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                  <text>En este número
Teoría Literaria
Roman lngarden: La naturaleza estratificada de la estructura no agota la esencia peculiar de
la obra literaria. Aún será necesario descubrir qué elemento estructural hace que cada obra
literaria tenga un "principio" y un "fin", a la vez que le permita "desplegarse" en el curso de
una lectura en su longitud específica de principio a fin.

Poesía
COMPOSICION FRANCESA
El joven Napoleón estaba muy delgado
y era oficial de artillería
más tarde llegó a ser emperador
entonces tomó una barriga y muchos países
y el día en que murió aún tenía
barriga
pero se había vuelto más pequeña.
Jacques Prévert

Traducción
Eisa Cecilia Frost: lQué condiciones debe tener, pues, el buen traductor? Antes que ninguna
otra cosa, una paciencia mucho mayor que la del santo Job (que, por otra parte, bien poca
tenía), paciencia que unida al sentido común lo llevará, por ejemplo, a buscar un texto que
sabe que existe en castellano en vez de traducir de corrido (ia tantos pesos por página!).

Sociología
Agustín Cueva: Si de algo sería injusto acusar a la Nuev-c1 Derecha estadounidense, es de falta
de franqueza, coherencia o lucidez. A ratos su pensamiento puede parecer incluso tosco, pero
esta misma bronquedad traduce un férreo designio de ir directamente "al grano", es decir,
a lo que considera esencial para sus intereses.

Historia Regional
José Antonio Olvera: Hacia 1895 comienza a destacar en Montemorelos y en menor medida
en ·Allende y Linares otra nueva actividad: la producción citrícola. Este producto se
diferenciará del resto por varias razones. Para empezar, su producción se destina fundamentalmente al mercado norteamericano...

�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
RECTOR: Gregorio Farías Longoria
SECRETARIO GENERAL: Lorenzo Vela Peña
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DIRECTOR: Bernardo Aores Aores
SUBDIRECTOR: Ricardo Villarreal Arrambide
SECRETARIO ACADEMICO: José María Infante

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
NUMERO 24 / VOLUMEN VIII/ ABRIL-JUNIO DE 1989

CONSEJO EDITORIAL
Nora Berumen de los Santos
Manha Casarini Rato
Annando González
Miguel Gonzálcz.__
María de los Angeles Pozas
Genaro Saúl Reyes Calderón
DIRECTOR
Miguel Covarrubias
SECRETARIO DE REDACCION
Humbcrto Salazar
TIPOGRAFIA
Andrca González Corona

Los anículos sin finna son responsabilidad de la redacción. No se devuelven
originales. Correspondencia y canje: Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria. San Nicolás de los Garza, Nuevo León. MEXICO.

Publicación trimestral
Precio del ejemplar:

�SUMARIO

CENTENARIO DE ALFONSO REYES

DE ALFONSO REYES
3 CENTENARIO
Alfonso Rangel Guerra
PARA ACERCARSE A ALFONSO REYES
5 José
Emilio Pacheco
RETRATO DE ALFONSO REYES
9 Jean
Cassou
MISTRAL Y TERESA DE LA PARRA
13 GABRIELA
EN EL PARIS DE ALFONSO REYES
Paulette Patout
ALFONSO REYES AL CRUCE DE LOS CAMINOS
20 James
Willis Robb
VISION DE ANAIIUAC, EL CREDO MEXICANO DE ALFONSO REYES
25 Hefü1 María Corral
REYES ENTRE LIBROS
31 ALFONSO
Alfonso Rangel Guerra
DE ALFONSO REYES EN LA LITERAWRA MEXICANA
38 ELJoséLUGAR
Roberto Mendirichaga
ALFONSO REYES -SOBRE GOETHE
42 María
Zarnbrano
MARIA ZAMBRANO y ALFONSO REYES, O DE LA PASION POETICA

46 Y LA UTOPIA
Héctor Perea

REYES EN LA HISTORIA DE LA TRADUCCION
47 ALFONSO
Aída O'Ward
MJTOLOGIA
52 Marguerite
Yourcenar
CARTAS A ALFONSO REYES
56 Juan
Ramón Jiménez

Jrs'

CUADERNO 3: ARBOL DE POLVORA
Alfonso Reyes

Ilustran este número viñetas de Héctor J. Marines

Nos congrega hoy Alfonso Reyes en el
centenario de su natalicio y su
celebración se significa como un
reconocimiento al magisterio moral e
intelectual de este humanista mexicano
del siglo XX, cuya obra se proyecta en
el ámbito de la lengua española, en el
marco de la cultura occidenJal.
.1./fonso Reyes vivió la vida y vivió
la literatura. Caso singular de escritor
entregado plenamente a su vocación,
en su obra revela al hombre dedicado a
la creación del mundo por la palabra,
pero atenJo también a la interpretación
de su tiempo y de su circunstancia.

supremacía del espíritu y la inJeligencia,
la posibilidad de la convivencia humana.
"Cu.ando la inteligencia trabaja como
agenJe unificador sobre su propia
sustancia -escribió Alfonso Reyesproduce la cultura." En este concepto
humanista de Alfonso Reyes se
hermanan también el valor estético y el
valor moral. Por esta vía se llega al
equilibrio de la conducta, ptro también
al reconocimiento de la condición
superior de la inteligencia en las tareas
individua/es y colectivas. En
congruencia con el pensamien10 de la
antigüedad clásica, Reyes se declaró
"fiel a un ideal estético y ético a la vez,
hecho de bien y de belleza".

En sus páginas enconJramos la
belleza poética y la f zcción literaria,
Pero la tarea unificadora de la
pero también las reflexiones sobre el
cultura,
lejos de igualar y simp/if,car lo
ser nacional, la condición humana y el
valor del trabajo intelectual. La obra de que por naturaleza es diferenJe, hace
Alfonso Reyes, iniciada en los primeros posible la permanencia de las
años del siglo y continuada hasta su condiciones propias y diversas de lo
muerte, tiene hoy ante nosotros, en los humano, lo que implica además que la
umbrales del nuevo siglo, la virtud de vida pueda responder con sus mismas
mantenerse viva y moderna, capaz de fuerzas los embates de la existencia.
Por eso afirma Reyes que la cultura
aportar respuestas a nuestra realidad.
como vida unificada, no es otra cosa que
Para Alfonso Reyes, la cultura la capacidad de relación de las
cumple una función unifzcadora. En la diferenJes partes del ser, sin mengua
dispersión de la existencia, la cultura es del movimiento propio de la vida.
coherencia y unidad. Por lo mismo, la
Desde su paso por la Escuela
cultura es también concordia y
Nacional
Preparatoria, Alfonso Reyes
consecuentemente
manifestación
suprema de lo humano. Esta capacidad hizo suya la sentencia clásica, recogida
integradora de la cultura hace posible el de la Epístola Moral a Fabio: "/gua/a con
diálogo de los hombres y sustenta por la vida el pensamiento." El ser y el
igual el hacer y el pensar, la teoría y la pensar integrados para impulsar la vida
práctica. En la cultura se erige, por la y sus acciones con la fuerza superior de
la razón creadora, es decir, llevando la

existencia a la altura del pensamiento.
Bajo esta luz, la obra de Alfonso Reyes
se explica a un mismo tiempo como
búsqueda de conocimiento, revelación
del sentido de la acción creadora y
expresión del continuo hacer de la vida,
pues ésta quedó manifiesta en sus
páginas, donde nada humano le fue
ajeno. Esta significación humanista
establece una Unea continua de
comunicación en toda la obra de
Alfonso Reyes, la que no obstante su
extensión y diversidad de temas,
mantiene ese sentido de unificación que
él mismo atribuía a la cultura como
función de superación y manifestación
de la inteligencia.
A Alfonso Reyes podemos leerlo
como crítico, cuentista, ensayista,
historiador de la literatura, teórico de la
cultura, cronista o filólogo. Esta
condición de poUgrafo es producto de
la curiosidad intelectual, pero también
es resultado de esta capacidad de visión
de todo lo humano, cualquiera sea su
procedencia en el ámbito de la cultura y
de la historia. El mismo se llamó
especialista en universa/u y su
humanismo lo llevó a estudiar los
objetos de la cultura como productos
históricos y filosófteos de cada época,
nunca como productos aislados del
contexto que los explica y define.
Trabajó toda su vida con el lenguaje y
en él nos dejó una visión del mundo en
armonía con los valores supremos del
espíritu, y una imagen del hombre
redimido por la inteligencia, la belleza y

�PARA ACERCARSE A ALFONSO REYES

José Emilio Pacheco

el bien. "La más alta poes(a -afirmó
Alfonso Reyes- es aquella que más
contempla al hombre abstracto,y mucho
más que al accidente que somos, al
arquetipo que quisiéramos ser.''
La perspectiva del miindo se da en
el hombre y desde el hombre, y a
medida que ascendemos en los niveles
de la organización de la vida, desde lo
natural a lo social, y de lo social a lo
cultural, la.escala de responsabilidades
impone una mayor exigencia y la unión
y la coherencia superiores se
representan en la dimensión humana.
De ahí la concepción de Alfonso Reyes
de la condición universal de la cultura,
donde lo nacional se explica y se
comprende mejor en la medida en que

se contempla como parte de un todo.
En esta visión humanista el hombre
es el nivel supremo y él es el que hace
posible la unificación y la coherencia de
todo lo que circula y se mueve en el
contexto de la historia. Por eso afirma
Alfonso Reyes que el hombre es más
humano en la media en que más une, en
la medida en que es más capaz de
integrar los elementos dispersos de la
vida.
A esa imagen de hombre unificador
nos acogemos hoy para rendir
homenaje a Alfonso Reyes, como figura
representativa de las más altas tareas del
esp(ritu, como hombre de concordia
que además alcanzó la visión del valor y

la función de las letras y la cul
mexicanas en el concierto univer;
Este es el perfil de Alfonso Reyes en
centenario.

Palabras prommciadas por el Lic. AIÍI

Rangel Guerra, Secretario de Educa ·
Cultura, en la ceremonia de celebracióa

centenario de Alfonso Reyes. Mon
17 de mayo de 1989, Teatro de la Ci

Puntos de partida, tareas de un centenario, aprovechamiento de la oportunidad
única de conocerlo o releerlo. La
empresa lleva la recompensa en su
ejercicio. Alfonso Reyes siempre
resulta grata compañía. Leerlo nos hace
bien. Pero nunca imponemos su lectura
como una obligación cultural sino como
un placer. Olvidarse por un momento
de los elogios y las diatribas que ha
suscitado en otros tiempos y otras
circunstancias. A fin de cuentas nada de
esto importa demasiado: la lectura es
una conversación a larga distancia pero
de persona a persona. Como dijo su
amigo Borges de su mutuo maestro
Wilde, Reyes "es de aquellos
venturosos que pueden prescindir de la
aprobación de la crítica y aun, a veces,
de la aprobación del lector, pues el
agrado que proporciona su trato es
irresistible y constante".

l. La tragedia griega
Dentro de pocos años los escritores del
siglo XXI se reirán de nosotros, los
estúpidos vigesémicos, porque al
escribir sobre Reyes siempre tuvimos
que hacerlo a la defensiva. Incluso a
estas alturas es grotesco vemos
obligados a justificar que Reyes se
ocupara de Grecia. Como si hoy no
tuviéramos un agradecimiento siempre
renovado por quienes abren ventanas
y tienden puentes para comunicamos
con otras literaturas que sus ensayos y
traducciones vuelven parte de la
nuestra.

Escribió otro amigo y contemporáneo suyo, Amold J. Toynbee: las
experiencias históricas de los griegos
son análogas a las que estamos pasando:
guerras, luchas de clases, encuentros
culturales a quemarropa entre pueblos
con definidas y diferentes herencias
sociales, atrocidades y actos de
heroísmo. Reyes no se alejó de su aquí
y ahora: le presentó un espejo lejano.

fenómeno mucho más complejo de lo
que sueña nuestra historiografía literaria. Responde tanto a la utilización
camavalizadora de la mitología por los
modernistas como a la moda inglesa del
otro fin de siglo. Para estudiar a la
generación del Ateneo es indispensable el libro de Frank M. Tumer The
Greek Heritage in Great Britain (Yale,
1981).

Luis Cemuda lamentó la ausencia
de Grecia en la cultura española. Por
razones de cristianismo contra
paganismo y de moralidad sexual nos
privaron de Grecia como nos
despojaron de la Biblia para impedir el
contagio protestante. Reyes intentó
compensamos de la primera omisión.
En los veintiún tomos publicados de sus
Obras completas hay seis dedicadas a
Grecia. Bastaron para que entrara en la
leyenda como el señor que nunca se
ocupó de México y estuvo todo el
tiempo hablando de los griegos.

Dentro de México esta labor de
Reyes se vuelve parte tanto del
proceso de secularización tan brillantemente estudiado por Rafael
Gutiérrez Girardot, como, por contradictorio que parezca, del afán de
recuperar la tradición humanística
interrumpida por el positivismo. En su
afán de sajonizamos y hacer que
alcanzáramos la ciencia y la técnica la
enseñanza positivista redujo los
estudios de griego y latín a la clase de
etimologías.

Por lo demás, siempre se refirió a su
país, lo mismo en lfigenia cruel que en
el más hermoso de sus libros del
retomo, Junta de sombras. Acusarlo por
hacer nuestro el patrimonio de la
humanidad es como censurar a Freud
por haber hablado del complejo de
Edipo en vez del complejo de Hansel y
Gretel o el síndrome de Lorelei. Por
ejemplo, ''En el nombre de Hesíodo",
un ensayo de 1941, es una advertencia
contra la simpatía por los nazis muy
extendida en el México de entonces.

Al establecerse aquí después de casi
treinta años de exilio y diplomacia
Reyes no quiso competir con nadie y de
sus intereses juveniles eligió la afición
de Grecia. Ernesto Mejía Sánchez
insiste en que es modestia la afirmación
de Reyes al comienzo de su/líada: ''No
leo el griego: lo descifro apenas•'. Que
nuestro helenista no supiera griego
sería una paradoja más de la cultura
mexicana, semejante a la que obliga a
quienes contraen matrimonio a
escuchar la Epístola de Melchor
Ocampo, un prócer que ni como hijo ni
como padre conoció esa institución.

El helenismo de Reyes resulta un

�Pero no está reñida con la idea de
Reyes: la literatura se dirige a la
persona humana como tal, no en cuanto
a especialista.
Sea cual fuere su conocimiento del
griego y del latín Reyes, el escritor laico
y liberal por excelencia en una
tradición tan católica como la nuestra, no
podía competir en este campo con
quienes se formaron en los seminarios.
Nunca se ha puesto por escrito que su
archienemigo fue el padre Angel María
Garibay. Nuestra gratitud infinita por el
padre Garibay no puede cegarnos ante
el hecho de que ni en sus traducciones
nahuas ni griegas logró escribir un
castellano siquiera aproximado al de
Reyes. En un mundo perfecto hubiera
habido un traductor que supiese tanto
griego y latín como Garibay y escribiera
en su lengua materna como Reyes. En
otro menos belicoso que el nuestro
ambos hul,ieran colaborado para
darnos en español grandes versiones
de la tragedia griega y la poesía náhuatl.

3

sacó de su cocina para el banquete
nacionalista y estatólatra de los años
treinta".
Virgilio cumplió veinte siglos en el
momento en que México acababa de
salir, con noventa mil habitantes menos,
de la brutal guerra cristera. El
cristianismo se apropió de Virgilio y lo
hizo heraldo de la llegada de Cristo. El
latín era la lengua eclesiástica. A Reyes
no le quedaba sino un ardid que hoy
nos parece un exceso señorpresidentista (aunque en realidad se
dirige no a Ortiz Rubio sino al Jefe
Máximo Calles) para llegar a la
afirmación clave del ensayo: ''Quiero el
latín para las izquierdas porque no veo
la ventaja de dejar caer conquistas ya
alcanzadas".

2. El ahuehuete y el bonsai

Hace muchos años, al reseñar en esta
misma página, el Diálogo de los libros,
se comparaban las obras de Reyes y
Torri respectivamente al ahuehuete y
La misma disputa entre la el bonsai. Ahora el bonsai está en
secularización y la Iglesia católica como muchas casas y el ahuehuete, ''viejo del
refugio de la tradición clásica está agua", ha desaparecido porque su
presente en el texto más conflictivo de. existencia dependía de un medio
Reyes, "Discurso por Virgilio". lacustre que se perdió para siempre.
Christópher Domínguez Michael en
El autor que ha escrito bien una obra
uno de los mejores ensayos que ha
que consta sólo de dos o tres libros
generado hasta ahora el centenario
breves y portátiles tiene todas las de
(" Alfonso Reyes y las ruinas de Troya",
ganar frente a su compañero que
en "Rumbos de Reyes", el número
escribió, no menos bien, un centenar de
especial de La Gaceta del Fondo de
libros que ocupan varios metros de
Cultura Económica) considera el
estantería y pesan veinte o más kilos.
''Discurso" como "el platillo que Reyes
¿Dónde encontraremos el espacio y el

tiempo para leer a Reyes? Si lo sentí
como una obligación cultural,
ansiedad que esto nos produce
que acojamos como una bendición t
condena y cualquier sarcasmo li
dor. Volver a Reyes una estatua de
de mármol o de bronce es una invitaci
a orinarse en el pedestal. Con ello
sacudimos los cuatro metros y los ve·
kilos, sí, pero también nos perde
muchos placeres y
posibles.
Desde que en el siglo xviii ap
la literatura como institución sólo
dos modelos para medir el triunfo de
escritor: es Goethe (o Víctor Hugo
Tolstoi o Balzac o Dostoyevsky) o
Rimbaud: "Di tu palabra y rómpete".
Obra con mayúscula, a la europea, o
Libro, también con mayúscula, a
norteamericana.
Reyes no cabe en ninguno de
esquemas y también lo afecta la di
entre la promesa que es infinita
abstracta, y la realización, que
limitada y concreta por amplios que
sus horizontes; el abismo que m
entre la página en blanco en que todo
posible y la página escrita, llena
tachaduras, errores y correcciones.
No cabe porque no es un es
europeo ni estadounidense si
mexicano. Sólo es posible enten
como un producto de nuestra histo ·
nuestra sociedad. No es André Gi
Edmund Wilson sino el hijo pródigo
porfiriato y la revolución. A quien

"Muy bien, quiero leerlo. ¿Por dónde
empezar?", hay que contestarle:
Empieza por donde quieras, lee lo que
te interese, considera las obras de
Reyes una enciclopedia o un periódico
que nadie te pide que leas de principio a
fin.

práctica el deber que Justo Sierra
asignó a la Universidad Nacional:
mexicanizar la ciencia, nacionalizar el
saber.

La enciclopedia y el periódico: los
medios de expresión del siglo xviii, el
siglo que no tuvimos, la Ilustración que
nos faltó. A sabiendas o no Reyes
intentó reparar lo que perdimos cuando
a fines del xvi fue suprimida la
enseñanza de la cultura europea a los
indios en el colegio de Tlatelolco,
porque la asimilaron tan bien que no
tardaron en corregirle su latín a los
frailes, y cuando Clavijero no pudo
terminar su Enciclopedia Mexicana y
tuvo que publicarla resumida como su
gran Historia antigua de México.

Es, como decían en su época, un
fragmentario porque vio en el
periódico el libro del pueblo, la
extensión de las aulas, el medio de
compartir y democratizar lo que hasta
entonces había sido privilegio de unos
cuantos. Reyes, el más grande
periodista literario de la lengua
española, no escribió novelas. Pero
¿cuántas novelas de 1918-1922 pueden
leerse en 1989 con el placer que
deparan sus artículos de, digamos,
Simpatías y diferencias? "No soy
enemigo de los géneros", decía Pedro
Henríquez Ureña. Las brevísimas
notas que al final de su vida reunió en
los dos tomos de Las burlas veras valen
más que muchas obras serias y
presuntuosas de ese período.

Así, tanto la aparente dispersión de
Reyes como su deseo de unidad
manifiesto en las útiles y opresivas
Obras completas se entienden al
considerar que cada libro y cada
artículo son fichas para esa imposible e
indispensable enciclopedia imagiru.ria.
Gutiérrez Girardot lo ha visto con
claridad deslumbrante: América no
podía ser América Latina si antes no se
apropiaba de la cultura europea. En
este sentido Reyes continúa el trabajo
de los modernistas y es el más
universitario de nuestros autores: casi
todo su trabajo consistió en poner en

Junto al Reyes "menor" y
encantador que sembró no un bonsai
sino un bosque de bonsais ocultos en la
maleza de las Obras completas, hay el
académico capaz de hacer libros
unitarios tan rigurosos como El
deslinde, La antigua retórica, La crítica
en la edad ateniense. ¿La Universidad
desaprovechó a Reyes? (Por lo demás,
gran conferencista, el primero que
aplicó en México la fórmula de Ortega y
Gasset para no matar de tedio al
auditorio: "Sea usted histrión".) No,
porque su ámbito no era el aula ni el
cubículo sino el café, la redacción y el

3. La ilustración mexicana

salón. Reyes no es un magister sino un
conversador. Su obra es una conversación interminable que escuchamos
con los ojos, como en el verso de
Quevedo.
Reyes tuvo la fortuna de presidir la
República de las Letras, esa república
que no .por intangible deja de tener su
poetariado y su poetburó e inclusive su
hampa y sus escuadrones de la muerte,
cuando
existían
Guzmán
y
Vasconcelos, Azuela y González
Martínez para no dejarlo solo y
balancear su peso. Antiautoritario por
excelencia, a falta de parlamento y
elecciones nos dio la prensa y la tertulia.
Fue como Sócrates el dialoguista, el
suscitador, el interrogador que nos
obliga a tomar conciencia de nosotros
mismos y a pasar por la razón todos
nuestros impulsos. Sea o no el mejor
prosista de la lengua española, como
quiere Borges (Dámaso Alonso le da el
título a Martín Luis Guzmán, hoy tan
presente en El general en su laberinto),
hasta en la más trivial de sus notas
redime a Reyes de la insignificancia su
gracia en el sentido casi teológico del
término.
Alfonso Reyes no quiso ser más ni
menos que escritor. Su herencia civil es
de primer orden y en este punto
cualquier homenaje se queda corto:
inventó para nosotros una prosa en que
podemos conocer el mundo, pensar el
mundo, explicamos el mundo. Una
prosa siempre en ·movimiento que

�RETRATO DE ALFONSO REYES

Jean Cassou
J

nunca se detiene y jamás se estanca y es
y será siempre modelo inimitable de
precisión, concisión, suavidad y en
primer término naturalidad. Como dijo
Octavio Paz hace cuarenta años, al
enseñamos a escribir nos enseñó a
pensar.

s
p
o

"
e

l'rocuJ, Méxia&gt;, rúm. 655, mayo 22, 1989.

I
"Y, ante todo -dice Alfonso Reyes en
uno de sus cuentos-, citemos a
Andersen: sólo le citan los hombres
bien nacidos.'' Andersen es un nombre
mágico sobre el cual, en efecto,
confluye una cierta francmasonería de
espíritus delicados. Se cuenta que antes
de aparecer un libro célebre, Gaspar
de la noche, sólo era conocido por un
breve número de elegidos: Gautier,
Baudelaire, Mallarmé... De inmediato
estaremos de acuerdo con Alfonso
Reyes si de vez en cuando, con un
gesto, nos hace entender que está en el
secreto, si evoca, en alguna página, una
de esas obras raras que entre más se
siente uno solo al conocerlas, más se
Una biblioteca vive en cada uno de
nosotros, nos marca y distingue. Los
libros que componen a Alfonso Reyes
están escogidos de tal manera que este
escritor resulta inmediatamente
simpático. Los fascinará con sus lecturas
elegantes y misteriosas.
¿Un escritor libresco entonces?
¿Artificial y pedante? ¡Como si un libro
apasionadamente leído, como si
historias impregnadas de nuestros
origenes, como si bellos y novelescos
relatos donde buscamos recrear toda
•nuestra vida, la atmósfera, no nos
revelaran la naturaleza mejor que las
experiencias directas! Infancia, viajes,
sueños, ¿no es a través de esos
maravillosos cristales que ciertos

00

sistemas humanos, sensibles y
complicados, toman conocimiento de las
cosas?
Ser él mismo, encontrarse a sí mismo,
fórmulas vacías de sentido si no las
precisamos. Alfonso Reyes es él mismo
cuando, con un arte perfectamente
seguro y preciso, sin falsas notas,
respira una época desvanecida, se
reencuentra con un héroe de novela,
encuentra no el acento definido que
puede copiarse, sino el ensueño, el
conjunto de imaginaciones vagas y los
incomunicables placeres que gozaba
cierto poeta predilecto. Seamos
sinceros: Marce! Proust, en un
extraordinario análisis de la emoción
musical, confiesa no gustar plenamente
un trozo sin antes haberse asegurado
del nombre de su autor. Es muy
hermoso realizar directamente frente a
las cosas esta transformación de sí
mismo: la obra de arte. Pero en las más
nobles y libres naturalezas esta
metamorfosis puede actuar a través de
atmósferas aprendidas y adaptadas y en
comunión con espíritus fraternales,
muertos o vivos. No estamos solos:
extrañas simpatías nos acompañan, el
regreso de otro mundo sirve de base a
nuestras comparaciones; recuerdos,
nostalgias, cuentos que nos contaron
podrían hacemos esperar algo mejor
de la vida que nos ha tocado vivir; todo
un aparato de crítica sentimental a la luz
de la cual aparecen la sombra y la
penumbra de las cosas y ciertos planos
muy profundos, inaccesibles a los

sentidos de los demás hombres.
Alfonso Reyes es mexicano: es el
aspecto de su personalidad que pudo
descubrir el burócrata encargado de
anotar su estado civil. Pero es también
un lector de los cuentos de Andersen,
un lector de los románticos alemanes, de
Hoffmann, de Novalis, de Chamisso, de
los místicos y de los conceptistas
españoles, de Gérard de Nerval, de
Osear Wilde y de Jules Laforgue. Es
más él mismo cuando lee a sus queridos
poetas que cuando se presenta como un
joven poeta mexicano o diplomático,
encargado en Madrid de los negocios
de su país, o colega de tales o tales
escritores madrileños. Es entonces
cuando se revela profundamente, como
Walter Pater revelaba su genio claro y
delicado imaginando la muerte de
Watteau o las aspiraciones de un
gentilhombre alemán en los tiempos de
la Aufklarung.
Esas coincidencias con las fantasías
más conmovedoras que nos hayan
podido encantar, combinadas con
silencios, interrupciones, elipsis y todos
los sacrificios exigidos por un bello
pudor, integran un mundo extraño que
se nos aparece en un plano oblicuo. El
plano obliclW: título de una colección de
cuentos, sorprendentes y variados,
cortados por ausencias que nos
confunden y nos dejan un sabor a pena.
Pero por lo que permiten ver y
expresan, esas historias testimonian una
inteligencia y un arte extraordinarios,
lúcidos y sobrios, cercanos a la

�J

perfección.

:¡

El sentido exacto y denso de los
ténninos, un trazo limpio, una fonna
pura, organizan bellos relatos con, de
repente, una caída en lo inconcebible,
un afortunado accidente, gracias a la
libertad que tiene todo poeta de hablar
sólo para él mismo, tan pronto como su
capricho lo induce a ello.

ta

la

ca:

Jean Cocteau, en una página de
lúcida penetración psicológica y
trémula de fervor, disocia los caracteres
esenciales del poeta: "Desinterés,
egoísmo, ternura, piedad, crueldad,
etc... " Anota también: "Sufrimiento por
los contactos.'' Esta última característica las anteriores corresponden a Verlaine
o Rimbaud- se aplica maravillosamente a
Góngora y a Mallarmé. Porque ése ha
sido el divino mérito de esos dos
fraternales genios: sentir y temer el
error que podía extraviar a la poesía
entre la muchedumbre. El lado por el
cual una obra de arte se vuelve o
parece volverse accesible, ¿no es el
lado débil, el que · se descompone,
carcome y pierde? Y ¿no es preferible
romper todas las amarras? Ofendidos en
su dignidad, perdidamente enamorados
de la limpieza moral, horrorizados con
la idea de ser cogidos en flagrante delito
menor, Góngora y Mallarmé,
heroicamente, son liberados.

d
u

e

\

o....

Alfonso Reyes recibió de Góngora
y Mallarmé ese sentimiento del honor
que, en el artista, consiste en sustraerse,
como la ninfa Siringa, de las manos

groseras del dios que la persigue. Al
lado de esos singulares matemáticos, de
esos sutiles astrónomos, ha aprendido a
traducir en lenguaje algebraico
fórmulas en las que no entran sino
valores conocidos, a calcular las
distancias de las estrellas a través de los
espacios, donde el conocimiento
químico nos está prohibido. Desplazar
números y hacer actuar fuerzas a través
de la noche es el placer que se propone
Alfonso Reyes. Ciertos elementos nos
son perceptibles, pero la materia en la
que se mueven se nos escapa. Tocarnos
el más profundo misterio del autor y de
todas esas lecturas ardientes a través de
lo que él sintió era o padecía por no ser.
¿Para responder a la necesidad que
teníamos de clasificarlo como escritor
mexicano contemporáneo publicó
Visión de Anáhuac? La literatura
americana tantea y se busca -ella
también- a través de lecturas. Lo logrará
sorpresiva e independientemente de
todas las etapas por las que, para
satisfacción de nuestro espíritu escolástico, querríamos fijar su evolución. Mas
como en una especie de apuesta y -pudiera ser así, después de loto- para
responder a ciertas exigencias propias
de su raza, a veces insoportables, el
europeo Alfonso Reyes se distrajo al
escribir estos cuadros precisos y
minuciosos de México "en tiempos muy
antiguos". Es una pequeña obra maestra
de la lengua castellana. Pero esa calidad
no autoriza a los historiadores literarios
-como tampoco la de El plano oblicuo- a

señalarle una determinada direcci
las letras mexicanas.
Ahora, si uno intenta, a pesar
todo, descubrir lo que puede haber
propiamente mexicano en el espíritu
Alfonso Reyes, como se las ingenió
el antiguo dramaturgo Alarcón,
puede aventurar. Pero
hablar de otra cosa.
Revue de l'Amérique Latine. París,
lo., 1

11

Asistimos en este momento, en
diversos países de la América Laf
un esfuerzo intelectual evidente, al
sin embargo estorban
ignorancias, errores; a un conmov
deseo de construir una cultura a
de la nuestra, de reproducir una
imperfectamente conocida. De
esos países, México parece el
liberado de esos prejuicios, el
alejado de esos falsos caminos. Y,
duda, esa nación al fin encontró el
justo donde logra equilibrar
tradición profunda y consciente
misma con sus descubrimie
aspiraciones y necesidad
renovación.
La tradición indígena se
conservado en México con una
y seguridad tales que nos llenan de
esperanza total y compleja. En se
lugar, el conocimiento que

mexicanos tienen del aporte español y,
en general, europeo, es igualmente
eficaz. Debemos aceptar que existe en
el temperamento mexicano una
nobleza, una seguridad en el gusto, una
fineza de análisis que saben evitar -en
los momentos de búsqueda- los titubeos
y las torpezas. El mexicano conoce su
mesura y se hace de su riqueza una idea
exacta,
sin
vacilación.
No
encontraremos en él compromisos con
la pacotilla europea, ese rastracuerismo
pueril, esa baratija del sentimiento, de la
moda y del gusto que corrompen, como
sucede con otros pueblos semejantes,
las mejores intenciones. México es, de
todos esos países, el más cercano a una
especie de aristocracia intelectual.

Alfonso Reyes se complace en retratos
imaginarios y en combinaciones
alquímicas en las que se advierten los
recuerdos de San Juan de la Cruz, de
Góngora y de Baltasar Gracián, de
Novalis y de Chamisso, de Nerval, de
Laforgue y de Mallarrné. La esencia
espiritual que subyace en esas obras
únicas, extrañamente personales y
puras al punto de no aparecérsenos
sino bajo un aspecto musical, en su
tonalidad excepcional, y equivalente a
la vibración extrema de los cantos más
profundos de la humanidad, Alfonso
Reyes sabe encontrarla en su memoria
y volcarla en sus escritos doctos y
nostálgicos, cargados de poesía.

Alfonso Reyes, mexicano, es un
espíritu de esencia absolutamente
auténtica, sin falsas aleaciones, y en
quien, por el contrario, una raza
original y una cultura exquisita fonnan
la mezcla más afortunada. Aunque vivió
mucho tiempo en las embajadas
europeas, sobre todo en Madrid (hoy se
encuentra en París, donde representa a
su patria), mantuvo la nostalgia del
pasado secreto y de los nuevos paisajes
que la habían producido; también ha
sabido, con un perfecto sentido de lo
que debe ser elegido, probar y asimilar
nuestra cultura europea en lo que tiene
ésta de más singular. Sus predilecciones
llegan hasta una especie de biblioteca
ideal compuesta de los místicos y los
conceptistas españoles, los románticos
alemanes, los líricos franceses. De este
modo la fantasía y la erudición de

No hablaré sino de su colección de
cuentos titulada El plano oblicuo. El arte
con que esta obra combina la erudición,
la evocación de formas y rostros
literarios exquisitamente amados, y de
otra parte una cierta, personal facultad
de invención que asombra y encanta. El
signo de semejante gran artista bajo el
que se coloca el relato, la atmósfera
libresca -no empleo esta palabra con
sentido negativo- en la que se
desarrolla esta suerte de ilusión
perseguida a través de las lecturas y el
recuerdo de las melodías más raras,
nada de eso impide la viveza en la trama
misma de la historia. Al contrario, toda
esa ciencia maravillosa le comunica una
resonancia profunda y extiende
nuestra sorpresa hacia esos mundos
transfigurados por hechiceros que si no
aparecen más en la historia literaria, es
porque aparecen en nuestro corazón y

en sus sueños.

La familiaridad de Alfonso Reyes
con esos espíritus complicados y los
recodos de esos laberintos lo vuelven
más que su novelesco comentarista, su
hermano espiritual. Pertenece a la raza
de los poetas más sibilinos y los
cuentistas más raros. De la raza de Poe,
de Hoffmann y de Andersen, de los
ingleses más sutiles, de los místicos más
oscuros y de esos alemanes del
romanticismo que no son sino sueño,
arrebato
y
mustca.
Un
trascendentalismo perpetuo eleva la
menor de sus frases a la altura de un sutil
misterio. Y la ironía que se enrosca
alrededor de esas extrañas aventuras
para, cruelmente, 1rntarnos y
desilusionamos, no tiene nada de
amargo ni de satírico. No es perfidia, es
solamente la huella de la destreza con
que conviene en levantar el velo de
Isis. Es el ingenio para lograr -sin
abandono de la sonrisa- construcciones
quiméricas y juegos plenos de
sentimiento y fantasía.
El capricho de Alfonso Reyes,
breve y tenue, nos pasea de este modo
por comarcas donde podríamos
reconocer algunas arquitecturas que
nuestras lecturas nos han revelado,
pero deformadas apenas nos
disponemos a nombrarlas. Hay iglesias
de estilo jesuita y de estilo barroco, con
su toque mexicano y jardines de flores
venenosas, semejantes a las cultivadas
por Hawthome, Wilde y los simbolistas
franceses, a las cervecerías de una

�GABRIELA MISTRAL Y TERESA
DE LA PARRA EN EL PARIS DE
ALFONSO REYES

Paulette Patou
J

s
p

Alemania filosófica y orquestal. Pero
esas imágenes se desvanecen, se
mezclan las unas con las otras como en
la pesadilla de un turista derrengado
por sus caminatas, confundido entre
poblados, pinturas y sitios ilustres.
Reyes se interrumpe y nos desengaña
sin reir burlonamente. Esos viajes le
divierten y si -bruscamente- cambia de
tema, es a la manera de Robert
Schumann, genio carnavalesco y
extravagante que alzó el vuelo de
danza en danza y de fantasma en
fantasma hasta no poder distinguir su
sueño de lo que no era su sueño.

Una historia de Hans-Christian
Andersen -lo he citado ya- nos presenta
a un hombre que busca el Cuento.
Porque el Cuento se había perdido,
había desaparecido, no aparecía más
entre los hombres. Y ese héroe de
Andersen lo buscaba en el campo, en su
habitación, en los libros. El Cuento se
perdió otra vez: en un arte que a
nosotros nos parece caído en desuso,
cuando pudiera ser el más natural de
todos los géneros artísticos, ya que
ninguno es más antiguo ni más
emocionante que la necesidad del
hombre por inventar una historia y

contarla. Alfonso Reyes, con
nostalgias de literaturas ocultas,
devuelve el gusto por la perfi
maravillosamente difusa en una hi
que ni comienza ni se acaba.
recuerda una de las fórmulas
completas -y quizás más consolad
en las que se haya aplicado
imaginación humana.

RevueB1-. Pans,julio 17,
Traducción dt Miguel Co

1
Sólo algunas palabras para saludar la
memoria de Gabriela Mistral, ilustre
contemporánea de don Alfonso. Ya se
conoce su amistad por México y por
Alfonso Reyes.
Lucila Godoy Alcayaga nació el 7
de abril de 1889 en el pueblo pintoresco
de Vicuña, del alto valle de Elqui, a más
de 3 000 metros de altura, en el Chile
septentrional. Vivía su familia, aunque
modesta, en un ambiente afectuoso, una
madre cariñosa, la media hermana
Emilina, la hijita de ésta, Gabriela. El
padre era maestro de escuela, también
poeta y algo guitarrista, participaba en
los concursos populares de poesía; algo
así como un payador de aquellos países.
PAdre pintoresco, el cual se alejó
pronto, cuando Lucila tenía unos 3
años. Pero ese abandono, ella lo
admitía, diciendo que el chileno, el
hombre de pueblo, es pata'e perro,
deseando a menudo cambiar de sitio, de
casa, de familia, de mujer y de hijos. Ella
misma se decía mujer patiloca, errante,
y en efecto no se supo fijar en ninguna
parte.
Ya se sabe cómo Lucila Godoy
ascendió rápidamente todos los grados
de la función docente para, a los 30
años, dirigir uno de los institutos de
niñas más importantes de Santiago,
alcanzando fama de excelente pedagoga; y de poetisa, con los Sonetos a la
muerte, que había publicado en 1914, y

Desolación en 1922. Entretanto, había
adoptado el seudónimo de Gabriela
Mistral: Gabriela, recuerdo de la amada
sobrinita muerta en la niñez; Mistral,
para expresar su admiración por
nuestro poeta de Provenza Frédéric
Mistral, entonces en el colmo de su
gloria ... y cuya Mireia, escrita en lengua
provenzal, admiraba también intensamente Alfonso Reyes en su lindo
ensayo del Cazador, "Las hazañas de
Mistral". Así también serían dos, los
Mistral que recibirían el Premio Nobel,
Frédéric, y mucho más tarde, Gabriela.
Cuando José Vasconcelos es
designado Ministro de Educación
Pública, convida a Gabriela a venir a
México, para colaborar en su reforma
de la educación, para fundar escuelas y
bibliotecas.
En 1924 fue a España, pasando por
París, con la perspectiva de mejorar las
relaciones culturales entre Chile y
Madrid. Según aparece en el Diario de
Reyes, éste la conoció el 7 de
noviembre de 1924, en París. Don
Alfonso fue también a Madrid
encargado por el presidente Obregón
de una misión confidencial ante el rey
de España, Alfonso XIII. Inmediatamente, Gabriela le pareció un ser
muy inteligente, superior; viajaba la
poetisa con Palma Guillén, una gloria
de la Universidad de México, persona
además servicial y muy sutil: nunca
viajaba sola Gabriela, porque era mujer
desprovista de todo sentido práctico en

la vida material; hasta se decía que en
toda su vida no aprendió a tomar sola un
billete de ferrocarril... Una instantánea
simpatía nació entre Gabriela, Palma,
Manuela y Alfonso Reyes. A don
Alfonso, aquella mujer intensa le
parecía como la imagen viva de sus
montañas ...
Poco después llegó Reyes a París
para dirigir la Legación Mexicana. Y en
1926, el 27 de enero exactamente,
también vino a vivir entre nosotros la
escritora chilena llamada a dirigir la
sección de letras de la América Latina
en el prestigioso lnstitut de Coopération Intellectuelle Internationale, prefiguración de la UNESCO, dependiendo de la Sociedad de las Naciones,
pero mientras que la SON estaba
radicada en Ginebra, el Instituto tenía
su sede en París. En sus sesiones y
publicaciones don Alfonso desempeñó
un papel muy notable al lado de los
mejores escritores franceses, Jules
Romains y Paul Valéry, entre otros. En
aquellos años de París, Gabriela pasó
días enteros en el hotelito de Passy
donde vivían Alfonso y Manuela
Reyes, en larguísimas conversaciones,
charlas alegres, risas y cuentos; en una
palabra, compartiendo una amistad
verdaderamente fraternal. En el
Institut, Gabriela fue muy apreciada,
por su personalidad vigorosa, su alta
presencia moral; organizaba traducciones de escritores latinoamericanos,
confiándolas a menudo a Matilde
Pomes, gran amiga de Reyes; compartía

�también con él muchas amistades
parisienses, la de Francisco García
Calderón o de Mariano Brull, Ministro
de Cuba, el de las jitanjáforas, entre mil
otras.

1
d
u

e

Cierto es que las páginas que
dedicó Gabriela a don Alfonso en los
años de París están entre las mejores.
Cierto artículo que escribió para su
Diario de Chile, en 1926, contiene un
verdadero retrato, maravilloso, de la
psicología de don Alfonso. Gabriela
describía "la cordialidad fabulosa, el ojo
húmedo de simpatía del Ministro de
México. Su conversación, decía, es una
fiesta ... '' Celebraba' 'la prosa de esmalte
de Visión de Anáhuac, la solidez y la
finura de la cultura de Reyes; y su
bondad, su vida interior que se revela
sin que él lo desee, porque es un
pudoroso de su excelente interior..."
También es espléndido el discurso que
ella leyó en el nostálgico banquete de
despedida ofrecido a Alfonso Reyes,
cuando salió de París, en marzo de
1927. Hablaba de su fama de escritor, de
su prestigio diplomático. El mismo
ilustraba el título de una obra suya: era
el Cazador, con su atención a los otros.
En París dejaba una imagen muy
estimada del americano. En la
madrugada del 21 de marzo de 1927,
por un frío malsano muy húmedo,
estaba Gabriela entre los muchos
amigos que se despidieron de Alfonso
Reyes y su familia en la estación
parisiense.

Gabriela Mistral recibió el Premio
Nobel en 1945, el premio que, de cierto,
Alfonso Reyes hubiera merecido más
que ella. Porque, en verdad, la obra
literaria de Gabriela es poco
abundante: los libros de poesía ya
aludidos, a los cuales añadiera Ternura,
en 1926 y Tala, en 1938 ... Casi 4
cuartillas. Alfonso Reyes no quiso
escuchar lo que sus muchos admiradores murmuraban a su oído; que
Gabriela no era más que una ambiciosa;
que desde hacía más de 20 años estaba
preparando su elección al Nobel,
solicitando descaradamente traducciones francesas ... ya que una
traducción francesa parecía condición
imprescindible para la atribución del
Premio... Germán Arciniegas le decía
que Gabriela era una mujer mal
hablada, desabrida, denigrante. Don
Alfonso no oía nada: para él Gabriela
era un genio excepcional, y el genio
tiene todos los derechos. En verdad,
ella había sabido hacer lo que hubiera
detestado don Alfonso: halagarse,
promoverse a sí mismo, a pesar de los
muchos escritores de todos los países
que proponían su candidatura como
Jules Romains. También, entre los
franceses recompensados, el jurado de
Estocolmo repitió este contrasentido.
Paul Valéry, el más insigne poeta no
sólo de nuestro siglo, sino de largos
tiempos, pudiendo ser comparado con
el Racine de Fedra, tampoco obtuvo el
Nobel... lamentable olvido.

Casi inmediatamente, se e
Alfonso Reyes sobre las
diciendo cómo el Premio No
Gabriela lo había llenado de
por cuatro motivos: el m
latinoamericano, el motivo chil
motivo femenino, el motivo am
Concluía afectuosamente: "G
Mistral es persona de mi
predilección... En esta mujer
habiendo mucho de mujer, al
montañoso y mitológico que
podría expresar en pocas pala
Luego notaba que en el v
Gabriela se puede "descubrit
nuevo sentido de la prof
humana". Excelente texto, n
generoso. Don Alfonso esperó
algún tiempo para escribir su "H"
Gabriela Mistral", recogido luego
primer volumen de Marginalia.
exquisita cortesía, saluda esta
femenina; siempre fue don
partidario de la emancipación
mujer. Alma generosa, su pági
contiene ni un asomo de ren
ténninos escogidos, alaba a "esta
montañosa, profunda, severa, so
serena", decía Reyes que "su
artística y sencilla hacía pensar en
Teresa".
Yo conocí un poco a
Mistral en París, cuando vol ·
Estocolmo, donde acababa de r
Nobel. Yo era joven estudiante
Institut Hispanique de París, y
vino a dictar una conferencia.

hablar un poco con ella. Había
entonces todo un escándalo que cundía
en el París de las letras a su alrededor,
acababan de publicarse algunos
poemas suyos, otra vez traducidos por
la cara Matilde Pomes. Esta persona
deliciosa. muy amable, creyó complacer a la poetisa pidiéndole un
prólogo para el tomito a Paul Valéry, el
más ilustre de nuestros poetas. Matilde
era muy amiga de Valéry y de toda su
familia, pero Gabriela se encolerizó,
recusó y desautorizó ¡al mismo Paul
Valéry! Por cierto tenía ella un carácter
de los más difíciles ...
A mí me impresionó mucho con su
largo vestido de terciopelo negro, sin
más joya que su cutis de oro o los hilos
de plata que ya aparecían en su pelo...
Una mujer hierática, una diosa mística e
india ... Algo así como la Ifigenia cruel
de Reyes que hubiera alcanzado los 56
años...

2
Teresa de la Parra, la novelista
venezolana que vivió en el París de
Alfonso Reyes, merece también
nuestra atención. Porque es una de las
figuras literarias más celebradas en el
Venezuela moderno, escritora en
efecto muy interesante. Porque tuvo en
común con don Alfonso muchos amigos
Y muchas lecturas. Porque Alfonso
Reyes, con su mucha bondad y su

sentido de la amistad, parece que
intervino, con cierta discreción, para
ayudarla en las dramáticas dificultades
que conoció Teresa entre nosotros:
ella fue, quizá, la viva encamación de
su dolorosa Ifigenia cruel.
Aunque se decía nacida en
Venezuela, por patriotismo probablemente, Teresa de la Parra vino al
mundo en París, el 5 de octubre de
1889: ya poseemos su partida de
nacimiento y su fe de bautismo, en la
iglesia de la Madeleine. Nació en la
avenida de Wagram, en una de
aquellas vías inmensas que fonnan
estrella alrededor del Arco de Triunfo,
hoy Plaza Charles de Gaulle.
Teresa nació en un rico edificio,
noble y majestuoso, con abundancia de
mascarones, guirnaldas y pilares, en el
gusto de la época. Entonces, en las
primeras décadas de nuestra Tercera
República, este barrio era el más
nuevo, el más elegante de París, no
terminado todavía.
Aquí vivían actores y artistas
célebres -Gabriel Fauré, Edmond
Rostand-, gente pudiente de las finanzas y ricos extranjeros contentos de
convivir con franceses afamados, en
calles espaciosas. El prestigio de París
era tal que la familia de la Parra se había
instalado a orillas del Sena, aunque el
padre era cónsul de su país en Berlín ...
Se abría "La Belle Epoque" ... Francia
intentaba olvidar la vergüenza del

1870, y esta fructuosa reacción se
concretizaba en una fabulosa
Exposición Internacional. En el Charnp
de Mars, para coronarla, se levantó el
ciprés metálico de la Torre Eiffel. A sus
pies, se desplegaban isbas nórdicas,
pagodas, danzas javanesas y siringas
rumanas. Por primera vez, se daba 1a
vuelta al mundo en unas pocas horas.
De todos los continentes, llegaron a
visitar la Exposición hasta treinta y
cinco millones de personas, cifra
enorme para la época.
A los dos años, la pequeña Teresa
vuelve a América con sus padres. La
afición a Francia seguía siendo particularmente importante en esta familia,
la cual contaba entre sus bisabuelos al
general Soublette, un íntimo de
Miranda y Bolívar. Los recuerdo!. de
los días de París iluminaban la vida
cotidiana, en Caracas y en las
haciendas. Lo mismo que Alfonso
Reyes en su juventud regiomontana,
estudió Teresa el francés a través de las
fábulas de La Fontaine y otras páginas
de nuestros clásicos que le leían sus
padres.
El drama irrumpió temprano en la
vida de Teresa. Tiene ocho años
cuando muere su padre, el día de
Navidad. Coincidencia cruel, de
profundo alcance, y que multiplica la
herida. Para esta alma joven y sensible.
siempre se mezclará la imagen · ael
padre muerto con la del Niño en brazos
de su Madre. El cadáver del padre hace

�JÁ
s
p
o

in~reíble la tranquila felicidad de la
Alemania y Francia, en 1914, Teresa
Sagrada Familia, y de toda pareja.
actúa igualmente como aliadófila
Aquel luto pone fin, bruscamente, a la
convencida. Entrega algunos cuentos,
existencia maravillosa y soleada de los
firmados como Frú-Frú, a una de las
primeros años. Con los seis hijos, la
revistas que se publican en español en
madre se refugia en España, en el seno
París: Frú-Frú, el nombre del vals
de su familia. Hasta los diez y ocho
evocador que canturrean nuestros
años, Teresa será pensionista de un
soldados en las trincheras. Estos
Colegio del Sagrado Corazón, en la
primeros cuentos son obras densas,
región de Valencia: ambiente afectuoso
escritas impecablemente; pertenecen al
y austero; horizonte extremadamente
género fantástico. En ellas hablan y
limitado. La moral, severísima.
respiran los objetos. Me hacen pensar
A los diez y ocho años regresa a en L'enfant el les Sortileges de nuestra
Caracas, viviendo en el ambiente Colette, la obra acompañada más tarde
mundano del patriciado. Se celebra su por la música de Maurice Ravel...
belleza en las fiestas y reuniones. Pero,
en la suntuosa morada de la ciudad lo
mismo que en la hacienda familiar,
acude la joven cada día más a la
soledad, rodeándose de más libros,
españoles, ingleses, sobre todo,
franceses. No pertenece a ningún
núcleo universitario, ni conoce una
maravillosa pléyade como el
excepcional Ateneo de la Juventud en
México. Ningún Pedro Henríquez
Ureña va a guiarla en su afán de cultura
francesa. Lee las obras eminentes de
nuestro siglo XIX; a Balzac, Flaubert,
Dumas. Como todos -así Alfonso Reyes,
en la misma época-, da toda su atención
a Anatole France, cuya fama es
inmensa. Admira mucho a Romain
Rolland y a su Juan Cristóbal; y lee
también Cuestiones estéticas, el primer
libro de Alfonso Reyes.
Cuando estalla la guerra entre

En la posguerra, Teresa ya tiene 29
años. Todos, a su alrededor, hablan de
viajar a Francia, al París de la victoria.
Varias familias amigas de Teresa van y
vienen entonces entre Caracas y París.
Las jóvenes, al volver. describen
abundantemente los cambios aparecidos en la vida francesa, y especialmente la evolución de la psicología
femenina en Francia: es una verdadera
revolución moral. A lo largo de los años
de guerra, en la ausencia del padre o
del esposo, la francesa tuvo que dirigir
la casa, la tienda, los cultivos, la fábrica.
Ahora, en la paz, para guardar algo de
su independencia y de sus responsabilidades, pide más derechos, profesionales, familiares. Quiere escoger
su vida y sus amores. La mujer moderna
ya tiene sus símbolos: un cuerpo libre
del corsé, el pelo cono, los labios
pintados... Las jóvenes venezolanas,
después de vivir algunos meses en

estas costumbres francesas t
tomadas, al volver a su país
encuentran otra vez sumidas en
sociedad hermética y conserva
que casi no conoció cambios desde
siglos anteriores. Entre la Francia de
posguerra, en que las costumbres
emancipan desenfrenadamente, y
inmovilidad caraqueña, las jóvenes
hallan en un abismo doloroso. A la
de casarse, se someten, pero a d
penas. Teresa observa este
quilibrio dramático, y le nace la idea
exponerlo en una novela.
Su novela no es, pues, nin
autobiografía. Su protagonista,
Eugenia, se parece mucho con
amigas mundanas que vuelven
París: se interesa sobre todo por
casas de las modistas más célebres,
último peinado, los matices nuevos
rojo luminoso de Guerlain. Luego se
encerrada en la vieja morada
raqueña: después de sobresalt
tumultuosos y bastantes insolenc
después de un gran amor imposi
Ma. Eugenia se . deja casar,
tegrándose en la vida social, como
muriera. La novela se presen
entonces con el título un poco soso

Diario de una Señorita que se fas(
En ciertas páginas, había como
recuerdo de los primeros capítulos
nuestras escandalosa Garconne,
realidad de los capítulos más d
de esta novela que acababa de pu
Víctor Margueritte, en 1922. Ya se
hasta qué punto fue descomunal

éxito de la Gar~o,ine. Se vendieron
150 000 ejemplares en tres meses, tanto
en Francia como en el extranjero; fue
traducida casi inmediatamente a muchísimos idiomas. En realidad, el libro es
escandaloso en su segunda parte. La
primera parte es más bien una sátira
muy realista de las clases francesas que
habían logrado enriquecerse merced a
la guerra y a la fabricación de armas.
Esencialmente, los temas del renunciamiento al amor, el "peso de los
muertos", de las tradiciones familiares,
la fuerza del juicio social se hallaban
pintados con maestría en el libro de
Teresa.
Teresa llegó a Francia en 1923, para
vivir en el París elegante que había
descrito en su novela sin conocerlo.
Llevaba consigo el manuscrito de su
obra. Desde Caracas había sabido algo
de un concurso literario organizado
por una editorial franco-americana de
París. El premio consistía en la
impresión de la novela, y en cierta
notoriedad que le daba. Ella se puso en
contacto con la legación de su país. El
ministro de Venezuela era entonces
Simón Barceló, hombre de toda
confianza y muy amigo de los
escritores. Sabemos, por el Diario de
Alfonso Reyes, que fue buen amigo
suyo. El primo de Teresa, Parra Pérez,
le facilitó también el conocimiento de
algunos latinoamericanos importantes.
Primero, un compatriota, Alberto
Zérega Fombona, el mismo que
acababa de convidar a Alfonso Reyes a

que viniera de Madrid a inaugurar su y afectuosos en los varios banquetes
curso sobre historia latinoamericana que se le ofrecieron en la capital
que solía dar en un Colegio de Ciencias francesa a Alfonso Reyes.
Sociales, cerca de la Sorbona. (En esta
inauguración, Reyes leyó el texto
Un artículo de Zaldumbide era
admirable de "L'Evolution du Mexi- célebre entre estos latinoamericanos
que", en un francés elegante y de París; se titulaba "Vicisitudes del
refinado.) Luego, Teresa se hizo amiga descastamiento". En él describía los
del peruano Ventura García Calderón, esfuerzos de los latinoamericanos para
gigante jovial, verdadero jefe de fila de conciliar la cultura nacional y la que
la colonia latinoamericana en el París de vienen a buscar en Francia. En París,
1923. El brío de Ventura también no son del todo americanos. El moencantaba a don Alfonso. En 1910, su mento de la vuelta a la patria se eriza
hermano, Francisco, le había prologado casi inevitablemente de serias difisus Cuestiones estéticas, y desde 1913 cultades. Rubén Darío volvió a la patria
Reyes era un amigo predilecto de toda sólo para morir. El ecuatoriano Juan
la familia García Calderón, familia que Montalvo renunció finalmente a volver:
le parecía "organizada a la prusiana".
murió en Francia. Con su novela,
Teresa de la Parra aportaba algo nuevo
Ventura era gran amigo del ministro
sobre este tema: el ejemplo de un
de Ecuador, Gonzalo Zaldumbide, el
descastamiento puesto al femenino. La
"exquisito ecuatoriano" a quien alude
resignación de María Eugenia, al
Reyes en una de sus primeras cartas a
casarse, se parecía mucho con un
Valéry Larbaud. Realmente, era
suicidio, era verdaderamente un
Zaldumbide una de las figuras más
sacrificio a la moda antigua. Y, poco a
señaladas de la colonia latinoamericana
poco, un gran amor nació, entre la
de París. A los 33 años, este soltero
escritora de ojos de esmeralda y sonrisa
descollaba entre los diplomáticos por su
encantadora, de una belleza soberana,
hidalguía natural, sus modales reenvuelta entre sus pieles, y don
finados, su cultura, su gusto, sus finos
Gonzalo. Yo llegué a conocer, en
escritos de crítica literaria. A los íntimos,
Toulouse, poco tiempo antes de su
dejaba leer el manuscrito de su fuerte
muerte, a León Pacheco, el costanovela, publicada más tarde con el título
rricense que vivió también en el París
de Egloga trágica. El año siguiente,
de aquellos tiempos, en la gran amistad
llegó don Alfonso a París para
de Alfonso Reyes y Miguel Angel
encargarse de la legación mexicana.
Asturias. Naturalmente, hablamos
Zaldumbide fue uno de sus íntimos
mucho de don Alfonso, con extrema
amigos, quizá el mejor amigo de todos;
emoción, y de sus amigos. Y don León
el que leerá los discursos más elegantes
me dijo que aquel gran amor, naciendo

�J

s

00

.....

entre dos seres excepcionales como lo
eran Teresa y Zaldumbide, era para él
uno de los recuerdos más intensos de
aquel París. Indudablemente, Reyes
estaba al tanto. En todos estos años de
París, le t9Có ser el confidente sentimental de sus numerosos amigos. Su
sentido de la amistad, su comprensión,
su penetración psicológica lo predisponían a tales misiones. Así, Jean
Cassou le contaba sus complicados enredos matrimoniales. Así fue el primero
en saber del noviazgo de Marcelle
Auclair con el gran y terrible escritor
Jean Prévost. Mathilde Pomes le confiaba su pasión desesperada por Henri
de Montherlant. .., Vasconcelos, el fin
de su idilio con Consuelo, futura esposa
de Enrique Gómez Carrillo, luego
Condesa de Saint-Exupéry... Don
Alfonso asistió, pues, al desarrollo de
este gran amor entre Teresa y
Zaldumbide. Hubo una cena de
esponsales, conocieron algunos días
felices, antes y después. Pero Teresa,
aunque enamorada, no se decidía a
responder a la pasión de Zaldumbide.
Por algunas cartas que empiezan ahora
a· publicarse, sabemos que pidió a su
novio un amor que sería eternamente
platónico: concepción romántica, como
de moda en la época; quizá así fue el
amor que duró varios años entre
Maurice Barres y Anna de Noailles...
Tendencia de la época, probablemente
fortalecida en Teresa por el traumatismo de la niñez, por obstáculos
psicológicos nacidos entre los re-

cuerdos de la muerte de su padre,
acaecida precisamente el día en que se
celebra la santa felicidad de la pareja
con un hijo. Según el verso de Reyes,
no quería Teresa "comer el humano
pan de donde todos comen". Hubiera
podido clamar, como la Ifigenia de
Reyes:
Llévate ente las manos, cogidas con tu
ingenio, estas dos conchas huecas de
palabras: ¡No quiero!

En tanto, siguiendo el consejo de
Francis de Miomandre -otro gran amigo
de todos los protagonistas de.esta viva
tragedia-, el título de la novela había
sido modificado: el Diario de una
señorita que se fastidia, se había
transformado en lfigenia -mucho
mejor-, y posiblemente sugerido por el
drama reciente de Reyes, el cual
llamaba otra vez la atención, y con
cuánta fuerza, sobre la mítica heroína
griega, y sus múltiples interpretaciones.
Miomandre formaba parte del jurado
del Premio, se hizo el abogado de
Teresa, quien en efecto fue premiada.
Miomandre escribió el Prólogo para la
primera edición de esta nueva /Ji.genia.
En América, el escándalo que levantó la
obra fue enorme, ¡peor que el de La
Garconne! Entre las latinoamericanas
de París, obtuvo un éxito total. Las
señoras se lo quitaban de las manos.
Suponemos qúe la lectura pública
que hizo Alfonso Reyes de su /Ji.genia
cruel, en casa de Gonzalo Zaldumbide,

tuvo un doble fin. Fue una de las fi
ofrecer a sus amigos la recitación
una obra maestra, de versos i
jorables, en un estilo que represen
una auténtica novedad en la poesía
lengua española. Pero, no sólo
Para los pocos iniciados, fue tam
una llamada a Teresa, a la otra Ifi
cruel, la cual se negaba a fundar
familia, desesperando a Zaldum
para decirle que la vida ver
podía ser diferente, exorcisar
recuerdos de la infancia, en cual
sentido..., para que cesara de ene
trarse, para ayudarla a dominar
tristeza que se instalaba en ella...
lectura de lfigenia cruel se hizo el 1
diciembre de 1925, en el apartam
suntuosamente decorado de Zald
bide, Avenue Elysée-Reclus, cerca
Champ de Mars, entre colecciones
obras de arte sobre el tema del ca
• y libros preciosos. Por la ven
veía la masa enorme de la vecina
Eiffel. Para oír a don Alfonso, el
subrayaba con el movimiento
mano izquierda el ritmo de sus v
había concurrido la élite de
intelectuales y diplomáticos de
Valéry
Larbaud,
Superv'
Miomandre, Cassou, Vascon
Decía Reyes:
Otros se juntan en fáciles corros
apurando mieles del trato:
yo no, que si intento acercarme,
huyo, de mí misma asustada.

Otros prenden labios a labios
y promesas se ofrecen con los labios
gozando en conciliarse voluntades:
yo no, que amanezco cada día
al tronco de mí misma atada...

Todo en vano. La magnífica
recitación de Reyes, su amistosa y
conmovedora súplica no lograron
convencer a Teresa. Insensiblemente,
se alejó de Zaldumbide, dedicándose
por completo a la escritura de otra
novela, muy diferente, autobiográfica,
claro y diáfano relato de sus recuerdos
de infancia, Memorias de Mamá Blanca
recuerdos de antes de la muerte deÍ
padre... Con esta pura y poética novela
escrita en un estilo mucho má~
~espejado que su anterior lfi.genia, se
mtegró en el movimiento neoclásico
que
preconizaban
Reyes
y
Zaldumbide; sencillez y pureza de la
frase, para expresar más fuertemente
las emociones.
Gonzalo Y Teresa se separaron.
Ella cayó enferma, murió de tuberculosis en el Guadarrama en la
primavera de 1936. Alfonso Reyes
apunta su nombre en El Deslinde, entre
los novelistas "documentalistas de la
hiStoria" • ¡Quién sabe cuántos recuerdos Y dolorosos sobreentendidos
esconde aquella sencilla frase!

�ALFONSO REYES AL CRUCE
DE LOS CAMINOS

James Willis Robb
El hecho de que una holandesa se dirigiera en castellano a un norteamericano
respecto a un homenaje al mexicano
Alfonso Reyes (como una vez sucedió)
despierta reflexiones sobre la resonancia e interrelaciones universalistas de
este "hombre de caminos" que es
Alfonso Reyes, según la feliz expresión
de Xavier Villaurrutia.1 No sería la
primera ni la última vez que Reyes
hubiera sido agente catalítico, mensajero y mediador en la fonnación de los
enlaces interculturales.
"¡Oh X mía, minúscula en ti misma,
pero inmensa en las direcciones
cardinales que apuntas: tú fuiste un
crucero del destino. " 2 -Así expresa el
propio Reyes su vocación de mexicano
universal por excelencia. Esa X símbolo
de México que lleva marcada
in,ieleblemente en la frente o en el
corazón es al mismo tiempo una serie de
brazos tendidos en todas las
direcciones del universo.
Recordemos también lo que dijo
don Alfonso de su compatriota del siglo
XVII, el dramaturgo don Juan Ruiz de
Alarcón: "Hoy podemos decir que fue
la primera voz universal brotada entre
nosotros y que con él, por vez primera,
México toma la palabra ante el mundo,
rompiendo al fin las duras aduanas
coloniales." 3
Así en Alfonso Reyes, en nuestro
siglo XX, México toma la palabra ante y
en el mundo, al cruce de los más
alentadores caminos de la cultura

universal, abriendo los vasos comunicantes, las vías de comunicación y de
entendimiento.
Villaurrutia señaló en la obra de
Reyes dos grandes caminos plurales:
"Los caminos de Europa" (primero, el
de España; luego, los de Francia e
Inglaterra; los de Italia, Alemania; el de
Grecia, que a veces lleva a Inglaterra,
Francia o Alemania, si no a México o a la
Argentina) (V. "La estrategia del
'gaucho' Aquiles"); y "El camino de
América" (primero, el de México: "la
tarea de encontrar el carácter, el alma
nacional"; luego, el de los grandes
espíritus como Bello, Cuervo, Bolívar,
Martí, Darío). Y podremos verlos como
dos grandes redes de caminos, que se
dan la mano o se bifurcan, corren
paralelamente o se entrecruzan, y de
todos modos siempre llevan a nuevas
perspectivas y horizontes. Podremos
seguir éstos y otros caminos laterales a
través de toda su vasta obra a la vez tan
diversa y tan sinfónicamente armónica,
llegando al fin del viaje siempre
ricamente premiados con la multiplicación de nuestra experiencia
intelectual y estética. El barco en que
nos embarcamos para este viaje ''por
mares interiores" o por el gran océano
de los descubridores por ahora es el
ensayo -el ensayo literario de infinitos
colores y matices, de infinitas direcciones e itinerarios, que milagrosamente fusiona la erudición y la poesía, la
inteligente penetración y la ligerez.a del
ameno juego.•

Por el momento sigamos al
someramente algunos de estos
dentro de dos etapas de la acti
literaria de Alfonso Reyes.
París, Madrid, Río y Buenos
fueron puntos focales de su gran
de misionero de la cultura. Río
Janeiro (donde pasa varios
1930 a 1936 y 1938-39) resulta
crucero del destino muy especial
él; así como Buenos Aires (19
1936-37). Allí se encuentra al
espiritual de dos ejes geográficos
universo: "Norte y Sur" (M
Sudamérica) y Este-Oeste (E
América). Desde Río y Buenos
redacta su genial correo lite
personal, MonJerrey, compartido
amigos en todos los puntos
·
del mundo. MonJerrey, bauti
el nombre de su ciudad me
nativa, es un mirador para con
las interrelaciones culturales e
americanas. Allí se cristaliz.a e int
esa preocupación tan suya
relacionar todo lo americano
europeo y viceversa, ver uno si
la luz del otro. Así, en MonJerr
breves ensayos medulares que
cada uno una figura europea en ~
de su relación con América: "G
América",5 "Saint-Simon y Am
"Rousseau el Aduanero y M
"Paul Morand en Río",6 "Vi
América", "Góngora en la Nueva
ña"; acompañados de otros de
parecido, escritos en diversas
nes: "Góngora y América", "
briand en América", "José

Moreno Villa en México", "Garibaldi y
América", "GaribaldiyCuba", "ValleInclán y América", "Los ojos de
Europa", "América vista desde
Europa".7

precisamente un viaje o excursión no
por el camino o la carretera central, sino
cortando a través del campo evitando
los caminos trillados. Aquí veremos que
cinco de los ocho ensayos nos llevarán
por variaciones del camino EuropaAmérica, sin hablar de algunas
excursiones laterales.

Véase, como un solo ejemplo entre
muchos, ese ensayito ''Paul Morand en
Río", tan típico de su técnica de enfoque
"estereoscópico", en que la rica
El primer ensayo de este grupo,
perspectiva total se logra a través de "Hrotsvitha", nos presenta la monjauna serie de dobles perspectivas: aquí comediógrafa-poetisa sajona del siglo
la ciudad brasileña de Río de Janeiro se X, contraparte o alma gemela de la
ve simultáneamente por los ojos de dos genial monja-poetisa mexicana, Sor
extranjeros, un europeo (el francés Juana Inés de la Cruz, estrella del
Morand) y un americano (el mexicano mundo barroco colonial hispanoReyes). Dos visiones nocturnas -del americano:
"Mangue" y de una macumba en
Niterói- revelan dos aspectos fundaAcá para nosotros, ¿cómo no hemos de
recordar, ante este ejemplo de la monja
mentales -lo manifiesto y lo escondidocon letras, a Sor Juana Inés de la Cruz?
de un Río múltiplemente "doble": el Río
Los prefacios mismos, sazonados de
"blanco" y el Río "negro", un Río de
cierta
mística coquetería, en que habla
vicio y de virtud, de día y de noche, un
de
su
vocación y sus propósitos, y se
mundo natural y un mundo
presenta
ante sus protectores
sobrenatural, de Africa pagana y
"inclinada como una espiga", pero
Europa cristiana. Es casi increíble que
segura de los dones que la Providencia
se pueda sugerir tantas perspectivas
le ha concedido y satisfecha de sus
dentro de la forma tan concentrada de
esfuerzos estudiosos (' 'pues soy
estas cápsulas del breve ensayo.
criatura capaz de instrucción") nos
hacen pensar en la poetisa mexicana.
Pensemos ahora en otra etapa
Por lo demás, dos mundos, dos
interesante de la actividad literaria de
planetas distintos.
Alfonso Reyes, la que podremos llamar
de la "Capilla Alfonsina", de sus últimos Aquí seguimos el camino Europaveinte años tan fecundos pasados en México, a siete siglos de distancia. La
México, y específicamente en el misma ojeada a Hrotsvitha nos lleva por
pequeño libro A campo traviesa,ª otros caminos laterales -el de Sajonia a
compuesto de ocho ensayitos escritos Grecia ("H... ha sido llamada la Safo
en los siete años finales de 1952-1959. cristiana... '') y el casi circular de SajoniaEste título encantador sugiere Ital ia-Holanda, pues

Tal es el teatro de la monja Hrotsvitha,
que recuerda la pintura de Cimabue o
los grabados de Lucas de Leyden:
única manifestación de la escena
europea en el milenio que va desde
Séneca hasta las primeras representaciones cristianas.
El segundo ensayo de esta colección,
"Fábula de los lectores reales", nos
hace entrar en el mundo del
Renacimiento francés en tomo a los
esfuerzos humanísticos del rey
Francisco I que creó la institución de los
"lectores reales", antecesora del
College de France, alta casa de estudios
hoy existente. Este camino de Francia
nos conduce también de Francia a
México, pues resulta que dicho College
de France fue •'más o menos'', dice don
Alfonso, el modelo del Colegio
Nacional, ilustre instituto humanístico
mexicano creado formalmente en 1945:
co-fundadores, Antonio Caso y Alfonso
Reyes. Como en el ensayo anterior,
seguimos con don Alfonso el camino del
humanismo universal a través de los
siglos y de los países. Aquí también
pasamos a España por un pequeño
desvío lateral: "hay que recordar, para
ser justos, que el rey Francisco I,
prisionero en España, había podido
observar de cerca la admirable
Universidad de Alcalá, obra del
Cardenal Cisneros".
En "Sergas de la reina platónica"
proseguimos por los caminos del
humanismo universal, otra vez en el
ambiente renacentista francés, con la

�reina Margarita de Navarra, "la 'única
Minerva de Francia"', apodo que de
soslayo podrá traemos otro recuerdo
de Sor Juana, la "Décima Musa"
mexicana. Esta vez resaltan las
vinculaciones con el Renacimiento
italiano -Boccaccio, Castiglione,
Petrarca- y hasta la Grecia antigua en el
pensamiento platónico. Este camino del
Renacimiento francés es a la vez el
camino Francia-Italia-Grecia hacia las
raíces clásicas de la cultura occidental.
El próximo ensayo, "La vestimenta
romántica de la historia", nos pasea por
los caminos de la historia en la época
romántica del siglo XIX, a través del
arte historiográfico de Chateaubriand,
Scott, Thierry, Carlyle. Aquí nos
concentramos en Francia e Inglaterra,
pero con Chateaubriand volvemos al
pasado de Grecia, Roma, Palestina,
Africa del Norte, España, Alemania,
etc., y con los cuatro historiadores nos
ahondamos en el sentido de la historia,
de pasado y presente, recordando otros
ensayos alfonsinos sobre el tema (e.g.
"Mi idea sobre la historia", Marginalia,
II).

El título aparentemente jocoso,
"Hablemos de caballos", abre la puerta
a iluminadoras perspectivas al llevamos
por senderos del mito y de la historia,
por el Camino Real de Europa a
América, hasta la conquista de México
por Cortés, examinando el sentido
mágico del caballo para el europeo y
para el indígena americano:

Más allá del jeroglifo de sangre, por
sobre el túmulo de las crueldades y las
luchas, se dejan adivinar unos
símbolos, unas fuerzas espirituales
que de algún modo contribuyen a la
Conquista y la explican en algún modo:
el Héroe, la Mujer, el Cometa, el
Caballo. Por lo pronto, el Caballo
representa ese elemento de exotismo y
superioridad armamental que los
españoles exhibían ante los ojos
deslumbrados de los indígenas, objeto
de magia y veneración, superstición del
centauro junto a la cual el arcabuz viene
a ser la superstición del fuego y del
rayo.

Jocoseriamente se puede decir que
"América es la más noble conquista que
el caballo haya hecho jamás". En el
recuerdo personal de don Alfonso se
aviva el hecho de que la unidad
centáurica de caballo y hombre ha
seguido siendo en México hasta hoy o
hasta ayer un mito de plena vigencia
vital:
Mis mayores, al evocar sus recuerdos,
no hablaban sólo de hombres, sino
también de caballos, como si dieran por
muy sabido y natural que a los caballos
mexicanos les tocaba parte
sobresaliente en la responsabilidad del
combate. Así, en mi mente infantil, el
caballo y el hombre se me viIJieron
fundiendo en uno como centauro
histórico.

Finalmente, al ponerse a narrar una
anécdota del caballo "el Morcillo" de
Cortés, una rápida evocación de los
famosos caballos de grandes figuras del

pasado histórico-literario -Alejan
Calígula, Atila, el Cid y Don Quijoteecha por caminos de la historia
tradición universal.
Otra vez tomamos el cam·
Europa-América, o en sentido inv
América-Europa (en la forma Méxi
Grecia y Roma) en el prototí
ensayo alfonsino "Moctezuma y
'Eneida mexicana'", que desa.rrolla
curioso paralelismo entre Mocte
(influido por el augurio del cometa)
se entrega a Cortés y el rey latino de
Eneida (influido también por orácul
augurios) que se entrega a los troy
Nos acuden a la memoria las frecu
evocaciones americanas y paralelis
reveladores entre lo mexicano o
americano y lo europeo en los estu
helénicos de Alfonso Reyes (e.g.
crítica en la edad ateniense, La anti
retórica: en Obras completas, XII
específicamente su sorprendente
frontación entre Aquiles y el ga
argentino ("La estrategia del 'gau
Aquiles", Junta de sombras). En
presente ensayo, se suscitan refl •
nes sobre los efectos en la historia
contacto entre el mundo indí
mexicano y el mundo europeo anti
y moderno:
La raza indígena asombra un ins

al mundo y desaparece. Su
epopeya, como un río subterr
corre bajo los siglos de la domin
española, fertiliza sordamente
acarreos de la nueva sangre ibéri
reaparece en nuestros días, d

nuestra política contemporánea un
sello inconfundible: la incorporación del
indio a los plenos beneficios de la vida
civilizada es nuestra más alta
incumbencia nacional.

"Un enigma de la Lozana andaluza"
nos lleva por caminos de la literatura
española, donde ésta en la novela de
Francisco Delicado se asoma a la Roma
subpopular del primer tercio del siglo
XVI. Este paseo por el camino principal
de España-Italia se acompaña de una
serie de breves excursiones laterales:
al mundo pagano antiguo (GrcciaRoma); España-Hispanoamérica (con el
Tirano Banderas de Valle-Inclán);
Chile-Argentina (una graciosa anécdota); y el doble mundo germániconorteamericano,
operístico-cinematográfico, por el siguiente paralelismo que caracteriza la técnica
novelística, tan originalísima para su
tiempo, de la Lozana andaluza: "Para
representarse la acción de la Lozana,
habría que acudir al recurso del
wagneriano Parsifal: el telón de fondo
en marcha constante. (Creo que los
aficionados llaman 'el Cine' a este pasaje
de la ópera.)"
En "Alejandro de Humboldt (17691859)'' Reyes personifica en la figura de
Humboldt toda una serie de
cntccruzamientos de los caminos de
Europa y América. Este ensayo en
cierto modo es una extensión del ya
aludido "Goethe y América", ya que los
hermanos Humboldt son eslabones
entre el amplio mundo humanístico

goetheano y el plural mundo hispánico,
es decir por un lado España (Guillermo)
y por otro lado Hispanoamérica
(Alejandro): "Si, como se ha dicho,
Goethe ha viajado por España en la
persona de Guillermo de Humboldt,
digamos que también viajó por América
en la persona de Alejandro."
Una vez trazada la línea Goethe-los
Humboldt, se nos presenta la doble
alternativa de los caminos GoetheHumboldt-España (Alemania-España) y
Goethe-Humboldt-Hispanoamérica y
Norteamérica (Alemania-América),
optándose por este último que resulta
ser a su vez un camino de múltiples
proyecciones laterales y verticales.
Hay una triple proyección vertical en la
dimensión histórico-legendaria: hacia
Ulises ("Pero pronto [Alejandro] se
sintió atraído por el mar, tentación
constante de los hijos de Ulises"); hacia
Cristóbal Colón (su madre "se
apellidaba Colomb, pintoresca
coincidencia en quien había de
concebir a este nuevo descubridor de
América"); y hacia Cortés ("Alejandro
contemplaba la que no pudo menos de
llamar 'Ciudad de los Palacios', con
arrobamiento semejante al de los
Conquistadores cuando por primera
vez se asomaron al valle de Anáhuac y a
la Ciudad de Tenochtitlán"). Se señalan
puntos de contacto lateral con sus
contemporáneos europeos (Cook,
Bougainville, La Condamine, Buffon,
Rousseau ...) y americanos (Franklin,
Jefferson, Bolívar; Carlos del Pino, el

"Humboldt indígena"; y "la Güera
Rodríguez" de México).
Así, por la poliprismática visión de
Alfonso Reyes, siguiendo uno solo
siquiera de estos caminos, se multiplican
maravillosamente las perspectivas y las
interrelaciones significativas. Volvamos
un momento al principio de este ensayo,
por ejemplo, para ver la riqueza y
sutileza de perspectivas con que sitúa a
los Humboldt con relación al mundo de
Weimar, captando todo el sentido de
poesía, de símbolo, de magia y de mito
latente en la historia:
Una que otra vez la historia se
complace en crear combinaciones
estéticas que parecen imaginadas por
la poesía. Las personas y los hechos
-encarnación del drama humano- se
acercan entonces y organizan como las
figuras de un gracioso "ballet". Fue
aquélla la hora de los Dióscuros, de los
Dioses Gemelos. Aún no se
desvanecía en el cielo de Weimar la
constelación de Goethe y Schiller, y ya
asomaban los dos Schlegel, vanguardia
del romanticismo alemán; y muy luego
-en tanto que aparecían Jacobo y
Guillermo Grimm,... -la pareja de los
hermanos Humboldt: Carlos Guillermo,
el estadista y filólogo, ... y Alejandro, el
gran demiurgo de la ciencia y del
humanismo cuyo recuerdo revive ahora
con el centenario de su muerte. El
Barón de Humboldt comienza pues su
''viaje terrestre'' como al amparo de un
mito adornado con los encantos
artísticos de un poema. Es mucha la
tentación de imaginar que un mismo
numen, desde la frente del poeta del

�VISION DE ANAHUAC: EL CREDO

MEXICANO DE ALFONSO REYES

Helia María Corral
artísticos de un poema. Es mucha la
tentación de imaginar que un mismo
numen, desde la frente del poeta del
"Fausto" y repartido en efluvios y
emanaciones, se desplegaba en
estrellas dobles para mejor abarcar la
imagen del mundo.
O bien empecemos solamente a
contemplar la infinidad de horizontes
que se abre ante nosotros al enfocar
Reyes sobre América la sombra de
Goethe y el mito fáustico reencarnados
en Alejandro de Humboldt, punto de
enlace entonces con el gran ensayo
alfonsino "El presagio de América" (en

Ultima Tule: Obras completas, XI):
él mismo-propia proyección de
Goethe hacia nuestra América- nos
aparece, de pronto a manera de un
"Wilhelm Meister" (ese "otro
Fausto"), cuando de pie en la proa del
barco que lo trae hasta nuestras playas
cruza los brazos y, lleno de confianza
en América, contempla los horizontes
que se van abriendo ante sus ojos y ve
ascender esa promisoria Cruz del Sur,
adivinada por los poetas y filósofos de
la Antigüedad y la Edad Media y
presentida en los sueños teologales de
Dante, y que cintila en los versos de
Ercilla y de nuestro Balbuena, tras de
ofrecerse, como en el soneto de "Los
trofeos", al asombro de los
· Descubridores.
y

~

Sólo un Alfonso Reyes, humanista
supercompleto a la manera renacentista
y goetheana, "filósofo a la manera del
griego" como Humboldt, artista-mago
de la palabra que sabe misteriosamente

combinar sabiduria y poesía en óptimas
dosis mínimas de prosa, sólo este
Alfonso Reyes puede así conducirnos
tan lúcida y luminosamente por los
múltiples caminos de la cult4.ra
universal.

4

Notas

5. Recogido en GraJa e ~ (Obro., e:~••

l

Reyes, "Alarcón",lasbw-laswras,l,M ·
TC2Inle, 1957, p. 88.
Tampoco desdeñamos (sólo lo dejamos
otras exrursiooes) el otro vehfaJJo de los v

deA!fomo Reyes (V. Constancia poética, O
completas, X), o el de la namitiva, por e_ientllo.
XII).

l.

2

Xavier VillauIIUtia, "Un hombre de caminos",
Tatos y ¡,relatos, México: La Casa de España
en México, 1940, pp. 61-71; yenPágúwsobre
Alfonso Reyes, I, Monterrey: Universidad de
Nuevolfái, 1955,pp. 68-74.

6.

Recogidos en A lópiz(Obrascompletas, VIII).

7.

Recogidos, respectivamente, en O
completas, VII; RetraJos realese imt:igi1111T•
(OC, III); Margill'lba, l, Méxioo: Tezatle, 19
Norte y Sir (OC, IX - dos ensayos); Simpatltu
diferencias (OC, IV); A lápiz; M~imlia. L

Alfonso Reyes, "Valle-Inclán a México",
Simpatías y diferemas, en Obras complelas, IV,
México: Fondo de QiJtura Ecooómia, 1956, p.
279; y en la X en la frenJe, México: Porrúa y
Obregát, 1952, p. 13.
.

8.

Reyes, A rampo traviuz, México: B Caro de
Silla, 19ffi.

"Mi c,Jerido amigo: Realí su maravillosa evoca:ión
de México del 1519. Me encanta esta visión
aeadaa, eSla histooa vivida oon toda la sensili.lidad.
8 estilo, por su aepiscular me1ax:aía, respoooe a la
civili7.aciái y medio~ ••l

Con estas palabras responde José
Maria Chacón y Calvo respecto a Visión
de Anáhuac, ensayo escrito en 1915 por
don Alfonso Reyes y publicado en 1917
en El Convivio de Costa Rica. Y
efectivamente, esta evocación creadora
de México es el armazón que sostiene
toda su amplia trayectoria. Además, no
es difícil suponer que Reyes haya sido
impulsado a escribir este ensayo por un
sentimiento de melancolía.

Visión de Anáhuac, visión creadora,
pudo muy bien ser el título de este
trabajo pero, como ustedes saben, esta
autora considera que el humorismo de
Reyes es un elemento primordial de su
estilo y una clave hacia la comprensión
de su obra, de manera que se tratará de
mostrar cómo funciona y cómo contribuye a los propósitos literarios de su
autor este elemento de su prosa.

inclusive los aspectos a veces terribles
de la historia de México son
presentados en una forma positiva y discreta. Porque ¡qué esperanzas que
Reyes discutiera el aspecto de la
destructividad del mexicano o los
aspectos adversos de la realidad y de la
historia de su pueblo! De manera que la
Visión de Anáhuac representa la
enorme capacidad creadora de su autor
y las posibilidades que lega a su México
de la posteridad.
Casi milagrosamente, a sólo cinco
años de distancia del estallido
revolucionario, don Alfonso logra que
el amor y el buen humor prevalezcan
en este ensayo, el cual, puede decirse,
nace del dolor de su autor. Pero no es el
dolor lo que a él le interesa explorar. Es
el futuro de México a través del
conocimiento de su pasado y de su
belleza inalterable lo que hay que crear
y proponer.

de respuestas bellas, su buen humor lo
lleva a crear, no sólo la estructura hasta
cierto punto sorpresiva y desde luego
sorprendente de este ensayo, sino los
elementos mismos que parecen, a
primera vista, algo desconectados con
lo que el lector esperaría de una
descripción histórica tradicional del
Valle de México. ¿Qué hace Giovanni
Battista Ramusio en esta historia? ¿Qué
tiene que ver un italiano con todo esto?:
ni mucho, ni poco. Veamos lo que nos
dice el autor: Giovanni Battista Rarnusio
publica su peregrina recopilación Del/e
Navigationi et Viaggi, y está ilustrada
con profusión y encanto. (p. 13)
De ahí se procede a hablar de las
ilustraciones, y en vez de discutir la
historia directamente, se nos habla de la
forma en que las estampas candorosas
representan los descubrimientos. El
adjetivo mismo también implica que
están llenas de cierta inocencia en
cuanto se refiere a la percepción
europea de las tierras descubiertas.
Europa era, con respecto a aquello que
estaba por descubrirse, inocente e
inexperta. Si no creemos, baste con
recordar la forma en que los habitantes
del nuevo mundo fueron percibidos
por los europeos. No como hombres
verdaderos: el indio parecía, o modelo
de perfección o lo opuesto.

"Viajero: has llegado a la rgión más
transparente del aire" su cita inicial,
parece ser conocida por la mayoría de
Don Alfonso, desde Madrid, dirige los mexicanos. Ha sido mi experiencia
los ojos de su imaginación y de sus casi invariable, que al mencionar el
lecturas hacia México y sus orígenes y nombre de Alfonso Reyes la respuesta
busca, con un profundo amor, las sea: "Ah, sí, es el escritor que dijo que
respuestas a la realidad y la creatividad México era la región más transparente
de los mexicanos a través del tiempo y del aire." (p. 13) En estos tiempos, sin
del espacio. Se trata, pues, de embargo, parece repetirse esta frase
desplegar, hasta donde sea posible, el con cierta nostalgia. Pero don Alfonso
El ensayo prosigue describiendo las
proceso creador del autor. Explicar nos dio mucho más en Visión de
estampas del Rarnusio: "En sus estampas
cómo, esta visión creadora se lleva a Anáhuac.
finas
y candorosas, según la elegancia
cabo a través del amor y del buen
del
tiempo,
se aprecia la progresiva
hwnor de su creador. Señalar cómo,
Expositor de bcllei.a, perseguidor
conquista de los lilorales; barcos

�VISION DE ANAHUAC: EL CREDO

MEXICANO DE ALFONSO REYES

HeliaMaría Corral
diminutos se deslizan por una raya que
cruza el mar... " Todo este párrafo,
incluyendo la mención de un Eolo
mofletudo, representa una forma
humorística e indirecta de exponer la
realidad del descubrimiento y el
impacto que tuvo en Europa. Pero el
párrafo termina con un comentario no
sólo de cierto humorismo, sino también
que revela la intención central de su
autor, o sea la de explorar la posibilidad
de que México sea recreado, vuelto a
crear, por los mexicanos.
Y esto, desde luego, por el uso del
poder de la imaginación: "una
imaginación como la de Stevenson,
capaz de soñar 'La Isla del Tesoro' ante
una cartografía infantil, hubiera
tramado, sobre las estampas del
Ramusio, mil y un regocijos para
nuestros días nublados" (p. 13) nos dice
el autor sugiriendo la importancia que
tiene el recreo cuando se está triste, o
sea el poder creativo del ocio. Pero el
hecho de que se mencione una
imaginación como la de Stevenson
también sugiere que este poder no·
tiene fronteras y que se puede dar en
cualquier país y en cualquier momento
histórico.

~

que le son familiares, que se aproximan
a la nueva realidad:
.. .la biznaga parece un tímido puerco
espín: el maguey que se abre lanzando
a los aires su plumero; los órganos
paralelos que señalan los lindes de los
terrenos; el nopal semejante a un
candelabro. (p. 15)

A todas estas imágenes se agrega

una más amplia, recordándonos que
cuando menos una de ellas está
presente en el escudo nacional con
estas palabras: ''flora emblemática, y
todo concebido como para blasonar un
escudo". (p. 15) O sea, que se ha
sugerido indirectamente que los
mexicanos ya han aprovechado, en esta
forma, su realidad inmediata como
fuente de inspiración.

este proceso de desecación ha s·
verdaderamente creador y aún
cuando su autor le contrapone la ~
"irrumpe el espanto social". ¡
solamente estas tres palabras se
para describir y no para discutir la s
de horrores de la Revoluci
Mexicana!
Esta breve frase de enorme
semántica, se abandona inmediatam
volviendo a la meta principal
ensayo: crear y recrear. Así, Re
explora una nueva posibilidad
preguntarse qué tiene en común
meseta americana con la llan
castellana, en
qué
procediendo, a través de am
paisajes, a explorar su impacto en
intelecto humano:
"Castilla sugiere
ascéticos; México, pensamien
fáciles y sobrios, lo que uno gana en
trágico, la otra en plástica rotunda."
15)

La flora de Anáhuac es de tierra

desértica, señala el autor y prosigue a
mencionar el efecto que ha tenido la
mano del hombre sobre esa tierra,
dedicando todo un párrafo al proceso
de desecación de los lagos que se llevó
a cabo desde 1449 hasta principios del
siglo XX. Después de una cápsula
histórica, el párrafo se cierra con la
frase: "Cuando los creadores del
desierto acaban su obra, irrumpe el
Del impacto de los descubrimientos ·
espanto social".
· en Europa, el autor pasa a la realidad
americana, a la flora del trópico y sobre
Esta frase enigmática expresa una
todo al paisaje del Valle de Anáhuac, idea, hasta cierto punto inesperada, a
proporcionando imágenes que le son través de la delicadeza de su autor que
más familiares al lector mexicano, pero apenas deja ver su ironía. Pero el lector
no al europeo. Para ayudar al último en cuidadoso tendrá que preguntarse si
su visualización, proporciona imágenes

Y así, el autor ha rescata
nuevamente las posibilidades cread
del mexicano, ya que le perten
ambas realidades, pero más
americana como implica el autor
referirse al impacto que tuvo
realidad en Fray Manuel de Nav
quien al referirse a la meseta dice
hay en ella "una luz resplandeci
que hace brillar la cara de los cielos".

16)
Esta metáfora, poderosa por
inversión del orden físico, cond

''Mi cperido amigo: Recilí su maravillosa evoca:ión
de México del 1519. Me encanta esta visión
awaa, es1a historia vivida oon toda la semibilidad.
a ellilo, por su crepiscular me1ancdía, ~ a l a
civiliz.aciál y medio evocados.''1

Con estas palabras responde José
María Chacón y Calvo respecto a Visión
de Anáhuac, ensayo escrito en 1915 por
don Alfonso Reyes y publicado en 1917
en El Convivio de Costa Rica. Y
efectivamente, esta evocación creadora
de México es el armazón que sostiene
toda su amplia trayectoria. Además, no
es difícil suponer que Reyes haya sido
impulsado a escribir este ensayo por un
sentimiento de melancolía.

Visión de Anáhuac, visión creadora,
pudo muy bien ser el título de este
trabajo pero, como ustedes saben, esta
autora considera que el humorismo de
Reyes es un elemento primordial de su
estilo y una clave hacia la comprensión
de su obra, de manera que se tratará de
mostrar cómo funciona y cómo contribuye a los propósitos literarios de su
autor este elemento de su prosa.
Don Alfonso, desde Madrid, dirige
los ojos de su imaginación y de sus
lecturas hacia México y sus orígenes y
busca, con un profundo amor, las
respuestas a la realidad y la creatividad
de los mexicanos a través del tiempo y
del espacio. Se trata, pues, de
desplegar, hasta donde sea posible, el
Proceso creador del autor. Explicar
cómo, esta visión creadora se lleva a
cabo a través del amor y del buen
hwnor de su creador. Señalar cómo,

inclusive los aspectos a veces terribles
de la historia de México son
presentados en una forma positiva y discreta. Porque ¡qué esperanzas que
Reyes discutiera el aspecto de la
destructividad del mexicano o los
aspectos adversos de la realidad y de la
historia de su pueblo! De manera que la
Visión de Anáhuac representa la
enorme capacidad creadora de su autor
y las posibilidades que lega a su México
de la posteridad.
Casi milagrosamente, a sólo cinco
años de distancia del estallido
revolucionario, don Alfonso logra que
el amor y el buen humor prevalezcan
en este ensayo, el cual, puede decirse,
nace del dolor de su autor. Pero no es el
dolor lo que a él le interesa explorar. Es
el futuro de México a través del
conocimiento de su pasado y de su
belleza inalterable lo que hay que crear
y proponer.
"Viajero: has llegado a la rgión más
transparente del aire" su cita inicial,
parece ser conocida por la mayoría de
los mexicanos. Ha sido mi experiencia
casi invariable, que al mencionar el
nombre de Alfonso Reyes la respuesta
sea: '' Ah, sí, es el escritor que dijo que
México era la región más transparente
del aire." (p. 13) En estos tiempos, sin
embargo, parece repetirse esta frase
con cierta nostalgia. Pero don Alfonso
nos dio mucho más en Visión de
Anáhuac.
Expositor de belleza, perseguidor

de respuestas bellas, su buen humor lo
lleva a crear, no sólo la estructura hasta
cierto punto sorpresiva y desde luego
sorpre~dente de este ensayo, sino los
elementos mismos que parecen, a
primera vista, algo desconectados con
lo que el lector esperaría de una
descripción histórica tradicional del
Valle de México. ¿Qué hace Giovanni
Battista Ramusio en esta historia? ¿Qué
tiene que ver un italiano con todo esto?:
ni mucho, ni poco. Veamos lo que nos
dice el autor: Giovanni Battista Ramusio
publica su peregrina recopilación Delle
Navigationi et Viaggi, y está ilustrada
con profusión y encanto. (p. 13)
De ahí se procede a hablar de las
ilustraciones, y en vez de discutir la
historia directamente, se nos habla de la
forma en que las estampas candorosas
representan los descubrimientos. El
adjetivo mismo también implica que
están llenas de cierta inocencia en
cuanto se refiere a la percepción
europea de las tierras descubiertas.
Europa era, con respecto a aquello que
estaba por descubrirse, inocente e
inexperta. Si no creemos, baste con
recordar la forma en que los habitantes
del nuevo mundo fueron percibidos
por los europeos. No como hombres
verdaderos: el indio parecía, o modelo
de perfección o lo opuesto.
El ensayo prosigue describiendo las
estampas del Ramusio: ''En sus estampas
finas y candorosas, según la elegancia
del tiempo, se aprecia la progresiva
conquista de los litorales; barcos

�diminutos se deslizan por una raya que
cruza el mar..." Todo este párrafo,
incluyendo la mención de un Eolo
mofletudo, representa una forma
humorística e indirecta de exponer la
realidad del descubrimiento y el
impacto que tuvo en Europa. Pero el
párrafo termina con un comentario no
sólo de cierto humorismo, sino también
que revela la intención central de su
autor, o sea la de explorar la posibilidad
de que México sea recreado, vuelto a
crear, por los mexicanos.
Y esto, desde luego, por el uso del
poder de la imaginación: ' 'una
imaginación como la de Stevenson,
capaz de soñar 'La Isla del Tesoro' ante
una cartografía infantil, hubiera
tramado, sobre las estampas del
Ramusio, mil y un regocijos para
nuestros días nublados" (p. 13) nos dice
el autor sugiriendo la importancia que
tiene el recreo cuando se está triste, o
sea el poder creativo del ocio. Pero el
hecho de que se mencione una
imaginación como la de Stevenson
también sugiere que este poder no
tiene fronteras y que se puede dar en
cualquier país y en cualquier momento
histórico.

que le son familiares, que se aproximan
a la nueva realidad:
.. .la biznaga parece un tímido puerco
espín: el maguey que se abre lanzando
a los aires su plumero; los órganos
paralelos que señalan los lindes de los
terrenos; el nopal semejante a un
candelabro. (p. 15)

A todas estas imágenes se agrega
una más amplia, recordándonos que
cuando menos una de ellas está
presente en el escudo nacional con
estas palabras: ' 'flora emblemática, y
todo concebido como para blasonar un
escudo". (p. 15) O sea, que se ha
sugerido indirectamente que los
mexicanos ya han aprovechado, en esta
forma, su realidad inmediata como
fuente de inspiración.

La flora de Anáhuac es de tierra
desértica, señala el autor y prosigue a
mencionar el efecto que ha tenido la
mano del hombre sobre esa tierra,
dedicando todo un párrafo al proceso
de desecación de los lagos que se llevó
a cabo desde 1449 hasta principios del
siglo XX. Después de una cápsula
histórica, el párrafo se cierra con la
frase: " Cuando los creadores del
desierto acaban su obra, irrumpe el
Del impacto de los descubrimientos •
espanto social".
en Europa, el autor pasa a la realidad
americana, a la flora del trópico y sobre
Esta frase enigmática expresa una
todo al paisaje del Valle de Anáhuac, idea, hasta cierto punto inesperada, a
proporcionando imágenes que le son través de la delicadeza de su autor que
más familiares al lector mexicano, pero apenas deja ver su ironía. Pero el lector
no al europeo. Para ayudar al último en cuidadoso tendrá que preguntarse si
~ su visualización, proporciona imágenes

este proceso de desecación ha si
verdaderamente creador y aún
cuando su autor le contrapone la f
"irrumpe el espanto social". ¡
solamente estas tres palabras se
para describir y no para discutir la s
de horrores de la Revoluci
Mexicana!
Esta breve frase de enorme
semántica, se abandona inmediatam
volviendo a la meta principal
ensayo: crear y recrear. Así, Re
explora una nueva posibilidad
preguntarse qué tiene en común
meseta americana con la llan
castellana, en qué
procediendo, a través de am
paisajes, a explorar su impacto en
intelecto humano:
"Castilla sugiere
ascéticos; México, pensamien
fáciles y sobrios, lo que uno gana en
trágico, la otra en plástica rotunda."
15)

Y así, el autor ha rescata

mencionar al barón von Humboldt
quien "notaba la extraña reverberación
de los rayos solares en la masa
montañosa de la altiplanicie central
donde el aire se purifica". (p. 16) De la
impresión de von Humboldt, la
imaginación del autor evoca un pasado
más lejano, el de la fundación de la Gran
Tenochtitlán representada por la
fuer7.a de las bellas imágenes del nopal
y del águila y la serpiente que cautivó a
los mexicanos.
La estampa precolombina se amplía
cuando el autor menciona que es esta
" una civilización de Cíclopes" (p. 17) de
donde puede implicarse que halla su
paralelo en las narraciones de la
prehistoria clásica. Estos habitantes
ciclópeos representan una etapa
histórica que ha estado presente en
todas las civilizaciones del mundo. El
autor ha sintetizado y universalizado
este momento de la historia de México
para que se compartan los pasos
inciertos del hombre americano con los
de todos los hombres.

nuevamente las posibilidades cread
del mexicano, ya que le perten
ambas realidades, pero más
americana como implica el autor
referirse al impacto que tuvo
realidad en Fray Manuel de Nav
quien al referirse a la meseta dice
hay en ella "una luz resplandeci
que hace brillar la cara de los cielos".
16)

Esta técnica de atomización de
Reyes se repite en su descripción de los
conquis-tadores la cual se reduce a las
palabras ''polvo, sudor y hierro'' (p. 17)
que conducen al lector a apreciar sus
cualidades más sobresalientes: el
empuje, la fuerza y la tecnología. Y es
precisamente esta última de la que
carecen los habitantes originales del
mundo recién descubierto.

Esta metáfora, poderosa por
inversión del orden físico, conduce

Se vuelve al paisaje, o sea la fuente

de inspiración, refiriéndose a las
montañas que rodean este valle con una
imagen humorística: "espacioso circo de
montañas'', montañas majestuosas que a
Reyes se le ocurren carpas para
recrearse. Y siguiendo una técnica
teatral, después de una creación visual
del escenario, proporciona una
introducción, por medio de una imagen
sinestésica al referirse a la probable
percepc1on
auditiva
que
experimentaron los conquistadores al
escuchar los ruidos "del tambor y la
chirimía, acompañados seguramente, de
algún rito sangriento". (p. 17)
La fuerza que la creación poética o
de ficción tiene a veces sobre la
realidad
está
poderosamente
representada por una cita de Berna!
Díaz del Castillo que tiene una triple
función: la primera ya señalada, la
segunda, de ilustrar el efecto del
ambiente sobre el hombre y la tercera,
de ilustrar las limitaciones de este
hombre que conocía el Amad(s de
Gaula de oídas, pero que no lo había
leído: "Parecía a las cosas de
encantamiento que cuentan en el libro
de Amadís... no sé como lo cuente." (p.
18) Y estos sueños de los antecesores
de Berna) Díaz del Castillo estaban
volviéndose realidad, primero en el
escenario de la conquista y, después, en
el escenario del propio ensayo.

Tras describir brevemente la Gran
Tenochtitlán, su arquitectura, sus trazos
maravillosos, sus colores, las artesanías
de su pueblo, sus comidas y costumbres,

en suma, su civilización, Reyes se
ocupa de describir su lenguaje
exaltando la suavidad del náhuatl que
en la mente del lector contrasta con la
sonoridad del español. "Esas xes, esas
tles, esas ches que tanto nos alarman
escritas, escurren de los labios del indio
con una suavidad de aguamiel". (p. I 8)
Del aspecto lingüístico se traslada el
escritor al aspecto de la sociabilidad de
la raza, la cual se ve exaltada cuando en
presencia de su emperador se exhibe
en la forma y colorido de sus ropajes, en
su rostro moreno, y de impavidez
sonriente, el manifiesto deseo de
agradar. Reyes emplea su técnjca de
miniaturización al decimos que estos
hombres tienen aspecto de juguetes,
aplicando a esta descripción una técnica
artística propia también de la raza que
describe.
La descripción del templo refleja la
habilidad creadora del pueblo que lo
creó. Y la descripción final de los ritos
indígenas de la muerte se equilibra con
la presencia de un aspecto más festivo
de la cultura: la feria. Sí, se trata nada
menos que del mercado por el cual
transitan, según Cortés, quien quiere
impresionar a su Rey y a sus lectores,
cuando menos sesenta mil hombres.
Si Cortés exagera, Reyes apenas
menciona el aspecto de la venta de
esclavos, el cual equilibra nuevamente
al hablar de lo bello que el ambiente
encierra: joyas de oro y plata, de plomo,
de latón, de cobre, de estaño, caracoles

�y plumas, etc... (p. 20) Pero la riqueza
existe también en yerbas medicinales
''más de mil doscientas hicieron conocer
los indios al doctor Francisco
Hernández, médico de Felipe II". (p.
21)

Todos los estilos y posibilidades
artísticas están representados en este
Valle de Anáhuac, y las civilizaciones
anteriores las han creado y se han
recreado en ellas a su manera. No sólo
se trata de impresionar al lector, sino de
descubrir cómo afecta este ambiente a
los hombres que lo experimentan. Y
analizando la prosa del conquistador,
Reyes nos dice:
"En pintoresco atolondramiento, el
conquistador va y viene por las calles
de la feria y conserva de sus recuerdos
la emoción de un raro y palpitante caos;
las formas se funden entre sí; estallan
en cohete los colores; el apetito
despierta al olor picante de las yerbas y
las especias.'' (p. 22)

La realidad aromática que afecta el
apetito se trueca en una realidad visual
cuando Reyes crea una verdadera
pintura estilo bodegón, de la fauna del
mercado: ''Después, la ventanería
confusa, donde sobresalen por entre
colinas de lomos y flores de manos
callosas, un cuero, un hocico, una
lengua colgante... '' (p. 22)

00

N

Y de ahí lleva a su lector a una
descripción de lo absurdo de esa
realidad cuando se refiere a "los raros y
monstruosos juguetes con que juegan

los niños de este pueblo misterioso''. La
frase " juguetes monstruosos" es un
concepto aparentemente contradictorio
y absurdo. Aquí se comporta Reyes, en
cierto modo, como un antropólogo que
reconoce pero que acepta los misterios
de las culturas que trata de descifrar.
Pero ahora se procede a usar otro
recurso pictórico al integrar la
naturaleza en su creación artística,
pintando con palabras lo que Diego
Rivera ha pintado con pinceles: "Las
anchas ollas parecen haberse sentado,
como la india, con las rodillas plegadas a
los pies paralelos. El agua, rezumando,
gorgoritea en los búcaros olorosos". (p.
22)

Estas últimas palabras son fuente de
creación artística que apelan a los
sentidos, visual, auditivo y del olfato,
que Reyes apoya explorando las
habilidades artísticas manifiestas en los
mexicanos, agregando que hay que
tener en cuenta que Berna! Díaz
compara las obras de los indígenas con
las de Miguel Angel y las de Berrugete.
(p. 23)
Los juicios artísticos de Berna! Díaz
tal vez no gocen de la autoridad que
goza el poeta por excelencia, ·pero
Reyes en una forma aparentemente
desconectada, procede a universalizar
al Emperador Moctezuma al describirlo
como un verdadero Rey Midas. Midas,
rey de la leyenda griega que convertía
en oro todo lo que tocaba, proporciona
una imagen paralela de la antigüedad

clásica para la descripción de la realidad
americana.
De ahí, Reyes parte a la evocación y
a la especulación, refiriéndose
únicamente "al poeta" (seguramente
pensando
en el
poeta de
Hispanoamérica por excelencia, Rubén
Darío, quien en su poesía modernista
creó imágenes similares). El lector no
puede menos que asentir con Reyes al
escuchar y visualizar las palabras:
Su reino de oro,
su palacio de oro,
sus ropajes de oro,
su carne de oro. (p. 23)

El corolario es que estas imágenes
se dieron en la realidad del pasado
mexicano cuya exótica presencia es
innegable, la cual crea Reyes de nuevo,
a la vez que recrea a su lector.
El refinamiento del palacio imperial
es extraordinario. El apego y aprecio a
la belleza que tienen estos hombres es
verdaderamente increíble. Belleza en
la arquitectura, en la escultura, en las
plantas y en el mismo zoológico que se
··encuentra en el palacio del emperador.
La sección termina con el comentario de
que "el conquistador anónimo intentó
recorrer los palacios de Moctezuma Y
cuatro veces renunció fatigado''. (p. 27).
Viene ahora la descripción de la
poesía náhuatl, a través de unos cuantos
fragmentos que de ella se conservan.
Pero Reyes, reconciliando el presente
con el pasado, inicia esta sección con

una cita de El Nigromante, Ignacio
Ramírez: "la flor madre de la sonrisa".
Las flores están presentes en todo y,
desde luego, también en la poesía de
Anáhuac. Flores cayeron sobre los
hombres al terminar el cuarto sol
cosmogónico de los aztecas. La flor se
representa tanto en ía pintura como en
la escultura, extremadamente estilizada.
Y es así como aparece en la poesía.
Rasgos geométricos, parecidos
realmente, a la belleza del México de
los cactus. (p. 28) Se establece también la
relación entre la flor y la palabra y se
habla de los juegos florales. Debe
lamentarse la pérdida de la poesía
náhuatl.
Una larga cita del poema
NINOYOLNONOTZA proporciona al
lector un ejemplo extraordinario no
sólo de las habilidades poéticas de los
indígeneas, sino de cómo se basa la
poesía en el paisaje y en la realidad
inmediata, al mismo tiempo que recrea al
lector:
Tal vez podré verlas, si es que han
aparecido ya; ponerlas en mis haldas, y
saludar con ellas a los niños y alegrar a
los nobles.
¿En dónde están las bellas y fragantes
flores con las cuales pueda alegraros,
mis nobles compañeros?
Arranca las flores que desees oh
cantor -ojalá te alegres-, y dales a tus
amigos, que puedan regocijarte en la
tierra. (p. 31)

Una amplísima gama de sentimientos
puede ser expresada a través de la flor:
La alegría, el amor, la belleza; pero
también las lágrimas, el dolor, la
nostalgia y la muerte. La frase "yo soy
miserable, miserable como la última
flor", concluye esta bellísima serie de
citas de la poesía náhuatl, cerrando el
ensayo con un sentimiento de tristeza y
de inferioridad.
Misteriosamente, el ensayo de
Reyes termina en su cuarta y útlima
parte utilizando citas inglesas. La
estructura es sugestiva del cuarto sol y
la esperanza en el futuro. Y las citas
inglesas como "But glorius it was to see
how the open region was filled with
horses and chariots, ... " Bunyan, The
Pilgrim' s Progress, obra del siglo
diecisiete que señala la importancia de
la continuidad histórica. Reyes explora
en esta brevísima sección las teorías del
continuar histórico. No sueña, dice, con
la perpetuación de ninguna cultura
anterior. Pero cree en el esfuerzo
común por superarse como lazo
unificador de todos los mexicanos.
También hay que recordar el efecto
que ejerce el ambiente sobre el
hombre: "El choque de la sensibilidad
con el mismo mundo labra, engendra,
un alma común". Pero si esto no es
válido hay que recordar la emoción
histórica, "sin cuyo fulgor nuestros
valles y nuestras montañas serían como
un teatro sin luz''. (p. 34)
El ensayo termina con dos imágenes
que los mexicano, compartimos:

Popocatépetl e Iztaccíhuatl, pero
Reyes cambia un poco la imagen
tradicional al decimos que esa mujer
dormida es Doña Marina y ese volcán el
flechador de las estrellas. Contando con
la memoria auditiva de su lector,
describe a esta mujer con sus mellizos,
imagen que recuerda a Rómulo y Remo
y a los hijos mestizos de Doña Marina.
Pero no es ésta una mujer llorosa y
errabunda nada más, sino la madre que
no ha perdido a sus hijos fundadores de
un nuevo pueblo. Reyes ha creado un
mito superior a los existentes, ha
reivindicado la imagen, tanto de Doña
Marina como del Indio del volcán y
parte de lo local a lo universal al decir
que esa tradición ajena también
pertenece a México y que, siguiendo a
Keats, el gran poeta inglés del siglo
XVII, no renunciará a ningún objeto
engendrador de belleza: '' A thing of
beauty is a joy forever". Un objeto bello
produce un goce eterno. "Beauty is
truth and truth is beauty." La belleza es
verdad y la verdad es belleza, son su
frases célebres.
Reyes ha creado y recreado la
realidad del Valle de Anáhuac. El
ensayo no sólo proporciona un fondo
histórico de los pueblos que lo han
habitado. Tampoco se limita a explorar
las posibilidades para el futuro de un
país en un momento de transición
histórica. Va aún mas lejos. Enseña su
sublimación del dolor propio en favor
del bien común, la superación de una
tremenda crisis por medio del amor y la
actividad creadora. Reyes crea, recrea

�ALFONSO REYES ENTRE LIBROS

Alfonso Rangel Guerra
y cree en el futuro de su patria.
Este ensayo es el "México, creo en
ti" del autor que no sólo cree en ti, sino
te enseña a creer y a crear. Hay que
leer a Reyes para leer a México y
leemos a nosotros mismos, hoy mismo.

Notas
l. Gutiérrez-Vega Zenaida Epistolario Alfonso
Reyes -JoséMa. Chacón. Madrid: Fundación

UnivcISÍtaria Española, 1976. pág. 59.

En un texto escrito en mayo de 1955 y
recogido en el primer ciento de Las
Burlas Veras, Alfonso Reyes propone,
como una forma de "dar alma a lo
inerte... Hacer que los libros -los cuales
ya tienen harta personalidad de por síadquieran figura semihumana, hablen,
conversen, disputen unos con otros,
acaso se enamoren". Pero cae en la
cue~ta de que Julio Torri ya se le había
adelantado al publicar en El mundo
ilustrado, el 13 de diciembre de 1910, y
dedicado al mismo Reyes, un "Diálogo
de los libros'', donde conversan el tomo
primero y el tomo séptimo del Parnaso
Espaiwl, de Lópcz de Sedano, escritor
del siglo XVIII, y concluye Reyes,
dirigiéndose a Julio Torri: "Y quienes
duermen entre los libros saben bien
que un diálogo como el tuyo puede
acontecer en un descuido." Después
añade: "Pero hay sin duda otra manera
sutil de animar los libros, que es
ponerlos en trato directo, corriente y
moliente, con sus poseedores."
Recuerda al personaje de Carlyle en
Sartor Resartus, amenazado de
~xpulsión de su ,propia casa por sus
libros que se multiplican por todas
panes, caso similar -añade Reyes- al
sucedido a Don Ezequiel A. Chávez,
obligado a alquilar dos casas vecinas
por la abundancia invadiéndolo todo.
"¿Y si confesara yo -escribe Reyes en
el texto que venimos comentado- que sé
de alg4ien a quien, de la noche a la
mañana, puede succderle otro tanto?"
Obviamente, se refiere a él mismo
escritor Y lector estrechamente ligado ~

los libros que lo acompañaron toda su
vida, pues Alfonso Reyes nació, vivió y
murió entre libros. Por ello, hemos
intentado un seguimiento de su vida a
través de su permanente trato con los
libros, sus referencias y sus reflexiones
sobre ellos. Cumplimos, así, con su idea
de animar los libros poniéndolos en
trato directo con su poseedor.
En varios de sus escritos nos dejó
Alfonso Reyes mención a la biblioteca
paterna, a sus lecturas de aquella época
y a las lecturas de su padre. A los once
años ya se pasaba las "horas largas"
entre los libros, hojeando sus páginas o
escuchando al padre, hombre de armas
y letras, poeta él mismo y amigo de
poetas. Ahí conoció a Manuel José
Othón. El general Reyes recitaba de
memoria, y enseñó a su hijo el poema
"El estudiante de Salamanca", de
Espronccda, cuyas obras completas
estaban en la biblioteca. Ahí estaban
también las poesías de Hercdia, autores
clásicos y principalmente románticos, el
Orlando Furioso y la Historia de la
Humanidad, de César Cantú. Había
libros de Rubén Darío dedicados por
éste al general. Del gran poeta
nicaragüense cuenta Reyes que
después de la muerte de su padre
escribió sobre él un artículo en el Diario
La Nación, de Buenos Aires. Luis G.
Urbina, que años .después fue amigo de
Alfonso Reyes en la ciudad de México
y en Madrid, contó que él fue testigo del
encuentro del general Bernardo
Reyes -que llevaba de la mano a su hijo

Alfonso, entonces con diez años de
edad- con Carlos Díaz Dufoo, del que
se habían publicado entonces los
Cuentos nerviosos. "Le ha gustado el
libro de usted", dijo el general Reyes al
escritor, y comenta Urbina que la cara
infantil de Alfonso Reyes, apenas con
diez años de edad, "se iluminó, de
pronto, con luz de entusiasmo. No era
propia de su edad la llama interior que le
encendía los ojos cándidos". En este
ambiente de lecturas y libros creció
Alfonso Reyes y despertó su vocación a
las letras.
En 1905 se traslada Reyes de
Monterrey a México, a continuar sus
estudios en la Escuela Nacional
Preparatoria. Tiene en ese momento 16
años y un bagaje de lecturas muy
amplio. Según su testimonio, después de
leer a Don Marcelino Menéndez
Pelayo corrigió la imagen equivocada
que tenía de Quevedo, considerado
sólo como un autor de "Chascarrillos
inconvenientes" y calificado por el gran
polígrafo santanderino como el "varón
más literario de España". El padre cedió
al joven Reyes estos ·libros y cuando
llegó a México ya llevaba una idea de la
obra de Francisco de Quevedo
sustentada en la crítica literaria.
Así pues, el padre de Alfonso Reyes
no sólo le permitía que frecuentara sus
libros en la biblioteca, sino que además
le cedía algunos. Sin embargo, después
de la primera aparición de versos de
Alfonso Reyes en letra impresa (28 de
noviembre de ese mismo año de 1905,

�Cuadernos de la revista

ARBOL DE POLVORA/Alfonso Reyes
en El EspectaíÚJr, de Monterrey), al ser
saludado por un amigo de la familia con
un "¿Qué dice el poeta?", cuenta Reyes
que su padre dijo al amigo: "¡No! Entre
nosotros no se es poeta de profesión",
pues el padre, si por una parte "aplaudía
y estimulaba mis aficiones -escribe
Reyes- por otra temía que ellas me
desviasen de las 'actividades prácticas' a
que se está obligado en las sociedades
poco evolucionadas". En esta misma
línea de la actitud paterna se explica que
el general Reyes le haya dicho a su hijo,
en una de sus visitas a Monterrey,
después de trasladado a la ciudad de
México: "Tu casa es la escuela de la
naturaleza". Todo esto lo cuenta
Alfonso Reyes desde el mirador de la
edad adulta, que le pcnnite asomarse al
pasado y valorarlo. En cambio, desde la
e,;rcunstancia del momento tenemos
ahora el propio testimonio de Reyes en
su correspondencia a Pedro
Henríquez Ureña, al que comenta en
una carta del 29 de enero de 1908 -va a
cumplir Reyes 19 años de edad-,
quejándose de la limitación cultural del
ambiente de Monterrey, las dificultades
para comunicarse con su padre, que lo
acusó de estrechez de criterio por no
soportar que le hablara de Juan de Dios
Peza.
La estancia en la ciudad de México
amplía el horizonte cultural de Reyes.
Aquí va a encontrar en la Escuela
Nacional Preparatoria el ambiente
positivista del momento, pero también a
varios maestros de alto nivel y sobre

todo a quienes van a fonnar el Ateneo
de la Juventud. El joven Reyes se
acercará igualmente a los círculos
literarios y conocerá entre los maestros
preparatorianos y los escritores de la
época, a Justo Sierra, Porfirio Parra,
Luis G. Urbina, Jesús E. Valenzuela,
Sánchez Mármol y otros. El mismo ha
contado como adquirió la obra de
Góngora en la edición de 1634 de
Madrid, de Hozes y Cordoba, en la
librería de Orortiz, donde se escondía
entre los libros para escuchar a
González Obregón, Carlos Pereyra,
Victoriano Salado Alvarez, reunidos en
tertulia.
Un año después de la llegada de
Alfonso Reyes a la ciudad de México,
en 1906, surge Savia Moderna,
heredera de la Revista Moderna.
Animada y sostenida por Alfonso
Cravioto, esta revista tuvo una vida
efímera de cinco números, de marzo a
julio de 1906, pero representó sin duda
un inicio de renovación que dio pie
primero a la sociedad de conferencias
en 1907, y al Ateneo de la Juventud,
donde se agruparon todos aquellos
nombres con los que comienza la
cultura moderna de México en el siglo
XX: Antonio Caso, Pedro Henríquez
Ureña, José Vasconcelos, Gómez
Robelo, ~artín Luis Guzmán, Julio
Torri y otros. Es la época juvenil en que
se definen las vocaciones, se lee en
grupo y se discuten las ideas del
momento, al margen de la filosofía oficial
que envolvía a la educación. En la

correspondencia de Alfonso Reyes y
Henríquez Ureña se puede hacer el
inventario de los autores que leían
aquellos jóvenes: Platón, Goethe,
Nietzsche,
Flaubert,
Wilde,
D'Annunzio, Renán, Taine, Bergson, y
muchos más. Mejor testimonio es el
primer libro de Reyes, Cuestiones
estéticas, editado en París en 1911 coo
trabajos escritos entre 1909 y 1910,
reunidos en volumen a sugerencia del
mismo Henríquez Ureña, amigo y
mentor de Reyes, quien también influyó
en sus lecturas.
Esta primera época de Reyes va del
año 1905 al año de 1913, fecha de la
trágica muerte de su padre y su partida a
Europa. Cuando, once años después,
tenninó su estancia española, publicó IDI
breve texto que tituló •'Romance viejo".
Era en cierta medida, la toma de
conciencia del fin de esa primera etapa
de su vida, de los años juveniles
exentos
de
responsabilidades.
Resumen de su vida hasta el momento
de la tragedia familiar, el •'Romance
viejo" es una suma de desdichas.
acumulación del peso que a veces
impone la vida. "Y hoy -escribe Reyes·,
entre el fragor de la vida, yendo Y
viniendo -a rastras con la mujer, el hijo,
los libros- ¿Qué es esto que me pun1.11
!?rota, y unas veces sale en alegrías sin
causa y otras en cóleras tan justas? Yo
me sé muy bien lo que es: que ya me
apuntan, que van a nacenne en el
corazón las primeras espinas." AlfoDIO
Reyes se va a Francia y se lleva consigo

I

AUSENTE EN PARIS
1925-1927

1
CAMPEONA

Cuando el Presidente del Club de Natación y los Síndicos
de París -chisteras, abultados abdómenes, bandas tricolores
sobre el pecho- vieron acercarse a la triunfadora,
prorrumpieron en aplausos y entusiastas excalamaciones:
-¡Si parece un delfín!
-Querrá usted decir una sirena.
-No, una náyade.
-¡Una oceánida, una "oceánida ojiverde", como dijo el
poeta!
La triunfadora, francesita comestible que hablaba con

dejo italiano para más silbar las . sibilantes y mejor
suspenderse en un pie sobre las dobles co~sonantes,
comenzó a coquetear:

-Non, mais vous m' accablez! Mon Dieu, que je suis
confuse! Et une naiade, encore! C' est pas de mafaute, vous
savez? Si j' avais su...!
Y Lodo aquello de:

·Toque usted; sí, señor. No hay nada postizo. Eso
también me lo dio mi madre con lo demás que traje al
ffi1DJdo, etc.

tosecilla muy al caso- ¡Ejem! ¡Ejem! Para llenar este diploma
hacen falta algunos datos. Decline usted sus generales.
-¿Aquí, en público?
Risas. El Presidente, protector:
-Su nombre, su edad... ¿En qué trabaja usted, cuál es su
oficio?
-Mi oficio es muy modesto, señores. Porque, sin
agraviar a nadie, yo, como decimos los del pueblo, soy puta.
Pánico. Silencio seguido de rumores.
-¿Ha dicho usted...?
-Puta.

.I·············································'
Dominando la estupefacción general, Monsieur
Machín, siempre analítico, interroga:
-Pero, entonces, delfín o sirena, náyade, océanida o
demonio ... sin faldas, ¿quiere usted decimos cómo, cuándo,
dónd(: adquirió usted esa agilidad y esa gracia en el nadar,
esa perfección deportiva, ese dominio extraordinario del...
de la...de los ... de las ...
Y la océanida, cándidamente, le ataja:

-C' est que...vous savez? Avant de venir ici je faisais le
lrottoir aVenise.

192.5.

·Vamos a ver, señorita -interrumpió, profesional, el
señor Presidente, poniendo fin a esos desvaríos con una

....

�2

"nuestroaméricanos"- por los cuadros del uruguayo Fi

LOS GORRIONES

Así, pues, las esferitas de gracia resultan
monstruecillos feroces, despeinados, flacos, la
escasa y en desorden, el chillido de ira siempre pres
pico y las diminutas garras siempre alertas. Feroces,
la ferocidad sólo ha de medirse por referencia a
ejemplares de la propia especie.

He seguido por el parque al loco de los pájaros, ese
viejecito irreal que cruza el pasto sin ver a los hombres y sin
miedo a la policía. Ya lalll.ando migas y semillas como un
Triptólemo. Lo siguen cordones de aves que revolotean
en tomo a él, se le posan en los hombros y en la cabeza,
acuden a su mano. Parece un dios.
y en el primer banco, me siento a pensar en los
gorriones.
Los gorriones, vistos a la distancia natural y ordinaria,
eran propia imagen del "ramillete con alas" de Calderón; Y
a sal titos entre las flores, parecían exactamente la ''flor de
pluma": unas esferitas llenas de toda blandura y gracia; una
caricia de los ojos, una atracción para las manos. No se los
podía ver sin desear asirlos, besarlos, disfrutar de su tersura
y tibieza.
Pero me tocó, otra vez, sorprenderlos de cerca, tras los
vidrios de un invernadero. Y entonces comenzaron mis
dudas y fuí descubriendo por instantes su naturaleza
verdadera.
¿Como he podido olvidar -me dije- que la verdadera
naturaleza de estos pájaros es la de aves reptiles? Todo el
día pegados a la tierra, todo el día entre los despojos que
todos los seres de la creación dejan caer al sucio ¿para qué
les sirven las alas, sino para ir a arrastrarse un poco más allá?
Anfibios, puesto que participan de la condición volátil y de
la reptante; innobles todavía entre las aves, y ya pedantes
entre las arañas y las lagartijas... Cuando en alto, otean el
suelo y anhelan hacia abajo; cuando en el suelo, ya no
piensan ni necesitan más. Algo así le pasó, dicen, al abuelo
arbóreo de los hombres, cuando se descolgó de las ramas.
¿Cómo pude yo olvidar -me decía- que duermen al aire
libre, en cualquier rincón de la calle, en los muladares Ylos
agujeros, y' que tienen los malos hábitos, el desaseo Y la
cólera propios de los arrapiezos criados en el arroyo?
El ave es del árbol y del aire, pura y superior: las hay del
campo y las hay de la ciudad; pero éstas, al menos, hieráticas
y empinadas como las cigüeñas de las torres, o alegres Y
discretas como las golondrinas. Los gorriones, no; los
gorriones son habitantes de los planos bajos, de_ lo ur~ano
sin urbanidad; es decir, de las calles peores, al mismo titulo
que los perros sin dueño. Y vistos de cerca, andan, en
verdad, como esos perros vagabundos, mal comidos,
sarnosos, rabiosos, con ojos de mal hombre y maneras,
siempre, de ladrón ¡Esos tristes perros picarescos _que
cruzan, en busca del hueso caído -inevitables mollvos

Y, en efecto ¿dónde lo he leído? Estos gorriones
ahora vuelan por ambos mundos son los supervivien
un duelo semejante al del Hombre Mediterráneo con
Hombre de Cromagnon: han aniquilado al gorri
América, su pariente de mayor talla y mejor pu·
Verdadera raza de apaches criada entre las Fortificaci
nos parece verlos -en la historia- vaciando a pico
cráneo de sus hermanos mayores, los eternos bobos
plato de lentejas.

Los más lejanos parecían llegar por el puerto de
Acapulco, falsos muñecos de la China, y perderse luego en
la noche gongorina de nuestro siglo XYIII. México, en
aquellos tiempos, resonaba todavía con el órgano del gran
cordobés.
Pero sobrevino la Independencia, que los teólogos
llaman pecado original, y los psicoanalistas, traumatismo del
nacimiento. En suma, coscorrón que despabila y ahuyenta
el sueño de la infancia.
Y entonces ¿qué hacer? Era, de una en otra
generación, aquel duro testame~to de guerra civil
transmitido a punta de cuchillo. Hijo: memento morí.
Hermano: meme,µo mori. Y hasta los pájaros se comían a los
pájaros, y las flores envenenaban a las flores ...
Al fondo, los abuelos: cordillera sombría, Sierra Madre
y cabalgata de cumbres.

1926.

3

4

NUESTROS GIGANTESCOS

LA ALCOBA BOSTEZA

ABUELOS

Apenas habían bajado de la chimenea los angelitos de
bronce, cuando las horas, ya sin testigos, empezaron a dar
volteretas, colgadas del horario y del instantero, muy
descocadas y las piernas al aire.

La primera cena de la familia dispersa tuvo ocasión en
rejas de unos alejandrinos románticos. Yo era enton
joven que me confundía con el fondo del paisaje y c
ojos cerrados, en la literatura.
Alumnos pacientes del Alfabeto, hemos
después cazando a todos los hermanos de tintero en ·
y a los padres, bajo los capelos de vidrio en que los
olvidados la incuria de nuestros reyes de armas.
devoción de unas tristes flores de trapo no alegraba ya
ojos evanescentes, sus ojos de daguerreotipo en fi
Pequeñitos y pálidos, parecían "zanzas" de cera:
injurias que hace el jíbaro a la humana es
convirtiendo al enemigo en feto adulto. ¡Mil veces m
venganza de los cazadores de cráneos!

Por toda la alcoba se difundió el aroma añejo de las
flores del papel pintado; y el colchón, congestionado de
lascivia, concibió en sí mismo la primera polilla en
gérmenes.
Cierto que nadie llegaba al tercer piso de aquel hotelito
de barrio. Cierto que, como en Jane Austen, el cuarto de
huéspedes siempre estaba deshabitado, única manera de
tenerlo siempre disponible...Ocasión para reflexionar
sobre la inutilidad de la previsión y el ahorro.

a su jerarquía. Para lo cual fué necesario consul
genealogías y los cronicones.

Era la hora en que las abejas, en el poético alcornoque,
se han quedado con tamaño palmo de aguijón, las honnigas
pierden el rumbo -que es cuanto hay que decir- y hasta
olvidan la fila india. Leconte de Lisie ya no halla medio de
entender las formaciones de los guerreros en la litada.

Nuestros gigantescos abuelos fueron revel
ectoplasmas evocados por tanta devoción filial. Las vi
flúidas del solar manchego o del andaluz se mezc
como podían, con las ráfagas montañosas del señ
Ogazón y con los recuerdos graníticos de Navarra,
el valle del Baztán se cuaja de escuadrones Ochoas.

Y, animándose desde una mala fotografía mural, nuestro
Guillermo Prieto ocultaba disimuladamente, bajo los
abominables puños, los rebordes de una de aquellas
camisetas de su tiempo, gruesas, sucias y feas, que sin
embargo casaban tan admirablemente con las manos
peladas de los Maestros, los del "huarache espiritual".

Y no: había que rescatarlos y devolverlos, poco a

A un tiempo, pues, se descolgaron todas las arañas
implícitas en el cielo raso; las ventanas estallaron sobre el
jardín; y entre el bochorno de la siesta, reinó por el aire de
la alcoba toda una Yeracruz inmensa de abanicos de palma!
1926.

5

VENGANZA LITERARIA
Los primeros objetos que descubrieron mis ojos -lámpara
ingrata de las dos y media de la mañana, insomnio que sigue
a la pesadilla, ganas de aullar, ganas de huir- fueron,
olvidados sobre el sillonzote de la chimenea, el gorro de
dormir y las antiparras del Maestro.
El Maestro se había pasado la noche diluyendo un
granito de anís folklórico en cien calderos de agua tibia. El
piso estaba encharcado de octosílabos. "Habrá que llamar
al encerador", reflexioné. Y me levanté de un salto, me
vestí en un santiamén, y cátame en un dos por tres llamando
a la puerta de la Academia: "¿Aquí limpian, fijan y dan
esplendor?''
Tanto ejercicio de frases hechas me dejó como
despernancado. El espíritu de asociación verbal me
rechinaba en el cuerpo. Los cotarelos me hervían casi en la
garganta. Y cruzó dentro de mí -¡qué bien lo recuerdo!- una
de esas ideas sin pasaporte que de repente se nos cuelan
por la conciencia: la convicción firme, la profética visión de
que nunca se acabaría en México el Palacio Legislativo
comenzado por el arquitecto Boiry, y que un día, entre
silbidos de marina catástrofe, se hundiría en olas de
cemento el Palacio de Bellas Artes. Ideas a deshora,
pájaros que cruzan de ventana a ventana, sobre la
espantada familia congregada en el comedor.
El instante era propicio. Se abrieron las ponderosas
puertas. A los tres años, ya están nuestros muertos en su
punto. Podemos pacer tranquilamente en los cementerios.
La Academia estaba poblada de poetas cilindristas o
cilindreros -reacción contra el cubo- y Modigliani y
Picasso, colgados del techo, se balanceaban
majestuosamente, como aquel caimán del patio de los
Canónigos, Catedral de Sevilla.
Aquí salió cantando en falsete nuestro Apollinaire, que
si no le daban caviar todas las noches, como a los viajeros
mimados de la Holland-America Line, era capaz de hacer
esto y lo otro. Yo, que sentía la necesidad de crear
absurdos, lo alcancé por el cuello, lo enjerté en los poetas
de campanario, y me puse a cosechar, en mi nuevo árbol

�evolutivo, primaveras almidonadas en faldas de percal y
servilletas duras como cartones, del tiempo de Don Simón.
Así, así me las pagarán todas ésos del Angelus, ésos del
Toque de Queda, ésos de las muchachas de la retreta, ésos
de las virtudes aldeanas, ésos del incienso de la parroquia,
ésos de las tardes de la granja, las veladas de la quinta y
hasta Don Catrín el Calavera: poetas pepitos, poetas rotos
para decirlo a la mexicana. Traen raídos los traseros del
alma y lo an~ tapando como pueden, y dicen que es por
meditabundos y por pasear manos a la espalda.
Y los dejé convertidos en papel de moscas, olor de sínsín, aguaflorida barata, mucílago y panal de América en
dulzor de pegajosas pepitorias. ¡Fuchi!

1926.

6

MIENTRAS LEIA EL OTRO
Nunca vi cosa igual ¿Que la desatención y el cansancio nos
transporten hasta el otro mundo? ¿Que, mientras un
profesional del aburrimiento nos lee sus cuartillas
monótonas, nos desdoblemos positivamente y viajemos en
ser astral hasta unos oscuros reinos de pesadilla, sólo en
sueños, y una que otra vez, frecuentados?
El sol del Barón de Haussmann inundaba plácidamente
la estancia; y yo soportaba la andanada folklórica de buen
humor y con bastante paciencia. Había interrumpido mi
trabajo, y de tiempo en tiempo miraba, al soslayo, las
cuartillas que, regadas sobre mi mesa, imploraban mi
compasión.
Pero mi implacable visitante prosiguió su monografía
sobre la canción de cuna, enseñándome a cada tonada una
doble hilera de dientes:
-Verá usted. Aquí la canción de cuna asume un aire casi
mitológico:
Arriba del Cielo
hay un agujero
por donde se asoma
Narices de Cuero.
(¿Sí será e/Diablo?)
Arriba del Cielo
hay una ventana
por donde se asoma
Señora Santa Anata.

Y yo entré en mi sueño; resbalé, me hundí, rodé. Iban
venían los escenarios, derivados en una contin
disolvencia. El lector salmodiaba sus canciones de cuna.
sé si me quedé dormido. Apareció una imagen de infan
me ruborizaba, me molestaba.
Lo confieso: el hijo del Gobernador rompía a ca
por entre los puestos de jarros, y luego tenía que pagar
cacharros rotos. Lo seguían unos gendarmes parecidos
Maximiliano en negativa, con su partida barba ne
Creían que venían a darle caza, y al fin sólo le
escolta. Y él se divertía en tumbar los tiestos de las ven
o al menos rajarlos y hacerlos saltar con aquella
inefable que en su tierra acostumbraban llamar "rifle
silencio".
El lector seguía zumbando, allá en las penumbras de
conciencia, y yo seguía mi pesadilla. A no ser por ella,
suicido, y se hubiera dicho de mí: "¡Qué oyente perdió
mundo!" Me entré por una palabra y salí por otra, ~
crecidas ya, entretanto, las barbas de la santa paciencia.
-La Gramática y yo- pensé al oír vagamente que se 1111,
hablaba de la eficacia del solecismo y el arrojo para 11:
anacoluto entre los simbolistas franceses- somos tan ig~
que no hay respeto posible entre nosotros.
Y seguí soñando...

Llegamos a donde la ciudad se quita el sombrero, y JXi.
los ojos y las orejas, la boca y las narices -por todos ICI
agujeros de la cabeza- se nos metió de repente un cieli
inmenso.
Mi lector -me di cuenta- estaba a la sazói
preguntándome:
-¿Establece usted alguna relación entre la fábula bíblict
y los animales de sangre fría? Y desde luego, éso de tal
"manzanas que vamos a cortar a la huerta", ¿tiene algo QUf
ver con los frutos de las Hespérides y la leyenda ~
Héracles?
Pero yo, en otro espacio, continuaba, entrecerrados lol
ojos, mi viaje ideal. Yo era viejo, muy viejo, y me apoyall
en Antígona. La plaza era inmensa, y quedaba en latl
bocacalles donde se confunden Monterrey y México 1
Madrid y París ...

····························································

traer los picos del cuello de pajarita manchados de carbón.
Había que poner algún remedio.
Ya la piedad del polvo de talco nubla el baño. En Sevilla,
w trada del barrio de Santa Cruz, donde está la cruz
.
precisamente, me enseñaron -especie a la vista- a distingwr
el espliego de la alhucema. De suerte que yo sé muy bien a
qué olía la loción aquélla...
Era la hora justa en que los trasnochadores le dan
cuerda al libre albedrío. Me asomé al balcón y empecé a
repartir saludos a las ventanas cerradas, unos saludos sin
destino (el "saludo puro", dirían hoy}, que se quedaban
suspensos sobre el torbellino de la calle, globitos alelados,
ajenos a las leyes del tráfico.
y el folklorista, en el otro mundo -aquí, junio a mí- estaba
diciendo:
-Porque hay que distinguir entre mujeres y mujeres.
ComodecíaAlarcón, "Dios no lo da todo auno" ,o auna, ¡jaja!
-Sí -repuse, esforzándome por volver a su lado, y con la
sensación de que sólo conseguía yo reencarnar en media
cara-. Por eso el 24 de abril del año pasado, en el Bullier,
primer baile anual de La Horde, yo me atreví a afirmar, y lo
hice cantar a coro:

Pero yo volví a escaparme por la tangente y entré en
- ., sm
. gular......................................
otra ensonac1on
Estudiábamos los orígenes de la novela española. Sí,
estoy cierto: era por esos días. Acababan de instalar las
flamantes oficinas de la Universidad en un enorme edificio
que había servido ya para todo ¡Tenía hasta un teatrito
interior! Otra parte del edificio daba alojamiento a un grupo
disidente de la Escuela de Ciegos, y otra, a los traductores
de la entonces Secretaría de Instrucción Pública. El jefe de
traductores era un sordo mortal, rabio:&gt;o a más no poder, y
que la tenía con una pobre empleada. Para reprenderla,
berreaba más que Merlín cuando el baladro. O por exceso
de ira, o porque él no se oía y todo le parecía poco. A los
gritos, los ciegos salían de su reducto y, en fila, apoyada la
mano en el hombro del que iba delante, se acercaban hasta
la puerta de la oficina, y allí asomaban las curiosas cabezas.
Y el sordo:
-¡Señorita! ¿No le da a usted vergüenza? ¡Hasta los
ciegos vienen a ver qué pasa!
Y la empleada, tímidamente:

-No, señor: vienen a "oir" qué pasa...
Había muchas piezas sobrantes, patios enteros
~obrantes, y unas salas enormes, tapizadas de yute.

Entre la flaca y la gorda
-dice un viejo sabidor-,
la intermedia es la mejor,
por
ser la única digna de La Horda.

-¿A ver? ¿Cómo dice usted?
-Digo que, en efecto, Dios no lo da todo a uno, que tiene
usted razón, más de la que le cabe en la boca, y que hay
mujeres para todo, hasta para los hombres;

que hay ángeles perfectos de pureza,
por los que yo me tiro de cabeza;
que hay hembras de tan mala condición,
de ánimo vil y corazón tan sordo,
que pienso que no tienen corazón;
Y hay otras de la condición del tordo.

Y sobrevino otra visión. Era la hora de afeitarse, ";

afeitarse por segunda vez, bien entendido. Alg
aseguran que el cuello de por la mañana anochece
gotitas de sangre. Y los impecables londinenses su

''era la hora de la melodía''?

-¿A ver, a ver? ¿Cómo es eso? -me decía, abriendo
tamaños ojos, el que, sin remedio, debemos llamar mi
interlocutor-; "y hay otras de la condiGión del tordo"?
¿Endecasílabo descoyuntado o corrupto, a lo Darío, el de

Suspendíamos a cada rato la lectura, y nos poníamos a
"jugar a la pelota con los tinteros" ...¡Con los tinteros llenos
de tinta, señores! Con las sillas y hasta con la mesa hacíamos
otro tanto. ¡Apara esto y apara lo otro! ¡Pum! ¡Reteplum!
Quedaba la sala hecha un campo de batalla; pero lo mismo
quedaban nuestros pobres sistemas nerviosos,
sobresaltados al rojo blanco, que allí pienso yo que empecé
mi senda de cardíaco.

Me acuerdo del último terremoto, por asociación o
contaminación con aquellos bárbaros juegos. Entre otras
cosas, se vino abajo el Cuartel de Artillería Ligera. El
Coronel del cuerpo era bigotudo, moreno y aguileño. Leía
a Gracián, caso inaudito.
Sembrado en su pecho sin tacha, Gracián empezaba a
echar retoños militares.
A toda costa, quería que yo lo enseñara a patinar. Y yo
no soy patinador porque Dios es bueno. Pero época hubo
en que yo bajaba hasta la pista, dejándome rodar por cinco
o seis escalones en unos patines de dos ruedas. Por los
corredores de la casa paterna, yo preparaba con la mayor

VI

�naturalidad la lección de la tarde, patinando y sin hacer ya
caso de lo que hacía.

11
Y si no soy jinete es porque se me quedó el caballo en
mi tierra. Pero yo iba a la escuela primaria a caballo. Y el
asistente me traía otra vez el caballo a la salida. De las
veinticuatro horas, diez eran del sueño; las otras catorce,
del empeño. Visité a caballo todas las moliendas de caña de
los. alrededores, y me indigesté gloriosamente con el
aguamiel de todas y cada una.

También soy tirador de rifle, sólo inferior a Porfirito,
según presumo, aunque me lo disputa mi hermano. Eso del
centavo en el aire era para mí cosa de juego.
Y he remado mucho, hasta que se me fueron los remos,

como al barquero enamorado de Góngora.

y fuí, en mi adolescencia, campeoncillo de florete
francés e italiano, y hasta empecé con la espada de combate
y el sable.

FUEGO GRANEADO

1930-1932
I

todavía quedan por ahí cantantes de los cuarenta para
arriba con recuerdos de mis primeras timideces.
Y, de pronto, me veo sentado en una aula de la
Preparatoria, ante aquel maestro de Astronomía (la sola
palabreja, ya "data") que resolvía todos los problemas
"forzando un poquito el cálculo y por acumulación de
factores" -en suma, como lo hace la naturaleza. Y recuerdo
a su ayudante, el señor Peralta, el que pasaba lista
(" ¡Peralta, quítame la falta!''), quien un día Hegó corriendo y
sin resuello, para decimos:
-¡Señores, vengo a decirles que hoy no puedo venir!

...Pero ¿dónde estoy? ¿En qué íbamos y qué ha sido
esto? ¿Quién lee y ronronea a mi lado? ¿He estado
soñando? ¿Qué sonambulismo se apoderó de mí? ¿Qué
cola de cometa pasó a mi lado, arrastrándome de refilón? ¡Y
qué duro, ahora el aterrizaje!
Y haciendo de ... sueños corazón:

-Sí, señor mío, de lo más interesante que conozco al
caso. ¡Magnífico! ¡Y qué amenidad!
(¡ Y que tire la primera piedra el que se atreva, el que
no haya oído nunca discursos oficiales, el que nunca haya
asistido a las congregaciones cívicas, o el varón sin cicatrices de letras!)

1927.

R(o, noviembre de 1930.

HAOA EL ANGEL
Blando, blando el cráneo sin vicios, y el exceso
alimentos líquidos disuelto en sangre sin arenas. F1,.
donde mueren los sólidos: el carácter, la seriedad,
respetabilidad, el don de mando, el .sentido de
responsabilidad, la obediencia a la palabra empeñada,
sentimiento de dependencia y subordinación, la noción
la propiedad, la consideración al prójimo, el instinto
vecindad, la previsión, la ayuda mutua, el carnet
identidad, el bastón.

Y tuve -¡quién lo diría!- una cabellera de rizos rubios.

Y a los once años, era ya popular entre bastidores. Y

De modo que la plancha ardiente evaporaba y deshacía
al instante toda gota de vida. De forma que no pudo haber
resquicio al rencor, ¡el panal tan lleno de abejas! De suerte
que no percibía los obstáculos, pues ¿qué sonámbulo
tropieu? De manera que, blando e informe, entró, quién
sabe cómo, igual que un grande rayo de acero, hasta el
cielo de la libertad.

Blando, blando el cráneo sin vicios, y sin tegum
confusos los tejidos. Su voluntad no pudo criar huesos.
incapaz de no entender. Y con la semilla de cada ofi
recibida, cultivaba en tiestos, en vez de cóleras, graci
Montaignes de salón.
Blando, blando el cráneo sin vicios y siempre como
asno tierno, todavía plástico al espíritu. Milagro que
fuera estéril, él tan desasido de vísceras, y su mi
fisiología tan escurrida en embudo hacia el chorro de
ideas. Mordido de la enfermedad, casi no escupía sínto
sólo la imaginación daba señales de padecimiento. Fn
cuerpo transparente, maleable. Contraía males al con
de una palabra.
Blando, blando el cráneo sin vicios, fontanela a
servir, mollera, sin cerrar, suturas abiertas, mente sin ·
ni callos, moral sin principios, sistema en constante refi
alma -si no ramera, porque ni alquilona ni desganada-sí,
cambio, apetitosa y sedienta, lúbrica de nociones y
anhelante de ser poseída a cada momento por otro soplo
la brisa: lujuriosa yegua de Andalucía, cambiante nube
miedo a su íntima tempestad.
Blando, blando el cráneo sin vicios; hasta donde 11
tarde el vino, cuando ya no podía hacer daño: como si
tanto esperar, el vino hubiera purgado sus venenos;
donde el humo del tabaco subió tan despacio que
descargó de nicotina; adonde el temblor de amor in
si mala costumbre a los comienzos, acabó en leg~ ·
naturaleza y propia esencia.

2

DONDE EL POETA SE DESCUBRE
A SI MISMO
Qué mal, pero qué mal escribe el poeta de algún tiempo a
esta imte!
Y él, allá lejos, díscolo y encerrado a solas,
monologando y refunfuñando:

-Si nos descuidamos, todo esto para en anquilosis. Los
lectores sólo se dan cuenta después de cien años, índice de
velocidad del alma. De manera que estamos solos y
arrancados de la opinión.
"Llegó la hora de trabajar a contrapelo, despeinando y
alborotando otra vez el estilo. Haber acertado una o dos no
es razón para vivir imitándose. El pintor, por eso, ha
comenzado a pintar contra la pintura; el músico, a componer
contra la música. El toque está en entrar destrozando, en
salir cortando, como el cuchillo del Viejo Vizcacha; en
aparecer por donde no. "-¿Por qué no pinta usted en su
cuadro esa hoja de periódico? -Porque, mejor que
remedarla con los pinceles, voy a pegarla en la tela con un
poco de goma." "-¿Qué pasó con esa melodía?- Nada, que
la sedujimos a la dragona, y luego la dejamos caer a medio
camino, y nos reímos de ella, y no queremos saber más, ni
en qué ha parado, ni si ha parido". El toque está en abrirse
una herida grande, por donde se entren aire y luz nuevos;
en provocar hemoclasias interiores, choques de sangre,
dejando llegar hasta lo íntimo las sustancias en estado bruto,
antes de que sean asimiladas, antes de que las envuelva ese
vaho de espíritu rancio, ese tufillo de costumbres
verbales... ¡Oh, tomar una piedra viva y plantarla en medio
de la frase! ¡Qué vergüenza de sustantivos junto a ella!
¡Agarra,. a fuerza aquella palabra chillona y estremecida, y
clavarle la pluma allí mismo, en salva sea la parte, para darle
el tratamiento que se merece! Acabar con la cocina del
Pa!ace Hotel -salsas de fondo, salsas madres, y otros
alimentos en serie, y métodos de putrefacción uniforme
PIila paladares mW1danos-, y ser capaz de servir a la mesa

un gallo entero, sí; pero un gallo anterior a la torsión del
pescuezo (tuércele el cuello al cisne, no al gallo); wi gallo
con su bailecito amenazador de ala caída, cuchillero con el
sarape al brazo, con su faroleo de guapo y compadrón en el
corral donde nadie le tose, y con su ki-ki-ri-k(, su Cristo
nació y toda su alegre faramalla.
"Pero luego viene lo mejor, y lo peor, que es comerse
al animalito vivo, como se comía el lechón durante los
primeros setenta mil años de la humanidad, según asegura
Charles Lamb. Porque aquí tocarnos al misterio de la
creación. Para llegar hasta mí ¿todo tiene que morir
previamente? ¿Sólo he de alimentarme yo de momias y
cadáveres? Conozco la receta: -Tómese una emoción,
cuélguesela de una pata hasta que esté bien manida, hasta
que la pata se rompa sola y la emoción se nos caiga al suelo;
sométascla al fuego de la imaginación voluntaria. (Todo
cocinero literario sabe encender este fogón en tres
tiempos.) Empápesela poco a poco en salsa de lecturas
oportunas, bien maceradas; salpíquesela con un pellizco de
especias, como que somos muy pillines, como que se nos
ocurren muchas cosas y no las decimos por modestia;
déjesela reducir varios días; sáquesela del fuego y
pruébesela de primer intento, a ver lo que sale;
sacrifíquese con la primer lectura a algún amigo paciente, y
hágase caso de su consejo; añádase esto y quítese estotro; y
un ramito de lechuga por aquí, y un rabanito tajado en flor
por allá; y cátala en letras de molde para estómagos
fatigados ... "
Y mientras gruñe, dando puñetazos contra el aire,
afuera, a la puerta, el ejército de fantasmas ya inútiles: son
los sin-trabajo de la estética que se han quedado, como en el
poema de Curros Enríquez,

De rabia e de cólara os dentes baJendo.
Rfo, 1931.

3

LOS Q UITUTOS

Cosas, Celalba mía, he visto extrañas.

Góngora.
Cierto día recogí del suelo la pluma de una ala de Cicerón,
magna voz de entonces. ¿Quién resiste a la presión
atmosférica? Quise abrir, apenas, un poro en medio de la
nube, y se me vino abajo una catarata. Me ha pasado de
todo.

�Yo he visto hundirse carpas de circos, entre los rugidos
de los leones, caídos como en una red. He visto inflar
globos que se bamboleaban como cabe1.aS hidrópicas de
flacos pescuezos y hacían pedorretas al público. He oído
gritar a un barco: "¡Ay, que me abro!", dando panzadas
sobre el mar. He subido y he bajado escaleras, sin darme
cuenta, hasta más allá de los peldaños. Me he metido por un
espejo, y luego no encontraba salida. He caído en una
tembladera, y eché alas para desatascarme. Me he quedado
preso, de noche, en un Museo, oyendo roncar a los siglos.
Me he visto seguido por siete perros callejeros, que no se
me querían apartar y reían a carcajadas de mi aventura. De
niño, me picoteaban las urracas porque les andaba en los
nidos, y los pavos reales, porque les imitaba el lenguaje sin
saber bien lo que decía. Después, he equivocado los
sobres de las cartas, y nadie me lo ha querido advertir. En
París, Kikí me ha seguido desnuda hasta media calle, y yo
sin saberlo. Me ha pasado de todo.
Pero nada, nada es peor que cuando lo atacan a uno los
Quitutos, con sus barbillas desteñidas y los ojos siempre
entornados. Dan saltitos y pegan, pegan y abrazan. Los
Quitutos se cuelgan de los árboles para rasguñar la cabeza
de los jinetes. Los caballos quieren desbocarse en cuanto
los huelen. A veces, en mitad de la noche, los Quitutos
zumban como locomotoras. Andan de lado, como los
cangrejos. Son pequeñitos y crueles; pelean con las grullas;
se aficionan a su víctima, y vuelven varios días sobre ella
hasta consumirla, como los vampiros. Lo rompen todo los
Quitutos. Se disfrazan de humanos, y cuando han logrado
inspirarnos confianza, comienzan a entornar los ojos: es el
aviso fatídico.
Yo tuve un amigo a quien se llevaron los Quitutos. ¡Qué
gritos daba! Lo colgaron de la lengua, le chuparon los ojos.
Quedó sólo un zurrón vacío, llamado Marsyas. Ahora lo
usan los gaiteros; sobre todo, el de Bujalance: "Un
maravedí por que taña y diez por que calle".

1931.

4

CUENTA MAL Y ACERTARAS

4e oro bordados y cosidos a mano. Al final de ~
alejandrino, el poeta clavaba una estaca de consonante,
luego torcía catorce veces las hebras de la frase. El poema;
sólido como un elefante en cuatro patas, comenzaba así:

Clerecía
Amigos y vasallos de la buena cocina:
de mi Santo patrono la historia peregrina,
la mitad se demuestra, la mitad se imagina,
quien la lea más pronto la acaba más aína.
De frailes cocineros ejemplar y retrato,
mejor que Radegunda y que San Fortunato
que, orando siempre juntos, comían en un plato,ª San Pascual se le iban cien años en un rato.
No está mal este lujo de erudición en punto a la historia
del arte culinario. Pero el poeta no se podía defender, sa,
por el asunto mismo o por la forma, de cierto sabor de
ramplonería. Y entonces se le ofrecía la tentación de
grabar, con mayúsculas en escalera, cuándo un acróstico o
cuándo una lápida cubista.

Décimas en acróstico
S iempre debemos, varones,
A !abar al que cocina.
N o hay triaca ni medicina
P ara el que ayuna ...razones.
A yunos y privaciones
S ólo ayudan a pecar,
C orno ayuda el río al mar,
U na vez que lo alimenta...
A ceite, sal y pimienta:
L ibradnos de desear!
S epan la historia ejemplar,
A guanten esta versada.
N o digo el nombre ni nada,
P orque lo han de adivinar:
A quel Santo, por guisar,
S upo guisar sin empacho,
C orno quien guisa el gazpacho,
U na hostia natural.
A nimas, que pudo el tal
L avar con vino el empacho!

Catástrofe del poeta

Lápida cubista
Se entretenía, pues, con un tetrastrofo monorrimo de
asunto hagiográfico. Formaba torrecitas de versos. Y
aunque San Pascual Bailón, su patrono, es posterior en dos
siglos al viejo mester de clerecía, no le sentaba mal el ropaje
aquél, pesado como hábito eclesiástico y con sus alamares
00

Bonete mandil y barriga
Cunde el rumor de pajaritos fritos
Mientras la ho~tia canta
en el árbol más alto del convento
A San Pascual

las barbas se le cuecen
Y en cien años
Las monjas echan bigote y gastan botas militares
Cómo se ríe la hostra con el ir y venir
del atontado San Pascual Bailón
Tal es la historia
Punto
y
colofón
Nada, que no daba de sí el asunto. Y el poeta pasaba de
la serranilla a la telaraña del caligrarna (por él se dijo aquello
de "sudaba la gota gorda'') lo mismo que iba desde la octava
real -tan real de veras, tan mueble de salón al estilo de cierto
siglo- hasta el poema sonambúlico de la estética más a la
moda.

Y aunque el caligrama no afectaba la forma del copón ni
ninguna otra conocida, el poeta le dejaba ese cuidado al
tipógrafo, que es, en el último análisis, el verdadero poeta
en el caso.
Lo más difícil sería contar la historia del Santo sin
contarla. Lo más poético es contar mal, dar por conocida la
historia. Y de cabeza al poema sonambúlico:
Humildad de la hostia en la cazuela
y guiso del cordero pascual entre vellones.
Canta sola la mística posada
entre revuelos de las monjas cándidas,
y el Murillo de " La cocina de los ángeles"
otra vez moja su pincel.

Serranilla del Santo
Cocina lavada,
vajilla pulida,
colación servida,la noche que entraba.
El cubo, la noria,
el Santo en mandil.
(Restos: zanahoria,
nabo, perejil).
En cada ramita
se columpia un ave,
y el Santo no sabe
cuál es más bonita.
¡Alto! Las consonantes le van forzando la mano al poeta.
La serranilla no lleva traza, ni hay manera de darle aire

serrano. Veamos entonces el

Caligrama
Cocina
SAN Hostia PASCUAL
Puchero
(¿Santa Teresa?)
Guiso
EUCA Consagración RISTIA
Mens sana in corpore etc.
RIP (católico) VAN (y doméstico) WINKLE
BAil..ON
PASCUAL
y
sin baile
con cordero
En su convento militar
De cocinero
a fraile
De fraile
a cocinero
Y un trino
encima
de

Sofocación del estro. Abrir las ventanas. En esta
corrosión de un equilibrio por el contrario, la idea de contar
mal un cuento se le convierte poco a poco al poeta en la
idea de contar mal una cuenta. Y entonces se le ocurren
unas octavas supra-reales, que empezarán, naturalmente,
por no tener nunca ocho versos:
/1eptava y media

Estas, oh Musa de fregar los platos,
rimas humildes, sí, pero divinas,
culinaria razón, místicos tratos,
revoltijo de iglesias y cocinas,
te harán saber que, cuando el codo empinas
o pasas a la mesa buenos ratos,
tal vez ejerzas, oh lector piadoso,
un acto religioso.
Porque basta un ligero esfuerzo o un leve descuido
para salirse definitivamente de aqu( (para escapar de esto
donde el objeto abandonado a sí mismo cae por tierra) y
echarse a volar sin darse cuenta. Porque basta un instante
de reflexión para comprender que lo divino comienza
donde ya dos y dos no cuadran, sino triangulan, exagonan,
exageran o qué sé yo.
Esto le recuerda, de repente, cierta copla popular que,
como se le ha olvidado un poco, tiene que volver a armar
aquí, sin responder de la letra, sólo de la intención y de su
misterio:
Son seis las siete Cabrillas,
las Tres Marías son dos,
y en el cielo hay Tres Personas
que forman un solo Dios.
Otra versión:
Cuatro son las Tres Marías,

�cinco los cuatro elementos,
ocho las siete cabrillas,
y once los diez mandamientos.

s

Y ya, lani.ado por el derrumbadero del contar mal,

resbala y no puede detenerse. El poeta está perdido, Oíd:

Décima con arete

Entre todas las palabras, había siempre una que se me
escurría, confundida con la multitud. Me guiñaba un ojo.
dengueaba, sacaba la lengua y se iba. Era la "Sombrilla",
quien ahora voy a vengarme.
Un domingo de alameda con música, salpicado
escupitajos del cobre, el clamor de todos los niños subió
cielo. Y es que, aprovechando una interferencia de la 1
-¡ese solccito disimulado y socarrón de los días de fiesta!-1
globos de hidrógeno se las arreglaron para escapar a im
tiempo, entre una salva de exclamaciones.

Todavía, antes de morir acribillado de sus propios
acertijos, alcanzó a lanzar este mensaje amaroso:

Aritmética
Dos palomas sólo tienen,
sumadas, dos corazones.
Dos manzanas y dos peras
son dos pares y dos nones,
y diez ojos sólo son
cinco puras emociones.
El hormiguero es la ringla
de tantas permutaciones,
y unas tenacillas solas
sirven para mil terrones.
Tú te igualas al reló
en los enigmas que pones:
cada día te me arreglas,
cada mes te descompones.
Conque no quiero sacar
la cuenta de mis pasiones,
que en cada pestaña tuya
las ahorcas a montones,
como en el renglón final.

Aquello era, por los altos aires, un minué de balonea,
Los había rojos y verdes, azules, amarillos y blancos.
Algunos, los de más temperamento, se erigían en sole,,
fundaban imperio a la romana, y pronto organizaban 11111
zarabanda de planetas en su homenaje.
Sombrilla hubo que los tomó en serio y subió tras ellor.
muy oronda y sin darse cuenta, como muchachita ea
trenzas que anda con los borrachos. Pero ¿qué le dió a la
sombrilla?

MITOLOGIA DEL AÑO
QUE ACABA

BI hgmento así llamado también en el ensayo "Las
Jilaajffins" (La experiencia literaria, la. ed. 1942, pág. 199, y
2a. ed., 1952, p,g. 162), no ha de confundirse con estas páginas.

1

JUSTIFICACION
Nadie nos entiende. Al acabar el año, nos sobran, allá por
los rincones del alma, algunas monedas. Si aludimos a
nuestras historias inconfesas, nadie quiere entendemos.
-¡El pobre Melchor!- exclamamos.
-¡Tijerina no falla una! -decimos.
-¡La Retro daba cada espectáculo! -comentamos.

Y las palabras comenzaron a hacer de las suyas:

botas. Se diría que los elementos de la techwnbre se
estiraban, se desperezaban y chascaban -como quien "se
truena los dedos"- al sentir el calorcito agradable.
2) La sugestión de las botas era tan imperiosa que los
lectores, en voz baja, se decían unos a otros: "Ya está ahí el
de las botas". Comieni.a la personificación del vago
da(moon.

3) Alguien trae en la cabei.a el recuerdo de cierta

lectura o el tema de Wagner: un buque holandés
misterioso, un buque fantasma. Como eso de ser holandés
cuadra bien al ambiente de los enigmas, atmósfera de los
cuentos de Poe, etc., se define poco a poco la imagen del
Holandés de las Botas.
4) El Holandés de las Botas es un mito solar, un Apolo
sonoro. (Aún quedan rastros de esas teorías sobre el origen
de los mitos; y lo que es un error respecto a la
interpretación del pasado, por atribuir al hombre de ayer la
mente de un contemporáneo, puede ser fecundo en la
interpretación del presente, si ayuda la buena voluntad.) El
Coloso de Memnón, el primer fonógrafo ¿no cantaba al salir
el sol? Pues asimismo el Holandés de las Botas, síntesis de
sonido y luz.

O bien:

-¡Vaya un parasol! ¡Quiso emular al paracaídas y se DOI
volvió parasubidas! ¡Pues si al paraguas le da por volvene
pararrayos ...! Pues, señora, mis parabienes. Y todo ¿paia
qué? Para nada, o como dice la gente, para ná. (OII
mayúscula, en el Brasil, Paraná.)
Y abajo, entre la población infantil desposeída, lDII
asamblea de sombreros de paja y gorritas marineras, CCII
sus cintas y sus letreros: Alas/ca, Vencedor, No me bal
usted, y otros últimos testimonios del Verbo.

La realidad en siesta -o sea, como se la ve con los ojos

-¡Son cosas de Pittiflauts! ¿Son cosas de la Obrigadiña!
Pero todos se hacen los sordos. Y seguimos hablando a
solas, a trompicones, como los arroyos y los ciegos.
Hay, pues, que explicarse alguna vez y pasar revista a
nuestra cuadrilla de sombras.

Tal es la catástrofe del poeta, devorado por la langosta
de las sílabas desbordadas. Se lo llora el 17 de mayo, día de
San Pascual Bailón.

Río, 1932.

entrecerrados, cuando el vino del sueño y el agua de la
vigilia se mezclan- da siempre mitos. El Fauno de Mallarmé
cabecea, y resulta la simbolización fálica:

Alors m' eveil/erai-je a la ferveur premiere,
droit et seu/, sous unflot antique de lwniere,
Lys! el /' un de vous lous pour /' ingénuité.

2

3

EL HOLANDES DE LAS BOTAS

PITTIFLA UTS

Nacimienw de un milo

Hace muchos años se concibió el plan burlesco de escribir
un idilio llamado Mañanitas de Mr. Pittijlauts en Oklahoma.
Algo como una anticipación del Babbit. Pero Pittiflauts era
más humilde, pertenecía a una clase más pegada a la tierra.

1932.

SUMA=se anudan veinte renglones.

•¿ü&lt;Miapoética?

m

1931

Unidad: el par de polos.
Decena: las Nueve Musas.
Ciencias: sólo las infusas.
Presencias: los sueños solos.
Sin aliento los Eolos, •
las vírgenes dando a luz,
se han cambiado raya y cruz
donde eran cruz y raya.
Las calzas se han vuelto saya
y Arimán se ha vuelto Ormuz.
¡Oh, malhaya!

8

se dejaba oír un ruido extraño, como el rechinar de Wtas

RECHIFLA A LA SOMBRILLA

Viejos conocidos, sonámbulos que asoman por los límites de
la conciencia. Dejemos en paz a Lévy-Bruhl, a Freud, a
Jung, a Adler. Viejos conocidos, esos espectros que no
cristalizan porque nunca nos cuidamos de darles nombre.
Todo fluye y se va mientras no lo cai.a la palabra.
Un apunte de 191 O, perdido entre mis papeles, registra
el nacimiento de un mito:
I} En la Biblioteca de la Escuela de Altos Estudios había
un inmenso tragaluz. Los lectores observaban que, si el día
estaba nublado y el sol aparecía poco a poco, en el tragaluz

El personaje, quién sabe por qué alucinación
recurrente, reapareció este año a flor de conciencia, y ya
no halla modo de pedir que le concedamos ciudadanía
literaria.

Mr. Pittiflauts madruga a regar su jardinillo y anda
descalzo hasta la hora del almuerzo. Los pollos de los
vecinos le dan mucho quehacer. Tiene que espantarlos
todos los días, se han aficionado a sus sembradíos. Los

-

�domingos se queda con uno en premio de sus fatigas, lo
mata, se lo come, lo saborea con los deleites del hurto. Para
comer, se ata al cuello la servilleta concienzudamente.
Lee los periódicos tumbado en el suelo. Es optimista y
servicial. No tiene un pelo de tonto. Penetráos de que es
una naturalei.a sana. Siempre anda mojado, al fin jardinero
de vocación, como si saliera del baño. No puede llllO verlo
sin sentir que ese hombre está fundamentalmente desnudo,
y sólo accesoria y provisionalmente vestido, desnudo
debajo de la ropa.

Es muy vegetal. A veces trae una flor en la oreja, una
hoja enredada en el pelo, o mastica una yerbecita.
No se afeita bien. Se olvida de hacerlo, o se rasguña.
Una leve cicatriz en la barba, que vuelve a abrirse cada
veinticuatro horas, o treinta y seis, o cuarenta y ocho, mide
el curso desigual de su tiempo, a modo de reloj fisiológico.
Es flaco. Su voluminosa manzana de Adán se adelanta,
sube y baja, reclama su parte en el festín de la vida.
Todos han reparado en sus dedos amarillos de fumador.
Dice que se lava, y sólo se empapa.
Inspira confianza. Excita a las mujeres, sin
proponérselo ni darse cuenta él mismo. Vive casto sin
percatarse de ello: un simple olvido.
Cuando se viste o se desviste, conversa a solas con sus
prendas, con sus amigos los i.apatos, con doña camisa, con
la traviesa corbata, que no siempre sabe quedarse donde la
dejan, con el sombrero que se le pierde a cada rato.
Y así podemos seguir indefinidamente, desarrollando

las posibilidades del fantasma contenidas en su misma
definición: De cómo Mr. Pittiflauts de Oklahoma fabricó, él
solo, un automóvil; de por qué Mr. Pittiflauts se hurgaba a
dedo las narices; y cuáles, según Mr. Pittiflauts, sean los
mejores modos de cortar las verrugas. Saldría un cuento,
saldría tal vez una novela. Pero ¿para qué, lector, para
qué? El costumbrismo tiene sus límites y es poesía de corto
alcance.

agarró un hilo de la madera.
Un día. casi tartamudo de pena, explicó:

La primera manifestación fué muy singular: la Retro
podá andar hacia adelante, sólo hacia atrás, sólo de espal
como esas monjitas que retroceden cuando pasean por

-Bueno, ustedes me entienden, vivo en la calle del

Salador Schoking...

patios en dos hileras. Pero, para atrás, la Retro no
andaba, sino que corría, y corría con todo desembarai.o.
A poco dió en pedir la cena por la mañana, y
desayuno por la noche; dió en ponerse unas cofias
dormir en los pies, y las pantuflas prendiditas en el pe·
Los calzones se los ajustaba en los brazos, corno podía,
metía las piernas por el sostén-pecho.
No todo paró en exterioridades. También contaba
números al revés, que era un portento, y relataba
sucesos en sentido inverso, reculando por la ley
causalidad. Premiaba al malvado, abominaba del virtu
Sólo aceptaba criados ladrones. Puso la ética de cabeza,
cabeza la durée réelle del filósofo. Creció para abajo, y
fin entró en la muerte como un i.ambullidor en la alberca.
Es de buen gusto callar las extravagancias a que la orill6
su dolencia. Le llamaba vomitar al comer; "mi hembra", aa
marido, obligándolo asimismo a muchas rarezas. Si aél sele
ocurría darle un beso...

¡Acabáramos! ¡Calle del Senador Vergueiro! Bien se ve
que el pobre se había educado en el pueblo donde se dice
"blanquillos" y "cilantro". Un día, por poco se bate con un
amigo que le preguntó si le gustaban las benas.
Cuando, en cambio, no hacía la menor falta, se le
escapaba una atrocidad y se quedaba tan fresco, porque ni
siquiera se daba cuenta. ¡Extraña sordera! Oía lo que no,
dejaba de oir lo que sí. Lo de los tapacosas para cubrir
partes que el decoro impide nombrar bien pudo sucederle
a él, _que peores le sucedían.
Fmalmente, y era lo más curioso, se le trababan las
palabras limpias con las intenciones aviesas, y hacía unos
enredos y cruces increíbles: "Estamos dejidos de la. mano
de Dios'', ' 'Le costó un ojevo de la cara'', etc.
-¿Quién ganó?
-El Fluminense, señora. El equipo del Botafogo se
desmoralizó, porque su portero fué mal herido.

Un día se hizo un daño atroz con el cepillo de dienta.

-¿Cómoasí?

Tal es la fantasía de la Retro.

-Lo dejaron cuatro jones más uno.

-¡Ah! ¿Cinco goles?

s

-Jones, señora, jones. (Porque él, a la americana,
pronunciaba la c suave comos).

TIJERINA
Tijerina era, ante todo, un cerebral, decadencia de ~
rai.a escogida. Cortés, pulido, pulcro, amanerado J
cuidadoso en el habla y en el vestir, blando y ridículo. Pem
su cerebro tenía una mancha, su conciencia escondía 1111,
arruga: siempre temía decir cosas inconvenientes, •
esfonaba por usar eufemismos y, para mejor arreglarle
todo, acababa por echarlo todo a perder, como aquel ~
citó el refrán del que con niños se acuesta, y puso
etcétera después de la palabrota. Esta singularidad lt
manifestaba en varias formas que admiten ser clasificadas:

¡Pobre Tijerina! Este transporte de intereses éticos y
léxicos recuerda el caso de Verlaine y Rimbaud, en
Bruselas. El fiscal concluyó así su acusación:

-¿Confiesa el reo Verlaine que disparó contra

Rimbaud?
-Sí.

4

-¿Y por qué lo hizo, si puede saberse?
-Por amor.

4

LA RETRO

N

.....

La retro, antes del accidente, era como los demás, como
todo el mundo, y carecía de interés literario. Un día el auto
se le volcó encima. Repuesta de sus contusiones, quedó
afectada de un raro mal. El mal se acentuó con el tiempo:
había descubierto una nueva senda en el tejido del mundo,

Veía inconveniencias donde no las hay, agui.ando M
un modo enfermizo el don del equívoco y del retruécalld,
Vino a Río de Janeiro. No había manera de obligarlo 1
mentar la calle de su casa.
-Habito -decía sonrojándose- una casita en la calle
Senador... no Dantas, no, sino la otra.

sea imposible explicarse con mayor claridad.

-¡Ya ven ustedes, señores, el acusado confiesa que

es

sodomista!
-Ita, señor fiscal.
-¿Se atreve usted a interrumpirme?

-Ita, y no ista, señor fiscal.

En esta historia de Tijerina, el cronista lamenta que le

6

LA OBRIGADIÑA
La verdad es que la sefiora Obrigadinha (en adelante,

diremos Obrigadiña para evitar errores de pronunciación
entre la gente de nuestra habla) era toda esferas y
hoyuelos. Se le reían los ojos gachones, se le reían los
senos, las nalgas. La piel le hacía olitas en los brazos, como
a los nenes. Llegó al Brasil, y lo primero que aprendió fué a
dar las gracias: Muito obrigadinha (muy agradecidita).
Tal era el contraste, o tal vez la armonía secreta, entre
sus inmensas posaderas, sus esferas en aumentativo, y el
dulce dÍminutivo de aquella su frase favorita, que poco a
poco los amigos dieron en llamarla por el apodo de la
señora Obrigadiña, la de las rotundas obrigadiñas.

#

La Obrigadiña era hacendosa, era buena; sudaba del
comedor a la cocina, del cuarto de plancha al de bordar. Era
regalona y repostera. Sus manos, palomas regordetas,
maestras de toda labor en miniatura, hadas del gancho y de
la aguja, se las arreglaban, no sé cómo, para gobernar los
tejidos microcóspicos del hilo y la tela.
Modelo de esposas, madre gazmoña, educaba con
preceptos y consejos almibarados a su hija única, una
muchachota más seca y ardiente que la yesca. Atendía con
desvelada minuciosidad a aquel desvencijado camello que
resultó ser su varón.
A no ser por su inmaculada ternura, hubiéramos creído
que sorbía en sí, como un vampiro, la materia y la
materialidad de su familia y hasta de la gente que vivía en su
casa. Las criadas mismas enflaquecían a su lado. Los
vecinos le mandaban de visita a sus muchachos rechonchos
como a una estación dietética, porque invariablemente los
devolvía en media hora más aligerados de peso. Iba y
venía, no le pesaban las carnes, poseía la rara agilidad de la
gutapercha. Rodaba, botaba, rebotaba, y se le reían,
temblando, los hoyuelos.
Era irremediable el verla y soltar la risa al instante.
Sobre todo porque resultaba imposible no pensar, más que
en ella, en sus obrigadiñas, de que su persona toda era
como la expresión exagerada. Allá, detrás de la cintura, las
obrigadiñas subían, bajaban, se mecían, giraban, asumían
autoridad propia, voluminoso parangón de los senos.
Lástima que no las llevara a la vista en un descote, como
asomaditas al balcón; mellizas de pitagórico magnetismo;
centro, cifra, gravitación de su ser, coordinación de su

....

w

�geometría física y moral, cuerpos gloriosos.
Los maestros de esgrima suelen hablar de "la tentación
del vientre". ¡Qué si vieran esto! Aquí sí que se reducía el
mundo al compendio. Dondequiera que ella se presentaba,
todas las líneas de equilibrio parecían converger hacia allá
y la pesantez padecía una declinación apreciable, la
perspectiva de los espacios se refractaba, las verticales se
inclinaban, las horizontales subían o bajaban un poco, las
rectas se curvaban en tomo a ella, se hacían cóncavas para
acariciarla o contenerla, como unas manos mimosas.
Los eruditos, al verla, recordaban a la primera Venus de
Willendorf (Museo de Historia Natural, Viena).
Esta era la Obrigadiña, la de las orbes elocuentes.

7

MELCHOR EN CARRERA
Melchor entra en la historia con un aire de héroe del cine:
joven lustroso y afeitado, elegantemente vestido y con
aquella levedad que comunica el deporte mientras no llega
a las exageraciones atléticas.
Melchor llama a una puerta. Nadie, ni él mismo, sabe a
qué iba. La puerta se abre sola y se cierra sola tras él.
Melchor ha caído en una trampa. ¡Y qué trampa!
Es un inmenso palacio de profundos y anchurosos
salones, casi sin muebles.
De tiempo en tiempo, un objeto absurdo; por ejemplo,
un orinal lleno encima del piano, un pájaro que revolotea
en el agua de una pecera, un ahorcado que cuelga en la
barra de una cortina, un caballo-mecedora sobre el cual
cabalga un gatito.
Se acerca un lacayo de librea y lo precede para
conducirlo hacia el interior del palacio, un lacayo rígido y
mudo que anda con los ojos cerrados, lleva un candelero
apagado y carnina sin volver la cara.
De pronto, pasan por entre una doble hilera de
sirvientes, todos de diversa estatura y trajeados con libreas
iguales: rojo, plata y blanco. Pero las libreas son de una sola
talla y medida. Al más alto, el calzón corto le hace calzoncito
de baño, le llega apenas al arranque del muslo, y las
mangas, apenas.más arriba del codo. Al más bajo, el calzón
le car en generosas arrugas, las mangas le cuelgan como en
los muñones de los mancos.
El desconcierto de Melchor es visible. Comienza a

"perder'la línea", el buen aire. Ya está todo fruncido de
inquietud y de desazón, el semblante olvida el señorío,
envejece por instantes, le crecen las barbas, el traje se le
pone viejo. ¿Habrán transcurrido varios años durante el
misterioso desfile? En vista de la unidad de tiempo que han
dictado los preceptistas, apenas osamos admitirlo; pero u{
es, pese a los códigos.
Melchor siente la necesidad de respirar aire puro,
acerca a la ventana. Lo que ve en la calle acaba de
desconcertarlo: Es el amanecer, el cielo está gris, llueve 111
poco, que es el modo peor de llover. Pasa, sin ruido, 111
carro de la carne. Del carro cae, en la curva, una rea
desollada, muy rembrandtesca, que al punto encharca el
suelo de sangre. Los hombres del carro, con brama
musculosos y remangados, bajan a recoger la res. Pero se
han juntado algunos transeúntes y los miran con tan
espantosa fijeza que los carniceros, silenciosos y
atemorizados, abandonan la pieza, trepan presurosamente
en el carro y se alejan a toda prisa.
Melchor cierra la ventana horrorizado, los pelos de
punta. El mayordomo lo lleva entonces hasta una especie
de teatro que se abre al extremo de una galería. Melchor ea
el único espectador a la vista. La escena representa 111
retablo holandés del Renacimiento, acaso un cuadro de
costumbres a lo Teniers. Giran de pronto los bastidores, y
aparece el Gabinete Famoso del Doctor Jeringa.
El Doctor, con ayuda de una grúa, mueve
trabajosamente una jeringa gigantesca y la aplica por 111
orificio del telón de fondo. Se oyen gritos, se adivina del
otro lado al paciente, sin duda sujeto por los ayudantes del
Doctor, como el chino del cuento, pues el telón tiembla y se
sacude.
De pronto, el "facultativo" se vuelve hacia la sala Y
señala con el dedo a Melchor. Los ayudantes -enormes caras con piernas y brazos, disparates de Jerónimo Bosco-,
salen a escena, saltan de las candilejas al patio y quierea
apoderarse de Melchor.
Este, ya enloquecido, echa a correr por una puerta de
incendio, da en un callejón lleno de luz, cuyo espacio
mismo parece hecho de pestañas de acero, de espadas
delgadas y flexibles, donde el fugitivo va dejando el traje Y
el pellejo. Sigue huyendo sin hacer caso de sus heridas.
Hasta que, sangrante y desnudo, verdadero Marsyal
desollado, desemboca sobre una balsámica cuna de
algodón en que están cantando los ángeles.
Y tal es el caso de Melchor en carrera, caso único si lOI

hay, caso inaudito.

III

IV
CANTO DEL HALIBUT
Epopeya atávica
Cuaderno primero de la

(Adolecen)
En la orillita del marflordelicado,
comulgan negros en miel de halibut.
En la orillita del marjlordelicado,
suspiran negros lamiendo el halibut.

Bibliotheca
Hipoglossia
1928

En la orillita del marflordelicado,
negros desmayan, roncando el halibut.
En la orillita del marflordelicado,
fallecen negros en mal de halibut.

1
Edición algo critica

IV

I

(Danzan)

(Llegan)
En la orillita del marjlordelicado, •
llegan los negros tañendo el halibut.
En la orillita del marjlordelicado,
copiosos negros en pos del halibut.
En la orillita del marflor delicado,
jeta de negros, lechal de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
¿qué hacen los negros? ¡Métenle al halibut!
En la orillita del marflordelicado,
negros danzantes engendran halibut.
En la orillita del marjlordelicado,
furia de negros, pasión del halibut.
En la orillita del marflordelicado,
negros latientes violando el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
hedor de negros asfixia el halibut
V

11
(Beben)
En la orillita del marflordelicado,
pisan los negros la paz del halibut.
En la orillita del marflordelicado,
antiguos negros peinan su halibut.
En la orillita del marflordelicado,
negros untados en luz de halibut.
En la orillita del marflordelicado,
liban los negros la flor del halibut.
~FJ lector puede dispensarse de leer este estribillo monótono, pero la
~filológicanosobligaareproducirlo. "Ilalibut"debepronunciarse
~ &lt;Xllllo palabra aguda, para distinguirlo de wos mmstruos. N. del E.

(Orgía)
En la orillita del marflordelicado,
bufan los negros y alumbra el halibut.
En la orillita del marflordelicado,
zumban los negros, corona en halibut.
En la oril/ita del marflordelicado,
piernas de negros enredan halibut.
En laorillitadel marflordelicado,
sartas de negros, estaca en halibut.

�VI
(Crimen)

En la orillita del marflordelicado,
sangre de negros, puñal de halibut.
En laoril/ita del marflordelicado,
aspas .de negros en cruz de halibut.
En la orillita del marflordelicado.
cierran los negros la rosa en halibut.

•

vn
(Libertad)

En la orí/lita del marflordelicado.
ojos de negros punzando el halibut.
En la orí/lita del marflordelicado,
dardos de negros erizan halibut.
En la orí/lita del marflordelicado,
negros altivos matando a Halibut.
En la orí/lita del marflordelicado,
¡La Independencia del Negro Halibut!

•l.ames1able iagll'la m todos los nm oolac:iooados. N. del E.

2
Comentario

l. El género confuso. Narración poética de un suceso
heroico, algW1a emancipación nacional, costumbres rituales
y orgiásticas de Wla raza vetusta y desaparecida, moradora
de playas después sumergidas por cualquier catástrofe
terrestre. Epopeya que se ha dado en llamar "atávica" por
ser resultado, más que de W1 propósito consciente, de una
perpetuación inconsciente, precipitación de tradiciones,
visiones étnicas, emociones folklóricas fijadas en los
nervios de un pueblo acaso por amontonamiento
hereditario, y reveladas de repente por W1 poético estallido
de salto atrás.

10

rr. Lugar

y época. ¿Cuándo, dónde aconteció el

episodio? La escuela histórica se empeñó en situarlo en
Batavia inmemorial, isla de Holanda, o fantástica, como
Pancaya de Evhemero, alegando que, por corrupción
se llegó a decir "atávica" donde debió decirse "batávica",
canción heroica de los bátavos. Pero esta hipótesis está
mandada retirar. El pueblo que preservó este
ignora sus orígenes y, prácticamente, su significado.
supone que fué revelado por "aura", inspiración
regüeldo de la subconciencia colectiva. Tal vez el epi
carezca de realidad histórica o sea un resumen de h
dispersos. No es dable atribuirle escenario determinado,

m.

Naturaleza del episodio. El asW1to es tam ·
incierto. ¿De quién, de qué se trata a lo largo de
singulares versículos? Sólo sabemos que es un canto épi
aunque el género atávico ha dejado también il
manifestaciones, harto conocidas hoy día, en los órd
líricos, idílicos, elegíacos, pastorales, etc. Pero el gén
atávico descubre sus rasgos con mayor relieve en la ép"
por lo mismo que aquí parece presentar hechos vivi
prevividos, postvividos o subvividos.
IV. El héroe desconocido. El héroe, el halibut,
también W1 tanto enigmático. En verdad, hay dos héroes.
un héroe y un coro con dignidad de personaje activo
colectivo: el halibut y un pueblo de negros que comui,;
con sus despojos, se emanci~ y r~m~ tras de someterloi
sparagmós o despedazamiento d1orusíaco. El coro
ofrece problema. Pero ¿y el halibut? Por veces parece •
aparato de música, un bigarro transformado en troq!IE
marina, una lámpara, un astro, un utensilio de uso mú
menos lúbrico, un instrumento de tortura, una Os
venenosa, un manjar, W1 licor sin duda aguardentoso
embriagador, una hostia sacra, un totem, una parte di
cuerpo consagrada por el ritual erótico, un elemento dlÍ
paisaje, una atmósfera, un estado de ánimo...Hacia el f~
del poema, el héroe se ha personalizado en un ser.

J

V. El vago asunto. Hasta donde puede colegirse,
cuenta la historia de una tribu primitiva o bien decad
sensual, sangrienta, voluptuosa, refinada y cruel, que
embriagarse junto al mar en alguna celebración mágica
fiesta mística, y luego da muerte a un dios
incorporárselo por manducación o bebida, y bajo ~
poder se retuerce en éxtasis y espasmos, para acabar •
alaridos de libertad. El final viene a ser un balandro #
independencia, un 16 de Septiembre irreal y crepusculaf
La gemebunda raza marítima afirma su autoncdf
devorando al Antiguo Régimen. Las mesnadas ira~
parecen clamar: " ¡Sufragio efectivo: no reelección!" Y
oyen los tumbos del mar, o se adivinan.
VI. Consideraciones antropológicas. Se dice: "ne

Es dudoso que esta denominación corresponda a un tipo
étnico definido. Parece una traducción sonambúlica de la
barbarie, del primitivismo tal vez, o de la crueldad
voluptuosa. Ose dijo ''negros'• por' 'morenos•', como hacen
los argentinos. El lenguaje sintético de la poesía lleva a los
extremos. O es W1a denominación cariñosa, así como quien
exclama: "¡Mi negra!", por: "¡Oh dama de mis
pensamientos!" Hasta aquí las actuales investigaciones.

VII. Reflexiones estiUsticas. Siete estrofas o laisses de
cuatro dísticos cada una, caracterizados éstos por la rígida
simetría del fraseo. Métrica no registrada en los
reglamentos aduaneros. Recurrencia léxica, reiteración
encaminada a provocar el sonambulismo. El primer verso
de cada dístico se repite hasta el aturdimiento. Estética del
Rimbaud Ebrio y del Suprarrealismo Soluble. El verso
reiterado crea un marco para el movimiento del poema, W1
fondo marino sobre el cual resalta el cordón de negros, con
lejanas circunflexiones de olas. El verso reiterado es un
friso. Si la repetición recayera sobre el segundo verso del
dísúco, lo llamaríamos letanía. "En la orillita del mar
flordelicado": de aquí fluye todo el poema, como de W1a
fresca banda azul que escurre y destiñe sobre una pared
inmensa.
VIII. Elementos del friso: a) "Orillita" es diminutivo
perverso, putrefacción oriental, cosquilla y tortura
chinesca, puñal en miniatura, juguete de la Nao de China,
flor japonesa, opio, cocó y qué sé yo. "Orillita" punza y
taladra, hace un rechinido de sierra. A la vez, purifica los
contornos nítidamente, como un buen dibujo lineal, y crea
un contraste paradójico y cristalino con la emanación
sofocante y embriagadora del episodio. b) "Flordelicado".
Hemos hablado de olas circunflejas. ¿Olas en figura de flor
de lis? ¿"Flordelicado" como el "camarín" de Efrén
Rebolledo? ¿Modernismo ya? ¿Delicada flor de lis?
¿Motivo de W1 muro cretense, lo que nos llevaría muy
lejos? Todo puede ser. "Delicado" es adjetivo exhausto,
gastado al uso. "Flordelicado" vale mil veces más.
Equívoco, calambre mental, contagio entre dos o tres
palabras, cruce léxico, secreteo entre varias ideas.
Completa ecuación verbal, ella estaba en la mente de Dios
esperando que la nombraran. O cayó de la Divina Corona,
como en la Cábala los signos hebreos de la escritura.
IX. llipótesis psicoanalítica. Hay un punto de vista
audaz, y no podemos disimularlo. El poema, según esto, no
sería un poema antiguo, sino un vuelco de atavismo, un
hundirse hacia el pasado profundo, W1 tragarse a sí mismo
acontecido en la mente de algún falsificador moderno. X Que así conviene llamarlo- viajaba entre Nueva York e
Inglaterra en un barco de la Lamport &amp; Holt. Le servían a
bordo, con desesperante frecuencia, ese pescado

norteamericano, pegajoso e insípido, que es el hipogloso
(halibuJ). X entraba en un raro trance a la hora de las
comidas. Nada recuerda. Sus compañeros de viaje lo han
revelado a los investigadores, entre muchas reticencias y
no escasos melindres. La palabra de la minuta, leída al
descuido, se le encaminó a X por los estratos del alma hasta
el yo profundo y hasta el "ello", a modo de virus filtrable. Y
un día salió a flor de labios en el poema que admiramos,
convertida en el propio nombre de nuestro Héroe
Desconocido. Y es evidente que el halibut del poema tiene,
en efecto, un no sé qué de pescado, W1 aroma entre
repugnante y atractivo de fauna marítima, ambivalencia
característica de todas las emociones sagradas, que incitan y
rechazan, seducen y aterrorizan. X, al acercarse la hora de
las comidas, oía siempre ese tañido de como o cometa con
que se anuncia a bordo el servicio, y dió en llamarle a esto
''el tañido del halibut' '. El tañer del halibut estaba a cargo de
un negro: otra explicación más de las asociaciones
musicales del halibut y de los misteriosos negros que
aparecen en el poema.
Los compañeros de X declaran que éste les hablaba
frecuentemente de cierta página en que la Condesa de
Noailles describe a un príncipe cazador, persa o indio,
revestido de seda y de colorines como en las antiguas
miniaturas, montado en un caballo blanco, que echa atrás el
busto para tirar del arco y lanzar la flecha. Pero la poetisa,
en vez de considerar este movimiento como una torsión
vigorosa, lo considera como "un desmayo". Esta reducción
del esfuerzo a una abandono, esta interpretación de la
energía como flojedad -perfectamente compatible con la
física superior-, es la sangre misma del poema, si bien se
mira.
Ahora bien, aun admitiendo esta hipótesis tan
desconcertante en apariencia (y que parece corroborada
por el hemistiquio de la estrofa IV: "¡métenle al halibut!",
forma dialectal sólo conocida hasta hoy en W1 pueblo
contemporáneo), queda la posibilidad de que el falsificador
moderno haya recogido en sus inspiraciones, de modo más
o menos consciente -pues no es de desecharse del todo el
caso de la iluminación y del salto atrás- algunos elementos
de W1a tradición vetusta y casi perdida. No sería la primera
vez que MacPherson sorprende al mundo con los cantos
de Ossian.
X. Problemas de edición. El poema no se presentó de
una vez en su orden lógico, sino en estado fragmentario y
disperso. Los eruditos han tenido que recomponerlo y
organizarlo, cambiar los versos de lugar como lo hacía
Renan para el Cantar de Cantares, y defenderse contra la
tentación de las supresiones o interpolaciones, tentación
que ya padecieron los diaskevastas homéricos en la Atenas

....

-.J

�de los Pisistrátidas. Poco a poco, el rompecabezas llegó a su
arquitectura probable. Singulannente, los dísticos de los
versos 7 a 1O, 13, 15, 20 y 34 cambiaron varias veces de sitio,
como lo apreciará quien consulte los Mss. fundamentales
del poema.

cambio, otros -la extrema derecha, a la cual pertenece la
edición aquí presentada-, buscan precisamente la
aproximación al arquetipo, al poema escrito y creado ya de
toda eternidad en el seno de las Normas. Pues así como hay
ráfagas eléctricas, o cósmicas o lo que sean, que cruz.an el
universo en todos sentidos, así los versos andan por ahí,
solos y autonómicos, como mariposas, esperando que logre
atraparlos la afortunada red del poeta. Según esto, cabrían
aproximaciones, intentos, retoques, pero no una
rcclaboración perpetua del Canto del HalibUJ. No
conviene que en tomo al canto se consienta una flora.
parasitaria y caprichosa.

En su forma actual, que los gramáticos futuros sin duda
rectificarán todavía, ·el poema resulta bastante legible,
dividido en sus siete estrofas, a las que los editores han
puesto títulos o indicaciones entre paréntesis para facilitar la
comprensión del texto.
Es innegable que hubo algunos parpadeos o eclipses, y
es lamentable la omisión o pérdida de un dístico en la estrofa
VI, que rompe la ley de la simetría, y por cierto interrumpe
el sentido en un momento bastante escabroso, dando lugar
a feas sospechas.

Pero los derechistas, en la aplicación social de sus
principios, han llegado a la exageración. El Club ha sido, en
el origen, algo como un club deportivo y juvenil, un club de
regatas instalado en alguna playa, y ahora pretende
estúpidamente transformarse en una ponderosa Academia
del Halibut, lo que pronto conduciría a la anquilosis.

XI. Consideraciones finales. Con ser un residuo del
pasado, el poema parece destinado a un gran porvenir.
Nada diremos del presente porque, como todo el mundo lo
sabe, el presente no es un tiempo de la conjugación poética.
El fenómeno poético corresponde siempre a un pasado o a
un porvenir, reales o imaginarios. El presente nunca es
poesía, sólo acción.
El porvenir reservado al poema que aquí estudiamos es
realmente incalculable. El Canto del 1/alibut es un poema
todavía vivo y en constante transformación. Prende en el
lector como un contagio, lo arrastra en su ritmo y en su
fluencia verbal, y ofrece, a la vez un molde fijo, tan fácil de
aprovechar que todos nos sentimos bardos, todos
inclinados a seguir añadiendo estrofas por nuestra cuenta:
cristal donde todavía pueden tallarse nuevas facetas,
fórmula abierta de la celulosa que puede acrecerse
incesantemente en perspectiva indefinida. El elemento ya
coagulado del poema, el verso fijo, el friso, deja el hueco
para nuevos elementos líquidos y cambiantes. Y así, el
Canto del Halibut apenas parece un punto de arranque
para muchos desarrollos posibles. Todos guardamos
algunas especies halibutianas en el fondo del alma, que se
desatarían en versos a la más leve provocación, como una
improvisada selva de ritmos.

....

00

Pronto, para entregarse a este saludable ejercicio
(catharsis del filósofo griego: lo que se expresa ha dejado
de padecerse), se ha creado una sociedad poética, el Club
del Halibut, cuyos miembros trabajan en colaboración;
aunque no faltan las disidencias, los bandos, como siempre
acontece. Unos reclaman la mayor libertad para seguir
pescando nuevos versos en los lodaceros del
subconciente, pues el Halibut es un pez que desova
siempre en el fango, y los adeptos de esta escuela
representan algo como la extrema izquierda del Club. En

VIA LIBRE

Presentimos, en efecto, que, cuando hayamos logrado
sacar de los mantos profundos -pozos petrolíferos
insondables- millones y millones de versos, la sustancia
infinita del Halibut expresará todos los anhelos humanos de
todas las humanidades posibles de ayer, de hoy y de
mañana. El ser del hombre está todo contenido, construído,
en la sustancia del Halibut. Cada uno de nosotros es tan sólo
una pequeña cristalización, un diminuto y pasajero
equilibrio del Halibut, del Panhalibut de la Creación. El
Canto del llalibut, leído atentamente, despide ese tufillo
inconfundible, ese olor de barro original, de légamo
bíblico, en que el padre Adán fué modelado.

VIA LIBRE

REVISTA MENSUAL SOBRE CULTURA

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CIUDAD _ _ _ _ __ __ __ _

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Nosotros, como editores, hemos tenido que adoptar
provisionalmente el punto de vista de las derechas, a fin de
ofrecer un texto preciso. Pero nuestras íntimas simpatías se
inclinan a un izquierdismo mesurado, lo que se ha llamado
de tiempo a esta parte el Frente Popular del Halibutismo.

DE
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LA
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�Dibujo de Elvira Gazcón

sus libros. Curioso caso de bibliófilo en
el sentido más amplio de la palabra, no
del libro como objelo sino como
depósito del saber humano. Partir a
Europa cargado de libros significa no
sólo eso sino también que se llevaba el
propósito de una estancia larga en
aquellas tierras, o de que fuera
definitiva. Esta forma de viajar nos hace
recordar al personaje de Elías Canetli
en su novela Auto de fe, especializado
en sinología, que salía de su casa con un
maletín en el que transportaba una
pequeña parte de su biblioteca. A París
llegó Alfonso Reyes con libros.
Después fue adquiriendo otros, y por
ahí ha contado que Francisco García
Calderón,. el que prologó su libro
Cuestiones tstéticas, su vecino en París,
"se deleitaba paseando entre los libros
de mi pequeña biblioteca, que ya
comenzaba a no ser tan JJC{lueña y que
yo había transportado heroicamente
desde México hasta París". La Guerra
del 14, y los sucesos de México lo
sacaron de la capital francesa, pero
resuelto a permanecer en Europa se
fue al sur, a España, con Lodos sus libros,
Y aquí permanecería diez largos años,
de los cuales los seis primeros fueron
heroicos porque vivió exclusivamente
de su pluma, "en pobreza y libertad".
Vivir de la pluma significaba escribir
prólogos, hacer ediciones· críticas y
ediciones populares, principalmente de
autores de los siglos de oro, reseñas y
comentarios bibliográficos. De aquellos
trabajos, los de más peso crítico
aparecieron en la Revista de filología

española, del Centro de Estudios
Históricos de Madrid, dirigido por don
Ramón Menéndez Pida!. Otros fueron
para presentar ediciones en la Editorial
Calleja; otros pasaron a formar parte de
El suicida, la Visión de Anáhuac, El
cazador, los Cartones de Madrid; otros
más, en fin, aparecieron en El sol, o en la
misma Revista de filología española,
como reseñas y comentarios
bibliográficos. Años después, en
México, estos últimos integraron el.
volumen que Reyes tituló precisamente
Entre libros. "Mi época madrileña
correspondió, con rara y providencial
exactitud, a mis anhelos de
emancipación." En efecto, para quien
como Reyes se había impuesto la
liberación no sólo de su condición
inicial de joven de clase pudiente, sino
de su procedencia de un país
convulsionado en el que había sido
sacrificado su propio padre, los años de
Madrid representaron la posibilidad de
confirmar su condición de escritor, de
cumplir su vocación en un ámbito de
libertad.
Y de sus propios libros ¿qué
pensaba Alfonso Reyes? En 1924, con
35 años de edad, decía que cada libro le
recordaba un orden de estados de
ánimo. En este sentido, la tarea de
escribir le representaba el acto de
cobrar conciencia de las formas y
maneras diversas de su relación con el
mundo, a través del lenguaje, en el que
además se implicaba una comunicación
con los demás. Pero, añadía, no era

posible escribirlo todo y se producían
acumulaciones interiores y estos
depósitos de la vivencia y de la memoria
a su vez daban lugar a nuevas
creaciones, produciéndose una
singular cadena de realizaciones,
motivaciones, provocaciones vitales,
todo identificado finalmente en el acto
de escribir. Por eso decía también que
una condición o situación que pasaba
por la reflexión y en ella se clarificaba,
revelándose en el lenguaje, podía ser
resultado de varios años de Larca
interior. "Así -dice Reyes-, cuando se
me pregunta por un libro mío, corro el
riesgo de contestar algo que no
corresponde al libro en cuestión, sino a
ese doble fondo invisible que las obras
tienen a los ojos de su creador; a ese
otro libro no escrito, de que el libro
publicado es sólo un efecto final, un
hemisferio visible." En todo esto se
revela, finalmente, la actitud del hombre
de letras cuya vida cobra sentido en el
ejercicio de escribir, como forma
superior del espíritu en el proceso de
interpretación conslanle de las
manifestaciones de la vida a través del
lenguaje. Para él las palabras son el
receptáculo del mundo y su reflejo. En
ellas y con ellas erige la posibilidad de
descubrir la significación del mundo y
su propia situación vital. Alfonso Reyes
afirmó que ''escribir es como la
respiración de mi alma, la válvula de mi
moral. Siempre he confiado a la pluma la
tarea de consolarme o devolvermene el
equilibrio, que el envite de las
impresiones exteriores amenaza todos

�los días. Escribo porque vivo. Y nunca
he Cieído que escribir sea otra cosa que
disciplinar todos los órdenes de la
actividad
espiritual,
y,
por
consecuencia, depurar de paso todos
los motivos de la conducta". ¿Qué mejor
explicación del acto de escribir que ésta
de Reyes, en la que se imbrican
inteligencia y emoción, valores morales
y valores estéticos? Lejos de la
concepción egoísta o solitaria del
creador, aquí se nos propone una idea
de creación en la que se pone en juego,
primero, toda la personalidad del
escritor, y después, a éste en su
contexto colectivo. Por eso también
afirmó Reyes que el anhelo creador es
muy parecido al amor. En el hombre de
letras, leer y escribir son el anverso y el
reverso de una misma actitud y en
;irnbos está presente el libro.
Recordemos que el joven Reyes, en un
pequeño ensayo titulado precisamente
''Mal de libros'' imaginó otro Quijote: el
que de tanto leer no se lanzó a las
aventuras de caballería, sino que se
puso a escribir.

Así, en la última etapa diplomática de
Reyes, de 1924 a 1939, quince años, sus
libros permanecen en México. De la
calle Naranjo 127, pasaron en 1926 a
Pino número 41; después, en 1930, a
Mérida 127; pasaron en 1926 a Pino
número 41; después, en 1930, a Mérida
127; en 1932, a la calle Córdoba 95, y
finalmente, en 1939, fecha de su regreso
a México, a su casa definitiva en
Industria 122, hoy calle Benjamin Hill.

La función diplomática llevó a
Alfonso Reyes de regreso a Madrid, en
misión especial; después a París y por
último a Buenos Aires y más tarde a Río
de Janeiro. Para entonces, la
bibliografía de Alfonso Reyes ha
aumentado considerablemente, y es
seguro que en estas diferentes
estancias fue integrándose, de nuevo, la
biblioteca personal con los libros que se
iban adquiriendo y los que sin duda
recibía de sus amigos en México,
España, Francia e Hispanoamérica. Este
intercambio biblio-gráfico y epistolar lo
hizo finalmente concebir un proyecto
singular, nunca antes utilizado por
Cuando abandona España en 1924, escritor alguno y seguramente no
viaja con sus libros hasta México. repetido desde entonces: un correo
''Después de las penas y gastos que me literario. Así nació Monterrey, correo
ha costado el acarrear mis libros de literario de Alfonso Reyes, en Río de
México a París, en 1913; de allí a Madrid Janeiro, en junio del año de 1930. Una
por 1915; y ahora, otra vez de Madrid a idea como ésta sólo podía nacer en un
México, resuelvo -para ser, además, escritor que desea no sólo mantener
plenamente movilizable en mis cargos viva su vocación y su tarea literaria, sino
diplomáticos- dejar mi biblioteca que además propone caminos para que
instalada en México, calle de naranjo quienes, como él, aman el oficio y
127, casa de la familia de mi esposa..." desean conocer el resultado de ese

oficio en libros y revistas, dispongan de
un medio ade-cuado para informar y
para informarse. En el primer número
de su correo literario dejó escrito
Reyes el "propósito" de este peculiar
correo. Las revistas literarias, dice
Reyes, se crean para llenar los
intersticios entre los libros, y después
los intersticios entre las revistas son
llenados por los periódicos literarios.
Reyes concibe no ya una revista
literaria de un solo autor sino WI
periódico literario de un solo autor: "Un
órgano de relación, de relación social,
con el mundo de los escritores: W1
boletín de noticias del trabajo, casi wia
carta circular. En suma: un correo
literario." ¿Para qué? Para prestarse "al
diálogo entre los amigos que quieran
aclarar consultas o cambiar erudiciones
por este medio; siempre hospitalario
pero siempre casa privada y no edificio
público, siempre habitación de una sola
persona que no ha de explicar sus
preferencias; de aparición periódica en
lo posible y frecuente según convenga
al redactor único, puesto que es W1
papel de obsequio, una carta impresa;
útil como tarjeta para agradecer los
muchos libros que nos enviamos unos a
otros y de que apenas podemos ya
acusarnos recibo, a riesgo de
abandonar toda otra tarea, -el correo
literario (este CORREO LITERARIO
que pongo bajo la advocación de mi
ciudad natal por motivos puramente
cordiales)- sale hoy a desandar la
trayectoria de mis viajes...'' La disciplina
de Alfonso Reyes ante su pro¡:ia

empresa. le permitió publicar tres
números en 1930; cuatro en 1931; dos en
1932; uno en 1933; uno en 1934; uno en
1935; uno en 1936, todos realizados en
Río de Janeiro, y uno más finalmente en
Buenos Aires; en total 14 números de
esta empresa heroica que se mantuvo
viva hasta el año de 1937. Y todo por el
amor a las letras y los libros. Sólo como
curiosidad, mencionemos que en el
último número del correo literario de
Alfonso Reyes (julio de 1937) en la
sección "Publicaciones recibidas" se
incluyen 92 títulos en el apartado ''libros
y folletos mexicanos o referentes a
México"; ocho "Nuevas revistas
mexicanas"; 297 "libros y folletos
extranjeros" y 13 "Nuevas revistas
extranjeras", o sea un total de 410
publicaciones que pasaron a engrosar
la biblioteca de Alfonso Reyes.

y al regresar en enero de 1939 está casi
terminado. Sus libros, que habían
quedado en México, pasaron
finalmente de Córdoba 95, a su casa de
Industria 122, ahora calle General
Benjamín Hill. El 26 de marzo de 1939
escribe Alfonso Reyes en su Diario: "A
partir de esta frase, estas son las
primeras líneas que escribo en mi casa,
hecha con el esfuerzo de toda mi vida,
para dar asilo conveniente a mis libros."
Y después añade: "Aún están mis libros
en Córdoba 95, pero ya está aquí el
salón principal para recibirlos, que hace
esquina a Industria y Tacárnbaro, de
dos pisos con mezzanine. Arriba, en un
volado del piso, estará mi escritorio.
Tengo luz cenital, ventanitas alargadas
en todos los nichos que dan a la calle, y
una gran vidriera al lado de mi
escritorio, que recorre los dos pisos. No
puedo creer a mis ojos ..." Una casa
Medio año después de la última
junto a la biblioteca, o una biblioteca a la
aparición del correo literario, Alfonso
que se había añadido una casa. En
Reyes termina sus funciones en el
realidad, a partir de ese año de 1939
serv1c10 exterior mexicano. Llega a
Alfonso Reyes vivirá y trabajará en su
México en enero de 1938 y pocos
biblioteca, rodeado de libros,
meses después se realiza la
entregado a la tarea de leer y escribir.
expropiación petrolera. Reyes, por
José Gaos, el filósofo español, lo visitó
acuerdo del presidente Cárdenas,
regularmente y durante muchos años.
regresa a Río de Janeiro en misión
"Con Alfonso Reyes -escribió Gaosespecial para negociar en Brasil la
solía pasar un par de horas vespertinas
venta de petróleo. Esto le lleva todo el
los fines de semana, en la 'Biblioteca
resto del año de 1938 y en enero de
Alfonsina', paradójica, impresionante
1939 ya está definitivamente instalado
síntesis de biblioteca como para servicio
en México. Antes de este último viaje
del gran público y de recámara como
había adquirido el terreno para
para la vida más privada:' ' La biblioteca
construir su casa y se había iniciado la
en casa de Alfonso Reyes fue visita
otn. En su ausencia continúa el trabajo obligada
de todos los escritores

hispanoamericanos que pasaban por
México y lugar de encuentro con el
escritor, de las viejas y nuevas
generaciones de poetas, narradores y
ensayistas mexicanos.
Los libros merecieron de Alfonso
Reyes, además del cuidado y el uso
constante de los propios, atención en
sus páginas para reflexionar sobre
ellos, su significación en la historia y la
cultura humanas, su valor en la
salvaguarda y transmisión de las ideas y
su poder de hacer perdurar el
conocimiento y enriquecerlo. "El libro
no es un lujo -decía Reyes- sino una
parte integrante de la vida humana y un
factor indispensable en la edificación de
las sociedades como hoy las
entendemos, es decir erigidas en civilización." En efecto el libro es, a partir
de la invención de la escritura, el que
hace posible toda la capacidad humana
de transformación y superación de la
vida individual y colectiva. Decía Eca
de Queiroz que en las bibliotecas
reposa el pensamiento de la humanidad
encuadernado en piel. Este reposo es el
que hace posible el resguardo y
finalmente el rescate del pensamiento
de los hombres. Todo está en los libros,
la verdad y la ficción, la invención y la
crónica, la fábula y la ciencia, el
lenguaje de la sabiduría y la belleza de
las palabras, la historia y sus testimonios,
como también los fundamentos de la
vida social y el rigor que impone el
derecho a las acciones de los hombres.
A los libros, como en el principio que da

�sentido y explica al humanismo, nada les
es ajeno. "El libro -sentencia Alfonso
Reyes- enriquece igualmente la
soledad y la compañía. Este doble valor
está presente en el proceso mismo del
uso de los libros, pues aquello que nos
otorgan en la cultura solitaria alimenta
después los depósitos del saber y
propicia, finalmente, el diálogo del
pensamiento, la convivencia espiritual y
el comercio o intercambio de las ideas."
Leer y escribir, decíamos antes, son
el anverso y el reverso de una misma
actitud en el hombre de letras. En la
lectura se hace una adquisición y en la
escritura, como parte del proceso de
creación, se hace una transmisión y una
entrega. Esta cadena de acciones en las
que intervienen por igual el
pensamiento y la emoción, la vivencia y
la reflexión, es el sustento de una buena
parte de la cultura, y de la misma
literatura, por la intermediación del
libro. "Hoy por hoy -dice Reyes;
estamos tejidos en la sustancia de los
libros mucho más de lo que a primera
vista parece.'' Si esto es verdad, como lo
es, tenemos que reconocer Qjle la
historia humana se sostiene en los1ibros.
Y aún podría decirse que hasta aquéllos
que desdeñan o ignoran los libros -pues
hay quienes se precian de no haber
leído un solo libro- viven, comparten y
hasta disfrutan ia sociedad de los
hombres, y en ella influyen y participan
de una o de otra manera. Pero por otra
parte, este inmenso depósito del saber y
la memoria que son los libros, excede

con mucho la capacidad individual y
social para captarlo y obtenerlo todo,
pues como el mismo Reyes lo afirmó, ''la
cultura misma en que vivimos, la cultura
que disfrutamos y gracias a la cual
existimos dentro de nuestra sociedad,
es inaccesible, en su totalidad, a todos y
cada uno de nosotros. Sólo está en los
libros". Asimismo podría afirmarse que,
si bien es imposible adquirir un
conocimiento total a través de la
educación, pues cada uno sólo
adquiere una parcela del conocimiento,
así también la educación de todos da
cuenta del nivel adquirido por una
sociedad. Pero si no hubiera cultura,
podría
decirse
siguiendo
el
pensamiento de Reyes, se reduce la
cantidad de hombre que hay en el
hombre, es decir, se deshumaniza.
En este rápido y breve repaso de la
vida de Alfonso Reyes en su relación
con los libros, es necesario acercamos,
así sea superficialmente y casi de
manera cuantitativa, a los que escribió
Alfonso Reyes. Sólo como curiosidad e
incluyendo en esta relación libros,
folletos, poemas sueltos, separata de
revistas y otras publicaciones, más las
recopilaciones, refundiciones y segundas ediciones, en la década de 1910 a
1920 aparecen seis títulos; 15 en la
siguiente, de 1920 a 1930; 31 en la de
1930 a 1940; 47 en la etapa más fecunda,
de 1940 a 1950, y 36 en su última década
de vida, más nueve volúmenes de sus
obras completas. Esta entrega de
originales a la imprenta fue una

constante en su vida. En su Diario,
particularmente después de su
instalación definitiva en México, Reyes
llevaba cuenta del material que tenía
terminado o en proceso, disponible y
para la imprenta. En una anotación en su
Diario, dejó dicho en septiembre de
1944: "De mañana preparando el libro
Los trabajos y los días. Así, en est~
últimos meses he publicado: !El
Deslinde/Tentativas y Orientaciones)
Espero pronto que salgan de la
imprenta: /lfigenia cruel 2a. Edición./
Dos o tres mundos (Antología de viejos
relatos). /He entregado a las ediciones
de El Colegio de México:!Cap(tulos dt
literatura Española, 2a. Serie. /Me
están copiando para González Palacin:
/Norte y Sur.! Y tengo ya preparados
para copia: /Astillas/ A lápiz/ !Los
trabajos y los d(as I la vega y el sOIO
(versos). ¡ Diez libros! Estoy algo
cansado, pero contento de este
esfuerzo higiénico. Pienso seguirlo,
incluso sin editar a la vista. Pues al
menos los libros podrán quedar
preparados para la primera ocasión, Y
aun en caso de muerte." Dos años
después, sin embargo, anota en el
Diario las inquietudes que le provoca el
haber puesto en marcha un número de
libros que le parece excesivo, pues ea
cierto modo producía más aprisa que la
disponibilidad de las imprentas para
recibir sus originales, de acuerdo con
sus proyectos editoriales y empezaba a
verse en la necesidad de costear di
mismo sus ediciones. Se queja de la
limitación de recursos que padece Y

tennina por recoger sus materiales de
las casas editoras y los impresores. Pero
la obra siguió creciendo año tras año y
así continuó hasta su muerte en 1959.
Cuando cumplió sesenta años, sus
amigos escribieron en su honor versos
dedicados a significar su tarea de
escritor y hombre de letras. José María
González de Mendoza escribió una
cuarteta que dice:

Más libros que años, veo
tiene Alfonso. Más -si goza
de salud- años arreo
y al par libros, le deseo:
El Abate de Mendoza

Y en efecto, tuvo más libros que
años y en los últimos diez de vida

incrementó notablemente el número de

sus títulos.
En 1955 se celebraron los cincuenta
años de escritor de Alfonso Reyes,

tomando como punto de partida aquella
publicación de sus versos en El
Espectador de Monterrey, en 1905.
Con este motivo, entre otros homenajes,
el Fondo de Cultura Económica inició la
publicación de sus obras completas, con
la participación directa del propio
Reyes. Esto motivó en él la elaboración
de 1U1as memorias bibliográficas, es
decir contar, de cada uno de sus libros,
cómo nacieron, en que ambiente y
circunstancias se gestaron y la
recepción que tuvieron. Las llamó
Historia documental de mis libros, y en
ellas refirió anécdotas, sucedidos,

surgimiento de amistades literarias, la
elaboración en suma de un cuadro de
época en el que rescataba testimonios y
recuerdos. Empezó con su primer libro,
Cuestiones estéticas, siguió con los
publicados en España en el período
inicial ("Los días heroicos"), avanzó
hasta los años posteriores y llegó a
escribir 18 capítulos de esta singular
historia, que como el correo literario, no
tenía antecedente en las letras
occidentales.

1943, Alfonso Reyes dejó escritas unas
palabras en tomo a este producto
permanente de la cultura humana que
es el libro. Decía Reyes en esa ocasión
que "habría mucho que añadir sobre el
estímulo psicológico que la sola
frecuentación de los libros produce en
la gente que circula entre los
pabellones". En efecto, quien recorre
una feria del libro como ésta tiene
oportunidad de entrar en contacto con
una increíble y rica variedad de
publicaciones,
procedentes de muchas
Alfonso Reyes vivió y murió entre
partes
y
con
diversos
contenidos, y se
libros. No fue el bibliófilo que atesora
valiosos ejemplares y colecciona piezas enriquece su apreciación sobre el valor
raras. Quien haya tenido oportunidad de la página impresa y puede descubrir
de conocer su biblioteca, ahora la belleza de muchas de estas
depositada en la Universidad Autónoma creaciones tipográficas. Todo, en su
de Nuevo León, podrá comprobar que conjunto, puede provocar ese estímulo
la mayoría de los libros fueron que dice Alfonso Reyes y se da siempre
manejados y utilizados por su dueño, entre quienes aman los libros y entre
pues respondían a esa necesidad del quienes, en un momento determinado,
m1ciar una relación
espíritu de establecer contacto con otras pueden
permanente
con estos bellos y útiles
ideas y otras concepciones, otros
testimonios del lenguaje, del depósitos de la cultura de todos los
tiempos. Pues los libros, como lo dijo
pensamiento y de la creación.
Alfonso Reyes, gravitan sobre nuestras
En la Feria del Libro del año de almas.

�EL LUGAR DE ALFONSO REYES EN LA
LITERATURA MEXICANA

José Roberto Mendirichaga
••Por mares y continentes...
llevo el Ceno de la Silla
en cifra y en abstracción ..•'

Romances sordos,
Alfooso Reyes

Hablar y, más, escribir de Alfonso
Reyes es siempre un atrevumento.
Porque la obra de este escritor
mexicano y universal es tan vasta que,
aun con disciplina, resulta difícil no
digamos comentarla y glosarla, sino aun
leerla. Y porque junto con páginas muy
amenas y entretenidas, hay también las
filológicas y eruditas, las que ·incursionaron en campos insospechados, no
siempre del agrado del lector común.
En este año de Reyes se nos
presentan la ocasión y la oportunidad
de acercarnos, por primera o por
enésima vez, a sus vastos escritos. Y lo
podemos hacer en esa accesible
Antología1 que reúne lo mejor de su
poesía y de su teatro, cuento y ensayo;
o podemos lanzarnos al proceloso mar
de sus veintiún volúmenes, en sus
Obras completas,2 las que el mismo
Castañón nos ha anunciado que subirán
a veintitrés en este año, con Albores y
Parentalia; y Las burlas veras.

00
(")

Lo que sucede con los textos de
Reyes es que sutilmente nos atrapan y
nos conducen a una especie de
dependencia por la globalidad, por la
totalidad. Y entonces -en proustiana
expresión- andamos siempre a la

búsqueda del tiempo para leer esas
páginas nuevas; o para releer aquellas
que en una segunda, tercera o cuarta
lectura, nos conduzcan a otras
vivencias y estadios.
Cuando nos referimos a "El lugar
de Reyes en la literatura mexicana", es
obvio que hacemos a un lado su
infatigable labor de promoción cultural
y su magisterio mismo en la Escuela de
Altos Estudios, luego Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional, y en otras escuelas y
universidades de México y del mundo.

El humanista clásico y el escritor
contemporáneo
Es fundamental la distinción que hace
don Antonio Castro Leal y que
Francisco Giner de los Ríos nos
recuerda en un texto conmemorativo
del cuadragésimo quinto aniversario
del Fondo de Cultura Económica: que
hayel "Alfonso poeta y travieso"; y que
hay también el "Reyes erudito" .3
Empezamos a entrar en materia, si
nos preguntamos el porqué de la
afición de Reyes por los ternas
helenísticos. ¿Son una vergonzante
huída de la realidad mexicana?
¿Representan una forma de situarse
por encima de los escritores mexicanos
de su época? ¿Es afán de notoriedad o
ansia desmedida de inmortalidad?
¿Cómo se puede asimilar lo mexicano
desde lfigenia cruel o La cr(tica en la

edad ateniense?
Ramón Xirau, en breve tomo de
ensayos sobre Poesía iberoamericana
contemporánea,4 parece darnos la
clave. Allí establece el crítico
hispanornexicano que la desmemoria
de Ifigenia es la cuasa de su desgracia,
lo que luego se supera mediante la
liberación en el intelecto, haciendo
notar que es el propio Reyes quien, en
su Comentario a Jfigenia cruel,
describe el doble carácter objetivosubjetivo de su "afición" a Grecia,
señalando que también Octavio Paz lo
ha hecho en su libro Puertas al campo.
Si tomarnos sólo este aspecto de su
escritura -el de las letras clásicas, el de
los estudios helenísticos-, diríamos que
la importancia de Reyes en la literatura
mexicana habrá de ser mucha,
impresionante, monumental ... pero para
unos cuantos. Para los Méndez
Plancarte, los Garibay Kintana o los
Astey.
Pero no es esta vertiente la que
fundamentalmente nos interesa; nos
espolea ahora la curiosidad por ver
hasta qué punto ha influido en nuestra
literatura mexicana moderna y con·
temporánea; en qué grado está vivo el
Alfonso Reyes nacido hace un siglo en
esta metrópoli norestense y fallecido
hace treinta años en la capital de la
República.
Y en este sentido, adelantamos algo

de nuestra tesis al señalar que su
importancia es la misma tanto en las
letras clásicas de los poemas homéricos
y de los estudios de Quevedo y
Góngora, de Cervantes y de sor Juana,
como en la moderna literatura y en las
letras contemporáneas, añadiendo
además que esta importancia se
prolonga en influencia -consciente o
inconsciente- para muchas generaciones de escritores que lo fueron y lo son.

Universalidad y mexicanidad de
Reyes
El mexicanísimo dicho de que'' A nadie
le falta su Ahuizote" (descomposición
de Ahuízotl, emperador mexicano que
fue duro y sanguinario con sus
enemigos), bien puede aplicarse en la
relación de nuestro escritor con el
periodista y polemista Héctor Pérez
Martínez, la que quedó como de
respeto y de afecto de don Alfonso al
joven periodista, en razón de la
bonhomía y delicadeza del primero.
Viene esto a cuento porque, al
cuestionarle el increpante a don
Alfonso su mexicanidad, le responde
magistralmente: "Ignoro si Pérez
Martínez sabe, por su parte, lo que es
andar años y más años lejos del propio
país, haciendo esfuerzos acrobáticos
como los que yo tengo que hacer para
no perder una sola voz, una sola
palabra de nuestra literatura... " " La
única manera de ser provechosamente
n .
acional consiste en ser genero-

sarnente universal, pues nunca la parte
se entendió sin el todo... " "Mi labor
directa sobre asuntos mexicanos viene
desde los comienzos de mi vida
literaria; es decir desde poco antes del
Ateneo... ' '5
Quienes llaman la atención sobre
esta universalidad de don Alfonso son
nuevamente José Luis Martínez, al
referirse a Reyes corno "el maestro de
la prosa y de la curiosidad intelectual en
este período" , sin desatender a "los
acentos clásicos y populares en el vasto
mundo poético ... " ; Emir Rodríguez
Monegal, al poner, a la zaga de Borges,
por cierto, a quien estableció que no
hay una nítida y tajante distinción entre
la prosa y el verso; Ramón Xirau,
cuando destaca que, entre los
descubridores de la " otra" realidad
poética y literaria, se encuentra Reyes;
y Guillermo Sucre, quien nos recuerda
que para Reyes la distinción entre
poesía y crítica es que "son dos
órdenes de creación, y eso es todo" .6
Alguien que también reafmna esta
universalidad de Reyes es Alí Chumacero, en ese excelente volumen
titulado Los momentos críticos (Col.
Letras Mexicanas, FCE, México, 1987),
si bien igualmente apunta: "No deseaba
marcharse sin habemos convencido de
que su patria y dentro de ella muy
especialmente su ciudad natal, Monterrey, había sido el galardón propicio
y el orgullo que paseó por rumbos
distintos del planeta. " 7

Regiomontaneidad de Reyes
Ya Chumacero lo ha dejado más que
claro. Muchos de sus biógrafos, críticos
y comentaristas así lo han hecho
también. Pero nunca está por demás
recalcar ese amor de Reyes por el
terruño, el que en ocasiones se
convierte en mito, en visión lejana, en
Itaca.
¿Cómo hace Reyes para tener
presente a su Monterrey, cuando se
ocupa de Hornero, de Virgilio o de
Dante? ¿Cómo es que tiene tiempor
para estar al tanto de las novedades
literarias de Carlos Barrera, Eusebio de
la Cueva, José Alvarado o Raúl Rangel
Frías? ¿Cómo, sin dejar de leer y
estudiar a los griegos y latinos o a los
clásicos españoles de los siglos de oro,
está al pendiente de su Universidad del
Norte, de la Fundidora y hasta de la
edificación y estilo del nuevo templo de
La Purísima?
Es lo sorprendente en Reyes. Su
capacidad para volver actual lo que, en
ocasiones, se considera preterido, sin
referencia alguna a lo de hoy. Por eso
habla en su Comentario a la lfigenia de
" una Grecia cotidiana, una perspectiva
de ánimo que nos capacita para
humanar hasta los mitos más rígidos y
arcaicos''.
En "Los regiomontanos" aborda el
asunto de nuestra literatura regional y
predice estas "bodas de Mercurio y

�Minerva" que hoy se dan y que
esperamos sean definitivas y se
encuentren fincadas en la verdadera
sabiduría, lejos de todo asomo de
esnobismo y moda.8
Nosotros no tenemos ninguna duda
acerca de la paternidad de Reyes en
nuestras letras.9 Si él supo ocuparse de
Raymundo Lulio y de Juan Ruiz de
Alarcón; de fray Servando Teresa de
Mier y de Manuel Eduardo de
Gorostiza; de Joaquín Arcadio . y
Pagaza y de Ignacio Manuel
Altamirano; de Enrique González
Martínez y de los modernistas; de
Ramón López Velarde y de los
contemporáneos; de Julio Torri, Carlos
González Peña y Ermilo Abreu
Gómez... quienes estuvieron en
posibilidad cronológica de hacerlo
también se refirieron a él y analizaron
su obra.

Covarrubias, José Angel Rendón,
Jorge Pedraza ...

l

Sin Reyes, nos atreveríamos a decir
que son incomprensibles los esfuerzos
de Kátharsis, Apolodionis y
Salamandra; el nacimiento de la
Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad; y tantas
otras
manifestaciones literarias y artísticas
que hoy florecen en nuestro suelo.

4.

Cfr.: Libroconmenwralivodel45 aniversario,
FCE, México, 1980, p. 183.
Xirau,op.cit.,SepSetenlas 15,SEP,México,
1972,RJ. l l-21.
Fn ese Comentario de Reyes a la lfigerúa awl,
recordamos que doo Alfonso nos expica cómll
"por ventura, el estudio de Grecia se iba
coovirtieodo en alimento del alma, y ayudabaa
pasar la aisis... " (la tragedia del 9 de febrero de
1913). "La litemua, pies. se salíade bs lilrnli y,
nutriendo la vida, &lt;lffil)IIa sus verdaderos fua
Y se operaba un modo de curación, de slllil
mayéutica, sin la cual fácil fuera haber
naufragado en el vórtice de la primera
juvenud." Einmedia1amenteaaia: "lgncrioi
éste es el recto sentido del humanismo. Mi
Religio grammatici parecerá a muchol
demasiado sentimental" (¡\nto/ogía de A/fOlllO
Reyes,ed. cit.,p.127). Unodirfa: ¡ojalápara
nuestros adolescentes y jóvenes la literalUII
fuera ''alimentodelalma"y se ''salieradelol
libros y nutrieJa la viJa"1Y~ se eiuc.ndiena
mucha; ldultos, q.¡e se encamirm o eslát en lo
que el mismo Reyes llamaba la edad en que
empie7.llll a aparecer las primeras espum en el

Nosotros diríamos que a don
Alfonso bien pudiéramos llamarlo
"Santo patrono laico de las letras
hispanoamericanas y mexicanas". Esa
es su importancia y ese es su lugar, el
que creemos por mucho tiempo
indiscutible e indiscutido.

Notas

alma

Lo cierto es que, sin Alfonso Reyes,
es muy difícil entender el fenómeno
literario que cuajó en los escritos de
Octavio Paz, Juan José Arreola,
Rosario Castellanos, José Luis
Martínez, Ali Chumacero, Homero
Aridjis, Carlos Monsiváis, Ramón
Xirau, José Emilio Pacheco, Ricardo
Garibay... Y. en nuestro medio, en los
trabajos de Raúl Rangel Frías, Alfonso
Reyes Aurrecoechea, Agustín Basave
Femández del Valle, Carlos Villegas,
José Alvarado, Jorge Villegas, Samuel
A.ores Longoria, Ario Garza Mercado,
Alfonso Rangel Guerra, Miguel

l.

2

Anlolcgía de Alfonso Reyes, Colcccioo I\lpular
46, Cuarta reimpresión, Fondo de Cultura
Ecooomica, México, 1985.

LasObrascompeltaslasempez6apublicarel
Fondo desde 1955 y, hastael momento, Sllmll
veintiún lomos.
Otra Aniologfa interesante es la de su crítico
José Luis Martínez (Costa-Amic, México,
l 965~ Y Adolfo Castañ6n, gerente editorial del
FCE, ha anunciado, junto con los voltlmenes
XXII y XXIII, W1a antología sobre temas
americanos, de Víctor Díaz Arciniega, y otra
sobre la presencia de España en Reyes (Ver
ooadeJuan Garáa Alejandro, en Qilturales de
E/Norte, II-11-89).

5. Alfam Reyes, 01,as compldas, ed. cit., Tomo
VIII, pp. 435 y 439.
6

En América latina en su literatura
(Coordinación e introducción de César
Femández Moreno), Tercera edición, Siglo
XXI Editores, México, 1976, AJ. 88, 149, 312 y
26Q

7. En "JmágenesdeA!foo;o Reyes",cmeridolll
la citada obra, Chumacero nos habla de la
universal cullllra del maestro; del redl81.0 de
éstea !laseparación radical entre sus librosen
p!OOl y sus h~ de poesía"; y de cómo rneftd
ellftulodehombredeletras,sinhaberperdido
jamás ''las dotes humanfsimas del trllO
cotidiaoo'' y ese sentido de lo adiJal pira .., . .

de nuestra tesis al señalar que su
importancia es la misma tanto en las
letras clásicas de los poemas homéricos
y de los estudios de Quevedo y
Góngora, de Cervantes y de sor Juana,
como en la moderna literatura y en las
letras contemporáneas, añadiendo
además que esta importancia se
prolonga en influencia -consciente o
inconsciente- para muchas generaciones de escritores que lo fueron y lo son.

Universalidad y mexicanidad de
Reyes
El mexicanísimo dicho de que ••A nadie
le falta su Ahuizote" (descomposición
de Ahuízotl, emperador mexicano que
fue duro y sanguinario con sus
enemigos), bien puede aplicarse en la
relación de nuestro escritor con el
periodista y polemista Héctor Pérez
Manínez, la que quedó como de
respeto y de afecto de don Alfonso al
joven periodista, en razón de la
bonhomía y delicadeza del primero.
Viene esto a cuento porque, al
cuestionarle el increpante a don
Alfonso su mexicanidad, le responde
magistralmente: "Ignoro si Pérez
Manínez sabe, por su parte, lo que es
andar años y más años lejos del propio
país, haciendo esfuerzos acrobáticos
como los que yo tengo que hacer para
00
perder una sola voz, una sola
palabra de nuestra literatura... " "La
única manera de ser provechosamente
nacional consiste en ser genero-

samente universal, pues nunca la parte
se entendió sin el todo ... " "Mi labor
directa sobre asuntos mexicanos viene
desde los comienzos de mi vida
literaria; es decir desde poco antes del
Ateneo..." 5
Quienes llaman la atención sobre
esta universalidad de don Alfonso son
nuevamente José Luis Martínez, al
referirse a Reyes como "el maestro de
la prosa y de la curiosidad intelectual en
este período", sin desatender a "los
acentos clásicos y populares en el vasto
mundo poético ... "; Emir Rodríguez
Monegal, al poner, a la zaga de Borges,
por cierto, a quien estableció que no
hay una nítida y tajante distinción entre
la prosa y el verso; Ramón Xirau,
cuando destaca que, entre los
descubridores de la "otra" realidad
poética y literaria, se encuentra Reyes;
y Guillermo Sucre, quien nos recuerda
que para Reyes la distinción entre
poesía y crítica es que "son dos
órdenes de creación, y eso es todo" .6
Alguien que también reafirma esta
universalidad de Reyes es Alí Chumacero, en ese excelente volumen
titulado los momentos críticos (Col.
Letras Mexicanas, FCE, México, 1987),
si bien igualmente apunta: "No deseaba
marcharse sin habemos convencido de
que su patria y dentro de ella muy
especialmente su ciudad natal, Monterrey, había sido el galardón propicio
y el orgullo que paseó por rumbos
distintos del planeta.' '7

Regiomontaneidad de Reyes
Ya Chumacero lo ha dejado más que
claro. Muchos de sus biógrafos, críticos
y comentaristas así lo han hecho
también. Pero nunca está por demás
recalcar ese amor de Reyes por el
terruño, el que en ocasiones se
convierte en mito, en visión lejana, en
Itaca.
¿Cómo hace Reyes para tener
presente a su Monterrey, cuando se
ocupa de Homero, de Virgilio o de
Dante? ¿Cómo es que tiene tiempor
para estar al tanto de las novedades
literarias de Carlos Barrera, Eusebio de
la Cueva, José Alvarado o Raúl Rangel
Frías? ¿Cómo, sin dejar de leer y
estudiar a los griegos y latinos o a los
clásicos españoles de los siglos de oro,
está al pendiente de su Universidad del
Norte, de la Fundidora y hasta de la
edificación y estilo del nuevo templo de
La Purísima?
Es lo sorprendente en Reyes. Su
capacidad para volver actual lo que, en
ocasiones, se considera preterido, sin
referencia alguna a lo de hoy. Por eso
habla en su Comentario a la lfigenia de
"una Grecia cotidiana, una perspectiva
de ánimo que nos capacita para
humanar hasta los mitos más rígidos y
arcaicos".
En "Los regiomontanos" aborda el
asunto de nuestra literatura regional y
predice estas "bodas de Mercurio y
\,l

IO

�Minerva" que hoy se dan y que
esperamos sean definitivas y se
encuentren fincadas en la verdadera
sabiduría, lejos de todo asomo de
esnobismo y moda.8
Nosotros no tenemos ninguna duda
acerca de la paternidad de Reyes en
nuestras letras.9 Si él supo ocuparse de
Raymundo Lulio y de Juan Ruiz de
Alarcón; de fray Servando Teresa de
Mier y de Manuel ·Eduardo de
Gorostiza; de Joaquín Arcadio y
Pagaza y de Ignacio Manuel
Altamirano; de Enrique González
Martínez y de los modernistas; de
Ramón López Velarde y de los
contemporáneos; de Julio Torri, Carlos
González Peña y Ermilo Abreu
Gómez... quienes estuvieron en
posibilidad cronológica de hacerlo
también se refirieron a él y analizaron
su obra.
Lo cierto es que, sin Alfonso Reyes,
es muy difícil entender el fenómeno
literario que cuajó en los escritos de
Octavio Paz, Juan José Arreola,
Rosario Castellanos, José Luis
Martínez, Alí Chumacero, Homero
Aridjis, Carlos Monsiváis, Ramón
Xirau, José Emilio Pacheco, Ricardo
Garibay... Y en nuestro medio, en los
trabajos de Raúl Rangel Frías, Alfonso
Reyes Aurrecoechea, Agustín Basave
Femández del Valle, Carlos Villegas,
José Alvarado, Jorge Villegas, Samuel
A.ores Longoria, Ario Garza Mercado,
Alfonso Rangel Guerra, Miguel

Covarrubias, José Angel Rendón,
Jorge Pedraza...
Sin Reyes, nos atreveríamos a decir
que son incomprensibles los esfuerzos
de Kátharsis, Apolodionis y
Salamandra; el nacimiento de la
Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad; y tantas otras
manifestaciones literarias y artísticas
que hoy florecen en nuestro suelo.

1

4

Notas

2

5. Alfaoo Reyes, Obras comp/eJas, ed. cil, Tom&gt;
VIII, pp. 435 y 439.
6

LasObrascompeltas las emperoa publicarel
Foodo desde 1955 y, hasta el momento, suman
veintiún tomos.
Otra Anlolog(a interesante es la de su crítico
José Luis Martínez (Costa-Amic, México,
196.5). Y Adolfo Caslañ6n, gerente editorial del
FCE, ha anunciado, junto con los volúmenes
XXII y XXIII, una antología sobre temas
americanos, de Víctor Díaz Arciniega, y otra
sobre la presencia de España en Reyes (Ver
ooadeJuan García Alejandro, en CUiturales de
El Norte, Il-11-89).

Xirau,op.cil., SepSetent.as 15,SEP,México,
1972,W· 11-21.
En ese Comentario de Reyes a la lfigenia awl,
reconlamos que doo Alfonso nos exµica eólm
"por ventura, el estudio de Grecia se iba
coovirtiendo en alimento del alma, y ayudaba&amp;
pasar la crisis... " (la tragedia del 9 de febrero de
1913). "La 1iteraura, pies. se salía de lcdbros y,
nutriendo la vida, rumplfa sus verdaderos fines.
Y se operaba un modo de curación, de slllil
mayéutica, sin la cual fácil fuera haber
naufragado en el vórtice de la primeia
juvenud." Einmediatamente aa:ta: "lgn&lt;Jioá
éste es el recto sentido del humanismo. Mi
Religio grammatici parecerá a muchol
demasiado sentimental" /1,nlclogfa de A/fonJO
Reyes, ed. cil., p. 127). Uno diría: ¡ojalápall
nuestros adolescentes y jóvenes la literatma
fuera' 'alimento del alma" y se' 'saliera delos
libros y nutriera la viJa'' ! Y que se extendieraa
muchos a:luhos, cpe se enc:arniMl o estál en lo
que el mismo Reyes llamaba la edad en que
empiezan a aparorer las primeras espinas en el
alma

Nosotros diríamos que a don
Alfonso bien pudiéramos llamarlo
"Santo patrono laico de las letras
hispanoamericanas y mexicanas". Esa
es su importancia y ese es su lugar, el
que creemos por mucho tiempo
indiscutible e indiscutido.

l. Antología de Alfonso Reyes, Colección Popular
46, Cuarta reimpresión, Fondo de Cultura
Ecooomica, Méxioo, 1985.

Cfr.: Libro conmemorativo del 45 aniversario,
FCE, Méxioo, 1980, p. 183.

En América latina en su literatura
(Coordinación e introducción de César
Femández Moreno), Tercera edición, Siglo
XXI &amp;litares, Méxioo, 1976, W· 88, 149, 312 Y
2fil

7.

Fn "Imágenes de Alforno Reyes", col1aidoell
la citada obra, Chumacero nos habla de la
universal cultura del maestro; del rechW&gt; de
éste a !la separación radicalentre sus libroSal
prosa y sus libros de ¡xiesfa' '; yde romo ~
el título de hombre de letras, sinhaberperdidO
jamás •'las dotes humanísimas del tlllO
cotidiaoo'' y ese sentido de lo acrual para .._.

un poco de lo que, a veces

oprobiosarnente,

IJa'ISrurre en la vida de nuestra sociedad'' (w.

252-256). Fiecti-vameoe, respecto a lo último
nada parece haber escapado a su aquilina
. minm: ri lapdftica, ~ ~ lites, ri laradio
y el Cft, rila; taos, ri el periodismo, rila ama,
riMla.

8. Reyes, Obras ccmpleJa.s, td. cit., Torro VIII, W·
176-182.
9. La llamada "Encuesta Reyes" de Sergio
CorderoenlosAqufVamosdeEIPorvenirde
~ domingos, fundamerua cada vez más esta
lesis.

�ALFONSO REYES SOBRE GOETHE

María Zambrano
Hace algunos días puede leer en El
Papel Literario de Caracas -a donde
van estas cuartillas- sus dos hermosos
artículos sobre Goethe y habiéndome
recreado en los dos me quedé dándole
vueltas al útlimo, me he sorprendido
pensando en el "supuesto olimpismo de
Goethe" mientras se volvían solas las
hojas del libro abandonado o se
abarquillaba la cuartilla puesta a la
máquina hablando entre mí acerca del
asunto. Me había sentido un tanto
aludida en la multitud de los que se
resienten ante la figura de Goethe
viéndola más estatua que hombre
viviente. Y entonces me digo ¿por qué
no hablar con usted en alta voz y en alta
voz confesarme ante usted de esta falta?
Pienso que está usted dispuesto a
escucharme en virtud de ese su señorío
intelectual y moral inherente a su
persona y su obra, nunca desmentido. Y
a ello voy, pues creo que me lo permite.
No sé, naturalmente, si lo que me
pasa con Goethe coincide con el sentir
de los que han fabricado y mantenido el
tópico de su "olimpismo". No puedo
hablar sino en nombre propio,
preguntándome qué raíz tiene ésta, más
que aversión, resistencia a dejarme
anexionar por uno de los más lúcidos
espíritus del mundo a que pertenecetnos. Pero sin querer he dicho una
palabra: "anexionar". Hay hombres
que en su modo de estar plantados en el
mundo parecen tener un gesto
imperioso e imperial. Pero creo que ello
sería nada, una pequeña nada que la

lectura de alguna de sus obras o de sus
líneas más hermosas hubiera disuelto.
¿Es la pluralidad de almas, quizá, la
pluralidad de almas fundida en un solo
destino, enseñoreadas por una sola
voluntad, lo que despierta una especie
de rencor en quienes harto habemos
con el peso de nuestra sola, única alma?
Ya ves que estoy entrando en el
terreno de la confesión, que ya aludo a
las cosas más secretas e indescifrables
de mi propio ser, pues ¿sé yo acaso qué
género de unidad poseo, quiero decir,
voy creándome? Pero algo de
confesión han de tener estas líneas a
usted dirigidas, pues se trata de
encontrar la explicación de algo que a
primera vista tiene todas las trazas de
ser un pecado: el de resistencia ante
una de las más luminosas figuras de la
cultura europea.
Y ¿por qué?, me pregunto. ¿Por qué
nunca me he dejado seducir por el brillo
que irradia la figura de Goethe? ¿Por
qué no puedo decir, sin faltar a la
verdad, que me haya alimentado de su
pensamiento, que me haya sido
imprescindible como Nietzsche -por
citar filósofos-poetas solamente- o que
me haya atraído como Schiller; que haya
despertado en mí ese sentimiento que
es ligazón fraternal como Novalis o
Holderlin? -por no referirme sino a
hijos de su mismo suelo germánico. ¿Por
qué? No ciertamente porque la obra de
Goethe carezca de riquezas innumerables, quizá demasiado innumerables; pero allí está Nietzsche, que

también las posee y en forma ambigua y,
para muchos, perturbadora. Nietzsche
también tuvo varias almas, y la unidadde
su espíritu también se dio en la
metamorfosis. Entonces, mirando lo que
de común tienen los cuatro poetasfilósofos que he enumerado, algo
aparece en todos y especialmente en
dos: Nietzsche y Holderlin, algo que no
se deja ver en Goethe... Algo difícil de
comunicar ahora que lo he encontrado.
Le pido un poco de paciencia. Creo
haber descubierto que el motivo de mi
resistencia ante tan grande espíritu es
simplemente el que no haya sido
criatura tan de excepción, sacrificado o
raptado por los dioses. Su vida aparece
como el triunfo de lo humano, de la
humana voluntad que domeña las
pasiones y crea su propia fortaleza. F.s
alguien que se ha hecho a sí mismo a
través de múltiples combates -algunos
secretos, sin duda-, y es como si nos
dijera: "Vean, la condición humana
puede lograrse en todo su esplendor;
vean cómo es posible, al fin, ser hom·
bre, todo un hombre en todos los aspee·
tos sin menoscabo de ninguno".
¿Y tal milagro de pura humanidad
despierta en usted esa resistencia de
que me habla?, se dirá usted quizá.
Entonces viene a confesarse de algo
realmente feo, de una especie de
rencor, de un arcaico sentir religioso
que me hace situarla, si en el Antiguo
Testamento, antes de que se dijeran Ias
palabras: "misericordia quiero y no
sacrificio"; en la antigua Grecia, quil.áal

lado de los que de buena fe -pues de
todo habría- sacrificaron a Sócrates,
portador de la nueva piedad a la piedad
arcaica, trágica y... ¿a qué seguir? Basta
ya, pues, si es bastante, pero no creo
que sea este sentimiento -ni rencor ni
resentimiento piadoso-, y si lo fuera,
quedaría contenta de habérmelo
descubierto y agradecida a usted que
me lleva a confesarlo públicamente:
forma eficaz de ''catharsis' '. Pero no, no
es eso. Veamos si puedo explicarme.

Demonio; y si fuera algo que llevamos
en nosotros, sería al infierno: ese
infierno que se abre en las entrañas de
la hitoria y aun en nuestras propias
entrañas. Todo, en fin lo que quedó
olvidado en los días de la fe humanista
de la que Goethe parece ser uno de los
santos principales. Y como quien esto
escribe ha pasado su vida -no tan larga
ni tan corta- bordeando infiernos,
trabada en luchas demoniacas cuando
no a punto de asfixiarse en las tinieblas,
como si las circunstancias, las famosas
circunstancias históricas fuesen casi
Creo que lo que me sucede ante el caso sólo eso: infiernos de la condición
de Goethe, ese hombre que parece humana que hay que superar una y otra
haberse escapado de pagar la prenda - vez "sin tregua". ¿Es de extrañar que la
la prenda que de niños aprendemos imaginación rememore los tiempos de
jugando a pagar- es una zozobra que sacrificio y que se nos pueble de figuras
traducida a pregunta sería: ''¿Y cómo, si de la antigua Piedad? ¿Y que aquellos
es posible lograrse como hombre en que pagaron la prenda sean nuestros
tanto esplendor, no acontece así más a santos? Y es ya un triunfo de la
menudo? ¿Por qué la plenitud esperanza que sea Prometeo, y no
goetheana es un "caso" y no la Sísifo u Orfeo, quien esperamos
nonnalidad en mayor o menor escala? Y rescatará a nuestra Eurídice después de
no se le ocultará que bajo esa pregunta haber sido desgarrada por todas las
late la angustia de estos tiempos en que Ménades que en el mundo han sido.
el humanismo ha hecho quiebra, pues Nos han vuelto a enseñar los tiempos
hoy nos preguntamos en mil formas -y que es preciso irse en sangre para que
hasta cuándo nos preguntaremos otra el hombre no se vaya; para que subsista
cosa-: ¿Es que es posible ser hombre? Y la posibilidad y la esperanza de lo
en la dificultad creciente que se opone humano. Y hemos visto a la muchacha
ante el logro de lo humano, en el Antígona condenada a ser enterrada
horrendo espectáculo dado por los viva. ¡Bien.lo sabe usted, que tanto se
~eblos más cultos se hacen visibles las conmovió cuando tapiaban su tumba! Y
oscuras potencias, verdaderamente una tumba cerrada es un infierno donde
infemaies, que al hombre acechan. cabe, eso sí, convertirse en semilla que
Potencias que, si se adjudicaran a un el viento lleve, atravesando el resquicio
personaje no humano, sería al de la piedra, a otras tierras más abiertas

y soleadas donde se pueda seguir
indefinidamente delirando, conciencia
y voz sin cuerpo ... Y que la sangre y el
alma se hundan en la tierra para revivir
un día ¡tantos muertos!
Parece esencial al destino del
hombre que tengan lugar estos
sacrificios humanos en primaveras
sagradas. Así la historia no se queda
vacía de almas. Y existen, además,
aquellos seres sellados por los dioses
que pagan la gota de luz recibida para
su arte, para ir ''más allá'' en la pasión de
ser hombres -iba a decir: Padre
Cervantes-, enajenándose como
Nietzsche o quedando envueltos en
vida dentro del sudario de su propia
inocencia, como Holderlin.
Pero con todas estas razones le
indico tan sólo el motivo de mi apego a
las víctimas del sacrificio. El "caso
Goethe" queda intacto. ¿Cómo consiguió su plenitud sin pagar prenda?
Eran otros tiempos, sí, los de Holderlin y
Novalis; también los de Hegel y Fichte.
Pero éstos, como filósofos, apenas
tuvieron vida, que es el modo más
seguro de esquivar la cicuta. Y la cicuta,
¿no es prefiguración del cáliz -es decir,
cosa sagrada-, de la piedad? Y mal
sagrado la locura de Holderlin; sagrada
también la miseria de nuestro don
Miguel, que tuvo hasta su estigma en la
mano mutilada. Y estigma también la
sordera de Beethoven y los vértigos de
Pascal. ¿De qué se valió Goethe para
pasar sin estigma ni pagar prenda? ¿Es
que acaso tan grande poeta que era, y

�adivino, no tuvo que ver nada con lo
sagrado, con la piedad? Y como los
dioses olímpicos parecen ser la esencia
inmutable en su perenne metamorfosis
que trasciende la piedad antigua -que es
estigma y pagar prenda-, de ahí quizá el
olimpismo que circunda como un halo y,
como un estigma, a Goethe, el
bienaventurado de lo humano, el que
amó como no amó don Juan, el don Juan
logrado.
Tratándose de los dioses que dan a
Goethe su patronímico, no nos atrevemos a preguntamos qué hicieron
para escapar de la Piedad primera, que
es devorar o ser devorado. La respuesta inmediata sería: viviendo en la
metamorfosis. Pero ¿cómo vivir en la
metamorfosis sin perder la identidad? Y
como Goethe era, al fin, un hombre, y el
'{Ue fuera paradigmático no hace sino
agravar el caso, la pregunta surge sin
que la podamos acallar.

Todo hace pensar en un pacto. Y
puesto que de aquí, de Roma, volvió tan
cambiado, lleno de serenidad y fuerza,
maestro de sí mismo, como usted tan
delicada y agudamente señala, por qué
no pensar que algo aprendió aquí de lo
que más le _importaba: una ciencia de la
piedad que es "saber tratar con lo otro"
-lo pongo entre comillas porque me veo
forzada a citarme a mi misma. Saber
tratar, sí, con lo diverso, con los distintos
planos de la realidad que al ser armonía
ha de ser múltiple. Saber tratar con lo

cualitativamente diferente: tender de estar terminado antes de la salida del
puentes entre los abismos existenciales, sol. De no ser así, la doncella guardaría
que hoy se diría. Saber tratar con la su alma. Legiones de diablillos
mujer, el loco y el enfermo; saber tr-atar trabajaron toda la noche -yo los he visto
con el mundo que es siempre "lo otro" - en un viejo grabado- bajo las órdenes
el no-yo. Saber tratar con lo sagrado, del arqui-tecto. Y ya sólo quedaba pcr
poniéndose una· máscara cuando hace poner una piedra cuando el primer rayo
falta callar a tiempo; saber de conjuros y de sol fue a caer en su hueco. Y debió
de exorcismos; poder descender a los de ser así, porque allí está el hueco can
infiernos una y otra vez y hasta saber a Levante. La grandiosa Puente del
morir en vida todas las veces que haga Diablo quedó hecha y la doncella
falta: Saber tratar con los muertos y con guardó su alma.
sus sombras. Y sobre todo, sobre todo,
saber tratar con " lo otro" en sentido
Pues algo de este género debió de
eminente: "el Otro".
pasarle a Goethe, con una ligera
variación, puesto que él sí sabía firmar.
Y en el trato con "El Otro" es donde Pero sin duda, "El Otro", deslumbrado,
debió de triunfar Goethe, pues en lo no se dio cuenta que Goethe no le halía
demás algún error cometió, como el no dado su finna. Alguna piedra quedó sin
reconocer o no saber tratar a Holderlin poner, recuerdo el "Goethe desde
-¿o formaba parte de su estigma? Que al dentro", de mi maestro Ortega. Mas la
fin no se pudo librar de tener alguno. Y Puente quedó hecha y la doncella se
recuerdo ahora algo que de niña me casó y tuvo muchos hijos ... Yo me
contaba una vieja criada analfabeta, pondría ahora mismo a investigar si
sibila de la Piedad: la historia del acaso no se llegó Goethe por Segovia;
acueducto romano de Segovia, edifi- pero como el puente es romano y él
cado en la época del olímpico empera- estuvo aquí, en Roma, con eso basta,
dor Augusto. Una doncella de la edad ¿no cree?
media, sobrina de un canónigo, tenía
que ir por agua todos los días con su
Y ya me tiene convertida, por haber
cántaro a la parte baja de la ciudad. Una sido fiel a mi inicial rencor y a mi inicial
tarde en que el frío le calaba los huesos, amor por los hermanos sacrificados. Eso
invocó a "El Otro" para que la librara de sí, no le perdonaré nunca el haber
esta fatiga; a cambio, como prenda, pasado de largo junto a Holderlin sin
ofrecía su alma. Acudió éste, como en haber tenido ese puente de que tienen
aquellos tiempos solía, presuroso, y se necesidad las doncellas que han de ir a
hizo el pacto -que imagino no se debió llenar su cántaro de noche a la fuente
de firmar, ya que la doncella no sabría lejana y hasta escondida, y que a veces
hacerlo. Aquella misma noche haría un hasta se pierden, pues no todas puedell
puente que trajera el agua, pero había decir: "Qué bien sé yo la fonte que

mana y corre -Aunque es de noche...
Qué bien sé yo do tiene su manida''.
Y tan completa ha sido mi
conversión frente a Góethe que su
artículo me ha llevado a apurar, que
tennino esta carta tan larga -por la que
les pido excusas a ustedes y a nuestro
director, Picón Salas- con una especie
de invocación a su espíritu para que no
abandone al hombre de hoy, como
abandonó a Holderlin; que le ayude a
no descarriarse en la noche, camino de
la fuente, que al fin Holderlin, como
poeta, se salvó, pues todos se salvan.
Pero la Historia, cuanto más poética, más
en peligro pone a sus protagonistas.
¡Bien lo sabemos los españoles y
ustedes, los que están salvando a la
historia de México de su fondo trágico
sin que deje de ser poesía! Que nos
guíe a todos para que nuestro voto más
íntimo se cumpla aun con parsimonia y
fatiga. Y si pudiera pactar por nosotros ya que también parece ser que supo
hacerlo- para que las fuerzas de las
entrañas abismales se plieguen a
trabajar a las órdenes del arquitecto que
es siempre el Uno. Y que se construya
el Puente -todos los imperios han de
hacer el suyo- para que por él nos
venga el hilillo de agua de nuestra
historia poética a calmar la sed. La sed
de que el hombre sea, vaya siendo...
Que no nos descarriemos, ni se nos
Quebranten del todo los huesos en las
idas y venidas de nuestra historia.
Y me despido, pidiéndole perdón
por este atrevimiento y, como siempre

que he tratado con usted, contenta y
agradecida.

LA jornada, 4 de diciembre de 1988.

�MARIA ZAMBRANO Y ALFONSO REYES,
O DE LA PASION POETICA Y LA UTOPIA•

Héctor Perea

AídaO'Ward

La amistad entre María Zambrano y
lago de Pátzcuaro -allí, muy cerca de la
Alfonso Reyes se ocultó discretamente utópica República Cristiana a lo Moro
más allá de sus obras. Pero a pesar de que fundara Vasco de Quiroga-, donde
esta parquedad en lo público, Reyes el mexicano confesaba a propósito del
sería uno de los más fuertes apoyos de primer libro de Zambrano su absoluta
la escritora, tanto desde el punto de incapacidad para hacer filosofía (a
vista profesional como del emotivo, causa del "indio" que llevaba adentro),
prácticamente desde el inicio de su se continuaría a lo largo de los años y
exilio michoacano, esa aventura que los cambios de domicilio, de país y
Zambrano ve hoy como algo "inverosí- continente de María Zarnbrano. El
mil" pero que daría en resultado la camino del exilio político, a veces
escritura y publicación de Filosofía y disfrazado o matizado por la vida
poesía (1939); también fue el causante diplomática, había sido corrido tiempo
de algunas "meditaciones inacabables" antes por el mismo Reyes. Con el
de María Zambrano en tomo a la pretexto de algún favor -hacer llegar
filosofía, la literatura y la vida misma. El un artículo a la Revista Mexicana de
epistolario cruzado entre los dos -uno Literatura, solicitar una recomendación
de los más breves del archivo de para un puesto, a través del embajador
Reyes, constituído por apenas diez y escritor mexicano Jaime Torres
cartas que van de octubre de 1940 a Bodet, en la UNESCO o para una beca
enero de 1959-, y que de hecho se de la American Association of
concluye más allá del correo en un artí- University Women que le ayudaría a
culo publicado por ella en La Gaceta finalizar Los sueños y el tiempo- , por la
del Fondo de Cultura Económica en superación de un ''período angustioso''
enero de 1960 con motivo de la muerte del que el otro fue testigo o por el
de Reyes, está sin embargo lleno de simple recuerdo de sus días mexicanos
''intensas y bellas páginas'•, valiéndome que le traían amigos en común como el
de la expresión de éste frente a lo vanguardista cubano Mariano Brull,
escrito por María Zambrano sobre María Zambrano se mantendrá, siempre
Sigmund Freud y Puerto Rico. En ellas en contacto con Reyes desde La
se descubre lo humano, pero también el Habana, Río Piedras (Puerto Rico),
trasfondo filosófico de ambos: esos París o Roma. Y toda esta conversación
"subsuelos de la sensibilidad" que, en por escrito se verá recubierta por el
opinión de Reyes, acostumbran cariño, aspecto que siempre los unió a
trascender las palabras e incluso la pesar de algunas diferencias de orden
inteligencia.
poético.
La conversación sostenida frente al

ALFONSO REYES EN LA HISTORIA
DE LA TRADUCCION

La mayor de estas bifurcaciones de

gusto y carácter sería justamente el
motivo de la más rica y apasionada de
las cartas.dirigidas por María Zambra
a Reyes. Recogida por El Naciond,
diario de Caracas, esta ' 'Carta abierta a
Alfonso Reyes sobre Goethe'', fechada
en Roma el 20 de agosto de 1954 J
publicada el 23 del siguiente ma.
respondía a un par de artículos escrilOI
por Reyes y que seguramente era
sendos fragmentos de su lib11
Trayectoria de Goethe que aparece,ía
ese mismo año. La distinia, y desde
luego romántica, pasión de ambos, que
como se ve en la misiva trasciende d
ámbito literario, será la piedra anguw
de muchas de sus obras, y también de
las variadas actitudes que adoptanll
ante una vida absolutamente fuera de lo
común. Una vida peregrina, pero
cimentada en la vocación humanística y
en la "belleza irrenunciable" que
descubre María Zambrano como
esencia de aquella otra posición
compartida siempre con Reyes: La
Utopía.

Verba volant, scripta manent.

La traducción es un factor importante

en la cultura de los pueblos y en el desarrollo intelectual del ser humano ya
que enriquece la visión del mundo. Es
un puente comunicativo con gran
validez que se ha apoyado en el
conocimiento y sensibilidad de los que
ejercen la labor de traducción. El
traductor es un escritor que interpreta,
recrea y reformula ideas, palabras,
~trones sintácticos y culturales que
han sido escritos en otros ámbitos
lingüísticos y temporales. Se trata de
acercar una lengua a otra, lo cual
implica transportaciones culturales de
tiempo y espacio. Toda traducción se
lleva a cabo mediante un desplazamiento hermenéutico que lleva al
escrutinio y desciframiento del mensaje
de un texto en su lengua original para
reconstruirlo lo más apegadamente
posible a su sentido, en la lengua de
llegada. Cuando se ha logrado la
comprensión del texto, el paso
siguiente requiere una amplia maestría
Ydominio temático y lexicológico en la
lengua de llegada. Si esto último no se
da en el traductor, entonces aparecerán versiones con elementos extranjeros tomados del sistema lingüístico
lriginaI; tal sería el caso de la traducción de giros, palabras, uso. de puntuación e inclusive calcos sintácticos.
Muchos textos académicos traducidos
han moldeado las formas de expresión

de profesionistas mexicanos y por lo
tanto se hace notorio el distinguir la
especial idad a la que pertenecen
ciertos individuos según su forma de
hablar. Nótese por ejemplo la
expresión parca y concisa del
ingeniero; el lenguaje adornado y
retórico del humanista; el objetivo y
desencarnado del médico; la expresión
arcaica y formal de los especialistas en
derecho, etc.
El desarrollo de no pocas literaturas
nacionales fue precedido por momentos de gran auge de la traducción. La
traducción del poema griego La odisea
(250 A.C.) hecha por Livius Andronicus
al latín, propicia que proliferen los
poetas latinos y se difunda el uso de
figuras retóricas y un mundo lleno de
imaginería. En España, durante la Edad
Media, se desarrolla una importante
labor de traducción con Alfonso X, el
sabio. Ahí se aglutinaron personas de
diferentes lenguas y culturas propiCÍando el desarrollo de un gran
panorama cultural. Por otra parte,
también la historia literaria consigna un
respetable número de escritores que
han sido atraídos por el quehacer de la
traducción; algunos han madurado a
través del ejercicio de la traducción
enriqueciendo su estilo al obligarse a
llevar a un plano consciente la
construcción de figuras retóricas; otros
han pasado de ser traductores a
desempeñarse como escritores sobresalientes. La lista de escritores latinoamericanos que han realizado

traducciones notables, consigna nombre importantes como Octavio Paz,
Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Jorge
Luis Borges y Alfonso Reyes, entre
otros.
En efecto, Alfonso Reyes se
desempeñó como traductor, una faceta
más de este ilustre mexicano cuya
extensión, diversidad temática y fluidez
en los distintos géneros literarios lo
configuran en "cierto modo como el
padre de la literatura mexicana. Su
voluntad de conocer sus fuentes, de
aproximarse al pasado literario, la
decisión de apropiarse la tradición
literaria española ... su profundo arraigo
en la tradición literaria hispánica y
europea renacentista... su conocimiento de las humanidades y de las
letras clásicas, su deseo de perfilar una
imagen íntegra y no mutilada del
hombre, hacen de él un de los ejes de
nuestra literatura'' (A. Castañón).1 Sus
conocimientos filosófiéos, históricos y
literarios, además de la maestría con
que se desempeña al escribir colocan
su traducción de la /Uada al español
como una muestra excelsa de un texto
recreado en otra lengua. Autores y
críticos españoles como Ramón
Menéndez Pidal, Wemer Jaeger y
Tomás Navarro Tomás, coincidieron al
alabar el trabajo erudito de Reyes,
considerada la mencionada traducción
como "el mayor acontecimientos
humanístico de nuestro tiempo" .2

�Alfonso Reyes no tradujo la
totalidad del poema homérico, lo hizo
solamente con nueve rapsodias. Sin
embargo, uno de los grandes retos que
asume Reyes al traducir la 1/(ada es su
traslado en verso. Esta dificultad la
comenta Reyes en el Prólogo:
''Transportar el verso homérico a las
lenguas vivas es más difícil que
encerrar al genio en la botella. Aunque
el castellano posee singulares
elasticidades sintácticas, riqueza léxica
y valor expresivo difícilmente superables, carece de ese tesoro de
monosílabos que tanto aligera la lengua
imperial de nuestros días; y como los
demás romances, se resiste un poco a
los compuestos. Ambas condiciones
hubieran sido preciosas para la
traducción homérica. Y aún el inglés
mismo,enfrentado con los versos
griegos, queda en mala postura...
Ganando y perdiendo, he volcado al fin
5,691 hexámetros griegos en 5,763
alejandrinos castellanos: un déficit de
72 versos en total" .3

00

'St"

restricciones del idioma español que
"carece de monosílabos y se resiste a
los compuestos" (elementos existentes
en inglés, "la lengua imperial" actual) y
tal vez más compatibles con el sistema
lingüístico griego.
La lectura de la 1/íada traducida por

Reyes nos hace incursionar por el
mundo homérico sin sentir que es un
poema "escrito hace treinta siglos y
compuesto en un dialecto literario y
artificial que nunca se habló propiamente; fue transmitido en forma oral,
sufrió interpolaciones y variantes y fue
fijado tardíamente" .4 El poeta-traductor
salta a la vista y hace sentir su vena
poética y gran manejo de la métrica al
preferir el "alejandrino" que posee
más elasticidad, en vez del
"endecasílabo" más propio de nuestra
"epopeya culta", al pensar que el verso
alejandrino era más semejante al
hexámetro griego.
"Llegué a traducir -dice Reyes- en
alejandrinos sin rima, casi las dos
primeras rapsodias, cerca de 1,400
versos. Después... pensé que la rima
cunaba la atención y ayudaba a la
lectura, y lo rehice todo". Con el fin de
no prolongar sin necesidad un verso y
dar la consonancia en catorce sílabas,
Reyes hace uso de la rima interior o del
hemistiquio.

En una traducción las diferencias
existentes entre ambos sistemas
lingüísticos son más importantes y
relevantes que sus semejanzas. El
traductor con apego al profesionalismo
debe considerar en un plano
consciente y analítico las características
de cada lengua, la temporalidad del
texto y las culturas involucradas. En el
En el mencionado "Prólogo" de
"Prólogo" de la 1/(ada traducida por
Reyes, notamos su actitud consciente Alfonso Reyes a la ll(ada, encontramos
en cuanto a las bondades y elementos que denotan claramente sus

concepciones teóricas de la traducción,
las cuales podríamos asentar de la
siguiente manera:
l. El ejercicio de la traducción debe partir
de la contrastación de los sistemas
lingüísticos de la lengua original y la
lengua de llegada a fin de tener
presente un inventario de diferencias
de cada lengua para subsanar o
simplemente entender las carencias
que tendrá la recreación textual. As~
Reyes menciona las deficiencias del
español en la construcción de compuestos, en el uso de monosílabos tu
significtivos para la métrica. La
brevedad necesaria para compactar
significados en español representó 111
esfuerzo.

2. Como Cicerón, que en su debate Por lo
corona expresa: "No creí necesario
traducir palabra por palabra pero
conservé el valor y la fuerza de todas
ellas: no las conté, sino las pesé". En
este sentido, la traducción tipifica con
las expresiones "ut interpres", "111
orator" dos posiciones ñmdamentalcs
del cómo traducir, desde la perspectiva
del método; es decir elaborar la
traducción "palabra por palabra" o
traducir el "sentido". Alfonso Reyes
expresa "no ofrezco un traslado de
palabra a palabra, sino de concepto a
concepto". Sin embargo, Reyes no
descarta la traducción del sentido; IC
ajusta al documento original Y
conserva las expresiones literales que
deben conservarse, sea por su valor
histórico, sea por su valor estético. f.a
síntesis, la traducción para Reyc,
debe privilegiar el traslado de la idea Y

del concepto sin que esto lleve a la
necesidad de omitir casos en que se
hace necesaria la traducción literal.

respeta el sentido del texto sin hacer
cambios o cortes moralizantes. Para
ejemplificar, del Canto Quinto tomemos tres versiones de la /Uada, dos en
prosa y la de Reyes en verso donde se
usan palabras diferentes:

uno de los grandes artífices de la
palabra en nuestros tiempos, afirmó:
''Pienso en Reyes como el más fino
estilista de la prosa española de nuestro
siglo. En materia de escritura aprendí
mucho de él en cuanto a sinceridad y
Prosa: "Meriones, cuando alcanzó a simplicidad. Reyes fue un excelente
aquél, le hundió la pica en la ijada
traductor. Chesterton fue uno de los
derecha, y la punta por debajo del
favorecidos por las excelentes trahueso y cerca de la vejiga" (Gómez).
Prosa: "Meriones cuando lo alanceó ducciones que hizo de su obra. Reyes
en la nalga derecha; y la punta, era un escritor que manejaba el inglés y
pasando por debajo del hueso y cerca el francés casi como el castellano... su
de la vejiga; salió al otro lado" traducción de las versiones Homéricas
(Segalá).
es admirable a diferencia de la que hizo
Lugones, que es muy pedantesca. " 5

3. El traductor funge como comunicador
entre dos lenguas y también como
actualizador del texto, para una mejor
comprensión por parte del público
lector contemporáneo al traductor, y no
precisamente con afinidad temporal
con el autor. Su traducción la propone
como una versión del original ''más
cercana a los lectores de hoy (sin que
sea) una paráfrasis sino una traducción verdadera e informada en el
presente estado de los estudios
homéricos". Para su trabajo, Reyes
hizo un recorrido dentro de la historia
Verso: "Lo traspasa Meriones por la
de la traducción del poema hasta el
nalga derecha/ rompe el hueso y le deja
momento en que realizó su versión del
la vejiga deshecha" (Reyes).
texto. Es interesante hacer notar que
en el texto publicado por el Fondo de
Observamos un equilibrio armónico
Cultura Económica en 1951, la tra- de las palabras de Reyes, como si
ducción de los nueve cantos aparece en hubiesen sido pesadas una a una, sin
un total de 187 páginas, las cuales son
excesos, con economía y absoluta
complementados por 36 páginas de
precisión para expresar la misma
notas que sirven para guiar al lector
sobre información onomástica y datos situación que aparee en las versiones
de la obra. Las versiones en español en prosa con rodeos, exceso de
de la f/{ada han sido varias: José conjunciones y elementos de cohesión.
Gómez Hermosilla hizo una traducción El mismo Alfonso Reyes parecía jugar
muy difundida, en verso; LF.opoldo con las palabras como si se tratase de
Lugones, también en verso; Leconte armar un rompecabezas usando
de Lisie, Germán Gómez de la Mata y solamente la palabra adecuada y nada
Luis Segalá y Estalella son tres más. Así el traductor nos dice "me
traductores de la llíada en prosa asombro yo mismo de que puedan
española. Al parecer, Reyes tuvo el
pintarse tantas situaciones diferentes
buen tino de considerar las
con
tantas palabras iguales". Reyes nos
traducciones hasta entonces (I 95 J)
propone la necesidad de sacrificar
realizadas.
4
- Reyes aboga por la traducción que

formas para conservar la emotividad
del verso original. Jorge Luis Borges,

Evidentemente, Alfonso Reyes
disfrutaba de la lectura de G. K.
Chestenon, novelista e historiador inglés, ya que son varias obras cuya
versión española conocemos a través
de Reyes. Tradujo a Chestenon desde
1917 a 1922 para la editorial madrileña
Calleja. No sólo tradujo historia sino
también su narrativa; así encontramos
los siguientes títulos: Ortodoxia, Pequeña historia de Inglaterra, El candor del
Padre Brown y El hombre que fue
jueves. Otros autores traducidos del
idioma inglés fueron Robert L.
Stevenson (Olalla), G. Murray
(Eurípides y su época), A. Petrie
(lnlroducción al estudio de Grecia), C.
M. Brown (Historia de la literatura
griega), D. H. Cole (Doctrinas y formas
de la organización política) y L. Steme
(Viaje sentimental por Francia e Italia).
Del francés tradujo a Mallarmé, a

�Alejandro Alvarez ( El Derecho
internacional del provenir) y de Jules
Romains (Nomentano el refugiado).
Asimismo aparece una versión del ruso
Anton Chejov (La sala número seis)
traducida al español por Alfonso Reyes
en colaboración con N. Tasin.6 En otro
documento aparecen consignadas las
siguientes traducciones hechas por
Alfonso Reyes: La novena de Coleta
de Colette Yver apareció como una
traducción anónima. del francés al
español; poemas de Rubén Darío
traducidos al inglés, de Osear Wilde
tradujo El artista; Historia de la guerra
europea de H. Hanoteaux, los primeros
seis o siete cuadernos fueron traducidos por Reyes del francés (completó la
traducción L. Ruiz Contreras) y su
comentario para acompañar la lectura
de lfigenia Cruel escrito por Alfonso
Reyes y traducido por él mismo al
francés.
En otro orden del quehacer de la
traducción, cabe mencionar que Reyes
ha sido un escritor muy traducido a
diferentes lenguas, principalmente al
portugués, francés e inglés, pero
también a los idiomas italiano, alemán,
griego moderno, checo y sueco en un
total de 63 versiones de sus poesías y 86
versiones a las distintas lenguas
mencionadas, de sus ensayos, teatro y
narración.'

o11"\

Como hemos anotado previamente,
uno de los autores ingleses que más
tradujo Reyes fue Gilbcrth Keith

Chesterton (1874-1936), uno de los
escritores más ingeniosos, versátiles y
controvertidos de su tiempo. Reyes
tradujo una obra sobre filosofía
religiosa, una de corte histórico y dos
novelas detectivescas. En la versión
española de The Man who was
Thursday (El hombre que fue jueves,
1938) Reyes incluye un prólogo con
amplios comentarios en torno al autor, a
su ideología, a su lengua "ingeniosa,
pintoresca, llena de retruécanos a su
manera: sube, baja. salta, riza el rizo
encaramado peligrosamente en una
palabra, y a la postre resulta que ha
estado defendiendo alguna noción
eterna y humilde: la Fe, la Esperanza. la
Caridad"; y a su estilo con "abundancia
calificativa, lleno de adjetivos y adverbios... y como no desiste de convertir la
vida cotidiana en una explosión continua de milagros, todo, para él, resulta
'imposible', 'gigantesco', 'absurdo',
'salvaje', 'extravagante'; pone en
aprietos al traductor". Este es pues, otro
rasgo del perfil de Reyes traductor: su
vasto conocimiento tanto de los rasgos
de estilo del autor, su entorno sociocultural y la proyección del mismo en
otras obras. El análisis minucioso y
consciente del texto, la contrastación
del par de lenguas para encontrar los
vocablos y sintaxis adecuados a la
lengua de llegada, la adecuación
cultural y temporal del texto traducido y
su responsabilidad ante el texto original
y de llegada son elementos que hacen
de las traducciones de Alfonso Reyes

paradigmas de este género.
La tradición mexicana dentro de la
traducción fue iniciada desde la llegada
de Hemán Cortés, por una ''cadena de
traductores cuyo primer eslabón es 111
español llegado anteriormente y
familiarizado ya con el habla de ciertas
tribus, y sin duda el eslabón de oro es la
princesa Mal in che".1 Traductores
sobresalientes de los siglos XVIII y
XIX como Diego José Abad, Francisco
Javier Alegre, Bruno y Rafael
Larrañaga, José Agustín Castro, Fray
Servando Teresa de Mier, Miguel
Hidalgo, Carlos Ma. de Bustarnante,
Anastasio de Ochoa, Sánchez de
Tagle, Juan Ma. Lacunza, Sartorio,
Leona Vicario, Castillo y Lanzas, Juan
Miralla. Federico Escobedo y muchos
otros del siglo XX., han dejado
impresos sus trabajos en la historia de la
traducción en México. Infinidad de
textos traducidos de otras lenguas al
español conservan el anonimato del
traductor, tal vez porque hay quienes
consideran este trabajo como algo
mecánico y no creativo. Sin embargo.
se reconoce internacionalmente la
necesidad de acercar el pensamienlO
de los seres humanos, se han dado
varios intentos de crear una lengua
artificial afín a todos. Tomemos p«
ejemplo el Volapük (1880) creado
sobre la base del idioma inglés;
Esperanto, tomado del primero C(XI
nuevas formas gramaticales y me:zclado
con lenguas europeas, latín y griego; el
Neutral con un molde gramatical

diferente tomado de lenguas romances
principalmente del francés. Seguirán
inttntos de establecer la utópica lengua
internacional pero mientras eso sucede
hatri infinidad de textos que deban ser
traducidos y por lo tanto la cadena de
buenos traductores mexicanos inspirados en la acuciosa reflexión y
ejemplo que Alfonso Reyes nos ha
dejado, habrán de seguir sus pasos.
w...my, mayo

de 1989.

Notas bibliográficas

5. Bages,Ja¡e Luis. ''Alfam Reyes'',lagacm.
FCE,México, 1989. P.100.

~ Adolfo, "IH1g¡rde Alfam Reyes en
la l i ~ mexicana", la gaceta, FCE,
Méoo&gt;, 1989. P. 108.

6

2

Lama. José Luis. "I..a /1.vwen veno" ,Pó¿,i,wsobre Alfonso Reyu, Universidad de Nuevo
Leoo. Mooteuey, Méxioo, 1957.

7. V/A Alfonso Rey~,. in.Jtrunun1C1 para su
eJtudio, Capilla Alf&lt;nina, UANL, Maumy
191n ~-63-104.
'

l

la /liada de Homero. Traslado de Alfonso

&amp;

l.

Reyes, FCE, Méxioo, 1951. P. 8.
4.

lbidmt.

V/A Página., ,obre A/fo,uo Reyu, UtiYenidad
de Nuevo Leoo, Méxioo, 1957. P. 435.

Reyes, Alf&lt;no. "Hennes o de la &lt;Xlnlllicaciál
mmana",ObraJcomplda.,, Tomo XIV, FCE,
Méxioo. 1962. P. 34.

�MITOLOGIA*

Marguerite Yourcenar
La "Mitología" -entendiendo por tal la
utilización artística o literaria de las creencias religiosas antaño difundidas
entre el Asia menor y la Toscana en un
sentido, y en el otro entre Macedonia y
Creta- comienza propiamente hacia la
época de Eurípides** y todavía no
termina. Al mismo título que el álgebra,
la notación musical, el sistema métrico y
el latín eclesiástico, representa un
esfuerzo de los pueblos blancos para
llegar a un lenguaje universal. El
empleo de un asunto ya conocido, con
detalles establecidos de antemano y un
escenario montado para siempre,
permiten al dramaturgo aplicarse sólo a
lo esencial. La ecuación Fedra-Hipólito
evita a Racine el volver a juntar
trabajosamente las relaciones que unen
a todas y cada una de las madrastras con
todos y cada uno de los hijastros que en
el mundo han sido. La casi completa superación de rasgos accesorios que
resultan del ambiente sociológico,
social y mundano, ahorran a los que
quieren trabajar como Paul Valéry la
molestia de inforrnar a su público de
que "la marquesa salió de casa a las
cinco de la tarde". Y el error de los
poetas arqueólogos al modo de
Leconte de Lisie consiste precisamente
en su empeño de hacemos saber, en
gracia a la exactitud histórica, el vestido

que llevaba Juno cuando salió del dignidad, y nos obliga a recordar que el
Olimpo aquella tarde, a eso de las cinco parricidio, después de todo, es una
y minutos. El gusto por la originalidad forma clásica y venerable de la
rectamente entendida hace que los desgracia. Una generación asiste al sitio
artistas deseen competir en el mismo de París; otra, al de Stalingrado; otra, al
tema célebre y popular, así como todas saco de Roma o al pillaje del Palacio de
las actrices desean representar la Estío. Pero la torna de Troya unifica en
Julieta. Botticelli o Rubens nunca una sola imagen esta serie de
fueron más personales que cuando instantáneas trágicas; hogar central de
pintaban, a su manera cada uno, la un incendio que sollama la historia; y la
misma Venus en el lecho. Rache! y lamentación de todas las madres
Sarah Bernhardt sólo pudieron ancianas que la crónica no ha tenido
contrastarse de modo tan conmovedor tiempo de escuchar encuentra un
en la memoria de sus contemporáneos aullido doloroso en la boca desdentada
por haber encarnado ambas, casi al de Hécuba. Por igual razón, la trilogía
mismo tiempo, la misma figura de la de Maratón, Salamina y las Termópilas
antigua enamorada, envuelta en continúa representando lo esencial de
aquellos oropeles del siglo XIX, que la victoria y la derrota helénicas; y el
los puristas de la arqueología sin duda repliegue de 1941 hacia el Monte
juzgaron falsos y ridículos, y cuyo Olimpo, y la defensa del Epiro o de
destello mortecino hoy se nos Creta, parecen meros episodios de las
representa, en los museos, junto a los Termópilas eternas. Las muchachas de
esplendores extintos del palacio de Londres o de Amsterdam buscan el
Cnoso. Cuando Eugene O'Neill intitula cadáver de su hermano entre las ruinas
su enorme drama sobre América en de los edificios bombardeados, y su
1865, Mourning becomes Electra -''El ademán y su porte nos tranqui!i7.an
duelo sienta bien a Electra"- hace que respecto a la autenticidad del mito de
el acontecimiento efímero de un estado Antígona. El mito de Antígona, a su vez,
meridional se robustezca con toda la nos da testimonio de que semejante
fuerza acumulada por la leyenda: la · heroísmo es algo más que una mera
inmensa sombra de los Agamemnónidas proeza individual; que es el
se proyecta sobre aquel hijo y aquella cumplimiento, siempre renovado, de un
hija asesinos, revistiéndolos de trágica deber tan antiguo como el primer

•[F.ntre los materiales mitológicos de Reyes se cncootraba la traducción anotada del presente ensayo de Margucrite Yourccnar, publicado originalmente en L,ltnl

Francaisu, Buenos Aires, lo. de enero de 1944, año III, No. 11, pp. 41-46. No por la simple ubicación del original autógrafo de dicha vcnión se incluye en este "Apmdice":
el solo hecho de la traducción y anotación del ensayo nos indica la estimación en que lo tenía Reyes, al grado que varias direcciones de su pensamiento sobre uudlll
mitológicos parecen derivar de ~l. si no supi&amp;amos anticipadamente que se 1rata de afinidades, de "simpaúas", como dijo el propio Reyes. La Inducción aquí 1iplil:I
concordia en la concepción, y las notas, pequeñas diferencias. Por eso se ha colocado en primer término del "Apmdicc". Véase la "Nota preliminar", p. 17.)

hermano y la hermana primera. A varias
generaciones de pedagogos entregados a enseñar la historia de Aquiles
debemos, por mucho, el que una
imagen del héroe predestinado se haya
impuesto de siglo en siglo a las
poblaciones escolares. Alejandro se
inspiraba en el ejemplo de Aquiles,
como Lawrence, en Arabia, evocaba la
Mort d' Arthur. Aun en los casos que tal
influencia no opera de modo directo,
no por eso es menos eficaz, lago
subterráneo en que se han bañado los
abuelos. El lector no necesita saber que
Tolstoi, al escribir Lag uerra y la paz, se
abrevaba en la llíada; pero el menos
sutil de entre nosotros advierte que
Bolskonski es un avatar de Héctor.
Desde otro punto de vista, la historia
galante de los dioses, a través de la
erudición claustral de la Edad Media y
la fantasía individual del Renacimiento,
ha contribuido a mantener casi intactos
los elementos eróticos de la cultura.

Esta mitología,primero limitada a los
dioses y a los héroes clásicos, se ha
ensanchado gradualmente hasta comprender a los personajes históricos que
lllla misma vestimenta parece emparentar con aquéllos. Alejandro es ente
mitológico tanto como Aquiles, y apenas
lo es menos que Alejandro aquel César
que se tenía por hijo de Venus. El azar
o la necesidad que hizo nacer el
Cristianismo en la provincia helenizada

de Galilea justifica a los pintores
barrocos que convierten la vida del
dios nazareno en un episodio clásico, y
lo visten de flotantes lienzos, lo
encuadran entre columnatas, y donde
la barba beduina de un rey mago o el
parasol de un negro del cortejo de
Herodías son los únicos rasgos que nos
recuerdan el Oriente. La Siria del
Cristo no había sufrido el nuevo influjo
oriental a que luego la someterían los
musulmanes en la Edad Media o los
dominadores otomanos. El Jesús de las
Catacumbas es un Orfeo Eleusíaco, así
como el Cristo del Vinci será ya un
soñador platónico. Santa Blandina es
una lfigenia cristiana. María Magdalena
y Taís son dos hermanas de Cleopatra.
El Tintoreto de Las nupcias de Canaán
está menos lejos de la verdad histórica
que los imagineros protestantes del
siglo XIX que convierten al hijo del
Hombre en un derviche giratorio.
Mudoyoyía. Por regla general, esta
cosa es griega, como la palabra que la
designa. Las mitologías extremoorientales, egipcias y precolombinas
son asunto de especialistas, o cuando
mucho tientan a este y aquel poeta por
su exotismo y su misterio. Kali de los
cien brazos es para nosotros tan
divinamente incomprensible como un
animal submarino. La sonrisa perturbadora del Buda Khmer es

('I
11')

..¿Qut ha querido decir? La utilización arústica de la mitología comienza con los mismos que la &lt;rganiwon: Homero y Hesíodo. (N. tkl T.)

•[Reyes tradujo intencionadamente esta frase por. "de nues1ros dioses indígenas".)

precisamente tan mágica como una
aurora boreal o como el destello de un
meteoro. El sagrado horror de los
dioses mayas* viene de que nos hacen
imaginar la humanidad en que se
criaron bajo formas tan fatales, tan
puramente biológicas como un mundo
de insectos o de reptiles. Las mitologías
germánicas y célticas, al contrario,
mezcladas en la sangre Occidental, si
no en su historia, hubiesen podido
incorporarse en el tesoro común; pero
las consecuencias de un eclipse de
hace dos mil años no pueden
restaurarse. El éxito aislado de Wagner
no logró sacar definitivamente a flote la
barca de las ensoñaciones nórdicas. El
poema de Yeats no logra transformar
en carne y sangre el mito de Deirdre. Y
han sido menester las combinaciones
casuales de la novela de Bédier y el
drama de Wagner para hacer surgir a
Tristán e lseo, héroes epónimos del
amor, de entre la neblina color de perla
en que poco a poco se ha diluído la
mitología céltica. El auge de los
nacionalismos a comienzos del siglo
XX ha contribuido a sostener, pero
también a envenenar, esos renacimientos de mitologías locales, inficionándolos de rencoroso particularismo
y privándolos así de toda aptitud
universal. En Francia, desde mediados
del siglo XV el triunfo de la materia
antigua sobre la materia de Bretaña es
un hecho punto menos que consumado.

�Son los rimadores y miniaturistas de las
postrimerías medievales, y no los
poetas ni escultores del Renacimiento,
quienes sustentan vivos y resucitan a
Príamo y a Diomedes. Más tarde, las
novelas a la moda, por los comienzos
del XVI, la Astrea o el Gran Ciro,
continúan las tradiciones del romanesco medieval, pero con nombres espigados en Jenofonte y en Teócrito. En
adelante, los moldes mediterráneos
satisfarán la expresión de esta raza
semioccidental, cuando desea representarse las intimidades de su vida. La
dulzura amarga e indecisa del amor
destila en Racine como en María de
Francia, pero el rostro que la inspira no
es el de !seo la Blonda, sino el de
Berenice. El éxito de un Tennyson
hubiera sido imposible en Francia; y
una pieza como Los Caballeros de la
Tabla Redonda, de Jean Cocteau, está
condenada de antemano al hermetismo
literario, a los ojos de un público para
quien Arturo será siempre menos
familiar que Héctor. Y por todo el resto
del mundo, tres o cuatro grandes mitos
nuevos, a lo sumo: -Don Juan, Fausto,
Romeo, acaso Hamlet-• pueden
añadirse al común acervo, testigos de
una inquietud o de una inocencia que el
mundo antiguo ignoró siempre en los
dominios del conocimiento o del amor.
Cosa singular: Todos los grandes mitos
europeos que no llevan peplo ni van
desnudos viene arropados en los
'lt

11'1

terciopelos
y
Renacimiento.

brocados

del

Los pintores y los poetas necesitan
igualmente contar con un país que les
pertenezca, el de sus sueños. Sus
poemas, sus cuadros no son sino los
relatos del viaje o los croquis del
explorador. Ellos definen y trazan los
perfiles de esas tierras desconocidas,
de que Charnplain y Gama se alejan en
cuanto la turba, en su seguimiento, las
invade, para entonces continuar su
aventura en otra parte, y reconstruir
más lejos su Salento o su Eldorado de
uso personal, sus Islas Bienaventuradas, su promontorio de los Aromas
o su roca de los Espantos.

La tradición griega ha sido para
generaciones de poetas esta llave de
los Campos Elíseos. Ha resuelto el
doble problema de proporcionar un
sistema de símbolos lo bastante ricos
para permitir las confesiones individuales más completas, y a la vez lo
bastante general para ser comprendido
sin dificultad apreciable. Una simple
ojeada a una revista poética contemporánea, una visita casual a una galería
de cuadros, en que cada poeta y cada
pintor luchan heroicamente por
organizar en el caos un código de
señales propias, nos permiten apreciar
hasta qué punto el tráfico de las ideas
puede padecer por la ausencia de este
lenguaje universalmente aceptado. De

•¿Don Juan !ffllccnti!la, y FauS10? ¿Y dónde cstin Don Quijole y Pierrot, el(iun? (N. d,I T.]

Yirgilio a Paul Yaléry, a todos ha
abierto tal lenguaje las puertas de un
territorio bastante vasto para que cada
uno busque en él su provincia, bastaiU
desierto para que sea posible pasa
desnudo dentro de sus contornos, y sin
embargo poblado de fantasmas que nos
acompañan con sus canciones.
Desde la época romana, y por uno
de los azares más felices de la historia,
el prestigio de los mitos había transformado poco a poco en conceplOI
mitológicos con los lugares mismos en
que nacían los mitos, edificando así ese
vasto país ficticio paralelo al que figura
en las cartas, en el cual Citeres y Lesbm
son islas, pero también son perspectivas
sobre el amor, y que comprende las
locas del Infierno pero también el golfo
de Corinto, donde la Arcadia se parece
ya al Poitou o ya a Inglaterra; país que,
hacia el Este, se prolonga en un
legendario cercano Oriente en que los
pintores, a voluntad, reconstruyen a
Constantinopla o a Jerusalén, y hacia d
Oeste, llega hasta las murallas de una
Roma cuyos ciudadanos llevan gono
frigio y blanden las picas de la
Convención. Los quinientos años de
yugo turco, que lograron hacer de la
Grecia propiamente dicha una tierra
casi inexplorada, a propósito de la cual
Racine tenía que documentarse gracias
al embajador de Francia, acaso ayudaron en definitiva a esa superposicidll
de países imaginarios sobre los países

reales. Pero tal operación de
geomancia mágica comenzó desde muy
pronto, y por voluntad de los propios
griegos. Es ya evidente en los coros del
E&lt;Jipo en Colono, donde el orgullo
nacional contribuye a crear una Atenas
legendaria; o en el friso del Partenón,
donde magistrados y reclutas no se
distinguen de los dioses. Y el discurso
de Pericles, en Tucídides, convierte la
Atenas de las guerras peloponesias en
un lugar abstracto y tan puro como la
República de Platón. De esta Grecia
ideal, Pausanias será después el turista,
como Plutarco el cronista y Adriano el
conservador del Museo de Antigüedades. Imagen universitaria para
los romanos, pero también subversiva,
ideal griego opuesto a la rutina romana,
se embellece durante los mil años del
bi7.antinismo hasta convertirse en antítesis exacta del mundo cristiano en
que se vive. La Edad Media occidental,
embriagada con los relatos de las Cru1.adas, adorna al contrario tal imagen
con los esplendores del próximo
Oriente bizantino: las Ariadnas y las
Medeas de los cuentistas se confunden
con las Anas y las Irenes de Constantinopla. El Renacimiento contribuye
con el tipo del individuo humano,
condotiero olímpico. El siglo xvn
8POna su meditación idílica y heroica
!Obre los destinos humanos. La Revolución trae al ciudadano. El romanticismo germánico había de completar el

cuadro con la figura del inspirado
trágico que yerra por los bosques
sagrados. Y por una mezcla de
nostalgia de los sentidos y excepcionales disciplinas éticas, el mito griego,
como también el mito de Grecia, se han
mantenido en la obra a la vez de
filósofos y escultores. La España y la
Italia de los románticos franceses
pronto perecen, ayunas de valores
ejemplares. En menos de una generación, las andaluzas de morenos
rostros y las napolitanas de ojos de
brasas se volvieron asuntos de tarjeta
postal, porque sus poetas sólo habían
pedido a las dos penínsulas Eldorado
romancesco. Sólo Stendhal y Barres
fueron a buscar respectivamente en su
Italia y en su España algo más que un
aire de mandolina o un repiqueteo de
castañuelas, alguna sustancia personal,
una imagen de energía como de
voluptuosidad, difundiendo así por las
campiñas de Parrna o por los jardines de
Sevilla un aire seco de inmortalidad.•
Pero este milagro que se produjo para
Italia y España de modo intermitente y
espléndido se ha dado para Grecia con
la constancia de un fenómeno natural.
Quienes no se apasionaron por Helena
se apasionaron por Sócrates, quienes
no buscaban en el Areópago la huella
de Orestes, buscaron la de Frinea o la
de San Pablo, Francia, sobre todo, de tal
suerte adoptó en su vestimenta el
pliegue helénico que aun los afi-

cionados al exotismo fueron hasta los
antípodas a buscar sencillamente una
Grecia: Pablo y Virginia no son más que
una Dafnis y una Cloe de los trópicos;
Atala, virginidad ofrecida a la muerte,
es una Ifigenia de las sabanas. En
Marruecos, y no ya en Grecia Gide ha
ido a pedir consejos de libertad sexual
y excitaciones para el alma, hasta no
convertir el oasis de Touggourt en una
Grecia pastoral, donde Coridón responde a Amintas. Los superrealistas,
que se fabricaban en el fondo del
océano el sueño de un universo tan
personal e incomunicable como una
campana de buzo, se encuentran con
Grecia a través del célebre " complejo
de Edipo". Y aquella misma Grecia
infantil, donde las diosas vistas desde
abajo parecen nodrizas y ogresas
sobre las playas azules de un domingo
mediterráneo, sirve a Picasso para
expresar exactamente lo contrario del
adulto ensueño voluptuoso de un
Tintoreto o de un Poussin. En cada uno
de estos universos, se mueve un poeta,
nadador que sondea en sí mismo
algunas divinidades sumergidas. Cada
uno entra allí como puede, por
accidente. o gracia. André Chénier
forma parte de este mundo por su
nacimiento y también por sus Idilios. La
emperatriz austriaca, por sus vacaciones de verano. Byron y Rupert
Brooke, por la muerte.

'Sía Glcla quiere decir, en vez de 101 jardincg de Sevilla, la vega de Toledo. Y ¡qut imperdonable ICrla olvidar la España de

MáÍffl y de Gautia-1 (N. ú/ T.]

�CARTAS A ALFONSO REYES

Juan Ramón Jiménez
1

2

Sr. D. Alfonso Reyes
Buenos Aires
Coral Gables, 28 de abril 40
Mi q~erido Alfonso Reyes: muchas gracias por su carta del 3. Usted siempre tan jeneroso y tan bueno
conmigo (y con todos). ¡Gran ejemplo para todos y para mí!

Mi querido Alfonso Reyes: el párrafo último de su carta a Zenobia me ha colmado de alegría y
remordimiento. Pero el remordimiento, esterior: En nuestro piso de Madrid, hoy, Padilla, 38, viven muchas
cartas escritas a usted, paquetes de libros y cuadernos míos para usted, sin acabar, y hasta un libro, de
aguafuertes El Sol, que usted me pidió hace doce años a Lista 8, dedicado a usted. Ya usted ve que el
recuerdo también vive.

~tro..favor: le ru~go que haga lo posible para que no me dedique ese no. estraordinario de "Letras de
México (me _1,0 es~nbe Barrera), y para que Domenchina no me ponga al frente de su "antología" (pido
orden cronolóJ1co riguroso).

Esta ha sido siempre mi vida: dejar y no acabar; el inquieto pase de una cosa a otra, y la ordenada
acumulación del atraso.

... ¡Cu~to tenemos que agradecer a usted los españoles de todos colores... y los libros! Su conciencia y su
VIJilancia lo alcanza todo, Alfonso Reyes._

Pero esto no es. Usted sabe que en mi pensamiento y en mis conversaciones con todos los que son, usted
siempre está delante, en su sitio.

N~ sé si han dado ya mi "silueta" suya en la "Iberoamericana". Me pidieron colaboración (en noviembre)
Yenvié en el acto un grupo: "José Enrique Rodó, Alfonso Reyes, Eugenio Florit" (3 jeneraciones).

Recuerdos y abrazos de Zenobia y míos para ustedes.

Gracias hoy por tantas cosas de siempre, cada una de las cuales tengo en mí. Cariñosísimos saludos a
Manuela y a Alfonso (ya no me atrevo a poner Alfonsito) y a Pedro Henrfquez Ureña (Camila es depositaria,
como nosotros, de buenas conversaciones sobre ustedes).

Suyo siempre
Juan Ramón

Para usted el abrazo leal de siempre.
J.R.

3
La Habana, 31 marzo 37
(He contestado una carta de Genaro Estrada, que supongo relacionada con usted. Gracias.)

Sr. D. Alfonso Reyes
México
Querido Alfonso: gracias por su carta y sus libros Norte y Sur y La Casa del Grillo. Me asombra la marcha
que lleva usted hace años con su obra escrita. Ya sé que en lo social anda usted sin tiempo. Y me alegro
sobremanera que esté usted dando todo lo suyo. Ahora estoy metido en sus dos libros últimos con el deleite
de siempre ante el ideador y (¡ay mostrencos de la pluma!) ante el escritor.

\{)
1/')

Ui
-.J

�Aquí llegan tan pocos libros estranjeros que como no vaya uno ?ia~am~nte a_la casa Whyte (única que
suele tenerlos) no ve ninguno. Pude comprar hace meses La Experiencia Literaria.

obligadas reediciones). Losada tendrá 6 libros nuevos este año.

y O le envío hoy un ejemplar de mis Españole~. Dudé m~~ho en mandárselo cuando salió y por fin decidí
que no era digno. Un pedazo de libro así no da la idea de ffil idea.

Y usted no me olvide con los suyos, que, con lo de algunos poetas y cualquier cosa de P.H.U., es lo que
guardo de H. A.

Pero este año creo que será de mucha actividad, editorial para mí. Losada dará p~im~ro La Esta~ión 101~~
con "Litoral" tengo el tomo de La Rosa. Lírica de una Atlántida saldrá en otr~ ed1tonal. Y ~s~ a;e~
después con Figuración, Trasunto y Raíz y Ala. Esto, de lo reciente. De lo antiguo estoy aca an
a s
de/Monturrio.

Abrazos,

°

Cuando yo le haya enviado a usted tres o cuatro de estos libros, 1~ pediré_ que me complete los últimos
suyos. Los que tenía en Madrid no sé quién los tendrá. Ojalá que alguien a qmen le gusten.
Gracias otra vez, mi querido Alfonso. Cómo me gustaría poder verlo en su puesto de honor de "El Colegio
de México".

Juan Ramón
1945

5

Con muchos recuerdos de Zenobia y míos para su familia, usted y nuestros amigos quedo siempre suyo.
J.R.

13mayo,45
"Dorchester House"
2480 Sixteenth St., N. W.
Washington(9) D.C.

Querido Alfonso: puesto otra vez a este libro de mi rosa del mundo (que empecé a ordenar en Madrid, hacia
1924) con la idea ahora de instituir, a la memoria de un muerto ejemplar, un premio permanente (tan
permanente como el libro sea) para poetas jóvenes españoles y mejicanos, pienso que a nadie mejor que a
usted puede ir dedicado y dirijido.
Usted, amigo siempre mío por mi fortuna, y amigo querido y admirado siempre por mí, fue siempre amigo
y compañero fiel de Enrique Díez-Canedo, mi probado amigo. Y usted aprieta en sí totalmente México y
España con el májico lazo humano de la comprensión que dan la cultura y el cultivo verdaderos. Como Rubén
Darío lo fue a su manera, usted, Alfonso Reyes, es un símbolo de amor y justicia para nosotros los españoles
juntos y enamorados.
Su conmovida carta contándonos cómo fue el tránsito sereno de Enrique Díez-Canedo, tan conmovedora
para nosotros, va cerrando este libro que abre esta carta de agradecimiento mío, por tantas cosas buenas,
para usted. Y a su lado la pájina que yo escribí al acabar de leer esa jenerosa carta.

4
Querídisimo Alfonso: ¿me permite usted poner la carta que nos escribió, cuando murió E. D. C. en mi Con la
Rosa del Mundo?
El libro se lo dedico a usted. Quería yo dedicarle uno menos malo que los que he dado hasta hoy. Y_ creo
que ahora empiew lo menos malo.

Dedicado a usted el libro entero (lo que se refiere a Enrique Díez-Canedo con lo que es mío) le pido a
usted que sea además su tutor; que lo ampare y que designe el comité sucesivo que haya de ocuparse de los
menesteres del premio; y que mientras pueda, sea el que presida cuanto de esto se haga. Es decir, que coja
usted mi Ji bro como propio y determine su función pública con su noble voluntad en la que dejo del todo la mía.
Con un abrazo sentido, pensado y escrito, queda el libro en su mano, Alfonso el Bueno.

No le envié Españoles porque no es un libro. Desde este 1945 le enviaré cuanto publique (que no sean las
00
V)

J. R.
W. Dicbrc. 1945

�6

7

Mi querido Alfonso: no recuerdo si le envié este libro Canción, que quiso ser en 1935-36 el tomo primero de
mis 21 de Unidad.
Que quiso ser el libro de todas mis canciones cortas, el "poema de mis canciones". Y ahora veo que faltan
muchas y que muchas no son canciones. Desde lejos todo se transforma. Si vivo, repetiré mejor a su tiempo
este libro. Tiene que esperar el lugar tercero (I, Verso desnudo, 2, Crítica, 3, Canción, etc.) en la edición de
Losada. Hasta que salgan La estación total, Lírica de una Atlántida, entregados, y Verso desnudo, que debe
salir este año, no sabré con qué corresponder decentemente al mando de sus libros. (Los libros dedicados por
sus autores supongo que me los robaron todos de nuestro piso de Madrid.) Aquí he podido obtener algunos de
los de usted que con los recibidos de su jenerosidad, dan la lista siguiente: Las Vísperas de España, Capítulos
de Literatura Española, 2, Pasado inmediato, La experiencia literaria, El Deslinde, Tentativas Y
Orientaciones, Norte y Sur, /ji.genia, edición última, Romances y Afines, La Casa del Grillo.

Mi querido Alfonso: gracias por sus atenciones con la muchacha Souviron. Ella me hablaba de Méjico y yo,
claro, le dije: "Alfonso Reyes". Comprendía que su subida de color era ansia.
Me llevan a la Argentina y no sé adónde más, en julio. Espero volver. No que el viaje no me gustase en
otras condiciones de salud y equilibrio. Pero...
De usted sé siempre por aquí y sé que está usted haciendo su vida normal. Que sea por muchos años más
Alfonso.
Recuerdos a los suyos.
Un abrazo,
ll junio48

J.R.

¿Hay en Méjico unas "sillas eléctricas" que suben las escaleras al que se cansa mucho o poco? Yo le

¡Qué pena haber perdido todo lo suyo anterior!

podría enviar una. Se aplican a todas las escaleras.

El año pasado empecé a dar en la "Revista de América" de Arciniegas, mi series "Alerta", fracasada en
el Radio. No sé si usted vio el "Prólogo jeneral". Ahora, después de los jaleos del cambio de los muebles de
Gustavo Durán por los nuestros en este pisito y de dos largas gripes cameras, la de Zenobia y la mía, ~e
reanudado ese trabajo. Ya he enviado a Bogotá las dos "Síntesis anteriores", "Bécquer" y "Poe", es decJT,
cinco lecturas. Seguiré con una cada mes. Todas las observaciones que usted quiera hacerme, en forma
telegráfica, ya que sé su trabajar afanoso, se las agradeceré mucho.
Lo abraza agradecido siempre
su amigo.

J.R.
Washington, 31 marzo, 46
¿Usted no cree que Julián Amo y Ramón Iglesia son dos "locos de manicomio y camisa de más o menos
fuerza"?

8
La silla, mi querido Alfonso, era para usted.
Mi pregunta era para saber si el sistema de instalación eléctrica de México vale con los aparatos
fabricados en y para los Estados Unidos. En la Argentina me dicen que no pueden usarse algunos de ellos.

¿Quiere usted decirme si la escalera de su casa es recta y de un solo tramo? Si fuera curva o estuviera
dividida en varios tramos, no podría aplicársele esta silla. Si está dividida en dos tramos, por ejemplo, y uno es
el más importante, podría ser conveniente utilizar la silla. Que se aplica a la escalera, según nos dicen, de una
manera sencilla y puede subir y bajar a quien la necesite tantas veces como sea necesario. Tenga la bondad
de contestarme a correo vuelto.
Nosotros salimos para Suramérica desde Nueva York el 14 de julio. De aquí para Nueva York, entre el 7
yel 10.

o

\O

Yo también estoy mucho mejor de mi terrible colitis y de mi depresión nerviosa. Ha llegado mi
O\
....

�y 10

acostumbrada fase dinámica.
Con cariños de los dos para todos ustedes, le abraza su
J.R.

Por esta vez escríbame a: 4310 Queensbury Road, Riverdale, Md. Así me llegará antes la carta.

Queridos Manuela y ~lfonso: desde este precioso rincón del trópico, les mandamos nuestro más cariñoso
abrazo Ylo~ más_ fervientes deseos de que el 1953 les trate tan bien como el 52 a nosotros. Estamos los dos
nuevos Y dispoméndonos a comenzar nuestros respectivos cursos dentro de unos días.
Zenobia

Riverdale, 28 junio, 48.

Después de 2 años y 1/2 de mala enfermedad (una incompensación de mi bloqueo cardíaco), aquí estoy
empez~do a empezar ¡otra vez! Y ésta es una de las pocas cartas que pondré a mano, una mano
deshabituada a todo.

9
¡Quién pudiera, querido Alfonso, tener fuerte el corazón y volar por Anáhuac hasta ustedes! Es duro no
poder dominar ese motor de ~is no vistos interiores, que otros han visto.
No sé dónde estarán la toga y el birrete, pero lo importante es que usted y ese Colejio jeneroso hayan
enviado.las prendas de honor al honrado. ¡Gracias! Cuando lleguen me retrataré con ellas para ustedes.
¡Qué Dios le mantenga a usted en condiciones de seguir apurando su tesoro disperso para que lo gocemos
sus testigos! ¡Y que nos mantenga presentes a los testigos!

Gra~i~~• mi q~erid_o, querido Alfonso, por tanta gracia suya para mí. ¡Estos libros májicos que usted mana
de su_ dificil concien,:ia, a todo manar! ¡Qué gozo esta edición de sus versos completos (aunque mutilados)!
Los hbros, por estrano azar, están aquí conmigo (digo, los recibidos desde 1926).
T~ve ocasión de discutir con Gabriela Mistral sobre el premio Nobel para usted. Ella insiste en que el
pre~1~ ~s sólo para creadores. Y yo le dije: ¿Pues no es Alfonso Reyes un creador aun en el artículo
penodísuco ¡Hay tantas cosas que crear en este mundo malcreado! Le escribiré más largo, en cuanto esté
más fuerte. Pero no me faltan las fuerzas para abrazar a ustedes y desearles más tiempo de gracia y gloria.
¡Más, mucho más!
Juan Ramón

Con abrazos a esa familia y uno muy detenido para usted, Alfonso.
Diciembre 1952

�COLABORAN EN ESTE NUMERO:

ALFONSO RANGEL GUERRA (Monterrey, N.
L., 1928). Estudió la licenciatura en derecho en la
Universidad de Nuevo León, donde desempeñó
diversos cargos: direácr de la Preparatoria núm. 1 de
la Facultad de Filosoffa y Letras y rector (1962-64).
Secretario General de la ANUIES por doce años
(1965-77) y Director de Educación Superior dela
SEP (1978-82), de 1982 a 1985 fue ministro del
Servicio Exterior mexicano en España Secretario
General deEl ColegiodeMéxicodesde 1985 hasta
diciembre de 1988 ruarxlo fue nombrado Secretario
de Educación y Qiliura del Gooiemo de Nuevo León.
Es autor de Páginas sobre Alfonso Reyes (comp.,
1955 y 1957), Historia de la liJeraJura esp:uío/a (1965).
Agustín Yáñez y su obra (1969), LA educación
superior enMéxico (1979) y las ideas literariasde
Alfonso Reyes (1989), entre ocros títulos.
JOSE EMILIO PACHECO (México, 1939). Uno
de los más destacados escritores de su generación.
Ha acometido prácticamente todos los géneros:
poesía, relato, novela, ensayo; es alxmdante su traoojo
periodístico, así como el de tJaductor y compilador.
Algunos de sustítulos: Tarde o temprano (poesía);
Morirás lejos (oovela); El vieriodi.stante (rueruo).
JEAN CASSOU. Hispanista, novelista, ensayista y
cóticodeartefmres. NociócnBilboo (1897)y murió
en París (1986). Participó enlaresistenciamientras
Franciaestuvo ocupadaporlos alemanes. Escribió
sobre antiguos y modernos: El Greco y Cervantes,
Picasso y Matisse. Autor de Panorama de la
literaJura espaiiola.
PAULETTE PATOUT. Profesora del
Departamento de Estudios Hispárúcos en la
UniveJSidad de Toulouse, Francia Autora de Alfonso
Reyesy Francia, tesis docloral ¡,.ilmcada ro 1978, &lt;Xll
la que obtuvo el Premio Biguet de la Academia
Francesa. En 1972 publicó la edición critica del
epistolario Valéiy Larl&gt;aud-Alfonso Reyes.
JAMES Wil11S ROBB. Investigador de la George
Washington University, dedicado al estudio y
divulgoción de la obra de Alfonso Reyes desde hace
cuarenta años. Libros: El estilo de Alfonso Reyes:
imagen y estructura; Repertorio bibliográfico de
Alfonso Reyes; Prosa y poesía de A. R. (antología);

Estudios sobreAlfonso Reyes y Por loscaminosde
Alfonso Reyes.

publicó en 1987 Wla selecc:i6n de la obra nairali,q
este esaitor bajo cl tjh¡)o Cinco presetrias y

HELIA MARIA CORRAL Crítica literaria
Profesora del California State College (Bakersfield,
USA). Fn Monterrey publicó Ga.wonomía hislérica,
culJural y literario en Memorias de Cocina y bodega
de Alfonso Reyes (Ediciones Sierra Madre, 1979). EJ.
trabajo incluido en este m1mero debió ser leído el
jueves 18 de mayo de este año, en la Biblioteca
Central dela UANL

JUAN RAMON JIMENEZ. Poeta anda
(Mogucr, 1891-San Juan de Puerto Rioo, 1958} SIi
de España a causa de la guerra civil. Trabaj6•
universidades de la Unión Americana, Olba y A.Rico. Uno de los más extraordinarios líricos dela
lenguaespañola, obtuvo el Premio Nobel en 191.
Algunos de sus libros: Jardines lejanos; Plalero 1-,,;
EJernidades; Piedra y ciew.

JOSE
ROBERTO MENDIRICHAGA
(Monterrey, N. L., 1944). Licenciado en filosofía
egresado del Instituto Superior Autónomo de
Occidente, realiroestudios de letras (licenciaturay
maestría) en la Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL Combina el ejercicio de las letras y la
doceocia universitaria cm la labcrde oomunicación y
relaciones públicas. Colaborador del periódico El
porvenir, ex-director de Deslinde. Es autor de LA
leJra y la tint.a (1981), La estilicadelosé Va.sroncelos
(1986).

MARGUERITE YOURCENAR. Ver Dulill,
n1m 19.

un,_

HECTOR J. MARINE.5 GOMEZ (1970). Todm■
estudios los ha realizado en Saltillo, Coohlila. •
un semestre de Arqueología en la ciudad de WliDa
Fn la Fac. de Artes Visuales (UANL) estudia dilllt
gráfico.

MARIA ZAMBRANO (Málaga, 1907). Notable
ensayista y pensooora q.ie acaba de recibir el Premio
Cervantes. Ha vivido y enseñado en Chile, Cuba y
México. Autora de El sueño creador; Poesfa y
filosofía; El hombre y/adivino;Clarosdel bosque,
entre otros títulos.
HECTOR Pffi.EA (Méitico, D. F., 1953). UCU!Cialo
en periodismo y comunicación colectiva por la
UNAM y doctorado en periodismo por la
Universidad Complutense de Madrid, España Ha
coordinado diversos talleres de literatura, cine y
fotografía en la UNAM, y colaborado en las
principales publicaciones literarias del país. Es autor
de Imágenes rotas (cuento, 1980), Muestrario de
nuevas prosas (cuento, 1982), Cartas echadas.
Correspondencia Alfonso Reyes-Victoria Ocampo,
(1927-/959) (ensayo, 1983), Correspondencia
PrOILSt-Straus (tra-ducción, 1984) y Alfonso Re-yes y
el cine (1988), entre otros títulos.
AIDA O'WARD. Licenciada en letras inglesas.
Profesora del colegio de traducción y secretaria de
nuestra facultad. Estudiosa de la obra de Reyes,

/

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              <text>Deslinde, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 1989, Vol. 8, No 24, Abril-Junio</text>
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              <text>Covarrubias, Miguel, 1940-, Director</text>
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              <text>Salazar, Humberto, 1959-, Secretario de Redacción</text>
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              <text>González Corona, Andrea, Tipografía</text>
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          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Gabriela Mistral</name>
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      <name>Mitología</name>
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      <name>Teresa de la Parra</name>
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      <name>Visión de Anáhuac</name>
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