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                  <text>¡

1

�UNIVERSIDAD AUTO NOMA DE NUEVO LEON
RECTOR: Ing. Gregorio Farías Longoria
SECRETARIO GENERAL: Ing. Lorenzo Vela Peña
1

FACULTAD DE-FILOSOFIA Y LETRAS
DIRECTOR: Lic. Bernardo Flores Flores
SUBDIRECTOR: Lic. Ricardo Villarreal \rrambide
SECRETARIO ACADEMICO: Lic. José ~Iaría Infante

·1

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
NUMERO 17 / VOLUMENI/I / JULIO-SEPTIEMBRE DE 1987

1

1

l.1

CONSEJO EDITORIAL
Lic. Nora Berumcn de los Santos
Lic. 1\1artha Casarini
Lic. Armando Gonzálcz
Lic. Miguel Conzález
Lic. María de los Angeles Pozas
Lic. Genaro Saúl Reyes Calderón
DIRECTOR
Miguel Covarrubias
SECRETARIO DE REDACCTO!\
Humberto Salazar
OFICJ 'AS
Facultad de Filosofía y Letras. liAl\ L.
Ciudad Universitaria. san Nicolás de los Garza, 1\. L.
:\IEXICO

Publicación trimestral.
Precio del ejemplar: Sl,000.00 \J.~.

�SUMARIO

4

BERTOLT BRECHT
La voz del enemigo

7

JOSE LUIS OROZCO
La formación del estado corporativo en los Estados Unidos

7oIRMA BRAÑA

Algo más sobre la conversión de Sor Juana

·73 ALFONSO RANGEL GUERRA / HUGO PADILLA
Dos revistas de Monterrey

CHARLES BUKOWSKI

13 Los mellizos

15

JOSE MARIA GONZALEZ
¿ Crisis de la democracia representativa?

DIONICIO MORALES

23 El caracol

HERON PEREZ MARTINEZ

2 5 Los refranes exclamativos
DE LA COLINA
38 JOSE
Poesía: moneda para comprar nada

COVARRUBIAS
40 ElMIGUEL
ultraísta Pedro Garfias

43

MENNO VELLINGA
Amor latino: ejemplos de la cultura popular

SUSANA BIANCHI / NORMA SANCHIS

5 6 Las madres de Plaza de Mayo: la politización de lo doméstico

6 2 FIDEL CHAVEZ
El regreso

Ilustran estf' número viñetas de Gerardo Cantú

�LA VOZ DEL ENEMIGO

Bertolt Brecht
CUANDO LLEGA EL MOMENTO DE MARCHAR

...

Cuando llega el momento de marchar, muchos no saben
que su enemigo marcha a la cabeza.
La voz que les ordena
es la voz de su enemigo.
Quien habla del enemigo
es el propio enemigo.

LA MASCARA DEL MAL

De mi pared una talla de madera japonesa pende:
máscara de un demonio maligno, barnizada de oro.
Compasivamente veo
hinchadas las venas de la frente, reveladoras
de cómo fatiga ser malvado .

Wenn es zum Marschieren kommt
Wenn es zurn Marschieren kommt, wissen vielc nicht / Dass
ihr Feind an ihrcr Spitze marschiert. / Die Stimme,
die sie kommandiert / Ist die Stimme ihres Feindes. /
Der da vom Fcind spricht / 1st selber der Feind.

Die Maske des Bosen
An meiner Wand hiingt ein japanisches Holzwerk / Maske
eines hosen Diimons, hemalt mit Goldlack. / Mitfühlend
sehe ich / Die geschwollenen Stimadem, andeutend /
Wie anstrengend es ist, hose zu sein.

�FORMACION
DEL ESTADO CORPORATIVO
N LOS ESTADOS UNIDOS

José Luis Orozco
EPITAFIO
De los tigres escapé.
\ chinches alimenté.
Y devorado me sé
por puras mediocridades.

Epitaph
Den Tigern entrann ich / Die Wanzen
erniihrte ich / i\.ufgefressen wurde
ich / Von den \1ittelmiissigkeiten.

Ver,ione, de Miguel Covarrubias

ciencia :-in adjeti\·o:, parrce rc&gt;eminicio del :,iglo la pmprctiva
binista ori¡dnal. lo cirrto c&gt;s que, rn
plano de las ciencia:. de la conducta
meamericanas, el e,,¡ueleto corporatifill ae instala rnmo el referente episte..lógico articulador del pluralismo, la
aaúnistración científica \', afio,, más
lllde, del e:,tructural-funcionali:.mo. A
~ optica , penceriana puede justamente
lllihuirse el &lt;JU e. ~11 í donde :\larx desCllre el potencial ~ocializador de la or,-.ción capitalista, el ren~micnto
-1 norteamericano no dc&gt;scubra :-ino
■ potencial individuali:,ta ) rlitista. \J
aonimizar la:, pauta;; de la administraaon emprr:-arial ) la nueva tecnolo¡;ía
idustrial con la catrgoría de la raciona&amp;dad, al volver antitética~ la drrnocracia
la eficiencia, la corporación puede clelale a paradi~rna políticamrnte univerlllizable. \ sí, la corporación pro) reta
• modelo ideal de las relaciones indusbiales ) financiera. hacia las relacione:,
llciales ) políticas ) reduce el espacio
lllre la microeconomía cm pre:-arial ) la
lllcroeconomía política.
1111

lndustrv. William Ghcnt, socialista, vr a tica creativi,ta ) productivista de la,,
la cor¡;oración irrewr:,iblf'rnrntr engra- élites.
nada en rl ,;istema inrlu~trial ) anuncia,
más al tono de los reeorsi de Vico que al
Esceptico an te una drmocracia políde la pro¡rre,-ión histúrica dr \larx, rl
tica vi"ta como "producto tardío ) arreencuentro con el feudalismo, "fruda- tificial·•. carrnte ele "iclralrs especiales
fürno henr\olo ,. ,i bien. Finalmente, de vida•· , '·naturalmente celosa de la
sindicalista, Samurl Gornp&lt;'r:, invita a la grandeza•·; Santa) ana se inclina con :,U,;
clase ohrcra al business unionism pon¡uc coterráneo,. dr la l\ u&lt;'va Inglaterra rn
rl trust r:- rl modelo dr la acti\idad fa, or de la rmincncia. ··La teoría clrmoasociada ) porque, en las condicionrs crática ~e rquirnca a todas luce:, ,;j se
corporativa,; modPrna,,, la trO¡!e conscio- imagina qur. la &lt;"minencia no C:,, naturalusness ocupa ahora el lugar de la class menl&lt;' rrpre,;entati,a. La eminencia es
consciousness.
sintética } rrpm;enta lo &lt;¡uc sintetiza·•.
\nte rl puehlo incapaz de crear al 1-:,taPero 1•1 paradi¡..rma corporativo no :,,e do, rapaz "irnplcmrnte de controlarlo
circun:,cribe a ofrecer la utopía organi- rnvidio,,a ) torpernenlt', ~anta)ana
zativa ) oprrativa del capitali~mo. \n- apunta qur " rl F,tado admini,trarlo e,..
te el populi. mo que reclama rl r&lt;'lorno una prodigiosa maquinaria hi::.tórica que
a la democracia a¡..rraria o ante rl perio- va autocreándo~r. Lo., \otos populares
dismo muckraker que rnarhola la ba11- jamás han &lt;'stahlecido la familia, la prodera del liherali:,mo reforrni,-ta 1, aqur.l piedad pri\ada, la,.. práctica:, religio,a:,
bo:,t¡ucja y alimenta los im prrativos ca- o la,. frontera:, intt&gt;rnacionale~. La:, instegóricos de la rrcomersión industrial titucicmrti, lo:, irlrales } los adrninistrade la sociedad nortearnrricana. Promo- dore, prrl&lt;'necen todo,. a una categoría
vida por la gran figura crn pre;;arial ) que jamás pudo haber ;-.ido producida
política del tirmpo, por \larcu:, \Jonzo por la,; clase:- popularr,, ,._ Ante el soHanna (1837-1904). la c·orporaciém drja calisrno )' rl rrfonnisrno. Santa) ana rs
Ni siquirra el :,ocialismo norteameride ber un mero instrumento administra- claro: ''Si la d,·mocrada ~ocial pudi&lt;·ra
Cllo &amp;e :;u,trae a la ilu::;ión corporativa.
dor \ movilizador de f'apital para con- nutrir una nuern ci\'ilización a partir
F.dw•d Bdlarny, nacionalista, gira en vrrti;se rn un porkr moralizador en tan•
dl'I pueblo, esta nueva civilización sería
•nersiom•, novelada, sohre la sociedad
to la eficacia, dentro rl&lt;" la nue\·a línea má,. profunda ~ má penetrante c¡ut· la
r.i.. de la impugnación a la empresa dr i&lt;leas, es moral rn sí. Por otra partr,
nuestra. Prro indudabl,•mentr que no
tlpítalista a la biemenida a la utopía
acercánclo,-e más a la filosofía poi ítica, ¡,uedr. Lo que trnrrno:, drscansa en la
ij Gran Trust ) su corporativismo sin
la corporaciún traza natural ) orgánica- conquista ) la conwr,i(m, rn el lidrrazflpitaljlllllo, dominado rxclusivamrnte
mente los parámetros r&lt;'ales de la volunla capacidad v el talento de una ,:lite tad i.ocial. En medio de la rnluntad rfo go ) la irnitacitÍn, en la surieriorid;irl y
lllhiatriai que, pr~sagiante de lo:, Sovirts, pod1·r indhiclual a la \\'illiam James ) la :.urnisi,ín. Aliolir la ari~tocracia en el
11eabeza al ·•rjército industrial·· del fu- la voluntad de poclrr colectivo-nacional sentirlo drl privilegio social y la autoridad ~antificacla sería amputar la foente
'- W'tlliam Demarr,t Llovd, rc&gt;formisa la ]osiah Ho) c·c•. GPorgc Santayana de la cual ha dimanado ha:-ta ahora toda
gira igualmente de la c~ítica al "tri2
de la imitación" que el pueblo de- (1863-1952) sanciona en 1905 una nul'- cultura".
"8dir a la corporación } eleva como va teoría dr la racionalidad que, todavía sin las connotaciones corporativas
La enunciación drl cliti,mo rnrporaIOcial al publiNeromg Captain of
ulteriores,. abre el camino para una mís- tirn no puede empero dar,;r f'n los tra--l

flmr al

�Bentley man:.iene al laissez faire como excelencia, Marcus Alonzo Hanna. En
d mrcanismo de ajuste de los intereses, Hanna, Croly encuentra personalizada b
el corporativismo dirigista a la Croly dialéctica del interés empresarial y el inplantea un estatismo mercantilista que terés nacional. Arquitecto de sus planes,
no subordina a las corporaciones sino las ingeniero de su maquinaria, "fuente
concierta y coordina en función del in- real de la energía" del Partido Republi,
terés nacional. De esta forma, el verti- cano durante la decisiva campaña eleccalismo político de Croly ofrece la posi- toral de 1896, Hanna encarna el nuevo
bilidad de que, depurado de su irracio- prototipo político pragmático y mananalidad y sus desaciertos europeos, el gerial. Irn perialista hacia afuera, corponacionalismo coincida con la democra- ra ti vista y sindicalista hacia adentro,
cia y se trad uzca en la eficacia adminis- s:. magro conocimiento de la econom~
trativa nacional. Lo cual no equivale al y la historia lo desti'na paradójicamente
reino de la burocracia: de permitirse su a simbolizar la más lúcida pr&lt;Jl(ma cor·
interferencia, aclara Croly, "la flexibili- porativa. "En la medida en la que sus
dad y la acometividad, características de negocios y su vida poi ítica habían cirnuestra organización económica nacio- cunscrito su experiencia personal, sus
nal existente, desaparecerían lentamen- teorías eran correspondientmente
te". El elitismo corporativo asume un parciales e inadecuadas. Pero su expe·
contexto nacionalista. "La ventaja pecu- riencia personal en todos los asped~
liar de la organización de la industria humanos de los negocios había sido lar·
americana que ha sido forjada gradual- ga y edificante, y el pensamiento end
se reflejaba se volvía por igual lomente durante los últimos cincuenta cual
.
.
,, 5
años reside precisamente en la oportuni- mmoso y smcero .
dad que ha ofrecido a _los hombres de
Si en 1909 y 1912 el elitismo corpohabilidad excepcional para llevar a cabo
un trabajo económico realmente cons- rativo se mueve en las coincidencias en·
tructivo. El interés público nada tiene tre democracia y nacionalismo, para
que ganar con la mutilación o la destruc- 1914, y al contaclo con el taylorism~!
ción de esas instituciones económicas la administración científica, la rnd
ca del liderazgo industrial y poiítico ~
nacionalizadas ".4
A lo interno, la corporación queda torna más pautada e impersonal. ~~
como la selectora del mejor liderazgo Croly da constancia de un "espiritl
económico; a escala social y derivado de científico" que se introduce con_~
allí, el nuevo elitismo a la Croly, a la métodos en "la maquinaria capitafista.
incrementar. "la plusvalía ecOOo"
Walter Weyl y a la Walter Lippmann, .y lo"ra
h
•
mica
de
la cual depende la csperaDU
Pero si los modrlos de la política de eleva a la corporación a generadora y
11
presión que dibuja Bcntley se ·'oprracio- distribuidora de la plusvalía social. El la liberación humana". Al tono de
nalizan" hasta años después, la "nurva arte del Estado consiste entonces en tiempo y su país, Croly confí~ ¡¡(di
síntesis'' entre el corporativismo y el na- adecuarse a la dinámica productiva de en una ci;n_cia "pacie1~te, rcílex'.:ª•~
cionalismo norteamericano se presenta la corporación, en reconocf'r en ella la tica, orgamca y dcsmtercsada ·
rn 1909 con The Promise of American fuente verdadera del liderazgo, y Croly ella, con su disciplina, con su feU~
Life de ITerbcrt Croly (1869-1930). Al lo documenta pocos año~ más tarde en of spirit, la auténtica democra~ lt!
lado del pluralismo negocialista que en su apología del héroe corporativo por dustrial deviene alcanzable. Lej08

zos de un aristocratismo tan abierto como el de Santayana. El gran viraje intelectual norteamericano consiste precisamente en i:·..,,::rtar a la corporación dentro del proceso competitivo-democrático y, una vez legitimada allí formalmente mostrar a los dispositivos corporativos corno los únicos capaces de conciliar
la democracia y la eficiencia. Creador incuestionable del pluralismo corporativo .
Arthur Bentley (1870-1957) registra el
agotamiento bajo las condiciones modernas de la política centrada en torno
al individuo, a la clase social y al Estado.
En su The l'rocess of Government
(1908), la corporación aparece como el
"grupo de interés" que transparenta
idealmente "las Iíneas estructurales de la
actividad de la sociedad entera". Modelo
organizativo, la corporación es también
un modelo participatorio y selectivo, y
de allí que sus pautas corrijan incluso
las deformaciones delllocráticas de la
competencia. Así, el esquema corporativo determina en Bentley la forma que
asumen las presiones en el sistema: de
él adquirren los grupos en competencia
un "método técnico" para incrementar
su eficacia en el mercado político. Las
rules of the game del pluralismo norteamericano reproducen darwinianamente
la selcctiviclad y la organicidad que serán vertidas cibernética y matemáticalllCnte en la ciencia política posterior a
la Segunda Guerra 1\lundial.3

...

co

"las autocracias de negocios", el espíritu de los "talleres científicamente
administrados" conduce al autogobierno
yéste a la disciplina, la inspiración y el
desinterés. A escala directoria), empero,
la figura imprescindible será la del gran
anpresario, si bien en su imagen se da
18 giro de varios grados - "los Napoleollftl de los negocios están siendo reemplazados por los Von Moltkes". "El
héroe de la revolución industrial", asienta Croly , "es el promotor flexible y
enérgico que adivine la oportunidad de
atablecer nuevas empresas y que pueda
disponer del capital y la habilidad necelll'Íos, pero que él mismo sea esencialllente un pionero, un sportsman y un
~~r~, 2ue viva en consonancia con la
DICIOn •

Punto de convergencia de lo público

lo privado, la corporación se afirma
como_e! eje científico y pedagógico de
Y

b actmdad moderna. Una administra-

tión científica que se proyecta nacional~ te en la plusvalía social e internaaonalmente en la expansión de los mertados h~inda la ocasión de recuperar el
!Oluntansmo político. ~upuestamente
~ do la lógica de los partidos, la
~cidencia "progresívista" entre la
IIIStocracia de la fuerza de Theodore
~velt y la aristocracia de la eficien~e Woodrow Wilson invita a Walter
~ "}~nn (1889-1974) a proclamar mar.avelica
y nietzscheanamente el arribo
IIQ p , .
Yohi ~mc,~e pragmático que opaca recionariamente a los "rutinarios"
~ Consen:adores), a los "remendones"
L refonn1stas) y a los Utopia-makers
\"18 radicales).

Con Wilson, Lippmann enfrenta la
pción maquinista del gobierno"

de la Constitución, sus copias inconscientes de "la teoría newtoniana del universo" y, particularmente, una democracia que ahoga "las fuerzas vitales":
"celosas de todos los individuos, las
democracias han recurrido a las maquinarias. Han intentado borrar el poder
humano, minimizar la influencia de la
personalidad". 7
Crolyianamente, y puesto que "el objeto de la democracia no es el de imitar
el ritmo de las estrellas sino el de uncir
el poder político a lo que la nación requiera", Lippmann pide una "hombría
alerta de Estado" que combine en la
psicología y en la mitología a la sabiduría y la audacia. Con William James,
Graham Wallas, H. G. Wells, George
Santayana y, fundamentalmente, Georges Sorel, abandona el viejo racionalismo y busca "la naturaleza humana total" para que el Príncipe cuente con el
catálogo de recursos racionales e irracionales que le permita operar flexiblemente en medio del cambio revolucionario .
Al año siguiente, Lippmann será más explícito con la corporación visualizada, a
la manera de Croly, como la creadora
de "los fondos del progreso" en tanto
factor productor de la plusvalía social.
Equiparables a sus creadores o inventores políticos de 1913, sus "hombres modernos de negocios" de 1914 poseen el
adiestramiento científico que garantiza
la generación de riqueza y, sobre todo,
poseen el respaldo de la organización
idónea para hacerlo. "Dondequiera que
podáis substituir un hombre por una
máquina, un trabajador deficiente por
un buen trabajador, un ejército de jornaleros por unos cuantos managers asalariados, vosotros habréis situado algo
de la plusvalía social. Los trusts han si-

do los líderes en este trabajo". 8
Cuestionador de la organización corporativa e implícitamente de la ecuación corlyiana y lippmanniana entre
ciencia y democracia, Thorstein Vebien (1857-1929) emprende rlesde 1904
la crítica a una instancia que, con todo
y establecer 'ia disciplina del proceso
maquinista·• y racionalizar con ello la
actividad productiva, queda no obstante mutilada en su racionalidad por
la lógica del desp·erdicio y el desacoplamiento entre el desarrollo de las
fuerzas productivo-tecnológicas y la propiedad privada ausentista y los intereses
9
creados. Advertido de la contradicción
entre ese desarrollo productivo y "las
obsoletas ideas de propiedad" con su
cauda de nociones triviales como el
·valor, el precio o .la ganancia, Veblen
constata al terminar la Primera Guerra
Mundial cómo la lógica productiva de
la industria parece rebasar tanto a la del
gobierno como a la de los negocios mismos. Sus artículos de 1919 en The Dial
Quego recopilados en 1921 en The
Engineers and the Price System) se prestan así, en medio ele la "histeria roja''
postbélica y la pretendida amenaza de
la revolución rusa, a que algunos lean en
ellos "el manifiesto de la tecnocracia".
La concepción materialista de la historia indica allí a Veblen que la "fuerza
motriz" del cambio reside en "un cuefpo masivo de conocimiento tecnológico" y que, puesto que "puede decirse
que los técnicos representan la comunidad corno un todo rn su poder industrial", cualquier cambio revolucionario
en los Estados Unidos es ·'una cuestión
sobrr qué es lo que hará d ~rrrmio de
los técnicos''. A ellos correspondena pa-

�o

..--f

ra Vehlen rom pPr las viejas relaciones &lt;le f-IPrhert Croly no duda en proclamar a
producción y formar un "'dirPctorio ", mediados rle 1928 la llegada del revun "Soviet de Técnicos". "Las probabi- filosofo de! nuevo capitalismo polílidades de algo como un Soviet en Amé- tico en la fi~ra de Herbert Hoover.11
rica", reza la conocida fórmula de Ve- Aun_c¡ue el crack de 1929 ponga en tela
blen. "son por lo tanto las probabilida- de juicio la nueva mitología, son !:'icott
des de un Soviet de técnicos". "Y y sus seguidores quienes mantienen la
-se apresura a añadir- para la debida fe tecnocrática. Life in a Technocracy,
tranquilidad de los Guardianes de los de Harold Loeb, valida en enero de
Intereses Creados y los buenos ciuda- 1933 un proyecto que, trascendiendo
danos que conforman su entorno su- la corrupción y la miseria del gobierbordinado, puede demostrarse que cual- no político, pide organizar de maquier cosa similar a un Soviet de Técni- nera corporativo-sindicalista la sociedad
cos es cuando más una remota eventua- y confía su dirección a los expertos más
lidad en América". Característico en él, competentes vinculados a su vez con los
el escepticismo en torno a la desapari- obreros organizados. Al enfrentarse a la
ción de la propiedad o los intereses anti-economicidad del político, Loeb
creados ante la racionalidad industrial también se enfrenta a la anti-socialidad
le lleva a percatarse de cómo se incor- del empresario: la viabilidad de la tecpora la clase obrera norteamericana al nocracia depende así de que ésta asuma
proyecto capitalista y de cómo los téc- no sólo las funciones polilicas sino las
nicos, los ingenieros y los expertos in- de la iniciativa privada misma. "La produstriales desarrollan hábitos ajenos, si piedad en la industria", sentencia Loeb,
no es que contrapuestos, a la revolu- "es tan obsoleta como el feudalismo .
ción. Conclusión: los financieros y los Las fábricas están pata ser utilizarlas,
patronos continuarán disponiendo para no para ser poseídas. El gobierno poVeblen de las foerzas industriales en lítico está probablemente tan pasado de
función &lt;le sus ganancias. 10
moda como el derecho divino de los reyes " 12
El escepticismo del materialismo hisA pesar de que plantee los imperatitórico de Veblen no será sin embargo el
vos
de los sectores tecnológicos de vanánimo predominante en la New School
guardia,
el elitismo corporativo nortefor Social Research a la que. se incorpoamericano
no se inclina a confiar el
ra en 1919. Allí, y a partir de 1920, se
consenso
en
torno suyo a un moviaglutina en torno a la figura de Howard
miento
que,
tras
la creación en marzo
Scott Pi movimiento que anuncia la
de
1933
de
Technocracy
Inc., dirigida
cancelación de las viejas estructuras ecopor
Howard
Scott,
apunta
hacia una
nómicas y políticas y, con ellas, de la
heterodoxia
patrimonial
y
económica
mala administración, el desperdicio y la
ineficiencia. Pero el optimismo geren- cercana más al fascismo que a un marcialista no se circunscribe a un ¡,-u- xismo fosilizado en la "filosofía de la
po: la prosperidad y el fordismo de los escasez" y la reliquia teórica del valoraños veinte universalizan de tal manera trabajo. Al arribo de la Segunda Guerra
al personaje del ingeniero que el propio l\lundial, al impulso de una propaganda

que postula a Scotl como Director Ge.
neral de Defensa, al uso de los trajes y
los automóviles grises, al brillo de sus
emblemas y sus llamamientos ~tivistasy
populistas al "amcricanismo ", Daniel
Bell no duda en 1942 en equtarar el
tecnocratismo y el fascismo. 3 Una
ideología que rechaza al liberalismo yla
democracia invocando a la •'élite natural" y la dictadura de los ingenieros en•
tra así en una dimensión abiertamente
disonante con el sistema norteamericano de hacer creer: la legitimación de la
corporación deberá moverse entonces en
un- ámbito menos oligárquico, más
pragmáticamente plástico y plural, el del
universo 1íquido de la separación de la
propiedad de la mana¡;ement y el control que enuncian Adolf BPrle y Gardi·
ner Means en 1932.
Visualizando al iwial que Veblen o
Loeb a la corporación como una fonna
organizativa infra y suprapoi ítica, Berle
y Means resuelven en el juego pluralista
el problema que aflige a aquéllos, el de
la superposición de "la organización de
la propiedad'' que traba anacrónica·
mente el desarrollo fluido de las fuenas
productivas. "La visión de numerosos
historiadores insiste en que, visibles oinvisibles, los intcre,;es patrimoniales han
dominado en todos los tiempos", consignan Berle y Means; sin embargo, d
propio desarrollo organizativo de ~
corporación moderna determina, al ladó
de la "atracción centrípeta" que ;
centra la riqueza y ''arroja el con
en las manos de cada vez más Ymas
pocos hombres", el surgimiento de
modalidades "sólo comparabl~s ~ las~
sistema comunista". "La pecuiiandad
la forma corporativa", asientan Bede
Means, "reside en que somrte los

chos económicos, hasta ahora conocidos
como derechos de propiedad, a las exigencias de la soberanía en un grado peculiar y drástico y en función de fines
mucho más limitados".14 No solamente se trata de que el capitalista
pierda allí su jus disponendi y que de
"cuasi-socio, gerente y empresario" pase
aser un simple apartador de capital: la
corporación misma, al actuar dentro
mercado público y del sistema bursátil
que incrementan la líquidez del capital,
la corporación misma, al actuar dentro
del mercado público y del sistema bursátil que incrementan la liquidez del capital, hace que el valor pierda su concreción y mensurabilidad. Fuera ya de la
'1ógica tradicional del capital", la corporación separa la propiedad pasiva e
impersonal de la propiedad activa y orgánica y sanciona una instancia socialir.adora de la riqueza de la cual prácticamente todos resultan accionistas directos o indirectos.
Por dos vías distintas, la tecnocrática~utoritaria y la accionaria-pluralista, la
literatura corporativa norteamericana le~tima a la altura de 1932 y 1933 un elillsrno corporativo empresarial que parece diferir plenamente del elitismo personalista y político europeo. Bajo las
~?dalidades asépticas de la adrninistracton científica, del desarrollo tecnoló~co o de la distribución en aumento del
cap!tal accionario, la corporación de negocios ocupa empero políticamente un
lugar tan decisivo como el del Estado
Ni el pluralismo ni el liquidismo impi~
den entonces que Berle y Means suscriban las ideas formuladas por Walther
Rathenau en 1918 en el sentido de que
'1a empresa deviene transformada en
-. institución que se asemeja en ca-

rácter al Estado". "De acuerdo a ello",
concluirán ambos, "el derecho de las
corporaciones bien podría ser considerado como un derecho constitucional
potencial para el nuevo Estado económico, mientras que la práctica de los negocios adquiere cada vez más el aspecto
del arte económico del Estado". 15
Al constituirse en el punto formalmente más cercano a la categoría del
Capital Tatal, la corporación pliega a
ella las modalidades concretas de la planificación del New Deal. Con todo, y
porque la homogeneidad capitalista global nunca se da, la corporación no puede saltarse los parámetros de la democracia pluralista en tanto reflejo político del mercado y la bolsa de valores.
La corporación no operará sino como
corporaciones, como unidades particulares y (relativamente) plurales de capital, privilegiadas como un todo pero
contrapuestas entre sí en las fases particulares de su actividad. Integrado y
desintegrado dialécticamente, el elitismo corporativo no se sustrae a los procesos competitivos de la reproducción
de capital y, adecuándolos, a los procesos de una democracia entendida ~ás y
más como mercado asignador de valores
políticos y como uno entre los varios
counteroailing powers del capitalismo
moderno.
NOTAS

l. Ver mi "El periodismo norteamiricano
de denuncia", Casa del Tiempo, Vol.
III, No. 26, Octubre 1982, pp. 15 a 22.
2. Santayana, Geor~e, Reason in Society, Tomo II de The Life of Reason; or the Phases
of Human Progress (1905), Dover Publications, Inc., New York, 1980, esp. Capítulo V., pp. 115 a 125.

3. Ver mi "Bentley: notas sobre una ciencia
de los grupos de presión", Revista Mexicana de Ciencia Política, Año XVIII, No. 68,
Abril-Junio, 1972, pp. 101 a 121.
4.Croly, Herbert, The Promise of American
Life (1909), TheAmerican Heritage Series,
The Bobbs-Merrill Company, Inc., Indianapolis, New York, 1965, pp. 362 y 368.
5.Croly, Herbert, Marcus Alanzo Hanna. His
Life and Work, The Macmillan Company,
New York, 1912, p. 403.
6. Croly, Herbert, Progressive Democracy,
The Macmillan Company, New York,
1914, esp. pp. 398 a 403.
7.Lippmann, Walter, A Preface to Politics
(1913), Ann Arbor Paperbacks, 111e University of Michigan Press, 1969, pp. 17 y
18.
8.Lippmann, Walter, Drift and Mll$tery. An
Attempt to Diagnose the Current Unrest
(1914), A Spectrum Book, Prentice-Hall,
Inc., Eng)ewood Cliffs, N. J., 1961, pp.
69 y 70.
9.Ver Veblen, 111orstein, The Theory of
Business Enterprise (1904 ), A Mentor
Book, The New American Library, New
York and London; The New English Library Limited, London, Cuarta edición,
s/f.
10.Veblen, Thorstein,The Engineers and the
Price System (1921), en The Portable
Veblen, Edited, and with an Introduction,
by Max Lerner1 Toe Viking Press, New
York, 1973, pp. 441 y 442.
1 l. Croly, Herbert, "How is Hoover?", The
New Republic, June 27, 1928, rep. y trad.
en el Tomo II de mi El testimonio polí•
tico norteamericano: 1890-1980, una antología general, Clásicos Americanos, Secretar fa de Educación Pública/ Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1982, pp. 47 a 51.
12. Loeb, Harold, Life in a Technocracy. What
It Might Be Like, The Viking Press, New
York, 1933, p. 101.

�LOS MELLIZOS

Charles Bukowski
13.Bell, Daniel, "Technocracy Rides Again in
New High-Powered Publicity Campaign",
The New Leader, 14 de marzo de 1942,
Cit. en Eisner, Henry Jr., The Technocrats.
Prophets of Automation, Syracuse University Press, Syracuse, 1967, p. 157.
14.Berle, Adolf A., y Means, Gardiner C., The
M odern Corporation and Prívate Property
(1932), A Harvest Book, Harcourt, Brace
&amp; World, Inc., New York, 1968, p. 245.
15.lbid., pp. 309 y 313.

\lgunas veces me insinuó que yo era un bastardo y yo le dije
que escuchara a Brahms, y le dije que aprendiera a pintar
y beber y que no se dejara dominar por mujeres ni dólares,
pero lo único que hizo fue gritarme:
¡ Por el amor de dios, recuerda a tu madre,
recuerda a tu patria,
nos vas a matar a todos!
Camino a través de la casa de mi padre (de la cual
aún debe 8,000 dólares después de 20 años en el mismo
trabajo), y- miro sus zapatos abandonados,
la manera en que sus pies enroscaron la vaqueta
como si hubiera estado enojado plantando rosas,
y sí que lo estuvo,
y miro su cigarrillo apagado, su último cigarrillo,
y la última cama sobre la cual durmió esa noche,
y siento que debería tenderla
pero no puedo
pues un padre siempre es el amo
aún después de haberse ido;
me supongo que estas cosas suceden de vez en cuando
pero no puedo dejar de pensar en morirme
a las siete de la mañana en el piso de la cocina
mientras otra gente prepara huevos fritos,
no es muy duro,
a menos que te suceda a ti.
Salgo y tomo una naranja y le quito su piel luminosa;
las cosas aún tienen vida:
el pasto crece bastante bien,
el sol derrama sus rayos circundados por un satélite ruso;
un perro ladra sin sentido en algún lugar,
los vecinos fisgonean tras las persianas:
aquí soy un extraño (supongo),
he sido cierta clase de bribón y no tengo duda
de que él me pintó muy bien
(el viejo joven y yo peleábamos como pumas)

�¿CRISIS DE LA DEMOCRACIA
REPRESENTATIVA?

· José María González
y dicen que todo se lo dejó a una mujer de Duarte,
me vale madre -ella se puede quedar con todo:
él era mi viejo
y ya murió.
Ya dentro de la casa, me pongo un traje azul claro,
el mejor que me he puesto en toda m~_vida, .
y agito mis brazos como un espantapaJaros al VIento
pero no tiene caso;
no puedo mantenerlo con vida
a pesar de tanto odio que hubo entre nosotros.
Eramos muy parecidos, bien pudimos haber sido mellizos,
el viejo y yo: eso es lo que dicen..
Siempre tenía bulbos de plantas listos para ser
sembrados mientras yo estaba recostado con
una puta de la calle tercera.
Muy bien. Concédanos este momento:
estoy parado frente al espejo
con el traje azul de mi padre muerto
esperando también
morirme.

Parece que la experiencia histórica con-

firma que las crisis sociales se saldan con
un incremento de las tendencias autori-

tarias del sistema, o incluso con el desa1T0Uo de formas políticas del más puro
yduro autoritarismo. Así, por ejemplo,
la crisis de los años treinta culminó en
el desarrollo del poder de los gobiernos
sobre los organismos democráticos de
participación y formación de la voluntad política, tanto en el este como en
occidente. Hoy, instalados de nuevo en
plena crisis•económica, tendríamos que
analizar la posibilidad de salir de la crisis en la dirección opuesta, a través de
una profundización de la democracia.
En este intento de salida le cabe un papel importante a una filosofía política renovada que, a partir de los datos
aportados por la sociología y por la
ciencia política, sea capaz de articular una propuesta normativa. En esta línea sería necesario recuperar aquel
sentido de la tradición aristotélica que
comprendía a la política como una parle de la filosofía práctica, afirmando la
unidad de ética y política.
&amp;te pequeño trabajo quiere conectar con las reflexiones sobre la demo-

Versión de Roberto Castillo

cracia hechas desde tres núcleos teóricos diferentes. En primer lugar, el núcleo italiano, con la figura fundam ental de Norberto Bobbio y sus reflexiones en torno a la crisis y al futuro de la
democracia. 1 En segundo lugar, del núcleo alemán, me parecen especialmente
relevantes las obras de Jürgen Habermas
sohn• los problemas de legitimación, la
lra~ ormación de la opinión pública y
la id.,ologización de la ciencia y de la
técnica, junto con los análisis de Claus
Offe sobre los nuevos movimientos
'8ciales y su desafío a la política "ins-

2

titucional ' '. El tercer y último núcleo
sería el canadiense, centrado en la obra
de C.B. Macpherson y su Seminario de
Ciencia Política de la Universidad de
3
Toronto. De estos autores y núcleos
teóricos me interesan tanto las críticas al modelo vigente de democracia en
los países capitalistas, como sus propuestas, muy tentativas todavía, de salida de la crisis en la dirección de una dem·ocracia más participativa.
Dividiré mi exposición en tres apartados. El primero analizará brevemente la
crisis contemporánea del Estado del
Bienestar. El segundo apartado .sacará a
luz las deficiencias y los límites del modelo de democracia vigente hoy en los
países occidentales. Y por último, intentaré analizar las posibilidades de evolución hacia un nuevo modelo de democracia, que supere los límites del modelo
anterior y promueva la participación
real de los ciudadanos en la definición
de los fines de la sociedad .

Bienestar o Welfare State, obtuvo un
éxito relativo en la satisfacción dr esas
dos funciones de acumulación y legitimación durante las décadas posteriores
a la segunda gurrra mundial. \,tedios
decisivos para ello fueron la intervención directa del Estado en el sistema
económico, la pacificación aparente del
conflicto de clases mediante los programas de bienestar social, los mecanismos
de la negociación colrctiva y la democracia de masas. El Estado social representa, pues, un compcomiso y una pacificación - no una resolución- del 1:onflicto de clases. Esto se consigue mrdiante la intervención del poder e~tatal ,
legitimado democráticamente, en el proceso espontáneo del crecimiento capitalista para protegerlo )- moderarlo. Se
da por supuesto que mediante las intervenciones estatales se puede asegurar
una coexistencia pacífica entre democracia y capitalismo.

Sin embargo, el desarrollo del Estado
del Bienestar ha estado acompañado de
l. Crisis del Estado del Bienestar y diversas contradicciones. Sólo quisiera
crisis de la democracia
aquí señalar dos. En primer lugar, el desarrollo paralelo de los sistemas de conParto, e;1 primer lugar, de las premisas trol social, de manera que las políticas
del análisis ya clásico de James O'Conhor del Estado social han cumplido una funsobre la crisis fiscal del Estad o.4 El es- ción importante en el control de los ciutado capitalista debe tratar de satisfa- dadanos y de los grupos sociales, inhicer dos funciones básicas y a menudo biendo la crítica y favoreciendo las acticontradictorias: acumulación y legitima- tudes pasivas y apáticas, acallando con
ción. Esto significa que d Estado debe bienes de consumo las exigencias más
intentar mantener o crear condiciones radicales de cambio social. Desde e~te
en las cuales sea posible la acumulación punto de vista, el Estado social es un
rentable de capital. Y a1emás, debe in- nuevo Leviatán que controla a sus ciutentar también mantener o crear las dadanos de una manera más eficaz tocondiciones necesarias para la armonía davía.
social.
La otra contradicción plantea las reEl llamado Estado social, Estado del lacionrs entre el desarrollo del Estado

c.,-.

�drl Bienrslar y Pl inrremenlo paralPlo
de los ¡r~los militar""· ~:n palabras de J.
Ol:onnor: "El Crl'cimirnto de los gasto:,, dt&gt;I Estado d1· asistencia t-0cial ) el
d1· los bélico~, ronslitu) en un solo proC&lt;':-O (o dos aspectos dd mismo proceso). En otros términos, d crecimiento
d,·1 E,tado b&lt;'nrfactor (welfare state) está intrgralmentr relacionado ron el crecimiento del Estado militarista (warfare
state), ha~la el punto de que el Estado
moderno purde sn rlrscrilo como el
Estado militarí,,ta-berwfactor (u•elfare)". s Corno es b'1en pawar·1
1 are state
l1mte, el de$mantelarniento dr·I Estado
dPI Bicnrstar no ha ido acompañado por
un desmantelarnirnto paralelo dr.l aparato militar, sino por un reforzamiento de
é,,te ) por una militarización más aguda
todavía dr la socipdad.

lar junto con los partidos políticos dr
masa, , la rompl'lcncia entre ello~. han
bido las dos insl1tuciones fundam entales
en d logro de la compatibilidad entre
capitalismo )' democracia. En la últimas
décadas, Estado del Biene:,tar y democracia repreS&lt;•ntativa han caminado juntos y se han reforzado mutuamente.
Así pues, el aumento de las funciones
del Estado del Bienestar y de su intervencionismo en la economía puede entenderse como un efecto drl incr«'mento dr la, drmanda,, , orialc, tra,ladad a~
al sistrma político a travC::, dr los partido:, e instilurion«'s dt' la dt&gt;mocracia representativa.

La qui!'bra drl Estado del Bienestar
pone al de,rnhit&gt;rto la cri,i~ más general d«·I sist,·ma político ) . en concrr to,
la cri,,is de la roncepción de la democracia qur dicho E,tado llernba aparejada: la compPlrncia Pntre éliles organizada:, como partidos políticos de masa:,.

La cri~is económica y la llamada crisis fiscal del Estado (la tendrncia del
gasto gubernativo a aumt"ntar más rápidamente que los ingreso~) han propiciado las polític:is actualrs de desmantelamiento y privatización de las inslituciont's drl Estado social. \ ntr ,·1dilema
actual según i•I C'Ual "rl capitalismo no
puede vivir sin 1·1 Estado social, pero
tampoco pm·dr vivir ~i rt-l«· se sigur exlf'lldirndo" (Habl'rmas), se han dado
dos tipo~ d«· respuestas drsde los gobiernos: la fficialdemócrala ) la neoliberal
rnn:-Prvadora. Ambas respuestas proponen una n·visión del Estado social ; si
bi,·n t•I ¡!rado dr destrucción dP ést1· es
bastank difrrl'nll• en uno y otro caso,
la lógica última de los dos tipos de actuación política acaba sit•ndo ba,tanl1•
pam:ida.

Desde la derccha se ha hablado en los
último" años del problrma de la " ingobrrnabilidod" de la df'mocracia, enl1'ndi&lt;:ndola como la imposibilid ad de atPndn a todas las demandas que provienpn
cada vez en ma\ or número de la s@ciedad. Nos rnconlraríamoRcon la paradoja de que el desarrollo de la democracia
cavaría u propia tumba al facilitar el
surgimiento cada v«•z mayor de demandas que no son asumibles por el sistema
político ni por las instituciones económicas del Estado del Birnestar. Desde
este punto de vista, ingobernabilidad de
la democracia y fracaso del Estado drl
Bir nestar irían de la mano.

Or.:,¡mé~ el,· la ~,·gunda gua ra mun~ dial, el rl«•sarrollo drl Estarlo rld Birnr~-

Por su parlt', la izquirrda ha d1•sarrollado en los últimos aíios .-1 lrrna de

la:, transformaciones de la democr«ia,
intentando analizar las tendencias auto,
ritarias inscritas en el sistema dr la democracia representativa y que conducirían a desvirtuar la participación real
de los ciudadanos en la loma de dec~
:,iones.
2. Límites de la democracia repl'elellt.ativa

La demanda de una ma}or participación en los procesos de decisi&lt;ín dtmocrática no es una nov'edad de los años
ochenta. Ya en i'970 comrnzaha Carok
Pateman su conocido libro Partitipotion and Democratic Theory con las siguien tes palabras: " A lo largo de losúJ.
limos año~ de la década de lo~ St"Stnbi,
la palabra 'participación' entró a íonn•
parle del vocabulario político popular.
Esto ocurrió bajo el impulso dt&gt; las de·
mandas, especialmentr esludiantiles, dt
apertura de nuevas áreas de participación (. . .) ) de las drmandas de varios
grupos para la puesta en práctica de loe
derechos de participación qur teóricamente~ a tenían ".6
Por PI contrario, las tPoría~ m~ al
uso 1·11 aquellos años, basadas t&gt;n el ~I~
ralismo de las élites o en la concepc1on
económica de la democracia, t'rñalaban
los peligros dr una amplia particip~~ión
popular en la política para la estabil~
del sistema. Partiendo de la concepclOI
de la democracia como método de Sf.kc·
ción de rlites y líderrs, basada t'R Mas
Weber ~ en Jos&lt;"ph Schurnpdt'r, la 111"
ciología política afirmaba que ~na
cipación mayor era disfunc1onal,
cuando, obligado~ por la fuerza de 1111
acontecimientos, ll'nían que plani-.
el problrma de integrar una mayor

P"'j

ticipación, se reactualizaba el problema
tp1e ya se habían planteado los primeros

teóricos liberales: cómo ampliar el púYioo con derecho a voto Qéase ahora
ampliar una participación real) sin poaer en peligro los intereses globales de
t. clases poseedoras. Ampliación del
derecho de sufragio y domesticación del
,oto popular fueron las dos caras de la
mÍllfª moneda en el primer liberalismo. De manera análoga, la búsqueda
de mayor participación sin que ésta ponP en peligro el sistema político fue la
¡reocupaeión de los sectores más "propistas" de los teóricos de la democracia liberal en los afios setenta. Los
~• conservadores siguieron mante~e~~ la necesidad de evitar la participac1on real de una gran parte de la
ciudadanía en las decisiones polítita, llegandq a definir como "democradaa difíeiles" aquellas en las que existía
11111 alta tasa de participación . Desde este ?unto dr vista, la apatía y el desinteréi de una gran parte de los ciudadall08 j_
~ aría un papel importante en la
~ ilidad del sistema en su conjunto.

Sin embargo, desde dentro de las filas
d,J liberalis~o, se han alzado importan-

~ voces discordantes con esta situa: "· Tal vez l~ más importantes sean
de N. Bobb10 y C.B. Macpherson.
Posiblemente el elemento más importante de la reflexión política de Bobbio
~los últimos años sea su crítica despiade lo que fl enomina "democracia
Rll", por ana1og1a
, con el término ya
~ ado de "socialismo real". El funCIOIIIJlliento real de la democracia dista
llaclio de los ideales democráticos. Esle han visto frustrados a través de

seis promesas que han quedado incumplidas.

visto contrarrestada por un crecimiento
paralelo del control de los ciudadanos
sobre el Estado.

. , L~ d~~ocra~ia surgió de una concepcion 111d1V1duahsta de la sociedad e imaPor último, también se ha vistó frusginó un Estado sin cuerpos intermedios, trado el aprendizaje de la ciudadanía. La
en donde el individuo fuera el verdadero democraci~ no ha cumplido su promesa
protagonista. Lo que ha sucedido es jus- de convertir a los individuos en miemto lo contrario: grupos, organizaciones
bros conscientes de una comunidad popartidos, sindicatos y asociaciones de to'.
lítica. Más bien, el aumento de la apad,º. tipo se han convertido en sujetos po- tía política, el desarrollo de una cultura
h ticamente relevantes, mientras que los de súbdito y el clientelismo son Índices
individuos lo son cada vez menos.
de ese fracaso.
En segundo lugar, la democracia mode~na nace como democracia representativa. En ella el elegido sirve a los intereses de 1~ nación y no está sujeto al
mandato imperativo de sus electores.
Per~ ¿qué representa la disciplina de
partido en el Parlamento hoy más que
una abierta violación de la prohibición
del mandato imperativo?
Además, la promesa de derrotar al
poder oligárquico tamp&lt;jco ha sido
cumplida. Es más; incluso se ha lli;gado
a redefinir la propia democracia como
un~ competencia entre élites u oligarqmas por la conquista del voto popQlar.
Tampoco ha logi:ado la democracia
ocupar todos los espacios de poder existentes en la sociedad. Mientras la empresa y el aparato administrativo no se vean
afectados por el proceso ~e democratización, éste no puede darse por finalizado.
La eliminación del poder invisible es
la quinta promesa incwnplida de la
.democracia. En los últimos años, la
capacidad del Estado para controlar cada vez .mejor a sus ciudadanos no se ha

Pero una vez llegado hasta aquí Bobbio afirma que estas promesas fr~stradas en realidad no han podido cumplirse debido a obstáculos que no hab1an
sido previstos. Entre estos obstáculos
figuran el desarrollo de la tecnocracia el
aumento del aparato . burocrático y' el
"escaso rendimiento" o ingobernabilidad de la democracia. A ésta última ya
me he referido más arriba. El desarrollo
de la tecnocracia supone un debilitamiento de los espacios de decisión democrática. Frente a la hipótesis democrática según la cual todos pueden decidir sobre todo, la tecnocracia pretende
que los llamados a decidir son únicamente los expertos. Por otro lado la
burocracia es un aparato de poder o:denado jerárquicamente desde el vértice
hasta la base y, por tanto, diametralmente opuesto a la democracia. Paradójicamente el desarrollo de la democracia ha implicado históricamente el
aumento de los servicios estatales y con
ello formas de organización burocráticas y teenocráticas basadas en una lógica diferente a la propia democracia.
f:stos ob~táculos no previstos justificanan, segun Bobbio, que la democracia
no haya cumplido las promesas que ella

�.
'9
misma
w·ncro.

Por su parte, C. B. ~lacphcr~,rn _ha
criticado duramente las insufic1cnc1~s
del modelo de democracia elitista. ll1stóricamentt· ést,· sería rl tncer modelo
de democracia , surgido después del ago.
1a ."e_1,t tamicnto de los &lt;los anlt'norrs:
mocracia como prot,·cciún " de los CIU&lt;ladanos frenlt· al podl't' )' la ",~r1_n_o1Tacia como dt'.Sarrollo ", qut' pos1b1l1ta _la
realización dl' la ¡wr;;o11alidad &lt;le los 111dividuos.
Esti· tt'rc,·r mod&lt;'IO st· hm,a t·n lo;; siguirnlf'S suput&gt;stos: ·'1·11 ~rimn lugar,
que la dP11101-raria no P:, mas_qw· un t~,·canismo para d,•gir y autonza_r gobwr• . no llll tipo rll' so,·iPdarl 111 un connos.
junto de: ohjdivos moralPs: ) , Pn_S"¡!Urtclo lugar, que el mecanismo cons~stc ~·n
una ro111pf'l&lt;'nria t· nlrt' dc~s. o ma;~. gr upos auto-elegidos d_e politt~~s (cl_itc~~'.
orcranizados rn partidos poiI treo~, a \ ,
C:, l'OllSl·gtJ(' 1o~ \O tº"· qui· 1,·s
quu·n
. .daran
dt&gt;rl'clto a goU('rnar hasta las s1gu1rntP~
l'1P(·cio1ws. El pap!'I d,· los vol~n_L,·s no
p i-, PI dt' d,•cidir curstio1ws pol1t1cas, y
despurs elq~ir rPpre:;rnt~t~lf'S que po~cran l'll práctica t·sas dcl'1s1orn·s: PS, mas
l1i1·11 t·I d,· Plccrir a los homures que
, ,
º. .
., 10
adoptaran las dcc1s101ws
,·sta manera , la democracia t'S
con('t•bi&lt;la como un mecanismo de ml'rcado , sin ningún rnntcnido propianrnnt'.'
moral donde los vo tantt's s1· vi·n n:du('tdos a 'meros consumidores rni,·ntrab_los
poi Ílicos juegan el pay,·1d1· ernprcsanos.
La t'mica virlud d,·1 s1st1·ma t·s la~&lt;· pr~it,• crpr a los ciudadanos frt'nl1· a la l1ran1a,
pt~t's la rPa liza('i ón p1·riódica d,. i•IPr&lt;:iont·s prrmit,· la su, titurió11 rl,· un goLi,.rcc
,....
110 por otro.
J),,

\larphcrson intenta dcm?stra,~ que
rslt· sistema de mercado pohl1co no es
tan democrático , ni mucho menos, como dicen 4ue es; que el equilibrio que
produce es un equilibrio de la des1~aldad; que la soberanía del consum1~or
que dice producir es, en ran med1&lt;l~,
ilusoria; ) que, en la medida en que la
soberanía del consumidor es real, e~ ~na
contradicción del requisito democrattco
central de la igualdad de derechos individuales al uso V al disfrute de las propías capac1'd ades·,, •11
En las sociedades capitalistas donde
impera estr modelo de democracia la
desigualdad económica se transforma r,n
desigualdad poli'tica _genera la ,ªpalia
de los grupos e md1v1duo~, que comprrnd,·11 qur ~u tiempo dedicado a la a,·tivida&lt;l polítiea valr menos que, !'I_ ck
otro o carrc,•n d1· medios econom1ros
para apO) ar a un partido o a un ,an&lt;lid~lo en una campaña clrcloral. La apat ia
~ un fru lo de la desigualdad 1·1·onó111ira.
e
, . 1
Es más: t'l funcionamiento con f'X1to fe
este modelo de democracia n·qui1-r1· un
nivrl alto de apatía polítira , ya qut' una
participación mayor haría peligrar la t'Stabilidad del sistrma. 12

r

Adt·más este modelo no establPce,
en la prác,tica, ninguna sobt·ran ía d1·l
ronsumidor' ) a qw· no es plrnami·nlt·
compC'litivo, sino oligopólico. y cua!1do
son pocos los vendPdores no nccPsttan
rt'spondt•r, y de hecho no respond('n, a
las dt'rnandas de los compradon·s, -~orquc pul'd1·11 controla: el mercado f1Jando pn·cios, 1·slault•cwndo la gama ~r
m,·rcad1·r ías e incluso errando la propia
dPmanda. tn este mercado poi i'tico oligoµólico no son las. dcrnand~s dP l?s
individuos los &lt;latos md1·p1'.nd1t'ntrs ul-

timos. Como las élites y su competencia
son la fuerza ni otriz drl sistema, son
tambirn las rlit~s quienrs formulan las
cuestiones.
l\sí pues, ,\lacpherson duda dr la calidad democrática dr este modelo que,
por otra parle, describe bastant~ _uien ~I
funcionamiento real de la poht1ca. El
modelo ·'rs realisla, t·s decir, realista para una sociedad a la que sr considrra incapa;,, &lt;le ir más allá dd mrrcado político oligopólico , dr la desigualdad de clases y de la visión de sí misma ?" la
te como PSencialmentc consun11dora . 3

fer

Jürgl'11 Habermas h~ ins.is~ido_también en la crítica a laR msu f1cw11nas de
la dcmonacia formal: "Las in,titu~ionr.s
, proc .. dimiento8 d" la rlPmorra!'ia fo~;nal han sido discíiadas para 4uc las dectsionrs del gobinno pu&lt;'dan adopt:irse
con suficirnte inde¡wnd\'ntia di' mottvos
dt·finidos por los ciudadanos. _Estn_,se
logra ron un proceso dr IPg1t1macton
que provcr motivos generalizados (u~
!rallad de las masas difusa rn su c~n~~~~
do ), ¡)Pro ,·vita la participac1on .
La 0,.~politizació11 es fruto del ':cam·
. "analizado
hio t·~trurlural &lt;l (' 1o pu, hl',co
por llalwrmas en Strukturwandel ~r
Qtrerztlichkeit . El campo dr lo p~bltdco
si·J./'ronvi1·rll- ,·n d lcrrt·no r1t' 10 priva'do
a través d,· la indifrrrncia política unt a
al interés dorninanli· po r la caríf'ra pro·
fesional, el t1.rmpo 1·b
I rt ., r 1 con,um
do,
adrrua
rte... , n•compe11sas qu,· son ,
. as._
.
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1
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~&lt;lemas,
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marketing
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transformando las ·lllSlttUCIOIHc
mocrae1.a rrprcst·n l a1·tva· La opm1on
. pu,,
blica ya no e:; e1 fru l O d1. la d1scuslC)II

il11Strada de los ciudadanos, sino que se

transforma en propaganda, en opinión
construida desde arriba por los grandes
medios de comunicación de masas y por
l,s aparatos de marketing de los partidos que venden "imagen política" como cualquier otro producto. El ciudadano no es considerado como individuo
razonador sino como mero consumidor
de propaganda. Los partidos políticos
se transforman en una maquinaria electoral, donde adquieren un gran peso
los "neutrales especialistas publicitarios". Los partidos siguen siendo "instrumentos de formación de la voluntad,
pero no están en manos del público, sino en las de aquellos que controlan el
aparato del partido ". 15 El aparato controla también al diputado de manera
que éste recibe de un partido un mandato imperativo. De esta forma el Parlamento "tiende a convertirse en lugar de
encuentro de sujetos vinculados por el
mandato de un partido Y. de registro de
decisiones ya tomadas ". 16 Y el raciocinio público es sustituido por la aclama
ción plebiscitaria.
Habermas desenmascara dos tipos de
teorías justificadoras de la ausencia de
participación real de los ciudadanos:
las teorías eli listas de la democracia y
fas teorías tecnocráticas más o menos
~gadas a la teoría de sistemas.
El primer tipo de teorías, como ya he
ieñalado, concibe la democracia como
llll simple método de selección de líderes, que supone 1a condición de que los
dectores pueden optar entre varias élites competidoras y éstas no logren establecer una alianza entre sí: el pluralismo
de las élites sería una condición indisllensahle para la no degeneración de la

democracia. Pero, según Habermas, una
democracia así concebida ya ha degenerado, pues esta democracia "ya no se
asocia con la igualdad política en el sentido de una distribución igual del poder
político, es decir, de las oportunidades
de ejercer poder; la igualdad política
sólo significa ahora el derecho formal al
acceso al poder con iguales posibilidades.
"La democracia no persigue ya el fin de
racionalizar el poder social mediante la
participación de los ciudadanos en procesos discursivos de formación de la
voluntad; más bien tiene que posibilitar
compromisos entre las élites dominantes. Con ello, en definitiva, se abandona
también la sustancia de la teoría clásica
de la democracia; ya no todos los procesos de decisión de alcance político, sino sólo las decisiones del sistema de gobierno definidas como polfticas deben
someterse a los mandatos de la forma. , democratica
' ·
de 1a vo1un tad". 17
c1on
El pluralismo de las élites sustituye así a
la autodeterminación del pueblo produciendo un nuevo despotismo aparentemente democrático, pero de una ' democracia que hace posible el bienestar
sin libertad al negar la participación real
de los ciudadanos en la formación d'iscursiva de la voluntad política.

El otro tipo de teorías legitimadoras
de esta democracia sin participación se
podría resumir en las diversas formulaciones de la tesis de la tecnocracia, Habermas asume la tesis de Marcuse según
la cual la despolitización de las masas
se hace plausible y legítima para ellas a
través del papd ideológico que cumplen
la ciencia y la técnica en la sociedad
capitalista avanzada. Aquí, el desarrollo
del proceso social aparece determinado

por la lógica del progreso científico-técnico no sólo en el sistema económico
donde la ciencia y la técn,ica adquieren
un puesto de primer orden, sino también en el proceso de eliminación de la
razón práctica en aras de lo técnico. Los
problemas políticos ya no se definen
por su sustancia práctica sino por ser
problemas técnicos que han de ser resueltos tecnocráticamente por el ingeniero social de turno. La ciencia y la
técnica adquieren un papel ideológico
para explicar y legitimar que en las sociedades modernas el proceso de adopción democrática de decisiones pierda
su función y "deba" ser reemplazarlo
por decisiones plebiscitarias sobre conjuntos de alternativas gresentadas por
los dirigentes políticos. 1

Claus Offe ha prolongado el análisis de Habermas dedicando especial
atención a la participación política a
través del sistema de partidos. En las
últimas décadas, el capitalismo ha podido convivir con la democracia gracias a
dos principios mediadores: los partidos
políticos de masas y el Estado de bienestar keynesiano. Pero esta mediación
ha sido posible porque los propios partidos se han transformado internamente.
Offe conecta en este punto con los diversos análisis de principios de siglo sobre las tendencias antidemocráticas de
los partidos políticos. A pesar de las diferencias de perspectivas políticas, había
un elemento común en aquellos teóricos que puede resumirse así: "en el momento en que se organiza la participación política de las masas en forma de
democracia competitiva de partidos, la
propia dinámica de esta forma organizativa pervierte y obstruye la realización
de los intereses y la política de clases de ~

�diversas maneras: oportunismo (Rosa
Luxemburgo), oligarquización (Robert
Michels) o inevitable sumisión plebiscitaria de las masas a los impulsos irracionales del lider carismático y utilización demagógica de la 'maquinaria'
burocrática del partido (Max Weber)". 19
Tres son para Offe las consecuencias
principales del desarrollo de los partidos
políticos competitivos: desradicalización de la ideología del partido, desactivación de los militantes de base y erosión de la identidad colectiva.
Los principios ideológicos más radicales tienen que ser limados para buscar
la maximización del número de votos y,
al mismo tiempo, para poder formar
coalición con otros partidos políticos
en caso de ser necesario p_ara formar una
mayoría de gobierno. Esto lleva a una
actitud pragmatista de abandono de los
principios en aras de las exigencias inmediatas del mercado político. A lo mismo contribuye la organización burocrática y centralizada de qu~ los partidos
se dotan para las luchas electorales. La
burocracia interna desarrolla sus propias necesidades, separándose de la base
electoral del partido y de la sociedad
en general.
La profesionalización de la· política
conduce al ascenso del personal profesional, empresarial y técnico del partido
en detrimento de los militantes de base
y de los procesos internos de discusión
democrática en el seno de la organización.
.,

'

0
'N

Por último, la identidad colectiva
fundada en los valores compartidos se

pierde necesariamente al ampliarse la
base de los partidos hacia sectores de
población cada vez más amplios para
captar mayor número de votos.
Todas estas razones hacen que los
partidos políticos más que ser expresión
de la ·voluntad popular, acaben suplantándola. Y la democracia termina convirtiéndose, según la acertada expresion
de Manuel Sacristán, en "el arte de llevar a los pueblos hacia donde no quieren
. ,,.20 Nos encontramos, pues, en una
1r
crisis de participación: los cauces institucionales de la democracia representativa muestran de una manera cada vez
más patente sus límites.

3. ¿Más allá de la democracia representativa?
Si bien las carencias y límites de la concepción elitista de la democracia están
claros, no lo está tanto una posible alternativa. Entre los autores analizados
hay consenso en la necesidad de mantener alguna forma de democracia indirecta en las sociedades complejas., Pero
aquí parece terminar el acuerdo.
Macpherson insiste en disefiar' las
características fundamentales de un nuevo modelo de democracia, la democracia
participativa. Este modelo se formaría
mediante un sistema piramidal , con la
democracia directa en la base (barrio,
fábrica, etc.) y democracia delegada en
todos los niveles por encima de ella.
Además, sería importante la existencia
de un sistema de partidos competitivos.
Se trataría, pues, de una mezcla de democracia directa e indirecta, prosiguiendo la tradición de· búsqueda de mayor
participación democrática iniciada por

Carole Pateman.
Pero más interesante que el bosquejo institucional de tal democracia, todavía muy poco desarrollado, resultan los
presupuestos básicos que Macpherson
establece. Como requisitos previos se ne•
cesitarían un cambio en la concepción
del hombre y una reducción de la desigualdad social y económica existente en
la actualidad. Sería imprescindible que
el individualismo posesivo se transfor•
mase en una visión del hombre no como
consumidor, sino como persona que ejercita sus propias capacidades y desarrolla
un sentido de comunidad del que hoy
carecemos. Esta reivindicación de la
igualdad y de un nuevo concepto de individuo nos habla de la recuoeración dd
núcleo esencial de la teorí; ética de la
democracia: se trata, pues, de reivindicar ese núcleo ético hoy perdido en
la concepción de la democracia como
mero mecarúsmo de selección de líderes.
Por su parte, Bobbio insiste en la imposibilidad de encontrar una alternativa
a la "democracia real". Hay que quedarse dentro del actual marco constitucional ya que cualquier modificación
puede poner en peligro las re~as del
juego democrático. Sus críticas al fun·
cionamiento real de la democracia culminan en la justificación de la realidad
presente, porque no se vislumbra nin·
guna alternativa.
En Habermas, la búsqueda de una
alternativa parece quedarse en el nivel,
importante desde luego, de la democracia como moral: la búsqueda de 1111
individuo razonante y dialogante. Lasalternativas institucionales parecen reducirse a breves reflexiones sobre la delO'

bedie?,cia civi_l, pu~s la tan traída y llevada comumdad ideal de diálogo" no
se plantea como alternativa institucio-

1?82; La crisis de la democracia
ción de los clásicos.

nal realizable, sino más bien como
ideal regulador.

~n Bobbio Y otros: Crisis de la democra.
cra. Barce!ona. Ariel 1985; El futuro de la
democracia. Barcelona. Plaza Janés, 1985 ·
FVundam,ento y futuro de la democracia.'

Por ~!timo, Offe busca una posible
alternativa en los nuevos movimientos
~ iales -:-pacifismo, ecologismo, femimsmo,, ~rm~ipalmente- ti su desafío a
la ~~htica institucional. 1 Frente a la
pohtica tradicional basada en las institucion_es clásicas de la democracia repre~ntabva, plantea el surgimiento, a partir ?e lo,~ años setenta, de un "nuevo pa~~igma , basado en nuevos actores políticos (los movimientos sociales) que
buscan nuevos valores (calidad de la vi~,' valores alternativos, paz , conservaCJon del medio ambiente) a través de
~o~os .de acción preferentemente· no
b1Sbtuc1onales. Tal vez una alianza entre_los movi~!entos alternativos y la izq~1erda trad1c1onal de los partidos y sindicatos pueda conducir a cambios reales
del. . 'VICJO
· paradigma
·
,, de la democracia
dibsta.
El futuro está abierto. Aunque nos
encontremos dentro del laberinto de la
bistona. ~ no pod~mos ver claramente
d
L~e arnba las salidas, es preciso seguir
uuscando.

NOTAS
l.De N. Bobbio, además de sus aportaciones
ª los "viejos" debates de 1954 y 1975 y de
sus n_umerosas entrevistas, hay que tener
especialmente en cuenta lo siguiente: "La
;gola di maggioranza: limiti e aporie". En
enomenologia e Societá 4 (1981) N
ll~4• pags.
• 3-21; El problema
• de la guerra
, L
1 la.s vías de la paz, Barcelona. Gedisa

y la lec-

alpara1so. Edeval, 1986.

n~siano. Reflexiones acerca de sus limitacrones históricas" (En M. Threfall, ed.:
Par~mento y Democracia. Madrid. Pablo
I~les1as, 1982) Y "El punto débil de la crí~1ca al parlamentarismo" (Debats no 12
J'"},_ 1985, págs. 63-70). Una disc~sió;
~nt1ca de Offe puede verse en la obra De
a ma(dad estatal y la so beram'a popular

Un buen análisis de la obra de Bobbio hasta 198_2 pu_ede verse en el libro de Alfonso Ru12 Miguel: Filosofía y derecho en
N_orberto Bobbio. Madrid, Centro de Estud10s Constitucionales, 1983.
2. Las reflexiones más directamente políticas d_e ~abermas se pueden encontrar en
las s1g~entes obras: Theorie und Praxis
(Neuw1ed-Berlin, Luchterhand 1963 H
tr d
ay
ª · parc13· l_ ~n ed., Sur); Historia y ·crftica de ~- opinión publica (Barcelona. Gus~vo Gilí, 1981); Ciencia y técnica como
ideología
(Madrid, Tecnos, 1984)·, probled
m?s e legitimación en el capitalismo tard10 (Bueno~ Aires. Amorrortu, 1975); La
recons_trucc1ón del materialismo histórico
(Madnd. Taurus, 1981) y Die neue U ··.
bersichtlichkeit (Frankfurt Suh·'· nu

1985).

'

......amp,

De Claus Offe, además de su clásico
Slrukturprobleme des kapitalistischen
Staates (Frankfurt, ,Suhrkamp, 1972),

pueden _ve~se los art1culos recogidos en
Co11tri!d1ctions of the Welfare State (1.
Ke~e, _ed. London, 1984) y Disorgartized
Capi~lism (Polity Press, Oxford, 1985).

Son importantes también su artículo sobre
los movimientos sociales ("New Social
Mo~em~nts: Challenging the Boundaries of
Institut1onal Politics". Social Research.
Vol. 52 , no. 4, 1985) Y el libro colectivo
sob~e la democracia de mayorías editado
conJuntamente con B. Guggenberger: An
den

Grezen

der Mehrheitsdemokratie

(Opladen. Westdentscher, 1984). En cas~
tell~~- pueden leerse sus artículos ''La
abolic10n del control del mercado y el
problema de la legitimidad" (En H. R.
Sonntag y H. Valecillos, eds.: El Estado en
el_ capitalismo contemporáneo. (México.
Siglo XXI,_ 1977), "Democracia competitiva de partidos Y Estado de Bienestar key-

(Madnd, 1984) de Elías Díaz, a quien
agradezco algunas indicaciones bibliográficas.
3.Las principales obras de C. B. Macpherson
sobre_ el tema que me ocupa son: La teor(a
polfl:lca del individualismo posesivo (Barcelona.
FontanelJo-. 1970), La democracra.
.
liberal Y su época (Madrid. Alianza, 1981)
Th~ R':al World of Democracy (Oxford
Umvers1ty Press• 1975) y Democrat1c.
Th
eory (Oxford. Clarendon Press, 1979).
4. James O'Connor: La crisi.s fi.scal del Estado
B_a,rcelona, Península, 1981. Véase tam~
bien su Accumulation Crisi.s. Oxford
Blackwell, 1984.
'
5. J. O_'C on?or: La crisis fiscal del Estado,

ed. cit., pag. 56.

6.C. Pateman: Participation and Democr ti
7'1;eory. Cambridge University Press, 19;0:
pag. l.
7.Cfr. Macpherson. La democracia liberal
su época, ed. cit. págs. 20-21.
Y
8. ~sta defensa de la apatía puede verse por
eJemplo en B. R. Berelson, P. F. Lazarsfeld
W._ N. McPhee: Voting (University of
Ch1cago Press, 1954) 0 en S M 1 . .
R0 /'ti
al u
. . Ipset.
1 e ma~ _(London Heinemann, 1960).
1
Para una en t1ca ya clasica de esta idea de
democracia, consúltese el libro de P. Bachrach: ~rítica de la teoría elitista de la
democracia. (Buenos Aires Amo
t
19 73 ).
.
rror u,
~.Cfr.
.
ed .Bobbio: .El futuro de la democracra,
. cit., especialmente págs. l 7-49.
lO.Macpherson: La democracia liberal y su
época, ed. cit. pág. 96.
~

1-'

�EL CARACOL

Dionicio Morales
I l.lbidem, pág. 105.
12.Cfr. ibidem, pág.107.
13.lbidem, pág. 110.
14. Habermas: Problemas dP legitimación. • •,
ed. cit. pág. 53.

l5. Habermas: Historia y crítica de la opinión pública, ed. cit. pag. 230.

16.ibidem, pág. 231.

17. Habermas: Problemas de legitimación . .. '
ed. cit. pág. 148.
18.Cfr. Habermas: Ciencia y técnica com?
ideología, ed. cit., especialmente las paginas 53-112.
19. Offe: Democracia competitiva de _l;°rtidos. . . , ed. cit., pág. 52. Cfr. tamb1~nsu
artículo ''Legitimation Through MaJo_nty
Rule" en el libro ya citado Disorganized
Capitalism.
20. Véase el excelente artícul.? de T._Domenech J. Guiu y F. Ovejero 13 tesis sobre el

ru:uro de la izquierda". Mientras Tanto,
No. 26, 1986, págs. 35-60.
21.Cfr. Claus Offe: "New So_cial Movements:
Challenging the Boundanes of lnst1tut10nal Politics". En Social Rese11rch, vol. 52,
No. 4, 1985, págs. 817-868.

.,

'

.

C'I
C'I

1

\\

¿Quién eres, caracol? ¿ Qué eres? / ¿Un signo de
interrogación?/ ¿Por qué espiral desciende la
estrella/ que baña tu corazón?/ ¿Bajo qué equilibrio
sigiloso / te apacientas en la tierra? / ¿ Qué arrecifes
de luz / moja tu arboladura bajo del mar? / Caracol,
dime ¿es cierto que / "eres más lento que ninguno"? /
¿ Verdad que más vale llegar tarde y a tiempo?/ ¿Quién
te ha visto abrirse / y cerrarse rítmicamente / cuando tu
concha se retira?/ ¿ Cuántas espirales en la luz / te dieron
vida?/ ¿Por qué cargas tu casa/ con un dejo de resignación?/
¿no pesa? ¿O acaso es la cruz/ con que Dios te sembró/
en la tierra y en el agua? / Dime, ¿qué radares mágicos
maduran el silencio / con que te arrastras?/ ¿Es cierto que
te remontas al sol/ como una luciérnaga ciega?/ Oh,
gasterópodo gris, / qué oleaje tumultuoso / girando sobre
sí mismo / endurece tu concha?/ ¿Es cierto que en el otoño /
cuando la luz del cielo se retira / sigilosamente / clausuras
tu puerta / y el mundo aunque transcurra/ se detiene? /
¿ Verdad que en abril / despiertas de tu sueño invernal /
con una luz nueva cuajada de relámpagos? / ¿ Qué viejas
canteras / o bosques entreabiertos / -&lt;:entinelas del cielo- /
gozan con la gracia de albergarte? / ¿ Será verdad que
eres hermafrodita?/ ¿Que al mismo tiempo tu corazón/ y
el del otro se detienen? / ¿ Que uno y otro cuerpo / son un
perfecto espejo / reproduciendo imágenes?/ ¿Qué se siente
ser poseedor / de todo el paraíso? / ¿Por qué te crían en /
campos, huertas y viñedos / para llevarte a la mesa / y no
precisamente en calidad de invitado? / ¿ Será cierto que
eres platillo de dioses? /¿ No te cansas de copular en
primavera? / ¿Por qué Rembrandt seducido/ ante belleza

lv

C.;

�LOS REFRANES EXCLAMATIVOS

Herón Pérez Martínez
tanta de tu tono marmóreo/ te pintó en aguafuerte? / ¿Por
qué griegos y romanos/ elegían tu cuerpo li~ano / ~ no
un pedazo de coral? / ¿Qué flor de agua te alimenta. /
. Sabes que nuestros antepasados / te esculpieron por los
~glos /delos siglos? / ¿Quién eres, caracol? ¿ Qué eres? /
.
., ?
¿un signo de mterrogac10n •

En una paremiología

taxonómica, sería

¡miso ir estableciendo, poco a poco,
• paremiológicos de ordrn sintagmático, semántico o textual. En una taionomía de rasgos, como se sabe, cada
demento es descrito por la confluencia
de rasgos. Por lo que hace a los refranes,
t.! evidente que de un procedimiento
&amp;1Í resultarán grupos de refranes con los
mismos rasgos paremiológicos: ello,
cuando pueda hacerse, representará un
punto de llegada. El presente trabajo,
111 cambio, tiene propósitos propedéulros: elaborar una serie &lt;le mecanismos
lnonómicos para que al tiempo que se
Mee un recuento de los refranes mexicallSse avance en su clasificación.
Hablar de refranes exclamativos es
ntroducir una categoría de carácter
~xtual distinta de las categorías sinbpnáticas hasta ahora t·mpleadas. Los
~franrs que incluimos &lt;·n esta categoni, Como S&lt;' v,• lue"o, corresponden a
L.•
"
o:,untos grupos sin lagrnáticos. La v,•nlaja d,~colocarlos en una misma calc,ría estriha en el hecho &lt;le que consllluy,·n la clase más típica dr n·francs
llexicanos.
Por refranes exclamativos ent,!ndclklS a las expresiones paremiológicas
flt: lextualrnente funcionan como exdimaciones. Véanse los siguientes ejem~:

l. Dondt&gt;quiera plancho y lavo y en
,...___________
bajo forma parte de un libro sobre
s mexicanos, con el que su autor
año el premio de investigáción
sociales que otorga la UANL.

cualquier mrcate tiendo.
2. Echale copal al santo aunque le
jumiés las Larbas.

3. ¡Qué suerte tienen los que no se
bañan!

4. ¡Ahora sí, violi'n de n,ncho, ya
te agarró un profesor!

5. Con tiento, santos varones, qur el

propiamente dichos. Discrt&gt;pamos, por
tanto, de Darío RuLio 1 dr quien transcribimos ,.¡ siguiente IPxlo a propósito
del rrfrán "adrlantr con la rruz, que se
lleva al diaLlo al mut&gt;rlo ". Dice:
Aprovrcho este primer decir con que
tropiezo, ) algunos de ellos anotaré
en el curso de estos apuntamientos,
para de ellos haLlar, dado que son
una forma di' expresión muy propia
del lenguajr dr nuestro purblo.

cristo está apolillao.

6. A gato satisfecho no it' preocupa
ratón.

7. ¡Ah, qué rechinar de puertas, parece carpintería!
8. Acabándose el dinero se trrmina
la amistad.

9. No lodos los que chiflan son arri,·ros.
10. Vámonos muri,:ndo ahorita que
r.stán enterrando gratis.
Una vista, aun somera, a las diez
t•x prl'Sio nt·s pan· miol,ígicas an tcriorcs
nos fJl'rmitt', por Ún lado, constatar la
gran &lt;liversidad morfológico-estruC'lural
dr los refranes inr:luidos en esta categoría. Por otro laJo , nos convencemos
cnsrguida de hallarnos frente a trn grupo
paremiológico heterodoxo. Fronterizo
entre las expresiones paremiológicas y
los rcfranPs tradicionales t&gt;str grupo presenta, empero, unas caract,:rísticas propias bien drfinidas.
En primer lugar, hay quP afirmar desd,· ahora que nos hallamos ante refranes

Este que me sirve dr motivo para lo
que a dt:'cir voy, pertenece al segundo &lt;le los grupos de que hablaré más
adelanlr.
Con razones que no me atrevo a
ahondar porqur indudablcmentr no
daría yo con las precisas } verdadrras, nuestro pueblo, con una palaura ('Ualquit'l'a, pero tt'ndicndo a la
manifestación &lt;ll' la idea que concibe,
forma una frasP, cualquil'ra también,
y la consagra con rapirlrz ex traordinaria, y allá va de Loca ,.n boca con
aproba.ción y dPlr-it,· de todos.
Muchas de estas frases no tienen el
m,Ís inbignificanlt- olor a refrán, car&lt;'t&lt;"n di' las &lt;·11alid,.Jp¡, necrsarias de
.:t; pt··ro son si,:mpre admitidas,
SiPmprc cr·lebra&lt;las, y' más qur esto,
oporlunam ..nlf' a¡ 1icadas: frasf's que
no sr·ría posible mandar retirar del
lenguaje c;orrirnlt• y moliente qur
habla llllt&gt;stro purLlo.
Como el lenguaje popular mexicano
tirne peculiaridades tan inexplicables
como caµrichosas y suyas, peculiaridades qur· aparecen en un equívoco,
en una palabra de doble srntido, en
una suplencia fonética para disimular alguna intcm perancia, en las locuciones a que vengo rf'firiéndomt· SI"
cncurn tra todo rsto rn m,·dio d&lt;· lo

�gráfico, de lo expresivo, de lo pintoresco de tales locuciones, a pesar,
muchas veces, de su refinada malicia,
de su disimulada intención picaresca,
de su mordacidad cruel, de su burla
sangrienta.
Creo que pueden clasificarse. de la
siguiente manera: lo. Las que no tienen más valor que el de una exclamación, cualquiera que sea el linaje
de ellas, sin tomar en consideración,
porque no hace falta ni tiene utilidad
alguna, ni el significado de las palabras que componen dicha locución,
ni su representación gramatical.
Ejemplo:
¡Ay, Chihuahua, cuánto apache y
cuánto indio sin huarache!
2o. Las que en la primera o primeras
de sus palabras encierran la te?dencia, el significado de la frase, estimando dichas palabras en la representación que les corresponde; fuera de tal
significación ninguna tienen las demás palabras que sólo se emplean para formar los dos octos11abos de que
la frase se compone. (En infinidad de
casos no hay relacion entre ellos.)
Ejemplo:
Ahora es cuándo, yerbabuena,
le has de dar sabor al caldo.
3o. Las que deben su razón de srr a
la inclusión en ellas de voces de doble sentido, a lo que somos muy afeetos los mexicanos y de lo que está
lleno el lenguaje popular.
Ejemplo:
Tanto tiempo de atolera
y no saberlo menear.
•,,.

'°C'1

4o. Las qur cuentan en sus componentes voces que mal suenan y peor

significan, y en las que para evitar, no
la crudeza del significado, sino la destemplanza del sonido, se suplen dichas
voces con otras que carecen de las
propiedades de aquéllas, buscando,
para tal suplencia, una semejanza fo.
nética.
Ejemplo:
A mí no me tizna el cura
ni en miércoles de ceniza.
Para escribir lo siguiente, en donde
consta el origen de este dicho, he tenido a la vista las obras .11éxico Viejo, de Luis González Obregón, y Origen y significación de algunas frases,
locuciones, etc., de Luis M. Rivera.
Como estos autores al referir el suceso que motivó el dicho, lo hacen muy
extensamente, por todos los detalles
que consignan, yo, siguiendo los pasos de los dos escritores, tomo de sus
obras tan sólo lo que me parece esencial para fijar el origen del dicho, que
es el único fin qur persigo.
Era Virrey, Gobernador y Capitán
General de la Nueva EPiaña, el
Excmo. Señor don Carlos rancisco
de Croix, Marqués de Croix, quien no
se distinguía ni por su abstinrncia para el alcohol, ni por la pulcritud de su
lenguaje, ni por el cariño a sus gobernados; pero a falta de todo esto, nunca descuidaba el servilismo a su amo
y señor el Rey Carlos lll.
Corría el año de 1767, y el mit:rcoles
de ceniza de ese año, el Cabildo Eclesiástico nombró al muy ilustre señor
Deán y a dos C,ttulares para que
fu eran al Palacio · irreinal a hacer la
imposición de la ceniza en la frente
del señor Virrey.
Llegó la comisión al Palacio e indicó

el motivo de su presencia allí, lo que
se le hizo saber por conducto de un
ujier al Excmo. Señor Virrey. Estt,
que aún estaba en la cama o de mal
humor o bajo los horrores resultantis
del aguardiente catalán que acostumbraba a tomar S. E., no tuvo a b~n
recibir, como hubiera debido hacer~,
a los señores eclesiásticos, y dijoal
ujier que le llevó el aviso:

-A mí no me tiznan curas
ni en miércoles de ceniza.
El Deán y los Capitulares más quede
prisa y de muy mal talante por u
irreverencia qu~ acusaba a_quella falu
de atención, se retiraron del Palacio,
y sin detenerse en la Santa lgls
Catedral, se dirigieron a la &amp;~ta_fn.
quisición para poner en conoc1m1_e11to del Inrisidor Mayor lo sucedido
y pedir e merecido castigo para d
Virrey culpable.
Inmediatam·enle se reunió el Alta
Cuerpo Inquisitorial y acordó se emplazase al señor Virrey a que
sentara en el acto en el Santo Tribt
nal para ser declarado en causa P
vísima de fe.

ser

El acusado, obedeciendo el e'!1~
miento, salió del Palacio y diri.),
a la Inquisición escoltado (B.
Compañía de Alabardero~, e :
llón Urbano y una bater1a de ab
cañones; el jefe de esta tro~ h 11
recibido las órdenes que creyo pertt
nentes el señor Virrey.
Llegó a la Santa Inquisición, Y,,
frente al Santo Tribunal Y
de saludar con toda cortesía loe
iban a juzgarle, le advirtió al
Fiscal que sólo disponía de M

notos para la entrevista, pues que si

éstos pasaban y él no salía a la calle
la tropa tenía instrucciones de ha~
cer fuego sobre la Santa Inquisición
hasta reducirla a escombros.

Mal acaba de oír esto el Tribunal
cuando el Fiscal dió por terminada la
entr~vista. diciéndole a su S.E. que
pod1a retirarse, que no había causa
alguna que seguir.
S. E.,, siempre cortés, dijo al Fiscal
que aun quedaban unos minutos para
~lar; el Fiscal insistió dando por terIDlnada la entrevista y dejando libre
~ toda culpa al señor Virrey que salió de la Inquisición, y, escoltado como había ido, regresó al Palacio Virreinal.
~uando en la ciudad se tuvo la notide lo sucedido, todo el mundo se
~cía lenguas, ora sobre la irreverenCla del señor Virrey, ora por la mansedumbre de la Santa Inquisición
~~ por la incalificable falta de aten~
~~ para los señores Capitulares;
quien pensaba en la excomunión pa~-el señor Virrey, y no faltó quien
~er~ _q~e la frase "Con el° Rey y la
qwSic1on, cañón".
·
CJa

~caudal de estas frases, siempre ver~ cadas, es tan inmenso como va:::; viene de fuente inagotable; son
qu~ nacen de cualquier impul~de cualquier acto, con cualquiera
, con cualquier sentimiento.
Que no son refranes, ya queda dicho;
no son sentencias, no lo preten-

te

n.

desesperación, etc.
Pero sin ser lo que acabo de decir, entre los refranes andan, con ellos se
codean, Y no ceden por nada el puesto _q_ue en el lenguaje popular han adqumdo apoyados por la suprema autoridad: el uso.
La sola enumeración de estas frases
(las tengo coleccionadas en cantidad
i~numerable) bastaría para formar un
libro; ~ero así como las hay con al~una razon de se¡, con algún motivo
q_ue las haga vivir, con alguna ten denc1a, las hay también que no son nad_a, ~ue nada significan, que ninguna
f1nali~ad pers~uen; que se hacen porque s1, y no mas.
Y la~ hay, finalmente, que sólo son
~na ms~~le majadería que no persigue mas fm que el exhibir un lenguaj~ v~rd_aderamente soez, que causa
enr0Jec1m1ento al más pintado para
estos decires, al menos escrupuloso
para tales desenvolturas.
Claro está que de ·estas dos últimas
clases me desentiendo por completo,
f 9ue de las cuatro primeras tomaré
umca~~nte las que a mi juicio (que
yo qms1.era acertado, para bien dr todos en todas las ocasioned) sean menos malas juzgadas desde iodos los
puntos ?e vista que deban juzga;se
cualesqmera formas de exprrsion.
Hechas, pues, estas aclaraciones, sobre todo !a última de ellas, sólo me
queda esperar que sean tomadas en
cuenta al juzgar estos estudios.

Ni siquiera son modismos propia-

•ente lJamad?~; so~ una forma
' esperia!
de expres1on, llamese asentimirnnegación, arranque de alegría, de

Como se ve, Rubio insiste en que ex¡;1·esioJ1es de esta índole "no son refra,,2 . . .
J , ..
r.es , no tienen e mas insignificante

olor a rrfrán, carecen de las rualidadr,.s
necesarias de él". 3 Como drcía, discrepo ~e la opinión de Rubio, pues, en resumidas cuentas, ¿qur es un refrán? Sin
necesidad de enredarse en una cadena de
definiciones que se hacen eco unas a
otra~, no sería difícil llegar al acuerdo
prev_10 de q~e se ha solido entender por
refran al dicho breve, sentencioso y,
generalmente, anónimo, que tan pronto
enseña y aconseja como constata o exclama. Haf quienes han querido, vanamente, asignar espacios al cúmulo dr
nombres con que el refrán ha ido avanz~ndo por la historia: adagios, proverb1os, apotegmas, aforismos y, entre nosotros,
dichos, dicharachos , albures ,
,
etcetera.
De nuevo, ¿qué es un refrán? Las
más antiguas definiciones de refrdn 0
de alguno de los vocablos sinónimos
,como adagio, como las que ofrece don
Sebastián de Covarrubias en su Tesoro
de la lengua castellana o española4 , no
ofrecen mayores especificaciones textual~s. Bajo I! palabra "adagio", Covan:uh1as tr~e: es lo mesmo que proverb10, conviene a saber una sentencia breve, ª?omodada, y trayda a propósito,
r~ceh1da de todos que se suele aplicar a
~~ersas ocasiones". Si con esta descripc1on regresamos a nuestra tabla de "re•
franes exclamativos" ciertamente no
tendríamos ninguna razón para hacerlos caber en el molde diseñado por el
"primer diccionario de la lengua". Tampoco vemos en la mencionada definíción cuál podría ser el "olor a refrán "
y "las cualidades necesarias de él" a
que se refería Rubio.

Sin aspirar a elaborar aquí una teoría del refrán, me propongo, sin em-

ltv-J

�bargo, sentar las bases para justificar
este tipo de expresiones paremiológicas tan propias del hablar mexicano y
aceptarlas como verdaderos refranes. Lo
más que cabría hacer ante la resistencia
a incluirlos en la categoría de refranes
sería recordar que la manera de darse
de las lenguas, sus sistemas textuales, no
se rigen por gramáticas celestes o modelos pre-programados al estilo platónico.
Las lenguas y, por ende, los sistemas
textuales· en aue se actualizan son de
carácter histórico. De ellas hay que desprender la teoría; no al revés. Si aunque
no nos guste hay un pato que no es
blanco tendremos que reconocer, simplemente, que estábamos equivocados
cuando afirmábamos que todos los patos son blancos. La teoría del refrán, en
resumidas cuentas, se aprende en la realidad del refrán no en los libros. que hablan de refranes que dogmatizan sobre
ellos dando y negando permisos de exis,
tir a formas de acuerdo con moldes preconcebidos.
Convenimos en que, formalmente,
los refranes son frases 'breves y completas. En cuanto a su tipo textual, sin embargo, hay refranes declarativos ("No
por mucho madrugar amanece más temprano", "Las gallinas de arriba cagan a
las de abajo", etc.), que consisten en declaraciones constativas de hechos verificables por todos. Allí no hay, en forma
explícita, una "verdad" filosófica o un
consejo. El carácter paremiológico, sin
embargo, es adquirido por la capacidad
que estas expresiones tienen de transcontextualizarse: no se ligan a la circunstancia banal y transitoria que los produce sino que, mediante una transferencia semántica, cargan con ella y la adop~ tan a otros entornos en donde hay unos

sujetos que desde un "arriba'', no importa su índole, "cagan" -sin importar
tampoco el modo- a otros sujetos cuya
situación puede considerarse como un
"abajo", con respecto a los primeros. En
esta capacidad de la expresión paremiológica de cargar su entorno descansa,
por lo demás, su índole paremiológica, y, por ende, su capacidad para la
metáfora. En resumidas cuentas un
refrán siempre funciona mediante alguno de los mecanismos de transferencia
semántica conocidos en la vieja retórica
5
como tropos.
En general, la teoría retórica tradicional entendía por metáfora el empleo de
una palabrá concreta para expresar una
noción abstracta. En el refrán arriba
mencionado ("Las gallinas _de ar~ba cagan a las de abajo') se ve claro este proceso. La palabra "cagar", por ejemplo,
es una palabra concreta que, sin embargo, por la multifuncionalidad contex·tual de la expresión viene a ex.presar una
noción abstracta cuando la expresión
tiene un uso paremiológico. Es evidente
que la misma expresión puede adoptar
la función de una pura y l¡anal constatación. Sin embargo, cabe nota~ que el
fenómeno que ahora observamos es el
mecanismo paradigmático 1el proceso
paremiológico: la constatación de un hecho banal ("Ollita que hierve mucho o
se quema o se derrama') se convierte en
refrán cuando, sacada de su entorno natural, se aplica a contextos análogos y,
con ello, deja de expresar hechos concretos para, en cambio, referirse a tipos
de hechos con lo que la expresión se
vuelve abstracta.
Este tipo de transferencia semántica
se da de distinta manera y en distintos

grados en el refranero mexicano. En una
obra posterior estudiaremos, refrán por
refrán, los diversos procesos semióticos
que tienen lugar en Ía transformación
de una frase normal en refrán. Por lo
pronto, es importante hacer notar que
las "definiciones" de refrán que suelen
circular, como sucede en todos loe dominios del saber, parten de ciertos tipos
concretos de refranes. En general, 1e
puede decir, hay un marcado eurocentrismo en la noción de refrán actualmente disponible _entre nosotros. Si
comparamos la anterior definición de
Covarruhias6 con la que ofrece el Diccionario de Lingüística de Jean Dubois,7 nos percatamos de que en ambos se pide que el refrán sea una "sentencia" (Covarrubias) o un "juicio"
(Duhois citando a Julio Casar~). Ello
implica, por consiguiente, que los refranes, para serlo, tendrán que tener la
estructura A=8 en cualquiera de SIi
modalidades simples o compuestas: si A
entonces B, a B, A B, etcétera.
La definición de refrán según Casares
Según Duhois,8 J. Casares define~ refrán como "una frase completa e mdependiente, que en sentido directo Oalegórico, y por lo general en forma sentenciosa -y elíptica, expresa un pen&amp;t
miento -hecho de experiencia, e ~
za, admonición, etc.- a manera deJII"
cio, en el que se relacionan por lo~~
dos ideas". Es notoria la generali~J
ambigüedad de esta "definiCJOII

l. Por un lado se dice dd refrán.pe
es "Una frase completa e inde~
9
te". El mismo Duhois refiere la~
güedad y polisemia de la . .
"frase". "En ocasiones, dice, se

fr,,e como sinónimo de oración". En

referencia
al tipo textual de las "sent en. ,,
de la resp,uesta que va substituyendo cacias que se caracterizan tanto por su
da
vez mas las defin'iciones csencialistas
tono apodíctico como por su índole
de
corte
estructural es: "literatura es toabs_tra~ta ~n el sentido ya explicado. Esdo
a9uello
que soci:i.lmente funciona coto md1cana,
. , . , en todo caso , el "tono pa- mo literatura ". 12
1
rem10 ogico '. Se trata de un tono sol~mne. Empero, cabría discrepar de esta
Más aún la definición de Casares agrecircunscripción de los refranes a una inga
ª la "forma sentenciosa" el carácter
dumentaria hierática. Bastaría el " . ,,
11
VO
d
"
· " · ¿Qué es una "frase elíptib
1
e
e l'iptica
ca u ario de Correas
para conven,
ca"?
Don
Andrés Bello, recordado en
cernos de que una buena parte de "los
13
Db·
u -~is, se ,~ncru:ga por lo pronto de
refra,~es del refranero español no tienen
c_las1f1car las frases", entendidas como
una
~orma
sentenciosa"
en
ese
sentido.
a. Ay_ Chihuahua cuánto apache y
U~a simple ojeada, en efecto, nos per- smtagm~s suboracionales, en "frases
cuanto indio sin huarache.
st
mite percatarnos de que al lado de las s~b ~~tivas, adjetivas, verbales y adverfrase~ "sentenciosas", hay exclamacio- bial~~ ,?el tipo de:_ "La casa junto al
b. Chivo brincado, chivo pagado.
mar , atrapados sm salida", "morir
nes; mterrogaciones, consejos, órdenes,
etcetera. Correas, por ejemplo, trae en la ray~ '.', '1ejos del universo". Hay
c. O todos hijos o todos entenados. entre los "refranes" y "frases p
otra acepc10n del término "frase,, men.al ,,
.
rover _ cionado igualmente en Dubois.1 4 "F' .
b1 es expresiones del tipo: "Montón
,, . 'f
ra
~ adelante} mostraremos que no
se . ~:tm ica lo mismo que "locución",
Mo~hales, un concejo )' dos lugares",
lay Dln~na razon -ni siquiera desde la
¿Que venden en gradas? Castaiíitas def1mda a su vez en Duboisl5 como "un
~tiva de Casares- para eliminar
grupo de palabras (nominal verbal admondadas o tostadas", "j Qué tres, si
1 pre~ositiva, conjuntiva)
'
'
~franero mexicano todas estas exv_erh'ia_,
cuya
fueran cuatro, y el del medio más be~nes paremiológicas del tipo de las llaco.1" , "AJa'bate cesto, que ¡uiero ven- s1~tax1S particular les confiere el ca1
en las, que, por otra parte, dert e " , "Que' mas
, bronce que años on- racter de grupo e_stereotipado y r¡ue co,
ti&gt; ' Una razon podría ser el he- ce ,,, ,,_¿Que, eso? Rabanos
rresponde a una unica palabra". De esta
y queso''.
de que las formas paremiológicas BaSlana, pues, un somero recorrido por ~anera habría "frases prepositivas" del
~en la realidad muy variadas y, en el refranero de Correas para pen:atarnos trpo "debajo de", "frases adverbiales"
l:ra caso, una definición que preten- de la gran variedad de tipos y formas en como " por fi n " } "frases conjuntivas"
como "por más qué", etcétera. En re,_bace~sr de ellas debiera dar cuenta que se dan los refranes españoles, en essumen,
pues, una frase puede ser un sinleibiaJ: .alidad ~ no al r:vés. La realidad te caso.
8
tagma sub-oraci~nal de cualquier tipo
~ de u creativa_ ~o sol~ en el contex0 un smtagma sub-oracional
~
n~ ~ormatIVIdad smo a pesar de
(Bello)
Es respo~sabilidad del lingüista, bien
n::ahVJdadi Sin embargo, el ~ismo se sabe, registrar y estudiar los refranes estereotipado que funciona unitariamen0
te como adverbio, preposición uombre
que "en la gramática en tod~ su variedad. Si despuén de ello,
flllrt lrrue espan~~a s~ suele distinguir es (Jos1ble una descripción léxica u verbo o adverbio. Es evidente' que mu~
4o ,
Y oracwn sin que el conteni- una defi~ición, que se hagan. Si. lo que
chas de las expresio?cs paremiológicas,
~~~,0 a la primera sea siempre c~e decir de ellos es, simplemente, "re- ~es~e .una perspectiva exclusivamente
smtactica, son "frases", ya sea en el pri~an es toda aquella expresión que funmero ya en d segundo dr los sentidos
1? general en forma senten- c~ona como refrán", no habrá más reme- del vocablo "frase,, arriba mencionados.
dio que decirlo. El asunto, después de
lphca ". Esta indicación de una
Empero cabe recordar desde ahora que
tod?, _parece re~uci~e a aquella vieja
0 rrna sent
· " parece hacer
enc1osa
lo~
textos se definen por su función
polem1ca de ¿que es literatura?, en donmas que por su estructura. La estructura ~
E sentido la definición de Casares
átada por Dubois'. _quería decir que pa~
11 q_ue una expres1on paremiológica sea
ie&amp;án debe ser "una oración completa
e independi~nte ". Debe constar, por
llllto, de SUJeto y predicado: tener un
atagma nominal con la función de su,to Yun sintagma verbal con Ja de preícado. Desde esta definición habría que
dim!nar del mundo de los refranes ex¡reaones como:

r,

.:;es

"-iciojserva _

?,,;

�sintáctica, después de todo, depende de
la función del texto.

, entonces, una "frase el'1p¿Que, seria,
tica''? Según Dubois,16 "elíptico" es lo
mismo que "inacabado" o "incompleto" y se dice de "algunas oraciones a las
que les falta un elemento". Es decir es
una frase en la que tiene lugar el fenómeno de la "elipsis". Dubois insiste en
que hay un:a elipsis que es situacionaJ y
hay otra que es gramática. De hecho, estaríamos de acuerdo, sin más, que una
buena parte dP los refranes mexicanos
serían trases elípticas. Ello, sin embargo, está en contradicción con el requisito del apartado primero de esta definición de Casares, que quiere que el refrán sea una "frase completa e independiente". De lo dicho, habría qu1, desprender que tanto un tipo de frases como el otro pueden ser denominados "refranes".
Habría que mencionar, empero, que
la razón del refrán no está en su forma
sino en su funcionamiento semiótico.
Por ejemplo hay sintagmas sub-oracionales estereotipados que son refranes y
los hay que, ciertamente, no pueden ser
considerados como tales.

o

cv:&gt;

3. ''Que expresa un pensamiento a
manera de juicio en que se relacionan
por lo menos dos ideas". Esta última caracterización que la definición de Casares hace del refrán lo coloca ciertamente en la categoría oracional. Según,
pues, esta definición de Casares se insiste en que los refranes deben ser oraciones, deben tener la "manera de juicio"
y deben relacionar aJ menos dos ideas.
Independientemente del problema de
"contar" los contenidos lingüísticos por

"ideas", la caracterización que hace Casares del refrán además de contradictoria es arbitraria. De hecho, la única posibilidad legítima de caracterizar un tipo
textual cualquiera es a partir de su realidad.

5. De tal jarro, tal tepalcate.

~,ralabras del texto. No es un "juien el que se afinne explícitamente
~ de algo. Sin embargo es una oraao~, a~~ modo. ¿Es refrán? Yo respondería d1c1endo que funciona como tal.
En cambio "sin ton ni son" 0 "de cabo
1 rabo" aunque se refieren ciertamente
aun contexto al cual designan, sin embargo no funcionan como refranes sino
como "alocuciones" adverbiales.
cio

6. Padrastros, ni en lás uñas.
7. Echarle mocos al atole.
8. ¡Ojalá sea cola y pegue!

Hacia un concepto semántico de refrán

9. Sacar los trapitos al sol.
Un refrán es una expresión, normalmente mono-oracional, que constata, aconseja, pregunta, excla~a o declara a partir de una analogía de contexto, situación, entorno y circunstancias con los
originantes. La naturaleza del mecanismo paremiológico hay que buscarla en
la función del texto. Un refrán, decíamos más arriba, carga con su contexto y se adapta a una familia de situaciones cuyos límites están definidos por la
analogía situacional. Cada refrán tiene,
pues, dentro de un sistema social determinado, como el mexicano, un ámbito
de uso en el cual funciona sin violencia.
Una investigación. ulterior deberá definir
los refranes y clasificarlos no por las formas o estructuras gramaticales ,sino a
partir, precisamente, de estos ámbitos
de uso.
Para definir el refrán, sugiero que ·se
analicen expresiones paremiológicas de
dos clases: las que ciertamente sí son
refranes y las que ciertamente no lo
son. Veamos algunos ejemplos:

l. Quien mal anda, mal acaba.

2. Con dinero baila el perro.

3. Me extrafía que siendo araña te
caigas de la pared.
4. Hasta que se le hizo al caldo

10. Saludar con sombrero ajeno.
11. Sin ton ni son.
12. De cabo a rabo.

De las expresiones anteriores, 1 y 2,
por ejemplo, son ciertamente refranes
mientras que 11 y 12 no lo son. Eetas
últimas serían lo que el diccionario de
• nama "locuc10n
. , ,,.11 eorno var
Dub01s
dijimos, aunque parezca tautoló~co habría que decir que son refranes las eI·
presiones que cumplen la función derefranes sin importar su forma.

S_i consideramos, en cambio, las exJffl!Ones 6 Y 8 de nuestro listado de
('Ueha tendremos que aceptarlas como
1tfranes a pesar de que en la forma di~n }el tradicional juicio paremioló~- Padrastros, ni en las uñas" es
~ente una exclamación paremio..-..,Se trata, como se sabe' de una
etpreslon producida por el contexto
fle ª partir de la doble acepción de )~
~ra "padrastro" rechaza la realidad
~•~ en . ~mbas acepciones. Equivalia. s1 tuv1Pramos que cambiar de tipo
lextuaJ
la , a "no aceptes padrastros ni en
~as':·. Es evidente que el sentido
flremiologico de esta última sentencia
11,t~ctam
.
de la expresión
..
en te e1mISmo
"padrastros, ni en las ufias". De4e ~ ~e aquí una regla que nos puetÍJG8tt utd _an~e _los puristas: una ex pre. paremiologica es un refrán cuando
Pled iar su sentido
. paremiológico,,
e ~ormularse en términos de una
~n~. claramente paremioló~ca. Es
Pl'lncipio de sustitución.

¿Cuál es la función del refrán! F.,
obvio que urge responder a esta pregut
ta toda vez que de ella hacemos deptt
der el rasgo ae lo paremiológico por•
tonomasia. Por un lado cabe ol,sertl
que un refrán es un texto ligado 1 •
contexto extra-textual· más aún es•
texto exigido y produ~ido por la_sitat
ción extratextual; o al menos ~
mente ligado a ella para su lectura.
importa, pues, si afirma o si niega,;
Laex ., 8 es también una expregunta o exclama, si constata 0
dani ., presion
~CJon. Estaría incluida en el seclara.
_.Un"f _, ~po de la clasificación de Ru'' Hasta que se le hizo al caiuv
i ~a referida. En nuestro caso to•
hexpresión descansa en el "ojalá".
obviamente una exclamación. F,n
compara una situación actual COII
echo: la frasP. originante y signifiaeria 1·o·Jªl'a pegue.r Es dec,r.
. totuación referida por los signi

::;u=

--·

t

da, la_ expresión descansa en la primera
y ultima palabra. En ellas está el sentid~. El mecanismo paremiológico es el
mismo del anterior: descansa en la doble a~epción de la palabra "pegue", que
permite expresar el deseo de que así como 1ª " co1ª" pega as1' la circunstancia
que provoca la expresión. Como se ve
toda la expresión, salvo su forma cum~
ple los requisitos habituales de ios refranes. En cuanto a la forma hay, simplemente, que aceptar que no todos los
~efranes . tienen un sustrato semántico
mterlocutivo. Aquí tenemos una exclamación pura en que, sin embargo, se
supone un interlocutor presente - nadie habla solo-, a pesar de que la estructura ~o refleje la dinámica yo-tú
~e toda mterlocución. Una característica, pues, dominante aunque no indisp~msable en los refranes es la de que estan estructurados como una interlocución que pu~de sei- didáctica, parenética, exhortativa, declarativa o constativa. Esta estructura, aunque presente no
está explícitamente reflejada eii la' estructura sintáctica de los refranes exclamativos.

A causa de lo anterior, es natural la
resistencia a considerar refranes este tipo, d~ expresione~ paremiológicas. Recuerdese que el refrán nace en un contexto didáctico-parenético. Son las recomenda~iones del padre o ancestro que
transmite su experiencia de las cosas a
su descendiente. En este sentido los refranes exclamativos del refranero mexicano estarían fuera de lugar. Sin embargo, ya desde Correas y los viejos refraneros españoles -sabemos que la forma
parenética original de los refranes pronto aceptó otras formas. Correas acepta
al lado de las exclamaciones, los lemas y

hasta minidiálogos:
Majaderos de Cambray ¿Cuántos
hay? -Hartos hay.18
'
¿Qu~ (es) eso? -Rábanos y queso.19
¿Qfó ganais madre? -Lo que se pe-

ga.

El refranero de Correas está lleno de
~echo, ~e ese tipo de refranes interr~ga~vos e mterlocutivos. Así, pues, el menc10nado maestro no. tuvo emoacho en
acep~ar(os como refranes, al ~enos en
la practica.
. Hay_, por lo demás, otro tipo de con~derac1ones provenientes de la pragmática,_ '.I°e nos hacen variar el concepto
~ad1c1onal de "oración" a partir de las
crrcunstancias
de un proceso de comu· ., 21
mcac1on. . Lope. Blanch ,22 por su parte,
P?ne ~? eV1denc1a documentadarnente la
~scu~1?n,,en curso sobre el concepto de
orac1on frente al de proposición, entre los autores estudiosos del castellano.
Cuando ya recoge los resultados de una
do,cumen~da discusión a lo largo de
mas de cien páginas, Lope Blanch trae
~ par de consideraciones que, independientemente
del problema de las deno_
. .
nunac1ones, vienen al caso al asunto que
nos ocupa:
- "El núcleo de oración también
puede ser un verboide ", 23
- Las expresiones exclamativas que
constan de dos o más voces "no
d_eben c?nsiderarse como interjecc10nes smo como verdaderas oraciones, que• cuando más, necesitan suplemento de algún verbo"· 24" Lope,. sin embargo, entre
estas elocuciones exclamativas,,
"oraciones",
.
"frases ,, "vocati-' .....
w

�vos ".25
En resumidas cuentas, me parece que
se pueden proponer las siguientes conclusiones:

l. No es indispensable que una expresión paremiológica, para ser refrán
asuma la estructura de una oración
declarativa con S y P como elementos constitutivos.
2. En el refranero mismo, por ejemplo
en el de Correas, existen casos de refranes con otro tipo de estructura
textual. Por ejemplo la interrogativa
o la interlocutiva.

3. Existe aún una discusión en curso sobre la vigencia de denominaciones co. , ,,, " c)ausu
' 1a ,,, " preposi-.
mo " orac10n
ción", etcétera.

4. Son refranes las expresiones exclamativas que están constituidas por una
cláusul.a, entendida ésta como una
"unidad de manifestación que expresa el propósito comunicativo en su
integridad''.26

..
., .
'

5. Los refranes deben ser definidos tanto por sus rasgos sintácticos como
por sus rasgos semánticos. Por sus
rasgos semánticos cabe decir que es
refrán el sintagma que, teniendo una
polivalencia funcional en relación a
su contexto, "manifiesta un propósito comunicativo en su integridad ".
Desde una perspectiva sintáctica el
refrán puede ser una oración, proposición o cláusula en los sentidos mencionados.
6. El refrán es un tipo contextual por

excelencia. Es producido en efecto
'
por el contexto extralingüístico
e in-'
terpretado por él.
La exclamatividad como rasgo paremiológico

Incluimos en esta sección tipos de refranes por una parte, entre cuyos elernentos hay alguna interjección "ay" o
que, por otra, tengan algún otro rasgo
exclamativo como "¡qué... !", las formas imperativas ( ¡ábranse... !) o interrogativas. Todos estos ti pos textuales suponen una ejecución del refrán (performance) en que el refranero grita o
exclama movido y provocado por la
situación. Por tanto, hacemos recaer la
exclamatividad no tanto ni tan sólo en
algunos rasgos sintácticos sino en la conveniencia o adaptabilidad del refrán a
un entorno exclamativo. Esta conveniencia o adaptabilidad se da siempre en
los textos contextuales.27 Los textos interlocutivos son siempre contextuales.
El refrán, no importa su tipo textual, es
siempre un texto que funciona de acuerdo y dependiendo del contexto.
Para decir, por ejemplo, "¡gracias!"
o " ¡buenos d'ia~ 1. " se reqmere
·
un contexto extratextual determinado que el
hablante nativo identifica espontáneamente. Es decir, de una manera espontánea y natural el hablante sabe cuándo
se dan las condiciones apropiadas para
decir "¡Gracias!" En el contexto, por
ejemplo , del universo formal de· la cortesía, estos entornos apropiados no son ,
identificados espontáneamente sino mediante un entrenamiento y, por tanto,
en forma artificial.
En un universo espontáneo nadie

dice "¡~acias! ". . . después de una
paliza o después de .que lo han asaltad.o; a no ser que quiera referirse a la
fortuna de no haber muerto en manos
de los atacantes. En todo caso no les
daría las gracias a sus agresores sino
al cielo por haberlo librado del trance.
En el universo de la cortesía es posible
que luego de una reprimenda un criado diga a su patrón " ¡gracias, señor!"
Así, pues, los textos interlocutivos siem•
pre buscan la congruencia con el entor·
no que los provoca.
Ahora bien, un contexto exclamati•
vo es aquel conjunto de circunstancias
extratextuales que obligan al hablante
a gritar, exclamar, clamar, increpar, o
cualquiera de las modalidades textuales
de esa índole. La exclamatividad es. en·
tonces, ese rasgo que aunque perceptible intuitivamente -de hecho, basta para funcionar una percepción intuitivahace que esos tipos textuales conven·
¡¡;an a esas circunstancias. Así, los refra·
nes, como:

- Ni tanto que queme ai santo, ni
tanto que no lo alumbre.
No como tamales por no tirar las
hojas.
Esas de la frente china son lasdd
ganado bravo.
¡Cómo estarán los infiernos que
hasta los diablos se salen! ·
Aunque algunos refranes de este tipo formalmente no tengan ninguna ma_r·
5111
ca sin táctica de tipo exclamativo,
embargo, su entorno es exclama~ •
hay una coherencia entre ellos Y&amp;1lllt
ciones exclamativas. En base a eBo lit
mos hecho esta selección. Rec~
que los refranes incluidos en esta

.

'

pía a partir del rasgo de exclamatividad. pueden ser catalogados en otra a
pl'br de otro rasgo.
Dléxico de los refranes exclamativos

flta categoría de refranes mexicanos
hcue~temcnle remite a la "filosofía,,
ie la Vida de los bajos mundos. Funcio• ~ e~e ~n~v~rso libre y dicharachero
fie, sm mhib1c1ones, ni tabúes léxicos
fila, e~~lama, interroga O proclama s~
"ftrdad , no apta para gente formal
Mochos d_e estos refranes se expresan e~
bque Jaime Martín llama el habla viva
4el "'?a_rginado Y problemático" en
cuy? lexico se proyectan "afectos, senlíaientos, reacciones y aun lo subconsClente y reprimido". 28
~vemos algunos de esos refranes el
sabrá de qué estamos hablando:

- Ahranse piojos que ai les va el
peine.

- A c3:1&gt;allo andan los hombres y no
en pmches burros ojetes.

- Ya encarrerado el ratón, que ch ingue su madre el gato.

- ,\ esr culan lro tan seco le falta
una regadi ta.

- N~ sacuda tan to el chile que se le
cai la semilla.
1·Ah. ~ra 1o verás huarache, ya aparecio tu correa!
~ora llueve en el Palmar o nos
eva la tiznada.
'

S? me hace mucho jamón para un
pmche par de huevos.

las
¡ "malas
. palabras,, ~ basa con mucho
e espac10 de esta breve mención. Las
palabras han solido convertirse en "
ma- Ahora sí que las de abajo cagaron las,, 1
.. a omos, generalmente, de tabúes
a las de arriba.
religiosos
y,, sexua¡es, prmc1palmente.
. .
L
"
as malas palabras, de hecho, han siComo quiera sale un buey parien- do :argadas de la connotación de una sado la vaca un toro.
cralidad maldita. Si lo sexual fue tab,
y pe~ado, se debió a la guerra que desd~
Por apretado que sea, no hay culo la mas remota antigüedad ha declarado
que se pea.
a~ sexo el mundo de.lo refüioso. E ~1'xico
• l
b
n, e
d ' _por ~J~~1,P 0, los viejos expedientes
- que beban agua los hueves que
e 1a mqws1c1on guardan el más genuino
tienen el cuero duro.
·
y reputado
,,
" repertorio de " malas pa1abras ; 1as. blasfemias", por eJemp
·
1o son
- Echate este trompo a l'un-a, mien•
un para_d1gma de las palabras "malas". Si
tras que te bailo el otro.
se analizara el mecanismo semi 'ti d
la "blas fem 1a
. " - y en
o co . e
· , posterior
ocas1on
1
h
o. aremosse po dna
, o bservar, aun a
El chiste no está en ser cusca sino
.
en saberlo menear.
Simple
vista,
que
el
modelo
ma's frecuend b
.
te . e lasfemia consistía en asignar al
Mal de muchos consuelo de pen- ;uver~o sagrado de los dioses predicadejos.
os salidos del mundo del sexo.
El ~niverso de este habla mexicano es
un, u_mverso que aprendió a romper sus
n,1ultiples cadenas a fuerza de lenguaje.
Esta habla popular está sustentada en
efcc~?, en un léxico que encaja en 1~ repr~s1on sexual ~e· corte machista, CU}O
umvcrso fememno apart'ce siempre como un objeto cargado de deseo. l\.Juchos
de estos refranes revelan viejos atavismos f_ormulados en un lenguaje vulgar
~u~, sm embargo, es un espacio de creatJV1dad lingüística porque no acepta
censu~as, ni se pliega ante los prejuicios
y tab_ues acadfmicos y lingüísticos. Por
la m1_sma razon, este tipo de refranes
constituyen una de las muestras más espontáneas del habla mexicana.
El asunto de la censura lingüística y

L~s "malas palabras,, entonces se
convierten en el hablar confinado a los
cuarteles, las cárceles, los centros de
vtc10 o las clases sociales que se arrast~~n, por obra Y gracia de la jerarquizac101'. d~ clases, entre los escombros de
d1g111dad humana. Frecuentemente la
mala" , pa)ah ra es una protesta contra
'
lo~ tabues y remilgos de las clases dommantes. Otras veces e-~ un sunp
. Ie mo-·
d
o ,de hablar de quien ya no tiene nada
qu&lt;' _p.,rder u ocultar porque ya lo ha
perdido
lodo y porque desde hacem~
~
. o vegeta en un. universo casi-animal.
Sm
embargo, las ·'malas,, palaL ras
. son
ta b',
. m ten.. una marca de espontaneidad
mformalidad
o intimidad , para. " rom-,
,,
per con las restricciones y tirantez de
la formalidad; una "mala palabra"
d . d'
puee m icar al interlocutor qui' estamos

!~

¿z

�''en confianza". También pueden ser
síntoma de la prepotencia y grosería del
superior con respecto a su subalterno
como una nueva forma de envilecerlo.
Las "malas palabras", pues, contaminan
de su "maldad" tanto a quien las dice
como a quien se dirigen. En el refranero
mexicano, habla espontánea del pueblo,
no es raro -por una u otra razón- encontrar refranes que, como los exclama- ·
tivos, están salpicados de "malas palabras" como síntoma de viveza y picardía típicas del hablar popular mexicano. Como dice Jorge Mejía Prieto, 29
"en un medio hipócrita, teñido de puritanismo verbal, se volvía liberador y
estimulante el lenguaje cifrado de los albures, convertidos en burla y flagelo de
moralistas y mojigatos".
Refranes versus albures

Muchos de los refranes incluidos en la
categoría de "exclamativos" son, de
hecho, "albures". Me refiero a esa categoría textual mexicana que florece
a orillas del sexo siempre con un sentido
sexual subterráneo que se desliza en
"si¡!;nificados" 3 inocentes. El albur se
finca en un manejo experto de la lengua.
A las palabras de albur - término tomado d~I vocabulario también proscrito
de los tahúres- se las retuerce, exprime
y da vuelta para que suelten .ese sentido
vergonzante pero sabroso y pícaro:

º

¡Nunca falta un chile en papas en
un bodorrio de pobres!
¡No sacudan tanto el chile que se
riega la semilla!
¡La calabaza en Za coaleo crece más
qur en Lechería!

¡No me agarren el chiquito porque
comienza a chillar!
En realidad, aunque nacidos como albures en aquella publiración de los veinte llamada -La madre Matiana, 31 funcionan totalmente en la actualidad como
refranes exclamativos. En realidad, el albur no siempre adopta la forma paremiológica como los casos arriba referidos: la mayor parte de las veces se desliza entre las frases de una conversación o diálogo ordinario; otras veces,
adopta las formas más prestigiadas de
las coplas, como las de las famosas "topadas". Mejía Prieto 32 re'coge dos sextetas albureras del "Vale" Bejarano, un
improvisador veracruzano. Helas aquí:
Yo enamoré una jarocha
por agarrarle las chiches,
y me dijo la fantocha:
muchacho no seas metiche,
si quieres comer panocha,
más abajo está el trapiche.

Y la otra:
Una cosa me costerna
y me tiene muy contrito:

- Aunque le chille r.1 cochmo,
no le sur.ltrs rl mecate.
El prometer no empobrece,
el dar es lo que aniquila.
- La cuña para que apriete,
ha de ser del mismo palo.

Como se puede apreciar por estos

en la cárcel se me interna
sin tener ningún delito,
sólo una papaya tier:nu
que picó mi pajarito.

ijemplos, el carácter enfático de los
rdranes exclamativos descansa en el
iegundo verso que tiene, a su vez, ten-

dencia al ritmo trocaico.

En resumidas cuentas, pues, se puede
decir que algunos de los refranes exclamativos tienen una semántica alburera,
ya sea porque nacieron siendo albures,
ya porque ambos géneros nacen del mismo afán liberador y de protesta entre
una gente que gusta de la viveza de b
lengua en los dobles sentidos y juegosde
palabras.

Ritmo y formas de los refranes exclamativos

Salidos, como se ha dicho, del ba~
mundo del albur, del cancionero mexicano y de otros rincones del habla popular estos refranes, sin embargo, han
conservado en buena parte las estruc•
turas rítmicas, que no la rima, de 1~
viejos esquemas de la tradición oral. ~~
gu; prevaleciendo en ellos, por ejemplo,
el esquema binario en el que ~igue pre&amp;e~
te un isosilabismo que oscila entre .
ocho y las siete sílabas de preferencia:

oooóoo o
ooóoooo

011

00

oooóo ooÓº
oóóooo 0 ó 0
oóoo oo
óoóoóo

Empero, como se verá en el listado
f1t de estos refranes ofrecemos, hay
aa buena cantidad de ellos que, o no
adoptan el esquema binario, o se ciñen
1 metros menores al grado de adoptar
11 binarismo sólo sintáctico de hecho.
Sil embargo, la rima casi está ausente
iaen este tipo de refranes.

con aplomo. Los refranes exclamativos
pues, son más proletarios que burgueses:
heterodoxos más que ortodoxos, masculinos más que femeninos, rurales más
que urbanos, etc., a partir de su entorno.

12. Véase, por ejemplo, la manera como discute el problema de la li\eratura T. Todorov
en su ensayo" ¿Qué es literatura?" en Deslinde n. 2, año I, traducción de Herón Pérez Mart ínez.
13. Op. Cit., p. 293, a propósito de "frase".
14.lbid.
15.Op. cit., pág. 408.

NOTAS
16. Op. cit., pg. 218.
17. Véase arriba.

llteervaciones finales

l. Da.río Rubio, Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, ed. A. P.
Márquez, México, 1940, vol. I, Págs. 1115.

19.lbid., p. 417.

!'.ate tipo paremiológico mexicano, re-

2.Op. cit., p. 15.

20.lbid.

3./bid., pág. 12.

21.Cfr. Teun A. Van Dijk, Estructuras y funciones del discurso, Siglo XXI, México
1979.
'

8e~ más un universo machista que
mundo feminista. Revela prejuicios
de macho sobre un universo femenino.
De hecho una parte importante de estos
imanes están tomados del mismo amliente galano y florecedor que los piro(I06: muchos funcionan, en efecto, colO piropos. En el contexto que acompaila la circunstancia del texto aparece
ton más frecuencia un borracho, un
campesino, un valiente "macho", que
IBa dama en cualquiera de sus modaliiades sociales. Tampoco va a tono, colO recitador de estos refranes exclallltiv~s, el sabio o el padre que, como
~ anciano, sentencian, aconsejan y deshan s~ experiencia en textos pausados,
bnquilos y ecuánimes: "nunca dejes
camino por vereda".
111

4. Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, primer diccionario de la lengua (1611 ), Edit. Turner,

México, 1984 Edición facsimilar.
5. Para una bibliografía válida sobre la metáfora y, en general, sobre la teoría retórica del tropo, además del texto citado de
Michel Le Guern, La metáfora y la metonimia (Madrid, Cátedra, 1980), conviene
mencionar los múltiples trabajos q,e Heinrich Lausberg. En especial, su Manual de
retórica literaria, que en dos volúmenes
publicó entre 1-966 y 1967 la editorial
Gredos de Madrid,
6. Véase nota 4.
7. Jean Dubois y otros, Diccionario de lingüística, Alianza, Madrid, 1979, p. 527.

~dividiéramos el universo de los re-

8.Loc. cit.

, exclamativos en urbano y rural
:!;:os que prcfien:n lo segundo: pre~ el lenguaje ranchero y gritón,
~-~" Y arriesgado que la sentencia,
Clo o la frase concisa dejada caer

9.Op. cit. p. 293.
10.Loc. cit.

11. Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes
y frases proverbiales, Madrid, 1924.

18.Op. cit., p. 285.

22. Juan Manuel Lope Blanch, El concepto de
or~ción en la lingüística española, UNAM,
Mexico, 1984.
23. Op. cit., p. 385.
24.lbid., pp. 99-100. En realidad la parte en-

trecomillada de esta cita está tomada por
Lope Blanch de la Gramática de la Academia en su edición de 1781 como el mismo
Lope lo advierte.
25.Ibid.

26. Sobre este concepto de cláusula véase a
Lope Blanch, Op. cit., p. 104.
27. Para la distinción entre textos contextuales y textos acontextuales o independientes del contexto véase mi artículo "La
intraductibilidad. . ." en Deslinde, n.
8, Monterrey, 1985.
28. Jaime Martín, Diccionario de expresiones malsonantes del español, Madrid,
Istmo, 1984, Col. fundamentos, pág.
12. Cfr. también, Víctor León, Diccio-

�nario de argot español, Alianza Editorial, Madrid, 1981.

RESCOLDO

29.Albures y refranes de México, Ed. Panorama, México, 1986, p. 14.

30. Tomo la palabra "significado" en el
sentido que fue difundido y defendido por
el lingüista rumano Eugenio Coseriu. De
él, al respecto, puede verse El hombr~ y
su lenguaje, Madrid, Gredos, 1981, passim.

Aunque es indiscutible el poder que tiene el tiempo para
convertir en ceniza cualquier página, es el hombre quien
fuera llamado a descubrir una y otra vez el rescoldo: guiño
luminoso que no; dirige nuestro semejante desde el ayer.

31.Cfr. Jorge Mejía Prieto, op. cit., p. 14.

32.0p, cit., pp.12-13.

Este 9 de agosto se cumplen veinte ai!os de la muerte del
poeta español Pedro Garfias: sus r~stos descansan en suelo
regiomontano. Es por ese motivo que reproducimos las líneas que le dedicara el también escritor de origen hispano
José de la Colina. Las hemos tomado de Comunidad Conacyt, México, núm. 132-133, año VIII, diciembre 1981-enero 1982, pp. 66-6 7.

w
....J

�POESIA: MONEDA PARA
COMPRAR NADA

José de la Colina
Nada pasó una empresa laboriosa, plantar el pie que echaba inmediatamente
raíces en el asfalto y luego arrancarlo,
desarraigarlo de allí, y otro paso, otra
vez a punto de quedarse plantado en el
suelo, y nuevamente el tirón: andar era
eso para él. Empujar la noche céntrica
de la ciudad de México, blanca Andalucía de tejas rojas detrás de la, ay, tan
concreta realidad del cemento, Laberinto nocturno del exilio sin más ayuda para guiarse que esa brújula, esa llamita de soldado desconocido, encendida siempre en la noche espesa del cuerpo : el alcohol. Pedro Garfias caminaba
masticando, rumiando, mascullando un
verso una y otra vez reiniciando , una
y otra vez sacando en limpio el borrador de la memoria, y la lamparita del
vino, del ron. del tequila, lamía suavemente el corazón allá dentro o daba
feroces tarascadas de dragón a las paredes del pecho. Duro de andar y dulce
el cantar. Otro paso, Pedro , uno más.
Jalar todo el peso oscuro del cuerpo,
el animal cada vez más nocturno que se
es. Otro paso, otro. Y otro verso y otro.
Pedro no requería de papel ni de tinta
ni de pluma, sólo aquella llamita en el
plexo solar, alimentada con una copa
que milagrosamente, cuando el milagro
ocurría, surgía a la vuelta de la esquina.
Y Pedro cambiaba copias por copas, como un ropavejero de la poesía. Incierto
el rumbo, pero la brújula señalando a la
fuente inextinguible, "qué bien sé yo
dónde la fuente mana y corre": el alcohol.

g;¡

Lo qms1eron arrancar al alcohol;
cuando aún se pensaba que era posible, y Juan Rejano le dijo que si seguía
con aquella vida desordenada el Partido
lo iba a expulsar. Terrible ramalazo de

conciencia para Pedro. Esa noche recorría las cantinas, alimentaba la llamita
y decía:
- A mi er Partío me quié echáaa, . .
Pero yo ... yo fiéee como un peerrÓ.
Fiel como un perro al partido que lo
quería echar si no dejaba de beber. ¿Pero cómo soportar la ciudad siempre extraña que le eclipsaba su blanca Andalucía?, y'Pedro tiraba del cuerpo propio,
la carne enmohecida, esponjosa, rancia
de insomnios y delirios, y echi:ndo raíces y arrancándolas de cuajo se iba paso
a paso, con las manos a la espalda, con
el perfil a la vez de cuervo y de león en
invierno, la melena gris de tiempo y de
caspa, los ojos bifurcados, amarga la
delgada boca. A veces levantaba una
mano como una garra, torpona, y hacía
el gesto de esbozar o acariciar un paisaje en el aire. (Como, ¿recuerdas?, en
aquel anochecer en lo alto del templo
de la Valenciana, Guanajuato, y fue el
mismo gesto de pasar la mano por las
tejanas y desnudas curvas de tierra tan
mineral, como modelándolas para impedir que las deshiciera la noche•.) Allá
iba Pedro Garfias. con su patético gesto de sorber los mocos, con su mirada
dispar. Envuelto en su aura de ardientes
y baratos alcoholes y pese a todo cargado, cargado a muerte, de pólvoras
quemadas : torturado por aquellos romances de la guerra civil española que le
circulaban aún por las venas endurecidas, intratables. Un juglar plebeyo, mercenario. En las tabernas los gachupines
le pedían los poemas esper.ibles de la
Andalucía a olor de piel, mucho clavel
y muchos pases de toreo y las más trilladas penas penitas penas. "Ahí viene
Pedro Garfias -decía el gachupín de la

barra-; es un gorrón d~ copas y se pone
muy pesado cuandv se acuerda de que
es rojo, pero, coño, qué versos más bonitos le ha hecho a Manolete y a S~-illa... Y Pedro llegaba, se agarraba del
mostrador para no ser llevado por su
eterna resaca particular, esperaba el trago
que le reajustara las vísceras, sentía crecer otra vez la llamita, azul, y magnífica y dolorosa allá dentro. Y pagaba
con los versos pre".'isibles, bonitos y
fáciles para chulapos y gachupos. Pero
la llamita crecía, iba mordiendo el alma, remordiéndola, y Pedro se enÍos·
caba de pronto en un silencio de toro
estrábico. quizá sorbía horrísonamente
la eterna y empujona mucosidad que le
venía a la nariz, los ojos parecía que se
le disparaban aún más cada uno por un
diverso rumbo, la mano se levantaba
como una blanda garra, rasguñaba d
aire, y de pronto le empezaban a brotar
los octosflabos naturales y hermosos,
verdaderísimos, y se dibujaba en d
aire la mirada azul de Jimeno, capitán republicano del batallón de Garcés (" ¡Capitán de la cabeza a los pies!") y la voz
de Pedro se hinchaba como una ola de
rugidos y carrasperas y sorbos y eructos
e hipos, y las silabas se alargahan Yse
abrían, la A era interminable, la Ocomo
un pozo sin fondo, y en los relentesdd
humo y del alcohol y de olés idiotas lanzados por alguien de la concurrencia, iba.
alzándose el romance como una lanza de
luz, como una saeta, haciendo sangrard
aire, y de pronto allí estaban otra ves
el humo y la pólvora, las silbantes balas.
las restallantes banderas, un acre arollll
de epopeya, una aura de 1936-39:

Batallón de Villafranca
que Villafranca has perdido:

,e afilando tu coraje
1la par de tu cuchillo. ..

Jallí estaba Pedro lamentable y granioao, romanceando buenamente como
a,er en las trincheras y finalmente, ofredmdo aquella moneda todopoderosa
,e no sirve para comprar nada, la poem, y la llamita creciendo hasta incenir el cuerpo ya trabajado por la periia de los alcoholes, dP. la nostalgia, del

evelo.

~

,,.,

,- ~u~-i2.
1-i2.

�EL ULTRAISTA PEDRO GARFIAS

Miguel CovarrubiasA casi setenta años de su iniciación, el
ultraísmo, movimiento literario español
fenecido en 1923 (más o menos), mantiene -de acuerdo con sus posibilidades- en virtual estado de prestigio permanente los nombres de Rafael Cansinos-A$éns (1883-1964), Ramón Gómez
de la Serna (1891-1963), Vicente Huidobro (1893-1948) y Guillermo de Torre (1900-1971): incitador y crítico,
precursor, teórico e historiador y crítico, respectivamente, de esta corriente
de vanguardia.
A ese grupo selecto habría que añadirle el de ciertos poetas juveniles y
ultraístas de entonces: Gerardo Diego
(1896-1987), Jorge Luis Borges (18991986), Pedro Garfias (1901-1967).
De este triunvirato poético hay que
decir cosas como éstas: los dos primeros -recientemente fallecidos, longevos- no gozaron de menguado sino de
sonoro reconocimiento público, premios y ediciones envidiables. El último, por el contrario, sufrió el silencio
de sus pares en la poesía contemporánea de lengua española, hambres y nomadismo, destierro casi total del reino
editorial.
En cuanto a la actitud frente a su
desenfado de escritores primerizos, los
españoles y el argentino difieren. Este
fue, ya hombre maduro, irónicamente
cruel al decir: "Todos sabíamos que el
ultra ísmo era una especie de broma; jamás nos lo tomamos en serio, aunque la
pasábamos muy bien reuniéndonos; disfrutábamos con nuestra amistad, pero
en cuanto a los manifiestos y todas
aquellas cosas, 'el único factor básico de
~ la literatura, es la metafísica', podíamos
0

haber dicho también que el único factor
básico era el P.Unto y coma o el punto y
aparte, ¿no? " 1 Por su parte los españoles no reniegan de su producción juvenil. Diego incluye en su muy nombrada
antología Poesía española contemporánea de 1932 y 1934, ocho poemas
-cuatro y cuatro- de sus libros creacionistas-ultra Ístas, y Garfias recoge sin mayores explicaciones en su primer libro
los poemas de sus veinte a~os. Otro poeta y crítico contemporáneo español, Dámaso Alonso, coincide con Borges al
aseverar:· "Apenas produjo nada durable" el movimiento Ultra. Pero "sin él
difícilmente se puede explicar la poesía
posterior."2 Eso es : esta vanguardia, como las otras, más significó como purihcador iconoclasta del arte literario que
como logro de creadores individuales.
Bueno, esto se ha venido repitiendo
desde hace muchos años y lo aceptamos de buena fe, aunque también
creemos necesario hacer dos o tres o
cuatro distinciones.

fesionalismo, sus metáforas no gratuitas,
intencionadas. El verso libre es lo único
qlJe denuncia -en lo formal- a este libro como producto de la era contemporánea. Pero ¿en dónde quedó entonces el ultraísmo? El propio autor se encargó de privar a su obra de lo que en
1969 llamó "inocentes novedades ruidosas". Y ya metido en ese camino suprimió palabras, versos, poemas enteros.
Borges se puso drástico y extirpó las
señales visibles de s1,1s pecados de juventud.

Veamos, en concreto, los libros de
estos tres poetas, escritos en el mismo
periodo. Los títulos: Imagen (1922) y
Manual de espumas (1924) de Gerardo
Diego, Fervor de Buenos Aires (1923)
de Jorge Luis Borges y El ala del sur
(1926) de Pedro Garfias. Son notables
las diferencias entre los libros de los
españoles y el de Borges. En la obra de
este último encontramos algunos argentinismos que -lógicamente- nunca
lograrían alojarse en la lírica de sus
compañeros.

Otra es la manera de proceder de Diego y de Garfias. Y es que también otro
fue el resultado de su quehacer poético-vanguardista. En pocas palabras,
esto es lo que nos parece: Gerardo Die•
go es el más lúcido y el más fiel a ~
nueva escuela porque puede cultivar con
igual maestría otras tendencias (el caso
de Versos humanos, 1925, poesía dt
tradición, de estructuras poéticas fijas),
Pedro Garfias, a nuestro juicio, escribe
el libro más variado y más equilibrado
de los suyos. ¿Variación y equilibrio_en
relación a qué o a quién? Pues consigo
mismo, ya que El ala. del sur contiene
secciones claramente ultraístas corno
"Acordes" y "Ritmos cóncavos"; otrl
son de índole tradicional como "Roman·
ces y canciones", "Tres poemas
ledo" y "Motivos del mar," La sece1on
que abre y le da nombre al vo!umen,
dt
J.unto con las dos últimas, "Motivos
,, :!(ID
la ciudad" y "Motivos del campo ,
de legítimo y profundo influjo macht
diano.

Niega -y con · mucho- postulados
básicos del vanguardismo. Verbi gratia:
lo anecdótico o argumental, cierto con-

En Pedro Garfias, poeta joven qtJ
vivió el ultraísmo, la tradición espait'
la y la vanguardia contemporánea

combaten. Al contrario, celebran un
encuentro annonioso y, pasado el tiempo reglamentario, nos entregan su fruto: El ala del sur, poesía que atraviesa
cinco décadas sin desmadejarse. ·Esta
f8 nuestra tesis.

NOTAS
!.Esteban Peicovich, Borges el palabrista
Letra Viva, Madrid, 1980, pp. 171-r72'.
2.Dámaso Alonso, "La poesía de Gerardo
Diego", en Poetas etpañoles contemporíneo,, Gredos, Madrid, 1952, p. 245.

Kant. Julio 14 de 1987.

de!~

"P l'frabajo leído dentro del programa
edro Garfias a los veinte años de su
lluerte"· Facuitad de Filosofía y Letras/
UANL
, septiembre 2 de 1987.

- - ---

--.. -,
~

�AMOR. LATINO: EJEMPLOS DE LA
CULTURA POPULAR
..

Menno Vellinga
" ABANICO

~bado me busqué una no"l'ia
ll domingo me casé
f lunes dormí con ella
bartes le di garrotazos".

¡ooucción
Lte estribillo tradicional argentino es

,na de las numerosas coplas con conte-

1

r

n1

-n

)

~o semejante cantadas en América
l,atina 11ue refuerzan la imagen de una
~periori&lt;lad masculina inflexible, y hacen aparecer las coplas holandesas exallando a los "muchachos resueltos y
1
pllardos ' como la canción "Flor azul".

Estas coplas nos muestran a la mujer
despotismo de los macl,os,
to una sociedad en la que los hombres
fiereen la supremacía.

amerced del

Pero, ¿son esas estrofas la expresión
ftt'Ídica 'de la realidad? ''Mátame si
!Ioieres pero no me dejes", cantan las
~exicanas. El ambiente de broma en el
pial se canturrea muy seguido canciones
~mo ésta revela, sin embargó', 'una COl'l·
tiencia más clara del rol qu~ fiesempellan y de las alternativas de poder, ligaitas más &lt;le lo que las palabras dejan
i:omprcnder.
F.ste tipo de expresiones culturales delaminan la imagen de las relaciones en~ tos dos sexos en América Latina. El
romplejo cultural al cual ellas nos remilen gusta por su simplicidad y su nitidez.
No_debe sorprender entonces -y esto

aplica tanto a los autores latinoameri. como a los que están fuera del
cultural estudiado- que se anali~ relaciones, en la mayor parte,
;angulo de este complejo.

A partir desde los años seteRta, el
debate en el seno del movimiento feminista ha puesto ese. tipo de análisis en
primer plano .1 Es evidente que aquellos
investigadores que buscan una confirmación de la supremacía del macho y de la
sumisión de la mujer en América Latina
no necesitan hacer un gran esfuerzo: en
la vida diaria acudir al machismo y al
marianismo es moneda cotidiana.

caciones, denuncia la influencia preeminente del machismo sobre el comportamiento, pero describe al mismo tiempo
muchas situaciones en las que la manipu_lación de los hombres por las mujeres
es tal que, al menos, se podría poner un
poco en duda su caracterización de las
mujeres como seres sumisos, mártires
de una causa cuyos méritos son puestos
constantemente en duda por el esposo
bueno para nada. 2

Pero también fuera de este movimiento ese complejo cultural es igualmente retomado tal e:.ial, sin interrogarse sobre su consistencia o 'preguntarse en
1¡ué medida un comportamiento concreto es prescripto. Al mismo tiempo este,
complejo es presentado como ejerciendo
una . influencia constante e inmutable, ¿De qué se trata aquí? El machismo repreSP.nta el culto de la masculinidad,
corno si los muy importantes cambios
c¡ue prescribe un comportamiento agreque ha conocido la sociedad latinoamericana y particularmente el medio urba- sivo para hacer sentir su superioridad
en las relaciones de hombre a hombre y
no-industrial no lo hubieran tocado.
de la arrogancia y de la agresividad sexual en las relaciones hombre-mujer. La
Nora S. Kinzer (1973 :303) ha indivirilidad heterosexual necesita ser llevacado que las investigaciones que se reda hasta el máximo 'biológico a través
fieren a las relaciones entre los sexos tie- de una multitud de contactos accidennen una inclinación notahle para los me- tales y semipermanentes. Y aquí, el madios pertenrcientes a las capas inferiores chismo predica un doble sentido moral:
de la clase mPdia y a las clases populares, la futura esposa está obligada a aportar
en las cuales la presencia de una vida fa. su virginidad al matrimonio. La unión
miliar b:lstante ;¡utoritaria y de un com- con la querida implica la exclusividad de
portamiento compensador en el homhre parte de esta última, mientras que el
con respecto a la ·mujer, en condiciones hombre puede tener múltiples uniones.
de gran incertidumbre económica, son Esposa o amante, la mujer debe sufrir
casi automáticamente vinculados por los con resignación las consecuencias de la
investigadores a las influencias que ejer- necesidad de su compañero para demoscen · el machismo y el marianisrno. trar su virilidad. Su consuelo son los hi-·
jos. Como opuesto a esta valorización de
Pero inclusive en este caso -asi como la virilidad, el marianismo hace valer la
la autora lo de,nuestra- la contra-infor- resignación, el espíritu dr sacrificio, la
mación es a menudo mal entendida. pasividad, reconociendo totalmente a la
Esto está ilustrado de manera espectacu- mujer la superioridad moral y una malar por Osear Lewis, quien, en sus publi- yor fuerza de alma. Todo esto es sin em-

�Largo de género arro~ante: las mujeres
, filoso' fica ..,1 tnstemente dealla desonnen
•
bilidad de pecar que tieneu sus r~ cr~adc · com¡)añeros, moralmente mfenorPs.3

Machismo
(Rasgos del Carácter)
independiente

~umisa

.ffolector

husca proteccíon

_ a!!Tesivo

_ tímida

_ seguro de sí

_ indecisa

_ dominante/ autoritario

_ acomodaticia

_ equilibrado

_ influenciable

- activo/toma la iniciativa

_ pasiva/se queda a la expectativa

_ duro/brutal

- dulce

_ intelectual

_ afectiva

_ indiferente/no llora

- muestra sus emociones/llora

_ razonable/calculador

_ intuitiva/impulsiva

Comportamiento extravertidp
hacia la mujer:

Comportamiento extravertido
hacia el hombre:

_ "feo", estético "viril"

_ "bella"

- frío

- sexy

_ seductor

_ seductora

- dotado de autoridad paternal

_ madre modelo

- busca su confort, su bienestar

_ d.edicada

"

En el esquema siguiente ~s~án indicada~
las características arquetip1c~s de la pe\
en •e
sonalI.dad y del comportam1ento
..
interior del complejo mach1smo-mana.
.4
msmo.

Marianismo
(Rasgos del Carácter)

_ polígamó
_ experto
_ 'infiel

_ monógama
virgen (o de hábitos/costumbres
puros).
fiel

F.stos dos tipos se complementan: no
existe uno sin el otro, forman parte del
mismo complejo. El empleo del término arquetípico indica claramente, desde
nuestro punto de vista, que se trata más
bien de directivas generales, de puntos
de referencia culturales, que de prescripciones directas de comportamiento. En
las situaciones en las que el complejo se
presenta dentro de un contexto de amor
romántico, machismo y marianismo sirven seguramente de fondo sonoro a un
juego cuyas reglas concretas son perfectamente conocidas por las dos partes.
Las relaciones de poder son claramente
más complicadas que las que habría entre
dhombre inescrupuloso y la mujer ingenua y engañada. En el medio cultural latinoamericano, las mujeres desarrollan
otros medios para alcanzar sus objetivos
(diferentes de aquellos de los que .se va~n los hombres), y a menudo también
dan preferencia a distintos valores.
En el análisis concreto de las relaciones de poder, el uso de esta dicotomía
Deva a resultados equivocados. Está lei&gt;s la "regla " de la realida'd.
Esto es lo que ya puede observarse
dentro del modo de vida familiar dolllinante en América Latina. La relación
lllutua entre los miembros de la familia
~ sexo opuesto es un poco contradictolla Y escapa al estereotipo macho-maría.

Esta situación se desprende del he-

dio de c¡ue los modelos presentes en el
~eso de socialización para los homlirea Y las mujeres, no son consistentes.

!lelEn primer lugar, el proceso dentro
CUal son reproducidos los elcmcnJOciales de hase, que aseguran la con-

tinuidad del orden social incluyendo las
formas existentes de control, está dominado por las mujeres.5 La formación de
la personalidad del niño y la transmisión de los valores de base y de las ideologías sociales son en la mayor parte trabajo de las mujeres, sobre todo durante
la fase primaria.
Paradójicamente, la transmisión de
los valores de una sociedad centrada sobre el macho se hace así feudo de las
mujeres, que así desempeñan un papel
central en garantir.ar la continuidad de
esta misma sociedad.

vez, el culto de la maternidad constituye
el complemento involuntario del culto
de la masculinidad. Y· así se cierra el
círculo.6
En su análisis de las relaciones de poder dentro de familias pertenecientes a
la pequeña burguesía mexicana, Gabriel
Careaga traza un modelo de ejercicio del
poder que hace pensar, en lo que respecta a la mujer, en el comportamiento
de una personalidad histérica. 7
Es tentador pensar en la posibilidad
de este comportamiento como un medio
de provocar en el hombre reacciones de
tipo machista. 8 El comportamiento manipulador está justificado hacia el hombre "porque le doy los mejores años de
mi vida", y hacia los hijos "puesto que
me he sacrificado para ellos".

Dentro de la gran familia latinoamericana, las hijas aprenden así a respetar
piadosamente al padre, al jefe de familia
r¡ue hace la ley, a la cual se está obligado a obedecer. Ellas aprenden igualmente, que son menos importantes que el
menor de sus hermanos. Al mismo tiemSegún las investigaciones de Gabriel
po, son testigos de la relación muy esCareaga, los elementos de superioridad
pecial, caracterizada por el respeto y la
moral y de status de víctima, ligados inestima, que se desarrolla entre los herdisolublemente en el marianismo, cumanos y su madre y que asegura, -parebren un poder bastante grande dentro
ce- los lazos ulteriores que sr observan
de la pareja. Incluso el sufrimiento y el
en el seno de la misma gran familia ensacrificio se convierten en armas de un
tre el padre y su madre.
juego de manipulación en el que las
mujeres -dentro de la gran familiaLas hijas adoptan también las táctiterminan por llegar individualmente a
cas. que utilizan los· miembros femeninos
sus objetivos a través de los hombres. 9
de la familia para manipular a los hombres en el caso r·n que falta el poder forEste juego se desarrolla en un medio
mal, y así realizar sus propios objetivos.
con abundante presencia de servidoras a
Ellas descubren asimismo, poco a poco,
4uiencs han sido delegadas todas las tacómo cultivar el complejo del martirio
reas monótonas, embrutecedoras y devode la mujer, independientemente del.
radoras del tiempo, como las que exigen
grado de éxito obtenido, utilizando es- fos cuidados de la casa y de los niños. La
tas técnicas de manipulación. Los homcuestión de saber en qué medida este esbres son irresponsables, es la divisa. Este tilo de vida -presente en el mismo memartirio sólo puede ser suavizado por la dio ambiente en el que Mció Pl feminismaternidad, aurPl))ada de santidad. Otra mo- es responsable de la baja membre-

�sía de este movimiento y de la débil influencia que logró conquistar en la sociedad latinoamericana (una interrogante que no dejará de intrigarnos, sobre
todo al discutir a fondo el complejo macho-maría).10
La'influcncia del machismo y del marianismo sobre el comportamiento concreto es sobreestimada, como ya dije,
tanto por los autores anglosajones como por los latinoamericános: se encuentran aparentemente fascinados, aunque
sea por razones diferentes, con análisis
que parten de estos tipos polarizantes
del rol de los sexos. Consideran el complejo del cual forman parte estos tipos
como consistente, estático y autónomo
con respecto a los cambios sociales.

las difundidas en salas de cine.
Desde los años cincuenta los editores de fotonovelas drscubrieron poco a
poco el mercado latinoamericano. Los
editores italianos fundaron sucursales en
Argentina, Brasil y Chile. En el norte del
continente predominaron .en un principio las fotonovelas de origen español.
Desde fines de los afíos sesenta el mercado es sin embargo controlado por
cinco grandes editoras mexicanas. Estas
venden igualmente sus publicaciones en
el importante mercado de los norteamericanos hispanohablantes.

El resultado de tentativas para introducir el género en otros medios culturales ha sido débil. Las fotonovelas parecen ser un fenómeno típicamente latiNo parece una observación· sólida. noamericano, esencialmente diferente,
Mis propuestas, en este sentido, se fun- según mi opinión, en cuanto a la forma
damentan en un análisis del contenido y en cuanto al contenido de los relatos
de las fotonovelas latinoamericanas. que se encuentraf.l en Europa Occidental. Cada título suma entre 100.000 y
400,000 ejemplares, pero el mercado es mucho más amplio de lo que el
tiraje indica. En los barrios populares
La fotonovela presenta, bajo la forma de de las ciudades latinoamericanas se venuna serie de fotos, un relato centrado a den fotonovelas de segunda, t~rcera o
menudo en aventuras amorosas. Las pa- cuarta mano: leídas por todos los miemlabras de los héroes están escritas en re- bros de una familia, son luego prestadas
cuadros ubicados en la proximidad de a parientes y am1gos. Un estudio de merla boca. Explicaciones e infonnaciones cado, efectuado a fines de los años sesobre el desartollo del relato son realiza- tenta en México, reveló un tiraje semadas dentro de pequefíos espacios margi- nal de fotonovelas de unos cinco millonales. Se trata, la producción y el consu- nes de ejemplares. Si se tiene en cuenta
las consideraciones presentadas más arrimo de la fotonovela, de una empresa de
envergadura. El género tiene su fuente ba, la difusión sobrepasa con mucho esen las novelas-películas producidas du- ta cifra.
rante la segunda guerra mundial por los
El público ~1ue tiende hacia la fotograndes editores italianos y franceses.
novela
es femenino, pero todos los esEn aquella época contenían más bien
tudios
de
campo señalan que los hom~ im~cnes y textos extraídos de pclícu-

bres también la leen.11 Es en el eeno de
las clases populares y de estratos inferiores de las clases medias que el conl!lllllo
ae fotonovela resulta más importante,
aunque se ha verificado un amplio interés -también- más allá de este áml,i.
to social .12
El éxito enorme dentro de sectores
tan extendidos de la sociedad, sugiere
que el género cumple la función de t.
rómetro de los cambios en los valorea y
normas en estos sectores. De lo contrario, los lectores no podrían identificane
tanto con los contenidos. Esto significa
que debería ser posible reencontrar en el
contenido de la fotondvela el significado del complejo de macho-maría yloe
cambios que aquí se operan.
Con raras excepciones, los análisis de
contenido que han sido efectuados basta
ahora subrayan la función ideológicade
la fotonov¡la, y subestiman su papel
como espejo de las pautas culturales Y
de los cambios que se registran en UD
medio social.
Michele Mattelart (1977), la primera
investigadora que ~studió concretaniel"
te el fenómeno de la fotonovela, se bt
só en una muestra de 103 títuloe de
origen chileno, aparecidos durante'lot
años 1966-1969. Su estudio la coabjo a sombrías conclusiones: la fotoDO"'
la propaga concepciones muy co~
doras sobre los roles del hombre Ylle
mujer (siguiendo el modelo machc,,111'
ría), en tomo a la familia, a !38 reJacit'
ncs entre personas de condición,_.
económica muy diferente y al ferJ-.f'
d&lt;' la movilidad social (as~e
so). Las referencias a las clases.
a sus relaciones, sus manife

líticas y el trasfondo social son evitadas
la explicación de los problemas anali~~os. Se trata siempre de problemas individuales. La solución es indefectiblemente el resultado de cualidades y de esfuerzos individuales, cuando ella no S&lt;'
debe al azar.
ffl

Romeo Rojas Rojas y Rosalba Cruz

Soto (1977), en su análisis de 88 foto-

~el_as. mexicanas que aparecieron a
irmc1p10s de los años setenta, apoyan a
grandes rasgos estas conclusiones. Ellos
~ además la aparición de diversos
tipos de fotonovelas, cada una dirigida a
ID público diferente : la fotonovela rol, cubriendo las historias de amor con
ana salsa romantica;
, · la fotonovela roja
!JI la que el amor se sitúa en las esfer~
del sexo y de la violencia; las fotonovelas humorísticas, misteriosas y deporti~• en las que los problemas del coralOD se desarrollan respectivamente en
ID contexto de peripecias divertidas de
iecretos Y de mIStenos
· · o incidentes que
'
ocurren ,en el medio deportivo. Es así
'1e el ~enero ha conquistado mercados
: m~dios muy diferentes y ha amplia111 influencia.
En un anál'1Sl8
· d. e 78 fotonovelas, pu~
Biaai) d~rante los años 1970-1976 en
l!Jia • Chile, Colombia y México, Cor~97 Butler Flora y Jan L. Flora,
!oil), ,~rayan las tendencias políti"-eologi_cas de su contenido. Según
~~nc1ona como un mecanismo de
0~ cultural Y contribuye a sosteSlStema de organización capitalis"
novelas parten de una concep-.
llluy
· al. ~el rol de la mujer:
1lllten trªdicion
. _ soh~e la pas1V1dad, el sentimien&amp;eguridad que ofrece el matrimoapoyan sutilmente las funciones

:i:

reprod~ctivas de la mujer en la esfera
del cmdado de la casa, de la educac1on
.,
de los niños y de la cultura.
Los Flora, como ~lattelart, ven un
efecto nefasto en la fotonovela: los
pr.oblemas de desigualdad socio-económica y de movilidad social están presentados como puramente individuales y
deben resolverse a fuerza de virtui ·
por elección personal, sobre· la hase 'd:
factores psicológicos, sin olvidar la intervención de la suerte. El relato está
centrado en la problemática propia de
los ~antes,_ sin preocuparse por los
condic1onarmentos del contexto estructural. Vista desde este ángulo, la fotonovela cuenta, según los autores con un
poderoso instrumento social y 'cultural
de conservación.
Sin llegar a rechazar en la fotonov_ela una función ideológica, es necesano guardarse de interpretar el fenómeno (a la manera de los Flora) como elemento de una estrategia conciente de
condicionamiento ideológico, concebido en las altas esferas sociales y aspirando a la perpetuación de una estruc~ra económica y social que sirve a los
mtereses de la clase dirigente.
La fotonovela como un instrume~to
de conspiración social no me parece la
entra~a más indicada al análisis. y si
fuera el caso, se debería encontrar en el
contenido una consistente y clara ten?encia en ese sentido, lo que no ha sido
mdagado por los Flora. Además, la fotonovela presenta numerosos elementos
culturales que se pueden calificar como
típicamente latinoamericanos: no son
fruto de una organización específica
de la producción y de las estructuras so-

ciales conexas, Regresaré sobre esto.

Jan~ Hill Y Caro! Browner (1982) 1,an
analIZado 75 fotonovelas mexicanas
a~arecidas, en su mayor parte, en los
ano~ 1977-1979. Su estudio se orienta
hac1~ el contenido del género en lo que
concierne a la definición de los roles del
hombre y de la mujer, y a la manera de
tratar los problemas sociales. Llegan a la
c~nclusión de que hay·una clara evoluc10n .en la fonna de considerar estas
cueStione~. ~~~ situaciones reflejan menos la definic1on arquetípica del modelo
de comportamiento de macho-maría antes mencionado. Traducen una relación
de po~er más variada entre el hombre y
la muJer. Se nota una presencia más
ma~cada de temas atinentes a las clases
sociales y su jerarquía. Héroes y heroínas
de la fotonovela son unos y otros ubicados s?br~ tod~s los puntos del continuo
autont:a?o/ac~vo/exigente (macho}acomodaticia/pasiva/ dedicada (maría). Los
roles de los sexos no están claramente
delúnitados y se revelan a menudo in•
tercambiables. La referencia a las clases sociales se manifiesta en primer lugar en el estereotipo de la bondad de
los pobres y de la maldad de los ricos
en ' :'3 aventuras amorosas que cruz~
las !meas de demarcación entre esas
clases.
En cuanto a las aventuras situadas
dentro de una misma clase social se
puede decir que aquellas que se de~oll~ en una clase superior están pintadas
haJo colores más felices que las que se
desenvuelven en una inferior, por más

�I
1

virtuosamente que los interesados puedan comportarse. Poverty doesn 't pay,
el mensaje político sobre estos relatos
están acorde más bien con ideas populistas. Se evita siempre la referencia a soluciones políticas más radicales. J. Hill y
C. Browner contestan así a los Flora en
tomo a las fotonovelas: el género no se
reduce a ser simplemente un instrumento al servicio del capitalismo en cuanto
tal.

La conclusión a la que llegan estas autoras quedaría confinnada por mi propio análisis de treinta fotonovelas, editadas en Colombia y \léxico entre 1981
y 1983. L\lás aún, el contraste macho;naría es menos dominante de lo que se
creería.
lle coclificado la manera de actuar
de los personajes principales en función
de su concordancia con la definición
arquetípica del comportamiento de su
sexo : la codificación está basada sobre
una escala a lo largo de la cual, los personajes pueden ser respectivamente ubicados más cerca del polo macho o del
13
polo maría del continuo.
Esta codificación vale tanto para los
héroes como para las heroínas de las
novelas. Es en principio posible, para la
necesidad del análisis, clasificar a las
mujeres en macho y a los hombres en
maría, por más raro que esto pueda parccer en el lenguaje cotidiano. La clasificación ha sido hecha a partir de elementos que no están estrictamente ligados al sexo en la tipología macho-maría,
~ expuesta con anterioriJad. En la codifi-

Se constata que el modelo hombremacho-juicio favorable/maría-juicio desfavorable es poco ap\icable al desarrollo general del relat o de la fotonovela.
Los machos astutos, juzgados tan típi•
cos de la América Latina, se encuentran, pero no de manera predominante.
Además son a menudo pintados como
seres antipáticos, sin escrúpulos. Por
ejemplo: el padre que simula una enfermedad con el objeto de atraerse a su
hija (Víctima de su egoísmo) y no lo
repele, cuando ella .cede a los impulsos
de su corazón, dé castigarla con subastón hasta que la muchacha necesita hospitalización; o los padres (Un Delito del
alma,
pasaporte a la esperanza) 1¡uc se
He verificado al mismo tiempo en
oponen
al matrimonio de sus hijas con
qué medida la manera de reaccionar de
un
obrero,
por más noble 1¡11e sea.
los personajes principales recepta un juicio favorable o desfavorable, puesto que
La virilidad sin freno, que pasa por
la adaptación a la imagen ideal debería
la
característica
pertinente del compar·
ir a la par con su aprobación (y su traitamicnto
macho,
se encuentra raración con una reprobación) a fin de que
mente,
y es penada. donde se manifi~esta iniagen ideal, en tanto línea de
F.n fluyendo del pasado, (:&lt;'rardo, lu)O
conducta, continúe funcionando ade&lt;le un ¡1:ran terratmicnlr, y de una con·
cuadamente.
ducta notoria, perece miscrablcmentr,

cación me vi desgraciadamente obligado
a hacer caso omiso de los grados de machismo, como de los del marianismo.
Además, ha sido establecida a partir de
la impresión predominante que producen los personajes principales en el curso del relato (los cambios temporarios,
no han sido tomados en consideración).
De esta forma, los personajes principales
que se comportan a todo lo largo de la
narración de una manera maría, pasiva,
pero que terminan por perseguir sus propios intereses mediante un comportamiento macho, han sido clasificados en
maría, e inversamente.

Aquí también me he basado sobre
una impresión predominante a partir
del desarrollo del refato, o en Jas explicaciones integradas al texto. He aquí los
resultados:
Hombre l\lujer

Jlacho
Juicio favorable
Juicio desfavorable

14
18

10
13

María
Juicio favor~le
Juicio desfavorable

20
3

18

(N:101)

55

46

5

borracho, al volante &lt;le un jeep, dt.t
pués de haber festejado su enésimo
éxito.
El Jaime de Felicidad robada picnlt
toda ~speranza de hallar la paz Yla dicha porque ha desflorado a su sobrina,
luerro
,.., de lo cual la muchacha se deja morir de ver¡?:iicnza.
Los hombres dando prueba de •
·
" mana
, ,, son a menudo
comportamiento
,
víctimas de mujeres
activas,
sin
escroP'"
.
d
los, o bien de un complot, coJIIO
Sangre nueva, en la que un joven,,_
ingenuo y su esposa son presa ~ _.
vieja pareja de bribones que ob

alegrli_ía de vi_~r de la destrucción de una
¡e c1dad rec1en lograda.

Las ~~jeres maría presentan la ima- definºd
,
·
I a mas arriba necesitamos añadir
gen fam1har
. de la muJ·er que se sacn'f'1- un segundo criterio, como elemento
ca y se resigna pacientemente a su suer- complementario Se trata de b
·
saers1.
te,
b ·11como en Casado pero• · ., dond e un esta conducta es recompensada o per~ ante profesor universitario que se nada por un final feliz o d
. do
esgrac1a
deJa arrastrar en aventuras amorosas "F r ,,
e iz nos remite a una situación e~
. y
dcon sus
, alumnas' anuncia su d1'vorc10
la cual el personaje principal llega a lofi espues se arrepiente para descub~ir
gr~r sus objetivos (r¡ue se pueden resunalmente que su esposa, llorando h~
mrr, en estos t~nninos: ''y vivieron feliesperado paciente y fielmente su rc~ece~
) o en sabsfacer deseos de los deso.
mas o los suyos propios.

El modelo mujer-maría-juicio favoraMe macho-juicio-desfavorable
,
se encuentra mas a menudo, pero jamás en grado
extremo. L_as mujeres machistas son sólo estereotipadas
como extraordinana.
.
mente ·activas, como la heroína de
Herencia'd caliente que seduce a una c1er.
la
ca~t1 ad de hombres con el fin de
iprop1ar_s~ _de su herencia; o bien la de
~ ambzcwsa, que utiliza todos los meA la evaluación global del eompordios para atraer a un anciano rico. t ·
armento de los personajes principales

(N = 101)
Hombre Mujer

Macho
Con final feliz
Con final desgraciado

14
18

10
13

18

18

5

5

55

46

María
Con final feliz
Con final desgraciado

Se comprueba, en las fotonovelas
te un ,comportamiento machista co;~
duce ~as a menudo a un final desgraciao, ,mientras que un comportamiento
;ana ofrece garantías más seguras de
eg:11' a un desenlace feliz. Esto es válido igualmente para las heroínas, conforme, por otra parte, a lo que se espera
Lo que sor~rende es que, en general, u~
comportamiento
.
h
. machista se amesga
mue o a termmar mal, independientemente del sexo. Las mujeres machistas
n?ti son en, este caso , de manera s1gru
. 'fjca v~, mas . penadas que los hombres
machistas, una observación que se ¡mede hacer también a propósito del ma- ~

�La crisis se presenta bajo todo tipo
terial presentado por J · Hill YC..Browner
de fomrns y puede imp~icar un! expe(1983; 52).
riencia positiva o negauva. As1, la heroína de En la Zona Rosa esta secre·Es, en consecuencia, difícil de intamente enamorada del chofer del anterpretar el contenido de las fotono~e- ciano rico que debe, casándose . con
las siguiendo la tipología m!~ho-mana. ella, sacarla de las dificultades fma~Las i,rtágenes no son muy mudas, la po- cieras. Primero ella rechaza el reconocilarización esperada falta muy a menud_o. miento de la influencia del amor, pero,
La tipología de los sexos y la aprecia- forzosamente, termina por declararse
ción del comportamiento por el cu~l vencida. Justo en ese momento, el choson finalmente recompensados o casti- fer se revela como un importante homgados los personajes, son a veces muy
bre de negocios.
discrepan tes.
La trampa pone en escena a m~a muLa temática ligada a los problemas chachita que la pobreza ha empujado a
de clases sociales y de movil~dad so~ tra- "trabajar,, en un bar de mala. fama, pero
tados de manera mucho mas consisten- que vuelve por el buen cammo cuando
te. En numerosos casos, estos temas son se hace cargo &lt;le un niño en~ontra~o.
precisamente los que forman_el verd~de- El médico que cuida del bebe termma
ro eje de los relatos que, a pnmera vtsta, por sentir un profundo amor po_r la
giran alrededor de intrigas_ lleva~as a las mujer sin conocer su verdadera s1t~,aesferas del amor y de la vto!en~1a, ador- ción. Una confrontación con el ruf1an
nados con un accesorio romantico.
de la muchacha levanta el velo. Todo
parece perdido. Pero entonces, nos enEn las fotonovelas, muy global~en- teramos que el niño encontrado es el
te, se trata al por mayor de variac1one_s
hijo de su hermana. El médico pe_rdona
alrededor de las dos estructuras s1las
mentiras por las cuales ella q~1so es.
14
gu1entes:
conderle sus actividades profesionales.
En cuanto la muchacha confi~sa·amarlo,
también desde hace mucho tiempo, nal. Amor unilateral recompensado
da se opone a la boda.
l. Héroe/heroína (a) siente un gran
amor por la mujer/ el hombre (b);,
2. (b) no corresponde a ese amor;
3. (b) atraviesa por una crisis;
4. (a) sigue queriendo a (b) a pesar de
todo;
5. (b) termina por querer a (a).

ber podido concretar sus siniestros planes. Ya nada SP opone a la boda.

les.

4. Ni uno ni otro falta a su palabra, a
· pesar de todo;
5. El carácter y las razones de impedimento se revelan y resultan ser falsos.

Juntos en la eternidad . está centrado en dos enamorados, en donde_~
mujer, una madre soltera, ve su felicidad perturbada por el retomo del hom·
bre que la abandonó hace largos añ~
Además este hombre revela ser un anbguo amigo de su pareja actu~, la ~ual no
está informada de la histona, eVIdente•
mente. El descubrimiento del secreto
provoca una violenta escena de celos.
Los malos entendidos se acumulan pe~
el lector termina por com p~ob:11' ,¡ueha
amor de los personajes pnnc1pales
resistido.

En estas dos estructuras narrativas el
~n amor es lo que, en primer término,
parecP estar en el origen de la solución;
in e1.,oargo el análisis revela la existencia de factores subyacentes. Los Flora
revelan la ausencia de acciones específicas asumidas por los personajes principales con el fin de llegar a la solución
del problema expuesto en el relato. En
forma correlativa, subrayan su pasividad y la resignación a su suerte como
faJ'acterísticas pertinentes. Según ellos,
estos fenómenos se ubican, a su turno,
!O una estrategia de dominación que aspira a la perpetuación del sistema capi-

talista.
Esta interpretación es discutible. En
d caso de problemas concernientes a
rambios de condición socio-económica,
b cultura latinoamericana tiende a encontrar en ellas la explicación dentro de
besfera de las relaciones familiares y de
las relaciones personales en general, así
tomo en la de aptitudes individuales notables y del azar, más bien que una poición de clase ó localización en un sistellla de estratificación. 15

En Huyendo del pasad0 , una mu•d
chacha regresa a su pueblo na~!,
fin de llevar ali í una vida e¡emp
lado de su abuela. Nadie conoce~;
sado de prostituta· en una gran Cllldod
Su antiguo amante no ha abandona det
Pueblo: se casó entretan_to' peroleesba. ¡.
Esta perspectiva, obviamente, refleja
graciado y, en su f uero mterno'1 hi" de
do siempe fiel. Por otra parte, e la';... lllla sociedad muy jerarquizada que se
un gran terrateniente amenaza ..LL caracteriza por una gran distáncia entre
·' de
la fflllW"'
quilidad y la reputac10n
, lica
unait las clases soc1ºales·, pero eso no implica
II. Amor recíproco recompensado
cha cuando decide hacer púh ella J., lanto como para quedarse con los bralación amorosa que tuvo conbl :,., I08 cruzados ante los problemas ligados
l. El héroe encuentra a la heroína;
el ue o, r · ~ ascenso y al descenso sociales. Las
]·oven decide abandonar P, n _ ,,,.
lioenas relaciones no pueden ser cultivasu antiguo amante, qu~ esta. e la..,.,
rdJII' das
2 _ Se enamoran el uno del otro;
mento en trámite de d1vorc10, w,
sino sobre una base de reciprocidad,
·
· Por otJO
~t•~_titud deberá probarse, se tendrá la
y
la
pide
en
matnmomo.
._.·_,.
..
ll:IICI
3 _ Algo O alguien impide una dicha sabemos que el hijo del terra
dad compartida sólo después de
compartida, por razon~s de~co_no·derables esfuerzos.· las fotonovelas
se mató en un acc1'dente ante&amp;
cidas para los persona1es prmc1pa-

e:~

no son excepción a esta regla.
Lo mismo ocurre para el importante
rol atribuido al amor romántico: no implica que uno se deje guiar sólo por sus
sentimientos, puesto que, como en la
sociedad real, la fachada romántica esconde objetivos muy concretos y muy
realistas en vista de la movilidad y de la
seguridad sociales. De esta forma, lo romántico gobierna las relaciones pre-nupciales, y tiende a desaparecer, una vez
alcanzados estos objetivos y contraído
el matrimonio.

es el medio que sugiere la posibilidad de
eliminar las fronteras entre las clases, las
raza_s y los grupos de edad, fundamentándose en nobles criterios y en las extraordinarias cualidades individuales de
los interesados. En casi todas las fotonovelas que analicé, la temática de la pertenencia a tal o cual clase social y del
ascenso social está presente, explícitamente en algunos casos, implícitamente
en otros; aparece a través de un énfasis en objetos reveladoi::es del estilo de
vida de ciertas clases sociales (casas, autos, aparatos de cocina, etc.).

Bajo este aspecto, el fenómeno difiere de la concepción romántica del amor
ideal que ha reinado, en ciertos periodos
. ' ·
h1Stoncos
en Europa occ1.d ental .16 En
América Latina, el romanticismo comporta un elemento de juego en el cual
las dos partes están dispuestas a someterse. Las mentiras Guramentos eternos)
snrgen rodeadas de azúcar, aceptadas
con ganas por ambas partes. Este dulce

En el cuadro que sigue, clasifiqué las
fotonovelas basándome en esta problemática de condición y de ascenso sociales, e indiqué en cada caso si el relato se
desarrolla en el seno de una misma clase
social, o si es cuestión de movilidad entre clases. También se estableció si las
diferentes situaciones fueron recompensadas o no. Los casos fueron indicados
como "bajo" o "elevado" según su lo-

CJl

......

�calización en un medio social situado en
los estratos inferio~es de la clase media
Qas fotonovelas que se desenvuelven en
el marco de las clases más populares no
figuran en nuestra muestra), o en los
otros niveles de la clase media y de las
capas superiores, respectivamente.
La clasificación ha sido establecida a
partir de la indicación de la profesión y
de la descripción del medio social (manera de vestirse, le.nguaje, casas, autos,
interior de la casa, etc.) en la novela.
Las situaciones en las que se trata
el ascenso social corresponden esencialmente con el modelo tradicional
del hombre de las clases superiores (médicos, comerciantes, etc.), que ofrece a
una joven mujer de condición modesta
la perspectiva de un porvenir al abrigo
de preocupaciones financieras. "Casanne
con un hombre de baja posición fue mi
error", suspiró la madre de la heroína
en Nunca es tarde para amar, antes de

empujar a su hija en el ascenso social
bajo la fonna de un matrimonio con un
hombre rico (aunque aburrido).
En la mayor parte de los casos, sin
embargo, se pone un poco más de romanticismo. En este tipo de situación
se esperaría ver al personaje masculino
confonnarse con el arquetipo machista
(modelo Cenicienta). Es lo que ocurre
en cinco casos. Los otros dos exponen
situaciones en las que el héroe (rico)
pretende primero ser pobre para no revelar su verdaderl condición socioeconómica sino después de la confesión de
su amor. Ya he mencionado En la Zona
Rosa, en la que la heroína, deseosa de
has:er un matrimonio de conveniencia
con un hombre rico pero anciano, se
enamora, a pesar de ella, del chofer. Finalmente éste revela ser un hombre de
negocios acomodado, que ejerce temporariamente este humilde empleo a raíz
de una apuesta.

Ascenso - descenso
Hombre elevado
Mujer baja
Final feliz

7

Final infeliz
Total

7

Hombre bajo
Mujer elevada

Misma clase
bajo
elevado

3

6

7

1

3

3

4

9

10

En La ambiciosa, una secretaria hace la corte a un viejo millonario, pero ea
atrapada, en el momento decisivo, en
las redes de un simple empleado de ofi.
cina, quien, al final, no es otro que el 80brino y únir.o heredero del viejo Créma.
La situación en la que una mujer de
condición socioeconómica superior entabla una relación con un hombre de
condición inferior se presenta con
menos frecuencia. En ninguno de estos
casos, se trata de un comportamimto
machista en el hombre. Por el contrario:
el héroe de Pasaporte a la espemnza ea
un hombre atento, dedicado, que saln
a una joven rica y enferma de las m8DOI
de un padre egoísta; en Mal pre&amp;agio, UD
muchacho honesto alimenta una pasión
ardiente por la esposa desgraciada de UD
jefe de la mafia, y tennina por ser aaeinado por los guardaespaldas de este último (pero antes de expirar tiene tiempo
de prodigar juramentos de amor ett.rnO
a la mujer amada); en Un delito dela/.
ma, el héroe, un empleado de oficina,~
arrojado a la calle, sin recursos, despaea
de que su jefe descubre que su propia
hija le and~a haciendo ojitos. Es !00
la intervención de la madre de la muchacha (supuestamente muerta) quien •
vierte la situación en provecho de lol
enamorados.
Los personajes principales de baja
condición socioeconómica son ~
tiblemente pintados más nobles Y•
dignos de confianza que los que~
necen a una condición superior, ~
en el caso de aquellos que viv~
nados por la sociedad la ap ~
favorable, y se benefician de un .
ce feliz. Citamos, entre otraS, la
de Mentirosa, quien trabaja en

!"'

t dudosa reputaé~ón para poder pagar
• costosos medicamentos necesarios
para su madre enfenna; y la prostituta
t Huyendo del pasado, que compra
111 pequeña tienda con sus ahorros
mando así los últimos días de ~
aela.
La misma . observación vale para las
lftllturas amorosas que se desarrollan en

~!ello de un mismo medio socioeconó-

lio. Lo que en l~s fotonovelas es mos~ como .e~oísmo, malicia y desholltidad se sitúa más a menudo en los
aedios superiores, y estas características
11 todavía más pronunciadas en sus
Ilaciones con los medios inferiores. En~os aquí a padres tiránicos, que
,mhihen a sus hijas el ceder a los im,-t.,s del corazón, y también a amantes Yqueridas ljlanipulando de manera
ael la ternura de sus parejas.

En lo

que atañe a estos elementos

~ la fotonovela, debo convenir con las
IIIDclus'10nes de J. Hill y C. Browner
~~): la fotonovela caracteriza más
~ticamente los comportamientos
~ de diferentes clases sociales que
~es de los sexos, aunque la consis~ del conjunto de lazos clase supe. mal-clase inferior/bien y clase
~~~/final feliz-dase inferior/final
"'VdCllldo, !lea menos absoluta en
lleatro material que en el que ellas

lftlentan.
r__...

....._,n

le6o,

Y marías contribuyen ampliaa la imagen de las relaciones

~

entre parejas latinoamerica-

tanto en los análisis científicos
en las observaciones populares.

Las diferencias bastante considera~les ~e existen entre la regla y la realidad siempre están subestimadas. Puede
ocurrir igualmente que la necesidad de
e~quematizar, o la clasificación tipológica, haya llevado a los investigadores
a presentar la regla como si fuera más
estricta y coherente, y la adaptación a
esta regla como más consecuente Qo
que no se da en realidad). En aquellos
casos la función predominante del
complejo residiría, precisamente en el
nivel ideológico_ 17
'

cho. Dada esa importancia no se puede
pasar más allá de tales expresiones de
la cultura popular cuando se estudia el
cambio social en América Latina.
En mi opinión este papel de la fotonovela -~s ~uch? más importante que
la func1on ideologica que señalan diferentes autores (Mattelart 1977; Rojas
y Soto 1977; Flora y Flora 1978·
Flora 1982).
'
Según ellos, ésta se manifiesta sobre
todo allí donde las fotonovelas llevan
al lector al mundo de las clases medias
~e sus ideas, estilo de vida e individua:
~º• al ~uscar soluciones a prohlemas
soc10economicos.

Si comparo los resultados de mi
análisis y los de J. Hill y C. Browner
(~983) con los de otros estudios consagrados a las fotonovelas (mencionados
antes), sería menester concluir en la
existencia de una evolución dentro del
Aún si esta función estuviese precomplejo macho-maría, evolución ten- sente, lo que es preconcebible, no aldiente a una definición menos estricta c~nzo a encontrarla definida con clade los roles de los sexos, así como de ndad .. La refere~cia a u~ modelo prelos po~ihles cambios que se producen ferencial ~e la ~da ,economica y social
(supomendo que el contenido de las es demasiado unplicita. Los criterios
fotonovelas indique una definición pre- que do~~an los problemas de clases y
ferencial de los papeles de los sexos). de movilidad social corresponden muy
Creo que este fenómeno de hecho se poco a los que cabría esperar de un inspresenta.
ti:u~ento ideológico con funciones soci~lizantes hacia el capitalismo indusLa fotonovela es un medio poderoso trial occidental.
en la cultura popular de América Latina, al mismo tiempo que un gran éxito
La importancia brindada en los relacomercial. El contenido del género pa- tos a las aventuras amorosas, con fuerrece apelar a los gustos de porciones tes componentes eróticosl9 y como piimportantes de la población de medios vote alrededor del cual se organiza el
socioeconómicos muy difereñtes. Desde resto de_ la infonnación puede pasar por
este punto de vista, funciona como ba- caracterIZante de un medio cultural
rómetro de lo que Herbert Blumer18 lla- en el que la gama de relaciones interma "cultural drift ": un proceso de evo- ~rsonales y los problemas que manilución muy lento de los valores, y de fie~ . ~orman parte integrante de la
las ideas que la gente se hace de ella soc1abil~dad de un individuo. Por otra
m~a,_ de su condición social y de las p~rte'. si 1~ fotonovela llenara una funaspiraciones a las que creen tener dere- cion 1deologica evidente se podría obte- ~

�ner de allí una definición más clara de
los temas tratados que no es el caso, como lo indicamos aquí. Tal definición debería implicar igualmente una polarización consistente de los roles de los
sexos.
En verdad, los que quieren demostrar
cueste lo que cueste la presencia del machismo y del marianismo, la revelarán
con seguridad. También habrá entre
ellos quienes no se pregunten en qué
medida los resultados de sus investigaciones se sibían en el marco de un complejo cultural consistente, o que no verificarán en qué medida los machos y
las marías se manifiestan como t.aI en
la vida cotidiana. Los que buscan el típico "latin lover" podrían descubrir
en Sil momento decisivo que se lanzaron en los brazos de un mito.

3. Ver las notas de Nora Scott Kinzer en
"Priests, Machos and Babie~: or Latin
American Women and the Menichaen
Heresy", en: Journal of Marriage and the
Family, vol. 35 (1973), 2, p. 302.
4.Cfr. las características establecidas por
Jorge Gissi, "El machismo en los dos
sexos", en: Paz Covarrubias y R~lando
Franco (coords.), Ch ile: mujer y sociedad.
Santiago, UNICEF, 1978, pp. 549-573;
Tirso Mejia Ricart, "Observaciones sobre
el machismo en América Latina", en: Revista de Ciencias Sociales, vol. 8 (1975),
3, pp. 353-363 ; ver también las notas
de Evelyn P. Stevens en "Marianismo, the
other face of Machismo in Latin America", en Ann Pescatello (coord.), Female
and Male in Latín America. Pittsburgh,
University of Pittsburgh Press, 1973.
Gissi da los dos tipos, desde el punto de
vista psicológico, la correspondencia siguiente: marianismo, con masoquismo e
histeria; machismo con sadismo y obsesión.

5. Ver Jorge Graciarena, "Notas sobre el
problema de la desigualdad sexual en
sociedades de clases". Seminario regional

NOTAS
1.Primeras publicaciones importantes fueron
la edición especial de Mundo Nuevo, 46
(1970), notablemente los artículos de Sebastián Romero-Buij, "Hispanoamérica Y
el machismo" (pp. 28-32); Salvador Reyes
Nevares, "El machismo en México" (pp.
14-19); Rosa Cruchaga de Walker y Lilian
Calin, "Quién es la mujer chilena" (pp.
33-38); y también el libro de Ann Pescatello, Female and Male in Latín America.
Pittsburgh, University of Pittsburgh Press,
1973.

-tj&lt;

V,

2. Cfr. la tipología de los roles en la obra de
Osear Lewis, Five Families. New York,
Basic Books, 1950 y The Children of
Sánchez. New York, Random House,
1961 con A Study of Swm Culture:
Background, for La Vida. New York,
Random House, 1968, pp. 10-11.

para América ·Latina sobre la integración
de la mujer en el desarrollo, con especial
referencia a los factores demográficos.
Caracas, 1975, pp. 36 ff. ; Femando Peñalosa, "Mexican Family Roles", en Journal of Marriage and the Family, vol, 30
(1968), 1, pp. 680-689; también Manual
de la esposa joven. México, ~ - F., Colección Librohogar, Editorial América, 1982.

6.Ver Kinzer, 1973,303 yEvelyn P. Stevens,
"The Prospects for a Women's Liberation
Movement in Latin America," en Journal
of Marriage and the Family, vol. 35
(1973b), 2, p. 316.
7.Ver GabrieÍ Careaga, Mito, y famasía, de
la claae media en México. México, D. F.
Editorial Joaquín Mortiz, 1976; Biografía de u,¡ joven de la claae media. Méisi•
co, D. F., Editorial Joaquín Mortiz, 1981.
8.Haydée M·. Jofre Barroso publica a este
respecto los resultados de una encuesta
.hecha entre las mujeres argentinas~ que

revela que el hombre ideal debe ser fuer.
te, incluso duro a veces, celoso, con mano de hierro y una sonrisa desemue~
ta", ver "La mujer c1rgentina", en Mundo
Nuevo, 46,(1970), p. 46.
9. Stevens (1973, 319) considera esta manipulación de los hombres por las muje,
res en vista de concretizar objetivospo,
líticos como típico del estilo de la acción política en América Latina. El
éxito de tal estrategia sobre el plan social es por otra parte real. Tengo la impresión de que en América Latina el
número de· mujeres que ejercen profeiones que exigen . una formación de alto
nivel y/o con alta responsabilidad poli,
tica está lejos de ser desdeñable. F.sll
imagen más diversificada de las ielacil&gt;nes de poder entre el hombre y la majer se desprende igualmente del estud»
de Luis Martín sobre las mujeres en d
Perú colonial. Este trabajo muestra que
en esa época, a pesar de las restricciones inherentes a una sociedad centnda
en el hombre, el Nuevo Mundo ofrecía a
las mujeres considerablemente más Ol)O!·
tunidades de emanciparse que el Antiguo Mundo. Ver Daughter of the Co•
quistadores: Women of the Vice roy,lty
of Peru. Albuquerque, UniverSÍtY of
New México Press, 1983.
10. Ver el comentario provocador de Steieas
_(1978, 317) sobre este asunto.

rtOOela e industria cultural: estudio de una
forma de literatura sentimental fabricada
p,ra Milhóes, Petropoles, Vozes, 1974,
p.4647.

13.f:a naturaleza del material restringe considerablemente el método a aplicar ver
~ Y Browner, epigrama, su apro{imaCIODal tema me ha inspirado.

U.Para estas características generales de la
fotonovela, ver también Flora Y. Flora, epiJllllla.

15.Ver Joh_n P. Gillin, "The Middle Segments
and_the11 Values" en Robert D. Tomasek,

IAtin American Política: Studies of the
Contemporary Scene, Garden City, Doubleday, 1966, p. 23-40. Son estos elemen~•. los que dan a los relatos un carácter
~ente latinoamericano. En mi opilllón no reflejan el nivel del desarrollo de
la sociedad. Ver las notas que ha hecho so~ste tema H. Hoetink en Het nieuwe
tionisme (1964), Assen, Van Gor-

CIIDI.

16-Jer Denis de Rougemont, Liefde en
110Rdland, Amsterdam, Holland Uitgeter~ aatschappij, 1949. Rougemont caractenza el , r?manticismo precisamente
~? la retonca del amor imposible; la
PlSión _que aparece aquí no habla del
"lenguaje de los instintos sexuales naturales"• smo
· que se expresa más bien en
n'1a retórica del ascetismo" (p. 139).
.Ver ~ornelia Butler Flora. "The Fotono: ~ America", en Journal of Latín
errcan Popular Culture, vol. I (1982),
~ P.. 15-26; Y también Stevens, 1973b

11.Ver Michele Mattelart: La cultur1 • ~
opresión femenina, México, D. F.,~
ciones· Era, 1977; Romeo Rojas ROJII
y Rosalba Cruz Soto, " La fotono1ela 111
Oll,c1t.
•
México" en Jaime Goded Y o!JO!, Comunicación e ideología, México D..
~r_t B,1,umer, "El~mentary Collective
Centro de Estudios de la Com~
en Louts Generie (coord.),
UNAM, 1977, p. 34-56; Cornelia B
11
ltl,••. hve Behavior and Social Movements,
Flora y Jan L. Flora, "The Foton.~.
a Too! for Class and Cultural D?mílll~5 •..._, III., F. E. Peacock Publishers,
t978, p, 77
en Latin American Per$Jlectlllff, (1978), 1, p. 134-150; Jane Hill Y
lLo
· es tratado de una manera bas11n erotic~
Browner "Gender AmbiguitY aad •
puntana en la foton_ovela. Aún en
Stereoty~ing in the Mexican _Foto;::,
dt, ;ntos de entr~ga . total, la pareja queen Journal of Latín Amerlc:OII
ilritan~ enos _parc1almente, vestida. Este
Culture, vol. 1 (1982), 1, p. 43-64.
J.Smo Sigue las prescripciones cuis en esta área

f•

eo,l!~gs ,

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-=

�LAS MADRES DE PLAZA DE MAYO:
LA POLITIZACION DE LO DOMESTICO

Susana Bianchi / .Norma Sanchís
Nuestro interés en Las Madres de Plaza de Mayo,1 asociación de defensa
de los derechos humanos que se transfonna en uno de los principales grupos
de oposición a la dictadura militar que
se instaura en la Argentina en marzo de
1976, radica en ciertos rasgos peculiares que adquiere esta organización. Es,
en primer lugar, una organización integrada exclusivamente por mujeres que,
además,. se gestiona autónomamente y
genera nuevas fonnas de expresión po1ítica.

•""'-,i

•

f

1

Partimos del convencimiento de que
las formas y modalidades de la participación de las mujeres en la política -cómo
la de los hombres- implican profundos
condicionamientos culturales que no se
agotan en el análisis de variables demográficas, económicas y sociales·. Las diferencias de conductas entre hombres
y mujeres dependen de la división sexual
del trabajo prevaleciente en cada sociedad,2 pero fundamentalmente de las
imágenes y representaciones, actitudes,
sentimientos y valores que se vinculan
con la definición cultural de los géneros.
Es en función de estas imágenes y no según su posición objetiva que hombres y
mujeres procuran ajustar sus conductas.
En ese sentido, lo imaginario, los sistemas de representaciones cumplen en el
ordenamiento de las relaciones sociales
un papel tan directamente necesario como el nivel de lo real.3

'°

lf.)

De acuerdo con la definición cultural
· de los géneros, la política y la economía -como aspectos públicos de la sociedad- son definidos como dominios
de los hombres, mientras que las mujeres son consideradas responsables de lo
doméstico -privado por oposición a la

exterioridad de la vida púhlica- que tiene por base al núcleo familiar, organizado en torno a la comunidad de afectos,
la socialización primera de los hijos y la
gestión de los sentimientos.4 Esta división cultural lleva entonces a representar ideacionalmente a la sociedad cqmo
dividida en dos ámbitos: uno, doméstico-femenino y otro,público-masculino,
excluyentes pero complementarios. Y
esta representación, este ordenamiento
cultural -a pesar de las distancias que
en detenninados momentos se producen
entre ideologías y comportamientos reales- es considerado y vivido con la misma fuerza de un orden "natural", que
llega incluso a adquirir ciertos rasgos sacralizados: se presenta como un orden
de origen divino y por lo tanto inmutable. La sacralización impide el disenso:
quien se aparta de lo natural será pasible
de severas condenas sociales.
Sin embargo, la disolución de lo imaginario -esa supuesta separación entre
lo público y lo privado- pue&lt;J.e darse en
situaciones de crisis sociales, cuando la
sociedad se encuentra profundamente
convulsionada por situaciones que a partir de la lucha política afectan pcofundamente al mundo doméstico, situaciones
que en esa medida son asumidas por las
mujeres como cuestiones propias. Como
señala Rossana Rosanda, con respecto a
la participación política de las mujeres,
"grandes rupturas históricas provocaron
su participación política, tanto que me
pregunto si son ellas las que participan
o si son los acontecimientos político~
los IJl}e atropellándolas, las comprometen".5 De esta manera, en ciertas circunstancias , desde lo "privado-doméstico ", las mujeres enfrentan lo "públiéopolí'tico" y en el mismo enfrentamiento

se supera lo imaginario: se pone en evidencia que el ordenamiento de la eociedad no se basa en un ámbito público y
otro privado, armoniosos y complementarios, sino sobre grupos sociales en conflicto.

El punto de partida
En abril de 1977, un grupo de mujeres
y_ue, en la infructuosa búsqueda de m
hijos desaparecidos, se encuentran en la
antesala de monseñor Gracelli, capdán
de la Armada, deciden desafiar al decre•
to de prohibición del derecho de ffll·
nión. Organizan entonces una pequefta
manifestación en la Plaza de Mayo, fren•
te a la Casa de Gobierno, para presionar
al general Videla -presidente de turnoy de esa manera obtener una audiencia.
Si bien son varias las que están de acu«·
do, sólo un grupo muy pequeflo -Catorce mujeres- se atreven en el momento
de mayor represión a iniciar en la PIiia
una ronda que se repetirá los jueves llJl,.
siguientes, en los que el grupo inicial comienza a crecer paulatinamente.
La r,o~da de los jueves convoca a~•
jeres cuyos mundo.s domésticoshanido
profundamente convulsionados ¡,or la
irrupci_ón del aparato represor del Eelado militar: sus hijos han sido eecueill'"
dos tanto en la calle, a plena luz del~
o arrancados de sus hogares en la ...
de la noche. Los días y los m~~
sin que se tenga ninguna noto
ellos.
Las integrantes del grupo son, ea•
amplia mayoría, mujeres que balta 111
momento habían ajustado sus
tamientos a las funciones que
mente se asigna a su condición

:;Z

1,

"Mi mamá se ocupó mucho de que

ÍIII una buena ama de casa"... "Me
~é a mis hijos y a mi casa" (Bona■}

Algunas de ellas recibieron una

eacación humanística y ejercieron o
ie prepararon para la docencia, otro de
il¡oles aceptados como femeninos por
,rconsiderado como una prolongación
i la maternidad. "Tuve la suerte de
,oder seguir la carrera de Humanidades
JCiencias de la Educación"; ''En el
l«eo Víctor Mercante, donde me forllÍ. fui profesora y llegué a Vicedirecto•"(Galletti); " . ..soy profesora normal
aeiliida en Asunción del Paraguay..."
~&amp;tter); ''Hice mis estudios en la famo1 Escuela Normal de Paraná"; ''Hice
~ profesorado en Letras que tuve que
lllenumpir" (Epelbaum). Incluso, el
111 del padre aparece aceptado como
~ del nonnalizador de la relación entre
hnhito doméstico-privado y el públiro. "Cuando mis hijos comenzaron el
.iüllerato quise hacerlo con ellos, pe18 a mi marido no le pareció bien"

~fini).
Si bien algunas de ellas se vieron anllri&gt;nnente afectadas por la política
~tti queda cesante de su cargo de
liedirectora después del golpe militar
11,J general Onganía en 1966, Tatter
~parte el exilio de su marido perse~ por la dictadura paraguaya) esto
IO parece haber producido modificaciollllen el ejercicio de sus roles: "Siempre
- ~pañado a mi marido y he criado
~1118 hijos en medio de toda esa zozo111" (Tatter).

•~ si el grupo es relativamente ho~eo en ese sentido -son mujeres
9'eumplieron las funciones que sociallle esperaba de ellas- es hetero-

géneo en cuanto a su composición de
clase. Dentro del grupo se unifican mujeres de distintos sectores sociales: desde clase obrera - "Mi padre era obrero
en una fábrica" (Bonafini)- hasta miembros de la alta burguesía. "Niña bien,
educación hispano-oligárquica, Sagrado
Corazón...", se define a sí misma Agustina Paz.
Sin embargo, a pesar de esta heterogeneidad, el punto de partida puede unificar a mujeres de distintos sectores sociales:· la defensa de lo doméstico, la
defensa del derecho a la vida de sus hiJOS. "Nosotras salimos a pelear por
nuestros hijos desaparecidos, no peleamos por ninguna otra cosa"; "Una madre siempre trata de proteger a su hijo"
(Bonafini). En este punto de partida,
las posibilidades de acción de las mujeres están dadas por dos .supuestos culturales:
l. La defensa de la familia es una
cuestión femenina. Para el jmaginario
social, una mujer puede defender a sus
hijos, entra dentro de un orden natural;
la maternidad es sagrada y es legítimo
para las mujeres defender un mito que
les es propio. '':(Jna madre parece siempre más intocable" (Paz). Si el hombre
actúa, el accionar en defensa de la vida
de los hijos deja de pertenecer al ámbito
doméstico para trasladarse al políticopúblico (ámbito a que el hombre pertenece por "naturaleza") y eso es mucho
más peligroso. ''Por ese mito que hay
aquí, ese endiosamiento de la madre,
se pensaba que los hombres corrían más
peligro" (Epelhaum); " ... nosotras mismas evitábamos que los hombres fueran
a la Plaza por temor a que la represión

fuera mayor contra ellos" (Tatter);
"(Mi marido) me apoyó siempre. Sólo
que a veces tenía miedo" (Bonafini).

,

2. A pesar de que se considera legítimo que las mujeres salgan a defender
a sus hijos, había sin embargo cierto
escepticismo -por parte de hombres
e incluso mujeres afectados por el problema de los desaparecidos- sobre la
eficacia de la acción. El escepticismo se
basa fundamentalmente en las características femeninas del grupo y parte del
supuesto de que lo doméstico-femenino
no es capaz de enfrentar, por estar sometido, a lo político-masculino. Visto
de esta manera, los intentos de enfrentamiento no encerraban ninguna posibilidad de éxito. Las mujeres no pueden
volcarse a la acción, son "esencialmente" pasivas, débiles, carentes de lógica.
Lo emocional es femenino, lo racional
es masculino. ''En un sector de los hombres ocurrió que aplicaron un poco cierta lógica masculina: esto no puede conducir a nada, tal como es imposible"
(Paz); ". .. a nosotras nos menospreciaron: esas viejas locas" (Epelhaum).
Este escepticismo sobre las posibilidades de acción del grupo de madres
se extiende también al ámbito político
por excelencia, el Estado. Desde abril
de 1977 en que comienzan las rondas de
los jueves en Plaza de Mayo hasta octubre de ese mismo año, el gobierno mili'tar prácticamente ignora a las madres.
Una audiencia solicitada al general Videla a comienzos de mayo recién es denegada, con recomendación de dirigirse al Ministro del Interior, general Harguindegui, el 30 de junio. A pesar de
que en ese mes las rondas reúnen a cerca de cien mujeres, la actitud gubema-

~

�mental es todav ia de cierta indiferencia.
Se limita a impedir toda difusión sobre
las marchas de las Madres. Cuando periodistas extranjeros son recibidos por
los militares, estos minimizan los hechos; uno de ellos es quien precisamente las designa como "las locas".7
Esta relativa indiferencia se prolonga
aproximadamente durante seis meses,
lapso considerablemente largo para el
momento de mayor represión.
La trailsfonnación

La legitimidad de la defensa de los hijos y, al mismo tiempo, el escepticismo
sobre sus posibilidades &lt;l.e éxito fueron
los supuestos que permitieron el accionar de las madres. Sin embargo, aún
así, estas acciones a favor del derecho
a la vida de sus hijos recibieron una in mediata respuesta: el ámbito político
no es responsable del doméstico, /a.,
responsables son las mujeres que,
ademas del derecho de defenderlo tienen la obligación de controlarlo. La
crianza de los hijos, la educación, la
trasmisión de los -valores sociales es
cuestión de las madres. Si los hijos desaparecen, la responsabilidad recae sobre
el ámbito doméstico y no sobre el
político: las mujeres no cumplieron correctamente sus funciones, no ejercieron
el control suficiente, no fueron "buenas
madres". "Cuando les dije que mis dos
hiJos desaparecieron hace cuatro meses,
me respondieron que yo debería habermP ocupado de ellos antes. Que si fueron raptados es, sin duda, porque formaban parte de un movimiento subversivo, que yo tendría que haber prestado
más atención a sus amistades y a sus lecturas y que debería sentirme satisfecha
de que no me pidieran cuentas por no

cuando las muJeres "invaden" la políta, la maternidad deja de ser sagrada
-,,,a transformarse en subversión. "Pero
J,¡ó un momento que lo del tango y la
Mientras la publicidad oficial insistía
,ieja no les importó más y se llevaron a
en "¿Sabe que ésta haciendo su hijo en
i que fue de algún modo creadora de
este momento?", la represión se justifillte movimiento, Azucena Villaflor de
ca en el fracaso del ámbito doméstico
Dericenti" {Epelhaum ). En efecto hubo
en su misión de resguardar el orden na• relativa tolerancia mientras l;s matural-sagrado de la sociedad. Así, según
se limitaron a manifestar en Plaza
la declaración del general Videla a
le Mayo. Pero pronto las mujeres coL 'Express, "por encima de todo está
lfflZaron a implementar otro tiDios. El hombre es una criatura de
po de acc10nes, acciones que implicaba...
Dios, creada a su imagen. Su debllr sofDlrar en un sistema de relaciones más
bre la tierra es crear una familia, piedra
~lías: se presentan habeas corpus coangular de la sociedad. y de vivir dentro
lmvos (se presenta uno relativo a 159
del respeto del trabajo y la propiedad
'-Parecidos el 28 de julio de 197-7) ·
1 entrevistan con visitantes extranje~
del prójimo. Todo individuo que pretenda trastornar estos valores fundamentaI08; publican su primera solicitada firLa defensa de la vida de los bijoa, d lllda por 237 madres (La Prens~ 5
les e,. un subvel'Slvo, un enemigo potencial de la sortedad y es indispensable punto de partida, crea entre las mujena • ?,ctiihre de 1977); actúan en. coordivínculos de solidaridad.12 " .. .A fflA •on con otras agrupaciones defensoimpedirle que haga daño ·•.9
digo que un pariente no puede compien- 118 de los derechos humanos.
De e¡¡ta mane, a la dictadura militar derte tanto como una compa&amp;en"
no sólo repnme a todo lo considerado ". . .A veces siento que somos mÍB qae
Las fonnas de expresión de las macomo subversivo sino que además ejer- hermanas" (Tatter); "Acá la solidaridad ~ son quizá aún ~uy tímidas, no
nace del dolor"... "Creo que la solidart un estncto conti:ol sobre el funcio!Íllo por las restricciones internas -hasta
ridad
fue la que creó el movimiento" ¡_,.
,di.
namiento ,rlobal de la sociedad: ~nda~
rungun ano argentino publica
(Galletti).
Y
es
la
solidaridad
la
quep,,mentalmente, se refuerza el fracciona.,palabra "desaparecido"- sino tammiento social mediante el acento en lo mite la ruptura del aislamiento 4
lt.n
por cierta autocensura. "No sólo
pnvado. Se anulan los espacios públi- mujer en una casa, rodeada de 111 ~ _,.• cu1'dáhamos de los actos agresivos,
cos, se desarticulan los mecanismos de píos hijos- y el encierro de lo ~ lis que arrojar una piedra no hubiérasolidaridad, se hace un particular hinca- tico-privado. Cuando las madree~ ~-~odido hacer, ni siquiera creo que
pié en los valores tradicionales ligados a la Plaza -y no a cualquier plaa W ~ de nosotras sepa manejar un ara la familia10 en un proceso sostenido a la que es considerada principal _,,,. :,_amo también en el lenguaje. Trade reducción a la sobrevivencia. Como rio de los hechos políticos en la~ liras os de no ser agresivas con las paseñala Julieta Kikwood para el caso chi- tina- y surgen como organizacióa ~ Jtlien P!nsando que nuestros hijos eran
leno, se administra "el Estado como se formal, se da el primer paso pan~ .
es {Epelhaum).
administra una casa: una sola voz deter- doméstico deje de ser lo privado~:;!
s· embargo, resulta ya evidente que
minando los fines y los medios adecua- vidual para confundirse con lo r-, •-'ID
dos a los miembros minusválidos e inca._ Y colectivo. "Cada vez nos dimOI _, ~ t/en11a de lo doméstico ha adquirido
cuenta que nuestro trabajo
paces de discernimiento ".11
._formas de la acción política. Y es
implicaciones políticas" (Paz}
CUando termina la impunidad de
El control y la represión del Estado
es. El 5 de octubre de 1977l
militar sobre lo privado produce la res-

haber sido capaz de educarlos dignamente ".8

puesta de las Madres que, en defema
del · derecho a la vida de sus hijos, invaden a su vez el ámbito de la política. En este doble juego se diluye lo iuginario: la supuesta separación entie
ámbitos. Y esto es posible, sobre todo,
en la medida en que las Madffll pueden
transformarse en una organización, que
abarca pero también supera el punto
de partida. Esto les permitirá paulatinamente 'idauirir una identidad específica, definir al enemigo y desafiar ~
poder, hasta llegar finalmente a la redefinición de su mátemidad, mediante la
reivindicación de sus hijos y la fomm.
lación de propuestas en defensa de lo
social entendido como una totalidad.

Ir'••

n

las M~dres de la Plaza de Mayo entregar, -Junto con el Movimiento Ecuménico y la Asamblea Permanente por los
Derechos Humanos- un petitorio en el
e~~icio del Cou.greso, sede de la Junta
Mili:t3r: La policía reprime con gases
l~cnmogenos la movilización de fa.miliares . que ac~mpaña la entrega y son
deterudas vanas Madres, identificadas
por los pañuelos blancos que comienzan a usar.14 Si bien son liberadas se
les advierte que están "haciendo el juego a la subversión".

Dos meses despues sufren un golpe
may~r: El día 8 de diciembre un grupo
de militantes de organizaciones de derechos humanos -entre los que se encontraba, ~orno hermano de un desaparecido, Guillermo Niño, más tarde identificado como el capitán Astiz- se reúne
en la iglesia de la Santa Cruz para redactar la solicitada ''Por una Navidad
e~ paz". Son secuestrados en un operativo y entre los desaparecidos figura
Alice, monja francesa del m,ovimiento
ecuménico. Dos días después desaparece de su domicilio, Azucena V. de Devicenti, del grupo fundador de las Madres. .
hié~ .otros ~~os de poder: la Iglesia
A pesar de la represión que se ha de- catohca, pohticos, sindicalistas. ''La
satado sobre ellas, las Madres llevan a Iglesia tomó el partido de los militacabo su acostumbrada marcha de los r~s". . . "Si los partidos ·políticos hujueves y convocan para el 16 de diciem- bieran hecho lo que correspondía en un
bre una conferencia de prensa en la Pla- principio no estaríamos hoy llorando a
za de Mayo. Sólo concurren cuatro pe- treinta mil desaparecidos. La Iglesia
riodistas extranjeros a la reunión en que también, yo no le echo la culpa solalas Madres explícitamente responsabili- mente a los políticos y a los sindicaliszan al gobierno militar de los secuestros. tas, sino también a la Iglesia. Los tres
Cuando las Madres dejan de peticionar poderes no han hecbo lo que correspara acusar, el enemigo queda definido. pondía, ninguno de los tres. Si bien
El enemigo son los militares que con- l~s. bases se han ocupado desde el printrolan el aparato de Estado, pero tam- c1p10, no ha sido suficiente" (Bona- cn

'°

�fini).15
Las posibilidades del accionar de las
Madres y el carácter público-político de
su organización quedan claramente definidos a partir del momento en que alcanzan -repercusión internacional, sobre
todo por las acciones desplegadas frente
al periodismo extranjero durante el
Mundial de Fútbol que se realiza en la
Argentina en 1978. La entrega del premio Nóbel"de la Paz a Pérez Esquive! y
las entrevistas otorgadas a las Madres
por los gobiernos europeos - sobre todo
la recepción hecha por Pertini, en Italia
y por Mitterrand, en Francia- dan la
medida de la dimensión que cobra el
movimiento por los derechos humanos.
De este modo, la dictadura acentúa la
represión sobre las Madres, que incluso
deben suspender temporariamente las
rondas de los jueves en la Plaza de Mayo.
A partir de este TT\Omento en que la
acción de las Madres se muestra como
una explícita acción política -son el
principal grupo de resistencia frente a la
dictadura- dejan de ''hacer el juego a la
subversión" para ser ellas mismas subversivas.16
Y es en este proceso, en qµe el ejercicio de la maternidad se transforma en
subversión que la misma organización
sufre sus principales transformaciones:
l. Los hijos dejan de ser v(ctimas para transformarse en mártires. Como señala Julieta Kirkwood, constituir "mártires" significa haber generado héroes,
es decir, cara al autoritarismo, desafiar
al poder. "Hacer héroes es afirmar una
~ contracultura y una contralegalidad". 17

"Creo que es hora que empecemos realmente a levantar esa consigna, explicar
a la gente qué quería la mayoría de los
desaparecidos, qué hacían, cómo trabajaban, dentro de qué lugar estaban haciendo su pelea"... "Y o tengo tres hijos desaparecidos. Al mayor le faltaban cuarenta días para recibirse de físÍco y era un delegado universitario, militaba en un partido de izquierda, un
partido muy chico, lo mismo que su hermano, que lo hacía desde el sindicalismo, y mi nuera, también desde la uni·versidad "·(Bonafini).
2. La defensa de lo doméstico se
transforma en la defensa de lo social
como totalidad. "La lucha de las Madres de Plaza de Mayo cesará cuando
todos los j~venes del país tengan libertad, cuando todos puedan pensar libremente, pero mientras haya un solo desaparecido, un solo preso sin causa, mientras haya censura y un aparato represivo, las Madres vamos a existir" (Bonafini) ; "Es un futuro al que ·estamos atadas
por elección. Tenemos que aportar lo
que sea para que esos hechos atroces no
se repitan. Tenemos que denunciar, ese
compromiso lo tenemos de por vida. Para nosotras lo fundamental es la aignidad del hombre" (Epelhaum).

Consideraciones finales
En el transcurso de la definición y del
desarrollo de la organizacióp de las Madres de Plaza de Mayo, se va afianzando
el develamiento .del imaginario: se diluye la diferenciac~ón entre ámbitos excluyentes y complementarios (doméstico-privado y público-político) y la correspondiente adscripción de géneros

(femenino y masculino) a cada uno de
ellos.
-La dictadura militar que trastoca loe
valores y las instituciones que norman
el funcionamiento social pone en cuestión hasta el límite último del derecho
a la vida. La respuesta de las Madres, a
partir de las características adjudicadas
al ejercicio de su rol, sobrepasan y tnJI&amp;.
greden las barreras que socialmente definen su ámbito de desempeño y ponen
en evidencia sus contenidos políticos.

~ Otra' situaciones de rupturas his1'1plestas de

mujeres organizadas. Con~os que sería importante abrir
• .línea de estudio de dichas respues111, que se plantee avanzar en un análili comparativo y que permita ampliar
d_conocimiento de los rasgos que ad~ la participación política de las
■Jere5:

Notas

Pasan así a ocupar en la escena poi~
tica argentina un lugar indiscutido, lugar que obtiene el generalizado reconocimiento de otros grupos de oposición a
la dictadura que comienzan a cobrar una
creciente visibilidad a partir de la derrota militar en la guerra de las Malvinas

(1982).
Nuestro análisis se _limita al desanollo de la organización en relación a la
dictadura militar. Queda pendiente~
!izar su evolución en la etapa dmiocratica que se inaugura a partir de diciembre de 19831 así como las causas que llevan a la ruptura de l¡¡ organización en
dos líneas. Asimismo nos parece relevante el análisis de los límites de la or·
ganización para transferir su expene&amp;
cia a otros grupos de mujeres que, or·
ganizadas a partir de la defensa de_lo
doméstico, no logran generar esp.,at
socialmente reconocidos ni poner en
evidencia los contenidos políticos de•
accionar.
Finalmente nuestra intención es d,
cuenta del de~rollo de esta org,,P
cíón de mujeres que surge como ~
ta a una profunda crisis social 1~

9.lbidem, p. 40.

mcas han generado también diversas

!.Nuestro trabajo se centra en el desarrollo
de _la organización durante la dictadura
militar, es decir, hasta diciembre de 1983.
lWaine~an, C. Y M. Navarro: El trabajo de
~~u¡er en la Argentina: un - análisis prelllar de las ideas dominantes en las pri•era, décadas del siglo XX, Buenos Aires,
~NEP (Centro de Estudios de la Poblacton), Cuaderno Núm. 7, 1979.
3.Duby
· · social
· e ideología de
las • .G··· "H.1stona
sociedades", en: LeGoff-Nora (Compiadores): Hacer la Historia vol ¡ Bari!lona, Laia, 1978.
'
· '

4.Brunnes,
• Y 1o privado en la
tom . J: J · La mu1er
San ~nrcación s~cial, Programa FLACSOtiago de Chile, noviembre de 1983.

S,Rosanda
J • R.: L as otras, Barcelona, Pla11 y anés, p. 73.

l:

;eclaraciones de Las Madres de Plaza

tas llayo han sido extraídas de las revis-

lllÍm umor. octubre de 1982; El Pr,rteflo,
N~ 22, octubre de 1983; Alfonsina,
......~· ~ Y 4, marzo y mayo de 1984
-·~t1Vamente.

7
~uet, J. P. Las locas de la Plaza de
o, Buenos Aires, Et Cid Editor, 1984.

~ción de una madre, citada en ibi- , P. 45.

10.Giberti, E.: "La mujer Y el prejuicio" en
Todo es_ His~or~, núm. 183, agosto de
1982. G1berti cita una investigación de
IPS_A, sobre las ideas que se refieren a la
muJ:r _en la ~écada del 70, en la que en
los ultllTlos anos se registran: a) retorno a
roles estereotipados "femenino" Y ''m
culino" ' b) reval. oracion
, del sacrificio Yasel
e_sfueno como ideas concernientes a la actJ_tud femenina, c) poca tolerancia al cambio, d) revalorización de la autoridad.
11 · Kirkwood
I'.
· •
.
' J..· El 1emm1S1110
como negación _del autoritarismo, Programa FLACSOSantiago de Chile, diciembre de 1983.
12.La ~articipación política de las mujeres a
~art~ de la defensa de lo doméstico puede
significar un reforzamiento de tas funciones que se adjudican culturalmente a lo
fen_ien~o. Sin embargo, los vínculos de
solidandad
· de re1-.
. d. . que se crean a partu
~ icacio~~s inmediatas pueden tam?1én perm_1t~ a las organizaciones de muJeres adqumr una identidad propia Y pasar
a ~n cuestionamiento social más amplio
Jelin, E. Las mujer~s y la participaci6~
popular, Buenos Aires, CEDES (mimeo).
13.Por su lado, las autoridades militares trataban de evitar que las madres se organizara_n fomentando su fraccionamiento
Segun declaraciones de algunas de ella~
era _frecuente. que después de alguna en~ev1sta obtemda, los militares les dijeran
Ud. veng~ a venne las veces que quiera,
pero no se Junte con las otras".
14.EI pañuelo blanco constituye uno de los
eten_ient~s básicos en ta conformación de
~ identidad. "Cuando estábamos todas
¡unt~s . en la Plaza, yo a veces tenía un
~ntun1ento d~ irrealidad. Me preguntaba
como era poSJble que estuviese contra todas esas ametralladoras sin otra defensa
que un pañuelo blanco" (Paz).
15.A pesar de que divergencias políticas llevan al fraccionamiento de las Madres de
Plaza de Mayo en dos líneas en 1986, en
el momento de lucha contra la dictadura

militar procuraron mantenerse diferenciadas de los g~pos de poder tradicionales
como. los partidos políticos. Por estatuto
las vemte so~i~,s fundadoras Y las que inte'.
gran la _con_i!s1on directiva no pueden afiliarse m militar en ningún partido político.
16. La dictadura justifica su represión contra
las Madres-asociándolas con la subvers1on.
.,
La
c~p~a de desprestigio tiene como
b_ase prmc1pal, a las revistas femeninas de
fa,uadaT~as1va. Por ejemplo, en la revista
~ ~ el 23 de agosto de 1979, se publica una nota titulada "Habla la madre
de un subversivo muerto". Allí se señala
que '.'~ desesperación la llevó a recorrer
l~s sm1estros caminos que las organizac10nes subversivas tienen preparados para
especular con et dolor de las familias deshecha~ por su propia culpa, por política
de od10 Y de violencia.,, En el reportaje
la madre declara•· " · • . a m1, me usaron'
~ara los montoneros yo era un perfect¿
instrumento", para finalmente recomendar a las ma~_resargentinasque "vigilen de
cerca a sus h11os. Es la única fonna de no
te~~r que p~gar el gran precio de la culpa . Poco tiempo después se sabe que la
nota había sido prep¡uada por la ESMA
(E~uela
de l
.de . Mecánica de la Annad•.., uno
" os prmc1pales centros de represión). La
madre del subversivo", la señora Thehna
Jara de Cabezas, que aparece fotografiada
en la n_ota que supuestamente se realiza
en la ciudad de Montevideo, había sido
secuestrada en abril de ese mismo ano.
17.Kirkwood, J. Op. cit., p. 22.

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EL REGRESO

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Llegamos a Monterrey en el vuelo de las
8:10 de la mañana. La cita era a las 11
en Sanborn 's, situado todavía en el centro de la ciudad, en lo que ahora se llamaba "la zona rosa", espacio que después analicé con detalle relacionando
situaciones e instantes del pasado en los
rasgos 11ue todavía &lt;1uedahan en esos
lugares c¡ue tantas veces frecuenté en
otro tiempo.
Ahora tenía &lt;JUe ver a mi ex-mujer,
Leticia, ·después de veinte años de divorciados. Desde entonces no hábía
regresado a esta ciudad que si¡,rnificó
tanto en mi vida. De ella sabía por mi
ahogado, por el periódico " La extraordinaria escultora Leticia Ríos expone
en . . .", o por las esporádicas, frías y
brevísimas llamadas telefónicas en las
que sólo se trataba algún asunto de
orden legal concerniente a nuestros
hijos; los dos, Víctor y Javier, ya mayores de edad y a punto de contraer matrimonio. Ese era el motivo de mi viaje. Necesitaba definir la situación legal
de ellos pon¡ue cuando nos divorciamos hice hasta lo imposible porque
no quedara ni un alfiler a su nombre.
Como había otro de por medio, eso
fue suficiente para mí; si en ese entonces hubiera podido arruinarla por
completo lo hubiera hecho. Desistí
quizá por mis hijos.- En ~ste momento sólo tnc quedaba el mal sabor de boca de ai1uella etapa que me costó
tanto sacar de mi mente y de mi alma.

~

Aurn1ue aparentaba estar sereno, sentía una sensación muy extraña; conjugaba miedo, temor, emoción, deseo,
aversión y por &lt;tué no confesarlo, algo
de curiosidad.

Yo no había olvidado a Monterrey,
sólo había cerrado un capítulo de mi
vida. Estaba casado con otra mujer y
realmente era feliz, aunque en esta
ciudad quedaron parte de mi vida y mis
amigos.
-Como puedes ver- me dijo sonriente Guillermo mi ahogado -este
no es el pequeño aeropuerto que· tú
conociste... ¡o ya no te acuerdas. .. !
-acentuó su sOiirisa quizá para sacarme de mi retraimiento.
-Sí... sí -le contesté-, en realidad
estoy sorprendido, es un signo de 11uc
Monterrey ha cambiado mucho y como
tú eres el que viene a esta zona fOn frecuencia tendrás 1¡ue ayudarme a redescubrir la ciudad que yo dejé, aunque si
todavía existen mis lugares preferidos
creo que el guía voy a ser yo.
-Sospecho 1¡uc vas a encontrar muy
pocos viejo -me rcpondió ale¡,rremente.
En el trayecto al Hotel Ancira me
percaté del sprpre'ndente cambio ,¡ue
ofrecía la ciudad : ampliaciones, avenidas, edificios. ·.. pensé que tal vez así
había cambiado mi vida. El Monterrey

que había dejado era como el símbolo
de mi primer amor, amor que se había
modificado en anilios y &lt;1ue me mía
a la memoria aquella, novela de Miehlll
Butor que leímos y discutimos juntee,
cuar.do ella era estudiante de Letras ea
el Tecnológico y yo un estudiante deIngeniería Civil enamorado del arte y las
letras; nunca imagine 'que a nosotros,
precisamente a nosotros nos iba a tocar modificar nuestras vidas.
-Oye mano -dijo Guillenno- yo te
quiero mucho, pero como por obn y
gracia todavía estoy soltero y tú eres
un hombre de respeto pedí habitaciones separadas. No vaya a ser que me vi•
site un "regio cuero regio" y te vay•
a emocionar. . . francamente no me
gustaría que tu mujer me fusilara;insisto en que soy muy joven y muy guapo para morir de esa manera.
-No te preocupes -le contesté.a
tono de broma- e!,taha pensando decirte exactamente lo mismo, . , .nada
más que yo creía que el respeto n
tú... ja, ja,ja... como eres un aboplo
tan serio .. .
-Me sorprendes _Alejandro -rapoll'
dió en el mismo tono-, te aclaro que
mi fuerte son los negocios no los divorcios.
Mientras estábamos bromeando el administrador nos entregó las res~
llaves de las habitaciones y en 111¡subimos a desempacar y a pre~
19
para estar antes de la hora indicada
el lugar de la cita.
Entramos a Sanhom's media
tes de lo previsto. El lugar

',t'I

_,,.f;; ,...,llJi~.,,~
:f¡:{j
r;~ N\
,,

~

.i

:.-...

"

a Roberto E1Ca111i11a

Mis hijos habían crecido juntó a ella,
yo sólo los disfrutaba muy racionadamente. Desp~és, cuando ya pudieron
viajar y decidir por sí mismos tampoco
los tuve conmigo pon1ue preferían viajar con los amigos o irse a la Isla del
Padre. Definitivamente estaban más
ligados a Leticia, quizá si no me hubiese ido las cosas hoy serían distintas. No
quiero decir que no me quisieran, simplemente no estaban acostumbrados a
m1.

•

, ,'}(
~

Fidel Chávez

ll.

;/,· y

¡, /;,,-:-:,,
/1/

...

cambiado, pero no demasiado. Corno en
todos los restaurantes de esta cadena
~ meseros con sus trajes típicos me~
DCanos Y en las mesas las clásicas peramas &lt;1ue acuden al café de media mañana o a tratar algún negocio, sin faltar
ano que otro turista. Entre toda esa
gente ·reconocí dos caras de mis tiempos, las gemelas &lt;¡ue nunca supe cómo
111! llamahan, pero que allí permanecían
todavía impecablemente vestidas y ma~adas, . parecía que para ellas no hab1a pasado el tiempo. Era como estar
lllte dos maniquíes vivientes.
El Sanhorn's de mi época era el lupr del café Y los pasteles o los helados. Era muy "chic" ir a merendar allí
t.on alguna amiga, sobre todo si andaba
IDO i¡ueda~do ~ien. ~orno estudiante y
ton los amigos iba mas seguido al desa~ido Café Flores, por la calle·Corrc~ora, frente a la placita Hidal~o. Sin
drula_, un lugar menos eiegante, pero se
rumia muy sabroso. Todavía recuerdo
las f:unosas orejas de elefante, la típica
tom1~a corrida y los . pays de crema
Yde limón. También frecuentiiliamos La
~uente, del pasaje Espino Barros. OcalOnalmentc el café Concordia por Zaraf'Za, a donde acudían varios periodistas; 0 la Superior, por la calle de Gueel Lisboa frente a la Alameda; el
das ,. por Calzada, . con sus· carnes asa• tipo rumano; s1~eran altas horas de
noche, el Galván o al inolvidable res'-rante "AL" por la Calzada Madero
::e los múltiples espejos y la ilumi~
4o n te mostraban tu verdadero estaant~ la variada y trasnochada con~~a i¡ue a veces terminaba el tour
..;:1ehoacano allí. Cuando las arcas
an muy vacías acudíamos a Ju.
todavía más baratos, al menudo en

:=;

el mercado del Norte o a los tacos rojos
cerca de la fuente Monterrey.

- YO sólo quiero un café Guillermo
¿y tú?
-~refi~ro un té - respondí~ y se me
quedo viendo seriamente-. Oye, sé
q~e esta es una situación &lt;¡ue quisieras
evitar pero hay cosas que solamente ustedes pueden definir. . . ¿te .sientes
incómodo?
-Nu :...le contesté-, lo &lt;Jue sucede
es 1¡ue cada cosa 11ue veo me recuerda
al~o de esa etapa de mi vida, no puedo
evitarlo. Toda esta ausencia acumulada
me obliga a reéordar no sólo eso sino
también parte de mi infancia y mi ado1,es~encia, tú me entiendes, es algo tan
mtnno .
- Te entiendo perfectamente y deseo
r1ue esto pase rápido .

-En realidad Leticia ya no me importa,' lo &lt;1ue sucede es que desde que
llegue no he podido desligarme del pasado, es como si de pronto se hubiera
abierto una compuerta de recuerdos.
-Oye Alejandro, si prefieres suspendemos el viaje a Laredo y tenninado el asunto con Leticia nos regresamos a Guadalajara, no me b'Ustaría verte deprimido.
-No Memo, al contrario, precisa~ente t~ iba a pedir que el viaje lo fu.
cie~as tu solo, ahora más que nunca
11mero recorrer la ciudad, quiero reconciliarme con ella, reencontranne;
sentir_ de cerca el pasado, es algo que
necesito hacer porque estoy en deuda
con esta vieja amiga.
-Por mí ~o hay ningún problema,
pero . . , ¿estas seguro de &lt;1ue quieres
quedarte?

�- Completamente seguro, es algo (¡ue
considero muy importante. · · ¿me entiendes, verdad?

-Pase Guillemio -le contestó Leticia-. Estás igual Alejandro, sólo un poco canoso, pero sigues igual.

- Por supuesto Alejandro. • • claro
,1ue te entiendo.

_ y tú más guapa . . . - le contesté.

Confieso (JUe deseaba enormemente
estar solo. Quería recorrer paso a paso el
pasado en un-presente distinto. Ansiaba
evocar proustianamente momentos cruciales de ini vida, no porque dudara de
mí, simplemente quería reafirmar . el
amor a mi segunda esposa, una mu1er
extraordinaria que conocía con detalle
hasta el rincón más pequefio de mi espíritu y a quien le debía en gran part~
el no haber perdido la fe en el amor ~
en las personas. En ese instante observe
la figura de Let icia hacia la ent~ada del
lugar y sentí i¡ue el trago de cafe. me ha,cía un nudo en la garganta . .. , se acerco
hasta la mesa un poco titubeante. Nuestras miradas se encontraron y quedaron
por un momento fijas. Después ~os s~ludamos de una manet a por demas fna
y ordinaria.
_ ¿Cómo estás? - m e dijo.
_ ¡Hola!. .. siéntate.
Mient ras tánto Guillermo de pie saludaba también a Leticia: Para él era
más sencillo porque no existía ningún
lazo afecüvo entre ellos, ademas se
veían a menudo .
-Bueno - dijo Guillermo-, los dejo
solos. un momento y regreso para c~mentar sobre los papeles. · · con permi30 , • .

- Por favo~. . . los afios no pasan en
balde.
- Bueno . . . lo 11ue quise decir es qu~
t e sigues conservando muy• • · atractiva.. .
_ ¿Es un halago o una burla'?
-Me conoces perfectamente como
para darte cuenta que no me gusta
bromear.

- y. . . ¿Cómo te va con. . . ella?
Como no sé su nombre. . •
- Laura . .. se llama Laura . .. , me va
muy bien, tengo dos hijos con ella, una
mujer y un hombre .. : sin ofenderte es
una mujer increíble . .. la adoro.
-Me imagino, respondió y encendió
un cigarrillo . .. , has de saber que no _me
volví a casar, estoy totalmente.dedicada a mi carrera. Tus hijos ya son mayores, ya no les hágo tanta falta así es que
todo el tiempo libre es para el arte.
-Les hiciste falta en un momento,
pero .. . fue tu decisión.
-No Alejandro, no recordemos el pasado. Siempre soñé que llegaría a ser
una gran escu1tora y aquí estoy·
-Sí, pero no pensaste en los niños,
eran muy chicos y. • •

-Claro que s1 pensé, pero también
pensé en mí.

respecto al porvenir de los muchachos.

_Yo creo que pensaste más en ti
qúe en ellos.

-Decídelo tú, eres el padre magnate. .. yo soy una artista consagrada a
11 arte.

-Aún me tienes rencor ¿verdad . . .!
El sólo fue un buen amigo .
-No, pero a mí me importaban más
mis hijos que tu arte .. . sin embargo, te
di cuanto pude.. . más de lo que pude Y
- él lo echó todo a perder.
-Mira Alejandro no empieces, tú Y
yo jamás nos pudimos ?ntender, ~
que accedí a ser tu no~a ~ des~ues 1
casarme contigo por tu ms1Stenc11: pero yo siempre quise gloria y en c1e~o
modo la tengo. Tú querías una mujer,
una esclava . ..
-Quizá tengas razón, no ~e la
· , se destruyo
pena ver que, o qmen
. ' después de todo el tiempo es sabio Ycuando menos pensamos nos cambia poríuera
y por dentro.

..
. em
Leticia seguía siendo guapa, sm d.
bargo se rumoraban muchas . cosas e
ella. Era talentosa. como ~lSta,
nula como persona; demasiado, JI,
demasiado calculadora. Jamás ve~~
defectos, no aceptaba su alco~o!18111 .
Además se dec1a que tenía
gente muy vulgar. Ella todo lo J .
caba con su arte. Su vi'da Ya no mellldeteresaba. en ese momento lo ~ue
seaba era terminar rápido con ella Ylt
, como unanelir a caminar solo. Senha
d.
cesidad implacable de hacerlo, de tlfl"
la hablando sola, pero me contine-

r

de~;

- Bueno Leticia, y qué has

t;n .ese instante sentí que quería llemme a revivir el· problema económico
de nuestra separación y como yo no
quería estar un minuto más cerca de
dla le expuse mi plan:
-Gracias por lo de magnate, yo no
me clasificaría así pon1uc también ten-

go algo de artista. . , ya se te olvidó
queme gustaba escribir.
- ¡Ah claro! todavía conservo por

allí algunas revistas donde publicaron
algunos de tus poemas y tus cuentos,
ya hasta he pensado venderlo!\ como
reliquias.
-Mira Leticia, por Víctor y Javier
no te preocupes, Guillermo tiene instrucciones para que mis propiedades
en la ciudad pasen repartid as equitatiYllllente a arnhos, además les cederé
la nueva empresa que abriremos en breve lkJUÍ, legalmente será de ellos así
f.8 que puedes consagrarte a tu arte
in ninguna preocupación económica.
-Gracias ex-marido, te aseguro 11ue
1BÍ lo haré por(¡ue a mí el papel de

abuela no me queda, o más bien, no lo
pÍenso asumir "never darling".

En ese preciso momento regresó
Gtiillenno a ituicn en pocas palabras le
lllurní lo (¡Uc él ya sabía del asunto,
Jle pedí que le explicara a mi ex-mujer
IJUe significaba económicamente el

futuro de mis dos hijos. Como ya estaba muy tenso aproveché para despedinne y salir de allí rápidamente.
- Te veo más tarde en el hotel, Memo. Te dejo con la artista. . . hasta
luego Leticia . . . buena suerte,
-Adiós magnate . . . que te sigas
conservando igual de cuerdo.

mente cuidado. Hacia el lado sur cercano a la avenula Constitución, el Homenaje al SoJ de Tamayo, escultura de sencµlez y significación primitivas, situada
frente al nuevo Palacio Municipal de
sabor arquitectónico prehispánico modernizado.

La plaza Zaragoza de mi nmez ya
no era el paseo 11ue vi transfonnarse
con los años, recuerdo la banda del
Cuando salí de Sanborn's er~ desestado interpretando en el kiosko el
pués de la una de la tarde y como Guivariado repertorio de melodías de sicrnllenno iba a tardar buen rato explipre. Los jóvenes de· ambos sexos camicándole a Leticia el papeleo donde
naban en filas diferentes y encontradas.
cedía mis propiedades y la nueva emEra una forma muy tradicional de copresa en la ciudad a.Víctor y Javier, denocerse o cortejarse. Posteriormente el
cidí caminar un rato por la zona adolugar de reunión fue la calle Morelos y
quinada del centro que me hablaba de
otros tiempos. Algunos negocios per- después la plaza de la Purísima. Luego
manecían allí como la joyería Suiza indagué que la moda pasó a la colonia
y el Modelo, otros evidentemente eran del Valle, a lo que se denomina el cennuevos. La calle Morelos no había per- trito. Todo es cuestión de edades y de
dido su espíritu comercial, pero ya no motla, lo que es evidente es que cuando
una ciudad crece, ·va perdiendo poco a
le quedaba aquel sabor de sábado o
poco sus costumbres y tradiciones.
domingo de paseo de. moda, de caras
borútas. Pronto me percaté t¡ue adeRecorrí la Macroplaza. Añoré el cine
más de lo comercial había otro tipo
Elizondo, el Rex, a donde acudíamos a
de gente, sin faltar las furtivas miradas,
ver cine europeo que para esos tiempos
a las cuales no les di mucha importanera 1lemasiado osado pon¡ue las actrices
cia ya (1ue los ligues son frecuCtltes en
salían en corpiño o mostraban más
cualquier lado. Caminé hacia el orienarriba de la rodilla al ponerse las clásite, encontré la plaza Zaragoza como se- cas medias negras, sobre todo en las peñora con vestido nuevo. Alderredor de lículas francesas. Esa parte de Monteella descansaban todavía algunos de sus rrey había desaparecido para dar vida a
hermanos de antaño; Catedral, el Casino una área verde denominada Macroplaz~
Monterrey, el Ayuntamiento, el Círculo. que unía- ahora, por corredores, escaliMercantil, el Condominio Acero, otrora natas y niveles, desde el Palacio Municiel primer edificio de tantos JJisos. Don- pal hasta el antiguo y bello Palacio de
de estuvo el Hotel Continental, se erguía Gobierno. Paseo rodeado de edificios
or¡:,rulloso el faro del comercio, casi en- como el Teatro de la Ciudad, la rescatafrente, por la acera poniente el bello da Capilla de los Dulces Nombres, la
edificio del Banco Mercantil impecable- Biblioteca Fray Servando, El Congreso
del Estado, la Secretaría de Educación ~

�y Cultura, la Explanada de los Héroes,
el Condominio del Norte, otro de los
primeros rascacielos, la Iglesia del
Sagrado Corazón, el viejo recinto de la
Biblioteca Alfonso Reyes y el Palacio
Federal.
La Macroplaza era un esfuerzo valioso que sepultaba un pedazo del viejo
Monterrey, pensé que así se habían
derrumbado mis ilusiones, pero que
ahora el tiempo, sabio amigo, se había
encargado de darle otro giro a mi existencia. La calle· Zaragoza, en su tramo
de Corregidora a Washington fue muy
interesante, aún tengo presente que a
una señorita no se le permitía andar
por ali Í sola después de las 9 de la noche
porque no sólo la confundían sino que
le sobraban invitaciones, quizá porque
allí estaba el Patio, cabaret muy controvertido tanto por sus variedades como
por el tipo de personas que lo frecuentaban. En especial, ese barrio albergaba
lugares que hablaban de la historia de
Monterrey: El bar Fornos con sus exquisitos platillos de mariscos, la Fuente
Monterrey con sus armqniosos y novedosos juegos de agua iluminados de diversos colores, las bolerías y revisterías;
La Vaca Lechera, La Perra Suerte, el
café la Miniatura, y otros sitios que habían desaparecido antes de que se soñase con la Macroplaza, como el bar
Willy's o el cabaret Capri.

~

Caminaba sin sentir el cansancio,
creo que porque .era tanto que no alcanzaba a asimilar de golpe cada lugar
que reencontraba o veía transformado
en mi mente en ese pedazo de ciudad
que tanto había disfrutado en años
anteriores. El tiempo se iba tan rápido
que decidí regresar al Hotel a encon-

trarme con Guillermo para comer y
concretar los detalles del asunto de
mis hijos, quienes estaban de vacaciones en Canadá. Cuando llegué ya me
esperaba ansioso en el comedor.
-Hola Alejandro, ¿te perdiste o te
invitaron a perderte? No me vayas a,
salir con que te fuiste al cabrito porque te retiro mi asesoría.
-No... me perdí voluntariamente,
me fui caminando sin sentir, recorrí la
zona peatonal y la Macroplaza, te confieso que · estoy sorprendido porque
todos estos lugares los caminé una y
mil veces desde mi niñez y en algunos
no queda ni un vestigio del pasado.
-Lo que pasa es que necesitas decirle
a tu mujer que te abra la jaula más seguido . . . o que te suelte la cadena . ..
mano.
- Lo tomaré en cuenta Memo, te
aseguro que de hoy en adelante además de mi apoderado serás mi consejero espiritual.
-Bueno te lo agradezco y me comprometo a invitarte cuando regrese.
-Gracias Memo pero creo que sabes
de sobra que afectivamente Monterrey
no sólo fue mi vida sino también mi
muerte. Sin embargo ahora todo es muy
distinto. Después de todo la ciudad no
tenía la culpa de lÓ que a mí me sucedió. Te juro que lo que me falta es tiempo, quisiera caminar y caminar, es una
forma de sentir de nuevo lo positivo y
lo negativo de mi vida desde un ahora
totalmente distinto.

-Vaya, vaya . .. el hijo pródigo regresa al hogar. . . creo que si sigues así
se va a poner celosa tu mujer.
-No te preocupes me conoce demasiado bien, está al tanto de todo lo que
me sucede . . . oye ¿Qué pasó con Leti,
cia, hubo problemas?

.
-No, estuvo de acuerdo en todo y

según me dijo, después de la boda se
va seis meses a Europa, así es que tú
sabes si le mandas dos cajitas de tequila jalisciense para que no se le olvide nuestra Patria, ni nuestra clásica
bebida.
- Memo, no sé que haría sin tus consejos, lo bueno es que tú tendrías que
ser el portador del regalito, lo dejo a tu
acertado criterio; tú sabes si te arriesgas
a la respuesta, por mi parte no creo que
la vuelva a ver.
- Era una broma Alejandro, aunque
en el fondo yo sé que te entusiasma la
idea del regalito . . .
-Para meterme en más broncas, no
Memo, mejor lo dejamos en un íntimo
secreto entre tú y yo .. :ja, ja, ja. . .
Guillermo salió a Laredo y a su regreso no me tocó verlo, encontré una
nota suya en el hotel donde me dec~:
"Me urge estar en Guadalajara hoy llllS'
mo, aprovecha tus vacaciones de soltero
y no se te olvide que vives en Guadala·
jara. Kisses . .. Memo.
El asunto de mis hijos no se llevó
mucho tiempo. Lo que tardaba er~loe
trámites ante notario, por eso mt estancia se prolongó doce días; por 1111'

pues~o esto ya estaba previsto, además
quena a~ro~e~har la ocasión para saludar_a r~1s VIeJos amigos y compañeros
d~ mqu'.etudes juveniles. Con la mayor~ª . hahia perdido contacto, pero logré
fácilmente encontrar a los más queridos.. Cada quien había seguido su
d~s~no. Cada uno frente a una realidad
distmta, con hijos, con los problemas
comunes, pero aún con la lozan Ía de
nuestros . mejores años. Juntos formamos un grupito de personas inquie~ _por la cultura, publicábamos, orgamzabamos conferencias, cineclubes,
obras de teatro. Aunque estudiábamos
carreras muy diversas todos teníamos
~tos muy afints Y nos dábamos cita
en cuanto evento cultural se hacía. Fue
una época inolvidable, Monterrey emJM;za_ba su despertar ante la cultura, hah_1a mterés por el buen teatro, el buen
eme, la literatura, la pintura, se inten~a a toda costa, lograr un desarrollo
m_telectual junto al desarrollo industrial.
Durante esos doce· días comprobé
d enorme crecimiento de Monterrey
mumcipios
.. · y colonias que se sentían'
k'
¡a~as como la Anáhuac en San Ni~las, la Linda Vista en Guadalupe, del
ª!le en Garza García, hoy estaban
~idas a la orbe. Urhanísticamente la
ctudad
-e
bab, . se hab'ia tran:uormado,
nunca
. la sido una ciudad de monumentos
~ ~bundantes construcciones arquitectonicas
, signos
vb . sobresa¡·1entes pero habia
· amos que destacaban por una u @tra
~-~· El Obispado seguía aUí, conteml"'llldo
· que se le escaPlb ese crecer d'1ar10
~ al igual que al Cerro de la Silla. El
4a Mde la Independencia por la calza-.lo adero, la Alameda Mariano Escoy algunas iglesias y casas en el

primer cuadro sobre todo cerca de Catedral, en las calles de Diego de Montemayor, Padre Mier, Morelos, Allende o
M~tamoros donde viejos sillares y altas
re3as d,e acero seguían hablando de
otros dias venturosos.
A ¡.,esar de los cambios, la ciudad
conserva~a en gran parte su trazo original, habia ampliaciones, pasos a desniv~l, anill?s viales. Zonas que en otros
anos habian sido residenciales se ataviaban ahora con trajes de comercio La
calle Hidalgo, una de las anti~as e~tradas a lv,tonterrey, antes de que existieran
otras, vtas como. Constitución y Flcteros,
servia a negoc1~s
d_iversa índolr pero
~onservaba su d1stmguida arquitectura al
igual que esas colonias que ) a eran partr
del centro: la María Luisa y la \lirador
cercanas a la Iglesia de la Purísima.

?º

Ca~i cuatro millones de habitantrs
en el area metropolitana definitivamente
le daban otra vida a la que había sido
u_na pequeña ciudad de apenas unos
cientos de habitantes hace 30 años. Actualmente contaba con más de cinco

uni~ersi~ades i_~cl~yendo la Uní y el
Tec,_ vanos_ ¡.,erwd1cos matutinos } vespcrtmos;
diversos canales de te1eVIs1on
. .,
.
c,~em~s, centros comerciales, teatros'.
l•,l antiguo teatro Monto) a había dejado de serlo para convertirse en cine la
Azotea
y Iª Repu'b)'ica
'
,
no· rxistían
Ahora había otras salas ~orno el ~lásca:
ras p~r la calle Rayón: la Estación en
la antigua estación del Golfo, hov Casa
de la Cult~ra. Por la Calzada \ la,Íf'ro, la
An~l~ . tema un nuevo teatro, por el
p~nod1co me entcrr que tamhi&lt;'.n l1ab1a un teatro Blanquita CU\O criro &lt;·ra
~ast~nte frívolo, probablc11;!'11~· suhst1tu1a al antiguo Tratro \léxico ubic~do en la misma Calzada entre las calli•s
de Juár~z y Guerrrro: donde hizo rpoca
e! µ;rand1oso cómico Tello \lantrcón. La
crndad
de las' calandria~• ", ¡OS VICJOS
··
.
f?rlnngos rnl('trros era ahora una ¡;an
cwdad, .con los probl&lt;'mas 'r• las criSIS
.
· · 111· sc viven en todas part&lt;·s, sobrf' todo
la _&lt;k la falta ch· agua. \lonterrn había
de3ado atrás su prqudia dulzur~ &lt;lr juv&lt;·nL~d, ha~ía l!(•gado a otra etapa' \'
s~¡r111a crec1f'ndo. Tt&gt;nÍa ins!'¡ruridadc~,
cmturo11&lt;'s rlc pobreza. robos, violencia

"ª

�diaria, problemas obreros -hu~lgascme
afectaban el desarrollo de la mdusJ
tria. La Fundidora y Aceros Planos es
taban cerradas; la primera era ahora u1
monstruo grisáceo silenciosamente dor
mido con sus fálicos hornos apagados
Los regiomontanos no lograban asi~ila
todavía que habían dado un paso gigan
tesco y no se acostumbraban a las cru
das noticias, a los crímenes y notas de
primentes que aparee ían a diario en ~,
prensa. Ya no era el tiempo del dorm1
tranquilo, era necesario estar a la ex~~c
tativa, siempre luchando y defendien
dose del adversario.

SEÑAS/
RESE.ÑAS /
CONTRASEÑAS

l(V

_1

Unos cuantos días fueron suficien
tes para reconciliarme con Monterrey )
con mi pasado. Definitivamente lle~ab1
adentro muchas cosas que yo m1smc
censuraba porque me recordaban ~
problema personal. E,stos es~asos d1~!
representaron para m1 la meJor terapu
del mundo. Había logrado dar el gran
salto metafísico a la edad de 47 año'.
sin ser Julio Cortázar. Efectivamente m1
vida se había modificado, era un hombre nuevo, mi pasado quedaba sep~ltado y mi querida ciudad reconstr_mda.
El amor y el futuro me esperaban Junto
a Laura, a la que le llevaba de regalo.
dentro de mi corazón, ese pedazo de
mi Monterrey que me abría los brazos
y me incitaba sin lugar a dudas a pensar de nuevo en el regreso.

°'

\O

�ALGO MAS SOBRE
LA CONVERSION DE SOR JUANA

lrma Braña
Los misterios que encierran ciertos pasajes de las vidas de personalidades de
:otras épocas anteriores a las nuestras
siempre han apasionado · a sus biógrafos y estudiosos. El interés por identificarnos con ellos a través de tiempo y
espacio no conoce límites, máxime
cuando algún periodo de su historia determina o modifica notablemente su
destino.
Tal es el caso de Sor Juana Inés de
la Cruz,· nuestra "décima musa", quien
sufre un cambio radical en su vida pocos aflos antes de su muerte, y se conduce con una actitud drásticamente
contraria a lo que fuera anteriormente:
de mundana, un tanto frívola e intelectual con ideas muy liberales para su época y condición de mujer, pasa a ser una
religiosa mística, alejada del bullicio del
mund.o y de las letras.

o

t--

Mucho se ha escrito y elucubrado al
respecto. A medida que el culto a su
personalidad y el estudio de su obra se
van desenterrando más y más del olvido
en que se encontraron· por siglos (otra
incógnita inexplicable) se desvanecen
malos entendidos e incongruencias. El
mundo moderno, con todos sus adelantos en cuanto a facilidad de comunicaciones, facilita el viajar a otros continentes en busca de nuevos archivos
que arrojen más luz sobre esta controvertida mujer. Marie-C~cile BénassyBerling escribe en la Sorbona un artículo que intenta aportar datos sobre el oscuro periodo en la vida de la monja · y
coincide con muchos escritores actuales
al afirmar que Sor Juana fue víctima
del oscurantismo réligioso y antífeminista de su época.

Aunque, como ella lo aclara, su estudio es posterior a la publicación del
libro Las trampas de la fe de Octavio
Paz (Ed. Sebe Barral), su interés no es
ya desentrañar un misterio, ampliamente comentado en el último apartado del
citado libro, sino comentar "algunos
textos de procedencia eclesiástica novohispana relacionados con el asunto" y
que fueron posteriores a la famosa
Respuesta a Sor Filotea, en la que Sor
Juana defiende sus posturas literarias y
feministas.
Cita-, en primera instancia, la dedicatoria de un sacerdote de la diócesis
oaxaquefla, el Dr. Jacinto de Lahedesa
Verástegui a la primera edición de los
"Villancicos a Santa Catarina", pero no
especifica si contribuyeron o no a su defensa. Aflade enseguida varias alabanzas
de que fue objeto por parte del clero espaflol, hecho que tuvo reacciones contrarias en la Colonia, pues por tratarse
de elogios tan encomiables a una religiosa, las envidias e insidias en un ambiente de mayor estrechez de criterio
como el que diferenciaba a México de
Espafla seguramente le afectó' más negativa que positivamente.
Otro texto conocido, pero d~ poca
difusión al que alude es el del presbítero Francisco Javier Palavicino, quien
en un sermón dedicado a las monjas del
Convento de San Jerónimo apoya, aunque sea un tanto veladamente, la crítica que Sor Juana hiciera al Sermón del
Mandato del Padre Vieyra, lo cual comprueba que ella contaba con un séquito de defensores y admiradores, que
aunque tal vez no fueran los que ella
deseaba más contar con su apoyo,
existían y pugnaban por rebatir el an-

tifeminismo en el clero.
También se refiere a un panegírico a
la obra de la 'monja,que formaba parte
de una dedicatoria de seis páginas que el
Dr. Jacinto de Lahedesa, que ya había
citado al principio de este artículo, y
especifica que a pesar de que Sor Juana
exalta en estos textos su defensa feminista y contradice a San Pablo, quien calla a las mujeres y las exhorta a vivir sujetas, aún así eludiendo la discrepancia
de Sor Juana con San Pablo y sin admitir tácitamente el estar de acuerdo con
ella se "sale por la tangente", la elogia
y compara con profetisas de la Antigüedad pagana.
El texto es publicado y los Villancicos cantados en la ciudad de Puebla, de
cuya diócesis era obispo Manuel Fernández de Santa Cruz, quien bajo el seo•
dónimo de Sor Filotea, como ya sabemos, había ya públicamente sancionado
e instado a la religiosa a encargarse más
de los asuntos de Dios y hacer a un lado
tantas frivolidades y prácticas de letras
profanas. Y respetuosa pero firrnemen·
te ya había sido rebatido por la mismaSin embargo la actitud del prelado d&amp;muestra que a pesar·de todo la apoyaba.
pues sin su autorización no hubieran sido
posibles publicaciones o presentaciones
de la obra de Sor Juana dentro de sus dominios.
No obstante, aflade Benassy, el d~
no de la monja se decidía en México.Y
no en Puebla o Espafia donde su ~
era tan reconocido y admirado, Y~
cide con Octavio Paz en que sus prillClpales censores, o al menos obstac~
dores, de que persistiera en sus prácb"
cas literarias fueron por un lado sU

....____=~-------------

- . ~~.;;h1s~-~
!ª

u... de toda VIda, ~¡ jesuita Antonio
mwez de Mirand
.
.

COnniin,

a, qmen siempre la

"'· l ' ? a mantener "dentro de cier"" mute "
l · ·
.
laales 8 su~ g onas hterano-intelecplac·. Y a dedicarse más a la contero....,,~on de la vida religiosa, que even-mente J
d
eión ~
e con ucirían a la salvaPila de su alma, Y por otro lado la lle4-1 dee u? .nuevo arzobispo a la ciuJ Sei' Me,uco,. Don. Francisco Aguiar
'-1 ~as, reaccionano en todos los
~ )os ~el entendimiento (obligó a toL
s _libreros a vender solamenté li'IIIVl! rel · )
ftrlt-, igi?~s , con una estrechez de
-no religioso
y unª marcada aversion
.,
•las
.
rnuJeres por el peligro de seducción
i rese~taban en lo que se suponía
cammo a la santidad·. Obvia el

decir que aunque nunca se ha logrado
comp b
,
. ro ar un enfrentamiento entre la
escntora Y el "santo varón" ta
ibl
, mpoco es
pos e que la alentara o apoyara en algo que era tan contrario a la mentalidad
del prelado religioso.

==-

,,., .
bía
hecho
famo
b"
f l'
.
sa, sa 1ª Y seguramente
e iz y reali~ada. Poco tiempo después,
como es sabido, muere.

. El artículo magníficamente bien es~nto y ~ocumentado nos insta a seguir
esentranan_do un misterio que poco a
poco ha deJado de serlo, pero que aún
guard_a secretos que seguramente son de
g~an importancia para el estudio d
VIda y obra.
e su

Finalme_nte concluye la articulista cit~ndo el ch_ma de penitencia que se suscita_ en la cmdad de México hacia 1692
de~1do a una serie de catástrofes que s:
atribuyen a un castigo divino y que se~u~amente influyen en el atribulado
an!mo de la poetisa para reconsiderar y
as1
Benassy-Berling·· "Mássorea
b l
. abrazar , un nuevo tipo íle VI'da, no eMarie-C~cile
.,
onversion
de Sor Juana" "'
R
.
sm ante~ públicamente aceptarlo
.
· i,ueva evista de
b. 1
' y ru- Filolo ' y·upámca.
Tomo XXXII N, 2
. _ncar e, .:on su sangre en un escrito ale- 1983.g,a
Págs. 466-4?1.
• um. .
pndose, así, de todo aquello que la ha-

�DOS REVISTAS DE MONTERREY

Alfonso Rangel Guerra / Hugo Padilla
REGION

)

En agosto de 1983, la Dirección de Litedel Instituto Nacional ·de Bellas
Artes invitó a /fugo Padilla y a Alfonso
P.rmgel Guerra a participar en el ciclo de
conferencias, Espacios de la literatura.
11ocado, ·según expresan las invitaciones, "a la recuperación de una parte fundamental de la historia de la literatura
rne:ticana, con base en los testimonios
orales de las personas que han creado los
tspacios .necesarios para su difusión•~
Alfonso Rangel Guerra fue invitado a
/tablar sobre Annas y Letras,y HugoPadilla sobre Kátharsis. El texto que ahora
le publica es una transcripción, someramente corregida, de la videograbación
que se realizó en aquella ocasión. A elle
1e debe el tono coloquial, de charla, del
que sin duda podrá percatarse el lector.
111tura

ALFONSORANGEL GUERRA:
F.inpezaremos con la revista Armas y
letras, por ser más antigua queKátharsis,
Yme referiré en primer lugar al origen
del nombre de la publicación y a la épo~en que surgió.
En su origen, Armas y Letras no fue
lfopiamente una revista, sino un boletín
llensua!, el Boletín Mensual de la Unil'lrsidad de Nuevo León, y con esta de~ ación apareció en el mes de julio
~ 1944, en fonnato tabloide, a una tinta. Si bien este boletín empieza a publi~
~ un afio después de establecida la
UIIIYersidad de Nuevo León (1943), es
leteaario aclarar que previamente, diez
lloeantes, el Congreso del Estado había
la primera universidad. En efec-

to, la Universidad de Nuevo León se
torio el poeta Pedro Garfias, llegado a
fundó originalment~ el año de 1933, por
México con el exilio español en 1939.
Ley del Congreso del Estado, pero funSe trataba, en el fondo, de un apoyo
cionó solamente un año, pues los conal poeta para que superara la precaria
flictos y problemas surgidos a raíz de la
situación en que se encontraba desde su
educación socialista llevaron a su clausullegada a México. Fue precisamente el
ra en 1934. En su lugar se estableció el
Departamento de Acción Social el 1¡ue
Consejo de Cultura Superior, institución
publicó el libro de Pedro Garfias, De
que tomó a su cargo los estudios corressoledad y otros pesares, en el que se
pondientes a las carreras profesionales
incluían poemas de El ala del sur, esque ofrecía la Universidad: medicina,
critos en España, Primavera en Eaton
derecho, ingeniería civil, química y farHastings y otros textos del exilio, más
macia. ~l Consejo de Cultura Superior
los escritos en Monterrey. Aquí vivió
funcionó durante nueve años, hasta
Pedro Garfias varios años, partió a otros
1943, año en que se transforma de nuelugares y finalmente regresó en 1967,
vo en universidad.
para morir ese mismo año.
Como ya quedó dicho, un año después, en 1944, aparece Armas y Letras,
Boletín Mensual de la Universidad de
Nuevo León, Su publicación estaba a
cargo del Departamento de Acción Social, dependencia responsable de la difusión cultural, que junto con la docencia
y la investigación integraba las tres funciones básicas de la institución universitaria. El nombre de este Departamento
respondía a una concepción muy clara
de la difusión de la cultura como una
tarea de carácter eminentemente. social,
dirigida a toda la comunidad como extensión de las lahores universitarias de
docencia e investigación.

Al frente del Departamento de Acción Social estaba el Lic. Raúl Rangel
Frías, quien concibió la publicación y
le puso d nombre Armas y Letras, dirigiéndola durante cinco años, hasta
1949, año en que dejó la jefatura &lt;le!
Departamento de Acción Social para hacerse cargo de -la rectoría de la Universidad de Nuevo León. Como secretario
del Departamento aparecía en el direc-

El Boletín Mensual &lt;le la Universidad de Nuevo León llevaba el propósito de dar a conocer las actividades de
la ÍI1stitución en el campo de la educación superior y en la investigación, además de publicar textos, ensayos y poemas. Es necesario tomar en cuenta que
en ese año, además de la Universidad
Nacional Autónoma de México (cuya
Ley Orgá11ica en la que se le otorgó la
autonomía es también de 1944), existían únicamente la Universidad Veracruzana, la Universidad de Yucatán, la
Universidad de Guadalajara, la Universidad &lt;le San Luis Potosí y la recientemente creada de Nuevo León; el resto
de las actuales universidades, con excepción de las establecidas últimamente
en la década de los años setenta, eran
todavía institutos científicos y literarios, o de artes y letras, o colegios civiles, instituciones que fueron el inicio de
la educación laica en México en la época de la Refonna y a lo largo del siglo
XIX, antecedente de casi todas nuestras
múvcrsidades.

�En a11uel año de 1944 la Universidad
de Nuevo León era la única en el norte
del país y lanza este boletín mensual
para difundir su actividad docente. Un
año después, en 1945, Raúl Rangel
Frías creó, desde el Departamento de
Acción Social de la Universidad, la Escuela de Verano, para fundonar regularmente los mese~ de julio y agosto de
cada año, actividad cultural ,¡ue se mantuvo sin. interrupción desde 1945 hasta
aproximadamente 1965. Desde un principio hubo una relación muy estrecha
entre el boletín y la Escuela de Verario,
pues en ésta se ofrecían cursillos semanales de cinco conferencias, y algunos
textos pasaron a las páginas de aquél.
Aunque no exclusivamente, los profesores y conferenciantes visitaJttes procedían de la ciudad de México, principalmente Je la Universidad Nacional y El
ColC{,ri.o de \léxico. Durante estos
veinte afios de la Escuela de Verano, y
principalmente en los primeros diez,
\1ontcrrc} recibió anualmente entre
diez } quince profesores e intelectuales
de alto nivel, que impartían conferencias sobre filosofía, literatura, historia,
ciencias sociales o ciencias exactas, circunstancia que influyó notablemente en
el enriquecimiento cultural de la ciudad
y el de varias generaciones de jóvenes.
La lista de profesores visitantes en la Escuela de Verano de la Universidad de
Nuevo León sería muy larga para incluirla aquí; recordemos solamente a
José Gaos, Eduardo Nicol, Luis Recaséns Siches, Edmundo O'Gonnan, ]1!,S·
tino Fernán&lt;lez, Carlos Pellicer, Wenceslao Roces, José M. Gallegos Rocafull, Daniel Cosío Villcgas, Arturo
Arnaiz y Freg, Wigbcrto Jirnénez Moreno, Salvador Toscano, Agustín Yáñez, José Luis Martínez, Emmanuel

Armas y Letras era una publicación
modesta, tabloide, a una tinta y con
ocho páginas, en las que se podían leer
artículos sobre arte mexicano,· 61080fía, literatura mexicana, historia, y reseñas de libros. La revista era muy flemática, digámoslo así, en el sentido de
que sólo se publicaban en sus pÍ{IPl88
También ,¡túsiera reforinne al nom- textos de profesores e intelectuales con•
bre de la publicación. Como es obvio, el sagrados, los hombres que hacían la donombre proviene del famoso discurso de cencia superior en ciencias y humanida·
las armas y las letras del Quijote, y se des en Monterrey y en México, D. F.
trata de una interpretación, un tanto ge- En este sentido, en ella no había lugar
nérica ·y amplia -así lo entiendo- sobre para los escritores jóvenes, nueva colas posiciones antagónicas de la teoría y rriente que ya se podía apreciar en algu·
la práctica. Es necesario tomar en cuen- nas de las revistas literarias de Méxito en
ta i1ue en el año de 1944 el mundo oc- aquellos años.
cidental se debatía en la Segunda Guerra
Raúl Rangel Frías fue un gran proMundial y estaba presente en el espíritu
y el pensamiento de la época el proble- motor cultural para el estado de Nuevo
ma bélico y sus repercusiones en el ám- León y particularmente para la ciudad
bito de la cultura; así, el título Armas y de Monterrey: animó la publicación de
Letras era una referencia a la teoría y la Armas y Letras en 1944; animó ta crea·
práctica, y en este sentido las armas no ción de la Escuela de Verano en 1945,Y
eran específica o particularmente lªs bé- animó la creación de la Facultad de f¡.
licas, o solamente las bélicas, sino gené- losofía y Letras en 1950, y estos tre8
ricamente las que podía utili~ar el hom- factores, la revista, la Escuela de Verano
bre para la acción, en su significación y la Facultad de Filosofía y LetraS, se
más amplia, con lo que armas y letras imbricaron de tal manera que actuaron
conjuntamente para que se produjera la
venía a ser activiqad y pensamiento,
elevación cultural de Monterrey, manteacción y teoría; es decir, la cultura conida a lo largo de.la década de los año&amp;
mo un resultad.o de la teoría vinculada
a la acción, y viceversa. Por cierto, ha- cincuenta, hasta el principio de loe.et
senta y .su final desaparición, o SI se
biéndose comunicado a Alfonso Reyes
el nacimiento del boletín de la Universi- quiere ser menos drástico, su &amp;an~ Y
dad, y su no~re, Reyes preguntó: ¿Y notoria disminución. Cuando se escriba
la historia de la Universidad de Nuevo
por qué no Letras y Armas? Así quedó
León y de la cultura y las letras en Monrecogido este antecedente en el pie de
página de las palabras de presentación terrey, no podrá prescindirse de la nlodel Boletín en su número inicial. Preva- ración que corresponde a estos e!elllell'
leció el nombre original y así se man: tos creados e impulsados por Raúl B,1tuvo hasta su extinción en 1977, des- gel Frías.
pués de pasar de revista mensual a triEl año
mestral.

Carballo, Agustín Millares Cario, Carlos Griteff Fernández y muchos más.
Varios de ellos dejaron textos para Armas y Letras y dieron a esta publicación, con otras colaboraciones locales,
un carácter mucho más amplio que el de
un mero boletín informativo.

dejó la re_ctoría de la Universidad de
Nuevo Leon para aspirar a la guberna-

~a del estado. Los seis años de su gob1e~o tueron también de impulso a 'la
Umvers1dad, y esta tarea merece contarse por separado. A principios de ese
año me tocó hacerme cargo del Boletín
Men~ual Armas y Letras. Entonces se
~ dio un cambio a la presentación, uti~do 0~~ diseño, con dos tintas, dibujos y VJnetas, pero manteniendo su
formato. Lo más importante, sin embargo, . fue la invitación a colaborar a
loe escritores jóvenes de Monterrey·
Rugo Padilla, Arturo Cantú, Homer~
~arza y otros, que poco después creanan Káthar.,is. Así. a la tradición de
Adnnas Y Letras se añadió la rJresencia
e Ios Jovenes,
·,
que surgieron como
~te de este proceso de enriqueci~ent~ cultural al que antes hicimos reerenc1a. En efecto, Monterrev empezó
aver el surgimiento de las artes plásti~ • el teatro, la danza, las letras. En
fl!ltura logró formarse un 1rr1-1po bastante grande de jóvenes artisfas que de:rollaron su_propia obra. Recordemos
ellos,ª Gmllermo Ceniceros y Gerart~ntu, ahora en la ci_u&lt;lad de México,
''Eueda Lozano en Pans, Alberto CavafQ! que exhibe anualmente en Madrid
ymuchos más, algunos todavía en Mon~
La escuela de teatro de la Uni1 ~d de Nuevo León se provectó
~~es hacia la ciudad, en la qu~ hulas anos con cartelera diaria en varias sa. teatrales. En letras, finalmente, el ya
~~o grupo de Kátharsis, y otros que le
ilgllieron. En aquel mismo año de 1955
Ie ee! b , 1
.
Be, e ro e jubileo literario de Alfonso
.;;:: Arm~ Y Letras le dedicó un núi al escritor y al menos un capítulo
"Historia documental de mis liapareció en sus pá~nas. Ese año

:~¡·

'!

se incluyeron en Armas y Letras texLos
de Rodolfo Usigli, Raimundo Lida y
otros.

?

En 19 7• Armas Y Letras deja de ser
un bol~tm ~ensual y se convierte en
una
. . , deI
, reVJsta trimestral · La ap m~~
n_umero ~no de esta nueva época coincide en. tiempo , SI· no me equivoco,
•
con
la U
revista
La
palabra
y
el
homb
. .
re, de
1a mvers1dad
V
eracruzana
En
.
•
una som,era mformación con la que se inicia el
numero un_o dP. Armas y Letras, se dice
que la reVJsta se publicará en formato
~e~qr y aparecerá los mesés de marzo,
Jl~n~o, septiembre y diciembre y en sus
p~gm~s, se declara expresamente, se publicaran trabajos dP. creación (poemas
cuentos. novelas cortas) y trabaios de in~
ves~gación de escritores nacionales v extr~Je~os, noticias culturales y reseñ~bibhográficas.

La revista se hacía con muchas dificult~des. Como ha sido frecuente en este tipo de _empresas culturales, no había
re_mun~rac1011es ni. para quienes escrib1an_ m ~:1ra c¡ui~ne_s tcn~an a su cargo la
pubhcac1on y distnbuc1·on . As,1 se mantuvo- puntualmente durante doce o trece anos. Al ;iño siguiente del comienzo
de la nueva epoca, el aíio de 1959 d . ,
1
.
' e1e
a revista para trasladarme a París do· d
,
' n
e permanec1 un año con una beca de
la -~ianza Francesa. Armas y letras sigmo _publicándose y al frente de ella se
quedo Juan Antonio Ayala. hasta el año
d~ 1965, fecha en que también abandono \1onterrey. A mi regreso de París en
1959, Y hasta el mismo año &lt;le 1965, en
que me, trasladé a la ciudad de Mé•áco,
col~ore ~n ~rm,as Y Letras con textos y
resrnas b1bho¡n-aficas. Vale la pena record~r que en 1962 Ó 1963 dedicamos
un numero de Armas y Letras a Fernando Pessoa, para el que Hugo Padilla v
yo nos atrevimos a publicar traducci¿.
,~es de algunos de sus poemas. A propósito, -~abe mencionar que Hugo Padilla
ta~b1en tuvo algún tiempo a su cargo la
revista, como director que fue del Departamento de Extensión Cniversitaria
d~1rante el tiempo en que fue rector Jo'.
se, Alvarado y el período en que le suced_1 en ese puesto. Después, la revista paso, a otras manos, se le dio un formato
mas grande, semejante al de la Revista
Universidad de Wéxico en los años cincu~nta, tuvo interrupciones, volvió a
sahr en. el .,
formato anterior y- finalme ne
t·
se extrngm~, ausente el interés y apoyo
de las autonda~es universitarias.

. Al _inicia_r su segunda época como revista literana, desaparece definitivamente el boletín mensual que se publicó durante 14 años. a partir de julio de 1944
fecha de su fundación. En el númer~
uno de la nueva época invitamos a colaborar a Alfonso Reyes, quien envió un
texto s?bre "La longevidad de Goethe ".
En numeros posteriores escribieron
otros autores de la ciudad de ~1éxico
Y, Mon,terrey, Y· ¡~rofesores que impart~an catedra de literatura hispanoamencana en universidades norteamericanas .
Por aquellos años, quienes hacíamos la
revista teníamos estrecha reh•rión con el
Instituto Internacional de Literatura
Iberoamericana. El Instituto publicaba
la Revista Iberoamericana, cuvo direc¿Qué sentido tuvo esta rrvista qué
tor era el profesor argentino AÍfredo A. s~cación ~ue~e darse a una publicaRoggiano, quien también fue colabora- c1011 de _provrncia, primero mensual y
dor de Armas .Y Let:-as.
luego tnmc~tral, que pPrmaneció, se ~

�difundió y distribuyó entre las instituciones de educación superior de México y prácticamente todas las de Hispanoamérica? Concluiríamos diciendo que
Armas y Letras es el testimonio de una
etapa histórica en la educación superior
y la cultura en Monterrey que fue un
esfuerzo permanente por llevar a la sociedad la creación literaria, la investigación en el campo de la literatura, las
ciencias. sociales y las humanidades en
general; que fue un foro modesto, quizá, pero desde el cual se ofreció a escritores y profesores universitarios la oportunidad de publicar en sus páginas; que
proporcionó a la comunidad, en fin,
un órgano propio de expresión.
En el conjunto de revistas literarias
cuya crónica es motivo de estas mesas
redondas, encontraremos quizá otras publicaciones con una mayor riqueza de
contenido, o quizá un más acusado perfil en su significación nacional, pero en
última instancia podría decirse que todas, las pcquefias, las medianas y las
grandes, son revistas .que han cumplido
una función muy importante en la expresión cultural de México. Por ello
sería interesante que el conocimiento,
entre las nuevas generaciones, de lo
que fueron estas revistas, propiciara el
rcscat.e de esta historia dispersa que
pertenece a la historia de la cultura en
México.

'°
t'-

En días pasados hablaba en Monterrey con un grupo de jóvenes, y les
pregunté si se publicaban revistas literarias. Me contestaron afirmativamente,
l¡ue hay revistas literarias independientes, muy pequeñas, muy modestas, casi
hojas sueltas; una, por ejemplo, es de
cuatro pábrinas; otra se publica en una

bolsa, que es eso y se llama precisamente
La bolsa o la vida. Es una revista muy
pequeña y los poemas y textos literarios
están impresos en la parte exterior. Insistí en mi pregunta, si no había revistas más formales, de publicación periódica, y me dijeron que no las había, pero que en su lugar se publicaban
en Monterrey tres suplementos litera•
rios, semanarios, en otros tantos periódicos, y que esos suplementos publican
lo poco que se escribe en la ciudad. Y
además -agregaron- estos suplementos
pagan · por las colaboraciones, mientras
que en las revistas literarias, por ser hechas por los mismos jóvenes, se mantiene la tradición de considerar este trabajo como gratuito, sin más satisfacción
que la de ver los textos impresos.

tículos sobre Lope de Vega del profesor Francisco M. Zertuehe y con estos
artículos formamos un libro y este libro, en aún otro formato diferente, lo
hicimos pasar como número doble de
Armas y Letras, para furia bibliófila y
desatada de Ernesto Mejía Sánchez,
quien dijo que esas cosas no se debían
hacer. Tenía razón. Bueno, yo voy a
hablar de otra revista.

Esta revista, a diferencia de Arma,
y Letras, no fue una revista institucional. Armas y Letras fue el órgano de expresión de la Universidad, entonces de
Nuevo León, y posteriormente Autónoma de Nuevo León. La revista de la
que voy a hablar es una revista de gru·
po y por lo tanto tiene características
diferentes respecto de la anterior. El
grupo
que hizo la revista Kátharsu, o
Si de parte de ustedes hubiera alguKatharsis
-porque de las dos maneras se
1
nas preb1mtas sobre Armas y Letras,
llamó
y
les
voy a contar luego por 11ué
con gusto intentaría contestarlas, y
se
llamó
de
las dos manera&amp;- ya había
dejo la palabra a.Rugo Padilla.
hecho antes otra revista. Cuando inicia·
mos Kátharsis la mayor parte de los integrantes del grupo cursábamos los primeros años de alguna carrera profesional. Cuando apareció la revista que an·
tccede a Kátharsis, la parte aglutinadora
RUGO PADILLA:
de ¡.,rru110 que luego se dedicó a las tareas
de Kátharsis, estudiaba en la preparatoQuisiera hacer una acotación a lo que
ria. Esta otra revista, antecedente de
expresó hace · un momento Alfonso
Kátharsis, se llamó La Brújula. Tenía
Rangcl, en relación con las diversas
una mezcla de todo, era una revista que
etapas por las que pasó la revista Arpodía recoger una caricatura u que re·
mas y Letras. Si bien es cierto que cuancogía alguna aportación literaria, entre
do desapareció se publicaba en el forcomillas, del nivel preparatorio, pe~
mato grande, de tipo mortaja, y por lo
que también tenía una intención pol1tanto ya estaba adelantando su destino
final, hubo otro periodo en el que hici- tica.
mos la revista con una portada a tres
La Brújula fue, ni más ni menos, que
tintas, y cambiamos toda la presentael órgano de expresión del Frente ~
ción. A manera de anécdota, recuerdo
ral Estudiantil el cual, ustedes lo a
que en este periodo recogimos unos ar-

narán,_ no era sino otro de los rostros
d~l mISmo g~upo. También comprende:
ran ~1ue en ciertas partes de la provincia
mexicana los aspectos ideológicos se encont~aban en tal estado de retraso que

d_e que se nos ocurriera hacer la revista,
smo de lJUe se nos ocurriera también
abando~a.r el estudio de las profesiones
que ongmalmentc habíamos elegido.

~r liberales e~ la, década de los 50 del
~lo XX, eqmvalia a casi ser marxistas.
S1, de modo que nuestro liberalismo
que no era más que un liberalismo re~
t~~•ado de las fuéntes mexicanas del
mg O XIX, pues eso era lo que quería
recuperar· esta revista, sonaba en el eont~xto local como una blasfemia ideológica_ante el mareo conservador, incluso
cl~ncal y medieval, que imperaba en el
cli~a espi?tual del Monterrey de la
pnmera mitad del siglo. Desde entonces tuvimos algunos pequeños problern_as. Esta revista evidentemente termino. al mismo
·
·
tiempo
que nuestros estu~os ~e. preparatoria. Tomamos entones dIStmtas orientaciones segu' n cada
vo . ,
D
. cac1on. e nuestras vocaciones ini~es también nos arrepentimos despues, y nos arrepentimos, entre otras
cosas, por anclar haciendo cosas como
~ re~stas l~terarias. (Moraleja: hacer
~~s hteranas y realizar este tipo de
actividades puede ser pelibrroso. TómeP.ues, con precaución). Como cua0 cm~o elementos del grupo que hizo la revista La Brújula, nos reunimos
~ tomo a la idea ahora si ya, de una reVISta .exclusivamente literariá. ·Por qué
lrans1tamos
he
, de una mezc1a de ~mtercses
t~rogeneos en preparatoria a un inleres
Bue muy espec1'f·ico de tipo literario?

. C?ando la Escuela de Verano func10no en aquellos años, como mencionaba Alío~so Rangcl, nosotros, que éramos estudiantes de los primeros años de
las carreras profesionales, tuvimos oportunidad no sólo de escuchar, sino de est~lecer contacto y en alb•1rnos casos
cierto grado de amistad, con gente como Octavio Paz, con Alfonso Reyes
con Carlos Pellicer, con José Gaos COI;
Emmanuel Carballo, con Pedro ca:.fias
con José Alvarado, con María del Car~
men Millán'. y varias personas que llegaban de la cmdad de México y en los meses de verano dictaban ciclos de conferencias. Así, nos empezamos a cngolosin~r ~on ese ,ti_po de cosas que bajo un
ternuno gencneo se denomina la cultura. Fue entonces cuando no sólo en las
etapas del verano nos dedicamos a estos
men~stercs, sino que ya por parejo le
seguunos de nuestra cuenta.

:es,

. n~, en mucho tienen la culpa las
Bltuac1ones de las que hablaba Alfonso
~el hace un rato. Es decir, la activill'oll' e la Escuela de Verano que se desafae : en. la Universidad de Nuevo León
n cierta medida Cal•sante, no sólo

to~ees seis, siete, ocho jóvenes nos inst~ábamos Y hacíamos lecturas )' haciamos comentarios ~obre las lecturas.
Una de las lecturas permanentes para
e~tar al tanto de lo que se estaba produciendo en la ciudad de México era el suplemento del periódico Novedades. Esa
lectura no nos fallaba semanariamente
para es\ar en contacto espiritual co~
otros ,nucleos de actividad del centro
del pa1s.

. ~ero no sólo est9, sino que incluso
h1e1mos un c?njunto de lecturas que ya
a la luz .del tiempo transcurrido, me parcc~n, s1 no otra cosa, al menos caóticas.
Qmero recordar que una de las primeras
lecturas fue ~a República, diálogo obligado de Platon. Pero luego, inmediatamente después de terminar La República y comen~r este diálogo, nos zampa~os complehta la explicación de la teon,a de la relatividad de Juan David Garc1a Baec~! quien dej~ sugerir que su interpretae1011 es ncokantiana. y o creo
que no es neokantiana, que es simplemente la de García Baeca. Pero él dice
que hace unos nudos categoriales con
las categorías originales de Kant para
Formamos una especie de minusváli- e.ntender lo que acontece en el espaciodo Ateneo de la Juventud. Nos juntába- t1,empo de Minkousky, que también esmos los sábados:. Alfonso lo recordará ta entreverado; entonces les hace nuporque éramos participantes comunes. dos para acá y para allá a las categorías
Nos juntábamos los sábados en el lo- con ~l, fin de dar cuenta de esta entrecal ~~ la biblioteca ·universitaria ,1ue v_erac1on que hay entre el espacio y el
tamb1en fue pervertidora de nuestra vi- tiempo, y a esto lo denomina "nudos cada Y nuestra vocación. Lo hacíamos en tegoriales " . y como esto lo saca de Kant .
la biblioteca universitaria, porque el cn- -no lo de los nudos pero sí lo de las
carga~o de 1~ .hemeroteca, José Angel c?Jegorías- ~~ce que es una interpretaRendon, part1c1paba también con noso- c1on neokantiana. Creo incluso recordar
tros en estas lecturas. Nos reuníamos
que hasta empezamos a leer -este texpues; José Angel abría la bibliotec~ to es muy importante y está vertido al
:--estab~ toda la Biblioteca y todas sus español, quizá por primera vez, en el limstalac1ones a nuestro servicio- y en- bro de García Bacca- la memoria orim-

"

:j

�versitaria, leyendo los libros que les platiqué, en las lecturas de los sábados.
En el término de pocos meses leímos
Kafka, Joyce, Proust, Sartre, Faulkner.
Saroyan, Emilio Prados, Miguel Hernández, Luis Cernuda, Francisco Rojas,
Aleixandre, el García Lorca de Poeta en
Nueva York, Paz; a Rulfo y a Arreola,
que acababan de publicar en los primeAdemás de las lecturas que hacíamos ros tomos de letras mexicanas del Fonlos sábados, otra de las circW1stancias do de Cultura. Después de ·esto ¿qué
peligrosas que nos rodeaban era la canti- otra cosa se le podía ocurrir al grupo de
dad considerable d'e excelentes libros jóvenes que descubrían 11ste mundo, si~
que había en la biblioteca; nos reu- no hacer otra revista, distinta ahora a la
níamos eri la biblioteca con libros po- que hicieron antes? Vamos, pues, a hatencialmente peligrosos, que pueden cer una revista literaria, a la altura de la
provocar en uno cosas raras. A manera contemporaneidad en el Monterrey de
1e contraste. vuelvo a este periodiquito los afios 50. ¡Por Dios!
anterior, La Brújula (miren: este es el
La indigestión aquella de lecturas y
periodiquito, esta es La Brújula) para
de
ideas y de cosas y de contactos teque aprecien más o menos dentro de
nía
finalmente que reventar en esta nuequé gusto literario, si se le puede llava
empresa
revisteril. Como acontece
mar así, estábamos inmersos. Aquí posiempre,
¡,o
casi?, el primer problema
nemos unos versos, se denominan "No
que
tiene
uno
cuando quiere hacer una
te des por vencido", de Almafuerte:
revista es el del n01:nbre que se le va a
poner. Voy a adelantar una anécdota
Procede como Dios que nunca llora
porque esto ya fue cuando el grupo inio como Lucifer que nunca reza
cial
se había trasladado a la ciudad de
o como el robledal cuya grandeza
México.
Una vez en México, aunque senecesita del agua y no la implora.
l!UÍamos haciendo Kát.h,mis o Katharsis
en Monterrey, también se nos ocurrió
Que muera y vocifere vengadora
hacer otra revista aquí, en la ciud.fd de
ya rodando en el polvo, tu cabeza.
México, fundamentalmente a Marco AnDel editorial les voy a leer un pedaci- to~io Montes de Oca, a Gabriel Zaid, y
to, nada más: "Año nuevo, vida nueva/ a mí. En lo del nombre no batallamos
nUPV0S sueños en la mente/ nuevas an- porque a todos nos gustó el de El fuego
sias en el pecho/ nuevo inCÍenso en los de Santelmo; pero, teniendo el nombre,
altares .del espíritu/ que forja en la fra- lo que no hizo pos_ible la revista fue que
gua del ensueño/ las quimeras· delicio- después de haberlo aprobado, puso los
sas de la frágil ilusión". ¿Alguien se puntos sobre las íes Marco Antonio, y
acuerda de Vargas Vila? Y poco después dijo: que desde ese momento en adeandábamos metidos en esta otra cosa, lante constara que él era el mejor poeta
con todos los libros de la biblioteca uní- de entre los tres, ~nseguida estaba yo y

nal de Einstein sobre la teoría de la relatividad. Después de esto, no sé si una o
dos semanas, leímos de corrido en una
sola tarde la Muerte sin fin, de Gorostiza. Y así como esto, hacíamos otras
mezclas que eran muy explosivas, y un
día tenían que explotar. Se estaba jugando con fuego al hacer esto.

g:

Aristóteles. Lo entendimos, entonces,
como una suerte de soltar las amarras
de to~os los barcos mugrosos que an~ siempre rondando los muelles intenores; los suelta uno y ·vámos ahí
van'. y ~so es una kátharsis, una especie
de limpia, de deshacerse de ...

luego Zaíd. Naturalmente, esa premia
imposibilitó que El fuego de Santelmo
se publicara, y quedó convertido el tal
Fuego en una simple llamarada de ~
tate.
Pero antes, cuando teníamos el problema de Kátharsis, había la idea de
una revista pero la revista aún no
poseía nombre. En ese momento, circunstancialmente, en la Escuela de Verano estaba Octavio Paz quien leyó adelantos, creo, de El arco y la lira en 8U8
conferencias. Fuimos y le contamos a
Paz nuestras intencio,nes, y no sólo eso
sino que le mostramos parte del material
que íbamos a publicar; él nos dijo que
no lo consideraba malo, que podía ser
material corregible pero rei;ogible en
una revista y que nos sugería ponerle el
cascabel al gato. Por lo tanto no entendimos lo que nos estaba diciendo. Nos
sugería ponerle el cascabel al gato.
¿Cuál cascabel? ¿Cuál gato? Lo que nos
quería decir, aclaró, es que él sugería
que el nombre de la revista fuera El ca,,
cabel al gato. Esta idea de Octavio ao
nos convenció. No nos convenció Yseguimos buscando un nombre. Fue Homero Garza el que propuso el nombre
de Kátharsis; simplemente por eufonía,
acentamos. Correcto: Kátharsis, y luego
preguntamos: y qué quiere decir. Primero aceptamos el nombre y luego pregun-_
tamos por el significado. Káthar•~ lo
había tomado Homero, que estudiaba
medicina, de Freud. Nadie detectó entonces su origen en las tesis estéticas de
Aristóteles. La primera intención fue
una intención propiamente de purga
anímica, como más bien se emplea ell
}:reud, que en el refinado sentido de
Kátharsis como purificación-por-medio'
del-arte (¿qué tal, García Bacca!~

. ~e dicho Kátharsis y Katharsis, in~tamente. Cuando salió el primer
º.'?°ero o el segundo, en 1955, lo conocto don Alfonso Reyes y entonces don
Alfonso nos hizo, una observación que
creo correcta; nos dijo : si ustedes quie~ que. sea c~tarsis, escríbanlo con e y
: ~h, es decir, castellanizado· pero si
~ en escrihiendo con k y' con th
~tonces yo les sugiero que sea Káthar~
818, con acento, y que esto quede expre80.

~ sugerencia de don Alfonso fue in~ediatamente adoptada por Ta colectiridad y c3:111?iamos a un tipo de mayús-

t

y mmusculas para que fuera muy
el acento en la primera a y pudiédecir Kátharsis; por eso he dicho
. dobl~ manera: Kátharsis y kathar
118, po~que el cambio se debió a una su
geteoc1a de don Alfons.o que tomamos
en cuen~. Con la duda que despertó la
lllgerenc1a
.
, ' nos pusun· os a avenguar
que,
~te;1a que ver este término, o este
brim P 0 , con la cultura griega. Descubirasos entonces e hicimos algunas lecde La poética de Aristóteles.

"s
e

Bueno, e1 pruner
·
,
numero
de la reVIs'-1 en octubre de 1955, y en el ediblfo que, escri~i? Arturo Cantú -Arescnb1a. los ~ditoriales-, di'" .:i._ ~mos del silencio, del asfixian· ·
-te1-ac10
• . proVInc1ano,
llenas las ma11lllcerldad Y la cabeza de alocata &amp;ali'

°

~: . ttú

das ide_as ". Dice: "aquí, trente a la espalda
irreverente
del vulgar, se const
.
~u!e 1a astilla, el pedernal, la fábula
sm1estramente
. '
1
·
, . crece lo diab,olico, aruda
o n;consutil, se estanca lo podrido
Aqu1 estamos nosotros, pues, oscuro~
adoradores
. de la palabra,,• Ent onces
emprendimos este culto de adorac·,
El culto que se inició con este nú~~:
de octubre de 1955 lo proseguimos durante muchos años porque la revista
¡muy mo~esta efectivamente, nunca
~e una_ reVIsta con gran número de pá-,
~nas m con ~~undante contenido y
siempre aparec10 con irregularidad diversa a lo largo de su vida- duró desde
el• mes de octubre de 1955 , que menc10no, has~ el mes de mayo de 1960
con el numero 22 , wn·mo numero.
,

f~nso, ~os comprometía a regresar un
tiempo igual al que fuimos becarios de
El Colegio, de nueva cuenta a la Universidad de Nuevo León· En 1960 nosremte.
gramos, especialmente Arturo Cantú
yo, ala Facultad de Filosofía y Letras, d~
la cu~ AJfonso Rangel primero fue secretario y luego director. Al re1ntegrar.
n_os \Monterrey nos volvimos a instituc10na izar. Poco tiempo despues
, de
nuesn:o r~greso volvimos a escribir en
la reVIsta
. en A rL Institucional. Es decir,
m:is )'. etras, de la cual yo durante algun tiempo .';1e hice cargo por estar a
~argo, .~amb1~n, ~~l Departamento de
xtenSion Uruvers1taria, el cual la editabª·
Volvimos a la revista institucional
aunque de nueva cuenta nos dio p h .
cer gr
or a
l
upo y entonces fundamos un sup e~~~to cultural y hebdomadario en el
peno ico El Porvenir de la ciudad de
!fonte~rey. El suplemento cultural se
en~mmo El grillo verde, y en éste
volvimos a l~acer la conjugación pelwosa que hab1amos hecho anteriormente
entre af:mes literarios y políticos. Otra
vez la
de Monterrey no nos so, c11.1-0ad
y
porto.
a
no
esgrimíamos
1as VIe3as
.. co1'
sas iberales pero andábamos con otras
no ,er_an del ~gr~do, que molestaban
a pudica
,
hsociedad re!!iomontana
,:,
,y
no duro
. , no
, mue
l _ o el suplemento , qmza
aleanzo e ano

_¿Qué aconteció entretanto con la
reVIsta ! con el grupo que la fundó?
Les dec1a que andar haciendo este tipo
?e cosas, es algo que no puede hacerse
impunemente. Dije antes que abandonamos las vocaciones iniciales Artu
C ' d .,
.
ro
antu e30 sus estudios de derecho
Homero los
· -aunque lue-'
, de med.icma
go. regreso
a
ellosy·
yo 1os de mge•
, G .
mena. racias a las gestiones y' ap
'b·
oyos
que. rec1
P irnos de don Alfonso , de Octav10 az y de Raúl Rangel Frías- ya
entonces ?obernador del Esta.do de
Nuevo Leon- fue pos1·b1e que VImera. .,
mos a México, becados, para estudiar
la carrera de filosofía en la UNAM. Excepto Homero, que regresó a Monterrey
A parbr
. de 1965, justamente después
y a ~u anterior carrera de medicina, los
demas cursamos la de filosofía. Entre- de h~ber cumplido con el término a que
estuvunos
obligados con El Co1egio
. de .
tanto, , Salomón ·González Almazan
, se M'
.
ex1co a _regresar a la Universidad de
e~cargo de la revista en Monterrey. Ter•
~uevo
Leon, muchos de nosotros volmm:mi~s en 1960 nuestros estudios uni.
vuno~
a
la ciudad de México. Quiero
lversitarios
. d 1 , ,en• la UNAM La heca del C0• mencionar que en el lapso que va del
egio e meuco, _que nos otorgó don AJ.
55 al 60, además de los integrantes ori-

¡u;

.....,¡

'°

�ginales y de los que de manera perma•
nente colaboramos con la revista, algu•
nos otros nos brindaron su colaboración:
Jesús Polanco, Alfonso Rangel Guerra,
Mario Arras, Enriqueta Ochoa, Abigael Bojórquez, .Rafael Estévez, Fran·
cisco de Avila, Jorge Cantú de la Garza,
Samuel Flores Longoria, Amílcar Uralde, Albertin&lt;l García Quintana, Jorge
Palacio Rebollar, José María Lugo,
Ernesto Rangel, Juanita Soriano, Fer•
nando Sánchez Mayán, Alfonso Reyes,
Octavio Paz, Carlos Fuentes, María Amparo Dávila, Salomón González Almazán, Gabriel Zaid, Ario Garza Mercado,
José de la Colina, Antonio Montaña,
Isabel Fraire, y otros más que se me escapan. Para terminar esta breve exposi·
ción sobre qué fue, cómo se hizo, qué
grupo estuvo detrás de llr revista Kátharsis de '.1onterrey, debo decir que a
pesar de ser una revista de grupo, de
no ser una revista del tipo que llamo
institucional, contó siempre con un ·patrocinio generoso de varias entidades
del Estado: la Universidad de Nuevo
León, el Gobierno µel Estado y las autoridades del Ayuntamiento local. Además quiero confesar, como expresión
final de mi exposición, que no sólo
hacíamos uso de las facilidades de la
biblioteca universitaria, sino que creo
sospechar que abusábamos de ellas,
porque a lo largo de toda la existencia
de Kátharsis, las oficinas, digámoslo
así, el centro de trabajo seguía siendo
aquel viejo sitio de reunión de los sábados: la biblioteca universitaria. El apartado postal que pomposamente anunciabamos para recibir correspondencia,
era el de la biblioteca. Si alguna vez
mencionamos un teléfono, fue el de la
biblioteca. Creo recordar que utilizao mos la franquicia postal de la Universico

dad para enviar Kátharsis, lo cual fue
una enorme ventaja porque no paramos
por dinero para ampliar la circulación.
Muchas gracias.
Si alguien tuviera alguna ¡mi,inta,
con todo gusto la contestaría.
¿Cuál fue la respuesta de la gente, tanto
a Armas y Letras como aKátharsis?
H.P.: Armas y Letras era propiamente
una revista que circulaba entre instituciones; en ella, generalmente participaba gente que ya tenía prestigio. Kátharsis era otra cosa; la enviábamos por correo, tal como lo mencioné hace un momento . Utilizábamos los directorios de
la Escuela de Verano y los de la biblioteca. De modo que la enviábamos a mucha
gente, como a los propios conferenciantes que he mencionado antes. Af1adíamos
algunas bromas. Por ejemplo, en el sobre
que rotulábamos para Gallegos Rocafull,
el segundo apellido nos parecía una incongruencia. Debf'rÍa llamarse Stone
Full o Roca Llena, pero Rocafull nos
parecía un híbrido. Siempre membretamos Roca Llena, José María Gallegos
Roca Llena. Así enviábamos su sobre a
Roca[ull, su Kátharsis. Como esta broma hacíamos.otras más. Bueno, de este
tipo de gente recibimos siempre un
apoyo muy estimable. También enviábamos la revista a los suplementos
literarios de la ciudad de México y frecuentemente se hacían resefías favorables. En la propia ciudad de Monterrey
había gente que entendía el objetivo y
el afán del grupo. A otra, que seguía en
el nivel cultural de La Brújula, evidentemente le parecía una cosa marciana. Tuvimos pues, dos tipos de reacciones en
la ciudad de Monterrey .

COMENTARIO (DE OTRA PERSONA):
Pero todo eso dentro de un gran marco de indiferencia general, es decir, estas acciones se hacen en el grupo y para
los allegados a las ideas y actividades e
intereses del grupo; pero lamental.
mente, la gran indiferencia siempre envuelve a estas cosas.
PREGUNTA: ¿Francisco de Avila esde
Sonora?

La colaboración que nos envió es un
poema que a él se le ocurrió oyendo a
Pellicer. Entonces, a pesar de ser del desierto, de Avila toma imágenes que le
son transmitidas por la poesía de Pellicer y contrasta estas imágenes de la selva y de los ríos caudalosos, con las de la
aridez de los desiertos. Creo que no es
un mal poema.
PREGUNTA
,(Huherto Batis): ·Qué
,
, fu
¿
paso, que e lo que acabó con las inquietudes literarias de Hugo y Arturo?

H.P.: Así es. El poema suyo que incluimos en la revista para mi gusto -aunque
desde hace tiempo no releo la revista,
de verdad- es un buen poema. Este tipo
de colaboraciones caían solitas. No 'tk, cómo sus autores se enteraron de la existencia de la revista y ellos mismos nos
enviaron por correo sus colaboraciones,
nos pusieron a disposición el material
que incluían C'n sus cartas. Fue así como publican10s a Mosén Francisco de
Avila, Abigael Bojórquez, etc. Incluso
recibimos colaboraciones del extran·
jero. Hay algunos nombres que evÍ·
dentemente pueden no sonar a nada,
porque se trata de alguna gente de Dominicana o de Argentina. Recibíamos,
pues, colaboraciones extranjeras.

H.P.: Yo respondo por mí, por Arturo
que responda él. Yo no he terminado
~n las inquietudes literarias: sigo escrih1~ndo, lo que no hago es publicar. Publico, c~~no a ti te consta por alguna vez
que enVJe una colaboración al suplemento Sábado, el suplemento d;l Uno más
uno, muy de vez en cuando. lle puhlicad_o dos veces más en todos estos muchíS1mos años, porque son 23 años. En 23
años exclusivamente he publicado es~
que di para el suplemento del Uno más
~no Y_en dos ocasiones más para La vida
lite~ana de la Asociación. Eso no quiere
d_ecir que no siga escribiendo; quiere deCtt «¡ue no publico, nada más.

PREGUNTA: (no se entiende...,

PREGUNTA: ¿Por qué no publica?

H.P.: Yo pregunté, hace como 7 ~os
que estuve en Hermosillo, si conoeian
a Mosén Francisco de Avila. Cn profesor del C.C.H., del Colegio de Ci~ncias
y Humanidades local, me contesto que
1
sí. Entonces pregunté, refiriéndome
que tal vez localmente se conoeiera ~
tarea literaria, ¿y qué tal, es bueno! Si,
sí, es una magnífica persona, me ~
11
pondió el profesor. Ni siquiera
que de Avila tenía inquietudes lited

H.P.: Porque ¿para qué?

-!'

PREGUNTA: ¿Para qué escribe?

~.P.: Ah, porque me entretengo muchíSlmo escribiendo. Yo podría dar una clase .
Sin alumnos porque me entretenuo
lllucho
¡
e,
al . d_an elo una case.
Me entretengo
escnbrr de la misma manera que me
entretengo dando una clase con pocos
0
Con muchos alumnos: porque el pri-

mer entretenido soy yo. '\1e entretenuo
en~r.memente escribiendo. Si sr quisie:a
c~lif1carme con algún adjetivo, éste pudiera ser el de "egoísta". Pudiera ser.
Pero yo cuando escribo me entretenuo
mucho: Y escribo porque me entret:n.
go. _E~a es mi principal motivación para
escribrr: la entretención, y nada más.
PREGUNTA: ¿Crees que tengan aÍgún
valor los cuentos que haces, si los haces?
II.P.: Muchísimo (no, no te creas). No
sé, algunos me gustan a ratos y lueuo a
ratos me dejan de gustar. Según el tiempo, oscilo.
PREGUNTA: (no se entiende. ..)

sor de filosofía.
PREGUNT~ (Huh~rto Batis): Tú alguna
vez me pediste colecciones de revistas
de las que nosotros hacíamos para vender~as y las vendiste. .. (lo demás no se
entiende).
H.P.: '\'o s~lo eso. También me llegaron
algu~as a~t1guas colecciones, que tenía
no se qmen como cosa estorbosa de la
R_evista Mexicana de Literatura. Se pudieron formar unas quince o veinte colecciones completas. Vendimos la revista
que tú me enviaste y algunas otras. De
modo que si algún autor mexicano consulta los índices de las bibliotecas o hemerotecas de instituciones extranjeras
Y se encuentra en ellos, puede deberse
a esta actividad. Es como en un cuento
que escribió Cerardo Cuéllar y que está
publicado en Armas y Letras: se llama
"el autor de Cuentos no estaba en el
índice". Si alguien qne ha publicado en
México va a la Biblioteca Pública de
l\ueva York a buscarse en d índice, es
muy probable que se encuentre. Son bibliotecas con tal poder de captación
de todo lo que se produce en el mundo
1¡uc )o más seguro es que aquél que ha~ a
¡mbhcado algo trngo una ficha dr autor. '.\Tosotros vendemos materiales a
este tipo de bibliotecas en el extranjero.

II.P. : Bueno, en el tiempo rn i¡ue estuve como estudiante rn la ciudad de
México colaboré en la Revüta Mexicana
d~ Literatura; publiqué también en Estaczones. Recuerdo que me hablaron de
Bellas Artes, como en esta ocasión \1argo para esta plática, y me dijrron que
estaban por cerrar el anuario dr poesía
1959, 11ue les rnviara un poema. No lo
ten~a, pero en ~O minutos lo hice y a los
25 iba para alla. Aparece en ese anuario.
En esa época sí publiqué: aparecemos
José de, la Colina, Homero Garza y yo
en el numero 7 (que tienr una ilustración de Tamayo) de la Revista .'11exica- PREGUNTA: (no se entiende...)
na; en ese número aparecrmos los tres
como redactores de la revista. Luego En la Biblioteca Pública dr ;\ ueva York
aparecemos, no me acuerdo si exacta- pero ha) otras. La Biblioteca de J~
mcn te los mismos, con Pacheco v otra Universidad de Nueva York, la Bibliotegente en "Ramas nuevas" de E;tacio- ca del Congreso y muchas más. Es muy
nes. En ese periodo sí publiqué. Cuando probable que si tú vas ) te consulta~,
dejé de publicar cosas de literatura fur a te encuentres. Precisamente por este
partir de los 60; cuando regrrsé a \lon- conducto, por este canal qur nosotros
terrey y empecé a trabajar como profe- establecimos, es probable &lt;¡ uc toda la

CX)

,-

�COLABORARON EN ESTE NUMERO:

BERTOLT BRECHT. (Alemania, 18981956). Dramaturgo, narrador, poeta y

crentr que haya publicado esté en los
indices bibliowáficos de estas bibliotecas norteamericanas.

teórico teatral. Expresionista y marxis-

ta. Escapó del nazismo, trabajó en
Hollywood y regresó después de la segunda guerra mundial a Berlín oriental, donde fundó el celeb~rrimo Berliner Ensemble. Autor de múltiples obras,
entre ellas: Madre coraje y sus hijos
(teatro), Los negocios del señor Julio
César (novela), Devocionario del hogar (poesía), Escritos sobre teatro (teo-

PREGUNTA: ¿Cómo se llamaba la
compañía?
H.P.: Se llama todavía. Existe. Se llama
"Materiales Académicos de Consu}ta
Hispanoamericana". Tiene ya 12 anos
de vida.

ría).
ALFONSO RANGEL GUERRA:
A propósito de las revistas literar~as,
l¡uisirra mencionar que en aquellos anos
de Kátharsis y Armas y Letras tuv~ la
distribución en ~lonterrey de la Revista
Mexicana de Literatura. Un día, a mediados de los años cincuenta, fui a la li~rería de Emilio Obregón, por la Avenida
J uárez, creo que se llamaba de "B?l~as
Artes,, y tenía una sala de expos1c10nes "El Cuchitril". Allí estaban Em~anu:l Carballo, quien había ido recientemente a Monterrey como profeso~
de la Escuela de Verano, Juan Jose
Arreola y otros escritores. Me preguntaron si quería distribuir en_ Monterrey la Revista Mexican~ de L1te~atura.
Acepté y distribuí alla los ,pnmeros
doce números. Era el puro afan de andar entre libros.

~
""

En otra ocasión Raúl Roa, también
profcsor visitante de la Escuela de ~ erano de la Universidad de l\uevo Lcon,
me presentó con Arnaldo Orfila Rcynal. ~:sto fue rn 1954 Ó 1955; e,'.tonces, Arnaldo Orfila . Reynal me dio la
rcpn·Rrntación drl Fondo de Cultura
Económica rn ~lonterrC) • Pero lo que
~o qurria contar rra una anécdota re-

JOSE LUIS OROZCO. Es director de
Estudios de postgrado en la Facultad
de Ciencias Poi íticas y Sociales, en la

UNAM.
ferente a Octavio Paz.
Octavio Paz fue a ~lontcrrey en dos
ocasiones, a la Universid_a~ de '\uevo
León. En la primera, dedico sus conf~rencias a exponer El arco y la lira,. l~bro todavía inédito. En la segunda VISIta intervino en el homenaje a Alfonso
Reyes, en mayo de 195_5'. en una semana
de conferencias. Parhc1pamos en . esa
ocasión Octavio Paz, Manuel Calv1llo,
José Alvarado, José Luis ~I~:tínez Y
yo. Lo que voy a contar oc~mo seg_u'.amente en ocasión de la pnmera v1~1ta
de Octavio Paz: Las conferencias se ~mpartían ¡&gt;or las noches, de lunes a Viernes, el profesor visitante llegaba en el
avión o el tren del lunes y se regresaba
el sábado. En esa ocasión invitamos ,ª
Octavio Paz para que nos diera una platica y aceptó darla ~l ~ábado
la ,~a-. a Fuimos a la B1bhoteca l mvers1tanan .
P d'll
ria, antes mencionada por Hugo a I a.
La Biblioteca estaba situada en un lugar
cercano al Cerro del Obispado, sed~ del
~1useo Regional ele Historia. jJc toco lle-

t

var a Octavio Paz y cuando llegarnos ~a
estaba reunido el grupo de Káthars~;
allí estaban Hugo Padilla, Arturo Canto,
Ario Garza Mercado, Homero Gar~ y
otros. Todos muy jóvenes, con 20 anos
0 menos. Nos sentamos en una mesa lar·
ga, la de los lectores de la Biblioteca, )
Octavio Paz quedó en la cabecera (hay
una fotografía de esta reunión). Paz nos
habló de poesía Y leyó algunos d~ 5115
poemas. Fue una sesión que empezo e~
mo a las 11:30 de la maíiana y d~
aproximadamente una hora "1 media.
Era en pleno verano y a la u_na_de la ta;,¡
de cuando salimos de la B1bhotccad,
, a I'1orno. Se¡¡ tS-,
sol' reuiomontano carn
"
O
. Pz
pidieron todos de ctav10
a ,v lo .eve
al
al Hotel Ancira. Pero an tes de subir
'automóvil vimos a los jóvenes poetaSBi
'
· , e1r la ·
baJ·ar la pendiente
del Jardm
. u1ar..•nun·
bliotcca, Lajo aqurl so1camr
'cil
.
b
d
t
os
era
fa
t¡uc "ª se aleJa an e noso r , . d
. •
1o an1ma o
notar; r1or sus moVIm1entos
· .Paz COll
J11t
ele su conversación, y Oetavio
dijo: ··\) Írclos, m írclos, van fehcrs
la poesía".

CHARLES BUKOWSKI. Nació en Alemania en 1920 y fue llevado a EE. UU.
cuando tenía dos años. Ha trabajado en
oficinas de corr-eos y publicado libros
de poesía a partir de 1961. Colaborador
de Los Angeles Free Press.
}OSE MARJA GONZALEZ. Investigador y docente en la Universidad Complutense, en Madrid. El texto que aquí
se incluye fue leído como conferencia
por su autor en el Auditorio "Alfonso
Rangel Guerra".
DIONICIO MORALES. (Tabasco, 1943).
En la UNAM estudió letras hispánicas.
Fue jefe de redacción de las revistas literarias Pájaro cascabel y La vida literaria,
Y secretario particular del gran poeta y
n111seógrafo tabasqueño Carlos Pellicer.
Incluido en la antología República de
j)Oetas (Martín Casillas, México, 1985).

lfERON PEREZ MARTINEZ. MexicallO,

Lingüista y traductor, graduado en

la Universidad Gregoriana y en el Instituto Bíblico y de Estudios Orientales de
Roma, Italia. Ex secretario general de
esta facultad, donde es investigador y
docente. Actualmente se desempeña como investigador en El Colegio de Michoacán. Este año obtuvo el premio de
investigación que otorga la UANL, en
el área de ciencias sociales.
JOSE DE LA COLINA. Nació en 1934
en Santander, España. Es autor de
varios Jibros de cuentos: Ven, caballo
gris; La lucha con la pantera; Los viejos; La tumba india; todos ellos memorables. Sobre crítica cinematográfica publicó Mirada al cine. Es miembro del
consejo de colaboración de la revista
Vuelta.
MIGUEL COY ARRUBIAS. (Monterrey,
N.L., 1940). Poeta, narrador, crítico literario. Es autor de lllla decena de libros, entre ellos: Minusculario (prosa
poética), Papelería (ensayo), El segundo poeta (poesía), Olavide o Sade (ensayo), Custodia de silencios (relato).
Profesor de Letras en esta facultad desde 1970. Actualmente director de
Deslinde.
MENNO VELLINGA. Senior Lecturer
en el Center for Comparative SocioEconomics Studies, en la Universidad
de Utrecht. Ha publicado: Economic
Development and the Dynamics of
Class (Amsterdam, Van Gorcum, 1979)
e Industrialización, burguesía y clase
obrera en México (México, 1981), sobre el caso Monterrey. Autor de numerosos artículos sobre industrialización
y desarrollo regional en América Latina.

SUSANA BLANCHI. Licenciada en historia. Profesora ordinaria de Historia
Social General en I¡¡ facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del
Centro de la Provincia de Buenos Aires (fandil), Argentina.
NORMA SANCHIS. Licenciada en sociología. Investigadora en el CENEP
(Centro de Estudios de la Población),
en Buenos Aires, Argentina.
FIDEL CHAVEZ. Nació en Sabinas
Hidalgo, N. L., en 1944. Licenciado y
Maestro en letras españolas (ITESM,
1968 y 1970). Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, en la UANL,
desde 1972. Ha publicado estudios sobre Carlos Fuentes, Unamuno y Borges en Humanitas, y narraciones en el
suplemento cultural Aquí vamos.
ALFONSO RANGEL GUERRA. Ver
Deslinde número 16.
HUGO PADILLA. (Monterrey, N. L.,
1935). Estudió la carrera de filosofía
en la UNAM y se tituló en nuestra universidad. Fue jefe del Departamento
de Extensión Universitaria, en la UNL
(1961-1964), y secretario de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM
en la décáda pasada.
GERARDO CANTU. (Nueva Rosita,
Coahuila, 1934). Pintor, dibujante,
muralista y gr~bador. Hizo estudios de
artes plásticas en la Universidad de
Nuevo León (1950-52) en La esmeralda (México, D. F., 1952-1955), y
en la Universidad Carolina, en Praga,
Checoeslovaquia. Maestro desde 1955,

co

ú,;

�ha expuesto en numerosas exposiciones,
individuales y colectivas, en galerías
del país y del extranjero. Actualmente
es director de Artes Plásticas del ICNL
(Instituto de la Cultura de Nuevo León).

�</text>
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              <text>Covarrubias, Miguel, 1940-, Director</text>
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              <text>Salazar, Humberto, 1959-, Secretario de Redacción</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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