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                  <text>CUADERNOS DEL
AREA CLINICA
REVISTA DE PSICOANALISIS DELA FACULTAD DE PSICDLOGIA U.A.N.L•

.._,110sun.

0.&lt;,ld Pletrff •

.oTAS $01U tL COIIC'!PTO DI SWffO l'Sl(IVICO
111 IIELUIJI 111'.LIIII.
Plav:io llel....,_1 1 Multo OUti lrrH.

ftJo:r.t.llo\L.iffU D !:L --.UO.UI:

•n

PINn•
•l cu,lr,o .
rur,eiaco YdCl'flllo .

14
feb.

1991

�ONIVBRSIOAO AOTONOMA DE lfUSVO LBOII
DIUCTOUO

ING. GREGORIO PARIAS LONGORIA
RECTOR

e

ING . LORENZO V!U. PEAA
SECRETARIO GENERAL

COADBIUI08 DEL ARIA CLINICA

--•

Revista de Paicoan.Hisis de la Facultad de
Psicolog1a de la u.A.N,L.

FACULTAD DI PI ICOLOCIIA
LIC. BELU. AURORA GARZA CONTRERAS
DIRECTOR

NUlfERO

:roano un

14

LIC. MANUEL G, KUÑIZ GARCIA
SUBDIRECTOR

IllDICI

LIC . IRXA F'ERNANDEZ TOVAR
SABP Y NO SABER

3

I C A

SOBRE EL CONCI.P'fO 01. BOJI.TO PBIQtrICO
!N NELANIE XLEIII

19

Rodolfo Alvarei del castillo Luviano

PBICOAHALISTAB DI I.L ElfGRAliAJB: PIEDRAS E1f
1.L CAMINO

SECRETARIO ACADEMICO

David Flores

ING . ALEJANDRO SALINAS CHAPA
SECRETARIO ADMINISTRATIVO

......... , ............ .. .... ,

NOTAS

C O A D 9 R

■

O 8

D B L

CO■UJO

DIRECTOR

A

a I A C L I

■

Flavio Meléndet y Maria Gutiérret

EDITOllAL

Teófilo J. de la caria Buán
David C. Florea Palacios
Huaberto Leal Benav idea
Manuel G. Muflh Garcia
Ma. Guadalupe Rodriguet Gutiérret
Guilleno Vanagas Arra-.bide
Francisco Veloquio Gontálet
Martha P. Zavala Cerda

----------------------------------DIRIGIR
CORRESPONDENCIA A:
LA

Lic. Rod.Qlfo Alvarei del Cotillo L.
Fac . hicologia U.A.N . L.
Dr. Eduardo Aguirre Pequei\o y Mutualismo.
Col. Mitras. Monterrey, N.L. cp. 64460
México.
tels. 481-065, 482-724 y 480-286.

Francisco Veloquio
éOlf'TENIDO

OBNERAL

33

�BAIIBJl

Y

110

llllU

David Florea.

El trabajo que quiero compartir con ustedes
en esta ocasión es el de una reflexión sobre la
problemática del saber en cuanto éste tiene que
ver con el
inconsciente. Se trata
de
una
reflexión teórica, bien
circunscripta
en el
interior del sistema freudiano, el que se desarrollO a partir de una experiencia, de la cual
quiero tomar tallll:lien,
por otra parte,
como
ejemplo y como pretexto un caso particular. Descrito con austeridad en los Eatu,Uos sobre la
histeria (1), se sitll.a entonces en los inicios
del psicoanálisis, en esa "época heroica" de
trabajo solitario de Freud, respecto a la cual
podemos sentir I casi respirar, la frescura del
gran descubri1111ento del inconsciente freudiano .
Comenzaré, para situarnos, con
descripción dal caso.

una

breve

I.
Catalina as una ¡oven de 17 o 18 años
con quien Freud tuvo uii ún co encuentro, en una
hostaria de 111ontai\a
donde
ella· lo
aborda
dicii!indola qua está "antarma de los nervios".
Sus sintomas: "la cuesta trabajo respirar, sintiendo que se ahoga; siente un peso en los ojos

�5
y la trente, le zumba la cabeza, y le dá un
Da reo que le hace temer que se va a caer. Luego
se le aprieta
el
pecho y casi
no
puede

respirar". (2)
Pero estos sintomas fisicos,
que
Freud no
tarda
en
diagnosticar
como
11
7onversivos", tienen su correlato psíquico, "ve
s1em~re una cara horrorosa que la mira con ojos
terribles", y continuamente la asedia la idea de
que "alguien detrás de ella la va a agarrar de
repente" (3).
Freud, quien

no

se

atreve

a

llevar

la

hipnosis a la montaña, realiza un interrogatorio
clinico del que
extrae
lo
siguiente:
los
sintoaas histéricos hablan •~"'recido dos años
atrás, luego de 'P.-'ª la paciente descubrió a
Francisca, presu1111ble?11ente su
hermana
( 4¡
"timba.da .en la cama, y a su padre encima d~
ella• . Catalina declara cándidamente "no haber
c011prandi~o por entonce•
lo que sucedia; no
tenia --dice-- más de 16 años, y ni se i11t.ginaba
•iquiera tala• co•••· No eab• realaente de qué
ee asustó". (5).
He aqui pues, un "suceso importante" (6)
algo relacionado con la sexualidad, que opera:
si no como trauma, al menos como precipitante de
los ~into11as. Sin embargo, algo induce a Freud a
seguir urgando y encuentra asi más tesoros, a
saber: cuando Catalina contaba con 14 años su
padre la persiguió con
fines sexuales. Ella
habia despertado repentina11ente
una
noche
sintiendo su cuerpo junto al suyo propio, y la
reacción de la
■uchacha
la
describe
asi •
"Asustada se levantó
y le reprochó
aquell~
extraña conducta: '¿qué
hace
usted, padre?,
porqué no se queda usted en su cama? 1 • El padre
ntentó convencerla: '¡Calla tonta! No sabes tll
lo bueno que es eso.' 'No quiero nada de usted
ni bueno ni ■alo. Ni siquiera puede una doZ111i~
tranquila• •. (7).

¡

Tod.avia sobre ésto la aujato narra otros
recuerdos, tanto de aeduccione• t'allidas de su
padre, dirigida• a ella, co1110 de haber sido
testigo de acercamientos, "que no comprende",
entre su padre y Francisca. Pero 111e cont'ormo
con lo ya relatado, y a titulo de sintesis da
esta primera parte expositiva, cito otro pasaje
del texto. Escribe Freud que cuando la escena
del descubrimiento tuvo efecto,
llevaba la sujeto en si dos series de
impresione¡¡;, que se hallian grabado •n su
memoria, sin
qua
hUl&gt;iara
llagado
a
comprendarlae ( .• ) A la vista de la pareja
sorprendida en la realización del coito, 5e
estableció en el acto el enlace de la nueva
impresión con
tales
dos
series
de
reminiscencias, comenzando
en seguida &amp;
comprenderlas
y
ai■ultán111uente
a
de!endet·•e contra ellas ( . . . ) Lo que habia
repugnado a la sujeto no habia sido la
vista de la pareja, sino un recuerdo que la
misma despertó en ella, recuerdo que no
podia ser
sino
el
de aquella escena
nocturna en la que sintió el cuerpo de su
padre junto al suyo. (8).
II.
Es necesario considerar, antes que
nada, la problemática del tiempo, del tiempo
subjetivo, que para
Freud
es
un
tiempo
desnivelado respecto a
la relación entre la
comprensión y la defensa. Me refiero a lo que
Freud llamaba, en alemán nachtrii.gliohkeit, y que
los franceses llaman
•prla-coup,
término
extranjero que adopto por hoy, a !alta de una
adecuada traducción al
castellano. Pero que,
para irnos entendiendo, les digo que es lo que
por ahi ha tendido a deno1dnar5e, no sin cierto
abuso, Rresigni!icación•.
Ustedes ven cómo, en los pasajes que he
citado, Fraud esboza un modelo para pensar este

�6

7

tie ■po curioeo. Y

••t'

en verdad
•ólo ••bozado,
aunque en otro t•xto de la ■i•- 4:poca lo ha
d•Hrrolbdo U• (t), Hay aqui para
decirlo
euaaria■ente, una eigniticación ando■ tia■poe,
en doe ••cana ■• rreud no deja da ■ubrayar qua la
111.1chacha ■o coapraadió loa hecho■ ■ n al ao■ento

en qua obj ■ tivaaent ■ sucedieron, loa co■prandió
de■pu, ■, y qua ju ■ ta-nt■ ■ n el ao-nto aegundo,
en el ■o-nto aa la co11pr■nsión ■ tectiva, ••

cuando la vivencia, o ■ejor dicho,
de la vivencia, •• constituye coao

el recuerdo
trauma; es

eólo entonces cuando •• dispara la defensa
producen loe ■ 1nto11aa.

y••

Ne contentaria con decir que•• un a&lt;xlelo

de coapren-1611 tudia,
y aca ■o citar
algun
paea1 ■ del Proyecto
da
waa psicología para
neurlilogoa c:0110 argtmento
para decir qua la
represión neurótica ocurre única■ente cuando el
yo comprende, en un segundo tie•po, el recuerdo
de lo vivido con anterioridad. Con esto, ae
parece, habriaaoa avanzado,
Pero
co■o
aoy
•~igente lea invito a co■plicarnoa las cosas
preguntándonos ¿qu• hechos son los que no se
comprende desde el ■oménto de su ocurrencia, y
porqu, no se loa comprende?, y todavia, ¿qué
clase de registro
psíquico,
que
clase
de
estatuto aetapaicológico tienen
tales
hechos
entre el ao■ ento de su realización objetiva y el
ao■ento de su comprensión?,
Para . .pe zar
a
responder,
aunque sea
parcialmente, a éstas preguntas, lea pido releer
con■ igo ahora la carta del 6 de dicieabre de
1896, la taaosa oerta 52 (10) donde Freud nos
ofrece un ■odelo
estratificado
del
aparato
paiquico, o de la ■e■oria,
en
el que las
repreaentacionea, desde que entran al sistema
coao percepciones, se registran bajo la tor■a de
•di!erentea clases de signo••, aeg¡l.n au lugar en
una ••cala de niveles progreaivoa, y donde el
pa. ■a.je de un nivel al ai91.1iente requiere la

•traducción• de au tipo d• registro al que le
corresponde ahora. La pri■era claH de éstos
regiatros ee 1, que Freud llaaa, preciaa■ente,
•signo perceptivo•, que supone el agru~iento
de lae ideas en base
a
au •aiaultáneidad•
perceptual, y que, según Freud, no tienen acceso
a la conciencia hasta no eer traducidas en otro
regietro {para lo
cual
requieren, dice, de
"illágenes verbales")
(11).
Por
■i
cuenta
suscribo de buena
gana este aod.elo,
y
lo
interpreto en el
sentido de que ésta signo
perceptivo ea la tonui en qua queda inscripto en
el aparato el acontecimiento eexual, hasta que
obtiene au traducción, ea decir, au co■prenei6n,
en el segundo tiempo. Este signo perceptivo lo_
hago también corresponder a lo qua años después,
Freud denoainar.t •representación-cosa"
(12),
asto ea, una iaagen, visual o auditiva, incluso
una palabra o una !rasa, que sin embargo carece
aún de la
•representación
palabra•
que
permitirla su eventual
•siJlbolización•
y
"elaboración". En otros t,Illlinos
aún: es la
fOtlla en que una huella ané■ ic., rr■anece, COIIO
abierta a ser aigniticada (en e
sentido del
aigni!ic.,do codificado del proceso secundario),
pero que, por el ao■ento, no significa nada.
Pero no
debe
entenderse
equi que la
representación en cuestión est6 reprimida. Freud
dice en au carta que •la !alta de traducción es
lo que clinica■ ente conoce110s por
repreeión•
(13) \ por ■ i parte estoy de acuerdo, pero 11e
veo ~b igado a ■atizarlo. Diria ■6s bien que si
toda represión implica una falta de traducción
(o quiz6 . . jor, una •destraducción•¡, no toda
falta de traducción i ■plioa una represión. Y
ésta precisión ea importante si se considera la
cuestión desde el
punto
de
vieta
de
la
temporalidad. con ésto
quiero
decir que un
acontecimiento, o una vivencia, puede 11uy bien
ser percibido --y registrado-- sin que el Yo
"•epa• lo que
ha
percibido,
sin
que
lo

�8
■ ignitiqua:

qu• la huella da lo percibido pueda
penianecer ahi, co■o •iqno da nada, de hecho en
el aiste11a Preconscienta-con ■ciente,
pero ■ in

una conexión asociativa t'lja, que le otorgue un
significado "plena11.ente reconocido" y reconocibla a nivel yoico. Se trata de decir que la idea
no está repri ■ ida, sino que, sencilla.ente, está
aislada, en el siateaa preconsciente, desconectada, pendiente.
Ahora bien, Freud dice en varios lugares,
seria
inconsciente.
Lo
dice
incluso, co110 ya seJ\al8, en la aisaa carta 52:
•total■ente incapaz da llegar a ser consciente•
(14). Yo digo que no, que eso no es cierto. o
11ejor dicho, que no es total ■enta incapaz de
consciencia; que si es accesible a la conciencia no lo es en el Gentido de lo repriaido. Es
virtualmente conscianthable, es sólo que para
su toaa. de conciencia le falta aún •algo•, un
•puente asociativo•, una
"traducción verbal",
que lo signifique. Mientres la representación en
cuestión no significa nada para el Yo, no hay
•otivo ni posibilidad alguna de que pase a ser
repriaida. Y precisa11ent• es ésto lo que plantea
la teoria del aprts-ooup1
que
la represión
•propiamente dicha• (la nach4ringen ) ! 9ondición
de todo aintoma, sólo se pone en aov11111ento en
el segundo tiempo,
en
el
tie111po
de
la
co111prensión . Es que antes
de
éste
segundo
tiempo, la idea no
repriaicia.

que tal idea

••t•

Pienso que el ejeaplo aás claro de este
estado, podriamos decir "interaedio", es al de
los "restos diurnos", ésas "pequeñeces", ésas
cosas anodinas que percibimos durante h vigilia
y que quedan por ahi, sueltas, hasta que el
trabajo del sueño las reto~ coao_11edioa para
revelar y realizar el deseo inconsciente, y que
sólo después· al otro dia, podemos reconocer
como percapelones del dia anterior . Pues bien,
asi entiendo el signo perceptivo : el tipo de

9
registro pslquico de
un
hecho
vivido
y
percibido, que puad• penanecer indatinidamente
sin entrar en uo proceso alaborativo hasta que,
súbitallents, en un segundo tiempo, es traducido,
co111prendido, y sólo entonces, rapriaido. Y esto
ea lo que habria sucedido con la seducción que
su padre hizo a catalina, de toaar textualaente
la historia que ella relata a Preud.
III. Seglln
cuenta, cuando ocurrió
la
tentativa de seducción, ella "no coaprendió•,
•no sabe de qué se asustó•. De acuerdo con •
aiaao relato, el padre coincide con la hija en
que ella no comprende, y se lo dice: "No sabea
tú lo bueno que es eso". Y por si fuera poco,.
Freud coincide tllJlbién: " ..• hasta mucho después,
la 111uchacha no habla comprendido las verdaderas
intensiones de su
padre" .
Asi
pues, · hay
unani•idad en éste punto: todos están de acuerdo
en que la cándida 110ntañez:a no comprende, no
sabe . Pero nos habiamoa preguntado ¿que es lo
que catalina no sabe?

¡

Retengaaos esta pregunta y salteaoa ahora a
otro aounto de la elaboración freudiana para
pensar lo siguiente: cuando
falta
el saber
adulto sobre la sexualidad (sobre la sexualidad
"actuada•, que el infante vive y percibe), el
niño lo sustituye por otro saber, que él aismo
"construye". Juanito, por eja•plo {15), nos ha
enseñado que si a una niña no se le ve el pene
no es que no lo tenga, es que ea aún auy pequeño
y a de cracarle; o en todo caso, que al las
mujeres no tienen pene es que
se loa han
cortado co1110 castigo por algun acto indebido.
Aludo, evidenteaente,
a lo que Fraud llaaó
•teorias sexuales infantiles• (16).
Son ésos
saberes que cada uno de nosotros construye --y
elabora-- para dar cuenta da lo inco111prensible,
de lo sexual que uno vive en si 11ismo y percibe
an los actos de loa otros.

�JO

11

Hemos aprendido también que estas teorias
sexuales infantiles suelen
tener
un destino
doble, o mejor dicho, que su contenido representacional se desdobla, tópica y dinámicamente
en el aparato
psiquico: su to.niulación
aá~
b1:1rda, la •ás temprana y la más ligada a la
v1vencia¡ suele pasar después a ser reprimida, y
se const tuye como fantasma, incluso co110 lo que
Freud llamó "fantasmas
originarios"
¡muy
esquemáticamente: la castración, la seduce ón,
1-? escena primar;a) . Pero esos saberes no son
simplemente reprimidos,
pues
necesariamente
dejan vestigios, restos
conscientes,
que 88
ehboran de modos ■ás o
menos
sofisticados
utilizando para
ello elementos contingentes'
para ~eminar convirtiéndose
en
la
"novel~
fa1dllar" {17) de cadaneur6ticq es decir como
la historia dramática que de su vida el ;ujeto
se narra conscientemente a si mismo, y que narra
a~ analis!a, para dar cuenta y demostrar cómo
vive, pasiva111ente, los embates de la pulsión
sexual . Es_éste e~ lado yoico, defensivo, de los
fantasmas inconscientes, y es también
por lo
tanto, la herencia
de
las teorias' sexuales
infantiles.
Pueden ustedes ver
en
la historia de
Catalina dos de éstos fantasmas: la
seducción
(porque ella es seducida por el otro por su
padre), y la escena primaria (porque ~lla es
espectadora neutra, no participante, del coito
entre su padre y otra mujer, aunque no se trate
de la madre).
Y ven ustedes
también
cómo
Catalina en este
discurso se presenta
como
pasiva Y neutra: su propio deseo parece estar
an;1lado, borrado, disuelto;
sencillamente
no
existe, pues los otros son los deseantes y los
perversos; Catalina, a los 14 y a los 16 años
se pretende pura e inocente: ella nada • ~ ;
ella, lo único que quiere es •dorair tranquila•.
IV.

Pero todo esto, ¿a donde noa condu-

ce?, ¿se trata simplemente de denunciar como
falsa, como mentirosa, la inocencia que Catalina
presume? En verdad intento ir un paso ID.!s all6.
Y quiero invitarles a dar conmigo todavía otro
salto, un último salto por la teoria freudiana,
esta vez hacia la problemática
de
lo
que
provoca, precisamente, la producción
de
las
teorias sexuales infantiles.
Ya en aus Tr••
•ru1ayo• ••• (18) Freud dice que dichas teorias
sexuales surgen en el niño como una tentativa de
dar cuenta de los eniglllas que le plantea su
entorno familiar. Y
en
su
trabajo
sobre
Leonardo, dice que el deseo de saber no nace
espontáneamente en los
niños, sino
que
es
provocaao por ciertos
•sucesos
imeortantes",
aludiendo con tal exeresión al naci1111ento de un
her:mano, como precipitante del enigna sobre el
origen de los niños (19) . Pero hay, evidentemente, otros "sucesos importantes" que Freud no
dejará de destacar: la percepción --siniestra-de los genitales femeninos, la percepción de una
relación sexual entre los padres[ o la vivencia
de una seducción, Y es que s
tales sucesos
provocan la investigación en el niño es que hay
algo en ellos de enigmático; y ése algo, lo
sabe:mos, es su sentido sexual. Por supuesto que
lo sexual está ahi objetivamente, pero después
de todo, lo sexual está objetivamente en todos
lados, más allá de que los propios adultos se
esfuercen er, no saber nada de ello.
En verdad
no
se
necesitan
"aucesos
importantes", cosas fuera de lo co•ún, para que
todo ser humano se vea enfrentado a loa enigmas
más importantes de la vida, pues lo enigmático
está ya en los adultos que se ocultan para hacer
el sexo, o que ocultan mediante la ropa sus
órganos genitales. En el limite, nos informa
Freud la vivencia de lo sexual, y por lo tanto
lo enigmático, ei.t6 ya en el a■aaantamiento
mismo, en tanto esta ya ahi el goce --inconsciente-- de la madre al dar al pecho. Y la

�ll

12

•A•

c~estión aqui ••
alU da lo que loa adultos
ocultan consciente ■ente al niño, está ahi lo qua
•• ocultan incluso 11. 111 ■ i1111oa, su propio nosaber •obre lo ae,rual, que es inaccesible para
ellos ■ i ■■oa porque es inconacienta, es decir su
propio deseo.

Ea el deseo del adulto --y su realización-

el _deseo del otro, lo que ea enigútico para eÍ
nii;io, Y lo qua despierta en ,1 ésa •pulsión
ep1ste■otilic11.•, ése "deseo de saber",
que a su
vez le induce a la producción de las teorías
aexualee infantiles a gua ~•:i - reteri. El deseo

del otro. Esta es una fomt\la ..:a lacaniana que
treudiana, PefO no i111porta. Lo que importa ea
que la vivencia de lo 158l.'Ual, q¡.;e en el adulto
mismo hace r':"torn~r un saber no-aa.bido, plantea
al niño el 111ster10 sobre el goce y el deseo el
del adulto,
pero
tamoién, correlativame:ite,
sobre el deseo_ propio en la medida en que éste
le es despertaGo por aquél.
Pero ya veiamos que el enigma no es enigma
puro. La pe~cepción de éste sexual del adulto
deja en el niño una huella, un- signo perceptivo,
que acaso no ea todavia un saber --o solamente
el saber de Q1;1e se lo ha percibido--, pero es un
signo percept1 vo que iaplica, co■o vi■os, que sí
carece de traducción, de un lugar tiio en una
red de significados elaborados y consc1enth:ables, al ■ ismo ti-po es un signo que anticipa
la signiric&lt;;1ción que vendrá después. Y no sólo
porque es signo de un goce cuya comprensión
tardia provocará
una
represión
propia-.ente
dicha, sino taabien
porque
provoca
la
con~trucción de saberes, de teorias, de "novelas
ta■ iliares". Y este saber
infantil sobre lo
sexual nunca será verdaderamente desechado; será
repri■ ido, es decir,
pel"llllnecerá. imiutable e
insistente a lo largo y ancho de la vida. y
aunque el Yo
•aprenda•
luego
una
versión
"corregida•, una versión •adulta" de lo sexual -

-y de la historia sexual-- el saber infantil,
constituido como fantasma
inconsciente,
permanecerá como siendo el saber histórico y
efica1, el O.nico· verdadero; la ■ateria aisma del
inconsciente. El saber del que todo neurótico,
como Catalina, nada quiere saber. El saber no
sabido, que retorna como sintoma .
V.
Volvamos ahora con Catalina. En el
erimer tiezpo de su historia, cuando su padre
intenta seducirla, seguramente
ella
ha
experimentado --y percibido-- un goce, o co1110
dice Freud por entonces, un "desencadena■ iento
seY.'.1~1•. Y si bie,1 podeJ110;¡ ad:dtir, al aenos
hipotética.1ente, que en este momento ella 110
sabe, lo q\!C be sentido, lo que ai sabe es que lo
l.;;. t1ent.1,c;,: alyo violento a recorrido su cuerpo,
una corriente net'able que la ha hecho vibrar y
suspirar; algo que, para decirlo con palabras
freudiaras, "arriba al alu" (20) bajo la fonaa
e.e la angu11tia. C~talina "no sabe de que se
asustó" pero clgo la asustó. En otro lugar
Freud e~cribirá que "sí no quiere decir de qué
tiene 11iedo, es que realmente no lo sabe" (21),
es una angustia
"tlotante•,
esto
es 1
una
descarga libidinal no ligada, no cualificada Y
no significada, justamente porqu~ el Yo carece
aun de ciertos ele1:t1ntos
paiquicos,
de las
"ima9enes verbales", necesarias para asignar a
lo vivido un sentido, 1r1ás o asnos acorde con el
saber oficial, adulto, pero un senti~o a~ fin,
que permita al Yo un dominio, por biaginario que
sea del resurgimiento, siempre posible, de la
trri'.ipción del goce que, por ser de-.asiado real,
es peligroso.
En verdad
podemos
aun
pregun~arnos,
mañosamente si en catalina la emergencia del
goce como a~stia responde "siaplelll:inte" a la
falta de un saber traductivo,
o si en ése
momento ya "algo• lo babia significado como un
goce prohibido y
culpabilizante,
Pero
de

�14
cualquier modo, el goce es algo que angustia. Es
algo de lo cual, repito, es preferible no saber
nada.

Eventualmente Catalina construirá acerca de
este goce un
cierto
saber,
una
teor1a,
prorectiva y defensiva. La proyección será un
111ed10 privilegiado para significar el goce, para
saber de él sin saber de él, por9&gt;1e cuando
reaparezca lo hará justamente col!lo aJeno, como

siendo el goce de otro. Pero tal proyección, del
yo, no es, después de todo, una mentira, una
falsedad. Porque es cierto que el goce es el
goce del otro, con la salvedad de que el otro en
cuestión es menos, para Catalina, su padre, que
su propio cuerpo; ése cuerpo-otro que la ataca
con un goce oscuro que
la
asusta, que la
angustia, del que nada quiere saber, y respecto
del cual no puede decirse, final?t1ente, que nada
sabe.
Ahora bien, el movimiento, en Catalina, de
significar apr•s-coup el
recuerdo
de
esta
vivencia, es un movimiento a la vez de avance y
de retroceso, desde el pun,t o de vista de la
asunción de su deseo. Es avance en el sentido de
que ahora ella sabe, ella comJ¡1rende, como dice
Freud, "las verdaderas intenc1ones de su ]?adre".
Las comprende coao sexuales --en el sent1do del
saber adulto sobre lo sexual--, las comprende
también como verdaderas, en tanto atañen a la
verdad del goce del cuerpo. Pero retroceso también. Porque este nuevo saber, esta traducción
del goce que antes la estremeció (y que con toda
seguridadla estremece de nuevo ante la vista de
su padre encima de Francisca), es un saber tanto
o mas defensivo, tanto o Más alienante, que el
saber que, en cierto 111odo, no alci:i.m:ó en el
primer tie111po; es un saber que fija el sentido,
que pretende ·as1 obturar el enigma del deseo¡ ea
tanto que hace de lo sexual algo que sólo ex ate
en el saber y en el deseo de los otros. Es un

11
saber que fija, epi• petrifica, la Unica versión
aceptable de lo vivido; inscribe el guión de una
"novela familiar", en donde
queda claramente
asignado el rol .de la propia Catalina, como el
rol de la pasividad, el rol del haber sido
atacada y angustiada por el otro. Es retroceso
porque la constitución segunda de este saber
promueve la represión
del
deseo
y
su
retraducción, su retorno, no sólo como novela
familiar, sino también como conjunto de síntomas
histéricos.
Y en verdad en éstos sintomi:i.s se mantiene y
se sostiene el enigma. Ella aborda a Freud con
una pregunta que
por poco no se alcanza a
fonnular. si le prestamos algunas palabras, yo
diria que ella parece preguntarse, y preguntar a
quién la escuche --ahi donde eso habla--, a
Freud: "¿qué quiere de mi ésa cara horrorosa que
me mira con ojos terribles?, ¿qué quiere de mi
ése otro que, detrás de mi, quiere agarrarme por
sorpresa?; ¿qué quiere de mi ése inconscienteotro que está por ahi, agazapado en la noche,
siempre acechante y presto al ataque?".
Pero estas palabras son prestadas. Y si es
cierto que en sus síntomas, y en su demanda de
ayuda hay una interrogante, catalina no se la
foilllula como tal. catalina 111ás bien se aferra a
una respuesta, a una certidumbre, a un saber
yoico y proyectivo, que es el Unico medio de que
dispone para traducir y "controlar" el inminete
y peligroso goce sexual.
Con el tiempo ser¡undo, el signo perceptivo
que habia dejado la primera escena, pasa a ser
comprendido, pero no a ~er elaborado c&lt;;&gt;mo la
traducción de algo
propio; al contr~rlo, la
comprensión ha precipitado una represlÓ1:), Esto
es paradójico y desalentador: ¿quiere decir que,
1116s acá de
la
experiencia
particular
de
Catalina mientras más se comprende del goce,
más se
reprime y se lo desconoce?, ¿que todo

1b

�17

16
saber sobre lo sexual •• vuelve, necesariaaente,
un saber no-sabido?.
suspender esta ret'lexión quiero
ésta
via,
algo
que
dejé,
~usta■ente, co■o una pehbra suelta. Dije que la
inscripción de un signo perceptivo i ■plica que
la huella
en
cuestión
peilllanece
sin
un
significado "pleno".
Pero
es
que,
¿puede
lograrse de
lo
sexual,
alguna
vez,
un

IIOTU

l.

s. Freud, "!1tudio1 ■ obre l• bi1t1ri1", en
obras Completas, T. I. , Biblioteca Nueva,
Madrid, 1973, pp . 39-168.

2.

Ibid., p. 101.

..

Ibid., p. 102.

Antes de
por

reto■ar,

significado pleno? Es evidente que en el trata-

■ iento

3.

En su relato original, Freud la coloca como
prima suya, y al sujeto s e ductor co■o a su
tio, pero en sus "O.isione ■ • los bi1toriale1 olinico■", redactados en 1924, nos
infonia, corrigiendo éstos datos, que éste
último era su propio padre . Es de suponer,
entonces, que Frencisca era su heniana, si
bien Freud no lo dice expresa■ente. Cf.
Ibid., p. 138.

analítico estamos del otro lado, que se
trata ah1 de recuperar el saber inconsciente, de
peniitirle una traducción en una foraa de saber
consciente y elaborativa. El análisis intenta
ser un tiempo segundo, un tiempo de completar
una traducción incompleta o fallida. Pero es
i~al111,ente evidente que el priaer tieapo retorna
siempre, y el ■ uieto r■ pite el resurgi■ iento del
goce, y lo proyecta una vez más sobre el otro,
esta vez el analista. Y acaso una vez :más, el
deseo --enigmático-- del analista promueve dicha
revivencia y dicha proyección.
Y
si estoy
pensando las cosas con iusteza quizá no ha90
otra cosa que redescubrfr a la transferencia
co■o un rodeo necesario para la producción de
este nuevo saber sobre lo ya sabido que, después
de todo y siempre, mantiene el enig:ma abierto.

,.

Antes de resbalar hacia el problema de la
teraina;ción del a;nálisis - - o de la pulsión de
■uerte-- pret'iero,
detenerme, interrwnpir este
discurso , con la; hipótesis, nada nueva, bien
sabida, de que todo saber sobre el deseo y el
goce, sólo puede ser, en Ulti ■a instancio, un
saber incompleto, un saber, como diria Lacan, a

10. Id--, "Los orígenes del
III, pp. 3551-6.

■edias.

Ibid., p.103. El subrayedo es

,.

v.

7.

Loe. cit., p. 104

'.
'.

1110.

infre.

Ibid . , p. 105. El subrayado es

■ io.

V. el

"Proyecto
de
psicología
para
neurólogos", T. I. en particular la segunda
parte, titulada "Psicopatologia•.
psicoan,li ■ is", T.

ll. lbíd., pp. 3551-2.

12. Id-, "Lo

incon ■ ciente",

T. II, pp. 2061-82.

13. "Carta 52", loe . cit., p. 3552.
14. Ibid.

�lE
15. V. "Anilhh d• l• tobia d• un niño d• cinco
afi.oa (caao Ju.nito)" T. II, pp. 1365-440.

16. Id-, "Teorias sexuales
pp. 1262-71.

infantiles", T. II,

17. Freu~ designó con éste tér.ino a un fantasma
particular el
de ser hijastro
o
hijo
adoptivo de los propios ~adres. Cf. "La
novela familiar del

neurótico",

Flavio Heléndez z . y Maria Gutiérrez z.

"Asi a !telanie JClein, 11.is que
desterrarla o exorcisarla,
p1damosle trabajar, forzando su 1¡&gt;ensa11iento y su obra a trabaJar.
Nos daremos cuenta entonces de que
el traba¡o de toda gran obra
psicoana 1tica se recubre y se
entrecruza con el trabajo de otra
obra. Miis alU de todo eclecticismo, nuestra época deber1a, en mi
opinión, consagrarse a este trabajo, a este recorta11iento pociente
de todas las exigencias."

"!res ensayos para una teoria sexual".
V. particularmente pp. 1207-9,

19. I~••! "Un recuerdo infantil de Leonardo da
V1nc1", T. II, especialmente la p. 1586.
y

sus destinos",

T.

21. Idam, "Análisis de la fobia de un niño de
cinco años", loe. cit., p. 1375.

Jean Laplanche. ¿Hay que q:u•-r a
Nelanil Kllh1?
Trabajo
del
psicoanUisis, Vol.
I, NO.m. J,
1982.

BIIILIOGRAJ'IA
Fraud, Sig11und. Obra•
co■plata1,
Nueva, Madrid, 1973, 3. Ts.

DI SUJSTO PSIQUICO IDI'

MILANIB KLUlf

Id.e■,

20. ldam, "Los instintos
II, p. 2041.

CO■CIPTO

T. II, pp.

1361-4. Soy
consciente pues,
de
estar
adulterando, a
base
de
extenderlo
el
sentido de esta expresión, al aplicarÍo a
tocio fantasma consciente y egosintónico que,
no reconocido
como fantasma --más
bien
dotado de creencia--, el neurótico adopta
como la historia de su vida.

18.

NOTAS 8011RI IL

Biblioteca
INTRODUCCION.
En este breve escrito nos propone110s
explicitar lo que desde nuestro punto de vista

19

�,1)

constituyen algunos ejes del concepto de sujeto
ps1quico en la obra de Melanie Klein {M.I&lt;:, ¡,
agregando algunas reflexiones que nos perniten
repensar los presupuestos kleinianos desde la
1,&gt;erspectiva de la unidad diá.lectica sujeto/obJeto y del enfoque intersubjetiva que de ésta
se desprende.
Para nuestra
tarea tomamos
como
base
principal la lectura de los textos de M. K. y
sus disc1pulos que sirvieron de punto de
partida para las "Controversia! Diseussions"
que se llevaron a cabo durante 1943 y 1944 en
la Sociedad Psicoanalltica Britanica y 'que
posteriormente, en 1952, se publicaron en un
libro con
el
titulo
de
"Desarrollos en
P•icoanáliaia" (1). De esta manera, la visión
de este trabajo estar! ~imitada principalmente,
pero no de fonna exclusiva, a los planteamientos contenidos en esos escritos.
1. - 0N INCONSCIENTE DESDE LOS ORIGBNEB .

Melanie Klein sabia que el psiquismo
inf&lt;'l':itil no inicia a p&lt;'lrtir de la represión
originaria y que, por lo tanto, era necesario
dar cuenta de las vicisitudes de la vida
anlmica previas a aquélla. Tales vicisitudes se
encontraban enmarcadas dentro de las experiencias mas primarias del bebé, y hallaban su
anclaje teórico
en
los
planteamientos de
Sigiaund Freud a propósito de los destinos
pulsionales anteriores a la represión !undante
(2). Es en este
esfuerzo en el que podemos
inscribir y valorar la obr&lt;'I de Melanie Klein.
Sin embargo,
la
autora
plantea
un
~nconsc~ente desde los orlgenes. Para ella, el
inconsciente no es algo que se constituye en la
historia del sujeto, sino que existe y actúa

21
desde que hay crfa human&lt;'!; toda la riqueza de
la vida anl11ica del bebé es explicada por la
existencia de esa instanci&lt;'I que nace iunto con
el sujeto. En contraste, en Freud observa11os
dentro de los textos de la metapsicologla, el
planteamiento de
que
el
inconsciente
se
constituye a partir de la represión primordial
(Urver4rlingung), proceso que funda el aparato
con sus
diversas
instancias
y
lógicas
particulares que las C&lt;'lr&lt;'lcterizan (3). Para
11

~!=~~ta~g d:°t~ d~ii!!tac\ ón rd1rf:fófnst~~ci~~
-que depende de la 11aduración del Y.o-, ';( no su
factor !undante. Lo anterior tiene implicaciones fundamentales
que
atraviezan
toda
la
conceptualización kleiniana de sujeto ps1quico.
2.- El!I EL PRINCIPIO ERA LA MUERTE.

El bebé nace so111etido a un instinto de
vida y a un instinto de muerte que pulsionan
su interior,
demandando
satisfacciones,
en
pri111era instancia en el pecho 111;aterno. No
obst&lt;'lnte, se trata de un pecho que no constituye un objeto pulsional simple, a pesar de su
caracter ¡¡,rimario, sino que a partir de las
experiencias vitales y alimenticias del bebé,
ese pecho va a ser fantasmatizado, a través de
proyecciones, introyecciones
y
escisiones
multiplicadas. La acción del instinto de muerte
en el interior del organismo del niflo produce
en éste una ansiedad en l&lt;'I forma de temor a la
aniquilación, !'orzando al nil\o a proyectar sus
impulsos destructivos sobre el pecho, constituyéndolo de esta 111anera en pecho malo. y pe~secutorio trente a un pecho bueno e idealizado,
siendÓ éste el recepUculo de sus instintos de
vida .
El pecho 111alo es el que frustra, el pecho

�13
bueno el que gratifica. A■bos per■anecen asi
escindidos para el bebé coao dos objeto;
diferentes, en un intento por controlar y

aislar al prh1ero y a las múltiples amenazas
que representa.
_ Las experiencias de frustración producen
un ;ncremento de las pulsionea de muerte,
debido a 111 ira 9ue produce la privación del
pecho bueno y sat1sfactor, y a su vez conducen
a un estado de voracidad, que en su intento
desesperado de incorporar el pecho, inevitableMnte lo destruye. Por el efecto de retallaci6n
al cual i■aginarillllente el nino se encuentra
sujeto, este pecho se convierte en un perseguidor interno que puede destruirlo, envenenarlo o
aniquilarlo; el cual dentro de las postulacio-nes de
Klein constituye el
al■acigo
del
Supe.ry&lt;:i. Por otro lado, las experiencias de
gratificación refuerzan la existencia de un
pecho interno bueno protector, nutricio dador
de todas las vivencias de bienestar y feÍicidad
~el nii'lo..
Ellas van a dar lugar a la
1ntroyecc1ón de un objeto bueno, que conforma
el ndcleo del Yo, factor integrador que a lo
largo del desarrollo conducir! a la constitu-ción de los objetos totales. Estas transforma-ciones son la parte medular de la posición
esquizo-paranoide, t:lue en el curso de la
evolución del bebé 1r!n cediendo su lugar a la
posición depresiva,
en
la
cu!l
aquél se
relaciona con
objetos
totalizados
cuya
característica es
la
coexistencia de
los
aspectos buenos y malos dentro de s1 misao. De
esta eanera, el pecho y la madre son buenos y
malos a la vez, y el intento de destruirlos
enfrenta al infante con una depresión culpable
que es coabatida llediante intentos incesante;
de repa.raci~n del objeto dariado i■aginaria-n-­
te.
Nos encontramos aqu1 frente a dos tuerzas

instintivas primarias,
que
actOan
en
el
interior del sujeto y que se manifestarán
independientemente de cualquier determinación
histórica singular, dando lugar a una variedad
ili■ itada de actos anbicos.
No se trata de
tuerzas que se constituyen en relación con
al9'Wl orden de causaciones, aino de sustancias
ah1stóricas, independientes
de
cualquier
interacción con la objetividad. Entre las dos
sin e111bargo, la primacía la tiene el instint~
de muerte en lo que se refiere a las causas de
la ansiedad y del conflicto psíquico. Es aquél
el que con sus fines destructivos origina la
ansiedad y los ■ecanismos para hacerle trente,
que segOn su intensidad se convertir.in en
motores o en obsU.culos del desarrollo del
sujeto, eientras que los fines del instinto de
vida no producen ansi.edad por s1 mismos, sino
sólo en tanto est!n ligados a los de la 111uerte.

3.- LA OIALBCTICA Gl!.ATirtcACION-ntUSTJtACIOH,
La relación del bebé con su ■adre está
centrada en la gratificación-frustración de sus
regueri ■ ientos instintivos.
La naturaleza de
esta dialflctica es irrelll.ediablemente problematica, dada la polarización de los instintos de
vida ':( de muerte. Oe aqu1 se desprenden dos
cuestiones ligadas entre s1: una refer nte a la
relación de la estera gratificación-frustración
con la estera del amor-sexualidad, y otra
referente al papel de la madre.

Por momentos
parecer1a
en
el
texto
kleiniano que es suficiente con que la aadre
otorgue protección y cuidado y satisfaga las
necesidae11 del be.bl, que 11ea buena nodriza,
para que aquél cuente con los requisitos
11íni110s para habérselas con el monto de sus
ansiedades y transitar con cierto éxito por el

�camino de su evolución. Esto nos plantea la
ausencia de una sexualidad entendida como
discontinuidad con
lo
biológico-instintivo .
Sabemos por otra parte, cómo intentó Freud
resolver este problema mediante el concepto de
apuntalamiento (Anlehnung) de lo sexual sobre
el orden de lo biolOgico. No negamos que
Melanie I&lt;lein
consideró este
problema
de
plantear el objeto como un objeto no tanto de
la pulsión, sino del bebé, de su amor y su
odio, de su dependencia; sin embargo,
la
especificidad da esta esfera del amor no está

constituirla en su absoluta singularidad, a lo
más, cuando se trata de otorgarle a
lo
fantasmático un orden otro que le darla origen
se recurre a una mitología biológica (5). D~
este modo, tenemos que lo que sucede en el
vinculo con la madre real es el soporte de una
dialéctica intrasubjetiva
que
seguirá
su
desarrollo ineluctable, sin que las vicisitudes
de la historia del sujeto den cuenta totalmente
de su estatuto especifico y singularidad.

~~~~f~~f~a~~disJinun1u~ad ~~n :1el~~~~~a de P~~

4.- tJII DESEO SOLITARIO.

necesidad biológica .
Las
postulaciones
de
nuestra autora no nos permiten conceptualizar
claramente una sexualidad 1116s alU. de la mera
satisfacción de
las
necesidades,
que
precisamente se inscribirla en la relación con
otro deseante.
Insistimos,
Klein
considera
hasta cierto punto el problena, pero no lo
puede teorizar. Justamente cuando Freud define
a la pulsión con un objeto variable, no
determinado filogenéticamente,
nos deja
el
espacio abierto para pensar en una relación con
el otro cuya matriz no está signada por la
biologia (4).
A partir de lo dicho, el vinculo con la
madre real, según el balance ~ratificaciónfrustrac1on que conlleve, influirá a su vez
sobre el
balance agresión-libido,
y
ésto
determinará los montos de ansiedad presentes en
el nif'io.
Pero
desde
estas
variaciones
cuantitativas se
desarollará
un
mundo
imaginario riquisimo, que no puede ser reducido
a una simple superestructura de lo instintual.
Por lo contrario, la fantasia ~uedará entonces
en el análisis, como una realidad que produce
un sentido · autosuficiente y último, que no
necesita, ni puede tampoco, ser reconducida a
una relación intersubjetiva en la que se

Paradójicamente al hecho de que Melanie
Klein propone un objeto de dependencia del bebé
y a que el deseo por este objeto presenta una
serie de vicisitudes, aparece frente a nuestra
mirada como un deseo que está ahi desde el
nacimient? del bebé, que implica objetos pero
que no tiene nada que ver con el deseo del
otro. Es un deseo ~ue como tal no requiere ser
reconocido ni sicjnificado por otro. El niño
desea antes de que haya un deseo previo y ajeno
que lo llame y lo reconozca.
Es decir, la madre aparece como soporte de
las satisfacciones y frustraciones, pero su
deseo y su inconsciente no figuran por ningún
lado; no aparece como sujeto del inconsciente
en cuyo deseo su hijo necesariamente tiene un
lugar. 'l. es que no podemos olvidar que la
concepción, la gestación y el maternaje de un
hijo están necesariamente enclavados en la
sexualidad de la madre. Ello constituye un
mundo que precede y organiza al mundo del niño.
Por otra parte, el padre tampoco es
sujeto deseante ¡¡iara Helanie Klein; es
personaje desde cierta óptica equivalente a
madre, poseedor de un pene equiparable

un
un
la
al

�ro
pecho; pero au propia aubjetividad no tiene
ta•poco un papel constituyente, a pesar de que
en ■o■entos jugar&amp; co■o alternativa y rival en
el a ■or.

As1, el infante no nace en una eatructura
que le pre-existe (estructura -11pica¡, aino
que nace sometido a una serie de mov ■ lentos
instintivo ■ e
iaaginllrios que toaar&amp;n coao
soporte de sus proyecciones a dicha estructura
edipica .
Los padres que describe nuestra autora, no
son sujetos de la cultura que ocupan lugares
que les han sido asignados por un orden que los
trasciende, sino que son aólo cuidadores ús o
Hnos AllOrosos que influyen sobre la subjetividad infantil, condicionando parciallllente sus
■ontos de persecud6n y desintegración o de

bienestar e integración. No son, estos padres,

los agentes que constituyen esa subjetividad
infantil a
partir de •ua propios deseos
inconsciente• -aunque aquélla no i.ea pensada
co■o mero ret'lejo y continuidad de éstos-.
De aqu! se deriva que en Klein hace falta
la noción de. corte, de ruptura dentro de lo
que es el proceso de estructuraclón del sujeto.
Con ello no plantea■os la noción de un aoaento
cronolóqico especltico
ni
de
un
acto
particular, sino de una función que per■ ite
separar al individuo de sus objeto• incestuosos
e insertarlo
plenamente
en
la
cultura.
ll\8cribiendolo al interior de un orden diverso
al de su propio deseo. Nos referi110s a la
!unción paterna,
función de un padre que
irru■ pa co110
tercero, no equivalente a la
udre, que constituirla al nifto en sujeto
desea nte, ubicado en un lugar distinto respecto
a aua padrea. En Kelanie Klein hay una noción
de castración que es reconducida a la pulsión

21
original de ■uerte y que se instituye coao un
tantaa111a del Superyó, pero a final de cuentas
no le otorga un papel deter■ inante en lo que
respecta a la resolución del nudo edlpico tanto
en el va ron COJD.o en la nifta, co■o de hecho s1
lo hace Freud al relegarle la representación de
la prohibición
del
incesto .
Para
nuestra
psicoanalista la salida del Edipo se dA como
resultado natural del proceso evolutivo de la
resolución de
la
posición
depresiva,
consistente en el triunfo del a■or a la pareja
parental por sobre el odio, lo cual darla por
resultado la renuncia a ellos coao objetos
sexuales. Para
Freud
es
indispensable
la
ingerencia de una instancia-ley, externa a los
deseos de loa sujetos de la triada edlpica,
para que la separación del nifto respe~to a sus
padres se pueda llevar a cabo. Lacan d1rla: 9ue
la castración iaaginaria funja en su función
simbólica.
Lo anterior nos lleva a concebir un nifto
■uy solitario,
bregando solo trente a sus
deseos y angustias, generando por si ■ t.1110
■ecania■os defensivos
para
sobrellevar
su
turbulenta realidad interna y externa, en él
contundidas· sin que exista un atuera, un otro
ya constituÍdo -aal o bien-, que le precedió en
existencia, una cultura que le prevalece y en
la que es inscrito desde su concepción. Todo
este continente-escenario en el que el nifto
nace in■erso,
en Helanie Klein
es casi,
podrla11oa decir, e ■cotositado. Es col!lo si el
mundo del beb6 no tuviera un anclaje directo en
el ■undo del adulto. Aunque Klein tallbiin
analit6 adultos,
parecerla .que
el
■undo
subjetivo de ellos
no tu:,,,1era qué . verse
deter■ inante con el de sus h1Jos, co■o s1 todo
se l1111itara al buen cuidado y en adelante se
levantara una 11uralla i■posible de cruzar y
cada uno viviera solitario en su ■undo de

�78
objetos buenos
y
malos,
sin que hubiera
posibilidad alguna
de
encadenamientos
de
historias deseantes entre padres e hijos, al
interior de este subjetivo extre1110.

!J
No está_p?r demás re7ordar que el escándalo del
descubrimiento freudiano es inseparable de este
carácter de la. sexualidad.
6.-

5.- UN CONFLICTO DB AMBIVALENCIA.

Todo el sufrimiento del sujeto humano
puede ser enmarcado como un conflicto entre
tendencias libidinales y de JllUerte,
entre
deseos amorosos y destructivos. Sin embargo, no
encontramos claramente en Klein la concepci6n
de conflicto entre las instancias constitutivas
del aparato ps1quico, sino que dicho conflicto
es pensado siempre en relación con tendencias
instintivas de fines opuestos y en todo caso el
conflicto entre instancias es secundario y
derivado de la ambivalencia instintiva, Por
listo mis?Do, pensamos que no aparecen en M. K.
las producciones
del
inconsciente
como
formaciones de compromiso, de la manera como
Freud las pensó: como una transacción entre una
instancia represora y una reprimida. Para la
autora en todo caso, el compromiso se da entre
las dos tendencias instintivas. De ah1 que la
pbaDtasy sea expresión directa de los instintos
y no implique un compromiso intersistémico, lo
cual, sabemos, tiene sus consecuencias técnicas
en Klein.
Solidario de lo anterior, es el hecho de
que la sexualidad pierde en s1 mis111a su
carácter conflictivo y enigmático y en todo
caso sus fines sirven como defensa frente a las
tendencias que
buscan
la
muerte
y
la
destrucción. El sujeto ama y odia al objeto,
pero su amor,
per •••
no es •otivo de
prohibición"y conflicto. El enigma que plantea
la sexualidad, como deseo del deseo de otro, no
aparece en el escenario que Klein nos describe.

COHCLtl8IONBS.

~i pensamos
toda
nuestra
discusión
anterior 4;!n relaci6~ _con la unidad indlsoluble
s~j4;!to/obJet? -~eguisito indispensable de toda
visión materialista-,
se evidencia que la
autora nos presenta un sujeto que pre-existe
en su~
detenainan~es
fundamentales,
a
1~
relación con el obJeto. Es decir que separa
los dos elemento~ de la unidad, otorgándole un
est~tu~o ontológico
privilegiado
al
polo
subJet1vo sobre lo objetivo -entendido éste
como lo exterior al sujeto, lo otro y los
otros- ~s1, tenemos a un suJeto en gran medida
1ndeJ?end14;!'nte de las vicisitudes singulares de
su historia, pues su subjetividad es pensada
como m4;!'ro
desarrollo
que
proyecta
sus
contenidos en lo_ "exterior" objetivo, el cual
queda conceptualizado como reflejo subordinado
a ~a l69ica de aquélla. El sujeto aparece como
unidad inteligible en s1 misma al margen de la
estructura de relaciones inter'subjetivas en la
cual se inscribe (6).
.
En intima relación con la ausencia de la
intersubjetividad en
el
texto
kleiniano
encoi:itranos ui:i
uso
indiferenciado
de
lo~
térl!'inos instinto, pulsión y deseo, que se
deriva de un borramiento de los limites entre
los ~rdenes biológico y pslquico. Al intentar
seguir las ar$Jmentaciones de M. }C nosotros
hemos r4;!'producido a lo largo de este escrito el
uso equivalente de los téndnos, sin que éso
implique que estamos de acuerdo con ello.
Por otro lado, nos parece importante hacer
una pregunta a nuestra psicoanalista: ¿Desde

�qué lugar esta hablando en ■u teoriz:ación?,
pues nos parece que hay una contu ■ i6n entre la
vivencia del nino y el punto de vbta del
observador qua teorita. El nil\o no sabe qua •u
deseo depende

del

deso

de

aue

padre ■

dnica■ente lo vive, y la teorla acto.a coao eÍ
nino: lo■ padre ■ son vistos dnicaaente a travls
de la
atoraentada
subjetividad del
nil\o
subjetividad que, coao heaos visto, no .~
autoc:onstuye.

ll
en la superficie de sus plantea ■ ientos, es un
texto para ser proble■atizado concienzuda ■ente,
para ser puest;o a trabajar. Aqui e6lo hemos
esbozado tenuemente alguna.a lineas para pensar.

BIBLIOGRAJ'IA

Obra• Coapletaa. Ed. PaidósHormf,. Bs.As. Tomo III.
El articulo
que
M.K.
hab1a
escrito
original ■ente para las discusiones (IA •i4e■ocional y el desarrollo del yo del beW,
con referencia especial a
la poeioiói:i
depresiva), fue sustituido po_r otros tres
al momento de
la publ1cac16n:
Algunas
conoluaione■ te6rica ■
■otire
le
vida
■-ooioiual del lactaote; 8otlre la teoria de
la ansiedad y la culpa; llotae sobre alguno■
■eoani . .oe eaquiloidee. El interf,s de estos
reside en el hecho de que intentaban
sisteaatizar las
conceptualizaciones . de
Klttin, para servir de base en las pol6111cas
que sobre su obra stt hab!an desatad.o en el
seno d.e la institución ana11tica brittnica.

1.- KLEIH,

No obstante, no poda110s dejar de seftalar
en este
trabcjo
algunas
aportaciones
tunda■entales de Melsnia kloin. Una de ellas se
refiere al
éntasia
puesto
en
que
el
autoerotieao y el narciciaao de la constitución
infantil planteados por Fnud, no operan in
vacuo, sino que plantean necesariamente la
puesta en jue,o de una. relación de objeto que
ha sido interiorizada. No hay narcbiat10 sin un
otro -paradójicoaente nos lo dice Klein-.
Por otra
parte,
noS parece que las
descripciones kleinianas 11110bre los mecanisiaos
de proyecc16n, introyección y escici6n, son de
un valor inestiaable en la co■prensión de una
serie de complejos ■odoa de operación del
psiquismo, que tienen relaci6n con ten6•enos
observables en
la
clinica
p.tcoanal1tica,
particular.ente en el trabajo con nifios y
psicóticos. Estas lOcidas aportaciones de la
autora siguen teniendo vigencia, a pesar de que
su inserción en un cuerpo teórico resulte
cuestionable en varios sentidos.
Lo miaao
pode ■os decir respecto a la importancia que se
le otorga a la agresión.
S6lo nos resta para concluir retomar la
propuesta de Laplanche que rerroduci■os en
nuestro ep!grate. El texto de Ne anie JUein es
extraordinaria11ente rico y no puede ser leido

M.

2.- cf.

Freud., S. Puhione1 y de•tiooe de
pulsi6n. Obras
Co■pletas.
.-..Orcortu
Editores. Bs.Aa. To■o XIV, pp. 122 y •igs.

J. -

et.

Freud,

s.

La

npred6n.

Op.Cit.

pp.

142-J.

Aunque cierta. . nte no es ésta la Onica
posición presente
en
Freud,
en
otros
escritos sostiene una posición opuesta.
4.- et. Fr~ud, s. (cita 2) p. UB.
s. - Acerca de este punto en relación con la
obrad.e rreud, cf.: Laplancha, J. De la

�31
teoria 4• la a~ucci6n r••triilgida a la
taoria da la aaducoi6n ganaralhada. En:
Trabajo del Psicoanálisis, Vol. III, No. 9.
p. 279.
6 .- Sobra al aujato da la historia et.:
Pereyra, c. Do ■ apro:ic:Laaoionaa al problema
da la diallctioa. En: cuadernos Pol1ticos.
Ed. Era. No. 41.

PSICOANALISTAS Eli' !L BJIGllAlQJE: PIEDRAS
EN EL CAMINO

Francisco Veloquio .

Como Clausewitz del arte militar, podríamos
decir que el psicoam!ilisis-instituci6n es una
continuación de la politica con otros 111edios.
Medios que
la
presente
crisis
ha puesto

dramáticamente sobre el tapete de discusión.
Nadie puede poner en duda que el psicoanálisisinstitución se juega hoy de tnanera. explicita y
visible en el terreno de la credibilidad de los
analistas, en los supuestos de sus políticas de
encuadre clientes-pacientes y mas aün en su
énfasis antiterrenal de las concepciones de la
enfermedad mental basadas en el modelo médico
psiccl~ico de ti~ individual, o bien, cuando
se realiza
a
nivel
grupal,
los analistas
escamotean el derecho de politizar los orígenes
de los determinantes sociales que subyacen a la
existencia del proceso salud-enfermedad Mental.
México vive una transición de todo tipo en los
diversos escenarios donde el individuo social se
fragmenta y se recupera.
Al menos, los problemas que se han derivado
de h
presente transición y caDbios en los
perfiles de
los
9rupos
poblacionales
son
evidentes. Un buen eJUiplo de esto lo ilustra la

33

�l4
llaaada lucha antidroga que ha devenido en
proble■as coao la tortura y el consuao de droga ■
leg1ti ■adae por el Estado a pesar de contar con
loa conoci ■ ientoa y la intoraaci6n qua ■uchaa
son de Me peligro para la ■alud: solventes,
alcohol, tabaco;
continuando
aa1
con
la
prolongaci6n da los proble■as de aalud ■ental.
{ 1).

Taabitn hay que al'ladir las circunstancias
sociales que provocan las tensiones laborales y
ta■ iliares haciendo cada vez .as la existencia
de un proceso da neurotizaci6n 11aaiva de la
sociedad. La cuestión no aolo queda en este
plano, sino tallbién habrh. que agr~ar la falta
de o~rtunidades educa ti VH y labora les que
justifican los actos de desobediencia civil con
aua costos y rieagos en todos loa ,bbitoa; coiw
tallbiln, la presencia de una polarizaci6n entre
los grupos sociales respecto a sus espectativaa
posibles de realización social y econóaica en la
coyuntura actual.
Mientras que el foco de atención es el
grupo de edad que fluctO.a entre lo• 15 y 24
anos, los funcionarios responsables de la salud
■ental los declaran inexistente• y solo cuando
los reconocen loa atienden con la represión y
sus 110.ltiples fon.as de opri ■ ir. ~ claro que
los proble111as del proceso salud- ■ental tanto
ocupacional co■o
también
el
sindro11e
de
desocupación no existen de 11anen oficial en loa
progra ■as de entrena■ iento clinico. Adeús de
que no
son
registrados,
11uchoa
de
los
representantes de gre■ ios e instituciones niegan
que en la sociedad regio■antana exieta una
crisis e incluso el rechazarla parece obedecer a
la aspiración de un preeio o a un puesto desde
los cuales ae pueda especular con las nó■ inas
que controlao laa jerarquias burocrlticaa que
bolsean las
arcas
pO.blicas
para
beneficio
personal.

!:L LADO 08ctntO Dlrt, P8ICOUALl8I8-l■8TlTUCIO■ .

Un pri ■ er. acerca111iento al psicoanálisisinstitución consiste
en
referirse
a
los
que
plantea
la
supervisión
psicoanalítica. Esta
posee
características
propias de acuerdo a la in•titución que la
practique. Se
reconoce
la
existencia
de
distintos modelos de supervisión psicoanalitica
que estan
deteoinados
por
los
tipos de
institución que
profesan
la
foraación
y
capacitación de recursos humanos bajo la linea
del pensador sigaund Freud y que tienen la
valent1a de atender pacientes que luec¡io se
convierten en clientes. Estos 0.ltim.os siempre
son individuos ajenos a la doctrin1:1 de S. Freud.
Es conveniente distinguirlos de los individuos
que busclln en el psicoanllisis-institución un
•odu ■ vivendi
para
sus
actividades
de
aupervivencia.
proble■as

Una segunda consideración, es la que remite
a la
reflexión
de
que
toda
supervisión
psico1:1nal1tica que se practicll en todas las
instituciones, se1:1n est1:111 pO.blicas o priv1:1da11
est.!in involucr1:1d1:1s en relaciones de poder que
son factibles de ser observadas por cualquier1:1
de loa mortales. (2).
Asi, caracterizar
a
lll
supervisión
psico1:1n1:1litica nos llev1:1ría ll reconocerla como
un reforzador que sirve para l.cjitiaar •l
an.!lisis did.!ctico del psicoanalistll que hll
terminado su ritual de aprendiuje y loa 1:1nos
dedic1:1dos a constituirse co1SO tal deviene en la
personific1:1ción del guia espiritual que tendrá
poder sobre los tuturos analistas. Al t'in1:1l. de
cuentas •l analista didlctico es quien define
al el a~listll en foraación esta preparado par1:1
analizar pacientes y ser conducido por la •1:1no
del qurii. en el arte de la pdctica clinica de
los trastornos ■entales.

�36
Asimismo, el
analista
did&amp;ctico
al
constituirse como la pllltaforma del ritual,
evangelizo al
analista
que
requiere
ser
preparado en
la
liturgia
de
la
santa
interpretación cl!nica de sus casos pacientesclientes.
Siendo después, en la montal'la sagrada donde
el analista 1.Hd&amp;ctico mlis un supervisor con
equivalente poder sobre el analista en formación
se reunen para decidir si el futuro analista
posee los atributos necesarios para cumplir con
la misión.
El
supervisor
tiene
la
responsabilidad de autorizar si el analista en
formación conoce
los
secretos del
trabajo
clinico. El mismo supervisor es quien establece
la vi9ilancia. Adem,15 de ser la autoridad para
legitaar o desacreditar en la cofradía si los
futuros analistas dondnan
los
conocimientos
requeridos.
Sin elllbargo, entre el analista did.ictico,
el supervisor y el futuro analista aparece una
situación de interferencia que re1¡&gt;ercute de
forma directa en los pacientes-clientes que
acuden con los aprendices de hechiceros de almas
9Ue trabajan desde concepciones antiterrenales
institucionalizadas.
Las repercuciones son variadas, entre las
m!s importantes que impactan en los pacientesclientes una consiste en que tanto el supervisor
como el futuro analista ter111inan por presentar
les datos que desea el primero. En última
instancia quien dirige la supervisión es el
hermano mayor que si se las sabe de todas todas.
Otra repercusión igual de importante, es la que
se teje
entre el
futuro analista
y
sus
pacientes-clientes, puesto
que
terminan
sirviendo como conejillos de indias tanto para
el supervisor- como para el analista did!ctico.

JI
Es un tanto parecido a la experimentación
que solo cu111ple con los créditos requeridos para
un pasaje rersonal de la jerarquía eclesi!stica
del an!lis s did6ctico. No obstante, para que un
futuro analista alcance el grado de analis~a
did!ctico es
indispensable
que
acepte
sin
ninguna mediación la consejería del hermano
mayor, porque
si
llegase
a
atreverse
a
contradecirlo no lograria nunca llegar ª. ser un
analista didActico consumado y reco"!ocido con
todos los honores que otorga la legi6n de los
superhombres.
Pero volviendo a los problemas de las
repercusiones en los pacientes-clientes, h;ay que
aceptar la
existencia
de
una
especie
de
prostitución en
relación
al
an!lisis
d::
paciente puesto que éste e~U. ~otalmen!-e inter
ferido con y J?Or la dimensión instituciona~,
con las relaciones de poder, con ~as ne&lt;;=eud~des
y perversiones que tienen el analista did!ctico,
el su1¡&gt;ervisor y el futuro analista de ser
legitimados aceptados y reconocidos por los
otros experfos de dicho arte. (3).
En este l?unto, destaca el significado de la
dimesión institucional que generalment~ ~unca se
analiza cuando se esta~lec~ la.supervisión.
Es
decir, la dimensión institu,cional se vuelve
insignificante, como en los tiempos de S. fre1:1d,
se convierte en una barrera ~e acero. que impide
avanzar a través de la practica clinica Y de la
supervisión en
la
generación
de
nuevos
conocimientos obtenidos mediante el ensamble de
la práctica social y empirica. (4).
La superación
de
estos
obstáculos
significaría la posibilidad de desan:ollar una
estrategia que materialice las experiencias en
un horizoni.e de visibilidad de construcción de
una
11tica
sanitaria
de
los
tra~tornos
ment~es, ausente hoy e~ dia en el discurso
neoliberal del Estado mexicano. (5) •

�38
Esto tiene varias implicaciones, la aás
decorosa serla una pol1tica sanitaria dirigida a
las necesidades de las grandes •ayor!as que son
siempre las qua no pa.rticipan en el actu1:1l
aodelo econ6111.ico que i ■pulsa el actual gobierno
por su neurosis entroaietidas y de grandeza.
Retomando al hilo de la reflexión acerca de
las repercusiones que tiene le supervisión sobre
los pacientes-clientes es el 6nfasis que ésta
pone en las apariencias 9ue toma el analista de
manera exclusiva, Es decir, lo que le sucede al
paciente en t6r11inos subjetivos puesto que ésta
nunca se enlaza con la objetividad &lt;!e la
realidad cotidiana de los pacientes-clientes.
Habria CfJS reformularse adem.§.s del presente
cuestionamiento (el que esto escribe es un
cantante de rock and roll en decadencia) también
el grado de utilidad del rol del supervisor al
11011ento de enfrentar el trabajo cl1nico de los
futuros analistas,
Porque
seria
necesario
interrogar con rigor terrenal, ¿CUAl es la
demanda del uno para el otro?, ¿Qué es lo que
demanda la
institución
tanto
al
analista
did!ctico como al supervisor y estos a su vez a
los futuros analistas?. No cabe la menor duda,
que éstas son piezas claves para la comprensión
de dicha relación porque esto implica convertir
los juicios
y
orientaciones
del
analista
did!ctico y
del
supervisor
en
!onias de
reproducción ideológica y en subalternos de la
acumulación financiera a los futuros analistas.
Entonces, si seria recoaendabla el acertijo:
adivine la ideología de su analista y teI"llline su
anUisis lo mAs pronto posible.
Ahora bien, si se acepta la existencia de
distintos tipos de supervisión de acuerdo a las
caracteristicas de las instituciones, sean estas
conservadoras o de otro tipo, habría que sef\alar
que son las propias instituciones las que

legitiman a su imagen y semejanza. Sin embar¡o,
no pueden deshacerse del problema de los nive es
en que se realtza la conceptualización de lo
institucional de
parte
de
los
analistas
didActicos y que va dirigido al requeri11.iento de
un mayor esfuerzo para su explicitación en los
asuntos que competen a los aspectos técnicos y
metodol69icos del campo de la supervisión. Los
procedimientos que se emplean en la supervisión
poseen un conjunto de foraas de operar que
corresponde de acuerdo al te11.pera11ento, estado
de Animo, teoría psicoanal1tica de moda, deseos,
!antasias, transferencias
y
niveles
de
aprendizaje alcanzados por el analista. Has
todos estos !actores se encuentran al momento de
hacer decisiones con los pacientes-clientes.
Algunos analistas pueden dedicar más tiempo
y tener mjs interés en ciertas defensas del
paciente, otros
pueden
inclinarse
en
los
aspectos 11As conflictivos y asl sucesivamente
hasta que surja la idea del tipo de orientación
mAs adecuada para el paciente . Esto desde luego,
siempre se
realiza
desde
la
escuela
paicoanaUtica favorita del analista. Pero a
reserva de
hacer
insignificante
los
determinantes del campo institucional que marca
y define
la
relación
del
analista,
del
supervisor y del analista en foraación . No se
puede negar que.uno y otro observan situaciones
totalaente distintas del paciente-cliente. Es
saludable reconocer
e
impulsar
diferencias
significativas entre los analistas. (6). No
obstante, una de las aayoras vicisitudes del
analista sobre su paciente son los ao■entos
coyunturales del cu!ndo, d6nde y qué interpretar
porque los problemas aparecen demasiado
elAsticos desde las relaciones del paciente con
su fa■ ilia hasta las vivencias existenciales de
las angustia&amp; y pesadillas. Ea por esta razón
que lo ús iaportante radica en las decisiones
que tome el analista. Es decir, si doaina la

�lj()

contusión en ;a supervü;;iOn, eventuahiente puede
establecer éxitos relativos en la conducción del
paciente.
En otras palabras,
el problema de la
práctica, de la lógica y de la autopercepciOn
del analista determina el tipo de coyuntura que
significa una de las dimensiones concretas de la

lógica de la práctica. Estas cuestiones son las

que el~mina
el
analistii
didáctico
y
el
~uperv1sor porque estos aspectos son de crucial
importancia en
la
dimensión
institucional
pu2sto que la exigencia a loe f uturos analista~
es h
adopciOn de posiciones ins'dtucionales
respecto a su quehacer ideol6gico-po11tico y
esto los analistas did.icticos 1-, reafiI'll!an a
través de la reproducción d( los c onocimientos
exquisitos obtenidos
a
lo
largo
de
su
aprendizaje y formación.
(7) .
Es as1
que
posiciones instit\lcionales dejan entrev~r el
problema de la 1:up"'rvisión haciéndola aparecer
111á~ como una prd7t~ca falsa y engatlosa. No
e::ci~te nunca una visión super, se~cillal'!lente hay
visión y el concepto de supervisión está más
disfrazado que
el
concepto
de
control
o
vigilancia policiacos que no son nada suaves
para los
profanos.
Porque
estos
últimos
conceptos estlin t:.:ezados con limitaciones de
orden social, además de afectar y trastocar
directamente la conducción del paciente. Desde
luego que
la
supervisión
forma
parte del
problema del método cient1fico en las ciencias
sociales, más espec1ficamente en psicologia. En
efecto, es a través de la supervisión que se van
trasmitiendo sugerencias
técnicas,
pero
es
necesario precisar la existencia de un abismo
entre lo que es el psicoanálisis teórico ~ la
aplicación técnica
del
mismo.
En
tén1nos
concretos, a(µ}
es insuficiente la supuesta
gan,ntla de que un analista que dice conocer 11ás
teorla será me¡or analista, o bien, en la
posicón centrar a un analista analizarla 11ejor

41
si no conoce absoluta11e nte nada de teor1a. El
problema de l a, supervisión tal y como lo he
planteado no está agotado, mucho menos se ha
profundizado en otros elementos que competen a
la hi~ótesis
de
la
sincronización
teorlapráctica-técnica. Porque esta hipótesis no puede
ser operacionalizada y conceptualizad;ii como una
aplicación formal, éste es quizás el drama que
se le plantea al psicoanálisis-institución ser
más un arte para una élite de entretenid~s en
los misterios del alma hum;iina con ingresos
suficientes como para re111edar a la decadencia de
la aristocracia de la realidad presente. (8).
El ejemplo más absurdo ha sido el de
reconocer un cierto perfil de la personalidad
del analista
donde
sus
aptitudes
y
sus
relaciones interpersonales de éste conllevan a
una supervisión de tipo recetarios de cocina que
en mucho tienen que ver con el problema de la
cientificidad y de la polltica y es eorque la
supervisión consejeria del analista didáctico,
del supervisor y del futuro analista se acerca
más a la magia blanca, esto es probablemente la
realidad mjs vergonzosa de la práctica de la
supervisión psicoanalitica.
A MANERA DE CONCLOSION.

Una IPejor recomendación para las personas y
las instituciones que profesan la práctica
psicoanalitica antes de que adopten posiciones
de desesperación y de mesianismo serla la de
acompaf\ar a la realidad presente de este país en
transición en la bOsqueda de alternativas de
construcci6n de una tecnologia adecuada que
posibilite el desarrollo de los siguientes
elementos : a) IPonitoreo y evaluación de la
calidad de la atención clinica en psicoanálisis,

�43
b) recolección, anUieia e interpretación de
intoraaci6n de individuos y grupoa, e) accione•
correctivaa y
veriticaci6n de
las
■ is-11,
correspondientes a
los proble■as de
aalud■ental, d)
desarrollar un buen aiste- de
atención y
organitaci6n
de
loa
recursos
financieros y ht1114nos,
e)
an,Uiab de las
implicaciones y r,referencias de los perfiles de
loa pacientes-el entes,
f)
anUiaia
de
la
relación entre loa proovedores de servicio y la
calidad de tatos, g) asi■ ia■o, al an!liab del
deHapefto cllnico
su capacidad de respuesta en
eticiencia, eticac a y calidad de la ■ isma.

l

A veces es ■6s saludable una apertura a loa
distintos sectores de conoci■ ientos que explican
loe probleaas del proceso de aalud-enfer■edad
■ental, que continuar con ideas antiterrenalea
que en nada ayudan a la conte11poranizaci6n con
loe problemas de la raalidad social actual.

5.- Ver los textos de Rojas Soriano, R.; crhia,
8alU4-ht'enedad J
Priotica ■idica.
Ed.
Plaza y VUdez. la. Ecl. México, 1990.
el
de Alllada Bay, I. (Coord.): Salud J cr da
en N6aico1 teJ:toe para 1111 debate. Centro de
Investigacionee Interdisciplinarias
en
Humanidades, U.N.A.K. la. Ed. Ed. Siglo XXI.
México. 1990.

r

6.- Guattari,

F. La intervención inetitucional.
Ed. Folios. México. lHl.

7. - Conversaciones

con Rodolfo Alvarez del
Castillo, Guillerao
Vanegas,
Fernando
Gondlez y Horacio Foladori.

s.- Su!ru,

lHlidad.
1989.

9.- En

Jl:BrEREllCIA8.
1.- Ver

la experiencia del Dr. Roquet y Dr.
Pierre Faureau doc.uaentada en su libro Loa
aluoin6qenoa de la oonoepoi6n indf.9an. a una
nueva paicoterapia en
Ediciones
Pris11a,
México. 1981.

R. - El pdcoanaUe■o. ~l orden
pdcoanalf.t 1co y el poder. Ed. Siglo XXI.
la. Ed. México. 1980.

2. - castel,

J.- Oeleuze,

c. y Guattari, F. Politioa y
pdcoanUiah. Ed. Terra Nova. Kixico. 1980.

4.- vanegaa,

Loe efectoa de la idealhaoi6n
eJa loa qrupoa. cuadernos del Area CUnica.
U.A.N.L. No. 12. febrero 1990. Monterrey,
N.L.
G.

A.
Ed.

{Coord.)
Psiooan.ilisia
y
Siglo XXI. a. Ed. México.

nu11erosos articules publicados en el
Suplemento Cultural
"AqU1
Vaaoa"
del
Periódico El Porvenir, me he dedicado a
reflexionar acerca
del
i ■pacto
de
las
instituciones paicoanal1ticas
en
la
aociedad, en su historia y su aocializaci6n
an nueatro
entorno.
Sin
ellbargo,
las
preguntas iniciales aiguen en pie, ¿CUUes
son los efecto• y el desarrollo que ha
tenido el pensa ■ iento psicoanal1tico en la
entidad? E• decir, ¿C6110 se autoeval(lan los
protagonistas que profesan dicha corriente
de pensaaianto
y
en
Oltireferencia
QuUnes o qu6 grupos socio.les reivindican
a pr6ctica psicoanalltica?, son algunas de
las preguntas que habr1a que hacerse.

!

�C U &amp;D I R

■

OI

D I L &amp;R 1 &amp; C L I

■

I CA

Revista de Psicoan!liais de la Facultad de
Psicología de la U,A,N.L .
COIITl■ I DO

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Olll!RAL
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PSICOANALISIS Y HOMOSEXUALIDAD FEMENINA
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DEL DIABLO QUE HABLA FREUD
Edgar Suárez .

Núm•ro 1 .

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1987

FREUD Y LA NEUROPSICOLOGIA
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MODIFICACIONES EN LOS PUNTAJES DEL MMPI EN LOS
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Nora BazaldUa, Esper anza Hata y Elizabeth Blum.

45

�47
Núa•ro 2 .

Octubr.

1987

ENTREVISTA A Nl!:STOR BRAUNSTEIN

Lilia B. Ra•i r e z.

LA TEORIA PSICOANALITICA COMO LEGADO
Guillenno Vanegas.

RESW.S

UNA EXPERIENCIA EN PSICODRAMA

Josefina Benavides,

Ma rso y Jw:ii o

Xúaer o• 5 y t

PSICOANALISIS COMO ARTE
COMO ARTE LIBIDINAL
Emilio Rodrigué.

MARCIAL,

PSICOANALISIS

SAWD MENTAL Y TERRORISMO DE ESTADO

EX CO-KDICI011 CO■ BL CIJlC1JLO P8 I C01.DLITICO
K!XICAlfO A.C. Y POLISDIU A.C. DBDICADO A LA
IBIIORIA DBL DR. 1JlMA■DO SOJ.lli OOXBi (1928 -1988 )

EDITORIAL
OTRO PSICOANALISTA IMPROBABLE

Enrique Guinsberg.

Rodolfo Alvarez del Castillo .

RESEÑAS

IN MEMORIAM

lllimeros l y , •

octavio Chamizo.
Novilllllbre 1987

Febrero 1988

SOBRE EL TRABAJO
ASPECTO

EDITORIAL

Josefina Benavides.
EL SER: CONSTRUCCION TERMINABLE E INTERMINABLE

LA MOTIVACION EN
IGOR A. CARUSO

Teófilo de la Garza .

SUAREZ

GOMEZ:

EPIDEMIOLOGICO

EL

Y PROCESO DE

APORTACIONES DE LA ETOLOGIA AL PSICOANALISIS
Armando suarez.

SAWD Y ENFERMEDAD MENTAL
Francisco veloquio.

PSICOANALISIS, CIENCIA SOCIAL, IOEOLOGIA.
Armando su!rez .

¿PSICOTERAPIA PSICOANALITICA O PSICOANALISIS?
David Flores.

Armando Suáre1.

INTEGRACION DE LOS

UN

PERSONALISMO DIALECTICO DE

Armando Su¡:\rez.

NOTAS TEORICO-CLINICAS SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD
Guillermo Hern3ndez.
EL ENFOQUE CLINICO

DE ARMANOO

Juan Diego Castillo .

DIFERENTES

ENFOQUES

LAS PARADOJAS DEL DR. FROMM
DE

TERAPIA FAMILIAR AL DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DE
UN CASO

Lorenzo Sánchez y Rosa E. Gonz.ález.

LOS MEDICO$ Y EL PSICOANALISIS

Armando suar ez.
OOMINACION, SUBDESARROLLO Y PSICOANALISIS

Armando Sud.rez .

�"'

1/l

EL AHALISIS INSTITUCIONAL

Y LAS

INSTI1VCIOK!S

•NORMALIZADORAS• . UN ESTUDIO
SOBRE
INSTITUCIONES CORR!CcIONALES DI M!XICO

lhlaero 7

llovieabra

LAS

Elena Azaola Garrido.

UH

LA EVOWCION DE V. ESQUIZOFRENIA DESDE UN PUNTO
DE VISTA PSICOANALITICO

susana Roig de Sorsby.

Julio

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LA PASION SEGUN EL OBSESIVO

Nanuel Contrera•.

lhlaero• 10 J 11

SAWD NENTAL, PSICOAHALISIS

9t!DRO Elf IIOJODa.JII a. LA JCEK0.1.IA D11 LA DRA. KllIB
LAHOER.. (lU0-1'87)

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LIBERACION

EN

Dic:sieabra ua,

Enrique Guinaberg.

EDITORIAL

EN TORNO AL SER

Rodolto Alvarez del Castillo.

Xi11ena Wol!f.

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CARTA A ADELA.IDA Y ROBERTO RETAMAR

Karie Langer.

RETRATO DE UN SUEAO

Francisco Veloquio .

MARIE I.ANGER: UN ARTICULO INEOITO

Jos4 Perrés y José Luis Gonz6lu F .

RESEitAS

PATOLOGIA FEMENINA Y CONDICIONES DE VIDA

IIÜllero 8

Agosto

UH

Silvia Berunn, Karie Langer, et. al.
PSICOANALISIS Y/O REVOLIJCION SOCIAL

LA FAMILIA, EL OSITO DE FELPA Y EL PSICOANALISIS
Teótilo de la Garza .
SI YO FUERA UD. ENTREVISTA A MEl&gt;.NIE XLEIN

Hern4n Solis.

EL PSICOANALISIS. ¿PUEDE EXPORTARSE?
Fram;oi ■

Roustang .

CONSIDERACIO~ES SOBRE SAWD MENTAL OCUPACIONAL
Francisco Veloquio.

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LA MUJER: SUS LIMITACIONES Y POTENCIALIDADES

Marie Lllnger.

EXPERIENCIAS CON GRUPOS TERAPEUTICO-DIDACTICOS

Karie Langer.

PUBLICACIONES DE MARI! LANGER:
EN PROCESO

Joa4 Perréa.

UNA BIBLIOGRAFIA

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CONSID!RACION!S SOBRE LA SEXUALIDAD

Radl Pira.o

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LOS lrECTOS DI LA ID!ALIZACION EN LOS GRUPOS

Guillu110 Vanega•.

LA DIWLGACION WLGARIZADA D!L SABER FREUDIANO
Manuel NUl'\1z.
IL PSICOANALISIS D'
SANTIAGO IWIIREZ

MEXICO:

ENTREVISTA

AL DR.

Huaberto Durtn c.

1990

REFLEXIONES SOBRE LA POSIBILIDAD DE UNA KADRE
GRUPAL PARA LAS MUJERES HUERPANAS Y SILENCIADAS
Lore Ares ti.
UN DIVAN PARA BATMAN

David P'lor••·
PRESENTACIONES OE: "EL
NACIMIENTO
PSICOANALISIS. APUNTES CRITICOS
PARA
DELIMITACION EPISTEIWLOGICA• D! JOSE FERRES

José A. carrillo y OCtavio

Cha ■ ito.

DEL
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