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                  <text>�FACULTAD DE FILOSOFIA Y
COLEGIO DE PEDAGOOIA

CUADERNOS DE PEDAGOOIA
CUADERNO No. 2

�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON:
Rector / doctor Luis E. Todd;
Secretario / licenciado Jesús
Lozano Díaz.
FACULTAD DE FILOSOFIA
Y LETRAS:
Director / licenciado Tomás
González de Luna; Subdirector / licenciado Juan Angel
Sánchez; Secretario General /
licenciado Herón Pérez Martínez; Jefe de la División de
Estudios Superiores / licenciado Bernardo Flores Flores; Coordinador del Colegio
de Pedagogía y de la Maestría
en Enseñanza Superior/ licenciado Mario A. Aguilera Mejía; Coordinador General del
Instituto de Investigaciones y
del Departamento Editorial /
doctor Juan José García Gómez; Ayudante / profesora
Ernilia López Portillo.
Diseño / Coordinación del
Departamento Editorial &lt;le la
Facultad de Filosofía y Letras.

\

•

�Cada autor es responsable de su texto.
Toda correspondencia debe dirigirse a:
Coordi11ador del Departamento Editorial de la
Facultad de Filosofía y Letr~e la Universidad
Autónoma de Nuevo León. ~artado Postal 3024.
Ciudad Universitaria. Monterrey, Nuevo León,
~1éxico.

�Todo pueblo que alcanza un cierto grado de
desarrollo se halla naturalmente inclinado a practicar la educación. La educación es el prmcipio
mediante el cual la comunidad humana conserva
y trasmite su peculiaridad física y espiritual. Con
el cambio de las cosas cambian los individuos. El
tipo permanece idéntico. Animales y hombres, en
su calidad de criaturas físicas, afirman su especie
mediante la procreación natural. El hombre sólo
puede propagar y conservar su forma de existencia
social y espiritual mediante las fuerzas por las cuales la ha creado, es decir, mediante la voluntad
consciente y la razón. ( ... ) Pero el espíritu humano lleva progresivamente al descubrimiento de
sí mismo. Crea, mediante el conocimiento del
mundo de exterior e interior, formas mejores de la
existencia humana. La naturaleza del hombre, en
su doble estructura corporal y espiritual, crea condiciones especiales para el mantenimiento y la
trasmisión de su forma peculiar y exige organizaciones físicas y espirituales cuyo conjunto denominamos educación. En la educación, tal como
la practica el hombre, actúa la misma fuerza vital,
creadora y plástica, c¡uc impulsa espontáneamente
a toda especie viva al mantenimiento y propagación de su tipo. Pero adquiere en ella el más alto
grado de su intensidad, mediante el esfuerzo consciente del conocimiento y de la voluntad dirigida
a la consecución de un fin.
Werner Jaeger, Paideu1

�PRESENTACION
En el número anterior, primero de esta Serie,
se presentaroq contenidos del área de Didáctica,
exponiéndose la programación por objetivos así
eomo sus fundamentos teóricos, filosóficos y psieológicos. Toca ahora el planteamiento filosófico
del fenómeno educativo, para así eonocer los fundamentos que enriquecen a la Pedagogía corno
ciencia.
En la actualidad, la Filosofía se ha visto relegada a un segundo plano debido, tal vez, a la
importancia desmedida que el hombre da a los

......__.___

�avances científicos y técnicos. Como afirmaba
Bertrand Russetl, nuestra preocupación por las
cosas exteriores y nuestra negligencia en considerar los objetivos meramente humanos, han dado
como resultado nuestra habilidad para controlar
las fuerzas de la naturaleza exterior, sin haber
logrado dominar las fuerzas de nuestra naturaleza
interior. Nos hemos preocupado por perfeccionar
los medios; pero se han confundido y descuidado
los fines. Vamos rápido sin saber a dónde.
En la mentalidad común se identifica la Filosofía con cualquier cosa, desde dichos ingeniosos y
observaciones caseras hasta profundas definiciones
metafísicas que sólo algunos pueden entender. No
hay una idea precisa de lo que es la Filosofía. Pero
en gran parte esta confusión se debe a la mala
enseñanza por parte de personas mal preparadas
para manejar esta materia. Los llamados "cursos
introductorios" o "problemas filosóficos", que se
imparten en nuestras escuelas, son dictados muy
a menudo por maestros cuya preparación corresponde a otros campos y que los consideran como
asignaturas de relleno o "culturales", en vez de
darles oportunidad a los egresados de la licenciatura en Filosofía.

La finalidad de la Filosofía de la Educación
no se limita a una mera información cultural, sino
a la capacidad de hacer frente a los problemas
prácticos del campo educativo en términos de
principios generales. Cuando Dewey definió la
filosofía como teoría general de la educación, quiso
señalar que es en la educación donde la Filosofía
debe poner su mayor énfasis, pues una Filosofía
que no tenga nada que decir a la educación resultaría estéril ya que no incidiría en la cultura
de un pueblo. Disciplina necesaria para ouien
se dedique al campo educativo, pues si la educa-

ción es una actividad centrada en el hombre, en
los valores y fines de su vida, se deberá tene~ una
idea clara del valor, de la naturaleza de la vida ,Y
recurrir a la Axiología, a la Eti&lt;.:a, a la Ontolog1a
y, al tratar de distinguir entre_ lo ;'~rdadero ,Y lo
aparente, entre las verdades c1enhhc~s ,Y las d~claraciones propagandísticas, se r~curnra a _1~ Logica y a la Epistemología y as1 descubnra las
verdades aparentes, los argument~s falaces, l~s
afirmaciones ambiguas, las declarac10nes demagogicas y otros dispositivos mediante los cuales se
logra el convencimiento.
Kneller señala que la Filosofía tiene tres aspectos: especulativo, prescriptivo y crítico. Especulativo, cuando es de carácter contemplativo y
conjetural; prescriptivo o norm~~ivo, cuando recomienda valores e ideales; y cnhco, cuando examina conceptos para descubrir sus significados en
difereotes contextos. Estos tres aspectos enfocan
el hecho educativo. La Filosofía de la Educación
procurará interpretar el_ fe~1ómeno edt:cativo enseñando un sentido de fmahdad, una busqueda de
significado y un interés por la verdad.

Mario A. Aguilera Me;ía
Ciudad Universitaria, marzo de 1977

�FILOSOFIA DE LA EDUCACION

-Estructura y Fines del Proceso Educativo-

Agustín Basave Femández del Valle

�•

1

Cada hombre, en su vida espiritual, busca ~
encuentra, conserva e incrementa ac1uel núcleo
de su ser -principio de forma y de desarrolloque Aristóteles denominó entelequia. Cada ser procura autorrealizarse formalmente. No se puede
llegar a ser el que se debe ser sin tomar en cuenta
esta "forma acufiada que viviendo se desarrolla", al
decir de Goethe. Hay un proceso espiriforme ele
superaciones c¡ue conduce al autodesenvolvimiento. Por muchas autotransformaciones que sufra
siempre retorno al princ.:ipio de la mismidad personal. Puedo cambiar de circunstancia y de situa-

15

�ción, puedo emprender nuevas aventuras espirituales y nuevas experiencias, pero siempre voíveré
al núcleo de mi vocación incanjeable. Hablo de
aptitudes, de inclinac:iones, de talentos, de disposiciones y de limitaciones constitutivas. Se suele
recorrer un largo trecho en la vida para encontrar
la mismidad que parec:ía tan próxima. Voces interiores y trato con el mundo nos anunc:ian lo que
debiéramos hacer a todo trance. La existencia humana tiene -qué duda cabe- un carácter misivo,
misional, desde el momento en que estamos implantados en ella por la amorosa voluntad de un
Ser fundamental y fundamentante.
Cuando el individuo se ha auto&lt;lesenvuelto
con el concurso de los educadores, puede recorda;
aquella frase idealista de Schiller: "Está en tL tú
mismo lo produces eternamente" ( "Worte ·des
Wahns", 5a. Estrofa, últimos versos). Toda reflexión sobre sí mismo, por profunda que sea no genera "ethos", no suple jamás la formación moral
de sí mismo. La fuerza de la individualidad es
sólo un punto de partida que se encuentra, muy
pronto, con la ampliación de la "humanitas". En
la formación universal el individuo no se limita a
conocer realidades, sino que las engloba de modo
voluntario y estimativo. La forma interior alberga las exigencias constantes y perentorias de la
moral y las dúctiles y cambiantes necesidades culturales. La fantasía nohle v pura tit;llC su sitio
también, en el modelado interior. Fantasía crea~
tiva y sintética que no tiene por qué estar a espaldas de lo objetivo, muy lejos de las leyes ocultis
de la vida. No se trata, en manera alguna, de un
desvanecerse en miles de direcciones. sino de lograr aquella "enérgica centralización del espíritu"
que nos recuerda Eduardo Spranger. Dic:ho a
nuestro modo: trátase del descubrimiento de la

propia vocación, del fondo modelador insobornable que nos ha sido conferido.
Toda nuestra existencia transcurre aprendiendo y enseñando, dentro del amplio "achevement"
cultural y popular. Protegemos la continuidad de
una sana evolución de ese "achevement" contra
las conmociones &lt;le los bárbaros v &lt;le los ilusos.
Hay quienes reducen la educación ·a mera técnica.
Tal es el caso de Nicola Abbagnano: "En general,
este término -nos dice- señala la trasmisión v
aprendizaje de las técnicas cultui:ales, o sea de lás
técnicas de uso, de producción, de comportamiento, mediante las cuales un grupo ele hombres está
en situación de satisfacer necesidades, de protegerse contra la hostilidad del ambiente físico y
biológico, de trabajar y vivir en sociedad en una
f.orma más o menos ordenada y pacífica. Ya c¡ue
la totalidad &lt;le estas técnicas se denomina cultura".
( "Diccionario de Filosofía", pág. 370, Fondo &lt;le
Cultura Económica, 1963). No parece advertir, el
conocido filósofo italiano de nuestros &lt;lías, que el
desarrollo anímico del educando sólo puede ser
influído por valores y no por técnicas. Nada nos
dice, además, de la formación de fuerzas que importa más, en materia educativa, que la transmisión de saber. La educación está dirigida a la totalidad del espíritu encarnado y a su posición
frente a la totalidad del universo. Si con ello se
dice que la educación está permeada siempre de
un espíriht religioso, no retrocederemos ante esa
afirmación.
Mucho más cerca nos sentimos de Eduard
Spranger cuando entiende la educación como "un
comportamiento muy complejo que tiene que
adoptar una forma especial, &lt;le acuerdo con la
edad y la esencia del hombre en desarrollo" ( "Reflexiones sobre el desarrollo de la existencia", pág.

17
16

�143, Editorial Los Libros del Mirasol, Buenos
Aires lgo4).
El ilustre filósofo germano destaca tres elementos principales en la educación:

l. Ayuda en el desarrollo, a la que los griegos llamaron crianza. Atención respetuosa del proceso evolutivo que es "cuidado" de algo vivo y
no mera técnica.
2. Transmisión selectiva y directa del acervo cultural. No puede haber una apropiación de lo
ofre&lt;.:ido, sin actividad interna.
3. Si la meta es un espíritu despierto, es preciso
orientar al material en gestación hacia su· propio interior. Acaso ese despertar fue descubierto por Sócrates cuando nos instaba a la
búsqueda de la conciencia moral, cuando nos
instigaba, a generar, en nosotros mismos, una
última fe. Los educadores no podrán, con su
autoridad y tradición, dar al hombre la certeza que él mismo debe generar. Pueden eso sí,
"conducir al educando hacia sí mismo, hasta
que encuentre en su núcleo más íntimo las
eternas estrellas guías que alumbren la existencia con un brillo que no empalidece ni en
la hora de la muerte" ( Eduard Spranger: Opus
cit., pág. 145). No se puede ser educador sin
ser conocedor del alma humana, sin comprender al educando que plasmará en sí, la forma
interior de su "humanitas". Nada de distorsiones ni de proyectos hechizos. Sabemos que
los adolescentes penetran a tientas en el alma
formada de quienes les educamos, para animar sus propios sueños y proyectos. De ahí la
importancia insoslayable de la comunión pedagógica, de la pedagogía del encuentro.

18

"Encontrar" significa hallar algo que surge
frente a nosotros y que nos ve surgir frente a él.
Equivale al término alemán "Begegnung" ( reforzativo de "Gegnun g", oposición) . Porque en el
encuentro hay polaridad, enfrentamiento mutuo.
De este enfrentamiento surge una mutua sacudida psíquica, un enajenarse cada cual en el otro
-corno lo han apuntado en Alemania autores como Roth, Stocker y Ade1mann- ctesatena1endo
cuanto ocurra en tomo, y un resultar ambos enriquecidos, modificados, transformados, del episodio. El "encuentro" se verifica, propia y primordialmente, entre personas. Trátase de una relación radicalmente humana. Al término del contacto "nos encontramos distintos". Por extensión
analógica, se dice que ciertos objetos y situaciones, que se nos enfrentan, nos sacuden, nos enriquecen y nos transforman.
Encuentros de máxima trascendencia ed11c:.1dora son los de los estudiantes universitarios con
sus maestros en la clase magistral, el coloquio, el
trabajo de seminario o de laboratorio, la asesorí::1.
académica. La Escuela, con estos "encuentros",
lleva al discípulo al aire libre, le desentumece con
el asombro, le ayuda a comprenderse comprendiendo al conviviente. Esta pedagogía del encuentro no se confunde con la intuición artificiosa y el
verbalismo pedante, ni se enquista a un experimentalismo positivista. No se trata de invalidar
la sistematización cultural -teoría, abstracción,
definición- sino de vivificarla, de humanizarla.
Leopold Prohaska, director del Instituto de
Peda~ogía Comparada y profesor de la Universidad de Salzburgo, ha emprendido uua penetrante investigación en su libro Pedagogía del Encuentro, empezando por mostrar que "el encuentro
aparece primeramente en los espacios físico y psí19

�quico, pero únicamente como premisa del encuentro propiamente dicho, que sólo se produce en
toda su autenticidad en el espacio neumatológico"
( Leopold Prohaska, "Pedagogía del Encuentro",
pág. \J9, Ed. Herder). Inicia su investigación con
una fenomenología del encuentro, porque el yo necesita percibir lo físico y sentir lo psíquico del otro
yo antes de que pueda experimentar el encuentro
con el tú en el espacio neumatológico. En este último encuentro -nos advierte- no hay la precisión
de las leyes físicas ni la previsibilidad de las leyes
psicológicas, sino que se produce y desarrolla en
el libre espacio de lo neumatológico, sin que pueda
predecirse, surgiendo como un regalo, como una
merced, en el momento propicio. Dicho de otro
modo: "Este encuentro es libre y liberador ¡Y presenta las características de gratuidad y existencialidad". En la enseñanza del encuentro hay una
gradual elevación de valor por la que el estudiante
es estimulado a desarrollarse, a pasar de una existencia más pobre a una existencia más rica. ¿Cómo tiene lugar el encuentro entre las generaciones? El verdadero maestro sabe que tiene la misión histórica de transmitir los valores culturales
a la joven generación. Más aún hay que acrecentar el acervo que se va a transmitir. Es cuestión
de responsabilidad histórica de una generación ante la posteridad. Del mismo modo que la cultura
complementa la naturaleza, la creación de escuelas añade a la relación pedagógica dada por la
naturaleza una nueva relación condicionada por
la cultura. Es una tarea social que realiza una
institución vocacional y profesional. Pero la pedagogía institucional no debe debilitar la pedagogía natural que ejercen las generaciones antiguas sobre las nuevas. ¡Cuidado con la pedagogía
burocrática! Los maestros no deben convertirse
en meros funcionarios de una organización tecnológica sin voluntad propia, desprovista de ini-

20

dativa, órgano ejecutivo del Estado. "Los maestros son, oriciaJmente, exponentes de la tarea pedagógica general de un pueblo de cultura. Su actividad persigue manifiestamente la finalidad de
capacitar a la generación en formación para heredar el pasado y forjar el porvenir" ( Ibid., pág.
100) Al que enseña sistemáticamente se le llama
maestro (magíster) porque es magis en relación
con el minar. El proceso de análisis dirigido es la
causa formal. La causa material radica en el objeto personal ( el educando) y el objeto material
( el medio). La causa eficiente estriba en el educador y la actuación. La causa final, en el objetivo, esto es, en la formatio hominis.
El estudiante debe tomar conciencia del triple campo de tensión polar que se extiende entre
él y el medio, el educador y el objetivo. El maestro genuino sabe que la educación es una osada
empresa, una aventura singular en la que es preciso poner toda el alma. En este ámbito del amor
pedagógico, experimentan, maestro y discípulo,
la realización de su existencia. La regla de la dis-tancia exige en lo físico que haya entre el maestro y el discípulo aquel intervalo que requiere el
respeto. La regla de ambivalencia sitúa la relación pedagógica en el conjunto del curso evolutivo, valorando la línea ascendente que sigue,
normalmente, el alumno. La regla de la trascendencia señala al educador una dirección que va
más allá de su propio yo, para llegar al tú del educando. Madurez personal, tacto y tino, formación
profesional son cualidades requeridas en los maestros. En el sentido neumatológico, el maestro actúa sobre la formación de la personalidad del e•;tudiante. Le modela de acuerdo con la peculiar
vocación del educando y la hace realizar en el espacio espiritual de la ofrenda. Penetra en el tú
sin violencia, con la libertad del amor.

21

�La educación es una parte de la actividad pedagógica. Se aplica al aspecto formal ( de formación) más que al contenido material de todas las
actividades humanas. Diríase que a la educación
le interesa más el elemento potencial, germinal,
que el elemento actual. Cultiva inteligencia, memoria, voluntad, sensibilidad estética, emotividad
superior, cuidado físico y buenas maneras... En
este sentido difiere -aunque no se oponga- a la
simple instrucción. Auto-educación y hetera-educación son aspectos complementarios de un mismo proceso. La conducta ejemplar y la palabra
docente se verifican al filo del ejercicio vital tanto
como voluntaria y reflexivamente. El proceso
educativo nos muestra, a las claras, que el hombre
es un animal cultural que se apropia de los productos creados por la vida humana objetivada.
Hay una apropiación espontánea de los productos culturales al lado de una apropiación dirigida
( autodidáctica y heterodidáctica). En todo caso,
esta apropiación hace que la persona se libere de
la estrechez de su realidad presente y extienda su
horizonte hacia una formación superior. Es menester "cuidar con mano muy suave la vida joven
que brota desde el interior y se va modelando"
( Spranger). Hay una instancia superior al propio
yo empírico: el yo ideal. Y entre yo empírico y
yo ideal se da una tensión constante. Resulta tarea en extremo difícil la de llevar al educando
hasta el punto donde se encuentre a sí mismo, donde sorprenda su "mismidad". "Las fuerzas vivificantes de la naturaleza humana fluyen desde
adentro. El arte les ofrece su mano con cuidado
y cautela para que no se destruya lo mejor de ellas:
la individualidad y la totalidad del ser . . . La educación -define Spranger- es la voluntad llevada
al alma de otro hombre, por un amor generoso,
para desarrollar allí la receptividad y la capacidad de formación de esta alma". ( Opus cit. Pág.

22

147). No es fácil conseguir la llave para abrir la
interioridad de los educandos. El educando sólo
puede comprender lo que ya lleva en sí, aunque
sea de manera virtual, difusa, germinal. Observa,
admirado y estremecido, su propio crecimiento, su
metamórfosis cultural. Presiente el profundo sentido de su vocación, la belleza de la totalidad
mundanal, la poética plenitud de un estilo personal. Y si vuelve su mirada hacia los milenios de
historia que le preceden no se envejecerá ni se
distanciará de la vida. No hay que_ olvidar nunca
que lo antiguo y lo nuevo no valen por ser cosa
del pasado u objeto de moda. La cronología no
da nunca una medida para el valor ni es criterio
de verdad. Importa saber seleccionar los bienes
espirituales vivos, de acuerdo con radicales preferencias. J a máxima riqueza cultural de la época en plenitud de conciencia histórica, es ofrecida
al educando por el verdadero conductor espiritual.
Y todo ello sin perder el sentido para lo sencillo,
para lo elemental, ca-existiendo con la majestad de
los grandes valores que exigen nuestra adhesión.
~tás allá de la erudición está el comprender creador. ~tás allá del c¡ue sabe y conoce muchas cosas
está el que posee la fuerza del saber y del conocer
~- del vivir. Yo diría que esta fuerza del saber trasc:ien&lt;lc con mucho el mero saber ach1al. Hay en
esta fuerza del saber como un servicio a la totalidad. La verdadera educación nos vincula a un
orden más alto. Nos dota de una conciencia de
responsabilidad c¡ue sobrepasa el mero vivir y el
c:iego placer. El verdadero educador eleva la anécdota a categoría. vive en función de la eternidad,
introduce en el mundo ele los valores. Dentro de
esa atmósfera moral c:abP la esperanza di' que esos
valores echen raíces en terreno joven. El espíritu
de investigación no puede encasillarse en formas
estereotipadas de antemano.

23

�La eclucac.:ión se aloja en el ser sustancial del
hombre como en su propio sujeto &lt;le inhesión. Trátase, pues, de un ser acc.:i&lt;lental presente y patente
en el orbe de la humana cultura. Porque cultura
o cultivo es la maduración perfectiva de las facultades del hombre. Dcstrucdón y muerte, siempre
al acecho, amenazan la obra educativa. El hombre
es un ser educable. No puede cumplir el imperativo de Píndaro: "llega a ser el que eres", sin la superación y el perfeccionamiento que suponen la
educación. Cabe definir la educación como "la actuali_zación de las potencias accidentales perfectivas mherentes en la esencia sustancial del hombre". ( Angel González Alvarez, "Filosofía de la
Educación". p. 46, Editorial Troquel). O dicho en
forma más lapidaria: se trata de conducir la naturaleza humana a su plenitud. Cuerpo y alma
-constitutivos escenciales del hombre- son susceptibles de educación. Pero como el hombre es
uno, no se da una escisión rigurosa y completa entre educación física y educación espiritual. En última instancia las distintas especies de educación
-física, sensible, intelectual, estética, moral, religiosa-:- deben in~egrarse y ar~onizarse en la personalidad autentica como módulo inconfundible.
Es claro que entre las distintas especies de educación se da una articulación y una jerarquía. La
educación implica una modificación de la realidad
humana. El proceso educativo lleva al hombre a
una. madur~ción cualitativa, a un desarrollo perfectivo. Exige conocimiento del fin y voluntad de
realización. Supone una naturaleza dotada de libert~d. Una na~uraleza, la del educando, que no
es m naturalmente buena ni radicalmente mala.
Una naturaleza susceptible de guiarse por un proceso educativo psicológico-moral. La formación
de háb~tos -proces? psicológico- debe seguir pautas rac10nales y exige permearse entrañablemente
de intención morál.
1

24

El hombre deviene de no educado en educado, por el e1ercicio de las facultades educables. El
maestro sabe que la naturaleza está influyendo
sobre el educando y que la cultura también deja
sentir su acción. Naturaleza y cultura contribuyen
a la educación. Pero la misión de educar corresponde a la familia, a.la sociedad civil, a la iglesia.
"El padre carnal -apunta Santo Tomás de Aquino- participa de modo especial de la razón de
principio, la que de modo universal se encuentra
en Dios. El padre es principio de la generación,
educación, disciplina y de todo cuanto se refiere
al perfeccionamiento de la vida". ( Santo Tomás
~e Aquino, Suma Teológica II-II, q. 102, ~- l. y
lmeas ). El fundamento de esta aseveración reside en el hecho de que '1a naturaleza no pretende
solamente la generación de la prole, sino también
su desarrollo y progreso hasta el perfecto estado
de virtud" ( Santo Tomás de Aquino, "Suma Teológica" III, q. 41, a. 1).
Los padres son, por derecho natural, los educadores natos de sus hijos. Son ellos quienes deben dirigirlos, regirlos y corregirlos. Dirigirlos a
su desarrollo perfectivo por los cauces de su aut~ntica finalidad; regirlos incrementando y propiciando el desarrollo de las virtualidades perfectivas de la naturaleza; corregirlos, enm~ndando y
extirpando los gérmenes que puedan manchar y
degrad~ _l~ naturaleza huma~,ª· La familia, grupo
cu~~ mision es la perpetuac1on de la especie y la
umon regular y estable del hombre y la mujer
Que procrean y educan a los hijos, tiene el valor
de una institución con un estatuto objetivo reglado
por la naturaleza de las cosas. Sobre el Estado
pesa el deber de conformarse al Derecho Natural
~e la familia, manteniendo una política legislativa favorable al grupo familiar. La educación de
los hijos corresponde por derecho natural a los

25

�padres. A ellos toca esc~g_er los educadores que
cofilboren -o les sustituyan- en la educación intelectual, profesional y física. En todo caso, la
educación moral y religiosa siempre corresponderá
directamente a los padres. En materia de instrucción y de educación no debe haber doctrina o
método estatal, sino reglas de ciencia y respeto a
las creencias de los padres.
Engendrar no significa lo mismo en el hombre que en el animal. En todos los lugares y en
todas las épocas, el Derecho Natural ha exigido a
quienes engendren hijos, que les eduquen física y
espiritualmente. La función educacional del Estado es meramente auxiliar, supletoria del derecho
que les corresponde a los padres. Quitar a la familia y a la Iglesia el derecho de educar es caer
en estatismo. Y dentro del estatismo caben igualmente el comunismo o el nazismo que el laicismo
que suscita en los discípulos un prejuicio antirreligioso. El Estado no puede obligar a nadie a que
tome una posición agnóstica o a que profese cualquier otra doctrina. La equidad y la verdadera
libertad, imponen, en el mundo de nuestros días,

la soluci6n pluralista. Que sean los padres quienes
escojan el tipo de escuela que quieran para sus
hijos.
Una sociedad imperfecta como la familia, sólo en el seno de la sociedad civil ( "societas perlecta") puede remediar su imperfección natural. El
Estado, en consecuencia, puede y debe completar
la educación dada por la familia. El educando
nace como miembro de una familia y deviene ciudadano. Pesa sobre el Estado la obligación de
proteger y no absorber a la familia. Es justo y
necesario que los ciudadanos posean el conocimiento necesario de sus deberes civiles y nacionales, que tengan cierto grado de cultura intelectual,

moral y física. Lo exige el bien común. La misión
educaaora del Estado, aunque subsidiaria, es patente. Su sola presencia es de suyo educadora:
sabia legislación, eficaz ejecución y prudente justicia.
El maestro ayuda a la naturaleza, se adapta
a su proceso, provoca y dirige la actividad del educando nutriéndolc de los signos sensibles idóneos
para que interprete y asimile el conocimiento; organiza los hábitos intelectuales y morales del discípulo.
La finalidad de la educación debe estar ordenada al hombre mismo. El fin de la educación
está lógicamente subordinado al fin del hombre.
En otras palabras: el fin de la educación es la perfección del hombre, pero la perfección del hombre
estriba en la posesión de su fin último. El fin del
educador tiene que coincidir con el fin del educando. La perfección primera del hombre abarca
la integridad de su esencia sustancial: cuerpo y
alma. Unidad, verdad, bondad y belleza -propiedades del ente- deben resplandecer en la naturaleza humana considerada en su entidad. La
unidad nos salva del desdoblamiento y la disgregación; la verdad nos conduce a la autenticidad;
la bondad nos libera de los defectos y vicios; la
belleza nos convierte en sujetos de complacencia.
Todas las potencias de que el alma es susceptible
tendrán que ser revestidás o investidas de todas
las perfecciones habituales de que son capaces por
naturaleza o por gratu,ita donación, para que la
naturaleza humana, considerada en su esencia adquiera un acabamiento. Y no olvidemos, ta~poco, que la educación tiene por finalidad servir a la
proyección social y trascendente de la persona humana, disponiéndonos al cumplimiento de la cari-

26
27

�dad, de la justicia, de la segundad y del bien
común.
Si el hombre es constitutivamente afán de
plenitud subsistencia!, el fin de la educación es
la plenitud de la naturaleza humana. Se trata de
formar al hombre, de orientar su desenvolvimiento dinámico. La moral y la sabiduría proyectan
sus luces sobre este arte particularmente difícil.
Sin las armas del conocimiento, la fortaleza del
juicio y las virtudes morales, no se puede guiar al
hombre en su desenvolvimiento dinámico. Somos
esencialmente herederos. La herencia espiritual
de nuestra nación y de nuestra civilización nos
·enriquece y nos compromete. No puede preterirse, en manera alguna, el aspecto utilitario de la
educación, porque el hombre no está constituido
para una vida de puro ocio aristocrático. Pero, "el
fin primario de la educación es la conquista de la
libertad interior y espiritual a que aspira la persona individual o, en otros términos, la liberación
de éste mediante el conocimiento y la sabiduría, la
buena voluntad y el amor" (Jacques Maritain, "La
Educación en este momento crucial", p .27, Dedebec, Ediciones Desclée, de Brower). El segundo
de los fines esenciales consiste en despertar y fortalecer el sentido de las obligaciones y responsabilidades sociales. El hombre y el grupo o la institución van juntos.

La educación debería enseñarnos el modo de
estar siempre "enamorados" y de que nos deberíamos enamorar. Los grandes acontecimientos de
la historia fueron obra de grandes amantes, de
santos, de hombres de ciencia y de artistas; y el
problema de la civilización es dar a todo hombre
probabilidades de ser santo, sabio o artista. ( Sir
Arthur Clutton Brock).

Es preciso favorecer disposiciones fundamentales: "amor a la verdad, amor del bien y de la
justicia; asentimiento a la existencia; lealtad y responsabilidad al trabajo, a la obra bien hecha, sentido de la cooperación '. Es menester atender a ciertas normas primordiales. Primera regla: alentar y
favorecer las disposiciones fundamentales que permitan al agente principal -el niño- prosperar en
las vías del espíritu; segunda regla: interiorización
de la confluencia educativa; tercera regla: asegurar y acrecentar la unidad interior del hombre ( orden orgánico y arquitectónico en la enseñanza,
grados del saber ); cuarta regla: que la razón se
enseñoree de las cosas aprendidas. "Es preciso
brindar una educación integral para un humanismo integral" (Jacques Maritain). El niño vive en
el universo de la imaginación. Se recp1icre ir sometiendo, progresivamente, la imaginación a las
leyes de la razón. Todo ello sin destruir la atmósfera mental de belleza, tan apropiada para
educar a un niño.
"Lo que la educación debe impartir -apunta
Alfred N. Whitehead- es un íntimo sentido del
poder de las ideas, de la belleza de las ideas y de
la estructura de las ideas, junto con un cuerpo particular de conocimientos peculiarmente relacionado con la vida del ser a quien pertenece". ( Al:red
N. Whitehead, "Los fines de la Educación", p. 30
Editorial Paidos, Buenos Aires ). Habría que decir, no obstante, que la sabiduría y la belleza no
bastan como metas de la vida humana, se requiere
-y acaso más- la bondad. Una educación puramente tecnológica puede proveemos de buenos
materiales, pero nunca nos podrá decir cuál es
el sentido de la tecnología, quiénes y cuántos deben poseer los bienes materiales. Sobre la desbordada ambición de adquirir ilimitadamente bienes, priva la sabiduría y la bondad como ley de
29

28

�los seres humanos. Sin la virtud y sin la inteligencia no cabe reconstruir la educación.
J,,a educación es verdaderamente un proceso
articulado, orgánico, en el cual la experiencia y la
vida del educador despiertan, nutren y espolean la
experiencia y la vida del educando. No surge en
terrenos poéticos o artísticos. No es exclusivamente asunto de inspiración afortunada y de libre
impulso creador. Pone todo el peso de la responsabilidad moral. Se trata de lograr que los
hombres rindan un coordinado servicio a los valores supremos del espíritu.
La pedagogía -advierte Josef Gottler- "no
puede consistir en un amontonamiento caprichoso de experiencias, · convicciones y reivindicaciones relativas a la educación, adquiridas a la buena
de Dios. Ha de abarcar la totalidad de los conocimientos educativos y debe adquirirlos en fuentes examinadas con rigor crítico y exponerlos del
modo más perfecto posible, fundándolos en bases
objetivas e infiriéndolos, siempre que pueda, en
orden lógico, de unos pocos principios supremos".
( "Pedagogía Sistemática", Introducción, pág. 31,
Editorial Herder). La pedagogía sistemática tiene una parte analítica -esencia y fin de la educación, valores educativos y bienes formativos, viviente plasticidad del educando, educadores y
factores educativos, sociedades y formas de educación, medios educativos, didáctjca o teoría de
la instrucción- y otra parte sintética: método de
la educación y normas que han de inspirar la organización educativa.
Mientras la pedagogía es la ciencia de la educación, la didáctica es el arte de enseñar. La Filosofía de la Educación es el examen filosófico riguroso, concienzudo de los principios y postula-

dos de la pedagogía: naturaleza del educando,
facultades ctel hombre, fin último, etc. La sociología pedagógica estudia "las relaciones sociales
implicadas en la actuación educativa, la repercusión de las mismas en los educadores y los educandos, y a veces extiende sus observaciones a las
influencias ejercidas por los varios ambientes sociales de donde provienen unos y otros" ( Opus
cit., pág. 33). Hechas estas precisiones conceptuales, advirtamos que la pedagogía sistemática
es una ciencia normativa ( del deber y del valor)
y no una disciplina meramente descriptiva como
la sociología pedagógica. La sociología de la educación y la psicología de la educación son fuentes
y ciencias auxiliares de la pedagogía. Resulta estimulante para la ciencia de la educación recoger
el mayor material posible de hechos sociales y
psíquicos relacionados con la pedagogía, "parangonarlos críticamente, analizar como en radioscopia sus ingredientes psíquico-sociológicos y extraer
de todo ello una interpretación filosófico-cultural".
Pero sin olvidar, claro está, que "la educación debe y quiere gtúarse por directrices fundadas en la
realidad y en la lógica". El fin de la educación
es perfeccionar al educando. Sólo que el educando tiene 11n fin individual y social. El exclusivismo individualista y el exclusivismo sociológico frustran la educación al presentarnos individualidades lisiadas.
La educación en sentido estricto ( no la instrucción ) céntrase en la personalidad moral, en la
voluntad capaz de adoptar resoluciones libres y
regidas por pautas éticas. Se empieza por interesar al educando en la comprensión de los diversos
valores y se concluye -tras ejercicios de habituación- por inducirle a tomar una actitud firme v libre al servicio de los supremos valores. Dich~ en
forma más breve: el carácter abocado al cumpli31

30

�miento de las normas ético-religiosas es la preocupación básica de la educación. Se influye sobre el educando para que el desarrollo de sus facultades tome una dirección digna y fecunda,
dentro del seno de una sociedad dinámica, en progresiva estructuración. Lo que no eleva al educando hasta su fin, no es actuación educativa.
Si no sabemos transmitir al educando los bienes
espirituales, si no sabemos insertarle en los cauces de la vida social y desarrollarle sus facultades,
habremos fracasado como educadores. Por el contrario, habremos acertado si contribuimos, en
alguna manera, a desarrollar las energías espirituales que posee virtualmente el educando, a presentar formativamente los valores culturales y sociales. La libertad del educando es influible por
el educador. Cabe variar el ritmo, la intensidad
y la orientación de las condiciones exteriores. Y
cabe, también, por la exhortación y el ejemplo,
encauzar las disposiciones heredadas. Aunque tropecemos con límites exteriores, interiores y temporales, siempre es posible contribuir a que "el
educando llegue a poseer la capacidad y la buena
voluntad necesarias para llevar una vida valiosa
( esto es, que rinda valores) dentro de los círculos
que circunscriben la existencia humana" ( Opus
cit., pág. 67) . Tenemos que ayudar, a nuestros
alumnos, para que adquieran una suficiente comprensión de sus relaciones con el reino de la naturaleza, con el reino del hombre y con el reino
de Dios. No hemos de menospreciar la formación
intelectual ni la riqueza y profundidad de conocimientos, pero hemos de darle primacía a la for~
mación .de la voluntad y del corazón para burilar
un carácter firme y una personalidad noble. Nuestra meior recompensa, como educadores, será el
esfuerzo -no siempre coronado por el éxito- en
transferir a nuestros alumnos o discípulos, con

32

abnegado amor, la resolución firme y constante
de recibir y de forjar valores.
No cabe tarea social más noble ni propósito más
elevado.

33

�--==----

LA EDUCACION PARA LA LIBERTAD

E:'\ LA ·soCIEDAD CONTEMPORANEA

Agustín Basave Fernández del Valle

�I

¿_QUE ES LA LIBERTAD?
Nadie puede forzarme a querer lo que no
quiero. Mi libertad consiste, justamente, en la
propiedad de mi voluntad para elegir entre diversos bienes particulares o varios modos de obrar
que el entendimiento me presenta. Puedo decidirme por una cosa u otra. Puedo tomar una resolución. Tengo conciencia de haber realizado, por
mí a través de mí, un acto. Más aún, sé que pue-

37

�do comportanne en fonna diferente. La vivencia
de mis acciones y decisiones me lleva a hablar
-como lo ha hecho Max Scheler- de una conciencia inmediata de la libertad. "Yo o algún otro
-apunta Scheler- nos podremos engañar respecto a cada uno de los casos concretos de mi libertad
o de la suya: pero que la libertad exista, eso radica también en el engaño" 1 • Para llegar a la esencia de la libertad es preciso echar mano de la
observación fenomenológica, empezar por vivirla
desde adentro, desde el laboratorio viviente interno donde surgen y luchan los diversos grados de
intención, propósito, decisión, determinación.
Todo actuar libre supone una volición motivada. Hay en los proyectos de nuestras voliciones
una cierta conexión de sentido. Determinados valores fundamentan una volición. Nuestra libertad
del poder-elegir se ve limitada por el tener-queelegir. Pero dentro de ese tener-que-elegir se da
una ausencia de compulsión dentro del ámbito del
poder-elegir. Esta sensación de libertad la vivimos en el poder-querer, en el poder-hacer y en el
hacer mismo.
La facultad de autodetenninarnos entre los
diversos bienes que se nos presentan no se concibe
sin el conocimiento del fin y de los medios. Entre
ellos es menester elegir los más convenientes al
propósito. Y, sin embargo, el acto libre está radicado en la voluntad y no en la razón. La elección
-acto volitivo- constituye la esencia misma de la
libertad. La deliberación y el juicio práctico del
entendimiento preceden, como condiciones previas, a la elección.
Ante el bien en general, el bien absoluto. no
cabe la libertad. Y es que ninguna facultad es
libre ante su objeto propio. Ese bien, que se nos

presenta corno absolutamente necesario para nuestra felicidad, arrastra a nuestra voluntad y nos
mueve a formar un juicio necesario. Todos los
demás bienes -parciales, relativos- no arrastran tras de sí la volición. En consecuencia, permanecemos en disponibilidad. El juicio práctico
que nos formarnos, en estos casos, es difererte.
Por supuesto, no todos nuestros actos son libres. Los actos indeliberados, los actos ejecutados por violencia exterior, los actos que suprimen
el acto de la razón por miedo grave o pasión vehemente, no son actos voluntarios. Tampoco son
libres los actos que tienden a ese bien absoluto que
satisface nuestro afán de plenitud subsistencia! o
nuestro anhelo de felicidad. Pero como a Dios no
le conocemos de modo intuitivo, sino discursiva y
obscuramente, el acto por el cual tendemos a El
no es necesario, sino libre. Siendo el bien el objeto propio de la voluntad, cuando tendemos al
mal lo hacemos bajo la apariencia del bien. En
otras palabras: no podernos tender al mal en cuanto mal. Ciertos aspectos de utilidad o de deleite
nos hacen aparecer al mal, falsamente, como bueno. Puede haber discusión sobre cuál bien procNa la felicidad perfacta, pero en todo caso, el
anhelo de felicidad, el afán de plenitud subsistencia! es una dimensión ontológica del ser humano.
Hay quienes pretenden -Reíd y la escuela
escocesa- que la voluntad no puede ser determinada por ningún motivo. Pero lo cierto es que la
voluntad no puede mostrarse del todo indiferente
ante el bien que el entendimiento le presenta.
Otros opinan -Leibniz entre ellos- que la voluntad no se ve forzada por violencia exterior pero
queda determinada, de hecho, a o'.)rar por el motivo que se le presenta corno más poderoso. De otro
modo, se dice, la elección carecería de razón sufi39

38

�ciente. No se advierte que la ausencia de toda
necesidad interna es tan esencial como la ausencia
de coacción externa. Además, tratándose de bienes
particulares, ningún motivo mueve a la voluntad
con tal fuerza que no pueda decidirse por otro. "En
suma, los motivos tienen la fuerza que la voluntad
quiere brindarles. No existe para la voluntad -escribe J. Rafael Faria- motivo absolutamente más
fuerte en sí mismo, de modo que ella no pueda
decidirse por otro. Es ella la que hace más fuerte
alguno de los motivos que la atraen; y se decide
por el motivo que ella misma ha convertido en
más fuerte" 2 • Resulta evidente que el motivo
obra sobre la voluntad. Pero este obrar no suprime la facultad de elegir motivos. En consecuencia, hay una indiferencia activa en que la
voluntad ejercita su capacidad de elegir. Por una
parte, la voluntad es movida por algún objeto.
De otra suerte no sería una facultad apetitiva.
Por otra parte, ese objeto es a todas luces insuficiente para atraer en forma necesaria a nuestra
voluntad.
Decíamos que tenemos una conciencia inmediata de la libertad. Sabemos, con perfecta claridad, que podemos obrar o no obrar. Tenemos la
certeza que ninguno de los motivos nos impide
obrar de otra manera. Se trata de vivencias cotidianas, contínuas, directas. Y todo ello lo experimentamos con conciencia clara y focal. No se
trata de una libertad que se tiene, sino de una
libertad que se es.

II
SOY MI LIBERTAD
El hombre, volviendo la mirada sobre sí mismo, toma conciencia de su libertad. Libertad que

no es tan sólo un dato psicológico, sino un hecho
ontológico. Soy mi libertad. Tengo que hacerme, haciéndolo todo, excepción hecha de mi naturaleza. Aquí y ahora, en ejercicio concreto,
puedo ser lo que debo ser. Actuando libremente
actualizo mi posibilidad. En este sentido, la li~
bertad no me rertenece sino que soy yo quien
pertenece a la libertad, aunque esa libertad tenga
un nervio teleológico.
La libertad es una propiedad de la facultad
volitiva. Trátase, en primer término, ele un cierto modo de indiferencia activa. El hombre en
cuanto libre, obra de una manera intrínseca a~todeterminándose. El sujeto que decide lo cÍue va
a hacer, sabe que podía haber determinado otra
actuación. Lo que se quiere, se conoce previamente en alguna forma. Y no sólo se conoce de
antemano lo querido, sino que también se le estima y se le prefiere. En la entraña misma de la
libertad hay una referencia al valor. Valor que
no es una cosa sino un contenido de sentido ( Sinngehalt) susceptible de ser verificado en diversos
g~ados, como lo ha apuntado Fritz Joachim von
Rmtelen. Toda la significación del valor se ilumina en el ámbito de la libertad humana. Pero la
libertad está destinada, avocada al valor.
En la obra de Albert Camus, La Caída, el
protagonista único exclama: "La libertad no es una
recompe:1sa ni un_a decoración que se festeja con
champa~.ª; Al _fn~al de toda _libertad hay una
c?ndena : Olv'.~emonos del tmte pesimista que
tiene la af1rmac10n y destaquemos, tan sólo, ese
sentido de ejercicio concreto, de obrar intrínseco
que _está suponiendo la frase. El ejercicio concreto, el obrar intrínseco que están en el meollo de
toda lih~rt~~ implican e!e?ción y la elección supone multiphc1dad de pos1b1lidades elegibles. Selec-

41

40

�donamos estimativamente la posibilidad que hacemos nuestra. Y la seleccionamos, cuando obramos humagamente, de acuerdo con la razón, con.
nuestra razón. Es claro 'lue nuestro libre albedrío
puede optar por lo irracional. Pero ent~nces nos
habremos dejado ganar por los factores infrahumanos. Lo específü:amente humano es aceptar voluntariameme el bien c¡ue la razón propone ~- dis-•
ponerse a realizarlo. Por el conocimiento sabemos
1o que hacemos, somos conscientes y responsables.

bien aprehendido no de un modo puramente especulacivo y abstracto, sino por conocimiento
práctico. Los bienes finitos, precisamente por
ser finitos, son impuros, imperfectos, limitados.
Consiguientemente, el conocimiento de estos bienes no determina mi voluntad de un modo necesario. Dicho de otra manera: mi volición no está
unívocamente determinada porque ningún conocimiento práctico tiene por objeto el bien cabal
y puro.

La búsqueda de la verdad requiere, como
condición, un entendimiento libre. El afán de
investigación, que es afán de verdad, supone la
libertad. Nadie puede imponernos un determinado pensamiento y una determinada voluntad.
La verdad no necesita de imposiciones humanas,
se impone sola.

Mérito y demérito, mandatos y prohibiciones, responsabilidad y sanciones perderían todo
su sentido sin la existencia de la libertad. Quien
reconozca la existencia de la moralidad -y la reconocen de hecho, prácticamente, sus enemigos
más acérrimos- tiene que reconocer, forzosamente, la existencia de la libertad.

Porque soy libre soy, en algún modo, soberano. Aunque sujeto a la ley de Dios y a las leyes
humanas, puedo, si lo quiero. cumplir o no cumplir mis obligaciones. Cualquiera que sea la fuerza de las tendencias psicosomáticas, las solicitaciones de los hombres y las obligaciones ante
Dios, mi voluntad es físicamente soberana. No
hay -y nunca se ha dado- una esclavitud de la
voluntad. Naturalmente que el libre querer de
mi voluntad se ve disminuido o frustrado por limitaciones de orden social, psíquico, intelectual,
físico, fisiológico . . . No basta que yo quiera pura y libremente una cosa, es preciso que la circunstancia me sea propicia. La vida, en buena
parte, nos la dan a vivir las situaciones y las
'circunstancias. Aún así. mi querer me puede
llevar a la felicidad· o a la desdicha.

También nuestra conciencia da su testimonio acerca de la libertad. Ya el simple hecho de
preguntarse por la existencia de la libertad, prueba -como lo ha advertido un existencialista contemporáneo- esta existencia. Me pregunto por
la libertad porque quiero ser libre; pero no podría
querer ser libre si no lo fuese realmente, porque
mi volutad no puede, lógicamente, estar enteramente terminada y querer, a la vez, ser libre.
Consecuencia: mi voluntad es fundamental y originalmente libre. En ella radica el origen de
nuestros bienes y de nuestros males.

Que soy libre. pese a todos los obstáculós,
se prueba, ante todo, porque mi voluntad sigue el

42

Si la idea de un placer o de una felicidad
que se impone a fortiori, nos desagrada positivamente y hasta nos humilla, es porque contraría la
naturaleza de nuestro ser libre. Por la libertad
tenernos acceso al reino del espíritu. Con ella
nacemos a la vida consciente v con ella nos salvamos del fracaso, porque es libertad para la sal-

43

�vación y, por lo mismo, inserción del yo en lo
imperecedero. Por eso mi libertad es indelegab1e.
El poder decir "no" a las solicitaciones del
cuerpo, a la tiranía del pasado y a los engaños
del mundo, constituye el más insigne título de
nobleza que ostenta la libertad humana. Puedo
rebelarme contra mi pasado, por lo que tiene de
culpa, convirtiéndolo por este mismo hecho, en
verdad. Maravillosa alquimia que nos recuerda
una venerable fórmula oriental. Confesándome
y confesando mi pasado culpable, puedo librarme de la derrota e imponer un nuevo sesgo a
mi vida. La historia de las conversiones y la
historia de mis propias conversiones me indican
que mi vida, pese a su pasado, puede ser siempre
otra cosa. Sin libertad no cabría la posibilidad
de regenerarse. Y sin la posibilidad de regenerarse esta vida no valdría la pena de ser vivida.

ciai. AI principio está la autounidad del "yo". En
el curso de Ja acción esta autounidad se despliega; surge un momento de iniciativa; el su1eto
prescinde de todo lo circunstante y de su propio
ser; juzga las distintas posibilidades; se decide
por una de ellas, se inmerge en ella realizándola,
y recobra, mediante la consunción del hecho, la
unidad primera, la cual, empero, comporta ahora
la tensión experimentada y además un nuevo contenido"4.
La conciencia del deber y el sentido de responsabilidad patentizan la existencia de la capacidad personal de ser origen de un suceso. Porque la persona tiene iniciativa y es autora de sus
acciones, tiene que estar a las consecuencias de
su actuar y responder por lo realizado. Por esta
vía -la de la acción- se introduce la medida del
bien y de lo justo. El acto libre recibe su sentido plenario, no por el simple actuar, sino por la
recta actuación.

Vale la pena examinar, más detenidamente,
~ estructura de la libertad.

III
ESTRUCTURA DE LA LIBERTAD
Hay movimientos involuntarios y procesos
orgánicos que se realizan en mí y que se ponen
en marcha sin mi intervención. Pero hay también acciones que me pertenecen íntimamente.
Soy dueño y autor de mi actuar. Y es precisamente a través de estas acciones libres como realizo mi ser personal. Mi yo está ordenado a la
libertad.
"La acción libre -observa Romano Guardini- se halla estructurada de una manera espe-

44

Aunque mi ser biopsíquico se encuentra encuadrado en el conjunto de la naturaleza, soy
-como bien apunta Guardini- principio de movimiento, origen de acontecimientos, punto de
partida de un hacerse. Con cada hombre comienza de nuevo la existencia. Y este comienzo
se plantea desde exigencias y valores espirituales, por eso la formación de la vida es obra de
cultura y asunto de historia.
Soy libre porque soy espíritu. Mi ser time
una densidad tan 1[íande y una dignidad tan peculiar, que se puede decir perfecto en su orden
ontológico. Ningún ser particular satisface adecuadamente mi medida. Tengo una capacidad
infinita de conocer y de amar más allá de los
entes que conozco y que amo. Esta distensión

45

�magnífica hacia el infinito, "esta apertura sobre
el absoluto" -como la llama Chenu- es la razón
misma de mi independencia frente ·f todo lo demás. Porque escojo libremente, porque tengo
una indiferencia dominadbra frente a todo lo que
no soy yo, puedo decir qµe soy autónomo. Pero este escoger no tendría sentido en el mundo
de la necesidad de hacer. Trátase de un deber
hacer, de una ligadura moral relaciol\ada al poder
absoluto del bien. Y este fenómeno, originalmente humano, no pu~e ser interpretado con
analogías del mundo físiq_o.
Hartmami ha observado finamente que existen, frente al hoQlbre, dos series causales en las
que puede engranar su conducta: la determinación mecánica y la determinación axiológica. En
este sentido, la persona es el puente que comunica
al murido del valor con el mundo de la naturll"'
leza. Gracias a esta comunicación, el mundo.
natural recibe del mundo de los valores un senti~
do de que carece, aunque este último tome d,el
primero la fuerza que l~ falta para realizarse.
El proceso- teleológico está montado sobre el proceso causal y es, consigqientemente, más débil
que éste, pero de más alta categoría. No es por
la violación del principio de causalidad por lo
que se constituye la libertad, sino por un plus de
determinación que introduce la voluntad en los
complejos causales. La responsabilidad, la .imputabilidad y la culpa son hechos morales indubitables que no pueden confundirse con meras
ilusiones -intereses vitales para proteger el sujeto-, puesto que en ocasiones van en contra de
los intereses personales, y aún así se imponen a
la conciencia. Estas pruebas son -en opinión
de Hartmann- las que más se aproximan al ideal
de la demostración. ¿Qué• es la libertad? El
problema es irresoluble para la razón. Cabe, no

46

pbstante, establecer la noción de libertad "como
.la autonomía de la persona en contraposición a
la autonomía de los valores". Una fuerza positiva que radica en la persona es e1 pnnc1p10 que
termina finalísticamente al hombre.
Es menester completar el pensamiento de Nicolás Hartmann abriendo el mundo de los valores
hacia Dios. Hay que penetrar en lo abierto, en lo
que libera y sacia, en la numinosidad del mundo
que es, en última instancia, lo que el hombre busca y lo único que recompensa su búsqueda. Como
seres finitos que somos, sólo en presencia del Ser
infinito, delante de Dios, nos pertenecemos a noson:~s mismos por el dominio sobre la propia
acc1on.
La libertad del hombre no es ilimitada. La
libertad de pensamiento -al parecer exenta de
límites- está sujeta, a más de las leyes de la lógi~a, a múltiples influencias de otras inteligencias, a
rntereses y pasiones. El entendimiento humano
topará siempre con la realidad objetiva, con la verdad.
. , Toda libertad supone un cauce, una regulac1on que no es mengua sino cabal desarrollo. "Grave error -escribía no hace mucho P. Reverdyéste de querer ilimitarse en un mundo limitado
olvidando que una tela sin dobladillo se desfleca".'
El libertinaje -exceso de libertad- termina
en caos y negación. La auténtica libertad tiene
que hermanarse con la verdad y con el orden. Sólo
abdicando de la razón se puede llevar una vida
sin normas.
Ser libre no es desaforarse sino tener la facultad de vencer las dificultades que se__opongan al

47

�logro de nuestro espíritu enc~ado. Así ent_endido el concepto de libertad, bien puede decirse
que dejar de ser libre sería dejar de ser hombre.
La libertad no interesa por sí misma, sino por
lo que nos permite hacer. Esos gritos huecos de
"libertad" que lanzan en las plazas públicas no
sirven sino para adormecer bobos. La libertad es
medio, no tin. No hay libertad para nada, sino
libertad para algo, para un fin. No es más libre
el que deserta de su puesto que el que se sacrifica
por él.

IV
EL DETERMINISMO DEI CUERPO
Y LA LIBERTAD DEL ALMA
El alma no es una esencia completa por sí sola.
Su realización siempre está condicionada por una
materia, a la cual confiere precisamente la vida.
Yo soy uno -podríamos decir con Sertillangesy tengo poder por mi alma sobre mi cuerpo, de_ la
misma manera que tengo por mi cuerpo poder
sobre mi alma, porque yo soy mi alma. Yo puedo
por sí sobre mí, y esta reci~rocidad de acción inmanente no es sino mi propia evolución como sustancia mixta; no hay fuera de esto, pues, ninguna necesidad de buscar las puertas por donde la
acción del alma podría entrar en el cuerpo o la
del cuerpo en el alma. Si se dice que nuestra
alma nos mueve es porque de la acción que tenemos sobre nosotros mismos es ella el principio.
El materialismo pretende reducir las actividades del a]ma a manifestaciones de los eµifenómenos. Lo mismo que el hígado se~ega la bilis,
así el cerebro segregaría el pensamiento. "Pero
la observación -afirma el médico René Biot48

basta para mostrar lo imposible que es encontrar
en los fenómenos fisiológicos la causa de las actividades espirituales, porque estas actividades, que
no serían sino un efecto, se revelan como traspasando mucho en poder su supuesta causa, y de
esa manera se vería salir lo más de lo menos"~.
Los mecanismos corporales obedecen a un
determinismo biológico, están estrechamente regidos por invariables y rigurosas leyes. Los médicos aseguran que si se inyecta a un predispuesto
determinada dosis de tiroidina tendrá, quiera o
no, una crisis de cólera. Pero, seguramente, a
ningún médico sensato se le ocurriría identificar
lo que sucede en la vida corriente con lo que se
produce en la sala de experimentaciones. En la
cólera desencadenada por la inyección de tiroidina, el hombre sometido al experimento estaría a
salvo de toda responsabilidad moral, a no ser que
el experimento hubiera sido aceptado voluntariamente por él. El problema surge cuando se trata
de un enfermo a quien su glándula tiroidea le
funcione mal. "El colérico que se excusara de su
defecto y atribuyera toda la responsabilidad a su
tiroides razonaría como si su cuerpo fuese una
cosa- aparte, irresponsable, y el alma otra cosa
aparte, responsable. Ahora bien, éste es el error:
el hombre es un todo responsable. El estado de
cólera o de glotonería es el estado de la unidad. A
ella, a la unidad, le corresponde hacer lo necesario
para no caer en cólera, en glotonería. Es preciso
que la voluntad desempeñe su papel y resista la
apetencia, pero es preciso también que los órganos desempeñen correctamente sus funciones" 6 .
Si el borracho se abandonara a su tendencia su
estado orgánico empeoraría, su curación en el futuro sería más difícil y su voluntad más débil. Para que sea menos difícil el ejercicio de la voluntad

49

�es preciso, también, que los órganos desempeñen
correctamente sus funciones.

con plena conciencia de que pudimos hacerlo de
otra manera.

Las modificaciones fisiológicas repercuten so~
bre la libertad moral. Es este un hecho innegable. Pero reconocer que la libertad puede perderse no és de ninguna manera negar la existencia
de esa libertad en el hombre.

También el consentimiento universal es un valioso testimonio a favor de la existencia de la libert~d. Si la, voluntad no fuera libre, ningún
sentido tendnan: 1, los consejos que se dan al
prójimo; 2, los intentos de persuasión para obrar
en determinado sentido; 3, los mandatos u órdenes; 4, la curiosidad por conocer cómo se comportará una persona ante tal o cual suceso· 5 las
' ' papreguntas que a menudo hacemos a los otros,
ra saber lo que va a hacer. El mundo entero -díg~~o o no- admi~e la existencia de una responsabilidad, de un merito o de una falta. Ahora bien,
¿cómo sería posible la admisión universal de estas
ideas, sin aceptar la libertad?

Porque el ser humano es una unidad sustancial de alma y cuerpo, su espíritu nada puede hacer sin la carne. Y la came nos impone deberes
que tenemos que cumplir, si es que deseamos que
el espíritu se sirva de ella como de un instrumento
en buenas condiciones. Tenemos el deber de conservar o de restablecer nuestra salud, porque sin
ella no puede existir el correcto funcionamiento
de nuestro espíritu. No hay que olvidar que en
el espíritu reside nuestra máxima dignidad y que
el espíritu está encamado.
Los hijos son un resumen de la buena o de
la mala calidad biológica de sus padres, y hasta
las almas creadas por Dios tienen que venir a
adecuarse a su condición camal precaria o exuberante.
La verdadera libertad sólo puede experimentarse desde dentro. Sólo después de esta experiencia seremos capaces de formular y justificar nuestra libertad.
Siempre que obramos tenemos conciencia de
que podemos hacer otra cosa distinta de la que
hacemos y aun "lo contrario", así como de que
podemos "abstenernos" de actuar. Otra mostración experimental sobre nuestra libertad la tenemos al reflexionar sobre acciones 'Pasadas, sintiendo
remordimientos por haber obrado como obramos,

50

Pero la demostración experimental y el consentimiento universal, con ser muy importantes,
no son las pruebas que pretendemos presentar como concluyentes. Hay una demostración directa
y hay, también, una demostración indirecta. He
aquí la primera: "la voluntad, en presencia de su
bien propio, sería atraída irremisiblemente. Es
así_ que ~se ~ien no puede ser conocido por la in~ehgencia m pueden_ constituirlo los bienes que
esta le ofrece en la vida presente; luego, ninguno
de ellos puede atraerla de modo irresistible, quedand?, la volu~tad libre e ,!ndeterminada para
obrar . He aqm la segunda: un bien limitado no
puede satisfacer una tendencia sin límites. La
voluntad, facultad de una alma espiritual e inmortal, es una tendencia ilimitada e infinita; los bienes
de este mundo son todos limitados y finitos. Para
que la voluntad no sea libre. es preciso admitir
que uno de estos bienes la determina necesariarnen te por satisfacer su tendencia. lo cual, como
se ha dicho al principio, es absurdo".

51

�En su sentido estricto, Taparelli define la libertad como "una indeterminación natural . en
virtud de la cual ningún objeto ~;terno ~articular puede determinarnos a obrar . • La 11be~tad
humana no tiene un alcance abso~uto. Ser hbre
no es carecer de freno, sino tener la facultad de
salvar aquellos obstáculos que entorpezcan el logro de nuestros fines, que se opongan al desenvolvimiento de nuestra naturaleza. En este sentido, el hombre no sólo tiene libertad, sino que
es libertad.
Por sí misma la libertad no interesa a nadie;
interesa por lo que ella nos permita ha~er, por su
sentido y nervio teleológico. Es preciso concertar la libertad con la verdad y con el orden. No
vamos a ser más libres por afirmar que el cuadrado tiene tres lados y el triángulo sólo dos ángul~s.
y si podemos dirigirnos hacia el_ mal no es: en ultimo término, sino un inconvemente del hbr~ albedrío. Nuestra libertad es facultas voluntatis et
-rationis y, por tanto, no podemos reclamar u~a
vida sin normas, a menos de abdicar de la razon.
En un estudio sobre la libertad, no cabe omitir el ámbito político en que se da nuestra concreta libertad.
V

LA LIBERTAD POLITICA
Una parte del ser humano está co~s~grada ~l
Estado. Pero otra parte permanece m~1ma, privada, inviolable con relación al Estado. Nada puede la autoridad política en el campo de la fe Y de
las costumbres, sino prestar auxilio y estructurar
un ambiente favorable. El valor religioso excede
infinitamente a la suma íntegra de valores del
bien público temporal.

52

Enraizadas en la más íntima naturaleza de
las personas, antes y por encima de toda concesión estatal, encontramos las libertades individuales: de la conciencia y del pensamiento, de viajar
y circular, de vocación y de matrimonio, del trabajo y las profesiones, de cambio y de beneficio, de
asociación y fundación, de enseñanza y difusión
de las ideas por medio de la palabra, la escritura
y los otros modos de expresión nacidos del progreso técnico ( prensa, radio ... ) Todas estas libertades corresponden -como lo expresa Jean
Dabin- "a un ser racional, dueño de su destino
y de las vías por las que piensa realizarlo". Aunque las libertades naturales deban usarse conforme a la ley de su naturaleza y de la razón, de aquí
no se desprende que la persona deba rendir cuentas al Estado del mal uso de la libertad. Jamás el
Estado podrá invadir el campo de la conciencia.
Los derechos naturales son t¡imbién universales en la medida en que son derechos del hombre. Y no vale reservai: estos derechos a los ciudadanos, sino cuando exista un peligro positivo
para el Estado nacional al otorgarlos a los extranjeros. La más humana y la más lógica solución
será siempre la de generalizar al máximo los derechos naturales.
Jacques Maritain asegura que los hombres
mutuamente opuestos en sus concepciones teóricas, pueden llegar a un acuerdo práctico sobre una
lista de derechos humanos. Dáse aquí "la paradoja
de que la justificación racional es indispensable y
al mismo tiempo impotente oara crear el acuerdo
entre los hombres" 7 • Pero de un posible acuerdo
práctico no cabría concluir, por supuesto, en la
renuncia o postergación personal de las bases filosóficas de la libertad. Y algo más: aunque es
cierto que "la libertad tiene un aspecto personal y

53

�un aspecto social, porque libertad y bien común
son solidarios" ( Chenu), no hay que perder de
vista que si el Estado determina toda la vida humana, el hombre se aniña, pierde su autenticidad y
termina por sentir una asfixia en su vida personal.
Mal cumpliría el Estado su misión con sólo
respetar los derechos del hombre y los derech?s
de los grupos y de las instituciones, si no los definiese y garantizase. Menester es que los derechos
natura;es queden al abrigo de las violaciones por
parte de terceros o por el Estado mismo. Para que
las libertades individuales no ·se queden en pura
declaración romántica de derechos, se necesita la
efic'lcia práctica de un buen sistema de derechos
pfolicos subjetivos. Hay garantías generales
(principio de legalidad, separación de poderes,
sufragio), y" hay, también, garantías especiales
( habeas corpus, juicio de amparo, etc.).
En todo caso, las libertades se dan frente al
Estado, pero no contra el Estado, como dice Jean
Dabin: "Asimismo, el Estado no está• obligado a
abstenerse; al contrario, debe intervenir contra
ciertos usos de la libertad con los que el interesado se hace agravio a sí mismo, como el caso de
la libertad de consumo de alcohol u otros . productos nocivos, el de la libertad de trabajo relativa a trabajos malsanos, peligrosos o de muy
larga duración, el de las mutilaciones corporales o
la tentativa de suicidio . . . Es que no sólo el individuo entra en cuenta: su familia y la sociedad
entera están interesadas, material y moralmente,
en que no haga mal uso de su libertad. Mas aún:
acontece que el Estado tenga el derecho y el deber de impedir, salvo excepciones justificadas,
ciertas libertades puramente negativas, como no
entrar en comercio con sus semejantes, la libertad
de no asociarse ... " 8 • Y es que la libertad de

54

e~pansión no es absoluta. El deber moral y social -respecto al derecho ajeno- la limitan. Aunque nacemos libres en el anhelo de nuestra naturaleza, debemos conquistar nuestra libertad que
nos exonere, cada vez más, de las compulsiones de
la naturaleza material. En este sentido, buscamos
la libertad política, como medio o garantía para
que pueda tlorecer la libertad espiritual.

VI
LIBERALISMO Y TOTALITARISMO
La autoridad debe constituir una condición
para que la persona pueda realizar cabalmente su
libertad. El gobierno estará justificado cuando
ofrezca la posibilidad de que el hombre se haga
cada vez más verdaderamente libre, desarrollando
las virtualidades humanas contenidas en él en función de su libertad, que es título de su excelencia.
El liberalismo hace de la autoridad un medio
al servicio de una libertad incondicionada individualista, absoluta. No hay más regla qu~ la del
capricho. La libertad importa no en cuanto facultad de hacer el bien, sino como poder de gozar
del libre arbitrio sin sometimiento a fin alguno
determinado. El artículo 40 de la Declaración de
los Derechos del Hombre y del Ciudadano, perceptúa: "La libertad consiste en poder hacer todo
lo que no perjudica a los demás. De aquí que el
ejercicio de los derechos naturales del hombre no
tenga más límites que los gue aseguren a •los otros
miembros de la sociedad el goce de esos mismos
derechos. Estos límites no pueden determinarse
más que por la ley". Trátase de un concepto negativo de la libertad: una ausencia de impedimento, como no sea el límite de las otras libertades. Falta el aspecto positivo de la libertad, lo

55

�que J. Vialatoux ha llamado "la prese~cia de una
intención, el dinamismo orientado r'.e una voluntad" hacia el destino humano 9 • No advirtió el liberalismo la repercusión social en el ejercicio de
la libertad; ignoró el hecho de que las libertades
no solo tienen como límite natural el deber de no
dañar el derecho de los demás, sino también -y
acaso de manera más radical- el límite positivo
del bien común. El error liberal consiste en hacer caso omiso de la relación entre la libertad del
hombre y la ley eterna. Santo Tomás explica que
"Dios ha creado libre al hombre, lo que no quiere decir que le está permitido hacer lo que quiere,
sino que en vez de estar obligado a hacer lo que
debe por la necesidad de su naturaleza, como las
creaturas irracionales, obra en virtud de una elección libre que procede de su propia deliberación" 10• En su Encíclica Libertas, León XIII afirma magistralmente: "Es absolutamente imposible comprender la libertad del hombre s~ la sumisión a Dios y la sujeción a su voluntad.
Para los sistemas totalitarios -fascismo, nacional-socialismo- la autoridad puede hacerlo
todo; la libertad individual no puede hacer nada.
Mussolini afirmó: "Nada sin el Estado, nada contra el Estado, nada al margen del Estado". No hay
más libertad que la de la nación. El individuo es
libre tan sólo por y para la comunidad nacional.
El destino de los hombres se cumplirá en la medida en que se subordine -de manera total y definitiva- al destino del pueblo. "El Estado -dice
H. Laski exponiendo la teoría nacional-socialistaes parte más elevada de nosotros mismos. Representa una voluntad que expresa lo que cada uno
de nosotros trataría de ser, si lo temporal, lo inmediato y lo irracional estuviesen desterrados de
nuestros deseos". Según el transpersonalismo, el
ser umano vale tan sólo como materia prima al

ser~cio de entidades transpersonales: el poder, la
glona, la fuerza, la raza. El hombre es leña que
nutre _la_ gran hoguera estatal. Pero en rigor, "la
colectividad -como apunta Luis Recaséns Sichesno vive'. en el pur~ y auténtico sentido de esta pa1,abra, smo que quienes viven son los individuos. Y
estos necesitan, para su propia vida, la colectividad, la cual debe funcionar como un instrumento
o aparato destinado tan sólo a facilitar a los 'hombres el desarrollo de su existencia individual y su
p~rfeccionamiento" 11• "Estado, pueblo y clase social no son substancias primeras a las cuales el
hombre tenga que subsumirse, "liberándose" de la
accidentalidad de su existencia individual, de
acuerdo con una idea de Hegel, padre indirecto
de todas las expresiones de este pensamiento"
( Sánchez Agesta). Con estos antecedentes, no
~s de_ ext_rañarse la pretensión de Costamagna:
La c1enc1a del Estado, en cuanto éste es la medida de todos los valores, es una nueva especie de
cono~i~iento de lo absoluto, una prima philo-

sophta.
Los marxistas afirman contradictoriamente
que "la libertad es la necesidad". La historia -dicen- es dialéctica. Pero olvidándose de este postulado, afirman que cuando aparece el comunismo
cesa el movimiento dialéctico de la historia. El
Estado -instrumento de opresión de las clases dominantes- se hará superfluo en la futura sociedad sin clases. El hombre debe entregarse por
completo a un nuevo dios: la colectividad comunista. "Negamos toda moral tomada de concepciones sobrehumanas -expresó Lenin- o al
margen de las clases. Decimos que esto es un
engaño, una impostura, una niebla que se introduce en las mentes de los obreros y campesinos en
interés de los terratenientes y de los capitalistas".
( Discurso pronunciado ante el Tercer Congreso

5i

56

�\

Panruso de los Komsomols, 2 octubre de 1920.)
No ha de ser muy fuerte la convicción comunista
de que el método económico de la producción es
el verdadero motor de la historia, desde el momento en que fomen!an el fervor revolucionario:
"Proletarios de todos los países, uníos". El determinismo económico no deja ningún resquicio a la
libertad: "así como la materia en movimiento produce el espíritu ( materialismo dialéctico), así como las ideas de los hombres son el reflejo de sus
sensaciones en el mundo externo ( epistemología
materialista), así también el mencionado principio
traducido al lenguaje económico significa que las
transformaciones técnicas de la vida económica
determinan por intermedio de la formación de las
clases sociales las ideologías de la sociedad, la
religión, la ley, etc.12•
La autoridad o poder no es -como creen los
totalitarios- lo más excelente y lo más elevado
que hay en la vida; pero no obstante, sin el Estado,
la persona no puede vivir. Pero es necesario que
el Estado sea siempre un instmmento al servicio
de la persona; es necesario que no ahogue la libertad, que es prenda preciosa de 1::. dignidad
personal.

VII
LIBERTAD Y AUTORIDAD
No se puede desconocer la libertad, so-pretexto de autoridad, como no se puede tampoco
negar la autoridad so-pretexto de libertad. Y si
no'se puede hacer esto, es porque ambas son igualmente necesarias, aunque lo sean en diverso modo. La autoridad tiene un carácter de instrumento, de medio. La libertad es algo más impor-

58

tante, es nota esencial de la persona, ejercicio de
nuestro ser de hombres.
Como función o como medio, la autoridad
deberá estar siempre al servicio de la persona. Y
la persona es libertad, no tiene libertad como puede tener automóviles o casas. Como expresión de
la personalidad, la libertad es mucho más que
una simp1e función.
"Cuando afirmamos que la libertad es un derecho natural y que la autoridad es una función,
afirmamos implícitamente -escribe Desqueyratque toda libertad que se traduce por un desarrollo
de la personalidad puede ser querida y buscada
sin otra justificación. En términos de jurista diremos que esta libertad goza de una presunción
de legalidad contra la autoridad, mientras que la
autoridad, que no es más que una función, debe
siempre justificar su actividad" 13 .
En la tradición cristiana la libertad no implica el derecho de hacer lo que a uno se le antoja,
ni tampoco el de hacer lo que uno debe sino más
bien el derecho de hacer lo que uno debiera. Con
relación a este sentido auténtico de libertad, la
autoridad debe servir con todas aquellas prestaciones y permisiones que sean necesarias para el
desenvolvimiento de la personalidad humana. Por
una parte, el Estado se debe abstener de todo comportamiento que imposibilite u obstaculice el desenvolvimiento de la libertad personal; y por otra
parte debe cooperar positivamente a esa realización personal de "querer vivir como es debido", en
cuyo cumplimiento veía Luis Vives la verdadera
libertad.
Siempre será mucho más humano el "régimen
&lt;le derecho": todo lo que no está prohibido por la

59

�ley está permitido, que el "régimen ~e pol~c~a":
lo que no está autorizado por la ley esta proh1b1do.
Para alcanzar la plenitud de sus cualidades, la
persona no debe depender d~ una_ autori~ación del
Estado. Aunque la libertad mtenor sea mtocable,
el ''régimen de policía" restringe, indudable~~nte,
el campo de la libertad, agravando sus cond1c1ones
exteriores. La diferencia entre la dictadura y una
verdadera autoridad, estriba en que la primera
absorbe las libertades y la segunda las regula. Porque es necesario saber también que si las libertades
no son justamente reguladas, mueren por exceso.
Las voces más sabias de la tradición católica han
visto más bien un aumento y no una pérdida de
libertad en el hecho de pertenecer a la sociedad
civil. Un régimen de libertades -garantía y límite a la vez- debe constituirse de acuerdo con
las exigencias del bien común. La autoridad pública no puede tolerar o soportar todo aquello
que se oponga al bien común: calumnia, d~f,amación, injuria, ultraje a la moral, provocac1on al
crimen . . . Organizar las libertades para la libertad de hacer el bien, es un sano princ.ipio de orientación.
De los caracteres fundamentales de la naturaleza humana: individualidad física, libertad moral
y responsabilidad, racionalidad espiritual, sociabilidad y religiosidad, derivan una serie de derechos
subjetivos públicos de la persona frente al Estado.
Por vía de ejemplo, Luis Sánchez Agesta sugiere
algunas consecuencias que se desprenden de las
características expresadas: 1, de tener un cuerpo
individual se derivan aquellos derechos que tienden a procurar los medios necesarios para el mantenimiento físico del hombre ( derecho a la propiedad, derecho al trabajo, derecho al matrimonio
y a la consecución de su objeto); 2, de la esfera
de la vida moral se deriva, en primer lugar, el de60

recho a una seguridad jurídica en que el hombre
adquiere la conciencia y el hábito de su responsabilidad, y en segundo lugar, el derecho a una
participación en la vida pública; 3, el tercer grupo
de derechos que se desprenden de la naturaleza
humana radican en la facultad de mantenimiento
y desarrollo de la vida intelectual, que exige prestaciones positivas por parte del Estado; creación
de escuelas, recta libertad de enseñanza e investigación, libertad para la educación, y formación religiosa; 4, de la sociabilidad humana resulta
el derecho a constituir todas aquellas formas sociales que son consecuencia lógica del desenvolvimiento personal; 5, el derecho a rendir a Dios el
culto debido, público y privado, es la coronación
que da sentido a la vida moral, que afirma y consolida una formación intelectual y santifica la vida
social.
Si el hombre en el Estado continúa siendo
una totalidad metafísica autónoma, conservará su
libertad de formarse un plan propio e individual,
que debe cumplir y del que debe responder personalmente ante el Ser Supremo que le implantó
en la existencia. La autoridad debe dar a la persona la suficiente libertad de acción para cumplir
ese plan, constituyéndole además un clima favorable. Respetando el fin supremo del hombre, la
autoridad moderará, dentro de los límites de lo
lícito, el uso de las diversas libertades. Sólo la
prudencia política puede evitar, en la práctica, el
autoritarismo o el desenfreno individualista: dos
perniciosos extremos de perversión social que amenazan a los hombres.
Para quienes hemos hablado de la superioridad axiológica de la democracia 14 importa mucho
destacar la importancia de una educación para la
democracia.

61

�VIII
EDUCACION PARA LA DEMOCRACIA
La política no es asunto &lt;le unos cuantos; es
asunto de toclos. Nadie tiene el derecho a desentenderse del bien público. Cuanto ,má~ alta se~ la
educación de un pueblo tanto mas fma ~era la
conciencia política y jurídica &lt;le 1~ comum~ad y
por consiguiente tanto mejores y 1ustas seran las
autoridades. El Estado no puede existir abandonado a sí mismo. Necesita de los gobernantes y
de los gobernados. El pueblo debe expresar, ~n
su Constitución, el estilo jurídico-político peculiar
y propio de su nacionalidad. Los gobernantes,
como representantes del pueblo, tienen prestada
la autoridad. La democracia presupone que los
gobernados, integrantes de mayorías y minorías,
son capaces de juicios políticos porque son capaces de percibir el bien común por encima de los
intereses individuales o de grupo. Cosa, en verdad, nada fácil. ¿,Cómo lograr, sin una educación
eficaz para la democracia, que los ciudadanos
vean más allá de los intereses de su clase, grupo,
prensa o partido?
La educación para la democracia no es cosa
de un día. Requiere, más que reglas y preceptos
teóricos, un vivir sus principios desde la esc_uela.
Es pre&lt;:iso "purificar más y má~ la dem~racia de
suerte que la realidad sea un di~ una ~mtota d~l
ideal". Interpretando la filosofia pohtica de Nicolás Hartman, J. Roura Parella, discípulo del que
fuera profesor de filosofía en la Universidad de
Berlín, observa: "los pueblos muestran distintps
grados de capacidad para las institu~i~nes democráticas. Pero sea cual fuere la plasticidad de un
pueblo en este respecto forzosamente habrá de
pasar por un período de crecimiento cuando. su

62

evolución política le lleve a la forma democrática
de gobierno. Levantarse contra una democracia
con el pretexto de su imperfección es algo así
como tirar por la borda a un niño porque no
se comporta como un hombre adulto. La democracia requiere la cooperación de todos y sólo
será, en último término, lo que los ciudadanos
sepan hacer de ella. La solidaridad es el momento creador más profundo en la vida de los pueblos.
También es lo primordial en la esencia ética del
ciudadano; allí donde es fuerte y predomina sobre
las demandas particulares del individuo, la comunidad alcanza toda su grandeza. Falta de solidaridad significa decadencia. Decadencia en el
pueblo y falta de sentido de responsabilidad en el
ciudadano. La educación para la solidaridad es
la primera tarea de la educación política del ciudadano" 15. Me parece que una educación para
la solidaridad es insuficiente para la democracia.
También en las dictaduras se da un tipo de solidaridad y de cooperación. Una educación para la
democracia es bastante compleja. Es una educación para la libertad y para el diálogo, para la crítica y para la autocrítica, para la tolerancia y para la esperanza. Se trata de trasmitir una forma
de vida, no unas simples ideas.
El ideal democrático, en materia política, no
es sólo un buen ideal; es el mejor. "Las razones por
las cuales la democracia es la mejor forma de g0bierno -advierte Robert Maynard Hutchins- son
absurdamente simples. Es la única forma de gobierno que puede combinar tres características: la
ley, la igualdad y la justicia. Un Estado totalitario
no posee ninguna de ellas, y por tanto, suponiendo
gue sea un Estado, es el peor de los Estados posibles" 16• La ley -"prece;,to común, justo v estable, suficientemente promulgado"- expresa la racionalidad del pueblo y sirve de medio de control
63

�y de educación. La igualdad esencial de todos
los hombres, fruto de la eminente dignidad de
cada persona, contempla a los seres humanos como fines, no como medios. "La justa distribución
de funciones, recompensas y castigos, en los terminos de los derechos del hombre y los propósitos de la comunidad", mantiene unidos a gobernantes y gobernados. Los hombres no pueden
ser libres si son esclavos de lo malo. La educación
para la democracia, como toda educación moral y
política, presupone la determinación del orden de
los bienes. Por eso afirma Hutchins: "Para creer
en la democracia, pues, tenemos que creer que hay
una diferencia entre lo verdader9 y lo falso, lo
bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y que la
verdad, la bondad y la justicia son normas objetivas aunque no se las pueda comprobar experimentalmente" 17 . Esto significa, en otras palabras, que las democracias tienen que cultivar inteligencias y formar caracteres. Caracteres con firme voluntad de diálogo y de servicio a la comunidad. Se trata de despertar el sentimiento de comprensión y de compañerismo. Este sentimiento
sin mengua de la fidelidad a los valores propios
de cada pueblo, debe reposar en el convencimiento
del valor de un comportamiento altruista que beneficie a la comunidad popular. El destino de la
democracia depende de la formación del pueblo,
de la educación de padres e hijos, jóvenes y adultos, obreros y campesinos, profesionistas y empleados, en suma, la ciudadanía entera. "La educación nara l_a democracia europea -apunta Friedrich Heer- debe tener en cuenta lo siguiente:

l . La sustitución de las relaciones de enemistad por las de oposición y camaradería. A los
enemigos se les aniquila, se les liquida; con los
adversarios se lucha meramente en esferas limita-

das de conflictos. El adversario político es siempre también el compañero.
2. La sustitución de las relaciones de enemistad, que prepara un latente estado de guerra
civil por una rivalidad pac.:ífü.:a, en vista al amplio
mejoramiento de la situación espiritual de la población europea ...
3. La curación de estas psicosis de odio y
miedo, del resentimiento y la oposición a la colaboración con los otros, con los adversarios; todo
esto es la consecuencia de opresiones y persecuciones frecuentemente largas. Por consiguiente, sólo
puede ser superado por la colaboración de educadores de diversos orígenes políticos e ideológicos,
de médicos y sacerdotes.
4. Los derechos del hombre y todos los derechos fundamentales de la democracia europea
son el resultado de una evolución milenaria de las
confesiones cristianas de Europa; son el triunfo
de muchos riesgos y tentativas, el resultado de un
proceso de purificación, ganado por la amarga experiencia de perseguidos y perseguidores ( cuyos
papeles se han cambiado a menudo) . . . La creciente atrofia de la sustancia cristiana de Europa
amenaza los más profundos fundamentos de la
cultura europea ...
5. El humanismo europeo está amenazado
por esta atrofia. Corno forma de cultura de la
élite, el humanismo ha estado perdiendo posiciones ante el avance de las nuevas masas ( el pu~
blo inculto) y de la materia.
6. La democracia europea es inconcebible
sin el racionalismo abierto de la alta Ilustración ...
Es éste un racionalismo que reconoce sus límites

65

64

�hacia arriba y hacia abajo, hacia el fondo de la
persona y hacia Dios. Este racionalismo escapó
hacia el totalitarismo por causa de los mitos inspirados en el miedo y por las fórmulas pseudorracionalistas de la baja Ilustración, que quería dominar con unos pocos conceptos estereotipados
la múltiple riqueza de la realidad" 18• Pensamos
nosotros que los puntos señalados por Friedrich
Heer, no son de aplicación exclusiva para la democracia europea. Estos puntos básicos de educación para la democracia -importantes, por ciertopueden y deben complementarse. Ante todo, habrá que señalar el esfuerzo educativo que realizan
las genuinas democracias para establecer una armónica colaboración de clases. No se trata de
prohijar un tipo de escuela proletaria o burguesa,
sino de ofrecer una educación que coadyuve al
logro de una igualdad de oportunidades a todas
las personas. Esta igualdad de oportunidades supone un respeto fundamental al hombre, lo cual
no quiere decir que no se procure explorar y aprovechar sus inclinaciones y talentos, solicitando su
cooperación, llamándole· incluso a participar, de
acuerdo con la vocación particular, en la tarea
política.

NOTAS:

1. - MAX SCHELER, Metafísica de la Libertad. Buenos
Aires, Editorial Nova, pág. 16.
2. - J. RAFAEL FARIA, Curso de Filosofía, Bogotá, Librarla
Voluntad, t. 1, pág. 295.

3. - ALBERT CAMUS, La Caída, México, Editora Zarco,
.. 1956, pág. 92.

4. - ROMANO GUARDINI, Libertad, gracia y destino, San
Sebastian, Ed. Dinor, pág. 16.

5. - RENE BIOT, El cuerpo y el alma, Dedebec, cap. 4,
,.

pág. 107.

6. - lbid., pág. 109.
7. - JACQUES MARITAIN, El Hombre y el Estado, Editorial
Guillermo Kraft Ltda., página 94.
8. - JEAN DABIN, Doctrina General del Estado, México,
Editorial Jus, 1946, pág. 373.
9. - J. VIALATOUX, La libertad de la persona humana, su
naturaleza su excelencia, presentado en las Semanas
Sociales de Francia (Rouen); en La Libertad en crisis,
México, Editorial Jus, 1947.
10. - SANTO TOMAS, Sum. Theol., la. llae., Art. 2, conclusiones.
11. - LUIS RECASENS SICHES, La Filosofía del Derecho en
el siglo XX, México, 1941, pág. 137.
12. - FULTON J. SHEEN, El comunismo y la conciencia occidental, Espasa-Calpe Arg., página 64.
13. - DESQUEYRAT. Lo inmutable y lo variable en el régimen de las libertades, en La libertad en crisis, México, Ed. Jus. 1947.
14. - Véase nuestra Teoría de la democracia. Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo
León, 1963.
15. - J. ROURA PARELLA, La Filosofía política en Nicolai
Hartmann, "Revista Brasileira de Filosofía", No. 42
(abril-junio 1961 ).
16. ROBERT MAYNARD HUTCHINS, Educación para la libertad, México, Editorial Jus, 1947, página 130.
17. - lbid., pág. 136.
18. - FRIEDRICH HEER, La democracia en el mundo moderno, Madrid, Rialp, págs. 153-6.

66

67

�DEPARTAMENTO EDITORIAL
DELA
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DE LA
U.A.N.L.

PUBLICACIONES PERIODICAS:
Revista CATHEDRA. (Nos. 1 al 8)

CUADERNOS DE FILOSOFIA:

La pintura como lenguaje, Adollo Sánchez Vázquez. 2a. Edición.

La Filosofía de Vasconcelos como Filosofía Latinoamericana, Silvia Mijares.
Filosofía del Derecho, María Guadalupe Martínez
de Rodríguez.

Tecnología y Filosofía, Mario Bunge.

CUADERNOS DE HISTORIA:

Aspectos Metodológicos Básicos del Estudio de la
Historia Medieval, Henning Graf.
Tres Artículos sobre Historia y Sociedades, Guillermo Beato.

Sobre la Historia Latinoamericana, Guillermo
Beato.
69

�Desarrollo Demográfico, Económico e Industrial
de Monterrey, 1860 - 1920), Domenico Sindico,
Roberto Hernández, Víctor .Hernández y Mario
Pérez Delgado.

CUADERNOS DE SOCIOLOGIA:

CUADERNOS DE LETRAS:

El Emperador de China,

George RibemontDessaignes. Traducción y Nota Preliminar de
Irene Vegas García; En torno al Dada, Postcriptum
y Bibliografía, de Juan José García Gómez.

El Mal como Personaje-Agente Romántico, Juan

Desarrollo Urbano en América Latina, Domenico

José García Gómez.

Sin&lt;lko.

Problemática Existencial en Unamuno, Camus,
Sartre y Anouilh, María Guadalupe Martínez de

CUADERNOS DE METODOLOGIA:
Cuaderno No. 1: Acerca de la Noción de Analogía,
Tomás González de Luna; Las Revoluciones Científicas y el Método, Juan Angel Sánchez; Las Inferencias Deductivas Aplicadas a la Física, Laura
E. Qniroga.

Método y Métodos, Metodología y-Metodolatría,
Mario Bunge.

CUADERNOS DE PEDAGOGIA:

Rodríguez.

Olavide o Sade, Miguel Covarrubias.
COLECCION: MATERIALES DE
TRABAJO DE LA DIVISION DE
ESTUDIOS SUPERIORES:

Creacionismo y Ultraísmo: Matices del Huidobrismo. (Antología ), Juan José García Gómez.
Fragmentos Filosóficos de los Pre-socráticos. ( Antología ). Compilación de Textos y Notas, Juan
Angel Sánchez.

Cuaderno No. 1: Antecedentes Técnicos de la
Programación por Objetivos, Ma. Socorro Berra
Santana; El Establecimiento de los Objetivos de
Aprendizaje, Clara l. Carpy Navarro y Libertad
Menéndez Menéndez.

COLECCION DE POESIA:

Litoral de Sombra, Alfonso Reyes Martínez.
Matar el Tiempo, Xavier Rodríguez Araiza.

Cuaderno No. 2: I: Filosofía de la Educación.
Estructura t¡ Fines del Proceso Educativo. II:
La Educación para la Libertad en la Sociedad
Contemporánea. Agustín Basave Fernández del
Valle.

CUADERNOS DE DISCUSION:

La Metodología: Una Disusión, Eli de Gortari,
Mario Bunge.

�SUMARIO:
Wemer Jaeger.

O Todo pueblo que alcanza . . . . . . . . . . . /

1

Mario A. Aguilera.
□

Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . /

9

Agustín Basave Fernández del Valle
□

!.-Filosofía de la Educación, ( Estructura y fines del proceso educativo) / 13

O Il.-La Educación para la libertad en la
Sociedad contemporánea . . . . . . . . / 35
Publicaciones del Departamento Editorial
de la Facultad de Filosofía y Letras de la
U.A.N.L. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . / 69

Viñetas: Ramiro Leal Cordero

73

�IMPRIME:
COMUNICACION GRAFICA, S. A.
Tapia 311 Ote. Monterrey, N. L.
TIRAJE: 1 000 ejemplares
Junio de 1977

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                <text>Revista del Colegio de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, publicada a finales de la década de los setenta, contiene artículos sobre pedagogía y ciencias de la educación, así como filosofía y ciencias sociales.</text>
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              <text>Revista del Colegio de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, publicada a finales de la década de los setenta, contiene artículos sobre pedagogía y ciencias de la educación, así como filosofía y ciencias sociales.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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