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                  <text>U SEMANA ILUSTRADA
Registrado oomo &amp;rtloulo de segunda olas&amp; el 10 de Noviembre de 1909

AÑO

I.

MÉXIOO,

"LA SEMANA ILUSTRADA"

..

,

.D,

NÚM. 32.

Me apenó ver á este muchacho, que de- nía. Por este motivo hícele alg11nas pre•
bería pensar en soldados de plomo, pe- guntas sobre poetas germanos. Había
PUBLICADA POR LA
nar con las crudezas de la crítica. Míen· leído á $chiller y Goe,he, aunque se
tras la charla tomaba incremento entre compenetraba más con el primero que
mis camaradas y la señora Arriola, yo con el segundo. &lt;Lo siento más&gt;, me ex•
observaba atentamente al niño.
presó textualmente.
Presidente, Lic. J. LUIS REQUENA.
Vestía éste con su habitual trajecillo -Y ahora, lqué lee usted? interro•
lllrector General, Lic. ERNESro CHAVERO. blanco de forma marinera. Le contem• guéle.
piaba yo atentamente cuando, al mirar -A Julio Verne¡ me entretiene maGerente, MANUEL S. PALACIOS.
una hermosa alhaja que de la amplia cho.
OFTCTNAS:
solapa pendía, cuajó en mi mente algo
Urdí una pregunta tonta entonces:
q ne yo encontraba extraño en el artista, quería llevarme un juicio más preciso
4a. Calle de Humboldt, núm. 52.-Mé· sin
poder precisar qué sería. Hb:ose la del interesante chiquillo, y le pregunté:
xico, D. P.- Ambos Teléfonos 485. observación y fué esta: Pepito Arriola, -lQné relación cree usted que exiscomo todos los niños precoces, es un te entre Schiller y Verne?
Apartado postal, 149.
viviente y perenne &lt;contraste&gt;. Es el
Miróme larga y profundamente, como
cerebro faerte, cautivo en un cuerpo de interrogando si sería yo de tal manera
PRECIOS DE SUSCRICION
EN TODA LA REPUBLICA:
niño.
lerdo ó si sería un farsante. Me hubiera
Hube de observar esto por asociación pegado¡ lo noté en esa mirada.
Por un trimestre $1.80 pago adelantado. de ideas¡ porque aquella joya magnífica
-¿Cómo decía usted?-dijo.
Números sueltos en toda la República, contrastaba enérgicamente con la vestiRepetíle la pregunta.
d nra infantil. Más tarde, durante la meDespués de breve pausa contestó:
15 Centavos.
dia hora de charla en el almuerzo, tuve
-Relación, ninguna absolutamente.
múltiples ocásiones de fortificar mi ob• Schiller es uu enorme poeta filosófico y
servación. Curioso é interesante niño sentimental, y Verne un novelista ingeera éste, en cuya mirada fulguraba una nioso.
intensa luz &lt;cerebral&gt;, que fundíase en
Afirmé mi opinión y se disiparon, co•
dnlces destellos de ojos de niño ....
mo nubes de verano, mis dudas.
A la sazón de que yo en estas cosas
Pepito Arriola no es únicamente un
pensaba, la señora Arriola hacía el re- buen temperamento musical, cuidadosa•
gocijado relato de los hechos cómicos mente pulido y cultivado, sino una gaque les habían acontecido á ella y á su llarda y brillante intelectualidad en
sazón.
fJ Artistl Niao Miren ustedes, señores-nos hijo en sus frecaentes viajes.
había dicho la madre del ar- En una ocasión-decía- en que mi
ENRIQUE UBTllOFF.
tista niño:-yo no quiero cansará Pepi• Pepito tocaba en cierto teatro, un sujeto
to con una entrevista seria. ¿Por qué acercóse á la taquilla y preguntó el pre·
no se vienen ustedes á almorzar con cío de una butaca Cuando supo que
A SU ABANICO
nosotros mañana, y mientras almorza• tran tres dólares, exclamó: cEs dema·
siado dinero para oír tocar á un niño&gt;,
mos charlan con él?
No de ese rostro andaluz
Este señor juzgaba el mérito por los
A mis compañeros de prensa y á mí
eclipses lumbre y donaire
nos pareció muy acertado el parecer de años. Si mi Pepito tuviera ochenta, en¡no, por la benllita cruz 1
ala madre, legítimamente orgullosa, y tonces sí le ·hubiera parecido que valY ya que no le des •aire»,
después de algunas frases de cumpli- dría la pena de escucharlo.
tampoco le quites luz.
-miento, cambiadas entre ella y nosotros, Cuando pasamos al comedor ya se ha-.
nos despedimos. En el pasillo un com• bía hecho entre todos-periodistas, arPorque si encubres el fuego
pdero me dijo: c¿No cree usted que es• tista y anfitriona-una amable atmósfede tus ojos, ¡ay, enojos!
te chiquillo tiene una cabeza muy inte- ra de familiaridad y de simpatía,
¿Cómo ni por dónde luego
Pepito Arriola había hablado poco.
raante?&gt;
mirará Amor, siendo ciego,
En los semblantes de mis compañeros
-Muy interesante, le respondí.
si no mira por tus ojos'!
leía
yo
su
curiosidad
por
sondear
el
es•
En la sala, tras religioso silencio,
empezó á escucharse suave y melancó- pírihi del niño-hombre.
F. RODRÍGUEZ )IARIN.
Uno de ellos aventuró algunas prelico un preludio de Chopin,
guntas sobre temas musicales. Se nom• *
braron varios maestros: Schúmann, BeeTARDE TRISTE
Tengo que confesar que antes de ha· thoven, Bacb, Chopin. Sentía predilecblar con Pepito Arriola ( pues de Pepito ción por este último. Mi interés iba en Rl gris triunfa del orto al occidente;
Arriola se trata) imaginaba yo que este aumento. No era ciertamente este lírico al azotar el viento la maleza,
-.Chacho ofrecería el caso de un buen niño nada más que un músico forzado parece murmurar lúgubremente
temperamento musical, cuidadosamente á fuerza de constancia, sino un alma un salmo de dolor y de tristeza.
Pllido y cultivado; el resultado de al- generadora de arte y un espíritu sutil Amenaza la lluvia; en el ambiente
Clnos años de aragonesa constancia en de observación y fecundo en idea. Pero hay
humedad y fría aspereza;
el aprendizaje y en el trato de los gran- surg!a de improviso el niño, el rapaz, en la tarde angustiosa se presiente
Jlea maestros;la voluntad y el cariño de el &lt;mocoso&gt; que tiraba de las orejas al la tempestad alzando la ca!ieza.
11111 madre, vencedores. En esta inleli- perro y quería fresas con crema después
Sentada tú sobre del duro tronco,
&amp;ucia, me presenté con dos camaradas de la sopa ....
un acento irresistible y bronco,
del periodismo en el hotel elegante Pepito Arriola se expresa en un cas- con
dices un •no• que á mi cariño azota,
ionde vive el pequeño artista. Nos lo tellano un poquillo rudo; pero preciso arrtígase
tu frente alabastrina,
llcontramos sumamente abatido. Había- é insinuante. Según el decir de la seño- y cae entonces la primera ¡rota
.. contrariado sobremanera cierta gace- ra su mamá, su idioma, en el que fami- y el relámpago rasga la neblina ...
pueril de un diario, que á él se re- liarmente habla, es el alemán, aprendí•
ALBERTO HERRERA,
un si es no es desfavorablemente. do durante su larga estancia en Alema·

"Compañia Editora N•clonal,'' S. A.

ido

10 DE JUNIO DE 1910

NOTAS

SEMANALES

•

�LA SEMANA Il.USTR.ADA.

LA SEMAN! tttrSTltAl&gt;A

TEATROS

rh

erre-

•••

tor decirle que encontramos demasiado
largo el tercer acto, al que, si nnes
memoria no nos es infiel, se le han ai:regado números que no son de la obra y
que hasta d isuenan en ella. Algo menoa
de bailables no estaría mal, como tam•
poco lo estaría el colocar éstos despuá
del número de Bannack, muy atractivo,
es verdad y que vale al simpático clown
cubano una ovación¡ pero que tambiia
debería acortarse, Si escucha usted
nuestras indicaciones, señor Galeno, DO
vaya á ocurrírsele á usted- que no se le
ocurrirá-suprimir el baile oriental ea
que intervienen Isabel Saavedra y Julia
Pacelo, q ue están guapísimas de orieatales y que sólo por contemplarlas taa
bellas vale la pena de ir á ver cLos Saltimbanquis&gt;.

Con la reciente apertura del teatro
cColón&gt; son ya tres los teatros de cate·
goda en que actúan compañías de géne·
¡El genio se impone! Efectuóseel pri- ro chico. Afortunadamente, como de•
mer recital del prodigioso pianista ni- cíamos en nota anterior, parece que éste
io Pepito Arriola, y el teatro vióse, eu se orienta por buen cacino y que la
esa primera noche, no diremos desierto, pornografía tiende á desaparecer.
El cLírico&gt; estrenó, el sábado último,
porque tal habría sido vergonzoso, pero
sí escasamente concurrido, No parecía la traducción española que de la presino que el público desconfiaba de que ciosa opereta francesa: cLos Saltimban•
en ese casi diminuto cuerpecito de ni· quis&gt;, han hecho con buen acierto Al•
ño cupiese un alma gigante, dotada de berto Michel y Adolfo Beroáldez.
inspiración y de talento, y se reservaba Aún esU. fresoo en nuestra memoria
para oír antes la opinión de la crítica. el recuerdo del estreno en México de
Felizmente, aunque un poco tarde, esta opereta por la compañia italiana de
pues las primeras noticias que la pren• Scognamiglio, y por eso juzgamos inútil
sa diaria trasmitió al público fueron relatar el argumento, por lo demás, bas·
sólo notas reporteriles, plagadas, natu- tante sencillo como todos los de su gé•
nlmente, de ignorancia en música¡ la nero.
La falta de espacio nos impide oc11•
crítica habló, y su fallo fué del todo &lt;Los Saltimbanq uis&gt; es una de aque•
favorable al prodigioso niño, La fama llas operetas que no sólo deleitan por parnos detenidamente del estreno del
de su mérito indiscutible, de su preco- su música exquisita, sino también por &lt;Principal&gt;, cLa luna del amor&gt;, y he•
cidad admirable, corrió de boca en lo feérico de su presentación, que re• mos de hacerlo próximamente, limitáa•
boca, y el segundo recital efectua- quiere un conjunto de mujeres boni• donos á consignar, por ser de justicia,
do el domingo último, alcanzó un éxi· tas-como las hay en el cLírico&gt;,-artis• que está ricamente puesta en esceaa,
tu extraordinario. Las ovaciones pro- ticamente vestidas y bañadas de luz y con toda la esplendidez y todo el lujo
digadas á Pepitu Arriola en su primer colores, lo cual recrea la vista, hacién- de que es capaz la empresa del cPria•
recital por los pocos que á él asistieron, donos aún más agradable el desarrollo cipal&gt;, y que la señorita Arrieta y la
«Morronga&gt; pueden anotarse nn triuntomaron cuerpo en esta segunda oca- de la fábula.
La empresa del &lt;Lírico&gt; merece an fo más,
sión, en que un público numeroso, nu•
merosísimo, distinguido y entusiasta, elogio por la esplendidez que ha derro- Tampoco podemos ya ocuparnos, como
convencido ya y vencido por el genio chado para poner la obra on escena, ha· quisiéramos, del teatro cColón&gt;, en el
del artista niño, se dejó llevar de su ciendo pintar artísticas decoraciones y que actúa la compañía de zarzuela, ver•
so y variedades, de la que es estrella la
entusiasmo y prorrumpió en deliranh~s construir espléndido vestuario.
Las partes principales están á cargo incomparable Prudencia Grifell, que ba
aplausos á la terminación de cada uno
de los números del programa, bien es- de Adelina Vehí, Carmen Segarra, los vuelto á presenUrsenos aún más adecabroso por cierto, con que nos obse- tenores Colina y Arroyo y el barítono lantada que antes, hecha una tiple di
quió el admirable pianista, llegando al Santamaría. Todos han hecho laudables primer orden, maestra del buen decir y
grado máximo la admiración del audi• esfuerzos por salir avantes, y los más lo actriz inspiradísima. Sólo su gran talen•
torio en el Prellldio en do mayor de han conseguido. Adelina Vehí canta sn to pudo salvar de un fracaso el insoChopin, cuyas dificultades de técnica parte con la delicadeza y el gusto que le portable serpentón cCielo y Fango&gt;, 4111
fueron prodigiosamente salvadas por son peculiares y que la hacen siempre se estrenó el sábado último y que
Pepito¡ en la Gavota Glück-Brahms, acreedora á cariñosas demostraciones. otras manos habría merecido una silba
que nos hizo recordaral gran Lbévinne, Carmen Segarra, que debía luchar con monumental.
En este teatro ha comenzado á efecy, sobre todo, en la famosa Campanella el recuerdo de la encantadora Gattini,
Paganini-Liszt, al final de la que su salió victoriosa del empeño: está muy tuarse diariamente, á las seis y media
entusiasmo se desbordó en continuadas graciosa y sugestiva en ti simpático de la tarde, una doble tanda de moda, ca
y frenéticas ovaciones, que se prolonga- papel de Marión, uno de los más esca• la que sólo se pondrán escogidu comeron aún después de la terminación del brosos de la obra. ¡Lástima que por es- dias de los mejores autores, En ellll
recital, siendo sacado del teatro el di· crúpulos sin fundamento la Segarrita tendremos oportunidad de apreciar mtminuto genio en brazos de sus admira- no use en la obra la indumentaria ade- jor el mérito de Prudencia Grifell como
dores más entusiastas, que, aclam;indolo cuada á una funámbula como es, y que actriz.
Esperamos que á esta tanda concurri·
sin cesar, le condujeron hasta su alo- haya modificado el traje con aquellos
inadecuados pantalones! Al tenor Arro• rán las familias de la alta sociedad, q..
jamiento.
yo, que canta sus números de la obra gustan de los espectáculos morales Y
¡Pepito Arriola ha vencido, y ha ven• con bastante gusto y discreción, le acon• que la tanda de cvermouth&gt;, como la
cido en buena lid! Celebramos sn triun• sejaremos que no tome tan á pechos el llaman en España, se pondrá de moda
fo por él, que tan legítimamente lo ha papel de payaso y no olvide que gene- y se1á un aristocrático centro de realcanzado, y por el público, que ha da• ralmente éstos dejan de serlo cuando unión.
do, al fin, consoladoras muestras de están fuera de la pista. ¡Ah, también que
M. HARO.
cultura.
procure corregir el tono enfático de su
Cuando, al día siguiente del primer declamación, que resulta monótono!
Seguidillas
Colina compartió con la señora Vehí
recital, conversábamos con el prodigioso
Pepito, nuestro amor propio de mexi• los aplausos en sus números de canto y
canos se sentía herido al considerar lo Santamaría hizo cuanto pudo, olvidánl.n mujer á los quince
que pensaría de nosotros el genial artis• dose, sin embargo, de caracterizar el ti·
es azucena,
ta, por más que, con su discreción y po como corresponde á nn atleta. Los
á los veinte una rosa,
buen juicio, que más parece de persona biseps del señor Santamarla no inspilir io á los treinta,
mayor, no profiriera, al lamentarse de ran temor alg11no. ¡Algodón, mucho al•
y en marchas tales,
la indiferencia del público y más aún godón le hace á usted falta en brazos y
en llegando á cuarenta,
de la de la crítica, ni una sola palabra piernas!
flores cordiales.
El director de escena, el laborioso
que pudiera ofendernos. Pero nos dolía
verle contristado y cabizbajo, y procu- Galeno, se ha hecho acreedor á un enramos alentarlo con nuestras esperan• tusiasta aplauso por la inteligencia des·
::ii los bei;os crecieran
zas de que público y crítica, como al plegada para mover tan discretamente,
como las hierbas,
fin ha ocurrido, habían de reaccionar, como lo hace, las figuras que ni nn solo
verfa.nse unas caras
y que el triunfo absoluto estaba cerca, instante dejan de dar animación al cuacomo unas huertas.
Felizmente nuestras esperanzas no dro, y por lo bien que ha sabido inter¡ Jesús, qué risa
fueron ilusorias, y hoy el prodigioso pretar el pensamiento del aut&gt;or del lisi todas eeae caras
nilio debe acntirse orgulloso del éxito bro en las diferentes situaciones de la

••

,a

alcanzado.

obra, Permítauos 1610 el apreciable ac:•

fueran á misa 1

CRONICA
DEL EXTRANJERO

Domingo

citas de veinte al'ios que, en .combate con
el sol para. defe~derse ?e él, P.Sgrimen
P.tRA •L.t SEMA.'i' 1 Iu:~,R.\D.u, s11:3 _combas sombr1llaa llllentraa piadosas
lllltlgan el poder fascinador de sus miraAmanece; sobre laa montafíaa el Sol das con el negrísimo abanico de sus pesEn Madrid, la ciudad de las alegrías y en brazos de su amante la ~foche; se des: ~as que subraya la luz de sus diV1.Dos
del buen humor, aconteció pocos días ha- pereza mesándose los rubios cabellos que OJOS,
(Salgo q~e ha caído en aquella ciudad 18:nza al mundo en sefíal de saludo. Va1como anillo al dedo•, según la vulgar md?so al pasear la mirada por su alcoba
• •.
frase.
tap1zad9: de azul, descubre allá, en plaEs ~l caso que un se~or Larra, guasón t.eada leJanía, un gran espejo, el mar, al La tarde. Multitud de personas salen
de pnmera fuerza, escribió y estrenó una que se asoma poco á poco para verse y de s~s casas con el ánimo gozoso para
sarzuela que lleva por título este sugesti- adorarse como :Narciso.
termmar alegrement.e el día. La mayor
vo: •La Diosa del Placer•.
-Seca tus lágrimas, enlutada mía. no part.e de ellas van á los toros. ¡ Los toLa obra, que pasando de la pornogra- tardo, voy á mi diario trabajo á ll~var ros I I Arse~al de sensaciones y emocioffa llega á lo escandaloso representóse la alegría á muchas almas y á pintar de n~; emporio de alegría; conjunto armópor espacio de varias noch~s con gran re- luz muchos semblantes; á consolar al frio- mco de «oro, seda, sangre y sol,; fiesta
gocij? de ~n público másó menos estulto, lento y con finura á procurar introducir- de ív.alor Y arte, que pone en nuestros
y eatisfacc1ón de un empresario que v-ió m~ en la pupila del ciego¡ áfa,·orecer con esp r~tus amaneceres de fiesta de resuque ene arcas desbordábanse de puro lle- m1S rayos luminosos ¡08 verdes campos rrección, Y prende á nuestros nervios canas. Y el escándalo llegó á tanto que la para convertir el ~rano en planta y la losfríos. de emoc!o!l-es mil· libro dorado
autoridad tuvo que tomar car~ en el planta en flor, y la flor en aroma bien porla r1sue~a car1c1adel soÍ, donde aprenasnnto, hasta el grado de encarcelar al así como una mirada tuya convie;t.e mi demos el trmnio d_e la astucia y la agili':lltor .Y á cuatro d~ las intérpretes, unas amor en idolatría, mi idolatría en caricia da,l sobre el empuJe de la bestia que tietiplec1tas sacerdotisas fervient.es de la si- y mi carici.a en inmensa floración de be- ne ~ntral'ias de a~ro; y en don~e con el
ralipsis. . Como detalle preciosísimo hay sos; no qmero que las lágrimas que ador- conJ1mto nos fortificamos estét1cament.e:
que conSlgnar que una de ellas lleva este nao tu traje de luto las estrellas que- el sol que amapolen de rojo el morrillo
dnlce apodo: •La Chavem.
den al.U ol~idadas; ~I salir lrui ~ cogeré del tor~, gue e~c!ende clavell:8 en las boEn resumen:
con mis labios.
cas. mt1Jer1les é m sa las lente1uelas ele los
&amp;ta obra había sido declarada ya por
Y .ealió el Sol á viajar por sus dominios traJes con que atavían sumiguelangelesca
el público como la más escandalosa en su segmdo de un cort.ejo de favoritas vestí- musculatura los toreros!
género, Y. por lo mismo, prometía á los das de blanco y rosa-las uubes~ue se Las clases pobres, en tren de segunda,
mpreaarios ~randes entradas. Un buen sonrosaban á la mirada de Helios.
marchan á los _alrededores de la capital,
negocio, de no haber intervenido los triá Tacuba¡ a, M1xcoac, Tlálpam para habnnales.
*••
cer provlSÍón de paisaje para ' toda una
Y he aquí que, al ser llevados ant.e sus
sema~ Y almacenar alegría para toda
ilJeC!lS los . acusados, ha surgido la nota L~ casa del artesano dormía aún. El Uf!~ vida. Otro grupo de la inmensa fa.
éómica, sametesca, que ha hecho reir á reloJ, cuyas manecillas entablan feroz llllha qtJe se llama sociedad, se va al t.eala noble ciudad deMadrid de buena gana combate con el tiempo, dejó oír cinco tro á .n:1r ó llorar, á aprender en ese JiEl empresario afirma gravement.e en eÍ campanillazos; una niña de corta edad bro VIVlente que pone de relieve laa flajnrado que la obra era honestísima·y que se le\'antó ele su call!a Y fué á la alcoba quezaa Y las excelsitudes del género hu¡nardaba todos los debidos respetos al d su padre; con mII trabajos se empi- mano¡ al teatro1 que en la época de los
pudor.
sobre la punta de los pies para po- griegos servía de escuela y que hoy maDeepués de algunas controversias, &lt;lecí- er así dar un beso á su papaíto.
liana Y siempre seguirá siendo parte inde.ee formar un jurado de hombres de le- _ -Ya hay 1.uz, ya ea tarde i todas laa ni- tegrante en la evolución de los pueblos
tras y, al efecto, se nombra á ¡08 literatos naa del col~gio debemos estar en la Pro- Para aprender la comedia para sentir ei
Pérez (ialdós y Francos Rodríguez
como fesa.á las siete. Me t.endrás que ayudar á drama, para reir Irancam~nte el sainete
la P.ªrte sesuda y severa del jurado y loa veSllr, Yo no sé abrocharme por detrás. para sonreir guiñando un ojo la ,tanda,'
críticos de «género chico• Antonio Viergol ¿Y en qué mano llevo mi canastilla con El grupo encumbrado la esfera rica qué
J JOl!é de la Loma, como la parte frívola flores1,.~uM~ pongo el rosarito que compré no se preocupa por el' mal'iana ni recuer7 condescendient.e.
en 1 1 .i,Yanos vamos?
da el ayer, se va al bosque en sus carruaEl público en masa creía que el fallo de él ~adr:e é lnJa se encaminan á la iglesia: jea á embriagarse de perfumes y á empaeete jurado sería harto desfavorable para bl e n_gLyoso 1uto, ella vestida toda de la~~rse de color. Las notas de la banda
el autor, el empresario y las tiplecitas. aneo , é á comulgar con el santo re- llllhtar van cayendo poco á ~ suavemas ~cedió todo lo contrario, con estu: cuefl.lo d~ 811 espos~ muerta, ella á ofre- mente, como recuerdo acariciadof, sobre
pefacc1ó!J- de propios y extraños.
cer ores " 1ª PuríslIDa.
todos los oídos.
4
•La Diosa del Placen, según el jurado
•
ea una zarzuela atrevida, mas no inmo:
• *
• •
~. en consideración á lo que se lleva El Sol sigue su marcha triunfal por el
~aNocbe,.desdesu ventana,'veallá lejos
Vl8to en su género. Además, comparada cielo¡ las nubecillas, eu lapso amoroso se á Febo, cubierto ele polvo, cansado feliz
4:!'11 lae obras ~le Lope de Vega y del Ar- han retrasado mucho y ya no acompaflan de babe~ cumplido su misión. Ya~ oyen
ele I11ta, añaden los peritos re- á su dueño y señor, que solo en la in- sus cánticos, suenan á 1ángelUS1 y ácarota castlsima.
'
mensidad del espacio, en'YUelv~ todas las panita de;iglesia pobre. Entra el Sol en
. Tampoco este dictamen satisfizo á loa cos~ terrenales en una coraza de oro; sus dominios, vuelve la vista al camino
ltllCes y se falló en contra. El fiscal pidió capr1chosament.e cae entre las hojas del prolongando así el ~repiísculo. 1::iolos, 1~
para l?s acusados dos meses de prisión, bosque, formando en las callecillaa en- dos amantes se platican quedo como si
~méndoseles, además, un multa de ~re!!adas topacios de luz¡ acaricia con In- se confesasen, y extasiados se besan lar~ntas peset~ á .c8:d~ uno. Dijo taro- ¡una los rostros de las mozuelas que van ga Y apasionadamente, recost.ándose en
póbl!)Ue era precISo m1ciar una represión por la Reforma, permitiendo en su fiebre el lecho. Poco después todo duerme· en
amorosa, que una sombrilla de seda roja lo .alto, la luna, cual inmensa veladbra,
hre ndo la tiple Pepita ~villa, la po- se oponga á que be...-c Ja arrisuel'iada cara ctnda el suefio de los esposos
. , tan poco acostumbrada á las emo- de la doncella.
Gi1nrnro F. A&lt;mILAR
etonee demasiado fuertes, supo la triste
que la deparaba su juez, rompió á
*
11b como una ~Iagdalena allí mismo
.
La
una.
Plateros.
.\sí como en los jar~ -el banquillo de los acusados y ~
dines modernos se acostumbra poner en
-ayó.
t
C;Rllecillas estrechas multitud de flores policromas, así en . la principal avenida se
agr\tpan, ya~ pie, ya en carruaje, lindas
muJeres, ataviadas de elegant.e manera
de muc~os colores q~e las ha1,-en semejar'.
desde leJos, montonc1tos de conffetis; mo-

d6

ª

ª·

:sreste

c:.ca,

C:

+.

�LA SEMANA ILUSTRAD.A

La Dogaresa

demagogia•. Era legitimista. )le . decía:
«¡Cómo ha podido ut:ted renunciar con
tanta serenidad al Hlulo de J?ªr, el más
Flota en el crepiísculo de la SPñ~rfa
bello después de rey de Francia!•
Dieciocho de .Agosto de mil ochocientos Girautl hizo uu retrato el dfa que mu- el 5ilencio trágico que escuchó F c1hero
y de los canales en el agua fria
cincuenta.
rió.
.
mira retratada su melancol!a
La mujer de Yíctor Rugo ha estado á Quiso hacérsele una mas~nlla; pero 1a el
arcángel triste de Alberto Durero.
visitará Balzac y se ha enterado de que descomposición fué tan rápida, que por
Es el postrer d!a
el ilustre escritor se mnere.
la mafiana la cara estaba deformada; la
de tu caballero,
Víctor Rugo ha invitado á comer á su nariz se le había caído hacia un lado.
¡ Doitaresa mía!
tío el general Luis Rugo; pero apenas ter- El miércoles el earcófago forrado de
bajo el puente góndola~ triunfalu,
minada la comida, se despide, toma un plomo, reposaba en la iglesia de Saint enPasan
cuyos tapices y amplios almohadones
fiacre y se dirige á la lfvemda Fortunée. Philippe du Roule.
.
..
van las opulentas damas otoñales
En el número 1-! vive Balzac. Bonito Baroche, ministro del Interior. dirige, que
inmortalizaron los Decamerenes.
hotel-restos del de Beaujou-maguffica- de vez en cuando la palabra á Rugo.
¡B 1jo tus cristales
mente amueblado.
pasan los hachonfS
Una de las ve~s le dice:
de las bacanales l. ..
· Llega Rugo. Al segundo campanillazo -Fué un hombre dietinguido.
se presenta una sirvienta afli~ida, que le Frarn digna de un zapatero.
Paso yo en la negra góndola sicaria,
hace pasar al salón.
llugo re,ipondió:
entre •masnadierl• mudos y enlutildos.
A poco, otra mujer, que también llora, -Fué un genio.
Un antifaz cubre mi faz mercenaria .. •
le dice entre otras cosas:
roas horas después, el autor de )a «Co- Lenta se desliza mi urna cineraria
-Se muere. La sefiora se ha retirado á media Humana• reposaba para S1em~re b1j o tus balcones llenos de candados.
¡llora funeraria!
sus habitaciones. Los médicos lo han en el Pere Lachaise, entre Carlos Nod1er
¡Ay, que están cerrados
abandonado desde ayer. Tiene una llaga y Casimiro Delavigne.
para mi plegaria!
en la pierna izquierda. La gangrena ha
11·. DE RLANCK.
comenzado. El mee pasado se dió un gol¡ Ay, que están cerrados por el carc~lero
pe contra un mueble, se rajó la piel y
que en su negra góndola me conduce 10erte!
toda el agua que tenía en el cuerpo se le
¡Ay, que cetán cef!'ados por el Dogo fi~ro,
fué. Después sobrevino nn absceso que le
que porque me quieres y porque te quiero
te ha dado la cárcel y me da la mnerte!
operó el doctor Rou.-r. Ayer le quitaron
¡Ay, gentil lucero,
el aparato. La llaga, en vez de supurar,
ya no espera verte
estaba roja, tieca y quemante. Todos han
m'8 tu caballero! ...
dicho que está perdido. Pasó muy mala
noche. Esta mafíana, á las nueve, ya no
tt
hablaba. La sefiora hizo venir á un cura
*
*
y el caballero hizo como que comprendía.
Tras aquel silencio que escalaba el muro
'una hora después, le apretaba la ma~o á
del gentil palacio de belltza altiva,
se escuchó un sollozo débil é in,eguro,
su hermana . Desde las once agomza.
se agitó en sus aguas el cani.l obscuro
Si ueted quiere, caballero, llamaré al eey una forma blanca se asomó á la ojiva.
fior de 8urville, que no se ha acostado.
¡Ay, la casta diva
"Coa vela alumbra el salón; el busto co- Cuatro son las edades en que comúnque acudió al conjuro
losal del escritor, obra do David, se des- mente suele di\'idirse la vida del hombre.
blanca y pensativa! ....
taca en la sombra sobre la chimenea, «co- La primera, ó la infancia, que es la
mo el espectro del hombre que iba á mo- e&lt;lad del candor y la inocencia.
¡Ay, la Dogaresa triste v solitaria.
rir· un olor de cadá\'er llenaba la casa... • La segunda, ó la ju\'entud, que es la cuyos ojos tit;nen circu!os ~ora~os!
En'tra de Surville y le confirma las frases edad ele los sentidos, las pasiones, de la ¡Ay la pereitnna, ay la 1magtua~1a .
ha visto la ne¡tra góndola s1carta
de la sirvienta, mientras lo conduce por imaginación, ele las ilusiones y del entu- que
donde su amor llevan preso entre soldadOI.1
la. lujosa escalera al primer piso, al cuar- siasmo.
¡Ay de la plegaria!
to de Balzac.
La tercera, ó la virilidad, que es la
¡Ay, ojos amados
En el centro, la cama, alumbrada por edad de la duda, de la razón, del entende la pasionaria!.
una bujía detrás de la cabecera, otra bu- dimiento y de la ambición.
Fué
toda
la
noche, noche de agonía.
jía encima de una cómoda. Balzac, con Y la cuarta, ó la vejez, que es la edad
la cabeza inclinadr. sobre una pila de al- de los recuerdos, del descanso y de la in- Todos los dolores hacen ali! presa.
Fué su llorar tanto, que el canal cri;cía .....
mohadas y de cojines, la cara violeta, diferencia.
. Ya en el •campanile• se alboroza el dls.
casi negra, inclinada hacia la derecha, De todo lo cual se deduce que la m- Ya están las palomas junto á su princetL
loe cabellos grises cortados, la barba des- fancia es la edad en que no se ve ; la juYo te arrullaría,
cuidada, la mirada fija, de perfil, se pa- ventud es la edad en que todo se ve color
blanca Dogaresa,
¡Dogaresa mía! ...
rece al emperador.
de rosa· la virilidad, la edad en que se ve
Yelándolo de pie una anciana, la en- mucho;' y la vejez, es la edad en que tofermera y wia sirvienta, mudos, aterrori- do se ve por el lado feo.
zados, escuchando los estertores del mo- Cada edad cuenta con sus resortes para La ciudad entera jiíntase en la orilla.
ribundo.
conmover: en la primera, las goloBinas y El •goufaloniero• da un pregón sonor&lt;&gt;.
El olor es insoportable. llugo levanta los juguetea; en la se¡?Unda, los amores Y Pasa el Dogo altivo con la maravilla
la sábana y le aprieta la mano sudorosa. los placeres; en la tercera, los desti_nos y de sus milanesas, donde el oro brilla,
fulge el oro.
los honores; en la cuarta, las atenciones, de su viejo anillo
No ae da cuenta.
L,¡ ciudad se humilla.
los hala!{os, los montones de oro y la reLa enfermera dice:
1 Es que el •Bucen toro•
-Morirá al nacer el día.
ligión.
ya moja su quilla!
Al volver á casa, era un domingo, en- Pero de todas las divisiones que de la
contré varias personas que me esperaban; vida del hombre se han hecho hasta ~l Es que el •Bucentoro• va 1( la legei.dult
boda con los mares de la Señoría.
entre otras, Riza Bey, el encargado de día, la más oportuna nos parece la Bl- Es
que el •Bucentoro•, nave fun~raria,
negocios de Turqwa; Navarrete, el poeta guiente:
mira mi cabeza ruda y mercenaria
espaf!ol, y el conde .\.rribavene, proscrito Primera edad, aquella en que el hom- puesta sobre el tajo, sudorosa y frfa.
italiano. Les dije: «Bei'iores, Europa va á bre se echa el pelo hacia atrás.
Es mi postrer día.
Hegunda edad, aquella en que se lo
Mi postrer pleitaria,
perder un gran cerebro•.
¡Dogaresa mía!. ...
El gran cerebro se apagó antes de ter- echa hacia adelante.
minar la noche. Tenía cincuenta y un
CRISTÓBAL DB CASTIO.
años. Un mes antes, en el mismo cuarto,
CENTELLA
los dos genios conversaban.
~taba alegre, esperanzado; no dudan- La flojedad y la pereza son rafees de
do de su curación, mostraba ·su hincha- la mala suerte.
Un zapatero de viejo es más útil'
zón con una sonrilla.
sociedad que un mal poeta ó un mal
Habíamos hablado mucho y disputado
mico.
sobre la política. El me reprochaba «mi

LA MUERTE DE BALZAC

LO ~EfflDJB ILO~IBDDD
I

,___A_Ñ_o_I_._ _

M_É_XI_co_,_J_
u_
Nr_o_l_O_o_E_19_l_O_
._

. _ I_ _ _

_.I I____N_ú_M_32_._ _

LAS EDADES DEL HOMBRE

Esperando la bofa, durante uno de los sensacionales partidos de cbase ball&gt;, jugados el domingo
pasado entri: las novenas &lt;Mascarones&gt; y &lt;Colón&gt;
Fot. Sem. Ilus,

-·

-..,;:;:-----:;..,.

~~

·-

�CEREMONIA RELTGIOSA EN UN BARRIO APARTADO

UN A IGLESIA EN "LA BOLSA"

La Sociedad de San Vicente de Paul constrnirá en el centro de uno de
los barrios más famosos de México-la Colonia de la Bolsa-una iglesia dd
colto católico dedicada al Sagrado Corazón de Jesús.
La semana pasada {ué puesta la primera piedra del fntoro templo P"r el
señor Arzobispo de Mtxicc, Ilustrísimo señor don José María Mora y del Río,
con el ceremonial de costumbre. J.as fotografías q11e calzan estas líneas dan
idea del solemne ceremonial.

~l llustrlslmo seflor Arzolllspo de México y el C1nónlgo Andrade, después de la colocación de la ;,!mera piedra,-Fot. Sem. /tust.
El pueblo contemplando las ceremonias

�DE TEATRO.-LA PRODUCCION NACIONAL

Las Recientes Pruebas de Aviación

·----------------------------------------------1

El.señor José F. Elizondo leyendo una hermosa zarzuela que ha escrito en colaboración con Alberto Michcl,
•
y á la cual pnso música el maestro Méndez.
La filmante obra lleva por título &lt;El Príncipe Heredero&gt; Y fué leída en el salón
de Ja «Sociedad Mexicana de Autores&gt; el vierne11 de la pasada semana, ante un grupo compuesto
de artistas, periodistas y autores.

&lt;El Buen Tono&gt; ofreció un
premio á aquel aviador que
realizara determinadas maniobras con el monoplano cBleriot&gt;, en el aeródromo de Val·
bnena.
Como el único individuoque nosotros sepamos-que ~e
ha d1dicado con buen éxito a
estas cosas del interesante arte
de la aviación, es el señor Mi
guel Lebrija, él faé, desde lue go, el señalado por el público
para llevar á cabo la empresa.
Esta creemos que era la de dar
dos vueltas sin interrupción al
mencionado aeródrono.
El señor Lebrija se presentó
en el c1mpo de Valbuena con
la decidida intención de llevu á c1bo el notable vnelo

(lodo es relativo: aquí en Méxi•
co adquiriría el cuácter de no•
teble)¡ pero tuvo que cejar en
· sus propósitos en la imposibilidad de hacer las primeras funciones del aparato por lo antgado del suelo.

Los autores y las tiples Soledad Alvarez y Clementina Morfo, tomando una copa de champ3;oªts. Sem, J/,ul.
después de la lectura

1 . El ''Blerlot" de ''El Buen Tono,"
maotjado por el s1fior Leb,lja,umontando el vuelo.
2 , Los ,mimos preparativos antts
del vuelo. Probando el motor.
3. Cortando tela para forrar el aeroplano.

�Edificio Destinado á la Exposición Japonesa
Algunas Reminiscencias de la Vida de Eduardo VII

El misterioso Japón, país
de las recientes revelaciones,
rios mostrará, cuando celebremos nuestro centenario, las
magni6cenc;as de su;arte y nos
hará ver sus múltiples procl uctos de su industria admirable.
Ha sido cedido para que ese
país lleve á cabo su exposición, el esbelt() y hermoso
edificio de hierro que se levanta en la colonia de Santa
~Iaría de la Rivera.
El Japón ha fortificado su
prestigio después de la guerra
con la Rusia.
Antes de la verificación de
esa guerra, se tenía, generalmente, h creencia de que el
Japón tenía una gran afinidad
con China. Suponíase que

La fotografía de reyes más interesante que existe

Actualmente, que todavía la
muerte de Eduardo VII da pábulo á recuerdos y á comentarios, encontramos sumamente
oportunas y curiosas las fotografías que rodean estas líneas.
En todas ellas aparece la simpática figura del rey, reciente-

Noruega. En resumen: la fotomente muerto. En la que ocupa
grafía real, más real que pueda
la parte superior de esta página,
encuéntrase Eduardo VIl en imaginarse.
En las otras dos fotografías vecompañía de la reina de España,
se
también al monarca inglés. En
del emperador de Alemania y de
su real esposa, de la reina Ale- una con Guillermo II, á bordo de
jandra, de la reina de Portugal, un «yacht&gt; y en la otra con el
rey Carlos II visitando Portugal.
del rey Alfonso y de ia reina de

SS. MM, Carlos II y Eduardo Vil visitando Lisboa
SS. MM. el emperador de Alemania y el rey Eduardo VII, á bordo de un &lt;yacht&gt; del primero de
los mouarcas mencionados

F.l esb•lto edlllcío ile hierro donde se
exhibirán los artfculo~ japoneses,
visto de trente

Un aspecto lateral del que será Palacio de Exposición Japonesa

ambos países eran igualmente
atrasados Y refractarios á la
civilización europea. Ya lo
dijo un diplomático japonés
en estas ó en parecidas frases
'
pero con los siguientes conceptos:
«Es triste que hayamos tenido la necesidad del derramamiento de sangre, de la terrible guerra, para que el
mundo respetara y aun admi.
rara al Japón&gt;.
Mientras nosotros, durante
siglos, enviábamos á la culta
Europa nuestros tesoros de
arte: porcelanas, sedas, marfil, etc., esa Europa no aquiaquilataba en su valer el espíritu japonés, laborioso (~ intrlig·cntc~.

�El Progreso del Teatro "Lírico"

TEATRALES

Mr. Plquet, cklista del teatro "Alc!za1"

Blanca Matrás, distinguida tiple
del teatro ·'Principal"

Con el estreno de •Los Saltimbanquis• la empresa del •Lírico• afirma mb su prestigio. La obra está puesta con lujo y
propiedad admirables y representada cuidadosamente. En el grabado adjunto vese al seiior empresario de dicho coliseo,
acompañado de los señores traductores de la opereta, maestro que la dirige, representante de la empre.sa y director de escena.

CJna escena culminante de •T.os Sallimbanquis,

Jisefina &lt;16:nez, primera baflarln3 del teatro "Ptlncl,-,al"

Miss Cricsby, bailarina del teatro II Alcázar"

�LOS ADMIRABLES DANZARINES RUSOS

LOS ADMIRABLES DANZARINES RUSOS

El notable cuerpo de baile ruso, que no hace mucho tiempo se dió á conocer en las principales ciudades europeas, se
encuentra actualmente en Londres. Todos los bailes que ejecutan los artistas coreográficos rusos, es1án caracteriza•
des por la plá,tica más encantadora, según podrá fácilmente verse en los grabados que ilu11tran la presente plana.

�Paseos Nacion::tles.-Retratos de Actualidad

MISCELANEA DE ACTUALIDAD

Sr. Dr. José E. Lanumbe, quien
acaba de ser recibido como
médico después de brillante examen.

Sr. Dr. Ignacio Rae). Como su
.:ompaaiero el señor Lanumbe, este caballero íué licenciado para ejercer la carrera
de médico.

Calz ida del parque "Ramón Corral" en Hermosillo

En esta secci6n de retratos
varios, aparecen los de tres caballeros: señores :Manuel Larraña
ga Portugal, Ignacio Mendizábal .Y Luis Picazo.
El señor Larraíiagti Portugal
ha escrito un interesante libro.

Los otros dos caballeros acaban
de fallecer.
El señor Luis Picazo muri6
á la avanzada edad de ochenta
años. Durante muchos añrn, trahaj6 en las oficinas del &lt;Diario
Oticinl&gt;. Fué un liberal patriota que tom6 parte tteti va en nuestras guerras de Reforma y compañero de don Juan José Baz,
una personalidad de aquella etapa de nuestra. Historia.

,Pele6 durante la. guerra de
1847 y su vida fué un dechado
de honradez que lo hizo siempre
tener una posici6n modesta, aunque desahogada, no obstante haber podido, en aquella época de
1uchas, obtcnel' una fortuna.

El Sr, Kichibil Mio-ai, millonario japonés, el rey del tabaco,
rodeado de su familia.
Fol. Sem. llu.sl.

Sr. Ignacio Mendizábal, fallecido
en esta ciudad recien·
temente

Sr. Luis Pic8zo, fallecido pocos d{as
hace. l~u~ un superviviente
del 47

Sr. Manuel Larrañaga Portugal,
literato que acaba de publi•
car un libro interesante

Sr. Miguel Solares,
esposo de la Sra, J alia Flon

Ha sido huésped de esta ciudad uno de los
h?mb!·es_más ricos del Jap6n, el señor Kichib1l M 1na1, que, po_r sus inmensas posesiones
tabaqueras, ha sido denomin11do con el alins
del Rey del Tabaco.
'
.:F:I seITor Mina~, un japonés mur afable,
v1a.1a por la América con su familia; con ella
pudo retratarlo nuestro fotógrafo en el elegao ~ hotel en que se hcspedan los distinguidos Japoneses.
El día en que tuvimos el gusto de cambiar
algunas palabra~ con el Rey del Tabaco, tuvo
frases de eocom10 para México.

Sr. José Fernáadez y GonzáJez, presidente del Centro
Comercial.

Sra. Julia F1on de Solares
quien ha contraído matri~
monio, recientememte con
el Sr. Miguel Solares. '

�LA LIGA DE BASE-BALL DE ·vERANO

Reñido juego cotre el cColón&gt; y el &lt;Mascarones&gt; el domingo último

/

LA LIGA DE BASE-BALL DE VEH,ANO

Club &lt;Colón&gt;, derrotado por el &lt;Mascarones&gt; el último dcmiDgo

�LA SEMANA ILUSTRADA

QUISICOSA

Chantecler

PAZ AGRESTE

SILUETAS FEMENINAS DE PRIMAVERA

A Néstor Carbonell.

El viento que ha cruzado remotamente
El gallo galo avanza,¡ Silencio! Es Chante(suena,
(cler
hundiendo en lontananza su perezoso vuelo.
que en la diafanidad azul de la mañana
Un pájaro, de un árbol oculto en la serena
entona al sol un himno, maravillan te hossacopa, sus alas riza con vanidoso celo.
( na:
De súbito, en la ruda labor de su faena,

el labrador, dejando la azada sobre el suelo,
una mirada clava de indiferencia llena,
inmóviles los ojos en el azul del cielo,

Siguiendo el viejo hábito la yunta desun(cida,
se busca entre el follaje para pacer unida,
Y el perro, suelto abora,con su mirada opaca,

•¡Oh sol, sin ti 1115 cosas fueran cual deben
(ser!•
...Se tiñe el horizonte de un bello rosicler
y sus gracias esparce la frívola faisana,
la pompa de sus plumas luciendo casquivana
Su amante la protege con su triunfal poder.
Un mirlo satiriza. Los buhos en la sombra
conspiran, Vela el perro, Desde su herbácea
(alfombra
los sapos la perfidia de sus consejos dan,

La obediencia:
-¿Puedo hablar, mamá?
-No, hijo mío.
-Nada más que dos palabras.
-Espera que tu padre ha ya acabado
de leer el periódico.
Al cabo de veinte minutos:
-Puedes hablar, Juanito.
-Pues bien, mamá, la llave de la fuente de tu tocador está abierta y no he
podido cerrarla.

PENSAMIENTO
inútil por los años, nostálgico, enfermizo,
al pie de su cadena que aún cuelga de una
Hay algunos escritores ( y oradores)
El ruiseñor, en tanto, modula sonatinas:
(estaca
parecidos á aquellos charlatanes que
simbólica diadema de notas argenli11a,
pasa tas horas muertas bajo del cobertizo,
para ceñir las sienes gloriosas de Rostand. sacan varas y más varas de cinta por la
FRANCISCO J. PICHARDO,

Mayo,

PRIMITIVO RA•URBZ Ros.

1910.

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THE MORGAN

�LA B~MAN'.A. ILUS'r1WU

PsicoloQf• de una Noticia

LA MANO NEGRA

El geodarme.- Sel'lorComlsa·
rio: existe en México una sucur·
sal de la terrible sociedad de la
Mano Negra. Me le bao asegurado.
El Comísario.- ¿Qué me dice
usted? Vamos tras de ella.

Y el.celoso Comisario, armado
de todas armas, pónese en cam·
pal'la, seguido de unos cuantos
gendarmes; pocos guardianes,
pero valientes y eficaces, eso

Una mano los gula. No la

negra precisamente, sino la
blanca de la sagacidad, que
guiaba al admirable Sberlock

Holmes.

si.

Después de múltiples idas y
venidas caen en la lndlanllla y

se encuentran con que en efecto
existe una terrible sociedad de
la mano negra, formada por
conductores de tranvlas.

El Comisario medita: ¿los remitiré á Belén? ¿SI? ¿No?
Mejor les mandaré una enorme palangana con agua. El lago de
Chapultepec, por ejemplo.

AL GALOPE
La noche está oscura y tempe,tuosa.
Por estrecho sendero que marca un zigzag desde la falda hasta la cumbre del
monte, rompiendo ramas y haciendo rodar las piedras, huyen al galope de sus
caballos el seductor y la infiel esposa. A
pesar de la rapidez de la marcha, no dejan de hablar.
-Yan á alcanzarme, dice él.
-¡ Dios mío ! exclama ella. Si nos matan mucho mejor . .... ¡ Oh, sí .... que
nos mate! . .... .
- .\ ti porque te adora.
- Yo le odio con toda mi alma.
-Y á mí porque me aborrece .. . ; pero
no nos matará.
-;,Por qué?
-Porque querrá vengarse de un modo
más horrible.
-¿Cómo?
-Separándonos para siempre.
condenándonos á eterno sufrimiento.
-¡ Oh desesperación!
-Sabe que matándonos nos haría dichosos.
-1Dios mío .. . . ¡Dios mío!
llubo un silencio de algunos minutos,
durante los cuales sólo se oyó el galopar
de los caballos y el sordo rumor de las
aguas de un torrente . . confundiéndose
con estos r uidos, sonó de pronto otro que
llenó de espanto á los amantes.
-¿Estáe en lo cierto, ¡iritó ella con angustia, de que no queda niugún otro medio de salvación '?
-Certísimo.
-¿ Y vamos á vivir sin ,·ernos?

--Sí.

-Pues bien .... ¡~Iuramos!
-Eso iba á¡roponerte.
-Escucha, lo último de esta senda
-Hay un precipicio, ya flé.
-Clava las espuelas en el vientre de tu
caballo .... yo haré lo mismo . . .. rodaremos juntos.

-Sí
ya voy
Dame un beso .. ..
¡el último 1
-Te lo daré en la muerte
corre que
nos alcanzan !
Uno delante del otro los caballos corrfau con rapidez vertiginosa. El del seductor se hundió en el vacío: entonces
ella, tirando violent~mente de las bridas
y recurr iendo á su habilidad de amazona,
consiguió detener el suyo en el borde del
precipicio. Y á la cárdena luz de un relámpago, contemplaba cómo rebotaba de
peña en pefla el cadáver del hombre que
había sacrificado sin vacilación de ningún
género.
CATULl,E MENDEf-:.

POETAS CIEGOS
Los poetas ciegos, desde el viejo Homero, son muy numerosos en el Parnaso.
Entre ellos hay que recordar á )Iiltou,
La Motte-Hondard, Delille, Blaclock y
Luisa Egloff; esta última quedó ciega en
su infancia. Entre los poetas tuertos figu•
ran en primera línea el portugués Camoens. Hubo otros hombres de letras ciegos, como Asciono Pediano, gramático
del siglo I; Dídimo, célebre doctor de
Alejandrfl.'; el florentino Brandolini, predkador y poeta latino; el gramático italiano Pantano; el políglota alemán füieringer, que sabía siete idiomas; el filósofo
piamontés Grassi, etc. 1 etc. Estos se vieron privados de la vista en edad avanzada.

COPLAS
Tu mirar es una espada
hecha de un rayo de sol,
y la llevo atravesada
en medio del corazón.
Me han parecido tus dientes,
al asomarse á tu boca,
un criadero de perlas
en el fondo de una rosa.
SALVADOR

RUEDA.

1910,

Conocimientos Otiles
Para dorar zapatos para teatro y otros
objetos de cuero, se empieza por dar al
material una mano de clara de huevo.
Cuando se ha secado ésta, se frota bien
el cuero con la mano, poniéndose en la
palma un poco de aceite común, y en seguida se colocan los panes de oro y se
pasa u n hierro 6 una plancha caliente,
teniendo presente que el oro s6lo queda•
rá adherido en los puntos por donde se
haya pasado el hierro; en el resto se quita con sólo pai:ar un cepillo.

Para limpiar de pulgas una cueva, recomiéndaso el empleo de la bencina;
pero un procedimiento mucho más in·
ofensivo para las personas, consiste en espolvorear cal viva por el suelo.

El calzado claro debe lustrarse varias
veces antes de estrenarlo. Esto evita que
En Barletta, Italia, ha sicto reciente- se manche tan fácilmente como cuando
mente capturada una tortuga monstruo, se estrena tal como sale de la zapatería.
que ae había introducido en el baño de
las sel1oras. Esta tortuga pesaba más de
quinientas librl\&amp;,

*

Al subir la portera le dijo :
-Segundo derecha¡ están puestas las
llaves.
Y él subió penosamente las escaleras,
dejando sentir todo su peso á cada uno
de los escalones que no pensaba descender, La puerta estaba entornada, y
cxhaUbase del piso vacío un olor á pin•
tura fresca, Largas tiras de papel á me·
dio arrancar daban á las paredes del
pasillo un aspecto calamitoso. El pasillo
era obscuro; pero á su término una viva
luminosidad hacía presentir el júbilo de
habitaciones amplias. Un gesto de ale~
grfa animó la cara del visitante cuando
vió las cañerías del alumbrado á gas
internarse en la casa, gesto que deshizo
un rictus de contrariedad al oir un
murmullo de voces que salióle al en·
cuentro.
Desde que la decisión había sido adop,
tada, una muelle tranquilidad mecía su
capiritu diciéndole, por contraste, las
torturas de la lucha anterior, sufrimiento latente en aquellas innumerables
compulsaciones de fuerza hacia la muerte y hacia la vida, Las vicisitudes de
una existencia d ificultada por prejuicios de clase, por la ineptitud, fruto de
una infancia regalada y de un abandono
, los juveniles instintos de laxitud y
de molicie que habían hecho de su currpo una ruina sólo comparable á la ruina
de su voluntad, todas las alternativas
que precedieran á su resolución, apare·
cfansele ahora lejanas, desprovistas de
•iolencia; considerábalas con esa con•
miseración pasiva y melancólica con
que consideramos las zozobras ajenas,
mú bien las zozobras de personas que
1ufrieron en épocas anteriores y cuya
distancia de nosotros no logran destruir
la virtud del escritor que las fija ó del
uarrador que las evoca. Como las voces
IC percibían muy próximas á la habita•
ción donde él se había detenido, acercóse á una ventana para velar el momento oportuno. Al pasar cercioróse de
q•e la escalera todavía estaba en el pa·
lillo, de que el trozo saliente de la ca
iicrfa del alumbrado era resistente, muy
ruistente,
Las voces se alejaron ...Entonces, con
aigilo, cargó la escalera, erigiéndola bajo la cañería del gas; sacó del bolsillo
H largo cordón verde é hizo en él dos
aados corredizos. Realizaba todo esto
ele una manera pausada, contento de haber hallado una fórmula que supliese la
desfiguración monstruosa de la bala ó el
lllgullamiento producido por una caída
desde gran altura, por un aspecto no sabia bien si grotesco si humilde. La concicacia de esta preocupación póstuma
le hizo sonreír. Las voces se fueron
acercando poco á poco. Estaba subido
lll el primer travesaño de la escalera,
con el cordón entre las manos, interelldo por las dos voces que venían á
coartarle la única libertad que pensó
cferocr sin obstáculo. Una de las voces
era grave, reposada; la otra era alocada
Y fraca, con timbre de risas juveniles.
Qaiao concluir pronto y subió dos trataaños más. Una dama y una señorita
tatraron en la habitación.
Pué un momento angustioso para él.
Coa intuición rápida comprendió que
lllllllo retardaba indefinidamente n

Tarditi

EL RESTAURANT
de moda.
EL PREFERIDO por
laa f amiliaa.

EL MAS PINTORESCO lugar de
la ciudad.
El que cuenta con la
verdadera cocina
italiana.
Esquina de s. Juan de Letrjn

y Awenlda 16 de Septiembre

BAJOS DEL HOTEL DEL JARDIN, CON VISTA
AL INTERIOR DEL MISMO
de.sigoio. : ante las dos mujeres que lo
miraban srn sorpresa, tuvo la sensación
de enrojecer interiormente, de un rubor
espiritual. En un relámpago le pasó por
el pensamiento el propósito de concluir
con rapidez, con brutalidad, á la vista
de las dos mujeres. Sus brazos se alzaron hacia la cañería, pero volvieron á
tenderse á lo largo del cuerpo. Fué un
imperio de los instintos artísticos á veces larvados en nosotros lo que le hizo
desistir, La voluptuosidad de la muerte,
como la del amor, sólo se gozan á plenitud, sin testigos, en la soledad, en el si•
lencio . . . .
Como los espíritus de las dos mujeres
estaban henchidos de amor á la vida, á
través de un prisma vital vieron los dos
brazos tendidos y juzgaron aquel movimiento acción del trabajo, sostén y car•
ga de la existencia. La más joven, irreflexiva y comunicativa, afirmó:
- Usted es el papelista, ¿verdad ? Lo
adiviné en seguida ... .¡Oh, tengo muchas cosas que pedirle! Al principio
tuvimos miedo de que fuese alguien
deseoso de alquilar la casa. Como todavía no hemos firmado el contrato...... .
La anciana interrumpió:
-:¡Tú que sabes, mujer!. . . ,¿Qué va á
decir este hombre de una señorita que
comienza pidiendo? .... Quizás no sea
el papelista. Merecías haberte equivo•
cado.
El, que ya había tomado su partido,
repuso:
-Sí lo soy, señora .... Nada malo podré pensar de una señorita que tiene
tanta espontaneidad en los ojos y en las
palabras. JSólo siento no serle lo útil

Sol para _hacerme la casa alegre, como convu:ne á un matrimonio recién
unido ......
. Y comenzaron á recorrer las habitaciones. A cada momento la señorita se
detenía para decir: &lt;Aquí un papel azul
muy tenue&gt; ó &lt;esta habitación verde
nilo, c_o n un. zócalo color caoba el plafón gris, casi blanco&gt;, El transigía con
la cabeza. La señora marchaba detrás
di~ien:do de tiempo en tiempo: &lt;Es un~
ch1qu1lla .... l A quién se le ocurre casar una chiquilla así?-y algunas veces
se llevaba el pañ~elo á los ojos, disculpando aquella ruidosa alegría de la hija
que tres días después iba á dejar de ser
suya para ser de un hombre, con el recuerdo muy lejano, de la noche en que
el~a a}&gt;andonó la casa de sus padres . . . .
N mgun_de~alle quedaba inadvertido pa·
ra la senonta. En la alcoba sus instrucciones fueron más minuciosas:
- Aquí sí quiero que haga usted una
obra de arte, tal vez una obra de benefice~cia. ¡,Ver~ad que usted comprende
la importancia de poner un aspecto risu,ño en la habitación donde han de
establecerse las relaciones entre los esposos, donde han, tal vez, de nacer y de
crecer los hijos? .. . . Hay en todo esto
una trascendencia .. .. ¿Te ríes, mamá ?
Poes sí : donde pueden aprender á pensar los hijos hay que poner tonos agradables que no les anticipen, prematuramente, esas sombras que dicen hay en
la vida . . . . Cuando ellos vengan habrá
en este rincón una cunita blanca .. . .
La madre soeneía. El también sonreía,
gravemente. Con volubilidad, la señori•
ta finalizó·
que quisiera!
-Ya sabe usted que cuento con ser
-¿Cómo que no puede serme útil?- obedecida. Tiene usted cara de demasiadijo entre risas ella.-Venga acá, nnga do trabajador; trabajar mucho no es saacá, buen hombre .. . .. ¡Enormemente ludable .... Vámonos .... Esperaremos
útill. . . . U stcd podrá colaborar con el en la puerta para verle bajar. Usted a

y

�LA SmlANA ILUSTRADA
mantenía el rostro an gesto de rresenil
miento de dolor. Varios hombres corric
ron en busca de los guardias. El coa
ductor seguía clamando:
-¡Todos han vi,to que fué él .... Ten•
go tres hijos ... . ·El mayor de seis años
Un murmullo de conmiseración se hiz
en torno suyo, Alganos comenzaron ,
atcstigaar su afirmación. Los viajer
se agruparon á un lado, indecisos, só
preocapados de no gravitar sobre el c
che, como si todavía éste estuviera
brc los despojos humanos. Del grupo dt
ellos, un caballero, que conducía á una
señorita, dcstacósc. Era alto, fornido, J
carne de su cuello rebasaba en el de
camisa por detrás, Iban vestidos de et
queta: él con perlas en la pechen, el
con un vestido de color malva que
ceñía con un aspecto frágil y casi fluid
á la vez. Poco á poco, el caballero
fué apartando del grupo, llevando á r
tras á la muchacha que, alucinada;
dejaba de mirar hacia el sitio donde el
dá ver aún parecía rehabili tarsc poralg
nos movimientos convulsos. El caball
le decía:
- Ven_ ..Ven....-y luego entre die
tes: · ¡Esta gentuza! Ni siquiera para
- ¿Por qué le pegaste á tu hermanita?
tarse dejan de ser grosuos!
-Porque estaba con su muñeca y me dijo que era &lt;grande&gt;, y
La señorita ta vo un largo escalofr
para que viera que yo también soy muy hombre, le pegué.
oprimió su brazo y debatióse en a
congoja. Lloraba, lloraba. Con accn
cura¡ otra vez sintió en torno , si la irascibles el caballero persistió:
capaz de engañarnos y quedarse aquí vasta indiferencia de las cosas. La deci•
-Vámonos: nos harán irá la comí
trabajando.
sión que durante la presencia de ella ría . . . . Nos marearán.. .• ¿Por qué llo
Samiso, descendió detrás de ellas. En había estado cohibida en lo más interior
Pero la señorita seguía llorando
la puerta se despidieron. Pero él, sin de su espíritu, irguióse, expandi6se, has• creciente desconsnelo. Lloraba con
saber para qué, las fué siguiendo , tra- ta llenarlo todo. A lo lejos venia un ojos grandes, ingenuos y azules que
vts de las calles, esperándolas en las tranvía; su campana gritaba con insis• dieciocho años sólo contemplaron a
puertas de dos tiendas en donde entra- tencia sobre el murmullo de las gentes. gdas, lloraba con toda su alma. Y aq
ron á comprar. Andaba sin pensar en Se arrojó ante tl, y antes de desapare• caballero obstidbase en no compren
nada, prendida la voluntad en la gracia cer bajo la mole, pensó involuntaria• 'por qué no podía cesar de llorar aq
de aquella mujer que tal vez ya no se mente en un jirón de papel que en la lla señorita-tal vez sa hija,-que
acordaría de él, que seguramente no sos- casa vacía obligaba á ver el dibujo de hiendo salido de su casa hacia un ba
pechaba la inocente persecución. Hacia una cabeza de león. Gritos de espanto habíase encontrado con la Muerte .. •.
frío, y su diestra se distrajo con arru- turbaron la afanosa paz de la calle.
A LFONSO HEIINÁ~DEZ CATÁ,
gar dentro del bolsillo un papel que
El tranvía se detuvo, dejando muy de•
lacgo dividió en pequeños pedazos pa- trás el cuerpo sin vida, Al caloírfo de
ra dejarlos poco á poco en la longitud espanto sucedió, en una reacción repe•
de la acera. Al tirar uno de los últimos tida constantemente, una protesta de los
se detuvo atónito: babia- roto la carta transeúntes, que se dirigieron hacia el
destinada á decirle al juez su voluntad vehículo con frases hostiles y p11ños
de abandonar la vida, En el primer mo· crispados víctimas de la eterna necesimento esto le pareció un colosal conflic• dad de buscar un autor tangible á todas
to¡ luego cncogióse de hombros. Aquel las desgracias, Los viajeros querían saSe.arriend:i á precio m6dico,
paseo era un parbtesis de inconscien· lir , la vez, y, dominando sus tritos, el
cía, de suave inconsciencia¡ pero él sa- conductor, entre sollozos, suplicaba:
contrn.to largo, la cnsa
bía qae en lo más interior de su espíri- -¡Qae tengo tres hijos, . . . . Quédense
tu la decisión encogiase hipócrita y re• á declarar, señores .. .. Todos han visto de la calle de Alfaro.
tráctil, como un muelle,
que faé él quien ~e tiró. . . Tengo tres
Allí mismo informan.
Al final de una calle la señora y la hijos, tres hijos: ¡el mayor de seis años!
señorita se detuvieron un momento, lue·
Gentes con laces custodiaban el cuergo cruzaron y se perdieron en la lobre· po que, magullado, habíase recogido
gaez de un portal. El quedóse terrible• hasta guarecer entre el vientre y los
mente extrañado porque aquello que muslos, el fracaso de la cabeza, balo cudebía suceder sucediese, Se acercó al ya informe ~on fasión de sesos y de sangre
portal y no vió nada. La noche era os•

Magnífica Oportunida

EL PERIODICO JIAS BARATO DE LA REPUBLICA
ES

"EL

DIARIO"

Apartado 26 ble - CIUDAD,

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