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LETRAS UANC

�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
RECTOR: Dr. Alfredo Piñeyro López
SECRETARIO GRAL.: Ing. Orel Darío García
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DIRECTOR: Lic. Juan Angel Sánchez Palacios
SECRETARIO GRAL.: Mtro. Herón Pérez Martínez
SECRETARIO GRAL.: Lic. Bernardo Flores
SECRETARIA ACADEMICA: Lic. Aída O'Ward
SECRETARIO DE NUEVOS PROYECTOS: Lic. Héctor Franco
SECRETARIO DE ASUNTOS INTERNOS: Ing. Armando Alanís
SECRETARIA DE EXTENSION ACADEMICA
Y DIFUSION CULTURAL: Lic. Julieta Pisanty Marín
COORDINADOR EDITORIAL: Lic. José Roberto Mendirichaga

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS

NUMERO 6 / VOLUMEN 11 / SEPTIEMBRE-DICIEMBRE DE 1983
CONSEJO EDITORIAL
Lic. Mario Cerutti
Lic. Miguel Covarrubias
Mtro. Herón Pérez Martínez
Lic. Julieta Pisanty Marín
Lic. Juan Angel Sánchez
Lic. Ricardo Villarreal
REDACCION
Humberto Salazar
OFICINAS
Facultad de Filosofía y Letras UANL
Ciudad Universitaria
San Nicolás de los Garza, N. L.
México

Publicación tetramestral
Precio del ejemplar:$ 150.00 M. N.
Suscripción anual:$ 400.00 M. N.

...

�SUMARIO
5

EXILIO
Jorge Boccanera

6

11

TRESTEXTOSSOBRENERUDA
Ernesto Mejía Sánchez

13
18

DESDE LA PIEDRA
Eduardo Zambrano

SEÑAS, RESE~AS Y CONTRASEÑAS

41
49

POEMAS
Lucía M. Maluy Mijares

SE~QRA DEL FUEGO
Samuel f.JGyola

31
32

TODOS SON HETERODOXIAS
José Luis Aranguren

LAS RELACIONES CON LOS LIBERTARIOS
Fernando Savater

29

30

LA REVOLUCION PERMANENTE
Paul M. Sweezy

TEORIA DE LA REVOLUCION
Fernando Claudín

25

27

ENTREVISTA A EDUARDO NICOL
José Roberto Mendirichaga

lOUE MARX SE LEERA EN EL SIGLO XXI?
Manuel Sacristán

21
24

LO ESENCIAL EN EL CONCEPTO DE ARTE POPULAR
Roberto D íaz Castillo

IDENTl~A~ FEMEN!NA Y PROFESIONAL
María lnes Perez Lubrma

LA HISTORIA ORAL COMO INSTRUMENTO DE LA
HISTORIA CHICANA
Hubert J: Miller

58

NOTICIAS INTERNAS DE LA FACULTAD

En este número: ilustraciones de Lacho (HoraJ;io Sal-azar Herrera).

�EXILIO

Jorge Boccanera
a Saúl lbargoyen
Expulsados de la selva del sur de Sumatra
por los hombres, que vienen a poblarla,
130 elefantes emprendieron hoy una larga
marcha de 35 días hacia la nueva 'ciudad'
que les fue asignada.

de los diarios.

no hay sitio para los elefantes
ayer los expulsaron de la selva en Su matra
mañana alguien les impedirá la entrada al UNION BAR
yo integro esa manada hacia Lebong Hitam
yo sigo a la hembra guía
cargo con la joroba de todas mis valijas sobre las cuatro
patas del infierno
llegarán a destino -dijo un diario en Yakartalos colmillos embisten telarañas de niebla
llegarán a destino
viejas empalizadas que sucumben bajo mareas de carne
llegarán -dijo el diario nombrando al río Saleh, también
nos hablarían del río Suginammas la estampida cruza por suelos pantanosos y mi patria
la mía
es sólo esta manada de elefantes que ha extraviado su rumbo
iguarde celosamente la selva impenetrable a este ulular de
bestias!
tambores y petardos acompañan
algo de todo el polvo que levantan es mío.

�LO ESENCIAL EN EL CONCEPTO
DE ARTE POPULAR

Roberto Díaz Castillo
A Roge/io Martínez Furé

ARTES POPULARES Y
CLASES SOCIALES
Desde que el marxismo permitió explicar que en todas las sociedades divididas
en clases sociales antagónicas existen dos
culturas opuestas -una oficial o dominante y otra subalterna-, se comprendió en
todos sus alcances la función impugnadora que a veces es propia de la cultura
folklórica .
Así, cuando los conquistadores españoles, y luego los colonizadores, promulgaron las ordenanzas de 1681 para prohi bir a los indios del Nuevo Mundo el cultivo de casi todas las artes -es el caso de
la escultura, la pintura y la platería entre
los aborígenes de Guatemala- y restringieron su ámbito creador a contadas ma·
nifestaciones artísticas, propiciaron, sin
proponérselo, el surgimiento más o menos clandestino de un arte no oficial -antioficial sería más adecuado decir- propio
de las grandes mayorías oprimidas. La
imaginería y la pintura indígenas, ajenas a los cánones de la escultura y pintura académicas españolas, brotaron como una necesidad expresiva de la población sojuzgada, mezclando las concepciones prehispánicas con las nuevas ideas
impuestas por el conquistador. Lo mismo
ocurrió, entre otros oficios, con la platería cuyo apresurado mestizaje dio lugar
a que los legisladores de la colonia, no
obstante las prohibiciones impÚestas a los
indios, reconocieran en éstos, tiempo después, a "los más hábiles del gremio"
Esta mezcla de nociones precolombinas
y europeas condujo a crear otras, distintas, aunque enraizadas profundamente en
aquél!as. Con razón se ha dicho que las .
culturas mestizas son el resultado de esa
mezcla, que es cambio continuo, y que
en muchas de las regiones americanas
donde se habla español o portugués, y en
donde, asimismo, las antiguas pautas sociales y políticas pueden haber sido cam-

biadas hasta lo irreconocible, se man ifiesta un sustrato subyacente de creencias y
símbolos indígenas que tienen origen en
la mitología e imaginería precolombinas.
Debe admitirse por ello que estos elementos están a menudo fundidos con
otros de procedencia europea, y que esa
fusión ocurre de mo,do tan natural en la
mente aborigen como la simultá'nea presencia de un santo crist1ario y una deidad precolombina en un altar indígena.
No es raro, por consiguiente, que el nombre y la figura de un símbolo sagrado cristiano reemplacen el nombre y la figura de
un viejo dios indígena, pero no sus atributos (1). Esto es lo que parece revelarnos
una simple visita a los templos, cristianos
en apariencia, de nuestros poblados aborí,
genes, o la contemplación de ritos como
los que pueden presenciarse a diario en
Chicastenango y otros lugares.
A todo lo dicho hay que añadir que,
consideradas las formas de cultura material como parte del proceso productivo,
el creador de formas de cultura subalterna
resulta marginado del acceso a las materias primas y a los instrumentos y técnicas de producción que emplean las élites
oficiales, y que ese instrumental de trabajo y los medios de enseñanza de que disponen las minorías dominantes se ven supi idos necesariamente por otros no institucionalizados que se erigen en modalidades características de una cultura distinta: la cultura folklórica. Porque, como
decía Tomás Lago, "el pueblo también
hace cosas con nada, con vidrios recortados, con yeso, con barro, con tapas de
botella, con conchas marinas, con tallos
vegetales, que abundan, pero todo lo que
sale de sus manos y lo acompaña en su
vida doméstica, adquiere en seguida su
sello, cierto sentido humano inconfundible, íntimamente ligado a la nacionalidad."
De esta manera se explica la perdurabilidad que tienen en Guatemala los "santeros" populares; los productores de juguetes de madera coloreada que se construyen en Totonicapán; los plateros indígenas que hacen exvotos; los alfareros que
aplican la técnica del "vidriado" español a ,

sus candeleros zoomorfos de origen prehispánico; los carpinteros de Natiualá,
cuyos muebles difieren en mucho de los
creados por los ebanistas antigüeños de
cepa colonial; las tejedoras de Tamahú y
Tucurú, en Alta Verapaz, que incorporan
a sus huipiles figuras tales como el sol, la
luna y las serpientes, preñadas aún de
contenido mitológico. Y así se explica
también la coexistencia -nada pacifica
a veces- de las procesiones indígenas y
las de los ladinos; de la loa y e I teatro
culto; de los bailes de moros y cristianos
y la danza clásica; de los nacimientos y
los arbolitos navideños europeizantes; de
los "cuenteros" y la narrativa impresa; de
los corridos populares, cargados de historia, y el aluvión de la música internacional. En fin: del arte erudito, aprendido en
las academias, y el arte del pueblo, enri·
quecido por la tradición, que es "creación
incesante"
Esta contradictoria dualidad -arte eru·
dito o culto y arte popular o folklóricose dio también en el seno de las sociedades precolombinas divididas en clases sociales. Stephan de Borhegyi, al distinguir
entre cultura folk y cultura compleja en
el mundo maya, explicó correctamente el
problema. No sólo porque reparó en la
coexistencia de ambas culturas sino por·
que concluyó afirmando que la mentalidad folk del campesino maya no se alteró
con la influencia de la ¡,,trincada escritu·
ra, ni del sistema calendárico, ni de la reli·
gión abstracta que le impusieron los teÓ·
cratas mayas o "mexicanos", tanto como
la iglesia romana (2). Análogo criterio sos·
tiene Fraser (3) al aseverar que en las altas
cu !turas del pasado floreció el arte erudi•
to como patrimonio de la clase dirigente,
mientras que las clases bajas se aferraron a
concepciones estéticas empíricas y forja·
ron ese mundo del arte que él llama secundario.
Esta breve caracterización de las artes
populares dentro de la sociedad dividida
en clases, nos lleva a coincidir con Bértolt
Brecht (4) cuando explica lo "popular"
como lo que las grandes masas comprenden; lo que recoge y enriquece su forma

de expresión; lo que incorpora y reafirma
su punto de vista; lo que es representativo
de la parte más progresista de su pueblo,
que puede hacerse cargo de su conducción y resultar también comprensible a
los demás sectores del pueblo; lo que partiendo de la tradición, la lleva adelante; lo
que transmite al sector del pueblo que
aspira al poder las conquistas del sector
que ahora lo sustenta.
ARTES POPULARES E IDENTIDAD
CULTURAL
Si por cultura se entiende (5) no un
ente abstracto sino la suma de conocimientos transmitidos de una generación
a otra; la memoria colectiva; la herencia
social que hace posible la integración de
los miembros de una comunidad, impregnándoles sus normas de compdrtamiento, valores, sabiduría y habilidades, la
síntesis de los valores materiales y espirituales de una sociedad determinada; el
marco organizador de la autoconciencia
nacional; la fisonomía social, la personalidad de cada pueblo; debe comprenderse
asimismo que la cultura expresa la experiencia histórica particular de cada pueblo
y encarna sus resultados: constituye su
fisonomía peculiar, su personalidad colectiva.
Como en la España conquistada por
los árabes, en los pueblos colonizados por
los peninsulares surgió, en un primer
período, una cultura que reíteraba los
rasgos vigentes de la cultura dominante.
Más, en plazo relativamente breve, fueron apareciendo elementos incipientes
anunciadores de una cultura nacional.
De ahí que la cultura nacional de América Latina, como la de España contemporánea, sea producto de un proceso
histórico que incluye varios siglos de
colonización y, por ende, un prolongado
proceso de transculturación.
Para citar sólo un ejemplo, el de Cuba,
recuérdese que al Ií, sobre las ra ices hispánica y africana -una vez exterminada
la aborigen- empezaron a gestarse una

nueva población y una nueva cultura, resultantes ambas de la fusión de elementos españoles y africanos.
En el caso de Guatemala y en el de la
mayor parte de los pueblos hispanoamericanos, las tradiciones, creencias y costumbres traídas por los españoles y otros
inmigrantes, al ser reinterpretadas y reelaboradas según las condiciones económicas, sociales y geográficas que imperaban
aquí, fueron conformando a lo largo de
casi cinco siglos lo que llegará a ser en definitiva nuestra cultura nacional.
Dentro de este marco conceptual, como lo ha reconocido la UNESCO (6), el
arte del pueblo es expresión de su capacidad creadora y elemento fundamental de
su patrimonio, al mismo tiempo que
constituye premisa indiscutible para la
afirmación de la identidad cultural. Así 1

se explica que el nombrado organismo re·
comiende estimular el desarrollo de la
cultura popular por medio del estudio
cuidadoso de sus fuentes y motivaciones
y su posterior expansión. Y así se explica
también que las poi íticas cu[turas más
progresistas formuladas en América Latina se propongan impulsar el estudio de
las raíces culturales, el reconocimiento de
sus valores, el desarrollo de estos y la investigación del folklore. Después de todo,
la América Latina de hoy es una unidad
sostenida por su cultura tradicional. En su
historia, en sus hábitos y costumbres, en
sus particulares concepciones del mundo
y de la vida, en sus artes populares, se palpan las raíces comunes de su población
tanto como las diferencias específicas de
las sociedades latinoamericanas. En resumen: estos atributos configuran la identidad cultural de cada uno de nuestros pue-

...:i

�blos. Su singularidad y su universalidad. A
propósito, don Miguel de Unamuno solía
decir: "Hemos de hallar lo universal en las
entrañas de lo local, y, en lo limitado y
circunscrito, lo eterno." Y Luis Cardoza
Aragón proclama: "La Dulcinea, para ser
universal, era ante todo del Toboso."
LOS DEVORADORES
DEL FOLKLORE (7)
Dos tendencias igualmente nocivas se
manifiestan en materia de folklore en general y de artes populares en particular: la
de la "cultura de la ganancia", que consiste -en el propósito y en la práctica- en
la turistización del dato folklórico, en el
sometimiento de la cultura popular a una
operación permanente de intercambio comercial; y la que sostiene la tesis de la necesaria y definitiva liquidación del folklore
como preludio de cualquier acción emancipadora real de las clases subalternas.

oci

La "cultura de la ganancia" deriva del
sistema económico, social y poi ítico imperante, que somete a la sociedad - como
ocurre en Guatemala- a un régimen de
necesidades inducidas en que la cultura
que conviene tan sólo a unos pocos es impuesta a todos como si fuese de todos.
Sostienen ese gran aparato de inducción
el turismo, los medios de comunicación
masiva (radio, televisión, publicaciones
impresas, cine, iniciativas discográficas,
espectáculos "en vivo", campañas publicitarias), los mercados artesanales, las
boutiques, los curious shops y algunos
museos privados. Pero los beneficiarios de
esta batería de técnicas alienantes, ·que.
pretenden homogenizar a las masas populares para hacerlas fácilmente manipulables oor las élites en el ooder. no se sacian con la desmedida comercialización
de las artes populares, sino las despojan
de su impronta regional, las "modernizan" y acomodan a las exigencias de un
mercado en que se prefiere "lo nuevo solamente porque es nuevo respecto de lo
antiguo, considerado como negativo sólo
.porque es antiguo". Los textiles guate-

maltecos del presente, la deformada cerámica de Chinautla, la platería de quetzalitos y "monjas blancas" y los cada vez
más numerosos e improvisados conjuntos
de danzas "folk.lóricas" confirman lo dicho.
La segunda de las mencionadas corrientes, progresista en apariencia, considera
que el mundo campesino, creador de artes
populares y de cultura folklórica en sus
más diversas expresiones, debe morir en
todas sus formas arcaicas, pues de otro
modo estaría sujeto a la más abyecta dependencia económica. Excluye así la problemática que la escuela italiana, heredera de Gramsci, llama de la relación tradición-revolución, entre cuyas reflexiones
científicamente más consistentes figura la
de advertir la potencialidad revolucionaria de la cultura popular.
Dogmáticamente, haciendo mal uso de
concepciones teóricas que aplican de modo mecánico a nuestra realidad, algunos
candorosos adversarios del sojuzgamiento
a que se ven sometidos los artistas y artesanos populares preconizan, imbuidos de
fatalismo y como única alternativa de salvación, la muerte indiscriminada de la
cultura folklórica. Para justificar sus apresurados y anticientíficos criterios, se consuelan afirmando que los productos artísticos del pueblo son meras imitaciones
o deformaciones de modelos españoles.
Esta clase de simplismo ha prohijado conclusiones tan infundadas como esa de que
la indumentaria indígena tradicional no
es más que el "uniforme" que los españoles impusieron a los vencidos en las guerras de conquista. En tales puntos de vista -como diría un discípulo de Gramsciestá presente la idea de que lo arcaico es,
sin más, identificable con lo "reaccionario".
En 1961, con motivo de su visita a
Guatemala, José María Arguedas escribió:
"No he visto en este maravilloso país nada más respetable y de mayor significación que el indio de Chichicastenango." Y
luego agregó: "La raíz mítica de nuestros

su vigencia a más de 81 años de difusión
diaria, constituye a su favor, el galardón
costumbrista de poder ser considerado
por derecho natural, ya que de hecho así
lo ha conquistado, la consideración de
hacerse llamar BAILE NACIONAL DE
CUBA: nominación indiscutible, por cualquier otro motivo o modalidad rítmica
hasta ahora conocida." Y disposiciones
normativas como las siguientes, suscritas
por el Consejo de Ministros: "Articulo 1.
Por la presente queda reconocido y admitido como Baile Nacional de Cuba, el
estilo, ritmo y normas bailables establecidas por MIGUEL FAILDE PEREZ en
la estructuración musical intitulada DANZON, estrenado un ejemplar del mismo la
noche del 1ro. de enero de 1879 en el Liceo de Matanzas, con el nombre de Alturas de Simpson. "( 1O)

países tiene su representación viva, real,
digna, en el vestuario de nuestras comunidades nativas, del mismo modo que en
los restos arqueológicos, y quizá mejor
en los primeros. Porque los trajes indígenas han sido elaborados en un proceso de
siglos con materiales americanos y occidentales en los que el genio creador autóctono se muestra triunfante y, a pesar
de cuanto puedan decir en contra los anti-indigenistas, esas formas constituyen el
aspecto más original de nuestros países
y nos representan en el mundo casi tanto
como nuestras propias banderas nacionales." (8)
EL FUTURO DE LAS ARTES
POPULARES
"El folklore es eterno" y "el folklore
desaparecerá", son dos enunciados simplistas. Ni el hecho folklórico es inmutable ni tampoco desaparecerá de modo fa.
tal. Aún en las sociedades sin clases, la
cultura folklórica sobrevivirá -y sobre·
vive de hecho- despojada de todos aquellos rasgos nocivos, contrarios a una con·
cepción progresista del mundo .
En enero de 1979 -a propósito-, el
pueblo cubano celebró en Matanzas el
centenario del danzón y los cincuenta
años del danzonete. Más no por ello la
revolución se puso en peligro o en entredicho. Al contrario, esta fiesta fue todo
un acontecimiento nacional, todo un suceso revolucionario. Por4ue el danz0n,
cuyo antecedente in mediato es la con·
tradanza (9), introducida a La Habana
por los ingleses en 1762 y acr iollada pos•
teriormente en Santiago de Cuba Y
Guantánamo, es el baile nacional cuba•
no. A esto se debe que en 1960, al cum·
pi irse el primer aniversario de la revolu·
ción, ei' gobierno dirigido por Fide l Castro emitió una ley que incluye en su tex·
to consideraciones como esta: "Por
cuanto: El danzón, representa por los
elementos musicales y coreográfrcos que
lo integran, el más fiel exponente de estilo y modalidad atributiva den tro del
folclor nacional, y en consecuencia, por

1

Otro ejemplo, igualmente ilustrativo,
lo constituyó el carnaval que este mismo
año estuvo dedicado a exaltar las tradiciones populares y la cultura folklórica de
Cuba.
Acerca de este tema, Armando Hart,
ministro cubano de cultura ha dicho: "Un
elemento esencial de la actividad artística
del país es la música. Debemos organizar
y priorizar festivales del son, del danzón,
de la rumba, de la trova." Y ha expresado
también: "Hay que realizar en cada municipio del país un estudio de las fiestas populares, de sus expresiones tradicionales;
partiendo de estos estudios podremos desarrollar un amplio movimiento artístico
de impulso a las actividades artísticas de
raíz popular."(11)
En Viet Nam, en donde la cultura folklórica desempeñó un papel tan relevante
en los años de la guerra de liberación -la
música, la literatura y la farmacopea tradicionales, para sólo citar algunas expre:
siones-, Nguyen Linh, investigador del
Instituto de Historia, refiere esta experiencia: "cada aldea y cada poblado tiene
su propia tradición, sus propias costumbres y hábitos. Hay aldeas en que toda la
P0blación de las mismas se dedica a una

profesión o trabajo específico de caracter
artístico. Hay otras aldeas que realizan un
trabajo de tradición propia, como por
ejemplo la aldea no tiene mucha habilidad en la pintura de cuadros de carácter
folklórico, la aldea Linh que tiene una
cultura folklórica en forma de canto muy
característica, o por ejemplo, ynas aldeas
como las de la provincia de Hai Tvong
que tienen mucho arte en la confección
de estatuas; o la aldea Mga So que tiene
tradición de confeccionar artículos de
bronce, etc. Los poblados y aldeas son lugares donde se crea una cultura folklórica,
donde se presentan las manifestaciones de
esa cultura popular folklórica "( 12).
En una sociedad dividida en clases sociales, el folklore -incluidas las artes y
artesanías populares- tiene con frecuencia el carácter de cultura impugnadora
(13) (o de subcultura relativamente autónoma). En tales circunstancias, en el folklore se refugian algunas de las mejores
tradiciones del pueblo frente a la penetración extranjerizante. El folklore es, entonces, como lo asevera Rogelio Martínez
Furé, "La cantera de formas vitales que
nos permitirá descubrir y superar el diversionismo ideológico. El folklore no desaparece sino que se transforma, y con ello
nutrirá nuestra verdadera cultura nacional "(14). Claro que esta afirmación implica distinguir entre folklore - positivo
-tan bien definido por Martírrez/Furé- y
folklore negativo, dentro del ·cual caben,
según el mismo autor, las supersticiones,
los tabúes, las concepciones idealistas
acerca de las fuerzas sobrenaturales que
rigen la vida de los hombres, las práctic~
de curanderismo, la coprofagia, la xenbfobia, etc.
En las nuevas sociedades sin clases antagónicas, la cultura folklórica, y con ella
las artes populares, serán desprovistas de
su función impugnadora para cobrar continuidad en otro marco de relaciones económicas. Para sobrevivir ya no como
muestra de estratificación o pluralismo
cultural, sino como "conjunto de produc' tos culturales diversos que pueden, even-

tualmente, ser libremente elegidos por
grupos particulares de una sociedad sin
clases."
Si las multitudinarias procesiones de
semana santa en Guatemala, de casi tres
mil cargadores cada una de las ocho principales de la capital, tienen en nuestra
época un marcado carácter religioso, es
dable pensar que en el futuro, aunque no
necesariamente privéldas de ese carácter,
constituyan -más ,1llá de la mera devoción- expresiones de homenaje, de admiración y culto a una imaginería magistral nacida en el seno del propio pueblo.
Igual cosa podría decirse con respecto de
los nacimientos navideños -Carlos Pellicer, en México, mantuvo hasta su muerte la costumbre de hacer personalmente
el suyo-; de las posadas y los corpu~·de
los tejidos manuales; del hierro forjado;
de la hojalatería y la cerámica, que podrían subsistir -es una hipótesis- por adhesión emotiva o por escogencia cultural
de determinados grupos. We qué otro
modo puede explicarse que sesenta y dos
años después de ocurrida la revolución
bolchevique, Trofim Démchenko, alfarero
de Ophosnia, Ucrania, haga todavía, con
sus propias manos, chivos, carneros, cerdos, pitos y otras figurillas de barro, y
que sostenga ideas como estas?: "el alfarero es creador de la belleza diaria, que ha
nacido en el seno de la vida y que se sirve
de ella"; "hacer caso omiso de la experiencia de mis antepasados significaría echar
a perder sus hallazgos"; "es fácil perder
una tradición, pero muy difícil recuperarla"; "es muy fácil franquear una línea divisoria: la maestría debe tener
continuidad".
Pablo Neruda dijo, pensando en la cerámica de Quinchamalí: "Sin mano no
existe el hombre, no hay estilo."
Lo que tienen de discriminatorio las
artes populares en las sociedades divididas en clases tendrá que desaparecer y dará paso, no a una cultura subalterna ilusoria, "reservorio cultural" de la revolución y neoiluminista -como la llama con
ironía Lombardi Satriani-, sino a un folklore que lleve implícita la libertad de , cr,

�TRES TEXTOS SOBRE NERUDA

Ernesto Mejía Sánchez
opciones rulturales en una sociedad sin
clases.
Para concluir, dejemos de lado la conjetura y volvamos los ojos a la reveladora
experiencia vietnamita, porque en ella cobran realidad práctica las nociones teóricas de cultura popular e identidad cultural y porque ella pone de manifiesto lo
que ocurre en el proceso transformador
de la sociedad socialista: "La cultura
vietnamita actual, como cualquiera cul•
tura del mundo, no es totalmente autóc•
tona, es decir, no nace de la tierra misma
del país, sino que está formada por numerosos elementos implantados en otras
culturas, particularmente el budismo, que
nos llegó de la India; el confucionismo,
que nos llegó de China, y el marxismo,
que nos llegó más recientemente del Occidente. En otras palabras, una cultura nacional no puede ser definida como algo
nacional por el origen de sus elementos.
Lo que es nacional puede tener un origen
extranjero; lo extranjero se convierte en
nacional cuando es aceptado y asimilado
durante un largo período y cuando se
convierte en parte integrante de su tradición "(15). De ahí que en el presente, en
Viet Nam, "Los campesinos, los obreros Y
los soldados, los hombres y las mujeres,
tratan de expresarse a través de los versos,
los cuentos y, a pesar de que el nivel técnico de sus obras sea desigual, el mismo
pueblo ha vuelto a conquistar el derecho
a la palabra y ha vuelto a tomar posesión
de la palabra. Esta nueva cultura ha vlJelto a lás·antiguas tradiciones de la cultura
oral, sobre todo de esta cultura en otros
planos, 'en otros aspectos, en otras dimensiones."( 16).

'NOTAS

1. Cfr. Juan Adolfo Vásquez, "El campo de las
literaturas indígenas latinoamericanas", en
Revista Iberoamericana (julio-diciembre,
1978, Nos. 104-105). Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, Universidad de Pittsburgh, Pennsylvania, p. 321.

2. Cfr. Stephan F. de Borhegyi, Cultura folk y
cultura compleja en el área maya meridional
(Cuadernos del Seminario de Integración
Social Guatemalteca, No. 5). Guatemala:
Editorial del Ministerio de Educación Pública "José de Pineda lbarra", 1959, p. 28.
3. Cfr. Douglas Fraser, Arte primitivo, México:
Editorial Herrero, S. A., 1962, p. 13.
4. Cit. por Néstor García Canclini, en Arte popular y sociedad en América Latina (Colección Teoría y Praxis), México: Editorial
Grijalbo, S. A., México, D. F., 1977.

5. Cfr. Nils Castro, "Cultura nacional y cultura socialista", en Cultura y liberación nacional (Colección Cultura, Serie Pensamiento Nacion¡¡I), Panamá: Ediciones Instituto
Nacional de Cultura, Impresora de la Nación, 1977, pág. 12 Y SS.

11. Cfr. Armando Hart, "Un amplio movimiento de raíz popular" (Discurro pronunciado
el 28 de octubre de 1977). en Alero (tercera
época, No. 27, noviembre-diciembre, 1977),
Guatemala; Editorial Universitaria de Guatemala, pp, 113-119.
12. Cit. por Nils Castro en "Penetración cultural, genocidio cultural, política cultural", en
ob. cit., p. 86.
13. Veamos un caso, que no por inusitado deja
de ser elocuente. En 1979, la procesión de
Jesús de Candelaria,que recorre la ciudad de
Guatemala el jueves santo, fue homenajeada
con una alfombra tradicional de ffores que
decía: "El dolor más grande de t~ pasión es
ver hoy la vanidad y el orgullo de tu clero."

14. Cfr. Rogelio Martínez Furé, "Diálogo imaginario sobre folklore", en Diálogos imaginarios, La Habana, Cuba: Editorial Arte y Literatura, 1979, p. 267.
15. Le Thanh Khoi, "Cultura es humanismo, humanismo es cultura", en La Semana de B•
llas Artes (Publicación del Instituto Nacional de Bellas Artes. No. 82, 27 de junio),
México, 1979, p. 7.
16. lbid., p. 6

7. Tanto este subtítulo como las expresiones
que aparecen entre comillas en el texto, son
de L. M. Lombardi Satriani, Apropiación Y
destrucción de la cultura de las clases subalternas, México: Editorial Nueva Imagen,
1978.

9. Danza folklórica llamada originalmente
country-dance, baile popular de Normandía.
10. Cfr. Carlos Cedeño, "El centenario del danzón", en El Gallo Ilustrado, Suplemento
dominical de El Día (18 de noviembr,e). México, D. F., 1979, p. 6.

bros, preocupaciones poi íticas, afectos
personales y hasta proyectos bibliográficos.

UN AMOR DESCONOCIDO
DE NERUDA

Al revisar una carpeta dP mi papelería
nerudiana encuentro la copia de la carta
que dirigí al poeta el 3 de enero de 1973:
"iFeliz Año! Espero que esta carta te encuentre e~ Santiago (de Chile), donde se
dice que pasarás el invierno austral.

Es más, ni en mi "Entrevista con Pablo Neruda" (Revista de Bellas Artes, México, septiembre-diciembre de 1973, nueva época, núm. 11-12, pp, 5~-60). Homenaje a Pablo Neruda, en cuya nómina de
autoridades de la Secretaría de Educación
Pública figura como Subsecretario de Cultura Popular y Educación Extraescolar el
doctor Gonzalo Aguirre Beltrán, se dice
nada del proyecto antológico. En una
versión corregida y publicada con el
título de "Memorial de Pablo Neruda"
(El pez y la Serpiente), Managua, in•
vierno de 1974, núm. 14, pp. 131-139),
tampoco. Podría alegarse que por ser un
texto documental destinado al gran público no debía contener noticia de cosas en trama que suelen quedar en veremos, como en efecto quedó; pero en dos
poemas en prosa, escritos en la intimidad
de la noche, sobre los cartones con que
devuelve las camisas la tintorería, titulados "Presencia en París. 12-X-1972" y
"Pesadilla en Isla Negra. 20-IX-1973"
sólo recogidos públicamente en una
Recolección a mediodía (México, Joaquín
Mortiz, 1980). tampoco digo nada de la
bendita antología.
Esto parece cosa de cuento. Y para
que no lo parezca digo a la luz del día
que señalé con bandas de papel, hoy amarillo, los poemas preferidos en la obra
completa del poeta. Mi selección está hecha. Quiero lavar mi culpa, mi olvido, mi
rulpa de olvido. Ojalá que alguien me ayude.

Naldrá la pena descorrer el velo de los
amores de un gran poeta? lRemover las
cenizas de la mejor musa, la de carne y
hueso? Sí: cuando esos velos descorridos
y esas cenizas inertes permiten ver algo de
los entresijos de la creación y ya las cenizas de amor andan públicamente en compañía de los frutos que produjeron y unas
{ otros no siempre son tratados con cuidado. Y Neruda, lquién lo creyera?, fue
hombre pudoroso de sus muchas intimidades; todavía a los treinta años de su pri·
mer libro pretendía ocultarse anónimamente en Los versos del Capitán (Nápoles, 1952). ahora quizá por pruritos legales. Al cumplir los 50 años apenas se atreve a decir "Algo sobre mi poesía y mi vida" (Aurora, Santiago de Chile, julio de
1954). Por lo demás, sus Memorias o libros autobiográficos fueron de publicación póstuma: Confieso que he vivido
(Buenos Aires, Editorial Losada, 1974) y
Para nacer he nacido (1978).

Va acompañada de libros de (Augusto)
Monterroso, (Eduardo) Lizalde y Andrés
(Henestrosa), con dedicatorias de todos.
También, las fotos que tomamos en París
(12 de octubre de 1972), con (Jorge)
Edwards y Roberto Armijo, .. Otra buena
coyuntura quiero contarte. La colección
de la Secretaría de Educación (Pública).
SEP-Setentas, en cuyo nombre te habló el
Dr. (Gonzalo) Aguirre Beltráp, para una
antología tuya en la serie, me la ha encargado a mí. Estoy feliz. Haré, sin modestia, lo mejor de lo mejor. No sé si mi nombre fue sugerido por ti; de todos modos
he aceptado el encargo, como el más grande honor de mi vida"

6. Cfr. UN ESCO Conferencia intergubernamental sobre las Políticas Culturales en América
Latina y el Caribe (Informe Final). Bogotá:
10-20 de enero, 1978, p. 51,

8. Cit. por Ricardo Toledo Palomo en "José
María Arguedas en Guatemala", El Impar,
cial (8 de mayo), Guatemala, 1979.

UNA ANTOLOGIA OCULTA
DE Ne RUDA

1

El 30 de junio de 1973, en vista de que
no recibí contestación, volví a la carga:
"Querido Pablo: Te escribí por diciembre
del año pasado (error, por 3 de enero del
mismo año de 1973), enviándote libros de
Andrés (Henestrosa). (Augusto) Monterro·
so y (Eduardo) Lizalde, por medio de José de Rocka, en la Embajada de Chile en
México, pero creo que fue mal conducto.
O quizá tu salud, que sentimos y lamenta•
mos que por ahora no es buena, no te permitió contestar. (D. Wenceslao) Roces me
dice que vas mejor, lo que nos causa a to·
dos gran alegría. También nos preocupa
la situación de Chile, pero espero que como tú vaya mejor y se salve del todo. Van
las obras de Salomón (de la Selva), para
que nos mandes la página y media que
Pl'ometiste". Cosa rara y, ahora, intrigante, que entre el 3 de enero y el 30 de junio del mismo 1973 no se volviera a tocar
el tema de la antología, cuando en ambas se reiteran nombres de amigos, li-

Muerto Neruda, también han comenzado a publicarse los epistolarios privados: Cartas de amor de Pablo Neruda, recopilación, introducción, notas v epílogo
de Sergio Fernández Larraín, conocido
erudito y coleccionista chileno (Buenos
Aires, Editorial Tucumán, 1975), hasta
ahora el centón más impresionante de cartas, versos, opiniones y referencias bibliográficas de la época más penumbrosa de
la vida y obra de Neruda, la de sus comienzos literarios y el arribo a la edad viril,
años que van de 1921, cuando el joven
poeta se establece en Santiago procedente de Temuco, a 1932 en qu'! después del
periplo oriental espera en Santiago un
nuevo destino consular.
La destinataria de estas cartas y poemas es Albertina Rosa Azóéar s·oto, hermana del poeta y novelista Rubén Azócar, amigo entrañable de Neruda, y después esposa de Angel Cruchaga Santa . :::

�ENTREVISTA A EDUARDO NICOL

María, a quien Neruda dirige tres cartas
(1930-1931), que también se publican.
Por entonces Neruda escribió una "Introducción a la poesía de Angel Cruchaga"
que luego aparece al frente Afán del corazón, (Santiago de Chile, 1933) y le encarga dar la noticia de su matrimonio con
María Antonieta Hagenaar Vogelzam,
contraído el 6 de diciembre de 1930. En
sus memorias de 1954 y en las de O'Cruzeiro Internacional (1952) atribuye a
"Marisombra" la inspiración de los poemas 1, 2, 5, 7, 11, 13, 14, 15, 17, y 18 de
los Veinte poemas ( 1924), o sea la muchacha de Santiago que hoy sabemos que es
Albertina Azócar. Los poemas restantes
los inspira "Marisol", la novia de Temuco,
Teresa Vázquez León, identificada desde
la publicación del "Album Terusa. 1923",
textos juveniles inéditos presentados por
Hernán Loyola en los Anales de Univérsidad de Chile ( 1961).
Los críticos de Neruda han discutido
la adjudicación de los poemas a una y
otra y el propio Neruda puso en disputa
el poema 6, uno de los más famosos de la
colección ("Eras la boina gris. . ."). al
atribuir su inspiración una vez a "Marisol" ( 1954) y otra a "Marisombra" (1962),
a tal grado que Emir Rodríguez Monegal,
en El viajero inmóvil (Buenos Aires, Editorial Losada, S. A., 1966), llega a establecer una especie de justicia salomónica:
"Tal vez ambas usaban boina (son poemas de la era de las boinas); tal vez, la
memoria del poeta ha puesto la boina de
la una sobre la cabeza de la otra; tal vez
(hipótesis nada desdeñable) los poemas
no hayan sido creados en forma tan simétricamente aislada; las dos musas de carne
bien pueden confundirse a veces en una
sola, hecha de sonidos y visiones" (p. 49).
Hoy por hoy, basado en el tesoro epistolar de su propiedad, Fernández Larra(n,
lleva razón al atribuirlo a Albertina Azócar.

....

N

José Roberto Mendirichaga
OTRO AMOR DESCONOCIDO
DE NERUDA
Sergio Fernández Larraín, el afortunado comprador, poseedor y editor de las
Cartas de amor (1975), de- Pablo Neruda,
asienta que en definitiva "Cabe, pues pensar con fundamento, que de los Veinte
poemas de amor. .. once a lo menos fueron fruto de la pasión del poeta por la
muchacha de Santiago"; pero el poeta,
anticipadamente da una versión más _favorecedora al escribir desde Ceylán, 27 de
Febrero de 1930, a su amigo argentino
Héctor Eandi: "Y una mujer a quien mucho he querido (para el la escribí casi to·
dos mis veinte poemas) me escribió hace
tres meses, y arreglamos su venida, nos
íbamos a casar ... Y ella no pudo venir ...
pero yo estuve una semana enfermo, con
fiebre y sin comer, fue como si me hubieran quemado algo adentro, un terrible
dolor". Ean.di se hace cargo de esta confidencia años más tarde, en una última carta escrita a la altura de Plenos poderes
(1962), con este apretado resumen: "Algún tormentoso sueño chileno morosamente macerado: Veinte poemas; luego,
la imposible calma" (Margarit, Aguirre,
Pablo Neruda-Héctor Eandi. Bueno~Aires,
Editorial Sudamericana, 1980, pp. 78 y
146, respectivamentt:'
Fernández Larraín, al hacer el inventario final de los poemas dedicados a Albertina Azócar, vuelve a la lista canónica
de los 10, pero amplía en abanico su avasalla dora presencia a otros libros de la misma época: Tentativa del hombre infinito
( 1926), especialmente el poema que comienza: "al lado de mí mismo, señorita
enamorada"; El hondero entusiasta (escrito en 1923 y sólo publicado 1O años más
tarde); "de las doce composiciones que lo
integran ... siete, a lo menos, pertenecieron en su oportunidad a Albertina Rosa,
su perdurable inspiradora", que son los
numerados 1, 4, 5, 7, 8, 1O y 11, trascritos en parte o adjuntos a la correspondencia. Todavía el esforzado glosador quiere

llevar el influjo de Albe rtina a.-1-a primera
Residencia en la tierra ( 1925-1931), pero

las cartas ya menudean y tran-scriben únicamente la primera estrofa del "Madrigal
escrito en invierno" (18 de diciembre de
1939). cuando Neruda lleva dos años y
medio de ausencia y tiene en Oriente una
racha matrimonial con su antigua novia
de Santiago. Fernández Larraín cita tres
cuartetos más del "Madrigal", dos versos
de "Alianza (Sonata)" y once de "Juntos
nosotros" · y trastroca fragmentos de
aquella carta con objeto de eslabonar la
cadena causa a efecto, pero ésta no pare•
ce muy convincente: "Un nuevo libro
mío saldrá en España pronto. Hay allí
muchas cosas para tí... lHabrás notado
que mis versos seguían siendo para tí?
Excepto algunos. Los mejores son tuyos".
Estos fragmentos epistolares, nada vehementes, huelen más a compromiso que a
sinceridad y aún se atreven a declarar las
excepciones que confirman la regla.

Las filosofías auténticas.- Las
modas en filosofía.- Su enseñanza.El tema cterlenguaje.- La fenomenología.- La antropología filosófica.Ontología y metafísica.- El existencialismo.- La ontología de Heidegger.- Filosofía y praxis.- Logos y
eros.- Scientia y sapientia.- Problemas filosóficos, más que soluciones.Los buscadores en filosofía.
MENDIRICHAGA: De acuerdo con el criterio de que para que exista una filosofía
auténtica se requiere el planteamiento de
nuevas tesis y sistemas, ¿considera usted
que existe una filosofía mexicana de la
década de los ochenta?
NICOL: No hablaré de los demás. Puedo

"En Santiago, y a partir de 1921 (Ne- J
ruda) se convierte en hombre. Descubre
(para siempre) a Eros y por parti da doble. Aunque sus relaciones con la joven de
Temuco deben haberse iniciado antes del
viaje a Santiago, es evidente que el mu·
chacho asume plenamente la edad viril
sólo a partir de su experiencia capitalina.
Por eso mismo es tan significativa esa escision que se plantea entonces entre dos
amores que ocupan y cubren al muchacho.
De los dos, el que habrá de dejar huella
más honda y desgarrada es el que lo une
a la muchacha de Santiago", dictamina
sin mucho riesgo Rodríguez Monegal.
lDos amores? Albertina Azócar y Teresa 1
Vásquez. Wos, o tres gracias?. Porque '1
ahora ya tenemos documentada una ter·
cera en las Cartas a Laura ( Reyes Candia).
la hermana querida de Neruda. (Madrid, 1I
Ediciones Cultura Hispánica, 1978). A.,
Amalia Alviso, Amalia Alviso de Springe•
tell; sobre la que nadie ha dicho una sola
palabra.

decir que una década es un lapso muy breve para medir la formación de sistemas.
Reciben el nombre de filosofía varias formas de pensamiento que son legítimas,
aunque no sean sistemáticas. Pero la que
se llama, desde Husserl, "filosofía como
ciencia rigurosa", es necesariamente sistemática. No por voluntad de los pensadores, ni siquiera por un requerimiento lógico, sino porque el cuadro de los problemas forma un sistema objetivo. Diríamos
que la realidad es sistemática. Por esto,
buena parte de la tarea filosófica consiste en esa búsqueda previa de las conexiones problemáticas. O sea, que el sistema
no brota de la cabeza del filósofo, como
una inspiración poética, ni es proyectado de antemano, como la construcción
de un edificio. La construcción del sistema está condicionada por la presencia de una realidad común a todos.
Si tengo que hablar de mí, puedo referirme a algo que es un hecho patente,
Y que no implica en principio ningún
mérito, a saber: que el conjunto de mi
obra escrita no está formado por una
serie de obras sueltas y desconectadas.

Ese conjunto tiene una unidad de desarrollo, y debe considerarse como un Ítinerario.
MENDIR/CHAGA: ¿A qué atribuye que
la actual filosofía mexicana sea menos
conocida, a nivel internacional, que la
encabezada por los maestros Caso, Vasconcelos y Ramos?
NICOL: La difusión de una filosofía, lo

mismo en el ámbito nacional que en el
internacional, es un hecho sociológico,
independiente del valor de esa filosofía.
Dicho valor no aumenta con la difusión,
ni diminuye si la obra permanece casi desconocida. Entran ahí en juego muchos
factores, casi todos ellos extrínsecos y variables. Para evaluar una obra filosófica
no creo que debemos tomar como medida
el número de quienes la conocen, o la
manera como la reciben. Entre otras razones, porque también los receptores están sometid_os al juicio de la historia.
MENDIRICHAGA: ¿considera que las
facultades y escuelas de filosofía están
promoviendo la formación de filósofos,
más que de historiadores de la filosofía?
NICOL: La enseñanza en las universida-

des varía según las corrientes del tiempo.
También hay modas en filosofía. Para que
esta variación no resulte desconcertante,
los estudiantes debieran tener presente la
distinción entre la enseñanza de la filosofía y la producción de filosofía. El profesor cumple una misión valiosa cuando expone el pensamiento ajeno.
Si el profesor es al mismo tiempo productor, es evidente que expondrá lo que está
haciendo. En ambos casos, creo que los
profesores han de seguir la regla socrática
de respetar la libertad interior del educando. Una filosofía no se expone para que
se adopte como si fuera un repertorio de
soluciones definitivas. Cuando todo está
resuelto, ya no hay necesidac_! de seguir
pensando. Enseñar filosofía es enseñar a
pensar.

MENOIRICHAGA: A través de toda su
obra se plantea la expresión (lenguaje) como preocupación y nota distintiva del ser
del hombre. ¿Es esta una tesis original,
o deriva de alguna otra escuela filosófica?
NICOL: El tema del lenguaje es un tema

clásico. Son innumerables los autores que
se han ocupado de él, desde los sofistas y
Platón. Es evidente que el hombre es el
único ser, en el universo que conocemos,
dotado de la facultad de hablar, y que esta singularidad invita a la reflexión. Podría usted decir que la expresión (y no sólo la expresión lingüística) ha sido para
mí un tema predilecto. Lo que he dicho
sobre el asunto no deriva de ninguna escuela. En verdad, si las ideas surgen de la
investigación, no pueden derivar de nada,
sino de los hechos.
MENDIRICHAGA: ¿Puede ,decirse que
usted considera el método fenomenológico de Husserl como el más adecuado para avanzar en la búsqueda de la verdad?
NICOL: Justamente por ese precepto de

atenerme a los hechos, el método que empleo es fenomenológico, y así debe llamarse. Pero este método no sólo se distingue de la fenomenología de Husserl,
sino que incluso se contrapone teóricamente a ese sistema. Explicar esto nos
llevaría muy lejos. Sólo deseo impedir la
confusión que pudiera causar el uso de
esa misma palabra, que ha sido acreditada
por una escuela ilustre. Yo me atengo a la
etimología, al significado primitivo. Hablando en griego, fenomeno-logía es la
operación del logos que recae sobre lo
que está a la luz. Lo que está a la luz es lo
real.
En ese sentido, la filosofía tiene que ser
fenomenología, y esto quiere decir ci~ncia positiva. También resultaría perturbador decir que mi método es positivo; y,
sin embargo, es cierto, aunque es notoria
la distancia que me separa de las filosofías
conocidas como "positivismos".

�MENDIRICHAGA: En repetidas ocasiones, menciona usted que la tradicional antropologia filosófica, derivada directamente de Scheler, no alcanza a dar la verdadera dimensión del hombre integral. ¿Qué
elementos son los que hace falta tomar en
consideración para alcanzar este objetivo?
NICOL: La llamada antropología filosófi-

ca (y no sólo la de Scheler, que no es más
que un ejemplo) es rica en contenido y a
la vez teóricamente insuficiente. Se aprende mucho y se disfruta leyendo las obras
buenas de esta disciplina tan difundida en
nuestro siglo. Me atrevería a decir que
esas obras son divertidas justamente porque no llegan al fondo del asunto. Parece
ser que las profundidades son aburridas;
lo cual se explica porque ellas requieren
una disciplina rigurosa, mientras que podemos discurrir entre la variedad de los
fenómenos humanos con más soltura y
menos compromisos que cuando indagamos los fundamentos.
El hecho es que ese tema inagotable que
es el ser del hombre no se puede plantear
monográficamente, sino en la perspectiva
ontológica global: la que abarca todas las
formas de ser y sus inter-relaciones. Pero
ocurre que, cuando se logra dicha integración, desaparece la antropología filosófica
como disciplina especial e independiente.
Y esto acaso resulte saludable, porque
puede frenar la vanidosa propensión del
hombre a contemplarse a sí mismo en el
espejo, olvidando sus dependencias ontológicas.
MENDIRICHAGA: Siendo autor de una
Metafísica de la expresión, ¿qué puede
decirnos de la llamada filosofia lingüistica
y de la filosofía del lenguaje? A este respecto ¿han aportado algo interesante los
representantes del positivismo lógico?
NICOL: Si no recuerdo mal, las respues-

~

tas a estas preguntas, aunque no en forma
tan directa, ~e hallan en algunos pasajes
de El porvenir de la filosofia y en otros
de La idea del hombre. Diré nada más
estas dos cosas: primera, que el lenguaje

es un fenómeno muy complejo, y es provechoso investigar otros aspectos, además
de los puramente formales; y segunda,
que los maestros que fundan su filosofía
en un análisis lógico del lenguaje han aportado más beneficios a la lógica que a la
filosofía. La filosofía del lenguaje es otra
cosa, y no debe involucrarse en el positivismo lógico ni en la filosofía analítica.
MEO/ RICHAGA: ¿oiferencia usted de
alguna manera ontologfa y metafísica?
¿cuál es esa metaffsica a la que usted se
refiere, y en qué se distingue de la metafísica tradicional?
N/COL: Estas son una preguntas treme-

bundas, y nos acusarían de pretenciosos,
a usted y a mí, si creyéramos que se puede responder a ellas satisfactoriamente en
un breve diálogo. Permita que me limite a
señalar de buenas a primeras algo que es
evidente de suyo: no hay distinción de
género entre ...ontología y metafísica, por
cuanto la primera forma parte integrante
de la segunda. Pretender que exista una
ontología que no sea metafísica es simplemente un dislate, tan mayúsculo como pretender que exista una metafísica
que no atienda principalmente a las
cuestiones ontológicas.
Pero esto nos lleva a la cuestión decisiva,
que está implícita en la segunda parte de
su pregunta: lqué es metafísica? y aquí
vienen las dificultades, pues hemos de
reconocer que esta palabra está envuelta
en innumerables confusiones, incluso políticas. Pero, en fin, también es evidente
que mi trabajo en metafísica discurre por
caminos alejados de la metafísica tradicional (incluyendo a la gríega). Si a nadie
le sorprende que las ciencias particulares
(concretamente la física en el siglo XX)
lleven a cabo operaciones revolucionarias
en su recinto, no hay motivo para que se
sorprendan si la ciencia primera hace lo
mismo. Creo que la metafísica se encuentra en el momento actual en una situación revolucionaria. Quiero decir: la revolución es forzosa, y la impone la propia situación.

'sólo en el trabajo que menciona, sino en
otros anteriores. Heidegger afirma, cosa
innegable, que el ser-con es una nota del
ser del dasein. Pero no creo que esto sea
suficiente para establecer la base ontológica de la comunidad. Falta examinar el
qué del con. El hombre no existe simplemente al lado de algo que no es él mismo.
El dato principal es el hecho de que este
ser humano se constituye mediante relaciones vinculatorias con lo ajeno. O sea
que lo otro, y sobre todo el otro, habrían
de integrarse en ese concepto del dasein,
porque no son realmente ajenos, sino propios en el más estricto sentido. La naturaleza es propia constitutivamente; el conocimiento es una apropiación·; el tú es propio, en tanto que es otro-yo, etcétera.
La teoría del ser-con no apunta siquiera
a una teoría de la comunidad. No es una
concepción del hombre como ser comunitario, porque no incluye un análisis
de las vinculaciones; ni un análisis del ser
con e: cual el hombre se vincula; ni un
análisis de la historicidad de la comunidad misma, como entidad definible en
sí. 1ncidentemente lha reparado usted
en que a Heidegger no parece preocuparle
(filosóficamente) el tú?'

MENDIRICHAGA: ¿Qué elementos valiosos considera que aportó a la filosofía
la corriente existencialista? ¿cómo puede resumir la argumentación de que el
concepto sartriano de la "nada" es falaz
y atenta al rigor lógico y ontológico?
NICOL: Nunca empleo la palabra "fala-

cia", ni he dicho que Sartre cometa
atentados. Me parece que no es debidamente cuidadoso el empleo del concepto de "lá nada" en su obra mayor,
titulada El ser y la nada. Pero esta es una
cuestión un poco técnica. Sartre discurre
unas veces sobre la nada en el nivel de
análisis existencial, y otras veces en nivel
ontológico. En el prirrrer nivel, la nada
expresa una vivencia subjetiva, y entonces es una metáfora. Si no es metáfora,
la nada es más bien el no-ser determinado,
es decir, una determinación positiva del
ente (y no sólo del ente humano). En el
nivel ontológico, la Nada con mayúscula
es un absoluto que no tiene que ver directamente con el hombre (que es el tema
de la obra sartriana). El absoluto negativo
es la total negación del Ser con mayúscu·
la. Esta negación es pura irracionalidad.
(Salvo en los dos casos únicos de Parménides y Hegel; e incluso en éstos...) . La
falla lógica y ontológica consiste en no
distinguir con la debida precisión aquellos
dos niveles.
Por otra parte, el mérito del existencialismo, en sus mejores momentos, consistió
en plantear el tema del hombre de una
manera más radical y sistemática que esa
antropología filosófica que antes heme)!;
mencionado.
MENDIRICHAGA: En un artículo suyo
titulado "El principio de individuación",
publicado en 1969 en el anuario Oiánoia
de la UNAM, menciona usted que en la
(Jnto/ogía de Heidegger (teoría del dasein/
está ausente lo comunitario. ¿Quisiera usted explicarlo de nuevo?
NICOL: Dice usted bien: "explicarlo de

nuevo", porque eso ya está explicado, no,

MENDIRICHAGA: ¿Es licitovincular
saber filosófico con praxis, aun cuando
~ta sea de lucha social y militancia partidista? ¿No contraviene esto la intemporalidad y objetividad que, como ciencia
radical, debe mantener la filosofia?
NICOL: Empezaré por lo último. No
1

acepto que la filosofía sea intemporal.
Toda ciencia es histórica. La radicalidad y
la objetividad no tienen nada que ver con
esto. Ya sé que muchos temen que la
historicidad invalida la pretensión de verdad inherente al pensamiento científico.
Reconozco que ésta es una cuestión difícil. Justamente porque el historicismo ha
conducido al relativismo, yo rehuso el
calificativo de historicista, que ya resulta
equívoco. Pero me agoté hace muchos
años procurando mostrar, en la Metafisica
de la expresión, que aquel temor es infun1
dado.

�En cuanto a la cuestión de la praxis, filosofía es praxis: es una forma de acción.
Una acción que además es productiva, o
sea praxis en medio de la póiesis. Pero si
procedemos a indagar qué es lo producido, comprobamos que el hombre es el
producto. La filosofía transforma al hombre, lo renueva, y por ahí transforma al
mundo. O sea que su proyecto no es el
de transformar al mundo mediante una
acción directa, interviniendo como guía
en los asuntos pragmáticos. Toda filosofía está comprometida, vitalmente empeñada en producir unos resultados. Pero
no queda comprometida o involucrada en
los vaivenes de algo tan efímero como
son los planes de acción que el hombre
elabora en cada situación histórica. Cosa
distinta son los compromisos que el filósofo debe contraer personalmente, como
miembro de una comunidad.

motivación podría encontrarse para unas
actividades como éstas, tan literal y estupendamente inútiles? No se filosofa por
necesidad, ni por ambición, ni por afán de
provecho o de dominio.
Ya sé que la palabra amo, parece hoy disonante en el lenguaje de la ciencia filosófica, y que debe ponerse entre comillas,
como si tuviéramos que pedir permiso para emplearla. Tal vez esto sea un síntoma
del peligro que amenaza al porvenir de la
filosofía. Pero, mire ,.,. ·d: debemos recordar que el amor está inscrito en la propia denominación de la philosophia. Esto
no es un accidente verbal· es una definición genética.
MENDIRICHAGA: ffn qué forma puede
deslindarse la antinomia entre scientia y
sapientia?
NICOL: Tampoco percibo esta antino-

MENDIRICHAGA: Una de sus obras es
precisamente El porvenir de la filosofía,
que fue publicada en 1912. ¿considera
usted que lo ahí expuesto debe ser modificado ahora, en virtud de que se viven
otras circunstancias?
NICOL: No.
MENO/ RICHAGA: En su libro Reforma
de la filosofía, ¿qué puntos coincidentes
tiene usted con el pensamiento de John
Dewey, quien en su obra La reconstrucción de la filosofía plantea la necesidad
de adecuar el sa!Jer filosófico ,a los conocimientos históricos, lógicos, éticos y
hasta sociales de nuestra civilización?
NICOL: Ninguno.
MENDIRICHAGA: ¿cómo se explica
una filosof/a donde exista arman/a entre
el lagos y el eros?
NICOL: Lo difícil sería encontrar una

filosofía en la que no se hiciera patente
eso que usted llama "la armonía entre el
lagos y el eros". La filosofía es obra de
~ amor, como la poesía. ¿Pues qué otra ,

mia, y por razones conexas con la que
acabo de señalar. Lo que ama la philosophia es la sophia, o sea la sapientia.
Este amor se cumple o ejercita con la
scientia. Desde luego, hay otras ,ormas
no científicas de la sapiencia humana.
Pero sería (les?) monstruoso el intento
de producir una ciencia sin sapiencia.
Diré incluso que el intento, más que
monstruoso, es puramente imaginario:
el resultado ya no sería ciencia, sino otra
cosa: tecnología. La técnica sirve, pero
no ama. Debe entenderse que su sapiencia
la consigue la ciencia también cuando incurre en el error. Sapiencia es la dedicación a la verdad: la intención de pensar
con verdad, sin segundas intenciones.
Y AHORA, SI NO TIENE MAS PREGUNTAS, quisiera darle las gracias y
añadir algo por mi cuenta. Vivimos en
una época trastornada, y es inevitable
que el ambiente de la filosofía se vea
también afectado. Recomendaciones que
en otras épocas hubieran sido innecesarias, por consabidas, nos resultan hoy a
todos indispensables para mantener una
cierta cordura. Es perturbador que, en el
estudio de la filosofía, predomine el interés por las soluciones, y no por los

problemas. Aparte de que este es un mal
método de trabajo, las consecuencias
pueden ser funestas. Las soluciones se
clasifican por la relación de unas frente a
otras; pero esta ca-relación dialéctica degenera en una contraposición polémica
Las verdades ya oo representan el ser, sino las personas que las piensan, y se convierten en armas de combate. Este armamento de la verdad es contrario a los fi.
nes de la filosofía. Los ismos doctri•1ale$
se contraponen, como si la verdad trrt·
pusiera actitudes defensivas y ofensivas.
La belicosidad se agrava cuando las doctrinas quedan circunscrití:!3 en el horizonte local, porque con esto se acentúan los
personalismos
Pero la filosofía es obra de paz, cualquiera que sea el carácter personal de los filósofos. La ideas discrepantes no son incompatibles. Hablando de pintores, no
podríamos decir que Orozco y Tamayo
son incompatibles, a no ser que convirta•
mos los estilos en banderas partidistas.
Claro está que el símil no es exacto: la
filosofía se distingue del arte porque busca la verdad, y el error nos parece incompatible con la verdad. Pero, justamente, la
comunidad de la filosoft'a es una comunidad de buscadores. Los víncu los de esta
comunidad no se rompen por causa de la
pluralidad de vías que toma la búsqueda,
ni por la diversidad de los hallazgos.
Lo cual no significa, a mi entender, que
debamos adoptar frente a los discrepantes
la norma de la tolerancia; porque la tolerancia implica una presunción de superio·
ridad: el supuesto de una inferioridad de
lo tolerado. La condescendencia es e'xásperante: no apacigua nunca. En suma: si
todos nos proponemos lo mismo, todos
5omos iguales. Sólo bajan de categoría los
combativos, o sea los que ya no buscan.

ABANICO

�1

¿QUE MARX SE LEERA EN

EL SIGLO XXI?

Manuel Sacristán
En el siglo XXI se seguirá leyendo a
Marx. Para entonces estará claro que el
desprecio por Marx de los años setenta y
ochenta, nacido del hipermarxismo de
1968, fue sólo, como éste, otro despiste
de la misma labilidad pequeñoburguesa.
Estará claro, como lo está hoy, que
Marx es un clásico. Se seguirá leyendo,
si es que algo se lee: si no se produce antes la catástrofe cuyo presentimiento anda reprimiendo tanta ¡¡ente, con la ayuda
del angelical Toffler o con la del siniestro
obeso Kahn. De todos modos, ni la catástrofe arrinconaría definitivamente a Marx,
sino que algún marxólogo extraterrestre
que asistiera al espectáculo podría sostener que el desenlace estaba previsto en "la
ruina común de las clases en lucha", del
Manifiesto comunista.

Las páginas de Marx que pueden sobrevivir como clásicas ofrecen textos de varias clases: científicos sistemáticos, históricos, de análisis sociológico y político, de
programa. Por otra parte, ninguno de esos
textos -tal vez con la excepción del Manifiesto comunista y de algunos trozos del
Capital- es tan bueno .literariamente como para perdurar por su sola perfección.

;S

Dentro de veinte años no habrá dificultad en reconocer la dimensión y los límites del núcleo formalmente teórico (de
"economía pura", como decía Marx, y
también de sociología y de historia) de la
obra marx iana; pero se habrá disipado la
ilusión de dellavolpianos y althusserianos
que hacía de la obra de Marx teoría pura
sin mezcla de especulación hegeliana alguna. El período en que Marx se ha considerado y ha sido menos hegeliano se sitúa entre 1845 y 1855, es decir, en el umbral de su madurez de autor, que empieza con la recuperación de Hegel. Esa es
precisamente la circunstancia que hace
tan complicada y oscura la cuestión del
elemento c:ientífico de la obra de Marx:
por un lado, la inspiración hegeliana ignora la naturaleza de la ciencia moderna,
pese a la magnitud de las lecturas cientí-

ticas de Hegel (y pese a los entusiastas
esfuerzos de los hegelianos por convencer y convencerse de lo contrario con la
misma tenacidad con que el Vaticano
mantuvo hasta bien entrado el pontificado de Pío XII la pretensión de cientificidad del geocentrismo hoy, en forma de
premio a quien lo justificara); por otro lado, la inspiración hegeliana ha permitido
a Marx reconciliarse con la idea de teoría
(a través de la de sistema), y rebasar su
anterior programa intelectual de mera
crítica de la teoría.
Pero la herencia especulativa de Marx,
que ha nacido intelectualmente como filósofo romántico y ha tardado unos
veinte años en abrirse camino hasta una
noción clara de lo que es trabajo cientl·
fico en el sentido moderno del término,
y que además se ha puesto a practicar
ese trabajo sin abandonar la especulación,
no es la única causa de que su obra no sea
teoría pura, aún contando con un núcleo
que sí lo es. Hay otra causa, y más interesante, que es el proyecto intelectual de
Marx, su ideal de conocimiento, por así
decirlo, la idea que se hace de su obra. El
conocimiento que busca Marx ha de ser
muy abarcante, contener lo que en nuestra academia llamamos economía, sociología, política e historia (la historia es para Marx el conocimiento más digno de ese
nombre). Pero, además, el ideal de conocimiento marxiano incluye una proyección no solamente tecnológica, sino globalmente social, hacia la práctica. Un producto intelectual con esos dos rasgos no
puede ser teoría científica positiva en sentido estricto, sino que ha de parecerse
bastante al conocimiento común, o incluso al artístico, e integrarse en un discurso
ético, más precisamente político. Es principalmente saber político. Permítaseme
repetir -porque cuando uno habla de
Marx siempre corre el riesgo de levantar
ronchas- que eso no excluye la presencia
central de contenidos estrictamente científico-positivos en la obra de Marx. Ellos
son imprescindibles en su concepción y la
diferencian de las de otras épocas de la

tradición revolucionaria.
Atengámonos a su obra, puesto que
nos preguntamos qué Marx será el más
leído en el siglo XXI.
Lo más importante y lo más problemático que ha sembrado en la obra de Marx
el Hegel enderezado es el objetivismo de
las "leyes de la historia" que aparece en
su idea de la revolución social. Sin duda
es una mala lectura la que ve en esa idea
un determinismo fatalista; pero ya tiene
más justificación la que considera irresuelta la tensión, que está en el centro de
la concepción marxiana, entre la acción
de los factores objetivos u objetivados y
la del subjetivo, entre la eficacia transformadora que tiene el "desarrollo de las
fuerzas productivas" en su tendencia!
choque con las "relaciones de producción" y la afirmada necesidad del desarrollo subjetivamente revolucionario de la
clase explotada. Para apreciar lo complicada que es esa concepción -o "teoría" de la revolución social, hay que tener en
cuenta que el factor subjetivo está ya presente, antes de que sobrevenga en forma
poi ítica, entre los factores objetivos, en
las fuerzas productivas que son la fuerza
de trabajo y el conocimiento científico.

ducida al castellano, por ejemplo, Los
próximos diez mil años, de A. Berry. Si se
combina la perspectiva de conquista del
cosmos de A. Berry -basada en la energía
nuclear, en la unificación autoritaria de
la humanidad (previsiblemente mediante
una o varias guerras atómicas para la destrucción de la URSS y el sometimiento de
los pueblos no blancos) y en la aceptación
de la devastación y el abandono de la Tierra- con la que abre la "fuerza productiva", hoy ya casi existente, que fabu ló
Aldous Huxley en Un mundo feliz, se
obtiene un cuadro en el cual el triunfo del
progreso consiste en que billones de esclavitos épsilon trabajan servilmente en la
Luna, en pedazos de Júpiter y mucho más
lejos, sin que sus amos, que seguramente
hablarán un inglés simplificado en el Hudson lnstitute), tengan siquiera que azotarlos. La "síntesis dialéctica", la emancipadora "negación de la negación", esperaría
en vano sentada en la Lógica de Hegel, a
que el movimiento de la historia (ya que
no el de la idea) realizara todos sus desastres previos supuestamente necesarios.
No todo lo real es racional; más bien,
casi nada.

a la cuestión teórica de cuál es el modo de
validez del esquema, sino a la cuestión poiítica de cómo hay que actuar sobre los
datos que satisfacen hoy el esquema para
promover la realización de los valores socialistas. Y para contestar a esa pregunta
hay que tener en cuenta la peculiaridad y
novedad de una fuerza productiva apenas
naciente en tiempos de Marx; la tecnociencia contemporánea.

Se encuentran en la obrn de Marx sobre todo a partir de los manuscrito; de
1857-1858 -como lo señaló Ernest Mandel-, consideraciones bastante sistemáticas y completas acerca de la influencia de
la ciencia de la naturaleza en el cambio
social moderno. Es posible catalogarlas en
tres grupos: hay reflexiones visiblemente
animadas por una peculiar mezcla del infalibilismo de la dialéctica hegeliana con el

EL PASO AL SOCIALISMO
Precisamente el desarrollo de las fuerzas productivas, mucho más allá de lo que
Marx podía imagin~r, permite hoy plantear la cuestión de un modo más preciso
que en los viejos debates entre marxistas
economicistas y marxistas dialécticos. No
sólo lo permite, sino que, desgraciadamente, también obliga a ello. El desarrollo de las fuerzas productivas, señalada•
mente el de ciertas técnicas militares (ar·
mamento atómico, biológico y químico),
pero también, y no menos profundamente, el de técnicas para la vida civil (desde
la producción de energía en gran escala,
con fuerte efecto centralizador, hasta la
ingeniería genética), se puede integrar
perfectamente en una perspectiva políti·
ca que tiende a eternizar la explotación Y
la opresión, dando una vuelta más a la
triste noria de la historia universal. Esas
perspectivas existen ya, y alguna está tra-

No me propongo discutir ahora la bondad de la concepción marxiana del papel
del desarrollo de las fuerzas productivas;
en primer lugar, porque creo que es consistente teóricamente y plausible desde el
punto de vista empfrico, y además, porque me apartaría de la cuestión planteada. Lo que interesa para saber cómo se
leería a Marx en el siglo XXI es lo que ha
escrito acerca del cambio social que más
le importaba: el caso al socialismo. Al
Plantear así las cosas puede parecer que
divido la historia en dos reinos -el pasado y el presente- de frontera muy arbitraria, como hizo en otro tiempo Croce,
Y Precisamente en su critica del marxismo. Pero no es este el caso. Admitiendo
que el esquema dinámico marxiano no es
determinista -ni para el presente ni para
el Pasado-, la novedad de hoy no afecta 1

....

CD

�LA REVOLUCION PERMANENTE

optimismo ilustrado dieciochesco que implantaron en Marx su padre y su suegro;
éstas se encuentran sobre todo desde los
citados Grundrisse hasta finales de los
años setenta. Hay otras contrapuestas a
las anteriores, en las que Marx estudia y
expone los efectos opresivos y destructo·
res del progreso técnico, no sólo en la
clase obrera, sino también en la naturale·
za; estas exposiciones se encuentran dispersas por toda la obra de Marx, pero
principalmente en el libro primero de
EI capital, y en los manuscritos de la
época en que más química y agronomía
leyó (preparación del libro cuarto de El
capital); se puede añadir a este grupo algunas reflexiones melancólicas y dubita·
tivas de sus últimos años, por ejemplo, a
propósito de la disolución de la comuni•
dad aldeana rusa o de la penetración del
ferrocarril por los valles de los afluentes
del Rin. Por último, hay un tercer registro característicamente dialéctico, que
a~nta en el Manifiesto comunista ( 1848)
y se encuentra plenamente formulado en
el manuscrito de 1857-1858, en un paso,
bastante citado estos últimos años, que
describe la pugna entre progresismo maquinista y reacción medievalizante y afirma que la lucha entre esas dos concepciones igualmente parciales no se resolve·
rá sino con la superación del capitalismo.
También la repetida observación marxiana de que en el capitalismo toda fuerza
productiva es al mismo tiempo u,na fu~rza destructiva pertenece a esta Iinea dialéctica.

Es poco probable que se impongan
nunca en la lectura de la obra de Marx
-a pesar de que son lo mejor, literariamente hablando- las páginas de condena
profética del progreso capitalista. Ningún
profesor de economía o de sociología que
no sea un poco raro gustará de exponer
textos que se parecen más a lsaías que a
Ourkheim o Walras. Puro moralismo, como dicen.
Queda la lectura más fiel al sistema de
Marx y a su estilo intelectual, la que se

orienta por la perspectiva dialéctica articulada por vez primera en el manuscrito
de 1857-1858, aunque anticipada en el
Manifiesto comunista: la tensión entre la
creación y la destrucción, causadas ambas
por el desarrollo capitalista de las fuerzas
productivas destructivas, así como la tensión entre las ideologías correspondientes,
no puede resolverse más que con el socialismo. En lo que se refiere a las sociedades
conocidas, o en ía medida en que niega, la
tesis suena realista y los hechos parecen
concordar con ella. Pero no da ni una te-

Paul M. Sweezy

nue pista para hacerse una idea de por qué
y cómo se van a superar esas tensiones en
el socialismo. Se puede sospechar que el
logicismo de origen hegeliano, "enderezado" y convertido en confianza en las "leyes de la historia" y en la "racionalidad
de lo real", es la causa de esa laguna. (Has•
ta después de muerto Marx, no empezaría
a sospechar Engels, cuando contesta
a preocupaciones de Kautsky, que a lo
mejor Malthus tenía un poco de razón; y
sólo entonces deja de confiar en la dialéctica de las leyes históricas y se pone a
investigar y argumentar por qué el problema demográfico, "si se presenta", será
más fácil de resolver en el socialismo que
en el capitalismo).

Se ha dicho con frecuencia que el marxismo unió tres grandes corriente intelectuales: la filosofía alemana, el sociali,mo
francés y la economía política británica.
A cada una de ellas aportó sus propias interpretaciones y modificaciones, pero su
originalidad residía no tanto en estas innovaciones como en el todo que formó a
partir de estos elementos. Las implicaciones de esta unidad eran nuevas, sin precedentes y revolucionarias.
Cuando Marx plasmó por escrito sus
Tesis sobre Feuerbach, en la primavera de

El que este Marx más completo -aún
con su importante laguna- sea el leído en
el siglo XXI presupone que sus lectores
hayan abandonado la fé progresista en la
bondad supuestamente necesaria de toda
reproducción ampliada, y hasta del mis·
mo paso del tiempo. Y el que los marxis·
tas del siglo XXI se den cuenta de la lagu·
na que presenta incluso esta que es la me•
jor de las lecturas presupone que hayan
abandonado también la fe hegeliana en la
racionalidad de lo real (que vaya usted a
saber lo que significa, dicho sea de pasol.
El asunto real que anda por detrás de
tanta lectura es la cuestión política de si
la naturaleza del socialismo es hacer lo :
mismo que el capitalismo, aunque mejor,
¡
0 consiste en vivir otra cosa.
1

1845, él y su compañero de toda la vida
habían comenzado ya la tarea que se habían asignado: entender el mundo desarrollando al mismo tiempo una estrategia
para cambiarlo. Su método consistía en
analizar y criticar su propia formación intelectual, ampliando al mismo. tiempo su
visión, teniendo en cuenta el pensamiento más avanzado de otras tradiciones; sobre todo, la economía política inglesa y el
socialismo francés. Ya habían terminado,
o estaban a punto de terminar, dos obras
en las que, aunque su principal preocupación era la crítica de sus contemporáneos
alemanes, se adelantaba en forma preliinar y su propia manera de entender el
mundo (materialismo históricol y los medios por los que se podía cambiar y se
cambiaría (la revolución proletaria). Estas
obras, escritas conjuntamente por Marx y
Engels, eran, con sus subtítulos, La sagrada
familia

ocrítica de la critica yLa ideolo-

gía alemana: critica de la filosofía alemana más reciente en sus representantes
Feuerbach B. Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en sus varios profetas. A lo

largo de los·dos años siguientes completarían tres obras más: La condición de las
clases trabajadores en Inglaterra (Engels),
La miseria de la filosofía (Marx) y El manifiesto comunista (Marx y Engels).
1

Estas cinc-o obras fueron el producto
de un período de intensa actividad intelectual de dos hombres jóvenes; los dos,
en su tercera década, cuya concepción del
mundo estaba en proceso de formación.

Con la publicación del Manifiesto en vísperas de la revolución de 1848, sus ideas
se difundieron a lo ancho y largo, y se
convirtirían en la base programática del
marxismo tal como lo conocemos desde
entonces.
Marx y Engels no cambiaron jamás a lo
largo de su vida este punto dé vista sobre
la relación entre la comprensión del mundo y su cambio. Teóricamente, fue ampliamente elaborado y profundizado en la
obra magna de Marx, El capital, y fue
prácticamente la premisa de su trabajo en
la Asociación Internacional de Trabajado·
res (la Primera Internacional) y de su papel como asesores y consejeros de los partidos y movimientos socialistas hasta el
momento de la muerte de Engels, en
1895. Consecuentemente, la misión revolucionaria del proletariado constituía uno
de los credos centrales del marxismo que
Marx y Engels legaron a sus seguidores.
lCOMO VA LA REVOLUCION?
lCómo se ha mantenido esta creencia
en el proletariado como portador y agente del cambio revolucionario a la luz de
la experiencia de los cien años transcurridos desde la muerte de Marx? 1nevitablemente, la respuesta es que no muy bien.
Para comenzar, en los países del capitalismo avanzado no ha tenido lugar ninguna revolución, a pesar de l.as expectativas que se derivaban de la teoría del desarrollo capitalista expuestas en El capital.
La razón principal es, claramente, que des1 pués de 1850 -es decir, de la época en
que Marx y Engels terminaron las cinco
obras mencionadas más arriba- el desarrollo del proletariado siguió una línea
diferente de la prevista en el párrafo citado de La sagrada familia.
El salario real (el valor del trabajo) fue
aumentando gradualmente; y la lucha de
clases, a pesar de seguir dándose -y en
ocasiones, con un alto grado de intensidad-, fue adquiriendo poco a poco como
objetivo de los obreros la mejora de su
condición dentro de la estructúra del ca-

pitalismo, en lugar de la abrogación revolucionaria del sistema.
Hay que suponer que Marx y Engels
no estaban ciegos a la falta de coherencia
entre su primera imagen del proletariado
y la realidad que veían a su alrededor a
medida que pasaban los años y las décadas. Entre uno de los muchos ejemplos
que se podrían citar, Engels escribió en
· una carta a Marx, fechada el 8 de abril de
1863: "El proletariado inglés ha perdido
casi por entero toda su energía revolucionaria y declara su completo acuerdo con
el Gobierno de la burguesía"
Sin embargo, por motivos que no podemos analizar aquí, estas reiteradas valorizaciones y sentimientos negativos
acerca del desarrollo de la clase obre.fa a
partir de 1850 no dejaron huella alguna
en el marxismo que los padres fundadoFes legaron a sus seguidores. El manifiesto comunista y El capital siguieron siendo
los textos autorizados del movimiento, y
las figuras dirigentes de la Segunda Internacional (fundada en 1888), con Kautsky
a la cabeza de la lista, siguieron alabando
de palabra la doctrina de la revolución
proletaria. Fue tan sólo en 1914 cuando
los partidos nacionalistas que formaban
la Internacional se dividieron entre sí y,·
en el seno de cada uno, por la cuestión
del apoyo a sus respectivos bandos en la
guerra, cuando el potencial revolucionario
del movimiento marxista en los países del
capitalismo avanzado se reveló como un
mito. Paradójicamente, fue en esta coyuntura cuando el mito recobró su vitalidad.
Lenin, como dirigente y principal portavoz de los bolcheviques rusos, además de
marxista ortodoxo, denunció a los dirigentes de los partidos y facciones socialistas
renegados, no como los legítimos representantes de sus respectivas clases obreras,
sino como traidores a un proletariado internacional con las características que
Marx y Engels le habían atribuido desde
el principio. Tal · postura se vio pronto
enormemente fortalecida por el éxito de
los bolcheviques en la revolución rusa de
1917. La experiencia parecía confirmar el
análisis que Lenin había estado defendien-

�do desde las divisiones de 1914; es decir,
que lo que impedía al proletariado llevar
a cabo su misión revolucionaria era una
dirección que se había alejado de sus
raíces proletarias y que había acabado representando, no a la clase obrera en su totalidad, sino a una pequeña capa superior
(la aristocracia del trabajo), que se había,
de hecho, pasado al bando de los capitalistas.
EL PENSAMIENTO ORTODOXO
Esta interpretación y la teoría de la
aristocracia del trabajo en que se b~saba
se convirtió en el pensamiento ortodoxo
del movimiento comunista que surgió tras
la hecatornbre de la primera guerra mundial y la revolución rusa. Los nuevos partidos comunistas en los países avanzados
debían asumir la dirección de su,s respectivas clases obreras, acudir en socorro de
los asediados revolucionarios rusos y devolver el tren de la hi.toria a la vida de la
que le habían sacado temporalmente los
falsos dirigentes de la Segunda Internacional y los partidos reformistas que la formaban.
Las cosas no sucedieron asi. Con pocas
excepciones, los partidos comunistas de
los países avanzados no consiguieron ganarse el apoyo mayoritario de sus propias
clases obreras; fueron incapaces de detener el avance del fascismo en la década de
los treinta y ninguno de ellos llegó ni
siquiera a aproximarse al poder. Y lo que
es más: durante el largo per.iodo de expansión capitalista que siguió a la segunda guerra mundial, aquellos partidos comunistas que habían conseguido un mayor éxito relativo, los llamados partidos
eurocornunistas, se fueron haciendo poco a poco más reformistas.
Hoy, a cien años de la muerte de Marx,
resulta imposible defender de una manera
razonable el punto de vista que estuvo durante mucho tiempo en el corazón mismo
del marxismo: que el proletariado de los
países del capitalismo avanzando está destinado a ser el agente del cambio revolu~ - cionario.

Tal corno Marx y Engels hubieran sido
los primeros en afirmar: un marxismo
despojado de su esencia revolucionaria es
una contradicción en sí mismo, sin razón
de ser y sin fuerza para sobrevivir.
Y no obstante, el marxismo no sólo ha
sobrevivido, sino que en los cien años desde la muerte de Marx se ha hecho auténticamente más universal en su atractivo y
aceptación que cualquier otro cuerpo de
pensamiento, laico o religioso, de la historia de la humanidad. lCómo se explica esta aparente paradoja?
Para responder esta pregunta es necesario desplazar el centro de atención de los
países capitalistas avanzados de Europa
occidental (principal preocupación del
marxismo en el siglo XIX por razones históricas obvias) al sistema capitalista mundial.
La extensión del capitalismo desde el
centro hasta la periferia no se realizó en
forma de una simple extensión. Fue más
bien que el centro utilizó su mayor poder
económico, político y militar para subordinar a la periferia e imponerle unas relaciones económicas y unas estructuras ins•
titucionales dirigidas a beneficiar al centro y a sus grupos dirigentes. Así, se estableció en la periferia un alto índice de
explotación, que aumentaba con frecuencia, dividiéndose los excedentes resultantes entre las élites locales, las clases dirigentes del centro y, hasta cierto punto,
las clases trabajadoras del centro.
Naturalmente, el otro lado de la mone-

da fue lo que se ha denominado el desarrollo del subdesarrollo: obreros y campesinos ernr,obrecidos, desempleo masivo,
agricultura e industria orientadas hacia la
exportación y los mercados de lujo, y relativamente pocos nuevos puestos de trabajo para poblaciones en rápida expansión. La extensión del capitalismo en la
periferia ha creado una masa de seres humanos que encajan muy aproximadamente con la descripción de Marx y Engels
del proletariado plenamente desarrollado,
expuesta en La sagrada familia, aquellos
cuyas "condiciones de vida representan
el punto central de todas las condiciones
inhumanas de la sociedad moderna"
Los nuevos proletarios, en el sentido
marxista original, son las masas, en rápido
crecimiento, de humanidad deshumaniza•
da, de lo que actualmente se denomina
popularmente el Tercer Mundo.
Estos acontecimientos no ponen en
cuestión la naturaleza del marxismo tal
como lo concebían sus fundadores en la
década de 1840. Continúa siendo un proyecto doble: entender el mundo y cambiarlo. Pero han cambiado de una manera
tan ingente las dimensiones y la cornple•
jidad de ambas tareas como para poner en
duda toda una serie de ideas y creencias
que se han ido desarrollando a lo largo de
los años, alcanzando en ocasiones la situa•
ción de artículos de fé cuasirreligiosos. Es
claro que ha llegado el momento en que
los marxistas deben intentar reinterpretar
el mundo, criticando en el proceso las
viejas interpretaciones en que se habían
formado. Aquí sólo podemos indicar unas
pocas cuestiones de importancia, que de• ,
berían formar parte de lo que se puede
denominar la agenda de trabajo del centésimo aniversario.
1. No hay la menor duda sobre la capa
cidad de los nuevos proletarios para aportar la fuerza impulsora del cambio revolucionario. Ha quedado demostrado en toda
una serie de revoluciones que han tenido
lugar en el Tercer Mundo desde la segun·

da guerra mundial. Y en retrospectiva, podemos ver que la revolución rusa, a pesar
del papel que jugó en ella el proletariado
industrial en sus primeras fases, estuvo, en
esencia mucho más próxima a una revolución 'del Tercer Mundo que al tipo de
revoluciones socialistas proletarias con·
templado por.el marxismo para los países
del capitalismo avanzado del centro. A
medida que la crisis mundial del capitalismo se profundiza y afecta a los países de
la periferia con especial fuerza, aparecen
como algo inevitable otras revoluciones
en el Tercer Mundo.
2. Cuando se trata de cambiar el mundo a mejor, los aspectos problemáticos
son muchos, y entre ellos hay que concP.der prioridad a los siguientes: Wué tipo
de sociedad están realmente creando las
revoluciones del siglo XX? lHasta qué
punto son socialistas en el sentido mar-

xista clásico; es decir, sociedades en transición hacia el comunismo? lHasta qué
punto se trata de formas nuevas de capitalismo de Estado? lEn qué medida son
nuevas sociedades de clases con características y leyes de desarrollo propias?
3. La historia ha demostrado que el
potencial revolucionario en el sistema capitalista, al menos hasta el presente y para
el futuro predictible, se encuentra en la
periferia y no en el centro, tal corno ante•
riormente daba por sentado el marxismo. Pero ello no significa que el centro
tenga menos necesidad de revolución que
la periferia: ambos están inextricablemente unidos y deben compartir un mismo
destino a la. larga. La historia de las revoluciones del siglo XX ha dejado al descubierto una anomalía del marxismo insospechada hasta el momento, y es la tendencia de las direcciones revolucionarias
que abrazan el marxismo a convertirse en
élites dirigentes separadas y situadas por
encima de las masas, que fueron quienes
verdaderamente libraron las batallas de la
revolución. Cuando se da esta división tenemos la absurda situación de una oligarquía gobernante, que racionaliza y justifica su Gobierno en nombre del marxismo, una doctrina cuya quintaesencia es
la revolución. Tal corno ha demostrado la
experiencia de la Unión Soviética y de los
países del Este de Europa, y de manera
más notable y reciente Polonia, la trágica
consecuencia de esta anomalía es el total
descrédito del marxismo a los ojos de las
masas.

Quizá se dirá que no se trata en real idad de ninguna anomalía. lEs posible esperar que una di rección revolucionaria
abandone el marxismo una vez alcanzado
su objetivo? Enfocar la pregunta de esta
forma revela un profundo desconocimiento del marxismo.
El objetivo de una dirección auténticamente revolucionaria no es la toma del
poder. Puede que eso sea necesario en cierta fase de la lucha, pero no puede tratarse
nunca de nada más que un simple incidente - de gran importancia qu izá, pero,
al fin y al cabo, sólo un incidente- para
conseguir el verda::lero objetivo, que es la
creación de una sociedad hu mana decente. El marxismo lo llama comunismo y reconoce implícitamente que sólo es posible aproximarse a él, jamás alcanzarlo.
Por ello, una dirección marxista, para ser
fiel a sí misma, tiene como objetivo no
sólo la revolución, sino la revolución permanente.

�TEORIA DE LA REVOLUCION

TODOS SON HETERODOXIAS

tualidad de un autoaniquilamiento nuclear de la humanidad:

Fernando Claudín
lExiste en la obra teórica de Marx una
idea-eje, para servir a la cué;ll llevó a cabo
este gran pensador sus investigaciones y
análisis en campos tan diversos como la
economía, la historia, la filosofía, la política, y a la que trató de servir también
con actividades militantes en algunos momentos de su vida?: A mi juicio, puede
darse una respuesta afirmativa y enunciar
dicha idea con una sola palabra que tuvo
resonancias románticas y hasta mágicoreligiosas en el siglo XIX y gran parte del
actual, y aún sigue teniéndolas en zonas
del llamado Tercer Mundo: la palabra
REVOLUCION.

~

Desde sus primeros pasos de joven intelectual alemán que vive la gestación de
las revoluciones europeas de 1848, y en
oposición al idealismo hegeliano que impregna a su generación, Marx cor;nienza a
plantearse -influido, sin duda, por el creciente prestigio de la ciencia en aquella
época - que, para tener éxito, la acción
revolucionaria no puede basarse en el voluntarisrrio idealista, én abstracciones especulativas, sino eo el conocimiento científico de la realidad social que se quiere
transformar. Este principio metodológico
-que hoy parece un lugar común, aunque
frecuentemente no aplicado- era en los
años cuarenta del siglo pasado, en v(speras de la gran crisis revolucionaria que
convulsionó a Europa, una novedad radical. En 1848, con cierta soberbia intelectual, el joven Marx creyó haber llegado ya
a una teoría de la revolución socialista
-él diría comunista para,diferenciarse del
socialismo utópico o idealista de aquel entonces- con fundamentos científicos: la
teoría de la revolución expuesta en el
Manifiesto comunista. Pero la experiencia
de las revoluciones de 1848 -las únicas
en las que Marx tuvo una participación directa- mostró cuán lejos se encontraba
aún de un conocimientos científico de la
sociedad capitalista, carencia que se refleja de modo flagrante en el Manifiesto.
De ahí que Marx se concentrara, durante
más de veinte años, en la investigación del
nuevo modo de producción que se exten-

día irresistiblemente por Europa y comenzaba a dominar el mundo, De esta in1Jestigación y de otros estudios colaterales
en los más diversos campos de las ciencias
sociales iría naciendo una teoría más madura de la revolución socialista. Marx no
le daría nunca forma sistemática, pero sus
diversos componentes van desarrollándose
a Io largo de su obra.
El núcleo esencial de dicha teoría, formulado en el prólogo a la Contribución a
la critica de la economia politica (1859),
reside en la concepción de la revolución
socialista como revolución social, de la
que las revoluciones poi íticas pueden ser
momentos puntuales como revoluciónproceso, es decir, como un largo proceso
histórico, que incluye rupturas revolucionarias y fases evolutivas, revolución, poiíticas violentas o pacíficas (Marx consideraba, por ejemplo, que el acceso al
poder político del movimiento obrero inglés se produciría por vía pacífica parlamentaria), transformaciones económicas
y culturales, complejas luchas de clases
(la versión simplista de la lucha de clases,
que con frecuencia se atribuye a Marx
no resiste la confrontación con su obra
teórica ni con su actividad política), conflictos y guerras entre Estados, innovaciones científicas y tecnológicas, etcétera,
y como un proceso mundial, generado a
partir del capitalismo desarrollado, de un
alto nivel de las fuerzas productivas, del
protagonismo de una m;iyoría social consciente y organizada, lNo es este el proceso histórico que está produciéndose a lo
largo del siglo XX, en particular a partir
de la primera guerra mundial? No puede
darse, obviamente, repsuesta definitiva.
En contraste con la creencia en la ineluctabilidad del nuevo tipo de sociedad llamado socialista, que tuvieron Marx, Engels y
los pensadores marxistas de finales del
siglo XIX y comienzos del actual -ineluctabilidad que creían científicamente
fundamentada-, hoy sabemos bien que el
porvenir no está, ni mucho menos, escrito.
Hoy se perfilan, por lo menos, dos posiciones perspectivas aparte de la even-

El sistema totalitario nacido de la revolución rusa. Marx consideraba imposibe
la revolución socialista a partir de sociedades precapitalistas o de escaso desarrollo capitalista, como era el caso de la Rusia zarista, y la experiencia histórica ha
confirmado su tesis. Pero en lugar de acelerar el desarrollo capitalista -como preveían Marx y los otros teóricos marxistas
de fin de siglo-, la revolución rusa, dirigida por el partido bolr.hevique, inspirado
en la revisión leninista de la teoría de la
revolución de Marx, alumbró algo totalmente inédito, ni socialista ni capitalista:
la dictadura totalitaria del partido-Estado sobre todas las esferas de la sociedad:
economía, política, cultura, información,
etcétera. Hacia este modelo tienden algunas de las grandes o pequeñas revoluciones tercermundistas, y a favor del mismo
está la gran pbtencia militar del imperio
soviético.

José Luis Aranguren
La sociología de las comunidades fundadas sobre una "creencia" en la que, como decía Ortega, "se está" ha mostrado
que todas ellas, sean religiosas o seculares,
tienen un origen común y una evolución
ulterior, en líneas genernl~s. formalmente
aná:oga.
El microgrupo originario se constituye
en torno a un "profeta" que en los tiempos antiguos -Jesús- era religioso, y en
los modernos -Marx-, laico. El "profeta" mismo -en el caso de Marx- o un seguidor suyo -san Pablo, con respecto a
Jesús- da forma doctrinal a la visión o intuición primera. Y la "buena nueva", así
configurada, se extiende y expande. Durante el período martirial y heroico nada
puede oponerse, desde dentro, a ese gran
impulso hacia delante, pues las heterodoxias se sofocan en seguida y los cismas
son inimaginables, o casi. Es "fuera" donde se topa con unas resistencias que sirven
justamente como "reto" a la onda expansiva, que gracias a ellas se crece y crece.
Es sólo después, una vez fijado el espíritu
en dogma u ortodoxia, que no se vive ya
colectivamente como impulso creador, sino, a lo sumo, como "depósito" o "tesoro" que se ha de preservar, cuando surgen
las heterodoxias, pronto consolidadas en
nuevas confesiones cismáticas de la "creencia" pretendidamente originaria, que
ahora se denuncia como falseamiento de
la realmente inicial. Tras esta ramificación del tronco original en iglesias y sectas, la última etapa es la de su fragmentaci0n en heterodoxias personales y "religiones invisibles"

La sociedad democrática socialista, nacida de una profundización y desarrollo
de la democracia en el Occidente capitalista y de una transformación democrática
del sistema totalitario, lo cual crearía
condiciones favorables para que las revoluciones tercermundistas encontraran
también vías de desarrollo orientadas hacia la democracia. Las fuerzas que actúan
a favor de esta perspectiva son muy poderosas, pero también lo son las interesadas
en la propagación de los sistemas totalitarios, o en la conservación de las inadmisibles cuotas de des1guafdad e injusticia sociai existentes en las democracias occidentales, o eri mantener la actual situación, dependencia y retraso en el Tercer
Mundo.
lHasta qué punto, repetimos, el actual
proceso histórico, con su enorme complejidad e inquietantes interrogantes, corresponde al proceso de revolución social
socialista concebido por Marx·, aunque diversos aspectos parciales de su construcción teórica hayanl)erdido virtualidad o
hayan sido profundamente revisados Y
modificados por las modernas ciencias
sociales? De la respuesta a esta cuestión
depende, fundamentalmente, que el pen·
samiento de Marx siga siendo algo vivo,'
capaz de seguir influyendo en el curso
del mundo -como sucedió en un pasado
bastante próximo- o algo definitivamen·
te relegado al museo de las grandes reli·
quías históricas.

1

Que esto ha ocurrido con la creencia
cristiana es bien sabido. Hasta el siglo
XVI, el cristianismo "pudo" con todos
sus brotes heréticos.
PLURALISMO CRISTIANO
El protestantismo significó la ramificación del viejo tronco y la reducción
misma de éste a rama. (Aunque otra co-

_sa, contra toda razó11, se obstinasen en pen-

sar los del tronco-rama). la actualidad es
no sólo, y por emplear el título de Michel
de Certeau, de christianisme éclaté, sino
de diversificación de su último bastión
unitario, el catolicismo. lEs uno mismo &amp;I
catolicismo de monseñor Lefebvre y el de
un católico progresista o simplemente liberal? lCoincide el dogmático catolicismo de Juan Pablo 11 con el de los intelectuales católicos (por otra parte ya casi desaparecidos en cuanto atendiendo a tal

denominación), y éste con el de las comunidades de base ó populares, y que no distingue al catolicismo europeo, siempre
preocupado por mantener sus distancias
del poder, de la teología moderna latinoamericana de la liberación y de los curasministros del Gobierno nicaragüense? Sin
duda, algún lazo une a todos los individuos y todas las comunidades que siguen
llamándose católicos, pero tal lazo se ha
vuelto problemático. Más aún: también
su catolic1smo, su· mismo cristianismo.

�LAS RELACIONES CON
LOS LIBERTARIOS

Fernando Savater
La novedad última es que lo ocurrido
a la Iglesia de Roma le está ocurriendo
ahora, acaba de ocurrirle, a la Iglesia de
Moscú. No es allí, como no fue en Roma.
donde se sembró la buena nueva. El marxismo de Marx (y Engels) pasó, a lo largo
del siglo XIX, como un cuerpo de doctrina unitario, sin fisuras, sin contradicciones, y ni siquera tensiones internas, como una cuasi-revelación. Es verdad que la
reforma de Lenin -fundamentalmente la
sustitución del proletariado como sujeto
de la revolución por el partido; más tarde
por el Comité Central, y finalmente por el
dictador- constituyó una verdadera reforma, en el sentido que en el siglo XVI se
dió a esta pal'3bra. Sí, pero era la hora del
triunfo, la de la realización del marxismo,
la de su encarnaciór1 como "socialismo
real". (También el constantinismofue gravísima reforma, pero, como triunfal, como realización del catolicismo, se pasó
por alto en cuanto tal.) La escisión en dos
de la Internacional fue el primer atentado
a el marxismo político, pero el aburguesamiento progresivo de los partidos socialistas y su conversión en socialdemóccratas preservó la exclusiva de la aureola
revolucionario-escatológica para el partido comunista. Esos decenios, veinte,
treirita, cuarenta, cincuenta, lo fueron de
herej ías marxistas principalmente autorreprimidas, aún cuando también llegado
el caso, drásticamente heterorreprimidas.
Piinsemos en Georgy Lukács, en su libro

~

Historia y conciencia de clase y en su
penosa historia posterior. Era la época
-él, Gramsci- de la sumisión. Es verdad
Me la escuela de Francfort se afirmó desdi muy pronto como independiente, pero
süJ, influencia tardó en apreciarse. En ~mbio, la posición de Sartre fue decisiva para
fortalecer, desde fuera, la unidad_marxista-comunista y retrasar la dispersión. La
Critique de la raison dialectique intentó
ser una reforma (con minúscula) del marxismo, considerado como la filosofía por
antonomasia de nuestro tiempo, pero
nec;.esitado de inyección existencialista.
Esta ambigüedad de quien no sólo acepta
el marxismo doctrinalmente, sino también, políticamente, la estrategia del c~1 munismo, pero pe_rmanece fu_era de la militancia en el partido, fue act1tutl muy generalizada -los "compañeros de viaje",
como se decía- durante los años cincuenta y los primeros sesenta.
El éxodo de Ernst Bloch de la Alemania oriental a la occidental habría podido
clarificar mucho, pero la vigencia de su
pensamiento se produjo, como la de la escuela de Francfort, con retraso. Y, dicho
sea un tanto incidentalmente, la aportación española más importante de todos
los tiempos ha sido, a mi parecer, la de un
filósofo nunca comunista y de un marxismo tan singular como el de Juan David
García Bacca -hoy muy insuficientemente recordado- en su libro Humanismo
, teórico, práctico y positivo según Marx.
' Los felices años sesenta, como a mí me
gusta llamarlos, trajeron la ruptura juvenil con el marxismo y, por supuesto, el
desprestigio del partido. Los años setenta
no mejoraron mucho las cosas para la
ortodoxia marxista-comunista, antes al
contrario. Alttwsser propuso un marxismo puramente científico, sus amigos y
discípulos introdujeron nuevas y personales visiones marxistas, y los mismos líderes comunistas de los países latinos se

distanciaron de Moscú con el invento del
eurocomunismo.
En suma, y sin duda con alguna exageración, cabe concluir con las afirmaciones
que se hacen a continuación. Todos hemos pasado por el marxismo; todos hemos recibido su influencia. Marxismo y
comunismo aparecen hoy netamente dife·renciados. Nadie es ya comunista al modo
ruso en Occidente, y el número de marxismos es casi tan numeroso como el de
marxistas que piensen. La heterodoxia
se ha impuesto. llgual, según veíamos al
principio, que en el cirstianismo? No Y
sí. Porque en el cristianismo somos heterodoxos incluso con respecto al concepto
católico tradicional de heterodoxia; y en
cambio, en el marxismo no ha sido necesario este rizar el rizo, este heterodoxia
no ya sólo de la ortodoxia, sino hasta de
la mismísima "heterodoxia" . A lo largo
del presente artículo hemos hablado de
cristianismos y de marxismos, en plural.
Desde el punto de poscristianismo y de
posmarxismo, englobadas ambas manifestaciones, junto con otras que no hace al
caso mencionar aquí, en la general situación común de nuestra época:· la posmodernidad.

El otro día me preguntaba un amigo,
sutil filósofo catalán: " Oye, lte acuerdas
de los marxistas? lOué habrá sido de
ellos?". Y yo, en efecto, me acordé de los
marxistas, pero no supe contestarle qué
ha sido de ellos. Tampoco voy a decir que
los eché frenéticamente de menos. Ni los
aborrezco retrospectivamente ni los añoro;
es decir, no soy un ex. Pero, en cambio,
me fastidia de modo positivo ver que los
antimarxistas les han sobrevivido y aún
están entre nosotros.
Oue los enemigos fanáticos de Marx
hayan durado más que sus partidarios
fanáticos, eso, sin duda, es un tanto que
hay que apuntarle a Marx. Naturalmente,
me refiero al plano del debate teórico y
crítico de las opciones políticas, no al de
la legitimación hagiográfica de determinadas burocracias establecidas en el poder: llamar marxista a la URSS, a China o
a Cuba es algo tan engañoso y vacuo
(aunque pueda tener cierto valor explicativo de algunas cristalizaciones ideológicas) como hablar de república cristiana al
referirse a Francia o Dinamarca. Como
moderado filoanarquista que soy, lo que
más me fastidia es ver cómo cierto antimarxismo primario prospera entre mis
compañeros libertarios. Hasta tal punto
que a ciertos sedicentes ácratas se les aparece por la noche el fantasma de Joaquín
Garrigues Walker - que santa gloria hayao incluso el de la mismísima Virgen María,
pero nunca se les manifiesta el ectoplasma
del viejo y diabólico Marx, que tanto bien
sabría hacerles. Porque, como el pudor y
la ciencia aconsejan, Marx puede enseñar
muchas más cosas que la Virgen ...
Lo curioso es que, en principio, Marx
Y los pensadores anarquistas tienen infi-

nitamente más en común de lo que suele
suponerse, como mostró, entre otros, el
erudito Maximilien Rubel en su Marx,
anarquista. Para empezar, comparten el
rechazo básico del Estado como estructura oligárquica de poder superpuesta a la
efectiva vitalidad de lo social. También

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coinciden en su ateísmo (es decir, su anticlericalismo razonado a fondo, tan minimizado a veces, ay, en nuestros días), su
antibelicismo y antimilitarismo y su rechazo de los exclusivismos nacionalistas.
Tanto Marx como Bakunin fueron explícitamente antiburocráticos, aunque lo
cierto es que el segundo tuvo la perspicacia de adelantar proféticamente las probabilidades de esclerosis burocrática que auspiciaoa la doctrin.a política del primero. En
cuanto a las cuestiones tundamentales,
Bakunin aceptó prácticamente al ciento

por ciento el corpus del pensami,1nto
marxista expuesto en El capital, que intentó traducir al ruso. Lo que le separó del
dominante judío de Tréveris fueron cuestiones de estrategia y de táctica revolucionarias, unidás a una profunda heterogeneidad de Cd1acteres: "Nunca hubo una intimidad franca entre nosotros", contó luego Bakunin. "Nuestros temperamentos no
lo permitían. El me llamó idealista sentimental, y tenía razón; yo le llamé hombre
vanidoso, pérfido y pícaro, también tuve
razón".

�·poEMAS

Lucía M. Maluy Mijares
potente que cualquiera de ellos. El tema
De lo que se trata en el tondo es del encentral, la piedra de toque y de discordia
frentamiento entre dos modelos utópicos.
es precisamente la coacción imprescindiLos libertarios supieron ver desde el prinble, o sea, el poder. Los marxistas reprocipio -desde antes de enfrentarse al procharon a los anarquistas su imposibilidad
pio Marx- el componente autoritario que
de institucionalizar la coacción para desubyace al entramado hegeliano de cierto
fender la abstracción revolucionaria, trasocialismo. El lema en que se concentra la
tando de sustituirla en ciertos casos por
utopía marxista es este: "De cada cual,
esporádicos arrebatos de violencia terrosegún sus capacidades; a cada cual, según
rista: tenían buena base para su crítica.
sus necesidades". Pues bien, antes de figuLos anarquistas señalaron clarividenterar en la Crítica al programa Gotha, este
mente qué deplorable dictadura policiafrontispicio ideal fue acuñado por Louis
co-teocrática podía llevar la institucionaBlanc, al que repuso ya en 1851 Proudhon:
lización de la coacción: a estas alturas del
"Tú dices que mi capacidad es cien, yo
socialismo real nadie puede negarles el
sostengo que es noventa; añades que mis
acierto. La utopía marxista es urbana, janecesidades son noventa, insisto en que
cobina, centralista, enérgica, industrial,
son cien. Hay una diferencia de veinte endisciplinaria; la utopía ácrata prefirió lo
tre nosotros respecto a necesidad y caparural, descentralizador, girondino, perecidad". Porque necesidad y capacidad son
zoso, fraccionado, espontáneo. Ambas
palabras que significan una u otra cosa setenían razón, ·ambas se equivocaron. Engún lo disponga quien efectivamente potre los dos, sucesiva, contradictoriamente,
sea el mando. Los dogmas demasiado absaportaron algunas de las insuficiencias
tractos nos entregan a la exégesis irrefu.
políticas de nuestro siglo, pero todas sus
table y tajante de los comisarios. Pero
esperanzas.
también los teóricos anarquistas se mo:
vieron entre abstracciones, y los más inHabría que ser muy ingenuamente
teligentes no desdeñaron las lecciones proidealista para atribuir todos los horrofundas de Marx, especulador mucho más
res históricos de este siglo al errar de las
ideas, pero ni el más obtuso positivista
ignora el fundamental componente ideológico del mantenimiento y reproducción
del horror. Sin embargo, ahora que las
utopías son ya declaradamente pesadillas,
el sueño utópico vuelve a llamarnos con
fuerza renovada frente al cinismo institucional y mortíferc de lo irremediable.
Aunque quien no quiera resignarse tendrá
al menos que avenirse a aprender las lecciones de la paciencia y del tanteo; los
otros, los inmediatos, son solamente chantres palabreros que brindan su coartada a
los conservadores de la ley y del orden.
De lo que Marx dijo -Marx, no el profeta omnisciente, no el descubridor de
inéditos continentes teóricos, sino, sencillamente, el notable pensador decimonónico-, mucho sigue siendo imprescindible

para dar sustancia a nuestro caldo libertario de hoy, a veces demasiado aguado por
vetustos rad1ca1tsmos, cuando no pasado
por el baño de María, virgen y ecóloga. Ni
que decir tiene que la crítica de las excrecencias madrepóricas brotadas del marxismo en forma de buroc•atismo, terrorismo, milenarismo sanguinario o pragmatismo belicista es hoy tan necesaria como
siempre para el alma rebelde. Pero no basta ser antimarxista o anticomunista para
ganars~ la ciudadanía ácrata; no basta,
y a veces ya sale sobrando. iOué pelmas
esos mohosos durrutistas de trastienda
que consideran libertario a todo el que les
cuenta dos chistes contra Carrillo! iY qué
siniestros compañeros de cama se buscan!
Ni el propio Carrillo, vamos, que ya es decir ...
En 1869, en una carta al positivista inglés Edward Spencer Beesly, escribió
Marx provocadoramente: "El hombre que
traza un programa para el futuro es un
reaccionario", 120 años más tarde ya habitamos el futuro: seguimos en la desconfianza de todo programa, en la añoranza de programa .. .

1

Me sudaron las manos
al sólo contacto de tu puerta,
después de tanto tiempo,
Necesitaba matar la distancia
con un beso eléctrico, azul
para reconciliar ideas.
Me extendiste la mano.
Mis sentidos se alarmaron.
Mientras transcurría
una temporada de palabras
. 1
te saboreé con la vista ,
miraba tu rostro apetecible
Yquería exhalar mi deseo.
Al final ,
preferiste al whiskey.
No dije una palabra.

Eres más mío
si me rechazas,
porque me cargas
de deseo las yemas
de los dedos.
Te amo a través
de las colillas de cigarros,
de algún papel
que fue tuyo.
Por más que intento
no llego a acorralarte
de alguna manera
que te venza.
Eres más mío
si me rechazas
porque me haces
buscarte en cada casa ,
seguir admirándote
sin atreverme a pestañear.
Pero eres más mío
porque me haces temblar de sueño
consultar el diccionario
'
Y preparar una palabra
que pueda ser la clave.

�SEÑORA DEL FUEGO

Samuel Noyola
A Leticia Alonso

La ya asombrada luz del día estalla
ebria de resplandor contra el asfalto;
luz como lima, ácida, de un salto
se abre paso entre la savia y destella.
Savia del corazón y de la estrella,
ritmo de uva dorada, cantar alto,
que hondo al cielo toma por asalto,
y cae como cae un ángel de batalla.
Contra ese chorro oscuro de tu pelo
late la luz del mango enamorada:
mujer y fruto empujan todo al vuelo.
Señora de los hombres y la nada,
que alimente tu sangre m1 desvelo,
si ella olvida su dura luz de espada.

DESDE LA PIEDRA

Eduardo Zambrano
Allá va la pezuña del caballo
golpeando con un suspiro la tierra,
inquieta semilla que así busca
abismar su casco en raíz dorada ,
potro vivo desde la intensa crin,
paso que ya anuncia otro latido.
Allá está la mujer amamantando
el alba lenta en su regazo, verde,
la falda en flor para el rocío hambriento ,
que deja luz donde el pezón oscuro
despierta a un libar pequeño y malva.
Se escuchan ruidos que no son de estrella,
brotan los pájaros ricos de su axila.
Allá danza el ciruelo festivo
los días que se cumplen a su espera
de regresar al sol saludos rojos,
y dobla-el griterío en cada hijo
la delgada savia de sus ramos.

�LA NARRATIVA EN KATHARSIS
Y APOLODIONIS

Eduardo Arellano
SEÑAS/
RESEÑAS/
CONTRASEÑAS

El tema rural es común a algunos na•
rradores de Kátharsis y Apolodionis (re•
vistas literarias que surgieron en Monterrey entre los años de 1955 y 1967). Men•
cionaremos a cuatro de ellos, cuyos cuen•
tos aparecen con mayor regularidad que
los de cualquier otro autor**, y cuya te•
mática coincide en lo rural, si bien el tra•
tamiento formal y el enfoque de la problemática es distinto para cada uno de
ellos: Hugo Padilla (Kátharsis), Jorge
Cantú de la Garza (Kátharsis y Apolodio•
nis), Juan Leyva Sánchez (Apolodionis)
y José Alfonso Elizondo (Apolodionis).
HUGO PADILLA, el cuentista más fre•
cuentemente publicado en Kátharsis, reu•
ne ocho títulos: "Viñeta de mi infancia",
"Pueblorraro", "Un nombre", "El término", "Pasado", "Niebla, frío, nadie",
"Hace años" y "Las salamandras". Todos
estos cuentos se ubican en el campo; sin
embargo, el tratamiento no es uniforme
en todos ellos. En algunos, "Viñeta de mi
infancia", "Un nombre" y "Hace años",
se destaca un ambiente de pueblo que
proviene seguramente de la vivencia directa, del recuerdo. Esto no ocurre en relatos como "Pueblorraro", "El término",
"Pasado" y "Las salamandras", donde se
trata más bien de intentos por sofisticar
un ambiente -elementalmente tratado en
aquéllos- para dar relieve a lo psicológico
y/o onírico. "Niebla, frío, nadie" es un
cuento que muestra ya algunas cualidades
propias. Aquí no se percibe el pueblo como la postal anecdótica de la niñez, ni
aquella urdidumbre que trata complicadamente de rescatar los efectos y afectos
de la memoria. El asunto está bien situa•
do y la trama es justa; tiene su razón de
ser en el. final, donde se comprende y va•
lora lo misterioso del relato. Pese a estas
cualidades, el lenguaje no deja de ser plano.
De JORGE CANTU DE LA GARZA
se publicaron en Kátharsis cuatro cuen•
tos: "Silencio," "El portafolio", "Sore,
un cuento de amor" y "El desertor (Dionisio, el hombre)", y uno en Apolodio•

nis: "Nuevo día", junto con un fragmen• • racterlsticas indispensabtes para que la
ficción o el relato tenga validez estética.
to de una novela inconclusa: "Tal vez sin
ti, en mi fortaleza". De estos títulos, "El
La lectura de los cuentos de Jorge Cantú
-incluso de aquéllos en donde ya asoma
Portafolio" y "El desertor" se ambientan en un marco rural, pueblerino; "So•
un tratamiento de la problemática dentro
re" y "Silencio" son insituables, y "Nuede un determinado medio- deja una duda
vo día" y el fragmento de novela son tanacerca de su intención literaria, que se
to ambientación como tratamiento de lo
confunde con un deseo personal de contar una experiencia. Es así como la ac•
urbano.
ción no llega a sobrepasar el monólogo
El hecho de que se dé una ambienta•
introvertido del autor.
ción a algunos de estos relatos no signi•
fica que dicho ambiente reuna las ca•
Dos cuentos que publicó JUAN LEY-

~

�.SER MERO MERO O NO SER

Hermann Bellinghausen
VA SANCHEZ en Apolodionis ("La
otra" y "La búsqueda") son muy semejantes entre sí. La perspectiva con que es
abQrdado el tema rural en ellos deja ver
cierta continuidad. Existe un constante
interés por expresar las experiencias dolorosas de la gente de pueblo, experiencias
que pertenecen a la vida cotidiana, pero
que se convierten en obsesivas y únicas,
como es el caso del corrido de Lucio Vázquez, en cuya anécdota se basa "La otra".
Estas experiencias, hechos o asuntos, al
ser recreados en los cuentos desde un
punto de vista patético o fatalista (como
un intento por rescatar el verdadero carácter del personaje), sufren una deformación, pues son sujetados a un estereotipo
lingüístico, por un lado, y a una elaboración poética incongruente con los personajes, por el otro. No hay pues, tal realismo ni tal patetismo en el relato. En el intento por unir una visión poética a una
anécdota (ambas sobre un mismo medio),
el resultado fue la incrustación de dos realidades, dos expresiones bien diferenciádas.
En "Una ciudad en la luna", el narrador demuestra el dominio que tiene sobre
su materia. La estructura del cuento, su
lenguaje, el cuidado de los detalles que
intervienen en la ambientación, las acciones, todo está dispuesto con visión y co-

nocimiento. El tema realista es asumido
con una anécdota simple y bien estructurada, donde intervienen elementos claves
para dar un ambiente de miseria. Sus descripciones son desnudas, recrean el estado de cosas con imaginación, pero sin ser
arrastrado por el artificio innecesario.
"El ángel que cae" y "Payaso" son dos
textos bien diferentes a los anteriores, en
el sentido de que no se ciñen a las leyes
propias del género cuento. Sin embargo,
hay una diferencia cualitativa entre ellos.
Ambos son relatos en cuanto narran acciones, pero su ímpetu lírico suscribe la
anécdota a lo emocional, a lo subjetivo.
Ahora bien, en este terreno, el primer
texto -que equivocadamente aparece como ensayo- resulta disperso y hasta
contradictorio, las emociones degeneran
en un regodeo del lenguaje, semi-poético
y sin un sentido claro. Por el cor.trario,
"Payaso" es un texto claro y con una
profundidad psicológica revelada a través de un lenguaje poético que oscila entre lo -épico y lo lírico. Su estructura advierte los cambios de enfoque, agudizando siempre en torno a una problemática
idéntica, pero polifacética, un mundo interno que amenaza con venirse abajo y
donde el escritor es su propio fantasma
desdoblándose.
"Primicias", finalmente, es una especie
de monólogo ensayístico bastante especulativo sobre el existencialismo, terreno en
el cual haciéndose modelo de honestidad
filosófica, el ensayista termina por confesarse impotente.
JOSE ALFONSO ELIZONDO es el
más afortunado de estos narradores. Sus
cuentos, "La danza de la lluvia", "Sierra
fría" y "La joven", son muestras de un
manejo muy propio del tema rural. Quizás el mejor sea "La danza de la lluvia"
por la conjunción, en un solo relato, de lo
mítico, lo fantástico y lo real (la miseria).
Elizondo logra extraer la ficción de lo nativo, lo sagrado de la religiosidad del pueblo, conduciéndolos hacia la leyenda fantástica, hacia lo inexplicable como mora-

leja. Semejante estructura -porque ya podemos hablar de una e~tructura- se puede observar en "Sierra fría". Aquí la
ficción es mayor, no es tan antropológico el asunto, si bien el personaje principal es un pueblo. En lugar de la religión encontramos el "terror" como tema
vital en el que el personaje, es decir el
pueblo, se ve involucrado. Al final del
relato, el pueblo es liberado de aquello
que lo amenazaba, por un hecho misterioso ,que sólo encuentra lejanas hipótesis para su explicación; una vez más estamos ante lo inexplicable como moraleja.
"La joven" tiene ya elementos urbanos muy marcados. Da la impresión de
que el autor experimentaba con la nueva
temática al escribir este cuento que, a pesar de su riqueza, se complica a tal grado
que llega a perderse su intención expresiva en una estructua malograda.

NOTAS
Estos apuntes fueron redactados en apoyo al
proyecto de investigación Narradores cootemporáneos de Nuevo León, realizado con
auspicio de la Facultad de Filosofía y Letras
y coordinación de Miguel Covarrubias.
• • Hay otro escritor, Miguel Covarrubias, que
publica varios cuentos en Apolodionis, pero
cuya producción excede a esta revista, por
lo que podrá tratarse aparte.

Para comenzar, una digresión que podrá parecer ociosa y sin embargo es pertinente para hablar del libro Los meros
meros de Monterrey, de su autora, y quizá
de los meros meros de Monterrey propiamente dichos: a principios del pasado mes
de diciembre el libro fue presentado en
un hotel de la Ciudad de México por el
pintor Felipe Ehrenberg, y al finalizar el
acto la autora se sentó para autografiar
una abrumadora cantidad de ejemplares
recién salidos del horno y puestos a la venta allí mismo. Los solicitantes de autógrafos formaron una laxa cola, y lo que llamaba la atención en ellos era su heterogeneidad: señoras emperifolladas y caballeros catrines, estudiantes de antropología con boina y morral de Oaxaca, sobrios
militantes del PMT, conocidos escritores
y periodistas, turistas despistados o invitados, militantes feministas y hasta algún
burócrata que venía de la ofici~a. Pero
entre ese conglomerado de fans y mitoteros me llamó la atención una mujer: Rosario lbarra de Piedra. Y me pregunté:
lOué pueden tener en común lrma Salinas Rocha y Rosario lbarra? Nunca las
hubiera asociado en mi imaginación; sin
embargo, ahí estaban las dos, y cuando lrma vió a Rosario se puso de pie para saludarla efusivamente. Y me dije: pues algo
tendrán que ver.
Poco a poco se fue aclarando el misterio, con sólo emplear el método de atar
cabitos. Primero, las dos son originarias
de Monterrey; esa es la relación más obvia.
Luego supe, preguntando,que habían estudiado en la misma escuela, aunque no tienen la misma edad y por lo tanto no fueron compañeras. En este punto de mis deducciones aún no tenía clara la asociación
entre ambas. De pronto, izaz!, se me iluminó la sesera: son dos mujeres iconoclastas, arquetípicas y vitales. Veamos su
background. Una es flor de la clase media,
crecida en el conservadurismo regiomontano: Dios, Patria (aunque no mucha Patria) y Hogar. La otra nació, se desarrolló Y fue moldeada entre y por los Meros
Meros, pertenece a la burguesía mítica y

emparentó a su debido tiempo con los
Santos Barones del Grupo de grupos.
Mientras ésta sabe dónde se puede gastar
lana a lo bestia para satisfacer caprichos
mínimos y vivió por años con un pie en el
extranjero y el otro en la bonanza de la
Empresa, aquella. habrá aprovechado
ofertas en el supermercado, fayuquería
en Laredo, probaría incluso las mieles
básicas de Houston, Texas, le serviría el
desayuno a su marido y a sus hijos, en
fin, iría a misa los domingos en la parroquia de su colonia.
Algo transformó de pronto a estas dos
mujeres, las hizo saltar fuera de sus vidas
domesticadas y predecibles para ponerlas
en el terreno del dominio público y convertirlas en enemigas de sus respectivas
clases sociales, cuyas voces representativas
las consideran ahora locas, traidoras y
hasta, ay nanita, comunistas. Dicho en
términos imparciales, son dos mujeres que
revolucionaron sus existencias ¿ Y por qué
revolucionaron sus existencias? Por defender a sus hijos. El cumplimiento de su papel de madres, el más apabullante y subyugador en nuestra sociedad patriarcal,
las emancipó, paradójicamente, y las convirtió en heroínas inconformes. Quizá no
sea la última de las casualidades que la
misma oligarquía sin rostro que influyó
en la desaparición del hijo de doña Rosario sea la que desapareció la herencia de
los hijos de doña lrma. Doña Rosario se
hizo militante de izquierda, líder de ~adres desesperadas y luego la primera mujer candidata a la presidencia de la República. Doña lrma por su parte se convir•
tió en quinta columna del impenetrable
clan de los Meros Meros; para desnudar al
que llamó Nostro grupo (porque también era de ella), dijo todo Tal cual, incluso de sí misma para que nadie pusiera en duda la sinceridad de su esfuerzo.
Hoy es una escritora conocida, periodista, amiga de las causas progresistas de
Monterrey y para regresar .al motivo de
esta· nota, autora de un Manual de conducta para multimillonarios que editan

Claves Latinoamericanas y la Oficina de
1nvestigación y Difusión del Movimiento
Obrero. Y hasta aquí este bosquejo de vidas paralelas en espera de su Plutarco moderno. Pasemos al libro.
Como apuntan sus editores, Los meros
meros no es un estudio antropológico de
la riqueza y sin embargo lo sugiere. Hace
poco, cierta funcionaria de una importante editorial dijo que su empresa llevaba
años buscando una "antropología de la
riqueza" equivalente a la Antropología
de la pobreza de Osear Lewis, y cuando
supo que Claves Latinoamericanas publicaría este libro de lrma Salinas enverdeció de envidia. Y es que en México ocurre
algo curioso: vivimos una permanente fascinación por los pobres, determinada quizá por su sobreabundancia y absoluta visibilidad; si algo es fácil en México es ver
gente pobre. De los ricos, de los patrones
invisibles, nadie habla. No porque su existencia se ignore, simplemente porque no
interesa. La pintura, la fotografía, el cine
Y la literatura se han refocilado a lo largo
del siglo XX en el retrato del indito miserable: Nosotros los pobres. En contraparte, Ustedes los ricos no existen, o bien
existen pero sufren y se aburren, porque
nada es más divertido y estimulante -o al
menos decorativo- que ser pobre pero
honrado. Esta particular visión inunda todo: el discurso oficial de la así llamada
Revolución Mexicana, la voz de la Iglesia
(Bienaventurados los pobres) y hasta, por
citar un ejemplo concreto, la prensa obrera. Los trabajadores son en todo el mundo, a excepción de Monterrey, enemigos
de clase de los patrones. Y son el bando
que está en la lona: ante el poder de los
amos sólo tiene su propia fuerza de trabajo y algunas opciones derivadas de ella,
como la organización sindical y la huelga.
Sin embargo, ni los analistas obreros, ni
los militantes sindicales, ni sus ideólogos
le prestan suficiente atención a los patrones. Una revista obrera puede dedicar varias páginas a cuestionar la política del
Estado burgués o a los líderes charros
pero sólo cada domingo siete se acuerd~ ~

�fragmentos). Los que parecen fabulaciones son fieles reproducciones del original.
Disfrazándolas de "cómo hacerle", lo que
la autora hace es platicamos cómo le hicieron y cómo le hacen; finge aconsejarnos cómo llegar allá para en realidad denunciar a los que allá llegaron.

de los planteamientos, los proyectos Y la
ideología de la clase empresarial. Corno si
fueran otra cosa que nada tiene qué ver
con los trabajadores. En fin, los ricos no
son terna de descripción y análisis; son,
cuando mucho, terna de sirnpliticantes o
insultos impotentes. Y esto es un beneficio para los amos: si algo los favorece es
no existir en apariencia, no ser pronuncia•
dos nunca, ser imaginados pero no conocidos. Corno Dios. A veces ocurre que
un sociólogo rojete, resentido Y seguramente idiota escribe una tesis sobre los
patrones, o sobre cierta empresa, o sobre algunos "organismos cúpula" (y
cuando uno escucha la palabra "cúpula"
piensa de inmediato en las catedrales). Pero también estos incómodos insectos universitarios -sólo las universidades producen comunistas rencorosos en este país
católico, apostólico y guadalupanc,- for•
man parte de sus cálculos; digamos que
van incluídos en el costo del producto.
Toda riqueza, expresión última del éxito
vital, provocará envidias y malas ondas.
Ni modo, muchos son los llamados y po·
cos, afortunadamente dirán los Señores,
los escogidos.
Es aquí donde lrrna Salinas Rocha rompe todos los esquemas lCórno alguien con
la cabeza y la cartera en sus respectivos sitios puede balconear asi' de gacho a los suyos? ésto es algo que no entra en sus cálculos, ni siquiera en los más sombríos.
Por eso, cuando se ven enfrentados a un
libro corno Nostro grupo reaccionan con
desproporcionada violencia física, verbal
y de la otra para convertir al volumen en
un desaparecidopolítico, al editor en una
víctima y a su autora en una rehén; una
excomulgada merecedora de anatemas Y,
si pudieran, del manicomio, el zoológico
o la marmórea cripta que en mala hora le
heredaron sus padres.
Y ahora sí, ya llegamos al mero mero
libro, manual de conducta para multimillonarios, parodia mal disimulada de los
catecismos catrines a la manera de Amy
~ Vanderbilt, falso Og Mandino para sensi-

El libro contiene páginas memorables.
Por ejemplo, bajo el subtítulo de "Hay
muertos que sí hacen ruido", 1rma Salinas
nos platica cómo mueren los Meros Meros
a la vez que nos propone la manera de enterrar a nuestros difuntos al estilo de
Ellos: "Con ser la única forma de igualdad social conocida hasta la fecha, la
muerte sólo adquiere su plena significación para individuos pertenecientes a círculos privilegiados - y aquí la autora hace uno de sus múltiples guiños al lector-,
como aquellos en los que usted se mueve,
cuando tiene que ver una cuantiosa herencia ... Un funeral de altos vuelos es el mejor termómetro para observar el rango y
la amplitud de las relaciones de los deudos". Aquí es inevitable recordar a Xavier
Villaurrutia cuando escribe en uno de sus
Nocturnos que la muerte toma siempre la
forma de la alcoba que nos contiene. Ya
que de petatearse se trata, mejor hacerlo
entre holandas· y damascos y no en una
i&gt;estilente barraca. Y que los vivos inviertan para su prestigio en la dolorosa muerte de los suyos, que no son nuestros porque somos simples mortales y no Meros
Meros.

bilidades apantalladas, colección de sketches que será leída con sonrisas bien o
mal disimuladas. Para retratar a la clase
dominante, los más que millonetas, la
Anhelada Estirpe, lrma Salinas nos sugiere consejos que son denuncias y retratos que son a veces también autorretratos.
Lo bueno es que a ella no le contaron todas estas maravillas sino que las vivió. Se
nos aparece como una Scherezada arrepentida que va y cuenta cómo vive el

Sultán en vez de inventarle cuentos al Sul•
tán para que le perdone la vida. Por eso
estamos ante un libro inicial y no culmi•
nante, no es una obra definitiva sino un
primer aporte al desmenuzamiento de las
rémoras neoporfiristas.
Viñetas certeras, apuntes nada tirnora·
tos, unas veces expresivos, otras algo dispersos (como suele ocurrir en todos los
retratos montados a base de pequeños

lrma Salinas se pitorrea, sotto voce,
del servilismo que rodea a los MM's, y
también de la fatuidad que lo provoca.
Por eso nqs aconseja: si queremos estar
entre ellos, debemos "por encima de
cualquier sirnp,atía o admiración, parentesco, amistad o gratitud, repudiar a
quienes ellos repudian".
"Encerrarse es parte del juego", vivir
como ellos es alejarse del populacho y del
mundanal ruido regiomontano. Para que
sepamos poner nuestras recámaras, comedores, cuartos de juegos electrónicos, casas chicas y grandes, oficinas y centros industriales, para que sepamos cómo casar
redituablemente a nuestras hijas, organizar bautizos y primeras cornuniones, reprimí r a nuestros obreros, dilapidar nuestra
fortuna y apantallar a los menos apantallables seres humanos, lrrna Salinas se limita a platicamos, de manera ligeramente
oblicua, la manera en que ellos hacen todas estas cosas. Su juego es aparentar decirnos cómo parecernos a los MM's para
en realidad decirnos cómo viven ellos.
Hacia el final del libro, la autora borda
una fantasía que llamaremos zapatista, no
por don Emiliano - Dios nos libre- sino
por los zapatos que cimentarían nuestra
hipotética fortuna. Nos platica el vertiginoso éxito de nuestro producto,_la necesidad de industrias paralelas y complementarias para llenar el planeta con nuestros zapatos: ganadería para el cuero, tela
para las agujetas y los tenis, industrias de
lámina para hacer hebillas y petroqu(rnica para las suelas. Como si los zapatos
fueran cerveza, por ejemplo, y necesitaran
corcholatas y botellas.
Ya en el delirio total, lrma nos abre las
puertas del poder poi ítico, la Pre-si-den-cia
de la República. Este delirio no nace de
su calenturienta imaginación sino de la calenturienta y poderosa imaginación de los
Meros Meros. El final del libro, casi pesadillesco, nos pinta el México que, capi absolutos, gobernaríamos hasta la ignominia

lSoñó eso lrrna? Es sabido que por lo menos uno de los grandes barones de esta na-·
ción, pariente cercano de la aristocracia
cervecera que da empleos y principios
morales a los regiomontanos, gusta llamar
al presidente de la República "el otro presidente", por aquello de que "el presidente" es él.
lPara quién está escrito el libro? lPara
nosotr:&gt;s que -salvo alguna excepciónno pretendernos ser MM's pero deseamos
que esta élite desaparezca? lO para quienes realmente anhelan llegar Hasta Allá
Arriba? Somos de esos cursis e ingenuos
humanistas que creen posible la justicia,
la igualdad y todas esas payasadas que inventó la Revolución Francesa. Y quizá el
libro que I rma escribió para nosotros acabará resultando un triunfo más de ellos,
los neve, losers. Para terminar, imaginemos la antiutopía, el sueño contrario, la
parodia de la parodia: a lo mejor lo que
leemos como sátira valiente más de uno la
tomará como recetario de cabecera. Peor
aún, a lo mejor este lector deveras la hace,
se convierte en MM y algún día irá diciendo por ahí: "Todo se lo debo a mi mánager, mi Og Mandina regiomontana la infalible !J,lrú lrma Salinas Rocha y ;u maravilloso manual. Gracias a Charles Atlas
dejé de ser un alfeñique. Gracias a lrma
Salinas dejé de ser un simple millonetas y
me convertí en Mero Mero".

�.EL COMUNISMO EN LA ENCRUCIJADA

Humberto Salazar
Publicada su primera edición en Aus•
tria en 1982, este afio de 1983 apareció
la primera edición en castellano de El
comunismo en la encrucijada, del filósofo marxista polaco Adam Schaff. El libro
se presenta de entrada, desde su t(tulo,
como un ensayo de reflexión sobre los
momentos actuales y la perspectiva futu·
ra inmediata del movimiento comunista
internacional.
Su planteamiento general tiene como
punto de partida dos tesis, que el autor
introduce al inicio de su libro:
"la primera, que en los próximos veinte
años se ha de llegar inevitablemente en
los pa(ses altamente industrializados a
transformaciones sociopoHticas de carác·
ter socialista.
La segunda, que el movimiento comunista
se encuentra actualmente sumido en una
crisis que, como mínimo, dificultará que
juegue un papel activo en el marco de esta
tendencia de desarrollo general "(p. 17).
La primera de estas tesis tiene su fun•
damentación en el desarrollo de las fuer•
zas productivas capitalistas, que en esta
rueva etapa de la revolución científicotécnica está ligado a la producción de los
microprocesadores, que conducirá en poco tiempo a la plena automatización, no
sólo de la producción sino también de los
servicios. Con dicha automatización, en
esta perspectiva, se alcanzará el punto úl·
timo del sistema capitalista, y la contra·
dicción entre fuerzas productivas y rela•
ciones de producción nos hará entrar en
un "período de transformaciones revolu•
cionarias" (p. 25).

1,

El problema, enfrentados con esta coyuntura particular(sima, es saber si los
movimientos comunistas europeos estarán
en condiciones de encabezar y dirigir estos procesos, o si se demostrarán incapa•
ces de superar sus taras ideológico-políti•
cas y arribaremos a un generalizado totali•
tarismo, ya sea de tintes orwellianos o
neo-hitlerianos.
Para evitar malinterpretaciones o ana·
temas facilistas, Schaff aclara desde el
principio su posición ideológica y polí·

· tica: "Yo no me he separaátJ del marxismo como consecuencia de las frustracio-'
nes políticas, como han hecho tantos en
el curso de estos difíciles años, sino -bien
al contrario- sigo siendo un marxista profundamente convencido para quien las
fuentes de los errores cometidos en la
praxis del movimiento comunista no se
derivan del marxismo, de sus fundamentos, sino de su mala aplicación" (p. 18).
Y sobre su actitud con respecto a la situación en los pa(ses socialistas, añade:
"Así pues, yo no me cuento entre los
desencantados, aunque desde luego no me
dejo ni encantar ni deslumbrar por la realidad del llamado socialismo real sino
más bien, me encuentro entre sus cr(ti:
cos resueltos" (p. 19).
El libro de Schaff está dividido en
cinco cap(tulos, donde aborda sucesiva•
mente problemas relacionados con la re·
voluci6n en los pa(ses socialistas y su ul•
terior degeneración; la burocracia en el
capitalismo y el socialismo; el partido burocrático y el democrático; el socialismo
y la libertad de los individuos.
En el primero de los apartados, "$ó.
bre la alienación de la revolución" , par•
te de la tesis de que "en determinadas
circunstancias la revolución peligra por
degeneración de la misma, por su alienación, que asume el carácter de una
contrarrevolución pacífica" (p. 68). Es
lo que ocurrió, nos dice, con las revoluciones socialistas emprendidas hasta hoy;
y así ocurre porque son revoluciones que
se han real izado en sociedades que no
habían desarrollado las condiciones socioeconómicas necesarias para emprender la
construcción del socialismo.
Schaff cita extensamente el pasaje de
donde Marx y Engels habían hablado sobre ello: " ...este
desarrollo de las fuerzas productivas es
un presupuesto práctico de todo punto
necesario precisamente porque sin él sólo se generalizaría la escasez de modo,
pues, que con la necesidad tendría que
dar comienzo de nuevo la lucha por lo

La ideología alemana

necesario y otra vez comenzaría toda la
mierda anterior..." (élt. pos. Schaff, p.
49).
Esa desobediencia ("revisión") inicial
con respecto a los presupuestos básicos
en la construcción del socialismo, es lo
que para Schaff constituye la causa determinante en la posterior alienación de
las revoluciones socialistas, emprendidas
en países sin un alto grado de desarrollo
capitalista: "es la lógica consecuencia de
la imr,lantación, contra toda razón, de
un nuevo orden social para el que no
existía la correspondiente base social; de
la sustitución, en fin, de las leyes objetivas de la evolución por el voluntarismo",
y añade, con una ocurrencia macabra:
"es la venganza póstuma que Marx se
toma por ello desde su tumba" (p. 63).
Como producto de tal enajenación, el
partido que dirigió los procesos de trans•
formación social y que se asumía como
representante del proletariado, se convierte paulatinamente en un aparato burocrático que ejerce su dominio sobre el
proletariado y el resto de la sociedad; y la
ideología revolucionaria que enarbolara
se convierte en una liturgia legitimadora y
hueca.
Pero sobre el problema del aparato burocrático Schaff abunda en el siguiente
apartado, "Socialismo y burocracia". A
su modo de ver, lo primero que debemos
tener claro es que: "el socialismo no aca·
ba con la necesidad de un aparato... Todo lo contrario: aumenta el ejército de
funcionarios y acrecienta o intensifica su
papel social en la medida en que elimina
la clase de los capitalistas" (p. 81).
Así pues, en virtud de que el socialismo es una sociedad más compleja donde
la administración de muchas funciones es
centralizada, la burocracia como cuerpo
especializado que cumple funciones sociales generales sigue existiendo.
Lo que pasa es que a menudo utiliza•
mos el término burocracia en el sentido
peyorativo que lo identifica necesaria·
mente con un sistema corrupto y opresi·
vo con respecto a los individuos (remember Kafka), pero "el problema al que nos

enfrentamos tiene que formularse del si(p. 112-113).
guiente modo: lcómo y con qué medios
Sería posteriormente, durante la etapuede ser domada y mantenida dentro
~ª _estalinista, cuando, en nombre del lede unos límites precisos la burocracia
n_in1smo, se 1mpondria un mOdelo de partido fuertemente centralizado y verticapor la sociedad, con vistas a hacer de ella
lista en el que los rasgos de funcionamienun instrumento útil y subordinado a la
misma?" (p.82).
to democrático brillarían por su ausencia.
Otro problema, relacionado con éste
En el siguiente apartado, "El 1ocialises e( relativo al tipo de partido que s~
mo y la libertad del individuo", &amp;naff
requiere para transformar la sociedad caparte de la consideración lapidaria y la•
P!talista y construir un nuevo tipo de somentable, de que "en las sociedades sociaciedad, una sociedad -dice Schaff- "culistas accesibles a nuestra experiencia la
ya estructura económica sea de carácter
libertad humana no ha sido elevada a un
socialista, cuya sobreestructura política
nivel más alto, sino que ha empeorado en
sea democrática y cuya esencia sea humacomparación con la democracia burguenista".
sa" (p. 131).
En el tercer capítulo el autor revisa la
concepción de partido que se da en los
Ello se debe, según su opinión, a que
clásicos del marxismo, para quienes el
esas sociedades se han construido sin una
partido se caracteriza por su profunda debase social que les era necesaria, por lo
mocracia interna, como lo sintetiza Enque son demasiado débiles políticamente
gels en una carta a Gerson Trier eri 1889:
para permitirse la democracia. Una demo"lExigiremos a los demás que' nos otorcracia socialista, superior en libertades y
guen libertad de palabra y la aboliremos
participación para los individuos, implien nuestras propias filas?" (cit. pos.
ca como base el apoyo del proletariado y
Schaff, p. 102).
las masas populares, de tal forma que ese
En seguida se analiza la "revisión" de
consenso social sea tan fuerte "que la liLe_nin a la concepción clásica del partido,
bertad y la crítica ligada a ella no pongan
senalando que sus proposiciones deben
en peligro la supervivencia del orden soentenderse solamente a la luz de las con•
diciones particularísimas de la Rusia re- cial".
Pero como ello no ocurre, como es
volucionaria, y de ninguna manera como
inexistente tal apoyo, a tales sociedades
~ropuestas válidas para todo lugar y
no les quedaban más que dos posibilidat1~mpo. ~espués de recopilar algunas opides: "o tirar la toalla, o reducir violentaniones e intervenciones públicas de Lenin
r''.?nte a los oponentes al silencio" (p.
sobre el problema de la democracia parti135). No hace falta explayarse sobre cuál
daria, Schaff apunta: "He presentado las
de las dos opciones escogieron.
anteriores opiniones de Lenin sobre la
Y finalmente, ante la situación general
estructura del partido y sobre el centralisen los países socialistas, y tomando en
mo democrático para destacar dos rasgos
cuenta las enseñanzas de la historia reque contradicen la versión habitual de su
ciente y la teoría, nos enfrentamos con la
Posición sobre esas cuestiones: en primer
pregunta de siempre: iOud hacer?
lugar, no proponía el modelo del partido
En el capítulo cinco y último del lide nuevo tipo como modelo universalmente obligatorio, únicamente lo defen- . bro, el autor trata de responder a esta
pregunta, basado en los planteamientos
día_ como el más apropiado para las ne•
vertidos a lo largo del libro. Pero la preces1dades de la lucha en las condiciones
gunta debe hacerse más bien en estos térde la autocracia zarista. En segundo lugar
minos: iOud es posible hacer en estos
el principio del centralismo democrátic~
momentos?
significaba para él tanto la unidad de acSchaff opina que no debemos esperar
ción... como la libertad de discusión"

cambios sustanciales en el seno de los
países socialistas, en los que si acaso se
irán dando reformas paulatinas, las que,
en todo caso podrían hacerse más radicales si se diese el ejemplo de otro "modelo" de socialismo. Pero lqué otro modelo de socialismo? ly quién lo haría?
Nuestra esperanza, opina el autor no debe estar cifrada en el socialism~ chino
o en el d_e los ~aíses tercermundistas, qu~
han seguid~ ~as o menos las mismas pautas, del socialismo soviético, sino en los
pa1ses de la Europa capitalista altamente
desarrollada, donde se ha generado (en
oposición al capitalismo y distanciado del
socialismo al estilo soviético) el llamado
"Eurocomunismo".
lOué hacer? Justamente esto dice
Schaff: "realizar consecuenteme~te el
programa del eurocomunismo, profundizar en su contenido y las conclusiones ligadas a él, llevarlo a la práctica sin por
e_ll? renunciar simultáneamente a una act1v1da~ que_ se !(ja como objetivos la gradual l1berahzac1on y democratización de
los modelos existentes del socialismo
real" (p. 157).
Sin ~mbargo, no basta con decir que
perseguimos un socialismo democrático
Y ~umanista, ni con criticar los regímenes
e~_1stentes. y distanciarse con la eliminac1on de terminas sospechosos. Es necesario saber qué forma real ha de asumir la
democracia que propugnamos.
~n este sentido, hay que precisar con
claridad el modelo de partido necesario
para tr.~nsf?r,:nar esta sociedad y construir
º1!°,ª ( socialista, democrática, humanista ); Y _la _forma como entendemos la democr?C1ª interna; y la relación que deberá
as~~irse con respecto a la religión y los
m1ht~ntes creyentes, etc. Estas y otras
cuest1on~~ deberán plantearse con claridad suf1c1ente, con rigor y honestidad
para ':'le pod~mos avanzar en el camin~
reflexivo hacia la construcción de esa
nueva sociedad qu_e todos queremos.
Adam Schaff: El comunismo en la
Ed. Crítica, Barcelona, 1983. .~

encrucijada.

�IDENTIDAD FEMENINA Y
PROFESIONAL

María Inés Pérez Lubrina
REGION

- Ultima escena de una película que se
exhibe a media tarde por la televisión:
el enamorado promete a su joven no·
via: "Seremos muy felices, tú llegarás
a ser mujer, yo seré arquitecto".
- Un sueño de una mujer psicóloga de
25 años dice: "Mi madre me observa
en una competencia gimnástica. Doy
un gran salto, con éxito. Y oigo a mi
madre decir: lesa es mi hija, supera la
marca de los hombres!".
- Una niña de dos años y nueve meses
le dice a su mamá: "Tú eres hombre?",
la mamá contesta: "Yo soy mujer", la
niña replica: "No, tú eres hombre y yo
soy hombre".
Hace un tiempo, como parte de un
proyecto de investigación del Departamento de Psicología de la Universidad de
Monterrey, me propuse investigar acerca
de la relación entre condición femenina y
ejercicio profesional de la psicología. Las
hipótesis que me planteaba anticipaban
un signo negativo para calificar esa relación.
Mi experiencia docente de varios años
en distintas universidades me orientaba
en ese sentido. Consideraba que las mujeres, en general, se autoperciben menos valoradas en comparación con los hombres,
en la dimensión intelectual y profesional;
que tienen tendencia a jerarquizar más las
obligaciones derivadas de los roles familiares que las de los roles profesionales;
que asumen la desigualdad de oportunidades y salarios profesionales entre los sexos como un elemento "cuasi" normal
del sistema económico y, también que se
ven presionadas socialmente para desem•
peñar, en general, repito, un .rol más pasivo que los hombres en el ejercicio de su
profesion.
Finalmente, suponía que todo esto no
ocurriría sin la participación' activa de
las propias mujeres. O sea, que estas limitaciones no se le impondrían siempre y
necesariamente desde afuera, desde la opi-

nión o la autoridad de otros sino que sería la propia mujer quien, frecuentemente, justificaría esas restricciones o se las
impondría a sí misma, en acuerdo con el
medio familiar y social del que proviene.
En este punto pude hacer mía la interrogación formulada por Eugenie Lemoine-Luccioni: "Si es verdad que nadie debe ni puede aceptar la esclavitttd, cuando
ésta es aceptada e incluso pedida subsiste
como única pregunta la siguiente: laceptada por qué, con qué beneficio?"(l). La
invP.stigación aparecía entonces como la
posibilidad de interrogar a las propias mujeres, mujeres estudiando psicología en es•
te caso, para que opinaran sobre esto, para que hablaran de sus verdades, de sus
engaños, de sus deseos y de sus contradicciones.
Ubicando el problema en una dimensión amplia, creo que no existen demasiadas objeciones para relacionar, en casi todas las sociedad actuales, la educación
universitaria con la formación de minorías selectas o privilegiadas. En un mundo
cada vez más masificado y complejo, los
diplomas otorgados por una universidad
consisten con frecuencia en un factor
importante de promoción personal. Es
obvio señalar también que este sistema no
ha incluido a un número demasiado elevado de mujeres: la educación superior cons•
tituye un canal de movilidad vertical más
abierto a los hombres que a las mujeres.
Aunque sí podemos observar en los últimos años un aumento considerable del
número de mujeres que estudian en este
nivel. Pero, las cifras totales de los estudiantes matriculados encubren algunas di•
ferencias importantes existentes entre la
educación de varones y mujeres en las
universidades. Unos y otras estudian con
frecuencia, carreras diferentes y esto siguiendo las líneas de opciones que ofrecen las llamadas carreras "masculinas"
-economía, medicina, ingeniería, política, administración, etc.- para ellos, y las
llamadas carreras "femeninas" -pedagogía, literatura, artes, nutrición, psicología, etc.-, para ellas.
Estos esquemas imperantes en la ense-

ñanza universitaria de todo el mundo re•
flejan y perpetúan la segregación profesional de la mujer. Ambas situaciones, la
del estudio y la de la profesión, en el contexto de los países subdesarrollados o, si
queremos llamarlos de otra manera, de
ideología más tradicional en cuanto a la
definición del papel de la mujer, llegan a
extremos de irracionalidad grotesca (Cfr.
aquí las interesantes observaciones de
Kathleen Newland) (2).
Muy a menudo la formación universitaria
guarda escasa relación con el ejercicio
profesional para las mujeres, en especial
para aquéllas que han optado por disciplinas humanísticas, o sea, la mayoría.
Aún cuando la estudiante no pertenezca a
la clase alta y la superviviencia económica
sea un problema real para ella y su familia,
muy frecuentemente la carrera universitaria se valora como un signo de status social y como una función del desarrollo
personal, más bien que como una aplica•
ción productiva. Podríamos pensarlo como un equivalente actualizado de las antiguas dotes que condicionaban el valor
de la mujer para acceder al matrimonio.
Esto parece particularmente cierto en el
caso de la psicología, dado que es una ex·
presión común la que afirma que si la
egresada no trabaja, la psicología le será
igualmente de mucho valor ya que le
orientará para llevar adelante su matrimonio y su familia.
Esta situación ofrece un buen ejemplo
del efecto neutralizador que la condición
femenina ejerce sobre aquella capacidad
de la educación universitaria para promover el ascenso individual y social de sus
graduados. Se supone que la experiencia
educativa unive·sitaria de las mujeres no
fianliza dentro Je los claustros. Se supone
que esta experiencia influirá en su futura
capacidad de ganar un sueldo, de partici•
par en la vida pública, de decidir sobre su
propia maternidad y de alcanzar su autonomía personal. Desgraciadamente, en
muchos casos, esto no pasa de ser nada
más que un supuesto.
Creo que el ejemplo de las mujeres que

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estudian para ser psicólogas en Monterrey
puede servir para ilustrar genéricamente
algunos de los problemas comunes de la
mujer universitaria y futura profesional
en México.
Al mismo tiempo, el que sea la psicología la disciplina en cuestión, plantea algunos problemas específicos que se refieren,
fundamentalmente, al rol que según las
propias universidades lo establecen, les tocará desempeñar como profesionales en el
futuro.
Ese rol se orienta generalmente a promover la salud mental, a posibilitar cam·
bios individuales, familiares o grupales, en
la perspectiva de una mayor liberación, o
si se prefiere, de una mayor autonomía,
independencia y desarrollo humano. La
primera cuestión que se nos presenta se
refiere al lcómo podría ser este rol desempeñado por quienes tienen serias dificultades para autopercibirse como autónomas y responsables por sí mismas en
sus decisiones? (Por lo menos en lo que
concierne a las decisiones concientes, ya
que queda claro, por lo menos para mí,
que nadie podría escapar de sus determinaciones inconcientes).

~

A continuación, quisiera formular algunos Cl)mentarios acerca de las opiniones de estudiantes de las tres universidades más representativas que se encargan
de la formación de psicólogos en Monterrey. Estos comentarios se derivan de las
respuestas a un cuestionario por parte de
una muestra de 391 estudiantes encuestadas, muestra que incluye a jóvenes de
las distintas clases sociales que acceden a
los estudios universitarios, en tanto estas
tres instituciones delimitan el espectro
completo de la educación universitaria,
pública y privada, de Monterrey. Una
aclaración necesaria es que las siguientes
consideraciones no ofrecen un análisis
exhaustivo de los datos obtenidos, los
cuáles se hayan en un proceso de mayor
elaboración. A la luz de un análisis incompleto pues, sólo pretendo compartir cier-

tas preguntas y ciertas reflexiones que me
inquietan sobre la condición femenina en
la dimensión del trabajo profesioral.
MUJER E IDENTIDAD FEMENINA
Considero que la igualclad entre el
hombre y la mujer existe rn un sentido
esencial y existencial. Ambos comparten
la pesada carga de representar al género
humano y, obviamente, no hay diferencias de ningún tipo ante ese proyecto y
esa tarea. Pero también es cierto que, en
algunos sentidos que nada tienen que ver
con lo mejor o lo peor, existen diferencias entre ambos. Tal vez lo que afirma
Octave Mannoni en relación al racismo, es
válido igualmente para pensar la relación
entre hombres y mujeres. El dice: "El racismo niega la similitud universal de todos los hombres, y nosotros lo refutamos
volviendo a establecer esa similitud; sólo
que el problema real no se plantea en términos de similitud, sino precisamente en
términos de diferencia; y el problema
consiste en saber qué harán los hombres
(y las mujeres, añadiríamos aquí) con sus
diferencias y no en suprimirlas"(3).
O sea, cómo podríamos afirmar y mantener las diferencias entre hombres y mujeres, sin que esas diferencias impliquen
al mismo tiempo relaciones de jerarquización y por ende, de dominios y de exclusiones.
A esta altura me parece interesante
oír cómo entienden nuestras estudiantes
esas diferencias, en qué soportes basan la
constitución de su identidad de mujeres,
cómo se diferencian del hombre y a qué
tipo de relaciones aspiran con el otro
sexo.
En primer término, llama la atención
que asuman como algo natural para iden•
tificar lo femenino, una configuración de
rasgos de carácter que tienen que ver con
la sensibilidad, la suavidad, la paciencia, la
delicadeza, la coquetería, la pasividad y
hasta los "buenos" modales. Del grueso
de respuestas sobresalen algunas, no muchas, que cuestionan ese carácter natural

del ser femenino y se inclinan a pensar
que esos rasgos de carácter son efectos
del moldeamiento social y de las expectativas culturales que recaen sobre la mu•
jer. (Ver Anexos, Tabla 1).
En segundo lugar, observamos que la
identidad de la mujer aparece recortada
sobre el perfil, absoluto podría decirse,
de la maternidad. Esta función posible en
la mujer también se presenta como fuera
de mayores cuestiones para nuestras futu•
ras psicólogas.
Es como si se realizara una asimilación
directa del hecho concreto de que el embarazo y el parto ocurren mediatizados a
través del cuerpo de la mujer, con el que
ello pueda significar la diferencia con el
hombre. Estoy de acuerdo en que la maternidad es una experiencia singular de la
mujer y que tiene un significado de)argo
alcance en la constitución de su identi·
dad, pero no creo que el hombre quede
excluído de esa significación y de la vivencia de procreación y del cuidado de
los hijos. Pero justamente en este campo
es donde la sociedad tradicional invierte
las relaciones de dominio y exclusión
entre el hombre y la mujer. Como conse•
cuencia de ello la mujer se apropia del
ámbito del hogar y de las relaciones emo•
cionales con los hijos, y el hombre finali·
za excluído del antiguo paraíso al que
perteneció como niño.
Cuando la situación de alienación de
las mujeres se hace conciente, esa queja se
encamina a reclamar o a recuperar la pala·
bra, a ejercer su palabra y a ser oídas por
el hombre en la dimensión más amplia
que se le pueda dar al escuchar. Y, correlativamente, cuando aparece la queja del
hombre -sorda y encubierta la mayor
parte del tiempo-, esa queja es la de no
participar en la creación, la de quedar
fuera de la creación de vida, del alumbra·
miento. Retomando otra vez el pensamiento de . Eugenie Lemoine-L. pienso
con ella que ..." no se puede abordar la
sexualidad femenina sin abordar al mismo,

tiempo la del hombre, a riesgo de hacer·
de ellas dos entidades"(4).
Interrogando a nuestras encuestadas
acerca de si debería ser la mujer quien se
haga cargo del cuidado y la educación de
los hijos, un 700/o manifestó su desacuerdo con esa idea. Y sólo un 300/o restante
estuvo de acuerdo, o se mantuvo indecisa
ante esa posibilidad. (Ver Tabla 2).
Pero, en otro ítem del cuestionario
que proponía una lista de mujeres famo•
sas para adjudicarles un rango de feminidad y que incluía representantes de las
distintas esferas de actuación de la mujer,
aquélla que reunió el mayor consenso para la asignación del puntaje máximo de feminidad fue Lady Diana de Inglaterra.
Vale la aclaración que en ese momento la
prensa difundía masivamente las imágenes
de Lady Diana, esposa de un príncipe,
esperando a su primer hijo. lDe qué nos
habla esto, sino de una identificación con
lo que, en el mejor estilo romántico del
siglo XIX, es el destino y la gloria de la
mujer? (Ver Tabla 3).
Una observación interesante sobre este
mismo ítem se deriva de la asignación del
segundo lugar en este ranking de mujeres
"femeninas". Ese segundo puesto recayó
sobre Sor Juana Inés de la Cruz.
Así, con muchas distancias históricas,
geográficas y existenciales, ambas mujeres
son para poco más de la mitad de las estudiantes, la representación más acabada del
ser femenino. Es sólo una presunción personal, pero me inclino a pensar qije es la
dimensión místico-religiosa, mucho más
que sus méritos literarios o intelectuales,
la que coloca a Sor Juan Inés en ese lugar, .. De donde aquella imagen de la mujer como madre y santa parece seguir te•
niendo gran vigencia.
Si comparamos ahora las respuestas a
los dos ítems comentados más arriba, lo
primero que se hace evidente es la contra•
dicción entre las respuestas. Contradic•
ción entre la mayoritaria negativa a ser

fundamentalmente identificadas a través
de la maternidad y el cuidado de los hijos,
y al mismo tiempo, la aceptación de la
identificación de lo femenino a través de
la maternidad.
~arece ser entonces que estamos ante
una situación típica de lo que, a partir de
L. Festinger, se ha denominado disonancia cognitiva. Para él "la disonancia es un
estado motivacional desarrollado por la
yuxtaposición de dos elementos cognitivos" (5). Sabemos que este estado motivacional deviene significativo sólo cuando
el autoconcepto de la persona en cues•
tión se encuentra involucrado. La contradicción apuntada en las opiniones de
nuestras encuestadas da cumplimiento a
dichas condiciones y ello nos lleva a pensar que este tipo de respuestas disonantes
es producto de una- peculiar manera de
resolver un conflicto.. Conflicto que parece provenir del intento de dar respuesta
satisfactoria a dos modelos contrapuestos
de mujer. Por un lado, la expectativa de
alcanzar el desarrollo de todas sus capa•
cidades, de realizarse en el estudio, en el
trabajo y en la vida emocional en un pla•
no de relaciones igualitarias con el hombre; y por otra parte, la expectativa acu•
ñada desde la infancia, desde sus primeros
juegos de "niña": la de ser mamá y esposa. Obviamente, el conflicto se presenta
no por el hecho que la mujer no pueda
conciliar ambos aspectos de su identidad,
sino porque hasta ahora nuestra sociedad
no permite fácilmente esa conciliación, y
por el contrario, estimula el conflicto a
través de las múltiples presiones ideológicas que la familia y las distintas instituciones formativas ejercen sobre la mujer.
Otra cuestión relacionada con la identidad femenina es la que se refiere a la percepción de su sexualidad por parte de estas jóvenes. Frecuentemente la sexualidad
aparece asociada a la maternidad en pri•
mera instancia, y en segunda, al deseo del
hombre (Ver Tabla 4). Son pocas las que
piensan que la mujer pueda tomar la iniciativa en la relación sexual. Son muchas

-·\-----t\

1

'

'--¡

~

\

._)

las que creen que el perder la viriginidad
fuera del matrimonio implica una pérdida
de valor esencial para la mujer.
lOué puede significar pensar de esta
manera para estas mujeres, psicólogas,
que seguramente en su futuro trabajo
profesional podrán encontrar a otras mujeres en esa situación? Probablemente esbozarán como mejor respuesta posibl~ la
de la neutralidad profesional. Neutrali•
dad que en una situación como ésta es un
supuesto, ya que sabemos que se oye sólo
lo que se es capaz de decir. O dicho de
otra manera, que lo que se dice no está
en otra parte más que en lo que se escucha.
Sabemos sobradamente que la sexualidad es objeto preferencial de la represión
social. También sabemos que ella se ejerce
tanto sobre las mujeres como sobre los
hombres pero, retomando la afirmación
de las diferencias, creemos que como en
tantos otros aspectos de su vida en esto la
mujer es, frecuentemente, objeto de una
doble represión. Este proceso no ocurre
ajeno a su propia participación, tal como
. lo señalábamos al comienzo de este traba-

t

�jo. Es la madre quien señalará los caminos fundamentales de la represión a su hi·
ja y entonces, me pregunto si las mujeres
psicólogas no coadyuvaremos a perpetuarla en las mujeres que nos consultan
profesionalmente ...
Frente a la pregunta de si eligirían a
un niño o a una niña si tuvieran un único
embarazo las opiniones se dividieron siendo las re.spuestas más populares la de que
el sexo sería indiferente (casi un 400/o) y
la de optar por una niña (casi otro 400/o).
En este último caso, la justificación para
esta elección invocaba la mayor maleabilidad de las mujercitas para su educación,
su menor independencia y su tendencia a
mantenerse apegada a la familia y a lamadre. (Tabla 5). lSerá posible que, otra
vez, la cadena de las generaciones femeninas haga que la hija del futuro sea la prisionera-acompañante de su madre en la
tarea de reproducir la sujeción de la mu·
jer? ...
Otra vez, lqué pasará entonces con la
mujer psicóloga y su proyectado rol de
agente de cambio? lfuncionará promo·
viendo el cambio mientras ella no cambia,
mientras se autoperpetúa en la fantasía
de la hija-mujer, sostén de los valores patriarcales tradicionales?
A esta altura creo interesante comentar algunas de las respuestas al ítem que
exploraba la opinión acerca de las mujeres
feministas. Ex-profeso se preguntaba por
la mujer feminista y no sobre el movimiento feminista ni sobre la o las ideologías subyacentes a él. Se trataba de
confrontar a una mujer con otra mujer.
(Ver Tabla 6).
Las respuestas globales se agrupan en
tres sectores. El primero de ellos manifiesta acuerdo, aceptación, admiración por
estas mujeres y algunas de las encuestadas
se definen como tales y manifiestan, en el
extremo, que una mujer para ser tal, sólo
puede ser feminista.

Un segundo sector ofrece la respuesta

alternativa: critica acervamente a estas
mujeres, considerando que dejan de ser
femeninas justamente por el empeño que
manifiestan en igualarse a los hombres y
opinan que con ello pierden lo más importante de su condición de mujeres. El
sector más moderado de este sub-grupo
considera que las feministas no son necesariamente enemigas de lo femenino, pero
creen que su pecado es el extremismo, o
sea, la radicalidad de ser mujer.

clusión y de la discriminación de la que es
objeto la mujer actualmente. Si esto ocurre en la universidad, me pregunto qué sucede entonces en otros niveles de existencia de las mujeres. No tengo respuesta, tal
vez encontráramos una mayor conciencia,
aunque no soy demasiado optimista al
respecto.
MUJER E IDENTIDAD PROFESIONAL
Es un hecho observable a simple vista
que, cualquiera que sea la universidad de
que se trate, la proporción de estudiantes
mujeres es marcadamente superior a la de
los hombres en el área de los estudios de
psicología. Por lógica, también es observable que en el ejercicio de la profesión,
en cualquiera de sus niveles, las mujeres
superan numéricamente a los hombres. Si
continuamos con la observación también
constataremos que, si bien ellas constituyen la mayoría indiscutida de los grupos
de psicólogos, son los hombres los que
destacan con más frecuencia a la hora de
realizar tareas valoradas como importantes: desempeñar cargos de responsabilidad
y jerarquía, dirigir proyectos, llevar a cabo las pocas innovaciones o investigaciones en el área, publicar libros y artículos
especializados, etc. Finalmente, también
nos es posible observar como algo habitual que es mayor el número de mujeres
que, o abandonan los estudios antes de
concluirlos, o no ejercen la profesión, o
trabajan en ella parcial o tardíamente.

Por último, hay un tercer sector que es
el más sui géneris de todos y que, por lo
menos a mí, me ha sumido en gran perplejidad. Parece que lo que sucede es que el
propio concepto de mujer feminista es lo
que se desconoce. Cabe mencionar aquí
que éste es uno de los pocos ítems del
cuestionario que presenta un porcentaje
significativo de ausencia de respuestas.
Pues sí, mujeres universitarias en México
en 1982 desconocen, ignoran y también
alteran o distorsionan el significado de esta palabra. Esto no sería demasiado grave
si sólo se tratara de una palabra, pero si
pensamos en todo lo que ella significa o
puede representar para la vida concreta de
las mujeres, el resultado es, por lo menos,
deprimente. La distorsión que se hace del
término implica que éste se malinterpreta
en el sentido de usarse como calificativo
de mujeres exageradamente femeninas,
excesivamente coquetas, o sumisas, o románticas, o enamoradizas o superficiales.
Debo aclarar que, aún siendo este el significado atribuído, las respuestas de este
sub-grupo se dividen en favor y en contra.
Hay quienes consideran que ese podría
ser el ideal a alcanzar por ellas mismas en
su vida.

Cualquiera de estas observaciones nos
orienta hacia la ·problemática de la parti·
cular inserción de la mujer psicóloga en
el mundo profesional y laboral.

Otra vez surge en mí la interrogación
acerca de lqué consecuencias tiene, a
estas alturas de los tiempos, que existan
. mujeres universitarias y futuras psicólogas, que desconozcan la existencia del fe.
minismo, ¿Qué implicaciones tiene? Obviamente, no sólo aquéllas que hablan de
las fallas del sistema educativo, sino de las
que nos muestran la persistencia de la ex-

Interrogando a las estudiantes sobre
las causas del predomino marcado de mujeres en las carreras de psicología, sólo
una cuarta parte explica esa inclinación
mayoritaria sobre la base de la identifica·
ción vocacional con pautas socio • cultu·
rales al respecto. Pautas que definen
ideológicamente carreras "femeninas" Y
"masculinas", tal como apuntábamos an·

teriormente. El resto de las encuestad'as
consideró entre las causas que explican la
mayor población femenina en la carrera
el que la psicología no sea una profesión
que permita ganar mucho dinero, o el que
sea más "fácil" que las carreras de ciencias exactas, o el que no tenga aún un
campo de trabajo muy amplio, o finalmente, el que sea una carrera que conjuga muy bien con los atributos femeninos clásicos, tales como sensibilidad,
intuición, paciencia, calidez o comprensión. (Ya hemos hablado de esto más
arriba). (Ver aquí la Tabla 7).
Parece evidente pues que los hombres,
no querrían estudiar una carrera que no les
permitiera ganar mucho dinero, que tampoco se interesarían en una que fuera poco estimulante o exigente intelectualmente, o que no invertirían años de esfuerzo
y estudio para ser posteriores proresionistas desempleados o medio empleados.
La pregunta es ahora: lPor qué las
mujeres sí harían todo ésto?.
Para encontrar la respuesta hay que
partir de la aceptación del supuesto que
la mujer dependerá económicamente del
hombre y que, por lo tanto, no necesitará ganar lo que él. EI supuesto iocluye
igualmente la idea de que la mujer no hará del trabajo profesional un aspecto prioritario en su vida. Y, así mismo, que ella
no intentará grandes hazañas intelectuales como las que implicarían conocer de
átomos, de leyes de mercado o ·de astronomía. Simplemente, aspirará a conocer
Ytratar seres humanos . ..

mo es de esperarse de acuerdo a lo anterior, situaciones identificadas mayoritariamente con sentimientos y experiencias
de desventaja, privación, inadecuación,
minusvalía o impotencia. (ver Tabla 9).
En muchos de estos casos, la profesión
aparece identificada con un paliativo o algo en que hallar compensación frente a
esas carencias. Carencias que por- atentar
contra la médula de la definición tradicional de mujer, las convertiría en seres estigmatizados por la sociedad.
Enfrentadas a la necesidad de decidir
entre matrimonio y profesión o entre maternidad y profesión, no encuentran muchas salidas alternativas que contemplen
la consecución de ambos objetivos. Caen
en la trampa que ellas mismas fabrican
reproduciendo lo que siempre han vivid~
en este terreno: elige y pierde.
Para ilustrar esto basta examinar las
respuestas al reactivo que les plantea la
necesidad de que un miembro de una pareja de esposos profesionistas deje de trabajar por una razón familiar compartida.
La respuestas que señala a la mujer como
la indicada para abandonar su trabajo es
llamativamente significativa y más aún, si
consideramos algunas otras de las respues•
tas, las cuales en forma indirecta también
la señalan como la que debe privilegiar el
ámbito familiar sobre el profesional (Ver
Tabla 10).

Es muy llamativo hasta aquí el grado
de dificultad para plantear e imaginar opciones de superación a la realidad que
plantea las limitaciones. Y también es llaEl desempeño de los roles de esposa y
mativo que las expectativas acerca del
madre sí apa rece en nuestras jóvenes cohombre sean, generalmente, las de un opomo primera aspiración que siempre suborsitor y no de un estimulador de su desadina a todas las otras que pudieran manirrollo personal y profesional. A pesar de
festar. (Ver Tabla 8) . Más del 800/o elige
que, por otro lado, el hombre sea tamopciones que excluyen total o parcial- . bién el príncipe que hay que conquistar
~nte su realización profesional y sólo un
y seducir .. . Lady Diana . ..
irrelevante 6.6&lt;:to se permite fantasear
otras posibles situaciones que permitan
El fenómeno antes señalado de la disoluciones más abarcativas.
sonancia cognitiva vuelve a hacerse patente cuando contrastamos los deseos y
La soltería y el no tener hijos son, coexpectativas sobre el futuro profesional y

la resolución de problemas concretos co- ·
mo el que describíamos más arriba.
De este modo, todas las estudiantes
planean y desean el ejercicio profesional o
la prolongación de su formación en estudios de post-grado al finalizar sus estudios
de licenciatura (Ver Tabla 11).
Pero, son las mismas estudiantes las
que eligen en un sesenta por ciento extenso a la mujer como quien debe regresar al
hogar frente a un problema familiar según
lo analizamos a través de la Tabla 10.
Veamos otra forma en que aparece el
fenómeno de la disonancia. El temor a
que todo el sistema de relaciones familiares y sociales se resquebraje a través de l
cambio en las relaciones entre hombre y
mujer se filtra en las respuestas que investigan la retribución económica. Si bien en
un primer ítem la gran mayoría manifiesta su desacuerdo con que el hombre siempre debe recibir mayor ingreso económico
que su mujer, en un segundo ítem que
funciona como re-test del anterior casi
la misma proporción de estudiantes' considera que, por lo menos, el hombre debería _ganar un 250/o más que su mujer, y
de ah1 en más, hubo quienes establecieron
esa proporción necesaria en un 50, 75 o
1000/o más. (Ver Tablas 12 y 13).
Parece entonces que es posible pensar
un problema desde la teoría según un
concepto valorado de sí mismas y, al mismo tiempo, enfrentar la resolución de un
problema cotidiano como el de la asimetría en la relación económica hombre mujer, desde otra perspectiva, que subsis,
t? sin mayor conciencia de antagonismo
con la anterior.
Párrafos más arriba mencionábamos
los proyectos de continuar estudios de
P?st-grado, nos parece significativo que
solo . un 230/o de estas mujeres aspira a
cont1_nuar su formación. Quizás valga como e¡emplo de la autolimitación al respecto transcribir textualmente una de las
respuestas. Ella dice:
- "Si tengo suerte (sic), estudiaría maes- ~

�tría y doctorado, o lo que me permita
el tiempo antes de casarme, o sobre
todo, antes de mi primer hijo".
En muchas de las respuestas comentadas se nos aparece el perfil de una mujer
acosada por la contradicción. La contradicción de responder a dos expectativas
sobre sí mismas que funcionan antagónicamente. La contradicción de estudiar
para satisfacer necesidades intelectuales,
de desarrollo personal y de prestigio,
mientras acepta de alguna manera la posibilidad de abandonar todo ello, parcial
o totalmente. La contradicción de estar
jugándole al tiempo para ganarle una tajada, mientras se cumple el plazo inexorable de la ley biológica y social que regula a la mujer. La contradicción, en fin,
de tratar de seducir al hombre: padre, novio, marido, hijo, para que la "deje'·
mientras muchas veces ella misma no se
"deja",. Y la contradicción de relacionar
la alegría de la maternidad o el goce con
la pareja, con el sacrificio, el apartamiento o la resignación.
O por el contrario, a través de las respuestas se intuye otra forma de resolución, la falsa salida a la contradicción que·
se plantea desde el otro extremo, la de
aquellas estudiantes que quieren eliminar
el conflicto por medio de la eliminación
del hombre o de su.relación con él. Como
si él fuera todo el problema. Cómo si él
fuera el problema ... Como si se quisiera
invertir la relación asimétrica y que fuera
entonces el hombre quien resultara despojado de aquello de lo que se queja la
mujer que le falta.
Espero que a través de esta descri pción y de estos comentarios - sombríos
a veces- pueda, como me lo propuse inicialmente, compartir mis inquietudes, y
sobre todo, generar opciones de respuestas a los interrogantes planteados. El más
grande de ellos sigue sieí(éío para mí lCómo podremos las mujeres criar hijas, formar alumnas, tnibajar- con mujeres siendo psicólogas, sin que las convirtamos,
otra vez, en lo que no quisiéramos de no~ sotras mismas?

LUGAR DE RESIDENCIA DE LAS ENCUESTADAS:

NOTAS BIBLIOGRAFICAS:
1. Lemoine-Luccioni, E: u partición de 111
mujem, Amorrortu, 1982, Bs. As.
2. Newland, K: u mujer en el mundo moderno, Alianza Ed., 1982, Madrid.
3. Mannoni, O: u otra _ , . , CI.,• de lo
imaginario, Amorrortu, 1979. BS.As.
4. Lemoine-Luccioni: Op. Cit.
5. Festinger, L: A Th-V of cCJ91'1itive_ di11onance, Stanford University Press, 1962,
Stanford California.
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE
LA MUESTRA

-

Ofo
Universidad de Monterrey 21
Universidad Regiomontana 21 .7
Universidad Autónoma de
Nuevo León
57.3

77.2
18.2
4.6

Muy de acuerdo:
- De acuerdo:
Indecisa:
- En desacuerdo:
- Muy en desacuerdo:
No contesta:

RELACION CON EL TRABAJO :

ºto
No trabajan:
Sí trabajan :

65.5
34.5

DISTRIBUCION POR NIVEL ECONOMICO:

TOTAL DE ENCUESTADAS: 391.
DISTRIBUCION POR UNIVERSIDADES:

ltem No. 5: lLamujeresquitndeberiaocupane
del cuidado y la educación de los hi
jos?

Ofo
Monterrey
Foráneas:
No contestan:

6.1
14.3
13.3
25.8

Lady Diana:

10.7
3.7

Soltsr11:

93.4

Casada:

6.1
.5

DISTRIBUCION POR SEMESTRES O TETRAMESTRES ACADEMICOS:

ºto
Primero:
Segundo:
Tercero:
:.. Cuarto:
Quinto:
Sexto:
Séptimo:
OctaVo:
Noveno:
Décimo:

7.2
17.4

5.1
22.0
4.6
15.9
7.4
14.1
1.5

4.9

o

47.8

5.6
3.1

26.3
1.0

1.5

5.6
1.3

o
25
50
75
100
No contesta

Ofo

O/o
Divorciadas, viudas,
unión libre:

Sor Juana Inés:

ltem No. 9: Para tí: len qui consiste lo femani
no?
En ser delicada, suave, coqueta,
modales:
En la sensibilidad, sencillez, belleza,
actitud de servicio:
En la maternidad:
En ser y actuar como mujer:
En ser heterosexual :
En un conjunto de roles que la
sociedad adjudica a la mujer:
En lo que diferencia a la mujer del
hombre:
En ser buena esposa, madre, cuidar
del hogar:
En ser mejores y lucha por los derechos femeninos:
No contesta:

to

25
50
75
100
No contesta

TABLA 1

ESTADO CIVIL DE LAS ENCUESTADAS:

24

69.6

°lo
.8
3.1
13.8
22.3
53.7
.4

1.8
5.1
10.2
26.9
51.2
4.8

Siguen en orden decreciente en relación al
puntaje máxi mo (1000/o) de feminidad, Verónica Castro, Marie Curie, Josefa Ortiz de Domínguez, Jacqueline Onassis, Margaret Mead,
Margaret Thatcher, María Félix y Oiga Brees•
kin, la que recibe ese puntaje sólo por parte
de un 14.6 0/o de las encuestadas.
TABLA 4

ltem No. 16: En la vida sexual de la pareja es
conveniente que el hombre 11•
ve la iniciativa:

3.8
3.8

0

Muy de acuerdo:
- De acuerdo:
Indecisa:
En desacuerdo:
Muy en desacuerdo :

-

to

3.3
49.6
12.3
15.6
19.2

TABLA 7

ltem No. 12: Si tu posibilidad cierta fuera t_,
solamente unemberazo, lqu6sexo
preferirías y por qu67

ltem No. 1: lPor qu6 eonsider11 que hay más
muj.,_ que hombres que estu-•
dian psicologia?

°lo
-

.5

0

26.1

ºlo
62
30
5
2
1

20.7
5.9
50.4
19.2

TABLAS

OJo

TABLA3

EDAD DE LAS ENCUESTADAS:

Entre 15 y 20 ai'los:
Entre 21 y 25 ai'los:
Entre 26 y 30 ai'los:
Entre 31 y 35 al'los:
Entre 36 y 55 al'los:

º'º3.3

ltam No. 13: Asigna a las siguientes mujeres
una calificación da femanidad en
t6rminos de porcentaje (100, 75,
50, 25 y 00/o).

OJo
Muy bajo:
Bajo:
Mediano-bajo:
Medio :
Mediano-alto:
Alto:
No contesta:

TABLA 2

°lo
52.9
34.8

Me seria Indiferente:
38.9
No lo sé :
1.0
Femenino: las nii'ias son
más fáciles de educar, tranquilas. dóciles, responsables:
21.5
Femenino: para que ella
pueda ser madre también :
3.8
Femenino: me podría
identificar más con ella:
10.7
Femenino: para educarla
igual al hombre :
2.0
Masculino: tendrá más
posibilidades y sufrirá
menos :
8.4
Masculino: los niños me
8.2
gustan más
Masculino: para complacer al padre :
2.0

Es una carrera con poca
11.3
retribución económica:
Las carreras humanísticas
son más adecuadas para
mujeres:
16.1
Es una carrera con poco
campo de trabajo:
4.9
Requiere atributos femeninos, comprensión, humanitarismo, paciencia:
25.4
Ayuda a desarrollar mejor
una familia y las relaciones
personales:
4.1
Es una carrera más fácil
que las de ciencias exac4.3
tas o las tecnológicas:
Es consecuencia de una
definición socio-cultural
de las profesiones:
22.3
Los hombres machistas
no quieres verse mal en
una carrera para mujeres:
9.0
2.6
No contesta:

38

TABLAS

ltem No. 25: lCuál es tu opinión da las mujeres feministas?
O/o
Luchan por la igualdad de
derechos de la mujer, las
apoyo:

0/o

TABLA 8
ltem No. 27: Una mujer psicóloga ante el
matrimonio y la maternidad

32.2

Luchan por la igualdad de
derechos de la mujer pero
son extremistas:
24.01
Confuden liberación feme3.1
nina con libertinaje:
Son el otro polo del ma.8
chismo:
No deberían hacer escán·
dalos o manifestaciones:
7 .2
Pierden su feminidad al
querer igualarse al hombre : 5.4
Estoy en desacuerdo con
ellas:
3.3
Sólo les interesa su aspecto
exterior, son coquetas y suPerficiales:
Son dependientes de los
hombres, sumisas, román·
3.6
tices, conformistas:
15.8
No contesta:

debería:

O/o

43.8

4.61
3.2

-

Elegir su realtzación
profesional:
Postergar su desempeño
profesional :
Optar por su realización
como esposa y madre:
Limitar o restringí r su
práctica profesional :
Otri.l'i
No cont~sta:

O/o

9.0

4
: :: } 83.7
27 .1
6.6
.7

�LA HISTORIA ORAL COMO
INSTRUMENTO
DE LA HISTORIA CHICANA
I_

Hubert J. Miller
Traducción al español de
Armando Moreno Cervantes

TABLA 9

TABLA11

TABLA 12

ltem No. 14: La posibilidad de quedarme sol•
tera me hace sentir. ..

ltem No. 34: lCu" •ría tu mayor d-o al terminar la carrera?

ltem No. 18: Para la estabilidad de la pareja, el
hombre siempre deboll'ía recibir mayor ingreso económico que la

ºlo
-

-

-

Indiferente:
19.4
Triste; deprimida, decepcionada, infeliz:
27 .9
Mal, porque quisiera tener
hijos:
2.0
Mal, porque el matrimonio
es muy importante para mí: 4.3
Mal, porque no me realizaría como mujer:
4.9
Miedo, falta de protección
moral y económica:
4.9
Fea, poco atractiva, responsable de la situación:
1.8
Libre, sin compromisos e
independiente:
7 .9
Me dedicaría a la profesión: 21 .5
No contesta:
5.4

TABLA10

ltem No. 29: Suponiendo que tú y tu esposo
fuwan ambos profesionistas y que
uno de los dos tuviera que dejar
de trabajar por alguna razón familiar, lquiín deberla dejar de trab•
jar?
ºlo
61.1
La mujer:
.8
El hombre:
Depende de quien tenga
mejor empleo:
·
9.7
- Debe tomarse una decisión por mutuo acuerdo:
9.0
- Depende de la razón familiar:
10.5
La mujer, luego puede re!J'BSar al trabajo:
2.0
.,... Deben esforzarse para continuar ambos:
2.6
- Depende del gusto, satisfacción y desempeño profesional
de cada uno en el trabajo:
2.0
- Cualquiera de los dos:
1.5
- Ne&gt; con testa:
.8
-

ºlo

-

-

-

-

Ejercer la profesión:
47.8
Ejercer la profesión, casamiento e hijos:
5.4
Trabajar un tiempo y luego casarme:
2.8
Desempeñar brillantemente la profesión, ser reconocida, tener buenos puestos: 12.5
Ejercer la profesión y hacer
estudios de post.grado:
Hacer estudios de post,grado:
6.9
Trabjar en salud mental:
1.5
Trabajar con niños o jóvenes:
2.8
Trabajar en investigaciones: 2.0
No contesta:
2.3

"}

mujer.

ºlo

-

-

ºlo
Muy de acuerdo:
De acuerdo:
Indecisa:
En desacuerdo:
Muy en desacuerdo:
No contesta:

a.u

25.6_ 12.3
40.4}
12.8
,7

Olo
33.8

53.2

TABLA 13
23
ltem No. 39: lEn qué proporción considera
que el hombre 'deberla ganar un
llleldo mayor al de su mujer?

-

-

1000/o:
750/o:
500/o:
250/o:
00/o:
No contesta:

~.r
14.6
22.8
22.8.
32.7
2.5

ºlo
64.8

Los estudiosos de la historia de los
chicanos han sido negligentes en el empleo de la historia oral como medio de
investigación. La obviedad de este hecho
resulta cuando se compara el uso dado
al método en cuestión en el estudio de
otras minorías. Inclusive al escribir la
historia de los anglos, los historiadores
no han desaprovechado el instrumento
referido, como lo atestiguan las obras
de Allen Nevis y de Sfuds Terkel.
Al repasar brevemente la Bibliography on oral history collections, de Manfred Waserman, se comprueba cuán escasa es la utilización del enfoque histórico - oral en los trabajos en que se da
cuenta de la historia de los chicanos. En
realidad, la obra de Waserman contiene
más referencias acerca del uso de la técnica de la entrevista en la historia mexicana, que en la chicana. En dicha obra
se citan específicamente los trabajos
alusivos al empleo de la historia oral en
la investigación mexicana de Lyle
Brown, Eugenia Meyer, Alicia Olivera
de Bonfil, James W. Wilke y Edna
Monzón de Wilkie (1). De esta guía bibliográfica se desprende que el uso del
método de que aquí se habla, en el análisis del pasado chicano, no había alcanzado aún su madurez en 1975.
En ese mismo año (1975). Alan
Meckler y Ruth McMullin publicaron
una guía sobre colecciones de historia
oral. Bajo el rubro de instituciones texanas, en la guía se mencionan cuatro
universidades que cuentan con depósitos de obras que tratan de temas
chicanos. Los cuatro centros educativos son, a saber: la Universidad de
Baylor (Baylor University ), la Universidad
Estatal del Norte de Texas
( North Texas State University ), la
Universidad de A &amp; M de Texas ( Texas A &amp; M University ) y la Universidad
de Texas en El Paso ( The University

of Texas at El Paso) (2). Aunque podrían
agregarse a tal lista algunas colecciones
más reducidas de otras instituciones de
Texas, la guía de Meckler y McMullin
señala nuevamente la existencia de recursos limitados en esta área.
En un sondeo más reciente de la literatura referente á este campo, realizado por el profesor Osear Martínez,
se deplora el hecho de que son pocas
las publicaciones cuya información se ha
basado en el empleo de la historia oral.
El profesor cree que esta situación se
debe tanto al incipiente desarrollo de este instrumento, como al relativamente
reducido número de especialistas en materia de asuntos chicanos que había antes de final izar la década de los sesenta
(3).

El profesor Martínez indica que los
historiadores profesionales han descuidado el uso de la historia oral, mientras
que los-colegas de otras disciplinas han
recurrido frecuentemente a dicha técnica. Ya en los años veinte, el antropólogo mexicano Manuel Gamio utilizó este método en sus estudios acerca de la
emigración de braceros (mexicanos) a
los Estados Unidos de América. Lo mismo puede afirmarse en cuanto a la investigación de Paul Taylor, sobre la mano
de obra mexicana y chicana en la Unión
Americana luego de la Primera Guerra
Mundial. Durante la época posterior a
la segunda conflagración, otros investigadores --Ernesto Galarza, Osear Lewis,
Américo Paredes y Stan Steiner ·· habían
empleado este instrumento en sus respectivos trabajos (4). Los historiadores
de profesión harían bien en aprender de
los esfuerzos llevados a cabo por esos
precursores.
La lista de proyectos con base en el
uso de la historia oral, en constante crecimiento desde principios del decenio de
los setenta, en. Texas y California, así
como en otros estados como Nuevo
México, Utah y Colorado, constituye un
buen argumento en favor de una mayor

utilización de las colecciones de historia
oral al escribir sobre folklore; inmigraciones, braceros, movimientos políticos e historia fronteriza, en relación con
los chicanos (5).
Por lo anterior, se impone repetir la
observación conclusiva del profesor
Martínez:

La historia oral chicana se encuentra en la infancia. Aún cuando
investigadores y otros escritores han
empleado a menudo la técnica de la
entrevista, como medio de estudio en
las comunidades chicanas, los trabajos efectuados principalmente con
base en la historia oral son contados.
Los historiadores veteranos, en particular, no han capitalizado el potencial de los aparatos de grabación. Empero, existen indicios de que los investigadores jóvenes que ingresan a
la profesión habrán de aprovechar
sistemáticamente este importante
método de acopio de datos. Los programas institucionales que contem·
plan proyectos sobre los chicanos
son relativamente escasos, mas algunos de los hoy en dla existentes contienen colecciones dignas de tomarse
en cuenta (6).
El propósito de la presente monografía es tomar en consideración la advertencia transcrita, así como aplicarla a
la historia de los chicanos del sur del
valle de Aío Grande.
De la lectura somera de los textos de
historia relativos a la zona sur del valle
de Río Grande, puede colegirse la alarmante omisión de la historia chicana del
siglo veinte, a pesar de la circunstancia
de que la historia de esta minoría precede a la de los anglos, y de que el grueso de la población en el área está formado por chicanos.
El libro de texto tradicional, escrito
por Lee Stambaugh y su esposa, Lillian,
es un claro exponente de la obras que fo

�contemplan la historia del valle de los
siglos XIX y XX como historia de lo_s
anglos. Verbigracia, los autores descri·
ben el desarrollo de las industrias ganadera y agrícola como fenómeno esencialmente anglo (7).
Lo mismo ocurre en lo que toca al
tendido de las vías férreas durante los
primeros al\os del actual siglo. Asimismo,
los autores fundamentan sus conclusiones en crónicas periodísticas y en actas
de cabildos. En virtud de que esas relaciones parten primordialmente desde
el punto de vista anglo, la historia de los
chicanos está aún por contarse. De haber utilizado los autores la historia oral
en la comunidad chicana, hubiera resul·
tado evidente que muchas de las industrias citadas se convirtieron en realidad
por la mano de obra mexicana y por
empresas propiedad de mexico-america·
nos. Esto representa un buen ejemplo
de cómo la historia oral puede servir para llenar lagunas, cuando las fuentes escritas tradicionales fueren oscuras.
Otra obra clasificable en la catego·
ría ae la de los Stambaugh, es la de
Dorothy Lee Pope. Su enfoque es to·
davía más limitado, pues abarca únicamente la historia de la zona del período
1910 • 1930, dependiendo de informaciones periodísticas y empleando la téc·
nica de la entrevista, pero exclusivamente
con segmentos anglos de la comunidad,
refiriéndose a los chicanos sólo de mane·
ra tangencial, tornándose así, ~~sicamente, en la historia de los colonizadores y de los promotores del desarrollo
anglos. Cuando se hace alusión a los
mexicanos, frecuentemente se les caracteriza como bandoleros (8).

j

Los proyectos y las publicaciones
conmemorativos del bicentenario de los
·ai'\os setenta, trataron predominantemente sobre las aportaciones étnicas al
pasado de la nación, y los del sur del
valle de Río Grande no fueron la excepción. En su Roots by the river, Ann Reed

Washington y coautores muestran una
mayor conciencia del legado chicano,
en comparación con los autores mencionados con antelación. Aunque la mayor
parte de la publicación da cuenta de la
historia de los colonizadores y empresarios anglos, sus autores no soslayan la
historia de los negocios familiares
mexico-americanos, tales como el "Ran·
cho Vela'', al norte de Edinburg-Y el
"Rancho Yturria", cercano a Raymondril le. De igual manera, se habla de
los rnexico-americanos en otros renglones de las actividades mercantiles, como
de los Yturria, en la banca, de Carlos De
la Garza, en los giros de abarrotes Y de
artes gráficas, a la vez que de la empaca·
dora de carnes de los Hinojosa, en Mercedes. Con todo y que esta obra está dirigida al gusto del lector popular, ya se
captan en ella señales saludables de reconocimiento del pasado chicano.
Algunas de las fuentes referidas han
utilizado informaciones de historia oral
de un modo limitado. Del hecho de que
los trabajos versen sobre la historia de
las élites de los anglos, así como del que
las entrevistas se llevaran a cabo comúnmente sólo con este grupo, puede inferirse la omisión de las experiencias chicanas. Por otra parte, en un artículo acerca del uso de la historia oral, en el estudio "Crystal City" y de "La raza
unida" Lyle Brown ofrece una muestra
palpabÍe del tipo de información que
puede reunirse sobre los chicanos (9). Sus
cintas de grabación se encuentran disponibles en la Colección de Historia Oral
de la Universidad de Baylor ( "Baylor
University Oral History Collection").
La valiosa ayuda que la técnica de la
historia oral puede brindar se hace patente en la investigación de Devra Anne
Weber, respecto a los trabajadores agrí·colas en el valle Imperial y en el área de
los Angeles. Su enfoque del análisis de
las huelgas ocurridas en esa zona, ~e
1928 a 1934, consistió en dar constancia
de las opiniones de diez huelguistas, en

lugar de basarse totalmente en las crónicas periodísticas que favorecían a los
productores. Entre los hallazgos más so·
bresalientes a partir de la utilización de
la utilización de la técnica de la entrevista, se tienen los siguientes: (a) un número más realista de las personas involucradas en los movimientos de huelga,
(b) consideraciones políticas, sociales,
económicas y religiosas, (c) antecedentes familiares, (d) relaciones entre los
mismos trabajadores mexicanos, así co·
mo para con otros grupos étnicos,
(e) desplazamiento de la mano de obra
mexicana por parte de los obreros anglos, (f) relaciones entre la ideología
de los huelguistas y la de los dirigentes
de los trabajadores, y (g) estructura de
los sindicatos y actividades huelgu ísti·
cas.

Aparte de las entrevistas, la autora
recurrió a correspondencia de Carey
McWilliams, a cartas y libelos de la bi·
blioteca de la UCLA (Universidad de
California en Los Angeles) y a publicaciones oficiales. Al estudiarse los resultados de su investigación, se comprueba que los escritos jamás podrían pro·
porcionar la información que fue sus·
ceptible de obtenerse mediante la entrevista a los diez huelguistas (10).
Ejemplos adicionales del empleo de
la técnica de la entrevista en el estudio
de las huelgas de chicanos, son las in·
vestigaciones realizadas por George N.
Green sobre el Sindicato Internacional
de (Mujeres) Trabajadoras del Ramo de
las Prendas, en Texas, de 1930 a 1970.
Las fuentes principales consultadas por
este autor fueron periódicos y revistas
laborales. El recurso de la historia oral
lo utilizó secundariamente, pero inclu·
sive así brinda información que no fi·
gura en las fuentes escritas (11 ). La ~itua·
ción no cambia mucho en el estudio de
Víctor B. Nelson Cisneros, sobre los
descascaradores de pacanas del decenio
de los treinta, en San Antonio (12).

Ricardo Romo usa de un modo un
tanto distinto la entrevista para averiguar cómo fue que ciertas familias mexicanas llegaron a los EE.UU., la forma
en que lograron obtener empleos y la
manera en que fueron auxiliados por
los rurales de Texas para cruzar ilegalmente hacia este país (13). Es innecesario
mencionar que el último de los hechos
apuntados no habrá de encontrarse fácilmente en los archivos de los rurales.
mas es información que puede conse:
guirse a través de la entrevista grabada.
Los anteriores ejemplos del uso de la
historia oral para hurgar en el pasado
chicano son bastantes para probar lo
que puede llevarse a cabo. Este tipo de
esfuerzos que abren el camino a la uti·
lización de la técnica de la historia oral
deben incrementarse, para así hacer posible que se dé cabal cuenta en lo escrito, acerca de la totalidad de los aspectos de las experiencias chicanas. En· este
orden de ideas, deseo enfocar mi análisis a la zona del sur del valle de Río
Grande, en Texas, y comprobar el valor
del método de la historia oral en el estudio del pasado chicano.
Las entrevistas que se describen más
adelante las he efectuado del año 1976
hasta la fecha.
ellas se ofrece una
semblanza de las vidas de cinco individuos, fluctuando la duración de cada
entrevista entre ocho y nueve horas
aproximadamente. Este material se encuentra disponible para el público, sin
ninguna limitación, en el Centro de Recursos para el Aprendizaje de la Universidad Panamericana (- Pan American
University Learning Resource Center ).
Las entrevistas con esas cinco personas
en realidad presentan las historias de üñ
grupo selecto, de una élite; por lo que
esta advertencia deberá tenerse en mente al escuchar sus comentarios.

En

La empresa de la historia oral dió comienzo corno proyecto conmemorativo
del bicentenario (de los EE. UU.). que

en .1976 iniciara el Comité del Gobernador sobre edad avanzada (- The
Governor's Committee on aging J. Como resultado del proyecto aludido, se
publicaron las historias de las vidas de
unos veinticinco ciudadanos de avan·
zeda edad, del estado de Texas. Entre
los nombres que consignaba la· lista de
los ciudadanos escogidos para ser entrevistados en el área del sur de di.cha entidad, aparecía el del doctor Octavio
García, de McAllen (14). Lo que resulta·
ba particularmente interesante para mí
de la vida de este hombre, era su participación en la Revolución Mexicana y
su posterior emigración a la Unión Americana. Fueron éstas las razones por las
que recomendé que se incluyera al
doctor García en la nómina de las veinticinco personas a quienes se habría de
entrevistar para el proyecto del bicentenario. Luego de escuchar la historia
del doctor, nunca lamenté mi decisión.
La historia del doctor García empieza alrededor del cambio de siglo, en su
niñez, en Mier, Tamaulipas, población
situada al otro lado del río (Bravo del
Norte), frente a Roma, Texas. Los primeros años de su adolescencia los vivió
en Saltillo, donde asistió al Ateneo. Su
relación hasta 1915 (cuando a la edad
de dieciséis años emigró a los Estados
Unidos), revela interesantes facetas de
la vida en Mier y en Saltillo. La instrucción recibida en el Ateneo le abrió los
ojos, pues fue aquí en donde, bajo la
influencia de uno de sus maestros de
filosofía, se enfrentó a los problemas
soci-econórnicos por los que México
atravesaba en la época del porfiriato.
En la narración, el doctor hace referencia a los estrechos vínculos que existían entre su familia y Francisco l. Madero, el dirigente de la Revolución de
·1910. El caso fue muy diferente en
1914, al entrar en escena el presidente
Venustiano Carranza, cuando, en medio
de las luchas entre las facciones revolucionarias, la familia emigró a su rancho
cerca de Falfu rrias, Texas.

Luego de una corta estancia en la hacienda de su padre, partió al "St. Louis
College" (que más tarde se convertiría
en la institución actualmente denominada "St. Mary's University", en San
Antonio). donde estudiaría para mejorar su inglés. En el transcurso de la década de los años veinte, estudió en la
f acuitad de Medicina de la Universidad
de St. Louis (- St. Louis University
Medica/ Schoo/ ), concluyendo su carrera en 1930.
Una de las secciones más valiosas de
la entrevista sostenida con él, es en la
que se detallan muchas de las discriminaciones a que se vio sujeto en el ejercicio de su profesión en McAllen. El
doctor García tuvo éxito en su propósito de eliminar paulatinamente las
prácticas discriminatorias, así corno en
establecer normas profesionales de un
nivel superior --tales como sistemas
de registro adecuados y el empleo de
una máquina de Rayos-X, misma que
su esposa, quien era un experimentada
enfermera, operaba--. En pocas palabras, el método del relato oral en la
investigación de la historia chicana es
valioso en .cuanto a que puede ofrecer
la descripción de la vida en una ciudad
fronteriza y en un rancho a principios
del presente siglo. Los comentarios del
doctor acerca de la Revolución Mexicana, así como su enfrentamiento a los
tratos discriminatorios en el nosocomio de McAllen, revisten especial utilidad; inclusive las observaciones sobre
este último punto, pcr sí solas, hacen
que la entrevista valga la pena, dado
que manifiesta vívidarnente los graves
problemas que tuvieron que arrostrar
los chicanos en el período comprendido entre 1930 y 1960 (15).
Como ya se indicó, las relaciones históricas del Valle tienden a omitir la
aportación chicana al desenvolvimiento
de la industria agropecuaria. Si acaso se
extiende en ellas algún reconocimiento
en ese sentido, se refiere a los poblado-

~

�res de la época de Escandón, en el siglo
XV 111; pero después de 1848, la perspectiva se torna enteramente, estimán·
dose esa actividad como giro primordialmente anglo. Las historias de Esteban
García y Ramón Guerra añaden pruebas
de las contribuciones chicanas a la in·
dustria de referencia, luego de 1848.
Ambos entrevistados remontan el origen de sus antecesores (familiares) a los
pobladores de los tiempos de Escandón.
La Familia Guerra residía en el lado
texano, mientras que los García vivían
en Camargo, siendo esta última familia
obligada a irse por la fuerza y a trasladarse a un rancho en el sector estadouni·
dense. Los García apoyaban al presidente Porfirio Díaz y, luego de 1910,
no había cupo en la República Mexica·
na para los sentimientos de esa índole.
De hecho, esta familia sufrió la pérdida
de vastas extensiones de tier•a que po·
seía en México (16).
Los recuerdos formulados por los
sef\ores Guerra y García ofrecen infor·
mación respecto a la vida en los ranchos del sur de Texas. La historia de
Esteban García describe el modo de
vivir en Camargo y da fe de los estrechos lazos mantenidos con el poblado
hermano de Río• Grande City. Dado
que parientes y amigos vivían en uno y
en otro lado del río y puesto que no
existían limitaciones migratorias, las
dos comunidades se consideraban (entre
ellas) como una ¡,an población; avnque,
en el año de 1917, esos vínculos se vieron amenazados al comenzar a implementarse medidas migratorias restricti·
vas (17).
La familia García era heredera de la
"Porción No. 98", una concesión de tierras cuyo origen data de 1767. Luego de
salir de Camargo, los García se mudaron
a su rancho, cerca de Falfurrias. Los
Guerra vivían en otro rancho ubicado
aproximadamente a veinticinco millas al
~ norte de Edinburg. Las dos narraciones

dejan entrever el estado de aislamiento
de la vida en los ranchos, antes de que
llegara la mecanización. Los rancheros
dedicaban largo tiempo a discutir cómo
habían de dirigirse los ranchos, incluyendo las condiciones de trabajo, la
crianza de ganado, las mejoras de calidad de la tierra, así como el papel del
ranchero como patrón; lo cual aY._4dó a
muchos de sus trabajadores chicanos a
sobrevivir en momentos difíciles (18).
Por ejemplo, los aspectos de negocios del
relato del señor Guerra, revelan la venta
de ganado al ejército de Lucio Blanco,
de Tamaulipas, que secundaba a Venustiano Carranza en su lucha por derrocar
al presidente Victoriano Huerta. La narración de Esteban García alude a sus esfuerzos por desarrollar la raza de ganado
cebú.
Otros detalles interesantes de las entrevistas, se relacionan con la época en
que el señor Guerra ingresó al giro de los
abarrotes, en McAllen, y con su elección
como miembro del cabildo de la ciudad,
siendo precisamente durante el período
de su gestión como munícipe, en la
década de los años treinta, cuando se
encontraron las sendas del doctor Octa·
vio García y del señor Guerra. en los
días en que el doctor se quejaba de los
tratos discriminatorios en el hospital de
McAllen, recurrió a solicitar ayuda a
Ramón Guerra. El esfuerzo resultó vano, pues el funcionario le hizo saber al
médico que ésa era la forma en que los
anglos se desenvolvían y que él (el doctor) necesitaba aceptar la realidad, por
dura que ésta fuera. Por ningún modo
habría de admitir el "combativo" médi:
co tal idea como solución definitiva (19).
Además de su rancho, Esteban Gar·
cía tenía otros intereses; uno de ellos
era su estrecha liga con líderes poli·
ticos mexicanos. las relaciones nacían
a partir de los tratos (en cuanto a gana·
do y caballos) que celebraba con figuras
del mundo político mexicano, militantes tanto del PRM (que luego cambiaría

sus siglas por las de PRI), como de partidos de oposición, como el PAN. García conservó su nacionalidad mexicana,
permitiéndole esta circunstancia el poder tomar parte en la política de México; como en el año de 1940, cuando
participó activamente en la campaña de
Juan Andrew Almazán. Su apoyo a Almazán refleja sus anteriores convicciones en favor del porfiriato (20).
los comentarios con los que ambos
entrevistados cierran sus relatos, tocan
el tema de su reacción ante los movimientos chicanos que dieron principio
en el sexto decenio del siglo en curso.
Los dos proceden de ambientes conser•
vadores y no se sienten a gusto con el
vocablo "chicano", aparte de que están
convencidos de que
mexico-americanos pueden mejorar su calidad de vida a
través de la instrucción y la educación,
sin necesidad de adoptar posturas chicanas "radicales". El temor hacia el radi·
calismo en el movimiento chicano se
vuelve patente en las opiniones emitidas por García, al hablar sobre la hue~
ga de los trabajadores agrícolas de La
Casita", a finales de la década de los
años sesenta, y sobre "La Raza Unida".
Habiendo residido en Río Grande Citv
durante esos años, el señor García fue
testigo de la huelga en cuestión, misma
a la cual él se opuso, por lo que posteriormente aconsejó a la Iglesia Católica
del Valle que no se involucrara en tal
movimiento, porque la razones que an~
maban a éste eran puramente socio-económicas y, por tanto, ajenas a la mi·
sión de la Iglesia. Además, también
pensaba que las demandas de los trabajadores eran extralimitadas y que los
rurales procedían justificadamente al
arrestar a los huelguistas, en virtud de
que éstos estaban destruyendo propiedad privada. La defensa de la conducta
de los rurales por parte de García no
fue ratificada por las ulteriores resolUr
ciones de los tribunales, en las que st
dictaminó que los rurales actuaron
equivocadamente (21).

los

Es pe_rfectamente dable suponer que
las opiniones expresadas por estas dos
~r~onas (en lo que se refiere a los mov1m1ento~ chicanos Y a la huelga de
1?5 tr~baJadores agrícolas) son compartidas integramente por otros rancheros
puesto que es el punto de vista elitista
de empresarios prósperos que percibían
una amenaza a sus intereses económicos por causa de esos movimientos. El
~ontar con esa opinión grabada es valioso _para ~I investigador, en función de
la a~1stenc1a que a éste le brinda
explicarse las dificultades a que sep:~~
~rentaban los chicanos, al intentar me¡orar a su grupo en general.
Un panorama totalmente distinto
sale a relu~ir de la conversación con Leo
~- Leo, ~u1en por mucho tiempo fuera
¡efe (cacique) politico de La Joya, cerca
~e McAllen'. ;exas. Sus antecedentes
_-que conmt1an en una mezcla de mex1.canos Y anglos-- se remontan a los
d1as de la guerra entre los Estados Unid?s de Norteamérica Yla República Mexicana. Sus Primeras remembranzas corresponden a los años veinte época acer
ca de la cual expone aspect~s interesan:
~es ~n lo que ve a la vida Yla educación
he a Joya. En su charla, el señor leo
ace ~otar la dura discriminación que
~~s c~1c_ano~ _encontraban en las escuelas.
d1scri'!1inac1on que continuó en el terce;
ec':"'º de esta centuria, cuando el entre~1stado asistía al ..Junior College" e
Ed1nbu rg, inst1tuc1on
· · .. que diera origen
, na
1a ac~ual . "Pan American University"
(-Un1vers1dad
Panamericana) · Un .inCI·.
de
t ·
ft n e inolvidable acontecido en esos
~ os del "Junior College", fue su exitoc~mpaña ~ara elegir a una muchacha
rnex1co-amencana como reina del plantel. Al percatarse los funcionarios del
~tro educativo de que la joven tenía
~as lds probabilidades de triunfar la
;a ica se vio o~ligada a renegar de su' raYa competir por el accésit (22).
Lo_s años de la década de los veinte
Y, Part1cu larmente, los de la década de

los trein!~• no fueron fáciles para Leo
pues nac1~ e~ el seno de una familia d~
recursos limitados. Su familia fue suma~ente golpeada por la crisis en el
peri~do de_ la depresión, durante el cual
Leo ingreso a la C C C
. .
más ta d
, cons1gu1endo
"New be:l'~n( puNesto en proyectos del
.
- uevo Trato ). la técnica de la entrevista comprueba su valor
~n este caso, pues provee una mejor
i_magen de raíz de los problemas de 1
epoca de la d:presión, en comparació~
con las narraciones comentadas previament~.• ~us opiniones sobre los momentos
en Mission YMcAlle n, t raen
a c d1f1ciles
1 ·•
'd o ac1on •el hecho de que hab'1endo
s1 o 1os chicanos quienes más habían
menester de los programas del "N
T t "
uevo
ra o • . n_~ obtuvieron los beneficios
que
rec1b10 el segmento anglo• Ensu
t'd
es1s e grado de maestría (que versa
sobre los chicanos de McAllen de 1933
a 1936)_,_ Irene Ledesma llegó a' la misma
con~!us1on (23). Las privaciones quepadec10_ el señor Leo le convencieron de la
n_eces1da~ ~e conseguir la independencia econom1ca, antes de pensar en poder
entrar a la poi ítica para mejorar las
depl_orables condiciones de su grupo Inclusive su breve paso como maestr¿ en
el_ condado de Zapata, no le aseguraba
d ich~ emanci~ación. No fue sino hasta
los anos q_ue siguieron a la Segunda Guerra Mundial --cuando empezó a dedicarse a los. abarrotes--, que el señor
Le~ alcanzo su largamente anhelada segundad económica (24).
. E_sta misma época de la posguerra le
brindo a Leo las oportunidades políticas
que ~e tornaron en su primer amor. Estaba cierto d_e que los chicanos de los
a~_os posteriores a la citada conflagrac_1on estaban más conscientes de la necesidad de pelear por sus derechos. Se trataba ya de una persona distinta de la
que se había afiliado a la "Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos"
L C . L U ,I': League of Un ited Lati~
American C1t1zens" _ LULAC), la que,
según Leo, no quería hacer ruido ni

causarse problemas. El nuevo chicano
contab~ c?n su constancia de servicio
en el ~Jérc1to, pertenecía a la institución
c?n~1da como "GI Forum" a la "As0
c1ac1on p0 lítica
· de Organizaciones
•
H' •
pano~arl_antes" ó A p o H ("Politid:i
As~oc1at1on of Spanish-Speaking Or ·.
zat1ons"- PASSO)
.
gan1
"CI
• as1 como a los
ubes Kennedy" (-"Kennedy Club ")
~esde ,su sede política de la Joya / .
f1~ba al liderazgo anglo del cond;doe~a~
~-1da,lg? Y a los patrones con apellidos
. 1span1cos, que eran utilizados como
instrumentos por los dirigentes políticos anglos. Uno de esos patrones a quienes Leo desafiaba era E. B. Reyna de la
Jf~ª·. El aspirante a líder polític~ logró
e ex1to en el transcurso de la década de
l~s años s~se_nta, cuando pudo obtener
e_ reconoc1m1ento de La Joya com
t1dad poi ítica Y ser electo alcalde do enpoblación (25).
e esa
. El relato de estos sucesos poi íticos
ex~1be la corrupción política que prevalec1a,_ en particular en lo que toca al
maneJo de los sufragios Yde los impue .
t~s sobre votación. En realidad I s
d1dato político que pudiera pa~r\,Ci::
puesto sobre votación de sus segu'd
era el q t .
1 ores
ue en1a mayor oportunidad de
g~nar. El ~so de boletas de votación hacia aconseiable el ejercer presión polític~; El señor ~eo opina que la introducc1on de la maquina de votación ha sido
una ~e las reformas más trascendentes
en virtud de que mantiene el voto se'.
cret?; es decir, que permite emitir s~frag1os co~tra el jefe poi ítico sin temor
a represalias de corte económico L
resol~ció~ judicial respecto a 1a' in~
const1tuc1onalidad de los impuesto
bre votación
od .
. s sotamp
• no P ria considerarse
tanci;(~6)~mo una reforma sin impar- La zona de influencia política del
~?n?r Leo se extendió más allá de los
1_~1tes de La Joya. Por un tiempo fun;1: c_omo n_otario público Y con ello
Y do a registrar documentos de iden- ~

�tificación Y ciudadanía para muchos de
sus clientes. En un
número de cas?s
se trataba de descendientes de. repatri_a·
dos en la década de los años treinta, mts·
mos quienes habían nacido_ en los· Es:~
dos Unidos de Norteamérica pero q .
en la época de la depresión fueron o_b~tgados a regresar a México. Este s~rv1~10
le significó allegarse leales partidarios
políticos (27).

!P'ª"

Otra de las áreas en las cuales coope·
ró con su comunidad, fue su ~esempeño
como miembro de los con~e)os de a~ministración encargados de v1g1l~r la aplt·
., de los programas de as1stenc1a a
cacton
. dad"
indigentes de la "Gran Socte
(-"Great Society"), durante la dé~ada
delossesenta(28).En su carácter de in:·
grante de esos organismos, Leo hab)a ~
en favor de los desamparados. economt·
camente Y, al hacer esto, ampliaba su es·
fera de poder político, porque estaba -en
. ., n de prestar servicios que muchos
pos1c10
• h b'
•
de estos menesterosos jaman a ta rect·
bido tales como conseguir emp}e~, '!'~jora~iento de vivienda Y asesoria ¡uridt·
ca (29).
Sus comentarios sobr~ ~u pa~icipación en el consejo de admin1strac10~ d~I
"Patronato para el Desarrollo Economt·
co Conjunto de la Ciudad Y d~I Con~ado ,, 0 p D E c C C (-" Assoctated Ctty
and County Economic Development
Corporation"- ACCEDC), ofrecen su
versión de los problemas que enfrentaba
dicha agencia Y, específicamente, los
conflictos que provocaba el directór del
programa, Elisio Sandoval, los cual~s,
con el tiempo, dieron lugar a ~&lt;:';1sac10nes, condenas Y a la desaparict?n del
patronato en cuestión. El pr~pto Leo
pasó un corto tiempo en la car~el, por
rebeldía, con motivo de que el ¡uez ha·
bía dictaminado que la condu~ta-. de
aquél en la sala del tribunal habta sido
un tanto inadecuada. Con todo Y es~e
final poco glorioso, el señor Le? habta
servido a un sector de la comunidad ~:,; yas necesidades siempre permanectan

en el olvido en el proceso político; y,
actuando de ese modo, L~o se habta
vuelto un "patrón", es ~ectr, en, un ex·
ponente de lo que siempre ~abta ~~mb t'd durante su trayectoria pol1t1ca.
E~' 1aº última etapa de su vida, a Leo
le llamaba "el patrón de La Joya ,
$Obrenombre que no le agradab~ (30).
La lucha política en favor de los desvalidos también se hizo paten.te eA la
huelga de los trabajadores agricol~s _de
"La Casita". Aparte de Leo, ex1st1an
unos cuantos dirigentes que apoyaban
abiertamente las exigencias de los huelguistas. Leo censuró fuertemente_ a la
LCLAU (- LULACJ, por sus art1culo_s
periodísticos que c~nden~ban el movt·
miento citado. No s1mpat1zaba en nada
con la postura expresada por el ranc~ero de Río Grande City, Esteban Garcta.
Criticó, además, al juez federal ~eynaldo Garza, quien, según sos~e~ta _L_eo,
mostraba lenidad al retrasar tn¡~st1f1cadamente la atención de las que¡as que
los trabajadores agrícolas tenían en co~tra de los rurales de Texas. Los huelguistas argumentaban que. los_ r_urales esta·
ban obstaculizado el e¡erc1c10 del dere·
cho de huelga de los trab_ajadores (31).
Por otro lado, Leo encontro muchas c~nsideraciones encomiables en_ las alocuciones del Obispo de Brownsvtlle, Humberto Madeiros, quien le recordaba a ~us
feligreses que los trabajadores ten!ª"
pleno derecho de sindical izarse y ~e tr a
la huelga para luchar por conseguir au·
mentos salariales Y mejoras en_ las_ con·
diciones laborales. El pronunc1am1ento
del Obispo no les pareció a los produ~tores, algunos de los cuales eran cat?·
licos (32). Las ideas de Esteban Garc~a,
referentes a que la Iglesia se esta~a tn·
miscuyendo en un campo que er~ a¡eno a
su misión, debieron ser compartidas por
la mayoría de los productores.

!;

La entrevista grabada de Leo J. L~o
es una herramienta valiosa e~ e~estudto
de la poi ítica del Valle. Es solo una par·
te del panorama aún mayor, del traspaso
paulatino del poder poi ítico de manos

de los anglos a las de los líderes chica·
nos. En este proceso, que ~~sta la fecha
persiste, Leo puede ser clas1f1cado como
uno de los pioneros.
La totalidad de las entrevistas descri•
tas líneas arriba fueron hechas a pe~nas (cuyos antepasados fuer~n mex,ca·
nos) que jugaron papeles capitales e~ la
zona del sur de Texas. En la entrevista
que enseguida se reseña, se discute un
enfoque distinto, dado que se presenta a
los chicanos desde la visión de los anglos.
Se trata de la historia de John R. Peavey,
quien fungió como guardián de la _ley a
lo largo de la frontera, desde la Primera
Guerra Mundial hasta 1946.
La plática con el señor Peavey comprende la historia del Valle desde su lle·
gada a Brownsville, en 1905, _hasta su
jubilación de la patrulla front~ri_za, ~n el
año de 1946. Su familia era originaria de
Massachusetts Y vino al Valle luego de
una breve estadía en la ciudad de St
Louis. El traslado de los Peavey es parte
de la migración de anglos al sur de Texas,
durante los meses que antecedieron a la
Primera Guerra Mundial.
En el transcurso de sus años iniciales
en el Valle, Peavey se desempeñó co~
trabajador en un plai:itío de caña azu·
car Y como vaquero; ambos oftc!os le
brindaron la oportunidad de relac1o~ar·
se estrechamente con trabajadores chicanos y con inmigrantes mexicanos. La~
ción de la entrevista en la que se ~,be esa parte de su vida, ofrece una r t ~
za de detalles acerca del mo~o de vida
de un trabajador de un plant10 de cafta
de azúcar y de un rancho (33).

?~

En su narración, Peavey dedica _u_n
buen tiempo a dar cuenta de 1a ,,.J_u~ttCII
fronteriza", frecuentemente adm1m~trl"
da por ciudadanos convertidos en P1~
leros irresponsables. Peavey preseOCI
varios de esos homicidios perpet!'3d,?5 ~
nombre de la "justifica fronteriza ·
hecho, no tardó en agregar que, de no

haber sido más rápido que sus oponen1 tes al disparar, no habría vivido para re¡ latar la historia de la entrevista (34). Mu1

1

chos de esos homicidios los refiere en
su obra Echoes from the Río Grande
(- "Ecos del R(o Bravo'1 (35). La versión grabada de las opiniones del autor,
proporciona detalles que éste no incluyó
en la publicación de sus memorias.
Los aspectos sobre la "justicia fronteriza", brindan apoyo a aquellos escrito·
res que aseguran que gran parte del desorden a lo largo de la frontera, durante
los días previos a la Primera Guerra Mundial, era un verdadero "bandidaje social". En resumen, los individuos se hacían justicia por propia mano, porque
las autoridades encargadas de velar por
el cumplimiento de la ley, así como el
sistema judicial, había demostrado su
falta de capacidad o de voluntad para lograr que se hiciera justicia.
La historia de Peavey complementa
los datos precedentes sobre la corrupción política en el Valle, con información desde 1905 hasta el año de 1946,
en que se postuló como candidato a alguacil del condado de Hidalgo. Como
miembro de la patrulla fronteriza y de
otros cuerpos de guardianes del orden,
tuvo muchas oportunidades de observar
la corrupción en forma directa. El impuesto sobre votación era un importante
propiciador de corrupción, y es a ello
que el señor Peavey atribuye su derrota
en la campaña por el cargo de alguacil,
en 1946. Aparte de todo, el entrt!vistado
critica duramente al sistema patronal (36)
Su trabajo como explorador del ejército durante la Primera Guerra Mundial,
le dio ocasión de ver directamente las
llamadas incursiones de bandoleros en la
frontera. Peavey consideraba responsables de las incursiones a los desertores
de los ejércitos rebeldes de México. Por
las que corresponden al sur del valle,
Peavey señala como culpables a Lucio
Blanco (de Tamaulipas) y a sus seguido-

res; y no acepta que causas socio-económicas pudieran haber sido los móviles
primodiales de esas incursiones. En lugar
de ello, el entrevistado encuentra en el
carácter del mexicano una tendencia delictiva congénita, lo cual, para él, es la
única explicación de esos acontecimientos (37).

los simpatizantes de los alemanes y a
los espías de estos últimos; en total
eran como ocho hombres -con estrechos nexos con la comunidad chicanalos que integraban su unidad de vigías,
quienes se encargaban de observar toda
actividad "extraña" que pudiera ocurrir
de Brownsville a Río Grande City (39).

El señor Peavey está convencido de
que las unidades del ejército estadounidense no constituían un cuerpo eficiente para el patrullaje del área y para
combatir las incu rsi ones de "bandoleros", en virtud de su falta de experiencia; y como Peavey fungió como agente
especial de los rurales de Texas, su punto de vista puede resultar parcial. Por
otra parte, Adam Medvecky, integrante
del Ejército de Caballería de los Estados
Unidos, en ese entonces, proporciona
una versión distinta. Según él, la principal causa de las incursiones de "bandoleros" era la necesidad de alimentos y
caballos que aquéllos tenían; además del
hecho de que cuando ocurrían esas incursiones, a los rurales de Texas no se
les hallaba por ningún sitio (38).

Poco tiempo después de la Primera
Guerra Mundial, el explorador del ejército se convirtió en miembro de la patrulla fronteriza de los EE. UU., cuerpo
que se estableció para hacer cumplir las
normas migratorias restrictivas, mismas
que estuvieron muy de moda al aprobarse el "Decreto Sobre Alfabetización de
1917" (-"Literacy Act of 1917"), que
habría de ser el primer ordenamiento
que limitaría la inmigración de mexicanos a los Estados Unidos de Norteaméri·
ca. Las entrevistas que aluden a la déca·
da de los años veinte muestran cuán ineficaz era la aplicación de las restriccio·
nes normativas a lo largo de la frontera.
En primer lugar, el decreto en cuestión
fue abrogado cuando los productores se
quejaron de la escasez de mano de obra
agrícola en el transcurso de la guerra y
con posterioridad a ésta. Inclusive cuan·
do dicho decreto estuvo en vigor, la fal·
ta de personal capacitado tornaba muy
difícil la tarea de hacerlo cumplir. Hasta
1921 sólo había ocho guardias monta·
dos para patrullar el distrito comprendido entre Brownsville y Río Grande
City, es decir una distancia aproximada
de 160 millas. En 1924 se agregó más
personal a la patrulla y el sector de
Brownsville se extendía no más allá de
Hidalgo, población ubicada en la margen
estadounidense del río Bravo, frente a
Reynosa. Aún así, el problema de la ejecución de las normas referidas no se resolvía y los inmigrantes mexicanos continuaban llegando a los Estados Unidos
de Norteamérica en la década de los veinte, en número cada vez mayor. Como lo
señala Peavey, los extranjeros indocumentados que eran arrestados y deportados, regresaban al cabo de veinticua- ~

Se sobreentiende que cada entrevistado analiza las cosas a través de un cristal
de color distinto; empero, las anécdotas
relatadas por estos dos señores ofrecen
aspectos trascendentes de los acontecimientos de la historia fronteriza de
1910 a 1916.
Otra función importante que desempeñara como explorador del ejército
de la Unión Americana, fue la de reunir información, durante la Primera
Guerra Mundial, en cuanto a grupos revolucionarios a lo largo de la Iínea di·
visoria con México, especialmente en
lo que veía a las relaciones de estos grupos con actividades antinorteamericanas
y con sabotaje por parte de los alemanes.
Según Peavey, su trabajo consistía en
dar cuenta a las autoridades sobre las
actividades de extranjeros en la zona,
con la finalidad de seguirles la huella a

�tro horas. Dichas observaciones condu·
cen indefectiblemente a la conclusión
de que la oficina de inmigración de los
EE. UU. no iba a ejecutar un decreto
que podría privar a los productores
de una oferta continua de mano de obra
barata. Y esto se vuelve más evidente
cuando el entrevistado comenta que en
cierta época no era raro que a la patrulla fronteriza se le dieran licencias de
tres meses en sus funciones (40). Cualquiera se sentiría tentado a sospechar que
los permisos citados pudieron haber sido
sumamente espléndidos durante las tem·
poradas de cosecha.
Debe ponerse especial atención, en las
cintas de la entrevista efectuada al señor
Peav~y, a sus opiniones sobre el contra·
Qando. Gran parte de la entrevista en
cuestión está dedicada a historias acerca del contrabando de tequila dur.?nte el segundo decenio de este siglo, del
contrabando de extranjeros y del paso
de mercancías mexicanas sin el pago de
derechos correspondientes.
Desde que el río Bravo del Norte se
convirtió en el Iimite internacional en
1848, el contrabando, como en cual·
quier zona fronteriza, ha jugado un pa·
pel destacado en la historia del Valle.
La narración de Peavey añade un ca·
pítulo importante a este aspecto de la
situación en la región (41 1
Lo que se ha presentado hasta a·
qui es sólo una parte de la materia
prima para escribir la historia de los
chicanos del sur del Valle. Debe reca·
barse una mayor cantidad de material,
tal como los relatos de los inmigrantes
mexicanos del siglo XX, de cuya histo·
ria no puede darse cabal cuenta sin recurrir a la herramienta de la historia
oral. Los estudiantes de postgrado de
la Universidad ya han aprovechado
este instrumento en sus tesis de maes·
tría. El caso anteriormente mencionado
de Irene Ledesma es un ejemplo de ello.
En la actualidad, Armando Alonzo es·
tá por concluir su tesis de maestría, con
el título:" A social and economic histo·
ig ry of the mexican community in the

lower Río Grande Va/ley, 1900-7930"
(· Historia socio-económica de la comunidad mexicana del sur del valle de
Río Grande, de 1900 a 1930 ), para
la cual ha hecho un uso considerable de
la historia oral, a la vez que consultado
los archivos y las publicaciones periódicas del condado. En virtud de haber
colaborado con estos estudiantes de
maestría, me he podido convencer de
que no hubiera sido posible investigar
sus respectivos temas sin el auxilio de
la historia oral.

En síntesis, los cinco señores que me
narraron la historia de sus vidas, han
contribuido a la comprensión de las
experiencias de los chicanos en el área
sur del Valle gracias a lo cual se cuenta
ahora con relatos de testigos presen·
ciales sobre diversos aspectos del modo
de vida en la zona a partir de 1900, ta·
les como el trabajo en los ranchos, el
ejercicio de la profesión médica, la
Revolución Mexicana, los conflictos
fronterizos, los problemas migratorios
y las relaciones étnicas, sociales, eco·
nómicas y poi íticas. Los puntos de vista expresados podrán tildarse de eli·
tistas, estoy de acuerdo, pero al respecto quisiera recordar que el filósofo mexicano José Vasconcelos creyó necesario subtitular el libro que consigna
sus memorias, La flama, así: "Los de
arriba en Ja Revolución", luego de que
Mariano Azuela escribiera su obra clá·
sica "Los de abajo".
NOTAS
1. Manfred Waserman, Bibliography on oral
history (Nueva York: The Oral History
Association, 1975), pp. 5-48.
2. Alan Meckler y Ruth McMullin, Oral
history collections (Nueva York: R. R.
Bowker, 1975). pp. 228-330.
3. Osear J. Martínez, "Chicano oral historv:
status and prospects." Aztlán XI (Prima·
vera, Verano, Otoño de 1978): 119-121.
Ver también Rolando A. Juárez, What
the tape recorder has created: a broadly•
based exp/oration into contemporary

oral history practice , Aztlán VI I (Pri•

maverade 1976): 99-118.

4. /bid., p. 121
5. /bid., pp. 121-125
6. /bid., p. 125
7.

Lee J. y Lillian J. Stambaugh, The lower
Río Grande Val/eyofTexas (Austin, Tx.:
The Jenkins Publishing Co., 1974). Por
vía de ejemplo, ver los capítulos VII (pp.
182-203) y X (pp. 204-230). Un tex to
más genérico ts el de Paul Hargan: Great 1
river. The Río Grande in north American
history, Vol. 1! (N.Y. Rineh~r'.&amp; Co., lnc.

1954). Hargan no emplea en absoluto el
método de la historia eral y ofrece sólo
referencias tangenciales sobre et sur del
valle de Río Grande.
8. Dorothy Lee Pope, Rainbow era on the
Ria Grande (Brownsville, Tx.: Sprin!t
man-King Co., 1971 ).
9.

Lyle Brown, "Methods and approache1
in oral history : interviewing latín ameri·
can elites," Oral History Review (1973):
84-85.

badas efectuadas por Hubert J. Miller,
profesor de Historia en la Universidad
Panamericana ( "Pan American University" ) (Edinburg, Tx.: Pan American
University, 1976) 34 pp. Ver, además, el
artíOJlo de este mismo autor en Octavio
G. Ballesteros, ed., Preparing teachers far
bilingual education: basic readings (Was·
hington, D.C. : University Press of Ameri·
ca, tnc., 1979). pp. 171-184.
16. Esteban García, Oral interviews with E,.
teban Garcfa, serie de tas entrevistas gra•
badas efectuadas por Hubert J. Miller,
profesor de Historia en ta Universidad
Panamericana (-"Pan American University'') (Edinburg, Tx. : Pan American
University, 1978) y Ramón Guerra,
Oral lnrerviews with Ramón Guerra,

serie de entrevistas grabadas efectuadas
p~r Hubert J. Miller, profesor de Historia en la Universidad Panamericana ("Pan
American University") (Edinburg, l'exas:
Pan American University, 1978).
17. /bid.
18 /bid.

Otoño de 1972): 307-347.
11. George N. Green, "ILGWU in Texas,
1930-1970," The Journal of Mexican
American History 1 (Primavera de 1971):
144-169.
12. Víctor B. Nelson Cisneros, " La- clase
trabajadora en Tejas, 1920-1940," Aztlán
VI (Primavera-Otoño de 1975): 239-265.
13. Ricardo Romo, "Response to mexican
immigration, 1910-1930," Aztlán VI
(Primavera-Otoño de 19751: pp. 173-194.
14. Don na Bearden y Jamie F rucht, The
Texas samp/ar (Austin, Tx. : Governor's
Committee on aging, 1976).pp. 126-139.
15. Octavio García, Oral interviews with Or.
Octavio García Indice anotado, mecanografiado, de una serie de entrevistas gra·

Leo J. Leo, Oral interview1 with Leo J.
Leo, serie de entrevistas grabadas efectua•

34. /bid.

das por Hubert J. Miller, profesor de
Historia en la Universidad Panameri•
cana (-"Pan American Universitv"l
(Edinburg, Tx. : Pan American Uni•
versitv, 1980).

35. John R. Pewey, Echoes from the Río

23. Irene Ledesma, The

fHIW dtlal public
worlcs programs and mex ican-.,,,.rican1
in McAl/en, Texas. 1933·36 (Tesis de M.

en A., Pan American University, 1977).
24.

Leo, Oral /nterviews. •..•

(Brownsville, Tx.: Springman
King Co., 1963).

Grande

36. /bid.
37. /bid.

38. Adam Medvecky, Oral interviews with
Adam Medvecky, serie de entrevist• gr•
badal efectuad• por Armando Rut.n
Remos (Edinburg, Tx. : Pan-American
Univenity, 19781.

25. /bid.

39. Peavey, Oral /ntervitJWs. ..••

26. /bid.
40. /bid.
27. /bid.
41. /bid.

28. Otros oonsejos de administración en tos
que Leo participó fueron los correspondientes a los programas u organismos si·
guientes: "Comprehensive l;mployment
Training Act", "Comrmnity Action Program", "Hidalgo County Housing Authority" y "Texas Rural Legal Aid".

19. /bid.

29. Leo, Oral lnterviews. .. ••

20. /bid.

30. /bid.

21 .. /bid.

31. /bid.

10. Devra Anne Weber, The organization of
mexican agricultura/ workers, the Imperial Va/ley and Los Angeles, 1928-1934,
an oral history approach," Azt/án 111

22

32. /bid.

33. John R. Peavet Oral intervitlws with
John R. Peavey, serie de entrevistas gra•

badas efectuadas por Hubert J. Miller,
profesor de Historia en la Universidad
Panamericana (-" Pan American Univer·
sity") (Edinburg, Tx.: Pan American Uni•
verslty, 1982).

�NOTICIAS INTERNAS DE LA FACULTAO

LO NOMBRAN MAESTRO EMERITO ...
Con la entrega de reconocimientos,
nombramientos a investigaciones, diplomas 'y birretes al mérito académico, la
Universidad Autónoma de Nuevo León
celebró el pasado 4 de octubre su cincuenta Aniversario.
Como hace cincuenta años, en octubre
de 1933, se llevó a cabo una sesión en el
Aula Magna, y al igual que entonces y haciendo gala de solemnidad directivos, funcionarios, maestros y estudiantes vistieron
toga y birrete.
Por petición expresa de nuestra Facultad de Filosofía y Letras, el Consejo Universitario otorgó reconocimiento y nombramiento de Maestro Emérito al decano
de esta Escuela, el Profr. Simón Salazar
Mora.
El maestro Salazar Mora, quien además
cuenta en su haber con la medalla ' Ignacio Manuel Altamirano" (otorgada por el
entonces presidente Adolfo López Mateas)
afirmó que su historia es muy extensa pero que consideraba "haber contribuioo a
la enseñanza y con ello al engrandecimiento de México".
El director de la Facultad, Lic. Juan
Angel Sánchez, agradeció el reconocimiento al Profr. Salazar Mora, a quien calificó de "hombre ejemplar", por "su dedicación ininterrumpida al magisterio".
PRESENTAN LIBRO
DEL TALLER LITERARIO ...

f.8

"Para culminar con las actividades realizadas por la primera generación del taller literario Fruta Verde" , el pasado miércoles 5 de octubre se hizo la presentación
del libro Juegos cotidianos, volumen que
contiene lo mejor de la narrativa de cuatro jóvenes escritores: Héctor Alvarado
Díaz, Francisco García Rodríguez, Minerva Margarita Villarreal y Eduardo Arellano Elías.
Durante el evento, el Lic. Juan Angel

Sánchez dijo que esta publicación es un
"fruto no verde sino ya maduro del esfuerzo por dar aliciente a una dimensión
ausente del quehacer cotidiano: la creatividad".
La oresentación del libro, que se debe
al coordinador del Taller, el escritor y
maestro Miguel Covarrubias, advierte: " Este volumen no es una antología del taller
ni de cada uno de los cuentistas que lo
componen, sino más bien la reunión de
narraciones que se organizó para ofrecer
una mezcla, lo más armoniosa posible, en
cuanto a temas y estilos".
En la presentación, estuvieron también presentes el Lic. José Roberto Mendirichaga (quien como Coordinador del Departamento Editorial de la Escuela hizo
alusión a las dificultades propias de la
edición); la Dra. Alma Silvia Rodríguez,
coordinadora del Colegio de Letras; y
Eduardo Arellano, uno de los jóvenes narradores incluídos en el volumen colecti·
vo.
LOS LIBROS Y LA POLITICA
DEL REGIMEN . . .
En el marco del Primer Encuentro de
Escritores, Libreros, Editores y Bibliotecarios, auspiciado por la UANL y organizado por la Asociación Mexicana de Bibliotecarios, A.C., Sección Monterrey, se
realizó el 6 de octubre una mesa redonda
sobre el tema "Los libros y la política cultural del régimen".
La mesa fue coordinada por José Roberto Mendirichaga, y en la misma participaron José Luis Font (librero), Felipe Garrido (del FCE), Herman Bellinghausen (escritor), Adolfo Rodríguez (director del Centro de Investigaciones Bibliotecológicas de la UNAM), Alvaro
Quijano (de la Biblioteca de El Colegio de
México) y el escritor Miguel Covarrubias.
En sus diversas participaciones, los ponentes coincidieron en señalar que no
hay una politica general acertada por parte del Estado Mexicano hacia los libros, y
que a últimas fechas lo que más bien se ha
implementado es una "guera contra el li-

El libro, editado por Claves Latinoamericanas, fue presentadó por Abraham Nuncio, representante de dicha editorial, y
por el investigador holandés Menno Vellinga, autor del libro "Industrialización,
burguesía y movimiento obrero en Monterrey". Días después, el mismo maestro
Mario Cerutti participó, junto con el Lic.
José Reséndiz (coordinador del Colegio
de Historia) en un encuentro sobre " La
bro", amparado en un supuesto "realismo económico" que ha disparado costos
del papel, tarifas postales y de importación, etc.
Coincidieron también los participantes en
señalar que la solución debe ser discutida
colectivamente, apuntando a una política
cultural general que proteja a la industria
editorial mexicana, pero también a los
lectores, los libreros, las bibliotecas, etc.
CREAN TALLER DE LITERATURA
Y CRITICA TEATRAL. ..
Bajo la idea de que el teatro no se puede explorar si no se conocen sus bases
teóricas e históricos, se inició el Taller de
Literatura y Crítica Teatral el pasado mes
de octubre, auspiciado por la Escuela de
Teatro de esta Facultad.
Con la participación inicial de una docena de personas se efectuó la primera
reunión del taller en la "Sala Meyerhold"
el 30 de octubre, durante la cual el Lic.
Alfonso Tovar, coordinador de la Es·
cuela dió la bienvenida a los miembros del
Taller. El Taller sesiona bajo la coordinación de Xavier Rodríguez Araiza, quien
señaló que " el arte, y particularmente el
teatro, son vehículos potentes para coad·
yuvar, por sus medi os propiamente esté·
ticos, en la transformación democrática
del contradictorio y crítico país en que vivimos".
PRESENTA LIBRO Y
ASISTE A ENCUENTRO .. .
El pasado 11 de noviembre se presentó
en el Centro Cultural Castillo, en esta ciu·
dad, el libro "Burguesía y capitalismo en

Monterrey (1850-191O)" del Lic M .
Ce utf ·
·
'
· ano
r '' investigador Y maestro de esta
F_acult~d en los colegios de Historia Y Soc1olog1a.
formación del capitalismo en México: el
e~foque regional"' celebrado durante los
dras _24 ~I 26 de noviembre en el Palacio
de Mtner,a de la ciudad de México
E_n_t?I encuentro, el maestro ·cerutti
pa;t1c1po con un trabajo sobre "Econon:1'.ª de guerra, frontera norte y formac,on.. de cap1~ales a mediados del siglo
~IX '. Y
Lic. Reséndiz con uno sobre
La s1tuac1on de la fron tera norte hac,·a

e! .

1870" .

PRESENTA LIBRO DE CUENTOS. ..
El. 2 . de d.ic,embre
·
se presentó en el
Auditorio Algonso Rangel Guerra el libro de cue~tos del escritor colombiano
~arco Tulio Aguilera, Cuentos para
espués de hacer el amor.
Ma~co Tulio Aguilera, actualmente en
el equipo directivo de la revista La palabra y el hombre, de la Universidad Veracruzana, rad',co· en Monterrey entre 1976
Y 1980, siendo profesor de Letras en est~ ~acuitad, y fundador del taller literario Artefacto"
. En el prime~o de los cuentos de este
ltbro, a_lgunos de los cuales tienen como
e~c~nano a Monterrey, el au tor narra con
lud1ca maestría la historia del amor,, tra na~ura" de un apasionado rinoce~~~te, qu!en cayendo por la pendiente de la
s(1~r~)zon se enamora de una helicóptera
SIC. .

APRUEBAN NU EVO
MODELO ACADEM ICO..
b El pasado mes de diciembre fue apro1 ado por el H. Congreso Universitario de
a UAN L el nuevo modelo para nuestra
F~cul~~d, que se plantea como una redistEribuc,on completa de los objetivos de la
scuela.
'. 'Partimos fu ndamentalmente del criterio ~e que a principios de esta década
todo sistema de educación debe redefinir
dos ?_osas: s_us objetivos académicos Y su
fu_nc1on social", dijo el Lic. Juan Ange'
Sanchez.
El secretario del Proyecto de Nueva
Facultad, Lic. Héctor Franco afirmó que
desde la creación de la Esc~ela fueron
acum~lando carreras sin que se precisaran
obJet,vos generales. Por ello, en el nuevo
plan ~odas las carreras de la Facultad (Filos?fta, L~tras,_ Historia, Pedagogía, Historia, Soc1olog1a Y Lingüística Aplic d
~antes ,:raducción) tendrán una área ~á~
s,ca comun.
- Tras real!zar un estudio que duró un
ano, se llego a redefinir los objetivos de
toda la Facultad Y de cada una de las carreras Y se concluyó que era necesario reali~ar_ una rees~ructuración del sistema academ,co. En dicho trabajo participaron los
m_aest~os Y alu mnos a través de la Ju nta
D1rect1va.
que co~templa un plan de es' erente, tiene como objetivos
- en_tre ~tros- apoyar las prácticas de . .
vest,_gac,on Y la atención hacia una lí~~
curricular Y pedagógica, de tal modo ue
e!. alumno recupere la capacidad de q
oon~r un Iado, y reforzar la práctica
CT&amp;
docente por otro.

~d~~:o~mt

OTRO LI BRO DE CUENTOS. . .
EI jueves 15 de diciembre se µrese ntó
~or la noche, en el Auditori o Alfonso
. angel_Guerra, el libro di:! cuentos de Cristd1~a V,llarreal, Nosotros los de entonces
e ttado por esta Facultad.
'
La pr_esentación del libro fue hecha
por el director de la Escuela L·c
J
Angel S · h
, 1 . uan
anc ez: después del cual tomó la
palabra el escritor Y maestro H
. S
laza o •
orac,o ar rttz, quien hizo un perfil de 1
tora y d I
b'
a au•••
e am tente cultural-intelectual1I LIC;; en que se for mó y q
po
,
sente
.
,
ue esta preau
como _escenari o en los rela tos de la
G tora. ~-1 titulo, precisamente alude a la
enerac,on del 68, en la que se autoubica
su autora cuando dice Nosotros los de
entonces.
'
E~ la presentación, Cris Villarreal (como firma sus artículos) leyó el primero de
los cuentos incluídos en el libro: " SO S"
con el que ganara un concurso est~taÍ de
cuentos hace algunos años.

�COLABORAN EN ESTE NUMERO:

HORACIO SALAZAR HERRERA (Monterrey, N. L., 1957). Estudió electrónica
en la Facultad de Ingeniería Mecánica y
Eléctrica. Colabora semantlmente en el
suplemento cultural "Aqu( vamos" , del
diario El Porvenir, donde además es cartonista editorial.
ROBERTO DIAZ CASTILLO. Guatemalteco. Licenciado en Historia por la Uni·
versidad de San Carlos de Guatemala.
Folklorólogo. Es autor de libros y otros
trabajos publicados en revistas de América
Latina. Cofundador y Codirector, en su
país, de las revistas Lanzas y letras, Alero,
y Cuadernos Universitarios. Es director
del Centro de Estudios Folklóricos de la
Universidad de San Carlos. En 1982 se
hizo cargo de funciones directivas en la
Editorial Nueva Nicaragua, creada por el
gobierno sandinista.
ERNESTO MEJIA SANCHEZ. (Masaya,
Nicaragua, 1923). Estudios de maestría
en Letras por la UNAM y El Colegio de
México, y para el doctorado en filología
hispánica por la Universidad Central de
Madrid. Es autor de libros sobre crítica
literaria, entre los que se cuentan: Rubén
Dado en Oxford, La vida en la obra de
Alfonso Reyes, Cuestiones rubendarianas, Las Casas en México.

JOSE ROBERTO · MENDIRICHAGA.
(Monterrey, N.L., 1944). Es licenciado en
Filosofías y pasante de la maestría en
Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, donde es Coordinador
del Departamento Editorial. Colabora
asiduamente en el periódico El Porvenir
y ha publicado una antología periodística
titulada La letra y la tinta.
MANUEL SACRISTAN. (Madird, 1925
España, 1925). Estudio filosofía y derecho en la Universidad de Barcelona, y lógica en la Universidad de Münster. Traductor de algunos de los libros clásicos
$ del pensamiento marxista, uno de sus li-

bros más importantes es Las ideas gnoseológicas de Heidegger.

PAUL M. SWEEZY. Ha sido catedrático
de Economía Política en la Universidad
de Harvard. Actualmente es director de la
prestigiosa revista Month/y Review.

SAMUEL NOYOLA. (Ciudad de México,
1964). Ha publicado poemas en Aqu(vamos (suplemento del periódico El Porvenir) y en el Nuevo Amanecer Cultural, de
Managua, Nicaragua. Trabaja como diseñador gráfico. Es miembro del taller lite•
rario Cornamusa.

JOSE LUIS ARANGUREN. (Avitll, España, 1909). Profesor de Etica y Sociología
en la Universidad de Madrid. Se ha ocupado ►'rincipalmente de las relaciones entre ética y religión. Catolicismo y protestantismo como formas de existencias y La
ética de Ortega son dos de sus obras más

significativas.
FERNANDO CLAUDIN. Filósofo español. Es director de la Fundación Pablo
1glesias. Es autor, entre otros, del libro
La crisis del movimiento comunista internacional.

FERNANDO SAVATER. (Donostia Guipúzcoa, España, 1947). Estudió hasta el
doctorado en filosofía en la Universidad
de Madrid. Es autor de ensayos filosófi •
cos, literarios, una novela y un drama
teatral. Actualmente es profesor de Etica
en la Facultad de Filosofía de la Univer•
sidad del País Vasco.
JORGE BOCCANERA. (Bahía Blanca,
Argentina, 1952). Ha publicado varios
libros de poesía: Los espantapájaros suicidas, Contreseña, Los ojos del pájaro
quemado, Música de Fagot y piernas de
Victoria. Entre otros premios, ha obtenido el Casa de las Américas (1976) y el

Premio Nacional de Poesía Joven de
México (1977) .
LUCIA M. MALUY MIJARES. (Monterrey, N.L., 1962). Egresada del colegio
de Letras de la Facultad de Filosofía y
Letras de la UANL. Ha publicado poemas
en revistas y suplementos de la ciudad.
Fue incluida en la antología Poesfa joven
de Monterrey (Ed. de la UANL, Monterrey, 1983).

EDUARDO ARELLANO. (Zacatecas, Za•
catecas, 1959). Estudió Letras en la
UANL. Ha publicado poemas en revistas
literarias de la ciudad, y fue incluido en
la antología 20 años de poes(a en Monte·
rrey. Actualmente estudia en Inglaterra.
HERMAN BELLINGHAUSEN. (Ciudad
de México, 1953). Ha realizado estudios
de medici:ia, mús,ca y letras. Ha publicado poemas y traducciones en las principales publicaciones literarias de México. Actualmente forma parte de la redacción de
la revista Nexos.
MARIA INES PEREZ LUBRINA. (James
Craik, Córdoba, Argentina, 1948). Estu•
dió la licenciatura en psicología en la
Universidad Nacional de Córdoba, y tiene
una especialización en psicoanálisis y una
maestría en educación superior por la Uni•
versidad Regiomontana. Es maestra en el
Departamento de Psicología de la Univer•
sidad de Monterrey.
HUBERT J. MILLER. Investigador y
maestro del Departamento de Historia de
la Pan American University, de Edinburg,
Texas.
EDUARDO ZAMBRANO (Monterrey,
N. L., 1960). Estudió la licenciatura en
Mercadotecnia en el I.T.E.S.M. Ha publi•
cado poemas en la revista Oficio y en el
suplemento Aquí vamos. Fue incluido en
la antología Poesía joven de Monterrey
(Ed. de la Preparatoria l de la UANL,
Monterrey, 1983). Es miembro del taller
literario Cornamusa.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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