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                  <text>�SUMARIO .

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
RECTOR: Dr. Alfredo Piñeyro Lópe~
.
SECRETARIO GRAL.: lng. Orel Dano Garcta

2

FACULTAD DE FILOSOFIA y LETRAS
. DIRECTOR: Lic. Juan Angel Sán~hez ~alados
SECRETARIA ACADEMICA:Lic. Atda Wardtterón Pérez Martínez
SECRETARIO DE INVESTIGACl~~~u:i~oFACULTAD: Lic. ttéctor Franco
SECRETARIO DEL PROYECTO
ni s
.
SECRETARIO ADMINISTRATIVO: lng. Ar~a~~~:r:;ION CULTURAL: Lic. Julieta Plsanty Mann
SECRETARIA DE DIFUSION ACADEMT~~DITORIAL: Lic. José Roberto Mendirichaga
COORDINADOR DEL DEPARTAMEN

EL JOCOTE
Pablo Antonio Cuadra

5

.º

9

LAS CIENCIAS SOCIALES Y LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFIA

Adolfo Sánchez Vázquez

DE RICARDO A SRAFFA
Enriqueta Medina / Federico Arreola

14

¿QUE HAY CON LA FILOSOFIA?
Cesáreo Morales

PUBLICACIONES DEL DEPARTAMENTO EDITORIAL DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS DE LA U.A.N.L.

;..

l.\ \Jb10001.0GI.\,
l'-'l!'l••!•IOI\

Para el eplstemólogo argentino, toda Investigación tecnológica tiene supuestos íllosóílcos
y existe una íilosofia de la tecnología a la que
conviene atender.

~~~:~~ ~~ 'v~~~~~~Tti~ ~~;;:~~:!tL"o~t{g~S
CONSEJO EDITORIAL
Lic. Mario Cerutti
.
Lic. Miguel Covarrub1as_
Mtro. Nerón Pérez Mart1~ez
Lic. Julieta Pisanty Mann
Lic. Juan Angel Sánchez
Lic. Ricardo Villarreal

No se puede Ignorar hoy día la Integración orgánica de la tecnología con el resto de la cultura. y primerisimamente con la íllosofia, a
fin de que ésta misma nos indique la esencia
ontológica. gnoseológica. axlológica y ética
de la tecnología. la que debe entenderse como
un cuerpo de conocimientos. compatible con
la-ciencia y controlable por el método científico.
Mario 8unge, Tecnología y fllosofla. Colección Cuadernos de filosofía, Facultad de
filosofía y Letras UANL. 79 pp.. $ 120.00

EDITOR
. .
José Roberto Mendmchaga

samuel Noyola
OFICINAS
Facultad de Filosofía y Letras UANL
Ciudad Universitaria
San Nicolás de Los Garza, N.L.,
México.
Publicación tetramestral
Precio del ejemplar: $100.00 M.N.
suscripción anual: $400.00 M.N.

Remiten estos fragmentos a las obras originales de los presocráticos. de tal forma que
maestro y alumnos puedan cotejar y establecer relaciones dentro de cada obra y analizadas en conjunto.
Se trata de un texto fundamental en las escuelas y facultades de FIiosofía.

Juan Angel Sánchez. l'ragmentos filosóficos
Colección Cuadernos de FIiosofía, Facultad de
FIiosofía y Letras UANL. 107 pp.. $ 1.30.00

45

REDACCION
ttumberto Salazar
DIAGRAMACION

Los máximos representantes de las Escuelas
Eléatlca y de Mlleto. Heráclito, los Pluralistas
(Anaxágoras y Empédocles) y Demócrito, aparecen en el texto antológico de Juan Angel
Sánchez. actual director de la Facultad de FI·
losofia y Letras de la UANL.

45

Polémico. debiera definirse este texto del doctor Eli de Gortarl. investigador de reconocido
prestigio en el ámbito universitario nacional y
extranjero.
Molesto por la evaluación critica planteada
por el doctor Mario Bunge sobre la Maestría
en Metodología de la Ciencia de esta Facultad
de FIiosofía y Letras. el maestro De Gortarl
impugna las aseveraciones de 8unge y reaílrma su proyecto inicial.
De la discusión. salimos enriquecidos maestros. alumnos y estudiosos de la filosofía. Se
trata de una documentada disertación sobre
la Metodologla y sobre el método como vinculo entre la Ciencia y la Filosofía.
Eli de Gortarl. La metodología: una discusión,
Ediciones Especiales. Facultad de FIiosofía y
Letras UANL, 61 pp., $ 125.00

POEMAS
Alfredo García Valdés

LA HUELGA TEXTIL EN PUEBLA (1918)
Leticia Gamboa

55

NOTICIAS INTERNAS DE LA FACULTAD

En este número: Ilustraciones de Salvador Pinoncelly

�SUMARIO

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
RECTOR: Dr. Alfredo Piñeyro López
SECRETARIO GRAL.: lng. Ore! Darío García

2

FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DIRECTOR: Lic. Juan Angel Sánchez Palados
SECRETARIA ACADEMICA:Lic. Aída O'Ward
SECRETARIO DE INVESTIGACIONES: Mtro. Herón Pérez Martínez
SECRETARIO DEL PROYECTO DE NUEVA FACULTAD: Lic. Héctor Franco
SECRETARIO ADMINISTRATIVO: lng. Armando Alanís
SECRETARIA DE DIFUSION ACADEMICA Y EXTENSION CULTURAL: Lic. Julieta Pisanty Marín
COORDINADOR DEL DEPARTAMENTO EDITORIAL: Lic. José Roberto Mendirichaga

EL JOCOTE
Pablo Antonio cuadra

5
9

Enriqueta Medina / Federico Arreola

..

22
No son muchos en la actualidad los textos de
poética, y menos de poética estructural.
El presente texto del doctor José Pascual Buxó,
se constituye por una serie de cuatro artículos
que sobre el tema aparecieron en las publica·
clones nacionales Anuario de Letras de ta
UNAM, Revista de la Universidad de México y
Plural.
Buxó explica cómo las leyes especificas de la
lengua poética deben establecerse de acuerdo
a una rigurosa correlación con las leyes hls·
tóricas; los renómenos que reclaman la atención de los analistas de la literatura para la
comprensión e interpretación de la poesía; la
aplicación de la poética jakosbsoniana al estudio de las obras literarias; y la necesidad de
llegar a la unidad literaria a través del ritmo
y de la recurrencia.
José Pascual Buxó, Aspectos de la poética
estructural. Cuadernos del Instituto de Investigaciones, Facultad de Filosofía y Letras UANL,
115 pp., $ 130.00

Para Mario Cerruti, investigador-docente,
nuestra Facultad , la Influencia de la lndu
lización norteamericana del siglo pasado
decisiva en el surgimiento de una burgu
nacional que se Inicia en el marco de la
ducción capitalista.
El autor hace un amplio análisis sobre la;
nesls y desarrollo del capitalismo norte•
rlcano, en cuanto que éste va a determlnMi
modelo económlco-polltico del nuevo país.
Se hace una comparación entre las colo 1
del Norte y del Sur, y su responsabilidad en
Guerra de Secesión . El resultado de estos
lores es la presencia de un imperialismo
nopólico y capitalista, que impide la for
clón de una burguesía Industrial nacional.
se deja para verificación ·· ... si es posible
-inclusive- lograr un desarrollo contl
sobre bases capitalistas", no sólo en Esl
Unidos, sino en cualquier país del mundo.

lll

Mario Ceruttl. La etapa colonial en los
dos Unidos, Cuadernos de Historia, Facu!~
de Filosoíia y Letras UANL, 18~ pp., $ 52,_.

36
39

Herón Pérez Martínez

Yvette J1menez de Báez
LA CRITICA LITERARIA MATERIALISTA EN FRANCIA
Claude Bouché

PREFACIO
Ario Garza Mercado
POEMA
Ramón Martínez Sáenz

SEÑAS, RESEÑAS y CONTRASEÑAS

4'%_

4,,,}

45

DE SU IDENTIDAD EPISTEMOLOGICA

UNA AL~ER_NATIVA CRITICA PARA UNA SOCIOLOGIA DE LA LITERATURA

37

Humberto Salazar

OFICINAS
Facultad de Filosofía y Letras UANL
Ciudad Universitaria
San Nicolás de Los Garza, N.L.,
México.
Publicación tetramestral
Precio del ejemplar: $100.00 M.N.
Suscripción anual: $400.00 M.N.

Miguel Covarrubias

26

I\L,Ll/"\'--'"--'1VI l

DIAORAMACION
Samuel Noyola

Cesareo Morales

• ES CRISTAL SU MONUMENTO

18

!ll
A través de " La mina", Estrada nos transporta en las
Impresiones y vivencias del mundo subterráneo de
la minería, donde los más pobres y los más débiles
llevan la peor parte, en tanto extranjeros y socios medran a su antojo. Y " La parábola del pigmeo" es una
fina sátira del despotismo y de la rastrera polltlque·
ria de quienes se encumbran, a pesar de carecer de
cualidades y virtudes para el mando público.
Ramiro Estrada Sánchez, La Isla de los dictadores,
Colección Nueva Narrativa/ l, Facultad de Filosofía
y Letras UANL, 86 pp., $ 160.00

¿QU~ HAY CON LA FILOSOFIA?

LA SOCIOLINGUISTICA EN BUSCA

la
isla
d.- los
dMadort•s

Da nombre al libro de Ramiro Estrada Sánchez el pri·
mero de cuatro cuentos. La isla de los dictadores re·
lata la vida de doce dictadores asilados, unidos por
el miedo a sus respectivos pueblos y al Juicio severo
de la democracia. Jeremías cabrera los acaba en una
obsesión paranólca, y acaba él mismo con su atormentada vida.
" Donde termina la esperanza" es la historia -recreada por la creación literaria- de tantos de nues·
tros compatriotas campesinos, a los que la Revolución otorgó el derecho a morirse de hambre. Eustaquio es el protagonista del drama: de un drama
que empieza con la salida de su pueblo hacia el Norte, pero donde la esperanza se ahoga en el Río Bravo.

Adolfo Sánchez Vázquez

DE RICARDO A SRAFFA

14
16

LAS CIENCIAS SOCIALES y LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFIA

POEMAS
Alfredo García Valdés

LA HUELGA TEXTIL EN PUEBLA (1918)
Leticia Gamboa

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NOTICIAS INTERNAS DE LA FACULTAD

En este número: Ilustraciones de Salvador Pinoncelly

�EL JOCOTE

Pablo Antonio Cuadra
En el principio eran dos árboles:
el uno creado por el sol y el otro por la luna
el uno que extraía del sol el secreto de la acidez
y el otro que extraía de la luna el secreto de la dulzura.
Por eso el Jocote reúne en su sabor a los opuestos
y se cubre de hojas cuando no tiene frutos
y para dar sus frutos pierde todas sus hojas.
Por eso los indios lo tuvieron como el árbol del amor
porque para dar su dulzura se desnuda.
Por eso el amor nace en esta tierra cuando los jocotes dan su fruto
y los muchachos y las muchachas van a jocotear a los patios y a las huertas
y es bajo los árboles que se aman.
¡Gloria a Dios por una muchacha de quince años
y su lindo vestido que la cubría de alegres flores!
-¡Baja!-le ctije-: Yo no soy guerrero.
Desde que partió Quetzalcóatl, el pacífico
..
los dioses de esta tierra han preferido el terror o las matemattcas
y usan los astros como dardos
En sus mitologías
nunca bajó un dios a desposarse
con una hija de los hombres.
-¿Por qué tú no bajas? ¡Soy poeta!
Y bajó ella. Y al ceñirla
vi que los traviesos Tlamachas, pequeños como colibríes
habían colocado el árbol cargado de frutas
en el lugar exacto de mi primer·beso.
·Gloria a Dios por esta estela con su fecha precisa
·
i
•
• b 11
esculpida de pájaros, de dulces bnsas y el signo de este ar o •
Entonces tú ignorabas que en las islas antiguas
una Mirra se abrió para producir a Adonis.
Entonces no habíamos escuchado a los narradores de leyendas
que el Jocote engendró a Xocotzín, una de las cuatro Venus nahuales
N

{las lxcuinames)
a quien los códigos dibujaban como te dibuja mi recuerdo

"

'
•

mordiendo las rojas frutas agridulces.
Los españoles que convirtieron sus nostalgias en metáforas
llamaron " ciruelas indias" a estas frutas
y en botánica su nombre genérico es " Spondias"
la palabra griega que usó Teofrasto para nombrar a las ciruelas,
pero ni el lustre griego, ni el parecido en que tanto insistieron los hispanos
hicieron olvidar al indio el nombre de éste árbol:
Jocote es " Xocotl " que en nahuatl significa " fruta"
- la fruta por excelencia- la fruta
de los cien sabores. Porque las hay verde-dulces y las hay amarillas
y existe el jocote llamado Tronador y el Boca-de-perro
y el Guaturco y el lsmoyo
y el Jocote de Lapa y el de Bejuco
y el de Jobo y el de Venado
y los hay -dice Joseph de Acosta- " unos que llaman de Nicaragua
que son muy colorados y pequeños
que apenas tienen carne que comer
pero eso poco que tienen es de escogido gusto
y un agrillo tan bueno o mejor que el de la guinda" .
La madera del jocote es blanquecina o pardusca
Y su corteza suelda las heridas como por milagro, cuenta Oviedo, el Cronista.
" Estando yo en la provincia de Nicaragua -escribese bautizó un cacique, señor de la plaza de Ayatega
Y este cacique en cierta batalla fue degollado por enemigos y lo dejaron por muerto
pero sus indios recobraron su cuerpo y quitaron la corteza a un ciruelo de estos
Y se la aplicaron a la herida y con aquello soldó y sanó
y yo le vi y le hablé
Y era cosa para espantar verle al cacique la garganta
Y las cicatrices y burujones por donde lo habían degollado" .
Escucha, pues este poema, sembrador de árboles:
fue escrito para un pueblo donde la violencia abate
al héroe y al amante:
¡Corta tú en mi nombre una rama al Xocotl de los nahuas
Y siémbrala en tus caminos

I

�LAS CIENCIAS SOCIALES Y LA
ENSENANZA
DE LA FILOSOFIA

Adolfo Sánchez Vázquez
¡siémbrala en tu historia!
.
porque este es el árbol que cierra y abre hendas:
Las cierra con su corteza cuando son heridas de guerra.
Las abre con sus frutos cuando son heridas de amor.

EL JOCOTE fue tomado del libro Siete árboles contra el atardecer, editado en 1980 por

.

_

la Presidencia de la República de Venezuela como un saludo al primer Aniversario de la Revolución N1caraguense.

1.· El problema del lugar de las ciencias en la enseñanza de la filosofía en
los estudios universitarios y, en parti·
cular, en las facultades de filosofía,
obliga a responder a dos cuestiones
previas, estrechamente enlazadas entre
si: a) ¿Qué tipo de relación mantiene la
filosofía con las ciencias, trátese de
ciencias formales como las matemáticas, o fácticas, como las naturales o sociales?. b)¿La enseñanza de la filosofía
debe reducirse a su ámbito especial, a
las llamadas disciplinas filosóficas, o
debe incorporar a él cierta formación
científica?. La segunda cuestión, de·
pende de la primera y ésta a su vez de
dos suspuestos: uno teórico y otro prác·
tico, real o coyuntual.
2.· El supuesto teórico sin el cual no
es posible responder a la cuestión (a)
planteada, es el de nuestro modo de·
concebir la filosofía. Según como concibamos la filosofía, concebiremos a su
vez el tipo de relación que la filosofía
mantiene con las ciencias y, ·en consecuencia, el peso que éstas hayan de tener en un programa de enseñanza de la
filosofía. El supuesto práctico, coyuntual, es el grado de formación científica con que llegan, bajo, en general, los
alumnos a la Facultad de Filosofía.
3.· Por lo que toca al supuesto teórico, es evidente que el modo de entender la filosofía determina la respuesta
a la cuestión del lugar de las ciencias
en la formación filosófica.
A este aspecto, cabe recordar que hay
filosofías que se conciben en una actitud negativa hacia las ciencias. Es el caso de toda filosofía irracionalista, del tipo de la representada por Kierkegaard
Y, en general, por la linea existencialista que arrancando de él llega hasta Heidegger en nuestros días. Naturalmen·
t~, si la irracionalidad se coloca por encima de la racionalidad positiva que encarnan las ciencias, no hay lugar para
que la filosofía reflexione sobre las ciencias o fundamente sus principios en
ella. Algo semejante cabe decir de una
filosofía que, pretendiendo ser un saber racional adopta una de estas dos
posiciones: a) la de sierva ya sea de la

teología o de la política, o b) la de dueña y señora del saber, incluso por encima de las ciencias. Esta última es la
concepción propia de las filosofías especulativas o metafísicas que conside·
ran que la filosofía puede proporcionar
un conocimiento superior acerca del
"ser en cuanto ser", o acerca de los "primeros principios" o las " primeras causas" conocimiento que las ciencias no
pueden dar ya que éstas se mueven en
la esfera de la experiencia. Este carác·
ter especulativo, metafísico, no es privativo de una filosofía idealista; también una filosofía materialista -del tipo de la del DIAMAT- puede conservar
ese carácter aunque " el ser en cuanto
ser", " los primeros principios" o " pri·
meras causas" se busquen en la materia como una realidad en sí y última. El
carácter especulativo se mantiene en
cuanto que ese conocimiento se obtiene a espaldas de la ciencia, o en tanto
que el papel de ésta se reduce a la confirmación de lo que se ha establecido
como un principio o ley universal "a
priori" . Obviamente, en un caso a) la
ciencia es ignorada y en el otro b) es reducida a una condición ancilar.
Una tercera posición es la que consi·
dera que la filosofía carece de un objeto propio, distinto del de las ciencias.
La filosofía justificará, históricamente,
su existencia, mientras las ciencias positivas no habían alcanzado su madu·
rez. Como sabemos, mientras las cien·
cias permanecieron en su infancia, las
ciencias positivas formaban parte de la
filosofía. Así sucedió en los tiempos antiguos con las matemáticas, la física y
la biología hasta que en los tiempos
modernos fueron desprendiéndose del
tronco filosófico común. El proceso ha
proseguido hasta nuestra época. Las úl·
timas en independizarse han sido la Ló·
gica y la Psicología. En nuestros días,
disciplinas que hoy se consideran filosóficas -como la Etica y la Estéticapueden concebirse como ciencias, o
sea, como una teoría de la experiencia
estética y del arte, aunque naturalmente tengan -como toda ciencia- cier·
tos supuestos filosóficos.
Ahora bien, aunque es cierto que his·

tóricamente la filosofía ha perdido un
terreno que ha sido ocupado por las
ciencias esto no significa que se haya
quedado sin terreno propio, como sostiene la línea filosófica -aunque niegue
la filosofía- que se extiende desde el
positivismo clásico al neopositivismo
actual. Es cierto que para una filosofía
especulativa que considera que su terreno propio consiste en un conoci·
miento aparte o superior respecto de
las ciencias. esta independización no
afecta a la concepción de su objeto. Y,
en este sentido, las críticas de Carnap,
por ejemplo, al subrayar no ya el carácter falso sino carente de sentido de muchas de las proposiciones de la metafísica (incluyendo la de Heidegger), cons·
tituyen una operación de higiene teóri·
ca necesaria. Se ha demostrado que la
pretensión de hacer pasar por conocí·
miento lo que no es propiamente tal -o
sea el científico- es una pretensión sin
fundamento. Pero con ello, no está demostrado -por el positivismo de uno
u otro corte- que la filosofía carezca
de un ámbito propio y que pueda mantener cierta relación con la ciencia. Por
lo pronto, el positivismo remozado de
hoy tiene que reconocer que las cien·
cias positivas en cuanto tales no reflexionan acerca de sus fundamentos, métodos, perspectivas e integración en el
conjunto del saber y de la práctica social, y que éstas reflexiones se dan fuera, pero no al margen de ellas, en este
tipo de saber que es la filosofía.
Ahora bien, siendo importante los
problemas epistemológicos y metodo·
lógicos en relación con la ciencia, la fi.
losofía no puede reducirse a este campo temático.
Si no se entiende en el sentido especulativo, metafísico, que hace de ella
una filosofía del "ser en cuanto tal " o
de las " relaciones entre el pensamiento y un ser en si" . La filosofía no consiste en un hacer intemporal; es por el
contrario una actividad humana datada mediante la cual los hombres con ciben su relación con el mundo, con la
naturaleza y sus relaciones entre si. La
filosofía da al hombre una conciencia
de su lugar en el mundo y de su lugar

u,

�entre los hombres. Y, como se hace en
un tiempo dado y en una sociedad da·
das, el modo como concibe su lugar,
particularmente en la sociedad dividi·
da en clases, no puede dejar de estar
afectado por intereses y aspiraciones de
clase sociales. Y de ahí la diversidad de
~ilosofías. En toda filosofía hay por ello
""ff'n componente ideológico que explica
esa diversidad.
Ante esto, caben dos actitudes: A) ne·
garse a reconocer ese componente
ideológico, o sea, la vinculación entre
filosofía y realidad social, y pretender
situarse por encima de su tiempo y de
su sociedad, como si la filosofía pudie·
ra ser inmune a todo contagio ideoló·
gico. Es lo que han hecho las filosofías
metafísicas del pasado y, sobre todo, el
neopositivismo en todas sus variantes
en el presente, o B) reconocer ese com·
ponente sólo en los otros, en las otras
filosofías, en tanto que la verdadéra fi·
losofía sería crítica por su naturaleza y,
en primer lugar, crítica de las ideolo·
gías, aunque inmune ella misma a to·
da ideología.
Ahora bien, sólo una filosofía que
asume conscientemente su propia na·
turaleza ideológica, no sólo la de las
ajenas está en condiciones de enfrentarse a los efectos nocivos -cuando
existan- de la ideología.

10

La pretensión de una filosofía cientí·
fica, libre de toda ideología, es a su vez
ideológica. En consecuencia, el modo
de plantearse en ella la relación entre
filosofía y ciencia, como una especie de
guardián de la pureza científica, de la
verdad, frente a la ideología perturba·
dora es también ideológica.
Si se admite el carácter ideológico de
la filosofía, habrá que admitir también
que toda filosofía tiene efectos sociales,
ideológicos, prácticos. Y que, por lo tan·
to, la adhesión a una filosofía, es una
adhesión, a cierta actitud ante el mun·
do en que vivimos. Si la filosofía expre•
sa el modo como concebimos nuestra
relación con él, y la relación entre los
hombres, la filosofía que escojamos nos
permitirá ver ese modo como " propio"
o " ajeno", y de acuerdo con ello, con·

tribuirá a mantenerlo o transformarlo.
Toda filosofía, incluso la más idealis·
ta -como lo fueron las filosofías de Pla·
tón y Hegel- no deja de tener esos efec·
tos prácticos. Por tanto, de lo que se tra·
ta no es de negarlos -como hacen las
filosofías supuestamente inmunes a to·
da ideología- sino de reconocerlos, y
de asumir una posición que puede os·
cilar entre la concordancia y la contra·
dicción, entre la aceptación y la trans·
formación, entre la ·conciliación con el
mundo y, por tanto, basta interpretar·
lo, dar razón de él y la transformación
del mundo en cuyo caso se trata de que
la interpretación contribuya a su trans·
formación. Tal es el sentido de la famo·
sa Tesis XI de Marx sobre Feuerbach,
muchas veces traducida a un lenguaje
simplista: " Los filósofos se han limita·
do a interpretar el mundo; de lo que se
trata es de transformarlo".
Naturalmente, una filosofía de este
género no puede hacer del "ser en cuanto tal" o del "primer principio" -sea es·
te espiritual o material· su problema
fundamental. El problema es el de las
relaciones entre el hombre y el mundo,
y, por tanto, el papel de la ciencia, del
trabajo y la técnica es fundamental en
las relaciones, ya que la transformación
del mundo por el hombre pasa necesa·
riamente por el trabajo, la ciencia y la
técnica. La ciencia permite el conoci·
miento de la realidad natural a transformar; pero la transformación sólo se
opera mediante el trabajo, la produc·
ción material que, a su vez, tienen por
base el desarrollo de los instrumentos
y mecanismos que permiten elevar la
eficiencia de ese trabajo o esa produc·
ción.
La filosofía tiene, pues, que relacio·
narse con las ciencias naturales que
permiten esa transformación. Tiene que
explicar el papel que ellas desempeñan
en ese proceso; tiene que ocuparse de
la naturaleza de la ciencia, de sus mé·
todos, justamente para contribuir a es·
clarecer las vías del conocimiento cien·
tífico. Pero tiene que abordar también
el problema ético y social del uso de la
ciencia y de la tecnología, problema vi·

tal en nuestra época en que el progre·
so científico y técnico amenaza con
arrojarnos a un desastre ecológico o al
exterminio nuclear.

pretende cuantificar la información
transmitida, no agota el problema. Hay
que asomarse a los problemas filosófi·
c?s que en la actualidad plantea, por
ejemplo .Habermas a partir de los logros
de estas ciencias de la comunicación.

Pero, la filosofía -como antes
decíamos- da conciencia de las rela·
ciones entre los hombres, ofrece una
concepción del hombre, de la historia
y de la sociedad. Y sólo un conocimien·
to objetivo, fundado, científico del hombre y de sus relaciones puede contribuir
a una práctica social que cambie las re·
ladones de explotación y enajenación
entre los hombres.

Con los problemas de la comunicación, ~lene que ver también en un ~
no mas general la Semiótica o Teona
general de los signos, ciencia cuyos primeros _ladrillos puso Pierce y que, en la
actualidad, ha adquirido un gran desarrollo. Los trabajos de Pierce y, en nuestros dias, los de Barthes, Eco y la Escuela de Tartu ~ncabezada por Lotman, no
pueden ser ignorados por un estudiante de filosofía.

La filosofía así concebida se encuentra, pues, en estrecha relación con las
ciencias sociales o humanas y con las
diferentes actividades humanas, en
particular, con la política.
De aquí la necesidad de disponer de
un bagaje de conocimientos en el terre·
no de las ciencias sociales sin los cua·
les no podemos plantearnos los problemas filosóficos que responden a nece·
sidades de nuestro tiempo y de nuestra
sociedad.

De nuestro planes de estudio siempre
han formado parte las disciplinas filo·
sóficas que, como la Antropología filo·
sófica o la filosofía de la Historia, pre·
tenden ofrecernos una concepción del
hombre o una teoría de la historia.
Ahora bien, una antropología no es·
peculativa, que no trate de fijar la na·
turaleza inmutable e intemporal del
hombre al margen de la historia y la sociedad, tiene que apoyarse en lo que
acerca del hombre nos dicen las llama·
das tradicionalmente ciencias del hom·
bre y, más propiamente ciencias s9cia·
les; es decir, las ciencias que nos ofre·
cen el conocimiento del comportamien·
to social del hombre.
Ciertamente hay un obstáculo serio
para integrar estos conocimientos en la
formación filosófica, la extensión de es·
ta área del saber. Pero no se trata de dar
cursos normales de cada una de estas
mat~rias que, en forma general o mo·
nográfica, se dan en Escuelas o Facul·
tades especializadas. Se trata de dar

i

cursos en los que se recojan los concep·
tos fundamentales de estas materias
así como el tipo de problemas que inciden en la filosofía. Debieran ser además
programas muy elaborados que tuvie·
ran _-hasta donde fuera posible- un
c?racter interdisciplinario, pues la sociedad es un todo, y sólo artificialmente pueden separarse el estudio de las di·
ferentes esferas, instancias o niveles de
ese todo concreto:
Como suele hacerse habitualmente
en el estudio académico de la economía
pol!t_ica, la sociología y la Teoría
Poht1ca.
Pero, independientemente del modo
comos~- art!culen, es innegable que la
f~rmacion filosófica no puede prescin•
dir de ~se conocimiento fundamental,
e~ten_d_ido como conocimiento positivo,
cIentif1co.
. En eS t e plano habría que señalar la
impor_tanci~ de la etnología o la antroP?logia ~ocial. Baste señalar la influen~a filos?fica de las investigaciones conemporane?s de Levi-Strauss para comprender su importancia. De modo semej~~te, ~oy no se puede estudiar la sig·
nificación de la conducta humana sin
tomar en cuenta las estructuras profun·
~as de la personalidad (el inconsciene). Convendría recordar aquí a título

de ejemplo la influencia del psicoaná·
lisis en Althusser o Marcuse.
Todas estas ciencias tienen que ver
con la conducta humana, con su comportamiento social y, por tanto, una
teoría filosófica del hombre, de la socie·
dad o de la historia no puede prescin·
dir de ellas.
Existe asimismo un conjunto de cien·
cias que tienen que ver con la conducta humana en cuanto que esta entraña
necesariamente un proceso de comunicación y en cuanto que este proceso
a_fecta el conocimeinto mismo, es decir,
t1e~e co_nsecuencias para la epistemolog1a. 51 la comunicación se entiende
como lenguaje, la lingüística como
ciencia que lo estudia: es fundamental.
Ya sea en la dirección estructuralista
que arranca de Saussure, ya sea en el
sentido generativo con la Innovaciones
que aporta Chomsky, la lingüística tie·
ne ~u~ formar parte del bagaje de co·
nocIm1entos del alumno de filosofía.
En este terreno de la problemática de
la comunicación, el alumno ha de tener
a_lgunas ideas fundamentales (que no
tienen por qué constituir un curso en·
tero aunque sea semestral) del proceso de comunicación que proporciona la
Teoría de-la Información. Pero, desde el
punto de vista filosófico, esta teoría que

Tom~ndo en cuenta el papel que de·
sempena en nuestra época el desarro11? te~~ológico, basado en el progreso
c1ent1f1co,la tecnología no puede dejarde
ser objeto de reflexión para el estudian·
te de filosofía. Hay que conocer las co·
n~xio_nes entre técnica, tecnología y
cIencIa; entre tecnología y sociedad; entre tecnología e ideología; hay que sa•
ber distinguir la realidad propia del ser
natural, del objeto técnico o del objeto
estético. Está asimismo, el problema de
l~s _consecuencias del progreso tecnolog1_co desde el punto de vista moral y
social, Todo ello obliga a conceder un
espacio en nuestros programas como
Filosofía (o teoría de la tecnología) a esta problemática.
En nuestros programas tradicionales
la T_eoría del Conocimiento o Epistemo'.
logia ~a ocupado siempre un lugar
pree'!1mente, y ese lugar está justifica•
do. Sm embargo, ese estudio debe ser
completado con una Teoría de las Ideo·
I~gías que, arrancando de las aporta·
cIones de Marx, estudia el condiciona·
miento soci_al de to?o pensamiento y el
papel de la Ideolog1a en la filosofía las
c!encias naturales y las ciencias' sociales.
,Por último, hay problemas clásicos de
la filosofía que exigen ser replanteados
a la luz de nuevas aportaciones de las
ciencias o a la luz de nuevos criterios
q~e se amparan en ellas. Veamos, por
ejemplo, el problema clásico de deter- ...,

�DE RICARDO A SRAFFA

Enriqueta Medina
Federico Arreola
contar con los datos de las ciencias na· sus aportaciones y sobre la vía teórica
o metodológica seguida por ellas para
turales y sociales, o de las interpreta·
alcanzarlos.
clones basadas en ellas, que afectan di·
rectamente a los planteamientos filo·
La filosofía. por otro lado, no tiene
por qué pretender sustituir a la ciencia
sóficos.
finalmente, el estudio de las ciencias en sus tareas, o imponerle a ella " a prio·
ri" el marco o la vía que ha de seguir.
sociales y sus relaciones con la filoso·
La filosofia no es un nuevo saber sus·
fia debe culminar en la filosofía -de las
tantivo, "en lugar de" o "por encima de
Ciencias Sociales donde se aborden, en·
tre otros cuatro tipos de problemas: su· " las ciencias. Pero, ciertamente, es un
puestos filosóficos en _las ciencias so· saber, saber que sólo puede ser alean·
dales. naturaleza y t:aracter de las cien· zado en relación con las ciencias. Y con
las actividades humanas (producción,
La sociobiología tiene implicaciones cias soclales, ideología y verdad en
técnica, política) que constituyen su o~ellas,
y
uso
o
papel
social
de
las
cien·
para la concepción del hombre, la hisjeto. Esto significa asimismo que 1~ ~1toria, la conducta moral o política. De cias sociales.
losofia tiene que ser puesta en relac1on
ahí la necesidad de conocerla, sobre to·
En conclusión, si no queremos hacer con la sociedad, relación que se pone
do en la exposición que de ella hace E.
una filosofia especulativa, vuelta de es·
de manifiesto en su componente
o. Wilson (Sociobiology, Cambridge, paldas a la realidad, hay que estar en ideológico.
relación con las ciencias. Ciertamente,
1975).
El renacimiento del determinismo no se trata de volver a la filosofia como
En suma, hoy no se puede hacer filo·
biológico en la explicación del compor· cienciá de las ciencias; menos aún de
sofia, practicarla o enseñarla, al mar·
minar
todo
el
terreno
de
la
filosofía
has·
tamiento humano, sobre la base de la
gen de las ciencias sociales y por tanto
revolución genética no puede pasar ta hacerla superflua o innecesaria. Se
éstas han de ocupar un lugar importan·
trata
de
apoyarse
en
las
ciencias
y
de
inadvertida para el filósofo. Y con ello,
te en la formación filosófica.
se muestra una vez más la necesidad de reflexionar sobre sus resultados. sobre

minismo y libertad del comportamien·
to humano que es fundamental en la
ética. La sociobiología actual pretende
renovar sobre bases nuevas el biologis·
mo de otros tiempos y con ello resolver
problemas fllosóficos y sociales a u~ ni·
vel puramente biológico. El determmis·
mo psíquico o social de la conducta
,.ateda relegado a un nivel secundario
para que aparezca en primer plano el
determinismo biológico.

En nuestra op1n1on son tres los
"grandes" de la investigación económica del siglo XX: John Maynard
Keynes, Micha! Kalecki y Piero Sraffa.
Estos inician sus estudios en el clima
"preocupante" del periodo comprendido entre las dos guerras mundiales.
Era esta una época de gran actividad
política y social, especialmente en los
países industrializados de Europa.
En el plano de la " filosofía econó•
mica " , un hecho cuando menos era
evidente: la etapa del capitalismo li·
beral había terminado. En efecto, el
método del " laissez faire " era ya totalmente incapaz de resolver los problemas que se iban presentando.
El mundo -para bien o para malhabía cambiado, y con él debía hacer·
lo la teoría económica.
Pero la teoría permanecía inmutable. No sólo sus doctrinas centrales
-tal como se enseñaban a los estudiantes- eran casi las mismas de los
decenios anteriores, sino que además
la misma estructura teorética que ya
había mostrado su inutilidad continuaba perfeccionándose , prescindiendo de los dramáticos problemas
que angustiaban a la mayoría.
Así pues, la ciencia económica estaba muy desacreditada -tal vez
aquejada del mismo mal que padece
actualmente- debido a la evidente
incongruencia existente entre la teoría y la realidad.
Naturalmente, esta dislocación entre teoría y realidad motivó una ruptura entre los mismos economistas.
Unos se aferraban a los paradigmas
marginalistas; otros propusieron empezar de nuevo.
El hecho es que la dominante teoría económica marginalista ya no era
adecuada dadas las nuevas condí·
ciones sociales, y esto es precisamente lo que vieron Sraffa, Keynes y Ka·
lecki.
En consecuencia, la obra de estos
economistas se orientó a la búsqueda y el desarrollo de técnicas y herramientas nuevas que sirvieran para
solucionar los grandes problemas
económicos y sociales que se presen•

taban.
Surgió, entonces, una auténtica revolución científica en economía.
Keynes y Kalecki enfocaron sus
análisis hacia el problema de la esta·
bilidad y de los ciclos en un sistema
económico capitalista, llegando am·
bos a conclusiones muy parecidas,
no obstante haber trabajado en for·
ma independiente uno del otro.
Sraffa, por su parte, emprendió un
retorno a la tradición clásica en eco•
nomía , especialmente a las teorías.
sobre la distribución y el valor expre·
sadas en los escritos de David Ricar·
do.
Sin embargo, ya antes de Sraffa
dos grandes economistas rusos
-matemáticos, por lo demás- ha·
bían vuelto sus pasos hacia el cami·
no de la economía clásica, también
en los aspectos ricardianos de ésta.
Se trataba de Vladimir K. Dmitriev
y Ladislaus von Bortkiewicz, que en
rigor deben ser considerados los pri·
meros " neoricardistas" .
En efecto, después de Karl Marx
prácticamente ningún otro economista trató de " comprender" a David Ri·
cardo. Y este es un hecho, en nuestra
opinión, particularmente grave en el
desarrollo de la ciencia económica, y
acaso en él radique la explicación del
actual atraso en una disciplina que al
nacer -con los fisiócratas y Adam
Smith- era una de las grandes construcciones del pensamiento humano.
Parecía que las criticas marginalis·
tas al pensamiento ricardiano eran
definitivas, y se consideraba improce·
dente estudiar las proposiciones de
una teoría aparentemente muy supe·
rada.
Decía Jevons (uno de los fundado•
res del marginalismo): " La mente
capaz, pero mal dirigida de David Ri·
cardo, puso sobre una vía falaz el
carro de la ciencia económica " . Y
esta " vía falaz" no era otra que la
teoría ricardiana del valor trabajo.
Walras, por su parte, fue el margi·
nalista que llevó a cabo el ataque
más fuerte y decidido contra la teoría
del valor de Ricardo, principalmente

Este articulo ha sido tomado de una inves·
ligación que sobre el " ricardismo" realizan
los autores en la Universidad Regiomontana.

desde un punto de vista lógico.
Dicha teoría ricardiana fue critica·
da por Walras tanto por su presunta
inutilidad teórica como por su cir·
cularidad. Según él, los argumentos
de Ricardo conducían inevitablemen·
te, de un lado, a determinar los beneficios a través de los precios, y , de
otro, a determinar los precios mediante los beneficios.
Así, esta " circularidad " evidente
(que Walras " descubrió" al formalizar
matemáticamente la teoría del valor
trabajo) reducía los esquemas ricar·
dianos a una disputa teórica sin s~ntido, al inenos desde el punto de vista de la lógica deductiva, o sea , de
las matemáticas.
Por tanto, .toda la investigación
marginalista se elaboró a partir de
nuevos fundamentos.
Sin embargo, frente a este desmem•
bramiento del pensamiento ricardia·
no surgieron -a finales del siglo XIX
y principios del XX- las obras de
Dmitriev y Bortkiewicz, ambas como
serios intentos de articulación (formal y matemática) del problema del
valor en el ámbito de una sintesis,
fundamentalmente distinta a la que
intentaría Marshall , entre clásicos y
marginalistas.
Dmitriev, en su ensayo titulado " La
Teoría del Valor de David Ricardo",
intenta revaluar la teoría ricardiana
frente a las criticas que había recibi·
do, incluso de parte de hombres " que
han utilizado para su análisis un
método matemático riguroso", refiriéndose claramente a Leon Walras.
En relación a la acusación de circularidad que había formulad9- Walras,
Dmítriev demuestra -después de una
reformulación matemática , a través
de un sistema de ecuaciones simultá·
neas, de la teoría del valor ricardiana- que "el mérito inmortal de Ri·
cardo consiste precisamente en la
brillante resolución de ese problema
que parecía insoluble" desde que fue·
ra planteado con toda claridad por
Adam Smith.

El otro gran ricardiano -después
de Sraffa- Ladislaus von Bortkiewicz,

IC

�¿QUE HAY CON LA FILOSOFIA?

Cesáreo Morales
trató esencialmente los mismos lemas de Dmitriev y, según Schumpeter,
"su logro más importante es su análisis del armazón teórico del sistema
marxista", dentro del cual analiza el
problema de la transformación de los
valores en precios de producción.
Bortkiewicz fue el primero en demostrar de que manera se cae en
contradicciones internas, cuando se
obtienen los precios tal como lo hace
Marx. Pero posteriormente efectuó las
transformaciones necesarias para hacer consistente el esquema marxista
de los excedentes y prec.ios.
Siguiendo su análisi~, _Bortkiewic_z
afirma que las proposiciones de Ricardo -criticadas por Marx - no pretenden proporcionar una solución
completa al problema del precio, sino
que tienen el único objetiv~ d~ demostrar de que modo las variaciones
en la tasa de beneficio influyen en
los precios. Así pues, desde este pu~to de vista, las criticas de Marx a Ri cardo no tienen ninguna razón de ser.
Ahora bien, las obras de estos dos
grandes economistas olvidados, si
bien de suma importancia para el
pensamiento ricardiano, no son comparables a las del verda_der&lt;;&gt; fund~dor
del neoricardismo, el 1tal1ano P1ero
Sraffa. Es en la obra de éste donde se
encuentra por primera vez un amplio
modelo antimarginalista y de " regreso" a los clásicos.
y la obra de Sraffa , su retorno al
pasado clásico, acaso sea la máxima
aportación -junto a las ~bras d_e
Keynes ·y Kalecki- a la leona ~~ono·
mica del siglo XX, tal como d1J1mos
al principio de este articulo.
Mas la justicia debe imponerse; _es
decir, la investigación sraffiana ~olo
fue posible después de las contribuciones a la teoría de Dmitriev y Bort·
kiewicz ... y sobre todo después de la
obra de Dmitriev.

~

Podría parecer exagerado lo dicho
en el párrafo anterior, pues Sraffa en
su obra máxima (" Producción de Mercancías por Medio de Mercancías" ) no
se refiere en ningún momento a los
economistas rusos que nos ocupan.

La forma de la pregunta intenta huir
de todo esencialismo."¿Qué hay con la
filosofía?" es preguntarse, intentando
salir de la solemnidad tristona del aula
y de lo académico en general, qué pasa con la filosofía, cómo está, qué ha·
ce, a qué se dedica, cómo funciona, có·
mo le va, qué efectos produce, cómo se
sitúa en los problemas actuales, cómo
los alcanza y si lo logra. Con la pregunta sucede lo mismo que cuando, de
pronto, nos encontramos a algún amigo al que no habíamos visto desde algún tiempo atrás y le preguntamos en
un tono especial, entre desconfiado y
esperanzado, ¿qué hay contigo?.
Esto es, no cita sus obras y tampoco
les menciona en el apéndice de su libro llamado "referencias a la literatura ", en el cual explica con detalle
la conexión de su trabajo con las teo·
rías de los economistas clásicos.
Pero nosotros pensamos que una
conexión importantísima de Sraffa
con los clásicos es la obra de Dmitriev.
Como prueba de lo anterior menci~naremos el siguiente hecho: La pn·
mera reedición de los ensayos de
Dmitriev se realizó en 1904 -ya antes habían sido publicados separa damente eñ 1898 y 1902- y el único ejemplar original de esta edición
se encuentra en la biblioteca de Sraffa.
Por supuesto, Sraffa pudo haberse
hecho de los ensayos de Dmitriev
hasta después de haber concluido su
propia investigación.
.
.
En fin , esto no es demasiado 1m·
portante. Lo que si vale la pena aclarar es que existe todo un " programa
de investigación" ricardiano (u~an~o
el lenguaje del filósofo de la c1enc1a
lmre Lakatos) que se caracteriza por
una muy bien definida continuidad
de teorías (Dmitriev, Bortkiewicz ,
Sraffa) que de una manera o de otra
han ido articulando el " núcleo" del
programa: la teoría del valor tr~b_ajo,
incluso frente a las severas cnt1cas
de la teoría marginalista.
La investigación económica en el
siglo XX, entonces, podría ser descri·
ta como aquella en la cual han coexistido (en un relativo pacifismo)

tres programas de investigación " ri·
vales" entre si.
El primero es aquél que se remont_a
a la tradición marginalista y neoclasica del siglo XIX, que tiene su máxi·
ma expresión en la obra de Mar~hall
y un poco también en las doctrinas
del monetarismo; el siguiente progra·
ma rival es el formulado inicialmente
por Keynes y Kalecki y el_ tercero el
ricardiano que ya hemos visto.
Muchos podrían argüir que también
existe todo un programa de investiga·
ción marxista; nosotros no lo vemos.
Es decir, pensamos que no existe un_a
real tradición de investigación econo·
mica marxista; incluso, somos de la
idea de que todas las supuestas ~por·
taciones " originales ·· del marxismo
pueden encontrarse en cualesquiera
de los otros tres programas de inves·
ligación mencionados.
Como fuere , Sraffa (dignísimo here·
dero de Ricardo, Dmitriev y Bortkie·
wicz ) ha despertado en el siglo x_
x
-el de la decadencia de la leona
económica- el interés por la econo·
mía clásica, la cual injustamente fue
dejada de lado después de los ata·
ques del marginalis~o.
.
.
y si algún futuro t iene la investiga·
ción en economía, éste se encuentra
necesariamente en la continuación
de la obra de Piero Sraffa, que " podrá
ser intentada más tarde, bien por el
autor, bien por alguien más joven Y
mejor equipado para la tarea ", como
afirmara el propio Sraffa.

Esta forma del preguntar no es una
forma " anti" . No se trata aquí, propiamente, de un" antiesencialismo": posición que sería por lo demás, bastante
inútil o, mejor, muy útil, ya que no haría más que prolongar, bajo la forma de
la denegación, el funcionamiento esencialista. Todos los " anti" sólo fortalecen
la posición que creen combatir. La pregunta "¿qué hay con la filosofía?" no es
antiesencialista: quiere, pretende ser,
una pregunta dispersadora de cualquier esencialismo, un movimiento de
deconstrucción, una crítica siempre
abierta que muestre cómo se articula el
discurso filosófico con las condiciones
a partir de las cuales se da su propia posibilidad y, al mismo tiempo, en qué
consistiría el gesto de relanzamiento de
la filosofía como crítica efectiva, como
no-filosofía.
No quiero ocuparme de la filosofía en
general. Sólo quiero referirme a algunas
de las características de las filosofías a
partir de la época clásica, época que
puede fijarse, a grandes rasgos, a mediados del siglo XVII.
La primera caracterstica de las filosofías a partir de esa época es que poseen una forma específica de presentarse. Se puede decir que:
Las filosofías a partir de la época clásica tienen · cartas de presentación
nuevas.

Explico esto. Es una característica general de las filosofías, desde Platón, la
de presentarse como discursos que

construyen su propia especificidad. Son
discursos que se presentan, precisamente, como discursos distintos a los demás: como discursos filosóficos. Sin
embargo, la estructura que ordena esta distinción del discurso filosófico en
relación con todos los otros discursos,
de la poesía, el de la ciencia, el de lapolítica, etc., no es inmutable: cambia de
acuerdo a la emergencia de formas sociales nuevas, al carácter de los movimientos de creatividad social, en relación con la aparición de nuevas inteligibilidades de lo real. La forma según
la cual la filosofía platónica se distingue de todos los otros r,1iscursos, es distinta de la forma por la que la filosofía
de Tomás de Aquino establece, a su vez,
la distinción con respecto a los demás
discursos de su época. Sólo un ejemplo
de esta diferencia: la forma distinta de
la relación-distinción entre el discurso
filosófico y el discurso religioso, en Platón y en Tomás de Aquino.
Al comienzo de la época clásica, diversos procesos entrelazados en forma
compleja, marcan, en eso que llamamos la civilización occidental, una época nueva: intranquilidades sociales que
generan una creatividad social impensable para las épocas anteriores, formas sociales nuevas; un nuevo poder,
el poder burgués, comienza a tomar forma en diversos puntos de Europa: instituye formas nuevas de relación entre
la naturaleza y los hombres y, así, de los
hombres entre ellos mismos, establece
una forma nueva de circulación de las
mercancías, reconfigura formas jurídicas antiguas (como el derecho romano)
y crea nuevas, constituyendo, al mismo
tiempo y al interior de la vida misma de
todos estos procesos, relaciones políticas nuevas: una forma nueva de Estado. La forma del individuo emerge por
vez primera en la historia: a partir de las
formas sociales nuevas, libre, como sujeto de derecho, con una mente que se
construye como tribunal y fundamento de la verdad. Las visiones del mundo se transforman, aparecen nuevas
formas de vida, se crean instituciones
que constituyen retos impensables a las
épocas anteriores: los hombres crean

su mundo y su realidad por el trabajo,
por la política, por el arte, por la religión. El lenguage mismo se transforma:
no es ya la expresión de la semejanza
con las cosas, como lo era todavía a fines del siglo XVI, sino el conjunto de
signos en cuyos intersticios aparecen
todos los seres. Las palabras estan ahí,
en un extraño espacio de soledad: únicamente ante ellas mismas, constituyendo un laberinto en cuyo interior aparece la realidad. Paradójicamente, el comienzo de esta nueva época es en uno
de sus puntos impensables, un mundo
laberíntico: de pronto se pierde lo que
hasta entonces había sido el mundo y,
en su lugar, no queda más que un mundo de signos. No es el mundo de los signos del siglo XVI en el que el signo mar·
caba las cosas. Ahora los signos no
marcan nada: sólo se refieren a ellos
mismos. Todo el sistema de similitudes
anterior, que era como un inmenso mapa del mundo que permitía saber por
dónde caminar, se convierte, ahora, en
caleidoscopio multicolor, algo cambiante, casi un delirio.
Este mundo laberíntico del siglo XVII
requiere un orden. Un gran principio va a
estructurar todos los proyectos ordenadores: el de la identidad y las diferencias entre ideas o cosas. Mundo laberíntico como impensado y, al mismo tiempo, como algo que ha de ser reprimido
por la instauración de un orden funda·
do en lo idéntico y en las series de diferencias: ese es el suelo del pensamiento de la nueva época. Hay que estable·
cer un orden en todas las dimensiones
pensables. O, mejor, todas las dimensiones pensables se constituyen como
el establecimiento de órdenes diversos.
Orden en la dimensión imaginaria y en
la de las ilusiones constitutivas del
mundo del hombre, cuyo pilar es la
constitución de la razón frente a la sinrazón o el desvarío. Orden en las distín·
ciones que se puedan establecer entre
lo imaginario, lo simbólico y lo real y
entre las articulaciones sincopadas de
esas tres dimensiones que se anudan :
ahí está la constitución de la verdad.
Ella misma depende del establecimiento de tales dimensiones. La estructura

t-1

1-'

�las diversas formas de rendimiento:
ordenamiento? Kant y Hegel responde·
desde ella se ordenan las relaciones con
rían que lo vieron todo y lo entendieron.
la naturaleza, las relaciones de los hom·
Cierto, pero sólo lo vieron en la medida
bres entre si, las formas de trabajo, las
en que toda su empresa fue, precisa·
formas de organización social. Presen·
mente, una empresa ordenadora. En
tes en esa estructura se encuentran re·
ellos hay una coincidencia perfecta de
ladones jurídicas, relaciones imaginala economía de la presencia y de la ecorias, relaciónes de constricción física,
nomía del orden.
relaciones estrictas de carácter políti-1
co. Desde esa estructura se induce la
Un barrunto de respuesta a la terrible
forma de los órdenes nuevos y se reconpregunta planteada se encuentra, pien·
figuran los antiguos: desde ahi se reor·
so yo, en Marx: barrunto, esbozo de respuesta, simples indicaciones apresadas
dena el pensar, el sentir, el imaginar, el
todavía por la temátka de la presencia,
gozar.
lo que en esta emergencia es perfecta·
En esta situación tan compleja, la tramente explicable. Respuesta inacaba·
dición caracterizada como "filosófica"
da, parcial, titubeante: características
va a ocupar un lugar estratégico: las "fl·
todas de la ubicación en un lugar que
losofías" son las nuevas teorías de ta
110 es lugar de presencia, que no es ojo
sociedad que han de dar y dan un fun·
voyeur, sino lugar de dispersión, de huidamento a ta misma, a sus diversas me·
da, de pérdida, lugar aneconómico, en
diaclones, a su estructura fundamental,
Muchos de estos órdenes llegan has- donde no es cuestión de rendimiento.
a sus diversos órdenes. A partir del si·
ta nosotros, reconfigurándose. Con res· La resp1;1esta sólo puede ser inacabada.
glo XVII no se trata ya de fundar la sopedo a todos ellos una terrible pregun- Como en otra perspectiva y en esta mis·
ciedad y sus diversos órdenes desde un
ta: ¿cómo, desde dónde se configuran ma tendencia aneconómica, son las reslugar trascendente, como era et caso de
y reconfiguran? La respuesta no es slm· puestas de Nietzsche y Freud.
la filosofía medieval: ahora el funda·
ple y parece que, cualquiera que se dé,
mento ha de darse desde este mundo,
Vuelvo a la pregunta: ¿desde dónde
estará siempre condenada a urr cierto se configuran y reconfiguran todos esel mundo que los hombres descubren,
esquematismo: simple consecuencia de tos órdenes? En todas las sociedades
en toda su amplitud, como suyo.
lo inabarcable de los complejos proce- hasta ahora existentes, a excepción de
Al asumir ese papel fundador, las fl·
sos de ordenamiento. " No se puede ver las sociedades llamadas primitivas en
losofias se presentan precisamente así:
todo de todas partes", señala L. Althus- donde las cosas parecen darse en otra
como filosofías. Discursos que no se
ser. Lo que quiere decir: hay que darse forma, el fundamento de su cohesión se
confunden con cu11tquler otro discurso
un punto de vista, un cierto lugar, pa· ha encontrado en ciertas estructuras de
ya que ellos son discursos fundadores
ra ver algo. ¿Cuál puede ser ese punto
rendimiento: rendimiento económico,
del Orden. Las filosofías hablan del or·
de vista, cuál ese lugar? No es un lugar simbólico, imaginario y rendimiento del
den de la Verdad y de la estructura que
homogéneo. No es un lugar situable. No
cuerpo en esas mismas dimensiones.
han de poseer los discursos para ser
es, propiamente, un lugar. Tampoco, Estas estructuras de rendimiento son
verdaderos; por la razón anterior, las fl·
por lo tanto, un punto de vista: ojo vo- estructuras de poder. Marx pensó algulosofias son procesos de Institución del
yeur que pudiese dominarlo todo. Sólo nas de estas estructuras en relación con
orden de lo real y, en relación con éste,
un cierto lugar insituable, a punto de las sociedades capitalistas. Las llama·
del orden en que se han de dar las di·
desaparecer, no porque se niegue a si das relaciones de producción capital is·
versas prácticas humanas si quieren,
mismo, lo que no seria más que un jue- tas son formas de poder, al interior de
verdaderamente, alcanzar su objetivo.
go más.de la presencia, sino porque es las cuales se conforman, de distinta
Las filosofías se convierten en el hilo de
espacio de dispersión múltiple, de ex- manera, dominadores y dominados,
travfo, sólo un lugar tal, permitiría que fijan, de entrada, una rígida estruc- Ariadna que permitirá caminar por el laberinto del mundo: Discurso del Méto" ver" algo del intrincamlento de este tura de rendimiento relacional, corpo·
proceso de ordenamiento. Kant y Hegel ral, simbólico, lúdico, imaginario, se· do, Reglas para la dirección del espirl·
Intentaron tamaña empresa en una xual, libidinal. Al interior de esta estruc· tu, Tratados del entendimiento, de la
perspectiva totalizante: siguieron ence· tura de rendimiento se obtiene la ga· naturaleza humana, del conocimiento,
rrados, así, en la economía de la presen· nancia económica y se da la explota- tates son las formas filosóficas de 1
cia, economía que, precisamente, al fi- ción. Se trata de dos efectos fundamen· siglos XVII y XVIII. A fines de este último siglo y bajo el empuje de la fisi
nal de cuentas, se daría como el funda· tales de esa forma de poder pero que só·
mento mismo del orden. ¿Es posible lo son posibles en la medida en que esa newtoniana, Kant inaugurará otr¡;¡ fo
ma de filosofar: la de las Críticas.
N desde ese lugar fundador del orden
forma es una estructura más general de
~ " ver" algo con respecto al proceso de
simbólica será la garantía de un real li·
berado de lo imaginario, de las ilusio·
nes, de un real aséptico: tal es la fun·
ción de la mathesis como estructura
universal del mundo. Al proponerla co·
mo método universal de la verdad, el siglo XVII se dió la posibilidad de situar
a lo imaginario en su lugar. Problema
que reaparecerá constantemente de
Locke a Kant: lo imaginario siendo con·
dición del conocimiento de lo real, ¿en
qué lugar situarlo y cómo asignarle un
control? La sociedad va, así, asistiendo
a su propic, proceso de ordenamiento.
Orden en los seres vivos: eso es la his·
toria natural. Orden en el lenguaje: eso
es la gramática general. Orden en e!
campo de las necesidades humanas: eso
son las teorías de la riqueza.

pleno siglo XIX y como síntomas de una
reconfigura_ci_ón mayor del campo del
saber, surg1ran, en un primer momen·
to, las Fenomenologías y las Lógicas,
para ver aparecer luego, bajo los dictámenes del desarrollo matemático de fine~ d~I ~iglo XIX, los Fundamentos y los
Prmc,ptos. Desde los comienzos de la
segunda mitad del siglo XIX, un hecho
~~yor va a sobredeterminar esta situa·
c_io.~ ya de por si tan compleja: la apa·
ílCl?n de nuevas formas de creatividad
soci~I, nuev~s formas que trastornan
los diversos ordenes existentes e intro·
ducen r~l~ciones nuev(\s en el campo
de la pohtica Y, más generalmente del
pod~r, que inducen la constitució~ de
~n ~1scurso n_uevo y de un saber que se
instituye segun una relación nueva con
este poder político emergente. Por aho·
rano me ocuparé de este hecho mayor.
Vuelvo, ~ues, a las filosofías, a las que
hemos visto ya en la presentación de
sus credenciales.
Un~ segunda característica de las fi.
losoflas a partir del siglo XVII es que
ª1:'!1recen como proyectos de inscripc,~n del sujeto como fundamento de los
diversos tipos de representaciones que
se puedan tener sobre las cosas del
mundo.
es el caso paradigmático
faelDesca~tes
cor~11~_nzo de este proyecto. Con él,
apanc1on del sujeto como fundamen·
t~ de todo lo representable coincide con
e amurallamiento de la razón en si mis·
con 1~ seguridad de la plena pose·
f
d~ s1. Esto no quiere decir que la
~losof1a cartesiana produzca al sujeto
as co.~~s son más complejas Y hast~
paradoJ 1cas.

:i~

d E~suj~to del siglo XVII es producido
es e d1~ersos lugares: desde las nue·
~:~ relaciones de producción que orde·
t formas nuevas de relación con la
n~ uraleza, con los hombres entre ellos
:'~mos y, por lo tanto, un modo nuei e_autot~aerse el hombre a su proeaª mtra~a, Igualmente, ·desde las nue·
desi relaciones jurídico-políticas y des·
Má as nuevas relaciones ideológicas
suj!t~e~eral~ente, la constitución deÍ
urgues es un proceso y un pro·

ces? de lucha de poderes: un proceso
des~gual en el que el sujeto burgués no
eSta nunca, propiamente, acabado.
. Des~artes, como físico y matemático,
mte_r~1ene en el espacio de la física me·
carnc1sta del siglo XVII y desde ahi se
hace preg~n~as ace_rca de las garantías
d~I ~onoc1m1ento científico y del cono·
cn~ue_n~o en general. La cuestión de la
obJet1v1d~~ del conocimiento surge como cuest1on de las garantías y de los
derechos que éste posee y como de·
manda del sujeto: es el movimiento de
repres~ntación por el cual el sujeto hace venir ~nte si todo ente, en forma tal,
que mediante el cálculo el hombre puede estar seguro, es decir, tener certeza.
Co~o lo ha señalado con tanta lucidez
Heidegger, con Descartes " la verdad es
~a certeza de la representación" del suJeto. (L:époque _des conceptions du
monde m Chemms qui menent nulle
part, Gallimard, Paris, 1962, p. 79) Tal
verd_ad está en el centro de todas las
teonas del conocimiento.
El proyecto de institución del sujeto
co_mo garantía de la verdad del conocí·
mIe~to no se da sin problemas. Todas
las f1lo_sofias a partir de la epoca clásica osc1~a~, en este punto. entre lo que
J. Cava1lles llamaría una teoría del con·
cepto y una teoría de la conciencia: la
~erd?d del conocimiento se da fuera del
amb1to del sujeto. precisamente, desde
la estructura_ n:1isma del concepto y des·
d~ las con~iciones de posibilidad del
mismo y, sin embargo, las filosofías re·
du~en esta situación a la dimensión del
suJeto. Este conflicto aparece clara·
~ente en Descartes mismo. La mathes~s ~s la estructura universal del cono·
c1m1ento, constituye la forma misma
del p~nsar: ese es el primer aspecto del
confltcto. El otro aspecto está constituí·
~o _POr la fundamentación de su validez
ultima. Y esto se soluciona postulando
la certeza del sujeto: la geometría es llevada al campo de la intuición mental en
donde n_o es la construcción deductiva
de la misma la que le proporciona su
certeza s~n~ las ideas geometricas pre·
sentes, sm intermediario, en la mente
del hombre (cf. J. VUILLEMIN, Mathéma-

tiques et métaphysique chez Desear·
tes,B. U. F., París. 1960, p. 122). La ver·
dad matemática y la del conocimiento
en general descansan. en último térmi·
no, en la conciencia del sujeto: es la pri·
mera vez que la validez del conocimiento se funda en esta forma.(cf Ch 5
PEIRCE, Collected Papers5, p _' 264
265) Aunque la verdad de la matemáti·
ca como verdad formal está en ella mis·
ma, e~ ~u estructura y organización, la
metaf1s1ca cartesiana reprime tal hecho
para_ llev~r la verdad al ámbito de la
conc1enc1a.
La ~pr?piación del mundo especifica
const1tu1da por el conocimiento llétma·
do tradicionalmente científico. cuestio·
na el lugar del sujeto como fundamen·
to e~ otro punto: el del error. También
a~ui hay ~na resistencia a la dominan·
cia d~I suJeto como conciencia. Las fi.
losof1as se enfrentan a ella estructurán·
dose. ~n uno de sus aspectos, como psi·
colog1as. También en esta perspectiva
Descartes es paradigmático. Aunque la
matemática es la estructura del méto·
do general para conocer la verdad, con
eso n&lt;? se a~egura del todo esta última:
el rac1onalIsmo idealista clásico tiene
que enfrentarse al error al que conside·
ra como el contrario del conocimiento.
De! error es responsable el espíritu, el
suJeto de la experiencia: a ellos se im·
puta ~I error como culpabilidad. La psi·
colog1a surge como explicación del
error: al lado de la física explica cómo
Y por qué el espíritu se equivoca ante
lo real. (cf. G. CANGUILHEM. Qu 'est·ce
la psychologie? in t:tudes d 'histoire et
d_e phi~osophie des science:;, VRIN, Pa·
ns, 3 eme Edit, 1975.)

y

Estas d?s _cuestiones, la de la verdad
del conoc1m1ento constituida en el cam·
po conceptual de un a ciencia y la del
e~ro_r como algo que acompaña al cono·
cimiento, no como su contrario sino como su ~ompañero necesario, son dos
puntos impens_ados de las filosofías. So·
bre ~ll?s se asientan las teorías del cono~1mIento, parte epistomologias del
suJeto, p~rte psicologías. Kant mismo
no e~capo_ ~ esta aporía. Sólo la perspectiva critica abierta por Marx, al in·

C:

�terior de la cual es posible pensar una
historia sin sujeto y un proceso de. co·
nocimiento no Gentrado en la conc1en·
cia, y el desarrollo mismo de las cien·
cías han hecho posible plantear lasco·
sas en otra f,orma: Popper con su epis·
temolo~ía sin sujeto cognoscente y su
teoría del error y Kuhn con su concep·
ción de paradigma, son dos caso~ ac·
tuales que dejan ver, con toda claridad,
las implicaciones de las dos cuestiones
anteriores y los nuevos callejones sin
salida a que pueden llevar ciertos plan·
teamientos unilaterales en esos dos
puntos.
En las dos cuestiones a las que me he
venido refiriendo se puede ver con toda precisión el trabajo de la filosofía en
relación con la institución del sujeto in·
dividua!, fuente de espontaneidad y de
independencia que aparece en el sigl?
XVII. Pero, como dije antes, no es la filosofía la que produce el sujeto: ella interviene únicamente como momento
unificador de perspectivas subjetuales
diversas y que se producen desde otros
lugares: las relaciones de producción y
las relaciones jurídico-políticas. Esta
unificación la logra bajo las categorías
de sujeto del conocimiento y , a partir
de esta, de la de sujeto de la acción.Las
filosofías se construyen así, en la arti·
culación misma de su discurso, por una
doble relación priviligiada: la que mantienen con la ciencia y la que aseguran
con la política. De Descartes, pasando
por Locke, Rousseau y Hume, hasta las
actuales teorías de la acción, ya se trate de la propuesta por Habermas, ya de
la intentada por Davidson, lo anterior
es evidente.
Al mismo tiempo, sea como episte·
mologias o psicologías, sea como teorías de la acción, las filosofías se consti·
tuyen, en cierto modo como saber so·
bre el cuerpo de los sujetos: de lo que
es y lo que no es, de su distinción con
la mente, de ese lugar extraño y miste·
rioso que es la imaginación, de sus pa·
siones y sentimientos, de la forma de
controlarlo y amaestrarlo. Muchas de
estas cuestiones son tratadas abierta·
mente en relación con el sujeto del conocimiento. Las cosas son todavía más

claras cuando se trata de explicar o fundamentar la acción moral o la acción
política. En esta forma, las filosofías intervienen también en la conformación
del cuerpo del sujeto burgués: cuerpo
de formas cambiantes, que responden,
fundamentalmente, a las transformaciones de las relaciones de producción
y a las reconfiguraciones de los diver·
sos sistemas discursivos a través de los
cuales el cuerpo se representa. Las fi.
losofías aparecen, pues, no sólo· como
poder discursivo: acompañan a las relaciones de violencia física ejercida sobre los cuerpos, ya sea en las relaciones de producción, ya en la dimensión
jurídico-política, o en las diversas di·
mensiones simbólicas.
La tercera característica de las filoso·
fías a partir del siglo XVII es la de su s/stematícidad fundada en una voluntad
de saber distinta a la de las épocas
anteriores.
Desde el siglo XVII las filosofías tra·
bajan siempre sobre las ciencias. Al comienzo se constituyen siempre distin·
guiéndose de estas últimas, y avanzan,
luego, estructurándose según las formas teóricas de alguna de las ciencias
existentes. Es el caso de la metafísica
algebráica de Descartes, de la metafí·
sica a priori de Kant o de las fundamen·
taciones de Carnap. Al organizarse asi
alcanzan un concepto de verdad que desarrollan como teoría general de la verdad, autonombrándose, entonces, Ciencias de las ciencias.
Gracias a la estructuración de las
mismas según las formas teóricas de alguna ciencia existente, las filosofías obtienen una gran sistematicidad. Desde
ella dictan normas de cientificidad a los
discursos que pretenden tener tal cali·
dad. Desde ella fundan, igualmente, to·
dos los demás sistemas discursivos: el
de la moral, el de la política, el de la religión, el del arte, etc. Esta caracteris·
tica de las filosofías no llega únicamen·
te hasta Hegel, como algunos pretenden: basta ver el popperismo reinante
en la London School of t:conomics o el
desarrollo de proyectos kuhnianos en
otros lugares para convencerse de lo
contrario.
Frente a este movimiento sistemati•

zador y unifican te de las filosofías surge una pregunta: ¿qué es lo que lo ~nima? La respuesta puede parecer taJante y, claro está, es propuesta como hipótesis: las filosofías desarrollan un
movimiento sistematizador y unifican·
te de todos los discursos, en tanto que
son dispositivos del ejercicio de la hegemonía multiforme de los poderes do·
minantes. Las filosofías funcionan al interior del Estado, al interior de los Apa·
ratos Ideológicos del Estado, universidades, centros de Investigación, igl~:
sías, aparato cultural, etc., desde ahí
producen sus efectos en lo social: pién·
sese, por ejemplo, en las teorías del Es·
tado, en las relaciones filosofía y derecho, en la fundamentación filosófica de
la moral, etc. Mediante esos efectos, las
filosofías unifican tendencialmente las
ideologías de una formación social, uni·
ficación necesaria para el ejercicio de
la hegemonía de los poderes
dominantes.
Los efectos aquí señalados como pro·
píos de las filosofías parecen evidentes
en el campo de la política y de la acción
en general. En el campo de la epistemo·
logia y de la teoría de la ciencia apare·
cen, para algunos, como hipótesis ex·
tremistas que sólo llevan a la confusión
o, por lo menos, al palabrería inútil, a
la pérdida de tiempo y a la esterilidad.
Sólo la fuerza de evidencias ideológicas
como la de sujeto.. conciencia, raciona·
lidad, etc., explican las resistencias an·
teriores. En una discusión abierta, a los
defensores del sujeto como fuente úl·
tima de racionalidad, aun en su versión
actual, como la chomskyana, qu~dan
dos grandes problemas por explicar:
por qué la mente modifica sus reglas
formativas y cómo tales reglas produ·
cen conocimiento. En la perspectiva
teórica que busca las condiciones his·
tóricas de la verdad de las teorías, que
indaga las elecciones y exclusiones rea·
!izadas por estas últimas, sus reglas,
sus decisiones, sus limitaciones, los dos
problemas anteriores comienzan a te·
ner una respuesta que no es ni reduc·
cionista, ni trivial. Los ejemplos de Fou·
cault, de Canguilhem, de Cavailles y de
Althusser están ahí para probarlo en
campos distintos del conocimiento.

)J

Quiero terminar brevemente con el
segundo problema al que hice alusión
inicialmente: el del relanzamiento de la
filosofía como crítica o el de la posibi·
lidad de una no-filosofía.
En uno u otro aspecto, todas las grandes filosofías fueron, en su momento,
críticas. Eso fue la filosofía cartesiana
frente a los vestigios feudales de la sociedad burguesa. Como lo señala J.P.
Sartre en Crítica de la Razón Dialéctica
las murallas materiales que fueron derribadas durante la Revolución Francesa habían sido hechas añicos intelectualmente por el cartesianismo del siglo precedente. El Terter Estado encontró ahí buena parte de su fuerza ideo·
lógica. Este aspecto crítico ha de ser reconocido en las diversas filosofías. Sin
embargo, a mediados del siglo XIX surge un reto central para las filosofías y
las teorías de la época : nuevas formas
de creatividad social, aparecidas en
puntos distintos de Europa, y en las que
la clase trabajadora ocupa el lugar cen·
tral, exigen explicaciones nuevas de las
diversas dimensiones de lo social. La
nueva creatividad social cuestiona las
formas de la historicidad hasta entonces cqnocidas; se requieren nuevas ex·
plicaciones de las relaciones de poder,
no sólo del Estado y lo jurídico, sino de
la estructura de poder que ordenan las
relaciones de los hombres con la naturaleza y sus propias relaciones entre
ellos; se requiere indagar acerca de la
relación entre saber y poder y , justamente en ese punto, se hace necesaria
la crítica de las teorías económicas
existentes que funcionan como meca·
nismo de poder de las clases dominantes en la sociedad burguesa.
Marx es apresado begreifen (empuñado)
por la aparición de esta nueva creativ_idad so~ial y por los problemas anteriores. Tiene razón D. Lecourt cuando
i~dica que no hay que preguntarse qué
piensa Marx sino que habría que ver qué
se piensa en Marx. En realidad, Marx no
piensa, es pensado por una serie de de·
sigualdades: la desigualdad de la nue•
va creatividad social con el Estado burgués, con todos los aparatos de Estado
Ycon las relaciones de poder dominantes presentes en toda la superficie so-

cial; la desigualdad de esta nueva creatividad social y el fundamento jurídico
de la sociedad afirmado por todas las
filosofías; la desigualdad de este nuevo movimiento social, como lo llaman
Marx y Engels, y la estructura de la sociedad propuesta por la economía política clásica.
Desde el lugar de esta nueva creatividad social que aparece, en uno de sus
aspectos, como forma nueva de la política, como práctica política nueva,
Marx emprende la crítica de dos grandes saberes dominantes: la filosofía he·
geliana y la economía política clásica.
Así se da el comienzo de una no·
filosofía o de una práctica nueva de la
filosofía. Y en ese espacio nuevo surgen
los primeros conceptos de la teoría de
las formaciones sociales, como teoría
de las formas, condiciones y efectos de
la lucha de clases en la sociedad burguesa. Si se atiende a todo lo que hasta aquí se ha dicho, se estará de acuerdo en que, estrictamente hablando, no
hay filosofía marxista. Tal es el gesto
fundamental del relanzamiento de la fi.
losofía como crítica: hacer no-filosofía.
No es, véase con claridad, negar la filosofía. Si así fuese sólo se la estaría confirmando en el lugar que ella misma se
astgna. Hacer no-filosofía es hacer filosofía en otra forma, es, como lo ha di·
cho L. Althusser, una práctica nueva de
la filosofía: es colocarse discursivamen·
te, epistemológicamente, políticamente, corporalmente, en el espacio y movimiento que va de la práctica política
nueva a una racionalidad ampliada, a
una razón efectivamente crítica.
Colocarse ahí no es hacer trabajo de
calafateador entre la teoría y la práctica, no es convertirse en el trabajador
dialéctico de la unidad de la teoría y de
la práctica: es situarse en el lugar estratégico desde el cual la práctica poli·
tica es respetada en su propio dinamismo y la teoría es abierta a nuevos problemas. El nuevo intelectual orgánico
no es el que tiene la verdad de la prác·
tica poltica, es el que abre un espacio
de conocimiento para que desde ahí
pueda darse la verdad de la política. Se
evita, así, el riesgo del empirismo en la

teoría, que no seria más que justifica·
ción de cualquier práctica política, y el
oportunismo en la práctica política, que
no seria más que adecuación a cualquier teoría. En el nuevo intelectual orgánico, como en los grantes actores sociales, subsistirá siempre la desigualdad, es decir, la distinción o contradicción, entendida ésta no a la hegeliana,
sino como aparece en t:I Capital, entre
espacio de saber y política efectiva. No
se trata, claro está, del problema puramente individual, aunque con condicionantes no individuales, de si un intelectual participa " realmente" en la políti•
ca de los amplios bloques sociales. Lo
que se afirma es que la verdad de la teoría y la verdad de la practica política,
aunque relacionadas, entre si, son
distintas.
El relanzamief!tO de la filosofía como
critica es, pues, practicar la no·filosofia,
practicar la filosofía en forma nueva: situarse en ese incómodo movimiento
que va de las formas nuevas de creatividad social que tenemos ante nuestros
ojos a la construcción de una razón
nueva. El verdadero reto está en el comienzo de ese movimiento: luchas
obreras y campesinas en América Latina, luchas de liberación nacional, luchas contra las dictaduras, luchas es·
tudiantiles, de las mujeres, de los ecologistas, etc. La filosofía marxista, en
la medida en que es inexistente, no puede pretender ser la única filosofía critica: las fuentes y las formas de la criti ca son diversas. Lo fundamental es dar
cuenta de esas formas nuevas de creatividad social en sus diversos aspectos:
epistemológicos, pcliticos, ideológicos,
lingüísticos, discursivos, imaginarios,
etc. Dar cuenta de esos diversos aspee·
tos y de todas sus implicaciones: se
crean, así, las condiciones para el de·
sarrollo de esas formas nuevas de creatividad social.
La filosofía, aunque la sigamos llamando provisionalmente así, al dejarse interpelar por esas formas nuevas de
creatividad social constituirá uno de los
dispositivos de lo que Gramsci llamó
una cultura nueva. Y todos sabemos
que una cultura nueva es una de las ~
condiciones de una hegemonía nueva. t11

�ES CRISTAL
SU MONUMENTO
I

Miguel Covarrubi'as
EL PARQUE
El parque nunca fue en el abandono
·Se le mira cultivado
Tiene pinos altos
Tiene álamos graves
Tiene senderos con pisadas leves
Tiene un arroyo muy pequeño
Nunca imaginado por tu amiga
Puedes tocar su cuerpo fresco
Puedes llevarlo a tus labios
Para que retomen su color
Y luego acompañarlos con los otros labios
También ya frescos

ABANICO

PASO HONDO
El agua corre siempre
Y moja apenas el asiento
De las tortugas fósiles
De los enormes huesos mondos
De los ojos disecados de los cíclopes
Los ahuehuetes tienen pulpos a sus pies
Y mecen sus largas barbas
Ayudados por el viento
Que también acogen jaras y jóvenes encinos

LAS ORILLAS DEL MAR

10

1"'4

La sempiterna procesión de aves con largo pico
Roza las esquirlas nocturnas del mar
Y en las costuras abiertas de su orilla
Dioses antiguos dioses impacientes
Prodigan sus largos besos de arena
A la manada blanca de retorcida espuma

...
-.J

�LA SOCIOLINGUISTICA EN BUSCA DE
SU IDENTIDAD EPISTEMOLOGICA

Herón Pérez Martínez
PRESENTACION
Desde las primeras reflexiones sobre
el lenguaje ha habido la conciencia
de que sus maneras de darse están
configuradas por la experiencia del
grupo de hablantes a que se circunscriben. En el libro bíblico de Josué
"( 12, 4-6) se lee el célebre pasaje en
que los habitantes del territorio de
Galaad, en esa ocasión enemigos de
los efraimitas, pedían a éstos que
pronunciaran la palabra "schlbbólet" .
Según el texto los efraimitas no sabían pronunciar correctamente y
decían "slbbólet", siendo reconocidos
por ello. La lengua funciona , pues,
como una "marca" sociocultural.
Históricamente, sin embargo, ha habido dos grandes actitudes ante la
lengua: a) la conciencia de que la
lengua es una actividad homogénea,
estática y permanente; b) la convicción de que las lenguas están pegadas a los pueblos y a las culturas como resultado de su " experiencia" o
conocimiento de la realidad. La primera actitud ha prevalecido sobre la
segunda, en general: ella es la madre del analogismo griego, del normativismo, de la lingüística de la lengua, etc. La segunda tendencia , en
cambio, ha sido desarrollada muy
precariamente hasta el siglo pasado.
A ella se circunscribiría el planteamiento a que hoy pertenece la praxis
empírica denominada "soclollngülstlca " .
En su fase más reciente, esta reflexión suele remontarse a la lingüística vonhumboldtiana: la lengua es
una actividad creativa (enérgeia) no
un objeto estático (ergon). Desde entonces se dieron desarrollos en esa
dirección que fueron configurando la
disciplina: la dialectología y geografía
lingüística cultivadas en sus orígenes
por los franceses, la antropología lingüística y la etno-lingüística de los
norteamericanos de principios de
siglo, los trabajos soviéticos sobre la
planificación lingüística, los trabajos
sobre 'una " sociología del lenguaje"
~ como el de Cohen, la gama de tra-

bajos empmcos hacinados en el
nombre de " sociolingüística " , el
desarrollo de una lingüística del acto
de habla concreto (lingüística del texto, pragmática, lingüística diferencial,
etc.). En todo este desarrollo hay una
constante entre tantas variables:
abundancia de trabajos empíricos y
escasez, hasta la ausencia, de una
sólida teoría sociolingüística que al
mismo tiempo que defina las características epistemológicas de la disciplina, la deslinde del cúmulo de disciplinas afines como la etnolingüística, dialectología, geografía lingüística, sociología del lenguaje, lingüística social, etc. La ausencia de una
teoria sociolingüística que deslinde y
defina significa y se explica, en realidad , por la ausencia de una teoría
llngülstlca de ualldez general.
Es cierto que durante el presente
siglo la lingüística ha tenido un desarrollo espectacular en el concierto
de las ciencias. Sin embargo, las
corrientes, escuelas, tendencias, ramas, etc. son tantas y de tan diversa
índole que dificultan, aunque " ricamente", la formulación de una sólida
teoría lingüística que funcione como
creativo denominador común de
todos los impulsos lingüísticos. Ello
ha dado por resultado que en los pocos casos en que la investigación
sociolingüística ha buscado en el
ámbito de la teoría, una definición
epistemológica de sí misma, la teoría
sociolingüística emergente es siempre una teoría de escuela o de corriente. Con ello se contribuye, paradójicamente, a aumentar el número
de definiciones, conceptos, etc. Justamente, en el ámbito de la terminología sociolingüística se muestra bien
el desconcierto o heterogeneidad
epistemológica de la sociolingüística:
cada corriente o escuela tiene su propia terminología. Términos como dialecto, dlglosla, competencia, etc. son
entendidos de diversa manera por las
distintas escuelas o autores.
A este problema queremos aludir,
en esta breve nota, para esbozar una
vía de búsqueda.

1.-EL PROBLEMA DE UNA DEFINICION
En la metodología de las ciencias
se ha hecho tradicional empezar por
delimitar tanto el objeto de estudio
de la disciplina en cuestión como el
aspecto de ese objeto que se pretende estudiar y el método que la tal dis·
ciplina usa para estudiar su objeto.
En disciplinas como la soclollngülstlca que nació antes de especificar
todas sus diferencias con las demás
ciencias afines, desde un punto de
vista teórico, ha sido un problema
grave para la teoría sociolingüístic~
realizar a posterlori todas esas delimitaciones: es ya grave tener que
determinar el objeto, el campo de es·
tudio, (¿es la lengua? ¿es la sociedad
a partir de la lengua? ¿es la lengua
en su relación con la sociedad?, etc.),
pero todavía más dificil es indicar el
aspecto de ese objeto que tiene que
ser estudiado por la sociolingüistica:
¿en función de qué se determina? ¿a
partir de una teoría lingüística homogénea que atribuya funciones. y. a~pectos de estudio a todas las d1sc1p~•nas lingüísticas? ¿cuál es esa teona
lingüística homogénea y cuál función ha asignado a la disciplina deno·
minada sociolingüística? La realidad
de los trabajos empíricos indica que
tampoco aquí hay claridad: hay muchas direcciones aun cuando parezca
haber coincidencia en el objeto. Lo
mismo hay que decir de los métodos
de la sociolingüística. El nombre mis·
mo de " sociolingüística" ha colabora·
do a la confusión haciendo un híbrido
de dos disciplinas ya perfectamente
configuradas epistemológicament~
como la " sociología" y la " lingüíst1·
ca" : ello ha provocado el nacimiento
de disciplinas monodireccionales
como la "soclologla del lenguaje" o la
··lingüística social" . Ante esa situa·
ción , los textos de sociolingüística
suelen ser de dos tipos: a) las antolo·
glas de trabajos inscritos e~ un ca~po ambiguo, en todos sentidos (obJe·
to, aspecto y método), que se den_o·
minará "sociolingüística", como ter·
mino englobador y genéric?; _b) _l?S
tratados teorizantes de soc1olmgws·

necesario con las disciplinas aílnes.
2.-LAS TAREAS DE UNA TEORIA
SOCIOLINGUISTICA

tica que reproducen, bajo el aspecto
de una teoría sociolingüística, los
planteamientos,
métodos ,
y ambigüedades de los trabajos empíricos.
Las desventajas de estos trabajos
eclécticos y normalmente acríticos
son manifiestas si se trata de dar
cuenta de las tareas específicas de la
disciplina en cuestión o de deslindarla de toda la gama de disciplinas
afines surgidas históricamente en
distintos intereses científicos: la dialectología, la geografía lingüística, la
etnollngüística, etc.
Frecuentemente se denuncia como
arbitrario, un tercer camino-' construir una teoría lingüística
desde
ella deslindar confines a cada una de
estas disciplinas fronterizas entre la
lengua y la sociedad como objetos de
referencia.

y

Berutto (La soclollngülstlca, pág. lJ)
se refiere a este " tercer camino" desde un~ modalidad especial: "se trazan
critenos discriminatorios absolutamente arbitrarios, que corren el
riesgo de dejar fuera del discurso sectores enteros de investigación, los
cuales, sin embargo, tienen derecho
de ciudadanía en lo que actualmente
es la sociolingüístlca". Una indudable

cuestión que habría que resolver, antes que nada, es ¿hasta qué punto es
imprescindible preservar lo que actualmente es la sociolingüístlca? No
todo lo que se hace como sociolingüística es sociolingüistlca.
El planteamiento de Berutto caracteriza la confusión metodológica con
que se suele acceder a esta problemática: se tiene una descripción de
lo que empíricamente se hace como
" sociolingüistlca" y se lo identifica,
sin más, con lo que es la " sociolingüístlca" . En cambio lo que se hace
como sociolingüistlca puede implicar
no una teoría sociolingüistlca sino
uarlas sin que con ello se determine
necesariamente lo que es la sociolingüistica: la praxis empírica no agota
necesariamente ni el objeto, ni el aspecto, ni el método. Urge, por tanto,
aunque parezca arbitrarlo, a partir de
una teoría lingüística construir una
teoría sociollngüística en donde se
establezcan tanto el objeto de estudio
de la disciplina, como el aspecto bajo
el cual lo estudia y su método de estudio.
Una tarea urgente de la sociolingüistica es la constitución de una
teoría que determine esos tres aspectos de la disciplina (objeto, aspecto y
método) y lleve a cabo el deslinde

Eugenio Coseriu ("La socio- y la etnollngülstlca" pág. 6) sostiene la tésis
de que "los sociollngüístlcos empíricos ya saben de algún modo lo que
es y debe ser la sociolingüístlca y
que ·su actividad ya responde, por lo
menos intuitivamente, a exigencias
justificables también en el plano teó·
rico" . Con respecto a ello nos permitimos observar que la praxis empírica
puede implicar uno o uarlos conceptos de la disciplina que se suele denominar "sociolingüistlca" pero no lo
que debe ser (al menos no en forma
absoluta) la sociolingüístlca: implica
sólo lo que debe ser la disciplina
según los puntos de ulsta adoptados
por dicha práxls emplrlca que no
coincidirán necesariamente con lo
que una teoría lingüística asigne
como tarea a la disciplina denominada sociolingüistica. En otras palabras,
la práxis empírica de la sociollngüistica implica sólo lo que para los soclollngülstlcos emplrlcos en cuestión
debe ser la sociolingüística, no lo que
dicha disciplina debe ser en absoluto.
Es preciso, entonces, una teoría lingüística desde la cual asignar funciones a la soclolingüística. Urge, digamos, una teorla soclollngülstlca cuyo
contenido explicite tanto el campo
como el objeto formal y el método de
la soclollngüistlca. El problema que
nos ocupa tiene qué ver con el concepto de ciencia (habrá que adoptar
uno) y con los criterios para delimitar
un dominio científico (será preciso
estar de acuerdo en la aceptación de
algunos de ellos en forma mínima).
En otras palabras, para asignar
tareas a la sociolingüística se pueden
adoptar dos caminos: el camino estructurallsta de tipo esencialista, indicando lo que es y debe ser la sociolingüística a partir de una especificación teórica (y también arbitraria) de
su objeto tanto material (el objeto de
estudio de la sociolingüístlca) como ""'
formal (el aspecto que debe estudiar 10

�,
la sociolingüistica de ese objeto); el
camino funcionalista, aceptando co·
mo sociolingüistica lo que de hecho
es ya sociolingüistica a partir de la
praxis empírica que ya se conoce
como tal. Adoptar el segundo camino
equivale a renunciar de antemano a
deslindar los dominios de las disciplinas lingüísticas que con distintos
nombres se han ocupado, en general,
del funcionamiento de la lengua, en·
tendida como realidad abstracta, en
relación a los -efectos producidos en
ella por el uso multifuncional de los
hablantes.
Decir simplemente "es sociolingüistica lo que se hace como sociolin·
güistica sin importar lo que ello sea",
equivale a crear un cajón de sastre o
un gran basurero en dónde meter lo
que sea, a partir de ciertas directrices de tipo intuitivo (mínimas e implícitas), y renunciar a cualquier planteamiento de tipo epistemológico que
se interese mínimamente en si disciplinas con nombres distintos como la
dlalectologla y la soclollngülstlca, por
ejemplo, tienen algo en común, en
qué medida lo tienen y lo que ello es.
Por esa razón , al menos, no podemos
mantener el status epistemológico actual de la sociolingüistica. Aunque se
intuye que existen otras y g~a~es
razones no suficientemente explicitadas.
Nos queda por transitar, entonces,
la vía que hemos denominado estructurallsta: asignarle un objeto a la sociolingüística y determinar qué es lo
que de ese objeto vá a estudiar y có·
mo lo va a estudiar. Ahora bien, esta
tarea solo puede hacerse coherente·
mente a partir de una teorla llngüistlca cuyos postulados sean aceptados,
de manera general, por todos los do·
minios de la llngülstlca.

0

N

Estas son las tareas, pues, de una
teoría sociolingüistica. De ellas, las
dos primeras son las más impo~tantes y las más difíciles de determI~ar.
El problema del método pasa, as1, a
un segundo plano tanto por el hecho
de que consiste en una forma de

conocimiento determinada por el objeto (es la técnica que conduce hacia· la
inteligibilidad del objeto) como por·
que lo que existe, de hecho, de la
sociolingüistica es justamente la
práxis emplrlca que se refiere directamente a una serie de procedimientos usados por la disciplina en cuestión.

3.·EL MARCO PARA UNA TEORIA
SOCIOLINGUISTICA
El hecho 'de que una aún inexisten·
te teoría sociolingüistica haya sido
precedida por una praxis relacionada
de alguna manera con lo que debe.ser
la lingüistica, hace forzoso considerar a dicha práxis como un punto de
referencia obligado en la formulación de la tal teoría.
Por otra parte, la práxis empírica
no puede constituirse en punto de
referencia único en la tarea de for·
mular una teoría sociolingüistica que
no consista sólo en una revalidación
de lo ya hecho por la t~I. prá~is: __ ~e
requiere de un marco teonco hnguIstico en cuya perspectiva se incluya el
carácter textual de la lengua tanto
como los efectos de los usos sociales
(no hay de otros) de la lengu~ e~. el
sistema lingüístico y su constItucIon.
Lo cierto es que la perspectiva
vigente tanto en la evaluación de la
práxis sociolingüística como en la
práxis misma es sincrónica: se supo'
ne que. la lengua es estática. La
historicidad de la lengua es la pers·
pectiva de una lingüística integral: si
la , sociolingüística busca su lugar
significa que la lingüística aún no ha
asumido la perspectiva correcta.
Una de las características de los in·
tentos por elaborar una teoría soclollngüistlcá es que, en general. están
hechos desde una perspectiva sincro·
nlstlca: conciben la lengua como un
código y a la lingüística sólo ~orno
sincrónica. La lengua, en cambio, es
inadecuadamente descrita como un
código: describir la lengua_ como ~ódigo significa resaltar su mmutab1lldad y estabilidad; la lengua es conce-

bida, así, como una entidad hecha de
manera definitiva y que en el acto de
habla es utilizada, simplemente . No
se enfatiza , de ninguna manera , el
hecho, también inherente a la natura·
leza de la lengua, de que la lengua se
crea en el acto de habla: son los actos de habla los que fundan la posl·
bllidad de abstracción constitutiva
de la lengua. Lo que llamamos
lengua es el resultado de un proceso
de abstracción, a partir de los actos
de habla concretos, formulado como
la manera de hablar de un grupo humano concreto. Le lengua es, por tan·
to una entidad histórica tanto como
h~cho social que como acto indivi·
dual de hablar. Sobre lo que en este
contexto haya de entenderse por
"hecho social " habrá que remitirse a
Coseriu (SDH , 32·44). La ínterin·
dlvldualldad del hablar es la base y el
marco de la abstracción constitutiva
de la lengua. En la medida en que el
hablar es ínterindivldual, la lengua
será, necesariamente, una entidad
histórica y, por tanto, mutable: en un
constante hacerse.
Vist3· de esta manera, una teoría
sociolingüistica debería, en senti~o
estricto, identificarse con la teona
lingüística " tout court" . Si en el p~esente la teoría lingüística y una Im·
plicita teoría sociolingüistica aparecen
como disociadas es a causa, por una
parte, de· que la lingüística prevalen·
te concibe la lengua como algo natu·
ralmente estátiéo e independiente del
contexto sociocultural en que tal o
cual tradición histórica (manera de
hablar) tiene su Sitz im Leben y, por
otra, debido a que se carece de una
coherente teoría lingüística.
Esta situación nos plan tea dos P?·
sibilidades de formular una teona
sociolingüística: a) a partir de una
teoría lingüística integral que pa~ta
de la naturaleza del fenómeno hn·
güistico, como hecho históri_co; b)_a
partir de la subyacente teona _socio·
lingüística implícita en l_a prax.•.s ~mpirica denominada socwlmgu1stIca.
El segundo camino es el que han
seguido, hasta ahora, los manuales

i

introductorios a la sociolingüistica: near una perspectiva llngülstlca (a
este camino conduce a varias teorías falta de una teoría lingüística homosociolingüisticas, a distintos objetos, génea, coherente e integral) con los
métodos, perspectivas, etc. Es un ca- principales axiomas de la lingüística
mino hacia la pluralidad y el eclecti- contemporánea.
cismo, no siempre sano. El primer
Tal es el intento de Coseriu en su
camino, en cambio, es el extremo
opuesto y es una posibilidad poco ya mencionado trabajo "La socio- y
explorada sobre todo si incorpora, en la etnollngülstlca. Sus fundamentos y
su caracterización del fenómeno lin- sus tareas" . A nuestro juicio esta degüístico, los resultados válidos de la ber ser la vía de búsqueda de una
práxls empírica a que nos referimos teoría sociolingüistica: desde una
aquí. A partir de la práxis empirica teoría lingüística que parta del caracdenominada sociolingüistica hemos ter histórico de la lengua deslindar
aprendido más sobre la naturaleza in- las disciplinas lingüísticas que estuterindividual de la lengua y a expli· dian los distintos aspectos sociolincarnos, a partir de ·ella, algunos de güisticos del hablar concreto. A nueslos aspectos del cambio lingüístico. tro juicio, sin embargo, el problema
En otras palabras, a partir de la práxis que plantea la propuesta de Coseriu
empírica de la sociolingüistica hemos viene del hecho de que toda su teoría
aprendido más sobre el fenómeno lin- lingüística ha sido encasillada por él
güístico Integral objeto de una teoría en un esquema triple impuesto, a
lingüística, también integral, que in- nuestr-0 juicio, tanto al fenómeno
cluya los distintos aspectos de la rea- lingüístico como a la lingüística; a
saber: su teoría de los tres planos del
lidad lingüística.
lenguaje, hablar en general, lengua y
A partir de esta perspectiva, la teo- texto. De acuerdo con ellos determina
ría sociolingüistica debe determinar las tareas de las disciplinas sociolinsu objeto (concibiéndose como una güisticas. A mi juicio, lo que Coseriu
rama de la lingüística) tanto material llama el plano del hablar en general,
como formal y establecer su metodo- plano universal e independiente de
logía. Debe, igualmente y en el mar- las determinaciones históricas, es inco de la mencionada teoría lingüís- consistente desde el punto de vista
tica (de la que debe formar parte la
de la fenomenologla del lenguaje. Se·
teoría sociolingüistica), establecer ria preferible hablar del conocimiento
explicitamente sus diferencias de obo experiencia de la realidad como rejeto con las demás ramas de la lin- quisito del hecho lingüístico. Estricgüística que estudian aspectos afines tamente hablando, no se trata de un
o que históricamente asumieron
"hablar" sino de una condición para
funciones atribuidas por la práxis el " hablar" , Es obvio que el conoci~mpirica actuai a la sociolingüistica. miento conceptual de la realidad, sin
En otras palabras la sociolingüistica embargo, es dado siempre a través
deberá teórica y prácticamente for- de las categorías de las lenguas hismar parte del conjunto de ciencias tóricas. Si quisiéramos m~nt~ner el
que se ocupan del fenómeno lingüís- esquema triple habría que incorporar
tico y que se conocen como " llngüis- más bien el conocimiento conceptual
tlca": una teoría lingüística integral como el contexto que hace posibles
deberá afrontar estas tareas. Por lo toda la gama de contenidos lingüístique hace a la sociolingüistica como cos, no como plano sino como condiparte de ese conjunto, deberá al me- ción del lenguaje: el hablar en general
nos presuponer la tal teoría lingüísti- de Coseriu es tan inaferrable que se
ca o elaborarla como punto de par- trata de un ente de razón y no de un
tida.
ente real. De allí que la planificación
de la lingüística que se basa en esta
El problema radica ahora en deli- división del fenómeno lingüístico en

tres planos es igualmente objetable.
El fenómeno apuntado por Coseriu,
sin embargo, es válido a la hora de
asignar las tareas de las ciencias
sociolingüisticas.

4.·EL PROBLEMA DEL METODO
Como ya se dijo, la sociolingüistica
se caracteriza· por ser inicialmente
una práxis empírica "a justificar"
teóricamente. El problema del método es, pues, secundario. De hecho la
práxis sociolingüística parte uniformemente del registro de habla.
Suelen considerarse dos situaciones
en el habla: habla espontánea y habla
controlada. Al habla controlada pertenecen todas las formas de elocución en situaciones formales pero no
se reduce a ellas. En general, la dificultad estriba en la obtención de
muestras del habla espontánea. Las
disciplinas sociolingüísticas han diseñado una variedad respetable de
trucos y técnicas al respecto: en general, a eso se reduce el bagaje
metodológico de la sociolingüistica,
el cual, por lo demás, sería elemento
invariable en una formulación teórica
de las disciplinas sociolingüísticas.
El análisis del material así registrado y las relaciones establecidas
entre los distintos tipos de variables,
asignadas por hipótesis responde, en
general, a los distintos presupuestos
teóricos desde los cuales se hace la
investigación , en cada caso. En general, pues, la estructura metodológica
variaría poco en los dominios de una
sociolingüistica deslindada.
BIBLIOGRAFIA ALUDIDA
EXPLICITAMENTE
! .-Gaetano Berutto, La soclollngütstlca, Ed. Nueva Imagen, México, 1979.
2.-Eugenio Coseriu, Slncronta, dlacronla e historia, Ed. Gredas, Madrid,
1978.
.3.-Eugenio Coseriu, La socio- y la etnollngülstlca, Anuario de Letras, Mé- ~
xico, 1981.
""'

�UNA ALTERNATIVA CRITICA PARA UNA
SOCIOLOGIA DE LA LITERATUR~
"La fiesta consiste en no sólo representar
sino imaginar como podria ser de otra manera. no sólo conocer sino transformar, no
sólo transformar sino sentir el placer de estar transfórmando".

Yvette Jiménez de Báez
TODA OBRA literaria (y por ende la literatura) se interrelaciona con el contexto sociocultural de manera intrínseca y múltiple. El "equivalente social" de
la obra de arte es parte de su especificidad, y al mismo tiempo la obra, en
tanto se constituye, modifica el contexto y actúa sobre él : lo amplía al objetivarse;2 lo interroga; supone cierto
modo de conocimiento y de tomar conciencia de las ideologías; justifica la
praxis humana de que es producto. Pero también, y no menos importante, hay
que rescatar desde una sociología de la
literatura, el espacio del·placer, "el goce de j ugar con lo posible" que es todo
arte.3

I'

Precisamente esta forma de relación
const itutiva es la que nos interesa estudiar frente a otras como: la literatura en el circuito de prqducción y de consumo; literatura y pedagogía; contenidos histór icos-sociales del texto literar io, etc. Para hacerlo, sin embargo, no
se cuen ta con una metodología suficien temente confiable que podamos
adoptar. Relacionado con este hecho,
pero independiente de él, partimos además del presupuesto de que la crítica
es t ambién -como la obra- un trabajo dialéct ico constante entre el discurso cr ítico y el literario. Los conceptos
estrictamente "teóricos" quedan así reducidos a un mínimo suficiente para
poder integrar y generalizar ciertas concepciones y presupuestos básicos, y la
práctica del análisis textual llevará
siempre implícito el condicionamiento
de su objeto. A esta problemática va
aunada la imprecisión de muchos de los
concept os existentes en la crítica literaria o en disciplinas como la lingüística o las ciencias sociales para referirse
al texto literario. Esto nos lleva muchas
veces a el aborar sólo definiciones operacionales que respondan a las necesidades de la crítica que nos proponem os.

N
N

Así entendida, la crítica literaria supedita ciertas tendencias analíticas i nteresantes y útiles desde muchos
pun tos de vista- que dan primacía a la
elaboración de sistemas cerrados,

"autosuficientes"o a formalizaciones
excesivas que en mucho reducen la especificidad y riqueza del texto literario.
Es el caso de muchas de las "tentativas" de análisis desde la lingüística o
de la retórica, aún cuando obviamente
existe una gama de adecuación muy variable e, insistimos, constituyen por lo
general campos de fertilización innegables para la práctica del análisis textual.
Lo mismo habría que dec_ir de los estudios sociológicos, históricos, psicoanalíticos e incluso filosóficos que pretenden estu diar el hecho literario sin
profundizar en las exigencias de sus especificidad. En estos casos es frecuente que el análisis sea de tipo contenidista y que la literatura tenga una función
ancilar. Sin embai:go, muchos de los
mejores trabajos críticos que se hacen
con estos enfoques de algún modo se
plantean también, al interior de su marco teórico y de su metodología, en qué
consiste la obra literaria en cuanto tal,
porque reconocen explicita o implícitamente que esto modifica en mucho
cualquier tipo de análisis (es el caso de
los estudios de Escarplt y los de García
Canclini).

Néstor García Canclini, Arte popular y sociedad en América Latina, 54.

ca, falta una mejor elaboración operacional de muchos de sus conceptos, y
sobre todo es evidente que su teoría rebasa los alcances de su crítica textual.
Percibimos una cierta contradicción entre una tendencia valorativa reduccionista -proveniente más bien del campo de la ideologá política - y la proyección tanto más avanzada de su estéti·
ca dentro del marco teórico del marxismo.

texto literario y de sus vinculaciones
con el contexto, de tal suerte que las nociones utilizadas para el análisis sean
pertinentes y suficientes para establecer las interrelaciones y mediaciones
que afectan tanto al núcleo generador
de la textualidad como los demás estratos del texto.
Partimos de la hipótesis de que en la
obra literaria opera un principio de significación -que hemos llamado, antes,
" núcleo generador de la textualidad" - ,
que preside toda la red de significaciones parciales, mediante un trabajo especifico sobre el lenguaje que pone en
movimiento diversos discursos sociohistóricos y culturales pre y coexistentes (cf. La intertextualidad), y estructuras semánticas que se modifican o varían en el análisis de acuerdo al tipo de
texto que se estudia (p. ej. la red de funciones de los " actantes" 4 para el caso
de la poesía, o el ritmo en los textos narrativos sin pasar por alto los casos
fronterizos o híbridos), al margen de la
problemática de los géneros literarios
en tanto tales.

Luden Goldmann parte de Lukács.
Precisa, amplia, crea nuevos niveles de
análisis. Su estructuralismo genético
prepara las bases de una metodología
crítica que, a partir del análisis textual,
se abre a niveles de explicación cada
vez más amplios en el contexto sociohistórico y cultural. Si n embargo, precisa muy poco el análisis textual que
permita comprender el texto literario en
tanto tal.
Posteriormente, Lectura política de la
novela de Jacques Leenhardt en la práctica, más que en el marco teórico que
presenta, muestra cómo la "visión del
mundo" manifiesta en el texto se da, no
como reflejo o explicación de una exterioridad (el contorno histórlcosocial) a
la que sí remite, sino en la dialéctica interna de la producción textual. Es el ha·
cerse del texto lo que pone en acto una
determinada manera de estar en la His·
toria. No obstante, la incorporación de
otros discursos críticos (el pslcoanall·
tico, el semiótico) no llegan a integrar·
se de manera convincente, por lo que
esperamos con entusiasmo otros t raba·
jos del cr ítico francés. Dicho d_e un mo·
do un poco general, Leenhardt enrique·
ce la crítica goldmannlana en lo que
aquélla tiene de menos logrado: el análisis del texto.

A partir de Lukács se da una trayectoria critica que se plantea la relación
de la literatura con la Historia en función de la forma significativa, y correlacionada con las "visiones del mundo"
de las clases sociales y los diversos sectores dentro de ellas. Es evidente l a importancia que da Lukács al principio de
la totalidad intensiva que traduce en
nociones operacionales como el concepto del reflejo artístico de la realidad
(tan censurado y poco estudiado en
buena parte de la critica, por lo que exigiría una revisión seria); la tipicidad
Es dentro de esta perspectiva crítica
(enten'dida como la integración de lo geque podríamos ubicarnos, de manera
neral y de lo singular); la perspectiva ne·
flexible y abierta siempre a la experl·
cesarla y suficiente para la creación del
mentación,
mediante un trabajo critico
mundo literario, etc. Por otra parte su
continuo que actualice y cuestione
historia literaria de géneros y corriennuestra propuesta metodológica.
tes está siempre entreverada con la teoHasta ahora, la metodología de ana·
ría literaria. No obstante lo señalado, si
bien Lukács abre perspectivas críticas · lisis quevamos elaborando prlmeramen
decisivas y fundamentales en la estétl·
te busca adecuarse a la pecularidad del

El trabajo textual pone de m anifiesto la visión del mundo5 que dinamiza
el texto en todos sus niveles. " Visión del
mundo" que se correlaciona (pero no se
identifica totalmente, dada su autonomía relativa) con la ideología del autor,
que funcion a a su vez como mediación
entre el contexto histórico-social y cultural y el texto literario .6

1

El autor, sujeto de la producción, asume consciente o inconscientemente las
ideologías y el universo discursivo de su
contexto histórico-social y de la cultura. La " selección " que de él hace está
en buena medida condicionada por su
pertenencia a un sector (o a varios) dentro de los limites de su cl ase.
La obra así concebida cumple una
función crítica. Para Goldmann las
grandes obras literarias lo logran en l a
medida en que son capaces de plasmar ,
no sólo una " visión del mundo", sino
las posiciones antagónicas que marcan
sus límites.7 Más bien habría que decir
que todo texto literario (no sólo las
grandes obras) muestra, de manera par-

cial (el " trozo de realidad" que concretiza un modo de ver y actuar sobre el
mundo), las contradicciones ideológicas del contexto, en tanto se aproxima
a la totalización intensiva que exigía Lukács, sin que este hecho de la mayor o
menor parcialización del contexto sea
en sí valorativo. De hacerse, el juicio de
valor tendría que partir, fundamentalmente, del grado de concreción (objetivación sensible) y de coherencia interna logrados. Esta objetivación élel texto implica ya, en el sujeto y en la obra,
un distanciamiento crítico que pone en
juego también al lector.
El análisis, como lo concebimos, en
una primera etapa será textual. Se pretende llegar a establecer la red de relaciones internas del texto. En una segunda etapa se intentará explicar los resul tados del análisis textual en términos
históricosociales, muy especialmente
en térmi nos de las contradicciones
ideológicas que se producen en el
contexto.
Tres m omentos principales del análisis:
A. Previo al estudio textual minucioso, se establece una hipótesis sobre
cuál es la " visión del mundo" prevalecie_n te y -si posible- el modo como ésta se dinamiza en el texto. Se propone
así un principio dominante de sentido
al que corresponde un principio dominante de estructuración. En esta primera etapa se parte de una o varias lecturas de sensibilización del texto que permitan est ablecer pistas suficientes de
los diversos estratos textuales para formular la hipótesis.
B. t:I análisis textual " inmanente". Lo
que importa es mostrar el proceso textual (la dialéctica interna de la producción) a partir de su especificidad. El
análisis se centrará en ver cómo funcionan en el texto "estructuras semánticas" características del texto literario
tales como la red actancial (en juego
con la función del narrador y los puntos de vista) y la din ámica tempoespacial que incluye aspectos como la
sintagmática del texto tal como opera
entre las grandes unidades textuales y
al interior de cada una de ellas.

Estas nociones se especifican tomando en cuenta las diferencias generales
entre los diversos tipos de texto (p. ej.
entre los textos narrativos y los
poéticos)ª y el carácter de la investigación (si se trata de la producción de un
autor o de un texto, o sobre una muestra más o menos amplia con un objetivo común).9 El análisis marcará la red
de interrelaciones y funciones, pero se
ampliará para mostrar, hasta donde sea
posible, el trabajo sobre el lenguaje que
las actualiza en el texto.
C. La intertextualidad. Desde el punto de vista de su relación con la Historia, la producción textual se define como un proceso diacrónico de desestructuración (respecto a otros textos sociohistóricos y culturales anteriores) y
de estructuración (el nuevo texto), que
a su vez actúa como material discursivo de otros textos posteriores, y así
sucesivamente.

Como es evidente, limitamos el concepto de texto para referirnos a todo un
libro y no a sus enunciados constitutivos, si bien esto suele hacerse en Teoría del texto, aunque se distinga entre
textos parciales y texto. Dent ro de este
último marco teórico, además, se define el texto como un sistema coherente
de frases adscrito a una situación comunicativa. En cambio, al definirlo como un proceso de producción, mediante la intertextualidad, como hemos hecho, n os interesa mostrar la dinámica
del trabajo textual. El texto se define entonces no sólo por la situación de
discurso 10 en que se especifica, sino
también por su dialogismo interno en
función del pri ncipio de significación
que redistribuye y transforma la materia discursiva. Es decir, el proceso implica que los textos anteriores se desest ructuran y funcionan como el univer so empírico discursivo a partir del cual
se generará el nuevo texto. Es precisamente para distinguir está dinámica
que preferimos hablar de discursos operando al interior del texto (discurso en
el sentido amplio de " hablar uno con
otro acerca de "algo ').11
Interesa el modo como se modifican

!:::

�,
I

/

..

w
o/
los textos preexistentes al entrar en el
nuevo texto, en función del principio estructurante (distribucional, transformador) de sentido-forma.
El proceso de especificación del nuevo texto implica un trabajo de " selección " y de "jerarquización" determinado por la intencionalidad rectora.
Será función del análisis precisar los
múltiples discursos que intervienen en
el nuevo espacio textual, lo cual implica cierto deslinde de tipos de entrada
y un análisis del lenguaje al interior de
cada discurso.
Así como no todos los universos de
d i scurso están presentes en cada obra
-debido al criterio de selección dominante-, de los modos de entrada po·
drian elaborarse diversos modelos que
no se realizarán totalmente en cada experiencia textual. Podríamos distinguir,
por ejemplo, entre una " entrada citacional" (total o parcial) y una " entrada resumen o comentario"; eludir o negar el
discurso anterior; distinguir entre discurso directo, indirecto o directo, indirecto libre, etc. Una vez más la caracterización se hará, en primera instan-

cia, a partir de las exigencias textuales
especificas y desde el punto de vista
pertinen te al análisis.

D. De la " visión del mundo" a los sistemas ideológicos y a la Historia. Una
vez precisada la " visión del mundo"
(unidad de significación), a partir del
análisis " inmanente" y de la diacronía
intertextual , se procederá a " explicar"
las interrelaciones entre esta peculiar
visión del mundo concretizada en el texto y el contexto socio-histórico y cultural. Al hacerlo, se establecerá un sistema de mediaciones que permita mostrar adecuadamente el proceso sin soluciones de continuidad (secuencia progresiva de comprensión y de explicación de acuerdo a la metodología gold·
manniana de análisis). 12
El sistema de mediaciones que se establezca variará, en cada caso, de
acuerdo al corpus analizado. El punto
de partida podría ser tanto un texto aislado o la obra de un autor particular, como varios textos o la obra de varios
autores. En el primer caso, que es el
más extremo, se procedería, por ejemplo, a comprender el texto en su totalidad y a explicarlo dentro de la obra to-

tal del autor, mostrando sus puntos de
interrelación; se podría comprender esta dinámica de relaciones y explicarla
en términos del grupo sociocultura l a
que pertenece, y así sucesivamente con
las corrientes sociocul turales dominantes; los sistemas ideológicos; la problemática de clases (distinguiendo entre la
adscripción del autor y la de la obra) y
el contexto sociohistórico (naciona l e
internacional).

NOTAS
1. En sus lineamientos generales, estos
apuntes metodológicos corresponden al tra·
bajo en equipo que realizamos en el seminario de Literatura Mexicana de El Colegio de
México, específicamente en el Proyecto La
narrativa mexicana contemporánea (Litera·
tura y Sociedad). Colaboran en el proyecto
actualmente Ana Rosa Domenella, Luzelena
Gutiérrez de Velasco, Aralia López González,
Diana Morán y Edith Negrín.
2. Karel Kosik insiste en este carácter " crea·
dor'' del contexto de toda obra artística. que
siempre " muestra un doble carácter en in·
disoluble unidad: es expresión de la realidad,
pero sim\lltáneamente &lt;:rea la realidad. una
realidad que no existe fuera de la obra o an·
tes de la obra, sino precisamente sólo en la
obra" (Dialéctica de lo concreto, Grijalbo, Mé·
xico. 1976, 143). El hecho es obvio en tex·
tos que han alcanzado un grado de coherencia superior o que modifican la escritura de
su momento de manera fundamental (hechos que suelen darse conjuntamente). Para poder evaluarlos adecuadamente desde
este punto de vista, habrá que tener claras
la amplitud y concreción del contexto des·
de donde' se les evalúa. Pensemos en este
sentido en una obra como Cien años de soledad respecto del contexto cultural colom·
biano e hispanoamericano.

3. Nestor García Canclini reubica esta fun·
ción del arte reivindicando para ella una proyección social muy amplia. Al hacerlo, cues·
tiona muchas posturas individuales de artls·
tas que reservan para el público especializa·
do " la experimentación con el juego y el pla·
cer" y en sus obras populares " presentan
una seriedad expresiva y una dureza formal
que no encontramos, por lo menos con tan·
ta persistencia y énfasis, en ninguna de las
mayores corrientes artesanales hispanoame·
ricanas" (Op. cit. 53). Esta afirmación con·
diciona al mismo tiempo el concepto de so·
cialización del arte que no sólo implica que
los medios &lt;te la producción artística se re·

dist ribuyan y hagan accesibles a todos los
sectores. "Socializar el arte quiere decir también redistribuir el acceso al placer y al juego creador" (/bid., 54).
4. Empleo actante, en el sentido que lo utiliza Julia Kristeva, para referirme a los actores de un texto literario {El texto de la novela. Ed. Lumen, Barcelona, 1974, 109-110):
"Un actante no es otra cosa sino el discurso
que asume o por el que está designado en
la novela. (La) característica de las transformaciones actanciales se apoyará, pues, en
las relaciones entre los discursos de los distintos actantes, tal como se establecen en
el interior de un mismo enunciado actanclal
(!bid., 118). Si bien al analizar la red actanclal tomamos en cuenta tanto las funciones
como su proyección semántica, no utilizamos personaje porque nos parece un término mucho más marcado dentro de una concepción psicológica o existencialista.
5. Operacionalmente uso el término visión
del mundo para referirme· a las ideologías
que interactúan en el texto literario y que se
manifiestan implícitamente en la producción
textual en todos sus niveles. Hablo de ideologia cuando me refiero al contexto sociohistórico, y adopto la conceptualización de
Adolfo Sánchez Vázquez quien la define como
"a) Un conjunto de ideas acerca del mundo
Y la sociedad que b) responde a intereses, aspiraciones o ideales de una &lt;:lase social dada y que c) guia y Justifica un comportamiento práctico de los hombres acorde con esos
intereses, aspiraciones e Ideales" ("La ideología de la neutralidad ideológica en las Ciencias Sociales", 293). La distinción es operativa en tanto el texto literario constituye precisamente un "mundo coherente" (de ficción) concretizado en una forma sensible y
no un sistema de ideas (en tanto sistema
conceptual). Una tercera instancia englobadora serian los grandes sistemas fllosóflcos
que implican la máxima coherencia posible
de las concepciones del mundo (el idealismo,
el materialismo, el positivismo, el existencialismo, etc.).
6. De ahí la importancia esclarecedora de estudios que establezcan las relaciones existentes entre los sectores que Intervienen en
el circuito de la producción textual tales como: los intelectuales y el Estado; grupos y
ten~encias culturales dominantes y de oposlclon, el público lector, y otros.
7. "Dichas. obras tienen que encarnar también las posiciones que ellas condenan y, para dar concreción y vitalidad a los personaj es que las encaman, a expresar todo lo que
humanamente se puede formular en favor de

la actitud y del comportamiento de éstos...
De ello resulta que, en el plano del análisis
literario, se podría ir mucho más lejos que
hasta ahora, dilucldando todos los elementos antagónicos de la obra, que la visión estructurada debe superar y organizar. Algunos de estos elementos son de naturaleza ontológica, en especial la muerte, que constituye una dificultad importante para cualquier visión del mundo, como tentativa de
dar un sentido a la vida; otros son de indole
biológica, en especial la libido, con todos los
problemas de la represión estudiados en el
psicoanálisis; pero también hay-un número
no despreciable de elementos de naturaleza
social y histórica. Por eso la sociología puede aportar una contribución importante a este respecto, mostrando por qué el escritor ell·
ge, en una situación histórica particular,
unas pocas de entre un gran número de posibles encarnaciones de las posiciones yactitudes antagónicas qu~ él condena: las que
percibe como especialmente Importantes"
(La sociología de la literatura. Definición y
problemas de método", 74-75).
8. Por ejemplo, en el caso de los textos narrativos una noción importante, como hemos
dicho, es la de red actancial, así como el ritmo lo es para la poesía. No obstante, los textos concretos suelen cuestionar la radicalidad de estas especificaciones. Más bien habría que hablar de tendencia dominante hacia cierto tipo de estructuración. Piénsese
también en figuras retóricas como la analogía, la antítesis, el paralelismo, la hipérbole, la metáfora, etc. y en nociones como la
temporallzaclón y la espaclallzación.
9. En el caso de la Investigación sobre varios
textos de autorescliferentes con un objetivo común, deberán utilizarse las mismas nociones generales -en la medida de lo posible y con el máximo de flexibilidad- para
que se facilite hacer las generalizaciones pertinentes y establecer las diferencias
fundamentales.

10. La situación de discurso se da en dos niveles: a) en el de la interacción dialógica entre textos y b) en la dinámica de comunicación, implícita en todo texto, entre el sujeto
de la producción, el texto mismo y el lector.

11. Sobre Teoría del texto cf. Siegfrled J.
Schmidt. Teoría del texto. 2a. ed., Cátedra,
Madrid, 1973. Sobre el discurso y sus contextos, cf. Eugenio Coserlu. "Determinación
y entorno:: en Teoría del lenguaje y lingüística general. Oredos, Madrid, 1962, 282-323.
323.
.
12. Las mediaciones operan como puntos de
interacción entre texto y contexto, en los que

el elemento mediador especifico Interviene
y modifica la dinámica intertextual en ma-'
yor o menor medida. Es obvio que para llegar a establecer las mediaciones adecuadas
es necesario, en primera instancia, el análi·
sis textual pormenorizado y ,un conocimiento, lo más amplio posible, del contexto de
acuerdo a las tendencias discursivas prevalecientes. No obstante, los indicios más importantes que hay que tomar e11 cuenta para explicar cada situación de mediación son
los que proceden del análisis de comprensión en sus etapas sucesivas.

818LIOGRAl"IA
l. Eugenio Coseriu. Teoría del lenguaje y lingüística general. Oredos, Madrid, 1962. (Col.
Bibl. Románica Hispánica).
2. Néstor García Canclini. Arte popular y sociedad en· América Latina. Teorías estéticas
y ensayos de transformación . Orijalbo, Mé·
xico, 1977. (Col. Teoría y praxis, 38).
3. Luden Ooldmann. "La sociología de la literatura. Definición y problemas de método",
en Marxismo y ciencias humanas. Amorrortu editores, Buenos Aires. 1975.
4. Las ciencias humanas y la filosofía. Eds.
Nueva Visión, Buenos Aires, 1972.
5. para una sociología de la novela. Ed. Ciencia Nueva, Madrid, 1967.
6. Karel Kosik. Dialéctica de lo concreto. Orijalbo, México, 1976. (Col. Teoría y praxis, 18).
7. Julia Kristeva. El texto de la novela. Ed.
Lumen, Barcelona, 1974.
8. Jacques Lerihardt. Lectura politica de la
novela. Siglo XXI, México, 1973.
9. Georg Lukács. La novela histórica. Era, México, 1966.
1-0. Problemas del realismo. Fondo de Cultura Económica, 1966.

11. Significación actual del realismo critico.
Era, México, 1963.
12. Teoría de la novela. EDHASA, Barcelona,
1971.
13. Adolfo Sánchez Vázquez. "La ideología
de la neutralidad ideológica en las ciencias
sociales" , en La filosofía y las ciencias sociales. Orljalbo, México, 1976. (Col. Teoría y Praxis, 24).
14. Siegfried J. Schmidt. Teoría del texto. 2a.
ed., Cátedra, Madrid, 1973.
15. Leo Spitzer. Lingüística e historia literaria. Oredos, Madrid, 1959. (Col. Bibl. Romá•
nlca Hispánica).

�LA CRITICA LITERARIA MATERIALISTA
EN FRANCIA
1

Claude Bouché
NOTA INICIAL

ID
N

La tarea de definir el estado actual
de la investigación en teoría literaria
dentro del campo del materialismo
histórico -aunque sea sólo en Francia y durante los últimos diez añosno puede proceder sin ambigüedades.
En primer lugar, existe ambigüedad
en la proposición misma: el " arte de
la síntesis" no es un ejercicio inocente, sino una práctica difícil y dudosa -una práctica falsamente objetiva y bordeada por todo tipo de Ilusiones (Ilusión retrospectiva, ilusión
ecléctica, ilusión enciclopédica, etc.).
También hay ambigüedad en las condiciones bajo las cuales el proyecto
debe llevarse a cabo: carente de un
objeto dado, la disciplina que ·sugiere
nuestro título en gran parte está por
crearse. Se desvanece así en forma
simultánea el conveniente espejismo
de una actividad puramente sintética que se conforma con la reestructuración de los elementos dispersos de
una ciencia ya elaborada por escrito.
De aquí la necesidad que tenemos de
atajar -y no sólo atajar (una figura
verbal en la cual uno percibe aún
cierta pretensión de Imparcialidad) sino también Inventar- nuestras propias señales y criterios.
Varias tendencias de la critica reciente, empeñadas en definir la especificidad de la función literaria, se relacionan con el marxismo en uno u
otro sentido. Entre ellas -limitándonos a los franceses- distinguiremos
esencialmente tres: (1) la tendencia
goldmaniana (un método que designaremos, en nombre de la simplici·
dad, como "estructuralismo genético",
según lo ha llamado el propio Gold·
mann), en parte originada en los trabajos de Lukács, y representada hoy ·
por J. Leenhardt y E. Kóhler, entre
otros; (2) la corriente de inspiración
lingüística formada por grupos de investigación (a veces antagónicos ~ntre sí) tales como Tel Quel (J. Kristeva,
Ph. Sollers, M. Pleynet, J.-L. Baudry) y
Change (J. P. Faye, J. Parls), por citar
sólo los principales, y (.3) la tendencla " marxista-leninista", compuesta

por teóricos y críticos del Partido
Comunista Francés (PCF) -L. Althusser, P. Macherey, E. y R. Balibar, por
una aprte, y F. Vernier, CI. Prévost, P.
Barbéris y J . Thibaudeau, por la otra,
a los cuales debemos añadir a los autores de revistas como Llttérature /
Sclence/ldéologle, Pratlques, Actlon
Poétlque, etc. - todos más o menos
dependientes del mismo.2

De estos tres ejes de investigación
nos limitaremos (no sin reservas) al
último. ¿Cuáles son las razones que
Justifican esta doble exclusión? En el
primer caso, el enfoque genético-estructuralista de Goldmann permanece
confinado a la problemática de la Interpretación, con todas Jas limitaciones que esto acarrea.3 Consiste en
asignar al texto literario un sentido
(un significado, una verdad) relacionándolo con el " mundo" (historia,
clases sociales, ideologías o, como
bien puede ser el caso, simplemente
tendencias de pensamiento), concebido, al menos implícitamente, como
"hors texte", o como " contexto"; és
decir, la realidad es definida en relación al texto -su exterior, su forroy no a la inversa. Tiene escasa consecuencia el que la homología así
postulada entre el texto y lo real sea
concebida en términos de estructuras
y no en términos de contenido (lo
que hace aún más necesario examinar la naturaleza de la afinidad establecida, aunque ésto rara vez se hace); el hecho es que la teoría de
Goldmann, en esencia, coloca al texto
como la realidad primaria -y a partir
de ahí se empeña en llegar a lo real
en un movimiento que alterna entre
la " comprensión" (la liberación de la
" estructura significante" del texto) y
la "explicación " (su integración en un
" todo" mayor). Por otra parte, está
claro que en este procedimiento el
momento principal es el de la comprensión- y no el de la explicación,
que con frecuencia es decuidada o
eliminada de acuerdo a categorías
vagas y escuetas. En otras palabras,
aquí uno no escapa a un modo de
pensar que es fundamentalmente

Traducido del francés por
Dlane Belle James
Traducido del Inglés por
Horado Salazar Herrera

idealista, y cuyo modelo no es otro
que la hermenéutica, o la " ciencia"
de la atribución de significados
ocultos.4
En el segundo caso, las teorías desarrolladas por los autores de Tel Quel
y Change se excluyen de nuestro campo de investigación por el hecho de
que se basan en disciplinéjs esencialmente ajenas al materialismo histórico: lingüística transformacional, en
el caso de Faye (movimiento del
change des formes);(S) y lingüística,
lógica y matemáticas, en el caso de
Kristeva ("sémanalyse"),6 En estos
dos casos, la esencia del texto literario está definida por su función intra. lingüístlca, en relación a un concepto
polivalente y aparentemente trascendente, la escritura (l'écrlture).7 Su naturaleza social se reconoce oficialmente en la forma de una comblnatolre -el resultado de un Juego de
procedimientos puramente formales;
así, la dimensión histórica se ve claramente eliminada, auto-integrándose las referencias " marxistas" como
elementos abstractos de este mecan{smo especulativo- , otra versión
moderna del idealismo absoluto, re·
presentada aquí con la apariencia de
un logocentrismo crítico.a.
Queda la corriente " marxista-leni·
nista", cuyos propósitos, en esta oca·
sión, concuerdan directamente con
nuestro estudio propuesto.
De hecho, los primeros intentos por
establecer una teoría literaria en el
campo del materialismo histórico difícilmente- se remontan a más de una
docena de años atrás. Son contem·
poráneos, en el seno del PCF, tanto a
la renovación teórica que, una vez
libres de la tendencia humanista de
Garaudy, se concretó en el trabajo de
Althusser,9 como, en general, a la
concentración de un interés crecien·
te -por razones que no es posible
analizar aquí- en los problemas de
la cultura en un sentido más amplio
(artes plásticas, teatro, filosofía Y
epistemología, urbanismo, etc.¡.10

Se pueden encontrar algunas refe·

rendas a la literatura en los textos criticadas después): la de estructura
marxistas " clásicos", e incluso hay latente y la de ldeologla como " falsa
algunos comentarlos ocasionales conciencia" .
más o menos detallados. Pero por
La obra, señala Althusser, está
una paradoja francamente obvia, estas explicaciones, como un todo, construida en torno a un contraste
están formuladas en los términos y que le confiere un ritmo singular: la
de acuerdo a una problemática que coexistencia, sin relación explicita, de
es. la de la ideología dominante; o, un tiempo vacío, largo y lento (tiemmas precisamente, en la medida en po de " crónica " -una evocación de
que no aspiran a producir un cono- la monótana existencia del lumpencimiento especifico de su objeto, só- proletariado milanés), y un tiempo
lo dan una visión parcial y, finalmen- breve, . pleno (tiempo " dramático"
te, exterior a éste, sujeta a exigencias -una intriga que involucra a tres
muy particulares (filosóficas en el personajes que se hallan melodramátratamiento de Sue hecho por Marx y ticamente " trabados en un conflicto
t:ngels, políticas en el análisis leni- mortal); Mediante esta simple connista sobre Tolstol): lo cual no signi- frontac1on, la obra adquiere una difica negarles pertinencia o interés en mensión critica: la temporalidad nodialéctica de la " realidad indiferente"
relación a sus fines.
(la vida del lumpen-proletarlado) ofreUn primer desarrollo está marcado ce ~na crítica, en su simple yuxtapopor la aparición del importante traba- siclon, de la temporalidad dialéctica
jo de Pierre Macherey; pero uno pue- -de la falsa dialéctica de una " autode decir, sin exagerar, que es sólo consciencia" alienada en la ideología
hasta recientemente, con el trabajo espontánea (la falsedad de los valores
de Renée Balibar, cuando la teoría de y los mitos melodramáticos). En esta
la producción literaria entra a su fa- " relación interna de los elementos
se esencial (experimentando, en cier- b~sicos de su estructura", en la preto sentido, su revolución copernlcana). cisa ausencia de relaciones- que es
En referencia a estos textos, y a va- su verdadera relación - se encuentra
rios otros en orden cronológico, for- el "significado latente" del drama (p.
mularemos la siguiente pregunta: 1.35). Y es la percepción inconsciente
¿cómo debe concebirse; en sus de los espectadores de una estructues~clficidad, el proceso literario? ra tal lo que determina su reacción:
¿como se determinan sus condicio- atrapados en los mitos espontáneos
nes materiales de producclon? ¿cómo de la ideología, los espectadores se
han de definirse sus modos de inter- reconocen a sl mismos en los persovención a nivel social? Este es un najes del drama; así, la " disociación
~roblema esencial -de hecho, es el interna" -la crítica de la conciencia
unico que amerita consideración, Ilusoria por la existencia real- se
porque todo lo demás depende de él. convierte en una "crítica activa y viviente" de los espectadores, obligánLOUIS ALTHUSSER
dolos a asumir esta crítica en sus
En uno de los textos de Pour Marx propias vidas.
titulado "Le 'Plccolo', Bertolazzi et
Brecht (Notes sur un théatre matériaNo insistiremos en los límites del
llste)" 12 -el único que ha dedicado a texto de Althusser, ligados a su breun texto literario- Louis Althusser vedad y a su objeto (que el subtítuanaliza la puesta en escena por Glor- lo denota explícitamente), ni en sus
glo Strehler del drama fl nost Milán lnsuficencias en lo que corresponde a
de Bertolazzi, autor de fines del siglo una teoría de hechos literarios, a
diecinueve. Aquí encontramos dos lo.s cuales volveremos luego en nuesnociones esenciales, desarrolladas tra consideración de Macherey. Sin
con mayor amplitud en otra parte (y embargo, sí señalaremos el uso que

se hace de nociones como "falsa conciencia", "alineación" e "ldeologla espontánea", que remiten a una problemática finalmente religiosa, de
esencia y apariencia, verdad y falsedad, etc. (Una problemática a la que
Althusser liga el destino de estas nociones en textos posteriores). Sobre
todo, señalaremos en particular su
concepción de ideología -en general
(que no ha cambiado en forma signi•
ficante ni en su célebre artículo de
1970). 13 Como ha mostrado Jacques
Ranciere, ésta se concibe como una
entidad más o menos autónoma,
dotada de una existencia material y
~si. prácticamente Independiente, 'en
ultima instancia,
de la lucha de
clases -o al menos se concibe como
una instancia provista de una función " técnica" irreductible a su función "social" . Para asegurar la cohesión del todo social, la Ideología
proporciona a los individuos un sistema de representaciones que ubica
a diferentes individuos en distintas
pos!~iones del proceso productivo,
hac1endose ésto necesario por la opacidad de la estructura social, cualquiera que sea su especificidad. En
consecuencia, la Ideología es una parte orgánica de cada totalidad social
-incluyendo una sociedad comunista.••
Para nosotros, la consecuencia de
esta teoría de la ideología es que
existiría, entre el texto literario y la
ideología, una relaélón de externalldad pura, una afinidad " frontal" en
cierto sentido, de manera que ciertas
formas de escritura -el " teatro materialista" de Brecht y Bertolazzi, por
ejemplo- podrían apartarse (apartarnos) de la ideología (para Instalarnos -¿dónde?- ¿en la comprensión? -pero Althusser no dice en qué.
tipo de comprensión ni de qué mane•
ra;) mientras que otros textos -de
hecho, toda la literatura burguesa,
aunque Althusser habla sólo del teatro clásico y la novela popular- funcionando bajo el dominio de la Ideología, estarían total e Irremediablemente aliados con la " falsa conclen- ~

�cía", la ilusión y el error. También
hay una consecuencia secundaria: así
como la ideología es hipostatizada
-concebida como una esencia
ideal-, la . :·realidad" (su opuesto y
complemento) es valorizada como un
soporte abstracto de toda la cons·
ciencia {conalssance) (el pensamiento
dialéctico, un atributo de la realidad,
es el " otro" en relación al pensa·
miento ideológico): la vida, la _expe·
rienda, la prueba incorporada en los
hechos -todos éstos proporcionan
una mitología totalmente realista cuya erupción lírica, en las· últimas pá·
ginas del articulo, sirve para compensar la articulación insuficiente de
los conceptos teóricos.
·
Tendremos ocasión de ver, con re·
ferencla a Macherey y a otros, con
qué frecuencia las presuposiciones
parciales y distorsionantes aparecen
en la critica "marxista-leninista" .
PIERRE MACHEREY
El texto Pour une théorle de la productlon llttéralrel5 de Pierre Macherey
profundiza y sistematiza las posiciones althusserianas. A juzgar por su
volumen y sus ambiciones, empero,
estamos tratando con un trabajo de
amplitud diferente. Aquí, al menos en
su enfoque, está involucrada una
"teoría de, la producción lite_raria" .

=
N

Así, de partida todas las cuestio·
nes establecidas tradicionalmente se
hacen a un lado; una vez que el pseudoconcepto de " literatura" es expul·
sado y todas las teorías mistificado•
ras de " creación", "gracia" y " genio"
son desplazadas, podemos preguntar·
nos ¿qué es realmente la producción
literaria? ¿cómo funciona? ¿qué efec·
tos produce? Debemos buscar esta
realidad en base a los procesos
materiales que la definen -ni de
acuerdo a la percepción espontánea
que tenemos de ella, ni a las reconstrucciones ideales, que no son otra
cosa que proyecciones mentales. Así,
el programa de Macherey es il}dicatl_vo de un punto de Inflexión bastante
considerable en el registro de la teo·

ría literaria; esto es particularmente
cierto porque marca una ruptura con
el positivismo y formalismo dominantes.
En la primera sección, " Algunos
conceptos elementales", Macherey establece una serie de distinciones
tocantes a la empresa del criticismo
literario: opone la "ciencia" de la producción literaria, que es critica teóri•
ca, al "arte" de la educación del gusto, que es crítica normativa. o empíri·
ca. La primera es especulativa y formula leyes como base para la transformaci_ó n del "objeto real" del texto
en un objeto de conocimiento (lo cual
implica una separación necesaria entre conci~ncia y realidad, entre conocimiento y objeto); el segundo, por
otra parte, predeterminado por la
existencia previa de un dominio, pronuncia juicios (o, en el mejor de los
casos, Invoca reglas) y se esfuerza
por unirse con el texto mismo que
estudia para asimilarlo más cabal·
mente, por anularse en su interior
-un gesto que consuma la lógica
final de todo comentario, revelando
un malentendido fundamental del
texto literario en su proceso formativo. Con ésto, Macherey rompe -como otros y él mismo han hecho en
distintos dominiosJ6_ con el empirismo en todas sus formas, y particularmente con las concepciones que re·
ducen el conocimiento al " arte de
leer", o a una agudeza visual que
descubre la esencia de las cosas tras
el velo de las apariencias (sólo para
ser, a su vez, velada por su objeto al
final, confirmando así la futilidad de
su método para proceder).
En oposición a esta crítica idealista,
que deja al texto literario inalterado
(o eso cree), la crítica materialista
marca en el texto la división de una
otredad {altérlte) radical: " El crítico,
empleando un nuevo lenguaje, saca a
relucir una diferencia dentro del tra·
bajo demostrando que es otro que el
que es" (p. 15). Esta formulación lapidaria, que bordea en la imprecisión
(dado que juega con las nociones
mismas que Macherey intenta refu-

tar), 17 es después desarrollada y refinada en numerosos casos. Para Macherey, el texto literario es múltiple y
contradictorio -no simple y unitario:
Una "obra está compuesta en más de
un sentido, de tal forma que una diversidad real acompaña su formación". En particular, lo que realmen•
te produce este efecto es una " ruptura interna", un " descentramiento, la
evidencia de su dependencia subordi·
na&lt;)a a las condiciones precisas de su
posibilidad", de manera que "el
trabajo nunca es -o sólo lo es en
apariencia- un todo coherente y unificado" (p. 5.3). Y otra vez: " Lo importante no es una percepción confundida de la unidad del trabajo, sino
un reconocimiento de sus transformaciones (sus contradicciones, en tanto
la contradicción no se reduzca a un
nuevo tipo de unidad)" (p. 54).
Hay una doble exigencia en el pen·
samiento de Macherey: se esfuerza
simultáneamente por acentuar la au·
tonomla de la obra (su irreductibili·
dad respecto a las otras prácticas significativas que se deriva, precisamen·
te, de su estar " fundamentada en la
múltlpllcldad de sus significados"
[98)) y su dependencia (dependencia
en relación a, primero, el lenguaje;
segundo, las condiciones sociales,
notablemente ideológicas; y tercero,
otros trabajos). Por una parte, el tex·
to literario no puede ser reducido a
un discurso ideológico -a un " conte·
nido': al cual le satisfaría con dar
una determinada " forma" ; por la
otra, no obstante guarda ·una rela·
ción con este discurso, aunque sea
sólo por definirse a sí mismo en la
propia diferencia que establece con
relación a éste. Así, en la medida en
que el texto literario fija el lenguaje
de la ideología, también expone su
auto-encierro; exhibe sus contradic·
clones y deficiencias; evita que se
aparte incesantemente en dirección a
un centro ausente -y de esta forma
sirve como entendimiento. Es aqui.
podemos creer., en esta compleja
relación con formaciones ideológicas,
donde se ubica la determinación del

texto respecto a sus condiciones materiales.
El resto del libro (salvo un capitulo
dedicado a la critica del estructuralismo literario, que resume en forma
notable lo esencial de la refutación
del empirismo emprendida con anterioridad) está dedicado a la aplicación práctica de esta teoría de la diversidad, el desplazamiento y la disparidad que conforman el texto.
En la segunda sección, " Algunos
críticos", Macherey comenta el análisis de Lenin, escrito·entre 1908 y
191 1, sobre las novelas de Tolstoi.
Aquí reconsidera la categoría de " reflejos" -la . definición de un texto
como un "espejo roto", un "espejo
deformante'' y un " espejo ciego"; pero sobre todo Macherey demuestra
aquí la forma en que la historia, tal
como él la comprende, opera sobre el
texto ("El estudio del trabajo de Tolstoi consiste en mostrar qué relaciones
mantiene con la estructura histórica"
[p. 1.34)). " La imagen del espejo es
engañosa: el espejo nos permite sólo
aprehender relaciones de contradicción. Por medio de imágenes contradictorias el espejo representa y evoca las contradicciones históricas del
período .. ." (p. I 48).
En la tercera sección, " Algunos tra bajos", Macherey procede a explicar
L'/sle Mystérluse de Julio Veme y Les
Paysans de Balzac en términos simi lares. El análisis de la novela de Verne -el más completo y sin duda, el
más significativo- especifica la naturaleza de esta contradicción característica de la ficción literaria; la discordia se inicia esta vez en el "juego"
entre dos nive)es: el de la representación_ (el " proyecto ideológico"
-aquello que la novela " quiere mostrar", en este caso la conquista humana de la naturaleza) y el de la fi·
guraclón (la " fábula" -lo que se
muestra efectivamente por cuanto
0 s_ temas generales cristalizan en
imagenes, objetos, lugares naturales
Y actitudes psicológicas específicas
[p. 211)).

!

Estos dos niveles por lo demás coherentes son -entre ellos- fundamentalmente incompatibles, y es en
el paso de uno al otro donde la ideología experimenta una "modificación
completa", revelando una sorprendente transformación del proyecto
original; la novela futurista se convierte en narración retrospectiva; el
proyecto de conquista se congela en
la repetición del pasado, la r.ecupera ción del camino, el retorno al padre,
la " búsqueda de los orígenes", etc.
La conexión entre estos dos niveles
se ve asegurada por el motivo -ideológico en sí, pero ya fuertemente investido de un significado literariode la isla, que, al filtrar el proyecto
inicial mediante una estrategia de
escritura (l'écrlture), impone una cierta tensión. El texto literario adquiere
significado sólo a través de esta discrepancia entre proyecto y realización
-esto es, por la misma incapacidad
del texto para mantener la labor dis
cursiva (le propos) que se había asignado a si mismo.
Estas son las principales tesis desarrolladas por Macherey, aunque las
hemos esquematizado hasta el extremo. Aquí está expresado, de hecho,
todo lo que la critica literaria seria
ha aportado en diez años. Y con todo,
no es mucho decir que las cuestiones presentadas reciben sólo respuestas satisfactorias en el mejor de los
casos (sin mencionar las cuestiones
"olvidadas" por Macherey). En tan pocas páginas, no podíamos proporcionar la crítica detallada que este libro
importante y engañoso •abundante y
contradictorio como es- amerita;
por lo tanto nos sujetaremos a las
articulaciones más amplias y a los
conceptos esenciales.
Al principio sorprende que en ninguna parte (excepto en notas fugiti vas) de Macherey un contenido real a
la noción de ''producción literaria",
que uno habría pensado central dado
el titulo del libro. (Y no es suficiente
alegar que éstas son sólo premisas
de una teoría tal, si estas premisas
entrañan como propia consecuencia

la demora de su advenimiento -en la
medida que el interés de una obra se
juzga menos por las respuestas que
da que por las cuestiones que genera
o que deja de generar). El texto mantiene su importancia tanto en el punto de partida como en el resultado
del análisis: hay pocas consideraciones externas, ya en calidad de retrospección sobre las condiciones mate·
riales de la elaboración del texto (salvo el modo -empirista- de reflexión ), 18 por ejemplo la situación histórica del lenguaje o la práctica literaria, ya en calidad de proyección
hacia la lectura y su funcionamiento
(curiosamente, los textos analizados
por Macherey parecen haber sido hechos ·exclusivamente para el ejercicio
de la mirada crítica, independientemente de cualquier consideración de
los efectos reales que producen). Macherey está, en efecto, especificando
las condiciones generales del proceso
literario, o mejor, su principio -pero
no explica el proceso mismo, en la
totalidad de sus determinaciones objetivas. La discrepancia entre el proyecto ideológico y la figuración -la
contradicción como fuerza motora o
motriz de la ficción literaria (cfr. Althusser)- tiene valor como fórmula
-a menudo elucidatoria- pero deja
intacto el aspecto material de la producción. De aquí los numerosos pasajes donde Macherey parece perseguir,
sin éxito, los conceptos que le permitieran considerar en toda su profundidad y complejidad los fenómenos
de los cuales sólo puede· indicar un
vago perfil. Este fracaso conduce a
repetidas infracciones contra sus propias presuposiciones, en donde continuamente se contradice o desmiente,
y a los comen tarios numerosos en los
qu~ ~stá_ consciente de su propia insuf1c1enc1a y falta de adecuación, a
grado tal que debe postergar una
conceptualización rigurosa. 19
De hecho, la relación del texto-ficción con sus condiciones de producción (incluso con sus condiciones
ideológicas) no está en modo alguno
limitada a lo que se dice en Pour une ~

�)

théorie de ta production tittéraire. El
principal error del l ibro es generalizar a partir de datos incompletos: al
escoger como objetos de su análisis
textos exclusivamente " realistas " (o
textos que funcionan de acuerdo a
cri terios análogos. como los de Verne ). Macherey ha simplificado y complicado el problema al mismo tiempo.
Si la teoria del reflejo (en un lado, lo
real; el otro. el texto ,un espejo roto. una superficie deformante) puede
dar la ilusión de que se comprenden
las novelas de Tolstoi o Balzac, ¿qué
podrá decirse de los textos ." no realistas " -aquellos en que las " figuras"
de la " realldad " son irreconocibles
desde el principio, donde no se imponen a sí mismas como cantidades
conocidas (un trabajo surrealista. un
poema de Mallarmé o Artaud , o un
texto de Denis Roche, por ejemplo)?
¿Dejan éstos de ser l iterarios porque
lo " real .. no se refleja en el los con
total inocencia? La escritura " realista" produce un efecto especifico: al
tomarlo como una característica propia de todo texto -la marca o trazo
que lo real dejaría sobre él- es una
insensatez. Al asimilar para si los
modos dominantes de representación de lo real (que Balibar. como veremos, designa como el " lenguaje bá·
sico"). la ficción literaria se presenta
como no-literaria, o al menos como
una representación no-literaria de la
" realidad " -un documento, un testimonio, una inyestigación . etc.: ésta
es una operación sutil y compleja.
. por cierto, pero una que de ningún
modo se halla en la fuente de toda
textualidad. 2º

~

Uno encuentra estas lagunas, en
unas ocasiones más serias que en
otras, en casi toda la critica de inspiración marxista (o simplemente sociológica) se haga o no referencia a

Macherey -véase. por ejemplo, la serie de libros en la colección " problémes " (Editions Sociales). por colaboradores de la Nouue/te Critique.
PIERRE BARBERIS, CLAUDE PREVOST.
JEAN THIBAUDEAU; FRANCE VERNIER.
No nos prolongaremos en los trabajos individuales de estos autores,21
cada uno de los cuales reproduce las
mismas tesis y formula las mismas
cuestiones sobre la totalidad, aunque
no sin contradicciones. Debemos recordar, en -todo caso. que no se trata
aqui de evaluar sus méritos o deméritos sino de plantear la cuestión de
sus hipótesis teóricas. De hecho, para
usar la distinción de Macherey . estos
ensayos (todos. excepto el último, recopilaciones de artículos publicados
con anterioridad en revistas o diarios)
se alinean más al lado del discurso
normativo y empírico que al lado del
discurso científico. Si hacemos una
excepción de algunos textos de carácter más teórico, en si objetos en
grán parte motivo de controversia (algunos de los artículos de Thibaud~~u.
" Marxismo y cultura " de Barbens,
" Littérature et idéologie" de Prévost.
parte del libro de Vernier), es sobre
todo para ilustrar las posiciones ideológicas del PCF en cuestiones relacionadas con la cultura. recurriendo a
los autores reconocidos del panteón
marxista-leninista -a veces adaptados a las formu las más mediocres de
·Ja critica partidaria.
La problemática que sale a la )uz
en estos trabajos se ocupa esencialmente de tres puntos: ( 1} el texto literario como reflejo del mundo real;
(2) el texto literario como m~dio ~e
comprensión. y (3) el texto llter~no
como medio de acción. Al cons1de·
rarlas, estas· tres proposiciones (matizadas y completas pero ~unca formu·
ladas en su contenido esencial) pue-

den reducirse a una sola: el texto li·
terario, mediante la comprensión que
nos proporciona de lo real es capaz
de darnos un asidero a la realidad
con el fin de transformarla en un
sentido " democrático y revolucionario". Así, por una parte, habrá un
cierto número de textos modelo o
piloto, con más frecuencia obra de
autores comunistas o procomunistas,
dados como referencias intangibles. y
supuestamente capaces a priori de
una critica efectiva de la "sociedad"
(p. e. Aragon, Eluard, Vailland; en el
ámbito de la pintura . Picasso}; y por
la otra. textos "clásicos". sin víncu los
particulares con el comunismo. pero
cuyo carácter " realista " (o lo que se
exhibe como ·tal) les permite ser anexados (con las reservas de costumbre) a la causa militante. en virtud de
la celebrada contraseña de Lenin sobre la ..·asimilación critica de la herencia cultural" (p. e. Balzac, obviamente. o Tolstoi, pero también Thomas Mann , Kafka, Malraux, etc.).22
Los criterios para seleccionarlos son
puramente externos: se recupe_ra a
los escritores porque sus pos1c1ones
personales -sus escritos son vistos
como accesorios- son un reflejo del
comunismo ortodoxo (este seria, no·
toriamente, el caso de Aragon); o
bien estos criterios se basan en
postulados que han emergido en_ li·
nea direda de &lt;Ja ideología lit~rana
burguesa (por ejemplo, la concepción
del texto como "representación de lo
real ").23
La situación se ha complicado más
en años recientes. puesto que, por
razones de estrategia interna, el apa·
rato cultural del PCF se ha visto for·
zado a recibir en su seno. o a su lado.
a intelectuales (escritores. teóricos. a
menudo ambos-en-uno) pertenecientes a una tendencia claramente · formalista" (p. e. Thibaudeau, Ricardou.
Guyotal e incluso miembros del gru·
po Tet Quel, que se han adherido luego al maoísmo). De ahí que hayamos
visto una oscilación continua de uno
a otro extremo: de la valorización de
una producción literaria definida por

)

)

)

su relación privilegiada con la " realidad· . a la valorización de una producción caracterizada principalmente por su trabajo sobre lo " significante" . Prévost escribe, por ejemplo:
"¿Hacia dónde se dirige la literatura?
Para esta pregunta hay dos tipos de
respuestas: hacia lo literario o hacia
lo real " .24 ¡Y así el truco se invierte!
De hecho, tal pirueta sirve para justificar. mediante un confusionismo cuidadosamente cuitivado, una táctica
general de oportunismo ideológico:
conciliar al mismo tiempo a las " masas" con una literatura esencíalmente " realista " y a la " vanguardia " con
una literatura de tendencia " formalista ·. La consecuencia práctica de esta
táctica es inhabilitar cualquier comprensión real del objeto literario, condenado como ésta a desintegrarse en
la repetición de algunos viejos · credos como el leninismo.
Lo que muestra este rápido vistazo
(uno podría haber sometido las ambiciosas generalizaciones de Vernier
- en particular, el uso que hace de
los pseudoconceptos " funcional " y
" disfuncíonal " en su explicación del
" lenómeno literario" - a una critica
rigurosa) es que si seguimos estas
teorías hasta sus presupuestos esencia les encontraremos, al cabo, que
no aspiran a nada más que a garantizar la posición estratégica del Partido, cuyo objetivo último sigue sien:
do el acceso al poder estatal en el
marco de una sociedad capitalista
inalterada en sus estructuras fundamehtales (y para el cual es necesario
preparar ahora el camino mediante
una acción espectacular dentro del
dominio de las superestructuras ideológicas). Estamos familiarizados con
las tesis del Partido en asuntos de
cu ltura: la " Cultura " (como el Estado)
es fundamentalmente " neutral" ; las
formas en que se ha manifestado durante dos siglos no están ligadas
esencialmente a la dominación burguesa, que sólo las ha " pervertido",
"alienado" y "apropiado" para su
beneficio; de aquí la posibilidad -el
deber- de que los comunistas (y sus·

aliados, anteriormente los del " frente
popular" hoy aquellos del " programme
commun " o el " compromiso histórico")
se apoderen del aparato cultural para
restaurarlo a su función verdadera y
asegurar así que sirva a los intereses de
las masas explotadas, de acuerdo a la
doctrina de la famosa " transición democrática al socialismo" .25
Esta es una perspectiva instrumental y pragmática, que se sostiene en
base a unas pocas referencias (de
Lenin a Aragón pasando por Brecht,
no sin haber hecho una adición " laminada" de este último respecto a
cierta conformidad ideológica), pero
que soporta el peso de los hechos sólo al precio de hacer una parodia de
la historia._ Es esta misma visión la
que los trabajos recientes de Renée
Balibar cuestionan indirectamente,
porque plantean, de hecho, cuestiones del todo distintas.
RENEE BALIBAR
En el segundo de sus dos libros.
Les Fran,;ais flctifs,26 Renée Balibar
analiza varios textos literarios -Un
coeur simple, de Flaubert, dos narraciones de Pegúy, una comptine surrealista y L'Etranger de Camus- , cada
uno producto, a su manera, de un
"efecto de realismo" que es irreductible a los métodos tradicionales de la
gran tradición realista (Stendhal, Balzac, Zolá, etc.). Al hacer esto intenta
definir la especificidad de su funcionamieoto como textos de ficción literaria -esto es, su modo especifico
de acción en relación a otras formas
de práctica ideológica (religiosa , filosófia, jurídica, política, etc.), y especialmente en relación a aquellas que,
como las obras que ha seleccionado,
usan el lenguaje para un propósito
particular. Especifiquemos de i nmediato que, para Balibar -como implican los señalamientos anterioresno se trata de la cuestión de definir
la " literatura" el " texto literario" en
general, mucho menos algún tipo de
" literareidad" trascendente; más bien,
la cuestión es determinar, para un

texto dado (en una formación social
dada y en un periodo dado), las condiciones de producción de sus efectos
reates. Esto, así, seria una explicación
materialista - no un proyecto estéti:
co- incluso si el análisis nos proveyera de elementos sólo parciales sobre cuya base una teoría total debe,
por necesidad, ser concebida.
Dos aseveraciones complementarias
subyacen al desarrollo de su argumento: por un lado, la práctica literaria es en si una práctica ideológica;
como parte de la instancia ideológica
se ve inmediata y enteramente " ideologizada" . (Esto elimina· la conocida
cuestión gratuita, tan preciada para
el leninismo,. de su " relación con la
ideología"; si hay una relación, sólo
puede ser con otras prácticas ideológicas). Por el otro lado, la prác:tica literaria es esencialmente distinta, en
su funcionamiento e incidencia, a
otra~ prácticas ideológicas; el efecto
que produce no es asimilable al de la
filosofía, el conocimiento científico o
el lenguaje común -su modo de intervención es distinto a todos los demás.
A partir de estas dos presuposiciones teóricas (presentes formalmente
desde Pour une théorie de ta production llttéraire,) Balibar empieza, a diferencia de sus predecesores, a producir una comprensión real de los
procesos materiales de la ficción literaria (dentro de las restricciones arriba mencionadas). En efecto, ella postula que la eficacia particular de estos textos -caracterizada por el misterioso " naturalismo" que emana de
ellos (ese naturalismo que emergió
durante los años 1870-1880, periodo
crucial del desarrollo de la produc ción literaria en Francia marcado
tanto por la entrada del capitalismo
en su fase de dominación efectiva
como por el comienzo de la educación universal)- pueda ser aprehen dido sólo en relación ~: (a) el proceso
de educación a escala nacional; y (b)
las prácticas lingü/stlcas contradictorias que se han desarrollado dentro c,.
de los límites de la escuela burguesa ""'

�("contradictorias" significa a...¡uí no
opuestas en todos los aspectos referentes a su contenido, sino en relación a clases opuestas en la lucha de
clases).

N
"l

En el primer libro, Le fran&lt;;ais natlonal, Renee Balibar y Dominique
Laporte demuestran cómo aparecio
en la época de la Revol ución Francesa, a través de la presión de las masas populares, una doble exigencia:
por una parte, la de un lenguaje nacional unificado ("le f ranr;ais natlonal"), reemplazando a los lenguajes
de clase del Anden Régime -el francés de la aristocracia y de la burguesía, y los dialectos populares o patois - como lenguaje de comunicación e intercambio; y, por la otra, la
de una escuela única, destinada a
reemplazar la pluralidad de establecimientos de la era monárquica -colegios burgueses y aristocráticos, " petites écoles" conducidas por curés para
beneficio de las clases inferiores, etc.
También demuestran cómo esta escuela burguesa única, concebida por
los jacobinos revolucionarios, no fue
creada efectivamente sino hasta casi
un siglo más tarde, y sólo después de
innumerables vicisitudes, bajo la Tercera República, cuando los requerimirntos de la economía la habian
hecho indispensable (el establecimiento por Jules Ferry de la educación
gratuita en 1881, la educación laica
y obligatoria en 1882). Pero, sobre todo, señalan, siguiendo a Baudelot y
Establet, 27 que esta escuela burguesa única es sólo una fachada que
oculta la existencia de prácticas académicas antagónicas que, anteriormente concretadas en forma de insti tucíones materialmente distintas
(escuelas para los ricos y escuelas
para los pobres), ahora se han manifestado en forma de dos redes de
educación integradas: educación primaria (le réseau prlmalre-professlonel}
y educación secundaria (le réseau secondalre-supérleurj, que respectivamente producen / reproducen las
clases explotadas y dominantes de la
formación social.

La existencia de estas dos redes
corresponde en el nivel del lenguaje
a dos tipos de prácticas lingüisticas .
Como Macherey y Etienne Ballbar escriben en su introducción: " Esta es la
base de la contradicción en las prácticas educativas, particularmente entre el ejercicio 'básico' de rédactionnarratlon (un sencillo ejercicio sobre
el uso y la descripción 'correctos' de
la ·realidad ') y el ejercicio ·avanzado'
de la comprensión , la disserta(lon-expllcatlon de textes (llamaoa trabajo
·creativo', que presupone el uso y la
imitación de material literario). De
aquí las contradicciones entre las
prácticas ideológicas y por lo tanto
sociales" (p. 27). Existe entonces, por
un lado, una práctica que, mediante
la no-culminación del dominio del código lingüístico, tiEme como resultado
un efecto de sumisión en todos los
individuos educados al nivel primario, la única instrucción de las futuras clases explotadas; por el otro,
existe una práctica fundada en el dominio activo del lenguaje, resultando
en un efecto de dominación ideológica, por una minoría privilegiada de
individuos principalmente de las clases dominantes. Así, el aprendizaje
del lenguaje " avanzado" no sólo se
opone al del lenguaje " básico", sino
que también lo abarca y sobrepasa,
confiriendo de paso a sus enrolados
un dominio del lenguaje cualitativamente superior.28.
Es aquí donde intervienen los tex tos analizados por Balibar. De acuerdo a la tesis anticipada, el efecto específico producido por este género de
ficción es comprensible sólo con referencia a la existencia de prácticas
lingüísticas contradictorias en el corazón de un aparato educativo formalmente unificado -siendo su fun ción adecuada el realizar la reconciliación imaginarla de estas prácticas
contradictorias (o, más exactamente,
la reconciliación en lo imaginario, la
reconciliación ficticia). Estos textos,
en efecto, repiten la operación original
por la cual el francés " básico" es reprimido, en el desarrollo de las habi-

lidades lingüísticas, por el francés
" avanzado", de acuerdo a un proceso
de condensación (una idea que Balibar ha tomado de la descripción de
Freud del mecanismo del inconsciente -en particular, el sueño). Es esta
" evocación disfrazada / reprimida" del
material de la escuela elemental, esta
reproducción / deformación del francés " básico" por el francés " avanzado", la que produce el efecto estético
en el discurso literario de estos modernos textos realistas.
Así, l a secuencia inicial de Un
coeur simple de Flaubert puede ser
descrita como la yuxtaposición, en
una sola ejecución lingüística, de material verbal extraído de ejercicios
gramaticales elementales (entonces
en uso al nivel primario) y una constructlon périodlque peculiar de la retórica grecolatina (como se practicaba en los niveles superiores de la escuela secundaria) -esto es, la yux~aposiclón de un lenguaje simple, des-mantelado, con impropiedades léxicas
(p.e. la palabra " burgeoises") o sutilezas convencionales imposibles de
aprehender excepto en términos de
gramática latina-(cfr. pp. 104-17). De
igual manera, la escritura de Péguy,
en Pierre, commencement d 'une vie
bourgeoise sobresale como la combinación (fallida) de narración ficticia
[rédactlonj y disertación ficticia, y la
de la Note conjolnt como la combinación de nociones derivadas de las lecciones primarias de las cosas y de un
discurso del tipo " filosófico-literario"
(cfr. pp. 179-90 y 193-207). Y, una
vez más, L'Etranger de Camus puede
verse como una yuxtaposición de
oraciones sencillas en francés " básico", por una parte, con las elaboradas creaciones del francés " cultivado'
-o " literario-trivial, como lo llama
Balibar-, por la otra, a la cual se
añaden impropiedades derivadas del
lenguaje erótico (cfr. pp. 250-5 7). En
cada uno de los ejemplos anteriores,
es el lenguaje " básico" el que está
claramente visible, como para dar el
efecto de realismo, pero es la presencia disimulada en el fondo del lengua·

je "avanzado" la que produce, propiamente hablando el efecto literario,
puesto que es tal lenguaje el que proporciona el placer estético de leer vía
la magistral exhibición del lenguaje
"básico" por el " avanzado".
.~ún más, el texto literario introduce motivos, temas, situaciones en la
ficción, que constituyen la " fachada "
del texto y cuyo papel es distraer la
atención del conflicto lingüístico -la
fuente del efecto estético literarioque le es esencial. Estos elementos
narrativos son de alguna forma
" moviliza dos" por la ·ficción para
"ahogar" la presencia de las prácticas lingüísticas contradictorias en el
texto literario; así, lo que el lector
evalúa como significativo en el texto
ficticio -materiales tomados de observación científica, reflexión filosófica, historia o, más simplemente, infor
mación o hechos temáticos- es, brevemente (y en contraste con las tesis
clásicas marxistas-leninistas) sólo
una pantalla cuyo propósito es ocul tar el trabajo subyacente de ficción
(como la descripción de las costumbres en Flaubert, o el contenido filosófico en Péguy o Camus).
En su introducción a Les franr;als
{lctlfs, Macherey y Etienne Balibar formulan la hipótesis de que la función
particular de la ficción literaria es la
de resolver mediante la sublimación,
mediante la producción de formas
lingüísticas sul generls, contradicciones insolubles en las demás formaciones ideológicas y prácticas sociales relacionadas -a saber, las contradicciones concernientes a la existencia, en la escuela, de prácticas
lingüísticas antagónicas- para hacerlas resolubles en el ámbito de la
ideología no literaria (filosófica, política, religiosa , etc.). El texto literario
constituiría entonces un " lenguaje de
compromiso", proclamando que las
posiciones de clase de otra forma
Irreconciliables son su propia solución
imaginaria.

Las extensiones de esta teoría son
múltiples y de importancia decisiva

para todo lo que, en el campo del
lenguaje, aparezca bajo el nombre de
ficción literaria. Nos conformaremos
aquí con señalar (sin desarrollar
nuestros comentarios como deberíamos) el problema del " realismo", sobre el cual el trabajo de Ballbar arroja una nueva luz. De acuerdo a ella,
el texto ficticio produce "efectos de
realidad" (sancionados corr.o indicaciones de " realismo literario" ) no mediante la reproducción de elementos
de lo real o el uso de un lenguaje ilusorio denotativo -sino, más bien,
por la introducción, en medio de una
oración articulada sobre el modelo
del francés " ficticio", de elementos
del francés " básico",29 Es esta emergencia controlada del lenguaje de la
escuela primaria , base tradicionalmente reprimida en la sociedad capitalista por el dominio l ingüístico de
la clase dominante, lo que induce el
"efecto de lo natural" en los textos
realistas (en oposición a los textos
que favorecen el " efecto de ficción ").JO
Desde aquí podemos ver el inicio de
una solución a una cuestión que ha
sido largamente planteada en forma
incorrecta por los especialistas -una
cuestión vinculada en principio con
el funcionamiento de toda la producción literaria moderna (y que sólo
puede ser entendida en referencia a
la categoría de realismo). Aun más,
se hace posible repensar, en términos
radicalmente nuevos, la contribución
de escritores y escritos, tocante a los
cuales hemos visto en años recientes
una incesante escalada mistificante:
de Lautréamont a Guyotat pasando
por Beckett, lonesco o Robbe-Grillet,
estos textos prolijos que se han autoimpuesto, al menos sobre cierto público, en nombre de un realismo nunca más "realista" ). La teoría de Balibar nos permite desembrollar la base
material , generalmente " olvidada",
sobre la cual se producen tales efectos -queriendo decir, otra vez, la enseñanza del lenguaje y de la gramática elemental (p. e. la utilización de
material académico en Lautréamont,
la banalidad en Beckett y lonesco, la

descripción de objetos en Robbe-Grillet, etc.).JI
NOTA FINAL
Estas pocas notas, precipitadas como son, sin embargo, tal vez nos
permitan evaluar el trabajo de Balibar, que representa (en este momento) la vanguardia de la ,teoría liter_a ·
ria materialista. Ella va más allá de
muchos aspectos del trabajo de Macherey y Althusser, y nos lleva a repensar otros aspectos del trabajo de
ellos en una forma concreta (en particular, el papel de la contradicción
en la obra (le travall) de ficción); aún
más, ella cuestiona el optimismo militante_de aquellos críticos que ven
en la " literatura" un " medio de acción revolucionaria en la lucha ideo·•·
lógica" .J2 Extendida hasta sus últimas consecuencias, la posición de
Balibar viene a definir la ficción literaria como un campo enteramente
ocupado por la. ideología dominante
-no sólo hasta el grado en que ésta
anexa la ficción literaria a sus propios fines, sino también hasta el de
que es un mecanismo por naturaleza
inseparable, en la sociedad de clases,
del proceso de dominación instigado
por la clase dominante. Así (y pese a
la declaración de la misma Renée Ba·
libar, hecha con la abstracción más
reservada),33 perspectivas menos que
alentadoras aguardan a aquellos que
están involucrados -sean maestros o
escritores- en la producción de efectos literarios, puesto que su rol es el
de desviar los conflictos ideológicos
de su lugar de origen para resolverlos
imaginariamente en la fantasía colectiva de una escritura "comprometida"
-el de producir y reproducir, en otras
palabras, mediante su trabajo en el
ámbito imaginario, las condiciones
subjetivas bajo las cuales se conduce a los individuos al apoyo de una
situación social que no puede sostenerse a si misma. Como lo expresa la
crítica: " ¡Qué triste papel está reservado para todos aquéllos que escriben literatura: reproducir la domina- t'4
ción lingüística mistiflcadora de las t'4

�clases dominantes!" (p. 115).
La reticente acogida que tuvo el
trabajo de Balibar, que sigue una dirección opuesta a las tesis marxistaleninista "oficiales·· (sólo para reunirseles en tendencias inesperadas), es
la señal de este malestar..34 De hecho,
la mayoría de las criticas ni siquiera
tocan el propósito de Balibar, que no
reconocen; por esta razón tales criticas no ameritan consideración. En su
terreno, las proposiciones desarrolladas en los trabajos de Balíbar aparecen indisputables. Las lagunas que
podemos señalar (generalizaciones no
demostradas, ausencia de cuestiones
importantes, etc. -todas ellas reproches que, digámoslo entre paréntesis,
no tienen sentido excepto en relación
con un debatible ideal de prudencia y
minuciosidad) son la señal inevitable
de una empresa que se halla sólo en
sus inicios, y cuyo mérito mínimo no
será el haber planteado algunas
cuestiones esenciales y el revelar algunas ··omisiones" sintomáticas
-empezando con la " omisión" de la
determinación educativa en el proceso
productivo de los efectos literarios
estéticos.
A pesar de todo, el punto arriba
mencionado, así como ciertas selecciones implícitas hechas por Balibar,
demuestran que hay lugar, más allá
de los logros indisputables de Le
francals Natlonal y Les francals flctlfs, para cuestionar la visión histórica de la producción literaria que en
ellos se desarrolla, y las suposiciones
preliminares sobre las cuales se apo0
ya esta perspectiva. (Así, seria necesario cuestionar la división que resulta de excluir, sin más discusión,
todos los escritores categorizados como " formalistas" -escritos creados
para la actividad " decadente" de una
élite intelectuaJ35-, una operación
de demarcación donde aparecen los
residuos de cierto estructuralismo
althusseriano). De esta forma, tal vez
podamos localizar, más allá de las
cuestiones Incisivamente planteadas,
aquellas que han sido olvidadas, y
que constituyen el lado oscuro -el

reprimido- de la teoría de Balibar. Y
aquí es donde textos como los de la
lnternatlonale Sltuatlonnlste, mencionados al principio, pueden ayudar
-con la condición de que haya un
cambio de argumentos (lo cual es
precisamente el punto)... En todo caso, la cuestión sigue abierta.

NOTAS
l. Originalmente publicado como ··La
theorie littéralre materialiste en France
(1965- 1975¡-·, Reuue des Langues Vluantes
XLIII: 1, (1977).
2. Esta taxonomía descuida ciertas contribuciones teóricas importantes en el campo de la cultura, como las de los situacionlstas, cuyos textos han sido editados recientemente (lnternatlonale Sltuatlonnlste,
1958·1969 [Eds. Champ Libre, 1975)); el
trabajo de H. Lefebvre (Le langage et la
socll!U (Oal/lmard, 1966), La ule quotldlenne dans le monde moderne (Oalllmard,
1968), y ··0e la littérature et de l'art modernes considérés comme processus de
destruction et d'autodestruction de l 'art,··
en Llttérature et soclété [Editions de l'lnstitut de Sociologie de l 'Université Libre de
Bruxelles, 1967)), y el P. Bourdieu, autor
de numerosos estudios sobre sociologia
del arte y director de la revista Acles de la
recherche en sclences sociales. Pero estas
variadas incursiones en el campo de la
sociologia marxista. aún cuando tratan
los procesos literarios, tienen a la vista
un objeto diferente al nuestro; están menos preocupadas por las modalidades de
una función que por las lineas y etapas
de una evolución (aunque, en última instancia, lo primero es tal vez impensable
fuera de lo segundo -un punto al que
volveremos brevemente al conclu ir). Finalmente, debemos hacer especial mención
al notable trabajo de Ch. Grivel Productlon de /'lntéret romanesque [Mouton ,
1973); la amplitud, complejidad e independencia relativa de este trabajo en relación al materialismo histórico excluyen
su consideración aquí.
3. L. Goldmann, Le Dleu caché (Galllmard,
1955); Pour une soclologle du roman (Gallfmard, 1964) Structures mentales et

créatlon culturel/e (Anthropos, 1970; y
10/ 18, 1974); cfr. también ··Le structuralisme génétique en sociologie de la
llttérature", en Llttérature et soclété, pp.
195-211.
4. Estos defectos y vacilaciones presentes
en el propio Goldmann se encuentran
otra vez en el trabajo de sus seguidores:
véase, por ejemplo, la Introducción al li·
bro de J. Leenhardt Lecture polltlque du
roman (Mln uit, 1973). Para una critica
más detallada, cfr. Ch. Bouazis, " La
théorie
des
structures
d·oeuvres:
problemes de l"analyse du systeme et de
la causallté sociologique", en Le llttéralre
et le socia/ (flammarion, 1970), pp. 77-117.
5. J.P. Faye, ··Le mouvement du change
des formes", en Change, premltre suite
(10/18, 1974). pp. 6-23; Théorle du récit:
lntroductlon aux langages totalltalres y
Langages totalltalres (Hermann, 1972).
6. J. Kristeva, Stmélótlkt: Recherches por
un sémanalyse (Seuil, 1969); La réuolutlon
du langage poétlque (Seuil, 1974). Véase
también la colección de articulos de Te/
Que/, Théorle d·ensemble (Seui l, 1968).
7. Esta actitud es llevada al extremo por
un teórico como J. Ricardou , para quien
el escribir, funcionando como un prlmum
moblle, es el portador. por sus propias
virtudes, de todos los efectos asignables
al texto literario (Prob/émes du nouueau
roman [Seuil, 1967); Pour une théorle de
nouueau roman (Seuil, 1971 )).
8. Para una critica de las teorías telquelianas. véase ··Les pratiques artistiques
dans le marxisme-leninisme (l. Deux revisions, deux ideallsmes)", Clnéthlque, número 11-12 ( 1971 ), pp. 38-59.
9. L. Althusser, Pour Marx (Maspero, 1965);
··ou Capital á la philosophie de Marx··, en
Llre le Capital (Maspero, 1968); etc.
10. Véanse, en particular, las publicaciones de la Nouuelle Critique, el órgano cultural del PCF.
1 1. Véanse las selecciones de textos de
Marx y Engels, Sur la llttérature el /'art
(Editions Sociales, 1954); Lenin. Sur l'art
et la llttérature ( 1O/ 18, 1976); Gramsci,
Oeuures cholsles (Editions Sociales. l 959y
1976). Además, véanse Trotsky, Llttérature
et réuolutlon (Julliard, 1964; y 10/ 18.
1974); Mao Tse-Tung, Sur la llttérature et
l'art, Pekín: Ediciones en lenguas extran·
jeras, 1967). Véase también Lukács, Marx
et f.ngels hlstorlens de la lltterature (L Ar·
che, 1975).

12. Althusser . Pour Marx, pp. 129·52.
13. ldcologie et appareils idéologiques
d Elat I11ote5 pour une recherche)', La
l'en~ée número 151 (junio de 1970). pp.
3-38. l.c1 leona de Althusser de la ideolog1a} de la distinción ciencia / ideología es
mas dificil y flexible de lo que la recapitulacion de l~ouché podría sugerir (Los
t:ditorcsl.
1~- Todo esto 5e dice en última instancia
-esto e~ de5pues de reducir el pensa·
miento de Althusser a .sus presuposiciones c5e11ciales independientemente de la
c.om pren~ión parcial que él mismo fue
c.apaz de elaborar o facilitar con respecto
al lunc.ionamicnto de la ideología. Kan ciere demuestra claramente cómo lodo,
en un análisis final se reduce a la incapacidad de Allhusser para concebir o tra
sociedad comunista que. no sea la del modelo sm iético del capitalismo 11acionali1ado: de c1qui ~urge su necesidad ~e lormular la indispensabilidad de la ideología
-incluso en una sociedad que en principio 110 tendria cla~es- y hacerla una
exigencia relativa a todas las estructura~
sociales al m,Hgen de su determinación
por la lucha de clases 11..-1 le~on cfA/1/Jus.~er
¡Gallimard, 1974), pp. 227· 77). Para otras
criticas de la teoría de Althusser véanse
Con/re Althu.'&gt;'&gt;er ( 10/ 18. 1975): Pratiquts
arlisliques et lutte de cla~5cs tlll. De la
nom ellc
pratique philosophiquc. Su r
quelque~ thescs récentes de l.oui5 AlthuS'&gt;er)
Cinélhique, numero 15- 16 11972).
pp. 31 -53.
15. P. Macherey, Pour une théorle de la
productlon littéralre (Maspero, 1966).
16. Cfr. Althusser, Ure le Capital.
17. En el mismo sentido, uno advierte la
siguiente observación (que, como tal, no
justifica nada): ··El trabajo no es lo que.
parece ser. Esta proposición vale la pena
considerarla, aunque pueda no tener valor teóri co (porque depende de una distinción ideológica entre realidades y apariencias)... (p. 31 )."
18. Debe hacerse una excepción del estudio Jules Verne, ou le réclt en défaur·,
que intenta sustituir una concepción dilléimica del funcionamiento textual para
esta visión especular sin. empero, tener
éxito real.
19. " Como tales, el 'frente' (endroit) y la
espalda (envers) pueden legítimamente
considerarse como nada más que metáforas sugestivas ... En el argumento siguiente se usan entre paréntesis y no debe-n

ser tomadas muy en serio·· (p. 32); Este
pasaje es descriptivo: no debería tomarse
como un análisis definitivo. Esto vendrá
después" (p. 57); ··pero la idea de contrato (que el mismo Macherey avanza) sólo
tiene el valor de una imagen: denota la
existencia de un problema sin resolverlo;
es incluso enganosa en cuanto a que sugiere una decisión espontánea. individual
o colectiva · (p. 92): etc.
20. ··La reproducción de un león, un árbol,
o cualquier otro objeto. de ningún modo
responde a una necesidad primitiva de ar·
te; por el contrario.- es en su declinación
cuando el arte se dedica a la representación de estos objetos. para poder sacar el
m ejor provecho del talento subjetivo para
crear apariencias·· (Hegel. Esthétlque, citado por Leíebvre en Le Langage et la so•
clété, p. 44),
21 . J. Thibaudeau. lnteruentlons: Soclallsme, auant-garde, llttéralure (Editions Sociales, 1972); P. Barbéris. Lec tures du réel
(Editicms Sociales, 1973); CI. Prévost. Llttérature, politlque. ldéologle (Editions Sociales. 1973); F. Vernier, L'écrlture et les
tex tes (Editions sociales, 1~74).
22. Conocemos el efecto que esta contrasena (' realismo ·¡ ha tenido en la evolución artística de la URSS -liquidación de
las avant-gardes futurista y formalista:
restauración. bajo el nombre de realismo
socialista", de las formas más gastadas
de arte burgués (de lo cual el neo•Tolstoyismo de Sholokhov es un ejemplo en literatura).
23. Así. Prévost escribe a propósito de
Malraux. así sea sólo para reprochárselo:
··Este poeta-metafísico es del todo un escritor de la representación: traduce a un
lenguaje épico y místico una experiencia
que existe antes del acto de escribir. Su
escritura es un segundo lenguaje (') y.
más y más. ornamento puro·· (p. 61 ). Esta
es una con cepción rechazada por Vernier
y Thibaudeau -representantes, en esta
esfera de la critica literaria marxistaleninista. de una actitud más modernista,
una actitud más inspirada por la lingüis·
tica y la teoría de la escritura. Cfr., por
ejemplo, a Vernier: ··El leer un texto como
una ·descripción ' supone que uno acepta
la duplicidad que presenta el ·Ienguaje' y
todos los procedimientos retóricos como
un instrumento de representación del
mundo y no como un instrumento de acción sobre él " (p. 119).
24. Véanse en alguna otra parte las con-

torsiones que el mismo Prévost ejecuta en
su intento de integrar las teorías de Ri cardou en las ··Iuchas reales·· del PCF (pp.
274-75). Este género de incoherencia también se encuentra en Vernier (quien es.
con Prévost, el intérprete ofic;ial de las
tesis comunistas en el dominio literario):
" La conciencia que los escritores pueden
tener de la especificidad de su trabajo
sobre las formas y el lenguaje, en lugar
de considerarlo como involucrando la in terpretación de un mensaje. es. si 110 determinativa en si misma. al menos un
Factor importante en su trabajo ... según
fue precisamente el caso para Mallarmé y
Lautréamonl. Que esta lucidez con respecto a la naturaleza de lo que están se
incremente por la conciencia del rol -político en úlitma instancia - que la obra li teraria, a su nivel y en su propia especifi cidad, desempeña en la sociedad -ello es
todavia otro grado de dominio del material que manejan (dominio de su naturale·
za. de sus leyes. de su relación particular
con la totalidad de lo real, de su impacto ... en suma , de la ·realidad ' con la que
uno está tratando [!)). el cual , si no es su ficiente en si mismo; tiene, de cualquier
modo, gran importancia: aquí me estoy
refiriendo a Brecht o Aragon (p. 143, y
también pp. 133-39). Contorsiones simi lares son también evidentes en los debates internos; cfr. en Nouuelle Critique, un
discurso entre los dos individuos arriba
mencionados: " Le partí , les avant-gardcs
et I héritage". número 67 (octubre de
1973), pp. 61-68.
25. 5&lt; bre este tema véase P. Gaudit,e;·t.
Action culture/le: lntégratlon et/ou subuerslon {Casterman . 1972). pp. 97- 106. Es
en nombre del mismo programa que el
PCF Justifica los esfuerzos que ha emprendido en el campo de la ley burguesa
hacia el reconocimiento del estatuto del
escritor. asI como su intención de desa rrollar una política sobre libros y edición
(véase el coloquio en ··La situation de la
littérature, du livre et des écrivains . sostenido en París, el 12 y 13 de abril de
1975, por el Centre d'Etudes et de Recherches Marxistes; también el Maniíeste pour le llvre··. un folleto publicado en
Febrero de 197 5 por el PCF).
26. R. Balibar y D. Laporte, Le f'ran&lt;;als
natlonal: Polltlque et pratlque de la langue
natlonale sous la Réuotutlon (Hac hette
1974); R. Balibar (con la colaboración de
G. Merlín y G. Tret), Les f'ram;ais flctifs: Le
rapport des styles llttéralres au fran&lt;;als
natlonal (Hachette, 1974).

vi
(JI

�PREFACIO

POEMA

Ario Garza Mercado

Ramón Martínez Sáenz

Amontonamos las palabras
como las piedras blancas que construyen
las enanas pirámides
que crecen en la hierba
para cerrar el paso de los hombres
a las tierras ajenas.

Honda y silenciosa es la herida
que se abre cada día,
como hierro candente el recuerdo
que se expande y se aferra
y se agiganta.
Inter minables los días
y más aún las noches
que se arrastran lentamente
en la vigilia de mis ojos,
iY ese sueño que no llega!
y propicia el camino del recuerdo
que estal la , clavándome cruelmente
sus esquirlas que destrozan mis adentros,
agrandando más la herida
-por siempre vivaque nunca cicatriza.

Amontonamos las palabras,
,,.
las cortamos en cuentas de colores,
medallones y espejos,
para obtener algo mejor con ellas.
A veces
a montonarrtos las palabras (Dios,
libertad, amor, verdad, justicia)
para saber que todavía no han muerto.

)

He probado los bálsamos posibles
logrando, tan sólo un pequeño
y fugaz aturdimiento
que mitiga en parte,
-mínima por ciertoel c iclico temor al fin
del día que presagia
una noche interminable,
lenta, acechante,
agazapada atrás de cada cosa ,
de cada mueble, de cada objeto,
pend ida como cuadro
en todas las paredes de mi casa ,
esperando como esperan los ancianos
a la m uerte, con resignación ,
esperando con la dulce, sí, dulce
seguridad de sus conquistas,
con la cruel certidumbre de su triunfo.
Horizontal y perverso, el círculo
se cierra ante mí.
La noche oscurece la salida
y se aferra a la puerta
ocultando la olvidada cerradura,

devorando la única posible llave
salvadora de la incómoda morada,
cerrando las ventanas
con negras aldabas
clavadas con recuerdos.

¡Y ese sueño que nunca llega!
que se pierde en la noche de las noches
con su brújula orientada a las estrellas.
Y ese olvido que se esconde atrás
del días y se pierde en las fronteras
de las sombras.
De nuevo esta herida

�-principio y fin del universoque no sangra.
Oquedad imprecisa en el árido
terreno de mi cuerpo,
abismo interminable
plagado de oscuros ecos,
de voces sordas
que repiten incansables,
metafísicas ficciones de universos.
Sé que está aní
mas no sé en dónde.
Siento que se agranda
cada noche.
No hay tregua.
No hay fatiga.
Tan solo un deslizarse
hacia adentro
a un silencio reverente,
mayor que el infit1ito;
construido con silencios
de otro tiempo ... y de ninguno,
de otras razas sin memoria
sin presente ni pasado,
en un instante sostenido
de un tiempo que no existe
que no se mide...
que no se cuenta ...
Esta sensación de viento fuerte
a pesar de que no hay aire,
que frena -sin lograrlo- la caída,
mi caída, dentro de este túnel
oscuro -casi negro,
cavado, por milenios,
en basalto de silencio /
se debilita bajo el peso de mi cuerpo;
y sigo cayendo,
alejándome de prisa
de la gran abertura irregular
semejante a una herida.

SEÑAS/RESEÑAS
CONTRASEÑAS

)

�EL FORMALISMO RUSO
IR.REVERENCIA, DESENVOLTURA E INGENIO EN LOS FORMALISTAS RUSOS

Víctor Elrich , El formalismo ruso, Colección Ciencias Humanas Vol. 374,
Biblioteca Breve, Editorial Seix Barral,
Barcelona, 1974, 450 pp.

José Roberto Mendirichaga
La obra del profesor Elrich -quien
Al in icio de su obra Elrich advierte
n ació en Petrogrado , se educó en que "suele creerse que la crítica liteVarsovia y, a partir de l a Segunda raria rusa siempre tendió a sacrificar
Guerra Mundial enseñó literaturas es- el análisis formal en aras de considelavas en diversas universidades nor- raciones de tipo ideológico" . En este
teamericanas- constituye un estudio .capítulo, el autor indica cómo " la pocl ásico sobre el formalismo en gene- pularidad en auge de Opojaz entre
ral y, más especialmente, sobre el ru- los jóvenes filósofos y especialistas
so que abarca desde. 1916 hasta l a rusos de la literatura presentaba un
Kusia estalinista de los ari os -treinta. . serio desafío a la primacía del 'ma Consta El formalismo ruso de dos terialismo histórico•. proclamado por
grandes partes: l. Historia y 11. Doctri- los críticos soviéticos como único enna. Haremos de la primera parte sólo foque legítimo de l a literatura , y la
una descripción y nos centraremos sola doctrina de -la era revolucionaen la segunda, que nos introduce pro- ria " a pesar de que algunos miempiamente en esta escuela que tanto bros de Opojaz se consideraban marinfluyó en las disciplinas lingüísticas xistas. Hay algo interesante en todo
y estilísticas, base a su vez de lo que esto. Este enfrentamiento de los forhoy se denomina la corriente estruc- malistas con el esquema marxista-leni n ista , dio por resu ltado que la
turalista.
escuela en cuestión tomara en consiMuy brevemente, diremos que el deración las relaciones entre la litecapítulo I menciona quiénes son los ratura y sociedad.
precursores de este movimiento que
vino a suceder al llamado simbolismo Elrich insiste en que los formalistas
ruso. El capítulo 11 apunta cómo se ··estaban muy lejos de un arte que no
iba " Hacia el formalismo" . El 111 con- tu era más que puro recurso " , mosigna quiénes fueron los iniciadores viéndose dentro de un asociologismo
de esta escuela, que resultó ser parte a ultranza. Pero suced ió que pudo
de " la amplia reacción al positivis- más el sistema que el criterio indemo", fundamentada en el cambio de pendiente de los pensadores y poetas.
rumbo en las mismas escuelas filosó- Y, uno a uno, fue des i ntegrándose
ficas. a partir de la Escuela de Epis- Opojaz, al grado de que en 1927 éstemología de Friburgo. Esto dio tos declaran: "En último análisis, es
origen a que surgieran diferentes el proceso económico lo que determanifestaciones artísticas e intelec- mina y reorganiza l a serie y el
tuales, la más importante de las cua- sistema literario". Nada quedaba ya
les en Rusia fue la Sociedad para el por hacer.
Estudio de la Lengua Poética (Opojaz),
Para concluir el comentario a la priintegrada por un equipo bastante mera parte de ta estupenda obra de
heterogéneo de estudiosos de la len- Víctor Elrich, basta decir que los esgua radicados en Moscú.
fuerzos vanos de algunos por resucitar "el caballo muerto del •formalis" Los años de enfrentamiento y
mo' " fuera de la Unión Soviética, ha•
polémica", que se refieren al período
cia los años veinte, se produjeron en
comprend ido entre 1916 y 1920,
Checoslovaquia (con el llamado Cír·
constituye el capítulo IV , donde el
c ulo de Praga) y en Polonia (C írculo
autor explica cómo fue modificado Literario de Varsovia ) como una conOpojaz a partir del ingreso de jóvenes
tinuación de las inquietudes que los
como Ejxebaum, Sklovskij y Tyjanov, formalistas rusos no pudieron o no
entrando después el formalismo ruso
supieron continuar en forma organien una etapa de plena madurez, con zada.
el equilibrio de jóvenes y viejos, en lo
que el autor denomina como el "DeLa segunda parte de la obra incluye
sarrollo turbulento" ( 1921- 1926).
cinco capítulos. Estos continúan con

la secuencia que venía de la primera
parte.
¿Qué elementos constituyen la
médu la de este movi miento? Seña lemos los que Elrich destaca: a través
de un método morfológico. se ponía
el énfasis en la obra literaria y sus
partes constitutivas, a la vez que en
la autonomía de la obra literaria. A
esto llamaron "literaridad · (citado por
Jakobson en una de sus obras). Otro
punto básico es su preocupación
formalista sobre el lenguaje. Escribía
Zirmunskij "El material de la poesía,
no lo constituyen ni las imágenes. ni
las emociones, sino las palabras ... La
poesía es un arte verbal".
A través de la ·extrañificación·, los
formalistas tratan de romper con los
clisés verbales. Para ésto, nada mejor
que la poesía. que " se acerca más al
tipo de discurso emotivo que al cognoscitivo·· (Jakobson) y cuya función
comunicativa queda reducida al mínimo. Cita Elrich a Ejxenbaum al res·
pecto, quien afirma: " El objetivo de
la poesía consiste en hacer perceptible la trama de la palabra en todos
sus aspectos" . (p. 265).
Otro de los puntos dignos de mención en el trabajo de los formalistas
rusos. es el haber eliminado· el dua·
lismo del objeto expresado (conte nido) y los medios de expresi ón (forma ). a fin de unificar emociones e
ideas dentro de un contex to literario.
En cuanto al concepto de autonom ía
de la obra literaria. Elrich adv ier te
que los formalistas llegaron a el la a
partir de considerar que la literatura,
al integrarse por palabras, se gobier·
na por las leyes que rigen al lengua·
je; es. por tanto. un fenómeno lingüís·
tico o semiótico.
Se resistían los formalistas a accp·
tar la influencia de la sociedad en el
fenómeno literario. Finalmente
hubieron de aceptar que era preciso
tomar en serio c ierta s consideracio·
nes sociológicas o ideológicas.
¿A qué llama Elrich dominan/a? A
la cua lidad dominante de la litcra tu·

ra. que es a la vez el núcleo de la li- Jodía con la sintáxis ... así como haber
teraridad. Los formalistas se adelan- descartado el enfoque normativo del
taron a las teorías sobre el narrador verso y la rígida antinomia metro / ritinconsciente y omnisciente del que mo" .
habla Osear Tacca en Voces de la
Los formalistas también tuvieron
novela.
sus propias ideas respecto a la comElrich cita a Kridl para señalar que posición y al estilo. Elrich señala que,
"en el proceso de objetivación artísti- de acuerdo a sus inclinaciones anti·
ca, la obra literaria se separa de su psicológicas, se mantuvieron bastancreador y adquiere existencia propia". te alejados de las áreas del estudio
Y añade Elrich: " La obra de arte no del estilo y casi inmunes a la escuela
corresponde por género ni al esque- 'neoidealista' de Vossler y Spitzer. Sin
ma mental del que surgió, ni a aquel embargo -apunta Elrich- , en los
que lleva" . Los formalistas concebían últimos escritos formalistas aparece
el proceso literario como tensión dia· el reconocimiento a la función de la
léctica entre la personalidad creado- metáfora, aunque sólo parcialmente.
ra, la forma estética, y el ambiente Dentro de la crítica literaria tradiciosocial. Así, aun cuando aceptaban nal, el estilo poético era fundamental.
cierta indiscutible influencia de la so- Los formalistas encontraron que el
ciedad hacia el texto, se negaban a principio estético unificador era· 'la
·unidad teleológica de los recursos ,
admitir que la existencia misma del
fenómeno literario estuviera condicio- pero articulada en un efecto estético.
nada a ello, como "subproducto Pero OyoJaz admitió muy pronto que
automático de su estructura". Por la noción de esti lo literario era sólo
tanto, la crítica extrínseca chocó con un aspecto del problema; que el estila contemplación desinteresada del lo de un determinado escritor o poeta
medio. En el medio -como apunta se situaba en un doble plano: en el
Elrich- (p.302), pu•diera encontrarse contexto de las formas del lenguaje
tanto la unicidad como la relevancia literario y en el contexto de los sistedel arte literario, lo que definitiva- mas lingüísticos sociales del habla
mente entraña una nueva concepción culta. Los formalistas llegaron a un
aspecto también interesante: la
de la literatura.
Habría que decir unas palabras so- distinción básica entre el ·referente ·
bre la teoría de la versificación utili· externo de la obra literaria y su 'sig·
zada por los formalistas. Concibieron nificado' intrínseco. En la parte final
ellos al verso como un " tipo bien in- del capitulo XII, Víctor Elrich da a cotegrado de discurso, cualitativamente nocer en fo~ma ordenada toda una
diferente de la prosa , con una partí· serie de términos utilizados por los
cular y distintiva jerarquía de elemen- formalistas rusos en el manejo de la
tos y leyes: 'un discurso organizado literatura. Aparecen así las voces
en su trama fónica total' ", Ahora " bifurcación ", " yuxtaposición", etc.,
bien, " se puede prescindir del verso, así como los géneros y subgéneros
pero no del ritmo" porque éste es la dentro del relato.
esencia de lo poético. Dice Elrich:
Elrich señala que " la noción de la
"cuand o la poesía In toto se yuxta - mera coexistencia de varios elementos
puso a la prosa, el ritmo demostró en un conjunto literario, dio paso a la
ser lo diferencial y el principio integración dinámica", '? que ~e
organizador del lenguaje del poeta". manifestó a través de la d1vergenc1a
Quizás el mejor reconocimienl'o a la de lo real, el alejamiento del uso linlabor de los formalistas haya sido lo güístico corriente y las modificacioque expresó Jakobson en 1935: el nes de la norma artística predomi•
mérito de " haber correlacionado la nante. Para los formalistas rusos se
prosodia con la lingüística, el sonido da una primacía cronológica de la
con el significado, la rítmica y la me- forma sobre el contenido; " una forma

nueva origina un contenido nuevo" .
Elrich comienza a sacar conclusiones
y dice: "La evolución literaria no es
un proceso unilineal; es una senda
retorcida, llena de eses y zigzagueos.
Cada tendencia literaria representa
un cruzamiento, una interrelación
compleja entre los elementos de la
tradición y la innovación", con lo que
está corrigiendo a los formalistas, en
su concepción un tanto radical y ce·
rrada.
Víctor Elrich intenta -y lo lograuna vinculación entre ese hecho histórico que fue el formalismo ruso y lo
que, hoy por hoy, acontece en el
campo de las letras internacionales.
Dice el autor: "Desde una perspecti·
va más amplia, el formalismo ruso se
presenta como una de las manifestaciones más vigorosas de la reciente
tendencJa por un análisis estricto de
la litera.tura ". La crítica que hace el
autor acerca del movimiento formalis·
ta, no es inju.s ta ni subjetiva: se ciñe
a los criterios elementales de la justicia y de la lógica, mas no por ello
cae en una loa injustificada a esta
corriente de la crítica moderna. Para
muestra, veamos este párrafo: " ... el
formalismo carecía de una estética
bien definible; no supo resolver, ni
siquiera plantear debidamente, problemas tan fundámentales como el
modo de existencia de la obra literaria o de los estándards críticos".
Cierra su obra Víctor Elrich con un
pensamiento que refleja la angustia
del exiliado y la impotencia de quien
nada puede hacer ya por modificar
las cosas en la tierra que lo vio nacer:
" Actualmente -dice- , cuando la critica soviética está bajo las garras de
la mediocridad domesticada y del
dogmatismo carentes de humor. es
una experiencia refrescante echar un
vistazo atrás, a la irreverencia, la desenvoltura, y el ingenio de los escritores formalistas"
Cabe añadir que esta estupenda
obra crítica se encuentra acompañada por unos índices onamástico y de
materias, a la vez que por una ampli·
sima bibliografía básica y de consu lta, ""
en ediciones rusas y de otros países. ,..

�NACE ORGANIZACION DE ESCRITORES

POEMAS

Humberto Salazar
El domingo 21 de agosto pasado, al
filo de las seis de la tarde, los asistentes al Congreso Constitutivo de la Organización Democrática de Escritores
de Monterrey sellaron con un breve
aplaluso el final de las jornadas del Congreso, que se realizó (con maratónico
aliento) durante mañana y tarde del sábado 20 y el domingo 21 del mismo.
Con la clausura de dicho Congreso, quedaba pues constituida la ODEM, empresa en la que se encontraban involucrados la mayoría de los jóvenes escritores regiomontanos, y unos cuantos de
los no-tan-jóvenes.
El proceso había comenzado unos
meses atrás: su punto de arranque formal fue el Primer Encuentro de Literatura en Monterrey, realizado a fines de
mayo en el Centro de Actividades Artísticas y Culturales, A.C. Dicho evento,
había sido organizado por una Comisión que salió de una reunión previa en
la Casa de la Cultura del Estado, donde
una treintena de escritores y prospectos se habían reunido en abril para discutir por primera vez sobre la necesidad
de constituir una Liga ó Asociación de
Escritores en la ciudad.
En el Primer Encuentro de Literatura,
entonces, se trató de que los escritores
(todos los que quisieran) presentaran
ponencias (sic) sobre su experiencia
personal, tanto en el campo de la creación como en lo relativo a la difusión literaria en la ciudad; todo ello apuntan do a que se comenzara a reflexionar sobre las ventajas y desventajas que podría conllevar la formación de una
unión de escritores locales.
Ese viernes 20 de mayo, y el sábado
21 , más de 20 jóvenes escritores leyeron sus trabajos, demostrando en principio un entusiasmo y una amplia participacipn, que eran ya el primer logro
en el camino hacia la organización.
Como resultado neto de ese Encuentro (ya propiamente en relación a la futura unión de escribas), se eligió allí a
una Comisión de nueve personas que se
encargarían de dos cosas: a) organizar,
N en un lapso prudente, el Congreso
..,. Constitutivo de la Organización de es-

Alfredo García Valdés

critores regiomo11tanos, y b) preparar
los docuementos básicos de la organización (Declaración de principios, Estatutos, Plan de trabajo), para ser discutidos y aprobados en el Congreso Constitutivo.

UN PAJARO PICOTEA

Un pájaro picotea el fondo del océano.
La oscuridad marina atraviesa sus poros,
golpea las múltiples ventanas de este cuerpo inexistente,
perforado hasta el aire.
Un horizonte viudo desteje sus largas trenzas
y los muros engruesan hasta asfixiarlo todo.
Con el pico sujeta la mariposa agónica
que brotara de su pecho esa mañana.
El enjambre de la oscuridad se multiplica y aprieta.
Corazón del vacío, el reloj lucha contra un cuerpo
que se ha vuelto rígido,
el reloj, lluvia de alfileres hacia todas partes,
pájaro apretado
entre los dedos de un gigante pétreo.

Los integrantes de esa Comisión se
dieron de inmediato a las tareas. Y no
sólo eso, sino que se aventaron la titánica y adicional empresa de organizar
un ciclo de tres mesas redondas, sobre
temas diversos realcionados con la Literatura y la organización. Las tres mesas redondas se realizaron en la Casa de
la Cultura del Estado, que cedió amablemente sus recintos a ponentes y público discutidor.
La primera de ellas llevó por tema Literatura: lenguaje, historia e ideología,
y se realizó el sábado 16 de julio. La segunda mesa se centró en el polémico tema El.escritor y la política, ¿neutralidad
o compromiso?, realizada quince días
después, el sábado 30 de julio. La ter;
cera, finalmente, llevó como tema ¿Por
qué y para qué surge la Organización
Democrática de Escritores de Monterrey?, y fue realizada el 30 de agosto,
apenas una semana antes del Congreso Constitutivo.
El siguiente sábado 20, a partir de las
once de la mañana (y ya con el haber
de tres mesas redondas, mares de saliva y horas de discusión) dio comienzo,
pues, el Congreso Constitutivo.
Ese sábado por la mañana se organizaron dos mesas de discusión, para que
analizaran por separado los diferentes
documentos básicos propuestos, y así
volver en la tarde a una Plenaria que los
aprobaría, con las respectivas enmiendas, supresiones y agregados.
A esa jornada mañanera se dejó caer
el incansable y prolífico Carlos Monsiváis, quien no dejó de decir unas breves palabras de saludo y felicitaciones
por el intento organizativo en juego. Por
la tarde, como las discusiones se alargaban demasiado por los debates interminables sobre los estatutos, el Congreso entró en receso y citó para el día siguiente " a primera hora" .

La " primera hora" del domingo fueron las doce, pero como los efluvios críticos estaban más apaciguados, el debate sobre los restantes Estatutos y el
Plan de trabajo se hizo de una manera
más expedita. Hacia las cinco de la tarde se aprobaron los documentos y se
encargó a una Comisión (¡otra!) el trabajo final de añadidos y matices.
En seguida se procedió a la elección
de las Comisiones permanentes de la ya
constituida Organización Democrática
de Escritores en Monterrey, siendo elegidas por voto mayoritario y democrático, las siguientes personas: Comisión
Coordinadora: Arnulfo Vigil, Margarito
Cuéllar, María Belmonte, Xavier Rodríguez Araiza, Humberto Salazar. Comisión de Prensa y Comunicación: Mario
Anteo, Francisco Ruiz Solis, Magaly Sánchez, Roberto Maldonado Espejo, Luis
Vázquez Buenfil. Comisión de Finanzas:
Eduardo Arellano y Graciela Salazar.
Después de aprobar un pronunciamiento público de la ODEM para luchar
por el rebajamiento de las franquicias
postales; el abigarrado conjunto de
cuarenta o cincuenta personas reunidas a esas horas aplaudió la clausura
de las larguísimas jornadas, iniciadas
cuatro meses atrás y concluidas fructíferamente con la constitu c ión de la
ODEM .

•

RAPTO CON SUBTERFUGIO Y BOLSO AZUL

Nombre que se desborda en el vacío,
paraíso portátil, astro y boca,
nube que me rescata si me toca.
La noche, bocabajo, sobre el río.
Con sus ojos de piedra, golpea un sauce;
los termes de mi cuerpo unen su hielo,
huye un gusano a recorrer el cielo.
Deshilado, la muerte guia mi cauce.
A merced de la sombra y su ladrido, afiladas estrellas me acuchillan;
entre la oscuridad, ojos que brillan
y a través de mi grito, un ángel ido.

�LA HUELGA 'TEXTIL DE 1918
EN PUEBLA

Leticia Gamboa
REGION

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En las primeras décadas del siglo, los
flicto. Así, pues, aunque algunas de
obreros textiles de Puebla constituían
nuestras fuentes son de primera mano,
sin duda la vanguardia de las luchas resultan limitadas para el análisis de esproletarias de la región. El sitio conta huelga. Esas fuentes son el Archivo
quistado era producto, de las huelgas del Congreso del Estado de Puebla
generales estalladas en 1900, 1906- (ACEP), el Archivo General de la Nación,
1907 y 1911-1912, así como de una Fondo Departamento del Trabajo (AGN.
multitud de menores enfrentamientos DT), periódicos nacionales y la princidonde no descansaron en demandar a pal bibliografía que hace referencia al
sus patrones justa paga, mejores conconflicto•.
diciones de trabajo y el derecho a la •
l. Efectos sociales de la lucha armada
existencia y reconocimiento de sus
El auge de la industria textil en el pororganizaciones.
firiato, se expresó t-anto en las crecienA las grandes batallas del gremio, en
tes cifras de producción como en la pre1918 se sumaría otra, quizá la más im- sencia de un numeroso proletariado esportante que se registre en su historia. pecial mente concentrado en unas
Desarrollada enmedio de difíciles con- cuantas regiones de nuestro país. En·
diciones, la prolongada huelga general
tre ellas, en 19 I O Puebla se hallaba a
ocurrida en ese año pondría en tensión
la cabeza, con 8 , 142 obreros
no sólo a los sectores directamente in- ocupados2
volucrados, sino también a las dirigen·
Sin embargo, el estallido revolucionacias políticas de la entidad. Más aún,
rio provocaría una caída en el ritmo de
sus resultados demostrarían toda la
ruerza de los capitalistas sobre los obre- la actividad textil de todo el país, con
ros y todo el poder que el gobierno cen- el consecuente desplazamiento de tratral tenía por encima de los gobiernos bajadores. Desafortunadamente no se
locales; en suma, los límites de un sis- localizan estadísticas para el período
del movimiento armado, pero por el nútema económico-social cuya naturalemero de huelguistas poblanos en 1918
za no cambió la revolución armada, y
podríamos decir que entonces los obrelas . estrecheces del régimen político
ros textiles de Puebla eran más de 5 mil,
surgido de esa revolución.
revelando este dato, en relación al de
En las siguientes lineas nos ocupare191 O, el desalojo de unos .3 mil obreros.
mos de la lucha desplegada por el proEmpero,
si consideramos que para la inletariado textil de Puebla en 1918. Pedustria textil habían pasado los años
ro tratándose apenas de una esbozo, de
ninguna manera nuestro material ago- más críticos (situados alrededor de
191.3 a 1916-1917), es muy factible que
ta todo el problema. Metodológicamenen
esos años la desocupación alcanzate concebida la huelga como·" un fenóra proporciones mucho mayores.
meno a la vez económico, social, poli·
tico, jurídico, ideológico y psicológiSi bien es cierto que entre 1910 y
co" 1, enfrentamos su tratamiento no
1918 las fábricas textiles existentes en
sólo con. una reducida experiencia, siPuebla, aunque en forma errática
no además con la carencia de fuentes
aumentaron en número (de 45 a 51,
claves. En este último sentido, la apa- aproximadamente), también es cierto
rente inexistencia del archivo de la Fe·
que en ese lapso muchas permaneciederación de Sindicatos Obreros de Pueron cerradas, por espacios más cortos
bla (FSOP) nos ha impedido abordar, en- o más largos. Por caso puede citarse a
tre otras cosas, el importante aspecto la fábrica Metepec, una de las más grande la organización de la huelga. De
des del país, que desde 191.3 cerró aligual manera, la falta de acceso a los gunos de sus departamentos, reducienposiblemente existentes archivos del
do a 1,2.30 sus obreros y efectuando
Centro Industrial Mexicano (CIM), nos más tarde el cierre total cuya duración
lleve a desconocer en profundidad las se prolongó por largos años, pues reaapreciaciones patronales sobre el connudó sus actividades hasta 19193.

E igual que Metepec, muchas otras
fueron las fábricas poblanas orilladas
a la clausura temporal. En diciembre de
1912 y febrero de 191.3 las fábricas.La
Independencia y El Volcán suspendieron sus labores por haber sido Incendiadas. Para el último de esos años, a la lista de fábricas paralizadas se sumaban
al menos otras cinco4.
En 1914, el CIM -la poderosa organización de los empresarios textiles de
Puebla y Tlaxcala- informaba al Departamento del Trabajo que sólo una de las
siete fábricas de Atlixco estaba funcionando, hallándose también inactiva la
fábrica San Pablo, en Texmelucan, por
el saqueo sufrido a manos de los constitucionalistas. Al año siguiente, el propietario de las Fábricas Unidas de Guadalupe (San Félix, San Juan y La Asturiana) reportaba al D.T. que la última
había sido incendiada por zapatistas y
las otras dos estaban clausuradass.
A la paralización de fábricas por destrucciones hubo que contar, como un
problema más grave, el corte en el suministro del algodón norteño de La La·
guna. En 191.3 la toma de Torreón produjo los primeros transtornos, afectando a muchas fábricas a pesar de los esfuerzos del D.T. y la Secretaria de Fo·
mento por normalizar el tráfico ferroviario, problema insoluble por lo menos
en los siguientes dos años. A más de
ello, la alternativa de importar algodón
se topaba con serios obstáculos: la
constante fluctuación del peso mexicano en relación al dólar -particularmente crítica en 1915 y 1916-, la confiscación por las fuerzas revoluciona·rias del algodón que se lograba importar y hasta la ocupación del Puerto de
Veracruz por las tropas norteamericanas.
Para tener una Idea más precisa de la
situación, baste decir que en 191.3 las
estadísticas fiscales computaban un total de 144 fábricas textiles en el país,
mientras que para 1914 sólo 90 reportaron impuestos6, obligación cumplida siempre y cuando estuvieran en actividad. Es decir, tan sólo en ese pequeño lapso puede estimarse un cierre de

_.
CJI

�54 fábricas.
Como eficaz portavoz de los empresarios, fue el CIM el encargado de describir bastante bien la situación, en una
de sus múltiples quejas al D.T.:
"De todas estas negociaciones las
que han podido mantenerse en movimiento, experimentan en la actualidad
muy graves dificultades en sus operaciones, pues no cuentan con algodón
suficiente y el poco que consiguen es
caro; sus productos no encuentran salida por tener cerrados todos los mercados a causa de la interrupción del tráfico; y sufren gran escasez de numerario ... "7

10
&lt;!'

De esta manera, los obreros textiles
venían siendo intensamente afectados
en sus condiciones de vida. Quienes tenían la fortuna de contar con empleo (y
también quienes no, pues de algún modo debían subsistir) se vieron enfrentados a una desmedida elevación de precios, motivada por las bajas en la producción, las repercusiones de la primera guerra mundial, la especulación y los
desórdenes monetarios, evidentes desde el cuartelazo de Victoriano 11uerta.

Por esta razón, al sobrevenir los momentos económicamente más críticos
para el país, los textileros que quedaban ocupados tuvieron que arreglárselas con los mismos jornales de años
atrás. En Puebla no fue sino hasta el lo.
de mayo de 1917 cuando los empresarios accedieron a elevar en 40 y 45% los
salarios, sobre la base de la tarifa acordada cinco años antes Is. Con esta concesión, teóricamente los salarios pasaban de $1.00 a $1.40 y de $1.25 a
$1.81, cuando la carestía de la vida remontaba el cielo.

Según un estudio, de julio de 1914 a
julio de 1915 los porcentajes de alza de
precios en la ciudad de México fueron
En estas circunstancias, sólo la lucha
de 2,400 para el maíz, 2,200 para el friquedaba como alternativa a los obreros
jol,
1,420
para
el
arroz,
940
para
el
azúEn Puebla las causas de paralización
textiles de Puebla. Y aunque ellos no sacar, y 900 para la harinato. Un diario
no terminaban allí. En 1917 las fuerzas
bían de leyes, quedaba también el renacional
hacía
cuentas
más
conservaen pugna causaron desperfectos en la
curso- del Artículo 123 de la flamante
doras para 1916-1917; decía que la carplanta Tuxpango, fuente de energía paConstitución General de la República,
ga
de
maíz
había
pasado
de
$27
.50
oro
ra muchas fábricas de la región. Y por
donde se autorizaba al Congreso de la
si fuera poco, en los últimos meses de nacional a $.35.00, el kilo de frijol de
Unión y a los Congresos de los Estados
$0.1.3
a
$0.28,
el
de
azúcar
de
$0.20
a
ese año los empresarios cerraron total
a legislar sobre el trabajo. Entre las
$0.65, el de arroz de $0.18 a $0..38 y el
o parcialmente buen número de fábrimúltiples fracciones del 123, la VI
11
de
manteca
de
$0.80
a
$1.75
.
Por
eso
cas, presionando al gobierno para que
señalaba:
no es extraño que ya en abril de 1915
derogara un decreto expedido en julio
los empleados de comercio de la capi"El salario mínimo que deberá disfrusobre la libre importación de ciertos
tal poblana se quejaran del serio detetar el trabajador, será el que se consitextiles. En septiembre el gobernador
dere bastante, atendiendo a las condiAlfonso Cabrera informó a la Secretaría rioro en su poder adquisitivo; estimaban que cada peso de papel moneda vaciones de cada región, para satisfacer
de Gobernación que las fábricas Amalía solamente un décimo del valor del
las necesidades normales de la vida del
tlán, La Independencia y La Teja habían
peso de plata mexicanaI2.
obrero, su educación y sus placeres hosuspendido por completo sus labores y
nestos, considerándolo como jefe de faFrente a las difíciles condiciones de
que las fábricas María del Rosario, Sanmilia. En toda empresa agrícola, comerexistencia en estos años, los textileros
to Domingo, Santa Ana, Santiago, El
cial, fabril o minera, los trabajadores
Mayorazgo, San Alfonso, La Constancia, emprendieron varios movimientos. Así,
tendrán derecho a una participación en
San Joaquín, El Carmen, El Patriotismo, en diciembre de 1911 declararon en
las utilidades, que será regulada como
María y La Paz habían suspendido las Puebla una huelga general, resuelta luelo indica la fracción IX."
jornadas nocturnas; en síntesis, calcu- go de la junta obrero-patronal del 20 de
laba alrededor de .3 mil obreros sin enero siguiente, donde se aumentaron
Por su parte, esta última expresaba:
trabajo8 •
los salarios en 10%, se fijó en 10 horas
" La fijación del tipo de salario míniSiendo más general el problema de la jornada y se acordó también el posmo se hará por comisiones especiales
terior
establecimiento
de
una
tarifa
unilos cierres, el gobierno envió a las Cáque se formarán en cada Municipio, suforme de salarios. Al efecto, el D.T. ormaras de Diputados y Senadores una
bordinadas a la Junta Central de Conganizó
enjulio
de
1912
la
primera
Coniniciativa de ley sobre incautación de
ciliación, que se establecerá en cada
vención de la Industria Textil; entre
fábricas cuyos paros no estuvieran
16.
Estado"
constitucionalmente autorizados, dan- otras cosas, allí se ratificó la jornada
11. ~/ desarrollo de la ffuelga
do al Ejecutivo la facultad de adminis- antes señalada, las multas fueron abolidas
y
se
fijaron
sala(ios
mínimos
diatrarlas mientras los propietarios estuLa huelga textil de 1918 en Puebla
vieran renuentes a reanudar las labo- rios de $1.00 para peones y $1.25 para
atravesó por dos fases: una primera,
encargados
de
máquinasl5,
tarifa
conres. En vista de la amenaza, los empredonde la correlaclon de fuerzas ganasarios de Puebla se apresuraron a des- vertida en letra muerta que nunca se
da en favor de la causa obrera iba en
implantó,
pese
a
las
continuas
denunmentir los cierres y a reanudar efectitérminos generales en ascenso; y la se·
cias dirigidas al D.T. por parte de los
vamente los trabajos9.
gunda, donde cambia en sentido opues·
obreros 14.
to dicha correlación, debido a una se·

rie de acontecimientos a los que nos referiremos en su oportunidad.
Podríamos decir que la primera de
esas fases comenzó a principios de febrero, cuando en Atlixco los obreros de
la fábrica El León se declaran en huelga ante lo exiguo de sus jornales (de
$0.90 a $1.25 en ocho horas de trabajo, en versión del jefe del D.T.)7 • ~n seguida los secundaron sus c_ompaneros
de las fábricas de Cholula, siendo yapara entonces unos mil los huelguistas
que reclamaban un aumento del 150%
en sus salarios.
Poco se ocupó la prensa nacional de
aclarar que los porcentajes de aum~nto solicitados por los obreros se hac1an
en relación a la tarifa de 1912, Y que de
ser cierto que desde mayo de 1917 los
patrones pagaban 40 Y 45% más sobre
dicha tarifa, los planteamient?s de los
obreros significaban en realidad demandas menores. Descartando la mala intención, quizá el manejo de los porcentajes se debiera a que efectiv~me_n te los obreros no disfrutaban de ningu!1
aumento, como ocurría con los de la fabrica El León .
Luego del e~tallido ~~ 1~ huelga por
parte del contingente inIc1al, los trabajadores hicieron contacto c~n los obreros textiles de Tlaxcala, quienes también manifestaron sus deseos de incorporarse a la lucha con la misma demanda 18.
Como los obreros poblanos no cejaran en sus pretensiones Y ~nte la amenaza de que la huelga cundiera en la capital, las negociaciones obrero-patronales se iniciaron el 11 de febrero, presididas por autoridades gubernamentales. En este sentido, cabe ha~er nota_r
que los obreros nunca negociaron directamente con los patrones sus demandas, sino lo hicieron primeroª través del Gobernador Y luego de otras
autoridades 19.
La anuencia del jefe del Eje~utivo estatal a intervenir en las negociaciones,
se entiende si consideramos su preocupación y sus afán por evitar q~e la hu~lga se extendiera. En estos anos de in-

tensas rivalidades intercaudillistas Y ~e
desestabilización política, no convenra
al gobierno un movimiento dE: grandes
magnitudes como el que pod1an desarrollar los textileros. Así, la urgencia por
poner fin al conflicto llevó al Gobern~dor a adoptar actitudes opuestas: primero en favor y luego en contra de l?s
trabajadores. De momento, aquello significó para los obreros la_ conquista de
un virtual aliado, explicandonos tam_bién por qué la Legislatura Local voto
unánimemente unª medida favorable a
los trabajadores.
En las primeras Juntas e~tre autoridades, obreros y patrones: estos se negaron a conceder cualquier aw~ento.
Alegaron las dificul~ades de_ sus _industrias, a consecuencia de la libre importación de textiles por la reducida ~rotecclón arancelaria, los oner~sos impuestos, la restricción monetaria, la c~renclá de ciertos útiles en ~lgu_~as fa.
bricas por la falta de comumcacIon con
lnAlaterra y Alemania y los fuertes desniveles salariales entre los obreros de
otros gremios y los textileros que eran
los "mejor pagados" y quienes menos
días trabajaban desde el aumento concedido en mayo anterior. Por su ~arte,
los obreros redujeron sus pretensiones
al lOO% pero ni aun así los patrones
. . to20•
accedían, a hacer un o frecIm1en
Sin embargo , como la presión continuara, en una comunicación del 25 de
febrero dirigida al Gobernador, el CIM
hacia saber al fin su oferta. Sus acuerdos más importantes eran:
.. _ Que los Industriales de hilado~ Y
tejidos asociados en ese Centro, g1;uados por un espíritu de contemponzaclón y como estímulo a la clase traba·
jadora, acceden a elevar los act~ales
aumentos de 40% Y 45%, que ex,st~n
sobre la tarifa vigente, a 55% Y 60 Yo
respectivamente ... - Que .e~te aumen:
to tiene por carácter cond1c10nal la co
rrelativa obligación de los obreros del
exacto cumplimiento del Reglame~to
vigente y de la observanc_ia de lo~ d1~~
de trabajo en él establecidos, as, mis
mo este arreglo requerirá el que los
obreros se comprometan a desarrollar

el trabajo que su maquinaria pueda producir, con la tolerancia del 2~%. que
puede corresponder al obrero_ mas !nepto del país. - En consecuenc_ia,_la inobservancia O la falta de cumpllm1e~to_ de
estas cláusulas, equivalen a la perdida
del derecho al aumento que se concede cuando se trate de un individuo_o individuos, y trae consigo la den~nc1a de
este contrato cuando la falta e inobservancia sea colectiva ... " 21 ,
La característica "tacañería" de lo_s
empresarios de Puebla -como la calificara un militante obrero22 - s~ refl~jaba en este ofrecimiento, ~o solo misero porque en seis años de intensa carestía los salarios pasarían _de $1.00_y
$1. 25 a sólo $1.55 y $2.00, s,.~o ademas
por todas las condiciones flJadas. Por
ello, los obreros consideraron " vergonzoso"25 tal ofrecimiento, a pesar de lo
cual disminuyeron nuevamente su demanda a 80 y 85% sobre la tarifa de
1912, demanda que si en un plazo ~e
72 horas no era satisfecha, provocana
el estallido de la huelga general. ~u nado al argumento sobre -~arestIa, los
obreros basaban su petIc10~ en el h~cho de que los obreros textiles de Orizaba -luego de una corta huelga- venían disfrutando desde 1917 un aumento del 80% sobre la tarifa en cuestión24.

'·ª

El ofrecimiento del 55 Y 60% Y la demanda del 80 y 85% por parte de patrones y ob.r eros respectivamente, fueron
las dos últimas palabras de ambos sectores. A pesar del aviso de huelga general y de las gestione~ del_ Go~ernad_or
Cabrera, los empresarios Jamas cedieron como lo habían hecho los oerer?s.
Formalmente los enfrentaba una diferencia de 25%, porcentaje por el cual
4,780 obreros textiles se iría~ a la huelga, afectando durante 99 d1as la producción.
En efecto, el 14 de marzo se fueron
a la huelga unos dos mil obreros ~e las
fábricas Santa María, Santo Dom~n~o,
La Constancia, Santa Ana, El Patnot1smo, La Beneficencia y El Mayor~z~o25
Y era generalizada en todas las fabricas
textiles de la entidad.

�' ~

~

Ante el fracaso de las gestiones del
Gobernador pero por sugerencia suya,
los huelguistas buscaron nuevas vías.
A decir del Secretario del Exterior de la
FSOP, Amado C. Morales, el Gobernador
Cabrera manifestó a los obreros que las
leyes del Estado lo tenían maniatado
para resolver el problema y por eso se
le ocurría la idea de que los obreros buscaran ayuda en la Cámara de Diputados, para que ésta promulgara una ley
facultándolo a tratar el asunto26, De
allí que estallando la huelga los obreros se presentaron en plena sesión al recinto legislativo, exponiendo su problema ante una comisión de diputados
nombrada para ello.
De inmediato los obreros encontraron
apoyo en los diputados. Los primeros
en darlo fueron algunos de los integrantes de la minoría " oposicionista": Celerino Cano, Aurelio M. Aja, Agustín Verdín y Gilberto Bosques, encabezados
por este último. Por su parte, los de
la otra corriente claramente perfilada
en la Cámara, la mayoría " gobiernlsta",
después de algunos rodeos decidieron
también dar su apoyo27.

El hecho de que las corrientes políticas de la Cámara coincidieran respecto al problema obrero textil no fue una
mera casualidad. Hallaba su explicación, por el lado de los "oposicionistas",
en las posturas progresistas adoptadas
por éstos, y por el lado de los " gobiernistas" en la actitud que el jefe del Ejecutivo había venido observando en relación a los trabajadores, en aras de solucionar la huelga. Por lo demás, en el
terreno jurídico la Constitución Política del pais parecía autorizar su participación en este asunto.

c:o
-&lt;t

Frente a la comisión de diputados encargada de atenderlos, los obreros ex•
pusieron la negativa de sus patrones a
cumplir con la fracción VI del articulo
123 constitucional. Asimismo, señalaron que, como se los había hecho saber
el Gobernador, en Puebla no existían leyes que pudieran obligar a los Industriales a aumentar los salarlos. Se quejaron
también del capitalista español (pues
españoles eran en su mayoría sus pa-

trones) que ejercía "gran presión sobre
el proletariado mexicano" 28.
Por la urgencia del caso, el diputado Gilberto Bosques propuso la realización de una sesión extraordinaria.
Aceptada su propuesta se nombró además una nueva comisión que entrevistara al Gobernador, a los obreros y a los
industriales para enterar mejor a la Cámara del problema.
En la sesión del 6 de marzo los " oposicionistas" se presentaron preparados:
sometieron a discusión un proyecto de
ley que reglamentaba sólo laS' fracciones VI y IX de la Constitución, señalando los procedimientos a seguir en los
municipios para crear las comisiones
especiales cuya tarea seria fijar los salarios mínimos a los trabajadores, castigando con penas de arresto y multa
a quienes infringieran los preceptos de
dichá ley. Indicaban además que la participación de los obreros en las utilidades no seria menor a la suma equivalente a un mes de salario. Asimismo,
con claras intenciones de favorecer a
los textileros, en un articulo transitorio
proponían que el salario de los trabajadores debería ser " mayor al que señalan las tarifas de 1912 con aumento del
ochenta por ciento" 29.
La argumentación verbal del diputado Bosques tocó dos temas: la " cuestión moral y revolucionaria", donde habló de justa distribución, antagonismo
entre trabajo y capital y el que las clases trabajadoras ya no podían permanecer en actitud mesurada y paciente;
y la "cuestión legal", apoyado en los
preceptos constitucionales. Explicó
además que la propuesta no constituía
" una ley completa sobre el trabajo porque no ha habido tiempo ni son los momentos oportunos, pero cree que con el
proyecto que se discute, se resolverá el
conflicto que preocupa en estos momentos a todas las clases sociales".30,
Sometido a votación el proyecto en lo
general se aprobó con un solo voto en
contra, mientras que al votarse en lo
particular la aprobación resultó unánime.

De esta manera, los huelguistas se
anotaban un punto Importante no sólo
a su favor, sin también en benefldo de
toda la clase trabajadora de la entidad,
pues el decreto pretendía abarcarla. Pe·
ro simultáneamente, a partir de su ex·
pedlclón perdían el apoyo que tal vez
sin desear les diera el Gobernador. Des·
de entonces éste abandonaría el papel
de " arbitro" que la FSOP le confirió pa·
ra las negociaciones, por demás rotas
al estallido de la huelga. En diversas
ocasiones se reuniría separadamente
con los industriales, con los obreros, o
con el propio Presidente de la Repúbli·
ca para tratar el problema.32, pero ya
no como intermediario. Si nos fiamos
de t:xcélsior todo indicaría que antes de
expedirse el decreto ocurrieron algunas
fricciones entre el Gobernador y los
obreros, cuando éstos le recriminaron
su falta de apoyo.3.3.
Como era de esperarse, frente al de·
creto las reacciones de los sectores en
lucha fueron contrarios. Mientras los
empresarios lo repudiaron los obreros

-----

~ ---_- -_
_-_
-_-_- _--=-----------_

En la sesión del 7 de marzo los dipu•
tados se enteraron de un oficio del Gobernador, quien si bien aprobaba el de·
creto expresaba ciertas observaciones.
El jefe del Ejecutivo mostraba su preocupación " por la generalidad que va a
darse en todo el Estado a la referida
Ley ... y principalmente por lo que toca
al Inciso relativo a la participación en
las utilidades, y al articulo transitorio,
disposiciones que, ajuicio del Ejecutl•
vo, se llevarán a cabo con grandes dlfi•
cultades, si no es que resultan inapli·
cables". Apuntaba que la reglamenta•
ción del trabajo no debía hacerse de un
modo parcial sino de un modo general
a todo el capitulo de la Constitución.
Sin embargo, considerando la urgencia
en la expedl&lt;;lón de la Ley, y que " de ha·
cer observaciones seria preciso, confor·
me a la Constitución del Estado espe·
rar un mes para su nueva discusión y
aprobación ... " creía su deber no hacer
tales observaciones para coadyuvar "en
la resolución del actual conflicto
obrero" .31. Finalmente, el decreto se
publicó el día 8.

lo recibieron con júbilo. Por las ruptu·
ras de las negociaciones las esperanzas
de los huelguistas pasaron a centrarse
en la aplicación del decreto; pensaban
que con ello la huelga terminarla favorable a su causa. Ingenuos ante la cla·
se capitalista e ignorantes respecto a
las leyes, desconocían que sus adversa·
rlos podían recurrir a la misma Constitución Invocada por los diputados para tomar la medida, precisamente por·
que el carácter general de las leyes per·
mlte interpretaciones distintas.
A través de su representante en el

D.F. y previendo que la iniciativa de los
diputados prosperaría hasta convertir·

se en decreto, antes de la expedición de
éste los empresarios declararon su con·
formidadd para la fijación de un sala·
rlo mínimo de acuerdo con el Artículo
125, pero siempi:._e y cuando esto se hi·
ciere para todos los obreros del país. In·
slstían en que los textileros eran los mejores pagados y que si no ganaban más
se debía " a su propia idiosincracia" . El
representante, licenciado Eduardo Mestre, vertió informes que, como veremos
luego, serian desmentidos por las pro·
pias estadísticas oficiales; dijo que los
obreros textiles " más torpes" ganaban
"cuando menos $ 1.50 en ocho horas
diarias de trabajo, los medianos hasta
$ 2.50 y los hábiles hasta $ 4 y 5 al

/

/,/

día" .34.
En posterior entrevista calificó la ley de
los diputados poblanos como " anticonstitucional y antieconómica", a más
de impracticable y haber sido expedida
precipitadamente.35.
Pero los empresarios no se limitaron
a las declaraciones. Echaron mano de
de los recursos a su alcance, pidiendo
amparo contra actos del XXIII Congre·
so del Estado y del Gobernador, por la
expedición, promulgación y publica·
ción del decreto. Así, desde el 11 de
marzo comenzaron a presentar ante el
Juez de Distrito de Puebla, licenciado
Juan Dávila Córdova, sus respectivas
demandas de amparo. Haciéndolo de
manera individual, en total fueron 28
las firmas empresariales que solicitaron
al Juez la suspensión del acto reclamado; en otras palabras, la ejecución de
la ley del 7 de marzo. Sus amplios y variados alegatos señalaban violados los
artículos 5, 12, 14, 21 y 27 constitucionales; algunos otros añadían el 13 y
103 de la carta magna y los 663, 671
y 703 del Código Federal de Procedí·
mientos Civiles,56
Apoyados en la Constitución, en las
demandas de amparo los empresarios

argumentaron que los Congresos locales carecían de facultades para fijar los
salarios mínimos y el monto de la participación obrera en las utilidades. Fuera de la Constitución y tergiversando el
decreto, que en alguna de sus partes
hablaba de salario mínimo necesario
para un individuo de " capacidad media", en algunos amparos se alegó que
por tal enunciado " el obrero no apare·
ce ya calificado como perteneciente a
la clase pobre trabajadora, sino a la clase media que, como es sabido, tiene
necesidades más variadas y más dis·
pendiosas que la primera ... " y que esta
expresión "si no se toma por clase media no puede tomarse por ninguna otra,
o lo que es lo mismo, quedaría vacía de
sentido" .37.

El mismo día en que se iniciaran la so·
licitudes de amparo, el diligente Juez de
Distrito enviaba oficios al Presidente del
Congreso para que rindiera los infor·
mes previos del caso, notificando a la
vez el mandamiento de " mantener las
cosas en el estado que guardan" por 72
horas. Al rendir el informe, el Congre·
so señaló la Improcedencia del ampa·
ro, pues la expedición de una ley, de
acuerdo con el derecho constitucional
mexicano, no lo ameritaba sino hasta

~

te

�su ejecución Y ésta sólo sería obra de
las comisiones especiales aún no confor_madas Y por ende inactivas. De cualq~ier rr_io~o, cumplido el plazo el Juez
d1ctammo conceder el amparo a los
err_ipresarios3 a, quienes ganaban así su
pnmera batalla.
Pero los obreros no se desanimaron
Lej?~ de finalizar la huelga con la reso:
l~c1on del Juez, desarrollaron una crec~ente agitación. De inmediato se entrevistaron con el Procurador General de
la República para que intercediera a su
favor Y también trataron de entrevistarse con el Presidente Carranza pero no
lo consiguieron.
Para sostener la lucha se dieron a la
~rea de recolectar fondos a la salida de
?1versos espectáculos públicos. Siendo
insuficientes pidieron auxilio a la Federación de Sindicatos Obreros del D.F.
(~SODF), organización que hizo extensiva la peteción "a todas las agrupaciones obreras de la República".

.'ª

Haci~ '!'ita~ de marzo la huelga se
extend10 aun mas, ahora a las fábricas
del vecino Tlaxcala. Allí las demandas
de obreros y las ofertas de los patrones
eran las mismas que en Puebla (8Ó%
contra 55 y 60%). Sin embargo, en este caso la i ntervención del Gobernador
resultó satisfactoria para los capitalistas, pues poco a poco los 2 015
huelguistas•n fueron regresando aÍ tra~ajo, c?n la promesa de que sus salanos se mcrementarían en los porcentajes ofrecidos por los empresarios.42 De
cualquier manera, mien t ras la huelga
de los obreros de Tlaxcala se mantuvo
en pié (~proximadamente un mes), represento un elemento de presión más
en el conflicto de Puebla.
. Si los huelguistas poblanos se movilizaron por el amparo concedido a sus
p~trones, los diputados hicieron lo propio. El. 18 de marzo interpusieron ante
la Suprema Corte de Justicia el recurso de revisión del amparo concedido
por el J uez de Distrito, considerando lo
antijurídico de su determinación. En su
pe~ición reiteraron lo dicho al Juez en
el informe previo; añadieron que siendo actos "perfectamente consumados"
los de expedición, promulgación y public~ción de la ley del 7 de marzo, no
pod1an suspenderse como lo ordenaba
el Juez, ordenamiento que convertía a
la justicia federal en verdadera revisora de los actos de las Legislaturas, papel que no !e asignaba la carta fundamental según su artículo 107.4.3

Los donativos económicos llegaron
d~ varias partes: Oaxaca, Veracruz, el
Distrito Federal y Tamaulipas. A mediados de abril la FSODF envió unos 2 mil
pesos de ayuda, previendo sumas mayores ante la realización de algunos
ev_entos en favor de los huelguistas. La
misma Federación dirigió circu lares a
sus sindicatos, para que acordaran una
cuota obligatoria; recomendó también
ayuda voluntaria a las organizaciones
mutualistas y cooperativistas. Por su
parte, la Unión de Pueblos Agricultores
del Estado de Puebla contribuyó con $ 5
Con esta petición, la huelga de Puepor agremiado, mientras los incansabla adq_uirió connotaciones mayores.
bles obreros de Orizaba remitieron sin
Como dice Oonzález Casanova, "seguía
duda la mayor cooperación: 16 mil
la. l~cha en favor de la ley del salario
pesos ..39
mmImo".

0
lll

Pero si bien estos donativos se encarr_iinaban a sostener la huelga, no resolv1an todos los males de los obreros poblanos. Recogiendo informes de un
obrero que viajó a la capital de la República, fxcélsior anotó que habían
m uerto ~inco niños por inanición, hijos
de t rabaJadores en huelga, noticia desmentid~ por un representante patronal
pero ratificada por el DT más de u n año
y medio después. 40

Las esperanzas de los huelguistas
mudaron nuevamente. Si antes pasaron
de '.~ mesa de negociaciones a la aplicac1on del decreto, ahora se enfilaron
el fallo de la Suprema Corte.
A pesar de los vaticinios de Excélsior,
los obreros confiaban en un veredicto
favorable. Su representante en la capital de la República, licenciado Luis Sánchez Pontón, dijo que el decreto no violaba ninguna garantía constitucional y

que el argumento patronal en relación
a que en él se fijaba un salario m ínimo
carecía de fuerza, pues no se había fi.
Jado tal, sino sólo una base para su de·
terminación. Asimismo, señaló la j us,
teza de las demandas obreras en vista
de los salarios de los textileros, c uyos
montos oscilaban apenas entre $ 0.60
Y $ 1.40 diarios. 44
El fallo se hacía esperar por las táctic~s ?ilatorias de la Suprema Corte: "De·
btaJuzgar en última i nstancia sobre la
demanda patronal y quería antes ago•
tara los obreros. Era el viejo emporio
del pensamiento conservador, de la
constitución liberal de los latifundistas
y los caballeros de la libre industria, con
peones y operarios sumisos" . 45
En los deba.tes previos, los magistrados dieron opi niones encontradas. Los
licenciados Truchuelo y González sos·
tenían la improcedencia de la suspen•
sión de los efectos de la ley porque los
empresarios aún no sufrían tales efec·
tos. En tanto, el licenciado Pimentel ar·
gumentaba que si los empresarios hu·
bieran dado el primer paso, nombran·
do sus representantes ante las comisiones especiales, como estipulaba el de·
erecto, eso hubiera significado su
anuencia al mismo y por ello no hubie·
ran podido pedir después el amparo.46

Corrían los días y la expectación ere·
cía. El 15 de abril los empresarios deja·
ron un tanto su hermetismo; a través
del CIM hicieron un anuncio nada no·
vedoso: sostenían la oferta del 15% de
aumen to salarial. Un día después los
obreros de Puebla reprobaban la falta
s?lidaridad de los de Tlaxcala, por el
m1cI0 del levan tamiento de su huelga.
Ese mismo día se trasladó a la Supre·
ma Corte una comisión de diputados
poblanos, tratando de obtener un fallo
favorable a la ley del 7 de marzo.47
P~ra el 7 de abril los huelguistas deci·
dieron Jugar una carta más. Ahora ya
no ponían sus ilusiones solamente en
un veredicto favorable de la Suprema
Corte, sino también intentaron reanu·
dar las negociaciones con un nuevo ár·
bitro: Leopoldo R. Galván, entonces Pre·
sidente Municipal de Puebla. De esta

?~

!

manera, trataban de asegurar la satisfacción de su demanda salarial por si
el fallo les resultaba adverso.
En número de 2 a 3 mil los huelguistas realizaron ese día una manifestación en la ciudad. Portando banderas
roji-negras se detuvieron frente al palacio municipal y nombraron una comisión que entrevistó a Galván, a quien pidieron " avocarse al conocimiento de
nuestro asunto, ya que por sus antecedentes de hombre incorruptible su mediación garantiza confianza" . Le indicaron sostener su petición del 80% y le
propusieron " reanudar los trabajos con
este aumento provisional... dejando a
salvo el fallo definitivo de la Suprema
Corte". Cuando el Presidente Municipal
aceptó mediar en el conílicto, los obreros "prorrumpieron en vivas" .48
No obstante, las negociaciones no se
reiniciaron. Ya mucho antes el representante patronal en el D.F. señalaba
que seria hasta el momento en que la
Suprema Corte fallara amparando a los
Industriales cuando podrían hacerse
arreglos con los obreros. Indicaba también que si el fallo era desfavorable a
los empresarios, de todas formas las fábricas permanecerían cerradas por
incosteabilidad. 49
La Suprema Corte anunció el inicio de
los veredictos para el dia 18. Por ello,
los huelguistas enviaron una comisión
a la ciudad de México, que se puso
en contacto con la FSODF. Esta convocó a sus afiliados a presentarse al edificio de la Suprema Corte en el momento del fallo, e hizo saber que si éste resultaba adverso a los trabajadores promovería la huelga generar.so
La convocatoria de la FSODF fue atendida. El salón de actos de la Suprema
Corte resultó insuficiente para albergar
a los trabajadores el día señalado. Pero las presiones hechas desde muchos
flancos fueron infructuosas. Allí la multitud congregada se enteró del fallo: por
9 votos contra 2 se confirmó el auto de
suspensión dictado por el Juez de Distrito. Así, la Suprema Corte aprobó amparar a los industriales aunque sólo en
lo relativo al nombramiento de sus re-

presentantes ante las comisiones especiales, pues la parte principal de las de·
mandas de amparo quedó pendiente de
resolver.5 1 Como quiera, los empresa·
rios ganaban una nueva batalla.

111. Un largo desenlace
Con el fallo de la Suprema Corte la
huelga entró en su segunda fase. Prácticamente ahora sólo alentaba a los
huelguistas la posibilidad de volver a
las negociaciones, logrando sus demandas con la intervención del· Presidente
Municipal y la presión de la anunciada
huelga general por parte de la FSODF.
Más ni una ni otra cosa prosperaron.
En diversas ocasiones el Presidente Municipal se reunió con los industriales
para tratar de resolver el problema pero siempre sin lograrlo. Para colmo, al
finalizar el mes de abril se vió precisado a dejar el cargo y hasta pedir amparo, pues el Gobernador lo había manda·
do aprehender por el descubrimiento de
" irregularidades" 52 en su gestión. Esfumado el árbitro, los obreros tendrían
que tratar directamente con sus patrones, pero no en condiciones de negociar
algo, sino de aceptar o seguir rechazan·
do las propuestas formuladas desde fines de febrero.
Por lo que atañe a la huelga general,
la FSODF inició un proceso de auscultación entre las agrupaciones obreras
del país para saber su disposición a se·
cundar el movimiento por solidaridad.
Al mismo tiempo, nombró como organizadores de la posible huelga a algunos de sus dirigentes -entre ellos
Morones- y siguió recaudando fondos
para los huelguistas, aunque al parecer
cada vez en menor cuantía.
No obstante los preparativos, su indecisión era viable. Como el 25 de abril
los huelguistas lograron por fin entrevistarse con Carranza y éste les prometiera tratar de resolver el conílicto de la
mejor manera posible para todos, tres
días más tarde la FSODF decidió suspender la huelga, argumentando que
con la intervención presidencial el problema de Puebla estaba a punto de
solucionarse.5.3

SI bien un día después de recibir a los
huelguistas Carranza pidió informes al
DT sobre " el asunto relacionado con los
trabajadores de Puebla", era patente
que en el mejor de los casos las autori·
dades del centro buscarían una solución mediada. Ya el contenido de la pro·
pia promesa presidencial a los obreros
revelaba esa actitud, lo mismo que las
opiniones expresadas por el jefe del DT
en el informe rendido a Carranza, donde se hablaba de la dificultad para "continuar las negociaciones y el logro de
una armónica transacción" ,54 De no
hallar tal solución, quedaba el camino
de dar largas al asunto y dejar que concluyera de otra manera, como efectivamente ocurrió. Por eso no fue extraño
que hasta bien entrado el mes de mayo
fuera cuando el Presidente Carranza comisionara al titular de la Secrttaría de
Industria, Comercio y Trabajo para que
tomara en sus manos el caso.
En estas condiciones, los huelguistas
quedaban a merced de sus propias fuerzas. Más grave aún porque a estas alturas el ánimo comenzó a decaer en sus
filas. La difícil situación de sus ya de
por sí precarias economías obligó a
buen número a desertar de la huelga,
abandonando la entidad en busca de
trabajo. Mientras lo hallaban, los que se
dirigieron a la capital de la República
encontraron hospedaje en algunas casas de obreros miembros de la FSODF;
otros lograron emplearse en fábricas
textiles de la región de Orizaba, como
Santa Rosa y Río Blanco. A_fines de abril
se computaban en mil los huelguistas
emigrados de Puebla.ss
Empero, esa cifra revelaba que apro·
ximadamente el 80% de los huelguistas se mantenían firmes, a pesar de to·
das sus dificultades. El 29 de abril, esa
firmeza llevó a la FSOP a lanzar un manifiesto a todas las organizaciones
obreras del país, llamándolas a decla·
rar la huelga general a partir del 1 ° de
mayo siguiente56, Seguramente la
FSOP tomaba la iniciativa por el desistimiento de la FSODF. Sin embargo, su
exhorto no encontró eco y sólo en Pue- u,
bla la conmemoración del día del tra- t-1

�bajo se realizó enmedio de la gran huelga textllera, pero también enmedio de
la violencia.
En la ordenada manifestación organizada ese día por la FSOP, uno de los
actos consistió en el envío de un telegrama a la Suprema Corte protestando
por su fallo. Poco después el discurso
pronunciado por un orador debió interrumpirse, pues en ese momento ocurrió la primera tragedia: los manifestantes se encontraban junto al atrio de un
templo y como parte de ellos se abrazaran a una reja, el peso hizo que uno
de los macetones que adornaban los pilares de la reja se viniera abajo, cayéndole en la cabeza a un obrero cuya
muerte fue instantánea. En eso los manifestantes vieron al inspector general
de policía, seguido de un grupo de soldados. Abriéndose paso con el sable en
la mano y como los obreros expresaran
su descontento, el inspector ordenó hacer fuego a la tropa. Al cabo de algunos
momentos su misión estaba cumplida;
los manifestantes se disolvieron. Los
que consiguieron refugio cercano fueron sacados por la fuerza, a "culatazos
y machetazos" . Temerosos de ser aprehendidos todos huyeron , incluso quienes estaban heridos57.
Excé/sior señaló al Secretario de Go·
bierno como la autoridad que a petición
de algunos ·comerciantes ordenara disolver la manifestación. Indicó también
que algunos obreros aseguraban un saldo de dos muertos por la baJacera. Las
patrullas militares recibieron órdenes
de recorrer la ciudad, disolviendo grupos. Asimismo, se ordenó cerrar el comercio58.

M

t0

La versión del Gobernador Cabrera a
la Secretaría de Gobernación minimizó
los acontecimientos. Señalaba la realización de dos manifestaciones, una de
artesanos y ferrocarrileros y otra de los
huelguistas, ésta última hostil al gobierno. En ella -decía- se atentó contra la propiedad, pues los manifestantes trataron de robar casas y comercios,
por lo cual la policía tomó medidas pa·
ra disolverla, no registrándose más que
un muerto " por derrumbe" 59,

Al día siguiente se verificaron los funerales de los obreros muertos. Quizá
porque reconociera los alcances de la
fuerza obrera y la utilización que de ésta podía hacerse, el jefe de las operaciones militares en el Estado, general Cesáreo Castro, trató de ganarse las simpatías de los huelguistas; primero se
ofreció a costear los gastos del sepelio
y luego propició un reencuentro entre
obreros y patrones, infructuoso como
todos los anteriores60.
Frente a la represión los huelguistai;
lanzaron una protesta contra las autoridades, y como un respaldo solidario
se realizaron mítines de apoyo en el Distrito Federal y en Torreón, el S y 15 de
mayo respectivamente61,
Como podemos observar, el último de
estos mítfnes tuvo lugar en una de las
regio¡,es del Estado de Coahuila donde
también se desarrollaron, a partir del
1 ° de mayo en la ciudad de Saltillo, los
trabajos del Congreso Obrero Nacional
en el cual se fundó la CROM. El Congreso supo de las vicisitudes de los obreros poblanos, a través de sus delegados
Ignacio Salazar y Onofre Armijo, quienes estaban activamente comprometidos en la huelga. Pero en el evento nada pudieron lograr en favor de ella y así,
a pesar de que el Congreso " se manifestaba ansioso de participar sus energías
y su entusiasmo al proletariado _pob!a·
no ... prácti.camente sus determinaciones en provecho de una causa justa,
desde todos los puntos de vista, no pasaron de ser un buen deseo" 62 .
Entre la masa de los huelguistas la
desmoralización ganaba terreno. Para
mediados de mayo la Suprema Corte
había pasado ya a emitir su fallo definitivo, ratificando obviamente el amparo en favor de los empresarios. Fue sintomático que a estas sesiones dejaran
de acudir no sólo los diputados pobla·
nos sino también los delegados de los
obreros en huelga, quienes legalmente
tenían cinco dá1s de plazo para interpo·
ner recurso de revisión6.3, recurso que
nadie presentó.
Mientras tanto los patrones aguarda·

ban, agazapados y herméticos como
durante la mayor parte del conflicto. In•
mutable, a fines de mayo una mayoría
reiteró su oferta, pero ésta fue rechazada nuevamente por los empeñosos
huelguistas, precisamente porque esperaban que se generalizaran las posiciones de una minoría empresarial más ac·
cesible. El caso era que para esas fechas
seis fábricas habían reanudado labores.
al aceptar sus propietarios, todos me·
xicanos, dar el 80% de aumento
salarial64.
Pero si la resistencia obrera era difi·
cil de vencer, más lo era la patronal; los
visos de debilitamiento por la presen•
cia de un pequeño grupo empresarial
disidente del resto no llegaron a más.
El 28 de mayo el CIM comunicó al Go·
bernador el acuerdo tomado ese día.
Informaba que para el 29 se reabrirían
las fábricas, fijando en lugar visible un
aviso a los obreros donde les participa·
ban que podían reanudar sus labores
sobre la base de aumentar los jornales
en 55 y 60% en relación a la tarifa de
1912. En seguida pedían al gobernan·
te la presencia de algunos policías en
las fábricas " que garanticen plenamen·
te los derechos de aquellos obreros que
voluntariamente quieran entrar a las fá·
bricas y a la vez cuiden el orden y den
seguridades a las propias negociaciones" 65, En pocas palabras, nada de
nuevas pláticas.
La solicitud patronal al Gobernador
fue diligentemente cumplida. " La poli·
cía se presentó en todas las fábricas an·
tes de la hora de entrada y obligó a los
trabajadores a entrar, llevándose a la
cárcel a los que se negaban"66. Otra
versión dió la FSOP, asegurando que al
sonar los silbatos de las fábricas nadie
volvió al trabajo porque el 55 y 60% era
una oferta " degradante", que los obre·
ros habían rechazado desde el principio
y no podían aceptar después de tres meses de huelga. La FSOP insistió en que
mantenía la lucha por acuerdo de
asamblea general; que las ganancias de
los industriales sí les permitían dar el
80%; que los obreros de Orizaba tenían
aumentos superiores y las fábricas de
esa zona no operaban con pérdidas; Y

que eran los empresarios extranjeros
quienes se resistían a ceder. En este último sentido, se preguntaba si no había medios para obligar a un extranjero a hacer lo que hacía un mexicano
"cuando está de por medio el interés de
millares de familias de honrados trabajadores que no aspiran sino a vivir" 67.
Los empresarios siguieron adelante
con sus planes. El 4 de julio Excé/sior
publicó un nuevo aviso del CIM; en él se
declaraba unilateralmente terminada la
huelga y se invitaba en general a los
obreros textiles a trabajar en las fábri·
cas de Puebla, haciéndoles saber que
podrían disfrutar de un Jornal mínimo
diario de $ 1.60 en ocho horas de trabajo, Jornal que podía elevarse hasta
$2.50 y $.3 para tejedores que trabajaran con cuatro telares y su ayudante.
Los empresarios esperaban captar
mano de obra foránea con el llamado,
pues tenían conocimiento del sobran·
te de textileros en Querétaro, Guanajuato y Jalisco. Por ello pidieron al Gobernador las garantías necesarias para llevar a esos trabajadores a Puebla sin que
fueran objeto de atropellos por parte de
los sindicatos68.
Presionados por las crecientes manio·
bras de los industriales -ahora plenamente apoyados por el Gobernador
Cabrera - pero sobre todo por el hambre, al fin la formidable resistencia
obrera fue vencida. El 7 de junio la prensa nacional informó que una fábrica ya
trabajaba "con personal completo", dos
con la mitad de sus trabajadores y otras·
once "con regular número" . Cuatro días
más tarde hablaba de un telegrama, en
el cual se comunicaba que los sindica·
tos de Puebla habían aceptado el ofrecimiento hecho por los patrones desde
antes del estallido de la huelga69. Así,
pues, los empresarios se adjudicaban la
victoria.

IV. Recuento final
En efecto, al término del movimien-

to huelguístico los patrones podían solazarse de un saldo positivo en el re·
cuento, mucho mayor del que hasta
aquí pudiera parecer. No sólo habían lo-

grado que los salarios no se Incrementaran en un 80%, ni habían solamente
convertido en nada una ley del salario
mínimo y participación obrera en las
utilidades. Su balance registraba, además, la exclusión de numerosos obreros del trabajo -quizá los más activos
durante la huelga- y por si ello no bastara la desorganización del proletariado textil poblano. La Joven FSOP, con
apenas seis meses de existencia al estallar la huelga, quedó desintegrada
cuando los patrones impusieron el desconocimiento de los sindicatos.
La labor disolvente fue propiciada por
dos fenómenos. De un lado la desilusión
de los textileros hacia sus sindicatos,
por la impotencia de éstos en el conflicto. Del otro, la emergencia de los llamados obreros " libres" -auspiciados por
los patrones-, cuya acción generaría
sangrJentas luchas en los siguientes
años, particularmente en la zona de
Atlixco.
En toda la entidad únicamente los
obreros de La Constancia Mexicana
conservarían su organización después
de la huelga. En las restantes tábrlcas
el proceso de reorganización tardaría
muchos meses, a pesar de los esfuerzos
de algunos de los dirigentes de la huelga cada vez más ligados a la CROM 70.

rios de los textileros poblanos se hallaban muy por debajo de lo que teórica•
mente debla ser, según las estadísticas
oflclales.
De esta manera, la pequeña conquis·
ta de los obreros fue escamoteada por
los empresarios, quienes se aprovecha·
ron de las condiciones desorganizatlvas
de aquéllos. Y aunque en el análisis de
una huelga la evaluación en términos
de "victoria" y " derrota" es relativa,
porque en última Instancia la experiencia siempre queda y a ella se acude para futuras batallas, en relación con esta huelga sin lugar a dudas los obreros
resultaron ser los vencidos.
NOTAS
l. Mlchel Héctor, " Metodologla para el estu·
dio de la huelga" . Memorias del fncuentro
sobre Historia del Movimiento Obrero. Puebla, 1980. UAP, tomo 1, p . 97.
• Basados sobre todo en un folleto escrito
por Amado C. Morales, uno de los dirigentes
de la huelga, han sido Rosendo Salazar y Pablo González Casanova quienes hacen las
más abundantes referencias a la huelga tex·
tll que ahora tratamos, en las respectivas
obras más adelante citadas.
2. Dawn Keremltsls, la Industria textil me•
xlcana en e/ siglo XIX. México, 1975, SepSe·
tentas No. 67, p. 125.

Desde el punto de vista de los obre- 5. Wllbert e. Moore, "ti Impacto del Indusros el recuento no era nada halagador,
trialismo en la población". Problemas Agri·
no sólo po( lo anteriormente anotado, colas e lhdustrlales de México. No. 2, vol. VI,
sino también por las " conquistas" ecoabril-Junio de 1954, s.p.l., p. 157. Metepec,
nómicas obtenidas. Después de la huel- Inédito, s.a., s.l., s.f., p. 2.
ga sus salarios se incrementaron, su- 4. AGN.DT, 1915/caja 50, exp. 2; caja 50,
puestamente, en 55 y 60% sobre las taexp. 6 y caja 51. exp. 2.
rifas de 1912, pero esto no fue asi.
· 5. AGN.DT, 1914/ caja 85, exp. 8; 1915/ caja
106, exp. 15, 14, y 16.
Como ya indicamos, de acuerdo con
dicha tarifa esos porcentajes significa- 6. Anuario de estadística fiscal, 19I2:19IJ.
ban que los salarios se elevarían de $
México, s.f. Tlpografla _de la Oficina impre1.00 y $1.25 a $1.55 y $2.00 diarios, ~e- sora de estampillas. Dawn Keremltsls, Op.
pendiendo del tipo de trabajador (peon Cit., p. 228.
o encargado de máquina). Sin embargo, 7. AGN.DT, 1914/ caja 85, exp. 8.
un año después de verificada la huelga,
8. f xcélslor, 27 de septiembre y 14 de dila Secretaría de Industria, Comercio Y ciembre de 1917.
Trabajo consignó los montos del promedio salarial diario para los obreros 9. lbld., 7, 21, 25, y 27 de septiembre, 6 de
octubre y 2:S de noviembre de 1917.
textiles de Puebla: escasamente $ 1.00
10. Rlc~rdo Torres Gaytán. Un siglo de de- u,
para los adultos y $0.4.3 para los
menores71. Es decir, en 1919 los sala- valuaciones del peso mexicano. México, t,1

�NOTICIAS INTERNAS DE LA
FACUtTAD

41. Excélsior, 15 de Julio de 1918.
42. Et Pueblo, 16, 17, 24 y .31 de marzo y 4,
6, 7, 16 y 17 de abril de 1918.
4.3. ACEP, exp. 98, vol. CCXII, tomo 11, 1918,
f.s.n. Lucha entre... Op. Cit., pp. 19·21.

44. Excélslor, 4 y 9 de abril de 1918.
45. Pablo González Casanova, Op. Cit., p. 55

46. Excélslor, 18 de abril de 1918.
47. El Pueblo, 18 de abril de 1918.
48. /bid., 19 de abril de 1918.
49. Excétslor, 2 de abril de 1918.
50. /bid., 18 de abril de 1918.
51. /bid., 19 de abril de 1918. El Pueblo, 19
de abril de 1918.
l980, Siglo XXI, p. 1.30.
l l. Excétsior, 27 de octubre de 1917.
l2. Luis Niño de Rivera, Hace 50 años,
1915-196~. Puebla, 1965, s.p.l., pp. 25-40.
l.3. AGN.DT, 1912/caja 24, exp. 2; 191."3/caja
28, exp. 24. La industria textil en México. El
problema obrero y tos problemas económicos. Mé'.'ico,_19.34. SEN, p . 4.3.

14. /bid., p.·44. Lafrance David A. Los obre•
ros y ta revolución mexicana: e/ presidente
Francisco t. Madero y tos trabajadores texti·
/es de Puebla. Inédito, pp. 1.3-2.3.
15. AGN.DT, 1918/caja 126, exp. 6.

54. AGN.DT, 1918/caJa 126, exp. 5.
55, El Pueblo, 19, 25 y 27 de abril de 1918.

28. /bid., ACEP, Sesión del 5 de marzo de
1918. Libro 178..., hojas 457·460.

56. Excélslor, .30 de abril de 1918.

29. ACEP, Sesión pública ordinaria del 6 de
marzo de 1918. Libro 178... , fojas 462-467.

58. Excélslor, 2 de mayo de 1918.

.30. /bid.
.31. ACEP, Sesión pública ordinaria del 7 de
marzo de 1918. Libro 178.. ., fojas 468-469.
El Pueblo, 10 y 12 de marzo de 1918.

57. Rosendo Salazar, Op. Cit., p. 2.36.
59. lbld.,
60. lbld., 4 de mayo de 1918. Pablo Gonzá·
lez Casanova, Op. Cit., p. 60.
61. Historia y crónicas de la clase obrera en
México. México, 1981. ENAN·INAN, p. 50.

.32. /bid., lbid., 27 de marzo y 1 ° de abril de
1918. Excélsior, .3 y 11 de abril y 4 de mayo
de 1918.

6.3. Excélslor, 16 de mayo de 1918.

.3.3. /bid., 6 de marzo de 1918.

64. /bid., 27, .30 y .31 de mayo de 1918.

18. /bid., 10 de febrero de 1918.

.34. Excélsior, 6 de marzo de 1918.

65. Boletín No. 1 de la CROM. Saltlllo, 17 de
junio de 1918.

19. /bid., 14 de febrero de 1918.

.35. /bid., 2 de abril de 1918.

20. tbid., 14, 2.3 y 26 de febrero de 1918.

.36. Lucha entre e/ capital y e/ trabajo. Puebla, 1918. Imprenta Guadalupana, p. .3.
ACEP, exp. 98, vol. CCXII, tomo 11, 1918, f.s.n.

22. José Luis Zacaula, Las luchas sindicalpotiticas en Puebla y el grupo Alpha. Puebla,
1928, s.p.i., pp. 6-7.
2.3. Pablo González Casanova En et primer
gobierno constitucional (1917-1920). Colección "La clase obrera en la historia de Méxi·
co" , México, 1970, Siglo XXl·UNAM, p. 51. El
Pueblo, 26 de febrero y 1° de marzo de 1918.
24. /bid., José Luis Zacaula, Op. Cit., p. 6.
,o

5.3. /bid., 20, 26, 29 y .30 de abril de 1918.
El Pueblo, 29 de abril de 1918.

16. CARPIZO, Jorge. La Constitución Mexica•
na de 1917. México, 1982, UNAM, pp.
101-10.3.
·
17. AGN.DT, 1918/caja 126, exp. 5 y 6. El
Pueblo, 9 de febrero de 1918.

21. AGN .DT, 1918/caja 126, exp. 6.

&lt;t

27. ACEP, Sesiones públicas ordinarias del
.S de marzo, 1 º y 2 de abril de 1918. Libro
178 de Actos de Sesiones públicas del XXIII
Congreso (1917-1918),hojas 457-460,
5.39-544 y 544·548. El Pueblo, 7 y 8 de marzo de 1918.

52. tbid., 27 de abril de 1918. Excétsior, 20
y 22 de abril de 1918.

25. El Pueblo, 6 de marzo de 1918.
26. Pablo Gónzález Casanova, Op. Cit., p. 52.

.37. /bid., amparo promovido por Félix de
Martino, apoderado de la "Viuda e hijos de
, Leopoldo Gavito, f.s.n.
.38. lbid., f.s.n. lucha entre... Op. Cit., 1 y 11.
.39. Rosendo Salazar, Las pugnas de la gleba.
México, 1972. PRI, p. 2.36. El Pueblo, 28 de
marzo y 11, 15 y 19 de abril de 1918. Excétsior, 11 , 12, 15 y 17 de abril y 21 de junio
de 1918.
40. /bid., 11 de abril de 1918 y 24 de octubre de 1919. El Pueblo, 19 de abril de 1918.

62. Rosendo Salazar, Op. Cit., p. 2.34.

66. Pablo González Casanova, Op: Cit., p. 59.
67. Excélsior, 2 de Junio de 1918.
68. Boletín... Op. Cit.
69. Excélsior, 7 y 11 de Junio de 1918.
70. En su obra citada, Zacaula señala que la
organización se logró al cabo de unos seis
meses, mientras la CROM indicó año y me·
dio. Cfr. José Luis Zacaula, Op. Cit., pp. 8· 10.
CROM revista quincenal ilustrada, órgano de
la Confederación Regional Obrera Mexicana.
México, D.F. 1 ° de agosto de 1928, pp. .34-.35.
71. Boletín de Industria, Comercio y Traba·
jo, órgano de la SICT. México, tomo IV, nú·
meros 4 a 6, abril-Junio de 1920.

CONVENIO ACADEMICO ...

EN EL CENTENARIO DE MARX...

r;1pasado 28 de enero, una Comisión de Maestros de la facultad, encabezada por el Director, Lic. Juan Angel Sánchez Palad os, realizó una visita formal a la Universidad de Edimburg,
Texas, con la que se tiene firmado un convenio de intercambio académico multiforme, en el que ya se concretaron algunos acuerdos, después de varios semestres de gestiones y
estudios.
r:ntre los logros del convenio hay que destacar la posibilidad
de uso de la biblioteca y servicios bibliográficos de la Pan American University por parte de docentes e investigadores de nuestra facultad, la realización de proyectos de investigación conjuntos, la organización de cursos de Inglés para profe.sores y
estudiantes de la Escuela, y otros.

El lunes 14 de marzo, para recordar el centenario de la muerte
de Carlos Marx (1818-188.3), se celebró en el Auditorio Alfonso Rangel Guerra una mesa redonda con el tema " La Vigencia
del Pensamiento de Marx" .

SEMINARIO PARA M~ESTROS...

El libro fue editado por el Departamento Editorial de la Facul·
tad, y está integrado por cuatro narraciones cortas, que se lla·
man, sucesivamente: La isla de tos dictadores (que da nombre
al conjunto); Donde termina ta esperanza: La mina: y La parábola del pigmeo.

Durante la segunda semana del mes de febrero, el Departamento de Idiomas organizó un Seminario de Actualización Meto·
dológica Para Profesores de Inglés, tanto de la Facultad como
de otras Instituciones de la localidad.
Asistieron unos 75 docentes locales de la lengt1a Inglesa a dicho seminario en el que, según dijo el Lic. Armando González
(Coordinador del Departamento de Idiomas) se pretendía " pre·
sentar a los maestros algunas de las más recientes técnicas
que se han desarrollado en la enseñanza del Inglés a hispanohablantes, presentar nuevos métodos y textos para la enseñanza y habilitar a los maestros en los mecanismos de la
evaluación" .

fORO SOBRE MOVIMIENTO ESTUDIANTIL...
Durante el mes de febrero pasado, en sucesivas reuniones que
abrieron seis mesas temáticas a discusión, se celebró el " Pri·
mer Foro Sobre el Movimiento Estudiantil (Situación y Perspectivas)", organizado por el Grupo Perspectiva, que Integran
maestros y alumnos de esta escuela.
~ dicho foro de discusión participaron, entre otros, los maestros Julieta Pisanty y Miguel Angel de la Torre; y entre los alumnos, Carlos Ortlz Morales, José Leonardo López Tudón y Ernesto
ele los Santos Domínguez.

r:ntre otros objetivos el Foro perseguía el de " diseñar y fundamentar las posibles formas de organización y el tipo de acclo·
nes políticas viables para lograr en un futuro una mayor de·
mocratlzación de la UANL" .

RECIBEN CARTAS DE PASANTES...
f:I mes de marzo pasado, en una ceremonia realizada en el Teatro Monterrey del IMSS, los alumnos de la Novena Generación
ele Licenciados en Pedagogía (bautizada como " Lázaro Cárde·
nas") recibieron sus cartas de pasante de manos de diversas
autoridades universitarias.

Los treinta y ocho alumnos pasantes de esta generación escucharon atentamente las palabras del doctor Manuel A. Rodrlguez Qulntanilla, quien a nombre del Rector de la Universidad
les dirigió un mensaje.
f:stuvleron con él, en la mesa del presldlum, el Lic. Horado J.
Algaba, representando al Gobernador del Estado, y el Lic. Juan
Angel Sánchez, Director de la Escuela.

En ese evento participaron como conferenciantes el Lic. José
Roberto Mendlrlchaga (Coordlriador Editorial de la Escuela), el
Lic. Abraham Nuncio (Director de Deslinde), y el Lic. Miguel An•
gel de la Torre (maestro del Colegio de Filosofía):·

PRESENTACION DE LIBRO ...
El 25 de marzo, a las ocho de la noche, se presentó en la Dlvl·
sión de Estudios Superiores el libro La isla de los dictadores
del Lic. Ramiro Estrada Sánchez.

�COLABORAN EN ESTE NUMERO:
NUEVA REVISTA ·oE
FILOLOGÍA HISPÁNICA

BUELNA

TOMO XXIX

1980

NÚM. 2

•
UniYffl1dad
Autónoma de Sinal01/na.·iembre 1982/No. uno/sesenta pesos

IN MEMORIAM RAIMUNDO LIDA

LA CRISIS DE~~
CAPITALIS ef~~
ADOLFO SANCHEZ VAZQUEZ
(Algeciras, España, 1915). Doctor en Filosofía por la UNAM, donde es maestro
e investigador de tiempo completo. Ha
sido varias veces maestro huésped de
la División de Estudios Superiores, en
la Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Es autor, entre otros, de los libros: las
ideas estéticas de Marx, Filosofía de la
praxis, ftica, Rousseau en México, Estética y Marxismo, Del socialismo científico al socialismo utópico, Ciencia y
revolución: el marxismo de Althusser.
FEDERICO ARREOLA
Egresado de Economía de la UANL. Es
investigador de tiempo completo en la
Universidad Regiomontana, colabora
en el periódico f/ Porvenir.
CESAREO MORALES
(Guadalajara, Jalisco) Doctorado en Filosofía en la Universidad de París. Candidato al doctorado en Sociología en la
Escuela Práctica de Altos Estudios de la
misma ciudad. Actualmente es maestro
de tiempo completo en la Facultad de
Filosofía de la UNAM. Ha publicado artículos de filosofía y ciencias sociales
en diversas revii.tas especializadas.
MIGUEL COVARRUBIAS
(Monterrey, N.L., 1940). Estudió Derecho y Letras Españolas en la UANL. Ha
publicado libros de poesía, cuento y ensayo, completando más de diez títulos.
Es maestro del Colegio de Letras, en la
Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL, donde además coordina el taller
literario Fruta verde.
HERON fEREZ MARTINEZ
Licenciado en Antropologia Teológica
por la Universidad Gregoriana de Roma,
y en Lengua y Literatura del Antiguo
Próximo Oriente por el Instituto Bíblico y de Estudios Orientales de Roma.
Es maestro de tiempo completo en la
Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL.
YVETTE JIMENEZ
Es investigadora de tiempo completo en
,o El Colegio de México.
10

ARIO GARZA MERCADO
(Monterrey, N.L., 19.36). Después de
Nueve poemas (UNL, 1959), publicó
otros en Armas y letras, Apolodionis,
y el Anuario ffumanitas. Firma como
Renán SalinasReyna, el articulo "Ciencia y filosofía del verano", publicado en
la revista Diálogos. Es director de la Biblioteca de El Colegio de México.
ALFREDO GARCIA VALDES
(Cedros, Zacatecas, 1964). Desde 1970
vive en Saltillo, Coahuila, donde ha realizado todos sus estudios. Ha publicado poemas en Múltiple y Contextos.
RAMON MARTINEZ SAENZ
(Monterrey, N.L.). Egresado de la carrera de Letras, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Imparte. clases
de lingüística y literatura en diversas

instituciones de educación superior d
la ciudad.

LETICIA GAMBOA
Es licenciada en Economía y maestra en
Ciencias Sociales con especialidad en
Historia. Trabaja como investigadora de
tiempo completo en el Centro de Investigaciones del Movimiento Obrero, del
Instituto de Ciencias de la UAP. Ha publicado diversos trabajos en revistas
especializadas.

MO MEXI
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SALVADOR fINONCELLY
(Torreón, Coahuila). Es arquitecto egresado de la UNAM, dibujante, pintor y virtuoso vitralista. Ha expuesto en las
principales galerías del país, y en algunas del extranjero. Es colaborador en
Diorama de la cultura, del periódico
fxcélsior.

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La Palabra y el Hombre

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Revista de la Universidad Veracruzana
Nueva época, Enero-Marzo de 1983

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DIRECTOR: Luis Arturo Ramos
Consejo de Redacción:
Marco Tulio Aguilera
Luis Méndez
Fundador: Sergio Galindo

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FILOLOGÍA HISPANICA
TOMO XXIX

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ADOLFO SANCHEZ VAZQUEZ
(Algeciras, España, 1915). Doctor en Filosofía por la UNAM, donde es maestro
e investigador de tiempo completo. Na
sido varias veces maestro huésped de
la División de Estudios Superiores, en
la Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Es autor, entre otros, de los libros: Las
ideas estéticas de Marx, Filosofía de la
praxis, Etica, Rousseau en México, Estética y Marxismo, Del socialismo científico al socialismo utópico, Ciencia y
revolución: el marxismo de Althusser.

FEDERICO ARREOLA
Egresado de Economía de la UANL. Es
investigador de tiempo completo en la
Universidad Regiomontana, colabora
en el periódico El Porvenir.

CESAREO MORALES
(Guadalajara, Jalisco) Doctorado en Filosofía en la Universidad de París. Candidato al doctorado en Sociología en la
Escuela Práctica de Altos Estudios de la
misma ciudad. Actualmente es maestro
de tiempo completo en la Facultad de
Filosofía de la UNAM. Na publicado artículos de filosofía y ciencias sociales
en diversas revi~tas especializadas.

MIGUEL COVARRUBIAS
(Monterrey, N.L., 1940). Estudió Derecho y Letras Españolas en la UANL. Na
publicado libros de poesía, cuento y ensayo, completando más de diez títulos.
Es maestro del Colegio de Letras, en la
Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL, donde además coordina el taller
literario Fruta verde.

HERON PEREZ MARTINEZ
Licenciado en Antropología Teológica
por la Universidad Gregoriana de Roma,
y en Lengua y Literatura del Antiguo
Próximo Oriente por el Instituto Bíblico y de Estudios Orientales de Roma.
Es maestro de tiempo completo en la
Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL.

YVETTE JIMENEZ
10 Es investigadora de tiempo completo en
on El Colegio de México.

ARIO GARZA MERCADO

instituciones de educación superior d
(Monterrey, N.L., 19.36). Después de la ciudad.
Nueve poemas (UNL, 1959), publicó
otros en Armas y Letras, Apolodio1
y el Anuario Mumanitas. Firma co
Renán SalinasReyna, el artículo "CI
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cia y filosofía del verano", publicadc
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ALFREDO GARCIA VALDES
(Cedros, Zacatecas, 1964). Desde IS
vive en Saltillo, Coahuila, donde ha r
lizado todos sus estudios. Na publi,
do poemas en Múltiple y Contextos

RAMON MARTINEZ SAENZ
(Monterrey, N.L.). Egresado de la car
ra de Letras, en la Facultad de Filoi
fía y Letras de la UANL. Imparte clas
de lingüística y literatura en dlvers

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La Palabra y el Hombre
Revista de la Universidad Veracruzana
Nueva época, Enero-Marzo de 1983

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DIRECTOR: Luis Arturo Ramos
Consejo de Redacción:
Marco Tulio Aguilera
Luis Méndez
Fundador: Sergio Galindo

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              <text>Salazar, Humberto, 1959-, Redacción</text>
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