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                  <text>~

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LETRAS UANU

�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NlJEVO LEON
RECTOR: Ing. Gregorio Farías Longoria
SECRETARIO GENERAL: Ing. Lorenzo Vela Peña
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DIRECTOR: Lic. Bernardo Flores Flores
SUBDIRECTOR: Lic. Ricardo Villarreal
SECRETARIO ACADEMICO: Lic. José María Infante

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
NUMERO 15 / VOLUMEN VI/ ENERO- MARZO DE 198fCONSEJO EDITORIAL
Lic. Nora Berumen de los Santos
Lic. Martha Casarini
Lic. Alicia Escamilla
Lic. Miguel González
Lic. María de los Angeles Pozas
Dra. Alma Silvia Rodríguez

1

.

.:~

'"•l,t 1

i111 11ml

DIRECTOR
Miguel Covarrubias
SECRETARIO DE REDACCION
Humherto Salazar
OFICINAS
Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria.
San Nicolás de los Garza, N.L.
MEXICO.
Publicación trimestral
Precio del ejemplar: $1000.00 M.N.
Suscripción anual: $3.500 M.N.

¡
__/

�SUMARIO
SERGIO FLORESCA O MA YET
El agua y la indu trialización de Xalapa Y su region
·' durante el siglo XIX.
Usos, de tinos y conflictos.

4 GEORG TRAKL

76.

Sombrías frentes de guerreros

SA JERO l\10

6 A Pamaquio sobre la mejor manera de traducir
Ilustran este número viñetas de Arturo flores

12

EVODIO E CAL\NTE
En la ciudad estercolada

4 FRAXCI CO CERV .\ ~TE
1 Como te prometí

22

JOSE ROBERTO ~IE~DIRl~HAGA
Vigencia de la ontología tomista

OLGA ARIAS

2 7 Fantasía para flauta
29

TIIOMAS G. PA VEL
arrativas literarias

1 GKRARDO PUERTAS
4 Poemas
46

RAUL R . GEL FRIAS
lloras de ~lonlerrcy
~1 \RI I i\ l~ES PEREZ LUBRI~A

50 A propósito de un texto de :\largucrite Duras
\lA~UEL CO~TRER \SRA\TOS

55 El sentido de la apalal.Jración de las acciones
ELE~\ R1\ \GEL lll~OJO, .\

62 Un sombrero de hombre (comentario de la novela El aniante de M. Duras)
ROLA DO GONZALEZ

64 J. Lacan: nombre propio·de la frontera entre el aLer y la verdad

70
72

JOSE JAVIF.R VILLAHREAL
Antología de la poesía mexicana de los cincuenta (1)

JESUS BECERRA VJLLEGA
El cierre de Fundidora ~lonterrey

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�SOMBRIAS FRENTES
DE GUERREROS

Georg Trakl
HU \1 A \IDi\D

La música agreste de la invernal tempestad
Se asemeja a la oscura cólera de los pueblos,
La ola púrpura de la batalla
A despojadas estrellas.
Con las cejas rotas, con plateados brazos
La noche a los soldados moribundos hace guiííos.
tntre sombras del fresno otoñal
Suspira el alma de los victimados.
1:-:spinosa maleza ciñe a la ciudad.
Por ensangrentada escalera persigue la luna
A espantadas mujeres.
Salvajes lobos derriban la puerta.

Humanidad ante bocas de fuego colocada,
Ln redoble de tambor, sombrías frentes de guerreros,
Pasos entre la niebla ?e sangre, hierro negro que zumba
Desesperación, noche en los funestos cerebros:
'
\qu í la sombra de Eva, caza y rojas monedas.
\ubes que rompe la luz, la Cena.
L'n dulce silencio habita el pan y el vino.
\ aquéllos son reunidos en número de doce.
Por la noche gritan, en sueños, bajo las ramas de los olivos.
Santo Tomás hunde la mano en la divina llaga.

Versiones de Miguel Cova"ubias

Men chheit
Im Osten
Den wilden Orgeln des Wintersturms / Gleich l des Volkes finstrer
Zorn, / Die purpurne Woge der Schlacht, / Entlaubter Sterne. / /
Mil zerbrochnen Brauen, silbernen Armen/ Winkt sterbenden Soldaten
die acht. / Im Schatten der herbstlichen Esche / Seufzen die
Geister der Erschlagenen. / / Dornige Wildnis umgürtet die Stadt. /
Von blutenden Stufen jagt der Mond / Die erschreckenen Frauen. /
Wilde Wolfe brachen durchs Tor.

Menschheit vor Feuerschlünden aufgestelJt, / Ein Trommelwirbel
d~nkler Krieger Stirnen, / Schritte durch Blutnebel; schwarzes '
E1_sen schellt; / Verzweiflung, acht in traurigen Gehirnen: /
II1er Evas Schatten, Jagd und rotes Geld. / Gewolk das LirhL
durchbricht, das Abendmahl. / Es wohnt in Brot u~d Wein ein
sanftes Schweigen. / Und jene sind versammelt zwolf an Zahl.
/ achts_schrein im Schlaf sie un ter Olbaumzweigcn; / Sankt Thomas
laucht die Hand ins Wundenmal.

�A PAMAQUIO SOBRE LA MEJOR
MANERA DE TRADUCIR

San Jerónimo
l. Cuando el apóstol Pablo, tuvo que
responder ante el rey Agripa de incriminaciones inteligibles para su interlocutor, seguro del triunfo de su causa, se
congratulaba desde el comienzo diciendo: me considero afortunado, oh rey

Agripa, de poder defenderme en tu presencia, de todas las cosas de que soy
acusado por los judíos, pues tú conoces
bien todas las costumbres de los judíos
y las cosas de que discuten. Había en
efecto leído el texto de Isaías: dichoso
el que habla a los oídos del que escucha
y sabía que las palabras del orador sirven en la medida en que conozca la
prudencia del juez. De la misma manera,
yo también me considero afortunado en
este asunto aunque sea sólo porque he
de responder ante oídos eruditos a una
lengua estúpida que me achaca ignorancia o mentira según que no haya sabido
o no haya querido traducir con veracidad una carta ajena: lo primero sería
yerro, lo otro delito. Y como quizá mi
acusador, con la facilidad con que habla
de todo y con la impunidad con que
piensa que todo le está permitido, me
incrimine ante ustedes, como al papa
Epifanio, te mando esta carta que indique la realidad de las cosas a ti y a los
que se dignan brindarme su afecto.
2. Hará casi dos años, el suso mencionado papa Epifanio, envió al obispo
Juan una carta reprendiéndolo por algunas doctrinas e invitándolo luego, con
benevolencia, a que hiciera penitencia.
Ejemplares de esta carta, en Palestina,
eran arrebatados con vehemencia ya por
el prestigio del autor ya por la elegancia
del escrito. Había en nuestro monast erillo un hombre no oscuro entre los suyos, Eusebio de Cremona, que me empezó a pedir insistentemente, dado que la
carta en cuestión volaba en boca de
muchos y tanto doctos como indoctos
la admiraban por su doctrina y pureza
de lengua, que se la tradujera al latín y,

para entenderla con más facilidad, que
se la explicara más claramente; era, en
efecto, totalmente ignorante de la lengua griega. Hice lo que quería. Mandé
llamar a un amanuense y, a escondidas,
se la dicté rápidamente anotando brevemente, al margen de la página, el sentido
de lo que contenía en su interior cada
uno de los capítulos -en efecto, hasta
esto me había pedido que hiciera para
él solo- por mi parte, yo le pedí que
guardara en su casa el ejemplar para que
no fuera, fácilmente, a circular en manos del vulgo.
Así pasó el asunto un año y seis meses, hasta que la susodicha traducción
emigró de sus armarios hasta Jerusalén
con su nuevo prestig_io. Pues cierto seudomonje ya sea por dinero, como claramente se deja entrever, ya por gratuita
malicia, como en vano intenta demostrar el corruptor, compilados los documentos y sus haberes, se convirtió en un
Judas traidor dando a los adversarios
ocasión de ladrar contra mí, y de que en
reuniones de estúpidos me acusaran de
falsario, de que no traduje palabra por
palabra, que puse "carissimum" en vez
de "honorabili" y que por traducción
malintencionada - lo cual es ilícito afirmar- no quise traducir aidesimótaton
(reverendísimo). Estas pequeñeces y
otras del género son mis crímenes.
3. En primer lugar, antes de referirme a
la traducción, quisiera preguntar a quienes llaman prudencia a la malicia: ¿Dónde obtuvieron ustedes el ejemplar de la
carta? ¿Quién se las dió? ¿Con qué cara
proclaman lo obtenido por medios criminales? ¿Qué seguridad podrá tener en
lo sucesivo la gente si ni con paredes y
ni siquiera en nuestros armarios podemos ocultar nuestros secretos? Si yo les
arrojara a u stedes este crimen ante los
tribunales judiciales los colocaría cual
reos bajo el yugo de las leyes que esta-

blecen castigo, hasta para los delatons
en bien del fisco. Se benefician con k
traición y condenan al traidor. E,'s dq,
les gusta el lucro pero no la actitud.
Hace poco el príncipe Teodoio
condenó a muerte a Hesiquio, funci,.
nario consular, con quien el patriaia
Gamaliel tenía gravísimas enemistad11i
porque habiendo sobornado a un notario violó documentos de su ene~
Leemos en las historias antiguas que u
maestro de escuela, luego de haber tri,
cionado a los hijos de los faliscos, fue
entregado, atado, a los niños, y remitía,
a quienes había traicionado para qued
pueblo romano no obtuviera una victoria con un crimen. Y Fabricio considuó
crimen que Pirro, rey de los epirota.
fuera asesinado, traicionado por un médico, mientras convalecía de una heria
en el campamento. Fabricio, por e&amp;,,
remitió al médico a su señor antes qat
aprobar un crimen aunque fuera en d
enemigo. Lo que protegen las leyes ~
fanas y hasta los enemigos, lo que aáa
para las guerras y espadas es sagrado, no
encontró seguridad entre nosotros, mi!
jes y sacerdotes de Cristo. Y todaTII
hay, entre ellos, quien con el
fruncido y chasqueando los dedos .•
atreve a eructar diciendo: "~y qué 11ne qué ver que haya comprado y sobcrnado si hizo lo que le convenía?" ¡Vaya
defensa del crimen!, como si los 1~
nes, rateros y piratas no obraran f1!,8
su conveniencia. Ciertamente Anas Y
Califás creían hacer lo que conside
útil para ellos al seducir al infeliz deJuda

e•

4. Yo quiero en mis papeluchos ese~
algunas necedades, hablar de las ed'
turas, dar, a mi vez, mordiscos a losf
me hieren, desalojar mi estómago, t!f'"
citarme en lugares comunes y re
las flechas casi listas para pelear: en
to no profiera mis pensamie~tos,
siquiera las maldiciones son dehto,

aún, ni maldiciones, en tanto no lleguen
a oídos públicos. ¿Puedes acaso, co1romper a tus sirvientes, hacer proposiciones indecorosas a quien se te antoje
y, como leemos en las fábulas, entrar
hasta Dánae valido de tu oro, y luego
llamanne falsario como si nada hubiera
pasado, aunque seas culpable de un crimen mucho peor del que me achacas?
Que otro te acuse de hereje y te atribuya doctrinas perversas: tú te callas
a él no te atreves a responderle y mejo;,
laceras al intérprete con asuntos sobre
las sílabas, fincados en calumnias; planeas toda ,tu defensa denigrando a quien
cal!a. Sup?n que al traducir me equivoque o pase por alto algo -de ello depende el meollo de tu asunto, es toda tu defensa-, ~acaso tú no serás hereje sólo
por el hecho de que yo fuese mal traductor? No quiero ?ecir con esto que supiese que_~res hereje -sépalo quien hizo la
ª?Jsacion Y &lt;JUi~n lo escribió-, lo que
61 es muy estup1do, es que quien es acusado por alguien busque incriminar a
otro, Y cosido el cuerpo por doquier
ª. puñaladas quiera solazarse en la henda de quien duerme.
~: Hasta aquí he hablado como si huiera., cambiado algo de la carta en
festíon, y mi sencilla traducción puiese contener error, aunque ciertam:11te no un crimen. Ahora bien la
mfª carta muestra que no ca~bié
na a del sentido, ni se agregaron cosas
o se ·
,
mvento alguna doctrina "actúan
com
·a1
'
da~' si comprender no entendieran
~
Y como si al querer demostrar
t~rpeza ajena evidenciaran la suya
propia.
Pues yO
,¡
Proelam
no so o reconozco, sino que
0 con toda libertad que al tradu .
·
duCll'., a Ios gnegos,
excepto' en la tra.

ta ~IOn de la escritura santa, donde hase ºrden de las palabras es un miste-

río, no traduje palabra por palabra sino
que expresé sentido por sentido. Y tengo como maestro en esto a Cicerón
quien tradujo el Protágoras de Platón el
Económico de Jenofonte y dos her~osísimas oraciones de Esquines y Demóstenes uno contra el otro. No es la ocasión ~e menci~~ar l? que pasó por alto,
agrego y cambio a fm de poner de manifiesto las propiedades de la otra lengua
con los recursos de la suya.

A mí me basta la misma autoridad
del ~aductor que en el prólogo de las
menc10nadas oraciones dice:
Me pareció ser deber mío asumir un
trabajo útil para los estudiosos, aunque ~o necesario por cierto para mí;
traduje, por ello, las nobilísimas oraciones de dos de los más elocuentes
entre los atenienses, contrarios entre
sí. Las oraciones, a saber de Esquines '! ~emósten_es. No las 'traduje como mterprete, smo como orador con
los mismos contenidos, con su; respectivas formas y figuras, pero en palabras acomodadas a nuestro uso. En
ellas no consideré necesario tradu cir
palabra por palabra, sino preservar la
categoría y la fuerza de todas las palabras. No creí conveniente tenérselas
que enumerar al lector sino más bien
sopesárselas.
Y de nuevo al final de su texto dice:
Si, como espero, he traducido de tal
suerte sus discursos preservando todas sus cualidades, es decir siguiendo
las palabras en cuanto no repugnen a
nuestro uso, con los mismos contenidos, figuras y orden de la materia; de
tal manera que aunque no hayan sido
traducidos absolutamente todos los
elementos del griego, sin embargo,
nos hemos esforzado para que fueran
de la misma índole.

Hasta Horacio, hombre ingenioso y
docto, prescribe lo mismo en su Arte
poética al traductor experto:
No traduzcas palabra por palabra,
fiel intérprete.
Terencio tradujo a Menandro Plauto
y Ceci!io a los antiguos cómicos; ¿acaso
se adhieren a las palabras y no más bien
conserv~ el encanto y la elegancia en la
traducc1on? Lo que ustedes llaman fideli~ad en traducción los expertos denomman k~ko~elían. Por ello, también yo
hace casi vemte años enseñado por esos
tales y engañado, entonces, también por
semejante error -ciertamente sin saber
que habría de ser objetado por ustedes-al traducir al latín el Kronikón de Eusebio, dije, entre otras cosas, en el prólogo:
Es difícil para quien sigue trazos ajenos no destruir en alguna parte; es tarea ardua lograr que las cosas bien
di~has en otra lengua, conserven el
mISmo encanto en la traducción. Supongamos que una palabra expresa
con propiedad su significado y no
tenga al traducir ninguna que lo exprese; mientras intento llenar el sentido con un largo rodeo, apenas si
avanzo en mi intento un poco. Hay
~ue t?mar en cuenta, además, las
smuoSidades de los hipérbaton, las diferenci~s (en los sistemas) de casos,
las variedades de las figuras y, finalmente, por así decirlo, el mismo carácter casero de la lengua: si tradujera palabra por palabra todo lo anterior resonaría absurdo; si por necesidad cambiara algo en el orden del
texto, daría la impresión de apartarme del oficio de traductor.
Y luego de muchas cosas que sería
ocioso mencionar aquí, añadí también
esto:

�Si a alguien no parecie_re que la gracia de la lengua cambia con la traducción, que traduzca Homer? al _latín, palabra por pal~bra, mas aun,
tradúzcalo en su misma lengua, a
palabras de prosa y verá ~n orden
ridículo y apenas balbucir al elocuentísimo poeta

..... '

6. Sin embargo, para que la autoridad
de mis palabras no sea pequeña -aunque con esto sólo pretendiese pro~r
que yo desde mi juventud he trad~c1do
no las palabras sino los contemdoS:lee sobre este asunto, el pequeño proIogo del libro en que se describe la vida
de San Antonio:
La traducción palabra por palabra de
una lengua a otra oculta el sentido y
cual grama exhuberante estrangula
lo sembrado. Pues mientras el estilo
esté al servicio de casos y figuras apenas logrará explicar, haciendo un
gran rodeo, lo que se puede explic3!
con un texto breve. Intentando ev1tar esto, yo, por consiguiente, traduje a petición tuya, (la vida de) San
Antonio de manera que no faltara nada del sentido, aunque algo faltara de
las palabras. Que otros esten al acecho de las sílabas y las letras, tú busca los contenidos.

J

Me faltaría día si expusiera los testimonios de todos los te han traducido
conforme al sentido. ara el caso basta
mencionar al confesor Hilario quien tradujo del griego al latín las homilías sobre Job , muchos tratados sobre los Salmos v ni se acuarteló en la letra dormilona ·ni ~ retorció en la fétida traducción de los rústicos sino que transfirió,
a guisa de vencedor, los contenidos cautivos a su propia lengua.

C0

7. '\ii habría que maravillarse de los
otros varones tanto laicos como de Igle-

sia si los mismos setenta traductores, y
hasta los evangelistas y apóstole~, hicieron lo mismo en los sarados lih~?S·
Leemos en Marcos que e Señor d110:
Talitha cumi y añade ense~ida: l?
que se traduce niña. te lo d!!{º a ti,
levántate. Tachen de mentiroso al
evangelista por haber aña?ido _te lo d_~o
a ti cuando en hebreo solo dice: 11ma.
levántate. Pero lo añade para hacerlo
más enfático (emphatikóteron) y expresa el sentid~ de qui_en lla~ando e
imperando agrego te lo digo a ti.
Por el contrario en i\1atco devueltas
por el traidor Judas las treinta monedas
de plata y comprado con ellas el cam.po
del alfarero se escribe: entonces se cumplió lo escrito por el profeta J~remías
al decir: y recibieron tmnta piezas de
plata, como precio en que fue ..tasado
aquél a quien tasaron los h11os de
Israel, y las dieron por el campo del
alfarero como me lo ordenó el Señor.
Este texto de ninguna manera se encu entra en Jeremías, y sí en cambio en
Zacarías con palabras muy distintas y
en un orden totalmente discrepante. La
edición ordinaria en efecto, está así:
y les diré: si les parece bien, denme mi
paga. o niéguenmela. y tasaron mi f.aga
en trem ta piezas de plata. } me ,11Jº el_
eñor: ponlas en el crisol .Y f11ate s1
pasa la prueba. como fui sometido _yo a
prueba por ellos. ) tomé treinta ~ionedas y las arrojé en la casa del Senor en
el crisol.
Es evidente cuánto dista la traducción de los setenta del testimonio del
evangelista. Pero hasta en hebreo, a pesar de ser el mismo contenido. las palabras están en orden distinto y son totalmente diversas: dice: _Y les dije: si está
bien a los ojos de ustedes, tráiganme mi
paga. .Y si no. no se inquieten. r tasaron
mi paga en treinta piezas de plata. } ~e
dijo el eñor: arrójalas al estatuarw,

hermoso precio en que fui klsado 1lf.
ellos. F tomé las treinta pie:as de !1lelt
y las arrojé e11 la casa del eñor al
tuario.

:1

Acusen de falsedad al apóstol,
no concuerda ni con el texto hebreo
con los setenta traductores, y, lo que-.
más, hasta se equivoca en el noml.e
puesto que puso Jeremías en vez de 1.a,
carías; pero líbrenos Dios de decir•
de un compañero de Cristo cuyo cuilll
do fue puesto en los contenidos docl&amp;
nales en vez de dedicarse a acechar pala,
bras } sílabas.
\ ayamos a otro testimonio del~
mo Zacarías tomado por el evangeliila
Juan conforme a la verdad hebrea: telll
hacia el que traspasaron; e~ ve~ de ..
leemos en los Setenta: /\a, ep,ble~
tai pros me anth 'o~ enorjé s~nto, queh
1
latinos han traduclCio:
y mtraran •
m( como si fuera su burla o bien ins,dt,.
Discrepan el evangelista, los Setenta
nuestra traducción, y sin embargo~•
la diversidad textual concuerdan porll
unidad de contenido.
En ~Jateo leemos, igualmente, quetl
·Señor predijo a los após~oles )a fuga~
firmándolo con el testimomo de bilil
rías. Dice: está escrito: heriré al
y se dispersarán las ovejas. Pero
Setenta y en hebreo está de muy
manera: no se refiere, en efect
persona de Dios, como quiere el
lista, sino a la del profeta que
Dios Padre: hiere al pastor _Y -~"
san las ovejas. En este lugar, me
según el entender de algunos el e
lista es reo de culpa ya que se a
referir a la persona de Dios palab
profeta.
El mencionado evangelista
que, por aviso del ángel, José

ah
e,

aifto a su madre y entró a Egipto; y

pennaneció hasta la muerte de
para que se cumpliera lo que
ajo el Señor por el profeta: de Egipto
11,nté a mi hijo. Nuestros códices no
lienen esto. En cambio en Oseas leemos
de acuerdo con la versión hebrea: porl,mel es un niño lo amé, y desde
lo llamé a mi hijo. En vez de lo cual
loe LXX tradujeron en el mismo lugar:
porque es pequeño Israel lo amé tanto
que llamé desde Egipto a mis hijos.
¿Hay, acaso, que rechazar totalmente a
quienes tradujeron de manera diversa este texto que pertenece en gran medida
al acnmento, de Cristo o, más bien
como seres humanos según
sentencia de Santiago que dice: todo, emimos en muchas cosas; si, enton~•, hay alguien que no se equivoca al
/,.bl., e, un varón perfecto que puede
rt/renar también todo su cuerpo?

J;,

r:narlos

Aquello otro que se escribe en el mismo evangelista: y al regresar se fue a vilir a la ciudad llamada Nazareth, para
1J11e ,e cumpliera lo dicho por el profe·
11: 1erá llamado Nazareo. Que respondan los dédalos de la palahra, molestos
fiecales de todo lo que se escribe, dónde han leído Qo anterior) y sepan que se
tllCUentra en Isaías. Pues en el mismo
~ donde leímos y tradujimos y sal'1 un rP.toño de la raíz de Jesé y una
JI!" ,e alzará de su raíz, en hebreo, sef!D la _manera propia de esa lengua esli escnto así: saldrá un retoño de la
IIIÍ de Jesé y crecerú un nazareo de su
"!IÍ. ¿Por qué los LXX omitieron esto'/
no es lícito traducir palabra por pala. , es un sacrilegio tanto ocultar como
'1orar el misterio.

t

8. P-.n06
;::!
.
06

a las otras cosas ya que la
de la carta exige que no nos
demasiado en cada una. El
._o Mateo dice: todo esto sucedió
,.,. que le cumpliera lo que dijo el Se-

ñor por medio del profeta: he aquí que
hebreo sólo en este lugar. El evangelista,
la virgen tendrá en su seno y parirá un
en efecto, dice¡s:e no es la más pequeña
hijo, y le pondrán por nombre Emmaentre los cau · los de Judá, mientras
nuel. Los LXX tradujeron: "he aquí que
que, por el contrario, se pone: "la más
la virgen recibirá en su vientre y parirá
pequeña eres, ciertamente, y poca cosa;
un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel". Si nos pusieramos a criticar sin embargo de ti, pequeñita y Iºca cosa, saldrá, fara mí, el caudillo e Israel
exageradamente cuestiones de r,alabras,
según aque lo del Apóstol: Dios eligió
ciertamente no es lo mismo 'tendrá"
las cosas más frágiles del mundo para
que "recibirá" ni "pondrán por nom- confundir a los fuertes. Finalmente, lo
bre" que "pondréis por nombre". Más
~e sigue: "que rija" o "que apaciente"
aún en hebreo leemos que está escrito
' a mi pueblo Israel" es evidente que esasí: ''he aquí que la virgen concebirá y tá de otra manera en el profeta.
parirá un hijo y le pondrá por nombre
Emmanuel ". o Acaz, reprendido por 9. Expongo esto, no para acusar de falsu infidelidad, ni los judíos que habrían sedad a los evangelistas - lo cual, ciertade negar al Señor, sino que le pondrá el
mente es propio de los impíos como
nombre la misma que lo concebirá, la Celso, Porfirio, Juliano- sino para acumisma virgen que lo parirá.
sar de inhabilidad a mis censores e impetrar su venia: que me concedan en una
simple
carta lo que, queriendo o no, han
En el mismo evangelista leemos que
de
conceder
a los apóstoles en las escriHerodes se turbó con la llegada de los
turas
santas.
Marcos, discípulo de Pemagos y que habiendo congregado a los
dro,
ordena
su
evangelio así: principio
escribas y sacerdotes se informó con
del
evangelio
de
Jesucristo, según está
ellos dónde habría de nacer Cristo, y
escrito
en
el
profeta
lsa(as: he aqu( que
que i!llos respondieron: en Belén de Juyo
envío
mi
ángel
ante
ti, él preparará
dá; así, en efecto, está escrito en el protu
camino.
Voz
que
clama
en el desierJeta: y tú, Belén, tierra de Judá, de ninto:
preparen
el
camino
del
Señor,
endeguna manera eres la más pequeña entre
recen
sus
sendas.
Este
texto
está
comlos caudillos de Judá ya que de ti ha de
puesto de dos profetas. A saber: de Masalir el caudillo que rija a mi pueblo Is- laquías y de Isaías. Pues lo primero que
rael. Este texto es presentado por la edi- se dice: "he aquí que yo envío a mi
ción vulgata así: y tú, Belén, casa de ángel ante tí, é)Jreparará tu camino" se
Efrata, eres poca cosa para estar entre encuentra al fin de Malaquías. En camlos míllares de Judá; de ti saldrá, para bio lo que sigue: "voz de quien clama
m( quien será el príncipe en Israel. en el desierto" etcétera, lo leemos en
Cuánta discrepancia haya entre Mateo Isaías. ¿Mas cómo Marcos puso inmey los Setenta en las palabras y en el diatamente al principio de su libro "seorden te sorprenderá más si ves el (tex- gún está escrito en el profeta lsaías: he
to) hebreo tiene "Efrata", en los Seten- aqu( que yo e11v(o mi ángel" lo cual, cota " casa Efrata " ; "de nmguna
.
manera mo ya dijimos, no se escribe en Isaías
eres la más pequeña entre los caudillos sino en Mala~ías, el más reciente de los
de Judá": en los Setenta, se lee "eres doce profetas.
poca cosa para estar entre los millares de
Juda", y en hebreo 'iequeña eres enQue la inhábil presunción resuelva
tre los millares de Ju á" el sentido es esta cuestioncilla y yo, a cambio, pedicontrario, concordando los Setenta y el ré perdón de mi error.
\O

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1

�El mismo Marcos presenta al Salvador diciendo a los fariseos: ¿nunca leísteis lo que hizo David cuando encontrándose en necesidad tuvo hambre tanto ¿1 como sus compañeros, cómo entró
a la casa de Dios, bajo el sumo sacerdote
A biatar, y comió los panes de la proposición, que sólo a los sacerdotes estaba
permitido comer? Leamos a Samuel o
los libros de los reyes, como se les llama comúnmente, y allí encontraremos
que está escrito no "Abiatar " sino
"Aquimelec", el sumo sacerdote que
después fue asesinado, con los demás
sacerdotes, por orden de Saúl.

o.-1

Vayamos con el apóstol Pablo. Escribe a los corintios: si, en efecto, lo hubieran conocido, 11unca hubieran crucificado
al Señor de la majestad. Pero como está
escrito: ni el ojo vió, ni el oído oyó, ni
al corazón humano han llegado las cosas
que preparó Dios a quie11es lo aman. En
este lugar suelen algunos seguir los delirios de los apócrifos y decir que el pasaje está tomado del Apocalipsis de Elías,
donde, según el texto hebreo, se lee así:
jamás oyeron ni percibieron con sus
orejas. El ojo no vió, oh Dios, aparte de
ti, las cosas que preparaste para quienes esperan en ti. Los Setenta tradujeron esto de muy distinta manera: nunca
oímos, ni nuestros ojos vieron otro
Dios, aparte de ti, y tus obras verdaderas; pues serás compasivo con los que
esperan en ti. Vemos, pues, de donde tomó la cita y sin embargo, el apóstol no
tradujo palabra por palabra sino, parafraseadamente, indicó el mismo contenido con otras palabras. En la carta de los
Romanos el mismo bienaventurado
apóstol dice tomando un texto del profeta Isa.fas: he aquí que pondré en Seón
la piedra de tropiezo, la roca del escándalo. Discrepa de la vieja traducción y,
sin embargo, coincide con el texto hebreo. En los Setenta, en efecto, el sentido es contrai;io: no correreis al encuen-

tro como piedra de tropiezo ni roca de
perdición, mientras que Pedro, de acuerdo con Pablo y los hebreos, puso así:
mas para los incrédulos piedra de tropiezo y roca de escándalo. De todo esto
resulta claro que los apóstoles y evangelistas al traducir las antiguas escrituras
buscaron el sentido, no las palabras, ni
se preocuparon grandemente del orden
y de los vocablos con tal de que los contenidos quedaran claros al entendimiento.

1O. Lucas, varón apostólico y evangelista, presenta a Esteban, el primer mártir
de Cristo, narrando mientras disputa
con los judíos: con sete11ta y cinco almas desciende ]acob a Egipto, habiendo
muerto él y nuestros padres fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que había comprado Abraham, a
precio de plata, a los hijos de Emmor,
hijo de Sequem. Este lugar se encuentra
de muy distinta manera en el Génesis:
que, en efecto, Abraham compró a
Efron el hitita, hijo de Saar, cerca de
Hebrón, por cuatrocientas didracmas de
plata, una cueva doble con un campo
adjunto, y que en ella sepultó a Sara su
mujer. Y más adelante, en el mismo libro, leemos que Jacob, a su regreso de
Mesopotamia, con sus mujeres y sus hijos puso una tienda frente a Salem, la
ciudad de los siquemitas, en la tierra de
Canaán, y que habitó allí, y que compró
parte del campo en que tenía sus tiendas a Emor, padre de Siquem, en cien
corderos, y que colocó allí un altar e
invocó al Dios de Israel. Abraham no
compró la cueva a Emor, padre de Siquem, sino a Efron, hijo de Saar, ni fue
sepultado en Siquem sino en Hebrón llamado por corrupción Arboc. En cambio
los doce patriarcas no fueron sepultados
en Arboc sino en Siquem, cuyo campo
no fue comprado por Abraham sino por
Jacob. Aplazo la solución también de
esta cuestioncilla para que la busquen

mis detractores y entiendan que en-la
escrituras no se han de considerar las,.
labras sino el sentido. El comienzo tlif
Salmo 21, según los hebreos, es el mi,
mo que recitó el Señor en la cruz: W
heli lama zabtani, que se traduce: Dio,,
mi Dios, ¿por qué me abandonaste?,qwe
expliquen por qué los Setenta agrep
ron, en el medio "mírame". En efecto,
ellos tradujeron así: Dios, mi Dios, •~
rame, ¿por qué me abandonaste? Re.
ponderán, ciertamente, que no 1
perjudica al sentido si se agregan dm
palabras. Escuchen, entonces, que yo
no pongo en peligro la solidez de la
iglesias si por dictar aprisa omití alguna
palabras.

ll. Sería largo desarrollar ahora toa
lo que los Setenta agregaron por ■
cuenta y lo que omitieron, indicado ca
obelos y asteriscos en los ejemplares de
la ~lesia. Por ejemplo lo que leemo&amp; •
lsaias: dichoso el que tiene descendtacia en Sión y parientes en Jerusalén. la
hebreos suelen reir cuando lo oyen; le
mismo en Amós luego de la descripcm
del lujo: tomaron es tas cosas como
bles y no como huidizas. Realmente 1
trata del sentido retórico y de la dedt
mación ciceroniana. pero ¿qué hemOBdl
hacer con los libros auténticos en 11
que se encuentran estos y otros textAI
semejantes? Si intentáramos mene•
los serían precisos infinitos libros. P•
lo que hace a las omisiones, como die,
o están señaladas con asteriscos o p«
nuestra traducción si la compara el~
tor cuidadoso con la traducción aalígua. Y sin embargo, la versión de IosSt
lenta se conservó en las iglesias, p«
derecho: o porque es la primera Y1
efectuó antes de la venida de Cristo,•
porque fue utilizada por los a ~
en los puntos, al menos en que no dit
crepa del hebreo.

e•

En cambio a Aquila, traductor

tico y terco, lo rechazamos, con dere- tros tiempos, tú que eres crítico de tocho, porque no sólo intentó traducir pa- dos l?s escritores? ¿En vano, entonces,
labra por palabra sino hasta las etimolo- ~,studrn~os durante tanto tiempo y
gías de las palabras. ¿Quién, en efecto,
sustraJunos, muchas veces la mano a la
aceptará que se lea o entienda jeuma, ferula"? ¡Apenas salimos 1del puerto y
oporismón y stilpnóteta como "trigo", ya hemos chocado!
"vino" y "aceite", respectivamente, 9,!1e
nosotros podríamos denominar ' fuDado que es humano equivocarse y
., ", " cosecha", " esp1endor" o, porSJOD
del prudente reconocer el error tú
que los hebreos no sólo tienen artícucensor, quienquiera que seas, corrígeme'.
108 sino preartículos, traduzca como
él cacozélicamente tanto letras como maestro, y traduce palabra por palabra
sílabas y diga syn ton ouranon kai A lo cual responde: "deberías haber disyn ten gen que ni la lengua latina ni cho: era conveniente, amado, no dejarla griega toleran? De nuestra habla po- nos llevar por la estimación de los cledem08 tomar ejemplos de este asunto. ros". ¡Esta sí que es elocuencia plauti¡Cuántas cosas hay bien dichas entre n?, la elegancia ática comparable, según
los griegos que si las traducimos pala- dicen, a la elocuencia de las musas! Se
bra por palabra, no suenan bien en cumple en mí el trillado proverbio polatín! Y hasta al revés, lo que nos pular: "Mandar un buey a un masajista
gusta a nosotros según un determina- es perder aceite y dinero". No tiene la
do orden si se traduce así desagradará culpa aquel bajo cuya apariencia otro
representa la tragedia, sino sus maestros
alos griegos.
que le enseñaron, a gran costo, a no sa12. Pero dejando a un lado infinito nú- ber nada. o censuro en el cristiano común el ~;ibla. ¡Ojalá, sin embargo, que
m~ d_e_ cosas, para mostrarte, varón
~•suno entre todos los nobles y nos atuv1eramos al dicho socrático "sé
el mas _noble de los cristianos, qué tipo que no sé" o al del otro sabio "conócede fals~~caciones me reprochan en la te a ti mismo". Siempre me causó reslraducc1on de la carta, pondré el comien- peto no la rusticidad parlanchina sino
zo de la ~ta en cuestión, en griego, pa- la santa simplicidad: quien dice imitar a
partir de un delito entiendas tam- los apóstoles en el habla, imítelos pribien los demás: edei hémas agapeté me mero en la forma de vivir. La magnitud
~ .
.
'
'
d oiesei ton. kler?nJéresthai, me a cuer- de su santidad excusaba en ellos la sencillez en el hablar, y un muerto resucitao que tradu1e as1: convenía que nosolros,_amadísimo, no abusáramos por so- do refutaba los silogismos de Aristóteles
berb1a del honor de la clerecía". " •Mi- y las retorcidas agudezas de Crisipo. Por
ren": dice, " cuánta mentira en un solo
,
lo demás, es ridículo que entre nosotros
vers1cul ,,, E
·
haya
quien, entre las riquezas de Creso
''dil º· n primer lugar agapetó es
mus~~t.~s" ("?'!! ado ') y no "dilectissi- los placeres de Sardanápalo se ande jacde . ,{ ª'!1ªd1~';ffio"); luego oiesis quiere tando de rusticidad como si todos los
bandidos y los reos de los más diversos
cir estunac10n", no "soberbia" pues
1
~texto no dice oiémati sino oiés~i pa- crímenes fueran elocuentes y ocultaran
s~nifican una "tumor" y la entre libros de filosofía sus sanguinarias
Juicio ; todo lo que sio-ne - no espadas y no entre troncos de árboles.
a.,.busar, pº[. so ber b.ia del honor
"bde la
"""ciaIUtn d es tuyo ,,. ¿Que, d.ice oh co- 13. Me excedí en el tamaflo de la carta
na e las letras y Aristarco de nues- pero no en la dimensión de mi dolor.

~-ª

y

on:~.~e.

Pues mientras se me llama falsario y soy
despedazado entre husos y bordados de
mujerzuelas me contento con limpiar mi
d~lit~ sin devol~erlo. Por ello, según tu
criterio, te penmto que leas la carta misma, en griego y en latín, para que te des
cuenta al instante de las babosa.das de
mis acusadores y de sus preciosas querellas. P~r lo que a mí respecta, me basta
h:ber mstru1do a un amigo carísimo y
solo esperar en mi celdilla el día del juicio._ Y, si es posible, deseo, aunque se
pusieran furiosos mis adversarios escribir más bien comentarios a las esc~ituras
que ~ípicas como las de Demóstenes o
Ciceron.
Versión del latín de Herón Pérez Martínez.

�EN LA CIUDAD ESTERCOLADA

Evodio Escalante
Luna de inmensas depresiones,
sebosa, gorda, putrefacta;
luna de horribles excrecencias,
obesa certidumbre;
luna recién parida o recién ordeñada
por la blanca impotencia, por el cuchillo blanco
que destila la sangre por corredores súbitos;
muy tenebrosa luna que destronas al cielo
y limpias las paredes y abortas a tus hijos,
luna fornicatoria y erizada de semen
y erizada como un billón de besos
o temibles gardenias sin luz y sin memoria,
desorejada, tuerta, cacariza,
luna del diablo, acaso puta o celestina,
además de agorera,
y aún así fosforescente y mórbida
y celeste y maldita.
He visitado los más turbios hoteles
y he ido a la cama con hombres, con mujeres,
con perros, con gallinas
y hasta quizás con niños,
en la ardorosa claridad, en la noche aturdida,
soliviantado por las penas, el tiempo apresurado,
el no saber qué cosa,
el alcohol, el dinero,
por la estéril estrella
y por la vida, en fin, soliviantado por la lumbre,
por el deseo marchito de la rosa vencida,
he penetrado en turbias, obscuras cavidades,
he cavado sin fin,
he dividido en dos las porquerizas,

he cerrado los ojos, entre aturdido .
he ava d ·
Yciego,
nza o sm tacto y sin remedio
en la ciudad estercolada
y he
del círculo f~ngoso , s1·n esperanza
' bsalido
·
mas ien llevado por el cuerpo
'
Y, contra el propio cuerpo si era necesari0
solo. por comprender los goces más violentos
,
y dilatar orgasmos de una hora.

�COMO TE PROMETI

Francisco Cervantes
Anulo, por constancia,
;I que/ s11e1io felino

Perdido en la distancia
Y luego . . .cesa el trino
Del ai•e quP en el bosque fui
t·scribo esto, como te promet(
Rafael de Duarte
(La duda y el ser)

Pasaron los años grises, distantes. Definiendo un carácter sombrío. Hasta que
salí de casa, su casa, que por casualidad
era también la mía. Tenía yo dieciocho
años y sed de vivir, de encontrar mi propia Joanna. Tras muchos años de decc~ciones y espejismos dolorosos, la halle.
A continuación adjunto dos textos sobre mi ] oanna, que no se llamó así. El
nombre lo leeréis en breve. "lo se me
pida qu e lo diga en estas 1íneas, pues
aparecerá repetidas veces adelante.
1

I
Me llamo Enrique. No me preguntéis
por rni apellido. 'o lo teng?. De pequ~ño con dos hermanos a qmenes quena
y ~dmiraba, sin correspondencia, encontré en la soledad mi destino. Pero por
entonces yo creía que una mujer llamada Joanna que me atendía era mi madre.
En ella se daba el summum de la belleza
y las virtudes femeninas. Quería casarme
con ella, crecer a su lado, salir con ella
del brazo, y que se sintiera orgullosa de
mí. Pensaba que el tiempo no pasaría
para ella, que permanecería igual, sin
cambio alguno, mientras me desarrollaba y llegaba a adulto.
Por entonces, las fiestas siempre me
sorprendían y las disfrutaba con ella,
más cerca de mí que en días comunes.
Aún la quiero y así como la recuerdo,
deseé que ~era mi comp~~ra de toda
la vida; aquella que me hic~~ra ?~sgraciado para siempre o con qmen VlVlr los
años felices, que podían serlo todos.
Joanna.
Repito su nombre porque la necesito
y nunca comprendí a la otra señora: jamás la quise. Se llamaba Oiga. Aunqu~
trató de entenderme, de acercarse a m1,
no le fue posible. Si lo pienso bien, se,ntiré que fue en gran parte culpa mia.
Pero poco sabía entonces de las culpas,
de responsabilidades. Y si hubiera sabido tampoco me hubiera sido útil para
nada.

El primer texto es un poco amb~o.
Contiene algunas -escasas- observaciones mías. Pensamientos de ella. Sus reflexiones y hasta invenciones que me hizo sentir sobre un personaje que, cuando leáis esto, conoceréis, si tal fuera posible. Algunas consideraciones que podrían nominarse como irresponsables,
son esas invenciones. Las he pensado en
tal forma Pero no es mi asunto hacer
mayores juicios, y hasta creo que he calificado sentimientos, hechos que yo no
debería explicar.
El segundo texto es una visión, tan o
más válida que la inicial, aquélla que relato, si bien para quien hace un esfu_erzo es demasiado, aunque trato de solo
permanecer dos breves párrafos.
Si he de ser franco, nada de lo contado es cosa de la que pueda sentirme seguro, o por cuya veracidad pudiera poner la mano en el fuego. Interesante o
aburrida. no pude sino repetirla tal cual
me dijeron sucedió. El lector juzgará.
Adelante, pues, en I ínea recta.
JI

:\1ati temuno su historia. Me quedé un
momento viendo el cielo, a través del
cristal del café. Algunas nubes; un poco
de sol crepuscular las doraba tenuemente.

Mis ojos pasaron bruscamente dd
azul gris exterior al magenta del bill8ÓI
de Mati, y luego al castaño de sus ojoe.
"La última vez", pensé.
-Comprenderás ahora -continaó
ella- por qué no puedo ni quiero casarme contigo ni con nadie.
-Rafael -agregué- ...nombre ta
común, y sin embargo .. .
-El nombre podía ser común, él no.
-Lo sé- me oí decir.
Ya no hubo palabras. Vi ese CUeflN!
rubensiano levantarse de la mesa, sent1
sus labios dulces y cálidos en mi m~
y cómo se alejaba, sin atreverme a 111rar hacia la puerta. Dolía Mucho.
Entonces, todo empezó a girar ante
mis ojos, en la memoria. Y vi como lit
gaba Enrique, que soy yo, a la ~
buscando este caíé, que no conoclL
El hermoso rostro, bronceado e itfan til de Ma ti tras de la vidriera. Algo me dijo que se empañ? la_ ~ransplfflt
cia y el aliento suyo dibujo un ~
qu~ de pronto s~ _borró. Me_ ;s~remec•
Un gallo, la traic1on, ¿de qu1rn. Loe,
sus labios un poco gruesos se pegaron 1
ese aire que nos separaba y sus mhicieron un gesto, indicándome la~•
ta, que buscaba azorado. Entre, casi corriendo. Tenía ya todo planeado ~
nuestra vida. Pero el gallo, mal auguno.
Cuando me senté frente a ella,,k
tristeza me volvió a invadir. Emp~
hablar, a proponérselo. Mali_ ~ e ..,,.
hablar, sonriente, como dic1endcile
que sí a todo. Que la dicha mr era alc.!
zable todavía, que ella me acomp~
Y su rostro agitándose, como en los_.
mentos del orgasmo, que recordabet

me ofrecía a mis
afl06 y los días.

OJOS

ávidos, por los

~&amp;entras me oía, se echó un poco el
cabello atrás con una mano. Pero siempre afinnando. Después de explicarle lo
quesería la luna de miel, el apartamento
que ya tenía preparado para nuestro
regreso y nuestra vida, ella sólo dijo:

-No.
Comprendí su sonrisa. Era sólo un
poco de piedad, no afirmación. Y que
Mali se encontraba no ahí sino en el pasado, ese pasado que su voz un poco
ronca empezó a narrar para mí.
"Como nunca me fue dado escuchar
d crujido de las hojas que cubrían la tierra entre el p:alpón y el cuerpo principal de la casa, cuando entrábamos en la
habitación de huéspedes, mi sentimiento
de culpa aumentó. Era otoño siempre
(al menos no logro recordarlo de otra
fonna) y las hojas jamás estaban amariUentas ni frágiles".
"Cuando pienso en esto, cuando lo
~en~o, y no lo hago muy a menudo, me
1mag100 que cerca, en algún rincón de
no sé dónde, Rafael me escucha. Con
ais ojos fijos, diciéndome algo irónico
que no alcanzo a entender. Bueno, me
~ordaba de las hojas de otoño o lo que
fueran".

"Padre me hizo acompañarlo al cuarto de huépedes un día. La caminata enlre ~I cuerpo principal de la casa y el
~ pon, donde se encontraba la habitacion_temporal, me gustó, creo que fue a
partir de ese día".
~ Vendr~ a pasar el otoño con nosoun amigo mío•·.

"Lo dijo en ese tono de asunto termi-

nado, de información precisa que usaba conmigo. Ese hombre que supe que
era mi padre, cuando ya había crecido y
aceptándolo a él como amo. Extraño,
distan te".
"Espero que le guste el cuarto, los
muebles, la vis ta al campo".
"Hablaba consigo mismo. Pero luego
se dirigió a mí:
" o quiero que lo vayas a molestar.

Es un hombre cansado y mayor, serio,
no una muchachita como tú".
"Así que, cuando uno de los maltrechos taxis del pueblo cercano lo trajo
hasta nuestra puerta, que se quedó mirando y que aún tocaba cuando le abrimos, su presencia no me fue novedad.
Pero si su palidez".
"Lo esperábamos para almorzar, y
tras las presentaciones, entramos al comedor. Padre, que siempre fue conversador, o hablaba mucho de sus asuntos,
como se quiera, estuvo parco, y lo de
mamá se rozó escasamente".
"Rafael era un hombre bien plan lado,
pero un poco femenino en sus movirnientos, en su aire distante que no se
sabía en qué radicaba. No era en sus palabras, ni mucho menos abunclaba en
ellas. Tampoco el tono, que con propiedad, aunque yendo contra la eufonía,
llamaríamos monótono. Y su cuerpo
grande, fofo, parecía dejamos, no obstante su atractivo, como en círculos aislados de él".
"Como una deferencia excepcional,
pennanecimos en el comedor algún
tiempo tomando el café, pero, bruscamente, Padre recordó no sé qué negocio
pendiente en el pueblo. Le dijo rápidamente las cortesías acostumbradas a Ra-

fael, y salió de la casa, no sin antes indicarme que lo llevara a su cuarto. Padre se fue y detrás de él me levanté. Rafael tomó su maleta y me siguió. Los
criados, como siempre, preferían ahorrarse cuanto esfuerzo pudieran, así
es que nadie interfirió''.
"Al pasar por el terreno de las hojas
silenciosas, la luz caía extrañamente,
pero aún ésa parecía natural, comparada con nuestras sombras, no sabría
explicar por qué".
"El campo que rodeaba el cuerpo
principal de la casa no ofrecía especial
encanto, pero ese día me hizo estremecer. os alejamos un poco, entre unos
árboles inmóviles que, al igual que las
hojas, no se alteraron a nuestro paso.
Como si fuera de un pasillo, salirnos del
terreno de los árboles y fue entonces
que vimos el edificio del galpón, arriba
del cual estaba el cuarto de huéspedes.
Abajo, el pajar. La escalera, por fuera
del edificio. Cuando la subimos, a mí
me temblaban las piernas. Sentía detrás de mí a Rafael, que de vez en
cuando murmuraba algunas palabras, a
las que asentía o negaba, según el caso".
"Abrí la puerta y resbalé en la entrada. Me levanté, mientras me limpiaba
las rodillas, mirando cómo todo estaba en orden, listo para que alguien viniera. Rafael se acercó a ver mi rodilla. Se
cercioró de que nada digno de preocupación me hubiera pasado".
''Luego, le mosLré dónde poner su
ropa, me acerqué después a la ventana.
Todo caminando hacia atrás, para darle
la cara siempre a Rafael, pero sin mirarle a los ojos. Después, me volví de
espaldas. El se me acercó y comprendí
temblores y estremecimientos, porque
Rafael me abrazó y acarició. Primero
tuve una sensación sólo nueva, luego me

�pareció agrad~le y poco ~ poco del,~ciosa, de ah1 que lo de1ara hacer .
"No sé cómo explicar lo que empezó
a suceder entre nosotros. Lo que sí sé
es que era inevitable y de una dulzura
que tardará en desvanecerse, porque aún
la siento. No tuve miedo de Padre, pues
él nunca se enteraría, y hasta creo que
nadie en casa lo notó. Resulta un poco
difícil de explicar, pero era así: na~ie lo
notaba ni se enteraba. Creo que m Rafael ni yo nos dimos cuenta, o no nos
importó ocultarlo. Ahora, a esta edad
qur es aproximadamente la que é! tenía entonces, me parece que corrimos
un riesgo grande, que a Raf~el _le_ tu~o
sin cuidado y que yo no sabia m siquiera que existía".

"Hermosa niña La observaste al llegar. Disimulando siempre, Renato! tu
amigo, se hizo un poco el desen_t~ndido.
Pero la nifta hermosa te sacudio desde
que llegaste a la casa. Tan hermosa o
más que la madre. Renato, segur? de lo
que te iba a ocurrir, acaso hubiera ya
olvidado a la madre. Pero ahora estaba
frío, tan distante que ya no lo sentiste.
Y él recibiéndote en esa casa donde todo pasó. Y tú, como si lo ocurrido ,hubiera sido algo en lo que nunca conto tu
presencia".
"Jamás sentiste con nadie lo que con
Mati, aunque querías llamarla con rl
nombre cariñoso que le dabas a su madre. Te mordías la lengua para no pronunciarlo, para que ella no se diera
cuenta".

"Jamás había sentido mi piel con
"Afuera, los escasos pero preciosos
tanta intensidad. Y la piel de sus manos, ruidos del campo, que nunca descansa.
ligeramente áspera, me pareció muc}to Y tú, despierto en la madrugada. El
más hermosa. Recuerdo que tan solo Rafael que sabe su destino y no le dueme quitó una prenda y empezó a besar- le Tu ca.--ne al mismo destino encaminame por todas partes del cuerpo. Grité, él d~. Acaso Renato crea que debe ser más
se detuvo y me miró. Pero al adivinar difícil vivir estos días para ti. Pero es
que no era de rechazo sino más bien de más cómodo. Conocer el día de la parsorpresa, siguió. Estaba aturdida y ape- tida. O su aproximación".
nas si sabía lo que pasaba, pero me estaba gustando y contuve una se~nda
"Un gallo cantó. ¿_Qué haces a_quí;
excalamación. Experimentaba miedo,
·Aquí o en otra parte cualquiera.
mucho miedo, pensaba que si me que- ~Cuál es tu sitio si no es éste o ninguno?
jaba él se lo diría a Padre. Cuando me Íci gallo repite y tú, despierto, 51;ntado
lev~té de la cama, él me miraba con sus en la orilla de la cama, oyes que solo haojos invariables. Se quedó acostado en el ces las preguntas que toda tu vida te has
lecho, un poco jadeante, mient_ras me hecho. Pero ahora sientes el descanso
incorporaba y una secreta alegria pare- de tu cuerpo, de tu alma. La i:ima bella
cía nacenne en la carne".
le da descanso a tu cuerpo, mientras tu
espíritu se va".
"Esa noche, me quedé en mi cuarto,
y ya cuando fueron a llevarm~ de co"¿Qué piensa Renato? No importa
mer algo me dijo palabras de viento sonando entre los árboles. Mamá vino a ya, nunca importó. Tú crees qu~ !o
tomarme de las manos y me estuvo ob- ocurrido con la madre lo provoco el,
servando. Me quedé quieta para que no Renato. Respiras, después de caminar a
se desvaneciera su querido fantasma, la ventana. La abres y ves cómo las manque no lograba evocar muy a menu do " . chas nocturnas se disuelvep en pequeños

cuerpos reales, concretos, que el sol coa,
torna, empieza a dibujar prec~amadl.
El gallo que cantó no lo yes. Miras on
animales. El establo alla, las vacaa. 11
día empieza. El aire penetra tus
nes hondamente''.

pw.

"Los días siguieron en su hilen die,
nante. Jamás uno era igual al antena¡
pues pequeñas variantes evitaban la•
petición. Aunque todas las mañan~.JO
iba a despertar a Rafael, para que vlllll'I
al cuerpo central de la casa a desayuu.
Algunas veces nos amábamos con pDIII,
antes del desayuno, otras, al mediodía,
por la tarde y casi nunca por las nocl••·
"Recuerdo la ropa de Rafael, qac
eran unos vestidos formales, que
tían en el campo como fuera de lag&amp;
Acaso el pullover, sobre 1~ c~.isa, tltjando dibujarse la corbata s1metnc8lllfl'
te, estaba más cerca de la naturaleza~
lo rodeaba. Yo, con mis vestidos de•
ña de quince años en una provincia,•
sentía rara cuando él me abrazaba•
esos hábitos. La ropa me imponía U
respeto y una sensación de pecad~. Pt
ro cuando sólo teníamos nuestras piel,a,
todo cambiaba y se volvía natural, hit
moso, profundo".

se•

"Al cabo de los años, he po~do 1t
construir esos tiempos, que a m1 mept
recieron una o dos semanas, Y ruetres meses. Pero partidos de pronto"
una ausencia de Rafael, que se fue,
pueblo. Cuando regresó ... no me~
explicar a qué había ido. P~ro
después en la piel suya unos pm~~
pequeños, y moretones a su alrede"El territorio donde uno fue fb-'
olvida fácilmente, no así ciertos
que alteran la dicha. Pero eso ~a..
sabe solamente cuando ha concalll'lf'.
Hoy, por ejemplo. Véase qu~ casi
cuerdo las palabras, ni de que me

de":

ba. Muy vagamente pienso en un lugar
de las montañas, frío, donde él iba de
pequeño, con sus padres. Algún paseo a
éaballo y el prolongado olor del heno.
"Mati, mi nombre, nunca lo pronun-

ció, y hasta estoy por pensar que nunca
supo de él. Pero si lo conoció, siempre
lo evitó. ¿Sería creíble si te contara
que eso me molestó siempre, pero nunca me atreví a decírselo? La pena de
recordar es sólo tolerable porque te
explicará a ti mis razones personales. No
lo hago por otra cosa, Enrique ".

"Dicen aquellos que leen a los clásicos, que los dioses no permiten que la
alegría sea duradera, y que por eso es
alegría. Lo aceptaré por cierto, ahora
que paso a contarte ya lo último".

"Algunas veces, cuando era mediodía, ya después del almuerzo que nos
amábamos, yo ponía mi mano en su pecho y 811 garganta. Uno de esos días, él
me ~partó la mano, molesto. Se levantó,
ymirando por la ventana, me dijo:

-Vete. No quiero verte más hoy. Ni

ré de inmediato la cama. Estaba Rafael
metido entre las frazadas, quieto, como
dormido. Entré casi sin hacer ruido,
pero sin cuidarme de ello. Me gustó el
aparador, en cuyo espejo me miré, y
hasta me acomodé una cinta en el cabello; contemplé mi rostro y mis labios, cuya separación sentí entre los
dedos".
"La cómoda, con la ropa puesta para
cambiarse afuera. Los dos o tres libros
de Rafael, que nunca leyó aquí, y cuyos títulos no quise conocer. Caminé
hacia la ventana. Corrí las cortinas y el
sol entró, por primera vez, ese día en
la habitacion donde el suelo de madera
olía también a heno. Me asomé por la
ventana. Vi a lo lejos las montañas con
hielo en las cumbres, el camino con algunas casas y, también distante, el
grupo blanco, casi gris casi azul, del
pueblo que yo escasamente había pisado".
"Oí el trote lento y pesado de un
caballo viejo, que pasó por abajo, como
si fuera rumbo a la casa. Tenía una
gran mancha blanca en el lomo".

vas, qué bueno. La dicha que llega, oh,
sólo al cuerpo tuyo, niña, comparable".
"Lo que siguió después, queda entre
brumas. Ya sólo pienso, puedo repetirme la imagen de la niña que era yo,
mientras los criados y Padre se retiraban
de la tumba que ten{a una lápida con
el nombre de Rafael. Veo a Mati llorar, sentir el dolor ya así, lejos de su
querido Rafael, porque sólo entonces se
enteró de que lo quería, aunque él también mantuvo en silencio lo que pudo
sentir. Allí dejó a Mati niña. Tú comprendes que no quiera seguir adelante
con ese sentimiento. Pero yo tenía
quince años, hoy tengo casi la edad de
Rafael a su muerte. Fue mi único amor,
lo sé porque he tratado de encontrar
siempre a alguien como él, y no lo hay
ni lo habrá. He decidido no buscar más.
No hacerme daño por eso ni hacérselo a
los demás. Vivir la vida de mi cuerpo
con otros cuerpos, sin procurar más a
Rafael. Tampoco tú lo repites exactamente, aunque quienes han estado conmigo, sin escapatoria posible para ti
tampoco, alguna particularidad de Rafael tuvieron o conseivan".

maftana ".

"Esa fue otra pequeña interrupción.
Pero superado eso, vino un día hermoso
Yél se portó más tierno que de costumbre. ~ aún de otro día posterior, él
: h~JO a desayunar. Dieron las nueve,
diez de la mañana. Y cuando iba a
~ario, me quedé pensando en que estaña cansado".

"Así llegó la hora del almuerzo sin
que hubiéramos tenido señal algun~ de
~~ada presencia; decidí ir por él.
la e el pasadizo de árboles y llegué a
ab~era, que subí cantando. Cuando
n_la puerta, sentí la penumbra de las
~ • que aún cubrían la ventana.
111t de la fatiga flotaba todavía. Mi-

"Después salí de la habitación. Bajé
tranquilamente las escaleras. Y ya en casa, les dije a los criados que llamaran a
Padre, que Rafael estaba muerto".
"Oyeme. Si puedes, óyeme... Si tu
carne sintió la mía. Si ambas se encontraron, óyeme. Este cuerpo no es mío,
acaso fuera tuyo estos meses. Descansa
tú, que yo no pude. Te hablo hoy, para
ti será mañana. Tu sangre turbulenta
está llamando. No la tuya, nifta, la mía.
Perdona que ni aún en la agonía sepa
decirlo. Todo gira, tú también. ¿A dónde vas? Oh, qué bueno que a ninguna
parte. Aunque tu cuerpo se sacude y se
fatiga, llega el descanso. unca, Rafael, estuviste aquí, pero ahora que te

- ¿Comprenderás ahora -tenninó
ella- por qué no puedo, ni quiero casarme contigo ni con nadie?
-Rafael -agregué- ...nombre tan
común, y sin embargo.. .
-El nombre podía ser común, él no.
-Lo sé -me oí decir.
Mati se levantó, con esa sonrisa triste que le era propia. Me besó y caminó
hasta salir del café. Ya afuera, agitó una
mano y fue lo que quedó de ella en mi
memoria, lo que áún persiste.

�III
Ayer Gali, _hoy s? hija, Ma~: Gali. La
gente es as1. Repite en ~os_hiJos los. d~fectos de los padres. O s1qmera los dim_inutivos. Cuando Gali decidió que sen~
libre, no pude ni quise oponerme. ~
tiempo había pasado. O el de ella conmigo. Como sea. P~msé ent?nce~ en que
quienes le gustar1an a Gal1 serian hombres rudos O muy intelig~ntes. Pero u~o
es tonto, e imagina segun s?s propias
ideas. Es natural que se equ1v~que. ~n
lugar de ellos, esc?gió a un anugo_ mio.
Exactamente aquel que no podia hacerme sentir celos: Rafael. Acaso el q~e
mayor desamparo proyectaba. y o mismo, aún hoy, en este momento, me
siento muy· predispuesto a su favor.

00

'""

Recuerdo bien una tarde silenciosa,
en esta casa. por excepción, no tuve
que ir al pueblo, ni a la ciudad. Me quedé arreglando algunos papeles de la sucesión ya que Mati tendría que ser la legí~a heredera. La propiedad nunca me
importó, pero creí que esta. ~nea, que
siempre ha sido de una familia,. de ?na
forma O de otra, deb1a seguir S1e~do de ella. Pues b~en, mien~as revisaba papeles, h~c1a anotac'.ones y
consultaba por telefono con ffilS abo}sados, entró Rafael a verm~. Se me h1z?
extraño que estuviera aqu1, fren!~ a m1,
con esa su sonrisa ambigua. DeJe a un
lado mis preocupaciones, lo hice ~entar
para poder escucharlo, pues lo pn'!1ero
que vino a mi mente fue que tendna algún problema y que me ~~scaba_ para
que lo ayudara. Rafael, casi sm vai:iar en
nada su gesto, tomó asiento. Me dispuse
a escucharlo. Fingió no darse por enterado y, más bien, presurnió aten~enne.
Como resultado, vinieron unos rru?utos
de espera para ambos lados, que solo se
interrumpieron en el momento en que
los dos empezamos a hablar_ al m~mo
tiempo. Nos detuvimos de inmediato,

Jt

riendo, al coincidir__casi palabra por
labra Rafael me diJo entonces que abía ~asado a saludarme, que le había
nacido el deseo de conocer la finca. Salí con él, le acomp?fié, explicándole, todo con detalles. Donde quedaba que, y
qué utilidad tenía. Vio la parte de la
granja, los caballos, la casa. Obse:1"aba
todo de arriba abajo, como haciendo
un examen minucioso. Preparando algo
funesto O entusiasta. Sonriente, con esa
propiedad de quien no quiere antic_ipar
nada, reservándose para un gran final.
Fue durante ese trayecto &lt;JU-e nos encontramos con Gali; la saludo muy coi:dial, quizás exageradamente_pue_s beso
su mano y tuvo para ella van_o~ piropos.
Era creo su manera de ser c1ruco. Ahora ~ue l~ pienso, _me sonrío: Y si e~
día hubiera entendido, le hubiera seguido la broma. Poco a poco, entre el suceder de los días, la presencia repeti_da de
Rafael fue más notoria. Gali no mtentó disimular y a mí no me importó mayormente.
Hay quienes ~~ensan ~n el honor, en
la familia. Tamb1en aquellos que t~atan
de sacar provecho de eso que los mgenuos llaman "los cuernos". Pero es muy
probable que existan algunas person~
como yo. Preten?i~so en_ extremo sen_a
considerarme el uruco. Si alguna explicación tuviera que dar; ~ría s~ncilla:
amé alguna vez a una mu1er y m1 capacidad de celos se agotó en ella y por
ella. Después, me quedó algún deseo
e, satisfecho, pasó a º!ra cosa. u~
día entre los días, me case con Gal1. MIS
fines al hacerlo fueron nítidos. Gali er_a
hermosa, me daría hijos be~~s. lnte_ligente en extremo, no se sentma _propiedad mía. Libre, lo era en la medida que
nos es dado y también en la medida que
a lo dado nos es posible agregar algo,
así sea una minucia.

'!-

Hacer el amor con ella fue agradaNe.
Sencillo tener la hija que quería y a
Gali parecía complacerle. D_el mime
origen, la frialdad nos era a1ena a k.
dos aunque de si'!1ilar ma!1era la gran pa,
sión, que para m1 ya ha,bia p~ado Y808pechaba Gali no tendna. Y s1 la encontró en Rafael, no me aryepiento. ~ermano menor, pariente d:b~ y quendo
me lo fue siempre. No se SJ esto queda
claro. Paso a explicarme.
Cuando niños, asistimos a la misma
escuela. El liceo lo hicimos juntoL
Aun cuando nunca sabré por qu~, él P~
firió estudiar filosofía. Yo a mJS quendos asuntos: la agronomía. Mis padm
sabían que la granja y el_ ca~po que b
rodea siempre tuvieron m1 canno. ~ que
amo profundamente el olor de la ti~
la tierra misma y sus productos. A~
ésta, que nunca he sentido como 1111
carne.
Pero al asistir a los prim~ros ~
elementales, en los que la in~eligencl8de
Rafael sobresalía, su capacidad de pel'
samiento abstracto y su desarrollo fut
. a mi' me Clt
ron mayores. En camb10,
taba un enorme esfuerzo salir adelaa11
con cierto decoro. Y nunca obtuve OII
de esas calificaciones sobresalientes qs
todos le admiramos a Rafael. Pero •
los. deportes, s~a _las carreras o el
casi nunca participaba, aun~ue ~
tenía disposición. No supenor a la mt1,
pero cuando menos la,misma. No I~ ~
envidia. ¿Cómo tenersele a qwendÍII
acompaña a uno desde los nueve,
años?

n2'

Recuerdo una tarde en la que, al ter'
minar las p~eb~~ de ca_rr~r,as, el m: :
de educacion f1s1ca fehcito a tres p
nos. y dos de ellos éramos nosotros.
ro en tanto que para mí tuvo ~na
tud distante, a Rafael lo )!,amo: ~
Rafael mismo se sorprend10 Y s

J

que hasta se sonrojó. Me pidió que lo
esperara. Y cuando salió del aula donde
el maestro habló con él, venía dolido.
Caminamos hasta la puerta de los pasillos de la dirección y entramos al comedor, donde, con escasas palabras, Rafael
pidió un vaso con soda. Yo hice lo propio. Mientras el mozo salía, Rafael miró
hacia mí y sólo me preguntó:

- ¿Qué piensas hacer cuándo salgamos de aquí?
- ¿De dónde -pregunté-.
- De la escuela, bobo.
- No lo sé. Seguir estudiando.
-Pero estudiando qué.
- Lo sabré cuando lo haga.
Bebimos nuestra soda, nos quedamos
silenciosos, mirando las ventanas que daban a los campos deportivos. Callábamos cosas que queríamos decirnos, pero que no nos atrevíamos. Temíamos
preguntarnos sobre asuntos que suponíamos que si uno ignoraba el otro conocíaa fondo.
Pero después salimos hacia el área de
fútbol. Nos sentamos solos en las graderílti de madera, entre el polvo que
nos enviaba el viento y un atardecer de
fines de verano, alto y rojo el sol, entre
~~es que nos alentaban en nuestro sentim1en_½&gt; de tristeza, produciéndose una
sensac1on de despedida.
Rafael, con esa sonrisa irónica que ya
n~ le abandonaría, pero que si uno quenanotar, era más de tristeza que de otra
cosa, me contó:
- ¿Qué crees? El profesor me ha dicho_que soy un marica. Que de nada me

sirve mi fuerza natural. Que podría ser
un magnífico deportista, pero que el
miedo me lo impedirá.
-Y tú, ¿qué piensas de eso?
-No lo sé. Pero me cansa el deporte.
Y no hablo de fatiga física. No tengo
ideas suficientes, ni vocabulario para
expresarlas. ¿Recuerdas, René, aquel
día de nuestros diez años, en que se me
vino encima el muro y tú me arrancaste
de ahí? No te lo agradecí entonces. Pero tampoco te lo agradezco ahora. Diría que te guardo rencor.
Cómo evitar mi sorpresa. Y no era sin
embargo, la primera. Pero tampoco sería
la última. Rafael. Así lo acepté. Así lo
quise. Solo. Desamparado siempre.
N.os enamoramos de la misma mujer
a los veinte años. Pero el novio elegido
fui yo. Así por la familia como por ella.
Rafael pareció aceptar todo con ese aire
de intrascendentia muy suyo. Sentí que
no era sincero. Ya muy avanzado el noviazgo, Rafael dejó la ciudad. Pero una
tarde, antes de irse, llegó hasta casa de
mis padres para hablarme. Lo sentí casi
feliz, pero algo tenía en la mente que se
lo impedía. También sentí que algo más
quería decirme. Algo fuera de la habitual despedida, del cortés deseo de volvernos a ver. Pero no agregó nada. Y
salió de la ciudad, de la que fue orgullo,
pues sus ensayos de filosofía dieron motivo a galardones para nuestra tierra. Y
su nombre le dio fama cuando él tenía
nuestra edad. Resulta curioso que no haya mencionado hasta aquí ni siquiera el
nombre de la novia, que pudo habernos
separado. Pero es muy clara la indicación, pues se refiere a mis sentimientos
reales. Angélica era el nombre. Si hubiera sido poeta en esa época, habría
escrito acrósticos con su nombre y hasta
llegué a creer que correspondía a lo que

ella era.
La familia de Angélica llegó muy solemne, un día, a conversar con Padre.
Según supe después, en una reunión
donde ellos, Padre y yo, hubimos de asistir, habían ido a explicar que Angélica
no era pura, que habíase entregado a
un poco hombre que la abandonó. Naturalmente, las dos familias estaban de
acuerdo en que la promesa de matrimonio era inoperante.
Nunca, salvo en esa ocasión, lloré. Y
de noche, en mi cuartó, a solas, para que
nadie se enterara. Así me gané el respeto
de la casa y el derecho a mandar en ella
con igual autoridad que Padre. No me
explicaré nunca por qué no sentí odio
por Rafael, pues aunque entonces no
hubo nadie que me dijera el nombre de
quien había deshonrado a Angélica. sabía que él había sido.
Y ahora sus relaciones con Gali me
hacían sonreir. Por mi parte, corría a
caballo por los campos de los alrededores. Labraba con los campesinos, me bañaba en el río y subía a las montañas
nevadas. Cosa que ni Gali ni Rafael podían. Sé sin embargo, que me lo envidiaban. Pero ninguna alegría obtenía
de ello, aunque tampoco la buscaba. Yo,
Renato, el jefe del Clan, a la muerte de
mi padre, que exhaló el último suspiro
orgulloso de dejarme a mí al frente de
toda la familia y sus posesiones.
Rafael. Recuerdo que sus relaciones
con Gali, stipuestamen te discretas, me
eran comentadas por criados, campesinos y hasta por mozos de tabernas
donde bebía yo mis cervezas después de
cabalgar, o los tragos con los campesinos, después de la última jornada de la
semana. Todos me miraban con sorpresa, quizás porque yo no expresé
ninguna, ni emoción que ellos pudie-

�Me siento seguro, sobre todo de que un país que siempre intervino en lnW.
no soy nada, de que nada fui sino un del nuestro, según me decían en la •
espectador, pero un espectador soli- cuela. Y ahora, propietario de una ...
tario y diría que feliz, en la medida que ca, por segundo apellido, último clef
ser feliz es sufrir con aquéllos que uno cendiente de una raza tan notable co,
quiere y sin necesidad de que se ente- mo la de un caballo de carreras o la de
ren. Aquí termino de escribir esta carta. un perro de caza. Y quizás como .._.
o pensaré más en ellos. Mati se fue , cotizada.
mucho después de lo ocurrido. St: llevó
Mi hermosa, querida ciudad, a orilla
Se sabía por entonces de algunas una parte de su herencia y vivió en un del río, cerca del gran océano. No hetle
campesinas que se acostaban conmigo. país distante. Rafael, mucho después volver a verla. La sueño en un día tle
Lo que ellas contaban de mi resisten- de muerto, sigue siendo un enigma para niebla, con sus personajes caminando cacia en el lecho. Y se hizo una leyenda. quienes lo conocieron y trataron, sobre si a tientas, abriéndose paso entre eau•
No sé si favorable u odiosa, aunque lo todo por el silencio que se hizo en tor- pecie de infierno. Pero bella, con las nino a su muerte. Tanto es así, que los
natural sería que odiosa.
campesinos y los hombres del pueblo, ñas y los niños que yo quería. Era clm,
por eso entonces mi ascendencia de la
Un día, Rafael y Gali huyeron. Se sin olvidar, dan cada día menos impor- otra raza. Aprendí el idioma, tan •
tancia
a
su
relación
con
Gali.
comentó que yo los había sorprendido
tinto al de mi ciudad, que éste me•
y que, en un gesto de prepotencia, los
recía desprecio. Y hablar el otro me lihabía amenazado de muerte, si ambos IV
zo sentirme mejor, superior a mis•
no dejaban el pueblo, la provincia y
gos y compañeros. iPero no, no era cief.
(lnesperado)
hasta la nación.
to! Si ellos se reían de mis pretensiollfl,
si
me reía con ellos.
Renato T..., tal mi nombre. Ya he daGali murió en un accidente en la cado por concluidos los asuntos de mi farretera, del que salió ileso Rafael. !'ero
Tanto ellos como yo odiábamoe ~
milia. Dejo pues, estas últimas notas
después nos encontramos en algún respaís vecino, que trataba de humillaJIGI
para
...
¿quién?
Bueno,
poca
importantaurante, en cualquier lejana ciudad, y
y de que olvidáramos nuestra bandlla.
Rafael acudió a mí, sin pedir disculpas cia le daré, si es alguien. Sé que necesi- nuestro pasado así de glorioso que elGI
to escribirlas, sean dt: confesión, de acuni mencionar nada. Sólo cuando yo le
morían de envidia. Pero ya sabísación,
de súplica.
pregunté, me hizo una narración detaquiénes eran ellos, cuando alguatl
llada del asunto, si bien breve. También,
Recuerdo, como en brumas, esa ave- traidores a nuestra patria nos unieroa•
por primera vez, me habló del daño
nida bella, que llevaba a los muelles. su territorio. Los mismos que noseabt
interno que lo mataría a él, y del que ya
Que venía desde la parte alta de la ciu- garon a ellos, con vergüenza, hubid
tenía noticia por su médico. Mal ajeno dad y concluía en una plaza, donde po- de &lt;;onspirar con nosotros para la 111t
al accidente y anterior. Me dio tristeza.
díamos ver aquel castillo. Mi apellido tauración de nuestra libertad. ¡Viva la
Y preferiré no comentarlo.
ahí, entre los nuestros, tenía sentido, patria! Entonces lo grité con al~ J
era usual. Por eso, cuando hubimos de hoy, que lo recuerdo, aún siento ~
Por eso lo invité a la granja. A pasar
abandonar el país e ir rumbo a otro, las mejillas se me humedecen. Pero.a.
sus últimos días. Pensaba acaso que, da- donde parientes ricos nos habían here- lo hago cuando estoy solo, duran~•
da la personalidad de Rafael, Mati mi dado una posesión, me resultó todo noches de este invierno terrible, mídt
hija pudiera tener un :fugaz encuentro tan diferente. Decían que nuestra ciu- do el blanco panorama. O en el ve•
. iniciático con él. No es que me lo pro- dad era una maravilla, que debíamos ventanas abiertas a los ruidos de la at
pusiera, pero mentiría si dijera que no sentir el cambio, pero que la otra, don- che.
pensé en eso. Mati, mi hija, a quien no
de íbamos a vivir, era extraordinaria.
supe educar; darle cariño ni nada. Ojalá
Mi padre y yo, por esa aven~~
nunca sepa de esto mío y no se haga magando
a despedirnos de una faJIII
Con mi pantalón cort~, acompañanlas ideas. Mis añ~ de vida serán largos
;_dónde
quedó, cómo se llamaba!
o aún. Poco fui en la vida y nada valgo. do a mi padre en esa ciudad, capital de
IN
ran entender. Lo que sí sé es que, contra el desprecio popular, mi poderío en
el pueblo aumentó, y adquirí tierras
por doquier. Pero no pude convertirme en un reyezuelo despectivo, aun
cuando quienes hubieran sido mis súbditos sí manifestaran gran desprecio por
mí.

de_ la Luz. Eso era. ?u padre, amigo del

mio. Pero ella, Mana de la Luz. Sus tierras que cultivaban con cariño, a las que

iba. Jugaba con ella, y hasta la había besado. Creo que llegamos incluso a tocarn~, u~ po~o temblorosos, sin saber por
que, m que era lo que hacíamos. Tenía
unas largas, largas trenzas, y era morena.
Su naricilla un poco respingada y su
voz lige~amente chillan!e. La besaba y le
promet1a que n? que~ria a ninguna, aun'l!le nun~ volviera m a la patria ni a la
cmdad. Se ahora que no regresaré a nin~ n• de las tres, aunque lo quisiera. Mariade la Luz Silva.
_Pero nunca olvidé. Jamás esperé ni
qwse regresar. Mi adorada ciudad de la

infancia. La patria, los colores de la bandera, _mi lengua original allí se quedan.
La pnmera tarde, cuando, corriendo entre los árboles, buscando a María de la
~~• ava~ando, su voz vino desde algún
sallo atras de donde yo me había detenido.
- René. ..
_FJ último brillo de sol, entre ramas
Yárboles. El suelo cubierto de hojas susurrantes, la extraña voz de María de la
Luz, q~ien abrió los brazos y, sin saber
~r que, me arrojé a ellos. Besé sus la?9, toda su cara. Observé su rostro, la
nuradª ~n tierna que nunca he vuelto a
ver
· · como miserable
. . repetid
. , a, ni· s1qu1era
1n11tac10n.

Todo lo que he tenido lo que tengo
no valen 1 que esos momentos
'
cuyo'
recue
· dañar. Yo no' valgo
da rd? no qmero
: d· No S?Y nada. Mi única riqueza es
e esos instantes los días que vinie
rondes'Lb
'
. pues. as romas
de m1. padre y: amigo. Y nosotros, enojados contra
.;, porque n? nos en_tendían. Y una
ana, en la ~mdad, m1 padre me llevó
1
casa de los Silva y me dijo, seflalando

°

a mi María de la Luz:
-Ahí está. Bésala. Dile adiós. Su padre te pide que te despidas.
¿A quién invocar para que se me
crea? Fue mi primer, mi último amor.
Marja .d~ la Luz lloraba. Yo ni para eso
tenia antmos. El padre de ella nos miraba.' comprensivo. Luego enmedio del
fr10 de la mañana, que yo sentía muy
hondo, pero que ahora que lo pienso
pudo no haber sido mucho, salimos a la
calle de mi- querida ciudad. Y más adelante subimos al buque que, lentamente,

vi ~ómo se distanciaba de lo que me era
m3: caro. Y pensé entonces que 110 volvena: acaso fuera un deseo. Oh Río tú
que me tr.ajiste a esta tierra ¿sigues
en ese pa1s, donde menos aún tengo que
ver con nadie?

illí,

Educado siempre_ lo fui. Amigos, pocos, per_o _muy queridos. ¿Mujeres? Pues
al prmc1p10, porque era un tema obligado para conversar con los compañeros
en la escuela. D_~spués, nada que dejara
huellas. Y ¿9u1en entendería que mi
sueño, que m1 amor estaba con María de
la Luz, cuando éramos niños?

�VIGENCIA DE LA ONTOLOGIA TOMISTA

Por el mismo mero hecho de existir el
hombre acontece el filosofar.

José Roberto Mendirichaga
Bertrand Russell ha escrito que, al continuar "desgajándose" las ciencias particulares de ese gran tronco común o
"ciencia de ciencias" que es la filosofía,
lo constitutivo de ésta será justamente la
ontología o el tratado del ser.
Pues bien, la filosofía tomista, c¡ue
se inscribe dentro de la llamada filosofza pere1111e, abarca cuanto hoy se entiende como análisis y dilucidación racional radical, y su parte medular es,
sin duda, la ontología o metafísical.
Estudia esta filosofía tomista lo que
ha &lt;lado origen a las diversas ramas tradicionales de la filosofía, a saber: el origen de nuestras ideas y la teoría del conocimiento (epistemología y ló6rica), la
materia y la forma (cosmología o filosofía de la naturaleza, con esa gran
aportación del hilemorfismo), el origen
) funciones del alma humana (sicología),
el conocimiento de Dios por la vía racional (teodicea), la naturaleza y rect~
tud &lt;le nuestros actos (ética), la esencia
y existencia (ontología).
Pretendemos en este breve trabajo,
mostrar las tesis ontológicas más importantes de Santo Tomás de Ac1uino.
Pudiéramos decir que constituyen la espina dorsal de este impresionante corpus
de saber racional estructurado, iluminado por la fe (' filosofía, sierva de la teologia'), el que continúa respondiendo
a las irn¡túetudcs y planteamientos de la
filosofía moderna y contemporánea; estos problemas que son: el más allá, la
unidad y la multiplicidad, los valores,
la existencia, el devenir, el hombre y la
libertad, el cosmos, el absoluto...

IN
IN

Descubrir la afinidad entre este pensamiento moderno y contemporáneo y
su inconfcsa influencia del pensamiento
tomista, pretende ser, también, otro de
los objetivos de esta investigación.

Finalmente, brinda la oportunidad al
lector, no siempre con la facilidad de acceder a este tipo de materiales, de probar la profundidad del pensamiento f~
losófico del Aquinatense, validar este
saber medieval con el análisis filosófico
contemporáneo y disipar toda duda de
que este periodo de la escolástica nada
tiene que ver con el decadente del final,
donde c¡uedaron sólo las fórmula5 externas pero el contenido se soslayó y pasó a segundo término.
Ojalá logremos el objetivo c¡ue, confesamos, no deja de resultar un temerario intento, toda vez que el pensanúento
tomista implica una especialidad dentro
de la especialidad y es tan amplio y profundo que lo que aquí hacernos es a
manera de parcial acercamiento, con el
fin de que posteriormente el lector pueda continuar profundizando en el tema,
en base a la bibliografía citada.
Tomismo y neotomismo

Por tomismo debe entenderse el mismo
corpus doctrinal de la obra de Santo
Tomás de Aquino, esto es: 1) la doctrina de las relaciones entre razon y fe, demostrando cómo no hay contradicción
o repugnancia lógica entre lo que postula la fe y lo que afinna la ciencia; 2) la
doctrina de la analogicidad del ser; 3) la
doctrina del carácter abstractivo del conocimiento: 4) la doctrina de la individuación, dependiendo de la materia señalada; y 5) la ilustración de los dogmas
de la Trinidad y la Encarnación.
Indiscutiblemente, c¡uiencs mas mfluyen en Santo Tomás son Aristóteles,
San Alberto Magno, Avicena y Maim&amp;
nides.
A finales del pasado siglo, surge en
Europa un movimiento denominado
neo tomismo, que busca revitalizar la es-

Martín Hcidegpr

colástica clásica y dar impulso aJ pena,.
miento tomista.
En realidad, tal interés existía deade
los Papas León Xlil y Pío X, pero cola
fuerza con Benedicto XV, quien encaap
a un grupo de filósofos católicos - encabezados por el dominico Eduardo Hagon- la estructuración compendiadadrJ
pensamiento to,nista, lo que da origena
las llamadas 'Veinticuatro tesis'.

do intento por escudriñar los problemas
más acuciantes del hombre y su entorno; esa cosmovisión c¡ue en sentido
teilhardiano, ya 110 puede ~ustracrse del
dat~ reve!ado porque investiga con él y
1~ lie~e siempre corno punto de referencia, Slll negar a la razón su dinamismo }
sus propias funciones esclarecedoras.

Las tesis tomist:15.son harto amplias2.
Aharc~ lo ontolog1co_; lo cosmológico
~~t~na Y. fonna, cantidad, principio de

Cayetano Sanseverino, Mateo Lihert
torc, Jaime Ilalmes, Cefcrino Gonzáles,
José Kleutgcn. . . y, ya en este siglo,
D. ;\1ercier, A. D. Sertillanges, R Gt
rrigou-L3hrrangc, V. Cathrein, Jaciiu11
Maritain y Eticnne Gilson - por citara
los más representativos-, contribuye111
dar auge a esta doctrina, distintiva dela
escuela católica.

mdi~1~uac1on, lugar); lo lógico y epistemologico (el origen ele las ideas, la ma~era de conocer): lo si~~lógico (el alma
) sus ~acultadcs): lo divmo, a partir de
la . razo~ ( demostración natural de Ja
e~cnc1a_ &lt;le Dios, esencia y atributos
d~·mo~, ciencia } voluntad divinas pron~cncia } predestinación, rclaeiodes de
Dios con el mundo)...

Fundamentalmente, lo que logra c8k
movimiento es algo sumamente pofili.
vo: que se dé la debida importancia ea
las universidades y senúnarios a la &amp;.
sofía medieval o escolástica clásica; y
que se estudie con más detenimiento J
profundidad el pensamiento de SanlD
Tomás.

Sería sumamente ambicioso abarcar
un anál'
· por somero que fuese, de
. JS1s,
este un¡,rcs1onante corpus doctrinal.
:'\os centraremos, por tanto en las tesis
ontolómcas
' parte son
f d .,. , 1as &lt;¡ue por otra
un ~e'.itales en tocia filosofía a fin
dnal,
e defuur
.L
de este csfucri;o
'
.
e1 runwo
a i_hco del mundo y de sus circunstanc1as3.

Las llamadas Veinticuatro Tesis

La potencia y el acto

Alguna razón tuvo que haber para qae
la más alta instancia de la ensefianu et
tólica -la Sagrada Congregación de S..
minarios y Universidades- hiciera "19
el pensamiento tomista y lo instibd
nalizara, sin menoscabo del pluralidl
ni de la libertad que se dan en el terftll
de lo discutible.

t.\n~·s q~c nada, veamos qué dice Sana~to
respecto: "La potencia } el
de tal manera al ser r¡ue
lo que es en
nec . ' 0 es acto puro, o bien es' acto
, ac~mentc ~o~p~esto de potencia
0
tn'nsecos
• ~? mo ¡mnc1¡nos originales e in4.

Y esta razón, no parece ser otra qll
la claridad y vigencia de este ~
miento filosófico, de tal forma c(llt 1t
presenta la más exacta versión, coa
propio énfasis y acento, de la fil
cristiana, la c1ue trabaja en ese con

vemEs decir' que, &lt;¡e todas las cosas que
dos ºj' nos habremos de plantear estos
dre!o:n~!tllde cosas y conceptos, ponera están en eccr que, de alguna ma....
. acto Y de algruna manera
'" potencia
,
ción en
' segun e1 grado de pcrfccquc se encuentren.

º::V~~

Sólo el ser está en acto. Un trozo de
madera, mediante el esfuerzo del artesano, ha pasado a ser, de tronco a objeto manufacturado, de una base de lámpara en potencia, a una base de lámpara
en acto, luego de aplicar pacientemente
serrucho, .formón, taladro, lija, barniz ...
Ese estu~ntc, que aspiraba a mitigar el
d?lor mediante sus conocimientos v téemcas terapéuticas, luego de cursar Ía carrera de medicina, es ya un profesional
de la salud Y cura efectivamente las enfermedades ~e sus pacientes; ha pasado
de la potencia de ser médico al acto de
serlo.
En, lo_s anteriores casos, se ha dado
un tra~s1to del poder ser al ser; de la
potencia al acto. A.hora bien, corno señ,ala Grenet, "Santo Tomás no invento, e! 'acto' Y la 'potencia', pero tuvo el
mento de comprender exactamente estas nociones y de comprender que son
la clave del ser"5.

Y del acto, ~lantead~s por la vía analógica Y ~n _estricto sentido filosófico. Si se
~atcnaJIZan estos conceptos, de sí
ide~es } racionales, entonces -como
adv1ert~ Grenet líneas más adelante,1ueda mtacto el dilema de Parménides:
El ser n~ ~uede empezar a ser, puesto
que ya cs. ) del no ser no 1mcde salir
nada"?.
Lo c¡uc hace Santo Tomás es clarificar el concepto acerca de las fom1as o
de los acto~ estableciendo &lt;¡ue las formas no empiezan a existir por virtud de
la naturalez~ o ~el arte, sino que se encuentran alli )ª incubadas, larvadas. Lo
que sucede es que estas fonnas no existen en la _materia de una manera simple
) pura, smo compuesta. y ya sabemos
que en la simplicidad está la perfección
Y que lo compuesto adolece de esta
mezcla, que debe diluirse para acceder
a un grado superior de perfección.

. , Conocemos quién posee esta perfec. Antes ya, Aristóteles había establcCI~n en gr?d0 infinito. Estamos ya en la
c1do que ni el ser ni el no ser son nociomedula, m!sma del problema de lo uno
nes simples. Que ha} el ser que es (esto
Y_l~ mult1ple. Hay división, hay multieso O aquello), el ser por el cual el se;
phc1dad, ~orque se da la potencia, la
es (la dimensión o la forma de un objeimperfecc10n. Cuando se resuelve este
to, las notas características que hacen
que Pedro sea Pedro y no Juan), el ser proble~a, es~~os ante_ lo uno y único,
qu? se 1dentif1ca con Dws, principio de
q_ue puede_ ser (la uva que va a conver- umdad absoluta8.
tirse en vmo, la madera que va a ser
transfonnada en mueble), y hasta el La esencia y la existencia
ser que puede ser, s6lo como concepto
(un proyecto, una elucubración un cnt? de razón), si bien no es ser c;1 el sen- Al admitir que Dios es acto puro c1ue
e~ Ser en plenitud, Ser en sí o Se; subtido pleno del término 6.
siste~te, exento de potencia, pasa Santo
Tomas a postular una tesis más: la de
D? tal manera, las personas y las co- qu_e
en. el ser !~ubsistente, esencia y
sas tiene la potencialidad de ser O Ja viexistencia_
se distinguen; sólo en Dios
gencia misma de ese ser una vez c¡uc
son
lo
mismo,
alcanzando la sin1plicihan sido puestas en acto, 'i1ue acogen al r!ad, que es perfección
9.
ser por el cual son o que se acoO'en
al
0
ser que los constituye.
La esencia o ser sustancial es lo que
e~, la realidad fundamental que cons~?vierte Santo Tomás del peligro de t1tu~e al ser en una especie; y la exiscosificar estas relaciones de la potencia
tencia, aquello por lo que es en s( mis-

. ...

1

�ma, Juera de su causa. De esta manera,
la sustancia sirve de base a los accidentes: y la naturaleza es el mismo ser real,
como primera fuente de donde brota la
operación espontánealO.
La existencia es la llamada última actualidad de toda forma, de toda realidad. La esencia, potencia real, actualizada, se convierte en existencia. Nada hay
después de la existencia, luego del ser:
es la ultima actualitas omnis Jormaell.
Con todo, conviene aclarar que esencia
y existencia no son dos realidades que
actúan en forma independiente, pero
sí las distinguimos, como la potencia
del acto.

Y como aquí estamos en terreno debatible, es Santo Tomás quien afirma lo
anterior, frente a otros ilustres representantes de otras escuelas filosóficas, como Escoto y Suárez, por citar a los más
conocidos. En esto se da un amplio margen de libertad, siempre y cuando estas
doctrinas racionales no se contrapongan
con el dogma. Pero no podemos negar
que esta tesis tomista es una de las fundamentales del Doctor Angélico, la que
ha sido tomada como propia por el Magisterio, aplicada al terreno teológico.

Existe una esencia, una realidad estable que subsiste. Esta sustancia individual, cuando es completa o llega al
término de su individualidad, se llama
persona. Y lo que participa de esta sustancia, las "formas secundariamente
añadidas" -que dice Santo Tomás-,
son los accidentes, que la modifican.

Dijimos antcrionnente que Tomú
de Aquino no es el primero en estable,
cer que ni el ser ni el no ser son noclo,
nes simples; que tampoco inventa el •
to y la potencia; y, finalmente, hemoe
visto de qué manera concibe la suata,
cia y los accidentes, incluidos ya en el
corpus doctrinal aristotélico.

Entre los accidentes, está el llamado
"de relación". La relación es una realidad distante de la sustancia, "pues la
realidad del fundamento es distinta de
la realidad del sujeto y del término, como es claro 1¡ue la generación es distinta del padre (causa) y del hijo (efecto)"14. La sustancia va así unida al accidente, pero "al accidente le corresponde existir en otro ser"15.

Entonces, ¿es o no es original Santo
Tomás? En rigor absoluto, no lo es; ningún filósofo, para hablar llanamente. P~
ro tiene el mérito de haber comprendido perfectamente estas nociones qae
son la clave del ser, de haberlas enriquecido mediante agregados y divisione1i
mediante un ejercicio racional continuado, serio y estructurado, del que da
testimonio sus obras y, en especial, la
Summa theologica.

La sustancia es "el ser que recibe
por sí o en razón de sí la existencia";
es "una cosa o una naturaleza a la cual
conviene por sí misma, en sí misma y no
en otra cosa"; en tanto que el accidente -como apunta Maritain, quien a su
vez hace notar que la palabra ous(a significa, en primer lugar, esencia o naturaleza, pero que las sustancias, por ser el
primer objeto al cual se dirige la inteligencia, son las primeras en merecer este nombre-, es "una naturaleza o esencia
de la que es propio, o a la que coAhora bien -como advierte el Aquinatense-, "la noción de ente o de ser rresponde existir en otro scr"16.
no se aplica de manera unívoca a Dios y
a las criaturas, ni tampoco de manera Actualidad del tomismo
puramente equívoca, sino analógicamente, con abstracción tanto de atribución Nos interesa ahora ver si el tomismo
- particularmente en su aportación oncomo de proporcionalidad"12.
tológica- continúa vigente, o ha quedado superado, para integrarse, en todo
La sustancia y los accidentes
caso, a la Historia de la Filosofía, mas
dejando de ser una doctrina viva de la
Pasemos, pues, al último punto de esta que se extraen "ideas madres" y enfoteoría tomista del ser. Además de po- ques para resolver la problemática filotencia-acto y esencia-existencia, existe sófica actual.
una tercera tesis: el ser se divide en sustancias sólidas y accidentes efímeros13. ¿Es tal el caso de la filosofía tomista?

En la teoría del acto y la potencia, la
esencia y la existencia, hemos de monocer los precursores intentos de Talm,
Anaximandro, Heráclito y Parménideli
los de Sócrates y Platón; y sobre todo,
los de Aristóteles, a los que se asocia el
Aquinatense para constituir lo que ee ~
denominado filosofía aristotélico-to•
ta, en función de que la segunda 001t
pl~ta a la primera y la 'bautiza'.
El asunto es: ¿por qué interesa t111D
a los filósofos modernos y conte•
ráneos la filosofía tomista? SimplellO'
te porque contiene los resortes ~
que dan sentido al esfuerzo racimdel hombre de ese y de este tielllplL
Descartes advierte que las ideas e8IÍ!
en nosotros en potencia, en tanto no~
expresemos, y que no puede haber fi!í'
to sin infinito. Spinoza afirma que lo•
finito se da con anterioridad a lo ~
Leibniz parte de una premisa to~
reconoce que es imposible hallar
principios de una verdadera unidad ~
materia sola y que la "mónada" (

de fuerza) no puede ni empezar a ser ni
dejar de ser, siendo la fuerza un ser simple. Hegel, mediante la dialéctica, construye una lógica que no es otra cosa que
la vida del espíritu que constituye a la
naturaleza. Marx, a falta de un sustento
como el de la filosofía perenne, cae en
la contradicción de términos que se distinguen y conservan, al mismo tiempo.
Bergson, aun compartiendo la convicción hegeliana de la identidad del ser
con el devenir, rechaza la negatividad. Y
Sartre, descubre de nuevo la intencionalidad del conocimiento, a través de una
conciencia que apunta a lo real.
Debemos concluir con Grenet que
"es imposible admitir la distinció~ real
de esencia y existencia, sin admitir al
mismo tiempo la creación de lo finito
por lo infinito, y la semejanza solamente proporcional (analógica) entre lo finito Y lo infinito, en calidad de seres"l 7.

Por l? que "cada esencia guarda con
propia existencia una relación característica", lo cual nos da un amplísimo
~en para concebir las múltiples relamnes que se dan entre los seres sus características individuantes, ~iempre
~o entes reales en acto, con una esen~ Y ~ stencia diversas, y una sustancia Yaccidentes sui generis.
BU

Para concluir, sólo habremos de decir
~ e, por no tener en la debida considera~ n a esta doctrina filosófica, muchos
modernos y contemporáneos
~pezado con una serie de escollos,
: bien podrían haberse perfectamente
.. addeo -en ganancia para la compren~
las esencias y últimas causas81 no ~ubiera prevalecido el prejuicio d~
apro~marse a un pensamiento que se
obsoleto sólo en razón del
. ~ que de ?l nos separa y por el
e la osc?ndad de la Edad Media,
Clllndo en realidad se encuentra vigente,

:-,fos

:-'era

es perenne, por estar sustentado en un
sólido cimiento antiguo y medieval, que
da estructura a todo el pensamiento occidental.

un ser metafísico, cuya razón de ser depende inmediatamente de su misma esencia Y, ultimadamente, de la esencia divina".

7.Grenet, op. cit., pp. 54-55.
NOTAS
l. De antemano sabemos que algunos lecto-

res no estarán de acuerdo en que ontología y metafísicá sean lo mismo; nosotros
aquí equiparamos los términos, en apego
a lo que sostiene Juan David García Bacca, en Elementos de filoso/(a, Quinta edición, Manuales Universitarios, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1975.
2.Cfr,: Hugon, Eduardo, O.P.: Las veinticuatro tesis tom utas, Prólogo y análisis

de Francisco Larroyo, Colección "Sepan
Cuantos. .." Vol 274, Porrúa, México,
1974, pp. 4~68.
3. Cuando nos aproximamos a lo ontológico, siempre son bien recfüidas las palabras del filósofo Marce!: "En un mundo
tal (lo llama 'materialista' y 'funcionm
ta'), la exigencia ontológica, la exigencia
de ser, se extenúa justo en la medida en
que, por un laqo, la personalidad se fra~
ciona, mientras por el otro triunfa la categoría de lo enteramente naturai y en
que se atrofian por consiguiente lo que habría que llamar quizás las potencias de
asombro" En Posición y aproximaciones
concret0$ al misterio onto/6gico, Cuadernos 3, Facultad de Filosofía y Letras,
UNAM, México, 1955, pp. 18-19.
4. Santo Tomás, Summa t/ieologica, I P.,
q.77-1.

8. El Aquinatense va a ir más adelante. Nos
indicará que "el acto, por lo mismo que es
perfección, no está limitado sino por la
potencia, que es una capacidad de perfe~
ción. Por consiguiente, en el orden en que
el acto es puro, no puede ser sino espiritual y único; por el lado en que es finito
Y_ ,múhiple, entra en verdadera composic1on con la potencia". En Summa, I P.,
q. 7, aa. 1 y 2; y Contra gentiles, 43.
9. "Por tanto -nos dice en la Summa, I P.,
q. 50, aa. 2 y 3; y pcwim, en su obra total: ContTa gentiles, De ente et essentia,
De spiritualibus creaturis De veritate
Comm. in Boetio, etc.-, e~ la absoluta ra:

zón del mismo ser, solamente Dios uno y
simplísimo subsiste; las demás cosas que
de El participan, poseen una naturaleza
donde el ser se halla limitado y donde los
principios de la esencia y la existencia
realmente se distinguen".
10.Cfr.:

Hugon, op. cit., pp. 54 y 55.

11. Ya ~bemos ~ue en el terreno antropológi-

co, la esencia actual de las criaturas no es
precisamente el acto mismo de la existencia, pues de otra suerte sería necesariamente acto puro, que ni es recibido ni
puede recibir, por ser único, infinit~ y
eterno" (Hugon, op. cit., p. 57, citando al
cardenal Mercier en su Ontología).
12.Santo Tomás, Contra gentiles, ce. 32-34; y
De poten tia, q. 7, a. 7.

5. P.B. Grenet, Ontología (Curso de filosofía tomista), Herder, Barcelona, 1980, p.
35.

13.Para estos puntos, ver: LM. Bochensk~

6.Cfr,: Salomón Rahaim, Compendio de filoso/fa, Tercera edición, México, 1978,

Décima edición, Rialp, Madrid, 1975, ;.
33 :,passim; y M. Heidegger, ¿Qué es metaf1nca?, Siglo Veinte Buenos Aires, p
40.
'
.

pp. 151-157, donde establece, fundamentado en Santo Tomás, que "el posfüle
considerado en su máximo ser, no tien~
ninguna existencia; pero tampoco es la
nada pura ni es ente de razón, sino que es

Los métodos actuales del peruamiento

14. Hugon, op. cit., p. 63.

�FANTASIA PARA FLAUTA

Oiga Arias
15 "Existe además, en toda criatura, com. posició~ real de un sujeto subsiste_?te_ con
otras fonnas secundariamente anad1das,
que se llaman accidentes; Y esto no se
podría entender, si no fuera porque el ser
no se recibiera en una esencia distinta de
sí mismo". Santo Tomás, en Summo, I P.,
a. 6 y De ente et essentia, cap. VIL
q. 3'
16.Cfr.: Jacques Maritain, Introducción ? lo
filoso[ío, Club de Lect_ores, Buenos Aires,
1975, p. 192-199, pomm.
17. Grenet, op. cit., pp. 87-88.

, ,. - •
'V_ \11

..

1

El reclamo de una flauta en la noche
es una luz
dulcemente afiil
por las pupilas de los sentidos.
Al escucharla
alguien libera pájaros de vidrio
en las frondas de las emociones
y una torre
con ángeles de alabastro
en todas l~s galerías,
es coronada, por la certidumbre del éxtasis,
con diademas de rútilas luces.
) unas potestades de azúcar
establecen lámparas
por los rincones del pensamiento.
Se dibujan las siluetas,
de improviso recordadas,
de aquellos que eran reyes
en los días de oro
y no son ausencia las mariposas,
ni los pétalos, perfumes,
y suspiros cintilantes.
Así,
rápidos venados cruzan los segundos,
al igual que una estrella
desde la altura que nos cubre.
Luego
brillan mundos efímeros,
maravillosos,
parecidos a las llamas románticas
de los fulgores fatuos
Yhay flores, querubes,

cristales arcoiris,
una fuente de aromas auditivos
y unas sílabas de licor malva,
con rostros en lluvia,
índices de agua,
zenzontles en el espacio y en el tiempo,
pero, es el saber,
al punto,
lo de nuestra brevedad,
y el sentir
que tenemos una brasa

~
~
(.!.({e.,

1\:1

---1

;l'

�NARRATIVAS LITERARIAS

Thomas G. Pavel
l INTRODUCCION
para calentar lo eterno,
lo que pone,
entre el ánima
y el ánimo,
un viaducto de sentimientos
diáfanos,
como esas tonalidades
en que holgan lejanías y horizontes
bajo la cúpula el áureo atardecer,
y de este modo,
un listón glauco,
tal un beso rozando la epidermis,
ata quimeras,
construye saudades
y encumbra votos
hacia donde la noche emblanquece,
para que un ramillete de palomas,
escriba por los cielos,
que aquí,
en la tierra y por el aire nocturno,
una flauta dice
lo que mira el corazón humano.

Las modernas investigaciones sobre narrativa literaria se han desarrollado
debido a diversos factores: l. el gradual
abandono del impresionismo en los e&amp;
tudios literarios en favor de métodos
más objetivos; 2. el auge de la lingüí&amp;
tica moderna con sus ramificaciones -la
semiótica, el estructualismo literario y
la gramática del texto-; 3. además el propiciamiento de la interdisciplinariedad
en las ciencias sociales, que promueve
una fertilización entrecruzada en lo
conceptual y metodológico. En las primeras décadas de este siglo se hizo evidente el decaimiento del impresionismo;
corrientes tan diferentes como el fonnalismo ruso, la nueva crítica americana y
la escuela de Chicago hicieron posible
una objetividad creciente en el análisis
literario.
La lingüística estructural proporcionó una metodología concreta para dicha
tendencia, cuya influencia recayó en la
poesía moderna donde los intereses fueron enfocados hacia las leyes generales
de la literatura y no en el trabajo individual, hacia la estructura en vez de la
historia y hacia la fonna por encima del
c?ntenido. La semiótica, el estudio del
~ o, la gramática del texto y el estudio del_ texto, constituyeron un apoyo
~e cru~1al importancia para los especialistas_ literarios al ubicar su objeto de
estudio dentro de marcos referenciales
más amplios.
Gradu:iimente se fue comprendiendo
r,e no.solo muchas propiedades que haian _sido atribuidas previamente a los
lraba.ios individuales o al genio del autor,
P~~en ser explicadas no sólo por princapios poetológicos o estructurales sino
~~én algunos rasgos que durant~ muteº. tiempo se pensaron como puramenliterarios son, de hecho, de naturaleza

más general y su estudio va más allá de
la ciencia de la literatura propiamente
dicha.
El desarrollo de la moderna ciencia
social amplió este enfoque, por una parte debido al deseo creciente de compartir metodología y por otra al entender
que muchos problemas surgidos en una
disciplina no pueden ser resueltos sin recurrir a investigar en alguna otra disciplina. Así, la antropolo~ía se convierte
en tributaria de la lingü1stica, la lingüi&amp;
tica de la psicología cognitiva, la teoría
del texto de la lógica fonnal, etcétera.
En medio de esta agitación epistemológica, la teoría de la narrativa literaria se comienza a desarrollar. Empezó como un estudio de las fonnas altamente estilizadas de la literatura popular, llegó a ser una parte central de la
poética moderna, padeció la influencia
de la antropología, la semiótica, la lógica, la psicología y la teoría del texto;
y produjo en un período relativamente
breve una variedad de hipótesis y modelos.
Es sin duda, la riqueza y rápido desarrollo de los estudios narratológicos lo
que origina la confusión tenninológica
en torno al nombre de la disciplina.
Tzvetan Todorov propuso el ténnino
"narratología" para designar un dominio general de estudio que incluye tanto
la investigación sobre la estructura del
argumento (histoire) como la estructura·
del texto (discours). El ténnino "narratívica" fue usado en algunas ocasiones
para referirse al mencionado dominio.
Los seguidores de A. J. Greimas emplean el título de "semiótica narrativa"
para referirse al estudio de niveles narrativos profundos, incluyendo el argumento, y el de "semiótica discursiva"
para la teoría de las manifestaciones del

discurso. El estudio de la literatura narrativa desde el punto de vista del di&amp;
curso narrativo es llamado "narratología" por Mieke Bal, quien parece excluir
de la disciplina el argumento independiente del texto.
En el desarrollo de este trabajo adoptaré los criterios de Todorov al referirme a la "narratología" como el estudio
integrado de todos los niveles del fenómeno narrativo. En particular la "narratología literaria" se refiere al estudio
focalizado de la narrativa literaria. Dividiré este capítulo en dos secciones, cada una dedicada a las dos macrodivisiones de la "narratología literaria": el e&amp;
tudio de estructuras narrativas abstractas y el estudio del discurso narrativo.
Como se verá, en la práctica, la distinción es menos clara de lo que parece.
De hecho, las investigaciones del di&amp;
curso narrativo de Genette, Bal, Stanzel
y Cohn, casi siempre se enfocan a los
niveles narrativos abstractos.
En lo que respecta a las estructuras
narrativas abstractas, su naturaleza varía
considerablemente de una propuesta teórica a otra, al grado que poco parecen
tener en común por ejemplo los "motifs" de Dolezel y los mitemas de LéviStrauss.
Este campo se encuentra en un estadio donde teorías no relacionadas proyectan cadenas de nociones muy independientes. La mejor estrategia de presentación en tales casos es la explicación
de las propuestas teóricas más importantes del área, indicando las conexiones
interteóricas donde sea apropiado.

2. NARRATOLOGIA ABSTRACTA
2.1. Las funciones narrativas de Propp
La teoría y crítica literarias han sido in-

�fluidas durante mucho tiempo por un
prejuicio romántico en pro del genio
individual y por la obra artística; es
por lo tanto natural, que la narratología abstracta haga su primera aparición
en conexión con el análisis de la literatura oral. Los estudiosos del folklore
siempre han buscado clasificaciones
óptimas para las manifestaciones literarias orales, particularmente los mitos, cuentos y las leyendas. Los intentos de categorizar dichas manifestaciones culturales de acuerdo a su temática, a sus motivos o a criterios genéticos,
han resultado insatisfactorios. Las taxonomías temáticas tienden a multiplicar
indefinidamente los insumos categoríales ya que los temas pueden variar ilimitadamente. La investigación genética propone los tipos primitivos puros cuya
existencia no puede ser establecida en
fonna independiente la mayoría de las
veces, y la clasificación de acuerdo a
los "motifs" elimina conjuntos cruciales de regularidades que se encuentran
en las leyendas.

ciones, juegan sólo un papel secundario.
También las funciones narrativas están
unidas en secuencias predeterminadas.
Una "prohibición", por ejemplo debe
preceder a una "transgresión".
Una función se define por su contribución al significado total del cuento.
La lista de funciones encontrada por
Propp en un corpus de cien "cuentos
maravillosos" rusos es la siguiente: ausencia, prohibición, violación, reconocimiento, rescate, fraude, complicidad,
villanía, falta, meditación, acción contrarrestada, salida, tarea, prueba, abastecimiento, traslado, conflicto, marca, victoria, falta liquidada, regreso, búsqueda,
rescate, llegada irreconocida, tarea difícil, cumplimiento de tarea, reconocimiento, exposición, transfiguración, castigo, boda.
2.2. Análisis estructural del mito.

El análisis de Propp enfoca el objeto
desde una perspectiva sintáctica; cada
narrativa popular perteneciente al corpus
demuestra en forma manifiesta la
El folklorista ruso Vladimir Propp
misma estructura abstracta, indepenpercibió que los cuentos que incluyen
diversos asuntos pueden ser descritos dientemente de los motivos que intecomo manifestaciones de unidades con gran el cuento.
una secuencia muy similar. Así, el heLa similaridad con el análisis lincho de que los héroes de diferentes
güístico
es sorprendente; realmente, la
cuentos sean transportados a tierras
sintaxis
descubre
patrones combinatoextranjeras por un águila, un caballo o
rios
de
categorías
abstractas (por ejemun bote mágico serían representados coplo:
artículo
sustantivo
+ verbo) inmo manifestaciones de diferentes asundependientemente
de
unidades
lexicatos, aunque formalmente sean sólo
les
que
constituyen
la
frase
real
(v.g.
ejemplos de un elemento constante llaEl
perro
duenne;
el
niño
corre;
un
mado "traslado". Consecuentemente, en
alumno
bosteza).
Estas
unidades
de
un nivel más abstracto, lo que cuentan
léxico
poseen
sus
propias
regularidades
son las constantes llamadas "funciones"
co-ocurrentes, qut pueden ser considepor Propp.
radas -hasta cierto punto- de naturaLas funciones son los elementos leza semántica. Así, el verbo "dormir"
esenciales del cuento mientras que di- tomado en un sentido no metafórico se
versas circunstancias de tal actuación, combina con sujetos animados, miencomo !oe agentes, los medios, las inten- tras que " leer" con sujetos humanos. En

+

fonna similar, el estudio de la narrativa
se puede centrar en las relaciones entre
vm elementos semánticos esparcidos
a lo largo del cuento.

Cadmo busca a
su hermana Europa
raptada por Zeus

FJ clásico acercamiento a dicho problema lo encontramos en el análisis del

Cadmomata
al dragón

mito de Edipo hecho por Claude LéviStrauas. De acuerdo con Lévi-Strauss el
significado de un mito es independie~te
de su contenido narrativo evidente
Uri-Strauss compara los mitos con la
estructura de una partitura orquestal en
donde en lugar del orden correcto de
las notas Y medidas de diferentes instru~ se hubiese anotado una sucesión
lineal en la que sólo apareciesen las notas de la flauta seguida de las del oboe
del ~ ete, etcétera. De esta forma l~
partitura no presentaría ningún sentido
~lo que un músico que deseara enten'.
. . tendría que reacornodar las partes
ramentales una bajo la otra de acuero con las leyes de la armonía, el contra~cétera. Igualmente, para entenel nuto que fluye de una narrativa
~~ mezcla de elementos desordena~ tie~e que ser descompuesto y reuido en orden a las leyes de la
eat¡ctu_ra del mito. Lévi-Strauss reorde: : nuto de Edipo de la siguiente ma-

Los espartanos se
matan mutuamente

Labdaco (padre
de Layo) = cojo
(?)
Layo (padre
de Edipo) =
cojo del pie
izquierdo(?)

Edipo mata a su
padre Layo

r;ito,

Edipo mata
a la esfinge
Edipo = pie
hinchado (?)
Edipo se casa
con su madre
Yocasta
Etéocles mata a
su hermano Polinice
Antígona (hija de
Edipo) entierra a
su hermano Polinice a pesar de la
prohibición

�rrativa y virtualmente en todas las ten·
El mito se relata leyendo las colum- dencias del estructuralismo literario. Sin
nas de izquierda a derecha y de arriba embargo, se encuentran dos puntos déa abajo; y se comprende considerando biles, sujetos de ser criticados. Primero,
las columnas como unidades, leyéndo- hay poca justificación metodológica pa·
las una después de otra de izquierda a ra preferir un cierto orden de los evenderecha. Desde el punto de vista de tos del mito en columnas sobre cualLévi-Strauss estas columnas signific,in quier otro orden posible y las evidencias
respectivamente: las relaciones de paren- socioculturales independientes no tietesco sobrestimadas, manifiestas en el nen una explicación, por lo que las desincesto de Edipo así como la devoción cripciones se quedan en un plano intuitide Antígona por la memoria de su her· vo y muchas veces arbitrario. Segundo,
mano; las relaciones de parentesco sub- todo principio general del análisis esestimadas, traducidas en diversos asesi- tructural requiere que la descripción
natos entre familiares; la matanza de pre-estructural del objeto sea predecible
monstruos y finalmente las dificultades unívocamente a partir de una descrippara caminar derechos y erguidos, suge- ción estructural que incluya la gramátiridas por el s~cado de los nombres ca. Así, la descripción fonética de una
Láhdaco, Layo y Edipo.
frase se predice partiendo de su descripción fonológica, la cual incluye las reEn la interpretación de Lévi-Strauss, glas fonológicas del lenguaje. Pero, oblas dos primeras columnas representan viamente esto no se hace efectivo en la
sucesivamente la afirmación y negación descripción del mito de Edipo anotada
de los lazos de sangre, mientras que las más arriba; de hecho, dada la eliminados últimas columnas, niegan y afirman, ción de muchos sucesos en el arreglo de
respectivamente, el origen autóctono del columnas, la descripción pre-estructural
hombre. Este mito relaciona dos grupos del mito es irrecuperable. Posteriores inde ideas; por una parte las concernientes vestigaciones basadas en las ideas de
a los lazos familiares y por otra las que Lévi-Strauss intentaron evadir estas dise refieren al origen del hombre. Se pre- ficultades, fortaleciendo la coacción mesenta una cierta relación proporcional todológica del análisis del mito y de los
entre estos dos grupos de ideas; la so- textos, desarrollando una serie compleja
brevaloración de las relaciones sanguí- de niveles entre el texto y su descripción
neas referida a su subvaloración se da más abstracta.
como un intento para escapar de la autoctonía por la imposibilidad para triun· 2.3. Mediación en la narrativa
far sobre ella. La correspondencia proporcional o analógica entre estas ideas Como hemos expuesto, de acuerdo con
es una solución que se encuentra en la Lévi-Strauss cada mito narrativiza opocultura, la cual crea el mito de las ten- siciones fundamentales. Esta idea se desiones intelectuales ocasionadas por es- sarrolla en el trabajo de dos antropólotas contradicciones.
gos canadienses, E. Kongas-Maranda y P.
Maranda, quienes discuten la fórmula
El enfoque de Lévi-Strauss tiene el Lévi-Straussiana: fx(ar fy(h :Íx(h} f
mérito de haber dirigido la atención a-1 (y) y le asignan una interpretación
de los investigadores hacia las relacio- narratológica. Ellos asumen que el cennes intertextuales, nunca antes toma- tro narrativo del mito es el acto de medas en cuenta. Esto influyó en el desa· diar entre contrarios. Por consiguiente,.
rrollo de la semiótica enfocada a la na-

r

si a es un p~er t~rmino especificado
en una fun?on positiva (fx) que como

2•4• Semiótica de la narrativa

consecuen~ia alcanza una victoria comple~ ocasionando la destrucción del
traidor (a-l) Yla afirmación del valor y.

El intento más elaborado para desarrollar
de vi·sta LéVl·. Straus·
dell punto
.
s1ano e mito y la narrativa como un
~dqu~d entre oposiciones semánticas
ª. uc1 o en una teoría completamente
articulada
. y
n ti d' esGla semiótica discurswa
__arra va e reimas. Ya que la com le~d d~ la teoría es tremenda y sutracaciones van más allá de los problem: ~e la,narratología abstracta, en este
tr ªlº solo será posible esquematizar
algunos rasgos, especialmente los e
B?n relevantes para la teoría de la n!"ativa.

U~a fó~ula i:nás sencilla, propuesta
por di~hos mvestigadores, establece que

cualquier ~tructura narrativa consiste
de ~ c~s1-resultado seguido por una
,olución final y un resultado final
Q_S:CR:SF:RF. Tomando en cue~t~ ¡ea
diversas posi:hilidades de la mediació:

se eaquematlza la siguiente taxonomí~
~ ~~~ntos que viene a ser un modelo de
1KCll10n

para el cuentista:

Contraste

A

Intedi~t~ ~e
me acion

A
A
Exito en la
mediación

Logro en la
mediación
(Modelo 4)

, La semiótica de Greimas es una teona general del significado presentada

co~o un modelo generativo. En su nivel
mas abstracto,_ el nivel profundo de la
estructura
d
se
o
. semio-narrativa, el siunifi
"t&gt;·- ca o
rgamza como un cuadro semiótico
que es ~na_ estructura constituida por
cuatro t~rn:unos que contienen dos rasgos semantic~s o sernas, S1 y S2 or nidados en_ el e1e semántico S con 3 tos
e·• relaciones: contrariedad, contrad"1~
cwn Y complementación:

-,

1
S1 +·-···► S2

No contraste
(Modelo O)

~«--.a.•

contradicción

&lt;----··· ~

contrariedad

S1 ---+ complementación

_I
No hay intento
de mediación
(Modelo 1)

l Cdourtés (1976) da el siguiente ejemp o e un cuadrado semiótico:

No hay éxito en
la mediación
(Modelo 2)

No hay logro en
la mediación
(Modelo 3)

no-negación

L

no-afirmación

~

.. La afirmación es contraria a la ne acton y co_~tradictoria a la no-afirmaciZTL
~;. nega_c_wn es complementaria a la noaJ 1rmacw11.

1

'.

�en la cobertura y riqueza de las nociones. Pero en este enfoque también ae
El cuadro semiótico es una forma puencuentran ~nos problemas: Prim&amp;ra que revestida con sernas concretos se
ro, la universalidad semántica de las 11convierte en un microuniverso semántitructuras narrativas es un postulado que
co. El nivel profundo contiene también
minimiza la especificidad de las ÍOnDII
un conjunto de operaciones sintácticas:
narrativas y puede obstaculizar la invet
conjunciones y disyunciones que relaEste es un ejemplo muy simplüicado; tigación sobre las diferencias entre el
cionan los cuatro elementos del cuadro de hecho, la teoría permite situaciones
semiótico entre ellos mismos, que junto más complejas: el nivel superficial pue- significado narrativo y no narratifo.
con las operaciones sintácticas se conec· de presentar diversos tipos de frases na- Segundo, el diseño de la teoría no perta formalmente a un segundo nivel: la rrativas simples, modales, descriptivas y mite una amplia verificación empím
organización superficial de las estructu- atributivas. El centro de gravedad de la de las proposiciones teóricas.
ras de la semio-narrativa.
narración es el encuentro entre dos hePero por otra parte, la semiótica 111:
cos narrativos antagónicos confrontados rrativa tampoco es una disciplina pllllMientras que en su nivel profundo las con lo que Greimas llama actuación, que
mente formal -en un sentido lógicorelaciones son puramente conceptuales, corresponde en cierta forma a lo que
en el nivel superficial uno encuentra las Propp designa como conflicto y Maran- matemático- y sus pretensiones revelan ciertas dudas epistemológicas enllc
relaciones figurativas. En este nivel, a las da como mediación. La actuación es la
las ciencias formales y sociales. Esto 11
operaciones sintácticas profundas les co- unidad más característica de la sintaxis revela en la investigación hecha sobrela
rresponde lo que Greimas llama "el que- de la narrativa: lleva a efecto la transnarrativa de acuerdo con guías semiólt
hacer sintáctico" Qe faire syntaxique). formación del contenido narrativo. cas; los análisis de textos disímhob
S~ por ejemplo, en el nivel profundo
conducen a descripciones uniformesllllf
hay una conjunción entre dos sernas, se
La sintaxis narrativa se complementa perturbadoras.
encontrará en el nivel superfluo un con una tipología de los actantes. Esta
enunciado narrativo (énoncé narratif) noción se utiliza para sustituir al tradique alude a la conjunción de dos actan· cional dramatis personae ya que es más 2.5. Una gramática observacional de la
narrativa
tes quienes dan cuerpo a los sernas abs- abstracta y se relaciona menos con rotractos.
les definidos o personajes. Una antigua Una línea de investigación diferente fue
clasificación incluye a: el exponente, el
Desde la óptica de Greimas, la transi- destinatario, el sujeto, el objeto, el ayu- asumida por R Barthes, T. Todoror f
ción de las estructuras de signüicado dante, y el ene.migo. Un personaje pue- C. Bremond, cuyos trabajos se conClt'
-desde las profundas a las intermedias de desempeñar en ocasiones algunas de tan más al estudio de propiedades espt
y a las superficiales- es sobre todo una estas "misiones" abstractas de acuerdo cíficas de la gramática usada en la oant
transición del esquema lógico-semántico con las necesidades del programa narra- tiva que en los sistemas semióticos. B.
a la organización narrativa. Efectivamen- tivo.A la inversa, un actante puede ser Barthes (1966) esquematiza una ._
te, de acuerdo con Greimas (1970), las interpretado por más de un actor. Por nomía perspicaz de las unidades en•
estructuras narrativas no se encuentran ejemplo en las tragedias clásicas, los per- relato. Barthes conserva el término ~
sólo en los textos narrativos; más aún, sonajes y sus confidentes pueden que- ppiano función para designar a las •
estas estructuras constituyen un nivel dar agrupados como un solo actante. dades narrativas que contribuyen al ~
universalmente presente en la producsarrollo de la acción. Las funciones
ción de significado.
En este sistema se pueden identificar portantes que constituyen los pu
algunos rasgos de las teorías de Propp y medulares de la narrativa son ll
Para ejemplificar, la historia de La de Lévi-Strauss tales como la cualidad funciones cardinales o ruícleos
Cenicienta analizada por Greimas y abstracta de las unidades narrativas y tras que las funciones que aparecen
Courtés puede ser reducida a una tran· el énfasis puesto en la centralidad de las rellenar el espacio narrativo, se
sición de la diyunción a la conjunción: oposiciones. La semiótica de Greimas funciones catálisis. Las funciones
(S1 n S2) --♦ (S1 U S2). Los representa, sin embargo, un progreso nales ejercen un efecto directo en el
sernas S1 y S2 se representan en el ni- claro en la exposición teórica, claridad sarrollo subsecuente de la narración;
vel figurativo de la narrativa por dos actantes: el sujeto y el objeto; por lo
que, el nivel narrativo de la fórmula
expuesta se convierte en (S (\ O~
(S V O) donde S representa a1 sujeto
y O al objeto.

designadas como funciones catálisis también son funcionales pero dependen del
ndc_leo y son só~o detalles específicos de
acciones . poco importantes. Aparte de
las funciones, una narrativa contiene
índices que informan al lector sobre las
cireunstancias del relato. Dichos índices
pueden ser: los índices propiamente dichos, los.cuales de~riben a un agente de
la narrativa, una cierta atmósfera O una
posición filosófica; y los índices infor~tes que se_ ;efieren al tiempo y espacio de la acc1on.

Esta taxonomía tiene el mérito de
prodigar atención adecuada a otros elementos aparte del núcleo; elementos
que fuero~ usualmente desatendidos por
~ comentes del estructuralismo. Enfatiza en el rol de elementos no-narrativos co'!1o descripciones, caracterizaciones e ideas filosóficas, ofreciendo un
punto de vista más general del relato
com~arado con el enfoque de la acción
propiamente dicha del análisis estructunl Pero es~e sistema sigue partiendo del
punto de ~IS~ mi~océntrico, marginali~do ª prwn los mgredientes no-narrativos del cuento. Presumiblemente este
j e~~otivo por el cual la categoría de
08 mdices mezcla indiscriminadamente
aspectos heterogéneos no-narrativos que
merecen un trato más elaborado.
tn traba~os posteriores Barthes subsana . mencionada objeción al construir
: :: ~ma analítico detallado -llamatos ·d1os- el cual funciona a distinti ruve es. _Estos códigos son. proairé~ (~arrativos), hermenéuticos temáct simbólicos y culturales. Aquí el
0 narrativo del cuento se margines z~ Y~e torna una secuencia de accio_¿_m runguna lógica. La gramática na... ..,a -en este mve
· l- es VIsta
·
Barth
por
es como una empresa espuria.

:J¡

U' Lanarrahva
· Yel lenguaje natural

La teoría narrativa de T. Todorov presupone que las narrativas se comportan
como una lengua, por lo que Todorov
supone que una descripción de la narrativa deberá contemplar las categorías
que se encuentren en el lenguaje natural. Un relato tendría, por lo tanto tres
aspect?s: verbal, sintáctico y semá~tico.
La ,umdad de la sintaxis de la narrativa
sena el ~nunciado narrativo compuesto
d~ un suJeto Y un predicado. Los enunc~ados narrativos aparecen unidos entre
s1 PºX: una secuencia. Las principales cat~gonas ~e )a frase son: el nombre propio, el adJehvo y el verbo.

tesis- Y las relaciones temporales tales
como el énfasis y la inversión.

Los ~ombres propios designan a los
p~rsonaJes o agentes pero no muestran
mnguna característica específica por lo
que _no pertenecen a ningún sistema actanc~al. To~a la información de los persona1es está contenida en los adjetivos
los cuales definen atributos referidos ~
fo~as de ser, estatus y/o propiedades;
a~1 como en los verbos que definen acCIOnes. ~os v~rbos usados con mayor
frecuc~c1a -~esignan la modificación de
una S1tuac1on, la transgresión de una
regla Y el castigo de una acción equivocada.

La _mayoría de las teorías arriba expuestas r~presentan a la narrativa como una
tot~dad en la cual todos los elementos
?oexISten ~n. una estructura sincrónica
ideal. La log:ica de la narrativa es considerada una finalidad, donde los eventos
aparecen para conducirnos a un desenlace. Una lectura teórica del relato tiene
que p~oceder. a la inversa, comenzando
ª partir ~el final. Esta óptica sostenida
por, ~re1mas, . entre otros, ignora las
autenticas opciones que deja el narrador
en cada parte del relato. Claude Bremon~ _muestra en su elemental Logique
d_u _reczt que la narrativa -tanto como la
logica progresiva- se estructuran a lo
larg~ de un eje temporal. Cada función
cardmal se puede dividir en tres pasos:

Un aspecto interesante del sistema
de Todorov ,-que fue apropiado por
otros n~ratologos- consiste en la introduc?1º~ d~ la modalidad verbal. Al
modo md1cativo de la narración simple
~odorov le agrega dos modos volunta~
nos: el 0 ptattv? y el obligatorio, y dos
mod?s _hipoteticos: el condicional y el
predictmo. El modo visionario se usa
p~a dar cue?ta de las percepciones subJetiv~ Y erroneas sostenidas por un determ~ado personaje. Las secuencias
narr~tivas ocasionan diversos tipos de
relaciones entre las frases que las componen como. _las . ;elaciones lógicas
--:c0 ~,0 la modificac1on, el deseo, lamot1vac1on, el resultado, el castigo, la hipó-

Esta t~xonomía es más variada que
la mayona_ de sus competidoras y posee
un contemdo empírico distintivo. Sin
~mbargo, puede ser criticada por ser
mcompleta Y por el uso de recursos ad
hoc. Un claro análisis de la gramática de
Todorov la encontramos en Bremond
(1973).
2-7- La lógica de las posibilidades
narrativas

Realización
Posibilidad{

r

xito
Fracaso

No-realizacion

~ste esquema permite una serie de
opc10nes en el desarrollo de la narrativa. Un agente que delibera sobre la venganza d~l asesinato de su padre, se encontrana en el estado de la posibilidad
Puede decidirse por la no-realización ~
proceder,a la acción. En este último caso, estaria propenso al éxito o al fraca-

�dió a los investigadores del área para no
arriesgarse innecesariamente con los
nuevos enfoques. También, debido al
desarrollo histórico de los estudios literarios, una reacción contra el estructuralismo tal vez hubiese producido posturas antiformales en lugar de formalismos
más sofisticados.

Obtiene cuentos complejos por medio
de reglas recursivas que pueden conmner indefirúdamente la estructura na,
rrativa (EN). Se le agrega un compo,
ncnte semántico esquematizado que
opera en los enunciados narrativos y ae
encuentra en la base de las derivaciones
narrativas.
Van Dijk ideó varias gramáticas na,
rrativas entre las cuales, tal vez la má
interesante sea la 197 6a (ver Van Dijk
1976b para un enfoque teórico-activo~
La propuesta 1976a se presenta como
la base de un mecarúsmo generativo
transformacional cuyo rasgo peculiar es
el de juntar unidades narrativas plll'II
con las unidades que pertenecen a
den más elevado en el relato, tales como
la Moral o la Evaluación. A contÍJllllo
ción se presenta un árbol típico generado por esta gramática:

Los resultados presentados en los puntos anteriores (2.1 al 2.7) pertenecen a
lo que podría llamarse "1a edad de oro
de la narratología", durante la cual la
metodología de la investigación ha sido
influenciada por la lingüística estructural y la antropología. Desde entonces
han aparecido dos desarrollos metodológicos que presentan hasta ahora un
éxito incierto: la introducción de las
técrúcas de la gramática formal y los
intentos de vincular la semántica narrativa a una posible lógica universal.

Sin embargo, deben mencionarse
unos cuantos modelos inspirados en la
lingüística generativo-transformacional.
G. Prince (1973) empieza su cuestionamiento defendiendo los relatos mínimos
como conjunciones de enunciados que
expresan tres eventos: el primero y tercero, estáticos y el segundo, activo. Tanto los eventos como los enunciados se
orgarúzan en una sucesión temporal y el
tercer evento es una causa del segundo.
El relato mínimo sería el axioma de una
elaborada gramática generativo-transformacional del relato. El modelo se presenta poco después de las primeras gramáticas chomskianas, primero genera
relatos mínimos, los relatos 'base' sin1,ples que son cuentos mínimos más algunos eventos no narrativos organizados cronológicamente, por lo tanto
relatos simples donde el orden cronológico de los eventos no es reproducido
por el orden de los enunciados, y finalmente relatos complejos que combinan
el relato simple a trav~s de las transformaciones generalizadas.

A pesar de su éxito en la lingüística,
los modelos generativo-transformacionales sólo fueron aplicados tentativamente
a la sintaxis de la narrativa. Así, mientras el estructuralismo ha sido virtualmente abandonado en la lingüística en
favor de corrientes más recientes, la narratología permanece aún bajo la influencia de la metodología estructuralis-ta. Esto se explica por el marcado éxito
de la tradición estructuralista en los estudios literarios, lo que tal vez persua-

El impacto del llamado modelo estándar (Chomsky 1965) y de la semántica generativa es visible en Pavel (197 6).
La gramática posee una base recursiva,
cuyo axioma es EN (estructura narrativa).
Un EN se construye de un universo con!uso (situación inicial - violación) y un
ausencia
Universo restablecido Qa mediación - el
desenlace). La gramática tiene, pues, un
componente categorial que concuerda
con las nociones de Greimas y Todorov.

so. Bremond, al dirigir la atención al desarrollo temporal del relato, logra distender los rígidos apremios de la lógica
de la finalidad y muestra lo complejo
que puede ser comprender los relatos
sinuosos. Su trabajo establece un eslabón del uso de la teoría de la acción de
la narrativa y como una contribución
teórica para la investigación de la narrativa.
Además de su percepción d;la lógica temporal de la narrativa, Bremond
nos ofrece una simple y elegante truconomía de los roles en la narrativa (agente, paciente, influenciador y enemigo o
frustrador) y una descripción elaborada
de las situaciones que surgen en la narrativa en conexión con dichos roles.

2.8. Nuevas técnicas formales

un•

/Narr¡tiva'---.
Relato

ocasiona

Moral

i ..

,E
. d'10
I ntro ducc1on
y pISO

l

· . / segw.d~o de
Acontec1ID1ento
/
Complicación .

~

\ una)
ua~

seguida de (~}
ResoluclOll

2.9. Semántica narrativa.

'o

10

Las diversas gramáticas narrativas presentadas en este trabajo raras vec~s ~
sideran en detalle aspectos sema~tiCOI
de la narrativa. Cierto, las teonas di
Lévi-Strauss y Greimas poseen una base semántica, pero por su naturalesa
abstracta, las categorías semánticas~
das son en sí muy generales. El a~•
miento de una posible semántica u~
sal y el aumento del interés filoso
en la novelística ofrecieron una

de inspiración para los narratólogos.
La narrativa semántica de L. Dolezel

ea articulada en dos rúveles principa-

les: la teoría de los motivos narrativos y

las restricciones globales de la narrativa.
Un motivo es la representación semántica de estados o eventos narrados. Tendría la forma de un predicado con uno
o más argumentos. Los eventos estarían
definidos en términos de estados como
cambios de un estado a otro aconteciendo en un cierto punto cronológico.
Los motivos que representan estados se
llamarían motivos estáticos mientras
~ los que representan eventos serían
designados como motivos dinámicos.
Loa eventos son diferenciados entre proce,01 y acciones de acuerdo con la
esencia o presencia de la intención. A su
vez los argumentos pueden ser agentes o
no-asentes. Estos también se subdividen
como afectantes y afectados. Una fuerza
~ un afectante que no se puede convertir en afectado. Estando exentas de intenciones, las fuerzas provocan proce~ los agentes - representados por objeto.- ~n afectantes que no pueden ser
~ertidos en afectados pero si son pac1ente1, entonces podrían convertirse en
~ tad~ Los pacientes a su vez son
DreVersibles en relación a las fuerzas, pero pueden ser convertidos en afectantes
cuando son dominados por agentes y fi~ente, los objetos afectados no-convertibles. La subcategorización semánti~ de motivos los divide en: motivos fí~ -.-si predican estados o cuentos
IJIBl:08-, motivos mentales, motivos
Qnales y motivos sociales. Las evativ ones -comentarios morales y narra0&amp;- no son tratados como motivos
que pertenecen a la narración sino co: tetatexto, ofreciendo una interpren del texto narrativo primario.

litaLas restricciones globales de la narrase definen en términos de modali-

dades lógicas. Aquí introduce Dolezel
su propia noción de relato atómico caracterizada como una cadena de r:iotivos que disfrutan de una homogeneización modal. Se definen cuatro tipos
de relatos atómicos en el sistema, y son:
l. Relatos aléticos, expresan posibilidad,
necesidad e imposibilidad; 2. Relatos
deónticos que expresan permiso, prohibición y obligación; 3. Relatos axiológicos que expresan bondad, maldad e
indiferencia y 4. Relatos epistémicos
que expresan conocimiento, ignorancia
y creencia. El sistema está abierto y se
le pueden agregar más tipos. En los relatos que contengan más de un agente, las
modalidades se pueden relativizar en
agentes específicos. Las modalidades relativizadas definen el "mundo" del agente.
La semántica de Dolezel es probablemente el intento más elaborado de dar a
la narratología una firme base lógicofilosófica. Además, tiene el mérito de no
perder el contacto con la tradición del
análisis textual· y con los problemas literarios específicos surgidos dentro de esta tradición.
Algunas ideas de Dolezel han sido desarrolladas más ampliamente por Pavel
(1980), quien define la noción de "dominios narrativos". Sintácticamente, son
las acciones emprendidas por un agente
y sus aliados. Desde un punto de vista
semántico, los domirúos son controlados
mínimamente por cuatro tipos de regularidades: las reglas ontológicas, que establecen lo que existe, lo posible/necesario de cada donúnio; las reglas epistémicas, que regulan el conocimiento; las
reglas axiológicas, que establecen valores
y prioridades de cada grupo y las reglas
de acción, que funcionan como instrucciones normativas. Estos donúnios combinan los relatos atónúcos de Dolezel
con sus modalidades relativizadas.

El sistema modal más comprensible
de la reciente narratología lo encontramos en Ryan (en imprenta). Ryan redefine el argumento como una sucesión
temporal de estados de los asuntos mediados por los eventos. La autora mencionada distingue entre los mundos de
la narrativa reales y los posibles, incluyendo representaciones de mundos reales con sus modelos idealizados y los
modelos creados por la mente como alternativas. Los posibles mundos de la
narrativa se relativizan en personajes y
pueden ser clasificados de acuerdo a
numerosas modalidades como mundos
episténúcos, mundos intencionales,
mundos modelos (expresan grados deseables) mundos de valores morales y
mundos de obligaciones. Ryan examina
pues, la delicada interrogante de la relación entre estos mundos y esboza una
teoría interesante del conflicto narrativo como un choque entre mundos modales.

3. NARRATOLOGIA TEXTUAL
3.1. El discurso de los relatos
Un enfoque totalmente diferente de la
narratología contemporánea consiste en
examinar el relato au ras du texte para
entender los fenómenos discursivos que
son específicamente narrativos pero que
no pueden ser percibidos en niveles más
abstr~c~os. Ge~ette (1972) distingue entre reczt (el dIScurso o la narrativa propiamente dicha), histoire (el contenido
narrativo) y narration (e1 acto de la
pro~ucción narrativa). El propio trabajo
semmal de Genette consiste en el análisis textual del récit. A semejanza de las
propuestas irúciales de Todorov, Genette encuentra tres aspectos fundamentale~ en el. realto: tiempo, modo y voz.
El tiempo mcluye a un grupo de relacio~es cronológicas dentro del relato, particularmente las relaciones temporales

�los problemas de modo y los problemas
entre el discurso del récit y lo abstracto de voz. Los de modo serían la respuesde la histoire. Estas relaciones se orgarú- ta a la pregunta" ¿quien ve?" mientras
zan de acuerdo a tres grandes catego- que los de voz contestan a la interroganrías: el orden que incluye la interacción te "¿quién habla?" La perspectiva es
entre la cronología de la histoire y la una cue§tiÓn de focalización (o punto
conjunción textual de los eventos del de vista). Hay tres tipos de relatos: no
récit, la duración que contrasta la lon- focalizados que corresponden al narragitud de los eventos con la longitud de dor omrúscente; internamente focalizasu presentación textual; y la frecuencia dos con un punto de vista restringido a
que relaciona el número de veces que cierto personaje, y externamente focaocurre un evento en el relato con las lizados, donde el narrador sabe menos
veces en que se narra en el texto. Las que el personaje. Los sistemas llamados
figuras del orden son anacron{as o fal- "polimodales" son los que la focalizatas de coordinación cronológica entre ción con frecuencia cambian.
la historia abstracta y el texto. Pueden
ser analepsias (retrospecciones) o proFinalmente, la voz se refiere al acto
lepsias (anticipaciones). Jugar con la de enunciar la narración que siempre se
duración ocasiona anisocron{as, acele- sitúa en un rúvel diegético inferior al
raciones o desaceleraciones. La acelera- evento narrado. Así, es posible recoción máxima es una elipsis mientras nocer un rúvel extradiegético situado
que la desaceleración máxima del texto fuera de los eventos (la voz del supuesto
ocurre durante las pausas descriptivas. editor de las cartas en Les liaisons
Entre estos dos tipos de anisocronías dangereuses), otro nivel intradiegético
se encuentran formas intermedias: sín- que se relaciona con el relato principal
tesis que son rápidas y escenas que son y una serie de niveles metadiegéticos
lentas. Los efectos de frecuencia esta- que ocurren cuando las narrativas esblecen diferencias entre los relatos tán imbricadas. Los tipos de narradosingulativos (cuentan una vez lo que res se clasifican de acuerdo con su parsucede una vez), los relatos singulativo- ticipación en la acción: los relatos hcanafóricos ( cuentan ''n" veces lo que su- terodiegéticos tienen narradores extercede "n" veces) los relatos repetitivos nos; en los relatos homodiegéticos el
( cuentas "n" veces lo que pasa una vez) narrado, es uno de los personajes, ya
y los relatos iterativos ( cuentas una vez sea un protagonista principal o un oblo que pasa "n" veces).
servador.

El modo narrativo designa las técrú-

1

:o:,

·co

cas para filtrar la cantidad del relato
que se contará en el texto. Los dos modos principales son: la distancia y la
perspectiva. Bajo el nombre distancia,
Genette incluye la distinción entre el
relato de los eventos y el relato del habla. El relato del habla contiene tres
niveles de distancia: el discurso directo,
el discurso narrativizado o síntesis y el
discurso transpuesto o estilo indirecto
libre. En cuanto a la perspectiva, Genette establece una sutil diferencia entre

La teoría de Genette es considerada
como un desarrollo importante de la
narratología textual. Establece el mapa
de un extenso territorio que no había
sido estudiado como un todo. Las críticas que ha recibido se refieren a la ausencia del autor en la taxonomía, la
confusa distinción entre modo y voz
así como la defirúción poco adecuada
de la focalización (Rimmon-Kennan,
1976). Mieke Bal (1977) sugiere un modelo de comurúcación narrativa en cua-

tro niveles, incluyendo la focalización
como un nivel intermediario crucial entre narradores y actores.

yna teoría alternativa de la narrato1o~1a textual la ofrece F. Stanzel quien
onen~a su propuesta en tomo a las categon~ de Persona, Modo y PerspectiBaJo
categoría de persona opone
a narrac1on d~ primera a tercera persona. El Modo mcluye pasajes contados
por un narrador ( diegesis) y pasajes
contados
por
(rmmeSJS
.
. ).
L
. un refleiador
J
a perspectJVa es externa o interna
corr~sponde a la focalización de Genett{
~I circulo de Stanzel -simplificado po;
:, Cohn (1981) se aprecia a continuac1on:

El propio trabajo de Dorrit Cohn
usa la narrat?}ogí~ t1;xtual para explorar 1~ evoluc1on hJStorica de las técrúC8;&gt; literarias. Entre las nuevas herra~entas conceptuales que utiliza en su
libro Transparent Minds debe menciona~e la clasificación de las narrativas en
P:!111era persona de acuerdo a la distinc1on en!r.e situaciones comurúcativas
problematicas y no problemáticas; y en~e _los eventos que son narrados cronolo~camente y acronológicamente. Se
denva una tipología de cuatro elementos:

---------

l. ~~ativas autobiográficas (situa-

r°'

1.- Autor - lector·
2.- Narrador - lect~r implícito 0
explícito;

3.- Focalizador - espectador
implícito;

4.- Actores.
Paralelamente a la clásica distinció

entre la narración y su objeto (le narré)
{~ro~?ne una diferenciación entr~
acion y su objeto (le focalisé).
AGURA 1: CIRCULO TIPOLOGICO

!~

Narración
Periférica
VI
V

Catdier
il the
Rye

PRIMERA
PERSONA
Sit. Narr.

I
AUTORIAL
Sit. Narr.

Límite de Modo

Elexuan,
jero

IV
Monólogo
Interior

etc.

III
Uly
(C!ayp

FIGURA
Sit. Narr.

En el análisis de las narrativas en terce~a perso~~• Cohn propone llamar
ps1co-narra_cwn a la narración autorial
Límite de Modo
Middle- qu~ se refiere a la ciencia de los perso,-....;;;.;~:;;..:::.:..::::~_....,¡Jmarch n~1es. E~a examina en detalle las técmcas ps1co-~arrat~vas y sus relaciones
con, e~ monologo mterior. El trabajo tiP?1?gico lleva a las consideraciones hisII
Los Ase- t~ncas acerca del desarrollo de las técEIL*
sinos
meas. na1;a~vas del siglo XX y a un
etc.
c:irnb10 c1clico más general de las narrativas desde un modo orientado externamente hasta un modo orientado int~rnam,ente. Para un buen repaso del
libro vease B. Me. Hale (1981).
Los Embajadores
Retrato de
un artista

'EIL: ....
~-"o
. dir
LU m ecto libre.

El Castillo

CJO~ ~problemática / orden cronolog1co).
2, ~?nólogo autobiográfico (situac!o~ problemática /orden cronologico).
3· Relat? _memorial (situación aproblem~tica / orden acronológico).
4· Monologo memorial (situación
problemática / orden acronológico).

Será un~ _tarea para los años venideros_ reconc1liar las dos grandes orientac1~nes _de la narratología en una nueva smtes1s que incluye el análisis del arp11mento abstracto y la narratología

�POEMAS

Gerardo Puertas
textual. Un prometedor inicio lo podemos encontrar en el reciente trabajo
de Dolezel (1980).
REFERENCIAS
Bal, Mieke. 1977. Narratologie. París: Klincksieck. (Traducción española: Teon'a de
la Narrativa; una introducción a la narratologia, Cátedra, Madrid 1985).

Barthes, R. 1966. "Introduction a l'analyse
structurale des récits." en Communica•
tions 8. 1-27 (Traducción española: Análisis estructural del relato, México: Premia.)
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Trad. de Aula O'Wn

ANHELO
La paloma negra
de mi anhelo
ha volado ciega,
hasta romper sus alas
en tus cejas.

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BELLOTA
A una bellota del "Holmes Quadrangle"

Bellota:
oriental caballero
de turbante.

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Septiembre 8 de 1983.

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DIVA

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Avanza,
dueña de la escena
'
con un coro de grillos
vegetales:
la noche.
Protagonista brillante
y sigilosa.

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The Hague: Mouton.
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Septiembre 5 de 1983.
Ryan, M. L. The Modal Structure of Narrative Universes. Forthcoming.

�AVEGA TE
MA OS VEGETALES
Las hojas,
rojas manos despojadas
de sus brazos,
me saludan desde el césped,
ofrendándome su adiós
en rictus seco.
Isletas de muerte
entre lo verde,
presagio de otoño
en el verano.

Con sus alas recogidas,
la mariposa es velero
de colores atrayentes,
navegando sobre las ramas
del encino.
Octubre 7 de 1983.

BRAZOS VEGETALES

MA ZA A

Como brazos que surgen
de la tierra,
los árboles estallan
en las manos
de sus ramas.

En tus manos rebanada,

Septiembre 21 de 1983.

la manzana
se transforma en mariposa
de alas blancas.

MISIO r DEL LIRIO

Septiembre 4 de 1983.

Octubre 8 de 1983.

PA rAL DE ABEJAS

Del aliento del lirio
'
cada noche,
el cielo extrae
la blanca tersura
de la luna.

Repetición aburrida del hexágono,
pura geometría,
morisca celosía:
panal de abejas.
Octubre 11 de 1983.
:--1
'.,j&lt;

':

Septiembre 27 de 1983.

..1

�RESCOLDO

HILERA
ROMA 1CE DE ELEME TOS
La noche se ha permeado
de romance:
la lluvia copula
con la tierra.

Las hormigas escriben
sobre el polvo,
el lenguaje punteado
de su esfuerzo:
frase interminable.

Septiembre 22 de 1983.

Septiembre 27 de 1983.

SERPE TARIO

O DULA TE ORACIO

Alrededor del tronco,
cesta de serpientes,
las raíces se asoman
taimadas y silentes,
obscuras boas de la tierra.

En rosario serpenteante,
las hormigas forman
la ondulante oración
de su trabajo.
Septiembre 27 de 1983.

Septiembre 21 de 1983.

SERPIE TE
PEÑASCOS
Peñascos:
Palomas yertas
que chocaron
con la arena.

La serpiente arrastra,
en sonoros cascabeles,
el largo rumor del río,
ondulante sinfonía.
Septiembre 27 de 1983.

Septiembre 27 de 1983.

Aunque es indiscutible el poder
.
.
convertir en ceniza cual uier , q_ue tiene el tiempo para
fuera llamado d
b .q
pagina, es el hombre quien
a escu r1r una y otra
I
ld
.
luminoso que no d' .
vez e resco o: guiño
s mge nuestro semejante desde el ayer.
EStos
dos Fri'as
muestras del. ensayo l'inco
· practicado por
Raúl
Rangel
aparecieron en el /'b Co
(Monterrey, 1971,pp. 141 _147).
i ro
sas nuestras

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~

�HORAS DE MONTERREY

Raúl Rangel Frías
Otra vez lo mismo

o es seguro que la sabia distinción de
un hombre genial entre el espíritu de
geometría y el de finura - /'esprit de
geometrie et /'esprit de finesse- tenga
algo que ver con la estampa de Monterrev. Acaso más barrosa que barroca.
SóÍo que resulta tentadora la sugestión
) además invita a experimentar esta
diáfana idea contra la indistinta man•
cha marrón y gris que envuelve todo,
los árboles muy raros de las avenidas, el
sucio arroyo siempre natural de sus calles las masas de nubes hinchadas de un
vah~ triste y húmedo, las vestiduras de
las personas, las bicicletas, los coches y
los horrendos anuncios luminosos.
Ahora sí parece llover de abajo arriba. Barro o lodo, mezcla reblandecida
de cielo y tierra que toma las acercas,
sube por los muros, se pega a las ruedas,
salpica las piernas de las muchach~. y
casi de seguro escurre por las rend1JaS
del alma.
No está destruida la ciudad por las
trincheras de zanjas, agujeros, escombros, materiales de construcción, cables subterráneos al aire y otros aéreos
que se vienen abajo en postes tambaleantes. Tan sólo se muestra al descubierto tal cual es, ni acabada de hacer
ni terminada de destruir. A caballo
enmedio del fango. Como si dijésemos
que da lo mismo amanecer el día que
apagar la noche. ¿En qué sentido corre
el tiempo, vamos o venimos?
Un hombre cruza la calle con las
manos en las bolsas de la chaqueta.
Quizá es un joven mecánico o un estudiante de Medicina, que se dirige al
taller o al Hospital. Pero también puede ser un trasnochador que toma el
rumbo de su casa para aliviar la fatiga
de la prolongada fiesta, hasta la extenuación de los convidados.

¿En qué delicia esconde su
dicha esta vida a la intemperie
ciudad errabunda de su cauce,
una geometría que no tiene la
de honrar la naturaleza?

secreta
de una
rica de
fortuna

El río tan recio, serio y rectangular.
Por tanto tiempo ausente de su casa, vino por ella a su regreso de la montaña; y
de puro sentimental se puso desconocido y vehemente. Luego hizo por disolver su pasión en una anécdota de color
) movimiento.
Donde sólo hubo huellas o escombros de máquinas y de ingenieros constructores, arrastró piedras, guijarros y
malezas. Amenizó la seca geografía de
unos puentes de concreto con árboles
verdaderos y paisajes sin autor conocido. Una líquida y graciosa cabalgata
de ondas espumosas sobre su piel turquesa curva, o vaga, y rompe por litorales de arenas nuevas entre pies descalzos de niños y cascadas inverosímiles.
En cambio por la asfaltada avenida
inspiran lástima unos pinos adolescentes, a los que la manía geométrica de un
peluquero de jardines les arregló la cabellera como monos de escaparate; iel
espíritu de fineza o el de geometna?
Una como revancha de un modelo académico sobre la imagen impresionista;
¿será cierto que la naturaleza imita al
arte?
¿Dónde está, pero dónde, la secreta
dicha del vivir regiomontano? Anochece temprano y amanece tarde. Es un
destiempo que se instala atravesado entre los espesos muros, las chimeneas
fabriles, el barrizal de las calles, la turbiedad del calor y la humedad del otoño.
Un destiempo en busca de la hora

puntual que voló del reloj de la lgleeia
parroquial y se fue al campanario eléctrico de una torre del comercio. ¡Dóade la nota tónica entre la dispersión y el
tumulto, las estridencias y las Íl'U'.I
musicales, entre tiempos perdidos y promesas de ser?
No es bello ciertamente su tiempo,
pero es apasionante, tenso, cargado de
los extremos por donde se vacía la hittoria mexicana. Un pasado sobre el cual
apenas si se apoya el esfuerzo, pero que
nutre el alma secretamente de nostalgia
y visiones.
Contrapunto de miserias y excelencias. El barro de la Ciudad, para edificar
o manchar la vida. El río para ser olridado en el taller y recuperado en el
paisaje amoroso. Los transeúntes, empapados de alba ruborosa o lim_~ios de
conciencia. Un alma con rendiJ3s 1ft
también son atravesadas por la luz de
la mañana.
De estos días uno fue ennohlecOI
de poderosa y magistral ilu_mina~
Toda la calve del cielo quedo cub~
de inmensos montes de nubes ,-.
empujadas por un tibio viento de otoño. La bóveda recogía por dentro de•
concha de acero, las ráfagas de luz ~
que también se reflejaban en los~
azules de las montañas. El aire se to!IID
cárdeno y violeta como empap~do •
tinta episcopal o túnica de pemt~$
El coro de las apasionadas luces acribll
• el espacio con lanzadas, hasta hacer rJ/1
gotas de sangre violácea sobre un día
moribundo a hora meridiana.
Exasperado, exhausto de tanta ~
templación huí al campo en busca
alivio. Ahí cerca entre collados y barll'das, nuevas fuentes crecieron a mis
sus caudales de plata. Los verdes di
pradera no quedaban lejos y contri

horizonte un alto follaje oscuro y dentellado puso en descubierto el bosquecillo de sombríos ahuehuetes.

Cómo invitar a la Ciudad a contemplar esta belleza, no acerté a resolver.
Salir de paseo para hallar el día que
busca nuestro afán de consumir una
~Ón de amor. T~ vez alguien tenga la
formula: y es posible que acople la tinbJra apasionada del cielo con la seca
geometría del hombre. Ese día será.
1967

Cosas imprecisas
o es la plataforma del castillo de Elsinore sobre los arrecifes, a orillas del
mar de Dinamarca. Pero hay correspondencias de aquélla con ésta y otras
escenas que pone la temporada invernal a la ciudad. Frío intenso hasta hacerse amargo el gusto. Y también niebla, gruesa y apostada en los bajos fa.
voreciendo las sombras que vagan fuera
d~ los le~h~s donde yacen. Arriba, muy
leJana, cintila por el orte la misma estrella que marca el paso de la media
noche. Las tinieblas se adueñan de todo
el resto y los vigilantes dormitan en la
confianza que ancla su fe en la inclemencia y el rigor imperantes. Lo que
r~cuerda aquellas palabras del presagio funesto: "Si el Señor no cuida la
Ciudad, inútil es que velen los que la
guardan".
¿Quién vaga surto de la noche y la
espesura, para amedrentar a los hombres? Y para qué, si no existe el trono
ganado con un filtro venenoso al oído
presto, ni arrancado a golpes de filoso
pufíal. o hay duelo, ni sobrevive a las
lágrimas adúlteras de los esposos un
príncipe de estirpe real. El sobre de la
Justicia está vacío con el lacre roto v se
han desparramado los papeles que· sellaban el misterio, para quedar tan sólo
las constancias del proceso judicial, repleto de huellas, testimonios dudosos y
residuos oculares.
Es la Historia que se abre contra la
fantasía y la leyenda del mundo. Pero
Hamlet sólo vive para la venganza, en
tanto la cuenta larga del usurpador se
derrama en silencio sobre el misterio y
la ocultación del crimen, con la doble
re~~a~ión que ~segura la herencia al
umgemto y legaliza el amor impuro de
aquellos padres y esposos.
Venganza exige la sombra del Rey. o

J ~sticia ni Historia. Y lo reclama su propia sangre. Es la cuenta corta del tiempo
h~mano que se apoya en el límite inmediato, el contragolpe y la dura orilla del
odio. Todo ello por amor a lo verdaderam~nte humano, por detener el dolor,
Y SUJetar la angustia. Hacerse fuerte en
una locura, la de los inocentes, para sop~rtar el embate de la locura total, del
crimen y de la lujuria.
l\o ha) paz que pueda cobijar el horror de la noche, si los asesinos están vivos. La conciencia se tambalea al encuentro de las sombras, con los fantasmas que reclaman un lecho de olvido.
La calma para dejarse consumir la carne
bajo tierra, en la combustión sin tortura
que disfrutan los que no fueron interrumpidos del destino.
~ara no enloquecer y trascender la
org1a a todos los descendientes de los
hombres, violenta su presencia el amor
con el rostro
la venganza. Hace que
tom~n sobre s1 la culpa seres inocentes
O~eha y Hamlet, más aquélla que ést;
mISmo, ,rara. arrastrar a los culpables y
a sus complices. El destino debe quedar .r?staurado para nuevos héroes que
fort1f1quen la esperanza y hagan limpia
la sangre de los Reinos de la Historia.

?e

Montemayor podría errar perseguido
por una sombra, su esposa, dicen, ejecutada con sus ma.'loS. O bien, el Gobernador ~-avala en póstuma exigencia de
rep~~cio~ de sus bienes trabados por la
Justi~ia Fiscal: quizá Servando el fraile
~~ ~nstal Y fuego, apostrofa con gracia
iromca a los intrigantes de la República.
Nada de eso. Si acaso vuelven a la tierra _no hay quién reconozca sus figuras 0
entienda sus voces. Ni un eco, una som~ra, _el recuerdo, nada. La Ciudad está
limpia, al amparo Y a salvo de acechan.zas ultraterrenas. o hay misterios ni

..1

�ABANICO
En esta ocasión presentamos algunas de
la~ ponencias del Primer Ateneo del Significante en Psicoanálisis, que el año
pasado se llevó a cabo en las instalaciones del Departamento de Difusión Cultural de la UDEM, amablemente facilitadas por dicha Universidad a un grupo
de entusiastas investigadores del pensamiento lacaniano.

pasado de emociones culpables. Todo lo
que es. El poste del teléfono. El muro
de cemento. Las calles asfaltadas a medias.

pito? Más bien simula un huésped inoportuno para la comodidad de los sueños que realizamos a despierta luz del
día.

¿Es la niebla una invitación a meditar? Habría que interrogar sobre qué, si
todo se muestra patente ante la vista.
Nuestras casas sólidas de tierra y las caras también. Plomo en las palabras como en las pesas y medidas; lo mismo los
brazos que las piernas. Medidas con balanza, igual que las manos las virtudes,
para dar y recibir: pan, trabajo, alegría
y ternura. La rectitud a escala de nuestros conceptos, donde se cuadricula al
mundo y al prójimo en centímetros de
altura.

He querido salir al aire libre de estas
noches lechosas a entablar un diálogo
con el silencio turbio y húmedo, en busca de los seres misterioros que flotan a
la deriva de la Ciudad. Parece que dicen
cosas buenas y tranquilas procedentes de
los valles de donde emprendieron su
vuelta por el mundo. Traen el tufo y el
vaho de la respiración animal en los establos de vacas. Es tibio y confortable.
Hay también la gasa delgada que se desprendió del lago en que dormitan las
aves acuáticas. Brumas azuladas y frías
con otras más bien rojizas y cerules de
los encinos, acarrean los aromas de la alta respiración de la serranía, entre las
frondas de árboles, la piedra filosa y el
espejo del cielo.

¡A qué vino la niebla si no reclama la
restitución de agravios fraternos! ¿Trae
siquiera un soplo de avisos para iluminar
nuestras conciencias o para despertar a
la vida todo lo que del mundo yace sú-

Son las cosas imprecisas. Nadie es
dueño de la vaguedad y las sombras. S~
seres olvidados en un rincón de la eXlltencia; que ni siquiera tienen la rara
consistencia de los juguetes despedazados. No vuelven a suscitar melancolías ni fiestas. La vida es así, toda codicia o llevarse algo para uno; el agua !1t la
lluvia y las semillas; o cortar en line81
plJ.l'alelas las palpitaciones de la tierra.
Un solo anuncio, una gran oferta•
cambio de la esperanza, del amor o también frente a la muerte: la Ciudad. &amp;i
ella la seguridad vela en los párpad~!
los durmientes. Allí el muro de laonuv
está hecho para no tener miedo. ¿Y laa
palabras?
Las palabras también se hicieron p8II
no caer todos en la demen.cia.

�A PROPOSITO DE UN TEXTO
DE MARGUERITE DURAS

Una novela afirma nade:
una novela busca alga y
plantea interrogant~

María Inés Pérez Lubrina
Acercarse a una obra de arte implica la
posibilidad del goce, el encontrar afuera, en la forma propuesta por otro, resonancias de uno mismo devueltas bajo
una expresión que cautiva por lo perfecto, por la manera en que revela una
búsqueda.
Es ahí donde toma sentido la boutade
de Picasso: "yo no busco, encuentro".
De pronto, u~o se encuentra con algo.
Algo inesperado que va más allá de lo
dicho, que entra en el terreno de lo no
dicho. Esto es particularmente claro en
la obra literaria, escrita. Ese algo que se
encuentra de este modo siempre tiene
que ver con el inconciente. Lo no dicho, lo medio dicho nos remite a la
dimensión del inconciente.
Ya nos decía Freud con gran sabiduría que si queríamos saber del inconciente, entonces oyéramos a los poetas.
En 1908, en su obra El creador literario
y el fantaseo. 1 Freud rastrea en la actividad lúdica infantil las bases de la creación poética. Así nos dice que: "Todo
niño que juega se comporta como un
poeta, pues se crea un mundo propio, o
mejor dicho, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada.
Además -continúa diciendo Freud- sería injusto suponer que no toma en serio
su juego, emplea en él grandes montos
de afecto. Lo opuesto al juego no es la
:,eriedad bino. . . la realidad efectiva"

vigilia, así como en la dimensión onírica, desfiguradamente, el soñar nos dirige hacia la misma dirección, la del deseo.
Soñar despierto y soñar dormido
(Tagtraum y traum) mantienen en ese
sentido una equivalencia fundamental,
la equivalencia que les otorga la sabiduría del lenguaje.
También nos señala Freuda las correlaciones existentes entre los sueños diurnos y la obra de la creación literaria. En
ambos ámbitos, nos dice irónicamente
se vislumbra como héroe, en forma evidente o disfrazada, a su Majestad, el Yo.
Del mismo modo encontramos en la
obra literaria los tres tiempos que
son típicos en el desenvolvimiento del
fantasear.
Un primer tiempo, actual, engarzado
en una vivencia presente de mucha intensidad. El nos conduce a un segundo
tiempo, un tiempo anterior, que es
siempre el de la infancia. Y desde allí
arranca un tercer tiempo que es el del
futuro, el del cumplimiento del deseo
como proyecto. Cumplimiento que la
obra literaria alcanza a través de vericuetos a veces muy complejos.

En décadas posteriores de la vida el
jugar se reemplaza -no sin grandes esfuerzos- por el fantasear. Pero si el juego es una actividad lícita y explícita en
la infancia, el fantasear se oculta, aparece y se desenvuelve en la intimidad de
los neuróticos adultos.

Pero si afirmamos que el neurótico
despliega el fantasear en la intimidad,
aludíamos con ello a la necesariedad de
la represión en el fantasear neurótico.
Su expresión directa sería ocasión de
escándalo, de desagrado o de benevolencia compasiva. Lo que sucede ante la
narración literaria es que la fantasía se
despliega, se ramifica bajo las formas
de la perfección estética y provee al lector de un placer, que sin duda, proviene
de más de una fuente.

l\o obstante, el fantasear mantendrá
su función de expresar el deseo en la

Ese retorno de lo reprimido no doliente, no sintomático, sino que atrae

(p. 127).

,\filan KunJm

al placer, aparece frecuentemente en la
creación literaria. Freud habla de UD
placer previo que estallaría aquí al igual
que sucede con el chiste. Afirma que ese
placer previo permite la liberación de
tensiones en nuestro interior. El an
poe tica reside en presentar lo escandaloso, lo no dicho, bajo una forma estética que nos brinda ese placer previo. Pero
el verdadero placer se produce en el entronque de nuestro deseo que se reconoce en el de quien escribe. Otro lo dice.
Otro habla. Se podría decir que es UD
acto de amor.
Pero así como la fórmula freudiana
en relación al sueño como una re.aliza.
ción de deseos encierra sus complejidades - porque ¿de qué deseo se trata
cuando la angustia invade al soñante?-,
también el deseo que se reconoce en la
obra literaria sigue los vericuetos de la
línea deseo-represión-angustia.
Desde 1905 con los tres ensayos
freudianos sobre la sexualidad, el psicoanálisis plantea que en el ser humano no
hay una armonía preestablecida entle
la pulsión sexual y el objeto de la polsión. La relación entre ambos es. Por el
contrario, lábil y el objeto de la pulsióe
es cambiante y azaroso, tal como lo demuestra, por ejemplo, la clínica de las
perversiones.
Así, desbrozando el campo ~
analítico, podemos decir que la pulsiól
no tiene objeto, que no lo tiene predoterminado. Y del mismo modo Pode:
mos afirmar que el deseo no va haciael
goce naturalmente. En el hiato entre.el
deseo y el placer se produce la angustiL
Lacan dirá que la angustia es un ~
mento en que el sujeto, el sujeto del ..
concientc, vendría a no ser representadt
por un significante para otro signifiell'
te.

Y así como la pulsión no conduce naturabnente al objeto, ni el deseo al goce
tampoco la palabra conduce inequívoca'.
mente a lo que significa, no nos asegura
sobre su referente. La palabra tiene la
capacidad de referirse a otra cosa.
Leer una novela o un poema nos puede ~traducir ~n. el terreno del placer
Pre_v,10 que an~!c,pa el goce por la liberac1on de tens10~, o también nos puede
Devar por el cammo de la angustia. Siempre nos captura Y compromete en nuestra subjetividad.
Dice Lacan en el Seminario '(f2 ·
"En la ~antasía ~l Sujeto pasa frecuente~
m~nte madverltdo, pero siempre está
ah,, ya sea ~n el sueño, en la ensoñación
o en cualquiera de sus formas más o me~~ desarrolladas. El propio ujeto se
com_o determinado por la fantasía.
f~tas1a es el sostén del deseo, no es
~l~b,1eto el que sostiene al deseo. El SuJe se sostiene como deseando con respectoª u~ conju nto significante siempre
mucho mas complejo".

tª

1

reEn{I

esta dirección es posible pensar
relato se hace, como diría Rosoto con las peripecias del deseo v
en esa. f'h
. podemos identificar 'los
,
ª rica
l:~bsnlOs e~unciados por el psicoanáOi · regres,on y la progresión el conti..cto,1 lo prohibido, el sacrificio' el cas"'60 a d
·, el ideal. De este
' mod
' dse ucc,on,
1
d~ e .eseo que es al mismo tiempo el
la ¡nto~ } el del lector, es quien señae per{¡J de los personajes indica el
0 rd
· y se pone
' en evid en. de las secuencias
encta en la puesta en escena del relato.

~:re.ª

Esta _manera de abordar la cuestión

008

la noción del significante en
ettralin -~'5·, _Sabemos que en ~l campo
-.I'ti gu 1stico que es la leona psicoel~~ es Jacq~es Lacan quien retoma
~o saussuriano sobre el significan-

te, dándole una pertinencia particular

q~~ l_o redefine más allá del enfoque lin-

gu,stico.

En SU ya muy comentado retorno al
texto freudiano, Lacan se apoya en el
valor ~onced(do_ ~or Freud a la palabra
Y hara del sigruf,cante un pilar fundam~nlal de ~u teoría del Sujeto, 0 sea, del
SUJeto del mconciente.
Si. el ªP?rte de Saussure produce un
cu_est1onam1ento de las relaciones entre
SUJet~ y obje~o, Lacan se pregunta en
relac,on al SUJeto, al sujeto del habla.
Estable~e allí _la diferencia entre el sujeto del m~onc,ente y el sujeto gramatical, el suJeto del enunciado y el sujeto
de la enunciación.
Entonces podemos preguntarnos ante
la obra literaria ¿quién habla?, así como
Fre~? ~e preguntó ¿quién sueña?,
¿qmen piensa en el sueño? Y la respuesta parece ser la misma en ambos casos:
eso,,eso l~abla, sue~a y piensa en mí. Eso
e~~nbe. Freud decia del soñante en relac10n a la significación de sus sueños que
"~? sabiendo que lo sabe, cree ignorar-

Iº·

ción es que el sujeto habla desde otra escena. El sujeto cree hablar cuando en
realidad es hablado,
El inconciente expresado a través de
9;1s forn1aciones típicas -lapsus, sueños,
smtomas- provoca la fractura de la unida_d imaginaria que la conciencia nos
brmda. Por eso es que Lacan desliza y
transforma la frase cartesiana "Pienso
l~~go existo·· a la formulación psicoana'.
httca en los términos de "Pienso donde
no existo, existo donde no pienso".
Esta teoría del sujeto humano descentrado de_ su conciencia, es una teoría
que necesanamente implica al deseo. Al
deseo en relación a esa verdad que anida en ,el inconci~nte ) que al expresarse
a traves del medio de~ir apunta siempre
al Otro, al tercero. As1 se puede decir retomando a Lacan que "el significante es
I? ~-e rep~~n ta a un sujeto para otro
SJgm_f1canle . El significante en sus desliz~m,entos es el integrador de los tres registros del aparato psíquico identifica~os ~or ~acan: lo real, lo simbólico y lo
1magmar10.
Si ~na obra literaria habla para nosotros, s1 eso habla a través de ella es fácil
comprender el por qué de la rec~rrencia
del trabajo psicoanalítico sobre los texto? _lit~rarios, que devienen así textos
pnv,legiados.

-~º.s efectos del significante en psicoanáh~,s aparecen entonces en este planteamiento sobre un Sujeto de un saber
~ue. no conoce. En la cadena o red de
~gruficantes se desliza la verdad, pero
siempre a medio decir. En el hablar o el
l\o cabe ~uda que Marguerite Duras
e5e;ribir, el sujeto hablado siempre dice es .e~ es~ sentido una autora privilegiada.
mas ?e lo _q~~ su conciencia piensa. l\sí Pnv,legiada por sus dotes como escritoel, ps1coanáhs1s deviene en una psicolo- ra
de ello dan cuenta los premios ligia, de la terce~a persona. Para la psico- te~~1os_ que sus obras han merecido- y
log1a pre-freud1ana el sujeto es el po- pnvilegt~da por el material que éstas han
seedor del sentido, es quien puede ha- ~roporc1onado a la reflexión psicoanalíblar de la verdad desde su conciencia
tica. Valgan como ejemplos los trabajos
A partir de Freud, con la inlroducció~ de au lores tan diversos como David Lidel concepto de inconciente1 se des- berman -en relación al texto de Hiroshicentra ese sujeto cartesiano el sujeto ma, ~on amour-, o como Lacan -en
del cogito, y el efecto de esa 'deseen tra- relac1on a Le ravissement de Lo/ V.

-r

�Stein
El amante, la obra que intentamos
abordar aquí es una narración autobiográfica. Junto al placer estético que su
estilo literario produce, este libro abre
múltiples interrogantes, varias vías de
reflexión. De ellas se desprenden muchas líneas de trabajo posibles sobre el
texto, de las cuales sólo tomaremos algunas, a sabiendas que esto implica un
recorte, necesario para este trabajo, pero nunca para la unidad del texto que
nos propone la autora.

Ji/ rostro, el cuerpo, la mirada. Siempre
el deseo
Estos fragmentos autobiográficos que
retomaré nos permiten reencontrar -o
encontrar en el sentido apuntado antes
por Picas.so- la concepción psicoanalítica lacaniana en la obra de arte. Me refiero a las aportaciones iniciales de la década de los treinta, con lo que se desprende de la formulación del estadio del
espejo, hasta el replanteo subversivo del
mismo efectuado treinta años después,
cuando Lacan introduce (Seminario Xl)
la mirada como un objeto pulsional, estableciendo así una nueva dimensión de
la teoría del objeto. A partir de entonces los objetos pulsionales oral y anal se
integrarán con la mirada, la voz y el falo.

..

1

En relación a la imagen y a la mirada,
vayamos ahora al texto de Marguerite
Duras. Sus frases breves, concisas, encierran una claridad que golpea. A veces es el golpe del placer como en el chiste, otras es el golpe de la angustia que el
acercamiento al despojamiento de nuestras vestiduras imaginarias nos produce.

•

; :"-"'1

-~

El rostro. Marguerite Duras -esodice: " Pienso con frecuencia en esta
imagen que sólo yo sigo viendo y de la
que nunca he hablado. Siempre está ahí

en el mismo silencio, deslumbrante. Es
la que más me gusta de mí misma,
aquélla en la que me reconozco, en la
que me fascino". 4
"Diré más, tengo quince aí'íos y medio" (pp. 11). "Muy pronto en_m! vida
fue demasiado tarde... A los dieciocho
años envejecí . . . Ese envejecimiento fue
brutal. Vi como se apoderaba de mis
rasgos uno a uno, cómo cambiaba la relación que existía entre ellos, cómo
agrandaba los ojos,cómo hacía la mirada
más triste, la boca más definida, cómo
grababa la frente con grietas profundas...
He conservado aquel nuevo rostro. Ha
sido mi rostro. . .Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada...Ha conservado los mismos contornos, pero la materia está destruida.
Tengo un rostro destruido" (pp. 11).
". . .a los dieciocho, a los quince
años, tenía ese rostro premonitorio del
que se me puso luego con el alcohol, a la
mitad de mi vida. El alcohol suplió la
función que no tuvo Dios. También tuvo la de matarme. Ese rostro del alcohol
llegó antes re el alcohol. El alcohol lo
confirmó. sa posibilidad estaba en
mí. .. al igual que estaba en mí la del
deseo. A los quince años tenia el rostro
del placer y no conocía el placer. Ese
rostro parecía muy poderoso" (pp. 16).

lil cuerpo:
Y ví. Bajo el sombrero de hombre, la
delgadez ingrata de la silueta, ese defecto de la infancia se convertía en otra cosa. Dejó de ser un elemento brutal, fatal, de la naturaleza. Se convirtió, por
el contrario, en una opción contradictoria de ésta, una opción del espíritu.
De repente, se hizo deseable. De repente me vio como otra, como otra sería
vista, fuera, puesta a disposición de todos, puesta a disposición de todas las

miradas, puesta en la circulación de la
ciudad, de las carreteras, del deaeo"
(pp. 21).
"Sé perfectamente que todo fJIIÍ
ahí (en el cuerpo). Todo está ahí y 111da ha ocurrido aun, lo veo en losr
todo está ya en los ojos. Quiero ese · · "
(pp. 30).

La mirada:
"Mi familia es una familia pétrea. No
sólo no se habla sino que tampoco ae
mira. Desde el momento en que
ve, no se puede mirar. Mirar es tener
un impulso de curiosidad hacia, aolift.
es perder. Nadie que sea mirado merece
ser objeto de una mirada'' (pp. 71~

se•

El deseo:
"Podría engañarme, creer que soy het
mosa como las mujeres hermosas, como
las mujeres miradas, porque realmeale
me miran mucho. Pero sé que no •
cuestión de belleza sino de otra cOlli
por ejemplo, sí, de otra cosa, por~
plo, de carácter. Parezco lo que qweae
parecer, incluso hermosa si es eso_lo tpl
quieren que sea, hermosa, o b~r!1t4 l
nita por ejemplo para la familia,
mente para la familia no, puedo conv•
tirme en lo que quieran que sea y ad
lo" (pp. 27).
"No se trataba de atraer al deseo. r,.
taba en quien lo provocaba o no exiltÍIExistía ya desde la primera miradaolO
había existido nunca" (pp. 29).

j

A partir de esta lectura, escot}~
nombrada arbitrariamente por llll
rostro, el cuerpo, la mirada.
el dese~, s~ impone rec~rdar que~
perienc1a VIsual es la p~u:nera ex
cía humana Ella se anllc1pa a la
y conforma el dominio de lo ·

s~-,,,

rio. Antes del periodo del espejo el ser
humano podría preguntarse ¿qué soy?
Soy un ser ·mirado, observado, expuesto.
Hay allí una pasividad fundamental
que intentará ser sometida por el dominio de la visión, por la fascinación ante la imagen que integra el cuerpo fragmentado. El niño ve el cuerpo de otro,
ve también su cuerpo en el espejo. Esas
imágenes serán la matriz de su yo. Primer molde que surge bajo la tutela de la
~nación. La imagen del semejante, la
tmagen de uno mismo en ese otro que
refleja el espejo, determinarán la imagen del cuerpo, la fonna del yo.

Si, ~n consecuencia, el origen del yo
es_es~ctamente imaginario, este arraigo
pnnutivo tiñe toda relación ulterior. Dice Lacan 5: ·'La relación imaginaria primordial proporciona el marco fundamental de todo erotismo posible. Es
una condición a la cual debe someterse
el o~j,eto d~l Eros en tanto que tal. La
relac1on obJetal debe siempre someterse
al marco narcisita e inscribirse en él. Lo
~~nde, por cierto, pero de un modo
•~Slble de realizar en el plano imaginano._Es lo que hace, para el Sujeto, la
Decesrdad de lo que llamaré amor... "
Si lo imaginario sólo es impensable
~e la formulación del ternario realimbólico-in:iaginario, la imagen sola
-ap~e de imposible- deviene una ima'21 Sle~pre frágil, cuestionable. La in:::venc1o_n d~ la palabra viene a llenar
ll1Sufic1enc1a de la imagen.
Si nuestra primera pregunta posible

tenrecoger
relación a ¿quién soy?, tratamos
de la voz del Otro lo que so:'9 realmente. Esperamos la revelación
iden~tro ser, que nos digan de nuestra

ad.

La pregunta 4qui~n soy? se ?"aslada,
se desliza al ¿que quieres?, ¿que quieres
de mí? Con esto se inaugura la problemática del deseo y esta pregunta permane~~rá susfen!1ida de u~a respuesta enig~atlca. Nmgun lenguaJe humano, ningun humano, puede dar la respuesta a
nuestra demanda, ya que el enigma del
deseo del Otro estará siempre ahí.Ahí
es donde nos encontramos no con el significado, sino con el significante del
enigma. Los significantes remiten al
Otro, al lugar del tesoro de las significaciones de la lengua materna.
Lo hablado, lo dicho primero sobre
el , ser humano legisla, funciona como
oraculo, como la suerte echada. Eso dicho primero viene de Otro, generalmente de los padres, de la madre. Esto
le confiere a la madre su oscura e indiscutible autoridad. Desde la lengua materna, desde la palabra materna se configuran las identificaciones, o sea, los
rasgos del ideal del yo. Lacan designa a
esto como el trazo unario o el rasgo unario de la identidad. Dirá también que éste sostien·e la ima~en narcisista del yo. Si
la imagen especu ar tiene un claro estatuto imaginario y es consustancial al
narcisismo y a la formación del yo ideal,
el trazo o rasgo unario tiene que ver con
lo simbólico, con la palabra.
Veamos en la obra de Marguerite Duras algunas referencias en este sentido.

La madre: imagen y palabra
"Mi madre pasaba cada día por esa tremenda desgana de vivir. A veces duraba
a veces desaparecía con la noche. He te:
nido la suerte de tener una madre desesperada por un desespero tan puro que
mcluso la dicha de vivir, por intensa que
fuera, a veces, no llegaba a distraerla por
com¡leto... Lo te ignoro, igual que
debia ignorarlo e a, es la naturaleza de

la,s evidencias que la asaJtaban y re hac1an aparecer ese desanimo. ¿ ra la
muerte de mi padre, ya presente o la
del día? ¿El hecho de poner en t;la de
juicio e~ matrimonio? _¿Ese marido?
¿Esos h1Jos? ~O algo mas general que
todo ese haber.·, (pp. 22).
". . .Ella no se da cuenta de nada
nunca, esta, para encerrar, para apalizar,'
para matar. Me mira, dice: quizá bÍ te
salgas de eso. Día y noche la idea fija"
(pp. 33).
" ...Pero la niña, un día, ella lo sabía, se iría, lograría liberarse" (pp. 32).
" .. _.queda e~ pequ_eñ~ que crece y
que quIZas un d1a sabra como traer dinero a casa. Por eso, ella no lo sabe la
madre le permite a su hija salir vestida
de niña pros ti tu ta. Y por eso también la
niña sabe ya qué hacer para desviar la
atención que se le dirige a ella, hacia la
que ella dirige al dinero. Eso hace sonreir a la madre" (pp. 35).
"La niña sabe que lo que hace, lo que
hace ella, es lo que la madre hubiera
deseado que hiciera su hija, si se hubiera
atrevi~o, si hubiera tenido fuel"las para
ello, ~1 el daño que hacia el pensarlo no
estuviera presente cada día extenuante"
(pp. 35).
'
"La madre no conoció el placer" (p
p. 52).
"Me pregunto cómo he tenido el valor de ir al encuentro de lo prohibido
por lnÍ madre. Con esa calma, con esa
determinación. Cómo he llegado a ir
hasta el final de la idea" (pp. 53).
"Digo (al amante) que mi madre se
va a mo~... Que la muerte muy próxima de m1 madre debe estar también en
correlación con lo que hoy me ha suce-

~

�EL SENTIDO DE LA APALABRACION
DE LAS ACCIONES

Manuel Contreras Ramos
dido. Descubro que le deseo" (pp. 53).

,,
1

"Hoy' esta tristeza es un bienestar' ~l
de haber caído, por fin, en una de~gracia
que mi madre anuncia desde s1em_pre
cuando clama en el desierto de su vida.
Le digo (al amante): no co~prendo
exactamente lo que mi madre dice, pero
sé que esta habitación es lo que yo esperaba" (pp. 59).

"Le digo que, en mi infancia, la desdicha de mi madre ha ocupado el lugar
del sueño. Que el sueño era mi madre y
nunca los árboles de avidad, siempre
únicamente ella... "(pp. 61 ).
En estos párrafos que se r?fieren ~ la
madre es fácil reconocer la formula lffi·
placable -e impecable- de que el deseo
es el deseo del Otro. El texto de Duras
habla por sí solo en ese se?,tido. m?S·
trando la marca de la funcion ~1gmficante que se sufre, en el lenguaJe, por
ejemplo como la imposición del deseo
matern~. Es una relación inici~l ª. la que
nadie escapa, que por su ant~nondad se
c·onvierte en punto de partida. La _trayectoria del deseo recuerda el obJeto
perdido. 3
Lo siniestro
"Miré a mi madre. La reconocí ~al_. Y
luego, en una especie de desvanecumento repentino, de caída, brutalmente dejé de reconocerla del t?do. Hubo de
pronto, allí, cerca de mi! una perso~
sentada en el lugar de, mi m?dr~, tem~
su aspecto, pero jamas h~b1a sido mi
madre. . . El terror provema de que estuviera sentada allí donde estaba sentada mi madre en el instante en que ~
produjo la sustitución, de que Y~ sabia
que nadie más que ella estaba alh en su
lugar, pero de que p~ecisamente esta
identidad que no podna, ser reempl~ada por ninguna otra habia desaparecido

y de que yo no disponía d~ medio alguno para hacer que ella volviera, que en,1pezara a volver. ada ya se p_ropoma
para habitar la imagen. Me vo_lvi loca_ e!1
plena razón. El tiempo de gritar. G~t~.
Un grito débil, una llamada de. auxil10
para que se rompiera aquel espeto en el
que permanecía mortalm?!1~~ fiJ3 toda
la escena. Mi madre se volvio. (pp. 109).
Me intersa, por último,_come~tar esta
cita final que incluye la dimension de lo
siniestro lo unheimlich. Freud consagra
un brev¡ artículo al análisis de este sentimiento de extrañeza que desemboca
a veces -como es el caso que nos ocupa- en el asalto de la angustia sobre el
yo.6
Allí dice que ese sentimiento aparece
en ciertos hombres neuróti~os ante la
visión de los genitales fememnos, como
por un recuerdo del sexo y del cue~po
materno. Lo que fue familiar (h~iml1ch)
se transforma en extraño, s!mestro u
ominoso (unheimlich). Lo mas cercano
se füelve así lo más extraño. Son la casa,
la primera morada del claustro materno el sexo de la mujer para el hombre,
el 'doble con el que nos encontramos
sorpresivamente, el espejo donde nos
vemos y no nos reconocemos.
Dice el texto: " ada ya se proponía
para habitar la im~en". Nad~, hueco,
falta. Sin imagen, solo el vacio se enfrenta al sujeto. Sin imagen que prop_~rcione el ropaje imaginario de la fun~~on
narcisística trabajosamente adqumda
frente al espejo. La angustia se esboza
como la posibilidad de respuesta de! ,Yº
y para salir de ella sólo _queda la acc~on:
gritar, aunque desfallecida~~nte, gritar.
Gritar para que la imagen f11a se mueva,
para que la imagen se encarne otra vez
en la madre, gritar para romper el espejo. Gritar, hablar para que la_ ma~e,
foto, recupere el habla y alguien dijo,

hace tiempo . . . "y en el principio fte
el Verbo".

Entre los antiguos hebreos, el
nombre de Dios era tabú; no se le
debía pronunciar ni escribir; ejemplo éste de la particular importancia del nombre en las culturas
arcaicas, que de ningún modo es
el único. La prohibición era mantenida tan estrictamente, que también hoy se desconoce la vocalización del nombre divino.
S. Freud, "El significado de la aliteración de las vocales".

Referencias bibliográficas.
l. Freud. S.: El creador literario Y el /altseo, Tomo IX, Amorrortu Ed., Bueno1
Aires, 1979. Obras completas.

!'?"

2 Lacan, J.: Seminario XI. Los c~atro
cipios fundamentales del p,icoanílii,,
Barral Ed., Barcelona, 1977.

3. Rosolato, G.: La relaci6n de de,cOftllÓdo, Ed. Petre~ Barcelona, 1981.
4. Duras, M.: El amante, Tusquets Ed., a.
celona, 1985.
Lacan J.: Seminario J. Los escrito, ticPaidós Ibérica, Barceloa,
1981.

s· nico, de Freud,

6. Freud, s.: Ú&gt; ominoso, en Obras Complt
tas, Tomo XVII, Amorrortu.

caces teólogos2- los .fragmentos del universo quedaron organizados y distinguidos del ser constituído a imagen y semejanza de su creador.
La Biblia sigue diciendo que todo fue
saciedad y amor colmado hasta que una
serpiente -por cierto erecta 3- hizo
probar a la nueva pareja del fruto del árbol del saber y les ocasionó la primera
discrepancia. Desde entonces, la plenitud imaginaria cedió su lugar al símbolo
escurridizo 4ue produce sudor en la
frente y agonía en el corazón enamorado.

Son estos una serie de apuntes correspondientes a otras tantas reflexiones
que me fueron motivadas por eventos
que en alguna forma he atestiguado y
que intentaré compartir, hasta donde
aea posible, con ustedes.

Versan mis notas sobre los caminos
~-~ acción y voy a comenzar la expolllCIOn con unas palabras que no son nueYl8 ni mías, sino muy viejas y de todos:

del Génesis.

"En el principio era el verbo. La tierra estaba informe y vacía y las tiniebla cubrían la superficie del abismo. Y
el eapíritu de Dios se movía sobre las

...

Dijo, pues, Dios: sea hecha la luz, y

la hn quedó hecha. Vio Dios que la luz

Ahiena y dividió la luz de las tinieblas.

la luz llamó día y a las tinieblas noch~ Y se hizo
la tarde y la mañana: el
1

pruner día ...

~ primero que diré, porque no me

W:ºes nodecirlo,
es que la metáfora bísólo un hermoso mito sino
a

'-~n ~~a estupenda descripción de la
.:tiluc!on del ser. En siete días - que
pudieran corresponder a siete me-. COmo lo sospechan algunos perspi-

~o quiero solazarme demasiado en
la tarea de vincular el saber psicoanalítico al contenido bíblico, más bien quiero utilizar la narración para poner el énfasis en una secuencia del Génesis que
delata un nudo en tomo al cual tejeré
mis reflexiones.
El Génesis afirma: "Dijo, pues, Dios:
sea hecha la luz, y la luz quedó hecha.
Vio Dios que la luz era buena, y dividió
la luz de las tinieblas... "
De acuerdo con eso, Dios hizo la luz
en el acto de decir que ésta se hiciera.
Decir y hacer aparecen inicialmente como las dos caras de la misma moneda, la
de nombrar, aunque la frase inmediata
siguiente vuelve a separar la acción de la
palabra: sólo pudo ver que la luz era
buena una vez que quedó hecha
Si el nombramiento mismo fuera en
sí la acción, bastaría la palabra para la
realización de lo deseado, pero no es así.
Hay acciones, y de eso se trata este escrito, despalabradas.
Iniciemos ahora un inevitable y necesario rodeo.
Las cosas aparecen, se configuran,

con las palabras que las nombran, pero las palabras también son elementos
reales en sí mismas que sólo se distinguen de otros cuando se vinculan a lo
que designan. Cuando algo es descubierto, se le bautiza. Nace un objeto y nace
una palabra que lo nombra. Antes de
eso el objeto no está o sus límites están
difusos. Antes de eso el fonema no existe o es indistinguible de los otros sonidos de la realidad.
ombrar pues, organiza los objetos
y los liga a fonemas que los representan.

Pero, y el acto de nombrar ¿quién lo
efectúa? Para nombrar hay que estar
constituído como sujeto nombrador, sujeto de la acción, y para ser hay que tener también un nombre, un nombre asociado a una imagen. Lo que unifica al
sujeto es una imagen del sujeto mismo,
pero lo que lo autonomiza es también
una palabra.
ombrar implica tener la capacidad
de nombrarse y para ello es necesario
haber sido uncido previamente por
otro a un nombre que nos represente.
Esto quiere decir que la palabra preexiste al ser aunque para él aparentemente surja al unísono con el nombre
propio.
Lo que se unce al nombre es una
imagen, imagen que inicia al sujeto y
que se forma alienadamente reflejada
en otro. Volveremos luego al momento
de vinculación del nombre con la imagen. Interesa por ahora decir que antes
de la imagen se está, pero no se es. Se
está en el vacío, en el abismo de lo innominado, de lo Real lacaniano, del cuerpo fragmentado, del mundo del verbo,
de la pura acción.
La acción se unifica en una imagen
formada ante el espejo, que le permite
al proyecto de sujeto juntar sus pedazos

�marca así ilusoriamente los límites del
adentro y del afuera, de lo que se tiene
y lo que no se tiene, parece insertarse
entre lo deseante y lo deseado, pero ha
de estar allí, en la frontera, para mantenerla. Cuando el sujeto se despalabra se .
Cuando esta relación dual imagina- expone al extravío; de hecho, generalria es rota por la interdicción de un ter- mente por momentos, se desaparece.
cero -y aquí nos adentramos en los teEl significante se parece a una monrrenos del símbolo lacaniano- se produtura
que facilita al jinete tachado la
cen efectos extraños.
conducción de la briosa cabalgadura de
Por una parte el sujeto -castración lo Real. Si el cincho no está suficientesimbólica mediante- queda separado mente apretado, el que monta evita
del Otro imaginario a quien en lo Real angustiado los galopes por temor a
no estuvo nunca unido, pero del que de descabalgarse, y entre más el inquieto
todos modos acusa la falta. Este sujelo corcel caracolée, más se le reprimirá
interdictado, con nombre propio y a y así interminablemente.
partir de allí deseante, es el sujeto tachaLuego de esto podríamos releer el
do (S). Pero para ser nuevo ciudadano
Génesis
así: El verbo, la acción origicon plenos derechos en el mundo simbónaria,
fue
transformándose en espíritu
lico del deseo nunca colmado, ha de llevar a cabo además, una extraña opera- creador a medida que, llenándose de
ción: sobre el muñón en donde imagina- voces, iba nombrado los mares, los deriamente estuvo el Otro de la imagen es- siertos, las frutas, la simiente, los aspecular, el sujeto tachado (S) crea una lros y la luna, los peces y las bestias, y
especie de miembro fantasma, una ilu- con cada nombramiento iba insuflando
sión que se constituye en causa de su palabras en el barro ya vivo de su propia
imagen hasta quedar plasmado lo divideseo: el objclo a.
no en el lenguaje de amor de los humaAsí pues, el objeto a cubre, obtura la nos.
falta, y al colocarse como objeto causa
Pero el significante no es sólo la iludel deseo saca al sujeto de la inercia y
soria
frontera entre el adentro y el afuelo lanza a recorrer la vida. Luego volveremos a él, .cuando hayamos pasado de ra, ni solamente la línea divisoria entre lo imaginario y lo simbólico, es tameste interminable prolegómeno.
bién el borde de lo real, el sitio en cuya
Una vez constituído el sujeto del de- proximidad aparece el goce y donde se
seo, la sucedánea nominación sigue cau- asoma el mundo de la muerte.
.sando efectos en dos sentidos. El acto
Es sobre este lindero de lo abisal sode vincular los objetos a palabras hace
también que se distingan del sujeto, de bre el que pretendo urdir algunas conmanera que la palabra designa y separa jeturas. Para hacerlo tendré que revivir
al mismo tiempo al sujeto del objeto. El con ustedes algunas historias de amor
significante se apropia del objeto repre- que terminaron en una acción despalasentándolo, pero también sojuzga al brada. Las he seleccionado de entre vasujeto puesto que se apodera de sus ac- rias porque, como es comúnmente saciones al representarlo. El significante bido, no todos los amores culminan en

y comenzar a distinguirse del no-ser,
aunque los límites con el otro ser en que
se mira, se refleja y reconoce, no sin goce, distan muchos de ser nítidos y precisos.

acciones. Algunos permanecen sielllJII'
de las palabras presos, como nos lo iJa.
tró Santa Teresa con aquellos inflama.
dos versos:
¡Ay qué larga es esta vida!
¡qué duros estos destierros!,
¡esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida me
causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.4
Comienzo pues la serie de amor selecto con la recientemente difundida Jit.
toria de dos ancianos que desde hace
muchos años navegan incansablemellle
por un río tropical.
Se amaron espistolarmente durdle
años en los que el amor permaneció
prisionero en las misivas. Cerca ya dela
muerte, apoltronados en la cabina cala,
rosa de un buque fluvial varado, apt
das la leña y las palabras, del eterno~
tendienle se extiende silenciosa y decididamente la mano fría hasta enconlnt
se con la mano, también enjuta y 1111'
gada, que él anhela y que lo espen. 11
aclo sella la consecución del milagro~
amor. El significante simbólico, fincll1t
en una ilusión, cedió su lugar al actoJ
se produjo el goce inenarrable que fll.
rentino había imaginado desde sie....
Ella se dejó invadir por la temida loclra que le acometía en los barcos Y~
ron así comienzo al interminable fif
del que tanto se defiende la n~
Aquí tendríamos que deten~
nuevamente para intentar la paradqilll
tarea de hablar de lo inefable: del ~
Y nadie mejor que una mujer para ...
nos por ese sendero.
Recurro a Slaada, la insaciable
tagonista de la película de Osh
5
imperio de los sentidos. Slaada

mueatra en escena la inagotabilidad del
fffllenino del que Lacan nos enseftÓ en Encore.6 El goce que no se acaba
el ~ infirúto, no relacionado ya co~
un objeto causa del deseo sino como túnel abierto hacia lo real innominado.

Real.

~

, Separemos el goce del amor y definamosl~s: El amor requiere de los nom~ aun cuando detrás del Otro sólo
tAté colocada la ilusión del objeto a. El
goce en cambio está situado en el cuer~ más próximo a lo Real, a la mera acCIOII despalabrada.

_Por eso es el amor el que rescata al
IIJeto del extremo gozoso del orgasmo
de 0 ti;a forma el infinito goce aca~
, 1 con el como Slaada mató y mutiló aII finito compañero.

I:'

La desigualdad entre los sexos favo!'eCe el freno que el amor le impone al
magotahle "otra ve:¡, " 7 de las mujeres.

. El hombre, adherido al pene sobrevinente de la castración resuelve fálicam~te el acto de amor vaciándose en un
'
'
la11110
e laspen!ano
que se agota, mientras
qu . muJeres, no en todas por cierto
~ : en las más dichosas, el clítoris e~
:
yesca que enciende el goce fálico
cuerpo entero. Tal vez por eso cuando •e1combañero se Ie acaba, requ,1ere
. la
lllUJer del anto, del gn·to de los espasmoe .convu1s·IVos, para apagar
,
tión
la sensamagotable que la invade.

~:o

así .~s fácil entender que al ortamb1en se le conozca como la
muerte, pues el goce infinito
tial,
es como un hoyo negro celeslico ~ capaz de conducir del simbóde i::erso ~el amor al abisal registro
·
nea dicho. Para decirlo en térdel ternario de Lacan de lo Sima las proximidades te:n_ibles de lo

c:u~
e:d

..t!

Ahora sí puedo, ya sin reservas citar
la "sospecha tardía" del Capitán 'de la
Co~pañía ~luvial del Caribe, "de que es
1~ Vid~, ~as que la muerte la que no
tiene lim1tes".8
Con lo_dicho hasta aquí pretendo haber _descrito uno,. ~I más gozoso, de los
caminos de, la acc1on En éste, en el del
goce, los s1mbolos acompañan al sujeto
hasta el borde _de lo Real; lo esperan disc~etamente mientras su cuerpo se divierte y después lo recuperan y lo restauran, cuando menos habitualmente al
mundo del nudo tripartita.
'
Sigo con otro sendero del acto que
aunque proviene y conduce también a
lo Re_~l, no lo hace como el anterior,
despoJandose deliberadamente de las
palabras, sino en forma más obligatoria
Y menos placentera.
Me refiero al acting-out, situación en
la que la trama discursiva se interrumpe Y en sitio d~ la desgarradura aparece la acc1on desuJetada, es decir, sin ataduras palabrescas, aunque ofreciéndose
~om~ materia pr~a para ser codificada,
mclmda, en la urdunbre del deseo simbolizado.

~!

. El acting-out es como un amoroso
mtento de restituir el lenguaje entre dos
seres que no logran encontrarse en la
palabra.
.
Imaginemos a dos sujetos en el intento de comunicarse. Uno de ellos pretende describir un objeto cuyo nombre no
conoce. Lo compara con otros referentes, lo de~ribe, hace circunloquios, hasta que finalmente su interlocutor lo
nombra y él puede continuar su camino discursivo.

Pero_ a veces _ocurre que el otro tampoco ?ene registrado simbólicamente,
es decrr, en palabras, el objeto que el
hablante se esfuerza vanamente en nombrar. Ocurre entonces que los recursos
verb:iies s~ agotan, surge entonces la angt_I~ba Y finalmente se comienza a esce~icar lo que el hablante no puede decrr Y el oyente no puede descifrar. En
otra~ palabras, se comienza a actuar lo
no dicho.
.. Aquí también pues, aparece una ac~10n despalabrada, en este caso no "de~~radamente" sino como un recurso
ultuno de la comunicación. El sujeto
r?nunc~a a los símbolos aledaños a lo no
SIITlbohzado y da paso a la acción en el
anhelo de .~e ésta pueda ser directamente codificada y después descifrada
por el otro. Hay pues en el acting-out
~n h~ec? en el código simbólico, pero
im~ar10, es decir en ambos lados del
mensaJe. Po~ eso decía Lacan, refirién~ose al actmg-out psicoanalítico, que
e~te co?'espondía a una transferencia
sm analista.
. Luego ese hueco se llena con las acciones más diversas e inesperadas algunas quizás alusivas a lo no simbolizado, otras producto de la rabia por la
sordera del otro.
Veamos lo dicho en el terreno de los
hechos a través del trillado ejemplo del
famoso paciente de Kris. 9
., Ese joven brillante tenía una inhibic1on: no podía publicar sus trabajos
~orque no estaba seguro de la originalidad de sus ideas.
_C~n ~l beneplácito de su analista se
arumo fmalmente a publicar los resultados de una invest~ación pero antes
hurgó ~n la _bibliografia y p~a desencanto de el m1Smo y de su analista, se en-

�contró con una cita que sintió como
muy similar a su propia tesis y como impedimento para su honesta publicación.
Ernest Kris, experimentado analista,
lleno de sospechas acerca de la adecuada ponderación de la realidad por parte
de su paciente, abandonó su sillón analítico, buscó la ficha bibliográfica causa
del entuerto, pareció olvidarse de los
orígenes de las inhibiciones neuróticas
y convencido de que su acción ayudaría a su paciente a evaluar mejor la
realidad, le mostró que no había tal similitud invalidante de su tesis en el otro
trabajo. El parecido era debido, asoció
feliz el paciente, a que en realidad el
plagiario era el otro escritor, personaje con quien en alguna época había trabajado. Quedó así además descubierta
la antigua rivalidad y culpa con el padre superado y todo fue felicidad hasta
que, por no dejar, el paciente le contó
que todos los días, al salir del consultorio, vagaba por una calle de muchos
restaurantes y terminaba siempre parado ante un menú que ofrecía "sesos
frescos".

plazado, metaforizado en un par con
quien se comparte el terreno de la producción intelectual. Si como lo sospechamos, este paciente también era
analista, o aunque no lo fuera, la inhibición sustituía en la transferencia la rivalidad con su propio analista.

mente en ayudar al paciente a simbolizar, pues en ese momento, el de su propia acción, está negando su condición
misma de analista.
Ser el más bonito y eficiente ante el
espejo es incompatible con el incómodo
lugar del analista, lugar supuesto, sí,
pero susceptible de ser destituido.

Así las cosas, el analista seguramente con un hueco parecido en su
Hay una foto de Luis Buñuel que le
propio registro simbólico y enfrascado
fue
tomada durante el rodaje de Belle de
muy obviamente en una identificación
jour,
en la que se le vé tomando de la
imaginaria con su analizando, no sólo
no entiende lo que el otro le expresa en cabeza a un actor desconocido y aforta•
forma desplazada, sino que en un fran- nado y presionándole la boca sobre la
co acting-out, en este caso del analista nuca descubierta de Catherine Deneuve,
mismo, se convierte en sabueso f.ºlicía- en la forma en que él seguramente queco para dar con la evidencia de 'distor- ría que lo hiciera. Esa podría ser una
ción neurótica de la realidad" que su bella imagen plástica de lo que es el
paciente padece. Y bueno, diría el pa- acting-out. Me valgo también de las
de Buñuel para t»
ciente, si me pides señas, señas te doy: ponderadas pala~ras
1
rrar
el
capítulo:
·
en mi analista busco sesos, no consejos. Acto en el que, de pasada, expresa
"No tengo ninguna técnica e ~
su rivalidad inconfesada.
para trabajar con los actores. Todo
depende de su calidad, de lo que me
El acting-out pues, depende de una
ofrecen, o de los esfuerzos que debo
solución de continuidad en el terreno
desplegar para dirigirlos cuando et
de lo simbólico. Cuando aparece en el
tán mal elegidos. De todos modt1.
medio de la situación analítica señala
una dirección de actores obedece
siempre a una visión personal del i
La extraña acción fue incorporada el sitio de un hueco simbólico en amrector, que éste siente, pero que DO
por Kris, con la tranquilidad del que na- bos miembros de la diada, es decir que
da sabe nada teme, a las interpretaciones como todo lo imaginario, es especular.
siempre puede explicar".
genéticas, pero el famoso ac ting-out de El acting-out del analizando puede ser
Me internaré ahora en la parte fmll
ese paciente que buscaba fresh brains le provocado o no por un acting del anasirvió luego a Lacan para ilustrar como lista, pero se puede asegurar que cada de este trabajo que como dije en. 81
vez que éste abandone su sitio ante una
el abandono del sillón analítico por par- demanda transferencia!, el ac ting se principio, no agota, sino apunta haciad
te del analista, tiene siempre consecuen- producirá también en el paciente. sitio donde se inicia lo desconocido. tl
terreno en que incursionaré ahora es,~
cias.
parece, el más desconcertante y elllt
Con lo anterior quiero decir, en desPodemos pues decir que cuando una carga de Kris y de todos los que como mático de la acción. Se trata de en~
parte de la fantasía inconciente no está él nos dedicamos a trabajar en este cam- der el origen de actos que aparecen
resuelta simbólicamente, como en este po resbaladizo donde "el que no cae res- manera intempestiva, que a menudo 1t
caso la vigente rivalidad imaginaria con bala", que nadie está exento de que sus sultan trágicos y que dejan siempre ..
el padre, se aparece en la transferencia analizandos actúen cuando no son capa- cauda de estupefacción. Es la
como un hueco innombrable al que se ces de comunicarse simbólicamente, la acción que se conoce como pasaJl'
alude justamente por su negativo, es de- pero otra cosa es que el analista se olvi- acto.
cir por una inhibición. Lo no dicho se de de que su trabajo consiste precisaexpresa en otro lado, en este caso des-

fo~•

Recordemos para _ilustrarlo, el ejem-

plo por todos conocido de la inesperada1r&gt;fetada &lt;J!le le propinó Dora al Sr.
K, C?ando este, a la orilla del lago le
co~feso que su esposa no era nada pan él, y. que. era a ella a quien deseaba.
¡Que dio origen a la cachetada?

O ~l caso de la joven homosexual, 12
atendida por Freud a raíz de que en un
en_cuentro inesperado con su padre
m~ntras ella paseaba con su amada, despues de_ cruzar con él una mirada intemp~tivamente se arrojó al foso' del
tnnv1a.

!ªY

ejemplos a granel. Actos inespen s que sorprenden. Así como hay
~ores a primera vista, hay también
miradas
que
. ' me
?"
d después de un " ¿que
ves• . con ucen a la tragedia. Así pues,
teJedmplo i:nás Y nos largamos al inen e descifrar el misterio.

t°

lo Dejo a P~ul Gauguin la descripción de
d d~~ paso en Arles la noche del 24
e 1C1embre de 1888:
" · ·, ·1a misma tarde fuimos al
~e. El tomó un ligero ajenJº· Repentinamente me tiró a
la cabeza su vaso y el contenid~. Yo evité el golpe y toma~dole en brazos salí del
cafe, atravesé la plaza Víctor
Huio Y algunos minutos despues Vincent se encontraba
sobre su cama donde, en algunos segundos, se durmió para
no despertar hasta la mafiana.

Cuando se despertó, muy cal~ado,. me dijo: 'mi querido
'augum, tengo un vago recuerdo de que os he ofendid0 ayer noche'.
_
- Os perdono de buena gana y

con todo mi corazón, pero la
escena de ayer podría repetirse ,Y si yo fuera golpeado podna no ser dueño de mí y
estrangularos. Permitidme
pues, que escriba a vu¡stro
hermano para anunciarle mi
regeso.
jVue día, Dios mío!
Llegada la noche yo había
bo5911ejado mi comida y expenmentaba la necesidad de
rr solo a tomar el aire por los
send!lros de laureles en flor.
Hab1a atravesado ya casi enteramente la plaza Víctor Hugo, cuando oí detrás de mí
u~ pasito bien conocido, rápido Y sacudido. Me volví en
el. mismo momento en que
V~cent se precipitaba sobre
mi_ con una navaja de afeitar
abierta en la mano. M¡ mirada debió ser muy poderosa en
este momento, pues él se detuvo Y bajando la cabeza emprendió de nuevo corriendo el
camino de la casa.
· • •de una sola tirada fui a un
buen hotel de Arles donde
ilespués de haber preguntado
la hora tomé una habi"tación
y me acosté.
Muy agotado, no pude dormirme hasta las tres de la
madrugada y me desperté bastante tarde, hacia las siete y
media.
Al llegar a la plaza vi reunida

ª una gran muchedumbre.
Cerca de nuestra casa había
gendarmes y •.. el comisario
d~ policía. He aquí lo que habia pasado: Van Gogh volvió
ª la casa e inmediatamente se
cortó la oreja al ras de la ca-

beza. Debió tardar cierto tiempo en detener la fuerza de la
~em_orragia, pues a la mafiana
siguiente numerosas toallas
mojadas se mostraban sobre
las losas de las dos habitaciones d~ abajo y la sangre había
ensucia?º la escalerita que
c~mducia a nuestro dormitono.
Cu~~do estuvo en estado de
sahr, con la cabeza cubierta
con una boina vasca completamente encasquetada, fue directamente a una casa en
donde a falta de paisana se
encuentra una conocida y dio
al encargado su oreja bien layada Y e_ncerrada en un sobre.
He aqui -dijo- un recuerdo
mío'; después huyó a su casa
donde se acostó y se durmió ".13
.Decía al_ principio del escrito que el
SUJeto comienza a ser sujeto no cuando
se ~e pone un nombre, es decir, cuando
arriba ª, un ~undo lleno ya de palabras
due ~stan alli mucho antes de su llegaa, smo cuando queda ligado al nombre que le fue elegido para representarlo. ~ste ~o~~nto,_ verdadero inicio de
Slffibohzac1on, implica la presencia
e un tercero, ~ente de la palabra y
de la ley, cuya interdicción produce la
ru~t~~a del sujeto con la imagen que lo
umf1co y lo rescató de lo Real del cuerpo fragmentado, pero con cuyos límit~s se encuentra hasta entonces confund1do.

t

Esta_ f~actura pues, produce no sólo
surgimiento del Sujeto, que se convierte desde entonces en tachado y
desean!e vía el reconocimiento de
fal_t!, smo que lo sitúa ante el hueco que
deJo el espejo, el hueco que dejó el otro

e!

¡~
~

..

�cinar que cuando el deseo materno por lo imaginario más dramática será la batael padre es nulo, ya sea porque éste es- lla para diferenciarse del Otro eapeaatá ausente o porque al contrario, sea lar y más severos los pasajes al adD,
tiránico y omnipresente, tal situación cuando éstos ocurran. Recordemoa qae
conducira al sujeto a ubicarse correla- en el terreno de lo imaginario las lucha
tivamente en una relación de descono- son siempre y necesariamente, feroceay
cido caracterizada por el llenado ima- a muerte. Ante el dolbe, la única alterginario y mortal propio de la esquizo- nativa para ser es matar o morir.
Intersubjetiva en apariencia, la rela- frenia, o por la accesibilidad imposición de desconocido es intrasubjetiva en ble a la identificación con el padre que
La mirada, lugar del encuentro cal
esencia
se observa en la paranoia. La presencia el Otro y de reencuentro con el olro
paterna insuficiente matizaría el arco de uno mismo, es como decían loap
A partir de entonces pues, esa ilugos en el mito de Narciso, un pozo•
sión de lo ~erdido que es el objeto a, se iris de la inhibición neurótica.
fondo y un lugar de reflejos sin fiL
le aparecera al sujeto en y aparentemenAsí pues, volvamos a Van Gogh y
te desde Otro, dando principio y fundaLa mirada del padre de la joven homento a la cadena significante del regis- a los casos de Freud, afirmando que mosexual y la de Gauguin produjeNIUl
el
pasaje
al
acto
es
un
encuentro
brutro simbólico. Todo ello a condición de
tal con el objeto a dejando al descu- mismo efecto: el desenmascaramiento
que el objeto a sólo se muestre lo necede la ilusión del sujeto. Detente y JDÍI,
sario para ser causa del deseo sin delatar bierto y con el peligro consiguiente del te en mí, no soy yo tu opresor, eres tí
derrumbe
del
ternario
subjetivo.
La
su condición de ilusión originada en el
mismo quien ha puesto en mí lo que te
sujeto mismo. Es decir, deberá apare- acción es súbita porque es utilizada cofalta.
mo
un
dispositivo
extremo
en
defensa
cerse en el Otro, vestido con sus ropadel
sostenimiento
del
sujeto
o
como
jes, pues de lo contrario, si es sorpren·
Dejo enunciadas muchas preguntasJ
dido, el edificio ternario del Sujeto no un acto heroico que consuma su caída, apuntadas algunas direcciones en b
pues
no
hay
que
olvidar
que
hay
acciotendría dónde sostenerse. Buscar la ilucaminos despalabrados de las accÍOlllllt
sión de lo perdido en Otro es la rela- nes de este tipo que culminan en suicipero hasta aquí por el momento llt.gD,
dios.
ción de desconocido, o para decirlo laaquí me detengo.
canianamente, el llmor es dar lo que no
Si lo que sostiene la simbolización
se tiene a quien no es.
es la huella de lo imaginario y ésta apa- Garza García, N. L., a 25 de Abril de 1986.
Algo más sobre el objeto a. En la me- rece al desnudo, como mero significante
dida en que surge de ese encuentro trian- sobre el vacío de la falta, sólo la acción
gular de donde emerge también el Suje- puede intentar el salvamento del sujeto
to tachado, las características particu- restaurándolo en el nudo Borromeo de
lares de los elementos que intervinieron su existencia.
Notas Bibliográficas
en la solución triangular, marcarán las
Si he puesto mi objeto a, la razón de
características singulares del objeto a y
mi
existir, en la Sra. K, porque no sé
! .La Sagrada Biblia, El antiguo te,__.,,
de la relación de desconocido que ese
Genesis, ( 1947), Editorial Guadalupe, 111t
qué es ser mujer -diría Dora- y si ella
sujeto particular establecerá.
nos Aires, Argentina, pp. 39.
no es nada para el Sr. K, entonces, aunQuiero decir que es la relación con que él declare que es a mí a quien de2. Op. Cit., pág. 41.
sea, tampoco yo soy nada para él. Anla madre en su interacción con el pate la angustia de la caída estrepitosa, la
dre (evidentemente, cada uno en su
3.0p. Cit., pág. 48.
propia relación de desconocido) en el cachetada que le restituye el equilibrio.

polo perdido de lo imaginario. Este agu·
jero, decíamos, es obturado, no llenado, por el objeto a tapadera de la falta
y causa del deseo, iniciándose entre él
y el sujeto tachado una relación extraña: la relación de desconocido.

momento del inicio del ternario lo que
" labra el ferfil de la relación de desconocido ".1
A guisa de ejemplo podríamos vati-

Los dos casos restantes son más graves y espectaculares por que los límites con el Otro son menos nítidos que
en la neurosis. Entre más próximo a

4. Santa Teresa de Jesús, Poesías, (19Sl~fama, Buenos Aires, Pág. 23.

...,., (1984), Paidós, Barcclona,.España,
pp. 45.
6.ucan, J., Aún, (1981), Paidós, El semina•
rio, voL 20, Barcelona, España.

7.0,. Cit., Pág. 79.

8.Ciercía Márquez, G., El amor en los tiem,0, del cólera,
t'O, Pág. 473.

(1985), Ed. Diana, Méxi-

9.~lis, ~-• F,go Psychology and interpreta•
111 pychoanalitic therapy, (1957),
Psych. Quarterly, vol. XX: 15; pág. 15.

10.Buñue~ L., Mi último suspiro ( 1982)
, Ed., pág. 211.
'
'
PlazaJanes
11.Freud, S., Obras completas, Biblioteca
iueva, "Análisis fragmentario de una histeria", pág. 964.
ll.F~,, S., Op. Cit., tomo 3, "Sobre la
psicogenesis de un caso de homosexualidas femenina", pág. 2546.
ll.Van Gogh, V., Cartas desde la locura
09BS), Premia editorial, 5a. ed., pág...13'.
14.Rosolato
, _ relacwn
., de desconocido,
Edi . ' G·• La
~nes Petrel, (1985), Barcelona, Espaila' pag. 24.

�UN SOMBRERO DE HOMBRE
(COMENTARIO DE LA NOVELA
EL AMANTE DE M. DURAS)

Elena Rangel Hinojosa
La escritora fancesa inicia así su novela:
"Un día ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio un hombre se me
acercó. Se dió a conocer y me dijo: _La
conozco desde siempre. Todo el mundo
dice que era usted hennosa; me he acerCl!,do para decirle que en mi opinión la
considero más hermosa ahora, que en su
juventud, su rostro de muchacha me
gustaba mucho menos que el de ahora,
devastado".
Este señalamiento de un otro, ella se
lo apropia, lo hace suyo, se reconoce y
se fascina en la imagen que mira ante sí.
Para dar cuenta de la conformación
de ese rostro devastado, se da a la tarea
&lt;le desentrañarlo, desentelarañarlo, nombrando a su paso los significantes que
atravesaron su historia. Dichos significantes en su particularidad tocan regiones muy alejadas de nuestro acontecer.
Tienen su registro en Indochina, en Saigón, Sadec, las montañas de Siam, el
río \1ekong. En su universalidad, sus resonancias nos resultan familiares. Se estructuran alrededor del deseo, el amor,
la muerte.
Lo simbólico empieza a jalar a lo
imaginario. La significación del rostro
devastado, envejecido, destruido, circula sin hacer concesiones a un tiempo de
reloj, a una cronología esperada, a la
convención significante-significado.
"Rostro lacerado por arruga~ secas",
" rostro de la niña de quince años'',
" rostro de la noche", "rostro del
miedo", " rostro marcado por deseos
de muerte hacia el asesino de los niños de la noche" , "rostro del amor a
la madre,de,su increíble", rostro donde quedarán fijos los significantes alcohol, placer, ojeras", "rostro premonitorio".

Al ordenar lo simbólico a lo imaginario teniendo a lo real como soporte, la
autora anuncia las huellas, antes de los
pasos. Habla de un saber que se anticipa al conocimiento. De un rostro del
placer en la travesía del brazo del río
Mekong, participante por adelantado del
placer mismo. Para ella, se trata de un
saber que no sahe de dónde procedt'. \osotros podemos nombrarle como el saber del inconsciente, un saber que no
comporta conocimiento. l'na puesta en
juego del saber del OTRO. Un saber en
el significante.
También lo podemos pensar como
una certidumbre anticipada. De las tres
instancias del tiempo lógico: mirar,
comprender, concluir, en la novela se
tratarÍa del instante de la mirada, que
puede comprender en su instante todo
el tiempo necesario para concluir el
tiempo de comprender. Cito a Marguerite Duras:
"No se trataba de atraer el deseo, es-taba en quien lo provocaba o no
existía. Existía ya en la primera mirada o no había existido nunca. Era el
entendimiento inmediato de la relación sexual o no era nada. Eso, también lo sabía antes del experimento".
''Se perfectamente que todo está
ahí. Todo está ahí y no ha ocurrido
nada aún, lo veo en los ojos, todo
está ya en los ojos. Quiero escribir".
"!'.:scribiré libros. Eso es lo que vislumbro más allá del instante, en el
gran desierto bajo cuyos trazos se
me aparece la amplitud de mi vida".
''Sigo estando en esta familia, es ahí
donde habito con exclusión de cualquier otro lugar. En su aridez, en su
terrible dureza, en su malignidad
siento la más profunda seguridad en

mí misma, en lo más profundo de
mi esencial certidumbre, sé que IIÍI
tarde escribiré".
Si consideramos esta novela como a
esfuerzo de la autora para escribir ■
historia, estamos leyendo precisanm
el pasaje de un plano de ligazón inlli,
tivo-imaginario a un plano de 1simbólica. Desde este lugar, puede •
tenderse con Lacan lo siguiente: "C..
do algo ve la luz, cuando otro ordende
la estructura emerge, este nuevo cd,a
crea su propia perspectiva en el
) decimos; nunca pudo no estar alí,
existe desde siempre".

La inmortalidad sin tacha, sin acciA su vez el
lljeto que ~o ~e~ía nada qué decir, repeaenta el s1gmf1cante inmortalidad sin

nte, representa al sujeto.

-

~ara d~ cu;nta del empalme de los
~ sun~olico, imaginario y real,
y al m1Smo tiempo de la amalgama entre futu_ro, presente y pasado, cito a
Marguente Duras:

"Mi madre sabrá de la muerte de mi

pm

El rostro premonitorio, el deseo. •
como ciertas reflexiones sobre la_.
le, plantean la pregunta acerca de la•
terioridad del sujeto sobre el s ~
te, o la del significante sobre el sujea.:
en otras palabras; el sujeto como efedt
del significante, o el significante coal
representante del sujeto.
Respecto a lo anterior, tenemo&amp; •
un texto reciente de Lacan y ~
res declaraciones sobre el tiemPo de k
generación circular. Esto quiere deci
que las dos proposiciones se puedll
considerar verdaderas; se trataría de•
relación circular, por lo tanto no rect
proca.
Trataré de ilustrar Pste tiempo~~
lar con un pasaje de la novela referido
hermano menor de la protagoiillt.
Paulo:
"En lo que respecta al herm~o 1t
nor se trató de una inmortalidad•
tacha, sin leyenda, sin accidente.~
ra, de un sólo alcance. El
menor no tenía nada que ciad
el desierto, no tenía nada que
ni aquí ni en ninguna parte,

padre, La sabrá antes de la llegada del

tdegrama ", "por.~ pájaro que en
r.tena ..noch~ grito, enloquecido",
tamb1en ah1 , unos días después de
la mue~e de su marido, mi madre se
en~n!~º frente a la imagen de su padre , los dos murieron a la hora y
fecha 1t' las imá~enes ", "la imagen se
destaco } alcanzo su punto álgido t' n
la lr~~~Ía por el río \lekong". " La
anb,gu~dad detenninanle de la ima1'" radica en un sombrero de hombre, de ala plana, un sombrero de fieltro flexible, de color de palo de rosa
con una ancha cinta negni ".

Heb pnv· ¡¡eg1ado
·
este significante al
~ar mi trabajo ; esto se debe a una
n..• • al pie de la letra de la novela

VIII.Za porque alJ 1
' podemos leer algo que.
tiene

;..ft "'!°e ver con el nacimiento del su,....,, "1to a Marguerite Duras:

"De repente, me veo como otra co-

• VI.Sta
· fuera, puesta
' a
d'mo otr. ~, sena
a'!os1c1on de todos, puesta a dispo-

la .n de t?_das las miradas, puesta en
circulac1on de las ciudad, de las
carreteras, del deseo".
IO~~nd o. e~

dé la

aió

?~ ~lterid~d,

co~o el significante que
~1c1a la crrculac10n y a partir del cual
crrcul~n . t_odos los otros significantes.
¿El s¡gnif1cante que levanta el velo ?

Pero el significante viene del OTRO.
~e. esto tenemos algunas citas que lo
sitúan procediendo del deseo de la
madre.
"Ella fue quien compró el sombrero de ala plana, con una ancha cinta
negra, ella, esa mujer de determinada
foto es mi madre."

Y en páginas más adelante:
"La niña sabe que lo que hace, lo que
hace ella, es lo que la madre hubiera
deseado qu~ hiciera su hija, si el daño que hacrn al pensarlo no estuviera
presente cada día extenuante''.
Una cita más:
"La madre habla, habla. Habla de la
p~ostitución manifiesta y ríe del escandalo de esta payasada, de ese
sombrero fuera de lugar".

. ?in .

?lvidar el escrito sobre "La sigmficac10n del falo", pienso que los
efectos enu~erados, son veredas por
donde tranSJta el significante. Sin emba_rgo e~ punto de convergencia que permite_ Situar retroactivamente y prospec~vam~nte todo lo que sucede, es la
part1cular1da? sombrero de hombre. ' o
c_omo un obJeto colocado en la cabeza
smo com~ un significante que represen'.
ta al SUJeto para otro significante.
Así quiero explicar porqué ...... .

"Cuando mi madre se recupera, cuando sale de la desesperación, descubre
el so,mbrero de hombre. Me pregunta
¿Que es eso? Digo que nada. Me mira, le gusta, sonríe. No está mal. Se~ejante inconveniencia le gusta".
A ella, tan fonnal como una viuda
vestida de grisalla. com~ una monj~
e~claustrada, semeJante mconvenienc1.a le gusta".
El som?re~~ d?, hombre provoca
efectos de s¡gmf1cac1on diversa:

61 la irrupción del signifi
sombrero de hombre como cau~

"~I sombrero de hombre es una rebaJa rebajada". ''El sombrero de

f&amp;at,,~

El cuarto de los significados que he
destacado, "es un sombrero de clow "
h~ce su ªP?r!ción en un contexto e;e~
c1almente util para comentario analítico. Ella ha descrito las maravillas del
cue_rpo de la amiga Helene Lagonelle, la
m~Jer que desea llevar a su amante, el
chmo de Cholen, para que la posea frente a ella. En contraste allí está, la del
sombrero de clown.

Aún otra:

_los Escritos el tratado

J..ata ant~rior
stgruficación del falo" recor; entonces se me ocu-

hombre colorea de rosa toda la es-cena ,,· "Es un sombrero insolente e
infantil". '"Es un sombrero de
c1own" · "E s un sombrero fuera de
lugar".

"Ella. · • La pequeña... La joven del
tra~sbord~dor... La niña blanca...
La Jovencita. · • Una chica blanca
la pu tilla blanca del puesto de EÍa:
dec. :...Esa niña. : . Esa chiquilla...
La ~1J1ta. · · La mña de la historia . .
~a Joven. • .Pequeña viciosa ... La hiJ~ de_la d_ir~ctora de Sadec... Cosa
aun m?efimda. • .Joven criatura. . .
Esa tristeza a la que podía dar su
nomb!e. .. " la del sombrero de hombre sm nombre de repente circuJa.

1

'.

�J. LACAN: NOMBRE PROPIO
DE LA FRONTERA ENTRE
EL SABER Y LA VERDAD

Rolando González
Prestar mi voz para sostener estas palabras intolerables: "Yo, la
verdad, hablo... " va más ~ de
la alegoría. Quiero decir sencillamente todo lo que hay que decir
de la verdad, de la única, a saber,
que no hay metalenguaje (afirma:ci6n hecha para situar a to~o ,el
lógico-positivismo), que rungun
lenguaje podría decir lo verdadero sobre lo verdadero, puesto que
la verdad se funda por el hecho
de que habla, y puesto que no
tiene otro medio para hacerlo.

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t.'',,
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'°

carta: "Sed realistas, buscad lo imposible". l Frase a la que debo, en ~an medida, no sólo la posibilidad e estar
aquí, sino además, de ser lect~r de
Freud y de Lacan, cuyas producc1on~.s,
para mí, deberían ser insepar~les. Dge
deberían pero lo que los lacamanos_ llaman "el ' tercer Lacan,,2
' parece opmar
lo contrario: "El inconsciente, pues, n?
es de Freud es necesario que
lo d1ga, es de L~~n. Esto no ~mpi,,' ~e el
cam¡,o ese si sea freudiano . ero,
1 el del m'
·
.
·cual campo
es' el freudiano.,
tonsciente O el del parletre; el del conJ. LACAN,
cepto o el del materna, el del lenguaje o
La ciencia y la verdad.
el de la lengua, el del ps!c?análisis o
el de la lingüistería. En d1c1embre de
Pretender abordar el problema del _sa- 1972 Lacan, mostrando cierta preo~her y la verdad en la obra de Lacan im- pación por la comprens~ón que su~ dis:
tica ciertos riesgos, de los cuales el que c~ulos lofearan de su discurso, af1rma.
" ambio e discurso: eso se mueve, eso
abla no escapa.
los, eso nos, eso se trasp~, nadie acusa
En ¡runer lugar, lo que se va a leer el golpe. Me canso de decir que esa notarte e una lectura parcial de Lacan. ción de discurso ha de tomarse co~o
s decir, de las publicaciones -y no to- vínculo socia~ fundado en el lenguaje,
das- a las que tenemos acceso en nues- y por ello parece estar en rela~i~n con
tra lengua, además de uno que otro re- lo que en la lingüística se espec~ca cotexto en el que aparecen citas inéditas mo gramáti,,,, pero nada cambia apaen castellano. Dije: "retexto". ~ero, rentemente .
¿quién -después de Lacan- confia _en
"Cambio de discurso" donde "nalos retexto~? ¿~o es acaso Lacan quien
nos enseña que son precisamente los re- die acusa el golpe", qué equivocado
textos los que empobrecen, achatan Y e~taha Lacan al pensar que "nadie"
traicionan un discurso? Así, ~l. texto -término absoluto- acusaba el golpe,
que se leerá es un texto tra1c1oner~, ya que sus que~bines se m,ostraron
no puede no serlo. Pero... ¡se me olv1- prestos a difundirlo, demostrandole a
daba mencionar la palabrita! Imposible. su maestro-amo que sí acusaban el
¡Sí, eso es!, me apena decirlo P_Ort!:e golpe y que, tan lo acusah_an, que ~ran
ya se ha repetido ha_st:3 el cansancio. e- capaces de cometer la m1si:na equ1voro bueno ¡0 escupire: retextuar a La- cación, no error, que su majes~d, exacan -y d cualquiera- es imposible. Y ftando el cuestionamiento epISt~1!!º:
ogico de Lacan hasta lo ab5?luto; . ~1
he aquí el segundo riesgo.
no hubiese materna del ps1coanaliSIS,
Sin embargo, el par de no débiles entonces el psicoanálisis ~ería una expeescollos recién mencionados (estuve a riencia inefable. Los analistas nunca5ten~unto de esci:ihir co~esados), no borra drían la posibilidad de entenderse". De
e mi memoria la curiosa frase con que donde se comprende que S. ~cl~ire e~
Jaime Szpilka se encontró en una pan- cribiera a Lacan: "¿Pero que mas estú-

lº

pido hoy, que esos cenáculos dolllle el
ser la~iano ocupa el lugar de lo..,.
dido?"
No estoy pla~tean~o aquí nada~
vo Es Braunstem quien, con • 'W'
~acterístico, observa los "riesgoe"(ic)
del producto de la última década i
vida de Lacan: " ...puede ya ueallm
que el inconsciente de Lacan es el •
blente y que ese habiente está e8lllcllo
rado como la lengua puesto que IIMI
existe del lenguaje fuera de e808 •
tes concretos que son lalengua. u~
mula freudiana que Freu~ nun1;1 llfl
a formular pero que es_ mequIV:ir1. 1
partir de la lectura lacamana de el •
consciente está estructurado como •
lenguaje' ha dado lugar a esta otra:~
habiente estructurado como lalen,a,
con retorno a la experiencia Y lllllia
tación explícita de rechazo de ~ .
den conceptual trata~o ahora ~ M
curso del amo' y de elucubraCIOI
saber'. Esta recuperación de 1~ • ~
to' de la experiencia tiene,. sm . . .
go, un air~ más de cosa antigua qae
novedad".

0•

De todo esto se desprende
cante -lo confieso- ~irm~ción: ~
co~álisis no_ es un_a c1enc1a, ~
objeto -el mconc1ente-, :,:.. •
es una "elucubración del
Jti
fundamento -el lenguaje-, 0~
Miller: "tiene la estructura del d.del amo". 8 Es el mismo e~~
quien escribe: "No podría ~r~
por aquellos que aprenden ,1unto •
can, que sus maternas Simulaacienc~ que en modo alguno "
"simulan,,, mas "no
man,
d
man". Sin embargo, recor emOI
era la intención de Lacan, al e
el materna, ya que por mas
canianos se embelesen en el
de su aparente fracaso, la 0
Lacan pretendía aliviar al

la plll de que cojeaba, y esto desde el
iiio de su enseñanza: "Este es el prollema de los fundamentos que deben
~ a nuestra disciplina su lugar
■ ciencias: problema de íormal~1ti
ci6I, en verdad muy mal abordado".

Si creemos a pie juntillas las afirma-

aaee absolutistas de

algunos discípuloa de Lacan, provocadas -hay que adllilirlo- por las características mismas
iW diacurso del maestro, la operación
-tle la pata- fue un fracaso. Ya que lo
áico que logró fue permitir al psicoaiia cojear más a gusto. Cojear mej«. Con muletas. El materna es una
ll\lleta para el psicoanálisis y un muletao para los lacanianos. Pero en la
• Lacan corre el riesgo de ser corudo y en el caminar con muletas, el
corre el riesgo de caerse.
; ;muleta (la de torear), está en el
epígrúe: "no hay metalenguaje". Pero,
cosa hacemos, los lectores de
.
ai no es -intentar- metalenguajeulo!; ~qué otra cosa hacen sus discí,._? o dejamos de -no- lograrlo;
~ de -no- lograrlo. El mismo
. alhaftil del metale~je, nunca
"6 de -no- lograrlo: " uando digo
110 (no hay metalenguaje), quiere decir
~ente, no hay lenguaje del
~ • "Aparentemente, no hay lenguaaer" pero, ¿es qué hay que recor_?, _debido a que "Freud por su desCllriniento hizo entrar dentro del círla ciencia esa frontera entre el
líiiite l2el ser que parecía señalar su
". No estoy aquí tratando de
P,Olenne en el lado opuesto del absolu~ para afirmar que sí hay metalen&amp;llíei. ~poco que el psicoanálisis es
• Clellcu¡ que engalane con listones
de rosa a la verdad, trato simple~ - - no hacer caso omiso de las
de aquel Lacan del discurso
,.,.Lraa: "...es la certidumbre anticipor el sujeto en el tiempo para

J:::tisis

,:;.otra

f.t'
tode

comprender la que, por el apresuramiento que precipita el momento de
concluir, determina en el otro la decisión que hace del propio ~~vimiento
del sujeto error o verdad". En ese
lugar estamos atrapados todos los lectores de Lacan, cosa que él no deseonocía ya que siempre 'dvirtió: "No
comprendan demas1a
'd"
o .1
Es el mismo Lacan quien nos pone
el ejemplo de no comprender demasia:do el texto freudiano; leLéndolo, releyéndolo volviéndolo a eer. ¿Y todo
para qué. ¿Para metalenguajearlo! Escuchemos a acan: "La formalización matemática es nuestra meta, nuestro ideal
¿Por qué? Porque sólo ella es mate?\~
es decir, transmisible íntegramente".
Este "ideal" manifestado en Encore, se
dejaba leer ya en los Escritos: "Nunca
ha habido otro pensamiento sino simbólico, y el pensamiento científico es
aquel que reduce el simbolismo al fundar en él al sujeto: Lo cual se llama/g
matemática en el lenguaje corriente''.

1

parece quedar claro apres coup, que en
primera instancia la preocupación de Lacan fue siempre "asegurar a nuestra disllina su lugar en las ciencias"; en ese
n se tropezó con un problema "mal
abordado": la formalización. Se r,ercató también de que el marbete de 'ciencias del hombre", después de Freud, resultaha absurdo: "No hay ciencia del
hombre, cosa que debe entenderse en el
mismo tono que no hay pequeñas economías. No hay ciencia del hombre,
porque el hombre de la ciencia ¡o exi&amp;
te, sino únicamente su sujeto''. 1 A ese
grupo de ciencias, Lacan propuso llamarias "conjeturales", ya que su operación era precisamente la conjetura, la
cual, lo repito, "no excluye el rigor".
Además, se había venido alardeando del
procedimiento inefable de la abstrae.
ción en las pretendidas ciencias del hombre: "la teoría de la abstracción, necesaria para dar cuenta del conocimiento,
se ha fijado en una teoría abstracta de
las facultades del sujeto, que las peticiones sensualistas más radicales no han
hodido hacer más funcionales ~n lo que
ace a los efectos subjetivos". 1 Eso por
un lado, y por el otro: ".. .la conjetura
no es lo improbable: la estrategia puede
ordenarla en certidumbre. Del mismo
modo lo subjetivo no es el valor de sentimiento con que se lo confunde: las
leyes de j8 intersubjetividad son matemáticas". Así, el psicoanálisis toma
su lugar en el " ... reagrupamiento que
se afirma como orden de las ciencias
conjeturales ",21 lo cual no era suficiente, había que abordar el problema
de la formalización. Y como "las leyes
de la intersubjetividad son matemáticas",
el recurso a la lógica matemática era
imprescindible.

Parece que el tan vituperado "ideal"
freudiano (al final, no podemos negar
que, antes que de nadie fue de Freud)
de adjuntar el psicoanálisis a las ciencias naturales, en Lacan lo es hacia las
ciencias exactas. De hecho, en los inicios de su enseñanza, sus comentarios
epistemológicos tendían a rechazar la
supuesta oposición entre las ciencias
conjeturales y las exactas: "Aquí no
parece ya aceptable la oposición que podría trazarse de las ciencias exactas con
aquellas para las cuales no cabe declinar
la apelación de conjeturales: por falta
de fundamento para est.a oposición.
Pues la exactitud se distingue de la verdad, y la conjetura no excluye el rigor.
Y si la ciencia experiniental toma de las
Y allá fue a dar Lacan, con el matematemáticas su exactitud, su relación ma, con el siniestro materna, que le recon la naturalert no deja por ello de ser cordó aÍe4ellos años en que nos ensei'íó
problemática". Después de esta cita a leer, a eer a Freud, a no comprenderlo

°'
CJ1

�demasiado desde la certidumbre anticipada. A reconocer el alcance de la re_presión primaria y la resistencia del Ello,
facilitado ºr la función de desconocimiento de Yo: "el saber al cual se anuda la verdad debe estar do~do, sin duda, de una inercia propia". Y tan está
dotado de inercia propia que "no hay
lenguaje del ser", "no hay metalenguaje", pero sí hay ciencia -dije cienciapsicoanal ítica: "se trata de mostrar a
dónde va la formalización, ese metalenguaje que no es, y que hago ex-sistir.
Sobre lo que no puede ser demostrado,
algo verdadero puede, empero, ser dicho''. 23

f

La búsqueda de Lacan no fue un fracaso, fue una búsqueda en vano, como
todas las búsquedas de saber; de saber la
verdad. El deseo de saber en tanto deseo, comparte su estruc tura, es una metonimia: " ... el deseo no es ni el apetito de la satisfacción, ni la demanda de
amor, sino la diferencia que resulta de la
sustracción del primero a la segunda, el
fenómef.f mismo de su hendija (spaltung)".

Lacan nunca dejó de saber que su búsqueda era la de lo imposible; de hecho,
del discurso de Roma (1953) en adelante, nunca habló de la verdad como todaposihle, ya que su aparición sólo es posible cuando se anuda a un saber, a un
saber que no sabe, ¿qué?, que sabe la
verdad que no-toda es. Pero si algo caracterizaba a Lacan, era su necedad. Lacan era necio entre los necios, cosa que
no ignoraba. Y tan no lo ignoraba, que
el tomo veinte del seminario se titula
Encore. .. y es precisamente ahí dónde,
al enmarcar el trabajo de Jakobson en
el registro de lo necio queda, no sin saberlo, él mismo inscrito en dicho registro: " . . es necesario alimentar la necedad".15 Claro que no todo lo que se
alimrnta t:s por ello necio... "pero

está demostrado que alimentarse forma
parte de la necedad, ¿tengo que decir
más en esta sala donde, a la postre, se
está en el restaurante, y donde se imaginan que se alimentan porque ~% están
en el restaurante universitario". Pero
es la inscripción en el registro de la necedad lo que sostiene al discurso analítico. Y a los demás tambiéJL Sólo que los
otros discursos necean sublimemente.
¿Qué otro camino puede tomar el
discurso analítico en su búsqueda de
la verdad sino mantenerse neciamente
en la ignorancia?: "la verdad no es otra
cosa sino aquello de lo cual el saber no
p~ede enterarse que 1~ ~f sino haciendo actuar su ignorancia .

?e

Pero, recordémoslo, la verdad no-toda es, porque no le queda más que ser
dicha. Y en ese intento de empalabración, de poner lo real en palabras, que
se llama saber, es lo real mismo lo que
se pierde, lo que se negativiza. La verdad
entonces no toda es posible de enganchar al saber, pero ahí está en el discurso, como ficción, como secreto, como
síntoma Lo real está en otro lado: "recuerden lo que dice Hegel sobre el concepto: el concepto es el tiempo de la
cosa. Ciertamente, el concepto no es la
cosa en lo que ella es, por la sencilla
razón de que el concepto siempre está
ahí donde la cosa no esj, llega para
reemplazar a la cosa".
osotros,
felices tristemente humanos que gozamos y que no podemos dejar de no
gozar, nos tenemos que conformar con
el significante de la cosa, ya que ni
siquiera somos capaces de significar al
significante; " no hay metalenguaje". Sólo nos queda necear, necear ahí donde
la muerte vigila de cerca nuestros pasos, nuestros pasos - de- palabra. Es a
la palabra a la que tenemos derecho. Es
la palabra la que nos tiene de derecho:
"Es la palabra la que instaura la mentira

en la realidad. Precisamente porque it,
troduce lo que no es, puede tamllia
introducir lo que es. Antes de la ,bra, nada es ni no es. Sin duda, todo•
tá siempre allí, pero sólo con la palaln
hay cosas que son. Sólo con la dima,
sión de la palabra se cava el surco de la
verdad en lo real Antes ~e la palabn ■
hay verdadero ni falso''. 2
Por todo lo dicho, es necesario f11
nos mantengamos en la dimensión •
la necedad para la lectura de Freudye
Lacan, antes que caer -y todavía me•
toy tratando de levantar- en la "en,
dumbre anticipada", antes que "coaprender demasiado". Me parece (dije•
parece), que los aparentes absolutiaal
de Lacan (como "no hay metalenguaje•,
"que uno diga queda olvidado tna le
que se dice en lo que se escucha", "11
quiero saber nada de eso"... ), intenlll
precisamente romper con lo que IJMl9:
tan, cosa que se pone de manifieelD'
leer - no comprender- lo que se ~
tras la enunciación del sintagma. La•
tención era promover una lectura_.
de Freud, la lectura de Freud. Y • lt,
hagamos que Lacan nos lo repita, prect
samente en su visita a Caracas un •
antes de su muerte: "sean ustedes lalt
nianos, si quieren, yo soy ~
Por eso creo adecuado decirles ai,palabras del debate que mantengo
Freud, y es que no es de aytt •

J

1

Con ese afán a cuestas, llegó Ld
la lógica matemática, al materna, al•
talenguaje que no es y que sin emmil'
ex-siste: "' .. ... no creo vano haberllef
do, al cabo, a la escritura del a, ddl
del significante, del A y del f. Su•
tura misma constituye un so~orte
va allende la palabra, sin _sahr .de
efectos mismos del lenguaJe, Tít:111
valor de centrar lo simbólico,
condición de saber usarla, ¿pO
para retener una verdad congrue

la ftl'dad que pretende ser toda, sino la que en pos de los sangrantes talones de
'1 decir a medias, la que se evidencia Edipo, seguro como estaba de encon-

pm cuidarse de llegar hasta la confesión
.- sería lo peor, la verdad que se Pººf
• guardia desde la causa del deseo". 3

Quizá con sólo haberme parado aquí
pn repetir es~ cita hub!era dicho todo
lo l(IIC las cuartillas antenores han inten-

trar con él en la cita siniestra de Colona la hora de la verdad. Entrad en lid a
mi llamada y aullad a mis voces. Estáis
ya perdidos, me desmiento, os desafío
me detejo: decís que me defiendo". 3~

tack, deeir.

(Después de estar quince minutos,
lllama en mano, frente a la hoja tratan-

ilo de armar el cierre, pienso en el título.•-~ Pero, ¡qué absurdo!, cómo pue-

do estar hablando de "frontera'' entre
el aaber y la verdad, si la verdad se in-

emye en el saber. Es más, la verdad que
le qancha a lo real, a lo real del deeeo, se produce - no-toda- por apres
eoy en el discurso. Lo siento, son las
aeeuelas de haber estado en la universidad. No hay la "frontera" entre el saber Yla verdad ; hay la frontera juntura
!'~/1 saber y la verdad. O mejor: el
~ entre el saber y la verdad. Y en
;.:oral está el discurso de Lacan. Ese
se llama LacaJL .. Y allí quedaatrapados todos. Entre las arenas
aaher Y las aguas de la verdad.

.j

:tt

La obra de Lacan condena a nuestra

Referencias bibliográficas
l.J. Szpilka: La realización imposible. Encrucijadas de la psicopatología psicoanalítica. Trieb, Bs. Aires, 1979, p. 39.

2.J. A. Miller: Cinco conferencias caraqueña.t Ateneo de Caracas, Caracas, 19 80,
p.14.
3.J. Lacan: "Conferencia en la Columbia
Universit(, en Scilicet, núm. 6-7, 1976,
p. ~9. Citado por Braunstein en: Lingüist~ria, (~an, entre el lenguaje y la lingüística) Siglo XXI, México, 1982, p. 225.
4.J. Lacan: Aún. El seminario, tomo 20.

Ateneo de Caracas/paidós Caracas, 1981
p. 26.

'

5.J. A. Miller: Théorie de lalangue (rudim_ent), en Ornicar?, núm 1, 1975, p. 20.
Citado por Braunstein en op, cit., p. 226.

a depender de la marea de la
6. S. Leclaire: Un encantamiento que se
¿O no es acaso ella misma la
rompe. Gedisa, Bs. Aires 1983, p. 25.
D08 lo di~e en la prosopopeya de
7. N. Braunstein: La Linguister(a. . . op.
an COIia fre~diana"? Oigámosla: "Que
cit., p. 225.
olla~ mas s~ro que todas vuestras
~•as os gu1e a la carrera a la que
8.N. Braunstein: Op. cit., p. 225.
si el ~did de la razón por
•
eñosa hacia vosotros que se
9.1. A. Miller: Algoritmos del psicoanálisis.
fe, e,tre, pennaneciese abierto a vuestra
En Ornicar? tqmo II Petrel, España, 1981,
la yo, la verdad, seré contra vosotros
p. 17.
,_":; embustera, puesto que no sólo
Lacan: "Función y campo de la palabra
8-d,f.alsedad pasan mis caminos (.. .). 10.J.Y del
lenguaje en Psicoanálisis", en: Escricoiw . perros, que en eso os habéis
toi, tomo 1, Siglo XXI, México, 1980 p.
~do escuchándome, sabuesos que
103.
'
~ prefirió lanzar tras el rastro
co del ladrón de Apolo antes 11.J. Lacan: Aún. op. cit., p.. 103.

\e

~-zpues

- -- 12· J. Lacan: "La instancia de la letra en el inconc_iente o la razón desde Freud", en:
Escritos, tomo I, op. cit., p. 212.
13.J. Lacan: Función.. .op. cit., p. 106.

14.J. Lacan: Los escritos técnicos de Freud.
El seminario, tomo J, Panós, Barcelona
1981, p. 120.
'

�15.J. Lacan: Aún. ..op. cit., p. 114.
16.J. tacan: "De un silabario a destiempo",
en: Escritos, tomo n. Siglo XXI, México,
1980, p. 333.
17.J. Lacan: Función. . .op. cit., p. 105.
18.J. Lacan: "La ciencia y la verdad", en:.
Escritos, tomo l. op. cit., p. 344.
19.J. Lacan: "De una cuestión preliminar a
todo tratamiento posible de la Psicosis",
en: Escritos, tomo II, op. cit., p. 217.
20. J. Lacan: "Situación del psicoanálisis en
1956", en: Escritos, tomo II, op. cit., p.
195.
21.lbid.

22. J. Lacan: El Yo en la teoría de Freud y
en la técnica psicoanalítica. El seminario,
tomo II, Paidós, Barcelona, 1983, p. 13.
23.J. Lacan: Aún, op. cit., p. 145.
24.J. Lacan: "La significación del Falo", en:
Escritos, tomo I, op, cit., p. 285.
25.J. Lacan: Aún, op. cit., p. 23.
26.lbid.

27. J. La can: "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconciente Freudiano'', en: Escritos, tomo l. op. cit., p. 309
28. J. Lacan: Los escritos técnicos. . . op. cit.,
p. 351.
29.Ibid., p. 333.
30.J. Lacan: El seminario de Caracas. En:
Actas de la reunión sobre la enseñanza
de Lacan y el psicoanálisis en América
Latina. Ateneo de Caracas, Caracas, 1982,
p. 5.
31.J. Lacan: Aún, op. cit., p.11'3.
~

32.J. Lacan: "La cosa Freudiana", en:
Escritos, tomo 1, op. cit., p. 155.

SEÑAS / RESEÑAS / CONTRASEÑAS

�ANTOLOGIA DE LA POESIA
MEXICANA DE LOS CINCUENTA (1)

José Javier Villarreal
Presentación

I. ERNESTO TREJO (Fresnillo, Zacatecas, 1950).

Un poco por la cantidad t;an abrumadora de "poetas", otro tanto por el haber La poesía de Ernesto Trejo brota de un
mundo que comienza siendo rural y acanacido en 1959 y en el norte de México.
Por leer y leer y no asir el Libro, el Poe- . ha urbano, para luego reiniciar el ciclo
ma que venga a darle sentido, valor a del presente urbano al pasado rural; lo
este maremagnum poético -que el país uno alimenta a lo otro hasta provocar
ha venido festejando y sufriendo- com- un paisaje visto desde la nostalgia, despuesto por los autores nacidos entre de una "furiosa claridad" donde la in1950 y 1959 (los nacidos en los cuaren- fancia late a través de elementos comuta ya los tenemos, bien o mal, detecta- nes y ordinarios. Este paisaje es eminendos; los del sesenta todavía no los alcan- temente nocturno, silencioso. Todo parece emerger de una irrealidad matizada
zamos a ver en su conjunto).
por el paso del tiempo.
Por ese decrépito y "perdonavidas"
Hay poemas donde lo rural, el pasacentralismo (culto al poder, vocación
.
do,
visto a través de la infancia, se ende servicio, maldición histórica o ausencia de padre) que, cabe decir; ya no
se perdona ni a sí mismo. Por esa falsa
"Literatura nacional" que nos hemos
soplado y a la cual hemos servido. Por
un amor y un respeto a la poesía que,
irremediablemente, conducen al compromiso, y por Jorge Cuesta (?) en
función al carácter de su Antología
de la poesía mexicana moderna, es que
nos hemos aventurado a trabajar en una
antología de la poesía mexicana de los
cincuenta. Trataremos en ella, lo más
honestamente posible, de presentar
a los poetas, a partir de su producción y de nuestro criterio estético, que
juzguemos más sólidos y acabados de
esta década; no los más representativos
de ella, ya que nadie puede ser representativo más que de sí mismo.
Sirva esta nota de primera presentación - no de introducción- para la publicación por entregas de esta antología.
A partir de ahora la moneda está en
el aire.
José Javier Vil/arrea/

rosca en sí mismo para producir un llelltimiento de añoranza, de pérdida; hasta
lograr que la historia del autor se vuelva
la propia del lector, y que, la infancia,
la niñez del poeta nos alcance y trant
greda.
El misterio de lo cotidiano, de lo
porvenir, y un paisaje etéreo, difícil de
precisar y de asir va surgiendo de et!la
poesía, va fijando su mundo, su roer,
po, a partir de ciertos puntos de referencia: el invierno, la autopista, el desamor, la literatura, la luz del alba; la hitoria, una historia.
El lenguaje se despoja casi de tooo
ornamento; el poema es anécdota, in-

tmsidad que levanta el vuelo desde la
infancia, desde lo hondo hasta aflorar
ytomar posesión del presente.
Apartir de un discurso cotidiano y
algunas veces ~asta prosaico, la poesía
de Ernesto TreJo se desborda en densidad y fuerza, desdoblándose, construyendo alegorías y exigiendo una lectura reposada y sumamente atenta.

S? aliento es íntimo, susurrante, de
med10 tono; su virtud radica en la limpiez~. y cl31:i~ad de las imágenes, en esa
~ns•o~ poetica que permite sentir la
bistona y sufrir el momento, el paisaje
evocado por ella.
~ihro consultado: El día entre las
Fondo de
Cultura Económica, Méxic~, 1984. Poemas escogidos: "El día" y "Cipriana".
hoj(U. Letras mexicanas.

ELDIA
Ver al mundo es deletrearlo

CIPRIANA

1
Hubo trenes que nunca volvieron a salir
de los túneles. Los caballos
con los ojos enrojecidos,
trotaron hacia la muerte.
El maíz se echó a dormir en la cisterna
y cuando despertó estaba podrido.
2
Una foto vieja. Estás junto a tus flores de cempasúchil
(las de la muerte, según mamá)
y yo me aferro a tus faldas. Qué extraños son
los dibujos de tu falda. Tras de nosotros
el muro se escarapeló toda esa mañana,
la madreselva tuvo sed de luz, la hiedra
encontró un resquebrajo y ahí entró.
Hacía cuatro años que me habías dado mi nombre.

OCTAVIOPAZ

la madrugada la ciudad es otra
sd
·
, urmientes
adquieren en reposo
llls lmeas verdaderas.
~ luz, entre mortecina y de Anunciación
Efªen sus alas el aliento de Dios.
'
.;.r~o _de alambres Ymontañas se ha hecho etéreo.
~in eanimas en pena ª!!dan por las calles?
0 he enterrado a nadie
asuntos puede la mu~rte tener conmigo?
na se ha acostado 1·unto a mí
Heah'la
·
1 forma de mi amada
UnhilO
·
Ya sól transparente hasta aquí me ha conducido.
0 soy un vaso para llenarlo con el día.
EnLo

e~

3
Nunca viste el mar ni los pelícanos
con alas de ángeles. Al final tus visiones
fueron vergonzantes: tu nieta
acostándose con Satanás; una voz
llamándote en cada esquina; tu esposo,
el ciego perdido en sus oraciones,
era tu padre que te castigaría.

Hoy tus hijas no quieren hablar del final.
Yo ~í, yo tomo el mundo en que viviste,
tu vida, me la echo al bolsillo, y te nombro.
In memoriam, 1881-1975.

�EL CIERRE DE FUNDIDORA MONTERREY

Jesús Becerra Villegas
Lo que en términos técnicos puede considerarse como una simple medida de
"racionalización de recursos" de una
macroindustria, suele convertirse, al pasar a la dimensión social del suceso, en
la concreción de mecanismos con los
cuales una clase social impone sus intereses particulares sobre el destino de
otra. El simple cierre de una empresa
paraestatal, pues, se despliega ant~ el
análisis cuidadoso como todo un sISte•
ma de mecanismos económicos y políticos inmerso en un proyecto oficial de
dos caras: la del discurso y la de su implementación en la sociedad. Este doble juego del Estado, con sus causas y
efectos, es el que se propone presentar
Rosa Albina Garavito en un artículo
que sirve de entrada a la sección especial "Fundidora", de la revista a su cargo.

.

"

.

•
1

En apenas cinco páginas compartidas con apoyos visuales y recuadros informativos, la autora desarrolla en favor
de los obreros una argumentación que
traza la línea de la sección y de la revista en su totalidad. Recorre su exposición el conjunto de las posibles causas
del cierre de Fundidora Monterrey: desecha las explicaciones mal fundadas,
contextualiza el caso de análisis en los
marcos nacional e internacional y asume una posición respecto al grado y tipo de responsabilidad de los obreros.
Pero, sobre todo, retoma los propios
elementos técnicos del problema para
llevar la discusión al terreno de los costos humanos.
La estructura del artículo parece ir
adecuándose a las necesidades surgidas
de la propia lectura, sin emplear un esquema fijo de ordenación por amplitud
temática, cronología, rúvel de concreción o alternancia de perspectivas ideolé;
gicas. Más bien, utiliza uno u otro criterio para hacer sucederse las ideas, con

lo cual el escrito seguramente gana agilidad.
Así, dedica Rosa Albina Garavito los
primeros párrafos para presentar, con los
obreros como protagonistas, la problemática del sistema productivo nacional
desatada en el desmantelamiento de lo
que hasta poco antes había sido fuente
de optimismo. Pasa entonces a señalar la
compleja intervención de diversas causas
en la decisión estatal, entre las cuales
ella destaca el carácter inadecuado de
los planes expansivos de la administración ante el estrangulamiento interno y
externo del mercado acerero, con el
consiguiente desbordamiento de la producción. De este modo, la autora parece introducir a la discusión, sin nombrarlo directamente, el viejo escollo capitalista de la caída de la tasa de ganancia en la rama, nacional y mundialmente, exacerbado en el caso de Fumosa por
políticas equivocadas y otros problemas.
De las consideraciones teóricas, la articulista llega al punto obligado: la crisis. A partir de ese momento la exposición puede hacerse más concreta; basta
con hacer referencia a la historia reciente de la empresa y del país para entender cómo la situación de la primera se
inscribe de lleno en la del segundo. Tal
es el camino seguido en su argumentación. Señala luego: "Pero la crisis financiera de una empresa o de un país
no puede durar mucho tiempo, los
ep11ogos son obligados: o se declara en
quiebra o se transforma, o ambas a la
vez. Es justo lo que está sucediendo en
Fundidora, por lo demás un paradigma
de la situación por la que atraviesa el
país" (p. 24). ~urge ento~ces
pr~
gunta de por que en una s1tuac10n critica generalizada se deja hundir a una
empresa. La autora señala varias razones, que finalmente se explican por los

-~ª

planes de reordenamiento (o "recoa,
versión") de la planta productiva nacional. Con esto explica el caso del ciem
de la paraestatal y a la vez caracteru
los dos aspectos de la restructuracimen
su plano social: externamente, ~ ona
concesión al conjunto de presiones de
los acreedores; internamente, es ona
modificación del sector no sólo en el•
pecto técnico de las fuerzas productinl,
sino, principalmente, en las relaci&gt;nes
sociales de producción, así "modemiudas".
De todo lo analizado, Rosa Allina
Garavito pretende extraer finalmente
una enseñanza para la clase obrera al eI•
plicar cómo el problema de Fundidon
comenzó en la década de los setenta, a
raíz de algunos errores sindicales. ~
experiencia, a su juicio, ha de ser vaoosa en un momento en que siguen vigento
los planes de reordenamiento y, ~
tanto, de cierre de fuentes de trabajo.
En su conjunto, las ideas contenidll
en el artículo parecen consistentes 1
manejadas a un nivel que, sin caer enk
hiperespecialización, logran dar coenll
de los principales ele~entos su_hracel!~
en el conflicto analizado. Quiza ~"~
co pendiente por resaltar sea la dwar
tad real de un país subdesarrollado pll
impulsar sus fuerzas productivas ~e 1111
forma relativamente autosostellid\!
decir, con una rentabilidad que no "'t'
el recurso del castigo a la fuerza de bt
bajo como única salida para c~m~
la escasa competitividad efectwa t.11
"
sector manufacturero de una naCl()II
palt
portadora de tecnología. En pocas 11111.
hras, en la "reconversión" no es,simplemente se trate " tam bº'
1en'' dellt
,,
dernizar las relaciones de produ~
ante todo, los planes estatales no
otra alternativa.

..

El segundo artículo de la sección 1

didora" ofrece una perspectiva más específica y, de algún modo, más amplia
del problema, abordándolo ahora desde
~ óptica del estado financiero de la
empresa y del sector paraesta tal en su
conjunto. El propósito de Enrique
Quintana parece ser complementar el artículo introductorio y reargumentar a
partir de las cifras que el criterio del
CÉtTe de Fundidora no radicó en ellas.

serta en recuadros pero no retomada en
su amplitud dentro del texto. En una
publicación para divulgación podría haber resultado provechoso "leer" algunos datos reproducidos. Por ejemplo, en
los Datos Fmancieros de Fundidora de
1971 a 1984 (p. 29) faltan aclaraciones
de codificación y se desaprovecha la
oportunidad de mostrar la coincidencia
entre la relación gastos financieros-utili~ades de operación Y. el comportamiento del conjunto de la economía nacional.

Tras presentar la situación deficitaria de Fumosa a partir de 1984, el autor
coincide con Garavito en señalar como
elemento importante el apoyo del fidei- La primera de dos cronologías que ciecomiso para riesgos cambiarios (Ficor- rran la sección dedicada a Fundidora
ca). El no haber contado con este bene- Monterrey en realidad consiste en una
~ ~i_ficó para la empresa en cues- revisión histórica doble: el movimiento
~ perdidas en 1984 por cambio de obrero de 1970 a 1979, como hase, y
pandad monetaria equivalente casi a las acciones de la industria en los mis1.5 veces el rédito de la deuda, según mos años, como contraparte ("La em~ desprende del artículo. Más adelan- presa: neurosis de grandeza').
te se lee: "De asumir como criterios
para declarar en bancarrota la imposiEn el seguimiento a la conducta de
bilida~ ~e pagar la deuda y el atraso los trabajadores de Fumosa sobresalen
~olog1co, multitud de empresas pú- las luchas directas ante las medidas de la
~ Yprivadas tendrían que ser inme- administración, y las sostenidas perma~~ente declaradas en quiebra" (p. ' nentemente contra las infiltraciones en
el seno de la organización por "charros"
y "porros". A lo largo de los diez años
.~?tinúa el articulista con una trans- pueden notarse las continuas violaciotnpcíón de líneas sustanciales del Presu- nes a los derechos laborales que enmarl"lesto de Egresos de la Federación en can la expansión de la empresa; despi&amp;e anuncia el mantenimiento de las
dos, condicionamientos, desacatos al
E es de Sidermex de alta prioridad. Contrato Colectivo, agresiones físicas,
: : ell:u, no resultó finalmente Fundí- acciones de desprestigio público, reten• Ys1 una empresa atractiva al capi- ción de utilidades, faltas a acuerdos, matalJaponés: Sicartsa
las condiciones de seguridad laboral, divisionismo, rompimientos de huelga y
Finaliza Quintana con una precisión silenciamiento, son todos elementos de
~nal: modernizar las tecnologías tra- expresión de las luchas dadas en la eminier:1«:8 para alcanzar competitividad presa, el sindicato, los medios de difulénn· CIOnal debe ser el contenido del sión y las calles.
lllaotellllO ''.reconversión", y no el desam1ento.
La lectura simultánea de las perspectivas de las dos clases en pugna, aunque
p~ apun~ que el artículo se com- dificultada por el diseño de la edición,
enta con mformación contable in- permite encontrar coincidencias tanto

t

en el tiempo de los recrudecimientos del
conflicto con las alzas en los índices de
explotación de la fuerza de trabajo
(1972), como también en la implementación de medidas más eficaces para
controlar a los obreros, con las situaciones externas más adversas para la empresa (1976). Otro aspecto importante que
se destaca en el trabajo de Rubio y Veloquio es el apagamiento sindical una
vez que Fundidora pasa al sector paraestatal: el control se hace más férreo y
el advenimiento de la crisis se imputa a
los trabajadores.
Una síntesis de los acontecimientos de
mayó y junio de 1986 en torno al cierre
de Fumosa, completa el análisis de El
cotidiano. La autora recoge las acciones,
pronunciamientos, titubeos, apoyos y
amenazas de obreros y burócratas con
sus partidarios y detractores.
Sucintamente, el proceso es presentado así: el Gobierno Federal solicita la
quiebra; el Sindicato Nacional de Mineros se opone al cierre; la 1P y los partidos de oposición acusan a la empresa; el
Gobierno se mantiene en su posición y
no accede al diálogo en los altos niveles;
los obreros inician movilizaciones masivas; Del Mazo se reúne con los representantes de los obreros y ofrece discutir
en el Gabinete las demandas de éstos· la
1P presiona para que Fundidora pague
sus adeudos a los proveedores, obtiene
por lo pronto facilidades fiscales para
ellos; los mineros del país contemplan
posibilidad de huelga, mientras algunos
rompen nexos con el PRI; el gobernador
Jorge Treviño ofrece gestionar entrevista MMH-acereros; los trabajadores rechazan la liquidación y continúan las movilizaciones; el Colegio de Abogados de
Nuevo León considera ilegal el cierre de
la paraestatal; De la Madrid rechaza
dialogar con las esposas de los trabajadores; el sindicato niega facultar a Fidel

�REGION

Velázquez como negociador; Sidermex
anuncia nueve mil despidos más; la dirigencia sindical acepta el cierre de Fumosa y Aceros Planos, mientras la base
de trabajadores se resiste, pero días más
tarde acepta la liquidación enmedio de
presiones del Gobierno Federal y Sidermex.
Angeles Castillo elabora esta cronología a partir de notas seleccionadas de
tres periódicos nacionales. Quizás le habría resultado provechoso revisar al menos uno local. Por ejemplo, ella arranca
de una nota exclusiva de El Universal
con fecha 8 de mayo según la cual el
Gobierno Federal solicita la quiebra; El
Norte, de Monterrey, publicó dos días
antes, en la columna "M.A.Kiavelo", la
acción que se preparaba en contra de la
paraestatal. 10 menciona la autora la
discusión generada respecto a si se trataba de un cierre técnico o de una quiebra, casos muy distintos política y económicamente. Tampoco hace referencia
a los pronunciamientos diversos del sector privado, del clero o de la ciudadanía; no se ocupa de la posición que guardan los medios locales en el manejo de
la información del conflicto. Si bien la
cronología está relativamete completa,
podría haberse emiquecido con estos
elementos de la lucha que formaron parte de la resistencia obrera.
Por último, es pertinente hacer una
mención al trabajo de edición de la sección "Fundidora". Antes que nada, puede decirse que el resultado es visualmente atractivo, completo y de fácil lectura
en su mayor parte. En los cuatro artículos integrantes se incluyen apoyos visuales, cuadros, gráficas e inserciones amplias: el trabajo de Quintana López sobre la perspectiva financiera del problema se acompaña de una reproducción
de "Fundidora de la industrialización",
importante revisión histórica de Mario

Cerutti; la cronología de Angeles Castillo se presenta conjuntamente con un
valioso extracto del "Plan Hiriart'' que
condenó a Fundidora. Sin embargo, los
dos últimos artículos exhiben fallas que
van desde la ortografía y ambigüedad en
la redacción, hasta las omisiones y discrepancia de fechas en la asunción de la
empresa por el Estado. También es de
señalarse que el último artículo, más
que una "cronología del cierre de Fundidora", es una cronología de la cobertura del cierre de Fundidora, pues las fechas presentadas corresponden a la publicación de las notas y no a los días
precisos en que ocurrieron los hechos.

Garavito E., Rosa Albina: "Fundido11: lit
conversión como castigo", en El cafilll&amp;
Revi$la de la realidad mexicana
11
3, número 12, Universidad Autónoma•
politana, juli&lt;ragosto 1986, pp. 22-26.

oc,.,,

Quintana López, Enrique: "La banc:anull•
fundidora: dimes y diretes financicros",lil.
pp. 27-31.
Rubio Raúl y Francisco Veloquio: "Lata obrera a la modernización. Cronoklfa
diez años de lucha", /bid., pp. 32-35'1
Castillo Flores, Angeles: "Cuarenta
sistcncia obrera. Cronología del
Fundidora", [bid., pp. 42-47.

�EL AGUA Y LA INDUSTRIALIZACION
DE XALAPA Y SU REGION
DURANTE EL SIGLO XIX.
USOS, DESTINOS Y CONFLICTOS

Sergio Florescano Mayet
INTRODUCCION
El recurso agua ha sido uno de los hilos
poco visibles, pero de capital importancia, al través del cual se ha venido tejiendo buena parte de la trama histórica (antigua, moderna y contemporánea) de
Xalapa y su región. Ello ha sido debido,
en primer término, a las crecientes demandas que dicho espacio ha tenido
como cenlTO de poblamiento, de desarrollo de actividades agrícolas, comerciales, industriales (partirularmente durante el siglo XIX y los primeros años
del presente) y de servicios; en segundo,
a la e&amp;:asez que ha presentado dicho recurso desde que la población se incrementó a raíz de la independencia; y en
tercero, a la consiguiente dificultad que
empezó a surgir y a crecer (sin que hasta la fecha haya cesado) para satisfacer
adecuadamente las agr&lt;'gadas demandas
domésticas de la población, junto con
aquellas otras nuevas de tipo industrial
que aparetieron en la década de 1830 al
amparo de las expectativas que dentro
de ese campo abrió la fundación del
Banco de Avío.
El agudo problema del abasto adecuado de agua potable a la ciudad que se
padece hasta hoy en día arranca, pues,
desde aquellos años y aparece unido al
del abasto industrial que se planteó entonces, cuando se estaba intentando el
e.tablecimiento dentro del área de las
primeras fábricas textiles. Pese a esta
unidad que pr~enta el problema del
abasto de agua para Xalapa y su región
a lo largo de casi todo el siglo XJX,
aquí nos referiremos sobre lodn al relativo a los usos industriales de las fábricas
de hilados y tejidos y, en cambio, al d!'Stinado a otros usos (tales como el agrícola o el doméstico) sólo en la medida
en que ello nos sirva para iluminar mejor
la problemática del primero.

El interés por profundizar en el aspecto del abasto de agua a las fábricas
textiles que se establecieron en la zona
procede de las continuas evidencias encontradas en torno a dicho problema,
así como a la cada vez más visible constatación de que constituyó uno de los
más poderosos obstáculos para su desarrollo y posterior consol idación en los
años dorados del Porfiriato. El problema del abasto de agua a las fábricas ,
conducirá al pequeño grupo de comerciantes industriales a un conflicto por
la mayor posesión de un recurso escaso
con el también pequeño pero antiguo
grupo de hacendados locales, que esgrimirá y defenderá hasta la Suprema
Corte de Justicia los derechos de usufructo previamente concedidos. Así,
sin el abasto pleno de un recurso que se
volvía crítico en los períodos de sequía,
las pequeñas fábricas textiles de Xalapa
y su región tuvieron que funcionar irregularmente en muchas ocasiones. La
persistencia de este grave freno impidió,
no solamenle que en el máximo periodo
de esplt'ndor porfiriano ya no aparecieron nue\'as fábricas, 1 sino que continuó
limitando el tamaño de las ya existentes, dificultando así sus posibilidades de
innovaciones tecnológicas. Establecidas
ele ese modo sobre tan frágiles bases y
enfrentadas además después a los nuevos
retos que les depararía la situación que
siguió al movimiento armado de 1910,
de las cinco iniciales fábricas que se habían establecido 100 años atrás apenas
si lograrían subsistir hacia 1942 tres ele
ellas: San Bruno, Industria Jalapeña
(alias El Dique) y la Probidad ( o La Paz).
Para e.se entonces, se decía que dichas
fábricas ten ían más de quince años que
habían dejado de depender del agua como fuerza motriz de la maquinaria utilizada, pero que se seguía haciendo todavía un uso importante de ella " ...para
lavado, alimentación ~?) de calderas, y
otros menesteres... " La vieja y pode-

ao ■tiir.ó

rosa dependencia del agua como faem
motriz sólo hasta en~onces había a.
do , iniciándose así otra nueva: la de ~
electricidad; a partir de aquelloe •
esa fuerza se las proporcionaba la C..
perativa Industrial de Luz, Fuena J
Transportes de Xalapa.

la, guas drl río anliago sino

lit del rí~-S1.'dcño que_ pasaban cerca y
~ ae o~naban lamb1en en las estriba-

.., del Cofre de Pero le.

Para tratar de alcanzar tal propósito
com_enzaron ~xponiendo ante el \yun:
tam1rnlo la unpo:-.ibüidad que exi:,tía
pa~a que ~on el c~udal que entonces poseia _el no antiago se pudiera hacer
trabaJar "...en tiempo de seca rigurosa
como la_presenl&lt;'... •'4 el total de husos
que L_en!an en c~e año de 18-!l las cuatro fabrteas textiles que haeían uso de
esas aguas en \alapa y que era de 5.160
como se manifiesta en el cuadro 1'.

70_0 per:,0nas qu&lt;' ganarían aJ año
mas de S150.000 haciendo un total
ele 2:200 pers~na,, (??upada,,) ) un
a~m( nto a la C11"Culac1011 de (sic) esta
cmdad de S-J.00.000 al año'·.6

Los inicios dr las tres primeras fábrica que comenzaron a funcionar duran, Oc ese, modo. 110 sólo sr inrrt'mentate loe últimos años de la tercera, década
na ese nunu'ro de personas ocupadas'
eliglo pasado, fueron plenamente vend monto , de los salarios pagados. sino
I. EL SURGIMIENTO DEL PROU. lillolo&amp;, V pam·en habrr contribuido a
que ademas
MA: LA RIGUROSA SEQUIA 11 ~ .la_aparición de las otras dos úl~ fábncat, qur aparecieron al poco
LA PRIMAVERA DE 1841
"!!abría - dijrron los industriales- un
~ : la de Bernardo ayago y la de
J1~dicaron después que para hacer
numNo
111U) considerable (de p&lt;'rsoGn,a Tenwl. l na vez establecidas és- fu nc1?nar ese número total de husos se
En un periodo de tiempo muy ccn,
nas) que ganarían ~ususlenlo dt' ellos,
111 ~arecicron _
los felices arios y se necesitaban a cerca de 300 personas (sin
entre 1837 y 1841, fueron estáblal
com_o herreros. albañiles, carpinteros.
,._.to, en tamh10, el tremendo prodentro del área de Xalapa y su ngÍII
contar con las ocupadas en tallNes), "cucurtidores. cargadores, enfardeladolileaa del abasto de ~a. La primavera yos sueldos llegarán aJ año a SS0,000. "5
cinco fábricas textiles como raulfa.
res, etcétera. . . "7
4e
I841 se &lt;'onslituyó por su fu erk sepor un lado, de los apoyos y las~
tivas que en ese nuevo campo de.,.. .-ia ftl una p&lt;'sadilla para el reducido
}{esaltaron, por otra parte, que au. Aseguraron_ enloncr de modo mu)
~~ &lt;'Omcrciantr!&gt; mrtidos a nuc- mentado el ~au?al del río Santiago en
sión proporcionó la fundación M
ligero,
~u_best1mando así el poder de
actívidad('~ qu&lt;' no paree ían promrBanco de Avío (1830)y, por otro. M
la fo,1:11ª ya m?1cada ("con un bue, de
los trad1c1onab hacendado, y sohrevainterés del capital comercial local•• ~entonees méb q_ur grand~ rie..gos. agua ) se podria aumentar el número de
lorando su nuern fuerza. qur:
~ irob_lcma comun a la ma) or parte h~_sos hasta 25,000; y expresaron lamafán por alcanzar mayores tasas de ,
•Mn embargo, parre(' habrr ~ervi- bicn que como consecuencia de ello
nancia. De esa forma aparecieron •
"~I agua que pensamos lomar para
do dd
e basr para. "'
cr• n," rar por primera
•
vez
sivamente: Industria Jalapei'ia (183'/)
aurn~nlar a la d_e e~te río(el antiago)
:- ..ara i·on&lt;·1rnria de grupo, la cual se
de José Welsh y Juan Mauricio}•
" · · ·hama
1 ' o~upación para J ,500
no sme ª nadie en la actualidad. ,
Ja
Oqó en la ron~lilución di' la l'rimera
Bella Unión Jalapeña (1837) de MaÍII
aun cuando alguno quisiera ponér
per,onas ~:'"ª hilar, cuyos sueldos llenta de lnd~slna que existió en XalaDom ínguez y Bernabé de ~lías, La y¡.
~-~ian a, 2~0.000 al año y (que) si se
u~o .º dos trapiche,, má~. el ht'neficio
~ ~~o P~•mrr pre~idenle fue Bernatoria primero de Manuel Facio (1leJ1cra la mitad de la hilaza manufacpublico que re~ultaría no ~ería nada
) poco después d&lt;' Francisco Ferníal • , . las. Como re~u ltado también de
turada por dichos husos, como rs nacomparable con el que redundaría
(1841), Libertad de Bernardo S.,., ..:intica se1¡uía (¡ue paralizó las actitural suponer, se ocuparían a otras
del aumento del ele rst&lt;' río". 8
es dr la, naeienles industrias el
(1841) y, por último, Luc,as Marta6
: , : de _comerciante::.-industriale~' se
Luis García Teruel (18-H 0.
00d~,·id~. a planlearsr una delerllinada
CUADRO l: \úm_rro di' hu,,,os de la,, fábricas trxtiles que ulilizal&gt;an. . 1 1 ,
itntaba
8?IU1·1011 al problrma que rncanliago1·11184l.
agua&lt;e no
E.ste pequeño pero dinámico
1,ja 'mclu}end_~ rn rila alguna vt•nde incipientes empresarios localel
la pohlac1on de la. ciudad , a
poco a poco localizando casi todla .. 1-- e e&lt;t'
\O\IBl{L
mod O pod ta
. obtener la, .in\.o. de husos PROPJET \Rlüv
lltdiati
nuevas fábricas a lo largo del ~
aprohatión
del
_
\
}untamiento.
río antiago que corría desde
Brlla l nión
960
Ber?abé El ía~) \la ria no Dom ínguez
noroeste a la sureste del centro -":
Iuduslria
Jalapeña
La
deci,ió
d
1
·
·
·
2,400
1
I
Jose
\\el~h) Juan \lauricioJonc•
Pftarial ·
e 1nc1p1enlr grupo cmde Xalapa, y cuyas aguas procedía
]bid.
-·
De
D.
\lanuel
Facio
600
[&amp;4¡'
madurada
entre
ahril
)
junio
los escurrimientos del Cofre de ,_
D&lt;'I ~lolino
1,200
L ..L 'fue la dr realizar cuanto anles
Bernardo Sa) ago
!'ara mejor utilizar la fue rza de
••ras
· de,,tinadas a aunwnlar el necr,arias
aguas se formaron represas o •
llo S..~~ 1·au_dal_de agua del pequeño
TOTAL
3,160
partido de aquellos saltos que
-,.,,
ligo. prmcipal abastecedor de la
Unicamente la fábricas de hila
._ • parte de ell~, "con un buey de
jidos de Lucas Martín, establec~
Fuente:
\.A.\., Paquelt&gt; 1, Exp. 2, 1841, p. 8 anvmo.
centro de la hacienda de dicho

:,O

L

re

-

la ,-

*

parad

�La propiedad de los nuev,os ~edi~s
de producción que ahora teman 1mhma
de avasalladora fuerza el ánimo del grupo de antiguos comerciantes transformados:
" ...y además muchos de los operarios de las fábricas -decían- mantienen con lo que se les paga a otras p_ersonas de sus familias que no trabapn
en estos establecimientos y así aumenta considerablemente el número
ya citado que vive de nosotro~, pudiéndose asegurar que con la mtroducción del agua el número de éstas
no bajaría de 3.000 personas... " 9
Con dicha fuerza culminaban su escrito espetándole en su actuación al Honorable Ayuntamiento:
" . . ,¿·y no es éste motivo de. consi?
deración para el Ayuntamiento.,
pues aunque se dirá que es nuestro
bien particular el que pretendemos,
lo que nunca hemos negado, pero de
éste viene el bien general de la población, pues los $400.0~ que se
pagarán al año a los operarios aumentarán las ventas a las tiendas de ropa
y de comestibles, a los panaderos,
carniceros y otros". 1O
El Ayuntamiento, al ~ravés d~ _la
elaboración de un convemo, cond1c10nó poco tiempo después la realización
de tal obra que deseaba_n empr~n_der los
industriales al compromiso explicito por
parte de éstos de surtil' tam~ién ('con
una naranja") de agua al vecmdano del
barrio del Calvario (situado en la parte
norte de la ciudad), el cual recién había
estado creciendo y padecía de una apremiante necesidad de ella desde por lo
menos 1830.l 1

a) El crecimiento demográfico de Xalapa y los inicios del problema del
abastecimiento de agua a la parte
norte de la ciudad
A lo largo de todo el periodo histórico
abarcado por el presente trabajo, se observa que la población de la cabecera de
Xalapa atravesó por diversas fases en
cuanto a su ritmo de crecimiento se refiere el cual es necesario caracterizar
aquí' por cuanto que ello pennite comprender mejor el objetivo fundamental
que ahora poseemos.
Ese ritmo de crecimiento poblacional
es dP.sde luego el que se desprende de las
diferentes cifras que arrojaron los censos que se elaboraron entre 1791 y 1937
y que fonnan el cuadro siguiente:

En base a esas cifras, observamosprimero que entre los últimos años del periodo colonial y los primeros años de la
guerra de independencia la población de
Xalapa registra una ligera disminución
de su población del área urbanizada, pero que posterionnente, para cuando ya
había sido elevada a la categoría de ciudad( decreto número 187 del 29-Xl-l~O}
experimentó un salto cuantitativo repentino. Las tres cifras que arrojaron 10!
censos siguientes, esto es las relativas ~
periodo que se extiende entre 1830 y
1870, revelan en cambio que el crecimiento de la población se frenó casi~
la misma forma repentina como hal111
sido ésta, lanzada hacia adelante a
raíz de los últimos años de la guerra de
independencia. La duració_~ de ei:te ':5'
tancamiento de la poblac10n seria, SIi
embargo, mucho más larga. Afortuna-

CUADRO 2: Población de la ciudad de Xalapa basada en varios censos realizadoe.

1791-1937.
AÑOS

1791
1816
1830
1838
1870
1901
1910
1921
1930
1937
Fuentes:

POBLACION

5,923
5,195
10,628
10,680
10,900
20,388
23,640
27,623
36,812
40,059
Vicente Nieto, Padrón de Xalapa, 1791, México, Editorial Citlal~~
1971; Francisco González de Cossío, Xalapa, Breve reseña _huti,rrl,
México Talleres Gráficos de la Nación, 1957; y sobre todo Lms G.
dón, o/ cit., en nota 2, p. 13.

damente, a partir del último de esos
años, el ritmo de crecimiento pausado
que había observado en otros tiempos
la población fue finalmente retomado.
&amp;ite ritmo de lento crecimiento se manlendría más allá de los tiempos revolucionarios, empezándose a volver como
ya es sabido, mucho más acelerado sólo
apartir de la década de los 40.

El repentino aumento que presentó
lapoblación de la ciudad y que obserYIIIIOS en la cifra de 1830, fue el resultado de uno de tantos efectos que causó
la guerra de independencia en el lugar:
la población de las congregaciones y
rancherías cercanas buscó refugio en la
zona urbana que estaba entonces mucho
mejor protegida. Y esta recién llegada
población se fue extendiendo sobre lodo en la parte alta que estaba entonces
muy poco poblada debido precisamente
asu falta de agua. Este problema estaba
Y.ª presente hacia 1830, como ya ha
sido señalado, pues José Cowley , Jefe
~ Departamento de Xalapa, así lo hah1a entonces destacado. Pero se tomó
sumamente agudo a partir de ese
cntico año de sequía que fue el de 1841.
De ahí que preocupara ya seriamente
~hién al Ayuntamiento de aquella
epoca y se impusiera como condición
para la realización del proyecto de los
IDdustriales.

i&gt;!~

b) Lu fuentes de abastecimiento de

agua

Asentada al pie del cerro del Macuiltépec,
en las estribaciones del Cofre de Perote
~- la Sierra Madre Oriental, la poblaC!on de Xalapa disfrutó desde los tiem~ pre-hispánicos de la existencia de un
81D •
d numero de manantiales que brotaban
e entre su suelo arenoso y volcánico
~~?'Jado a fines de la Era Terciaria,
~ , f e una intensísima actividad vol- a.

La población indígena anterior a la
llegada de los españoles desparramó su
singular caserío hacia los cuatro puntos cardinales, pero cuidó con atención
que los diversos barrios así constituidos
estuvieran siempre ubicados en las cercanías de los principales manantiales
que tiempos más tarde quedarían dentro del casco urbano de la villa colonial. De esa fonna se desarrollaron en el
norte Xalitic, en el sur Tecuanapa, al
este Techacapa y al oeste Tlalmecapa.
La población española que se fue arraigando poco a poco rebautizó a estos
dos últimos barrios con los nombres de
San José de la Laguna y Santiago respectivamente, y fusi.onó a todos ellos
dándole al conjunto el nombre de Santa
María de la Concepción de Xalapa. Los
manantiales, que para ese momento
eran: Tecajetes, Chorro de San Pedro,
Techacapa, Xalitic y Chorro Poblano,
continuaron siendo los principales medios a través de los cuales se surtía de
agua la mayor parte de la población de
la villa,13
Además de esos manantiales el área
de Xalapa y su región se veía surcada
por otras corrientes de agua de mucho
mayor caudal en esos tiempos. Estas
aguas eran las del importante río Sedeño
que se originaba en los escurrimientos
del Cofre de Perote; pasaba este río cerca de la Hacienda de Lucas Martín, ubicada en las orillas del camino MéxicoVeracruz , y sus aguas servían para regar
sus tierras y más tarde para impulsar
también la maquinaria de la fábrica allí
instalada. Otro río, de mucho mayor
importancia que el Sedeño, pero que
hasta la cuarta década del siglo XIX sólo escurría ligeramente por el rumbo
de la población de Xalapa, contribuyendo a la fonnación del río Santiago, era
el Pixquiac, cuyo nombre se volvería
más famoso con el correr del tiempo.14
Las aguas del río Santiago, como ya lo

hemos señalado, servían para proporcionar la fuerza motriz de las primeras fá.
bricas textiles que se instalaron en la
región.
e) El Proyecto Bernardo Sayago

Para principios de la década de los 40
del pasado siglo, Bernardo Sayago
(1805-1880), un comerciante local joven originario de Naolinco, recién ingresado al pequeño grupo de industriales textiles, empezó a destacar como su
principal conductor. Había ya adquirido
la antigua hacienda del Molino de Pedreguera (situada en la parte noreste de
Xalapa y en los principios del descenso
de las aguas del Cofre con las que se formaba el río Santiago) y procedido al establecimiento de la fábrica textil que
más larga vida alcanzaría.
Como miembro del nuevo grupo de
fabricantes y sobre todo por la localización de su establecimiento de hilados y
tejidos, Bernardo Sayago aparecía como
el primero en sentir los efectos que produjo la sequía de 1841 al disminuir
drásticamente el caudal de las aguas del
Santiago. Por ello se explica que de él
partiera la elaboración del proyecto que
fue presentado al Ayuntamiento para remediar en lo futuro los efectos de semejante tipo de fenómenos climáticos.
Las principales ideas de su proyecto
-como las del mejor proyecto que se
elaboró un siglo más tarde para resolver
por primera vez en forma seria el problema del agua potable de la ciudadfueron: a) considerar el río Pizquiac como la principal fuente de abastecimiento de agua para cualquier tipo de usos,
b) en recoger después todas estas aguas a
través de la construcción de una serie de
pequeños canales y c) conducir dichas
aguas hasta el río Sedeño para, a partir
de un punto de este río cercano ya a Xa-

�lapa, establecer una derivación que condujera el volumen de aguas agregado al
Sedeño por un caño (el de Otilpan) y
aumentar las aguas del río Santiago con
las cuales abastecer de agua suficiente a
las diversas fábricas instaladas en Xalapa.15

•••

El Ayuntamiento de la ciudad, como
ya hemos visto, apoyó al principio el
proyecto de los industriales porque vio
en él la oportunidad de resolver al mismo tiempo el crítico problema del abastecimiento de agua que se presentaba
en la parte norte de la ciudad. Sin embargo, en esos precisos momentos ninguno de los dos pareció percatarse de los
efectos que tendría sobre los antiguos
usufructuarios de las aguas del Pixquiac:
los importantes hacendados de la vecina región de Coatepec, particularm·ente
aquellos que eran los propietarios de las
haciendas de la Orduña, y Tuzamapa, y
a las cuales se agregaría tiempo después
también los de Mahuixtlán y Zimpizahua.16

les, tal como fue el caso del mismo Bernardo Sayago y su cuñado Luis García
TerueI. 17
En el caso de los propietarios de las
fábricas más grandes y antiguas de Xalapa, el problema del abasto de agua que
se agudizaba en la temporada de sequía,
los condujo poco a poco a sopesar en varios momentos los pros y los contras de
tener que hacer nuevas inversiones para
poder comprar las primeras máquinas a
vapor de baja presión y condensación
con que paliar en algo los efectos negativos que sufrían generalmente durante la
primavera.

2. EL DESARROLLO DEL PROBLEMA: LACONCE~ONOTORGADA
A ANTONIO SAYAGO A PARTIR

DE 1871 POR EL EJECUTIVO DIL
ESTADO
Fueron todos esos malos efectos que
entrañaba el problema del agua los que
obligaron finalmente al grupo de fabii.
cantes a presionar al gobierno del e.
tado para que tomara partido a su ÍIYm
en la cerrada pugna que estaban libra
do desde hacía ya tiempo con los hacendados. En los inicios del último ter,
cio del siglo XIX, nuevos Iíderes encahezaban ahora esa vieja lucha. Bemanlo
Sayago, para ese entonces ya de más de
65 años, empezaba a dejar el mando de
todos sus negocios a su hermano Antonio, imponiéndolo así como el principal cabeza de su grupo mientras qut
por otro lado los hacendados de Coatt
pee poseían a un nuevo miembro procedente de una rancia familia portefta:

CUADRO 3: Número de husos de las fábricas textiles de Xalapa en 1843.
Núm. de Husos

La fuerte oposición de estos poderosos propietarios locales de tierras, que
habían obtenido inclusive concesiones
importantes de las aguas procedentes del
Cofre a través de diversos medios, frenaría en forma sorprendente el ambicioso proyecto de los fabricantes durante
más de 30 años.

25

La suspensión del proyecto", que ya
había empezado a generar grandes expectativas entre casi todos los propietarios de establecimientos fabriles (como
puede observarse en el cuadro 3 por el
aumento del número de husos tanto en
acción como establecidos en las fábricas que ya existían en 1841 como también en las nuevas), aceleró la pugna por
la posesión del agua disponible aun entre algunos de los miembros más íntimos y tardíos del grupo de los industria-

en acción

Núm. de Husos
establecidos

Total

1,500

!bid.

1,500

B. Sayago

600

1,200

!,'10

Industria Jalapeña

José Welsh

3,000

!bid.

3,000

La Victoria
(antigua fábrica de

Feo. Fernández
D. Manuel Facio)

600

!bid.

600

Luis García Teruel

864

NOMBRES

PROPIETARIOS

Bella Unión

Vda. de El ías e hijos

El Molino

(o Libertad)

Lucas Martín
TOTALES
Fuentes:

6,564

2,200

3,064

9,964

Documentos para la historia del comercio exterior de México, La induilri, ,,.
cional y el comercio exterior (1842-1851 ), México, Publicaciones del BanCONt
cional de Comercio Exterior, S. A. 1962.

D, Guillermo Pasquel y Palma, ~uien
no desdeñaba ninguna buena mversión aun dentro de la industria de sus
rivales, pero sin olvidar por ello la viej~
pugna en que estaban enfrentados, m
tampoco su pertenencia al grupo de los
grandes señores de la tierra.
Antonio Sayago -con la fuerza que
lebrindaba el importante capital acumulado por su hermano, así como las relaciones que éste había ido tejiendo al
lravés de una larga vida personal muy intensa, aunque colmada también de muQ infelicidades familiares 18- resultó
d inmediato beneficiario del apoyo
otorgado por el gobernador Francisco
Hemández y Hernández para llevar al
cabo el viejo y ya casi arrumbado proyecto del abasto de agua a las fábricas y
a una pequeña porción de la población
dela ciudad.
Fue así como en noviembre de 1871,
al decidir Francisco Hernández y Hernández otorgar a Bernardo Sayago por
intennediación de su hermano Antonio
": ..una concesión que le daba en propiedad, y sin perjuicio de tercero, el
uso de todos los manantiales nacidos en
~ montaña 'Cofre de Perote'",19 que se
pudo romper con el impasse en que había desembocado el conflicto y los industriales gozaron, aunque sólo fuera
~r un corto tiempo, de las mieles de su
triunfo. Una vez obtenido éste se dedi~aron a poner en práctica sus antiguas
ideas con las cuales se empezaría a alterar drásticamente casi todo el sistema
hidro]ó~co de la porción oriental del
Cofre.
FJ grupo de los viejos hacendados, sin
dbargo, no se dio fácilmente por vencioo· Después de pasar en la década de los
. por un periodo de fuerte pugna judicial dentro de los tribunales del estado
lle fueron haciendo de nuevas y mejores

cartas que les ayudarían en forma decisi- Construido ya el sistema por medio del
va para poder vencer más adelante a sus cual se aumentó el caudal de aguas del
acérrimos rivales. La familia Pasquel se río Santiago en la década de los 70 (sishabía hecho en 1903 propietaria de la tema que empezó a ser conocido como
estratégica hacienda de Lucas Martín; de Sayago, o bien "acueducto de Sayaesta hacienda gozaba de una antiquísima . go "), los hacendados encabezados por la
concesión otorgada por cédula virrei- familia Pasquel determinaron llevar a
nal de 1643 sobre las aguas del importan- juicio el asunto relativo a la pertenencia
te río Sedeño, el cual resultaba capital, de las aguas del río Pixquiac, primero
como ya se ha indicado, dentro del sis- ante los tribunales del estado y después,
tema que construyeron -los industriales al serles adversos los fallos en éstos, anpara servirse de las aguas del Pixquiac. 20 te la Suprema Corte de Justicia de la
Esta añeja concesión sería hábilmente Nación. En mayo de 1882, el juicio fue
manejada un poco más tarde, cuando se ventilado en el Juzgado de Primera Insexacerbó más aún el pleito judicial tancia y resultó contrario a los promoto(1883), por la Familia Pasquel y los de- res que eran los hacendados Juana Palmás hacendados en contra de la conce- ma de Pasquel, Francisco de P. Pasquel,
sión que el gobernador Francisco Her- José Ma. Garazpe y Lic. Rafael Dondé.
nández y Hernández había otorgado a Todos ellos apelaron a su vez al Tribunal
favor de Sayago en 1871.
Superior de Justicia del Estado, el cual
emitió un fallo que les fue desfavorable. 21 Ello dio pie para la elaboración
3. LA AGUDIZACION DEL CONFLIC- de una serie de transacciones en las que
TO EN LOS MOMENTOS DE MA- se vio obligado a intervenir el Gobierno
YOR AUGE DEL PORFIRIATO. del Estado para buscar la conciliación
PASQUEL, GOROAPE Y DONDE de los distintos intereses. Sin embargo,
CONTRA ANTONIO SAYAGO
más tarde, los hacendados se manifesta-

CUADRO 4: Principal fuerza motriz de las fábricas textiles de Xalapa en 1900
Nombre de la Fábrica

Fuerza motriz

Lucas Martín

Hidráulica y vapor

80

Industrial Jalapeña

Hidráulica

60

La Probidad

Hidráulica

30

El Molino o San Bruno

Hidráulica

33

Fuente:

Potencia en caballos

Memoria del Gobernador del Estado Teodoro A. Dehesa, 17 de septiembre de 1902.
0:)
,_.

�ron otra vez inconfonnes. Debido a
eJio acudieron finalmente en 1887 a
la Suprema Corté, la que para su fortuna
les otorgó el amparo que solicitaron
contra la concesión proporcionada a Sayago.
" ... por haber privado a los quejosos
del uso y aprovechamiento de las
aguas de los manantiales de Perote
interrumpiendo injustificadamente la
q~ieta y pacífica posesión en que habian estado los dueños de las haciendas la Orduña, Tuxamapa, Zimpizahua, Mahuixtlán, de que ahora son legítimos dueños y propietarios los
quejosos". 22
Pese a este laudo favorable concedido
a dichos hacendados por el máximo tribunal de justicia de la nación, las quejas
de estos en contra de los industriales,
que siguieron usu fruc tu ando las aguas
del Pixquiac conducidas a través del sistema Sayago, no cesaron sino hasta que
empezaron a perder fuerza como resultado de los efectos que trajo consigo el
movimiento de 1910. Todavía para mayo de dicho año, el principal heredero
de la familia Pasquel: Guillermo Pasquel
y Palma, dueño entonces de la hacienda
de Lucas Martín, se quejó de que se había operado una descompostura en el
sistema Sayago (que no sabía si por el
transcurso del tiempo o por la mano del
hombre) que le estaba afectando seriamente en sus intereses, pues el nivel del
Sedeño "...sobre todo en la época de
escasez de aguas",23 había disminuido y
que las aguas estaban siendo conducidas
· en su mayor parte para la ciudad de Xalapa. En consecuencia, volvía a exponer
algunos de los problemas que habían tenido lugar con motivo de la construcción del acueducto Sayago, para después
pedir en hase a las transacciones que habían tenido lugar en los años de 1880,
que el gobierno de la ciudad, a quien co-

rrespondía ahora la propiedad de las
a~as del Pixquiac por la cesión que hab1an hecho sus anteriores propietarios,
tomara cartas en el asunto a fin de efectuar las reparaciones necesarias, cuyo
costo él mismo cubriría.

CONCLUSIONES
~I abastecimiento de agua a las fábricas
de hilados y tejidos que se empezaron a
establecer en Xalapa y su región desde
los finales de la tercera década del siglo
XIX, y que se pensó tener resuelto en
un principio para la mayor parte de ellas
recurriendo únicamente a las escasas
aguas que poseía entonces el río Santiag_o, se convirtió muy pronto en una particular barrera para su propio desarrollo.
Ese problema se agudizó drásticamente
con la rigurosa sequía de los meses de
abril, mayo y junio de 1841. Debido a
ello, los nuevos empresarios, a la cabeza
de los cuales se colocó entonces Bernardo Sayago, pensaron como solución aumentar ~l caudal de aguas del Santiago
co_n ~n sistema de canales que recogiera
prmc1palmente los derrames del río
Pixquiac, principal río de la vertiente
oriental del Cofre de Perote. El Ayuntamiento de la ciudad, por su parte, otorgó originalmente su aprobación a dicho
proyecto, poniendo sólo como condición el que se proveyera al mismo tiempo con parte de esas aguas al barrio del
Calvario que presentaba una crítica escasez de ella.
Frente a ese esfuerzo de los industriales de Xalapa por solucionar lo que se
había convertido ya en un serio cuello
de botella para la expansión de sus infantes empresas, se levantó la inflexible
oposición de los principales hacendados
de la vecina región de Coatepec, los propietarios de las haciendas de la Orduña
y Tuxamapa primero, y las de MahuixtJán y Zimpizahua después. Esta cerrada

oposición de los señores de la tierra y
de las aguas de la zona, como se creían y
se sentían lós hacendados, hizo fraea
y olvidar aquel proyecto por más de30
años.
Fue sólo gracias al apoyo que encontraron en el gobernador Francisco Hernández y Hernández que los industriales
pudieron, a partir de 1872, llevar ab
práctica su antiguo y ambicioso proyet•
to. La concretización de él en la realid.t
no los libró, sin embargo, de continua:
con engorrosos pleitos judicialesconl~
hacendados, especialmente a Antonio
Sayago ( relevo de su hermano Bernardo~
Pese a esa otra forma que asumió en
esos tiempos el conflicto, que llegóincluso hasta la Suprema Corte de Justicia
de la Nación y en donde finalmente~
hacendados encontraron el amparo, 1~
industriales pudieron seguir gozando de
las ventajas que les brindó el proyecto
realizado al engrosar un poco mÉ d
caudal de aguas del río que les abasltcía. No puede pasarse por alto, sin em•
bargo, que todo este problema del abasto de agua que enfrentaron todas las Úbricas establecidas en Xalapa y su rtgión, particularmente las localizadas a
un lado del río Santiago, constituyó un
poderoso freno para su expansión. ~
cual se reflejó casi siempre en el tan•
ño de su talla o dimensión.
El agudo problema del abasto ~
agua que experimentaron los industnlles xalapeños entre 1841 y 1871, clJIIO
consecuencia de la suspensión del ~iyyecto Sayago, junto con la agudjzaclOII
de la crisis económica interna de ~
años, posiblemente explique el c0111Po'·
tamiento que asumieron entoncesy_~
creemos reflejado a través de su
pal cabeza en esos tiempos: ~-Sayago. Frenado éste en sus uui:-.iniciales por realizar una obra que
gaba vital para la futura expall8l01

P:

~-

.. el/'"

~"!. empresa,

ap_esadumbrado por la
norteamericana que le tocó sorfearcomo principal autoridad de la ciu~ ,Y agobi~?º por diversas y graves
pérdidas fam1hares, dejó de invertir sus
inpo~tes capitales en empresas nue,. Y nesgosas y prefirió aquellas que
~ me~?s rentables, pero más seguras:
bmvers1on en numerosos bienes raíces
ylc. préstamos con hipoteca.

7.Ibidem.

■181011

8.Ibidem

(subrayados del autor).

9.Jbidem.
10.lbidem. _Véase

para mayores detalles sobre
~stºs pnmeros años de la industria textil
Jalapena, Sergio Florescano Mayet; Origen

Y desarrollo de la industria textil veracruza~. Siglo XIX: El caso de Xalapa y su regwn. 1837-1845. Ponencia presentada en

el ~erc.er Encuentro sobre el desarrollo del
cap1tahsmo en México. Siglo XIX. El enfoque regional, México, D. F., diciembre de
1984.

NOTAS
l.~ esos ~os sólo aparecerá una más en
el area vecma de Coatepec: La Purísima

en el lugar conocido desde tiempo atrá;
como "~os Puentes" Y a un lado del caudaloso 110 de Huehueyapan.

?.Cf. Luis G. Rendón, Introducción del agua
potable ª la c'.udad de Jalapa, Veracruz,
di,,.nte el gobierno del Lic. Jorge Cerdán

(mecanografiado), septiembre 15 de 1942

p. 21.

'

l.:repo a_unque incluía a los dos primeros
dos ran ingleses, éstos estaban avecinda-

atrás.en 1~ localidad desde algunos años
Jose Welsh para ese entonces estaba
~o ~a con una mexicana: Carmen Ba:Oe~1en !1 .Principios de 183 7 hizo la
par " solicitud ante el Ayuntamiento
del a , · · .hacer una represa en la baranda
111a no Santiago para dar movimiento a
~ueda de ª~ª _(sic) que impulsó la
~a de una fabnca de hilar algodones
ar1ensa_ poner en las tierras contiguas
Drient propiedad .. ." Archivo del AyuntaUbro O de Xalapa (en adelante AA X)
Acuerdos, 1837. Cabildo de E;e~
183•/~
Ouo 2 reverso.

r
4

¼._ 1841, Paquete J. Exp. 2.

~-

11. Cf. el inform: del jefe del Departamento
de Jalapa, lose Cowley, rendido en febrero
de ~831 y contenido en la renombrada estad1stlca publicada en ese año de acuerdo
a lo ordenado por el entonces gobernador
del estado, Sebastián Camacho: Estadistica del Estado-Libre y soberano de Veracruz, Jalapa, Impreso por Blanco y Abur-

to, 1831, Cuaderno Segundo (que comprende los departamentos de Acayucan Y
Jalapa), p. 67.
12. Luis G. Rendón, op. cit., p. 7.
13.Ibidem, p. I y
14.Ibidem, p.

17.

16.

15 ,A.A.~.! 184~, Paquete I, Exp. 2, F. 13 bis.
Tamb1en Luis G. Rendón, op. cit., p. 18 _
16 · M~n~el B. Trens, Historia de Veracruz,
Mex~o, 19,50, 6 Tomos, T. VI, p. 326-27,
Archivo Púbhco de Notarías de Xalapa
(en adelante A.P.N.X.), año de 19 lO Exp
27.
'
.
17. Socorro Benítez Guevara, La hacienda de
Lucas Martín a través de la historia Tesis inédita de Lic. en historia, Xalapa,' Universidad Veracruzana, 1984, p. 1OS.
18. A.P.~X., Testamento de Bernardo Sayago, ano de 1880. Sufrió la pérdida de su
esposa (Margarita García Teme!) y de todos sus hijos (lsabe4 Angel Luis, Rafael,

Eduardo y Amelia), ".. .los cuales murieron en edad pupilar por los años de mil
ochocientos cuarenta y seis á mil ochocientos cincuenta y seis".
19. Trens, op cit., T. VI, p. 326.
20.A.P.N.X., añode 1910,Exp. 27.
21. Trens, op. cit., T. VI, p. 327.
22.Ibidem.

23.A.P.N.X., año de 1910, Exp. 27.

�COLABORAN EN ESTE NUMERO:

ia éctica
No.IS

En este número se publican:

...

GEORG TRAKL. Nació hace cien años
en Austria, en Salzburgo, y murió en el
frente mfüar de Cracovia (1814). "Poet.a maldito": incestuoso, drogadicto, suicida. Se le ubica en los inicios del movimiento expresionista alemán, junto a
Georg llcyni, Elsc Laskcr-Schiilcr, Cottfried Benn y Bertolt Brecht. Autor de
Gedichte (Poeslas, 1914), Sebastian im
Traum (Sebastián en el sueño, 1915,I

sé Vasconcelos (1986 ).

RAUL RANGEL FRIAS. Monterrey,
Nuevo León, 1913. Abogado, político,
escritor, maestro. Creador de la Ciudad
Universitaria de Nuevo León y de la Facultad de Filosofía y Letras. Rector de
la UANL (1949-1955) y Gobernador del
Estado de Nuevo León (1955-1961). En
su juventud formó -junto a Octavio
Paz, José Alvarado, Salvador Toscano y
JOSE MARIA LUGO. Nació en Mana- otros- el grupo Barandal. Algunas de
gua, Nicaragua, en 1936 pero ha publi- sus obras: Cosas nuestras, Gerónimo
cado gran parte de su obra poética en Treviño, Kato, El Reyno, Testimonios y
Monterrey. Colaborador en los años se- Secuencia de Reyes : las palabras.
senta, de las revistas Apolodionis y SaGERARDO PUERTAS.Monterrey,Nuelamandra.
vo León, 1959. Maestro en derecho por
SAN JERONIMO. (347-420). ació la Harvard Law School (1984). Profeprobablemente en Dalmacia, fue discí- sor de materias de su especialidad en
pulo del gramático Elio Donato y se re- la Universidad de Monterrey. Editolacionó con los mayores centros intelec- rialista del periódico El porvenir. Obtuales de su tiempo. Ordenado sacerdo- tuvo el tercer lugar en los Juegos Flote en Antioquía, llevó vida eremítica rales convocados por el Ayuntamiento
por algunos años y más tarde se trasladó de Monterrey el pasado 1986.
a Roma, donde comenzó la traducción
de la Biblia al latín, versión conocida co- FRANCISCO CERVANTES (Querétaro,
mo la Vulgata. Además de esta extraor- Querétaro, 1938). Poeta y traductor.
dinaria traducción a la que dedicó los Recibió la beca de la Fundación Gugmejores años de su vida, San Jerónimo genheim eri 1977-1978. Es el principal
escribió obras históricas como De viris divulgador de la literatura de lengua porillustribus y estudios críticos, filológi- tuguesa en nuestro país. Su obra poética
cos y de análisis textual de las Escri tu- quedó recopilada en el libro Heridas que
ras. Doctor de la Iglesia, se le considera se alternan (Fondo de Cultura Econóel más sabio y elocuente de los Padres mica. 1985).
latinos.
OLGA ARIAS (Toluca, 1923). Vive en
Durango
desde hace muchos años. AutoJOSE ROBERTO MENDIRICHAGA.
ra
de
medio
centenar de libros de poeMonterrey, Nuevo León, 1944. Licenciado en Filosofía por el Instituto Su- sía, cuento, novela y relato infantil. Poeperior Autónomo de Occidente (hoy sía, antología mínima de su obra, fue
U IVA), maestro en Letras por la publicada por Oasis en 1982, con próloUniversidad Autónoma de Nuevo León, go del poeta jalisciense Elías Nandino.
donde imparte clases desde 1974.
Actualmente colabora en las páginas edi- EVODIO ESCALANTE. Poeta y crítico.
toriales y culturales de El porvenir. Ha Nació en Durango, Durango, en 1947.
publicado: La letra y la tinta (antología Autor, entre otros, de los libros: Revueltas, una literatura del lado moridor
~ periodística, 1981) y La estética deJ o-

(1979) y Tercero en discordia (1982~
THOMAS G. PAVEL. Nació en Buearest, Rumanía. Actualmente es profesor de estudios literarios en la Univemidad de Quebec en Montreal, Canadá, e
imparte cursos en la Universidad de
Harvard, La Ecole des Hautes Etudesen
Sciences Sociales, de París, y la Univenidad de Amsterdam.
MANUEL CONTRERAS RAMOS. Nació en Ciudad Victoria, Tamaulipas, en
1947. Psicoanalista de origen médico.
Catedrático en la Escuela de Graduad«de la Facultad de Psicología, en la
UANL.
ELENA RA';GEL Hl"'OJOSA. Psicólo~a. ~ació en Monterrey, N. L. Tra·
l,aja en el área tic educación csp1-cial dt
la Secretaría de Educación Pública, en
la ciudad &lt;le México.
ROLANDO GONZALEZ. Licenciadoen
psicología por la Universidad Autónoma de Nuevo León.
MARIA INES PEREZ LUBRlNA. (J•
mes Craik, Córdoba, Argentina, 1~}
Estudió la licenciatura en psicolog1aen
la Universidad acional de Córdoba. 1
tiene una especialización en psicoant
lisis y una maestría en enseñanza superior por la Universidad RegiomontanlSERGIO FLORESCANO MAYET. L,.
vcsti~ador del Centro &lt;le luvrsti~ ~
Históricas del Instituto de Inv1:5~Viones Humanísticas de la Univers1oau ecracruzana.
ARTURO FLORES (Monterrey, ,
Estudios en la Academia de San. tlt,1/
(Escuela Nacional de Artes Plas
UNAM). Su obra posterior se ha~
trado en galerías del norte delJ.8.!.,
sur de Texas y en la capital de .uu-r---

México YNicaragua ante la poi ítica de la administración
Reagan.
Gabriel Vargas Lozano, La recepción del marxismo en
América Latina.
Néstor Garc/a Canclini, Gramsci y las culturas populares de
América Latina.
Pablo Guadarrama, Tendencias en la recepción del marxismo
en el pensamiento filosófico cubano.

Jaime Tamayo, Julio Antonio Mella y el marxismo en el
movimiento obrero jalisciense.
Gustavo Vargas Martínez, Pensamiento socialista en Nueva
Granada (1850-1860).
Jaime Mesardo, El marxismo de Mariátegui.
Pablo Guadarrama, Reflexiones sobre la filosofía de la
liberación latinoamericana.
J
~
José Luis Balcárcel, La rece~pción del socialismo en
Guatemala.
Osear Terán, Filosofía y cultura política en la
•
Argentina (1956-1966) .
-Textos de Juan Mora, Francisco Galván
~---y Enzo Segre.
•

1

1

.

~
,_.. ~

Escuela de Filosofía y Let ' ·.
Universidad Autónoma de PuebrM

�</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751773&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Deslinde, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 1987, Vol. 6, No 15, Enero-Marzo</text>
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              <text>Mendirichaga, José Roberto, 1944-, Coordinador Editorial</text>
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              <text>Revista de literatura de la Facultad de Filosofía y Letras. Contiene poesía, narrativa, ensayo, traducción, reseña, y otros géneros literarios. Fundada en 1982. </text>
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              <text>Covarrubias, Miguel, 1940-, Director</text>
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              <text>Salazar, Humberto, 1959-, Secretario de Redacción</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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