqués. Esta obra
ocasionó que toda su producción se prohibiera en España
hasta la muerte de Francisco Franco.

El mismo camino literario siguió en Reivindicación del
conde donJulián (1970) y Juan sin Tierra (1975), obras en
las que marcó líneas de disidencia que señalaban ya su
enlace definitivo con la cultura árabe, tema central para
comprender ideario, obra y autor. Cargada de un fuerte
compromiso político y moral, y con un papel de enlace
entre las culturas occidental y árabe, su literatura es un
combate permanente contra la injusticia del poder. Goytisolo, que reside desde 1996 en Marrakech, es un gran
defensor de la diversidad cultural porque, ha dicho, una
cultura que no acepta el enriquecimiento de culturas marginales está condenada.
Su trabajo en la literatura es una muestra de su congruencia intelectual, pues en él antepone a cualquier interés o deseo la propia independencia como escritor y pensador libre. Su narrativa experimenta siempre, y su estilo,
imprevisible y a veces caprichoso, denota una fascinación
por la literatura que va más allá del ejercicio de contar
historias.
Es autor de más de 20 obras, entre las que destacan El circo, Pueblo en marcha. Tierras de Manzanillo,

La cuarentena, Paisa¡es después de la batalla, La saga
de los Marx, Cuadernos de Sarajevo, Argelia en el
vendaval, El sitio de los sitios y Las semanas del ¡ardín,
entre otras.
Crítico indomable y escritor ajeno a la complacencia,
sus historias literaria y personal -tiene hijos marroquíes
adoptivos- han hecho de su postura la espina en los zapatos del poder. Sin embargo, esa postura le ha valido el
rechazo de la política global -lo cual agradece- y del
mundo editorial y literario. Con todo, la obra- será siempre el sello distintivo de todo escritor. Quizá por ello la
historia empieza a reivindicarlo con distintos reconocimientos a lo largo del mundo.

11

�¿El exilio como sello es la marca en su vida?
Soy un emigrante nato, lo he sido siempre. De las letras,
de la lengua, de las formas, de mi tierra. Pero no es algo
con lo que no pueda vivir. Esa condición me ha dado pies
para caminar el mundo y voz para cantarlo, cuando se
puede.

¿Pero hay mucho dolor en esta historia personal, en la
salida de su patria?
Seguramente, pero nunca he querido, por ejemplo, regresarde manera definitiva a España.

¿Nunca hubo esa nostalgia por la tierra, por la cultura
catalana?
De la cultura no me he alejado nunca. Y esa diferencia
que quisieron imponerme más bien me parece que es lo
que unifica a los hombres. Somos unificados por la diferen·
cia precisamente. Y sí hubo esa nostalgia, pero la caída
de Franco llegó tarde a mi vida. Estaba asentado entre
París y Marruecos.

Marruecos es uno de sus grandes amores. Sabemos que
ha adoptado unos niños marroquíes y que ha defendido
siempre el derecho y la dignidad de quienes buscan me¡ores oportunidades en España.
En el plano personal he tenido siempre una reacción
muy fuerte con respecto al racismo, porque hay regí me·
nes que no dan libertad, y quienes se elevan contra
esta situación lo hacen voluntariamente y saben a dón·
de los lleva eso: al exilio o a la liquidación física. Lo
viví casi desde siempre. Ahora, quienes lo hacen han
asumido el riesgo de manera voluntaria, pero el que es
víctima de la agresión propiamente, en la calle, porque
tiene el pelo rizado o determinado color de piel, es un
ser perfectamente inocente.

¿Ha me¡orado este asunto con la democratización de Eu·
ropa?
En muy pocas cosas, realmente. Y es que en Europa, don·
de las dictaduras políticas han desaparecido, ha despun·
todo el racismo en todos los países, y es un mal que parece no tener cura porque a la propaganda positiva y tolerante se opone la presencia de minorías sumamente violentas. La violencia ha ido ganando terreno en torno a
ideas retrógradas.

¿Qué papel ¡uega en su caso la literatura ante estas cir·
cunstancias?
Es difícil, porque ahí donde las letras parecerían ser ali-

12

ciente, el camino hacia la búsqueda del entendimiento y
la igualdad, es donde más pesimismo encuentro.

marca del desprecio de mi propia tierra. Pero a todo resentimiento lo ablanda el tiempo. Aunque, claro, ese ablan·
da miento no significa perdón y olvido, sino reconciliación

Pero no se atiende el asunto. Los inmigrantes, a lo largo
del mundo, parecen ser seres humanos de una categoría
ínfima.

Pero la literatura sirve de algo.

mediante el castigo.

La calidad de la literatura complica más la funcionalidad
de la misma como elemento de equilibrio para gritar con·
Ira la censura. Los compromisos sociales y personales dejan de asumirse en aras del bienestar personal y la presencia obligada.

¿No es contradictorio ablandar el resentimiento pero soli·
citar el castigo?

Por la deshumanización. En Madrid hay barrios y zonas
de inmigrados en condiciones infrahumanas. Y el fenómeno no se ataca de ninguna forma ni en ningún lugar, aun en
la inmigración de un estado a otro dentro de un mismo
país. En el mío, por ejemplo, no se hace el esfuerzo de
mejorar el nivel de vida de la comunidad gitana, 90 por
ciento analfabeta y sin posibilidades de trabajo. Hace tiem·
po estuve en La Jolla, California, e iba a menudo a Tijua·
na. Ahí era visible ese contacto directo entre el primer
mundo y el tercero. Me impresionó esa frontera. Lo mismo
se repite en España. Los argelinos viviendo el terror que
hay en Argelia, el subdesarrollo económico que hay en el
norte de Marruecos, todos los subsaharianos de Tánger,
probablemente centenares de africanos que están en pen·
sienes de mala muerte o aguardando la ocasión de meter·
se en una patera y venir a España. Es algo visible.

Sin embargo, eso tiene que ver más con escritores que
con la literatura como actividad, ¿no es así?
Desde luego. Hay escritores muy importantes que prefieren
las medallas de los países, las órdenes de la monarquía,
antes que cumplir con la congruencia intelectual que rJeberían asumir y hacer pública. Hay consagrados de las letras
que vendieron la conciencia a cambio del reconocimiento.

Creo que cada persona da una respuesta a sus resentí·
mientas, tiene una reacción particular para con sus odios.
En mi caso fue la literatura. La creación literaria se convir·
tió en la mejor manera de sacar a la luz todos esos resen·
timientos para no caer en el odio. Sin embargo, sé que no
es fácil. Si pensamos en la experiencia de Bosnia, ¿cómo
pedir a quienes fueron asediados monstruosamente que
dejen venir a visitarles a quienes desde las montañas dis·
paraban sobre ellos? Supongo que es muy duro. Pero si
pensamos en la reconciliación, para ésta es necesario el
castigo a los responsables.

¿Entonces la literatura funciona, ayuda a resistirse?
Ouizá. Pero la literatura como resistencia es un asunto
cada vez más reducido, porque se confunde el texto literario con el producto editorial. La calidad de una obra es
sustituida por la presencia mediática del autor; y el valor
estricto de la obra literaria sustituido por el ruido de la
propaganda. Reconozco que en algunos países de sólida
cultura la lectura avanza cada vez más, pero el problema
radica en que la calidad de lo leído disminuye casi proporcionalmente, en una ley extraña que propicia un daño
irreparable a las ideas.

¿Hay alicientes en torno a esto en España?
Al contrario. Creo que donde hay una clase de gente que
lee y no deja que le den gato por liebre, la literatura perdu·
ro, pero en España el nivel cultural es cada vez más bajo: la
gente lee más, pero cada vez obras más execrables -no
hay otra palabra- , por ello soy cada vez más pesimista.
Hay un desconocimiento completo de todo lo que se escribe
en lberoamérica. No conocen, par ejemplo, a José Martí. ·
No se conoce nada fuera del boom, obras que pueden ser
buenas, pero que han llegado más bien gracias a la mediati·
zación de la que hablábamos antes. Ahora empieza a conocerse, por fortuna, a Carlos Fuentes u Octavio Paz, pero la
base de la cultura iberoamericana, Alfonso Reyes, el propio
Martí, se desconoce.

¿Odia el franquismo, lo que el franquismo hizo o ha hecho
de su vida?
Tengo motivos suficientes para odiar profundamente. La
vida ha sido dura. He tenido que llevar sobre la frente la

¿Similitudes obvias para con el caso mexicano y el 68?
Es una circunstancia, si no similar, con elementos simila·
res. Hay casos en los que es ineludible la aceptación de
la culpabilidad y el castigo a los responsables.

Otro de los grandes escenarios de la discriminación y el
maltrato humano son las fronteras y la inmigración, ¿cuál
es su visión del fenómeno?
De una profunda desigualdad, abusos inconcebibles y una
enorme hipocresía. El asunto de la desigualdad es obvio,
porque es el motor que impulsa el fenómeno. De abusos
inconcebibles porque quien deja su casa debe ir a soportar el abuso de sus anfitriones; y de enorme hipocresía
porque los países que más fustigan la inmigración son aquellos cuya economía no sobreviviría un solo día sin las manos de los ilegales. España entre estos países. Ni España
ni Estados Unidos, por nombrar los casos iconos del
fenómeno, sabrían qué hacer sin el trabajo de los ma·
rroquíes y los mexicanos. España necesita cubrir aproxi·
madamente, por año, unos 300 mil empleos. No lo digo
yo, lo dice el presidente Aznar 1. Si se necesita gente
que venga a trabajar, hay que tratarla de una manera
digna.
De la inmigración, de las grandes tragedias, la guerra, el
exilio, las contradicciones modernas, están llenas sus obras.
Hay que seguir intentándolo. Es preciso. No podemos renunciar, y menos quienes voluntariamente hemos decidido
alzar la voz. No podemos renunciar al compromiso intelectual que genera el arte y, en mi caso, la literatura.

Parece que los españoles no tratan como fueron tratados.
Cierto y vergonzoso. España es un país inmigrante. Primero a Venezuela, a México, a Cuba, a Argentina. Después
la migración política con la caída de los republicanos. Y
siempre fuimos bien acogidos. En México, muchos ocupa·
ron puestos y contribuyeron activamente en el desenvolví·
miento de la cultura. Pero ahora esta sociedad de nuevos
ricos, nuevos libres y nuevos europeos, cuya mezcla produce arrogancia y desprecio por la gente que viene de
otros países, debería avergonzarnos la forma en que Ira·
tamos a los moros o africanos. En lugar de aprender de la
migración, parece que se están vengando de su pasado
en los inmigrantes pobres que llegan buscando trabajo en
condiciones difíciles.

Aquí parece que la historia no es cíclica. ¿No enseña la
historia?
Se dulcifican algunas cosas. Y ahí tiene usted las celebraciones de la Conquista. ¿Qué conmemoramos? De la colonización española nació un continente y aportó cosas
buenas. Pero en su lado negrísimo se exterminaron comu·
nidades enteras. Cuando planteé esto, establecí una comparación entre el bicentenario de la Revolución Francesa
y el descubrimiento de América. Como consecuencia de
la Revolución Francesa, aun con el terror, la guillotina, el
zarismo de Napoleón, las guerras, quedó algo de valor
universal y de valor actual: la Declaración d_e los derechos del hombre y del ciudadano. Con el Quinto CentEr

13

�noria hay dos versiones: la negra, que habla de que los
españoles fueron para robar oro y explotar indígenas; y la
suavizada, que dice: "Fueron a evangelizar". ¿Ir de un
país a otro a imponer tu religión, tu cultura, es un valor
universal? No. Argumentaron que se celebraba el descubrimiento, no la Conquista. Celebrar un descubrimiento
es abstraer circunstancias. Sería como negar, como borrar
de un plumazo las manos esclavas negras que trabajaron
en la construcción de las primeras autopistas europeas para
celebrar la aparición de estas supercarreteras. La conquista de América coincide con la expulsión de los judíos, las
promesas incumplidas de libertad de religión y cultura a
los musulmanes, la creación de la Inquisición, la expulsión
de gitanos con la declaración de Isabel la Católica. Insisto: ¿qué celebramos? ¿El Estado totalitario? El resultado
fue que me acusaran, como a Günter Grass, de ser un
pájaro que ensuciaba su propio nido, de ser un mal español. El deber del intelectual está en recordar lo que ha
pasado.

¿Aun a costa del desprecio de su gremio, el de la literatura?
A costa de cualquier cosa, de la vida incluso. Y no es una
presunción ni ganas de heroísmo. He dejado de vivir mi
tierra, por decirlo de ese modo, por abanderar algunas
verdades incómodas que parecen no gustar a la gente, en
particular a conocidos intelectuales. Pero ha sido útil, porque al no sentirme de una parte geográfica en particular,
soy de todas en general. Puede ser difícil, pero más allá
de la resignación, que ya he encontrado, todo esto me

de África, la inmigración mundial y particularmente la que
llega a España. Tampoco he hecho silencio -es mi compromiso- ante las dictaduras políticos ni ante la violación
de derechos humanos y ni siquiera ante lo mala literatura,
que triunfa gracias a la mercadotecnia.

El de Chiapas ha sido un fenómeno mundial, y tras la cara
de la lucha zapatista están la pobreza y la marginación,
¿ha pensado en abordar el asunto?

siadas desgracias en mi vida.

¿Será su compromiso a partir de ahora exclusivamente o
través de la literatura?
No puedo asegurarlo. Aunque la literatura no puede cambiar la realidad, hay que tener esa conciencia: el poder
de la literatura es otro. Lo que cuenta es el compromiso
del escritor con su propia obra; y si además se compone
la realidad, pues mejor. Pero lo fundamental es mantener
esta integridad de no imponer nunca intereses bastardos,
como ganar dinero u obtener fama . He vivido siempre al
margen y no pretendo con esto imponerme como modelo;
cada escritor elige su propio camino, yo he procurado
mantener esto independencia intelectual a todo costa.

¿Es un asunto de compromiso personal, nada más?

deja también mucho beneplácito.

¿El viejo mito del escritor maldito?

sos pacifistas.

14

Eduardo Espina

No. Sinceramente, luego de proyectos en Chechenia,
Bosnia, Marruecos y Palestina, empieza a aquejarme el
cansancio. Creo que todo tiene un límite. He visto dema-

Nado más. No sé si seo poco, pero algo será en un mundo donde reina una enorme confusión, un maniqueísmo
fácil, en el que se suele caer aunque se pronuncien discur-

Ni eso, porque el significado dado antes a esta condición
ha cambiado. En todo coso, soy un escritor rechazado por
mis colegas. Pero hay cosas que no pueden callarse. Yo
no podría dormir tranquilo si, como muchos intelectuales
de todas los nacionalidades, me hubiera quedado callado ante los crímenes de Bosnia-Herzegovina, la hambruna

ESTRABISMO Y VISIÓN PANÓPTICA

Notas

La entrevisto se realizó durante la visito de Goytisolo a México
en marzo de
de Espoña.

2004. José María Aznar era entonces presidente

Q uisiera no haber visto del cuento largo Los adioses
nada más que el título, pues desde la primera vez que lo
leí (aunque cada vez que lo leo parece ser la primera) me
he convertido en lector permanente de esa encrucijada
de expectativas sucediendo en la serranía argentina. Trato de encontrarle razones a esta intruncable fidelidad:
¿será parque ese cuento de Juan Carlos Onetti fue publicado en 1954, mismo año en que nací? ¿Será parque uno
de los dos personajes principales es un ex basquetbolista
como yo, ex también? ¿Porque ese hombre protagonista
sufre de tuberculosis como Kafka? ¿Será porque la historia
sucede en algún lugar de Córdoba, donde un verano hace
mucho acumulé hermosos recuerdos? ¿Será porque esto
novela corta no le gustó a Emir Rodríguez Monegal, quien
dijo que en Los adioses Onetti "se ha empeñado en ensamblar cosas que no podían ser ensambladas de ninguna
manera"? ¿Será porque el cuento que quisiera no haber
visto ni leído tiene uno de los mejores comienzos literarios
que conozco (si el cuento fuera un haikú podría terminar
en el primer párrafo y sus facultades de sorpresa podrían
darse por cumplidas)?
¿O bien será porque la trama, algo o bastante, se
parece a la fabulosa novelito de Thomas Monn, La muerte
en Venecia, la cual tiene similar extensión, uno relación
aproximante entre dos hombres con poco en común, un
final con personaje muerto (en ambas lo muerte es liberación; en una, como tuberculosis, en la otra, como plaga),
uno posible y verificable mirada homosexual, un rigor epifónico para no revelar lo que no se puede, y una minuciosa reconstrucción de detalles que quizá no sirva para resolver el enigma en ejercicio, pero que hace necesario la
existencia de relato? También hoy un elemento técnico
parecido: en Los adioses la única perspectiva narrativa es
a través de lo que cree ver y cuenta el almacenero sobre

el tuberculoso, situación parecida o la que tenemos en La
muerte en Venecia con respecto a la relación visual entre
Gustav von Aschenbach y Tadzio : el primero hace al
segundo mirándolo. Cabe preguntar: ¿habrá tenido presente el escritor uruguayo lo novela de Mann, publicada en 1930, cuando escribió Los adioses, veinte años
después?
En forma casi mecánica la crítica ha marcado las posibles influencias de Henry James y William Faulkner en la
obra de Onetti, aunque en verdad quien más comparece
en las peculiaridades técnicas y anecdóticas de Los adioses es Thomas Mann. Es evidente que en ambas historias
hay anhelos inexplicables para justificar el papel indagatorio de lo visión. Mientras ve, el hombre sigue vivo. Y lo
mismo se aplica tanto a Gustav van Aschenbach como al
procaz almacenero. "El deseo se proyecta a sí mismo visualmente", dice en un pasaje el lacónico narrador de La
muerte en Venecia. "El presente podía eludirse si veía",
dice el almacenero en Los adioses. En ambos historias de
dos hombres diferentes unidos por la mirada, el ojo privilegio un vitalismo visual que llevo a su opuesto: a la disolución de lo verdad de la imagen.
Extraño paradoja del aceptamiento: si la vida no puede comprenderse, mejor cerrar los ojos. Y aquí también
ambas obras rozan similitudes: el hombre enfermo no puede aceptar la enfermedad, Von Aschenbach la vejez. Lo
lección es la misma: mejor morir cuando todavía se puede. En ese círculo de afinidades irrecíprocas, lo ilusión
(que apenas permite especular) no se desprende de lo
realidad ni lo vida de la muerte. Claro está, hay obvias
diferencias, y no sólo en el hecho de que una historia
sucede junto al aguo y la otra en la montaña, y en que
Aschenboch es un caballero, mientras que el narrador de
Onetti vende charcutería y representa esa estético chismo-

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�so de provincia que tanto detestó Le Corbusier cuando
visitó el Río de la Plata.
El gran cambio de Los adioses con respecto a su referente literario alemán tiene lugar en la mirada. La novelita
de Mann se regodea en un plan melancólico, reverberando hacia atrás, pues ese muchacho que aparece en la
vida de Aschenbach no es más que la coda inservible de
su pasado. Los adioses, en cambio, basa sus estrategias
de indagación en una mirada proléptica que encapsula un
porvenir a la inversa, esto es, presenta como cómplice de
su diseño a una observación obsoleta, puesto que la historia sucede en el pasado, pero al mismo tiempo proyecta
detalles que ocurrirán en un futuro memorable. Memorable, pues ya pasó, aunque, como no lo conocemos, resulta nuevo. La historia encuentra su pivote en esta paradoja:
se mira hacia adelante para ver lo que ya ocurrió.
El furtivo narrador de Onetti, quien se expresa fantasmáticamente construyendo su imagen a partir de la imagen que no ve de los otros ("hablo de ellos, los demás, no
de mí") genera el artificio del punto de vista. El lugar donde narra no es el mismo que aquel donde ve, el cual, por
cierto, es solamente el lugar del comenzar a ver: "Empecé a verlo desde el hotel en ómnibus", "Empecé a verlo
en el hall con mesitas encarpetadas", "Comencé a verlo
en alargadas fotos de El Gráfico". De allí que, como si el
artilugio de la comunicación proviniera de una sesión de
psicoanálisis, se refugia en el habla: no en el silencio polívoco de la mirada en actividad, sino en un lenguaje que
encuentra sus razones de ser diciendo lo mínimo y creyendo que todo lo sabe porque puede verlo.
Hablando -porque ésta, igual que todas las historias
de almacenes, tiene un origen oral basado en una experiencia de testigo: sí, yo lo vi - construye el artificio que
justifica su fisgonería y sobre todo su condición narradora.
Habla para mirar no a través de imágenes, sino de frases,
pues en el ver del lenguaje está lo inverosímil, la totalidad
de actos procesados en tanto conjetura. Al actuar como
panoptismo retórico, el paisaje de palabras remite a un
gesto de ocultamiento tras el cual algo irrevelable amaga
mostrarse. La lógica almacenera dice: si el hombre enfermo vino y está aquí, su presencia tiene una única razón,
aunque desconocida, suponible, quizás inmirable. Pero en
algún momento debe comenzar a verlo.
Todos hablan y también el tuberculoso (hace constar el
almacenero, el principal hablante): "el hombre conversaba con vertiginosa constancia, acariciando en las cortas
pausas el antebrazo de la mujer, alzando párrafos entre
ellos, creyendo que los montones de palabras modificaban la visión de su cara enflaquecida" . En tanto parte de

16

un fracaso -está condenada a descubrir pistas, no evidencias- , la mirada va construyendo su trabajo por partes; el todo de su propósito está dividido asimétricamente,
incluso más: por etapas no complementarias. Hoy ve una
cosa, mañana podrá ser otra contradiciendo la anterior.
Al rompecabezas le faltan piezas y puesto que resulta
imposible remedar esta carencia, a las piezas ausentes se
las sustituy~ con la posibilidad de que puedan devenir
otra cosa , no necesariamente perteneciente a la totalidad
que quiere construirse.
Por esta razón la distancia anímica que siente la mirada,
sinónimo de imposible conocimiento, no es impedimento poro ·
elaborar el argumento de su actividad, porque lo que debe
verse se construye desde adentro, desde la sospecha tenida
como conclusión. Paradójicamente la mirada del almacenero origina un porvenir oclusivo. Igual que las muñecas
mafrushkas, que tienen a la simetría como diferencia, la
mirada del narrador contiene las imágenes creadas por
ella, especie de solipsismo que termina poniéndola al otro
lado de donde empezó y adonde nunca quisiera haber llegado: en la distracción. Como si fuera el mirador de Próspero,
el mostrador del almacenero se nvierte en la atalaya del
vigía que mira sin mirarse, que mira para no mirarse. Detective de los tragos y los embutidos, ese almacenero arquetípico
de una condición tan regional como universal hace gala de
su distracción, del modo encriptante de comerciar su desconocimiento; habla para no tener que ver.
En Los adioses, como señala Pablo Ferro, se plantea
un enigma y su resolución en torno a una muerte, pero
está elidido el espacio de generación del relato imaginario que surge sin que se narre la escena de la escritura.
Se ha dicho reiteradas veces que la narrativa onettiana
recurre a las estrategias de la novela policial, presentes
en Los adioses, donde una situación con varias instancias
plantea un problema y exige una resolución. Pero aquí la
mirada detectivesca no consigue conciliarse con sus mañas de exhumación, quedando condenada a un permanente e inefectivo merodeo, a no poder descifrar las correlaciones del objeto encubierto. Las reglas del juego son respetadas y la interrogación se prolonga, pues, tal como
recuerda Chesterton, "la principal dificultad estriba en
que la novela policial es, después de todo, un drama de
caretas y no de caras". Cuenta más bien con los seudos
distintivos del personaje que con los reales. Hasta el último capítulo el autor no puede contar ninguna de las cosas
más interesantes de los personajes principales: "Es un baile
de máscaras, en donde todos se disfrazan de otra persona diferente de sí mismos, y no existe el verdadero interés
personal hasta que el reloj da las doce".

Siguiendo un plan desenmascarador, la mirada no se
encripta en sus sospechas; rebordea la figura interrogada,
tiene un movimiento de efracción en tanto contiene la sensación de sentirse atrapada en los detalles mínimos, y así para
el resto cifrado. Mirada desde una impertinencia - la fisgonería detectivesca aplicada a una intimidad enferma-, desde un error en secreto, que hace todo lo imposible para
mantener su desconocimiento. Éste justamente, al no poder
conocer para querer seguir intentándolo, otorga al relato su
movimiento entrópico y esa sensación de deriva justificada
por los acontecimientos. Estamos ante una mirada que evita
mirar para no quedarse sin la duda y sin la posibilidad de
cambiar el sentido a lo que no puede ver.
Sin sentirse asaltada por la descripción, la mirada se
dedica a quedar dispuesta a la rectificación, no a partir
de lo constatado (que en la historia tiene lugar esporádicamente), sino a través de la descomposición palimpséstica del simulacro de verdad que ha creado y que no está
dispuesta a evitar. En este e/ose reading de lo no visto, el
sujeto intimidado se convierte, si no en mediador, en medializador de una indiscreción en proceso, que para realizarse debe ahorrar al máximo el uso de presumibles detalles. La historia da esa sensación: de que la mirada pacta
con la inutilidad de su pesquisa, repitiendo como letanía
ese "no querer haber visto" que inaugura la historia a raíz
de un cuerpo descrito in absentia, cuya imagen evanescente suspende el trayecto hacia la referencia. Lo visto en
aquel primer día empieza a borrarse, con el hombre enfermo llegando a un lugar inhóspito que, como él, carece
de nombre y de vida: "el aire olía a frío, y a seco, a
ninguna planta". Vaya paradoja, una más: a pesar de que la
historia tiene un régimen visual la única certeza es olfativa.
Nada tan importante tiene entonces lo visto -que sin
embargo permanece- como para resultar imprescindible,
nada más de lo que ya ha sido supuesto. El hombre sin
nombre no está dotado de una inscripción diferencial, vive
en tanto consideración despreocupada haciendo al lector
preguntarse, como lo hizo Heidegger ante el cuadro de
Van Gogh, sobre el sitio que le corresponde a la mirada
cuando ésta saca venta jas en la inutilidad. ¿Qué hay aquí
que sea tan importante? Aunque la respuesta resulte aleatoria, queda al menos una certeza. En su inutilidad, las
imágenes quedan depositadas en lo que de ellas se desconoce, haciendo de su alusión una hipótesis y de su afán
su desposeimiento: han quedado vacías de mirada .
En varias ocasiones la mirada manifiesta su poder de
inclusividad , el cual se constata, por ejemplo, cuando la
mujer madura reconoce enseguida a la muchacha, aunque
"nunca había visto una foto suya". Sin embargo, a pesar

de esta ausencia aurática, del hecho fundamental de que
la presencia no es rescatada, sino inventada, la historia
ocurre en y desde los ojos, ahí donde el sentido y la expansión narrativa se construyen.
Así pues, la mirada viaja hacia una forma estableciéndose, hacia una peculiaridad atenta a sus distracciones;
paradójico proceder, pues lo que no ha sido visto es no
obstante revisitado, dando razón a las transformaciones
impuestas por la imaginación: el flash back es un viaje
hacia lo que podría estar ocurriendo en la memoria visual.
Esta transición hacia una asimetría, hacia una máxima salida obligando a encontrar un hecho para que el testigo
exista, necesita también de una apariencia para poder
interpretar el último rastro del adiós, justo cuando la mirada ha perdido el control de los acontecimientos.

Los adioses se publicó en Sur y el título de la novel ita
de 88 páginas, dedicada a Idea Vilariño, alude a una
situación comprometida, aunque la partida está clara y lo
mismo la razón que la motiva, quizás lo menos arbitrario
de todo: ¿de qué forma debe verse un adiós, sobre todo
si son varios y no se informa en qué momento comienzan?
En el relato hay un solo narrador, quien cuenta la llegada
al pueblo de un hombre y de dos mujeres que lo visitarán
luego. El hombre está enfermo y llega a un pueblo donde
hay dos hospitales para tratar a tuberculosos. Con ese
escenario de fondo, la historia pone en juego la verosimilitud de una adivinanza que tiene a un cuerpo en tránsito
como estímulo de un diagnóstico. Porque, vista la mirada
clínica que la historia articula, cabe preguntarse: el que
relata, ¿es un bolichero de provincia que negocia con
soledades y salomes o un médico internista que puede ver
enfermedades a la distancia? Dice el ubicuo charcutero:
"Los miro, nada más, a veces los escucho".
Con mirada diagnóstica vaticina el pasado para poder saber cómo es el presente (la historia ya sucedió, pero
el ahora ya no es lo que era). Aclara, en la medida de lo
posible, que "la precisión ya no importa", aunque la razón
trata de completar lo que la visibilidad insinuó frustradamente, "pensando en lo que había visto, en lo que era
admisible deducir, en lo que podía mentir y contar". El no
ver revela, da versiones de lo verosímil, sin que por ello
otorgue condición plenipotenciaria al su jeto observante,
reconstruyendo las posibles verdades sobre el hombre tuberculoso convertido en excusa de una mirada que deja
escenas sin ver para poder narrarlas de otra manera. ¿Presenciamiento o suposición? Se trata de un "conjunto de
invenciones gratuitas": la indagación es para convencerse
a sí mismo, no para probar la verdad de sus suposiciones:
"La miré como si la espiara".

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�La curiosidad, que mató al gato (mucho, considerando
que es un animal de siete vidas, dos más en la tradición
anglosajona!, es la fuerza motriz de la mirada almacenera, la que almacena y mira desde el almacén. También
aquí hay una curiosidad forénsica alrededor de una vida
en disolución. La mirada, como lo comprobamos cada vez
que hay un crimen o un accidente, miente, fragmenta, desvía, cree a sus propias mentiras, construye sus propósitos
con afán de infinitud, estableciendo una lógica que antes
no estaba y después tampoco: que actúa para que la validez de la verdad sea otra o no sea. Igual que los ángulos
troquelantes de la mirada, la verdad tiene una variedad
incondicional de apariciones, como las preguntas imposibilitantes que impone.
Mirada detectivesca, indagatoriamente policial, propia del fracasado Phillip Marlowe acoplando datos sobre
una vida, tan breve como los fragmentantes momentos en
que la realidad falsifica su cohesión. Mirada atemporal,
similar a la de un pintor ciego detenido en una superficie
invisible que inicia su tiempo y que ansía salirse de la
duración. Tiene como propósito ir hacia adelante, construir el futuro del objeto en observación, pero lo que logra
es un efecto de acercamiento parecido al que ocurre en
un espejo retrovisor: cuanto más se acerca al lugar futuro,
más se difumina la imagen en presente que va quedando
atrás.
Pero hay algo más, como pasa siempre en la narrativa
de Onetti, en la cual hay un plus, un algo extra que desvía
el interés hacia una intensidad por insatisfacción. Ese algo
más es, creo, todo lo que gira en torno a la mirada narradora y hace cómplice al lector de un extraño proceso: así
como el ver necesita tiempo para saber qué está mirando,
la mirada necesita de varias páginas para saber si se
equivocó o acertó en lo que creyó ver, y para saber qué
vio, de qué manera lo hizo y por qué lo hizo así. Ésa es la
estrategia utilizada para mantener en vilo la ilusión de
verdad, haciendo de ésta un centro de sístole y diástole,
de acercamiento y distanciamiento: se realiza un traveling
a través de las expectativas generadas por el propio proceso de generarlas. Es, en fin y sin éste, un principio perpetuo que se expone a cambiar lo mínimo para seguir
siendo diferente.
De esta manera, en su insistencia proléptica, el relato
muestra un indudable aire de necromancia. El periplo transcurre en un espacio con función tanatorio, en tanto el narrador sugiere que la muerte triunfará y que solamente se trata
de mirar la construcción de su victoria lo más cerca posible.
Ya el primer verbo advierte que la mirada ha sido la culpable
del entrometimiento y sus consecuencias: "Quisiera no haber

18

visto". La frase, en forma de estribillo, se repite en el primer
y segundo párrafo, aunque esta afirmación aparece desafiada en párrafo posterior por la afirmación del enfermero, "Me
gustaría que lo hubiera visto", a lo que el almacenero dirá
luego: no quise volver a mirarlo". La pesquisa del ver correlaciona el objeto con el deseo de verlo, y lo que se cree ver
con lo que parece visto. La percepción busca detrás del fenómeno lo que se intuye como si fuera verdad. La mirada se
instala en aquello considerado verdadero, aunque esto, valga la paradoja, resulta imposible, pues la verdad no radica
en el objeto, sino en la propia mirada y en lo que ésta inventa como reemplazo de verdad.
Como el espacio muerto de la fotografía, que incluye
no obstante la vida en forma de memoria, la zona física
ocupada por el relato persigue un secreto al borde de
una inmovilidad en acción de fuga. Igual que la mirada
que entra a la fotografía intentando reconstruir lo que no
está en la escena capturada, aquí el narrador se aplica a
reconstruir lo que no puede mirar y convierte en incertidumbre. Silvia Molloy mencionó la condición voyeurística
del almacenero, pero es más que eso: en todo caso, se
trata de un voyeur vedado, que sale a la caza de una
figura en extinción, en radical fase de borramiento.
Con su accionar pluraliza el orden escópico, en tanto
la mirada generante del relato se apoya en otras para
justificar su irreversible trayectoria, su determinismo para
diferir la acción de la persona perseguida. ¿Será eso, esa
presa en tránsito, lo esencial que motiva a la mirada atrapada entre la similitud y la diferencia a descomponerse en
una instantánea infinita, en un instante suspendido en su
interrumpida continuidad? La verdad del ver pestañea y
procede lapsariamente, por espasmos discontinuos. Dado
el carácter continuo de la operación visiva, puede hablarse de una intrusividad incesante y elíptica, pues el narrador quiere abarcar toda la vida del otro, pero al mismo
tiempo se concentra en la escala de información que la
intrusividad aporta como versiones del ardid.
En Los adioses no hay saber verídico. Todo lo que hay,
como punto de vista y como vista que pone punto final. El
narrador se cuela por las fisuras de la disimilitud, y el
aislamiento de los personajes se ajusta a la mirada solipsista que hace del enunciador el enunciado. Éste quiere
hacer creer que no ve, pues su fisgonería no se resuelve
en una intrusividad ocular únicamente, sino en otras formas
de autogeneración de expectativas (el relato de terceros)
que presentan el desafío de ser omnisciente sin haberlo
visto todo: no es que no quiso mirar, sino que no pudo
hacerlo. El ojo salva a la mirada de tener que retenerlo
todo, de tener que pasar por la constatación. El almace11

nero construye el mapa del posible universo del hombre
enfermo, el cual se presenta igual al Atlas de Mercatur:
como si fuera de esa forma ante los ojos. Pero no basta. El
paroxismo de la absorción queda incumplido.
Por eso la mirada, antes de querer mirar a su referente, quisiera no haberlo visto. Sin embargo, en ese e/ose
up sofocante el almacenero se siente poderoso. Oculta su
imagen en el espejo del otro. Domina desde una no existencia, desde la imagen de sí proyectada en el otro que
no puede ser visto totalmente. Es la mirada del detrás, del
registro fantasmático como impedimento de la introspección. Ejemplifica la producción de una perspectiva que
incluye los efectos anamórficos de un encubrimiento. En su
tránsito divisorio divide describiendo la distinción caleidoscópica de una vida convertida en metáfora de su fracaso.
El almacenero pide ojos para apropiarse de la mirada
desviada y para que ésta tenga la efectividad de un cíclope estrábico. Tal como un ojo estrábico, la mirada es conocimiento a medias escindiéndose de lo que pretende
conocer como acción inevitable y aplazamiento de las
certezas. La fallida trayectoria de la mirada no puede revertirse ni trascender la dualidad especular que la condena a ser, en su tramo completo, una simple ojeada existencial sobre una figura inaprehensible, tan desobediente
como la propia vida antes de dejar de serlo.
El fin convertido en finalidad: la mirada llega hasta
donde se acaba. De allí que, conociendo sus limitaciones,
en lugar de estucturar desordena, deja incompletos los
vacíos del sentido que, a diferencia de la madera del
almacén, "llena de tajos rellenados con grasa y mugre",
adelantan su llegada y perpetúan su alcance a partir de
este panorama, y la novela lo tiene: es escenario consagrado a su protagonismo. Panorama también como lugar
polívoco, pues la promesa de resolución hace lo impasi-

ble para cumplirse, pero termina siendo imposible, aunque algunas frases lo vaticinan. La mirada no puede ir
allende su promesa y provoca anunciando algo: la verdad sobre el hombre enfermo que las frases narcotizan y
hacen ilegítima a medida que el acto de ver es persuadido a ocultar su impotencia, o a expresarla como fracaso
disimulatorio de una presencia ausente.
Dice la mucama, construyendo como suposición la imagen de la mujer: "nunca había visto una foto suya, nunca
logró arrancar al hombre adjetivos suficientes para construirse una imagen de lo que debía temer y odiar". Ella, lo
mismo que el almacenero, mira a través de lo que impone
la ambigüedad del testigo no presencial, del testigo de
segunda clase: mira o intenta recordar a través de lo que
han mirado otros. En esta operación visiva indirecta, el
conocimiento es de tercera mano. Se da entonces un proceso de insinuación, se habla de lo que no está: de una
equívoca invención de evidencias que convierte a la historia en fábula de reconstrucciones.
Refugiada en sí misma, la mirada consagra su índole
nada repentina a ejercer un punto de vista bajo influencia,
a quedar condenada por los asedios de su indiferencia.
Refiere a la situación oscilante de un ojo expresivo, tantálico, mirón: "me detuve, detrás del mostrador, para mirarla", pero también esquivo, retraído: "no intenté mirarla
durante el viaje", convencido de que puede ver sin mirar:
"no necesité mirarla para ver su cara". Mirada derechazo y de aceptación, mirada de peep show que pone a
prueba lo fidedigno sin interesarle la posible veracidad
de su conjetura. Un ver que puede prescindir de la totalidad para dar por cumplido su veredicto: "en general me
basta verlos y no recuerdo haberme equivocado". Todavía más, prefiere evitar mirar: "no quise volver a mirarlo".
La mirada engaña a la verdad, pero no·a la imaginación

19

�por la cual es complementada, pues la imaginación completa la presencia de aquello de lo que cual se sabe poco,
del enigma abierto a las fisuras del conocimiento. Como
lo ve poco, el almacenero debe imaginar al hombre cuando bajaba trotando hacia el hotel.
De allí que el conocimiento del ver a medias es subjuntivo: "me hubieran bastado aquellos movimientos". Es la mirada la que fabrica los distintos niveles de resolución/irresolución, apertura/pliegue, que van quedando en evidencia, pero
que al mismo tiempo dejan en suspenso el misterio de fondo,
mediante secuencias inexactas que destacan la condición itinerante de su verdad. Ésta es un accidente menor en comparación al proceso de su construcción. La mirada no llega a
ningún lado, aunque impone la idea de que todo sucede a su
lado. Origen de un rodeo emprendido a contramano, de
propósitos que no pretenden confirmar una certeza indicativa
(veo), sino una causalidad subjuntiva (hubiera visto) protagonista de una estrategia de disolución. La mirada pasa así del
puedo ver al creo imaginar. Acumula vaticinios desde el lado
exclusivo de la probabilidad, suspende su acción, mantiene
desinformada a la trama como si le faltara algo, como si el
estado de incompletitud fuera su principal condición.
La gran paradoja está allí: los asedios de la mirada
generan detenciones salidas del centro, excentricidades
de la exactitud verificadas en el cúmulo de preguntas que
recorren la historia, dejando en claro que la mirada no
puede sacar de la memoria aquello que nunca ocurrió . La
realidad por representar no puede ser ocupada de una

sola vez, ni siquiera ilustrando el ejemplo de la persona
ausente en la escena: un hombre que ya decidió morir. La
cita de la mirada es por lo tanto con el autor de su objeto.
Mirada vigilante que traiciona su porvenir para hacerse cisma y jeroglífico, restitución del develamiento a partir
del intento de no hacerlo, pues lo que se quiere.mirar ya
cambió de estado: "antes dé avanzar pensó, volvió a descubrir, que el pasado no vale más que un sueño ajeno".
Cito ahora a Walter Benjamín, refiriendo esa imagen a la
cual se regresa como punto de partida y que puede ser la
del rostro humano ocupado por una presencia:
No es por casualidad si el retrato se mantiene en el centro de la primera fotografío. En el culto del recuerdo consagrado a los seres ornados, alejados o muertos, el valor cultural de lo imagen encuentro su último refugio.

En Los adioses hay fotografías, como las hay en otras
historias de Onetti, pero aquí el recuerdo hacia adelante
impide que la imagen fijada pierda su porvenir. Vive despabilada, a punto de poder recuperar su aura. El intrínseco observador se apropia de la paradoja de sentirse otro,
el otro, en una equivalencia asimétrica que borra las fronteras entre lo real y su reflejo: miro, luego mi ego existe.
La contingencia y la invulnerabilidad coinciden en la evidencia ejemplificada por las circunstancias. En su mirada,
el almacenero se desplaza buscando constituir una identidad ilusoria y la perspectiva de realidad que de ella deri-

ACTAS
REVISTA DE HISTORIA
DE 1A UNIVERSIDAD AUTÓNOMA. DE NUEVO LEÓN

Publicación semestral
editada por la Secretaría de Extensión y Cultura
y el Centro de Información de Historia Regional
de la UANL
Producción: Dirección de Publicaciones
BIBLIOTECA UNIVERSITARIA RAÚL RANGEL FRÍAS

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Teléfono: (O 1824) 247 0500 / Fax: 247 051 O

20

va . Estamos ante una mirada anamórfica, esto es, interruptiva del mirar monocéntrico, originante de una vigilancia
fragmentada que se pierde en algún lugar. Por lo tanto,
precisamente por esto, la mirada supuestamente dominante queda impedida de perpetrar un dominio total; a la
menor posibilidad de error emerge su inexacto trabajo.
Mirada autosugestiva, autoafirmativa, que debe ver
para verse y escapar de láparticularidad solipsista de su
devenir. Es el punto de vista favorable para que no todo
pueda conocerse y la novedad de la observación siga
vigente. Así pues, la proyección del ser en fuga se da
como jeroglífico de un suspenso estancado en el trazo
que se borra o que simplemente no está ahí, que desde el
principio no ha estado ahí. Dice en la última página: "Me
senté en el diván, estremecido y en paz; preferí no moverme cuando entró la muchacha y fue recta hasta la cama,
copió con increíble lentitud mi ademán de descubrir y cubrir". En su derivativo itinerario la mirada vive quitando
prefijos: su descubrir es en verdad cubrir lo que nunca

sus referentes: crear la irresponsable regla sobre la manera como debería mirarse.
Desde la ventana del coronel en el cuento de García
Márquez, la lluvia se ve diferente; desde el almacén de
Los adioses es la vida la que se ve de otra manera; tanto,
que los personajes, como aquel de Solaris que veía sin
entender, tienen problemas para hacer coincidir su mirada
con la realidad de las cosas que dejan verse y que podrían ser las mismas que no se ven. El almacenero mira
para poder decir que lo hace, para saber que la palabra,
al menos en las cosas que el hombre cuenta, tiene un
origen y un destino visual. "Hay que mirar la invisibilidad",
dijo en otra parte el poeta. Aquí, la historia es otra . "Hay
que mirar las cosas porque se están haciendo invisibles",
quiere decir Onetti a través de las dudas y vacilaciones
de sus agónicos personajes, directamente ligados al desconocimiento generalizador que los convierte en objetos
de una mirada irrecuperable y perdida, la cual, además,
es la suya.

pudo ser descubierto.
El narrador quiere hacer coincidir en la mirada una
serie de diferencias marcadas por un itinerario que se fragmenta a medida en que la memoria o el relato de terceros
ponen al descubierto la imposibilidad de llenar los vacíos
del conocimiento, impidiendo así el acercamiento a labiografía ocupada por una imagen que se expone a mantenerse furtiva. La mirada es sacudida, removida por su falta
de duración, por la intranquilidad de las certezas que la
acorralan. Esa actitud de obligado ensimismamiento es
indicio de un autorretrato en desarrollo, el camino hacia
el cenotafio, donde la presencia representada será la
desaparecida, la que no lo parece: "Desaparecido es el
sujeto. El desaparecido aparece, ausente en el lugar mismo del monum·ento conmemorativo, espectro en el lugar
vacío marcado por su nombre. Arte ·del cenotafio" Uacques Derrida).
La mirada es, no cabe dudas, el camino en medio hacia un fraccionamiento del ver, hacia la línea subterránea
de una mirada que perdió su objetividad, aunque mantiene su afán centinela sobre el gran páramo negándose a
ser ocupado. En esta autobiografía apócrifa de la vista, la
historia genera la necesidad no de conocer la verdad,
sino de localizar los diferentes momentos epifánicos que
unívocamente podrían llevar a ella, pero que terminan
exacerbando su lejanía, motivados por un mecanismo de
aproximación y rechazo. El lector busca ver las zonas donde
la mirada hizo su trabajo incompletamente; pero, igual
que la infidente mucama del relato, apenas puede imaginar lo que no pudo ver y para ello debe incluso recrear

21

�SOLARES
Rodrigo Gua¡ardo

pábilo sol (o poema bucólico)
a ti, muchacha: sí desnuda

pábilo sol. o en la planicie, te reverde viva escuchando
austero en las bocinas, por la más esdrújulo: bucólico
azafranado de la estepa, que me llevó toda la tarde finalmente

anoche he visto a mis pájaros crecer

desde la yerba la desbandada parecía el cometa
entera de una constelación. si no brillantes: para colgar,
otros serían clavos, al brillo. pero todos

pájaros del verde: crecían como las vacas. crecen

pastando su lento, diario, despejado: más que nada hacia el alba

hay pura agua, y luz: lo pensado, se hace ribera
igual que un fruto en las orillas, sombra
a punto de ser sabor: oh paralela. rojo
tiembla en la campana de un árbol

abierta: como dos labios de música, sobre la piedra del campo

�flor -más verde es el árbol
donde todos los animales suenan a sí desnuda
en su naturaleza. los pájaros volando, van
levantan do tan alto la raíz, de lo obscuro: una palabra
"manzana". cantan cien, una manzana. la acristalan

un fragor la mañana en el aire

está un pájaro que silva
plural es. son las yuntas, por el acantilado
tensa de violines amarillos: te desgargantabas

--la más fresca. qué diamante por sus filos una gota
no brilla todo el aire. diáfano que, girándolo, la transparencia: todo él se hace diamante.
ósea la estructura de cardíaco, el templo combo fulge
la tendida piel irisada rubí de agua suave, encamado
al movimiento del contacto, de justo, da mecida
en el columpio la substancia, a justo: lo mismo es

por candor. ubre frescura a cántaros, cierzo estrellada
estrellada. dulce escarcha
como la leche más límpida, limpísima,
que pudo haber llovido bajo el cielo
cuajado de nubes. hecha flores
de ardentía

si claramente. a raudales
un árbol entre las vacas, como un badajo

hilo de luz péndulo a medianoche, sonámbulo
pero de lleno: verde de sueño. horeando
aúna a cada una las sábanas del día, sus apiladas láminas
contra el sereno, que fratesa de estío, al revés
las manchas de las vacas: solares
si no ardiendo, en su derecho, de blanco
ese costado abrá amanecido un poco todavía
por el mundo: rumiacerá, zarza cerida

�el poema de áurea

obscurecerse es ser de la substancia.
turbia densidad acelerada a nada:
por la rampa va y queda la rampa
temblando
el aire resplandece sus contornos
su dentro sin nadie, bruñe, por su fuera
el cero material.
impertérrito es el fuego
que arde su revés de llama
a frutos de silencio, por la desnuda fibra
la implícita latebra implosiva
de relente, que respira.
como un sol mineral dura la roca: piedra
su corteza de sal diamante al tacto
el nudo del encuentro, planeante
entre la flecha y la distancia resonada
a recorriendo
se es tenso de arpas el viento
alínea los pájaros que sombran
verde en la planicie levitada
por la justicia de la altura
su cardinal dé movimiento.
en menguante es la curva del poniente
por el día, el alba entra la luz aconcavando.
el cielo es el eclipse: cada lejos,
en sus polos, el uno mismo astro
de plurales simetrías. mana altura
la corona en su triángulo
despunta escarlata. mana el ojo
a verse alas, su más honda
pantalla. contra el horizonte,

el vertical
incisivo cruza en fondo.
el Verbo es: azul si descallado
todo es, sumado en su adicción, azul.
caen en un sólido sonido las campanas
por volando, a altura llama
seis de la tarde en virgen: y la materia,
áurea encamada

completamente es tañido.

�KAFKA, LA INDECISIÓN ANTE LAS VIDAS
/linea Ilion

~ idea según la cual las obras están desamparadas y el
enfoque crítico puede transformarlas en espejos que reflejan abnegadamente una perspectiva a veces impuesta,
otras veces tímidamente buscada como justificación de un
parti-pris, se ha vuelto uno de los mayores retos de la
crítica, oscilando entre "la obra abierta" y "los límites de
la interpretación", entre la lectura cómplice y la búsqueda
de la literalidad. Quizá pocas obras se muestren tan "frágiles" (en el sentido de maleables y complacientes) como
la de Kafka, que soporta desde demostraciones de veleidades místicas hasta manifestaciones de actitudes inconformistas y relativizadoras por medio del humor más destructivo. Max Brod, que ve a su amigo como un "renovador de la antigua religiosidad judía", representa el caso
extremo de la primera actitud señalada. Del otro lado,
Kundera (1991 ), en la zaga de Félix Guatarri y Gilles
Deleuze1, nos instruye para leer al que podía escribir en
el Diario: "¿Estás desesperado? ¿Sí? ¿Estás desesperado? ¿Te escapas? ¿Ouieres esconderte?" (Kafka, 2000:
43) como un monumento de ironía y de burla de todas las
actitudes sobrias y profundamente comprometidas2 . La lectura a través de la perspectiva del gnosticismo, del ateísmo, del misticismo o del existencialismo, el ejercicio exagerado del psicoanálisis sobre la obra kafkiana o la transformación de la biografía en llave de acceso privilegiada
para la comprensión del sentido de su escritura son tentativas extremas para contrarrestar otro tipo de seudointerpretación, la cual enfatiza una renuncia a buscar un sentido y una resignación en una actitud semejante a la expresado por Einstein en una conversación con Thomas Mann:
"No puedo leerle [a Kafka] ... La mente humana es demasiado complicada" (citado en Torre, 1971: 85).
Este artículo representa el esbozo de una exploración
de los fundamentos de la tensa ambivalencia ante la vida

manifestada por el escritor praguense. El tema, por supuesto, no aspira a una originalidad deslumbrante, ya que
tal tentativa sería sumamente arriesgada, dadas las bibliotecas de exégesis kafkianas. Además, tomando preferentemente como puntos de partida fragmentos del Diario y
de la correspondencia, este planteamiento se queda al
nivel de un intento de cartografiar las angustias de un célibe para el cual la escritura se vuelve un aliado (falso) de
la supervivencia. Sabemos, tras los enfoques aducidos por
Kundera, que tal investigación podría parecerse a un innoble escarbar en la biografía de una persona por lo demás
sumamente discreta; pero la atracción ejercida por las fuentes de la escritura se impone en este momento con mayor
fuerza que la elección de una vía entre la infinita riqueza
de interpretaciones acerca de los cuentos y de las novelas
de Kafka. Se parte, pues, de un deslumbramiento y de un
asombro difícilmente paliable, de una negación a dejar sin
respuesta (bien que ésta puede ser precaria e incompleta)
la fascinación producida por la soledad y por las intensas
contradicciones del insigne escritor central-europeo. No
se trata de un ejercicio saint-beuviano, de un acercamiento
a la obra por la vida del creador, sino de un intento de
iluminar un poco mejor la alternativa que no deja de angustiar al artista, entre vivir una vida supuestamente normal y
dejarse arrastrar por los caminos que le abre su imaginación, creando una obra que suscita aún interpretaciones
de las más contradictorias.
Tal vez la evanescencia de los sentidos arduamente
buscados por los kafkianos procede del vínculo inextricable que el escritor judío intenta guardar entre sus escritos y
el mundo onírico, ante el cual no experimenta un sentimiento de molestia como un rígido positivista 3, ni intenta "agrimesurarlo" psicoanalíticamente (es conocida su posición
ante este "irremediable error", tan nuevo y en boga en su

29

�La ambivalencia ante el sueño y la ambivalencia ante
la escritura son efectos surgidos de la misma fuente: la
incertidumbre frente al destino, la imposibilidad de convencerse de que la escritura de veras puede servir para
justificar una vida, la indecisión ante la manera elegida (o
impuesta) de llevar su existencia. De un lado, la desesperación por no escribir y someterse al ritmo nictimeral ani·
mal: "Dormido, despertado, dormido, despertado, qué
asco de vida" (Kafka, 2000: 46); de otro lado, el sentí·
miento con tanta frecuencia experimentado de que la es·
critura no es sino una excusa para no vivir realmente entre
los límites trazados a la humanidad y que, ocasionalmen·
te, ella no puede representar sino un estadio de prepara·
ción para la entrada, con pleno derecho, en la ciudad de
los hombres. Escribe a Felice durante la concepciór de la

Metamorfosis:
la historia ya ha sobrepasado algo de su mitad y tam·
paco en líneas generales estoy descontento de ella, pero
resulta ilimitadamente repugnante. Y ves, estas cosas
proceden del mismo corazón en cuyo seno vives y que
toleras como hogar. No te entristezcas par ello, porque
quién sabe, cuanto más escriba y cuanto más me libere,
más puro y digno seré quizás de ti ("Carta a Felice", en
Kafka, 1974: 56) .

época) o mediante falsos éxtasis, como aquellos cartesianos a pesar de ellos mismos: los surrealistas4 . Los sueños,
anotados escrupulosamente, pero con distanciamiento y
sobriedad, en el Diario son para Kafka no más que regalos inapreciables o, por el contrario, no deseados y terribles, y escribirlos no supone sino un esfuerzo mínimo. Ellos
pueden ser, en el mejor de los casos, puntos de partida,
al no haber sido realizados aún : "'El fogonero' es el recuerdo de un sueño, de algo que quizá nunca fue realidad" (Kafka, 1974 : 52).
Los verdaderos sueños, pero ya no vividos en el sueño
de la vida, son los escritos, que están concebidos siempre
de noche, en un insomnio ambivalentemente angustiante y
deseado, y que sirven tanto para la búsqueda de los fantasmas como para el rechazo de los mismos . El anhelo de
encontrar estas concreciones nocturnas del alma se une a
un arduo deseo de zafarse de ellas, como de un lastre
vergonzante, como de residuos de impureza, que deben
ser condenados al ostracismo de la forma más radical:
"'La condena' es el fantasma de una noche.[ ... ] Esto sólo
es la constatación y, con ello, el rechazo logrado del fantasma" (Kafka, 1974: 30).

30

El rechazo del matrimonio en nombre de la escritura
ha sido demasiado explorado para volver sobre el tema
(véase sobre todo Canetti, 1983); y la puesta en eviden·
cia de la constante necesidad de alejar físicamente y transformar en fantasma a la potencial esposa, por su conversión en destinatario en vez de destino, representa asimis·
mo un punto conquistado en la topografía de las tinieblas
kafkianas5 . Y sin embargo, en la reflexión constante del
escritor judío acerca del celibato y sobre la soledad plenamente interiorizada permanece una prueba irrefutable
de la dualidad constante ante la asunción de la vida, de
la indecisión de ofrecerse al prójimo como persona activa
y afectiva o, al contrario, como mero reflejo _en páginas
impresas. La actitud ante la soledad lleva el sello de la
repugnancia que siente por sí mismo, como ser eminentemente impuro -impuro de manera paradójica, en tanto
aspira a una total pureza. La promiscuidad le induce un
terrible asco, la miseria inherente a la vida en común lo
lleva a los lindes de la patología de la obsesión por la
limpieza; tiene el sentimiento de que el mundo que lo rodea lo ensucia, que la proximidad de la familia ataca
despiadadamente un cuerpo astral que se ve manchado
por la materialidad:

la vista de la cama de matrimonio de mi casa, de las
sábanas usadas, de los camisones cuidadosamente
doblados puede enervarme hasta hacerme vomitar [ ... ]
es como si yo no hubiese nacido definitivamente, como
si estuviese viniendo una y otra vez al mundo desde esta
vida sórdida en esa habitación sórdida [ ... ] como si
estuviese indisolublemente ligado a esas cosas repugnantes, si no del todo, al menos sí en parte, en cualquier
caso es algo que sigue trabando mis pies, que quieren
correr y que todavía están hundidos en ese primer légamo informe (Kafka, 2000: 607-608).
No sólo el coito, para el cual las sábanas y la cama
son delatores embarazosos, sino los propios signos del
sueño son vistos con disgusto; y no es poco significativo el
hecho de que la victoria conocida por el primer cuento
logrado ("La condena") se vea reflejada en la imagen de
la cama inmaculada: "desperezarse delante de la criada
y decir: 'He estado escribiendo hasta ahora' . El aspecto
de la cama sin tocar, como si la hubiesen traído en ese
momento" (Kafka, 2000: 359). El insomnio está inextricablemente vinculado a la escritura: "Creo que este insomnio viene únicamente de que escribo. Pues aunque escribo
tan poco y tan mal, estas pequeñas conmociones me vuelven susceptible, hacia la última hora del día y todavía más
por la mañana noto los dolores del parto, la cercana posibilidad de estados grandes exaltantes" (Kafka, 2000: 70).
A veces, no obstante, el sueño se vuelve una defensa ante
la escritura, en la cual siente el peligro de una tentación
deshumanizadora y, con un vago instinto lúdico, se entrega a un tímido juego del escondite que dedica a la amada
Felice: "Este diablillo que siempre se esconde en los deseos de escribir acostumbra despertarse en momentos poco
apropiados. Oue lo haga, pero yo me voy a la cama"
(Kafka, 1974: 143).
¿Por qué esta ambivalencia ante el sueño, por qué
esta alegría que siente cuando los insomnios le dejan respirar el aire de la tregua del descanso, al cual se opone
sin cesar el disgusto ya mentado por el ritmo de la vigiliasueño estéril? El sueño es al mismo tiempo vehículo de los
sueños y de la vida vivida y no fingida: la faci lidad con la
cual anota sus incursiones oníricas podría tener equivalencia sólo en la escritura de su autobiografía, empresa condicionada por el abandono de su empleo burocrático (condenada al fracaso, por consiguiente) y en la cual prevé el
cumplimiento de unos deseos de cambiar por completo
como individuo y a la vez lograr una comunicación inmediata con el prójimo6 . Esto se debe al tormento reiterado
que le produce la idea de que sus escritos no pueden

servir en absoluto a la gente con la cual vive sin compartir
sus ideales, que no son sino delaciones del orgullo más
desmesurado y de un hedonismo sui generis, que no tienen más valor que una petición inmotivada de amor y compasión por un hombre desprovisto, de hecho, de verdadero amor. Esta idea parece visitarlo no sólo cuando alerta
a Felice en cuanto a los fantasmas repelentes salidos de
su alma, "una jaula llena de ratas", o cuando se retrata
con una ironía suicida en los inútiles perros de aire, en
"Investigaciones de un perro"7, o en los silbidos llenos de
orgullo y cobardía de Josefina en medio del pueblo de los
ratones8. Este miedo por ser un individuo no sólo inútil,
sino incluso pernicioso en el seno de la comunidad aparece sobre todo hacia finales de su vida, cuando escribe a
Max Brod:
Pero, ¿qué hay de la condición misma de escritor? El
escribir es un dulce y maravilloso premio, pero ¿para
qué? Por la noche, con esa claridad de la enseñanza de
párvulos, se me hizo evidente que se trataba del salario
por servicios diabólicos. Este bajar a los oscuros poderes, ese desencadenamiento de los espíritus encadenados por naturaleza, dudosos abrazos y cuantas cosas
puedan ocurrir allá abajo, de las cuales no se sabe nada
arriba, cuando se están escribiendo narraciones a la luz
del sol. Quizás exista también otra forma de escribir,
pero sólo conozco ésta. Y lo diabólico que hay en ella
se me aparece con toda claridad. [ ... ] el movimiento se
diversifica entonces y se convierte en un sistema solar de
vanidades. lo que a veces desea el hombre ingenuo:
"Quisiera morir y ver cómo lloran par mí", lo lleva a la
práctica continuamente un escritor así, pues muere (o
deja de vivir) y se llora de continuo (Kafka, 1974: 175).
Kafka radiografía con una despiadada sinceridad sus
posibilidades de ser útil, por medio de la escritura, a la
humanidad en la cual se ve integrado, voluntaria o involuntariamente, y los resultados de este examen extremo no lo
llevan en absoluto a la conclusión de un Cervantes, quien
puede afirmar con plena serenidad en el prólogo de las
Novelas e¡emplares: "si por algún modo alcanzara que la
lección de estas novelas pudiera inducir a quien las leyera
algún mal deseo o pensamiento, antes me cortara la mano
con que las escribí que sacarlas al público". Muy lejos de
eso, la escritura, para Kafka, es un ejercicio de admiración al revés, un acto de masoquismo, una incesante puesta a prueba de su incapacidad para una vida recta, una
supervivencia a costa de pequeñas tretas9; pero, al mismo tiempo, una justificación sin la cual se siente "digno de

31

�ser barrido y echado fuera" (Kafka, 1974: 139). Con otras
palabras, un Gregory Samsa transformado irremisiblemente
en un monstruoso insecto y muerto en medio de las bandas
de sustancia pegajosa que ha producido por su paso, barrido como un ser que está de más. Por si fuera poco, el
propio sentimiento humano de la serenidad no deja de
asociarse en Kafka sino con esta sensación de arrastrarse
indignamente sobre la superficie de la tierra: "El bienestar, hoy, en el cuarto. Hueco como una concha en la playa, dispuesto a ser machacado de· un puntapié" (Kafka,
2000: 553).
La escritura es una forma de justificar la vida, pero la
propia dualidad ante la escritura muestra que se trata de
un acto que sobrepasa la mera necesidad de reconocimiento y admiración de parte de la comunidad. Crear es
más bien una forma de purificación (pero cuyos resultados
son, como se ha visto, impuros), una expulsión de los demonios (pero el único espacio donde éstos podrían ser
enviados es el de los hombres), una fotografía que aniquila la forma capturada por objetivo, un deseo de olvidar el
fantasma y no de guardarlo en todos sus detalles repugnantes 10. De aquí proviene la irremediable soledad del
ejercicio de esta forma de ascesis autoimpuesta y que
puede ser óptimamente llevada a cabo en la ausencia de
cualquier testigo. Empero, el placer que le causa leer sus
textos, en voz alta y con entusiasmo, y el interés por que
ellos gusten y sean publicados parecen reminiscencias de
un deseo de afirmación difícilmente conciliable con su ideal
de desprenderse de lo terrenal. La justificación de la vida
ante el tribunal humano y ante el divino se vuelven actos
de signo opuesto, porque, si la exigencia de lo terrenal es
ser feliz y apartar la felicidad (y este conocimiento lo muestra Kafka tanto ante el padre como ante Felice, a quien no
quiere condenar a una vida monacal), la divinidad a la
cual se somete Kafka en sus Aforismos no parece pedir
sino una extenuación hasta el límite del deseo de felicidad
y de vida: "Uno primera señal de que empieza el conocimiento es el deseo de morir. Esta vida parece insoportable; otra, inalcanzable. El hombre ya no se avergüenza
de querer morir" (aforismo 13, en Hoffmonn, 1975: 149).
Desde la perspectiva de un plano superior, la vida misma
no parece sino una encarnación diabólica: "Cada uno tiene en sí mismo un mordaz diablo que le echo a perder las
noches, y eso no es ni bueno ni malo, sino que es la vida.
Si no se la tuviera, no se viviría" ("Carta a Minze", citada
en Hoffmann, 1975: 40). Si la vida es un mdl, si "lo que
llamamos mundo sensorial es el mal en el mundo espiritual" (aforismo 54, en Hoffmonn, 1975: 154), si el marcionismo se manifiesta con tanta fuerza, vivir con los hom-

32

bresque aspiran a la dicha se vuelve una imposibilidad.
Tal posición ante el mundo, cuyos encantos queéfon descartados, no es vista con el orgullo encubierto del santo,
sino como un pecado y una culpa a duras penas confesa·
ble. Tanto es así que la manifestación de esta actitud íntima es sólo el efecto de una relajación de la atención; no
se la dice nunca al padre, la sugiere a Felice como un
error superado 11 y sólo en uno carta dirigida al padre de
ésta se "delata": "Soy silencioso, insociable, amargado,
egoísta, hipocondriaco y realmente enfermizo. En el fondo no me quejo de ninguna de estas características, pues
son reflejo terrenal de una necesidad superior" (Kafka,
1974: 155). Se entiende, pues, por qué la escritura no
desempeña sino el papel de vehículo hacia este absoluto
y no es un fin en sí, una meta última:
Todavía puedo obtener una satisfacción pasajera de Ira·
bajos como

Un médico rural, en el supuesto de que aún

logre escribir algo así (cosa muy improbable), pero felici·
dad, sólo si puedo elevar el mundo a lo puro, verdadero,
inmutable IKafka, 2000: 632).

Del modo mismo en que esta aseveración es formulado se
deduce que tal empresa no puede lograrse por la obro
escrita -la cual podría servir, en el mejor de los casos,
sólo como estadio intermedio-, más importante paro el
que la lleva a cabo que para los virtuales destinatarios:
"Cada cual tiene su forma propia de elevarse; yo, escribiendo" ("Carta a Grete Bloch", en Kafka, 1974: 156).
Con todo eso, ni siquiera esta convicción de la posibilidad de alzar el vuelo a través de las páginas escritos
puede ser sostenida constantemente, pues la pretendido
elevación puede también ser vista como mero escape cobarde ante unos mensajes trascendentales: "La supuesto
'diferencia de linaje' consiste en que nosotros, ratas desesperadas, huimos en direcciones distintas al oír el paso
del señor; por ejemplo, hacia las mujeres, usted huye hacia cualquiera, yo hacia la literatura. Pero todo ello en
vano" ("Carta a Robert Klopstock", en Kafka, 1974: 179).
La escrituro en sí es una opuesta, ya no con la posteridad
literario, sino con uno trascendencia ardiente, con "uno
nada rugiente" ante la cual la justificación de la vida se
revela como la única exigencia imperiosa. Escribir es uno
actividad elegida por falta de mejor recurso en lo terrenal; a veces es vista como posibilidad de acceso -tan
inseguro, ton vacilante- a un plano superior, pero la propia condición de estar a medio camino entre estos espacios la vuelve dudoso e inquietante. Y esto porque la verdadero meta se encuentro decididamente en el plano que

supera la condición humana: "Un portador de nombre incapaz de casarse, que no aporta hijos; jubilado a.la edad
de 39 años; sólo ocupado con el excéntrico escribir, que
ton sólo tiene por meta la salvación o perdición del alma
propia" ("Carta a Max Brod, en Kafka", 1974 : 179). El
abandono del mundo de los prójimos se vuelve cada vez
más urgente: el ideal de la soledad absoluta lo impele a
veces hacia arranques de misantropía acérrima - "Aislarme de todos sin la más mínima consideración. Enemistarme
con todos, no hablar con nadie" (Kafka, 2000: 442)-, a
violencias verbales tan impropias de su sobriedad - "Seguid bailando, cerdos, ¿qué tengo yo que ver con eso?"
(Kafka, 2000: 404)- . Con todo esto, tal vez el propio
miedo de reconocerse como un monstruo de la pureza, el
maniático de una obsesión por la inmaterialidad que no
soporta ningún roce carnal, lo hace vacilar ante la posibilidad de aislarse por completo de lo humano. Esta indecisión fundamental explica también el sentimiento de profunda satisfacción, incomprensible para los que están acostumbrados a vivir en paz con la realidad y los hombres,
cuando se siente un digno miembro de la comunidad: "Cuando me he comportado durante unas horas como un ser
humano, como hoy con Max y luego en casa de Baum, me
siento orgulloso al ir a acostarme" (Kafka, 2000: 133). El
sueño, visto siempre como sustituto y enemigo de la
escrituro, se vuelve en tales ocasiones una recompensa
por ser vivo de otra forma que entregándose a la lid
con los palabras - liberadoras y aniquiladoras de los
fantasmas al mismo tiempo. Reflejos de la lucha de los
místicos con el sueño no tardan, no obstante, en hacer
su aparición en la conciencia del que siente que no
alcanza la verdadero vigilia sino en los momentos de
creación:
Como parece que estoy completamente acabado -el año
pasado no estuve despierto más de cinco minutos- , no me
queda sino desear cada día o bien desaparecer de la
tierra o bien empezar desde el principio como un niño
pequeño, aunque no pueda ver en ello siquiera la más
modesta esperanza (Kafka, 2000: 137).

La poco distancia que separa las dos notas del Diario
(unos veinte días más o menos), relacionadas la una al orgullo de sentirse "un ser humano" y la otra a la falso vida, o la
vida vivida como en sueño y que par tonto merece ser barrada u olvidada, vuelve a poner en evidencia la incansable
vacilación entre las formas de existir, par actos o par escritos,
que Kafka asume incompletamente. Ante esta tensión no resuelta la única salvación podría ser el rechazo de la alterna-

tiva: la elección de la tercera vía, distinta, que es la muerte.
Pero si el deseo de morir está bien visto desde un plano
superior, la misma tendencia en el concepto de los prójimos
no puede ser considerada sino como un error sumamente
condenable. De aquí proviene, si el artista se juzgo desde la
perspectiva de la comunidad, la culpa irremisible de la escritura, verdadero culto tanatófilo, descenso a la muerte con
toda la valentía de que uno es capaz:
Para poder escribir tengo necesidad de aislamiento, pero
no "como un ermitaño", cosa que no sería suficiente,
sino como un muerto. El escribir en este sentido es un
sueño más profundo, o sea la muerte, y así como a un
muerto no se le podrá sacar de su tumba, a mí tampoco
se me podrá arrancar de mi mesa por la noche. [ .. . ] sólo
puedo vivir así !"Carta a Felice", en Kafka, 1974: 15 l ).

Se trata, pues, de un vivir oximorónico, de una vida
dedicada exclusivamente a la experimentación de la muerte, pagando el precio de la inmovilidad anímica y física
ante todo lo terrenal. Las contradicciones no dejan de surgir, porque para conocer la muerte hace falta un material
que es la vida; precisamente ésta se vuelve cada vez
menos asible, ya que la muerte parece enseñorearse del
alma sin esfuerzo. El escritor huye del matrimonio por miedo a no quedar estéril (con otras palabras, a que no pueda experimentar la muerte hasta el último extremo), pero
el año ulterior a la ruptura del noviazgo con Felice se
muestra realmente improductivo, como si la esterilidad
hubiera cobrado realidad y a lo vez carácter de castigo
plenamente merecido de parte de la vida. El artista necesita al hombre para poder nutrirse de él; la impurificación
es necesaria para constituir el material por quemar, o fin
de alcanzar la pureza deseada. Si este ciclo no se cumple, el artista adherido al hombre "come los desperdicios
que caen de la propia mesa; por eso, durante un rato se
sacia más que todos, pero se olvido de comer arriba de
la mesa; por eso también deja de haber desperdicios"
(aforismo 73, en Hoffmann, 1975: 157).
La figura ejemplar de este hombre sin sustancia vital
de la cual pueda nutrirse es el soltero cuyo retrato está
esbozado en el diario de 191 O: su naturaleza es "suicida, sólo tiene dientes para su propia carne y carne sólo
para sus propios dientes" (Kafka, 2000: 115); nada puede salvarlo, mientras que él mismo puede causar la muerte por su simple presencia:
Aunque de todos modos ya no hay nada en el mundo
que puede salvarlo, así que de algún modo se comparta

33

�como el cadáver de un ahogado que, empujado a la
superficie por alguna corriente, choca contra un nadador cansado, le pone las manos encima y quiere agarrarse. El cadáver no recobra vida, ni siquiera es rescatado, pero puede arrastrar a fondo al otro hombre (Kofka,

2000: 123).
La mezcla de vida y muerte en el ser del soltero, al
mismo tiempo inmóvil y anhelante de un apoyo -el cual,
alcanzado por fuerza, se transforma en un falso punto de
equilibrio, ya que rápidamente lo convierte en una víctima
de las tendencias asesinas hacia las profundidades-, es
una de las imágenes más tempranas del espanto confuso
al mismo tiempo ante la vida y la muerte. El perpetuo ir y
venir entre los planos, la continua contemplación de la
vida desde la muerte y viceversa, vuelven difícil la identificación de la angustia que predomina en la visión kafkiana 12 . La ambivalencia ante el sueño no es sino un caso
aparte de este pavor cuyo objeto es dudoso y versátil: la
renuncia al sueño habitual, que aporta sueños fácilmente
anotables, tiene como contrapartida el sueño mucho más
profundo, el de la muerte, poblado por pesadillas que se
convierten en cuentos y novelas, pero que no dejan de ser
difícilmente asequibles y reproducibles en su pureza. Al
mismo tiempo, como hemos visto, bajar a la muerte significa estar despierto de veras, vivir de veras, despreciando
la facilidad alcanzable en la falsa vida de los hombres.
Pero en el caso de Kafka todo se convierte en su contrario: esta facilidad que se refleja en la manera de recibir
sin esfuerzos los sueños nocturnos, uno de los pocos vis-

Lo que sí es seguro es que el escritor ya no puede
volver a internarse por completo en el territorio del prójimo. Kafka tiene siempre la impresión de que entre él y la
vida se interpone un espacio vacío, un caparazón de aire,
un margen imaginario que imposibilita el acceso a la experimentación de las sensaciones inmediatas y desprovistas de artificio o de construcciones intelectuales. Si éstas
surgen sin más y se imponen simplemente a su conciencia,
la tendencia a impurificadas no tarda en instalarse: "Es
una vieja costumbre mía no permitir que las impresiones
puras, dolorosas o alegres, se dispersen benéficamente
por todo mi ser en cuanto han alcanzado su pureza suprema, sino enturbiarlas y ahuyentarlas con impresiones nuevas, imprevistas y débiles" (Kafka, 2000: 181 ). Se da
entonces una especie de autoexperimentación que toma
como materia las vivencias más íntimas, un tipo de desprendimiento del propio yo que ni siquiera siente como un
sacrificio en aras de la escritura, una tendencia a explorar
el flujo vital con desconfianza e insatisfacción sin dejarse
llevar por él. Todo esto es reflejo de la imposibilidad de
coincidir consigo mismo, de la incapacidad para abandonar la posición de espectador de la propia vida, con su
desfile de figuras y situaciones en las cuales, con un poco
más de ingenuidad, uno podría reconocerse. Si, así como
anota en su Diario, Kafka siente que "me separa de todas
las cosas un espacio hueco, a cuyos límites ni siquiera
intento acercarme" (Kafka, 2000: 243), si la verdadera

lumbres de la facilidad para vivir que es otorgada a la
humanidad, representa en su caso el colmo de la dificultad . Captar los sueños de la muerte-vida por la escritura
es una empresa peligrosa y difícil, pero dejarse llevar por
los sueños de la vida-muerte en el espacio de las relaciones humanas no resulta menos arduo para la conciencia
fundamentalmente escindida e irresoluta del escritor judío.
Por eso la muerte y la vida no sólo se reflejan la una en la
otra, sino al mismo tiempo mezclan sus corrientes, se vuelven entidades cuyos límites se difuminan y confunden en
una vaga zona enigmática cuyo contacto puede ser tanto
una promesa de paraíso como un seguro de viaje al infierno. Conocer este espacio turbio y peligroso vuelve difícil,
si no imposible por completo, el regreso al territorio de
los hombres que nunca han pisado estos espacios fronterizos. Escribir es hacerlos divisar, pero la duda acerca de
la necesidad real de este descorrer de la cortina, para
que los que viven tranquilamente vislumbren lo oculto y lo

vida parece pertenecer a un futuro incierto y da la sensación de un ensayo para una obra que tal vez nunca se
representará 13, si casi siempre se vive como en un sueño
cuyo protagonista es un yo onírico contemplativo, la salvación por la escritura, esto es, el ejercicio consciente de
una vida en el espacio del "como si", parece la única vía
honesta. La gran dificultad -e irresoluble- es que el deseo
de escribir aspira a la coincidencia con la verdad y no
con los fantasmas, no con las falsas representaciones, no
con el fingimiento, no con el "como si". Si este esfuerzo se
mantiene constante es por la esperanza (la única) de que
en un futuro impredecible se llegará a una expresión entera y cabal, a un verbo que será habitado par completo
por el ser de quien lo pronuncia: "Ojalá se tratase de
palabras, ojalá bastase con poner ahí una palabra y uno
pudiera darse la vuelta con la tranquila conciencia de haber
llenado completamente de sí mismo esa palabra" (Kafka,
2000: 133). Hasta entonces, hasta el alcance de este
encuentro definitivo entre el escritor y el hombre que
vive, entre la palabra y la expresión legítima, el único
refugio es la espera y la esperanza de que esta separa-

espantoso, no deja de inquietar a Kafka.

ción terminará:

34

Este sentimiento de equivocación que tengo cuando escribo podría representarse con lo imagen de alguien que
estuviese frente o dos agujeros del suelo esperando una
aparición que debe salir del de la derecha. Pero precisamente ese permanecer cubierto por una cerradura vagamente visible, mient[9s del izquierdo van saliendo, una
tras otra, apariciones que intentan atraer hacia sí la mirada y acaban consiguiéndolo fácilmente gracias a su
tamaño creciente que finalmente cubre el orificio correcto, por mucho que uno se oponga. [ .. .] quedo también
la esperanzo de que, agotados las apariciones falsas,
salgan por fin las verdaderos (Kofko, 2000: 262).
Si las apariciones falsas provocaban náusea y pena en el
mismo que las había provocado y lo enfrentaban con la
(autoatribuida) inferioridad ante el ser amado, ¿se podría
deducir que las verdaderas y anheladas apariciones "reales" fuesen concreciones de la pureza que tanto busca en
sí mismo, reflejos paradisíacos de lo "puro, verdadero,
inmutable"? Si esta hipótesis es justa, apenas este tipo de
escritura podría tener valor en la visión de Kafka, ya que
sólo ello podría proporcionarle la posibilidad de una comunicación adecuada con los hombres, pero con los hombres así como deberían ser, es decir, convencidos de que
su vida es más que un error en el gran cálculo, de que su
existencia tiene una base segura, de que son capaces,
con total certeza, de justificarse la vida. La aspiración a
tal público virtual sería una de las pocas pruebas de un
intermitente y siempre dudoso sentimiento de superioridad
ante los hombres estancados en los limbos de la confusión
y del vivir inconscientemente y sin justificación. El sentimiento de superioridad puede fácilmente convertirse en
uno de inferioridad, dada la reflexividad y el escrutinio
impío de sus propias actitudes por un juicio incesante, que
demuestra una vez más la capacidad de distanciamiento
de sus propias vivencias y pensamientos, así como el ejercicio cuasi masoquista de un desdoblamiento atormentador entre el que vive y el que asiste a su vida . A medio
camino entre socarrón y angustiado, se hace la pregunta
el narrador canino de "Investigaciones de un perro": "¿Por
qué no hago lo que los demás, vivo en armonía con mi
pueblo y asumo en silencio lo que perturba esta armonía,
ignorándolo como un error en el gran cálculo?" (Kafka,
2001: 347). Pero vivir en armonía significa aceptar que
la falsa vida pase por vida, que los falsos ideales pasen
por fines cuyo alcance merezca la lucha, que "las cosas
que pasan" sean consideradas como decisiones tomadas
con plena conciencia. El matrimonio es sólo un caso de tal
engaño:

Casarse, formar una familia, recibir de buen grado todos los hijos que lleguen, velar por ellos en este mundo
incierto e incluso guiarlos un poco: he aquí lo máximo a
que, a mi parecer, puede aspirar una persona. El hecho
de que tantos aparenten lograrlo fácilmente no invalida
esta afirmación, pues, en primer lugar, no muchos lo
consiguen de verdad, y en segundo lugar, normalmente
eso muchos no lo "hacen", sino que simplemente les sucede; eso no tiene que ver con la máxima aspiración a
que me refería, aunque no deja de ser algo muy grande
y muy digno (Corto o/ podre, en Kafka, 2000: 844).
La indecisión, que parece ser para siempre el signo de
Kafka (y que tal vez es la propia causa de que sus escritos
susciten tantos cambios de los puntos de vista), ataca al
escritor a todos los niveles del ser. En lo que toca a la
escritura, la indecisión se insinúa de forma indirecta: no se
trata de renunciar a escribir, eso nunca, sino de decidir a
quién dedicar estas escrituras. ¿A la gente que admira?
-tiene la sensación que les causa daño (al padre, a Felice). ¿A los interesados como él en forjarse una carrera en
la literatura (Max Brod entre otros)? - a éstos no parece
tenerlos en gran estima (con frecuencia anota en el Diario
cuánto lo aburren las conversaciones sobre la literatura).
¿A Dios? -¿qué podría hacer con ellas, a menos que
juzgarlo de forma tanto más severa? ¿A sí mismo? -¿habría una mejor prueba de un orgullo desmesurado? Además, si sus escritos proceden de una muerte aceptada, así
como se ha visto, ¿es jusbimponerlos a la atención de los
que le infunden al mismo tiempo sentimientos de ternura y
de desdén? Ternura por cuán puros pueden ser en comparación con él:
Estoy sucio, Milena, infinitamente sucio, y por esto hago
tanto bulla con el asunto de lo pureza. Nadie canta más
puramente como los que se encuentran en las profundidades del infierno. Lo que nosotros consideramos canto
de los ángeles es el canto de ellos ("Carta a Milena",
citada en Hoffmann, 1975: 55).
Desdén porque toman la vida como una bendición y
ven este mal en el mundo espiritual como un espacio digno de ser habitado una y mil veces más:
Muchas sombras de los muertos se dedican únicamente
a lamer las olas del Leteo, porque provienen de nosotros
y tienen todavía el olor salado de. nuestros mares. De
asco se resiste entonces el río, su corriente se vuelve atrás
y lleva flotando a los muertos de vuelta a la vida. Pero

35

�ellos están felices, contan canciones de gratitud y acarician al indignado !aforismo 4, en Hoffmonn, 1975: 147148).

La ambivalencia ante el prójimo no es sino un reflejo
de la misma ambivalencia, constante, ante la vida . Una
imagen bastante exacta de esta actitud dual e indecisa
puede encontrarse en el texto "En la galería", si se acepta
una lectura que se aleja de la literalidad y considera el
espectáculo de circo como una imagen del de la vida: si
éste fuese penoso e injusto, llevado a cabo por un "artista
ecuestre, débil y tísico" coaccionado por un ¡efe tiránico a
proporcionar una representación que fomente el sadismo
de los espectadores, uno de ellos, más misericorde, podría levantarse y gritar "basta"; pero como este espectáculo es resplandeciente, la única alternativa es el llanto
inconsolable. En el plano vital de Kafka, la misma indecisión ante cómo enfocar la existencia se da de forma constante. De un lado, nada impresionante, nada semejante a
un reto magnífico que necesite la valentía y la tenacidad
de un héroe:
El verdadero comino va por uno cuerdo que no ha sido
tendido en lo alto sino apenas sobre el suelo. Parece ser
destinado más o hacer tropezar que o que se camine
por ello (aforismo l, en Hoffmonn, 1975: 147).

De otro lado, una manifestación cuya dignidad procede solamente de ser la emanación de un plano superior:
Apiádate de mí, soy pecador hasta los últimos recovecos de mi ser. [ ... ) Sé que es un amor propio ridículo,
ridículo desde lejos e incluso de cerca, el que inspira
estas palabras, pero como vivo, también tengo el amor
propio de lo vivo, y si lo vivo no es ridículo, tampoco
son sus manifestaciones necesarias (Kafko, 2000: 602).

La inaceptación de la vida es vista como un pecado
enorme, la determinación de negarse a la paternidad está
constantemente analizada y reconsiderada en el Diario;
pero, con todo esto, Kafka no puede decidirse ni por la
vida que lleva la mayoría humana, ni por el marcionismo,
ni por llevar hijos al mundo, ni por propalar - como el
último Tolstoi- el desprendimiento de lo terrenal por un
ascetismo cuya recompensa sería el acceso a una vida
angelical. No puede decidirse ni por predicar el sufrimiento
(en el cual, en lo que le concierne, queda la única certidumbre de haber quedado él mismo 14l ni por alentar la
construcción sonriente e ignorante de una felicidad inexis-

36

tente, no menos atroz -muestra él- que la madriguera
cavada por un carnicero de pequeña talla. La aspiración
a una vida mortificadora, de ermitaño (que le suprasolicita
Brod), lo enfrenta a las inquietudes acerca de su capacidad de ofrecer bien un modelo para los demás, bien uno
encarnación del error irremisible, de la vía incorrecta que
no debe ser seguida por la especie. Si Kafka pudiera
decidirse por la santidad, por más desprovista de religiosidad que fuese ésta, no menos torturador se presentaría
el pensamiento de que esta elección ha sido sólo un reflejo del orgullo y de un deseo encubierto por provocar lo
admiración en los demás. Regalarse al prójimo parecería,
en cambio, la actitud más apropiada, la menos contradictoria y la más honesta, proporcionando al mismo tiempo la
prueba de que realmente se vive. Pero Kafka presiente
que los únicos regalos que es capaz de hacer son los
escritos, y la incertidumbre de que éstos puedan resultar
útiles a los demás, de que representen algo más que uno
forma de aislarse en la autoadmiración de los territorios
interiores, además de proceder de una muerte que los
hombres no necesitan, le provoca a finales de su vida el
terrible sentimiento del fracaso total. La obsesión de no
haber vivido, de haber sido un charlatán que, al igual que
el artista del hambre engendrado literariamente por él, se
ha dedicado al arte sólo por asco ante los manjares terrestres, es una de las causas del miedo a la muerte. Este
miedo sería injustificado si Kafka fuera, así como lo presentó Max Brod, un santo, ya que para un santo la salido
de este mundo es una liberación; este miedo se explica al
considerar la dualidad ante la santidad como meta de lo
vida.
La certeza de que se haya vivido no procede del cumplimiento de los deseos o de la carga desordenada de
experiencias múltiples, ni de la coincidencia con unos preceptos religiosos obedecidos por la convicción siempre
renovada de que el camino elegido es el único bueno, ni
siquiera de mantener incesantemente en la conciencia el
concepto de la "persuasión" (cuyo predicador ha sido otro
central-europeo genial y angustiado, Michaelstaedterl. Paro
Kafka, la vida se justifica sólo por el abandono del yo,
para servir a un fin superior a él mismo:
En primer lugar tener un enorme temor de morir, porque
todavía no se ha vivido. Con ello no quiero decir que
para vivir. son precisos esposo e hi jos y tierra y ganado.
Poro vivir sólo es preciso renunciar al outodisfnrte; insta·
lorse en casa, en lugar de admirarlo y adornarla ("Corta
a Max Brod", 5/7/1922, en Kofko, 1974: 176).

Mas la literatura aparece a menudo, y sobre todo en
los momentos de depresión y de inseguridad total, como
lo expresión misma de la autocontemplación incesante,
de lo mirada siempre clavada en uno mismo e inconsiderada ante los demás. La segunda fuente de temor a la
muerte, inextricablemente vinculada a la primera, procede del hecho de que los /recuentes descensos a la muerte,
par la escritura, ni han llevado a cabo esta exploración
- "he seguido siendo barro, no he convertido la chispa en
fuego, sino que sólo la he utilizado para iluminar mi cadáver" ("Corta a Max Brod", 5/7/1922, en Kafka, 1974:
1761- ni han representado verdaderas preparaciones
poro la muerte. Ellos han sido tal vez sólo experimentos
"artísticos", los cuales, cuando la escenificación vaya a
ser reemplazada por la realidad, no contribuirán sino a
hacer más duro el castigo por forzar los espacios prohibidos o los mortales:

Elías Canettil. Permanece, por supuesto, el placer del texto que el propio escritor ha experimentado como primer
lector de sus escritos, pero un placer conseguido como
por efracción (y de aquí proviene el sentimiento de culpa
al cual es preciso acostumbrarnos cuando se penetra en
los territorios kafkianosl, un placer provocado por el alejamiento de los sentidos y los fines supuestos como los únicos trazados a la humanidad, y un salto a las alturas donde todo adquiere el cariz de una abstracción difícilmente
soportable, una abstracción tal vez inútil, tal vez redentora:
Consuelo de lo escritura, más notable, más misterioso,
quizá más peligroso, quizá más redentor: ese escapar
de un salto de las filas de los asesinos mediante la observación de los hechos. Observación de los hechos, logro
de una especie más alta de observación, una especie
más alta, no una especie más agudo, y cuanto más alta

Lo que he estado jugando ocurrirá realmente. No he lo-

sea, cuanto más inalcanzable seo desde esas "filas",

grado rendirme mediante el escribir. A lo largo de mi

tanto más independiente, tonto más obedecerá a las

vida he ido muriéndome, y ahora moriré de verdad. Mi

leyes propias de su movimiento, tanto más imprevisible,

vida ha sido más dulce que la de los demás, y por con-

alegre, ascendente será su camino (Kafka, 2000: 669)

siguiente mi muerte será más atroz ("Corta a Max Brod",
5/7/1922, en Kafka, 1974: 176).

El sufrimiento no ha sido llevado hasta su último extremo con todo el heroísmo necesario, puesto que el escritor
siempre se ha aprovechado de la "coraza aérea" que lo
ha defendido de los contactos directos con la realidad
inmediata 15, no ha sido alcanzada la felicidad humana y
tanto menos regalada a los demás (a la familia, a las mujeres amadas!. El escritor como hombre ha quedado muy
par debajo de sus aspiraciones contradictorias, tal vez
por causa de la indecisión misma que le ha negado la
realización de por lo menos uno de sus ideales. Su vida
no ha sido una obra de arte genial, su mayor éxito no ha
sido en absoluto su actuación en la tierra. Pero como las
experiencias artísticas trascienden una vida, como lo importante se juega en otro plano, la victoria de la existencia de Kafka se impone de forma resplandeciente en el
espacio de los lectores, y esta victoria es felicidad.
Permanece la felicidad rara que su arte regala a los
que saben seguirlo, felicidad que nada tiene que ver con
el exceso de alegría ante el absurdo grandioso puesto en
evidencia por la ironía (como nos aconsejan leer Guatarri, Deleuze y Kundera), ni con el placer de la inmersión
en los abismos que nos obligan a abrir los ojos ante un
mundo iluminado por dos únicos faros, el miedo y la indiferencia (como nos propone leer a Kafka su gran émulo,

Este salir de la fila, este olvido por un momento de los
hombres sumidos en la agrimesura de los propios caminos
adheridos a la tierra, este aislamiento en los espacios recorridos por un acróbata real y no por uno que va tropezando en una cuerda tendida en el suelo, este modelo de
egoísmo elevado, de orgullo al que tiene derecho todo
ser viviente, es una de las lecciones de Kafka. Una lección sobre el renunciamiento a todos los puntos de apoyo,
sobre el enfrentamiento sin ninguna protección a los límites
de la existencia, sobre la honestidad de una soledad en
la cual ningún compañero ya puede estar al lado, igual
que en los sueños donde el único testigo y el único verdugo y la única víctima es el que duerme. Sólo que este
sueño es más profundo que el simple cerrar de los ojos. El
celibato, la ascesis, son sólo reflejos en lo terrenal de
este desprendimiento, el precio pagado a sabiendas para
alcanzar un punto de equilibrio inestable entre la vida y la
muerte, que se mantiene neutro hacia los dos extremos. La
indecisión ha sido reemplazada por la anulación de los
contrarios y de aquí proviene la posibilidad de un vivir
hasta el límite, entre el dolor más profundo y la felicidad
indecible, aniquilando las distinciones tan visibles desde
la tierra. Una tirantez hasta el máximo del arco, y aunque
la flecha está dirigida hacia el interior, la tensión alcanza
su grado extremo -ella se llevará al mismo tiempo tanto
al salto instantáneo como a la muerte, pero ya los dos

37

�actos se habrán fundido en la unidad. Un punto de Arquímedes: "Él ha encontrado el punto de Arquímedes, pero
lo ha utilizado contra sí mismo, es evidente que sólo con
esa condición le ha sido permitido encontrarlo" IKafka,

2000: 639).
Notos
'[Kofko] es un autor que ríe, profundomente alegre, con alegría de
vivir, o pesor de sus declorociones de payaso que tiende como uno
trompo o un cerco' (Guolorri y Deleuze, 1978: 64).
2

la ironía de Kofka se manifiesta, y con gran agudeza, cuando copia
poro Felice Bauer el siguiente fragmento de una carta recibido de

constante de los textos kafkianos. Por ejemplo, es difícil juzgar quién es
más monstruoso en La metamorfosis, Samsa -el insecto- o la familia.
Nabakov demuestra

la perfecta reversibilidad de los términos: 'Un sol

primaveral ilumina a la familia Samsa mientras escribe sus cortas de
disculpo - son tres insectos escribiendo tres carlas con sus polos
articuladas, con sus potas felices- a sus respectivos jefes' (Nabakov,

1997: 404).
13 •Mi vida aquí es como si yo esperara con total confianza una segunda vida, igual que, por ejemplo, me consolé de mi fracasoda estancia en Porís proponiéndome volver pronto allí" (Kafka, 2000: l 39).

14 "Un poco más tranquilo. Qué necesorio me era. Apenas me siento un
poco más tranquilo, ya me siento demasiado tranquilo. Como si sólo
adquiriese el verdadero sentimiento de mí mismo cuando soy insopor·
tablemente desdichado" (Kafka, 2000: 660).

Otto Stoessl, que lo felicita por su primer libro, Contemplaciones (19 l 31,
en estos términos: 'Se trata de un humor especialmente oportuno,

15 "No tengo de qué quejarme. No sufro excesivamente, pues no sufro

dirigido por así decirlo hacia dentro, como cuando después de un
refrescante baño, y recién vestido se saluda un día soleado con

continuadamente, mi sufrimiento no es acumulativo, al menos yo no
siento eso por el momento, y la magnitud de mi sufrimiento está muy

alegres esperanzas e incomprensible sensación de fuerzo' ("Carta o
Felice' , en Kafka, 1974: 80).
3

12 Esta posibilidad de intercambio completo del punto de vista es uno

por debajo del sufrimiento que tal vez me correspondería' (Kofka,

2000: 469).

"Una vez mós, orroslrado por esa hendidura terrible, lorga, estrecho,
que en realidad puede ser vencida en los sueños. Desde luego,

4

nunca se conseguirá vencerla por propia voluntad en estado de
vigilia' (Kafko, 2000: 6371.
Kafko no comporte en absoluto el desdén de éstos por la obra perfec-

Bibliografía

tamente escrito desde el punto de vista "literario' : "Resulta completa-

Canetti, Elías ( l 983). El otro proceso de Kafka. Madrid: Alianza Muchnik.

mente equivocado aducir la debilidad del lenguaje y hacer comparaciones entre los límites de las palabras y la inmensidad del sentimiento. El sentimiento infinita continúo siendo Ion infinito como lo había sido

Deleuze, Gilles y Félix Guatarri ( l 978). Kofka. Por uno literatura menor.

en el corazón" ('Carta a Felice", en Kofko, 1974: 147).
5

"El flujo de las carlas reemplaza la visión, la idea. [ ... ] Hacer un
mapa de Tebas en lugor de represenlor a Sófocles, hacer una topografía de los obstáculos en lugar de luchar contra un destino (sustituir
el destina con un destinatario)' (Deleuze y Gualorri, 1978: 49-50).

6

'Si bien en ese caso escribir mi autobiogrofía constituiría un gran
placer, pues me sería tan fácil como poner por escrito mis sueños, y sin
embargo tendría un resuhodo completamente diferente, grande, que
influiría en mí poro siempre y sería accesible también a lo compren·
sión y el sentimiento de todos los demás" (Kafka, 2000: 244).

7

"Si se pregunta de qué sirven los perros de aire, siempre se recibe lo
misma respuesta: que aportan mucho a la ciencia. 'Eso es cierto' -se
añade-, 'pero sus oportociones son inútiles y penosos'. Otras respuestos consisten en encogerse de hombros, en combior de tema, en
enojarse o reírse' ("Investigaciones de un perro', en Kafka, 2001:

359-60)
8

•¿Se trata realmente de canto? ¿No será acaso un silbido? Y el sonido
del silbido lo conocemos todos, es una habilidad propio de nuestro
pueblo, o, tal vez, no una habilidad, sino una forma de expresión vital
innata' ("Josefina la cantora, o el pueblo de los ratones", en Kafka,

2001: 420).
9

' Hay que sobrevivir con toda clase de tretas cuando uno no lo consi·
gue con una hermosa vida recta' ('Corta a Felice', de l/l l/1912,
en Kafka, 1974: 141).

10 ' Uno fotografío cosas poro ahuyentarlas de la mente. Mis historias
son una especie de cerrar los ojos' (Kafka, 1974: 53).
l l ' lo que me ha estorbado ha sido un sentimiento imaginario de que en
la soledad total existe poro mí un deber superior' (Carta a Felice,
citada en Hoffmann, 1975: 87).

38

Traducción de Jorge Aguilor Moro. México, D.F.: Ero.
Hoffmann, Werner (1975). Los aforismos de Kafka. México, D.F.: Fondo de
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Torre, Guillermo de (1971 ). Historio de los literaturas de vanguardia. Tomo
111. Madrid: Guadarrama.

��ROMANCE DE LA AVENIDA JUÁREZ
porque mis días se han levan.lado
contra una ciudad enjoyad&lt;t de mendigos

A mi

súper compadrazo y maestro

Samuel Noyola, autor de estos versos.

De norte a sur y sur a norte ondulan
se aproximan
se alejan
no fantasmas
pasos en llamas
huestes de motores
hieren tus lobregueces
se disipan
huyen del vértigo que son
espira
rabia su baile matinal
de polvo
vagas llagas que braman
que se tocan
oh tempestad de alientos
bajo el lento
rayo solar desnacen
resucitan
y a diario cambian para ser la misma
hueste sin huella
1isa de billetes
en famélicas arcas apilados
(del monedero en el brasier ausentes)
hartos de inanidad
enan enados
tu gravedad de arteria
los minutos
de norte a sur y sur a norte hieren
de sur a norte y norte a sur ondulan
se aproximan
se alejan
se disipan

POEMA

Caen del mundo las luces,
caen, escucho visiones, juegan, ¿es
la rama de fresno
o el resuello de un joven que ahora duerme, cansado
con los brazos tocando otro cuerpo? ¿Es la siena, los valles
o mujeres gozando sin que nadie de cerca las escuche?
Son las prendas que habitan el ropero;
son los pasos de un joven que no veo,
pero sé hasta dónde llegarán; cada lento
negar del abanico
que aleja con su aliento las palabras:
eres tú, eres otra, en otro tiempo. Con otro.

�EL TEXTO DEL TRADUCTOR
ES LA HUEUA DE SU DESAPARICIÓN
Cristina Burneo

Ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrabfes.
M. Duras

1. Adriano, Cortázor; Yourcenor·
1

Somos identificados mediante nuestro nombre, seña que
nos permite existir. Con él seremos reconocidos incluso en
el último espacio que habitemos: la lápida guarda cincelado nuestro resumen, es nuestro último hito. Al acoger nuestro epitafio, la piedra se convierte en la perenne forma
del temor de ser olvidados.
la firma, por su lado, es una ínfima abreviación de
nosotros que pretende legitimar lo que somos. A menudo,
la firma de un autor es más importante que su obra, aunque sea ella lo que en realidad constituye al autor como
tal. Pero cuando pensamos en el traductor literario, que se
posesiona de una escritura al tiempo que se entrega a
ella desde la sombra, ¿podemos entrever en él un deseo
de visibilidad? ¿Son los recuerdos del otro lo que está
registrando, y no los propios?
De cierto modo, mediante su firma, el autor se defiende del olvido. Ella, junio con su escritura, linda con un
acto epitáfico: registro para ser rememorado. El traductor,
por el contrario, y con los mismos recursos, parecería sumergirse en las aguas del olvido. Su mano se convierte en
umbral bajo el cual se cruzan escrituras que, desde allí,
salen transformadas, abiertas para ser leídas al otro lado.
Esa mano escribe cubierta por un guante para ejercer los
ritos de la tinta negra, para dejar su huella inhallable. Su
tarea también es literaria, lo convierte en autor, pero en el
territorio del texto debe cuidar que solo éste aparezca,
*Texto leído en el Primer Foro Internacional de Traductores "Julio Cortózar·, del
Colegio de Traductores Públicos de Buenos Aires, en agosto de 2004.

evitando marcarlo más de la cuenta; debe poseerlo sin
dejar en él rastro que lo delate.
"Hemos traducido cuando sentimos que no hay nada
en la página que no podamos percibir como nuestra propia voz, que se sueña a sí misma, entonces, libre de sus
faltas en virtud del habla de otro. Traducimos por sueño el
que haya bajo la diversidad de los idiomas un camino que
se abre, el único porque ya estaría cerca de su llegada,
en lo invisible", dice Yves Bonnefoy en La traducción de la
poesía. El sueño de nuestra propia voz, en dirección de la
del otro, no nos deja lugar para ostentar nuestra presencia en el traducir, pues en el sueño sólo prestamos nuestro
sonido para que hable el autor. En la traducción, y en la
condición de traducibilidad de una obra, se encuentra la
posibilidad de reescribir, de poner en marcha un nuevo
modo y prolongarla, dotarla de una nueva vida, dice Walter Benjamín. Esta tarea, sin embargo, no puede ejercerse
a plena luz. Así como la traducción literal de literatura,
descolorida e insípida, atenta contra la literatura misma,
la traducción impúdica, que afecta al original al ostentar
su brillo y encandilarnos, es igual de nociva.
El sueño y el secreto tienen lugar en la intimidad. N o
gritamos a voces un secreto ni nos entregamos al sueño
sino en el silencio. El traductor está llamado a acatar el
secreto de lo que traduce, ya que la escritura misma del
"original" debe guardar el secreto que la constituye; es
decir, no se puede ir más allá de lo que ha sido dicho. la
voz del traductor es "feliz prisionera", según Jorge Carrera
Andrade, pues está confinada a lo que sueña, al camino.
Quien traduce es un apoderado de lo que traduce, un
lector dotado de las destrezas necesarias para renovar
una obra e insertarla en otra tradición literaria. Esta escritura le pertenece, ha salido de su mano, y al mismo tiempo le pide callar, le pide que sean sólo las palabras del

45

�otro las que salgan . El traductor es el dueño desapropiado de su escritura. Su texto es precisamente la huella de
su desaparición.
11

Un triángulo interesante para pensar en la invisibilidad del
traductor es el conformado por Marguerite Yourcenar,
Memorias de Adriano y Julio Cortázar.
La novela demanda una rendición total por parte del
lector, y no se trata únicamente de la historia. Algo menos
evidente se impone con fuerza. La lectura registra un movimiento en la hondura del texto, que se halla marcado por
un paso sombrío, de abatimiento, sostenido por las palabras, o que, de alguna manera, las anuncia:
Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese
compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado
que acabará por devorar a su amo.
La idea de original se va desvaneciendo. Los rasgos
de la versión de Cortázar gozan de tal autenticidad que
la oposición entre el mencionado original y la traducción
ya no se halla en mi memoria.
Junto con aquel movimiento sombrío de las palabras aparece un segundo factor: la condición "neutral" del español de
la novela. Es inevitable recordar el afán experimental, el
juego y el deseo de colocar el lenguaje al borde al abismo
presentes en la obra de Cortázar, además de la inclusión de
giros locales, así como de palabras y expresiones en varios
idiomas, sobre todo en Rayuela. En contraposición a esta
apuesta como novelista y cuentista, se halla la del traductor
sobrio, prudente y dueño de un lenguaje transparente, leal a
lo que traduce (en algún momento de la lectura se puede
recordar El perseguidor, de cuyo original se tiene la impresión de que "suena a traducción", pues aparece allí el mismo
español límpido).
Al cabo de la lectura, es claro que el traductor ha
cumplido su misión, pues su presencia ha ido desapareciendo, debido a su capacidad de abstraerse a través de
su propia escritura ; sin embargo, son sus marcas las que
nos entregan la forma de Adriano.
En cuanto al original, la pregunta es si Yourcenar también ha introducido el efecto luctuoso que se escucha en
español. Incluso, cabe preguntarse si el original emula su
traducción.
Ce matin, /'idée m'est venue pour lo premiere fois que
man corps, ce fidele compagnon, cet ami plus sOr, mieux

46

connu de moi que man ame, n'est qu'un monstre sournois qui finira par dévorer son maitre.

la escritura poética, y quien traduce pone en marcha la
misma operación, igual de rigurosa, propia y vasta . Sin
embargo,

En ambos párrafos hay recursos que se repiten a lo largo
de toda la novela, en el original y en la versión de Cortázar. El estilo está dado por la brevedad de los sintagmas:
enumeraciones, adjetivaciones, incisos. La coma es el signo de puntuación que marca el ritmo, junto con el punto y
seguido. La fragmentación mediante la coma nos permite
aprehender fracciones del discurso poco a poco, captar
su realidad y detalles por medio de pequeñas unidades
de sentido y de sonido. Es como si en nuestro avance -y
esta sensación se da tanto en el original como en la versión - una mano en frente de nosotros nos indicara que
aminoremos la velocidad, que retardemos la llegada de
Adriano a las puertas de su muerte.
Hay sin embargo una diferencia rítmica importante: las
palabras del francés son agudas en su totalidad; el acento
cae siempre en la última sílaba. ¿Cómo trasladó Cortázar
un ritmo tan marcado por esta característica exclusiva del
idioma? ¿Cómo trasladar el sentimiento del tardo caminar
hacia la muerte al que nos conduce Yourcenar, aprovechando esta marca de su lengua?
Al tener en frente una página de la versión de Cortózar y mirarla, tenemos la sensación de hallarnos ante un
pentagrama, en donde la puntuación ocupa el lugar del
signo de división de los compases. Las variaciones, como
en cualquier forma musical, son infinitas, y pueden producir un vasto panorama de realidades sonoras. En la novela, los sintagmas se convierten en las innumerables variaciones del tema, una frase cuyo ritmo se va repitiendo.
Pero más que analizar la estructura del texto, es necesario percibir la mano del músico Cortázar en esta labor.
La escritura es partitura, y la armonía del español se ve
volcada en una versión que por su naturalidad podría hacernos pensar en un trastorno del tiempo, en donde no
sabemos qué fue primero, Yourcenar o Cortázar.
En ocasiones, al leer un texto, no dejamos de preguntarnos cómo será el original, pues hay algo en lo que leemos
que no nos deja percibir la claridad de las palabras. Algo
nos dice que ha sido afectado de alguna manera. Otras veces, por el contrario, ciertos recursos nos hacen sospechar
que el traductor no ha resistido la tentación de aparecer en
el cuadro y ha dejado escapar un exceso de sí en su tarea.
En ambos casos, su voz aparece en detrimento de aquellas
que habitan el texto que traduce. Se hace visible en donde
debería permanecer oculto.
De ahí el valor de Memorias de Adria no de Cortázar.
La traducción literaria debe pensarse como otro ámbito de

el punto de partida del traductor no es el lenguaje en
movimiento, materia prima del poeta, sino el lenguaje
lijo del poema. Lenguaje congelado y, no obstante, perfectamente vivo. Su operación es inversa a la del poeta:
no se trata de construir con signos móviles un texto inamovible, sino de desmontar los elementos de ese texto,
poner de nuevo en circulación los signos y devolverlos al
lenguaje (Paz, 1990: 22).
En este proceso, Cortázar nos ilumina. Aparece su escritura, su ritmo, pero no nos deslumbra, sino que, leal a Adriano, se oculta. Sólo desde el olvido, exiliado, puede escribir las memorias del emperador y revelarnos su angustia,
entregarnos su cuerpo hinchado y exhausto, hacernos sentir la agonía y la nostalgia. Desde aquel espacio, el traductor, paradójicamente, nos revela su presencia, nos deja
ver a través de su escritura que está presente y que es en
su escritura en donde se encubre.
111

La novela en su integridad contiene una gran carga poética. Las reflexiones de Adriano sobre vida, dolor, amor y
muerte son violentas, nos dejan sin aliento por su crudeza.
Adriano va descubriendo la cara de la muerte al tiempo
que su cuerpo, rendido, se va resignando frente a nuestros ojos.
Yourcenar pretende, sin embargo, desaparecer de esta
historia: "Si decidí escribir estas Memorias de Adriano en
primera persona, fue para evitar en lo posible cualquier
intermediario, incluso yo misma. Adriano podía hablar con
mayor firmeza y mayor sutileza que yo" . Ésta es otra clave
para apreciar más aún la traducción de Cortázar. Esta
reflexión reafirma la necesidad de hablar de invisibilidad
cuando se trata de la traducción literaria. Si Yourcenar
expresa su deseo de desaparecer de la memoria de Adriano, el traductor debe desaparecer doblemente, pues en
él se ve agravada esta condición .
En otra de sus citas acerca de las Memorias, Yourcenar, al hablar de sí misma, lleva a pensar también en los
posibles traductores de su obra:
Descaro de los que dicen: "Adriano es usted". El hechicero que practica una incisión en su pulgar en el momento de evocar las sombras sabe que ellas no sólo obedecerán esa llamada porque van a beber su propia sangre.

Sabe también, o debería saber, que las voces que le
hablan son más sabias y más dignas de atención que
sus propios gritos.
Nunca la voz del traductor será más resplandeciente
que aquellas a las que da forma. Su esplendor debe permanecer en aquel punto del ocaso en que la luz empieza
a ocultarse y convive, por unos minutos, con la sombra.
Es este delicado resplandor el que nos entrega Cortózar en Memorias de Adriano, por lo que me gustaría concluir con un fragmento de su obra:
A veces, en contadas ocasiones, he creído sentir el
roce de un acercamiento, un ligero contacto, leve como el
de las pestañas, tibio como el interior de la palma de una
mano. Y la sombra de Patroclo aparece junto a Aquiles ...
Jamás sabré si ese calor, si esa dulzura, no emanaban simplemente de lo más hondo de mí mismo, últimos
esfuerzos de un hombre en lucha con la soledad y el frío
de la noche. Pero esa cuestión, que también se plantea
en presencia de nuestros amores vivientes, ha dejado ya
de interesarme; poco me importa que los fantasmas evocados vengan de los limbos de mi memoria o de los de
otro mundo. Si poseo un alma, está hecha de la misma
sustancia que los espectros; este cuerpo de manos hinchadas y uñas lívidas, esta triste masa disuelta a medias, este saco de males, deseos y ensueños, no es más
sólido o más consistente que una sombra.

~

Trayectorias

REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES
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47

�2. ¿Traducir Finnegans Wake?* *

Cuando Joyce escribe los primeros capítulos de su Work
in Progress, lo hace en inglés y, una vez terminados, empieza una segunda escritura: la del lenguaje de Finnegans.
Inserta palabras de otros idiomas, crea neologismos, convierte verbos alemanes en nombres ingleses, par sólo nombrar algunos ejemplos de los cientos de recursos presentes. Este segundo momento de la escritura se desarrolla
como una operación traductora. La escritura de Finnegans
Wake es una traducción. El capítulo conocido como "Anna
Livia Plurabelle", par ejemplo, tenía una extensión inicial
de cuatro páginas en inglés. Reescrito en la lengua de
Finnegans llega a veinte.
"La traducción brota del original, pero no tanto de su
vida como de su 'supervivencia', pues la traducción es
posterior al original. [ ... ] La vida del original alcanza en
sus traducciones su expansión póstuma más vasta y siempre renovada", dice Walter Benjamín. En el mismo momento en que Joyce literalmente reescribe encima de lo
que ha escrito en inglés, lo escrito en esta lengua muere.
Sólo en su traducción, en la reescritura en el lenguaje de
Finnegans, se encuentra su posibilidad de existencia .
Durante los últimos años de trabo jo en Finnegans Wake,
Joyce, de manera paulatina, deja de "traducir" y empieza
a escribir directamente en el lenguaje del sueño. Aquí los
dos momentos de la escritura se funden y la operación
traductora ya no es evidente, pero no deja de tener lugar
en tanto el autor, el único hablante de la lengua que ha
creado, busca incesantemente equivalencias y sustituciones de sonidos y sílabas.
Finnegans Wake es a la vez un sueño y su interpretación, nos podría decir el psicoanálisis. Asimismo, Finnegans Wake es a la vez escritura y traducción.
11

Earwicker, protagonista de la anécdota de la obra, ha
tenido un agitado día, lo que lo sume en un profundo sueño. También duermen su esposa, Anna Livia, y sus tres
hijos, Shem, Shaun e !solda, al igual que los empleados
de su taberna y el mismo narrador, al parecer. Es en el
territorio del sueño en donde empiezan a darse los acon-

* *Texto leído en el Encuentro sobreJomesJoyce, con ocasión del centenario del

Bloomsday, en lo Universidad Andina Simón Bolívar de Quito, en junio de
2004.

48

tecimientos, desde el momento en que Earwicker se halla
en una confusa situación sexual con dos muchachas, par lo
cual es acusado, muerto y enterrado, y a partir de lo cual
la ciudad crea la bolada de "Finnegans Wake", que relata distorsionadamente lo que ha sucedido con este hombre (es una bolada que existe realmente en la cultura irlarr
desalo que inspiró aJoyce) .
En el sueño desaparece la inhibición. La noche, con su
oscuridad, se transforma en cómplice a fin de que el lerr
guaje, al igual que los persona jes, suelte las amarras y se
libere de toda regla. El caudal desenfrenado de signos e
imágenes de que están hechos los sueños es a la vez el
cauce que sostiene el lenguaje de Finnegans.
Al final, cualquiera habría podido ser la anécdota de
la obra. Lo que se necesitaba eran soñadores destinados
a ser los traficantes del lenguaje queJoyce buscabo paro
transformar radicalmente el día de Ulises en la noche de

Finnegans Wake.
"Cada vez soy más consciente de la hostilidad indignada que se muestra hacia mi experimento al interpretar
'la noche oscura del alma"', dice Joyce en una de sus
cartas, y sigue en otra: "gran parte de la existencia humana transcurre en un estado que el uso del lenguaje de
vigilia, la gramática estereotipada y la trama continuado
no pueden transmitir". El lenguaje se convierte en un noctámbulo que ronda mientras es soñado.
111

En la escritura de Finnegans Wake se halla una firme V(j
luntad par hacer explotar el inglés, por rebelado contra la
idea de la lengua que domina e impone sentido. Al convertir al inglés en hospedaje de otras decenas de lenguas,
lo está despajando de su condición de dominador y dotándolo de una propiedad hospitalaria. La lengua se abre y
recibe. Si todo está en todo, si todo acoge todo, no hay
lugar a tiranía.
A la vez que dinamita el inglés con el fin de despojarlo
de su autoridad, Joyce elimina la posibilidad de leer Finnegans Wake desde la pasividad, confiando en que la
lengua nos conducirá blandamente por sendas diáfanas
en las que el entendimiento será absoluto.
El significante y el significado se hallan en eterna disputa. El segundo trata de imponerse y transmitirnos un sentido organizado, pero apenas creemos aprehender algo
Íy aprender algo), somos expulsados mediante nuevos significantes provenientes de cualquier lengua o de ninguna
conocida. Una palabra en inglés o un neologismo creado
del alemán y del francés nos recuerdan que es el significante el que reina en Finnegans Wake: el sonido, la on(j

matopeya; y que el significado, aunque subsiste, es permanentemente saboteado - y viceversa.
Por ello, el sentido en Finnegans es paciente, según
una idea de Jorge Aguilar Mora; "siempre está en camino", como dice Paul Celan, no tiene prisa de llegar a
ningún lado. Sin cesar lo aguardamos, pacientamos (pacientar es más cristalino que aguardar, nos da mayor idea
de la avenencia con la que nos vemos obligados a esperar en Finnegans Wake el sentido, que, sin emborgo, se
halla siempre en un lugar distinto de aquel en que estamos, por lo cual el curso de nuestra lectura se convierte
en una especie de vehemente juego de escondites).

IV
¿Es posible para Finnegans habitar otro mundo distinto de
aquel en que la lengua que hospeda es el inglés? Si todo
es reemplazable por todo, y todo puede significar todo, y
por tanto el proceso de sustitución es infinito, quizá sea
posible exiliar a Finnegans a otros mundos. Por la característica oniroglota -como se la ha llamado- del lenguaje
se vuelve aún más visible, par otro lado, la naturaleza
incompleta de las lenguas, que se buscan unas a otras
para existir. Quizás par su intraducibilidad, o a pesar de
ella, sea Finnegans Wake uno de los textos que más pidan ser traducidos: el lenguaje, que ha saltado en pedazos, busca en el campo de batalla sus partes y desea
reintegrarlas.
Por más arbitraria y audaz que pueda ser la lengua de
Joyce, la multiplicidad de lenguas y la infinidad de ecos
son la condición que ésta impone para intentar ser traducida. De ello no puede escapar ningún traductor. De una
invención sólo puede resultar otra invención, igual de temeraria, o más. Sabemos de antemano que vamos a fracasar flagrantemente al intentar una recreación de Finnegans, pero no dejaremos de tratar.
Ninguna lengua está completa. SiJoyce provocó una
explosión del inglés en Finnegans y depositó en él decenas de lenguas, no hizo sino poner de manifiesto el origen
del inglés, y con él, el de todas las lenguas. Según Benjamín, un lenguaje puro subyace a todas las lenguas, pero
esta pureza está hecha de filtraciones, empalmes, yuxtaposiciones y mixturas. Cada lengua mira a la otra, de allí
que se necesiten mutuamente, que pidan ser traducidas
sin cese.

V
Más allá de la posibilidad de traducir FinnegfJns Wake,
se halla aquella de jugar un juego políglota que tienen en
sus manos los traductores de la novela. De las traduccio-

49

�nes al español de mayor circulación -las de Tortosa, Navarrete, Tejedor ("Anna Livia Plurabelle"), Pozanco, Monteforte (fragmentos)-, se percibe la misma voluntad lúdica deJoyce en Tortosa, en su traducción del capítulo "Anna
Livia Plurabelle", y en Monteforte. Este último, en el ensayo que escribe para la revista ecuatoriana de literatura El
guacamayo y la serpiente, declara que, como traductor,
actúa el libreto, como si se "soltara el pelo en escena". La
escenificación se puede sentir, así como el afán de jugar.
El grupo de Tortosa también se lanza con ingenio, pero
perturban en ocasiones los localismos españoles al lector
hispanoamericano, que se aleja de su gozosa confusión
cuando se ve interrumpido por una jerga que no le dice
mucho. Por más lejos que se pretenda ir, la perversión
políglota deJoyce es casi imposible de alcanzar. Por eso
podemos pensar que la distancia entre el texto y el lector
no la pone la lengua creada por Joyce, sino quizás un
traductor que empobrezca el juego con reglas rígidas o
sin voluntad lúdica políglota.
Pozanco, por su parte, tiende a explicar allí donde
Joyce engaña o deforma. Su traducción se halla escrita
"demasiado en español", razón por la cual es casi imposible adivinar en ella los juegos de Joyce.
La traducción al francés de Finnegans Wake fue realizada por un equipo comandado por Joyce, en el que se
contaba a Samuel Beckett y Philippe Souppault entre la
casi decena de traductores. Solían reunirse periódicamente y comparar las versiones que cada uno había hallado
para verter Finnegans al francés. El resultado es el lenguaje de otros sueños, o su traducción, en donde el francés es
sólo un cimiento para una nueva geografía, nuevos juegos, nuevos chistes y otra serie de acumulaciones. Es una
reinvención del Finnegans inglés que se construye sobre
sus ecos, pero que se extiende a otros, algunos quizá
jamás aparecidos en el primer Finnegans. Extrañamente,
éstos siguen pareciéndonos ecos. Cabe anotar queJoyce
participó también en la primera traducción al alemán y
aparentemente, en la primera al italiano. Siempre se añadieron juegos y se modificó el paisaje de la novela.
El hecho de que parezca imprescindible que en las
traducciones de Finnegans Wake, Joyce haya estado siempre presente -un Pigmalión esculpido por sí mismo como
tentáculo de su propia escultura- nos lleva a pensar que
la obra necesita tantas traducciones como lectores, o al

50

menos ése parece ser uno de los juegos maliciosos que
nos invita a jugar su autor.
Si Joyce traduce al escribir su Finnegans Wake, la traducción se convierte en uno de los pilares del texto; por lo
tanto, se debe prolongar el juego y traducir al infinito.
Más que trasladar los sentidos de la obra, quizás Joyce
pida trasladar los sonidos, el jazz verbal que se dice que
tiene Finnegans Wake en inglés.
Por otra parte, el contexto de la obra es tan amplio
que la creación de significados se vuelve infinita. Es el
lector quien construye la historia según su experiencia. La
movilidad del lenguaje y nuestra incapacidad de asirlo
juegan permanentemente, el sentido siempre se nos escabulle, pero nos queda el sonido. Todo puede significar
todo.
Pero si nuestra mente quiere ser lógica, leer una historia y una lengua a la vez, y encontrar sentido y orden en
todo, si no entramos en el juego, en el goce de la traducción infinita, quizás sea esta desaforada libertad que nos
da Joyce la que nos impida, al final, abordar su Finnegans, leerlo o reinventarlo.

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HUELLAS EN EL POLVO AMARILLO
David Toscana
Fragmento de la novela inédita El último lector

~

cubeta desciende por el pozo hasta topar con una
superficie más consistente que el agua y emite un sonido
que Remigio ya venía esperando. Está por cumplirse un
año de la última lluvia y la gente se reúne desde julio
cada tarde para orar en la capilla de San Gabriel Arcángel, pero ya corre septiembre y ni una gota, ni un escupitajo del cielo. De vez en cuando amanece el rocío sobre
hojas y ventanas, mas eso apenas lo distinguen los madrugadores, ya que el sol se lleva toda humedad tan pronto
surge sobre lcamole. Una ocasión se aproximaron nubes
cargadas por el oriente, y algunas personas se treparon a
cualquier loma para azuzarlas desde ahí. Aquí estamos,
vengan, tenemos sed, y varias mujeres abrieron sus paraguas para demostrar su inflexible fe, una fe que no alcanzó a mover montañas, al menos no el cerro del Fraile, a
veinte kilómetros de ahí, pues todos acabaron por ver
decepcionados cómo las nubes chocaban contra sus picos
y laderas, derramando allá mismo su perfecta carga. No
fue ni la primera ni la última vez que el cerro del Fraile les
robó las esperanzas, por eso la contigua Villa de García
continúa verde, mientras que en lcamole las acequias son
avenidas para los tlacuaches. Remigio da un tirón a la
cuerda que sostiene la cubeta y la suelta de nuevo. El
sonido se repite: una percusión. A él le habría disgustado
lo mismo que del fondo brotara la melodía de un arpa o el
canto de una sirena; la única voz de su noria debería ser
un chapaleo.
Revisa la cuerda y se da cuenta de que algo anda mal.
Él sabe que el pozo mide ocho metros hasta el fondo y
por eso la cuerda tiene un nudo justo en esa longitud.
Según sus cálculos, al menos queda medio metro de agua,
suficiente para regar el aguacate y bañarse esa y otras
cuantas mañanas y salir a pasear por lcamole con los cabellos agitados por el viento, con la cara fresca, los dien-

tes limpios, y saludar a las mujeres de cabelleras tiesas,
envueltas en pañoletas, a los hombres de caras polvosas
y tierra entre las uñas, en ese lcamole sin otra humedad
que el sudor y el agua de los tambos que Melquisedec
acarrea en su carreta desde Villa de García. Con la sequía llegó la pobreza y el día en que el repartidor de
refrescos dijo ya no me sale el viaje hasta acá para vender tan pocas botellas. El agua de Melquisedec es gratuita; la carga en una acequia comunal de Villa de García y
el gobierno del estado le paga una iguala por su esfuerzo
y el de las mulas que remolcan la carreta en un trayecto
ligero de ida y sufrido de vuelta.
Por evitar el desperdicio, la gente dice el agua de
Melquisedec es para beber, no para lavarse los pies, y
eso impulsa a Remigio a provocarlos con su cara recién
lavada. Yo bebo, les dice con la mirada, yo me ducho, y
hasta riego mi aguacate sin perseguir la carreta de los
tambos; si bien, cuando alguien le hace la pregunta, él
responde sin titubear que su pozo está tan seco como el
resto.
Zarandea la cuerda una y otra vez sin éxito, sin sentir
que la cubeta dé un mordisco a ese medio metro de agua,
y decide que un obstáculo le impide llegar hasta el líquido. No sería el primer animal sediento en causarle problemas. Tres años atrás hubo de sacar a un coyote, que encima se defendió como si Remigio fuera el enemigo y no el
rescatista. Y, sin embargo, no se molestó con el animal.
Sabe que cualquier muerte es preferible a la provocada
por la sed.
Trae una lámpara de petróleo, la ata a la cuerda de la
cubeta y la baja por el oscuro buche de la tierra. Primero
distingue el resplandor de dos ojos claros, luego el rostro
blanco, infantil, de retrato antiguo; al final, una cabellera
larga y negra todavía bien peinada. Calcula que ese ros-

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�tro ya recibió doce cubetazos y, luego de mirarlo un par
de minutos, acaba por concluir que no parpadea.
Cuando Remigio tenía unos diez años, veía en los pozos una fuente de travesuras. Éstas consistían en escupirles o arrojarles caca de chivo, una o dos bolitas a la vez;
e incluso un día orinó en el de la señora Cleotilde. En
cambio le pareció un exceso que uno de sus amigos arrojara una rata muerta en el de Melquisedec. La diversión
no radicaba en hacer el daño sino en hacerlo a escondidas, y ésta se esfumó cuando Lucio supo que todos los
pozos están conectados y los orines derramados en el de
la señora Cleotilde llegarían, aunque diluidos, a todas las
casas. Remigio cree que el punto más bajo de esa red de
canales subterráneos se halla en su propiedad; de otro
modo no se explica que su pozo aún tenga agua cuando
los demás ya se secaron. Orinar o lanzar a una rata son
cosas tolerables, pero no arrojar a una niña. Descarta la
idea de que haya caído accidentalmente: le estaría viendo los calzones y no la cara.
Se apresura hacia adentro de la casa para tomar su
machete, y con la misma prisa recorre la huerta, blandiendo el arma, descargándola contra algunas ramas secas,
por si ahí sigue escondido quien trajo a esa niña. Mira
todo su derredor en busca de alguien que lo esté espiando desde un árbol, tras los muros de adobe. Luego se
detiene, casi sin respirar; trata de oír el menor ruido. Y
oye. varios, pero a la distancia: una mujer dice que le
duele el pie, un hombre carraspea, un niño llora y grita
me pegó Paco; el gordo Antúnez, esa voz sí la reconoce,
amenaza a Paco con romperle la cara. Remigio deja caer
el machete y vuelve al pozo.
Acerca la lámpara al rostro y aguarda a que deje de
columpiarse, pues el movimiento de sombras crea la sensación de que el cuerpo se mueve. La niña se halla recostada, buena parte del torso fuera del agua, casi luce cómoda. Toma un puñado de guijarros y comienza a arrojarlos, uno por uno. Falla en los primeros tres intentos. El
cuarto rebota en la frente o en la nariz, y Remigio comprueba que el rostro no se inmuta. Desde el principio le
pareció bien muerta, pero imposible renunciar así de fácil
al eterno sueño de salvar a una muchacha.
Trae otra cuerda con un gancho oxidado en un extremo. Lo baja y lo hace bailar cerca del cuerpo hasta sentir
que se traba con algo; desea que sea un sobaco porque
no le gustaría extraerla como a un pez. Tira de la cuerda
y aguza el oído. Ya no espera algún lamento, pero es
mejor asegurarse. Apenas unos centímetros y la niña se
suelta con el chapaleo que Remigio había deseado para
la cubeta . Ahora piensa en carne rasgada y un sangrado

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que tiñe el agua y así ni ganas de lavarse los dientes por
muy santa que haya sido la niña. Comprende que el gancho no puede ser una buena idea, no importa dónde se
trabe: axilas, boca, orificio de la nariz, entrepierna, y opto
por sacarlo para hacer un lazo. M ientras forja el nudo se
repite lazo, lazo en voz alta, pues su mente insiste en
llamarle horca. Nuevamente baja la cuerda y la hace oscilar hasta que se toma de algo. Tira con cuidado y, tras
asegurarse de que el lazo se halla bien ceñido, hace subir
el cuerpo rápidamente. No podría resultar mejor: viene
tomado de la muñeca izquierda. De haberse prendido del
cuello igual lo hubiera alzado, pero qué mejor que la
muñeca.
Toma la mano tan pronto la ve salir y le sorprende no
sentir asco. Ya en otra oportunidad había cargado a un
muerto y casi se vomita . Pero tú eres muy diferenre, le
dice a la niña, debiste ver al otro: viejo, gordo y encimo
inflado y desnudo porque se ahogó en una charca. La recuesta en el suelo y le baja los párpados. El izquierdo
obedece; el derecho se repliega lentamente hasta abrirse
por completo. Calcetas blancas, vestido de flores y un
zapato de charol. Su rostro luce terso, sin rastros de violencia ni de los cubetazos; sólo con una basura en la mejilla izquierda que Remigio trata de quitarle, y pronto se
da cuenta de que es un lunar. La manga derecha muestro
una rasgadura, sin duda causada por el inútil garfio.
Remigio nunca ha sido sociable, ni tiene cabeza paro
andarse fi jando en niñas de escuela, pero está seguro de
que nunca antes había visto a la muertita, y eso significo
que no es de lcamole. A una niña como ésa la habrían
hecho protagonista de cualquier evento, la pondrían o
declamar en las fiestas patronales y, aunque declamara
horrible, le aplaudirían de todo corazón. Pero también
estoy seguro, se dice, y aquí vuelve a mirar a su alrededor, que a una niña como ésta nunca la van a dar por
perdida.
Lucio retira la vista de El otoño en Madrid cuando la puerta se abre. ¿Qué te trae por aquí?, pregunta sin quitar el
índice de la última palabra que leyó, a mediados de lo
página sesentaitrés. Remigio cierra la puerta y avanza hasta
el escritorio, donde coloca una bolsa muy cerca del libro.
Son aguacates, dice, y tortillas. Lucio toma un separador y
lo inserta entre las páginas. ¿Y yo para qué quiero aguacates? Remigio los saca de la bolsa; son dos, de cáscara
tersa, púrpura de tan negra. Las tortillas invaden el ambiente con su aroma como lo hicieron las de la señora de
esa mañana. Para nadie es un secreto que te estás muriendo de hambre. Prepárate unos tacos, en la bolsa hay cu-

biertos. Por no verse muy ansioso, Lucio abre de nuevo El
otoño en Madrid y pasa unos segundos los ojos sobre las
frases. Natalia, mi Natalia, te he referido una y cien ocasiones que la ciudad es un escaparate donde se exhiben
mis tristezas, mi falta de ti, mi incapacidad de percibir la
belleza si no surge de tu rostro. A mí me basta con que me
lo refiera una vez, drce Lucio y saca del ca jón el sello de
censurado. Otro gachupín con más glosa que prosa, murmura, pero al menos en Madrid llueve y las muchachas
llevan falda corta. Rebana el primer aguacate en cuatro y
coloca los trozos sobre sendas tortillas. Sabe que tiene
hambre para comerse todo de una vez, pero decide guardar el segundo aguacate. No te vi surtiendo agua con
Melquisedec, dice Remigio para iniciar la conversación.
Ayer llené mi jarra, y apenas va a la mitad. Entonces no
habrás escuchado la noticia. Lucio niega con la cabeza en
lo que muerde su taco. Ahora que está comiendo se pregunta qué habría sido de él si no aparece Remigio; leyendo se me pasa el tiempo, se me olvida el hambre, pero
llega la noche y se vuelve imposible dormir. El otoño en
Madrid inicia con dos meseros que desprenden un par de
jamones del mostrador de un restaurante y con ellos se
golpean mientras desde la acera los mira un inmigrante
africano. A ellos les resulta gracioso; a Lucio le pareció la
se'ntencia de una noche sin sueño pensando en la carne
de puerco. Comoqui~ra le sedujo el inicio. Ambos jamones vienen del mismo animal, y tras cada golpe que se
dan los meseros, el autor se remonta al matadero para
relatar la llegada del cerdo en un camión pestilente y la
preparación para el sacrificio. Al fin un españolito que
sabe escribir, se dijo, pero al pasar las páginas resulta
que la escena se trunca antes de la muerte del cerdo,
justo cuando el matarife afila el cuchillo, y a continuación
la vista se centra en una mesa junto a la ventana, donde
un joven ve pasar a las madrileñas mientras redacta una
carta de amor que hasta el momento en que Remigio entró
se alargaba a la página sesentaitrés. No sé por qué te
confieso todo esto, escribe el joven a su amada, y Lucio
tampoco tiene la más remota idea; en cambio imagina lo
que pudo ser una novela de matadero: cruda en los sacrificios de cerdos, ligera en la cotidianidad de los meseros
que sirven la carne de esos animales, y sutil en su significado, con el paso de inmigrantes africanos por la acera
de enfrente. Remigio aprieta los puños antes de hablar.
Melquisedec dijo que se perdió una niña en Villa de García. Lucio se pone en pie, toma el libro y se encamina
hacia una puerta gruesa que da al cuarto contiguo; un
pasador herrumbroso con candado clausura la puerta; sin
embargo, en la parte superior tiene una abertura disimula-

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�da con una cortinilla . Le mienta la madre aJordi Ventura,
el autor. Demasiadas páginas para decirme que el joven
está triste porque se fue su amada. Yo perdí a mi mujer,
una mujer prodigiosa, no una puta madrileña, y me bastaría con hallar media página sobre ella. Abre la cortinilla y
por el hueco arroja El otoño en Madrid. No lo perdones,
señor, dice, porque sabía lo que hacía. Regresa a su lugar
y prosigue con el resto de los tacos. Hoy no me ha ido
bien con los libros. Ya condené a dos. Termina de comer y
se pasa la uña del meñique por los dientes. Remigio golpea el escritorio con los nudillos para mostrar su impaciencia. ¿Me vas a poner atención? Lucio sonríe. Te he escuchado cada palabra y he observado tus gestos y movimientos, tanto así que puedo apostar que los aguacates
no me los tra jiste porque tengo hambre; comienzo a imaginar que tienen algo que ver con la niña perdida. No está
perdida, aclara Remigio, al menos no para mí; la hallé
muerta en mi pozo de agua y no sé qué hacer con ella .
Por supuesto, dice Lucio, debí imaginarlo, porque los aguacates tienen cierto parecido con las berenjenas, y Zimbrowski le lleva beren jenas a su padre cuando le confiesa
que asesinó a Enzia, la hija del telegrafista. Zimbrowski
se echa a llorar y pide perdón de rodillas. No quise hacerlo, fue el alcohol, el deseo, la locura; no fui yo porque
esa noche yo era otro, un monstruo, un ser despreciable,
pero no tu hijo. Su padre lo golpea con la rodilla. Le llama
cobarde, arroja las berenjenas por la ventana y él mismo
se encarga de entregarlo a la policía. Cuando el telegrafista conoce la verdad sobre la muerte de su hija, compone un cable en clave Morse: Zimbrowski, maldito seas mil
veces, y lo envía a todas las intendencias.Tú no tiraste los
aguacates por la ventana, dice Remigio. Se hace un silencio en lo que Lucio regresa los cubiertos a la bolsa. Son
más las diferencias, dice, el padre de Zimbrowski amaba
a Enzia; la consideraba su nieta, y siempre vivió bajo un
código de honor militar. Antes la deshonra del infierno que
el infierno de la deshonra, solía decir. Yo no la maté, Remigio alza la voz para dar por terminada la historia de Zimbrowski y comenzar la suya. Relata en pocas palabras su
encuentro con la niña muerta y sus problemas para sacarla
del pozo, cerrarle los ojos y ponerla a secar. ¿Secarla?,
interrumpe Lucio, ¿tu pozo tiene agua? La tengo en la casa,
en el suelo, sobre una toalla en la cocina. Lucio mira la
bolsa de papel y comprende que hay un abismo entre
aguacates y berenjenas. ¿Quién te dijo que yo paso hambre? Tengo una niña muerta, creo que ése debe ser el
tema de nuestra conversación. Lucio se mantiene indiferente y va hacia una pila de cajas ceñidas con flejes y cintas.
Aún me falta mucho por leer, pasarán años antes de que

54

clasifique todos estos libros. Remigio se acerca de mal
humor. Para nadie es un secreto que perdiste tu empleo
hace mucho. Dicen que se te acabó el dinero, que ya no
vas a la tienda de Romelia; se te nota flaco, te ves enfermo. No es indigno que un hijo ayude a su padre. Lucio
vuelve a su silla; se arrellana y cierra los ojos. ¿Oué sabes de esa niña? Sólo que es hija de una viuda que estaba de visita en Villa de García; la andan buscando y le
pidieron a la gente de lcamole que esté alerta. Lucio niega con la cabeza; luego habla queda y lentamente, como
hundiéndose en un sueño. La tuviste en tus manos, en tu
pozo, la sacaste, la llevaste a la cocina, sin duda la has
estado mirando y a lo mejor otras cosas; sospecho que
aún no me dices todo. Yo no la maté, insiste Remigio. De
eso estoy seguro, Lucio abre los ojos, mira con apatía, fue
el alcohol, el deseo, la locura. Remigio acerca una silla y
se sienta frente al escritorio. Le cuesta traba jo hablar. Ha
de tener trece años, su piel es muy blanca y sus cabellos
muy negros, de cáscara de aguacate; trae un vestido de
fiesta y le falta un zapato. ¿Es todo? Sí, es todo. ¿Cómo
murió? Remigio guarda silencio. ¿Trae bien puesta la ropa?
¿Los calzones están en su lugar? Sí. Sí. Lucio deja el sopor
y se endereza. ¿Los revisaste bien? A veces el criminal se
equivoca y los pone con la etiqueta en el ombligo. No me
interesa lo que ocurrió, Remigio va hacia la jarra de aguó
y da varios tragos, sólo quiero evitar que me suceda algo.
Debería interesarte; tu suerte no será la misma si los calzones están al revés; a Zimbrowski lo ahorcaron . Creo que
fue un error venir contigo, Remigio duda un segundo en
llevarse el aguacate restante, se dirige a la salida. Espera, Lucio alza la voz, no tienes de qué preocuparte, si la
niña tiene sobrepeso y el cabello rizado pronto se sabrá
la verdad; su profesor de matemáticas la empujó por las
escaleras en un arranque de ira, porque la muy idiota no
se sabía ni la tabla del seis; pero él mismo va a confesar
y explicará dónde arrojó el cadáver, así que lo mejor es
que vuelvas a echarla al pozo. Ni gorda ni cabellos rizados, dice Remigio, la que tengo en casa es magnífica.
Mala suerte, dice Lucio, entonces sí estás en problemas
porque la niña debe tener los ojos claros y un lunar en la
mejilla izquierda y ningún profesor de matemáticas aceptará la responsabilidad. Remigio se acerca; no recuerda
haberle mencionado eso. Ojos claros, sí, uno abierto y
otro cerrado, y el lunar del lado izquierdo. Lucio da un
golpe con las palmas sobre los muslos. Sonríe satisfecho
de haber acertado en la segunda oportunidad. Entonces
se llamaba Babette, dice, tenía doce años, y te la voy a
describir como sólo Pierre Laffitte supo hacerlo. Se apresura al librero y toma un volumen. Comienza a leer tras

hojearlo unos segundos. A los doce años, Babette poseía
la vanidad de una mujer mayor y gustaba de llevar vestidos ceñidos en la cintura, que mostraran un mínimo de
pantorrilla. Adoraba los días de viento porque el revoloteo de su negrísimo cabello hacía fulgurar sus ojos claros,
tristes, de plomo; ojos siempre viendo el horizonte, más
allá de su delicada nariz. Aunque de piel muy blanca, al
punto de traslucir venas azules en brazos y mejillas, no
daba la impresión de ser enfermiza; todo lo contrario: quien
la mirara detenidamente notaría una carne compacta, severa para su edad y casi varonil, a no ser porque unas
incipientes formas de mujer comenzaban a perfilar una
hechura de ésas que silencian voces a su paso. Su palidez, en las noches de luna, la hacía parecer que algo
tenía de divino. Brillo era lo que mejor la definía, en ojos,
cabello, rostro, piel y hasta zapatos siempre lustrosos. Brillo,
sobre todo, en su sonrisa, las pocas veces que sonreía.
Mas el hado jamás otorga mercedes sin cobrar réditos, y
todo lo que en Babette era gracia y garbo habría de volverse su perdición . Quizás el lunar en su mejilla izquierda
era una lágrima petrificada, una lágrima que servía como
anuncio de lo que estaba por venir.
Lucio da vueltas en torno a su escritorio mientras lee;
Remigio había comenzado a escuchar cruzado de brazos,
fastidiado, mas el interés le va ganando a medida que
capta las palabras y no puede sino igualar esa descripción a la niña que tiene en casa. En las novelas las niñas
se hicieron para desearse, ultrajarse o asesinarse; además de La muerte de Babette, Lucio señala algunos puntos
de un librero, tenemos Calcetas rosas, Ciudad sin niños,
El hospicio de los inocentes, La hi¡a del telegrafista y muchas otras. Claro, hablo de novelas escritas por hombres;
las escritoras hacen crecer a las niñas y las ponen a sufrir
del corazón. ¿Y qué pasa con Babette? Está oscureciendo; Lucio va a la puerta y, tras comprobar que la calle se
encuentra vacía, entra y corre el pasador. Todo ocurre en
París, el 14 de julio de 1789, y no te voy a explicar por
qué esa fecha es importante, pero en las calles había una
multitud dispuesta para la violencia. Babette se ve sorprendida en medio de esta turba y se echa a correr, temerosa, porque esas personas no son de su clase. Cuando
la ven con un vestido tan fino, ese vestido de fiesta que
me contaste, algunos la persiguen. Traen palos y azadones y armas de verdad. Babette se apresura llorando hacia un portal y hace sonar la campanilla con desesperación; la puerta se abre y se cierra justo a tiempo, y nunca
más se vuelve a ver a Babette. ¿Y luego?, Remigio se

decepciona, esa historia no dice nada. No es lo mismo
contada que leída; ocurre que hay un simbolismo entre la
campana que toca Babette, la de su perdición, y la que
tocan los parisinos, la de la libertad. Sin duda el autor era
monárquico. Quiso dar a entender... ¿Pero qué le pasa a
Babette?, interrumpe Remigio. Ahí termina la novela. La
frase final dice... abre el libro por la contraportada y recorre la página con el índice antes de leer. Campanillas,
gritos y campanas; gritos dentro y gritos fuera y más campanas, pobre Babette, pobre de ti, campanas y más campanas, un país que se cree libre, una niña que no cree en
nada.
Una historia no puede terminar así, protesta Remigio.
Claro que puede, y no hay duda sobre el final. Pierre
Laffitte ya lo dice en el título, entonces evita repetirlo en la
trama. Lo que importa es que ahora sabemos un poco más
que el resto de los lectores; ahora sabemos que Babette
terminó en un pozo de agua. ¿Y yo dónde voy a terminar?
¿Lo dicen tus libros? Hoy estuve leyendo uno: dos hombres
montados a caballo llevan a otro a pie, atado de manos,
conducido a la fuerza por una soga al cuello. Puedo imaginarte en ese recorrido de aquí a Villa de García; tú dirás
yo no la maté, y alguien te llamará cobarde y te golpeará
con la rodilla, porque en ese recorrido no hay puentes ni
ríos. Aunque igual puedo verte haciendo una fosa que se
trague para siempre a Babette tal como una puerta que se
cierra. Yo también he pensado en enterrarla, pero es difícil disimular un hoyo con la tierra tan seca, por más que
uno la apisone siempre queda la cicatriz. Mi otra opción
es esperar la madrugada y llevármela lejos, tirarla por ahí
para los coyotes, detrás de una loma; pero en este pueblo
siempre hay alguien con los ojos abiertos, sobre todo ahora que me siento vigilado por quien haya puesto a esa
niña en mi pozo; ha de estar esperando a que yo cometa
un error para dar la voz de alarma. Y si no es hoy será
otro día, pero esa persona acabará por dar un pitazo. Yo
te aconsejo, comienza Lucio, pero Remigio lo interrumpe.
No vine por consejos, sólo quería contarte lo de la niña
porque si las cosas se complican me gustaría que fueras
mi aliado y le explicaras a todos que esa niña apareció
en mi pozo sin que yo tuviera nada que ver. Lucio asiente
lentamente y se dirige a abrir la puerta. Imagina que la
única forma de hacer lo que Remigio le pide es echándose él mismo la culpa. Hijo, hagas bien o hagas mal, puedes contar conmigo, le dice, y muy pronto se arrepiente
de la frivolidad de su frase, digna de un negro a punto de
ser lanzado al río Colorado.

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�VIAJE A LA PROSA
DE LOS CONTEMPORÁNEOS
Domingo Ródenas de Moya

El pasado 2 de septiembre se dio a conocer en España Contemporáneos, prosa, antología en la que Domingo
Ródenas muestra por primera vez en edición española una selección de la obra ensayística y narrativa de "la
generación del 27 mexicana". El libro - de indudable relevancia para la difusión de los escritores mexicanos en
España- fue publicado en la colección Obra Fundamental, de la Fundación Santander Central Hispano, e incluye
traba¡os de Jorge Cuesta, Salvador Novo, José Martínez Sotomayor, Gilberto Owen, Jaime Torres Bodet y Xavier
Villaurrutia. El siguiente texto es porte de la introducción en la que Ródenas reconstruye la historio de los
Contemporáneos y analiza la trascendencia de su prosa en la literatura mexicana.

E1apogeo de la actividad pública del grupo de escritores mexicanos conocido como "Contemporáneos" comenzó a mediados de los años veinte, coincidiendo con un
nuevo episodio del inveterado debate sobre el predominio en la tradición nacional del elemento indígena o del
elemento hispánico. Desde instancias gubernamentales se
favoreció una versión de la historia nacional de raíz indigenista que en pocos años haría que los defensores de un
arte y una literatura modernos, acordes con las fenomenales innovaciones que tenían lugar en Europa y, en parte,
Estados Unidos, fueran tildados de antipatriotas. El gobierno de Plutarco Elías Calles impulsó una concepción nacionalista de la cultura mexicana que excluía a quienes no
comulgaran con sus presupuestos. Nacionalistas de un lado
y cosmopolitas de otro iban a protagonizar una viva polémica acerca de la orientación de la actividad cultural posrevolucionaria con un saldo muy desfavorable para los
segundos.
Los Contemporáneos, que deben su nombre a la revista homónima que se publicó entre junio de 1928 y diciembre de 1931 , no formaron una promoción homogénea ni
menos una generación histórica, sino un conjunto de poetas y críticos jóvenes que concibieron el oficio literario con
una exigencia máxima que les impedía, de un lado, des-

preciar en bloque toda la tradición y, de otro, renunciar a
la búsqueda y la innovación. Este equilibrio entre el respeto por lo heredado y la pugna por el cambio, entre pasado y futuro, los asemeja a la generación del 27 española
y los distancia del vanguardismo mexicano más tópicamenle
demoledor, el de los estridentislas. Junto a la mesura con
la que avanzaron por los vericuetos del experimentalismo
artístico de los años veinte, los Contemporáneos se caracterizaron por ocupar otro difícil punto de equilibrio, el que
los situaba entre México y Occidente, entre la conquista
de una identidad nacional y la asimilación de la modernidad que representaban Europa y Estados Unidos, puesto
que aspiraron no a separar el país del mundo mediante la
invención de una tradición ancestral y popular, sino a inscribirlo en el mapa de las naciones culturalmente avanzadas. Soñaron con la universalización de México y condenaron el emboscamiento en unas circunstancias histórico-sociales que amenazaban con perpetuar el aislamiento mexicano.
Para qué decir que, en cierto modo, fracasaron .
De aquella riesgosa aventura formaron parte Bernardo
Ortiz de Montellano ( 1899-1949), José Gorostiza (19011973), Jaime Torres Bode! (1902:1974), Enrique González Rojo ( 1899-1939), Xavier Villaurrutia (1903-1950),
Salvador Novo (1904-1974), Jorge Cuesta (1903-1942),

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�Gilberto Owen (1904-1952) y, próximos a ellos en algún
momento, Carlos Pellicer ( l 899-1977), Octavio Barreda
( 1897-1964), José Martínez Sotomayor l l 895-1980) y
algunos otros como Rubén Solazar Mallén o Carlos Noriega Hope, director del importante El Universal Ilustrado
entre 1920 y 1935. Poetas la mayoría, ensayistas muchos, narradores los menos, todos contribuyeron en mayor
o menor medida a la profunda renovación de la prosa
castellana y a la expedición en busca de nuevas formas
de narrar la experiencia humana. Pero lo hicieron sin sujetarse a consignas de ningún tipo ni ejercer violencia en sus
respectivos talentos para amoldarlos a una doctrina gregaria. Incluso en sus relaciones personales fueron leales a
unos lazos de amistad atados en la adolescencia, como
también a las antipatías que el curso del tiempo fue revelando. Cada uno de ellos siguió su propio itinerario, casi
todos en soledad, casi todos con un talento deslumbrante,
extraño a la compañía y al discipulazgo. El rigor, el refinamiento cosmopolita y la tendencia al intelectualismo los
hacían anómalos en un medio cultural desballestado tras
la guerra civil. La mayoría trabajaron como funcionarios
del nuevo Estado revolucionario, a las órdenes de antiguos ateneístas como José Vasconcelos o Pedro Henríquez
Ureña, pero no comulgaron con el tipo de arte populista
promovido por ese Estado y representado por el muralismo de Diego Rivera o Siqueiros. No tiene nada de extraño, pues, que Villaurrutia se refiriera en 1924 al grupo
como "grupo sin grupo" y que Torres Bodet hubiera hablado de "grupo de soledades".
Contemporáneos fue una extraña y lujosa cosecha en
los años veinte y primeros treinta que quedó encerrada en
aquel tiempo de entreguerras, y aunque figuras de la magnitud intelectual de Octavio Paz no son del todo comprensibles sin el sustrato de los escritores de que aquí tratamos, fueron durante decenios enterrados en los desmontes de la historia literaria de México, olvidados como un
episodio menor y baladí, como una erupción de diletantismo narcisista.
Si bien, como ya he indicado, la obra principal de
estos autores es poética y ensayística: encierra mucho interés la incursión -casi diría que concertada- en el terreno de la ficción narrativa . Entre 1924 y 193 l, con un
ápice editorial en 1928, se desarrolla una sugestiva indagación en lo que se llamó "nueva novela" y que solía
resolverse en breves ejercicios narrativos de una elevada
densidad poética, análogos en sus técnicas y logros a los
que se publicaban por entonces en Revista de Occidente.
Pero de esto trataremos más adelante. Esta ficción digamos reservada, insobarnablemente impopular, es un docu-

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mento excepcional de la aportación de las letras en castellano, y específicamente mexicanas, a la búsqueda de nuevos modos narrativos. Además de ser, todavía, un bocado
exquisito para lectores con un paladar exigente.
En la década de 1920, en el marco de un arte tutelado por la política nacionalista del gobierno, marcado por
los registros del folclore y el testimonio reivindicativo de
las costumbres de la vida campesina, junto al muralismo
se auspició una novela de la Revolución que tenía que
cumplimentar esas mismas características y, en consecuencia, debía apartarse con nitidez de los experimentos narrativos internacionales, unos experimentos que se situaban en un horizonte ajeno a cualquier determinación geográfica, inspirados por preocupaciones más estéticas o
epistemológicas que políticas.
A partir de 1924 algunos escritores jóvenes identificados con el ideal de una cultura nacional abierta a los aires
de renovación europeos, se entregaron con empeño, dejando eventualmente de lado la dedicación preferente a
la lírica y al ensayo, al cultivo de una prosa narrativa que
nacía del mismo venero ético y estético. En 1982 observaba Guillermo Sheridan que el lugar que se había otorgado a la prosa de Contemporáneos "es el peor: el que
no existe" y que en ninguna antología de la prosa mexicana del siglo XX se les incluía. Esta exclusión la remedió en
1989 Christopher Domínguez Michael en el primer volumen de su Antología de la narrativa mexicana del siglo

XX, y la relegación que había sufrido la han paliado numerosos estudios aparecidos en los últimos quince años. La
loable pertinacia de algunos investigadores, con Guillermo Sheridan y Merlin H. Forster a la cabeza, ha restaurado la visión ecuánime del lugar, el valor y el significado
del grupo y de cada autor en particular.
También señalaba Sheridan que una de las razones de
ese largo ostracismo, crítico y editorial, era la falta de
representatividad. Ciertamente, la corriente principal de
las letras mexicanas de los años veinte y treinta no es la
de Contemporáneos, sino la que se auspiciaba desde las
instancias del poder político revolucionario, alimentada
por un nacionalismo populista a ultranza. Los Contemporáneos sólo se representaban a sí mismos o, si se quiere,
a una cultura nacional alternativa a la que dimanaba desde el poder político: un arte revolucionario, no un arte de
la Revolución . Su excentricidad es la misma que la de los
creadores de vanguardia en la España republicana, en la
que se imponía a golpe de descalificación personal y soflama proletarista una estética neorrea lista y testimonial.
El artista que se desciñera de la actualidad social y política de la Revolución mexicana en busca de un espacio

creador autónomo pero estricto y riguroso era tildado de
descastado, cuando no de reaccionario, sin embargo tenía la suficiente fuerza subversiva como para desencadenar ataques y polémicas a menudo virulentas.
No era indiferencia lo que suscitaban, y la reacción
hostil de los apóstoles de un arte nacional realista da la
medida de la importancia de sus propuestas, si bien no de
la amplitud de su auaiencia, que era bien exigua. "El arte
no es revolucionario porque hable o exhiba los fenómenos materiales de la Revolución: lo es en sí mismo y por sí
mismo", afirmaba en 1929, bajo el seudónimo de Marcial Ro¡as, probablemente Xavier Villaurrutia. Y el siempre
mordaz Salvador Novo desdeñaba la novela revolucionaria como un producto manufacturado para la complacencia tanto de los turistas que ansiaban una imagen tópica
de lo mexicano como para los autores que pretendían escalar peldaños en la cucaña burocrática del régimen. La
literatura revolucionaria, pues, difería de la literatura de
la Revolución, pues mientras ésta se plegaba a esquemas
obsoletos y a final idades sociales o políticas, aquella, la
de los Contemporáneos, luchaba por encontrar un lenguaje nuevo y unas estrateg ias artísticas innovadoras, radicalmente distintas de las del inmediato pasado. Esto no significa que los jóvenes escritores despreciaran por completo
toda la novela que se nutría temáticamente de la Revolución, sino sólo la que se mostraba más dócil con los modelos consagrados. Por ejemplo, la novela más notoria ambientada en la guerra civil, Los de aba¡o, de Mariano
Azuela, fue elogiada sin remilgos -si bien extrapolándola a una interpretación universal- y, con ciertas precisiones, pod ría decirse que la segunda vida de esta obra,
que había sido publicada en 1915, se inicia en 1924 y
culmina con la traducción francesa de 1930, prologada
por Valery Larbaud, gracias al impulso de los jóvenes vanguardistas, un prólogo donde, por cierto, considera la revista Contemporáneos "el principal órgano intelectual [de
México] como la Revista de Occidente lo es de España".

Las revistas: de Ulises a Contemporáneos
Siempre han sido las revistas un muy fiable sismógrafo de
las vibraciones o sacudidas del campo literario, pero en
el periodo de entreguerras lo fueron de manera singularmente exacta, hasta recoger leves temblores que no iban
o alterar la orografía del paisa je artístico. De las revistas
que sirvieron de embarcación a los Contemporáneos sobresalen dos y media: Ulises, Contemporáneos y la media que fue Examen, asfixiada por la acción gubernativa

a

los tres meses de vida, lo que no impidió que, con sólo
cuatro números, se convirtiera en la más lúcida y rigurosa
del grupo, según el criterio de Octavio Paz. Pero esto
ocurrió en 1932. Regresemos a la primavera de 1927.
En mayo de 1927 vio la luz el primer número de la
revista Ulises bajo la dirección conjunta de Salvador Novo
y Xavier Villaurrutia, al que iban a seguir solamente otros
cinco. El subtítulo, Revista de curiosidad y de crítica, subrayaba las notas de aventura y reflexión sobre cualesquiera otras, incluidas las que pudieran significar insurrección estética o cosmopolitismo vanguardista. En 1930
escribía Villaurrutia, recordando la empresa, que "la curiosidad era el veneno y la crítica el antídoto. Y viceversa". La publicación fue en realidad un proyecto patriótico,
pero no en la dirección indigenista que se promovía desde instancias oficiales -y con ahínco desde el gobierno
de Calles- sino en otra acaso contraria, dirigida a integrar las letras mexicanas en el mapa de la literatura moderna internacional. Ulises fue una típica revista de vanguardia, minoritaria, rompedora e inmodesta en la que se
confrontaron dos concepciones de la identidad cultural
mexicana, una que ceñía su búsqueda a los límites geográficos de México y escarbaba en el pasado para encontrar las raíces primigenias e incontaminadas del espíritu autóctono y otra que, como el título de la revista sugiere, implicaba viajar por otras latitudes !España, Europa y
Estados Unidos) para regresar, engrandecidos por la experiencia, a la Ítaca de la esencia nacional mexicana. La
revista suponía la convergencia pública del grupo, un proyecto que los enlazaba a todos de una manera nada fortuita y les permitía utilizar un "nosotros" colectivo. Sólo faltó
José Gorostiza, que se encontraba en Londres y adonde
le escribió Villaurrutia para reclamarle su colaboración. La
corta supervivencia de Ulises hizo que la respuesta de
Gorostiza, que regresó a México en agosto de 1928,
llegara tarde.
Todos los números se pusieron bajo la advocación de
un pensamiento sobre el viaje cuyos autores fueron Fenelón, André Gide,Jamesjoyce, Baudelaire, Paul Morand y
Eugenio d'Ors, pero un viaje nada turístico y sí muy problemático. El aforismo que abrió el primer número, de
D'Ors, rezaba: "La Odisea no es un libro de aventuras
sino de problemas". Ulises fue el impulso definitivo para
que la vertiente narrativa del proyecto de los Contemporáneos saliera de sus catacumbas y alcanzara la letra impresa. De hecho, la revista volcó su interés en la nueva
prosa de ficción, reseñando las novedades extranjeras y
publicando fragmentos de los principales textos narrativos
del grupo: Margarita de niebla, Novela como nube, Dama

59

�de corazones y Return ticket, de Torres Bodet, Owen, Villaurrutia y Novo respectivamente. En ella publicaron BenjamínJarnés, Massimo Bontempelli oJouhandeau y se tradujeron unas páginas del Ulises deJoyce. El diálogo entre
Ulises y Revisto de Occidente fue tan fluido que durante un
par de años el proyecto de renovación de la novela fue
común a los escritores asociados con ambas revistas. Si
los mexicanos admiraban a Salinas, Espina, Chabás oJarnés, este último reseñaba con puntualidad casi todos sus
títulos, notas de lector compiladas muy tardíamente en el
volumen Ariel disperso (1946).
Ulises, además, fue un formidable vehículo para la manifestación de la conciencia crítica del grupo y del afán interrogativo que les movió en todos los órdenes. Una conciencia
crítica e inquisitiva compartida por todos pero que encarnó
paradigmáticamente Jorge Cuesta, quien desde el primer
número se mostró contrario a la idea excluyente de una cultura nacional de signo único, folclorista y extemporánea. Entendieron la creación literaria, como sus correspondientes españoles, como una actividad rigurosa y libre del espíritu que no
podía someterse a las consignas de la acción política ni achatarse para encajar en un sistema ideológico moral. Nada
más opuesto al nacionalismo cultural de Calles. En esta actitud fue un maestro para Cuesta, Villaurrutia y Owen el André
Gide que en l 897 había desacreditado a Barres debido a
su limitada visión francocéntrica y su mercenaria defensa del
nacionalismo francés.

60

Al igual que Revista de Occidente, que creó en 1926
colección "Nova Novorum" para publicar las obras
narrativas de los autores nuevos, Ulises hizo lo propio para
dar a conocer las primicias novelísticas del grupo, aunque
con medios económicos tan menguados que hubo que renunciar a la edición de alguna de ellas, como El joven de
Novo. Publicó Domo de corazones de Villaurrutia y Nove/o como nube de Owen, que junto a Margarita de niebla,
que Torres Bodet publicó en Cvlturo, conforman un curioso
experimento grupal basado en las variaciones posibles
sobre unos mismos ingredientes argumentales. Pero más
adelante nos detendremos en este aspecto.
Del núcleo de la revista surgió otro impulso de moder·
nización cultural cuyo primer aliento, en 1926, se debe a
Villaurrutia y Novo: la creación de un teatro difusor de las
últimas tendencias escénicas y de los autores más avanza·
dos, Eugene O'Neill, Lenormand, Lord Dunsany,Jean Cocteau ... Gracias a la ayuda económica de Antonieta Rivas
Mercado, que sufragó el coste de todos los montajes, en
diciembre de 1927 se inauguraba el Teatro Ulises. La aventura sólo pudo sostenerse seis meses y en julio de 1928
se cerraba este episodio de ilusiones e ilustración, no sin
dejar satisfechos a sus responsables. Habían pretendido,
en palabras de la patrocinadora, fijar la sensibilidad con·
temporánea con la representación del mejor teatro extranjero actual y, pese a la falta de una respuesta popular,
habían conseguido su objetivo. Ni Villaurrutia ni Novo iban

la

a perder el interés por el teatro, el primero escribiendo
sobre él y el segundo promoviéndolo desde el poder.
En julio de 1928, cuando la financiación que el Teatro
Ulises había disfrutado llegó a su fin, los escritores del grupo
tenían ya más de una idea para proseguir la publicación de
una revista desde la que completar la tarea emprendida.
Villaurrutia, Cvesta, Novo y Owen trataron de resucitar Ulises sin ningún éxito. Todavía en la primavera de 1929, des·
de Nueva York, Owen perseveraba en el deseo de una
segunda época de Ulises, para lo que ahora estaba camelando (él dice "chulear sin pena") a una millonaria yanqui que
podría sufragar los costes. Sucede que para·entonces hacía
ya un año que circulaba otra revista, concebida por Jaime
Torres Bodet como un ambicioso órgano de expresión literaria de inequívoco cuño generacional, que se llamaba Contemporáneos y se convertiría en la epónima del grupo. Para·
dójicamente, el que parecía ser el gran proyecto hemerográ·
fico colectivo se materializó cuando sus miembros habían iniciado su disgregación geográfica pues, convencidos de que
la carrera diplomática se ofrecía como una salida airosa a un
futuro incierto como literatos, la mayoría se refugió en la seguridad de la cancillería. Owen se trasladó en el verano de
1928 al Consulado mexicano en Nueva York; Enrique González Rojo era destinado ese mismo año a Italia y meses
después, ya en 1929, Torres Bodet iba a viajar a Madrid,
donde se integraría en el círculo de escritores de Revista de

A pesar de esta diáspora, que en el fondo obedecía al
consejo de Alfonso Reyes de que ingresaran en el servicio
diplomático, 1928 fue un año importante, pues se publicó
la polémica Antología de lo poesía mexicano moderno,
obra corporativa, deliberadamente concebida de acuerdo con los gustos y preferencias de los jóvenes, que sin embargo aparecía firmada en su prólogo por Jorge Cuesta.
De manera semejante a como en España Gerardo Diego urdió la célebre Antología de 1932 sobre la poesía
contemporánea, destinada a promocionar a un grupo de
poetas jóvenes e incorporarlos a la historia canónica de
la lírica española, así se fraguó la Antología de fo poesía
mexicano moderno, aparecida en mayo de 1928, cuan·
do todavía funcionaba el Teatro Ulises. Detrás de la selec·
ción y las notas sobre los autores, no obstante, estaban
Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia y González Rojo, y
Cuesta pudo limitarse a escribir el prólogo. De hecho se
toma el cuidado de aclarar que la antología es fruto de
una labor colectiva. La diana a la que apuntaba el libro no
era otra que la inscripción de los Contemporáneos en el
parnaso poético mexicano. Para dar en ese blanco, el
volumen se dividió en tres partes, una correspondiente a
los poetas modernistas o clasicistas vinculados a la Revista
moderno, otra que recogía a los poetas posmodernistas
asociados con las revistas Nosotros y Pegaso, los poetas
del Ateneo, y una última sección consagrada a los Con-

Occidente.

61

�ta de Alejandro Núñez Alonso en la que se preguntaba:
"¿Está en crisis la generación de vanguardia?" y que recuerda la que promovió La Gaceta Literaria en España en junio
de 1930 sobre la existencia de la vanguardia. La respuesta
de Gorostiza tenía todo el aire de una palinodia: "Hemos
estado equivocados. Y yo me dispongo a rectificar. Quiero
en mantener.
desandar lo andado y encontrarme de nuevo con lo viejo
Torres Bodet conocía muy bien Revista de Occidente,
que he dejado. Nos habíamos perdido. Las modas 'eurode la que era colaborador, de modo que su presencia en
peas' sólo nos proporcionaban una satisfacción temporal". La
la dirección de Contemporáneos durante los ocho primerectificación de Gorostiza implicaba una vuelta a casa, al
ros números se hizo notar tanto por la cuota de atención
terruño, a la esencialidad mexicana limpia de influencias foprestado a la literatura española como por la dedicación
ráneas, en definitiva a un dominio muy próximo al de las
a la narrativa. La artificiosidad retórica de Torres Bode!, su
directrices literarias que marcaba la cultura oficial, si bien sin
altísima productividad y sobre todo su talante proclive a la
renunciar a las conquistas técnicas de los años aventureros.
vanidad y la presunción le hicieron más antipático ante los
La mencionada encuesta generó una polémica en la
más jóvenes Villaurrutia, Cuesta, Owen y Novo, quienes
que intervinieron varios de los Contemporáneos. El más
no sintieron como propia la empresa de Contemporáneos,
mordaz de ellos, Jorge Cuesta, hacía de la necesidad
a diferencia de la identificación que habían experimentavirtud apropiándose del concepto de crisis y convirtiéndodo años atrás con Ulises.
la en el estado natural de los escritores de su generación.
Pero en febrero de 1929 Torres Bode! partía hacia
Los Contemporáneos, dice, "han encontrado su destino
Europa en misión diplomática y la revista quedaba bajo la
en esa crisis: una crisis crítica" y su realidad ha sido su
égida de Ortiz de Montellano, quien no tardaría en aduedesasistimiento, su desamparo, en suma, su soledad. Una
ñarse de ella, actuando de forma impositiva e inclinándosoledad profundamente mexicana, como iba a elucidar
la hacia sus predilecciones, la poesía y el folclore mexicaaños después Octavio Paz en El laberinto de la soledad.
no, lo que, todo hay que decirlo, no estaba reñido con la
La polémica de 1932 fue el último acto de un drama
defensa del cosmopolitismo cultural que definía el grupo.
de desgaste en el que el lúcido cosmopolitismo intelectual
En junio de 1931, por ejemplo, afirma que Torres Bode!,
de un grupo de escritores nada podía hacer contra un
Pellicer, Gorostiza, González Rojo, Novo, Villaurrutia,
sistema político que imponía sus reglas nacionalistas en
Owen, Cuesta, Celestino Gorostiza y, curiosamente, el
todos los órdenes, incluidos el del arte y la literatura. La
estridentista Maples Arce, "son héroes que han logrado
derrota y dispersión final de los Contemporáneos no fue,
sostener viva, en una época de agitaciones sociales y
con todo, rápida ni tampoco asumida con facilidad por
políticas, a la cultura, consciente de los problemas de
todos ellos, pero sí irreversible.
t-Mxico, de su tradición y sensibilidad, y tienden a refleJorge Cuesta creó unos meses después, en agosto de
jarlos en formas universales, primera condición de la cultu1932, otra revista destinada a morir tras su tercera salira y aspiración genuina del hombre moderno". A esas altuda: Examen. Por lo que vengo diciendo podría creerse
ras, sin embargo, el "grupo sin grupo" se disolvía en un
que Examen fue una revista crepuscular, en la que el rigor
movimiento centrífugo, convirtiéndose de veras en un gruy la ilusión de las empresas anteriores habrán sido sustituipo vacío. A finales de año la correspondencia de algunos
das por la mediocridad y el numantismo, pero no fue así.
de estos escritores pone en evidencia la pérdida de fe en
La calidad de las colaboraciones es sobresaliente y, de
un proyecto común y testimonia el aislamiento en que esta·
hecho, Octavio Paz la juzgaba, en su libro sobre Villaurrubon escribiendo y actuando todos ellos. Que en diciemtia, la revista •más lúcida y rigurosa• de las que hizo el
bre de 1931 dejara de publicarse Contemporáneos sólo
grupo. Sin embargo los enemigos de los "atildados" y poco
fue el síntoma más evidente de que el empeño moderniza·
patriotas Contemporáneos se encargaron de hacerla frador iniciado a comienzos de los años veinte había perdido
casar. lo cierto es que en la campaña de hostilización el
su aliento.
objetivo no fueron tanto los escritores de Examen como
A partir de 1932 el establisment cultural del gobierno
Narciso Bassols, entonces ministro de Educación, bajo
nacionalista revolucionario se preocupó en borrar la huella
cuyas órdenes trabajaban algunos de ellos, como Villaude Contemporáneos. Sólo tres meses después del último núrrutia, Gorostiza o Cuesta. El pretexto para arremeter
mero de la revista, Gorostiza iba a sancionar el fin del grupo
contra Examen fue el delito contra la moral pública que
en el diario El Universal Ilustrado. Contestaba a una encues-

volumen recopilatorio de artículos y ensayos que publicó
en mayo de 1928: Contemporáneos, notas de crítico, y
que ha hecho creer erróneamente a algunos historiadores
que el nombre de la revista procedió del libro de Torres
Bodet, equívoco que el propio escritor pareció interesado

.•.

tempor~neos, fuera de los que sólo se incluía a Maples
~rce. S1 el contenido de las dos primeras partes estaba
rigurosamente es_cogido, la tercera ofrecía una generosi·
dad alg_o gregaria pero, eso sí, concorde con el objetivo
pro~oc1onal de los jóvenes. Eran éstos quienes habían
realiza~o una poda notable de la tradición inmediatamente anterior hasta dejar las ramas principales de una lírica
?epurada de la que se sentían continuadores. Si no se
inventaban un~ tradición, cuando menos la perfilaban.
La Antolog10 n~ sentó bien e hirió algunas susceptibilidades. Carlos Pell1cer, par ejemplo, en carta a Gorostiza, desempolva la acusación de afeminamiento y la completa con la
afr?ncesados, que es el juicio que le merece 1~ 0 ; 1 libro, de una exquisita feminidad". Llega 0
escribir: Es curioso: en el poís de la Muerte y de los
~mbres_ muy hombres, la poesía y la crítica actuales san a b1zcochito francés". Para el poeta, era necesario
vo!ver a la esencia nacional y dar la espalda a la promiscuidad con lo extranjero, había que recuperar el valor
prof~ndo de la Revolución para penetrar en la identidad
mexicana.

?e

Buen
. , año para
E las antologías aquel de 1928, porque
apa~ec10 en spaña otra dedicada a la nueva poesía
mexicana que parecía extraída de la tercera parte de la
de Cuesta. La española salió a la calle en agosto, bajo el
s~llo de La Gaceta Literaria, y estaba auspiciada por el
pintor Gabriel García Morolo, que un año antes había
i~ustr~do Los de aba¡o de Mariano Azuela para la editorial ~1blos. Morolo se había enamorado de México en tal
medida que había inspirado en su Revolución una curiosa

62

utopía, La nueva España. 1930 (1927). Titulada Galería
d~ los poetas nuevos de México, reunía versos de Gonzalez Rojo, Novo, Maples Arce, Villaurrutia, Owen, Ortiz
de ~ontellano, Pellicer, Gorostiza y Torres Bodet, se enriquec1a con algunas caricaturas del propio Morolo y breves nota: de presentación de los propios poetas. Salvo
una resena displicente de César M. Arconada, en la que
reprochaba la falta de una poesía de tono épico conforme
con los acontecimientos revolucionarios el libro pasó
.
inadvertido.
'
casi
Pero, volvamos a México, porque cuando apareció la
anto~og10 de Morolo la revista Contemporáneos yo llevacinco meses de actividad. Nacida en mayo de 1928
iba~ ~~~licarse en cuarenta y tres ocasiones, hasta 1931 '.
La_ dmg10 _Bern~rdo Ortiz de Montellano, si bien en los
primeros siete, numeras éste compartió el timón con Torres
Bodet,
Gonzalez
Rojo y Bernardo J· Gaste'1um, que era
.
,
quien corno con los gastos de producción. El diseño y el
formato, d~ una magnífica elegancia, fueron obra de Gobrie_l Garc10 Morolo, cuyas decisiones acercaron la revista, incluso en la tipografía, a Revista de Occidente. El
germen del proyecto hay que buscarlo en 1925 y en 1
deseo de Jaime Torres Bodet de crear en México
e
61· •, .
una pu1cac1on rigurosa, cosmopolita y de prestigio internacional parangonable con la de Ortega y Gasset en Es Sabe
d
pana.
mos por una carta e Torres Bodet a Alfonso Reyes
que en 1925 el pr~yecto ya tenía nombre, Contemporáneo~, aunque,t~av10 faltara tiempo para disponer de los
medios econom1~os que hicieran factible su ejecución.
Torres Bodet hab10 recurrido a ese marbete para titular un

?°

63

�presuntamente se cometía con la publicación de algunos
fragmentos subidos de tono de la novela Ca~i?ti~e de
Rubén Solazar Mallén. la imputación hubo de d1nm1rse en
los tribunales y el resultado, aun cuando la sentencia ~ue
absolutoria para la revista, fue la dimisión de los escritores de sus funciones en el Ministerio y la clausura de Examen, en la que cabe atisbar, de manera simbólica, el derrumbe de los ideales que habían sido alentado catorce
años atrás. Ciertas expresiones de inquina contra estos
escritores alcanzó, en algunos de sus adversarios, categoría de encarnizamiento y sólo forman parte de_ la ch1smografía vergonzante en la formación de los sistemas
literarios.

Lo narrativo extravagante de Contemporáneos
En la encuesta de El Universal Ilustrado, el perio~ista
GuillermoJiménez se atrevió a hacer un recuento del saldo amable" que había dejado el grupo: "Return~Ticke'., de
Salvador [Novo]; Dama de corazones, de Xav1er [V1llaurrutia] Novelo como nube, de Owen; seis números de
Ulises' y un bello recuerdo de su teatro"._ Los títulos que
cita son todos de prosa narrativa y testimonian la im~rtancia, si se quiere coyuntural, que a ésta se le ?torgo_ ~n ~I
conjunto de la obra de Contemporáneos. Mas s1gnif1_calivo es que José Gorostiza, en una carta del 3 ~: abril de
1932 en la que protesta contra la tergiversac1on que de
sus opiniones había hecho Febronio Ortega en una entrevista publicada días atrás, elija poro ,,demostrar_ a Ort~~a
la existencia en nuestro grupo de un espíritu o d1spos1c1on
literaria unánime" justamente "una familia de novelas como
Dama de corazones, Margarita de niebla, Novela como
rueca del aire inspiradas en autores franceses
nube y Lo
,
.
J . )"
(Proust, Giraudoux) y otras en españoles (So 1inas, _ornes .
Tanto uno como otro sitúan los ejercicios narrah~os del
grupo en el centro de la producción, como ~onqu1st~s- o,
cuando menos, diáfanas expresiones de un ideal estet1co
compartido.
.
.
El transcurso de los años iría reduciendo la relevan:'ª
de la obra narrativa hasta prácticamente negarla, no_ solo
por comparación con libros poético~ como Nost~lg'.a de
erte o Muerte sin fin, sino considerada en s1 misma.
I
a mu
"N
b 1
Así, en 1976 Carlos Monsivái~, en sus _oto~ so re a
cultura mexicana en el siglo XX para la H1stono general
, . 0 , podía estimar que las novelas dedContempode M ex,c
,
ráneos fueron un "error evidente". y poco es~~es, en
1982, Guillermo Sheridan iniciaba su introducc1on a la

64

antología conmemorativa Monólogos en espiral, admitiendo que recopilar los relatos de Contemporán~s era en
porte "una veleidad arqueológica", puesto que esta vertiente casi marginal del grupo[... ] apenas puede optar
por un valor de tipo meramente histórico". Sin e~~;go,
señalaba asimismo que fue una actividad creativa q~e
casi todos los miembros del grupo acometieron con cunoso energía entre los años de 1924 y 1935". En actualidad este criterio minusvalorativo ha variado gracias a las

I?

aportaciones de Pedro Ángel Palou o Rosa Gar~!ª. Gutiérrez entre otros, pero sigue siendo una verdad d1f1Climen!e
derrocable que nos hallamos ante una obra m~n?ritana
fraguada poro consumo interno de quienes port1c1poban
en un debate estético internacional.
.
El arranque de la novela renovadora de Contem~raneos tiene lugar al mismo tiempo que el de los novelista~
de la Revolución y crece frente a éstos como una alternativa no nacionalista ni politizada sino cosmopolita y acendradamente literaria.
las nouvelles de Villaurrutia u Owen se inscriben en un
movimiento occidental de renovación de las formas narrativas al que pertenecen Proust y Joyce, Giraudoux y Pirandello,Jarnés y Gide, Virginia Woolf, Morand y Larbau~ y
cuya divisa podrían ser unas palabras de Torres ~et: lo
novela, con sus características actuales, es un genero de
ayer". los escritores europeos que l~s- inspiran son, ?demás de los citados, Jules Romains, Ph,11,pe Soupault, Pierre
Girard Maurice Jouhandeau, Jules laforgue y, entre los
españ~les, Pedro Salinas,Juan Cha~s'. Antonio E~~ina ...
la familiaridad estilística entre estos ult,mos y los ¡avenes
mexicanos era tal que posibilitó un curioso juego de acertijos en el segundo número de Ulises, en junio de 1927,
consistente en asociar siete brevísimos fragmentos de prosa con los nombres de siete autores: los mexicanos Sal~ador Novo, Torres Bodet, Villaurrutia y Owen Ylos espanoles Salinas, Jarnés y Espina. Como señaló Jorge Cue~t~
en el número de diciembre, lo que importaba no era ad,v,nar la autoría de cada ráfaga de prosa sino "demostr~r 1~
seguridad de que una de esas grases ~udiera ser atnbu,da indistintamente a cualquiera de los inconformes con _lo
herencia de una prosa muerta•. Porque, en efecto, ~b¡etivo de unos y otros consistió, sí, en renovar_ la_s tecn,cas
narrativas, pero de manera prioritaria y prelimin?r.
regenerar la prosa castellon~ por_l~ vía de I? prec1s1on terminológica y la desinfeccion retorica y senlimental. El propósito de hacer una literatura radicalmente moderna lo
compartieron con los renovadores extranjeros, pero el de
inventarse una prosa nueva fue exclusivo de los creadores

:1

:n

del dominio hispánico.

Cuando en 1924 Salvador Novo, a sus veinte años,
se quejaba de que "en las revistas que de vez en cuando
se inician hay siempre grande falta de cuentos y sobra de
poemas•, él ya había pergeñado El ¡oven, un relato cuya
gestación se remonta a 1923 y sobre el que Novo volvió
en 1927 para escribir la versión definitiva. El 30 de octubre de 1924 publicaba su primer cuento, "la novia de
Emilio Faguet", en El Universal Ilustrado. En fechas no
alejadas, Gilberto Owen, que ha ingresado en la Facultad de Jurisprudencia, redacta su novelo corta Lo llama
fría, que dará a la luz el 6 de agosto de 1925 también en
El Universal Ilustrado, tras la que sin descanso se pone a
escribir Novela como nube. También a mediados de 1925
Villaurrutia se ha engolfado en la escritura de Dama de
corazones, y lo mismo hay que decir de Torres Bode!, que
ha empezado a trabajar en su primera novela, Margarita
de niebla. Novo, Owen, Villaurrutia y Torres Bodet sabían que el tipo de narrativa que era preciso cultivar nada
tenía que ver con la de los colonialistas ni con la que se
inspiraba temáticamente en la Revolución. la nueva narrativa debía rehuir las constricciones de la Historia y la Política para ampararse en la Psicología y la Poética, es decir, en la exploración de los mecanismos del espíritu humano, desde la memoria a los percepciones sensoriales,
y en la construcción del texto en tanto que artefacto verbal. En el cruce entre Psicología y Poética se situaba la
metáfora como un equivalente imaginístico del asociacionismo mental que iba a inundar la prosa. En ese triángulo
formado por el buceo psicológico, la autoconsciencia
poética y el estilo metafórico iban a configurarse los rasgos de aquellos experimentos narrativos.
En 1925, pues, algunos de los textos narrativos más
significativos de los Contemporáneos estaban en la fragua cuando las ediciones de Revista de Occidente, leídas
con la misma reverencia que las de la Nouvelle Revue
Franc;:aise, recogieron en un libro los dos ensayos de Ortega La deshumanización del arfe e Ideas sobre la novi:r
la, de los que bien pudieron tener noticia anterior, desde
su inclusión por entregas en las páginas del diario El Sol.
la publicación de La deshumanización del arte e Ideas
sobre la novela fue un reactivo de efecto inmediato en el
grupo, ya sensibilizado ante la cuestión de la novela que
requería el México posrevolucionario tras la polémica sobre
el afeminamiento de la literatura joven, la reivindicación
de Los de aba¡o de Azuela y la cacareada necesidad de
una novela de la Revolución. Tanto el primer ensayo de
Ortega, dedicado a caracterizar en sus trazos fuertes el
arte moderno, como el segundo, enderezado a los novelistas incipientes para pedirles una novela hermética, psi-

cológica y superadora del agotamiento de todos los temas
posibles, recibieron vehementes réplicas. las firmaron Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bode! y Jorge Cuesta ("un
ensayo lleno de errores", escribió éste), pero pudieron
haberlas suscrito todos ellos. El pensamiento de Ortega
disgustó. O acaso lo hicieron sus palabras.
Por decirlo sintéticamente, la sublevación de los Contemporáneos se debió a un malentendido terminológico
que también en España causó un daño casi irreperable en
el reposo con que la crítica debió haberse encarado con
la narrativa vanguardista: era inadmisible que la desrealización del arte moderno se confundiera con una deshumanización. Para los Contemporáneos el arte que recusaba
la copia de la realidad, esto es el arte desrealizado, no
podía ser tildado de deshumanizado.
Evitar las técnicas representacionales basadas en la
mimesis de la naturaleza o rechazar convenciones técnicas como el figurativismo en pintura o la métrica en poesía
no significaban una disminución y menos una privación del
componente humano. ¿Cómo podía afirmarse que una mayor
pulcritud técnica, una más acentuada pureza artística suponían una mengua de la dimensión humana de la obra? ¿Implicaba la tesis de Ortega que el desbordamiento pasional del romanticismo, el melodramatismo folletinesco o la
prosaica notación de la cotidianidad del realismo naturalista tenían el monopolio del arte humano? Como si la respuesta fuera afirmativa, como si Ortega hubiera implicado
en su ensayo esos presupuestos, así combatieron la tesis
de la deshumanización del arte. El error básico, pues,
consistía en considerar que los procedimientos de estilización, deformación o reducción de la realidad en la obra
de arte constituían modos de deshumanización cuando, muy
al contrario, servían poro acentuar en la realidad los aspectos más interesantes poro la sensibilidad mode_rna -a
costa, eso sí, de abstenerse de representar otros- y, en
consecuencia, contribuían a hacer más humana (y no menos) la realidad confusa del acelerado y maquinista siglo
XX, él sí deshumanizado. Por otra parte, la elaboración de
un lenguaje artístico capaz de representar ese mundo no
era una meta exclusiva de un grupo de escritores geográficamente delimitado sino un proyecto que se remontaba a Edgar Allan Poe, Baudelaire, Mallarmé y, en México, Díaz Mirón y lópez Velarde, como se encargó de recordar Cuesta en su reseña de Margarita de niebla.
Respecto a Ideas sobre la novela, la reacción no fue
menos crispada. En general convenían con Ortega en que
los asuntos novelescos, los argumentos, estaban agotados
y condenados a su tediosa reiteración, pero en ello no
veían el síntoma de una crisis sino una posibilidad formida-

65

�ble para hacer efectiva la renovación, un cambio marcado por el humor, el lirismo, el juego, el montaje cinemático, el miniaturismo psicológico y sentimental y la levedad
temática.
El que dio una respuesta más contundente a la crisis
del género que pregonaba Ortega fue Jaime Torres Bodet, por otro lado colaborador en Revista de Occidente y
buen amigo de BenjamínJarnés. En "Reflexiones sobre la
novela", Torres Bodet se oponía a la idea de un género
agónico y sólo se mostraba dispuesto a aceptar que fuera
el naturalismo el que estaba en decadencia. La fase terminal, por tanto, era la de un modo determinado de concebir la novela, pero no afectaba al género mismo. En su
opinión ocurría justo lo contrario de lo que diagnosticaba
Ortega: la novela había ampliado sus territorios hacia las
profundidades de la conciencia, que se mostraban de una
riqueza y complejidad insondables. En efecto, las intenciones ocultas, los actos frustrados, los pensamientos informulados y los laberintos de la memoria, sacados a la luz
por la psicología freudiano, estaban inspirando el nuevo
arte de novelar.
Este nuevo arte de novelar, que fue indagación afanosa, fruto de un espíritu aventurero en el que los jóvenes
Contemporáneos se sentían hermanados con los exploradores artísticos más aventajados de Europa y Estados
Unidos, cuajó en 1927 en la revista Ulises, a la que ya
nos hemos referido, y en los textos narrativos publicados o
concebidos entre 1925 y 1931 ó 1932.
Aquella nueva novela (que tendía a menudo, por su
condición experimental, a las dimensiones de una nouve-

1/e) convertía el tiempo en una magnitud blanda, que se
dilata y contrae según la vivencia del individuo, originando duraciones subjetivas (durées) representables en la obra
de ficción. Pero el tiempo no fue el único componente de
la estructura narrativa tradicional que sufrió alteraciones.
La acción o la caracterización de los personajes se hacían
leves o se atomizaban, comunicando una impresión de
liviandad o nubosidad bien reflejada en muchos títulos,
entre los más evidentes Novela como nube y Margarita
de niebla. No se sabe bien qué ocurre o, más exactamente, no ocurre casi nada, la acción tiende a cero, mientras
que los personajes aparecen como enjambres de sensaciones, emociones, cogitaciones, destellos de un mundo
interior impalpable e intangible. El estilo se encrespaba
de metáforas y se volvía intensamente connotativo, más
próximo a la enunciación de la poesía que a la de la
prosa. Con los tropos y las expresiones figuradas se aspiraba a sugerir enlaces cognoscitivos insólitos, resplandores fugaces y deslumbrantes de la realidad, lo que desde

66

James Joyce se denomina epifanías. No es de extrañar
que el lirismo o "poematismo" de estos textos o la subversión de las categorías de acción argumental y personaje
hayan descolocado a algunos críticos o, simplemente, les
hayan movido a descartar su validez literaria. La excentricidad de esta escritura se manifiesta bien a las claras en
las diferentes designaciones que ha recibido: narraciones
líricas, poéticas, prosas dinámicas, novelas gaseosas o
neumáticas, etiqueta esta última debida al crítico Gustavo
Pérez Firmat, que sugiere la vaporosidad y endeblez de
los textos, su ser de aire que se deshilacha como humo o
niebla, tal vez su naturaleza de textos hinchados y vacíos ... Para otros (el ontólogo Juan Coronado), el elemento que las simboliza no es el gas sino el líquido, novelas
de agua, artificiales en su fluir, cercanas -dice- al terreno "de lo hermafrodita" porque juntan en su cuerpo el relato con la poesía.
El intenso subjetivismo de estas probaturas narrativas
arrastraba hacia el interior del texto, casi inevitablemente, al propio autor, que se proyectaba en los personajes o
se derramaba en la voz narrativa para ironizar, opinar o
prodigarse en consideraciones de diverso orden, más propias del género ensayístico que de la ficción.
En efecto, en estos ejercicios narrativos es fácil reconocer la preeminencia de un yo que registra y analiza su propia
experiencia sin el apremio de tener que contarla, un yo para
el que nada verdadero es obvio ni inmediatamente accesible
y que encuentra en la escritura una herramienta de rastreo e
inquisición. El yo de un notario lúdico que se pasea por la
experiencia con el espejo de Stendhal hecho añicos.
Ahora bien, el yo que crea y el yo que cuenta no son
el mismo yo, y esta verdad elemental del funcionamiento
de los artefactos narrativos no debe olvidarse. El primero
es el autor, el segundo es una creación de este autor y
desempeña la función de narrador, un narrador que a veces es explícito y puede llevar un nombre, como el Carlos
Borja de Margarita de niebla, o puede quedar entre bambalincs, sin darse a conocer, como una voz enigmática
que es portadora de los acontecimientos. Conscientes de
esta dualidad del yo, en ciertas novelas de los Contemporáneos, el autor y el narrador se confunden en una vertiginosa colusión. ¿Quién es el yo de Novela como nube?
En cuanto a los yoes diversos, los caracteres, las personas de papel. .. Hacer un personaje es demasiado fácil,
construirlo como un mecano, con su retrato físico y su retrato psicológico y moral, darle la esfericidad escultórica
propia de la gran novela realista carece ya de sentido; la
novela moderna se propone analizarlo, escudriñarlo desde dentro, de dentro afuera. Y eso a veces hace que se le

presuponga, que no se describa directamente, que el personaje no posea unos concretos atributos físicos. El personaje, así, es elíptico y el lector, si lo desea, puede deducirlo del estudio a que lo somete el novelista, de manera
semejante a como el detective reconstruye los hechos a
partir de las pruebas que va reuniendo. Pero si el novelista duda de que sea posible el conocimiento entre las personas o de que los seres humanos sean de una pieza,
entonces puede hacer que sus criaturas aparezcan indeterminadas, nebulosas, carentes de unos rasgos fijos que
les den identidad, como seres "de niebla", leves y aéreos, que oscilan entre la ingravidez y la inexistencia. Y a
veces están como disueltos en una atmósfera cuidadosamente elaborada, en una atmósfera que lo envuelve
todo y todo lo deja desleído salvo la intensa huella de
sí misma.
En la ideación de esa atmósfera y en el pergeño de
los personajes tuvo un papel fundamental la luz de la cámara oscura, el cine, como lo tuvo en toda la literatura,
sobre todo en la narrativa, de los años veinte y treinta . El
asombro, la fruición producidos por el relato cinematográfico y enseguida la reflexión y crítica sobre ese nuevo
lenguaje fueron comunes a casi todos los artistas de la
época. La relación de los Contemporáneos con el cine es
muy variada y los compromete a todos, sea como críticos
(Torres Bodet, por ejemplo, firmó durante años sus reseñas
como Celuloide), realizadores o simples pero atentos cinéfilos. Aurelio de los Reyes resume muy bien estas relaciones en el trabajo suyo que editan Rafael Olea y Anthony Stanton (1994: 149-17 l ).
El montaje cinematográfico les reveló una sintaxis narrativa inédita, en la que la elipsis adquiría una importancia capital y que involucraba más directamente al espectador/ lector en la construcción del discurso, puesto que le
obligaba a rellenar con su imaginación esos espacios en
blanco. Además, el encuadre y los cambios de óptica en
los diversos planos les enseñaban la significación que puede
alcanzar lo muy pequeño (en los primerísimos planos) o lo
muy grande (en las panorámicas) también en el texto literario. El blanco y negro y la ausencia de voz, en fin, actuaban como elementos desfamiliarizadores, casi como marcadores de ficcionalidad del discurso fílmico, que de ese
modo se apartaba de la ilusión de realidad a que tendía
la novela decimonónica, pero sobre todo operaban como
espacios de indeterminación que de nuevo estimulaban la
participación del espectador. Podría decirse que este
margen de indeterminación intentan trasladarlo, a través
de otro código, a sus narraciones nebulosas. No obstante
la incidencia que los aspectos técnicos del séptimo arte

67

�tuvieron en·la narración moderna, no fue menor el influjo
ejercido por los modelos de acción y héroe que presentaba, tanto por lo que hace al cine épico e histórico que
representaban Griffith, Eisenstein o Dreyer como por lo
que hace al cine cómico norteamericano de Chaplin, Kea·
ton, langdon o lloyd.
Pero uno de los veneros de la imaginación literaria de
los Contemporáneos tendrá, según se mire, poco que ver
con la modernidad técnica, pues se trata de la mitología.
El mito como estructura arquetípica de los comportamien·
tos humanos, consagrada por el tiempo como un depósito
de símbolos del inconsciente colectivo, será uno de los
recursos frecuentes para dar formulación a las preocupaciones suscitadas por la vida contemporánea. Del mismo
modo queJamesJoyce o T. S. Eliot recurrieron al método
mítico con el fin de articular Ulysses o The Waste Land (y
Jean Giraudoux o Benjamín Jarnés), también los jóvenes
mexicanos encuentran en el mito de Ulises, en el de Simbad o en el del Hijo Pródigo (o en el de lxión, en el caso
de Owen) una sólida base con valores simbólicos añadidos sobre la que asentar sus propuestas literarias. Es de
notar que los mitos más queridos por los Contemporáneos
están asociados con el viaje, un viaje que para ellos podrá ser geográfico o espiritual, veloz o inmóvil, de descubrimiento de otros ámbito o de cuevas penumbrosas en el
alma del ser humano. El viaje como tema y meta.
Autores franceses comoJean Cocteau, André Gide o
Paul Morond les habían mostrado las delicias del viaje en
el espacio, del turismo sofisticado y cosmopolita, pero hubo
quienes optaron por un viaje distinto y menos ajetreado.
Frente al cambio de paisaje y paisanaje, frente a los trayectos en tren, trasatlántico o yate, frente al automóvil o el
avión, algunos jóvenes prefirieron el viaje alrededor de lo
habitación, el viaje inmóvil que encarnó en los años de
entreguerras el francés Volery larbaud, voya9eur immobi·
le por excelencia. Un viaje no menos plagado de sorpresas y del que podía obtenerse uno ganancia superior, un
conocimiento profundo más que un conocimiento extenso.
Junto a Larboud, sirvieron de referente otros dos aventureros de cámara, el Eugenio d'Ors de Oceanografía del
tedio y don Justo, el protagonista del relato "Peregrino
sentado" de Juan Chabás, publicado en Revista de Occi·
dente en 1924 e integrado en su novela Sin velas, desve·

lada (1927).
Todas estas novedades narrativas de que vengo ha·
blando, si bien se gestaban ya a finales de 1924 y en
1925, no pudieron ser conocidas hasta 1927 y 1928,
los años de su publicación. Incluso habría que precisar
que, aunque la génesis pueda remontarse a 1925, la eje-

68

cución verbal de los textos no se concluyó hasta las fechas
próximas a las de su aparición, de lo que se conserva
algún testimonio directo, como el de José Gorostiza en
carta del 17 de abril de 1932 a Gregorio Ortega, donde
asegura que Villaurrutia "en 1927 estaba escribiendo Dama
de corazones. Pudo empezarla en 1925 -o mucho an·
tes, ¿por qué no?- pero en 1927 trabajaba aún en ella".
En la orientación estética de las novelas ejercieron una
influencia indudable las narraciones vanguardistas que
venía promocionando Revista de Occidente desde sus
páginas y, desde mayo de 1926, a través de la colección
Nova Novorum. Recuérdese que los dos primeros títulos,
Víspera del gozo de Pedro Salinas y El profesor inútil de
Jarnés salieron de la estampa , respectivamente, a finales
de mayo y principios de noviembre de 1926, y que el
siguiente, Pá¡aro pinto de Antonio Espina, lo haría en enero de 1927, título tras el que se abriría un prolongado
paréntesis en la serie.

Benjamín Jarnés, por lo menos de la primera parte de la
obra, publicada en noviembre de 1925 en Revista de
Occidente, donde el anónimo protagonista realiza un vio·
je de autoconocimiento y, sin proponérselo, se ve fluctuando entre la atracción de la belleza madura de Paula y la
hermosura juvenil de su hija Paulita. Prueba de que el rela·
to jarnesiano no sólo era conocido por el grupo sino también particularmente estimado es que se volvió a publicar
en diciembre de 1927 en la revista Ulises. No hay que
descartar, por tanto, la confluencia del relato de Jarnés
con los motivos inspiradores ya señalados en el origen de
los componentes argumentales compartidos. En la narrativo española coetánea encontraremos otros textos que
desarrollan el mismo motivo básico: la elección que un
joven hace entre dos modelos femeninos. El más feliz de
todos tal vez sea la novela Los terribles amores de Agliberto y Celedonia del infortunado Mauricio Bacarisse.

En octubre de 1927 apareció Margarita de nieblá, la
pieza que tuvo uno mayor repercusión fuera de México,
puesto que fue reseñada en España por Jarnés, Francisco
Ayala y Solazar y Chapela , y en Francia por Georges
Pillement. En abril de 1928 vio lo luz Dama de corozo·
nes, y en julio, lo muy audaz Novela como nube de Owen.
Por los mismos fechas, Salvador Novo publica El ¡oven en
la Editorial Popular Mexicana, iniciado en 1923 pero reescrito en 1927. las tres primeras novelas presentan una
serie de características comunes que invitan o considerar-

la urbe moderna en la que, remozando la antigua metáfora
del mundo como libro, un joven se echa a las calles de Méxi·
co D.F. para descodificar sus renglones/calles y, al hacerlo,
refunda la ciudad y se regenera a sí mismo. México se yergue como una ciudad del futuro, de ritmo acelerado y automático, mientras el muchacho, enfermo de tedium vitae romántico, se sacude ese mal del siglo con buenas dosis de
ironía y distanciamiento. Casi toda la ingeniería vanguardista
aparece aquí representado: desde el método mítico y la representación simultaneísta de los hechos o la introspección
psicológica o lo absorción de la cultura popular. Novo publicó el mismo año de El ¡oven, en 1928, un libro de viajes que
se lee como una novela o incluso como un ensayo, Return
Ticket y que se cuenta entre las piezas maestras de lo prosa
del grupo. Surgió con motivo de la asistencia del autor, en
calidad de representante oficial mexicano, a la Primera Conferencia Panpacífica sobre Educación, Rehabilitación y Recreo celebrada en 1927 en Howaii. Pero el libro sobrepasa
el género de la crónica del viaje geográfico para encerrar la
crónica del viaje a la propia infancia, convirtiendo Retum
Ticket en un brillante asedio autobiográfico a los orígenes de
lo identidad.

las como productos de un concierto, seguramente tácito,
de voluntades literarias. Aunque las obras de Villaurrutia y
Owen se publicaron en Ulises y la de Torres Bodet lo hizo
en Cvltura, las tres desarrollan un motivo uliseico: el viaje
de descubrimiento, la aventura, una suspensión del periplo marcada por la duda y, por fin, el retorno al hogar.
Además utilizan una misma situación argumental: la de un
joven que tiene que elegir entre dos mujeres. las semejanzas argumentales e incluso técnicas han hecho suponer a
algunos críticos que debieron surgir de un acuerdo expreso entre los tres escritores, como una suerte de reto o
juego literario, y no por un azar propiciado por la común
búsqueda de una narración moderna, sin embargo carecemos de pruebas más allá de los propios textos. Hay quien
considera (Guillermo Sheridan) que las tres nacen de A la
sombra de las muchachas en flor, segundo volumen de la
Recherche de Proust, y quien subraya (Rosa García) la
importancia del motivo de Ulises y Simbad. Siendo lo más
probable que Proust y los mitos del navegante aventurero
convergieran en estas novelas, no me parece improbable
que tuviera su incidencia la lectura de Paula y Paulita de

El ¡oven, de Novo, es una narración experimental sobre

Para cuando se publicaron los fragmentos de Lota de
loco, la aventura de la "agrupación de forajidos" había
terminado y lo iba a certificar el cierre definitivo de la
revista Examen. la disidencia intelectual de los Contemporáneos fue limada y casi borrado y la versión de una
cultura mexicana moderna, alternativa a la preconizada
desde el Estado, arrumbada como un trasto inútil y perfec·
lamente olvidable. Permanecerían las obras poéticas de
Gorostiza, Villaurrutia, Cuesta y Novo, acaso más redimibles del cargo de evasión o apoliticismo, acaso más inocuamente asimilables a lo cultura oficial que los ejercicios
narrativos o el programa de modernización cultural. Como
señala atinadamente Pedro Ángel Palou, a los Contemporáneos "los despreciaron por igual las derechas conservadoras de los veinte que las izquierdas militantes de los
treinta" y hubo de transcurrir mucho tiempo hasta que una
visión sin embozos permitiera una valoración objetiva de
la significación del grupo.

Novo emprendería un segundo intento novelístico en
1929, Lota de loco, pero la obra quedó inacabado debí·
do, según el autor, al tono excesivamente atrevido para la
época, si bien se dio a la publicidad una parte de la misma en 1931. Todavía en 1969, Novo le confesaba por
carta a Carlos Guajardo que llevaba 22 años escribiendo una novela que esperaba poder terminar a tiempo,
pero o no quiso o no pudo rematar ese último proyecto
antes de su muerte en 1974 .

69

�- Aquí hablan de nosotros -dijo mi abuelo, señalándome una página del periódico. "Autoridades venezolanas asistirán a inauguración de estatua y plaza de Bolívar
en Noto." ¿Ves? Esto es Noto.

BOLÍVAR EN SICILIA
Joaquín María Aguirre Romero

lis

pueblos aman la libertad. Por eso fuimos hasta la localidad de Noto, en la provincia siciliana de Siracusa;
porque ese amor por la libertad es capaz de unirlos, salvando las mayores distancias geográficas, de continente
a continente. A nadie le pareció extraño entonces que en
aquel pueblo siciliano se les hubiera ocurrido erigir una
estatua ecuestre a nuestro libertador, Simón Bolívar, y dar
su nombre a una plaza.
Mis abuelos pensaron que era un buen momento para
que su nieta conociera Europa. Cuando me dijeron lapalabra Italia, mi corazón dio un vuelco. ¡Italia! Mis compañeras del colegio se morían de envidia. ¡Yo... a Italia! Se
lo dije sin darle demasiada importancia, con toda la naturalidad del mundo, como si ir a Italia fuera algo que estuviera anotado en mi agenda de ocupaciones del curso.
Me encantó sentir sus miradas envidiosas mientras me dirigía hacia el coche que me esperaba a la salida. Creo
que fue la única vez, en todos mis años de estancia en el
colegio, que no me importó que hablaran de mí a mis
espaldas.
-La niña se viene a Italia -le dijo mi abuela a mi
madre. Serán dos semanas.
Mi madre no contestó nada y su silencio, como siempre, se entendió como una aceptación. Mi abuelo mecogió de la mano y me sacó a la terraza para que viéramos
juntos la caída del sol sobre Caracas. Me subió a la barandilla y me sentó tomándome por la cintura. Las nubes
rodaban por las laderas dejando visibles los picos. El sol
fue ocultándose tras las montañas que guardan la ciudad
tiñéndola de rojo y haciendo visible su humedad, convertida en densa neblina gris. Mi abuelo y yo jugábamos a
contar las torres de los edificios, que parecían haber germinado como semillas caídas del cielo sobre la ciudad.
Esta vez mi madre no nos acompañó en aquella ritual ope-

70

ración de señalar los inmensos bloques que conferían a
Caracas el aspecto de una tarta de cumpleaños repleta
de velas.
Volamos hasta París. Mi abuela aprovechó la estancia
para visitar sus tiendas favoritas y nuestro equipaje casi se
duplicó en el vuelo hacia Italia. Siempre consideré mágicos
los armarios de sus habitaciones en la mansión. Cada vez
que la visitaba, me parecía que era impasible que cupiesen
más cosas y, sin embargo, antes de que me regañaran por
abrirlos, siempre descubría, tras aquellas puertas espejadas,
nuevos tra jes, abrigos y zapatos, ropas para otros climas que
me sorprendían por sus texturas. ¡Qué distintas su habitaciones! la del abuelo, llena de viejos libros, con su telescopio
junto a la ventana; la de la abuela, presidida por una gran
cama de bronce, adoselada, repleta de almohadones dorados, rodeada de aquellas puertas de espejos. Entre todo
aquel lujo, me llamaba la atención una vieja flor de terciopelo en una pequeña botella de porcelana blanca decorada
con unas pálidas escenas bucólicas. Aquella vasija siempre
estuvo sobre el peinador de mi abuela.
-No vale nada -me dijo un día en que me descubrió observándola-. Es una baratija. Sal; tengo que arreglarme el pelo.
El vuelo hasta Palermo fue bastante penoso. El avión
en el que debíamos viajar llegó con retraso y mi abuelo
me llevó a recorrer el aeropuerto. Mi abuela se quedó en
la sala de viajeros ilustres, como le gustaba decir a mi
abuelo, tomando un cocktail sin decir palabra.
-Mira, viajaremos en un avión como ése.
Mi abuela se colocó unos anteojos de tela y durmió
todo el vuelo. Mi abuelo consultó la prensa francesa e
italiana, mientras yo miraba las formas de las nubes y,
entre los huecos que dejaban, un mar plateado muy distinto al caribeño al que estaba acostumbrada.

equipaje para recogerlo a la vuelta. llevaba, decía, lo
estrictamente necesario: cuatro maletas, dos bolsas de
mano y una gran sombrerera.
El viaje era largo y pudimos recorrer la costa norte
siciliana hasta que el coche se dirigió al interior de la isla,
en dirección a Noto.

La fotografía mostraba una vista aérea del pueblo.
-Parece que le hubieran pasado un rastrillo.
-Sí -dijo riéndose- . Fue destruido por un terremoto
y se reconstruyó con esas calles rectas y paralelas. Otros
pueblos italianos son bastante caóticos, pero éste, fíjate,
parece hecho con tiralíneas.

-¿Sabes que Arquímedes nació en esta región, en
Siracusa, cerca de donde vamos?

Aterrizamos en Palermo y desde allí tendríamos que
recorrer todo el norte de Sicilia en auto. Noto estaba justo en el otro extremo de la isla y pasaríamos esa noche en
la capital. Nos estaban esperando en el aeropuerto Falcone-Borsellino para llevarnos al alojamiento, un hotel
cerca de los jardines Garibaldi.

A mi abuelo le gustaba preguntarme por las asignaturas de ciencias. Cuando le contaba lo que nos estaban
explicando, reproducía los experimentos para demostrarme las teorías. Tenía una habilidad especial para explicar
las cosas complicadas y hacerlas sencillas.
- Un tío listo Arquímedes ...

La embajada había facilitado el historial de mi abuelo
y unas veces se referían a ~I como "señor embajador" y
otras como "señor rector". El respondía en italiano o francés, según se le dirigieran. Todo el mundo era muy amable con nosotros y mostraban sus deseos de que tuviéramos una feliz estancia.
- ¡Venezuela y Sicilia!- decían haciendo el gesto de
juntar los índices de ambas manos. ¡Hermanos, hermanos!
¡Viva la libertad!
-Sí- decía mi abuelo-. Venezuela e Italia, hermanos.
-¡Sicilia, Sicilia!- le contestaban sonriendo. ¡Hermanos! ¡Viva Bolívar! ¡Viva Garibaldi!
-Espero que no nos tengan preparado ningún festejo
- dijo mi abuela-. Me encuentro cansada.
-¿Quieres salir a dar un paseo por la ciudad?
- ¡Claro! - contesté-. Quiero estirar las piernas después de tanto avión.
-En cuanto que baje un poco el calor -dijo mi abuelo-, saldremos a dar un paseo para ver Palermo.
Vimos juntos, como en Caracas, la puesta de sol desde la ventana del hotel. La luminosidad plata del Mediterráneo era totalmente distinta a la de mi mar caribeño
pero igualmente maravillosa.
'
-Es otra luz -dijo mi abuelo -. El mismo sol, pero
otra luz, otro mar.
-Sí, aquí todo es distinto.
-Bueno, ¿monumentos o helados?
-¡Helados!
-Pues salgamos rápido, que mañana vienen temprano a por nosotros.
El coche oficial estaba ya esperando en la puerta del
hotel cuando salimos. M i abuela había dejado parte del

-¿Arquímedes ... , aquel que hicimos el experimento?
-Sí.

-¿Abuelo ... , para qué vamos a Noto?
-Van a poner una estatua del Libertador en una plaza
con su nombre.
-¿En Noto? ¿Por qué, si no es de aquí?
-Supongo que porque les gusta la libertad, como a
nosotros. Italia está llena de plazas Simón Bolívar. Hubo
un tiempo en el que los italianos se sentían tan perdidos y
dominados como los americanos.
-¿Estuvo en Italia?
-Sí. Hizo un recorrido siguiendo la senda de Rousseau, de Goethe, de Byron, un viaje a Italia, algo que le
gustaba hacer entonces a los jóvenes inquietos de la época. Realizó el camino a pie. En Roma juró liberarnos a
todos. Fue un ejemplo para los italianos. Aquí también
tienen su Bolívar, Garibaldi. También él luchó por liberar
a su pueblo y darle unidad. En aquellos tiempos, los que
amaban la libertad se sentían ciudadanos del mundo y se
iban a luchar a cualquier rincón en el que se necesitara su
ayuda. Garibaldi luchó en el Uruguay.
-¿Podremos ir a la playa?- pregunté.
-No se viene hasta Europa para ir a la playa, querida -dijo mi abuela, a la que creíamos dormida.
llegamos a Noto bastante tarde y nos dirigimos directamente al hotel. Una persona del Ayuntamiento nos estaba esperando para darnos la bienvenida y resolver las
cuestiones del alojamiento.
-Bienvenidos a Noto. Como sabíamos que venía la
niña con ustedes, le hemos dejado un obsequio en la habitación. Es un pequeño detalle.
Subimos a cambiarnos para la cena. En mi habitación
había una caja grande, envuelta en papel acharolado con
un lazo rojo con las puntas abiertas y rizadas.
-¿Es para mí?

71

�-Eso han dicho -dijo mi abuelo-; ábrelo.

En la plaza rectangular habían instalado una tarima

vamos al hotel. Debíamos emprender el camino de regre-

En el interior de la caja había un enorme pastel con

rodeada de flores con los colores de Italia y Venezuela.

so hasta Palermo porque nuestro avión salía esa misma

forma de corazón. Era de color rosa intenso y estaba de-

Cuerdas con banderitas de papel cruzaban la plaza de

tarde hacia París. El equipaje estaba listo en el hall del

corado con pequeñas flores de azúcar y pájaros blancos.

un extremo a otro, de farola en farola, de árbol en árbol.

hotel y lo cargaron en el maletero del coche. Mi abuelo

Una inscripción con la palabra "Noto" ocupaba el centro

-¿Discutieron sobre dónde ponerla?

Junto a la tarima, cubierto par una tela azul, se elevaba un

dio los últimos abrazos de despedida y todos nos monta·

del corazón, que estaba bordeado con unos motivos geométricos blancos.

-Bueno, no exactamente. Todos estaban de acuerdo

poste de hierro. Unos carabinieri, con su traje de gala,

mos en el coche. Dos motoristas nos acompañaron hasta

trataban de evitar que los niños levantaran la tela para

la salida del pueblo, abriéndonos paso con sus sirenas.

-¿Se pueden comer las flores?

-2·S'l. ...2

curiosear. Poco más de trescientas personas se habían
reunido para la celebración. Las autoridades locales, con

Cuando nos alejamos del pueblo, mi abuelo se dirigió
al chófer.

-El culo ...

-Claro. Las flores son un producto típico de Noto.
Aquí celebran "l'lnfiorata" en mayo. Cubren las calles con

trajes oscuros, cruzados por bandas de colores, nos espe-

-¿Sabe usted qué ha pasado con la estatua?- le

alfombras de flores, con todo tipo de motivos. A la abuela

raban al pie de la escalerilla de la tarima.

le han llenado la habitación de flores. No sé cómo se las

-¡Señor embajador!- le dijeron, estrechándole la
mano y abrazándole.

va a apañar con sus alergias.
Mi abuelo cogió una de las flores de azúcar y me la
acercó a la boca.

Subimos a la tarima. Mi abuela se situó junto a mi
abuelo y me cogió de la mano. Podíamos ver la alegría

preguntó.

-Los vecinos no se pusieron de acuerdo en la orientación de la estatua .

en que la estatua tenía que estar en la plaza ... , pero .. .

-No entiendo, ¿qué culo?
-El del caballo ... Nadie quería que el culo del caballo apuntara a sus casas ... Esto es Sicilia, señor emboja·

-Algunos problemas al final.

dor, y .. . esas cosas, ya sabe usted. Supongo que llegarán

-¿Problemas? ¿De qué tipo?

a algún acuerdo con el tiempo.

-Sí. .. , el pueblo, los vecinos ... -

dijo sin dejar de

mirar a la carretera. Cosas de Sicilia .. .

Mi abuelo se quedó un buen rato mirando por la venta·
na el paisa je. Yo esperaba que dijera algo, pero él se

-Sólo una, que tienes que cenar.

de la gente y yo observaba con envidia a los niños que

-Pero teníamos que inaugurar la estatua, ¿no?

A la mañana siguiente, un sol radiante entraba por mi

mantenía en silencio. Me pareció ver que aparecía una

correteaban en el fondo de la plaza.

-Claro, pero hubo problemas al final, me han dicho ...

sonrisa en su cara.

ventana. Podía verse el brillo del mar a unos pocos kilómetros. Aquello era hermoso. Fui a buscar mi bañador a

-Primero los himnos nacionales, señor embajador -dijo
el Alcalde de Noto.

Los vecinos no se pusieron de acuerdo.

-¿Cree usted que nos dará tiempo a que la niña se

-¿No querían la estatua de Bolívar?

dé un baño en la playa cuando lleguemos a Palermo?

la maleta y lo dejé sobre la cama. Mi abuela entró en la

La banda municipal interpretó nuestros himnos y al tér-

- Sí, sí, claro ... ¡Bolívar, la libertad! ¡Cómo no! Todos

habitación. Estaba ya completamente vestida y se había

mino se escucharon aplausos y vivas a Venezuela, Sicilia,

querían que hubiera una estatua de Bolívar en la plaza;

puesto uno de sus pequeños sombreros.

Italia, a Bolívar y a Garibaldi, y algunos a la selección

por eso le pusieron el nombre.

-¿Qué haces2 ¿Para qué has sacado el bañador?
-¿No vamos a ir a la playa?
Mi abuela no dijo nada y guardó el bañador en la
maleta. Sacó un vestido azul, con un lazo en el cuello,

italiana de fútbol, que fue contestado con risas por los
presentes.

En la plaza no se veía ninguna estatua. Yo me imaginaba que sería como la que había en Caracas, enorme, con

- Entonces no entiendo, ¿qué problema hubo?

rían tener enfrente lo cara del Libertador. Ya se sabe que

-El caballo ...

los pueblos aman la Libertad.

un caballo con sus patas delanteras levantadas, al aire,

-Ponte esto.

dispuesto a saltar desde su pedestal para ir a liberar lo

-¿Las medias también? ¡Hace mucho calor! -dije

que hiciera falta. Una estatua con un libertador enérgico,
poderoso, con su capa al viento, vigilante de nuestras vi-

-Porque somos gente importante que ha recorrido

das. Pero allí no se veía nada parecido. Un gran macizo

miles de kilómetros para asistir a una ceremonia en la que

de flores era lo que presidía el centro de la plaza . Mi

somos los invitados de honor; no estamos haciendo turis-

abuelo, como buen diplomático, no preguntó nada.

mo. ¿No lo entiendes? En cinco minutos te quiero ver
abajo.

del hermanamiento de los pueblos, de lo que Italia había

Mi abuela no esperó a que yo respondiera. Salió de

significado para Bolívar y de lo que Bolívar había signifi-

la habitación sin mirarme. Me senté sobre la cama y, dan·

cado para Garibaldi. La gente aplaudía y seguía lanzado
vivas.

do dos patadas al aire, lancé las zapatillas con fuerza

-Bueno -me dijo mi abuelo-, siempre podremos
decir que no se pusieron de acuerdo porque todos que-

-No lo sé. Ya nos enteraremos.

unos zapatos negros con hebillas plateadas y dejó todo
sobre la cama.

enfadada- ¿Por qué no podemos ir a la playa?

-Creo que sí, señor embajador- contestó el chófer.

-Abuelo, ¿dónde está la estatua?

que me había comprado en París, unas medias blancas y

Comenzaron los discursos y se habló de la libertad,

contra la pared. En seis minutos estuve abajo. Mi abuela

-Señor embajador, puede tirar de la cuerda.

ni me miró para cerciorarse de que me había vestido como

Mi abuelo agradeció la deferencia con una sonrisa y

ella quería. Me cogieron cada uno de una mano; mi abue-

tiró de la cuerda unida o la tela azul. Al final del poste de

lo la derecha y mi abuela la izquierda. Así bajamos, los

hierro repujado un rótulo realizado en azulejos contenía

tres juntos, la escalinata del Hotel hasta llegar al coche.

la inscripción "Piazza Bolívar". Volvieron a abrazar a mi

Un chofer con la gorra bajo su axila nos mantenía la puer-

abuelo y la banda comenzó de nuevo con la música ante

ta abierta luciendo una inmensa sonrisa. El sol se refleja·

el jolgorio de todos. Se intercambiaron regalos, llaves

ba en el cristal del parabrisas y a mí me picaban las
medias.

doradas y pergaminos. Poco más de media hora después,

72

-¿Qué pasaba con el caballo?

nos dirigimos de nuevo hacia el coche que había de lle-

Eota~ DFJ. fFSl'IVAL AiroNsINO

73

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claras; los migrantes desestabilizan las relaciones entre
territorio, cultura y naciones; y los medios masivos informan a todos, simultáneamente, de las incertidumbres
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fueron despojados por los saqueos de las transnacionales, y suponen con sensatez que los beneficios deben es·
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vendiendo mercancías prohibidas. Aun los migrantes que
tratan de integrarse correctamente son tan numerosos,
comen y visten de maneras tan distintas, que han vuelto
inservibles todas las definiciones de Occidente.
Creció tanto la diversidad generada por la globalización que ésta ya no se puede confundir con la uniformidad
que se le atribuía. Ni en México, ni en Madrid, ni en
Buenos Aires la multiplicación de McDonald's o la difusión
de CNN convierte a las multitudes al american way of
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das de expansiones globalizadas, en todas esas ciudades

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ANTOLOGIA POETICA
PARA LA MADRE
MANUEL JAUBERT GARZA

El investigador Manuel Jaubert Garza, ha tenido para
bien compilar una serie de hermosos poemas alusivos a
la madre, su esfuerzo y empeño en esta labor quedan
reflejados en esta edición, dejándonos un legado de valor
incalculable de poesías dedicadas a tan sublime ser.
Los poemas materiales abarca desde 1869 hasta 1916,
es decir reflejan los años finales del Siglo XIX y
principios del Siglo XX; aborda poemas de autores del
noreste de México y del sureste norteamericano, tales
como Enrique W Fernández, Ignacio Vadeespino, Tomás
Twaites, Antonio Ros de Olano, Concepción de
Taelhardat, José Rodao, N.Bolet Peraza, Sra. Cruz Fuentes
de González,Ricardo Efraín Eastaman,Marcos Zapata, J.
Moya, Ríos García, M.ramos Carreón, Miguel Salinas,
Salvador Rueda, Luis G. Murillo y quizás el más conocido
sea, don Vicente Riva Palacio.
Tiene usted, amable lector en sus manos, un folleto
lleno de lectura, de cariño, de sentimiento, de nostalgia, de
recuerdos, y sobre todo, de AMOR

Juan Alanís Tamez

os
Presentadores e invitados especiales

JNDA
1da

Lic. Margarita Domínguez

Arq. Juan Alanís Tamez

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secuestros diarios, no saben qué
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Lic. Juan Armando Meza

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desestabilizan las relaciones entre
1ciones; y los medios masivos infor::meamente, de las incertidumbres

6 de julio de 2005
11 :00 horas
Sala de Usos Múltiples de la Capilla Alfonsina
Ciudad Universitaria
San Nicolás de los Garza

riféricos se mudan porque sus países
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nsatez que los beneficios deben es1n acceder a una parte, aunque sea
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PRÓXIMA PRESENTACIÓN: ANAKEFALAIOSIS
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Néstor García Canclini

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lng. José Antonio González Treviño
Rector
Dr. Jesús Ancer Rodríguez
Secretario General
Lic. Rogelio Villarreal Elizondo
Secretario de Extensión y Cultura
Lic. Cynthia Dávila Longoria
Directora de la Biblioteca "Capilla Alfonsina"
Arq. Juan Alanís Tamez
Director de Artes Musicales y Difusión Cultural

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de tantos países en Londres, París y Roma; sudamericanos
en Madrid y Barcelona; cubanos, colombianos, mexicanos, peruanos y salvadoreños en California, Florida y Nueva
York.
Las tres formas básicas de la globalización comunican
ampliamente, pero también producen desarreglos generalizados: el dinero y las mercancías circulan sin reglas
claras; los migrantes desestabilizan las relaciones entre
territorio, cultura y naciones; y los medios masivos informan a todos, simultáneamente, de las incertidumbres
ingobernables.
Diversidad. Los periféricos se mudan porque sus países
fueron despojados por los saqueos de las transnacionales, y suponen con sensatez que los beneficios deben estar en el norte. Esperan acceder a una parte, aunque sea
vendiendo mercancías prohibidas. Aun los migrantes que
tratan de integrarse correctamente son tan numerosos,
comen y visten de maneras tan distintas, que han vuelto
inservibles todas las definiciones de Occidente.
Creció tanto la diversidad generada por la globalización que ésta ya no se puede confundir con la uniformidad
que se le atribuía. Ni en México, ni en Madrid, ni en
Buenos Aires la multiplicación de McDonald's o la difusión
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�ANDAR ALA REDONDA
Industrias culturales
Diccionario de una década
Néstor García Canclini

Con

¿
qué palabras, en qué genero, describir cómo nos
globalizamos? Se dice que una pista para valorar cuánto
ha cambiado el mundo en los últimos diez años es fijarse
en los términos que no existían antes, por ejemplo broker,
compact, escanear, internauta, teletienda, virus informático. Voy a detenerme en otras palabras que tal vez expliquen mejor por qué se ha vuelto difícil seguir narrando la
globalización con tono épico o tecnocrático.
Desórdenes. Hemos pasado de una globalización económica y tecnológica vista como destino único del mundo
a los conflictos e incertidumbres de una globalización intercultural que nadie sabe cómo gobernar. En la década
de los noventa el FMI y el Banco Mundial habían convencido a los gobiernos y a los medios de que la apertura
económica, la privatización del patrimonio de cada nación (energía, petróleo, bancos, aerolíneas) y su entrega
a transnacionales traerían los únicos beneficios sociales
que podían esperar los postergados de cada país. Los
tigres asiáticos exhibían aún sus saltos milagrosos, y los
presidentes Menem y Salinas, con resultados más modestos, todavía ganaban elecciones presumiendo ante sus
países que los estaban colocando en el primer mundo.
Seattle, Génova y Cancún son algunas de las ciudades
donde quienes lideran los fracasos de aquellas promesas
encontraron difícil reunirse y llegar a acuerdos. Ya no les
basta atrincherarse, porque algunos gobernantes que participan en las negociaciones (de Argentina, Brasil e India)
también cuestionan el modo actual de globalizamos. Muchas otras ciudades se han vuelto escenarios del descontento y la inseguridad: aun quienes no tienen torres de-

rrumbadas ni terrorismo o secuestros diarios, no saben qué
hacer con tantos millones de turcos en Berlín; musulmanes
de tantos países en Londres, París y Roma; sudamericanos
en Madrid y Barcelona; cubanos, colombianos, mexicanos, peruanos y salvadoreños en California, Florida y Nueva
York.
Las tres formas básicas de la globalización comunican
ampliamente, pero también producen desarreglos generalizados: el dinero y las mercancías circulan sin reglas
claras; los migrantes desestabilizan las relaciones entre
territorio, cul tura y naciones; y los medios masivos informan a todos, simultáneamente, de las incertidumbres
ingobernables.
Diversidad. Los periféricos se mudan porque sus países
fueron despojados por los saqueos de las transnacionales, y suponen con sensatez que los beneficios deben estar en el norte. Esperan acceder a una parte, aunque sea
vendiendo mercancías prohibidas. Aun los migrantes que
tratan de integrarse correctamente son tan numerosos,
comen y visten de maneras tan distintas, que han vuelto
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Creció tonto la diversidad generada por la globalizoción que ésto ya no se puede confundir con lo uniformidad
que se le atribuía. Ni en México, ni en Madrid, ni en
Buenos Aires la multiplicación de McDonold's o la difusión
de CNN convierte a las multitudes al american way of
life. Los dueños del comercio mundial generan sentimientos muy variados: admiración, rencor, opciones alternativas y a veces indiferencia. Después de una o dos décadas de expansiones globalizadas, en todos esas ciudades

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�hoy más restaurantes sushis y otros asiáticos, latinoamericanos o tex-mex que McDonold's. Crecen las opciones
de televisión por cable, no sólo de canales en inglés.
Es difícil sostener la diversidad: caen editoriales, productoras de discos y de películas en los países periféricos, aun en los más desarrollados (Argentino, Brasil y
México). Pero nado permite pensar que el mundo va hacia comidos de un único gusto. Lo censuro y lo uniformidad
posteriores al 1 1 de septiembre fueron bastante eficaces
en Estados Unidos, pero en el resto del mundo y en interne! se multiplican los voces. Los televisoros y rodios amplían nuestro horizonte con analistas discrepontes de todos los continentes. En París anuncian un canal poro que
seo "lo voz de Francia en el mundo", y dicen que eso
significo ser capaz de "competir con CNN, BBC World o
Al Joziro". Desde universidades estadounidenses y europeos, premios Nobel de economía, como Stiglitz, dejan
de asesorar al Banco Mundial y proponen rumbos alternativos. "El otro, ayer, ero diferente, pero alejado. Hoy es
también diferente, pero omnipresente en el televisor del
comedor como en el extremo de los redes", escribe Dominique Wolton. Lo cuestión yo no es cómo homogeneizar o
los extraños, sino cómo comprenderse, o soportarse. Sigue habiendo Bushes y Giulionis, y no faltan gobernantes de
otros países que los llamen poro poner orden. Políticos que
prefieren actuar como gerentes insisten en que los piones
económicos y los programas de investigación (policial y científico) hoy que comprarlos en las metrópolis. También fracasan quienes reaccionan o esos subordinaciones inútiles
buscando -todavía- alguno pureza autóctono, una sabiduría preglobalizado local que nos redima. Como si pudiéramos regresar de la globalización a algún edén que
no sea multiculturol e inequitativo.
Este mundo que se mundiolizo, ton disparejo y erizado
de guerras, es el único que tenemos: necesitamos cohabitar con los diferentes, reinventar la educación poro que lo
escuelo se articule con lo televisión, interne! y los otros
recursos que pueden ayudarnos o entender y orientarnos.
Sería más fácil para los países latinoamericanos, unificados bajo dos lenguas, que en lo Unión Europeo, dividida
entre veinte. Tenemos bastante éxito exportando músicas,
telenovelas y literoiuro: ¿no será posible ponernos de acuerdo poro que nuestros libros y películas circulen fluidamente entre nuestras sociedades, poro contar con un canal
continental público que seo el equivalente de Al Joziro al
representar nuestros opciones e intereses regionales?
Enmascarados. Lo televisión vía satélite, los teléfonos
celulares y los extraños que se meten en nuestro e-mail
dan lo sensación de que pueden localizarnos y enviarnos

76

mensajes todo el tiempo. Pero los desplazamientos incesantes vuelven difícil adivinar desde dónde nos hablan y
quién nos habla. El incremento multipolar de informaciones trajo la libertad de la deslocolización, pero también
trampas e indefiniciones identitarias.
Guillermo Bon Bonzá, doctor en educación de la Universidad Autónomo de Barcelona, envió o varios congresos tres ponencias con nombres falsos, párrafos plagiados
e insultos racistas escondidos en citos en alemán. Una de
los comunicaciones la firmaba Hans Heidelberg, supuesto
profesor titular de la inexistente Universidad Politécnico
de Monchenglodboch. Al desvelar su trompo, dijo que los
trabajos, aceptados por comités de especialistas y editados en los CD-ROM de tres universidades importantes,
revelaban los teatros inverosímiles en que se han convertido las ferias internacionales de vanidades académicos.

coso de riesgo. ¿Puede existir sociedad, es decir, pacto
social, si nunca sabemos quién nos está hablando, ni escribiendo, ni presentando ponencias?
Piratas. Desde los años noventa del siglo posado, cuando unos cuantos empresas tronsnocionales se apropiaron
del noventa y seis por ciento del mercado mundial de músico
(las majors EMI, Warner, BMG, Sony, Universal Polygrom
y Phillips), estas compañías compraron pequeñas grabadoras y editoriales de muchos países latinoamericanos, africanos y asiáticos. Por ejemplo, en Brasil toda la obra de
Milton Nascimento, registrada en los años setenta por la
editora Arlequim, pertenece ahora o EMI. Por eso, una de
las más célebres canciones brasileñas, "Travesía", "cambió
de nombre y se llama 'Bridges', y sus autores pasaron a
ser Milton Nascimento y Give Lee, que la tradujo al inglés", según relata José Jorge de Corvalho. Hay casos
aún más graves: docenos de grabaciones editadas por
Discos Morcus Pereira -resultado de una extensa investigación de campo y registro sonoro etnográfico de géneros tradicionales brasileños- fueron vendidas con todo el
acervo de esta compañía a Copacabona Discos, la cual
después fue comprada por EMI, posteriormente vendida a
Time Warner, y luego adquirida por AOL. Hasta Heberto
Paschoal, uno de los músicos más innovadores de Brasil,
para tocar sus obras en conciertos tiene que pedir permiso
a una de las ma¡ors si no quiere caer en la ilegalidad de

Se multipl ican últimamente los ejemplos que revelan los
riesgos de confiar demasiado en los mercados, incluso en
los mercados de bienes científicos. Aun en las empresas
transnocionoles más nombrados del mundo editorial. En
octubre de 2000 uno lectora de la novela Sabor a hiel,
con la cual la locutora televisiva española Ano Roso Quintana se estrenaba en lo literatura, reveló que muchos páginas de ese relato estaban copiados de Álbum de familia, de Donielle Steel, y otros del libro de Ángeles Moslretta Mujeres de ojos grandes. Sorprendido por el descubrimiento, lo "autora" intentó justificar el plagio diciendo
que los párrafos importados habían caído en su relato "por
un problema de inexpe'tiencia, un error informático y un
fallo de los documentalistas".
¿Documentalistas? En el mundo editorial suele hablarse de negros al referirse o quienes trabajan anónimamente paro que un supuesto literato firme, "práctica generalizada -según el diario El País- en el salvaje mercado
del bes! seller".
La cuestión va más allá de esta novela editada por
Planeta y otros semejantes de distintos editoriales. Juan
José Millás pregunto: "¿Por qué una locutora famoso no
puede alquilar su nombre para vender un folletín? También
el rey y el presidente del gobierno firman discursos que
les escriben otros sin que nadie se escandalice. ¿Por qué
pedirle o uno presentadora de televisión más que o un
Jefe de Estado?" Lo comparación entre uno trompo editorial, una táctico publicitario y un modo de producción delegada de los discursos políticos configuro al final un mundo en el que no sabemos cómo diferenciar o los que producen de los que simulan. El entusiasmo posmoderno ante
los sujetos ficticios, por el carácter construido de los identidades, no se justifica del mismo modo en contextos lúdi-

1

ser denunciado pirateándose a sí mismo.
Secretos. Las dudas sobre quién nos habla no se acaban en las falsificaciones. Hasta los años setenta íbamos a
ver películas de Visconti o Antonioni, Trufaut o Wojda,
Buñuelo Glauber Rocha. Luego, nos fueron convocando o
ver filmes de Reagan y Schworzenegger, y fue volviéndose difícil distinguir entre la pantalla y la política, entre los
que piensan, gobiernan o actúan. Hasta en las artes colectivas, como el teatro, la música orquestal y el cine - "artes de cooperación", como las nombró Howord S. Becker-, había un director de la película o del espectáculo
que se hacía responsable. Después de buscar inútilmente
nombres de directores conocidos en los anuncios de películas hollywoodenses, me queda una largo incertidumbre.
¿Quién es el autor? Ningún deconstruccionista ha hecho
tanto para volver insignificante esta pregunta como los
carteles publicitarios de página entero en los diarios que
despliegan enormes fotos de espías, "bad boys", "guardadoras de secretos" y "duros de matar", a cuyo pie firman
www.columbiapictures.com y www.sony.com. Me gustaría identificar algún nombre personalizado que se comprometa con el producto poro anticipar los riesgos cuando
vuelva a encontrarlo. Cada vez más el mundo (no sólo las

artes y la ficción) funciona así. ¿Dónde están las oficinas
de las empresas responsables de los cortes de luz durante
días enteros en Nuevo York, en California o en toda Italia? ¿Quién se llevó los fondos de pensiones que acumulamos toda la vida? Dicen que después del Terminator elegido gobernador en California, seguirá Mickey Mouse: en
vista de saber a quién reclamar, ¿habrá diferencias? "Nuestras líneas están ocupadas; lo atenderemos en un momento", dice una voz grabada cuando queremos pedir una
información o expresar una queja. Cada vez es más arduo encontrar o un fabricante que venda el producto, incluso al mismo empleado que nos lo vendió o nos dio una
información. Detrás de los empleados que rotan de una
empresa a otra, de las voces anónimos que se reemplazan según el azar de los turnos, hay"cadenas" de tiendas,
"sistemas" bancarios, "servidores" de interne!. Cuando
algo no funciono es porque "se cayó el sistema" o "se
desconectó el servidor" . Lo tecnologización de los servicios, aliada con la precorizoción laboral, propicio que los
sujetos individuales y colectivos se disipen. A quienes les
clonaron recientemente las tarjetas en los cajeros de Bonomex y Boncomer, con alarde de impunidad (según los
bancos porque "el gobierno se niego a pagar los custodios"), les dicen que si quieren ver los videos con la filmación de las sucursales donde les robaron, deben pagar
doscientos pesos por cado uno. Y si deseamos ver los
videos de las sesiones de directorio de esos bancos, ¿cuánto cobrarían si se trata de los directorios nocionales y cuánto
por los de los oficinas centrales, aquellos que realmente
toman las decisiones en Nueva York o en Madrid? Un
escritor que todavía firmaba sus obras teatrales, Bertolt
Brecht, hizo preguntar a un personaje: "¿Qué diferencia
hay entre quien roba un banco y quien lo funda?" No sólo
los bancos, toda la economía se ha vuelto uno rama de la
literatura policial. Informaciones confidenciales sobre movimientos de bolso, cuentas secretos y numeradas, financiamientos sospechosos en las campañas políticos, votantes estafados. "Lo fuga de capitales", dice Ricardo Piglio,
"es una metáfora perfecta del terror actual".
Wash and wear. Pocos gobernantes han logrado escapar a la responsabilidad de sus desarreglos, con simulaciones de identidad como lo de Fujimori, el ingeniero que
llegó a lo presidencia de Perú como figuro incontaminada
porque "nunca había sido político" y huyó o Japón amparándose en su otro nacionalidad. Como Menem y Salinos,
agente doble o triple en intrigas que los ciudadanos, como
todos los víctimas descubrimos larde. En el año 2000 un
grupo comenzó o reunirse en la Plazo Mayor de Limo,
frente al Palacio de Gobierno, para lavar la bandera. Todos
I

•

77

�los viernes, a partir de mediodía, con agua limpia, bateas
rojas y jabón Bolívar. Se fueron formando colas y multiplicando las banderas, que eran colgadas para secarse lentamente. En muchas provincias de Perú, en sus plazas públicas, miles se sumaron a esta forma de resistencia y protesta. Se lavaron también uniformes de generales corruptos, togas de jueces mafiosos y hasta banderas del Vaticano frente a la Catedral de Lima el día en que Karol Wojtyla
dio su misa de recibimiento como cardenal a Juan Luis Cipriani, oscuro cómplice de Fujimori. Al final de un régimen
que manipuló los medios masivos y trató de fijar a los
ciudadanos como espectadores, el gesto de recuperar símbolos clave en las plazas y reactivar la participación: rehacer el sentido de lo público en la nación. Centenares
de acciones semejantes -asambleas y cacerolazos en
Argentina, movimientos de los Sin Tierra en Brasil, marchas indígenas en Bolivia y Ecuador- intentan regenerar
el tejido y el sentido social. En los carteles de esas manifestaciones aparecen los nombres de corruptos políticos
nacionales y las siglas de empresas globalizadas: esa dis-

tancia entre los cercanos conocidos y los culpables sin
rostro es el formato cultural predominante de la globalización. Algunas claves de esa intriga policial comienzan a
aclararse en investigaciones académicas y foros políticos
o sociales, como el de Porto Alegre. La pregunta que sigue es si podremos organizar mundialmente una sociedad
civil capaz de actuar a la medida de las redes y simulacros de este mercado polimorfo. No sólo con acciones
simbólicas y efímeras. Hay una vasta agenda de la globalización cultural: proteger la propiedad intelectual y todos
los patrimonios tangibles e intangibles, gestionar las relaciones interculturales con sentido democrático, dar espacios y pantallas a la diversidad. La cuestión cultural es, en
síntesis, trabajar con aquello que en la globalización no
es literatura policial. O puede ser reescrito en el mejor
estilo de este género, como los relatos de Borges, Hammett y Hitchcock, más fascinados por las preguntas que
por la destrucción del adversario, por pensar la complejidad que par imponer el desenlace.

/

/

GRACIAS A JOSE AGUSTIN
DESCUBRI QUE NECESITO ANTEOJOS
/

lrving Juárez Gómez

1

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f ue a mis catorce años cuando leí por primera vez a José
Agustín. Estudiaba en segundo de secundaria en Cuernavaca y la dueña de una librería de Tepoztlán llegó a darnos unos cursos de iniciación a la lectura. Para esto, Griselda, la maestra de español, también conocida como la
Chícharo soñadora, ya nos había dejado muy buenas lecturas, entre las que cuento con cariño La rebelión de los
colgados, de B. Troven, y los clásicos de la literatura
universal.
Recuerdo que nos llevaron al "Besteatro", un pequeño
foro donde se hacían asambleas escolares, pastorelas y
cualquier tipo de eventos generales. Ahí nos recibió Mercedes y comenzó a darnos el curso. La cosa consistía en
que ella hacía una especie de sinopsis de un libro y nosotros tendríamos que interpretarla y representarla en el escenario. Fue muy divertido y, aunque no teníamos idea de
la estructura de la pequeña novela, pudimos hacer un esbozo teatral de ella.
S&amp; trataba de La panza del Tepozteco, de José Agustín.
Al finalizar, ella y Griselda se pusieron de acuerdo
(una especie de macabro negocio donde todos ganaban)
para integrar esta novela dentro del programa de Español. Desde luego, tuvimos que ir a Tepaztlán a comprarla
porque era prácticamente imposible conseguirla en otra
librería. Fui con mi amigo inseparable y la compramos.
Aquella misma tarde, de vuelta a Cuernavaca, leí la novela de golpe y fue cuando me di cuenta de que era miope
y necesitaba usar anteojos.
No sólo descubrí mi miopía con esa novelita, también
descubrí un tipo de literatura al que no estaba acostumbra-

do: el hecho de que se dijeran palabras como "pendejo"
y "chido" no fue nada común si se piensa que mis horizontes llegaban a la llíada o, más actuales, a la serie de
cuentos Los funerales de Mamó Grande. Debo confesar
que fue novedoso y hasta subversivo leerlo, y creo que
incluso a la Chícharo le abrió una nueva perspectiva acerca de la literatura, de los temas y modos que puede haber
en el arte narrativo.
Aunque José Agustín nunca fue uno de mis autores predilectos -siempre me identifiqué más con los clásicos-,
creo que ejerció suficiente influencia sobre mí y sobre mis
compañeros de salón; la razón de ello es que no se trataba de una típica lectura académica, y en relación con
muchos de los intereses que inquietan a los adolescentes
durante esa etapa de la vida, es pasible que haya creado
un lazo entre nuestras realidades y las de los personajes,
cosa fundamental en el arte.
Lo que ocurrió con el autor de la tumba puede compararse a lo sucedido con el grupo Nirvana a principio de
los noventa: fue una propuesta alternativa a las que el
establishment artístico pronunciaba como sus exponentes.
Joaquín Mortiz, al igual que David Geffen, fueron los responsables de que a través de estas dos formas expresivas
se diera una revolución -digamos íntima- entre nosotros
los jóvenes. Más que una cultura de lo estético, se trataba
de una cultura en cuya búsqueda se deseaba lograr la
autenticidad por medio de la sinceridad y congruencia con
el pensamiento generacional de sus seguidores. No se
trataba de crear armonías (en el caso de la música) perfectas y muy elaboradas ni de vestirse con pantalones ajus-

(

79

78

!.1
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�todos y cortes de peluquería. No se trataba (en el caso
de la literatura) de seguir a los "grandes" escritores del
siglo veinte. De hacer complejidades como el Ulises o
experimentos sonoro-lingüísticos como los 99 e¡ercicios de
Raymond Ouenau, que como joven ni los entiendes ni los
adaptas a lo que ocurre en tu cotidianidad, menos cuando
están escritos en lenguas extranjeras.
Lo excepcional en obras como La tumba es la facilidad
con que puedo entender a su protagonista, Gabriel Guía.
Lo magnífico de Nirvana es que escucho su música y puedo gritar la misma melancolía de Kurt porque nos une un
momento en el tiempo, inexplicable tanto para los adultos
como para los jóvenes establecidos en el orden social.
Tal vez esto ahora me suene obvio, de hecho lo es; sin
embargo, cuando comenzaba a entender el mundo me
pareció todo un descubrimiento. Recuerdo, por ejemplo,
que vi la película de Larry Clark, Kids, hacia el inicio del
bachillerato, y la encontré muy familiar a las fiestas que
organizaban los hermanos de una compañera de la secundaria; luego comenté con alguna persona que era raro

identificarse con ciertos ángulos de la sociedad tachados
de inmorales, decadentes y demás adjetivos que se basan
en el prejuicio de los adolescentes "diferentes".
Definitivamente mi adolescencia fue extravagante en
comparación con el promedio, pero esto es precisamente
lo que digo: las minorías ideológicas han persistido gracias, en mucho, a obras como las de José Agustín, a grupas como N irvana, Sanie Youth y Pixies; a grandes películas como Kids, Naran¡a mecánica, etc. Personajes como
h1dy Warhol, quienes han conseguido entrar en las esferas del poder sin perder su honestidad, han apoyado la
e1ultura subterránea y su permanencia.
Durante el tiempo que siguió a ese encuentro literario
eón la obra de José Agustín leí otros libros suyos: conseguí
La tumba, Ciudades desiertas y una compilación de relatos titulada La miel derramada. Hasta el momento guardo
especial cariño por la segunda.

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SEIS NOTAS SOBRE JOSE AGUSTIN
Gabriel Contreras

j

'

He pensado en otras cosas al respecto, pero ya las
olvidé. Clic.

l.

La de José Agustín es una de las plumas que -dentro
del panorama de las letras mexicanas de los últimos 40
años- ha sabido trazarse un compromiso claro y constante con la rebeldía, la novedad y el riesgo. Desde su debut
con la novela La tumba (en aquellos lejanos días en los
que Gustavo Sainz en México, Antonio Skármeta en Chile
y Ricardo Piglia en Argentina saltaban al escenario de las
letras), Agustín no ha cesado de experimentar e insistir en
un proyecto de escritura sólida y claramente estructurado
bajo la apariencia de un prolongado solo jazzístico. Así,
salta a la vista cómo sus aciertos melódicos aparecen en
piezas tan memorables como La tumba y De perfil, para
luego ser opacados por trabajos tan escasamente notorios
como El rock de la cárcel o Ahí viene la plaga. Sin embargo, nadie en su cabales podría negar que el furor y la
destreza narrativa de Agustín vuelven por sus fueros en
novelas ambiciosas y plenas, como es el caso de Ciuda-

des desiertas y Dos horas de sol.

2. Digno discípulo de Juan José Arrecia, José Agustín nunca se puso límites. Poco a poco, Agustín ha ido añadiendo
piezas a un puzzle de formas inesperadas y a veces destellantes. Agustín es algo así como nuestro Mexican-Bukowsky, nuestro héroe-leyenda del pasado al que el presente
no teme vestir de actualidad. Vista su trayectoria, es difícil
atrapar a José Agustín, ya que no para de cambiar de
color, siendo ahora narrador, ahora dramaturgo, luego guionista, animador cultural, conductor de televisión, ensayis-

ta, crítico o periodista. Aquel que pretenda ejercer la crítica de ambiciones totales en torno a la obra de Agustín,
se verá con un problema de método realmente interesante, ya que Agustín no es un creador de textos y palabras
solamente, sino un escritor todoterreno, que no se detiene
ante géneros expresivos o formatos.

3. En los momentos más ur~entes para el paisaje cultural
de los sesenta, es decir, en los días de Ho Chi Min, el
Che Guevara y Cohn Bendit, José Agustín fue el contestatario mexicano por excelencia, el gurú de la contracultura
que, junto a Carlos Monsiváis, Gustavo Sáinz, Carlos
Fuentes, Parménides García Saldaña y Elena Poniatowska, colaboraría a descifrar la narratividad de nuestras
calles, nuestras aulas, nuestras plazas y nuestras cantinas,
plataformas donde abrevarían la acción periodística y la
narración per se como oficios riesgosos, pero - hoy lo
vemos así- de largo alcance cultural y político. Those
were the days, my friend. Y ahora que los sesenta son ya
una forma de la nostalgia que se asoma a la mirada de
Tarantino, Lynch y Alex de la Iglesia, bien vale la pena
reflexionar sobre los límites de esa vigencia y las dimensiones de lo retro.

4. José Agustín es uno de los polígrafos más eficaces de
nuestro escenario li_terario. Es un escritor que pasa del

8,1

�cuento a la novela, de la novela al teatro, del teatro al
cine y del cine a la televisión como Pedro por su casa.
Pero eso no lo exime de críticas ni lo salva de la mirada
de sus contemporáneos. Es un artista múltiple al que su
tiempo no ha de dudar en cobrarle las facturas.

MIS VIEJAS PÁGINAS
5. Colocar en el centro escénico de nuestra fábula a los
adolescentes es, desde los primeros días de su escritura,
una de las aportaciones más considerables de José Agustín. Al poner en juego sus obsesiones, angustias y ensoñaciones, participó en el derrumbe de la posible eternidad
de los magueyes y los sarapes característicos -típicos,
podríamos decir, sin pudor alguno- de las obras de Rulfo, Azuela, Troven, Gabriel Figueroa y el Indio Fernández, artistas que, cada uno desde su plataforma y a su
manera, colaborarían a extender el inmenso mural que
desde los días de Diego y Siqueiros iba imponiéndose
sobre nuestro imaginario, aunque la urbanización y la
modernización estuvieran en pleno apogeo.

6. Al igual queJosé Emilio Pacheco, Vicente leñero y Carlos
Fuentes, José Agustín colaboró (desde su plataforma de
páginas atentas al lenguaje de la calle, de la plaza y de
la cárcel) en la urbanización de nuestras letras y, con una
admirable severidad, contribuyó también a la adquisición
de nuevos aires para la literatura mexicana.

José Agustín

En

•

I

.

.

82

196 l , a los dieciséis años, acababa de entrar en la
preparatoria, participaba en un taller literario y mis héroes culturales eran Rimbaud, Poe, Baudelaire, Sartre,
Ginsberg, Kerouac, lonesco, Brecht, lorca, Neruda, Scott
Fitzgerald, Buñuel, Hitchcock, G:x:lard, Truffaut, Fellini, Elvis,
Chuck Berry y Jerry lee lewis. Especialmente me fascinaba Lo/ita, de Vladimir Nabokov, y muchas de sus frases y
juegos de palabras se me quedaban, como un Je sonne.
Personne. Repersonne que aparecía al final. Hice una apuesta con mi amigo Juan José Belmonte para ver quién podría
escribir un cuento a partir de esa frase que a mí de entrada me sugirió la combinación "un oscuro, solitario y cómodo sentimiento", y después todo un personaje, Gabriel
Guía, de dieciséis años, quien tenía coche y dinero, circulaba de madrugada, bebía, escribía, repudiaba a sus padres y pagaba el aborto de su novia; al final, lleno de
clics en la cabeza, elegía el "cómodo camino" del suicidio, no sin antes escribir su propio epitafio, paráfrasis del
de Ciare Ouilty en Lo/ita. Pero no se establecía con claridad si Gabriel se suicidaba o no.
Titulé el cuento como "Tedio" y lo leí en el taller
literario Mariano Azuela. Casi todos me acusaron de inmoral y disolvente, pero Gerardo de la Torre me dijo que
el personaje daba para más, así es que emprendí "Tedio
2•. Gabriel ahora recitaba nombres de filósofos existencial islas, acosaba a una muchacha francesa y terminaba
en el dilema de dejar su casa y ser él mismo, o quedarse,
por la comodidad. Mi personaje daba para más aún, me
volvió a decir Gerardo, y me metí en un tercero, sólo que
desde el principio el tono apuntó a una mayor extensión y

lo dejé fluir. Pronto vi que era una novela corta. Como a
las cincuenta páginas llegó un momento en que "Tedio 2"
encajaba a la perfección, y lo anexé, íntegro. Entonces
seguí escribiendo en la sala de mi casa, en un banco alto
y con la máquina Olivetti 44 sobre una barra que cubría
una falsa chimenea y grandes cajones. Todo se desvanecía, pues yo me despeñaba en una especie de estado de
trance que no se interrumpía con la gente que entraba y
salía; algunos se intrigaban, echaban un ojo, lomaban las
páginas y ahí se quedaban leyendo, picados. Pero me
gustaba más escribir de noche, bebiendo whiskies con
agua o ginebra con agua de limón hasta la madrugada, a
pesar de las protestas de mi madre.
Finalmente comprendí que "Tedio", lo primero que
escribí sobre Gabriel Guía, era el final de una noveleta de poco más de ochenta cuartillas, escritas entre
enero y mayo de 1961 . La titulé La tumba y como epígrafe puse unos versos de Verlaine (el ¡e m'en vais au
temps mauvais) e introduje otros epígrafes interiores;
uno sensacional ("Como necio se creía Dios; nosotros
nos creemos mortales") de Delalande, un autor que inventó Nabokov; y otro con la letra de un rocanrol, bastante baboso, por cierto ("Run Samson run, Delilah's on
her way"), de Neil Sedaka. Éste fue el primer epígrafe
tomado de una canción de rock que alguien utilizaba.
Yo quería ser diferente y acomodé los diálogos, sin puntos y aparte, en bloques con un sangrado de un cuarto
de página. Eran mis Aportaciones a la Literatura Universal. Introduje también canciones, poemas, citas, y predominó un tono distanciado e irónico.

83

�En 1963 entré en el taller literario de Juan José Arreola y al poco tiempo le di a leer al maestro mi novela La
tumba. Él aceptó el texto y durante meses no me dijo nada.
Supongo que le aterraba, y con razón, la perspectiva de
encontrarse con algo siniestro. Yo, por supuesto, nunca lo
presioné. En cambio, seguí escribiendo. A fines de 1963
fue un cuentito, en primera persona y franco lenguaje coloquial, sobre un repugnante porro universitario que hacía
funciones de rompehuelgas universitarias. Tenía el horren·
do título "El Nicolás" y era un texto importante para mí,
porque me había abierto una temática, personajes y un
uso del lenguaje que después me resultarían vitales. Arreola
dijo que el texto se redondeaba bien, que el lenguaje era
correcto y que yo lo manejaba adecuadamente, pero que
detestaba a ese tipo de jóvenes abusivos como a nadie,
así es que mi lectura lo había disgustado. Yo no me sentí
mal, pues pensé que el respeto a las aversiones ajenas es
la paz, e inconscientemente me impresionó que el maestro
pudiera reconocer que el cuento era bueno a pesar de

84

que no le hubiera gustado. Distinguir entre la subjetividad
personal y la objetividad del texto no era común, ni lo
sigue siendo.
Otra vez estaba en un café al aire libre en el Paseo
de la Reforma y vi que en las paredes del cine Diana,
decorado por Felguérez, instalaban una inmensa fotogra·
fía del entonces candidato a la presidencia Gustavo Díaz
Ordaz. Como se sabe, a don Gus le decían el Mandril
por sus facciones simiescas, no agraviando a su inseguro
narrador, y su foto era una invitación a la pesadilla, por lo
cual escribí un textito sobre un chavo drogadicto que ya
ha probado todo y que acabó atacándose con la droga
más letal, la cacahuamina , que se inyectaba en el lóbulo
de la oreja. A mi pobre personaje le tocaba ver la coloca·
ción del inmenso retrato del futuro presidente cuan:Jo se
hallaba en el momento más alto de su posón. El horror
resultó abismal, no lo pudo soportar y lo mató de un ata·
que. Escribí este textito en un instante y en un tono muy
cool. lo titulé "Vía Refórmeto", porque, para esas fechas,

si mi cuerpo se hallaba en el Defectuoso, yo me sentía en
la Vía Véneto, como personaje de La do/ce vita.
Por supuesto, "Vía Refórmeto" era una jaladota y no
le di la menor importancia; sin embargo, el textículo se
traspapeló con un par de cuentos que planeaba leer en el
taller y de pronto, por error, estaba en manos de Arrecia.
Yo me hallaba distraído en ese momento y hasta después
de un rato comprendí que el maestro había preguntado
quién era el autor de "Vía Refórmeto". Como nadie se lo
adjudicó, explicó entonces que nos hallábamos en una
espléndida oportunidad para hacer una crítica muy libre
ya que no se sabía de quién era el texto. Él mismo lo leyó,
y para mi absoluta sorpresa desde el principio todos se
reían y al final lo remataron con carcajadas. Dijeron que
era buenísimo. "¿De quién es?", preguntaba Arrecia, y
yo, regocijado, decidí exprimir el momento al máximo y
prolongar el misterio. De pronto alguien dijo que el texto
era de Arrecia mismo y que el maestro lo había presenta·
do anónimamente para calarnos; "es de usted, maestro,
no se haga", le decían. "¡No no! ¡De ninguna manera!",
exclamó el pobre, aterrado, y entonces tuve que decir
que el texto era mío, lo cual resultó espantosamente anti·
climático.
El 19 de agosto de 1963, día de mi decimonoveno
cumpleaños, Arrecia me hizo el más maravilloso regalo
que he recibido en mi vida. Ya había leído La tumba. "Es
usted un escritor", me dijo. "Considérese usted un escritor.
Su novela es muy publicable y yo la voy a editar." Y lo
hizo. En mayo de 1964, después de largas y maravillosas sesiones personales en su casa, en las que él me ayu·
daba a corregir palabra por palabra, línea por línea, sin
modificar mi estilo, tan distinto al suyo, sino adaptándose
a él, Arrecia consideró que La tumba estaba lista y él
personalmente leyó un fragmento en el taller para que se
aprobara la publicación en Mester, la revista que hacía el
taller. Casi todos avalaron el texto, salvo Jorge Arturo
O jeda, quien se quejó de que mi ad jetivación era muy
extravagante; José Carlos Becerra de plano dijo que mi
novela ero un refrito de Buenos días, tristeza, de Fran&lt;;oi·
se Sogan , y de Chocolates para el desayuno, de Pamela

Moore. Yo me indigné, pero Arreola mismo defendió mi
novela con una intensidad y uno autoridad que me sor·
prendieron y que obligaron a José Carlos a retractarse.
El 5 de agosto de 1964 Ediciones Mester inició su
serie de libros con La tumbo, lo cual hizo que mi vida
cambiara por completo. Fueron quinientos ejemplares que
yo vendí personalmente, porque casi ninguna librería lo
quiso. Pero en 1966 la Editorial Novare reeditó La tumba
con cinco cuentos añadidos y con impactantes frases de
Juan Rulfo en la cuarta de forros ("una de las obras que
liquidarán el pasado, una novela extraordinaria"), Emma·
nuel Carballo, Vicente Leñero, Gustavo Sainz y Gabriel
Careaga . Hubo reseñas entusiastas, pero también devas·
tadoras, por lo general de gente fastidiada de que se
hablara tanto de esa novelita, y cartas terribles a periódi·
cos y revistas ("novela inmunda", "prosa nauseabunda",
"¿libros así son los que tienen que leer nuestros hijos?",
"contenido escandaloso, pornográfico, encaminado a corromper la institución familiar", "no es inmoral, es idiota").
Pero, como casi siempre ocurre, ataques tan virulentos sólo
hicieron que la novela se vendiera y se comentara más.
Los cinco mil ejemplares de esta edición se vendieron en
noventa días, algo insólito entonces.
Por mi parte, pronto supe que La tumbo era evidente·
mente primeriza, "tan ingenua como pedante" , como la
consideró Carballo. Estuve totalmente de acuerdo. Sin
embargo, mi noveleta tenía poderes nada comunes. Me
impresionó que Huberto Batís planteara que "La tumbo ha
adquirido una especie de intemporalidad que la hará vivir
un buen rato" y que Francisco Zendejas me equiparara
conJoyce. Salvador Novo, por su parte, la consideró "una
bomba atómica".
Quién iba a imaginar entonces que cuarenta años
después mi primera novela continuaría leyéndose tanto o
más que cuando apareció. Pronto se volvió material de
lectura de muchas escuelas y se convirtió en obra de ini·
ciación en cuanto muchos jóvenes hallaron en ella la puer·
ta de la literatura. Si bien cuarenta años "no es nada",
para mí es un gran regocijo que esta tumba florida siga
viva, activa, provocativa y ahora hasta reconocida.

85

�CLARICE LISPECTOR:
LA PALABRA SIN PALIATIVO
Carolina Olguín

Si te figuras una larga paz antes de renacer, te juro
que piensas mal. Entre el último instante de la conciencia y el primer resplandor de una vida nueva hay
'ningún tiempo' -el plazo dura lo que un rayo, aunque no basten a medirlo billones de años. Si falta un
yo, la infinitud puede equivaler a la sucesión.
Nietzsche

"¿ C ómo podré decir, sino tímidamente: la vida me es?
La vida me es, y no comprendo lo que digo. Y entonces
adoro ... ", son palabras de Clarice Lispector que bien coronan un libro de mucha fuerza, pero una fuerza transparente que emerge de un oscuro discurso ligado no a otra
cosa más que al ser, en el sentido más primario de la
palabra , es decir, como un modo de existir.
El nombre de Clarice Lispector se halla bien colocado
en la literatura brasileña de nuestro siglo, y curiosamente
no se trató de un posicionamiento paulatino; desde su temprana incursión en las letras, a los 19 años, despertó los
comentarios de la crítica y provocó el asombro de los
lectores por la originalidad de su primera novela, Cerca
del corazón salvaje, y hasta ahora sus palabras siguen
vigentes.
Alrededor de una decena de novelas, además de libros de cuentos y artículos periodísticos, conforman su bibliografía; de ella tomo La pasión según G.H., novela
publicada en 1964 -a sus 39 años de edad- y La hora
de la estrella para abordar una escritura que no deja de
sorprender no sólo por la precisión y elegancia en su esti-

lo, sino por la soltura con la que se introduce en mundos
intrincados de la condición humana partiendo de la más
sencilla anécdota, con la carga reflexiva que esto desencadena. Y aunque encuentro dichos elementos comunes
en los textos elegidos, éstos muestran dos formas de acercarse al lenguaje, personajes totalmente opuestos y en
circunstancias bien distintas, lo que evidencia la versatilidad de la autora y su inquietud por abordar historias desde ángulos varios.
Si encuentro en La pasión según G.H. oscuridad, ésta
es el resultado de buscarse en el monólogo, de conversar
con el propio miedo, el propio asombro; del enfrentamiento de sí mismo que se traduce en abismo, pero que finalmente termina deslumbrando: luz que no sale más que de
escarbar en lo negro.
En la obra de Clarice, el concepto ser es abordado,
sin rodeos, en una historia en apariencia sencilla para
desdecir su calidad de abstracto: la protagonista encuentra una cucaracha en una recámara deshabitada de su
casa, y el hallazgo enfrenta al personaje a un desconocimiento de lo que hasta entonces habían sido su existencia
y su condición humana.
A mitad de narración, G.H., el personaje y única voz,
advierte su cansancio; podría abandonar el relato o hablar de tragedias -conoce tantas- , pero no: se constriñe a una narración que parece redimir el dolor de un yo
que se reconoce como tal por primera vez.
Una prosa en la que fáci lmente se podría recoger una
serie de aforismos, ésa es la de Clarice; palabras desnudas, poca adjetivación, frases autónomas y descripción

esencial son elementos que dan forma a este relato, donde la autora vuelca una voz que se aleja de lo anecdótico
para acercarse a la reconstrucción existencial. Porque si
hay algo que marca a esta historia es el repentino vacío
como medida del resto de las cosas; se torna necesaria la
búsqueda de las partes -puesto que hubo una dispersión-, su identificación con la voz que clama la pérdida,
el reconocimiento de un antes y un después en conflicto, y
muy peculiar resulta que una cucaracha sea la figura detonante de éste; pareciera que en la repugnancia del bicho
Clarice propone toda una lectura de lo volátil y despreciable que puede ser la existencia humana.
La obsesión por lo neutro de las cosas es manifiesta en
toda La pasión de G.H., es el valor de la esencia de los
objetos despojándolos de cuanto los rodea, expuestos con
una identidad sin ad jetivos, incolora: insipidez que revela
su verdad; por ello se advierte la "sentimentación" como
ese filtro peligroso que tuerce, retuerce y del que ahora
se prescinde:
Las cosas son tan delicodas, la gente las piso con una
pato demasiado humana, con demasiados sentimientos. Sólo la delicadeza de lo inocencia o sólo la delicadeza de los iniciados siente su gusto casi nulo. Antes yo
necesitaba paliativo poro todo, y así ero como saltaba
por encima de la coso y sentía el gusto del paliativo
(Lispector, 200 l: 134).

A pesar de la fuerza del desprendimiento de lo pasado,
se sospecha un gozo, acaso por la transición a otro estadio. La experiencia aquí se acerca al misticismo en cuanto
éxtasis; es el gusto de lo vivo. No es la jaculatoria sino un
estado vibrante en el que se habla con Dios; además, es
la búsqueda del "germen del amor neutro, pues de esa
fuente comenzó a brotar lo que después fue deformándose en sentimentaciones" [Lispector, 2001 : 140).
El amor nunca fue; se trataba del preamor, de su esperanza. Sentir no es más que uno de los modos de ser;
entonces, algo alejado de "la vida sentimentalizada" es
el amor; está más cercano a lo neutro, al centro de las
cosas, ni alegrías ni dolores viciando el alma_ Y esa desnudez: la "alegría secreta de los dioses".
La presencia de Dios es irreductible en La pasión según G.H. , y en su tratamiento hay un punto en el que
adquiere un sentido panteísta al tiempo que avanza el
relato y va debilitándose toda convicción anterior; se descubre que lo que Dios es está "más en el ruido neutro de
las hojas al viento que en mi antigua plegaria humana"
(Lispector, 200 l: 117). Y de nuevo lo neutro, esa candi-

ción de sima, ese perseguimiento que no se abandona en
cada página .
La escritora gusta de establecer conceptos a través de
medidas y contrastes; para su personaje, lo divino a su
alcance, por ínfimo que sea, sobrepasa cualquier resto de
culpa pasada, de indolencia. También la nostalgia se mide
por nuestra imposibilidad, porque "sólo tenemos de Dios
lo que nos cabe"; así, el vacío es una gran vara con la
que se empieza por medir la existencia .
Si toda nostalgia es una superación del presente, como
escribió Ciaran 1, en La pasión según G. H. ésta no tiene
relación estrecha con los eventos pasados, o bien, es mínima como tal; es más una evocación venidera, alguna
especie de recuerdo del porvenir; se trata de la nostalgia de la vida misma, de la humanidad entera en una
mujer, G .H. Además, es la nostalgia del ser futuro que
comprenderá el olvido de los que quedan tras él en la
procesión de la vida . Y en esta evocación extraña, inversa en la línea del tiempo, se reconoce estar lejos del ahora y cerca del futuro, lo que lleva al personaje a la exclamación de un "¡ay de mí! ... ", como si fuese la sospecha
de una condena por ir en pos de la pasión, y a la que sin
embargo se rehúsa.
Por ello, el presente y la eternidad están obligadamente en juego en esta reconstrucción, sería imposible pasarlos inadvertidos; hay una evidente sublimación de un estado actual que parece ser un golpe de gracia permanente ·
en cada capítulo, como si la transición no acabara y fuera,
de hecho, el sello de todo el relato. La pasión surge en el
descubrimiento del presente, en su brutalidad, pues en la
desnudez del ahora la esperanza se disuelve y el futuro
termina siendo una nueva actualidad.
Decía Borges que en la pasión el recuerdo se inclina a lo
intemparal2 (varios recuerdos unidos en una sola imagen prevaleciente), y que el estilo del deseo es la eternidad; añade
creer que por eso agradan las enumeraciones, porque insinúan lo eterno. Acaso es ésta la razón que hallo para que un
relato, casi en su totalidad, abarque el encuentro de una
mujer con una cucaracha; si éste dura horas o minutos no
importa, pues la pasión que ha emergido otorga la intemporalidad a dicho evento. Por otro lado, los capítulos de La
pasión según G.H. están ligados por la frase final de cada
uno, que aparece como apertura del siguiente; no dudo que
se trate de la insinuación de la que habla Borges; es decir, la
autora concede a su relato esta condición de presente extendido, o bien, de continuidad interna, y con ello conjuga fondo y forma.
Se advierte de principio a fin de la narración que la
voz de G .H no esconde su pavor; ante la magnitud de la

�revelación existencial de la que es parte, el terror sobrepasa al temor: ya no se teme a lo que vendrá ni a lo
sospechado, en cambio se manifiesta el terror frente a una
realidad irreversible en la que la promesa ya no tiene
cabida y sólo se está siendo; y eso es, de alguna manera,
la simplicidad del ahora, la permanencia del momento.
"Tal vez todo lo terrible no sea a fin de cuentas sino lo
inerme, lo que está esperando nuestra ayuda", escribió
Rilke (1996: 56), y en este sentido el personaje de G.H.
justamente había emprendido el rescate de su sí mismo
que la esperaba, aunque en el camino atravesara su propia oscuridad.
La narración de anécdota única se sostiene más bien
en el gran monólogo sobre las emociones y los pensamientos derivados de la revelación de un yo y el dolor
inmanente a cualquier desaprendiza¡e; se trata de un estadio nuevo en el que la carencia impone el nuevo modo de
existir, y éste está marcado por la conciencia de su momento irrepetible.
En La hora de la estrella, novela publicada más de
diez años después que La pasión según G. H. y poco antes
de la muerte de la escritora, en 1977, se encuentra con
más fuerza el enfrentamiento con la soledad; su protagonista, otra mujer, vive en un anonimato no sólo físico, pues
es casi tan ausente para sí misma como para los demás;
incluso, el narrador (masculino) confiesa no saber "si tenía
tuberculosis, creo que no". Se trata de una vida vacía que
ni siquiera sospecha la búsqueda y el éxtasis. Este personaje tan anodino se mueve en una historia contada al tiempo que el narrador cuestiona su propia razón y manera de
escribir, confiesa los temores del mismo acto y descubre
sus intenciones sobre cómo perfilar los personajes. Párrafos enteros bien podrían formar parte de un ars poética
desdeñada; así, terminan por exhibir momentos en que la
ficción se rinde ante la determinación del lenguaje para, a
partir de él, re-crearse.y cobrar un nuevo sentido:
Está claro que como todo escritor tengo la tentación de
usar términos suculentos: conozco adjetivos esplendorosos, carnosos sustantivos y verbos tan esbeltos que atraviesan agudos el aire en vías de acción, ya que la palabra es acción, ¿están de acuerdo? Pero no voy a adornar la palabra porque si yo toco el pan de la muchacha,
ese pan se convertirá en oro, y la joven !tiene diecinueve
años), y la joven no podría masticarlo y se moriría de
hambre llispector, 2000: 16).

Contrario a La pasión según G.H., en La hora de la
estrella Clarice indaga más en el destino que el persona-

88

je se forja (o se impone a ella) que en su presente, el cual
no tiene nada distinto a su pasado, y simula un juego cruel
con el que parece congratularse al resaltar la irrelevancia
de una vida, presentar un anti héroe y dejarlo así en toda
la historia, sin hacerlo evolucionar: nada podría ayudar a
esa "muchacha norestina" que nunca ha tenido la menor
cosa y no sabe que podría tener algo. Precisamente la
inconsciencia del personaje sirve de contrapeso para
mostrar el acto de la escritura en toda su premeditación,
aunque la autora a través del narrador juegue al insistir en
su ignorancia, recordar la pobreza del relato y la insignificancia de la chica, y soltar frases como: "No soy un intelectual, escribo con el cuerpo. Y lo que escribo es una
niebla húmeda" (Lispector, 2000: 18)
Por otra parte, queda clara la habilidad de manejar
preámbulos largos y atractivos que, sin embargo, no descuidan la historia de la novela; el lector termina adentrándose además en la historia del encuentro consciente con

Clarice Lispector escarba en los límites de la palabra
y el silencio, de lo dicho y lo indecible, la aspiración a la

historia, y me parece apropiado su explicación, en lo que precisamente loma dos conceptos clave que dan vida a este relato de lispector: lo
pasión y lo aspiración al presente, o bien, la intemporalidad.

trascendencia y el eco primitivo.
Notos
Bibliografía
Según Ciaran en su Breviario de podredumbre (8 l 1, la nostolgio es la
imposibilidad del instante, es dar contenido a lo vida por la violación
del tiempo. Finalmente, en Lo pasión según G.H. resulto triunfante esa
lucho contra la dinámico del tiempo.
2 En Historia de la eternidad, Borges discurre sobre el tiempo y sus
movimientos desde el pensamiento de diversos filósofos a través de lo

Ciaran, E.M. (200 l ). Breviario de podredumbre. España: Punto de lectura.
Borges, Jorge Luis (1998). Historia de lo eternidad. Buenos Aires: Emecé.
lispector, Clorice (2000). La hora de la estrella. Madrid: Siruela.
lispeclor, Clarice (2001 ). La pasión según GH Barcelona: Muchnik Editores.
Rilke, Rainer Mario (1996). Cartas a un joven poeta. México: Colofón.

el lenguaje, el acto de escribir y sus consecuencias. Es
evidente el juego con los nombres y sus posibilidades de
lectura; por ejemplo, en La hora de la estrella se ofrece
una lista de títulos alternos como: Que ella se apañe o

Lamento de un blue o Historia lacrimógena de cordel o
Silbido en el viento oscuro o Yo no puedo hacer nada o
Salida discreta por la puerta del fondo, y cuando uno ter-

LIBRERÍA UNIVERSITARIA

mina de leer puede regresar a la lista y elegir el que más
le plazca, no sin un dejo de humor.
La narrativa de Clarice Lispector es seductora y atrapa
porque a partir de historias por demás sencillas lleva al
lector a los escondrijos de la mente donde yacen la conciencia de la condición del hombre y su soledad inexorable, porque obliga a la complicidad con un discurso que
conversa con lo metafísico y sabe dejar puertas abiertas.
En sus diferencias y similitudes, estas dos obras muestran algo de la genealogía del mundo de Clarice Lispector; son dos visiones complementarias del hombre: por un
lado, a través de la psicología de los personajes, se trata
del ser creado e inacabado; y por el otro, desde la voz
narradora que discurre acerca de la escritura, se asume
como ser creador. Sobresale el aspecto lúdico e inteligente de contar una historia y hacer partíc ipe al lector
de cómo se la quiere contar, sin por eso demeritar la
anécdota.
En fin, apreciaciones tan sólo para el acercamiento a
una narrativa que no escapa de lo poético, sino que recurre a ello en su necesidad de transfigurar la palabra, que
sacude y remueve las fibras de la existencia oculta detrás
del hecho más cotidiano, y que goza de un lenguaje de

•

Ciudad Universitaria / teléfono: 83 76 70 85
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gran fuerza y belleza.

89

�/

PENSAMIENTO Y POESIA
José A/varado

Dos textos nos invitan a revisar lo obro de este escritor y periodista o treinta años de su muerte. Se troto de un
lúcido comentario sobre Pensamiento y poesía en la vida española, de Moría Zambrano, donde dimensiono lo
obro de lo filósofa, cuyas luces siguen vivas al cumplirse el centenario de su nacimiento; y un texto inédito en el
que, con un tono más personal, ahonda en el delicado asunto de las contradicciones de la razón. Ambos escritos
son muestra del espíritu crítico de este personaje clave en la vida cultural de México en las primeras décadas del
siglo veinte.

E1libro de María Zambrano es el desarrollo de una preocupación que encuentra en su camino motivos que la
detienen, la aprisionan por un momento y la liberan luego
devolviéndole su inicial impulso. Es como una corriente
que fuera hallando en su cauce accidentes, islas cuyos
contornos rompen los hilos de su fluidez, pero que recobra su ondulación para volver a perderla y recuperarla de
nuevo, y así una y otra vez. Acaso sea mejor decir que es
una misma palabra que dispersa y recoge alternativamente su resonancia al chocar los temas inevitables que encuentra en el ambiente. Esta circunstancia hace que tal
vez queden sin el trazo exacto muchas de las líneas que
forman la obra, que tenga ésta una primera apariencia
-apariencia sólo- de reflexiones disueltas en un anhelo inconcreto; pero es también la que da a sus ideas una
repentina luz al tropezar con los motivos accidentales. Es
por ello que, a pesar de su estilo que huye de todo fulgor
y de toda ambición plástica, las palabras se incendian en
muchas de sus páginas y algunas frases dibujan con tanta
exactitud la forma de un dolor o de una esperanza. Y es
esto al cabo lo que hace de Pensamiento y poesía en la
vida española el libro leal de una escritora española y
lo que proporciona a la obra un dramático centro de
gravedad.
La preocupación por esta contienda íntima entre la
poesía y la filosofía, que se libra disimuladamente en muchas almas contemporáneas y que es una de las manifestaciones de la crisis del hombre interior -una querella
singular porque, a fin de cuentas, si no hay nada más
maravillosamente poético que la verdad, y es la poesía la

90

verdad misma, asombrada de serlo, la filosofía, en cambio, es la verdad desesperada-, es como el paisaje de
las reflexiones de María Zambra no, ubicado al fondo del
proceso vital del puebo español, y es, también, la llave
maestra que se emplea para abrir las puertas de los tres
problemas centrales: la crisis del racionalismo, el estoicismo español y la voluntad, en cuyos recintos emprende la
búsqueda de la esencia española. Pero la angustia medular del libro, la que desparrama sus ecos al golpear con
los asuntos incidentales y los recoge de nuevo, está en la
cuestión del estoicismo español: a su alrededor giran toda
la meditación, todas las soluciones y las hipótesis. El estudio sobre el derrumbe del racionalismo es, a pesar de su
severidad y de ser el de más sólida arquitectura, apenas
el pórtico para ingresar en el tema verdadero; y el últmo,
el titulado "El querer", es la conclusión, demasiado apresurada por cierto, pues hay que recordar que los capítulos
que componen el volumen son los textos de una conferencia que la autora sustentó en la Casa de España con un
tiempo escaso y limitado.
El duelo entre la poesía y el pensamiento es en estos
momentos una batalla entre el asombro y la desesperación. Es una batalla, es cierto, que se presenta a todo lo
largo de la cultura y que la poesía ha perdido, ganándola, con la expulsión de los poetas de la república platónica; pero hoy, después de que la catedral lógica del racionalismo ha quedado despoblada, de que los hombres la
han abandonado desesperadamente, el pleito se libra en
el interior de esos fugitivos de Hegel. Y el mundo está
lleno de ellos: fugitivos, no liberados, hombres que sólo

Con Juan Soriano y Octavio Paz

l

�huyen, pero que no han adquirido la libertad, seres evadidos de una organizada cárcel que corren, desamparados,
a la deriva y en la soledad. Lo malo fue que estos hombres
aprendieron la verdad en un clima cerrado por unas bóvedas soberbias, sin el menor asombro; pero un día no pudieron evitar el remordimiento de no haberlo sentido, la
nostalgia de batir su sangre al tenerlo, y desde entonces
buscan la verdad por el otro camino. Han perdido para
siempre a la filosofía, y la poesía no los admite en su
seno; mientras que, al mismo tiempo, las dos tiran de ellos.
Este drama ha ocurido siempre en la vocación de muchos
mortales; pero es hoy cuando aparece con caracteres críticos especiales y cuando, en el interior del que los padece, no es tanta la oposición entre poesía y filosofía como
entre desesperación y asombro. No es así, por supuesto,
como María Zambrano desenvuelve el tema; ella le da
otra dimensión, objetiva, histórica, porque su interés principal es situar al estoicismo español, fijar a España en ese
retiro en que permaneció mientras Europa ascendía, orgullosa y triunfal, la cima del racionalismo.
El problema del estoicismo hace acudir a cada momento a otro problema gemelo: el de la libertad. El estoicismo indica que el hombre se encuentra de nuevo en una
soledad sin asidero, al mismo tiempo que rodeado de una
riqueza cultural extraordinaria; esta "soledad sin asidero", carencia de sujeción que fije los cánones de una vida,
desprendimiento de vínculos de estirpe, de remordimientos ancestrales, desamparo infinito, ¿es una liberación?
¿Es la libertad la pura soledad, el limpio desamparo? Alguien entre los cadáveres de todas las disciplinas, junto a
las sombras de todos los órdenes, ¿es un ser libre? Hay
que tener en cuenta que el estoicismo no es solución ética, sino aguda perplejidad, grave interrogación. Es el problema mismo de la soledad y del suicidio. En Pensamiento
y poesía en la vida española la cuestión de la libertad
asoma, francamente unas veces y con disimulo otras, pero
mantiene su presencia y acompaña al problema en todo
su desarrollo. Cuando aparece con más nitidez es precisamente en aquellos momentos en que el asunto del estoicismo se encuentra con otros y desvía su curso para bordearlos, cuando se enfrenta a las alusiones sobre la angustia y la desesperación, en los instantes en que ha de
referirse al destino español prisionero entre la esperanza
de lograr "su disparatado anhelo y la resignación, conformidad, de no verlo realizado nunca" -y he aquí el enunciado de otro grave drama cuyos términos han adquirido
medidas específicas en los espíritus de este tiempo.

92

Pero hay en las páginas del libro dos preguntas interesantes: ¿significa la actitud estoica un desengaño de la
religión o comporta un principio distinto, algo persistente,
toda una línea hisórica, toda una posibilidad? ¿Es que un
pueblo puede ser estoico? Y además una confesión: "Estoicismo y Cristianismo se disputan el alma del español, su
pensamiento. En este drama, que es el verdadero drama
de España, no podemos entrar ahora. Ouizá nos abrasaríamos". La primera pregunta encuentra su contestación en
el curso del libro: en España el estoicismo es toda una
línea histórica, una posibilidad, precisamente por todo
aquello a lo que ha renunciado el español y que posee
subterráneamente, y porque el estoicismo popular español noes un desengaño, sino una resingación. La segunda,
la más importante, de la que María Zambrano no promete
respuesta, halla su solución en las últimas páginas del libro:
La continuidad de España se ha expresado por la poesía,
sin que nadie pueda ya impedirlo, pero se ha expresado
igualmente por la sangre.

y' la sangre también tiene su

universalidad, pero sin la palabra no sería comprendida,
no estaría tan corroborada. La palabra es la luz de la
sangre. Y de las dos, entre las dos, mantendrán viva la
continuidad del pueblo español todo lo silenciosamente
que haga falta. Confiemos, sí, en que mientras exista
poesía existirá España.

Porque bajo esa España "que poseemos sin dolor y conservamos sin esperanza" ha ido germinando, en silencio,
entre ardientes polémicas del estoicismo, el cristianismo,
el quietismo, con la sangre secularmente oprimida del
pueblo español, dentro de ella misma, "una nueva esperanza y su vehículo de expresión, su forma de revelación,
ha sido la poesía".
Un escritor comentó en un diario el hecho de que María
Zambrano no afronte la disputa entre el estoicismo y el
cristianismo en el pensamiento español, dijo que había
que entrar en ella "aunque nos abrasemos". La verdad es
que la única actitud fiel a España, hoy, es justamente no
abrasarse, eludir este riesgo estéri l en los momentos en
que precisa, más que nunca, conservarse. Tiempo habrá
para todo, y el que ahora transcurre es apenas el suficiente para conservar, íntegra y pura, con todo el vigor de sus
contradicciones, la esencia española.

,,

INEDITO
José A/varado

E1h~mbre está solo. Solo fue antes de ser en la humanidad y solo queda en
su afan de ser eterno. Pensar es meterse dentro de sí mismo a buscar la
verdad juntando la experiencia externa. Sentir es sacar la verdad de la
e~p~riencia externa .. Sólo la palabra es signo de madurez, es como ese
diario en el que se vierten ambas experiencias.
En el principio el hombre se salió de sí mismo a buscar la verdad y
cuando la tuvo se dio cuenta de que no era toda la verdad, pero ya no le
temía a la_ v,erdad . Volvió a sí y tampoc? la verdad estaba adentro. ¿Era
q~e no ex1st1a la verdad? Entonces penso que la verdad era sólo el pensamiento. La verdad era el camino a la verdad y entonces había muchos
caminos. La verdad no era una sola. No había un principio único. No había
un elemento simple.
. _El hombre no est~ solo. No lo estuvo nunca. Pensar es madurar una posibilidad humana factible en todos y como tal es pensar en común, pensar de
las cosas comunes. Sentir es sentir con respecto a los demás, con los demás
y por los demás. Pensar es comprendernos y sentir conmovernos. La palabra
es el elemento humano, la música, el símbolo y el calor. De cada hombre
surge una nota, una verdad, y las notas todas distintas se comunican en
concierto y todas las verdades son un todo unánime y universal. Ir hacia
adentro es salirse de sí y pintar, y contemplar es conmoverse. La verdad es
llenarse de los demás para llenarse de sí mismo y la música está llena de
verdades objetivas.
El hombre está angustiado. Ignora su humanidad porque ignora su soledad. Piensa que vive, siente que vive, y la angustia común es la única
verdad. El perro no tiene problemas, no siente lo que siente, ni piensa, ni
necesita otra cosa que su soledad.

93

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-

�DE ARTES YESPEJISMOS

Rafael Teniente por Francisco Barragán

�las instituciones imperiales, hacer perdurar las conquistas,
mantener incólume la jerarquía monarca-súbdito. Diego
Velázquez es el gran ejemplo del rango que en las cortes
adquirió el artista, único autorizado (aunque a regañadientes) a ascender de modo marginal en la monolítica pirámide de la aristocracia: el artista no sería reconocido por su
"noble cuna", sino por su "dignidad intelectual".

RETRATO DEL MECENAS
Y EL ARTISTA ADOLESCENTE
Daniel González Dueñas

El arte y la dialéctica del encargo
Casi todo artista que comienza ha oído la propuesta de
un mecenas que le dice, palabras más, palabras menos:
"No estás preparado para hacer esto que quieres. Pero
veo que tienes talento. Primero haz esto otro que te encargo. Te servirá para confrontarte con el medio, abrirte camino y desarrollar tu oficio. Luego harás tu obra personal".
Esta dialéctica del encargo ha funcionado, por lo menos,
desde la Edad Media, incluso antes de que estuvieran
establecidos los territorios del arte tal como son conocidos ahora. Y ha funcionado para pintores, escultores, teatristas, escritores, coreógrafos, músicos y, más recientemente (a partir de 1895), cineastas.
, Los mecenas cambian de rostro, pero no de ideología.
Esta se basa en el presupuesto de que todo artista joven e
inexperto es un peligro en potencia, ante todo por su energía e "ingenuidad": cree estar descubriendo mil mecánicas expresivas, ser capaz de sacudir las conciencias o de
reflejar la realidad como nadie lo ha hecho. Es peligroso,
pues, porque podría hacer el intento de cambiar el mundo. Dicho de otra forma: el joven artista no representa un
peligro porque vaya a cambiar el mundo, sino porque es
capaz de hacer seriamente el intento de cambiarlo. Esa
tentativa podría erigirse en ejemplo, generar seguidores.
Conviene entonces que sólo circulen historias de quienes
fallaron estrepitosamente y sufrieron hasta lo indecible por
haber hecho ese intento. El cúmulo existente de esas historias volverá automáticamente "ingenuo" a quien quisiera
emularlas.

Habrá historias de varias clases: aquellas en las que
los protagonistas hayan sido ignorados o menospreciados
no serán tan buscadas como esas otras en las que se les
haya humillado, escarnecido, vilipendiado o incluso lastimado; mas no recibirán tanta difusión las historias que incluyen demencia o suicidio, puesto que no se quiere mártires. Los mecenas son los principales fabricantes y proveedores de estas historias, y por ello gozan al descubrir
"nuevos talentos". Su máximo placer brota cuando el dinero determina el destino del "genio" (una palabra que nadie como ellos usa con tan tranquila displicencia y, a veces, con tan marcado sarcasmo).
La intemporal misión de los mecenas tiene dos motivaciones primordiales. La primera es "práctica": el joven artista
necesita "medirse" con el medio, y el mecenas le da esa
"oportunidad". La segunda es de orden más oculto: utilizar
esa energía para realimentar los canales del poder. No todos los artistas son Leonardo, capaz de aceptar el encargo
hecho por Ludovico "El Moro", conde de Milán, para decorar el refectorio del convento de Santa Maria delle GrazieI
y convertirlo en Lo último ceno. Y definitivamente no todos
son Velázquez, capaz de transformar en Los meninos una vaga
idea de su mecenas, Felipe IV.
El arte fue suntuario desde su origen como fenómeno
social: la Iglesia y el Estado lo acogieron para ilustrar sus
principios y decorar sus recintos. En el caso de la religión,
sólo el arte pudo hacer que el "vulgo", sobrecogido, sintiera la presencia de lo divino, respaldando la estructura
eclesiástica. Esto fue cuidadosamente recogido por el Estado: sólo el arte sería capaz de representar la fuerza de

Y esto, que tiene toda la apariencia de "cosa del pasado", sigue perfectamente vigente en un tiempo en el
que parece lo más natural que el artista haga lo que quiera. Nadie discute la dignidad del artista, pero a la vez
nadie repara en lo que, cada día y cada minuto, hacen
con el arte no sólo los mecenas, sino el enjambre de oficiantes que rodean el mundo artístico (distribuidores, negociantes, subastadores, representantes, asesores, consejales, críticos, funcionarios, empresarios, en una lista que
puede prolongarse indefinidamente).

Doblarse o quebrarse
Porque, hoy como ayer, de lo que se trata es de que el
artista no haga lo que quiere; se le convence de que primero le conviene "dar al público lo que éste demanda".
Cuando tenga éxito y haya comenzado a hacerse un "nombre", entonces podrá realizar lo que inicialmente pretendía. El "encargo" se le ofrece como la gran tentación:
implica tener medios y salir al mundo, pero haciendo otra
cosa que difícilmente se le habría ocurrido de propia iniciativa . Es decir que los temas no suelen estar al arbitrio
del artista, y lo que se le deja es un "margen de libertad"
(algunas veces mayor, generalmente menor) en el tratamiento de esos temas. Puede hacer lo que quiera, siempre
y cuando cumpla ese encargo que no nació de él, pero
que llevará su nombre. Se trata de domar el ego del artista novel, pero también sus ambiciones. El máximo privilegio a, que puede aspirar un artista será ascender marginalmente la pirámide aristocrática; así, el encargo será la
forma más práctica de "domar a la fierecilla" y mostrarle
lo que realmente puede hacer con su talento.
Aquellos que rechazan el encargo y se mantienen firmes en su idea inicial, generalmente confirman el gran
lema de los mecenas: "El que no se dobla, se quiebra".
Doblarse significa ceder al aparato de poder; el artista
confía en que tiene tanta fuerza expresiva que no lo afectará usarla en un "encargo", bajo la promesa de que, una
vez terminado éste, habrá "hecho méritos" para emprender su proyecto personal. Por lo demás, la alternativa es

aterradora: quebrarse, quedarse sin "méritos", sumirse en
el anonimato, ser Nadie oído por Nadie. Aquel que no se
"doble", o que no sea capaz de formar una camarilla independiente que lo apoye, será ignorado. En este caso, el
ego que se negó a ser domado se reforzará en un aislamiento pleno de amargura; algunas veces esta misma persona se convencerá de que "el arte no era lo suyo", o
bien, incapaz de abandonar el terreno artístico, se dedicará a una creación solitaria, orgullosa y callada, de la
que difícilmente se sabrá algún día.
La historia del arte está claramente determinada por el
encargo, con la única diferencia de que en la antigüedad
era una ley autoevidente, mientras que ahora es una ley
sobreentendida. El arte es desviado, contaminado y manipulado por las grandes corrientes que siempre tienen nombres nebulosos y a las que nadie puede realmente ubicar:
"la opinión pública", "el gusto general", "el espíritu de los
tiempos". De hecho, la historia del arte es la de las tácticas y subterfugios, más o menos efectivos, por medio de
los cuales los artistas han asumido los encargos y, "a pesar de", han logrado vehicular sus ideas (entre miles de
ejemplos puede pensarse en Dickens y sus novelas por
entregas).
Por lo general se piensa que los grandes artistas simplemente han creado sus obras, sin importar cómo consiguieron los medios para ello. Y es que el arte es social o
no tiene repercusión, y, por tanto, para existir depende
del aparato de poder, de los mecenas que ofrecen los
"medios". El artista puede "vehicular" todas las ideas que
quiera en su obra, pero los mecenas deciden cuáles obras
vehicular y cuáles no.
El mecenazgo es, como toda institución aristocrática,
hereditario y claramente monárquico en su nostalgia de
otros tiempos, ese pretérito en que no había diferencia
entre arte y artesanía, esas épocas en que el artista estaba en su lugar: no el de "figura pública", sino el de humilde figurador de la potencia, traductor de la "lógica divina" que rige (y justifica) los asuntos políticos, portavoz de
las instituciones que garantizan la perduración de la vida
social. Ouien posee los medios (es decir, quien es Alguien)
podrá darse el lujo de usar el arte como ornamento de su
opulencia. De todos los territorios artísticos, el cine es
el que más ha sufrido esa dialéctica y en donde se nota
más claramente la conducta principesca de los mecenas. Y el mundo celebra esa conducta: si un productor
arriesga su dinero en algo tan costoso como una película, lo menos que se le reconoce es el derecho de imponer y determinar, esto es, de asegurar los términos de
su inversión.

98
99

�No todos los cineastas son Luis Buñuel, que recibió
tantos encargos y sup~ transformarlos en Los olvidados o
Bella de día. Entre tantas hrstorias generadas por los mecenas, acaso la más·sobrecogedora es la de Orson Welles y su Ciudadano Kane, la película de debut que Welles rodó a los 25 años de edad. Nadie jamás ha sido tan
odiado en la "Meca del cine" como ese Welles que, merced a un excepcionalísimo concierto de circunstancias, es
contratado por un estudio hollywoodense en términos de
completa libertad, y lo que entrega es la película que
muchos consideran la más grande de todos los tiempos. La
"fábrica de sueños" se encargaría minuciosa, obsesiva-

vendrá otro, y otro más, en tanto el "proyecto personal"
espera de modo indefinido. Para entonces, el artista se
habrá acostumbrado a vivir de ese modo: cada vez será
menos "joven" (en palabras de uno de los miles de cineastas que han vivido esta mecánica: "Nadie puede ser una
promesa toda la vida") y habrá encontrado la manera de
justificar ante sí mismo el cambio diametral que el aparato
le hizo dar en su vida creativa. Así se forman las "carreras", así se llega a ser "director de cine".
El espectador piensa que los temas caen del cielo y
que los encargados de llevarlos a la pantalla son "1os que
son". La carnicería de los "jóvenes talentos" se mantiene

mente, de vengarse de tal afrenta: la carrera de Welles
fue obstaculizada y casi destruida con una saña bestial
(quedó condenado a un eterno peregrinar buscando financiamiento para sus películas); y la enseñanza que Hollywood recibió -y que administraría desde entonces con duplicada furia- fue la de erradicar de su vocabulario las
palabras "genio" y "arte", y sustituirlas por "oficio" y "espectáculo". La experiencia de Ciudadano Kane fue convertida en una tajante moraleja sobreentendida: "nada más
peligroso que el genio en libertad".

en silencio, porque a nadie interesa esa parte de la historia. Se espera que el "genio" de los artistas jóvenes termi-

Nadie puede ser una promesa toda la vida
Casi todos los días se generan historias menos conocidas
en el mundo del cine. Un cineasta más o menos joven (en
vista de la suprema dificultad de desarrollo, existe un convenio amable que extiende la juventud hasta los 35 o 40
años) escribe su guión y lo presenta a un productor. Éste
se horroriza al leerlo, pero intuye que el "muchacho" tiene
lo que eufemísticamente se llama "posibilidades". Entonces le ofrece un encargo. El cineasta puede haber recorrido infructuosamente las antesalas de numerosos productores, y entiende que lo que éste le ofrece es una "oportunidad irrepetible"; la tentación es grande: ser reconocido y,
ante todo, la posibilidad de dirigir, precisamente cuando
casi todos sus condiscípulos están desempleados y siguen
de antesala en antesala con sus respectivos guiones bajo
el brazo. El "encargo" es algo concreto, mientras que el
proyecto personal es algo cada vez más abstracto. El cineasta en ciernes se dice: "Muy bien , lo acepto y luego
me consagro a mi proyecto aprovechando lo que haya
ganado con esto".
Una vez que acepta, ha firmado el pacto mefistofélico
y se ha vuelto parte activa de la pirámide del poder. Porque si el "encargo" funciona, en el mejor de los casos

100

hace es cumplir la estrategia de los mecenas: mantener la
tabla de valores que dicta lo que es posible y lo que es
imposible, erradicar toda excepción que no confirme las
reglas, todo asomo a las verdaderas posibilidades del
arte. Mantener el estereotipo del artista sufriente es justificar el dolor del mundo como "inevitable". Si el ciudadano
medio sufre, si lo hace aún más el artista rechazado, ¿cuánto más deberá penar el artista que "triunfa", es decir, el
que es socialmente autorizado para entretener a los demás con el espectáculo del dolor?
Como en el Medievo, el arte sigue siendo suntuario.
Los artistas son vistos como niños, necesitados de paternidades, mecenazgos, guías. No saben lo que quieren, lo

que les conviene, lo que se espera de ellos. Los mecenas
son los maestros en la práctica, aquellos que acomodan
al artista en su lugar social, en la maquinaria de poder, en
la administración del entretenimiento. Son los encargados
de enseñarle, a toda costa, que el arte no cambia la vida,
sino que simplemente entretiene a los vivientes. Los mecenas existen para dar "realidad" al arte, es decir, para
convertir a los artistas en entretenedores y enseñarles que
arte es barullo y que hay dos tipos de ruido: uno redituable, rentable, y otro que queda de fondo y no significa
nada. Ambos ruidos son los que forman el "medio". Desde
tiempos remotos, los mecenas existen para matar la energía que en verdad podría cambiar el mundo.

ne casi mágicamente por imponerse, siempre bajo el tramposo estereotipo del artista rebelde e innovador. En realidad, en esta dialéctica todo se espera, todo tiene un lugar, todo es previsible: el artista aceptado debe sacudir
conciencias cuando ellas esperan sacudirse; se le permite
expresarse cuando tal forma de expresión está bien vista;
se espera que haga concesiones, que sea rentable y explícito, que no se complique, que no pida peras al olmo.
Bajo esta luz cobra su sentido la frase de Louis Malle
sobre Woody Allen: "Es el único que realmente hace lo
que quiere". En efecto, la obra de Allen marca una enorme excepción en Hollywood: es el único cineasta que se
las ha arreglado para conseguir anualmente producción
con objeto de hacer exactamente lo que quiere. Con astucia y perseverancia (y sobre todo gracias al juego a través del cual se ha convertido en un personaje), Allen ha
conseguido lo que fue imposible para Orson Welles (que
también jugó con transformarse en un personaje, pero a
quien nunca se le perdonó la transgresión, puesto quejamás hizo reír al aparato). Consciente de ello, Allen declara: "No puedo imaginar que el negocio del cine deba ser
manejado de cualquier otra forma que no sea la del director que tiene completo control sobre sus películas. Mi situación puede ser única, pero eso no habla bien del negocio. Mi caso no debería ser excepcional, porque el director es el único que tiene la visión y, por tanto, es el único
que debe poner esa visión en un filme".
Alguien podría contraargumentar que el arte es interacción con el mundo y que el del arte puro es un mito
inútil; podría incluso citarse la afirmación de Gaetan Picon
acerca de que toda obra que vale nace contra una resistencia. Pero estos argumentos se usarán no para apoyar
el arle, sino para afirmar la impureza que lo rodea. Con
la coartada de negar la existencia o la utilidad del arte
puro (lo que en principio significa arte libre), lo que se

101

�CABALLERÍA

cuerpos y los siglos". El autor estable-

Hablo de la peculiaridad de la cul-

ce una relación entre las piezas anto-

tura de Ouebec porque la antología

logadas en este volumen y la obra de

está pensada o partir de esta ideo. Es

los poetas de las épocas a las que

la muestra de una poesía que en un

pertenecen las esculturas, como Aqui-

contexto histórico reacciona ante la

huotzin y Tlaltecatzin, cuya obra fue

extraña sensación de un pueblo de vi-

rescatada por Ángel María Garibay y

vir un exilio permanente. Pozier hace

Miguel León-Portilla. A su vez, recono-

una selección de poemas que, en cuan-

ce lo influencia que la lírica prehispáni-

to a la temática, apunto hacia el con-

ca ejerció sobre autores posteriores y

cepto de identidad. Se interesa por

los correspondencias con poetas de di-

destacar este rasgo como uno de los

ferentes épocas y latitudes.

grandes temas que lo poesía quebequense trata de manera casi obligato-

Jorge Silva

ria, y que a través del siglo XX, a pesar
de las renovaciones formales, permanece como asunto de gran interés en
la mayoría de los autores.
El libro, que tiene la virtud de haber

Plástica y poesía del
cuerpo

obras estudiados, la revisto ofrece di-

López Austin reconoce lo importancia

sido realizado en edición bilingüe, con

versos miradas sobre el cuerpo bajo la

que tuvo la transición de los pueblos

traducción de Marco Antonio Campos

luz de lo historia, la sexualidad y la

nómadas al sedentarismo al favorecer

-en el caso del prólogo y la mayoría

poesía.

el desarrollo del pensamiento y lo crea-

de los poemas- y de Mónica Mon-

Sergio Raúl Arroyo, actual director

ción de los mitos primigenios. Explica

sour, da ciertamente sólo una proba-

del INAH, nos introduce al tema con

también cómo, al compartir las dife-

da del fruto de la poesía quebequense

"Elogio del cuerpo". Rescata lo impor-

rentes culturas mesoamericanas una

del siglo XX: de cada poeta aparecen

tancia del acercamiento o las expre-

cosmovisión, va gestándose una mis-

cinco poemas, con la condición de que

siones artísticas puramente originarias

ma concepción del cuerpo, aunque

fueron tomados en cada caso de un
solo libro o, en su defecto, de una

de esta tierra, al destacarlos como una

con algunas variantes regionales. El

corriente de viento fresco que vendría

artículo ofrece un atractivo recorrido a

a ofrecer nuevos panoramas al arte

través de diversas visiones de la géne-

moderno, el cual, en la actualidad y

sis del hombre mesoamericano y su re-

desde hace años, ha estado más ocu-

lación con el cosmos.

pado de las concepciones europeas.

Christian Duverger, en "La energía

Elogio del cuerpo
mesoamericano

A su vez, el autor ofrece (en sus

sexual y sus peligros", expone cómo

palabras) "casi un inventario" de la

logró el pueblo azteca sofocar paulati-

Artes de México 69

plástica mesoamericana, en donde, a

namente las costumbres eróticas y li-

pesar de los diversos materiales con

bertinas de los pueblos conquistados

los que están elaboradas las piezas y

para imponer su concepción meramen-

La identidad del
exilio permanente
Latinos del norte. Antología
de poesía de Ouebec
De Bernard Pozier (compilador)
Écrits des Forges / Fondo de Cultura
Económica
México, 2003

antología del autor. El orden en la disposición de los poemas no es propiamente cronológico, sino que se ciñe a
una clasificación que Pozier hace de
los poetas de acuerdo principalmente
a las características formales y temáticas de sus obras. Así, la ontología
abarca obras publicadas en un lapso
que va de 1937 a 2001, y que, en
palabras del mismo Pozier, pertenecen

Artes de México dedica su

sus distintas procedencias tanto espa-

te reproductiva. Según Duverger, los

Latinos del norte es una rápida ojeado

número 69 a un interesante y lumínico

ciales como temporales, llegan a esta-

aztecas veían la energía sexual como

o una poesía interesante desde antes

tas facetas de la manera quebequense

estudio del cuerpo humano a través de

blecerse comunes denominadores. El

un capital que no debía ser gastado

de escribirse: la de Quebec. Presenta-

de estar en el mundo a través de la

da por el poeta y editor Bernard Po-

poesía y de meterse en el mundo a
través de ella".

La revista

la plástica prehispánica de Mesoamé-

sorprendente conocimiento de la fiso-

en juegos inútiles; lo desobediencia a

rica. "Elogio del cuerpo" mesoameri-

nomía humana, las escenas de la coti-

esta disposición merecía amonestacio-

zier, esta antología reúne textos de

a "poetas representativos de las distin-

cano es un completísimo compendio

dianidad, lo sexual, lo ritual y lo sagra-

nes que podían llegar hasta la muerte.

quince poetas nativos de la provincia

tanto de piezas de arte como de mate-

do son las vertientes q ue las obras

El cuerpo, su desnudez, lo fertilidad,

francófona canadiense, una nación que

Pensando en lo que pueda signifi-

la vida, todos estos fueron temas recu-

históricamente no ha terminado de ser-

car esa manera quebequense de estar

lo y que dentro de su país resiste la

en el mundo, nos encontramos con un

riales arqueológicos creados por dis-

antologadas permiten explorar.

tintas culturas precolombinas!. Además

En su vasto artículo "La concepción

rrentes en la poesía mesoamericana,

de los excelentes fotografías de los

del cuerpo en Mesoamérica", Alfredo

según apunto David Huerta en " Los

102

influencia de la cultura anglosajona con

conjunto de poemas que tienen un

su apego a la herencia francesa.

paisaje común y anidan y se desarro-

�llan dentro de él. Las estaciones, y prin-

la mencionada sensación de exilio .

ginar espejos e intercambios de espe-

retóricos que emocionen hasta a un

siones, su masa turbulenta, los lados

qué cosos, ni de qué calles, ni de qué

cipalmente el otoño -elemento que-pue-

También desde el surrealismo, Roland

cias en mañanas de nieve luminosa".

parapléjico. Tal vez por eso, también,

del trapecio, las anchas gafas (el arete

ciudades, es que creo siempre dema-

de llegar a parecer obsesivo par su ·rei-

Giguére elude el riesgo de caer en el

soporto las poses, los aires de grande--

en la lengua, los labios rojos de la

siado en lo poesía, y espero de los

teración - , la nieve, la nostalgia del

tono panfletario cuando trata la dico-

za rara vez fundamentados, y aguar-

poeta) toman forma y cuerpo. Llego

poetas palabras pulidas como dijes de

exilio y la imagen de las aves son mo-

tomía libertad-opresión, y deja en "Los

do encontrar en esta poesía, en estos

a reconocer en las líneas de este li-

oro, insospechados maremotos de sen-

tivos que construyen ese paisaje en el

ojos del pan" un testimonio íntimo y

poetas, la sal del lenguaje y, por qué

bro a quien escribe y creo conocer:

saciones, juegos retóricos que emocio-

que adivinamos una manera de estar

enfermo, completamente vital, de la

no, la sal de la vida .

o Minerva Reynosa palabra a pala-

nen hasta a un parapléjico. Tal vez por

en el mundo y un modo particular de

injusticia y la opresión, sin acercarse

Pero entonces uno lee. Encuentra un

bra en sus poemas, en esta primera

eso, también, soporto las poses, los

vivir la poesía. En varios de los poetas

nunca a la idea de mencionar estas

libro. Lo toma, lo hojea, se deja en-

reunión de sus poemas, en ésta su

aires de grandeza rara vez fundamen-

esto se manifiesta en un malestar, una

palabras.

ganchar par algunas de esas palabras

infanta necia.

tados, y aguardo con verdadero ho-

Jorge Sauceda

especie de choque entre el individuo y

Los breves poemas de Normand de

aladas como garfios, y con ánimo lo

La poesía de Minerva Reynosa es

nor encontrar en esta poesía, en estos

el entorno, detrás del cual se trasluce

Bellefeuille, con pequeños versos enca-

compra. Pero entonces, insisto, uno

descaradamente provocativa. No es-

poetas, la sal del lenguaje y, por qué

una falta y consecuente búsqueda de

balgados, rápidos provocadores de

lee. Y aparecen en estos libros de poe-

peren encontrar en ella el rigor del ca-

no, la sal de lo vida (eso, al menos, es

identidad. Hector de Saint-Denys-Gar-

imágenes que coquetean con la ironía

sía cadenas de palabras que no nos

non poético. Minerva Reynosa nos

lo que encuentro en este libro de Mi-

neau, en sus elegantes poemas de

en medio de un humor extraño, resal-

d icen nada, poemas escritos sólo para

habla lo mismo de la nostalgia que del

nerva Reynosa; pero siempre los estéti-

emoción contenida y expresión sintéti-

tan en la antología con la frescura de

la

aristocracia de quienes manejan el

sudor o de lo menstruación. Y sucede

cas son distintas y los poemas pueden

ca, dirá:

una obra reciente y dan testimonio, al

Lenguaje, imágenes aisladas de otras

que, paro mí, desde mi estética, des-

ser para uno persona incandescencias,

imágenes que navegan en las páginas

de mi gusto, los poemas de Una infan-

y paro otro, como hielos huecos. Paro

con bandera neutral y cuyas ideas tie-

ta necio suelen ser reveladores como

unos tendrán los poemas de este libro

igual que los poemas de sus contemPero no puedo cambiar de sitio
[ sobre la acera
No puedo poner mis pies en esos

poráneos, de la vuelta de la poesía
quebequense a un plano personal e

Una infanta necia

nen en común la pasión por la poesía,

uno paloma viejo que pasa, como un

un ritmo acompasado; para otros, la

íntimo en las últimas décadas.

De Minerva Reynosa
Harakiri Plaquettes

pero que no alcanzan a desentrañar la

grifo abierto o media noche. Pasan las

ausencia de éste).

pasión por la vida, por la sangre.

Cierra esta antología Lucien Fra_nccer,

[pasos
y decir: soy yo

De /,a poesfa prowcatim,

poeta y rockero que muestra una visióQ

Monterrey, 2003

poética nutrida por la influencia cultura(

palabras de nuevo. Ahora expulsan a

Yo sólo soy un lector no tan aveza-

Poco a poco, conforme el libro avan-

los demonios internos, luego sucumben

do en lo poesía . Pero les hablo, les

za, termina uno por dejarlo, por aban-

al aire que influye como manantial,

platico a través de las sensaciones que

mientras que Paul-Marie Lapointe, in-

y lingüística anglosajona, en una ~spe-

A veces creo demasiado en la poesía,

donarlo en un rincón más del librero, a

como rueca con hilos, hilos verdadera-

este libro me provoca; pues la poesía

fluido par el surrealismo, entonando sus

cie de culminación de este recorrido por

y espero de los poetas palabras puli-

un lado de

la estufa, en la parte de atrás

mente largos, verdaderamente ancia-

-antes que cualquier pirotecnia del

versos con voz dura, en poemas ple--

la poesía de Guebec, en la que se pue-

das como dijes de oro, insospecha-

de la taza del baño; lo olvida a concien-

nos. Y así -hilando, corriente tras co-

lenguaje, que cualquier desarrollo na-

nos de fuerza y de violencia, ha de

de, citando a Claude Beausoleil, "ima-

dos maremotos de sensaciones, juegos

cia en asientos de camiones que van a

rriente, sangre con palabras entremez-

rrativo- , la literatura en sí, debe ani-

ciudades distantes o en las filas del ban-

clados-, los poemas llegan, vienen,

mar nuestros sensaciones. Después de

co un día de quincena.

rebotan y arrostran desde el fondo una

eso, lo demás sale sobrando.

decir:
Yo he golpeado mi frente contra la

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA 70 AÑOS LETRAS SIN FRONTERAS

Pero entonces, uno de estos días,

sensación de redoblado esfuerzo, plo-

Dice Alí Chumacera que la poesía

se encuentra un poema. Y ese poema

ticándome nombres de no sé qué co-

se cato con el oído y se percibe con

nos lleva a un libro. Y el libro, por con-

sas ni de qué calles, de no sé qué ciu-

la sangre. Aquí están estos poemas

[pueden

siguiente, a conocer a un poeta. Los

dades.

para que los escuchen, para ser perci-

soportar el exilio

poemas nos conducen por un paisaje

Me recuerdan tiempos cuando so-

bidos. Lean sin dolo, sin rencor. Lean

de imágenes, de Hugos Enricos pa-

lía viajar desarreglado, el recorrer so-

con la capacidad para descubrir un

[bruma
donde los pájaros mismos ya no

El apartado dedicado a este poeta re-

seando por la playa, de Rúnikas. Y

námbulo por habitaciones enormes con

mundo, con el ludismo de quien en-

sulta uno de los más interesantes. La

entonces, con la duda, con la circuns-

lo pintura aún fresco y de pésimo gus-

cuentra un pasatiempo nuevo. Se sor-

búsqueda de Lapointe en el plano for-

tancia, con la oportunidad del agobio

to. Y así, entre recuerdos, los poemas

prenderán cuando descubran hombres

mal da vida al tema de la rebeldía y a

matutino, nuestras ideas se marcan en

se alojan, se aglutinan, buscan su aco-

deambulando por las playas; cuando

la crítica social, que en otros poetas

el asfalto y resaltan las desdichas de

modo junto a las palabras que todo

sientan que junto o ustedes, leyendo,

se acercan más a la denuncia literal,

lo malintencionado.

buen lector acumula con los años. Se

se encuentran fantasmas, mujeres que

El poema que he encontrado se lla-

aprietan sudorosos, vibrantes, junto a

leen el destino en rúnikas; incluso, ni-

ma "El discurso del neumático", y el

otras frases y los poemas de otros au-

ñas a su lodo -acaso, entre ellas,

libro: Uno infanta necio, de Minerva

tores.

escondida, alguno infanta necia que

en menoscabo del interés estético, y
que en los años sesenta fueron una fuente primordial de la poesía de Quebec.

1 934-2004

FONDO DE CULTURA
ECONÓMICA

Este poeta crea un mundo violento, en

Reynosa. De esta poesía, de estos

Por eso, por la larga lista de emo-

lugar de sólo referirlo, y capta en sus

poemas que salen como buenas noti-

ciones e ideas antes descritos que me

cias de la nada, me imagino cómo

provoca leer Una infanta necia, por

habla, cómo es la poeta. Sus compre--

esos vuelos, esos recuerdos de no sé

versos la rabia y el dolor de ese mundo caracterizado por el malestar, por

104

L1breria Fray Servando Teresa de M1er. Av. San Pedro núm 222. Col. M1ravalle.
Monterrey. Nuevo León, 01 (81) 8335 0319 y 71

les digo al oído, calladamente:
Muéranse.

Anton io Ramos

105

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LOS AUTORES

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Luis Aguilar (Tamaulipas, 1969). Ha publicado los libros
de poesía Elipses y otras penumbras y Tartaria, y el de
crónica Soberbia de cantera. Premio Nacional de Poesía Manuel Rodríguez Brayda 1998.
Joaquín María Aguirre Romero (España). Profesor titular del Departamento de Periodismo en la Facultad de
Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Dirige la revista vütual Espéculo,
perteneciente a esa misma universidad.
José Agustín (Acapulco, 1944). Narrador, guionista y periodista, representativo autor de la literatura de la onda.
Fue becario del Centro Mexicano de Escritores de
1966 a 1967, y de la Fundación Guggenheim, en 1978.
Recibió el Premio Latinoamericano de Narrativa Colima/INBA 1993. Entre otros, ha publicado Inventando que sueño, La tumba, De perfil y Cerca del fuego.
José Alvarado (Lampazos de Naranjo, 1911-México, 1974).
Narrador, periodista y ensayista. Participó en los debates para la creación de la Universidad de Nuevo
León, de la cual fue rector posteriormente, de 1961 a
1963. Colaboró en El Nacional, Excélsior, Siempre! y
Barandal; y publicó, entre otros, Memorias de un espejo
y El personaje.
Francisco Barragán (Monterrey, 1963). Ha expuesto s u
obra fotográfica en México, Estados Unidos, España y
Costa Rica, tanto en fonna colectiva como individual.
Se desempeña como diseñador gráfico en la UANL.
Cristina Burneo (Quito, 1977). Estudió literatura en la
Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Miembro del consejo editorial de la revista de ensayo y
poesía País secreto. Mereció el Premio Nacional de
Literatura Aurelio Espinosa Pólit, de Ecuado1; por El
sueño de Pierre Menard. Ha traducido a Serge Pey, Edmond Jabes y Hart Crane. Actualmente prepara una
traducción al español de los poemas franceses inéditos del poeta ecuatoriano Alfredo Gangotena.
Néstor García Canclini (La Plata, 1939). Filósofo y antropólogo, actualmente es investigador y profesor de
la UNAM. También ha impartido cátedra en las universidades de Stanford, Austin, Barcelona y Buenos
Aires. Recibió la beca Guggenheim, así como el Premio Casa de las Américas. Entre otros libros, ha publicado Cortázar, una antropología poética, Culturas hí-

bridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, La globalizaci6n imaginada y Las culturas populares en el capitalismo.
Gabriel Contreras (Monterrey, 1959). Narrador, dramaturgo,
periodista y guionista.
Eduardo Espina (Montevideo, 1954). Poeta y ensayis ta.
Obtuvo un doctorado en filosofía en la Universidad de
Washington. Entre otros, ha publicado los libros de
poesía Coto de casa, Lee un poco más despacio, Mínimo

106

de mundo visible y El cutis patrio. En Uruguay ganó
dos veces el Premio Nacional de Ensayo: en 1996,
por Las minas de lo imaginario; y en 2000, por Un plan
de indicios. Actualmente es editor de Hispanic Poetry
Review, revista dedicada a la poesía escrita en español.
Daniel González Dueñas (Méx ico, 1958). Estudió dirección
cinematográfica y ha dirigido varias películas. En
2003, su Libro de Nadie fue acreedor al Premio de
Ensayo Hispanoamericano Casa de América / Fondo
de Cultura Económica. Tiene además seis premios
nacionales de literatura. Ha publicado también Luis

Buñuel: la trama soñada, Las visiones del hombre invisible y Mélies: el alquimista de la luz. Notas para una
historia no evolucionista del cine.
Rodrigo Guajardo (Monterrey, 1983). Abandonó la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Hasta hace tres
años residía en Cadereyta (actualmente: en Monterrey). Cree en Dios.
Ilinca Ilian (Rumania, 1972). Ensayista y traductora. Ha
recibido varios premios de traducción en Rumania. En
2001 fue profesora invitada por la UANL. Tradujo
Rayuela, de Julio Cortázar, autor sobre el cual ha elaborado su tesis de doctorado en literatura comparada

Julio Cortázar y la novela europea.
Irving Juárez G6mez (Ciudad de México, 1978). Egresado
de letras españolas por la UANL. Reside en Monterrey; por ahora investiga el origen de las computadoras en el mito de "El turco", del barón Kempellen.
Carolina Olguín (Monterrey, 1978). Es licenciada en letras españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de
la UANL. Ha realizado labores en el área de edición,
corrección de estilo y redacción.
Antonio Ramos (Monterrey, 1977). Narrador. Estudió letras españolas en la UANL. Fue becario del Centro de
Escritores de Nuevo León y del Centro Mexicano de
Escritores. Recibió el Premio Nuevo León de Literatura
2003.
Domingo Ródenas de Moya (España). Doctor en filología
hispánica por la Universidad de Barcelona. Actu almente es investigador y profesor titular de literatura
española de la Universidad Pompeu Fabra. Ha publicado el ensayo Los espejos del novelista y las antolo¡?;ías Proceder a sabiendas y Prosa del 27.
Jorge Saucedo (Monterrey, 1980). Estudió letras españolas
en la UANL. Obtuvo los premios Cuento y Poesía Nicolaíta y Literatura Joven Universitaria, en el rubro
de poesía. Ha publicado en las revistas Fronteras y

Cathedra.
(Mon terrey, 1977). No
Francisco Javier
terminó la licenciatura en economía. Es autodidacta.
Vive en Escobedo.

Javier Sicilia (México, 1956). Poeta y ensayista. Estudió
letras francesas y ciencias políticas en la UNAM. Ha
sido colaborador de Versus, la Gaceta del Fondo de
Cultura Económica, Territorios, Sábado y Excélsior. Es
autor del libro de ensayos Cariátide a destiempo y otros
escombros y de los poemarios Permanencia en los puer-

tos y La presencia desierta.
Jorge Silva (Monterrey, 1978). Dramaturgo, actor y director
de teatro. Fue becario del Centro de Escritores de
Nuevo León en el año 2000. Sus obras cortas se han
publicado en las antologías Teatro breve nuevoleonés y
Contraseña, nueva dramaturgia regiomontana. Actualmente imparte cursos de teatro y literatura para la
Secretaría de Educación, Cultura y Deporte de Monterrey.
Rafael Teniente (Monterrey, 1965). Pintor. Realizó estudios de diseño gráfico. Ha realizado exposiciones individuales y colectivas en el Museo Metropolitano de

Monterrey, el Centro de las Artes de Nuevo León y en
diversas galerías de la ciudad.
David Toscana (Monterrey, 1961). Narrador. Ha publicado
el libro de cuentos Historias del Lontananza y las novelas Las bicicletas, Estación Tula y Santa María del
circo, traducidas a varios idiomas. Es uno de los autores más importantes de la Triple N (Nueva Narrativa
del Norte).
Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) Narrador, autor de
una vasta obra que ha sido traducida a once idiomas y
que se considera una de las más originales de la literatura española actual. Obtuvo el Premio Rómulo Gallegos por su novela El viaje vertical y el Premio Herralde de Novela por El mal de Montano. Ha publicado, además, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, Lejos

de Veracruz, Bartleby y compañía y París no se acaba
nunca.

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                <text>Contreras, Gabriel, 1959-, Director</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Bolívar en Sicilia</name>
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                    <text>TOMO XXIII.

MÉXICO, AGOSTO

15

DE

1908.
- -- -

NÚM.

15.

--------

LA ESCUELA DE MEDICINA.
PERIÓDICO DEDICADO A LAS CIENCIAS MÉDICAS
FUNDADO EN 1.879CONDICIONES.

CONDICIONES.

1

Este periódico se publica los dias 15 y
liltimo de cada mes en cuadernos de 24
páginas, con forro de color y en buen pa·
j,ef, siendo el preciodesubsoripción anual
el de ~eia pesos en Mé:lico y siete cino:uentaenlosEstnd~squesepagaránpre-,Ores
c1saruonteporcuatnmestresadelantados., '
. No se admite!!: subscriptores pormenor
tiempo de un ano, que es lo que correapondeh;1 tomo.Paraelei:tranjero$3.00
~rano.

BEDA.CTOBES:

Se publican Intercaladas en el tei:to,
las ilusb·aoiones que sean necesaria&amp;.
.Se reciben subscripciones en In Redac,
Dr. Adrian de Garay,
c1ón, calle de León núm. 4.
Los pedidos de la Capital y de loa Ea,
Angel Guiño' Porfirio Parra1 F' Zárraga1 generaJSr.Dr
todos de~en diri,glrse al Administrador
}::OuardoJoublanc, Apar,
s. Qnmdo y Zubi. eta1
te.do 778, ó (t. la misma. Redacción.
,•
Rafa.ti Cara.za y Dand Cerna.
Numerouueltos,cuarentace11ta,os.
-~--.-.-,
·
DIRECTOR,

..

j

j

Administrador general, Sr. Dr. Eduardo Joublanc, calle de León núm. 4, 6 Apartado 778.

Los diversos aspectos de la medicina preventiva.
POR EL DR. ENSCH,
Jefe del servicio de IDgiene y de Medicina Preventiva de Schaerbeck-Bélgica.

( Concluye.)

SERVICIO DE HIGIENE.
INSPECCIÓN MÉDIOA DE LAS ESCUELAS.

Señor:
Tened la bondad de ir con vuestro hijo á la consulta de la inspección médica
&lt;le las escuelas que tendrá lugar el. •••.......•......•..•.......• _ . _ .. • • _•.
.

.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

4

.....................................

.

El Direcwr.

l. Para descubrir las enfermedades de que puede estar atacado un niño, es
útil que se le haga un examen médico completo.
2. Muchos niños se vuelven sordos porque tienen pólipos.
3. Otros tienen defectos en la vista que se podrían corregir.
4. Otras muchas pequeñas afecciones pueden ser descubiertas por un examen
médico completo.
5. Es para establecer el balance de la salud de los niños que frecuentan las
escuelas de Schaerbeck, que la administración comunal ha instituido la inspección
médica.
6. Este servicio no se ocupa de los cuidados que dehen prestarse á los escolares en caso de enfermedad. Esto corresponde á los médicos y á las clínicas. Se
hace excepción de los cuidados dentarios que se verifican en la escuela.
. 7. Podréis oponeros al exámen médico de vuestro hijo, así como al tratamiento del dentista.
8. Os recomendamos que facilitéis la tarea de la inspección médica, acompañando á vuestro hijo á la consulta de los médicos.
No basta tampoco dejar un nasofaríngeo en cualquiera clí~ica. Los cuidados
posteriores á la operación, los procedimientos antisépticos, los ejercicios respiratorios, tienen nna importancia que todos reconocen. Se impone una sobrevigilancia
DR. ADRIAN DE GARAY.
Profesor de Anatomía Quirúrgica en la Escuela N. de Medicina y de Higiene en la Escuela Normal de Profe1ora11, Médico del Hospital "Juárez," etc.
BlfPEOIAl,18TA

EN OJRUGIA ){ VIA8 URINARIA~.

Mesa y aparatos especiales para embalsamamientos.-Kspecialidad para embalsamamientos por un procedimiento particuJar y excelente. - A cualquiera. hora se tiene listo todo lo necesario para practicar no embalsamamiento.-Cnra las estrecheces de la uretra, recto, esófago y útero por medio de la electrolisis, sin J)flligro, ni clo·
roformo, rápidamente y sin dolor.-Tiene su eaaa de Salud en la Calle de Le6n núm. 4
H

�338

LA EsouELA

DE

M.En10INA.

LA ESCUELA DE MEDICINA,

continuada, lo que es muy poco probable, pu~sto que la operación se verifica e~ la
policlínica ó tal vez en el cuar.to d~l proletario: Cuánh1s vec~: no nos ha ~uced1clo
¡¡,consejar el raspado de las veJetac1ones ~d.enmdeR y que el n~no regrese sm ?R~~r
aliviado. La obstrucción nasal había remd1vado. ¡Hénos aqm colocadoR en chf1c1l
situación tanto respecto del maestro como de los padres! .Pero hay algo peor, i no
se ha obtenido ningún 1:esultado !
.
.
El profesor Del.saux, que se ocu_pa de estas_ cuestiones con ve_rdadera conc~en:
cia, en un artículo titulado: Vegetaciones adenoides y contra respir:adores, escrib?.
"Vigilemos á nuestros pequeños operados,?º les confiemos excl~1s1 va mente al cmdado de los padreR; instituyamos un tratamiento ~eneral reconi-t1tuyente, pa~a que
tengamos co~c~encia ~e haber desemp.eñado cumphdamente nuestro rol ele médico~."
Veo remdrvas mños operados sm resultado, esto es deplorable. ¡Puedo decu,
como m4dico de e;cuela, que el especialista no ha cumplido su deherT
¡Puedo aconsejar la aplicación d~ u~ contra.respiradorY
Según la teoría actual, me extrahm1to en mis derec~os.
¡Puedo aconsejar la desinfección continua de la nariz!
Yo hago de médico; me extralimito nuevamente en mis derechos.
Creemos que este rol de vigilancia debería ejercitarse en la escuela. Es lo que
.
.
estableceremos más adelante.
Pero hay inconvenienteR para est~. Se va á l.~ escuela para mstrmrse,. al taller para trabajar, al cuartel para segmr l~ pr~fes~on de la~ ar~as. Pues m la ~scuela ni el taller ni el cuartel deben i-er mstituc,ones samtarias. Que el médico
teng¡ ahi cabida,' ¡está bien! Pero l:lS? s~r~ para ocupar,se 1e los peligros del contagio que resulte del contacto de los md1viduos entre si m1smo para descartar las
enfermedades profesio~ales. Si él se ocup.a .de la ~alud en general, sobrepasa sus
derechos y lesiona los mtereses. de la med1cma pri_v~da.. .
i Debemos, en la prosecución de nuestras re1vmd1caciones, detenernos ante
estas consideraciones T
No lo admitimos.
No restringimos demasiado el rol del médico de. escue~a.. . contrario, perse. .
guimos su amplificación, á fin de alcanzar las conquistas hig1emcas..
Véamos todavía otra dificultad que hemos encontrado. ~s la simphc1dad. de
los síntomas que nos proponemos remediar. Ocuparse de cor1Zas, de bocas ab10rtas, de amígdalas ~u'!11efactada~, i.q~é irrisi?n ! No~ pare?e. que los maestros han
acogido con escepticismo el prmcip10 de la mspección medica; no les acusaremos
por esto, puesto que mucho~ médicos son ~gualmente ~s_cépticos. ~stos peque~os
síntomas tienen el inconvemente de no deJar ver sus dificultades smo en un le,Jano porV"enir. Para proceder bien, sería: necesario dar á conorer tanto á los padres
como á los maestros la máscara adeno1de en personas adultas, mostrarles el aspecto de sufrimiento de estoe individuos de rostro deformado, de ~ii.labra ~onfus~, de
audición penosa, de respiración difícil. j La conversión ~e verificaría mm.e,d1atamente ! Sería necesario hácerles comprender cuán frecuente es la obstrncc10~ n~sal en los tuberculosos y de qué manara las vías respiratorias pued~n const1tmr
una ¡,redisposición tuberculosa. Mas todos estos hechos s?n muy d1ferentes del
.
coriza de la infancia, y esto disminuye su valor demos~rati vo.
Pero se presen.tan algt_1na.s cuestiones.. E~ pr.esencia do ~n tumor aden?1de,
¡la operación está siempre md1cada! ¡Las mdicac1ones están s1empre e~tablecid:1-.st
iEs necesario que todos los naso-faríngeos por pequeña que sea su mflamac10n
sean raspadosY
. .
.
Hay allí problemas que dilucidar. Hemos visto fre~uentemente. desapa1·~?er
sorderas y mejorarse la obstrucción nasal, naturalmente s1.n la me~1or mtervenmon.
E l cuadro número 1 muestra perfectamente la favorable influencia de la edad sobre la sordera. Wilbert ha sometido la cuestión á un examen sistemático. Ha examinado 375 alumnos. Mientras á los 6 y medio años 62 p~r ci~nto de niño~ habían tenido hipertrofia de la amígdala nasal, no la han temdo smo 46 por ciento

AJ

á los 12 y medio años .de eclad. Mientras que cuenta 16 por cient~ de sordos á los
7 años .v medio, no hay má~ que 5 por ciento. á 1.o~ 12 añoR y med10.
El tratamiento en la escuela.-IDI examen md1v1dual ele los alumnos, la consulta
á los padres, el envío á las policlínicas, son todas buenas medidas. Han pres~do
RervicioR. Los continuarán prestando, pero. si se coloca desd.e el pun.to de vista
ideal, deRde el punto de vii-ta de la. profilaxia absoluta de los mconvemente~ de la
obRtrucción nai-al y de la sordera, 1mporta avanzar un pas? ID:ás:. convendr1~ que
el médico de escuela pudiera en un gran número de casos mstitmr el tratam10nto.
&amp;No se ha aceptado la entrada del dentistaY Cyéase la not~.) Y no como. se
quiera la del dentista estadístico, numerador de cai:ies, del dt,ntls~a ~o~sultor, smo
el dentista operador, fil dentista que atiende las caries desde el prmcip10 y que des.
.
truye los focos de infección. {Véa.sP el ap~n~icP.}
Cuántas veces, examinando á los ch1qui1los de las clases rnfer10res, se ye la
profusión en ellos de corizai::, derrames mucopurulentos, sorderas, obstrucciones
nasales. 1
Estos síntomas serían insuficientes para fijar la atencion de los p~d~es Y. encaminárlos hacia una policlín.ica y en particular para. establecer una v1~1lanci.a y
un tratamiento severos. Viene entonces infaliblemente esta observación: 81 se
permite que el dentista cuide la carie al principio, ¡porque el otorinola1·ingolo~sta
no cuidaría los signos iniciales de las afecciones nasales y nasofaríngea.sT ~e duá:
j la escuela no es una clínica! Perfectamente, pero así como hay tendencia marcada en concederá la educación física el lugar que le correspon~e al lado d.e .la
educación intelectual y para lle¡?ar á ~ste resultado, una de las primeras cond1c10nes es la integridad de las vías respiratorias, t, no se deduce de aquí que es nece·
sario todo esfuerzo para conseguir este finY
Oh! Lo sabemos. La objeción está preparada.
Trasgredimos las fronteras de la medicina de escuela. La.escuela. no es. ~na
clínica. &amp;Es una razón para que ella no se convierta en la clímca de la medi.cma
preventiva.Y &amp;Es que ciertos viejos principios ~e.redadoi- del. pasado, deberán ~1empre servir de obstáculo para. que nazca la medicma prevent1va, qu~ s.e organice y
que se imponga á la atención pública por los resultados que. sumimstreY Por la
instrucción obligatoria, no se le ha quitado á los padres el c~idado de ocuparse
la educación intelectual de sus hijos. ¡Porqué, si son insufie1entes, no se les qmtaría así mismo la educación física cuando se trata de la suprema salud de la nación y__ de la humanidadY
Se ha dicho: "nada de tratamiento médico en la escuela. "
Oh! este principio no tiene nada de absoluto. Ha sido violado desde el día en
.
.
que el dentista entró á la escuela.
Ha sido viola.do, en su purez~, des~e que se ha ~o!lvem?o en c10:tos lug~res,
no sólo en determmar una. refracción, smo en prescr1b1r algun anteoJo apropiado
para un defecto visual ó todavía cuando se le ha pedido vigilar el estado de una
refracción á través de la vida escolar, ó aún cuando se le ha encargado á un médico de escuela, como sucede en ciertos países, en Siberia, por ejemplo, no sólo la
prevención sino la curación de esta terrible enfermedad, que es la oftalmía granulosa ó tddavía cuando, á ejemplo de Bruselas, se ha distribuido en la escuela
.
.
,
aceite de hígado de bacalao.
i Sería necesario desde ahora, que para afece1ones cuyo trata~nento mteresa
tanto la profilaxia de la obstrucción nasal, se confiara este tratam10nto al azar del
interés que los padres le conceden Y

4e

l. ¿No sería posible instituir para todos estos enfermos de la nariz, procedimientos como el siguiente?
1~ Al sonarse, se cierra una ventana de la nariz y se sopla á la vez por la otra¡
2~ Volverá comenzar así tres veces de cada lado;
.
3'.' [ntrodu&lt;;ir, con la ayucla del dedo una cantidad como una alberja, de la pomada que se prescriba
y en seguida aspirar hasta que llegue á. la garganta¡
.
.
..
4~ Tratar de no expulsarla en este momento tosiendo 6 expectorando, smo deJándola en su sitio &lt;il
mayor tiempo posible¡
5? No sonarse sino después de meclia hora cuando mAnos.

ANTIGUA BOTICA DE LEON.

JOHANNSEN, FELIX Y COMP.

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nales y extranjer1111.
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339

Profe~n 4. - México. - Apartado 313.
Tenemos un gran surtido de aparatos, enseres é instrumentos: todo lo que necesita el médico; todo
lo necesario para el cuidado de los enfermos.

�340

•

LA EsooELA

DE MEDICINA.

Pertenecemos al número de los que creen que los médicos deben preve?ir el
mal, que deben prodigar sus cuic1ado!'l á todos, y que la medicina debe º:gamzarse
para realizar todo el trabajo médico que es necesario verificar. Es pree1so qu? el
auxilio del médico sea lo más fácil de alcanzar, y que, cuando juzgamos una mstitución de medicina preventiva, tengamos como criterio el número de personas
que aprovechan de ella.
.
~uisiéramos pues que hubiera un rinolaringologista ambulante que realizara
en las escuelas toda la labor que sea posible, á fin de que el tratamiento no sea un
efecto de la casualidad.
Si estas opiniones pudiesen prevalecer y si esta organizaeión pudiera establ~cerse, los ciudadanos no perderían un tie..npo precioso en Í1' y esperar en las _POhclínicas, la vigilancia médica de la infancia se haría con más fruto, y el legaJo sanitario podría establecerse con mayor exactitud.
Medicina preventiva y medicina ci,rativa.-Nos encontramos ante problemas
diferentes bajo muchos conceptos de los que han sido examinados en épocas anteriores. Nuestros predecesores en la lucha de la higiene, tenían ante todo que realizar lo que Mr. Oleary llama la" limpieza cívica. "· Ellos se esforzaban en proveer á las ciudades de buena agua, botar laP inmundicias y las aguas excluídas, en
abrir calles amplias, parques, mejorar la situación sanitaria de las casas, reglamen tar las industrias insalubres, impedir la polución de la. atmósfera y de los ríos. Su
tart-a fné enorme y aun cuando los resultados fueron considerables, no se puede
decir que hayan alcanzado su objeto de umi. manera completa, pero por lo menos
no es imprudente afirmar que quedan trazadas lag líneas principales y que lo que
resta por realizar, es la conclusión de la obra.
Se trata ahora de llevar á cabo la higiene personal.
Es un hecho importante en los anales de la medicina preventiva, la investigación que acaba de tener lugar en Holanda respecto á la frecuencia de las vegetaciones adenoides en los escolares. Cualquiera que sea la opinión que se tenga
acerca del valor científico de esta información, debemos aplaudir este auxilio de
un gobierno que estima que la salud vale la pena de ocuparse de ella. Contamos
ya con cierto número de investigaciones aisladas hechas por especialistas en las
~scuelas de las grandes ciudades. Lo que hace notable la información holaudesa,
es que se generaliza á todo el país. Ella recuerda las notables indagaciones que
acaban de tener lugar en Inglaterra, donde el gobierno ha ordenado una sobre la
salud del pueblo, así como lo habría realizado para imponerse de las condicio~es
de existencia de la pequeña burguesía. Así se encamina poderosamente la atención
de todo un pueblo hacia los asuntos relacionados con la salud pública.
Hace ya algún tiempo, asistíamos á una conferencia de médicos, que se ocupaban de la nariz, de la laringe y de la garganta. Mientras que se debatía la cuestión de la higiene de las vías nasales en la escuela, uno de los colegas y no de los
de menor crédito, declaraba que los médicos no debían secundar este movimiento
de higiene. No sólo disminuiría el número de clientes, sino que las policlínicas
quedarían desiertas; ¡ya no se podrían ejercitar en las operaciones propias del especialista!
Este cinismo nos ha indignado.
Existe verdaderamente un antagonismo entre las dos medicinas.
Una de ellas se ocupa de cosas triviales: la vigilancia de la respiración nasal
y la audición.
Para la otra, los casos raros son objeto de codicia.
Operar, hé aquí lo que confiere el derecho de maestría.
Lo concedemos: es una fatalidad de la hora actual.
Debemos vivir de la enfermedad.
i Pero esto es una razón, para no volver menos bárbara nuestra profesión y
para trabajar de modo que el médico sea retribuido igualmente por toda su misión
proflláctica á la que se dedica con tanta generosidadY

LA

Esom....A

341

DE M EDIOINA.

Correl,tei6n entre las diferentes instituciones de medicina preventiva. - V~mos act1;1almen te e~ nuestras grandes ciudades la difusión de las instituciones ,le medicma preventiy~. Un médico que se ocupa de lactantes ve con indiferencia el desa~rollo de la higiene escolar. Otro que dirige un dispensario antitulie1·cnloso no se
m teresa por la higiene de la primera infancia. Y con frecuencia aún el oculista
.
. de la vista, permanece' indiferente
'
que. sigue con mucho mterés
la correcoi6n
á. la'
activida.1 del rinolaringologista.
. Y sm embar~o, ~m objetivo común debería reunirá todos los médicos progresistas ~n. una acció°: igualmente común en favor de una organización general Je
1~ medi~ma preventiva,. basada no sólo sobre un conjunto de ideas y de teorías,
smo de mtereses profesionales.
Es preciso que la higiene constructiva se superponga á la higiene preventiva,
decía Heuppe en el congreso de N uremberg, al terminar un discurso en el que se
ocupaba de la lucha c?ntra las enfermedades contagiosas.
~~eparar generaciones fuertes para el porvenir, es hacer higiene positiva, como d~ria Buc~ner. 9uando el estado ha decretado la enseñanza obligatoria, ha
asumido ~¡ ~ 1~mo tiempo el deber de hacer la educación física y moral.
El h1g1emsta social, que debe ser al mismo tiempo higienista de las razas, ha
de hacer de la lucha contra. las enfermedades contagiosas un medio de acrecentar
la salud.
No retrocedamos al estado natural! Avancemos hacia la salud! Este es el grito
de combate que debe unir á los médicos de escuela.
·
Esta conclusión será igualmente la nuestra.

.

APENDIC E NUM. 1 .
COMUNA DE SCHAERBECK.

Servicio de higiene y de medicina pt"eventiva.
ESCUELAS.

BOLETA SANITARIA
DE

El niño . . _. __ .. ___ . . . ... . .. . .. ! . . _... ___ . . . _. . _...... . _. . . . .. . . .. .
N a.cido el .. . .. _. .. . _.... . _. _. . .. . .... . ..... . ... . . . . . . ... . ... _. . . . .
V acunado el . . _... _.. . __ . _. _... . . _. . . . .. ..... _. _. . .. _. .. . _... _. __ .
Revacunado el. . . . _... . _... . . .. ... __ . . __. _... . . ........... _.. . . . _. _
Examinado el . . _... _.. __.......... . .... _. .. . .. ..... .. .. _ . . __ . _. __.
Por ... . - .. --. .. ·-·---- -. . ..... . .......... . . . ..... ........ . .... . ..... .

------ --

-1-1- -,~-1--1--

E dad.
Talla~~ - -P eso. {
P erímetro torácico.
Indice cefálico.

•

D
Agudeza visual.

G

1

--1--.-1 -

�LA ESCUELA DE MEDICINA.

LA ESCUELA DE MEDICINA.

342

No desarrollaremos en este momento los argumentos invocados en apoyo de
esta tesis. Esta argumentación se encuentra expuesta con todos sus detalles, en
un volumen de la Enciclopedia de Higiene de W eyl, titulada: "Los cuidados b:ico-dentarios en la higiene pública." El Dr. Pablo Ritter ha escrito con una incomparable riqueza de datos estadísticos y bibliográficos, una verdadera monografía, en la que se encuentra condensado todo lo que se relaciona con la función del
dentista.

11

Estrabismo.

~1-D

--1-

Permeabilidad nasal.

G

1

-------D1- ----

Agudeza auditiva.

G

Supuración de oídos.

-¡--

____ \ _

---~-Di-sa.

\

Hernia. .

Nuestro objeto al escribir estos lijeros datos no es componer una nueva elegía sobre la extensión del mal dentario, ó hacer una estadística reciente, sino relatar una modesta experiencia de medicina preventiva. Queremos apreciar el rol
del dentista en las condiciones en que se ha ejercido en las escuelas de Schaerbeck. Ha pasado el tiempo de las investigaciones y (lll las estadísticas: principia
la era de la acción. ¿Cómo es preciso organizar esta acción! Este es el problema.
1l1étodo.-Cuando el colegio regional de Schaerbeck pretendió hacer un esfuerzo en favor de la higiene dentaria, tratamos de poder organizar una clínica
dentaria de las escuelas, análoga á las de Darmstadt y de E3trasburgo. Pero no
disponiendo de un local conveniente, hemos operado en las escuelas mismas, durante las horas de clase. La función del dentista se había vuelto pues ambulante.
Después de inspeccionar 111.s bocas, las comprobaciones se inscribían en una
cédula.
Los padres debían en seguida dar la autorización necesaria para que el dentista J&gt;Udiera cuidar los dientes cariados.
El cuadro siguiente relativo á un grupo escolar, indicará los resultados obtenidos y la acción ejercitada.
Este cuadro indica los resultados del primer paso del dentista.
El muestra que, á pesar de las grandes facilidades que se le han dado para
el tratamiento, á pesar de la acthra propaganda ejercitada por los directores de
uno y otro sexo, todos los alumnos no so presentan en casa del dentista, y son
pocos los que toleran asistencia completa. Es igualmente interesante ob~ervar que
mientras más pequeños son los niños, revelan más docilidad. Será curioso ver en
el futuro, si aceptarán esta asistencia con tanta facilidad.
He aquí unos datos materiales:
Preguntémonos de qué manera es preciso considerar esta in.tervención del
dentista en la escuela, primero en sí misma, despuéi:. desde el punto de vista profesional.
Ciertamente, tiene mérito el trabajo realizado. Y serfa muy feliz al poder
presentar al :finalizar un año un balance que dijera: En este momento todas las
bocas están arregladas. Pero en el estado actual de las cosas nos preguntamos, si
esta es la verdadera significación de la higiene dentaria en la escuela, y si su rol
no debe ser considerado como una propaganda. En efecto, á pesar de todos los
esfuerzos de persuación que se puedan intentar, no se llegará á obtener todo lo que
es necesario. Y lo que ante todo apreciamos, es la sugestión que determina el dentista por su entrada á la escuela. Se habla del asunto en las horas de recreo, en
el seno de las familias, llamándose así la atención de gran pa.rte del público acerca de este punto de higiene.

G\

Que no sea consecuencia .de
una enfermedad contagio-

G\

\

343

\

Dientes y columna vertebral, (véase Esquema especial:)
Ojos:
.
" -ma.-Hi'pertrofia de las amigdalas:
Cor1za.-.n:s
Vejeta.ciones adenoides:.
Transtornos del lenguaJe:
Defectos de constitución:
Cefaleas:
-Transtornos nerviosos:
Nerviosidad:
Piel:
Color:
•
Salud general:
DOMICILIOS.
CANTINAS.-REFECTORIO.-VESTIDOS.-COLONIAS.

AntecedP-ntes patoMgicos: (Sarampión. )-:-Escarlatina.-( Coqueluche.)
Difteria.-Varicela.
CONCLUSIONES.

Lactancia durant.e 16 meses.
EXAMENES CONSECUTIVOS.
OBSERVACIONES DEL INSTITUTO.

El dentista en la escuela.-Comentario po~ el Dr. Ensch, jefe del servicio de hi.
M p z
cargad/&gt; del servicio dentarw.
N
giene y . . o us, en 1
l
l . , . to!" pedía en el último Congreso de urem~;~:n:~":ªdrY:s ;r:~:;::is~a: :::cfervientes de la higiene dentaria en Ale. ] Dr Jessen de Estrasburgo.
.
l
· ·,
,
mama,
: del d'entis
. t a adqmete
. . d'rn. á &lt;lia más
enfi a. op1mon
puLaefnnmón
. imnorta.ne1a
r
.,
l
blica. y con razón se quiere actualmente convertirla en func10n o c1a '

,

¡Y desde el punto de vista profesiona1' A primera vista la institución del
dentista de las escuelas aparece como una competencia formidable á la práctica
del dentista particular. Sin embargo, el creerlo sería un error. En la escuela, el
dentista se ocupa de niños, de los que quizás nunca se habría podido ocupar en
su clientela privada. Por otra parte, y estó es lo importante, se despierta en el
público la necesidad de tener una dentadura sana. Mientras más arraigada esté
. semejante necesidad en los espíritus, más se desarrollará la actividad de los dentistas, por lo menos en lo que respecta al control de las bocas. ·Es el mismo razonamiento que hicieron las comunas que crearon la necesidad de los baños desJe

�344

LA EsouELA DE MEDIOINA.

345

LA El:!OUELA DE M.EDIOINA.

la escuela, con el propósito de tener más tarde clientes para sus baños de natación.

1er. semestre de 1904,

A.

CHAUSSÉE DE HELMET

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(niños.)

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QUE MUESTRA LOS RESULTADOS DE LAS ESTADÍSTICAS.

Localidad.

Autor

Lugar dt• lo ¡,ubllcacióu

!:a~i~~~~:

Proporddn de ~n·
ferino• dol apaIMt,tdo
~!:e~~o--rioo-fa. de examen.

18í8 Riga .... . .. Reichard .... Peterslmrge)' medicis ch e W a-

(nüias.)
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10
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6
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Nllmcro

Extraccló1L
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ÜALLE DE LA AGRICULTURA

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CUADRO NÚM.

9 Un caso de fractura.

9
8
8 Una limpieza.
14

Pero, ¡;¡e dirá, la inspección de las bocas, el trata!lliento de la carie al ~ri?-ci·
pio el control anual de le~ dentadura son buenas medidas. Esto es ya la h1g1ene
'' e~ el segundo grado," diríamos gustosos, y sería ciertamen1:e preferible impedir
la carie. Para e8to estamos mal preparados. Las recomendaciones verbales, creemos, han fallado .... quizás la vigilancia de los niños á domicilio produciría algunos efectos.
Se ha preconizado otra cosa: la extracción sistemática. de la primera gruesa
molar. Pero esto parece poco claro todavía.
Se ha aconsejado la provisisi6n de cepillos de dientes ..... ¡Pero se hará uso
de esto en el domicilioT
A este próposito queremos .seña.lar la original proposición que hace Mackenzie en su admirable obra sobre La inspección médica de ws niños de escuela. Propone transferir á la e¡¡cuela los cuidados dentarios que ¡;¡e administrarán bajo la dirección del institutor (p. 263.) Copiamos de su libro este pasaje característico:
'' Esto puede ofender 1mestros prbjuicios, no importa! ¡No es meno~ ridícu~o
enseñar el cepillado de los dientes, que rechazar del ejército y de la manna. á millares de reclutas que no tienen dientes suficientes para mascar sus bizcocho~, ¡No
es menos ridículo organizar estos cuidados qm, proveer á los soldados de dientes
. .
..
postizosT"
Se dirá evidentemente que la comuna no debe sustituirse á la fam1ha.
Pero no cumpliendo ésta con su deber, por negligencia ó por ignorancia, ¿ es
necesario permanecer indiferente respecto de una enfermedad en el fondo tan penosa como es la carie dentaria. Y
Ignoramos .3i alguna comuna ha escuchado ya la indicación de Mackenzie.
.
..
Valdría la pena de continuar la experiencia.
La introducción del dentista en la escuela no es pues smo una faz de la h1g1e·
ne dentaria. Es ya una reforma feliz que de otro lado importa no dejar cristalizar
.E s necesario por el contrario llegar á perfeccionarla sin cesar, por el temor de que
no dé todos sus frutos.

chenRech r1fE ....•.•...........
L883 París ..... Gellé. . .... Anales de higiene pública .•.....

1055

1885 Munich .... Bezold. . . . . . Aerztliches In elligenzblatt ..... .
1886 Copenhague Schmegelow Segun Meyer, Archir fiir Obren·
heilkuncle, B. XL p. 6 ••.•••••
1888 St. Peters·

1918
581

18

bourg .... Lunin ...... Wratch ............••..•••.....

280

14- .,

1891 Briime ...... Winckler ... Wiener medicüsche Wachenseh-

id.

22
0/0
22 á 25 ,,
25 .,
11

rift ........................ .

7!)8

26,5

11

1894 Stockolm . . . St.augenberg Zeitschrift für Oluen heilkumle,
tomo XXVI, p. 88 ...... . .... .
1895 Washington 1::iexton .... . Weyl Schulhiziene ............ .
1898 Juttland .... l::ltandbyga-

23H
570

10,2
13

11

33

.,

1901 Kreise :Mar-

ard ....... Ref. Internationales Central bl:~tt,
f. Laryrigologie, 18119 p. 107...

568

7557
1000

28,4
43

burg..... Rochter ... Zeitschift for Schulhygiene .....
1902 Stockolm ... Floderus.... Intemationa,es Central blatt ftir
Laryngolo~e t. XIX p. 234 ... .
19ú3 Bucharest. Félix ....... Semaiue médicale........... . .. .
1903 Edimbourg. Mackenzie ... '!'he medica! lnspection of l::lchoo)
children..................... .

700

15

905
1038

37,G I I
31 .,
35,24

Complejo
sintomático.

11

burg...... Ostomann ... AI·chiv fü1· Ohit&gt;n heilkunde..... .
1902 Londres.... Cheatle ...... Joumal of Laryngology ........ .
1902 Groswarten-

5!!7

l\fétodo
acústico.

11
11

·,,

11

UN CONSEJO OBSTÉTRICO.
POR EL DR. F. ZÁRRAGA.

1

Cuando el partero se encuentra c0n una occipito posterior, por razones que he
repetido hasta la saciedad (evitar enormes traccion&lt;'s del cuello del niño y descalabros del canal materno) se ve obligado á convertir la occipito posterior en anterior; y sea cualquiera el medio empleado para conseguirlo, hay ocasiones en. que
esto se toma imposible; pues si es verdad que bajo la influencia Je las presiones
hechas con la mano, con la r:alanca 6 con la cuchara del forceps, logra uno qu~ la
occipito posterior se ~cerque á la anterior, la cabeza, ,un.a. vez q~e. ?esa la presión
ejercida vuelve como impulsada por un resorte á su primitiva posi?1on. ¿Cuándo se
verifica estof He logrado comprobar que el fenómeno señal.ado tiene lugar, cua~do la cabeza no está muy encajada y por tanto cuando porc10nes de ella. se .comprimen contra el promontorio en el momento en que el partero trata de verificar la
conversión de posterior en anterior. Esas porciones comprimidas son las que por
su elasticidad nos devuelven la cabeza á su situación primitiva y el partero hará
todas las veces qu~ quiera la.misma maniobi:a con el i:_nismo .m~l resultado.
En estas ocasiones he eJecutado con éxito. la mamobra s1~ment~: Int.roduzco
mi mano tomando la cabeza por un parte encaJada y la empuJO hacia amba con
el fin de desencajarla y rechazarla más arriba del promontorio, ,Y m_1a V?Z salvado
este, entonces convierto la posición posterior derecha en anter10r 1~qmerd~ y la
posición posterior izquierda en anterior derecha, pudiendo en seguida aplicar el
forceps que trae la cabeza rápida y fácilmente.
Esta maña pequeña evita muchos males sin género de duda y ~s p~r lo que
no vacilo en aconsejarla á los prácticos que se encuentran en esta situación.

JOHANNSEN, FELIX Y COMP.

ANTIGUA DROGUERIA DE LA PALMA.
Profesa 4. - México. - Apartado 313.
En esta Cll.8&amp; se encuentran siempre todos loe medicamentos y medicinas de patente modernos.

45

�346

LA ESCUELA DE MEDICINA.

Revista Científica.
La curación espontánNt de In. cn.tnrnta.
El Dr. Menacho publica en los Archi-

vos de Oftalmología Hispano-Americanos,
el siguiente artículo:
"La curación espontánea de la catarata es un hecho excepcional, y en ei::te
concepto voy á ocuparme de él por haber
tenido la ocasión de observar algunos casos, que expondré á vuestra consideración.
El hecho de la curación espontánea de
la catarata puede efectuarse de diversos
modos: por aclaramiento, por reabsorción
y por luxación. El aclaramiento se traduce por la de~aparición de la opacidad
del cristalino, recuperando éste su transparencia normal. En la reabsorción desaparece In. catarata en virtud de un progreso regresivo. Otras veces no es la lente
la que sufre alteraciones, sino la zónula,
y al romperse ésta sobreviene la luxación
de aquella, que unas veces cae en el vítreo, y otras, más excepcionales, en la cámara anterior.
Reuss publicó en 1900 un estudio sobre esta cuestión, en el que reunió 33 observaciones de reabsorción espontánea de
la catarata, de difflrentes autores. En la
mitad de los casos se trataba de cataratas complicadas, ocho de ellas con afecciones del tracto uveal y siete con glaucoma; de los casos restantes, tres se referían á ojos muy miopes, otros tres á
estrábicos, en uno coexistía atrofia del
nervio óptico y en otro sobrevino la reabsorción después de un ataque de episcleritis.
La bibliografía completa que acompaña al trabajo de Reuss me excusa de
mencionar casos anteriores á la fecha de
su publicación, pero mencionaré algunos
que me ha sido dable hallar publicados
con fecha posterior.
Hennicke observó en un hombre de
sesenta y cuatro años, con catarat?, hipermadura, su reabsorción completa después de haber sufrido un pinchazo con
una espina al través de la córnea, que
produjo el efecto favorable de una discisión. Este caso no es propiamente de reabsorción espontánea, pues intervino un
traumatismo, pero en su concepto de for-

tuíto viene á constituir un término medio
entre la curación espontánea y la cur11.ción operatoria. Lo que ya no es tan excepcional EIS la producción de cataratas
traumáticas y su reabsorción consecutiva
en individuos jóvenes, en los que el núcleo del cristalino no está esclerosado.
Trousseau publicó una observación referente á una señora de cincuenta y cinco años, á quien operó de iridectomía en
en 11.mbos ojos, por glaucoma agudo. A
los cuatro meses se desarrolló catarata O.
I., Que no era de origen traumático, pues
en los primeros tiempos después de operada se pudo comprobar la perfecta transparencia del cristalino. La opacidad ~e
completó en dos mei::es ( catarata sem1blanda.) Tres meses después se habfa.
reabsorbido la mitad superior, y dos meses más tarde (á los once de la operación)
la. reabsorción era completa y la visión
con+l2=j.
Augiéras refiere un caso de reabsorción de una catarata completa en un
hombre de sesenta y cuatro años, el cual
había sido diagnosticado por su médico
de catarata del O. D. Acudió á consultar
con Augiéras en 1899, por habérsela presentado iritis del mismo ojo, la que una
vez curada permitió comprobar la existencia Je una catarata gris completa. En
1903 le volvió á raconocer y comprobó la
reabsorción de la catarata, de la que sólo
quedaba una fina cápsu la y no había señal de haber sido operado ni de haber
sufrido traumatismo, hechos que por otra
parte negaba el paciente.
La salud era satisfactoria, orinas normales, artritismo.
Bourdeaux, en la discusión de los casos presentados por Augiéras, dijo haber
observado un hombre de setenta y ocho
años que tenía catarata morghagniana,
en la cual se estaba efectuando un proceso de reabsorción (sólo quedaba el núcleo de la catarata caído en el fondo del
saco capsular) y la V. con + 12 = 0'4.
Dufour refirió otro caso de reabsorción
observado en un hombre científico; al cabo de un año del primer examen la catata había desaparecido y el vítreo estaba
lleno de cristales de colesterina, que un
año más tarde casi habían desaparecido.
EI proceso de reintegración no fué posible atribuirlo á una causa probable.

LA EsouELA DE MEDICINA.

Augiéras refiere un caso de aclaramiimto del cristalino en una muj er decir.cuenta y un años, artrítica, que en 1902
tenía catarata estriada. en ambos ojos,
que habia disminuído algo la visión después de una conjuntivitis aguda, y sin
que hiciese tratamiento ba.'ltante eficaz
que pudief¡e explicar el cambio sobreve nido, empezó á aclararse la visión y á
desaparecer la opacidad.
Tanto en este caso como en fil otro del
mismo antor referente á la reabsorción
de una catarata completa, atribuye aquél
e] cambio á la mavor actividad de la nutrición ocular con;ecutiva á un proceso
inflamatorio que sobrevino en el ojo.
Para compren&lt;ler el mecanismo ,le la
curación espontánea de la catarata, es
preciso que recordemos el modo cómo se
produce, y cómo tiene lugar la nutrición
del cristalino. Esta es, según las más
fundadas investigacionei::, un fenómeno
osmótico sujeto á las leyes que regulan
la tensión osmótica (Ovio,) y no un simple fenómeno de difusión (Hess, L eber,)
y su 11lteración origina la pérdida de su
tmnsparenciR. en virtud &lt;le un mecanismo cuya naturaleza íntima no conocemos
exactamente, pero que sucesivamente se
ha atribuí&lt;lo á la disminución de la corriente nutritiva, á modificaciones qnímícas de la sangre, á las alteraciones del
sistema vascular ( arterioesclerosis, ) al
aumento del contenido en sales del humor acuoso que acarrea la absorción del
agua del cristalino, ó á la disminución
del índice salino del mismo, que originaría la &lt;lisminución de la exosmosis y la
acumulación de los productos de excreción.
Así considerada la nutrición del cristalino, se comprende la influencia que
en ella deben ejercer las enfermedades
caracterizadas por una. perturbación de
la nutrición general 111 modificar la tasa
de los componentes de la corriente nutrícía del ojo; las lesiones vasculares
por la modificación que originan en los
fenómenos osmóticos que se efectúan
á través de sus paredes; las enfermeda.des de las membrimas profundas del
ojo, etc.
Se comprenJe también que si mejora
el estado general puede detenerse y aun
retrogradar la opacificación de los ele-

347

mentos cfal cristalino con tal &lt;lfl que no
estlln deRtruídos ó esclerosados, pues en
tal ca8o no es posible su reintegración.
E8to será. aún más factible en la catarata diabétir.a según Tannatril, porque dicha variedad está caracterizada en sus
comienzos por una infiltración análoga á
la que se presenta en la piel de los diabéticos, analogía que se explicaría por el
origen ectodérmico del cristalino.
Estas consideraciones nos permitenexplicar lógicamente el mecanisno del aclararniento de la catarata en los casos mencionados.
A este propósito mencionaremos los
dos ca.sos típicos que Kamig comunicó á
la Socie&lt;lad de Oftalmología de Parí!'!, de
&lt;lei::aparición completa de opacidades del
cristalino; el uno referente á una diabética de setenta años, cuyo índictl de gluco~a había llegado á 200 gramos por litro.
La paciente había sido examinada por
K amig dos años itntes, y su visión estaba reducida en el O. D. á t con-2 D. y
con el O. I. apenas contaba los dedos.
Al cabo de dos años no quedaba ni trazas de la catarata del O. D. y su V.= 1
y de la catarata del O. I. sólo ~ubsistían
alguna&amp; ligeras opacidades en la_parteínfero-interna del ecuador y su V. = J.
El otro caso se refiere á un artrítico, en el
cual también di11gnosticó Koonig la catarata, y dos años más tarde pu&lt;lo comprobar su desaparición sin que hubiese sido
sometido á ningún tratamiento local.
También resulta interesante, por lo
preciso, el caso que Chevallereau refiere
de curación espontánea de la catarata
por aclaramiento &lt;lel cristalino, en un
médico &lt;le ochenta y cuatro años, cuyo
estado general era muy satisfactorio. El
enfermo le consultó á los tres meses de
haberse iniciado el obscurecimiento del
O. D. cuando ya la visión estaba muy
reducida y apenas se podía iluminar el
fondo ocular, pues la opacidad difusa del
cristalino no permitía apenas el paso á
la luz. En tal estado se aconi,iejó la extracción, pero el paciente prefirió esperar,
yálos pocos meses, cuando volvió á verle,
la pupila era negra, normal y el cristalino
hitbfo recuperado su tinte normal, si bien
en su centro quedaban ligeras nebulosidades; el fondo ocular era igualmente
normal. El mismo interesado había ido

�348

LA

LA

EsouELA DE MEDIOINA.

- - -- --siguiendo el proceso del aclaramiento de1 mero, pero el segundo dice que la reabcristalino.
sorción suele ir acompañarla. ele fen6ml'Todos hemos observado cataratas com- nos glaucomatosos, que es lo que sucedió
plicadas con lesiones uveales ó con df's- en el caso segnndo. .
,
prendimiento de la retina, que aJ cabo
Con los casos publicados. h.a~w el cha
de algún tiempo se subluxan ó se luxitn qnecla fnt-ra de duda la pos1b1hdad de la.
en el vítreo y aun alguna vez en la. cá- curación e~po!1M.nea de la C:l.tarata. por
mara anterior, antes ó después de haber tres proced1mrn~tos: a.clar11m1ento! reabsufrido su transformación en árido!&lt;ili- sorción y luxación; pero. será preciso recuosas. Estos casos, que son consecuti- coger muchas ?bservac10nes de~l~ada.s
vos á las alteraciones nutritivas que so- para poder precisar todas las condiciones
brevienen en el cristalino á consecuencia en que aquella puede llev~rse á e.abo.
de lesiones uveales y retiniauas, y más
En. nuestra ob!s?rvae1ón prime.:ª' la
tarde en su ligamento suspensoriv, y oca- curamón se man tema á los nueve anos de
sionrn primero su opacificación y más haberse luxado la catarata en el vítr~o,
tarde de la friabilidad de la zónula, nos sin haber provocado fenómenos reacc10hacen comprender el mecanismo de la nales.
.,
curación espontánea de la catarata por
En n_uestra ohs~rva?1on seg.unda, la
luxación y por reabsorció~;
. . . re~bsorc1ón del cr1stalmo p~ud1mos seTodos conocémos tamb1en la pos1b1h- gmrla paso á paso y no quedo rastro. aldad de que el cristalino se luxe en la cá- guno de la catarata en la cámara anterior,
mara anterior y permanezca en ella du- pero el glaucoma que provocó su reabsorrante años sin sufrir altPración manifies- ción fué causa de que no recuperse la
ta; De Wecker cita un caso en que el visión.
El estudio de las circunstancias que
fenómeno duraba ocho años y refiere otro
de C. Jmger en que subsistía á los trein- que concurran en los casos de aelarata año¡¡; pero todos habreis visto también miento de la catarata, pne&lt;len ser de gran
algún caso en que el cristalino va sufrien- utilidad para fil estudio del tratamiento
do un lento proceso de esclerosis, que médico de la misma; pero desgraciad}~concluye por su opacificación completa. mente se observa tan de tarde en tarde,
Esta marcha, que sería la !rn.bitual, en que flS de temer que transcmra muc~o
particular cuando el cristalino se luxa en tiempo sin que conozcamos su patogema
el vítreo, no nos es dable observarla más completa."
Tratamiento de la blenorragia.
que excepcionalmente, porque la presencia del cristalino provoca fenómenos de
.,
intolerancia que nos obligan á proceder .Para comprender la acc1on d~l trataá su extracción.
m10nto moderno de la blenorragia E'S neCita el Dr. Menach.o dos casos que ha cesario, dice el Dr. Zieler, conocer cómo
observado de curación espontánea de la se comporta el gonococo de 1~ ID:ª?osa Y
catarata, que explica del modo siguiente: é~ta con el gonococo. Al prmc1p10, los
El primero, por luxación en el vítreo, en cocos ~umentan en la superficie y en las
el cual cayó la catarata con su cápsula capas superficiales del epiteEo escamoso
en virt.ud de la rotura de la zónula, sin de la fo¡¡a navicular; después, sn número
que á pesar de los nueve años transcurrí- aumenta de un modo extraordinario en
clos hayan sobrevenino ni fenómenos in- toda la superficie del epitelio uretral de
flamatorios, como suele ocurrir en tales la porc:ón peniana y al poco tiempo se
casos, ni se haya reabsorbido. El segun- introducen entre las células laxas hasta
do, por luxación en la cámara a~teri~r las capas más profundas. Penetran e~
(después de haberse rasgado la cnstalo1- los conductos de las glánd.ulas ~1retralf'.,
des) y reabsorción, es parecido al de en !os que .pruc~ucen mo&lt;l1ficac~ones. El
Rimss por la coexistencia del glaucoma. teg1do conJuntlvo pued? ser, mfiltrad,o
En los casos de Hilbert y Mitvalsky, por completo en tres á siete drns despues
sobrevino previamente el reblandecí- de la infecció~. Los gonococos que penemiento de las masas corticales y la reab- tran en los teJ1dos obran sobre ello.s -por
sorción se efectuó en frío en el del pri- medio de su toxina, que produce hipere-

349

ESCUELA° DE MEDIOINA.

-- -~-- - mia, exuclaci6n ele líq ni&lt;1os y ele cél nlas
y todos los signos ele la infl,tmación aguda.
La exudaci6n i:;e produce en sen ti do
opuesto á la m:trcha de los gonococos y
puede al'l'astrarlosá la.superficie. Es capaz
de obrar sobre los gérmenes como una
substancia bactericida, lei:;ionándble¡; ó
destruyéndoles. En algunos casos no se
descubren gonococos en la profundidad ele
los tejidos uretrales. La natmaleza se
defiende expulsando los cocos por 1neclio
de la exudación hiperémica.
Los reme&lt;lios tópicos que se aplican
no ejercen, a.l parecer, una acción profunda muy enérgica. El nitra.to argéntico
produce un aumento de las capas superiores de la superficie mucosa y las convierte eu célula~ escamosas. Hasta se
produce en la submucosa un depósito
abundante de plata, pero se observa infiltración de células redondas. El protargol, en c11,mbio, produce muy poco desarrrollo de epitelio escamoso, pero sí mayor infiltrac:ión de células redondas. No
se observa depósito de plata.
Para. ata.car los gonococos en todas
partes, es preciso expulsar los qne
desarrollan en la superficie é influir sobre
los tejidos profundos de moclo que sei:i.
imposible su desarrollo en ellos.
Esto último puede consf'guirse favoreciendo la hiperemia aguda hasta que
no quede un gonococo en las capas más
P.r?fundas ni en la submucosa. La expuls1on de los gonococos de la superficie
puede conseguirse por el peróxido de hidrógeno 6 por la inyección de permanganato de potasio, según recomienda Janet. La acción principal de este método
consiste, más en el efecto bactericida, en
el hecho de que al distender el conducto
~retra.l y al suprimir de repentfl la presión se produce una hiperemia aguda que
separa los cocos de la superficie de la
mucosa y permite su expulsión. Para
o~rar sobre los tejirlos profundos es prec1so no modificar las epiteliales con el nitrato argéntico.
El trabajo inflamatorio rlel:,e mantenerse para obtener una buena exudación
y aplicar sobre la superficie antisépticos
enérgicos. Los más útiles son el protargol, la argonina y otros productos análogos. Estos agentes deben emplearse durante largos períodos y con frecuencia.

se

No importa que estas preparaciones tf'ngan ó no una verclaclera accit'm µrofnnlla.
Mientras existe la hiperemi:i, la exnclacióu obra fin las capas profunrlas y los
anti~épticos actúan sobran los gonococos,
que son arrastrarlos á la superficie.
'frntamieuto de las af&lt;'&lt;'Cin11es agudas
de los tPjidos bhrndos de los 111i.-111l1ros
por &lt;'l método de Bier,
(Socil'Clad

1\0

Cirogla do Parls.)

Dr. T ifffier: Voy á esponer loi:; resul-

tarlos que he obtenido en dos enfermos
con este método. Al principio estaba poco satisfecho de sus efectos, pero el mal
éxito era debido á la deficiencia de la técnica. En cuanto lo apliqué ,le buena manera no pude toenos de alabarme de sus
resultados.
Sólo lo he empleaclo en las afecciones
agudas de los teji,los blanrlos de los
miembros. Es preciso, para tener resultado, apli"ar al método tal como aconseja· Bier. La venda de Esmarch, ó cualquiera otra venda hemostática análoga,
no debe emplearse, porque carece de flexibilidad necesaria y he observado que
provoca linfangitis en los sitios en que
comprim.e. Es preciso emplear la hoja &lt;le
caucho rnglés dé triple espesor. Esta
venda no debe de estar ni muy apretada
ni muy floja, lo que se aprecia perfectamente con el dedo, teniendo algo de práctica y pot· la fal t11. de dolores que el enfermo siente cuando la compt·esión es excesiva. Debe aplicarse siempre lejos de la
parte enferma, en el muslo para el pié,
en él brazo para la mano. Para curar las
lesiones basta una simple g,tsa seca. Es
preciso ~ajarla aplicada de veinte á vei11tirlós horas. El número de sesiones varía
según el caso. Infarto e,lematoc;o, resist~ncia al tacto y coloración rojo-oscura
sm dolores, tal es lo que c1ebe procurse
obtener como con&lt;liciones ele éxito, sin
que sea de temer accidente alguno Los
accidentes no sobrevienen cuando la constricción no es muy exajer1lda.
Se obtienen los resnltad\)s siguientes:
sedación del dolor á las cinco ó seis horas, fenómeno constante y tlescenso de la
temperntura á los dos ó trf's días. El método es casi siempre eficaz, segírn he observa,do muchas veces.
¿Este método es más p,ficaz q ne toilos
los restantes ( incisión, desagüe, baiios
calientes y prolongaclosT) No puedo afir-

�350

LA ESCUELA DE MEDICINA.

LA ESCUELA DE MEDICINA.

to sobre el del condón, usado anteriormente, son tan graneles, que han facilitado el gistema y consentido su aplicación á todos los mamíferos, cuanto más
á los ganados vacuno y lanar, á que especi11 lmente le ha dedicado el autor. La
espon~ en cuestión habrá de tener un
tamaño proporcionado; pues se comprende que no ha de ser el mismo para las
ovejas que para. las vacas ó las yE1guas.
Su introducción se hace empezando por
lubrificar los grandes labios con unas
gotag de aceite de oliva esterilizado, para
favorecer la introducción del espéculum
de Poliausky, ósea de tres ramas, esterilizado á la 1lama ó al vapor de agua, y
cuya. rama central, que es la más ancha,
venga á caer hacia. abajo, una vez introducido el instrumento, para que así quede cerrada la salida de la orina. La pinza, igualmente flamea.da, introduce la
esponja de modo que su mayor convexidad corresponda á la pared posterior de
la vagina.. El espéculum se mantiene
abierto con la mano izquierda y la esponja se introduce con la derecha á favor de la pinza. Si se trata de yeguas,
por ejemplo, se inyectará el esperma en
cantidad de unos 20 gramos distribuidos
en dos ó tres hembras, y para lo cual se
recogerá en una jeringuilla, que se hará
De la recundaei6n nrtiflcial de los nrnmfferos. funcionará tra.vésdeunasondadecaucho,
En los números 4 y 5 del tomo XII tan esterilizada ésta como la jeringuilla
de un importantísimo perióJico oficial de misma y la vagina del animal, lo propio que
una de las más notables corporaciones las manos del sirviente encargado de la
médicas de Rusia ( Instituto Imperial de operación. Si se trata &lt;le efectuar lafecunMedicina experimental,) el Dr. Elías Iwa- daci6n de muchas hembras-tal como de
noff ha publicado, en Julio último, un cuatroádiezómáR-esloprefereribletrasextenso y profundo estudio acerca de la la.dar el espermadesdela.esponja.á un fras·
fecundaci6n artificial en los mamíferos, me- co de cristal, cuyo tapón esté atravesado
&lt;liante la cual se puede hacer extensiva por dos tubos de lo mismo, una para la
á varias hembras la. acción fecundadora toma de aire y otro para. cumunicarse
de un solo coito, con todas las ventajas con el elevador Agalli, mediante otro toque para la riqueza pública se han de ob- bito de caucho, que comunica á su vez,
tener por el lado de la ganadería. El au- con la jeringa, y todo lo cual deberá ser
tor divide en dos partes fundamentalrs esterilizado, dando un conjunto parecido
la técnica de esta fecundación; relativas, al aparato que se emplea en las inocula.la una, á la recogida del esperma, y la ciones anti-carbunclosas.
La gran extensión dada por el autor á
otra, á su inyección. La primera s~ ejecuta mediante la introducción previa de este trabajo, nos veda la satisfacción de
una esponja, fina y de tamaño apropiado, tomarle intrgra; clebiendo contentarnos
en lo profundo de la vagina.; esponja que con la no pequeña de consignar sus pundespués de efectuado sobre ella el coito, tos más salientes, y esto merced á la edise recoge con un espéculum y una. larga ción franceRa que acompaña siempre á la
pinza. Las ventajas de este procedimien- edición rusa de tan notable Revista; pues

marlo, aunque he obtenido resultados
inmejorables en varias supuracionei, graves de la muñeca y en una diabética que
padecía. un panadizo. Tiene indudablemente sus indicaciones, pero creo que no
está llamado á sustituir á los demás métodos de tratamiento. Se ha dicho que es
un método ambulante. No condena al
reposo, pero es necesario, por lo menos,
vigilar con cuidado la aplicación, sobre
todo en las primeras sesiones.
Dr. Monod: ¡Qué resultados produce
este método en las afecciones óseas y articulares y en los niñost
Dr. Kirmisson: Este método se ha empleado sin razón en muchos casos. Ha
fracasado en las tuberculosis óseas y articulares y empieza á d,,secharse.
Dr. Jtlauclaire: Le he empleado 8Ín
éxito en una decena de casos de tuberculosis ósea. En un enfermo de artropatía
tabética lo utilicé para disminuir la movilidad, pero el resultado fué contraproducente.
Dr. Ohaput: He obtenido éxito con el
método de Bier en 10 casos de tuberculosis graves y en algunos he podido diferir la amputación. Ha sido también eficaz en dos enfermos con heridas crónicas
atónica8.

351

I

aún cu~~do pudiera darse por sobrada la una tracción suave como intentando let~ansm1s1ón del asu~to en .nuestr~ pe~ió- ¡vantar del suelo al paciente. El peso de
d1eo, por .f~lta de su rnmed1ata. aphcac1ón su cuerpo verifica la. contra-extensión.
á la med1cma humana, nunca será ver- El omóplato ejecuta un movimiento de
daderamente sobrado en los ámbitos de báscula y la cavidad glenoidea entonces
é~ta, .cuan~o q~epa dentro de los de las mira hacia arriba formando la base de un
ciencias b1ológ1cas á que toda medicina cono constituido por todos los músculos
corresponde.
del hombro distendidos.
Un procedimiento nuevo, fácil, rápido
Pa~~do medio mJnuto sin cesar en la
é indoloro para la reduc&lt;'i6n
tracmon, se hace eJecutar al brazo con
de las dlslocnciones d~I hombro
el objeto do desprender la cabeza d;l húpor el Or. Hugmer.
· ·
d
·,
.
.
.
.
mero, mov1m1entos e rotac1on sobre su
Sabido
es que las d1sloca.c1ones rec~en- eje, llevando alternativamente la mano
tes .del hombro, n?, admite~ térmrnos derecha hacia adelante ó atrás, haciendo
medios en su .r~ducc1~n:. se eJecuta esta recorrer lentamente el antebrazo un ánc.on suma fac1hdad, s1 tiene lug.ar la ~a- gulo de .90°. Ordinariamente, durante
hda d.e la cabeza h~m.eral hacia amba esta mamobra se percibe el choque indien _suJetos flac?s Y, deb1les y no se acom- cante de la entrada en la ca.vidadad arp.ana ~e comphrac1ones, 6 por e! c?ntra- ticular de la cabeza del húmero.
rio, f!acasan todos los proced1m10ntos
Para terminar, col6quesf' la rodilla. izconoc1dos de Kocher, Tr~lat, Bazy, Mo- quierda en el hueco axilar y luego coth~s YlAstley C?ope.r te~iend~ que recu- giendo el hrazo al nivel del codo, sin ce·
r~1r á ~ anestesia, .s1 .la mxac1?n es ha- sar de tirar hacia arriba, se le baja horic1a abaJo en s~s d1stmtas variedades Y. zontalmente en abducción: enseguida, se
recae en un SuJeto fuerte Y.gordo.
lleva la mano -izquierda detrás del hom9reyendc hacer un .servicio á ~us co~- bro, s.e c?loca el dedo pulgar sobre el
pa~eros el Dr.. ~ugmer, a~onse~a el s1- acromion mtroduciendo los otros cuatro
guie te proce~1m10nto rap1do é mdoloro en la axila parn sostener la cabeza del
0
vrnne eJecutando dt3sde el año.:. húmero mientras que se continúa aprocon excelentes resultados:
ximando el codo cerca del cuerpo.
J?esnn1o el en~ermo de medio cuerpo
En el niño, sin tomar el médico todas
h:caa arrilba, le .sien,ta en el suelo colo- estas posiciones, se puede hacer ejecutar
? n .ose e médrno a su lado derecho ó al brazo los mismos movimientos Qbteizqmerdo, se.~ún se trate de uno ú otro niéndose buen resultado.
'
braz'&gt;. Refir1endonos al derecho, lo primero que hay que hacer después de darle
la cita1a, posición al enfermo, es poner
,
1o recto e1 antebrazo Una contribución monstruosa
en flex1on de angu
sobre el br~zo: seguidam.ente y con la En. tod?s los países se procura que las
m~yor suavidad, por medio de un movi- contribuc10nes tengan una base Elquitatimiento de abducción, se levanta el brazo va. A los artículos de primera necesidad
en la posición vertical v el i:,od0 hacia arri- se les grava poco ó nada y en cambio á
ba; el ante?razo queda~horizontal y lama- los artículos de lujo como los coches los
no por encima de la cabeza: se le mantiene automóviles y las alhajas se les soñ~lan
en esta posición sujetándole del puño con fuertes cuotas. Cuando las Naciones son
la mano derecha de.l médico. Llegado á jóvenes y tratan de progresar en las cien·
este momento, se mtroduce á fondo el cías y en las artes,. las leyes son generoantebrazo izquierdo en el pliegue del co- sas y procuran no imponer contribuciod~l b1·azo del enfermo y con la mano ne~ para los instrumentos, las cosas ú
1zqmerda se abraza la parte inferior del obJetos que son necesarios para impulsar
brazo derecho ~e! médico. DAspués, to- la ciencia ó el a1·te.
mando una pos1c1ón segura el operador,
Cuando nn país necesita mucho una
estan~lo como está el enfermo casi entre C?~ª, se ponen ~º.d?s los mediof&lt; para fasus p1ernas, se le recomienda el no hacer c1htar su adqu.1S1c1?n y jamás se piensa
resistencia alguna y se empieza á ejercer en poner contnbuciones y trabas que di-

fgo¡1

?º

�352

LA EsoUELA DE MEDIOINA.

LA EsouELA DE MEDIOINÁ..

ficnlten el tener lo que se desea y lo que
La base para procurar impedir la transSl-l necesita N nestro Gobierno compren- mi1&lt;ión de las enfermedades infecciosas,
&lt;liendo así estos asuntos ha legislado en está en la desinfección, y la mejor desgeneral sabiamente en el sentido que de- infección se practica por medio de estuj11.mos indicado. En lo que se refiere á li- fas ó de autoclaves, que son instrumenbros y á instrumentos cientHicos, los ha tos netamente científicos. Pues bien, no
considerado en el arancel libres de derechos. obstante ésto, se cobran fuertes derechos
Lo que más necesita el hombre es vi- de introducción sobre estos aparatos,
vir: el derecho á la vida es el primero de considerándolos, por ejemplo, como artodos los derechos. No hay grandezas, tefactos de cobre, que tienen cuotas muy
no hay placeres, no hay honores, si no Ielevadas.
hay vida. Todo, pues, lo q ne tienda á conLos vistas de la aduana dicen que coservar la salud y prolongar la. existencia, bran así, porque esos aparatos sirv011
debe de ser favorecido. No estamos ya en también para las pelRquerías. Esto pruelos tiempos en que se cobraban contribu- ha la ignorancia de tan apreciables perciones por abrir puertas y ventanas. El sonas en asuntos de Higiene. Con estf~
aire y el sol los da Dios, y quien quiera argumento que se les cobre á los médicos
puede aprovecharlos, naturalmente sin derechos por sus cuchillos y por sus tiperjudicar á los demás. El agua se da jeras, porque cuchillos y tijeras usan los
gratuitamente en muchas ciudades y si carniceros y las costureras.
no lu. dan todas es por los crecidos gasEl autoclave en donde quiera que se
tos que demanda muchas veces esto ser· emplee sirve para impedir la. propagavicio; pero en realidad creemos nosotros ción de enfermedades transmisibles: el
que el agua debe de regalarse sin trabas instrumento es enteramente científico y
de ninguna especie y buscarse los recur- sus fines altamente humanitarios, y estasos gravando otras cosa.s menos necesa- mos seguros que el ilustrado Señor Serias. Mientras más agua, más salud y me- cretario de Hacienda no autorizará el
nos hombres que perecen, es decir, más error en que estan unos empleados de
fuerzas vivas al servicio de la Nación y aduana, pues es un error que puede traer
más dinero, mucho más que el que pro· serios perjuicios.
duzca el gravamen sobre el maravillo¡,o
El autoclave usado por el cirujano,
líquido. Es un disparate poner contribu- por la partera, por el dentista, por el farciones sobreelagua, cuandolas !partesde mecéutico, en la peluquería, en el baño,
nuestro organismo no son más que agua. en los hospitales, en las cárceles, en cualEs también un absurdo cobrar dere- quier parte, no tiene por objeto más que
chos sobre el jabón; el jabón y el agua el procurar evitarle á los individuos la.
son la limpieza, y la limpieza es una se- producción de enfermedades contagiosas.
mi-virtud como decía San Agu!!tin.
El autoclave de por sí no va á produCua ndo una enfermedad epidémica cir dinero, pues todos los que lo usan
amenaza invadir una ciuilad, se le impi- obligados por las circunstancias pueden
de la entrada á los buques, á las mercan- prescindir de él y el perjudicado será
cías, aun cuando esto ocasione grandes sencillamente el público.
pérdidas al comet·cio y al erario.
Lo repetimos, la base de toda la hiCon frecuencia se dejan libres de con- giene está en la desinfección; la mejor
tribnciones á las casas para obreros, desinfección se practica con los autoclaconstruírlas conforme á los requisitos de ves y con ella se salva la vida de milla.la higiene.
res de personas y no deben de ponerse traSi está justificado el liberar de dere- bas para facilitar el uso de ese aparato.
chos á los instrumentos científicos en Por todas estas razones llamamos atengeneral, esta justificación es mayor tra- tamente la atención del respetable 8r
tándose de instrumentos que se refieren Limantour, confiando en que hará que
á la medicina y á la higiene; estos ins- se cumpla con la ley. Con esto se evitatrumentos están destinados á procurar rá una injusticia y el público recibirá un
salvarles la vida á los enfermos ó á pre- gran bien.-A. de Garay.
venir las enfermedades.

Instituto Bacteriológico Nacional.
ln!orme de los trabajos hechos
en el ano de ;907 á 1908 por el Director
del Instituto, Dr. A. Gaviño.

(Continúa.)
II, Prepuraci611 de sueros vacunas
Yproductos bacteria~os.
. freparaci(m de tuberculina de Koch.-Hab1endose preparado con éxito el año de 1906
una fuerte proporción de tuberculina d;
Koch, que por orden de la Secretaría de
lnlltrucción Pública y Bellas Artes se en¡regó al &lt;'on.sejo Superior de Salubridad, se
an hecho s1em bras, que están en vigoroso
desarrollo, de tres litros de caldo que dentr? de poco . darán un considerable rendimiento de dicha tuberculina
Con el mismo fin se han h~cho RÍem bra&lt;i
que están en vigoroso desarrollo de bacil~
tub~rouloso aviario, Y de bacilo t~berculoso
bovmo.
Una, vez obtenid?s estos productos, se intentara, en 1~ Seomón de Química biológica
de est? Instituto, la preparación de la tuberculma. precipitada, aplicable á la oftalmo-reacmón tuberculo,:a
. Prepa~aci(m de suero anti-colérico para el
d~agnostwo bacteriológico del cólera morbo. -Pudtendo presen~a~e e~ lo~ puertos y fronteras de la R~p~blica, md1viduos infectados
de c?lera asiatico, ó bien algunos enfermos
d~ d~cha enfermedad, pero de difícil diagnostico, el o~al sólo puede hacerse por di
versas r.eacciones bacteriológicas, entre las
cuales tienen.la mayor i:nportancia el fenómeno ~e Pfeiffer, llamado así para honrar
al sabt? alemán que lo descubrió, y el no
m?nos ~mportaute de la aglutinación de los
i~robios del cólera por los sueros anticoerwos, hemos procedido á vacunar un joven
asn~, P,!1~ª obtener con su sangre un suero
anticole~1co de una Pficacia bien reconocida
Este ammal ha recibido .Yª en 12 inyeccio:
n,e~ subcutáneas, los cultivos de vibrión oolerico, qu~ se .han desarrollado en 2 L tubos
d.e gelosa mchnada; habiéndose hecho estas
si~m~ras con tres razas auténticas de rólera
as1~tico, que provienen: una, de la Prusia
~ó:~ntal; otra, del Cairo; y la última de Sai-

f

Con este suero hemos producido el fenóme~o de Pfeiffer, habiendo inoculado &amp;n el
P~,r1toneo á dos cuyos con un c. c. de diluci~n de una asa de platino, de cuftivo de vibr_i6n. colérico, recibiendo uno de ellos un
milés~mo de ~- o. de suero antioolfrico: al
estudiar al microscopio la serosidad peritoneal, S? encontró en el que récibió solamen~l'dultivo, numerosos vibriones en plen:t vi1 ad¡ en tanto que en el que recibió, ade-

353

más, el milésimo de suero anticolérico, no
se encontraron más que algunas granulaciones, r.estos de los vibriones, que es lo que
consttture el fonómeno de Pfeiffer; asimis~o, .haliiend~ colocado en tubos, cultivos dE1
vibri.ón colérico, y agregado nna mínima
cantidad de suero inmunizante, se verificó
el fenómeno de la aglutinación.
El fenómeno de la aglutinación se demostró de u~a manera i~concusa en el siguiente experimento: en cinco tubos conteniendo
una emulsión de vibrión colérico vivo se
agr?gó,, r?spectivamente, 1~ de c. c. de s~ero
an~icolenco, 1h·, refTI, ,uk, ~ . En los tres
primeros tubos, puestos como todos á la estufa ~ 37~ durant1:1 una hora, se observó la
aglutrna~1ó.n perfecta á la simple vista, y en
los dos ulti~o~, en los que la dilución del
s~,e1·0. fué mrnima, Re observó la aglutinac10n md1;1d;1ble por medio de la lente. Un
tubo tE&gt;stigo conteniendo la misma emulsión
y que, por tan~o, no recibió suero, conservó
~na homogeneidad completa, y ni con amriho de la. len~ se pudo percibir ninguna falsa aglutmacion.
Por tanto, consideramos este suero útil
para la inv~stigación que antes hemos senalado, y disponemos de 500 dosis ó sea
para la verificación de 500 ensayes 'de este
g~nero, lo cual es un número bastante crec1d?~ ~n caso necesario, se podrá sangrar
period1camente ~¡ asno inmunizado, para tener mayor .cantidad del suero antioolérico.

. Preparación del suero antipest,oso para el
diagnóstico .bacteriológico de la pest,e bubónica.
-De la misma manera que para el cólera
s~ hacía. neoes.:.irio disponer de un suer~
d1~gnóst;co, que permitiera demostrar la
e~stencia de la peste bubónica en los individu?s que llegan á nuestroR puertos y con
el m1sm? fin se. está inmunizando u~ mulo
con cultivos: p~imero. culti~os muertos por
E'l calor de bacilos de Yersm raza Blidah·
se~undo, por cultivos vivos 'virulentos d~
Bombay y Pescha. El mulo que ha recibido
las ~noculaciones, cinco hasta la fecha, de
cultivos de pes~e (12 tubo.s de ~elosa inclinada,) ha reaoo1onado oon mtensidad; y esto
nos haoe i-uponer que obtendremos con su
sangre un suero antipestoso activo.
Dentro de P?CO tiempo, cuando el animal
pl'esente los signos de inmunización, se le
o~te~er el suero que permita
sangrará
h.~cer ese diagn~stico, y ponerlo á disposicion de las autondades sanitarias.
Preparación de vacuna antipesf,osa.-En el
1~es d~ Julio nos f1;1é pedido por el Consejo
Super10r de Salubrtdad, yacuna antipe~tosa
par,a m.andar á los puertos del Pacífico.
~e htzo la preparación periódica de una
ser!e de vacu~as, que fueron remitidas despues de termmadas, y cuyo monto es de

Pª:ª

JOHANNSEN, FELIX Y COMP.

ANTIGUA DROGUERIA DE LA PALMA.
Profesa 4. - México. - Apartado 313

Pus vacuno.-Suero antidifté ·
.
ti
·
•
nngaa hipodérmicas -Bragueros nF~lt' &amp;n estreptocóqu100.-Aparatos eléctricos para ouraoionea -Je•
·1 ros par&amp; agua.
·

46

�354

LA EsouELA DE MEDIOINA.

i 248 d~ las que hay en existencia actual- teriológico, que permite inmunizar rápida-

mente á los animales que se encuentran en
un foco epidémico de fiebre carbonosa, el
suero de que hablamos. pues deja tiempo
para hacer la vacunación posterior, y disminuye la mortalidad entre los vacunados,
se procedió á inmunizar un caballo separado del servicio de difteria, haciéndole inyrcciones subcutáneas &lt;le dosis progresivas de
cultivos de bacteridia carbonosa (cultivos
atenuados, después cultivos virulentos, y en
fin, cultivos muy virulentos. ) Este animal
ha recibido 24 inyecciones, representando
un total de cultivo en gelosa de 50 tubos.
El 7 de Marzo se practicó una sangría de 6
VACUNA ANTIPESTOSA,
litros, que dieron 3 litros de suero, ó sea 50
Elaborada en ,el Instituto Bacteriológico Nacional, por ciento.
desde el l~ de Julio de 1907, basta la fecha.
Ensaye del suero:
.
.
Doaia
Un conPjo macho, gr1s, d.e. ~os ~ml tr~sObtlen&amp;eionea.
Tubos. varunaute
2 ce.
cientos gramos de P?so, recib~o .baJo la piel
Remitido al Consejo
del vientre, dos centímetros cub1cos de sue·
S. de Salubridad.
588 tubos de 24 ce. ro, el 9 de .Marzo, á las 6 de la tarde. El !0
Julio 17.......... 49
Remitido al Consejo
de Marzo, á las 10 de la mañana. es decir,
S. de Salubridad.
93
465 tubos de 10 ce. 16 horas después, se le inyectó &lt;lel .~tro lado
Septiembre 25...
del vientre, bajo la piel, 0,002 m1hgramos
Remitido al Consejo
s. de Salubridad.
de bacilos carbonosos, tomados de la super350
Noviembre 12 .... 70
ficie
de un tubo de gelosa inclinada, de edad
"
"
Remitido al Consejo
48
horas.
de
S. dti Salubridad.
Un conejo testigo, gris-negro, macho.y?·
360
Diciembre U .... . 72
"
Usadas en el Laborasan do dos mil cuatrocientos gramoP, recibió
20
torio ............
4
,. á la misma hora la misma dosis del mismo
"
,,
93
465
Existencia actual.
cultivo.
"
El U de Marzo se notó en el te~tigo la
2248
Elaboración total.. 381
presencia de rubi~~ndez y e~em~, e~ el punMéxico, Marzo 2~ de 1908.
to de la inoculacion . Los dias s1gmentei&lt; el
II. Estudio acerca del rnuerrno y prepara- edema se extendió, y el animal fué enconción de la rnalleína.-Era de todo punto in- trado muerto el 14 en la mañan:i. En la audispensable averiguar, si los caballo!'. que topsia demostró las lesjones típicas del carhabíamos de emplear para la preparación bón experiml-'ntal la siembra de la sangre
de sueros anti-tóxicos y anti-bacterianos, del corazón dió ~n cultivo puro de bacilo
estaban exentos del muermo, enfermedad carbonoso.
El conejo gris que había recibido suero á
que los excluye de ser utilizados con estos
fines; asimismo, siendo uno de los productos título preventivo, ha sobrevivido, y no b~
que los institutos bacteriológicos preparan presentaJo aún ninguna reacción local (m
en enormes cantidades, para diagnosticar rubicundez ni edema.)
Preparación de suero anti-neumoc6cico.esta enfermedad en las caballerías de los
ejércitos creímos de sumo interés el hacer Siendo la neumonía una enfermedad que
la preparació~ de la malleín~ (producto ~ac- diezma á la población de la Mesa Uentral,
teriano obtemdo de los cultivos de bacilos hemos creído sería de grande utilidad el t.ener
normales del muermo,) pues sería de grande el suero antí-neumocócico, cuya eficacia es
utilidad para el Ministerio de la Guerra, di8- aún discutida, pero en favor del cual se ba11
poner de este medio para excluír oportuna- presentado, pvr prácticos muy competentes,
mente de las caballerías del Pjérc,ito á los estadísticas que hablan muy alto en favor
caballos infectados, que pueden ser causan- de 9U eficacia. Ningún cñmpo mayor de ex·
perimentapión que la Ciudad de Méxi.co,
tes de pérdidas considerables.
Intentada dicha preparación, hemos llA- puede ten erse; por ta~to, h?~os procedido
gado á obtenn Je P.rimer intento d?c~ li- á prepararlo, y á contmuac10n expresamos
tros ó sea 6,000 dosis de malleína diluida, la técnica seguida y el ensaye del suero.
Técnica de preparación de suero anti-neumoque' se encuentran depositadas en la.s refricócico.-Oaballo mascarillo. Lainmunización
geradoras de este Instituto.
Preparación de suero anticarbonoso.-Siendo comenzó el 2 de Octubre de 1906, por me·
uno de los productos de todo Instituto Bao- dio de inyecciones de cultivos mnertos; des·

~ent~ en este Instituto, 46i, dosis de dos
c. c. cada una.
Para su preparación se usaron bacilos
muy virulentos, que mataban los animales
de experiencia de 30 á 60 horas, utilizando
una semilla llamana de Blidah, y en su preparación aplicando el método de l11s pesada&lt;1, para que cada tubo de vacuna contenga una cantidad aproximadamente igual de
bacilos vacunantes.
A continuación se expresa en una tabla
la época de remi&lt;:ión y cantidades entrega.
al Consejo Superior de Salubridad.

Sanatorio Qnirtirglco del Dr. H. Gntlérrez, 2~ Calle Ancha núm. 1,419. Teléfono núm. t,33ó.
Cirugia. general, (...'irugia de señoras, Cirugía de niños, curación de hel'idas, traumatismos de todas
clases, aplicación de aparatos, opel'aciones de urgencia. Embalsamamiento de cadáveres.
.
Los cirujanos que quieran operar en este Sanatorio, tienen todo dispuesto para la hora que citen.
Reeámaraa de primera olase $5.00 diarios y de segunda $3.00.

LA EsouELA DE MEDIOINA.

pués se continuó por medio de cultivo&lt;. vivos, (cultivos en caldo y después en caldosuero. Inyección subcutánea.) La inmuni
zación tuvo que hacerse muy lentamente,
debido á las fuertes reacciones que sobrevinieron con las inyerciones (fiebre elevada,
enfl.aquecimiento. algui;as veces abscesos;)
diversas veces, el animal ha quedado en reposo para permitir sa restablecimiento. El
caballo ha podido llevarse á un alto grado
de inmunidad, pues ha podido soportar en
nna sola inyección basta quinientos c. c. de
cultivo (cultivos virulentos de neumococo;
del cual, me&lt;lio c. c. ha sido suficiente para
matar nn conejo del peso de 2 kilos tin 24
ó en 36 horas.)
El caballo fué sangrado el 23 de Julio de
1907, i,..iete días después de la última inyección, habiendo recibido un total de ocho mil
setecientos once c. c. de cultivo.
Ensaye del suero.-El 8 de Agosto de 1007,
á las 6 de la tarde. se inocularon:
(A) UII conejo testigo, pesando dos kilos,
con medio&lt;'. c. de cultivo bajo la piel. Murió en 26 horas (el 9 de Agosto, á las 8 de
la noche.)
(B ) Un conejo m:1cho 1 de dos kilos trescientos gramos. recibió bajo la piel medio
c. c. de cultivo y {L la vez tres c. c. de suero
anti-neumocócico de Mulhford. El 12 de
da Agosto s ... encontró una fuerte infiltración
en el lugar de la inocnlación; el peso bajó
á dos kil•·s. Ha perdido, por lo tanto, trescientos (!ramos. Vive actualmente.
(0) Un conejo h"mbra, de dos kilos cien
gramos, recibió bajo la piel medio c. c. de
cultivo y al mismo tiempo tres c. c. del sue ·
ro que i,..e va á ensayar (suero del "Mascarillo ") El 11 de Agosto se encuentra una ligera infiltración en el lugar de la inoculación y su peso no ha variado. Vive actualmente.
Un ensaye antnior con los dos sueros
(Mulhforrl y suero del "Mascarillo.") había
dPmostrado que la dosis de g, 1 y 2 c. c.
eran insuficientes para impedir la muerte de
los animales. El suero á esta dosis, permite
únicamente prolongar su vida en relación
con los testigos .
En resumen. el suero anti-neumorócico
del Instituto Bacteriológico Nacional está.
dotado, según lo demuestra la rxperimentación, de propit&gt;dades curativas reales. :Su
poder anti-bacteriano es igual, ó quizás superior, al suero de Mulhford, so,bre el cual
tiene la. Vf'ntaja de no contener ningún antiséptico. (El de Mulhford contiene cantidadPs notables de ácido fénico.)
La dosis que debe de iuyecta,se desde
luego, deberá ser de cuarenta á sesenta c. c.,
y habrá ventaja i, n repetirla los días sig-niente1o en una dosis de veinte c. c. por día, has-

355

ta obtener la defervescencia. Si insistimos
en la necesidad de emplear inyec&lt;·iones de
fuertes dosis, es porque el suero anti-neumocócico, como la mayor parte de los suero~ anti-bacterianos, es relativamente poco
activo, si se le compara con los sueros anti- tóxicor-:, el anti-diftérico, por ejemplo.
En el H ospital General, el t!r. Dr. Francisco Bulman lo ha utilizado en varios casos, y según él comunicó en la Academia
Nacional de Medicina, los resultados siempre han sido favorables, pues en dos casos
en que el resultado fué fatal, segán el mismo Sr. Bulman, se empleó este suero en los
últimos días del padecimiento, cuando los
enfermos estaban casi en estado agónico;
por lo tanto, no se puede decir que su acción no es eficaz.
El mismo caballo sigue inmunizándose, y
dentro de poco tendremos nueva reserva de
suero anti-neumocócico.

Preparación de suero anti- tetánico.-Este
suero, que constituye uno de los ,lescubrimientos más brillantes que forman la aureola del progreso bacteriológico en el pasado siglo, ha sido objeto de nuestra atención y se ha intentado su preparación, al.
canzando un éxito que nada deja que desear.
Con el fin de obtener un suero inmunizante conka la terrible enfermedad, llamada tétanos, se procedió á inmunizar una yegua vigorosa, de nombre ''Japonesa," la que
ha recibido 27 inyecciones subcutáneas de
toxina tetánica, haciendo estas un total de
1,267 c. c. de toxina. El 12 de Marzo se
practicó una sangría de 6 litros, que produjeron el 50 por ciento de suero, ósea tres
litros.
Ensaye del suero.-El 14 de Marzo, á las
11 de la mañana, se inocularon seis ratones
blancos del mismo peso, con una mezcla de
toxina tetániua y de suero. Con este objeto
se puso en cuatro copas de ensaye un c. c.
de toxina tetánica, y respectivamente un
c. c., un décimo, un centésimo y un milésimo de c. c. de suero. Al cabo de media bora de contacto in vitro, las mezclas de toxina-suero, son inoculadas á los ratones correspondientes que en seguida se especifican:
Ratón a.-Recihe en la pata rin de c. c.
de toxina tetánica. Presenta tétanos local
el día 15 en la mañana¡ muere de tétanos
generalizado el 1(i en la mañana.
Ratón b.-Recibe en la pata n~~ de c. c.
de toxina tetánica. Tétancs local el 16 en
la mañana; muere de tétanos generalizado
el 17 en la tarde.
Un ensaye pr.. liminar con la misma toxina, había mostrado que la dosis de niln y
11rbn, provocaba en los ratones un simple
tétanos local no mortal.

�356

LA ESCUELA DE MEDICINA.

Puestas á discusión las anteriores proposiciones sin ella fueron aprobadas en lo general, p~r unanidad de voto~. Puestas á diRcusión en lo particular, la primera fué apro bada igualmente por unanimidad .. .
Al discutirse la segunda propos1c1ón:
El Sr. Dr. Porfirio Parra, dijo, qu~ no
en:iontraba razón para que se nombrara una
segunda comisión, para qur dist~buyera Y
recogiera los trabaJOR de los socios, desde
el momento en que ya e:xi~te una que, al ser
designada para que formara el prograJ?a,
fué indudablemente por que la Corporación
la dreyó enterament~ capaz de dar unidad
á esa obra.
El Dr. Zárraga, cree que la comisión fué
eucargada, únicamente, de f.o~mar el pr~'l'OXINA SUFICIENTE PARA PROVOCAR UN TÉ· grama. y piensa que esa comMÓn ha term1TANOS MORTAL Á 5,000 RATONES. UN C C. narlo ya.
El Dr. Porfirio Parra, desearía conocer
NEUTRALIZA, POR CONSIGUIENTE 50,000 DOSIS MORTALES. E ste suero presenta las con- cómo fué hecho el nombramiento de la codiciones de actividad referidas para la apli- misión de que forma parte el Dr. Zár~a~a,
cación al hombre y á los animales (inyec- para poder apreciar si rea.lmente sn m1s1ón
fué tan limitada.
ciones preventivas ó curativas.)
El Dr. Peón del V allr, da lectura al art.
( Continuará.)
15 del Reglamento, el cual, á su juicio, establece que la misma comisión que forme el
Asociación Cooperativa de Estudios programa deberá ser la que forme la obra.
Puesta á votación la proposición, tal coMédicos.
mo fué presentada por la comisión, fué aproSesi6n ordi~aria del martes 7 de Julio de 1908.
bada y hecha la votación para nom~rar una
P,·etidencia del Dr. Porfirio Parra.
comisión que distribuyera los IrabaJOS .Y .reA las 7.45 p. m., se abrió la sesión. La cogiera el material de la obra de Med1crna
Secretaria pidió se le excusara de no pre Doméstica· quedaron nombrados loR Dres.
sentar el acta de la sesión anterior, para su Zárraga, Garay, Parra Guillermo y Macoudiscusión, por no estar presente el Dr. En· zet. qui13nes son los mismos que formaron
rique Aragón, accidentalmente encargado el programa de la repetida obra.
para levantarla, quien se ha excusado de
A propuesta del Dr. Adrián de Garay, se
concurrirá la sesión por la gravedad de un acordó se participara desde luego á los pemiembro de su familia.
riódicos y á las sociedades cientifi?~l", de la
En seguida se dió lectura al proyecto de Capital y de los Estados, la crea.c1~n de 1,a
acta constitutiva de la corporación, presen- Asociación Cooperativa de Estudios Metado por la secretaría Este proyecto fué dicos.
aprobado por unanimidad y se acordó se hi- El mismo D1·. Garay. propone se ponga á
ciera. escribir en pergamino, para que fuera discusión un tema cualquiera de interés ge
subscripto por los miembros todos de la Aso- neral, que anime las sf'siones y las haga imciación.
portantes desde luego.
El Sr. Dr. Zárraga, en nombre de la coE !-ta ~roposición fu{\ apoyada P~'; el Se
misión respectiva, lee el proyecto de pro- ñol' Pres11ente y e) Dr..~arraga p1d10 se de
grama para la obra de Medicina Doméstica .c larara abierta l~ d1~cus10n acerca de la morque se acordó publicara la Asociación...El t~lidad en el D1str1~0. Fede~al, la cual ha
Proyecto termina con estas dos propos1c10- sido enorme en los ultimos ti~mpos.
Dr. Garay: Encuentra la idea d.excelennes:
.,
1~ "La obra de Medicina Doméstica. que te pues una vez empezada esta 1scus1on
proyecta la Asociación tendrá la forma de p~ede nacer y desarrollarse la idead.e subdicciona.rio y se escribirá en estilo claro, dividir el trabajo y hacer uno colect~vo, de
llano y conciso."
innegable interés. Recuerda haber v1i&gt;to en
2~ ·'Nómbrese una comi!.ión que se en- un periódico de Bruselas, en el que se puca.rgue de distribuír el trabajo entre los SO · blica la estadística de la mort11lidad en to·
cios y de recoger el material de manos de dos los paíst&gt;s del mundo, que México viene
!!US autores, y que sea la que dé á la obra ocupando el primer lugar, desde hace lDU·
la forma conveniente."
cho tiempo. Entre las razones por las que

Ratón c.-Recibe en la pata un c. c. de
toxina t&gt;,tánica, más un c. c. de suero. Ningún fenómeno; soarevida indefinida.
Ratón d.- Recibe en la pata un c. c. de
toxina tetánica, más i1J de c. c. de suero.
Ningún f en6meno¡ sobrevida indefinida.
Ratón e.- Recibe en la pata un c. c. de
toxina tetánica, más 1!a de c. c. de suero.
Muere de tétanos generalizado el 16 en la
mañana.
Ra.tónf-fü,cibe en la pata un c. c. de
toxina tetánica, más n/n de c. c. de suero.
Muere de tétanos generalizado el 15 en la
mañana.
En resumen, el suero de la yegua "Japonesa (sangría del 12 de Marzo,) á la dosis
de llj de c. c., NEUTRALIZA LA CANTIDAD DE

LA ESCUELA DE MEDICINA.

este punto de tan grande interés se ve con
poco cuidado en México, está la ignorancia,
pues hasta entre los médicos no es raro encon.trar personas que no saben á qué cifra
asciende la mortalidad en esta ciudad.
Dr. Porfirio Parra. Recuerda que hace
años, el Sr. Dr. ~ejía puhlicó un opúsculo,
en el cual cons11leraba como enorme una
mortalidad de 10,000, personas durante un
año, pues en los auteriores, esta cifra había
sido &lt;le 7,&lt;'00 defunciones solamente. Después ha llegado á haber 20,000 defunciones
en un año, sin que nuestra población haya
fiumeutado en la misma enorme proporción.
Entre otros puntos, llama la atención la ineficacia inesperada del saneamiento de la
ciudad, pues se tenían fundadas esperanzas
de que él hiciera disminuír la mortali,lad.
Manifiesta el Dr. Porfirio Parra que desea
ría que el Dr. Garay, fuera el ponente del
tema á discusión.
El Dr. Garay, acepta la comisión y pide
que en vista de la importancia del asunto
se avise á los socios de manera especial
que este aviso se haga extensivo á la prenlla.
Se accedió á lo propuesto por el Dr. Gar~y y se levantó la sesión en la que estuvieron presentes los Dres. Garay, Malda,
Parra Guillermo, Parra Porfirio Zárraga y
el Secretario que su bscribe.-J~an Pe6n del
Valle, secretario.
Esta acta fué leída y aprobada el día 2 l
de Julio de 1908.-Juan Pe6n del Valle secretario.
'

y

Sesi6u ordinaria del día 21 de Julio de 1908.

Presidencia del Sr. Dr. Porfirio Par,·a.

A las 8 p. m. el Sf'ñor prt-&gt;sidente declaró
abierta la. sesión. Leída y puesta á disensión el. acta d~ la i::esión anterior, fué aproba,la sm modificación 11lguna.
El Sr. doctor Zárraga, en nombre de la co
misión encarga.da de distribuir y coleccionar
los trabajos para la formación de la obra ele
medicina doméstica que se está elaborando
informó que estan ya terminados los artículos "Albuminuria" y "Alacrán·" el segundo
del mismo Dr. Zárraga y el primero del Dr.
Jesús Vale,1zuela. Conforme con lo que se
acordó en la sesión anterior y con lo dispue,:.
to por el reglamento de la Asociación procedió á dar lectura al artículo "Albu~inuria."
E l señor Presidenta pregunta si alguno
de los socios presentes tienen a.lgnna observación que hacer al trabajo del Dr. Valenzuela.
E l Dr. Porfirio Parra: El escrito dP) Sr.
doctor Valenzuela es la obra de un hombre
práctico y digna de todo elogio; pero como
se trata de una obra de vulgarización y en

357

esta clase de libros debe procurarse la ma·
yor claridad posible, sería de oesearse que
se corriegieran algunas pequeñas faltas de
construcción que puedan dar lugar á confusiones en las personas no preparadas para
estudiar esa clase de materias. Así por
ejemplo al decir el Dr. Valenzuela que en el
análisis de las orinas del albuminúrico se
emplea el áf'ido nítrico, no se f'ntiendf\ bien
si con este reactivo lo que se reconoce es
la albúmina ó la enfermedad de la cual Ps
sintomática su presencia.
El Dr. Zárraga: Opina que, en la definición de albuminuria, debe suprimirse lapalabra "enfermedad" puesto que, f'n realidad,
la albuminuria no es una enfermedad.
El Profesor Noriega Juan Manuel: El
procedimiento indicado para demostrar la
presencia de albúmina en la orina, si es verdad que es el más conocido y empleado, no
es el más adecuado para ser recomendado
en una obra como la que nos ocupa¡ porque
en una orina alcalina y en frío, no precipita
la albúmina, porque el ácido se nf'utraliza y
si se emplea un exceso de ácido, el precipitado albnminoso se re,lisuelve en él. Estos
detalles ha&lt;'en que f'l empleo &lt;lel reactivo
men,·ionado pres~nte algunas dificultades:
Yo recomendaría que se acm;isejara el reactivo de Esbach, en caliente.
El Dr. Gayón: Encuentro de gran utilidad quP se haya leído el artículo presentado
por el Dr. Valenzuela, pues e!-tO da lugar,
no á que se hagan objeciones á dicho traba.jo ó á los que en lo venidero se presenten,
sino que en vista de ellos SP vaya precisando el estilo en que se han de ir escribiendo
dichos artículo)'. Refiriéndome á ésto, hago
observar que el señor Valenzuela, para el
tratamiento de la albumi1111ria recomienda,
con toda justificación, la lPcbe, los cabellos
de elote y la digital; pero á mí me parece
peligroso recomendar este medicamento sin
ad\·ertir que su empleo deberá ser proscripto y vigilado por el médico. Creo que debe
expresarse, con toda clarirlad que la digital
sólo debe sn prescripta por un mérlico.
El Dr. Monjarás: Me permito señalar que
en la definición, f'l señor Valenzuela dice
que albuminuria es la presencia de albúmina en la orina, dando á entender que basta.
encontrar una sóla vez este cuerpo en la
orina para que se diga. que se trata de un
proceso morboRo. Yo creo que es conveniente decir que, para que la presencia de albúmina en la orina signifique enfermPdad, es
necesario que repetidos análisis demuestren
la albuminuria, pues sabemm, que ésta puede ser alimenticia ó de algunas otras cauflas
transitorias, ~in q Uf' el resultado de un solo
análisis baste para precisar que se trata de
un padecimiento renal.

•

�358

LA EsouELA DE MEDIOINA.

Insisto en la observación del Dr. Gayón; nas de laE- indicaciones señaladas por el Dr.
esta obra que debe estar al alcance de todos, Zárraga, en el caso de picadura ~e Alacr~n
necPsita. reunir un gran número de condi- ponzoñoso. creo útil señalar ~l f:icor am~maciones, pues que su redacción es punto me- cal anisado, que es poderoso tómco car~iaco,
nos que imposible dada la menor diferencia qne es inofensivo y, en caRo de urgencia. se
de culturas intelectuales que se observan puede preparar en la casa misma del enferentre los dos grupos extremos de nuestra mo.
El Dr. Orvañanos: Me parece algo exasociedad, que sean capace1' de comprar y de
leer el libro. Creo que una de las reglas in· gerada la dimensión de 12 á 15 centímetl'OS,
dispensables de adoptar E\s que en todos los señalada por el Dr. Zárr~ia como tama~o
artículos s11 diga: '' Cuando la enfermedad medio del alacrán. Tambien creo que seria
llegue á este grado, deberá recurrrirse á un prudente ser má.~ explíci~, al h~blar de l.a
médico.''
aplicació~ de la lig~dura mtermite~te arriEl Dr. Parra Porfirio: No estoy &lt;'Onforme ba del sitio de la picadura del alacran. pues
con lo Meverado por el Sr. Moujarás de que creo peligroso que se diga que debe aplicarse
SPa imposible escribir para el vulgo: toda l" dicha ligadura por tres horas, suspenderse
dificultad está en que usen lo~ escritores de después la aplicación y volverá comenzarla
palabras claras y en que se ajusten á la ló- por otras tres horas, sin dPtallar cuándo degica.
bé cesarse por completo la aplicación de la
El Dr. Monjarás: Voy á damostrar que Jigadma y qué precauciones se han de toni está al alcance del vulgo cierta clase de mar al aplicarla.
·
El Dr. Zárraga: Respecto á las dimensio
libro;;: la frase recomendada para substituír
la palabra enfermedad en la definición, '·es- nes del alacrán tengo la certeza Je estar
,
' t
tado patológico." no está al alcance del mo- en lo justo al señalar 12 á 15 cent~me ros
zo que nos está sirviendo y á cuyas manos como su longitud media, pues en mi trabapuede muy bien llegar Pl libl'o. Tc,dos cono- jo a~vierto que me refiero al alacrán. adulto
cemos personas llamadas de sociedad, las que enteramente desarrolla&lt;lo. Conozco eJemplano conocen ciertos términos que. para uoso· res procedentes del n:•tado de Guerrero,. que
tros, son de us,o corriP1ite y aun tri vial.
miden hasta 20 centímetros de longitud.
El Dr. Zárrag;1: Hago notar que, aunque En cuanto á la ligadura intermitente, su ob
tiene rar.ón él Ur. Gayón en objetar que el jeto es hacer que ~a ponzoña.gue queda deempleo de cie1-tos medicautos no debe ser positada en la herida producida por el alarecomendado en un libro como el que esta- crán, no pen~tre bruscamente al torrente
mos preparando. el artíc-nlo del Dr. Valen- circulatorio, smo que lo baga de un~. manezuela tiene el gran mérito de que cuando ra lenta y gradual, á pequeñas dosi.s, y de
usa de un término téc11ico cualquiera ha este modo se disminnya, Pn lo P?sible, su
dado ya ó da inmediatamente después su efecto nocivo. Por lo demás, es mdudable
definición ó traducción al lenguaje vulgar. que siempre se podrá detallar más el modo
Por ésto, entre otr11s cosas, encuentro muy de aplicación d.e, esta fü!adu~a.
,
El Dr. Gutterrpz Helad10: Propondrrn,
bueno el artículo del Dr. Valenzuela.
El Dr. Porfirio Parra: Una obra de vul que al tratarse de las cantidades de :su~sgarización, no está destinada á los "Indios tancias act.ivas que entren en la preparacion
analfabetas " y creo que es oportuno citar de los medicamentos que se puedan con~ec
uua frase del Dr. Brasseti, quien decía: "en cionar á domicilio, se indicaran las ~ed1das
materia de medicina todo,; son vulgq, meno~ más sencillas substituyPndo, por eJemplo,
los médico~." El vulgo de levita es el que las gotas á ,Io's c~~1tímetros c.úbi&lt;'os.
.
Con ésto se d10 por termmada la discudirige á los analfabetas y se encarga dellamar el médico para que. los cure. Par~ este sión y puesto á votación '3Conómica el artívulgo de levita, que cuida de sus criados, culo del Dr. Zárra~a, fué aprobado.
.
El señor Presidente, invita á los socios
de sus empleados, de los peones de sus haciendas e.; ¡.,ara el que estamos escribiendo pre~entes á que expresen sus ide~s r~specto
al tema de la mortalidad en el D1stnto Feel libro.
.
El fü. Presidente pregunta si está bas- de1·al qu1-1 figura en la orden del día, no obstante discutido el artículo del Dr. Valen- tante' no estar presente el Sr. Dr. Gara! que
zuela y no habiendo quien pidiera la pala- debió s,•r el ponente y que, por u_n cmdado
bra, fué pue, to á votación económica y apro- de familia, se excusó de concurrir á la sebado por unanimidad.
sión.
El Dr. Zárraga: Me creo Pn el de~~w de
El lJr. Zárr11ga lee, en seguida, su artículo
acerca dfll "Alacrán" y el Sr. Presidente obsequiar la invitación del ~r Presiden~,
prPguntó si alguien quería hacer uso de la por haber sido yo el que propu~o á la SoCiedad que se ocupara de estA asunto .. El trapalabra acerca de est.e artículo.
El l&gt;r. Nori~ga Tomás: Para llenar algu- bajo del Sr. Dr. Mejía, al que se hizo alu-

LA ESCUELA DE MEDIOINA.

sión en la sesión pasada, daba una mortalidad de 40¡1,000 si no recuerdo mal, y en la
actualidad nuestra mortalidad ha ascendido
á la cifra d11 80/ 1,000 con, lo cual en estos
momentos, batimos el record de la mortali
dad entre todos los pueblos civilizados. En
un artículo que presenté hace algunos años
ante la Academia N. de Ju1isprudenoia:, me
ocupé en el estudio de la mortalidad y de
la natalidad en la ciudad de Durango. Para
obtener los datos que utilicé en ese trabajo.
r"corrí a.ct:i- por acta, las. del registro _civil
en lo relii:tivo á la mortalidad y del mismo
mo~o las de bautismo, en las parroquiaq de
la ciudad.
Conforme á esos datos, y considerando á
la ciudad de Durango un población de
23,000 almas, resultaron una mortalidad de
50/ 1,000 y una natalidad de 51/1,000; lo
rual, en el período de 20 años que abrazaron mis investigaci?nes, produjo un aumento de 166 habitantes ~olamente. En
México la natalidad en e~a misma f"cba y
según los datos del Dr. Mejía era 34/1,000
y la mortalidad mucho mayor, de lo cual
concluía yo que, si no fuera por la inmigración, la ciudad de México desaparecería
completa.mente, en . un P,er.íodo ~e tiempo
muy breve. En Basilea, Smza, solo muere
un 6/1,000.
El Dr. Porfirio Parra: El Sr. Embajador
Creel me ha comunicado que, en Costa Rica la mortalidad e~ s~l~mente de. 25í l,00~.
no obstante lo perJud1c1al de su chma, debido á las buenas condiciones higiénicas que
procuran conservar. En México llama la
a.tención q?e la .mor.talidad no sólo se mantiene estacionaria, smo que aumenta de un
modo continuo, como lo demuestra claramente el hecho de que no obstante una
fuerte epidemia de tifo, la mortalidad no
pasó de 7,000 en el año de 1865. Creo de
gran importancia que se averiguan las causas de estos hechos y opino que estas causas son múltiples y que no es posible atribui1· á una sola toda la importa11cia que se
ha querido atribuirá algunos factores. Desde l~e~o es notori.a la in~~encia del . mo~o
Je vivir y de la ahmentamon: las hab1tac10nes mal ventiladas, estrechas, sin luz, dando lugar á todos los perjuicios de la acumu
lación; las comidas pobres en carnes y rica$
en chile y en pulque, aun para aquellos que
n~ so.n bebed?r.es de pulquería. A esto debe
anad1rse la pesima agua potable de que se
ha dispuesto hasta hoy en la ciudad. El único remedio racional del mal que lamentamos está en lograr que se corrijan todas estas malas condiciones.
El Dr. Orvañanos:-Siento no haber venido preparado para una discusión tan importante como la que se inicia, pero apelando

359

á mis recuerdos, diré á ustedes que si bien
es cierto que la mortalidad ha aumPntado
de modo alarmante, llegando á 40/1.000 por
los años en que hizo su trabajo el Dr. Mejía, ha ascendido á veces á 50/ 1,000 y creo
que nunca ha alcanzado la cifra señalada
de 80/1,000. Es de gran importancia saber
que más de la mitad de los que mueren en
el Distrito Federal, son enterrados gratuitamente por el Gobierno, lo cual demuestra
la miseria en que estaban esas personas.
EstP hecho y el constante paralelismo que
se observa entre el aumento de la carestía
y el número de defuncio1ws, me permite
afirmar que es la mi,.;eria el factor principal
de la mortalidad y que ésto es lo mismo
aquí que en todas partes del munilo. Donde
quiera que hay hambre hay epidemias y dadas la,; condiciones de nuestro pueblo bajo
es posibl~decir que está en condiciones de
una hambre perpetua. El Sr. W atson, per~ona muy perita en estas materias me dijo
que él había notado la gran difer~ncia que
existe en México entre el modo de vivir de
los ricos y de los pobres y que á la miseria
debía atribuírsela gran mortalidad de éstos.
Esto está de acuerdo con las estadísticas
que dan muc~o menor mortalidad para los
cuarteles habitarlos por pPrsonas ricas que
para los que son habitados por las últimas
capas sociales de la ciudad. Hay que tener
en cuenta, por lo tanto, que más de las dos
terceras partes , dt&gt; los m?ertos son gente
muy pobre y mas de la mitad son niños de
menos de cinco años de edad. Hace algún
tiempo el Dr. Nicolás Ramírez de Arellano
y yo h,icimos una investigación que nos demostro que na más frecuente la mortalidad
en los barrios que recibían agua de la llamada delgada.
El Dr. Monjarás:-Opino como el Sr Dr.
Orvañanos. en que una de las causas más
importantes del excesivo número de defunciones en la ciudad de México, es la miseria. No considero po~ible que llevemos á
cabo el estudio, "La mortalidad en el Distrito Federal," que se ha propuest'&gt; la 80ci~dad, porque mo,rtalidad es la relación que
existe entre el numero de defunciones en
una localidad, y el total de sus habitantes
y como no tenemos de esos dos factores qu~
sirven para ese estudio más que el número
exacto de dPfunciones y nos falta un censo
reciente, por ,eso dig~ que no e~ posible por
ahora llevar a cabo dicho estud10 de la mortalidad, pero sí el de las defunciones en el
Distrito Federal: Tampoco podremos definir si el número de habitantes en México
decrece, eutre otras causas, por virtud del
predominio de las defunciones sobre los nacimientos como se acaba de expresar pues
este estudio de estadística dinámica; oon-

�360

LA Ji:SOUELA DE MEDIOINA,

siste, como en cualquiera contabilidad, en exigió una contribución forzosa al comercio
tener en cuenta de un lado los nacimientos y á los propietarios.
-Hemos recibido el interesante informe
y la inmigración y por otro lado las defunciones y la emigración, y como dije antes, que rindió el Director del Hospital "Porfirio
no tenemos aquí establecida una estadísti- Díaz,'' de Chih11ahua, Dr. Mi!!uel Márquez,
ca diaria que nos permita contar exacta- correspondiente al año de 1907.
- El Sr. Dr. D. José Ramos, en unión de
mente el número de personas que inmi~ran
y el número de personas que emigran y res- otros d"legados al Congri&gt;so Médico que se
pecto al número de nacimientos, esto tam acaba de verificar en Guatemala, consiguió
poco es r.bsoluta.mente 1·xaoto, pues todo,; del Presidente de esa República, la amnis sabemos que las inscripciones de ellos en el tía para los presos político~. Felicitamos á
Registro Civil no se hacen completas ni con nuestro compatriota por una acción tan bella y meritoria.
la oportunidad debida.
Vol viendo á las causas de las defuncioEl Sr. Ingeniero Alberto Robles Gil.
Con positiva p.. na hemos sabido la renunnes, éstas son muy complexas, pero sí podemos de~de luego decir que el clima d., Ml-- cia que este apreciable señor hizo de Direcxico no es el principal factor para producir- tor de la Ben1-ficencia Pública. Durante el
las, puesto que en la ciudad que recibe la tiempo que desempeñó este cargo, demostró
influencia de un mismo clima, hay cu.. rteles honl'adez, inteligencia y actividad, y la Been donde las defunciones son mayores que neficencia recibió de él importantes servien otros, por consiguiente, sin eliminar por cios. Hubiera hecho mucho más en el descompleto este factor entre las causas del empeño de su cargo, pero tuvo que lirnit.arnúmero excesivo de defunciones en el Dis- se á las facultades que se le concedían.
trito Federal, no lo podremos considerar coLa tesis de los Médicos Cirujanos.
mo el principal, y sí como dijimos antes, las
La Secretaría de Instrucción Pública ha
condiciones sociales de los habitantes. Ha- dictado una aclaración al artículo XVIII
ciendo yo este estudio en San Luis Potosí, del Plan de estudios vigente para la carrera
pude convencerme de que el número de de- de Médico Cirujano y para las de especiafunciones entre los enfermos qne no ocu- listas en ciencias médicas, resolviendo que
rrían al médico para atenderse (lo que era á los alumnos de esa Escuela cuya tesis hael dato que me servía para clasificar á. los ya sido declarada inaceptable y reprobada
individuos como muy pobres,) era enorme, por mayoría de votos, podrán presentar nuellegando á un 71%, mientras que entre las va tesis después de cuatro meses del exacla&gt;&lt;es acomodadas, que las reconocía por- men de la tesis reprobada, y en el caso de
que recurrían al médico, el número de de- que la misma declaración hubiere sido hefunciones era de 27%. En México, como ha cha por unanimidad dfl votos, el jurado podicho el Dr. Orvañanos, (el dato que sirve drA conceder al alumno que presente nueva
para calcular la posición soci...l es la circuns· tesis en un plazo que no sea menor de seis
tancia de que el entierro sea hecho por el meses ni exceda de un año, teniendo en cuenGobierno en la clase común,) el número de ta, para está determinación, el grado de imdefunciones es enorme entre estas ¡:,ersonas. portancia del asunto de que se hubiere ocuCreo que los trabajos que ha emprendido pado la tesis reµrobada y el de imperfección
esta Asociación están en muy buen cami- en la manera de sostenerla.
no, y yo he suministrado al Dr. Garay, poEpigrama,
nente en este asunto, los datos relativos al
El sabio más eminente
número de defunciones, mes por mes y sede Atenas la renombrada,
mana por semana en un período de tiempo
tras estudiar diligente
de 20 años.
exclamaba humildemente:
El Señor Pre~idente anunció que queda-Sólo sé que no sé nada.
ba el mismo tema á discusión, para la sesión
Hoy son de distinto modo,
próxima, y el Dr. Zárraga con el uso de la
pues sin estudio profundo,
palabra.
brotan cual hongos del lodo,
sabios que lo saben todo,
hast,a lo del otro mundo.
Varias notici:is.
Es un decir .... ¡Tilín, tilín!
-El Instituto Médico Nacional celebró
-¡Quién!
con una sesión solemne, presidida por el Se- 1ERtá el doctor?
ñor Secretario de Instrueción Pública, el
-.l1Má de parto.
aniversario de su fundación.
-Quisiera que fuera en seguida á la calle
- Para reunir fondos para los gastos del
5~ Uougre&amp;o Pan-Americano que se verifi- dAI Desengaño.
-En cuanto despache.
có en Guatemala, el Sr. Estrada Cabrera

CllON ICA.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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