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                  <text>�"
fONOO ~NlvU...JTNIIO

�INDICE GENERAL
Volúmenes I - IV, Números 1 - 12,

-----------

agosto de 1982 - abril de 1986.

ENSAYO

...· .

l. literatura/ Lingüística
Barahona, Rosaura: El guión cinematográfico y la literatura (5)
Bouché, Claude: La crítica literaria materialista en Francia. Tr. de Horacio Salazar Herrera (4)
Coseriu, Eugenio: La lingüística del texto como hermenéutica literaria (1)
Dagut, M. B.: ·Pueden traducirse las metáforas? (8)
Díaz Castillo, ~oberto: Lo esencial en el concepto de arte popular (6)
Jiménez de Báez, lvette: Una alternativa crítica para una sociología de la literatura (4)
Mijares, Silvia: Antonieta Rivas Mercado: mujer, artista, mecenas (2)
Monsiváis, Carlos: Del muralismo al ballet folclórico (3)
Pérez Gutiérrez, Leticia: Pervivencia del teatro español en escenarios mexicanos (12)
Pérez Martínez, Herón: En torno al pensamiento barthesiano (1)
-: La sociolingüística en busca de su identidad epistemológica (4)
- : La intraductihilidad textual como problema hermenéutico (8)
Perus, Francoise: Sociologismo y formalismo en la literatura (1)
Sada Villarreal, Marcelo: Actualidad de la metáfora (9)
Sandoval, Ruhén: Lenguaje y teatro universitario (12)
Schmidhuber, Guillenno: Teatro mexicano contemporáneo (10-11)
- : Dramaturgia; arte y riesgo (12)
Todorov, Tzvetan: La noción de literatura. Tr. de Herón Pérez Martínez (12)
Wills, Wolfram: La traductología. Tr. de Martha Bander y Herón Pérez Martínez (8)

2. Filosofía/ Ciencias sociales
Aranguren, José Luis: Todos son heterodoxias (6)
Claudín Fernando: Teoría de la revolución (6)
Contreras Ramos, Manuel: El complejo de Edipo en la teoría de Lacan (12)
Herrera, Leticia: Análisis de un mito ·cora· (8)
Hierro, Graciela: El Leviathán, Hobhes y la obligación moral (3)
Infante, José María: La tecnología en la metodología de las ciencias sociales (3)
- : Notas para el deslinde de las ciencias sociales (7)
Mendirichaga, José Roberto: La estética de Vasconcelos como aportación filosófica sin más (2)
Morales, Cesáreo: ¿Qué hay con la filosofía? (4)
Palacios Hernández, Benjamín: Por Gramsci (1)
Ramírez, Santiago: ·Ciencia o ideología? (2)
S~cristán, ~anuel: ¿6ué Marx se leerá en el siglo XXI? (6)
Sanchez Vazquez, Adolfo: Las ciencias sociales y la enseñanza de la filosofía (4)
- : Pensar bien para vivir mejor (8)
Savater, Femando: Las relaciones con los libertarios (6)
Sweezy, Paul M.: La revolución permanente (6)
Vargas Lozano, Gabriel: Ideología y ciencias sociales (1, 2)

•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

�CREACION

CRITICA LITERARIA

l. Poesía

Corral, Delia M.: Alfonso Reyes, Luis Leal y la lealtad a la cultura (12)
Flores, Clara Eugenia: Partes de teatro (2)
.
Galván, Delia V.: Andamos huyendo Lola; madres e hijas perseguidas (10-11)
Hinojosa, Mario Anteo: Monsieur Valéry (12)
.
Mejía Sánchez, Ernesto: Tres textos sobre Neruda (6)
Meneses, Vidaluz: La literatura infantil en Nicaragua (9)
Villarreal, Minerva Margarita: Elena Garro y sus testimonios (3)

Andrade, Eugenio de: Dos poemas. Tr. de Margarito Cue1lar (10-11)
Boccanera, Jorge: Exilio (6)
Broch, Hermann: Para pensar en la fuga Tr. de Miguel Covarruhias (12)
Cantú de la Garza, J Ol'(e: Movilis anima (10-11)
Carlos, Antonino: Poemas (1)
Copani, María: Apuntes para un largometraje (2)
Cordero, Sergio: Re/visiori ~e la infancia (12)
Covarrubias, Miguel: Es cristal su monumento (4)
Cuadra, Pablo Antonio: El jocote (4)
Cuéllar, Margarito: Poema (5)
.
Darwish, Mahrnud: Orgullo y furia Tr. de Ahraham Nuncio (1)
Enzesberger, Hans Magnus: Karl Heinrich Marx. Tr. de Horacio Salazar Herrera (3)
García, María Cristina: Plagios (12)
García, Nelva Alicia: Poemas (10-11)
García Valdés: Alf1lCle: Poemas (4)
Garza Mercado, Ario: Erefacio (4)
González, Jnan Francisco: Tres poemas mínimos (10-11)
Huerta, Andrés: Dos poemas (9)
Joyce, James: El santo oficio. Tr. de Horacio Salazar Herrera (2)
Langagne, Eduardo: Poemas (1)
Lugo, José María; Poemas (7)
Maluy Mijares, Lucía: Poemas (6)
Mandujano Guzmán, Jorge: Para peinar a una mujer blanca (3)
Martínez Sáenz, Ramón: Poema (4)
Meléndez, Guillermo: Estirpe de Leda (1)
Morejón, Nancy: Poemas (12)
Novaceanu, Darío: Mucho más tarde (7)
Noyola, Samuel: Seiiora del fuego (7)
Ortega, Arturo: Dos poemas (2)
Pérez Martínez, Herón: Siluetas (5)
fisanty, J ulieta: Poemas (7)
Rangel Domene, Ernesto: Si no hay amor (12)
Reyes Martínez, Alfonso: Poemas (7)
Roble, María del: Entre mis manos (9)
.
Ruiz, José Jaime: De la lógica como absurda fonna de en la mente limhar el moho (9)
Salazar, Humberto: Poemas (3)
Salazar Ortiz, Horacio: Canción tardía para Marilyn Monroe (8)
Sexton, Anne: Remando. Tr. de Humherto Salazar (5)
Stoyanov, Rumen: Imitación de León Felipe. Tr. de ~duardo Lang~e (8)
Supervielle, Jules: Sed buenos con el poeta. Tr. de Miguel Covarruh1as (1~11)
Villalobos, Jorge: Evidencia (8)
Villarreal, José Javier: Poemas (3)
Yáftez, Ricardo: Cabeza romana (5)
Zambrano, Eduardo: Desde la piedra (6)
Zamora, Daisy: Para mi abuelo Vicente (9)
2. Prosa poética

Basabe, Heidi: Sobre educación sexual y otras enseiianzas (10-ll)
Collado, Gloria: Textos de amantes (7)
Villarreal, Minerva Margarita: Poemas (5)
3. Narración

Hinojosa, Mario Anteo: Esa cosa peligrosa que es la prisa (10-11)
Hülsz, Leticia: Obsesión azul cristal (12)
León, Jesús de: Dos cuentos (5)
Quiftónez, Isabel: Agujero (12)

CRONICA / ENTREVISTA/ REPORTAJE

•

Arredondo, Carlos: Límites y contingencias: entrevista a Tomás Segovia (7)
Cerutti, Mario: Josep Fontana; conocimiento histórico y proyecto social (5)
Flores, Clara Eugenia: Diario mínimo del festival cervantino (1)
Mendirichaga, José Roberto: Entrevista a Eduardo Nícol (6)
Pedneault, Hélene; Marie Sabourin: JQuién teme a Simone de Beauvoir? Tr. de Libertad González Hernández (12)
Salazar, Humberto: Nace organizacion de escritores (4)
Treviño Castro, Javier: El drama de la provincia; hojas de diario (12)

.,
DIBUJO/ FOTOGRAFIA/ ILUSTRACION
Canales, Enrique: Viñetas (12)
Estrada Bellman, Erick: Fotografías (1 y 5)
Jiménez, Aristeo: Fotografías (9)
López, Armando: Viñetas, de la serie Fobos (7)
·Machuca, Mauro: Ilustraciones (3)
Pinoncelly, Salvador: Viñetas (4)
Rodríguez, Eduardo: Fotografías (2)
Salazar Herrera, Horacio: Viñetas (6)
Sánchez, Femando F.: Viiietas (10-11) ·
Uviiia, Raymundo: Viiietas (8)

ECONOMIA / POLITICA / EDUCACION
Arreola, Federico; Enriqueta Medina: De Ricardo a Sraffa (4)
Cerutti, Mario: Las relaciones tecnología y sociedad; una visión histórica (3)
- : Frontera norte y mercado nacional a fines del siglo XIX (7)
Follari, Roberto A.: La crisis y la universidad latinoamericana (5)
García, Ricardo; Chad Richardson: Los niños extranjeros como chivos expiatorios (7)
González Casanova, Pablo: No-intervención, autodeterminación y democracia en América Latina (9)
Guerra Borges, Alfredo: Variaciones sobre un tema de Kissinger (10-11)
Infante, José María: Calidad de vida (2)
Laclau, Ernesto: Teoría marxista de la política (5)
Mussacchio, Humberto: Vigencia de Vasconcelos (2)
-Ortega Saavedra, Daniel: Mensaje durante la toma de posesión presidencial (9)
Palacios Hernández, Benjamín: La nacionalización efimera (3)
Paoli, Francisco J.: La UAM Xochimilco y su modelo alternativo (5)
Piñeyro López, Alfredo: Diagnóstico de la universiiÍad latinoamericana (5)
Pozas, María de los Angeles: El lenguaje y algunas teorías del desarrollo en América Latina (10-11)
Richardson, Chad: Los refugiados centroamericanos en los Estados Unidos (7)
Rojas Sandoval, Javier: Estado y sociedad en Nuevo León (10-11)
Sánchez, Juan Angel: Modelos alternativos al de la universidad latinoamericana (5)
Vilas, Carlos M.: Insurgencia popular y revolución social en Nicaragua (9)
Villarreal, Minerva Margarita: La reproducción social en el capitalismo (2)
-: Montemorelos, las mujeres y las agroindustrias (10-11)

�SECCIONES FUAS (*)

l. Rescoldo ,•
Guerra Castro, Felipe: Delirio (10-11)
.
Padilla, H o: La antimetafísica de Alberto Caeiro (12)
.
Zertuche,'.'ranciaco M.:.EI p~iento materialista en la enseftanza de la literatura (9)

I DICE GE ERAL
Volúmenes V-VI, úmeros 13-18

Mayo de 1986-&lt;iiciembre de 1987

E SAYO

2. Sefuu / Re1efuu / Contrtuefuu
J. Literatura / Lingüística

Arellano, Eduardo: La narrativa en Káthar,i, y Apolodionil (6)
BeDinghaueen, Hennann: Ser mero mero o no ser (6)
Brinckmann, Lutz: Charlas en pasado (3)
Contreru, Gabriel: Leer, diversificar (7)
..
Estrada Bellman, Erick: Guillermo Macl~ fotógr~~ de la versatilidad (3)
Franco Sáenz Héctor: La educación supenor en Mexico (5)
Gana, Luis L~uro: La izquierda partidaria en México (1)
-: Toma y defensa de la palabra (3)
Gonzále-i Hemández, Libertad: Fruta verde _Y sus ~to~ ¿verdes.1 (2)
Herrera, Leticia: Vírgenes consagradas y muJeres solitarias (2)
Hinojosa, Mario Anteo: Hall y su Breve_ hi,toria (10.11)
Mendirichaga, Joeé Roberto: El fo~ahsmo ruso (4)
Mijares, Silvia: El juego y la filosof1a (12)
O'Ward Aída: El saber y el poder (5)
Pérez Martínez, Herón: Sobre El concepto de universidad (5)
- : Religión, política y de~agogia (!~
,.
.
- : Del rito a la maqumac1on; la act1V1dad po!1tica del Vaticano (8)
Salazar Humberto: La poesía en Monterrey; los libros de 1981 (1)
-: El comuniamo en la encrucijada (6)
- : Voto por la presencia (7)
Salazar Herrera, Horacio: Hacer olas (2)
Sául Reyes, Genaro: Precisamente erótica, femeninamente intensa (10.11)
Villarreal, Minerva Margarita: Círculo del suefto (9)
-: Escrito en el tiempo (12)
Waldmann, Gilda: El amante (10-11)

3. Región
Cerutt~ Mario: Burguesía regional, merc~dos y capi~i~mo (1)
. ( )
Converso, Félix E.: Guerra contra el indio y gastos militares en Argentma 1 2
G bo Leticia· La huelga textil de 1918 en Puebla (4)
y
, ( )
Gam, a,QuintaniÚa, Alejandra; Raúl Murguía: El ejidatario henequenero, la tie~a y sus d~ei\os en. uca(ta)n 7
. Esperanza Uribe de Alanís·· Nuevas
en elE trabaJO
Maalrcd1a
onado, Horacio;
. estrategias
d
afta (5)educativo con niños 2
Martín, José Luis: La CNT: Guerra, cris~s y organizaciones . e m~ ~n sp
Miller, Hubert J.: La historia oral como mstrumento de la hJSt?na chic~ (6)
Pedrero Nieto, Gloria: San Cristóbal y Tuxtla, capitales de Ch!ªP:18 en el s~lo XIX (l~l 1)
p· G"el, Altagracia: El surgimiento de la sección 147 del Smd1cato Nacional de Mmeros (9)
oz=. Alejandro: La supervivencia de una éli,te p~rfirista (~}
.
Vic~ria, Nidia: Yucatán 1865-1910; c~lonizacionlao 1:portac10~ de ~raba/:r:: ~!grupos marginados urbanos (8).
Zúftiga, Víctor: La disociación: las relaciones entre e tura esco ar Y a cu

s:~ez

•
--ción "Abanico" aparecen cluificados según su tema.
(*) Los materiales
correspond'aentes a la .,.,..,

•

Barahona, Rosaura: La formación de críticos de teatro en Monterrey (14)
Braña, Irma: Elena Garro (18)

Genet, Jean: "Los comediantes de veinte años no deberían ser canónigos" (Carta a Roger Blin). Tr. de Miguel
Covarruhias (13)
González Dueñas, Daniel: El sueño demorado. Las imposibilidades apremiantes del cine mexicano (13)
Lugo, José María: Borges y el espejo (16)
Pavel, Thomas G.: arrativas literarias. Tr. de Aída OWard (15)
Pérez Martínez, Herón: Los refranes exclamativos (17)
Rangel Guerra, Alfonso: García Lorca, cincuenta años después (16)
San Jerónimo: A Pamaquio sobre la mejor manera de traducir. Tr. de Herón Pérez Martínez (15)
Sánchez Vázquez, Adolfo: García Lorca en su España (16)

2. Filosofía / Ciencias Sociales

Contreras Ramos, Manuel: El sentido de la apalabración de las acciones (15)
González, Rolando: J. Lacan : nombre propio de la frontera entre el saber y la verdad (15)
Gutiérrez Gómez, Alfredo: Sociología informal: una experiencia inédita (13)
Infante, José María: El estructuralismo en Lévi-Strauss (13)
Mendirichaga, José Roberto: Vigencia de la ontología tomista (15)
Norten, Enrique: Por una nueva urbanidad (14)
Pérez Lubrina, María Inés: A propósito de un texto de Marguerite Duras (15)
Rangel Hinojosa, Elena: Un sombrero de hombre (comentario de la novela El amante de M. Duras) (15)
Vellinga, Menno: Amor latino: ejemplos de la cultura popular. Tr. de Estela Cerutti (17)
CREACIO

l. Poes(a
Alardín, Carmen: uestros dientes (13)
Arias, Oiga: Fantasía para flauta (15)
Benn, Gottfried: Altitud 317. In memoriam. Tr. de Miguel Covarrubias (14)
Brecht, Bertolt: La voz del enemigo. Tr. de Miguel Covarrubias (17)
Bukowski, Charles: Los mellizos. Tr. de Roberto Castillo (17)
Collado, Gloria: Cuarto de hotel (16)
Coronado, Efigio: Dos poemas (16)
Chávez Rodríguez, Jorge Roberto: Siempre hay un tiempo para todo (14)
Escalante, Evodio: En la ciudad estercolada (15)
Herrera, Leticia: Tres poemas (14)
Laforgue, Jules: Risa amarga. Tr. de Miguel Covarrubias (18)
Lasker-Schüler, Else: Sobre guiiarros rr plandecientes. Tr. de Miguel Covarrubias (16)
Leal, Gerardo Guadalupe: Titirimundi (Selección) (13)

�León, Armando de: Dos poemas (14)
Luna Carlos, Hilario: Poemas (16)
Morales, Dionicio: El caracol (17)
Puertas, Gerardo: Poemas (15)
Rodríguez Arredondo, Osear: Líneas dispersas (13)
Roselli, Amelia: Nieve. Tr. de Abraham Nuncio (13)
Salazar Ortiz, Horació: Dos poemas (16)
Trakl, Georg: Sombrías frentes de guerreros. Tr. de Miguel Covarrubias (15)
Villarreal, José Javier y Minerva Margarita Villarreal: Desde la vieja casa (Selección) (13)

2. Prosa poética

Basahe, Heidi: Carmen Alardín (13)

CRONICA / ENTREVISTA / REPORTAJE

Alardín, Carmen: La realidad concreta son muchas realidades. Entrevista con Elena ·Garro (18)
Cuéllar, Margarito: "El teatro es una puesta en escena de la imaginación" : Emilio Carballido (16)
Muncy, Michele: Encuentro con Elena Garro (14)

DIBUJO / FOTOGRAFIA / ILUSTRACION

•

Cantú, Gerardo: Viñetas (17)
Flores, Arturo: Viñetas'(l5)
Florez, Pablo: Viñetas (18)
Guajardo, Julián Hugo: Fotografías (14)
Sebastián Xavier: Viñetas (13)
Tejeda, Jaime: Viñetas (16)

3. Narración

Basabe, Heidi: Una pequeña ceremonia familiar (14)
Carlos, Antonino: Amor frustrado (Fragmento) (13)
Cervantes;Francisco:Como te prometí (15)
Chávez, Fidel: El regreso (17)
González, Dulce María: En la sierra mazateca (13)
Radíchkov, Yordan: Dos relatos. Tr. de Graciela Aguilar Salazar (16)

4. Teatro

Garro, Elena: Los pilares de doña Blanca (14)

ECONOMIA / POLITICA / EDUCACION

Bianchi, Susana y Norma Sanchís: Las madres de Plaza de Mayo : la ~olitización de lo doméstico (17)
González, José María: ¿Crisis de la democracia representativa? (17)
Guevara Niebla, Gilberto: Crisis, educación y democracia (16)
Hernández Gálvez, Cástulo: El pensamiento educativo de Antonio Gramsci (16)
Leal Lozano, Libertad: La maestría en enseñanza superior: una alternativa de desarrollo académico y personal
(13)
Mendirichaga, José Roberto: Quehacer académico y político del universitario (13)
Nuncio, Abraham: Cultura política y cotidianeidad social en Monterrey (16)
Orozco, José Luis: La formación del estado corporativo en los Estados Unidos (17)

CRITICA LITERARIA
SECCIONES FUAS

Alardín, Carmen: El amor como alucinación en Los pilares de doña Blanca (14)
- :La pasión intransferible en El Encanto, tendajón mixto (18)
Braña, Irma: Elena Garro y su teatro de evasión y magia (18)
Covarruhias, Miguel: El ultraísta Pedro Garfias (17)
- : Ser bailarina o general (18)
González, Libertad: Felipe Angeles, uno más (18)
González González; María Esther: La dama boba, una mujer activa (18)
Gutiérrez, Rosa María : Transtextualidad en Los pilares de doñq, Blanca (18)
Lindstrom, Naomi: Sab de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Una retórica dulce contra la injusticia amarga (13)
Martínez, María Guadalupe: El tema del honor y la virginidad en La casa de Bernarda Alba (16)
Marx, Joan F.: La mitología azteca y el surrealismo francés en Elena Garro. Dos cuentos de Andamos huyendo
Lola (18)
Mijares, Silvia: Este es el mundo al revés/ ¿Quieres que Elena Garro / te lo cuente otra vez? (18)
Mudrovcic, María Eugenia: La señora en su balcón y los mundos incompatibles (18)
Villarreal, José Javier: El público, el atentado a la máscara: "un poema para silbarlo" (16)
Villarreal, Minerva Margarita: Lo increíble es verdadero (18)
- :Los personajes femeninos de Elena Garro. Una aproximación a partir de Los recuerdos del poroenir (14)

l . Rescoldo

Brion, Marcel: Alfonso Reyes narrador, ensayista y poeta. Tr. de Miguel Covarrubias (16)
Cantú, Arturo: Octavio Paz: una malinterpretación de Tlatelolco (13)
Colina, José de la: Poesía: moneda para comprar nada (17)
Hauck, Dietrich: La educación pública entre los aztecas (14)
Rangel Frías, Raúl: Horas de Monterrey (15)
Spitzer, Leo: El conceptismo interior de Pedro Salinas (18)

2. Abanico*

Dedicado al Premio literario "Profesor Simón Salazar Mora " (13)
Dedicado a Elena Garro (14)
Dedicado a Jacques Lacan (El significante en psicoanálisis) (15)
Dedicado a Federico García Lorca (16)

*Los trabajos correspondientes a esta sección aparecen clasificados según su género y tema.

�Dedicado a la Cultura popular y politización (17)
Dedicado al Teatro de Elena Garro (18)

3. Señas / Reseñas / Contraseñas

Anteo, Mario: Su enciclopedismo espeluznante y la frialdad de una lengua muy bien articulada. Encuesta Borges
(Para escritores·regiomontanos) (13)
Arredondo, Carlos: U!!a toma de conciencia sobre la literatura como un acto de escritura. Encuesta Borges (Para
escritores regiomontanos) (13)
Becerra ViUegas, Jesús: El cierre de Fundidora Monterrey (15)
Braña, lrma: Algo más sobre la conversión de Sor Juana (17)
Contreras, Gabriel: os descubrió nuevos modos de la libertad. Encuesta Borges II (Para escritores
regiomontanos) (14)
Cordero, Sergio: La serena coherencia con que tramó las más seductoras fantasías. Encuesta Borges II (Para
escritores regiomontanos) (14)
Covarrubias, Miguel: Mesías literario. Encuesta Borges (Para escritores regiomontanos) (13)
Chávez, Fidel: ¿Qué onda con la palabra onda? (14)
Elizondo Elizondo, Ricardo: Giraba la cabeza como pájaro. Encuesta Borges (Para escritores regiomontanos)
(13)
Herrera, Leticia: Una combinación original de solemnidad y fina ironía. Encuesta Borges (Para escritores
regiomontanos) (13)

Huerta, Andrés: Como si nosotros fuéramos los ciegos y él nuestro lazarillo. Encuesta Borges·(Para escritores
regiomontanos) (13)
Mendirichaga, José Roberto: El estudi.o de la religión y su significado (l~)
-: Su obra definitivamente se inscribe en lo perenne . .. Encuesta Borges (Para escritores regiomontanos)
(14)
Pérez Martínez, Herón: Los Fastos de Ovidio por Quiñones Melgoza (14)
Rodríguez Arredondo, Osear: Rompía las funestas redes del subdesarrollo cultural. Encuesta Borges (Para
escritores regiomontanos) (13)
Salazar, Humberto: Homero en Cuernavaca, Reyes en la memoria (18)
- : Tres rounds con Jorge Luis Borges. Encuesta Borges II (Para escritores regiomontanos) (14)
Salazar Herrera, Horacio: Sólo poco a poco empiezo a encontrar todo el quilataje que hay detrás de algunas
líneas... Encuesta Borges II (Para escritores regiomontanos) (14)
Salazar Ortiz, Horacio: Un homenaje incondicional a la inteligencia... Encuesta Borges (Para escritores
regiomontanos) (13)
Villarreal, José Javier: Antología de la poesía mexicana de los cincuenta I (15)
- : Antología de la poesía mexicana de los cincuenta II (16)

4. R egión
Flores, Osear: La política fiscal obregonista en uevo León. Las reformas radicales de Juan M. García.
1920-1923 (18)
Florescano Mayet, Sergio: El agua y la industrialización de Xalapa y su región durante el siglo XIX. Usos,
destinos y conflictos (15)
Gómez Serrano, Jesús: Los trabajadores agrícolas en la región de Aguascalientes durante el siglo XIX (16)
Ramírez Rancafío, Mario: Haciendas y hacendados en Tlaxcala durante el porfiriato (14)
Rangel Guerra, Alfonso y Hugo Padilla: Dos revistas de Monterrey (17)
Reséndiz Balderas, José: La política dr Vidaurri y la expulsión de las tribus nómadas en el nor~ste de México
(13)

�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
RECTOR: Ing. Gregorio Farías Longoria
SECRETARIO GENERAL: Ing. Lorenzo Vela Peña
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DIRECTOR: Lic. Bernardo Flores Flores
SUBDIRECTOR: Lic. Ricardo Villarreal Arrambide
SECRETARIO ACADEMICO: Lic. José María Infante

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
NUMERO 13 / VOLUMEN V / MAYO-AGOSTO DE 1986
CONSEJO EDITORIAL
Lic. Nora Berumen de los Santos
Lic. Martha Casarini Ratto
Lic. María Alicia Escamilla Martínez
Lic. Miguel Angel González Quiroga
Lic. María de los Angeles Pozas
Dra. Alma Silvia Rodríguez
DIRECTOR
Miguel Covarrubias
REDACCION
Humberto Salazar, Mario Anteo Hinojosa
OFICINAS
Facultad de Filosofía y Letras UANL
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza,
Nuevo León, México.
Publicación cuatrimestral impresa
en los Talleres de Impresora Gralex, S. A.

�5 8 AMOR FRUSTRADO (FRAGMENTO)

SUMARIO

Antonino Carlos

LA MAESTRIA EN ENSE~ANZA SUPERIOR: UNA ALTERNATIVA
DE DESARROLLO ACADEMICO Y PERSONAL
Libertad Leal Lozano

61
i

4 NIEVE

Amelia Roselli

5
9

63

QUEHACER ACADEMICO Y POLITICO DEL UNIVERSITARIO
José Roberto Mendirichaga

EL ESTRUCTURALISMO EN LEVI-STRAUSS
José María Infante

18 LINEAS DISPERSAS

Osear Rodríguez Arredondo

20 SOCIOLOGIA INFORMAL: UNA EXPERIENCIA INEDITA

"E~CUESTA BORGES" (PARA ESCRITORES REGIOMONTANOS)
Ma~~ Anteo, Carlos Arredondo, Miguel Covarrubias, Ricardo Elizondo,
Letic1a. Herrera,
Andrés Huerta, Osear Rodríguez Arredondo,
al
Horac10 S azar Ortiz.

70 EN LA SIERRA MAZATECA
•

Dulce María González

LA POLITICA DE VIDAURRI Y LA EXPULSION DE LAS TRIBUS NOMADAS
.
José Reséndiz Balderas
·

73 EN EL NORESTE DE MEXICO
-

Alfredo Gutiérrez Gómez
En este número ilustraciones de Sebutián Xavier

23

EL SUEÑO DEMORADO; LAS IMPOSIBILIDADES APREMIANTES
DEL CINE MEXICANO
.
Daniel González Dueñas

.SAB DE GERTRUDIS GOMEZ DE AVELLANEDA

RETORICA DULCE CONTRA LA INJUSTICIA AMARGA
28 UNA
Naomi Lindstrom

37 OCTAVIO PAZ: UNA MALINTERPRETACION DE TLATELOLCO
Arturo Cantú

42 CARMEN ALARDIN
Heidi Basabe

43

NUESTROS DIENTES
Carmen Alardin

"LOS COMEDIANTES DE VEINTE AÑOS NO DEBERIAN SER CANONIGOS"

4 4 (CARTA A ROGER BLIN)
Jean Genet

47
53

DESDE LA VIEJA CASA (SELECCION)
José Javier Villarreal y Minerva Margarita Villarreal

TITIRIMUNDI (SELECCION)
Gerardo Guadalupe Leal

�NIEVE

QUEHACER ACADEMICO YPOLITICO
DEL UNIVERSITARIO

Amelia Roselli

José Roberto Mendirichaga

Semejan miníisculos insectos celebrantes
un enjambre de motores resonantes, una
pena escindida en fatigosas atenciones
y una asamblea de bravatas.
Afuera nieva, y todo esto pareciera
una crisis juvenil de llanto, si
no fuese porque las lágrimas son tan secas
como la nieve.
Un experto en cuestiones meteorológicas
diría que se trata de un enamoramiento
pero yo que soy un experto en estas
cosas diré que se trata -tal vez- de una
emboscada.
1

1

Versión de Abraham Nuncio

Percibimos este momento como uno de
los más graves y peligrosos, para la vida
de los centros de estudios .superiores,
porque es demasiado poco lo que acontece en su seno; porque su tremenda potencialidad de entidades gestoras del
cambio social se ha mediatizado por un
sinnúmero di: fuerzas, que van desde la
propia autoridad civil y su partido oficial, hasta los tradicionales grupos de
pr~ón de la sociedad mexicana y otras
entidades que tienen intereses internacionales y subvención del exterior; y
porque su nivel académico se ha deteriorado seriamente, pasando de una
universidad crítica a una universidad
egoísta, mimética, pasiva y carente de
preocupación social.
No podía ser de otra manera, desde
el momento en que se optó por la cantidad en lugar de la calidad; desde que se
populizó al extremo de suprimir los exámenes de admisión en casi todas las fa.
cultades; y desde que prácticamente dejó de existir para el estudiante la posibilidad de quedar suspenso y tener que
optar por otros caminos del ejercicio
humano.
Estos son los resultados de esa poütica ext:esivamente tolerante y laxa, de
esa permisión que dio al traste con una
sana competencia académica, tanto en el
estudiante como en el maestro universitario. Un sistema de evaluación de esta
naturaleza, lo que genera es un desestímulo para el ruen estudiante y ejerce
sobre el maestro calificante una presión
sicológica de que ño debe -ni puedeejercer su capacidad de evaluación, la
que queda reducida, en tal caso, a una
potencia sin sentido que, a la postre, se
vuelve frustrante.
Como luminoso y digno de evocación, recordemos la definición estudiantil - ideológica, de política universitaria
Y de convicción individual y colectiva,

que muchas veces se encendió al extremo de volverse violencia ñsica, injistificahle para nuestra forma ae pensamiento pero entendible en una época
de efeivescencia apasionada-; una definición que nos hacía tratar de vivir en
la mayor fidelidad a las ideas que nos
movían y ser congruentes en esta línea,
sin asomo de utilitarismos.
¿Volverá este espíritu a la universidad mexicana? Tenemos que creer afirmativamente. Será un proceso doloroso, pero habrá de lograrse. Y gran parte
de ello dependerá de lo que suceda en
el ámbito de lo poütico y de lo econórruco. Si sigue el mismo sistema, nada
cambiará. Pero si son auténticos los
crujidos que amenazan el derrumbe,
entonces habremos de tener muy pronto nuevas estructuras sociales, IJUe habrán de influir y, en parte, saldran de la
misma universidad.
Univeriidad y ámmto univenitario

Nunca estará de más recordar cuál es la
misión de la· universidad, donde quiera
que ésta se encuentre situada y trabaje,
porque ello nos permitirá .esclarecer
muchos de los sofismas y de los vicios
que se han filtrado al seno mismo de la
comunidad universitaria, desvirtuando
su función y meta.
De acuerdo al perenne método escolástico, pudiéramos señalar lo que no es
la universidad: no es el estado ni la autoridad civil, no es el _brazo largo de un
partido político, no es la extensión de
una iglesia ni de una organización religiosa, no es la S'Ucursal de una o varias
sociedades mercantiles, no es un agente
del ejército, no es una entidad colaboracionista con sociedades secretas y
organismos de acción internacional...

•

Es sencillamente, tomando a Basave
en su obra Ser y quehacer de la univer.

sidad, " .. .la corporación de estudiantes
y profesores (nosotros agregaríamos
también de trabajadores, de acuerdo aun
a la misma concepción y tradición cristiana) que por la investigación y la docencia se ordena a la contemplación de
la verdad, a la unidad orgánica del conocimiento, al cumplimiento de- las vocaciones personales y a la preparación de
profesionales necesa~os para la realización del bien común ".1

O, bien, siguiendo a Pedro Henríquez
Ureña, es " .. .una institución destinada
a cumplir fines de alta cultura y de cultura tecnica ". Alta cultura que, para el
maestro dominicano, comienza una vez
que se han captado las nociones fundamentales y de aplicación práctica. 2
Ahora bien, hay que aclarar que la
actividad académica no se da, única y
exclusivamente, dentro del recinto o
campus universitario. Más aún: la labor
de extensión universitaria es connatuf.ll
a esta investigación y a esta búsqueda de
la unidad orgánica del conocimiento y
de la sensibilidad artística.
Es un imperativo social y es, a la vez,
la mejor forma de integrar teoría y praxis; de aplicar esos elevados conceptos
universales en la particularidad de la
problemática cotidiana, de manera que
puedan constatarse esas leyes y esos
principios generales que la ciencia aporta.

·

Por tanto, no es fácil separar actividad académica y extra-academica; ni siquiera recomendable, cuando esta actividad extraescolar se atiene a los cánones de la investigación aplicada y se
mantiene dentro del prpceso de enseñanza-aprendizaje. Cuando a cambio de ello
hay de por medio remuneración económica u otro tipo de intereses materiales
y tangibles, deja de existir este academismo, donde lo que los alumnos reali-

�zan está dentro de su etapa formativa y
donde los maestros van aclarando y rectificando dudas o desviaciones de esta
"alta cultura" y. de esta "cultura técnica".

Lo académico como esencia de la es•
tudianteidad
Orteguianamente, podemos hablar de
"estudianteidad". Diríamos que es un
neologismo que puede aplicarse a nuestra cuestión.
Debemos partir del supuesto que el
estudiante se encuentra en una etapa
fonnativa , de búsqueda, de cotejo de
normas y realidades, de actitud acuciosa y, en cierta forma, escéptica o de duda cartesiana.
Si normalmente no se conduce así,
quiere decir que no está viviendo de
acuerdo a su edad. Si no hay idealismo
utópico en esta etapa de la vida, quiere
decir que el materialismo sórdido lo invadió todo y se trata de alguien que se
encuentra ya inmerso en un establishment social excesivamente limitante de
la personalidad libre del joven.
Cuando el alumno es incorporado en
el cotejo y revisión de planes de estudios, hace eso: cotejar, revisar; pero el
diseño corresponde primariamente a los
maestros, que se supone manejan un
corpus doctrinal estructurado, científico, a fin de que puedan planear, modificar y sugerir los programas de carreras,
materias y acentuaciones que habrán de
seivir para la formación de futuros profesionales, técnicos, docentes e investigadores.
Nada suple al estudio y ~ la investigación. La asamblea estudiantil, la reunión coloquial, los viajes de estudio.. .
P todos son medios complementarios; pe-

ro los esencial.es y primarios son el estudio individual y de grupo, la investigación, la interrelación de los temas y materias que se abordan. Una escuela o fa.
cultad no puede concebirse sin una buena biblioteca para la consulta de textos
básicos y de referencia, lo mismo que
sin espacios adecuados para publicar el
resultado de esas investigaciones.
Si no viviéramos dentro de la estrechez propia de un país en vía de desarrollo, nuestro porcentaje de estudiantes
de licenciatura y maestría dedicados a
tiempo completo sería superior; pero tenemos que confonnarnos con personas
que fundamentalmente trabajan para sobrevivir y secundariamente estudian, la
mayor parte de las veces para poder escalar social y económicamente, y no
tanto de acuerdo a una radical vocación,
lo cual tampoco implica juicio moral alguno sobre tal actitud-acción, ent~ndihle sobre todo en una concepción materialista y pragmática, que parece estar
por encima de "ismos" y sistemas económico-políticos.
La política como ciencia y como praxis

Aristóteles establece tres aspectos de la
política: l. es la ciencia que describe la
forma de un estado ideal ; 2. la ciencia
que determina la forma del mejor estado
posible, en relación con determinadas
circunstancias; y 3. la ciencia que establece el arte de gobierno o "la que
considera el modo en que ha surgido el
gobierno y el modo en que, una vez surgido, puede ser conservado el mayor
tiempo posible".
Por su parte, Roger Vekemans-para
tratar de demostrar el porqué la iglesia,
a través de su jerarquía, }'JUede y debe
intervenir legítimamente en la política
propiamente tal, de la misma forma co-

mo lo hace en las llamadas "cuestiones
mixtas"-.distingue entre Doctrina, ideología y política, que es justamente el
título de este fascículo.3
Allí, Vekemans apunta que toda actividad humana se desarrolla, necesariamente, en dos planos distintos: a. el teórico, que es el plano del saber, el plano
abstracto, despojado de las más inmediatas determinaciones del tiempo y del e&amp;
pacio; y b. el práctico o de la acción,
donde esta actividad humana es determinada por el "aquí y ahora", por las
exigencias inmediatas del tiempo y del
espacio.
Vekemans incluye en la doctrina, las
disciplinas que constituyen el plano teórico o abstracto, a saber: la ciencia, la
tecnología y la ética o moral. La doctrina, pues, es un cuerpo sistemático de enseñanza.
Por ideología, Vekcmans entiende
"la disciplina encargada de dar los criterios fundamentales en escalas de prioridad, que permitan una opción racional frente a fines múltiples y alternativos". Así, esta disciplina permite conciliar una escala de importancia fundamentalmente doctrinaria y ética, con
una escala de urgencia, a manera de no
herir ni las normas doctrinarias, ni las
exigencias que imponen el tiempo y el
espacio.
En la doctrina, las variables de la evolución ·objetiva eran la ciencia y la tecnología; ~n la ideología, los factores de
variabilidad, de evolución, van a ser las
escalas de eficiencia, urgencia y posibilidad, subordinadas naturalmente al criterio de licitud.
Así, la política va a mantener una
causalidad recíproca con la ideología y
va a ser la disciplina que "entrega al
hombre los criterios, fundados en va·

rias escalas de prioridad, que _le permitan ·optar de manera racional frente a
medios múltiples y alternativos".
Todo esto es la política como ciencia y como acción, como p·raxis. Una y
otra están íntimamente vinculadas. Todavía más: Fodemos decir que todos los
hombres, en un sentido o en otro, hacemos política con nuestra omisión o
nuestra acción.
Y en un sentido así, toda actividad
que vaya encaminada al cambio o progreso de las estructuras temporales, tie-.
ne una connotación política, entendida ésta_como transformación de la polis,
de la realidad temporal.
·•
Los cambio.s sociales se ejercen cuando el pueblo, la mayoría, determina que
así sea. Doctrina e ideología señalan el
fin mediato e inmediato de la acción,
pero es esta última la que finalmente determina la forma específica . en que el
cambio habrá de realizarse.
Al respecto, Arnold Hauser apunta
que "...una influencia histórica externa no es nunca la razón última de un
cambio espiritual, pues una influencia
de esta clase sólo se vuelve activa cuando ex~ten ya las premisas para su admisión", lo que de inmediato nos hace reflexionar en lo que sucedió con e.l Movimiento Estudiantil de 1968. Es cierto
qu~ la revolución fue reprimida, pero
mas lo es que el pueblo de México no
quería en ese momento (y no quería
porque no tenía concjencia plena de su
opresión y de su servidumbre) un cambio fundamental en las estructuras económicas y sociopolíticas· del país.
En nuestros planteamientos, debemos
referimos forzosamente a México nues~ro ámbito de acción. En él, la p~lítica
imperante es algo que está afectando a
la primera de las escalas manejadas: la

de licitud. La centralización y el presidencialismo atentan contra una sana democracia. La· corrupción lo ha invadido
todo, al grado de que el pueblo tiene
un escepticismo radical, circu~stancia
donde facilmente abona todo genero de
inconfonnidades y donde, a nuestro
modesto parecer, podría darse un estallido social que nuevamente sería reprimido, porque por mucho que existan
las razones para ese cambio social, en
el pueblo mayoritario no parece existir
la conciencia dé ·la urgencia del cambio;
es decir; se elige nuevamente una praxis
social que, como dice Sánchez Vázquez,
no necesariamente ha de ser violenta,
porque "en un mundo verdaderamente
humano, donde los hombres se unan
libre y cons~ientemente,, la violencia
tiene que ser excluida":&gt;, pero donde
· también resulta difícil entender cómo
y cuándo va a operar·se este cambio, si
no es por la vía revolucionaria.

Ambito de la acción política del universitario

De la misma manera como no pueden
desgajarse en el hombre cuerpo Y. alma, materia y espíritu, no debe hacerse una separación tajante entre el hombre-estudiante y el hombre-político.
Lo que el estudiante profese,• defienda en el terreno de la transformación
social de su comunidad - dentro de un
partido político .o de una asociación
cívica-, lo tiene como realidad propia
y pertenece a su yo más íntimo. No
puede despojarse de esta doctrina y
de esta ideología, aun a sabiendas de
que estas convicciones puedan acarrearle con docentes o autoridades universitarias ciertas fricciones o choques, ·
que muchas veces, por desgracia, repercuten en la forma de ser evaluado
académicamente.
En muchas ocasiones, la pasión,

partidista se filtra en la universidad e
inficiona la esencia misma del proceso
enseñanza-aprendizaje. No debiera existir esta situación, porque la universidad
.debe acoger en su seno a todas las corrientes del pensamiento que no nieguen
esencialmente la libertad y la dignidad
humanas, pero sabemos que en la realidad no ocurre tal cosa y que la disidencia se castiga de muy diversas formas.
.E_l estudiante universitario -y mayormente el catedrático-, en su actuación política universitaria debe reflejar
aquellos valores que postula para la socidad civil como los más adecuados para lograr una convivencia más justa y
más humana. Estos valores de rectitud,
lealtad, congruencia_, democracia, respeto..., los ha de trasladar a las relaci0nes de los distintos factores que integran la comunidad universitaria.
Si hay . claridad. en estos principios,
todo resultará más fácil. Por tanto, las
luchas que su doctrina, su ideología y
su partido libran en el terreno social ·de
la comunidad regional, nacional o internacional, los puede y debe adaptar a
la realidad universitaria; p·ero también
debe cuidarse de no utilizar, manipular decisiones estrictamente académicas,
escolares,· con las decisiones de estricta
política militante o partidista.
Ahora bien, ¿qué suéede cuando un
partido político -el oficial, por ejemplo, · el PRI- , trae a ·un candidato al
cámpus universitario pero niega el ingreso de otros? Entonces se procede de
otra -forma, o bien señalando este abuso sin caer en el mismo vicio, o bien actuando de facto, puesto que hubo otros
que imterionnente violaron esta costumbre universitaria de no pennitir el ingr~o de candidato alguno al seno de la
universidad, a no ser que fuera para un .
diálogo interpartidario y estudiar allí

�ELESTRUCTURALISMO EN LEVI-STRAUSS

José María Infante
Es un autoengaño, cuando el tiempo
destinado para debatir cuestiones vitales
de la facultad y de la universidad se dedica a la vagancia, al espectáculo hueco,
a la pérdida criminal del tiempo. Es algo
que se dio y se da; y se señala, so riesgo
de ser señalados como anticuados y reaccionarios.
Debemos apuntar que, desgraciadamente (y esto no es sólo culpa de los
alumnos sino, sobre todo, de nosotros
los maestros, qu_e con nuestra apatía e
indiferencia transmitimos esta actitud
frente al estudio, la sociedad y la vida
misma), se advierte una acentuación de
esa pasividad por las cuestiones universitarias, al mismo tiempo que una total
desvinculación de los alumnos y de los
docentes fuera del aula, lo que impide
una más rica trasmisión del saber y un
enriquecimiento a través de una continua actividad dialógica.
sus proposiciones con un criterio estrictamente académico.
Pero donde sí debe realizarse una acción política es en la elección del rector
y directores de facultades; en la ratificación de algunos puestos administrativos
y académicos; en la elección y vigilancia de los representantes estudiantiles;
en la crítica a los programas de estudios
y de actividades de extensión universitaria y de práctica profesional; y en todo aquello que esté vinculado con el
aprendizaje.
Con Paul Gerhod, debemos advertir
entre la fundada inquietud estudiantil
por el creciente absentismo magisteria~
. el hurocratismo administrativo, la crítica de métodos pedagógicos clásicos, la
puesta en tela de juicio de los programas de estudio o la voluntad de debatir libremente los problemas de actualidad, y la agitación de lo que· él denomina la "fiesta" de esta protesta.6

El cambio ansiado
Si es cierto que hay necesidad de un
cambio en la acción, más parece haberla en un cambio de actitud, en el espíritu a que debe conducir un auténtico
academismo univerritario.
Concretamente, es recomendable que
se participe más activamente en el proceso académico; que se involucren de
lleno - maestros, alumnos y trabajadores- en cuanto pasa en su facultad y
universidad; que sepan relacionar de manera lógica y crítica lo que sucede en
nuestra realidad y en aquella más amplia
que es la de una comunidad region~ nacional e internacional.
No puede valer la excusa de una ignorancia que, en todo caso, es ya culpable.
Abandonar la etapa cómoda del paternalismo magisterial; destetarse y cortar el
cordón umbilical dd alumno de enseñan-

za elemental y media; saltar al campo de
la praxis, aplicando estos conocimient&lt;»
y este saber estructurado, sobre todo en
los sectores que más requieren de la presencia universitaria, serían algunas de la1
acciones a seguir ya desde ahora, con ca•
rácter de urgentes.
Esperar para entonces sería como volver a caer en los errores y omisiones de
la generación nuestra, donde sólo unos
cuantos pudieron acometer la problemática social y científica, en tanto que la
mayor parte aún continúa bajo el trauma del perfeccionismo o de la impotencia creativa y crítica, disfrazada de humildad.
NOTAS
1. Agustín Basave Femánd12 del Valle, en
Ser y quehacer de lo univer,idad, Centro

de Estudios Humanísticos Universidad
Autónoma de Nuevo León, Monterrey,
1971, p. 56.

2. Pedro Henríqu12 Ureña, Univer,idad y educación, Lecturas Universitarias, Direc-

ción General de Difusión Cultural, Univer•
sidad Nacional Autónoma de México,
1969, pp. 5Fr59.
3. Roger Vekemans, Doctrina, ideología y
política, Colección Desarrollo Integral 9,

Secretariado Social Mexicano, México,
1970.

4. Arnold Hauser, Hittorio ,ocia/ de la literoturo y del arte, Tomo I, Decirnosex1a
edición, Colección Punto Omega 19, Guadarrama, Barcelona, 1980, p. 344.

El problema del estructuralismo en Lévi-Strauss ha tenido una historia de
polémicas y contrariedades en las que,
como en muchos casos similares, no
siempre la razón ha sido la soberana. Ni
siquiera cuando, en ·nombre de esa
misma razón, se pretende ubicar al -estructuralismo como la más nueva y última "miseria dela razón" (COUTINHO,
C.N.; 1973).
Sin embargo, el primer acto debería
ser la discusión del sentido de los ismos
en ciencia y filosofía de la ciencia la
ubicación del llamado estructur~o
para luego situar las ideas de Lévi-Strauss
en ese punto.
. , ¿Qué es un ~mo? En una primera vis10n, algo muy sunple: un sufijo; un breve agregado a ciertas palabras que le
otorgan un significado particular. En la
filosofía
e historia de, las ciencias, los
.
lSffiOS aparecen en numero considerab_le .Y. sin embargo, por ello mismo, su
s1gmficado no siempre es claro. Veamos
algunos casos.
Uno de los filósofos de la ciencia que
más en este siglo por la preC1S1on conceptual fue Bertrand Russell.
Muchos de sus trabajos han versado sobre lo~ problemas del lenguaje y aunque
en algun momento admitió que la vaguedad lingüística era inevitable (RU SSELL
B.; 1?60), en muchos otros bregó po;
la busqueda de precisión lingüística.
~ ~reocupó

La referencia a ismos de. todo tipo en
1~ obra de B. Russell es múltiple: se reÍle~ a ellos, por ejemplo, cuando caracteriza al "idealismo" como una doctrina
(1973:1082), o en su obra más vasta
que alguna vez fue mencionada como d;
6. Paul Gerbod, Lo, en,eliante, y lo política, las pocas cosas dignas _de salvarse de una
Colección Edaf Universi1aria 10, Prólogo guerra o d~stre total (RUSSELL, B.;
de Enrique Tierno Galván, Edaf. Madrid, 1_971). ¿Cuando y de qué manera ae re1977, pp.190.191.
fiere Rrissell a los "ismos''? En ocasioS. Adolfo Sánchez Vázquez, en el capítulo
séptimo, "Praxis y violencia", de FiJ,o,ofí•
de la proxil, Colección Teoría y Praxis SS,
Grijalbo, México, 1980, pp, 452-453.

nes los menciona como un sistema lógi- francés· es Gaston Hachelard. Autodefico de clasificación, como cuando habla nido como racionalista, sus definiciode los dualismos y dice que en todos nes de racionalismo, muy variadas, terellos hay en la hase una distinción entre minan por colocarlo siempre como una
la verdad y la falsedad. También se refie- filosofía (BACHELARD, G.; 1980). Tore a los dualismos como un conjunto de do sería sencillo si 111 piéramos qué es
principios sostenidos por una escuela una filosofía: ¿un modo de vidar, ¿un
(1971:15). Pero el conjunto de las sig- estilo de pensar y ser pensado?, ¿una
nificaciones no termina allí: también serie de principios, postulados o puntos
los ismos pueden ser una tradición de partida?, ¿una ideología? En otra
científica (1971 :21 ), cualquiera sea la obra de Bache!ard, las menciones a los
ismos son frecuentes (BACHELARD,
cosa que una tradición científica fuere
o una _t;oría -~i~ntífica- (1971:42)'. G.; 1973). Podemos encontrar mencioo tamb1en, acepc1on usada por muchos . nes o descripciones de atomismo,
otros, una doctrina (1971:271).
conceptualismo, cosismo, cualitativismo,
cuantitativismo, eclecticismo, electrisRevisemos la obra de otros autores mo, empirismo, irracionalismo, matecuyas ideas han sido difundidas y dis- rialismo, nominalismo, pedagogisrno,
cutidas en la filosofía de· la ciencia del pluralismo, positivismo, racionalismo,
siglo XX. De entre los muchos a quie- realismo, utilitarismo, sensualismo, simnes podemos citar, comencemos con L. bolismo, subjetivismo, suhstancialismo y
Wittgenstein. Alguna vez acusado de ha- posiblemente algunos más que se me esber introducido el caos en la ciencia ac- capan. Uno no puede menos que pretual (BUNGE, M.; 1980), la influencia guntarse: ¿tantas filosoñas?, ¿qué valor
de Wittgenstein en las concepciones de tienen?, ¿para qué sirven? ¿Son simples
la filosofía de la ciencia contemporánea sistemas clasificatorios para ubicar eses indudable. En su obra más famosa, el quemas que reduzcan o faciliten la refeTractatus lógico-phílosophicus (1973) rencia? ¿Son recursos de un pensamienhay pocas alusiones a ismos de alguna to que ubica metafóricamente en forma
especie. Al principio, se refiere al sim- rápida una idea y con ello se apacigua
bolismo como un metalenguaje, nece- · ante la angustia de la incertidumbre?
sario para evitar los errores derivados del
uso de las palabras en los lenguajes natuSigamos la exploración de los ismos
rales, donde las palabras designan a ve- y para ello tenemos a K. Popper, otro
ces diferentes símbolos y se pronuncia discutido autor peco de innegable prepor la necesariedad de un simbolismo ri- sencia en la filosoña científica de nues•
guroso que evite estos tipos de errores .tro siglo. Buscaremos en una de !llS más
(WITTGENSTEIN, L.; 1973: 3.32-5). recientes obras su tratamiento del proMás adelante, habla de otro tipo de ismo blema de los ismos (Popper, K.; 1982).
al que no define ni tampoco otorga gran En lo que parece ser su referencia mas
importancia: se trata del solipsismo que, exacta y explícita a los ismos, sostiene
en una de las típicas expresiones -witt- que el realismo es la única hipótesis sengensteinianas, coincide con d realismo sata en ciencia y que todas las alternati- cualquier cosa que sean ambas- y que v~ ~ue se ha~ opu_esto a él, ya sea el poallí deja sin másnimás(l973:5.62-5.64). .s1tiv1Srno. el 1deah.smo, el fenomenali&amp;mo o cualquitt otro son erróneos. Sin
Un filosófo de la cilncia que ha in- ~mo de discutir aquí las ambiguas nofluido en especial en el pensamiénto ciones de verdad y aun la de reali.&amp;no en

�el pensamiento de Popper, quede claro
que tampoco Popper es muy explicito a
la hora de caracterizar los ismos; a veces
se refiere a una cierta tendencia, como
cuando habla del escolasticismo; a veces,
a cierta categoría o especificidad de los
argumentos, una especie de metalenguaje, que sería propia de presentaciones o
discursos de tipo metafísico antes que
científicos - en la típica distinción que
Popper ha hecho siempre de esta cuestión-; a veces, a teorías, como cuando
habla del escepticismo y aún más, en
otras ocasiones, a teorías del conocimiento.
Si por el lado de los filósofos de la
ciencia la cuestión de los ismos no parece proporcionamos ninguna salida, ni
técnica ni por Jo menos elegante, tratemos de ver qué pueden decirnos los historiadores de la ciencia. A. KOYRE
(1978) también utiliza los ismos para reíerirse a diferentes formas o expresiones:
Habla de los ismos como interpretaciones del conocimiento, o sea como ideas
o filosofías acerca de lo que es el conocimiento científico ; como doctrinas p&lt;&gt;
líticas y también como actitudes, a veces como actitudes metafísicas -quién
sabe lo que esto sea-.

-i

gidos a ci;sificar un discurso o un conjunto de símbolos, sean o no símbolos
de otros símbolos, pero nunca se apl~
can a percepciones de Jo real En todo
caso, son también un modelo para clasificar esas percepciones, como cuando
sostenemos que un individuo insiste en
sostener que él percibe la realidad tal
como es, está afirmando uno de los
elementos más caros al empirismo. El
problema es que si los ismos no pertenecen al campo del lenguaje-objeto, los
elementos que pretenden ser clasificados
a veces lo son y ya hemos visto que
éstos presentan una gran variedad, ya
que pueden cubrir una larga lista, desde
posturas personales hasta teorías, pasando por comunidades de científicos y
llegando a otras cosas no muy bien
definidas.

Sin embargo, es fácil advertir que en
las controversias que se desarrollan en
los ámbitos cientificos - al menos en
las ciencias humanas y sociales- el apolar al calificativo de ismo para una proposición o discurso suele su, además de
una forma de argumento ad hominem,
una forma de descalificarlo, una manera
de desvalorizarlo. La reacción o respues•
ta dependerá, en muchos casos, de la
situación social en que se encuentre el
Podríamos continuar este viaje pero
probablemente ya no encontraremos científico acusado y su posición ante el
nuevas cosas sino los mismos paisajes; grupo de referencia. Me refiero aquí a
grupo de referencia en la acepción de R.
los ismos son una gran variedad de coMerton (1980). La comunidad cientísas: son doctrinas, filosofías, sistemas de
fica funciona en ese aspecto como un
clasificación, tradiciones científicas,
grupo humano cualquiera y la dinámica
ideologías, teorías de! conocimiento,
es
del mismo tipo: los mecanismos psipostulados o principios irrefutables o no
cosociales por los que un científico
discutibles, metalenguajes, actitudes o
aceptará de buen o maJ grado su inclurasgos actitudinales, modos de vida.
sión en un ismo cualquiera son los mismos por los que un hombre de la calle se
De . todas maneras, adoptemos o no adhiere o rechaza cualquier grupo social
una de las concepciones anteriores, me o poü tico. No hay que olvidar aquí que
parece que todos deberíamos coincidir la operación de descalificación, aunque
en una representación: los ismos perte- de orden simbólico, es siempre una exnecen al metalenguaje, o sea están diri- presión de agresividad y por lo tanto,

que la respuesta será determinada por
las condiciones sociales generales que la
hacen posible.
Sin embargo, si todo ismo se expresa
en un sistema simbólico - texto y discurso-, es inevitable que reflexionem0&amp;
sobre la forma ºde ubicarlo, o sea, concretamente, sobre el sistema de operaciones que debemos efectuar para determinar ai presencia o ausencia. Ya sea
que lo tratemos como análisis del discurso o como operación hennenéutica,
el ismo debe ser descompuesto, recompuesto, analizado en su estructura interna, con-textuado en un sistema sociocultural, despojado de elementos superfluos y procesado en sus componentes
básicos. P. Ricoeur ha definido la hermenéutica como un conjunto de reglas
que dirigen la interpretación de un texto (RICOEUR, P. ; 1965).
¿Hasta qué punto un ismo mantiene
coherencia? ¿A quiénes debe pedirse
coherencia: i. los emisores del discurso o
productores del texto - con lo cual volvemos al argumento ad hominem- o al
discurso mismo, que sin embargo tiene
multifacéticas formas de presentarse,
quizá tantas como emisores adscritos a
un ismo podemos encontrar? Siguiendo
a T. Van Dijk (1980), probablemente
podamos ubicar un ismo como tema o
macroestructura semántica, pero esto
implicaría todo un programa de investigación y de trabajo. Mientras esto ocurre, me parece que sería más correcto
tratar de olvidarnos de los ismos y utilizar"ai si~ficación lo menos posible.
La •fiiosofia de la ciencia ganará mucho
en claridad, sin duda, si pudiéramos ac•
tuar así. Sin embargo, soy consciente de
que no podemos erradicar de raíz y de
un golpe un uso tan difundido. Aspiro
a que, al menos, seamos cautelosos en
esto.

El estructuralismo parece haber aparecido recién en el Siglo XIX (VIET, J.;
1965). Antes de eso, algunos pensadores parecen h31?er hablad_o ,de estru,c~ras. Sergio Bagu (1979) situa a Coperruco como el primer científico en haber
hablado de estructura como un concepto para expresar una cierta realidad. Al
margen de la resolución que demos a lo
planteado en la primera parte de este
trabajo, sobre lo apropiado de hablar ~e
un ismo cualquiera en particular, la historia de la ciencia presenta diferentes
ciencias y diferentes momentos en ellas
en las que se utiliza el término estrucuralista ya para la calificación de una proposición en particular o un conjunto de
ellas, ya éomo autorreferencia. También
es obligado mencionar que no todo discurso que u Liliza el vocablo estructura
puede ser calificado de estructuralista.
En ese sentido, el término estructura es,
por &amp;ipu csto, anterior al de estructuralismo.
El término estructura estuvo asociado . siempre a un conjunto de relaciones
estables entre dos o más elementos, objetos o fenómenos. Sin embargo, Raymoncl Boudon (1972) - y en esto coincide con otros autores que enseguida revisaré- anota que el término estructura
es polisémico o, más concretamente,
que responde a una colección de homónimos qu e a su vez forman parte de un
conjunto de asociaciones sinonímicas.
El análisis de la noción de estructura debcría explicar al menos, cuatro aspectos: a) las asociaciones ( estructura-e&lt;&gt;
herl'ncia; cstructura-totaliaad no reducible a la ruma de sus partes; etcétera) que
normalmente están inscriptas con la idea
de estructura; b) las oposiciones - lingüísticas, represcntacionales o de cualquier tipo- entre estructura y otras
ideas: e) por qué existen asociaciones
homonímicas: así, habría que explicar
las posibles relaciones entre las "estruc-

turas de parentesco" en el sentido en
que las usa Lévi-Strauss, con las " descripciones estructurales" chomskyanas,
con los "parámetros estructurales" utilizados por ciertas concepciones de la
econometría, etcétera; y por último,
d) la difusión ace!erada en el con~ xto
actual de las ciencias humanas de la idea
de estructura. En relación a las tres primeras, habría que indagar hasta el mismo inconciente de los científicos, lo
cual, además de no ser tarea fácil, quizá
tampoco nos produciría mayor claridad
conceptual, sino todo lo contrario. El
cuarto aspecto pertenece al ámbito de
la sociología de la ciencia y sería de especial interés en este caso, ya que ha
sido en los círculos intelectuales parisinos donde el debate sobre estructura y
estructuralismo alcanzó su mayor nivel
en las décadas de los sesenta y setenta.
El am biente intelectual de París siempre
ha sido muy sensible a las m_odas, pero
también es cierto que ha tenido con
ellas la misma conducta veleidosa de
aquellas personas qu e se abandonan al
fenómeno de la moda: tan pronto como
el ciclo del frío o calor estacional reinician su periodo, el ropaje lexicográfico
se tira a la baaira para adoptar el de las
nuevas tendencias. En este punto es beneficioso que el estructuralismo como
moda haya sido prácticamente descalificado, ya que nos quedaremos ahora
con una noción más aut.éntica y una discutiión más honesta.
Para J. Piaget (1968), también, la
definición del estructuralismo tiene
dificultades y contradicciones, propias de
la historia científica e ideológica. Hay
tres caracteres básicos en la idea de estructura: a) totalidad, en la medida en
que toda estructura está compuesta por
elementos en carácter de sistema; b)
transformaciones, ya que una estructura
está regida por leyes de composición
que le dan el rasgo estructurante y por

tanto, sometida a transformaciones; y e)
autorregulación, que implica la conservación de sus propias estructuras y un
cierto cierre. Con esta noción, Piaget
recorre ~1 conjunto de las ciencias humanas y sociales y encuentra, en todos
los niveles, estructuras -en psicología:
la gestalt en percepción y las estructuras
lógico-matemáticas en inteligencia; en
lingüística: la diacronía-sincronía saussuriana y las formas que arume en
Chomsky; en sociología: los modelos
lógico-matemáticos, la concepción l?"
winiana y el estructuralismo antropologico de Lévi-Straus.s.. .
También para A. Schaff (1976) la
noción de estructura parece poseer tantos significados como autores la utilizan,
lo que complica las posibilidades de encontrarnos con una idea conceptualmente clara. Sin embargo, la noción de
estructura remite a la de construcción,
o sea que para Schaff toda estructu~
alude necesariamente a una compleJ1dad y a un sistema dinámico.
En Viet (1970) la idea de estructura
está asociada a tres términos: modelo,
significación y dialéctica. En cuanto
modelo, toda estructura es una construcción simbólica que representa la realidad, está construido a partir de o sobre
la realidad pero no está en el objeto, es
un sistema de relaciones que pertenecen
al superobjeto -yo diría al meta-objeto--,
La significación de la estructura está
vinculada a SI función epistemológica,
es sólo en el conjunto de relaciones de
conocimiento que podemos ubicarla. En
cuanto al tercer aspecto, d de la dialéctica, está vinculado a la forma en que
la producción de bienes se relaciona con
la producción de relaciones sociales, es
decir, el conjunto de relaciones estructurales-estructurantes en un nivd se liga
con las del otro nivel.

�,1
1

"

En síntesis, la noción de estructura
en un campo científico dado alude a:
Cualquiera sea el alcance que le dea) conjunto complejo en el que la signi- mos o el c9ntexto en el que lo situe- fundamental en esta cadena es Roman
ficación de un elemento sólo es posi- mos, el estructuralismo como corrien- Jakobson, representante primordial de
ble por los demás; b) sistema de rela- te específica de las ciencias humanas y la escuela de Praga, cofundador y presiciones en ese conjunto; c) dinámica de sociales surge, como una cierta tendendente del Círculo Lingüístico de Mosese sistema de relaciones y sus corres- cia asociada más bien a una metáfora
cú (1915-20), quien por los avatares
pondientes transformaciones y d) lími- metodológica, en la lingüística del políticos de la Europa de este siglo se
tes -reales o representacionales- de ese Siglo XX (CULLER, J.; 1976); ei,to lo ve obligado a emigrar a los Estados
conjunto.
han reconocido Roland Barthes, Paul
Unidos de América, donde se desem.
Ricoeur y especialmente Lévi-Strauss peñará como profesor de lingüística en
Pero si la noción de estructura se nos -y probablemente muchos más-. La la Escuela Libre de Estudios Superiopresenta ya como homónima ya como idea se extendió a partir del famoso res de Nueva York, entre los años 1942
polisémica, con la relacionada de es- Curso de F. de Saussure (1983), quien,
tructuralismo las cosas no son mucho paradójicamente, no habló nunca de es- y 1946. Allí comenzará una relación
de amistad y de trabajo con Claude
mejores.
tructura, pero colocó las bases de lo Lévi-Strauss que fructificará en algunas
que luego se identificará· como el mí- obras en común, pero sobre todo en una
Para Schaff (1976) habría cuatro cleo de las ideas así catalogadas: que
propiedades en común a las ciencias (?) ningún término es independiente en la mutua referencia -especialmente por
que se llaman "estructuralistas". En lengua y que el sistema de relaciones parte de C. Lévi-Strauss- acerca de
ideas y teorías sobre las cosas y las relaprimer lugar, la primacía del todo sobre es lo que otorga significado a un tércualquiera de sus partes; segundo, la mino aislado. En este sentido, se ponía ciones que guardan entre sí. Si todo lo
necesidad -metodológica- de descubrir una valla entre una concepción así y que el estructuralismo hubiera traído
como novedad fuera el juego de oposiesta estructura en el sistema de la cien- todas las formas en las que la tradición
ciones y diferencias es eviilente que no
cia de que se trate; luego, el interés por científica inglesa se había prese11tado, al
encontrar regularidades coexistenciales menos desde Hume. Ya no se trata de se habría armado tanto revuelo. El alcance de las innovaciones propuestas
en las estructuras y por último, el pro- observar hechos y generalizar a partir
debe ser complementado con otros
blema de la diacronía para el que Schaff de éstos tomados en forma sepai;ada, no
factores sociales - la rápida adhesión
da un tratamiento relativamente ambi- hay una clausura de los hechos sino que
de amplios círculos de intelectuales, que
guo.
sólo significan por el conjunto de rela- hicieron de lo que se llamó históricamenciones; es una visión epistemológica y te estructuralismo algo más que una duPara J. Parain-Vial (1972) el estruc- metodológica que rompe con una tradipla de propuestas teórico-metodológicas.
turalismo, al proponer la búsqueda de ción científica demasiado apegada a lo
Como, con razón o sin ella, la mayoría
la razón de ciertas relaciones aparentes fáctico. María Manoliu (1978) piensa
de quienes se autodenominan estructuraen elementos ocultos, como la estruc- que la idea de un sistema de lengua en listas o se han ocupado de estudiar el estura, es un infeliz retorno a no~iones el que el rasgo básico está constituido tructuralismo - para denigrarlo o tratar
causales superadas por el positivi&amp;no. por el juego de oposiciones y diferende entenderlo- han hecho de Claude
Sin ánimo de ahondar aquí sobre vir- cias está presente en varias manifestacioLévi-Strauss
y su pensamiento la figura
tudes y defectos del o los llamados po- nes de la lingüística europea de fines central de todo el desarrollo, tenga.algún
sitivismos, es evidente que la noción del Siglo y que pensadores como J. sentido que nos detengamos un poco
de causalidad que maneja nuestra pen- Baoudouin de Courtenay y A. Noreen en tratar de entender qué significa en
sadora es muy amplia y se vincula con habían expresado ya esto, pero que sin y para Lévi-Strauss hablar de estructulo . que en la moderna filosofía de la duda fue Ferdinand de Sauswre el que ralismo.
ciencia se denomina explicación. Y, re- expresó este principio con mayor clalacionémosla o no con principios de ridad. Esta primera formulación fue
Para comenzar, el término estruccausa y efecto - antiguos o modernos-- adoptada y desarrollada por otros círcu- tura. Aparece una y otra vez en la
el problema de la explicación, llamé- los intelectuales y escuelas europeas, co- obra de Lévi-Strauss, y sin embargo,
mo la de Praga, la soviética, la de
mosla así o no, es insoslayable.
Copenhague y la de Londres. Eslabón podemos encontrar más de un significado para él. En primer lugar, pese a

?~

formar parte del título
la primera
obra importante de C. Lev1-Strauss, ca. no habla de estructura
a lo largo de
SI
• •
las más de quinientas paginas que constituyen el volumen total: en Las estructuras elementales del par?ntesc_o
Lévi-Strauss sólo constata la extstenc1a
de estructuras y da por supuesto que todo el mundo sabe de qué h~bla. Encontramos aquí uno de los cmco ~s~s
o niveles en los que podemos d1Str1buir el término estructura a lo largo de
toda su obra publicada. La estructura
pertenece a una ?e las formas_ en que se
nos presenta el Sistema de obJetos Y fe.
nómenos que pertenecen a lo real, aunque sea aprehendido siempre en un orden simbólico, y en esa forma a lo no
perceptible de m~nera directa. Esto,
porque tal como el lo expresa, las estructuras elementales del parentesco so?
~temas cuya nomenclatura nos P~?11I·
te, en forma inmediata, saber qu!~nes
son los cónyuges prohibidos Y qmenes
los permitidos (1969). Aunque _el P~~ntesco como tal sea un sistema S1mhóhco
-sólo un lenguaje- su existencia en el
mundo de lo social es determinante de
comportamientos y aunqu~. in~o~~e~te
para los sujetos, su expreSion l_1~glllst1ca
asume una materialidad especifica. Pero
estas estructuras no se limitan al parentesco, sino que tamb~én su~yacen a
otras instituciones sociales, Siendo su
"descubrimiento" y análisis una tarea
que corresponde por igual a los métodos
etnológico e histórico (1968a).

La operación conjun~ de estos dos
métodos es la que perm!te enco~trar ~n
su diacronía y sincroma, la exIStencia
de estas estructuras. Estas estructuras,
tal como la del lenguaje, restan inconcientes y sólo un esfuerzo teórico y metodológico consigue sacarlas a flote.
Sin embargo, también a este.orde?
pertenecen otras estructuras mas ev1-

�dentes, o sea, susceptibles de ser percibidas en forma más manifiesta, como es
el caso de la estructura social (1984,
1983, 1968). En su polémica con Marvin Harris, en especial, no deja de insistir en la existencia de estas estructuras
sociales como instituciones que se concretizan en las acciones humanas que las
hacen patentes (1983). O sea que, en
rnera~ la estructura es una cualidad de
a organización de ciertos fenómenos sociales, a veces imaginariamente percepti•
bles, a veces remltado de discriminaciones perceptuales o reconstrucciones de
esas discriminaciones perceptuales
operaciones de racionalidad. Debe rec •
carse que s bien estas estructuras son
símbolos, éstas a su vez pretenden tener
una vinculación muy directa con lo real.
Hasta aLÍ las conceficiones de estructura de évi-S trauss. abría que agregar
cómo se piensan esas estructuras en un
conjunto dinámico y de qué manera explica la primacía de las estrucbuas, su
sincronía, y diacronía. En un pasaje de
El pensamiento ·salvaje (Lévi-Strauss,
1964) lo expresa sin lugar a dudas: las
concepciones que los seres humanos desarrollan acerca de las relaciones entre el
mundo de la naturaleza y el mundo de
la cultura, están determinadas por la
manera en que se modifica su propio
sistema de relaciones sociales.

J.

·I

1 ¿

11\

~

Pero donde la idea de estructura alcanza en Lévi-Strauss &amp;1 máxima expresión es en sus estudios sobre el mito.
Aquí hay que reconocer que ninguno
como él había trabajado antes en las
ciencias sociales para tratar de entender, explicar, en síntesis, dar racionalidad a esa expresión universal y recurrente del espíritu humano que es el
mito. Es en este aspecto &lt;JUe queda claro cómo una concepcion ontológica
determina las aproximaciones epistemológicas y, sobre todo, los abordajes
metodológicos. Porque la idea de Lévi-

Strauss sobre el mito se reinstaura en el
procedimiento por el cual le hará decir
al mito lo que puede decir, su expresividad acerca del conjunto de fenómenos
de que se trate.
Como resultado de la relación que
habíamos mencionado con Jakobson es
claro que Lévi-Strauss imagina la posibilidad de aplicar ciertas metodologías
d~ análisis lingüístico a los mitos. Así
lo dice en un artículo publicado originalmente en 1955 y reproducido luego
en la Antr ttogía estructural I (LéviStrauss, 19 8J Su idea era que, por un
lado, el sentí o de los mitos no puede
depender de los elementos aislados que
lo componen, sino de la forma en que
esos elementos se encuentran combinados; por otra parte, el mito es un lenguaje, pero con propiedades específicas; además, estas propiedades deben ser
buscadas por encima del nivel habitual
de las expresiones lingüísticas que le dan
cabida, o sea, que el mito en sí mismo
tiene una estructura pero que además el
análisis debe revelar enun nivel de metalenguaje otras estructuras también significativas para entender a las del otro nivel. Además, en el mismo artículo propone un sistema o metodología de análisis que se habrá de convertir en paradigmático: muchos de los análisis del
discurso o del texto de hoy en día son
tributarios de este esquema metodológico.

6

Pero, ·qué pasa con estos dos niveles
estructur:ies? Si recorremos las bellas
páginas de los cuatro tomos de las Mitologías, (1968b, 1970, 1972, 1976),
encontraremos que además de esos dos,
habrá un tercero, que es el mundo al
que se refieren los mitos, que ya no es
un mundo de reino exclusivamente simbólico, sino que es el de las estructuras
de la naturaleza y la cultura.

¿Cuál ~ el universo de referencia de
los mitos? La naturaleza humana. O sea,
las viejas preguntas y dilemas que la filosofía se ha hecho recurrentemente y
que no han tenido respuestas casi hasta
hoy: ¿quién es el hombre?, ¿de dónde
viene?, ¿a dónde va? Los mitos hablan
del origen del agua y del fuego, de la
caza y la pe~a, de los animales importantes para el conjunto en cuestión, de
las mujeres, de la menstruación, de las
estrellas, la luna, el sol, de los hábitos
humanos, etcétera, en fin, de todas esas
cosas que son importantes, que tienen
valor, para un grupo humano cualquiera.
El segundo nivel de la estructura, d
del mito mimno, es objeto de extensoa
tratamientos: la estructura del mito posee a su vez subestructuras ( armadura,
código, mensaje), que deben ser extraídas por medio del análisis. No son evidentes por sí mwnas, pero están allí. La
labor del analista consiste en descubrirlas, sacarlas a la luz, mostrarlas. Todo
mito tiene una sintaxis para expresarse,
pero esa sintaxis se adecúa a las características del mito mismo, o mejor, a
relaciones expresadas en el mito.

1j

En síntesis, entonces existen cinco
ámbitos o niveles donde pueden situarst
las estructuras a que alude Uvi-Strausa
y cada uno de ellos tiene su propio cálculo y es a su vez expresión de un coriespondiente tratamiento teórico y metodológico. Para quienes insisten en que
la alusión a las estructuras es una operación idealista, habría que preguntarl~
sobre cuál de los niveles están hablando
y qué quieren entonces sugerir con ello.
Para algunos críticos de Lévi-Straul!Bj
su pecado idealista no estaría en
concepciones teóricas, como las hem
desarrollado,_sino en su postura metodológica. Reiterando lo expresado un poco más arriba, en el sentido de que no

hay metodología sin ontología, o sea,
no hay metodología a secas, sino como
consecuencia de postulados ontológicos
que deben explicitarse, veamos .cómo
trata Uvi-Strauss con el problema del
método.
Las referencias a lo estructural como
un sistema de conjunto de procedimientos -por lo tanto, un método- aparecen en toda la obra, pero, además, su
obra es expresión de su mismo método.
El análisis estructural pretende ser un
camino económico que permita ahorrar
energía a la hora de reunir los mensajes
y reducirlos a una expresión que, siendo
menos en extensión, cubra todas las posibilidades. Pero en ningún momento se
piensa que esto deba operar en el vacío
sino en el mundo de los datos. Sólo un
conocimiento profundo de los datos
puede salvar cualquier análisis de caer en
formalismos sin sentido, y puede contrihuir a comprender la relación que existe
entre el mundo de los mitos y la estructura social Porque los mitos no son sólo
construcciones imaginativas del espíritu
humano, sino además explicaciones de
un mundo de hechos que debe ser explicado. Por lo tanto, los mitos tendrán
siempre un ,carác!er estructural, y_ estructural sera el metodo que les confiera
~gnificado (1984).
Estructural también es el sistema
perceptual, o sea, las condiciones del
psiquismo humano por las cuales reparamos en el mundo que nos rodea
(1983); pero también es estructural un
tipo d_e lingüística, que se opone al
formal_lS~?,; ~ero también ?n el campo
de la linguistica hay que distinguir entre un método estructural - al que par~ce adsc~ibirse Lévi-Strauss y que con~1ste ~n situar con precisión las formas
1~vanantes en el seno de contenidos
diferentes- de un análisis estructural
al que son afectos ciertos críticos liter~-

ríos que buscarían contenidos recurrentes por detrás de las formas variables
(1973). También estructural puede ser
un modo de estudiar o escribir la historia (1973).
En otro sentido, estructural es un
método de trabajo intelectual que posee características especiales que lo definen: el análisis estructural tiene como en:ipresa unificar las perspectivas
que las visiones científicas limitadas
mantienen separadas e incompatibles:
sensibilidad e intelecto, calidad y cantidad; debe reconciliar lo físico y lo
moral, la naturaleza y el hombre (1983).
El análisis estructural, además, no es
autosuficiente: debe recurrir a varios
tipos de modelos, que a su vez se refieren a explicaciones sobre diferentes
sistemas de las estructuras de lo real
En lo que hace al estructuralismo,
las referencias son mucho menores: reconoce que el estructuralismo pasó de
moda(l984). Pero, fundamentalmente,
el estructuralismo, si algo es, es algo
que se opone al empirismo, al idealismo y al formalismo. Lévi-Strauss cae
aquí en la trampa ya denunciada de
aceptar los ismos como un esquema de
referencia en metodología y filosofía
de la ciencia. Sin em,bargo, no estaría
de más preguntarnos por qué es a esos
tres sistemas a los que opone el estructuralismo: aorque cada uno de ellos
ha acentua o y al mismo tiempo excluido características o posiciones metodológicas que no podemos aceptar
sencillamente en ciencia sin hacernos
cargo de las consecuencias; ya sea que
nos interese destacar la mera superposición de hechos, ya las abstracciones despojadas de su materialidad, ya
los rigores de un mecanismo que se
autojustifica en su propio funcionamiento.

Está claro entonces que la estructura y lo estructural, omnipresentes en
la obra de Claude Lévi-Strauss, no son
suficientes para declarar o calificar de
ismo a, su obra -como a la de ningún
otro-.
Además, me gustaría destacar que,
cualquiera sea el calificativo que queramos adosarle -amistoso u hostlla obra de C. Lévi-Strauss es una vasta y complejísima construcción que
aspira a explicar:
• Las relaciones naturaleza-cultura
y el hombre dentro,de ellas, incluyendo el sentido mismo que puede
tener la evolución o desarrollo cultural, si es que hay desarrollo y si
es que éste tiene algún sentido.
• los sistemas de intercambio social,
el de bienes y en especial el de parentesco que son simbólicos y que
junto con el sistema de intercambio
de símbolos son los que hacen que
el hombre sea una criatura u organismo diferente de todos los otros
organismos - al menos de los existentes en este planeta-.
• el sistema de intercambio simbólico que si bien está vinculado a los
otros dos, presenta por su parte una
estructura que lo hace relativamente independiente de ellos. Este intercambio de símbolos tiene su materialidad en el lenguaje y su dinámica es, en principio, similar para
todas las sociedades.
Quizá lo que podría ser el aporte
fundamental de C. Lévi-Strauss en esto, aparte de sus ideas conceptuales específicas en muchos de estos temas, es
la idea de una profunda unidad entre
inteligencia y afectividad. La percepción de la realidad -incluida la social-

�no consiste en ver lo que se tiene 1a
certeza de ser como es, sino en ver lo
que creemos que es, y a partir de allí,
tomar las claves que permitirán, en·un
proceso de reflexión racional y crítict
de esa creencia, entender lo que es lo
real, cualquitt cosa que esto sea En
la medida en que lo real intenta ser
definido, ya es un proceso simbólico el
que tenemos por delante. Ha sido 1a
creencia de que lo real es lo concreto
perceptible -obviamente erróneauna de las más persistentes y que a la
Vf Z más males han traído en filosofía
de la ciencia
Por último, me gustaría dedicar
unos párrafos a 1a idea de que el "estructuralismo" ha sido una fuerza
monolítica que cubrió el desarrollo
intelectual francés durante un periodo,
' Entre las dudas que habría de resolver
están quiénes integrarían ese pretendido movimiento, cuáles habrían sido
~s objetivos - explícitos o latentes-,
ello sin perjuicio de resolvex la primera
de las cuestiones, que es crucial: ¿qué
es lo que da o caracteriza la unidad del
"estructuralismo"?

.)

~

Y la respuesta, para mí, es completa y pesimista: nada. Lo que probablemente haya influido para colocar en la
misma bolsa a C. Lévi-Strauss, J. Lacan, R. Barthes y -aquí hay menos
coincidencias- a J. Derrida, L. Althusser o M. Foucault es más una moda y
un invento -atribuíble quizá a Le
Nouvel Observateur- que una .coincidencia de pensamiento. Es cierto que
a veces ellos mismos se han solazado
en estas "coincidencias" que un público masivo consumidor de cultura
creía ver"; es cierto también que han
tenido amistad personal: en una entrevista publicada precisamente por Le
Nouvel Ob,ervateur y reproducida entre nosotros por Excébior, C. Lévi-

tructuras elementales del parentesco, Buenos Aires, Paidós.

Strauss (1985) habla de su amistad
personal con R. Jakobson y J. Lacan,
pero ~mbién allí dice que su relación
intelectual con Jakobson consistió en
tomar algunos principios fundamentales de inspiración. También sabemos
que cuando J. Lacan fue de alguna manera "clausurado" en la institución
analítica francesa fue C. Lévi-Strauss
quien favoreció su entrada en el Colegio de Francia para proseguir desde
allí la difusión de sus ideas (CLEMENT C.; 1981). Pero, como lo expresa muy bien el mismo Roland Barthes
(1978), a propósito de la ubicación de
el como estructuralista:

CLEMENT, C. 1981: Vida, y leyenda&amp;
de ]acques Lacan, Barcelona, Anagrama

La moda afecta al cul'tpo. A través de la
moda, regre!K&gt; en mi te,cto como farsa,
como caricatura. Una suerte de "eso"
colectivo sustituye la imagen que yo creía
tener de mí, y soy yo, "e!K&gt;".

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Cultura Económica

�LINEAS DISPERSAS

Osear Rodríguez Arredondo
*

Ha llovido
(Pese al pronóstico de los meteorologistas)
La lluvia con sus múltiples y delgados brazos
Aseó la ciudad
Los edificios están ahora refrescados
El ajetreo humano resucita
Las gentes pasan a mi lado
Con sus gabardinas y sus cabellos hartos de agua
El viento con menos temperatura
Despeina tiernamente
Las calles transpiran frescura
La gente confundiéndose con la gente
En las aceras de estas céntricas avenidas
Los merolicos con voz descansada
Continúan su bla bla blá

*
Las uñas largas y coronadas de negro denuncian
al tipo que no se preocupa
por el aseo personal.
Quisiera que la mediocridad se manifestase
con un signo igualmente evidente,
y rotundo.

*

:o
~

Yo estaba chavo
y me gustaba ver la Lucha Libre
por la tele
y mis hermanos (mayores qué yo)
me decían: "La Lucha Libre es puro camuco"
yo no les creía

es que se me hacía imposible
que existiesen farsas organizadas

*
Al evocar, Isela, los momentos perdidos
que habitaste conmigo,
la sonrisa se afirma
y vislumbrar consigo.
1ü no te has alejado:
tu presencia gemela cicatriza el olvido.

�SOCIOLOGIA INFORMAL:
UNA EXPERIENCIA INEDITA

Alfredo Gutiérrez Gómez
1. Una presentación traicionera
Presentar una propuesta con base en
una experiencia hasta ayer inédita es
ya dé por sí un problema; más aún si
esta propuesta se inscribe dentro del
sector temático relativo a la docencia,
puesto que c·omo verán, no se agota en
esta dimensión de la actividad académica.
Aunque lo dicho parezca . el mero
cumplimiento de una fórmula introductoria para llamar la atención sobre
algo que para el ponente reviste especial
interés, lo cierto es que esta apretada
exposición parecerá por un lado, y con
razón, ir contra su propio contenido,
puesto que se trata de someterlo a un
orden que permita la comunicación entre nosotros. Por otro lado, podrán
apreciar cómo, en este documento, se
pretende recoger la aventurada búsqueda que un grupo de colegas ha emprendido para enfrentarse a cierta realidad
intelectua~ académica y profesional que
muchos podríamos fácilmente identifi.
car y reconocer como esa lamentable
circularidad temática y argumentativa,
esa reiteración desgastante de preguntas
y problemas, enfoques y tratamientos
que han sentado sus reales en la producción sociológica y para cuya comprobación, desgraciadamente, no es necesaria
la denuncia de sus enemigos.
Aquí no abordaré la molesta sospecha, abrigada por algunos, de que vamos
también hacia el fondo de una supuesta
crisis en las ciencias ·sociales, que tiene
su fuente o su desenlace en las nuevas
características del mercado de trabajo,
en la crisis económica nacional o en los
últimos desastres. Me referiré sólo a una
experiencia originalmente circunscrita al
ámbito de la licenciatura en sociología
de la Universidad lheroamericana, pero
que, por esos accidentes de la información y los intercambios institucionales,

se vio muy pronto inserta en una panorámica común y más amplia de desafíos
hasta cobrar diversas significaciones en
otros medios del quehacer socioló~co.
El contenido de esta· experiencia se
ha venido formando en un juego de participaciones extra-académicas de estudiantes, profesores, exalumnos y simpatizantes ante una realidad intelectual sin
relieves ni promesas.
En este trabajo me refiero a ese esfuerzo como a un proceso experimental
de altema1ivas. No hay a la vista evaluación final. Se han explorado, entre otras,
algunas direcciones. El proceso y su diversificación no autoriza a poner señales
definitivas, o sentidos excluyentes, como tampoco autoriza a reducir esta experiencia múl1iple a una ponencia. De
ahí las anteriores advertencias.

2. Respuestas lignificativas a la convocatoria inicial
En 1982 se propuso a la Dirección del
Departamento de Ciencias Sociales y
Políticas de la UJ.A., que se iniciara un
proceso de autocrítica académica y profesion~ y que nos comprometiéramos
en la búsqueda de inquietudes y motivaciones que se suponían existentes en algún lugar d~ nosotros mismos, profesores y estudiantes, exalumnos y disciplinas afines.
Para provocar su manifestación se
aprobó la iniciativa de convocar a lo
que se denominó Primer Encuentro con
la Sociología Informal, mismo que se
llevaría a cabo en el primer semestre de
1983. En la hase de una invitación tan
ambigua estaba la inconformidad con lo
que veníamos haciendo y la expectativa
de revitalizar un quehacer esquemático
y repetitivo, que así se mostraba en los
temas de t~is, en los proyectos de inves-

tigación, en las rutinas delas clases, en
las crisis personales, en la menguada
creatividad y en el empobrecimiento de
la imaginación. Ademas, el ambiente general de la profesión no se presentaba
distinto.
La frustración y el desánimo se traducía en la crítica de los temarios; de
los métodos pedagó~cos; de las capacidades profesorales o de la apatía estudiantil.
El espíritu de la convocatoria era el
de estimular la participación espontánea
en un trabajo extra curricular, sin valor
reconocido en créditos, fuera del calendario y de los horarios de trabajo; .en
fin, contra viento y marea de los compromisos académicos estrictamente pa,ctados. Su sentido fue, desde el origen, el
de la inf0l'malidad abierta y confesada.
En la medida en que Sociología informal fue extendiendo su invitación,
esa denominación se comportó como un
provocador no previsto. Esto es, despertó en cada quien un significado, representó expectativas, descubrió ideas, que
aparte del entusiasmo notorio, llamaron
la atención de los promotores, quienes
tuvieron la curiosidad de irlas anotando
para acabar enterándose, ellos mismos,
de lo que podrían llegar a ser esos en•
ciientros...
Desde su convocatoria, pues, se fue
construyendo un horizonte de posibilidades tomadas de aquellas interpretaci~
nes que cada quien adelantaba al ser invitado y que constituían ya, una serie
creciente de indicadores que apuntaban
a los temas y problemas que no se s~
lían abordar en la relación académica
fqrmal. Así se propuso, por ejemplo:
•Que si se trataría de un foro para ex•
plorar esa zona afilada de fa realidad

en la que se une o separa al individuo
de la sociedad.
•Que si se andaría por el puente que
comunica la conciencia individual
con la conciencia social, las visiones
grupales con las formaciones psicológicas o el campo de lo imaginario.
•Que si entraríamos a discutir sobre
la trama de la biografía y la ideolo~í~, en la red de lo subjetivo y lo ol&gt;
Je1lvo.
•Que si por fin se enfrentaría con detenimiento el paso del sentido común al conocimiento ..científico.
•Que si sería la oportunidad para el
reconocimiento de las corrientes y
prácticas sociológicas que se han de~ro~ado en las márgenes de ciertos
rigorJSmos conceptuales y de ciertas
perspectivas teóricas endurecidas, y
que a veces resultan de esfuerzos de
conocimiento y acción generados en
los movimientos sociales.
•Que si se trataría de una explorac~ón en los diversos, y hasta ahora
ªJe!los, campo_s de la actividad profesional y social que el sociólogo no
s~ ~ propuesto o decidido a ocupar,
vicbma de una concepción estrecha
d~I profesionalismo o la especializacion.
,Que si es el espacio para encontrarnos con las imágenes que del sociólo_se han ~or~ado los demás, o con
a ~'!1agen mdiscutida que el mismo
soc10logo se ha venido formando de
sí mismo.

fi°

•_que ~ propiciaría ~na confrontacion abierta con los dichos y rumores
que, sobre la sociología y sus practicantes se difunden unilateralmente.

•Que si sería la oportunidad de intentar una reducción fecunda de las
grandes perspectivas sociológicas al
punto de observación inmediato de
lo cotidiano, lo más próximo y accesible.
•Que si se constituiría en un ejercicio
saludable el flexibilizar y ablandar
los esquemas interpretativos, las conceptualizaciones demasiado formalizadas, las rutas y procedimientos
establecidos abriéndole cauce a la
imaginación como reserva de provocaciones inexplotadas.

.Que si éste sería el intento de hacer
sensible el conocimiento a las diferencias y divergencias que se suelen reu.nir económicamente bajo el rótulo
breve de "la sociedad". Esto es, si es
ocasión para el reconocimiento frontal de la existencia de múltiples sociedades, aun dentro de las formas
histórico concretas con que se lastrata de especificar.
En suma, lo que aparecía detrás de
esta explosión de promesas, deseos e
interpretaciones acerca de la "informalidad" a la que se nos estaba convocando, era la inquietud y la exigencia de
que, lo que hace fecunda y aviva esta
actividad es la puesta a prueba de todos
los puntos de contacto imaginables con
lo que hasta entonces se llamaba nuestro
objeto de estudio; y que eso no había
sido posible ni lo era actualmente dentro de la relación académica formal.
La convocatoria decía: "Esta es una
reunión sin objetivos, sólo con ideas. ..
Es el principio de muchas cosas que aún
desconocemos... No venimos a Li sociología por accidente, sino por una cauda
velada y aparente de experiencias que
deben jugar un papel en el conocimiento más pleno y cercano de una realidad

que también nosotros constituimos...
Queremos compartir la idea de que la
sociedad es mucho más de lo que cabe
en un "objeto" de investigación, en un
programa académico, en un conjunto de
textos... No venimos a resolver cuestiones, sino a crearlas, y a plantear otros
modos de encuentro; a dejar que entre
más la vida en nuestro ejercicio intelectual... "Hasta aquí el inicio.
3. Primeros desarrollos y diversificación

de alternativas
El Primer Encuentro nos ·sorprendió a
todos. Fue como el preludio de la diversidad y la señal de que estáhamo; pisando en la realidad. Desde entonces se
han celebrado cuatro encuentros con un
nivel de asistencia inusual.
Los encuentros se han constituido
con iniciativas como estas: Una generación veterana de exalumnos nos ofreció
un espectáculo reproduciendo los tiemPOII en que estudiaron, su contexto fa.
miliar, ambiente familiar y cultural de
entonces, teorías y obsesiones intelectuales que marcaron su formación, ilusiones y realidades y visión de si mi&amp;
mos diez años después.
En otra acción asistieron historiadores, ingenieros, filósofos, arquitectos y
ñsicos para mostrarnos la imagen que
proyecta o se le fabrica al sociólogo
desde esos terrenos profesionales. Se
montó una exposición de caricaturas, dirojos y medios de producción sociológica. Se alteró el material para provocar
la duda y el cuestionamiento de la obra
de nuestros autores clásicos, confrontar
sus líneas teóricas y mostrar sus limitaciones.
Se han presentado anti.conferencias a
base de cuestiones no resueltas, ignorancias múltiples e incertidumbres de todo

�EL SUERO DEMORADO;
LAS IMPOSIBILIDADES APREMIANTES
DEL CIN.E MEXICANO

Daniel González Dueftas

tipo. También se implementaron talleres efímeros como los de "Bio-socioanálisis del sociólogo" y "La imaginación
sobre la~ rodillas, sociología veloz". Su
sentido fue mostrar prácticamente el endurecimiento de la imaginación y la ausencia de creatividad y humor en el quehacer intelectual, como riesgos ya cumplidos de una exagérada profesionalización, academización y cientifización en
el trabajo universitario. Se ha criticado
iguahnente el _lenguaje esotérico, la jerga excluyente y el discurso sacerdotal de
los clásicos y sus seguidores, así como
las fijaciones técnico-metodológicas y
las deformaciones del intelectual monoteórico.
4. Una experiencia abierta a la imagina•
ción y la iniciativa

Para muchos de nosotros se están alterando los cuadros de referencia teórica
y los parámetros de reflexión. Hemos
provocado modificaciones que no estaban en la visión originalmente contffllplada. Por ejemplo: Trabajar con la idea
de ~e el avance en el desarrollo de los
medios de investigación no agrega interés, ni alerta nuestras capacidades si no
podemos dar cuenta de lo que precede,
rodea y sucede a la investigación misma;
la realidad social con sus complejidades
y dÍI)amisrnos no justifica la reiteración
de las mismas preguntas o la atención
reduccionista sobre los mismós fenómenos.
Por estos empobrecimientos debemos
preguntar más que a los temarios y capacidades yersonales implicadas en la docencia, a tipo de vacío establecido entre

los puros contenidos del refrigerador intelectual y la problemática diversa e inagotable que atraviesa -abriendo preguntas y rompiendo esquem~ la biograña
nuestra y la historia inmediata de los actores y agrupamientos que formamos y
nos forman.
A la idea de una supuesta crisis en
las ciencias sociales se ha enfrentado la
idf2 de identificar a aquéllos que "son
su crisis" y las han llevado a su despolitización, desintelectualización y al "dinosaurismo" histórico¡ igualmente que a
la distracción hipertecnicista, al debate
permanente entre el sujeto y el obj,lto y
al aldeanismo político de los sociologos
que aún rinden tributo al patrimonialismo intelectual de los caporales financieros -que, como maestros de la fuerza, interfieren el paso de lqs androides mendicantes o del ayudantazgo hormigueril
que ya forma legiones.

S. El desafío a la rutina y los beneficio8
académicos
El súbito arraigo de esta iniciativa ha
sentado un precedente que para algunos
es el principio de un movimiento. Independientemente del juicio provÉional
que merezca, vale como indicador tangible de las posibilidades aún no exploradas en las motivaciones y disponibilidades del estudiantado y los profesores.
Los encuentros con la Sociología Informal se han constituido en un tiempo
especial para el ejercicio de la crítica y
la autocrítica, donde se desmolla una
práctica de la interacción intelectual no
reducida al enfoque profesionalista. Un

intento de rusquedas para ampliar la
discusión libre de prejuicios y dogmatism08 cientificistas. Una apelación a la
experiencia biográfica y social de algún
tipo de intelectual no reducido al puro
ejercicio de la razón. Una recaptura del
humor y la flexibilidad coloquial en
favor de la creatividad y la imaginación,
a través del juego entre las alternativas
utópicas y las realidades consumadas.
Una remisión a la vida cotidiana reulicándonos en lo que todavía para muchos es "su objeto de conocimiento".
Una pregunta por los condicionamientos
de la vocación sociológica. Un cuestionamiento de 108 esquema¡, teóricos y
metodológic08 "firmes". Una disponibilidad para 108 problemas, temas y preocupaciones que se ubican más alla y más
aca de la sociedad habitual que nos acomoda. Un reconocimiento de los saberes
y prácticas sociológicos marginales al espacio institucional, atendiendo a las iniciativas independientes y a los mov~
mientos sociales. Una recapitulación de
incertidumbres y una apertura franca a
las imágenes y aportaciones que nos vienen otorgadas por otros profesionsitas.
Un cumplimiento práctico de la colaboración dentro del campo de las ciencia•
sociales, d ecumenismo científico y la
distensión interdisciplinaria. Un modo
de descubrir otr08 mod08 de encuentro
con la sociedad y dejar que entre más la
vida en nuestro ejercicio académico.
Departamento de Ciencias Sociales Y
Políticas de la Universidad
Iberoamericana. Octubre de 1985.

El cine mexicano está dormido. Sin embargo, esto no quiere decir que ~o pueda despertar, o incluso que sea mcapaz
de soñarse a sí mismo. Hay frecuentes
pesadillas, pero también hay asom08 _fugaces de vigilia. Vigilia soñada, es cierto, pero vigilia al fin.
El sueño cumple cincuenta años, y
hay muchos que han soñado. ¿Qué 108
mantiene dormidos? ¿Sueñan lo mismo?
¿Se trata de un sueño de reposo o de fuga? A final de cuentas, ¿no se puede
afirmar que otros medios masivos de
comunicación también duermen? ¿Qué
singulariza al sueño del cine mexicano?

pausas, aun si están preparando ~ escena siguiente, sea cambiar de sueño.)
Por esto, en el cine flota un registro acaso más amplio, hay más niveles ·de lectura, involuntarios o no. hay un espejo
más pulido.*
Si d cine mexicano duerme, es porque quizá r~fleja otro sumo que le da
tamaño, el gran sueño nacional. Aquí
se puede también colocar un matiz:
·nuestra pantalla recibe o da tamaño
i 1 gran sueño? Aún más: ¿no late en
cada peücula ( o en ciertas películas)
una demanda de despertar, la intuición de insospechadas vías hacia la
vigilia?

Cine ~ imagen en movimiento a
Aun en el muy posible caso de
través de una técnica y un lenguaje que
se podrían llamar "excesivamente mecá- hacerlo desde dentro del sueño, se
nicos ". Quizás el único territorio que pueden diferenciar, por un lado, las
comparte esas características (imagen, películas que "arrullan", que contrivoz, reproducción mecánica) es la tel~ buyen al letargo, y por otro, aquellas
visión. Sin embargo, en fa "pantalla que lo combaten. Estas últimas, minochica" todo es veloz, inminente, el sue- ritarias, sienten que si no es inmediataño se precipita sin fin, la voracidad de mente p08ible el despertar, cuando m~
imágenes muerde y digiere al mismo nos existe la muy concreta posibilidad
tiempo; de forma muy diferente, en el de tomar las riendas del sueño, afinarlo
cine hay un ritmo "demorado" que aun voluntariamente y mostrar que existen
las peüculas hechas "al vapor" deben las viiu; no se trata de las "soluciones"
respetar: la cámara se coloca, los soña- si.no de las preguntas bien colocadas, hedores practican, las luces cambian de redadas, desafiantes.
lugar y se afinan. Todavía hay lapsos
Si algún calificativo se puede aplicar
mayores: entre el rodaje y la primera
vez que se presencia lo filmado (los a la cinematografía mexicana es cri'tica:
riuhes), media el proceso de revelado aun en las multiañ.oradas épocas de oro,
e impresión, las imágenes caen en la la eterna crisis se alimenta de sí misma,
pantalla horas e incluso días después muestra una enorme capacidad de adapde haber sido rodadas. Mientras que tación, perdura. El sueño cumple, pues,
las técnicas de video son inm.ediatas cincuenta años, porque su estructura es
( el resultado puede ser contemplado
Ser "vertiginoso" en el mundo cinematoapenas unos segundos después de la • gráfico
implica una lentitud impensable en
grabación), el cine "se tarda": hay un
el vértigo televisivo. Aun cuando el prim«&gt;
alejamiento obligatorio y tiempos dé
ro usa oon creciente eficacia técnicas de
reposo, los cineastas en pleno trabajo
video, mientras exista un negativo fotográfico, el tiempo del cine será capaz·de oomdespiertan un rato para volverse a dorpartiJ, así ~ en briznas, la magia descumir más tarde cuando se reanude la fil.
bierta por Lumiere y Mél.ies.
mación. (O quizá lo que hacen en las

industrial (con todas las implicaciones
del término). A principios de los años
treinta, varias películas mexicanas tienen éxito internacional: Redes, El compadre Mendoza, La mujer del puerto.
Tres sueños excelentes, esperanzadores.
Motivado por la repercusión de es08
filmes, Lázaro Cárdenas da un definitivo impulso al cine mexicano con la crea•
ción de los Estudios CLASA,. en 1935.
Si bien antes de ese año ya existían estudios, inversión oficial y estructuras
sindicales, los CLASA coagulan los sueños dispersos, unifican el espectro· y
asientan las expectativas al hacerlas coherentes. Es la primera vez que México
cuenta con una infraestructura cinematográfica a la altura de las mejores del
mundo de esa época. La ~~l{cula inau~ral es una superproducc1on· esta ta~ Vámonos con Pancho Villa, que promete
con firmeza una industria bien encaminada.

Sin embargo, los Estudios CLASA no
llegan a convertirse en el gran centro
energético que demandaba su creación.
Antes que armonizar un mecanismo, lo
que de inmediato salió a la luz fueron
las d08 partes formativas de ese mecanismo, contrapuestas y no modulares. Ya
en 1935 aparecen claramente dibujadas
las contradicciones internas del cine
mexicano que aún en nuestros días siguen vigentes. Al tneño se lo disputan
dos maquinarias: por un lado, el cine del
Estado, por otro, los productores privados, mal llamados "independientes". Si
bien esta contraposición no es prerroga•
tiva de la industria cinematográfica, en
ella -espejo poderoso- se dará de una
forma muy curiosa e intensa. El cine,
por las particularidades de su lenguaje,
es el territorio ~ptimo para las extra-·
polaciones, las cátarsi.s y las reacciones
químicas. (Si hay pauYJS, si a pesar ele
todo no se puede ceder a lo inmediatoconstante, los sueños tienen tiempo de

�sedimentarse no se esfuman, alcanzan a
'
..
cobrar sustancia, empiezan a vwir por su
cuenta.)
Conviene examinar, aun muy someramente algunos hilos históricos de ese
sueño' disputado; quizá sea significativo
distinguir entre pesadilla y sueño au.todirigido. El cine esta~l, que nace Simbólicamente como entidad en ~ ~35, no
logra cohesionar su proyecto basteo. La
pugna con los productores privados llega
a la gran falacia que aún en el present.e
lo determina todo: las entradas en taquilla. Mientras el cine producido_por el Estado avanza con crecientes dificultades
y un muy saludable ritmo mesurado ( en
parte impuesto, en p~rte fruto de la experiencia), los negociantes d~cubren ~a
mina y la explotan con vorac1&lt;1:1~ propia
de los sistemas de mercado:·rap1das películas muy baratas de pro~ta recuperación económica crean capitales autosuficientes. " ¿De qué otra cosa se trata?" preguntan los negociantes, "¿no
esta~os en una industria?•~ Con tal
punto de partida, la aberración ~rge
como manifiesto: "el cine compleJo no
es masivo". Todo a priori se sintetiza,
"no dle gusta
Pues, en que al público
f
,
.
complicarse la vida' . As1, con esprec10
"complicarse el sueño", los pro.ductores privados fom~tan la pesadilla, la
elevan a valor nacional, hacen del letargo la fórmula que justifica todo
círculo vicioso. (Entonces no es desmedido ·comenzar a ver al cine comercial
como determinante del público -y no

a

• Si una película "rápida" ruenta ~Jipau1a1 menores que la. de un filme nguro~
Y lentame~te diseñado, en cons~uena~
fomentará filtraciones oscuras - irreflexivas- de sueños Y hasta pesadillas estancadas. Por un lado posee mayor tim_ing qu~
la televhl6n, pero por otro no quiere -ru
puede- ''.tener tiempo" para huigar en
las raíces; delimitar los contornos o asumir las imtan cias.

a ~ inversa-, como principal ca~~te
-por masivo- de la. deformac10n y
suhjetivación que conviene a los sohr~
entendidos para funcionar.) Otra cualidad, mucho más significativa que la noción del tiempo, separa a nuestra mercantil pantalla "grande" de su correspondiente "chlca '': mientr8;8 que esta
última se diseña en hase a cuidadosas estrate.gias y estudios de mercado, aquélla
responde a las vagas y nunca demasiado
complejas intuiciones de los productores "de clan familiar". Sólo cuando la
'~niciativa privada" se aboca al cine hacia finales de los setenta, convirtiendo la
riqueza cinematográfica en mera prolongación de sus acostumbrados letargos, el
sentido de "estrategia privada" aparece
como confinamiento programado.
Cualquier cinematografía tiene . su
tristemente mayoritaria zona comercial;
lo que importa es que el cine estatal esté siempre muy pres~nt: como. alternativa seria, y que el pubhc_o n_ac10nal .sepa reconocer ambos territoi:i~s Y dif~renciarlos a la hora de las dec1S1ones. Sm
embargo la cinematograña estatal se ve
oprinú&amp; desde su. ~cio porque depende de dos maquman~ IJl;le n?,le pertenecen totalmente: la distnhucion Y !a
exhihició.n. A esto se sum~ la c:ire~c1a
de métodos racionales de financ1a~nento y una actitu? confusa ante e! fenomeno cinematográfico en su dualidad arteindustria.
Hacia finales de los treinta ·el sueño
se polariza en una cinta sorprendentemente exitosa: Allá en el Rancho Grande. Brotan infinidad d~ secuel~s que,
lejos de hu~ar en-~ª. mees la via escatimada hacia la vtgtha, adaptan el folklore como opción rentable. y como el
cine es un espejo virulento, a~aso las
innumerables variantes mei;canbles_ ~el
Rancho Grande comienzan a condicionar el verdadero rostro de lo mexicano,

como más tarde lo harán, en sus respectivos momentos de vigencia, el nielo,
drama superficial, la "saga" del ca~et
0 la tarjeta postal exportable. El Bl!eno
bus:a' su rostro: mientras una pehcula
comienza a dirujar rasgos veraces y profundos brotan cien otras que se abalan•
zan a borrar y "corregir" las líneas legítimas.
El sueño tuvo·, sí, una edad de oro
que ahora es sujeto de gran añoranza,
Pero era el oro el que de todas maneras
marcaba los rumbos. Si algo tiene de
rescatable y ejemplar esa ~tapa es qu_e
por un momento fue pos~ble armonizar el instrumento con lo instrumentado; basta oir los testimonios_d_,.e autores,
actores y técnicos qt!e participaron ~n
esos años de auge. El sueño entreve1a
que la pesadilla no es el único y ~x?lusivo modo de soñar. (Tal descubrimiento causaría tan insospechatlas aperturas
que nuestro cine pasaría años tratando
de olvidarlo.)
Paradójicamente, la Segunda Guerra
Mundial resulta muy beneficiosa para la
pantalla mexicana: un gran número de
exiliados se interesan en colaborar con
la cinematografía de est~,país, en t~~os
los renglones: producc10n, ac~~cion,
guiones. Surge~ proyectos :irohic1os~,
se forma un primer Banco Cmematogr•
fico se promueven nuevos cuadros, se
ahr;n las puertas. Debut~~ en la !ndustria directores como Emilio F~man~e~,
Julio Bracho, Roberto Gavaldon. Me~tco se coloca a la cabeza' del cine mundial
en castellano. Las dos mitades del sueño
colaboran porque descubren .&lt;J?.e e~ con•
finamiento tampoco es cond1c10n melu·
dible. y a pesar de todo, este dora~o h'!"
rizonte muestra las entretelas que Jªm:i
perdió; la esperanza se esfuma no con
fin de la ~erra sino mucho antes: retof'
nan las formulas de "éxito", la descOll·
fianza de los productores privados bt

cia temas y tratamientos "no comerciales", se monopolizan los ~tines 911e _habían comenzado a repartlrse equitativamente, aparece la disgregación sindical.
El mjedo a la intemperie sólo estuvo
deslumbrado por un momento: la súbita bonanza había traído no sólo sueños
de todo el mundo, sino el alejamiento
indispensable para que nuestro cine se
mirara -por reflejo en el otro- a profundidad. La edad de oro comenzó por
abrir el espacio; sin embargo, lo que hizo fue sacar a luz las agorafobias. El
miedo al sueño-vaso comunicante, la
"peligrosa" aparición de temas no ''redituahles ", la intolerable certeza de que
los monopolios pueden fomentar pero
no dominar a las grandes corrientes oníricas, todo eso provoca una reacción severa que dura hasta nuestros días: la industria se cierra herméticamente y toda
aventura queda proscrita. No sólo ella,
sino la visión que de una u otra manera
la implica en un sentido exigente'; en
hase a esto, también quedan fuera de
las murallas una gran cantidad de directores jóvenes con su natural empuje y
capacidad de cuestionamiento. A partir
de ese instante, "debutar" en la industria no será el pa.so lógico de la culminación de una carrera, sino un verdadero
milagro. Cerrados los caminos de sana
renovación, el sueño vuelve a estancarse
y la pesadilla se ve "enriquecida" con el
anquilosamiento crónico.
"Los sueños de la razón", dice Goya, "producen monstruos". Por ello
nuestro cine de horror es más bien una
variante involuntaria de la comedia:
los monstruos han sido acaparados por
los demás géneros. Porque la que sueña
es la propia pesadilla.

Por fortuna logran "entrar" antes del
definitivo cierre de puertas los directores que van a luchar por la sobrevivencia
del cine, precisamente en un punto en

que todo término está contaminado de
indu1tria. (Una \rez así definido el terreno, ¿por qué extrañarse de que el cine
sea objeto menos del "séptimo arte"
que de la bolsa de valores? ¿Cómo intuir la v1á donde todo es promociona! y
revisteril?) Sin proposiciones nuevas, -reina la "secuela" y la reiteración de fórmulas probadas. En sus momentos óptim031 realizadoi:es como Alejandro Galindo y Emilio Femández tratan de posibilitar una expresión más cercana y
menos adulterada; el primero renueva
un cine urbano que da voz a las áreas
marginadas (y que tendrá un magnifico
heredero en el primer Ismael .Rodríguez), el s~gundo ~ur~ en sus raíces y
logra un eme nacionalista con profundo ·sentido trágico. Sin embargo, el aparato ·detecta el éxito de estas tres obras
y condiciona a sus directores: mucho
antes que Galindo o Rodríguez, el "Indio" Fernández se convierte en otra
"fórmula" más, aislada de la reciprocidad y diálogo con sus contemporáneos
( que podrían posibilitarle tamaño y desarrollo armónico); se le convertirá en
la petrificación de la simple fotogenia.
Hilo suelto en un sueño confinado, el
cine de Enúlio Femández termina opacando el espejo que en un principio había sido veraz y lúcido. La prueba está
en que, para Europa, el cine mexicano
comienza y termina con el "Indio"; es
que se ha exportado una fórmula y no
un canal abierto de expresión dinámica.
No es difícil comprender que Europa
prefiera el estilizado sueño de Femandez antes que a esas rabiosas pesadillas
de nuestro cine que se cuelan en las
pantallas internacionales de la época.
Si el roen cine urbano pronto deja
toda honestidad, las filtraciones de las
más profundas corrientes del sueño qui}
dan a cargo del inefable Santo, la muy
saludable edad de plata a cargo del ring
arrabalero, la lucha solitaria, única "li-

hre" de inconciencia precisamente por
sumergirse en ella (mecánica de la que
no participan las infinitas secuelas y
mucho menos otros tipos de "héroes"
ávidos de santidad).

Ni siquiera la llegada de Buñuel a
México cambia el rumbo caótico y mediatizado. La pura presencia de un fil.
me como Los olvidados delió probar
que, antes de esta película, aquí estaban todos los elementos necesarios para
intuir la vigilia. Buñuel toma los sedimentos de los sueños y les ofrece un espejo virulento, insobornable. En esa permuta genial (no invención sino mirada
básica), el sueño de Pedro _es un momento climático sólo comparable con el
universo rulfiano. Pero ni esta secuencia
ulterior ni el auge posterior en el sexenio echeverrista c:onsiguen abrir las
puertas ( ¿perceptivas?) y sanear los
ámbitos ( ¿espirituales?) enrarecidos. Filma quien. pueda o,fre~er "garantías" de
recuperac1on econom1ca; por tanto, aun
los géneros más exitosos de los últimos
30 años, melodrama, cine de aventuras
y comedia, deearrollarán de sus respectivos territorios los elementos más inofen11ivos y de una u otra manera aletargan.
tes. En 1958 se llega al irrepetible r~
cord de 136 películas producidas; pero
este hecho carece de valor cualitativo: el
grueso de esa lista sigue marcada por un
criterio convencional, el de "más vale un
mal sueño por conocido que una mena
pesadilla por conocer".
Afortunadamente, frente al letargo
sigue viva la alternativa. A finales de
los cincuenta, Manuel Barbachano Ponce consagra al cine independiente* al
producir Torero, de Carlos Velo, cinta
m~ premiada que cualquier película de
su tiempo. Con ese antecedente, una lar• Ya lo había creado en 1953 como productor y co-autor de Ra{cu.

�ga serie de cineastas independieµtes se
incrementa a medida que la crisis industrial se acentúa. Así. se llega a los muy
significativos I y II Concursos de Cine
Experimental hacia finales de los sesenta, en la1 que se hace patente la fuerza
de los disidentes y la impa1tergable necesidad de sanear la cinematograña en
todos sus órdenes.
Con impuleo oficial, esos concursos
son magnífico termómetro; primero,
porqu~ no se consigue implementarlos
en forma anual y sólo se llega a la segunda edición; segundo, por su nombre
mismo. Es indudable que decir "experimental" es aceptar tácitamente que el
cine industrial no tiene a la experimentación como factor definitorio. La pesadilla no "experimenta" porque muy
bien fodría encontrarse en el camino
con e conjunto fatal Un cine que experimenta es zona minoritaria, pero se
distin_~e en que para él no es ilusoria
la vigilia.
El cine independiente se separa de los
canales viciados, en rosca de una mayor
libertad expresiva, pero no toda película
independiente es experimental. Separarse de las estructuras atrofiadas es sólo el
principio; en lo que ambas zonas coinciden es en la casi suicida aventura que representa renunciar a los que deberían
ser canales lógicos de toda cinematografía lúcida: la distribución y la exhibición. Las denominaciones se separan en
esta coordenada: si basta ese voluntario
dt:sarraigo para calificar al cine independiente,· el e,cperimental sigue a fondo,
para ganarse ese nombre, en busca de las
vías.
Por ello, lo experimental no debe ser
confundido con lo amateur. Las grandes
corrientes son siempre experimentales,
y surgen a partir de profesionales. Cuando en 1976 se inaugura el CCC (Centro
de Capacitación Cinematográfica), es-

cuela estatal, es muy claro que la expre- pondiente "pero" es la defraudación por
sión del cine requiere, de forma paralela parte de los exhibidores, quienes se aproa la práctica, el manejo de la teoría a ni- vechan de toda ventaja para incrementar
vel profundo. Sin embargo, también es sus ganancias. El Estado contrarresta
claro el hecho de que sus egresados. de con el otorgamiento de premios de "esla misma manera que quienes terminan pecial calidad", en efectivo, enfocados a
sus estudios en el CUEC (Centro Univer- una protección industrial de toda pelísitario de Estudios Cinematográficos), o cula lúcida y exigente. Por último, se
en otras escuelas, serán profesionistas olliga al distribuidor a exhibir un día
sin ejercicio y quedarán en el aire ante de cine español por cada tres de cine exla imposililidad casi absoluta de arribar tranjero.
a la industria. De esta forma, se buecará
Este año, en el cincuenta aniversario
de modo natural la plataforma del cine
independiente para construir una obra, del cine estatal, se ha convocado al III
y del experimental para conectarla con Concurso de Cine Experimental ( diecisiete años después de su inmediato antelas grandes interrogantes.
cesor). Ante la crítica situación econóLa alternativa existe, sin duda, y es mica del país y el alto costo de materianecesario oir lo que su pura presencia les y equipo, casi todo el cine indepenindica: una imposibilidad apremiante, la diente se ve en severa amenaza: el riesurgencia de incorporar la experimenta- go de un productor privado se multición a la estructura general de la cinema- plica hasta lo inverO!ímil; la paradoja
tografía mexicana. Una mena muestra se redobla: este financiero, en el improde la salud fun·dsmental de los márgenes bable caso de asumir tal empresa deestá en que las peüculas escolares de sesperada, tenderá más que ninguno a
16 mm surgidas en los pasados cinco apostar por lo seguro y a apoyar temas
años han acumulado más premios inter- triplemente aletargantes. Por ello _las
nacionales que la producción "regular". pelí.culas experimentales de nuestr~
días _pueden contarse con los dedos de
Las proposiciones concretas pueden una mano. Con esa perspectiva, evenparticipar de otros sueños: el actual tos como el Concurso de Cine Expericine españo~ sobreviviente victorioso de mental se constituyen en la única poun largo naufragio pesadillesco, ofrece sibilidad viable de producción alternaun cuadro significativo. La intervención tiva si se racionaliza su estructura. No
del Estado en esa cinematografía tiene se trata tampoco de esperar que las sovarios puntos básicos: ante todo, hay luciones caigan del cielo, sino de provoun Banco de Crédito Industria~ entidad carlas a fuerza de introducir preguntas
oficial (11:1~ da créd!tos a lo~ productores precisas, exactas, vigilantes. Porque la vien condiciones mas ventaJosas que en gilia es constante mirada autocrítica. Sóla Banca Privada. Si en principio sucede lo hasta que el cine experimental ad
lo mismo que en México, es decir que el una importante ladera prioritaria de la
productor recibe apoyo siempre y cuan- industria cinematográfica, se podrá hado cuente con un patrimonio personal blar de un cine mexicano entero.
suficiente o con avales que "respondan
El sueño debe ser asumido y polaripor él", existe también un Fondo de
Protección a la Cinematografía, enorme zado. Si algún despertar es posible, este
cantidad de la que toda película españo- surgirá cuando el durmiente llegue a la
la recibe el 15 y hasta el 300/o de su re- vigilia desde un sueño lúcido. El lfl'
caudación bruta en taquilla. El corres-

despierta violentamente de una pesadilla
atroz se moverá en la v~lia con la mis-

ma angustia corrosiva. El que despierta
desde un su.eño controlado, comunica
a los demás un movimiento de pregunta
viia. Los mon$1Jos -y esto hay que
subrayarlo-, no son tan necesarios.
Ponencia leída en el II Encuen1ro Nacional Sobre Medios de Comunicación, Morelia, Michoacán, jwoo de 1985.

�SAB DE GERTRUDIS GOMEZ

DE AVELLANEDA; UNA RETORICA DULCE
CONTRA LA INJUSTICIA AMARGA
.,,.

Naomi Lindstrom
I
El propósito de este trabajo es el examen crítico de la eficacia retórica de
Sab (1841) de Gertrudis Gómez de Avellaneda (éuba-España, 1814-1873). En
los últimos aña;, esta novela breve ha
sido objeto de una renovada atención
crítica, al despertar el interés de estudiosos que ven en ella una clave para la
comprensión de la situación del negro
en la lústoria sociocultural latinoamericana. Pedro Barreda y Richard L.
Jackson, para nombrar los dos investigadores más destacados al respecto, han
sometido Sab a un nuevo escrutinio con
la finalidad de identificar la iinagen del
nefo que proyecta.1 El juicio de estos
cnticos ha sido esencialmente negativo,
debido a factores que se discutirán a
continuación. El presente estudio, en
cambio, propone una lectura de Sab
que da como resultado un saldo evaluativo generalmente favorable a la novela.
Para realizar tal lectura, (a) se admite
desde el principio la legitimidad de las
convenciones que emplea Sab - convenciones altamente románticas- , y (b) se
tienen en cuenta los propósitos retóricos que busca satisfacer la novela.
Para contextualizar la polémica que
ha surgido en tomo a Sab, sería convenie.n te un reswnen del asunto qu-e se
trata en el texto. Sab, protagonista idealizado de la trama romántica, es un esclavo mulato, modelo de conducta altruista. La fábula narrativa la constituye
la destrucción de este individuo ejemplar como consecuencia de su obsesión
amora;a por Carlota, lúja de su amo.
Carlota se casa con el indigno Enrique,
quien la mantiene subyugada. Una prima de Carlota, Teresa, figura como confidente de Sab y Carlota; alberga un
amor escondido por Enrique.
El esquema de amores frustrados no
agota la materia de la novela. También

existe una buena dosis de realismo documental que se manifiesta en descripciones pormenorizadas de la naturaleza cubana, el cultivo de caña, la vida de los
terratenientes y la de los esclavos negros.
En toda esta elaboración de materias
heterogéneas, da; características se destacan sobre todo: la representación de
las injusticias cometidas bajo el sistema
de esclavitud y la utilización extensa de
las convenciones retóricas del romanticismo europeo. Como Uncle Tom 's
Cabín (1852) de Harriet Beecher Stowe,
Sab constituye -a un nivel- un acto
pragmático de comunicación. A través
de la persuasión que ejerce la trama.
y mediante pronunciamientos explícitos,
por parte de narrador y personajes,
Sab pone de manifiesto los abusos que
padecieron los miembros de la población esclavizada. Como señala Barreda,
negar el elemento antiesclavista de la
novela es una verdadera "ceguera" crítica.2
Tampoco se puede negar el romanticismo que permea la novela. Sab presenta en -su figura un espécimen excelente
del héroe romántico: noble, sensible,
aristocrático, dado a exaltaciones y depresiones bajo el dominio de una pasión
oculta. Carlota, con su inocencia absoluta, también es de corte romántico. El
lenguaje del texto, con su fuerte carga
emotiva,· busca convencer dirigiéndose a
los sentimiento, de éste. Esta estrategia
francamente afectiva impresiona mucho
más que la documentación novelística
de condiciones sociales que también se
encuentra en Sab.
Para los contemporáneos de la Avellaneda, la coexistencia de los do, aspectos arriba señalados no parce haber
constituido un problema literario. Lo
problemático era la crítica del sistema

esclavista, ya que la novela podía ser
objeto de censura. Según informa Barreda, "Precisely becaueeitwasabolitionist,
the novel was not allowed entry into
Cuba, as shown in the Havana National
Arclúves; and the author left it out of
the edition she prepared for her Obras
literarias (1869-71) in order to avoid
censorship on the island and thus to
secure the very important Cuban market". Otros investigadores indican que el
riesgo d.e supresión no fue tan severo como se ha creído generalmente.3
Hoy en día, pocos lectores se ofenderían ante la expresión de sentimientos antiesclavistas. La dificultad actual
de la novela es otra: la dificultad de
apreciar la presentación romántica de
una denuncia social. Precisamente en este punto radica la insatisfacción que expresan lectores de nuestros días, al encontrarse con lo que bien puede parecer
un sistema de estereotipo, rígidamente
elaborados según un concepto romántico de la escritura.

cotejo con la triste realidad social. Aunque _B:t1;eda concede la validez del planteo uucial -deplorar la situación del negro esclavizado- "in trying to prove it,
her deep-seated romanticism· causes her
to conceive a conventional black figure
the fruit of her reading in the French
ro~an ti.es" ·4 Riehard L. Jackson categonza a la autora entre los que derraman "false tears for t;he black man". La
falsedad que percibe en 1a novela radtca, en gran medida, en la forma estiliz!~ de la ficción romántica.5 Sería
hcita la conclusión de que estos críticos encontrarían más adecuado un sistema de r~pres~ntación menos destacada~ente literano Y más directámente
cefüdo a las realidades cubanas.
Otros observadores, menos explícitos
en. sus ?bje&lt;:iones, parecen compartir la
m1Sma insatisfacción . .Según Slúrley M
Jac~son, por ejemplo, el héroe es
s~n~~~tal victim of love. . . selfpitymg · _A pesar del valor documental
que perc~ en la novela su reacción
P?Co entuSlasta indicaría cierta incomodidad ante la intriga amorosa con sus fi.
gu~s Y parlamentos estilizados.6 Otros
cnticos han mirado con desaprobación
:~ de~ndencia de la autora de modelos
iterai:ios,. sobre todo cuando tenía una
~=knencia p~pia del asunto que pudieher servido de hase para la novela 7
J.ean Franco , sm
· mencionar
·
·
Sab, cues~~na la validez de todas las obras de ficc10n
. que eserib'ieron autores latinoameh~an~s Sh~j~ la influencia de Chateaunan . egun el análisis de Franco los
textos
'
di
. que se produ'Jeron ha'JO estas concio~es quedaron ajenos a las realidades
,1~ten~ron captar; las realidades de
enea ' could not he fitted into European moulds •1.8

«;

Barreda ha articulado con más nitidez esta objeción a Sab. Señala, como
un factor desfavorable la influencia
que recibió la autora del pensamiento
social de Jean-Jacques Rousseau (sobre
todo el concepto del salvaje noble) Y
de los procedimientos del Vizconde
de Chateaubriand para la figuración
de protagonistas exoticos (A tala, 18011
de ambiente americano, impresiono
hondamente a la Avellaneda). Barr&amp;
da concluye que sería posible co~
derar a Sab " a psycholo~cally ncla
character" , pero que tal riqueza sólo
da dentro de un contexto específico:.•
plan of abstract characterization, wh ,
in this case bears the stamp of romanfi'
cism". El grado de artificio que exige
esquema literario deforma la figura
util~:r comentarios tienen una gran
esclavo hasta el punto de dejarla '' d i , señalan lo que el lector no puesentially false", incapaz de sostener
e encontrar -y no debe buscar- en

Z:

Sab. P~~ero, Sab no ofrece una document~ci?n directa de las condiciones en
~e vman los esclavos cubanos. Por su
misma naturale1A, es una obra francamente "?e a~e", es decir, que proyecta
la experiencia humana a traves de estructuras estilizadas, no~miméticas. SeWrndo, como sugiere el comentario de
ranco, Sab no es, en el fondo transmisor ~e una ex~riencia específicamente
amencana. Enteierto sentido pertenece
a la tradición literaria eurore'a. Tercero
la novela no aboga por la abolición de 1~
esclavitud. Lo que 81 ofrece es un examen de cuestiones universales concerrüentes a la libertad y la injusta ausencia
de la libertad. La situación de los esclavos es un caso ejemplar, pero también lo
son la subyugación de las mujeres casadas; los lazos del amor; la libertad de los
seres na1llrales (indígenas, animales) · las
restricciones de la vida conventual. C~da
si1llación es objeto de una consideración
novelística, siempre vinculada con los
tópico, centrales que organizan la novela.
Sin embargo, sería irracional descartar la obra por ser artificial, por mostrar una influencia europea o por llevar
una denuncia social difusa y sutil. Tal
rechazo es producto de una convicción:
que, el realismo docwnental es el mejor
v_e~icul~ ~r~ la exposición de la injustic,i~. H1St?ricamente, sin embargo, la
critica social se ha difundido mediante
una expresió? exaltada y figurada. Los
ensayos apaS1onados de Thomas Paine
p. ej., todavía mantienen su vigenci~
como textos de verdadera calidad literaria y persuasión eficaz. Los críticos
han señalado repetidas veces los poderes de un discurso afectivo como ins1rumento de denuncia. Un ~jemplo
e:'c~lente es el estudio que hizo Noé
J1trik_ de Facu.ndo (1845) de Domingo
Faustmo Sarnuento. Realizado a base de
un análisis minucioso del rasgo estilísti-

co, ~ es1ll-dio demuestra que la protesta mas radical de la obra se encuentra en
su retórica romántica, no en sus elementos racionalistas y realistas.9
. ~l .~resente trabajo presupone la admlSlbilidad de tales_ recursos persuasivos e~ Sab. A parflr de esta premisa
examma el diseño retórico que presen~
la novela cómo los recursos empleados contr~uyen a ~a argumentación
~ontra las crrcunstancias represivas e inJUStas.

r

11
La caract~~ación de los personajes es
el procedimiento organizador de toda
la retórica novelística de Sab. Este aspecto de la novela es el que más ha despertado r~cciones fuertes por parte
de los ~nticos, . cuyo enfoque principa~ ha ~do el mllmo Sab, Según Barreda, P· eJ., la manera en que viene retratado Sab delata la incapacidad del texto de manejar debidamente las cuestiones que trata. Para e1, Sab es "the incamation of a literary myth, an absolutely false and conventional being an
apparentlr unique species, but hasically topical and generic,, .10 Richard
L. Jackson, también encuentra defectuosa la figuración del esclavo.11 Para
Hele~~ Percas Ponseti, en cambio, la
creac10n de Sab es uno de los grandes
lofos del texto. Asevera que el personaje es ca~az de encarnar propiedades
abstractas sm por eso carecer de riqueza
y complejidadJ2
¿Cómo se acerca uno a esta cuestión
carr~ com_o ha quedado de opinione~
Y l11cios, &lt;D;Sp~es? El procedinúento
critico mas. mdicado es ampliar el campo _de es1lldio para incluir un examen de
v_anos personaj~, no sólo del controvertid~ heroe. Asi se pueden identificar las
nociones fundamentales de lo que es un

�personaje literario, los principios rectores que detenninan la realización concreta de los personajes específicos, Una
segunda consideración importante es
la necesidad de mantener la distinción entre la adecuación de los personajes como constituyentes de Sab y su
pa,ible valor como agentes de un programático mensaje social. Barreda reconoce la existencia de esta distinción,
sin conceder la legitimidad de un criterio plenamente literario.13
Al buscar los rasgos comunes que
comparten los personajes, uno se enfrenta de inmediato con la cuestión de
la representación simbólica. Cada personaje tiene que funcionar como emblema de una o más abstracciones. En su
forma más simple, este plan de caracteriz.ación produce la figura unidimensional del suegro de Carlota. Jorge Otway
es un modelo de la codicia. Siempre que
interviene en la acción manifiesta este
vicio. El narrador no ceja en subrayar su
único rasgo: describe a don Jorge "frotándose las manos, y abriendo cuanto
le era posible sus ojos brillantes con la
avaricia ".14
El padre de Carlota tiene un carácter
poco menos simplista. Figura como signo de la flaqueza espiritual. Su participación en la trama consiste en gran
parte en evitar cualquier acción ~e pudiera remediar una situación dificil. El
lector no puede menos que condenarlo
cuando asiente al casamiento de su ruja
con un hombre que no la merece -un
asentimiento basado puramente en la
conveniencia. Una vez . más,: el narrador
subraya las conclusiones: "la pereza de
su carácter, y el desaliento que en él
producía cualquier golpe inesperado,
influían no poco en la aparente fortaleza con que se sometía desde luego a la
desgracia, sin hacer un enérgico esfuerzo para contrarrestarla" (p. io).

Si todas las caracterizaciones fueran
tan fáciles de describir, la queja contra
la utilización de estereotipos sería harto justificable. Pero los personajes principales demuestran una variante mucho
más sutil del _mismo código simbólico.
Est03 personajes, a la vez abstractos y
complejos, son Teresa, Carlota y, sobre
todo, Sab. Los tres son paralelos en que
cada uno patentiza, en sus padecimiento;, los efect~ de la injusticia y la esclavitud.
Teresa, durante la mayor parte de la
novela representa la frustración de los
anhel~ mundan03. Su amor por Enrique tiene que ¡oprimirse; hasta entablar amistad con Sab, ni tiene con
quien hablar abiertamente; en suma, vive en un aislamiento penoso. El narrador hace runcapié en el carácter inmerecido de esta privación afectiva: "fue
desde su nacimiento oprimida con el
peso de la desventma" (p. 28). El orden
social ha sido injusto: Teresa es ruja
ilegítima, víctima de hogares inestables.
La misma biología ha contriooido a ·su
infelicidad. Aunque Teresa es capaz de
pasiones fuertes, "ninguna de l'US facciones participaba de aquella conmoción" (p. 28). Su aparente impasibilidad la aisla aún más de 8US semejantes.
Además de estas dificultades básicas, Teresa es víctima de varias circunstancias
menores: p. ej., Enrique hace una mala
interpretación de su amÉtad con Sab.
Al morir su amigo Sab, Teresa ya no
espera encontrar una felicidad mundana y se hace monja. Ahora se efectúa
una inversión simétrica. La joven se
conYierte en una figura de satisfacción
espiritual: "En efecto, Teresa había alcanzado aquella felicidad tranquila y ~
lemne que da la virtud" (p. 197). Esta
imagen de plenitud sólo se da en el
ep11ogo de la novela. Así, Teresa es
primordialmente una representante de

todos los seres desventajados en es
mundo.

En el segundo capítulo, se describe
el sentimiento que experimenta Carlota
para con Enrique, es decir, una adoraCarlota forma p_arte ~l mismo esqu ción incondicional y generosa. El segma. Como contrafigura de Teresa, p mento se cierra con la pregunta: " ¿Mesee lo que su prima no puede tener, recía Enrique Otway una pasión tan
no puede conseguir lo que Teresa lo
hennosa? " (p. 31). El tercer capíp03eer. Al comenzar la novela, Cario tulo, en yuxtaposición contrapunteada,
es la joven con todas las ventajas:
brinda una respuesta. El padre de Enribelleza; una fortuna; una familia c
que es un cazador de dotes con su rujo
ñ08a; un don casi mágico que le penn· como cómplice pasivo. Más adelante,
ganar el afecto de los demás; un nov· cuando Enrique se atreve a sugerir que
hennoso. El narrador resume el con
el amor justifica el matrimonio, la ré,.
te: "El destino parecía haberla colocad plica del padre es contundente: "Un
a Teresa junto a Carlota para hacerla
comerciante. . . se casa con una mujer
nocer por medio de un triste cotejo, t lo mismo que se asocia con un compada la inferioridad-y desgracia de su pa!Í ñero, por especulación, por conveniención" (p. 28).
cia" (p. 71 ).
Las fuerzas de la injusticia transfor
El v~rdadero carácter de Enrique se
man los dones de Carlota en-causas «k hace evidente a todos, menos a su novia
sufrimiento. El novio gallardo resul~ ingenua. Los que la rodean la protegen
ser frío y despectivo. La familia de Car-i de datos desfavorables a Enrique por
lota la entrega a este individuo a pesar¡ temor a herirla y a deshacer el pr~yecde saber cómo es. Sumida Carlota en~ tado casamiento. Aun hay un intento
matrimonio infeliz, sólo Teresa le brin sistemático de disuadirla de las dudas
un apoyo emocional. Al final, Cario que_ empieza a experimentar acerca del
queda reducida a un estado de sometí• n~v1~. La premisa que motiva tal encumiento y subyugación, sin fuentes de bnmrento es que el matrimonio, aun en
satisfacción vital. El narrador, con • sus. fonnas defectuosas, beneficia a la
mucho apego a las simetrías y_parado- mur~ -una suposición que rebate
jas, hace notar la nueva relacion entie energicamente la Avellaneda.
Carlota y Teresa: "la mujer hermosa,
rica y lisonjeada, la que tenía espa10 Y
Si el noviazgo se caracteriza por una
placeres, venía a buscar consuelos en la fal~ de franqueza y por un predominio
pobre monja muerta para el mundo.•• d~ mt~reses poco dignos, el enlace mala mujer que creían dichosa lloraba y.•· tr1morual es una verdadera esclavitud pala monja era feliz" (p. 197).
I'3; Carlota. Hay poca infonnación espe. c1~ca acerca de este fracaso, pero las
Como ya se ha indicado, 108 Jll()li-l rai.ces del problema se exponen en las
vos de la desdicha juvenil. de Te
pala~as ~e Sah: "Sin otra guía que su
son varios. Carlota, en cambio, cae
corazon ignorante y crédulo (las mujesa de una institución social: el ma res) eligen un rueño para ~da la vida.
monio. Su gran inocencia, uno de
El esclavo al menos puede cambiar de
elementos que más pueden p
amor, p~ede ,espe~ar que juntando oro
"fechada¡" hoy, es fundamental
coI?prara algún dia su libertad, pero la
demostrar la corrupción . del ii
mUJe_r, cuando levanta sus mana; enflamatrimonial.
quectdas Y su frente ultrajada, para pe-

dir libertad, oye al monstruo de voz
sepulcral que le grita: En la tumba"
(p. 196). El matrimonio es, en suma,
una fuerza más destructiva de la libertad que la misma esclavitud.

III
Sah es la gran figura pardigmática de la
desdicha inmerecida. Sus motivos y conductas son siempre puros; es capaz de
sacrificarse por sus semejantes en cualquier momento. Sin embargo, padece
hasta el punto de morirse de un corazón
que literalmente se rompe (la explicación fisiológica de este fenómeno tiene
un interés anticuado).
El primer capítulo de la novela consiste en una anecdota reveladora del injusto trato que recibe Sab por su color.
Enrique entabla conversacion con el mulato, sin percatarse de la identidad racial de éste ( que también ignora el lector). El intercambio revela a Sab como
un individuo inteligente, informado y
cortés. Enrique lo trata con la gentileza
debida hasta que Sab da a conocer su
etnicidad. Ahora se produce un cambio:
"¿Conque eres mulato? - dijo el extranjero tomando, oída la declaración de su
interlocutor, el tono de despreciativa
familiaridad que se usa con los esclavos" (p. 19-20). Enrique le hace preguntas como a un niño, tuteándolo. El
narrador divulga lo que pasa por la conciencia de Enrique para revelar su actitud desdeñosa. El blanco se burla en su
interior al oír que la madre de Sab era
una princesa africana; sonríe "con malicia" cuando Sab habla de sus relaciones amistosas con sus amos; y, con una
presunción arrogante, infonna a Sab
que: "Estás acostumbrado a la esclavitud", sintiénda;e "muy satisfecho con
acabar de expresar el pensamiento que
suponía en el mulato" (p. 22.23).

Barreda y Jackson han visto una
muestra de racismo en la descripción de
un Sab casi blanco, con facciones poco
indicadoras de su origen africano,15 Pero
para que se cumplan los fines retóricos
de la escena, la identidad de Sab tiene
que ocultarse al principio. El lector es
testigo del trato que se le ofrece a un
hombre que se supone blanco y al mismo individuo una vez percibido como
mulato. El ESClavo demuestra poseer
cultura e intelecto, pero esta evidencia
se descarta al saberse su condición ra-•
cial y social. Es una exposición sencilla
pero eficaz, de los efectos del prejuicio
racial en una 9tuación cotidiana.
En el mismo capítulo, Sab emite un
juicio sorprendente: "A pesar de su color, era mi madre hermosa" (p. 21)
- una aserción qt!e fácilmente sugiere un
racismo estético.16 Sin embargo, en otra
ocasión Sab niega la superioridad del
blanco en cuanto a belleza. Al dirigirse
mentalmente a Carlota, afirma que "no
serías menos hermosa si tuvieras la tez
negra o cobriza" y anhela que pudiera
ella haber nacido de ¡u mismo color
(p. 94). ¿Por qué, entonces, su aparente racismo al referirse a su madre?
Una explicación obvia sena un simple descuido por parte de la Avellaneda. La rupótesis es verosímil, pues se
trataba de una joven provinciana en
trance de liberarse del conservadurismo
de su familia y formarse una ideología
liberal. Sería incongruente enjuiciar a
una autora de la formación y época de
la Avellaneda según los criteri~ actuales de expresión cuidadosa en materia
de raza y etnicidad.
Sería más interesante conjeturar que
Sab, en el curso del intercambio con
Enrique, se contamina del racismo de
éste. Como ha demostrado Frantz
Fanon, uno de los efectos más nocivos

�del prejuicio es el aborrecinúento de la
propia negritud que produce en el negro:? Sab desvaloriza la piel negra durante el diiiogo con Enrique -una interacción cargada de tensiones raciales latentes. Luego, ante la cariñosa y liberal
Carlota, su actitud es muy otra: afinna
la compatfülidad de la heller.a y la ¡iel
oscura,
El carácter de Sab se complica por su
doble esclavitud. Es decir, en un sentido
literal es esclavo perteneciente a la familia de Carlota, pero en un plano figurado, es el "esclavo de amor" de la joven.
Los dos sist~mas .de subyugación se afectan de un modo paradójico. Aunque Sab
tiene muy presentes los horrores de la esclavitud, rechaza su propia liberación
cuando se le ofrece. Su negativa se basa
en una necesidad de pennanecer junto
a Carlota; es un vasallo espiritual de la
muchacha, para utilizar la terminología
del amor cortés.
Se ha objetado que la intromiiión del
tema del amor esclavizador disminuye la
utilidad de la obra como documento antiesclavista. Sin duda, la figuracíón del
hombre encadenado por el amor resta
atención e· importancia a la denuncia social. Pero hay que reconocer que la novela no tiene como propáiito único deplorar la esclavitud social. Lo que sirve
de cuestión organizadora de.la novela es
el problema de la libertad. Desde tal
perspectiva, poco importa si la pérdida
de la libertad se debe a un mal social o a
un encarcelamiento por amor.
A pesar de ser compleja, la cuestión
de la subyugación no es confusa en su
exposición. Sao distingue entre la esclavitud del amor, capaz de pÜrificar y ennoblecer, y la de la sociedad, que sólo
· degrada. El protagonista elige conservar
su condición de esclavo, pero no por
eso deja de protestar la esclavitud como

tal. Al sugerir Enrique que el esclavo, al
acostumbrarse a su situación, ya no sufre, es evidente su equivocacion al respecto (p. 23).

jan a la población esclava de la isla. Un
trozo de este pasaje sirve para demostr
el tono declamatorio y emotivo que
racteriza los discursos de este tip

Sab se da cuenta de la confusión que
puede engendrar su historia, dada la multiplicidad de factores que lo lleva., a la
derrota final. Cae víctima del destino
que lo coloca junto a Carlota; de su temperamento fogoso; pero !igue tiendo
víctima de la sociedad. La necesidad de
destacar la culpabilidad del orden social
es el tópico central de la "Carta de Sab a
Teresa". Este documento, que sólo se
divulga· al final, enfatiza el elemento de
injusticia social en toda la obra. El esclavo teme ser visto como un mero obsesivo que muere por haberse entregado a
un amor imposible. Al rebatir esta interpretación de su vida, Sab recurre a una
expresión abiertamente antiesclavista:
"no es Dios, Teresa, son los hombres los
que me han fonnado este destino, si
ellos han cortado las alas que Dios concedió a mi alma" (p. 211 ).

&amp; una vida terrible a la verdad.. . bajo

IV
Las vidas de los personajes constituyen
la vía principal para el ejercicio de la
persuasión novelística. De una importancia inenor, pues sólo se emplean en
contadas ocasiones, son los discursos
liheracionistas que se han incorporado
dentro del texto. Al entrar en juego esta
estrategia, la acción de la novela se detiene mientras el narrador o uno de sus
personajes expone un aspecto de la problemática central.

El primero de est()l discursos se produce durante el diálogo entre Sab y Enrique. Este busca informarse acerca de
las tierras pertenecientes a su futuro suegro. Sab le proporciona, además de un
caudal impresionante de datos, una exposición fogosa de los males que aque-

Ahora bien, no tod()l los -Oiscursos
acusan un tono tan panfletario, Un pasaje más interesante en BU desarrdlo
invoca llllas nociones derivadas de JeanJacques Rousseau Qa devoción de la
Avellaneda por Rousseau es bien sabida), Dentro de este esquema, los seres
humanos son por su misma naturaleza
puros y libres; la opresión y los demás
males sociales son producto de la organización social, sobre todo en su forma
occidental.

rique•.. ningún infeliz respirará a mi lado el aire emponzoñado de la esclavitud. Daremos libertad a todos nuestros
esclavos" (p. 65-66).

ne una interpretación de la historia se-

gún la cual la esclavitud es producto de
la ·cultura occidental y la correspondiente búsqueda de una yroducción cada vez mayor. Esta mama de crecimiento económico se contrasta con la actitud indí~ena, que se contenta con la
satisfaccion de las necesidades. Los indios se mantienen atentos al equilibrio
ecológico y a los valores humanos, mientras que los blancos llevan consigo una
ruptura de las armonías naturales.

Las palabras de Carlota se diferencian de las de Sab por el enfoque casi
exclusivo en los conceptos abstractos
de autonomía y sometimiento. El ~po
de esclavos que despierta su indignación no presenta muestras de abuso; al
contrario, en aquel momento expresa
su agradecimiento por el trato benév0Toca a Carlota formular estas ideas. lo que recibe. Para Carlota, sin embargo,
Carlota hace notar la posibilidad de
Le conviene esta tarea, por su gran ino- la generosidad de los amos no quita el una reducción '.en el nivel de vida como
cencia y su vinculación íntima con el pecado de un sistema fundamentalmen- consecuencia de la liberación de los esmundo natural. A pesar de su ascenden- te injusto. La satisfacción que eviden- clavos. Al aludir a este riesgo, recoge y
cia euroyea, participa de las caracterís- cian los esclav()l le inspira una lástima explicita un tema introducido en su disticas de salvaje noble. Su meditación más honda, pues acusa un deterioro del curso anterior~" ¿Qué importa ser mesobre la libertad tiene como punto de impulso natural hacia la libertad: "Se nos neos.
.
?", p. 6) .
partida la caza de una mariposa. Esta creen felices porque no se les prodiga
actividad, emprendida como diversión, palos e injurias, y comen tranquilamenOtra declaración extensa es la ya
cobra un significado serio. El narrador . te el pan de la esclavitud" (p. 65). mencionada carta de Sab a Teresa. Es
indica la importancia moral del epis0en este documento donde se encuentra
dio al referirse a la mariposa como
La influencia de Rousseau y Chateau- la comparación entre las situaciones res"pritionera" y describir la reacción ins- briand se manifiesta nuevamente en un pectivas del esclavo y de la mujer casada;
tintiva de Carlota: "cesa de repente de episodio que enfrenta a·1os personajes se juzga peor ésta. El asunto principal·
complacerse en la desgracia de su vícti- con una representante de las casi perdi- de la carta lo constituye la autodefensa
ma: abre el pañuelo y se regocija con das culturas indígenas de Cuba. Otra de Sab, que ya se ha disru.tido por la
v_erla volar l~re..." (p. 64). Para suge- vez es Carlota, con sus facultades de interpretación que ofrece de su vida y
nr el conterudo moral de este episodio comprensión intuitiva, la que enuncia el carácter.
Tanto el contenido como la manera¡ al parecer tan trivial, el narrador insiste mensaje. Su discurso se fundamenta en
de explayarlo son eviden_tes, s~ ningún en las capacidades de discernimiento es- una creencia: la pureza de los pueblos
La carta también interesa por la inintento por darle un mabz sutil. Lo que piritual que posee Carlota. A pesar de~ no europeos y la corrupción IJUe trae troducción de un nuevo argumento: que
se enfoca es la administración de la escl~ s~ncillez, alberga "grandes facultades" y como consecuencia la civilizacion occi- la esclavitud es contraria a la voluntad
vitud -los malos tratos prodigados a lai lleva una vida interior vívida y poderosa. dental .
divina. Sab enumera las capacidades inesclavos- y no la esclavitud como tal.
natas cuyo ejercicio le ha sido negado
En efecto, hay una sola alusión a la
Estas facultades de comprensión coAnte la visión del pasado nativo, evo- precisamente por ser esclavo. Ahora
cuestión más abstracta de la libertad hu b~an un,a importan~ia especial en el pró- ca una utopía indígena: "Aquí vivieron bien, no rneraliza el argumento para
mana (la marca de la esclavitud). F1 len• xuno parrafo. Aqu1, Carlota experimen- felices e inocentes aquellos hijos de la hablar mas globalmente de todos los
guaje es característico_ ,de la r~t~ca ta un horror inusitado ante el espectácu- na'turaleza; este suelo virgen no necesi- dones malgastad(); de la población esromántica: la acumulac10n de ad1e11va1 lo de unos esclavos. Al hacer un cotejo taba ser regado con el sudor de los escla- clava; se limita a lamentar su propio caafectivamente cargados ~a repetición.de entre la libertad natural de la mariposa vo, para producirles" (p. 94).
so. Esta limitación fácilmente sugiere
terrible); el empleo de figuras granda~ Y la subyugación que impone la socieque Sab, como individuo dotado, no
cuentes Qa desesperación del infierno) dad, ee decide en contra de la esclavitud.
Predomina aquí un idealismo senti- debe vivir esclavizado, pero que la esclay, globalmente, un esfuerzo por vencer Enuncia su nueva posición en un dis- mental, pero la retórica del pasaje no vitud sería meno, horrorosa si se tratara
al lector mediante la insistencia y la en
curso que termina con la siguiente reso- «JU-eda exenta de consideraciones de de una persona menos capacitada. La
gía enfática.
lución: "Cuando yo sea la esposa de En- mdole más pragmática. Carlota propo- carta es un buen ejemplo de una retórite cielo de fuego el esclavo casi desnu
trabaja toda la mañana sin descanso, y
la hora terrible del mediod.íá, jadeand
abrumado bajo el peso de la leña que co
duce sobre sus espaldás, y abrasado p
los rayos del sol que tuesta su cutis, lle
el infeliz a gozar todos los placeres que ti
ne para él la vida: dos horas de sueño
una escasa ración. Cuando fa noche vien
con sus brisas y sus sombras a consolar
la tierra abrasada, y toda la natu"raleza d
cansa, el esclavo.va a regar con su sudor
sus lágrimas el recinto donde la n0che n
tiene sombras, ni la brisa frescura, porqu
allí el fuego de la leña ha sustituido
fuego del sol, y el infeliz negro, girando ·
cesar en tomo de la máquina que arrane
a la caña su dulce jugo, y de las calderas d
metal en las que este jugo ~e convierte e
miel a la acción del fuego, ve pasar hor
tras horas, y el sol que toma le encuent
todavía allí. , . Ah! sí; es un cruel esp
táculo la vista de la humanidad degrada
de hombres convertidos en brutos, que lli
van en su frente la marca de la esclavitu
y en su alma la deseperación del infiero
(p. 18).

�'

ca cargada de las expresiones típicas de
la agonía romántica . Pero como documento antiesclav~ta, carece de la coherencia que exhiben la; otros discursa;
liberacionistas.
V

Sab puede desconcertar por su abordaje
heterogéneo de los temas organizadores.
Los personajes, cuyos caracteres y destinos dominan la obra, son los agentes
m~ importantes en la exposición de la
problemática central.

Así es el caso sobre todo en la caracterización de Teresa, Carlota y Sab, fi.
guras que padecen, sin merecerlo, un
truncamiento de su autonomía vital.
Sólo en la historia de Carlota hay una
opresión puramente social. En la ·crónica .de Sab, el esquema se complica por
la introducción de factores ajenos a la
organización de la sociedad. En la vida
de Teresa intervienen fuerzas opresivas.
Se enfrenta tanto con dificultades de
origen social (su nacimiento ilegítimo;
su falta de dinero) como con otros de
carácter idiosincratico (su incapacidad
para dar señales de emoción).
También son muy dispares los pasajes de exposición retórica en que se denuncian las barreras a la libertad. Sab,
en su diálogo con Enrique, protesta la
administración defectuosa de la esclavitud, con lo cual se sugiere un deseo
de reformar la institución más bien que
de abolirla. Carlota, en cambio, condena la esclavitud en su misma esencia.
Le repugna el concepto del ser humano como propiedad de otros, no obstante las mejoras que imponen ciertos
amos bondadosos para . mejorar.la vida
de sus esclavos. Hay una yuxtaposición de argumentos idealistas con otras
consideraciones de índole pragmática,
inclmive el ·análisis de las bases econó!11ÍCas de la esclavitud en Cuba. .

De allí la imposibilidad de identificar un modelo único de la opresión humana, sus causantes y manifestaciones.
El desarrollo del tema es difuso. Pero
hay que tener en mente que la novela
no es un texto antiesclavista como ta~
sino una obra de literatura con sus correspondientes paradojas, ironías, y ambigüedades. La retórica, con tu exaltación romántica, todavía conserva un
grado adecuado de coherencia. Los
elementos dispares se conjug;m para señalar la injusticia y la falta de libertad
que existen en el mundo y que necesitan ser oijeto de reflexión. La novda
se ofrece como abertura de esta reflexión; toca al lector continuar la consideración de las cuestiones inquietantes
que se le plantean.

NOTAS
l. Véase, al respecto, Pedro Barreda, The
Block Prolllgonilt in the Cubon Novel,
trans. Page Bancroft (Amherst: University ofMassachusetts, 1979), págs. 71-82;
también, Richard L. Jackson, The Block
/mage in Latín American Literature
(Albuquerque: University of New Mexico, 1976), págs. 22-27. Shirley M: Jackson, "Fact From Fiction: Ano1her Look
at Slavery", en Miriam de Costa, ed.,
Blackl in Hi1ponic Literature (Port
Washington, N. Y.: Kennikat Press,
1977), comentl las mismas cues1iones.

2. Barreda, pág. 74.
3. Jack90n sugiere que la supresión de Sab
podrÍahaber tenido varios motivos: el
miedo a la censura; lo atrevido del tema
(el amor entre prota~nistas de distintas
razas); el reconocimiento por parte de la
autora de los defectos de su obra temprana.

Mary Cruz, en su prólogo a Gertru
Gómez de Avellaneda, Sab (La Ha
Editorial Arte y Cultura, 1976), com
la exclusión de Sab de la compilación
la Obras de 1869. En sus observacioo
p~. 53-55, ex.pone otra hipótesis, la
que "los coll5ejos de sus preceptores
las cosas 'divinas' fueron los respo _
bles" (pag. 54).
Otro punto controvertido es el ,ipues
intento de suprimir la pñmera edkión
Sab. Emilio Cotarelo y Morí, ÚJ A
necia y 1u1 obra, (Madrid: Tipografía
Archivos, 1930), pág. 392, reconoce
mucha difusión que han tenido los v ·
rumores acere.a de tal supresión (p. ej
la compra de la edición por parte de
familia de la autora) pero los rebale.
gÚn su testimonio, la edición de 1841 e
accesible en todas las librerías de Madli
Dada la falta de información ,egum
respecto, sería lícito lanzar una hipÓ
sis 90bre la deaaparición de Sab del COI
pus literario de la Avellanedá. QJiZÍ,
pasar por varias etapas en su evoluci
estética, la autom se haya .ipartado
to del romantiásmo vehemenm de S.
que ya no se identificara e,on esta o
temprana. Cotarelo demuestra los
des cambios que sufrió la Avdlaneda
su concepción del quehacer litemrio
la resultante insatisfacción de la escritora con su propia producción. Fn. el CIIO
de la poesía, una nueva elaboración podn'a efectuar una reconciliación entre el
texto y los nuevos principios poétioJI
de la Avellaneda (solía utilizar este •
curso). La novela, armada Sobre una
concepción hondamente romántica c,ae
afectaba todos sus aspectos, no se P•
taba á una reescritura. Quizá por eso la
haya descartado.
4. Barreda, pág. 76. La aserción de que la
figura tiene "riqueza psicológica" es odginalmente de Helena Percas Pomri.
"Sobre la Avellaneda y su novela s.•~
Re11iltu iberoamericana, Núm. 38 (1962),
347-57.

5. Richard L. Jaclcson, págs. 23-27.

,

~dv;;J,.~ Y:&gt;·J•v ·. ~.:..

6. Shirley M. Jackson, "Fact From Fiction:

Another Loolc at Slavery", en Miriam
de Costa, ed., Blacks in Hispanic Literature (Port Washington, N.Y.: Kennikat
Press, 1977), pág.,. 85-86.
7. Fl carácter libresco Y artificioso de la

nov~la es el tema de los comentarios de
Jose A. Portuondo, Bosquejo hútórico
de·'°' letras cubanas (La Habana: Mini&amp;teno de Relaciones Exteriores, Departam~nto de Asuntos Culturales, 1960)
pag. 49; Aurelio Mitjans, Estudio ,obr~
el mov un,en
· · t° cien
· t(¡'fi1co Y literario de
Cuba (La Habana: Consejo Nacional de
C!l1tura, 1963), pág. 197; Y Lorenzo Garc1a Vep, Antologaá de la novela cubana
(La Habana: Dirección General de Cultura, Ministerio de Educaci6n 1960)

'

'

pág. 49.
8. J~ Franco~ The Modern Culture of
Latm Amenm, ed. rev. (Baltimore:
Penguin, 1970), pág.,. 17-18.

9. Noé Ji trik, Muerte y re.,urección del Facundo (Buenos Aires: Centro Editor de
América Latina, 1968).

la vez una abstracción y una a-eaci.ón
psicológicamente compleja.
13. Barreda, pág.,. 76-77.
14. Gertrudis Gómez de Avellaneda, Sab
(La Habana: Consejo Nacional de (hl.
tura, 1963), pág. 70. Las citas de esta
novela se indicarán con la paginación

correspondiente a esta edición.

10. Barreda, pág. 82.

11. Ri~h~d L. Jackson, págs. 25-27. &amp;ta
ob¡ec1on no agota la queja que hace
Jackson contra la nóvela, pero es importante.
12. Percas Ponseti, pág. 357. En la pág
354, hare notar que la figura de Sabes~

15• B~reda, pág. 78; Richard L. Jackson,
pags. 25-26.
16. Barreda, pág. 78.

17. Frantz Fanon, IJack Skin, White Masks,
trans. Charles Lam Markham (New
York: Grave, 1968).

�OCTAVIOPAZ:
UNA MALINTERPRETACION
DE TLATELOLCO .

Arturo Cantú

RESCOLDO

El 2 de octubre de 1968 señaló para mu- sa común con él, detenninan que el
chos una fecha límite en la manera de asunto se presente como uno de los más
vivir y entender las cosas. No es raro oír trascendentes del momento actual.
la pregunta ·fue antes o después de lo
La revista Armas y Letras, dirigida ,Pº~ Alfo!150 Re~ de Tlatelolco~ y no tanto para colocar
Octavio Paz es con mucho el artista
un hito en el tiempo como auxilio de más importante en la presente hora de
Martínez, recogió este texto -que h~ia sido leido pr
la memoria, a la manera como .podría- la cultura nacional. Entre los poetas vimente en la Escuela de Verano Francisco M. Zertuchemos preguniamos por el antes o el des- vos de México solamente lo sobrepasa, a
811 tercera época, número 2, septiemhrer-noviemhre de 197
pués
en el tiempo de un hecho cualquie- mi juicio, José Gorostiza, que hace vapp. 22-28.
ra a partir de otro hecho cualquiera. El rios decenios no pu~ica. Nadie en el enantes y el después tienen aquí casi siem- sayo, donde ejercita una prosa fulguranpre, una connotación moral. Hay cosas te y extendida. Líder desde su juventud
"explicables" y hasta "perdonables" si de publicaciones y movimientos in.telecsucedieron antes del 2 de oétu_bre, otras, tuales de primera línea del país, ha delas mismas, habiendo sucedido después, sempeñ ado con generosidad el papel -de
no tienen razón alguna de ser, o inclu- promotor en un medio cultural frecuensive por ese solo hecho cambian de signo
temente hostil y las más de las veces
moral. Como si la esfera de nuestros va- ·
apático. Su renuncia a la embajada en la
lores, nuestras referencias emotivas, y
India, a par_tir de los sucesos de Tlatelolaun nuestra lógica de lo socia~ hubiesen
co, lo honra y lo hace insospechable de
cambiado y estuviesen cambiando todaoportunismo en una época especialmenvía. Es obvio que no resulta lo mismo,
te difícil para los funcionarios públicos.
desde el punto de vista mora~ ingresar al
ejército antes o después del 2 de octuNo es este Octavio Paz el que identibre, o ser activista del partido oficial, o
ficamos, a través de los dos puntos del
escalar por las jerarquías del poder polítítulo de la conferencia, con "una maltico o económico. De la misma manera,
interpretación " de Tlatelolco, y sin emlo que antes sólo era un pequeño desbargo, a pesar nuestro, no hay otro Ocplante de valor, una actitud libre, hasta tavio Paz,
una frase pronunciada en una conversación rutinaria, tienen un peso distinto a
En una de las páginas centrales de
partir de esa fecha.
Posdaw Octavio Paz nos dice:
.
¿Por qué, tal vez se pregunten, me
atrevo yo ahora a traer a cuenta esa fe.
cha y a insinuar, ya desde el título de la
conferencia, un rechazo al significado
cultural de la personalidad de Octavio
Paz?
No, desde luego, porque crea estar en
forma alguna a la altura de lo que la fecha o el personaje significan. Me apresuro a decirlo no por humildad sino porque un mal entendido de principio podría enturbiar la visión que quiero proponerles ahora. Precisamente dada la
importancia de Octavio Paz, y la importancia de otros escritores que hacen cau-

Lo que ocurrió el 2 de octubre de 1968

fue, simultáneamente, la negación de
aquello que hemos querido ser desde la
Revolución y la afinnación de aquello
que somos desde la Conquista y aún antes. Puede decirse más exactamente, de
uno de sus aspectos. Apenas si debo rept.,tir que el otro México no está afuera sino en nosotros: no podríamos extirparlo
sin mutilamos. Es un México que, si sal»
mos nombrarlo y reconocerlo, un día acabarema¡ por transfigurar. cesará de ser ese
fantasma que se desliza en la realidad y la
convierte en pesadilla de sangre. Doble
realidad del 2 de octubre de 196 8: ser un
hecho histórico y ser una representación
simbólica de nuestra historia subterránea o

invisible. Y hago mal en hablar pe representación pues lo que se desplegó ante
nuestros ojos fue un acto ritual: un sacrificio. Vivir la historia como un rito es
nuestra manera de asumirla; si para los españoles la conquista fue una hazaña, para
los indios fue un rito, la representación
humana de una catástrofe cósmica. Entre
estos dos extremos, la hazaña y el rito, han
oscilado siempre la sensibilidad y la imaginación de los mexx:anos.

El 2 de octubre encierra para Paz una
doble realidad, la de ser, según sus propias palabras, un hecho histórico y un
acto ritual, y más específicamente un sacrificio. En otro lugar de Posdata, refiriéndose a los hechos de Tlatelolco nos
dice: "fue una repetición instintiva que
asumió la forma de un ritual de expiación". Debemos entender, según esto,
y según el discurso de Posdata, que el
hecho histórico está representa do por
los estudiantes muertos, por los que ordenaron su muerte, y por las fuerzas,
ideologías y actitudes políticas y econÓmicas que se enfrentaron a lo largo del
movimiento estudiantil y que culminaron en la matanza. Por otra parte, "el
sacrificio ritual•: según las palabras de
Paz, "nos revela que un pasado que
creemos ·enterrado está vivo e irrumpe
entre nosotros" porque "lo que no se
ha dicho es que los mexicanos, en su
inmensa mayon'a, han hecho suyo el
punto de vista azteca y así han fortificado, sin saberlo, el mito que enci~
rra la pirámide y su piedra de sacrificios". Según la tesis de Paz, una sería
la realidad aparente, visible, del 2 de
octubre: la del hecho histórico; otra la
realidad verdadera invisible: la del sacrificio ritual. Las fuerzas económicas y
políticas, la actuación personal de los
dirigentes estudiantiles y los detentadores del poder, no serían sino instrumentos, marionetas, al servicio de una
representación más profunda y más
verdaderamente real, la de los aztecas y

�sus dioses que seguirían actuando a través de ellos y de nosotros. Así., según
sus palabras "hay un puente que va del
tlatoani al virrey y del virrey al presidente", "el régimen se ve, transfigurado, en el mundo azteca".
La efusión de sangre lo remite directamente a los sacrificiai humanos. Y
ctee encontrar, por ello mismó, una
suerte de estigma cruento en el mestizaje mexicano, como' si fuésemos, sin
saberlo, un pueblo destinado a la sangre en desbordamiento, aún temerosos, aunque inconcientemente, al igual
.que los aztecas, de que el _mundo termine si no damos a los dioses la imprescindible .cuota de sangre.
No. sé si en este _punto sea preciso refutar la peregrina tesis de Paz. Para ser
consis~entes- con ella tendríamos que
explicar igualmente las matanzas en
Vietnam acudiendo ,a las divinidades de
los pieles rojas o a no i qué dioses vikingos, habría que pensar también que
Mussolini. no fue sino una reencárnación de Nerón, o Hitler un instrumento
de Odin. Así, no sólo tendríamos una
historia mítica de México, sino que podríamos llegar a construir una historia
universal mítica.
Aun haciendo un esfuerzo de hnagi·
nación no me es posible imaginar a los
capitanes de la industria y de la banca
oficiando ante otras divinidades que no
sean la riqueza o el capital extranjero.
De la misma manera no resulta fácil
concebir a los que dispararon en Tlatelolco como saceraotes al servicio de la
revitalización cósmica. La sangre derramada en las escalinatas de Tlatelolco fue
lavada cuidadosamente; al parecer la intención no fue que sirviera de alimento
a u~ sol desfalleciente.
Si lo de Tlatelolco con todo, resulta-

ra ser un sacrificio ritual ordenado por se publicó por primera vez en El labeel tlatoani en turno ¿cómo explicar en- rinto de la soledad. En aquel moment
tonces, ·dentro de ese mismo contexto, asustaba a la naciente burguesía mex.'
las tres manifestaciones de agosto y sep- .cana y proveía a los disidentes con
tiembre del 68 que colmaron el Zócalo? gerencias heterodoxas para lanzar a
¿&lt;;:ómo entendéríamai las reuniones ge- cara de los priístas, ·1os miembros
neralizadas y permanentes de estudian- Taller de la Gráfica Popular, y el Parti
tes en busca de una clarificación de la si- Popular Socialista por igual. Enton
tuación nacional? iC(}mo explicaríamos, las fuerzas de la oor~esía eran roen
míticamente también, la coincidencia poderosas, estaban aun desorganiza
la Revolución Mexicana era un ac.m
temporal del movimiento de México con
cimiento relativameñte--c-ercano.
lCIS movimientos estudiantiles. de París,
Berkeley, Roma o Tokio, lugares todos
Después del 2 de octubre, los ar
ellos donde sería diñcil suponer tam- mentos de Paz se vuelven contra lo
bién la vigencia deun pasado azteca? En tratan de preservar y defienden lo
fin.
intentan atacar.
La tesis de Paz, con todo lo descabellada que resulta a poco que la analicemos racionalmente, tiene · sin embargo
atractivos que es pre~iso mencionar. El
joven lector de Posdaw. puede sentirse
admirado y aliviado por una imaginación que coloca su responsabilidad tan ·
lejos como en Moctezuma y Cortés. En
ocasiones, la belleza de su prosa puede ·
hacer aparecer como lógicas y coherentes relaciones traídas de los c¡ibellai. Pudiera encontrarse ·también algún consue- .
lo en leer un libro en el que se compara
y hasta se identifica al presidente con
un tlatoani azteca, y a su corte de ministros con los sacerdotes encargados del
sacrificio. Pero en definitiva la tesis de
Paz tiende a oscurecer, a desvirtuar, la
dolorosa luz a que ya nos estábamos
acostumbrando después _de Tlatelo\co:
la de- un régimen político, social y económico, que se ve obligado a recurrir a
la violencia pública e indiscriminada en
defensa d~l statu quo.
La idea de que Hutzilopochtli, la
Malinche, Cortés, y cuantas otras entidades se quiera de la conquista, están
presentes aún entre nosotros, presidiendo secretamente nuestras voluntades,
pudo i:esultar divertida en 1950, cuando

Posdata, a pesar de·su autor, resul
ser en el fondo una defensa del régime
porque responsabiliza a las divinidad
aztecas de la matanza de Tlatelolco
porque sitúa el problema !Jrincipal
México fuera de la relación entre expl
tadores y explotados, en el ámbito
una supuesta lucha y un supuesto ven
miento con y sobre nuestros vestigi
indígenas.
Con todo, la falla de Paz va mue
más allá de una simple "malinterpre
ción" de los hechos de Tlatelolco, e
realidad esconde. una malinterpre
ción del mundo actual mucho más gr~
para todos nosotros. En primer lu
porque es una interpretación racial,
cista, de la historia mexicana, y por e
mismo no da lugar a solución real
guna, como no fuera la desaparici'
misma del mestizo o algo tan vago
insignificativo como _la frase final
Posdata: "tenemos que aprender a
aire, sueño en libertad". En segun
porque creyendo colocarse en une P
ción crítica, Paz difunde y trata de
petuar el equívoco cultural que
dente, y más coricretamente Euro~,
sostenido desde siempre, en favor do

1

explotación d,·I hombre por el hombre.

. Quizás un breve ~ecuento de las opimonr~ de otro escritor, D. H. Lawren-.
cr, pu&lt;'da ayudarnos a explicar más claranH'nt" los dos puntos anteriores. Lawr&lt;·ncr vivió "n Mrxico a principios de los
20. Su obra principal sobre Méxíco es
La serpiente emplumada. Escribió tambirn La Mujer que partió a caballo y
1l~añanas e_n N!éxico en los que se refiere
chrccta o mdrrcctamen te al país y a sus
problemas. Sus opiniones son interesantrs en rstc punto porque coinciden totalmente con las de Octavio Paz, a tal
grado que debemos considerar que El
laberi~to de la soledad y Posdntn no
son smo de.sarrollos de algunas frases
st~cltas dr La wrence, y porque sus opin_ionc.s sobre México gozan de una rela~1v-a popularidad entre ciertos círculos
rntclectualrs.
~a _visión de Lawrence sobre México
r,s llpicamente la de un extranjero blanc~ que llega a un país subdesarrollado.
~1,nguna persona, costumbre, instituc~~n, merece su_ aceptación Osu simpa•
t~a, aun cntrn_d1end~ la palabra simpatia c1_1, su sentido mas general de comprrns1on o idcn ti ficación intelectuales
Apenas sí algún produ cto del folklor;
artrsan~l, el eo~orido de alguna prenda
de veStir, lo mas superficial de México
logr~n despertar en él un elogio. En ~
serp1en~e. emplumada se cree obligado
a _dcscnbrr, con lujo de detalles, una corrula de !OrCll en la que, desde luego, la
p~otagomsta extranjera se siente "ofendidaM'en .su cultura y en su orgullo". y·!Ve
en l c~ico por la sencilla razón de que
no cnll_ende a los mexicanos y su obra
no es smo la expresión de ello. Fascinado ~or lo que considera "otredad ", el
mestilzo, no puede abandonar un país
en e que se SJcn
. te b,as1camen
.
.
te a disgu&amp;0 , para usar sus propias palabras: "a
ª manera de un gran hombre blanco en

f

harapos, cautivo en un mundo de hormigas".
~u. Juicio sobr~ el país ~e reduce en
d~~1~1tiv_a a esta cita suya: "las antiguas
c1Vilizac10nes locales no han superado a
Quetzalcóatl. Y éste es simplemente
'
una suerte de serpiente emplumada
que'
necesitaba de vez en cuando que llegara
hasta ella, el sahumerio de un poco d~
sangre". "Hombres incapaces de dominar
los elementos, sometidos a las fuerzas
del sol, ~e _la elec~icidad, de las erupciones volcarucas, sujetos a rencores ardientes y al odio diabólico de la vida misma.
No hay ~ll!cer sensual que iguale a la
voluptuoSJdad que se experimenta al clavar un cuchillo y ver brotar la sangre de
la herida". "Es el supremo placer de un
puebl? apegado al pasado cuyo yugo
colomal no pueden sacudir unos hombres que no conocen Redentor ni Salvador".
Tal es la visión de Lawrence sobre
México, y tal es la de Paz, que la retomará 25 años después acaso con mayores galas literarias.
~no podría preguntarse ahora por
que les sorprende tanto, a Paz y a Lawrence, el espectáculo de un poco de sangre ; sobre todo a Lawrence, cuando los
europeos y en especial los ingleses han
~erramado tanta a lo largo de ~ntos
siglos. Como si detrá~ del inglés Lawrenc~ ~n 1925 no ~stuv1ese el Imperio Britan1co, con su mcreíble historia de dominación y pillaje. ¿Por qué sólo en el
caso de Mé,xico es indispensable recurrir
a Quetzalcoatl, o con más conocimiento
hist~rico, a Huitzilopochtli? Parecería
que mcluso en el caso del crimen las razas subdesarrolladas fuésemos incapaces
de encontrar las menas razones que a
cada paso encuentran las razas desarrolladas.

La explicación, en el caso de Lawrence, reside en el hecho de que en realidad
no piensa que seamos razas subdesarrolladas, piensa que somos razas inferiores.
Las razas superiores, entre comillas, matan por poderosas razones, las inferiores
por consumar ritos diabólicos. Octavio
Paz, no se percata de que su hipótesis, al
partir en lo fundamental de la mezcla de
razas, acaba por cerrar nuestra historia a
cualquier otra explicación o destino que
n~ sea también racial. Por una parte
afirma que el mestizo está condenado
irremediablemente a llevar dentro de sí
la sangrienta mitad azteca, de tal modo
que no pueda arrancarla de sí sino mutilándose, y por la otra afirma' que nuestra tarea histórica es precisamente transfi~rar esa ,mitad que hasta ahora, de&amp;pues de mas de cuatro siglos ha resu~
tado intransfigurable.
'
La wrence, en todo caso es mucho
,
mas
congruente que Paz, si 'su visión de
México empieza siendo una tesis racial
concluye de igual forma racialmente. Ei
punto está en que los conceptos de raza
y transfiguración tal como Paz los emplea son conceptos incompatibles. Si suponemos . que en los hombres existe la
capacidad 4e transfigurar su propia natur~leza, el concepto de raza pierde toda unportancia explicativa. Pero si suponemos que en lo humano lo determinante es la raza, estamos cerrando el
can:i!nº a toda posibilidad de transfigurac1on. Por ello Lawrence, más congruente·, acaba exclamando en La serpiente emplumadn: " ¡Ah las razas oscuras!. ; . Las razas oscuras pertenecen
a. un circulo desaparecido de la huma~dad; se quedaron rezagadas en una
suna de la 9lle no han podido salir.
Nunca llegaran a los niveles especiales
del hombre blanco. Le seguirán de lejos como servidores".
No hay metáfora, cuando desde su

�1'1111111 d,· , i,t,1. l.a1,r1·11t·•· afirma 11uc no
1,·11,·1110.- 11i 1t-11dr1•1111,:; H1·cl1·ntor ni Sal1 adnr. Harial111,·111 .. •·~lamo:: contf,,nados
a ,,·n ir a lo.- l,lan,·o,. l'or dio Paz, al
alm11:ar la ri,ic111 d,· La11n·11cP, araba por
110 c·111·011trar ,;alicl,1 al~'lma al problema
tic· \I,'·\ irn. porq111· no 1p1irn concluir,
rntt 1;,!.~l',I ol,liµucla a partir dP su propio pla11t1·,11ui1·11to. qu,· .,¡ mestizo rsun
,·,dl,,jí111 ,i11 ,... licla.
l'm1 aútt 111áo, al adoptar PI 1•squcma
1·11 lt 11ra I el,· La wn·nc,-, Octav io Paz adopta ta111l,ic'·11. "in ,1·11tirlo, su mundo cultural. \ r, ...rza d,· a,imilar la tradición
l'l1ltural d,· rn·1·id,·11t1· (tradición equí' c..-.r q111· ro11,i,1,· 1•11 proponer por un
l.1dn lo, 111á, alto,, alort·$ t•spiritualcs, y
,·11 ,·jcnw por 1·1 otro la más despiadada
do111i11a1·icrn :-0lm· lo$ condenados de la
ti,·rra a lo larµo d,· tocia la historia: es.-lm o, 1·11 (; re Tia ) Ro111a, siervos durant,· la c;poca frudal, obreros a partir de la
l'C'\ ol11riú11 i11d11strial, pueblos !ll bdcsarrollaclo,; ,·11 d momrnto presente), a
r11,·r1.a d,· asi111ilar rsa ,·1¡uívoca tradiriú11 cultura~ diµ;o, Octavio Paz ) la
lllill oría d,· nosotro, con r l hemos acal,.11io por co11l1·111plarnos a nosotros mis1110, co1110 ,;i fu1·~e111os los dominadores,
~ por juz:,rm1os drsdc ,,J punto de vista
d,· lo., do111inadorcs. La adopción de las
id ..a, el,· La11rPnc1• por Paz drsgraciadam,·11 t,· no •·s la 1•xc1·pción rn nuestro
1111111110 cultural, sino la regla. Una reµla a la 11111· hasta hace poco era impo,i lJl1· c·sc-apar porqur ni siquiera nos
¡11·rcatábamos dr rila. Al obligar al dominado a mirarse a sí mismo con los
ojos del dominador, el Occidente aseguro la · he¡i;emonía de su injusto sistema
por milenios. Desde el esclavo Epicteto,
1¡ut• no sólo defiende sino aun exalta los
valores del mundo romano que lo esclaviza, hasta el subdesarrollado Paz, podría
cstablecrrsi• un hilo de autoengaño y
traición a sí mismos de los dominados.

E11 d prólogo a Posdata afirma que
'"lo~ latinoamericanos somos los co111,·11,;al1•,, no invitados que se han colado por la puerta trasera de Occidente".
Pri111rro. romo si los latinoamericanos
no ·p,1rticipáramos con todos los puelJlo~ ~1 IJdrsarrollados del mundo de la
calidad dr no invitados. Segundo, como si junto con todos esos pueblos no
t':ilurií·si·rnos pagando el festín de Occid,·nt,·.

,u.

stro sentido crítico está asombra,lanwntc desarrollado cuando se trata d.. :,ub,•stimarnos a nosotros mismos,
) tan •·mbotado como el de Lawrcnce
cuando juzgamos la cultura europea.
Toda, ia rnntcmplamos con admiración
las u1úv1·rsidadcs alemanas y norteamericanas, a pesar de que sabemos perfectanwnt,· que de ellas salieron los autor,·s d,· los t·ampos de concentración y los
diri¡r,·ntes de la guerra de Indochina Y
no súlo los hombres, también los produdos culturales que hicieron posible
la rnaj,·nación colectiva del fascismo y
la 1·xplosión de la bomba atómica.
Pm&gt; d,·jrmos por el momento a Octavio Paz ) a Lawrence para concentrar
nurstra atención en el movimiento estudiantil del 68.
\téxiro, Berkeley, París, tienen un
significado inmediato diferente en lo tocantr· a movimientos estudiantiles. En
general, mientras en París y en Berkeley
los estudiantes lucharon por objetivos
más birn abstractos, donde las palabras
enajrnación y autenticidad jugaron un
paprl principal, en México la lucha parecía dirigirse contra autoridades concretas y situaciones injustas claramente detm11inadas. Los primeros pasaron de la
concrpción abstracta a la acción concreta, los segundos de la acción a la inteligencia de los fines. La situación de Francia y E.E.U.U., como países desarrolla-

dos y la de México como país su.bd
rrollado, así lo imponía. Ante los o'
de los gobernantes, el movimiento e
diantil aparecía como algo injustifica
pero sobre todo como algo anárquico
sin sentido, como una impugnación
tal, irracional y estúpida. En México,
movimiento a!llmÍa formas de orga ·
ción, sistemas de desarrollo, estrate ·
y tácticas, que rebasaban con mucho
saber político y la previsión de los
bernantes. Si en 1929 los estudian
que obtuvieron la autonomía de la U
versidad Nacional habían tenido un
der público y notorio en Alejandro G
mez Arias ¿por qué ahora, en un m
miento que manejaba masas huma
10 veces más numerosas, no había
líder, o un grupo de líderes al frent
sino • un amplio, vago, heterogéne
Consejo Nacional de Huelga? Si a pr'
cipios del régimen de Adolfo Lóp
Mateos, los lerrocarrileros, con buen
argumentos, no lograron concentrar
el Zócalo contingentes importantes ¿e'
mo era posible que los estudiantes, co
la bandera de la destitución de un jd
policiaco, lograsen llenar tres veces
Zócalo y organizar manifestaciones d
cientos de miles de personas? ¿Qué pr
tendían los estudiantes con sus brigad
de información en mercados, en cam·
nes urbanos, a las puertas de las fá ·
cas? Si querían tomar el poder ~p
qué no se organizaban según los line
mientos clásicos, en partido del prol
tariado, y llamaban abiertamente o
cretamente a la revolución? ·Por qu
no se avenían al diálogo privaJo, o a
componenda, y exigían en cambio u
diálogo público, en contra de todas la
tradiciones de la polítfoa mexicana.
¿No resultaba demasiado tonto, dem
siado inútii un derroche tan fabulos
de energía y organización, al servicio d
ninguna propuesta política importante.
¿Por qué resultaban simpáticos al pueblo, si en su mayoría pertenecían a la

clase media y a la clase alta? ¿Por qué
no defendían sus propios intereses de
clase? ¿Por qué se comportaban con
tanto desenfado y con tanto desprecio frente al gobierno, cuando de él precisamente recibían gratuitamente su
educación? ¿Por qué parecían tan alegres, tan seguros de sí mismos?
No pudieron contestar estas preguntas, y no hallaron más camino que
el de la represión brutal para detener
algo que no comprendían, que rebasaba con mucho &amp;i capacidad de comprensión.
Pero aun cuando hubieran comprendido el movimiento estudiantil seguramente habrían actuado en igual forma.
No se equivocaban aJ considerar que 1a
estabilidad económica y política del régimen estaba en peligro, se equivocaban
sólo aJ juzgar la magnitud y la naturaleza del ataque. El ataque era más serio y
más profu11d0 de lo que creyeron, y estaba dirigido contra la base misna de
r:ustentación del sistema en su conjunto,
no contra personas o procedimientos políticos concretos.
En definitiva, los movimientos estu•
diantiles del 68, incluyendo al de México, no fueron tan inportantes por haber combatido tal o cual orden particular de injusticias, como por haber puesto
al descubierto la visión del dominador.
Podrá decirse que desde siempre ha habido quien enuncie la doble f.az de la
cultura occidental, a la que ya nos hemos referido, la de ser, por un lado, proclamadora de valores eternos e irunarcesibles, y por el otro, sojuzgadora de pueblos y destructora de culturas ajenas. Pero lo que no estaba claro es que las tesis
a favor del hombre y las tesis en contra
del hombre, no combatían entre sí en
un terreno libre y neutral. Hasta hace
muy poco se consideraba que las tesis

ideológicas antagónicas se debatían en
un ámbito cultural imparcial, donde fi.
nahnmte acabaría por imponerselaverdad sobre el error y la jUBticia sobre la
injusticia. En realidad de verdad, el ámbito cultural (la universidad, la plaza pública) nunca ha sido la are1_1a para el
combate, donde seguramente trnnfaría el mejor, sino el mercado, para la
transacción y la componenda, donde todo antagonismo acababa relllelto en una
postergación. Verdad, error, bien, mal,
integridad, bajeza, pasaron a ser palabras demasiado rígidas y oogmáticas.
Quizás, acaso, tal vez, siempre y cuando,
pasaron a ocupar sus lugares. Se llegó a
pensar que la virtud fundamental del
espíritu era. establecer matices, y que
la cúspide de la estimativa moral estaba representada p«x la tolerancia. Matices que en un caso definen al crimm
como guerra santa, y en otro como sacrificio diabólico; tolerancia para con
los explotadores nacionales que nos
obliga finalmente a tolerar la explotación mundial. Todo un tejido de sobreentendidos disimulos, concatenaciones,
diplomacias en donde los más perspicaces quedan atrapados y donde loe más
rapaces medran a su conveniencia.
No fue tal o cual régimen monolítico y falaz, como en el caso de México,
lo que los movimientos estudiantiles
pusieron en evidencia; no destruyeron
alguna filosofía trasnochada; no politizaron a amplios sectores de la población. Pudieron haber hecho todo eso,
y lo hicieron, pero por encima de todo
señalaron con claridad que el tapete sobre el que se estaba apostando no servía
más para el juego, que el ámbito cultural misno era el principal enemigo de la
cultura, que la parte mayor de la tradición de occidente era la tradición de la
mentira.
Desde este punto de vista colran

otro sentido algunas de las características del movimiento estudiantil que frecuentemente se señalan como errores y
como abaudos. Es un movimiento sin
líderes en el sentido tradicional rorque
justammte está contra la tradicion. No
enarbola propuestas ¡&gt;&lt;&gt;líticas claves y
concretas porque está en contra de la
política. No obedece a intereses clasistas pol'T1e los poderes contemporáneos
han desfigurado y confundido las clases.
No cree en los héroes de los blancos
porque las estatuas de esos héroes son
ahora los instrumentos de la dominación. Se presenta orgulloso; desenfadado, alegre, porque avizora un camino
diferente y un mundo diferente.
La impugnación total de los movimientos estudiantiles da justamente en
el blanco porque no se refiere a tal o
cual manifestación de la ideología burguesa, sino al aire misno en que se
mueven las ideas y los personajes de la
burguesía.
El 2 de octubre, por doloroso que sea
decirlo, fue el catalizador de todas estas
realidades. Señala un antes yun después,
porque a partir de él comprendimos,
pero sobre todo, porque a partir de él se
abre para todos una tarea de clarificación vital: abandonar todo lo que deba
ser abandonado, como si ahora empezáramos una larga marcha, y encontrar todo lo que viene a nuestro encuentro.

�CARMEN ALARDIN

NUESTROS DIENTES

Heidi Basabe

Carmen ·Alardín

Monterrey, N.L., lunes 29 de octubre
de 1984. nueve de la noche.

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embestida. Una lluvia de miradas
como saetas, furtivas y descaradas,
tratando quizá de penetrar o hurgar el mutuo caparazón y los recorreres químicos y eléctricos bajo
la corteza -para aquí y para allátras la aparente desconfianza o indiferencia. Un caminar como de
ciegos en la ebriedad de las sensaciones.

Conocer a Carmen Alardín, sus
contornos, ¿qué significa?, ¿qué
significa para mí?, a esa Carmen
de desnudas piernas sin malicia
aparente, con sus afrancesadas
"eges ", su palabra "reaccionario",
su aparente "despiste" y las preguntas que hace y que no hace.
Mirar en esos ojos sin pretender
encasillarla, explicarla o conocerla
exhaustivamente pero sentirlos de
gato: misteriosos, indiferentes o
cansados, con sus muchas implicaciones, a veces como un largo pasillo en la penumbra con muchas
puertas a un lado y al otro como
El castillo de Barba Azul de Bela
Bartok, en el que lo mismo puede
habitar el horror, que la muerte o
los más esplendorosos tesoros.

Carmen y sus poemas, Carmen
y sus contornos, tocar, penetrar
a un mundo mágico, imaginativo,
más allá de la publicidad, de las
pastas de dientes y sus sonrisas y
de las cabelleras que se "merecen"
el nuevo color, más allá de su corte de pelo a lo "punk", más allá
o más acá de su vestido color ejército, de su germanismo u otras
adicciones y de su ser laureada o
reconocida poeta.

Conocer a Carmen y sentir por
dentro un entrechocar de astros
locos en la noche, con astrología
u horóscopos o sin ellos, la posibilidad de nombrar, por un momento, lo innombrable, un delinear de
manos suaves, con cuidado o con
miedo, por· los contornos de las
separadas existencias: la tuya y la
mía, un topetear de unicornio
contra el cristal que separa los
cuerpos y las almas como queriendo probar su fragilidad antes de la

Conocer a alguien quizá no programable en este mundo de computadoras, aún así no descifrable.
Conocer a esa Carmen aparentemente infantil o inocente, en estado de gracia, como en un juego de
boliche en el que el golpear de -la
bola provocara innumerables preguntas. Conocer la placidez de esta Carmen, su aparente instalarse
cómodamente en el mundo, junto
o a pesar de sus dolores de cabeza
y espalda y su estar muy dcspier-

Hemos pagado la vida con los dientes
por cada sueño que se cumple
por cada encarnación de un universo
les hemos ofrecido nuestros dientes.
¿A los dioses? ¿A las diosas o las flores?
No sabemos a quién, pero alguien pide
que se cumpla el ritual de nuestros dientes.
Hemos roto la carta amarillenta
de la abuela al abuelo
con los dientes.
Y con ellos también hemos rezado
un rosario macabro simulando
triturar al amor bajo la luna.
Nos hemos roto el alm~ con los dientes
desgarrando a pedazos la sonrisa
por las fauces hambrientas del destino.
¿A dónde irán rodando nuestros dientes
cuando la muerte venga a provocarlos
como loba feroz?
Tal vez no quieran ir
y allí se queden
asfixiando con un .collar de luces
el cuello de un amado peregrino ..

ta como animal al acecho ¿
miedo o al ataque? A la Carm
Alardín tan mencionada y tan
veces vestida, desvestida y vu
a cambiar de innúmeras cara
contornos. Conocer a alguien
tiendo que te desborda y no po
decir ni la primera ni la última
labra y mucho menos explicar

De La libertad inútil

�"LOS COMEDIANTES DE VEINTE AROS
NO DEBERIAN SER CANONIGOS"
(CARTA A ROGER BLIN)

JeanGenet
lean Genet reunió, veinte años antes de
su muerte, algunas cartas, hojas de dia·rio, aforismos y observaciones sueltas en
torno a la puesta en escena de Les paravents (Los biombos). El breve conjunto
-apenas 69 páginas- fue editado por
la editorial Gallimard con el título
Lettres a. Roger Blin (Cartas a Roger
Blin). Este, Blin, no es otro que el reputado actor y director que se atrevió a
ensayar en el escenario las concepciones
teatrales de Antonin Artaud y a estrenarle a Samuel Beckett en 1953 su Esperando a Godot.
En la carta que aqu( publicamos,
Genet menciona, entre otros nombres,
el de María Casares, actriz galo-española
que brillara en las pantallas y los escenarios franceses, junto a Albert Camus,
lean Cocteau, Gérard Philippe. André
Acquart-otro de los mencionados- fue
el realizador del vestuario y decorados.
La obra se estrenó el 21 de abril de
1966 en el Théatre de France por la
compañía de lean-Louis Barrault y Madeleine Renaud.
Hasta donde alcanza nuestra información, este opúsculo dé Genet está traducido al alemán pero no al españoL (M.C.)

Por supuesto, yo del teatro en general
lo ignoro todo; pero del mío sé bastante.

táculo, bello según la belleza habitu
eso es lo qu·e acontecería. Sólo C
por sí misma, fulguró la última noc

Dictar sentencia exige del juez que
se prepare de otro modo, que vaya más
allá de su conocimiento del código. La
vigilia, el ayuno, la plegaria, una tentativa de suicidio o de asesinato podrían
ayudarle a fin de que el juicio que va a
pronunciar sea un acontecimiento tan
grave -quiero decir: un acontecimiento
poético- que acabe, el juez, extenuado
hasta el punto de perder su alma en la
muerte o la locu~. Exangüe, afónico,
permanecerá así dos o tres años antes
de recuperarse. Es demasiado pedirle a
un juez. ¿Y nosotros? También nosotros estamos lejos del acto poético. Todos, usted, yo, los actores debemos
macerar durante largo tiempo en las tinieblas, trabajar hasta el agotamiento
para que al fin, en una sola noche, podamos llegar al borde del acto definitivo.
Debemos engañarnos con frecuencia,
servirnos de nuestros errores. Realmente,
aún no caemos en la cuenta y ni la locura ni la muerte son para m1, aplicada a
esta pieza, la sanción más justa. Es, sin
embargo, a esas dos Diosas a las que tenemos que conmover para que se ocupen de nosotros. No, no somos nosotros los que estamos en peligro de muerte: la poesía no ha llegado en la forma
que mejor conviene.

En otra carta, que usted sin duda
perdido, le decía que mis libros, co
mis piezas teatrales, estaban escri
contra mí mismo. Usted comprende
que quiero decir. Entre otras cosas, e
las escenas de los soldados están dcsti
das a exaltar -digo bien, exaltar- la
perior virtud del Ejército, su virtud ca
tal: la necedad. Y si por otra parte
consigo, con mi solo texto, explica
necesitaría que me ayudaran. Con
mí mismo, contra nosotros mism
cuando estas representaciones nos
locan yo no sé si del lado· bueno,.
donde la poesía no aparece.

Si yo quise lo que usted me había
prometido, la imaginación, era para que
cada actor rematara con brillan tez sus
gestos o sus parlamentos, y que fuera rival de la luz más intensa. Quería también la luz en la sala: el culo aplastado
en la butaca de los espectadores; su inmovilidad impuesta por el juego de luces sería suficiente para eliminar el escenario de esta sala, mas la imagi,ación es
necesaria para que la complicidad se establezca. Un acto poético, no un espec-

Hay que considerar que hemos
casado. Nuestra falta es habernos d&lt;' ·
fiado, como aquella gaita que S&lt;' v
mientras emite sonidos comunt's 1¡
nosotros quisiéramos Crt'er atrayent
y aceptamos la ilusión: la lllt'lodía b'
vale cualquier pérdida de un gas pr&lt;'
so. Por pequeñas sacudidas suc&lt;'s·
nosotros · nos dirigimos sin eluda ha
lo insulso de la pieza. Sacudidas suc
vas a fin de asegurarnos ele un rxito
finalmente, a mis ojos, se transforma
fracaso.
Jacques Maglia me dijo: "Todo p
ce como si, Blin y tú, estuvieran o
liosos de ustedes mismos. Al lado
una pieza cuya conclusión debiera e
ternarios, su éxito aparente los tran
. ".
liza
Muchas veces he capitulado, por
tidio, ante las objeciones de Barraul
ante las suyas. Sus conocimientos
teatro y sus peligros los lleva a l'V
faltas de gusto: la ignorancia di' ese
cío t.enía que conducirme a d

Yo no digo que el texto escrito de la
pieza sea de un gran valor, pero desde
luego le aseguro que, por ejemplo, no he
despreciado a ninguno de mis personajes -ni a Sir Harold, ni al Gendarme, ni
a los Paracaidistas. Sepa usted bien que
jamás he buscado a los "conocedores",
pero a los creados, en el papel y para la
escena, no deseo repudiarlos. Lo que me
liga a ellos es de un orden diferente a la
ironía o el desprecio. Ellos le sirven también a mi creación. Jamás he copiado a
la vida -un suceso, un hombre, la Guerra de Argelia-, pero la vida ha hecho
nacer naturahnente en mí, o las ilumina
si ya estaban allí, las imágenes que he
traducido para un personaje, para un acto. Pascal Monod, uno de los estudiantes
al servicio del orden, me dijo, después
de la última representación, que el ejército no era tan caricaturesco como yo
lo he mostrado. No he tenido tiempo de
responderle que se trataba, aquí, de un
ejército de sueños, sueños esbozados en
el papel y realiudos, bien o mal, sobre
un e~enario, por ejemplo de madera y
cuyo pmo cruje bajo los pies.
Regresemos a la iluminación. Debe
usted comprender bien que este modo
de jugar con la sombra, la penumbra y
la luz es un recurso, delicioso y friolento, q~e le da al espectador tiempo de
extaarse y de tranquilizarse. Yo quería
u~ banco de hielo, tierra prometida que
ciega y no deja ningún reposo. ·Dónde
estaba esta materia, a la vez b'nca y
metálica, de la que _nos había hablado
Ac~art y que, según mis indicaciones,
habna de constituir la materia misma
donde se estarían moviendo los actores? En fm, ¿podría usted emplear, por
una sola nadie, esta materia misteriosa
mallarmeana y alegórica?
'
No _se puede hacer la guerra si no se
a~a, s1 no se siente hecho -o si se pre-

fiere, destinado- para el combate. El

teatro es igual. Demasiado cómodos en
el escenario, los comediantes, entre SIS
apariciones momentáneas, descansan, o
mejor dicho, se aplastan el uno contra
el otro, alrededor del televisor colocado
en los vestidores de los artistas. Ciertos
canónigos durante el oficio leen SI brev~io pensando en yo no sé qué, pero
los comediantes de veinte años no deberían ser canónigos. Cuando no es visible al público, Casares deambula entre
bambalinas, atenta o distraída, pero presente: los otros se escapan. Podrían al
menos escuchar por los magnavoces.
Pero no: aprietan un botón y hacen callar todas esas palabras provenientes del
escenario, ésas que aportan brillo o fastidio, debilidad o destreza. Miran la televisión. La escuchan. En lugar de abandonar al mundo lo reintegran, como si el
escenario fuera· un lugar de perdición.
Los jóvenes actores son extraordinarios
en el sentido de que apenas pisan el
escenario y ya están haciendo todo lo
posible por disimularse, por anularse
dentro de una nube gris de palabras y
movimientos. ¿No puede usted decirles que demasiado brillo en la ciudad
impide que un resplandor, largo tiempo

contenido, explote al fin, iluminando el
escenario? Si no tienen más que una frase por decir, un gesto por hacer, frase y
gesto deberían contener aquello que cada actor lleva en él de luminoso y que
esperaba desde hace mucho tiempo ese
instante privilegiado: ser en la escena.
Ciertamente hay que estimular a cada
comediante para que su aparición aea
fulgurante y verdadera, de una gran belleza; que su desaparición entre bambalinas sea sentida en la sala como desesperante. Y que, estando todo aún bajo
el hechizo que primero se operó en el,
los lamentos continúen mucho después
de que haya desaparecido.
En fin, si yo pongo tanta imaginación en el escenario y en la sala es que
querría, de una cierta manera, que uno
y otro recibieran el mismo abrazo y que
en ningún sitio fuera posible disimularlo.
He aquí, mi querido Roger, al~1.mas
notas que me dictaron la realizacion de
Lo, biombos y la gran amistad que le
profeso.
Traducción de Mii,ie.l Covmubias.

�DESDE LA VIEJA CASA
(SELECCION)

José Javier Villarreal
y Minerva M. Villarreal

ABANICO
El jurado del primer concurso "Prof~or Si~ón S
Mora" con sede en la Facultad de Filosofia y
(UANL), concedió unánimemente el lo. de feb~e~o de
afio el premio al libro de poemas Desde la v1e1a e
sendas menciones honoríficas a la novela corta Am?r
trado y al poemario Titirimundi. Ofrecemos ensegmda
selección de estas obras.

DESDE LA VIEJA CASA
La lluvia es el trazo inicial del desenlace que no acaba,
es la angustia que empuja la belleza al precipicio

mientras aves enjauladas y caballos de aca-o asoman
su mirada desde la vieja casa.
Ensordecen los ruidos de la tempestad,
las paredes se inclinan y todo es una escena movediza,
todo es una mesa donde sucumbe a la fua-za una muchacha;
las aves y las pieles observan la caída.
El desprecio crece. Su complejidad no encuentra salida.
Afuera las olas azotan el cuerpo de la noche.
Adentro la navaja hiere a una mujer.
El frío da bruscos movimientos.
Alguien huye. Las olas avanzan;
Las aves enloquecen con el ruido.
Con pavor, con el cuerpo victimado, la joven abandona la casa.
La imagen se suspende. La tempestad no termina.

HISTORIA
caer de un cielo y ,er demonio en pena
y de aerlo jamó, arrepentirae.

LopedeVega

Un día despertamos bajo el cielo de la derrota,
vimos nuestros blasones quebrados, nuestras mujeres violadas y nuestros reinos perdidos.
Despertamos sobre la sucia cama del condenado,
sobre el camastro que anticipa la burla y la vergüenza;
amanecimos con la certeza de que no llegaríamos a la media tarde.

/

�Fuimos victimados por nuestros propios bufones y lacayos,
por la dulce muchacha que una tarde gozamos en silencio,
por su padre, que al día siguiente nombramos capellán.
También estuvieron ahí para escupimos el mendigo, la puta y su tahúr,
el hombre que construyó el cadalso, y el falso juez que dictó la orden.
Un día Versalles amaneció bajo la ira de su pueblo,
y los comerciantes, los nuevos señores, comenzaron a escribir la historia.

pero en ese aliento hecho piedra, en ese cuello quebrado acecha el último de los
arcángeles,
- la voz de mandoel coro de los ángeles, de los desterrados,
el odio de una batalla que aún no se ha perdido.

\LG UIEN, EL

111

, 11 ,;

!}~¡¡

BALADA A LA MEMORIA DE FRANCOIS VILLON
Ahora, a veinte de abril de 1470, un cadáver germina,
nace firme como rama de encino, como pechos de doncella.
Es el silencio que provoca el invierno, la corona que protege al asesino.
A las afueras de París los ángeles juegan a los dados
mientras los menesterosos oyen el graznido de los cuervos,
ven el rostro ya cercano de nuestra señora la muerte.
Ahora que los cadáveres se levantan como pendones al aire,
que los buitres celebran la justicia de los hombres,
un muchacho de poca estatura y corto entendimiento,
un villano cualquiera, un aprendiz quizá, lee unos versos al pie del cadalso,
unas estrofas burdamente rimadas y peor construidas;
lee el epitafio que años atrás escribiera uno de los colgados,
uno de aquellos ángeles que, a las afueras de París, se jugaban el
recaudo de los clérigos, el oro, la soberbia y el poder de los príncipes y señores.
Ahora el pueblo contempla la obra de la justicia:
los vientres hinchados, las caras amoratadas, y esa mujer que llora con el rostro embozado.
Todos los artefactos se han detenido, todas las maquinarias han parado su marcha:
el reloj de arena, la clepsidra, el resorte de la ballesta, y la noche inmensa del astrolabio;
y es que esta mañana, al amanecer,por el camino de Angen han colgado a Fran¡;ois Villon,
lo han dejado como una señal, como un punto de referencia:

Un día nos pusimos tristes
~uestras derrotas se sumaban ·año tras año
y llegaban a alcanzar grandes cifras
Eran los tiempos duros
Cuando Alguien decidió
Borrar nuestras sonrisas y apagarnos la voz
Pero no todos estuvimos del otro lado de la cortina
llubo quienes jugaron a contarle secretos
\ lamerle la piel a estar altivos y graciosos
Cada vez que El lo pedía
Esos también eran mis amigos estaban alegres
Y no comprendían el por qué de esta tristeza
Eran los tiempos duros en que fue mejor
\prender a mentirle hasta a la almohada

DECLARACION
De nuevo el ruido del mar llega a mi ventana
Estoy otra vez a merced de tus sirenas y tus ~aviotas hambrientas
estoy en una c· d d
•
'
.
tu ª que no tiene mar, que no tiene puerto alguno
sm embargo, eres t,u e l que llama a mi puerta y humedece la tarde '

'

�el mismo de hace diez años, el de la playa brumosa en California.
Estás aquí,
te sientas a conversar de tus marinos,
de tus muchachas de ojos claros;
la tarde, de pronto, tiene un olor a sal y viento de octubre.
Estás de nuevo junto a mí con tu seriedad de viejo conocido,
estás para tomarte el vaso de aguardiente y fumar de tu tabaco;
la tarde se pierde para dar paso a la noche de la tormenta,
de los muchachos tristes, de horas aburridas en el patio de otra casa.
Has llegado a esta ciudad que no te pertenece,
a este desierto en llamas que nada tiene que ver contigo;
pero si no fuera por estas tardes, por tus visitas nocturnas,
qué dura sería la vida -esta ciudad- que tampoco a mí me pertenece.

11

1

l~,:111

'~

el que araña las paredes, el que abre las puertas e inunda la noche,
el de los jardines desolados; el asesino que recorre los cuartos de la casa.
No hay quien pueda detener su paso, su fuerte batir de alas encendidas,
ni quien cubra la herida que deja el navajazo de su vuelo.
El mar, es en realidad, el silencio que separa nuestros cuerpos.
El salón ha quedado vacío, sólo se oye el viento entre las hojas,

el c~to leja~o de las sir_e~as, y el lamento, apenas quedo, de los marineros perdidos.
Es~ amaneciendo en Mitilene bajo un cielo gris de lluvia y ángeles;
la crudad se puebla de gente ordinaria, de gritos y extranjeros.
Clodia, te he vuelto a amar en esta ciudad de bárbaros
'
y mañana, a mi regreso, frente a ti,
sabré que el mar es sólo la distancia que hay entre la noche y el día.

1
1

A CLODIA

EL DESEO I

Los ojos azules de los muertos vigilan desde lo alto de la noche.
Las aguas del Egeo, quietas, a la orilla de la playa;
y las mujeres, desnudas, en la oscuridad de su deseo.
Con octubre han llegado los hombres de corazón solitario,
han llegado a instalar sus tiendas, sus madejas de actos fallidos.
.
El cielo se tiñe con el color de estas calles, con el color de esta ciudad adormecida,
mientras las muchachas deambulan, de aquí para allá, con la tristeza de sus lunas perdidas.

Caen los pétalos de una rosa
bajo mi vientre

Son el abandono, la rapiña y la usura el platillo fuerte de esta mesa,
la música que deleita a nuestro oído y marca el compás de los danzantes, .
la tregua que marchita la flor de la victoria, y la herrumbre que muerde el filo de la espada.
Estamos aquí, en el banquete, saboreando los placeres de la carne, gozando de los besos
de Claudia y sus hijastras,
rodeados de mancebos de mirada hueca.
Pero es el mar ·quien nos entrega su tributo de cadáveres y demonios hambrientos,
oU')

es él

EL DESEO TI
Ave que aletea bajo mi vientre
sin conocer el sueño

�TITIRIMUNDI
(SELECCION)

- Gerardo Guadalupe Leal
COSTUMBRE
HE VISTO A LA CORNEJA. ..
He visto a la corneja volar siete veces sobre mi cabeza
y al caballo de la bruja merodear las fronteras del reino.
Mi sueño se ha poblado de serpientes y dragones,
he descubierto que me engañas con el mejor de mis espadas.
Ahora sé que la batalla no será en Worms ni en Wincester,
como se había anunciado,
sino aquí, en los jardines de mi casa, en los pasillos, en
la terrible oscuridad de mi alcoba.

EL SEÑOR DEL DESEO

Iban las marionetas al café.
El reía,
ella miraba el mismo aparador
la misma fuente.
'
Se tomaban la mano
aún _con los hilos raídos y enredados.
El eme O mirar tiendas.
Y al regresar a casa
remendaban sus hilos
para la próxima presentación.

FALTA DE TACTICA

Eres el caballero anónimo que busca el despertar de una mujer;
el hombre que se repite en mis sueños y ahora tiene rostro,
el de los pantalones flojos y chaleco beige,
el que camina por las calles oscuras,
el que viene hacia mí,
el que besa mi cuerpo.

Sabía que no vendrías a la fiesta
porque_ no puedes hacer algo tan sencillo
como hrar los hilos al arroyo
0 mover un solo dedo
para llamar y disculparte.

Durante diez años he despreciado su misterio,
he querido engañarme amando un mar inexistente,

LAME TO DEL TITIRITERO

he bajado los ojos,
y el silencio ha inundado mi cuerpo.
Durante ese tiempo he visto entre calles vacías la máscara de un hombre.
De ese hombre que ahora camina más de prisa, y llega.
Cae a pedazos el miedo cuando se abre el mar.
Entonces, sobre la tibia arena,
aguardo los pasos del deseo.

Un día de estos
mandaré a la porra
todas las marionetas
que bailaron en mi teatro.
Es justo que descansen
aunque sepa y me duela
que nadie volverá a moverlas co moyo.
i:.n

w

�CARTA A GEPPE'ITO
Señor Geppetto:
Su hijo predilecto ha mentido otra vez
negando que conoce el color del sombrero
de su amigo, el mentado Pepe Grillo.
Por eso lo puse a contar los caracoles
que atraviesan el jardín.
Pero es tan distraído su muchacho
que se quedó dormido hasta sonar el timbre.
Espero que usted le ponga otro castigo
y me ayude a educarlo
pues no soporto ya
que los muchachos le griten ¡narigón!
Sin más por el momento,
La Maestra de Urbanidad y Buenos Modales.

TITIRIMUNDI l.
Corren, parecen canicas
que alguien dejó caer de la azotea.
Chocan, compran, se precipitan
en cantinas, bancos, almacenes.
Cada uno con su lazo.
Ven el reloj, ven la cartera.
¿Tendrán miedo?
Guiñapos en espera de monedas
tendidos a la puerta de la iglesia,
muñecas fumando en una esquina,
monos apretujados en el c0lectivo infame,

y tú,

comprando la última edición de una revista literaria
que casi nadie lee
y que mi abuela usa para matar las moscas.

TITIRISTORIA III
Dile a tu maestro de historia
-debiera ser de cálculoque no sirve para nada.
¿Cómo fue capaz de contarte tal patraña?
Dalila no tocó ni un pelo de Sansón,
que fueron sus esclavos, ya te dije.
Siempre es así,
los envidiosos se valen de un tercero.
Y olvídate de tu cola punk
o saldrás expulsado del colegio.

SURREALISMO
Intentas anudar las barbas de Neptuno
y ya te dije que es inútil,
el muy astuto se despierta al menor ruido
y tú no puedes contenerte esa alocada risa.
Sería mejor
que enmarañaras la cabellera del Halley
y lograras un mejor efecto surrealista.

humo y ruido,
~

11')

VI
VI

�MUJER DOMINANTE
¿Por qué no evades
los zarpazos del tigre de bengala?
No vengas conque así
impresionas a la gente.
Además tienes que comprarte ropa
porque ni creas que te la remiendo.

1

Anda, trae la cena
y recuerda
que aquí no eres el domador.

AYUDA

1

111
~1,,ij1 1\ 1:

1111

Es alto el precio de la gloria.

Lo sabía.
Torres de niebla
circundan nuestras manos.
Tú hacia la perfección.
Yo a expensas de la suerte.
Yo ave cansada. Remolino.
Pero tú, jalándome del brazo.

HILO FALSO
Para ser como tú
basta tirar la piedra
y esconder la mano,
lanzar un limón agrio
y pelar los dientes,

o bien,
dar el beso en la mejilla
Ypensar, luego,
qué hacer con algo de dinero.

�AMOR FRUSTRADO
(FRAGMENTO)

Antonino Carlos
CAPITULO I

/

El que e1té libre de la ignominia
que teja 1u1 lágrima, a la, ola,
del mar.

Yo, Aníbal de Gala, soy oriundo incierto de una endorrecida ciudad del norte
cuya zona de tolerancia lleva el onomastico de una de nuestras macilentas
glorias de la Revolución Mexicana. Nada
grave si bien esto prueba, y es lo que
más ha lastimado aberrantemente mi
fuero humano, que mi país rehíla escrupuloso en base a la sutil indiferencia
de las apariencias; panacea de la mediocridad. Hoy como jamás me he visto
en tan agrio y acérrimo debate nimio,
donde mis sentimientos suelen inconfigurables como obsoletos; más qué
saben del amor aquellos que no han
padecido el ultraje hechicero de la infusa hipocresía de la piel desnuda de
una mujer amada. No puedo jactarme
con flexibles reverencias verbales diciendo que poseo una vasta visión de
la vida y mucho menos que la amo
profundamente, sin embargo arrostro
la bruma de la gloria. En mi país, oh
efímeros mortales engallados de ardides, existen dos cosas idénticamente
similares e iguales a señas calladas y a
gritos pelados: lo enamorado y lo pendejo. Con este último vocablo de mala
leche fue maculada ·mi noble persona
sin pompa ni misterio, descaradamente
y sin el menor reparo de pudor verbal.
A primeras cuentas tajantes, coercitivos de la verdad, hay quienes confunden, sé que una sombra mental trae mil,
el segundo hipócritamente con el que
actúa bondadosamente; y son aquellos
que toman lo bueno por lo bueno y lo
segundo por lo segundo, que no es más
que el empleo de una insulsa torre de
señales para sitiar la realidad.
co
\f)

No pretendo dilucidar con efusivos
arrebatos íllbjetivos ni con dispara-

tada frui,tlidad el lado ciego de la
trampa G.neal, elaborando !lldorosos
escolios a ton y a son. Mas debo aclarar, implícitas razones pasionales me
inducen a ello como un tigre a su presa, que yo formé parte deslumbrante y
abigarrada facción con el primero,
aunque, sea dicha la verdad, deserté
por la puerta ¡xíblica del segundo como una hoja abatida inexorablemente
por las lágrimas del cielo.
En el ca_uce expresivo de esta carta
de presentación interior, quede mi
rostro no oculto sino noctámbulo en el
aciago anonimato, digo que mi corazón
no comulga con las mordaces fronteras
del deseo; sé que el turbulento beso rosa del deseo puede ser descrito por una
caricia. Mayormente acuño que por las
calles de mi corazón corre, cual tiempo
herido por el silencio de los equinoccios,
la sangre libre de un bardo espíritu gitano, lo que ha hecho que mi corazón sea
proclive a su propio deseo y no a la fi.
delidad caprichosa de su destino, y que
en la mía int~ligencia -detesto la vulgar
palabra cerebro- , habita irrebatible un
ánima europea. Este aire de inherentes
virtudes a mi persona, inocente a la realidad (al tiempo que mi conciencia la
fue descubriendo), ha provocado un remolino· de sinnúmeros aplausos amenos y otros amargos y deplorables y no
pocas confabulaciones peyorativas (como la de pintarme cuernos de buey en
la frente) nacientes del lado de los malagradecidos con la fulgurante naturaleza del estado de la mía persona.
Sé que el odio encarcela los sentimientos, c?nfinamiento por estrategia,
para experunentar el frío semblante del
placer, proceloso lerútivo de las pasiones. Yo, que jamás me he ider-tificado
con el odio ni me he dejado seducir por
la amargura, aunque he probado el afilado olor de 8.IS cardos, los creo necesa-

ríos para el beneficio público de la id prejuicios y a veces o al mismo tiempo
tidad de la realidad. Porque desde cautivado por el aiblime rito de la creapalestra el odio ha vociferado con
ción literaria. Tengo la sana convicción
yúsculas que el amor en sus garras
y la sabia paciencia en demostrarlo, daes la imagen obscena de su vehemen do el caso de que alguien de ustedes me
y he visto que más allá del amor y convoque solícito a exponerlo, que el
odio, la pasión sólo es un payaso e
corazón a sus primeros años aún gatea
puloso.
en la ternura invisible del aire; es un papalote de seda arrobado por el precipiHoy mi corazón se debate lúcido cio del vuelo úrúcamente atado al hilo
mo un ex poeta con el silencio del
de la inocencia y piloteado no por el
do; días sin cauce ni ocaso. La
alma desdichada de Palinuro, sino por
dad, madre gloria de la solemrúdad, d sacro portento familiar que es la aleefímera sombra cotidiana del sol, gría de los padres. Así quede la mía inpalidecido y estrujado sombríamen
fancia grabada en la proverbial memoria
hojas azules de mi vida; el tiempo de mis familiares y al azar de los funessólo me es una sensación dcsorde
tos labios de mis vecinos de aquellos
sin peso y sin rostro como un recu años, atrapados con toda &amp;1 cobardía en
malinterpretado y vagabundo que d el bullicio público de la ignorancia.
bula hambriento de nostalgia por lt
bera de mi memoria, mar de mi vi
Ya siento el pudor husmear inexoravecrs, cuando sorprendo. a mi me
ble por mis sienes al pensar que el excomo a un gato ramplón en la n
traño espíritu con!lletndinario de los
me da la impresión de que ya sólo
mil ?jos se in!ernará por los pretéritos
charco de aquel mar. . . Y es por lo
cammos de m1 no silenciosa alma para
he repasado con asaz furor y enco · cono,c~ y contemplar el pasado, pronto
recato las pálidas hojas de mi coraz
explicito, de mi corazón.
aún no logro diferenciar el hilo
de mi hoy enmarañada madeja sa
¡Ah, el amor, sombra clandestina de
nea; parece perturbarme el olor · 1a realidad!
lente del silencio de septiembre.
~~8 a despecho de las desabridas caNo quiero pecar de excelso
lummas e intrépidas blasfemias maquigrullo acotando que el inicio dt&gt;
ladas por el rencor y que han surgido
quier meta literaria empieza por el con pasmosa exacJitnd y atino precario
bo sereno del comienzo, no. En mi ~ndo ~elato en agapes familiares y 80•
razón no existen la perorata men
ia!es rms amores, ahora lo haré con más
ah.. meo Y sm
· empacho, como sin verla calumnia, rú siquiera la mentira
sa y lisonjera para encubrir en un
a la verdad, atribulado por mi
80
vado afán mi desdicha. Sirva decir
: dª ,. Y me ~forzaré para que no
mis memorias no arrancan desde la
qu e nmguna lmea turbia como oscuinfancia; son unas memorias sin inC
~ aia~do mi vida se derrame cual llucomo las de Dios, que sólo &lt;lis
vdm al_viento, en estas páginas arrancadas
.
grosso modo certero un lapso cr
ble m1 corazon. Tamb',
ien hare, ¡o imposigico de mis tantos años. Me remi
d e para que en estas memorias no quenamente a escribir los hechos y
_en ~ntredicho como dicen que quedó
¡ae musitada
desdícha apaS1onada
.
cunstancias de mi consciencia en
t .
en que
bio laberinto perpetuo del amor
errmnaron los mis no pocos días en el

gujdd

laberinto del amor. Én este momento
crítico, encrucijada del olvido y del
recuerdo, caen rebeldes lágrimas de mis
ojos; detractoras a mi estoicismo. . .

Araceli; cante y cante como sapo toda la
noche, y luego las emborrachadas. Qué
fue antes. Ah, pues cuando lo expulsaron de la escuela.
·

¡Paciencia, que los recuerdos míos
jamás han de ser pasados por lágrimas!

Su esposa: Le fue mal en la escuela.
Nunca tuvo, bueno, nunca usó la cabeza
como la gente normal, como la decente
~~a que me entienda orita. Aunque saho muy bueno para. .. ¡Dios no me
oiga el pensamiento!

l. luan Remedio: Es difícil recordarlo,
le soy sincero. Su esposa, Juana de Remedio: ¿Cómo dice que nos dijo que se
hizo llamar para su .. .opúsculo; . .? ¡Ah,
Ambal de Gala! Qué chistoso. Mira,
Juan, qué candil de la calle...No, Juan,
tú sí lo conociste. Era aquel muchacho
que se pasaba toda la noche en la esquina sin hacer nada más que. . .viendo.
- ¿Estás segura, mujer?
- Acuérdate, Juan.
- ¿El hijo del Uyuyuy? . . . Ah, qué
muchacho tan averiguado. No, si lo que
me destanteó fue el nombrecito. Hasta
dónde llegó; y mira, Juana, con qué apodo.. .Cómo dice...Pseudónimo literario. . -~, pues sí. No, nunca hizo gran
cosa; Siempre se la pasaba toreando la
soledad en la esquina hasta eso de la guitarra. Sí, le dio por cantar de esas canciones que no son canciones. Sí1 hombre
la~ que no se cantan; de esas que nad~
mas se habla y habla y no se canta.
¿Ha oído los corridos del Loco Mendoza? Andele, como esos. No, de su
infancia no sé nada. No recuerdo nada
importante. Lo único que puedo decirle
es que su madre lo arreaba a la casa como todas las madres arrean a sus hijos a
la casa.
Un silencio ridículo se apoltrona taciturno en la sala.
·
Juan Remedio: Se había quedado
peor que antes cuando i;;e enamoró de la

-M~a, Juan,a, asómate a la estufa pa~a ver SI ya está el agua para el café del
Joven.
-Con permiso.
- Mire qué cabrón nos salió.. . Pues
sáquela, al cabo mi mujer no es probJe'.
ma f menos en mi casa. ¿Con café?. . .
Ja, Ja, pues nos picamos a Ambal de
Gal~ que Dios lo tenga en su perpetua
gloria (carcajadas irónicas y pueriles
malolientes). Oiga, orita que no está 1~
Juana, usted cree, se me ocurre, usted
cree que yo . .. Bueno, si Anibal. .. Ah,
An1'hal. ..Sí, hombre, si Am'bal de Gala
pu?o, _un ignor~nte arrepentido, yo podria bien que se.. . ¿_No? . .. Cómo que
qué, eso de la literiada; yo también tengo corazón de donde arrancar hojas azules.

Le calculo unos cuarenta y cinco
o cuarenta y seis años a más tardar a
Juan Remedio, huraño con su memoria
y diligente con sus detestables anécdotas al procurar impresionarme con su
fatua ,vida; queda asido a deplorables
recuerd?s _que deja~ percibir un dejo de
remordimiento hacia &amp;1 señora esposa.
Se _ha plantado ahora una tregua inmisencorde entre nosotros. Juan Remedio
la . elude con aire total al incorporarse
mientras _me va diciendo que va al baño,
y que-deJe de preocuparme; "estás en tu
casa", me dice con su intangible tono,

CJl

'°

�LA MAESTRIA EN ENSERANZA SUPERIOR:
UNAALTERNATIVA DEDESARROLLO
ACADEMICO YPERSONAL

Libertad Leal Lozano

· a. quien
desde su seriedad. Su muJer,
admiro más joven que su m~ndo, se
hasta mí haciendo un 51gno con
.acerca
la mano para que desenchuf e la grabad
"Es confidencial", murmura. Le
º;co que usaré nombres ~feren~s y
e~izás inverosímiles, que ~1erda et11dalo• no me entiende. E insiste cot ~na
te~ura inexplicable, tal vez por o mefahle de su aguzado dedo sobre sus l~bios delgados y nada ~altratados r,~l b~
llo a 'tado de sus OJOS negro~.
o
gidice-· pero como que siempre le
-me
'
.
llamarlo
tuve buen ojo a ..siento raro
d'
así de esa manera, como que no ¡e t ¡.
ce 'nada pero en fin. Le decía que e e.
nía esperanza a Am~l _de Gala -se
'fi ta nerv1·osa, irradia. en
mames
. su ros,
tro un recuerdo total y mmuc10so mas
l 'destino de Aníhal de G11.la. Me en~c anó y no sólo a mí (advierto un deJO
deorexcusa, entre complicidad y d~scaro) sino a varias vecinas. N? sabe como
el fantasioso deseo de un Joven sacud~
el cuerpo de una mujer usada en matrimonio (me desconcierta, me ofrece _una
sensación abierta, de asom_hro y trís~eza; la miro negligente para situar la ~nedad de mi no grata tarea). No sabe cdom~
fastidia la rutina amorosa e IDl
Me apena decírselo, pero P~ª
eso son las penas; sólo borracho ~am ia
un poCO . Pero cuando una va. y Viene,
d ,, él
anda como fantoche de fe~ se ~cie?•
dome abochornado, como sm misteno
y con los ojos cerrados. Antes pensaba
e Juan pensaba en otra c~ando cono ~go. Pero después tuve razon al pensar

=~:

"°

que me imaginaba de otra manera; d~da y es que yo nunca cuando CODml·
; lo· hago desnud~;. sólo (dice un nom~
breque ni es el onginal pero que supon
go se refiere a Aníbal de Gala) me d_esnudó hasta el corazón. Y lo que Jhizo
. o se parece a lo que hace
conmig
difi uan
cuando anda borracho, pero
ere en
,
ternura. No sahe como.
· ·"
Juan Remedio viene gritando de_ alegría al parecer el alcohol ha despejado
su dejo huraño y lo hacina al ~rde de
su preponderancia, ~esde el paSl~O que
entronca con la cocma y las recamaras.
Una fotografía familiar bastante remota, ellos y dos hijos, ado~a escrupulh
samente la yerta pared enJ3h,elgada, .
, de la sala·, presiono el record Y el
mas,
play.
Juan Remedio: Ya m~ acordé de una
de sus tarugadas. Juan Sm ella, me_ confei, una vez que lo enco?tro di_zque
arreglando el refrigera~or sm _cam1Seta.
Me dijo que lo abofeteo y le d10 un_ santo golpe en...(mira a Juana Remediho)...
aquí (señala su sexo)...y que no ..izo
nada ni ningún e~ándalo por sus h1JOS,
Pero todo el mundo lo SUPo _como _el
buen diablo lo manda (carcaJ~das Sin~
acia; no sabe que es un ch1Ste_ sa .
griento ya bastante obsoleto, me msp1•
lástima). Usted no sabe la que se armó...

fa

Vuelve a hablar de cosas que no ini
teresan a mi ardua y ya penosa tarea. E

alcohol ha depurado ';'-1 memoria;
círculo vicioso del eg01smo, co_mo
maba Ambal de Gala a la ?1emona. J
Remedio sólo habla de el, cuando.
·oven. Su mujer se levanta de! sofíi
ha excusado diciendo _que ver~ el
y mientras camina hacm la cocma;
va las manos a la cara. Una escena
rradora como mediocre, amor~sam
hablando cuando Juan Remedio v
hacia ell~ y le grita con sua~e to
¡Apúrate, mujer' qu~ a lo meJor se te
tá quemando el agua.

AJ concluir mis estudios de Postgrado
en Enseñanza Supttior me queda una
profunda sensacion de descubrimiento
sobre la forma en que estos estudios
pueden contribuir al enriquecimiento de
la perspectiva para analizar problemas
aparentemente ajenos a una especialidad como la biología; creo definitivamente que este tipo de alternativas
académicas no son del todo comprendidas y valoradas, particularmente por
quienes nos desempeñamos en el campo de las ciencias naturales o exactas.
Quitto, por lo tanto, escribir estas ideas
en un afán de contribuir a una mejor
comprensión y posibilidades de aprovechamiento de este tipo de alternativas
académicas.

sión de Estudios Superiores de la Facultad de F'ilosofía y Letras de la Univer- que prácticamente se inició en la primesidad Autónoma de Nuevo León, cuyo ra sesión, pues con agrado quiero añaobjetivo podría expresarse en los si- dir que tuve la suerte de contar con la
guientes términos: formar profesionales orientación y apoyo de maestros que
de la educación superior capaces de ana- durante llJS cursos me "obligaron" a
lizal' críticamente los problemas de la realizar pequeñas investigaciones en torUniversidad desde una perspectiva inter- no a la biología, que me permitieron
disciplinaria, que puedan operar como reunir diferentes elementos de análisis
agentes de cambio en las instituciones para mi profesión y con ello definir el
en que se desempeñan. Este objetivo, tema de la tesis de maestría, que no pueinsisto, me parecio una alternativa a mi do considerar como un simple trabajo
rusqueda y me incorporé. Se inició así final ni como requisito para la obtenuna enriquecedora experiencia que me ción del grado, sino como el ejercicio
condujo a través de la filosofía de la que me permitió integrar los elementos
educación, la sociología de la educación, de análisis que la' maestría me proporcionó y conformarlos en una plat.afor.
la historia de la educación superior, a
ma desde la que me propongo contiuna mayor comprensión del fenómeno
nuar mi formación, que siento entrar
educativo en general y de mi disciplina
ahora en 111 fase más import.ante,
en particular. El estudio de la planeación, del diseflo curricular, de la evaluaQuiero concluir este breve escrito
ción de proyectos y su administración,
con
una expresión de reconocimiento
me aclaró muchas interrogantes sobre
a
este
programa de formación profe.
las relaciones entre la educación lllpesional,
que
con frecuencia no es interrior y el desarrollo de nuestra sociedad.
pretado
en
su verdadera dimensión.
Ese amplio marco de referencia me perEstoy
convencida
de que en mi caso la
mitió abordar, con más profundidad y
maestri'a
cumplió
su objetivo, me dio
actitud crítica, los fenómenos relacioelementos
para
adoptar
una actitud
nados con el proceso mismo de ensecrítica
y
me
alentó
en
la
búsqueda
de
ñanza-aprendizaje hasta los aspectos inscambios,
a
partir
de
esquemas
rigurotrumentales concretos de la tecnología
educativa.
sos y apegados a consideraciones de racionalidad.

Como profesional universitaria me
formé en la primera mitad de la década
de los setenta, periodo partirularmente
álgido en lo que a problemas universitarios se refiere. Quienes pertenecemos a
Pienso entonces que es de una
~s
generaciones fuimos tes~os y parbosa verg\ienza escru~ lo que
ticipamos de una fase de diñciles ajusde Gala calló estratégicam?n~
tes! que contribuyeron a despertar inmemorias. Una búsqueda im c
quietud y duda sobre los düerentes asentero de ~e sus vecinos no loco.
pectos de la esencia misma de la Unisino de "01das", y no por 81 opu
versidad
y de su papel en la sociedad.
sino por la leyenda negra que arra
No
sé
si
esta
in&lt;piietud me condujo a insu corazón hasta la muerte.
volucranne ~n el trabajo docente, o ya
den~o _de e)1 ~~terminó mi actitud y
Juana de Remedio me ha dicho,
a~no
~-BellSibilidad ante cualquier mapués de alcanzarme calles adel_ante,
Es importante destacar como un innifestac1,on
que yo pudiera interpretar
de me he detenido, que caSI t .
Creo que una experiencia como la
grediente significativo de esta experienc001_0
sin toma de la crisis: problemas
han cambiado, que no queda n
que he descrito, puede ser de gran uticia,
que
si
bien
el
involucrarme
en
una
c~rnculares, vinculación universidad-so.
pregunto por ese " nadie"' y me 1 ciedad, mercado de trabajo etcétera· maestría diferente a mi disciplina por lidad a aquellos que comparten inquiesa que ella sí fue al funeral Y qt;ie
tudes como las mías y que aceptan que,
~ &amp;':Cuencia sentía. que d;sbordaha~ espacio de tres años (tiempo que me lle- independientemente
tó que lloviera porque tamb1en
de la disciplina en
el ámbito de mi propia disciplina ( quie- varon los estudios y elaboración de la te"aquel día". Me quedo obse~
la
que
se
hayan
insertos,
están sujetos a
ro aclarar que soy bióloga de profesión, sis de maestría), podría interpretarse
"problemas"
de
tipo
universal,
para los
barrio donde pasara 81 in~anc1ad
a'rada
de la Facultad de Ciencias como separación o alejamiento, esto no que la maestría en enseñanza superior
10
ventud; compruebo co!1 ngor
ogicas de la UANL), y no pocas ve- fue así, ya que significó un elevarme y ofrece una alternativa de mejor comgen clasemediero de Arubal de G
ces
co?
mayor o menor intensidad me lograr contemplar mi profesión desde
lo digo a Juana de Reme di?• Y me :~sü:iron Ycondujeron a una búsqueda una óptica düerente, sumamente nece- prensión.
ña; me tacha de malagradecido.
e ~bles respuestas. En ese proceso saria si nuestra preocupación es llJ com. Monterrey, Nuevo Le6n, 25 de enero de 1986
en contacto con la Maestría en En. prensión con un sentido social. Esto me
-Deje los recuerdos del co
se 1.1 Superior ofrecida por la Divi- penniti.ó desarrollar mi tesis como un
como son.
trabajo result.ante del propio proceso,

!

ni::

�"ENCUESTA BORGES"
(PARA ESCRITORES
REGIOMONTANOS)

SERAS/
RESERAS/
CONTRASERAS

Estando en preparación el presente número de Deslinde tuvimos conocimiento del fallecimiento del escritor
argentino Jorge Luis Borges. El tiempo estab,a sobre nosotros como para solicitar ,"'?teriale,s o estudio~ ~lusivos a este importante autor, por lo que (amen de no descartar lo pnmero para prox1mos numeros) dec1d1mos
incorporar los resultados de una miniencuestaBorges "para escritores regiomontanos", la que incluyó estas dos
preguntas: J. Usted leyó a Borges por primera vez. Desde entonces habrán pasado varios aiíos. Eso lo ignoramos
y por el momerito no importa. ¿Quiere decirnos en qué circunstancias se diG ese encuentro, qué significó para
usted descubrir
al escritor argentino?; y 2. Borges ha muerto. ¿Qué juicio le merece su obra, ahora s1; definitivamente
concluida?

S,1 enciclopedismo espeluznante y la frialdad de una lengua muy bien articulada
l. Hará doce o trece años el camino a Borges era el El Aleph, como si en ese punto que concentra al universo
confluyeran los lectores del autor. Por aquella época nos parecía muy novedoso un autor que tan descaradamente, tal vez más que Proust, se entrometía en su propia obra, jalando con sus amigos. Así leí a Bioy Casares
y Macedonio Fernández, vía la "ficción" de Borges. Curiosamente, Macedonio me entusiasmó, no así Borges.
Del Aleph (del libro) sólo recuerdo un laberinto, un nazi y unos tigres, y todo vagamente. A distancia, creo
que el lihro no me entusiasmó por la sencilla razón de que no lo entendí. Entonces yo gustaba de la ortodoxia
narrativa, de la paulatina tensión encaminada al clímax, y en casi todos los cuentos del Aleph, a mediados de
ellos, encontraba algo así como un machetazo que partía en dos a los textos.
En fin, me olvidé de Borges mientras algunos de mis amigos abrazaban sus Jihros al borde del llanto. Empe&gt;
za!&gt;a en la región el culto al autor argentino. Para entonces ya aparecía en todo su esplendor el mitote aquel del
Nobel, y las sagaces declaraciones de Borges eran muy festejadas.
, ~s intereses y gustos literarios fueron mudando, me atrajo la lingüística, las maneras clásicas, el giro econom1co, pero ni aun así se me ocurrió leer a Borges. Dice mi mujer que en eso soy muy esnobista y me recuerda una vez que estando ambos en la playa junto a unos amigos, me resistí ferreamente a beber un licuado de
guayaba en agua sólo porque entre el grupo había consenso acerca de lo exquisito de la bebida. Preferí volverme loco de sed a condescender con la unanimidad de gustos. Bueno, eso dice mi mujer.
2. Por mi respuesta a la primera cuestión está claro que soy el menos indicado para hablar de Borges. Luego
del Aleph, he leído poqu1simo a este autor: Algunos cuentos de un lihro cuyo título ni siquiera recuerdo, dos o
Poes1as breves y los casos policiacos que firmaba Borges con el seudonimo de Bustos Domecq o algo así.
uego me. topo con que Foucault y Eco también quieren ponerle casa al argentino, y esto me parece el colMe digo: "Mario, ¿no serás un imbécil", pero sigo firme, como con el licuado, estoico, sin leer al simpático
vteJtto. ~as_ta que por fin muere Borges. Y cuando me doy cuenta que el deceso, en cuanto a publicidad, puede
~omr:ir dignamente con el Mundial, no así Libia, la cual sabrá Dios su destino, siento que la gota ha derramaº e vaso Ysaco del librero Historia de la Eternidad. Leo el ensayito dedicado a la metáfora.

r8

~~:

diatriba¿9ué juicio 'me merece la redonda obra de Borges? Podría lanzar aquí un bizantino panegírico anexo a una
contra la academia Nóbel, pero, como habrán visto, no me queda el micrófono. En todo caso, tendría

�, .d tif al elefante por la cola, así que mejor
'to de la metáfora, pero esto sera 1 e~ icar
ante la frialdad de una lenque reducir mi foco al ensay~edo admirar en Borges su enciclopedismo espdluzndel 1:Ctor su homérica cegueme callo. Db_e tod:
compasión de sus breves textlos por l~ T~~ie~:~illón de h~aca (old,rock!ng·
gua muy ien a ic
..
l
de miel embonada a a eterm a .
1
" Ojalá e en el mas allá no
ra y, sobre todo, slu pobsltnmaerlaª muunaerte" es una de las metáforas en 'd'~a Me~foraa s·u mJpara ir a la esquina.
h · ) l d. n en os ues
'
8 añ
' le pe 1a perm1So
e arr
:eeridículo edipismo del autor que adlos 3 .. os =iente aversión por el autor argentino ...
se rep1 a
P tal
me esté proyectan o y m1 meo
Me asquea esto. ero vez
Mario Anteo

:ia:i:1i

1

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•

~ 11111

11\

.
. . bre la literatura como un acto de escritura
Una toma de conciencia so
s encontramos unos espejos se
•
falt
dera de juez. Pero desde que no
• arrih '¡ labertinos, y
1 No sabría cómo culpar a algmen,Smile. Radrma1'guez funoió como cancerbera para m1
o a os
.
.
t os. Alma v1a o
.,,. . lin .,
quebraron y surgieron o r
.
h ostrado alguna me ac1on.
de ahí a ciertos juegos por los que siempre e m
,
, ll dera la carga del 68 y mi reovocaba ciertos excesos que me hac1an mas rª ta el grado de recibir fuertes
El Borges de rto~ces ;e Fui un borgiano "excedido" en ese entoncd, :n la lentitud que les permitía
ciente ingreso a a umve~1 a iocales· después las pasiones se fueron anfpagan o con ser sólo eso meros intentos
reclamos de algunos escn ores
.. '
a estos intentos que se co orman e
'
el sarcasmo que dejaba elJ¿8° d:l~t;.~ suele permitirse el común de la gente.
por comprender un poco
,
.
tes momentos: en muchas y re. l b d Borges se entrecruzo en otros impo~trik
J , E Pacheco, con
Desde este pu~to de v1sta,J a:
Suárez con Teresa Aveleyra, ,con NdoedJ1 b
Ad:_n¡ García Roel y
petidas conversaciones co_n org
artid¿ un entusiasmo que mas tar e escu n
alumnos y amigos con quienes he comp

¡r
alli

A.

6

~f

:q:~~-

t;:

el viej~ enc¡:gdí~e;;:~:j~~E: to~do creo que la ~rrte del esc~:Ía~~~::
Dicho de oJr~
;r~;i:j: s~ poemas y ficciones, sin )as cuale~t? podr•~~~n; : de la historia de la palabra no, y ah1 s1
forma: de la historia de autores y titulos po na presc
'
Borges resulta imperativo.

"Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas úna
idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya
existen y ofrecer un resumen, un comentario. (...) Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la
escritura de notas sobre libros imaginarios." Estas fueron las primeras líneas que me regaló aquel Borges metido en un volumen de pastas verdes y papel de una blancura casi marfilefla. Emecé de Buenos Aires estaba editando sus Obras completas y yo, que acababa de adquirir Ficciones en la librería contigua, no sabía si levantarme de la mesa y dejar allí abandonada mi taza de café capuchino. Porque -siendo sábado- podrían llegar
los amigos en cualquier momento y suspenderme la lectura. Y no, no se trataba de darles sobre la marcha la grata
nueva No era el descubrimiento aún, sólo su intuición: aquel especial desasosiego que me recordaba el previo a
otros encuentros: el primer Hesse, el primer Rulfo, el primer Saint-John Perse. Mi descubrimiento estaba incompleto. ¿Qué me hacía falta? Me hacía falta comprobar -con la lectura de sus ficciones y artificios- que
Borges era el Mesías literario, Aquél a quien ~ardábamos con las punt$ de los lápices bien afiladas. Y, qué
bueno, no tuve que abandonar la atmósfera refrigerada del café: los apiigos más cercanos no llegaron esa vez,
pero sí lo hicieron las páginas bellamente elaboradas de "Pierre Menard, autor del Quijote", "Las ruinas circulares", "El jardín de senderos que se bifurcan", "Funes el memorioso", "El Sur" y los otros doce relatos.
Ali, claro, para entonces ya me encontraba en mi casa, metido en el bafio, el único territorio ajeno a la oscuridad propia de esa madrugada y de otras muchas más. Después de una mañana somnolienta le tocó su turno a
la relectura, al asombro depurado por la convicción de que sí, no nos habíamos equivocado, el Escritor había
llegado con la carga precisa de palabras precisas, con una erudición que en realidad era sabiduría.
Desde entonces Borges continuó dándonos una y otra vez páginas perfectas y el espectáculo bizarro y ambiguo de sus declaraciones periodísticas: la más apropiada cancha para el ejercicio de un gimnasta intelectual.
Nuestra deuda con Borges a estas alturas ya debió convertirse, con toda seguridad, en deuda impagable, similar a la de aquellas generaciones que no lograron saldar la suya eon el otro gran Libertador de la lengua espaiiola: con Rubén Darío, el que nació en Nicaragua.
Miguel Covarrubias

'-:°:

en el doctor Armando Led~zma.
. ·a sobre la Literatura como un acto,de es~~t?,·
·nué s;unificó? Pues por principio un_a totmdaedsceocnfion::ac~obre el tradicional concepto de ' creac1on .
Que i,.'1
,,..
l f ·'
una crec1en e
ra; un adelanto sobre a icc1on y
.
l de Jorge Lú.is Borges.
.
.
l l
h. panoamencanas, es e
.
•,
· en la histona de as etras 18
.
h robre viejo que, en me2. Un caso c:~;~~¿n'f:arca~f ~ºacuciosa en medio _del univers~u~;~~:~:ªJ¿ ;:m~nto. De ve~ en ~u~ndo,
tªd~t\:Uera,,fue asediado por periodis:lae:::dej~t.erTodo en medio de ~na obra cad: ~;d::s1

~

Mesíu literario

Carlos Arredondo

Giraba la cabe-ia como pájaro
Yo conocí a dos Borges. Primero al Borges escritor, luego al Borges hombre. No sé si con todos los escritores
v~a lo mismo, pero en éste caso la distinción es fundamental. Al Borges escritor lo conocí cuando mi •vida
salia del callejón huracanado de la adolescencia; acababa de leer El lobo estepario de Hesse y no sé cómo, o
por quién, cayó en mi mano El Aleph. Lo único que puedo recordar de entonces -todavía ahora sigue el mismo ~entirniento- es que el asombro llenó mi ojos y todo yo me volví ojos. La voz de Borges a través de sus
escntos me llegó y me llega siempre desde más allá de todas mis lectura¡¡. Es como si todo lo que soy, y lo que
c~nozco, y lo que sé, estuviese geográficamente puesto en un estero, luego, desde el cielo de ese estero una voz
sm voz que es mi voz, me contara cosas, cosas. que desde antes sé, pero que no sabía que sabía. En fin, creo
que las sensaciones que Borges despierta en mí son más colmadas -aun cuando un poco desmadejadas-, que

,;,n
°'

�cualquiera de sus impresionantes inventivas.

f.omo si noaotros fuéramos los ciegos y él nuestro lazarilló

,
do ser el ochenta y uno, o antes, no recuerPor otro lado, al Borges ~o~re l? con_oc1 po: :~:~her:o;~;iento en el Alcázar del Castillo de Chapultedo bien- en la ciudad de Mex1co. Mislamigoh.m .. ~ecial Lo tuve por dos horas como a tres.metros. ~e
ec lu donde él iba a dar una char ª•.'!,º ice Vlrtl{ es . ~erto de sus o'os y su pelo; en sus ?-ientes; en a
1
t¡;'en'::, man?'
un• p,egunta, im~o,.:iu]IÍY1
0 : - ; : ~0 ,:
forma en que grr
'
f f.·
, or alto su cerebro, no me arrep1en .
,
1 .
oídos; me fijé sólo en su naturalez~ ISIC~ y pase p
·dad Es curioso, a los dos Borges lo efimero de a e,osha muerto mientrru. el otro, el escntor, VIVe yahasu etem1d .ll es inmortal Yo tenuo a los dos; a uno en los.
'
.
1
rtifi , siempre ora uno e e os
.
.,,
tencia, su anonimato, _os mo d cAmbos so~ muy queridos para mi propio yo.
estantes y al otro en m1 recuer o.
Ricardo Elizondo Elizondo

Mi primer encuentro con Jorge Luis Borges fue por los años sesenta, me acuerdo que leí una ~trevista que se
le hizo en la Universidad de Austin, en la que pude darme cuenta de este hombre 811 adversidad: la ceguera.
Y de cómo además podía publicar y ser famoso. Recuerdo que un día un amigo mio me regaló El Aleph y pude entonces leer narraciones que me llevaban hasta el suefto, ese 811ef10 que permite Ja imaginación y la soledad, que nos hace penetrar a otras dimensiones y a historias de ciudades y seres que hablab~ idiomas ya
muertos, inscripciones en la faz de la piedra como si se tratara de la memona y que al roce del Viento desprendieran palabras y dijeran historias y leyendas del hombre perdido y encontrado en el laberinto.

~=¡:

J,'L, :¡,;:;::.::~

. .,
. . al de solemnidad y fina ironía
Una combmac1on ongm

1: :~~~!~

~lB~~;~r{ij~:

fi
f .liar
c, a Borges Me resulta más bien una gura amll ]

,

a!!n~~t~1~~~~

:í~:yd:1: ::i!n:n
:~p;.é;1~i!IJ:=:edí
e:~~{;t:,\~o~
de primera intención, a deslumbrarme con su
"Gólem".
, d al
., .
.
limitaba por la forma, condenan ose
Para mi novatez, el descubrimiento de que l~ creac1on liter~a n~ ;or parecía lograr lo que todo escri~.r
hastío. Pulcritud lingüístic~, c~dencia y ~t1od1~alfor::iél 1fdesea. ~or supuesto, el _abordaje de te~::
desea: hacer que el lengu&amp;Je diga lo iet e -::'. la !uerte el tiempo, los orígenes, a traves de lo que mas
cas no tradicionales, al menos_ en ~ r~, am;l del;ite de la p~abra escrita.
.
queda de Borges: el humor, 1a 1D1agmac1on,
.
Bo
frece
. ,
ear recrear los personaJes que rges o
Una combinación origin_al de 5?lemnidadd BYill6fiª lt~~~'po~~Elrhonihre de la esquina rosada", por mencionar
.
rtal", "El asesmo desmteresa o
arng
en "El mmo
algunos textos.

•
·' d
.
1 , dolo uno se queda con la impres1on e
Lo que hace grande a Borges? como a otros escrit~resd es
a:Jó: Pla~er que deja un remanente; aunque
íen ha gústado un platillo delicado;con un~ ,sensadcl1oln guesaªen sus inesperadas adjetivaciones, pennanecen en
. d
l · ' enes, la recreac1on e a en
,
texto deJe e estar, as im~
art d las cosas que uno se reserva para s1.
la memoria latentes, pasan a ormar P e e

:f

r

. obra se detiene, encuentra diques, deja, de inc~emen~
La muerte de Bor~ define alg~ co~creto, su uscadores de es ecializaciones; ya surgiran bor~anos, mas.
cuantitativamente. Ya tienen matenahp&amp;a los b xplorar paia re-correr para recorrer, para mterrogar
A nivel personal, aún me ~eda mue o rges para
cuyo diál~go esperas O el fin de una nove
solazarme, y su mu~rte indica, a lo sumo, la muerte e un amtgo
,
que ha logrado cautivarte.

d

Pero, ;J la relectura?

'.

r

Supimos de Borges gracias a nuestro optimismo snob de los años sesenta, cuando tomáhamos café con los
amigos y salían a relucir las pretensiones más o menos "intelectuales": algunas veces hasta lucimos bajo el brazo la Historia universal de la infamia o Ficciones, que leíamos a zancadas y en mal orden o en desorden que es
lo mismo... Algunos extremistas pedían a gritos un Borges comprometido con una corriente política: querían
un Borges marxista, como si todo el pensamiento tuviera que ser así; a Borges sabemos que no le importaba la
política por "lo imperfecto de la democracia" -decía él Aflos más tarde me encontré, en la casa de mi amigo Jorge Cantú, un libro de poemas de Borges y fue creciendo en mí una admiración por 811 poesía. No era
una poesía de adivinanza o de alguna clase de esoterismo, era un lenguaje que yo podía entender y sentir como se siente algo que nos ~ega de manera muy natural, como la luz de una estrella a la que al levantar la vista
miramos brillar sin mucha dificultad. Eso era para mí la poesía de Borges, llena de vivencias y recuerdos, donde Borges nos lleva por el camino de sí mismo como si nosotros fuéramos los ciegos y él nuestro lazarillo que
nos va situando frente a un mundo grandioso de imágenes retenidas en el mar de 811 memoria.
Cuando Borges nos habla de una calle de los barrios de 811 Buenos Aires querido, como dice el tango, nosotros nos asomamos a esas vivencias tan bien enmarcadas y llenas de vida, luz, y también de nostalgias.
Y de pronto sentimos que Borges está dentro de nosotros sin más afán que la admiración. Saskia, mi mujer,
e?, un cumpleañ?s me regaló Luna de enfrente, uno de esos bellos regalos que da el destino; este libro me parec10 ~e~OIIO y tierno, a la vez que sabio y lleno de confesiones: Seguro de mi vida y de mi muerte, miro los
amb1c1osos y quúiera entenderlos; y nos dice que: mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja
e,pada, I la oración evidente del ,auzal en los atardeceres. • •
•

Hoy, desr,tés de 811 partida, habremos de volver a Borges y retomarlo y sea de nosotros para siempre hasta_
la consumación
de los siglos. ..
Andrés Huerta

¿
Rompía las funestas redes del subdesarrollo cultural

L!
~ n : del ~c~nciado Mwxel Covarrubias leí, hará catorce años, la Nueva antología personal de Jorge
t .
la e cautJVo sobre todo la forma
magistral en que Borges combina la belleza de las imágenes Iitan

eranaa Y

certeza de los concepto expresados a través de ellas. Me asombró también la cultura universal
0

�.
de este genial ~ritor ~gen:id~

.

fr~:.

d' . al de lo que es un tíe a artaba radicalment~ del con~ept~~tai~oiliordaje d~ una probl?'
!nt!rpecida por r~gionald:e~frd~ir;: un ámbito cosmopolita y rompia

:~:'!:~:.'.!:":.';:'.::,i.J.ll~~~:-.i~J:",~:¡~¡';':".,ya me deslumb.ó.

d al .

alista. Sin embargo, la lectura e_ gu l
.
. ah frío desapasionad~, conceptu . duda de un pacient~ trahaJO d~
Antes de leer a Borges, .n:1~ ~o i ~ estil~ pulcro y pre,cu1º' p~d~~~ ~:arquitectura lingüística y la sabinas de sus obras me penmdtio eÍa emoción sofrenada y la ca a re exio '
.
l que se con ensan
escntor, e~ e
.
ilibrio entre la
duría filosofica
. d
ifican su estilo: el equ
b
n
'tor
V
arias
cualida
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magn
fil
,
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encarnadas
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las funestas redes del subdesarro

u:

;;..~ci1::i~:'fi, in'i.i;,~,;,, con":,t..º'::t~i~t•.i/::.;:..::ne, ~:.¡;,:,!:'~H:;:;';i;i,
fundamentalmente literana; _la. d:~~~s regionalistas (comen~o ap¡te i:eas (quizá esta caractenstic~ de _su
de un lenguaje,, ajer° a
1:)~l apego a una exp_resi~n cod~fosd;e:as abordados sino de sus co~macioesquina rosada y as m l ng eso a la novela); la vaneda no
. 1 d' Borges e acc
estilo e ve o a
. N 'bel
nes. . .
•
L • B rges no haya recibi.dO el Premio 0 •
.
bremanera que Jorge UlS o
.to res recibieron este premio
A todos sus lectores nos desco:~~:r::as~l pensar que no tod~s los gran!:d:::critores). No nos cabe,duda,

ii:

t t!':."';. ;: :,i,.;fl!:'r.i'~~;•:,::;J::t:. ¡;¡:::¡~;:'!!..;b:'~";;1',:j~,h:!:~~~~
0

empero, que la _obra dde
vez más lectores. Leer, analizar y
l atención paciente e ca a. .
;odemos rendir al autor de Ficciones.

que me hizo mi amiga Inna Sabina Sepúlveda, en uno de mis cumpleaffos de aquel tiempo. Después de eso,
he leído y releído, empecinadarnente, todo Jo que Borges escribió.

Osear Rodríguez Arredondo.

2. Nunca me acerqué a las páginas de Borges con mi probable carácter de escritor. Ante su obra siempre he tenido y quiero seguir teniendo, el deleitoso oficio de lector. De modo que pido que se me permita opinar acerca d; su obra como a cualquiera de 8118 lectores, ya que, cabalmente, como escritor al mismo tiempo clásico y
popular, Borges es un escritor para ser leído, con mucho provecho, por otros escritores, y también por lectores
comunes. Se ha dicho que la escritura·de Borges es co~pleja, y es probable que lo sea, pero no hay que olvidar
que lo es igualmente toda escritura de hombre. Creo más bien que la obra de Borges, como la Escritura Sagrada, pese a su complejidad, puede ser leída, comprendida y amada por toda persona que sepa leer.
En vista de que no tengo ideas acabadas y coherentes sobre la obra de Borges, se me ha de permitir enunciar
de cualquier modo dos o tres de las ideas que con el tiempo me fui fonnando sobre el escritor y su obra.
Primero, una cosa notoria en la obra de Jorge Luis Borges, algo que se siente al leerlo, es que siempre parece
dirigirse en primer lugar a la inteligencia del lector. De este modo su lectura, aparte del deleite que proporciona, nos hace sentirnos grandes, ante un escritor que establece como presupuesto indiscutible la inteligencia de
sus
lectores.aToda
la obra dehumana.
Borges, aparte lo demás, al margen del análisis de los críticos, es un homenaje incondicio~
la inteligencia

Sin duda existen ilustres antecedentes de este proceder. Yo recuerdo en primer lugar a los grandes escritores
y poetas griegos de los tiempos clásicos. Y es que Borges, sea cual fuere nuestro punto de observación, es un
clásico por los cuatro costados, en el más pleno sentido del ténnino.
En segundo lugar, creo que Borges ensanchó, con su obra prodigiosa, los límites de la capacidad expresiva de nuestro idioma, no en un sentido barroco sino en el sentido clásico. Su clara inteligencia nos regaló
también,
este aspecto,
una
un
sentidoennuevo
y luminoso
. neta lección de magia, al transmutar antiguas y gastadas palabras, dotándolas de
. En tercer lugar, el ho~re Borges. Borges ha muerto. Este hecho nos duele a sus lectores, pero eso no cambia las cosas. Al parecer el anhelaba el descanso, el olvido total. Creo que, de parte de sus lectores de esta segunda mitad
del siglo
XX,
ninguna de las dos cosas. Por fortuna, espero que esta violencia hecha a su
voluntad
expresa,
ya no
ha no
de tendrá
inquietarle.

d' · al a la inteligencia. · ·
u años fabuUn homenaje incon ic1on
. . . de la década de los sesenta) ~n aqdue rlé A uellas
.
ocurrió a pnncipios
.
.
• ables pláticas e e ·
1 Mi encuentro con J º!ge Lu~ Bo~;ara dilapidarlo en las dianas e .m\:11cdés de Espino B~os, E~ e :
l~os cuarzdo todos te~iamose!i:~tras vidas teniendo como escfue~~ uno tras otro y aquel tiempo enn
horas verdes transcumEelrpn Como siempre ocurre, los afl.os se
Sarz Rafael y a veces
aso.
. .

t, .

cab'
.
ro 'sito de Fzccwnes, qu1
se a o.
.
arrubias el que hizo aquel pri_mer co~en:Mf!n!Elizondo y Juan Leyv
Probablemente fue
llevaron el mism~ M~el,
Is~ig~ Pero entonces oí su nombre
recién acababa de leer. a p
ta entonces no habia leido na a e
Sánchez (QEPD), ya que yo as
.
.

~~t~:~a
he

~d

primera vez.
,
. al egalo de Historia universal de la infarn
Comence, mi. lectura dfl Borges en aquellos mismos dias, gracias r

!ncluso tengo la ilusión, tan válida como cualquiera otra, de que en el incesante fluir del tiempo infinito,
seran sus compañeros de destino todos los grandes escritores Cfle en el mundo han sido. Cubiertos por el polzones.
vo Y polvo ellos mismos, pero condenados a eterna resurreccion en las nuevas inteligencias y los nuevos coraComo lector me siento triste porque ya no habrá nuevos asombros, pero también me alegro, en lo que cabe, por la gran dignidad que supo asumir frente a la muerte. Por la lucidez de su espíritu hasta el último día.
B La grandeza de Borges como escritor está fuera de cuestionamientos, pero además, qué tipo fonnidable este
1
cuando
le 14
llegó
la hora,
sin hacer concesiones "al sentimentalismo ni al miedo", "murió en su
ey , en ~e,
Ginebra,
el día
de junio
de 1986.

º'es,

Horacio Salazar Ortiz

�EN LA SIERRA MAZATECA
El contemplador y los astros
contemplados rodaban inevitablemente hacia ,u fin.

Marg-.ierite Yourcenar

Dulce María González.
La fabulosa selva lacandona se aleja con
lentitud; un extractor inmens~_ le va absorbiendo los colores, los paJaros? los
peces de oro, el e~traño caracol de Jade,
el cangrejo maravilloso que pro~uce sonidos rojos y azules, siempre brillan~es.
M.ientras tanto, amanece en, el Medite, . l
rráneo; ahora el sol abrazara ?rotico a
sagrada diosa madre, nuestra tierra (y al
decir nuestra hablo en nombre del gran
Minos nunc~ en el mío propio, nombre
de mi:stizo mexicano de visita en tierra
mazateca). El palacio se ilumina; navego
entre enormes pasillos inundados de ~olumnas, cuernos, toros furibundos; haJ~rrelieves que muestran ~l atu~ndo de ~s
siervos la belleza de mIS muJeres a qm~nes algún día llamar~ ')_arisinas", sm
imaginar siquiera el significado del dedal sobre el cabello, de los pechos altos
y desnudos. Las voces se acercan, son
olas, son océanos que lloran: ¡Oh_Cnosos de Creta, ahora que me desli~o a
través de tus jardines me re~elo al tiem:
po! -No grites, van a vem~ a ver lce
pasa. No mueras, no_ permitas que o~
siglos se coman tus piedras, _tus fuent~s,
lucha contra ese futuro escnt? de ta11~ta postal. . . Si no, iY,ara que construir
palacios?, ¿para que la sala ~el tron~
cuyo verdadero . nombre, nadie podra
descifrar? Para que un dia lle~e Evans
y diga que un gran llano salpicado ~e
muros a medio derruir fue un palaci~,
que tal vez existió un _rey, llam~do Minos; y no más, porque Jamas s?ran cap~ces de leer los signos que escribo con ligereza sobre mis tablillas. ¡Oh C?o~s

•

cosho.
,
.
Lo ofendes, provocaras su ira.
En mí se mueven las voces de los
siglos.
.
·No serán más bien los gntos de la
¿
muerte?
_ No, es la agonía del gran Minos.

san con las olas. . . anochece en el

reo. No debo permitir que la me
lía me doblegue; ~e luc~~do contra
durante toda mi VIda vabendome de
dios como el placer de la belleza, la
ducta noble, el fiel cultivo del Wl!a.
ocasiones, al conversar con Anax
acerca de misterios tales como l?s
bios de la materia, como la posible _j
Un repentino dolor de .~alda me derefutable- existencia de un supremo.~
vuelve al cuartucho, la tal Jua_n~ me oh: der creador de todo y de todos, l~-~
serva con ojos de sapo; se dmge a mi
za me invade; sé que yo tambie~ l
con un ademán y después de cerrar los ese pedazo de pan que se tranforma,
párpados continúa m~cullando extra- sangre y huesos y cabello, Y ~e te~
ñas letanías. Me deslizo hasta quedar -como todo- olvidado haJO la_ ~
tendido en el petate. Mientras lo obser¿Cuál es la finalidad de tan~~~
vo el techo empieza a mov~rse, poco.ª nes acerca del sol y los planetas. Sé
po'co va apareciendo una gneta; la PªJª dejaré de ·existir aun si ~erodoto
es ahora un enorme toldo que se abre muere; sé que el retrato mas ~e~fe':'O
con lentitud hasta pennitir que la noche piedra, soy incapaz _de tras~Itrr vida
penetre, que la obscuridad me abra~e; un objeto; sé que la mmorta~dad no.
soy un cuerpo que flota en, el vac10. bita en los libros ni en el ~arm?l, m
Extrañas melodías llegan a mi, cad~ una la grandeza de la Acrópolis, m ~
se pinta de un color diferen~e; los Jarr~
manos de Fidias. Debo actuar sah
nes me observan con una mirada de a~- me dios aun cuando me no~bren_
mal en acecho, sé que est?Y sudar ,O eles aun cuando deba dormir Y
porque siento cómo la lluvia se de~,uza tar~e. Amo la perfección humruJ8t
en mi ropa. Después de u~a larga proce- tima esperanza de lo eterno. Me hare
sión de camiones, cangreJOS Y 0 rtug~ dear de belleza, de hombres justoS.
vuelven a aparecer las miradas; -~n OJO edificios inmaculados, del oro Y el ,
solitario me observa desde un tnangulo mol, del marfil y el bronce. Tocare
perfecto luego son los ojos azules de siglos con mis enormes columnas ~
una muj~r, bellos y tem1?les, inocentes numentos. ¿A quién engañas, Pe
y fatídicos. Aparece un OJO enorme, _po¡Silencio! No permitiré ~e la n
dría tocarlo si el temor no me tuviera gia me envuelva. Debo olvidarlo
paralizado. Inicio una dolorosa lucha pensar únicamente en el esplend«
hacia el ascenso, sin embargo el enorme Atenas, mi criatura. El calor de
poder de este otro mundo me arrastra me ayudará a tejer cada nuevo cap
hacia ahajo, hacia ese mar tan suave, ~ de la que será llamada mi era. ¿A
de Creta! Sesenta años es una razon ll\· cálido. . . el sol se oculta una vez mas tratas de engañar, Pericles? - ¡Pe
suficiente ante la gran pregunta. Mi vida detrás del Egeo. Resulta increíble pen- ¿Flotas en la eternidad?
es breve como una· sonrisa, apenas un sar que algún día, el Atica fue pobre;
hoy no tengo . mas que observll! esta
grano de arena mi reinado.
enonne muralla para saber' de ~a nqueza HUAUTLA JIMENEZ, OAX. _3O de
ro. ..se cree que el joven r~giom,
·Por qué mueres Cnos~s?
. ,
que rodea mis horas, , d~l •tiemp? de
talla así nunca lograras sentir co- abundancia que me toco VIVIr. El VIento murió a causa de una severa intoll.
mo ~l señor del Nindoó Tocosho del ocaso me acaricia el rostro con sus provocada por la ingestión de unde
dedos exquisitgs; los astilleros duermen hongo conocido con el nombre
se mueve en ti.
No necesito a ningún indio To- mientras las piedras de la playa conver- nancate; sin embargo hasta las

!

~- del día de hoy, los forenses no hab!an arribado al lugar de los hechos debido al difícil acceso y las elevadas temperaturas que prevalecen en. . .
" La única ventaja al morir en un
hsanto lugar de águilas" y después de
abe~e alimentado de ~uestros pequeñ?s d1~ses del Noi-shi-to, es la de presenc~ nu propio funeral. Ahora sé que no
l:ns;e ~ino la soledad eterna de Minos,
e encles, la mía propia. Sé también

del enorme océano de arena inmortal en
.donde flotaré desde el momento en que
terminan los festejos. Hasta entonces,
mis brazos serán piedras lo mismo que
mis labios, los cuales se negarán a obedecer los estímulos de un espíritu desahuciado.

Así pues, durante los siguientes cuarenta días, mi alma estará encadenada
al cuartucho donde ha concluido la historia, donde me tienen aguardando a un

médico que vendrá a deshacer lo que
queda dé mí, donde un pueblo se ha dado cita para despedirme, donde se comen tamales de guajolote. y de chivo recién sacrificado. El canto de los chamanes asciende, se mezcla entre la paja húmeda, entre esa otra humedad que soy
yo escuchando el canto: "Yo, el hijo sin
padre; yo, el brujo tigre; yo, el sacerdote
encantador; yo, el &lt;le las siete flores; yo,
el. . ." ¡Nindoó Tocosho!, ¿En dónde

habitas?

--.J
,...

�LA POLITICA DE VIDAURRI
Y LA EXPULSION
DE LAS TRIBUS NOMADAS
EN EL NORESTE DE MEXICO &lt;·&gt;
José Reséndiz Balderas

REGION

l. Antecedentes históricos ( l 83~ 1854)

La historia de la frontera norte de México se explica en buena parte por las consecuencias del !llrgimiento, desarrollo y
expansión del capitalismo norteamericano. Estas se manifiestan, entre otras formas, a través de los cambios de frontera
que viven México y los Estados Unidos
a costa de la pérdida mexicana de una
gran parte de !ll ex tensión territorial, a
mediados del siglo XIX. La dinámica de
la reproducción capitalista norteamericana da margen también a la reaparición de un fenómeno social fronterizo:
las tribus nómadas y la secuela de sus
actividades a que fueron constreñidas.
La gestación de la rebelión de este conglomerado indígena comienza con la colonización del norte de México, por parte de los españoles, a mediados del siglo
~Vl Desde entonces y hasta finales del
siglo XIX, se convierte en una fuerza social. que no ~uede ser ignorada por el
gobierno mexicano en el diseño de la
política económica y social que enmarque a la región norte del país.
La colonización de la región norte tuvo como una de !lis consecuencias la
~pulsión ~e la mayoría de las tribus indigenas, Blendo obligadas a replegarse
más al norte, hasta una distancia considerable de la margen izquierda del Río
Bravo. En esa zona permanecieron sin
representar rúngún elemento inquiE;tante
para los poblados norteños. Ello debido
ª '!?e ~ontaban con la posesión de un
territono que garantizaba 111 habitat, y
~ra _parte, gracias al sistema de proecc1on implementado por el ,gohiei:iio
er,ol -establecimiento de p¡esidio~
m itares, fundamentalmen~ qi;¡~ ha-

r

:::e trabajo constituye una :s~~ de ~
t que, con este nombre presentó el au..~: ~mo opción al título de licenciado en
IIULOna,

bía garantizado, en la práctica, la segt.
ridad que exigía la población del norte
de México contra cualquier ataque indígena; pues debido a que son despojados de sus tierras y sus aguas los indios
responden atacando continuamente a las
poblaciones españolas que se van estableciendo. Dicho comportamiento se
puede interpretar como una expresión
de la lucha defensiva de lo que consideraban como parte vital de !ll modus
vivendi y como una manifestación de
negación al intento de integración al sistema virreinal español, que era uno de
los objetivos de la política colonizadora
española.

timadas. 2

La guerra de independencia de Texas
se presenta desde la óptica racional como una circunstancia histórica favorable
para la práctica depredadora de los indios. Es lógico deducir que la &amp;1blevación de los texanos obligaba a la concentración de las fuerzas armadas nacionales para dirigirlas a combatir a los insurrectos, dejando de esta manera más
desprotegidos a los poblados norteños
de los ataques indígenas, debido a la
disminución obligada. de las fuerzas defensivas. Resulta explicable, bajo esta
perspectiva, que las invasiones indígenas se multipliquen a partir de 1836,
La presencia de las tribus indígenas después del reflujo que habían tenido
se va dejando sentir cada vez con mayor hasta entonces. 3- Esta circunstancia es
por el poderoso vecino del
fuerza en la vida de las poblaciones de aprovechada
1
norte
&lt;Jl:lien
~io
~uevamentc en las trilos estados del Noreste de Méxic~,. a_
bus'
r~liéi~es
a
u'
í
i valioso aliado coyunpartir del momento en que s.~ W¡~ensiii-¡
tural
en
lp
con~ución'
de sus objetivos
ca el avance de los colop.9s ang\o~meri,
canos hacia el &amp;1r d~ /o~ Estado$ Un1~ é~ansiQnistaY.' flierón utilizadas como
dos. En los tiempo~1p,n crn~rrp.ás ~.1, fl'\µl- u'ná'. fuerza dé'avanzada,en sus pretensiotiplicaron las inv~5!9~eal 59s ,¡iíiv~da;I nes iriterveríciortí$tas en teii-itório ' mexitaiio.1'Wr~nté 'la1guerra de independes llegaron ar~~~ ~ Jll},4-,r~ &lt;Mñ
abarcaba casi ,l;i /llit,"ij .Ael/ territnnQ d~ denéijl de.j'r~x~s/ ~p'oY.aron a los texanos
y ",ektimú'llir&lt;lh las'fuyasiones de los inla República Me:ii~;a. 1
'· ' m ·
1
dios.
En tal~s cárt~lc(ónes no resulta 'dí, l· .. . , , id , , L 1110 i'l
f(c~
fxp'fihtrs~
Ja1ine~ati~a ca'tegórlcá del
~s. tempor~~ªl\. en qut;;~ás ~jal?a
gobietno
norteatirenc~~o
a seguir acepel cauye, d~l llíq , B,rav,&lt;;&gt; 7 ,ep. ~ifjrn?j
por, ~jem_pl.0- 1 eran1,111ás ,propic~.s P~:1- tando lo qu{se e stipulaba en una 'de las
que las tribus penetraran a te~9ri9' p~e~ de} artjcqlqJ Q del 1:r~tado de
mexicano; esto claro está, sin tomar en Guadálupe Hidalgo, eón el &lt;ru~ .se puso
cuenta ni~na, foyuntura, ,histp ica fin y legitimó a la felonía norteamerica- la ,sub~evació9¡, I lo!} ,l:e,Jfa,pg~, la t,1a, y IJ~% ~ fl!f~r~a ~ co1T_1.prpmiso rcguerra de secesion de los· Estados Uni- c,:p,i:pco, de no yende~les o suministrar•
dos, .-\l!S invasio(\es 1'or\~e.ti~na y les l,iajo cualqui~ títµlo armas d«¡ fue¡
francesa- a México-. Las penetracio- gQ o municion11s,,a los .in~ios &gt;En realinps estuvieron ~qf\erizadas, PW in- dad, l9s. norteamer,icanos no splo . no
cendios de ranch¡:lrías" .de~tpJj¡ción de ~mplierpn,¡ con,- ,el Qomprolfliso l\OJ1-.
sembradíos, robo de caballada, asaltos traído en el artfoulo XI de contener \as
a I h\~ haciendas, asesinato · da pei:mes, incursiones .de.los indios a nuestro país
raptos de mujeres y nifios,robo de toda sino que ,las eªtimulaban vendiéndoles
clase de bienes materiales, dejando tras armas de fuego y municiones 111,~empo
de sí una estela de. desmoralización y que les ofrecían un mercado.acguro p&lt;U"a
pesadum~re entre las poblaciones vic- la,colocación del pi9,1lucto obtenido en, ~

aq

�os valladares econóa.
En cuant o a l
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bili.dad .
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a
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ambiente
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d M, .
prándoles despues e1 in ,
Du
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ocupaban la presidencia de ª. epdif
La disposición de los raquiticos r
,,4
rango.
. "Entre 1821 y 1872 trem~
e- sos· económicos dificulta grandemen
ersonalidades alcanzaron la pre- Vidaurri la formación de una fuerza
Las invasiones de las trib~ nómada~ ca.
rentes
p
l R , bli Uno sólo oculi'tar bi'en equipada que
·
bl fueraEcapaaero
p·
son paralelas a una inestabilidad_.Pº~- sidencia de a epu ca.
ó la silla presidencial en nu~ve ocasio- acabar con aquel pro ema. m .
tica . de nuestro país. y a u.i;;li:C:Sequ: p
tÍ
tres fueron presidentes en
esar de todas las limitantes mat,
agresiones de potencias capid'd d ,
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,,5 En medio de p
rteño desarrollo
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de. la- mitad .de'. nu~tro
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.....,,,invaSÍÓÍl fr¡m~.C~l qU\ ,¡ • ' l
eluf h't ~·a' llir_qbatir organiza amen
.11nposicion
· ·' .''.djl '.Archiauq_uc
,
ernal}.,
"
,. , , . •· · Empera • rbs ,e liáies"d'f qás tribus reb~ldes. Es
Militarizó el estado establee'
Maximilianó e A,~~!r~ /º~~\1 t..
_em ·Vfüauhi"quien por pnmer~ vez
• fuerzas armadas fijas y desp
clor de Mé.xicó. 'En~,~d;tt¡á ,i;n~.~an~trl\ifto~i,, ~arl.:&amp;~~ -1revá' al'JH° práctica es~ idea,
.ca las trw·us no' ma' s encu"'n
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1

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la Cuesta de los Muertos, firmado el 18
de noviembre de 1856 (y con el que se
pone fin a su rebelión contra el go~ierno de Ignacio Comonfort),6 se ~ollSlgile
el ofrecimiento que hace el gobierno de
éste de otorgar la suma mensual de oc~o
mil pesos para ~l fin. El c~m~~omiso
del gobierno nacional se conS1gmo, aunque en la práctica, a! rarecer, no se ~izo
efectivo en las condiciones establecidas,
pues el gobierno de Vidaurri constantemente se quejaba de tal incumplimiento.
Ante la insistencia de éste de la necesidad de hacer efectivo tal compromiso y
ante la incapacidad de concretizarlo por
parte de aquél, se acuerda en conformidad de ambas partes que de los ingresos
de la Aduana de Mier, se extraiga men11.1almente la suma sefialada en el tratado
de paz mencionado, a fin de que se le
canalice con el objetivo debatido. Cabe
seí\alar que esta disposición tampoco es
suficiente para acallar las quejas del gobierno vidaurrista en cuanto a la carencia de recursos monetarios para combatir al indígena, ya que según se argumentaba, los ingresos de la Aduana de Mier
no eran suficientes ni para sufragar sus
propios gastos de funcionamiento administrativo, menos para derivar de allí
r~~s para la guerra contra el indio.
S1 h1en esta lamentación podía ser cierta, hay que tener presente que Vidaurri
tenía el control directo de parte de las
aduanas norteflas, las que inobjetablem~te rendían grandes dividendos a su
gobierno. Asimismo la sistemática insistencia de Vidaurri ~onduce a que en el
decreto referente a Contribución Sobre
Propiedades y Arrendamientos expedipor el gobierno de Ignacio' Comon: el, 26 de '!lªYº de 1857, se estipule
da8articulo primero que quedan liberafi del pago de las contribuciones las
~dique sufran las depredaciones de
1osm
..
. d 06, 1;tenc10n
que debe ser deter~ a &amp;egun el criterio de los gobemaores de los estados. El artículo prime-

to

ro del mencionado decreto a la letra dice: ''Los dueños de propiedades rusticas y los arrendatarios y los subarrendatarios de ellas, contribuirán por una sola
vez los primeros con el importe del
6º/~ de la renta anual .9.ue cobraren; y
los segundos, con el 3v¡o de la misma
renta; verificándose la exhibición por
terceras partes cada dos meses. Se exceptúan las fincas perjudicadas por los
indios bárbaros, dejando la calificación
a juicio de los Gobernadores de los res,.
pectivos estados.''1 Con base en esta decisión el Gobierno de Nuevo León, en
circular de 28 de julio de 1857, declara
que quedan exentas del pago de contribuciones a que se refiere la Ley de Contribución Sobre Propiedades y Arrendamientos, todas las haciendas y rancherías de Coahuila incorporadas a Nuevo
León, así como la gran mayoría de las
de este Estado. Las haciendas y rancherías de Nuevo León a las que se hace
extensivo el beneficio mencionado, son
las que se encuentran ubicadas en las
municipalidades de Pesquería Chica, Marín, Cerralvo, Agualeguas, Parás, Los
Aldamas, García, Salinas Victoria, Carmen, Abasolo, San Nicolás Hidalgo, Vallecillo, Galeana, Doctor Arroyo y China. 8
Conjuntamente al establecimiento de
fuerzas armadas por distintos lugares
estratégicos de los estados de Nuevo
León y Coahuila, Vidaurri pugna por
la formación de colonias indígenas y su
establecimiento en lugares tales que su
ubicación resulte más efectiva en 1a pretensión de ser utilizadas como fuerzas
aliadas del gobierno en la guerra contra
el indio. En el convenio celebrado en
septiembre de 1857, entre el gobierno
de Nuevo León y Eduardo L. Barnard,
con facultades del gobierno norteamericano, para traer a México a quinientos
seminoles y utilizarlos en este tipo de
guerra, en la estipulación sexta se esta-

blece: ''Como hijos adoptivos de México y sometidos ya a sus leyes y autoridades se obliga en toda forma a defender c~n sus armas la integridad del territorio mexicano cada vez que el país
se vea invadido por alguna nación extranjera, y muy principahnente a combatir a los bárbaros bajo la dirección del
gobierno hasta lograr la completa pacificación de la frontera, a cuyo efecto el
gobierno les impartirá los auxilios necesarios. •'9 Cabe hacer notar que ya el general Mariano Arista había aceptado a
un grupo de seminoles en territorio nacional y que tanto éstos como aquéllos fueron de los mejores aliados indígenas del
gobierno en la lucha contra las tribus
invasoras. La colonia de seminoles
formada con el consentimiento del general Arista se estableció en la jurisdicción
de la Villa de Múzquiz, Coahuila. También fonnaban parte de esa colonia negros que, según se afirma, eran prófugos
de las plantaciones del ·sur del estado de
TexaslO y al igual que los seminoles fueron utilizados en la guerra de exterminio
indígena. Dejaron constancia de su lealtad y su valor en varios combates contra
el indio, luchando muchas veces al lado
de Francisco Treviño y de Jesús Fernández García. El 16 de mayo de 1856, en
el aguaje de Sardinas, las fuerzas armadas al frente de estas personas combaten
contra las fuerzas indígenas a las que
causan serios males materiales, quitándoles, además, seis niños que traían
cautivos y ocasionándoles más de sesenta bajas. En dicha acción participan varios negros mascogos que destacan por
su valor y audacia combativos.U
La política de colonizar con indios
negros las áreas más frecuentadas por los
inidios se hace extensiva a extranjeros
y a familias provenientes del centro de
la República. Todo parece indicar que
las familias nacionales no fueron atraídas por esta política; en cambio algu-

.._¡
C.ll

�fuerzas armadas. Con relación a lo
mo en el Periódico oficial se com
nas familias extranjeras, principahnente
que d. gobierno de Vidaurri
norteamericanas y alemanas, son esti$3.753.00 para 353 hombres d'
nmladas por las proposiciones que se les
dos en diversos lugares de Nuevo
hacen y por la coyuntura internacional
y Coahuila. Esta cantidad repr
que se presenta. En relación a lo prime4.9°/o del presupuesto de egre808
ro hay una garantía de traslado hasta el
Estado de Nuevo León para el ai\o
lugar de su ubicación y el ofrecimiento
nómico de 1874, cuya suma total•
de las condiciones necesarias que permi$75.611.95. Como la erogación
tan un mejoramiento material basado en
es para que se auxilien durante un
el trabajo; en cuanto a lo segundo, Sil
las fuerzas que combaten al indio,
venida es incentivada por la guerra de sepuede deducir que el 4.9°/o se con ·
cesión ~e padecen los Estados Unidos
en un 58.8°/o si la partida se man
en el periodo de 1861-1865.
constante durante el año de 1857t
que pone de manifiesto la imp
El proyecto de formación de una
tan considerable que Vidaurri con
coalicion de los estados del noreste para
la militarización del territorio bajli
defenderse conjuntamente de los ataautoridad, a pesar de la escasez de
ques indígenas, nace en el año de 1852
sos económicos de que sistemática
siendo secretario del Gobierno de NueSin embargo, fuera de todas las po- se quejaba.15
vo León Santiago Vidaurri. Este, en sibles implicaciones que dicho proyec1856, replantea h\ idea y trata por to- to pudiera tener, se proponía enfrenIncuestionahlemente que la c
dos los medios posibles de que crista- tar con realismo el problema del indio era una medida muy ambiciosa.
inasimilado. En el contenido de los por su propia naturaleza, BUS
lice.
diez artículos de que consta el decreto podrían ser mayores y su mismo
La coalición de los estados, que in- que estipula las condiciones de la alian- rrollo natural la podría convertir
cluía a Nuevo León, Coahuila, Chihua- za, se contempla entre otras cuestiones, fuerza política incontrolable en d,
hua, Zacatecas, San Luis Potosí, Duran- "el fomentar la población de la frontera
nacional y en una fuerza
go y Tamaulipas, tiene su origen en las con familias nacionales y extranjeras";l 2 bito
que podría impulsar la formación
hostilidades de las tribus, y evitarlas es "el propósito del gobierno de Nuevo grupo económico ragional, que J
uno de los objetivos inmediatos que se León de asegurar, mienttas se celebra la
internas de desarrollo, hari
plantea el esfuerzo conjunto de dichos alianza, la defensa de los pueblos ame- leyes
dificil su integración a una polí ·
estados. Vidaurri estaba convencido de nazados por las incursiones de los in- nómica de interés nacional. D
que este tipo de lucha era la más efecti- dios. Para conseguir tal objetivo, se man- mente que estos alcances no pa
va contra las devastaciones provocadas tendrán fuerzas armadas fijas en puntos saperéibidos ni para los promo
por los indios en sus incursiones. Propu- estratégicos, en tanto que otras, con
la alianza ni para quienes se m
so, dio forma y luchó con entusiasmo carácter de desplazantes, recorrerán el
porque el proyecto se convirtiera en rea- desierto en busca del indio rebelde".13 renuentes a su constitución.
lidad. Era un proyecto ambicioso que de También se consignan las fuentes de inLa implementación y el ·
llevarse a la práctica en la forma en que gresos del estado para cubrir los gastos todas estas medidas fueron
estaba ¡!anteado podía erradicar con de esta guerra.14 Al parecer la coalición ción constante del equipo de
facilida las depredaciones indígenas, no logra concretizarse a ~ del empe- hasta la salida de éste, en 1864,
pero además se presentó como un tram- ño incansable de Vidaurri. Pero al mar- corporarse a las fuerzas francesa&amp;
polín político para la realización de las gen de ello, el citado gobernante desplie- chahan por ani9.'1ilar al gobierno
aspiraciones caudillistas del gobernante ga grandes esfuerzos que se-materializan rez. Pennanecio fiel a las fu
nuevoleonés. El compromiso común de en la formación de colonias d.: indios, vencionistas hasta su muerte,
hacer la guerra al indio podría fácil- de negros, de familias de extranjeros y acaeció enjulio de 1867.16
mente derivar hacia un compromiso y en el mantenimiento permanente de
formar así, un bloque de los estados
norteños que les diera mayor presencia
y capacidad de decisión en la política
nacional. Indiscutiblemente que para
Vidaurri no pasaba desapercibida esta
deducción lógica, lo que puede explicar en parte su desmedido interés porque la coalición de los estados mencio~ados fuese una realidad inaplazable.
Peto sin duda alguna que para d. gobierno del centro tampoco pasaba
inadvertida la posibilidad de la formación natural de un bloque político de
los estados que trataban de organizarse para presentar un bloque ofensivo y defensivo a las incursiones de las
tribus nómadas, lo que puede explicar
en parte BU renuencia a dar el apoyo
matei:ial al citado pr_oyecto.

Creo conveni~te hacer hincapié en
el hecho de que mdependientemente de
su ~~a farticular de gobernar de
su_s mcl!83c10nes político-caudilliJs a
Vula~ le preocupó sobremanera, la
presencia del indio nómada e hizo and.~ esfuerzos materiales para que jf
h~ca. contra el mismo cristalizara en1:
obJ~~o fundamental: expulsarlo de la
region o exterminarlo.

NOTAS
l.~obr~ es1e asunto se comenta que: "la
:wmnes de los indios bárbaros han teni~
ro por teatro los estados siguientes: Sono~
~uah~ Durango, Coahuila, Nuevo
tecas' ama pas, San Luis Potosí, ZacaY algunas veces sus correrías han ,
canzado a J alise ,
ar
cir han b do Y Aguascalientes, es de'
a
arca
o
la mitad d la
,
ca" AGENL
., .
e Republide . .
' Period1co oficial sábado 12
septiembre de 1874.
'

2 cuentes
Relatos comola los SJgUientes
. .
son muy fre"Habien: sai:dfuentes ~ información:.
o el enemigo co
ll
cho, fue parte de la t
mo evo
campo, donde hallar ?Pª a reconocer el
to amarrado de los ~n un hombre muersegun dicen v . pies a un palo alto, que
Teodoro Quinanos qu~ lo conocían, era
habº
tana vecmo de Cerralvo 1
11D apnado cau ti
1 ,
o
tarde y tenia dcl
vo, e sabado en la
lanzada
pecho ª la garganta diez
za (. s) Y palos que le dieron en la cabe. . asegurando toda, la gente que es
partida de indio
ochenta ya ~ que segun calculan serían
doscientas bésti ron ~ se llevaban como
bor que tenia as habiendo acabado la laRmlndura
once_ abnudes de maiz de
ses que ~o:U;nendo espigar. Las r~
encuentran
ueron muchas pues se
muertas unas !K&gt;bre' otras"
F.NL,
Periód'
AG
tubre de 1840. ico oficial, jueves 1 de o;_
di

ª,

3.Hay indicado
que entzt la :~lque ~os llevan a afümar
la inten1mcación c:;8ct6n_ de los tel'.(anos Y
nas hay una re.la . , e las mvasiones indíger~to Plled lc10n bastante estrecha. Al
lido(
eeerseLacominon
... pe1qui.
,. IObre depredoc'
wne, de lo, indio,),

~ru;:: ~udi~ rico _sobre el tema. AGE
n m os, caJa mm. 8.
4. Gastón
.
.
tea
. García Cantú.• Las mv011one,
normencana1 en México Er
ción, p. 164.
• ª• segunda edi5. ~ ¿:nodo ~~ cuestión comprende desde

la m:::~~o~:: :~epen~encia hasta
arez, siendo el de
;:J~~;o~~lsi6: en_ el ej~rcicio del poder
,
es ml.Sllla epoca hubo e 1
~1s 4~ ~inistros de Relaciones Ex terio:e:
mwstros de Gobernación 57 .. '
tros de Hacienda Y 51 secretanos
'. dem1ru9rra y Mar.
Gu~
,
,ma Y, en muchas ocasiones el
pa!S conto e'on dos presidentes a la v '
por supuesto con d
bº
ez Y,
tes" Inf
' .,
os ga metes düeren. ormac1on bastante detallad
cuentra en Luis González
. a se encano y otros: La
, Enrique Floresla , '
econom1á mexicana en
epoca de ]uárez, México 1972 Se
tentas, Núm. 236, p. 122. '
' p~

6.EJ. artículo literahnente dice: "El Su
Gobierno ofrece al Estado d N prell}o
un subsidio mensual de ochoem~evo Leon
ra su defensa contra las tribus b' :sos padebastan sus campos cuya
ar aras que
ex lu .
'
suma se gastará
e s1vamente en este ob. t
ella la correspondiente _:ie ?• Y ~ dará en
Gobierno dcl •
E distríbuc1on por el
riódico ofic. ~;od stad&lt;f'. AGENL, Pe'°• e noviembre de 1856.
7. AGENL, PerkÍdico oficia' 31 d . li
1857.
.,
e JU o de

8.Jdem. Dicha c·ircular expresa: "Y estand
e~eptuadas por la parte final dcl artícul~
rrllllero _del ~~ecedente decreto del pago de
a co!1~1buc1on á que él se refiere las fin
cas rusticas perjudicadas por los indº bárbaros, cuya calificación se deja á :: Gober~adores de los respectivos Estado hverudo en declar
s, e
ciales que haar, qu~ segun los datos ofise n terudo á la vista
del beneficio de la ley las ha • d ' gozan
cherú d 1
cten as Y ranas e os pueblos de Coahuila .
porados
mcoralidad á Nuevo León Y las de las municip
es de Pesquería Chir.,. M , C
rralvo Agual
•....., ann, 1&gt;'
eguas, Parás Mina Villalda
ma, Bustamante Llanos '
:
•
zos, Sabinas Hid'aJg
Y Valdes, lampaD
o, Vallecillo Gal
octor Arroyo y China".
•
eana,

�COLABORAN EN ESTE NUMERO:

AMELIA ROSELLI. Nació en París en
1930. Estudió música en varias partes
de Europa y ha escrito obras teatrales y
guiones cinematográficos. Ha realizado
experimentos en música concreta. Su
poesía, escrita en italiano, ha sido difundida en publicaciones de Estados
Unidos y Europa.
JOSE ROBERTO MENDIRICHAGA.
(Monterrey, N.L., 1944) Es licenciado
en filosofía y pasante de la maestría de
letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Colabora como editorialis~ en el diario El porvenir, y ha
publicado una antología periodística
(La letra y la tinta).
ALFREDO GUTIERREZ GOMEZ. Docente e investigador del Departamento
de. Cie~cias Sociales y Políticas de la
Universidad Iberoamericana. Participó,
con el trabajo _que aquí se incluye, en el
Congreso Nac~onal de S~ciología celebrado en la cmdad de Mexico en octubre de 1985.

9.AGENL, Periódico oficial, 9 de octubre
de 1857.
10.AGENL, Periódico oficia~ 19 de julio de
1859.
11.AGENL, Periódico oficial, 27 de mayo de
1856.
12. Ver el artículo tercero del proyecto de
coalición de los Estados hostilizados por
los indios, AGENL, Periódico oficial, 9 de
octubre de 1857.

00

t--

13.Respecto al tópico en cuestión, en el artículo cuarto se señala: "Entre tanto se
celebra la alianza á que se refieren los artírulos anteriores, el Ejecutivo del Estado
establecerá á la mayor brevedad en los
puntos de la fronteia, que juzgue más á

propósito para defender á todos 'los pu&amp;blos del mismo Estado, los destacamentos
que considere necesarios; y como segunda
línea de defensa puede disponer que partidas moviliarias recorran continuamente los
desiertos, ocupando en éstas y en los destacamentos hasta setecientos hombres de la
guardia nacionaf'. AGENL, Periódico ofi•
cía~ 9 de octubre de 1857.
14.La contemplación de las erogaciones de
la guerra oontra el indio se especifican en
el artículo quinto de la manera siguiente:
"Para cubrir los gastos de la guerra podrá
disponer el Ejecutivo de los ocho mil p&amp;sos concedidos á este objeto por el Gobierno general, de los productos de la contribución sobre terrenos criada nuevamente, de lo que destine al mismo objeto la
ley de hacienda y del fondo de excentos".

AGENL, fuente citada en la nota an
15.El gobierno de Vidauni destina en
$3.753.00 para que durante un
auxilien 35 3 hombres distribuidos •
versos lugares-de Nuevo León y C
para combatir al indio. Con esta
de dinero se forman seis partidas co
tas de 49 personas de Saltillo, 54
rras, 72 de Monclova y San Buen#
60 de Villaldama y Bustamante, 71
Lampazos y Candela, 48 de Sabinal
llecillo. Ver AGENL,. Periódico o
de septiembre de 1857. Consultar
AGENL, Periódico oficial, 7 de
1874.
16.Santiago Roe!: Nuevo Le6n. Ap11•
tórico,, impresora Bachiller,
ción, pp. 187, 188 y 189.

DANIEL ~?NZALEZ DUE~AS (Ciudad de _Mex!~º, 1958) Estudió la carrera de direccion de cine en el Centro de
Capacitació? ,Cine~atográfica. En esta
esc~ela reali_zo vanos cortometrajes. Su
tes~ profesional, la película La selva
furtiva (1979-80) fue nominada por la
Acad~nua Mexicana de Ciencias y Artes ~mematográficas al "Ariel" corresÍ9stente ~ cortometraje de ficción en
. · Mantiene una columna de crítica
~nematográfica en la revista Casa del
tiempo (UAM).
~AOMI LINDSTROM. Investigadora y
pente d~l Departamento de Español
y ortugues de la Universidad de Texas.

r1URO CANTU. Ex-profesor de las
i:i:~:sl dUe ~co~om ía y Filosofía y
ª ruversidad de Nuevo León.

Autor de un proyecto de reformas al
plan de estudios del bachillerato. Editorialista de los diarios capitalinos El día
y Uno más uno.

ción. Participó en la "Primera jornada
de poetas" (Monterrey, 1985) y en el
taller de la Universidad de Monterrey:
en su.. publicación Palabras para llevar.

JOSE MARIA INFANTE. (Tandil, Argentina, 1942) Estudió psicología en la
Universidad Nacional de Córdoba, donde se especializó en psicología social.
Radica en Monterrey desde 1976. Es
maestro de las facultades de Psicología
y Filosofía y Letras. En esta última funge como Secretario Académico.

ANTONINO CARLOS. Egresado del
colegio de Letras, de la Facultad de
Filosofía y Letras, UANL. Perteneció
al teller literario "Litoral".

JEAN GENET. Novelista y dramatur~o
(París 1910-1986) rescatado de la caree! por Sartre, C'octeau y otras destacadísimas figuras de las letras francesas. Dos de sus obras más difundidas:
Nuestra Señora de las Flores (novela,
1944) y Las criadas (teatro, 1947).
El título de la carta que aquí se incluye
pertenece al traductor.
MINERVA MARGARITA VILLARREAL. (Montemorelos, N.L., 1957)
Estudió sociología en la Facultad de
Filosofía y Letras de la UANL, donde
actualmente es maestra. Codirige Hoga·
za, hoja literaria, junto con José Javier
Villarreal. Es colaboradora permanente
del diario El norte. En 1982 publicó
Hilos de viaje.
JOSE JAVIER VILLARREAL (Tecate,
B.C., 1959) Egresado del colegio de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras,
UANL, donde actualmente imparte clases. Editor de Hogaza, colabora en el suplemento Ensayo, del diario El norte.
Ha publicado: El valle / De cómo la
noche llegó a comerse un sandwich, Historia de la coronación, Estatua sumergi·
da (dos versiones).
GERARDO GUADALUPE LEAL (China, Nuevo León, 1962) Profesor normalista. Estudia ciencias de la comunica-

OSCAR RODRIGUEZ ARREDONDO.
Nació en Zaragoza, Coahuila, en 1952.
Realizó estudios de letras españolas en
la Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL. Actualmente es maestro de
tiempo completo en esta misma escuela.
HEIDI BASABE. Ver Deslinde 10- 11.
CARMEN ALARDIN. Nació en Tampi•
co (1933). ~aestra en ~etras por la
UNAM. Éscntora con mas de 35 años
de publicar poesía, reunirá dentro de
poco sus libros en un solo volúmen.
"Nuestros dientes'' pertenece a la obra
titulada La libertad inútil (inédita).
DULCE MARIA GONZALEZ. (Monte•
rrey, N.L., 1958). Realizó estudios de
Letras en el Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey, yactualmente estudia Letras Españolas en la
Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL. Ha publicado en Aqu{ vamos.
Diálogo y Palabras para llevar. Es integrante del taller literario de la Universidad de Monterrey.
JOSE RESENDIZ BALDERAS. Maestro normalista egresado de la ormal
Miguel F. Martínez y de la Normal Superior del Estado (especialidad en matemáticas). Licenciado en historia por la
Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL, donde se desempeña como maestro e investigador. Ha publicado artículos en revistas especializadas. Actualmente trabaja en el proyecto " El

�problema del agua y de la tierra en
Nuevo León en el siglo XIX".
SEBASTIAN XAVIER. Pintor muralista,
originario de Monterrey, egresado del
Taller de Artes Plásticas de la Universidad de Nuevo León (1966). Ha expuesto en forma individual o colectiva en
diversas ciudades del país, incluyendo
por supuesto Monterrey. Exposiciones
individuales en Alemania, Holanda, Polonia, Dinamarca y Grecia. Miembro
activo del Sindicato de Pintores Extranjeros Residentes en Berlín; miembro
fundador de la Asociación de la Plástica
Neoleonesa, A. C.
LIBERTAD LEAL LOZANO. Nació en
Monterrey (1954). Fue nombrada profesora de tiempo completo y encargada
del laboratorio de biología en la Facultad de Ciencias Biológicas al término de
8118 estudios (1978). En la Facultad de
Filosofía y Letras (UANL) es la primera
mexicana que obtiene el grado de maestra en enseftanza superior (1985).

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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