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                  <text>Cuadernos de la revista

ARBOL DE POLVORA/Alfonso Reyes

.
I
AUSENTE EN PARIS

1925-1927

1

CAMPEONA
Cuando el Presidente del Club de Natación y los Síndicos
de París -chisteras, abultados abdómenes, bandas tricolores
sobre el pecho- vieron acercarse a la triunfadora,
prorrumpieron en aplausos y entusiastas excalamaciones:

~"''°

tosecilla muy al caso- ¡Ejem! ¡Ejem! Para l l e ~ diploma
hacen falta algunos datos. Decline usted sus generales.
-¿Aquí, en público?
Risas. El Presidente, protector:
-Su nombre, su edad... ¿En qué trabaja usted, cuál es su
oficio?
-Mi oficio es muy modesto, señores. Porque, sin
agraviar a nadie, yo, como decimos los del pueblo, soy puta.
Pánico. Silencio seguido de rumores.
-¿Ha dicho usted ...?
-Puta.

-¡Si parece un delfín!
-Querrá usted decir una sirena.
-No, una náyade.
-¡Una oceánida, una "oceánida ojiverde", como dijo el
poeta!
La triunfadora, francesita comestible que hablaba con
dejo italiano para más silbar las sibilantes . y mejor
suspenderse en un pie sobre las dobles consonantes,
comenzó a coquetear:

-Non, mais vous m'accablez! Mon Dieu, que je suis
confuse! El une nafade, encore! C' est pas de mafaute, vous
savez? Si j' avais su...!
Y todo aquello de:
-Toque usted; sí, señor. No hay nada postizo. Eso
también me lo dio mi madre con lo demás que traje al
mundo, etc.
-Vamos a ver, señorita -interrumpió, profesional, el
señor Presidente, poniendo fin a esos desvaríot con una

¡•......................... ...................1
.

Dominando la estupefacción general, Monsieur
Machín, siempre analítico, interroga:
-Pero, entonces, delfín o sirena, náyade, océanida o
demonio ... sin faldas, ¿quiere usted decimos cómo, cuándo,
dónde! adquirió usted esa agilidad y esa gracia en el nadar,
esa perfección deportiva, ese dominio extraordinario del...
de la...de los...de las...
Y la océanida, cándidamente, le ataja:
-C' est que... vous savez? Avant de venir ici je faisais le
trolloir a Venise.

1925.

�2

"nuestroamericanos" - por los cuadros del uruguayo Figari!

LOS GORRIONES

Así, pues, las esferitas de gracia resultan unos
monstruecillos feroces, despeinados, flacos, la pluma
escasa y en desorden, el chillido de ira siempre presto, el
pico y las diminutas garras siempre alertas. Feroces, porque
la ferocidad sólo ha de medirse por referencia a los
ejemplares de la propia especie.

He seguido por el parque al Joco de los pájaros, ese
viejecito irreal que cruza el pasto sin ver a los hombres y sin
miedo a la policía Va lanzando migas y semillas como un
Triptólemo. Lo sjguen cordones de aves que revolotean
en torno a él, se le posan en los hombros y en la cabeza,
acuden a su mano. Parece un dios.
Y en el primer banco, me siento a pensar en los

gorriónés.
Los gorrfoñes,;'\tistos a la distancia natural y ordinaria,
eran propia imagen del "ramillete con alas" de Calderón; y
a saltitos entre las flores, parecían exactamente la "flor de
pluma": unas esferitas llenas de toda blandura y gracia; una
caricia de los ojos, una atracción para las manos. No se los
podía ver sin desear asirlos, besarlos, disfrutar de su tersura

Los más lejanos parecían llegar por el puerto de
Acapulco, falsos muñecos de la China, y perderse luego en
la noche gongorina de nuestro siglo xvm. México, en
aquellos tiempos, resonaba todavía con el órgano del gran
cordobés.

1926.

Pero sobrevino la Independencia, que los teólogos
llaman pecado original, y los psicoanalistas, traumatismo del
nacimiento. En suma, coscorrón que despabila y ahuyenta
el sueño de la infancia.

Y, en efecto ¿dónde lo he leído? Estos gorriones que
ahora vuelan por ambos mundos son los supervivientes de
un duelo semejante al del Hombre Mediterráneo contra el
Hombre de Cromagnon: han aniquilado al gorrión de
América, su pariente de mayor talla y mejor pujanza.
Verdadera raza de apaches criada entre las Fortificaciones,
nos parece verlos -en la historia- vaciando a picotazos el
cráneo de sus hermanos mayores, los eternos bobos del

Y entonces ¿qué hacer? Era, de una en otra
generación, aquel duro testame!!to de guerra civil
transmitido a punta de cuchillo. Hijo: memento morí.
Hermano: memenJo morí. Y hasta los pájaros se comían a los
pájaros, y las flores envenenaban a las flores ...
Al fondo, los abuelos: cordillera sombría, Sierra Madre
y cabalgata de cumbres.

plato de lentejas.

1926.

1926.

y tibieza.
Pero me tocó, otra vez, sorprenderlos de cerca, tras los
vidrios de un invernadero. Y entonces comenzaron mis
dudas y fuí descubriendo por instantes su naturaleza
verdadera.
¿Como he podido olvidar -me dije- que la verdadera
naturaleza de estos pájaros es la de a~es reptiles? Todo el
día pegados a la tierra, todo el día entre los despojos que
todos los seres de la creación dejan caer al sucio ¿para qué
les sirven las alas, sino para ir a arrastrarse un poco más allá?
Anfibios, puesto que participan de la condición volátil y de
la reptante; innobles todavía entre las aves, y ya pedantes
entre las arañas y las lagartijas ... Cuando en alto, otean el
suelo y anhelan hacia abajo; cuando en el suelo, ya no
piensan ni necesitan más. Algo así le pasó, dicen, al abuelo
arbóreo de los hombres, cuando se descolgó de las ramas.
¿Cómo pude yo olvidar -me decía- que duennen al aire
libre, en cualquier rincón de la calle, en los muladares y los
agujeros, y que tienen los malos hábitos, el desaseo y la
cólera propios de los arrapiezos criados en el arroyo?
El ave es del árbol y del aire, pura y superior: las hay del
campo y las hay de la ciudad; pero éstas, al menos, hieráticas
y empinadas como las cigüeñas de las torres, o alegres y
discretas como las golondrinas. Los gorriones, no; los
gorriones son habitantes de los planos bajos, de lo urbano
sin urbanidad; es decir, de las calles peores, al mismo título
que los perros sin dueño. Y vistos de cerca, andan, en
verdad, como esos perros vagabundos, mal comidos,
sarnosos, rabiosos, con ojos de mal hombre y maneras,
siempre, de ladrón ¡Esos tristes perros picarescos que
cruzan, en busca del hueso caído -inevitables motivos

4

3

VENGANZA LITERARIA
Los primeros objetos que descubrieron mis ojos -lámpara
ingrata de las dos y media de la mañana, insomnio que sigue
a la pesadilla, ganas de aullar, ganas de huir- fueron,
olvidados sobre el sillonzote de la chimenea, el gorro de
dormir y las antiparras del Maestro.
El Maestro se había pasado la noche diluyendo un
granito de anís folklórico en cien calderos de agua tibia. El
piso estaba encharcado de octosílabos. "Habrá que llamar
al encerador", reflexioné. Y me levanté de un salto, me
vestí en un santiamén, y cátarne en un dos por tres llamando
a la puerta de la Academia: "¿Aquí limpian, fijan y dan
esplendor?"

Apenas habían bajado de la chimenea los angelitos de
bronce, cuando las horas, ya sin testigos, empezaron a dar
volteretas, colgadas del horario y del instantero, muy
descocadas y las piernas al aire.

ABUELOS
La primera cena de la familia dispersa tuvo ocasión entre las

rejas de unos alejandrinos románticos. Yo era entonces tan
joven que me confundía con el fondo del paisaje y creía, a
ojos cerrados, en la literatura.

Por toda la alcoba se difundió el aroma añejo de las
flores del papel pintado; y el colchón, congestionado de
lascivia, concibió en sí mismo la primera polilla en

Alumnos pacientes del Alfabeto, hemos andado
después cazando a todos los hermanos de tintero ~n tintero,
y a los padres, bajo los capelos de vidrio en que los tenía
olvidados la incuria de nuestros reyes de armas: La
devoción de unas tristes flores de trapo no alegraba ya sus
ojos evanescentes, sus ojos de daguerreotipo en fusión.
Pequeñitos y pálidos, parecían "zanzas" de cera: esas
injurias que hace el jíbaro a la humana especie,
convirtiendo al enemigo en feto adulto. ¡Mil veces mejor la
venganza de los cazadores de cráneos!

Nuestros gigant~scos abuelos fueron revelándose,
ectoplasmas evocados por tanta devoción filial. Las visiones
flúidas del solar manchego o del andaluz se mezclaban,
como podían, con las ráfagas montañosas del señorío de
Ogazón y con los recuerdos graníticos de Navarra, donde
el valle del Baztán se cuaja de escuadrones Ochoas.

5

LA ALCOBA BOSTEZA

NUESTROS GIGANTESCOS

Y no: había que rescatarlos y devolverlos, poco a poco,
a su jerarquía. Para lo cual fué necesario consultar las
genealogías y los cronicones.

A un tiempo, pues, se descolgaron todas las arañas
implícitas en el cielo raso; las ventanas estallaron sobre el
jardín; y entre el bochorno de la siesta, reinó por el aire de
la alcoba toda una Veracruz inmensa de abanicos de palma!

gérmenes.
Cierto que nadie llegaba al tercer piso de aquel hotelito
de barrio. Cierto que, como en Jane Austen, el cuarto de
huéspedes siempre estaba deshabitado, única manera de
tenerlo siempre disponible...Ocasión para reflexionar
sobre la inutilidad de la previsión y el ahorro.

..1

Tanto ejercicio de frases hechas me dejó como
despernancado. El espíritu de asociación verbal me
rechinaba en el cuerpo. Los cotarelos me hervían casi en la
garganta. Y cruzó dentro de mí -¡qué bien lo recuerdo!- una
de esas ideas sin pasaporte que de repente se nos cuelan
por la conciencia: la convicción firme, la profética visión de
que nunca se acabaría en México el Palacio Legislativo
comenzado por el arquitecto Boiry, y que un día, entre
silbidos de marina catástrofe, se hundiría en olas de
cemento el Palacio de Bellas Artes. Ideas a deshora,
pájaros que cruzan de ventana a ventana, sobre la
espantada familia congregada en el comedor.

Era la hora en que las abejas, en el poético alcornoque,
se han quedado con tamaño palmo de aguijón, las hormigas
pierden el rumbo -que es cuanto hay que decir- y hasta
olvidan la fila india. Leconte de Lisie ya no halla medio de
entender las fonnaciones de los guerreros en la 1/íada.

El instante era propicio. Se abrieron las ponderosas
puertas. A los tres años, ya están nuestros muertos en su
punto. Podemos pacer tranquilamente en los cementerios.
La Academia estaba poblada de poetas cilindristas o
cilindrcros -reacción contra el cubo- y Modigliani y
Picasso, colgados del techo, se balanceaban
majestuosamente, como aquel caimán del patio de los
Canónigos, Catedral de Sevilla.

Y, animándose desde una mala fotografía mural, nuestro
Guillermo Prieto ocultaba disimuladamente, bajo los
abominables puños, los rebordes de una de aquellas
camisetas de su tiempo, gruesas, sucias y feas, que sin
embargo casaban tan admirablemente con las manos
peladas de los Maestros, los del ''huarache espiritual".

Aquí salió cantando en falsete nuestro Apollinaire, que
si no le daban caviar todas las noches, como a los viajeros
mimados de la Holland-Arnerica Line, era capaz de hacer
esto y lo otro. Yo, que sentía la necesidad de crear
absurdos, lo alcancé por el cuello, lo enjerté en los poetas
de campanario, y me puse a cosechar, en mi nuevo árbol
c..&gt;

�evolutivo, primaveras almidonadas en faldas de percal y
servilletas duras como cartones, del tiempo de Don Simón.
Así, así me las pagarán todas ésos del Angelus, ésos del
Toque de Queda. ésos de las muchachas de la retreta. ésos
de las virtudes aldeanas, ésos del incienso de la parroquia.
ésos de las tardes de la granja. las veladas de la quinta y
hasta Don Catrín el Calavera: poetas pepitos, poetas rotos
para decirlo a la mexicana. Traen raídos los traseros del
alma y lo andan tapando como pueden, y dicen que es por
meditabundos y por pasear manos a la espalda.
Y los dejé convertidos en papel de moscas, olor de sínsín, aguaflorida barata. mucílago y panal de América en
dulzor de pegajosas pepitorias. ¡Fuchi!

19'26.

6

MIENTRAS LEIA EL OTRO
Nunca vi cosa igual ¿Que la desatención y el cansancio nos
transporten hasta el otro mundo? ¿Que, mientras un
profesional del aburrimiento nos lee sus cuartillas
monótonas, nos desdoblemos positivamente y viajemos en
ser astral hasta unos oscuros reinos de pesadilla. sólo en
sueños, y una que otra vez, frecuentados?
El sol del Barón de Haussmann inundaba plácidamente
la estancia; y yo soportaba la andanada folklórica de buen
humor y con bastante paciencia. Había interrumpido mi
trabajo, y de tiempo en tiempo miraba, al soslayo, las
cuartillas que, regadas sobre mi mesa. imploraban mi
compasión.
Pero mi implacable visitante prosiguió su monografía
sobre la canción de cuna, enseñándome a cada tonada una
doble hilera de dientes:
-Verá usted. Aquí la canción de cuna asume un aire casi
mitológico:
Arriba del Cielo
hay un agujero
por donde se asoma
Narices de Cuero.

Y yo entré en mi sueño; resbalé, me hundí, rodé. Iban y
venían los escenarios, derivados en una continua
disolvencia. El lector salmodiaba sus canciones de cuna. No
sé si me quedé dormido. Apareció una imagen de infancia:
me ruborizaba. me molestaba.

Ya la piedad del polvo de talco nubla el baño. En Sevilla.
entrada del barrio de Santa Cruz, donde está la cruz
precisamente, me enseñaron -especie a la vista- a distinguir
el espliego de la alhucema. De suerte que yo sé muy bien a

Lo confieso: el hijo del Gobernador rompía a caballo
por entre los puestos de jarros, y luego tenía que pagar los
cacharros rotos. Lo seguían unos gendarmes parecidos a
Maximiliano en negativa, con su partida barba negra.
Creían que venían a darle caza, y al fin sólo le daban
escolta. Y él se divertía en tumbar los tiestos de las ventanas,
o al menos rajarlos y hacerlos saltar con aquella arma
inefable que en su tierra acostumbraban llamar "rifle de
silencio".

qué olía la loción aquélla...
Era la hora justa en que los trasnochadores le dan
cuerda al libre albedrío. Me asomé al balcón y empecé a
repartir saludos a las ventanas cerradas, unos saludos sin
destino (el "saludo puro", dirían hoy), que se quedaban
suspensos sobre el torbellino de la calle, globitos alelados,
ajenos a las leyes del tráfico.
Y el folklorista. en el otro mundo -aquí, junio a mí- estaba

El lector seguía zumbando, allá en las penumbras de mi
conciencia, y yo seguía mi pesadilla. A no ser por ella. me
suicido, y se hubiera dicho de mí: "¡Qué oyente perdió el
mundo!" Me entré por una palabra y salí por otra. bien
crecidas ya, entretanto, las barbas de la santa paciencia.

diciendo:
-Porque hay que distinguir entre mujeres y mujeres.
Como decía Alarcón, "Dios no lo da todo a uno", o a una, ¡ja-

ja!

-La Gramática y yo- pensé al oír vagamente que se me
hablaba de la eficacia del solecismo y el arrojo para el
anacoluto entre los simbolistas franceses- somos tan iguales
que no hay respeto posible entre nosotros.

-Sí -repuse, esforzándome por volver a su lado, y con la
sensación de que sólo conseguía yo reencarnar en media
cara-. Por eso el 24 de abril del año pasado, en el Bullier,
primer baile anual de La Horde, yo me atreví a afirmar, y lo
hice cantar a coro:

Y seguí soñando ...
Llegamos a donde la ciudad se quita el sombrero, y por
los ojos y las orejas, la boca y las narices -por todos los
agujeros de la cabeza- se nos metió de repente un cielo
inmenso.

Entre la flaca y la gorda
-dice un viejo sabidor-,
la intennedia es la mejor,
por
ser la única digna de La Horda.

Mi lector -me di cuenta- estaba a la sazón
preguntándome:
-¿Establece usted alguna relación entre la fábula bíblica
y los animales de sangre fría? Y desde luego, eso de las
''manzanas que vamos a cortar a la huerta'', ¿tiene algo que
ver con los frutos de las Hespérides y la leyenda de
Héraclcs?
Pero yo, en otro espacio, continuaba. entrecerrados los
ojos, mi viaje ideal. Yo era viejo, muy viejo, y me apoyaba
en Antígona. La plaza era inmensa, y quedaba en las
bocacalles donde se confunden Monterrey y México y
Madrid y París ...

(¿Sí será el Diablo?)
Arriba del Cielo
hay una ventana
por donde se asoma
Señora Santa Anata.

traer los picos del cuello de pajarita manchados de carbón.
Había que poner algún remedio.

Y sobrevinó otra visión. Era la hora de afeitarse, de
afeitarse por segunda vez, bien entendido. Algunos
aseguran que el cuello de por la mañana anochece con
gotitas de sangre. Y los impecables londinenses suelen

-¿A ver? ¿Cómo dice usted?
-Digo que, en efecto, Dios no lo da todo a uno, que tiene
usted razón, más de la que le cabe en la boca. y que hay
mujeres para todo, hasta para los hombres;

•

..

que hay ángeles perfectos de pureza,
por los que yo me tiro de cabeza;
que hay hembras de tan mala condición,
de ánimo vil y corazón tan sordo,
que pienso que no tienen corazón;
y hay otras de la condición del tordo.
-¿A ver, a ver? ¿Cómo es eso? -me decía. abriendo
tamaños ojos, el que, sin remedio, debemos llamar mi
interlocutor-; "y hay otras de la condiGión del tordo"?
¿Endecasílabo descoyuntado o corrupto, a lo Darío, el de

"era la hora de la melodía"?
Pero yo volví a escaparme por la tangente y entré en
otra ensoñación singular......................................
Estudiábamos los orígenes de la novela española. Sí,
estoy cierto: era por esos días. Acababan de instalar las
flamantes oficinas de la Universidad en un enorme edificio
que había servido ya para todo ¡Tenía hasta un teatrito
interior! Otra parte del edificio daba alojamiento a un grupo
disidente de la Escuela de Ciegos, y otra. a los traductores
de la entonces Secretaría de Instrucción Pública. El jefe de
traductores era un sordo mortal, rabioso a más no poder, y
que la tenía con nna pobre empleada. Para reprenderla,
berreaba más que Merlín cuando el baladro. O por exceso
de ira, o porque él no se oía y todo le parecía poco. A los
gritos, los ciegos salían de su reducto y, en fila. apoyada la
mano en el hombro del que iba delante, se acercában hasta
la puerta de la oficina, y allí asomaban las curiosas cabezas.
Yel sordo:
-¡Señorita! ¿No le da a usted vergüenza? ¡Hasta los
ciegos vienen a ver qué pasa!
Y la empleada. tímidamente:
-No, señor: vienen a " oir" qué pasa...
Había muchas piezas sobrantes, patios enteros
sobrantes, y unas salas enormes, tapizadas de yute.
Suspendíamos a cada rato la lectura, y nos poníamos a
"jugar a la pelota con los tinteros" ...¡Con los tinteros llenos
de tinta, señores! Con las sillas y hasta con la mesa hacíamos
otro tanto. ¡Apara esto y apara lo otro! ¡Pum! ¡Reteplum!
Quedaba la sala hecha un campo de batalla; pero lo mismo
quedaban nuestros pobres sistemas nerviosos,
sobresaltados al rojo blanco, que allí pienso yo que empecé
mi senda de cardíaco.

Me acuerdo del último terremoto, por asociación o
contaminación con aquellos bárbaros juegos. Entre otras
cosas, se vino abajo el Cuartel de Artillería Ligera. El
Coronel del cuerpo era bigotudo, moreno y aguileño. Leía
a Gracián, caso inaudito.
Sembrado en su pecho sin tacha. Gracián empezaba a
echar retoños militares.
A toda costa, quería que yo lo enseñara a patinar. Y yo
no soy patinador porque Dios es bueno. Pero época hubo
en que yo bajaba hasta la pista, dejándome rodar por cinco
o seis escalones en unos patines de dos ruedas. Por los
corredores de la casa paterna, yo preparaba con la mayor

�.,
naturalidad la lección de la tarde, patinando y sin hacer ya
caso de lo que hacía.

11
Y si no soy jinete es porque se me quedó el caballo en
mi tierra. Pero yo iba a la escuela primaria a caballo. Y el
asistente me traía otra vez el caballo a la salida. De las
veinticuatro horas, diez eran del sueño; las otras catorce,
del empeño. Visité a caballo todas las moliendas de caña de
los alrededores, y me indigesté gloriosamente con el
aguamiel de todas y cada una.
También soy tirador de rifle, sólo inferior a Porlirito,
según presumo, aunque me lo disputa mi hermano. Eso del
centavo en el aire era para mí cosa de juego.
Y he remado mucho, hasta que se me fueron los remos,
como al barquero enamorado de Góngora.
Y fuí, en mi adolescencia, campeoncillo de florete
francés e italiano, y hasta empecé con la espada de combate
y el sable.
Y tuve -¡quién lo diría!- una cabellera de rizos rubios.
Y a los once años, era ya -popular entre bastidores. Y
todavía quedan por ahí cantantes de los cuarenta para
arriba con recuerdos de mis primeras timideces.
Y, de pronto, me veo sentado en una aula de la
Preparatoria, ante aquel maestro de Astronomía (la sola
palabreja, ya "data") que resolvía todos los problemas
"forzando un poquito el cálculo y por acumulación de
factores'' -en suma, como lo hace la naturaleza. Y recuerdo
a su ayudante, el señor Peralta, el que pasaba lista
(" ¡Peralta, quítame la falta!"), quien un día llegó corriendo y
sin resuello, para decimos:
-¡Señores, vengo a decirles que hoy no puedo venir!

························--····..·········--················
.. .Pero ¿dónde estoy? ¿En qué íbamos y qué ha sido
esto? ¿Quién lee y ronronea a mi lado? ¿He estado
· soñando? ¿Qué sonambulismo se apoderó de mí? ¿Qué
cola de cometa pasó a mi lado, arrastrándome de refilón? ¡Y
qué duro, ahora el aterrizaje!
Y haciendo de ... sueños corazón:

-Sí, señor mío, de lo más interesante que conozco al
caso. ¡Magnífico! ¡Yquéamenidad!
(¡Y que tire la primera piedra el que se atreva, el que
no haya oído nunca discursos oficiales, el que nunca haya
asistido a las congregaciones cívicas, o el varón sin cicatrices de letras!)
IO

1927.

FUEGO GRANEADO

1930-1932

..

De modo que la plancha ardiente evaporaba y deshacía
al instante toda gota de vida. De forma que no pudo haber
resquicio al rencor, ¡el panal tan lleno de abejas! De suerte
que no percibía los obstáculos, pues ¿qué sonámbulo
tropieza? De manera que, blando e informe, entró, quién
sabe cómo, igual que un grande rayo de acero, hasta el
cielo de la libertad.

Rw. noviembre de 1930.

I
HACIA EL ANGEL
2

Blando, blando el cráneo sin vicios, y el exceso de
alimentos líquidos disuelto en sangre sin arenas. F1úido
donde mueren los sólidos: el carácter, la seriedad, la
respetabilidad, el don de mando, el sentido de la
responsabilidad, la obediencia a la palabra empeñada, el
sentimiento de dependencia y subordinación, la noción de
la propiedad, la consideración al prójimo, el instinto de
vecindad, la previsión, la ayuda mutua, el carnet de
identidad, el bastón.

DONDE EL POETA SE DESCUBRE
A SI MISMO
Qué mal, pero qué mal escribe el poeta de algún tiempo a
esta parte!
Y él, allá lejos, díscolo y encerrado a solas,
monologando y refunfuñando:

Blando, blando el cráneo sin vicios, y sin tegumentos
confusos los tejidos. Su voluntad no pudo criar huesos. Era
incapaz de no entender. Y con la semilla de cada ofensa
recibida, cultivaba en tiestos, en vez de cóleras, graciosos
Montaignes de salón.

-Si nos descuidarnos, todo esto para en anquilosis. Los
lectores sólo se dan cuenta después de cien años, índice de
velocidad del alma. De manera que estarnos solos Y
arrancados de la opinión.

Blando, blando el cráneo sin vicios y siempre como de
asno tierno, todavía plástico al espíritu. Milagro que no
fuera estéril, él tan desasido de vísceras, y su misma
fisiología tan escurrida en embudo hacia el chorro de Jas
ideas. Mordido de la enfermedad, casi no escupía síntomas:
sólo la imaginación daba señales de padecimiento. Era su
cuerpo transparente, maleable. Contraía males al contagio
de una palabra.
Blando, blando el cráneo sin vicios, fontanela a todo
servir, mollera, sin cerrar, suturas abiertas, mente sin aristas
ni callos, moral sin principios, sistema en constante reforma,
alma -si no ramera, porque ni alquilona ni desganada- sí, en
cambio, apetitosa y sedienta, lúbrica de nociones y cosas,
anhelanLe de ser poseída a cada momento por otro soplo de
la brisa: lujuriosa yegua de Andalucía, cambiante nube sin
miedo a su íntima tempestad.
Blando, blando el cráneo sin vicios; hasta donde llegó
tarde el vino, cuando ya no podía hacer daño: como si de
tanto esperar, el vino hubiera purgado sus venenos; hasta
donde el humo del tabaco subió tan despacio que se
descargó de nicotina; adonde el temblor de amor incesante,
si mala costumbre a los comienzos, acabó en legítima
naturaleza y propia esencia.

..

"Llegó la hora de trabajar a contrapelo, despeinando Y
alborotando otra vez el estilo. Haber acertado una o dos no
es razón para vivir imitándose. El pintor, por eso, ha
comenzado a pintar contra la pintura; el músico, a componer
contra la música. El toque está en entrar destrozando, en
salir cortando, como el cuchillo del Viejo Vizcacha; en
aparecer por donde no. "-¿Por qué no pinta usted en su
cuadro esa hoja de periódico? -Porque, mejor que
remedarla con los pinceles, voy a pegarla en la tela con un
poco de goma." "-¿Qué pasó con esa melodía?- Nada, que
la sedujimos a la dragona, y luego la dejamos caer a medio
camino, y nos reímos de ella, y no queremos saber más, ni
en qué ha parado, ni si ha parido''. El toque está en abrirse
una herida grande, por donde se entren aire y luz nuevos;
en provocar hemoclasias interiores, choques de sangre,
dejando llegar hasta lo íntimo las sustancias en estado bruto,
antes de que sean asimiladas, antes de que las envuelva ese
vaho de espíritu rancio, ese tufillo de costumbres
verbales... ¡Oh, tomar una piedra viva y plantarla en medio
de la frase! ¡Qué vergüenza de sustantivos junto a ella!
¡Agarrar a fuerza aquella palabra chillona y estremecida, Y
clavarle la pluma allí mismo, en salva sea la parte, para darle
el tratamiento que se merece! Acabar con la cocina del
Palace Hotel -salsas de fondo, salsas madres, y otros
alimentos en serie, y métodos de putrefacción uniforme
para paladares mundanos-, y ser capaz de servir a la mesa

un gallo entero, sí; pero un gallo anterior a la torsión del
pescuezo (tuércele el cuello al cisne, no al gallo); un gallo
con su bailecito amenazador de ala caída, cuchillero con el
sarape al brazo, con su faroleo de guapo y compadrón en el
corral donde nadie le tose, y con su ki-ki-ri-Já, su Cristo
nació y toda su alegre faramalla.
"Pero luego viene lo mejor, y lo peor, que es comerse
al animalito vivo, como se comía el lechón durante los
primeros setenta mil años de la hwnanidad, según asegura
Charles Lamb. Porque aquí tocarnos al misterio de la
creación. Para llegar hasta mí ¿todo tiene que morir
previamente? ¿Sólo he de alimentarme yo de momias y
cadáveres? Conozco la receta: -Tómese una emoción,
cuélguesela de una pata hasta que esté bien manida, hasta
que la pata se rompa sola y la emoción se nos caiga al suelo;
sométasela al fuego de la imaginación voluntaria. (Todo
cocinero literario sabe encender este fogón en tres
tiempos.) Empápesela poco a poco en salsa de tecturas
oportunas, bien maceradas; salpíquesela con un pellizco de
especias, como que somos muy pillines, como que se nos
ocurren muchas cosas y no las decimos por modestia;
déjesela reducir varios días; sáquesela del fuego y
pruébesela de primer intento, a ver lo que sale;
sacrifíquese con la primer lectura a algún amigo paciente, y
hágase caso de su consejo; añádase esto y quítese estotro; y
un ramito de lechuga por aquí, y un rabanito tajado en flor
por allá; y cátala en letras de molde para estómagos
fatigados ... "
Y mientras gruñe, dando puñetazos contra el aire,
afuera, a la puerta, el ejército de fantasmas ya inútiles: son
los sin-trabajo de la estética que se han quedado, como en el
poema de Curros Enríquez,

De rabia e de cólara os denles baJendo.
Rw,1931.

3

LOS QUITUTOS

Cosas, Celalba mía, he visto extrañas.

Góngora.
Cierto día recogí del suelo la pluma de una ala de Cicerón,
magna voz de entonces. ¿Quién resiste a la presión
atmosférica? Quise abrir, apenas, un poro en medio de la
nube, y se me vino abajo una catarata. Me ha pasado de
todo.

....J

�Yo he visto hundirse carpas de circos, entre los rugidos
de los leones, caídos como en una red. He visto inflar
globos que se bamboleaban como cabezas hidrópicas de
flacos pescuezos y hacían pedorretas al público. He oído
gritar a un barco: "¡Ay, que me abro!", dando panzadas
sobre el mar. He subido y he bajado escaleras, sin darme
cuenta, hasta más allá de los peldaños. Me he metido por un
espejo, y luego no encontraba salida. He caído en una
tembladera, y eché alas para desatascarme. Me he quedado
preso, de noche, en un Museo, oyendo roncar a los siglos.
Me he visto seguido por siete perros callejeros, que no se
me querían apartar y reían a carcajadas de mi aventura De
niño, me picoteaban las urracas porque les andaba en los
nidos, y los pavos reales, porque les imitaba el lenguaje sin
saber bien lo que decía. Después, he equivocado los
sobres de las cartas, y nadie me lo ha querido advertir. En
París, Kikí me ha seguido desnuda hasta media calle, y yo
sin saberlo. Me ha pasado de todo.
Pero nada, nada es peor que cuando lo atacan a uno los
Quitutos, con sus barbillas desteñidas y los ojos siempre
entornados. Dan saltitos y pegan, pegan y abrazan. Los
Quitutos se cuelgan de los árboles para rasguñar la cabeza
de los jinetes. Los caballos quieren desbocarse en cuanto
los huelen. A veces, en mitad de la noche, los Quitutos
zumban como locomotoras. Andan de lado, como los
cangrejos. Son pequeñitos y crueles; pelean con las grullas;
se aficionan a su víctima, y vuelven varios días sobre ella
hasta consumirla, como los vampiros. Lo rompen todo los
Quitutos. Se disfrazan de humanos, y cuando han logrado
inspirarnos confianza, comienzan a entornar los ojos: es el
aviso fatídico.
Yo tuve un amigo a quien se llevaron los Quitutos. ¡Qué
gritos daba! Lo colgaron de la lengua, le chuparon los ojos.
Quedó sólo un zurrón vacío, llamado Marsyas. Ahora lo
usan los gaiteros; sobre todo, el de Bujalance: .. Un
maravedí por que taña y diez por que calle''.

1931.

4

CUENTA MAL Y ACERTARAS

de oro bordados y cosidos a mano. Al final de cada
alejandrino, el poeta clavaba una estaca de consonante, y
luego torcía catorce veces las hebras de la frase. El poema,
sólido como un elefante en cuatro patas, comenzaba así:

Clerecía
Amigos y vasallos de la buena cocina:
de mi Santo patrono la historia peregrina,
la mitad se demuestra, la mitad se imagina,
quien la lea más pronto la acaba más aína.
De frailes cocineros ejemplar y retrato,
mejor que Radegunda y que San Fortunato
que, orando siempre juntos, comían en un plato,ª San Pascual se le iban cien años en un rato.
No está mal este lujo de erudición en punto a la historia
del arte culinario. Pero el poeta no se podía defender, sea
por el asunto mismo o por la forma, de cierto sabor de
ramplonería. Y entonces se le ofrecía la tentación de
grabar, con mayúsculas en escalera, cuándo un acróstico o
cuándo una lápida cubista.

Décimas en acróstico
S iempre debemos, varones,
A !abar al que cocina.
No hay triaca ni medicina
P ara el que ayuna ...razones.
A yunos y privaciones
S ólo ayudan a pecar,
C orno ayuda el río al mar,
U na vez que lo alimenta...
A ceite, sal y pimienta:
L ibradnos de desear!
S epan la historia ejemplar,
A guanten esta versada.
N o digo el nombre ni nada,
P orque lo han de adivinar:
A que! Santo, por guisar,
S upo guisar sin empacho,
C orno quien guisa el gazpacho,
U na hostia natural.
Animas, que pudo el tal
L avar con vino el empacho!

Catástrofe del poeta
Lápida cubista
Se entretenía, pues, con un tetrastrofo monorrimo de
asunto hagiográfico. Formaba torrecitas de versos. Y
aunque San Pascual Bailón, su patrono, es posterior en dos
siglos al viejo mester de clerecía, no le sentaba mal el ropaje
aquél, pesado como hábito eclesiástico y con sus alamares
00

...

Bonete mandil y barriga
Cunde el rumor de pajaritos fritos
Mientras la hostia canta
en el árbol más alto del convento
A San Pascual

....

las barbas se le cuecen
Y en cien años
Las monjas echan bigote y gastan botas militares
Cómo se ríe la hostra con el ir y venir
del atontado San Pascual Bailón
Tal es la historia
Punto
y
colofón
Nada, que no daba de sí el asunto. Y el poeta pasaba de
la serranilla a la telaraña del caligrama (por él se dijo aquello
de "sudaba la gota gorda") lo mismo que iba desde la octava
real -tan real de veras, tan mueble de salón al estilo de cierto
siglo- hasta el poema sonambúlico de la estética más a la
moda.

Serranilla del Santo

en el caso.
Lo más difícil sería contar la historia del Santo sin
contarla. Lo más poético es contar mal, dar por conocida la
historia. Y de cabeza al poema sonambúlico:
Humildad de la hostia en la cazuela
y guiso del cordero pascual entre vellones.
Canta sola la mística posada
entre revuelos de las monjas cándidas,
y el Murillo de "La cocina de los ángeles"
otra vez moja su pincel.
Sofocación del estro. Abrir las ventanas. En esta
corrosión de un equilibrio por el contrario, la idea de contar
mal un cuento se Je convierte poco a poco al poeta en la
idea de contar mal una cuenta. Y entonces se le ocurren
unas octavas supra-reales, que empezarán, naturalmente,
por no tener nunca ocho versos:

Cocina lavada,
vajilla pulida,
colación servida.la noche que entraba.
El cubo, la noria,
el Santo en mandil.
(Restos: zanahoria,
nabo, perejil).
En cada ramita
se columpia un ave,
y el Santo no sabe
cuál es más bonita.

Jfeptava y media

¡Alto! Las consonantes le van forzando la mano al poeta.
La serranilla no lleva traza, ni hay manera de darle aire
serrano. Veamos entonces el

Caligrama
Cocina
SAN Hostia PASCUAL
Puchero
(¿Santa Teresa?)
Guiso
EUCA Consagración RISTIA
Mens sana in corpore etc.
RIP (católico) VAN (y doméstico) WINKLE
BAILON
PASCUAL

y
con cordero
En su convento militar
De cocinero
a fraile
De fraile
a cocinero
Y un trino
encima
de

sin baile

Y aunque el caligrama no afectaba la forma del copón ni
ninguna otra conocida, el poeta le dejaba ese cuidado al
tipógrafo, que es, en el último análisis, el verdadero poeta

Estas, oh Musa de fregar los platos,
rimas humildes, sí, pero divinas,
culinaria razón, místicos tratos,
revoltijo de iglesias y cocinas,
te harán saber que, cuando el codo empinas
o pasas a la mesa buenos ratos,
tal vez ejerzas, oh lector piadoso,
un acto religioso.
Porque basta un ligero esfuerzo o un leve descuido
a(Jui (para escapar de esto
donde el objeto abandonado a sí mismo cae por tierra) y
echarse a volar sin darse cuenta. Porque basta un instante
de reflexión para comprender que lo divino comienza
donde ya dos y dos no cuadran, sino triangulan, exagonan,
exageran o qué sé yo.

para salirse definitivamente de

Esto le recuerda, de repente, cierta copla popular que,
como se le ha olvidado un poco, tiene que volver a armar
aquí, sin responder de la letra, sólo de la intención y de su
misterio:
Son seis las siete Cabrillas,
las Tres Marías son dos,
y en el ciclo hay Tres Personas
que forman un solo Dios.
Otra versión:
Cuatro son las Tres Marías,

�r
cinco los cuatro elementos,
ocho las siete cabrillas,
y once los diez mandamientos.

5

Y ya, lanzado por el derrumbadero del contar mal,
resbala y no puede detenerse. El poeta está perdido, Oíd:

Décima con arete
Unidad: el par de polos.
Decena: las Nueve Musas.
Ciencias: sólo las infusas.
Presencias: los sueños solos.
Sin aliento los Eolos, *
las vírgenes dando a luz,
se han cambiado raya y cruz
donde eran cruz y raya.
Las calzas se han vuelto saya
y Alimán se ha vuelto Ormuz.
¡Oh, malhaya!

Entre todas las palabras, había siempre una que se me
escurría, confundida con la multitud. Me guiñaba un ojo,
dengueaba, sacaba la lengua y se iba. Era la "Sombrilla", de
quien ahora voy a vengarme.

MITOLOGIA DEL AÑO

1
J

QUE ACABA

1931
El fragmento así llamado también en el ensayo "Las
Jitanjáforas" (LA experiencia literaria, la. ed. 1942, pág. 199, y
2a. ed., 1952, pág. 162), no ha de confundirse con estas páginas.

1
Aquello era, por los altos aires, un minué de balones.
Los había rojos y verdes, azules, amarillos y blancos.
Algunos, los de más temperamento, se erigían en soles,
fundaban imperio a la romana, y pronto organizaban una
zarabanda de planetas en su homenaje.

Aritmética

Dos palomas sólo tienen,
sumadas, dos corazones.
Dos manzanas y dos peras
son dos pares y dos nones,
y diez ojos sólo son
cinco puras emociones.
El hormiguero es la ringla
de tantas permutaciones,
y unas tenacillas solas
sirven para mil terrones.
Tú te igualas al reló
en los enigmas que pones:
cada día te me arreglas,
cada mes te descompones.
Conque no quiero sacar
la cuenta de mis pasiones,
que en cada pestaña tuya
las ahorcas a montones,
como en el renglón final.

Sombrilla hubo que los tomó en serio y subió tras ellos,
muy oronda y sin darse cuenta, como muchachita en
trenzas que anda con los borrachos. Pero ¿qué le dió a la
sombrilla?

Nadie nos entiende. Al acabar el año, nos sobran, allá por
los rincones del alma, algunas monedas. Si aludimos a
nuestras historias inconfesas, nadie quiere entendemos.
-¡El pobre Melchor!- exclamamos.
-¡Tijerina no falla una! -decimos.
-¡La Retro daba cada espectáculo! -comentamos.
O bien:

-¡Vaya un parasol! ¡Quiso emular al paracaídas y se nos
volvió parasubidas! ¡Pues si al paraguas le da por volverse
pararrayos...! Pues, señora, mis parabienes. Y todo ¿para
qué? Para nada, o como dice la gente, para ná. (Con
mayúscula, en el Brasil, Paraná.)
Y abajo, entre la población infantil desposeída, una
asamblea de sombreros de paja y gorritas marineras, con
sus cintas y sus letreros: A/aska, Vencedor, No me bese
usted, y otros últimos testimonios del Verbo.

2) La sugestión de las botas era tan imperiosa que los
lectores, en voz baja, se decían unos a otros: "Ya está ahí el
de las botas". Comienza la personificación del vago
daímoon.
3) Alguien trae en la cabeza el recuerdo de cierta

lectura o el tema de Wagner: un buque holandés
misterioso, un buque fantasma. Como eso de ser holandés
cuadra bien al ambiente de los enigmas, atmósfera de los
cu_entos de Poe, etc., se define poco a poco la imagen del
Holandés de las Botas.

JUSTIFICACION

Y las palabras comenzaron a hacer de las suyas:
-¡Son cosas de Pittiflauts! ¿Son cosas de la Obrigadiña!
Pero todos se hacen los sordos. Y seguimos hablando a
solas, a trompicones, como los arroyos y los ciegos.
Hay, pues, que explicarse alguna vez y pasar revista a
nuestra cuadrilla de sombras.

4) El Holandés de las Botas es un mito solar, un Apolo
sonoro. (Aún quedan rastros de esas teorías sobre el origen
de los mitos; y lo que es un error respecto a la
interpretación del pasado, por atribuir al hombre de ayer la
mente de un contemporáneo, puede ser fecundo en la
interpretación del presente, si ayuda la buena voluntad.) El
Coloso de Mcmnón, el primer fonógrafo ¿no cantaba al salir
el sol? Pues asimismo el Holandés de las Botas, síntesis de
sonido y luz.

La realidad en siesta -o sea, como se la ve con los ojos
entrecerrados, cuando el vino del sueño y el agua de la
vigilia se mezclan- da siempre mitos. El Fauno de Mallarmé
cabecea, y resulta la simbolización fálica:

Alors m' eveillerai-je a la ferveur premiere,
droit et seul, sous unflot antique de lumiere,
Lys! et /' un de vous tous pour l'ingénuité.

2

3

EL HOLANDES DE LAS BOTAS

PITTIFLA UTS

Nacimiento de un milo

Hace muchos años se concibió el plan burlesco de escribir
un idilio llamado Mañanitas de Mr. Pilliflauts en Ok/ahoma.
Algo como una anticipación del Babbil. Pero Pittiflauts era
más humilde, pertenecía a una clase más pegada a la tierra.

1932.

SUMA=se anudan veinte renglones.
Tal es la catástrofe del poeta, devorado por la langosta
de las sílabas desbordadas. Se lo llora el 17 de mayo, día de
San Pascual Bailón.

Río, 1932.
*¿Lirencia poética?

m

Un domingo de alameda con mus1ca, salpicado de
escupitajos del cobre, el clamor de todos los niños subió al
cielo. Y es que, aprovechando una interferencia de la luz
-¡ese solecito disimulado y socarrón de los días de fiesta!- los
globos de hidrógeno se las arreglaron para escapar a un
tiempo, entre una salva de exclamaciones.

Todavía, antes de morir acribillado de sus propios
acertijos, alcanzó a lanzar esl:C mensaje amaroso:

~

RECHIFLA A LA SOMBRILLA

se dejaba oír un ruido extraño, como el rechinar de unas
botas. Se diría que los elementos de la techumbre se
estiraban, se desperezaban y chascaban -como quien "se
truena los dedos"- al sentir el calorcito agradable.

Viejos conocidos, sonámbulos que asoman por los límites de
la conciencia. Dejemos en paz a Lévy-Bruhl, a Freud, a
Jung, a Adler. Viejos conocidos, esos espectros que no
cristalizan porque nunca nos cuidamos de darles nombre.
Todo fluye y se va mientras no lo caza la palabra.
Un apunte de 191 O, perdido entre mis papeles, registra
el nacimiento de un mito:

1) En la Biblioteca de la Escuela de Altos Estudios había
un inmenso tragaluz. Los lectores observaban que, si el día
estaba nublado y el sol aparecía poco a poco, en el tragaluz

El personaje, quién sabe por qué alucinación
recurrente, reapareció este año a flor de conciencia, y ya
no halla modo de pedir que le concedamos ciudadanía
literaria.

Mr. PiUiflauts madruga a regar su jardinillo y anda
descalzo hasta la hora del almuerzo. Los pollos de los
vecinos le dan mucho quehacer. Tiene que espantarlos
todos los días, se han aficionado a sus sembradíos. Los

�domingos se queda con uno en premio de sus fatigas, lo
mata, se lo come, lo saborea con los deleites del hurto. Para
comer, se ata al cuello la servilleta concienzudamente.

Lee los periódicos tumbado en el suelo. Es optimista y
servicial. No tiene un pelo de tonto. Penetráos de que es
una naturaleza sana. Siempre anda mojado, al fin jardinero
de vocación, como si saliera del baño. No puede uno verlo
sin sentir que ese hombre está fundamentalmente desnudo,
y sólo accesoria y provisionalmente vestido, desnudo
debajo de la ropa.
Es muy vegetal. A veces trae una flor en la oreja, una
hoja enredada en el pelo, o mastica una yerbecita.
No se afeita bien. Se olvida de hacerlo, o se rasguña.
Una leve cicatriz en la barba, que vuelve a abrirse cada
veinticuatro horas, o treinta y seis, o cuarenta y ocho, mide
el curso desigual de su tiempo, a modo de reloj fisiológico.
Es flaco. Su voluminosa manzana de Adán se adelanta,
sube y baja, reclama su parte en el festín de la vida.
Todos han reparado en sus dedos amarillos de fumador.
Dice que se lava, y sólo se empapa.
Inspira . confianza. Excita a las mujeres, sin
proponérselo ni darse cuenta él mismo. Vive casto sin
percatarse de ello: un simple olvido.
Cuando se viste o se desviste, conversa a solas con sus
prendas, con sus amigos los zapatos, con doña camisa, con
la traviesa corbata, que no siempre sabe quedarse donde la
dejan, con el sombrero que se le pierde a cada rato.
Y así podemos seguir indefinidamente, desarrollando
las posibilidades del fantasma contenidas en su misma
definición: De cómo Mr. Pittiflauts de Oklahoma fabricó, él
solo, un automóvil; de por qué Mr. Pittiflauts se hurgaba a
dedo las narices; y cuáles, según Mr. Pittiflauts, sean los
mejores modos de cortar las verrugas.- Saldría un cuento,
saldría tal vez una novela. Pero ¿para qué, lector, para
qué? El costumbrismo tiene sus límites y es poesía de corto
alcance.

agarró un hilo de la madera.
sea imposible explicarse con mayor claridad.

Un día, casi tartamudo de pena, explicó:
La primera manifestación fué muy singular: la Retro no
podá andar hacia adelante, sólo hacia atrás, sólo de espaldas
como esas monjitas que retroceden cuando pasean por sus
patios en dos hileras. Pero, para atrás, la Retro no sólo
andaba, sino que corría, y corría con todo desembarazo.
A poco dió en pedir la cena por la mañana, y el
desayuno por la noche; dió en ponerse unas cofias de
dormir en los pies, y las pantuflas prendiditas en el peinado.
Los calzones se los ajustaba en los brazos, como podía, y
metía las piernas por el sostén-pecho.
No todo paró en exterioridades. También contaba los
números al revés, que era un portento, y relataba los
sucesos en sentido inverso, reculando por la ley de
causalidad. Premiaba al malvado, abominaba del virtuoso.
Sólo aceptaba criados ladrones. Puso la ética de cabeza, de
cabeza la durée réelle del filósofo. Creció para abajo, y al
fin entró en la muerte como lll1 zambullidor en la alberca.
Es de buen gusto callar las extravagancias a que la orilló
su dolencia. Le llamaba vomitar al comer; "mi hembra", a su
marido, obligándolo asimismo a muchas rarezas. Si aél se le
ocurría darle un beso...

-Bueno, ustedes me entienden, vivo en la calle del
Senador Schoking...
¡Acabáramos! ¡Calle del Senador Vergueiro! Bien se ve
que el pobre se había educado en el pueblo donde se dice
•'blanquillos" y •'cilantro' '. Un día, por poco se bate con un
amigo que le preguntó si le gustaban las berzas.
Cuando, en cambio, no hacía la menor falta, se le
escapaba una atrocidad y se quedaba tan fresco, porque ni
siquiera se daba cuenta. ¡Extraña sordera! Oía lo que no,
dejaba de oir lo que sí. Lo de los tapacosas para cubrir
partes que el decoro impide nombrar bien pudo sucederle
a él, que peores Je sucedían.
Fmalmente, y era lo más curioso, se le trababan las
palabras limpias con las intenciones aviesas, y hacía unos
enredos y cruces increíbles: "Estamos dejidos de la. mano
de Dios'', • 'Le costó un ojevo de la cara", etc.
-¿Quién ganó?
-El Fluminense, señora. El equipo del Botafogo se
desmoralizó, porque su portero fué mal herido.

Un día se hizo un daño atroz con el cepillo de dientes.

-¿Cómo así?

Tal es la fantasía de la Retro.

-Lo dejaron ruatro jones más uno.
-¡Ah! ¿Cinco goles?

5

TIJERINA
Tijerina era, ante todo, un cerebral, decadencia de una
raza escogida. Cortés, pulido, pulcro, amanerado y
cuidadoso en el habla y en el vestir, blando y ridículo. Pero
su cerebro tenía una mancha, su conciencia escondía una
arruga: siempre temía decir cosas inconvenientes, se
esforzaba por usar eufemismos y, para mejor arreglarlo
todo, acababa por echarlo todo a perder, como aquel que
citó el refrán del que con niños se acuesta, y puso el
etcétera después de la palabrota. Esta singularidad se
manifestaba en varias formas que admiten ser clasificadas:

-Iones, señora, jones. (Porque él, a la americana,
pronunciaba la c suave como s).
¡Pobre Tijerina! Este transporte de intereses éticos y
léxicos recuerda el caso de Verlaine y Rimbaud, en
Bruselas. El fiscal concluyó así su acusación:
-¿Confiesa el reo Verlaine que disparó contra
Rimbaud?

-Sí.
-¿Y por qué lo hizo, si puede saberse?

LA RETRO

,..,

M

La retro, antes del accidente, era como los demás, como
todo el mwido, y carecía de interés literario. Un día el auto
se le volcó encima. Repuesta de sus contusiones, quedó
afectada de un raro mal. El mal se acentuó con el tiempo:
había descubierto una nueva senda en el tejido del mlllldo,

-Habito -decía sonrojándose- una casita en la calle del
Senador... no Dantas, no, sino la otra.

LA OBRIGADIÑA
La verdad es que la señora Obrigadinha (en adelante,
diremos Obrigadiña para evitar errores de pronunciación
entre la gente de nuestra habla) era toda esferas y
hoyuelos. Se le reían los ojos gachones, se le reían los
senos, las nalgas. La piel le hacía olitas en los brazos, como
a los nenes. Llegó al Brasil, y lo primero que aprendió fué a
dar las gracias: Muilo obrigadinha (muy agradecidita).
Tal era el contraste, o tal vez la armonía secreta, entre
sus inmensas posaderas, sus esferas en aumentativo, y el
dulce diminutivo de aquella su frase favorita, que poco a
poco los amigos dieron en llamarla por el apodo de la
señora Obrigadiña, la de las rotundas obrigadiñas.
La Obrigadiña era hacendosa, era buena; sudaba del
comedor a la cocina, del cuarto de plancha al de bordar. Era
regalona y repostera. Sus manos, palomas regordetas,
maestras de toda labor en miniatura, hadas del gancho y de
la aguja, se las arreglaban, no sé cómo, para gobernar los
tejidos microcóspicos del hilo y la tela.
Modelo de esposas, madre gazmoña, educaba con
preceptos y consejos almibarados a su hija única, una
muchachota más seca y ardiente que la yesca. Atendía con
desvelada minuciosidad a aquel desvencijado camello que
resultó ser su varón.
A no ser por su inmaculada ternura, hubiéramos creído
que sorbía en sí, como un vampiro, la materia y la
materialidad de su familia y hasta de la gente que vivía en su
casa. Las criadas mismas enflaquecían a su lado. Los
vecinos le mandaban de visita a sus muchachos rechonchos
como a una estación dietética, porque invariablemente los
devolvía en media hora más aligerados de peso. Iba y
venía, no le pesaban las carnes, poseía la rara agilidad de la
gutapercha. Rodaba, botaba, rebotaba, y se le reían,
temblando, los hoyuelos.

-Por amor.

4

Veía inconveniencias donde no las hay, aguzando de
un modo enfermizo el don del equívoco y del retruécano.
Vino a Río de Janeiro. No había manera de obligarlo a
mentar la calle de su casa.

6

-¡Ya ven ustedes, señores, el acusado confiesa que
es

sodomista!
-Ita, señor fiscal.
-¿Se atreve usted a interrumpirme?

-Ita, y no isla, señor fiscal.
En esta historia de Tijerina, el cronista lamenta

que le

Era irremediable el verla y soltar la risa al instante.
Sobre todo porque resultaba imposible no pensar, más que
en ella, en sus obrigadiñas, de que su persona toda era
como la expresión exagerada. Allá, detrás de la cintura, las
obrigadiñas subían, bajaban, se mecían, giraban, asumían
autoridad propia, voluminoso parangón de los senos.
Lástima que no las llevara a la vista en un descote, como
asomaditas al balcón; mellizas de pitagórico magnetismo;
centro, cifra, gravitación de su ser, coordinación de su

....

w

�geometría física y moral, cuerpos gloriosos.
Los maestros de esgrima suelen hablar de "la tentación
del vientre". ¡Qué si vieran esto! Aquí sí que se reducía el
mundo al compendio. Dondequiera que ella se presentaba,
todas las líneas de equilibrio parecían converger hacia allá
y la pesantez padecía una declinación apreciable, la
perspectiva de los espacios se refractaba, las verticales se
inclinaban, las horizontales subían o bajaban un poco, las
rectas se curvaban en tomo a ella, se hacían cóncavas para
acariciarla o contenerla, como unas manos mimosas.
Los eruditos, al verla, recordaban a la primera Venus de
Wil/endorf (Museo de Historia Natural, Viena).
Esta era la Obrigadiña, la de las orbes elocuentes.

7

MELCHOR EN CARRERA
Melchor entra en la historia con un aire de héroe del cine:
joven lustroso y afeitado, elegantemente vestido y con
aquella levedad que comunica el deporte mientras no llega
a las exageraciones atléticas.
Melchor llama a una puerta. Nadie, ni él mismo, sabe a
qué iba. La puerta se abre sola y se cierra sola tras él.
Melchor ha caído en una trampa. ¡Y qué trampa!
Es un inmenso palacio de profundos y anchurosos
salones, casi sin muebles.
De tiempo en tiempo, un objeto absurdo; por ejemplo,
un orinal lleno encima del piano, un pájaro que revolotea
en el agua de una pecera, un ahorcado que cuelga en la
barra de una cortina, un caballo-mecedora sobre el cual
cabalga un gatito.
Se acerca un lacayo de librea y lo precede para
conducirlo hacia el interior del palacio, un lacayo rígido y
mudo que anda con los ojos cerrados, lleva un candelero
apagado y camina sin volver la cara
De pronto, pasan por entre una doble hilera de
sirvientes, todos de diversa estatura y trajeados con libreas
iguales: rojo, plata y blanco. Pero las libreas son de una sola
talla y medida. Al más alto, el calzón corto le hace calzoncito
de baño, le llega apenas al arranque del muslo, y las
mangas, apenas más arriba del codo. Al más bajo, el calzón
le car en generosas arrugas, las mangas le cuelgan como en
los muñones de los mancos.

El desconcierto de Melchor es visible. Comienza a

....

'&lt;t

"perder' la línea", el buen aire. Ya está todo fruncido de
inquietud y de desazón, el semblante olvida el señorío,
envejece por instantes, le crecen las barbas, el traje se le
pone viejo. ¿Habrán transcurrido varios años durante el
misterioso desfile? En vista de la unidad de tiempo que han
dictado los preceptistas, apenas osamos admitirlo; pero así
es, pese a los códigos.
Melchor siente la necesidad de respirar aire puro, se
acerca a la ventana. Lo que ve en la calle acaba de
desconcertarlo: Es el amanecer, el cielo está gris, llueve un
poco, que es el modo peor de llover. Pasa, sin ruido, un
carro de la carne. Del carro cae, en la curva, una res
desollada, muy rembrandtesca, que al punto encharca el
suelo de sangre. Los hombres del carro, con brazos
musculosos y remangados, bajan a recoger la res. Pero se
han juntado algunos transeúntes y los miran con tan
espantosa fijeza que los carniceros, silenciosos y
atemorizados, abandonan la pieza, trepan presurosamente
en el carro y se alejan a toda prisa.
Melchor cierra la ventana horrorizado, los pelos de
punta. El mayordomo lo lleva entonces hasta una especie
de teatro que se abre al extremo de una galería. Melchor es
el único espectador a la vista. La escena representa un
retablo holandés del Renacimiento, acaso un cuadro de
costumbres a lo Teniers. Giran de pronto los bastidores, y
aparece el Gabinete Famoso del Doctor Jeringa.
El Doctor, con ayuda de una grúa, mueve
trabajosamente una jeringa gigantesca y la aplica por un
orificio del telón de fondo. Se oyen gritos, se adivina del
otro lado al paciente, sin duda sujeto por los ayudantes del
Doctor, como el chino del cuento, pues el telón tiembla y se
sacude.
De pronto, el "facultativo" se vuelve hacia la sala y
señala con el dedo a Mclchor. Los ayudantes -enormes caras con piernas y brazos, disparates de Jerónimo Bosco-,
salen a escena, saltan de las candilejas al patio y quieren
apoderarse de Melchor.
Este, ya enloquecido, echa a correr por una puerta de
incendio, da en un callejón lleno de luz, cuyo espacio
mismo parece hecho de pestañas de acero, de espadas
delgadas y flexibles, donde el fugitivo va dejando el traje y
el pellejo. Sigue huyendo sin hacer caso de sus heridas.
Hasta que, sangrante y desnudo, verdadero Marsyas
desollado, desemboca sobre una balsámica cuna de
algodón en que están cantando los ángeles.

III
(Adolecen)

CANTO DEL HALIBUT

Epopeya atávica
Cuaderno primero de la

En la orillita del marflordelicado,
comulgan negros en miel de halibut.

En la oril/ita del marjlordelicado,
suspiran negros lamiendo el halibut.

Bibliotheca
En la orillita del marflordelicado ,

Hipoglossia
1928

negros desmayan, roncando el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
fallecen negros en mal de halibut.

1
Edición algo critica

IV

I

(Danzan)

(Llegan)

En la oril/ita del marflordelicado,
¿qué hacen los negros? ¡Métenle al halibut!

En la orillita del marflordelicado,*
llegan los negros tañendo el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
negros danzantes engendran halibut.

En la orillita del marflordelicado,
copiosos negros en pos del halibut.

En la orillita del marflordelicado,
furia de negros, pasión del halibut.

En la orillita del marflordelicado,
jeta de negros, lechal de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
negros latientes violando el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
hedor de negros asfixia el halibut
V

(Orgía)

11
(Beben)

En la orillita del marflordelicado,
bufan los negros y alumbra el halibut.

En la orillita del marflor.delicado,
pisan los negros la paz del halibut.

En la oril/ita del marflordelicado,
zumban los negros, corona en halibut.

En la orillita del marflordelicado,
antiguos negros peinan su halibut.

En la orillita del m{J.rflordelicado,
piernas de negros enredan halibut.

En la orillita del marflordelicado,
negros untados en luz de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
sartas de negros, estaca en halibut.

En la orillita del marflordelicado,
liban los negros la flor del halibut.

Y tal es el caso de Melchor en carrera, caso único si los
hay, caso inaudito.

*El lector puede dispensarse de leer este estribillo monótono, pero la
probidad filológica nos obligaareproducirlo. "Ilalibut" debe pronunciarse
siempre como pá1abra aguda, para distinguiilo de &lt;l10s monstruos. N. del E.

_)

......

VI

�VI
(Crimen)

En la orillita del marflordelicado.
sangre de negros, puñal de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
aspas de negros en cruz de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
cierran los negros la rosa en halibut.
*

VII
(Libertad)

En la orillita del marflordelicado,
ojos de negros punzando el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
dardos de negros erizan halibut.

En la orillita del marflordelicado.
negros altivos matando a Halibut.

En la orillita del marflordelicado.
¡La Independencia del Negro Halibut!

•Lamentable 1agma en todos los~ colacionados. N. del E.

episodio? La escuela histórica se empeñó en situarlo en lllJa
Batavia inmemorial, isla de Holanda, o fantástica, como la
Pancaya de Evhemero, alegando que, por corrupción oral,
se llegó a decir "atávica" donde debió decirse "batávica", o
canción heroica de los bátavos. Pero esta hipótesis está ya
mandada retirar. El pueblo que preservó este poema
ignora sus orígenes y, prácticamente, su significado. Se
supone que fué revelado por "aura", inspiración o
regüeldo de la subconciencia colectiva. Tal vez el episodio
carezca de realidad histórica o sea un resumen de hechos
dispersos. No es dable atribuirle escenario determinado.

m. Naturaleza del episodio. El as\DltO es también
incierto. ¿De quién, de qué se trata a lo largo de estos
singulares versículos? Sólo sabemos que es un canto épico,
aunque el género atávico ha dejado también ilustres
manifestaciones, harto conocidas hoy día, en los órdenes
líricos, idílicos, elegíacos, pastorales, etc. Pero el género
atávico descubre sus rasgos con mayor relieve en la épica,
por lo mismo que aquí parece presentar hechos vividos,
prevividos, postvividos o subvividos.
IV. El héroe desconocido. El héroe, el halibut, es
también un tanto enigmático. En verdad, hay dos héroes, o
un héroe y un coro con dignidad de personaje activo y
colectivo: el halibut y un pueblo de negros que comulga
con sus despojos, se emancipa y redime tras de someterlo al
sparagmós o despedazamiento dionisíaco. El coro no
ofrece problema. Pero ¿y el halibut? Por veces parece un
aparato de música, un bigarro transformado en trompa
marina, una lámpara, un astro, un utensilio de uso más o
menos lúbrico, un instrumento de tortura, una flor
venenosa, un manjar, un licor sin duda aguardentoso Y
embriagador, una hostia sacra, un totem, una parte del
cuerpo consagrada por el ritual erótico, un elemento del
paisaje, una atmósfera, un estado de ánimo...Hacia el final
del poema, el héroe se ha personalizado en un ser.

2

V. El vago asunto. Hasta donde puede colegirse, se
Comentario
I. El género confuso. Narración poética de un suceso
heroico, alguna emancipación nacional, costumbres rituales
y orgiásticas de una raza vetusta y desaparecida, moradora
de playas después sumergidas por cualquier catástrofe
terrestre. Epopeya que se ha dado en llamar "atávica u por
ser resultado, más que de un propósito consciente, de una
perpetuación inconsciente, precipitación de tradiciones,
visiones étnicas, emociones folklóricas fijadas en los
nervios de un pueblo acaso por amontonamiento
hereditario, y reveladas de repente por un poético estallido
de salto atrás.
\()

......

II. Lugar y época. ¿Cuándo, dónde aconteció el

cuenta la historia de una tribu primitiva o bien decadente,
sensual, sangrienta, voluptuosa, refinada y cruel, que suele
embriagarse junto al mar en alguna celebración mágica o
fiesta mística, y luego da muerte a un dios para
incorporárselo por manducación o bebida, y bajo cuyo
poder se retuerce en éxtasis y espasmos, para acabar en
alaridos de libertad. El final viene a ser un balandro de
independencia, un 16 de Septiembre irreal y crepuscular.
La gernebunda raza marítima afirma su autonomía
devorando al Antiguo Régimen. Las mesnadas iracundas
parecen clamar: "¡Sufragio efectivo: no reelección!" Y se
oyen los tumbos del mar, o se adivinan.
VI. Consideraciones antropológicas. Se dice: "negros"•

Es dudoso que esta denominación corresponda a un tipo

norteamericano, pegajoso e insípido, que es el hipogloso

étnico definido. Parece una traducción sonambúlica de la
barbarie, del primitivismo tal vez, o de la crueldad
voluptuosa. O se dijo ''negros'' por' 'morenos'', corno hacen
los argentinos. El lenguaje sintético de la poesía lleva a los
extremos. O es una denominación cariñosa, así como quien
exclama: "¡Mi negra!", por: "¡Oh dama de mis
pensamientos!" Hasta aquí las actuales investigaciones.

(halibut). X entraba en un raro trance a la hora de las

VII. Reflexiones estilísticas. Siete estrofas o laisses de
cuatro dísticos cada una, caracterizados éstos por la rígida
simetría del fraseo. Métrica no registrada en los
reglamentos aduaneros. Recurrencia léxica, reiteración
encaminada a provocar el sonambulismo. El primer verso
de cada dístico se repite hasta el aturdimiento. Estética del
Rimbaud Ebrio y del Suprarrealismo Soluble. El verso
reiterado crea un marco para el movimiento del poema, un
fondo marino sobre el cual resalta el cordón de negros, con
lejanas circunflexiones de olas. El verso reiterado es un
friso. Si la repetición recayera sobre el segundo verso del
dístico, lo llamaríamos letanía. "En la orillita del mar
flordelicado": de aquí fluye todo el poema, como de una
fresca banda azul que escurre y destiñe sobre una pared
inmensa.
VID. Elementos del friso: a) "Orillita" es diminutivo
perverso, putrefacción oriental, cosquilla y tortura
chinesca, puñal en miniatura, juguete de la Nao de China,
flor japonesa, opio, cocó y qué sé yo. "Orillita" punza y
taladra, hace un rechinido de sierra. A la vez, purifica los
contornos nítidamente, como un buen dibujo lineal, y crea
un contraste paradójico y cristalino con la emanación
sofocante y embriagadora del episodio. b) "Flordelicado".
Hemos hablado de olas circunflejas. ¿Olas en figura de flor
de lis? ¿"Flordelicado" como el "camarín" de Efrén
Rebolledo? ¿Modernismo ya? ¿Delicada flor de lis?
¿Motivo de un muro cretense, lo que nos llevaría muy
lejos? Todo puede ser. "Delicado" es adjetivo exhausto,
gastado al uso. "Aordelicado" vale mil veces más.
Equívoco, calambre mental, contagio entre dos o tres
palabras, cruce léxico, secreteo entre varias ideas.
Completa ecuación verbal, ella estaba en la mente de Dios
esperando que la nombraran. O cayó de la Divina Corona,
corno en la Cábala los signos hebreos de la escritura.

IX. Hipótesis psicoanalítica. Hay un punto de vista
audaz, y no podernos disimularlo. El poema, según esto, no
sería un poema antiguo, sino un vuelco de atavismo, un
hundirse hacia el pasado profundo, un tragarse a sí mismo
acontecido en la mente de algún falsificador moderno. X que así conviene llamarlo- viajaba entre Nueva York e
Inglaterra en un barco de la Larnport &amp; Holt. Le servían a
bordo, con desesperante frecuencia, ese pescado

comidas. Nada recuerda. Sus compañeros de viaje lo han
revelado a los investigadores, entre muchas reticencias y
no escasos melindres. La palabra de la minuta, leída al
descuido, se le encaminó a X por los estratos del alma hasta
el yo profundo y hasta el "ello", a modo de virus filtrable. Y
un día salió a flor de labios en el poema que admiramos,
convertida en el propio nombre de nuestro Héroe
Desconocido. Y es evidente que el halibut del poema tiene,
en efecto, un no sé qué de pescado, un aroma entre
repugnante y atractivo de fauna marítima, ambivalencia
característica de todas las emociones sagradas, que incitan y
rechazan, seducen y aterrorizan. X, al acercarse la hora de
las comidas, oía siempre ese tañido de como o cometa con
que se anuncia a bordo el servicio, y dió en llamarle a esto
"el tañido del halibut". El tañer del halibutestaba a cargo de
un negro: otra explicación más de las asociaciones
musicales del halibut y de los misteriosos negros que
aparecen en el poema.
Los compañeros de X declaran que éste les hablaba
frecuentemente de cierta página en que la Condesa de
Noailles describe a un príncipe cazador, persa o indio,
revestido de seda y de colorines como en las antiguas
miniaturas, montado en un caballo blanco, que echa atrás el
busto para tirar del arco y lanzar la flecha. Pero la poetisa,
en vez de considerar este movimiento como una torsión
vigorosa, lo considera como "un desmayo". Esta reducción
del esfuerzo a una abandono, esta interpretación de la
energía como flojedad -perfectamente compatible con la
física superior-, es la sangre misma del poema, si bien se

mira.
Ahora bien, aun admitiendo esta hipótesis tan
desconcertante en apariencia (y que parece corroborada
por el hemistiquio de la estrofa IV: "¡métenle al halibut!",
forma dialectal sólo conocida hasta hoy en un pueblo
contemporáneo), queda la posibilidad de que el falsificador
moderno haya recogido en sus inspiraciones, de modo más
o menos consciente -pues no es de desecharse del todo el
caso de la ilwninación y del salto atrás- algunos elementos
de una tradición vetusta y casi perdida. No sería la primera
vez que MacPherson sorprende al mundo con los cantos
de Ossian.
X. Problemas de edición. El poema no se presentó de
una vez en su orden lógico, sino en estado fragmentario y
disperso. Los eruditos han tenido que recomponerlo y
organizarlo, cambiar los versos de lugar como lo hacía
Renan para el Cantar de Cantares, y defenderse contra la
tentación de las supresiones o interpolaciones, tentación
que ya padecieron los diaskevastas homéricos en la Atenas

......
-.J

�de los Pisistrátidas. Poco a poco, el rompecabezas llegó a su
arquitectura probable. Singularmente, los dísticos de los
versos 7 a 1O, 13, 15, 20 y 34 cambiaron varias veces de sitio,
como lo apreciará quien consulte los Mss. fundamentales
del poema.

En su forma actual, que los gramáticos futuros_sin duda
rectificarán todavía, el poema resulta bastante legible,
dividido en sus siete estrofas, a las que los editores han
puesto títulos o indicaciones entre paréntesis para facilitar la
comprensión del texto.
Es innegable que hubo algunos parpadeos o eclipses, y
es lamentable la omisión o pérdida de un dístico en la estrofa
VI. que rompe la ley de la simetría, y por cierto interrumpe
el sentido en un momento bastante escabroso, dando lugar
a feas sospechas.
XI. Consideraciones finales. Con ser un residuo del
pasado, el poema parece destinado a un gran porvenir.
Nada diremos del presente porque, como todo el mundo lo
sabe, el presente no es un tiempo de la conjugación poética.
El fenómeno poético corresponde siempre a un pasado o a
un porvenir, reales o imaginarios. El presente nunca es
poesía, sólo acción.
El porvenir reservado al poema que aquí estudiamos es
realmente incalculable. El Canto del llalibut es un poema
todavía vivo y en constante transformación. Prende en el
lector como un contagio, lo arrastra en su ritmo y en su
fluencia verbal, y ofrece, a la vez un molde fijo, tan fácil de
aprovechar que todos nos sentimos bardos, todos
inclinados a seguir añadiendo estrofas por nuestra cuenta:
cristal donde todavía pueden tallarse nuevas facetas,
fórmula abierta de la celulosa que puede acrecerse
incesantemente en perspectiva indefinida. El elemento ya
coagulado del poema, el verso fijo, el friso, deja el hueco
para nuevos elementos líquidos y cambiantes. Y así, el
Canto del Halibut apenas parece un punto de arranque
para muchos desarrollos posibles. Todos guardarnos
algunas especies halibutianas en el fondo del alma, que se
desatarían en versos a la más leve provocación, como una
improvisada selva de ritmos.

....

00

Pronto, para entregarse a este saludable ejercicio
(catharsis del filósofo griego: lo que se expresa ha dejado
de padecerse), se ha creado una sociedad poética, el Club
del Halibut, cuyos miembros trabajan en colaboración;
aunque no faltan las disidencias, los bandos, como siempre
acontece. Unos reclaman la mayor libertad para seguir
pescando nuevos versos en los lodaceros del
subconciente, pues el Halibut es un pez que desova
siempre en el fango, y los adeptos de esta escuela
representan algo como la extrema izquierda del Club. En

cambio, otros -la extrema derecha, a la cual pertenece la
edición aquí presentada-, buscan precisamente la
aproximación al arquetipo, al poema escrito y creado ya de
toda eternidad en el seno de las Normas. Pues así como hay
ráfagas eléctricas, o cósmicas o lo que sean, que Cl1J7.ail el
universo en todos sentidos, así los versos andan por ahí,
solos y autonómicos, como mariposas, esperando que logre
atraparlos la afortunada red del poeta. Según esto, cabrían
aproximaciones, intentos, retoques, pero no una
rcclaboración perpetua del Canto del Halibut. No
conviene que en torno al canto se consienta una flora
parasitaria y caprichosa.
Pero los derechistas, en la aplicación social de sus
principios, han llegado a la exageración. El Club ha sido, en
el origen, algo como un club deportivo y juvenil, un club de
regatas instalado en alguna playa, y ahora pretende
estúpidamente transformarse en una ponderosa Academia
del Halibut, lo que pronto conduciría a la anquilosis.

VIA LIBRE

Nosotros, como editores, hemos tenido que adoptar
provisionalmente el punto de vista de las derechas, a fin de
ofrecer un texto preciso. Pero nuestras íntimas simpatías se
inclinan a un izquierdismo mesurado, lo que se ha llamado
de tiempo a esta parte el Frente Popular del Halibutisrno.
Presentimos, en efecto, que, cuando hayamos logrado
sacar de los mantos profundos -pozos petrolíferos
insondables- millones y millones de versos, la sustancia
infinita del Halibut expresará todos los anhelos humanos de
todas las humanidades posibles de ayer, de hoy y de
mañana. El ser del hombre está todo contenido, construído,
en la sustancia del Halibut. Cada uno de nosotros es tan sólo
una pequeña cristalización, un diminuto y pasajero
equilibrio del Halibut, del Panhalibut de la Creación. El
Canto del llalibut, leído atentamente, despide ese tufillo
inconfundible, ese olor de barro original, de légamo
bíblico, en que el padre Adán fué modelado.

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-

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�Dibujo de E/vira Gazcón

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Venganza literaria</name>
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