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                  <text>�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
RECTOR: Ing. Gregorio Farías Longoria
SECRETARIO GENERAL: Ing. Lorenzo Vela Peña
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DIRECTOR: Lic. Bernardo Flores Flores
SUBDIRECTOR: Lic. Ricardo Villarreal
SECRETARIO ACADEMICO: Lic. José María Infante

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
NUMERO 14 / VOLUMEN V / SEPT.-DICIEMBRE DE 1986

CONSEJO EDITORIAL
Lic. Nora Berumen de los Santos
Lic. Martha Casarini
Lic. Alicia Escamilla
Lic. Miguel González
Lic. María de los Angeles Pozas
Dra. Alma Silvia Rodríguez
DIRECTOR
Miguel Covarrubias
SECRETARIO DE REDACCION
Humberto Salazar
OFICINAS
Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria.
San Nicolás de los Garza, N.L.
MEXICO.
Publicación tetramestral
Precio del ejemplar: $500.00 M.N.
Suscripción anual: $1 200.00 M.N.

�SUMARIO
4

ALTITUD 317 IN MEMORIAM
Gottfried Benn
FORMACION DE CRITICOS DE TEATRO EN MONTERREY
Barahona
5 LARosaura

9

POR UNA NUEVA URBANIDAD
Enrique Norten

13
15

TRES POEMAS
Leticia Herrera

UNA PEQUERA CEREMONIA FAMILIAR
Heidi Basabe

16

SIEMPRE HAY UN TIEMPO PARA TODO
Jorge Roberto Chávez Rodríguez

EDUCACION PUBLICA ENTRE LOS AZTECAS
18 LADietrich
Hauck
POEMAS
Armando de León
24 DOS
AMOR COMO ALUCINACION EN LOS PILARES DE DOfvA BLANCA
2 8 ELCarmen
Alardín
LOS PILARES DE DO~A BLANCA
O
Elena
3 Garro

33

LOS PERSONAJES FEMENINOS DE ELENA GARRO
Minerva Margarita Villarreal

39

ENCUENTRO CON ELENA GARRO
Michelle Muncy

¿QUE ONDA CON LA PALABRA ONDA?
4 6 Fidel
Chávez
EL ESTUDIO DE LA RELIGION Y SU SIGNIFICADO
4 7 José
Roberto Mendirichaga
FASTOS DE OVIDIO POR QUffiONES MELGOZA
4 9 LOS
Herón Pérez Martínez

ENCUESTA BORGES 11: Gabriel Contreras, Sergio Cordero,
53José
Roberto Mendirichaga, Horacio Salazar Herrera Humberto Salazar
y

HACIENDAS Y HACENDADOS EN TLAXCALA DURANTE EL PORFIRIATO
6OMario
Ramírez Rancaño

75 LOS COLABORADORES
Ilustran este número fotografías de Julián Rugo Guajardo.

�ALTITUD 317 IN MEMORIAM

cómo ~.a hora se escapa:
teje un crespón de cenizas,
por las montañas se escapa.
Ah, en las montañas, el
fruto al verano enguirnalda,
y en todo ese resplandor
nadie pone la mirada:
tu oído nunca ha sentido
cómo la hora se escapa:
en la•montaña, en el viento
un coro de sombras clama.

Sobre las montañas, su
modo de vivir proclaman,
y uno se estremece como
si tocara el manantial:
tu oído nunca ha sentido

DE TEATRO EN MONTERREY

Rosaura Barahona

Gottfried· Benn
Sobre las montañas, donde
sin ataúd y sin paja
nocturnos desconocidos
pierden todas las batallas:
tu oído nunca ha sentido
cómo la hora se escapa:
adelante de la puerta
teje redes una araña.

LA FORMACION DE CRITICOS

Versión de Miguel Covarrubias

Con toda certeza podemos asegurar
que la queja más frecuente que escuchamos en la ciudad con respecto al
teatro, es la falta de crítica. Y tal vez
estemos ante una de esas poquísimas
ocasiones en que todos aquéllos a quienes nos gusta y/o nos preocupa el teatro, estemos de acuerdo.
Sin embargo, si abrimos los diarios de
la ciudad al día siguiente de un estreno
teatral encontraremos casi infaliblemente una nota impresa que habla acerca
del estreno.
Y quiero subrayar lo anterior: una
nota impresa que habla acerca del estreno teatral. Consciente e intencionalmente
evité utilizar los términos crítica, c1r
mentario y resefta porque, aunque en la
mayoría de los casos dichas notas impresas puedan parecer cualquiera de esas
tres cosas, rara vez lo son.
Monterrey es -y todos lo sabemos-

Auf den Bergen, wo / Unbekannte nachten / nicht auf ~arg und
Stroh / Opfer aus den Schlachten -: / Wie die Stunde rmnt, /
. Ohr - / eme
·
spürst du 's nicht 1m
pmne spinnt / Netze vor das
Tor. // Auf den Bergen, die/ Art von Leben tragen, / d~s mann
schauert, wie / nah die Quellen lagen, / wie die Sbm~e ~t, /
.. t d 's nicht im 0hr / von den Bergen rinnt, /spmnt em
spurs u
'
S
k .. t /
A. h
.t\l!C
enflor. // Ach, dem Berge, den / Frucht und ommer. ranz
/ '
'st nicht anzusehn / all das Ungegliinzt, / wie die Stunde nnnt,
:pürst du's nicht im 0hr, / wie vom Berg im Wind /
schluchzt ein Schattenchor.

s·

Por supuesto, siempre hay manera
de subestimar su labor y su herencia.
No hay forma más fácil de acabar una
plática en la que se hable del teatro rewomontano que dejar caer el clásico:
'¿cuál teatro?", pregunta que deberá ir
seguida de una larga lista de obras y autores jamás vistos en la ciudad y que son
el pan de cada día en París, San Francisco, Nueva York, Los Angeles, Buenos
Aires, Roma y ¡por supuesto! el coco
de todas nuestras pesadillas: el De efe.

Sí, deijnitivamente, si nos valemos de
lo que las revistas claves de teatro reseun papel importante. Me consta que esta ñan o critican, estamos fuera de concuraseveración ha provocado la risa escéptiSin embargo, esto es válido no sólo
ca, cuando no abiertamente burlona de so.
para el teatro sino para todas las demás
mucha gente que la ha escuchado. A pesar de eso, somos muchos los que cree- manifestaciones artísticas y, por supuesto, para lo urbano (nuestros pasos a desmos que ll8 así.
nivel provocan pesadillas persecutorias a
muchos arquitectos extranjeros, según
El hecho de que hasta el momento
na~e _haya podido o querido sentarse a me contaba alguien); nuestra política siescribir acerca de la historia del teatro gue provocando discusiones sesudas y fi- ·
re~omontano no quita que la historia loeóficas en muchos sitios· del mundo:
este ahí y que la figura de Elisamaría ¿cómo habremos logrado institucionali~iz, resulte una figura clave a donde zar la revolución, cuya índole es precisamente in-institucionalizable?; es algo
casi todo va a parar. Quien~ dirigen actúan o escriben obras de teatro -~vo que nadie entiende. Supongo que a muchos nos gustaría que el Santa Catarina
alguna excepción que confirma la regla- fuese
el Sena, el Danubio o el Mississipi,
º. 6!eron discípulos de ella o fueron pero no,
el Santa Catarina es el Santa
diec1pulos de sus discípulos. Elisamaría
fue al teatro regiomontano lo que Mig- Catarina: seco, polvoriento y espan~
norance fue a la pintura y Daniel Zam- so pero ahí está y si hemos decidido vibrano a la música de esta ciudad. Pero vir aquí o si el Destino nos retiene en estampoco se ha escrito con seriedad te inhóspito paraje tal vez la actitud más
sana sera aceptarlo de buena o mala gauna ciudad en la que el teatro ha jugado

In Memoriam Hohe 317

acerca del significado que ellos tuvieron en un momento dado aquí porque
como 8118 presencias siguen estando muy
cercanas, los vemos todavía de carne y
hueso y no hemos sido capaces de ubicarlos aún en la proporción adecuada.
Cuando lo logremos -porque esto tendrá que hacerse algún día- entenderemos la importancia de 8118 respectivas
influencias.

na o marcharnos de aquí. Desear que
Monterrey sea Madrid, Barcelona o Nueva York puede ser muy estimulante y
útil pero también puede llevar a una actitud absolutamente estéril.
Así pues, partamos de que en Monterrey hay teatro. La parte complementeria es que hay también -en teoría- las
condiciones propicias para que haya crítica y, sin embargo, no la hay.

A. Escuelas o facultades de letras
En la ciudad hay tres carreras de Letras
-muy venidas a menos si 118tedes quieren, pero ahí están- dos de las cuales se
fundaron hace alrededor de 25 ó 30
años. En los objetivos generales de las
tres se contempla el preparar críticos
para el campo de la literatura o campos
afines. Por supuesto, entendemos que
los críticos no se preparan siguiendo una
fórmula secreta, y aunque no se espera
que los jóvenes egresados salgan capacitados para ser unos críticos hechos y
derechos, si nos consta que -con todas
las fallas y lagunas con que salimos quienes pasamos por tales carreras- al menos se recibe una formación básica que
podría servir -si se quisiera- como un
excelente punto de partida para formar
críticos serios y responsables.
Sin embargo, en algo o en mucho fallamos quienes hemos sido o quienes son
todavía responsables de estas carreras; el
c11.so es &lt;JUe todavía no vemos resultados
en esa línea. Tiene mucho que ver, por
supuesto, con el tipo de población estudiantil que asiste a ellas.
Es cierto que en el Tecnológico y en
la Universidad de Monterrey, entre el
80 y el 900/o de la población de dichas
carreras es femenino y, por lo general,
no tienen una necesidad imperante de
trabajar al graduarse, pero también es

�cierto que la mayoría se casa rápida
mente y se aleja del campo que supuestamente le interesaba.
Es muy osado asegurar que n~ les
interesaba. y más arriesgad~ generalizar.
Me consta que hay gente bnllante, ent~siasta y preparada que se sume e~ el silencio eterno porque tiene un.~entido de
autocrítica feroz, pero tamb1en P?rque
tiene un auténtico pavor a ser cnticada.
Sé que en la Universi~d Autónoma
de Nuevo León la poblac1on de estas ca:
rreras es más numerosa y que no eshcas1
exclusivamente femenina pero, asta
ahora, aunque muchos de sus egre~dos
se integran a suplemen~os y reVI~,
tampoco ha surgido alguien que se dedique de lleno a la tarea crítica tan necesaria.

B. Los "críticos"
Aquí debería incluir la de~~ón de
crítica, su función y su relac1on, por
una parte, con la obra de arte Y, p~r
otra, con el público, pero e~? alargaria
excesivamente esta intervencion.
Tradicionalmente, se da por sentado
que la crítica debe ser orientadora porque al hacer el análisis de una puesta en
escena deberá ayudar al lector a comprender la importancia del autor, los
aciertos y las fallas del direc~or, ~1 papel
que jugó el escenógrafo o el iluminador,
lo adecuado o inadecuado de las actua. ciones. Suena simple; sin em_h:irgo, ~orno todo oficio, el de ser cntico enge
una fonnación y además un .co~ante
ejercicio para lo cual se ~e~e~1ta tiempo
y dinero -con todo lo hieratico y metalizado que esto pueda sonar-.
La otra parte, la que insiste en que la
crítica debe ser objetiva es una de ~as
!!landes falacias de todo esto. La ob1e-

"

tividad no existe. La visi?n d~l. crítico
cambia junto con el propio critico y esto es natura!• Lo más que podemos pedir es una cierta objetividad: toda 1a que
sea posible.
Por desgracia, en nuestro medio, es lo
que menos se encuentra.
Cuando supe que debía presentar esta onencia, me dediqué a revisar las notasp periodísticas referentes a obÍas ~e
teatro que se han presentado en a ciudad· puestas en escena locales o no. Estuv; tentada a traer algunos fragmentos
pero en r calidad no se trata de poner
f "den
evidencia a nadie, por eso he pre en o
señalar lo que encontré de manera general:

l. Notas en donde se habla del t~atro
como espacio físico, del_ t~lon y
de las fallas del aire acondicionado
junto a un resumen del argumento.
2 Notas acerca de la posición p~líti. ca del autor de la obra, exclus1Va o
casi exclusivemente.
3 Notas en las que se enjuiciaba sin
· fundamentar, las actuacion~: están bien, están regular, están !11:11
y la dirección: acertada o debil.
4_ Notas en las que se habla de co~
. e no vienen al caso: la actriz
:arece en tal telenovela haciendo
el papel de tal cosa (y aprovechan
para contar parte de la novela) o
se cambió de peinado.
5 Columnas de chismes al por ma. yor muchos de los cuales son
bro~as O puyas privadas.
Pregunté a los periódicos .Y a la televisión cómo seleccionan a quienes deben

cubrir tal o cuál puesta en escena. Clli
siempre se escoge al azar, ~~ entre el p
po de redactores de la secc1on de cul~
les. Es decir, si a al~~en le corr~spon~
cubrir la peregrinacion de la mgen •
Guadalupe y se quedó s~ gasolina ~r,lo
al llegó tarde al periódico, se enVIaru
~~o compañero y el accidentado en;
de ver matachines verá a Albee o a
ller o a Carballido.
Como si esto fuera poco, est~s jó,e,
nes que -confesado por ellos ~oeno tienen a veces ni idea de re¡ ~
autor y mucho .menos ~an le1 o ~ .
o saben qué quiere decir ~azo escemco,
salen corriendo de la función d~ estreM
l 11 ó 12 de la noche, se sientan•
Ía ~áquina de escribir y en el mellll
tiempo posible tienen forzosamente qae
entregar la nota, a veces para enco~
se con la frustrante sorpre_sa de queba,
¡ormatear, parte del espacio qu:W
bía separado para la nota fue d
,
a un anuncio de última hora y se coitó
la conclusión (si bien le fue) poni¡~•
menudo cortan sin pudor aunque epi
una ora~ión a la mitad.
Como si esto fuera poco, l~yequea:
del ambiente hace que estos JOVRidíc:tó
re nte se sientan poderosos. ¿
lorSí, 'pero así es. Si hacen u~a b :
crítica nadie la va a comentar, enscdt
bio si "destrozan" la puesta en_e
todo mundo les dirá cuán a~reVIdos ':
y cuánto le molestaron al director,; .
actores, al productor o a to.dos! susluClt
bras. Si el director -o alguien mvo
do- se defiende ho~~stamen~e
joven aprendiz de critico sentira qude
por buen camino. ¡Ah! Se hab1ª
(o de ella). y entonces suced~ un
meno curioso y comprobable. l~
rías de ahí en adelante se apuntaran•
carie el hígado al director molesto y,
cima, ll ufanarse de ello. y con eso
· mos fondo. El más chabacano Y

,nuu:-

mmte fondo: "Aunque se va a enfurruflar fulanito, debemos decir que nuestras

antenas nos dijeron que su próxima obra
eatá tan aburrida como la anterior". "Perenganito, dicen las buenas lenguas, hará
el papel de neurótico en su próximo estreno. Qué chiste, eso no es actuación."

C.On este manejo absolutamente irresponsable de los medios, destrozan, núnan o daftan a veces una labor de meses
de esfuerzo y trabajo constante. Y no se
trata de defender el halago indiscrinúnado y gratuito sino de exigir-inútihnente quizá&amp;- un poco de respeto para
quienes se dedican a un oficio que no
paga más que en el orden espiritual.
Sí quiero aclarar que no estoy culpando a los jóvenes reporteros de lo que
&amp;Ucede. No es fácil hallar a un culpable

en algo en lo que intervienen tantos factores. Si acaso, sería responsable directo
quien estableció este patrón en el que
los jóvenes tienen que hacerle al tod6lo~o -y, el término no es mío- al vapor.
Los Jovenes reporteros no hacen sino
c~plir con lo que se les ordena. EngolOIIIDarse con ese remedo de "poder" es
parte de su chamba: la vanidad humana
es. ~eleido~ y es comprensible que un
.~
e ignorante joven que incluso es
recién llegado a la ciudad, vea crecer su
ego de manera incontrolable cuando su
~mhre empieza a andar de boca en
Por otra parte, quizás, está la crítica
que a veces hacen quienes están involucrados en el ambiente teatral, o bien, los
:~~ ,de las facultades de letras o co~10n. Los primeros, en ocasiones
~terados de lo que sucedió
, alinas que terminan por justificarelrnas que .Por criticar lo que sucedió
en e&amp;cenano. Y esto no es válido. Por
t.ac&gt; no se pennite ser juez y arte ni
COJD¡&gt;aclre del juez. Se critica e produc-

:t.:

f

to tenninado y lo que el público ve. Si
la fábrica de pintura le surtió el color
eguivocado o si la modista no entre~ó a
tiempo o si hubo que cambiar al protagonista dos días antes del estreno, son
gajes del oficio. Pero si se estrena una
obra, se deben sujetar exclusivamente al
resultado final.
Los segundos, los maestros, son muy
curiosos. Escriben no para el público en
general sino para sus colegas. Sienten
que deben mostrar su erudición y su capacidad ante sus iguales. También curiosamente, el silencio se apodera de ellos a
menos que otro colega haga una crítica
y ¡entonces s11; en vez de hacer su pr&lt;r
pia crítica hacen una crítica acerca de la
crítica que hizo el otro y se desgarran
las vestiduras tratando de probar la ignorancia del otro en yez de la calidad de
la obra. Lo curioso es que a quienes no
arriesgan su voz nadie los molesta. Por
eso muchos prefieren callarse.

C. El público
Para terminar, quiero hablar del público. El público regiomontano tiene
fama de estricto. Otra vez, ¿comparado
con quién? Porque si alguien estuvo en
un concierto operístico reciente, no es
explicable que el aplauso avasallador de
esa noche se lo haya llevado el tenor que
desafinó de principio a fin. Luego sabríamos que estaba mal de la garganta
pero durante el concierto esa información no había llegado al público. En
cualquier ciudad con público estricto,
al sefior lo hubieran abucheado y sacado
del escenario a gritos. No aquí. En México seguimos manteniendo la mentalidad y la visión de loR vencidos y nos solidarizamos con el débil.. siempre y
cuando no sea de casa.
Nuestro público universitario está
muy venido a menos. ¿Dónde está el

teatro experimental? ¿Dónde las puestas
en escena equívocas y débiles pero llenas de frescura y entusiasmo? ~Dónde el
público entusiasmante y vivo. En muchos casos, aburriéndose frente a un
Hamlet o a un Zoológico de crista~ actuados por adolescentes preparatorianos
que ni siquiera sospechan qué quieren
decir las palabras que se memorizaron.
En muchos otros, muertos de risa
con Medea porque les han enseñado que
al teatro se va a divertirse y que sin carcajadas no hay diversión.
¿Y del público maduro! En número
ha aumentado. "Antes, dicen, iban 50
personas a ver la obra en tres días; hoy
llenan el teatro de la Ciudad o el San Pedro o el Luis Elizondo": Es cierto. Pero
no debemos olvidar que antes éramos
300,000 habitantes y ahore le tenemos
que añadir un cero a ese número. Y es
un público que, sin darse cuenta, guía
su criterio estético en cuanto al teatro
por los spots de Televisa. Si Televisa
anuncia durante seis meses Un tranv(a
llamado deseo vía nuestro televisor,
aquí se empieza a decir: "Dicen que está
muy buena". Si se les pregunta" j.quién
dice?" responden, siniplemente, "dicen".
Por eso el éxito de Vaselina y de ese
atentado a la inteligencia humana que
se llama Cachún Cachún y cuya consagración ha sido bendecida vía Lengu.ardo, personaje creado supongo para mo&amp;trar el poder del consorcio que lo patrocina. Si la imbecilidad de Lenguardo merece un programa semanal ¿por que no
ha de merecer Humberto Zurita su oportunirlad ¡ara atentar contra Stanley
Kowalski.
Es necesario que aceptemos que los
teatristas merecen ser respetados. La crítica -buena o mala pero siempre fundamenbtda- es una muestra de respeto.
Sin embargo, tampoco se puede exigir

�POR UNA NUEVA URBANIDAD

Enrique Norten
En la edad media "urbanidad" quería
decir "el gobierno de la ciudad"; más

que se fonnen críticos al. vapor "! sin
ninguna base, ni que los siga habiendo
· · que se pague la
por amor al arte.Y eXIgrr_
.
crítica no es ni una -~ctitud m_ercenana
ni implica una posic1on, metalIZad_a. y a
hasta de que la cult~ra se~ gratIS. Se
escrihre gratis, se actúa ~att.s, se annan
programas televisivos gratis, se hacen se·
minarios gratis. Cuando es por nuestro
propio gusto y beneficio ¡adelante! pero cuando es para beneficio de otros,
momento.

pagan entre 2 y 6 mil pesos por crítica
(no por hora).
Sí hay mucho qué hacer Y hay
quié~ lo haga pero ~or lo g~n?al, todas
las personas capacitadas id?ne~ente
para ello -y para evitar suspicacias, por
supuesto me excluyo-, están n;iuy ocupadas sacrificándose por el pais, trab~jando cada día más para ganar cada dia
menos.

y como si todo fue~~ paco, 8:1'1?ra te•

Escribir una buena crítica de teatro nemos aquí a la lnquis1C1on Rediviva _en·
.ando listas a muchos centros de difuimplica, además del tiempo que lleva
:Ón
cultural y prohibiendo la compr~
leer la obra, verla y analizarla, el ti~~po
de
determinados
libros para ~nas h1·
e se toma en escribirla. Escrihrrla
&amp;be tomar entre 2 y 4 horas. Un exper• hliotecas de instituciones educatlV~ Yla
to de cualquier campo _cobra .Pºr una lista negra de obras de teatro P!ohibidas
asesoría de diez mil a ciento cmcu~nta para ser representadas por algun centro
mil pesos la hora. Dejé1!1oslo en eme? universitario.
mil para ser condescendientes. Una criSin embargo, muchos sabemos ~e el
tica de teatro, mínimo debería pagarse
teatro
aquí va a continuar contra viento
en veinte o veinticinco mil pesos.
y marea. Con todos los agoreros cpizaPero ¿cómo pode~os exigir algo si dos de dedos para que s~ profecias se
las notas sobre teatro van ya incluidas cumplan y todo resulte pesuno.
en el salario y deben ser escritas ju1!'to
Esos agoreros que al anunciarse algc
con 3 ó 4 más ese día, y todos los dias,
como
PROTEAC dicen: "No va a funpara cumplir con el trabajo; t~~3;8 ell_as
con temas distintos (una expo~Cion p_1~- cionar" y ponen el mejor de sus esfuertórica un concierto, un retrro esp111:- zos en hacer que no fun~io~~- Esos agotual)?' O si no se trabaja de planta, se reros que con tal de decrr: y o lo proco

feticé desde un principio" prefie~~ que,
darse sin teatro antes que permitir qae
un esfuerzo mínimo prenda. Esos agoreros que aplauden cuando el barco ~
hunde porque así confirman ~e sep
mos fritos. Esos agoreros que exigen qae
de la noche a la mañana se funde UJII
compañía de teatro estatal con ~
las de la ley y recursos ilimitados Y•
embargo desalientan todo paso dado •
esa dirección si es lento o pequeño.
Sin crítica seria por un tien_1p~~
peremos que sea PºCO:- Yco~_limi
nes cada vez peores s1 nos guiamos ~
lo que el país promete. Pero va a segur
ahí porque, finalmente, es parte d~ Df&gt;
sotros y nos ayuda a entender que ao,
mos.
Probablemente ~ora l~ p~ud~~
ca no orienta a nadie (mas bien t de
contrario) pero tenemo~ la esperanz~ 1
que pronto pueda surgir para ~~u sai,c
valorar lo que otros hacen, quien
cómo, desde hace años.
Creo muy sinceramente que ~
Julián Luis, Virgilio, Cuco, Ro~
Hemá~ Ruhén, Minerva, Rosa
Edgard~, Gerardo, Fidel Y una
larga lista de nombres, se lo merecen.
en serio.

=1

tarde se convirtió en el indicador de
"todo lo que tuviera carácter urbano".
En tiempos recientes, esta palabra se
ha hecho de nuevos significados: afabilidad, deleite, cortesía y civismo, con
analto contenido de savoir vivre y experiencia mundana. Un nuevo uso del término ha surgido recientemente, indicando los varios aspectos de creación
y organización urbana que se han desaaollado como reacción a las ruinas
aparecidas por la práctica del urbanismo
moderno (de la posguerra al día de hoy)
y a las desviaciones tecnocráticas nacida de las múltiples doctrinas funcionalistas preocupadas por los aspectos meeínicos, cualitativos y materiales de la
ciidad. De hecho, los métodos del llamado urbanismo moderno sólo han lo&amp;rado la segregación de los ciudadanos y
~ Íl'a¡(ntentación del tiempo y el espa•
CÍO. Estos métodos han provocado un
aentido muy real de enajenación urbana
Yhan contribuido a la pérdida de toda
identidad urbana.

En un intento de liberar al urbanismo
de estas desagradables asociaciones, se
ha sugerido un nuevo uso para la palaIn urbanidad. El término alternativo
~de enfatizar los modos de uso,
diaeftoy desarrollo de las ciudades, y sus
PGtencialidades humanas y arquitectónicas. _El nuevo significado se refiere in~C20nalmente a la dualidad de los significados originales y subsecuentes en
tac sentido; urbanidad abarca y reúne
dIOVoir fairP. y el savoir vivre citadinos.
'•

.... ' .................... .

Aquellos que por primera vez procla~ n la verdad absoluta de la Ciudad
•111111erna, cometieron un error fatal.

.Lospioneros y fundadores del movi-

llllento moderno, que propusieron trans-

fonnar 1. ciudad en una tabla organizada de relaciones funcionales, sugirieron
un cambio sustancial para la vida del
hombre nuevo, extendiendo su horizonte infinitamente, pero al caer en esta
equivocación, por lo menos seguían creyendo en la historia y en la arquitectura.
Brutalmente purgaron a la ciudad de
su tradicional urbanidad, pero al mismo
tiempo pretendieron anunciar una nueva
era donde el progreso del hombre desarrollaría una nueva civilización industrial.
Más allá de las' divergencias de Maiakovsky o Marinetti, Gropius, Leguer o
Meyer, encontramos un mundo de constructores de la Ciudad del futuro, el lirismo de una tecnología liberadora. Con
esta bandera proclaman por una nueva
urbanidad, que confirmara sus compromisos políticos y su lucha por un nuevo
orden universal. Su falta de éxito proporcionó a las autoridades económicas y
burocráticas las bases y marcos para
mantener el orden. Pero cometerían1.ps
el mismo error si rechazáramos del todo
su análisis y descubrimientos.
Su fracaso (que fue parcial y tempo•
ral ·en comparación con el larguísimo y
pausado movimiento de la historia y los
cambios tan lentos de la ciudad), no ha
horrado sus esperanzas. Sus deseos de
influenciar y transfonnar el viejo mundo siguen palpitando.
Existe una gran confusión al observar
y criticar los efectos negativos del movimiento moderno y las regresiones de sus ·
disfraces burlones. La ciudad es un continuo que nos permite entender el pasado y gozar el porvenir. Debemos rechazar el progreso que no representa más
que una ruptura con el pasado y la historia para llegar a un alto repentino, petrificado en sus resplandores anteriores,
como la mujer de Lot.

No podemos reducir la ciudad a una
función. Su plasticidad es tal que sus
formas cambian constantemente y se
enriquecen con las fuerzas vitales, 11ue
trastornan sus órdenes de diseño y a los
responsables de los mismos, y al mismo
tiempo destruyen su significado local,
parcial y temporalmente. Pero no podemos detener esta batalla imponiendo un
alto formal; artificial, al devenir histórico.
Detener el proceso de penetración
dinámica y de apropiación progresiva
de los modelos dominantes por las fuerzas populares, y negar definitivamente
la modernidad que ha transformado sus
formas de vida y ha modificado el a&amp;
pecto de las ciudades, significa detener
el tiempo. El hábito convierte los sentimientos en fingimientos, las fuerzas
primarias en ocultas, congeladas en modelos sin vida; este es el caso de muchas
de nuestras ciudades contemporáneas,
petrificadas en el tiempo sin tiempo.
Pero ni los nuevos ropajes del viejo
Camilo Sitté, ni la habilidad de sus embalsamadores pueden prevenir el olor
a muerte de tales ciudades.
La historia de las ciudades está marcada por la dualidad de la misma arquitectura. La arquitectura es simultáneamente una expresión social (que refleja
al mismo tiempo las luchas de poder, el
ambiente y estilos de vida), y una expresión estética; una complejísima estructura de poder, conocimiento y sensibilidad.
Por mucho tiempo, el monarca fue
el único depositario de estas fuerzas, la
"fuente" del poder y el "templo del
buen gusto", fue el moderador de la
historia, que dejó a través de sus arquitectos sus marcas, los trazos concretos de
sus deseos y valores para las generaciones venideras. Ahora sucede lo contra-

�rio, quienes nos gobiem~ s;&gt;n rep~s:i:~
tantes electos ( ¿por qtnen ·) que al
gan sus fuerzas delegadas. La natur eza contractual de su mandato &gt;: su corta duración sumado a expectativas personales de ~rden político, los hacen pensar en términos de lapsos C?rtos,
da tienen que ver con el be~!.'? úblico Las fluctuaciones, la oplDlon ~
. l ambiciones personales, tienen
ca y as
.
rtancia mucho mayor
ahora
una unpo
ta
ue
la
lectura
de
los siglos. Pero es
q
., ragmática por el presenpreocupacion p .
. la democracia
te - donde no existen ru
.d
ni los sistemas de valores estableci o~
convierte a la arquitectura en un fenomeno a destiempo.

t;::

Ahora ya nadie puede invocar su gustoysensibili'dad personal como
, modelo'
d la arm1itectura contemporanea, y asi,
e . • dican a atender "lo urgente
me1or se ·o~ menos comprometedor. Es
~~ilce::pr;nder el enorme dbaño fi~&lt;!i·
rectamente proporci·onal al ene cro
económico acumulado) ca~ado por es,
titudes que se marufiesta en ~
~ j : intol¿rable de objetos yfuv~C!OS
(la ciudad moderna) Y que se re ~ en
.
.
de lo que no ex...,.e y
apronmac1ones
de lo e no se dice, y que por compro. ~ere que la arquitectura no es
=•que un mero acompañante casual;
ero tarde o temprano nuestros gober~antes tendrán que tomar en cuenta, a
l
'tectura, ya que no encontrar:in
ª
arqwolítica (discurso efímero de ad1een su p
demotivos retóricos) ni en 1o~ f~ceso 8un lan
cráticos formales Y poSitlVIStaBÍ . pdad
que les perIT?ta expresarse en a cru
de nuestros tiempos.

d

Todos los fracasos del mo~ento
od
de sus análisis hcríticos ·se
m emo
basan en e mismo deseo de acer comcidir a la arquitectura con la democracia. Se puede explicar esto _de mue~
maneras, alrededor de un mismo error.

r

0

la preferencia, en nombre ldegibl~ de¡:;
cracia, de todo lo que sea e e, e
y preciso.
La legibilidad empobrece a la ciudad. Cuando El 1:íssitzky proclilil!
"las formas precISas ~ r~co~oc uando
'lo las formas geometrícas ' o c
so
un
marGropius explica que " queremos
l
simple
uitectónico que sea e aro, . '
co arq
d
• do de mentira y
estructurado, . espoJal .
fin demoartificio", persiguen e mISmo
crático.

fo~

Refieren la expresión plástica Y su
. , n únicamente a patrones cuanpercepcio
,
t riales y estitativos de geometria, ma e
tructura, ignorando que lo qu_e. en veÍ~
d d el hombre pretende percibir en
~ d d y su -l11'011itectura
son el uso y suls
cru a
-ial
, que os
relaciones socioc~tur. es, mas
métodos constructIVOS.
Una de las paradojas del fun~ionalÍ!r
descansa en el hecho de ser
m(ao esar de los intentos de.Ha~~ . eei or darle los más amplios signific~yd p sibles) de sobrepasar en la arqmos po la real'd
1 ªd racional •de las fuertectura
·
rial
zas mate es Y. constructIVas,
. a conviren un
• d a la arqmtectura nusm
ti.en, o
ti cial En la arquitectura
fenomeno an so
h
·ste dentro
de Mies Van Der Ro e, eXI l gib'.ilidad
de su esplendor formal, una e rial
"d al uso perfecto de los mate es,l
uru a
.
El · 'ficado y e
técnicas Y ntmos.
SigDI_ ald d en
significante luchan por_ la igu ª
la creación de un lenguaJe.

mcarr

La ciudad es una expresión de realid des económicas y socioculturales, y es
e las contradicciones de nues,
o VIOsocie
~ dades no podrán ser resueltas
tras
·,
por la arquitectura o la planeacdon :·
bana, pero deberían ser capaces e p;~
cibir y reconocer en la cruda~ algu
resentación de las formas VIVas que
conforman. Lo sorprendente es que
las autoridades ya no se atreven a expre-

h.

í:!'

. a través de comodidades fun.
sarse smo
cionales.
Las clases dominantes de la socieda
industrial carecen de los valores que lfl
ennitan ser representadas en sus ~
P. · cru
• dades,. usan al Estado pero
nola
•
pias
hasta
611
atreven a usar
autoridad, Y •
••
núsmas autoridades, en su dimell.fl
institucional, han sido golpeadas por•
laconismo similar.
Ahora las autoridades temen de lOI
re resentantes de la autoridad y la 1111p , de los ciudadanos prefieren DO
yoria
. d
bie&gt;
darse cuenta de la autonda que gola
. dad. La infraestructura
na l acru
l de •
toridad se vuelve inocua, Y \qu .•
ta más vergonzoso (barracas,
risiones asilos, etcétera) se
tscret~ente fuera de l~ ciu
cambio el museo, el estadio y e
•
presencia relajante _d~ la cultura,_ ei
y el consúmo continuan expresan
se mantienen agrupados en una ~
de representación mítica de l~ socd d,
sin clases y jerarquías. Ademasi_ na a •
grandilocuencia, ni arcos de ~~
, ·
monumentos alego~cos
º. perspela il'ficas
y
al
mISmo
tiempo,la DIII"
magm
•
.
fraestructura industrtal y 1
. os que uisadoi
tienen trabajando, han sido exp , lltl
de las puertas de la ciudad en VIaB
esterilización. Si comple~os est¡e
dro con el efecto estandanzador .
'tectura contenida en la exp
deq: estructura, la pérdida de su
la mímesis de un acompañ~te, la
arición de las pequefías tienda_s .
P
d distribución, las restrícc
agentes e
ubli 'd d y 811111'
en los reglamentos de p . ci a
cios, la sustitución de habitantes ~or
bajadores de oficinas. y _hancod, 1~
mos un mejor ent~ndinuento e
dencia de la urbamdad.

era

ºe•
1d~t
¡
t:.

Estas ciudades duennen ,~al,
dedo en el gatillo de la legitima

r

sa. Sanidad y seguridad han hecho desaparecer de la ruidosa y sucia masa de la
vida de las clases trabajadoras, sus conflictos y celebraciones. Una enorme clase media en expansión que pretende encontrar su identidad en la estandarización, el deseo de integración y las influencias de los medios de comunicación, devora sus bordes. Pasamos por un
tiempo donde una nueva actitud estética
pretende borrar diferencias para sumirlas en el mar de la mediocridad. Todos
nos empezamos a parecer a todos los
demás y sospechar de todo aquél que
no se parezca a uno. Seguridad se ha
convertido en sinónimo de justicia y el
miedo a lo diferente en semblanza de
igualdad. Todos están preocupados por
8118 look1 {como dicen los punks), en
huaca de diferencias marginales, el último refugio de la identidad. La violencia no tiene más remedio que desatarse repentinamente.
No tendría sentido retomar la me-

lancólica letanía de una urbanidad olvidada. La evolución de la ciudad no es
una maldición. En camhio, lo que de~ríamos hacer es trazar las primeras

!meas de una nueva urbanidad _que res-

po,nda a ~ realidades de hoy: El auto-

ll!óvil, la mdustria, el progreso de la sanidad pública, etcétera. La Ciudad-Mu-

~ ~n su casco antiguo renovado con
técnicas anestésicas, sus "zonas peato-

nales" cerradas sistemáticamente al trá-

fico, sus calles convertidas en jardines

incontrolada; no responde a opiniones
académicas ni a elucubraciones de bur~
cratas bien intencionados.
Esta urbanidad es lo que los habitantes de la ciudad quieren que sea. Es el
resultado de sus hábitos, sus deseos, sus
luchas, su sociabilidad.

interacción entre lo uno y lo otro. No es
de extrafiarse que en esta línea de búsqueda, el arquitecto contemporáneo haya reincorporado a su lenguaje pórticos,
verandas, bahías, galerías, conservatorios, etcétera.

Pero la urbanidad de la ciudad conLa urbanidad cubre la ciudad entera temporánea no es sustituto de su paz
y penetra todos sus tejidos, se confor- social, su violencia (sus motivos, sus
ma en una variedad infinita de escalas. fuerzas motoras, sus cantidades, sus
La ciudad es un todo fragmentado don- cóleras y sus reajustes) es una realidad.
de la urbanidad tiene su lugar en todos Se necesita algo mucho más humano
los tiempos; en ella el tiempo ha encon- para reconocer una ciudad que las
trado la misma diversidad desde los ini- plantas bajas verdes de Le Corbusier
cios del sitio, y su carácter en cada uno o los signos urbanos universales de Bade los instantes de la vida cotidiana; na- rré. La planificación urbana y sus returalmente, la urbanidad se define mor- presentantes pretenden convertir a la
fológicamente, voluntariamente adopta ciudad en un escenario indistinto y neulas fonnas que han so~nido sus proce- tro que cancela toda posibµidad de consos y han definido sus costumbres. trastes y nivela emociones y sensaciones.
Tendremos que redescubrir el color, el
ruido,
los materiales, las gradaciones, la
Durante su crecimiento, la t~dad
luz,
el
ritmo, el espíritu de la ciudad retiene a su disposición una plastiéidad
inmensurable. No es posible definirla pleta de accidentes. Debemos conservar
con moldes o patrones intangibles. De la posibilidad de la sorpresa, la erupción
nada sirven modelos conocidos para su de lo indetenninado, la fuerza de la dimejor vida. Lo importante no es sólo su versidad y aceptarlo repentina y paulamorfología, y menos sus tipologías, sino tinamente. El marco del orden y del
control no deben reprimir las actuaciosus relaciones y sus memorias.
nes espontáneas, los esfuerzos de suLa urbanidad relaciona y da cohe- pervivencia que llenan las calles, los ritos
sión a la ciudad, establece sus contrac- nocturnos que redisefian la ciudad y forciones y congruencias, teje la trama y al man jardines secretos para sus manifesmismo tiempo narra su historia. En ella taciones, las fronteras privadas en prolas relaciones de los grupos y los indi- piedad pública. Además, la ciudad debe
viduos son simultáneamente una tela y mantener sus páginas en blanco, sus
una novela, y son la base de toda urba- áreas de desecho, sus sacos de aventuras,
nidad.
lugares y barreras que ya otros sabrán
cómo usar.

Pila boy-,couts y neo-artesanos prome~dores, no nos pronostican un porvelllr halagador para una urbanidad viva.
Además, sería demasiado ambicioso
q_u~r retomar el hilo de satisfacciones
La urbanidad tiene dos fachadas: por
~
-,anteriores, interrumpidas con
ªP~CJon de nuestra era industrial, y un lado presencia social, que representa
resu~as con formas distintas. Esta al grupo, y por el otro, territorio domés~~dad
vital difiere de los conceptos tico en sus múltiples expresiones. Las
1
do111 ~~nales de ciudad y cultura. Es transacciones entre lo público y lo priestica y turbulenta, institucional e vado requieren de una mayor posibilidad de comunicación, de una necesaria

Es obvio que no podemos recrear la
ciudad pintando sus muros, pero restringiendo y reglamentando sus usos podríamos destruirla muy fácil.
Las razone:. hh~óricas .¡uc provocaron el rechazo absoluto de la decora-

,-

�TRES POEMAS

Leticia Herrera
ción y el estilo, son mucho más complejas 'Jlle lo que nos sugieren los tratados
de Adolf Loos. Los principios del modernismo agruparon alrededor de la ar•
quitectura, síntesis de todas las artes, a
todas las fonnas de expresión artística.
Los artistas plásticos, músicos, fotógrafos, arquitectos, cineastas, diseñadores,
poetas. . . se propusieron la misma meta: definir y dar coherencia a un nuevo
lenguaje. Si nos referimos como estilo
a las correspondencias e interrelaciones
,¡ue unen expresiones y objetos de un
periodo detenninado, nos veremos forzados a reconocer la actitud estilística
de los fundadores del movimiento moderno, la propuesta estética se ~o evidente con la sugerencia de Gropms de
que uno de los aspectos de la arquitectura era la posibilidad de responder a
las demandas prácticas con placer estético y transf~nnar necesidades pragmáticas en un deseo de claridad formal.
También fue rotundo al tratar de explicar su nuevo concepto de espacio a
través de asimetrías y equilibrios rítmicos. El concepto estético de la nueva
realidad propuesta rechazó tanto la ornamentación como las composiciones simétricas, tratando de reinstalar al individuo como centro de la realidad social
dinámica.
La desintegración del movimiento
moderno y la dispersión de sus diferentes disciplinas, dedicándose a las investigaciones autónomas, pero sobre todo, su profunda ignor~ncia sobre la ciudad y, su incómoda semiología, provocaron una grave distorsión en el lengua·
je propuesto. Para muchos, esta realidad es el símbolo del rompimiento y la
exclusión.

(N
,...

La naturaleza social, como la misma
naturaleza, no puede vivir sólo sobre el

COTIDIANEIDADES

principio de la realidad material. Lo_qu;
es más, no podemos negar que el pnnc1•
pío suntuario es parte integral de su
realidad. La sociedad IJUe se desprende
de sus referencias y su vocabulario ornamental pierde también aquellos sig·
nos de inteligencia que la identifican.
Esta pérdida resulta más ~olorosa,si
consideramos que las expresiones pla&amp;ticas contemporáneas no han sido más
que intentos eruditos que pretenden
desmantelar la representación y la historia.
La ciudad no se encuentra más a sí
misma. El miedo a lo trivial, el temor a
lo popular, la indiferencia a las manifestaciones más cotidianas de la vida
contemporánea, la estandarización de
las apariencias sociales, las reglas del
"buen gusto", han acabado con el simbolismo y bloqueado el surgimiento de
la urbanidad de la ciudad actual.
Considero que la nueva urbanidad
vendrá vía la reconstitución del fol.
klore urbano industrial y post-industrial. Cada día absorbemoH más imágenes, vivimos música y mitologías, multiplicamos las redes de comunicación e
información, invocamos constantemente
los cuerpos recapturados; las minorías
olvidadas reafirman su identidad, pero la
ciudad y su arquitectura no se atreven a
ningún significado o imagen. Sólo la in-

dustria, en fas afueras de la ciudad, 1'
inventado un paisaje, una ornamenta,
ción tecnológica y un nuevo sistema de
símbolos. Tiene razón Venturi, y •
los puritanos funcionalistas, en qun:
proporcionarle a la ciudad una lC)·eMlt
Es cierto que la lucha por la vida domo,
crática no puede ignorar la necesidad hí-:
sica de una estructura común, un ordei!
perceptible planeado para la ciudad, JII'.
ro ese orden sería una brutalidad bo
crática si ignorara el papel que jutp
los deseos, pasiones y sueños de la .,.
ciedad. "La conquista de lo supertllt
es más excitante que la conquista de 1t
necesario. El hombre fue creado porlft.
seo, no por necesidad" (Gastón' Bacht
lard: La pshychanalise du feu).
Afortunadamente se empieza a ~
rar el panorama que nos permitirá 11!
corporar a nuestras ciudades la urbllí'
dad democrática. Nuestra realidad
cionada, nuestro universo mediatizado
complejo, han encontrado identi
aisladas en una arquitectura de ac
ciones, de sobreposiciones, de co
Pero esta fe -que no niega ~º.
complementa el deseo del mo\'
moderno de influir y cambiar
mando el vocabulario estético-,
drá que ser sostenida, l~nta y. p
samente, combinando la mvenc1~n
tiva con la invención participabVlt
olvidar que la ciudad será un caso
diente e inconcluso.

corro porque los ruidos me persiguen
presa fácil del estruendo
mis reclamos como siempre
ésta que soy tan terca
no me dejo en paz
vuelo de la peor ansiedad a está bien
ahí la llevas
ni modo hay que bajar

por padre mier y hasta la casa
después me tropiezo con el bar
mesón dicen los que saben
una bohemia se me pega en el ahna
después otra y así hasta que la noche
me lame despacio como a su cachorro
se está tan bien aquí todo es tan fácil
tan cotidiano

ya salgo a medio pensar
la calle juega a las serpientes y escaleras
batallo para seguirle la corriente
es que yo no juego
no tengo ganas y además
por qué ando tan sola
si soy bien buena onda

MOMENTO
me siento henchida
tus manos me han tocado
y los botones de mis breves pechos
reventaron la noche
la serena expresión de mi rostro
tus ojos me hablaron
y entonces yo
cardumen y desierto
hube de ser húmeda y acuática
los cuervos bajan a mi carne
soy fruto que alimenta su necesidad
de vuelo perpetuo
las bestias mayores abrevan en mí
y entonces yo
que fui duna y polvo extranjero
me vuelvo río
el más feliz
el más correlón
el que lame las orillas
y nunca se habrá de hartar
de su ración de piedra
y musgo

�UNA PEQUEÑA CEREMONIA FAMILIAR

Heidi Basabe

AVE FENIX

no siempre arrebolarse
menos caer en éxtasis
-sentir que todo vuela
el cuerpo es una esponja
que todo lo contiene
henchida y eternizante
el caracol del miedo
enterrado en el jardín de las uñas
te pone silencios en el beso
eres el espejo de nada
dónde entonces el verbo
cantarino danzante vagabundo
tu arcoiris visceral

el río de tus pupilas
mañana es ayer y estás vivo
todo lo contendrás
belleza y podredumbre
esquirla de lo eterno
por qué suspiras
si las estrellas están
donde tus ojos las dibujan
todo en su tiempo
tuvo su razón de ser
y a veces cuesta abajo
indica principio
aunque no te sientas
ave Fénix

La verdad, últimamente he notado muy hora fijados, yo· aproveché la ocasión
extraña a mi mamá, a veces me pregun- para estren;rr mi vestido azul con rato qué habrá provocado que se descha- yas lila que me hizo mi mamá y mis
vetara; por ejemplo, lo más reciente con hermanos también se pusieron sus meque nos ha salido es que se va a poner en jores galas. Mi papá, como la iba a hahuelga si no hacemos lo que se le ha cer de comité de recepción, de juez, de
ocurrido: dice que ya son muchos años maestro de ceremonias y era el que iba
de trabajo ininterrumpido y que ya me- a dar el discurso, quién sabe de dónde
rece mínimo un reconocimiento; men- fue a sacar una vieja toga y un birrete
ciona, entre otras cosas, que la ha he- que le quedaban chicos pero que por
cho de limpiona, fregona, planchadora, lo menos había mandado limpiar y
lavandera, pedagoga, psicóloga de cabe- planchar. Al perro y al gato los bañacera (así dijo), cocinera, consejera sen- mos y les pu~os moños en el pescuetimental, costurera, secretaria, etcétera, zo e hicieron fila con nosotros, los hiy dice que todo sin reconocimiento ni jos, que representábamos al público.
pago y que ahora quiere alguno de estos dos incentivos.
A mí, este tipo de ceremonias, ya
fueran
escolares u oficiales siempre me
Así es que con este motivo hubo reuhabían
parecido algo ridículas, aburrinión familiar y después de muchas di&amp;cusiones se llegó a la conclusión de que das o tontas, muchas veces fatuas, llevamos a organizar en la casa una peque- nas de verborrea, etcétera, y no comña ceremonia a la que asistiremos mis prendía bien por qué en un· determinapapás, mis tres hermanos y yo y el pe- do momento parecían emocionar a mi
rro y el gato, o sea, toda la familia. En mamá y por qué mi papá se había presesta ceremonia le impondremos a mi tado a la farsa, si porque creía real~~ una medalla o varias porque ella mente justa alguna clase de reconocidice que se merece un reconocimiento miento o porque se le hacía de munacional o tal vez mundial pero que por chas consecuencias la supuesta huelga.
el momento se conformaría con uno faCuando estábamos ya todos listos es~ ' Yque lo de las medallas por qué
perando
a la homenajeada y que mi pamas que nada a los hombres, que ella
se lo merecía tal vez más que muchos de pá había puesto un disco con una marellos. T~iél). llegó a aceP.tar que en cha que intercalaba ésta con aplausos y
vez de_ vanas medallas será sólo una, pe- vivas, apareció mi madre radiante, muy
~ 0hac1en~o la aclaración de que dijera: arreglada, con un vestido largo, una flor
en la manó y una expresión serena y so} r mént~s en campaña" porque, diJ , algo tellla que ver con la guerra. Fi- lemne en la cara. Caminó frente a nosonalmente se ?efinió el día y la hora en tros con la mirada en alto y esos pasos
que se llevana a cabo el acto mi papá cortos y raros que se usan en bodas, graCOIIAim,: •
'
. -,;:uo un disco de aplausos y ova- duaciones y todo ese tipo de ceremoClones, arreglamos la sala de manera nias, tratando de seguir el ritmo de la
~uy sobria para la ocasión se impro- marcha. Cuando llegó ante la tarima, la
Yl8ó un . 'f
'
rima
nu~ro ono y una especie
de ta- subió lo más dignamente que pudo por• Y quitamos los muebles sólo ese que el vestido era algo estrecho y tomó
d1a.
asiento al lado de mi padre que, en pie,
se dispuso a iniciar su discurso; éste fue
Todo estuvo listo pata el día y la alusivo a las virtudes y merecimientos
de mamá pero creí notar que hacía hin-

capié en lo que mi madre había resaltado de ella misma al hacer su requerimiento; así es que, aclaraba al final de
su breve discurso, por todos esos motivos era de justicia hace1Ie entrega a la
ciudadana de esta medaJJa que simbolizaba ese reconocimiento a todo lo anteriormente mencionado.
Mi madre se puso de pie para que le
colocaran en el pecho la medalla que
mi padre había mandado hacer fundiendo alguna medalla escolar de nosotros
y que atrás llevaba no sé qué secreta
inscripción. Al recibir su medalla mi
madre no pudo evitar el dejar escapar
una lágrima, pero se recuperó rápidame~te y dijo que ella también quería
dec1r unas palabras. Su pequeño parlamento fue muy emocional y altisonante, no pudo evitar en él algunos
gestos y braceos que parecían copiados de algún discurso oficial, se dirigió a los oprimidos de la tierra, como
yo, dijo, y les recomendó - supongo
que en abstracto- que no creyeran ni
se dejaran envolver por sentimentali&amp;mos o falsos reconocimientos, que lucharan, que no cedieran, etcétera.

Total, que después de la ceremonia
nos miramos mutuamente los organizadores con la triste expresión de no haber logrado darle gusto a mamá.

�SIEMPRE HAY UN TIEMPO
PARA TODO
(Variaciones sobre algunos poemas de Andrés .Huerta)

Jorge Roberto Chávez Rodríguez
Siempre hay un tiempo para todo.
Para escribir de Pedro Garfias su elegía
y prometer la luz de un cometa ciego
y sonreir y dormir y esperar
los meses de la fruta.
Siempre hay un tiempo para todo.
Para decir un adiós a la tristeza
escuchar la lluvia cantar en el tejado
y escribir sobre la espalda de la amante
un te amo infinito
al contar los lunares de su piel.
Tiempo. . .
de escribir la historia de tu rostro
y encontrando un día el horizonte
caminar detrás de ti
sin saber que alguien te sigue.
Siempre hay un tiempo para todo.
Para escuchar el mensaje dicho por el viento
para tener un secreto y no contarlo
nunca a nadie.
De esperar los veranos girasoles
y sintiendo el entusiasmo de la noche
amanecer en otra cáma
bajo otro muro bajo otro cielo.
y al final. . .
contemplar pasivamente
cómo el tiempo devora mis poemas.

RESCOLDO
Aunque es indiscutible el oder
.
.
convertir en ceniza cualq!e , q_ue tiene el tiempo para
fuera llamado a descubir u r pagina, es el hombre quien
luminoso que nos dir'
na y otra v1z el rescoldo: guiño
,ge nuestro semejante desde el ayer.
El doctor Dietrich R k
l!':rziehungsinstitutione aduc Azes O'.k•tor de. Die offentlichen
n er
te en· eme Q JI
d
. , . púhl' ue en un
Sekundiirliteraturkrit1'k· La educac10n
l
aztecas: una crítica de las fu
. .1ca e!1tre os
daria (ITESM M
entes Yde la hihhograf1a secuneste libro tu'ero:npterrbel-'.' d1968). Las JX!rtes centrales de
its
u zca as en alema ("Q ll ,,
ekundiirliteratur'1
_0 8 1.. ~
ue en y
'Prólogo", "Bibliogr,~+'e,,;,,esP';.! ~}: . ~,,cia.les Y las finales:
"'R
'J,
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rreJacw
'lntr d ., ,,
esumen y conclusión" "A , d' ,,' R
o ucc1on '
este número el penúltimo ~pít~~: /ela.
b
eproducim_
~s en
e O ra en cuestwn.

�LA EDUCACION PUBLICA
ENTRE LOS AZTECAS

Dietrich Hauck
Ampliamente detallado hemos desarro- preaztecas de los altos valles y, adenllado un tema, atendiendo a todas las trándose más en la historia, eran probavoces que hasta la fecha se han ocupado blemente descendientes de los huaxtt&gt;de é~ así es que ahora puedo limitarme, cas. Esto parece comprobarse por sus
finalmente, a emitir una opinión propia. fiestas, sus costumbres, sus dioses, hasta
Para esto quiero proceder como Miguel por su indumentaria, porque el "pocht,.__
León-Portilla, basándome única y exclu- ca" típico, como lo muestran algunos
sivamente una vez más en las fuentes, tal códices con sus atributos, aparece ya en
procedimiento creo poder permitírmelo, los frescos de Teotihuacan, en donde,
puesto que la literatura secundaria ha según mi opinión, se encontró ya como
un cuerpo extraño en el sistema de cas-sido exhaustivamente analizada.
tas de esta ciudad, el cual se integró
En la introducción anticipé mucho también por procedencias tribales.
de lo que más tarde tendría que comDescendamos un paso en la jerarquía,
probar; allí mismo argumenté la razón
de este procedimiento inusitado. Empt&gt;- entonces nos encontramos con los "tolcemos entonces de nuevo por el punto teca", es decir los artesanos. También
principal del cual hablamos en esta éstos reclutáronse, opino, no de una triintroducción, es decir, por el punto de bu ñahua, sino de descendientes de popartida y desarrollo del Estado Azteca bla~iones subyugadas, culturalmente
y por el cristalizarse lento de las düt&gt;- más viejas. Pero los aztecas han de~arentes instituciones p6hlicas educati- do sin distinción con el término de ' tolvas, una parte de ellas ciertamente por teca", a quienes sabían manufacturar
imitación, otra eventualmente por in- hábilmente productos artesaniles, conscientes de una gran tradición; así que
vención propia.
no fueron estos "tolteca" exclusivamente
los descendientes de los históriEspero haber llegado a comprobar
-en l~parte anterior de este estudio, que cos toltecas vencidos, quienes también
la sociedad en el "Imperio" azteca fue habían sido incorporados como artt&gt;formada por castas -ningún fenómeno sanos en el "imperio" azteca. Porque
nuevo en la historia de la humanidad- cuando los aztecas habían invadido los
de la cual la clase superior, globalmente valles de la meseta, etnológicamente
hablando, había sido integrada exclusi- como última ola chichimecaf, en vervamente por lo general, por miembros dad no encontraron un pueblo cultude los clanes particulares de las tribus ralmente unificado que habrían de
aztecas. De esta casta surgió la clase su- subyugar, sino una mezcla de poblaperior, es decir sacerdotes, guerreros y ciones que se habían superpuesto crofuncionarios administrativos. Debajo, nológicamente estratüicándose. En
siguiendo una verdadera estratificación ellas los, momentáneamente más jóvenía probablemente la casta de los co- venes, ·vencedores, habían imitado e inmerciantes, estrictamente separada de la corporado a los subyugados por ellos
casta superior y de las inferiores, con sus con mucho éxito.
propios jefes, su propia jurisdicción mt&gt;Algo semejante aconteció con las innor, sus propias deidades y fiestas relifraestructuras,
integradas principalmengiosas, etcétera; gente que, refiriéndose
a su origen trib~ no eran aztecas sino a te por obreros y labradores, quiene veprimera vista, descendientes de los co- getaron fuera de la historia y que sólo
merciantes de las ciudadee-- estados en casos excepcionales -según mi opi00

,-4

nión únicamente en épocas de trami,
ción, es decir hasta el momento de
reconsolidación de la sociedad de
después de sobrevenir un cambio en
poderío de una tribu- se véían en 11
posibilidad de un cambio de su cllll,j
promovido por hechos extraordi ·
generalmente guerreros. Me imagino •
to de la manera siguiente: que cuandt
un "machual", «fe había servico coa
cargador en el ejercito de uno de los JII"
cursores de Moctezuoma II, podía
sualmente capturar a un enemigo,
alabado y aceptado luego en la
guerrera. Pero como lo acentué ya •
vez, parece como si no mucho ante&amp; tlt
la conquista española las fronteras enlll
las clases se hubieran nuevamente enit.
reciclo, debido a la consolidación pll'
gresiva del "imperio".
Tampoco creo equivocanne en IIÍ
criterio - fortalecido por Beuchatde más de cien calpullis de la Gra&amp;
nochtitlan sólo unos veinte eran ·
dos por aztecas. Ya una breve refl
sobre los hechos demográficos, es
que los aztecas no habían logrado
plicarse suficientemente en el brefe
so entre su inmigración a su s ·
bajo el agresor español, parece
mentar esta hipótesis. Además
que pagar año por año un elevado
to de sangre a causa de su guerrear
tante, a pesar de una tasa de au
enriquecida por la poligamia.
Pero como respetaron los dioses
los f ueblos por ellos subyugados, ·
porandolos, por el contrario, al ·
que los romanos, en su propio pan
así respetaron también las je
existentes en las provincias, cuando
encontraron una rebelión abierta;
camente se reservaron el derecho de
estricta vw}anci~ en ellas. ~or e~-'
aztecas sedentanos -no pienso 1111'""
clanes de otras tihus nahuas-

mente eran raros si no, lo ~ue es más
probable, enteramente ineXIStentes en
f. ciudades de los altos valles fuera de

.Tenochtitlán, como por ejemplo en .A2r
capotzalco, Te~coco, Tlacopan, Xochimilco, Huexotzmco, Cholula, etcétera.
Po~e en estos centros urbanos, quizá
habran operado sin disturbios las estra:
tificaciones jerárquicas tradicionales.
Para que este rígido sistema existente
en la casta superior fonnada por los aztt&gt;CII, no degenerara en

una consanguinidad

~fasta, se instituyó i'unto a la poligamia, que prac~caba a casta guerrera,
que_ las conc~mas no tenían que provemr ~esanamente de los mismos
tribale5: Y para evitar la decanoa ~e castigada la cobardía guerrera
en loe vastagos con aniquilación personal o al menos con muerte civil.

':1fl!'

• Pero ~nalmente no creo que los
tecu tuvieran que refugiarse frt&gt;~ue~temmte en semejantes drásticos
edios, pole separando el hecho de
;:.: ae ~u ~ ~esde la infancia a los
tía nea 818tematicamente en la valenguerrera Y en la tolerancia de fatigas Y toda suerte de dolores, se puede
atraer
la I tencion
" sobre la selección
biológica
v .
en esta raza. El conocido in~jor alemán del comportamiento
K0una de Lorenz
• , 11amo, la atención en'
leeció 1118. ~ obras2 sobre una sebu de•~J?1og1ca semejante en una tricual
~e Améric~ del Norte, la
enenu¡o mglos se VIO rodeada por
COntinU:,/ tuvo que hacer la ~erra
~ ente. Cuando a causa ae la
dígenu n forogresiva de todos los ineeta trib en 08 • E.y.A. repentinamente
. u se VIO desprovista" de sus
~ en ~se momento el instinto
en ~n,mbcnado por cientos de años
-- IIUe ros,
,1;~..: , h .
tao en vea d ha . se ~wº acia aden~ e CJa afuera. Los hombres
ª matarse entre sí. Y debido

duran:

a _que sobre el delito de matar a un
miembro de la misma tribu había esado . ante~ormente la pena 'del sui~idio
o~ligatono, la tribu se redujo muy rápidamente por autodestrucción. Parece
entonces que la valentía guerrera puede
no solamente
,
..
P educarse sino tamb'wn
propiciarse. or esta razón no creo que
entre los aztecas hubiera muchos fracasados en las batallas, como tampoco entre los espartanos O los vikingos.

!',- este factor de temeridad heredi-

~ se. ~adió en los aztecas la forma-

'º'

en ép?cas _lej~nas, la guerra no jugaba
todav: ~n. papel; los sacerdotes
eran m1Sl1lo tiempo también los jefes
de pueblos pacíficos. Cuando los nómadas pro~ed~~tes del norte adoptaron
esta mstitucion, no sólo la imitaron sino le sumaron una novedad: fonnadión
en la_ ~erra sagrada Y especialización en
rel~cion a que no ~ecesariamente desp~es de la educacion, los alumnos teman, que_ fungir como sacerdotes, sino
podian eJercer una carrera "seglar" com? _ofici~,es o altos especialistas en adrrurustracion. lSiento tener que operar
con tales nociones occidentales modern~, pero dado que nuestro lenguaje refl_eJa como en un espejo las circunstancias del momento que vivimos es tr _
tando de medir los estados de ~o~ d:l
pasado, un instrumento. incompleto.)

cion. ~tar, cuya meta casi exclusiva
s~
en el Telpochcalli, a la capacitacion de futuros guerreros -el rest
d~ l~ formación consistió en el apren~
dizaJe del ~tual religioso como baile y
~to- e igualmente en el Calmécac
solo c~n U!13 acentuación a la inversa;
es . ~ecir el aprendizaje de ceremonias
.•En ?l _Telpochcalli veo una institureligi?sas Y ritos ocupó un lugar más
c10n
m~ J?~en y extraña en su concepamplio que el adiestramiento para la
to
al
pn~?"º Calmécac; aquél me pabatalla. Pero como el hacer la guerra
rece
tarnbien,
como éste, de origen prt&gt;no era otra cosa, en el fondo, para los
azteca, pero opino que fue concebido
azte~ qu~ _la realización de un cert&gt;- por pueblos emparentados con los az.
m~rual, r~ligioso3' entre ambas cosas te~as, f!O.r así decirlo, por primos tíos
O
existe urucamente düerencia para el obmas VIeJOs. . ,(Semejantes instituciones
servador moderno, que trata de anali-casas para Jovenes soltero~ se enconzar los hechos.
traron y se encuentran aún hoy en un
~~do primitivo, entre algunas tribus de
Vamos ahora a pretender investigar mdios norteamericanos sedentarios ) A
el desarrollo histórico de ambas insti- est! teoría _me induce el hecho de ·que
tuciones educativas-problema que nun- vanos crorustas hablan de la existencia
ca podremos dilucidar definitivamente de Telpochcallis también en ciudades
porque. no contamos con la infonnaci6n fu.era de Tenochtitlan, en do~de otras
necesan!-i. enton~~ se puede estable- tribus nahuatlacas, no aztecas se habían
~er. ~ SigWente hipotesis formada r sedentarizado desde antes de 'su llegada.
~ndi,cios.: el tipo más antiguo de amhaa Por esto yo creo q_ue tenemos que ver
~tucionl)s, no solamente preazteca pro~ablemente también en los Telpoch810~ pro~ablemente también pretolteca
cal~ de los aztecas nada más que instiestá, re~~do en el Calmécac, el cual tuc!ones creadas sobre una hase de imisel'Vla ~&gt;ngmalmente a la finalidad de in- taci6n.
trodu_CJ_r futuI?s. sacerdotes por sacerdotes VIeJos ~a uuciados en los misterios
La finalid~d, de la formación de las
del culto, ntual y ceremonia. En el mo- escuel~
~on&amp;st1a, como ya dije, en primento en que esta institución cristalizó mer término
en la capacitación de futu-

:-ó

�ros guerreros¡ pero porque rápidamente
se podía ascender a "oficial" por la cap,
tura de enemigos y porque tales "oficiales" egresados del Telpochcalli fueron
utilizados como jueces y funcionarios
menores, cuando no se encontraban en
expediciones guerreras, se puede designar al Telpochcalli naturalmente también como un sitio dedicado a la capacitación para desempefi.ar tales puestos
civiles. Pero no creo conveniente hablar
aquí de una separación entre carrera
civil y militar, porque la una estuvo íntimamente ligada a la otra.
Como traté intensamente de demo&amp;trar en la parte principal de este estudio,
tanto a los Calmécacs como a los Telpochcallis en Tenochtitlan, exclusivamente tenían acceso los hijos -en menor cuantía también las hijas- de aztecas. Al contrario, los hijos de los artesanos estaban imposibilitados de ingresar en instituciones públicas de educación, así como los hijos de los comerciantes y con absoluta seguridad tampoco las de campesinos, obreros, pe&amp;cadores, cazadores, esclavos, etcétera.
El Código Mendocino nos muestra, de
manera convincente, que los "tolteca"
iniciaban a sus vástagos desde temprana edad en los misterios de su artesanía,
y Sahagún (II, p. 349). indica ~ue los
descendientes de los 'pochteca ' eran
llevados desde muy niilos a lejanas expediciones comerciales. lDónde encontrarían entonces éstos el tiempo necesario
para una fonnación que duraba afi.os en
dichas instituciones, en las cuales la sola
falta eventual durante las actividades,
fue duramente castigada? Además con&amp;ta en varias fuentes serias que los comerciantes nunca se vengaron, cuando habían sido atacados o asaltados en un
pueblo enemigo, sino recurrieron para
ello a guerreros de profesión. Un indicio
más para mi hipl&gt;tesis.

Por lo que se refiere a los vástagos de
las clases inferiores, estoy seguro que los
padres nunca se hubieran podido permitir económicamente el lujo, de pre&amp;cindir durante largos afi.os de la colaboración activa de los hijos en las tareas de
la agricultura o en otros quehaceres manuales.
En las otras ciudades de los altos valles las fronteras entre las castas tribales
muy probablemente aparecían también
muy marcadas. Tanto el conjuro de las
deidades como el guerrear fue relegado a
quienes tenían que aprenderlo y posteriormente ejercerlo a causa de un ordenamiento establecido, a cuyo efecto sólo la adherencia tribal determinó &lt;{uién
tenía que ejercer tal o cual actividad.
Casi automáticamente se piensa al observar dicho ordenamiento en la historia de
la India, sólo que en el México precortesiano las invasiones y cambios de poderío tuvieron lugar más frecuentemente.

bre las circunstancias en otras ciudadea
de los altos valles, tenemos que limitu,
nos por desgracia casi exclusivamente a
los Calmécacs, Telpochcallis, Telpom,
pans y Cuicacallis en la Gran-Tenocldi,
tian.
Preguntémonos primeramente por f1
número de Calmécacs en la ciudlll.
Sah~n indica seis y los nombra¡ p«o
quizas había a4tunos más, si quereme1
confiar en el "Conquistador Anónimo",
Probablemente eran de diferentes tama,
ños, el más grande seguro se enconll6
junto al templo mayor, pero muchae
cronistas concuerdan en que ningmll
podía albergar más de cincuenta alua,
nos. (Los resultados de las excavo
nes muestran asímismo que se trat8I
de construcciones relativamente peque,
ñas.)

Eran admitidos en estas instituciolll
en primer término los hijos de la arilllocracia azteca que generalmente •
destinados para ello desde la lactad
Las contradicciones que en este a&amp;- Pero en casos excepcionales parecen»
pecto encontramos en los cronistas, se her sido aceptados hijos de la casta g,,
explican primeramente por su inseguri- rrera azteca. Era causa de un fan cet
dad frente a todo lo nuevo, inusitado, a monial la dedicación al Calmecac y lill
lo cual se veían enfrentados, pretendien- padres tenían que ofrecer ricos p~
do encuadrarlo en esquemas habituales; tes. En lo que se refiere a la edad de•
y en segundo lugar, en nuestro caso e&amp;- greso, los cronistas se contradicen; •
pecífico, por el hecho de que tampoco gún mi opinión esta edad fluctdl
en Espafi.a en esta época existía la obli- entre diez y quinee afi.os. Es cierto f'
gación de asistir a la escuela y ni siquie- los vástagos de padres influyentes fl"
ra los mejores cronistas como por ejem- han de mejor trato en los Calmécacsqat
plo Sahagún, aventuraron la idea de que el otorgado a hljos de guerreros m~
se podrían interpretar un día los relatos importantes. Ya a su ingreso los pdllt
procedentes de sus informantes, de tal ros recibían un pectoral distinto .~•
manera de descubrir en ellos una obliga- los se~ndos. Esta línea separatona ~
tamhien observada por los alumnos ffil
toriedad.
mos, porque aquellos cuyos padrea
Después de haber aclarado, cómo se podían ofrecer continuamente ricoe
desarrollaron los hechos sociológicos, se- sentes, eran con frecuencia m
gún nuestra opinión, podemos entrar en por sus condiscípulos.
detalle al referirnos a los dos tipos de e&amp;Las hijas de los aristócratas fa
cuelas. Debido al poco conocimiento so-

admitidas en tales instituciones de formación, dedicadas a Quetzalcóatl, sólo
en casos extraordinarios y únicamente
cuando habían sido destinadas por algún
voto materno. A tales futuras sirvientas
de los templ_os les fue hendido el pecho
antes de su mgreso a la institución. Normalmente parece haber sidc regla en todas las castas el educar a las jóvenes en
el hogar.
Para los internos de lo.s Calmécacs en
Tenoc~titlan h~f~ dos caminos: o permanecian como siervos de los dioses"
d~sp~és de haber ascendido la escala je'.
rariruca hasta el sacerdocio completo y
t~~1an entonces eventualmente la posibilidad de encumbrarse en esta actividad O egresaban, una vez alcanzada la
ed~d del matrimonio. No sabemos si se?1~~n~e opci?n era relegada a la propia
IDici:itIVa º. s1 los padres previamente la
hab1an elegido.

~?, parece que necesariamente todos
1os ~os de la aristocracia azteca hubiesen Sid0 envia
· dos a un Calmécac· mu.
chos
cursab
. , en alguno
'
d l
an su educac1on
e os numerosos Telpochcallis, existenlos ap~oximadamente veinte calp s de la ,cmdad habitados por aztecas. Quedara oscuro para siempre el núd~ es_tos Telpochcallis, debido a las
co !:diccwnes de los cronistas. Tampob
en¡os sobre qué puntos de vista se
d~on os, padres en su decisión para
esignar cu~ de sus hijos debía asistir a
una ulaotra
., p
que
d .mst'tu
I. , cion. odría suponerse
de q l eSignacion partiera del criterio
ue a madre fu
·
·
concubina·
. ese mu1er prmcipal o
preferente~~ ~ienfque los primogénitos
para el C hn ;1 e ueran determinados
cionado
ccac. E~ todo caso el mentlipoca, d~ ; chcall~, dedicado a Tezcaténnin
considerarse en primer
futuro: como un lugar de formación de
destinad guerreros y según esto estaba
o con preferenc1.a a los h11os
..

~nt

::ro

T

6

~e la casta ~errer~ azteca, que a los hiJOS _de la ar1~tocracia. Una piedra preciosa _mtr?du~1da en una perforación del
labio mfe?or, re~zada en temprana
edad, tem~ el. mismo s~ntido que en
nuestros dias tiene un anillo de ingreso
en un colegio.
Para las jóvenes había instituciones
paralelas, los Telpochpans, que sin embargo, no er~n muy numerosos por las
razones patnarcales antes mencionadas.
Los cronistas concuerdan al afirmar
q~e también- en los Telpochcallis exishan grandes diferencias por parte de
ed_ucadores y educandos en el tratamiento ~e los alumnos, respectivamente
los condiscípulos, según la posición de
los recíprocos padres en el orden de rangos azteca. Los instructores de las escuel~s de guerra eran -al contrario de
los Jefes de los Calmécacs- exclusivamente ameritados jóvenes guerreros que
se veían precisados a abandonar sus
puest~s como maestros después de su
casalillento; y todos los alumnos eran
obligados a abandonar los Telpochcallis
al, alcanzar cierta edad límite en que dehian casarse.
Ocupémonos ahora una vez más en
detalle de los campos de actividad de
educadores y educandos en ambos tipos
de_ escuela y tratemos de reconstruir
pnmeramente la secuencia diaria de los
mternos del Calmécac: después de levantarse de los petates, espartánicamente
duros, donde habían pasado algunas ho~as_ de la noche durmiendo, cubiertos
urucamente con lo más indispensable,
emp~zaban los alumnos con su primera
actmdad que consistía en el barrer ri~al de los templos, después de haberse
pmta~,º el cuerpo entero - como hacían
tamhien los ancianos sacerdotes- con
un color negro, el cual había sido elaborado durante la noche por los novi-

cios más jóvenes. Posteriormente eran
separa~os e?- varios grupos, después de
haber :mgendo un frugal . desayuno: algunos tenían que acarrear madera d 1
haber mg~n
.
ºd un frugal desayuno:e alas
gunos teman que acarrear madera de las
montañas para los fuegos sagrados otros
ramas para la decoración de los l~gares
de veneración, otros más puntas -de maguey para los ejercicios de penitencia.
Otr? grupo -en casos necesarios- era
d~Jignado a cooperar en la construcc1on de edificios públicos. Además
consta en fuentes seguras que todos e;
t8?an obligados a aprender una artesama Y_a pesar de que ningún cronista lo
menciona, yo puedo imaginarme que
fueron también adiestrados en el uso
de las armas. . La comida espartánica
con que se alimentaban, . provenía ya
fuese de_los tributos o bien de terrenos
pertenecientes a algunos templos, cultivados por c~,resin?s semilibres (mayeques). Muchisuno tiempo se dedicaba a
las ceremonias: incensar, tocar instrumentos sagrados, tomar baños rituales,
lacerarse en lugares solitarios asistir a
los servicios dedicados a los' dioses 0
cooperar en la organización de la muchedumbre de fiestas en honor a ellos y
no en_ r~as ocasiones, participar en la~
expediciones guerreras.

°

. En lo que se refiere a la preparación
mtelectual, de la que se habla exageradamente en la literatura secundaria he
)legado ~ conclusión de que se r~duJO a r~tonca, astrología, interpretación
de ~~enos, cuenta de los días y mcmori~acw~ .de cantos religiosos. El pintar
1eroghficos sobre piel de venado creo
que era un privilegio conferido a una
casta de art~~nos. ~~almente, al parecer, se enseno tamb1en a los internos
una e~p~cie de historia y geografía, el
c?noc1m1ento de leyes y nociones básicas de ta administración.

!ª

�Se exigía en primer lugar absoluta timos -a diferencia de los internos de
obediencia, represión de toda manifes- los calmécac&amp;-- estaban a merced de sus
tación de dolor, frecuentes ayunos, au- padres.
tohumillación y castidad. Esta última
Muy frecuentemente se encontraban
disposición fue válida sin excepción pa- en expediciones guerreras, primero como
ra los dedicados de por vida al servicio mecapaleros, luego como guerreros conde los templos y temporalmente para los sumados y - cuando habían logrado haque egresaban una vez alcanzada la edad
cer cautivos- como oficiales. Para alcandel matrimonio. Consciente o incons- zar esta actividad eran naturalmente
cientemente, con esto se lo?°ó en esos adiestrados con intensidad en el uso de
hombres una sobreexcitacion nerviosa las a~as comunes de los aztecas. Su
que tuvo que resultar altamente útil juventud transcurría muchos menos aus-considerando la visi6n azteza del tera que la de los discípulos del Calmémundo- para los sacrificios y las expe- cac, porque la laceración a que estaban
diciones guerreras. Según las más sometidos, era menos frecuente y ademodernas investigaciones en el sector ae más servía más bien al endurecimiento
la psicología sexual, parece haberse del cuerpo y a la tolerancia, sin lamentacomprobado que la abstinencia en ese ción, de toda suerte de dolores, que a la
aspecto suele liberarse en la mayoría de penitencia en honor de los dioses. Tamlos individuos en un exagerado instinto
bién parece haber reinado entre ellos
de agresión4.
un tono ordinario, áspero y nada aristocrático, y su comportamiento se consiA propósito de las pocas instituciones similares existentes para las jóvenes deraba como poco refinado. Al parecer
su disciplina, en muchas ocasiones, dejó
en los templos de Tenochtitlan, creo
que el enfoque y las metas de la educa- qué desear.
ción eran muy semejantes. Por desgracia
Por la noche se dirigían j\.\ntos a un
no estamos suficientemente bien inforCuicacalli donde efectuaban, durante
mados sobre ellas por los cronistas.
horas, bailes y cantos rituales.
Una vez más volvemos a los alumnos
Notamos que su forma de educación
de los Telpochcallis. Estos dormían en se diferenciaba, como por un abismo, de
el Telpochcalli o bien -cuando ya se la impartida en los Calmécacs, con cuhabían destacado como guerrero&amp;-- con yos internos no se entabló ninguna agrasus concubinas. Por la mañana tenían dable relación. Las aversiones instintivas
que formarse para la recepción de órde- estallaron una vez cada año en ocasión
nes donde se les informaba en qué tra- de una pelea ritual entre los alumnos de
bajos serían empleados durante el día_
En tropas partían después como servi- ambas instituciones.
dores públicos para cooperar activaAquí, al terminar mi estudio, se ofremente en la edificación de construccioce naturalmente la posibilidad de buscar
nes de uso común -como templos, pa- material de comparación con sistemas
lacios, acueductos, canales, puentes
educativos estructurados en fonna seme,
etceterao marchaban hacia las mon-' jante entre culturas indígenas altamente
tañas en busca de leña. Fue concedida desarrolladas en el continente americano.
gran importancia a la resistencia física
Pero la empresa no es nada sencilla, pordesplegada en la carga de grandes pesos. que de los incas, en este sector, todo nos
(N
Para su alimentación y vestido, estos úl(N

ea deeconocido
ª,,..__ conocumen• •
tos
a ro , . y nu=nos
voe e!trei¡srto de los métodos educatiy
os mayas, se agotan en breves

~ ~~ºÉ:

Di~e
obs~rv~ciones de
ron tamh"•
esta ultuna existie· lO XV dos tipos
.
escuelas, 1en
d en el sig
de
formaci . ~ 1as cuales la una sirvió a la
civil
e sacerdotes y mandatari
ea y otra -al
.
os
por los toltecas- ¡ar?cer mtroducida
guerreros. No se
edicada a futuros
más a este res pue?e agregar mucho
supen'or de 1 pecto, smo que en la casta
os mayas 1 .,
todas enviadas amb' • as Jovenes fueron
cas.
t
ien a escuelas públi-

º1aº

Hemos llegado al final
tor no se la hab .
. • Al atento leccho de que
~ podido escapar el hede sacar a luno 80 0 perseguí la finalidad
el tl'anscursoz en todo~ sus aspectos, en
con las fuente/;1ull: mtensa polémica
un ISpecto par iala d eratura secundaria
teaiana -es dec~ ~ la historia precor~
tivas de I
Ir las mstituciones educaos aztecas- smo
· que insistí

particularmente en demostrar co 1
ayuda de esta
.,
. , n a
fundidad
po~ion estudiada a pro. . , que existen todavía extraord.manas
. .
l' . 1a~as en el conocumento
socio o~co, etallado de las grandes culturas md1genas. y sin
, co, embargo, aun
nocemos mucho mas acerca de los aztecas que a propoSito
, · de todos los otros
p
ero una vez que se penetra más a
do, en estos problemas, sin contentarse
con una mera pincelada a grandes rasgos, uno se enfr?nta, por todos los ánrolos, fuon amplios espacios inexploraos y era de nuestro saber -ines era
damente también a propósito de licul:
tura azteca• ,
tall
,
' con un Sinnumero
de dees aun !1º resueltos. Por esto creo
due, no ~ria exagerado afirmar ue todavia vana~ generaciones de inJestigaores estarán en el futuro intensamente
ocupados en aclarar aspectos soc· l' .
cos
10 ogique apai:entemente se nos muestran
cd?mdo conocidos y suficientemente estu
1a os.
-

fo;

NOTAS
l. norte
Acercasob
de la expansi6n de los nómadas del
tual,
rée grandes partes del México aoencu ntranse intere t
hbro· Chich · é I
san es datos en el
Am,;:.e (Saltunill cat., por]. de Je~s Dávila
06 =•
o, 1967).

2.

f::ntS6,esnon.
!~na~nte B_ose.. Zur Naturguchichte
Viena, 1965.

3. Vé~se para esto el Códice Mend .
peciahnente el folio 64'verso 1 b.ocmo, e94. Particularmente instructivo
los resultados de la inve&lt;+;.,s ci61:°e parecen
mann Gl
º"óª
n de Heraser, los cuales hace constar
una obra titulada: Ero, und R l'
_en
,~zialpathologilche Untermch: ,tik. Eme
c1da en Colorua en 1967 E ng, apar&amp;cuentra también una poi' . . n ella se enlo que se hab ,
. enuca sobre todo
1ª escnto anterio
propósito del tema.
nnente a

�DOS POEMAS

Armando de · León
hazla trizas con tu pinza prieta
RONDA AEREA
A Vicente Aleixandre

Querido canto
que brillante rompes la tarde acerada
Nubes de metal rojizo
Camarón
Pájaro alto
muy lejano
portentoso
Nadie te ve
nadie te sabe
Pero una vpz
-la tuyaque no escuchas, es
instante a lo lejos
Curvatura celeste
Horizonte henchido
como plumas de ave
en sacudida.
como batalla de palo.mas
Son las incalculadas horas
las que hacen tu sueño
¡Picotea pajarraco!
Picotea esa piedra inútil

Escarba hacia el corazón de la tierra
y detén tus sentidos
Más bien tu único y confuso sentido
que juega a cinco
o mil percepciones
Ahí
allí, como la luna
como las nubes sombrías
como el tormentoso romper de olas
gira

¿Qué piedras o qué soles

qué granizo o silencio mortuorio
miden tu rosa de los vientos?
¿Qué corazón como el mío

sirve una nota, apenas
al oscuro juego de tus embelesos?
Pájaro amante
señor del sueño
Querido canto
que brillante rompes, quieta
la tarde acerada.

Sube
sube hasta el respiro
Hacia mi frente calurosa
Sube como un montón de vidrios
que estorban _al pecho anhelante
Calla el frío
Aguanta esa lluvia que es presagio
Cirros inmensos
que como árboles af\ejos
susuhan a los prados
Sí, sí
aléjate
Pues ¿quién te ata
a ese nogal indiferente?
N)
C,11

�ABANICO

SIN SONIDO
a Juan José Matamoros

Algo bate sus alas en el fondo del tejado
se mueve
y yo puedo verlo
(Escucho)
A la luz de la mañana los aletazos estentóreos
(Dormido)
Pienso en el polvo que va cubriendo
los rincones
los r~cuerdos
los sueños
Una llama se extingue poco a poco:
la del amor
que cede al silencio
Y en esta flébil, opaca visión
otra se aviva...
(Nos acabamos en la sola presencia) .
Amigo mío:
un pájaro no sueña con su causa.

�EL AMOR COMO ALUCINACION EN
LOS PILARES DE DOÑA BLANCA

..

Carmen Alardín
El teatro de Elena Garro tiene verdadero
derecho a llamarse de " vanguard'1a" . An·
tes de que Ionesco estrenara Los rinocerontes, la Garro había publicado Ventura Allende, en donde trata el tema de
la bestialización.
Aunque en la autora se adviertan ciertas influencias, la creación de esta dramaturga es una de las más personales de
la dramaturgia contemporánea. Ciertamente hay algo del teatro del absurdo
en Los pilares de Doña Blanca y en Andarse por las ramas, pero conserva una
línea lógica de acción y mucha credibilidad en los diálogos. Hay algo de las
tendencias existencialistas en La señora
en su balcón. .. pero una dosis mayor
de poesía que en cualquier texto sartriano.

Los personajes son simbólicos desde
el comienzo: Doña Blanca y Rubí, Cuatro Caballeros, y el Caballero Alazán,
son de por sí números importantes en
la Cábala. Y no desechamos que la autora haya tenido conocimientos esotéricos, ya que su padre se dedicó durante
su vida a las distintas ramas de la teosofía.

Los pilares de Doña Blanca ha sido
estudiada especialmente por Frank
Dauster, quien advierte en ella "notorias referencias de tipo freudiano y
jungiano". Nos señala los indicios de
naturaleza sexual, pero a nosotros nos
paroce que esta obra es mucho más
rica en otras interpretaciones que van
más allá de un contexto psicoanalítico.

rando el milagro. El tercer caballero ea,
cama el amor experimentado, el que ha
recorrido muchos caminos y continía
buscando el ideal. Ella dice que es •
corazón de pobre, porque se ha empo,
brecido de tanto dar y dar sin recompasa alguna. El cuarto corazón ya eali
más allá de todo, este caballero ha •
cumbido y se ofrece a sí mismo, o lllÍI
bien, lo que resta de él.

Los personajes en "Los pilares de Doña Blanca" no son caracteres en el sentido aristotélico, sino "presencias" que
simbolizan diferentes estados anímicos.
La personalidad de Blanca es definida, a pesar de su mágica ambigii~dad;
típica de muchas mujeres que siguen
buscando insaciablemente el amor, a
pesar de que aparentemente ya lo han
encontrado, pero se complacen en ver
rendido a todo caballero que pase cerca de su puerta. La autora sugiere el viejo refrán que dice que " ...todo aquél
que juega con fuego llega a quemarse".
"Blanca: Quiero ver tu corazón en
llamas. ¡Préstamelo! lQuiero arder de
arriba a abajo... ! ·M1 llamarada sobre
la torre iluminaría Ía ciudad! Préstame
tu ardiente corazón."

Es verdad que hay un intento de violación en el hecho de romper los pilares, cierto que Doña Blanca lleva la
etiqueta de la pureza en lo blanco del
nombre, pero también cabe señalar gue
el teatro de la Garro es un teatro de unpulsos, de instintos, que compendia toda esa magia que va más allá de una clasilicación.

Pero Doña Blanca, a pesar de tener
una tipología definida, no es más que
una alucinación, y los intertos de amor
caballeresco de sus pretendientes son
vanos anhelos que no se cumplen. La
autora sin duda quiere decimos que el
amor es uno de los "absolutos" imposibles de llevar a cabo en la realidad inmediata.

Los diálogos en el teatro de Elena
Garro tienen multiplicidad de sentidos,
y con esto se cumple una de las mayores funciones del género dramático, que
es la de ayudamos a aclarar y liberar
nuestros impulsos.

Los caballeros que pretenden a Doña
Blanca simbolizan distintas etapas del
amor: El primer caballero simboliza el
amor fogoso; el segundo, el amor sublimado, amor fantasmal que traspasó los
límites del desencanto, que siguió esp~

Blanca, como la mayoría de las maje,
res, provoca el incendio y después huyt
de él; es asimismo como el aprendiz de
brujo, que se arrepiente de haber dat
tado los hechizos.
El último en aparecer es el C ~
Alazán, quien viene a despertar emili
por su fuerza y decisión, y porque 11t
brá de romper los muros .que r e ~
a Doña Blanca. La consigna def quillt
Caballero es la que ha regido al amor•
téntico desde siempre: La de encontrase a sí mismo en el ser amado. Cuaaa
Blanca le pregunta qué es lo que h-.
él responde:
"Alazán: (Humildemente) Me ballll
ami., "
El hecho de que este Caballer? !'JI
derribando pilares hasta llegar al últdli
se asemeja al simbolismo total del dft
en donde nos vamos despojando ~e~
táculos hasta quedar sin nu.Sólo que en la farsa poética
Garro, cuando los amantes de
contrarse por fin, se ve que no h
tes, que todo fue una ilusión. ¡
te el cauteloso engaño del sen
que hablaba Sor Juana Inés de
"Voz de Rubí: -" ¡No hay
¡No hay Blanca! ¡No hay Rub1~
era el reflejo de un espejo. Aho~ 11
roto y ya no somos más. Sus ast

flejan otros soles."
Después de esta búsqueda infructuosa, el público esperaría un retorno a la
realidad. Pero aquí no hay vuelta al
mundo cotidiano. El Caballero Alazán
sobre los despojos de lo que fue la ilu:
sión de Doña Blanca, comienza a fabricar una nueva alucinación:
"(Sobre uno de los fragmentos del
espejo aparece una paloma. Alazán la
coge y la posa sobre su lanza y la contempla.)
"Alazán: -Ven aquí, copa de espuma, fonna_ perfecta del granizo. Entra:
Que te reciba mi corazón. (Se la guarda
en el pecho.)

La autora nos confirma con esta obra
que una ronda infantil es un cuento de
nunca .a~ar. Siempre tiene implicacio~ magicas, Y lo que aparentemente po~• ~~ una historia deleznable, es el
~:;cip10 de muchas búsquedas, ya que,
d ~ fragmentos de un espejo roto po~m~ yolver a fabricar imágenes, t~das
unagenes que sean necesarias para
encontramos a nosotros mismos.
Dona Blanca, una vez desaparecida
se convierte en paloma, como ocurri6
~n aquella doncella protagonista de
ded amor, quien después de hama dui O el escolar, regresa en la for.
La autora
n de una paloma mensajera.
emu~ra una vez más que el teaea un jUego intemporal, y que e&lt;·
moentod08 l .
,
esbozad
os Juegos, encontraremo.,
mana, '! lo es.encial de las actitudes hutos \ 10 mas teatral de los sentimienguen4:ie :111 movido al mundo y nos siPin....:_ OVJendo a todos nosotros. Las alu--..unes del amor.

herró.~

i:

�LOS PILARES DE DOÑA BLANCA

Elena Garro

1

l

Personajes:
Blanca
Rubi'
Cuatro Caballeros,
y

El Caballero Alazán

l

l

(Un cielo azul claro. Una torre, rodeada por una muralla so1tenida por
enormes pilare,. Silencio. Blanca asoma por lo alto de la muralla. Mira en
toda, direcciones, haciéndose una visera
con las manos.)
Blanca.- ·Nada!
Voz de 'R.ubi:-(Desde dentro) ¿Qué
buscas, Blanca? ¿Qué miras con tus
ojos redondos de paloma?
Blanca.- jHorizontes! (Sigue mirando.)
Rubf.- ¡Hlancaaa!
Blanca.- ¡Ya voy, amor! (Salta encima
de la muralla, y &amp;e ¡xuea alrededor de
la torre. Abre su sombrilla !Oja.)
Caballero I.- (Entrando) ¡La luna, con
el sol en la mano!
(Blanca lo mira y &amp;onríe.) ¡Tanta
luz! ¡Tantas luces!
Ardo: ·me deslumbrn!
Blanca.-dugando con su sombrilla) ¿Y
no te da miedo quemarte, hermoso?
Caballero I.- Mi corazón no cesará de
arder por ti, reflejo de reflejos.
Blanca. - ·Y si te incendia todo? ¿Sisólo que~a de ti un montoncito de cenizas?
Caballero l.- Mi corazón es incandescente.
Blanca. - ¡Quiero verlo! Prenderlo a mi
pecho, iluminando mi garganta. . .
Caballero I.- Es tuyo, Blanca. Baja por
él.
Blanca.- Nunca podré salir, ni bajar de
esta torre. Mi marido la construyó
para guardarme. Catorce muros que
envuelven otros catorce .muros me
defienden.
Voz de Rub{.- ¡Blanca! Cuello de palo-

ma, ¿qué haces?
Blanca. - ¡Ya voy! Estoy viendo un pai
saje incandescente! (Hace ademán
de irse.)
Caballero I. - LNo desparezcas todavía,
las llamas de mi corazón amenazan
matarme!
Blanca.- (Volviéndose hacia él): ¡Amo
el fuego! Soy como las salamandras:
no me quema.
Caballero I. - Si tocaras mi corazón, ar•
derías de arriba ahajo.
Blanca.-(Sentándose en la muralla)
¡Quiero ver tu corazón en llamas!
¡Préstamelo! 19uiero arder de arriha abajo! Mi llamarada sobre la torre iluminaría la ciudad. ¡Préstame
tu ardiente corazón!
Caballero I.-(Se saca el corazón, en el
cual arden tre, llamita,: una azul,
otra roja y la última blanca) ¡Tómalo, Blanca! (Extiende la mano
ofreciendo el corazón. Blanca trata
de alcanzarlo sin conseguirlo.)
Blanca.- ¡Echamelo!- No se me escapa•
rá: de nii'la jugaba muy bien a la pelota.
Caballero I. - (Lanzando el corazón)
¡Ahí va, bólido, cometa!
Voz de Rub(.-Blanca, ¿qué haces?
Blanca.-(Cogiendo el coraz6n) Cazo
cometas en el aire. (Mira el corazón.) ¿Quieres que arda por la cabeza? (Se coloca el corazón en el
pelo.)
Caballero 1.- ¡Sí, que arda tu divina
cabeza!
Blanca.- (Ouitándose el corazón del
pelo) Mejor empiezo a arder por los
pies. As1, cuando el fuego llegue a
mi garganta, tendré un hermoso collar de llamas. ¡Nadie habrá llevado
alhaja tan peligrosa! (Coloca el corazón en la hebilla de su :zapato.)
Caballero Il.- (Al entrar, saca su corazón) Blanca: deja que mi corazón
arda en tu incendio. (Lanza su corazón, di,co de plata. Blanca lo co-

ge al vuelo.)
Blanca.- ¡Este es un corazón plateado!
Caballero II.- Ya no queda de él sino 11
fantasma.
Blanca.- (Mirdndolo al trasluz) ¡Qá
pálido! Parece una luna disecadL
Caballero II.- Hace ya mucho que•
jó de latir. ¿Recuerdas la pl'ÍIIIIII
vez que pasó por esta muralla? O.
de entonces la sangre lo ha aban•
nado.
Blanca.- ¡Pobre fantasma! Estará a
migo hasta que arda mi rizo últia
Después, almas en pena los dos, a,
mos a espantar a los arrieroe del •
mino.
Voz de Rub(.- ¡Blanca, paloma reflejt,
, , ¿que'haces.?
da en un no.,
Blanca.- {Prendiéndose el corazón ;
pecho) Adornarme para ir al aá
allá.
Caballerolll.-(Entra y apmuraOOlflllo
te saca ,u corazón ya muy viejo, p
tiene la forma de un zapato •
Lo lanza y Blanca lo recoge.)
Blanca.- ¡Qué humilde! Es un conaá
de pobre. ¡Ven aquí, que no por•
dejarás de arder conmigo!
,
Caballero III. - Esperaba ese gesto de 1
Mi corazón ha caminado mucho, ..
dado mil vueltas a tu torre y a •
rostro. Se ha perdido en el b08(j08•
tus cabellos, ha recorrido los _..
ros azules de tus sienes, el borde•
musgo de tus párpados, el mapaill
nito de tu frente, el jardín submdl
de tu oreja, la profundidad de lOI
lles de tu mano, la pendiente v
nosa de tu empeine, los arcos
de tu espalda. Y a fuerza de andlr
andar por los caminos dibujadOI
tu. voz, se ha ido gastando hasta•
vertirse en un zapato viejo.
Voz de Rub(.- ¡Blanca, baja,
triagan tus pies rosados de
Blanca.- Llegaré a ti con un
vi.:jo que conoce los vericuetol
mis palabras y los parajes sec

las plantas de mis pies.
Caballero IV.-(Entrando precipitadamente) ¡Antes que desaparezcas oh
huidiza, acepta también mi ofre~da!
(Se ,oca el corazón, que es un pan de
muerto ~on dos velita, y lo lanza.)
Blanca.- ¿Tiene canela? (Le da un mordi,co.)
Caóallero_ IV.-Tiene todas las especias.
Yo nusmo lo hice. Tus desdenes lo
mataron y con sus restos preparé esta ofrenda de Día de Muertos.
Blanca.-Ahora arderá conmigo, arderá
con nosotros. (Se pone el pan como
corona.) ¡Esperemos el incendio!
Voz de Rub1:- Blanca, ¿qué esperas?
Blanca.- ¡~pero el fuego! ¡El fuego!
.Ardere como una pira sin Santa
Juana! (Mira en silencio a lo&amp;cuatro
cab~ro, que la miran.) Siento un
calomto en el empeine. ¿Ardo?
Coro de caballero,. - ·Sí! .Arde Blanca•' 1·Arde.'
'
'
,
Blanca.-;-En la seda de mi media hay un
bunuto.
Co"! de caballeros.- l~de, Blanca!
,1Ardamos todos! ¡No hagas más
wga la espera! (Saltan de entusias~0·) jQue arda la torre! •Que arda
cm ad! ¡Arde, Blanca, aide!
Blanca.
·Rub111
,,,• jSocorro! ¡Estoy en
__
11 - ,

-··

RubL-fA
b parece so bre la muralla con ,u
ca. eza de caballo. Los caballuos se
nuran entre s,; se quedan silencio,os
ª resguardarse bajo la muraBlan ) ¿Donde está el fuego?
R bC;O--(Mostrdndole el pie) •Mira!
Y apga el corazonc~to en
•
ra apenas la chispita de un
;lprro. ¿Eatabas fumando? (Rubí
'fe a Blanca de la mano y desapa~dentro de la muralla. Un insla ,:mb e~pués, Rubí vuelve y recoge
donat1a.ri~ que hab~a quedado abano,c
escenario queda casi a

fI:ºrre~

"~;°~la

:n

Lo uro,.)

• eoballero1.- Se cogen de la mano

'

hacen la ronda y cantan:

el rostro y la mira a su vez.)

Dof\a Blanca está cubierta
de pilares de oro y plata
romperemos un pilar
para ver a dofia Blanca.

Blanca.-(Sonr(e) ¿Qué deseaba? Aquí
no hay entrada y mi marido olvidó
poner un aldabón. No recibimos visitas. (P~usa.) ¡Qué hermosa cola alazana tienes! ¿Es el camino por don¿Quién es ese. . .?
de se pone el sol? (Alazán no contesta; la sigue mirando.) ¿A quién bus(Al decir esto se interrumpen, pue,
cas con esos ojos terribles?
entra a escena el Caballero Alazán, con Alazán.-(Humildemente) Me busco a
su hermosa eola dorada. En la mano llemí.
va una lanza. El Caballero Alazán mira Blanca.-Pues sigue las huellas dejadas
en torno suyo, caracolea un poco mosen el polvo por tu hermosa cola de
trando la tupida crin de la cola y 'queda
oro.
frente a la torre, con su lanza en ristre.) Alazán.- Hace mucho que descifro el la~erint? escrito por ella. Todos esos
Coro de caballeros. - ¿Qué busca este
Jero~1fi~os, trazados en el agua, en
insensato?
los Jardines y en el aire me han
traído hasta aquí.
'
(Alazán contesta con un golpe de Blan~a. - ¿_Y por eso golpeas mi casa?
lanza sobre el muro.)
Alazan.- liolpeo a este muro que me
cu~re _al mundo, que me aparta de
Voz de Blanca.- ¿Quién golpea las piem1 mJSmo. Debo ver qué guarda.
dras altas de mi casa?
Blanca.- Me guarda a mí pero no es a
Caballero l.- ¡Un indiscreto!
mí a quien buscas.
'
Caballero II. - ¡Un malnacido!
Alazán. - ¡Quizá! Para saberlo debo enCaballero fil.- ¡Alguien que intenta detrar.
rribar la obra de don Rubí!
Caballero IV. - ¡Un malandrín!
(Vuelve a dar de golpes.)
(Alazán da otro golpe a la muralla.)
Blanca.- ¿Es el tambor del Juicio Final!
Coro de caballeros.- ¡Un arrogante, con
rabo de, mamarracho! jNunca vimos
por aqu1 esperpento semejante!
Voz. de Blanca. - ¿Su figura es tan siruestra como sus golpes?
(Alazdn da otro golpe.}
Coro de caballeros.-Peor que un sicofante disfrazado de filólogo.
(Blanca asoma la cabeza por encima
de la muralla y ve al Caballero .Alazán
con a,ombro. El Caballero Ala:zdn alza

Blanca.-Si es a mí a quien buscas, mírame_ desde allí, y no golpees más estos pilares.
Alazán.-Mientras más te miro menos
te. veo. T,endría que verte ad~ntro de
m1 corazon.
Blanca.- ¡Nunca he sido más rica en
corazones! Con el tuyo haré cinco
de coraz?nes. ¡Déjame que lo vea!
El corazon es tan variado como la
calle Madero: hay de todo, ihasta zapatos! ¿Tu corazón es como San
Francisco?
Alazdn.-.~ corazón no se enseña. Hay
que v1s1tarlo. por dentro y no tiene
P?erta de salida. Es un palacio deshabitado.

�LOS PERSONAJES FE.MENINOS
DE ELENA GARRO
Una aproximación a partir de Los recuerdos del porvenir

Minerva Margarita Villarreal
Introducción
Blanca.- •Un palacio!
, . , .
Alazán.-ton largas g~enas Jamas p1Sadas con espejos virgenes de rostros
exh'años. Si te miraras en ed~os, encontrarías el rostro que p~r ISte por
haberte reflejado en espeJOS contaminados de narices que no eran las
tuyas.
, , b .Blanca.- ¿Y en tu espejo sena mas omta?
'la )
Alazán.- {Da otro golpe y cae un pi r
No sé, serías tú.
Voz de Rubi:- ¡Blanca!, ¿qué ruido es
ése?
Blanca._ ¡Una lluvia de estre~as!
Coro de caballeros.- iUn pilar, señor!
¡Un pilar! ,
,
?
Blanca.- ¿_Y como sena yo.
Alazán.-Como yo.
? CóBlanca.- Y tú, ¿ya te has mirado. ¿
moeres tú?
..
Alazán.-Nunca me he visto. Te diJe
antes que me andaba buscand?.
Blanca. - y si tú te miraras, ·¿que encontrarías?
Alazán.-A ti.
Blanca.-(Desilusionad~)
esta cara
contaminada de narices•
.
Alazán.- ¡No! A tu rostro ~tenor a tu
sombrilla roja.
.
.
.
roJa. (Tira
Blanea. -Odio a mi sombrilla
·
· de la to.
la sombrilla roja al interior

l

rre.J
(Alazán da otro golpe y cae otro pilar con mayor estrépito.)
Voz de Rub(.- ·Qué mañana desapacible! ¿Qué ruiáo. es é~?
,
Blanca.- Mi sombrilla roJa, Rubi.
Coro de caballeros.- iUn caballero desbocado!
Blanca.- ¡Es inútil que te busques, Alazán! Deja en pie esta torre, acueducto por el cual corro yo por las mañanas, como el agua que deshace la sed
de las ciudades.
.
Alazán.-{Dando otro golpe) El signo de

La narrativa de Elena Garro es definitiva para las letras mexicanas por distintas razones.
Empezaremos por decir que sus no-

velas Los recuerdos del porvenir y Testimonios sobre Mariana son verdaderos
hallazgos. Además de incorporar un lenguaje poético y fluído en la narración,
exaltan el carácter de los personajes y
el ambiente psicológico y social por el
que estos atraviesan, a partir de un punto de vista femenino.
En este trabajo hemos centrado la
atención sobre los personajes femeninos
porque en la literatura de Garro éstos
reflejan un conflicto ineludible en la
mujer mexicana contemporánea que ha
salido del marco tradicional.

mi cola apunta hacia esta torre. (Cae
otro pilar.)
,
Voz de Rub1:-Blanca, ¿no cesara nunca
este furioso ruido?
.
Blanca. - iHay un derrumbe de nances¡
Rubí! ¡Se me están cay;endo todas.
Alazán.-Debajo encontraras las tuyas,
finas como la quilla de un vele~o.
Blanca. - y o no tengo narices, Alazan.
Nunca las tuve. Es inútil que las busques entre los escombros.

(Los pilares caen con estrépito,
Blanca desaparece.)
Voz de Blanca. - ¡Rubí, huyamo~!
.La casa se me está cayendo enc1iha! ·Ha caído sobre nosotros una
' de nances.
. ,
montaña
Voz de Rubí.- ¡No hay to~re! ¡No hay
Blanca! ¡No hay Rub1! Todo era
el reflejo de un espejo~ Ahora s~ ha
roto y ya no somos mas. Sus astillas
reflejan otros soles.

(Reina un gran silencio. Alazán pt
netra en las ruinas de la torre. Hay•
espejo roto; a un lado, e~tre el pol,ti
la sombrilla roja y los tra.,es de Rub{J
de Blanca, vacíos y viejos.)
Caballero I.- ¡El loco!
Caballero JI.- ¡Se escaparon!
, 1
Caballero lll.- j Le negó su c~razon.
Caballero IV. - ¡Ah, el tacaño.

u:~

(Salen los cuatro. Sobre uno de i,,
fragmentos del espejo aparece
loma. Alazán la coge, la posa so
lanza y la contempla.)

Alazán,-Ven aquí, copa d~ e ~
fonna perfecta. del ~amzo,laP!'
que te reciba m1 corazon. (Se
da en el pecho.)
TELON

En Los recuerdos del porvenir los
pe~najes femeninos representan la génes~ el punto de partida de las protagomstas que en sus novelas posteriores
lran«itarán otros mundos.
Se parte en esta novela de un ambiente social en crisis, un pueblo: IxteP~,.que puede ser cualquier pueblo de
MeXJco durante la_guerra cristera
d En el ámbito rural de Los recuer?' •:• en ese mundo cristero y revolucionano, las mujeres acaban perdiéndose
en la m~erte porque la vida no pennite
?tras.salinas. Su sino es trágico, el amor
Irrealizable. Hay una lucha pennanente
entre deseo Y realidad, el primero repre-

-

Ponen ·

~nti Clll presentada en la "Sixth annual
tera:n~ of romances languages and lira de r~dentro de la sección "La escritulta Anita Gano" ~rg~ada por la maesUSA,
Stoll, Uruversrty of Cincinnat~
mayo de 1986.

sentándose en fantasía, la segunda en
negación, en cárcel.
En esta batalla a oscuras crecerá la
ambigüedad como elemento fundamental del carácter femenino.

minante de los personajes femeninos. En
la trama de esta novela tanto Julia como
Isabel presentarán características psicológicas que serán definitorias en la estructuración de los posteriores personajes femeninos de Garro.

Cada uno de lo personajes de la noveDespués del pueblo como personaje
la contiene elementos de la afectividad
perecedero, como personaje memoria,
que se expresan en lo tajante. De ahí son tres los personajes cuyo peso y figuque la relación hombre-mujer se presen- ra son indispensables para la realización
ta como irresoluble. El amor se paga
de la historia: Isabel, Julia y Francisco
con la muerte. Así sucede a Julia e Isa- Rosas; triángulo afectivo donde se juebel, personajes que encaman la dualidad gan los conflictos esenciales de la impode la mujer mexicana; vivirán incomple- sibilidad del amor.
tas, sin concretar sus deseos, perseguidas
· por una culpa mayúscula y profunda
Aunque las dos mujeres conocen y se
que quizá parte de su misma condición relacionan en diferentes momentos con
femenina.
el general Francisco Rosas, son muy distintas, pero hay algo que las une, que
Estos personajes cuya tragedia se ges- las fusiona: ambas asumen una rebeldía
ta desde su propia incompletud, desde sin concesiones frente a las circunstanel hecho de ser mujeres dentro de una cias, ambas se entregan a su pasión. Julia
sociedad regida por patrones exclusiva- es una especie de diosa que emhmja y
mente masculinos, se verán acosados por perturba a los hombres con su belleza,
la fuerza y el poder de los varones. El es el amor idealizado de Francisco Romundo se hace según las detenninantes sas, y a veces parece estar ajena a su side quien lo dirige. La actitud drástica de tuación de prisionera, como si no estuFrancisco Rosas, su autoritarismo, su viera en su cuerpo y la posesión de que
hambre de poder, lo vuelven víctima de la hace objeto Rosas cayera en el vacío.
sí mismo, lo disocian. En esa circunstancia donde la última palabra la tiene la
Sin embargo, logra asirse a su verdad,
violencia, qué otro destino sino la trage- se difumina con Felipe Hurtado, se pierdia les tocará vivir a sus personajes. de con su amado en la luminosidad de la
muerte, que no es otra que el extenniNo sería raro que en el futuro los nio del que los hace víctimas el poder
personajes de Elena Garro fueran cla- del general. Aquí, Elena Garro ofrece
ves dentro de la literatura mexicana. Su una visión maravillosa de la muerte,
humanidad es ambivalente y contradic- porque mueren por amor, y el amor le
toria, reflejo de un México en transi- gana al despecho del poder. Esa visión
ción, un México que pretende, desde el maravillosa es también una imagen sublipoder, dejar atrás el mundo rural pre- me del cuadro de horror propiciado por
sente, hambriento, mágico, en búsqueda el conflicto amoroso.
de la riqueza del primer mundo que a la
larga no ofrece más que espejismos.
La personalidad de Garro de alguna
manera se refleja en sus personajes. En
En Los recuerdos del porvenir se ini- este caso Julia e Isabel, son como ~; fuecia la ambivalencia como elemento deter- ran las dos caras de una misma moneda,
c.,,,
c.,,,

�como si una se hallara detrás de la otra,
de espaldas, sin poder verse el rostro.
Si fantaseamos un poco más con esta
idea podemos llegar a encontrar en la
ficci6n de nuestra autora la dualidad de
la mujer mexicana expresada doloro~mente hasta la disociación, Y con matices que vuelven a los personajes de carne
y hueso.
Si bien Isabel se presenta como una
muchacha inteligent~, capaz, _de hacer
continuamente reflexiones criticas sobre
la realidad que atraviesa México con el
gobierno de "los revolucionarios" desde
la traición de Carranza, se mueve como
personaje dentro de una familia n:adicional que estalla contra las desgracias acarreadas por los gobernantes.
Sin embargo, Isabel no acce~e a las
circunstancias, asume su rebeldia hasta
encontrar el fin. Repudiada por el pueblo y su propia ~amilia al_ seguir a Rosas,
termina convertida en piedra. La culpa
y el remordimiento, como conseci~encias al pleno ejercicio de su rebeldia Y
su deseo la llevan a la muerte. Su pasión po; Rosas la hace sumirse en el
abandono ya que no se siente amada
por él. Isabel se pierde en sí misma hasta
petrificm.'ae. La crueldad y los arrebatos
de Isabel son en gran medida producto
de su impotencia: al nacer, por concentrar la fuerza que otorga el deseo, su
madre la rechaza, culpándose és~ de su
nacimiento. Como nifia no cubno el d~seo de su madre, por lo que ~us atrevimientos eran percibidos por esta como
maldad:
¡Es Mala!. .. -gritó Ana Moneada
sintiéndose culpable de la maldad de
su hija.
.
"·Qué viva! ·Qué bonita! ¡Se ve
.que
. • la' hicieron con
' gusto., " oyo, decir a la comadrona que bañaba a Isa-

bel recién nacida. "Las niñas hechas
as1; as( salen", agregó la mujer.
,
Ana enrojeció desde su cam°: ~artm
le lanzó una mirada de co~1cw. To_dos sabr(an su lujuria gracias a la vzveza de su hija. Se mordió la boca
con ira. Isabel hab(a ve_ni~o al mu~do a denunciarla. Se 1uro corr~gU:·,
se y ¡0 cumplió, pero Isabel siguw
pareciéndose a aquellas noches.
Además, al resumir la culpabilidad de
Ana, y querer ser igual a sus hermano~
Isabel está negándose a aceptar ~~quilamente su "naturaleza femenma ' lo
cual implica una _ve~d~dera revuelta, dado el momento histonco en el que se desarrolla la trama:
Le humillaba la idea de que el único
futuro para las muj~res ~era ~l matrimonio. Hablar de matrzmonzo co_mo de una solución la dejaba reducida a una mercancza a la que ~abía
que dar salida a cualquier precio.
Por otra parte, hay_ un _juego incestuoso entre Isabel y Nicolas, su hermano, que en el momento en que entran al
mundo de los adultos se rompe.-~~ ruptura se da de golpe, con la t~aicion, Y
quien traiciona es Isabel. Asi, de guerrear entre Roma y Cárta~, los árboles
donde manifestaban sus dominios, los
niños inesperadamente _entraron a la
otra guerra: a la guerra cnstera.
Isabel se rebela contr~ su carencia, _le
dice a su hermano Nicolas que no quiere a su madre. Este aparente desapeflo
hacia la figura materna imprime un se o
específico que caract~rizará al resto de
los personajes femenmos de Garro en
obras posteriores.
Si tenemos en cuentá el punto de
partida de esta escritura sobre ~a novela
como un roman a clef, es decir, como

una trasposición de personas reales~
vertidas en personaJeS en el texto lile,
rario podríamos atrevemos a ver "en,
.
cer" ' y "transformarse" a los person,Isabel y Julia en el resto de su narratin.

roman aele!, en una carta que la autora
envió al crítico Emmanuel Carballo, encontramos una relación directa entre la
realidad y la ficción. Aquí, Elena Garro
habla de su familia:

Sin embargo, la madre ~e encontn,
mos en Los recuerdos• .. casi desaparece
en la distancia. Después vienen muja
mayores terribles, perversas, p~rsecatoras o mujeres buenas que atraVIesan •
ri~ dificultades para defender a las mí
jóvenes.

Helena Paz es mi maestro. Deva, la
que fue pájaro, se parece a la Partícula Revoltosa Paz: a veces las confundo. Mi madre entra en otro orden:
fuera de la realidad. !

Es como si después de muertas J•
e Isabel renacieran en otro contexto,
con situaciones distintas, transformada
en Lelinka, Eva, Lucía, Mariana, ~
lia en la relación familiar; o en Veron■
o Consuelo Veronda para el caso de la
últimas historias donde la soledad cnce
y maltrata a los personajes como ~o ht
cía la Inglaterra de principi~s de siglo•
las mujeres jóvenes de la hteratnn
Jean Rhys.
Obviamente la autora trabajó 1 •
personajes bajo una nueva persp~
de mayor conciencia hacia lo que •
fica ser mujer. Es claro cómo en lA~
mana de colores, Andamos huyendo
la y Testimonio~ sobre ~ariana_ ~ •
juego en la pareJa femenma
protagoniza la mayoría de las histO1A
a veces son hermanas, como Evalfuka
a veces madre e hija, como Le
J
Lucía.

f~:

Bajo esta nueva óptica de s o ~
femenina, el desapego en~e
Ana se convierte en cercania, ~ro
dad unión-entre Lelinka Y Luci,a O ,
,
.
.
n
riana y Natalia. El personaJe V~ •
ticamente desaparece, Y el confl_icto
ciado en el orden amoroso, tennma
do un conflicto existencial.

J

Continuando con el postulado

~asculino que violenta y niega a las muJeres.
El general Rosas representa en la vida
de Isabel, lo que ella rto puede tener directamente: el poder.

Pero, a medida Tle se va desarrollando la trama, y que Julia, el amor del general, huye en un escape de luminosidad
y muerte muy característico de las salidas que da Garro a sus personajes femeSi bien entre Isabel y su madre el ninos, por ejemplo la muerte-paso a otra
sentimiento de culpábilidad ocupa un vida que sufre Consuelo Veronda en La
plano clave, Julia definitivamente es la casa junto al r(o; este hombre, el general
génesis de la mujer con todos los ele- Francisco Rosas, repre86ntante de la irra~entos sociales en contra, que se ma- cionalidad del poder y del servicio a los
mfitsta plenamente como protagonista
superiores, se encuentra más indefenso
en los personajes: Verónica y Consuelo que cualquiera de sw; víctimas. Su opreVeronda, de las novelas Reencuentro de sión interna es tan fuerte como sus críPers?najes y La casa junto al río, res- menes. Es también atl1bívalente, y tampectivamente.
bién se equivoca al en~orarse. Es un
enajenado del amor, su memoria es una
Julia sufre por su belleza. Julia es Julia desconocida, una Julia rodeada de
una mujer etérea, su hermosura parece otros hombres y llena de placer. Julia se
no ser terrena. Es tan encantadora que convierte en su maldición, es "una prepara el resto de las mujeres de Ixtepec sencia ausente", irreal, inalcanzable. La
-menos Isabel- resulta hechicera. Ella rebeldía de Julia se expresa al nunca en~ e las culpas de todos; la responsa- tregarse al general, al negarle su amor.
bilizan de las desgracias del pueblo:
Junto con Julia muere la otra memo-Julia tiene la culpa de que los ni- ria de Isabel, muete la dualidad. Julia se
fl?s se vayan tan lejos y solos en me- define, y al definirse prácticamente abre
dio de los peligros de los hombres y la posibilidad de que Rosas ame a Isabel.
las tentaciones del demonio.
Isabel, al enamorarse de Rosas le está
En aquellos días Julia determinaba ofreciendo la realización concreta; pero
el destino de todos nosotros y la
esta seguridad, y la iniciativa de su caculp4bamos de la menor de nuestras rácter, hacen que Rosas le tema.
de,dichas. Ella parec(a ignorarnos escondida en su belleza.
'
Isabel, con su amor por el general, se
rebela contra los que no la dejan ser.
Julia aparece en la vida de Isabel co: ~n ob~t? idealizable: la observa, la
1~ con. el general significa perderse
tra, qu1S1era ser como ella y quizá conscientemente en un asomo de liberpor eso se enamora de Francisco Rosas
en
unteITeno confuso y equivocado del' tad que no podrá tener por otros lados.
afecto•
10 . ' ama al general como quien goza
Rosas no podía haber amado a Isabel
IIDpredecihle del poder, de un poder porque ésta era real; amaba a Julia por-

que la había mitificado, le había creado
una historia imaginaria. Al idealizar a
una y negar a la otra, la imposibilidad de
expresarse plenamente como hombre
queda asentada. La forma como el general Rosas cierra este triángulo amoroso
en crisis, es completa, perfecta; reúne la
complejidad, el miedo, la fuerza vencida,
el vicio, el convertirse en sombra de un
hombre férreo entregado al poder.
En Los recuerdos del porvenir hay
una lucha interior en los personajes que
los debate y vence, una lucha de equívocos amorosos, un conflicto de afectos.
Los personajes no pueden acceder materialmente a la satisfacción de su libido,
porque tropiezan, caen en el más hondo
precipicio. La imposibilidad para la realización amorosa unifica a los personajes, los vuelve crueles y ariscos.
Así se van hilando las voces de los
personajes muertos. El porvenir se asoma en los pensamientos y los diálogos
de los personajes como un futuro asesinado. Las mujeres más importantes de
la historia: Julia e Isabel, giran en torno
de Rosas en un juego de complementariedad. Ambas comparten el desdén, la
visión desolada que arrastra un presente
hacia el pasado de una infancia irrecuperable; sin embargo, la trama plantea un
desplazamiento, un intento de sustitución de una con la otra:
La presencia de Isabel volvía intole-·
rabie la n.usencia de Julia, su sombra
ligera se esfumaba expulsada por la
voz y el cuerpo de su nueva querida.
También se gesta en esta novela el
clima opresivo que ambientará otras
de las historias de Garro. En la novela el
nihilismo es producto de una visión idílica del pasado, un conservadurismo mágico doiide sólo perduran los lados buenos. Es tan determinante esta visión que

w

CJl

�la gloria tiene el rostro de _un p~e?!0
cristero levantado contra la unpos1c10n
de Calles, y derrotado de tanta muerte.
El pasado vuelve a cada paso en la na., se hace presente.
rrac1on,
. Por esto todo
·
sucede en el mismo tiempo; 1a mem~na
n es una cualidad más de los p~rsona:,es,
sino que es parte del escenano donde
éstos se mueven.
El tiempo se estanca;-las hor~_no pase detienen, se vuelven estaticas; el
s~, o corre los minutos muertos
aire n
,
bl h ·
acompañan el recorrido del pue o ac1a
su propio fondo:
Quizá la opresión se debiera al abandono en que me encontraba y ~ la ex-.
tralla sensación de haber perdido m1
destino. Me pesaban los días y estab~
inquieto y zozobrante esperando e
milagro.
Después de tanta sangre los ~~b!os
no sirvieron de nada. La revol~~1on solo
trajo desengaño y f rustrac1on. Esta
amargura va transformando las perspectivas de los personajes y de un Ill:~ndo
maravilloso donde el tiempo tamb1en e_s
cómplice, se van perfilan_d~ hast~ ~gud1zarse los desmanes, la v~1on tragica de
un país que parece extraviarse en el porvenir:

- ¡Si tuviéramos siquiera un buen
temblor de tierra! -exclam~ dofi.a
Ana clavando con ira su agup en el
bordado. Ella, como todos n?sotros,
padecía una nostalgia de catastrofes.
Antes de morir en el minuto eterno
de un tiempo qu~ no ~~curre,, antes
de quedar en la mmovibdad sena preferible un desastre, porque. · ·
~

"La voluntad de separarse del Todo
es el infierno."

Bajo esta perspectiva ambivalente, en
una tajante dualidad se nos presentan
los personajes. Había dos Isabel'es, una
real y otra irreal. • •
.• .una que deambulaba por los patios y las habitaciones. Y la ~.tra que
vivía en una esfera leiana, f1¡a en el
espacio.

, tarde, casi al final
Mas
. ., de la historia
Isabel confirma esta v1S1on:
Francisco, tenemos dos memorias. ..
Yo antes viv1a en las dos y ahora sólo
vivo en la que me recuerda lo que va
a suceder.
La Luchis recrudecía al encamar
abiertamente sólo un aspec~o de la con. ., profunda a iraves
trad1cc1on
, . de tla cual
la
se ha representado histoncam?n e a
mujer en México, bajo la polaridad S~nta o Virgen de Guadalupe/Puta o Malmche:
Damián Alvarez, como todos los
hombres que se acostaban con el"7
buscaba el cuerpo de la otra y la ~1raba con rencor por habe~lo enga;i~do. "Las putas naci~os sm pareja '
se decía la Luchi mientras le hablaban de "la otra", y los hombres.desnudos se convertzan en el m1S7!10
hombre, su propio cU(!rpo, la·h~bztación y las palabras desaparec1an, y
sólo le quedaba miedo frente a _lo
desconocido. Sus acciones suced1an
en el vacío y los hom_bres que dorm1an con ella eran nadie.
La dualidad vivida en un solo persona'e o en dos perso~mes distintos y
co~ lementarios permite, por un lado,
p dé la escisión como un puente
ªdisociación a través de la cual se
ocultan y se intentan negar componentes de la totalidad. Y, por el otro,

::"1:

esconde una necesidad de refugio, de
huida hacia lo que no .se pue~e ~
zar. El ambiente opresivo. se mtenáfi.
ca y los personajes femenmos cada ,es
menos podrán coincidir ~on los ~
culinos. Aquí, el bi1;1om10 fem~
aparece como ~ternativa a la opreaon
masculina y soe1al.

girando en órbitas distintas. El
criulo depositó la bandeja sobre la
me,ita y luego, como era ya costumbre, pasó a ver a Rafaela:
-No durmieron.
-¿_E,tuvieron cavilando?
-.S( andan huyendo -afirmó Leonardo.

Siempre sin hombre, las mutem •
acompañan, adecuándose entre s1.

Huyen de ellos mismos, y de la posibilidad de encontrarse uno al otro.

En Los recuerdos del porvenir dola
Elvira y Conchita son el _anteceda
a lo que más tarde se convierte, den1l8
de la narrativa de Elena ~a~, en •
clara pareja de.. protagon1Stas, la •
ciación madre-hiJa.

El antagonista de esas voces reurúdas
en la desesperanza, el que propicia como
única y posible aspiración la nada, es el

Ahora, aunque le ~~comendaba ti
matrimonio a su h11a, estaba CGt
tenta al ver que Conchita no le~
ningún caso. "No todas ~ muJI"
pueden gozar de la decencw de f!t
darse viudas" se decía en secrtll

. coIDO '
Esta relación madre-hi~a,
caso anterior, o hemana-hermana,:
en el caso de las gemelas, y los
ientes casos, J!e':ffiite '?~tener :
f1quilihrio psicologico mmuno ª
personajes.
En cambio, la locura de Juan C.es una disociación plena:
·
huta
• la dieha j
.por esa grieta
mundo.

Ante el abatimiento que prodadl
el conflicto y la desavenencia, •~ ~
sonajea se van perdiendo como ::-.
tragara el polvo o la tierra. A F
Rosas y a Isabel. . • .
., d,qit;
El amanecer los sorprend10 ,,.¡,
tos. Leonardo, cuando le, ,
desayuno, los vió pálidos y

gobierno.

El gobierno es un personaje de terror,
un depravado que juega con la vida de
loe pueblos, como los revolucionarios
ju~ con la vida de sus m~jeres.
htepec es uno de esos pueblos y sus
personajes son el eco; sólidamente construidos, transitan por sus calles, habitan
8118 casas, o se ubican, todavía más trágicamente, en el hotel o el prostíbulo.
lxtepec alza su voz desde el cuerpo
d~ una mujer petrificada. Está sobre una
Piedra donde se ha escrito un epitafio:
"Soy l1abel Moneada, nacida de Martín Moneada y Ana Cuétara de Moneada, en el pueblo de Ixtepec el primero de diciembre de 1907. En piedra me convertí el cinco de octubre
de 1927 delante de los ojos espantad?, de Gregoria Judrez. Causé la desdi~ha de mis padres y la muerte de
11111 hermanos Juan y Nicolás. Cuando venta a pedirle a la Virgen que me
curara del amor que tengo por el ge~ Francisco Rosas que mató a
~ hermanos, me arrepentí y prefen. el amor del hombre que me perdió Y perdió a mi familia. Aqui' estan! con mi amor a solas como re-

cuerdo del porvenir por los siglos de
los siglos".

tur&lt;nnuerto contado por el pueblo, lo
mágico se percibe a través de sus mujeres: Julia, la amante de Ixtepec, la
El final de esta novela enfatiza un mujer más bella que guardaba una sonsentido trágico, que parece consolidarse risa para cada estado de ánimo; Isabel,
en la voz femenina. Hasta antes del epi- con sus dos Isaheles dentro, la pura, la
tafio de Isabel, era el pueblo el que na- que amaba infinitamente a sus hermarraba o prestaba su silencio para que ha- nos, y la traidora, la que concentra el
blaran el resto de los personajes de la mal de la lujuria de la noéhe en que sus
historia. La angustia de la esperanza, la padres la concibieron; las gemelas Rosa
muerte colmada de soledad y horror, los y Rafaela, que dan placer a un solo
afectos quebrados, sin probabilidad de hombre; doña Elvira y Conchita, doña
que se abra la puerta de la comprensión, Ana, doña Matilde, las señoras bien del
son algunos de los síntomas de una en- pueblo, las damas del deber ser, y las
fennedad mayor que no es otra que los putas: La Luchis y la Taconcitos, con
cambios descompensados, desiguales, in- sus trajines cotidianos.
justos, que provocan los rigores de una
"democracia" que se impone a los indiTodas enredadas en la guerra crisviduos, sin antes abrir canales para la tera, todas ayudando a tejer la trama del
revision de lo individual, de la autono- desenlace, la intriga, el silencio.
mía de los pueblos para i;er y manifestarse.
Los muertos se multiplican y el pueblo es una piedra afarente, una piedra
Los recuerdos del porvenir es una donde se inscribe e epitafio de Isabe~
novela llena de caminos. Los cuestio- la nifia que se convirtió en amante, y
namientos surgen de frases poéticas, poco después en piedra
límpidas, surgende la voz popular que
recoge Elena Garro durante los años
Esta fuerza de los personajes femeque vivió en México.
ninos de Elena Garro no termina con la
muerte de las mujeres importantes en
Esos caminos que pueblan Los re- la historia de Ixtepec. Son las mujeres
cuerdos conducen a un presente. Ele- también las que van más allá de sus vina Garro se adelantó al tiempo. Su das, desmenuzando el crudo equilibrio
historia bien puede ser la esencia de los de la vida moderna, atravesando lugares
defectos de la política del México mo- fríos e inhóspitos en Andamos huyendo
derno: imposiciones, caudillismo, presi- Lola o en Reencuentro de personajes,
dencialismo, centralismo. . . y la provinci11, lejana, sin tener alternativas siCon ansias de despojarse de un munquiera a opinar, casi muerta. Cómo se do masculino que las margina y las
ha deterúdo el tiempo.
oprime, se enfrentan, luchan, se repliegan, se van devaluando lenta y profunComentario'final
damente hasta terminar agobiadas por
el peso de la indiferencia social.
Lo más valioso y a la vez más trágico
y siniestro de la narrativa de Elena
Las pautas de comunicación se van
Garro son sus personajes femerunos, agotando, y esta., mujeres necesitan
sus mujeres. En Los recuerdos del por- combinar la fantasía con la realidad
venir, esa lústoria que viene de un fu. para obtener un recurso suficiente de

�ENCUENTRO CON ELENA GARRO

Michélle Muncy
MM: Sé que tu salud no es muy buena
y que vives, en cierto aspecto, aislada de los medios literarios, por
eso te agradezco mucho haberme
concedido hoy esta entrevista en
París. Naciste en Puebla, ¿tienes
muchos recuerdos de tu infancia
alh'?, ;._cuándo te marchaste de esa
ciudadI

EG: Sí, más o menos. Quería hacer
algo. No pensé nunc\ ser escritora. Yo era gran lectora y me gustaba el teatro. Quería ser bailarina
o actriz porque había estudiado
baile clásico con un profesor ruso
y había hecho teatro. Había sido
la coreógrafa de Bellas Artes antes
de casarme.

EG: En realidad no tengo ningún re-

MM: ¿Es 'Felipe Angeles tu primera
obra?

cue!do de Pueb!a, Nací allí por
ace1dente. Mama desembarcó en
Veracruz y como tenía una hermana en Puebla, fue a verla y allí
nací a los tres días de llegar al
país. De allí nos fuimos a México
y luego mi infancia la pasé en la
Capital al principio y en el Estado
de Guerrero después, pero no en
Puebla, como ves.

MM: Te casaste muy joven con Octavio
P~, .1!1e parece que antes de los
vemtrun años, ¿ya escribías cuando te casaste con él?

EG: Me casé menor de edad cuando
todavía estaba en la Fa~ultad de
Le~as, Y empecé a escribir en segw~a ~espués porque me metí de
penod1Sta
importancia que éstos adquieren a lo largo de la trama, hacen pensar en una temática que resulta de una conciencia
Las mujeres de Elena Garro son mul- crítica sobre la condición femenina. Se
tifacéticas: mujeres ingenuas, frágiles, presentan situaciones extremas, graves,
atonnentadas, girando entre el amor y denigrantes, quizá como una vía de cael odio, resistentes a la persecución per- talizar, de poner el dedo en la llaga. APií,
manente en un mundo de tensión y el horror de la cotidianidad de mujeres
crisis, con un destino crudo, propicia- que buscan su autonomía, su independo en su inadaptación, van huyendo, o dencia, se manifiesta en "toda la extenbuscando sus orígenes en un mundo sión de la inocencia" de la voz narradoque se les cierra, hasta dejarlas sin salida. ra.

locura que les pennita sobrevivir a la
crueldad y hostilidad del medio.

F

o:)
e,')

Los paralelismos que se presentan en
las distintas novelas de Garro, con respecto a la fonna como se han estructurado los personajes femeninos, y a la

Aunque Elena Garro narre una historia diferente en cada novela, o en sus
cuentos, sus personajes femeninos crean
el ambiente de tensión, son personajee.

sólidamente estructurados para tranill
las páginas en crisis de la decadente lit
dernidad.
l. Carballo, Emmanuel: "La vida y la ob1dl
Elena Garro, rescatada por...", sup_.
to Sábado del periódico Uno,ruÚIIIIA
México, 24 de enero, 1981, ~- 4.

Agradezco a Miguel Covarrubias, José
Infante, María de los Angeles Pozas,
SaúI Reyes y Ricardo Villarreal sus e
tarios que hicieron posible la realización
de este trabajo.

MM: Tu carrera de periodista merece
~gurame~te la pena de ser discutida. Me mteresa mucho la ambivalencia.periodista-escritora. ¿Puedes decmne algo de este aspécto
detu vida?

EG: En realidad me metí al periodismo
por casualidad. Luego me gustó
~orque ganaba dinero. En ese
tiempo Octavio Paz tenía una
~ casa pero nada más. Me convema.

MM: Te metis'
· dista pues por
. te de perio
necemdad.
'

EG: Sí. Mi primera obra de teatro.
MM: ¿De teatro o tu primera obra?

EG: De teatro, porque ya había esc~to Los recuerdos del provenir. Los recuerdos los escribí en
Berna, donde estuve muy enferma. No sabía qué hacer y me puse
a escribir. Los escribí en un mes.
Se quedaron en un bául. Viajamos
mucho y se quedaron allí. Después de tiempo, Octavio Paz los
rescató y los quiso publicar.
MM: Parece que en muchos casos les
pasa eso a tus obras. Por ejemplo
Felipe Angeles, para volver a la
misma obra, la escribiste en 1954
pero no se publicó hasta 1967.

volucionaria. Mis tíoa fueron generales villistas y el único que quedó
vivo, mi tío Benito hablaba mucho de Angeles. Mi padre, que era
español, también lo admiraba mucho. APií me di cuenta que era una
~ra &lt;Jl,le estaba olvidada, que na~e h~c1a cas~ de ella. Empecé a
mvestigar y VI que era una figura
prohibida oficialmente. Como me
gu~a lo que no es oficial, dije. . .
alla debe de ser lo bueno. Quise
descifrarlo en el Archivo Militar
del Ministerio de Guerra y no me
dejaron ver el expediente. Entonces fui a ver a don Salvador Azuela, que era el directo1 de los Archivos de Historia y él me ayudó mucho en la búsqueda de los datos
sobre Felipe Angeles. También el
general Cervantes, que había sido
su ªY!1d.ante. ~s una figura que para m1 S1gue siendo asombrosa. Es
el típico personaje de la Revolución que se ha olvidado. Todas las
revoluciones sufren el mismo proceso, se autodevoran.
MM~ Vives ahora en París. 6·Desde
cuándo?

EG: Desde junio de 1981.

escena?

MM: Se ~a dicho ~uchas veces que el
ambiente parISmo es propicio para
la creación literaria o artística. En
el caso tuyo, ¿ha venido bien para
tu obra el residir en París?

EG: No hasta 1978 ó 1979, cuando la
pusieron en la Universidad.

EG: Pues, no. Creo que esta vez vine
tarde a París.

MM~ ¿Por qué la escribiste?

MM: ¿Para tu obra?

EG: La escribí porque desde niña oí

EG: Sí. París me ha producido una
gran depresión, no porque París
haya cambiadv, sino porque he
cambiado yo.

EG: Sí, en México, en una revista de
provincias que se llamaba Coatl.
MM: ¿Nunca se puso en

hablar del general Felipe Angeles
con mucha admiración. Mi familia, la familia de mi madre era re-

�MM: ¿En qué aspecto has cambiado?

EG: No. París sí corresponde, p~ro la
que no corresponde a Pans soy
yo.

EG: En todos, desde el físico hasta el

intelectual. Me siento mal. No p~san en balde tantas cosas en tu Vl·
da sin que te hagan mella.

MM: En abril de 1979, en Cuade;nos
hispánicos, escribiste un art1c?10
titulado "A mí me ha ocumdo
todo al revés". Ahora tu obra es
muy conocida y se te adm~a mucho. Sé que en Estados Uru_dos se
están escribiendo varias tesIB doctorales sobre ti Y tu obra. ¿Podrías decirme si todavía crees que
todo te ocurre al revés?

"

EG: Sí, ahora más que nunca Cr?o

que me ocurre todo al contrario.
Mira. . . tanto como lloré por
París, tantos años. .. desde qu~
me marché en 1964. Me quede
muy triste. Me hacía mucha ~alta
París y luego cuando volv1 en
1981 sentí que era tarde, que era
igual haber venido o no haber venido. No me gusta salir a la calle.

MM: De lo que has escrito, ¿hay una
obra o unas obras que te parecen más logradas, mejor hechas,
o más a tu gusto que las demás?
¿Cuál es o son y por qué?

el' cambio de París, sino porque
me oprimen recuerdos tan terribles. Me siento otra persona, un
ser raro, como un fantasma que
anda pasando por lug~e~, que ya
visitó antes, donde viv10 cosas,
donde vio cosas muy import~tes
y parece como que ya no tiene
sentido que las vuelva a v~r porque
no me causan mnguna
emoc1on.

MM: ¿Por qué no lo piensas ahora?

EG: Déjame ver. . . ¿Cuál puede ser?
Tal vez un cuento de La semana
de colores que se 11ama "Q'
¿ ue
hora es?"

o-.j&lt;

MM: . Refleja La casa junto al río 1111
ipinión general tuya sobre la ft
rra civil española?

MM: Y ¿por qué?

EG: Sí, claro que la refleja.

EG: Porque es brev~. Está P~s ~í

MM: ¿Por eso la escribiste?

también. Ademas es una histona
de amor que me parece muy lograda

MM:

EG:
MM:

EG:
MM:

EG: La escribí porque quería decir.,
que me pasó. Esa familia !f'
nombro1 es mi familia, Yese dint
ro es el dinero de la.familia. Todl
.Es el cuento de la señorita de la
lo que cuento ahí, más o m•
~alina de &amp;asa color durazno Y
es auténtico.
del collar e perlas? Es muy romántico.
MM: Entoi¡ces, obviamente, tú eres la
perseguida en la obra.
Sí, ése.
·Es La casa junto al r(o tu últi- EG: Sí. Todo lo que cuento, 911e 1~
la fulana esa y que le dicen ~
~a novela publicada?
una y cuarto y lue!o a las ee111
cuarto y todo eso e cuando,'¡
Sí, es la última.
su nombre, es lo que me paso
en Cangas de Onís.
Además de la amistad que os une,
¡,hay alfana r:izón partic~~ar or
la cual a dedicaste a Emilio ar- MM: Tu padre era es añol, como ya~
dicho. En mue as de tus obrll
ballido?
imagen del padre sobresale de ¡.
versas
maneras, a veces opueelll
¡Ah! Se la dediqué a Emilio, pri-.
· El. padre de'hil, como en R
mero porque lo quie~o mu~ho Y
cuentro de personajes, 0 el P
segundo porque gyac1as a, el volmtty fuerte, como en los cu. ,
ví a publicar. Tema un ha~ lleno
de La semana de colores. Qu
de cosas, de papeles, de hoJas, por-

6

r~

MM: ·Quieres decir con esto que tu
fealidad de París no corresponde a
tu ilusión, a la ilusión que tenías
de él?

'i

EG: Nunca lo he pensado.

MM: Bueno, París ha cambiado mucho
en todos los aspectos.

EG: Sí ha cambiado, pero no es por

que vivia como gitana en Espaftay
se presentó Emilio un día OOIIIO
un duende, como es él , Y pidió.
Me dijo: ¿tienes algo, tienes algo?,
dije, no tengo n_ada. Pe~o Hel~
mi hija, sacó hoJas y hoJas y E•
lio me dijo que se llevaba todo. Se
lo llevó y me lo publicó todo, fo.
do. Salió Testimonios sobre M,.
riana, La casa junto al río Yel
Reencuentro de pers~":1]~. 1• Ah'
una obra de teatro v1eJ1suna, la
Benito Fernández. Emilio ha sido
como mi ángel de la guarda.

EG:

1

pedirte que me dijeras algo so~re
ese papel paterno en tu narrativa.

padre?

EG: El venía de Cangas de Onís.

EG: Bueno, la imagen paterna ~e toda

mi obra es la imafen de m1 padre,
que era. .. pues e típico padre espaftol. Ese padre que consiente
mucho a 1011 hijos. Era muy bueno
y muy culto mi padre.

MM: ¿Y por qué había ido a México?

MM: Como uno de los personajes de
Los recuerdos del poroenir. Y ¿tu
madre?

MM: Volviendo a la imagen de los padres en tu obra. Al contrario de la
del padre aparece la de la mujer
fuerte que tiene mucho éxito, a
veces de una manera no muy honrada, como Cora Logan en Reencuentro de personajes, o una de
las perseguidoras sobre todo en
La casa junto al ri'o. Este tipo de
mujer muy fuerte aparece mucho
en tu obra también.

EG: Mi madre era muy buena, pero era
como una hermana. No era como
madre. Era como otra hija de mi
padre. Muy caprichosa. Eso sí,
siempre leía. Creo que tengo un
cuento en donde digo que siempre estaba leyendo.
MM: Sí, hay un cuento en La semana
de colores con la madre, el padre
y las dos hermanas, Eva y Leli...
Me parece que se titula "Antes
de la guerra de Troya".

EG: Eso es. Pero volviendo a mi padre.
Iba a ser cura, pero por suerte no
lo fue. Fue más bien arquitecto.
Era un señor muy culto. Nos ensefió latín desde chicas, y también
&amp;ancés, porque en Guerrero en
esos tiempos teníamos un maestro
en la casa, pero era un maestro
mexicano muy limitado; por eso
mi padre nos daba clases. Teníamos muchos libros. El tenía
una biblioteca muy grande y lo
mismo mi padre como mi madre
estaban siempre leyendo. Si cualquiera de nosotors nos quejábamos de que estábamos aburridos,
mamá nos decía - "Lean, tengan
virtud".

MM: ¿De qué parte de España era tu

EG: Porque cuando murió su padre
se fue a trabajar al Banco de Espap.a en México.

EG: Sí, aparece a veces, pero no es mi
madre. No está tomado de la imagen materna porque mi madre no
era nada fuerte. Mi madre era en
cierto aspecto muy infantil y como dije, muy caprichosa, pero no
autoritaria. Escribía muy bien y
charlaba te te quedabas boba
oyéndola. os contaba cuentos y
nos hablaba de sus bailes de joven
con una gracia y una vivacidad
que oyéndola nos dejaba encantadas.
MM: ¿Tuvo influencia tu madre en el
liecho de que también escribes
muy bien los cuentos?

EG: Pues mira, yo creo que sí, que eso
más bien lo heredé de la madre.
Perola imagen de la mujer tremenda, de la mujer terrible, no viene
de ella. Viene de otras muje);'es
que estuvieron cerca de mi vida,
que he conocido.

MM: Me dijiste que habías sido muy deportista, que habías sido bailarina.
Encuentro en alguna de tus obras
un vaivén muy rítmico, y por
ejemplo en Testimonios sobre Mariana, se habla mucho de baile. La
protagonista y su hija sueñan que
están en escena en un ballet ruso.
Tiene el baile también un papel
concreto en uno de los cuentos de
Andamos huyendo Lola, en el que
el vals vienés del viejo judío parece como un leitmotiv que acoropaña muy bien el cambio, la desilusión y los altos y bajos de la
acción. ¿Me podrías decir si en
este aspecto de tus escritos hay
una intención símbolica, cierta representación alegórica del contraste que la crítica ha reconocido en
tu obra de fantasía-realidad o imaginación-materia?

EG: No, no tengo esa intención. Si
existe eso que dices, es el subconsciente que actúa, ya que no
me lo propongo como motivo, como cosa literaria. Siempre teio
la nostalgia del baile, de día y e
noche, desde niña hasta hoy. Una
de las cosas que más se me marcó
en la vida fue cuando supe que Nijinski se elevaba, se detenía un segundo en el aire y luego volvía a
caer. Alguien le preguntó cómo es
que hacía eso y él dijo: "Es muy
fácil . . . salto, me detengo y lue9o
me dejo caer". Esa contestacion
me ha impresionado tanto que la
pienso casi todos los días y siempre digo: "El dar el salto, ¡Hay
que dar el salto!" Pero pensando
en Nijinski, el salto es irse muy
arriba, detenerse un instante, ver
todo y luego bajar. Tal vez subconscientemente esto actúa en lo
que escribo.
~
~

�1

MM: Por eso querría saber algo sobre la
creación de algunas de tus obras.
Acabas de hablar del subconsciente de· que no tienes ninguna intenci6n preconcebida, de que te viene
así y lo escribes. ¿Puedes hablar
de tu proceso creativo?

Entonces me vino una gran depresión y no he escrito nada más.
MM: ¿Cómo se llamaba la novela?

EG: "Mi hermanita Magdalena".. ~arec,e que coincidió c~n la en~ de
México, 0 fue a raiz de Testlm?"
nios sobre Mariana que produlo
mucho descontento en aquel pa1s.

MM: Y el premio Grijalbo...

EG: Sí gracias a Emilio. El me enea
tr6 muy fastidiada en Espafta_y •
llevó Testimonios sobre Manan&amp;
Lo presentó a Grijalbo y me dieron el premio. Me gust~ por,e
además era dinero y me vmo ba

EG: Mira, desde la primera vez 9'1e esMM: Viviste también en Estados Uní,
cribí, que fue Recuerdos siempre
dos. El ambiente de Nueva Yen
sigo el mismo proceso. Cuando es- MM: ·Viviste mucho tiempo en Espaaparece y reaparece como tela de
cribí esa obra estaba en la cama Y
~ ?
.
fondo en varios de tus libros. 11
na.
muy aburrida. Empecé a pensar, a
algunos cuentos de Andamo1 •
acordarme de mi infancia, de todo
yendo Lola, en Testimoni?s sobn
EG:
Viví
ocho
ai\os.
lo que he visto, de todo, Y. cuando
Mariana. ·Conoces muy bien ~
ya lo había pensado todo, cuando MM: ·Tiene tu obra éxito allí? Hay
chos de los aspectos de la ptaeOya tenía la novela en la cab,eza cología norteamericana. Tu_ novela
~ora mismo en Espai\a una ~?~rmencé a escribir y la acabe en un
Reencuentro de personaies, por
me boga de muchos de los ~emes. Antes yo bordaba mucho y
ejemplo, habla de un autor qua
jos" escritores . hispano~e~caesta labor me servía para invent8:1'
se ha hecho de nuevo popular,
nos, que se reflela en ~a ad1u~i~auna novela o un cuento. Lo esc~Scott Fitzgerald, y de su novela
ción de los premios mas presttgtobía como siempre lo hago, rapisos de las letras espai\olas, como el
Tender is the Night. Esa ~
dísimo. Si no lo hago rápido lo deCervantes o el Príncipe de Astutuya se presenta d~de el prmajo. La dama boba la hice en dos
pio .como una peh,cula con •
rias.
días. Hace mucho bien el tener
movimiento, ¿podrías comentl
que hacer los quehaceres d~ la ca• EG: Es curioso pero en Espai\a no he
tu intención af escribirla? La b;
sa. Mientras barro o cocmo yo
tenido ningún éxito. Soy desconoma y el fondo. La forma de ~
pienso en escribir y siempre se
cida. Antes del sesenta y ocho se
guión de cine y los P~!8°:C
publicaron unas obras de teatro
me ocurre algo.
que pareeen una recreac1on de
mías después en 1979 fue el conpersonajes de Fitzgerald.
curs~
de
Sitges,
lo
de
Felipe
AngeMM: La dama boba fa escribiste en ~?s
les y eso es todo. En realidad soy EG: Mira, esa es una novela que eaaidías. Sé de antemano que tam~i~n
un'a desconocida. (Es que tengo
bí aquí antes del sesenta Y Clt
escribir teatro te viene muy facil.
un veto encima. El veto del gotro. Creo que por 1961. En 1111
tiempo yo y también Helena, f'
bierno de México).
EG: Sí, es lo que más fácil me parece.
era muy chiquilla, admiráb. ? MM: Pero, ¿no recibiste muchos premucho a Fitzgerald. Entonces yo
rib
¿Es
lo
que
más
te
gusta
ese
ir.
MM:
conocí, aquí en París, a unos[.
mios?
sonajea que aparecen en Ten ..J..
EG: Es lo que me parece más fácil.
the Night y uno de ellos eB&amp;P
EG: No, nunca premios.
encantado de salir, eran los h:;
·Tienes
obras
sin
publicar,
pero
MM: -¿
sexuales.
Hice todo lo que abÍ
ya para salir?
1
Ml\1: El premio Villaurrutia. • •
en la historia fara meter
.
Eddy.
Bueno
a
este
Y
a
ese
,_.
No
tengo
editor.
En
el
ochen~a
Y
EG:
to de homosexuales que eran llllf
dos u ochenta y tres, por prime- EG: Allí en México, pero hace muchos
famosos por Europa; gente·•
anos. En el sesenta y dos o sesenta
ra vez me rechazaron una novela.
importante, como ves. Tamli
Me rechazaron también "La hisy tres.
toria de la Revolución Soviética".

señora Logan existió. No sé si ha
muerto, pero vivía en la Avenida
Foch.

MM: Esa novela sería un guión perfecto para una película. ¿Has escrito
mucho para el cine?.
EG: Sí, mucho. Para el cine mexicano
primero y luego escribí una obra,
un guión para Marcel Camus. Acabó no haciéndose porque se saboteó la película.

MM: Muchas de tus novelas se prestarían perfectamente para el cine, pero me ha parecido ver en
las últimas un tono, una dirección hacia la novela policiaca,
¿es verdad?
EG: Es verdad, sí. Me movieron tres
cosas a escribir Reencuentro de
penonajes, una porque sobre los
homosexuales nunca ha escrito
una mujer. Siempre son los hombres los que escriben sobre ellos.
Ocurre entonces que dan una visión muy azucarada, muy buena
del homosexual y ocurre que éste es un ser muy complejo, muy
complicado, muy lleno de recovecos. Me dije: yo voy a escribir
sobre ellos, y ése fue el motivo
principal. Otro fue que este Eddy
~staba tan orgulloso de haber sa!ido en la obra de Fitzgerald, y
otro que quise hacer. . . como el
medio de ellos es tan claroscuro,
porque llevan una vida subterránea_ incre1ble, quise airearla. He
terudo muchos amigos homosexuales f sé te su vida clandestina es
tenible. or eso quise hacerla un
poco policiaca.

MM: Esto reaparecerá también en La
casa junto al r(o. Hasta el final no

se sabe quién mató a quién. Este
aspecto le da también a tu obra un
tono muy contemporáneo y muy
en demanda hoy en día...

MM: ¿Podrías decir entonces que en esta exposición de la violencia, sobre todo contra los animales, eres
pesimista?

EG: La verdad es que quiero hacer
una obra policiaca pero auténtica.

EG: Sí, porque creo leie seguirán matando animales. es que ahora ya
los crían para eso. Cómo tienen a
las gallinas metidas, :e no pueden moverse, ¡Ié bar aridad!, se
vuelven locas, s es.

MM: ¿La tienes ya pensada?

EG: Más o menos pensada sí.
MM: ¿Es verdad también que en tu
obra hay una denuncia muy sostenida de la violencia en todos sus
aspectos? ¿Existe una condenación de la violencia? ¿Fue tu intención al escribir tus novelas la
de defender a los cam~esinos, a
los débiles en general? or ejemla violencia contra los animaes, contra los niños, las mujeres...

tº

EG: Sí, sí, eso es intencionaÍ. Porque
he visto que sí hay una violencia
muy fuerte que se ejerce contra el
más débil. Yo soy vegetariana, por
ejemplo, y no soporto que maltraten a un animalito. Yo quisiera
escribir realmente sobre los animales. Mira, una vez hace ai\os me fui
con unos americanos, unos líderes
obreros a cenar y a enseñarles París y acabamos en Les Halles para
comer la soupe a l'oignon. Ellos
quisieron entrar, cosa que yo nunca había hecho, y cuando vi ese
pabellón lleno de reses muertas
me dio una impresionada que pensé que eso eran campos de concentración, campos de extermino.
Pensé, nosotroA los hombres hemos hecho esto para los animales
y ahora lo hacemos para los hombres. Es lógico. Estoy en contra de
toda la violencia. Lo que más me
preocupa son los animales. No se
pueden defender.

t

MM: Ya lo sé. .. desgraciadamente. Es
una de las facetas de tu obra que
más me conmueve, esa defensa de
los animales.

EG: Y los perritos callejeros de México, ¡ay, qué horror!
MM: Sí, hablas de ellos en Los recuerdos del poroenir. Tu hit Helena
Paz es encantadora y cu ta. ¿Querría saber si tus dos papeles, el de
escritora y el de madre se enfrentaron alguna vez?

EG: No, porque como se escribe en la
casa, y yo cuando escribo lo ha~o por doce horas seguidas,· pues
elena sabe que estoy escribiendo
y no me interrumpe, no molesta. .
MM: ¿Escribe ella también?

EG: Sí, muy buenos poemas. Ha hecho muchos ensayos también be
no se han publicado. Estaba aciendo un estudio sobre Robespierre que ha interrumpido, por
trabajar, por falta de tiempo.
MM: ¿Has enseñado alguna vez en tu
vida?

EG: Una temporada muy corta, porque para salir de maestra en Letras tenía que dar un año de cla-

~
&lt;:,¡J

�ses antes de obtener la maestría y
di clases en una escuela nocturna
para obreros en México.

MM: Muchos escritores en América del
Norte y del Sur son profesores.
Esto es un medio de poder vivir y
permitirles escribir sin problemas
económicos. ;,Te gustaría volver a
enseñar para facilitarte la vida?

SEÑAS / RESEÑAS / CONTRASEÑAS

mejor. Ves... s1 hag? un plan, n~
sirve porque a lo meJOr no sale. S1
proyecto ir a, España el ~es que
viene y despues me da la gnpe, como la que tengo ahora, no puedo
irme y el plan me ha fallado. No
sé la vida me ha enseñado que los
' se van abaJo
. .. .
planes

MM: Pero también a veces las cosas te
han salido bien. ..

EG: Sí, pero lo veo un poco difícil.

EG: Sí me considero muy afortunada.
H; hecho tantas cosas de verdad
MM: ¡,Pero no te opondrías a hacerlo?
peligrosas. . . y que haya salido
con vida es un poco asombroso.
Antes escribí artículos que llevaba
EG: No.
a los periódicos, y me decían los
directores de las revistas: '' ~Usted
MM: Casi siempre se pone una etiquese atreve a firmar ésto?' - Sí.
ta a la obra de los escritores. ¡,Có- "Pues yo no me atrevo a publimo caracterizarías la tuya?
car lo rcirusted firma." Y no me
lo pub 'caban. Muchas cosas que
EG: No sé, no se me ocurre.
me publicaron se me perdieron en
México.
A
algunas
de
tus
piezas
de
teatro
MM:
se les ha calificado de surrealistas.
MM: ¡,Te dieron alguna razón para no MM: ¡,Hay alguna razón para estar ti
¡,Estas de acuerdo?
publicar tu novela Mi hermanita
aislada?
Magdalena?
EG: De surrealista nada. Creo estar
EG: Sí hay la razón del sesenta J
más cerca de algunos clásicos esocho que fue tan horrible ~
pañoles con su juego de aparienmí. Se han dicho tantas atroéidt
cía-realidad, como se ve en La ver- EG: Que no la Merían. Y es raro, pordes sobre mi persona que
que
tanto
ortiz
como
Grijalbo
dad sospechosa o en El coloquio
quedado como si me hubil'd
aceptaban
todo,
todo
lo
que
tede los perros.
marcado con un hierro... Por
nía. "Chica mándalo, mándalo."
cho tiempo tuve verguenza
De pronto mando Magdalena y no
También
me
parece
que
este
juego
MM:
llamanne Elena Garro. No 11
la
publican.
Me
quedé
un
poco
existe en al~mos de tus cuentos,
1
atrevía. Cuando me presentabal
atontada
porque
era
la
primera
como "El d1a que fuimos ¡erros".
alguien, gente desconocida, 11
vez que me rechazaban _alg~, en
En este momento tu salu es hascualquiera
de
las
dos
ed1tonales.
daba apuros decir mi nomk&amp;
tante precaria.. .
Entonces propuse la Historia de
la Revolución Soviética y no la
MM: Hoy tengo mucho orgullo
EG: Sí.
tar aquí hablando con El~n• TI
quisieron tampoco.
rro y de hacer esta entre~
planes
para
el
futuro?
MM: ¡,Tienes
Aquí
en
París,
¡,te
tratas
con
esobra tiene una importancia dt
MM:
cial en las letras hispánicas Y.
critores
franceses?
EG: No, yo nunca tenf planes para el
prestigio al nombre de M
futuro. Nunca he echo un plan.
Gracias.
Vivo "a lo loco", como dicen en EG: No, no veo a intelectuales.
España, porque a lo loco se vive

ID~•
8.
de:

�¿QUE ONDA CON LA PALABRA ONDA

José .Roberto _Mendirichaga

Fidel Chávez
"Onda (Unda, ola), siglos XIII al XX,
porción de agua que alternativamente
se eleva y deprime en la superficie del
mar, de un río o de un lago por la impulsión del aire u otra causa y aparentemente se mueve formando círculos
concéntricos o líneas paralelas". Definición que se consigna en el Diccionario del idioma editado por Aguilar, muy
semejante a la que trae J. Corominas en .
su Diccionario etimológico de la lengua
castellana. Pienso que podríamos seguir
con el Pequeño Larousse o quizá con
el Diccionario del idioma, pero no es la
onda, o sea: no es el asunto. En este caso he empleado la palabra onda como
asunto, lo cual no quiere decir que el
sinónimo de esta palabra sea asunto o
viceversa. Si consideramos la función del
referente en este caso, encontramos que
es amplísimo -pero esto en forma muy
éspecial- en nuestro contexto mexicano.

EL ESTUDIO DE LA RELIGION
Y SU SIGNIFICADO

cial sino también lingüístico. Y además
otro punto muy importante: la diferencia de pensamiento entre generaciones
distintas.

concepto mismo sí lo haga.

Por otra parte, creo que sería in~
sante considerar en qué momento la
labra empezó a adquirir, por el uso
ferentes significados. Cuando cito aj
Actualmente, y esto es en cualesquieAgustín con ese cuento me remonto
ra nivel, la palabra en cuestión ti.ene una los setenta -o poco antes- y tal f4
plurivalencia de significados que se de- allí, en el D.F. , la palabra empezóA
terminan por el contexto: si le quiero utilizarse en el habla coloquial, con
decir a alguien si se decidió o no a hacer gama diversa de significados. Hoy
tal cosa le diré: ¡entonces, qué onda!, comúnmente, sin recelo, en difer
aquí la palabra sugiere un si o un no. niveles sociales, por hablantes de ••
Pero por otra parte, si quiero saludar a y edades muy distintas, aunque la jufflli
una persona, en lugar de un ¡qué tal! o tud, lógico, siempre va a la caber.a•
un qué pasa, le puedo decir ¡qué onda! aquello de hacer uso muy propio dll
Indudablemente que la carga emotiva o
lenguaje.
·
la intencionalidad que- se imprima a la
palabra definirá en gran parte su signifiSi quiero preguntar a un X interl•
cado.
tor qué hace, o a qué se dedica, le~
decir tranquilamente: ¿y tú, qué o
A nivel univ.ersitario es frecuente es- o bien: ¿qué onda, qué haces, ·
cuchar: "presenté el examen de macro- eres, qué vas a hacer, qué estás hac'
economía y no sé ni qué onda", o bien,
aquí? Etcétera.
"las preguntas del examen me sacaron
El contexto social, el uso y la movili- de onda porque andaba. yo en otra onLa palabra onda implica una serie
dad de una palabra determinan su des- da; de todos modos te hablo luego para cargas significativas que varían o
plazamiento y su función. Onda: me ver qué onda". Estos ejemplos se rela- bian porque el referente es muy am
llama mucho la atención esta palabra cionan exclusivamente con alumnos, pe- tan amplio como lo sea nuestro con
porque actualmente se oye de manera ro esto no quiere decir que algunos do- to, nuestro criterio, nuestra vida
común en diferentes niveles sociales centes no los utilicen.
tra cultura. La palabra va así, de lo CGt
y/o educativos· y lo más interesante es
diano a lo social, y a otros estratos 1111'
En el habla coloquial, en la de todos
que con un número de significados inmo el educativo, y no sólo eso, sino
crei'ble. Cerca de los años setenta el los días, la palabra se mueve amplia- la palabra onda ha sufrido una serie
escritor mexicano José Agustín escri- mente sin distinción de edades ni se- transformaciones: onda, ondín, on
bió un cuento titulado Cuál es la onda, xos, salvo en el caso de los puristas del once: ¿Qué onda? ¿Qué ondín? ¡
donde se empezaba a observar el sentido lenguaje, tan escasos hoy en día como el ondón? ¿Qué once?
y el uso de la palabra en un medio am- oro o como el dólar en nuestro país.
biente capitalino y entre jóvenes de una "Mira, la onda es que llegues temprano
clase social media baja. Además el para que seas de los primeros"; onda es (Perdón a los puristas del lenguaje~
cuento representa una revolución lin- cuestión o asunto. Pero cuando escucha- los estudiantes del habla colo
güística, tanto por las influencias que mos por ahí: "agaITé una onda. muy soy un simple aficionado a estas e
mane_µ¡ (Cortazár, sobre todo) como poi buena", puede ser que la persona se ha- .
la forma en que estructura el lenguaje. ya tomado algunas copas y se haya di- ·
vertido mucho o haya hech'b el gran neEn el cuento, sólo en dos ocasiones gocio de su vida. Aunque también puede
se alude a la palabra como onda y otra ser que la diversión hubiese llegado a ni· .
como ondón, aparte del título. Lo veles que prefiero no especificar para no
obvio es que el mismo título nos deja meterme en temas de moral, aunque el
ver una actitud de cambio, no sólo so-

se•

y••

Tal vez lo único que habría que reclamade al doctor Joseph E. Barnhart de
la North Texas State University sería el
haber incluido un subtítulo
no resnde exactamente a su enunciado1 a sar: "Nuevas exp1orac10nes
a la luz de
·
Kan Popper y Emile Durkheim", porque realmente su pensamiento se inscribe en la corriente más ortodoxa de la
filosofía de la re~ón, misma que en
este momento está siendo cuestionada
en muchos círculos latinoamericanos como ob~leta o carente de significado, en
~ SO?edad donde el sentido de justi~ 80Cl~ parece querer sustituir al sentido Dll8Jilo de Dios o, incluso, plantearse como elementos dialécticamente
contrarios.

qu;

e

~bre la imposibilidad de esto último,,1ustamente, nos habla Barnhart en
m libro, el que por cierto fonna parte
una estupenda colección donde cola•ran pensadores europeos en su mayona, ~ea como Benz, Bianchi y Ricoeur
citar ª los más conocidos y reconO:
~os, ~pados en esta aventura editoW~oas al esfuerw de Jacques
Utrechturg, de la Universidad de

t

~d

oi::r.:
e!1
·
pensana
fecha

que fue editada esta
que ha dejado de ser
r e Yque poc~ o nada hay que decir
en~- Lo pnmero puede ser cierto
lectoa~!i O en algunos círculos muy se•
pensamiento filosófico norteam
• · Y en el resto· de
loeencano
• En Mexico
ee J;l8es e Latinoamérica, la cuestión
ha emeren~ porque la crisis económica
crisis : ~ a ser determinante en la
desd l
por la que atravesamos,
aceeaoe e momento. en que no tenemos
:-;por precio Y dificultades en la
tradu
'• de obras sujetas al
pago CCIOn
de Yedi
, cion
extran· regabas y derechos en moneda
men:l:sra- a materiales que son fundapara no frenar un impulso da0

d

do O yara mantenerse actualizados en
matenas, temas y especialidades.
El por~é de esta reseña, no deja de
te~er _r,elac1on con un sentimiento de admrraci?n por encontrar· en una universidad teJana de esta latitud un pensamiento w:1 .europeo, . tan distante de este
eclectic~mo propio de las sectas, que se
han r~~ado a tal fado de las religiones
ey~elicas que practicamente ha éonstituido un nuevo fenómeno sociocultural en los Estados Unidos y, desde luego
II!uy apartado del catolicismo el luter;
msmo, el _calvinismo y el anglicanismo
las denommaciones cristianas más impor~
tantes de Europa.
B~art explica en el Prefacio de El
estudio de la religión y su significado
911e esta aventura entra al terreno de la
mterdisciplinariedad, y que es de esper~ que en el futuro mediato e inmediato~ enriquezc_a .~ste saber, donde "la
filosof1a de la religion -como él mismo
sefial~- no puede prosperar aislada del
e~_dio de la religión realizado por otras
dlSCiplinas" (viii).
Lo primero que hace Barnhart es intentar. de~r el .~oncepto de religión.
Para. e~. ~ es preocupación por la
ropia finitud, o por la contingencia de
ª real O imaginaria finitud a la cual se
~erra. c~d~ ~!en para ser, ~n algún sentid~, identico (p.6); es un sentimientoactitu_d que envuelve lo cognoscitivo, lo
emocional y lo moral, dimensiones fundamentales del fenómeno religioso

n~ disciplinado (filosofía) y el pensa~iento o act,itud religiosa, es "la postenor tendencia para dejar cambiar las
respuestas, _cognoscitivas por el argum~~to cntI~o y la experiencia empírica (p.115), para lo cual se apoya mucho en el caso de Kierkegaard.
P~~~ ser que, en muchas ocasiones,
la religion se maneje como un elemento
de orden. emotivo, para responder a las
grandes mterrogantes del ser humano
muerte, por ejemplo-. y esto es
válid?, sefiala el autor, siempre que no
se m~rie el esfuen.o racional de comprenSion,. ~e análisis filosófico. No sólo las religiones tradicionales así lo han
hecho, sino que incluso el marxismo en
cita de Carl Becker, opera de una m~ner~ supletoria de la religión cristiana, med!fflte la promesa de un paraíso mesiámco (p. 36).

-!~

También la religión -apunta Bamhart- resulta tener una dimensión moral, pero esto nos aleja del fundamento
natura de esta norma de moralidad que
es la conducta humana. Con Ber~n el
p~ofesor tejano asienta que es una ~ociedad dinámica y abierta donde pued_en darse estas adecuaciones morales,
sm trastocar la esencia de esta moralidad fundamentada en la misma naturaleza humana (p. 49), por lo que únicamente cuando esta religión se mueve
en e~ ca~po de los derechos y los deberes md1V1duales Y sociales desarrolla
esta dimensión moral que 'usualmente
se l~ atribuye (p. 61).

(p. 11).
Después el autor nos habla acerca de
la p~eocupación de la finitud, cómo las
comentes económicopolíticas pueden,
en u~ momento dado, constituirse en
sucedáne?8 de la re1!gión aunque no lo
son en si, Y establece que lo que hace
realmente diferentes el esfuerzo racio-

Para el autor, educación religiosa implica ~na serie de elementos: tolerancia
pluralidad, objetividad, etcétera si bie~
es cierto que incluso el más pr~fesional
eStudio ':°mparativo conlleva desde su
planteanuento una dosis de subjetividad inevitable, la que se vuelve crítica
con el establecimiento de una religión

�LOS FASTOS DE OVIDIO

Herón Pérez Martínez
El texto que presentamos incorpora una
múltiple circunstancia: la tra?ucción, e~
primer lugar, de un texto latmo, de Ovidio por cierto, al español contemporáneo; una introducción, luego, «¡ue repasa los Fastos con la convicción de que
"el traductor no sólo Lraduce, sino estudia, deduce, abstrae y resuelve" como
dice la palabra anónima dirigida "al lector" (pp. VII-VIII); finalmente la sección de "notas" por partida doble: al
texto latino y al texto español.

de Estado, de tal manera ,¡u_e la_única alternativa menos mala o mas viable,_ según se quiera, son lo~ cur:sos. optativos
para el estudiante umvers1tar10 y el escolar en general (p. 73).
La felicidad es una tarea cotidi~na,
señala Barnhart apoyándose en el teolo0 Barth. Es un poco el concepto paufino-luterano de que no funciona, ~a fe
sin obras (y en esto hace una critic:i a
las tesis de Billy Graham). El aqu1 }
ahora es fundamental, aun dentro d~ esta dimensión trascendente. Pero siempre permanece el hombre en el límite
y el misterio, cuando ~e. enfrenta a las
interrogantes de la felicidad (p. 109).

La publicación en sí, como todas las
de este género, es un acontecimiento:
reconstruir el entorno textual a fuerza
de palabras para que un texto vuelva a
"s4l!üficar'' no es tarea simple. Indicio
de ello es el enonne espacio de la "introducción" y las "notas": 234 páginas para
las 172 1¡ue ocupa el texto ovidiano en
ambas lenguas. La tarea, entonces, de
reconstrucción del entorno textual para
que el lector contemporáneo pueda
"leer" a Ovidio implica, de hecho, un
tipo de traducción tan importante como
la otra, la lingüística. José Quiilones
Melgóla lleva a cabo ambas tareas, con
~ a , de acuerdo con la idea ~e él
tiene de ellas. En la "introducción ', en~ en un lenguaje, a veces ovidiano,
Cll'C~nda los Fastos entre henneneuta y
~ del estilo. Su prosa se versifica y
- ¿quien lo duda luego que lo lee?- se
poetiza. "Oiga" si no el lector:

La manía cientificista de la verificabilidad ha penetrado -de acuerdo al
profesor B~art-, hasta 1~ -~édula
misma de la filosofia de la religion, pa•
ra no citar que en la teología ~uc~as
veces pretenden implantarse criterios
estrictamente sociológicos o antrop~
lógicos (p. 114). ~rente a este neop?s1tivismo la voz de Karl Popper adquiere
irnpÓrti:ncia, pues "no hay me~or método científico que ac¡u:} que m~luy~ ,Y
desarrolla la irnaginac1on, la d1scus1on
crítica y el argumento experimental en
la búsqueda de la verdad" (p. 146).
El problema de Dios ~iguc estan?~ ,en
la temática de la filosofia de la relig1on.
No es cuestión pasada de moda. "Las
respuestas religiosas con una argurnen•
tación metafísica -establece el autor-,
me parece que no ~ueden_ ~uperar el
análisis c¡uc sobre la mducc1on han establecido Hume y Popper" (p. 153).
Con todo la teología es inobjetable como rnéto'do y corno síntesis del dato
revelado.
Finalmente, el sentido mismo de la
vida S!9UC estando en el esfuerzo_ de la
filosofia de la religión. Es El mito de

Han rodado los versos a su antojo
Yel dístico ha corrido, moldeado

Sísifo de Camus; es el mundo del absurdo de Sartre y el existencialismo fi.
losófico. Y a esto debe dar respuesta,
o intentarlo al menos, el filósofo que se
precie de serlo (pp. 195-196).
Se trata, pues, de un ~e~Jº que es~udia el problema de la rehgion desde angulos muy variados, pero aun dentro de
este rigor filosófico elemental, donde la

Bibliografía y los Indices O~omástill
Temático vienen a contribuir a 11111
tura dinámica y enriquecedora.
J.E. Barnhart: The 1tudy of religion ,J
meaning (New explorations in Jigh! ~f
Popper and Emile Durkheim), ReligíOI
Reason 12, Mouton, Toe Hague, 1977•
pp.

Yllllasado por las manos de su arte,
como manso corcel de suelta brida.

d La sección de "notas" evidencia una
_?!il~ sabiduría en José Quiñones: lingui&amp;tica, en las "notas al texto latino"
\' cuhuraJ en las "nolas al texto espa-'
fiol''
En el Primer caso, Quiñones despliega

su sabiduría ovidiana explicando figuras,
relacionando estructuras o justificando
una traducción con razones a veces de
lingüística contrastiva, a veces de crítica textual. Estas "notas al texto latino" cumplen, excelentemente, la fun.
ción de la necesaria reconstrucción del
contexlo lingüístico para poder hacer
hablar a Ovidio.
Las otras "notas", en cambio, las "al
texto español", permiten a Quiiiones
desplegar "cultura": se trata de reconstruir los "entornos" del texto de Ovidio. Pero en algunos casos va más allá.
Mientras piensa en los '.' fastos" romanos Quiiiones se plantea, aunque tímidamente, los vínculos posibles con el
calendario cristiano (cfr. CLXXII, notas
48, 5, 2; CLXXXIX, notas 513, por
ejemplo).
La circunstancia, sin embargo, del libro que reseñamos es su traducción al
español. Más aún todo el trabajo de José Quiñones, a que nos referimos, es, ni
más ni menos, un trabajo de traducción:
si hay una "introducción" y unas "notas" es como parte del quehacer de traducción, por un lado, y como sostén de
la "traducción" como texto, por otro. No
es capricho, por tanto, si en esta reseña
nos detenemos en el asunto de la traducción.
Antes de referirme al texto de Quiiiones como resultado de su actividad de
traductor, es preciso que esboce algunos
"principios" sobre la cuestión. Si doy
rodeos es, al fin de cuentas, porque los
principios que me propongo esbozar discrepan de los sustentados en esta traducción. Exponerlos, aunque sea sumariamente, no significa restar méritos al libro que reseñamos, ni "enmendar la plana" al traductor. Significa, más bien, un
acto de "textualidad" de la obra de José
Quiñones, en el sentido de Gerard Genet,

como el texto a que ahora nos referimos,
al igual r¡ue toda traducción; es un acto
de "textualidad" de la obra ovidiana.
Significa en resumidas cuentas, 1¡uc respetamos y admiramos la tarea de Quiñones.
Yo entiendo por traducción el proceso lingüístico por el que un hablante
bilingüe "lee", descodificándolo, un
texto en una lengua A y a partir de sus
"contenidos" elabora un texto análogo
en la lengua B, en el que recompone los
"contenidos" leídos en el texto de origen, utilizando las "categorías" propias
de esa lengua; de esta manera el texto,
así constituido, "resuena" en su nuevo
contexto sociocultural produciendo análogo sentido al que el texto original produce en el suyo.
La "fidelidad" de la traducción, entonces, sugiero que se entienda no como la equivalencia de categorías de una
lengua a otra sino, más bien, como la
búsqueda de un sistema semiótico en la
lengua B de tal naturaleza que reproduz.
ca, lo más aproximadamente posible,
"todos" los contenidos, con su red de
relaciones y evocaciones, tal cual funcionan en el sistema semiótico c¡ue es el
texto en la lengua A.
Esto presupone, lingüísticamente,
que no creemos adecuada la teoría del
lenguaje según la cual ideas universales y
autónomas son simplemente "revestidas" del ropaje verbal correspondiente
a cada lengua, como sostienen, entre
otros, los "modistae" medievales y, en
la actualidad, cierta teoría de la trad ucción ligada al generativismo norteamericano. Presupone, como diría E. Coseriu, que la traducción hay que plantearla como fenómeno "textual" y no como un proceso que tiene lugar exclusivamente a nivel de lengua. En otras palabras, traducir no debe consistir, cree-

�mos, en sustituir las "categorías" de una
lengua por las "categorías" de las otras.
Ya Ferdinand de Saussure (véase el Curso) había considerado inadecuado concebir una lengua como una lista de palabras a la que corrresponde una lista
de objetos.
Desde esta perspectiva, echo de menos en la traducción de José Quifl.ones
la fluidez y el señorío que de la lengua
hace gala Ovidio. Me parece que el texto
acumula " dureza", -~ e, por supuesto,
es contraria a la "agilidad" de la poesía,
en expresiones como ésta: "con sus causas los tiempos dispuestos por año latino y cantaré en las tierras puesta y salida de los astros" (l, 1-2). Compárese,
para que se vea de qué hablamos, con
este otro texto: "lo que ves por doquiera: cielo, mar, tierra, nublados, todo se
cierra y por mi mano se abre" (1, 117118). En el primer caso se violenta la
sintaxis del español; en el segundo, el
texto se desliza, elegante y rítmico, con
donosura castellana.

o

11:)

El procedimiento de traducción es el
mismo en ambos casos - la traducción
"literal"- pero con distintos, más aún,
opuestos resultados. El asunto a discutir no es la "habilidad" de José Quiñones Melgoza, que está fuera de toda duda, como lo demuestra su larga trayectoria como traductor, sino su "teoría
de la traducción". De la misma manera
que "tempora cum causis'' es traducido
como "con sus causas los tiempos",
"Latium...per annum" exigía en español, por ejemplo, el artículo. En español
hay dos estructuras usuales: por -t- año
y por + artículo + año. Se dice, entonces, " por año", "por el año" y " por un
año". La expresión "por año" indica,
· como se ve, unidad de medida: " fulano
de tal gana tanto por año". En este sentido " año" se asume como una entidad
puntual: es la unidad de medida. "Año",

en cambio, puede entenderse como
tiempo T1,e dura. Entendido como duración ' año" requiere artículo determinado: el año. En cambio, entendido
como entidad puntual o unidad de medida, "año" exige, supuesta siempre la
preposición "por", o bien el artículo indetenninado que entonces, funciona como numeral C'por un año", "por dos
años", etc.) o bien, se usa sin anículo:
" por año", " por mes", "por semana".
En este último caso, pues, "año" es tomado unitariamente y no como tiempo
que se extiende: como tiempo comprimido. Este es, justamente el sentido
opuesto al de la expresión ovidiana:
"tempora cum causis Latinum digesta
per annum". La palabra "digesta", traducida muy bien por José Quifl.ones como "dispuestos", da la idea de una distribución: el año latino se "divide" en
fiestas. Año, por tanto, no es asumido
como unidad puntual de medida sino
como una duración en la que se "distribuyen" las fiestas: el verbo digero remite a esos "significados". Es "dividir",
"separar", "distribuir", "ordenar". Exigen, por tanto, el artículo determinado
el: las fiestas distribuidas por el afio latino.
Sin embargo, la traducción de José
Quifiones quiere ser una "versión ríqnica". Ello significa que se propuso reproducir, de alguna manera, el ritmo del
texto latino. A estas horas, sin embargo,
luego de los trabajos, sobre todo, de
Tomás Navarro, R Bachr, Pedro Henríquez Ureña, Dámaso Alonso, Luis
Alonso Schoke~ entre muchos otros, ya
se sabe que el ritmo cuantitativo latino
ha encontrado en la tipología textual
del castellano una amplia variedad de
estructuras rítmicas que, por otro lado,
no equivalen, sin má~ a la métrica latina. Mientras que una estrofa sdfica renacentista combina el risosilabismo con
el ritmo acentual y el tonal, el endeca-

stlabQ f&gt;lan~o lo ¡;esuelve cornliúait.
simplemente, el ritmi cuantitativo C814
acentual, como la silva. Quiñones Nlllf
ve la transferencia rítmica mediaale
reproducción de esquemas acen
los ictus rítmicos latinos corra111V111a•
en general, acentos castellanos.
dad, el asunto no tendría i m ~
dado que las relaciones entre la ,mil
cación espaftola y la métrica latia
deslizan en un· mar de discusionea.
decir, el asunto a discutir no es ai la
terpretación ~e José Quifl.ones
en su traducción del ritmo latino •
única posible o la más adecuada.
asunto es, más bien, que esa inte
ción interfiere de tal manera en
ducción que lesiona seriamente la
taxis del español con frases trunca
incoherentes, aunque aparezcan "
ga~as" , palabra por palabra, al
latino.
Por ello, mi discrepancia más
se refiere al "modelo" de tra
adoptado por José Quifiones: la
ción, justamente, "palabra por p
Sin pretender en este breve
analizar exhaustivamente la cu
debo decir, sin embargo, que la .
ca entre la traducción palabra por
bra y la traducción según el sentillt
remonta a los orígenes mismos de la
toria de la traducción. Debo decir, •
mente, que sería esteril repetir
argumentos de uno y otro bando
Cicerón, San Jerónimo, Luis Vivea,
tero, Fray Luis de León hasta las
les opiniones en teoría de la tra
de Wolfram Wilss, Eugene A.
Georges Mounin, Luis Alonso S
Octavio Paz o Rubén Bonifaz Nu6G
una larga lista, que la actual bib ·
fía sobre el tema se cuenta por
Quien lo dude puede ascender
BabeL Revue lnternationale de 1,
duction, en circulación desde 1955
ta obras como The Science of 7i

tion: An Analytical JJibliography que K.
R. Bausch, J. Klefaf y W. Wilss han publicado, en 2 volumenes, entre 1969 y
1971.

Echo. de menos en la traducción de

J?sé Quiñones el que, como dijera Ciceron a propósito de la traducción, las palabras, a veces, no estén "acomodadas a
nuestro uso,, sino, al contrario a veces
parecen •·repugnarte". La condición ...us~?1ente, que Cicerón exige a la tr;Juccion palabra por palabra es que no reP?gnen ª nuestro uso: "Ita expressero,
dice, verba persequens eatenus ea non
abhorre?!'t a more nostro"(Prólo~ a la
traducc1on del Protágoras dé Platon y
el Económico de J enofonte).

Me bastaría, en todo caso señalar
que .la polémica en cuestión ha ence~ a ~as .partes y que, quizás,
llll afanes smcret1Stas la solución pro,enga de la actual l.ineüística del texto
A ~ de ella, en electo, ha quedad~
de ~esto la gran v~edad en la ti~ • textual por un lado, y el distinto compo~ento lingüístico" ~ e
• ~ cada tipo textual. Su relacion,
Por ello Horacio, en su Arte Poética
por e.,emplo, con el entorno es distinta recollllen
. da: " nec uerbum uerbo curabis
en cada caso. ~i hubiera que simplifi- reddere [idus interpres" y San Jerónimo
car lo cual, Justamente, ha sido el en ~ celebra carta 57 a Pama io "De
prob ema- se podría decir, al menos,
optimo genere interpretand~ dice:
existen tipos
.
textuales indepentes del co~t~xto y otros que son abSi a alguien no pareci~e que la gracia de
~ente d1S~tos: en los tipos texJa lengua cambia con la traducción, que
taules mdependientes del contexto el
traduzca a Homero al latín, palabra por
~lema de la traducción se desliza del
palabra, más aún, tradúzcalo en su misma
textual para concentrarse en los
l~a a palabras en prosa Yverá un orden
ridículo Y apenas balbucir al más elocuen~~ categoriales del texto: categ,,._
nas
i:....&amp;\ísti
..,...
te de los poetas.
..:., -i;u
cas, en general y en espe...., ~ problema léxico. Por ;azones de
~o, !Ile contento con afirmar que Y más adelante agrega:
este tipo de textos no es totalmente
La traducción palabra por palabra de una
~ e la traducción palabra por palengua a otra oculta el sentido y cual gama
hablam fin de cuentas, sobre todo si
exuberante estrangula lo sembrado. ·
08 d~ le~as indoeuropeas, las
~ linglhsticas no varían mucho
~ quienes le reprochan no haber trala ~~ textuales, por un lado, y ducido P!11abra por palabra la célebre
blm.'feS/0 , ~dad semática es fundamen- carta motivo de su escrito les dice:
ente lexica, por otro.

1

l:

~a

&amp;a camb.10 81, •
palab
seria discutible traducir
caao ra rr palabra textos, como en el
comoqudirínosSocupa, 9u~ por un lado,
orden d ~ an J eronuno "hasta el
e
palabras es significativo"
Ymuehos de S\18 "co te 'd "
otro,
•
n ru os , por
con
de la confluencia del texto
toe.
erentes entornos y contex-

:;¡;

Lo ~ue ustedes llaman fidelidad en la tra~ucCJón los expertos denominan kakozeliin

(mal gusto)".

y Lutero en su celebérrima "Cart
d~l traductor" en medio de la polémic:
afmna:
Wer gut übersetzen will, darf nicht immer

11m: Buchstaben hangen bleiben" (quien
qwera traducir bien no debe pennanecer

siempre pegado a las letras).

¿Sería P!eciso recordar aquí los l(},
gros .del feliz modelo de traducción den~m~7ado por Nida " equivalencia dinámica · },~º será hora de una traductología diferencial? ¿Qué hacer con la ya
desarrollada hermenéutica, la teoría del
texto y la denominada pragmática del
t~xto? ¿Las desconoceremos? ¿No es
cierto, en ningún caso que el proce.5o de
"lec.turas". d~ un texto
' implica que el
destinat~~o llene los espacios vacíos"
com~ dina Barthes, de ese tejido conectandolo con lo que Julia Kristeva
llama la intertextualidad y por tanto
" extrayendo, como dice Umberto
'
Eco'
lo que el texto no dice pero que presu~
P,º~e, promete, entraña e implica
lógicamente"?
.. Siempre en la h1Storia de la tracluccion, se ha censurado la "adaptación"
~orno una forma de traición al •exto, al
!P.1ª1 que l~ .~,e se ha dado en llamar
mterpretac1on . Ello supondrá que el
modelo
aceptado' la "tra., de traducción
,,
duccion
exacta , consiste en que cada
palabra del texto original encut:nm: su
corr~pondiente en la lengua de :;alidn
~e~1:1nte un recurso al paradigma lingmst1co; el resultado tendrá que ser una
traducc!ón ~ptica, "objetiva" y sin la
contammac1on de la interpretación del
traductor que es subjetiva.
¿Re~ente .existe una lectura que
sea .al mismo tiempo "objetiva"? ¿No
es cierto que, al fin de cuentas, un acto
de lectura e~ la superposición por el lec
to~, cualquiera que sea, de su propio
uruverso de categorías?
. Traducir palabra por palabra 110 es
smo cerrar los ojos al inevitable fen&lt;&gt;men? de la textualidad y pensar ,¡uc
cerrand&lt;tlos el texto ya no es trairionado. Se podría hacer un inventJrio.

c..,
i-

�ENCUESTA BORGES 11

para ilustrar esto, de los innumerables
mecanismos de significación que tienen
lugar en la "supedicie" del texto y que
no tienen nada que ver con los ' significados" de las palabras sino por el hecho de que los modifica. Piénsese, por
ejemplo, en un texto en castellano usando el hipérbaton latino o el hipérbaton
alemán.
Si no fuera inútil hacerlo, recordaría
en este poco espacio que uno es el significado de las palabras a nivel paradigmático y otro su significado dentro del
sintagma. ¿Favoreceremos con esto la
anarquía al traducir? De ninguna manera: creemos, con Umberto Eco, Van
Dijk, Greimas, Coseriu y muchos más
que todo texto, por el hecho de serlo, al
tiempo que ofrece los espacios de la textualidad a la libre interpretación exhibe
características estructurales y categorías
estables de la más diversa índole, que
regulan la "aceptabilidad" de las interpretaciones.
En resumidas cuentas son precisamente esas "marcas" de superficie, que
escapan al imperio de la palabra autónoma, lo que hace que el excelente trabajo
de José Quifiones Melgoza desmerezca.
No es licito, en efecto, por la simple razón del uso de.la leiwia encerrar la lengua castellana en la' camisa de fnerza"
del hipérbaton latino.
Todo texw, por el hecho de serlo, es
una interpretación. La lectura de un
texto se da no sólo, ni principalmente,
como si se tratara de un código estático
de equivalencias fijas. La lectura es más
bien el resultado de la confluencia del
sistema de categorías lingüísticas como
marco semántico obligatorio dentro de
una comunidad de hablantes, y de lo
gue vagamente podríamos denominar el
' contexto sociocultural" pero que es
complejo y que, justamente, la lingüís-

tica del texto se interesa en dilucidar.
Por el simple hecho de pretender hacer
hablar un texto en un contexto sociocultural distinto, aunque no se quiera, se
está suponiendo una interpretación a ese
texto y, en el caso de una traducción palabra por palabra, en vez de "pasar al
costo" el texto en cuestión se le hace
leer con categorías totalmente extrañas
a él, lingüísticas y extralingüísticas.

unos objetivos que, todo junto, hattt,
dentro de esas reglas, que ee pueda cm,
siderar el texto que reseñamos como pt
radigmático en todos los sentidos quek
palabra tiene. Si lamentamos discreps
del modelo de traducción que la coleo,
ción ha adoptado, de sus razones y •
resultados, coincidimos sin embargo 11
que la tarea que realizan enriquece, ia
duda, la cultura mexicana. Como ti.
saludamos esta traducción, excelente de
Del mismo hecho, forman parte, en acuerdo con sus reglas, de José QuiliOla traducción que reseñamos, desde un· nes Melgoza y deseamos que ella aina
léxico latinizante hasta la imposición de para replantear la discusión en tomo i
estructuras sintácticas latinas a la len- problema de la traducción que tanta imgua castellana. ¿Diremos que el paren- portancia tiene en la génesis, desarrol&gt;
tezco entre el latín y el español autori- y actualidad del pensamiento y, en P
za, en este par de lenguas, la traducción "41, la cultura mexicana.
palabra ¡ror palabra? No se necesita mucha sabiduría, aunque sí mucho espacio, para mostrar la distancia que hay
entre la sintaxis latina y la española.
La traducción, de José Quiñones Melgoza, de los tres primeros libros de los
Fastos de Ovidio, aparece publicada en
una colección con amplia trayectoria,
con una muy definida actitud teórica
ante el proceso de traducción y con

Ovidio: Fasto, (Libros 1-III), Introducd6t,
y notas de José Quillollll
Melgoza, México, UNAM, 1985, CentJO di
Estudios Clásicos, Instituto de Invert~ack&gt;llll
Filológicas, Bibliotheca Scriptorum G,_
tum et Romanorum Mexicana. 86 páginll•
bles más 234 de introducción y notas.

versión rítmica

E,tando en preparación el presente número de Deslinde tuvimos conocimiento
del fallecimiento del escritor argentino
J~ Luu Borges. El tiempo estaba sobre nosotros como para solicitar materiJu o estudios alusivos a este importante autor, por lo que (amén de no
ducartar lo primero para próximos números) decidimos incorporar los resultado, de una miniencuesta Borges "para
eicritores regiomon tanos ", la que incluyó estas dos preguntas: l . Usted leyó
o Bor&amp;e1 por primera vez. Desde entonce, habrán pasado varios años. Eso lo
i&amp;noramos y por el momento no impor•
ta. ¿Quiere decirnos en qué circunstancia, ,e dió ese encuentro, qué significó
para ruted descubrir al escritor argentin??; y 2. Borges ha muerto. ¿Qué juicio le merece su obra, ahora s~ definitMente concluida?

�~=r::¿1•¡,;:¡;•:,~ ~;;;'!~:,St".;fs"P,:'fah:,:,: f n;::;~;:,'/"~: :,:r.:i~)".,;1:~'t'i:"ª

obsedió durante
d espues,
, ene tr ,
N
1 , muchos meses. Dos anos

. .

os

Nos descubrió nuevos modos de la libertad. ..

l. La primera vez que lo leí fue precisamente la que antecedió a la segunda.
Descubrir nuevos modos de la libertad, otras formas a las cuales nuestra lengua podía acceder, personajes
cuya esencia consta exclusivamente de lenguaje; ésas son las cosas que han llegado a interesarme de Borges.
Los años me han querido acostumbrar a leerlo siempre con la misma sopresa ante la magnitud de su
inteligencia y la integridad de su prosa.
Seguramente nuestro siglo no nos ha dado muchos escritores con una paciencia comparable a la de este

dana. La
serena coherencia
con que el maestro ur
en. un libro
- ' secunq ar,
, M
,
argentmo
tr ,de¡ texto, de Español para la ensenanza
para mi. e parecia, para usar una frase
"
.
amo as mas seductoras fantasías era al .
tonces el punto de partida de sus argu roentsuya,
irresponsable
de. , la imauinación"
I gnoruahcmante
os y esounfaormaha
parte delicencia
la at raccion
t,-·
•
a enque me
provocaban

Con el paso del tiempo y las lecturas he d
bº
.
~¡°~~~~nen su funafd~':1ento en alguna~ corri::~: i:~:ók~ª~:~orí: ~e lods arHgu~e~tos de los cuentos de
.
o y 1a met isica, entre otras) y en una rofu
\' ,oc. rmas e erachto, Croce y Spinoza·
cias ~e se han vuelto representativas del unive! de nda sahi~una filológica así como en ciertas recurren~
aprendido a reconocerlas en todas
b
este escntor. Al principio no las dist.
,
h
espejos. . .
sus o ras; particularmente, en sus poemas·· los !ah ermtos,
. mguila,
_pero lose
e tigre,

argentino. Seguramente nos ha dado muy pocos. Es más, demasiado pocos.
Creo que Borges vino a cimbrar el idioma y el pensamiento americanos, con una fascinante concepción
de las relaciones entre la historia, la biografía y la literatura fantástica. Aspiró a impulsar el estudio de la
t eología y la metafísica, quizá sin éxito. Promovió la idea de que el tiempo es un problema y no un hecho;
la idea de que todo ocurre simultáneamente, y que la literatura no puede sino intentar su reflejo a través de
enunciados que son, necesariament~, sucesivos. Se preocupó hasta la erudición por resolver algunos problemas que sabía invencibles: la división del tiempo, la eternidad, el cuerpo de los símbolos, las metáforas, los

.
, como podría
. Conocer estas claves no dIS. mmuyo,
1
c10naron.
El asombro se mantiene , pero su sentido
. suponerse,
eAnasombro inicial m1e
estas ohras me propor¡
es dº t'
-io qibue era evidente en ellos. Ahora, lo que me d tmbmto.
tes, los textos de Borges me deslumbraban
o pos les.
es u ra es el trasfondo, la oculta m aqumana
. . que l os

J:r

Sergio Cordero

sueños, la muerte.
Fue, en síntesis, un escritor en todo el sentido de la palabra, y.un hombre de extraordinaria inteligencia.

2. No veo cómo su muerte física pueda significar gran cosa en términos literarios. El sentido artístico no
se detiene, no mira detalles como ése.
Ni la juventud, ni la vejez, ni la vida, ni la muerte de un escritor garantizan o avalan la validez de su obra.
Los libros saben defenderse con sus propias armas. Y los libros de Borges, como las palabr as de Cervantes,
pesan mucho más allá de su muerte, y de muchas otras tantas muertes.
Siento, no lo niego, me duele que haya muerto, pero hay que admitir que ese no es un problema para la
literatura. Así pues, no percibo ninguna variación en mi lectura de su narrativa y su poesía. Sigue teniendo,
a pesar de su muerte, líneas ejemplares, increíbies. Y sigue teniendo, por ahí también, ideas un tant o extra-

Su obra definitivamente se inscribe en lo perenne...

l. A
~7:iet
~º
d

Borge~ lo leí tarde, como casi todo lo e he h
. .
d~ralqu~ente
tuve coi:tacto dire:o con 1:c::~:;av:i;i=~~i}r:menc:o~ahhan algunos ~e mis mae&amp;l
'
me amaron mas la atención
t
l
que ei, asta 1970 Sm duda,•fu
e guerrero y la cautiva"' "L'a busca de Averroes"
y gus
o
sus
reatos
"El
inmortal"
. " ' " Histona
.
_e
Y, desde luego "El al h"
'd"L~s teo'logos
Lu
• .
'
ep , que a titulo al libro.

;º

F·1cc10nes,
. ego sigmeron,
aunque
de esto ten
.
El infarme
de Brodie
t;do ya m enos seguridad,
El hacedor, Historia universal de l . -r. •
· · •
o prosa aunque, claro está, en
b
.
a in,amia,
Para mí si

..

muy uena medida, prosa poética.

c

.
gnificaba una nueva literatura.
f ·
por su dISposi~ión e imaginación. No acierto aon eccionada a partir de _elementos viejos, eternos

: . que podua ,segum habe, leído muehos

vagantes. Sigue siendo, en resumen, el que fue y el que será.

Gabriel Contreras

ero nu

!;:'~".,:;,:cn,t"
ese senbmi'.nto cuasipl,tónico d,'!,ncont:
' sm que esto tuviera fundamento alguno en la reali-

2. Nada puedo opinar. acerca de su poesia,
,
autor, ni por un libr
puesto que la desconozco No
d d .
mento literario.
o, m mucho menos por uno o varios poemas' reum
.. dos pue
ecirse
se conoce
a un
en heaz en
unaque
revista
o un supleLa serena coherencia con que tramó las más seductoras fantasÍaE
Lo primero que conocí de Jorge Luis Borges lo leí, a los 16 años de edad, en la Anwlogía de la poes(a
hispanoamericana (1914-1970) de José Olivio Jiménez. Allí están dos poemas a los que he seguido fiel:
" Límites" y "Arte poética". En este último, la audacia de rimar con éxito una palabra consigo misma me

De su pro
..
teratur a, regida
. sa qms1e,ra
afirmar
que ·es una de mis f avoritas,
.
, suficiente - en este arte que es 1a 1·1por canones
estéticos
lo cual sena
1:.11
1:.11

�El juicio que pudiera dar sobre su obra es que definitivamente se inscribe en lo perenne, en lo válido para
todos los tiempos y situaciones, porque aborda con sensibilidad y genialidad los temas del amor-odio, seguridad-temor, realidad-ficción, etemida~concreción...
Es una literatura a la que no puede despreciarse por su burguesía, por su falta de compromiso, ya que el
autor entendió siempre que este compromiso estaba en hacer buena literatura, buena narración.
Hemos de perdonarle a Borges su afán de llamar la atención, disimulo tal vez de su enorme soledad, situación que -por otra parte- él parecía disfrutar. Su obra, pues, es universal. Con esto, tal vez, esté todo dicho.

José Roberto Mendirichaga

Tres rounds con Jorge Luis Borges
El primer round fue por el 75 ó 76, y seguramente por consejo partemo, pero me encontraba yo tan ayum,
de experiencia en lecturas que no pude comprender los títulos de grandeza literaria que awmpañahan su ~om•
bre. Neruda o Vallejo eran ciertamente más cercanos en esas circunstancias.
El segundo round fue por 1980, cuando leí con un poco de calma y atención parte de su obra narrativa y
sentí el calorcillo que dicen es el efecto estético, señal de sintonización con los autores. Ahora sí, Borges me
hablaba un idioma claro. Quedé encantado con el humor sutil de la Historia universal de la infamia y lo incorporé a mi nómina de "favoritos", aunque sin gran arrebato porque me seguía pareciendo un poco acartonado,
solemne (entonces prefería yo lecturas más "existencialistas" y confesionales; Cortázar, por decir alguno). Pero de todos modos lo integré a mi panteón, un poco tal vez por pose pero otro poco, s~ por auténtico deleite
de lector.
El tercero fue hace apenas dos o tres años, y es a partir de entonces que me cuento como militante entre
sus muchos y devotos admiradores. Sobre todo por su obra poética y ensayística (en ese orden).
Admiro en Borges, más que al escritor (el artífice de la palabra, nuestro miglior fabro) al hombre mismo,
al temperamento.
Sé que la literatura, estrictamente hablando, no es más que palabras, palabras ordenadas intuitivamente
de acuerdo con la voz: interior, el demonio (en el sentido socrático) que todos llevamos dentro. Pero más
allá del sintagma y la dispositio (y a pesar de lo que digan los estructuralistas) está el hombre singular, el individuo concreto que nos habla desde sus varios niveles (concientes o no).
Pienso en Borges de esta manera: como un hombre concreto, un hombre vitalmente orientado a lo metafísico, habitante del mundo de los libros, más que como un escritor, un artesano de la palabra. Pienso en él
como en Sócrates o Montaigne, en Marx o Epicuro.
Su obra poética (que es lo que más me toca), además de arte verbal es una propuesta moral, un proyecto

axio~ógico. Cuando él menciona como dones o mercedes el último día de Sócrates las palabras que se di'
r::d: una_cru~ a ?tra cruz,? ~os arquetipos y :ut! t:aplendores de la ontología plató~ica, no sólo está cons~y.
bomtas imagenes retoncas o haciendo alusiones eruditas; está proponiéndonos también un orde
miento personal de los valores que cimentan nuestra cultura.
naso Po~ie co~parto esa "cartill~ moral", m~ siento ciudadano de la República borgiana, aunque sin los exces ans ocratizantes de ese magmfico señor.
·Su
¿

obra?• Permanecera· Vigente
·
por todo el tiempo que dure el ascenso del hombre.
Humberto Salazar

�Sólo poco a poco empiezo a encontrar todo el quilataje que hay detrás de algunas líneas. ..
Leí a Borges por primera vez antes de los diez años. Como es natural, ni siquiera sabía lo que tenía entre
manos; lo leí como engullía en ese entonces cuanto texto tuviera algo de interies. hí, me zampé una serie
de historias sobre gente tan inverosímil como una dama practicante de la piratería y un mesías de esclavos
que a fin de cuentas resultaba ser un sinvergüenza. Estos relatos me agradaron y punto. Fue casi diez años
después cuando, habiendo digerido con más elementos una parte de la obra de Borges, supe que aquellos
relatos formaban la Historia universal de la infamia. En la segunda vuelta, y gracias a las páginas recorridas
en el intervalo, puede encontrar en Borges algo más que simples historias interesantes. La experiencia fue
muy sabrosa; tan sabrosa como cuando uno vuelve a Las mil y una noches y encuentra que además de genios y derviches, hay también en los cuentos de Scheherazade,mil pistas culturales, una concepción moral,
una filosofía y, en fin, tantos detalles. Es algo parecido también a lo que se experimenta cuando se vuelve
a la vieja casa; uno tiene la impresión de que ha encogido, y resulta penoeo• recordar que la verdad es otra:
uno ha crecido. La ventaja de las lecturas es que este crecimiento resulta fructífero; es posible hallar en algunos textos una visión nueva en cada lectura. Esta riquezjl es lo que justifica a los exégetas y a uno mismo,
cuando vuelve a las viejas lecturas.
Por supuesto, no todos los textos tienen esta propiedad; en una relectura, muchos realmente acaban empequeñeciendo. Sólo unos cuantos escritos logran pasar con fortuna esta "prueba del añejo". Yo ubicaría
entre ellos a unos cuantos clásicos, el Quo vadís de· Sienkiewicz, varias novelas de Dumas (aunque no las de
Salgari) y, entre las lecturas más intelectuales, a Borges.
Creo que este es uno de los méritos de su obra. Por ejemplo, en una primera lectura me deleitó la cadencia de los endecasüabos en "El gólem"; luego el Manuel de zoología fantástica enriqueció mi perspectiva;
después, un repaso a Platón y la lectura de Scholem acabaron por dotar al poema de una riqueza intelec•
tual que todavía me deslumbra. Recuerdo que en mis primeros aeercamientos a Borges, su poesía me parecía excesivamente erudita, inalcanzable. Sólo paso a p¡¡so, y conforme he asimilado mal que bien otras referencias, empiezo a encontrar todo el quilataje que hay detrás de 1..gunas líneas de apariencia sencilla.
Desde luego, Borges no es un autor fácil; más bien, se trata de uri escritor elitista. Esto se presta admirablemente para un culto más basado en el vox populi que en la lectura directa. Poco bien traerá esto a la
comprensión de la dlna de Borges, que sin duda irá perdiéndose tras la imagen mitológica que surgirá a su
alrededor. Por mi parte, creo que seguiré acercándome a él' con respeto, en la medida en que siga siendo
una piedra de toque: cuando en una relectura encuentre qu~ ya no me ~porta una nov~dad,\ entonces quizá
podré decir que lo he asimilado. Por lo pronto me contento con admirarlo.
Horacio Salazar Hen:era

REGION

�HACIENDAS Y HACENDADOS
EN TLAXCALA
DURANTE EL PORFIRIATO

Mario Ramírez Rancaño
Desde tiempos inmemoriales Tlaxcala
ha sido el asiento de un número importante de haciendas. Las informaciones
que se remontan a la época colonial dan
a conocer que desde entonces se forjaría
un núcleo poderoso de grandes propietarios. Isabel González Sánchez, en un
libro célebre sobre las haciendas y los
ranchos en Tlaxcala, da a conocer para
el año de 1712 la existencia de 87 haciendas y 58 ranchos solos; 8 haciendas
arrendadas, 13 haciendas con uno o dos
ranchos anexos a más de otras propiedades.1 Una publicación oficial del
gobierno de Tlaxcala reporta para 1757
la existencia de 145 haciendas y 69 ranchos.2
Para el siglo XIX las informaciones
remarcan que esta entidad continuaba
siendo dominada por los hacendados.
En 1824, el entonces territorio de Tlaxcala poseía 153 haciendas y 134 ranchos.3 En 1876, momento en el que se
marca el ascenso de Porfirio Díaz al poder, las fuentes oficiales contabilizarían
123 haciendas y 116 ranchos. Para
1890. el número anterior de haciendas
permanece invariable, no así el de los
ranchos, los que aumentan a 188. En
el momento de 'despuntar el siglo XX
las haciendas suman 113 y los ranchos
148. Y para 1910, las haciendas son 117
y los ranchos 110.4

~

La diferencia entre lo que eran propiamente las haciendas y los ranchos
siempre fue bastante difusa. En principio todo se circunscribía a la extensión en número de hectáreas, aunque
ciertamente no existía un parámetro
fijo a partir del cual se pudiera asegurar que se trataba de una hacienda o de
un rancho. De~ :do a ello, se darían casos en los cuales tratándose propiamente
de una hacienda, se optaba por llamársele rancho, y lo mismo ocurría a la
inversa.

Pero independientemente de estas salvedades, es evidente que en Tlaxcala el
sistema de haciendas se remonta a la
época colonial. Pero no sólo eso, sino
que en lo esencial se mantendría hasta
el siglo XX. De hecho, durante la dictadura porfirista no se da aquello que
en otras regiones del país es conocido
como el proceso de formación de la gran
propiedad. Pero habría otras implicaciones.
Sobre este sistema de haciendas se
fincaba la vida y el movimiento de la entidad. Por ejemplo, durante la dictadura,
el gobernador Próspero Cahuantzi, ,n?
dudaría en establecer con ellos una solida alianza. Por supuesto que los hacendados no se conformarían con tener un
gobernador adicto a sus intereses, sino
que penetran y colocan a otros personeros al interior de la maquinaria estatal
local. Al interior del congreso local, del
congreso federal y en diversos puestos
de poder intermedios, la oligarquía
agraria haría sentir su presencia.5
Para la economía local, la estructura
de las haciendas sería decisiva. A ello
contribuía el hecho de que las clases dominantes estaban poco diferenciadas.
Sólo existía un reducido grupo de grandes industriales textiles cuyo número
no superaría la decena. El resto estaría
conformado por comerciantes de nivel
mediano y pequeño, dispersos tanto en
los pueblos libres como en los contados
centros urbanos; nueve propietarios de
molinos de trigo; una veintena de fabricantes de aguardiente, etcétera. 6
Pero aun en el terreno comercial los
hacendados se hacían presentes mediante la comercialización del pulque y el
manejo de tiendas de raya al interior de
sus dominios.
Al despuntar el siglo XX, tanto los

hacendados como los industriales teiti,
les alcanzarían enorme gravitación allivel local e incluso nacional. Tlaxcala•
ría uno de los más firmes bastioneatl
poderoso cordón industrial textil alladt
de Puebla, Veracruz, el Distrito Fedeal.
etcétera.
Alfonso Luis Velasco, quien por •
cargo oficial lleva a cabo la empreaa de
escribir monografías sobre divel'888á
dades federativas, diría que para finalll
del siglo XIX Tlaxcala era "relativ...,
te uno de los Estados más ricos y pt
peros, y donde la agricultura y lainit
tria están más desarrollados". 7 En olll
parte de su trabajo expresaría p
" Tlaxcala es un Estado esencialnne
agricultor, y bajo este punto de Mli
uno de los más importantes de la R,p,
blica".8
Por supuesto que semejante p. .
ridad no sólo era atribuida a una heotética vocación transformadora
hacendados y de los industriales, sino~
hecho de que justamente desde el íti
mo tercio del siglo XIX, Tlaxcala qe
dó articulada en forma casi total al•
del país por las redes ferroviarias. Sil
toma en cuenta la pequeñez de
ficie de la entidad, se deduce que ila
sólo es superada por Morelos en cllllill
al tendido de kilometraje de ví• J
rreas.9

de•

la•

Los ferrocarriles jugarían un ~
importante ya que los hacendad~
industriales textiles quedarían .
dos al mercado interno, con eVJdenll
ventajas en relación con las clases •
minantes de otras entidades.
Distribución de las haciendas
Tradicionalmente Tlaxcala era diridi
en seis distritos políticos. Criterio
se seguirá para analizar la singular

t

trihución de las grandes propiedades.
Tomando en cuenta los años de 1890 y
de 1905, se puede apreciar que el distrito de Juárez era el que contaba con
el mayor número de haciendas. En el
primer afio de referencia tenía 39 y en
elsegundo 34.

Le seguiría en orden jerárquico Morelos con 29 y 27 respectivamente. Después ya no habría una estricta concordancia en cuanto al número de haciendas, tanto en el año de i890 como en
el de 1905. Por ejemplo, en 1890, el
tercer lugar lo ocuparía el distrito de
Zaragoza con 22 haciendas, pero en
1905 el tercer lugar lo ocuparía el imp0rtante distrito de Ocampo.
Cambiando de óptica de análisis se
tiene que los distritos con el menor
número de haciendas serían el de Hidalgo y el de Cuauhtémoc. Según las
mismas fuentes informativas, el mayor número de ranchos existía en el
distrito de Ocampo, ya que en 1890
eran 79 y en 1905 se contabilizan 70.
Aun cuando para 1890 se reportan 45
ranchos en el distrito de Juárez, apenas
se registran 24 en 1905. En síntesis, el
total de haciendas se eleva en el primer afio de referencia a 136 y en el segundo afio a 115; y el de los ranchos a
188 y l 48 respectivamente.

Esta disminución en cuanto al núme-

bablemente
de grandes propiedades es debida proa la enorme confusión en el

manejo del criterio para clasificar a una
gr~ propiedad tanto bajo el rubro de
hactenda como de rancho sin descartar
que_se !'!-anifestaran los pr~cesos de centrahzac1on de la gran propiedad.

Al interior tanto de las haciendas comode los ranchos se había producido el
~ncel?amiento de trabajadores acasilla08, los cuales eran vitales para su fun-

cion 'lllliento. No se tiene información
ofic.al sobre la cantidad de trabajadores
que al final de la dictadura vivían bajo
tales patrones de existencia y de explotación. Sólo se dispone de información
fragmentaria y parcial.

estacional en las haciendas, para el cual
se utilizaba mano de obra proveniente
de los pueblos libres. Pero sobre estos
sectores se carece por completo de información.

El tamaño de las haciendas
Por ejemplo, La antigua república
aseguraba que para el año de 1905 existían al interior de las haciendas de 5
distritos, unos 7,823 trabajadores acasillados. Pero a esta cifra habría que agregar los trabajadores acasillados de un
sexto distrito y para el cual no existía
información. !O
Para el año de 1910, Frank Tannenbaum consigna otro dato. Partiendo del
supuesto de que existían 227 haciendas,
número que parece ser bastante elevado
pero que adquiere cierta lógica si se
acepta que se contemplan también los
ranchos, afirma que al interior de tales
propiedades vivían nada menos que unas
50,677 personas.11 Por supuesto que se
trataba de una cantidad que incluía a los
peones y a sus familiares. De ninguna
manera se trataba de una cantidad despreciable, ya que significaba el 32.2
por ciento del total de la población rural. El resto de esta población vivía en
los pueblos libres.12
Teniendo en cuenta el promedio de
trabajadores acasillados existentes en los
cinco distritos en 1905, y atribuyéndoselos al sexto distrito, se estima que 1m
las haciendas de Tlaxcala habría unos
9,300 peones acasillados; y para 1910,
de acuerdo con los datos de Tannenbaum, una cantidad similar.13
Si bien los datos son sumamente ambiguos, son los únicos elementos de juicio disponibles para tener una idea del
potencial de retención de mano de obra
al interior de las haciendas. Téngase en
cuenta, además, que existía el trabajo

Isabel González Sánchez, en su citado
trabajo sobre las haciendas y los ranchos
existentes en Tlaxcala en 1712, da te&amp;timonios sobre su tamaño. Tabulando
información sobre un total de 129 propiedades, 13 de ellas tenían menos de
100 hectáreas; 51 tenían extensiones
que iban desde las 100 hasta las 500
hectáreas; otras 38 propiedades tendrían extensiones que oscilaban entre
las 500 y las 1,000 hectáreas; y 27 de
ellas tendrían entre 1,000 y 6,000
hectáreas.14
La autora agregaría que los datos
aportados por los propios hacendados
eran sumamente interesantes: "Por
ellos sabemos de la existencia de grandes haciendas de labor y ganaderas, algunas con ranchos anexos, otras con
'sitios' o estancias de ganado menor
(780 hectáreas cada uno) o de ganado
mayor (1,750 hectáreas cada uno), lo
cual aumentaba más sus tierras y, desde luego, su poderío".15 Hilaría Joy
Heath Constable expresa que:
"Las haciendas de mayor extensión
(con un promedio de 1,308 hectáreas), se localizaban, desde el
siglo XVI, principalmente en el norte del Estado, aunque no exclusivamente, y su actividad principal era
la ganadería. En el valle de Nativitas,
en el sur, donde la tierra es mucho
más fértil, las haciendas tendían a ser
menos extensas, de mayor valor, y se
dedicaban más bien al cultivo de trigo y del maíz. Las haciendas de Santa Ana Chiautempan tenían un prol

/

�medio de 466 hectáreas, y con una
sola excepción, ninguna rehai;aha una
extensión de 900 hectáreas".16

't:t

Por supuesto
existieron 'Cambios
a través de los sig os. Es probable que un
número indeterminado de haciendas hayan modificado sus límites; que incluso
se abandonaran ciertos cultivos y se optara por la especialización en otros de
mayor atractivo comercial. Y si bien al
interior de tales haciend~ imperaba el
acasillamiento de los peones, también es
probable que los propietarios hayan procedido a utilizar mano de obra asalariada proveniente de los pueblos libres, a
quienes despojaban de sus tierras.
.

IN

'°

Para el siglo XIX o principios del XX,
no se tiene información sistematizada
sobre el tamaño ni la extensión de las
haciendas. En cambio existen múltiples
testimonios entre los cuales impera un
criterio común. El tamaño de las haciendas en Tlaxcala, siempre fue similar
al existente en la época colonial. Y este
tamaño de las haciendas podría ser calificado como de pequeño en comparación con el tamaño que alcanzaron las
haciendas en otras entidades, y que causaron el espant o de los críticos de la
dictadura. Raymond J . Buve, quien ha
realizado una de las mayores empresas
de investigación social en Tlaxcala,
aporta información parcial sobre el tamaño de las haciendas:
". . . en el estado de Tlaxcala prerrevolucionario existían tres tipos de
estructura agraria local. En el norte
de Tlaxcala dominaba el tipo latifundista basado en unidades productivas agrícolas de entre 1,000 y 2,000
hectáreas, con cultivos comerciales y
mano de obra en gran parte acasillada. El nivel máximo de autonomía
campesina era el del pegujal, es decir,
el muy reducido minifundio interno

de la hacienda y totalmente controlado por el duefio. En el centro-sur
de Tlaxcala dominaba el minifundio
externo, la agricultura parcelaria de
campesinos residentes en pueblos y
con actividades económicas complementarias en la industria, la artesanía o la agricultura comercial de la
cuenca del río Atoyac-Zahuapan. En
la cuenca de este río encontramos al
tercer tipo. Fincas de tamaño más
reducido, de entre 250 y 1,000 hectáreas, pero destinadas al cultivo intensivo, en gran parte a hase de ríego. Junto con la zona pulquera del
Norte, la cuenca Atoyac-Zahuapan,
constituía en 1910 el sector más
próspero de la agricultura comercial
tlaxcalteca con cultivos especializados y a base de grandes inversiones
infraestructurales".17

más célebres haciendas pulqueras:
"La familia Sánz y Solórzano •
dueña de Mazaquiahuac y El &amp;ear..
dos hacie~das pulqueras con máe ■
9,300 hectáreas, en el distrito del,
relos. Además de extensas plantaei,
nes de maguey cultivaban ~
tenían ganado y explotaban los •
tes. La mano de obra consistía ea1
mayor parte de trabajadores aca
dos en la misma finca y las dOI lt
ciendas estaban alejadas de pueMI
campesinos".
Este tamaño de las haciendas en 1iala se ve confirmado en el estudio •
Frank Tannenbaum. Ciertamente p
existe el inconveniente de que los da
pertenecen al año de 1923, pero 8011ll
µnicos disponibles por el momento. Ali
se consigna que 88 grandes propietllÍII
concentraban casi la mitad de la sopD
cie de la entidad, y que 16 de ellosena
duefios de una quinta parte de la mia&amp;

Refiriéndose exclusivamente al valle
de Nativitas, Buve afirma que ahí las
haciendas oscilaban entre las 231 y poco más de 1,300 hectáreas. Una de las
más grandes haciendas sería la del americano Carlos Kennedy, llamada San
Juan del Molino, con 1,345 hectáreas;
la de Ricardo Carvajal, llamada San
Juan Mixco, con 926 hectáreas; la de
Baldomero Rejón, Santa Elena, con 558
hectáreas; la hacienda Segura Michac, de
la testamentaria de M. Conde, con 513
hectáreas; y varias · de los hermanos Caso de origen español, entre las que figurahan Santa Bárbara con 231 hectáreas,
San Antonio Michac con 248 hectáreas,
Santo Tomás Xoxtla con 402 hectáreas,
Santa Clara Atoyatenco con 574 hectáreas, y Santa Ana Portales con 459
hectáreas.18

La misma información vista ~
otro ángulo refleja que 72 grandes plt
pietarios tenían dominios cuya eita
sión oscilaba entre las 1,000 y las 3,11
hectáreas, y que los 16 grandes olp
cas cuyo poder era manifiesto tenía■
sus manos extensiones que iban dell
las 3,000 hasta las 20,000 hectárea&amp; Pt
ro habría un dato adicional. Si se toma
en cuenta las propiedades de 500
1,000 hectáreas, las cuales sumaban 7~
y se les agregan a las detentadas porlll
88 grandes propietarios, era de so~
se que en conjunto tuvieran el co
de alrededor de las dos terceras pata
de la superficie de Tlaxcala.20

Por supuesto que se trataba de una
región en la cual las haciendas predominantemente eran pequeflas. En el polo
opuesto, esto es. de haciendas de gran
extensión, se podrían citar dos de las

Y eso que para 1923 de alguna ~
ra ya se había iniciado el proceso de ~
titución y de dotación de ejidos. Enfl'
tud de ~!lo, no es descabellado so
que se trataba casi del mismo pe

imperaba en Tlaxcala durante la dictadura. En otras palabras, que hasta cierto
punto Tlaxcala era el patrimonio de una
poderosa élite de hacendados.

Pero, ¡quiénes eran los hacendados?
No obstante la disponibilidad de información sobre el total de haciendas en le
entidad y su extensión aproximada, no
se tiene una relación completa de los
nombres de los hacendados, si todos
enn o no mexicanos, si tenían o no intereaee en otro tipo de actividades, etcétera.

Se sabe que durante la época colonial tanto la iglesia como los funciona. rios de la corona llegaron a tener un número importante de haciendas en sus
manos. Asimismo, que durante la dictadura porfirista existían hacendados de
origen españo~ americanos y por supuesto mexicanos. Aquí sólo interesa
reconstuir una lista lo más completa poible de los nombres de los hacendados,
Y.la ubicación de sus respectivos domiDI08.

Para ello se han utilizado diversas
fuentes. En principio la lista de haciendas que difunde P. G. Holms, que contiene 60 nombres; la de J ohn R. Southworth, tien aporta los mismos nombrea de aciendas y de hacendados con
~ novedad de que agrefa 9 casos más.
ero como se puede in erir, el número
total tanto de haciendas como de hacendados no rebasa los 69, cuando que
ee sabe que en Tlaxcala rebasaban el
centenar.
C,On infonnación parcial difundida a
traves del semanario La antigua república, Yde los Diarios de debates de la cálllara de diputados (en particular los del
afio de. 1912, en que se suscitan toda
una aene de discusiones sobre el papel

que juÉaban los hacendados agrupados
en la iga de -¼tlcultores durante las
elecciones de diputados federales), se logra reunir información adicional que
permite reconstruir una lista que contiene 115 haciendas con sus respectivos
propietarios.
Si bien tampoco se puede afirmar
;ree esta lista sea la definitiva, sí es una
las más completas. La relación podría
contener errores debido a que en ocasiones una misma hacienda es atribuida
a distintos propietarios. Mas no se sabe
si en los distintos periodos de tiem o en
los que fueron elaboradas las listas ubo
ventas de haciendas, o bien en algunos
casos en lugar de registrar al propietario
se consignó en la lista al representante.

1

De entre los hacendados más notables de Tlaxcala destacarían Diego L.
Kennedy, propietario de las haciendas
La Laguna y San Juan del Molino, quien
incluso llega a ser gobernador al momento de consumarse la caída de Próspero
Cahuantzi. Otros no menos famosos serían el científico Pablo Macedo, quien
aparece como propietario de las haciendas Santa Teresa Ixtlapayuca y de La
Calera; Eduardo Tamariz, duefi.o de las
haciendas Tamaríz y de Zoquiapan;
esta última hacienda también es atrihuida a J. Cortina Rincón. Por su papel
dentro de la promoción de la candidatura
de Cahuantzi para la gubematura, destacarían Ignacio Morales Benítez, duefi.o
de las haciendas Notario, Santa Agueda
y de la fábrica textil La Trinidad; Mariano Muñoz, duefio de las haciendas La
Compañía, Techalote, Tlatzalan; Rafael
Bemal, duefio de Solterc y de San
Juan Buenaverttura;José olórzanoyMata, dueño de las haciendas El Rosario y
Mazaquiahuac; Ignacio Torres Adalid,
duefi.o de la hacienda pulquera San Bartolomé del Mónte y promotor del mayor número de expendios de pulque en

el Distrito Federal21; la familia española
de los Caso, duefia de varias haciendas
en el valle de Nativitas; Valentín Gómez
Conde, duefio de la hacienda Acocotla;
M. Zamacona e lnclán, propietario de
Tepetzala; los Haro, duefios de las haciendas Santa Ana Ríos y de La Concepción; a más de otros más.
Pero también figurarían familias 4e
hacendados quienes desde entonces incuharían en su seno a futuros gohemadores de la etapa postrevolucionaria.
Entre ellos la de los Bretón, duefi.os de
las haciendas Tecoac y La Compañía;
los Mazarraza, quienes también desde
entonces poseían las haciendas de San
Juan Bautista y la hacienda Mazarraza;
Luvín González, propietario de la célebre hacienda ganadera de· Piedras Negras; los Pardo, dueños de la importante hacienda de Mazapa.
Por lo demás, y tal como lo muestra
la relación de las haciendas, en su gran
mayoría eran productoras de maíz, trigo, cebada, arvejón, e incluso algunas de
ellas producían caña de azúcar, como las
de los Pérez Hermanos en Huamantla y
Nativitas llamadas San Bartolo, Santo
Domingo y San ~el Xoxtla; la hacienda de Salvador liveras llamada Cerón, ubicada en Huamantla; la hacienda
Mazarraza de la familia del mismo apellido y las dos haciendas de Rafael Montillo llamadas Balcón y Guadalupe uhicadas en Huamantla, las que también
producían caña de azúcar.
Pero obviamente que el wupo de hacendados a quienes la literatura reporta
como de los más prósperos y beneficiados con la construcción de las líneas ferroviarias son los productores del pulque. Estos incluso como es sabido, en
1909 organizan el monopolio de clistribuciórt y venta denominado Compañía Expendedora de Pulques, Sociedad

::-

c.;

�Cooperativa Limitada, al lado de otros
hacendados de entidades contiguas a
Tlaxcala como lo eran Hidalgo y el Estado de México.22
Los más representativos serían los
Scholtz de !turbe, dueños de la hacienda pulquera San Nicolás el Grande, los
J. Cortina Rincón, Pablo Macedo, los
Pardo, Sánz Solórzano, los Torres Adalid, los Zamacona e Inclán, Miguel Suárez, Ricardo Carvajal, propietario de tres
haciendas pulqueras llamadas Aculco,
San Juan Mixco y Santa Marta.
Pero estos eran sólo los hacendados
que comercializaban el pulque en gran
escala a través de las redes ferroviarias.
Había hacendados que producían el pulque bajo patrones de autoconsumo de
sus dominios. Su venta se realizaba en
las tiendas de raya y sus consumidores
eran los peones acasillados.
Un grupo también destacado de hacendados sería el dedicado a la cría de
ganado, en particular en el distrito de
Morelos. En esta región es introducido
el toro de lidia en 1870 gracias a la iniciativa de José María González, quien
funda la primera crianza en Piedras Negras. En 1888, José María González Pavón establece la crianza de Tepeyahualco, que sería comprada en 1908 por los
nietos del fundador de Piedras Negras.
Para 1892 se habían establecido otras
dos ganaderías de toros de lidia en
Xalostoc y en San José Atlanga. 23 En
el mismo distrito de Morelos estaría ubicada la que posteriormente sería una
de las haciendas ganaderas más famosas
como lo era la de Mimiahuapan.
La articulación de las haciendas mediante el sistema ferroviario
tj&lt;

'°

Durante el último tercio del siglo XIX,
al advertirse la construcción de las re-

des ferroviarias, el suelo tlaxcalteca
quedaría atravesado por dos de las
principales líneas. Y no es que Tlaxcala haya sido precisamente un firme
bastión de la economía rrimario-exportadora, que justificara e tendido de las
líneas férreas, sino que todo se debía a
la ubicación geográfica de la entidad. Al
proyectarse la construcción del ferrocarril de la capital de la república hacia
Veracruz o hacia Puebla, inevitablemente se tenía que atravesar Tlaxcala. Debido a ello, un núcleo importante de hacendados, quienes tradicionalmente vegetaban al interior de sus feudos, de
pronto se verían conectados con el resto
del país. Con la excepción de los hacendados de unos cuatro municipios, el
resto quedaría ubicado en las mejores
condiciones. 24
Su campo de acción dejaría de ser
uno raquítico y local. Pasaría a tener alcances nacionales. Se erigirían en las palancas de la transformación de la entidad mediante el aumento de la producción agrícola, ganadera y pulquera, y su
consiguiente colocación en el mercado
interno.
Un número importante de haciendas
serían atravesadas por el Ferrocarril
Mexicano y el Ferrocarril Interoceánico,
a más de una tercera línea local denominada el Ferrocarril Oriental que también operaría en Tlaxcala, sin contar las
líneas privadas construidas por los propios hacendados para conectarse con las
líneas principales.
Otras haciendas, si bien no serían
cruzadas por el ferrocarril, teniendo en
cuenta el reducido tamaño de la entidad, de alguna forma quedarían situadas a lugares no muy distantes. Además
de que todos tendrían la posibilidad de
utilizar la red de carreteras que desde
tiempos remotos los ponía en contacto

con la capital de la república vía lill
Llanos de Apam o por la ruta de S.
Martín Texmelucan, o bien con V
cruz y Puebla.
En síntesis, los hacendados de
cala quedarían articulados en forma
bita a los principales centros urhanoe
país. Raymond Vernon da un
bastante ilustrativo de ello:

dad de México con la de Veracruz, tenía que pasar por Tlaxcala. Debido a
ello penetraba en la entidad en terrenos
del distrito de Morelos. En particular
cruzaba el Llano de Pie Grande, San
Buenaventura, terrenos de Soltepec, Pie
Grande. Después pasaba cerQa de San
Andrés Buenavista y de los cerros de
Mazatepec y Tliltepec, la ranchería de
Tezoyo. A continuación entraba en el
distrito de Cuauhtémoc. Aquí cruzaba
la hacienda de Guadalupe, el río Zahuapan, terrenos de Pie Chico, Zacatepec,, Tlalcoyo~la, el cerro de Cimatepec,
Act1pac, Barron Escandón o Apizaco y
el río Ateneo. Al continuar hacia el
oriente, penetraba al distrito de J uárez
pasan~o por _las haciendas de Acocotla,
Notano, Batán, Compañía, Huamantla,
Soltepec y Santa Ana Ríos. Seguía hacia el sureste hasta penetrar al Estado de
Puehla.26

". . . . el producto principal,
portado por la línea -30°/o de
carga total- resultó ser el pulque,
cerveza de los pobres de México.
trás de esta estadística habría •
falacia dramática sobre el carídJ
comercial del pulque a lo largo de~
da la extensión del ferrocarril. Lí
productores de las vecindades
área magueyera de Apiiaco encoa
ron repentinamente abierto el lit
mercado de la ciudad de México,IAI
productores de la ciudad de M~
Un ~amal a Puebla partía de Apizaco
más alejados de las fuentes adeCIIIII
o Barron Escandón y continuaba hacia
de suministro, no fueron competili,,
el sur pasando cerca del Molino de San
res de consideración para los de Al,
Diego, fábrica de San Diego, fábrica de
zaco; la ciudad de México perdió San Manuel, San Miguel Contla, Santa
sus industrias que producían
C~z 11axc~a, _Santa Ana Chiautenpam.
a alto costo, mientras Apizaco
De1aba el dJStnto de Cuauhtémoc y pecía. El pulque barato de este
netraba
al de Zaragoza tocando los tetambién se abrió camino, por p ·
rrenos
de
Santa Isabel Xiloxoxtla Sanra vez, hasta el Puerto de V
ta Maria Az tama, Contla, San Antonio
'
A
agregándose a las posibilidades
ruamanala,
Santa
Catarina
Ayometla
elección del consumidor (y a 111
San Marcos Contlalcingo Palula y Pan'.
ficultades de las autoridades para
~
la. Continuaba hacia ~l sur rumbo al
zar el cumplimiento de la Ley)
ah
do
de Puebla en cuya ciudad termiaquella ciudad".25
: j0 es~ ramal que tenía 47 kilómetros
~ ~d.2? Este ferrocarril contaba
Por supu.votO que existieron h .
npestac1ones en Apizaco, Santa Ana y
dos quienes no obstante los parab
en anzacola.
que les aportaban los ferrocarriles,
ferirían que.dar sumidos en su reductolt
, • atravesaba EllaFerroca
. m·¡ Interoceamco
mifeudal.
Pentrabentidad de_ noroeste a suroeste.
O a a la entidad por el distrito de
Las líneas ferroviarias
ca'?Pº atravesándolo
de norte a sur A
contmu ·,
,
·
dad de ac1on _coma por la municipaliEl Ferrocarril Mexicano, al unir ala
lxtacuixtla, f erteneciente al dis-

trito de Hidalgo, y los municipios de El
Carmen y Nativitas. Tenía estaciones en
Calpulalpan, Mazapa, Nanac-Amilpa Lagunilla y Atotonilco.
'
De la estación de San Lorenzo en el
Esta~o de Hidalgo, partía el ram~ que
termmaba en la estación de Soltepec.
Este ramal pertenecía al Ferrocarril Mexicano. Pasaba por las haciendas de San
Nicolás el Grande y La Luz hasta donde medía 22 kilómetros. Estaba destinado exclusivamente al transporte del
pulque de las citadas haciendas hacia el
Distrito Federal.28
El Ferrocarril de Santa Ana Chiautempan a Tlaxcala, con una extensión
de 8 y medio kilómetros,29 más que nada servía para unir a ambas ciudades y
no tanto para poner eq circulación la
producción agrícola de las haciendas.
De acuerdo con el semanario La antigua república, en el número de julio
de 1906, en muchas haciendas se habían construido ferrocarriles de varios
sist~mas para transportar la producción
agr1cola, ganadera y pulquera hacia los
centros de consumo. En el distrito de
Zaragoza, los señores Morales y Benítez, Caso y Reguero unieron las haciendas de Santa Agueda, Dolores Santo
Tomás, Santa Clara y Los Reyes por
líneas férreas con la Estación Panzacola del Ferrocarril Mexicano y con la
de Analco.
En el distrito de Cuauhtémoc un grupo de hacendados construye el Ferrocarril Agrícola que recorría 24 kilómetros
para terminar en la población de Tlaxco.
Pasaba por importantes haciendas como
Ahuatepec, Zocac, Tepetzala, Piedras
Negras y Xalostoc. Este ferrocarril se
aproximaba a otras haciendas, unidas varias de ellas por ramales a la vía principal.

En el distrito de Morelos, los señores Sánz, Solórzano, González Pavón,
Bernal, entroncan las haciendas de Soltepec, Mimiahuapan, Mazaquiahuac El
Rosario, San Buenaventura, Tepeyah~alco y Buenavista con la estación Soltepec del Ferrocarril Mexicano.
En el distrito de Ocampo, los señores
!turbe, Guillén, Pardo, Viñas, Fernández del Castillo tenderían las vías férreas desde sus fincas San Nicolás el
Grande, _San Miguel Calpulalpan, Mazapa, Ixtaf1ayuca, San Bartolomé del Monte hasta entroncarse con el Ferrocarril
ln!eroceánico. Y en el escape de San
Miguel y estaciones de San Nicolás, Calpulalpan, Mazapa y Nanac-Amilpa, embarcan los cuantiosos productos de
aquellas zonas.30
El Ferrocarril Oriental cruza una
zona de 100 kilómetros desde Tinacos
hasta la estación Cahuantzi, tocando las
haciendas de los Iturbe, La Luz Bernal
, Trasquila, Mena, Payo, Baqueda'
'
Sanz,
no, Postigo, Tecoac, Rosario, Pérez y
Mazarraza.31
El llamado Ferrocarril Agrícola sería
terminado en el año de 1905. Partía de
la hacienda de Los Reyes tocando las
fincas de Santa Agueda, Santa Ana Portales, Santo Tomás, San Antonio, Santa Clara, hasta llegar a la estación de
Analco del Ferrocarril Interoceánico.
Tenía además un ramal de la hacienda
de San Antonio a la de Michac.32
En el mismo año se anunciaba la
construcción del ramal de un ferrocarril
particular que conectaba la hacienda de
Jongo con el Ferrocarril Oriental en la
jurisdicción de Cuapiaxtla. Ade~ás se
había puesto en explotación un ferrocarril de la hacienda de Atlamaxac hacia la
estación .Muñoz del Ferrocarril Mexicano. 33 Los propietarios de las haciendas

°'i:.n

�de La Luz, San Bias y San Antonio Techalote, situadas en el distrito de Ocampo, construyen una línea de ferrocarril
que partiendo de dichas haciendas llegaba a Soltepec con el objeto de conectarse con el ferrocarril tanto Oriental como con el Mexicano.34 Asimismo se
construiría un ferrocarril desde la población llamada Aserradero, perteneciente
a Atlzayanca, con destino a la hacienda
de Junguita, y de dicha finca hacia el
Ferrocarril Oriental.35
Pero estos y otros hacendados no se
restringirían a tener a su alcance las vías
férreas, sino que harían gala de su bonanza mediante la introducción en sus
dominos del sistema telefónico. Las redes quedarían instaladas entre una o
varias haciendas de un mismo propietario o familiar cercano con las estaciones
del ferrocarril. El objetivo era aprovP,char al máximo el flujo ferroviario y poner en circulación la producción agrícola-ganadera-pulquera.
Destacarían por su importancia la línea telefónica que iba de la hacienda de
Mazaquiahuac a la del Rooario; la de la
hacienda Mazaquiahuac a la estación del
ferrocarril de Soltepec; de Xalostoc a
Tlaxco; de Quintanilla a la estación de
Soltepec; de la hacienda Mimiahuapan a
la estación Solteeec; de Mimiahuapan a
la hacienda San José de las Delicias; de
Apizaco a la hacienda de San Diego; de
San Diego a la fábrica textil San Manuel; de la fábrica San Manuel a la también fábrica textil de La Trinidad; de
Los Reyes a la estación de Analco y de
la hacienda Santa Agueda a Puebla, 36 sin
olvidar la línea telefónica de Tlaxco y
Barrón-Escandón a la hacienda de Zotoluca37 ; la de Calpulalpan a las haciendas de Mazapa, Santa Teresa, La Calera,
El Corte, anac-Amilpa, San Bartolomé y Tlamapa,38 la línea del rancho
Carranza a San Juan (molino) y la de

Huamantla a la hacienda de San Bartolomé.39
Todo un sistema de comunicaciones
ferroviario y telefónico al servicio de la
expansión y de la acumulación de capitales entre la oligarquía agraria. Cuando
menos hasta el final de la dictadura, los
parabienes del progreso y de la civilización acogerían a tales hacendados. Los
cascos y las construcciones de las haciendas inspirados en los castillos medievales, de los cuales aún perduran no pocos de ellos, son la mejor evidencia de
que en otros tiempos imperó una situación de bonanza en suelo tlaxcalteca.
El valor de las haciendas

Determinar el valor de las haciendas no
es una cuestión fácil de realiza.r. Lo más
pertinente es tomar en cuenta el valor
fiscal de las haciendas, aceptando toda
la secuela de distorsiones que ello implica. Según datos del afio de 1890, de
entre un total de 136 haciendas, 3 de
ellas tendrían un valor sumamente bajo
que oscilaba entre los 2,157 y los 5,000
pesos. En realidad es probable que se
tratara de ranchos con poca extensión y
mal ubicados respecto a las vías férreas,
o bien que tuvieran una tasación baja
para pagar menos impuestos. Habría
otras 10 haciendas que también tenían
un valor calificable como de bajo, el
que variaba entre los 5,000 y los 10,000
pesos cada una. A continuación habría
un grupo compuesto de 40 haciendas
que valían entre los 10,000 y los 20,000
pesos. En el distrito de J uárez se encontraban ubicadas 13 de ellas. El resto de
las haciendas tendrían valores superiores
a los 20,000 pesos. Por ejemplo, 28 haciendas estarían tasadas en cantidades
que variaban entre los 20,000 y los
30,000 pesos cada una. Y como en el caso anterior, 12 de ellas también estarían ubicadas en el distrito de J uárez.

Con valores catastrales que ita
de los 30,000 hasta los 40,000
habría 24 haciendas, de las
también estarían situadas en el
de J uárez. Y lo que podría ser
rado como la cúpula del poder
mico y político del sistema de
das radicaba en un grupo de 31
ciendas, que tenían valores
a los 40,000 pesos cada una.
tritos concentraban las hacienda
mayor valor: Morelos y Ocampo,
y 8 haciendas respectivamente.
En el distrito de Ocampo, de
las 8 haciendas altamente v
existían 4 de ellas con un valor
rior a los 80,000 pesos. Es má,
serían las de más alto valor ea
la entidad: San Bartolomé, que
280,000 pesos; Mazapa, 260,0II
sos; San Nicolás y Cuautepec,
pesos y Nanac-Amilpa con 111
de 100,000 pesos. De hecho 81
no tendría paralelo en Tlaxcala.
3 haciendas tendrían un valor
rabie: San Cristóbal y San Antonio
80,000 pesos; Zoquiapan que
77,000 pesos y San Blas con DI
catastral de 70,000 pesos. La ·
de Amantla ubicada también en
trito de Ocampo apenas superalle
40,800 pesos.
En el distrito de Morelos d
por su alto valor, aunque no
ble con el alcanzado por las
de Ocampo: Mimiahuapan y UI
cias con un valor de 100,000 ~
tepec con más de 93,000 peso8i
vista con 92,000 pesos; Maz
con 83,500 pesos y Piedras N~
un valor fiscal de 80,0()0 pesol.
seis haciendas vald.rían entre l01
los 80,000 pesos cada una: ·
lla valuada en 71,600 pesos;
luca, -con 72,000 pesos;
61,600 pesos; Llano del Pie G

50,000 peeos; El Rosario con más de
4BiOOO ~ y Tepeyahualco y sus ranchoe que valían 43,500 pesos.
En el distrito de J uárez no existirían
haciendas que valieran más de 70,000
peeoe. Las 4 haciendas altamente valuailas eerían: Cuautla y San Juan Bautista que valía justamente 70,000 pesos;
Soltepec y Anexas, 65,000 pesos; Notario, 46,000 pesos y San Diego Pinar
con un ,alor de 45,000 pesos. Las cinco
haciendas más importantes del distrito
de Zaragoza tendrían valorC,o que oscilaban entre los 44 y los 55,000 pesos.
Ellas serían Santa Agueda, que estaba
Yllknda en 55,000 pesos; Ixcualco y
Teosingo, San Sehastian y Espíritu
Santo con un valor de 50,000 pesos;
Santa Elena con más de 48,000 pesos;
San Antoruo Michac, que tenía asignado
an val~ de 46,600 pesos y finalmente
la hacienda de Los Reyes que valía
44,000 pe&amp;os. En el distrito de Hidalgo
las tres haciendas de más alto valor
aan: San Juan Atoyac con 53,500 pel(ll; San_Juan Mixco con 46,600 pesos
Yla hacienda La Compaflía valorada en
4~000 .P':808- Es necesario destacar que
en el distirto de Cuauhtémoc no había
haciendas que valieran más de 40,000
peaoe.

Las haciendas más baratas o de valor
~ - inferior a los 10,000 pesos es~ ~uidas de la manera siguien: 5 haciendas ubicadas en el distrito
de ~ ! ' , 4 en el de Hid~o, 3 en el
Oeam témoc y una en el distrito de
po. En total 13 haciendas.40

~ C:~":, y el fin de la bonanza de
~ se rebasaba

t

la primera década
XX, cuando 1011 hacendados
IOfln&amp; cala verían peligrar su mare
"'- Pero también verían cómo los

de

buenos tiempos y la bonanza económic_a los aba~donar!ª· El prime; mal auguno se manifestar1a con la ca1da de Prós-pero Cahuantz~ fiel guardián de sus intert;5es en _la gubernatura. A ello se agregar1a el virtual proceso de desarticulación de todo el sistema de dominio. Los
hacendados estarían concientes de que
algo catastrófico se avecinaba. Uno de
los miembros más prominentes de los
hacendados, como lo era el estadounidense Diego L. Kennedy, se entronizaría en la guberatur11; pero Kennedy sólo aguantaría unos días y se alejaría de
la gubernatura.
Un rápido movimiento entre las fi.
las de las clases dominantes locales les
permitiría colocar a otro de sus miembros en tan preciado cargo. Es así como llegaría a ser gobernador el comerciante Agustín Sánchez. Mas en las primeras elecciones realizadas a finales de
1911, las clases dominantes serían des-bancadas de la gubernatura. Un miembro de la oposición tomaría el cargo de
gobernador.
Ello significaba un virtual revés al
tradicionaf predominio de las clases dominantes. De inmediato éstas tomarían
las medidas que el caso ameritaba para
recuperar la gubernatura y revitalizar
el viejo orden político oligárquico que
tantos parabienes les había acarreado.
En 1912 formarían la Liga de Agricultores en la ciudad de Apizaco. Su
principal dirigente sería el hacendado
pulquero Ignacio Torres Adalid.41 Otros
hacendados como Eduardo Tamariz
haciendo fórmula con Manuel Sánche~
Gavito llegarían a la Cámara de Diputados.42 Esta repentina irrupción de los
hacendados dentro de la política nacional les daría los resultados apetecidos.
Para enero de 1913 recuperarían la gubernatura por intermedio de Agustín

Sánchez. Y a partir de mayo de 1913
gobernaría la entidad el gobernador
huertista Manuel Cuéllar.
Sobra decir que los hacendados estallarían en una suerte de histeria por
Huerta. No vacilarían en aportar recursos económicos a la nueva causa, y
otros de sus miembros ingresan dentro de las filas de la política nacional.
Ignacio Torres Adalid, en compaflía
de Ignacio Sánchez Gavito, ingresan al
Senado representando a Tlaxcala.43 Pero no todo pararía ahí. El hacendado
Eduardo Tamariz es designado por
Huerta ministro de Agricultura y de
Colonización. 44
Pero esta apoteosis sería efímera.
Huerta se desmoronaría a mediados de
1914 y los hacendados· de Tlaxcala
qu?da1/an de PI"?nto a la deriva, y ante
el umunente peligro de ser barridos por
el nuevo gobierno constitucionalista y
las clases populares. Durante el segundo
semestre de 1914, en particular los dirigentes de La Liga de Agricultores tendrían que huir de sus dominios. No pocas haciendas serían incautadas y el nuevo gobierno les aplicaría fuertes impuestos. Pero lo más dramático de todo ello
es que el pulque, eje de la prosperidad
de un cierto núcleo de hacendados entraría en crisis. Casi de inmediato e~traría en quiebra la Compañía Expendedora de Pulque. Los industriales textiles
perderían pujanza e interés en continuar
siendo uno de los ejes del capitalismo
regional.
Después de la guerra civil el capitalis-mo agrario-textil en Tlaxcala entraría
en una fase de profundo estancamiento.
Tanto los hacendados como los indus-triales textiles nada de importancia harían por impedir el eclipse de su otrora
imponente predominio. Los ferrocarriles
_y las carreteras que en otros tiempos les

~

�sirvieron de precondiciones para imponer su hegemonía a nivel regional, dejaban de ser factores de estímulo y de
expansión. Como una s~erte _de_maldicion, los hacendados serian victimas d€
una marcada inercia, de incapacidad y
de desinterés por revitalizarse como clase, y por ende como agentes de ?'~sformación en la estructura econom1ca
y social Sin el menor asomo de culpabilidad serían los cómplices directos de
sumir a la entidad en lo más profundo
del atraso. Del aug~ y de la prosperi?a~
que a finales del siglo XIX les e~dil~
Alfonso Luis Velasco no quedar1an ru
las cenizas. Los últimos vestigios de estas clases serían barridos en la década
de los setenta del siglo actual. Las viejas fábricas textiles serían desmanteladas o cerradas y los hacendados sufrirían el último golpe de muerte tendiente a desintegrar sus otrora imponentes
dominios: los campesinos les invadirían
y el gobierno federal se vería obligado a
repartirlos.
NOTAS
l. Isabel González Sánchez, Hacienda, y rancho, en Tlaxcala en 1712, México, I.N.A.
H., 1969, p. 14.
2.LISTA de la, hacienda, que ,e hallan en
elta Provincia de Tlaxcala, cuyo número
,egún m, Partido&amp;, y duel'io1 que la, po1een con la, cantidade, que ,e le, reguló
'
.
por 1011eflore1
Diputados,
1.p.1..

c:o

'°

3. Gilberto Fabila, et. aL, Tlaxcala. Tenencia y aprovechamiento de la tierra, México, Centro de Investigaciones Agrarias,
1955, p. 44; Moisés González Navarro,
E,tad(,tica, 1ociale1 del porfiriato, México, Dirección General de Estadística,
1956, p. 41; Alfonso Luis Velasco, Geograf(a y e,tadi'stica de la república me•
xicana. Tomo XI. Geograf(a y estad(1tica
del e,tado de Tlaxcala, México, Oficina
Tipográfica de la Secretaría de Fomento,
1892, p. 43.

4.Loc. cit.

5.Miembros de familias de hacendados ÍJgU
rarían en el congreso local en forma reiterada. Por ejemplo los Bretón, los Viv~
ros, Los Pardo, Drusina y otros. Consultar La antigua república. Tlaxcala, los
números correspondientes a septiembre 25
de 1904, p. 3-4; octubre 2 de 1904, p.
4; julio 29 de 1906, p. 25-26; septiembre
16 de 1906, p. 2; y octubre 11 de 1908,
p. 3.
6. La antigua repliblica, Tlaxcala, 29 de julio de 1906, p. 48.
?.Alfonso Luis Velasco, op. cit., p. 11.
8.lbidem, p. 34.

9. Gilberto Fabila, et. aL, op. cit., p. 21.
10. La antigua república,, Tlaxcala, 29 de
julio de 1906, p. 34.
11. Frank Tannenbaum, "La revolución agraria mexicana", en Problema, agr(cola, e
industriale, de México, México, Vol IV.
No. 2, 1952, p. 146.
12.Loc. cit.

Amsterdam, CEDLA, 1984, p. 217.
18. Raymond J. Buve, "Mo ·
pesina y refonna agraria en lo
Nativitas, Tlaxcala (1917-1923
de un caso de lucha por recu
habidas durante la revolución
Eisa Cecilia Frost, et. al, El
y lo, trabajadore, en la hiltoria
México, El Colegio de México y
of Arizona Press, 1979, p. 535.
19.Raymond J. Buve, "Agricultom,
ción política y estructura agraria • 11
volución mexicana: el caso de
(191(}.1918)", en op. cit., p. 251.

3lú ~ repiJblica, Tlaxcala, 7 de mayo
de 1905.
33.ú

o,quo

21.Juan Felipe Leal y Mario Huacuja
tree, &amp;onom(a y 1i,tema d_e
México. La hacienda pulguero n ti
bio. Siglo, XVIII, XIX y XX,
ERA, 1982, p. 120.

hoc,....

cala, en lo, albore, de la reoolucí6n agraria: 1910-1914, mimeografiado; y Rayrnond J. Buve, "Agricultores, dominaci&gt;n
política y estructura agraria en la revolución mexicana: el caso de Tlaxcala (191(}.
1918)", en op. cit., p. 220.

39.Loc. cit.

34.Loc. ci&amp;.
3S.ú atpi repiJblica, Tiaxcala, 5 de notlembre de 1905.

36.ú ulipl repiJblica, Tlaxcala, 29 de julode 1906, p. 36.
37.Alfomo Luis Velasco, op. cit., p. 124.
38..4Nn, eltadiítico de la república me-

20. Frank Tannenbaurn, op. cit.,
XIII, XV y XVI, p. 148-15 O.

40.Alfonso Luis Velasco, op. cit., p. 52-53,
6(}.63, 72-76, 86-88, 102-104 y 113-114.
No obstante que la propiedad rústica en su
conjunto sería revaluada constantemente,
es posible que no lll alteraran en lo subttancial los agrupamientos aquí presentados.

43.Diario de debate, de la Cámara de Senadoru, México, Cámara de Senadores, 1913.

41.Margarita Menegus Bomemann y Juan F~
lipe Leal, Lo, trabajadore, de ta, hacienda, de Mozaquiahuac y El Ro,ario, Tla,c.

44.Michael C. Meyer, Huerta; a political
portrait, University of Nebraska Press,
Linean, 1972, p. 237-238.

42.Diario de debate, de la Cámara de Diputado,, México, Cámara de Diputados,
1912.

CUADROS _ _ _ _ _ __

22.Jbidem, p. 113.
13.Hilaria Joy Heath
p. 15-16.

13. Esta estimación se basa en la hipótesis de
que cada uno de los peones haya tenido
entre 5 y 6 personas a su cargo o dependientes.

24. Gilberto Fabila, etc. al., op. cit., p, 2',
Rosa Filatt~ et al, Bo,que;,
económico del e,tado de T
xico, Secretaría de la Economía
nal, 1935, p. 81-82.

14. Isabel González Sánchez, op. cit., información extraída de las láminas insertadas
enel hl&gt;ro.

25. Raymond Vemon, El dilema ,1,1
rrollo económico de México,
Diana, 1966, p. 59.

HACIENDAS Y llANCHOS EN TLAXCALA:

Haciendas

Ocampo
Morelos

Jaáz

15.lbidem, p. 14.

26. Alfonso Luis Velasco,

16. Hilarla Joy Heath Constable, Lucha de
clase,: la industria textil en Tlaxcala,
México, El Caballito, 1982, p. 14.

27.Jbidem, p. 122.

Caauhtémoc

28.lbidem, p. 122-123

TOTAL

29.Loc. cit.

30. La antigua república, Tiaxcala, Jllt
1906, p. 14.
31.Loc. cit.

1890.1905

1890

Ditritos

Zaragoza
BMlalgo

17.Raymond J. Buve, "AgncuJtores! dominación política y estructura a_grana en la
revolución mexicana: el caso de Tlaxcala
(191(}.1918)", en Raymond J. B_uve (editor), Hacienda, in central Mex1co f~om
late colonial time, to the reoolution,

república, Tlaxcala, lo. de

octabre de 1905.

xicana 1898 a carg" del Dr. Antonio PI!?
flafie4 México, Oficina Tipográfica de la
Secretaría de Fomento, 1899, p. 407.

Ranchos

1905
Total

20
29
39
22
15
11

45

84

4

26

29
13

44
24

136

188

324

79
18

99
47

Haciendas

22

Ranchos

Total

15
9
8

70
21
24
3
14
16

24

115

148

263

Z7
34

92
48
58
18
23

~ : Para 1890, Alfonso Luis Velasco, Geograf(a y estadútica de la república mexicana. Tomo XL Geograf(a y estad(stico del estado de Tla:rcala, México, Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento, 1892; y para 1905; La antigua repúbliCli 'l'lucala, 29 de julio de 1906, p. 34.
·

�'(

Propietario

VALOR DE LAS HACIENDAS EN TLAXCALA POR DISTRITOS: 1890
NUMERO

Cuauhtémoc

'11

..

'

11

o

t---

Direccion

ObseIVaciones

Aculco
San Juan Mixco
Santa Marta
Tlalcoyotla
Zocac
San Antonio Michac
Santa Ana Portales
Santa Bárbara
Santa Clara
Santo Tomás
Los Reyes
Xaltelulco
Santiago Michac
Xalpatlahua
Segura Michac
Zoquiapan a/
Santa Cruz
Guadalupe
Acocotla
El Rosario
Piedras Negras
Coaxamalucan
La Laguna
San José
San Miguel Ateneo
Zacatepec y Pie Chico
San Francisco Soltepec
Santa Ana Ríos
Concepción
Metla
Nanac-Anúlpa
La Luz
San Juan Atoyac
La Laguna
San Juan del Molino
San Rafael
San Miguel Báez

Tlaxcala
Nativitas
Tlaxcala
Barrón-Escandón

Maíz, trigo, frijol, pulque
MaiL, trigo, pulque
Maíz, trigo, frijol, pulque
Maíz, cebada, pulque

Nativitas
Nativitas
Nativitas
Nativitas
Nativitas
Nativitas
San Pablo del Monte
Nativitas
Distrito de J uárez
Nativitas
Distrito de Ocampo
Hueyotlipan
Xaltooan
Distrito de Cuauhtémoc
Tlaxco

Maíz, trigo, pulque
Maíz, trigo, pulque
Maíz, trigo, pulque
Maíz, trigo, pulque
Maíz, trigo, pulque
Maíz, trigo
Maíz, trigo
Maíz, trigo

Huamantla

Maíz, trigo

HACIENDAS

16.- Carvajal, Ricardo
Hidalgo
Zaragoza
17
.. Carvajal, Ricardo
Juárez
Morelos
Ocampo
18.· Carvajal, Ricardo
3
4
5
19.- Carvajal, Mucio
o
o
1
2,157 - 10,000
4
3
9
13
20.- Carvajal, Leopoldo
8
3
10,001 - 20,000
2
2
2
21.Casó, Bernardo
12
5
5
20,001- 30,000
2
3
1
22.- Casó, Bernardo
10
5
3
30,001 - 40,000
o
2
4
23.-Casó, Bernardo
2
3
1
40,001 - 50,000
o
1
1
24.- Casó, Bernardo
o
o
o
50,001- 60,000
o
o
25.-Casó, Bernardo
o
2
1
1
60,001 - 70,000
5
o
o
26.- Casó, Bias R
o
o
3
2
70,001 - 80,000
t
o
27.-Cejudo, Ignacio
o
o
o
4
4
80,001 y más
28.- Conde, Test. M.
11
29. Conde, Francisco
15
22
39
29
20
TOTAL
30.-Conde, Test. N.
31.-Cortina, Rincón J.
FUENTE: Fonnado con datos de Alfonso Luis Velasco, Geografía y estadística de la república mexicana, Tomo XI,
32.- Díaz, Moisés
fía y estad(stica del estado de Tlaxcala, México, Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento, 189i p. 52-114.
33.-Garibay, Agustín
34.-Gómez Conde, Valentín
35.-González, Josefa
HACIENDAS Y HACENDADOS EN TLAXCALA: 1910
36.-González, Lubín
Observaciones
37.- González, Carlos
Dirección
Nombre de la propiedad
Propietario
38.-González, Romarico
39.-González, Manuel
Distrito de Morelos
Tecomalucan
1.- Arratia, Angel
Maíz,
trigo
40.-González, Miguel
Ixtacuixtla
2.- Ballarino, Sra. Rosario G. V. de San José Buenaventura
Maíz, trigo
41.-González, José María
Huamantla
Xalpatlahuaya
3.- Bárcena, Vicente
Maíz,
trigo
42.. González, Amado de
Nativitas
Dolores
4.- Benítez Morales, Ignacio
Maíz,
trigo,
arvejón
4.3.- Baro, Amado
Huamantla
Notario
5.- Benítez Morales, Ignacio
44.. Baro, Amado
Maíz, trigo
Nativitas
Santa Agueda
6.- Benítez Morales, Ignacio
Maíz,
trigo,
cebada
45.- Hemández, Antonio
Tlaxco
San Buenaventura
7.- Bemal, Rafael
Maíz,
trigo,
cebada
46.-Hoyo,
Esteban
Tlaxco
Soltepec
8.- Bemal, Rafael
47.-lzquierdo
Maíz, trigo, cebada
Citlaltepec
San Diego Pinar
9.- Borbolla, Francisco O.
Maíz,
trigo,
arvejón
48.. Kennedy, Carlos
Huamantla
Tecoac
10.- Bretón, Gustavo
49.-Kennedy, Diego L.
Maíz,
trigo
Huamantla
La Compañía
11.- Bretón, Justo
5
Maíz, trigo, arvejón
0.-Kennedy, Diego L.
Huamantla
Meca
12.- Brito, Luis M.
Maíz,
cebada,
pulque
5
l.- Llamedo, Juan
Barrón-Escandón
Cuamancingo
13.- Calderón, Micaela
5
2
.. Lozano, Francisco
Maíz,
cebada,
trigo
Calpulalpan
San Cristóbal
14.- Campillo, Luis
Maíz, trigo, arvejón
Cuapiaxtla
La Rascona
15.- Carpintero, Ignacio

Intervalos en pesos
lotl ,11

DE

Nombre de la propiedad

Distrito de Ocampo
Calpulalpan
Lardizabal
Distrito de Zaragoza
Nativitas
Nativitas
Huamantla

Pulque, etc.
Maíz, cebada, pulque
Maíz, cebada
Maíz, cebada, trigo

Maíz, cebada
Maíz, trigo

Maíz, trigo
Maíz, trigo, arvejón

....:a

�Propietario

1
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~ll~; ;:•
~ 11111111
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~lij¡ 11~

~

53.- Macedo, Pablo
54.- M. Manuel del Castillo
55.- Mantilla, Ramón
56.- Mantilla, Ramón
57.- Mantilla, Ramón
~8.- Martínez, Jesús
59.- Matienzo, Vda. de
60.- Mazarraza, Felipe
61.- Mazarraza, J.
62.- McCullough, Charles
63.- Merchán, Mariano
64.-Merchán, Mariano
65.- Merchán, Mariano
66.- Mier, Cándido
67.- Mier, Test.
68.- Montillo, Rafael
69.- Montillo, Rafael
70.-.Moreno, José de la Luz
71.- Muñóz, Mariano
72.- Muñóz, Mariano
73.- Muñóz, Mariano
74.- Muñóz, J. Miguel
75.- Muñóz de Cote, Joaquín
76.- Muñóz, Rafael
77.- Oliveras, Salvador
78.- Pardo, Agustín
79.- Pasquel, Romualdo
80.- Pavón González, José M.
81.- Pérez, Hermanos
82.- Pérez, Hermanos
83.- Pérez, Juan
84.- Pérez, Juan N.
85.- Picazo, Bernardo
86.- Prieto, Benigno
87.- Rejón, Baldomero
88.- Rivera, Agustín
89.- Rivera, Feliciano

Nombre de la propiedad

Dirección

Observaciones

Propietario
Santa Teresa Ixtlapayuca
San Bartolo
Balconcillo
Guadalupe
San Buenaventura
Atotonilco
San Diego Xocoyucan
San Juan Bautista
Mazarraza
La Blanca
Coapexco
Zochuca
Herradura
San Martín
Talapasco
Balcón
Guadalupe
Quintanilla
San Antonio Techalote
La Compañía
Tlatzalapam
San Bias
San Lucas Mozoyuca Alpozonga
Tenezac
Cerón
Mazapa
San Cristóbal Zacacalco
Tepeyahualco
San Bartolo
Santo Domingo
San Miguel Xoxtla
Xaltitla
Teometitla
San Lorenzo Techalote
Santa Elena
San Francisco Cuexcontzi
La Natividad

Distrito de Ocampo
Calpulalpan
Huamantla
Huamantla
Huamantla
Yxtacuixtla
Yxtacuixtla
Citlaltepec
Calpulalpan

rulque, etc.
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo
Azúcar

90.- Rivero, Enpque G.
91.- Scholtz de Iturbe, T.
92.· Sánchez, Emilio
93.- Sánchez, Emilio

Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo
Azúcar
Azúcar
Maíz, trigo,cebada
Maíz, cebada, pulque

Xicohténcatl
Huamantla
Calpulalpan
Distrito de Ocampo
Tlaxco
Huamantla
Huamantla
Nativitas

Maíz, trigo
Azúcar
Maíz, trigo, cebada,

Terrenate
Hueyotlipan
Nativitas
Cuapiaxtla
Huamantla

Maíz, trigo
Azúcar
Azúcar
Azúcar
Maíz
Maíz, cebada, pulque
Maíz, trigo
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo

Dirección

Observaciones

San Bartolo
San Nicolás El Grande
Toltecapa
El Potrero

Huamantla
Calpulalpan

Maíz, trigo
Maíz, cebada, pulque

Lardizabal
Xalostoc Apizaco
Distrito de Hidalgo
Distrito de Morelos
Distrito de Morelos
Huamantla

Maíz, trigo
Maíz, trigo

94.-Sánchez de Femández de Lara,
Lucrecia

95.- Sánchez, Gonzalo
96.- Sánchez, Enrique
97.- Sánz, Manuel

98.-Sala y Fernández, Francisco
99.- Sociedad Anónima
100.-Solís, Víctor
Huamantla
Yxtenco
Huamantla
Huamantla
Tlaxco
Hueyotlipan
Distrito de Morelos
Distrito de Morelos

Nombre de la propiedad

~01-.- Solón:ano y Mata, José

102.- Solón:ano y Mata, José
103.- Sousa, Sra. Virginia C. de
104.- Tamariz, Eduardo ,
105.. Torres Adalid, Ignacio
l(Mí.. Torrehlanca, Miguel
107.- Valle, Ignacio del
108.-Valle, Ignacio del
109.-Viftas, Eduardo
llO.-Viftas, Eduardo
lll.-Vitarán, Eusebio
112.-Viveros, Miguel
113.-Viveros, Guillermo
114.- Zamacona e lnclán

115.-

NOTAS:

a/

Ahuatepec
La Noria y Anexas
San Antonio Zoapila
Buenavista
San Pedro Xochihuacan
San Diego Apatlahuaya
Metepec
Rosario
Mazaquiahuac
Xonecuila
Tamaríz
San Bartolomé del Monte
Baquedano
Brito
Santa Bárbara
La Calera b/
Ixtafiayuca
Tochapan
Tepalca
Ameca
San Antonio y Tepetzala
Mimiahuapan

Distrito de Ocampo
Distrito de Ocampo
Huamantla
Huamantla
Hueyotlipan
Distrito de Ocampo
Chiautemnan
Españita
Españita
Distrito de Tlaxcala
Distrito de Morelos

Pulque, etc.
Pulque, etc;
Maíz, frijol, trigo
Pulque, etc.
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, trigo, arvejón
Maíz, cebada, pulque
Maíz, trigo, frijol, pulque
Maíz, trigo, friJol
Maíz, trigo, frijol
Pulque, etc.
Maíz, trigo, frijol, ganado

Est~ hacienda también es atribuida a Eduardo '1'amaríz. Los descendientes de este personaje
la Siguen detentando en la actualidad.

t-

--.l

C/J

�COLABORAN EN ESTE NUMERO:

GOITFRIED BENN. Este año se cumplen cien del nacimiento (Brandenburg,
1886) y treinta de la muerte (Berlín,
1956) del médico militar especialista en
enfermedades de la piel, escritor y poeta
alemán, uno de los más notables de la
primera mitad del siglo XX. Entre sus
libros destacan: Gehirne (Cerebros, novelas cortas, 1916), Fleish (Carne, lírica, 1917), Statische Gedichte (Poes(as
estáticlU. 1948) y Probleme der Lyrik
(Problemas de !(rica, ensayo, 1951).
ROSAURA BARAHONA México D.F.,
1942. Licenciada en Letras Españolas y
Lengua Inglesa. Estudió Guión cinematográfico en la Escuela Oficial de Cinematografía, en Madrid, España. Actualmente es profesora en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
Monterrey.
THOMAS G. PAVEL. Nació en Bucarest, Rumania. Actualmente es profesor
de estudios literarios en la Universidad
de Quehec en Montreal, Canadá, e imparte cursos en la Universidad de Harvard; la Ecole des Hautes Etudes en
Sciences Sociales, Paris, y la Universidad
de Amsterdam. Sus publicaciones incluyen investigaciones, estudios literarios y
de estética.
ENRIQUE NORTEN. Arquitecto. Actualmente reside en la ciudad de México.

b/

FUENTES:

. ·,
. .
Pablo Macedo En el año de 1909, durante la constitt
Esta hacienda tamh1en es atribmdad ªPul
S .edad Cooperativa Limitada, Pablo Macedo
ción de la Sociedad Expendedora e ques, oc1
aparece como propietario.

.
.
d h · das 1905-1906, México, Americtl
P.G. Holms, !h~ directory of age:;3¡;,'.nj;;:;: R ~~:hworth, El rJ.irectorio oficial de 111
Book and Pnntmg Co., 19~5,
¡'910 241-242· La antigua república, Tlaxcab.
minas y haciendas de México, . ~x1~0, debat;spde la cám;a de diputados, México, CáJl¡II
16 de febrero de 1908, P· l; Diario e
U· J Felipe Leal y Mario Huacuja Roat
de Diputados, 9 de octubre de 191_
2, dap. 10- M~ Y_ u~a hacienda pulquera en el camllMi
tree Economía y sistema de hac1en s en
x1co.
Sigl:s XVIII, XIX y XX, México, ERA, 1982, p. 116- 118.

PM' .

DIETRICH HAUCK. Filólogo alemán.
Profesor de la Facultad de Filosofía y
Letras de la UANL (1967-1970). Obtuvo el grado de doctor en filosofía con
Kaufmannsbuch des Johan Blasi
l 329-1337), Saarbrücken, 1965.

Da,(

HEIDI BASABE. Ver Deslinde 10-11
LETICIA HERRERA. Nació en Monterrey, N.L., en 1960. Estudió sociología
en la Facultad de Filosofía de la UANL.

Colabora en el periódico "El Nacional".
Ha publicado: Pago por ver (1984), Canto del águila (1985).
JORGE ROBERTO CHAVEZ. Nació
en Sabinas, Coahuila. Estudió después
de preparatoria en la Escuela Normal
Superior (Ciencias Sociales es su especialidad). Trabaja como maestro en una
escuela federal de Coahuila.
ARMANDO DE LEON. Nació en Monterrey, N.L., en 1958. Estudió periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación (UANL). Es profesor de literatura en una preparatoria de esta
misma universidad.
CARMEN ALARDIN. Nació en Tampico . (1933). Maestra en letras, por la
UNAM. 'Escritora con más de 35 años
de publicar poesía, reunirá dentro de
poco sus libros en un solo volumen.
MARIO RAMIREZ RANCA~O. Profesor e Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, ha
trabajado sobre el tema de la industria
textil a fines del siglo XIX en nuestro
país. Entre otros trabajos, es autor de
"Los políticos empresarios", incluido en
Revolucionarios fueron todos (SEP-FCE,

1982).
JULIAN HUGO GUAJARDO. Nació en
1963. Practica la fotografía desde 1976.
Ha expuesto en la Ciudadela, la Casa de
la Cultura, la Escuela Superior de Música y Danza, el restaurant 'La noria' . Actualmente trabaja como fotógrafo del
periódl.co El porvenir.
ELENA GARRO. Novelista y cuentista
nacida en Puebla (1920). También autora de piezas dramáticas. Entre estas
últimas destacan Un hogar sólido (1958)
y Felipe Angeles (1979). Los recuerdos
del porvenir (1963) y Testimonios sobre

Mariana (1981) son dos de sus narraciones más notables.
MINERVA MARGARITA
RREAL. Ver Deslinde 13.

VILLA-

MICHELLE MUNCY. Maestra e investigadora de Rutgers University, E.U.A
Se ha dedicado especialmente a la crítica literaria. En 1976 el INBA le publicó el libro Teatro de Salvador Novo.
Su trabajo más reciente, inédito, versa
sobre la crueldad en la obra de Elena
Garro.

�Revista

de Historia

1

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1111
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1

LIBERALISMO: REFORMA

11,

Y CONTRARREFORMA

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EN EL SIGLO XIX

•

(Chile, Perú, México, Venezuela,
~

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1
~

España y Portugal)
'

11~1

Año Il, número 3
enero -ju~o de 1987

Facultad de
Filosofía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

�</text>
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              <text>Deslinde, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 1986, Vol. 5, No 14, Septiembre-Diciembre</text>
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              <text>Mendirichaga, José Roberto, 1944-, Coordinador Editorial</text>
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              <text>Nuncio, Abraham, 1941-, Director</text>
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              <text>Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>Covarrubias, Miguel, 1940-, Director</text>
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              <text>Salazar, Humberto, 1959-, Secretario de Redacción</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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