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                  <text>--•

~

Cuadernos de la revista Deslinde
LOPEZ VELARDE O LOS FANTASMAS DE LA PASION

José Javier Villarreal
Para el grupo Vidrio rojo (Claudia, Ramiro, Everardo y Alejandro), y para
su director Víctor Saca.

La muerte, paro acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad.
Margueritc Yourcenar

Y allí donde comienza la conciencia del lenguaje, la desconjia11:za frente al
lenguaje heredado, pri11cipia la recreación de 11110 nuevo. O principia el
silencio. Principia la poesía.
Octavio Paz

El 8 de enero de 1912 en el suplemento Pluma y lápiz del
periódico El Regional de Guadalajara, Jalisco, aparece un
poema de Ramón López Velarde titulado "El piano de
Genoveva". Con él irrumpe un mundo misterioso y vital en la
poesía mexicana: el de la provincia; una provincia hacia adentro, cerrada, íntima y, a la vez, universal, plena, cargada ele
símbolos y tragedias, de h.ilosque se entrelazan y confunden en
una apacible y corrosiva rutina que mucho tiene de la sorda
crueldad que encerraba la pax romana; de ese otro mundo que
se mueve y crece entre las sombras, que se agiganta en las
miradas y silencios de la media tarde.
Al finalizar el siglo XIX Lópcz Velardetiene doce años de
edad. Su padre decide llevarlo a Zacatecas para inscribirlo en
el Seminario Conciliar. Para el poeta el siglo XIX es Jerez, su
infancia; el XX será su otra geografía, la que parte de Zacatecas, pasa por Aguascalientes, San Luis Potosí y el Venado, para
concluir en la ciudad de México. Travesía que conformará La
sangre devota. Lo demás, ese recrudecer de la lucha del poeta
entre la castidad y la carne, ese encono del deseo será Zozobra
y los momentos más finos y lacerantes de El son del corazón. Sin
embargo, sus primeros poemas, los publicados en periódicos,
suplementos y revistas entre 1905 y 1912, ya empiezan a
delinear los contornos de lo que conformará el cuerpo y la
médula de su poesía toda. Es en esos poemas donde percibimos, por vez primera, su aparente abulia "simbolista" por su
tiempo; donde encontramos esa fusión, siempre tensa e intensa, entre lo camal y lo sacro. Convergencia obligada para
establecer el ángulo, el perfil sensual del erotismo. Energía,
que en ja poesía de Ramón López Velarde alcanzaamaterializarse, a corporeizarse. Descubrimos, también, la maestría
en el uso del adjetivo y esas imágenes, audacias poéticoformales, que a partir de Laforgue, vía Lugones, acompañarán

y caracterizarán el lenguaje lírico de este autor. Herencia indiscutible del mejor modernismo.

La mujer que impera en estos poemas es una presencia
idílica, inspiradora. Para eldolce stil novo, aquellos finos poetas
toscanos del siglo XIII, la mujer era el receptáculo del amor, su
símbolo de pureza y nobleza: lami11ne, ese amor "divinamente"
sublimado que, con su "blanco" fuego, quemaba la carne del
poeta, pero que también hacía las veces de puente o guía para
llegar a la divinidad, al fin supremo del amor. Para Dante,
Beatriz será la fuerza, la luz que lo ilumine por el sendero que
conduce al paraíso. Para Ló~ez Velarde, en "A una ausente
seráfica", la mujera será un fuerte bastión en medio de la
geografía del desastre, un faro que le señalará el camino, "el
óleo delas vírgenes prudentes". Esta última inrngen nos remite,
por un lado, a la parábola de las vírgenes necias y las vírgenes
prudentes de Mateo (XXV, 1-13), y, por otro, al poema
medieval Spo11sus, que data de finales del siglo Xl , y que toma
su asunto de la parábola bíblica. Es entonces cuando descubrimos en el poema de López Velarde toda su trágica angustia,
puesto que las vírgenes prudentes han sabido prepararse para
recibir al amado; mientras que las otras, las "Dolientes, desventuradas...", han dormido demasiado y sus lámparas no tienen
el óleo necesario para iluminar la llegada del amado. La imagen
se cierra. La mujer, para el poeta de estos primeros tex-ros, será
la luz, el ángel de la guarda, la "dulce hermana" inalcanzable
que ha de iluminarlo y conducirlo; esa deidad sentimental que
corona sus versos:
Yo sé que en mis catástrofes internas
no más quedas tú en pie, señora alta,
de frente noble y de miradas tiernas.
Condúceme en las noches inclementes,
porque sin ti para marchar me falta
el óleo de las vírgenes prudentes.

La intensidad de López Velarde se solidifica y agudiza
gracias a una sinceridad que, lejos de despojarla de la carga
poética, del impulso lírico en favor de una ideología del "deber
ser apostólico" -como fue, en gran medida, el caso de Amado
Nervo- lo entrega y enfrenta a un mundo regido por la fuerza
del arco, por esa dura vigilia del quehacer poético. Así, la voz
surge y el balbuceo termina y las cosas se nombran -se dicendesde su realidad más ciena, la de uno, la propia:

�y quir:-eo mis anhelos
, extender cqo la sombra de mis penas
la noche del olvido en tu memoria.

El azar, lo oculto, lo que no entendemos pero que irrumpe
y trasngrede nuestra cotidianeidad y, a la vez., la conforma: el
destino; esa fuerza que nos conduce y atropella; esa presencia
que no vemos pero sentimos y sufrimos, El oraculo, el augurio,
el canto del que sabe, del que ve, La memoria y el futuro, La
premonición que envuelve al hombre y lo suspende en el misterio de lo incierto; que lo transforma en territorio primario,
elemental:
Todo eso sois, muchachas cortijeras
amigas del buen sol que os engalana,
que adivináis las cosas venideras
cual hacerlo pudiese una gitana

Y en ese territorio primario, elemental crece la hiedra del
deseo, cubre los recuerdos, la memoria, Surge entre las piedras
de la infancia; el niño toca, y al tocar, se quema; besa, y al besar,
su cuerpo se abraza a la hiedra. Para el poeta el deseo es el
oficiante del oraculo, el sacerdote, el altivo druida que comunica a los hombres con la divinidad. Pero tambienes su destino:
la pasion etemamenta latente. El hombre ent.onces es una
sustancia flamable, una figura de pólvora que baila alrededor
de una hoguera ("No me hagáis daño;/ temo que me maltrate
una caricia.")

La provincia de López Velarde también es un cuerpo
poseído por el fuego de los sentidos, desde y en la soledad de
los cuartos de la casa. Es una orquesta de murmullos que lo
llena todo, que todo lo denuncia. En esta atmósfera las
imágenes se vuelven visiones, sólidos destellos que se clavan en
la carne del poeta y lo obligan a la confesión: primer peldaño
del dolor (''y ver, la última vez, nuestras cabezas / sobre las
aguas turbias del olvido.").
En "Mi prima Agueda", el tono va dictando la pauta,
sosteniendo y conteniendo la fuerza evocadora donde reside la
función lírica del texto. La sencillez en el tono y en las imágenes
nos habla de un perfecto equilibrio en el discurso poético; el
autor sólo evoca, y al recordar el misterio de otro tiempo se
hace presente y nos seduce y cautiva. López Yelarde al igual
que Yeats, pero por otros caminos, gusta del misterio y de lo
ambiguo como una puerta segura para llegar a la seducción:
Y Agueda que tejía
mansa y perseverante en el sonoro
corredor, me causaba
calosfríos ignotos.•.
(Creo que hasta le debo la costumbre
heroicamente insana de hablar solo.)
A la hora de comer, en la penumbra
quieta del refectorio,
me iba embelesando un quebradizo
sonar intermitente de vajilla
y el timbre caricioso
de Ja voz de mi prima.
Agueda era
(luto, pupilas verdes y mejillas
rubicundas) un cesto policromo
de manzanas y IIV3.$
en el ébano de un armario añoso.

La infancia, la adolescencia y el deseo: el luto, las pupilas verdes
y las mejillas rubicundas; pero también: el tiempo, lo inasible:
"el ébano de un armario añoso". Todo esto no es más que la

geografía del poeta y la historia de todos.
Dentro de este universo poético el deseo es una fuena que
oscila rebotando violentamente entre dos cQncepciones de
mujer: la de la seductora voluptuosa (" . .' .cálidas mujeres,
azafatas/ súbditas de la carne.. .") y la de la madre o la "dulce
hermana"; también seductora, pero desde la frialdad de lo
inalcanzable y la casta amargura de lo imposible. El poeta se reconocey asume como un ser pasivo y dependiente. Por un lado,
desea que la mujer lo seduzca y haga suyo; que lo tome y posea.
Por el otro, añora el continente, la presencia protectora de la
madre; el plácido y a la vez mórbido remanso de 1&lt;1 hermana.
Este deseo enconado, sin salida, entorpecido por el miedo y lo
idílico -que no es otra cosa que un rostro más del miedo- se irá
adensando, corrompiendo, ya que el poeta no le dará salida por
él mismo. Entonces, este deseo sofocado y enfermo se volverá
contra él como un arma enemiga, será un ftlo que lo lastimará
y, a la vez., le causará placer:
En las alas oscuras de la racha cortante
me das, al mismo tiempo, una pena y un goce:
algo como la helada virtud de un seno blanco,
algo en que se confunden el cordial refrigerio
y el glacial desamparo de un lecho de doncella

El autor se deleita en ese su deseo enconado, en ese hostigamiento cotidiano a la carne. Lo idílico, lo puro: el siglo XIX
del poeta, seve metamorfoseado en una mujer que, en realidad,
es "una torre de marfil". Entonces el poeta construye su fantasma con quien se unirá en un matrimonio sin carne y sin
mancha, para yacer, atormentada y apasionadamente, "en el
tálamo estéril de una santa".
En la poesía de Ramón López Velarde es difícil encontrar
rebuscamiento~ retóricos o hermetismos (oscuridades)
estériles. Lo líri~ (compleja fórmula pasional-raciona~ sen~itiva-abstracta, emocional-intelectual), por lo general sólo se
logra en momentos, y éstos son los destellos, las cargas poéticas
que toda obra de arte posee; por eso el equilibrio es definitivo
en la obra artística. En López Velarde, como en todo gran
poeta, estos momentos líricos alcanzan alturas de una belleza
impresionante; de una seguridad, de un tono, fuerza y sinceridad apabullantes; sin embargo, en una primera lectura o en una
lectura desatenta estos momentos de gran finura y desnuda
claridad se tornan en oscuridades y hermetismos exóticos; pero
en esos momentos, en ese otro lenguaje que escapa de Jo trivial,
del lugar CQmún y del discurso "poetizante" de la época es
donde tenemos al gran poeta, y no en el manoseado provincianismo paisajista ramplón que nada tiene que ver con su obra ni
con la provincia, su provincia
López Velarde recoge y hace suya la gran tradición lírica de
occidente. Por una parte la presencia clásica, concretamente la
elegía latina. El discurso que a partir de anécdotas cotidianas
va configurando el rostro del dolor, de la pérdida. Catulo en su
poesía cambia el nombre de su amada, ya no será Clodia, será
Lesbia Ya no será la mujer amada, añorada y, poco después,
odiada y repudiada; será la musa, el asunto literario sentimental que nosotros, sus lectores, conoceremos a través de sus
versos. López Velarde, que bien podría formar parte de la
familia de Catulo, Tibulo, Propercio y Ovidio, también meta- '
morfosea a su amada en asunto literario elegiaco. Josefa de los
Ríos será Fuensanta, personaje lírico-idílico lleno de valores
morales y espiritualesy de numerosos significados. Pero Fuen-

santa será también la "moderna Santa Cecilia", ya que en las
veladas literarias, mientras el adolescente Ramón López Velarde leía sus poemas, la señorita de los Ríos repasaba mentalmente, las canciones que luego, al término de las poesías, ella
cantaría.

La clásica Fuensanta vuelta "moderna Santa Cecilia" se
trocará en la Beatriz del poeta. Es decir, siguiendo con esa
tradición lírica ya antes mencionada, irrumpe en el universo
poético del autor eldolce stil novo, también ya antes citado. Así,
por medio de esta concepción humanista del amor y de la
mujer, pero de tratamiento medieval -vasallático-, basado en
una relación de fidelidad y servicio; Fuensanta, la mujer central
de LA sangre devota, será quien lo conduzca "a través / de los
valles lacrimosos, al Paraíso Perdido", a su infancia: su provincia.
Lo elegiaco en López Velarde mucho tiene que ver con el
planh y la endecha medieval; elegías apretadas e intensas que
practicaron, principalmente, los trovadores y minnesinger de
los siglos XII y XIII; y que siguen estando presentes en la poesía
contemporánea a través de la tradición lírica.
El amor en LA sangre devota de tan "asexuado" que es,
vuelve a los amantes en "carne difunta, espíritus en vela". El
amor presupone a la muerte; o mejor dicho, el deseo es
condenado a lo estático; luego, es coronado por la muerte.
Tejedora: teje en tu hilo
la inercia de mi sueño y tu ilusión confiada;
teje el silencio; teje la sílaba medrosa
que cruza nuestros labios y que no dice nada;
teje la fluida voz del Angelus
con el crujido de las puertas:
teje la sístole y la diástole
de los penados corazones
que en la penumbra están alertas.

En cambio, en "La tónica tibieza", poema del mismo libro, el
poeta se revela como un amante rabioso, insaciable, dominado
por la pasión y el deseo; estas fuenas se polarizarán y lo harán
temer la vejez y la impotencia:
•..que en la hora reseca' e impotente
de mi vejez, no falte la tónica tibieza
mujeri~ providente
con los reyes caducos que ligaban las hoces
de lsrae~ y cantaban
en salmos, y dormían sobre pieles feroces.

El deseo es una constante en la poesía lópezvelardiana; un
ansia que provoca el mórbido retrato romántico:
tu boca, en que la lengua vfüra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecba de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pábilo y a cera

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.

O el corrosivo y descarnado cuadro de "A las vírgenes".
iHermanas mías, todas,
las que, contentas con el limpio daño

de la virginidad, vais en las bodas
celestes, por llevar sobre las finas
y litúrgicas palmas y en el paño
de la eterna Pasión, clavos y espinas;
y vosotras también, las-de la hoguera
carnal en la vendimia y el chubasco,
en el invierno y en la primavera;
las del nítido viaje de Damasco
y las que en la renuncia llana y lisa
de la tarde, salis a los balcones
a que beban la brisa
los sexos, Cllal sañudos escorpiones!

El poeta es el gran enfermo; un desdichado que resume el
universo entero. Como romántico no puede escoger ni entregarse, lo quiere todo y le exige a la "amada" que lo habite, que
sea parte de su universo derruido por el amor. López Velarde
pertence a la familia de los trovadores:
vas en mí cual la venda va en la herida

La mujer es herida y bálsamo, verdugo y señor. Pero el poeta
también pertence a la familia de los románticos:
Si vas dentro de mí, como una inerme
doncella por la zona devastada
en que ruge el pecado

La enorme presencia del romántico: evocador de amores y
desastres, dedichado príncipe de Aquitania, parte de lo más
íntimo y cerrado para, de ahí, llegar a lo vasto y universal.

El amor de LA sangre devota es una suerte de limbo donde
los amantes se evocan pero no se reconocen, no se tocan;
quedan suspendidosy congelados en un estado de muda vigilia,
de escaparate finisimo y perversa idealización.
En la poesía del autor se pueden señalar las siguientes
características: un lenguaje particular que se vuelve inconfundible y rescata todo un mundo por medio de la atmósf:ra
que sugiere en el lector gracias al manejo de los diferentes
recursos dél habla cotidiana y del lenguaje escrito -modernista
(Lugones, Darío, Herrera y Reissig...)- de la poesía que le
antecedió; por otra parte, una fuerte carga erótica presente a
lo largo de toda su obra en verso, que pocas veces se ha vuelto
a dar con igual intensidad en la poesía mexicana.
En 1917 Rafael López escnbía en un ejemplar de Con los
ojos abiertos un poema-dedicatoria a su amigo Ramón López
Velarde. Lo interesante de este poema radica en la agudeza y
exactitud crítica de su autor con respecto al mundo poético de
López Velarde, cuando dice: "Imagino tu sensualidad de
católico/ en la misa del Arte. Sutilmente diabólico / distraes
a los fieles con tu ambigua actitud." Si sustituimos el término
"diabólico", de rancia cepa modernista, por otro más preciso,
tratándose del mundo lópezvelardiano, como sería el de
perverso, tenemos una radiografía, un retrato interno y exacto
de la obra poética de este autor. Por una parte, esa sensualidad
católica que lo lleva a descubrir la carney el sexo por medio del
dolor y la culpa. (Lo prolubido en López Velarde será otro leño
que alimente la llamarada del deseo.) Y el arte, "la misa del
Arte", será el ritual existencial, la creación que es la vida, la
vida: el yo lírico como tema último y esencial en López Velarde;
como también lo fue en Tablada, sólo que en el primero de
actitud y alcances mucho más radicales. Por otra parte, Rafael
López nos estaba señalando "el viudo/ oscilar del trapecio..."
e.o

�CENTENARIO

de Ramón López Velarde

que será la fuerza fundamental y el misterio del mundo poético
de López Velarde. Esa indefinición -"ambigua actitud"-, esa
geografía pendular entre la noche y el día que el propio autor
señaló en su texto "Que sea para bien...":
Me revelas la síntesis de mi propio Zodíaco:
el León y la Virgen.

Y que tiempo después, haciendo gala de lucidez e inteligencia
crítica, subrayaría Villaurrutia; hará de su quehacer poético
una necesidad urgente, coruesional; un soporte de vida:
el afán temerario
de mezclar tierra y cielo, afán que me ha metido
en tan graves aprietos en el confesionario.

Por otra parte "el León y la Virgen", nos remite a un poema
del ya citado Cayo Valerio Catulo: "La cabellera de Berenice";
donde, según la traducción de Víctor-José Herrero Llorente,
leemos: "La diosa me colocó cual astro nuevo entre los antiguos; tocando los fuegos de la Virgen y del fiero león, junto a
Calisto, la hija de Licaón, me inclinó hacia el ocaso haciendo de
guía ante el perezoso Boyero que con penosa lentitud se hunde
en el profundo Océano." (Catulo. Poesías. Madrid, Aguilar,
1973). Ya que la constelación de la cabellera de Berenice está
situada al lado de la de Virgo y la de Leo. Por lo tanto,
podríamos imaginar una extraña y azarosa fusión entre La
cabellera de Berenice ("guía ante el perezoso Boyero que con
penosa lentitud se hunde en el profundo Océano"), y el poeta
(''Me revelas la síntesis de mi propio Zodíaco: / el León y la
Virgen"). Audaz relación donde el poeta toca -sufre- "los
fuegos de la Virgen y del fiero león", para convertirse en guía
-Virgilio de los dioses- de una caravana cuyamoira es desaparecer, perderse "en el profundo Océano". Las coincidencias y
relaciones en el terreno de la poesía son vastas y, en este caso,
alegóricamente proféticas. Puesto que el Yo lírico de López
Velardesiempre estuvo debatiéndose entre las fuerzas del león
y la virgen; es decir, entre la castidad y el deseo. Encono que lo
llevará a crear una geografía "amorosa" poblada de fantasmas
que irremediablemente estarán condenados a desaparecer "en
el profundo océano" que es la muerte.
La poesía del autor va levantando un mural, un diario
preciso de la realidad última y fundamental del poeta; de ese
mundo refrenado y en perpetuo acecho: ficción lírica que, por
medio del deseo y de la contensión del mismo, se debate ytensa
a Jo largo de sus versos. La coruesión de este Yo poético fluye,
crece; va arrasando los márgenes de la otra realidad: la
anecdótica, la cotidiana. En este sentido lo "anecdótico" se
fusiona, partiendo de lo idílico a lo imaginario, con otra
"realidad" mayor -vastísima- la del deseo y la creación: la del
arte. Entonces la coruesión da paso al susurro y, finalmente, al
canto; que como hemos dicho, es un soporte, un asidero, quizá
el único, de vida.

Interior de la casa-museo de Ramón López Velarde (1987)

Z,ozobra es un hbro marcado y definido por la madurez; un
libro donde el poeta despliega todas sus fuerzas y hace gala de
un dominio y de una precisión inmejorables. El libro abre con
el poema titulado "Hoy como nunca..."; en realidad este texto
viene a ser una elegía de impresionante factura donde el dolor
ante la muerte hace hablar al poeta con un lenguaje denso,
oscuro y certero. Las imágenes más que crear o sugerir una
atmósfera son la geografía misma del dolor y la impotencia;

mientras que el tono, desde un murmullo apenas, crece, se
vuelve visión, repetido golpe de lamento, claridad última que
desgarra y lleva al poeta, como ya apuntamos, a la coruesión:
mi vida sólo es una prolongación de exequias
bajo las cataratas enemigas.

Este poema es uno de los más representativos de la obra de
López Velarde. Aquí la provincia ha dejado de ser una
evocación, un recuerdo limpio y apacible en el universo del
poeta; ha dejado de ser ese otro lado de la moneda para
convertirse en la moneda misma. La provincia en "Hoy como
nunca..." es una presencia, un ~erpo vivo traspasado por el
sufrimiento, por la agonía de la amada, por el paso de la muerte.
López Velarde no canta a la provincia ni desde ella; se canta
a sí mismo, canta al mundo que lo habita, que él posee; por eso
las imágenes -tembles metales en este poema- no delatan
provincia alguna, sólo muestran el universo, el devastado
templo del dolor:
No soy más que una nave de parroquia en penuria,
nave en que se celebran eternos funerales,
porque una lluvia terca no permite
sacar el ataúd a las calles rurales.

La provincia en el autor se da a partir de su infancia como
una fuerza determinante, mas no como una presencia literaria.
Hay una intención particular en los poetas nacidos a finales
del siglo XIX, quizá acentuada por la primera Gran Guerra del
XX, con respecto a su iruancia y al lugar o lugares donde ésta
transcurrió. Este universo -la iruancia que alude y se sitúa en
una determinada geografía- será un tiempo, un lugar, una edad
sin retomo. Lo asumirán como un paraíso, y todo paraíso, para
serlo, debe estar irremediablemente perdido.
Para López Velarde la provincia será una especie de
biografía sin esperanza alguna de volverla a transitar; si no es,
claro está, desde la perspectiva de lo perdido, de lo ya irrecuperable.
La provincia en el autor, como en Pessoa y Pavese, no está
en los temas ni en las referencias geográficas, sino en el origen;
en la intención y en la actitud que se guarda frente a ella. En la
manera como se percibe y asume la realidad.
López Velarde -parafraseando a González Corugedo
cuando habla de Edmund Spenser en su prólogo a su
traducción de losAmoretti y el Epitha/amion- es un magnífico
ejemplo de transición de una época y estilo: del esplendor
barroco del modernismo al puntillismo y oscura violencia de la
modernidad. Del modernismo (la angustia de fin de siglo y la
esperanza del nuevo) a la modernidad (el asombro y el inmediato desencanto del siglo que comienza).
El poeta abreva de una retorica modernista, por lo tanto, de
una retórica barroca; su antecedente y piedra de fundación.
Durante los siglos XVl y XVII era frecuente el ejercicio de la
descripción del cuerpo femenino a la manera de un retablo, de
un tríptico donde se presentaba la hermosura de una cabellera
yun rostro; el pecho y sus atributos, para finalizar con la gracia
y perfección de unas piernas y unos pies. Se consolidaba así una

�retórica corporal formularia a base de comparacionesy símiles.
En_ "Tus dientes", el poeta parece no sólo ceñirse a una
retórica barroca, sino aprehenderse a un espíritu barroco sin
otorgar ninguna concesión. De lo barroco a lo desmesuradamente barroco, del todo al fragmento, y de éste el detalle como
un todo, como un universo en sí mismo. Entonces el retablo.se
divide, el tríptico se fragmenta y una atmósfera un tanto
simbolista, a lo Huysmans, aparece; aunque también las
imágenes nos hacen pensar en la misteriosa y exótica geografía
erótica de John Donne; por demás, barroca:
Cuida tus dientes, cónclave de granizos, cortejo
de espumas, sempiterna bonanza de una mina,
senado de cumplidas minucias astronómicas,
y maná con que sacia su hambre y su retina
la docena de Tribus que en tu voz se fascina

ya citado: ''Tus dientes", donde la presencia turbadora y
desencadenante de éstos, al igual que en "Berenice", viene a
reemplazar a la amada, convirtiéndose así, los dientes, en el
motivo principal de ambos textos.

su esperanza deshecha.

Esa guerra y otras muchas de orden más personal le harán
imposible el retomo a ese universo en un principio vital y ahora
congelado por la añoranza, por lo sublime, por " una íntima
tristeza reaccionaria". El regreso no existe, sólo le queda un
futuro que se debate entre "la ignorancia de la nieve / y la
sabiduría del jacinto"; en medio del "diario silencio del inútil
combate".

López Velarde es un autor que desde el siglo XIX inaugura
la poesía mexicana del XX. Sus gustos, sus paraísos, sus lecturas
y afinidades; susvalores y preocupaciones tienen que ver con un
mundo decimonónico, obviamente, de fm de siglo. El XIX lo
sostiene, el XX lo seduce.

Uno de los textos más descarnados e intensos dentro de su
obra poética es "La lágrima..." En él el tono confesional y una
atmósfera de sincera crudeza, a través de una geografía íntima
y dolorosa provocan en nosotros, los lectores, una relación
incómoda de confidencia. Aquí, López Velarde se sitúa por
encima de la acción, de lo "vital". Encima de su infancia,
encima del deseo "nunca satisfecho", del amor y su rutina de
sal. Dentro de una pasión que lo preserva y aisla.

En "Tierra mojada" la gran presencia que acecha es la del
deseo; un deseo y dos mundos opuestos: el de
• ..las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea ..

y el de las
Bajo1as sigilosas arcadas de tu encía,
como en un acueducto infinitesimal,
pudiera dignamente el más digno mortal
apacentar sus crespas ansias... basta que truene
la trompeta del ángel en el Juicio Final.
Porque la tierra traga todo pulcro amuleto

y tus dientes de ídolo han de quedarse l)}Ondos
en la mueca erizada del hostil esqueleto,
yo los recojo aquí, por s u dibujo neto
y su numen patricio, para el pasmo y la gloria
de la humanidad giratoria

Otro aspecto barroco en la poesía de López Velarde es el
de utilizar el principio retórico de los topica, que consiste en la
reutilización de los versos; es decir, un verso que ya ha sido
utilizado en un poema se vuelve a emplear en otro con una
ligera variante. Por ejemplo, en el poema "La tejedora" de,
aproximadamente, 1915, y que pertenece a La sangre devota,
encontrarnos el siguiente verso:
al par que una íntima tristeza

mientras que en "El retorno maléfico", poema de Zoz.obra
{1919), leemos en la última linea:
...Y una íntima tristeza reaccionaria

Es como si el verso fuera creciendo, madurando poco a poco en
la mente del autor hasta lograr su justa dimensión en el discurso
de su unvierso poético. En realidad este recurso es sumamente
frecuente en casi todos los poetas. Cabría señalar que, quizá, el
topica barroco tiene su antecedente en la variatio latina
(repetición conceptual a través de una variación formal) que,
a su v~ proviene de la retórica ritual religiosa de la oración y
la letanía; fórmulas de la poesía arcaica de invocación y
acercamiento a lo divino, a lo inalcanzable.
La relación entre López Velarde y Poe es innegable. En
"Berenice", Egar Allan Poe presenta un mundo muy semejante, en ambiente y presencia, al que constituirá, tiempo
después, el del poeta. Tenemos a la prima que el narrador
calificará, en su recuerdo, de sílfide y náyade. Además, el
universo "real" de éste -narrador-personaje- se confunde y
pierde dando paso al mundo de los sueños que ocupa su lugar;
como veremos más adelante respecto al Yo lírico de López
Velarde. Y por si fuera poco, esta relación se cierra en el poema
co

...consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecho las fatuas cabelleras.

Esta dualidad representa dos universos que el autor une gracias
al deseo ("un encono de hormigas en mis venas voraces"). Es
esa la energía que los rige. En uno será Jo inconfesable; en otro,
lo devastador. La fusión de estos universos propiciará un clima
de alto erotismo envuelto en una atmósfera onirica:

t;
J

Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa

La guerra civil que detectamos en López Velarde poco
tiene que ver con la anquilosada y maniquea versión oficial de
la misma. La guerra del poeta es intima, cargada de sentidos
familiares; en ella el dolor y la soledad coronan la marcha de
oscuros ejércitos que mutilan, devastan y transforman el
mundo lírico del autor. A López Velarde en "El retomo
maléfico" no Je duele el país, no le duele el concepto de nación
o de pueblo; le duele su patria, su historia; no donde se nace,
sino donde se vive, con quien se vive. A la patria se Je escoge,
se Je construye; y es esta patria, la suya, la que el poeta sufre, la
que ve arrasada por esa guerra que no cuestiona, que sólo
apunta:
Y la fusilería grabó e n la cal
de todas las paredes
de la aldea espectraJ,
negros y aciagos mapas,
porque en ellos leyese el hijo pródigo

al volver a s u umbral
en un anochecer de maleficio,
a la luz de petroleo de una mecha

La poesía de López Velarde encierra una pasión donde el
yo personal, el yo del poeta se abstrae, se convierte en ente
pasivo: un hombre que se padece a sí mismo por él mismo; un
ser por encima de todo, al margen de todos, devastado por su
propia pasión:
lágrima mía, en ti me encerrarla,
debajo de un deleite sepulcral,
como un vigía
en su salobre y mórbido fanal.

Pero el poeta no es sólo un espectador, una voz que cuenta y
canta la historia; sinp que es el fuego, la materia del deseo; eso
que Jo hace sentirse 4un poco pe-z espada / y un poco San Isidro
Labrador...", ante estos fogones exhaustos.
López Velarde al igual que Alfredo R. Placencia sufre en
su poesía la guerra civil; si bien es cierto que no canta a la gesta
"revolucionaria", sí es afectado por ella. En "El retorno
maléfico", ya antes citado, y en la "Fábula dística" encontramos
atisbos de esta guerra, de este cruento sinsentido que sirvió a
muchos y sigue utilizándose para solventar y explicar un
aparato de poder que apenas continúa en pie.

Para el poeta la vida ha sido una " lágrima salobre"; pero
esta "lágrima salobre" es la pasión, su pasión. Porque la acción
de padecer no es sufrida hacia otra persona, sino hacia él
mismo, por él.

f
J

Toda esa evocación provinciana de atmósfera misteriosa e
imágenes frescas que caracterizaron las primeras poesías del
autor; esas sombras, ecos y personajes que poblaron La sangre
devota; ese mundo cada vez más decantado, personal, terrible
y agudo; ese dolor que se confunde con el deseo, que da vida a
los fantasmas del poeta: cuerpos sonámbulos a punto de
quebrarse; esos habitantes que son atmósfera al igual que
ángeles o demonios-fuenas desatadas buscando el sexo de sus
víctimas- y que conforman esa otra provincia que nada tiene
que ver con un mapa o con una entidad federativa: la de López
Velarde, la lópezvelardiana; al final de Zozobra parece suspenderse, detenerse en un espasmo insólito:
Mi prima, con la aguja
en alto, tras sus vidrios,
está inmóvil con un gesto de esta! ua.

Si bien Zozobra es el libro medular dentro de la obra
poética de López Velarde, también es el libro que concluye y
cierra un ciclo, un universo entero. El autor desde sus primeros
poemas trabajó en busca de la exactitud conceptual, de la
precisión formal y de la intensidad lírica ( emocional); si leemos
atentamente el poema "Rumbo al olvido" fechado en La
Nación, México, 24 de junio de 1912; y luego lo comparamos al
texto titulado "Y pensar que pudimos.. .", fechado cuatro años
después y perteneciente al libro La sangre devota, nos daremos
cuenta que el primero es una versión un tanto farragosa del
segundo, y que el trabajo realizado por el poeta fue a base de
cortes, de eliminaciones hasta lograr en el texto lo contundente

por medio de la precisión y la exactitud.
Lópe-z Velarde es el anhelante, también es el hombre solo,
corroído y alimentado por su propia soledad. Zozobra es un
mundo dominado por la frialdad de una luna sonámbula, cuya
enrarecida luz distorsiona y transforma a los seres y objetos por
ella iluminados. Es un mundo poblado por hálitos y fantasmas,
figuras titilantes hijas del deseo, de la fascinación. En El son del
corawn, libro póstumo que recoge la poesía última del autor,
encontramos un cambio en el Yo lírico del poeta. Ya no es él
como ente puramente particular, "romántico"; como suma de
anécdotas íntimas, estrictamente personales. López Velarde se
sabe conformado no sólo por el todo, sino por todos; se
reconoce como totalidad, como instrumento, no de los dioses,
a la manera griega, sino de los hombres, de sus contemporáneos
y antepasados:
¿0yes el diapasón del corazón?
Oye en su nota múltiple el estrépito
de los que fueron y de los que son.
Mis hermanos de todas las centurias
reconocen en mí su pausa igual,
sus mismas quejas, y sus propias furias.

Característica primordial, ésta, del poeta moderno de nuestro
siglo (Pound, Perse, Eliot, Pessoa, Lezama Lin1a).
Pero el poeta va más allá, no se conforma con ser, como
diría Saint-John Perse, "la mala conciencia de su tiempo"; o
justamente para ser "la mala conciencia de su tiempo" aglutina
no sólo a sus contemporáneos y antepasados, sino que también
tiene que abarcar al mito, a lo ancestral y prin1igenio. López
Velarde vuelve a recurrir a lo mítico, otra vez por vía de lo
literario, recordar el poema Sponsus y La parábola de las
vírgenes prudentes cuando escribe:
Soy la fronda parla nte en que se mece
el pecho germinal del bardo druida

El árbol parlante de Alejandro Magno, el árbol devoto del
Viaje de San Brandán del arzobispo Benedit, de laNavigatio del
siglo X; y el altivo druida de la primera poesía irlandesa:
sacerdote, puente entre la divinidad y los hombres, memoria
social de los antiguos pueblos nórdicos.
El poeta se reconoce y nombra "fronda parlante", que
según El viaje de San Brandán es un coro de ángeles que por
haber tenido mal señor se ven privados de la presencia de Dios
padre, aunque sí lo festejan y lo alaban; alegoría del mundo
lírico Jopez velardiano, donde se canta y celebra a la carne por
medio de un deseo reprimido y rabioso; donde no se le posee
por la tremenda y descomunal presencia de la culpa. "El pecho
genninal del bardo druida", el subrayado es mío, será el López
Velarde público, social, cívico; el poeta de "impulso" vi.rgiliano
que tiempo más tarde escribiría "La suave patria".
El cuerpo de la poesía de Ramón López Velarde lo
conforma la dualidad, los polos; y su columna vertebral: el
deseo. Un deseo que crece y se adensa, que se contiene y
siempre está amenazando. Lópe-z Velarde se reconoce cristiano y seguidor de Mahoma, se sabe narcisista y, a la vez,
amante infatigable; igual se aferra a la vida como se deja seducir
por la muerte:
soy un harem y un hospital

�colgados Juntos de un ensueño.

Su deseo es tal que no puede consumirse, consumarse; entonces la dualidad moral y psicológica se convierte en una
fuente devastadora para el poeta:
Me~fixia,eounad~lidadfunesta,
Llgia. la mártir de pestaña enhiesta,
y de Zoraida la grupa bisiesta.

Los fantasmas de la pasión lopc-zvelardiana son frágiles y
etéreas presencias; sólidas y contundentes en cuanto dominan
su universo poético. En sus primeras poesías serán "el óleo de
las vírgenes prudentes"; en La sangre devota, el espejismo, el
camino que conduzca al poeta a su infancia, a su paraíso
perdido. Asimismo, por "sus blancas virtudes" se convertirán
en "Torre de marfil" o "en el tálamo estéril de una santa." En
Zozobra serán las "consabidas náyades arteras"; ninfas campestres de los ríos y riachuelos, habitantes del oscuro bosque;
también serán esa prima inmóvil, tras los cristales, con gesto de
estatua. En El son del coraúm, en el poema titulado ''Treinta
y tres", los encontramos, ahora, como silfides, ninfas también
pero de naturaleza aérea; y no sólo eso, sino que el poeta
confiesa:
eo la infinidad de mi deseo
se suspenden las sílfides que veo.

(Respecto a las ninfas Jorge Luis Borges en su texto E/ libro
de los seres imaginarios, escribe: "Eran doncellas graves y
hermosas; verlas podía provocar la locura y, si estaban desnudas, la muerte. Una linea de Propercio así lo declara." Jorge
Luis Borges. El libro de los seres imaginarios. Barcelona.
Editorial Bruguera, 1981.)
López Velardeenel poema" Para el zenzontle impávido..."
de Zozobra, y fechado en 1916, escribe:
que la dicha de amar es uo galope
del corazón sin brida, por el desfiladero
de la muerte.

Y en el "Poema de vejez y de amor", fechado en 1909 y
perteneciente a La sangre devota, se lee:
Dos íantasm~ dolientes
en él seremos en tranquilo amor

El poeta se refiere al lecho nupcial. Para encontrar finalmente,
en un poema suelto de alrededor de 1911 titulado ''Tema 11",
la siguiente estrofa premonitoria
A fuerza de quererte
me be convertido, Amor, en alma en pena,
y en el candor angélico de tu alma

seré una sombra eterna. . •

Ramón López Velarde es el eterno adolescente enamorado del amor. El amor es su pasión, su deseo insatisfecho;
insatisfecho porque se encama en fantasmas, en imposibles, en
figuras retorico-literarias más que en mujeres decame y hueso.
Nuestro poeta se inscnbeen la tradición amatoria petrarquista,
donde el leitmotiv es la ausencia de la amada (la domna de lohn
de los trovadores), opuesta a la linea de Edmund Spenser que
se presenta en susAmoretti, en los cuales se canta y festeja el
cortejo de la amada que terminará en boda, de ahí su Epithaco

lamion.
Para López Velarde la mujer será, como ya indicamos al
principio del texto, su ángel de la guarda, más que una presencia, una eterna e inseparable obsesión. De tan próxima no se le
puede tocar, se le adivina pero no se le siente. La imposibilidad,
la no posesión, como en todo poeta elegiaco, provenzal,
stilnovista o petrarquista, será su motivo de canto; la caída, el
infortunio serán para el "amante" su vuelo, su trovar:
Dios, que me ve que sin mujer oo atino
en lo pequeño ni en lo grande, diome
de ángel guardián un ángel femenino.
iGracias, Señor, por el inmenso don
que transfigura eo vuelo la caída,
Juntando, en la misera de la vida,
a un tiempo la Ascensión y la Asunción!

Es importante señalar la presencia de lo femenino en el
universo poético lopezvelardiano. La mujer aquí se transforma
en símbolo del amor y es amada y requerida como tal ("y adoro
en la Mujer el misterio encamado"); es decir, no importa en sí
misma, importa como receptáculo del amor; en ese momento
se difumina para convertirse en náyade, en sílfide, en ángel de
la guarda; seres sublimados-fantasmas-, figuras de una retórica
misógina dentro de un laberinto gobernado por el deseo:
coroo el can de San Roque, ba estado ml apetito
ron la vista en el cielo y la antorcha en las fauces!

López Velarde en el poema "La ascensión y la asunción"
nos presenta más al desnudo la dualidad de su universo poético.
Por un lado "el león y la virgen", "el viudo / oscilar del
trapecio"; por el otro, el mundo de las "sílfides", de las
"náyades", del "ángel de la guarda". Decíamos que la mujer en
López Velarde más que una presencia resultaba ser una
preocupación, una terca obsesión. De tan próxima acababa por
volverse inalcanzable. Sin embargo, en este texto, " La
ascensión y la asunción", se nos revela del todo el territorio
lírico del autor. La ambigüedad que Rafael López, desde una
perspectiva propia de la estética decimonónica del a11e por el
arte, había señalado; y que, como ya hemos apuntado, Xavier
Villaurrutia subrayaría como epicentro crítico de su
apreciación del poeta; da paso a una precisión mayor:
Dogma recíproco del corazón:
iscr, por virtud ajena y virtud propia,
a un tiempo la Ascensión y la Asunción!

La "ascensión" corresponde a lo masculino, al deseo, dentro de
este universo poético; ya que la ascensión es la subida de
Jesucristo al cielo por él mismo. Mientras que la "asunción"
corresponderá a lo femenino, y en este caso, a la castidad; ya
que ésta, la asunción, viene a ser la elevación de la Virgen al
cielo por obra y voluntad de Dios padre, hijo y espírilu santo.
Cabe decir que aquí no se puede hablar de un principio activo
y otro pasivo, ya que el papel que juegan tanto lo masculino
como lo femenino es de orden dinámico, y consiste en ser
fueq,as que a la vez que se rechazan, se atraen; cuyo resultado
será la creación de un campo magnético erotizado. Así, el
universo lírico lopezvelardiano se nos presenta de naturaleza
bicéfala. El poeta no puede renunciar a esa "ambigüedad", a
ese "viudo/ oscilar del trapecio", ese ir y venir de la castidad
al deseo; simple y sencillamente porque eso es lo que lo
constituye. Es decir, esas dos fuerzas polarizadas {lo femenino

,

•
s
•a•

~

..
e

&amp;

o
o

a:

'!

••

~

11,1

¡¡

e

•
t
...o

�y lo masculino) cohforman una unidad, un todo orgánico que
producirá el vértigo y la intensidad de la poesía toda de Ramón
López Velarde.

conforman el mundo lírico del autor cuando concluye: " de
pronto convertirse al mundo veo / en un enamorado
mausoleo..." .

López Velarde es el hombre solo, el misógino corroído por
el deseo; por esa fuerza que lo lleva de la vida a la muerte, de
la muerte a la vida. Es el ángel de Góngora y de Lope, pero
también el "polvo enamorado" de Quevedo. Es el vértigo de la
víctima y del verdugo. Cuando este vértigo se convoca a sí
mismo ya no tenemos un "relato" lírico; tenémos imágenes,
presencias. El poeta ya no canta ni cuenta una historia: la
presenta, la expone y se expone en un quedo lamento que
parece arrasarlo todo, que brota con rabia pero que, finalmente, parece detenerse, anegarse en un desierto donde
sólo habita el deseo y el sexo:

El incesto, lo prolubido, lo inalcanzable e imposible provocan la visión fantasmática de la "dulce hermana", la madre, la
tía, las primas, la madrina, la vírgen; que trocadas -en el
universo lopezvelardiano- en náyades, sílfides y ángeles de la
guarda condicionan y agotan la relación con "la carne viva".
Esta irrupción y dominio del universo poético sobre el "concreto-real", parece ser al fin un "optar'' por parte del autor,
como si éste renunciara a la carne anteponiendo a ella la
sublimación del deseo; o como diría el pintor en el Decamer6n
de Pasolini: "Para qué pintarlo si soñarlo es más hermoso."

Si soltera agonizas,
irán a visitarte mis ceni7.as.
Porque ha de llegar un ventarrón

color de tinta abriendo tu balcón.
•Déjalo que trastorne tus papeles,
tus novenas, tus ropas, y que apague
la santidad de tus lámparas fieles.. .

El discurso poético se ha vuelto materia, cuerpo lírico que
evoca y exige; carne que palpita y crece entre los brazos del
poeta:
En mi pecho feliz DO hubo cosa
de cristal, terracota o madera
que abrazada por mí DO tuviera
movimientos humanos de esposa.

Todo poema es un autorretrato. En López Velarde asistimos a una gran exh.toición que va desde los claroscuros de
Rembrandt ("En las tinieblas húmedas", "Hoycomonunca...",
"El sueño de los guantes negros"), hasta los luminosamente
trágicos de Van Gogh ("La mancha de púrpura", "A las
vírgenes, El perro de San Roque").
Habíamos apuntado que el continente de lo erótico se
produce en la convergencia y en la fusión de los sentidos y la
imaginación. De este abrazo surge lo erótico. En "iQué adorable manía...!",senos revela toda una problemática sumamente compleja del mundo lírico lopezvelardiano. Leemos en
la segunda estrofa:
Cuando se cama de probar amor
mi carne, en tomo de la carne viva,
y cuando me aniquilo de estupor
al ver el surco que dejó en la arena
mi sexo, en su perenne rogativa,
de pronto convertirse al mundo veo
en un enamoraoo mausoleo...

Por un lado el mundo de la realidad "concreta"; un mundo que
pembimos hastiado, sofocante. Luego el asombro, la angustiante y desgarradora revelación: "cuando me aniquilo de
estupor / al ver el surco que dejó en la arena / mi sexo, en su
perenne rogativa..." donde se presenta lo devastado, yermo y
estéril de ese sexo que, en su flacidez, hace surco en la arena,
en lo muerto de "su perenne rogativa" de su poesía; de esa
oración, ruego público, que hace el poeta a la divinidad
implorando la realización de sus anhelos o el paliativo de sus
penas. Sin embargó, en ese preciso momento dominan a la
realidad "concreta", a " la de la carne viva" las constantes que

El poeta, a través de su obra, ha llegado a un exacto
conocimiento de sí mismo; se ha descubierto en sus distintas
voces, se ha reconocido como legión. Pero también como el
hombre débil que se deja llevar por su circunstancia. El mistrio
será una presencia fundamental del deseo ("un misterio exquisito con los párpados bajos"); será su guía, la sombra que lo
envuelva. En este sucumbir, en este entregarse, el poeta se
reafirma como un devoto del "placer".
Mi carne es combustt'ble y mi conciencia parda;
elímeras y agudas refulgen mis pasiones.

Los sentidos como único instrumento, lo sensual como única
verdad.
A López Velarde los conceptos se le vuelven carne, las
ideas cuerpo; el deseo es la llama y la pasión el eterno
desencanto, pero también, el obligado espejismo:
de pronto convertirse al muldo veo
en un enamorado mausoleo...

Pero el obligado espejismo conduce al dolor, al delirio:
Soñé que la ciudad estaba dentro
del más bien muerto de los mares muertos.
Era l1Jl3 madrug¡ida del invierno
y lloviznaban gotas de stlencio.

No más señal viviente, que los ecos
de una llamada a misa, en el misterio
de una capilla oceánica, a lo lejos.
De súbito me sales al encuentro,

resucitada y con tus guantes negros.

Aquí ya no hay concesión alguna. El poeta toca fondo, su
voz raspa. El discurso lírico-narrativo se hace a un lado ante una
oscura lógica que va levantando un muro inmenso, inabarcable,
a base de convocar, de ir colocando imagen sobre imagen. El
poeta ya no es el arco ni la fuerza que lo tensa, ~ la punta de
la flecha que se clava y sigue; es el dolor, el grito y la visión: la
oscuridad y la luz.

contraído nupcias consigo mismo. El amante insatisfecho que
no se arriesga a la dura rutina del amor, sino que prefiere la
ilusión, el lento desgaste de la estatua de sal.
En este poema, "El sueño de los guantes negros", el poeta
se da cita con un López Velarde muerto que regresa de la
batalla, de La sangre devota y de Zozobra (" lConservabas tu
carne en cada hueso?").

"La suave patria" es un poema seductor; seductor por su
forma pero no por su contenido. Tal parece, después de haber
léido con atención su producción poética,"que López Velarde
no atina en hondura e intensidad cuando abandona su universo
íntimo. La provincia de López Velarde que percfüimos en La
sangre devota, en Zozobra y en los textos que integran El son del
corazón, exceptuando "La suave patria", es una provincia real,
lopezvelardiana, de actitud y de intención. El autor construye
su provincia, su universo íntimo; el tono es personal, la voz en
primera persona; el mundo presentado se confunde con el yo
lírico del poeta. Sin embargo la provincia-patria que detectamos en "La suave patria" es muy diferente; se trata de una
provincia de almanaque, de postal de museo, de folklore de
Sanboms. Esta "suave patria" dista de la hondura, sinceridad
y complejidad de la presentada, fragmentariamente, en su
poesía anterior.
Otro aspecto importante en el poema es la atmósfera, la
emoción que provoca el texto, la nostalgia del poeta frente a un
mundo que se le va de las manos, que se le pierde: su infancia,
Jerez, el siglo XIX, su provincianismo; todo esto evocado y
sublimado a través de una "íntima tristeza reaccionaria".
López Velarde es ya un ciudadano de la capital, es el autor de
Zozobra, y un poeta al cual se le reconoce y admira ampliamente; además, se especula con un viaje a Europa, el que sería
su primer viaje fuera del país.
El poeta se siente ajeno a ese mundo presentado en "La
suave patria", a esa patria-provincia que ya no le pertenece y
ahora recrea por medio de la nostalgia y el deseó. Ya hay la
suficiente distancia para que se le pueda celebrar, "loar'' a
través de un poema; López Velarde es ya un poeta moderno
que siente la necesidad de evocar y rescatar una patria idílica
y pura que ya no existe para 1921; que quizá nunca existió como
tal.

"La suave patria" abre con un Proemio donde, a la manera
de Virgilio al emprender La Eneida, el autor nos dice, probará
salirse de su tono personal, de su mundo íntimo para intentar
"cortar a la epopeya un gajo".
Desgraciadamente López Velarde no arriesga, no quema
las naves y emprende la aventura, sino que se conforma con una
épica moderada, callada, de medio tono, cuando escribe:
Diré con una épica sordina:

habitar. Desde la grande-za Virgilio crea su poema. Lópe:z
Velarde, por el eontrario, canta una patria para fijarla y
congelarla en el tiempo. El poeta, desde la nostalgia, rescata un
ideal de patria que se le pierde, que ya no es pre~ente y que
jamás podrá ser futuro. Será una patria no para vivir en ella,
sino con ella; para preservarla y contemplarla. De ahí que "La
suave patria" nos seduzca por la forma, que el lenguaje sea, en
realidaq, lá gran fuerza lírica del texto. Lópe-z Velarde nos
cautiva, en este poema, por su pasión retórica, pero no por su
fondo. El significado global del texto está muy por debajo del
significante poético del mismo. Esto podría parecer un disparate desde la idea de que la forma, en el poema, condiciona y
prefigura su fondo. Sin embargo, aquí el aparato formal con sus
imágenes brillantes, sus adjetivos precisos y, por consiguiente,
efectivos; sus rim¡¡s inesperadas y sus ritmos perfectamente
medidos encubren una mobliario sumamente pobre. Pareciera
que el poeta congelara la superficie de un enorme océano
olvidando el mundo que habita en sus profundidades. La
Eneida, en cambio, está hecha a partir de un sustrato y no de la
punta de un iceberg; donde, efectivamente, la forma provoca
un fondo de acuerdo con la intención de la misma.
Habría que señalar que el tono épico se puede lograr no
sólo en el poema extenso, sino también en el texto breve; sirva
de ejemplo la poesía irlandesa medieval donde se percibe un
tono épico, pero donde no encontramos textos, en cuanto a
extensión, equiparables con el Beowulf, o con el Cantar de los
nibelungos. Más que un texto épico "La suave patria" se nos
revela como un poema de ocasión (el Centenario de la Independencia), de "autoencargo". López Velarde, a partir de una
concepción de la patria, donde priva lo ideológico, construye su
poema como una alegoría de la misma deseada por el establishment mexicano de la época.
En el Primer acto tenemos una percepción de la patria a
través de símbolos y elementos que delatan una visión de la
misma desde las tradiciones y el folklore; también se nos
presenta el apacible paso del tiempo de la provincia frente al
vértigo del de la ciudad. Sin embargo, la última estrofa de este
Primer acto recobra el lirismo y crece. El poeta vuelve a sí
mismo yel arco lopezvelardiano de nuevo se tensa. El Intermedio es una visión desencantada y un tanto pesimista del presente indígena (1921) con respecto a un pasado majestuoso;
todo esto personificado en la figura trágica de Cuauhtémoc,
"único héroe a la altura del arte".
En el Segundo acto se raya en el costumbrismo:
por tu verdad de pan bendito,
como a niña que asoma por la reja
ron la blusa rorrida hasta la oreja
y la falda bajada basta el huesito.
creeré en tí, mientras l1Jl3 mejicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana.

la Patria es impecable y diamanlina

El autor se desborda, igual besa que hiere. Los fantasmas
de la pasión afloran desde una inusitada claridad, desde las
conquistadas fronteras de la vigilia:
Pero en la madrugada de mi sueño,
nuesuas manos, en un circuito eterno
la vida apocalíptica vivieron.

El eterno ilusionado, aquel que no se entrega porque ha

Virgilio canta una patria con la intención de que ésta sea el
pasado glorioso de su presente, y, a la vez, el augurio ob~do
de su futuro. Virgilio, al celebrar y magnificar a su patna, la
inventa; la convierte en piedra de toque de un grandio~
devenir histórico, haciendo así una patria que no sólo le de
sentido a él y a su gente, sino que constituya un mundo donde

Vemos una patria sumamente "pintoresca" que se va
conformando, hacia el final del poema, como una patria buena,
ingenua, sublimada y, finalmente, petrificada, eterna; más
deseada que vivida.
Todo poema es, de una o de otra manera, una alegoría; "La
suave patria" es la serpiente quese muerde la cola: una alegoría

�formal que encierra otra alegoría, pero conceptual, ideológica.
López Velarde como el protagonista de Al revés de Huysmans prefiere las -sombras, lo artificial, el "arte"; a la.luz, lo
natural, la ''vida". Pero esto también es en sí mismo una gran
alegoría.
Habíamos dicho que con Zozobra López Velarde completaba y concluía un ciclo. A partir de ese ltbro, de esa prima
congelada con expresión de estatua, el poeta retomaría a esa su
arena de contrarios, de sutiles contradicciones. Lo seductor de
López Velardé radica en su complejidad, en su eterno diario
enfrentamiento.
Su muerte no vino a interrumpir un proyecto de creación en
marcha, sino que éste ya se encontraba cerrado. La muerte

llegó cuando el poeta se debatía, o bien, se entregaba a una
doble vertie]\te. Por un lado, a una retórica donde la inteligencia, el lenguaje y la reflexión creaban una suerte de mosaico
compuesto por espejos ( una suerte de gran espejismo) en el
cual el lector encontraria su reflejo; una especie de misteriosa,
casi mágica, reafirmación de su particular ideología: "La suave
patria". Y por el otro, la decantación, la agudeza desgarrante
y desgarradora de "El sueño de los guantes negros". Es en este
momento cuando irrumpe la muerte y deja al poe:ta suspendido
entre dos (ormas aparentemente irreconciliables de afrontar la
vida: el deseo y la castidad, "el león y la virgen". Pero esa
tensión, esa fuerza encontrada constituyó el eje, la vida, la obra
poética de Ramón López Velarde.
Facullad de Filosofiay letras de la UANL Monterrey, NL, marzo de 1989.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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