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                  <text>CATHEDRA
'

REVISTA DE LA FACULTAD DE FlLDSDFIA Y LETRAS
DE LA UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
ABRIL.JUNIO DE 1978

Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Autónoma de Nuevo León
MONTERREY, NUEVO LEON, MEXICO

�Universidad Autónoma de Nu~vo León
Rector • doctor Luis E. Todd
Secretario general * ingeniero Ore! Darío García

¡'

Facultad de Filosofía y Letras

i

Director * licenciado Tomás González de Luna
Subdirector * licenciado Juan Angel Sánchez
Secretario general * licenciado Herón Pérez Martínez
COORDINADORES:
Colegio de Filosofía
Colegio de Letras
Colegio de Sociología
Colegio de Historia
Colegio de Pedagogía
Colegio de Traducción
División de Estudios Superiores
Instituto de Investigaciones
Departamento de Editorial

* licenciado Enrique Galván
* doctor Jorge Rangel Guerra
* fü:enciado Ricardo C. Villarreal
* licenciado Arturo Delgado Moya
* maestro José Antonio Mejía Ayala
* profesora Carmen Tijerina
* licenci1do Bernardo Flores Flores
* doctor Juan José García Gómez
* profesor David Martell

1'

C~A'I'HEDRA
CONSEJO DE EDITORIAL:

* rnaeSU'o José Luis Balcárcel
* licenciado Mario Cerutti
* doctor Juan José García Gómez
* licenciado Santiago Alfredo Salas
* licenciado Juan Angel Sánchez
* profesor Pedro Reyes Velázquez
* licenciado Ricardo C. Villarreal
* profesor David Martell (coordinador)

_o::-,,-,.......

-

J'ffj(;~~~

�CATHEDRA
REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DE LA UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
NUMERO 8

ABRilrJUNIO DE 1978.

SUMARIO
Pierre Vilar O La empresa, los empresarios y la burguesía/3
Mario Cerutti □ Los Madero en la economía de Monterrey (18901910)/29
Mario Bunge □ Método y métodos, metodología y metodolatría/95
L. Danon-Boileau □ Características del inglés científico escri-

to/115
Carlos Pereyra □ El individualismo metodológico: un caso de contrarrevolución teórica/137
Biblionotas/157
Federico Cantú: Las ilustraciones/163
Publicaciones de la Facultad de Filosofía y Letras/167
Colabm:adores en este número/171
Indice de ilustraciones/173

�•
•
•
•
•

Revista trimestral.
Aparece los meses de marzo, junio, septiembre y diciembre.
Cada autor es responsable de su texto.
No se regresan originales.
Toda correspondencia debe dirigirse a: Departamento de Editorial de la
Facultad de Filosofía y Letras, Unlvemdad Autónoma de Nuevo León, Ciudad Universitaria, Apanado postal 3024, Monterrey, Nuevo León, México.
• Impresa en: Técnica Gráfica de Monterrey, S. A., Abasolo, 870, Oriente,
teléfono 40-43-32, Monterrey, N. L., México.

Diseño y cuidado de la edición: David Martell

Ilustraciones de Federico Cantú

�Pierre Vilar

La
empresa, los empresarios y la
burguesía e•)
DOCTOR GUILLERMO BEATO: Voy a presentar a un hombre que
no necesita presentación: el maestro Pierre Vilar, profesor de la Escuela
Práctica de Altos Estudios de la Sorbona de París y discípulo de Marc
Bloch, de Labrousse y de Lucien Febvre.
El maestro Vilar es autor de numerosos trabajos fundamentales para
la historiografía de la historia social v económica, tales como su famoso
y monumental trabajo La Cataluña en la España moderna, su Creciouento y deaarrollo, su Oro y moneda en la historia, etcét~ra; hombre
comprometido políticamente; hombre que por su claridad y su ,posición
sufrió también la prisión en los campos de concentración nazi y, sobre
todo, un hombre de espléndida calidad humana y de infinita h11mildad ...
(•) Vem6n de la cllula . . . . . . por m aúor, pmf-,r baa.ped de la Diria6a de
ltláadloe 8apnlane de la hclal&amp;ad de fllodfa-, LefzM de la UAHL, el puado . . de-ye,,
deaao de i . acdridadee
de •11&amp;ra depeadencia . . . . . . . _ , Se 1ae1a.,.n.
lldmaú. lu imeffendonea de loe Jll'Olwl• Glllllamo Beato 'J Muto Ceratti -, Ju de . _

--dtll-

atneed..._

CATHEDRA [ 3]

�Queda con ustedes el maestro Pierre Vilar, que no va a disertar sobre un tema determinado, sino simplemente va a hacer una conversación con nosotros, una conversación entre amigos. El ha tenido la gentileza de venir a ver qué es lo que se hace en Monterrey, especialmente
alrededor del tema de la empresa.

DOCTOR PIERRE VILAR: Agradezco mucho al doctor Beato y al
señor director de la Facultad su acogimiento y las palabras demasiado
afectuosas y elogiosas que han tenido para conmigo. Le había avisado
al doctor Beato que yo no haría ninguna conferencia, sencillamente
porque sobre el tema que me ha indicado no tenía mis notas ni mis papeles. Pero cuando me dijo que en esta Facultad se hacían unas investigaciones acerca de la empresa, empresa comercial, empresa industrial,
etcétera, decidí venir. Como yo he pasado casi seis años dirigiendo trabajos con el mismo espíritu, es decir, qué es empresa, cuál es el espíritu
de la empresa, es decir, empresa en lo que verdaderamente significa la
palabra, y, naturalmente, también el análisis económico del fenómeno
empresarial. Así que entonces le he dicho: Bueno, intentaré charlar
alrededor de esta noción. Yo diré, pues, las reflexiones que me ha sugerido el tema, y también les preguntaré a ustedes cuáles son los resultados a que han podido llegar.
Cuando empecé este trabajo de investigación con mis alumnos de la
Sorbona tenía intención, no tanto de añadir más al inmenso número de
estudios de empresa que se han hecho en América, en Alemania, en Inglaterra, sino de intentar ver el problema, diríamos, al mismo tiempo,
teórico e ideológico, es decir, qué es empresa más ampliamente.
Es que la empresa, por ejemplo, caracteriza al sistema capitalista.
Porque se ve perfectamente que la idea de la empresa, y de la empresa
libre sobre todo, es una idea que la ideología del capitalismo pone siempre adelante, diciendo: la gran característica del capitalismo es la libertad empresarial y el espíritu de empresa. Y, entonces, la primera cosa
que he hecho son dos aspectos de estos estudios: de un lado, los estudios concretos, cuando he podido encontrar archivos de empresas, puesto que son muy difíciles de obtener. Naturalmente, hay algunas de las
grandes empresas (por casualidad, algunas de pocos millones de empresas). Para eso, entonces, se hacen monografías. Supongo que es lo que
ustedes han hecho, según me ha dicho el doctor Beato. Me ha dicho
que cuarenta monografías o algo así. Estudios concretos y monográficos. Eso, para estudiar cómo funciona la empresa.

En este punto creo que también puedo recordar una _idea que muchas veces he sostenido, que es que un sistema, como el sIStema capitalista (pero se podría decir igual del sistema_ feudal o de cualqwera o~ro),
se debe estudiar a dos niveles. El primer mvel es el mvel m1croecononuco o de la microobservación. Es decir, estudiar una empresa para sabe¡
lo que es empresa. Y la empresa, en realidad, dibuja todo 1~ que es el
capitalismo. Es decir, es una cosa donde se empieza con un _cierto mvel
de medios de producción o de dinero para construulos Y, si hace _falta,
hay empréstitos para organizar eso. Después hay una contratacion de
asalariados y después . . . Bueno, al final del año, hay una diferencia
entre el producto obtenido y su valor realizado en el mercado. Y finalmente viene lo que se ha pagado a la gente trabajando en la empresa, es
·decir, que la empresa es ya un dibujo perfecto del mecanismo capitalista.
. Después viene el segundo nivel global o nivel macroeconómico.
Ver, en un°a nación o en cualquier ll!arco escogido, el resultado global
de las empresas con todos sus movimientos de baja y alza. Pero eso es
otra cosa. No es naturalmente la coyuntura que a mí me interesaba,
sino precisamente el micromecanismo.
También me interesaba lo que llamaría yo la ideología de la empresa. Y, por eso, empecé por estudiar a Schumpeter, porque Schumpeter,
· ell un tiempo ya lejano (que fue en 1911 o en 1913 si recuerdo bien),
fue quien puso la empresa en el centro de sus análisis. Pero al empresario él lo definía de una manera muy suya, es decir, que no es practicamente lo que se dice corrientemente. Para Schumpe~_r. el ~m~resa_no es
únicamente el que innova, pero ya no una mnovacion técmca, un!ca,
sino una innovación comercial, una innovación en métodos bancarios,
cosas así, pero innovación al fin.
Pero Schumpeter estaría casi preparado para decir que el empresario
es un señor que sencillamente hereda, por ejemplo, una empresa Y que
sigue así con éxito, bastando sencillamente con hacer girar el mecanismo.
Eso no es un empresario a los ojos de Schumpeter. Y puedo decir
que Schumpeter, en cierto sentido (dejando al lado el siste~a de la empresa), llamaba la atención hacia el empre~o; es decir, de¡ar un poco
la teoría y pasar al hombre. Y en una formula bastante cunosa, el

[ 4] CATHEDRA
CATHEDRA [5]

�profesor Fran.,ois Perroux, el francés que tradujo la obra fundamental
de Schumpeter, dijo que este análisis abstracto de la empresa era al
mismo tiempo la epopeya humana de la creación o una cosa de este
tipo. Es decir que, en el fondo, la teoría de la empresa se volvía el elogio del empresario.
Pero yo constataba, en ese momento particularmente, los trabajos
sobre los beneficios, los provechos, de un hombre como Ollman, en
Francia (eso, cuando empecé estos trabajos, es decir, hace unos cinco
años). Entonces decía lo contrario sobre la visión del empresario (que
ahora aebemos deshacer por completo): que el empresario no nos importa y que tal vez moralmente, dice él mismo, la idea de los beneficios
del empresario pueden ser discutidos como forma moral. Porque es,
hasta cierto punto, una explotación para él. ·
Pero, al contrario, él decía que la teoría de la empresa, es decir,
el concepto de empresa, la cosa completamente abstracta, es la única
cosa que hace andar la economía que conocemos. Y a mí me gusta
bastante la comparación esta, que en un momento se toma atención
po~ el empresario y en otro momento sobre la empresa abstracta, la
enipresa que no tiene naturalmente abstracción. No se puede juzgar,
ni moral, ni políticamente, ni de cualquier modo, una empresa abstracta.
Y, bueno, reflexionando sobre eso, yo he hecho también unos trabaj~ de equipo sobre historia del pensamiento, y he querido volver al
momento donde aparece en la literatura económica e histórica la idea
de empresa. Y lo que me pareció más típico en este sentido fue Cantillón. Cantillón, en el primer tercio del siglo xviii, porque su obra salió
solamente en el 50-60, pero estaba escrita en 1733 ... Y es una cosa
bastante curiosa porque Cantillón divide (y es verdaderamente el principio del capitalismo) la vida económica en dos tipos: Unos, dice, son
"pensionados" (no dice asalariados, porque la palabra todavía no aparecía). Dice: son "pensionados" ... Bueno, dice: un general que cobra
un sueldo, un hombre de la corte que recibe una "pensión", un criado
que tiene un gage, un sueldo de criado. Todos esos son a sueldo fijo,
a renta fija. Siempre saben lo que van a cobrar. Y después hay todos
· los demás, que son empresarios. Es decir, que saliendo de una base que
puede ser su trabajo (porque es una cosa curiosa cuando señala que hay
empresarios de su propio trabajo) emplea estas palabras, y toma por

(6) CATIIEDRA

ejemplo (que, naturalmente, es un ejemplo muy simple) al porteador de
aguas que, entonces, en· las ciudades del siglo xvii y xviü, tenía un gran
papel. Dice: este porteador de aguas tiene bienes (y sería la primera
vez, me parece, que se ha estudiado la idea de empresa con capital de
un lado y trabajo del otro, pero, naturalmente, con una simplificación
monumental). Bueno, tiene bienes (no pronuncia la palabra "capital").
Tiene como bienes sus recipientes y va a buscar agua, y después todo lo
demás de su trabajo. Y entonces hay que ver ... Y hasta llega a decir
que los ladrones son unos empresarios. Bueno, no dice lo contrario ...
Dice que hasta los ladrones son empresarios. Son gente que salen y no
saben cuánto van a ganar, sea en la noche del mismo día, sea al final del
mes, sea al final del año.
Entonces, es evidente que esto es interesante, porque eso se notaba
en el siglo xviii. Eso, de un lado de la gente que va a ser asalariada, y,
del otro, la gente que va a ser empresaria, de todos modos, pero empresaria también. En esas épocas empresa significaba algo más preciso, que
es algo de lo que significa todavía ahora. Por ejemplo, el empresario de
un artista, es decir, el que organiza la vida del artista como medio de
ganancia, podrá ser el empresario de unos grandes t~abajos públicos. Y
es interesante, porque precisamente en otros textos que he encontrado
había una alusión a los grandes trabajos de tipo canal del Mediodía en
Francia, grandes empresas, pero más o menos organizadas, si no por el
Estado, por lo menos por algunas organizaciones públicas.
También me interesó ver el cambio de sentido de las palabras en
el siglo xviii, entre un hombre como Cantillón, por ejemplo, y un hombre como Jordan, que ya han eliminado esta idea de empresa del propio
trabajo, para decir que la empresa es (y lo dice,.tanto para la agricultura
como para la industria, lo -que es bastante importante) ... que la emi,resa son gentes que tienen grandes caudales y que a partir de estos grandes
caudales están organizando una producción (producción agrícola o producción industrial).
Pero todavía en Jordan la palabra y el concepto de "empreaa" es
bastante, digamos, discutible, porque dice, por ejemplo, para los que no
tienen más que sus manos (que ya es una definición, digamos, del proletario, como la da Marx, pues éste, su salario,es su único provecho) ...
Es decir, todavía todo el vocabulario está por hacer. Pero se ve, entre
1733 y 1770 ó 76, un cambio completo de visión, que ya es interesante
e importante.
CATIIEDRA (7)

�•

Y después . . . Bueno, eso lo hice un poco, digamos, filosóficamente, pero es bastante interesante. Yo me hice preguntas y dí el trabajo a
una joven filósofa que me lo trató muy bien. •Es que la empresa es verdaderamente una característica del capitalismo. Es que no había la
idea de empresa antes. No existía con anterioridad. Y entonces esa
filósofa me estudió la palabra "empresa" en el vocabulario de la Edad
Moderna, y resultó muy interesante, porque la palabra empresa existía,
pero precisamente casi únicamente en el siglo xvii, por estos grandes trabajos públicos. Pero, también, por una cuestión que se decía, que la
empresa era una cosa coMl.ictiva y hasta judicialmente condenable.
Eso, bueno, una cosa que se podía uno imaginar, pero no la conocía.
Existía un delito de empresa, delito de empresa que significaba que,
cuando había la organización corporativa de la actividad económica, un
señor que emprendía algo fuera de las reglas de la corporación, a éste
lo sacaban mediante los tribunales por el delito de empresa.

Es bastante bonito esto, porque es evidente que se compara y se
oponen a la idea de que la empresa es un delito o a la idea de. que la.
empresa, al contrario, es la gran cosa de la sociedad futurv,. Y, entonces, en la organización feudal hay cosas muy bonitas, porque hay la
empresa, y hay todo un vocabulario feudal sobre los juegos de empresa.
Por ejemplo, sobre los torneos, sobre la idea de empresa. Y encontramos también la condenación dt! la empresa en la literatura moral de finales del siglo xv, por ejemplo. Esta literatura dice que el empresario
tipo (no sé si se imaginan quién puede ser) es lucífero. Dice que el empres¡nio es lucífero, porque ha emprendido cosas contra Dios. Pero la
palabra empresa entonces sí que coge cierto sentido, digamos, de confianza . . . Bueno, todo eso es naturalmente del lado de la moral. Yo
creo que si no se ha reflexionado sobre toda esta visión -al mismo
tiempo conceptual e ideológica- de la empresa, no se trabajará con una
base suficiente de altura, digamos.
Después vienen las monografías. Y en eso voy a conversar más con
ustedes. Es que con las monografías no llegamos a hacer muchas cosas
de gran importancia. Con la más grande empresa que hemos tenido a
mano, con archivos (porque los ha depositado en la Biblioteca Nacional), hemos hecho la teoría de los battignoles, con los talleres de los
battignoles, que parece una cosa muy pequeña. Y efectivamente eso
empezó como una cosa muy pequeña de reparaciones de utilaje en el
norte de París. Y después se volvió la más grande empresa de trabajos
públicos coloniales del siglo xix y del siglo xx.
[8] CATHEDRA

'

Y tenemos todos los papeles, pero pocos, por desgracia (e imagino
que así es en la mayoría de las grandes empresas). Y tenemos la correspondencia, extraordinaria,desde el punto de vista psicológico. Es inte. resantísimo, pero las cuentas son dificilísimas de reconstituir, porque
se han hecho muchas filiales en todos lados. Unas han dado sus papeles. Otras, los han destruido. Y, finalmente, el conjunto, digamos, de la
acumulación, que es lo que nos interesaría, no lo tenemos. La única
cosa que tenemos (casi la única), es que hay dos empresas que he estudiado, que fue la empresa de los hermanos Montgolfier, céÍebres porque
son ellos los que han hecho el primer balón que ha subido en el aire.
Y la del padre Montgolfier, en los años 1870-1875. Yo digo que ha
inventado el salario, que es más importante que la empresa de los Móntgolfier.

Quiero décir que se ve perfectamente que después de una organización de fábricas de papel, que desde el siglo xvi y xvii eran fábricas de
tipo familiar, sería perfectamente observable, por ejemplo, que todos
los que estaban empleados (desde los obreros hasta los administrativos,
si se puede decir en tan pequeña empresa) eran de la misma familia o,
por lo menos, con parentesco más o menos estrecho,y todos de filiación
protestante. Y en el siglo xviü, de un lado la conversión al catolicismo,
que parece tener cierta significación, y una.renovación completa de tipo
técnico. Y, con ocasión de esta renovación, un cambio total en la concepción misma de la empresa. Es decir, que se van a buscar obreros en
el campo, obreros que no se conocen y que, por consiguiente, tienen
acerca del dueño de la empresa una relación de obrero a patrón y no de
artesano a maestro artesano.
Eso es interesantísimo, porque es realmente la transformación de un
tipo de empresa como la del tipo ... (es que hay cosas, por ejemplo,
que parecen un poco extrañas en el siglo xviü), del tipo del cronometraje. El cronometrador es el hombre que piensa ya en cronometrar la actividad de sus obreros, en prohibirles ir a pasear, ir a perder tiempo. Esto es ya una concepción completamente de la empresa industrial de
los años de 1776 a 1780.
También tenemos los papeles y la correspondencia de otra empresa.
Y, naturalmente, es una experiencia muy interesante. Después tuvimos
de otra. Entonces vemos cosas al contrario, completamente,digamos.
De los siglos xix y xx, es una de las empresas que fabrican especies de

CATHEDRA [ 9]

�ladrillos y de t.ejas (brique1, tulles, se dice en francés). Y fue una cosa
formidable, por casualidad, ya que el chico que yo había encargado de
estudiarla, mejor dicho, que me propuso eso, ha t.enido los papeles integrales de la empresa que nació en 1860, y que dura todavía. Y se ve
perfectamente que en 1860, por ejemplo, y hasta 1914, había unos doscientos o trescientos obreros para producir, digamos, unos centenares
de tejas por día. Y ahora, con menos obreros, se fabrican centenares de
millares de toneladas de tejas. Es decir, que se ha podido medir perfectamente el crecimiento de la productividad, de la productividad por
obrero y por hora de trabajo. Y se ha podido ver también cómo se
obt.enía este crecimiento, que es lo primero que se ve cada vez que hay
un progreso t.écnico posible con los hornos eléctricos y otras cosas.
Se ha visto cómo se ha adaptado inmediatamente la empresa.
Y también ha aprovechado lo que llamaría yo la coyuntura, pero no
la coyuntura en el sentido económico sino político de la palabra. Es
decir, las dos guerras, las dos guerras mundiales. Porque esta gente ha
previsto que después de la guerra del 14, así como después de la guerra
del 40, la reconstrucción sería una ocasión fantástica para obtener mayores ganancias. Y se ve a esta gente que está invirtiendo ·dinero para
tener nueva tecnología, durante los años de las guerras, es decir, en el
momento que parece más desfavorable. Pero invertir en el momento
más desfavorable con la convicción de que llegarán los tiempos más
favorables, es la cosa más inteligente que se puede ver.

Se puede decir por cierto que estos empresarios
han tenido
una visión muy clara del progreso, y del progreso tecnológico. Pero también lo que se puede medir es la acumulación capitalista. Porque tenemos todas las cuentas, es decir, podemos saber al final cuánto capital
se manejaba. Es decir, que hay que convertir el dinero a medida que
se está devaluando el franco. Esto es que cada vez (pero eso se ve también en la contabilidad) que vemos eso que se llama la "revaluación de
balances" veremos aspectos monetarios, o sea, que con la revaluación
de balances medimos la importancia del hecho monetario. Y entonces
vemos que la acumulación capitalista es fantástica, al mismo tiempo,
en la realización monetaria y en las contabilidades, lo que tienen los
accionistas y lo que tienen los propietarios de la fábrica. Pero también
se ve el valor de los medios de producción. Primero son cosas muy
pequeñas y después son cosas bastante monumeritales.
[ 10] CA111EDRA

Ahora bien, lo interesante en este caso es que ahora (y no sé si es
igual aquí, y entonces sería formidable verlo, porque es una ayuda)
existen unas oficinas de cálculo económico. Porque con la rapidez
del perfeccionamiento del cálculo económico muchos empresarios de
distintos niveles ya no sé si ellos estén capacitados para hacer estos cálculos. Y estas oficinas de cálculos, por ejemplo,_ se hacen por sector, y
el sector de la briaueterie, es decir, el sector especializado de esta industria de tejas, tiene un despacho central. Y el despacho central puede
comparar el estado de productividad, la acumulación de productividad
por obrero, por hora de salarios, etcétera, entre las distintas empresas.
Y resulta que, comparándolas, la empresa que hemos estudiado no
era la primera sino la segunda en productividad. La primera en productividad era una pequeña y la peor era la más grande. Es decir, la que
tenía más obreros. Eso significa al mismo tiempo que el capitalismo no
se ha dado automáticamente con el progreso de la tecnología. Es decir,
el caso que hemos visto, que es el caso más típico ( diríamos, el más
elogioso que se puede dar no es el típico), porque hay otros que, al
contrario, han guardado la posibilidad de hacer acumulación sin llegar
a este tipo de adaptación tecnológica. Pero también lo interesante es
ver cuál fae, digamos, la parte de los obreros en este progreso. Es decir,
cuando se ha hecho una acumulación capitalista monumental.
El obrero de esta empresa está ganando, si recuerdo bien, cinco
francos y veinte céntimos, o algo así. Es decir, que están contentos
porque en este sector son bien pagados. Pero bien pagados significa
casi nada en relación con la enorme acumulación capitalista que se ha
hecho. Es decir, que la distinción entre la acumulación capitalista de
un lado y la participación del :ibrero a dicho progreso, por el otro, es
perfectamente demostrable. Y, también, la comparación entre salarios
y productividad. Porque la productividad hace bajar los precios, naturalmente, en conjunto, sobre el mercado. Pero lo que pasa es que la
masa del producto se va naturalmente a los más progresistas de los
dueños. Pero apenas si eso repercute en el salario de los obreros.
También, hablando psicológicamente, la correspondencia de esta
empresa nos ha dado cosas utilísimas. Cómo los dueños se han adaptado, por ejemplo, a la crisis social de 1936. En esa época, con la
existencia del Frente Popular, han admitido ciertas discusiones, han permitido que circule un periódico de obreros. etcétera. Y han hecho
CATHEDRA [11)

�igual en 1968, en la época del movimiento bien conocido que tiene
ahora diez años de edad. Es decir, pienso que no se debe hacer tampoco únicamente un estudio económico de las empresas. También debe
nacerse un estudio psicológico de los obreros, al lado de los dueños.
Naturalmente, ahora lo que me interesa saber es que el doctor Beato
nos dé el resultado de sus trabajos de aquí y los que entre vosotros
habéis participado. A todos, que nos digan sus reflexiones ...

DOCTOR · BEATO: El propósito nuestro no era precisamente ése,
sino escuchar su opinión alrededor del tema ...
Bueno, aquí hay un maestro que tiene una responsabilidad directa
en los trabajos que se están realizando en Monterrey: el maestro Cerut. ti. El está realizando y ya ha terminado algunas investigaciones.
Las investigaciones concretas no son tan numerosas, pero sí tienden
a observar un espectro de empresarios grandes, aunque los estudios en
detalle, minuciosos, no alcancen a todo el conjunto empresarial. Pero sí
se apunta a que ese análisis de tipo singular esté a la vez reflejando, si no
una situación que es común a un grupo grande, si no a todos, por lo
menos amplios sectores del empresariado.
·
Yo creo que, en todo caso, podría haber una referencia a la experiencia realizada en la Sección de Investigaciones Históricas y dejar co:
mo dueño de casa a Cerutti. Que éste haga una exposición sobre lo que
se está haciendo en Monterrey. Y también a-la gente del Colegio de
Sociología, que está incursionando alrededor de una temáti-ca que al fin
de cuentas es la que nos preocupa a todos, que es la formación y desarrollo del capitalismo en México, Se apuntó a registrar, aplicando determinada metodología, que se. vio que podía ser eficaz. Además, la ubicación del material correspondiente a un buen número de empresarios. Y
después las pesquisas individuales, en el sentido a que hacía referencia
hace un momento. Se puede apreciar al respecto que en el siglo décimonono ...
Pero aquí me estoy repitiendo un poco con lo que dije en Puebla.

DOCTOR VILAR: Hace dos días estuve en Puebla, donde empezaron a hablar, no de los estudios, sino de las fuentes que se pueden tener

[12] CATHEDRA

en un sector dado, sobre las empresas. Es una cosa fundamental y supongo que aquí, en Monterrey, ni reflexión había ...
DOCTOR BEATO: Aquí se va hacer referencia a que se observa,
después del análisis en profundidad de los comporta¡nientos empresariales, que hay grosso modo tres momentos o tres formas generales de
c?mportamiento. Algunas se complementan con otras y abarcan, aproximadamente, para el caso de México, para el estado de México y también para distintas partes del país, lo cual no quiere decir que no existan de fasajes regionales. Aquí se aprecian distintas características del
empresariado.
Después de haber hecho ese estudio en profundidad, llegamos a una
conclusión que puede ser muy elemental. Es la de que precisamente los
empresarios actúan en función del momento histórico que se está viviendo. Las diferencias apreciables abarcan, por ejemplo, en el primer
tercio del siglo pasado, de un empresariado que tiene mucho del empresariado de tipo colonial. Y el origen concreto de muchos de ellos es
exactamente eso: una acumulación de capitales a través de la venta de
mercancías, compra y venta de mercancías, y en el tráfico de larga
distancia. Y se observa que, en algunos casos, descendientes o bien
substitutos de estos empresarios cambian su faz para entrar a participar
en ~a vigorosa "actividad industrial" fabril en el campo textil, que es
msolita para el caso latinoamericano, y que se da en México a partir de
1834, y va cobrando fuerzas. Se aprecia que en el decenio que va de
1845 a 1854 hay un número muy apreciable de empresarios ligados a
la industria textil, _pero que a la vez son de ese origen comerciante
como &lt;1;&gt;imismo de o~igen usurario y de especulación con la deuda públi'.
ca, etcetera. Esa misma gente, a la vez, está al frente de explotaciones
mineras organizadas en forma moderna, con base en sociedades por
acciones, con maquinaria importada (algunas máquinas a vapor, especialmente para el desagote de los yacimientos).
En el tercer tercio del siglo es apreciable observar la existel)cia (y
esto tiene mucho que ver con la capacidad de la acumulación de capital
lograda en cada caso), la existencia, decía, de distintos tipos de empresarios. Algunos, que logran manejar sus empresas en forma independiente, digamos, bastante autónoma, en cuanto al capital extranjero.
Otras veces, en formas asociadas, y otras, en forma totalmente dependiente. Mucho tiene que ver eso con la capacidad que se haya logrado

CATHEDRA [ 13]

�obtener. En este caso, tenemos un ejemplo que se repite muy a menudo. El caso que señalaba usted, es decir, del empresario, entendiendo
aquel tipo de profesional que se especializa en poner en marcha empresas para servicio público, para explotación de concesiones de distinto
tipo, como ser ferrocarril, petróleo, deslinde de tierras, etcétera, etcétera, aunque ellos mismos no sean los responsables directos de llevar adelante bajo su dirección ese cometido, sí son los engarces en donde podemos observar cómo se insertan las empresas extra'ljeras a través de
t1Stos empresarios, así, profesionalizados. Eso sería una rápida síntesis,
para no caer en detalle ...

(AQUI SE HACE UNA PREGUNTA DE UNA PERSONA DEL
PUBLICO): Yo quisiera preguntar si de esos empresarios de que se
habla se refiere a empresarios como personas o como empresarios inversores de capital ...

DOCTOR VILAR: Bueno, me parece que eso e~ lo que he querido
decir un poco antes. Es decir, que la em¡:,resa, como definición del
capital, la definición, digamos, conceptual, de la empresa que ahora se
está reivindicando, diciendo que basta ser empresario. Por otro lado,
no sé, digamos, es el antipático, por ciertos aspectos de su actuación; y
en ciertos aspectos podemos decir que el empresario es el capitalista.

Pero el capitalismo, es decir, la empresa como concepto, eso es una
cosa que se considera imprescindible. Es eso que se explicaba en la
·obra de Ollman, la última. Es decir, pasar de la visión humana y personal de la empresa a su visión conceptual y teórica.
Ya les había dicho antes que en Schumpeter era lo contrario, en un
momento en que el capitalismo como tipo de explotación tenía bastante mala fama en los principios del siglo xx. Entonces, él decía, sí es
posible que la empresa sea una explotación. Pero también el empresario
es el que personalmente tiene el espíritu de progreso. Es decir, que en
un momento el empresario fue alabado y en otro fue alabada la empresa. Y eso es la variación interesante de ver si se podía entender y hacer.
Y lo había empezado a hacer también y es la misma historia ideológica, con le profit . . . (Bueno, es esta cosa que no he sabido nunca

exactamente como se dice en castellano, porque muchas veces se dice
"profit". En Francia, no hay dificultad: "le profit". Pero aquí se dice
creo, "provecho" o "beneficio". . . ¿Provecho? . ¿Beneficio?.. . Ya'.
Bueno. Es que precisamente no hay una palabra tan precisa como en
Francia. -~gunas veces se encuentra provecho y otras beneficio). Por-·
que tamb_1en hay unos momentos en que el beneficio está exaltado y en
otros está condenado, naturalmente, según los sectores de la .opinión.
Es todo un estudio ideológico que hay que hacer, pero en ese sentido
o sea, en el sentido también en que el doctor Beato ha evocado.
'
A mí lo que me ha interesado también (y siento no haberlo dicho
antes, pero como he improvisado, no podía decir todo) es que empresa
muchas veces significa dos cosas muy distintas. Puede ser la empresa lo
que emprende un señor en varios campos. Y puede ser también, y en
un' momento (al momento que yo diría de organización particularmente típica del capitalis~? del siglo xix, es decir, el capitalismo industrial),
la urudad de producc1on, como se dice, empresa ... Y o no sé si tendríamos seguramente muchos ejemplos aquí . . . La empresa siderúrgica
tal. Ent?nces la e~presa es la fábrica, con su director, con sus cosas,
con sus cálculc-s, etcetera. Y para muchos la empresa es éso.

Pero_ Schumpeter diría: No, no. La empresa no es éso . . La empresa
es el senor que va hacer los cálculos económicos, que va a elegir esta
empresa u otra. Y en ese sentido yo tengo una impresión -y que tal
vez lo voy a hacer en un libro- que es que la empresa del siglo xx se
parece más a la empresa del siglo xvi, y no a la empresa del siglo xix.
Parece un poco una paradoja, pero yo la veo en el Antiguo Régimen,
antes del capitalismo típico industrial.
_Yo he estUdiado muchas empresas, en Cataluña, por ejemplo, o en
el _siglo xV!,, o en el tipo bancario, etcétera, donde el empresario es un
senor &lt;letras de su mesa, que hacía cálculos. Decía éste: voy a invertir,
voy a prestar tanto al emperador tal, voy a sacar tanto del empréstito al
rey ~• o voy a financiar la empresa de Cristóforo Colombo, o coaas de
ese ~po. Y en este momento también el gran empresario es un señor
&lt;letras de su despacho que está calculando en qué tipo de conjunto del
capital ~ternacional v! a poner su dinero, etcétera. Es decir, que el
empresano ahora es mu ql!,e en el aiglo xix. En el siglo pasado, cuando
se decía empresario, se imaginaba· uno un señor que tenía una indllltria
Y, que todos, los días venía a su fábrica, recorría los talleres y llllraOa
como se hac1an las cosas. Existe eso, naturalmente, todavía, pero no es
P.l gran empresario que hace este trabajo.

[14) CATIIEDRA
CATHEDRA (15]

�Y cuando se habla, por ejemplo, también, en los países socialistas,
de fa reforma de la empresa, entonces todo el mundo piensa que en el
centro de la reforma de la empresa está la reforma de la unidad de producción. Y en los países capitalistas ya la unidad de producción no es
la empresa.
Todo eso a mí me parece que se ha de pensar también. Lo que significa (en términos más teóricos, si quieren) es q~e _estamos e? un momento donde el capital financiero ha cogido mas 1mportanc1a que el
capital industrial, cuando era la etapa del capital industrial .• Y aho:a
estamos en una era del capital muchas veces comercial pero mas _tod~v1a
del capital financiero. Y saber precisamente si es una tendencia, d~amos, perfeccionista del capitalismo o no, porque puede ser,_ t~b1en,
dado, por ejemplo, el papel de toda la cosa monetana-bancana-f1duc1aria-de-dinero que corre por el mundo, con un valor co_mpletamente
distinto de la producción. Yo pienso que estamos en un sJStema que se
parece mucho más al precapitalismo financiero que al cap1tahsmo del
siglo xix. Poco hipot.ético, pero se puede pensar en eso ...
Pero ustedes me habían hablado de alguien que se ocupa directamente de esas investigaciones ...

MAESTRO MARIO CERUTTI: Trataré de sintetizarle lo que se ha
hecho aquí, en Monterrey. No se ha estudiado hasta ahora una empresa
en particular, como en el modelo que han trabajado ustedes. Entre
otras cosas porque antes de entrar en ese ~err~no es menester .:esolver
cómo surgieron en la región las formas cap1tahstas de producc1on. Usted sabe que, en América Latina, y en el caso mexicano en concre!º•. es
en el siglo xix cuando el capitalismo com1enza a torn~se hegemomco
0 dominante como modo de producción. En este sentido, entonces, la
tarea que se ha cumplido es la de ir observando ~ un grupo de empresarios, a un conjunto de empresarios que ~~ una cierta etapa -desde mediados del siglo pasado- no estaban bas1camente dedicados a la ~~oducción. Operaban en la intermediación, a través de la especulac1on,
de la venta de tierras o de su explotación. De esta fo~a fueron acumulando capitales que a partir de un momento determma?º• en ~na
coyuntura favorable, fueron invertidos en sectores productivos capitalistas. y esos sectores productivos muchas veces no parecen totalmente
integrados al conjunto económico de la nación, sino que destinan sus
productos a la exportación. Esto es parte de lo que sucede en el resto
[ 16] CAnlFDRA

de América Latina, pero con una diferencia importante: aquí lo exportado no es un producto primario, una mat.eria prima, sino un producto
semielaborado. Inclusive se trata de un tipo de producto de mucha significación, ya que se deviene de un tipo de industria como la metalúrgica, que es seguramente única en esos momentos (fines del siglo xix) en
América Latina.
· Esto es un resultado de la cercanía del Norest.e de México con Estados Unidos, muy especialmente una de las consecutmciai del notable
desarrollo industrial del Noreste norteamericano después de la guerra de
Secesión, que requiere por diversas razones, no sólo mat.erias primas
sino también productos semielaborados para su definitiva transformación.
A esta posibilidad y a una coyuntura económica más amplia hay
que agregar la estabilidad política y social que logra México durante
el Porfiriato. Y que en el orden regional se manifiesta también con la
estabilidad que ofrece un gobernador, el general Bernardo Reyes, que
adopta medidas de carácter progresista con respecto a las manufacturas.
De manera que hay capitales acumulados previamente (a través del
comercio, la especulación, la explotación_ de la tierra y por una muy
lenta inserción en la producción como la textil) y en una coyuntura favorable se tienen posibilidades de volcarlos masivamente al sector productivo, sobre todo en mi.Ílería y metalurgia.

Lo que se ha estudiado, pues, no se refiere al interior de una o varias
empresas, sino gue alude a un conjunto de empresarios (o las _familias de
estos empresarios), que luego de una fase de acumulación primaria
-que corre entre 1850 y 1890- se articulan entre sí y con otros nuevos, para dar paso a una segunda fase en la que ya se tiene al capitalismo
como modo de producción y no una simple acumulación de capitales.
Ese núcleo social burgués pasa a ser. burgués-productivo, se establece
como una clase que domin• en las relaciones de producción capitalista
y lanza gran parte del capital acumulado en la etapa anterior a la pro·
ducción.
Este momento -los años 9ü- coincide también en Monterrey con
una gran inversión externa; sobre todo norteamericana. Pero lo que se
detecta es que si bien la inversión extranjera es importante, la inversión

CATIIIDRA 117]

�de los capitalistas nacionales está bastante a la par de la anterior. Y
eso explica por qué en la fase previa a los años 90 se ha protagonizado
una acumulación por distintas vías y hay capitiµes disponibles.
Se está estudiando, en realidad, el surgimiento y desan-ollo del
capitalismo. Por las fuentes que hasta ahora se emplearon -libros de
notarios, memorias gubernamentales, periódicos y papeles oficialesno se tienen documentos de las mismas empresas, con alguna excepción. El proceso es observable, pues, desde un punto de vista general,
pero no se puede entrar aún a dilucidar con qué ritmo fue creciendo la
acumulación de una empresa o cómo fue variando su comP,Osición orgá¡tlca del capital. Las fuentes que tenemos a nuestra disposición nos
'permiten observar de manera general el desarrollo económico y además
-lo que creemos muy relevante- cómo se forma una burguesía que se
toma productora, netamente capitalista. Según nuestra hipótesis, esta
burguesía termina de consolidarse para la época de la revolución, en
191 O, y sería la base de la actual burguesía en Monterrey, cuya impor:
tancia económica, social y política es bien conocida en México. Cuando én ·1os años 30 el presidente Cárdenas pretende imponer algunas
medidas favorables a los sectores obreros, estos núcleos burgueses regiomontanos se opondrán de manera frontal. Pero no aparecen en esos
días, no surgen espo~táneamente. Tienen una historia anterior, que
para nosotros corre sobre todo entre 1860 y 1910, etapa en la que se
articula claramente esta clase.
En resumen: por un lado, se trata de ver con las fuentes disponibles
el surgimiento y consolidación del capitalismo; y por otro, la formación
de una clase o el sector social dentro de la clase dominante, que awovecha ese desarrollo y asume una importancia que todavía hoy presenta
en el país.

DOCTOR VILAR: Yo veo perfectamente las dos posibilidades que
había dibujado y que he intentado siempre ligar, pero sin poder siempre
hacerlas: Lo que es una microobservación y lo que es una macroobservación. Ustedes están en el estadio de la macroobservación.
La cosa interesante sería evidentemente tener algunas contabilidades precisas de unas empresas, sea en el sentido restrictivo de la palabra
(es decir, una unidad de producción), sea una empresa donde se pasaría
de la noción de capital comercial a la inversión de tipo industrial y final.
mente a la acumulación clásica del capital.

[ 18) CATHID&amp;A

También lo que me interesaría saber es si es posible ligar esta evolución del capitalismo de Monterrey con otras cosas (porque, usted lo ha
ligado, por ejemplo, a la guerra de Secesión y eso es igualmente muy importante) . . . Pero el problema coyuntural (porque yo tengo la impresión también, y en eso estoy haciendo otra vez unas hipótesis más que
una cosa perfectamente asentada) es que al final del siglo xviii, en la
gran revolución industrial, que es al mismo tiempo la revolución del
capitalismo, la llegada al capitalismo en ciertos países, es qye una baja
de la tasa de beneficio de las empresas comerciales o transportistas, etcétera, obli¡¡a o inspira a los empresarios una inversión que tenga más
capacidades. Es decir, yo pienso, por ejemplo, en Inglaterra, en Inglaterra, donde había grandes comerciantes, grandes armadores, grandes
gentes muy ricas de las Compañías de Indias, etcétera. Y en un momento todo está bajando (y se ve perfectamente en todo el siglo xviii),
porque precisamente por la rapidez cada vez más grande de los transportes marítimos, por la mayor seguridad, por también la baja de precios de los productos coloniales y otras cosas, la gente negociante, los
grandes comerciantes, ganaban menos. Se daban cuenta y entonces han
dicho: ¿Dónde podemos ganar más? Y entonces se ve que invierten
sobre todo en las inversiones textiles, y después en las inversiones metalúrgicas, las cuales les permiten bruscamente (porque son empresarios
que usan de la "bourgeoisie") ganar veinte veces más sobre el que no la
usa todavía. Entonces sí que dicen: aquí vamos a invertir.
Entonces yo pienso que tal vez un dibujo de esta manera se puede
hacer aquí. Pero, ¿sobre qué tipo de fuentes? Precisamente, porque
hay dos tipos de fuentes . Hay, digamos, la coyuntura general, los precios, los salarios, etcétera. Y hay el análisis concreto de las inversiones,
por ejemplo ...

MAESTRO CERUTTI: Es notorio que habrá que complementar lo
que se está haciendo con el análisis de cada empresa o de alguna empresa. Pero por ahora esto aparece difícil. La tarea es tan grande todavía
en el plano general que no tenemos posibilidades de entrar a lo particular. De todos modos, algunas fuentes traen a veces datos concretos de
ciertas empresas, sus inversiones, accionistas, cómo crecen parte de esas
inversiones, cómo aumentan sus capitales en períodos determinados.
Se puede practicar una aproximación, pero nunca un análisis en detalle,
como lo señalaba usted. Y eso también hay que ligarlo a que muchas

CATHEDRA [ 19)

�empresas que surgen en esta etapa aún perduran! y poseen sus papeles.
No es similar al caso citado por usted, de alguna firma que ya ha desaparecido ...

DOCTOR VILAR: ¿Sí? Bueno. La mejor fuente que yo he encontrado es muy conocida desde el siglo xvii hasta el xix. Lo que te~;mos
como cuentas de empresas seguidas es en general lo que llamam~s. ,fond
des fentes", que sería el fondo de las quiebra~, porque e~ ~casion de
una quiebra la empresa que quebraba estaba obhgada a summis~rar a l~s
tribunales todos sus papeles. Y cuando (porque hay mucha diferencia
entre los casos prácticos) ha pasado alguna vez que t~os los pap~les
de una empresa están a nuestra disposición (yo l? he visto por e!, siglo
xviu en Cataluña, pero también existe en Francia), entonces el f?n~
des fentes" es nuestra gran esperanza, y todavía hay muchos. La lastl·
ma, por ejemplo, en Francia, es que se quemó, en 178}-, lo esencial del
Tribunal del Comercio Francés. Y por eso, para Paris, tenemos muy
poca cosa. Pero en provincia tenemos muchas cosas.
Es evidente que es siempre difícil encontrar fuentes, porque una
empresa que quiebra no es siempre representativa. No podemos estudiar la estructura, que es tal vez más interesante . ..

DOCTOR BEATO: Yo coincido con usted en que la fuente de lo
que aquí llamaríamos los "concursos de acreedores", que s~elen estar
en todo archivo de tribunales, puede ser mu~ ric~, en la medida en que
encontramos en detalle los inventarios y la historia que se hacen de las
distintas empresas. Allá, en la ciudad de Méxic?, algunas cosas hemos
encontrado. Y hasta ahora, en el archivo de aqm, ~n ~onterre!, no P~demos encontrar nada, pero éste es uno de los obJetivos a revisar aqu1.
Eso, por una parte. Por la otra, volviendo a la opci?n que se ha~laba, de dónde invertir los capitales, yo c~eo que e~ parti~ularmen~ ~mportante tener en cuenta que para el per10do de fm de siglo es practicamente una invasión de firmas y empresas extranjeras las que llegan :11
país. y entonces esas opciones están muy condicionadas por _ese fenemeno. y en función, como decía al principio, de s~ ~~spectlvas fuerzas va a ser posible un tipo de inversión, o de asociac1on, o de depen.de~cia, en t.érminos absolutos. Hay una autonomía en casos com~ los

(20] CATHEDRA

de Monterrey, por ejemplo, o en un caso como el de Terrazas, Creel y
demás, que en otro tipo de empresarios que ven disminuida su posibilidad de acción por la inversión extranjera .. .

DOCTOR VILAR: Pero también se puede saber si la inversión extrat,1jera debe obedecer a ciertas coyunturas. No tiene .siempre las mismas posibilidades adentro de un territorio ...
INTERVENCION DE UNA PERSONA DEL PUBLICO: Hay un
factor que creo debe comentarse: En el siglo xix las importaciones mexicanas estaban más ligadas a los sectores inglés y francés. Y ellos también querían invertir . . . Por otro lado, en un momento dado, ya en el
presente siglo, se pretende industrializar más en la región .. .
DOCTOR VILAR: Es el fenómeno de la industrialización por substitución de importaciones. Eso, prácticamente, es el fenómeno de conjunto en Latinoamérica, por ejemplo, pero que se sitúa según los tiem~
pos en el siglo xix, la crisis de 1930, etcétera. Eso es importantísimo.
Y lo que me interesa es eso.
Pero lo que me interesa más es el campo del análisis de la burguesía,
no de la empresa. Es decir, la idea proteccionista, por ejemplo, que al
mismo tiempo está creando el nacionalismo; las relaciones entre proteccionismo y nacionalismo, que me han apasionado sobre todo por el caso
de España, porque la burguesía estaba completamente casi limitada a
Cataluña ( Cataluña es proteccionista, cuando el resto de España es librecambista, y entonces hay una pelea, que acaba por la famosa autonomía
catalana). Es decir, que es una burguesía que quiere su defensa y defenderse contra la invasión francesa, de la gente más bien situada en el mercado internacional. Pero el otro, un poco otra cosa, naturalmente está
ligado también con el problema de la empresa.
Pero es un poco distinto del problema mismo, a pesar de que yo
creo que ustedes han tenido razón, porque prácticamente lo que nos ha
dicho el señor Cerutti es un poco eso también. Nos ocupamos de la
burguesía más que de la empresa. Pero como la burguesía se defiende,
porque no hay la ideología capitalista; la ideología capitalista es ésta:_

CATHEDRA [ 21]

�la libre empresa y la empresa, y no se puede substituir ~a libertad d~ empresa o la más grande libertad de empresa en otros sistemas, etcetera.
Y también está el vocabulario. A mí me interesaría saber, por ejemplo, por periódicos, por periódicos especializados de economía, o por
periódicos corrientes, si aparece esta idea de empresa, esta defe~sa de
libre empresa, etcétera. Y también (porque muc~as _veces es as1) por
el vocabulario inconsciente, que traduce los movimientos del pensamiento ...

DOCTOR BEATO: Esto es un comentario en torno a que el origen
de todas estas preocupaciones fue el estudiar la formación de grupos, de
clases sociales en México. ¿Por dónde empezar, entonces? Por los archivos, archivos que tienen diversos tipos de cosas, por ejemp~~• archiv_o
de notarías, pero el archivo de notarías se supone una_ colecc1on eco~omica de los que tienen . . . Entopces, de ahí se fue derivando al estudiar
la clase dominante; y entre la clase dominante, la burguesía; Y dentro de
la burguesía, el empresariado, etcétera, etcétera. _No se ha e~focado
todavía el estudio de otros sectores de la clase dommante, por eJemplo,
conocer la burocracia, la burocracia militar y la burocracia administrativa-política, y el alto clero. Lo que no quiere decir que no s~ los
contemple como un problema directamente ligado a las clases ~ommantes. Porque tenemos una intuición estructural, en el bu€n sentido de la
palabra, y de la matemática ...
DOCTOR VILAR: ¿Sí? Bueno. Pero sería interesante oponer a
estas clases, como usted ha evocado -el alto clero, la alta burocracia,
etcétera-, en sus relaciones con la burguesía empresarial ...
DOCTOR BEATO: Eso es por lo menos para mí uno de los objetivos inmediatos. Ver a través de ellas las vinculaciones que no son siempre demasiado directas, demasiado explícitas . . . Ignoro si exis~en ~~­
dentemente un poco de lo que conversábamos alrededor del eJercic10
directo de poder político, apareciendo, por ejemplo, el empresario en
una función culminante de poder ... Entonces, no aparece eso, pero,
sin embargo, se observa claramente que cuando desea algo el Estado,
en el siglo xix, responde francamente a esos intereses. Hizo su acomo( 22) CATHEDRA

damiento a los distintos momentos políticos, pero por aquello de grupos liberales y grupos conservadores. Y resulta que los mismos empresarios se van acomodando a la nueva situación, porque no es un problema de fondo, de que los puede dividir al punto de que se va a decir:
bueno, si sacamos a los conservadores, que ahora son liberales, nos quedamos sin liberales ...

DOCTOR VILAR: Y en la ideología del Porfiriato, ¿la empresa tiene un papel importante?

MAESTRO CERUTTI: Respecto al Porfiriato y los empresarios,
hemos encontrado dentro de las familias que estamos investigando un
caso muy significativo. Una de las familias más importantes en Monterrey, no porque esté totalmente asentada en la ciudad sino porque actúa
económicamente desde Monterrey y parece usufructuar todos los mecanismos que se crean en la época, es la Madero. O sea la familia del jefe
de la Revolución que terminó con el Porfiriato. Y esto puede indicar
con cierta claridad la extracción de clase de Francisco Ignacio Madero
y sus límites ideológicos, para el momento de la E.evolución.
Asimismo, señalaría que el empresariado en su conjunto usufructú'a
las posibilidades que le brinda el Porfiriato, pero que dentro del empresariado tal vez surge un sector modernizante, que comienza a entrar en
antagonismo relativo con el ritmo de crecimiento del capitalismo en
México bajo Porfirio Díaz. Emergerían así fricciones que pueden llevar
a figuras como Madero, de extracción claramente burguesa, a lanzarse
a una tarea modernizante que desemboca con la Revolución. Hay un
momento de ruptura. Cuando Madero llega a Monterrey en plena campaña política es aplaudido por muchos empresarios. Y cuando ya es
presidente, se lo invita muy especialmente a una reunión de gala que se·
le ofrece en el Casino de la ciudad, institución de la más alta burguesía
local.

PARTICIPACION DE UN ALUMNO: Nosotros formamos parte de
un grupo de los talleres colectivos de investigación del Colegio de Sociología. Tratamos de investigar una empresa en particular de Monterrey,
la Fundidora, en un período determinado (1967-1977). Queremos
investigar algunas cosas: las formas de organización de esa empresa, la

CADIEDRA [ 23]

�fuerza de trabajo, el proceso productivo, la clase obrera, tecnología,
huelgas, etcétera . . . Hemos encontrado datos muy interesantes ...

DOCTOR VILAR: Bueno, los felicito, porque es exactamente el
programa que yo pensaba. Pero, precisamente, es que ustedes tienen las
fuentes precisas para tener por lo menos una idea, sea global, sea aproximada, de estos diferentes datos. Por ejemplo, la productividad. ¿Tienen algo sobre la compra y el tipo de material que se compra y que se
desarrolJa?
RESPUESTA: Tenemos la lista de las empresas filiales, en las que
se compra y se vende. í'ambién tenemos la de las empresas !inancieras.
Obran en nuestro poder algunos otros datos. Sabemos a donde se exporta la producción, a Asia y Sudamérica, pero otros muchos datos nos
faltan ...
DOCTOR VILAR: ¿Sí? Lo que quería decirles es que, por ejemplo... Se ha discutido antes de ayer, en Puebla, de la tecnolog~a. Una
€omparación entre las potencias avanzadas desde el punto de VIsta tecnológico y los países que, al contrario, están atrasados. Y yo recordaba,
por ejemplo (no lo he dicho, porque no venía tan preparado), que en
Eu:opa Central, aunque no nos lo ha dicho el señor Blanqui, en Europa
Central muchas veces no solamente eran atrasados, desde el punto de
vista te~nológico, sino que compraban máquinas usadas de Francia o ~e
Inglaterra. Es decir, que cuando una fábrica inglesa o francesa quena
renovar su maquinaria entonces, decía: Sí, compramos nueva, Y la
'
,
otra la vamos a vender a Polonia o a Rumanía. ¿Y no pasa algo as1
entre Estados Unidos y México? ¿No pasa algo semejante entre Estados
Unidos y México, donde aquéllos están vendiendo material envejecido?
DOCTOR BEATO: Yo creo que es muy significativo, muy importante precisar de qué momento hablamos, porque si no especificamos
que estamos haciendo referencia a un problema de principios del siglo
veinte, o si hacemos la misma pregunta para la década del 40 o del 50.

cio del siglo pasado la especulación con la deuda intena es fundamental
para la acumulación de capital ,d e la burguesía mexicma o de la burguesía en México. Hago esta aclaración, porque muchosde esos burgueses
son extranjeros, o bien súbditos de países extranjero:. Es decir, protegidos por una potencia extranjera. Y eso significa qte, por ejemplo, el
Estado, como no tiene recursos económicos aproP.iad,s, paga con vales,
paga con bonos, que terminan en manos de los correrciantes, y estos
comerciantes se quedan con papeles de la deuda inema. Porque el
hecho de ser protegidos por su condición de súbdito1extranjeros convierten la deuda interna en externa. Y presionan, a tnvés de los gobiernos de Francia, España e Inglaterra, las conversiones más importantes
del si?lo pasado. El hecho de estar en la Entente de itera para obligarlo, e mcluso con la intervención armada, para obligarb a pagar. Paralelamente, el Estado impone préstamos forzosos hasb el mismo clero.
Y creo que al no poder cumplir éste sus obligaciones cm dinero en efectivo se ve obligado a entregar bienes inmúebles depreáados en su valor,
que adquiere esa misma burguesía. Es decir, que hay Jna serie de combinaciones ~ue se hacen y que tenemos que precisar ptrfectamente para
saber de que momento estamos hablando, para ver lw posibilidades de
combinación ...

. , UN ALUMNO: Sí hemos tomado en cuenta la é¡oca de investigac10n, que es de 1967 a 1977. Pero también nos inter1samos en investig~ no sólo la empresa, sino otras cuestiones, como laclase obrera, por
eJemplo.. . Vemos que a cada acción de la empresahay·una reacción
de la clase obrera ...

DOC'f?R VILAR: Bueno. Tienen, por ejemplo, :ie todos modos,
para estudiar, la clase obrera y sus reacciones. Es útil ;aber la coyuntura misma de los salarios. Tienen lista de salarios, timen las horas de
trabajo, tienen hasta los reglamentos de talleres, y toco eso. Es decir,
la primera cosa que se ha de estudiar. Naturalmente,antes de estudiar
la reacción de la clase obrera es saber las condiciones ce vida de la clase
obrera, para saber precisamente hasta qué punto so1 las reaccione's
digamos, huelgas o movimientos, u otras cuestions, políticament~
hablando . . . O todas al mismo tiempo.

y también, respecto a lo mismo, que es válido para la relación con
el Estado ... Por ejemplo, en el segundo tercio y parte del primer terUN ALUMNO: Sí, sabemos eso, y tomamos en cuenta todo ...

[ 24] CA'lllEDRA

CATIIEDRA [ 25]

�DOCI'OR VILAR: Me interesa eso, porque en Cuernavaca, en este
coloquio que hemos celebrado, hemos tenido la expos!ción de un colega
mío, de un colega francés y amigo, que ha intentado hacer un trabajo
sobre la crisis del feudalismo en los siglos xiv, xv, etcétera. Y finalmen•
te ha intentado hacer una visión marxista del feudalismo -del final del
feudalismo, y ha utilizado el vocabulario marxista, transladando al feudalismo, por ejemplo-, estudiando lo que él llama "la baja tendencia!
de la tasa de exacción del señor sobre el campesino". Y como ha visto
que en los datos materiales que él tenía baja a largo plazo la tasa de
exacción feudal, dice, entonces, que hay una tendencia- como Marx
habla-, de la baja tendencia! de la tasa de provecho.
Pero mi colega fue preguntado: ¿"Cómo se hace eso"? Y él ha
contestado: "Es que, pues, como ha bajado tanto, a largo plazo, esta
renta del señor o esta tasa de renta del señor, entonces es que han lucha·
do los campesinos. Es decir, que toda esta baja, a largo plazo, es la obra
misma del campesino resistiendo a los señores". Y como se le había
reprochado de no haber hablado de luchas de clases, dice: "No tengo
tantas descripciones de luchas de clases, pero veo el resultado. Y a mí
me parece que no puede ser sino por la acción de los campesinos que
ha bajado la tasa de exacción feudal".
Es evidente que es una hipótesis interesante, pero a mí me parece
que sin descripción, sin una valoración exactamente factual, no se puede afirmar eso. De todos modos a mí me parece que en teoría marxista
la baja tendencia! de la tasa de beneficio es una ley, que dice: es evidente que en esta ley interviene, por ejemplo, la población, el comercio
exterior y la acción de los obreros. Pero decir que es únicamente la
acción de los obreros y la lucha de clase . . . No sé, a mi me parece que
por lo menos tendría que haber una demostración ...

UN ALUMNO: Nosotros no hablamos en forma mecánica ... Vemos otras cosas, las cosas internacionales, por ejemplo. Vemos todo
eso. Lo que nos falta es complementar las cosas ...
DOCTOR VILAR: Se puede hacer un estudio comparado de las
condiciones de producción de Estados Unidos y de aquí, para saber si
precisamente el caso de las inversiones americanas en México dependen
del grado de explotación obrera. Es decir, con la comparación (bueno,
[26] CATIIEDRA

si se pudiera hacer, naturalmente) de la tasa de plusvalía y de la tasa de
beneficios, etcétera. Es decir, si son las condiciones de la mano de
obra de aquí lo que atrae las inversiones capi~istas de Estados Unidos.
Esta investigación sería naturalmente interesantísima, porque se le ve
afirmar muchas veces también. Yo creo que eso es evidente en el mun•
do, desde que hay potencias subdesarrolladas y otras más desarrolladas.
Pero una demostración con cifras, eso, para mí, sería una cosa excelente.

UN ALUMNO: Vemos la oportunidad nosotros de poder aportar
algo, por ejemplo, sobre la lucha de clases ...

DOCTOR VILAR: ¿Sí? Bueno. Por ejemplo, la empresa de que
hablaba antes, la única donde hemos tenido realmente el conjunto posible de análisis. Yo les he cit\ldo los hechos de 1936 y los hechos de
1968. Y es evidente que en este caso no es la lucha de clases específica
de la empresa lo que se puede estudiar, naturalmente, en tal incidente,
en tal otro o en tal conquista salarial, etcétera. Es el conjunto de la
clase obrera francesa que entonces obliga a una cierta adaptación cuan•
do eran las cuarenta ·horas y todo eso ... Hay una cosa también en la
misma empresa de que hablaba, que es importantísimo, el relativo al
cambio estructural de la mano de obra, porque se trata de una industria
donde hay relativamente poca necesidad de alto personal y mucha de
peraonal no calificado. Ahora, en esta misma empresa, tenemos que el
ochenta por ciento de la clase obrera es argelina o marroquíe, y hay al·
gunos portugueses. Y, naturalmente, la situación de esta clase inmigra•
da no puede ser la misma que la de los obteros tradicionales que luchaban en los años 30, por ejemplo ...

DOCTOR BEATO: Yo creo que tiene mucho que ver con esto las
disposiciones últimas del gobierno militar argentino que, rompiendo
con todos los antecedentes, ha dispuesto que se entiende como inver•
sión de capital de una empresa extranjera la introducción de maquinaria
usada, de equipos completos usados. Y esto tiene mucho que ver en la
situación interna de Argentina con la radicalización y organización, hoy
existente. Ahora, ¿qué va a salir de esto? Estamos por verlo. Pero no
tiene parangón en todas las reglamentaciones la facilidad en ese sentido
CATIIEDRA [ 27]

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y que expresamente se indica de que los equipos usados se consideran al
mismo nivel ...

LICENCIADO TOMAS GONZALEZ DE LUNA: En nombre de la
Dirección de la Facultad de Filosofía y Letras, damos las gracias al
maestro Pierre Vilar por la charla sostenida con los maestros y estudiantes de nuestra institución, y con el público en general; y agradecemos
también, al mismo tiempo, a todos los presentes, su asistencia a este
evento.

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Los
Madero en la economía de Monterrey
{1890 -1910) (* l
ESTE TRABAJO es un capítulo de una labor más amplia, cuyos objetivos son contribuir a la descripción del surgimiento y desarrollo del
capitalismo en Monterrey y su zona de influencia. Y a la vez, procurar
discernir cómo se articuló en este proceso ~ue corre aproximadamente entre 1860 y 1910- una burguesía que fue asunríendo creciente
poder económico y social, poder que ha mantenido y ampliado en el
transcurso del siglo xx.
Esa burguesía se integró durante el período estudiado con una limitada cantidad de familias, de las cuales -en las investigaciones que
estamos efectuando en el Archívo General del Estado de Nuevo Leónhemos seleccionado diez.
(•) Una síntesis de este trabajo fue pre11entad.- como ponencia en el Noveno ConcrelO Nacional de Hiáoria de la Revolución Me:idcana, realizado en la ciudad de Chihuahua en
Julio del presente ailo. Ea parte de uno más completo que, con el título de La familia Madero y la economía de Monterrey (1890-1910), edltuá el lmtituto de lnveltlpcionet de
la Fac:ultad de Füo10fía y Letru de la UANL como Cuaderno n6mero 2, y como avance
del proyecto más ceneral de eltudio 10bre Monterrey y el desarrollo del capitalismo en el
Noreste de México (1860-1910).

CATHEDRA [ 29)

�En este trabajo aludiremos a una de esas diez familias consideradas como las más prominentes en Monterrey entre 1890 y 1910: la
dirigida por Evaristo Madero, fundador de un grupo parental y económico de enorme peso en el noreste del país, de cuyo tronco salió
quien sería el jefe del movimiento revolucionario de 1910, Francisco
Ignacio Madero.

y decisiones que el jefe del antiporfirismo asumió durante su vida pública. Nuestra tarea se reduce, en cambio, a sacar a luz una multitud de
datos extraídos de fuentes no exploradas en el Archivo citado.

Los Madero no estaban, en su totalidad, asentados en Monterrey
para fines de siglo. Pero a partir de un momento determinado parecen
elegir a la capital neoleonesa como la sede principal -o una de las principales, al menos- de sus operaciones económicas. Desde que se adopta
esa decisión --que probablemente coincida con la puesta en marcha del
Banco de Nuevo León, en 1892-, el entrelazamiento empresarial y
familiar de los Madero con el resto de la naciente burguesía regiomontana es claro, y bien pueden ser incluidos entre la decena de familias
que encabezan el proceso de consolidación del capitalismo en Monterrey y en una buena parte del norte de México.

I. EL ESCENARIO HISTORICO.

Debe agregarse que Evaristo Madero también integró el núcleo de
comerciantes destacados que desenvolvieron sus actividades en Monterrey en el subperíodo que corre entre 1860 y 1890. En su caso, su relación con Monterrey sufre un corte desde principios de la década de los
años 70, cuando se traslada a Parras, en Coahuila, lugar que será el pivote de sus labores empresariales hasta que -justamente- se resuelva el
retorno a Monterrey, en los años 90.
La importancia económica y social de los Madero para los momentos previos a la Revolución es conocida. No es nuestra intención demostrarlo. Lo que tal vez no esté tan difundido es lo que atañe a la estrecha relación que esta familia mantuvo con el desarrollo que se protagoniza en Monterrey y que convertirá a esta ciudad -ya para 1900- en
asiento de grandes inversiones, en vértice de una vasta región del país
y en matriz de una burguesía que desde entonces tuvo un enorme peso
1
en las cuestiones económicas, sociales y políticas de México.
Por otro lado será factible vislumbrar a través de la descripción de
los vínculos GUe unifican a los Madero con el desenvolvimiento del
capitalismo en Monterrey, la extracción de clase de Francisco I. Madero, nieto de Evaristo e hijo de uno de los empresarios más sobresalientes
de la familia. Y eso quizás sea útil ~ los historiadores de la Revolución
Mexicana para definir con mayor certeza las actitudes, limitaciones

[ 30] CATHEDRA

EN TRABAJOS ANTERIORES hemos indicado los subperíodos
que comprendería la etapa 1860-1910 desde el punto de vista del desarrollo del capitalismo en Monterrey (1). Para una más abundante información al respecto puede acudirse a esos escritos. Ahora -para brindar
un marco indispensable para el análisis del movimiento de los Maderoesbozaremos lo siguiente:
1) Entre 1860 y 1910 se da en Monterrey un importante crecimiento
económico que convierte a esta ciudad en centro de una vasta región
del norte de México.
2) Este proceso se imbrica en la readecuación global que el país está
sufriendo como consecuencia de las nuevas necesidades de la economía
a nivel internacional.
3) Estados Unidos comienza a jugar desde entonces, por lo menos para
el caso en estudio, un rol significativo.
4) En este proceso, en el que intervienen elementos internos y externos,
surge y se consolida en Monterrey un grupo empresarial que constituirá
un sólido núcleo para los años de la Revolución. Se articula una burguesía que por sus propios intereses se muestra sumamente inquieta por
favorecer el desarrollo capitalista y por la correspondiente modernización de la estructura productiva.
5) Esta burguesía se conforma por un conjunto reducido de familias.
En nuestras investigaciones, fueron seleccionadas las correspondientes
a Valentín Rivera, Patricio Milmo, los Zambrano, los Hernández, Isaac
Garza, los Sada-Muguerza. los Belden, los Ferrara, Francisco Armendaiz
y los Madero.
CA THEDRA [ 31]

�6) Este período de 1860 a 1910 puede fraccionarse en dos subetapas.
Una corre entre 1855 y 1890, aproximadamente, y se trata de un lapso
que bien podría denominarse de acumulación primaria de capitales,
que todavía no se encauzan de manera masiva hacia la producción de
mercancías. Esta acumulación primera se logra básicamente por medio
del comercio legal e ilegal, la explotación de la tierra, la especulación y
-en alguna medida- por una cierta producción manufacturera que todavía no encuentra condiciones propicias para un desenvolvimiento
vigoroso.
7) Los negocios, en estos años anteriores a 1890, no rebasan el ámbito
familiar. No se observa para entonces el surgimiento de sociedades
anónimas o el establecimiento de instituciones bancarias modernas.
Las inversiones son de relativo monto en el ámbito productivo, con
algunas excepciones no determinantes.
8) En estos años son escasos los empresarios realmente fuertes que se
detectan en Monterrey. En rluestras investigaciones hemos elegido
cuatro (Patricio Milmo, Gregorio Zambrano e hijos, los hermanos Hernández y Valentín Rivero). Un caso aparte es el de Evaristo Madero,
quien deja Monterrey después de 1870 y marcha a Parras para continuar
sus negocios, luego de haber tenido años de enorme prosperidad en la
capital neoleonesa. Por ello es que a Evaristo Madero y sus descendientes los incorporarnos a los grandes empresarios regiomontanos recién
desde la década del 90.
9) Hay que señalar que 1855-1890 es un subperíodo en el que aún es
escaso el grado de integración económica con Estados Unidos. Las
relaciones comerciales de la época, al menos hasta mediados de los
años 80, son más estrechas con Europa.

12) Este empuje económico se da en el marco de la estabilidad política
de la nación durante el porfiriato, cosa que se ve reforzada a nivel regional por la administración del general Bernardo Reyes. Y este orden
porfiriano está vinculado a que México logra readecuarse a los requerimientos de la economía internacional.
13) En el caso de Monterrey y su zona de influencia el reacomodo se da
de manera neta con respecto a Estados Unidos, muy particularmente .
con su región noreste, de gran desarrollo industrial. El surgimiento de
las fundidoras, por ejemplo, hay que ligarlo a este aspecto. El contacto
con Estados Unidos se afianzará por medio del tendido de ferrocarriles.
14) Si bien el capital externo que afluye para estos años es cuantioso,
el nacional no parece menos significativo. La respuesta a la oportunidad de invertir hay que encontrarla en la acumulación realizada en el
subperíodo anterior. La burguesía en consolidación proyecta sus excedentes hacia rubros tales como minería, industria fabril, agro y ganadería, finanzas y comercio.
15) Las diez familias que sobresalen en la burguesía regiomontana de
fines del siglo XIX serían el núcleo de la clase dominante local, que se
muestra muy articulada a dos niveles: parentalmente, por vía de matrimonios sucesivos; y empresarialmente, como consecuencia de la necesidad de centralizar el capital ante las nuevas y cada vez mayores inversiones que demanda el desarrollo del capitalismo. El establecimiento de
bancos locales es un vivo ejemplo de lo que acaece a partir de 1890.
Los empresarios ya no son individuos aislados, sino que se entremezclan permanentemente y el proceso lleva inclusive a la unión de empresas.

10) El segundo lapso corre entre 1890 y 1910. Es perceptible que la
fase primaria de acumulación es poco a poco superada por inversiones
en rubros antes no intentados, y que lleva al capital a reproducirse y
ampliarse vigorosamente. La producción, sobre todo la minera y la
industrial, tenderán a convertirse en negocios firmes, lucrativos.

16) Hay que puntualizar, finalmente, que Monterrey efectúa en este
subperíodo una verdadera tarea de integración regional. Estudiar el
desarrollo del capitalismo en Monterrey es analizar ese crecimiento en
una gran área, que poco a poco se va transformando en afluente de
excedentes que se concentran y multiplican en la capital neoleonesa.
Desde aquí esos capitales revierten sobre la región y continúan el ciclo.

11) Este dinamismo exige más capitales y más empresarios. Nuevas
familias se agregan a las indicadas, además de percibirse un creciente
peso de capitales extranjeros, especialmente norteamericanos. Los
Madero se insertan en este grupo aumentado de familias.

En este marco general -muy sintetizado, por supuesto- se desenvolverán los Madero, a partir de los intereses que va gestando y haciendo consolidar.el jefe familiar, Evaristo Madero.

[ 32] CA'lllEDRA

CAfflEDRA [ 33]

�Y como en el caso general, el de Evaristo Madero presenta también
subetapas, que se procurarán describir en los párrafos siguientes. Es en
la segunda, desde los años 90 en adelante, cuando los Madero se articulan decididamente con la burguesía regiomontana, y emergen como
miembros conspicuos de esta clase social. Cuando la Revolución de
1910 estalle, los encontrará en una posición socioeconómica que seguramente repercutió sobre sus actitudes frente a esa crisis. Esa posición
es la que se intenta reseñar en este trabajo.

II. EVARISTO MADERO Y MONTERREY

PARECE NOTORIO que eJ puder económico de este grupo familiar
se edificó en torno a la actividad que·desplegó Evaristo Madero, abuelo
del jefe revolucicinario. Y también emerge con bastante certeza el
hecho de que Evaristo Madero logró apuntalarse como empresario gr_~cias a lo que realizó en y desde· Monterrey, ciudad en la que res1d10
aproximadamente entre 1862-64 hasta los primeros años de la década
siguiente.
Durante este período -cuyas fechas precisas no hemos podido verificar- Madero se convierte en uno de los grandes comerciantes que en
Nuevo León logran efectuar una acumulación prima.-ia de capitales realmente significativa.

1

Nacido en 1829 contrae matrimonio en 1848 con Rafaela Hernán'
.
dez Benavides y en la década de los años 50 se lo encuentra mstalado
en Villa de Guerrero (o Río Grande), en el norte de Coahuila. Desde
entonces se lo tiene en cuenta como comerciante conectado especialmente con el transporte de mercancías desde y hacia Texas, y como
propietario de tierras y ganado.
Madero mantuvo excelentes relaciones con Santiago Vidaurri, caudillo que gobernó Nuevo León entre 1855 y 1864 y que unificó e~te
estado con el de Coahuila en 1856. Una muestra de esos buenos vmculos -al menos hasta cuando Vidaurri se subordinó al bando francésse detecta en 1857 cuando Madero integra como diputado la Legislatura provincial (de Nuevo León-Coahuila), evidencia de lazos amables
con el gobernador y de prominencia social y económica (2).

Su biógrafo José Vasconcelos deja entrever que Madero emigró a
Monterrey en los años 50. Pero esto no coincide con lo que hemos
encontrado en los libros de notarios del Archivo General de Nuevo
León. Vasconcelos apunta que Madero se establece en Monterrey
/"que estaba prosperando como centro comercial") porque "los nego-·
cios de Evaristo crecían y la Villa de Río Grande se había quedado un
tanto aislada; sólo su condición de puerto fronterizo Je otorgaba alguna
importancia, pero· la ruta del comercio internacional había cambiado,
dirigiéndose de Saltillo a Monterrey y Laredo. El desierto -que separa
a Río Grande de San Antonio por el lado americano le era desfavorable
para atraer el tráfico más intenso" (3).
Sin mencionar fecha precisa, agrega: "Y a con recursos propios,
Evaristo estableció en Monterrey su negocio general de transportes, en
el cual había prosperado. Contaba a la sazón con un buen equipo de
carros y bestias, y lo que era igualmente importante: muchas corresponsalías y contactos en los estados de Coahuila, Nuevo León y Texas"
(4). Destaca luego que el comerciante-transportista que era Madero
compró una amplia casa en Monterrey, ubicada en calle Bolívar, con
oficinas, bodegas y caballerizas.
Esta es, seguramente, la finca que adquirió Evaristo Madero en
enero de 1865 a Carlos Margain, segúri escritura del notario Tomás
Crescencio Pacheco, por doce mil pesos al contado ( 5). Es muy factible
que sea para entonces que el empresario se asiente en Monterrey, lo que
estaría conectado al auge mercantil que en esos momentos vive la ciudad neoleonesa, derivado de la guerra de Secesión estadounidense y del
estímulo que .a este tráfico brindaba Vidaurri. Tráfico que -por otra
parte- Madero parece conocer muy bien desde mucho tiempo atrás.
Otros datos ratificarían esta inferencia. Todavía en 1864 Madero es
registrado en escrituras asentadas en Monterrey como "vecino de
Guerrero", y en la compra de un t_érreno que efectúa en mayo de ese
año es representado por Jesús González Treviño (6). Además, el mismo
Vasconcelos reproduce correspondencia entre Madero y Vidaurri en la
que el primero escribe desde Río Grande en 1862, y da toda la impresión de continuar residiendo en este punto de la frontera.
Pero al margen de estos detalles menores, lo importante es que en
enero de 1865 Evaristo articula la firma mercantil Madero y Cia., con

[ 34] CATHEDRA
CADIIDRA [ 35]

�asiento en Monterrey, que será el eje sobre el cual girarán los negocios
familiares durante por lo menos veinticinco años.
En esa fecha se asocia con Lorenzo González Treviño. En la escritura pertinente (7) ambos aparecen como residentes en la capital de
Nuevo León. Madero es el socio principal, y aporta a la firma -cuya
duración se fija en diez años- una suma que oscila entre los ciento
cuarenta mil y ciento cincuenta mil pesos.
En la documentación revisada queda en claro lo siguiente: 1) Madero comerciaba para entonces, de manera destacada, con algodón;
2) todo parece indicar que la mayoría de esta fibra se exportaba a
Europa y particularment.e a Inglaterra, a través del puerto de Matamoros; 3) González Treviño, asimismo, traficaba con Europa (Vasconcelos
menciona que los artículos de lujo eran uno de sus rubros más firmes).

La consolidación

A PARTIR DE LA puesta en marcha de esta compañía, Evaristo
Madero consolidó su posición económica. En estos años que residió en
Monterrey (alrededor de una década) se convirtió en uno de sus hombres de negocios sobresalientes, y comenzó a amasar una fortuna que
poi;teriormente volcará hacia diferentes áreas.

Y por la ardiente defensa que, en su permanente lenguaje apologético, el autor citado hace de Madero en torno al problema del contrabando, es posible inferir que este poderoso transportista, muy vinculado
a casas del sur norteamericano, dedicó parte de sus esfuerzos al comercio intérlope. Una actividad que --según coinciden historiadores regionales- resultó una de las fuentes principales de ganancias de los grandes
mercaderes regiomontanos. En VP,rdad, Vasconcelos no niega que Madero haya contrabandeado. Lo que intenta afirmar es que ello no era
inmoral en un momento tan peculiar como el que se vivía-en esas épocas, signadas por la Guerra Civil estadounidense, la invasión francesa
y las necesidades locales de manufacturas que --obviamentese
producían en México (o se producían a costos más elevados que en el
exterior).

no

No es fácil encontrar detalles concretos sobre contraband~ en los
viejos documentos, obviamente. Su carácter clandestino e ilegal hizo
que se dejaran escasos rastros. Pero algunos papeles suelen aludir a
este tema, y en uno de ellos, de fines de la década de los años 50,
Evaristo Madero emerge en toda su dimensión. Por lo significativo de
este documento tanto en lo que hace a Madero como en lo que respecta a ratificar que el contrabando jugó un rol no despreciable en la
etapa de acumulación originaria de capitales en Monterrey, es que
vamos a darle amplia cabida.

Sus relaciones con Estados Unidos y con la región que rodea a Nuevo León se reiteran en los documentos investigados. Comercio (el algodón· continuará siendo uno de los más salientes, aunque desde fines de
la década de los años 60 será con fibra producida en el país, en la zona
de La Laguna), préstamos y una lenta pero firme proyección hacia sectores productivos matizarán su actividad, en la que no faltan tampoco
la adquisición de tierras, consecuencia en varios casos de la desamortización motorizada por las leyes de Reforma.

El 18 de mayo de 1859, personal adscripto al puesto fronterizo de
Piedras Ne~as detiene sobre el río Sabinas a Guillermo Stone, quien
conducía un carruaje y llevaba consigo tres mil cuatrocientos pesos
fuertes (plata acuñada, que trasladaba en cuatro bultos). Como Stone
no tenía documentos que legalizaran la posible salida de este dinero del
país, el carruaje y la plata le fueron incautados. Ello pese a que afirmó
que todo lo que transportaba pertenecía a Evaristo Madero, y que su ·
objetivo era entregar el dinero a la esposa de este comerciante, residente
en Villa de Guerrero.

De todo esto parece dar fe Vasconcelos: "En pocos anos, don
Evaristo se hizo lo que se llama un hombre rico" (8). Los negocios
de transporte arrojarán "enormes ganancias" en estos años. "Al extender sus actividades hacia el occidente de Coahuila y la frontera de
Chihuahua, sin desatender su clientela del Norte (se refiere a Estados
Unidos, MC), don Evaristo pronto alcanzó posición financiera dominante" (9).

Según los papeles revisados, Madero habría reiterado esa explicación
ante el mismo gobernador de Nuevo León y Coahuila, su amigo Santiago Vidaurri, pidiendo que se le devolvieran esos efectos. Sin embargo,
aunque en un primer momento el gobierno estatal accede a la solicitud
de Madero, la insistencia del personal de Piedras Negras hace dudar al
Ejecutivo.

[ 36]

CA1HEDRA

CATHEDRA [37)

�En un extenso y muy minucioso documento, elevado al 9 de junio,
el personal aduana! trata de explicar por qué no sería verídico lo que
manifiesta Madero, y además detalla antecedentes sobre este comerciante al cual directamente acusa de practicar el contrabando.
Veamos algunos párrafos. Luego de pedir que se suspenda la orden
del gobernador de devolver los tres mil cuatrocientos pesos y el carruaje, los firmantes se permiten dudar de la versión de Madero, que afirmó
que "el dinero lo consiguió para su esposa que reside en Villa de Guerrero sin intención de perpetrar ningún fraude; que el dinero procedía
de fletes de carretas que condujeron algodón hasta Parras, y que si bien
descuidó ( ... ) los documentos aduanales que pusieran a cubierto
dicho caudal, lo hizo caminar a la luz pública".
Y dicen después que "tampoco está justificado que el señor Madero

no haya tenido la intención de extraer ese caudal defraudando los
derechos correspondientes a la hacienda pública; por el contrario, hay
indicios muy vehementes para· creer que ha querido hacer la extracción
clandestina". Mencionan que "el señor Madero ha importado del mes
de diciembre último a marzo pasado algodón y otros efectos por valor
de más de veinte mil pesos, que no ha extraído efectos del país para el
pago del valor de aquellos y que tampoco ha presentado ninguna cantidad en numerario para exportarla; por lo mismo puede inferirse sin
forzar mucho el raciocinio que el dinero de que se trata iba a ser transportado a la otra banda del Río Bravo, y no sólo esa cantidad sino
también otra quizás mayor que juzgamos condujo el señor Madero y
que no pudimos aprehender por la mucha habilidad que usa como muy
versado en el negocio del contrabando".
Y en corroboración de esto último los aduanales citan dos hechos

"que son bien notorios. En los meses de mayo y junio de 1856 persiguió este resguardo al mismo señor Madero por haber pasado efectos
de contrabando por varios puntos del Río Bravo cerca de la Villa de
Guerrero: no se logró su aprehensión por el mucho influjo que ,ihí tiene
y por la protección decidida que le dispensaron las autoridades". El
segundo suceso alude a que Madero fue sorprendido por aduanales
cuando extraía del fondo del río Bravo bultos con dinero que se les
habían caído, y ante la demanda de que presentara esos paquetes en el
puerto fronterizo para su revisación, Madero -según el informe- desoyó totalmente a los funcionarios. Esta vez también se comunicó al
gobierno, pero nada se produjo.

[ 38) CATIIEDRA

"Por estos dos casos -agregan luego- y otros muchos que dejamos
de referir; y por la muy notable circunstancia de las grandes importaciones de efectos que el susodicho señor Madero ha hecho en los cuatro ú!timos años, las cuales nos parece pueden ascender a más de ochenta mil
pesos sin que haya exportado ningún numerario, se viene en conocimiento de que el señor Madero está haciendo extracción fraudulenta de
plata para el extranjero".
Finalmente se vuelve a solicitar que se revise la resolució)l-favorable
a Madero, decisión que el gobernador adopta finalmente disponiendo
que el problema pase al juzgado de Hacienda para su esclarecimiento,
ante el cual Madero acude en setiembre de 1859 (9a).
No sabemos cómo terminó el pleito, y tampoco se puede sostener
que todo lo que afirmaban los funcionarios de Piedras Negras era real,
pero bien vale reproducir este documento por cuanto permite vislumbrar que, efectivamente, Evaristo Madero -por su propia actividad de
comerciante y gran transportista- estaba fuertemente vinculado al
comercio no legal con Estados Unidos. Labor que sin duda pudo continuar en los años en que se estableció en Monterrey, al amparo de las
necesidades que creaba la guerra de Secesión norteamericana y de la
protección que Vidaurri daba al comercio con el Viejo Sur, en el que
curiosamente sobresalía un yerno del gobernador, el irlandés Patricio
Milmo (9b).
La finalización de la contienda del país vecino no pareció traer
crisis para Madero. A diferencia de lo que se ha indicado en otros
trabajos, las nuevas investigaciones tienden a apuntar que si bien el
cese del tráfico con el Sur norteamericano provocó una caída en el
movimiento mercantil desde 1866 en adelante, ese bajón no repercutió
de idéntica manera en todos los comerciantes. Es muy probable que
los más sólidos no sólo hayan sobrevivido, sino también crecido al
al amparo de la crisis dejando en el camino a competidores menos fuertes (10).
Esta apreciación quedaría confirmada por el desenvolvimiento
-firme, vigoroso- de Madero y Cia. El mismo Vasconcelos precisa con
claridad: "Los negocios prosperaron, particularmente a partir del año
1870, en beneficio de los más tenaces y más aptos para aprovechar las
oportunidades nuevas (Esto de "más tenaces y más aptos" puede sér
CATIIEDRA [ 39)

�sin6nimo de "más fuertes", MC). Durante los primeros años de la res•
tauración republicana, la casa Madero vio que su fortuna se acrecentaba
más allá de lo que pudieron imaginar originariamente sus fundadores"
(11).
.

Algodón e industria textil.

UN SIGNO DE ESTA prosperidad es el pasaje que del comercio a la
producción textil practicará Madero y Cia. a fines de la década de los
años 60. Traficantes en gran escala de algodón, Madero y González
Treviño formalizan en febrero de 1868 un contrato con Refugio Santos
de Aguirre por el que se éomprometen a respaldar el funcionamiento de
la fábrica de mantas "La Estrella", ubicada en Villa de Parras, Coahuila.
El convenio (12) especifica que habilitarán la empresa hasta diciem•
bre de 1870, haciendo "las exhibiciones necesarias para los sueldos
ma\yores y menores de dependientes y jornaleros que necesita dicho
establecimiento, con su actual dotación de 146 telares (más cuatro de
propiedad ajena, MC), lo mismo que el algodón que necesita la fábrica".
Es decir: "La Estrella" es un establecimiento con ciento cincuenta
telares, una cifra para tener en cuenta. Su capacidad de producción
puede superar las cuarenta mil piezas anuales, y Madero y Cia. se com•
promete a adelantar algodón por más de cien mil pesos.
Esta fábrica pasará posteriormente a manos de Madero y Cia.
Vasconcelos especifica que ello ocurre en 1870, cuando la firma regio•
montana adquiere también la hacienda "El Rosario", que desde los
primeros años de esta década se transformará en el centro de operacio·
nes de los Madero (13). En Parras se encuentra, asimismo, la hacienda
"San Lorenzo", conocida por su producción de vinos y aguardientes,
que Evaristo Madero compra casi simultánéamente con la anterior.
Comercio, tierras fértiles y bien regadas, industria textil y. vitivini·
cultura multiplicarán en forma vigorosa el poder económico de Evaristo
Madero, que hacia 1872 traspasa la sede de Madero y Cia. a Villa de
Parras. Una escritura de marzo de 1872 (14) es mostrativa de este
último paso: Madero y Cia. aparece paralelamente como acreedora de
un agricultor desde Monterrey (seguramente por cuentas antiguas) y
desde la hacienda "El Rosario".
[ 40) CA111EDRA

En 1875, la firma mencionada incorpora nuevos socios y determina
prolongar por cinco años más su existencia. Si bien el documento
correspondiente queda asentado en Monterrey (15) ya está bien claro
que Parras es el núcleo de sus labores. Desde el primero de enero se
integran como "socios industriales" Antonio V. Hernández -cuñado de
Evaristo- y Francisco Madero, su hijo mayor. Francisco Madero es pa·
dre del futuro revolucionario -que nació justamente en la hacienda
"El Rosario" el 30 de octubre de 1873- y a su cargo quedará, paulati·
na mente y entre otras cosas, buena parte del desenvolvimiento de "La
Estrella", según menciona Vasconcelos.
Este pasaje del comercio a la producción, en particular hacia la tex·
ti!, ha sido posibilitado por dos elementos: 1) Madero y Cia. tiene ya
la capacidad financiera suficiente como para lanzarse a un tipo de activi•
dad que por la importancia de sus inversiones y por los riesgos que
implica (debido a la inestabilidad de la economía nacional en esos mo·
mentos y su limitado mercado interno) no está al alcance de cualquier
empresario; 2) este acercamiento a la industria textil se ve obviamente
facilitado por la estrecha relación que con el tráfico de algodón y con
los productores de la zona algodonera mantienen Madero y sus socios.
Ese poder financiero y la posibilidad de aumentar ganancias intro·
&lt;luciéndose en la misma producción y comercialización de textiles llevó
al control de "La Estrella", y más tarde hará que algunos de los Madero
se dediquen de manera específica al cultivo del algodón en Coahuila
para autoabastecerse. Hacia principios del siglo xx, Evaristo Madero
nucleará en torno suyo inclusive a importantes firmas dedicadas a la
prociucción textil en un claro intento de carácter oligopólico a nivel re·
gional destinado a asegurar la colocación y buen precio de los géneros
fabricados (16).
Es menester poner énfasis en la importancia que asume para estos
años el tráfico de algodón: 1) porque esto señala a su vez la jerarquía
regional que logra progresivamente la región lagunera; 2) porque esta
zona está directamente vinculada a la producción de derivados del algo·
dón (textiles, aceites, jabón) y estos rubros son en muchos casos alen·
tados por capitalistas regiomontanos o fuertemente ligados a Monte·
rrey; 3) y porque en el caso de los Madero señala, además, la signifi·
cación que están alcanzando en el ámbito empresarial.
Dos ejemplos de la relación de los Madero con el tráfico de algodón
en la etapa de acumulación primaria son los siguientes:
CATHEDRA [ 41)

�l. En 1872 varias casas comerciales de Monterrey aparecen como acreedoras de un agricultor de Villa de Viezca -Jesús González Herreraque adeuda cerca de treinta mil pesos. Entre ¡¡quellas firmas se encuentran Zambrano Hnos. y Cia., Hernández Hermanos y Sucesores (ambas
vinculadas al tráfico de algodón y a la industria textil) y Madero y Cia.
Para pagar, González Herrera deberá remitir el algodón de la cosecha
pasada y de las próximas a la hacienda "El Rosario", de Madero. Los
cultivos, se consigna, se hacen en los ranchos "El Alamito" y "San Lorenzo de la Laguna", pero también se alude al rancho "La Barbada",
en el partido de Matamoros de La Laguna, Coahuila. Madero y Cia.,
en nombre del resto de acreedores, brindará efectivo y efectos al agricultor para sus labores de cultivo, recolección y despepite, y venderá
. asimismo sus algodones. De las ventas, Madero y Cia. se encargará
de extraer lo que se requiere para saldar las deudas de González Herrera
(17).

2. En agosto de 1875 (18) se as)enta en notarios datos sobre un contrato que Madero y Cia. rubrica en México con el empresario Cayetano
Rubio. Alude a que la firma de Coahuila debe entregar en seis meses
(diciembre de ese año a mayo de 1876) doce mil quintales de algodón
en San Luis Potosí. Por su lado la compañía de Evaristo Madr;ro conviene con Hernández Hermanos y Sucesores (de Monterrey, mencionada
arriba) para que se haga responsable de la entrega a Rubio de la tercera
parte de aquella cantidad de algodón.

Diversificar es crecer.
. LA CONVERGENCIA DE capitales acumulados hacia sectores productivos se percibe en otros casos, inclusive en años anteriores al de
"La Estrella".
Es de puntualizar, verbigracia, lo que presenta un documento de
fines de 1868 (19). Madero y Cia. es invitada a integrar una sociedad
minera que desarrollará sus actividades en el mineral de Charcas. Esta es_una época realmente de transición para la producción minera,
porque aún no se ha materializado la readecuación de la economía
mexicana a la internacional, y porque ese gran mercado que será el Noreste de Estados Unidos todavía no funciona con respecto a la región en
estudio. Las inversiones en minería, para los años previos a 1890,

[ 42]

CAfflEDRA

implican riesgos muy especiales y sólo están en condiciones de enfrentarlos empresarios realmente sólidos. Eso queda claro al observar
quiénes son integrados, por un doctor J. M. Prevost de Zacatecas, en la
llamada "Compañía Restauradora": junto a Madero y Cia. se reúnen
Zambrano Hnos. y Cia., Hemández Hermanos y Cia., Weber y Ulrich,
Ramón Lafón, Luis Coindreau, José Morell, Rodolfo Dresel y Máximo
Goldschmidt. Todos ellos, sin excepción, negociantes de peso en el
Monterrey de la época (la compañía incorpora también a accionistas de
menor cuantía).
En diciembre de 1869, Madero y Cia. se hace cargo del establecimiento conocido como "Máquina de aserrar madera y molino de trigo
anexo", ubicado en Monterrey. La firma es acreedora del empresario
Andrés Calzado -que a su vez había comprado la manufacturera a la
familia del Llano-, quien decide dejar su conducción. Todas las instalaciones pasan a manos de Madero y Cia., que arregla la liquidación
con los del Llano por doce mil pesos, monto que termina de abonar en
1874 (20).
Se han detectado detalles atinentes al funcionamiento de Evaristo
Madero como prestamista. Es algo que no debe sorprender: los comerciantes fuertes de entonces eran miembros del muy reducido
grupo que podía ofrecer dinero contante en cualquier momento. Y
ello se evidencia por sus créditos al gobierno, o por las exacciones que
sufren con frecuencia por parte de las mismas autoridades. Para octubre de 1869, por ejemplo, Madero y Cia. otorga poder a Ignacio Galindo para que insista en sus reclamaciones de créditos que tiene contra
el Gobierno General de la República y que vienen de los años que se
luchaba contra los franceses (21). En el ámbito de las relaciones privadas se ve a Madero y Cia. como acreedor repetido, aunque ello es consecuencia no pocas veces de operaciones comerciales.
En cuanto a tierras, lo más significativo del período en que Evaristo
está en Monterrey es su adquisición de las haciendas "El Rosario" y
"San Lorenzo", en Parras. Este parece ser un escalón fundamental para
el posterior desenvolvimiento de los Madero, no sólo como terratenientes sino porque implica avances hacia el sector manufacturero (textiles,
vinos). Sin embargo, hay otros indicios interesantes para remarcar.
Hacia fines de la década del 60, Evaristo Madero adquiere tierras
cercanas a Monterrey. Son logradas por la aplicación de las leyes de
CATHEDRA [ 43]

�desamortización, y un caso que se reitera es el de fracciones de la
Hacienda Los Tijerinas (22).
También es claro que, antes de asentarse en la capital de Nuevo
León, Madero ya contaba con interesantes posesiones. Su correspondencia con Vidaurri permite ver que -hacia 1861- es propietario de
respeto. Dirá entonces que sus predios son "bastante apenas para
pastar mis ganaditos compuestos de ocho mil cabezas de menor y mil
de mayor", y agrega que es su proyecto ampliarlos y mudar su estancia
porque las tierras que tiene comienzan a resultar pequeñas (22a). Y en
una escritura de junio de 1869 se acota que Madero ha dispuesto reclamar la posesión de unos terrenos de veinticinco leguas que se extienden en Texas, en las márgenes de los ríos Trinidad y Navasota.

oportunidad lógica de hacer harina. En un sitio muy fértil, próximo a
San Lorenzo, en la jurisdicción de Parras, se instaló el Molino de Bocas.
Era el primer molino de cilindros de todo el norte del país. Don Evaristo lo hacía todo conforme a los últimos adelantos técnicos" (23).
Para fines del siglo la familia Madero mostraba una vasta ramificación empresarial, cuyos ant.ecedentes directos se- deben buscar en los
años previos al período que comienza en 1890. En esa prolongación
multiplicada de negocios e inversiones del más diferente ~ipo, mucha
significación tuvo la fundación de una casa bancaria en Monterrey ( en
1892), paso que implicará una especie de regreso del núcleo de las actividades económicas de la familia hacia la capital de Nuevo León.
III. LOS AíilOS 1890-1910

En resumen: en estos casi diez años que Evaristo Madero se asienta
en Monterrey emerge como uno de los principales hombres de negocios
de la ciudad. De manera análoga a lo que acaece con personajes como
Gregario Zambrano, los hermanos Hernández y Valentín Rivera, Madero muestra una actividad que tiende a diversificarse pero cuyo basamento en tas etapas iniciales sería el comercio. Las crisis que el movimiento
mercantil soportaría en años como los que suceden a la guerra de Secesión, no lo afectan sino que parecen fortalecerlo ampliamente.
Pero no todo se agota en la circulación de mercancías: la adquisición .y explotación de tierras, los préstamos y una lenta pero muy firme
proyección hacia sectores productivos manufactureros se detectan en su
devénir empresarial. En este último sentido, la instalación de Madero y
Cia. en Parras es un paso decisivo. Desde ese momento los Madero (ya
podemos hablar de "los Madero" en forma estricta, ·porque Francisco
Madero se incorpora al proceso) encauzarán ·una parte importante de
sus capitales y esfuerzos hacia la producción agroindustrial y no agrícola, muy particularmente la textil (con el tiempo sumarán otros rubros
en alimentación y bebidas, minería y metalurgia).
"En sus comienzos -explica Vasconcelos-, don Evaristo producía
algodón (con mayor certeza, quizás, debió decir que comerciaba algodón, MC) y lo vendía en las fábricas; pronto compró la fábrica de "La
Estrella" con el fin de elaborar su propia fibra para venderla como tejido. Más tarde empezó a producir trigo procedente de las tierras de Rosario y San Lorenzo y otras de La Laguna, por lo que se vio con la

[44] CATHIDRA

El Banco de Ñuevo León.
LA FUNDACION OEL Banco de Nuevo León (constituido el 18 de
febrero e inaugurado el primero de octubre de 1892) tiene una gravitación que es imposible no señalar, tanto en la marcha de los negocios de
la familia Madero como en lo que atañe a los indicadores que evidencian la evolución económica de Monterrey.
Con respecto a los Madero bien vale reproducir lo que Vasconcelos
apunta en su trabajo: "Con intereses un tanto dispersos, en Parras y en
Torreón, en Monclova y en Monterrey, poco después de su regreso de
Europa (aproxipladamente en 1890, MC) don Evaristo comprendió .la
necesidad de establecer un centro directivo general de sus crecientes
negocios, un organismo que centralizase la dirección y fomento de sus
empresas, y al efecto creó el Banco de Nuevo León" (24). Y luego
menciona: "El Banco de Nuevo León era indirectamente el eje de los
negocios de la familia Madero" (25).
La preponderancia de Evaristo Madero en esta institución puede
inferirse de los datos siguientes:

l. De los 600.000 pesos de capital nominal con que se funda, 260.000
corresponden a Evaristo Madero (26).
2. Madero es miembro suplente primero del Consejo de Administración
CATIIEDRA [45]

�que inaugura el Banco.
3. El miembro propietario primero es el licenciado Viviano L. Villarreal, yerno de Evaristo Madero (27).
4. Viviano L. Villarreal -que reside en Monterrey- es nombrado Presidente del Consejo de Administración, cargo que no abandonará hasta

1911 (28).
5. El gerente inicial del Banco es Antonio V. Hernández Benavides,
cuñado y socio de Evaristo Madero.
6. Desde mediados de 1899 hasta julio de 1908, el cargo de gerente es
ocupado por Ernesto Madero, hijo mayor del segundo matrimonio de
Evaristo (29).
7. Desde 1908 hasta el comienzo del movimiento revolucionario (cuando el Banco tiene problemas con el gobierno central, debido a represalias que se adoptan por las actitudes políticas de Francisco l. Madero),
la gerencia es cubierta por Rodolfo J. García, también yerno de Evaristo (30).
Nuestra hipótesis --ya adelah~ada en otro trabajo (31)- es que los
Madero deciden instalar el Banco en Monterrey porque sería notoria,
va, la preponderancia de esta ciudad en una vasta región del norte de,
México. El reacercamiento económico de los Madero a Nuevo León,
cuyo paso vertebral sería el citado, indicaría que Monterrey emerge
con nitidez como un centro indispensable para el asentamiento de empresas que pretenden tener peso y poder desde San Luis Potosí hacia
el Norte y de Zacatecas y Chihuahua hacia el oriente.
Sin abandonar Parras, proyectando inversiones hacia otros puntos,
Evaristo Madero y sus descendientes ubicarán nuevamente a Monterrey
como uno de sus principales núcleos de operaciones, si no es el principal: desde 1892 en adelante --y sobre todo desde 1895- esa urbe será
escenario de la puesta en marcha de numerosas empresas, aunque muchas de ellas cuenten con su ámbito estricto de funcionamiento en otros
lugares del Noreste (algo muy visible, por ejemplo, en minería).
Desde Monterrey y -lo más importante-con socios de Monterrey,
los Madero se reproyectarán sobre el resto de la región multiplicando
su capacidad y preponderancia empresarial. Por ello es que nuestras
investigaciones nos llevaron a !a conclusión de que esta familia perteneció en el subperíodo 1890-1910 a la cada vez más sólida burguesía
regio montana.
(46] CAfflIDRA

'

Cosa que se reafirma a nivel de vida social concreta si se tiene en
cuenta que para estos años de la década del 90 varios miembros de la
familia residen en Monterrey. El mismo Evaristo estrena con "una cena
fastuosa" su nueva casa en esta ciudad, aproximadamente en 1895,
después de morir su segunda esposa Manuela Farías (32). Ernesto Madero, que será uno de los ejes de la economía familiar, se aposentará en
Monterrey en esta época. Y varias hijas de Evaristo (Pudenciana, Victoriana y Carolina), contraerán matrimonio con tres destacadas figuras de
los negocios y la sociedad regiomontana, por lo que se afincarán aquí.

Lazos familiares.

ANTES DE ENTRAR a mencionar los aspectos empresariales de la
etapa que comenzará para los Madero en el primer lustro de la década
final del siglo XIX, conviene puntualizar ciertos hechos acaecidos en el
lapso que transcurre a partir del momento en que Evaristo se asentó en
Parras.
Uno de ellos es que la trascendencia económica del jefe familiar se
vio acompañada de cierta importancia política. Evaristo Madero -que
había sido diputado en el antiguo estado de Nuevo León y Coahuila
en 1857- fue gobernador de Coahuila entre 1880 y 1884. Según Vasconcelos, "don Evaristo llegó al poder al principio de la administración
gonzalista. Desde hacía tiempo era el jefe natural del grupo de gente
acaudalada y los hombres de negocios de su estado de Coahuila y buena
parte de Nuevo León" (33). El autor afirma que Madero renunció a la
gubernatura por no estar muy de acuerdo con ciertas decisiones de
Porfirio Díaz, cuando este militar retoma a la presidencia. Justame11te
después de dimitir, Evaristo Madero marchó a Europa y al regresar es
cuando habría comenzado a planear, junto con otros proyectos, la
instalación del Banco de Nuevo León. "Dominando resistencias y estimulando la actividad de otros, don Evaristo dio comienzo a una serie
de negocios que en pocos años habrían de convertirlo en la potencia
financiera más destacada del norte del país", narra su biógrafo (34).
Otro elemento que es menester remarcar es que la familia Madero
termina de constituirse, en el doble sentido de que hijos de Evaristo
cuentan ya con la edad suficiente para participar en los negocios -en
el caso de algunos varones- y de conformar matrimonios con figuras
económicamente destacadas, en el caso de las mujeres.
CATHEDRA [47]

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2

Se observa que a través de dos de sus hijos Evaristo se une a la
familia- González Treviño, que en su mayoría reside en Monterrey.
El vástago mayor Francisco (padre de Francisco Ignacio), está casado
con Mercedes González Treviño . . Y Pudenciana es esposa de Lorenzo,
quien -se recordará- es socio de Evaristo Madero desde 1865,-cuando
se integró Madero y Cia.

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El cuadro uno muestra a los componentes de la familia de Evaristo
Madero y los enlaces que algunos de los descendientes de su primer
matrimonio realizaron.

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Hay que puntualizar que los González Treviño eran personajes conspicuos desde el punto de vista del comercio, la tenencia de tierras y la
participación en la industria y minería. En el cuadro dos se hace una
mención de los miembros de esta familia. Cinco de ellos están unidos
matrimonialmente a componentes de las diez familias evaluadas como
más destacadas en el período estudiado: Jesús (con una Zambrano);
José (con Concepción Sada Muguerza); Guadalupe (con otro Zambrano); y los ya citados Lorenzo y Mercedes, ligados a los Madero. Mariano, a su vez, es marido de María Lafón (de apellido significativo, tambien).
La hermana restante, Ana González Treviño, es esposa de Antonio
V. Hemández Benavides, 'éúñado y socio de Evaristo Madero desde
mucho tiempo atrás (se incorpora a Madero y Cia. en 1875). Es gerente
del Banco de Nuevo León desde 1892 y entre 1887 y 1894 montó
junto con Francisco Madero la firma agrícola "Madero y Hemández"
(35).
En el cuadro dos se agrega un listado de una parte de las empresas·
en las que se encontró a Lorenzo González Treviño y Antonio V. Hernández, ambos directamente vinculados y multiasociados con los Madero.
Volviendo a estos últimos, hay que añadir los casos de Carolina y
Victoriana, hijas del matrimonio de Evaristo con Rafaela Hemández.
Notoria es la unión de Carolina con el licenciado Viviano L. Villarreal,
cuya familia también es terrateniente en gran escala. Viviano L. Villarreal es un elemento sobresaliente de la sociedad regiomontana: lo ratifica el que haya sido gobernador de Nuevo León entre 1879 y 1881,
y que ocupara ese cargo otrá vez en 1911. Además, fue diputado en
1877 y magistrado en 1909 (36). Viviano fue apoderado de Evaristo

CATHEDRA (49)

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CUADRO NUMERO 2

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A) Los hermanos González Treviño y sus uniones matrimoniales, hacia f"mes de siglo

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*
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Lorenzo, marido de Pudenciana .Madero (a)
Mercedes, esposa de Francisco Madero (padres de Francisco Ignacio Madero)
Jesús, casado con Rosa Zambrano
José, marido de Concepción Sada Muguerza
Guadalupe, esposa de Eduardo Zambrano
Ana, casada con Antonio V. Hernández (cuñado de Evariato Madero)
Mariano, marido de María Lafón

B) Algunas de las actividades empresariales de Lorenzo González Treviño y Antonio V. Hernández
Lorenzo González Treviño

Antonio V. Hernández
l. Madero y Cia.

l. Madero y Cia.

2. Dueño de doce sitios de ganado mayor en Guerrero,
Coahuila (1886) (b)
3. Dueño de sesenta sitios de ganado mayor en Zaragoza, Coahuila (1891)
4. Minera "San Nicolás" (1891)
5. Minera "San Pablo" (1894)
6. Minera "Carbonato, S. A." (1897)
7. Minera "Azteca, S . A." (1897)
8. Dueño de los ranchos "El Santo Niño" y "El Naranjo" en San Pedro, Coahuila (1897)
9. "Compañía de Baños de Monterrey, S. A." (1897)
10. "Compañía de Aguas de San Diego" (1897)
J 11. Banco Mercantil de Monterrey, S. A. (1899)

2. Minera "San Nicolás (1891)

3. Banco de Nuevo León (1892, gerente)
4. "Madero y Hernández" (1887-1894, sociedad agrícola)
6. Minera "San Pablo" (1894)
6. Minera "La Parreña" (1894)
7. Minera "Azteca, S. A." (1897)
8. Minera "Dolores, S. A" (1897)
9. "Compañía de Baños de Monterrey, S. A." (1897)
10. Ladrillera "Las Mitras" (1897)
11. Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey, S. A.
(1899) .
12. "Sanco Mercantil de Monterrey, S. A. (1899)

(a) Los nombres subrayados corresponden a miembro. de las diez familias aeleccionadaa
(b) Indica el año en que fue encontrada la vinculación con la actividad o empresa citada
FUENTES: Libros de notarlos del Archivo General del Estado de Nuevo León

CUADRO ~~ERO 2 (sigue)
Lorenzo González Treviño
12. Labores "Las Habas", "San Nicolás", "L. Casita",
"Las Barreras", "Los Fresnos", "La Tijera" y ranchos "Bella Vista" y "Providencia", en Hacienda
"El Rosario", Parras, Coahuila (1899)
13. Producción y comercialización de vinos y aguardientes (1899)
14. Ciento cuarenta sitios de ganado mayor en norte de
Coahuila (1901)
15. Hacienda "La Misión", Villa de Múzquiz, Coahuila
(1904)
16. Compañía de Terrenos y Ganado de Coahuila, S. A.
(1904)

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V: Hérnández

13. "Teatro Circo de Monterrey, S. A." (1900)
14. Compañía Industrial Tipográfica de Monterrey
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.

i6. Minera "Del Norte" (1900)
16.
1 7.
18.
19.

Fábrica de Cartón de Monterrey, S. A (1900)
Empresa Editorial de Monterrey, S. A · ·(1901)
Minera "lAls Higueras, S. A." (1902)
Compañía de Aserrar Maderas de Caballeros, S.' A.
(1902)
20. Sociedad Cooperativ11. de Ahorros e Inversiones de
Monterrey (1904)

�Madero en repetidas ocasiones, y ya se habló sobre su designa~ió~ como
presidente del Banco de Nuevo León. Se Jo ubica como acc1omsta en
numerosas firmas industriales y mineras hacia fines de siglo.
Victoriana Madero, en tanto, es esposa del doctor Melchor Villarreal, hermano de Viviano y de Felícitos Villarreal.
Vínculos empresariales
EN LA CONFORMACION de la burguesía regiomontana pueden
perfilarse dos aristas.

a Adolfo Zambrano y a Francisco Armendaiz (37). Analizaremos brevemente sus actividades, sin dejar de mencionar de paso que en el primer Consejo de Administración del Banco de Nuevo León están hombres significativos; como Rodolfo Berardi, Eutimio Calzado y Marcelino
Garza.
Zambrano y Armendaiz pertenecen a dos de las diez familias seleccionadas en nuestra investigación general sobre la formación de la burguesía region_iontana y es por ello que los señalamos expresamente.

Una referente a que muchos de los entrelazamientos entre las
familias' prominentes que van estructurando esta clase social se efectivizan por medio de matrimonios. Las uniones de tipo parental -ya ~
vio algo de esto en los párrafos anteriores- solían llevar con frecuencia
a uniones de tipo empresarial.

Puede decirse, aludiendo al primero, que los Zambrano componen
el núcleo .familiar más destacable de los negocios regiomontanos entre
1860 Y 189Q-. Si no continúa siéndolo de manera exclusiva desde
1890 a 191d/hay que incluirlo -ahora- entre los tres o cuatro más
prominentes.

Pero debe agregarse que en la medida que se requiere? n~evas asociaciones -porque así lo demanda el desarrollo de~ capitalismo. Y su
consiguiente tendencia a la centralización de los cap1tales-_las &amp;;íc~aciones se materializan también en el ámbito netamente econom1co.

El gestpr de esta poderosa familia fue Gregorio Zambrano, que dejó
a su muerl:e, en 1873 (38), una casa comercial en marcha con visibles
ram\ficacio?es en la industria (sobre todo textil), la minería y la explotac10n de tierras. Tuvo nueve hijos: entre ellos emergieron como sólidos empresarios Eduardo, Emilio, Onofre, Ildefonso y Adolfo, muchas
veces asociados entre sí y otras en forma individual.

Familias y empresas, pues, convergen desde estos dos ~os .. Mostrar este proceso es uno de los objetivos que pretenden cubm las mvestigaciones que realizamos en Monterrey.
Para los años 90 se presenta esta doble situación de manera clara.
y el caso de los Madero no es una excepción. En la primer gran compañía que constituyen desde (o en) Monterrey entre 1890 Y 1910 emerge
el ejemplo.
El Banco de Nuevo León exige una inversión importante para la
época. Y la centralización de capitales resulta imprescindible. Si se
estudian los principales miembros de esta sociedad bancaiia, encontramos casos que reflejan en qué medida los Madero se articulan con personas con intereses vastos y muy ramificados, componentes a su vez
de núcleos familiares de enorme peso.
Además de los citados Viviano y Felícitos Villarreal (que empresarialmente serían de carácter secundario) se visualizan entre los asociados

Para los años 90, Adolfo Zambrano es un importante miembro de
la burguesía de Monterrey. Que estuviera en el Banco de Nuevo León
es prueba de ello. En el cuadro tres se brinda una lista -que no es minuc10sa en absoluto- sobre su intervención en diferentes firmas mineras, manufactureras, comerciales, ganaderas y financie.fas, en muchas de
las cuales ?cupaba cargos de 1\ más alta dirección. En repetidas ocasiones, ademas, en esas empresas está asociado a los Madero.
Con respecto a Francisco Armendaiz, Jo antedicho podría reiterarse. Desde mediados de los años 80, este inmigrante español que antiguamente había residido en el puerto de Matamoros se convierte en
un empresario de gran peso. Al fallecer -en 1901 (39)- el inve¡¡tario
de sus bienes detalla que Armendaiz era accionista en más de veinte
compañías mineras, en varias asociaciones industriales (entre ellas, en
dos fundidoras), integraba el grupo directivo del Banco de Nuevo León,
era propietario de vastas extensiones de tierra y de numerosas fincas
urbanas, además de poseer gruesos contingentes ganaderos y ser un
accionista preponderante en firmas como la Compañía de Tranvías
de Lerdo a Torreón.

(52) CATHFDRA
CATHIDRA [ 53 J.

�Quiere decir que ya fuere por medio de entrelazamientos familiares
(no sólo directos, sino también indirectos: al unirse a los González
Treviño, los Madero pasan a estar vinculados en segundo grado con los
Zambrano, los Sada Muguerza, etcétera), por asociaciones de tipo
económico o por ambas cosas a la vez, desde su reinstalación en Monterrey, Evaristo Madero y sus descendientes pasan a articularse netamente con esta clase en proceso de consolidación que está beneficiándose con el desarrollo del capitalismo.
Ya puede, ahora, hablarse de los intereses que los Madero úesenvuelven desde su nueva sede de operaciones.

Minería, industria, finanzas
UNA FORMA DE verificar la importancia de la familia Madero
en el ámbito burgués regiomontano ·desde los años 90 en adelante
puede ser señalar las empresas que ponen en marcha desde Monterrey
hacia fines de siglo, las empresas en las que tienen participación, y
aquéllas que continúan manejando desde Parras u otro punto de la
región pero que evidencian la fortaleza económica global del grupo
parental.

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Es factible, con los datos extraídos en el Archivo General del
Estado de· Nuevo León, practicar un recuento por sectores de la producción o de actividad específica.
a) Minería,
Un sector productivo que emerge como muy destacable en el movimiento de los Madero, desde 1890, es la minería.
El auge de este rubro en el Norte de México es correspondiente a
las necesidades crecientes de la industria del Noreste de Estados Unidos,
y se enmarca claramente en la reorientación general de la economía del
país con respecto a la ascendente potencia septentrional.

-

l

Por otro lado, dentro del área minera, lo que en esta época tiende a
convertirse en materias primas muy requeridas son los minerales destinados a transformarse en metales industriales, ferrosos y no ferrosos,

CATHEDRA [55]

[54] CATHFDRA

�y aquéllos que como el carbón alimentan la marcha de un medio de
transporte y comunicación tan determinante como los ferrocarriles.
Esto diferencia la nueva minería de la que predominó durante la época
colonial e incluso hasta mediados del siglo xix, que apuntaba básicamente a los metales preciosos.

Las exigencias del Noreste estadounidense y ciertas medidas restrictivas que hacia 1890 se adoptan en Norteamércia con respecto a la importación de minerales en bruto, además, van a propiciar_,que en el Noreste de México no sólo se habiliten explotaciones mineras sino también
plantas semitransformadoras de estas materias primas. Ello explica el
surgimiento de las fundidoras (en Monterrey se fundan por lo menos
cinco entre 1890 y 1900), que encauzarán su producción troncalmente
hacia el sector externo pero que contribuirán al fortalecimiento· de un
mercado interior, que a su vez realimentará el desarrollo del capitalismo en la región.
Sobre este detalle pone énfasis un autor que ha estudiado las relaciones económicas entre México y Estados Unidos en el período 18701910 (40). Además de puntualizar cómo se modificaron esas vinculaciones en este lapso, en tanto que Norteamérica desaloja a Europa de
manera clara del mercado mexicano, apunta que "la expansión de la
minería suscitada por las inversiones extranjeras y la implantación del
arancel MacKinley en Estados Unidos condujeron al establecimiento de
grandes plantas metalúrgicas en el país. Se organizaron varias compañías norteamericanas para establecer fundiciones metalúrgicas que
complementaran la explotación minera. Las primeras fundiciones comenzaron a tratar el plomo, pero más tarde lo sustituyeron por el cobre. A estw. plantas metalúrgicas se debe el desarrollo que alcanzó la
producción de cobre en los últimos años del siglo xix ... ".
No del:e extrañar, así, que los Madero hayan volcado sus capitales
masivamente hacia la mineda y que hayan intervenido como accionistas en empresa• metalúrgicas que dieron fama a Monterrey.
La minería ·era un rubro que exigía altas inversiones por el ya
sofisticado gr!Í1io de tecnología que demandaba. Es por esto que en
América Latimi, en general, su dominio tiende a quedar en manos
extranjeras (el cobre chileno es ejemplo en este sentido). Con respecto
a México, ello ' es sustentado con vigor por analistas como José Luis
Ceceña, que afirma que "para principios del presente siglo la inver-

[56] CATHIDitA

sión privada mexicana en la actividad minera era prácticamente inexistente" (41).
Sin embargo -y sin que esto reste certeza a lo anterior en cuanto
apreciación global- en el caso de Monterrey se detecta una enorme
participación del capital nacional ·en la minería, incluyendo las plantas
semielaboradoras metalúrgicas. Esto se infiere de los datos recogidos
en los libros de notarios cuyas escrituras muestran que el capital externo -sobre todo norteamericano- penetra de manera notoria en el
sector desde 1890, pero también presentan que una larga lista de com-·
pañías constituidas para entonces contaban con accionistas locales.
Y la segurid_ad de que muchos de estos accionistas no eran simples
~restanombres ~e;&gt;iene del estudio que de ellos (o de las familias que
mtegran) se realizo a partir de 1850.
Entre las familias que con mayor decisión se vinculan a la producción minera está la que dirige Evaristo Madero. Los Madero están
en e~ momento en condiciones para invertir en esta actividad, aunque
ello mvolucre riesgos y signifique competir con los capitales norteamericanos.
En los libros de notarios revisados (suscriptos por tres de los escribaDOB más requeridos entonces) se detectó que entre 1890 y 1907 los
Maderos participan de una u otra forma en más de treinta compañías
mineras (cuadro cuatro). En algunos casos su predominio es total y a
~ s exclusivo. En otros se los encuentra asociados a los más poderosos empresarios regiomontanos. La exclusividad o no en una sociedad
probablemente haya dependido de la cuantía de capitales-que ella exigía en el momento de ser constituida.
Francisco Madero, padre del revolucionario, es quien sobresale
nítidamente en la familia como hombre dedicado a la minería, complementando así sus grandes intereses volcados en agricultura, comercio y textiles. Este Madero interviene en dieciocho de las treintidós
empresas y explotaciones que se indican en el cuadro cuatro. En varias
de ellas ocupa posici011es directivas de suma importancia.
Junto con Ernesto Madero (su hermanastro, que lo sigue) son
accionistas de las dos fundidoras con mavor canital reeional Que existen
para 1900 en Monterrey: la Compañia Minera, Fundidora y Afinadora ·
CATIIIDli [ 57]

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CUADRO NUMERO 4

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MINERIA (1890/1910) Indicador de la participación de miembros de la familia Madero en el sector
l. COMPAfi¡IA MINERA, FUNDIDORA Y AFINA-

5. COMPAfi¡IA MINERA DE SAN PABLO, S. A./1894
Francisco Madero
Gustavo Madero (en 1897, vocal 1)
1894-1897

DORA "MONTERREY, S. A."/1890 (a)
Ernesto Madero (b)
Evaristo Madero y Hernández
Francisco Madero
1900 (e)

........... . ........

6. COMPAfi¡IA MINERA CARBONATO, S. A./1896
Ernesto Madero
1897

....................

2. COMP Afi¡lA MINERA DE SAN NICOLAS, S. A.
/1891
Evaristo Madero
Evaristo Madero y Hernández
Francisco Madero
1891

....................

7. COMPAfi¡IA MINERA "LA FRATERNAL, S. A."
/1896
Ernesto Madero y Hnos.
Evaristo Madero
1902

............. . .... . .

. ...................

3. 8OMPAfi¡IA MINERA "LA PASTORA"/1891 (S.A.
en 1902)
Francisco Madero (comisario)
1902

8. COMPAfi¡IA MINERA LAS HIGUERAS, S. A.
/1896
Francisco Madero
Gustavo Madero
1902

.............. . .....

4. NEGOCIACION MINERA "JESUS MARIA"
Evaristo Madero (presidente)
representa a Madero y Cia.
1894

....................
1

(a) Indica el ai\o de fundación de la empresa
(b) Sei\ala los nú9mbroa de la familia Q1le parliclpaban en la empresa
(e) Registra el aíio o aftos en que quedó documentada e• participación
FUENTE: Libros de notarlos del Archivo General del Estado de Nuevo León

CUADRO NUMERO 4 (Sigue)
MINERIA (1890/1910)
9. COMP Afi¡IA MINERA '~AZTECA,
Ernesto Madero
1897

s.

A."/1897

16. COMPARIA MINERA "MONTAfi¡A DE HIERRO,
s. A./1900
Franciaco Madero (presidente)
190G

...................

...................

10. COMPAfi¡lA MINERA "DOLORES, S. A."/1897
Gustavo Madero
1897

16. COMPAfi¡lA MINERA "DOLORES DE GUADALCAZAR, S. A" /1900
Franciaco Madero (preoidente)
Ernesto Madero (tesorero)
Franciaco l. Madero (teaorero suplente)
1900

. .. ................

11. COMPAfi¡IA MINERA "EL CARMEN, S. A."
Francisco Madero
Francisco l. Madero
1898

...................

.. . ............ •-· ..

17. "COMPAfi¡IA MINERA DEL NORTE"/1900
Francisco Madero
1900

12. Explotación subsuelo rancboa "San Enrique" y
"út Merced"/1899
FrancUICo Madero
1899

.......... . .....

.. . ................

13. COMPAfi¡IA MINERA TUXTEPEC, S. A./1899
Gustavo Madero
1904

1
;

. .. ................

...................

-

-

-

19. COMPAfi¡lA METALURGICA
S. A./19C()
Ernesto Madero (preaidente)
Empre. con asiento en Torreón
1901/2/4

14. COMPAfi¡IA MINERA "ANILLO DE HIERRO
S. A." /1900
Franciaco Madero (preaidente)
1900

................ .

.

18. COMPAf'¡IA MINERA ZACATECAS' S. A./1900
Gustavo Madero
1901

-

...................

DE

.

TORJlEON,

1

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CUADRO NUMERO 4 (sigue)

1

/

MINEJUA (1890/1910)
20. COMPA!UA FUNDIDORA DE FIERRO Y ACERO
DE MONTERREY, S. A./1900
Francisco Madero
Ernesto Madero y Hnos. (representado por E. Madero. director propietario)
1900

............ . ......

21. COMPARIA MINERA "RESTAURADORA
GUADALCAZAR, S. A."/1901
Franciaco Madero
Ernesto Madero
1901

DE

'
. . ................
~

·22. COMPARIA MINERA "BOLIVAR, S. A."/1901
Salvador Madero ( vocal suplente)
1901

...................

23. COMPARIA CARBONIFERA DE NUEVO LEON,
S. A./1902
Gustavo Madero
1903

... . ...............

24, "COMPARIA CARBONIFERA DE MONTERREY, ·
S. A."/1902_
Molinos de Cilindros de Monterrey, S. A . (representado por Ernesto Madero)
1902

...................

-

26. NEGOCIACION MINERA SANTA MARIA DE LA
PAZ Y ANEXAS•
Francisco Madero
Ernesto Madero
1902

........ . .. . .......

26. COMPARIA MINERA "LA PALMILLA, S. A."
/1903
~varisto Madero y Hernández
1903

.... . ..............

27. COMPARIA "CARBONIFERA NUEVO LEON Y
COAHUILA, S. A."/1906
Francisco Madero (presidente)
Ernesto Madero (vicepresidente)
'
Evaristo Madero y Hemández (secretario)_
Manuel Madero (tesorero)
Salvador Madero
Evaristo Madero
José G. Madero
Alberto Madero
1906

....... . ....... . ...

28. COMPAAIA "CARBONIFERA DE LA MER~ED,
S. A"/1906
Frai,cisco Madero (presidente)
1906
... . ..............

.

CUADRO NUMERO 4 (sigue)

'

MINERIA (1890/1910)
29. COMPAAIA MINERA "EL ROBLE Y ANEXAS,
S. A."/1906
Francisco Madero (vicepresidente)
1906

31. COMPAAIA MINERA "RAMON CORONA DE
.
NAICA, S. A." /1906
Francisco Madero (presidente y tesorero)
1906

30. COMPARIA MINERA "SEGUNDA ZONA" EN
SIERRA MOJADA
Evaristo Madero y Hernández (vocal suplente 2o. en
1892)
1906

32. COMPAAIA MINERA MOCTEZUMA, S. A./1907
Guatavo Madero (presidente)
1907

...... . ........... .

....... . ...........

i

~

....

e,

. ............ . .....

....... . . . .........

.

�"Monterrey, S. A.", que opera desde 1890, y la Compañía Fundidora
de Fierro y Acero de Monterrey, S. A. En esta última -puesta en marcha en 1900 y que es la actual Fundidora de Monterrey- Francisco y
Ernesto son accionistas fundadores, aunque con peso secundario.
Ernesto es nombrado, al iniciarse la producción, director propietario,
junto con Adolfo Zambrano, Antonio Basagoiti, Leon Signoret, Eugenio Kelly, Tomás Braniff, Isaac Garza y Valentín Rivero (42).
En este caso, las inversiones que exige la instalación de la Compañía Fundidora de Fierro y Acero (diez millones de pesos) parece obligar a que capitales de otros puntos del país y representantes del capital
extranjero se asocien a los empresarios regiomontanos. Sobre Tomás
Braniff, Leon Signoret y Leon Honorat ( que está como director supleate ), Dawn Keremitsis brinda un detallado informe en su trabajo referido
a la industria textil mexicana ( 42a). Tanto el norteamericano Braniff
como los franceses Signoret y Honorat no sólo tenían una enorme actividad económica sino que también eran muy buenos amigos de personajes eminentes del cientific1Smo. Entre otros, de los hermanos José y
Julio Liman tour, hijos de franceses.
El cuadro citado permite observar que Evaristo Madero prosigue en
plena labor para estos años, aunque en muchos casos parece ceder el
puesto principal a sus hijos. Además es perceptible que poco a poco
se incorporan otros vástagos de Evaristo e inclusive nietos suyos al
proceso de desarrollo empresarial familiar. En la década de los años 90
intervienen aparte de Francisco y Ernesto, Evaristo y los nietos Francisco Ignacio y Gustavo Adolfo. En la década siguiente se encuentran
otros descendientes del ya anciano hombre de negocios.
Entre los ejemplos de exclusividad familiar está el de la Compañía
Carbonífera de Nuevo León y Coahuila, S. A., fundada en 1905, en la
que hallamos al jefe Evaristo Madero con sus hijos Francisco, Ernesto,
Manuel, Evaristo, José, Salvador y Alberto. La presidencia de la compañía está en manos de Francisco Madero (punto 27 del cuadro cuatro).
Finalmente debe decirse que muchas de estas explotaciones mineras se dispersan por diversas zonas del Norte de México, pero el asiento
jurídico y económico de las firmas que las usufructuan es Monterrey.

[62] CATHIDRA

CATl;IEDRA [ 63]

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CUADRO NUMERO 5 (sigue)

~
~

INDUSTRIA (1890/1910)
6. FABRICA DE CARTON DE MONTERREY, S. A.
/1900
Francisco Madero (vocal supler:..te primero)
1900
Con asiento en Monterrey

11. ASOCIACION INDUSTRIAL REINERA,
/1901
Gustavo A. :Madero
1901
Con asiento en Monterrey

7. COMPAÑIA LADRILLERA UNION, S. A./1900
Evaristo Madero
Francisco Madero
1900
Con asiento en Monterrey

12. COMPAÑIA INDUSTRIAL DE PARRAS, S. A.
Evaristo Madero
1902

...................

.

. . .................

8. COMPAÑIA METALURGICA DE TORREON, S.A.
/1900
Ernesto Madero (presidente)
Diversas referencias

. . . . . . . . . .. . . . . . . .

9. MADERO Y GARCIA GALAN/1901
Gustavo A. Madero
1901/03
Con asiento en Monterrey

s. A.

......... . ... . ....

...................

13. COMPAÑIA INDUSTRIAL DEL NORTE, S. A.
/1902
Evaristo Madero
1902

........... . .......

14. MOLINOS DE CILINDROS DE MONTERREY,
S. A .
Ernesto Madero
1902
Con asiento en Monterrey

...................

. . ................

10. EMPRESA EDITORIAL DE MONTERREY, S. A.
/1901
Ernesto Madero
Madero y García Galán
1901
Con asiento en Monterrey

-

15. FABRICA DE HILADOS Y TEJIDOS "LA CONFl.~NZA, S. A."
Banco de Nuevo León
1903
Q&gt;n asiento en Mapimí, Durango
.

.

. . .

.. .

. . . .

.. ..

.

.

.

CUADRO NUMERO 5 (sigue)
INDUSTRIA (1890/1910)
16. IMPRENTA y LITOGRAFIA "EL MODELO"
Gustavo A. Madero
1904
Con asiento en Monterrey

...................

17. IMPRENTA y LITOGRAFIA "EL MODELO",
Sucuraal Torreón/1904
Gustavo A. Madero
1904
O

O

O

o

O

O

o

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o

O

O

o

o

O

O

O

O

O

18. MOLIÑOS DE CILINDRO DE PARRAS, S. A.
/1905
Francioco Madero (presidente)
Gustavo A. Madero (tesorero)
1905

..... . .............

i

~

g:

~

19. COMPAÑIA LITOGRAFICA y
"EL MODELO, S. A. "/1905
Gustavo A. Madero (presidente)
Alfonso Madero (secretario)
Francisco Madero (tesorero)
Emilio Madero ( vocal segundo)
1910
Con asiento en Monterrey

TIPOGRAFICA

................ .. .

20. SALVADOR MADERO Y CIA./1906
E,nesto Madero (gerente)
Salvador Madero
1907/8

............... . ...

�b) industria
EL CUADRO CINCO presenta un panorama de la actividad específicamente industrial de la familia Madero a partir de 1890.
Ya se ha comentado que el crecimiento económico de este núcleo
parental incluía desde tiempo atrás lo manufacturero. La firma Madero
y Cia. se hizo cargo a principios de los 70 de la fábrica de mantas "La
Estrella" en Parras y durante años el rubro textil surge como uno de
los más destacables' de los desenvueltos por los Madero. Esta fábrica
fue seguramente la ba$e de la Compañía Industrial de Parras, S. A.,
qu~ encontramos.en 1902 (punto doce _d~l cuadro cinco)~_Esta últ~
firma es la que se muestra como hegemomca en la Compan1a Industrial
del Norte, S. A. que en 1902 se constituye con asiento jurídico en
Gómez Palacio, Durango (punto trece, cuadro cinco), Esta empresa
unifica comercialmente a un total de cuatro fábricas textiles instaladas
en otras tantas ciudades del Noreste de México, bajo el liderazgo de
Evaristo Madero. Junto a la Industrial de Parras se articulan Prince,
Torres y Prince, propietarios de la fábrica "La Amistad", de Gómez
Palacio; la Compañía Industrial Saltillera, S. A., dueña de "La Bella
Unión", de Saltillo; y Valentín Rivero y Sucesores, que poseen la muy
conocida "El Porvenir", de Monterrey ( 43).
Más allá de los textiles, significativos por cierto, los Madero apuntan
sus capitales hacia el ramo metalúrgico y siderúrgico (las dos fundidoras citadas en Monterrey, y la Compañía Metalúrgica de Torreón, S. A.,
en la que Ernesto Madero es presidente), la producción de vi!)OS (Ernesto Madero y Hnos.), de cartón, de ladrillos, de vidrios y cristales (son
accionistas de la compañía que devino posteriormente la actual Vi~era
de Monterrey), las industrias de la alimentación, .de impresoras, p~ductoras de guayule, derivados del algodón (jabones) y transformac1on de
la madera (Asociación Industrial Reinera, S. A.).
O sea: diversificación no sólo económica en general, sino también
dentro del mismo sector industrial. En no pocos casos como accionistas; en otros, como propietarios directos. Cuando son accionistas, los
ejemplos de articulación con otros grandes empresarios de Monterrey se
multiplican: Compañía Fundidora y Afinadora "Monterrey, S., A_.",
Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S. A., Fabnca
de Vidrios y Cristales de Monterrey, S. A., Fábrica de Cartón de Monterrey, S. A., Compañía Ladrillera Unión, S. A.
[ 66) CATHEDllA

Sobre la significación que en el ámbito industrial tenía la familia
Madero en Monterrey y en el Noreste de México es útil la transcripción
de un párrafo de la ya frecuentemente citada obra de Vasconcelos:
"La lista de sus empresas (de Evaristo Madero, hacia finales de siglo,
MC) se puede dar en resumen como sigue: Compañía Industrial de Parras; Banco de Nuevo León; Compañía Carbonífera de Sabinas; Guayulera de Coahuila. Más tarde, Fundición de Metales de Torreón, junto
con empresas ganaderas y agrícolas; la vinícola de San Lorenzo y sus
casas comerciales de Saltillo y Monterrey; Molinos del Golfo; compañías mineras, etcétera" ( 44).
En algunos casos la actividad fabril se funde o integra a una casa de
características básicamente comerciales. Eso se observa en Madero y
Cia., en la primera etapa, y también desde 1896 con Ernesto Madero y
Hnos. Esta firma (punto dos del cuadro cinco) está compuesta por
numerosos miembros de la familia: todos los hijos aue tuvo en su segundo matrimonio Evaristo Madero, y por el mismo patriarca. Asentada
en Parras de la Fuente, Ernesto Madero y Hnos. intervendrá como
accionista en diversas compañías industriales, lo que de paso indica que
el grado de- desarrollo del capitalismo en Monterrey exige para estos
años no sólo centralización a nivel de capitales individuales Bino de las
mismas empresas. Y de manera unilateral, Ernesto Madero y Hnos. se
dedicará a la producción de vino, en 1899 (45).

La diversificación económica ya apuntada hace que se encuentren
a miembros del grupo Madero en actividades complementarias, pero
seguramente interesantes desde el punto de vista. de su rentabilidad.
Demostrativo de ello pueden ser los casos de la Compañía de Baños de
Mon~y, S. A., constituida en 1897, en la que es accionista Ernesto
Madero (46) y la Compañía "Teatro Circo de Monterrey, S. A.", que
se funda en 1900 y cuenta como socio a Francisco Ignacio Madero (47).
Los ramos financiero" y agropecuario completan este panorama,
y a ellos aludiremos específicamente en párrafos siguientes.
e) Finanzas

SE HABLO YA sobre el Banco de Nuevo León, fundado en 1892,
especialmente como indicador del retorno de los Madero a Monterrey
y de la gravitación que para sus negocios en general debió tener esta
institución.

CA111IDILA [ 67)

�Hay que añadir que, al parecer, su progreso resultó indiscutible
durante los años 90 y principios de este siglo. Hacia 1899 se resuelve
aumentar su capital de seiscientos mil pesos (que fue el inicial) a novecientos sesenta mil (48). Un año después se ·llevó a un millón doscientos mil pesos (49) y para 1902 pasó a dos millones (50). Desde 1899
es su gerente Ernesto Madero, quien emerge como el principal financista de la familia y reside en Monterrey. También integra la lista de
accionistas en ese momento Salvador Madero.

Pero hay otros datos que remarcar. Uno de ellos es que Antonio V.
Hernández es uno de los más significativos accionistas del Mercantil al
ser establecido. Cuñado de Evaristo Madero y socio suyo en numerosas empresas, Hernández había sido hasta 1899 gerente del Banco de
Nuevo León. En el Mercantil ocupará ese mismo cargo, y además fue
designado vocal suplente primero del Consejo de Administración ( 54 ),

Para 1896 tenía agencias en Saltillo, Piedras Negras (entonces Porfirio Díaz), Parras (a cargo de Ernesto Madero), Sierra Mojada y Monclova, en el estado de Coahuila. En Tamaulipas contaba con filiales en
Tampico, Ciudad Victoria, Laredo y Matamoros. Se anunciaba ya el
establecimiento de otra ~encia en Torreón / 51 ).

Entre los fundadores del Mercantil se ubica al general Gerónimo
Treviño, que a principios de siglo conforma el Consejo de Administración del Banco de Nuevo León. Este militar había sido el encargado de
vigilar a Evaristo Madero después que Porfirio Díaz le hizo abandonar
su cargo de gobernador de Coahuila en 1884 (55), pero esto no parece
haber representado obstáculo alguno para que ambos estuvieran entrelazados en no pocas empresas.

En 1904 el Banco de Nuevo León (51a) ofrece el siguiente cuadro
directivo:

Presidente: licenciado Viviano L. Villarreal.
Vocales: Evaristo Madero, Constantino de Tárnava, Marcelino Garza,
Ernesto Madero.
Vocales suplentes: doctor Melchor Villarreal, general Gerónimo Treviño, José Armendaiz, Evaristo Madero y Hernández, Praxedis García.
Comisario: licenciado Felícitos Villarreal.
Y es gerente, ya se dijo, Ernesto Madero.
En 1899, Viviano L. Villarreal, reJJresentando al Banco de Nuevo
León, suscribe sesenta mil pesos en acciones para la constitución del
Banco Central Mexicano que tiene lugar en la ciudad de México. O sea
que partícipa directamente en la conformación de esta institución bancaria de carácter nacional (51b).
El hecho de ser propietarios del primer banco que se fundó en
Monterrey no evitó que alguno de los Madero estuviera presente, asimismo, en el segundo: el Banco Mercantil de Monterrey, S. A., abierto
en 1899 (52).
Esta institución inició sus operaciones con un capital de dos millo•
nes quinientos mil pesos, y para 1904 tenía agencias en distintas localidades y ciudades de Nuev6· Leó1,, Coahuila, Tamaulipás y Durango
(53).
Francisco Madero aparece como -accionista en el momento de la
fundación del Banco Mercantil. Es designado comisario suplente y para
1904 está a cargo de la agencia San Pedro (en Coahuila).

En el Banco Mercantil se detecta también Lorenzo González Treviño, yerno de Evaristo Madero y su reiterado socio. Y en 1904 está en
el Consejo de Administración Marcelino Garza, que ese mismo año
compone el Consejo de Administración del Banco de Nuevo León.
Además Garza es un comerciante de Saltillo que controla la Compañía
Industrial Saltillera, asociada a la Industrial de Parras, de Evaristo Madero, en la ya mencionada Compañía Industrial del Norte, S. A.
Para terminar el cuadro de interrelaciones entre ambas instituciones
bancarias hay que destacar que el Banco· Central Mexicano -en .el que
tiene valores el de Nuevo León- es accionista en el Mercantil de Monterrey.
Algo más: entre los que ponen en marcha el Banco Mercantil de
Monterrey está Enrique C. Cree!, poderoso hombre de negocios de
Chihuahua, que fue ministro del exterior de Porfirio Díaz y miembro
del grupo llamado "científico" (56). Cree! tiene participación en citras
empresas formadas en Monterrey, y en varias de ellas se lo encuentra
representado por Antonio V. Hernández, el hermano político de Evaristo Madero. La concesión para la instalación del Mercantil le fue concedida por el gobierno central a Cree!, a Tomás Mendirichaga y Joaquín
Casasus.
La nómina de los principales accionistas del Mercantil de Monterret
muestra que en el momento de su fundación estaban presentes componentes de ocho de las· diez familias señaladas como las sobresalientes en
la burguesía local: los apellidos Madero, Ferrara, Rivero, Milmo, Hernández (familia que es la accionista de mayor peso, pero que no parece

[ 68] CATHEDRA
CAnlEDRA (69)

�tener vinculación con el citado Antonio V. Hernández), Sada-Muguerza,
Zambrano y Garza (Isaac) se detectan ·con rapidez .. Un cl~o ejem~lo
de articulación empresarial, de centralización del capital debido a la importancia de la inversión de arranque, de entrelaz~iento de la burguesía regiomontana tanto íntimamente como con ilustres burgueses de
otras latitudes del país.
Regionalización

SI EXISTE UNA PRUEBA notable de la importancia que entre
1890 y 1910 asume Monterrey en una vasta área del Norte de México,
la brinda la actividad de la familia Madero.
La hipótesis de que Monterrey extiende para entonces su influen. . Gia . en una muy amplia región, y que por medio de sus inversiones
extrae excedente de ella -lo que le permite, a su vez, aumentar su
ritmo de acumulación- bien puede quedar verificada estudiando las
empresas de los Madero.

Esta verificación ofrece dos aristas: 1) porque es desde Monterrey
que -'en· gran medida- trabaja este grupo parental, con centro probablemente en el Banco de Nuevo León; 2) y muy particularmente porque el mismo hecho. de que durante años los Madero no estuvieran
asentados en la capital neoleonesa y que a partir de los 90 decidieran
-retomar parte de sus cuadros empresarios a Monterrey, señalaría que
esta ciudad surgía como una base indispensable de operaciones a nivel
regional. La decisión de Evaristo Madero de_ regresar a su antigua
urbe, incluso de manera personal, parece muy ligada a la necesidad de
no descuidar una ciudad que se convierte lenta pero firmemente en el
vértice de una extensa región.
Esto se comprueba en diversas actividades de los ~~dero, pero especialmente en el rubro minero. Muchas de las comp3:mas fundadas en
M~nterrey funcionan desde el punto de vista productivo en zon3:5 que
deibordan largamente los límites de Nuevo León. Y esto se repite en
materia industrial, agropecuaria y comercial.
Regionalización y articulación con el resto de la burguesí~ regiomontana es casi un solo proceso que entn: 1890 y _1910 transitan_ los
Madero, sin que ello signifique qµe en anos antenores no sucediera
algo parecido aunque en escala menor.
(70] CATHEDRA

En estos veinte añ~s, E"l'.aristo Madero y sus sucesores d~pliegan
una labor que los lleva a tenei•intereses directos en los estados de Nuevo
León, Tamaulipas, Coahuila, DÚrango, Guanajuato, Chihuahua, San
Luis Potosí, Zacatecas y hasta Sonora,
Veamos el caso minero, descrito en el cuadro seis. Se observa que
Nuevo León y Coahuila eran los estados de mayor. actividad, y sobresale
la explotación carbonífera: algo que no debe extrañar, pues está vinculado al desarrollo de los ferrocarriles. Pero también se percibe que hay
explotaciones en Chihuahua y San Luis Potosí, y en menot Ínedida en
Tamaulipas, Guanajuato, Zacatecas y Durango;
En esta nómina de empresas no se incluyen las dos fundidoras
regiomontanas en las que los Madero tienen participación, y que contaban con una compleja red de propiedades o arrendamientos mineros en
diversos estados .
Rubro que indica el auge económico que viven ciertos grupos sociales en el México de fines de siglo, la minería obliga a desembolsar fuertes capitales en distintos puntos del territorio norteño. Los Madero los
aportan ostensiblemente, y en ello se sUnian a lo que realizan miembros
de las familias Zambrano, Armendaiz, Belden, Rivero, Ferrara.
Si se analiza el movimiento industrial, el ámbito de la actividad
de los Ma~-:ro se restringe a Nuevo León y·Coahuila. En el primer caso,
las compan1as que poseen o en las que participan se asientan con exclusividad en Monterrey: Fábrica de Vidrios y Cristales, Compañía Fundidora y Afinadora "Monterrey, S. A.", Compañía Fundidora de Fierro y
Acero, Fábrica de Cartón de Monterrey, Compañía Ladrillera Unión,
Madero y García Galán, Asociación Industrial Reinera Molinos de
Cilindros de Monterrey, Compañía Litográfica "El Modelo, S. A;".
En Coahuila, en cambio, las sedes de fábricas se distribuyen -en menor
medida que en Monterrey, es obvio- por Parras y Torreón.
En Parras se hallan asimismo las dos más importantes firmas comerciales de la familia: Madero y Cia. y Ernesto Madero y Hnos.

Tierras y agro

VASCONCELOS MENCIONA en su biogr~ía que "don Evaristo y
su familia se contaban entre los más grandes latifundistas del país" (57).
Keremitsis indica algo parecido en su obra (58). Esta aseveración -que
se encuentra en distintos autores- es confirmada por los datos localizados en el Archivo General del Estado de Nuevo León.
CA1llEDRA [71]

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CUADRO NUMERO 6

~

Localización regional de explotaciones mineras en las que participan
miembros de la familia Madero (a) 1890-1910

'

!

NUEVOLEON

NUEVOLEON
COMPAli!IA CARBONIFERA DE NUEVO LEON, S. A.
/1902
Villa de Santiago

COMPA&amp;IA MINERA AZTECA, S . A./1897 (b)
Monterrey (e)

............ . ......

COMPA&amp;IA
Monterrey

MINERA

CARBONATO,

s.

. ............ . .... .

A./1896

COMPA&amp;IA CARBONIFERA DE NUEVO LEON Y
COAHUILA, S. A./1905
Colombia

...................

COMPA&amp;IA MINERA ANILLO DE HIERRO, S. A.
/1900
l..atnpazos de Naranjo

............... . ...

COMPA&amp;IA METALURGICA DE TORREON, S. A.
/1900
Monterrey

... . ...............

COMPA&amp;IA MINERA DEL NORTE, S. A./19\J0
Sierra de Lampazos

.. . ...... . ........ .

... ... .............

COMPA&amp;IA MINERA BOLIVAR, S. A./1901
Cerralvo

COMPA&amp;IA CARBONIFERA DE LA MERCED, S. A .
/1905
Colombia y Lampazos

COMPA&amp;IA MINERA LA FRATERNAL, S. A ./1896
Lampazos

COMPA&amp;IA EL ROBLE Y ANEXAS. S. A./1906
Monterrey

.... .. ... ... ... ....

.

..................

COMPA&amp;IA
Monterrey

MINERA

LA PASTORA,

s.

...................

. . . ................

- -·

A./1891

&lt;

(a) Gran parte de las empre... fueron eonatituida• en Monterrey
(b) Indica el ailo de fundación de la empresa
(e) Señala el lusar donr•e funcionaba la explotación
FUENTES: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo León

CUADRO NUMERO 6 (sigue)
Localización regional de explotaciones mineras 1890-1910
COAHUILA_
COMPA1'!IA MINERA DOLORES, S. A./1897
Monclova

..... . .............

COMPA1'l"IA MINERA MONTA1'!A DE HIERRO, S. A.
/1900
Romero Rubio

.

.

....

. .

. .. ...

. .

. ..

COMPA&amp;IA CARBONIFERA DE MONTERREY, S. A.
/1902

...................

COMPA1'l"IA MINERA LAS HIGUERAS, S. A./1896
Ramos Arizpe

...................

COMPA1'!IA METALURGICA DE TORREON, S. A.
/1900
Ramos Arizpe

...................

~

!
-""
~

---1

COMPA&amp;IA CARBONIFERA NUEVO LEON Y COA·
HUILA, S. A./1905
Ranchos Hidalgo

-

GUANAJUATO
MINAS "CONSTANCIA" Y OTRAS/1898
Guanajuato

. . . ................

CHIHUAHUA
COMPA1'!IA METALURGICA DE TORREON, S. A.
/1900
Hidalgo

.

..................

COMPA1'!IA MINERA RAMON CORONA DE NAICA,
S. A./1906
Camargo

. . .............. . ..

-

MINA "LA REYNA"/1908
Benito Juárez

............... .. ..

COMPA&amp;IA MINERA
Panal

LA PALMILLA, S. A./1903

...................
'

�No es posible por razones de espacio señalar con minuciosidad todo
Jo atinent.e a est.e flanco de los ingent.es int.ereses de los Madero. Pero
podemos ofrecer la sínt.esis que sigue:

o

1

§o . .
a,

00

,-;

l. Ant.es de asentarse por primera vez en Mont.errey, Evaristo Madero
ya era poseedor id.e tierras en grado, por Jo menos, int.eresant.e. En sus
cartas a Santiago Viduarri desde Río Grande habla de sus predios "bastante apenas para pastar mis ganaditos compuestos de ocho mil cabezas
de menor y mil de mayor", y luego apunta que "probablemente t.enga
que mudar mi estancia a otra part.e, y por cuyo fin he elevado a la Superioridad hoy (28 de marzo de 1861, MC) una solicitud denunciando
diez sitios de tierras a lo más, dentro del área que demarco en mi pedido" (59).

2. Part.e de sus tierras en esta época parecen estar en Texas, de acuerdo
con datos encontrados en una escritura de 1869: habla de t.errenos de
veinticinco leguas en ese estado nort.eamericano, las cuales reclama.

'3. Evaristo Madero aparece como uno de los beneficiarios directos de la
aplicación de las leyes de Reforma en el área aledaña a Monterrey, hacia
fines de la década de los años 60. Se lo encuentra adquiriendo tierras
de labor en reit.eradas ocasiones, desamortizadas por el municipio regiomontano.
4. En los comienzos de la década de los 70, ya se acotó, Madero compra las haciendas "El Rosario" y "San Lorenzo", en Parras, de gran importancia en su desarrollo empresarial porque en ellas funcionarán fábricas de t.extiles y de vinos.
5. Hacia 1875 encontramos referencias a posesiones en tomo a Villa
de Guerrero, Coahuila, y alusiones a "ranchos de la frontera".
6. Pero es para mediados de los años 80 cuando parecen ampliarse
abruptament.e las propiedades rurales de los Madero, y aquí ya juega
un rol destacable el primogénito Francisco. Vasconcelos califica al
padre de quien será jefe de la revolución de 1910 como "latifundista
triguero" y dice que poseía grandes extensiones por La Laguna y las
cercanías de Parras (60). Según Keremítsis, la familia Madero t.enía
siete haciendas en Coahuila y tierras en Guerrero y Zacat.ecas.

[74) CA111IDII.A

CATHEDII.A [ 75)

�En 1887, por ejemplo, es fundada la sociedad agríc~la "Mad~ro Y
Hernández", en la que se alían Francisco Madero y su tlo Antomo V.
Hernández (61). Esta comp'añía es disuelta en 1894, y en ese momento
se le contabilizan las fincas que se detallan:
*

*
*
*
*
*
*

*
*

"El Porvenir" (en La Laguna, Coahuila)
"San José" (La Laguna)
, •
"Buenavista" (La Laguna)
t
"Sauceda" (La Laguna)
"Santa Anita" (La Laguna)
"Menfis" (La Laguna)
"Potrero Redondo" (Montemorelos, Nuevo León)
Terrenos de Alto Colorado, en las afueras de San Pedro, Coahuila
16 sitios de agostadero en Cuatro Ciénegas, Coahuila

En la zona lagunera, donde el algodón comienza a producirse en
escala hacia 1880, los Madero cuentan importantes posesiones.
7. Otras propiedades que se han detectado en libros de notarios desde
1890 en adelante son: a) Hacienda del Suncillo, en Villa de Guerrero
(Evaristo Madero); b) terrenos de Longoria y Agua Verde, ~n área de
Río Grande (2.500 hectáreas Evaristo Madero; 2,500 Francisco Madero); c) rancho "San José", en Ramos Arizpe, Coahuila (Francisco ~adero); hacienda "San Tiburcio", en Zacatecas (Salvador Madero Y Cia.).

8. Falta en este panorama puntualizar sobre las compañías agropecu~rias o agrícolas que controlaban los Madero, y que tal vez sea lo mas
significativo del sector.
1) Ernesto Madero y Hnos. (puesta en marcha en 1896) arrienda
en 1899 las bodegas y buena parte de las tierras de la hacienda "El
Rosario" (correspondientes a Lorenzo González Treviño ). El contrato
incluye las labores de "Las Habas' ' , "S an N'1colás" , "Las Barreras " ,
"Los Fresnos", "La Tijera" y "La Casita", además de los ranchos "La
Providencia" y "Bella Vista" (62).

11) Compañía de Terrenos y Ganados de Co~uila, S. A., fund~da
en 1899 con asiento jurídico en Parras. Son socios Lorenzo González
Treviño '(presidente de la firma), Evaristo Madero y sus descendientes
Ernesto (secretario), Francisco, Manuel, José G., Gustavo Adolfo, Y

[76] CAfllIDRA

Alberto Madero, William Richardson (yerno de González Treviño y
casado con una nieta de Evaristo Madero) y Juan Garza.
La compañía cuenta terrenos que alcanzan a 430.852 hectáreas, y

su capital total asciende a setecientos mil pesos, según un peritaje
efectuado en 1904 (63).

111) Negociación Agrícola y Ganadera de San Enrique, S. A.,
constituida en 1905, con asiento en Monterrey. Su presidente es Francisco Madero, aunque el principal accionista es Jesús González Treviño,
que ocupa el cargo de vicepresidente y es dueño de las tierras que se
explotarán. La escritura del convenio (64) menciona que la firma
hará producir la hacienda de San Enrique y sus anexos (tres ranchos y
demás terrenos) que González Treviño tiene en Villa de Hidalgo (Coahuila) y Colombia (Nuevo León). El capital social asciende a trescientos sesenta mil pesos y el total de hectáreas que manejará la negociación es de 31. 706. Máquinas movidas por vapor, trilladoras y despepitadoras de algodón se cuentan entre los bienes de la empresa, y se
hace mención explícita a toros de raza.
IV) Compañía de Tierras de Sonora, S. A., conformada en Monterrey en 1904. La integran Evaristo Madero, Francisco Madero, Ernesto
Madero (que es su presidente), Guillermo· Olivares, Marcelino Garza,
Carlos Treviño y Balbina Tapia viuda de Olivares (65). La sociedad
tiene por objeto vender, explotar o especular las tierras aportadas por
la viuda del general Francisco Olivares, ubicadas en los distritos de Ures,
Hermosil!o y Altar, en el estado de Sonora. El total alcanza a 646.27 4
hectáreas, y fueron recibidas por el fallecido marido de Balbina de Olivares como compensación que el gobierno federal le brindó por tareas
de deslinde de baldíos, huecos y demasías, según contratos de los años
1887 y 1889. El capital de la empresa es de ciento sesentidós mil pesos,
Y su duración convenida quince años.
Los datos localizados en el Archivo General del Estado de Nuevo
León muestran que es real la afirmación de que los Madero -en su
conjunto- era una familia con vastos intereses en materia rural, tanto
desde el punto de vista de la propiedad directa de tierras como del
control empresario que en este ámbito mantenía. Quizás esto ayude a
explicar posteriores diferencias que surgieron -en cuestión agrariaentre quien será el presidente Francisco Ignacio Madero y algunos de
CATHEDRA [77]

�los jefes regionales que en los momentos iniciales de la revolución le
apoyaron en su lucha antiporfirista. Es difícil concebir a un Madero
decididamente antilatifundista, aunque sí es factible pensar que propiciaba una política modernizante en materia· agraria, que es otra cosa (65a).
· 'La integración empresarial

EL ULTIMO "item" al que aludiremos brevemente atañe a la integración que a nivel empresarial presentan los Madero con otros miembros de la burguesía regiomontana. Sobre esto ya se apuntaron algunos
elf¡mentos, pero ahora se procurará ser más preciso.
Uno de los objetivos del estudio que estamos realizando en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y L&lt;!tras de la UANL es discernir cómo se fue conformando la burguesía en Monterrey, Y desde
cuándo está consolidada y ~uenta con peso_específico en el marco nacional capitalista mexicano.

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l

r

Nuestra hipótesis es que entre 1850 y 1910,_y muy particularmente
en los veinte años finales de este lapso, esa burguesía surge y se establece de manera firme. Cuando para los años 30 de la presente centuria
-luego de la prolongada etapa de readaptación que exigieron la Revolución y la crisis mundial de 1929- aparezcan de pronto serias controversias entre el poder central y los em-resarios de Monterrey, quedará
en evidencia la solidez de esa burguesía regional que se opone por distintos conductos a la política,l!,nplementada por Lázaro Cár~enas. Per'?
-esto debe quedar claro- no es en 1930 cuando nace, sino que su constitución y estructuración hay que indagarla en décadas anteriores.
La acumulación primaria hunde sus raíces por mediados del_siglo

xix, y su posibilidad ele-reproducir las formas capitalistas de producción, y de expandirlas vigorosamente, se define hacia 1890. De _grupo
social en formación pasa a ser una clase social, porque se inserta du:ectamente -controlándolas- en las nuevas relaciones de producción que
determina el desarrollo del capitalismo.
Esta burguesía, ya se detalló, involuo,a a_ un número limitado de,
familias que se consolidan al aprovechar 1as condiciones que gesta la
readecuación de la economía mexicana a la iilterriacional, reorientación

178] CAfflIDRA

que es respaldada por la política de orden y estabilidad sustentada por
Porfirio Díaz a nivel nacional y por Bernardo Reyes en el ámbito regional.
Esas familias no actúan unilateralmente desde los años 90. Se entrelazan vía matrimonios y a través de la necesaria centralización del capital que demanda el desarrollo del capitalismo. Lo acumulado primariamente en la subetapa 1860-1890 se concatenará en el siguiente subperíodo, y ello llevará a una nítida articulación social entre estas familias. Proceso que -ya se mencionó también- incluyó en no pocos
casos el entroncamiento con empresarios de otros puntos del país y
con delegados de la burguesía de países avanzados.
Los Madero son componentes de esta alta burguesía regiomontana,
y actúan con las reglas de juego que el desenvolvimiento del capitalismo
supone e impone. Por ello es que se imbrincarán parental y empresarialmente con el resto de esa promir¡ente burguesía.
El cuadro siete presenta algunos ejemplos de la situación que genera
el avance del capitalismo en una buena parte del Norte del país. Allí
figuran dieciséis firmas, en total.
Hay dos casos en que los Madero están asociados con miembros
de por lo menos tres de las otras nueve familias que hemos seleccionado
en el Monterrey de fines del siglo pasado (clasificación que, hay que reiterarlo, no significa que no existieran más familias de análoga o parecida
relevancia).
En la segunda columna se escalonan seis firmas en las que Evaristo
Madero o alguno de sus sucesores están asociados a por lo menos cinco
integrantes de otras tantas familias. En la columna tercera esto se percibe en cinco ocasiones, pero con no menos de siete representantes de
los grupos parentales elegidos.
Finalmente, en la cuarta sección del cuadro siete presentamos tres
ejemplos en que se han ubicado a las diez familias asociadas, y ello se
explicarla en parte por el monto de las inversiones que demandan las
empresas consignadas.
En alguna de estas firmas las inversiones exigen asimismo la vincu-

CATIIEDRA

179]

�=::..:================:-c- .,;_ ;.i; ~.,.AU.·",:

~

o:,

2

CUADRO NUMERO 7

~

Los Madero y su asociación con miembros de las otras nueve familias
seleccionadas en Monterrey (1890-1905)

~

~

Por lo menos con tres

Por lo menos con cinco

Fábrica de Cartón de Monterrey, S. A.
1900 (a)

1894

..

Compañía Minera de San Pablo, S. A.

.................

Compañía Minera Azteca, S. A.

Asociación Industrial Reinera, S. A.
1901

.

1897

..................

.'

'

...................
. . . . .

. ...

.... .. .

. .

'

.

Compañía de Baños de Monterrey, S. A .

1897

-

'

.

'

•

. . .

.. .

. . .

..

. . . . .

.

.

Compañía Minera el Carmen, S. A.

•

1898

.. .. .. ..

'

.

.

.

. . . . .

. . .

Compañía Fundidora y Afinadora •:Monterrey, S. A."

1900

..

. .

.

. -

...

.

.

. . .

... ..

Compañía Minera La Palmilla, S. A.

1903

'

'

- ··--· - - .
(a) Indica el año en que fue encontrada la asociación
FUENTES: Libros de notarlos del Archivo General del Estado de Nuevo León (1890-1905)

'
'

CUADRO NUMERO 7 (sigue)
"
"

Los Madero y su asociación con miembros ·de las otras nueve familias
Por lo menos con siete

Todas las familias

'

Compañía ~linera Carbonato, S. A.

Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey,
S.A.

1897

...................

..

Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey, S. A.

1899

Banco Mercantil de Monterrey, S. A.

,,

1899

...................

1900

. . . .. . . . . . . . . . . . . . .

Empresa Editorial de Monterrey, S. A.

1901

~

1

~

o:,
,_

1900
.

.

.

... .

. . . .

..

. .

.

.

..

Compañía Carbonífera de Monterrey, S. A.

...................

Compafila Ladrillera Unión, S. A

1..:.

1

1902

'

. ..................

Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey, S.1 A.

1904

'

.

...................
,.

:

'

�lación con hombres de negocios de otras zonas de México y con gente
que representa abiertamente al capital extranjero. Es el caso de la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S. A., que se pone en
marcha en 1900 con un capital de diez millones de pesos, suma que
requiere centralización de capitales dispersos más allá del ámbito regional. Por eso no extraña que entre los accionistas no sólo se detecten
apellidos como Madero, Armendaiz, Milmo-Kelly, Belden, Ferrara,
Zambrano, Garza, Sada-Muguerza, Hemández-Mendirichaga y Rivero
(nuestras diez familias), sino también a otros destacados apellidos de
Monterrey: Maiz, Calderón, Tárnava, González Treviño, Bortoni, Dresel
y Villarreal (los tres hermanos: Viviano L., Melchor y Felícitos). Y, asimismo, a los ya mencionados Tomás Braniff, Leon Signorat Y Leon
Honnorat, además de Antonio Basagoiti y José Negrete (viejo asociado de regiomontanos, pero residente en Saltillo ).
Otro caso notable es el de la Compañía Carbonífera de Monterrey,
S. A., constituida en 1902 (66). Aquí no sólo se articulan empresarios,
sino empresas. Entre los accionistas se anotan la Compañía Mexicana
de Carbón de Piedra, S. A. (uno de cuyos representantes es Enri&lt;i,ue C.
Creel, ya citado), la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S. A., la Compañía Minera Fundidora y Afinadora ."Monterrey
S. A.", la Cervecería .Cuauhtémoc, S. A., la Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey, S. A., la Ladrillera Unión, S. A., la Fábrica de Hilados
"La Fama", Molinos de Cilindros de Monterrey, S. A. (propiedad de los
Madero) y la Fábrica de Mantas "La Industrial", junto con personajes
tan prominentes como Vicente Ferrara, Valentín Rivero y Gajá, Adolfo
Zambrano, Isaac Garza, José Armendaiz, Tomás Mendirichaga y Francisco G. Sada.
La Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey, S. A. (67), en 1904,
ofrece un panorama semejante, aunque aquí la presencia regiomontana
es total y exclusiva.
1:lay )Jlllchos otros casos en que los Madero están asociados con uno
0 dos integrantes de otras tantas familias seleccionadas, y son numerosos los ejemplos en los que los herederos de Evaristo Madero se desenvuelven con hegemonía completa. De lo primero es muestra el Banco
de Nuevo León; de lo segundo la Compañía Carbonífera Nuevo León Y
Coahuila (68).

[82] CA111IDRA

•

IV. FAMILIA Y PROCESO

ESTE RESUMEN de los muy numerosos da~s recopilados en el
Archivo Ge~eral de! ~stado de Nuevo León permite, pues, mostrar
la 1mportanc1a econoIDJca que la familia conducida por Evaristo Madero mantenía en Monterrey y en una densa región del país.
Asimismo, el caso de los Madero posibilita ratificar algunas hipótesis
adelantadas en trabajos anteriores, y que fueron sintetizadas áJ. comienzo de este artí~ulo, atinentes a las formas y mecanismos que dieron
base al surgimiento y consolidación del capitalismo en Monterrey.
~ sobresaliente de la familia del jefe de la Revolución puede ser
tamb1en detectado por medio de los detalles que ofrecen ciertos cronistas de la vida social que transitaba la alta burguesía l'.egiomontana a fines de siglo. Es útil en este sentido echar un breve 1!1Stazo a las actividades que protagonizaba entonces una institución obviamente representativa de este sector: el Casino de Monterrey. Allí se ubicará con rapidez a los Madero, imbricados en las más significativas reuniones de la
época e inclusive -como en el caso de Ernesto Madero- funcionando
como presidente de la institución. Y además compartiendo las más
espectaculares de estas noches aristocráticas con el propio Porfirio Díaz
y sus ministros.

Veamos lo que menciona un cronista del Casino, Carlos Pérez-Maldonado,. a1; alu~ al_ "gran baile en honor del general Porfirio Díaz" que
se orgamzo el vemtiuno de diciembre de 1898 (69). Díaz había llegado
a M?nterrey_en compañía de varios ministros, entre ellos el de hacien&lt;!a,
Jos~ Ives L1mantour, y el de gobernación, general Manuel González
Cos10.
Cuando, en la noche, el presidente arribó al Casino, los socios
"haciendo valla por el vestibulo hasta la gran escalera, lo recibieron
vitoreándolo".
La presentación de las familias de Monterrey -agrega el autorestuvo a cargo de nuestro conocido Adolfo Zambrano y de Francisco G.
Sada. Veamos quiénes compartían la cabecera, junto a Díaz. "A la una
de la mañana se sirvió la cena. Al centro de la mesa de honor tomó

'•, CATHEDRA [83]

�asiento don Porfirio, siguiendo a su derecha la esposa del señor gobernador doña Aurelia Ochoa de Reyes, don José !ves Limantour, doña
Car~lina Madero de Villarreal, el general Mariano Escobedo, doña Juana
Reyes de Madrigal, el general Manuel Go~ález Cosío, do~a Francisca
Muguerza de Calderón, el licenciado Joaqum Baranda y dona Ana Go~zález de Hemández,. A la izquierda del presidente se encontraban d_ona
Guadalupe Zambrano de Treviño, el general Reyes, doñ_'.1 Pu~enc~a
Madero de González, el general Francisco Z. Mena, dona Victoriana
Madero de Villarreal, el general Gerónimo Treviño, doña Sara Milmo de
Kelly, el general Francisco Naranjo, doña Julia Bremer de Reicheman Y
el gobernador de Coahuila, don Miguel Cárdenas" (70).
En la mesa de honor, pues, lo más destacado ~e la sociedad regiomontana, junto al presidente, el gobernador, algunos importantes militares de la región y parte del grupo de ministros federales. Entre ~llos,
tres hijas de Evaristo Madero y su concuñada, la esposa de Antomo V.
Hernández.
Al narrar el sarao, que "fue algo verdaderamente sun~uoso", PérezMaldonado recuerda que Pudenciana Madero de González estaba de
gró negro y "alhajas sorprendentes: gargantilla, prendedor, dormilonas
y broche del peinado, todo de gruesos brillantes" (71).
Ernesto Madero fue presidente del Casino en dos ocasiones. "Resultó electo presidente en 1910. Fue reelecto en 1911, pero en ~ayo se le
concédió licencia indefinida por haber sido nombrado mm1stro de
hacienda", según indica otra obra sobre la institución social apuntada

su campaña electoral y compartió con él las presiones que el régimen
de Porfirio Díaz imponía para impedir que desarrollase su tarea proselitista. Estrada narra en su libro La revolución y Francisco l. Madero
(74) de qué manera la familia del jefe revolucíortario operaba permanentemente para mitigar sus impulsos, en procura de soluciones concili_adoras con· Porfirio Díaz o con alguno de sus posibles sucesores. Vamos a transcribir en toda su extensión algunos párrafos de Estrada porque emergen dotados de una profundidad muy especial, sobre todo si
se tiene en cuenta que fueron escritos al calor de los mismos acontecimientos revolucionarios.

"En efecto, muchas veces medité: La familia Madero, una de 11!8
más acaudaladas -de la República, no podía ser revolucionaria Las principales industrias y empresas en nuestro país se encontraban en poder
del 'cientificismo' , en manos de aquéllos a quienes combatíamos como
factores de nuestro estado económico, social y político; y en ese concurso agrícola, industrial y financiero jugaban los intereses de aquella
misma acaudalada familia, regidos todos por leyes económicas y tendencias comunes. De-ahí que todo factor de beneficio o perjuicio para
el cientificismo tendría que ser benéfjco o perjudicial para los intereses
de la familia del candidato. Aun suponiendo que estos intereses gravitasen en órbita separada (supuesto hipotético), las leyes económicas
producirían efectos comunes; y como las revoluciones, las verdaderas
revoluciones no son exclusivamente políticas sino fundamentalmente
económicas, los efectos de la ya latente tendría que lesionar los intereses familiares".

(72).

1

Parece obvio que para esta época, una parte, por lo me~os de, la
burguesía regiomontana estaba girando y readecuandose a la s1tuac1on.
Además de tener a Ernesto Madero como titular en el Casmo, par: el
veinte de octubre de 1911 se organiza un "gran baile en honor del senor
Francisco I. Madero y su digna esposa". La reunión en homenaje al
flamante presidente de México fue "el acontecimiento del año" Y costeada por un grupo de socios (73).
Pero tal vez uno de quienes más agudamente hayan apreciado para
los años iniciales del siglo xx la significación económica Y social de los
Madero sea Roque Estrada. que acompañó a Francisco Ignacio en toda

Y agrega Estrada: "Mis consideraciones llegaban a una finali~d
más o menos realizable: el señor Madero en el poder. La natural mfluencia de la familia inspirada legítimapiente en sus propios intereses,
la también natural relación económica de estos intereses con los científicos los lazos de amistad y de sociedad, etcétera, etcétera, ¿no inspiraría~ o modificarían al menos la conducta del supu~~to presi~e~te
de la República? Indudablemente que sí; y esa inspirac1on o mod1f1cación se efectuaría de una manera inconsciente en la mayor parte de los
casos y en otros con la conciencia de obrar bien, porque tal es la fuerza
de convencimiento de todo aquello que nos agrada y aprovecha. Y en
este caso, de casi segura realización en la efecti-lidad de lo supuesto,
los intereses revolucionarios resultarían inexorablemente defraudados".

(84] CATIIEDRA
CA 111EDRA [ 85]

�"Estas consideraciones no carentes de lógica me obligaban y obligan
a concluir que las revoluciones solamente pueden cumplir sus compromisos realizables cuando son encabezadas por hombres pertenecientes a
la misma cl- social que las necesita o que hayan surgido de dicha
clase".
Estrada, empero, no restará por ello apoyo a quien el país requiere
como mandatario. Y por ello afirma de inmediato: "No era, pues, fácil
de solución el problema. Pero ya que en el extenso territorio del país
únicamente se perfilaba la figura del señor Madero como presunto y esperado salvador, no cabía más solución posible que la de ayudarle en la
empresa que como necesidad nacional se imponía. Y en esta solución
se mezclaba la esperanza én que factores nuevos e imprevistos.eliminasen aquel peligro" (75).
Al iniciar nuestro trabajo señalamos que no era su intención mostrar
la relevancia económico-social de los Madero pues ello es algo ya conocido. En cambio, sí nos interesaba presentar sus relaciones con el desarrollo del capitalismo en Monterrey y con la formación de la burguesía
regional que controlaba dicho proceso. Estrada denota qu!l ya hace más
de sesenta años se ubicaba a Francisco Ignacio Madero como integrante
de la más alta burguesía mexicana, de la cual apareció -obviamentecomo un representante del sector más modernizador.
Indiquemos, para finalizar, que el desenvolvimiento económico de
la familia Madero se integra plenamente a las marchas y contramarchas
que sufre la ecoqomía regional, y muy particularmente la regiomontana, entre 1855-60 y 1910. Evaristo Madero es un actor directo de este
proceso, y camina la mayoría de los pasos que otros miembros de esta
burguesía en crecimiento recorren en el período.
Se percibe que sus fases de desenvolvimiento empresarial no son
ajenas a las fases que hemos evaluado como indispensables de señalar en
esos cincuenta años.
Comerciante que cubre con sus oficios de fletero una vasta zona,
Madero parece estar inserto también -algo tan lógico como in~~tab!e,
al margen de los prejuicios que esto pueda ocasionar- en el tráfico mtérlope que usufructúan quienes se dedican a aquella actividad en los
años en que la frontera se aproxima a Monterrey, después de 1848.

[ 86) CAfflIDRA

Comerciante en gran escala, está conectado por ello al intercambio
de algodón: tanto en lo que atañe a las posibilidades que gesta la guerra
de Secesión, como cuando el cultivo de la fibra ·comienza a ser muy rentable en la zona lagunera.
De allí a la industria textil había un paso. La adquisición de tierras
nuevas y su utilización no sólo como forma de preservar riquezas, sino
en función de la producción fabril acompaña el proceso, y en esto último se observa con nitidez el estilo modemizante de los Madero.
El regreso a Monterrey coincide con la subetapa en la que, ya se
acotó, los capitales acumulados anteriormente de manera primaria se
encauzan masivamente hacia la producción. En esto, Madero contaba
con experiencia desde los años en que se instaló en Parras. Retorna a
la principal ciudad de Nuevo León daµdo un salto notable: la puesta en
marcha del primer banco que tuvo Monterrey, un índice del desarrollo
no sólo familiar sino del propio capitalismo regiomontano.
Désde esta base se ramificará empresarialmente en forma muy sólida, y se articul~ con el resto de la burguesía local, en un momento en
el que ya intervienen en estas tareas algunos de sus más destacados
hijos.
Y a partir de Monterrey, con la bifurcación de sus capitales hacia
una vasta región de la que se extraerán excedentes, ampliará su capacidad Y· contribuirá a reproducir en esa urbe los métodos capitalistas de
producción.
El estudio de la familia Madero, pues, tuvo ese significado. Se deja
para los historiadores de la Revolución Mexicana el incorporar a sus
análisis estos datos, para terminar de precisar o simplemente verificar
la extracción de clase de quien encabezó el movimiento antiporfirista.
Y de qué manera ello repercutió en su pensamiento y en su acción, en
su teoría y en su práctica.
Por nuestra parte, resulta visible que los Madero fueron miembros
prominentes -entre 1890 y 1910- de la más destacable burguesía
regional con centro en Monterrey, y que dentro de esta clase social
mantuvieron un ritmo de desarrollo empresarial que los perfila como un
núcleo modernizante.

CA'fflEDRA [87)

�NOTAS
12. Protocolo de Tomás C. Pachaco, febrero de 1869, fa. 36v·38 (AOENL).
l. Cerutti, Mario, "Monterrey y el desarrollo del capitalismo en el Noreate de
México (Aapectos del período 1860-1910)", pon~?cia p~sentada ~n el
Octavo Congreso Nacional de Historia de la Revoluc1on Me:ucana, realizado
en Chihuahua en julio de 1977; también Cerutti, Mario, "Monterrey, el
desarrollo del capitaliamo en el Noreste de México y el estudio del niovimien·
to obrero regiomontano", trabajo ofrecido en el Primer Coloquio de Estudi?•
Hiáóricos del Movimiento Obrero, organizado por el Centro de Estudios Históricoo sobre Movimiento Obrero Mexicano (CEHSMO), en Jalapa, setiembre
de 1977.

2. 134 aiioo de vida inltitucional, edición a cargo de Pedro R. Nava, Monterrey,
1968, pg. 110.

13. Vasconcelos, J., obra cit., pg. 111. Un documento encontrado cuando este
trabajo estaba ya en imprenta permitió ratificar la fecha en que Madero y
Cia. compra la Hacienda "El Roaario": diciembre de 1869. En febrero de
1870, la citada firma parece haber truladado ya una parte de aua actividades
a P■rraa, Sin embargo en el documento reviaado, en el que se solicita exen·
ción de impuestos al gobernador de Nuevo León, queda cl■ro que aún Madero y Cia. contin(ia trabajando a ritmo prácticamente normal en Monterrey.
Documento 19, Sección Conclui'dos, eaja 1870·71 (AGENL).
14. Proto--olo de Tomáa C. Pacheco, marzo de 1872, fa. 81v-84 (AGENL).
15. Protocolo de Pablo Borreco, junio de 1876, fs. 133·6 (AGENL).

3. Vaaconceloa, José, "Don Evaristo Madero. Biografía de un patricio", Impre-

aiones Modernas, S. A., México, 1958, pg. 97.

16. P!otocolo de Franci,co Pérez, noviembre de 1902, fa. 176·8 (AOENL).

4. lbfdem, pg. 99.

17. Protocolo de Tomás C. Pacheco, marzo de 1872, fa. 81v·84 (AOENL).

6. Protocolo de Tomás C. Pacheco, enero de 1865, fs. 30v-33 (Archivo General
del Eatado de Nuevo León, AGENL).

18. Protocolo de Pal-lo Borrego, agosto de 1876, fs. 186v-188 (AOENL).
19. Protocolo de Tomás C. Pacheco, noviembre de 1868, fs. 366-6 (AOENL).

6. Protocolo de Tomás C. Pacheco, mayo de 1864, fs. 163v-166v (AGENL).
7. Protocolo de Tomás C. Pacheco, enero de 1866, fs. 5v-7v (AGENL).

•

8. Vuconcel011, J., obra cit., pg. 100.
9. Ibídem, pp. 104-106.
9a. Documento sobre "Comiso de un dinero y un carruage de D. Evaristo Madero. 1869", ~■ría del Gobierno del Estado Libre y Soberano de Nuevo
León y Col!huila, Sección Conclui'd01, caja 48 (AGENL).
9b. Cerutti, Mario, "Patricio Milmo, empresario regiomontano del siglo nx ..En
tomo a la acumulación de capitales en Monterrey", ponencia lerda en el sunpollio sobre "Formación y desarrollo de la burguesía en México en el sig(o
xa", organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia
(INAH), en México, noviembre de 1976.
10. Ver Cerutti, M., trabajos citados. También, Hernández Elizondo, Robe~o,
"Comercio e induatria textil en Nuevo León (1862-1890). Un empresario:
Valentfn Rivero" ponencia presentada en el mencionado aimposio y publicada en el n ~ aeia de la revi1ta CATHEDRA, Facultad de Filosofía y
Letras de la Univeraidad Autónoma de Nuevo León, octubre de 1976.
11. Vaaconcel011, J., obra cit., pgs. 110 y 111.

20. ProtO&lt;'Olo de Tomáa C. Pacbeco, diciembre de 1869, fa. 267v-260 (AOENL).
21. Protocolo de Tomás C. Pacheco, junio de 1869, fs. 148-9 (AGENL) .
22. Protocolos de Tomás C. Pacheco, enero de 1868, fa. 30v-33; de Anaataaio
Treviño, abril de 1868, fs. 74•77v; de Anastaaio Treviño, abril de 1869, fa.
63·4; y de Francisco Oarcla del Corral, octubre de 1869, fs. 64v·66 (AGENL).
22a. Vasconcel011, J., obra cit., pg. 122.
23. Ibídem, pg. '1.87.
24. Ibídem, pg. 211.
26. Ibídem, pg. 212.
26. Ibídem, pg. 212.
27. Memoria del Gobernador del &amp;tado de Nuevo León, año 1896, Anexo 25,
pgs. 1100-2 (AGENL).
28. Ibídem, pgs. 1100-2 (AGENL) y Vasconcelos, J., obra cit., pg. 212.
29.

Vasconceloa, J., obra cit., pg. 212.

30. Ibídem, pg. 212.

1881

CATHF.DRA
CA'llfEDRA

1891

�31. Cerutti, M., "Monterrey y el deanollo del capitalismo en el Noreote de México (aspect08 del periodo 1860-191 O)", citado.

41. C~ceña, José Lu~s, "La p_e~etración extranjera y los grupos de poder económ~c~ en el México porfmsta 1 \ en Lecturas Universitarias N
Mex1co, 1975, pg. 193 .
o. 22, UNAM,

32. Vuconceloa, J., obra cit. PI•· 192-3.

42. Protocolo de Tomáa C. Pacheco, mayo de 1900, fs. 392-415 (AGENL).

33. Ibídem, pg. 166.

42a. K~r~mitsis, Dawn, La industria textil mexicana en el siglo

XJX

Mex,co, 1973, pgs. 128-135.

•

Sep Set

ta
en s,

34. Ibídem, PI• 187.
35. Protocolo de Francisco Pérez, enero de 1894, fa. 22v-31 (AGENL). Antonio
V. Hernández fue durante un breve lapso (entre 1882 y 1883) gobernador de
Coahuila.

36. 134 años de 'ricia institucional, PI•· 148, 155, 212 y 218.
37. Memoria cit., PI•· 1100-2 (AGENL).
38. Protocolo de Tomás C. Pacheco, marzo de 1874, fs. 23-47 (AGENL).
39. Protocolo de Tomás C. Pacheco, octubre de 1901, inventario incorporado a la
escritura 232, f. 874 (AGENL).
40. Espin088 de los Reyes, Jorge, Relacionea económicas entre México y Estad08
Unid08. 1870-1910, editado por Nacional Financiera, S. A., México 1951,
PI· 170. En su trabajo, Espinosa de 108 Reyes efect6a otru apreciaciones que
ratifican lo expuesto sobre el giro que la economía me:i:icana da hacia Estados
Unidos a fines del siglo puado. "Desde la época colonial hasta la primera mitad del siglo ,ax, la mayor proporción del comercio exterior de México se
efectuaba con países europe08. Pero con la e:i:panaión de laa comunicaciones
y el progreeo económico de Estad08 Unidoa, la dirección del comercio e:i:terior de México se des'ri6 de Europa hacia el mercado norteamericano" (pg.
15); "Para tener una justa apreciación de la importancia que tu'rieron laa inversiones norteamericanas en México en la última década del siglo ,a:,:, huta
mencionar qbe en 1897 Estados Unidos tenla invertido en nuestro pala el
29,3'11, del importe total de sus inversiones directas e indirectas en el e:i:terior.
En ningún otro pala tenla invertida una proporción mayor. En eae miamo
período, las inversiones nolteamericanas en México &amp;!? habían concentrado en
los ferrocarrilea y en la minería. llstas dos acti'ridadea económicaa abeorbfan
el 76'11, del valor total de las inversiones mencionadu" (PI- 18).

El autor menciona luego cüras sobre el comercio exterior mexicano, que comprueban el giro apuntado. En 1872-73, fluían hacia Estados Unidos el 36,1 %
de las exportaciones del país, mientru que hacia lnglaterra y Francia se en'riaba el 54,2'11,. En 1909-1910, en cambio, Estados Unidos recibía el 75,7%de
las e:,:portacionea de Mé:i:ico, en tanto que lnglaterra y Francia receptaban
aólo el 15,7% (Cuadro Vlll, pg. 53). Un panorama análogo presentaban las
importaciones de México, que para 1909-1910 estaban integradu por casi un
60% de product08 norteamericanos y de un 30% de manufacturu ingleaas,
francesu y alemanas ( Cuadro IX, PI• 54 ).

(90] CA111EDRA

43. Protocolo_ de_ Francisco Pérez, noviembre de 1902, fs. 175-8 (AGENL) La
e.scntura md1~ _que Jas cuatro fábricas producían géneros blancos O ¡~ eriaJes, Y ~l O~Jetivo era asegurar la venta de las piezas que cada una de a :ell~s canalizar1a ~ través de la nueva sociedad. El capital se elevaba a och:nta
~il pe~s, fraccionado en ochocientas acciones de cien pesos cada una La
;:d:i::;;1 de ~rras ~seía trescien13:s1 los SLñores Prince, doscientas set~nta;
era, ciento cincuenta; y Rivero Suce.:;ores, ochenta . Se menciona
·
asi ·
d ;~mo. que semanalmente cada establecimiento debería aportar esta can ti11
a
~ p1eza_s:
La Estrella", tres mil de cuarenta metros· "La Am · d"
d_os mil setecientas; "La Bella Unión", mil quinientas· y "El Porvenir" 1St:h :
cientas. Total: ocho mil piezas. El carácter oligo~lico y la tende~~ia ~l
control coordinado del mercado se infiere de la cláusula
. s1· ¡
mientras
t
el
que e 1pu a que
.
se_ IDB;? enga acuerdo (doa años, a partir del 1 de enero de 1903

los SJgn~rios no aumentarán la capacidad de sus fábricas en géneros blanco!
es que sobrepasen al máximo expresado".

o 1mper

44. Vasconcelos, J., obra cit., pg. 187.

45. Protocolo de Francisco Pérez, diciembre d e 1899 , fs. 258-61 (AGENL).
46. Protocolo de Francisco Pérez, setiembre de 1897, fs. 188-209 (AGENL).
47. Protocolo de Tomás C. Pacheco, abril de 1900, fs. 3~8-56 (AGENL).
48. Protocolo de Tomás C. Pacbeco, febrero de 1899, fs. 149-60 (AGENL).
49. Protocolo de Tomáa C. Pacheco, marzo de 1900, fs. 252-4 (AGENL).
50. Protocolo de Tomás C. Pacheco, julio de 1902, fs. 657-59v (AGENL).
51. :~dística Gráfica. Progreso de los Estados Unidos Mexicanos, 1896, pg.
51s. "Ruta panorámica descriptiva del Ferrocarril Nacional de México Alb
mercantil, industrial y pintoresco de la ciudad de Monterrey" Méxi~o 19 u0m4
pg. 18.

1

1

'

51b. Protocolo de Tomás C. Pacheco, enero de 1899, fs. 38-40 (AGENL).
52. Protocolo de Francisco Pérez, no'rieml;&gt;re de 1899, fs. 206-14 (AGENL).

CA'111EDRA [ 91]

�Reproducimos este párrafo porque aparece muy significativo, y creemos ra·
tífica lll interendas extraídas de nuestro trabajo en buena parte. La entrevista puede encontrarse en Cuadernillos de Información Histórica No. 2, Sociedad de Estudios Históricos de Tezcoco A.C., julio de 1978 pág. 1, bajo el tftu·
lo de "Puntoade vista de un revolucionario".

53. Ruta panorimica ... , pg. 6.
54. Protocolo de Tomás C. Pacheco, enero de 1899, fa. 38-40 (AGENL).
66. Ferrer de Mendiolea, Gabriel, Preaencia de don Franci8eo I. Madero, Colección Metropolitana, tomo I, México, 1r73, pg. 13,

66. Protocolo de Francisco Pérez, diciembre de 1902, fa. 191·213 (AGENL).
56. Ceceña, J. L., trabajo cit., pg. 194.
67. Protocolo de Francisco Pérez, setiembre de 1904, fs. 296-7v (AGENL).
57. Vaaconcelos, J., obra cit., pg. 258.
68. Protocolo de Franciaco Pérez, enero de 1906, fa. 2·6 (AGENL).
68. Keremitaia, D., obra cit., pg. 138.
59. Vasconcelos,·J., obra cit., pg. 122.

69. P~·Maldo~d!), Carlos, El casino de Monterrey. Bosquejo biatórico de la
SOC1edad reg,omontana, Monterrey, 1960.

60. Ibfdem, pg. 216

70.

61. Protocolo de Francisco Pérez, enero de 1894, fa. 22v-31 (AGENL).

71. Ibídem, pg. 64.

62. Protocolo de Franciaco Pérez, diciembre de 1899, fa. 258-61 (AGENL),

72. Cien años del Casino de Monterrey (lij66-1966), con datoe hiatóricos de Tomás Mendirichaga, México, 1967, apéndice.

63. Protocolo de Franciaco Pérez, diciembre de 1904, fs. 281-6 (AGENL)

Ibídem, pga. 62, 63 y 64. Los subrayados son nuestroa, MC.

73. Ibldem, sin número de página.

64. Protocolo de Franciaco Pérez, febrero de 1906, fs. 216-24 (AGENL).
66. Protocolo de Francisco Pérez, setiembre de 1904, fa. .282-91 (AGENL).
65a. En el Noveno Congreso Nacional de Historia de la Revolución Mexicana, realizado en la ciudad de Chihuahua en julio último, el profesor Alejandro Contia Carmona presentó una ponencia que se basaba en una entreviBta efectuada
al hijo de Andrés Molina Enríquez.
El entrevistado alude en una parte del diálogo, justamente, a las diferencias
que entre su padre y Francisco l. Madero existían en materia agraria, en lo
que atañe a las medidas que habría qué adoptar en el caso de llegarse al po·
der.
Recuerda que en un día de 1909, Francisco I. Madero y su padre paseaban

74. Estrada, Roque, · La revolución y Francisco I. Madero, Guadalajara, del 19
de octubre de 1911 al 9 de marzo de 1912.
76. Ibfdem, pgs. 262 y 263.

por la calle Liverpool, en México, y el tema afloró. Molina Enrfquez hizo no-

tar a Madero lo fundamental que era hacer figurar en el programa del partido
Antirreleccionista la cuestión agraria. Según el entrevistado, Madero replicó:
"no, no, no, no abogado, no hay qué tocar el régimen de la propiedad, esa
está bien; lo que debemos hacer es enseñar a estos hacendados de aé¡uf del
centro a emprender cultivos más remuneradores para que puedan retribuir
mejor al peón.( ... ) pero no vamos a tocar el régimen de la propiedad, daremos más fondos a la caja de préstamos para que ésta sea la que .. , y que
estos señores aprendan a cultivar lo que tenemos nOsotros ... nosotros allá
en el norte tenemos algodón, guayule, trigo ... remuner9.':1 más, y estos aeñores de aquf nada más se dedican al maíz y si acaso al frijol, no tienen ingresos bastantes para mejorar el salario' 1•

192]

CATHEDRA

CATHIDRA

193)

�[94] CATffIDRA

�Mario Bunge

Método
y métodos, metodología
y metodolatría
NADIE DUDA YA del éxito sensacional del metodo científico en
las ciencias naturales. Pero no todos concuerdan en lo que es el método
científico. Ni todos creen que el método científico pueda estirar su
brazo más allá de su cuna, la ciencia de la naturaleza.
Interesa pues examinar ambos problemas, tanto más por cuanto
están íntimamente relacionados. En efecto, si se concibe el método
científico en sentido estrecho, identificándolo con el método experimental, entonces su alcance queda limitado automática y radicalmente.
En cambio, si se lo concibe en sentido amplio, su dominio de aplicabilidad queda correspondientemente ampliado.
Conviene proceder periódicamente a exámenes de la naturaleza y el
alcance del método científico, ya que éste ha ido variando en el curso
de su brevísima historia de tres siglos y medio. El examen que se presenta a continuación no es el primero ni será el último: hay problemas
CATHEDRA

(95]

�que se replantean cada tamo y, cada vez que se lo hace, se resuelven de
manera algo distinta. Este es uno de ellos.

1. DE LOS ORIGENES A LA ACTUALIDAD

UN METODO ES UN procedimiento regular, explícito, repetible,
para lograr algo, sea material, sea conceptual. La idea de método es
antigua, la de método general -aplicable a un vasto c~n¡unto de operaciones- lo es menos. Parece surgir, como todas las ideas de ex_trema
generalidad, en el período clásico grieg?. Se re~uerda, en particular,
el método de Arquímides para calcular areas de hguras planas de frontera curva.
Pero el concepto general de método no se consolida Y populariza
hasta comienzos del siglo xvii, al nacer la ciencia moderna. Los pnmeros pensadores modernos de gran estatura e influencia que propugnan la adopción de métodos generales para lograr ¡¡vanees en el conocimiento son Bacon y Descartes.
Para Bacon el método científico es un conjunto de reglas para
observar fenómenos e inferir conclusiones a partir de dichas observaciones. El método de Bacor. es, pues, el inductivo. Las reglas de _B~con
eran sencillas a punto tal que cualquiera ,que no fuese un def1c1ente
inental podía aprenderlas y aplicárlas. Eran también infalibles: bastaba
aplicarlas para hacer avanzar a la ciencia.
Naturalmente, ni Bacon ni ningún otro logró jamás contribuir_ a la
ciencia usando los cánones inductivos -ni los de Bacon m los de Mili m
de ningún otro. Sin embargo, la idea de que existe tal -~étodo,_ Y que su
aplicación no requiere talento ni una larga preparac1on previa, es ta_n
atractiva que todavía hay quienes creen en su ef1cac1a. Esta creencia
acrítica suele ser tan acendrada que quienes la sustentan no _se preguntan si posee un soporte inductivo. La llamaremos metodolatna.
Descartes, que a diferencia de Bacon era un matemá~ico Y científico
de primera línea, no creía en la inducción sino en el análisis Y la deducción. Al par que Bacon exageraba la importancia de la expenenc1a e

CATHEDRA

[96]

'ignoraba la existencia de teorías, en particular de teorías matemáticas,
Descartes menospreciaba la experiencia. En efecto, para Descartes-sedebía poder partir de principios supremos, de naturaleza metafísica y
aun teológica, para obtener de ellos verdades 'matemáticas y verdades
acerca de la naturaleza y del hombre.
Leibniz, en las postrimerías del siglo xvi1, se quejaba de que el
método de Descartes servía tan sólo una vez que se habían hallado
las verdades primeras. Y pedía que, al método del análisis, se agregara
el método de la invención, o ars inveniendi, de esas verdades iniciales.
Por supuesto que ni Leibniz ni ningún otro fue capaz de inventar un
método de la invención, lo que no obsta para que, de vez en cuando,
aparezca algún filósofo inger.uo que habla acerca de las grandes virtudes
del arte de la invención. También ésta es una forma de metodolatría.
La ciencia natural moderna nació al margen de estas fantasías filosóficas. Su padre, Galileo, no se conformaba con la observación pura
(teóricamente neutra) ni con la conjetura arbitraria. Galileo propone
hipótesis y las pone a la prueba experimental. Funda así la dinámica
moderna, primera fase de la ciencia moderna. Galileo Sjl interesa vivamente por problemas metodológicos, gnoseológicos y ontológicos: es
un científico y un filósofo y, por añadidura, un ingeniero y un artista
del lenguaje. Pero no pierde su tiempo proponiendo cánones metodológicos. Galileo engendra el método científico moderno pero no enuncia sus pasos ni hace propaganda por él. Acaso porque sabe que el método de una investigación es parte de ésta, no algo que pueda desprenderse de ella.
Desde Galileo se han introducido varias modificaciones al método
científico. Una de ellas es el control es.adfstico de los datos. Ya no
se toman todos los datos por buenos: sabemos que, cuanto más preciso es un dato, tanto más afectado de errores accidentales puede estar.
Corregimos pues la experiencia, adoptando promedios o medianas y
eliminando los datos que parecen irrazonables (en particular los que se
desvían más de tres desviaciones cuadráticas medias).
Y, al par que nos hemos vuelto más intolerantes o exigentes para
con los datos empíricos, nos hemos vuelto más tolerantes para con las
teorías. Esto se debe a que las teorías se han tomado más refinadas y
por lo tanto más difíciles de contrastar empíricamente. Piénsese en
CA'l'HEDIµ [ 97)

�una teoría de campo, cuya confirmación precisa exigiría una infinidad
no numerable de mediciones. Pero este ya es tema de otro parágrafo.

2. CONTRASTABILIDAD

L

LA CIENCIA PURA Y LA APLICADA han llegado a un punto tal
que las teorías son tan complicadas que es difícil refutarlas, y las observaciones tan cargadas de teorías que no es fácil determinar qué confirman o refutan. Hace tres siglos, cuando las teorías y los experimentos
eran relativamente sencillos, rara vez se dudaba de si un dato empírico
confirmaba o refutaba una teoría. En la actualidad son cada vez más
numerosas las ocasiones en que no podemos estar seguros de un dato
experimental o, si lo estamos, no podemos estar seguros de si confirma
o refuta a una hipótesis.

ca ambiguos, Y que todas las teorías deben poder contrastarse directamente_ con datos empíricos. Estos esquemas metodológicos son, pues,
demasiado simples para ser verdaderos. Los al(ances de la ciencia nos
obhgan a descartarlas Y a revisar, en primer lugar, el concepto mismo
d_e contrastabi!idad \ testability ). En efecto, éste es el núcleo de la
cientificidad -:-per_m1 taseme 1;1 neologismo- ya que una idea puede
considerarse c1entif1ca s1 y solo si es objetivamente contrastable con
datos empíricos.
Ahora bien: hemos visto hace un rato que no toda hipótesis o teoría
científica puede contrastarse directamente con datos empíricos. (Por
ejemplo, todavía no hay manera de contrastar directamente la termodinámica relativista, y sin emba1go le tenemos confianza porque constituye una generalización que involucra dos teorías aceptables, la termodinámica clásica y la teoría especial de la relatividad). Debemos pues distinguir dos tipos de contrastabilidad: directa e indirecta. En rigor debemos empezar de más atrás, como lo sugiere el cuadro sinóptico siguiente:

En la literatura científica y tecnológica contemporánea se lee con
frecuencia creciente frases tales como:
"Si el dato e se confirmara. debilitaría la hipótesis h".

directamente
empíricament

"El dato e parece robustecer a la hipótesis h".
"El dato e no es cohcluyente respecto de la hipótesis h".
"Según la hipótesis h, el dato e no puede ser cierto".
Por ejemplo, según la teoría einsteiniana de la gravitación, debiera
haber ondas gravitatorias; pero éstas aún no han sido detectadas con
certeza. Y según la teoría de los quarks, las partículas llamadas elementales están compuestas de subpartículas; pero éstas no han sido
observadas todavía. En estos casos se recurre a las comprobaciones
indirectas, que nunca son concluyentes.
Ninguna de las epistemologías existentes hace frente a estas dificultades. Tanto los inductivistas (como Camap) como los deductivistas (como Popper) creen que los datos empíricos son inequívocos, nun-

[ 981 CATHEDRA

Hipot:sis
o teonas

teóricamente
incontrastables

Una hipótesis (o una teoría) se dirá empíricamente contrastable
cuando, junto con datos empíricos, implica proposiciones particulares
que pueden compararse con proposiciones sugeridas por experiencias
controladas. (A su vez, una experiencia controlada está diseñada con
ayuda de otras ideas científicas y puede ser examinada públicamente).
CATHEDRA [991

�Pero _las hipótesis y teorías empíricamente contrastables pueden
serlo directa o indirectamente, y ello según los medios de que se valga
el experimentador. Por ejemplo, una distancia podrá medirse, en algu- •·
nos casos, directamente, pero en los más será preciso usar fórmulas geométricas. En este segundo caso, que es hoy día el más frecuente, se
hablará .de contrastabilidad empírica indirecta o con ayuda de teorías.
En cambio, una hipótesis o teoría se dirá teóricamente contrastable cuando se la pueda comparar con hipótesis o teorías empíricamente
contrastables. Por ejemplo, la aceleración de la gravedad en un lugar
puede calcularse con ayuda de la teoría de la gravitación y de datos
acerca de la distribución de la materia en el cuerpo celeste de que se
trate. Y semejante resultado teórico puede contrastarse en forma indirecta midiendo la longitud y el período de oscilación de un péndulo
gracias a una fórmula de la teoría del péndulo. Esta segunda teoría sirve entonces üe puente entre la teoría de la gravitación y los datos empíricos.

{

Hasta _ahora hemos tratado las hipótesis y las teorías en un pie de
igualdad. En rigor, lo que vale para las primeras puede no valer para
las segundas, ya que éstas no son proposiciones sino conjuntos infinitos
de proposiciones. Mientras las hipótesis deben enriquecerse con datos
para poder ser contrastadas, las teorías deben ser enriquecidas con datos
y con hipótesis adicionales. Por ejemplo, para poner a prueba una teoría mecánica es preciso añadirle hipótesis sobre la composición del sistema di: interés, las fuerzas actuantes e:itre y sobre sus componentes,
etcétera. Al ser enriquecidas de esta m¡mera las teorías dejan de ser
completamente generales y en cambio aumenta su contrastabilidad,
porque se tornan capaces de formular predicciones precisas. La ley es,
pues: A mayor generalidad menor contrastabilidad y viceversa.

Desde luego, esto sucede solamente con las teorías científicas. Por
ejempla, por más datos que se tenga acerca de un sujeto, el psicoanálisis no le permitirá a uno predecir su conducta. Hay, pues, una diferencia radical entre las teoríl1,S que pueden y las que no pueden someterse
a comprobación empírica. Si una teoría no puede enriquecerse con
hipótesis subsidiarias y con datas, hasta convertirse en una teoría contrastable, entonces no es una teoría científica. En dos palabras; científica
t contrastable.
[ 100] CATIIEDRA

O sea, para que una idea_ sea considerada científica es necesaria que
sea contrastable. Es necesano pero no suficiente. En efecto, una idea
puede ser contrastable y sin embargo incompatible con el grueso del
conocimiento científico. En tal caso no la aceptaremos como científic~. ~s el caso de la astrología, de la homeopatía y algunas otras seudoc~enc~: es fácil refutarlas empíricamente, pero no las consideramoa
c1ent1flc~ porque son incompatibles con el conocimiento científico.
Esto sug¡ere la siguiente partición de las teorías que aún no han sido
contrastadas, sea empírica, sea teóricamente:

compatibles con
el grueso del conocimienta (científicas)
contrastables
Incontrastadas

incompatibles
no científicas
incontrastables

En resumen: científicaf+contrastable &amp; compatible con el grueso del conocimiento. La línea que divide a las hipótesis y teorías citJ}tíficas de las no científicas no es, pues, la contrastabilidad por sí sola,
sino la contrastabilidad unida a la compatibilidad con el grueso del conocimiento científico. Creo que éste es uno de los resultados más importantes de la metodología científica reciente. Tiene importancia no
sólo teórica sino también práctica porque, al permitirnos distinguir la
ciencia de la nociencia, nos da un_criterio para evaluar proyectas de investigación y, con ello, un criterio para saber si debemos o na apoyarlos. Lo que muestra una vez más que es indispensable que quienes diseñan e implementan políticas científicas sepan algo de epistemología.
CATHEDRA 1101]

�3.

FORMULACION ACTUALIZADA DEL METODO CIENTIFICO

TODA INVESTIGACION, de cualquier tipo que sea, se propone
resolver un conjunto de problemas. Si el investigador no tiene una idea
clara de sus problemas, o si no se mune de los conocimientos necesarios
para abordarlos, o si propone solucionés pero no las pone a prueba,
decimos que no emplea el método científico. Es el caso del fantasista
y del charlatán, que adoptan o propalan ciertas creencias sin· averiguar
si son contrastables y compatibles con el saber científico del día.
Decimos en cambio que una investigación (de un conjunto de problemas) procede con arreglo al método científico si cumple o al menos
se propone cumplir las siguientes etapas:
(1) Descubrimiento del problema o laguna en un conjunto de conocimientos. Si el problema no está enunciado con claridad, se pasa a la
etapa siguiente; si lo está, a la subsiguiente.
(2) Planteo preciso del problema, en lo posible eu términos matemáticos, aunque no necesariamente cuantitativos. O bien rephmt,.o de
un viejo problema a la luz de nuevos conocimientos (empíricos o teóricos, sustantivos o metodológicos).
( 3) Búsqueda de conocimientos o instrumentos relevantes al problema (por ejemplo, datos empíricos, teorías, aparatos de medición,
técnicas de cálculo o de medición). O sea, inspección de lo conocido
para ver si puede resolver el problema.

se trata de una teoría, búsqueda de predicciones que puedan hacerse
con su ayuda. Si se trata de nuevos datos, examen de las consecuencias
que puedan tener para las teorías re!evantes.
(8) Puesta a prueba (contrastación) de la solución: confrontación
de ésta con la totalidad de las teorías y de la información empírica rele·
vantes. Si el resultado es satisfactorio, la investigación se da por concluida hasta nuevo aviso. Si no, se pasa a la etapa siguiente.
(9) Corrección de las hipótesis, teorías, técnicas o datos empleados
en obtener la solución incorrecta. Este es, por supuesto, el comienzo
de un nuevo ciclo de investigación.
Obsérvese que ninguna de estas reglas es suficientemente precisa
para permitir, por sí sola, ejecutar el paso correspondiente en la investigación. Para llevar adelante una investigación hay que "entrar én materia", o sea, apropiarse de ciertos conocimientos. El método no suple a
estos conocimientos sino que ayuda a ordenarlos y enriquecerlos.
Un par de ejemplos ayudarán a comprender el esquema que se acaba
de presentar. Se tratad~ clases de problemas típicos, aunque de ningún
modo agotan la familia de tipos de problemas científicos o tecnológicos. Los ejemplos quedan consignados en el cuadro siguiente. Se invita
al lector a confeccionar sus propios cuadros sobre la base de su experiencia.

( 4) Tentativa de solución del problema con ayuda de los medios
identificados. Si este intento falla, pásese a la etapa siguiente; si no, alá
subsiguiente.
( 5) Invención de nuevas ideas (hipótesis, teorías o técnicas) o bús-

queda de nuevos datos empíricos que prometan resolver el problema.
(6) Obtención de una solución (exacta o aproximada) del problema
con ayuda del instrumental conceptual o empírico disponible.

(7) Investigación de las consecuencias de la solución obtenida. Si
[102] CATIIEDRA

CATIIEDRA [ 103]

�PASO PROBLEMA EMPIRICO TIPICO

PROBLEMA TEORICO TIPICO

1

1

¿Cuánto mide X?

¿Cómo se explica que X mida x?

2

¿Cuál es el valor medido de X
con valor menor que e?

¿De qué premisas se concluye
que X vale x?

3

¿Qué diapositivo(s) experimentsl
(es) Y permite(n) medir X con
error menor que e?

Qué teorfa(s) Y, hipótesis subsi·
diaria(s) h y dato(s) d implican
que X vale x?

4

¿Qué valor(es) de X arroja una
operación ,de medición efectusda
con ayuda de Y? Si Y no es ade·
cuado, dése el paso siguiente; en
C880 contrario, pásese a (6).

¿Cuánto vale X según Y, h y d?
Si el resultado no puede obte·
nerse o es inverosímil, dése ·el
paso siguiente; de lo contrario
pá.sese a ( 6 ).

6

¿ Qué nueva técnica Y' permite
medir X con error menor que e?

¿Qué nueva teoría Y', enriqu~
cida por hipót_esis h' y dato(s)
d ', puede implicar que X vale
x?

6

¿Qué resultado(s) arroja la apli·
cación de Y' a la medición de X?

¿ Cuánto vale X segtin Y', h' y
d'?

7

¿Qué implica este resultado?
¿Qué consecuencias tiene para
las teorías y los demás datos
relevantes?

¿ Qué implica este resultado? Lo
mismo que en el caso empírico.

8

¿Cómo se puede corroborar
independientemente este resultado?

¿Concuerda este resultado con
los datos empíricos relevantes?

9

Si el resultado es insatisfactorio,
qué hay que cambiar en Y'?

Si el resultado es insatisfactorio,
¿qué hay que cambiar .en Y'i h'
o d'?

4. APLICACION DEL METODO CIENTIFICO EN LAS CIENCIAS

SOCIALES
LOS PRIMEROS EN EMPLEAR el método científico en las ciencias sociales fueron los eéonomistas, hace de esto ya más de un' siglo.
[ 104] CATHEDRA

Los economistas científicos, tales como Marx, Cournot y Walrs, lejos de.
limitarse a juntar datós o a enunciar hipótesis especulativas, formularon
modelos precisos, recogieron datos relevantes a ¡!ichos modelos, y formularon predicciones que, a la larga, permitieron evaluar dichos modelos. El que dichos modelos hayan sido toscos no impide que hayan sido
concebidos 'y utilizados de manera científica. Tan lo fueron, que los
economistas posteriores pudieron utilizar esa experiencia para formular
y aplicar modelos mejores en algunos respectos aunque, desde Juego,
siempre imperfectos.
A fines de siglo empezaron a sumarse a las filas de la comunidad
científica los sociólogos, psicólogos sociales, politólogos, antropólogos,
geógrafos sociales, y otros. Más tarde se incorporaron los historiadores
económicos y sociales, así como los lingüistas. Hoy día no hay rama de
las ciencias sociales que no esté algo adentrada en el terreno científico,
ni ninguna quP. haya dejado de avanzar en esa dirección. En todas ellas
se formulan modelos teóricos, a menudo matemáticos, y se los discute a
la luz de datos empíricos, que a veces son resultados de experimentos
propiamente dichos. Es cierto que todavía hay mucha especulación
incontrolada por la investigación empírica, así como mucha recolección
ciega de datos, pero existe una conciencia cada vez más clara de que ni
una ni otra son actividades propiamente científicas, sino a lo sumo protocientíficas, y existe el afán de avanzar más allá de ambas.
Las ciencias sociales han sufrido, pues, una revolución en el curso
del último siglo. Esta revolución fue inspirada primero por la filosofía
positivista, luego por la marxista. Y fue resistida por los filósofos idealistas y kantianos, quienes afirmaban dogmáticamente que es imposible
estudiar al hombre al modo en que se estudia una roca o un animal.
Hoy día quedan filósofos enemigos del proceso de cientiñzación de las
ciencias sociales -en particular los positivistas enemigos de las teorías,
los marxistas dogmáticos enemigos de cuanto no esté escrito en los clásicos del siglo pasado, y naturalmente los fenomenólogos y existencialistas. Pero ya están a la defensiva y tienen cada vez menos partidarios
entre los científicos sociales.
No viene al caso enumerar los éxitos de las ciencias sociales, sobre
todo porque son más bien modestos, como lo fueron los primeros éxitos de la física científica durante el siglo xvii. Será más fructífero examinar un caso particular: el de la conversión de una hipótesis ideológi-

CATHEDRA (105]

�ca audaz pero infundada, en una hipótesis científica, modesta pero fund;da. Consideremos las_ hipótesis de las formas "La mayoría de los
votos de izquierda son obreros", "La mayoría de los votos de derecha
son burgueses", y "La mayoría de los votos de ·centro son de pequeños
burgueses".
Estas afirmaciones, que son premisas intocables para el ideólogo,
son problemáticas para el científico social. Ante todo ¿cómo se caracterizan las clases sociales mencionadas en las hipótesis en cuestión?
¿Por ocupación, por ingreso, por participación en la toma de decisiones? Y ¿cómo se caracterizan los conceptos de izquierda, derecha y
centro, .sobre todo en la actualidad, cuando hay izquierdas que usan métodos.- fascistas y derechas populistas? Supongamos que el sociólogo
logre' responder la primera pregunta (acerca de las clases sociales) Y que
el politólogo se las arregle con la segunda (acerca de las tendencias políticas). Acaso tengan que recurrir a nuevas categorías, reformulando las
hipótesis iniciales con ayuda de estas nuevas categorías. En todo caso
supongamos ya resuelto el problema conceptual previo de la reformulación precisa de las hipótesis iniciales. La forma general de éstas será
ahora:

El grupo social G de la comunidad S tiende a creer en C, donde G y
C son ahora coÜceptos bien claros. En cambio el término 'tiende' es

aún impreciso: no es un término técnico sino del lenguaje o;dinario.
Pero ·no es irremediablemente oscuro: podemos domesticarlo, y lo
lograremos en el proceso de explicitar nuestra hipótesis.
Supongamos pues elegido nuestro universo del discurso, que es la
comunidad S. Dividámoslo de dos maneras: por circunscripciones electorales ( o diócesis, o disJritos de otro tipo) y en grupos sociales, tales
como obreros industriales, obreros agrícolas, obreros de servicios, empleados, etc. Llamemos G al grupo social incluido en la sociedad S,
cuya creencia C nos interesa inv~stigar. El resto de la sociedad será el
complemento de G en S, o sea, G. Si el número de zonas (electorales o
de otro tipo) en que se ha divididJ el territorio que ocupa S es n, tendremos que S es la unión de las n poblaciones S; de dichos distritos.
Análogamente, G es la unión de los n subconjuntos G¡ de G que habitan
dichos distritos. En resumen, se tiene:

[ 106] CATHEDRA

n

n

s

u

u
=

i = 1 S;

G=

=lGi-

Supongamos ahora que tenemos manera de determinar si una persona cualquiera de la sociedad S sustenta la creencia C. O sea, supongamos resuelto el problema metodológico de encontrar uno o ll}ás indicadores fidedignos de creencias (políticas, religiosas o de otro tipo). En el
caso de creencias políticas en una sociedad democrática se recurrirá a
las elecciones para determinar la distribución de las convicciones políticas. En otros casos el problema será más difícil, aunque soluble aunque
sea en forma aproximada.
Llamemos Y¡ a la fracción de los individuos que habitan el i-ésimo
distrito y creen en C. (Por ejemplo, Y¡ es el número de personas que
habitan la zona S; y rinden culto al diablo). Según la hipótesis inicial,
este número Y¡ es tanto mayor cuanto más voluminosa es la fracción X¡
de los habitantes de la misma zona S¡ que pertenecen al grupo social G.
En otras palabras, al hipótesis ideológica a refinar y poner a prueba es
que existe una función f creciente tal que Y¡ = f (X¡) para todo i comprendido entre 1 y n. Puesto que hasta ahora no se ha caracterizado a
esta función f con precisión (sólo se ha dicho que es una función creciente), la hipótesis es tan sólo programática: es una invitación a una
investigación, no un resultado de ésta.
El paso siguiente debiera ser empírico: necesitamos datos relevantes
a nuestra hipótesis. Por ejemplo, datos electorales, o de censos, o e~lesiásticos, o datos aún inexistentes que será menester producir con ayuda
de indicadores fidedignos. Supongamos que el resultado de la investigación empírica sea una nube de puntos' en el plano x-y. Típicamente
esta nube exhibirá una dispersión considerable, pero aplicándole ciertas
técnicas estadísticas será posible descubrir la tendencia general o línea
de regresión en torno a la cual se agolpan los puntos empíricos.
La hipótesis más general, y por esto sospechosa, es que dicha línea
de regresión es una recta de pendiente a que corta al eje de las Y en el
punto b. O sea,

Hl

Y¡

= a Xi +

b

paratoda 1~ i

~

n.

CATHEDRA (107]

�Hay dos posibilidades: Hl concuerda satisfactoriamente con los
datos, o no se compagina con ellos. Supongamos lo primero, aunque
es improbable. No por ello daremos por terminada nuestra investiga·
ción. Por lo pronto tenemos el problema de que los coeficientes que
figuran en Hl son números sin ningún significado sociológico. Trate·
mos de dárselo.
Una posibilidad es ésta: atribuir a todos los individuos una propen·
sión a sostener la creencia C en cuestión. Más aún, podemos suponer
(en primera aproximación) que esta propensión no depende de la ,zona
y depende tan sólo del grupo social a que pertenezca. Si el individuo
pertenece al grupo social G de interés, le atribuimos la propensión p,
un número comprendido entre O y 1; y si pertenece a cualquier otro
grupo, o sea, si está en el complemento G, le atribuimos la propensión
q, un número también comprendido entre O y 1 pero, según la hipótesis, ideológica, menor que p. Más aún, suponemos que p y q son probabilidades (condicionales) esto es, números que satisfacen los axiomas
del cálculo de probabilidades. En resumen, postulamos
H2

y¡

=

px¡

+ q (1 - x;)

donde x; es la fracción de la población del distrito S; que pertenece al
grupo G, y 1-x; es la fracción de los que no pertenecen a G. Recordan·
do en~ontramos que la pendiente es a = p - q, mientras la ordenada
en el origen es b = q. Los números a y b han adquirido ahora una
clara interpretación psico-sociológica: a = p - q es la ventaja que
otorga a C la pertenencia en el grupo social G, y bes la tendencia a creer en C cuando no se pertenece a G.
La nueva hipótesis H2, más profunda que Hl, nos ayudará aun si
resulta refutada por los datos, o sea, si éstos muestran que la línea de
regresión no es una recta. En efecto, ahora podemos hacer hipótesis
sobre las propensiones p y q. Si la tendencia general no es 'lineal,
entonces podemos ensayar la hipótesis de que p y q, le!os de ser constantes, son a su vez funciones de alguna variable. Hay tres posibilidades: (a) p y q son funciones de la densidad de los G en cada distrito
(por ejemplo, cuantos más obreros hay en una zona tanto mayor es su
tendencia a votar por la izquierda); (b) p y q son funciones del número
de adeptos a C en cada distrito ( o sea, la tendencia a creer en C es tanto

mayor cuantos más creyentes hay en el distrito); ( c:) p y q son funciones _de una tercera variable por averiguar (por ejemplo, edad, sexo,
escolaridad, o alguna otra). Para simplificar consideremos solamente
los ~ s (a) y (b) y en ambos limitémonos al caso lineal, improbable
pero s1D1ple.
La conjetura de que las propensiones p y q son funciones lineales
de la densidad de los G en cada distrito se formula así:

Reemplazando l!n H2 queda

Reordenando obtenemos finalmente una relación parabólica:

Si esta curva resulta ajustarse bien a los datos, la damos por verdadera hasta nuevo aviso. De lo contrario ensayamos la alternativa (b ), o
sea, ponemos

q¡=a 2 y¡+b 2

de modo que

En definitiva queda la curva de regresión llamada homográfica:
CA111F.DRA [ 109]

[ 108] CATIIEDRA

�H4

y¡

(b1 -b2 )x¡

+ b2

= -+,-'----:,"",'-::'--r-..-'----=(a, a¡) X¡ + 1 a,

Si esta curva no se ajusta bien a los datos tendremos que ensayar
alguna de las hipótesis comprendidas en la alternativa \C), para lo cual
deberemos comenzar por formularlas explícita y exactamente. Este
proceso de invención y contrastación es, en principio, interminable.
De hecho sólo termina cuando se pierde interés por el problema. Esta
es una característica de la ciencia -sea social o natural, pura o aplicada- en contraste con la ideología no científica.
Lo que precede no pretende dar sino una vislumbre de las aplicaciones del método científico a la investigación de problemas que en el pasado estaban en manos, sea de filósofos, sea de ideólogos. El interesado
en averiguar cómo se hace ciencia social en la actualidad deberá recurrir
a la literatura original en la materia, y principalmente a las revistas
especializadas de circulación internacional. En este terreno, como en
los demás, las obras de divulgación sólo pueden dar una idea aproximada, y 1~.s obras sobre los métodos de investigación sólo logran dar una
idea aún más pálida que la anterior.
El método científico se aplica no sólo en sociología, politología,
psicología social, economía, antropología, y geografía humana, sino
también en historia, particularmente en historia social y económica.
En todas estas áreas se dispone ahora, no sólo de conjeturas especulativas, sino de teorías propiamente dichas y, más aún, teorías contrasta.bles y compatibles con el grueso de los conocimientos relevantes, que
'en este caso son de orden geográfico, biológico y psicológico. Más aún,
algunas de esas teorías -tales como las teorías de la movilidad social
y de las redes de mercados- son de forma matemática y por lo tanto
extremadamente sensibles a los datos empíricos, lo que a su vez exige
una mayor precisión a la investigación empírica.
En suma, el método científico no se rompió cuando se lo estiró
para que abarcara los problemas sociales. Tampoco se rompe si se lo
aplica a otras disciplinas, en particular las 'humanísticas. Ya mencionamos el caso de la lingüística, que es tanto una ciencia social como una
rama de las humanidades. Podemos agregar la filosofía: podemos
hablar, en efecto, de filosofía científica Desde luego que no se trata
[110] CATHEDRA

de instalar laboratorios de experimentación filosófica: la filosofía es
una disciplina teórica, tanto como lo es la cosmología física. En nin~º de los dos casos podemos emplear directamente el método experunental. Pero tampoco tenemos por qué prescindir de la experiencia
recogida en las ciencias experimentales. Al contrario, así como la cosmología física debe ser compatible con la física, así también la filosofía debiera ser compatible con la ciencia y, de esta manera quedar
sujeta indirectamente al imperio del método experimental.
'
Incluso la ontología (o metafísica o cosmología filosófica) puede
ser _empírica de este modo indirecto. No realizaremos, claro está, experimentos ontológicos; pero sí exigiremos que nuestras teorías ontológicas estén de acuerdo con nuestras teorías científicas. No se trata de la
fácil compatibilidad de teorías que no tienen nada que ver entre sí
como podría ser el caso de una teoría astrofísica y una teoría sociológi'.
ca. El acuerdo que exigimos exista entre la filosofía y la ciencia es más
exigente: pedimos que las teorías filosóficas sean contrastables o comprobables, así sea indirectamente.
Por ejemplo, para que una teoría filosófica (extremadamente general) acerca del cambio pueda ser considerada científica, no sólo deberá
ser de una claridad prístina, esto es, estar formulada en lenguaje matemático. También deberá ser una suerte de generalización de teorías
científicas particulares. Si en efecto lo es, entonces deberá implicar a
estas teorías cuando se la enriquezca con hipótesis generales. Para decirlo con máxima concisión: F &amp; H =&gt; C, donde 'F' designa una teoría
filosófica, 'H' una hipótesis subsidiaria, y 'C' una teoría científica. En
resumen, la filosofía científica es la que cumple con las condiciones
de compatibilidad y contrastabilidad que caracterizan a la ciencia. La
diferencia entre filosofía y ciencia, cuando la hay, es de generalidad o
de referencia: la filosofía es máximamente general y a veces se refiere a
la ciencia (en cuyo caso se llama epistemología).

5. CONCLUSIONES

EL HOMBRE HA INVENTADO multitud de procedimientos para
hacer de todo, desde naves espaciales hasta teorías sobre la psique y
aun teorías sobre teorías. Algunos de esos procedimientos son regula-

CATHEDRA [111)

�res y han sido formulados explícitamente como otros tantos conjunt~s
de reglas. En tal caso suele llamárselos métodos. Pero no toda actm:
dad racional ha sido reglamentada. En particular, nadie ha hallado, m
acasg-pueda hallar, métodos (o conjuntos de reglas) para inventar cosas
0 ideas. La creación original, a diferencia de las tareas rutinanas, no
parece ser reglamentable. En particular, no hay métodos (reglas) para
inventar reglas (métodos). Y recíprocamente, el trabajo reglado, o a re·
glamento, no se distingue por su creatividad. Quienes creen lo _contrario, o sea, que hay métodos para todo, y que para hacer cualqwer cosa
es necesario y suficiente aprenderse los_ metodos ~~rresl'?nd1en~s,
son metodólatras a quienes no se debe mnguna contnbuc1on ongmal
obtenida usando los métodos que preconizan.
La manera de proceder característica de la ciencia se ha dado en
llamar el método científico. El nombre es ambiguo. Por una parte es
merecido porque tal método existe y es eficaz. Por otro lado fa expresión 'método científico' es engañosa pues puede inducir a creer que
consiste en un conjunto de recetas exhaustivas e infalibles que cualquiera puede manejar para inventar ideas y ponerlas a prueba. En verdad no
hay tales recetas populares para investigar. Lo que sí _ha;: es una es~ategia de la investigación científica., ~ay también _un smn~l)ler~ de tacticas o métodos especiales caracter1st1cos de las d1stmtas c1enc1as Y tecnologías particulares. Ninguna de estas tácticas es exhaustiva e infali·
ble. No basta leerlas en un manual: hay que vivirlas para comprend_erlas. Ni dan resultado todas las veces. El que resulten depende no solo
de la táctica o método sino también de la elección del problema, de los
medio~ (conceptuales y empíricos) disponibles y, en no men~r medida,
del talento del investigador. El método no suple al talento smo que lo
ayuda. Es el genio quien crea nuevos métodos, no a la inversa,

tífico no "" ni más ni menos que la manera o forma de hacer ciencia,
natural o social, pura o aplicada, formal o fáctica. Y esta manera puede
adoptarse en campos que antes no eran científicos pero que se caracterizan, al igual que la ciencia, por la búsqueda de pautas generales.
Para ternúnar: puesto que el método científico es la manera de conducir investigaciones científicas, no puede aprenderse separadamente de
éstas. Se va dominando el método -y acaso también modificándolo- a
medida que se va haciendo investigación original. Lo que· sí puede
hacerse, una vez aprehendido- no simplemente aprendido en algún
texto- es analizarlo. Este análisis del método científico es una parte
importante pero poco volunúnosa de la filosofía de la ciencia o epistemología. Siendo así, serfa un error querer desgajar la metodología, o
estudio del método, de la epistemología. Afortunadamente este error
ya no suele cometerse.

La estrategia o método general de la ciencia nació hace tres siglo~ Y
medio se desarrolló y no tiene miras de estancarse en su evoluc1on.
Adem¡s de desarrollarse, se expandió y sigue expandiéndose. Ya donúna a las ciencias sociales y a la tecnología, y está comenzando a presidir
algunas zonas de la filosofía. El día que el método científico las domine a todas podremos hablar de filosofía científica, no ya como de un
embrión, sino como de un organismo maduro.

En resumen, el método científico no es tan núlagroso como·suelen
creerlo sus entusiastas que sólo lo conocen de oídas, ni de tan corto
alcance como quieren hacemos creer sus detractores. El método cien·

¡ 112 l
11

I•

1

CATJIEDRA

CAfflIDRA [ 113]

�[ 114) CATHEDRA

�L. Danon Boileau

Características
del inglés científico ·
•
escnto

r,

EL PRESENTE ARTICULO, fruto de las experiencias y de las reflexiones de
una colega francesa maestra de idiomas, ofrece en nuestra opinión varloa puntoa de
Interés gene~ y no únicamente especiales para loa maestros de Inglés. F.n efecto,
el trabajo de descripción y análisis desarrollado aquí, en lo que II Inglés clentíftoo
escrito concierne, podría aplicane con éxito a loa demÍI lenguajea escrltoa especiales, ya que éstos tienden a unlfonnizane en aras de la comunlcld6n de lnfonnadones a escila intemacionll.
Por otro lado, vemos crecer la demanda para una capacitación en la lectura de .
textoa de especialidad, tanto a nivel de facultad como de eseuelu preparatorias y
no cnemoa equivocamos ·11 afirmar que una estrategia de lectura inteligente, es
decir, riplda y eficaz, sea una necesidad apremiante, tanto para el IIIMAIO, doeumentándoee para una clue, como para el estudiante, a la bon de ndaela un trabajo o de preparar un examen, viéndoselas ~ una bibliografía no forzoaamente.
CA'OIDIRA ( 115)

�disponible en ~n ldjoma bien llominado (y añadiremos, con un dejo de amargura,
QIJe ¡no es raro el caso en que el mismo idioma materno no puede considerarse como "bien dominado"!).
Además de una descripcion de la retórica y la sintaxis propias del inglés científico escrito (la cual puede servir de modelo para un trabajo similar en otro lenguaje
o código), el trabajo de M. Danon-Boiteilu tiene un mérito que, a primera vista,
podría parecer más bien una falla: es incompleto y se afirma como tal; por lo tanto,
es abierto a todo tipo de reflexiones ulteriores y aportaciones personaJ.es del "usuario". El aspecto metodológico concreto (punto 3) es dado a título de ejemplo mu-.
cho más que dogmático (no es una "receta"), de modo que cada maestro quede
libre de ;doptar esta metodología a la problemática de su propio marco de enseñanza. Pensamos especialmente en maestros de preparatoria o secundaria, quienes en
brevísimas horas tienen que cumplir con la ardua -si no irrealizable- faena de capacitar· a grupos de cuarenta a sesenta estudiantes, con escasa motivación, para la comprensión de un_idioma extranjero.
A estos maestros, la metodología expuesta proporciona una solución posible,
re~zable, porque va enfocada hacia un autoadiestramiento del alumno dentro de
subgrupos tutoreados por el maestro, y porque el material pedagógico sugerido es
poco oneroso y fácil de conseguir / ANNIE BLASE. •

EXISTE EN NUESTROS DIAS gran número de métodos para el
ap;endizaje del inglés. . Es notable que la mayor parte de ellos buscan
desarrollar las facultades necesarias para la producción de enunciados
en ese lenguaje, sin tomar en cuenta los problemas específicos del reconocimiento de enunciados producidos (situación característica de la
lectura).
Es sin duda en el caso de los técnicos y los científicos que el problema se presenta con mayor ag~deza, ya que el ochenta por ciento de toda la información circula en forma de texto escrito en inglés. Las técnicas de "documentación automática" y "análisis lingüístico del discur-'
so" han suministrado elementos de respuesta, pero sin dar nacimiento
a una real pedagogía de la lectura de los textos científicos y técnicos ( 1 ).
(1) En i-161, al menoa. ya que D. Henu~ en colabondón con M. Coyaud, ba establecido
una eote:ftenze del ruao y del japon61 de nivel O (París VI); lin embuao, el acercamiento de ello•
dtflere del ·j quí upuetto.

[ 116] CA111EDRA

U:na carac_te~a_ción del lector posible, así como de una tipología
del discurso cient1f1co, nos ayudarán a ofrecer una aproximación metódica de los textos científicos redactados en lengua inglesa.

. 1:0. ¿C~ lector? Sin duda, los supuestos lectores de los textos
c1entJficos tienen todos en común preocupaciones que los distinguen de
los estetas. Pero, ¿es esto suficiente para hablar de un "lector científico"? Por_ nuestra parte, nos inclinamos a creer que existen al menos dos
~~des tipos de l~ctores, los que informan (transformando la informac10n) y los que se informan (consumiendo la información).
1.1.0. El primer tipo de lectores comprende al documentalista y al
tradu~tor; no son ello~ mismos los destinatarios de los mensajes que
practican. Ellos efectuan un trabajo sobre la información inicial sin
real(z~ el consumo último de esa información. Ellos indican, resw:ien,
clasifican, traducen; así, pues, leen por otros.
1.1.1. Esta sujeción ti~ne por efecto una especie de despolarización
de la lectura: todo interesa al lector, porque nada le interesa a él mismo.
Se trata pues de una lectura objetiva.
1.1.2. Lectura objetiva, mas no uniforme. Pues el documentalista
y el traductor deben poder apoderarse rápidamente de lo esencial de los
documentos, deben poder localizar las respuestas suministradas por el
texto, caracterizarlas, jerarquizarlas (encontrar, clasificar, ordenar).

r

Encontrar: es decir, saber dónde se encuentran las respuestas
a las preguntas tratadas.
Clasificar: es decir, reconocer el género semántico de todo
nuevo "item" ( ¿es esto una prueba, un ejemplo, una restricción, una hipótesis?) y el trato que la distingue del "ítem"
más próximo (la hipótesis A es diferente de la hipótesis B
por el rechazo de tal concepto y la ayuda de tal otro).
Ordenar: es decir, asignar un rango de importancia rel;itiva a
todo "ítem".

1.1.3. Subrayemos de paso que esos imperativos no son menos para
el traductor que para el documentalista. Toda traducción debe tomar
en cuenta, además del contenido explícito, los implícitos, los presupuestos, las referencias al texto inicial. El traductor debe, por lo tanto,

CATHEDRA [ 117]

�determinar los puntos claves de la información (encontrar), así como el
valor propio de cada proposición expuesta ( clasificar) y su importancia
relativa en el conjunto (ordenar).
1.2.0. El segundo tipo de lector lo constituyen principalmente los
especialistas, el .t exto considerado cayendo ó no dentro de su especiali'.
dad; la· diferencia con los _lectores deJ. primer tipo es que ellos mismos
son los destinatarios de la információn. Ellos leen para sí mismos.
1.2-.1. Esta característica determina Una polarización de la léctura.
1.2.2. Para el lector que opera en su especialidad, la polarización
consiste en privilegiar lo que, a su par¡¡cer, constituy(l la aportación
real de conocimientos nuevos, .seleccionando lo que el autor propone
como su contribución personal. Para el especialista que opera en territorio ajeno el problema es sensiblemente más delicado. Se deben encontrar en el texto en conjunto todas las informaciones relacionadas a
su propia materia. Pero estas informaciones pueden estar dispersas en el
cuerpo del texto, lo cual implica que el lector pueda prever la ubicación
de las secuencias que le interesen.
1.3. Es posible, por lo tanto, distinguir varlos tipos de lectura. Pero
esos distingos no deben ocultar la unidad del fenómeno, ni su especificidad en relación con otros modos de informac~ón. Esta especificidad
es inherente a la naturaleza del documento escrito que, a diferencia del
documento oral, autoriza el acceso directo a todo elemento de información situado en un punto cualquiera. Así, mientl'lis que en el mensaje
hablado el paso de una información situada en un tiempo T supone el
de la información situada en un tiem¡io T 1 , ninguna restricción de este
tipo se ejerce sobre el mensaje escrito. Pero para poder aprovechar plenamente las posibilidades que presenta e!' acceso directo, se neeesita
además poder distinguir la densidad relativa y el género semántico de
los varios elementos de información. Eso es lo que una caracterización
del estilo científico en inglés debería permitir hacer y enseñar a hacer.
2. O. La función del estilo en el inglés científico escrito es indicar la
repartición y la naturaleza de cada elemento de información. Esta indicación es practicada en dos niveles distintos: el nivel del conjunto del
texto y el nivel de la frase; de allí proceden una retórica y una sintaxis
propias del inglés científico.
(118] CATHEDRA

La retórica del inglés científico escrito (lo llamaremos "retórica" de
aquí en ad~lanteJ _se basa esencialmente sobre dos tipos de elementos:
elementos tipograf1cos y elementos lingüísticos .
2.~.1.1. Enum_eremos algunos de los elementos tipográficos que
participan en esos ¡uegos de escritura significativos:
índices, gráficas, fotografías.
- espacios en blanco (limitando los párrafos y las palabras).
- cambios de tipo, mayúsculas, pero también números,
letra gruesa, cursiva, etcétera ...
- signos de puntuación: paréntesis, comillas (simples y
d_~bles), guión, dos puntos, punto y coma, signo de interrogac1on, punto, coma ...
Todos aquellos signos indican la importancia y la naturaleza de las
informaciones propuestas.

. ~.Ll:2-

Recordamos, de p~o, algunos de los elementos lingüísticos
s1gn1f1cativos: algunos son exphcitos; por ejemplo:
- "It must be first said that ... "
- "As an exarnple" .. .
- "On the one hand ... on the other" ...
- adverbios del tipo: since, if, however, thus, then, else
... , cuyo papel puede ser determinado por el contenido
lexical.
Otras marcas lingüísticas, al contrario, necesitan una explicación;
por e¡emplo:
- el sistema de los tiempos y modos.
- los términos que se refieren al autor del artículo
("scriptor").
2.2.1.1. El uso de elementos tipográficos particulares obedece a intenciones precisas. Así, el cambio de tipo puede servir a dos fines: eri
el caso de secuencias importantes, marca, en general, un resumen o una
cita, explicitando el punto desarrollado en el párrafo en cuestión; en el
CA111EDRA [ 119]

�caso de que un solo término dé lugar a un cambio de tipo, éste marca la
introducción de un nuevo concepto.
El recurso de los índices y los grafos tiene una función evidente:
la de explicitar un punto teórico, un mecanismo (es decir, un juego d~
conceptos o de variables). Difiere en eso del recurso de las fotografías
que son más ilustraciones probantes que explicaciones figuradas. Los
signos de puntuación, en su mayoría, son explícitos; se encuentra generalmente una tesis resumida después de dos puntos; un signo- de interrogación centra la cuestión que se trata. ¿Pero la coma? No parece que
los teóricos ni las gramáticas generatistas hayan hecho un inventario de
sus funciones diacríticas (' ). Enumeremos, con la ayuda de ejemplos,
los más comunes. La coma puede indicar:
1) Una enumeración:

" ... A. B, e, and D"
" ... A. B, C, or D".
Esta función es conocida; sin embargo, conviene subrayar que la
presencia de un término coordinador (and, or) es necesaria a la derecha
de la coma y además, que A, B, C y D deben pertenecer a una misma
categoría gramatical.
2) El fin de una subordinada interpuesta que tiene efecto lógico
sobre la principal. Ejemplos:

-

condición necesaria (a) since ... , (than) ...
if ... '
when ... ,
restricción
(b) although ... ,

En estos casos, la función de la coma es de subrayar la conexión
lógica entre la subordinada antepuesta y la principal.
La subordinada es entonces condición para la verdad de la princil)III
o un refuerzo de la verdad de la principal aun si la subordinada es vel'
dadera (b).
(2) Cf. AndreeWlki, para lu funciones sinticticas puru.

[ 120]

CAIBEDRA

3) Un predicado metafrástico:

.. . '

admittedly, .. .
nevertheless, .. .

•••

J

admittedly' . . .
nevertheless, ...

o
hence, .. .
however, .. .

... , hence, .. .
. .. , bowever, .. .

En ( 3), el adverbio limitado por los dos signos de puntuación (al
menos uno de ellos es una coma), puede ser explicitado por una expresión del tipo:
lt is X that (sentence).

Ejemplo:
lt is admitted that . . .

= ... , admittedly , .

Esto significa que el adverbio traduce de hecho un juicio que el autor emite sobre el conjunto de la frase (y no, como en (2) una relación
subordinada-principal).
Aquí lo predicado viene de más allá de la frase (es metafrástica )_
4) Una relativa restrictiva:

, which
, who
,whom
, where
La gramática distingue entre las relativas restrictivas que restringen
la clase de objetos a la que se aplica el predicado al que rige el antecedente del relativo, y las relativas descriptivas que añaden elementos de
caracterización a la clase de objetos sin restringir su extensión. En los
textos científicos y técnicos, este tipo de reljtivo es usado a menudo
para dar una definición del antecedente del relativo. Este uso se parece
al de los paréntesis, de los ruiones o a veces también de la doble coma.
CAIBEDRA [ 12) J

�De hecho, estos usos de la coma parecen releyar de dos funciones
distintas: la de poner en relieve una parte del te:x:to ( enumeración) Y la
de caracterizar el ·alcance y el valor de la információn 'lue vu,.:ede o
sigue a-este signo de·puntuación.
·
.
. .
Queremos insistir, sin embargo, sobre el hecho .de que aquellas md1·
caciones no son nada e:x:haustivas.
2.2.1.2. Generálizando lo que acabarnos de decir, se puede afirmar
que el · uso de un signo tip~gráfico particular tiene la función ·de determin!Q' un lugar especial donde la información toma un valor o una naturaleza peéuliar.
.
. .,
Esto permite hacer hipótesis córoplementanas sobre la repartic1on
de la información-dentro de secuencias tipognülcas· de uso, .que.son lo·s
párrafos.
Los manuales de- composicíóii literaria enseñan que -todo párrafQ
debe comprender sólo una materia establecida de modo que la primera
frase enuncie el tema (información conocida por el leétor sobre este
punto) y la última frase resuma el propósito (in~orm~ciqn nueva)- . La
realidad es más compleja. Primero, tanto la primera co_m o .la últim,
frase pueden ser anuncios de un plan,_en el cual el tema y el propósito
son respectivamente desplazados de + 1 y -1 frase (desde el punto de
vista de la lectura de izquierda hacia derecha y de arriba hacia .abajo).
Por otro lado, puede presentarse el caso de que esas frases comporten
una .repetición anafórica (ejemplo: "este fénómeno", '.'aquel problema"
. . . ). Para que la información sea completa se Becesita entonces. regresar hasta el antecedente de la e:x:presión anafórica y sustituirlo a ésta.
Además el fin del párrafo lo puede constituir un ejemplo, en cuyo caso
el propbsito esJ;ará e:x:presado en la frase inmediatamente anterior al
ejemplo.
. .,
· En fin, puede darse el caso de que el manual de compos1c1on no _se
aplique de ninguna manera; la experiencia demuestra que entonces e:i:1ste muy frecuentemente un lugar privilegiado por una tipografía particular dentro del párrafo y que en este lugar preciso se concentra la información (cambio de tipo, citas, enumeraciones).

1

1

1

2.2.2.1. El empleo . de elementos gramaticales tales como los modos, tiempos, términos ·de referencia al que está escribiendo, responde
igualmente a intencionesí1efinidas en inglés científico.
Los modos tienen la función de expresar el punto de vista del autor
sobre la probabilidad de realización de lo que está tratando. Permiten

[122] CATHEDRA

efectuar una jerarquía de hipótesis. En este aspecto, el inglés científico
no difiere del inglés estándar.
Al contrario, el sistema de los tiempos (temes) demuestra cierto
deslizamiento en el uso de las oposiciones.
El presente posee dos valores distintos, según está utilizado con un
verbo · de identificación (ejemplo: to be, to conatitute, to forro) o con
un verbo de descripción (ejemplo: to maintain, to become ... ). En el
primer caso, sirve para introducir un principio reconocido o la constitu•
ción de un objeto inerte a partir del cual se van a establecer lás.demostraciones en el resto del texto. En el segundo, el presente sirve para describir un proceso, un mecanismo o un experimento; las "expanded
forros", (-ing) se encuentran allí con harta frecuencia (valor de actuali•
zación). La particularidad de las secuencias en presente de descripción
es que no pueden dar lugar a ningún resumen. Y de hecho, un ejemplo
o un experimento no es resumen, únicamente se resume el principio que
los fundamenta y éste, en general, está expresado antes o después del
ejemplo o experimento, no dentro del mismo,
La oposición de los valores del "present perfect" y del "past'' (valor
aspectual/valor cronológico) ha sido claramente definido por la lingüística. No obstante, el efecto semántico conseguido por esta oposición es
propio del inglés científico: se nota en efecto que el uso del "past;' está
reservado para las referencias históricas y los relatos de experimentos
mientras que el "present perfect" introduce un principio general descu•
bierto en un momento dado del desarrollo de la ciencia.
El "plusperfect" tiene a menudo un valor modal. Equivale de
hecho a expresar que una hipótesis considerada cierta hasta un.punto T
del pasado ha sido definitivamente desechado en un punto T+ 1 (del
pasado).
Por otra parte, también las referencias al "scriptor" (pronombres y
demostrativos de la primera persona, adverbios del tipo --here, now
... ) parecen disfrutar de un valor propio en los textos científicos y
técnicos: caracterizan una secuencia donde el autor propont unos
elementos de información como nuev-0s y personales ( 3 ). Presentan
pues propiedades notables, que se pueden aprovechar dentro del marco
de la lectura subjetiva.
NOTAS: Las indicaciones anteriores no son sino intuiciones
reforzadas por el examen cuidadoso de cierto nú- .
(3) Las referencias bibliogrti1ca1 • loa trabajos del m.bmo autor tienen valor dmilar.

CAfflEDRA [ 123]

¡

l

�1

mero de textos científicos. Con esta medida se debe apreciar su valor. Ciertas nociones todavía vagas
requieren ser esclarecidas . (verbos de identificación/verbos de descripción) sobre la base de principios sintácticos y /o semánticos. Además, el alcance de estas afirmaciones será seguramente restringido y su naturaleza modificada por el examen de
nuevos textos. Y se tendrá que proponer, en un
futuro próximo, una formalización del modelo sin
la cual todo esto seguirá siendo un simple análisis
de estilo.
2.3.0 La estructura de conjunto de los textos científicos parece for·
marse con regularidad según un pequeño número de modelos. Los elementos de carácter tipográfico y lingüístico que se acal¡an de estudiar
tienden todos a indicar el lugar de un elemento de información dentro
de estas estructuras. Sobre esas configuraciones es posible dar algunas
indicaciones, por desgracia, demasiado generales. El criterio esencial
es el número de temas tratados.
2.3.1. En el caso de artículos tratando sólo un tema, se encuentran
grosso modo dos tipos de modelos: los artículos de síntesis y los artículos de aportación, a su vez repartidos en artículos científicos y artícu-

sobre los parámetros básicos
,1
.
mación contenída en este tip: dso: ~ es~ opciones. Captar la infortellis posibles en su base y su coemb'!" ts e~wvale pues_ a captar las hipó.
.
ma ona. Por cons1aniente
d
~a !IDportancia el saber identificar este .
• -..- • ' es e sulizar la exposición de los conceptos
titP? de articulo, as1 como loca.
en ma nz.2.3.2.2. Los textos de aportac··
.
dentes el carácter de unidad del ~:~ ~U:i:~omparten_ con los preceuna manera netamente diferente· ello
. operan sm embargo de
secuencia privilegiada donde e tá.
s se articulan alrededor de una
10
como una contribución nueva s expr~sa~
que el_ autor considera
st
ser identificada primero para ~ i::rson ,'
a se~~enc1a es la que debe
La estructura de este tipoª ;en~ ~tomprer.s1on de la información.
e x O comprende suceaivamente:
Nivel 1) Un estado de los datos !actuales o te · .
dados_ en una noticia histórica).
oncos (a veces recorN1vel 2) Una exposición de la teaiaque se vava a im .
Nivel 3) Un hech (
•
,._
pugnar.
tesis impugnada.
o un expenmento, una dificuftad)' que debilita la
Nivel 4) La nueva teoría propuesta por el autor (su aportación).
Opcional:
~) Algunos pro_ble~s no resueltos por la teoría nueva.
) Una generalizac1on de las soluciones propuestas.

los técnícos.
Los artículos que tratan de varios temas, o de un mismo tema visto
bajo ángulos diferentes (sociológico, psicológico, económico, médico,
histórico ... ), pueden a su vez ser repartidos en artículos secuenciales
y artículos distributivos. Vamos ahora a explicitar estas distinciones.

Desde el punto de vista de la naturaleza de las informaciones resentadas pare.ce ser ~ue u~a división puede efectuarse entre artículo~ tknicosif y ~1culos c1entmcos. La tabla siguiente resume las principales
d erenc1as:

2.3.2.1. ~n el marco de los artículos con un solo tema, los artículos
de síntesis, al contrario de los de análisis, operan por desarrollo de una
retórica matricial. En general, la parte inmediatamente después de la
introducción (o la introducción misma) expone las combinatorias posibles de cierto número de hipótesis (o de conceptos), operando como
parámetros. En el transcurso d~ la exposición, cada parte da cuenta de
una tesis que consiste, ella misma, en un mecanismo fijando todos o
algunos de los parámetros básicos en· el marco de una combinatoria
dada. La particularidad de los artículos de síntesis es que cada una de
sus partes puede resumirse (y distinguirse de las demás) por las opciones
CA 11IEDRA [ 125]

[ 124] CATHEDRA

1
1

�NATURALEZA DEL ARTICUW
NIVEL
Técnico
Mecanismo impugnado

Teoría impugnada

(2)

Problema decisivo
( antagoniamo irreductible
de las variables)

Hecho decisivo
( el hecho desmiente (1))

(3)

Solución que reduce el an·

Teoría nueva
( cambio de concepto)

(4)

Mecanismo construido

--

Cient!fico

(1)

tagoniamo ( cambio de va·
riables)

'

-.

Explicación nueva

(explica (2) y Jo de que
(1) trataba)

2.3.3.1. Paradójicamente, la experiencia muestra que cuando un
artículo comporta varios temas (o centros de interés), se encuentra raras veces una real aportación por parte del autor. Este tipo de artículo
constituye a menudo un balance de conjunto. La distribución de la información obedece aquí a dos esquemas distintos:
- cada uno de los temas es tratado de un jalón, en una
secuencia única (artículo secuencial);
- al contrario, cada tema es desarrollado en varias secuencias dentro de las que un tema distinto puede ser tratado
(artículo distributivo).
2.3.3.2. En realidad, un artículo es siempre a la vez secuencial
y distributivo, si comporta varios temas. Así, si un artículo es secuencial en el tratamiento de distintas partes de su objeto -es decir, si cada
parte del tema es tratado en una sola secuencia- entonces los puntos de
vista (psicológico, histórico, económico) sobre cada elemento del tema
estarán en distribución. La recíproca es cierta ( en 2.3.3.1. "secuencial"
y "distributivo" estaban implícitamente relacionados con los centros de
interés). En una etapa posterior, se tendrán que establecer criterios que
permitan saber si, para un texto dado, la secuencialidad afecta al objeto
o a los puntos de vista.
También se necesitará saber determinar a partir de una secuencia S
tratando parcialmente el problema P, en qué secuencia (S1 , S 3 , ••• S0 )
se aportarán las informaciones complementarias sobre P.

[ 1261

2.3_.3.3. No~: Rebasado cierto umbral de tecnicidad, los elementos de mformac1on forman solamente una mera enumeración.
, . 2.4.0. El conjunto del presente artículo postula que el inglés cient~fico se ~sa en un s1Stem~ retórico y sintáctico regular. Después del
s1Stema retónco se a~rdara el s1Stema sintáctico, El lector reconocerá
la mfluencia de traba¡os de Culioli, Gardin y Pecheux, así como los de
H~, Gross Y ~dreewski ( orden en el cual estos trabajos llegaron a
nuestro conocumento) · Toda distorsióh , error O unprec1S1on
.
. .,
son, por
supuesto , d e nuestra responsabilidad.
. ~.4.1. La hipótesis de base es que toda frase de un texto científico
m~les presenta u~ elemento de información mínimo formado de un
su¡eto y -~ predicado; que este elemento está ligado por un lado a la
mformac1on contenida en el resto del texto y, por otro lado (pero facul•
tativamente) al autor mismo del texto (scriptor).
Así en la frase:
"Thus, it is possible to state that the nervous system of
the leech is complex".
- "The nervous system of the leech" constituye el sujeto.
- "is complex" constituye el predicado.
- "Thus" expresa la relación del elemento de información al resto del texto.
- "it is possible" expresa la relación del elemento al
"scriptor" (que enuncia una hipótesis no contradictoria).
Ahora conviene precisar cada uno de los elementos de esta clasificación.
. , 2.4._2·?· El conjunto de palabras del grupo sujeto forma una expreSion detctica de la que diremos (sin tratar de precisar) que se encuentra
en una relación de designación con la cosa o el concepto al que corresponde; esta expresión puede tomar dos formas distintas según la referencia a la cosa o el concepto es directa (nombre propio) o indirecta
(anafórica).
Dicho de otro modo, el nombre propio designa una cosa sin pasar
por ningún otro nombre propio del texto. Así, "Russell", "the BachCATHFJlRA [ 1271

CATHEORA

1

�Peters paradox", etcétera ... designan entidades sin referencia necesaria
a ningún otro nombre propio del texto; al contrario, expresiones anofóricas como "this philosopher", "this paradox" .. . designan una entidad sólo por intervención de un nombre propio generalmente mencionado antes de la expresión anafórica (aquí "Russell", "the Bach Peters
paradox" constituían los nombres propios de referencia necesaria o antecedentes).
Veremos más adelante que cada tipo de expresión posee una morfología propia, pero conviene primero recordar brevemente los rasgos
gramaticales comunes a los nombres propios y a los anafóricos.
2.4.2.1. Respecto a esto, daremos tan sólo indicaciones extrP.madamente sucintas que provienen de la idea (verosímil y corriente) de que
todo grupo o sujeto puede ser analizado como un sintagma nominal sujeto (en el sentido gramatical).
Así en:
1) "The nervous system of the leech is complex".
2) "The complexity of the nervous system of the leech

(is puzzling) ".
El conjunto "the nervous system of the leech" puede ser descrito
como el sintagma nominal sujeto de una proposi~ión normalizada (2) o
no (1).
Las características morfosintácticas del conjunte "sujeto" son entonces los del grupo nominal sujeto en el sentido de las gramáticas estructuralistas y transformacionales ¡posición en relación con el predicado; presencia de ~ morfema de cuantificación; artículo, marca de plural ... ).
Actualmente, no sabemos si los métodos de análisis conocidos
pueden ser aprovechados para cercar una secuencia sujeto incluida en
una proposición normalizada. Tampoco sabemos si las reglas de estos
sistemas son compatibles con la tripartición propuesta dentro de la frase (información, relación con el contexto, relación al "scriptor").
Para concluir, salvo para el uso de la puntuación, no hemos podido
determinar si la tipografía permite identificar al grupo sujeto; en el caso
de que así sea, quedaría todavía por efectuar la armonización entre los
procedimientos de origen gramatical y los de origen tipográfico.•.

~-~-2.2. Lleguemos a lo que distingue nombre propio y nombre
anafonco. Por lo menos tres características permiten identificar al
nombre propio; ésos son: la ausencia de un adjetivo demostrativo (nece~o ), la presencm d~ la mayúscula inicial en la cabeza del sintagma
(suf1c1ente), la presencia de un artículo indefinido al principio del sintagma (suficiente).
La primera condición expresa que en "this paradox", es "this" que
fundamenta el carác~r anafórico de la expresión y, por ende; la segrega
de l~~ nomb~~s ~~opios. ~ segun_da condici{m ha sido formulada para
qu;" Russell_ y The p~~ent Nixon" sean nombres propios, mas no
as1 the capital of France que no es nombre propio ya que ''capitaiK
no lleva mayúscula; por otro lado, "the capital of France" admite "París" como antecedente. La tercera condición permite considerar como
nombres propios expresiones del tipo "a hase", "a problem". Este tipo
de nombre propio ( •) es característico de frases donde el predicado tiene valor de definición y no de descripción del sujeto (ejemplo: "a hone
is a four legged animal").
De hecho, estos criterios formales dejan subsistir un gran número de
casos en que no se puede decidir. Así "the human brain" parece ser un
nombre propio, mientras "the new hypothesis" parece ser una anáfora
relaciona.da con una hipótesis anteriormente mencionada; sin embargo,
ningún criterio permite la decisión y así es para cualquier expresión del
tipo "artículo definido + nombre". El único criterio sería la presencia
o ausencia de un posible antecedente para la eventual expresión anafórica.
2.4.2.3. Salvo las estructuras del tipo "artículo definido + nombre,
las expresiones anafóricas se identifican fácilmente ya que consisten
esencialmente en pronombres y secuencias que contienen un demostrativo. El problema estriba más bien en identificar al antecedente. De
hecho, el aparejamiento/antecedente/anáfora se efectúa bastante bien
salvo para las anáforas "artículo + nombre" cuando la única indicación
es que el antecedente es más específico que la expresión anafórica.
2.4.3.0. La forma gramatical del predicado es esencialmente el grupo verbal (ejemplo: "destroy the cell" en "drugs destroy the cell") y el
predicado normalizado (ejemplo: "the destrúdfon of the cell" en "the
destruction of the ce1l by drugs).
( 4) Aquf nuulra cluiftcad6n rompe lazos con la de la 16&amp;ica oúordiana.

CAfflIDRA [ 129]

(128] CATHEDRA

�2.4.3.1. La primera tarea es de distinguir los predicados nominalizados de los sunples grupos nominales. Pero despues falta tratar de manera uniforme las expresiones "destroy the cell" y "the destruction of the
cell". Una solución lexical ha sido propuesta ( 5 ): tomar en cuenta sólo
la raíz (-str-), el afijo (de-) y los complementos ("the cell") del predicado.
Esto se basa sobre la hipótesis de que, én determinada lengua, raíces
y afijos predicativos son limitados en cuanto características y números;
es obvio el interés pedagógico de esta idea en lo que al aprendizaje de la
lectura se refiere. La identificación de los predicados ¡1odría efectuarse
por análisis sintáctico o por repertorio de raíces y afijos predicativos.
2.4.3.2. Desde el punto de vista de la captación de la información,
conviene operar una distinción entre predicados definitorios (que definen, aún parcialmente el sujeto) y predicados descriptivos. Sólo los primeros permiten determinar el valor de los términos del texto. Ciertos
criterios formales permiten identificarlos (posición en relativa restrictiva, aspecto ... ) , pero, que sepamos, una característica completa y
coherente queda todavía por establecer.
2.4.4.0. La unión del bloque "sujeto :+- predicado" al resto del texto se expresa en clases morfológicas variables. Algunos ejemplos:

-

-

Adverbios:
Nombre:

Verbos:

Hence
Nevertbeless
'!bus

As a conclusion

we may say tbat ...

As an example ,

we may say tbat ...

to conclude .. .
tosumup ... ,

we may say tbat ...

Sin embargo, parece que el comportamiento sintáctico de estos elementos sea irregular: se trata en efecto de expresiones con valor de "adverbio de frase" y colocados en principio de frase (o entre comas).
Su función semántica es indicar el rango y el valor relativo de la información que les sigue (sujeto + predicado).

. Esas indicacione~ _son fundamentales si uno desea constituir agrupamientos ~e mformac1on entre la frase y el conjunto del texto ( es evidente, por e¡emplo, que una expresión del tipo "to 8UD1 up" es la última y
no la primera de un agrupamiento).
Aquí, también, la caracterización no es completa.
. 2.4.5.0 Por fin, la relación de la información al scriptor toma las
diferentes expresiones de la modalidad. Su función y su sentido son
claros (apreciación de la información por el scriptor). El verdadero
proble~a es la localización de la secuencia sintáctica que determina la
modalidad de la información, así en las frases:
"lt is possible to state tbat the nervous system of the leech
is complex"
"No doubt, tbe nervous system of tbe leecb is complex"
.
'.?he system of tbe leecb may be regarded as complex",
la mformac10n y la modalidad son idénticas, pero la forma de esta última cambia. Las dificultades en este caso son las de una definición
gramatical rigurosa de la cateogría de la modalidad.
3.0. El método se dirige a estudiantes de ciencias ( ciencias exactas;
técnicas, ciencia~ hu~anas del tipo economía, sociología, psicología y
derecho). El mvel de entrada es el "mvel 3" (fin secundario, inglés
prunera lengua). La meta es ayudar en la selección de las informaciones esenciales contenidas en artículos científicos de diez a veinte páginas.
El esfuerzo es enfocado en prioridad contra el "prejuicio secuenci~ '.' que lleva a los estudiantes a leer y traducir línea por línea, en per¡u'.c10 de la b~ena comprensión del conjunto. Excepto por la exposic1on de un numero reducido de conocimientos esenciales, el método
consiste en una práctica progresiva de las dificultades tanto al nivel del
texto en su conjunto (estructura y distribución de la información
,
'
caracter de los diferentes elementos) como al nivel de cada elemento en
particular (dilucidación de las construcciones sintácticas difíciles).
Al cabo de una docena de sesiones de dos horas, los estudiantes son
capaces de extraer las informaciones esenciales de un artículo de unas
diez páginas (esquema incluido) en hora y cuarto. Pero los experimentos son todavía demasiado escasos para que estos resultados puedan ser
considerados como definitivos.
3.6. Los conocimientos enseñados no son "vocabulario" ni "gramática" en cuanto tales. Se trata más bien de una exposición simplificada de las características de la retórica y la síntesis científica. Por su

(5) D. Herault.

CA'DIEDRA [ 131]

(130] CATHEDRA

1

1

�frecuencia y su dificultad, se da un trato particular a las composiciones
nominales (nombres, adjetivos compuestos; formas en "-ing" y "--ed";
caso genitivo y construcciones con "of").
Cada vez el esfuerzo tiende a hacer resaltar una estructura del tipo
sujeto + predicado. Así:
es asimilado a
a disturbing fact
a disturbed experiment
the cell 's division

a fact disturbs X
X disturbs an experiment
X divides the cell

the cell divides X
the nutrition of the brain

X fee&lt;I• the brain

El valor activo, pasivo o ambiguo de la construcción es puesto en
relieve. Por otra parte, esperamos poder un día establecer la lista de las
principales raíces y afijos predicativos.
3.3.1. La práctica de la lectura se hace de dos maneras distintas.
En un primer tiempo, constituye una explicación direéta de los conocimiento3 retóricos y sintácticos adquiridos, a partir de "drills" de lectura. El material pedagógico usado para esto es doble: un conjunto de
"collages" , de segmentos análogos de artículos diferentes (series de
"abstracts", de introducciones, de partes de "aportación", de conclusiones, etcétera ... ) y una selección de frases que presentan dificultades sintácticas crecientes. Se le pide al estudiante que haga el inventario
de las características retóricas y sintácticas que le ayuden a comprender
la información, su naturaleza y su valor.
3.3.2.0. En un segundo tiempo, la lectura es practicada en situación
real, a partir de artículos de dificultad creciente, elegidos en función del
interés de los alumnos (y de ser posible en conexión con las otras materias de enseñanza).
Esta lectura comporta de hecho la sucesión de varias operaciones
que llevan a un resumen escrito u oral (prelectura, lectura propiamente
dicha, resumen).
3.3.2.1.0. La fase de prelectura (aproximadamente veinte minutos)
comprende:
3.3.2.1.1. Una lectura atenta y línea por línea dél abstract Y la

[ 1321

CAfflEDRA

introducción, se trata del reconocimiento de los datos de partida
(hechos y teorías), las conclusiones (hechos y teorías), el anuncio del
plan; si este último permite reportarse a ciertas partes del texto, el lugar
de estas partes es anotado al margen de la introducción y una señal de
referencia es anotada igualmente al margen de· esta parte (del tipo: cf.
introd. punto No. 1).
En la conclusión, los conceptos-claves son subrayados; en la fase de
sobrevuelo del texto, el lugar donde estén mencionados por primera vez
será marcado; las conclusiones (hechos y teorías) son entonces corroborados con la introducción.
3.3.2.1.2. Un sobrevuelo del texto (atención relajada):
- cada parte se lee según lo que ha sido dicho del
párrafo (leer la primera y la última frase, -salvo caso de
anáfora o de ejemplo-y únicamente estas frases);
- se subrayan, al principio de cada frase (sin leer la frase
completa)
• los términos de "disposition" (o "fint", "on the one
hand")
• !_os té•rminos de caracterización de la información
("asan examplé", "thus" . .. ¡.
·

'

'

·En el transcurso de esa fase, el propósito no es la comprensión del
texto. mismo, sino la pre-organización de una lectura más minuciosa).
3.3.2.1.3. Una segmentación del artículo.
Esta se fundamenta en la naturaleza del artículo (artículo con uno o
varios temas; artículo de síntesis o de aportación). No sabemos reglamentar la segmentación de un artículo con var;os temas.
Para los artículos de'Wfntesis, la búsqueda se realiu en
- el lugar de exposición del conjunto de los parámetros
- cada desarrollo particular (cada parte es comprendida
entre dos cambios de parámetro)
Para los artículos de aportación, la búsqueda se realiza en este orden:
· 1) el lugar de la aportación.
CATHEDRA [ 1331

1

�2) el experimento crucial (ubicado antes de 1 en el texto).
3) las teorías anteriores (ubicado antes del 2).
4) las ampliaciones del tema o problemas pendientes (después de
2).

,3.3.2.1.4. Intitular los grandes conjuntos y buscar dentro de éstos
las subdivisiones.
Lo prime,ro se efectúa en el margen por indicación del tema y
del valor 9lgumentativo de la información a partir de lo ya subrayado.
Lo segundo es una operación igual, pero en escala reducida, a la que
precede.
3.2.2.2. Lectura propiamente dicha (aproximadamente cuarenta
minutos).
l. Se propone primero una lectura profundizada del lugar estratégico del artículo ("aportación" o "exposición de los parámetros" según el
caso). Ya que cualquier incomprensión es debida sea a la sintaxis de
una frase, sea al desconocimiento de la definición de uno de los términos, se trata de identificar la causa, y se practica luego.

un análisis gramatical de la frase.
o - la búsqueda de la definición que hace falta, generalmente situada en los alrededores inmediatos de la primera
aparición del término no entendido.
2. Después, una lectura profundizada de los démás puntos fuertes
de infórmación, indicados.
- por una estructura tipográfica particular.
o - por las reglas que rigen la información en el párrafo
(punto clave en general: primera y última frase, salvo casos
peculiares ya explicados).

El control de la comprensión de detalle puede ser reemplazado por
traducciones parciales o por ejercicios de parafraseo.
4. En más de un aspecto, el presente artículo es un proyecto no
terminado. Muchas preguntas permanecen sin respuesta, entre las que
señalaremos "en bulto":
- ¿Cómo se reparte la información en los artículos con
"n" temas?
- Los valores retóricos y sintácticos ¿tienen un valor
constante en cualquier punto del texto?
- ¿Cómo saber si la repartición en párrafos efectuada
por el autor es de fiar?
- ¿Cómo apreciar el "nivel" de un artículo?
- ¿Cuál es la máxima distancia que separa una expresión anafórica de su antecedente? ¿Cuál sería la unidad de
conteo?
Sin embargo, pensamos que el punto de ·Jista elegido y las características propuestas pueden servir de base a la elaboración de una pedagogía real de la lectura y quizás al establecimiento de una teoría coherente del texto científico. (Traducción de Annie Blase)

3.2.2.3. Resumen: (quince minutos).
El resumen se hará sobre ciertas partes solamente (lector subjetivo)
o sobre cada parte (lector objetivo) según las necesidades propias del
lector. Se seleccionarán las estructuras de fuerte densidad que se hayan
identificado como tales; si éstas son demasiado largas, se apoyará uno
en la sintaxis para "podar" (pero aquí las reglas quedan por precisar).
3.4. El dispositivo pedagógico puede acompañarse de preguntas
sobre el texto.
(134] CATHEDRA

CATHFDRA [ 135)

�[ 136]

CA111EDRA

�Carlos Pereyra

El individualismo
metodológico: un caso de
contrarrevolución teórica (* l
l. LA UTILIZACION DE MEMBRETES, como es sabido, poco o
nada contribuye a la elaboración teórica. Si, además, los membretes se
emplean de manera vaga e indetermínada, como es el caso de Popper,
entonces la discusión filosófica tropieza con obstáculos adicionales gratuitos. Me refiero a sus obras (La miseria del historicismo y La soci~d
abierta y sus enemigos), donde el discurso ideológico panfletario .§Ubdrdina, con frecuencia, el rigor teórico y la precisión conceptual. "El trabajo de Popper es una lección directa del modo en que el uso de un
membrete puede confundir la discusión". 1 Consideraremos aquí una
serie de tesis y planteamientos conocidos con el nombre común de
"individualismo metodológico", cuya difusión a partir de los textos de
Popper ha servido para introducir mayores elementos de confusión en
la tarea de las ciencias sociales. Quienes argumentan en pro del individualismo metodológico se oponen, como es obvio, a lo que denominan
"holismo ", "organicismo", "colectivismo metodológico" o "socialismo
(•)Esta es una de la, ponencias presentadas en el Segundo Coloquio Nacional de Filoaofía,
celebrado en Monterrey, del tres al lii.ete de octubre del año puado, evento en el que tuvo una
actuación importante la Facultad de Filo90fía y Letras de la UANL.

CATHEDRA [ 137]

�metodológico", pero con frecuencia ·entremezcl'.111 de modo oscuro e
impreciso esta po1émica con otra, claramente d1ferenc1able, en _la que
el blanco de la crítica es el "historicismo". No atenderemos aqm a esta
segunda cuestión.

2. "DE ACUERDO CON EL principio del individualismo metodo·
lógico, los constituyentes últimos del mundo social son i~dividuos que
actúan más o menos apropiadamente a la luz de sus d1spos1c10nes Y
comprensión de su situación. Toda situación, institució_~ o aco~tec1·
miento social complejo es el resultado de una conf¡gurac1on particular
de individuos, de sus disposiciones, situaciones, creencias, recursos Y
medio ambiente físico. Puede haber explicaciones inacabadas o a medio desarrollar de los fenómenos sociales de gran escala (inflación, por
ejemplo) en términos de otros fenómenos de gran escala (pleno em·
pleo, po; ejemplo); pero no habremos llegado a explicaciones _prof~ndas
de tales fenómenos hasta que hayamos deducido una explicac1on de
ellos a partir de,enunciados _sobre las disposiciones, creencias, recursos
e interrelaciones de los individuos" .2
El individualismo metodológico compromete, como se advierte en
el pasaje anterior, con cierta solución de dos cuestio~e~ vinculadas pero.
distintas: a) el problema respecto al estatuto ontolog1co d~ las entida·
desso Ciales Y de los individuos·, b) la pregunta por el caracter
li .,de los
conceptos básicos y de las hipótesis integrantes de la exp cac1on en
ciencias sociales. , La primera cuestión tiene que ver con el tipo. de
realidad atribuible a los referente~ de conceptos amplia~ente utiliza·
dos en ciencia social y que designan grupos, fenómenos, mst1tu~1ones.
" •Tienen los grupos o instituciones propósitos P_ropios no ~efm1bles
e~ términos de los propósitos individuales? ¿Existe algo 1:-51 como el
Estado O una universidad además de sus individuos constituyentes Y
3
las relaciones entre éstos? ¿Tienen estas entidades atributos p~o?i_os?"
Con frecuencia los defensores del individualismo metodolog¡co dan
respuesta negativa a esas preguntas.

~?

La negativa se basa en la pretensión de que tales e_ntidades _no
"concretas" 0 "reales", sino "abstractas construcc10nes teoncas .
El individualismo metodológico rehuye hablar, por ejemplo, de clases

' sociales, grupos nacic,males, partidos políticos, etcétera, porque no se
trata de entidades que · se nos den en la experiencia en la cual sólo se ,
muestran individuos. Se concluye así que ~l individuo es un ente
concreto real y un partido político, por ejemplo, una abstracta construcción teórica. "La mayoría de los objetos de la ciencia social, si no
todos ellos, son objetos abstractos, son construcciones teóricas. Incluso
'la guerra' o 'el ejército' son conceptos abstractos, por muy extraño que
esto suene a algunos. Lo que es concreto es las muchas personas que
han muerto, o los hombres y mujeres de uniforme, etcétera". 4
Sólo a partir de un enfoque empirista estrecho puede determinarse
como concreto-real exclusivamente lo que es factible de ser señalado
con el dedo al punto que se dice: "helo aquí". Lo concreto-real no se
reduce a lo observable directa o indirectamente, a lo que de una u otra
manera se da a los sentidos. No es por apresuramiento que la mayoría
de las veces el sujeto gramatical empleado en el discurso de la ciencia
social refiere a grupos, fenómenos, instituciones y no a individuos espe·
cíficos. Es fácil imaginar en qué medida se empobrecería el aparato
conceptual y teórico de la ciencia social, si se adopta como criterio de
"existencia real" la noción de "experiencia" reducida a "captación sen•
sible". "Lo que 'ha existido realmente' no es la civilización, ni el sis•
tema o el supersistema, sino el ser humano cuya individualidad es el único organismo verdadero auténticamente dado en la experiencia". 5 De
acuerdo con este criterio, el sistema social -no observable en cuanto
tal como lo es el comportamiento de !_os individuos- no es real. "Sistema social" sería sólo un concepto útil para ordenar los datos de la expe·
riencia, pero sin referente real y sin capacidad explicativa.
Sin embargo, el problema de si las instituciones sociales son o no
tan concretas y reales como la existencia humana individual no es el
centro de los planteamientos ontológicos adoptados por el individualis·
mo metodológico. De hecho algunos discípulos dé Popper (Jarvie, por
ejemplo) admiten una respuesta afirmativa. Otros defensores del indivi•
dualismo son enfáticos al respecto: "Yo, por lo menos, no voy a volver
a la posición de negar la realidad de las instituciones sociales".•. Además, la cuestión se presenta muy .confusa en el propio Popper pues si
por un lado aparecen los "hombres y mujeres en uniforme" como los
únicos hechos concretos, por otra parte incluye a las instituciones entre
lo que debe analizarse al investigar·la "lógica de la situación". "Uno no
debe sorprenderse si otro de sus discípulos, Agassi, concluye a regaña·
dientes que es imposible determinar con exactitud lo que Popper quiere
decir". 7

[138] CATIIEDRA
CATIIEDRA [ 139]

�3. LA REALIDAD DE LAS instituciones sociales (cuyo funciona·
miento no puede ser pbservado como se observa la conducta de los individuos) no es necesariamente negada por el individualismo metodológico. El planteamiento ontológico central de éste no implica en todos los
casos negar la existencia real de las entidades sociales, pero sí en todos
los casos (incluso cuando se las concibe como algo más que meras construcciones teóricas) implica negar su carácter determinante, su eficacia
causal. "Lo que está en cuestión es el estatuto ontológico de las entidades referidas por los términos holísticos ... lo que es ullll· mera construcción no puede afectar causalmente a lo que 'realmente existe':
8
ésta es la sospecha del ir-1;vidualista".
Aun cuando se concede desde la perspectiva del individualismo
metodológico que la realidad social no está constituida sólo por individuos, sino también por instituciones, relaciones, fenómenos y un conjunto de entidades cuyo entrelazamiento forma un sistema, se insistirá
en que todo lo ocurrido en el interior de este sistema resulta de la
actividad humana. Los individuos son los únicos agentes o elementos
activos en el sistema. "El individualismo metodológico sostiene que los
9
hombres son los únicos ·agentes activos en la historia". Esta verdad
incontestable se formula no sólo para negar la intervención en la historia de entidades postuladas en la tradición. metafísica ( voluntad divina,
destino, providencia, mano invisible, etcétera), sino también para rechazar la tesis según la cual las entidades sociales·tienen una dinámica propia.

¿Cuál es el alcance real del postulado básico del individuansmo metodológico, es decir, de "la importante teoría de que todos los fenómenos sociales y, especialmente, el funcionamiento de t.odas las instituciones sociales, deben ser siempre considerados resultado de las decisiones,
acciones, actitudes, etcétera, de los individuos humanos"?'º. En primer
término, es claro, se constata una trivialidad: todos los grupos e instituciones sociales están constituidos por individuos y su acció¡i no es
otra cosa sino el resultado del comportamiento de los individuos integrantes de tales grupos e instituciones. Sin los individuos y su actividad
estas entidades no existen. De esa constatación trivial se pasa, sin embargo, a un planteamiento falso: nada hay en la propia institución que
determine en algún sentido la acción de los individuos. "Lo que objetará el individualista es la inferencia a partir de un concepto holístico,
de un modo u otro abstraído del comportamiento concreto de in_divi-

uuos concretos, habilitado para figurar como antecedente en una fase
causal. Se negará a admitir esto aun si concede la ineliminabilidad d 1
c?_ncepto ~olístico en la descripción. Ello le parece dotar a una abstra:c1on con Vida y poder". 11
El ciclo económico es el ejemplo favorito de los partidarios del
individualismo metodológico. Se empeñan en negar, contra la evidencia
empírica, una dinámica y un ritmo propios en el proceso de acumulación privada de capital porque de lo contrario se vuelve insostenible la
ingenua creencia en que todos los fenómenos sociales son simples
r~ltado de las acciones de los individuos humanos. "Algunos, impres10nados por la aparente regularidad de, por ejemplo, un ciclo de larga
duración en la vida económica, han supuésto que tal acontecimiento
po~ee una suerte de dinámica interna y observa sus propias leyes .. .
atribuyendo su ventura y desgracia a una entidad superior ajena a su
propia ~ctividad''.-". No se trata de discutir aquí si hay o no regularidad
en el ciclo econom1co y conexiones legales que expliquen los fenómenos ocurridos en el proceso de reproducción del capital en sociedades
dominadas por el modo de producción capitalista. Esa discusión tiene
que darse y de hecho está ampliamente desarrollada en el interior de
la teoría económica.
El problema de fondo es si las entidades sociales son o no determinantes de lo que ocurre en la historia, es decir, si los fenómenos sociales ~? ·resultado_, c~~o pretend~ el individualismo metodológico, de las
acciones de los mdiVIduos o mas bien, resultan de las relaciones existentes entre es:is entidades sociales. Es claro que éstas no intervienen
mas que_ a traves de las actividades de los individuos integrantes de ellas,
pero es 1!!°alm~nte obvio que no se trata de indi,viduos indeterminados
cualesq~1era, s~o precisamente de aquéllos constituidos por las relaciones social':5 ~x~tentes. El conocimiento de los fenómenos sociales y del
proceso h1Stónco resulta del análisis científico de las relaciones sociales
Y n~ de una pretendida "conducta individual". Las formas de indivi?uali?ad ~ construyen en virtud de las formas dadas de socialidad. El
10d1V1d~~o metodológico cree que el individuo es lo más concreto y
el acto md1V1dual el dato más apropiado para conocer el proceso social.
Por el contrario, el individuo es lo más abstracto y la atomización del
proceso s_ocial en infinidad de actos individuales la vía men• adecuada
para explicar ese proceso.
·

CAfflEDRA [

[ 140)

CATHEDRA

141)

1

�No tiene sentido plantear el problema en términos que conducen a
círculos viciosos: ¿preexisten los individuos a las instituciones o viceveraa? No existen individuos fuera de un sistema de relaciones sociales
y éste, por supuesto, se constituye por la actividad de los individuos que
lo integran. Pero, y esto es lo ~ecisivo, lás formas de esa actividad individual no dependen de quién sabe qué cualidades inherentes al individuo como tal, sino del lugar ocupado en el sistema de relaciones sociales. El individuo no existe como sujeto por sí mismo sino que es constituido como tal por ese sistema de relaciones. Para emplear la célebre
fqrmula kantiana, la subjetividad del sujeto no se encuentra, como cree
el individualismo metodológico, en el individuo, sino que, como lo
enuncia la sexta tesis de Marx sobre Feuerbach: "La esencia humana
no es abs1nctwn inherente al individuo singular. En su realidad, es el
conjunto de las relaciones sociales".
"Jamás se da un mero sujeto sin mundo. Ni por tanto a la-postre
tampoco se da inmediatamente un yo aislado de lÓs otros"." El individuo no es al margen del mundo, de la realidad social en cuyo interior
se constituye como sujeto. El error ontológico del individualismo metodológico radica en su noción de "individuo" a la que supone comprensible de suyo y válida porque concuerda con los datos inmediatos
de la experiencia sensible. La confianza pueril en lo dado, el "dato" de
la observación, se refuerza por el estrecho criterio empirista de "observabilidad". "La soci~ad es un sistema de inobservables relaciones
entre individuos cuya interacción
produce ciertos fenómenos sociológi,,
cos ménsurables. Estos, junto con la conducta individual observable,
son las únicas facetas manifiestas de un sistema social. Podemos aprehender un sistema social 'inobservable sólo reconstruyéndolo teóricame!lte a partir de lo que es conocido de las disposiciones, creencias y
relaciones individuales" . 14
Debiera ser obvio que lo observable para la ciencia no resulta de las
limitaciones de fa captación sensible inmediata, sino de lo que sus
conceptos, hipótesis y, en general, herramienta teórica, la permite incluir dentro de su campo de observación. "Es visible todo objeto o
problema que está situado sobre el terreno y en el horizonte, es decir,
en el campo estructurado definido por la problemática teórica de una
disciplina teórica dada". 15 Se podría elaborar una investigación de la
historia de la ciencia cuyo hilo conductor fuera la sucesión de alteraciones y desplazamientos habidos en lo que es "observable" para cada
[142] CA111EDRA

La visibilidad no depende de que algo se encuentre por sí
mismo "a la vista", sino de que se po8ell el aparato conceptual requerido para ex-ponerlo a la "mirada" teórica. Más allá del dato simple
-el yo individual- el individualismo metodológico carece de los elementos teóricos necesarios pan. "observar" el sistema social. De ahí el
~oloso fracaso teórico del individualismo, pues ¿cuál podría ser el
~ t o conceptual científico ~ d o en ese postulado metodológico?
S1 se parte del supuesto de que solo es lo observable y, además, se tiene
un criterio empirista estrecho de observabilidad, difícilmente se estará
en condiciones de avanzar en la construcción de la ciencia social.
ciencia.

4. EXAMINAREMOS AHORA los elementos ofrecidos por el
individualismo metodológico para determinar el carácter de los conceptos básicos y de las hipótesis fundamentales en ciencias sociales. ¿ Cómo se procede para explicar los fenómenos sociales? "Si el conocimiento de las características generales de una situación social es siempre un
conocimiento derivado, construido a partir de lo que es conocido de las
situaciones de los individuos, entonces no es posible para el análisis histórico avanzado desde las características del todo hacia las situaciones
de los individuos. Aquéllos derivan lógicamente de éstas" .' 6
Un planteo recurrente en los defensores del individualismo metodológi~o tiene que ver con la relación entre individuo y realidad social. El
motivo del debate se puede formular en los siguientes términos: · es la
1:alidad social un sistema o totalidad cuyo funcionamiento obed~ce a
vmculos Y mecanismos específicos o sea realidad no es sino la suma de
las acciones individuales y las relaciones entre ellas? En los textos donde se sostiene el individualismo metodológico casi siempre se menciona
para rechazarla, la tesis de que la totalidad es "mayor" que la suma d;
las partes. Enunciada de esta manera ("mayor que") carece de sentido
Y con facilidad puede refutarse con el argumento de que la totalidad
social sin los individuos y sus acciones es nada. Sin embargo, todos los
conceptos e hipótesis explicativas de las ciencias sociales son una demostración de que la totalidad social no es reductible a las acciones
individuales.
_ . "E! _real comportamiento recíproco de individuos específicos es
mmtehg1ble a menos que se considere su comportamiento en términos
CATIIFJ)llA [ 143 J

�de su status y de su rol, y los conceptos de status y rol carecen de signi•
ficado a menos que se les interprete en términos de la organización de-la
sociedad a la que pertenecen los individuos". 17 En rigor, el fundamento mismo del individualismo metodológico es erróneo: no existen los
individuos como tales, sino agentes sociales ocupantes de una determinada posición económica, política, ideológica, etcétera, cuyo compor·
tamiento se vuelve explicable sólo a partir del análisis de esos lugares
que ocupan los agentes. Los conceptos e hipótesis de las ciencias sociales refieren por ello a la organización de la sociedad y no a qwén sabe
qué consideraciones acerca de los "individus".
Los individuá!istas son renuentes a conceder que la realidad social
no está constituida por una suma de individuos, de una parte, y el
ambiente o contexto social como algo ajeno y separable. Su enfoque
teórico parte de un inaceptable dualismo según el cual el hombre existe
en su individualidad y es allí donde deben ubicarse las causas explicati•
vas de su conducta y, en consecuencia, de los fenómenos sociales y del
proceso histórico. Existe, además un ambiente o contexto social que
influye en el individuo pero que, en definitiva, les es exterior. "La
comprensión de una situación social compleja deriva .siempre del cono•
cimiento de· las disposiciones, creencias y relacione~. de los individuos.
Sus características manifiestas pueden establecerse emp1ricamente, pero
son explicadas sólo si se las muestra como resultado de las actividades
individuales". 1' Debiera ser obvio, en cambio, que los individuos son
inseparables de las relaciones sociales, se constituyen en éstas, y no son
las disposiciones y creencias individuales lo que. explica la situación
social, sino precisamente a la inversa porque es la situación social la que
establece esas creencias y no otras, la que posibilita tales dispo11ciones y
no otras. "El hombre es, en el sentido más literal, un zoon politikon,
no solamente un animal social, sino un animal que sólo puede individualizarse en la sociedad". 19

5. LA IDEA ANTES MENCIONADA de que los hombres son los
únicos agentes causales en la historia conduce al individualismo metodológico a la mayor esterilidad teórica. Se puede, si se quiere, afirmar que
son los hombres quienes "hacen" la historia. Todos los fenómenos
sociales son, directa o indirectamente, creaciones humanas. De esta
verdad incontestable infiere el principio metodológico que sostiene este
ensayo, a saber, que el científico social puede continuar buscando expli.

[ 144]

CATHEDRA

·cac1ones de un fenómeno social hasta que lo haya·reducido a términos
aicológicos". 2º La confusión entre agente activo y. principio de determinación conduce a este programa teórico reducciqoista. Que los hombres son los únicos agentes activos no significa .que la determinación
de su conducta se encuentra en ellos mismos. Esa confusión convierte
el discurso individualista -incapaz de cumplir su propósito de formular
una alternativa teórica frente a la ciencia de la historia desanollada en
la línea de Marx- en un simple proyecto sicologista.

"Las premisas últimas de la ciencia social son las disposiciones
humanas, es decir, algo familiar y comprensible. Son a tal punto el
ml!terial de nuestra experiencia cotidiana que sólo basta enunciarlas
para que sean reconocidas como obvias".'r En pocos contextos teóricos aparece tan insistentemente repetida la confianza pueril del individualismo metodológico en que la opinión común es ya el conocimiento
científico. Los ejemplos pueden multiplicarse: "Las proposiciones
fundamentales de la ciencia social parecen obvias hasta el hastío ... las
diferencias. más significativas entre la ciencia social y otra ciencia cualquiera es que sus principios no necesitan ser descubiertos sino, lo que
es mucho más difícil, simplemente reconocidos". 22 De ahí la esterilidad teórica del individualismo: presupone que no es preciso producir
conceptos, formular hipótesis y construir un complejo modelo teórico
para explicar la realidad social; basta con observar el comportamiento
de los individuos. Cobra así toda su validez la queja de Baqjle~d: "si
un filósofo habla del conocimiento, Jo quiere directo, inmedíllto, intuitivo. Se acaba convirtiendo a la ingenuidad en una virtud, en un 'métodou. 23

Popper intenta distinguir entre individualismo metodológico y
sicologismo. "Podemos ser individualistas -escribe en La miseria del
historiciamo- sin aceptar el sicologismo". En otro lugar establece la
diferencia: "La falla del sicologismo reside en su prejuicio de -que el
individualismo metodológico en el campo de la ciencia social supone
el programa de reducir todos los fenómenos sociales y todas las uniformidades sociales a fenómenos y leyes sicológicas . . . su carencia de
solidez nos la demuestra la necesidad de una teoría de las repercusiones
sociales involuntarias de nóestros actos y la necesidad de lo que hemos

C4THEDRA

[145]

�denominado la lógica de las situaciones sociales".24 No obstante, cuando se rech,-za el programa sko}ogista de reducir tod~s _los fenómenos ~
uniformidades sociales a fenomenos y leyes s1cologicos, no se está
aceptando la posibilidad de uniformidades y leyes sociológicas pues el
planteamiento metodológico central del individualismo "Consiste, precisamente, en negar que haya leyes sociológicas irreductibles, "no explicables como meras regularidades o tendencias resultantes de la conducta
de individuos interactuantes" .2'

ésta basta para invalidar el enfoque metodológico individualista que la
sustenta. Jamás se explicará nada del ciclo económico a partir de supuestos generales sobre las "disposiciones hw;nanas"; los conceptos e
hipótesis que se requieren para dar cuenta d_el ciclo de reproducción del
capital no tienen nada que ver con el "material sicológico familiar evidente de suyo". Hipótesis como las formuladas en el pasaje dedicado a
la tendencia decreciente de la cuota de ganancia en El capital tienen una
eficacia teórica incomparablemente superior a todo lo que pueda generarse a partir de la indigencia del individualismo,

La pretensión de ir más allá del programa sicologista si~ifi~a. solamente que se tíene en cuenta el hecho de que los actos de los mdlVld_uos
tienen repercusiones sociales no deseadas. Pero inclusive esta trivialidad
debe ser finalmente abandonada por e1 individualismo porque se plantean tres posibilidades: a) tales repercusiones sociales involuntarias son
inexplicables·y a lo sumo cabe describir cuáles fueron en cada situación,
renunciando así a su tratamiento científico; b) existe 1:111'8 regularidad
en los vínculos entre esas repercusiones y entonces debJ reconocerse
que hay leyes sociológicas, precis~entE: lo ,~e el inditjd~ismo me~dológico quiere negar; c) hay premisas s1cologicas que exphean también
esas repercusiones involuntarias. El individualismo se inclina por la tercera posibilidad, anulando su anhelo de escapar al iücologismo.

Otros intentos de escapar al s1cologismo, realizados por discípulos
de Popper, se basan en un expediente más simple: definir el sicologismo
en términos tan estrechos que, por fuerza, el individualismo aparece
como algo diferente. Así, por ejemplo, según Watkins, "el sicologismo
establece que todas las características sociales de gran escala son no
meramente el resultado voluntario o involuntario, sino el reflejo de
características individuales". 28 Frente a esta pobre concepción en t.érminos de "reflejo", escribe Watkins más adelante, "el individualista
metodológico intentará explicar el efecto de gran escala como el producto indirecto, involuntario, complejo, de factores individuales ninguna de los cuales, aisla~amente, tiene semejanza alguna con aquél". 29

El intento de ir más allá del sicologismo por la vía de un tratamiento teórico de las "repercusiones sociales involuntarias de nuestros actos" no permite ningún desarrolÍo de la ciencia soc!al. . "La cie~cia
social individualista, con su énfasis en las consecuencias mvoluntarias,
ha sido mayormente una elaboración sofisticada sobre el simple tema de
que en ciertas• situaciones, motivos privados egoístas pueden tener
buenas consecuencias sociales y buenas intenciones políticas traer malas
consecuencias sociales".2 6 Ejemplos de .indigencia teórica como éste
pueden multiplicarse: "Coil6ideraré ahora cómo deben ser explicadas
de acuerdo con el individualismo metodológico las regularidades en la
vida s·ocial tales como el ciclo económico. La explicación debe ser en
términos de los individuos y sus situaciones; y puesto que el proceso a
explicar es repetible, susceptible de volver a ocurro: en -~ari3;5 épocas Y
en varias partes del mundo, se sigue que en esta exphcac1on solo pueden
emplearse supuestos muy generales sobre las disposici~nes hum~as . ·, .
el científico social no introduce innovaciones atrevidas en s1colog1a
sino que confía en el material sicológico,, familiar,. cas) evi~ente di,,
suyo". 27 Sin duda alguna, una caracterizacion de la c1enc1a social como ,.

[1461

CATIIEDRA

Ese subterfugio no permite romper la camisa de fuerza del sicologisnio. Si se considera que los hombres son los únicos agentes activos
en la historia y que su acción se explica con base en los "fines, esperanzas y. pensamientos" de los individuos, si no se advierte que el problema
de la. e:ii:plicación histórica no radica en reconocer a la acción humana
como "causa" de los hechos sociales sino que todo se juega en la búsqueda de las determinaciones de la acción humana y si, finalmente,
tampoco se advierte que esas determinaciones resultan de la organización de la sociedad, de las contradicciones que existen en ella, de los
proyectos sociales vigentes, del saber y de las ideas socialmente difundidas, etcétera, entonces no se estará en condiciones de "ver" ninguna
regularidad y uniformidad en los fenómenos sociales. Se creerá que dar
cuenta de un fenómeno social en t.érminos de otro fenómeno social es
formular explicaciones "inacabadas" y que las explicaciones "profundas" aparecen sólo allí donde se apela a factores individuales.
"El sicologismo tiene razón, a mi juicio, sólo en la medida en que
insiste sobre lo que podría llamarse 'individualismo metodológico', en

CA111EDRA

[1471

�oposición al 'colectivismo metodológico'; así, insiste acertadamente en
que la 'conducta' y las 'acciones' de los colectivos, tales como los_estados o grupos sociales, deben reducirse a las conductas y a las acciones
de los individuos humanos, pero la creencia de que la elección de este
método individualista supone la elección de un método sicológico es
errónea" .3º El argumento de quienes no aceptan la identidad entre
sicologismo e individualismo es en el sentido de que éste es un enfoque
del cual aquél es una de las variantes posibles. _Podrían, ?n _efecto, aceptarse, por lo menos, dos variantes del mdiV1dualismo: s1cologis~o Y
humanismo, según que se pretendiera expli~ar
fenomenos sociales
a partir de premisas sicológicas o de caractenz~c1ones gen~r~es sobre la
"naturaleza" 0 " esencia" humana. En cualqwer caso, el un1co enfoque
individualista que se ha intentado desarrollar en las últim3:5 décadas,
entre los partidarios explícitos del individualismo metodológico, penmte asimilarlo al .sicologismo.

!os

La tesis de que la "conducta" de los colectivos debe reducirse a la
conducta de los individuos humanos, sólo puede significar: 1) no hay
más acciones que las realizadas por los individuos. Cuando se dice, po-r
ejemplo, "la burguesía extrae la plusvalía generada por el proletariado",
debe entenderse que los obreros x, y, z ... n venden su fuerza de trabajo y producen un valor superior al que les es retribuido bajo la forma
salario por los capitalistas a, b, c .. . n. Interpretada así la que P~p~r
denomina "importante teoría", se trata de una perogrullada cuyo uruco
interés metodológico podría radicar en llamar la atención sobre el riesgo
de utilizar categorías agregadas allí donde su desagregación resulta conveniente o indispensable. La única otra interpretación factible sería:
2) no hay más explicación de los fenómenos sociales que en términos
del comportamiento individual. Entendida así la tesis de Popper, la vía
al sicologismo queda expedita, pues ¿cuáles pueden ser los términos del
comportamiento individual capaces de servir como premisas para explicar los fenómenos sociales? Por ello nada tiene de extraño que el más
entusiasta defensor del individualismo metodológico, quien tampoco
cree moverse en el sicologismo, escriba: "Si estoy en lo correcto al
suponer que las teorías sociales derivan conclusiones sociológicas a par'
tir de premisas sicológicas, debemos esperar encontrar que los mayores
avances en ciencia social consisten en la observación de algún aspecto
típico previamente desatendido de nuestro modo de ser mental y en su
formulación de manera más deductivamente fértil válida para explicar
una clase más amplia de hechos que las generalizaciones sicológicas disponibles hasta el momento".31

(1481

. 6. EL DEBATE SUSCITADO por el individualismo metodológico
gira en torno a sus tres planteamientos centrales: "1) las entidades
sociales son causalmente dependientes del comportamiento de los individuos humanos y no al revés; 2) las explicaciones del funcionamiento
de las entidades sociales deben ser rechazadas como últimas a menos
que tales explicaciones estén formuladas exclusivamente en términos
del comportamiento de los individuos humanos; y 3) la explicación del
comportamiento de los individuos humanos nunca debe ser en términos
del funcionamiento de las entidades sociales". 32 Las definiciones en la
ontología implícita en el primer planteamiento conducen a las fallas en
la teoría de la ciencia social esbozada en el segundo planteamiento. En
efecto, el primer planteamiento supone: a) la preexistencia del individuo respecto a las relaciones sociales; b) el criterio dualista de que hay
entidades sociales, por un lado, e individuos humanos por otra parte.
Los individuos no se comportan como lo hacen, debiera ser obvio, en
virtud de quién sabe qué cualidades inherentes a su ser individual y ajenas_ al nudo de relaciones sociales (económicas, políticas, ideológicas,
etcetera), en el cual se estatuye esa individualidad. El proceso de sujetamiento o, lo que es igual, la conversión del individuo biológico en
.ujeto humano, depende del modo como las relaciones sociales constituyen esa subjetividad. Es por ello preciso invertir ese primer planteamiento y afirmar que el comportamiento de los individuos humanos
es.causalmente dependiente de las entidades sociales y no al revés. Esta
inversión permite, además, combatir el erróneo enfoque sicologista del
segundo planteamienío. No sólo son explicaciones " inacabadas'' las
que pretenden dar cuenta de los fenómenos sociales a partir del comportamiento de los individuos, sino que son seudoexplicaciones que deforman por completo la estructura de la explicación cientíhca en ciencia social. Por ello ocurre que desde la perspectiva del individualismo
se escribe una aberración como ésta: "la sociología es un corolario de
la sicología al menos en el sentido de que los fenómenos sociales· requieren proposiciones generales sicológicas para su in..erpretación". 33

El tercer planteamiento, sin embargo, no puede ser desechado por
completo. Reformulado en términos más rigurosos es de validez incuestionable: el comportamiento de los individuos no puede ser explicado
de manera suficiente a través del examen de las entidades sociales. Una
corriente sociologizante, representada también en versiones vulgares del
marxismo, cree factible dar cuenta inclusive de rasgos sicológicos personales a partir de las solas consideraciones sociológicas generales. "Valéry

CATHEDRA
CATHEDRA

[1491

�es un intelectual pequeño-burgués, no cabe la menor duda. Pero todo
intelectual pequeño-burgués no es Valéry. La insuficiente heurística
del marxismo contemporáneo entra en estas dos fases. Para poder captar el proceso que produce a la persona y su producto en el interior de
una clase y de una sociedad dada en un momento histórico dado, al
marxismo le falta una jerarquía de mediaciones". 34
El análisis del complejo social es condición necesaria pero no suficiente para dar cuenta de todas las peculiaridades de la conducta individual. Hay un campo específico de investigación para el examen científico de ésta. No obstante, ello no cancela el hecho de que las formas
de la individualidad están determinadas por la estructura social, pues
ésta es la materia en la que se realiza la existencia individual. Hablar
de individuos y de relaciones ínter-individuales al margen de las relaciones sociales no pasa de ser una mala abstracción. En verdad, no existen más individuos que los producidos en y por las relaciones sociales,
de las cuales, como lo señala la fórmula empleada en El capital, "el
individuo es socialmente la criatura, haga lo que haga para liberarse de
ellas". La ilusión especulativa del individualismo metodológico resulta
de creer que la sociedad se compone de individuos, que los agregados
sociales son meras abstracciones y que lo único concreto es el individuo.
Nos hay suficiente desarrollo en el marxismo de la teoría·de las.
mediaciones existentEis entre · el conjunto macrosocial y la conducta
individual. El .establecimiento de lo que podría denominarse "teoría
social de la significatividad" es también un problema teórico no resuelto, por lo que hay escaso desarrollo de la respuesta a preguntas tales
como ¿cuáles son las articulaciones entre las significaciones generadas
por el modo de funcionamiento del aparato productivo de la sociedad
y las significaciones discursivas producidas por la ciencia, el arte, la
ideología, etcétera, de esa sociedad? Si las formas verbalizadas (discursivas) de la significatividad social son sólo una parte de la potencialidad
significativa de ésta, ¿qué conexiones existen entre esas formas verbalizadas (discursivas) y el sistema global de producción de significaciones?
Debe reconocerse que en el marxismo ha prevalecido una tendencia
reduccionista según la cual el complejo significativo en el plano discursivo no hace sino "reflejar" las significaciones producidas fuera de este
terreno discursivo.
De cualquier manera es el propio marxismo quien ofrece el mejor
instrumental teórico para avanzar en el examen y explicación del pro-

ceso significativo y, particularmente, de su variante discursiva. En definitiva, una sociedad no produce cualquier conjunto indeterminado de
significaciones discursivas, sino precisamente aquéllas que son posibles
en las condiciones de la significatividad social existente. El individualismo _no ofrece un enfoque alternativo y se queda en la incomprensión
del planteamiento de Marx. "Una parte típica del programa de la sociología marxista y de otras sociologías historicistas es intentar explicar ~
la. formación de ideologías y otras características sociológicas en términos estrictamente sociológicos. Marx, por ejemplo, confesaba cre·er que
las ideas feudales y las ideas burguesas son generadas más o menos literalmente por el molino de agua y la máquina de vapor". 35
No existe, es obvio, ninguna relación causal directa entre el nivel
alcanzado por el desarrollo de las fuerzas productivas y las ideas prevalecientes en una sociedad. Nunca será suficiente la descripción, por más
amplia que sea, del aparato productivo de la sociedad para dar cuenta
de las vicisitudes ocurridas en el nivel discursivo de esa sociedad. Pero
no es necesario asumir los supuestos del individualismo para oponerse a
ese enfoque reduccionista. Ni se requiere tampoco concebir el nivel
discursivo como parte del campo sicológico. La ideología no es un
fenómeno sicológico; la formación, por ejemplo, de las ideas burguesas
no es un proceso que pueda ser explicado en los términos sicologistas
del iPldividualismo. Se trata, por el contrario, de un proceso ijOCial en el
que intervienen la organización de las clases en la producción, el sistema
político vigente, el saber previamente acumulado, la disolución de creencias hasta allí aceptadas con firmeza, etcétera. Se rPquiere de la sicología para explicar por qué una persona adopta determinadas ideas y
creencias de las numerosas que hay en el complejo y abigarrado acervo
de ellas existente en la sociedad. Pero el estudio del acervo cultural es
cuestión de la ciencia de la sociedad.
7. EL SUPUESTO ULTIMO del individualismo metodológico es la
irreductibilidad de la libre voluntad de la persona. Su combate contra
la noción de "totalidad" y, en definitiva, contra la dialéctica, calificada
por el individualismo como "metafísica", se realiza desde supuestos
metafísicos. Lo que, en rigor, le preocupa al individualismo es que una
teoría social construida con base en la noción dialéctica de "totalidad",
impide desarrollar una concepción de la historia como resultado de
una supuesta acción libre y voluntaria de los individuos. La antigua
noción metafísica de "libertad" ("libre albedrío") está en la base de un
CATHEDRA [15[)

[150) CAnIEDRA

�enfoqµe que se pretende renovador y contemporáneo. El individualismo lllÍ!todológico "siente que teorías del tipo de las que desea rechazar
implican que no sostenemos nuestro destino en. nuestras propias manos
como si fuéramos arrastrados por el desarrollo de las entidades sociales
de las
formamos parte y que tienen-vida propia".36 La creencia en
una in
ible voluntad libre, guía del comportamiento de los individuos, ~s el frágil sostén último del individualismo.

~!is

abstracta ,;le "libertad'.', donde se olvida que las decisiones de la voluntad no son ajenas· a la socia,lidad en la qu,e se constituye esa voluntad.
Esa nóción especulativa de '!libertad" es el complemento directo de un
planteamiento que suwne. individuos existentes con anterioridad a (y al
. margen de) las relaciones sociales y que, en consecuencia, reduce la
organización social a una suína de relaciones ínter-individuales.

"El supuesto central de la posición individualista -un supuesto
reconocimiento contrafáctico y metafísico- es que ninguna tendencia
social existe que no pudiera ser alterada si los individuos involucrados
quisieran alterarla y poseyeran la información apropiada ... ninguna
tendencia social es de algún modo inlpuesta a los hombres 'desde arriba'
(o 'desde abajo'); las tendencias sociales son el producto (usualmente
involuntario) de características, actividades y situaciones humanas, de la
ignorancia y pereza de la gente así ,como de su sabiduría y ambición", 37
Este supuesto metafísico es un pésinlo punto de arranque para la comprensión de la historia. Su función teórica es oponerse a la doctrina de
la "inevitabilidad histórica" pero enfrenta esa inaceptable concepción
fatalista desde posiciones iguales inaceptables.
·
Ninguna t.endencia social actúa al margen de la acción de los agentes
involucrados en esa situación histórica porque no existen tendencias
sociales por un lado y agentes históricos por otro; ninguna tendencia
social opera al margen de lo que "hacen" los hombres. De ello no se
deriva1 8Í,ll embargo, que la conceptualización y las hipótesis necesarias
explicar las tendencias sociales van a resultar de' consideración alguna sobre las "características humanas". ·La explicación proflll,lda de una
tendencia socíal nunca ·podrá ser formulada en términos de "ignoran,}ia", "pereza", "sabiduría", "ambición", etcétera, sino que se requerirá
de conce11~s sociológicos producidos en la investigación de la totalidad
social, cuyo referente sean entidades sociales, en cuya virtud sean explicables tale~ "ignorancia", "pereza", etcétera. La caracterización del
estado de; ánimo, de· las creencias, de los v¡tlores y actitudes de los agentes sociales nunca es el punto de partida de la investigación histórica
sino su punto de llegada.

para

La noción abstracta de "individuo", cuyos t_ítulos teóricos son tan
inexistentes como los de la indeterminada noción de "hombre", está
vinculada en el individualismo metodológico a una noción igualmente

(152) CA'lllEDRA

CA'lllEDRA

[153)

�NOTAS
(1) John Pasmore, "The poverty of historicism revisited" en History and theory,
p. 47.
(2) J.W.N. WatkillB, "Historical explanation in the social sciences" en P. Gardiner,
ed., Theories of history, p. 505.
(3) May Brodbeck, "Methodological individualism: definition and reduction" en
W.H. Dray, ed., Philosophical analysis and history, pp. 299/300.

(2ó) J.W.N. Watldna, lbld, p. 28.
( 21) lbid, p. 32.
(22) G.C. Homans, lbld, pp. 76/77.
(23) G. Bacbelard, Epiotemología, Ed. Anagrama, Barcelona, 1973, p. 19.
(24) K.R. Popps, La IIOCiedad abierta •.. T. II, p. 120.
(25) J.W.N. Watldna, "Historical explanation •.. ", p. 505.

(4) K.R. Popper, La miseria del historicismo, Ed. Taurus, Madrid, 1961, p. 165.

(26) J.W.N. Watldna, lbid, p. 512.

(5) H.I. Marrou, El conocimiento histórico, Ed. Labor, Barcelona, 1968.
(27) lbid, pp. 512/513.
(6) G.C. Homans, La naturaleza de la ciencia social, Ed. Eudeba, Buenos Aires,
1970, p. 65.

(28) lbid, p. 509.

(7) J. Passmore, Ibid, p. 41.

(29) lbid, p. 612.

(8) E. Gellner, "Holism versus individualism in history and sociology" en P. Gardiner, ed., Theories of history, p. 490.

(30) K.R. Poppa, lbid, T. II, p. 109.
(31) J.W.N. Watldna, "Ideal types ... "p. 34.

(9) J.W.N. Watkins, Ibid, p. 505.
(10) K.R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, Ed. Paidós, Buenos Aires,
1967, T. 11, p.120.

(32) A.C. Danto, "The historical individual" en W.H. Dray, ed. Philosophical
analysia and hiatory, p, 277.
(33) G.C. Homans, lbid, p. 66.

(11) E. Gellner, Ibid, p. 497.

(12) J.W.N. Watkins, "Ideal types and historical explanation" en The British
Journal for the Philosophy of Science, Vol. III, May 52 to Feb 53, p. 28.
(13) M. Heidegger, El ser y el tiempo, FCE, México, 1962, p. 132.
(14) J.W.N. Watkins, "Ideal types ... "p. 42.

(34) J.P. Sartre, Crítica de la razón dialéctica, Ed. Loada, Buenos Aires, 1963, T.
I! p. 57.
(35) J.W.N. Watldna, "Historical explanation ... ", p. 509.

1 •.

(36) A.C. Danto, lbid, p. 294.

1

(37) J.W.N. Watldna, lbid, p. 506.
(15) L. Althusser, Para leer El Capital, Ed. Siglo XXI, México, 1972, p. 30.
(16) J.W.N. Watkins, Ibid, p. 27.
(17) M. Mandelbaum, "Societal facts" en P. Gardiner, ed., Theories of history, p.
479.

(18) J.W.N. Watkins, Ibid, p. 29.
(19) C. Marx, Introducción general a la crítica de la economía polftica/1857, Cua·
dernos de Pasado y Presente, Buenos Aires, 1971, p. 4.

(154) CATHEDRA

1

CATHEDRA [155]

�[15,6) CA11fEDRA

�Biblionotas

"Marx
era un idealista
incorregible"
• CuodernlUo, toelolótlco• del Col8po de SocdÓloda de la J'acal&amp;ad de
l'tloaofia 7 Let.ru de la UANL,'- No. 1, coordinador:) Duid lladeJL MonianJ,
N , L., octu~ de 1976.

CON EL TITULO de Cuadernillos sociológicos del Colegio de
Sociología de la Facultad de Fi:
losofí« y Letras / UANL, el catedrático David Martell ha seleccionado y' compilado resúmenes
de lecciones ~n forma esquemática y sencilla edición (Monterrey,
1976).

ellas". El Cuadenlillo número
uno corresponde . a la materia de
Sociología 11, a cargo del profesor Abraham Nuncio, y reparte
su contenido en tres unidades:
"La sociedad"· "Elementos de
la "organización' social" y "El
control social". Cada unidad
ordena las subdivisiones según
el sistema decimal.

"Los Cuadernillos sociológicos -explica en la Presentaciónpretenden llevar a lectores de
otros ámbitos, que no sean únicamente los de nuestra entidad universitaria, las lecciones magistrales que se explican en el aula y
los trabajos escolares anexos a

"El debate en el seno· de la
sociología -advierte Abraham
Nuncio- sobre las relaciones
sociales, sobre el Estado y sobre
las diversas formas que asume la
· ideología es, sin temor a incurrir
en excesos, el debate teórico fun-

-

CATHEDRA [157]

�'dament.al. de nuestros filas. El
llevar este debate al ámbito académico ha resultado, pues, de
una necesidad evidente ( ... ).
En el número uno de Cuadernillos sociológicos se abordan dos
cuestiones de la temática general:
las definiciones de los tópicos
clave y las categorías y leyes sociológicas ... ".
Por lo visto, cada cabeza es
un mundo, y la simple enumeración de las definiciones posibles
de "sociedad" o de "cultura"
ofrece un despliegue de posiciones que cada escuela o tendencia
somete o debate. El Cuademillo
sociológico las expone y sujeta a
revisión crítica, con base en la
doctrina del materialismo histórico, que a su vez ofrece blancos
muy amplios para dirigirle objeciones. ( Los lectores interesados
pueden buscar la obra titulada
La pensée de Karl Marx, de JeanYves Calvez, en la versión castellana que publicaron las ediciones
Taurus, de Madrid).
"Hay en la filosofía económica de Marx_ -objeta el ensayista
francés mencionado- dos planos
diferentes que no se recortan
completamente: una teoría general de las condiciones fundament.al.es de la vida económica del
hombre y una teoría particular
del devenir histórico de un sistema económico determinado. En

[1581

CA1l!EDRA

otros términos, que hay en Marx
dos tipos de dialéctica y; por ende, dos concepciones_de la historia, entre las cuales él no ha realizado ni podía realizar una verdadera conciliación. El primer tipo
de dialéctica, que se nos ha maní- _
festado como el fundamento universal de lo real, corresponde a
la objetivación del hombre; el segundo tipo ·( exclusivamente histórico, y que, al parecer, suele
estar más bien vinculado únicamente con la historia del capitalismo y de su supresión), corresponde a la categoría de alienación".

Naturalmente, la columna se
limita a reseñar los Cuademillos
sociológicos y JI 'justipreciar el
diseño económico de su edición,
debidamente apoyado su contenido con una bibliografía· final.
Las exposiciones quedan así
dispuestas a la fácil consulta, al
mismo tiempo qu~ los esquemas
permiten prolongar el debate en
cada punto que los lectores encuentran objetable. Toda ordenación de rigor académico ayuda
a contemplar con buena perspectiva los planteamientos intelectuales de cada disciplina del conocimiento, y hasta se vuelven
accesibles a los simples aficionados, como esta columna que
siempre· ha juzgado que Marx
era un idealista \DCorregible /
PEDRO REYES V'ELAZQUEZ.

Gau,.hos
y gringos en la
Argentina
*

Gaucho, 'Y trln,o, en la tierra ajena, por Carlos Carlino, Editorial

Pbu

Ultra, Bueno, Airea. 1978.

EL VOLUMEN titulado Gauchos y gringos en la tierra ajena,
de· poeta, dramaturgo y periodista argentino Carlos Carlino, publicado por la Editorial Plus Ultra, de Buenos Aires, confirma
un aforismo del poema nacional:
"La ley es como el cuchillo, -no
ofende al que la maneja".
El propio poema nacional de
la Argentina (Martin Fierro) ex·
plica el significado de la palabra
"gringo", que en México designa
al norteamericano mientras en
tierras pamperas se aplica más
bien al italiano, y únicamente
coinciden en su intención despectiva. Dice Martín Fierro:
"Era un gringo tan bozal,
--que nada seo Je entendía.
- ¡Quién sabe de ande sería!
-Tal vez no juera cristiano,
-pues lo único que decía ---es
que era "pa-politano".
,
(Una comedia dramática rural La gringa, del escritor uruguayo Florencio Sánchez, estrenada
en 1904, exaltó la unión del viejo
criollismo gaucho y el nuevo espíritu del inmigrante).
Lo cierto es que Carlos Carlino -hijo de la pampa l!J'ine:a.

como Pedroni, como Gerchunoff, como Gudiño Cramer-- ilustra su estudio de la demografía
argentina con profusión de textos literarios e históricos, deshace
muchos mitos y comprueba que
la oposición entre gauchos y gringos- fue el cruel resultado de un
provocado malentendido. Ambos fueron protagonistas de una
distinta pero concurrente explotación sobre la tierra ajena. Lo
expresó sin disimulos el criollo
Martín Fierro:
"Tiene uno que soportar -el
tratamiento más vil; --a palos en
lo civil, · --a saber en Jo militar.
Y es necesario aguantar ---el
rigor de su destino; ---el gaucho
no es argentino -sino pa hacerlo
matar".
La pampa fue hollada, caminada, ultrajada, amojonada y
quedó con las puertas abiertas.
Entraron los inmigrantes ---esos
invasores pacíficos-, dibujaron
senderos, abrieron picadas, trazaron caminos, tendieron rutas
hacia todas las direcciones de la
Rosa de los Vientos. En ese envión hacia los horizontes, hiriendo soledades, levantando marejaCATHEDRA

[1591

�das de pájaros agrestes, corriendo
y atrapando animales cerriles, enfrentando a hombres nada dóciles, secaron las fuentes de la leyenda. Demolieron los castillos
de humo de la fábula.
En ese final del siglo en que
la pampa ya ha dejado de ser lugar de tránsito y acecho; de fuga
o de encuentro sangriento, para
convertirse en sitio de permanencia y fatiga laboral, se comprueba que no hay ninguna Ciudad de los Césares, que Traplanada no existe, que el País del Rey
Blanco es una pura fantasía de
gente insolada.
En ese final del siglo xix lo
mítico da paso a la realidad (que
a veces parece una ficción) que
está ahí, palpable, sencilla y grandiosa; suave y dura a la vez, signüicada en los millones de hectá-

reas sembradas con trigo, lino y
maíz; en las estancias rodeadas
lle alambrados donde lo único •
violento es el viento moviendo
las aspas de los molinos; en los
pueblos y ciudades que se van
formando dentro del silencio verde, bajo el silencio azul.
Desde 1492 ---recuerda Carlos
Carlino-, América es una parte
entrañable de España e Italia. Venían a estas tierras en busca del
Vellocino de Oro, de las fuentes
de la Juventud, de la fábula . . .
"Desde los primeros tiempos de
la conquista del Nuevo Mundo
-escribe Enrique de Gandia, en
"Los italianos en el Río de la
Plata"- los vemos figurar mezclados con los demás conquistadores ... " / PEDRO REYES
VELAZQUEZ.

¿Cuadernillos? El,
diminutivo es engafioso. El riúmero dos
aguanta casi cua•roc1entas paginas
•

•

#

•

DESPUES DE tantísimos cuadernos aparecen ahora unos Cuadernillos sociológicos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Autónoma de Nuevo León. El diminutivo es engañoso, ya que el segundo cuadernillo, Historia de América Latina I, aguanta casi cuatrocientas páginas y los nombres de Marx, Neruda, Emest Mendel, Halperin
(160) CA1llEDRA

Donghi, Prado junior, Crouzet, etcétera.

Se trata, de acuerdo con Mario Cerutti, de unos apuntes que sir
van como guía "a quienes crean tener como hilo conductor lo explicitado en la materia específica".
La \!dición. modesta y esauemática, se limita a mil ejemplares / .JAI,
ME GARCIA TERRES, "Litoral" de La Gaceta del Fondo de Cultura
Económica, Año VIII, México, mayo de 1978, No. 89, p. 13". ·

La polémica
entre el mexicano Elide Gortari
y el argentino Mario Bunge
• La metodolo1fa: Una dluu.tón, por Eli de-GCl!liad. &amp;dlclow •111•r'elet
de la Facultad de Pi1010fla J Letra. de la UANL, lmpnn&amp;a de laan hbloe. lHJdco, 1976.
·

ESTE PEQUE!itO GRAN LIBRITO de dos mil ejemplares contiene
la interesantísima polémica entre su autor, doctor Eli de Gortari; y" el
conocido tratadispi argentino de la ciencia doctor Mario Bunge, sobre la
maestría de metodología de las ciencias, maestría que se imparte en dos
universidades mexicanas: la Autónoma de Nuevo León y la Autónoma
de Puebla.
Dicha polémica se orientó en tomo al plan de estudios, al programa
de trabajo, la evaluación y otros aspectos de este posgrado que la División de Estudios Superiores de la Facultad de Filosofía y Letras -enti;
•dad ésta dirigida por el maestro Tomás González de Luna- inició
por primera vez en nuestro país en agosto de 1975. Esta maestría,
después de los análisis correspondientes, contó con el apoyo de
CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), de la Rectoría de la Universidad Autónoma de Nuevo León, del Consejo de Estudios Superiores de esta casa de estudios y del Consejo Técnico de
CATIIEDRA [l 6 l)

�Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El contenido de La metodología: Una djacuaión consta de las
cuatro partes siguientes: "El método de Bunge, mentir pan rebatir",
por Eli de Gortari (veintiún páginas); Apéndice A: "Maestría en metodología de la ciencia", por Eli de Gortari (de las páginas 22 a la 34);
Apéndice· B: "El método como vínculo entre la ciencia y la filosofía"
(de las páginas 35 a la 45); y Apéndice C: "Evaluación de la maestría
metodología" por Mario Bunge (de las páginas 56 a la 61).

en

De gran importancia p;ira aquellos estudiantes y profesores que se
preocupan por los avances científicos y académicos de México será la
lectura de este librito "gigante". En él se puede observar y deducir e[
lugar que le corresponde, en la esfera del conocimiento, tanto a De
Gortari como a Bunge. Asimismo, ahí encontrará el lector lo aue se
dice del último. Entri: otras cosas, que Bunge utiliza un "texto afeitado" (p. 12)¡ que asume una posición "extravagante" (p. 7); que "su
intervención ha sido iracunda y violenta, pero no irreflexiva" (p. 7);
que "después de alabar su engendro, lo declara utópico y, por ende,
inalcanzable" (p. 8); que tiene "gran confusión entre método y técnica"
(p. 8), etcétera, etcétera.
¿Dónde adquirir este pequeño gran librito? En la Librería "Las Le-

tras", en el primer piso de Filosofía y Letras; por correo, en el apartado p06tal 3024, y por teléfono, en los números 52-42-59 y 52-42-50 /

D.M., P;uente, Publicación sindical y académica de trabajadores de la
Escuela Preparatoria Ocho de la UANL, número 1, Monterrey, mayo de
1977.
.

1162]

CA1llEDRA

�Federico Cantú

Lu
ilustradonea
EN 1970, EL INS'l1TUTO Nacional de Bellm Artes presentó en 111 salas
1, 2, 3, 4 y 5 una gran exposición de

Federico Cantú que incluía trescientas
cincuenta y nueve ob111 entle pintu111, dibujos, grabados, relieves, vitrales,
escultu111 y proyecto, de murales, seleccionados de la producción creada
por el artista durante el período que va
de 1922 a 1970, es decir, casi medio
siglo de actividad pláatiCL La muestra
ohecló una imagen deslumbrante de la
evolución de un pintor libre y audaz,
dueño de sí, Inventor de formas, creador de técnicas, maestro de la composición de amplio despliegue, confl&amp;do
en su lengu* y en lucha continua por
dar un sentido de totalidad al significado de su obra y por encauzar dentro
de una sensibllldad refiexiva a RI cau-

Siete IÍiOI detpués, en una soledad fecunda, Federico Cantú ahonda su unlveno plástico,
una realidad artíitlca presidida por el
equilibrio entre la disciplina y la e&amp;pontaneldad, entle el rigor y la fretl.
dalOII producción.

cura.
Nacido en 1908 en Cadeieyta,
Nuevo León, Federico Cantú es uno
de 101 mía singulares pintores mexlca001 contemporáneos. Su pintura, detpojada de todo amaneramiento, constlwye una síntesis de las experleild11
que ba ido transfigurando artísticamente desde su Infancia, en las tierna
extranjeras a donde lo llevaron prolongados vl,Jes por el mundo, bajo una
concepción del arte y un enfoque de la
vida ablertOI a todOI 101 matices de
la cultura. A un lado de la gran

CATHEDRA (163)

�temática que consagra a su pintura
como un momento clásico del arte
mexicano del siglo xx y a muchos de
sus cuadros como obras maestras inseparables ya del contenido de nuestra
época, Federico Cantú rescata el significado de las cosas sencillas. Los
inquietantes símbolos de la vida íntima y cotidiana no intervienen en su
lenguaje plástico como elementos accesorios, sino como signos &lt;¡Ue revelan la
trama sutil que une. al hombre con el
mundo, fragmentos que la percepción
visual arranca a la realidad para manifestar el sentido social que pulsa en ios
objetos. Por eso, su raíz nacional, una
fina y delicada conquista de lo popular, no requiere ni la retórica trigarante
de los epígonos del muralismo ni los
agropecuarios logotipos plásticos que
utilizan otros artistas carentes de
imaginación creadora. En cambio,
Cantú, al asimilar la realidad, con esa
naturalidad que dignifica a las grandes
creaciones humanas, se apropia las
potencias que lo identifican con su
suelo sin forcéjeos, como muy temprano advirtió Antonio Acevedo Escobedo. Los mitos griegos, las cosmovisiones prehispánicas, la teología cristiana,
'
las inquietudes recurrentes
del hombre
no son medios para alcanzar un estéril
sentido universal desvinculado de su
tiempo. Al contrario: cuando entran
al mundo plástico de Federico Cantú
van contaminadas, preñadas por la realidad real con toda su gloria o su oprobio. Así, Moisés destruye las tablas en
San Angel, cerca de la Iglesia del Csrmen; las Bodas de Qmaán transcurren
en Tehuantepec; -Ceres glorifica a la
tiem con los frutos de ChicomecoatlXilonen; Francois Villon es un estudian te alucinado ...
[164] CATHEDRA

Lo primero que distingue a la
pintura de Cantú es la naturalidad
con que penetra en las capllS profundas
de la vida y de la cultura. Si para muchos artistas salvar ese obstáculo es
encontrar el sentido mismo de su actividaá creadora, para Federico Cantú es
tan sólo una premisa de la condición
humana. En su obra, el arte-sé encuentra más allá de la percepción oomprensiva del mundo y de la asimilación de
la culture. Nada más natural, por
cuanto el lenguaje artístico auténtico
presupone ambos elementos. Una
voluntad universal de creación sólo
puede apoyarse en los hábitos perceptivos y en la práctica artística precedentes, en el resultado de la evaluación artístico-social del mundo realizada por toda la comunidad. Quien los
menosprecia paga con la mutilación.
El arte actual está lleno de expresiones
aberrantes de ese tipo, desde la adoración de· la basura hasta la geometría
cojitranca.
En reiteradas ocasiones la crítica
se ha detenido en la producción religiosa de Federico Cantú. Entre otros,
Salvador Toscano, Margarita Nelken,
Manuel Calvillo, Arthur Miller, Luis
Islas García y Antonio Rodríguez,
quienes han advertido el carácter contradictorio, el sentido profano, la
naturaleza panteísta de estas obru.
Al mismo tiempo, subrayan que esta
actividad responde a una verdadera
necesidad espiritual y creadora. Nada
más cierto lo segundo. En cuanto a lo
otro, ya la crítica burguesa dijo lo
mismo de los muralistas del Renacimiento; y no dijo nada. No obstante,
el problema de la religión es más profundo de lo que parece.
Por una costumbre heredada al

siglo xix la oposición religión-revolución ha llegado a ser una unidad. Así,
Octavio Paz considera que toda revolución es la consagración de un sacrilegio, que se convierte en un nuevo
principio sagrado (*). El estigma del
reformador, dice, es el revelar a medias
verdades ocultas o verdades que se
consideraron profanas. Es una concepción cautiva por las redes que pretende romper. Todos los reformadores,
desde Buda hasta Lutero actuaron
cuando la religión había dejado ya de
ser un medio para mantener la unidad
espiritual de la sociedad y cuando el
orden humano y el orden del cosmos
estaban escindidos. Marx llama a este
período la prehistoria de la sociedad,
entre otras causas porque en él la
religión substituyó la pérdida de la
conexión entre las facultades perceptivas y las intelectuales con un sucedáneo -perfume espiritual de las cosas
carentes de ·espíritu-, separando y
contraponiendo al hombre y al cosmos; hombre y cosmos, cuyo carácter
isomórfico la ciencia actual redescubre. Así, el sentido de totalidad que se
ha manifestado en el arte religioso trasciende las limitadas aspiraciones de los
reformadores y las pobres teologías
ignorantes de su propio origen. La
reintegración de la unidad espiritual
del hombre queda fuera de las posibilidades de la religión. El arte sólo puede
prefigurarla. Creo que éste es el sentido del arte religioso de Federico Cantú, una aventura paralela a la música
de Messiaen.
Al escribir estas notas tengo a la
vista varios buriles. Me parece que en
(*)

El arco :Y la lira, F.C.E., Mbico, 1956,
p. 217.

pocos artistas el dibujo encarna tan
plenamente como en Federico Cantú.
Continuamente irrumpe en la obra
plástica, eÍI la escultura, en los relieves • . . En realidad toda su obra es
una serie de vasos comunicantes. No
hay parcelas separadas, menos expresiones antagónicas. El lazo que une y
separa a las formas que reviste el dibujo es el color: por lo regular, ausente
en los grabados y buriles; concentrado,
en los dibujos; violento, en las acuarelas; agresivo, en los óleos; heroico y
lírico, en los murales. El dibujo de
Federico Cantú es acaso el mejor y
más limpio, el más perfecto y puro,
entre los pintores equidistantes de los
muralistas y las promociones más recientes y más abiertas a los cambios
internacionales de la plástica. Si el
dibujo articula en un todo la obra de
Federico Cantú, el color -y yo afirmaría que más que el color la forma en
que deposita la materia sobre la tela-purifica su abundancia lineal. Sujeta
a una métrica, por así decirlo, el fiujo
rítmico inagotable del dibujo. El diseño lineal de Cantú se aproxima mucho
al tratamiento melódico de Rameau y
Couperin: Tiene la claridad y la concisión de los ritmos elementales de la
naturaleza. En cambio, el color recuerda la técniell del Organum y el
Fauxbourdon. Los pianos de luz, la
superposición del color y los contrases son un ensanchamiento armónico
del dibujo. Un procedimiento similar
dio origen a la música polifónica'. Este isomorfismo no parece ser accidental. Lo que en Federico Cantú hay de
anticlásico, de repulsión a lo decorativo y de ruptura con los modelos establecidos deriva de su audaz tratamiento del color. Este hecho se puso
CATHEDRA

[165]

�de relieve a partir de 1946, cuando el
pintor inició su turbador ciclo de buriles. No sé si la crítica lo haya advertido o no. Pero no es fácil que un
pintor conaa,mto se decida a iniciar la
asimllaclnn. de una técnica artesanal,
un Óftclo tan difícil como el buril. Federico Cantú lo hizo. Al desnudar su
plntun reveló el secreto de su lenguaje: la Interconexión de lo heroico y lo
lfrico. Todos sabemos que en la litentura la simbiosis entre la prosa y la
poesía es un esfuérzo por reintegrar el
sentido de totalidad, por aproximar el
orden IIOclal al orden humano y a partir de esa unidad recobnr el nexo
orgánico con el cosmos. Rescatar a la
vida como objeto general del arte está
en el fondo de esa preocupación. Restablecer el carácter público del arte y
la unidad de las facultades perceptivas
e Intelectuales, anuladas y destrozadas
por la dispersión enajenante del conocimiento moderno; IDII que una tendencia artística es una demanda popular. En este sentido, Federico Cantú es
actual. Mas actual, sin duda, que algunas de las pretendidas vanguardias. No
deja de ser extnño que la crítica pase
por alto estos problemas. Por .lo visto
su objetividad se 'parece a la de esos
desdichados fflósofos que se ofenden
cada vez que escuchan la palabn materia. Y la materia es el gnn tema de
Federico Cantú: en su sensualidad,
p-nte en obras profanas y rellglo-

(166 J

CAfflEDRA

sas, triunfa el esplendor de la vida,
los destellos 'lle la materia en tonstante
renovación y cambio. Por eso, el dibujo de Federico Cantú constituye, a su
vez, una encarnación de la tensión y
la conceptuación perceptivas. &amp;te
rasgo se manifiesta tanto en el relieve
monumental tallado en la roca viva en
Galeana, Nuevo León, como en los
gnbados angélicos -y tomo el término en el viejo sentido teológico- para
la letanía lauretana, tanto en sus munles como en las parejas eróticas, ~ntauro y Mujer. Estos últimos, dicho
sea de paso, son obns que no tienen
precedente en la historia de la pintura
erótica, occidental y oriental. Proba'
blemente la Leda y el ame de Miguel
Angel sea la única obn que pueda
equipararse a los inquietantes dibujos
de Cantú.
La producción reciente de Federico Cantú no agrega nuevos elementos a
su ámbito plútico, lo profundiza. No
busca cambios. Crece en amplitud. La
línea no se concentn sobre su propio
vu.elo. Se abre al mundo. Las últimas
acuarelas tienen la frescun de los dibujos de los años veinte; pero en la economía de elementos y en la libertad
del trazo fulgura una fantasía concentnda. &amp;te pintor de la pintura religiosa y profana lleva por penitencia y
castigo la maestría, esa perfección del
lenguaje que cuando roza al mundo
aletea la poesía/E. R. BLACKALLER.

�Departamento de Editorial

Publicaciones
de la Facultad de Filosofía y
letras de la U A NL
* Revista Cathedra (trimestral). Coordinadores anteriores: Miguel Covarrubias, Alfonso Reyes Martínez y Juan José García Gómrz. Actual coordinador:
David Martell.
CUADERNOS DE FILOSOFIA

* La pintura como lenguaje/ Adolfo Sánchez Vázquez, segunda edición.

* Tecnología y füosofía/Mario Bunge.
* La filosofía de Vasconcelos como füosofía latinoamericana/Silvia Mijares.

* Filosofía del deiecho /MMía Guadalupe Martínez de Rodríguez.
EDICIONES ESPECIALES
• La metodología: una discusión/Elide Gortari.

• Memorias de Valentfn Campa: Cincuenta años con el movimiento obtero y
revolucionario.

CATIIEDRA

[167]

�CUADERNOS DE HISTORIA

* Aspectos metodológicos básicos del estudio de la historia medieval/Henning

Graf.

COLECCION DE POESIA

* Litoral de sombra/ Alfonso Reyes Martínez.
* Matar el tiempo/Xavier Rodríguez Araiza.

• Tres artículos sobre historia y sociedades/ Guillermo Beato.

* Sobre la historia latinoamericana/ Guillermo Beato.

* La etapa colonial en F.stados Unidos. Su influencia decisiva en un caso de

CUADERNOS DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES

* Aspectos de la poética estructural/José Pascual Buxó.

desarrollo capitalista autónomo /Mario Cerutti.

CUADERNOS DE SOCIOLOGIA

* Desarrollo urbano en América Labna/Domenico Sindico.
CUADERNOS DE METODOLOGIA

* Cuaderno No. 1: "Acerca de la noción de analogía" /Tomás González de
Luna; "Las revoluciones cientlficas y el método"/ Juan Angel Sánchez; "Las inferencias deductivas aplicadas a la física" /Laura E. Quiroga.
CUADERNOS DE PEDAGOGIA

* Cuaderno No. 1: "Antecedentes técnicos de la programación por objetivoa" /
María Socorro Berra Santana; "El establecimiento de los objetivos de aprendizaje"/
Clara l. Carpy Navarro y Libertad Menéndez Menéndez.
CUADERNOS DE LETRAS

* Olavide o Sade /Miguel Covarrubias.
COLECCION: MATERIALES DE TRABAJO DE LA DIVISION DE ESTUDIOS
SUPERIORES
1

* Fragmentos filosóficos de los presocráticos. Antología/Compilación de

1

textos y notas de Juan Angel Sánchez.

[168] CATHEDRA

CATHEDRA (169]

1

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�Colaboradores en este número

..
:• PIERRE VILAR / Francés. Doctor en historia por la Universida!i de París, Francia. Profesor de la École Pratique des Hautes
11:tudes de la Universidad de París. Ha escrito, entre otras, las siguientes obras: Crecimiento y desarrollo, Cataluña en la España moderna,
Oro y moneda en la historia e Historia de España. Profesor huésped
de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

***
• MARIO CERU'ITI / Argentino. Licenciaturas de historia y de
petjodisrno por la Universidad de Córdoba, Argentina. Autor de La
etapa colonial e~ .Estados Unidos, Ediciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Está trabajando actualmente sobre el
desarrollo del capitalis!llo en Monterrey. Profesor de tiempo completo e investigador del Colegio de Historia de nuestra Facultad.

*

**

• MARIO BUNGE / Argentino. Doctor en filosofía. Miembro
titular de la Academia Internacional de Filosofía. Es autor, entre
otras, de las sigOientes obras: La causalidad, Etica y ciencia, La ciencia, su método y su filosofía, La investigación científica, Teoría y.
realidad, etcétera.

**

*
CATHEDRA [171]

�• L. DANON-BOILEAU / Francesa. Profesora de idiomas en las
escuelas francesas de segunda enseñanza. Presta actualmente sus servicios en el l. U. T. de Saint De nis, Francia.

***
• ANNIE BLASE / Belga. Licenciada en arqueología e historia
del arte (musicología) por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Profesora y coordinadora de la Escuela de Idiomas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Es además maestra de francés especializado (en las Facultades de Psicología, Biología, Medicina
y Farmacología), de 1974 a 1978.

***
• CARLOS PEREYRA / Mexicano. Licenciado en filosofía por
la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudios de posgrado
en la República Federal Alemana. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

***
• FEDERICO CANTU / Mexicano. Nace en Cadereyta, Nuevo
León. Estudios en la Escuela de Pintura al Aire Libre, de Coyoacán,
en el Taller de Escultura de José de Créeft y en el Taller de Grabado
de Carlos Alvarado Lang, en la ciudad de México. Viajes de estudios
al extranjero: Francia, España, Nueva York, etcétera. Maestro en la
Universidad de California, Estados Unidos. Ha expuesto su variadísima obra en algunas de las principales ciudades del Mundo. Es autor,
entre otras cosas, de pinturas y grabados en la iglesia de "La Purísima" de Monterrey, de los murales en roca viva de la montaña de la
carretera de Linares a Galeana: kilómetro 36.5 y de los murales en
piedra en las Facultades de Filosofía y Letras y de Ingeniería Civil
de nuestra Universidad Autónoma de Nuevo León.

[172] CATHEDRA

�Indice de ilustraciones
l

l

. 1. Fran~ois Villon. 1946. Buril. Portada.
2. Pastoral y Flora. 1962. Buril. Entre la segunda de forros y la p¡gina

1.
3. Templo de las inscripciones (Palenque). 1966-1967. Entre la segunda de forros y la pAgina 1.
4. Moisés. 1946. Buril. Entre las páginas 2 y 3.
5. Orfeo. Buril. Entre las pAginas 2 y 3.
6. Aurelia. Buril. Pqina 28.
7. Pánmo de sueños. 1959. Buril. Entre las páginas 23 y 29.
8. Señora Santa Anna. 1951. Ceres. 1951. Entre las páginas 28 y 29.
9. Relincho. Buril. Página 93.
10. Madona. 1929. Página 94.
11. Señora Santa Anna. 1946. Entre las páginas 94 y 95.
12. Ceres. Buril. Entre las pAginas 94 y 95.
13. Rapsodia troyana. BuriL Página 103.
14. Retomo de

mises.

Tempera sobre tela. Página 113.
CA111EDRA [173}

�15. Descanso. Buril. Página 114.

36. Diotima. Mural en la Facultad de Filosofía y letraa de la UANL.
Entre las péglnaa 172 y 173.

16. Diana. Piedra cblluca de Eehegaray. Entre las páginas 114 y 115.
37. Fr~cois Villon. Buril. Cuarta de forros.
17. Desnudo. Dibujo. 1927. Entre las páginas 114 y 115.
18. Minerva. Cuartón de Guarlajuato. Mw:al en la Facultad de Flloiofía
y Letras de la UANL. Página 136.

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1·~
.

19. Desnudo. Dibujo. 1927. Página 136.
20. Huída a Egipto. Buril. .Entre las pé,inas 136 y 137.
21 . Tonnenta. 1966. Entre laa páginas 136 y 137.
22. Potros. Sanguínea. Página 153.
23. Estela a la gloria de Porfirio Barba Jacob. Página 156•
24. Autorretrato. 1934. Entre las páginas 166 y 167.

~

i ,,

"'ip

25. Maestra rural. 1967. Entre las páginaa 156 y 167 ..
26. letanía. Serie de diecinueve planchas grabadas a buril. Página 162.
27. Angel chelista. Bu,rll. Entre las páginas 162 y 163.
28. Madona. 1969. Buril. Entre laa péglnas 162 y 163.
29. Vírgenes prudentes. 1966. Entre las páginas 166 y 167.

•
30. Perfiles. Buril en acero. .Entre laa páginas 166 y 167.
31. Drunk. Página 169.
32. Unicornios. Dibujo a pluma. Página 170.
33. Renato y su monumento. Entre laa páginaa 170 y 171.
34. Desnudo. 1964. Entre las péglnaa 170 y 171.
36. Sócrates. Mural en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.
Entre laa páginas 172 y 173.

(174) CA11!EDRA

CATHEDRA (175)

�CUADERNILLOS SOCIOLOGICOS DEL COLEGIO DE SOCIOLOGIA OE LA
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS DE LA UANL
Los Cuadernillos sociológicos son ediciones sencillas, económicas y esquemáticas orientados a servir a los estudiantes como instrumentos conductores de lo explicitado en las cátedras específicas ...
Coordinador: David Martell

NUMERO$ PUBLICADOS:

* Número l / Sociología 11: 1) Definiciones sociológicas burguesas. Su crítica. 2) Categorías y leyes sociológicas marxistas (agotado).

* Número 2 / Historia de América Latina I: (del mercantilismo a la guerra de secesión
norteamericana).

* Número 3 / Historia económica y social I: Aspectos económicos, políticos y sociales
del feudalismo.

* Número 4 / Historia económica y social 11: Iniciación al curso.
EN PREPARACION:

*
*
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*
*
*
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*
*
*

Epistemología de las ciencias.
La universidad y los problemas sociales contemporáneos, por Ernest Mande!.
Matemáticas para sociólogos I y II y Estadística I y 11.
Teoría sociológica I (Marxismo).
Teoría sociológica II tDurkheim, Weber).
Teoría sociológica III (Introducción al funcional-estructuralismo ).
Sociología del desarrollo latinoamericano.
Sociología rural.
Historia de América Latina 11 (dos volúmenes).
Sociología urbana.
Ciencia política.
Segundo curso de sociología: Definiciones y teorías sociológicas burguesas. f,u crítica.Categorías y leyes sociológicas marxistas (segunda edición corregida y aumentada).

�CATHEDRA

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              <text>Cathedra : Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1978, Año 4, No 8, Abril-Junio</text>
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              <text>Reyes Martínez, Alfonso, 1943-, Codirector</text>
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              <text>Martell, David, Coordinador del Departamento Editorial</text>
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              <text>Balcárcel, José Luis, Consejo Editorial</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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