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                  <text>�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
RECTOR: Manuel Silos Martínez
SECRETARIO GENERAL: Reyes S. Tamez Guerra
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
DIRECTOR: Ricardo C. Villarreal Arrambide
SECRETARIO ACADEMICO: Miguel de la Torre Gamboa

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
NUMEROS 45-46 / VOLUMEN XII/ JULIO-DICIEMBRE DE 1994
CONSEJO EDITORIAL
María del Refugio Garrido
Annando González Salinas
Rodolfo Martínez Cárdenas
Lídice de la Luz Ramos
Genaro Saúl Reyes Calderón
Osear Rodríguez Arredondo
Saúl Suoto
María Zebadúa Serra

DIRECTOR
Miguel Covarrubias

SECRETARIO DE REDACCION
Humberto Salazar

TIPOGRAFIA Y FORMACION
Rosa Guadalupe Vázquez Carrillo

IMPRESION
Grafo Print Editores, S.A.
Los Artículos sin firma.son responsabilidad de la redaccción. No se devuelven originales.
Correspondencia y canje: Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México.

Publicación trimestral

�SUMARIO
FONDO
UNIVERSITARIO

5

¿QUIEN LEE LO QUE YO ESCRIBO?
Friedrich Nietzsche

1
~

67

1

12
15

45

85

CON JUAN JOSE GARCIA GOMEZ EN
LA BIBLIOTECA "JOSE ALVARADO"
José Guadalupe Martínez

LAS LETRAS DE NUEVO LEON AL
FINALIZAR EL SIGLO XX
Alfonso Rangel Guerra

INCOGNITA
Hilario Salazar Ortiz

EL LIO GUADALUPANO
Alfonso Junco

103
105

VISION HUMANISTA DE LA EDUCACION
Mario A. Aguilera Mejía

NECESIDAD DE UNA DIDACTICA ACORDE
A LOS REQUERIMIENTOS DE LA SOCIEDAD ACTUAL
Pablo Segovia Sotelo

98
100

LA DESMODERNIZACION
Benigno Benavides

ANOTACIONES DE VIDA Y MUERTE
Julieta Renée

86
91

LETRAS IMPRESAS PARA EL SIGLO XXI
Arnulfo Vigil

DOS NOTAS SOBRE LA LITERATURA DE NUEVO LEON
Humberto Salazar

81

DE OTRAS FLORERIAS
Juan José García Gómez

62
2

IDEAS LITERARIAS DE ALEJANDRO ROSSI
EN EL MANUAL DEL DISTRAIDO
Alejandro Valdés del Bosque

'

78

EL CUENTO EN NUEVO LEON
Héctor Al varado Díaz

EL TEATRO EN NUEVO LEON
Eligio Coronado

77

HERRAMIENTA DE OBRA DURA
Julián Herbert

47
59

¿QUIEN ME VENDE UNA CABEZA?
TEATRO DE ELENA GARRO
Silvia Mijares

EL LUGAR DE LA LITERATURA SEGUN ALFONSO REYES
Dora González Cortina

40

75

UN CEREBRO Y UNA PASION:
ELIAS CANEITI (1905-1994)
Miguel Covarrubias

LA METAFORA: ELEMENTO DE TRANSGRESION
EN LA POESIA DE BARBA-JACOB
Juan Antonio Serna

30
34

69

CIENCIA FICCION
Kingsley Amis

16
21

SOCIEDAD: SIGNO Y REPRESENTACIONES
José María Infante

NUEVO LEON Y SU CULTURA POETICA
EN LAS ALTURAS DE LA CRISIS
Minerva Margarita Villarreal

EL CRISTAL COSMICO
Diana M. González

VIAJE DE ESTUDIOS
Pedro de Isla
3

�¿QUIÉN LEE LO QUE YO ESCRIBO?

111

VERSOS PARA LA CERCANA DURMIENTE
John Brushwood

112

114

BANDERA CON HILOS DE ORO
Dámaso Murúa

118

120

El TRAIDOR NO ES PRODUCTO DE LA IMPROVISACION
Bernardo Ruiz

NEGACION DE LOS TECNOCRATAS Y OTROS TEMPANOS
Abraham Nuncio

131

134

PAISAJES SUBTERRANEOS EN LUISA VALENZUELA
Adriana Cortés

LEER POESIA: El TRAIDOR
José María Espinasa

126

128

UNTESTAMENTOLITERARIO
Teresa Aveleyra-Sadowska

SOBRE EL LIBRO DE CUENTOS SIMETRIAS
Luisa Valenzuela

122

123

¿QUE VAMOS A HACER CON LOS BOLILLOS?
Francisco Juárez-Torres

UN POETA QUE VE NACER SU LIBRO DE ENTREVISTAS
Gerardo López Moya

NOTAS SOBRE EL DESARROLLO DE LA APICULTURA CAPITALISTA EN ALLENDE
Y LAS ESTRATEGIAS DE ARTICULACION REGIONAL
Jorge Sada

Este número se ilustra con dibujos de María Serena Sa/azar

Friedrich Nietzsche
AMI LECTOR
Buenos dientes y buen estómago.
¡Eso te deseo!
Si logras digerir mi libro,
Muy bien te llevarás conmigo.

Meinem Leser
Ein gut GcbiB und einen guten Magen Dics wünsch' ich dir!
Und hast du crst mein Buch vertragen,
Ycrtriigst du dich gewiB mit mir!

�¡HOMBRE! ¡PRESTA ATENCIÓN!
¡Hombre! ¡Presta atención!
¿Qué dice la profunda medianoche?
«Dormía, dormía.
De un profundo sueño desperté.
Es profundo el mundo
Y pensado es aún más profundo que el día.
Profundo es su dolor.
Y el placer es más profundo aún que el sufrimiento.
Dice el dolor: ¡acaba ya!
Sin embargo todo placer desea ser eterno.
¡Desea la profunda, profunda Eternidad!»

LA PLUMA GARABATEA
La pluma garabatea: ¡al infierno!
¿Estoy condenado a garabatear por siempre?
Audaz, cojo el tintero
Y escribo con espesos ríos de tinta.
¡Cómo fluye, qué plenitud, qué donaire!
¡Qué bien lo logré, qué bien me resulta todo!
Ciertamente, a mi escritura le falta claridad.
Pero ¿qué puedo hacer? ¿Quién lee lo que yo escribo?
Die Feder kritzelt

O Mensch! Gib Acht!
O Mensch! Gib Acht!
Was spricht die tiefe Mitternacht?
«Ich schlief, ich schlief Aus tiefem Traum bin ich erwacht: Die Welt ist tief,
Und tiefer als der Tag gedacht.
Tief ist ihr Weh-,
Lust - tiefer noch als Herzeleid:
Weh spricht: Vergeh!
Doch alle Lust will Ewigkeit -,
- will tiefe, tiefe Ewigkeit!»

Die Feder kritzelt: Rolle das!
Bin icli verdammt zum Kritzeln-Müssen?So greif ich kühn zum TintenfaB
Und schreib mit dicken Tintenflüssen.
Wie Ji:i.uft das hin, so vol!, so breit!
Wie glückt mir alles, wie ich's treibe!
Zwar fehlt der Schrift die Deutlichkeit Was tut's? Wer liest denn, was ich schreibe?

�PINO Y RAYO

LA GAYA CIENCIA

Crecí por encima de la bestia y el humano.
Con ninguno converso.

Esto no es un libro: ¡qué ocultan los libros,
Esos féretros y sudarios!
Botín de los libros es el pasado:
Mas aquí vive un eterno hoy.

Solitario y muy alto crecí, demasiado.
Espero: mas ¿qué espero?

Hoch wuchs ich übcr Mensch und Tier;
Und sprcchc' ich - niemand spricht mil mir.

Esto no es un libro: ¡qué ocultan los libros,
qué yace entre esos féretros y sudarios!
Esto es una voluntad, esto es una promesa,
Esto es un último derrumbe de puentes,
Esto es un viento marino, un levar anclas,
Un estrépito de engranes, un gobernar el timón.
¡Ruge el cañón, blanco humea su fuego!
¡Ríe la mar, su inmensidad!

Zu einsam wuchs ich und zu hoch lch wartc: worauf wart' ich doch?

Die frohliche Wissenschaft

Al conjunto de nubes demasiado cercano,
Al primer rayo espero.

Pinie und Blitz

Zu nah ist mir dcr Wolken Sitz, lch wartc auf den ersten Blitz.

Dies ist kein Buch: was liegt an Büchern!
An diesen Sargen und Leichentücbern!
Vergangnes ist der Bücher Beute:
Doch hierin lebt ein ewig Heute.
Dies ist kein Bucb: was leigt an Büchern!
Was liegt an Sargen und Leichentüchern!
Dies ist ein Wille, dies ist ein Versprechen,
Dies ist ein letztes Brücken-Zerbrechen,
Dies ist ein Meerwind, ein Anker-Lichten,
Ein Rader-Brausen, ein Steuer-Richten;
Es brüllt die Kanone, weiB dampft ihr Feuer,
Es lacht das Meer, das Ungeheuer!

8

9

�ULTIMA VOLUNTAD

Letzter Wille

Morir así,
como un día vi morir
al amigo que enviaba sobre mi oscura juventud
rayos y miradas divinas:
malicioso y profundo,
bailarín en la batalla,

So sterben,
wic ich ihn einst sterben sah -,
den Freund, der Blitze und Blicke
gottlich in meine dunkle Jugend warf:
- mutwillig und tief,
in dcr Schlacht ein Tanzer -,

el más apacible entre los guerreros,
el más adusto entre los vencedores,
creándose un destino sobre su destino,
áspero, ensimismado, reflexivo:
temblando porque triunfaba,
gozoso porque moribundo triunfaba:
mandando mientras moría,
ordenaba que se demoliera ...

untcr Kricgcrn der Hciterstc,
untcr Sicgcrn der Schwerste,
auf scincm Schicksal ein Schicksal stehend,
hart, nachdcnklich, vordenklich -:
crzittcrnd darob, daj3 cr siegtc,
jauchzcnd darübcr, daB er sterbend siegte -:
hcl'chlcnd, indcm cr starb,
- und cr bcfahl, daB man vernichte...
So slcrhcn.
wic ich ihn cinst stcrbcn sah:
sicgcnd. l'ernichtend...

Morir así,
como lo vi morir un día:
victorioso, demoledor...
Versiones de Miguel Covarrubias

10

11

�SOCIEDAD: SIGNO Y REPRESENTACIONES

José María Infante
Lo social es constituyente de lo humano y por ello está presente en la
historia humana desde su mismo origen.
Acepto el principio de que el lenguaje también es co-constituyente y
por ello también aparece en el origen. De lo que no podremos decir
nunca nada es sobre cuándo lo social
aparece en el lenguaje y de cómo esa
aparición marca una posición en la
estructura de lo colectivo y en la
conciencia de sus hablantes.

12

No obstante, ya sea como
yo/otros o como nosotros lo social y
la sociedad aparecerán de una u otra
manera en el lenguaje y determinando acciones que podrán ser determinantes en más de un sentido para la
supervivencia personal y del grupo.
Es ya un lugar común mencionar cómo en distintas sociedades de tradición oral el autonombre colectivo es
sinónimo de humanidad y de allí el
carácter de excluyente. Asimismo, si
tenemos en cuenta la posición de la
naturaleza en el lenguaje, es posible
advertir que las concepciones que se
tienen sobre ella informarán de la
acción· correspondiente. La correlación entre niveles de realidad, niveles de representación y percepción
de ambos a través del lenguaje adquiere entonces una complejidad de
la cual no hemos podido desarrollar
aún un modelo coherente.

La naturaleza del signo lingüístico hace que éste sea -entre otras cosas- a la vez un vehículo de la significación social así como del pensamiento individual y, por ello, cualquier expresión, como sociedad en
este caso, esté cargada de sobredeterminaciones que son simultáneamente un signo, una representación,
una actitud y un modo de acción. El
pensamiento salvaje o natural incluye en el signo todas las categorías
junto con la pragmática de él, lo que
conduce a una clasificación que por
incluyente se toma altamente contradictoria. El pensamiento racional, al
excluir, no necesariamente gana en
significación lo que gana en pobreza. El agente puede significar recurriendo al signo pero también significa con su acto, aun cuando su acto
signifique porque le sea atribuido un
significado que pertenece a un universo de representaciones singular o
compartido. Cuando el acto humano
significa a partir de su propia expresión puede estar integrando lo que se
ha denominado una ideología viviente, que a diferencia de las ideologías intelectuales o racionales podrá carecer de signos pero no de
simbolización.
En el caso de sociedad, nos es
difícil reconstruir el proceso por el
cual se pasa desde la significación
por el acto hasta la significación en
el signo, pero sí podemos analizar al

menos los dos polos de este continuo: por un lado, las formas en que
lo social aparece significado en la
praxis y en las ideologías vivientes y
por otro, el modo de significar de sociedad en el discurso científico.
También podr_íamos expresar esto
como un juego de hablas, habida
cuenta de que lo social aparecerá en
el discurso popular como un habla
con similitudes y diferencias con el
habla del discurso científico: una
complicación adicional se presenta
porque el lenguaje popular, especialmente el de vastos sectores de las
denominadas «clases medias», está
infiltrado por el lenguaje «científico», sin que el juego de significaciones sea correspondiente. Tenemos
entonces que términos como alienación, represión, sus derivados y
otros por el estilo aparecen en el habla cotidiana de esos sectores y aun
en el lenguaje de los medios masivos
de comunicación produciendo efectos que tampoco hemos evaluado
hasta ahora de manera adecuada.
Si la ciencia es un tipo particular
de comportamientos efectuados por
una comunidad más o menos especializada, cuya finalidad es la transformación de un sector del mundo O
de la realidad con la mayor eficacia
posible -entendiendo por eficacia las
características complementarias de
racionalidad y ahorro de alguna forma de energía-, la ciencia aparece

en las primeras comunidades y la
ciencia social está también presente
a)lí. Es probable que la experiencia
liminar fuese integrada sin las distinciones que ahora hacemos de producción material, simbólica y demás. Esto quiere decir que el discurso científico y el popular es indistinguible en las formas originarias de
sociedad.
El conocimiento que la sociedad
tiene sobre sí misma se expresa originariamente en los mitos y los refranes. Los códigos morales, en su
eterna contradicción entre lo deseado y lo posible, son también una
muestra de un conocimiento de lo
social donde el signo se impone a lo
real cuando se pretende que el deseo
sea una necesidad. Mientras en el
mito lo racional/irracional se mantienen en una relación indivisible, en
los códigos lo irracional se pretende
racional. Otro de los lugares comunes de la ideología intelectual del
llamado mundo occidental es atribuir al genio griego el origen de la
autorreflexión consciente colectiva y
por ello, toda especulación sobre la
sociología científica suele comenzar
con Platón o Aristóteles, aun cuando
no son más que eslabones de una cadena más o menos larga.
Pero en Aristóteles, si tenemos
en cue~ta sus ideas específicas, está
presente una ambigüedad que mar-

cará a casi todo el pensamiento sociológico posterior; una cierta forma
de naturalismo que hace de alguna
de las sociedades realmente existentes una sociedad natural. En cierta
medida, el pensamiento aristotélico
carece de lo que carecerá casi todo
el pensamiento sociológico posterior: la capacidad de relativizar el
pensamiento etnocéntrico. Todavía
hoy científicos sociales altamente reputados de los llamados países avanzados confunden su propia sociedad
con toda sociedad o atribuyen virtudes y defectos a las sociedades en
virtud de sus propias vivencias o
modelo de lo que es sociedad.
La lamentable conclusión de todo esto es que aún no disponemos de
un discurso científic;o de lo social
que haya podido superar los condiciones del pensamiento salvaje y
pueda ofrecernos una clasificación
que sea independiente de su propia
experiencia subjetiva. Pensadores
que en ciertos niveles pudieron expresar las relaciones entre términos
con una racionalidad formalmente
coherente, no escaparon a la consideración valorativa etnocéntrica. La
consecuencia es que aún debemos
trabajar para encontrar un concepto
de sociedad y sus correspondientes
subclasificaciones que sea independiente de juicios valorativos y
del uso real o pragmático que le demos los seres humanos.

Si el discurso científico presenta
contradicciones, no es lógico esperar
que el discurso popular no las posea.
Pero esas contradicciones que a veces serán inconscientes para sus portadores, forman parte de un pensamiento que se hace necesario como
esquema de 'orientación en el mundo
para cualquier ser humano singular
de cualquier condición. En remplazo
de los mecanismos instintivos, los
seres humanos debemos cubrir la incertidumbre mediante esas estructuras referenciales, un punto en el que
todavía debemos investigar más es
el de si estas estructuras pueden estar influidas por ciertas condiciones
ambientales o culturales y si hay
grupos o momentos históricos que
pueden presentar diferencias en la
estructuración.
Más allá de su composición y dinamismo, podemos coincidir en que
esas estructuras se manifiestan, de
todos modos, en el lenguaje. Es el
discurso popular el ambiente que recoge su composición, en un proceso
interactivo donde lo estructurado es
o puede ser a la vez estructurante y
viceversa.
Tratando de encontrar alguno~ de
los mecanismos que pueden explicar
estas complejas relaciones, construimos algunos cuestionarios que trataban de hallar indicadores para estas
y otras hipótesis. En los cuestiona13

�CIENCIA FICCIÓN

Kingsley Amis
rios incluimos diferentes combinaciones de elementos técnicos, como
escalas tipo Thurstone, Likert, preguntas abiertas y cerradas. En el caso de las escalas, las frases son el resultado de consultas a material de difusión masiva así como de refraneros u otras fuentes de expresiones
populares. Los cuestionarios fueron
aplicados a muestras accidentales,
en el entendido de que las conclusiones no necesariamente deben inferir
a alguna población universal. En todo caso, de desearse algún análisis
cspedfico para algún sector particular, ello podrá hacerse en condiciones controladas y cumpliendo con
las reglas de la inferencia estadística.
Entre los elementos a destacar,
de lo que hasta ahora hemos encontrado, podemos decir que lo social
aparece siempre vinculado a términos concretos, o sea que difícilmente
se piensa a la sociedad de manera
abstracta. En este punto, debemos
buscar más datos que nos permitan
entender si ello se debe a problemas
en la estructuración del pensamiento
(siguiendo el esquema piagetiano), o
a deficiencias de la misma teoría sociológica que no ha podido producir
un concepto de ese tipo y trasladarlo
al lenguaje popular. Tampoco la relcrencia a la sociedad suele aparecer
directa, sino que podemos encontrarla en las referencias a nosotros/otros,
o sea a las ideas de identidad grupal
14

que aparecen en el habla cotidiana.
Uno de los elementos más curiosos se refiere al desdoblamiento entre el discurso científico y el discurso vulgar, que hemos atribuido a las
dificultades de los hablantes para
asumir las consecuencias del discurso científico. Por ejemplo, cuando
presentamos una proposición como
«el modo fundamental de realización
de la mujer es la procreación», podemos tener respuestas de todo tipo y,
en muchos casos, altamente contradictorias. Una de esas contradicciones más notorias aparece cuando se
contesta aprobando la idea después
de haber pasado por un curso de introducción a las ciencias sociales
donde se analiza y cuestiona la idea
del desarrollo personal de la mujer
en las sociedades contemporáneas y
donde se relativiza la maternidad como la forma excelsa de logro femenino. Y si bien en las respuestas a las
evaluaciones académicas las mujeres
responden en ese sentido, en los
cuestionarios actitudinales se mantienen en lo que podríamos denominar la variante convencional o tradic10nal de la mujer como ama de casa
y madre. Dado que la contradicción
-en esta y otras cuestiones parecidas- no parece registrarse en un nivel consciente, o bien aceptamos que
las contradicciones entre representaciones, cuando son inconscientes, pueden tener apoyo material en

un individuo sin que eso lo afecte en
lo más mínimo, o bien postulamos
que la ideología intelectual y la ideología vivencia] pueden discurrir por
vías separadas, o bien en la acción
cotidiana se prefiere a la forma práctica como interpretación antes que la
explicación sociológica, por más racional que ésta fuere, .o, más todavía
alguna combinación diferente de estas u otras explicaciones. De manera
que sólo más investigación podrá
darnos alguna respuesta.

Lo que nos hace vagar por este corredor iluminado
Ha de ser el impulso de hallarnos cara a cara
Con nuestro vicio y estupidez puestos sobre una cosa
Y finalmente sobre nosotros mismos; lo que nos atrae
Es siempre una visión simplificada del desastre:
Un tejido que confunde tiempos y espacios,
Un mundo donde el mar no tiene orillas,
Una condena al tránsito perpetuo,
Y, lo más simple aún, un monstruo de diez garras
Aleteando en el aire emponzoñado.
Quizá en esta criatura vemos al ogro eterno
Que fraguó la pesadilla de nuestros ancestros,
El es nuestro legado de mapas del infierno.
Pero los climas y las geografías cambian pronto
Engendrando mutaciones que no serán frenadas
Ni con espada de plata ni con joyas nigromantes,
Mutaciones peores que sus antepasados,
De un rango más extenso
Y mucho más durable.
Versión de Julián Herbert

15

�'

UN CEREBRO Y UNA PASIÓN:
ELÍAS CANETTI (1905-1994)
Un escritor que busca siempre la medianía ¿es realmente ~n escritor? ';fodera cuanto
le llega para no salirse de sus propios límites. ¿Puede una vida que se aisla tanto saber
realmente algo de La de los demás? Las rotundidades de sus obras me resultan penosas.
El nunca me infunde terror. Siempre consigue tranquilizar al lector. Le falta el c~":ponente estremecedor, desgarrador, le falta adversidad y rabia, le falta La sensacw11 de
vacío bajo ms pies, la semsación de acoso. Su ironía es placentera, Sil humor jamás ~e
pasa de la raya. Le gusta ser tenue y lo considera una ventaja. /Elfas Canettl.

Miguel Covarrubias
Testimonios del oído
Por demás interesante resultó uno de
los libros de Canetti publicado un
poco antes de la obtención de su
Premio Nobel. Se trata de Der Ohrenzeuge. Fünfzig Charaktere, en español conocido como Cincuenta caracteres. El testigo oidor. Obra que
se asemeja a otras del mismo escritor - La antorcha al oído (Die Fackel
im 0hr) , memorias de su primera juventud, Las voces del Marrakerlz
(Die Sti111111e11 von Marrakech), impresiones de viaje- por la preeminencia del sentido del oído. El órgano auditivo en Canelli o de Canetti
deambula por toda su obra. Se unta a
los muros o se dilata en los espacios
abiertos. No descansa. Escucha, oye,
percibe, registra. Es el aliado que le
permite al escritor de lengua alemana captar esos detalles de la realidad
que tan caros le eran a sus maestros
Kalka y Kraus. Porque la distorsión
o el rctorc11niento y aun la pesadilla,
el loco sueño ensangrentado, serán
creíhlcs para los lectores en la medida en que al final se imponga el
equilibrio artístico. Por ello. ¿,el arte
gncgo vuelve a ganar la partida'? Expliquémonos mejor. No es que Canelli haya reculado hasta la kátharsis, no. Nada más alejado del fatalismo y del destino helenos que la férrea expresión literaria del hombre y autor- más irreductiblemente
16

opuesto al fin de la especie: «odiar
la muerte de cada uno de los hombres como si fuera la nuestra; hacer
las paces alguna vez con todo, menos con la muerte» (Úl provincia del
hombre en español, Die Provinz des
Menschen, título original).

copa a su salud e intercambian frases
anodinas. Nadie sospecha que está
hablando con el verdugo en persona.
Es increíble lo inocentes que pueden
ser los hombres cuando no son escuchados» (versión de Juan José del
Solar).

Pero aún no decimos por qué El
testigo oidor es una obra interesante.
Digamos que lo es -mínimo- por
dos razones. Una, porque es algo así
como el rescoldo, la premonición de
lo que pudo haber sido y no fue, la
síntesis o versión milimétrica de
aquel vasto proyecto balzaciano diseñado por el joven Canetti. Se trata,
pues, de una galería integrada por
«una figura distinta y situada al borde de la demencia» en cada texto individual. Cincuenta caracteres. Veamos a uno de ellos o, mejor aún, oigámoslo: «El Testigo Oidor no hace
esfuerzos para ver; oye, en cambio,
muchísimo mejor. Llega, se queda
en pie, se desliza sin ser visto hacia
un rincón, curiosea un libro o una vitrina, oye lo que hay que oír y se aleja, inmutable y ausente. Nadie pensaría que ha estado allí: ¡con tanta
habilidad desaparece!, y helo ya en
otro lugar, oyendo otra vez; conoce
todos los sitios donde hay algo que
oír, lo registra bien y no olvida nada.
(... ) Cuando se saca las orejas secretas es un hombre amigable, todos
confían en él, todos se toman una

El despliegue o gran aliento lo
vertió Canetti en su novela y ensayos
(en varios de Ú1 conciencia de las
palabras y, sobre todo, en Masa y
poder), en sus libros de recuerdos y
memorias. Lo breve, lo conciso, vamos a encontrarlo en sus libros de
apuntes y aforismos (Úl provincia
del hombre y El corazón secreto. del
reloJ). Los personajes como El Pseudorretórico, El Lengüilargo, El Rigepesares, La Primaluna, La Tentada,
El Bibliófago y cuarenticuatro más,
producto de la lupa y el trazo muy
abierto, inventan sus nombres, inventan secretos. Y Canetti los divulga.
Tener los días contados
En su teatro, Canetti no gira hacia la
ligereza o la frivolidad. Seguirá entregándonos esos característicos edificios literarios suyos, sólidos, armoniosos y esenciales. No se desviará
tampoc9 de los graves temas que lo
han obsesionado toda su vida. Así
podremos comprobarlo en Los emplazados (Die Befristeten), la tercera
y última pieza del volumen titulado

Dramen en alemán y Teatro en español (las otras dos obras incluidas en
este libro son Hochzeit y Komodie
der Eitelkeit: la boda y la comedia
de la vanidad).
Los emplazados son seres que habitan un mundo bizarro. Un mundo
en donde nadie dice su edad porque
todos conocen la fecha exacta de su
muerte. Cuelga del pecho de cada
uno de estos extraños o -más biennormales seres, una cápsula que contiene tanto la fecha de nacimiento como la de su fin. Y ¡ay de aquél que se
rebelara contra ese orden! Para verificar que todo suceda de acuerdo con
la ley, actúa el Capsulán, especie de
verdugo-sacerdote que comprueba en
el momento supremo la veracidad de
cada destino individual. Así deberá
acontecer siempre, trátese de un sujeto llamado Cincuenta o de una niña
nombrada Doce. Cuando sobreviene
la muerte, el verdugo-funcionario-sacerdote toma la cápsula que pende
del cuerpo inerte, rompe el sello y
constata, da fe.
Pero un día es Cincuenta, precisamente él, el personaje central de la
obra, quien se obstina en el rompimiento de esa ley y costumbre universalmente aceptada. Pide un día
más. Sólo un día más. Capsulán se
lo concede luego de que él, Cincuenta, abjura de sus afinnaciones disolventes. Y caerá en descrédito aunque

haya comprobado por sí mismo que
las cápsulas están vacías. El andamiaje social ha sido erigido sobre
una soberana mentira que cohesiona
porque -simplemente- nadie durante
siglos la ha puesto en duda. La tranquilidad es el bien supremo, también
la certeza. Saben esos seres cuánto
vivirán y a ello se ajustan. Pero Cincuenta logró con su ejemplo y sus
proclamas astillar tan decantada paz
común. Regresan todos al tiempo de
la inseguridad: saben cuándo nacieron pero no cuándo morirán. Cincuenta caerá sobre los garfios del
arrepentimiento. Inútil, inútil será ya
todo. El mundo de los emplazados
no volverá ya más a la quietud. Con
la libertad, los hombres habrán recuperado la angustia. Y la muerte seguirá cazándolos sin piedad.
Esta pieza se divide en dos partes, y cada una de éstas en varios
cuadros o escenas. Sólo tres personajes -Cincuenta, Amigo y Capsulán- aparecen con frecuencia. El resto conforma el elenco de los variados cuadros que nos recuerdan, por
la independencia interna que ostentan, al Terror y miserias del Tercer
Reich de Bertolt Brecht. (Desde luego, este autor rehusaría el entramado
metafísico de Los emplazados, aunque no podría ser del todo indiferente a la recusación del poder que Canetti encuentra no menos abominable que la muerte.)

Memoria que nada quiere
desechar
Resume Canetti su autobiografía o la
historia de su vida en tres gruesos
volúmenes de casi cuatrocientas páginas cada uno (el cuarto y póstumo
- suponemos- tendrá un grosor parecido). Consignaremos sus títulos en
español y les agregaremos los subtítulos correspondientes: Ú1 lengua
absuelta. Autorretrato de infancia;
Ú1 antorcha al o(do. Historia de una
vida, 1921-1931; El juego de ojos.
Historiademivida, 1931-1937.
En estos libros esplenden de nuevo la voluntad de apresarlo todo, la
minuciosa memoria, los surcos producidos por una lezna que no sabe
descansar, los sólidos bloques de la
prosa canettiana. En el priµier tomo
(Die gerettete Zunge) figura como
estrella su madre, Matilde, viuda a
los escasos veintisiete años. Esta
mujer, sin duda una de las madres
mejor dotadas para guiar a un hijo
llamado a ser grande entre los grandes de la literatura, ejercerá su ministerio sometiendo al pequeño Elías
a una disciplina estricta -la que por
otra parte era deseada o exigida, pudiera decirse, por el ávido lector niño. Esa educación, complementada
con la recibida en las escuelas de
Viena y de Zurich -principalmente-,
arraigarán al aspirante a escritor en
su propio, interior y rico mundo. Un
17

�mundo que muy pronto se manifestaría en una escritura inquietante y
sobria, apropiada para la invención,
el ensayo y el recuento vivencia(.
La antorcha al oído (Die Fackel
im 0hr) es la historia de una formación académica e intelectual, y también la historia de una educación
sentimental. Para satisfacer a la madre que teme ver a su hijo convertido en un ratón de biblioteca sin más
perspectiva que la del solipsismo intelectual, Canetti emprende el estudio de la química hasta el fin, hasta
llegar a convertirse en Herr Doktor.
Más trascendentes serán dos personajes claves en su vida: Karl Kraus
en la esfera intelectual, Veza en la
sentimental. Es por eso, sin duda,
que en este libro se ven reunidas ambas figuras en un mismo capítulo.
«( ... ) era el hombre más importante y
severo que a la sazón vivía en Viena.
Nadie hallaba gracia ante sus ojos.
En sus lecturas atacaba todo lo malo
y podrido. Editaba una revista que él
mismo escribía, solo. Encontraba
inoportuno todo cuanto le enviaban,
no aceptaba colaboraciones de nadie
ni contestaba cartas. Cada palabra.
cada sílaba que publicaba en Die
Fac/.:el. salía de su propia mano. Todo ocurría allí como ante un tribunal: él mismo acusaba y sentenciaba.
(...) Se preocupaba personalmente dé
cada coma, y quien quisiera encontrar alguna errata en Die Fackel ya
18

podía torturarse semanas enteras
buscándola. (...) Había escrito un
drama de 800 páginas, Los últimos
días de la humanidad, en el que recreaba todo lo ocurrido en la guerra.
Cuando leía pasajes en voz alta, uno
quedaba paralizado. Nadie se movía
en la sala, la gente apenas osaba respirar. Él mismo iba recitando todos
los papeles: especuladores y generales, (... ) y los pobres diablos que
caían víctimas de la guerra, los leía
con tanta veracidad que aquellos
personajes parecían desfilar realmente ante uno. Quien lo escuchaba
una vez, no quería volver más al teatro; comparados con él, los espectáculos teatrales resultaban aburridos;
él solo era todo un teatro, sólo que
mejorado, y este prodigio universal,
ese ser increíble, este genio tenía el
nombre más común del mundo: Karl
Kraus». En Veza encuentra el presuntuoso jovenzuelo de veinte años
a la mujer bella, sensible, culta y políglota, de recia y desafiante moralidad. De ascendencia hispana como
él mismo, Veza destruirá su misoginia. Canetti no seguirá, afortunadamente para las letras universales, el
camino desquiciado de Peter Kien,
ese otro ser nacido para leer con
apetito voraz. La biblioteca de Canetti será un centro de convergencia
y no de disputa conyugal.
Después de la lengua y el oído,
tocará al sentido de la vista vertebrar

el tercer tomo de memorias: El juego
de ojos (Das Augenspiel). En este
volumen encontraremos a otras figuras sobresalientes de la escena cultural europea: Robert Musil, James
Joyce, Thomas Mann, Alban Berg.
Y al Doctor Sonne, cabeza enciclo·pédica receptora de un millón de reconocimientos por parte del joven
Canetti. A tal grado llegaba la admiración del novel escritor, que éste
nunca se atrevió a darle a conocer al
Doctor Sonne su primer libro. Auto
de fe pudo llegar a las manos de
Thomas Mann pero no a las del intelectual ágrafo. La manera de admirar
empleada por Canetti siempre éstuvo
teñida de desmesuras y extrañezas.
Cierra el tercer tomo de memorias
Matilde, la madre y mentora del escritor, la enemiga jurada de Veza, la
mujer que nunca volvió a casarse
porque su hijo, el pequeño Elías, no
se lo permitió. Muere la madre y Canetti exclama: «Ella es la vida. Nada
es sin ella. Sin ella vuestras casas se
derrumbarán y vuestros cuerpos se
encogerán».
Los buenos viajeros son
despiadados

La c'apacidad de Canetti para atrapar
lo singular de las vidas humanas sin importar raza, credo o lengua-,
se pone a prueba cuando viaja por
Marruecos. Para entonces nuestro
escritor rebasa ligeramente la línea

de su media vida. Las voces de Marrakech. Impresiones de viaje. (Die
Stimmen von Marrakech) es el título
que agrupa los catorce relatos donde
Canetti domina con su enorme poder
de captación: costumbres desconocidas, rezos desconocidos, vestiduras
desconocidas, mujeres inquietantes y
desconocidas, ventanas y balcones
desconocidos, plazuelas desconocidas, callejones desconocidos, voces
desconocidas. ¿Cómo lo logra? Lo
logra a través de una enorme concentración mental y sensorial, y a
través de una inacabable confianza
en la palabra. Estos relatos prueban,
además, algo sustancial: Canetti jamás olvida que el aliento de la vida
está por encima de todo, y que la
muerte -suprema enemiga- debe ser
combatida a todas horas y en cualquier terreno. Un ejemplo de lo anterior podemos corroborarlo con la última de estas narraciones, con «El
invisible». Veámoslo.
«Había paseado por la plaza( ... ):
tantas cosas me atraían en ella que
jamás dudé no volver a encontrar el
bulto aquél con todo cuanto le era
propio. Sólo por esa voz, que había
venido a reducirse a un sonido único, sentía cierto temor. Se encontraba en la frontera de lo vivo; la vida
que generaba no consistía en otra cosa más que en ese sonido. Por mi
parte, escuchaba ansioso y amedrentado y para entonces alcanzaba un

punto preciso en mi camino, justo el
mismo sitio, donde de súbito oía algo así como el zumbido de un insecto: &lt;a-a-a-a-a-a-a-a&gt;.
«Sentía cómo una calma inaprehensible se expandía a lo largo de mi
cuerpo, y en tanto mi paso había sido hasta el momento algo lento e inseguro, avanzaba ahora, de repente,
con resolución, derecho hacia el sonido. Yo sabía de dónde provenía.
Conocía el hatillo marrón en el suelo, del que no había visto más que
un oscuro y tosco pedazo de tela. Jamás vi la boca de la que provenía el
&lt;a-a-a-a-a-a-a-a&gt;; jamás el ojo, jamás
las mejillas; ni una sola parte del
rostro. No habría podido afirmar si
ese rostro era el de un ciego o si
veía, por el contrario. (. .. ) La criatura
- alguna había de ser- se acurrucaba
en el suelo y curvaba la espalda bajo
la tela. (... ) Lo que había en el suelo
se mantenía tan agazapado que aun
tropezando involuntariamente con él
no habría cesado por ello el sonido.
Nunca lo vi venir, jamás lo vi partir;
no sabía si era transportado y depositado allí o si caminaría por sus propias piernas».

religioso. Porque si una lengua mutilada cercenaba en cada emisión de
voz la / de «Alá», ese «a-a-a-a-a-a-aa» podría equipararse a la letanía de
los santos de la repetición, a los
mendigos que en «El clamor de los
ciegos» -otro de los relatos incluido
en este libro- vagan formando zigzagueantes filas. Pues son los desheredados de la vida, los privados de
luz, los andrajosos, quienes pueden
glorificar y consolar. «Dios te bendice por todos aquellos a quienes des.»

Con este cuadro, Elías Canetti
nos ofrece el testimonio de una inquebrantable voluntad de vivir, aunque reducida a su mínima expresión.
Incapacidad tal no impediría -supone el narrador- el llamado o anhelo
19

�LA METÁFORA: ELEMENTO DE
TRANSGRESION EN LA POESIA DE
BARBA-JACOB
~

~

Michael Farrel ardía con
un ardor puro como la luz.
Barba-Jacob

Juan Antonio Serna

ABANICO

20

La década de los 90 se caracteriza
por la búsqueda de un espacio, por la
pugna por el poder y por la transgresión de los cánones establecidos
dentro de la sociedad post moderna.
Los agentes promotores de dichas
transformaciones han sido los subalternos, es decir, los indígenas, la voz
femenina, la clase obrera/trabajadora, las masas y los homosexuales,
quienes han tenido que recurrir a diferentes signos de comunicación para extrapolar su ideologema y para
externar su ideología/postura/enojo
frente al opresor/el otro. Vemos que
el problema del frente zapatista en
San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, México, el rotundo éxito del
film mexicano Como agua para
chocolate, la vuelta a la cultura popular/paraliteratura y la excelente
acogida del público norteamericano
al film Philadelphia constituyen
acontecimientos cuya finalidad consiste en concientizar a la comunidad
del conflicto que prevalece entre los
grupos marginados y el grupo en el
poder.
El problema de los campesinos
en Chiapas es un ejemplo de la lucha
por un mejor nivel de vida y por un
«pedacito de tierra». Como agua para chocolate aborda la problemática
del papel de la mujer en la sociedad
patriarcal mexicana, así como la lucha por el poder y la transgresión a
las normas de la sociedad mojigata

de la época. La vuelta a la paraliteratura/subliteratura representa la búsqueda del ser humano por reencontrarse con sus raíces y reafirmar su
propia identidad, elementos que
coadyuvarán a la revaloración tanto
de su individualidad como de su colectividad. Philadelphia nos muestra
el tema de la homosexualidad visto
desde un criterio más humano, más
tierno y más sensible. El protagonista del film transgrede la política de
la empresa debido a su preferencia
sexual, a pesar de que la compañía
pretende marginarlo/oprimirlo por
su homosexualidad, al final notamos
cómo la unión de los grupos marginados el blanco homosexual/el negro/el hispano homosexual logran
derrocar a la firma/sociedad/el heterosexual/el otro.
La problemática del gay contemporáneo reflejada en la película nos
lleva a Michel Foucault que en The
History ofSexuality argumenta:
... it also made possible the formatton
of a «reverse» discourse: homosexuality began to speak in its own behalf. to demand legitimacy or «naturality» be acknowledged, often in the
same vocabulary, using the same categories by which it was medically
disqualified. ( 101 )
David William Foster en Gay
and lesbian Themes in 1Ati11 Ameri-

can Writing, plantea que el punto
fundamental de este análisis sobre el
tema homosexual y el lesbianismo,
en los textos de la narrativa latinoamericana, consiste en que éstos
muestran su preocupación por legitimar el discurso acerca de la homosexualidad, especialmente el que cuestiona el «reverse» tanto como el
«obverse», términos del discurso del
que discute Foucault.
Por consiguiente, la metaficción
de los autores latinoamericanos que
abordan esta materia, es muy significativa, ya que les muestra cómo escribir bajo determinadas circunstancias ideológicas de Latinoamérica y
al mismo tiempo cómo lograr que la
producción sea significante dentro
de una sociedad que el escritor reconoce como represiva (Foster 141).
El ambiente de tensión y la polémica que este asunto sigue causando, nos remite al periodo del modernismo. El modernismo es una etapa
en la que algunos escritores se dieron a la tarea de tratar el tema homosexual como medio para desafiar a la
sociedad de su época, y como una
búsqueda de un espacio que les permitiese desarrollar su arte y su modo
personal de vida. Un ejemplo representativo lo encontramos en el poeta
colombiano Porfirio Barba-Jacob.
Miguel Angel Osorio, conocido como Porfirio Barba-Jacob (Santa Ro21

�sa, Antioquia, Colombia, 1882-México, D.F., 1942) manejó una identidad ambigua al recurrir al uso de diversos seudónimos: Main Ximénez,
Ricardo Arenales y Porfirio BarbaJacob. Según la crítica sus mejores
poemas son: «La estrella de la tarde», «Canción de la vida profunda»,
«Elegía de septiembre», «Un hombre», «Los desposados de la muerte», «El son del viento», «Canción
de la soledad», «Balada de una loca
alegría», «La reina» y «Futuro». Las
isotopías que destacan en la poesía
del poeta colombiano son: el homosexualismo, la búsqueda de un espacio, la crisis existencial, la ignorancia, el vacío del alma, la pugna con
el otro/opresor y la vulnerabilidad de
ser humano. El autor modernista recurrió al uso de la metáfora como
elemento para trasgredir las normas
de la sociedad heterosexual patriarcal, y jamás tuvo el empeño de negar
su homosexualidad para combatir al
mundo burgués dominante que lo limitaba a seguir los.cánones establecidos.

'1

22

Helena Beristáin define la metáfora (la comparación, el símbolo y la
sinestesia) como una relación de semejanza entre los significados de las
palabras que en ella participan, a pesar de que asocia términos que se refieren a aspectos de la realidad que
habitualmente no se vinculan. Es decir, la metáfora implica la copose-

sión de sernas (unidades mínimas de
significación) que se da en el plano
conceptual o semántico (Beristáin
308).
En consecuencia, la metáfora como elemento literario nos permite
defamiliarizar en la poesía del poeta
colombiano un desdoblamiento de
Barba-Jacob como poeta/individuo
que se enfrenta a una crisis cultural
y a un choque que lo conducen a ir
contra la corriente heterosexual de
su época.
El leit motiv del eros ha estado
presente desde los tiempos de la cultura griega. Mientras que en la actualidad los homosexuales ocupan
una posición marginal, en Grecia era
la pederasta la que proveía al varón,
el acceso al mundo social elitista.
Así que la relación pederasta ayudaba al adolescente en su preparación
para alcanzar la etapa adulta. En realidad los griegos sabían del amor
griego y el interés por los mancebos
nunca fue meramente platónico; sin
embargo ellos no inventaron la homosexualidad. (Bremmcr 11)
Para los griegos el amor ideal se
condensa en la relación hombre/hombre como un medio para alcanzar la sabiduría y llegar al cuerpo
físico vía el espíritu. El crítico Catherine Bellver en su artículo «Luis
Cernuda's Paragons of Mythical

Beauty», menciona que el poeta español Luis Cernuda en el prólogo a
sus traducciones de Holderlin, afirma que sólo los griegos pudieron inmortalizar el amor y la belleza en
imágenes eternas:
El amor, la poesía, la fuerza, la belleza, todos estos remotos impulsos que
mueven al mundo, a pesar de la inmensa fealdad que los hombres arrojan diariamente para deformarlos o
destruirlos, no son simples palabras;
son algo que aquella religión supo
simbolizar externamente a través de
criaturas ideales, cuyo recuerdo aún
puede estremecer la imaginación humana. (37)

Al igual que los griegos, Luis
Cernuda y Barba-Jacob llegan al éxtasis a través de la relación platónica
cuya filosofía debe ser vista desde
una perspectiva carnal, y como un
peldaño para escalar la verdad, el saber y el reconocimiento de «su yo»
en la otredad de su mismo sexo. En
el caso de Barba-Jacob el amor parece que va más allá de los límites establecidos por la sociedad bogotana.
Barba-Jacob no solamente contempla el fruto prohibido, sino que losaborea, gozando de él al dejarse
arrastrar por sus vicios y debilidades
humanas, por ejemplo: «... soy un
perdido/soy un marihuano» («Balada de la loca alegría»).

La época en que surge el modernismo en Hispanoamérica ( 1882) se
caracteriza por ser una fase crítica
dada la situación político-social y
cultural que acontece en ese momento. Existe un desequilibrio y un rechazo por la sociedad que conduce
al individuo de este periodo a una
fuerte crisis ideológica y política.
Dicha crisis repercute en todos los
ámbitos, especialmente en la literatura. Por lo tanto, los escritores modernistas decepcionados por la comercialización del arte, deciden evadir su realidad. Mediante la forma
elaborada, la búsqueda de nuevos
metros poéticos y ritmos, la elegancia, la oposición al lenguaje ordinario, la fantasía, el exotismo, el arte
por el arte y la sexualidad diseminada irrician la búsqueda de otros mundos menos conflictivos y más ad hoc
a sus ideales literarios.
Barba-Jacob, como poeta modernista, no logra romper el hechizo y
al igual que sus coetáneos evade su
realidad indagando en otros sitios
que puedan brindarle la libertad de
crear y de vaciar toda su imaginación en su producción literaria. Barba-Jacob, periodista, vagabundo y
bohemio, pasa gran parte de su vida
como judío errante, dejando su apasionante e intensa obra literaria por
doquier. Su ideología política liberal
obligó al gobierno mexicano del presidente Plutarco Elías Calles a ex-

pulsarlo; durante su estancia en México supo despertar el gusanito del
escritor regiomontano Alfonso Reyes. En Guatemala trabó amistad
con el escritor Rafael Arévalo Martínez.
Rafael Arévalo Martínez, poeta
guatemalteco, emprendió la tarea de
recopilar los manuscritos de BarbaJacob, salvándolos para la posteridad. El crítico Alberto Zum Felde
afirma que Arévalo Martínez fue el
primer escritor hispanoamericano en
introducir el tema de la homosexualidad en su producción literaria. Este
tema es presentado por Arévalo
Martínez en su cuento «El hombre
que parecía caballo» ( 1915), considerado por la crítica como la gran
obra maestra de su autor.
Según el crítico Carlos García
Prada, el cuento «El hombre que parecía caballo» está dedicado a BarbaJacob. Barba-Jacob al parecer encarna al personaje principal de esta historia. Sin embargo, el poeta maldito
al enterarse del rumor, niega drásticamente este suceso aseverando:
A Rafael Arévalo Martínez... , espíritu lleno de deseo de ver, no de deseo
de amar, porque la angostura de su
moral no se lo permite... , le parecí un
ser en extremo raro. Hizo entonces
su pnmorosa novelita en dos cuentos ... Dizque era mi caricatura. Yo,

francamente, no creo tener la sencillez ni la inocencia del Señor Aretal
(Arévalo Martínez 67-68).
En el cuento «El hombre que parecía caballo», el elemento homosexual se percibe en los-siguientes aspectos: el paralelismo entre el caballo y el señor Aretal/Barba-Jacob, la
desmitificación del poeta colombiano y el amor platónico/erótico.
El paralelismo se percibe en estos ejemplos: «Se volvió deslumbrador y escénico como el caballo de un
emperador en una parada militar...
(70)/el señor Aretal estiraba el cuello como un caballo... (77)/el señor
Aretal caía como un caballo...
(78)/el señor de Aretal veía como un
caballo ... (78)/Era amoral como un
caballo y se dejaba montar por cualquier espíritu ... (81 )/Nunca he amado a los caballos como al amarlos en
usted ...»(84).
Mediante las citas anteriores se
deduce que el antagonista, el señor
Aretal (quizás Arévalo) siente una
gran atracción por los caballos, y tal
admiración la vuelca en el protagonista (Barba-Jacob), quien simboliza
el caballo.
Juan Eduardo Cirlot, en Diccionario de símbolos menciona que el
concepto de caballo en el plano
biopsicológico se debe a Diel, para

�quien el caballo simboliza los deseos
exaltados, los instintos, de acuerdo
con el simbolismo general de la cabalgadura y del vehículo. Cirlot también hace alusión a Jung, quien se
pregunta si el caballo simboliza a la
madre, y no duda que expresa el lado mágico del hombre, es decir, la
«madre en nosotros», la intuición del
inconsciente. (1 I 8-19)
Entonces se puede concluir que
existe en el antagonista del cuento,
no sólo el instinto materno de protección, sino además el deseo sexual reprimido por la sociedad de su época.
Esto ayuda a corroborar la hipótesis
de Barba-Jacob cuando asevera que
exista tal vez en Arévalo un deseo de
contemplar, mas no un deseo de
amar.

+j , • •

La desmitificación del poeta colombiano se refleja en los siguientes
ejemplos: «...el alma del señor Aretal ya no era azul como la mía. Era
roja... (76)/sentí claramente que algo
se rompía entre nosotros ... (76)/usted
ha roto claramente que algo se rompía entre nosotros ... (76)/usted ha roto nuestras divinas relaciones ... y yo
sól.o encontraré un hombre en usted ... En este mismo instante usted
me ha teñido de rojo ... » (76)
Las citas mencionadas reflejan la
decepción sufrida por el autor guatemalteco al defamiliarizar la actitud
24

del señor Aretal/Barba mediante su
comportamiento y su filosofía liberal. La frustración se da porque el
antagonista se había formado la imagen de un ser divino, sin pensar que
el señor Aretal no era más que un
simple ser de carne y hueso. El protagonista es un ser lleno de defectos
y virtudes, como cualquier otro individuo dispuesto a deleitarse con los
vicios que le ofrece el mundo terrenal.

respecto al eros en el cuento de Arévalo Martínez: el primero representado por el amor platónico entre
dos hombres como medio para alimentar el espíritu, el segundo simbo1izado por el amor sexual como vehículo para evadir el «derramamiento» de la pasión. El autor de Guatemala utiliza imágenes y un lenguaje
poético que a simple vista conducirían al lector a pensar en una dicotomía entre el amor espiritual y el pasional. Pero lo que realmente pretende el escritor es alcanzar la fusión de
dos almas varoniles cuya unión, al
igual que en la cultura griega guiará
el proceso de enseñanza-aprendizaje
del maestro/protagonista y el discípulo/antagonista.

El amor platónico/erótico en el
cuento se percibe mediante las siguientes citas:
... En un principio ... , yo me extendí
todo, como una gran sábana blanca ...
(69) ... éste es el hombre por el que te
asomabas a todas las almas desconocidas... inclínate y bebe de este
agua ... Le caían bajo las nalgas enjutas, acariciando los remos finos y
elegantes... (70) ... oh las cosas que v1
en aquel pozo!... se reflejaban los
clásicos... se reflejaba la imagen de
un amigo ausente... Por encima de
todo se reflejaba Dios... (72)... Yo
ardí, y el señor de Aretal me vio arder... nuestros átomos de hidrógeno ... casi llegaron a juntarse en alguna cosa viva. A veces revolaban como dos mariposas que se buscan y
tejen maravillosos lazos sobre el río
y el aire... Una estaba fecundando a
la otra... (74)
Los anteriores ejemplos permiten
observar dos rasgos esenciales con

~

En los poemas «El son del viento», «Momento» y «Los desposados
de la muerte» que aparecen en el libro Poemas selectos que fue publicado por el Banco Central Hipotecario y la Compañía Central de Seguros de Colombia como un homenaje
a Porfirio Barba-Jacob en el primer
centenario de su nacimiento, la metáfora y el lenguaje poético son las
constantes que sobresalen en la poesía de poeta colombiano. A través de
ambos recursos literarios el poeta
externa sus más íntimos sentimientos y trasgrede la jaula que mantiene
coartada su libertad. La hecatombe
experimentada provoca en el escritor
el ansia de disfrutar plenamente su

sexualidad, desafiando normas,
adoptando roles del sexo opuesto,
adueñándose de la tierra, desdoblándose sexualmente, seduciendo y pecando como Adán.
En el poema «El son del viento»,
observamos las siguientes isotopías:
la dualidad sexual, el rol femenino
del poeta, el gozo del placer, la búsqueda del conocimiento y la fugacidad del amor y el homosexualismo;
como consecuencia de su postura
ante el conflicto (homosexualidad/heterosexualidad) que obliga a
Barba-Jacob a luchar abiertamente
contra sus opresores capitalistas de
mentalidad estrecha. Lo anterior lo
podemos corroborar con la cita de
Friedrich Engels en su análisis de
Capitalism, Socialism: Utopian and
Scientific:
lf a slackening in open sexual repression and an increase in the scope for
sexual liberties were a certain sign
that a dramatic reverse was imminent, Marx and Engels would already have said the last word. (Reiche 44-45)
La dualidad sexual del poeta la
vemos en el siguiente ejemplo: «Fui
Eva ... y fui Adán» (perfecta combinación del verbo en pretérito y del
sustantivo propio). El poeta presenta
un desdoblamiento sexual haciendo
alusión bíblica mediante la oposi-

ción Eva/Adán, misma que refleja el
proceso de la seducción. Eva seduce
a Adán incitándolo a pecar, mientras
que Adán sigue el juego. Existe un
paralelismo entre esta cita que alude
a la pérdida del paraíso, y Barba-Jacob, quien en cierta forma también
ha perdido su paraíso/espacio. Como
consecuencia Eva/Adán/Barba-Jacob deben escudriñar en otros mundos lo que les ha sido robado:Ia libertad/el espacio.
Por otra parte el verso «y, moviendo a las normas guerra», nos remite una vez más a la inconformidad
del escritor frente a su mundo patriarcal. El uso del verbo mover (indica cambios, alteraciones y modificaciones) en su forma gerundia especifica que las permutaciones están
siendo realizadas en el tiempo presente. El uso del sustantivo norma
(ley, conducta, modelo, principio)
aparece en su forma plural, hecho
que indica que en realidad las normas sexuales trasgredidas son las
impuestas por el hombre. Esto nos
remite a Montagu quien afirma que
el comportamiento sexual de un individuo depende de las experiencias
a las que ha sido expuesto dentro de
una serie de instituciones: la familia,
la iglesia, la escuela. También explica que la sociedad se encarga de reprimir al ser humano ejerciendo control sobre sus necesidades sexuales
(Montagu 63-64).

El uso del sustantivo guerra
(oposición, conflicto, disidencia,
pugna) confirma la lucha binaria interna/externa sentida por el alma
sensible del «poeta maldito». La siguiente estrofa «yo ceñía el campo
maduro/como si fuera· mujer, /y me
enturbiaba un vino oscuro de placer», naturalmente desenmascara al
poeta que se proyecta como Eva. El
manejo del verbo ceñir conjugado en
el imperfecto, hace evidente que el
desdoblamiento poeta/mujer, sirve al
autor para parodiar y criticar la subyugación que ambos experimentan.
El manejo del verbo enturbiar (ensuciar), del sustantivo vino (sangre/sacrificio/juventud/vida eterna) y del
adjetivo oscuro (lo maternal/lo germinal), conforman una imagen erótica que hace referencia obvia al regocijo del placer sexual.
Los siguientes versos: «Tomé
posesión de la tierra/mía en el sueño
y el lino y el pan», constituyen una
metáfora sensual que pudiese despistar al lector ya que «poseer» literalmente significa apropiarse de algo.
Desde luego lo que el poeta denota
no es pues el dominio de lo terrenal,
sino de lo espiritual. Es decir, el poeta utiliza el sustantivo tierra para referirse al espacio/paraíso donde puede encontrar la paz, la perfección y
la tranquilidad que añora. Los anteriores ejemplos se complementan
con estos versos: &lt;&lt;lba tras la forma
25

�suprema/tras la nube y el ruiseñor/y
el cristal y el doncel y la gema del
dolor», «Y en la flor fugaz del momento/querer el aroma perdido, /y en
un deleite sin pensamiento/hallar la
clave del olvido», los que sin duda
alguna reflejan la angustia y la crisis
existencial del poeta.
El poeta va en busca de la fuerza
divina (forma suprema), de la identidad perenne de la verdad superior
(nube), del espíritu y del intelecto
(cristal), del pensamiento (el ruiseñor), de la unidad y la fuerza (gema)
y del dolor. La angustia y la crisis
que el discurso poético trasmite se
deducen de su preocupación por lo
efímero de la existencia, la inocencia
y la pureza. Al mismo tiempo aunque parezca paradójico, pretende
evadir la realidad y en un momento
de pasión (deleite) indagar la causa
de su existencia.

'

,, ' "

La homosexualidad de la voz
poética está patente también en el
poema «El son del viento». Es decir,
el elemento homosexual consiste en
exaltar el eros. En otras palabras ei
poeta ama esos mundos tan lejanos y
exóticos: el Oriente, Grecia y Arabia
porque coadyuvan a satisfacer sus
fantasías sexuales con varones que
quizás sean más ardientes, varoniles
y hermosos que la voz poética.
Ejemplos: «Ya, cruzando la Palestina/veía el rostro de Benjamín, /su
26

ojo límpido, su boca fina/y su arrebato de carmín», «O con celo y ardor de paloma/en celo, en la Arabia
de Al,í/seguía el curso de Mahoma/por la hermosura de Abdalá»,
«Abdalá era cosa más bella/que lauro y lira y flauta y miel», «Iba al
Oriente, al Oriente/a donde alcanzara un pueblo ardiente».
En las citas anteriores observamos que Barba-Jacob emplea un lenguaje poético descriptivo que le sirve para idolatrar la belleza varonil
extranjera. El lenguaje es muy erótico y afectado (boca muy fina/arrebato de carmín/belleza de Abdalá/cosa
más bella. El manejo de la conjunción y, es el recurso para exacerbar
la hermosura del sexo masculino
(Abdalá).

oprime sexualmente; la segunda es
una aceptación total de su preferencia sexual, ya que él pregona su homosexualidad abiertamente, mofándose de la sociedad mojigata de su
época; la tercera es el concepto del
eros como vía para alcanzar la sabiduría, el conocimiento, la perfección
y la verdad suprema. Por otro lado
es muy notoria también su preocupación por la fugacidad del tiempo y lo
efímero de la existencia (Tánatos,
para los griegos). Barba-Jacob como
Cernuda busca en otras culturas exóticas el modelo del amor utópico que
lo llevará a encontrar la respuesta a
su conflicto existencial: homosexualidad vs. heterosexualidad.

Los dos últimos versos del poema son cruciales por la carga semántica que contienen: «después un
viento ... un viento ... un viento/y en
ese viento, mi alarido!» El alarido es
patético y desgarrador puesto que
expresa la soledad, la desesperación,
la angustia, la protesta, el dolor, el
aliento, el espíritu y el renacimiento
de la vida del poeta/ser humano.

Es importante mencionar también que la asociación que el poeta
hace del campo semántico de la naturaleza
(viento/tierra/campo/nube/ruiseñor/mar/paloma/flor) denota
su deseo de sentirse libre sin atavismos de ninguna índole. Tal libertad
controlada lleva a Barba-Jacob a refugiarse en la paz de otro espacio: el
campo, para encontrarse consigo
mismo y recuperar sus esperanzas
para reaparecer como un nuevo ser
lleno de gozo y paz interior.

En el poema «El son del viento»
Barba-Jacob habla del amor homosexual desde una perspectiva triple:
la primera es una protesta contra el
mundo heterosexual patriarcal que lo

El poema &lt;&lt;Momento», nos muestra una voz poética que se aísla del
mundo terrenal porque se encuentra
viviendo una etapa llena de desasosiego. El poeta expresa dos sentí-

mientos dicotómicos: poderoso y dominado; poderoso porque sabe que
su fuerza le dará el ánimo de continuar con su ideología liberal, dominado porque percibe lo asfixiante que
resulta su dominador. La oposición
binaria yo/el otro es esencial en este
poema, ya que el yo/poeta es oprimido por el otro/heterosexual. El uso
del pronombre yo es fundamental para demostrar el desafío, el tono intimista y el deseo de individualización
por parte del poeta.
Ejemplo «Yo fuerte, yo exaltado,
yo anhelante/opreso en la urna del
día/engreído en mi corazón/ebrio de
mi fantasía/y la Eternidad adelante .. .Jade) ante .. ./adelante.»
La voz poética muestra una seguridad y una vanidad que le permiten
combatir a su opresor, sin embargo
lo perenne no es ni el oprimido/homosexual, m el opresor/heterosexual, sino la Eternidad. Ninguno de
los dos bandos perdurará, solamente
la existencia misma y la esencia del
cuerpo humano: el alma. Es decir, la
vida terrenal conduce al poeta a descifrar el enigma de los mundos antagónicos: el opresor y el oprimido
dentro de su sociedad llegando a la
conclusión de que ambos son simplemente: mortales.
El poema «Los desposados de la
muerte» ha sido considerado por al-

gunos críticos como uno de los nueve poemas mejor logrados del «poeta maldito». En el poema Bárba-Jacob muestra los arquetipos de varones existentes dentro de la sociedad
y además recurre a la asociación del
campo semántico de las partes del
cuerpo humano masculino (manos/ojos/bucles/formas/sienes) para
exaltar la belleza del sexo fuerte.
Los arquetipos son: el puro (Michael
Farrel), el adolescente (Emiliano
Atehortúa), el indolente y ordinario
(Guillermo Valderrama), el tímido
(Leonel Robledo), el armonioso
(Stello Ialadaki) y el fuerte (Juan
Rafael Agudelo).

luz... suave y fragante y musical/Emiliano Atehortúa... fluía por
las escarpas de mi madurez como
fluye por el cielo la leche del alba/Guillermo Valderrama era indolente y apasionado. Como un licor
de bajo precio/Stello Ialadaki era armonioso, rosáceo, azulino como los
mares de Grecia, como las islas que
ellos ciñen/y Juan Rafael Agudelo
era fuerte... como los roncos ecos
del monte a los pinos. Deducimos
que los nombres de los varones empleados por el poeta constituyen una
mezcla de exotismo y regionalismo,
aspectos que son asociados con el
modernismo.

Los arquetipos que presenta el
discurso poético coinciden con las
características que Eros hereda de
sus padres: Poros (la riqueza) y Penía (la pobreza). De su padre, Eros
hereda la virilidad y la astucia y busca lo bello y lo bueno. De su madre
hereda la rudeza y la indigencia, no
es bello, ni delicado, mas bien es un
vagabundo.

En cuanto al primero Michael
Farrel/Stello Ialadaki remontan al
escritor a tierras lejanas que le ayudan a dar rienda suelta a sus fantasías míticas sexuales. El segundo
sensibiliza al poeta respecto al redescubrimiento de los sementales latinos: Leonel . Robledo/Guillermo
Valderrama. En cuanto a los nombres latinos existe una perfecta combinación de rima y se nota que el autor indagó nombres y apellidos que
fuesen ad hoc.

Notamos la insistencia del poeta
en la búsqueda de la sabiduría y en
el anhelo de lo bello (en este caso el
varón) mediante dos recursos literarios: un lenguaje modernista (armonioso/rosáceo/azulino/láctea, melitlua/tloreal) y unas metáforas continuadas. Ejemplos: Michael Farrel
ardía con un ardor puro como la

El título del poema «Los desposados de la muerte» es una alegoría a la
muerte. Es decir, los varones descritos por el poeta literalmente están casados con la muerte. El título refleja
la ambivalencia al hacer referencia a

�..,

la muerte. Por una parte la muerte está ligada con el manantial de la vida
material y espiritual y con el renacimiento de la materia. Por otra parte,
la muerte representa la suprema liberación, la transformación y la desmaterialización (Cirlot 324).

ltl

h

En consecuencia los héroes míticos en el poema simbolizan el renacimiento de una emancipación ideológica liberal y sexual que llevará al
poeta a seguir en pro de sus derechos humanos como individuo y como intelectual. Los casados de la
muerte representan su esperanza y
su desdoblamiento como hombre
que busca una identidad y un espacio en dos mundos: en el extranjero
y en su patria. Es probable también
que los arquetipos poéticos sean las
experiencias personales del escritor
y que ellos hayan sido sus «musas»
que le inspiraron la creación del poema. Quizás Barba-Jacob no haya
viajado al Oriente, a Grecia o Arabia, sin embargo sus «musas» le dieron las herramientas necesarias para
traspasar fronteras y evadir su realidad. Su imperiosa necesidad de explorar otros mundos masculinos lo
. conduce a desdoblar lo regional en
lo exótico, ya que su afiliación modernista le permitía deleitarse con
experimentar otras culturas ajenas a
él, pero tan añoradas imaginativamente como un medio de escape.

1

''

28

Luis Cardoza y Aragón corrobora nuestra hipótesis respecto a las
culturas exóticas manejadas por el
poeta, ya que afirma que el Oriente
de Barba-Jacob no era precisamente
el Oriente que todos conocemos, sino era el desdoblamiento de las vivencias del poeta en cantinas de Chihuahua, México y en garages de El
Paso, Texas. Barba-Jacob debido a
su amargura y degradación intentaba
a toda costa de ser, apenas, un poeta
exquisito y decadente, al que se le
diese la libertad de gozar de todos
sus vicios sin recato alguno.
Cardoza menciona a José Lezama Lima porque emite un juicio sobre el poeta colombiano:

Recuerde usted aquel poeta BarbaJacob, que estuvo en La Habana hace pocos meses; debe haber tomado
su nombre de aquel heresiarca demoníaco del siglo XVI, pues no sólo tenía semejanza con el patronímico sino que era homosexual propagandista de su odio a la mujer. {Cardoza
38)

Cardoza trata de explicar el fracaso de Barba-Jacob como poeta al
mencionar los factores negativos que
contribuyeron al estruendo del poeta. Tales factores fueron: la sociedad
colombiana de la época, su homose-

xualismo, las limitaciones de su cultura y el trabajo mercenario.
Independientemente de que Porfirio Barba-Jacob haya sido un poeta
de nueve o doscientos poemas, o haya estado a la altura de Rubén Darío,
José Martí o Enrique Rodó, lo fundamental de la producción literaria
del poeta maldito estriba tanto en su
valor poético como en su deseo de
rebelión. Mediante los poemas analizados del poeta colombiano hemos
defamiliarizado el manejo de la metáfora y del lenguaje como medios
para trasgredir las reglas del juego
dentro de la sociedad patriarcal. Lo
esencial no es discutir su amplia o
contada producción literaria sino el
mérito que este poeta tiene para las
letras hispanas ya que supo enfrentarse a una sociedad opresora que lo
llevó a evadir su realidad en otros
mundos exóticos y alejados del suyo. Héroe o antihéroe Barba-Jacob
fue honesto consigo mismo y con su
sociedad al declarar abiertamente su
homosexualidad aun a pesar del duro conflicto que este hecho le acarreó.
En lo personal consideramos que
Barba-Jacob utilizó la metáfora y el
lenguaje para protestar contra la sociedad patriarcal colombiana que
pretendía controlar sus necesidades
sexuales. Barba-Jacob no permitió
que el otro/el heterosexual lo castra-

ra ideológica ni emocionalmente,
por lo tanto buscó un espacio y desafió al mundo que lo marginó y consideró como subversivo por romper
con las normas tradicionales: En los
poemas analizados de Barba-Jacob
percibimos como isotopía los siguientes conceptos griegos: el Eros
y el Tánatos. El primero se refleja en
la preocupación del po~ta modernista por amar lo bello: el varón, como
vehículo para alcanzar la sabiduría y
la perfección. El segundo se percibe
en la obsesión del poeta por la temporalidad de la existencia. Barba-Jacob manifiesta sus deseos de alcanzar la inmortalidad sacudido como
Platón por la fuerza del amor.

Caillet Bois, Julio. Antología de la poesía hispanoamericana. Madrid:
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México: Fondo de Cultura Económica, 1986.

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1954. Buenos Aires: Aguilar, 1982.
29

�¿QUIÉN ME VENDE UNA CABEZA... ?
TEATRO DE ELENA GARRO

Silvia Mijares
I

"

t

Benito Fernández es una obra de
teatro breve, como la mayoría de las
piezas de Elena Garro. Intervienen
en ella seis personajes: Luisita (tía
de Benito), Julián (vendedor de cabezas), Cliente I, Cliente II, Victoria
(rica heredera), Benito (joven sin cabeza). Con estos personajes -más el
sarcasmo, el absurdo y el humor-,
entre otros elementos, nos muestra
Elena Garro cómo el ambiente que
rodea al ser humano le puede crear
presiones que le hacen perder la cabeza a algunos hombres; mientras
tanto algunos otros podrían nacer sin
ella.

1

¡,'

2

30

El surrealismo despliega sus tentáculos y nos muestra una aguda crítica social en donde los seres humanos actúan como autómatas, al margen de la realidad, ya que no tienen
la oportunidad de desarrollar una vida armónica y digna. Elena Garro
expone en pocas líneas, y a través de
sus· personajes, cuál es el ambiente
político que priva en México. Donde
los políticos, valiéndose de su poder,
abusan, roban, atropellan e imponen
su ley. Estas situaciones quedan muy
claras en la obra cuando el Cliente
II, un gobernador -nuevo rico de la
clase política-, llega a la tienda donde venden cabezas, con una corbata
de colores chillantes, un traje de color azul que deslumbra, un gran reloj

de oro, zapatos de cocodrilo, pañuelo de seda brillante, etcétera, etcétera, y pregunta con arrogancia: «a ver
compañero, ¿qué cabezas tiene por
aquí? ¿Tiene alguna de mujer que
sea presentable? Tú me entiendes,
1
¿verdad?»
El gobernador electo
quiere comprar una cabeza para que
la luzca su mujer cuando él tome posesión de su cargo. Pues Chona, su
esposa, como que no tiene una presencia y una preparación apropiadas
para estos casos. «Ahora manito,
quiero que me ayudes con el problema de mi señora. Tú me comprendes, cuando uno cambia de posición,
pues tiene uno que cambiar. Tú me
entiendes, ¿verdad?»2 A lo que Julián, vendedor de cabezas, contesta
de inmediato: «Si, jefe, hay que
cambiar de señora o hay que cambiarle la cara a la señora. Pues mire
jefe, esta cabeza Ulloa es la que su
señora necesita». 3

al «señor» siguiendo sus mismos pasos. Ahora, si necesita una mujer carismática, generosa, amable, guapa,
etcétera, etcétera, etcétera, no tiene
sino que ir a la tienda donde venden
cabezas y comprar la apropiada. Allí
es donde don Julián -el vendedor de
cabezas- lo puede auxiliar. «No es
cara. Piense, jefe, en el 15 de septiembre en el Palacio Nacional.
¡Bien peinada, con sus buenas plumas de avestruz y sus buenos aretes
de diamantes! ¿Qué más pide? Véala
en un reparto de Nochebuena, con su
sombrero de ala ancha, bien pintada,
acabadita de salir del salón de.belleza, cómo va a brillar entre las cabezas pobres. ¡Una reina! Es una cabeza de lujo, una cabeza que debe subir muy alto. Ahora piénsela junto a
la campana de Dolores, cuando le
llegue su tumo que a la mejor es en
.
.
4
e1prÓx1mo sexemo ... »

Ya sabemos que en el ambiente
de la política mexicana ser líder, secretario o director es cuestión de que
así lo disponga «el Gran Jefe», no
importa que el favorecido carezca de
preparación, que no conozca qué
clase de trabajo va a desempeñar; si
es así, mejor, porque esto muestra la
fuerza y el poder del jefe. Ya que
con mucha diligencia y oportunidad
puede hacer milagros. Esfuerzo que
va a agradecer toda su vida el beneficiado, y además tratará de emular

También podemos observar, a
través de los diálogos que profieren
los personajes, el tipo de relaciones
que se da entre ellos. Ya sabemos
que si se necesitan amigos no es necesarios cultivarlos, basta con inscribirse en o ser socio de un club. Allí
vamos a encontrar con quien platicar, con quién jugar golf aunque no
nos ligue ningún compromiso personal. También encontraremos compañeros que desconociendo la historia
de nuestra vida estén dispuestos a reconocer nuestra generosidad y taro-

bién nuestra filantropía. Obviamente, quien quiere comprar una cabeza
es porque no está conforme con la
s;.iya. Quizá porque nunca la puso a
funcionar y se le atrofió o porque el
medio en que vivía impidió que se
desarrollara o porque se le descompuso la máquina en el camino. Lo
que sí puedo decir es que únicamente estaban acostumbrados a obedecer
y a no pensar. Finalmente, la única
elección determinante fue cuando se
encaminaron hacia la tienda de don
Julián. Allí encontrarían sus sueños
hechos realidad. Cabezas que habían
pertenecido a gentes muy distinguidas, hermosas, inteligentes, sensibles. Qué fortuna: máscara, peluca y
cabeza, todo en un solo paquete y a
un precio razonable.
Ahora bien, establezcamos una
relación, recordemos el origen de la
palabra persona. Significa máscara
(su sentido es de origen etrusco).
Los actores usaban máscaras pero
además representaban en la escena
personajes diversos. Un buen actor
es el que puede usar muchas máscaras, representar todos los papeles posibles con naturalidad. Lo· asombroso, como ya dijimos, es que don Julián no vende máscaras sino cabezas
Y son tan maravillosas que cuando se
le implanta una al comprador, éste
inmediatamente adopta la personalidad del antiguo poseedor de la cabeza. Lo sorprendente es que Elena

Garro elige el extremo, las situaciones descabelladas, o mejor dicho,
descabezadas. Lo más fácil sería
pensar en una tienda de máscaras, de
pelucas, de lentes, pues éstas no alteran la integridad humana. Sin embargo, en la obra que nos ocupa, la
autora atenta contra la integridad humana porque para cambiar de cabeza
no acude a la educación o a la formación sino que toma una medida
radical. Al cliente cuando compra
una cabeza le cortan la suya para
luego coserle al cuello la que adquirió. Fue increíble cuando a Benito le
cosieron su nueva cabeza: se dio un
cambio inusitado, la timidez se volvió desenvoltura, la mirada lánguida
se transformó en brillante, su verbo
se hizo directo y sonoro, pues cuando tenía su antigua cabeza era un
hombre opaco y muy respetuoso con
su tía. Era de muy «buenos modales». «Es cierto, tía. Tú sabes todo
mejor que nadie. Así está bien.
¿Cuánto vale?»5 Pero ya con la otra
testa las reacciones con su tía fueron
muy distintas: «¡Tía! ¡Víctima del
Imperio de don Porfirio, y de la Iglesia! (... ) ¡He aquí. señores y señoras,
a un dinosaurio seco y digno de un
museo norteamericano! ¡He aquí, señoras y señores, a una hedionda y viciosa virgen! ¡He aquí a la inmaculada decencia mexicana, oprobio de
los pueblos, enemiga del arte y de
sus consecuencias! ¡He aquí una
castradora inhumana! Beata y seca

como una soga de ahorcado y dispuesta a ahorcar a todo aquel que se
acerque a sus rasposos ixtles. ¡Tía
cilicio del sexo, verduga de la Revolución Mexicana, forjada al calor de
los curas faldones y cogelones como
cualquier cura volteriano! ¡Yo te
condeno a ser borrada de la historia
y de la luz tricolor que inunda mi cabeza y llena de gozo al contemplar
mis enormes potencialidades revolucionarias!»6
Elena Garro elige cualquier pretexto para desbordar su talento, su
gracia y mostrar, sacar a luz, criticar
todo lo que a su sensibilidad le parece criticable. Me parece muy gracioso y agudo el trabajo de la autora de
Un hogar sólido porque con una
aparente ingenuidad destaca situaciones que supuestamente están muy
alejadas de nuestro entorno o son
imposibles. Pero de pronto aparecen
en el interior mismo de nosotros y
nos remueven e incitan a preguntarnos: ¿qué mundo se nos presenta
aquí? ¿Es el mundo donde cada uno
de nosotros vive, donde cada ser humano hace su propia vida? ¿Un
mundo que abarca la mayor parte de
la vida nacional? Elena Garro utiliza
así, recurrentemente, las situaciones
extremas y absurdas y nos muestra
una verdad contundente. Esta nos
hace tomar conciencia de nosotros
31

�mismos para luego luchar y poder
darle sentido a nuestras vidas.
11
1

..

Pienso que Adrián Barajas, protagonista de El rastro, será un buen comprador de don Julián. ¡Debería comprarle una cabeza a don Julián! Veremos enseguida por qué.

,,,

'1

1

22
32

Es El Rastro una obra de teatro
que remueve mitos que nos han
acompañado a lo largo de nuestras
vidas. Como el del machismo mexicano que concibe al hombre -entre
otras muchas interpretaciones- como el gallo, dueño y señor del gallinero. El único que canta. El más
fuerte porque en las contiendas ha
vencido a los rivales que se le ponen
enfrente. El incuestionable amo de la
intimidad de las ponedoras. Quien
pasea orgulloso en el habitat donde
sólo su chicharrón truena. El propietario de las conciencias y los gemidos de todas las emplumadas. La filosofía del machismo considera al
hombre superior a la mujer; su moral
sexual está acorde con esta tendencia. «¡Abre! ¡Abrele a tu marido!
¡Abre, deleite de los cabrones, revolcadero de machos! Yo no soy olvidadizo, vengo a cobrar mis cuentas y
a decirte que hay tiempos mejores de
los que tú me diste, cuando se subían
tus faldas lilas y me cubrías con tus
trenzas».7

El machismo no es sino el reflejo
de una inseguridad y una soledad en
la que viven muchos mexicanos. Este comportamiento le impide al
hombre tener un diálogo entre iguales con su pareja, donde cada quien
exponga su verdad y muestre abiertamente quién es. Adrián Barajas,
como macho mexicano, al relacionarse con su mujer no habla con una
persona semejante a él, se encuentra
frente a un ser inferior que según él
no piensa ni merece respeto. «Vale
más morir peleando que entre las ancas de una mujer. (... ) El hombre
vuela más alto que una gaviota y a la
mujer le toca mirar su vuelo y acatar
sus voluntades»8. Estos diálogos y
este trato se llevan a cabo cuando la
pareja ha consumado su relación y
Delfina Ibáñez espera un hijo. El
gran detalle brota cuando él la conoce en el camino de Almoloya, se le
queda mirando y se enamora de ella
para luego ir a su casa a pedirla en
matrimonio. «No hables así, tus palabras me dan miedo, quieres asustarme... Estás borracho. No te presentaste así en mi casa cuando me
pediste. Allí estábamos contentos,
allí criábamos palomas y comíamos
muy en paz, antes de que llegaras tú
con tus palabras y tus ofrendas. Si ya
no quieres que esté aquí déjame irme
a m1. casa».9 eon estas palabras la

escritora poblana exhibe el perfil del
macho mexicano que contrasta con
la finura y delicadeza de su mujer.
El macho hace gala de inmadurez e
insensatez y adopta una actitud tonta
y despreciable al no valorar la huidiza condición femenina: al contrario,
simplifica y ridiculiza grotescamente
la idea que tiene de la mujer. Para
Adrián Barajas sólo hay dos especies: la santa, como su madre, o la
perdida, como Delfina lbánez.
Adrián Barajas,.a pesar de su actuación irrespetuosa y vacilante,
adopta una actitud de «hombre valiente» que nunca lo dejó satisfecho.
&lt;&lt;¡Nadie!... ¡Nadie!. .. Ando más solo
que el pecado. ¡Salgan! ¡Encuéntrenme, no se escondan, no se me
vayan por las grietas de la tierra. (... )
¡Ay suerte ingrata la de Adrián Barajas! ¿Me oyeron? ... ¿Nadie oye a
Adrián Barajas? ¡No! Nadie escucha
al coyote que le anda royendo las
manos y los huesos ...»10 El descaro
y la insolencia de Adrián Barajas
son tan grandes como su miedo y su
indecisión para enfrentarse a un verdadero ser humano. Este macho usa
su fuerza y su grosería para tratar de
rebajar al sexo opuesto, pero finalmente no lo logra, porque Delfina
Ibánez, con sus palabras, expresa
sensibilidad y comprensión a pesar

de ser una joven de veinte años.
«Nunca te hice ningún daño. Nunca
la criatura te ha hecho daño. Siempre te recibí con cortesía. ¿Por qué
dices que es la última vez que voy a
ver tu congoja? Te di sombra cuando
andabas como perro sediento y nunca te privé del agua fresca, ni de la
flor del tiempo ...» 11
El entramado que conforma el
machismo va aparejado también con
el complejo de Edipo. En la obra se
percibe una dependencia, una admiración enfermiza hacia la madre
acompañada de un sentimiento de
culpa que le hace insoportable e infeliz al hombre su estancia en el rastro. A tal grado que sus dudas, vacilaciones e inseguridades son el gran
obstáculo para establecer un nexo
humano con su mujer y decide acabar con ella porque no soporta ni su
voz ni su presencia. «¡Cállate! Perra
sarnosa enemiga del hombre. No
quiero oir repicar el tamborcillo de
tu voz. Las palabras que te di ya no
son mis palabras. Y las tuyas no
quiero oírlas. Estoy maldito por haberme enredado en tu lengua y en tu
falda. Cuando la mujer habla y el
hombre escucha, el hombre muere.
Por eso vas a morir tú, para que yo
me vaya a cantar con mis amigos». 12
Segar la vida de su mujer y su hijo
no le basta a Adrián Barajas para
calmar su inquietud; por el contrario,

ésta se acrecienta y termina pidiendo
a sus amigos que lo ayuden. «¡Que
salga un hombre, quiero que Adrián
Barajas se largue de este hedor del
rastro! Aquí está un hombre esperando a un hombre. (Se levanta la
camisa.) Aquí está mi costado». 13
Por último, sucumbe en el rastro y el
Hombre I murmura: «Sin ruido, sin
ruido, como debe ser, para que
aprenda aunque sea tarde... » 14

Notas
1

Elena Garro. Un hogar sólido, 2a. ed.,
Universidad Veracruzana, Xalapa,
1983, p. 286.

2

!bid. , p. 289.

3

lbidem.

4

!bid. , p. 290.

5

!bid., p. 296.

6

!bid., p. 305.

7

!bid., p. 259.

8

!bid., p. 258.

9

!bid., p. 264.

io !bid., p. 253.
11

!bid., p. 263.

12

lbid., pp. 261-262.

13

!bid., p. 270

14

lbidem.

33

�EL LUGAR
DE LA LITERATURA
,,
SEGUN ALFONSO REYES

Dora González Cortina
En un intento de dilucidar la literatura, Reyes estudia los movimientos e
intenciones del pensamiento teórico,
los servicios o funciones ahcilares,
las contaminaciones de fronteras y
los deslindes de esencias. Para esto
parte del siguiente esquema:

hay reflejos imaginados que producen mayor entendimiento en los receptores. Las internas son las temáticas en que la historia, por no disponer de otro documento directo, toma
de lo literario para completar su tarea, caso no impropio cuando a su
vez, la literatura ha tomado del suceder real para ensanchar su temática.

l. El orden histórico registrará los

hechos: descubrimiento, narración, explicación, etapa última
que lo aproxima a la ciencia.
11
1

I

1t • 1
,.

1

Advierte Reyes una identidad de
conceptos aunque con distinta nomenclatura dada por Toynbee y Rickert, el primero la ubica como disci-

II. El orden científico por comparación y abstracción en los hechos,
formula leyes generales.

plina aparte de las ciencias físicas, y
el segundo, como ciencia real, aunque reconoce que no se propone generalizar, ni legislar. La propia ciencia se aproxima a lo literario en su
elaboración de hipótesis y en cuanto
utiliza el lenguaje coloquial y la metáfora, mientras encuentra el tecnicismo apropiado. Antes de pasar a la
literatura, Reyes resume algunas
conclusiones que hemos plasmado
en el siguiente esquema en el cual
pueden advertirse sus límites y conexiones.

Io. En los orígenes de las literaturas
poema y dato histórico se confunden por virtud de que no existe la historia emancipada.

Ciencia Real
Temas propios

III. El orden literario usa de la invención artística o ficción.

Ciencias
Culturales

1

2

34

2o. El temperamento del poema también produce dicha confusión.

Fenómenos
fronterizos

1
1

Entre las ciencias que auxilian a
la historia las hay de carácter imprescindible como la antropología y
la economía, además de otras técnicas cuyos servicios son considerados
como secundarios: la cronología, el
folklore y la epigrafía. En cuanto a
las contaminaciones de la historia
por_la literatura -hecho actualmente
a la inversa dentro de la novelísticaReyes las clasifica en externas e internas. Las primeras constituyen las
galas prescindibles pero que dan vivacidad a la historia al servirse de la
ficción para representar lugares y
personajes con descripciones en que

1

Física. Química. Biología
Matemática. Lógica

1

Historia

1

Antropología

Para la literatura no hay límite ni
contaminación ya que cuando absorbe temas de la no-literatura, ésta
puede aprovecharlos como un documento más de la vida: mera corroboración de conocimientos ya adquiridos, o bien, fuente que origina nuevos conocimientos. En su análisis
del grado de historicidad que presenta el poema conforme su mayor o
menor sujeción al motivo histórico
que lo provocó, Reyes aprecia los siguientes:

Ficciones externas
e internas

3o. El dato histórico se desenvuelve
en el correr poemático y reconstruye aspectos de la vida cotidiana con informaciones crono y
geográficas.
4o. El poema se sujeta voíuntariamente a un asunto concreto.

Economía

So. El poema se desliga o desvía de

Literatura
Intención inflexible
Motivos ilimitados

j

su provocación histórica.

Biografía
1

Reyes encuentra que tanto el lenguaje práctico como los teóricos -es-

pecializados en el conocimiento- tienen un grado de imbricación comunicativo-expresiva, por lo cual se dificulta querer simplificar identificando
en la comunicación el lenguaje vulgar y en la expresión, el estético.
La literatura no escapa a la verdad filosófica o universalidad en el
sentido aristotélico, ni a la psicológica o expresión de las representaciones subjetivas, ni al mínimo
del suceder real de verdad práctica,
que necesariamente lleva consigo to. da operación mental. Entre la comparación platónica de la literatura
con la pintura y la de Aristóteles de
aquélla con la música, Reyes se inclina por esta última, aunque en la
controversia del sentimiento entre el
maestro y el discípulo griegos se
muestre cauteloso porque ambos enfocan los efectos adventicios -éticos, políticos- de la literatura, atención que lo mismo podría desvirtuar
la creación que la crítica y encerrarnos en las modestas especies del
bien subordinado.
El lenguaje literario, como dice
Rangel Guerra, es la integración de
la imagen y sonido, idea y ritmo, vivencia y pensamiento, por ello, afirmaba Reyes que la literatura es la investigacióñ del hombre por la vía de
la belleza verbal. La literatura como
imagen de la experiencia humana
busca el corazón de los hombres y

por proceder de los fondos mismos
de la existencia su riqueza es atemporal y se descubre no sólo a diferentes lectores sino a un mismo lector en
diversa etapa de su vida. En su libro
La experiencia literaria Reyes compara la obra literaria con la caja de
Pandora en cuyo doble fondo esconde el recuerdo, en lugar de la esperanza, como en el mito. Así, el volumen abierto y leído habiendo dejado
escapar todos sus fantasmas, en su
trampa oculta aún otras esencias.
Aunado a las características del
arte literario -naturaleza ficticia e
intención estética- el carácter perenne y universal de la obra lit~raria
que Reyes destaca teóricamente, se
encuentra implícito en su producción
creativa, sirvan de ejemplo sus reflexiones cohtenidas en Ancorajes bajo
los títulos de «La catástrofe» y «Palinodia del polvo». En la primera
afirma una verdad indiscutible: la vida es muerte en viaje pero quiere la
eternidad, la amenaza del grave término es presentida y el corazón,
siempre profético, adivina lo endeble del tiempo, espacio y causa; en
la segunda, exagera y lamentamos
que no excesivamente, la importancia .del último estado de la materia,
cuya perennidad lo exalta a concebirlo como el verdadero dios en una
interrogante escalofriante y a pretender, con ironía, que la ciencia le conceda la dignidad de estado, junto a
35

�los ya consignado~quido, sólido y
gaseoso.
Afinna Bajtin que la comprensión mutua de centurias y milenios,
de pueblos, naciones y culturas, está
asegurada por la compleja unidad de
la humanidad entera, de las culturas
y de la literatura, pero esto no se manifiesta en el reducido espacio del
tiempo menor -pasado reciente, actualidad y un futuro predictible-, sino sólo al nivel del gran tiempo que
es un diálogo infinito e inconcluso
en el cual no muere ni uno solo de
los sentidos.

1'

El problema del gran tiempo demuestra que no existen fronteras para un contexto dialógico y que incluso los sentidos pasados no pueden
ser estables puesto que se renuevan
con el proceso del desarrollo posterior del diálogo. Las palabras ajenas
asimiladas y eternamente vivientes
se renuevan creativamente en otros
contextos, y nuestras actitudes hacia
la cosa y hacia la persona constituyen los límites de nuestro pensamiento y nuestra práctica moral.
Bajtin afinna que nuestros actos
-coghoscitivos y morales- tienden
hacia los límites de la cosificación y
de la personalización, sin lograrlo
plenamente.
*

36

011111ibus de poesía mexicana... pp. 458, 558.

La literatura en contagio simpático de naturaleza supra-intelectual
- aspecto filosófico-estético- y en
deleite de integración anímica, afirma Reyes, acaba por ser considerada
por algunos como intennediaria hacia la compenetración mística. Aquí
pensamos en los casos de San Juan
de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.
El arte, como la belleza, oscila
entre dos extremos: sentimiento e inteligencia. De este binomio surgirán
las mejores obras y se cumplirá el
deseo de inmortalidad impreso en
todo espíritu humano, algunas veces
no conscientes, pero en otras, bastante explícito. Recordemos aquí los
versos de Gutiérrez Nájera, también
citado por Reyes, y los de Villaurrutia, que aunque menos sensoriales
contienen la misma verdad filosófica. Al final de las estrofas de «Non
omnis moriar» y de «Estancias nocturnas» sus autores exclaman, respectivamente:
Porque existe la Santa Poesía
y en ella irradias tú, mientras

disperso
átomo de mi ser esconda el verso,
¡No moriré del todo, amiga mía!

¡Seré polvo en el polvo y olvido en
el olvido!
Pero alguien, en la angustia de una
noche vacía,
sin saberlo él, ni yo, alguien que no
ha nacido
dirá con mis palabras su nocturna
agonía.*

de humanización. Reconoce que su
solo estudio no cubre las necesidades de fonnación humanística del
hombre contemporáneo, ni siquiera
en el caso de estar bien orientada.
Insiste en que son necesarias otras
disciplinas como la filosofía, la historia y el arte, pero advierte que la
literatura puede ser el hilo conductor
de la formación humanística por su
En la obra ensayística del filósoaccesibilidad
y continuidad; el dar
fo español Julián Marías que lleva
por título Literatura y generaciones · una «tonalidad» que sirve de pauta a
otras interpretaciones, hace que ella
se incluye una colaboración para una
sea
el «excipiente adecuado» de
encuesta realizada en Castalia, Maotros
saberes y reflexiones.
drid (1974) cuyo t~ma es literatura y
educación. Aunque Marías se refiere
Recuerda con beneplácito, el enespecíficamente a la sociedad espasayista
español, cómo la selección
ñola y su pasado histórico, queremos
de
textos
literarios aumentaba la intomar algunas generalidades útiles
teligibilidad
y vivificaba los manuapara comprender la importancia de
les de historia y geografía; al animar
la literatura no sólo como arte, teoría
el
conjunto introduciendo la imagio ciencia, sino como materia de esnación
permitía entender lo que era
tudio en los planes educativos.
la vida en las épocas historiadas, en
los países descritos. Al descubrir la
Señala Marías que la literatura ha
esencia
histórica del hombre, la
sido y sigue siendo -por presencia o
transfiere
a todas las disciplinas y
ausencia- el factor decisivo para determina
por
considerar la vida humaterminar el interés humano por cierna
como
un
drama en que las estructos temas; también el gran instruturas sociales se definen ·por tensiomento de interpretación de las fornes y movimientos, la situación es el
mas de vida humana, y por tanto, la
«nudo»
y éste tiene una solución o
base de la inteligibilidad de la histo«desenlace».
ria, además de ser el único medio de
proyección personal del hombre, lo
cual la convierte en un instrumento

De un periódico de la localidad,
recogemos aquí la declaración de
Carlos Fuentes acerca de por qué escribe novelas; su explicación coinci-

de con la de Reyes y Marías sobre la
riqueza cultural que constituye el estudio o creación de la obra literaria.
«Por eso escribo novelas, para
tratar de entender qué es la historia y
su movimiento y su sorpresa constantes, su misterio y sus maravillosas
paradojas, el hecho de que el pasado
siempre está siendo redescubierto.
Tenemos todos los pasados sorprendentes, inesperados, estamos imaginando el pasado y recordando el porvenir también ... »
Ante el peligro de que el alto desarrollo tecnológico e industrial pueda matar la imaginación, Fuentes,
corno Reyes, se pronunció en favor
de esta facultad humana que no sólo
sirve de soporte a lo literario sino a
la misma ciencia. En los apuntes que
escribió Reyes sobre Ortega y Gasset, recogidos en Simpatías y diferencias, afirma el ensayista regiomontano que lo mejor que hacen los
hombres son los libros, y de inmediato recordamos el /smaeli/lo de
Martí y el de Neruda: Confieso que
he vivido, además de sus versos.
Si imagináramos un mundo, una
sociedad preprimitiva -puesto que la
primitiva ya vivía incipientemente lo
literario en cantos, plegarias, ritos,
danzas y mitos-, sin literatura, caeríamos en la cuenta de que el hombre sería corno un ser inanimado,

falto del fuego de la sabiduría, placeres y annonías, pero paradójicamente, al imaginarlo, ya estaríamos
ante una ilusión poética que nos provocaría temor, angustia y zozobra.
Sería el caso del _Segismundo de
Calderón, donde no hay distinción
entre la vida y el sueño, entre la soledad en solitario y la soledad en
compañía. Aquí volvemos al criterio
de Reyes de que el hombre siendo
fi!)ito quiere abarcar lo infinito y entonces se pregunta: ¿cómo puedo tener menos libertad que los pájaros,
cuando tengo más albedrío?
Del cuestionamiento anterior surge la preocupación política, porque al
hombre desde que nace lo asalta la
duda sobre su valor práctico ante el
mundo y su dignidad en la escala de
los ser.es y entonces mantiene abierto
un diálogo de sobresaltos entre el individuo y el Estado, que se subordina
como lo decía Aristóteles a saber
cuál es la manera de exis-tencia que
juzgamos preferente a las demás.
El objeto de la literatura es individual e incomputable, ni siquiera el
novelista que en su obra narrativa recoge, como afinna Fuentes, la colectividad subjetiva, prescinde de entregar al lector su visión particular del
fragmento de la realidad elegido,
que envuelve con su verbalización
mágica y enmascara bajo la aterciopelada voz de su narrador o narrado37

�res. Reyes explica lo anterior con el
nombre de Pedro (Persona real o inventada) en el que vemos según el
criterio científico como un tipo antropológico estable, técnicamente un
ente embalsamado, pero en el campo
sin límites de la literatura, bañado de
toda su fluidez, vitalidad, metamorfosis y contradicciones, material humano sujeto, voluntariamente o no, a
condiciones también variables: sociales, políticas, económicas, morales, religiosas y demás. La literatura
se las arregla para hablarnos a lo largo de la obra, de las diferentes facetas que constituyen a Pedro -recordemos el Fausto de Goethe y El
hombre pentafísico de Godoy- para
servir de puente entre todos los Pedros anteriores, actuales y venideros,
enseñándonos a conocer mejor al ser
humano y a nosotros mismos.

.,,' .

Reyes apunta en su cuento «Silueta del indio Jesús» ( 1910), que el
indio mexicano se roza mucho con
la muerte y aquí. comprobamos la
trascendencia de lo literario al callar
lo que los lectores habrán de intuir:
no es sólo el sujeto citado, recordado
o inventado por Reyes, el único ni el
que· más se roza con la muerte, somos tú, él, yo, nosotros, cada uno en
su entorno y a cada instante. El hombre antiguo buscaba la fuente de la
juventud eterna, no sólo por la esencia jovial sino por el vestido de eternidad, sinónimo de inmortalidad. El
38

actual, busca dominar las estrellas
con el afán temerario de domarlo todo, olvidando que el instante postrero, quizá escrito en algún libro, está
cerca desde el primero en que inmigramos como intrusos -las más de
las veces deseados y esperados- en
el seno de nuestro hogar.
En la obra alfonsina encontramos
las claves de la literatura, su ~sencia
y beneficio, teóricamente en El Deslinde, en el orden práctico en su poesía, ensayos, relatos o cartas. Sus
obras nos llevan al descubrimiento
de su espíritu generoso, amante de
las letras y sujeto a todas las vicisitudes de orden humano. En Calidad
metálica, misiva fechada en Río de
Janeiro el 3 de julio de 1930, cuyo
destinatario es una mujer, leemos:
«Para la experiencia en que vivías,
¡qué inmensa energía moral en tu
manera de abandonarme, de fijarme
un día una cita precisa, y de decirme, sin preámbulos: ¡«Dígame ahora
todo lo que tiene que decirme»! Esto
revela, cuando lo pienso bien, una
energía tan tremenda que da miedo.
Y lo extraño es que esta inmensa
energía tenga, toda ella, forma de
mujer. Quiero decir (voy a ver si logro explicarme o si me entiendo yo
mismo): lo extraño es que esta energía tuviera ... »
En este pasaje Reyes nos revela
lo insólito de percibir en el ser feme-

nino una energía de carácter propia
del hombre. La rivalidad entre los
seres humanos no es nueva e incluso
en los últimos tiempos ha provocado
polémicas acerca de si lo que escriben las mujeres es tan válido como
lo escrito por ellos. En defensa de
una literatura humana y universal se
han alzado voces, cuyos ecos muchos conocemos, de las que podemos citar a Woolf, Beauvoir, Bradu,
Martha Robles y Brianda Domecq.
Al final del pasaje citado Reyes
muestra cómo lo literario no sólo
contribuye al entendimiento del
creador con los demás, sino también
consigo mismo. Este criterio recogido en El Deslinde se capta mejor en
la obra literaria, forjada en el seno
de la experiencia pura mediante los
recursos imaginativos y lingüísticos
del autor.
En su epílogo a la segunda edición de Laurel, Paz se queja de la
escasa publicación de los pocos libros indispensables que pulen la
sensibilidad, limpian la inteligencia
y encienden la fantasía de las naciones y los individuos. Paz alude aquí
a los libros literarios auténticos en
los que el autor vuelca su verdad íntima y por ello suscita el tema de la
poesía de la historia. Situado en
nuestra actualidad se hace la pregunta de todos los tiempos y todos los
espacios: ¿De dónde venimos y ha-

cía dónde vamos? (Nezahualcóyotl,
Bécquer, Darío ...).

cíe, camino de la humanización del
hombre, guía en tormenta, brecha en
ahogo -ella liberta, ella levanta: no

sin henchir antes de arrullos, a itnagen de la canción de Ariel, las pausas de la noche de Fausto».

La poesía de la historia, afirma
Paz, brota de saber que estamos en
la historia y no ante ella. La ciudad
moderna abarca y mezcla las vidas y
los espacios públicos y privados, la
historia es un tejido de pasiones individuales y de accidentes en el que
las personas son tan determinantes
como los llamados determinismos
sociales, la muerte desvestida de su
religiosidad viene a ser un accidente.
La poesía de la historia nos permite hablar con los muertos, con los
ausentes y con nosotros mismos. Somos universales y somos de aquí, de
ahora. La tensión entre lo público y
lo íntimo, entre la sociedad y la persona es la substancia de la lírica y la
novela modernas: la prosa de la ciudad es nuestra poesía. Por su parte,
Reyes añade una peroración en el
apartado final de El Deslinde que
concluye en los términos que siguen,
en ella nos señala dónde interrumpe
su viaje exploratorio por los campos
de la literatura y nos regala los otros
sentidos que advierte en la poesía:
«Aquí llegados, nos detenemos,
pues, a las puertas de la poesía. Catharsis para el ánimo, edificación en
la ética, vivificación en la política,
compensación para los vacíos del
mundo, enriquecimiento de la espe-

39

�LAS IDEAS LITERARIAS DE ALEJANDRO
ROSSI EN EL MANUAL DEL DISTRAIDO
Creo que uno no debe buscar un tema tiene que dar con uno. El destino de un poeta es harto curioso. Tiene que ser sensible a todas las cosas y, además, su tarea
consiste en transformar esas cosas en palabras, y las palabras, claro está, son
símbolos. Es algo un poco arduo en la realidad, que es por demás rica. Stevenson
decía que lo que pasa en cinco minutos supera todo el vocabulario y todas las
imágenes de Shakespeare. Yo creo que tenía razón. La vida es sumamente rica. 1

Jorge Luis Borges

Alejandro Valdés del Bosque
El Manual del distraído de Alejandro Rossi es una serie de ensayos y
relatos publicados entre 1973 y 1977
por las revistas Plural, Vuelta, Diálogos, la Revista de la Universidad y
La vida literaria. En algunos ensayos se observa la t~ndencia del autor
a presentar un ideario muy personal
de literatura. Es así como Rossi
aborda el destino de la obra literaria,
su proceso de decantación, su esquematismo, su carácter genuino y plurisignificativo. Con respecto al escritor, expone su urgente desmitificación, su honestidad, y la importancia
de la cátedra en su vida. Finalmente,
dedica un ensayo a la deformación
del público literario (lectores).

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· El destino de la obra literaria es
una de las principales preocupaciones de Rossi. Basándose en Borges,
el autor concibe la obra literaria perfecta como aquélla que no lo parece
pues «supera al lenguaje mismo»,
creando su propio universo, sus muy
particulares símbolos evocadores de
un contexto específico. Para Borges,
la página perfecta es «aquélla que
tiene vocación de inmortalidad»; y
Rossi comparte esta opinión.
Al mismo tiempo, Rossi sugiere
el problema de la identidad literaria
al darse la divergencia entre la intención autora) y el hecho escritural. Es
el caso de Swift, diría Borges, cuya
intención era criticar a la raza huma40

na y «terminó escribiendo un libro
para niños». Sin embargo, la obra no
extravía necesariamente su destino.
La inmortalidad se alcanza, a veces, por accidentes literarios. Los laberintos, espejos y sueños de Borges
serían, bajo esta idea, un afortunado
accidente.
Por otra parte, la supervivencia
de una obra depende del público literario. Una supervivencia que exige
la originalidad como causa prioritaria. La originalidad de la obra radica
en ser ella misma. Esto le permite
sobrevivir. Se convierte, entonces,
en un imán de lectores: «Borges, al
escribir sobre Kafka, propone la tesis de que cada escritor crea sus precursores: a partir de Kafka somos
capaces de detectar &lt;características
kafkianas&gt;. Antes era imposible descubrirlas, porque sencillamente no
existían».2
El destino de la obra será satisfactorio si el lector se acerca a la
obra de autores (caso de . Borges)
«como si fuera la excepción». Esto
propone Rossi. Propuesta difícil de
llevar a cabo si se consideran las deficiencias extremas del lector latinoamericano promedio.
Otra idea que Rossi concibe con
respecto a la obra literaria es su proceso de decantación. &lt;&lt;La realidad, al

pasar por la literatura, se organiza y
cambia». De hecho hay una filtración de experiencias vividas por cada autor.
Cada escritor decanta sus experiencias para lograr un determinado
proceso de comunicación. En este
sentido, el escritor se parece al hechicero que conjura. Ambos realizan
una acfr:idad mágica y creadora. En
el -intento, el escritor hechiza con las
palabras o es hechizado por ellas. En
ocas10nes, Rossi experimenta la
morbosidad de relatar especialmente
los detalles sórdidos o las mezquindades de sus protagonistas. Esto no
lo hace ser más vulgar o menos vulgar. Lo hace ser escritor. La moral, a
veces, es un morral agujerado; un
estorbo. La morbosidad anula la
idealización burda y compasiva del
escritor respecto a sus personajes.
Dentro del evento narrado, la morbosidad requiere ser vista con otros
ojos. Como un acto curioso de placer que enriquece a la obra literaria.
Para el teórico Víctor Aguiar e Silva, la literatura constituye una actividad cognoscitiva. Por lo mismo, la
morbosidad de Rossi se justifica como un vehículo de conocimiento del
ser humano y su entorno. «No me
quedé por modestia o resignación,
sino por el gozo maligno de palpar
la mediocridad».3

El esquematismo es la cadena
perpetua de cierta literatura. En el
nombre de los esquemas tradicionales se reprime, censura, mutila, ignora, humilla, margina (agréguense
más verbos) la obra de un escritor.
Según Rossi, el valor de una obra literaria se circunscribe a ciertos esquemas. Es el caso del novelista ruso Alejandro Solyenitzin cuya producción se invalida o menosprecia
por razones estúpidas, pero comprensibles: su obra no se parece a la
de Tolstoy; el autor tiene demasiados defectos (es histérico e impulsivo); sus inclinaciones religiosas son
marcadamente cristianas; su ideología política es contraria a los ideales
comunistas de aquella época. Sólo
resta la expulsión del Paraíso Soviético como castigo a su desobediencia. Rossi critica este tipo de aberraciones contra la libertad creativa, pero también comprende el por qué se
presenta la subordinación del escritor: el miedo al aislamiento histórico. Lejos de todo fanatismo, Rossi
proclama el respeto hacia la obra literaria y su autor.
La literatura, por otra parte, posee un carácter genuino. Según Rossi, la literatura, a diferencia de otras
artes, impide la imitación total. Las
otras artes son susceptibles a la falsificación. Esta idea es sostenida por
Aguiar e Silva al afirmar que «los
instrumentos de que el artista litera-

rio se sirve -las palabras- no son estrictamente comparables a los instrumentos utilizados por el músico o
pintor -sonido y colores-, pues, como escribe Antonio Machado, &lt;trabaja el poeta con elementos ya estructurados por el espíritu, y aunque
con ellos ha de realizar una nueva
estructura, no puede desfigurarlos&gt;.
Por eso Heidegger distingue la charlatanería vulgar, que destruye las palabras, de la poesía, que las inventa
de nuevo».4
Llama la atención el que Rossi
no critique la imitación en literatura
sino «el haber degradado nuestra capacidad de imitación; el haberla
puesto al servicio de baratijas insignificantes». Sucede que dicha imitación también es parte integral de la
actividad creativa de un escritor.
Rossi plantea el caso del personaje
borgiano Pierre Menard, al cual considera como «el dios tutelar de los
imitadores». Borges utiliza la imitación como instrumento de su actividad cognoscitiva.
En cierta entrevista, Borges comentó sobre el sentido de que Pierre
Menard imite al creador del Quijote,
y el sin sentido de que él (Borges)
imite a Borges. La primera acción es
un desafío para cualquier escritor; la
segunda acción es un suicidio dosificado. Precisamente, a esto se refiere
Rossi cuando habla de la degrada-

ción de nuestra capacidad mimética.
Por eso, no es descabellado afirmar
que Pierre Menard es un imitador
auténtico.
Otra idea manejada por Rossi es
el carácter plurisignificativo de la literatura. En la obra literaria convergen fuerzas evocadoras, elásticas y
permanentes; entre otras. Y la palabra es precisamente quien porta dichas fuerzas. Para el autor, las palabras «delatan una visión de la realidad». Menciona palabras como
«Marionetas» (evocan ideas de estaticidad o permanencia), «Juguetes
del Destino» (evocan las limitacione~ de la libertad) y «Arlequines»
(evocan oscuridad, misteriosas verdades). Independientemente del contexto donde aparezca la palabra, ésta
desempeña su oficio como delatora.
Lo que no contempla Rossi es la ambigüedad de esta vieja función. Delatar sugiere evocar, pero también
traicionar. Es decir, en ocasiones la
palabra delata a partir de la intención
autora), pero en otras, dicha intención es traicionada. El resultado es
una obra fallida o una obra excepcional. Es el caso del poema cuyo
autor pensó que lo inmortalizaría, y
no fue precisamente ése. Es el caso
del autor cuya novela significó su lápida, y no la gloria.
Con respecto al escritor, Rossi
sugiere su urgente desmitificación:
41

�«Cuando yo era adolescente pensaba
que los grandes escritores eran personas incapaces de maldad. Mi razonamiento era a la vez simple y falso:
la bondad acompaña a la comprensión, a la inteligencia, sin la cual creía- es imposible escribir una página que valga la pena. Aún recuerdo mi escándalo al leer, en las memorias de un contemporáneo, que
Valle Inclán pateó a un (pequeño)
perro empeñado en subírsele a una
pierna mientras él (Valle Inclán, claro) buscaba un libro.» 5

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Bajo este criterio, se han suscitado situaciones curiosas. La obra del
Marqués de Sade fue injustamente
criticada en su tiempo por la «maldad» del autor (prácticas sadomasoquistas; «perversas»). Sin embargo,
Paul Verlaine estuvo a punto de estrangular a su madre, y aún así gozó
de prestigio y reconocimiento en vida. Estas situaciones incitan a combatir los prejuicios, y reconocer la
naturaleza vulnerable de los escritores. Por lo tanto, la obra de Valle Inclán no se demerita por el hecho de
haber pateado a un perro. Rossi emprende la tarea de «humanizar» al
escritor partiendo de «sensibilizar»
al lector con respecto a estas particularidades de la existencia.
Otro concepto esbozado sobre el
escritor es el de su honestidad. Rossi, con un estilo ameno y ágil,
42

muestra que la honestidad comjenza
con un fuerte sentido de autocrítica.
«Por mi parte carezco de ficheros,
sólo poseo una memoria mediocre,
sus libros (los de Borges), el hábito
de leerlos y la inclinación a imitarlos. Renuncio a la erudición y me
arriesgo al plagio».6
Honestidad implica reconocer las
limitaciones como narrador: «es difícil ser ameno y verídico» a la vez. En
lo primero Rossi miente por modesto, y en lo segundo es muy relativo.
¿Qué escritor posee la verdad? Sobre
esto, el crítico Jaime Valdivieso afirma: «Se dice con razón que el artista
es el supremo mentiroso. Picasso ha
afirmado que lo más importante para
el creador es convencer acerca de la
verdad de sus mentiras. Esta afirmación y paradoja son ciertas, pero no
en su totalidad ya que la mentira artística sólo se consigue apoyada en
alguna forma de la experiencia, es
decir, en una parte de la verdad».7
En ocasiones Rossi pide «disculpas por la torpeza literaria». Es cierto que su estilo es un tanto disperso,
pero es congruente con el concepto
inicial de su obra (escribir un manual). Sin embargo, es algo más que
un manual; es el ideario crítico de un
escritor.
Y si la honestidad comienza con
la autocrítica, se preserva con la sen-

cillez como recurso lingüístico. Rossi mencionó el caso del intelectual
Jorge Portilla, cuyas descripciones
literarias eran retóricas o complejas.
«Tómese en cuenta, además, que
Portilla tuvo la desdicha de toparse
con una filosofía que tenía a gala
describir las actividades de un mesero en el café en términos de &lt;ser en
sí&gt;, &lt;ser para sí&gt;, &lt;trascendencia&gt;,
&lt;éxtasis&gt;, etc., con el resultado de
que no se entendía ni el trabajo real
del mesero ni las modalidades, supuestamente compHcadas, del &lt;Ser&gt;
(...) Sólo en los años finales dejó a
un lado Portilla ese fardo pseudoteórico y transitó hacia una temática
más variada y un lenguaje más limpio. Escribía¡oco, pero el tono al fin
era el suyo.»
Borges insiste mucho en esta
idea. Cuando se le pregunta su opiruón sobre los pequeños Borges que
quieren escribir como él cuando sean
grandes, él prudentemente aconseja
la conquista de su propio tono; la honestidad se desprende de esta conquista, y por ende, la originalidad.
La sencillez del escritor radica en
ser él rrusmo, sin falsas pretensiones.
Un estilo limpio refleja una pureza
de espíritu. Un estilo limpio que
puede ser complejamente sencillo.
Rossi reprocha a Portilla no haber utilizado su rabia, marginalidad

y fracaso social, como instrumentos
de actividad creativa. No hay edad,
por lo tanto, para la conquista de dicho estilo sencillo. El problema se
presenta cuando el escritor presume
poseerlo, y dedica los mejores años
de su vida a demostrar que lo posee.
Quizás la verdadera sencillez del escritor consista en callarla; de ahí el
silencio como guarida.
Por otra parte, ¿qué significado
tiene la cátedra para un escritor? Es
su resurrección, definitivamente .
Rossi nos presenta el caso de José
Gaos, quien «revivía» al impartir cátedra. ¿Razones de esto? La cátedra
permite al escritor exponer ideas ajenas y propias; le sirve de ejercicio
metodológico para estructurar su
caos imaginativo; le proporciona un
bienaventurado placer el elegir el ritmo, tono y sentido de las palabras
dirigidas a un público cautivo. Un
público felizmente esclavizado por
un dictador orquestal que cree en
una democracia sen_sual y paliativa.
La cátedra es un acto de comunicación amorosa y directa; deja una
sensación de regocijo inmediato.
Finalmente Rossi aborda la deformación del público literario. Parecería que el autor comulga con las
ideas de Rousseau en el sentido de
que la sociedad corrompe al lector
imponiéndole parámetros estilísticos
convencionales y recurrentes. Por lo

mismo, muchos lectores valoran una
obra literaria basándose en criterios
conductistas: «El lenguaje no es la
única víctima. La principal es el lector que ha sido adiestrado en el reconocimiento de unas cuantas fórmulas
pobretonas y monótonas. Le han enseñado una retórica escuálida que lo
separa a la vez de la estética y de la
crítica. Un lector que cae en un_mar
de perplejidades si el ensayo o libro
se apartan un milímetro del sonsonete habitual; un lector, por consiguiente, que se escandaliza con demasiada facilidad. Un lector a quien
le han cerrado muchas puertas. La
lectura bárbara a la que está encadenado es, en definitiva, la reducción
del lenguaje a registros mínimos y
clasificados. Pero un lenguaje amputado corresponde siempre a un pensamiento trunco». 9
No es de extrañar el caso de un
público cuya lectura resulta fragmentaria. Lectores que, según Rossi,
leen sólo el párrafo de conclusión de
una obra porque, piensan, lo demás
es reiterativo; o leen sólo las primeras líneas pues, suponen, esto basta
para darse una idea de lo que vendrá.
Este analfabetismo funcional se educa generacionalmente. Es el caso, diría Rossi, de querer leer una obra literaria como si fuera un libro de texto. El crítico Antonio Cándido en su
artículo «Literatura y subdesarrollo»
escribe al respecto: «Al analfabetis-

mo se vinculan, en efecto, las manifestaciones de debilidad cultural: falta de medios de comunicación y difusión (editoriales, bibliotecas, revistas, periódicos); inexistencia, dispersión y debilidad de los públicos
disponibles para la literatura, lo que
se debe al pequeño número de lectores reales (mucho menor que el número reducido de alfabetizados); imposibilidad de especialización de los
escritores en sus tareas literarias, en
general realizadas como actividades
marginales o aun por mera afición;
falta de resistencia. o discriminación
frente a influencias y presiones externas. El cuadro de esa debilidad se
completa con factores de orden económico y político, tales como los niveles insuficientes de remuneración
y la anarquía financiera de los gobiernos, articulados con políticas
educacionales ineptas o criminalmente desinteresadas.»'º
La deformación del público literario de la cual habla Rossi es producto de un sistema educativo castrado por políticas burocráticas y caprichosas; de un sistema donde el talento literario se mide por ideologías
del momento, por mino-maxi-supersupra-inter-intra-inframafias literarias, por credos religiosos intolerantes, por nomasporquesí, por el gozo
de decir que no. De ahí la necesidad,
diría Alejandro Rossi, de escribir sobre literatura en su manual. Más que
43

�HERRAMIENTA DE OBRA DURA

Julián Herbert
un manual, es un festín de páginas,
una ensalada de ensayos y relatos
ofreciéndose al lector. Este decide si
los hace suyos.

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Maestría en letras españolas, 1994.

¡..,

°Cándido, Antonio. «Literatura y sub-

1

desarrollo» en: América Latina en su
literatura. Compil. César Fernández
Moreno. Serie: América Latina en su
cultura. Siglo XXI Editores. México,
1984. pp. 337-338.

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Bibliografía

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Referencias bibliográficas

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,,:· 1

1

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1 1
1

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1

Borges, Jorge Luis. Ficciones. Alianza
/Emecé, Buenos Aires, 1984.
Borges, Jorge Luis, «Los temas fundamentales» en: la Gaceta del Fondo
de Cultura Económica. Destiempo
de Borges. Nueva Epoca, número
188, agosto de 1986. p. 34.

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1 1

2

Rossi, Alejandro. Manual del distraído. Joaquín Mortiz, México, 1987.
pp. 23-24.

3

/bid. p. 47.

4

De Aguiar e Silva, Víctor Manuel.
Teoría de la Literatura. Biblioteca
Románica Hispánica. Gredos, Madrid, 1979. p. 27.

Cándido, Antonio. «Literatura y subdesarrollo» en: América Latina en su
literatura. Compil. César Fernández
Moreno. Serie: América Latina en su
cultura. Siglo XX[ Editores. México,
1984.
De Aguiar e Silva, Víctor Manuel. Teoría de la Literatura. Biblioteca Románica Hispánica. Gredos, Madrid,
1979.

5

Rossi, Alejandro. op. cit. p. 45.

Rossi, Alejandro. Manual del distraído.
Joaquín Mortiz, México, 1978.

6

/bid. p. 19.

Yaldivieso, Jaime. Realidad y ficción en
Latinoamérica. Cuaderno de Joaquín
Mortiz. México, 1975.

7

Valdivieso, Jaime. Realidad y ficción
en Latinoamérica. Cuaderno de Joaquín Mortiz. México, 1975. p. 37.
8
Rossi, Alejandro. op. cit. pp. 68-69.
9

44

Borges, Jorge Luis. «Los temas fundamentales» en: La Gaceta del Fondo
de Cultura &amp;onómica. Destiempo
de Borges. Nueva Epoca, número
188, agosto de 1986.

HERRAMIENTA DE OBRA DURA
Sólo el modo en que
sus manos
preparan el café
es gesto suficiente
para entibiar la casa.
Ella es mi herramienta de obra dura.
Ella es mi centavo de dulces
de consuelo
para cuando mi equipo de beis bol
pierde el campeonato.
Sólo el modo en que
sus pies
visten la corteza espinosa de la tierra,
sólo uno de sus pasos
chorreando rosas de sangre
bastaría
para doblegar el ojo azul de los sargentos.
Ella es la carne de Yahvé
puesta en un plato de uvas maceradas,
un disparo en el ojo del"huracán,
una moneda:
y su cuerpo es el círculo de gis
que me salva de las fieras
y el hartazgo.

!bid. pp. 114-115.
45

�CON JUAN JOSÉ GARCÍA
GÓMEZ EN LA
,,
BIBLIOTECA "JOSE ALVARADO"

José Guadalupe Martínez
UNA CARTA QUE NUNCA LE ENVIÉ A MI HERMANO MENOR
Una vez te tiramos al bote de basura
y las hormigas te picaron la cara,
pero eso no destruyó tu belleza;
al contrario:
fue como una vacuna
contra las desgracias futuras que pudieran
estropear tu sonrisa.
Como su hubiera escogido un solo día en tu contra
la ruleta de un demiurgo insuperable.

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Esta mañana te hablo desde el fondo de mí,
y sé que no me escuchas.

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Tengo pena de ti
ahora que debes cruzar otras apuestas,
ahora que eres extranjero en el barrio donde vives,
y la gramática ajena te reseca los labios,
y me escribes una carta en español
donde hablas de tus escasas lecturas
y de la nieve insoportable.
Tengo pena de ti y sólo puedo
intentar escribir un poema
donde se guarde mi rencor
contra el país que te lastima.

46

Quisiera enviarte un suéter
o un boleto de avión,
pero ni estas
vulgares formas del amor
tengo al alcance:
me siento como el hombre cabizbajo
que ingresa al hospital en días de guerra.

Juan José García Gómez nació en la
ciudad de México el cuatro de junio
de 1929. Estudió en San Luis Potosí
la instrucción primaria y la media y
profesional en España. Se doctoró en
la Sorbona de París con un trabajo
sobre Miguel de Unamuno. Cuando
regresa a la capital mexicana orienta
su esfuerzo y sus conocimientos - incluyendo los adquiridos con Frank
Sinatra y Lucille Ball- a la producción de programas para televisión.
Durante siete años este trabajo lo absorbe por completo. Un día despierta
y se da cuenta de que junto a su
mundo ficticio existía otro, verdadero, real y palpitante; es cuando decide retirarse temporalmente de la producción televisiva y llega, casualmente, en el año de 1967, a Monterrey.
Instalado en Monterrey, ejerce la
docencia en el Instituto Tecnológico
a petición de su amigo Alfonso Rubio y Rubio. En la Escuela de Letras
diseña los nuevos .programas y es
nombrado luego director de la misma. Cuando abandona el Tecnológico es invitado por Miguel Covarrubias para dictar varias cátedras de
maestría en el posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, en la
UANL. De ambas instituciones se
retira sin exigir nada a cambio.
Su producción literaria incluye
cuentos, poemas y ensayos. Sus in-

fluencias determinantes podemos
advertirlas en la Generación del 98 y
en los textos bíblicos. En sus poemas
emergen las preocupaciones humanas de todos los tiempos: el amor, el
desengaño y la muerte. Su obra poética está escrita para ser representada, alcanza su máxima belleza
al cohesionarla con la música y con
los movimientos plásticos. El mismo
la definió como «teatro poético que
al ponerle música y movimiento se
transforma un poco en ballet» (Décimas de tu presencia, En los trece
misterios de la muerte, El hijo del
rey y Ezequiel suicida).

Los ensayos publicados por García Gómez, aunque afirmaba que su
único afán era didáctico, son piezas
de investigación literaria bien logradas por su abundante documentación. Buscaba ser original y en algunos casos lo consiguió.
Vivió a las puertas del infierno
para arrancarle al cielo sus misterios.
Se entregó sin límites y en lo cotidiano, atormentado, hizo -para ocultar debilidades- de la ironía y el sarcasmo su mejor escudo. Equiparando con templado laúd su vida, como
en el poema «Helas» de O. Wilde,
«para ser expulsado por todos los
vientos». Y un 8 de julio de 1994,
murió solo, rumiando su soledad y
en el olvido.

Para recordar su palabra y parte
de su pensamiento, como un homenaje póstumo, se publica la siguiente
entrevista, realizada poco antes de su
muerte. ·
JGM.- Estamos enterados de su
pasión por los escritores que formaron la generación del 98 en España.
¿Por qué motivo se inclinó por estudiar a esta generación?
JJGG.- Por Miguel de Unamuno. Me atrajo su temática. Unamuno fue catalogado como ateo, pero
no era ateo, al contrario, er.a un
hombre profundamente religioso.
Aunque debo confesarle que más
que sus ideas filosóficas, me atraparon sus experimentos narrativos
a los que llamó «nivolas» para despistar a los críticos. «Nivola» para
Unamuno es la narrativa que se va
haciendo conforme vive y habla el
personaje, en ocasiones en franca
disputa con el autor. Como ejemplos pueden leerse Niebla, Abe!
Sánchez, Amor y pedagogía y sus
Tres cuentos y un prólogo.

JGM.- De esta generación, además de Unamuno, ¿quiénes le llamaron la atención?
JJGG.- Otro es Azorín, el gran
estilista del 98, su estilo marcó en
forma definitiva mi escritura. Pío
Baroja es otro de los grandes pero
47

�yo no lo considero dentro del 98,
aunque lo admire y disfrute leyendo
sus obras.
JGM.- De la generación que en
América se ha llamado del 900,
¿quiénes considera que influyeron
en forma notable en otros escritores?

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JJGG.- En América se difundió
mucho la obra de José Enrique Rodó, ensayista soberbio, incluso el
joven Alfonso Reyes se mostró impresionado por la obra del escritor
uruguayo al grado de influir en su
padre, en ese tiempo gobernador de
Nuevo León, para que Ariel fuera
publicado por el gobierno. La obra
se publicó en 1908 y lo confirman
las cartas entre Alfonso Reyes y
José Enrique Rodó. Creo que de
esa generación fue el pensador de
mayor influencia. Entre los novelistas se encuentra Carlos Reyles y
entre los poetas Julio Herrera y
Reissig. (Quiero aclarar que todavía se advierten quejas románticas
en los escritores mencionados.)

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JGM.- En México, considera usted, ¿fue la generación del Ateneo
de la Juventud, la determinante en la
consolidación de las letras mexicanas y del inicio en forma sistemática
del quehacer filosófico?
JJGG.- Pienso que la producción creativa de los integrantes del
48

Ateneo de la Juventud fue determinante para la creación de un México moderno. Nace con la Revolución Mexicana y en cierta medida
la impulsa puesto que una forma de
hacerlo era oponerse al positivismo. Todos sus miembros coinciden
en buscar, cada uno en su trinchera, argumentos sólidos, aunque vitalistas la mayoría de ellos, encontrados en Henri Bergson , Miguel
de Unamuno y José Ortega y Gasset, para oponerlos al positivismo.
Alfonso Reyes es el más interesante, en extensión y profundidad
no ha sido superado todavía. Sus
teorías literarias siguen vigentes,
aunque está claro, hoy no se escribiría como él escribió.
JGM.- ¿Cuál sería, si pudiera
definirse, la posición ideológica de
Alfonso Reyes?
JJGG.- Lo que usted me pide es
muy difícil y además complejo. Diría que fue un gran filósofo, porque
conocía en forma general las teorías de los grandes filósofos. Tomó
lo que le pareció útil de cada uno
de ellos pero no se manifestó por
ninguno en particular. Se ha dicho
que fue el más grande difusor de
corrientes filosóficas y esto no podemos negarlo; también se afirma
que descubrió el mundo griego para los mexicanos y esa mirada me-

xicana al mundo griego la difundió
y la hizo universal, esto tampoco lo
podemos negar. Su nombre está ligado a todo lo mexicano, historia,
arte y cultura en general, desde los
asuntos más triviales como pudieran ser los de cocina y tradiciones,
hasta los análisis más intrincados y
al mismo tiempo precisos, en la
sistematización literaria que se encuentra en su obra, para mí maestra, El deslinde. Dijo Borges que;
había escrito páginas perfectas y
esto lo repitió no hace mucho Octavio Paz. (Hay respuestas de poca
fortuna, le cuento esto para relacionarlo con su pregunta, como la que
dio Sonya Garza Rapport al afirmar que no había leído a Borges.
Si a un literato -más si es de Nuevo León- le preguntan sobre Alfonso Reyes y les responde que
desconoce por completo su obra,
creo que está cavando su propia
tumba. Para darle sólo un ejemplo,
los poetas no pueden ignorar el tomo de sus obras que reúne su poesía; esto es válido también para ensayistas, historiadores y filósofos.)
En forma sintética le voy a decir, sí, son importantes los integrantes del Ateneo de la Juventud,
es cierto, pero también lo son los
poetas y ensayistas de la revista
Contemporáneos. Novo, poeta, escritor de teatro, magnífico cronista
y genio en el manejo sutil de la iro-

nía. Él tuvo en México un lugar
que se llamó «La Capilla», sala de
teatro donde ponía en escena lo último que había; puso todo su ingenio al montar Fausto y luego su
Tercer Fausto y todo lo que hay
sobre Sor Juana. Además de ser incomparable como cronista, el primer cronista que tuvimos en México.
JGM.- Afirman algunos estudiosos que la novelística de la Revolución Mexicana termina con El
luto humano, de José Revueltas.
Pero en la actualidad se siguen escribiendo novelas con temas revolucionarios.
JJGG.- Bueno, le voy a responder una cosa, en México la Revolución nos marcó y nos sigue marcando, todavía somos un país de revolución. Los dos grandes novelistas de
la Revolución son Mariano Azuela y
Martín Luis Guzmán; se los lee mucho, se los estudia y siguen influyendo en las generaciones de jóvenes
escritores. Usted habrá leído, supongo, El general de la Esperanza, de
Ramiro Estrada Sánchez, con ecos
de la novela El General de Traven,
en cuanto a su temática revolucionaria. Esto confirma lo que señalaba al
principio, la Revolución nos marcó y
nos sigue marcando, para bien o para mal, o mejor dicho ahora es lo negativo de este movimiento social lo

que aflora en creaciones literarias recientes. Se recrea a la Revolución
que degeneró en dictadura.
JGM.- Si nos referimos a la novelística en América hispana, ¿a
quién considera los pilares más sólidos y de mayor influencia?

obra de Borges han sido retomados o
replanteados por diferentes escritores.
Por ejemplo, García Márquez remoza
el aspecto lúdico y no sólo juega sino
que también apuesta un poquito al invertir la realidad. Exagera y gana. La
pregunta debería ser: ¿eri quién no ha
influido Borges? (¡Caramba!, Sonya
dice que en ella no.)

JJ_GG.- Borges es uno de los
grandes pilares en Hispanoamérica.
Borges no es novelista, él es poeta y
ensayista muy bueno, nos engaña, se
mofa de nosotros, nos hace creer que
va por un lado y luego nos mete en
un laberinto con espejos, donde los
caminos se bifurcan y terminamos
por perder la noción del tiempo. Como usted sabe, Borges fue un ciego,
sobreprotegido enfermizamente por
la madre, al extremo de que cuando
Borges fue a Europa, la madre fue
con él; cuando estuvo en Estados
Unidos se casó con una amiga, llamada, creo, Eisa Astete, ¡increíble!,
la madre se fue a Estados Unidos y
lo divorció. Era tremenda, lo amenazaba mucho con aquello de «te vas a
quedar ciego», &lt;&lt;yo soy tus ojos»;
hasta que la madre murió y ya no
pudo interponerse fue que Borges se
casó con su última ayudante.

JJGG.- Mire, Victoria Ocampo
fue amiga y protectora de Borges;
económicamente, porque era una
mujer muy rica y realmente ella lo
sostuvo mucho tiempo. Más que
difundir· su obra quería con ese artículo pagar y pagar una insignificancia por la demasiada belleza
que me brindó Borges con toda su
obra. Borges me atrajo mucho allá
en mi juventud, hasta que le descubrí el esquema; «yo no sé lo que
me va a contar, pero sí sé cómo me
lo va a contar». No es extraño esto
puesto que todo escritor tiene, a fin
de cuentas, un esquema.

Utilizó más que todo el juego de
espejos, déjeme ver si recuerdo en estos momentos el pasaje: «los espejos
me reflejan una imagen in-✓ertida de
la realidad». Diferentes aspectos de la

JGM.- Del colombiano Gabriel
García Márquez escribió que: «ha
venido trabajando desde sus primeros tiempos con la técnica de la novela de folletón, y que a tal extre-

JGM.- En un escrito usted comenta.el libro de Victoria Ocampo:
Diálogo con Borges. ¿Pretendía sólo difurrdir la obra de Borges con
sus comentarios?

49

�mo la ha actualizado y depurado,
que bien puede catalogarse como
el dignificador de un género desprestigiado». ¿Considera que en las
producciones posteriores sigu10
utilizando la técnica de «folletón
mágico»?

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JJGG.- Mire, García Márquez empieza como periodista y fue un periodista muy destacado. Basta leer sus
crónicas para quedar atrapados, incluso, en su obra periodística. Le confieso que al principio no me llamaba la
atención. Su obra maestra, Cien años
de soledad, estuvo más de un mes en
mi mesa de trabajo, no me atraía leerla, me daba una flojera tremenda iniciar su lectura. Pero cuando le llegó
su tumo no paré hasta terminarla.
Carlos Fuentes tiene razón cuando
afirma que García Márquez es un cronista y yo agregaría que es un cronista
tan suspicaz que enmienda la plana a
los mismos cronistas. Es un escritor
exuberante, nos lleva de un éxtasis a
otro y de un orgasmo a otro, interminable en un juego hasta la locura. En
sus últimas obras su afán de cronista
es más evidente.

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JGM.- ¿Se habrá agotado la novela y todos los creadores de ficciones vuelven ahora la vista al pasado, descubriendo que los historiadores y los cronistas escriben
muy mal y sobre todo sin imaginación y por lo tanto ha llegado el
50

momento -como usted dice- de enmendarles la plana?
JJGG.- Muchas veces se ha pronosticado el fin de la novela y ésta
toma nuevos impulsos y aparece radiante y sobre todo más bella. Con
esto quiero decirle que la novela no
está agotada, busca sí nuevos caminos y termina por encontrarlos siempre. En lo segundo tiene usted razón,
en la última década se han escrito
novelas monumentales en México
donde el tema histórico está presente. El novelista se vuelve investigador especialista de un momento histórico, tanto que remoza la forma de
escribir la historia y al mismo tiempo descubre intrigas, romances y tragedias no advertidos por los historiadores. Y, en algunos casos muy específicos, corrigen y enmiendan lo
escrito por historiadores y cronistas.
Le doy la razón porque quien lea citaré sólo tres obras- La guerra de
Galio, Guerra en el paraíso y Tinísima, no podrá negar lo que estamos
comentando.
JGM.- ¿Qué clasificación simbólica puede darse a los gallos en la
obra literaria de García Márquez? Le
pregunto lo anterior porque en ningún escritor y menos en un Premio
Nobel habían cantado tanto los gallos ni se habían hecho tantas referencias a estas aves. Este aspecto ha
sido estudiado poco.

JJGG.- En esto me toma en posición incómoda. El primer gallo que
le recuerdo a García Márquez está
en su novela corta El Coronel no tiene quien le escriba. Esta obra es realista, así a secas, como lo son casi
todas sus primeras obras; el llamado
«realismo mágico», incipiente y descolorido en éstas sus primeras obras,
se manifiesta con toda su fuerza y
colorido a partir de Cien años de soledad. ¿Por qué los gallos? ¿Serán
influencias o impresiones fijadas
desde su niñez vivida con sus abuelos en el campo? No lo sé. La verdad
es que sí cantan muchos gallos en
toda su producción literaria. Lo que
sí puedo decirle es que en Macondo
el juego de gallos estaba prohibido.
El otoño del Patriarca es una
obra difícil, mucha gente no ha podido terminarla, sobre todo por la puntuación sin punto ni coma ni nada, si
acaso un punto de vez en cuando, estilo por el que mucha gente no la ha
podido terminar.
El amor en tiempos del cólera es
una novela para viejos, por eso la
mayoría de los jóvenes no la com~:renden, después se darán cuenta de
que los viejos vivimos -ellos harán
lo mismo- de acercamientos al pasado, con destellos a veces de nostalgia. ¿Recuerda por qué descubre la
esposa del doctor el engaño? Por el
olfato. Las mujeres tienen un olfato

finísimo, descubren con facilidad la
química de otros cuerpos. Esta es la
magia de García Márquez, la magia
para esconder y oportunamente descubrir los secretos encontrados.
JGM.- Otro de los grandes es Pablo Neruda...
JJGG.- No me haga decir palabras mayores, mi amigo. Pablo Neruda es un hombre genial, es un gran
poeta independientemente de su filiación política, de hombre de izquierda; izquierda muy relativa porque cuando le dan el Premio Nobel,
con ese dinero compra una cuadra de
caballos, hecho que sólo pueden hacer los grandes poetas. Hay un libro,
Veitite poemas de amor y una canción desesperada, que a mí me conmueve mucho, y del que se han hecho infinidad de ediciones. Me conmueve este libro, le decía, por su estructura lingüística abierta, usted
puede leerlo en el orden que quiera,
del primero al último, del último al
primero, pares, nones, etc. etc. ; Neruda tuvo la habilidad para dejar
abierta su estructura. Recuerde usted
aquello de...

Ya no la quiero, es cierto
pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor,
y es tan largo el olvido ...

Son hallazgos hermosos los de
Neruda. Incluso su poesía, digamos
social, está creada en forma impecable. Fue un poeta comprometido
hasta su muerte, pero le repito, muy
entre comillas.
En lo personal no me importa la
posición ideológica de un escritor,
me importa su obra, y si es buena,
pues mucho mejor.
JGM.- Otro de los grandes es
Octavio Paz, gran poeta y Nobel
Mexicano. Escribe mucho, se lo lee
poco y su obra se medita menos.
¿No lo piensa usted así?
JJGG.- Le voy primero a contar
una- anécdota sobre Octavio Paz. Yo
he sido sorjuanista toda mi vida y tenía ya como quinientas hojas escritas sobre Sor Juana; hasta que leí
Las trampas de la fe fue que rompí
mi trabajo por considerar que Octavio Paz había dicho, en mejor forma
y con mayor profundidad, lo que yo
quería decir.
Mire, Octavio Paz es para mí un
magnífico poeta. Es como una especie de Rey Midas; lo que toca lo
convierte en poesía. Su obra poética
es difícil. Utiliza, como en Blanco,
una estructura abierta, insinuando
que el lector puede leerla como se le
antoje. Si es difícil de leer, resulta
entonces complicado llegar al fondo,

a su esencia, para entenderla en forma total.
Es cierto, se lo lee poco, y con
frecuencia mal, Aunque ésta resulta
ser la queja de los grandes pensadores, pero la verdad es que donde se
discuten sus propuestas y sus creaciones es, por lo general, en los recintos académicos. Sería un abuso
de nuestra parte pedirle al pueblo
que lo lea. Pqr un lado los libros son
caros y por el otro se carece de la
preparación suficiente para apreciarlo. De lo primero culparemos al sistema político y de lo segundo los
únicos responsables somos los maestros; hablo en general, si nosotros no
estamos preparados ¿cómo vamos a
despertar la curiosidad entre nuestros alumnos por la lectura de obras
literarias? Obras literarias que, en la
mayoría de los casos, nosotros mismos no hemos leído. Si se hiciera
una encuesta entre los maestros de
español de escuelas secundarias,
preparatorias e incluso profesionales, sobre la lectura de algunos clásicos de la literatura, nos quedaríamos
asombrados con los resultados negativos de la encuesta. ¿Cómo queremos entonces profusión de lectores
si no los dejamos nacer?
Los maestros somos culpables,
pero también lo son los medios de
comunicación -radio y televisión-,
los grandes comerciantes, el desinte51

�rés de la SEP, la infiltración cultural
gringa y los audiolibros; todos estamos privando del placer de la lectura
a nuestros educandos. No me va a
creer lo que voy a decirle: en todo
Nuevo León, con sus millones de
habitantes, no hay quinientos lectores. ¿Por qué le digo esto? Por la
sencilla razón de haberse impreso,
en numerosas ocasiones, libros de
poesía, relatos o históricos, de quinientos ejemplares y éstos no se agotan. Esto quiere decir que la cultura
«floreciente» en Nuevo León es en
realidad un desastre.

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1

Volviendo con Octavio Paz, le
repito que es un magnífico poeta y
para hacer que lo lean hay que ir como cantaban los maestros en las
manifestaciones- «escuela por escuela y región por región» para meterlo en el corazón de los estudiantes
y de la gente en general. No sólo a
Octavio Paz, también a Alfonso Reyes, José Alvarado, Juan Rulfo, Juan
José Arreola, Carlos Fuentes, Arturo
Azuela y a todos los escritores de
calidad. Cuando hagamos esto, se
agotarán las ediciones, seremos más
cultos y estaremos más cerca de aspirar a una verdadera democracia.
¿Lo conseguiremos?
JGM.- ¿Seguirá Carlos Fuentes
siendo un firme candidato para obtener el Premio Nobel de Literatura?
52

JJGG.- Lo espero sinceramente.
Carlos Fuentes es para mí un introductor de técnicas literarias que de
otra manera hubieran tardado años
en llegarnos y espero que este año
sea galardonado con el premio.
Aunque tenemos que pensar que
los premios son importantes, debemos también estar conscientes de las
injusticias cometidas en su nombre,
desde su negación a León Tolstoi y
después a Unamuno, Pío Baroja y el
que debió ser nuestro primer Premio
Nobel Mexicano, Alfonso Reyes. Lo
mismo le tocó a Jorge Luis Borges,
Alejo Carpentier, Julio Cortázar,
Juan Carlos Onetti y muchos, muchos más.
Injusticias cometidas en nombre
de la equidad geográfica. ¡Qué barbaridad! Los grandes escritores no
requieren de los premios, basta recordar la pregunta de Hcmingway a
Pío Baroja: «¿Por qué no le dieron a
usted el Premio Nobel?» --cito de
memoria-. La respuesta que dicen
que dijo o tal vez la inventaron fue
«y para qué lo quiero»; estaba muy
enfermo y postrado en la cama, entonces ¿para qué le servía?, para nada. Con esto quiero decirle que a
grandes pensadores no premiados se
los lec mucho más -a veces- que a
los premiados. El Premio Nobel cada vez ha ido perdiendo su valor;
con todo y esto, lo querría para Car-

los Fuentes por ser uno de los escritores más leídos.
Entre los relativamente jóvenes
pienso tendrán -en un futuro no muy
lejano- posibilidades semejantes,
Salvador Elizondo y Arturo Azuela.
JGM.- Dicen algunos malandrines que el peruano Mario Vargas
Llosa produce cada vez con mayor
rapidez pero con menor calidad. Y
se quedó para siempre en La ciudad
y los perros. ¿Será cierto o son meras calumnias de sus enemigos gratuitos?
JJGG.- Creo que es una opinión
de menor calidad. Conocí a Vargas
Llosa en el Perú. Me invitó la Universidad de San Marcos a dar unas
conferencias y ahí estaba un hombre
muy bien vestido, muy propio, sumamente propio, y él me hacía una
pregunta: ¿qué me cuenta de Rulfo?
Mire, señor -no sabía que era Vargas Llosa, lo supe luego--, Rulfo es
un escritor consagrado, con un problema muy frecuente en Hispanoamérica, autor de pocos libros: un volumen de cuentos, El llano en llamas, y su novela Pedro Páramo y
algunos guiones cinematográficos
sin valor. Lo mismo que le pasó a
Jorge Isaacs con su obra María. En
Europa los escritores siguen escribiendo mientras que aquí estamos
llenos de autores de una o dos obras,

consideradas en su momento como
magníficas y que por temor al fracaso cierran la creatividad para siempre. Esto más o menos le contesté a
Vargas Llosa, quien por cierto no
quedó muy satisfecho con la respuesta ...
Lo que usted dice que dicen es
una calumnia. Es un magnífico escritor, a la altura de los mejores en
Hispanoamérica. Con cada obra se
acerca más a la perfección, que es el
sueño de todo escritor y, pienso, es
también el sueño de Vargas Llosa.
Por la calidad y lo extenso de su
obra merece los más altos honores.
Su fracaso en política es aparente
porque, estoy seguro, los frutos obtenidos serán más duraderos que los
conseguidos por Fujimori, el tiempo
terminará por darnos la razón.
Le decía que en Europa un escritor al publicar una obra, puede triunfar o fracasar, pero sigue escribiendo. En Hispanoamérica nos pasa como al personaje creado por Romain
Roland en su obra Juan Cristóbal;
un personaje llamado como la obra
misma, después de triunfar al crear
varias obras musicales, queda agotado e incapaz de volver a producir
nada significativo. Lo mismo le pasó
al autor de Muerte sin fin ; parece
que después de una obra de esta
magnitud, el escritor se siente tan
presionado para superar aquello que

se limita a no escribir o a escribir y
guardar lo que escribe para destruirlo posteriormente porque considera
que no tiene la calidad de su producción primera.
Volviendo a Vargas Llosa, autor
de numerosas novelas, que sigue
creando excelentes obras literarias,
merece, por estar entre los mejores,
todos los premios y todos los honores. En sus opiniones políticas Cuba
se le ha vuelto una obsesión y creo
ser justo al decir que, en ciertos casos, utiliza «La balanza de los Balek». Fue castrista en sus primeros
años de escritor, cuando sólo había
publicado La ciudad y los perros y
Los cachorros, después recibe duras
críticas y su visión se torna oscura
para todo lo que realiza Fidel Castro.
Un país bloqueado durante tres décadas está condenado a muerte. Pero
a pesar de este crimen Cuba sobrevive como país libre y soberano, ha tenido avances sorprendentes en educación, medicina familiar y deportes
de alto rendimiento. ¿Quién le puede
negar estos avances? Es cierto también que, con la caída del bloque comunista, la economía cubana atraviesa por una crisis profunda, el pueblo sufre carencias, hambre, y están
por agotarse los medicamentos. Es
ahora cuando la juventud mexicana
debe romper su abulia y en un abrazo infinito, fraternal y solidario, organizar donativos para la juventud

de nuestros hermanos cubanos. Confío en que pronto el gran capital invertirá en Cuba -el regio es de los
más inteligentes y visionarios, están
estudiando el mercado y algunos inician ya inversiones moderadas- y en
un tiempo no muy largo, logre normalizar su economía. Esto lo espero
porque quiero seguir recibiendo de
vez en cuando la revista Casa de las
Américas que sigue siendo muy buena. También para que se difundan
más sus escrúores, los consagrados y
los jóvenes; de los consagrados, Carpentier, con su prosa saturada de ritmos musicales, la lectura de sus
cuentos limitados por el tiempo que
dura la Quinta Sinfonía de Beethoven; investigador en Los pasos perdidos de los orígenes de la música
en América, con todas sus cargas y
sus influencias. Otro sería el poeta
Nicolás Guillén, con sus sones afrocubanos. Para que se difundan sus
escritores, pintores, escultores y músicos es que deseo el equilibrio económico de Cuba.
JGM.- Estamos enterados por los
datos biográficos encontrados en
uno de sus libros, que nació en la
ciudad de México y estudió en España. ¿Cómo ocurrió todo esto?
JJGG.- Soy chilango. Nací en la
ciudad de México pero me crié en
San Luis Potosí hasta los once
años, después me fui a Europa,
53

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concretamente a España donde estudié el bachillerato y luego pasé a
la Universidad. (Le voy a contar
una anécdota. Tenía como maestro
a un gran arabista, don Emilio García Gómez, pariente mío, y un día
en clase le dije «tío», me paró en
seco diciendo: «tío en tu casa, aquí
soy maestro». Por este pequeño incidente no resulté un «arabista».
Pero lo curioso es que aquí en
Monterrey encontré a un gran arabista, Luis Astey, de quien tengo
todavía las obras. Se casó en segundas nupcias con una muchacha
de Monterrey, llamada Alma; escribió una tesis sobre las jarchas,
tema muy difícil, se la mandé a mi
pariente don Emilio García Gómez
y me dijo «quiero conocer al autor,
porque esto no ha sido escrito todavía y menos en un pueblo que se
llama Monterrey». Luis Astey ha
cambiado mucho. Se ha vuelto
muy humano con su segundo matrimonio, antes era una torre inaccesible, ahora viye en México agrega en broma- porque en Monterrey quedamos los que no servimos para nada.)

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1

En la Universidad estudié Filo·sofía y Letras y de ahí pasé a Francia para estudiar en la Sorbona Letras, con especialidad en Unamuno.
(Le voy a contar otra anécdota.
Como le decía, para mí Unamuno
54

es el autor clave, sobre él hice mi
tesis, me costó sangre aquella tesis
porque a mi maestro asesor no le
interesaba mi tema; por fin, llegó
el día del examen y en el auditorio
se reunía el jurado, esperando el
momento preciso para revolcarnos,
a eso íbamos, no a otra cosa; y comenzó el maestro a decir: «aunque
no estoy de acuerdo con los postulados de su tesis, espero que sepa
defenderlos». Los defendí lo mejor
que pude y al final pronunció las
palabras mágicas: «bueno, compañero», ¡ah!, «compañero» quería
decir que había aprobado, que tenía el doctorado.)
JGM.- Entre sus maestros de facultad, ¿había alguno famoso o distinguido a nivel internacional?
JJGG.- Antes quiero terminar
de contarle mi experiencia en lo
que se !lama «cátedra europea». Le
comentaba que para trabajar en mi
tesis requerí de asesor, y como es
muy difícil conseguir un asesor en
Europa, me convertí en su ayudante, supliendo a veces sus ausencias
en la cátedra; al mismo tiempo, iba
dándole cuenta de los avances logrados en mi investigación. En forma general, a esto se le llama «cátedra europea». Aquí en Monterrey
en alguna ocasión se propuso &lt;&lt;la
cátedra europea», afortunadamente
no se realizó. Es muy difícil; por

ejemplo, el maestro, «la vaca sagrada» -a mí me decían «La vaca
sagrada» aquí en la Facultad de Filosofía- entregaba al estudiante
una bibliografía en chino, ruso,
francés, alemán, en el idioma que
fuera y era responsabilidad nuestra
traducirla; ¿cómo?, uno sabría cómo, incluyendo el pagar traductores. Esta bibliografía era de lectura
y conocimientos obligados. Por lo
que le comento, pienso, qué bueno
que no se realizó en Monterrey.
Ahora sí le cuento sobre uno de
los maestros distinguidos que tuve
en la Facultad. Su nombre, Gerardo Diego, un gran poeta que escribió aquello de «Las naves por el
mar / tú por tus sueños»; en ese
tiempo no supe apreciar a Gerardo
Diego. Lo sigo considerando uno
de los grandes poetas de lengua española, sus obras han sido publicadas y en fecha reciente se han promocionado algunas antologías de
sus poemas, o con parte de sus
poemas; esto me satisface en demasía.
JGM.- ¿En qué año llegó a
Monterrey y cuáles fueron sus primeras cátedras impartidas?
JJGG.- Llegué a Monterrey el
año de la gran nevada. Suena medio histórico pero fue una casualidad. ¿Por qué a esta ciudad? No lo

sé ni podría explicarlo. Lo cierto es
que estaba saturado de televisión,
porque es preciso aclarar que cuando llegué a México me interesó la
producción televisiva. Para estar
bien preparado me fui a estudiar a
Estados Unidos, donde tuve grandes maestros, Frank Sinatra, Lucille Ball y otros que estaban al servicio de las grandes compañías
norteamericanas. A mí me interesó
la producción y cuando regreso,
con la ayuda tremenda del zar de la
televisión, don Emilio Azcárraga,
empiezo a producir. Trabajé varios
años absorbido por completo en la
producción de varios programas televisivos hasta que desperté y me
di cuenta de que, aparte de mi pequeño mundo había otro, vivo, que
se movía y respiraba y tenía sueños
y amaba y sobre todo era un mundo verdadero. Cuando reparé en esto, un lunes por cierto, salía de una
grabación y pasé por Insurgentes,
luego por Sears y observé a los
empleados, me di cuenta de que
hay mucha gente que no trabaja en
televisión, me asusté tanto que dejé
la televisión y tomé unas .:vacaciones indefinidas. Le dije al gran
magnate: «don Emilio, me voy de
vacaciones». «¿Cuánto tiempo?» preguntó. «No lo sé, hasta que me
desintoxique». Me vine a Monterrey y nunca regresé -esto me
emociona mucho-. Para mi fortuna
Monterrey era un pueblo, tan pue-

blo que en una ocasión, en Avenida Constitución, yo me di la vuelta
en U y me paró un motociclista y
me dijo: «no puede dar la vuelta en
U» y le dije, «sí puedo» y lo volví
a hacer; «aprenda el lenguaje, dígame &lt;no debe&gt; y entonces yo lo
obedezco». ¡La nobleza del hombre! El agente sonrió y me concedió la razón.
Le repito, llegué el año de la
gran nevada, ¿en qué año fue, Mario? -Creo que se refiere a la de
1967, doctor. - Sí, a esa me refiero. No tenía intenciones de trabajar
y menos de quedarme, por eso
cuando fui al Tecnológico y el Lic.
Alfonso Rubio y Rubio me propuso impartir la cátedra titulada «La
generación del 98», le dije, «la
acepto pero no te garantizo que termine el curso, estoy aquí de paso».
Me quedé y al poco tiempo participé en el diseño del programa de
la carrera de Letras y luego en la
dirección de la misma.
En esos años tuve alumnos muy
destacados: Rosaura Barahona y Fidel Chávez, ahora escritores destacados y catedráticos de altura; Fidel,
tengo entendido, es en estos momentos el director de Letras en el Tecnológico. Otro es Agustín García Gil
C:istillo, buen poeta -en alguna ocasión le dije que si nosotros pasábamos a la historia era por haber sido

maestros de Agustín-, ha sido maestro aquí en la Facultad de Filosofía y
Letras. En el Tecnológico trabajé
cinco o seis años, desde que se retiró
el Lic. Alfonso Rubio y me dejó la
dirección. ¿Se lo cuento todo? Estaba
como director académico un Junco no recuerdo el nombre ahora-, no estuve de acuerdo con él en la inclusión de varias materias comunes,
creía y sigo creyendo que Letras era
Letras y amalgamar licenciaturas significaba para los estudiantes pérdida
de tiempo y de conocimientos, además del buen dinero que pagaban por
cada curso; entonces me fui a mi casa y varios días me la pasé por demás
displicente, hasta que por fortuna siempre he tenido buena fortuna- un
maestro de aquí, a quien yo estimo
mucho, Miguel Covarrubias, me fue
a buscar _para impartir unos cursos a
nivel maestría; los cursos los disfruté
tremendamente; Miguel era mi jefe y
al mismo tiempo mi alumno, se portó
conmigo de maravilla. El primer curso se llamó «Génesis de la novela
hispanoamericana».
JGM.- En sus creaciones poéticas se advierte su preocupación por
lo que encierra el concepto «muerte» -por nombrar una de sus creaciones: En los trece misterios de la
muerte-, pero en otros es el amor
lo que está en juego -Décimas de
tu presencia- o el desengaño - El
hijo del rey-.

�JJGG.- Pues, caramba, qué autor no ha escrito sobre el amor, sobre la muerte, que son constantes
del ser humano; lo importante de
cada creador son los semitonos que
introduce, variantes musicales que
sólo los lectores atentos y los poetas son capaces de percibir. Viejo
como estoy tengo presente el amor
y la muerte más todavía por mi
edad ...

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JGM.- ¿Y, en algunos momentos, la soledad ... ?

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JJGG.- Sí, sí, muy frecuentemente, como le digo, vivo en un
asilo por cuestión de salud y en un
asilo el gran problema es la soledad, nos abraza tanto y tan seguido
que termina por desesperarnos. La
soledad y la desesperación son las
más fieles compañeras de los viejos. Tenemos que aprender a vivir
con ellas.

11,

JGM.- En El hijo del rey se percibe cierto tono místico.
JJGG.- No estoy de acuerdo
con eso del misticismo. El hijo del
rey fue un texto de teatro poético,
se montó varias veces y con éxito,
claro que al ponerle música lo hacía un poco ballet; por eso digo
que con éxito, no por el texto sino
por el montaje que se hizo. Fue el
producto de un momento de ju ven56

tud, quedé satisfecho en la medida
que un autor puede quedar satisfecho de su obra.
JJGG.- ¿Qué juicio le merece
su Ezequiel suicida -a 24 años de
su publicación-, para mi gusto la
más ambiciosa y la mejor lograda
de sus obras?
JJGG.- Le voy a contar de Ezequiel suicida. He sido lector de la
Biblia siempre y ahí está el profeta
Ezequiel que habla de la destrucción por la destrucción, por eso su
nombre, el nombre de la obra, Ezequiel suicida.
Tomando en cuenta los años
transcurridos desde su aparición,
me sigue gustando, de vez en cuando lo releo y esto que no pensé publicarlo nunca, nunca.
JGM.- ¿Es una confesión?
JJGG.- Es una confesión, definitivamente eso es. Yo lo tenía en
un cajón de mi escritorio, y Manuel Rodríguez Vizcarra (un gran
maestro que hubo aquí en Monterrey, editor en el Tecnológico) junto con Esther M. Allison , acordaron publicarla y la sacaron del cajón de mi escritorio. El primer sorprendido de la public;i ión fui yo,
porque no lo había escrito para ser
publicado.

JGM.- En un fragmento de Ezequiel suicida dice: «he querido negarte aceptando cuerpos que se me
entregaban como semillas de pausa».
JJGG.- Pues, ¡caramba!, qué le
diría de eso. ¿Quién de nosotros no
ha aceptado cuerpos como pausa?
Por lo general se piensa que la soledad aparece cuando el amor se
va. Entonces tenemos la necesidad
de quemarnos en otros cuerpos. Pero, mi amigo, cuando el amor es
más violento también nos visita la
soledad. Esto lo hace interesante.
Queremos ocultar su presencia,
aceptamos cuerpos como calmantes, pero la presencia del amor persiste.
JGM.- ¿Cada quien se ve con
mayor nitidez y profundidad, según sea el tamaño de la ventana
que tenga?
JJGG.- Sí, usted me citó antes
una obra que yo modifiqué en el
Penal del Estado; una gran amiga
mía, la Tucita, tuvo un programa
cultural en el Penal del Estado; primero me invitó a una conferencia
con los presos, iba temblando y no
sabía con quién me iba a encontrar;
la Tucita se asustó mucho cuando
le dije que hablaría sobre «Las formas de escapar del penal» . Y, en la
tercera fila estaba ese muchacho,

no me quitaba la vista, quizá ni entendía mi exposición, por ser otro
su mundo modifiqué ese texto. Al
final del poema dice: «la ventana,
el árbol verde en el paisaje. Así lo
canto. Y otro lo describe privado
de color, él no tiene mi ventana hacia el árbol». Este texto lo modifiqué por ese interno, y dice: «podemos construir para nosotros un
nuevo árbol».

JGM.- Precisamente le iba a
leer el fragm~nto «.. .lo describe
privado de color, él no tiene mi
ventana hacia el árbol».
JJGG.- Sí, ese es, lo transformé
luego en «podemos construir para
nosotros un nuevo árbol»; esto no
está en el original y es probable
que no aparezca nunca.

JGM.- De sus ensayos conocemos los siguientes: «Algunas notas
sobre el masoquismo y la estructuración de la Egloga ·I de Garcilaso
de la Vega»; «Principales estructuras narrativas en función de tiempo
Y espacio»; «A propósito de un
diálogo con Borges»; «El último y
primer Gabriel García Márquez»;
«Juan de Cárdenas, precursor involuntario de la ficción científica en
México»; «Borges, ¿renovarse y
morir?»; «Pablo de Olavide, ¿primer novelista en Hispanoamérica?&gt;, ¿Con cada uno de los ensayos

mencionados pretendió mostrar y
al mismo tiempo descubrir alguna
novedad o ser original en ciertos
temas?
JJGG.- Para mí Garcilaso, poeta renacentista español, comenzó
jugando con el masoquismo y terminó atrapado en su mismo juego.
Es lo que !(ato de mostrar en mi
trabajo y no estoy seguro de su novedad y menos de su originalidad.

na encontré un libro de Juan de
Cárdenas, pensé que era aquél
maestro mío, no lo era; Juan de
Cárdenas fue un médico español
que vino a México y pretendió explicar ciertos fenómenos naturales
apoyado, según esto, en razonamientos científicos; sus propuestas
hoy nos dan risa, pero por la forma
y la seriedad de las explicaciones
lo llamo precursor de la ciencia
ficción en México. Lo disfruté en
verdad.

En un «ladrillo» llamado Humanitas -publicado por Agustín
Basave- apareció el segundo, me
pidieron un artículo en función de
la docencia, me he considerado
siempre un maestro y he disfrutado
enseñando y ayudando a mis alumnos; escribí «Estructuras narrativas» con la única finalidad de facilitar la comprensión textual a los
estudiantes. Su finalidad es pedagógica, al grado de incluir figuritas
elementales para simplificar el
aprendizaje.

JGM.- Nos encontramos, como
usted sabe, en la Biblioteca José
Alvarado. ¿Qué juicio le merece
este escritor nacido en Nuevo
León?

De Jorge Luis Borges y de Gabriel García Márquez ya habíamos
hecho referencia y no quiero repetir mis opiniones. De Juan de Cárdenas le diré que me acerqué a él
por casualidad, pues no me lo va a
creer, tuve en España un maestro
llamado Juan de Cárdenas que me
hizo la vida de cuadritos. Una vez
en el Tecnológico, en la Cervanti-

JJGG.- Hay escritores que para
ser valorados necesitan que pase
mucho tiempo. Tenemos el caso de
Inna Sabina Sepúlveda, descubierta no hace mucho por los chilangos. El caso de Alvarado apunta en
sentido contrario. Admirado y reconocido a nivel nacional, en su
patria chica vive casi en el olvido.
Escribió dos pequeñas obras maes-

Para no alargar más el cuento
sólo le diré que lo escrito, todo lo
mencionado por usted, tiene un
afán didáctico. Los que saben de
letras son los únicos capacitados
para decir la cantidad de novedad u
originalidad que tienen.

57

�~

DE OTRAS FLORERIAS
A Daniela y Rosana
Algo en mi sangre viaja con voz de clorofila.
Carlos Pellicer

Juan José García Gómez
tras, Memorias de un espejo y El
personaje, obras que deben ser re-

"t!

valoradas y difundidas como la
mejor prosa escrita en M_éxico.
Hay quien lo olvida cuando menciona a los grandes de Nuevo
León, es una amnesia programada
y maniquea, porque, no nos engañemos, José Alvarado tiene un lugar de privilegio entre los grandes,
por su pensamiento libre y por sus
creaciones literarias. Es tiempo de
curar la amnesia de los aduladores,
le iba a decir de los lambiscones,
pero me arrepentí, porque de los
arrepentidos es el reino de los cielos. Creo que me hizo hablar de
más, mejor la dejamos de ese tamaño.

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Decir la flor: que el mundo
verdezca en belleza
bajo la mano.

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Abierto en tentación rasgo la rosa
y me despojo, en circular encuentro,
de túnica y sandalia.
Ruge el calor sobre la fronda.
Y acaricia, en su luz,
la bugambilia.
No se sabe si es el viento
el que acaricia a la flor
o si la flor lo hace al viento.
Como una gota de flor
los seis pétalos se funden
en el anónimo hogar
de la hoja.

~ --JGM.- Le agradezco su tiempo.
(Mario Pérez estuvo presente durante toda _la entrevista y es, por tanto, testigo de
cwgo de todo)o mencionádo.)

Apenas si el blanco puede
volverse flor en el nardo.
Con un aroma de fruta
el geranio marca en rojo '.
la distancia.

1
1

1
./

Juegan a ser flor las hojas:
la maceta es un naufragio
de una realidad incólume.

.

58

59

�Cuadernos de la Revista

DESLINDE, 1s

MONTERREY / JULIO-DICIEMBRE/ 1994

Bajo la sombra del aire
sueña cascada el helecho.
Florece la mimosa.
La primavera viaja
sobre el verano.
Amanece de nuevo.
Ojos de Juno
abren, absortos, entre los nenúfares
domesticados.
El verde baja a lo blanco
en las hojas de la hiedra.
Llueve en la tarde.
Vivo la noche cuando,
.cárcel volátil,
floran los cactus
una vez en el año.
Tres mariposas verdes abren corolas
amarillas ayer; mañana, ocres.
Móvil lenguaje.
1975

En los meses de mayo y junio de 1994 se presentaron en
diversos espacios del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de
México algunas muestras del arte y la cultura de Nuevo León,
en el marco de la celebración del 60 Aniversario de ese
venerable recinto .
El miércoles lo. de junio tuvo lugar, en el área de murales
del tercer piso del edificio, una mesa redonda sobre la
Literatura de Nuevo León en el momento presente,
coordinada por el escritor Miguel Covarrubias. .
Los textos que forman este apartado de Deslinde se leyeron
esa ocasión.

�,,

LAS LETRAS DE NUEVO LEON
AL FINALIZAR EL SIGLO XX

Alfonso Rangel Guerra
Monterrey no fue pródiga, en el pasado, con sus escritores y
artistas. Quienes en su momento asumieron el cumplimiento
de su vocación, lo hicieron la mayor parte de las veces ante
la indiferencia o aun la oposición de la ciudad, frecuentemente ajena a los esfuerzos de sus creadores, empeñados en
mantener su intención por alcanzar una presencia en las letras o las artes locales, o bien optando por abandonar la ciudad en busca de mayores oportunidades. Hoy, si bien las
condiciones de artistas o escritores se han modificado gracias a la presencia de algunos estímulos y reconocimientos
a su labor, no puede afirmarse que se hayan superado las limitaciones o los problemas que afectan o limitan el desarrollo de las letras y las artes en el Estado.
Un repaso, aunque sea somero, a las condiciones imperantes en las últimas décadas, nos muestra una historia sujeta a particularidades y diferencias según el área o expresión
de que se trate, de modo que se vuelve necesario hacer diferentes acercamientos a esas áreas o expresiones para conocer su propio desenvolvimiento y el derrotero que han tomado. Son cinco, al menos, las áreas que podrían abordarse
en el campo de las letras, en este intento de análisis del desarrollo local de la literatura: la poesía, el cuento, la novela,
el teatro y el ensayo. Antes de ocuparnos, en ese orden, de
las condiciones prevalecientes y las características del desenvolvimiento de las letras en Nuevo León, será necesario
hacer algunas aclaraciones o precisiones, a fin de facilitar
este trabajo.

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En primer lugar, establecer que indistintamente vamos a
referirnos aquí a Nuevo L~ón o Monterrey, a sabiendas de
que el proceso cultural de la entidad se desarrolla en la capital del Estado y su área metropolitana, situación notoriamente derivada de la gran concentración demográfica, economica y educativa que se vive en Nuevo León.
En segundo lugar, que aquí no se propone ni se sostiene
la necesidad de que las tareas literarias merezcan el estable62

cimiento de una política proteccionista pública·o privada, o
pública y privada, sino sólo la pertinencia de disponer de
los estímulos o respuestas que regular o normalmente establece la sociedad en el proceso de su propio desarrollo cultural. El trabajo creador es por definición una actividad personal, asumida voluntariamente por el escritor y consecuentemente sujeta a los riesgos, logros, obstáculos y limitaciones que le son propios. Sin embargo, este trabajo individual
es merecedor, como se verá más adelante, de ciertas respuestas de la sociedad a la que se dirije.
Finalmente, que aquí vamos a referirnos a un periodo
que se remonta no más hasta los años del medio siglo, es
decir, exclusivamente a la segunda mitad del siglo veinte.
Y como una introducción al análisis que aquí vamos a
emprender, nos ocuparemos de las artes plásticas, cuyas
condiciones de desenvolvimiento en este medio siglo podrán ayudarnos a entender mejor los problemas propios de
la literatura en Nuevo León.
Todos estaremos de acuerdo en que Monterrey cuenta,
desde hace varios años, con una presencia indiscutible en
las artes plásticas, particularmente la pintura. No sólo nos
referimos al ámbito nacional, donde esta presencia ha alcanzado un espacio y un reconocimiento fuera de duda. Nos referimos particularmente a las condicione~ de los pintores radicados en Monterrey, muchos de ellos dedicados a su trabajo artístico y del que obtienen lo necesario para vivir Y
dedicarse exclusivamente a él. Para llegar a esta situación se
requirió un largo proceso en el que el Estado y la iniciativa
privada han tenido mucho que ver, particularmente ciertaS
instituciones. En 1955, hace casi cuarenta años, no había
una galería de arte en Monterrey. Arte A.C. abrió la primera
y su propósito inicial, hoy todavía vigente, era abrir un espacio para los artistas locales, que ya empezaban a despuntar en el Taller de Artes Plásticas de la Universidad de Nuevo León. La misma institución creó el Salón Monterrey

convertido más tarde en Salón de Noviembre. Hoy, existe
en Monterrey una amplia cultura en artes plásticas que valora y propicia la adquisición de obras, y como quedó dicho,
muchos artistas se dedican exclusivamente a su arte, gracias
a la adquisición que se hace de su trabajo. Cuando se creó
Arte A.C. no había un solo museo en Monterrey. Hoy son
tres sólo dedicados a las artes plásticas, y uno dedicado exclusivamente a la pintura de Nuevo León, y un número importante de galerías privadas que igualmente promueven y
difunden el conocimiento de la obra creada localmente e
impulsan su venta. Todo esto estimula e impulsa las artes
plásticas en Nuevo León, de manera tal que ya ocupan un
lugar propio en la ciudad, se identifican regionalmente y sin
duda alcanzan un reconocimiento a nivel nacional.

La poesía. Cualquier antología de la poesía nuevoleonesa
puede remontarse fácilmente al siglo XIX, o aún más atrás,
Yrecoger una gran producción en el siglo XX. En el caso de
la poesía y para constreñimos a la segunda mitad del siglo
XX, ·es importante establecer algunos apuntamientos para
precisar algunas características esenciales de la poesía en
Nuevo León. Quienes habiendo nacido en Monterrey en los
últimos años del siglo XIX escriben poesía en los primeros
años del siglo XX y aún después, lo hacen desde fuera, es
decir, abandonaron la ciudad y su poesía corresponde a
otros ámbitos. Es el caso de Alfonso Reyes, Carlos Barrera
Y Rafael Lozano, para no citar más. Su poesía responde a
las corrientes de su época y el paso del tiempo les ha dado
su lugar en la historia de la poesía mexicana. Quienes les siguen en la nueva generación y escriben en su estado natal,
no logran elevar su vuelo y continúan ofreciendo una poesía
decimonónica, las más de las veces romántica y aun, diríamos, ajena al modernismo y otras expresiones de esos años.
Después, curiosamente, se produce un silencio de años que
es interrumpido por poetas nacidos en otras latitudes, pero
avecindados en Monterrey, como Alfonso Rubio y Rubio.
Al finalizar los años cuarenta y en el principio de los cincuenta surgen las voces de Ramiro Garza y Carmen Alar-

dín, poesía en la que ya se ha roto con la larga y pesada tradición literaria local. Pero después, al mediar la década de
los años cincuenta, irrumpe la generación de Kátharsis, que
tendrá tres características fundamentales: la primera es que
estos poetas son contemporáneos de quienes en ese momento escriben poesía en la ciudad de México; la segunda es
que son lectores de poesía moderna, es decir, están informados de lo que ocurre y ha ocurrido con la poesía mexicana
en el siglo XX: la generación de Contemporáneos, o la de
Barandal, y aun de poesía escrita también en el siglo XX en
otras latitudes, en francés o inglés ( y no importa aquí que la
conocieran por traducciones); la tercera característica es
igualmente importante: es la primera generación de poetas
de Nuevo León, en este siglo, que se agrupan en torno a una
revista, precisamente la que le ha dado nombre. Estos tres
elementos reunidos impusieron el tiempo nuevo de la poesía
nuevoleonesa y no creemos exagerar si afirmamos que toda
la poesía que se escribe después de Kátharsis procede de esta generación y de alguna manera es deudora de ella."Hoy,
la poesía en Monterrey se manifiesta en múltiples voces que
le otorgan una presencia sostenida en varias generaciones.

El cuento. El problema del cuento es que, salvo excepciones, quienes lo practican destinan igual o mayor tiempo a
otros géneros literarios. Esta característica está presente en
todas las literaturas, pero no obviamente en todos los autores. Pues importa señalar que la narración corta denominada
«cuento», que responde a sus propias exigencias y posee su
peculiar impulso para iniciar, desarrollar y culminar una
historia en una extensión o un desenvolvimiento más bien
breve, presentando una circunstancia, un trozo de vida, un
accidente o un suceso determinados en la existencia de uno
o varios personajes exige, al igual que la novela, una disciplina en el ejercicio literario, de manera que en la historia
universal de la literatura se identifican con luz propia aquellos escritores que en un proceso largo de creación dedican
su esfuerzo y su tiempo a este género literario, y así en la
acumulación de este trabajo de años se construye un edifi63

�cio inmenso erigido con cientos de historias. Es el caso de
Chejov en Rusia, o de O'Henry en la literatura norteamericana, o Maupassant en la francesa. Cuando un escritor escribe cuentos pero sólo en alguna ocasión de su actividad literaria, o en cierta época de su vida, deja un testimonio narrativo inusitado, o insuficiente, o sólo pasajero. Sin embargo, esto no significa que este tipo de obra no sea representativo del género en una literatura, sea nacional o local.
En el caso de Nuevo León, salvo una excepción, el cuento
ha sido escrito en la circunstancia antes señalada, de modo
que quienes se han puesto a la tarea de recoger los cuentos
escritos en Nuevo León, deben hacerlo separando estas manifestaciones literarias de otras distintas y ajenas al género.
Hay quienes escribieron cuentos sólo al inicio de su actividad literaria (Rugo Padilla); otros, de manera estructurada y
aun integrando un volumen de cuentos para después dedicarse sólo a la novela (Ricardo Elizondo); unos más, han escrito cuentos esporádicamente o de manera irregular; en
otros, como José Alvarado, nos sorprendió la colección de
cuentos que anduvieron dispersos durante su vida y que reunidos póstumamente en volumen fueron un regalo inusitado
para sus lectores. La excepción en Nuevo León es Irma Sabina Sepúlveda, entregada en los inicios de su tarea literaria
a escribir cuentos y continuando esta labor hasta su muerte.
Con todo, el cuento en Nuevo León tiene su propia historia
e igualmente podrá sorprendernos cuando veamos los materiales reunidos en la Antología del cuento que prepara Héctor Alvarado.
La novela. Este género literario tiene su propia dinámica y
responde a exigencias distint~s del resto de expresiones literarias. Por breve que sea, una novela es resultado de un gran
esfuerzo para erigir un mundo de ficción en el que se desplazan situaciones y personajes. Producto netamente urbano, la novela es una de las manifestaciones literarias donde
más ampliamente se refleja la vida humana, en un escenario
que aunque se reduzca a pocos personajes, implica tiempo y
espacio en los que se desenvuelve la vida. Mientras el cuen64

to se asoma a una porción de vida, y la poesía ofrece una visión profunda, o transitoria pero trascendente de la existencia, la novela es un espectáculo humano donde se mueven o actúan diversas presencias que dan testimonio del hacer humano.
En Nuevo León la novela ha tenido una historia azarosa.
Mientras la poesía y el cuento pueden ser producto de un
momento de intención creadora, la novela requiere tiempo
que pueden ser años. Así, detrás de la producción novelesca
hay una disciplina que se impone al escritor y sin la cual el
trabajo queda trunco o resulta fallido. Ha habido años en
Nuevo León en los que no se publica una sola novela. Por
otra parte, y con excepción de lo que ocurre en los últimos
años, salvo muy contadas excepciones se trataba siempre de
ediciones costeadas por el mismo autor. Hoy, el panorama
de la novela nuevoleonesa parece ofrecer un futuro más rico
y con mayor presencia que en los años anteriores. Por una
parte se han publicado más novelas que nunca antes, pero
además las obras publicadas tienen una factura más sólida y
satisfacen con mayor rigor las exigencias de este género peculiar que siempre renace y todavía tiene mucho que decir
al hombre, a pesar de aquellos augurios de hace aproximadamente tres cuartos de siglo, que vaticinaban la muerte de
la novela. En Nuevo León no ocurre esta extinción, sino por
el contrario su proliferación. Señalemos sólo como testimonio los nombres de los novelistas que han aportado obra en
los años de esta década de los noventa: Rugo Valdés, Gabriel González Meléndez, David Toscana, Mario Anteo y
Eduardo Parra, más Carlos H. Cantú, de mayor edad que los
anteriores y recientemente reintegrado a su ciudad natal,
Monterrey, después de largos años de ausencia. En suma, la
novela en Nuevo León tiene un futuro promisorio y sólido.

El teatro. También el teatro ha tenido sus altibajos. Pero
además, en este género es necesario distinguir dos aspectos
diferentes, sin lo cual se pueden crear confusiones. Por una
parte el teatro en una comunidad se puede considerar como

actividad orientada a la escenificación de obras, lo que implica el espectáculo mismo, más la presencia de un público
que hace posible esas representaciones, y por otra el teatro
puede verse como creación, es decir, como la dramaturgia
escrita por autores locales, lo que además implica el otro aspecto que corresponde a la representación. Veamos estos
dos puntos, en ese orden.
En primer lugar la representación teatral y su público.
Debemos reconocer que en esto Monterrey tuvo tiempos
mejores. Hace tres o cuatro décadas la ciudad llegó a contar
con más de una sala teatral que se mantenía abierta los siete
días de la semana, lo que implica presencia de público y taquilla en funcionamiento. Desde hace varios años, con excepción de los últimos, se estableció la costumbre de que
compañías teatrales de la ciudad de México visitaban la ciudad de Monterrey, pero salvo contadas excepciones, se trató
siempre de ofrecer teatro de dudosa calidad, animado más
bien por motivos económicos que propósitos artísticos y
culturales. Esto se hizo frecuente y podría decirse que encauzó al público local a la aceptación de este tipo de teatro,
con menoscabo del más representativo de la cultura y el arte. En estas circunstancias, los esfuerzos locales por ofrecer
buen teatro a la ciudad, que han sido muchos y muy significativos, han debido enfrentar este tipo de educación del público, si así puede decirse, condicionante del gusto y la
aceptación de ese teatro comercial. La tarea teatral de los
grupos locales se ha enfrentado así a un problema que podría tener un símil con el mito de Sísifo.
En cuanto al trabajo de creación, también como en el caso de la novela empieza a despuntar una cierta energía local
para escribir obras de teatro, después de muchos años de carencia absoluta. Sólo mencionemos el último número de la
revista Deslinde, donde se presentan nueve obras de teatro,

una de los años sesenta, el resto más inmediatas; unas breves, otras más extensas. Estas obras obviamente no son las
únicas, pero bastarían para demostrar que el teatro escrito
en Monterrey tiene ahora en la ciudad una gran presencia.
Al momento de escribir estas líneas aparecieron en la
prensa local unas declaraciones de Salvador Ayala y Julián
Guajardo. Este último dijo que «a pesar del esfuerzo que
han realizado por crear una cultura teatral, ésta no ha rendido los frutos deseados». Aquí radica, sin duda, el problema
no sólo del teatro, sino de las letras en general y sobre esto
volveremos al final de este trabajo. De todas formas, todos
quienes cumplen una actividad en el teatro de Nuevo León,
sea escribiendo, actuando o dirigiendo, merecen un reconocimiento por la voluntad y tenacidad de su trabajo, a pesar
de la indiferencia o incomprensión de la sociedad a la que
sirven.

El ensayo. Finalmente el ensayo. Si dejamos de lado los
trabajos críticos, o el análisis literario que se escriben en
Nuevo León, bien como resultado de los estudios universitarios que se imparten o se reciben, o como expresión de inquietudes o intereses personales, bien poco es lo que se tiene en este campo. Particularmente nos referimos al ensayo
que José Luis Martínez llama breve o poemático, o de fantasía o divagación, o genéricamente de creación literaria.
Por lo general, este tipo de ensayo es resultado de una práctica y un contacto regulares con la literatura, autores y libros, de modo que ahí se recogen reflexiones, puntos de vista, valoraciones o juicios sobre la literatura y la vida. Son
además, en cierta medida, producto de un ámbito literario
que se manifiesta en esta forma ensayística, lo que supone
la existencia de una cultura literaria.
65

�NUEVO LEÓN Y SU CULTURA POÉTICA
EN LAS ALTURAS DE LA CRISIS

Minerva Margarita Villarreal
Y así llegamos a las consideraciones finales sobre las letras
en Nuevo León al finalizar el siglo XX, en las que se vuelve
imprescindible tomar esta idea de la cultura literaria para
explicarnos la situación del conjunto y de todas y cada una
de sus partes. Una cultura literaria supone conocimientos,
sensibilidad, capacidad crítica y una visión de acercamiento
de todo aquello que anima y da vida a la literatura en una
comunidad. Quienes confonnan en esa sociedad esta cultura
literaria, conocen la historia de la literatura, saben de las características propias de la obra de un autor, identifican los
géneros literarios y en general conducen el conocimiento y
el estudio de la literatura en el medio del que forman parte.
La cultura literaria pueden poseerla los propios creadores,
poetas, cuentistas, novelistas y dramaturgos; también, y
además, estar presente en el público, sea éste de lectores o
de asistentes a una función teatral. Si ambos, escritores y
lectores, son poseedores de una cultura literaria, puede decirse que la sociedad como tal ostenta la presencia de esa
cultura. No se requiere que la sociedad toda esté inmersa en
esta atmósfera cultural, pues siempre serán minorías los que
participan de dicha atmósfera. Minoría son necesariamente
los mismos escritores, y minoría también los lectores y el
público atento a la literatura. La tarea de la educación y la
cultura es precisamente que cada vez sea mayor el número
de lectores y de integrantes de ese público.

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Al referirnos hace un momento a la poesía, dijimos que
la generación de Kátharsis estaba fonnada por jóvenes informados sobre lo que se escribía de poesía en México y en
su tiempo. Tenían, en consecuencia, una cultura literaria, y
por eso fue posible que tuvieran, en su momento y después,
la significación de ser contemporáneos de su propio tiempo
en relación a la poesía en Nuevo León. Puede ser que los
escritores posean una cultura literaria, muy por arriba de la
de sus lectores y público. Más difícil es pensar que se presente el caso contrario: lectores y público ampliamente informado y conocedor del mundo de las letras, y frente a
ellos los escritores carentes de esa cultura literaria, pues
66

siempre los creadores son los que empujan a lectores y público, y con ellos a la sociedad.
Para la revisión de las condiciones en que se desenvuelven las letras de Nuevo León en estos años finiseculares, es
necesario entonces preguntarnos si quienes hacen la literatura en la entidad, sea poesía, novela, cuento, teatro o ensayo, poseen una cultura literaria capaz de impulsar la creación y situarla en su propio tiempo. Responderíamos, sin lugar a dudas, afirmativamente. Consideramos que en Monterrey se vive entre sus escritores esta cultura literaria, y pueden esperarse expresiones y manifestaciones cada vez más
sólidas y maduras en todos los géneros, de manera que la literatura nuevoleonesa, como lo hemos dicho ya en otras
ocasiones, supere con mayor vigor los límites locales y alcance un reconocimiento a nivel nacional.
Si esta pregunta la enfocamos hacia los lectores y el público, la respuesta no es tan clara, y en este aspecto se requiere todavía impulsar más esta cultura literaria en la sociedad. Si para entender este problema nos acercamos al caso del teatro, es evidente que falta todavía mucho para que
la actividad teatral tenga en Monterrey un público más conocedor y más crítico, capaz de reconocer el lenguaje y las
expresiones que dan vida a esta manifestación artística. Por
otra parte, el teatro es una expresión literaria y cultural que
necesita contar con ciertos apoyos sin los cuales no es posible avanzar: adecuados espacios para las representaciones,
escenógrafos, vestuario y varios aspectos igualmente importantes. Y si el teatro requiere estos apoyos, la poesía, la novela y el cuento necesitan casas editoriales y revistas, que
también se traducen en espacios para la presencia de las letras. Mucho está por hacerse en todo esto, y dejamos aquí
estas reflexiones sobre las letras de Nuevo León, esperando
que otras voces y otras voluntades enriquezcan o modifiquen estos planteamientos, pues es evidente que una característica de la cultura literaria, y estas notas pretendan dar
una expresión de ella, es que debe hacerse entre todos.

Si este país tiende a un proceso de desmemorización de los
acontecimientos sociales; si las noticias pasan en los diarios,
pasa la violencia, imágenes de guerra, de hambre y desesperación en el campo indígena y, cuando aparentemente aquello deja de estar en ebullición, parece como si la crisis se
alejara y la ubicáramos como parte de un pasado que no alcanza a tocarnos; algo similar sucede con respecto a los canales de conocimiento de unos lugares hacia otros en México. Los aislados encarnamos la provincia, «ese edén subvertido que se calla» y aprende a vivir en el infierno del anonimato. Anónimos somos y en el camino andamos. A la larga
el desconocimiento, el hecho de saber, de conocer y de desconocer lo sabido, de negarlo pues, tiende a polarizar los sitios, los lugares. El foco se cierra en el centro mismo del
poder concentrado en una sola área.

perló poetas. Abrió un acceso para que saliera a la luz material de autores claves hoy en lo que podría ser una posible
definición de la poesía nuevoleonesa.
Después, el primer taller coordinado por Marco Tulio
Aguilera. De ahí surge un grupo de escritores: Margarito
Cuéllar, Cris Villarreal, Mario Anteo. Otros escritores seguirán con Tinta joven, el taller de la Casa de la Cultura, los
talleres del ISSSTE, los talleres de Filosofía y Letras.
Tiempo de sembrar, La hormiga herrante será una hojita
que registre el acontecer poético global. Hogaza introduce
poesía de otras latitudes. La escritura crece sin que la crítica
a su lado le otorgue sustancia; es decir, la crítica es entendida como discriminación. «Todos coludos o todos rabones»,
así se automaniata la literatura en Nuevo León. Sin embargo, hay intentos que despejan una actitud crítica: revistas
estudiantiles. La Facultad de Filosofía y Letras de la UANL
es un eje rector de esta efervescencia a principios de· los
ochenta. Luego vienen los suplementos. El Aquí vamos del
periódico El Porvenir, como un intento sólido de construcción de una vía que tienda a la consolidación de obras de
creación ya en marcha, otras, en sus inicios. Desgraciadamente, con la salida de Jorge Cantú de la Garza del suplemento, éste pronto desaparece.

En Monterrey una serie de publicaciones importantes
han sucedido desde fines de siglo pasado hasta la fecha. Hace poco, gracias a Alfonso Rangel Guerra, me enteré de que
Miguel de Unamuno llegó a publicar en una revista que hacía en Monterrey Virgilio Garza: la Revista Contemporánea, de la cual ni los mismos regiomontanos tenemos algún
ejemplar en nuestras manos. En las primeras décadas de este siglo un nuevoleonés se aventuró a editar una revista en
París: la revista Prisma. Su nombre es Rafael Lozano y a él
debemos una serie de traducciones de poesía del francés y
del inglés. También estamos en deuda con él, por introducirnos, junto con José Juan Tablada, en los terrenos del haikú. Desgraciadamente su par_adero se desconoce. Después
de Kátharsis donde publican;Gabriel Zaid, Jorge Cantú de
la Garza, Cannen Alardín e Isabel Fraire, entre otros, viene
Apolodionis, núcleo aglutinador de otra generación en la
cual destacan Miguel Covarrubias, Andrés Huerta y Gloria
Collado.

El otro suplemento, el Ensayo del periódico El Norte,
genera expectativas en sus inicios, era de varias páginas,
más tarde se le limita sólo a dos, después queda reducido a
una. Su impulsora más vital, Rosa María Villarreal, para
mala suerte de algunos escritores neoleoneses, viaja al D.F.
con el diario Reforma y allí logra coordinar su sueño: el suplemento El ángel, sueño de esa «inmensa minoría» que el
periódico El Norte no ha podido entender.

Las revistas van definiendo perfiles y, a la vez, los escritores que en ellas se expresan otorgan un perfil, una definición a dichas revistas, un rasgo esencial. Covarrubias des-

El ISSSTE tuvo un momento dorado a fines de los
ochenta y principios de los noventa. Proliferaron talleres de
creación y acercamiento a la lectura. Algunas ediciones fue67

�EL CUENTO EN NUEVO LEÓN

Héctor Alvarado
ron auspiciadas por esta institución que realmente aseguraba así el bienestar social de sus trabajadores y de la comunidad en general. La seguridad social tiene que implicar necesariamente cultura.

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La literatura es conocimiento como diría Reyes y muchas cosas más. Entre ellas, la literatura explora la sensibilidad. La reflexión a la que siempre nos conduce una buena
obra literaria puede deparar una calma interior en un ser que
no logre asimilar la crisis social y política y sus tenazas más
agudas.
Desgraciadamente a veces las tendencias que imperan
en las acciones del Estado, de acuerdo a sus agentes o funcionarios, pueden negar, desconocer esas hondas necesidades del espíritu. Entonces se abisma la posición del escritor
frente al poder que impera en forma de mafia, o de una aristocrática manera de mesa, para referirme a cierta tendencia
que ha vuelto al estilo de la corte, del entendimiento de la
cultura como cosa para señoras, y peos aún, para señoras ricas.
Revistas importantes: Deslinde, Oficio, Coloquio circulan con dificultad. La más viva, en cuanto a distribución, y
en cuanto a pluralidad ha sido Coloquio, pero, ¿por cuánto
tiempo?
A Monterrey han llegado poetas de otras latitudes que
han movido las aguas del conformismo creador. ¿Puede haber un artista, un creador que ya en reconocerse así, imitador de Dios, sea confonnista? Porfirio Barba-Jacob llegó a
principios de siglo. Después vino Pedro Garfias con el exilio republicano. Luego llegaron Margarito Cuéllar, Sergio
Cordero, José Javier Villarreal. A Cuéllar debemos una serie de tres antologías sobre la poesía de Nuevo León; a Villarreal una antología crítica del cuento nuevoleonés, publicada por el CNCA el año pasado.

El problema más serio en Nuevo León es que en la medida en que una crisis económica nacional (tal parece que la
crisis es crónica) refuncionaliza el paradigma de la metrópoli; es decir, los recursos para el centro, el centro como la
posibilidad más realista de que un escritor viva dignamente.
En el estado se reactiva la inercia, la poca visión, o la visión
deforme de funcionarios que prefieren invertir en el afuera,
en lo que ya tiene en sí una inversión federal. Se pagan
grandes sumas a escritores «nacionales» que hagan «brillar»
una función universitaria o municipal. Se otorgan becas, sí,
pero no bajo las instancias de las becas del FONCA. Las becas del estado tienen un fondo mucho menor y no son renovables anualmente.
Nuevo León no ha dejado de ser provinciano, aunque
esté revestido de macromuseos y medallitas al mérito cívico
que para nada impulsan materialmente la obra de un escritor. Se padecen vicios sexenales. Y la Iniciativa Privada sólo tiene ojos para lo que le va a retribuir una ganancia. Un
escritor «no deja». A Nuevo León le hace falta crítica y rejuego de la crítica. Le hacen falta editoriales, canales de distribución, talleres y sobre todo un Centro de Estudios Literarios. Es imposible que se estructure una orientación crítica
sin el espacio y los medios que la fundamenten. Si Alfonso
Reyes no hubiera pugnado por formar el Colegio de México, antes Casa de España, el D.F., es casi seguro, no tendría
el rigor ni la emulación imperante entre muchos de sus artistas e investigadores literarios. No hay que olvidar que se
lo debemos a un neoleonés.
Una edificación cultural puede incidir en los saldos de
inconformidad y de violencia que ahora se padecen en México; puede repercutir socialmente de manera positiva, en la
medida en que sienta las bases para establecer un diálogo
donde la violencia da paso a una voluntad de cambio. Una
vida sin arte, sin literatura estará condenada al espeluznante
vacío.

Contar, computar, dejar prueba de los actos reales o maravillosos acaecidos en un momento dado.
Esta sencilla definición de cuento ha ido evolucionando
por miles de años, desde su original forma oral hasta la literatura escrita, de tal manera que hoy día el cuento tiene una
fisonomía múltiple.
Para diferenciarlo de otros terrenos de la narrativa (relato, crónica, recuerdo, etcétera) que comparten con el cuento
ciertas características, tanto escritores como críticos han tratado de determinar los elementos constitutivos del género.
Desde luego que para cada cual el cuento posee constantes
diversas, pero en las que casi todos coinciden podrían ser
las siguientes:
El cuento desarrolla un solo suceso o tema de manera
concisa, manteniendo una tensión interna que descubre poco a poco la trama hasta lograr un efecto sorpresivo, paradójico o anticlimático en el lector.
No obstante la aparente sencillez de esta idea, escribir
un buen cuento es cuestión nada sencilla. No hay fónnulas.
En realidad no cualquier narrador tiene las dotes de cuentista o es capaz de escribir cuentos. Se requiere paciencia, intuición, autodominio del aliento narrativo (hay novelistas
que nunca logran escribir un buen cuento, y otros en los que
cada capítulo es un cuento).

11
El desarrollo del cuento en México se inicia prácticamente
en la última década del siglo XIX cuando, una vez tenninada la etapa protocuentista del periodo romántico (cuyo sendero está signado mucho por la influencia del costumbrismo
en la novela latinoamericana y las innovaciones de los na-

rradores franceses e ingleses), representada por Guillermo
Prieto, Manuel Payno y José Tomás de Cuéllar, entre otros,
se publican· los trabajos de Ignacio Manuel Altamirano, José
María Bárcena, Vicente Riva Palacio y Justo Sierra en los
cuales predomina ya un manejo original, personal del cuento que luego llevarían a su expresión más acabada, por una
parte, la corriente modernista (Manuel Gutiérrez Najera,
Carlos Díaz Dufoo, Luis G. Urbina y Amado Nervo), y por
otra, la corriente realista, (José López-Portillo y Rojas, Rafael Delgado y Angel del Campo, «Micrós»).

m
Luis Leal -junto con Emmanuel Carballo el principal estudioso del cuento mexicano- consigna en uno de sus libros 1
la publicación, entre 1887 y 1896, de 255 traducciones de
cuentos franceses en el periódico El Siglo XIX (55 de Guy
de Maupassant, 52 de Daudet, 40 de Catulle Mendes, 35 de
Coppée).
Este dato da luz sobre la popularidad que el género comenzó a tener a través de los diarios como vehículo de difusión (vendrían más tarde las ediciones en forma de colecciones, antologías y libros completos de cuentistas europeos
y norteamericanos) y que fue aprovechado por los modernistas para dar a conocer su cuentística.
En nuestro estado, aunque en menor escala, la publicación y
acaso la traducción de cuentos también tienen cabida en los
periódicos de la época. Para muestra, tenemos la siguiente:
en el diario La Voz de Nuevo León (6 de junio de 1896) apareció una versión -sin nombre del traductor- de «El baile»,
de Edgar Poe; y más tarde, el 20 de febrero de 1897, se publicó «El vestido blanco», cuento de María de Belmonte2.
Hasta donde he podido escarbar, los periódicos y revistas que se publicaban en Monterrey a principios del siglo
(La Voz de Nuevo León, The Monterrey News y El Especta69

68

�dor, entre los primeros; Pierrot, Zig-Z,ag y El Pobre Valbuena, entre las segundas) no publicaron cuentos de autores
nuevoleoneses, y de acuerdo a los índices de la Revista
Contemporánea (quizá la más importante de las publicaciones literarias hecha en nuestro estado) allá por
1909-191 O, la narrativa breve es poco frecuentada.
Si tratáramos de localizar al primer autor nuevoleonés
que publicó un libro de narrativa donde se incluyeran cuentos propiamente dichos, ese no podía ser otro que Alfonso
Reyes (El plano oblicuo, Madrid, 1920). Claro, Reyes no
escribió su libro en estas tierras, ni lo publicó aquí, ni lo
presentó en su terruño, ni nada de nada, pero con cuentos
como «la cena» demuestra ser dueño de un manejo del lenguaje y las técnicas modernas, de manera que vamos a considerarlo como una simbólica primera piedra del pequeño
edificio del cuento en Nuevo león.
Después de él, podríamos hablar de una serie de escritores nacidos entre 1890 y 1920 los cuales publicaron cuento
espaciada y tardíamente, y que representarían una suerte de
primera falange en el abordaje del género.
Los más importantes son: Eusebio de la Cueva ( 18931943), conocido más como novelista; publicó cuentos Y relatos sueltos en periódicos y revistas, y tiene un libro titulado Los niños que aparentemente se compone de cuentos para alumnos de sext~ año de primaria; Manuel Neira Barragán (1894-1985), dio a las prensas un par de volúmenes,
Cuentos para dormir (1951) y Milagro de amor y otros
cuentos (l 958); José Alvarado (1911-1974), publicó algunos cuentos de manera esporádica en revistas y suplementos
culturales (la UNAM recogió sus cuentos completos en
1977); Esteban González Westrup (1912-1987), hijo del
también escritor Héctor González, dejó su obra cuentística
en el libro La ciudad y la sierra (1982); Raúl Rangel Frías
(1913-1993), polígrafo, político, y uno de los humanistas
más importantes con los que ha contado la cultura nuevo-

leonesa; su obra narrativa (en la que hallamos cuentos aunque está más orientada hacia el relato y la crónica) está
compuesta por El reyno. Un libro de relatos (1972), y Kato
y otros relatos (1980, 1988); Adriana García Roel (1916),
narradora y periodista, no ha publicado un libro de cuentos
pero sí colaborado con éstos en diarios y revistas de Monterrey y el Distrito Federal.
Todos estos narradores combinaban el periodismo, la
novela, el ensayo, la crónica, la academia, la política o la
promoción cultural en mayor o menor medida con su trabajo cuentístico.
Nacidos después de 1920, hay varios narradores dignos
de mención. Gerardo Cuéllar (1928), por ejemplo, publicó
regularmente en Armas y Letras, mensuario de la Universidad de Nuevo León, textos de calidad en los que podía verse la mano del buen cuentista. No ha recogido sus cuentos
en forma de libro, pero tiene una novela, El pasado soñar
(1991 ); Rodrigo Mendirichaga (1930) que en 1957 publica
El secreto de las piedras y otros cuentos, demuestra un manejo fluido del lenguaje y una economía de element?s qu~
llevan a buen puerto sus narraciones; Carlos Ort1z Gil
(1931) en su libro No quiero que Alberto escriba y otros
cuentos (1955) tiene varios textos de buena factura (recuerdo, por ejemplo, «El collar de perlas») y maneja la concisión con fortuna.

IV
En la tradición literaria mexicana las revistas han jugado un
papel de primer orden. No es necesario abundar demasia~?•
tan sólo sirvan de ejemplo la revista El Renacimiento, dmgida por Altamirano el siglo pasado; Contempo_ráneos, ~isor
y testigo de la cultura mexicana en los años veinte Ytreinta;
Vuelta, que ha logrado aglutinar un equipo internacional de
colaboradores.

Alrededor de estos medios de difusión literaria nacen y
coinciden grupos y a veces generaciones; se dan a conocer
idearios, estilos, propuestas; se mantienen posiciones políticas, estéticas, ideológicas, y en ellas se guardan pedazos de
la historia de la cultura de la que emanan.
Con la publicación de Kátharsis en 1955 Monterrey da
la bienvenida no sólo a una revista literaria sino que se integra prácticamente al movimiento literario nacional. La nómina de colaboradores de la revista incluye poetas (Gabriel
Zaid, Carmen Alardín, Isabel Fraire, Arturo Cantú, Ernesto
Rangel Domene, Jorge Cantú de la Garza, Salomón González Almazán y Ramiro Garza), narradores (Hugo Padilla,
Jorge Cantú de la Garza, Ario Garza Mercado, Jorge Palacios Rebollar) y ensayistas (Alfonso Rangel Guerra, Arturo
Cantú, Homero Garza).
Atendiendo a lo que nos interesa, Hugo Padilla y Jorge
Cantú de la Garza fueron los narradores que más publicaron
en la revista. Los dos andaban por los veinte años y poco a
poco se perfilaban (como por su lado los poetas) para ser los
representantes de una narrativa vigorosa que dejaba atrás
los aspectos localistas y quería entrar de lleno en la carrera
de la literatura nacional.
A decir de Emmanuel Carballo,3 Padilla era una de las
promesas más firmes que tenía el cuento mexicano a principios de los años sesenta. Y en lo que respecta a Cantú de la
Garza, por esas mismas fechas obtuvo la beca del Centro
Mexicano de Escritores en cuento. Infortunadamente, ninguno de los dos publicó -rii lo ha hecho aún- libros de
cuento, y ambos se inclinaron por la poesía.

Kátharsis alcanzó a publicar -con sobresaltos en su periodicidad- 22 números entre 1955 y 1960, pero ya en 1959
hizo su aparición Apolodionis, editada y alimentada también
por jóvenes veinteañeros (la dirigieron pnmero José Alfonso Elizondo (1940) y César lssasi (1939), y después Miguel

Covarrubias ( 1940). Entre Apolo y Dionisio, entre la reflexión y la pasión la revista publicó 8 números hasta 1967.
Los narradores más asiduos de Apolodionis fueron José
Alfonso Elizondo (1940) que publicó relatos y crónicas.
Juan Leyva Sánchez (1941-1972) que murió antes demostrar más de sus dotes como cuentista y poeta. Horacio Salazar Ortiz (1933), narrador que mezcla la veta del cuentero
tradicional con la del cuentista logrando como resultado una
narrativa fresca y sencilla; a la postre publicaría El viento
que mueve los olmos (1972); Una historia de septiembre
(1966), y Río de Aguas azules (1993). Miguel Covarrubias
(1940), a mi entender el escritor más preparado y consciente
del oficio surgido de esta aventura editorial, a partir de entonces cultiva el cuento y el minicuento; dueño de los recursos de un buen narrador breve, utiliza la concisión, el humor, la ironía y la precisión con mano segura; ha publicado
Custodia de silencios (1965); Minusculario (1966).
En Apolodionis publica una única ocasión Irma Sabina
Sepúlveda (1930-1988), acaso la escritora que ha sido más
fiel al género; su producción incluye teatro y poesía sólo
tangencialmente pero es en el cuento en donde halla su vocación al publicar tres libros: Agua de las verdes matas
(1963); Los cañones de Pancho Villa (1968) y El agiotista
(1970). El primero de estos es, a mi juicio, uno de los mejores libros de cuento que se han escrito hasta ahora en Nuevo
León. La cuentística de lrma Sabina Sepúlveda se destaca
porque, a pesar de que muestra afinidades con la obra rulfiana, construye personajes muy bien definidos y maneja
con eficacia el discurso oral de los campesinos, el humor y
el paisaje del noreste. Poco dada a aparecer en publicaciones (si no me equivoco su último cuento apareció en la revista Estaciones de la Secretaría de Educación y Cultura en
1984) o eventos, debemos lamentar que no haya ofrecido talleres o tenido ascendiente sobre los jóvenes narradores de
Nuevo Léon.
71

�(Aquí cabe un paréntesis temporal para decir que a finales de los años 50, el periódico El Porvenir publicó el primer suplemento cultural en la historia moderna de Nuevo
León (dirigido por Hilda Moreno) que sería el antecedente
de El grillo verde, suplemento del mismo diario que editó el
cuentista Hugo Padilla en 1962, y otro suplemento que en
1968-69 editaron Jorge Villegas y Hermila Martell y a través del cual hicieron sus primeras armas narradores como
Abraham Nuncio y Rosaura Barahona, identificados con las
generaciones más recientes.)

72

tad editorial, la poesía sentaba sus reales como el género
más abordado, aunque no faltaron los narradores como Mario Anteo, Gabriel Contreras y Jesús de León, por ejemplo,
que tomaron la estafeta del cuento a partir del principio de
los años 80.
V

La aparición de suplementos culturales publicados cada semana por los periódicos es, para los escritores de Monterrey, la mejor oportunidad y a la vez el más difícil reto. Para
una ciudad que aún hoy carece de una editorial importante,
prestigiosa o siquiera eficiente en el manejo de la distribución, los suplementos culturales fueron un vehículo para hacer contacto con los lectores de una literatura que apenas se
daba a conocer.

La revista que entra al quite de Apolodionis es Salamandra cuyo primer número circula en 1969, dirigida por Alfonso Reyes Martínez. La publicación aglutina a buena parte de los colaboradores de Apolodionis, pero además incluye trabajos de artistas del Taller de Artes Plásticas de la
Universidad (por ejemplo Gerardo Cantú, Guillermo Ceniceros, Armando López). En Salamandra se publican cuentos de José Revueltas y el avance de la novela Se está haciendo tarde, que José Agustín publicaría en 1973. Salamandra aparece en nueve ocasiones hasta 1973, y podríamos decir que desde entonces las revistas literarias o que
dan cabida a la literatura en sus páginas han sido contadas y
no han aparecido (salvo casos aislados como Oficio, Diálogo y Deslinde) prolongadamente.

A principios de 1981 se funda El volantín, dirigido por
Luis Martín en El Diario de Monterrey y a los pocos meses,
Jorge Cantú de la Garza inicia en El Porvenir, el suplemento Aquí vamos. El periódico El Norte funda el año siguiente
Ensayo, y El Nacional abre espacios a la literatura desde
1987. Así pues, cometiendo errores, pagando noviciados los
escritores se aglutinan alrededor de estos medios para convertirlos en trinchera y tribuna.

Con todo, los órganos surgidos a partir de entonces ya
son alimentados por una nueva hornada de escritores, y vale
la pena aunque sea un rápido recuento: Cathedra, editada
por la UANL de 1974 a 1979; Caligrama, editada por el taller -y posteriormente grupo- del mismo nombre de 1977 a
1979; Los doce tubos, la revista i y Hogaza, publicadas por
los multipremiados y nunca bien ponderados poetas José Javier y Minerva Margarita Villarreal entre 1980 y 1983; Taller, publicación del taller Pedro Garfias de la Casa de la
Cultura de Monterrey; Palabras para llevar, del taller de
creación de la UDEM. En casi todas estas publicaciones, a
veces por cuestiones de espacio reducido, otras por volun-

En estos foros: 1) Confluyen varias generaciones de escritores (Alfredo Gracia Vicente ( 1910), Horacio Salazar
Ortiz (1933), Ricardo Elizondo (1950), Carlos González
Covarrubias (1969), por ejemplo); 2) Los escritores jóvenes, hasta entonces diletantes, asistemáticos y despistados,
adquieren una disciplina que los acerca a profesionalizar su
tarea; 3) Se crea paulatinamente no sólo un panorama de la
literatura sino también de la cultura dancística, teatral, científica (de esta última bastaría recordar las deliciosas crónicas-ensayo que sobre ciencia y tecnológica publicaba Horacio Salazar Herrera en el Aquí vamos) y cinematográfica
Una vez afirmada la disciplina que implicaba el trabajo se-

m~nal, el paso siguiente fue la fundación del Centro de Esc~1tores de Nuevo León en 1987, a instancias de Jorge Cantu de la _Garza, a tr~:és del cual los escritores jóvenes armaron,_ r~v1saron y criticaron los libros que ya eran capaces de
escribir y que unos años atrás se antojaban imposibles.
Los cuentistas más importantes del periodo de los suplementos culturales-Centro de Escritores (que yo establecería
de 1981 a 1991) son Ricardo Elizondo (1950), quien a pesar
~; no haber publicado muchos cuentos o relatos sueltos (en
80 ~~arec1ó Relatos de mar, desierto y muerte y en 1984
M~ur~lta Maldonado y otras simplezas, ambos bajo el sello
ed11onal de la Universidad Veracruzana), colaboró activamente desde la fundación del Aquí vamos en 1982. Elizondo
mezcla c~n fortun~ la antropología, la historia y el foclor
para refleJar narratJvamente a su tierra. Cristina Villarreal
Navarro ( 19~9) ab~rda en casi todos sus cuentos el aspecto
de la denun~1a socia_l, la militancia y el activismo político,
sus ~~sonaJes son siempre idealistas que se enfrentan a la
delac_t~n, el paso del tiempo que los deteriora, o la renuncia
definn1va de sus convicciones ante el fin de la utopía· en
1986 pu bJ'1~ó Nosotros los de entonces. Mario Anteo ( 1955)
'
es un cuentista urbano; tomando como base la crónica urbael h_~mº'.• el habla coloquial y una preocupación por la
orrecc1on sintáctica logra mostrar una especie de fresco de
Monterrey en sus cuentos; tiene publicada una novela (EL
reyno en c~Lo) Y~uy proflto Castillo ediciones pondrá a circular su pnmer libro de cuentos. Fidel de la Garza ( J940)
aunque n~ ~u bl'ic6 sus relatos en el Aquí vamos era colabo-'
rador _cotidiano, y en 1987 apareció su libro A/ cuerpo lo
ql(e pida.

;ª•

. Gabriel Contreras (1959), es un escritor que alcanza registros muy variados y maneja distintos géneros con fortuna. Contreras ha publicado, junto con Jesús de León Pame/a del Ríop
·
. el Rencor, libro
. ' en el
or nosotros mismos
o Ba10
d~eL:e- muestra la vena satí~ica de ambos narradores. Jesús
on (1953) aunque salt1llense ha logrado vincularse de

manera importante con los proyectos literarios de Monterrey (baste_mencionar que De León fue el mentor en sus talleres d: lectura y creación de algunos de los narradores que
hoy estan en la escena literaria como Julio César Méndez,
Ro~ualdo ?allegos y Guillermo Berrones); en 1987 la editorial Prem1á publicó su libro de cuentos Afuera hay un
mundo de gatos.
Julio Cés~ Méndez (1940), es un escritor que se ubica
en_tre la crónica, el relato y el cuento y de ellos hace una
~1x~ura de la que resulta una narrativa peculiar, llena de
•roma y humor que no descarta la escatología y la nota roja·
en pocos días la colección Abrapalabra de Guadalupe d á '
¡
·
¡·b
ar a
uz su pnmer I ro de cuentos, Platos de segunda mesa. Ro~ualdo Gallegos (1962) en su libro Nostalgia por los marc1a!1os (también. en Abrapalabra) da prueba de que tiene
fluidez y el nervio del cronista, y en algunos de los textos
del volumen !º~ra tejer cuentos. Gallegos y Guillermo Berron~s (este ultimo más dedicado a la crónica urbana)° han
~ubl_1cado constantemente en el suplemento Ensayo del penód1co El Norte.
.
, . Dulce María González (l 958), escntora
c~n una vena_hnca que la acerca al poema en prosa, ha pu?licado dos l'.bros: De mujeres y otros cuentos (colectivo
Junto,con AleJand~a Rangel y Lidia Rodríguez) y Detrás de
la mascara (Prem1á, 1993, escrito con la beca 1988-89 del
Centro de Escitores). En un apartado de este último González muestra un dominio del cuento brevísimo.
Patri~i~ Laurent Ku_llick ( 1962) es una narradora que
avanza rap1damente hacia una posición importante en las letras del es~do. ~sta y otras ciudades (CONACULTA,
1991) su pnmer hbro (escrito con la beca 1989-1990 del
Cen_iro de Escrit_ores) tiene cuentos de muy buena factura y
su hbro más reciente, Están por todas partes, aunque abandona el género cuentístico muestra las señales de una escritora _en busca de un estilo propio. Joaquín Hurtado 0960),
publica Guerreros y otros marginales (CONACULTA
1994, parte de este libro fue escrito con la beca 1990-91 deÍ

�EL TEATRO DE NUEVO LEÓN

Eligio Coronado
Centro de Escritores) y se suma a los narradores q~e ponen
la crónica urbana como sello distintivo de su trabaJo; el volumen de Hurtado posee algunos cuentos de una crudeza te-

No iré más allá ni mencionaré otros nombres, porque
hay que darle tiempo al tiempo con los más jóvenes o aquellos que rondan el cuento pero no se deciden a dar el salto.

rrible.

VI

Zacarías Jiménez (1959) publicó en el volumen colectivo El capitán de dos armas (y otras historias), ~~L,
1993, y en él se muestra una tendenci~ al juego onmsta o
absurdo que combina anécdotas de barriada con verdaderos
cuadros surrealistas; Jiménez publica regulamente en Ensayo. Alfredo Zapata Guevara (195_9) se destaca por su c~nstancia, casi militancia en la crónica y el relato urbanos, es
otro de los colaboradores que han hecho del suplemento Ensayo su foro de incidencia hacia los le~tores d~ Monterrey;
la UDEM publicó su libro De aquí nadie sale vivo, en 1993,
y Ediciones Castillo, en 1994, Esquina bajan.

El recuento emprendido hasta aquí es nada más un panorama
que tal vez permita acercarse al cuento que se ha desarro~lado
en el estado. En este sentido será justo señalar el trabaJo de
José Javier Villarreal en tomo al quehacer de diez cuentistas
nuevoleoneses4 como el primero en abordar el tema.

Para terminar, consigno a los escritores que han publicado recientemente sus primeros volúmenes de cuentos. El caso de Rosaura Barahona (1942) al publicar su libro Abecedario para niñas solitarias, resulta no tener igual_~n la
cuentística del estado. Publicado bajo el sello de Ed1c1ones
Castillo el libro de Rosaura está compuesto de 27 cuentos
alfabéti~amente dispuestos y dedicados al mism? númer?
de mujeres que los protagonizan. Imaginativo, crítico, scns1:
ble el libro le ha gustado tanto a los lectores que hoy esta
viendo la luz su tercera reimpresión.
Eduardo Antonio Parra (1965) es un excelente narrador
que tiene entre sus preocupacion~s estilíst!cas la búsqueda
de un lenguaje de la frontera méx1co-amencana y sus escenarios. Su ópera prima se titula El río, el pozo y otras fronteras (Gobierno de Nuevo León, 1994). Gabriel_a Riveros
( 1972), joven cuentista y poeta que está por definir su abordaje literario, publicó Tiempos de arcilla.

Partiendo de estos esfuerzos, más adelante, quizá e~ estas mismas páginas, podrían publicarse artí~ulos ~ás sistemáticos, análisis por autor, simpatías y d1fere_nc1as entre
ellos, correspondencias con otros cuentistas meXIcanos de l_a
capital O el interior, referencias a obras y autores no conocidos reflexiones en torno al cuento como género. Por ahora,
bas~en estos apuntes para ubicar siquiera cronológicamente
a los autores y los libros de cuento en Nuevo León.

Notas
1 Leal,

Luis (Sel. y pres.) El cuento mexicano. De lo~ orígenes al
modernismo. Ediorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), Buenos Aires, 1966, 140 p.

2

Estos datos me fueron facilitados ·¡,or el historiador Meynardo
Vázquez.

3 Carballo,

Emmanuel (Sel., pról., cronología y notas). El cue_nto
mexicano del siglo XX. Empresas Editoriales, S.A., México,
1964, p. 72-73.

4

Villarreal, José Javier (Sel., pról. y notas). Nuevo León, entre la
tradición y el olvido. Cuento (1920-1991). CONACULTA,
México, 1993, 295 p.

El teatro como representación escénica ha producido en el
Nuevo León de estos últimos cuarenta años, un sinnúmero
de buenos directores, excelentes actrices y notables actores,
en cantidad suficiente como para satisfacer los gustos más
variados: Julián Guajardo, Rubén González Garza, Luis
Martín, Sergio García, Javier Serna, Vinna González, Delia
Garda, Minerva Mena Peña, Irma Lozano, Elisamaría Ortiz
(creadora del Núcleo Arte Teatral en 1948), Nuria Bages,
Rosa María Villarreal, Carlos Ancira, Clemente Monárrez y
Jorge Segura, entre otros muchos.

be de Rocha, Mario Cantú Toscano y Eligio Coronado, entre otros.

Pero el teatro como creación literaria, como elaboración
de personajes y entretejedura de situaciones, no había tenido el auge que ha experimentado en los últimos diez o quince años, a excepción, claro, de Jorge Lozano e Irma Sabina
Sepúlveda, quienes, durante los años sesenta crearon varias
piezas breves de notable manufactura.

En 1988 apareció la revista Quirófano Teatral, única en
la historia de Nuevo León especializada en este género.

Sin embargo, es hasta la década de los ochenta cuando
los dramaturgos nuevoleoneses despiertan no sólo para invadir la escena, sino también los espacios de las revistas y
los suplementos culturales, además de obtener premios nacionales, becas en el extranjero y motivar la institución de
concursos de dramaturgia en diversas dependencias educativas, sociales y culturales, así como ciclos de lecturas en
atril, formación de grupos teatrales y hasta una revista especializada.
En la actualidad contamos con dramaturgos como Hernán Galindo, Guillermo Alanís, Rubén González Garza, Virgilio Leos e Irma Guadalup~ Olivares que han ganado premios nacionales, junto con los menos activos, pero también
premiados, Xavier Rodríguez Araiza y Artemio Benavides.
Dentro de la misma nómina, aunque con distintas frecuencias de participación, se hallan: Reynol Pérez Vázquez,
Gabriel Contreras, Adolfo Torres Peña, Homero Galarza,
Zacarías Jiménez Méndez, Erick Greene, Blanca Laura Uri-

Estos dramaturgos consiguieron que la UANL instituyera, en 1987, un concurso regional de dramaturgia (hoy nacional). También la UDEM creó un concurso de teatro en un acto ese mismo año. Otras instituciones como el Partido Revolucionario Institucional, el Círculo Literario Angela Figuera
y la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Monterrey
han auspiciado concursos de teatro recientemente.

El año pasado (1993) un grupo de autores fonnó el primer club de dramaturgos de la entidad: DRAMAS Nuevo
León, que sesiona regularmente y en Ia actualidad realiza su
segundo ciclo de lecturas en atril.
También la Dirección de Artes Escénicas de la Subsecretaría de Cultura de Nuevo León ha organizado dos ciclos
de teatro en atril en 1992 y 1993.
Finalmente, para reconfirmar la creciente importancia
de la dramaturgia nuevoleonesa, la revista Deslinde (de la
Facultad de Filosofía y Letras de la UANL) acaba de dedicar su más reciente número (41-42, de julio-diciembre
1993) a los autores teatrales, publicando nada menos que
nueve obras, de las que ocho son actuales y la otra es de los
años sesenta.
También el Gobierno del Estado, a través de la Coordinación de Publicaciones y Proyectos Especiales, ha destinado una de sus colecciones editoriales (El gesticulador) a la
difusión y rescate de los textos dramáticos.
Además, hace unos dos meses se celebra en Monterrey
el ciclo «Protagonistas del Teatro Regiomontano» donde,
75

�LETRAS IMPRESAS PARA EL SIGLO XXI

Arnulfo Vigil
periódicamente y por parejas, se reúnen a c~ntar ~us experiencias aquellos que han hecho posible la existencia de este
género en nuestra ciudad.
En estos grandes r~sgos faltan nombres, lo~ros y r~conocimientos, porque la historia es una materia irreductible;
por ello remito a los interesados en nuestr~ teatro al volumen enciclopédico Desde el Cerro de la Silla: Artes y Letras de Nuevo León, editado por la UANL en 1992, donde
Dulce María González escribió la historia del teatro nuevoleonés en el presente siglo.

lt

Quizá porque materialmente es imposible condensar en
unas pocas páginas los géneros literarios producidos en un
tiempo determinado en un lugar equis, o porque la academia
no lo permite ni tampoco las funciones burocráticas, a Alfonso Rangel Guerra se le olvidó mencionar entre los géneros literarios a la crónica periodística. Más allá del deslinde
y/o cuestiones estéticas entre los géneros, el trabajo diario
de Guillermo Prieto, Salvador Novo, Carlos Monsiváis o
Vicente Leñero tienen el común denominador de ser considerados obras literarias.
Al zanjar Rangel Guerra este género, está haciendo a un
lado los valiosos trabajos de José Al varado -citado por él en
el género de cuento-, Pedro Reyes Velázquez, José Navarro, Mario Martínez Oseguera, o periodistas más recientes
como Obed Campos (en la nota roja), Sanjuana Martínez
(en la crónica política), Santiago González. Si bien es cierto
que las excepciones se cuentan con los dedos de una mano,
también es cierto que en Monterrey - indistintamente que
sea Nuevo León- en este campo no estamos en un erial.
Hace falta una recopilación de este tipo de trabajos. El periodista no es sólo la nota efímera, es, también, cultura. Y hay
excelentes trabajos en la sección deportiva e incluso en la de
sociales (hay que leer a José Caballero). Pero también hacen
falta recopilaciones de las obras de autor, conjuntos temáticos, selecciones por autor y por años. Hace falta este tipo de
libros. Y también la producción de libros en general. Pero,
más que esto, es necesario hacer el matiz, hace falta la comercialización y la distribución de los libros que se hacen, desde
varias instancias, en Monterrey y el estado de Nuevo León.
Con esto me acerco a lo que es mi inquietud. Rangel
Guerra señala y lo hace bien que «la poesía, la novela y el
cuento necesitan casas editoriales y revistas, que también se
traducen en espacios para la presencia de las letras». Con esfuerzos y desvelos, y luego de mucho batallar, la producción
editorial se ha acrecentado en Nuevo León. Diversos orga-

76

nismos y sobre todo la participación de personas con una vocación casi franciscana por los libros lo han hecho posible.
Desde la independencia y la autogestión y al margen de comercialismos simplones, también esto ha sido posible.
Puedo decir que la producción y la edición de libros,
desde folletos hasta libros de arte, ya no es un problema. Se
hacen libros, libros bellos y libros de arte. El problema es la
parte segunda: la distribución y comercialización de los libros. No tiene caso invertir un presupuesto en la edición de
un libro si se va a quedar en la bodega, si el autor no va a
obtener regalías y si el libro se va a regalar.
Es bueno que la edición de libros se incluya como parte
de un programa de cultura, es bueno, pero no suficiente. Es
necesario que el libro acceda a los canales de comercialización para que llegue a los lectores, que tampoco son muchos, y que produzca dividendos que permitan la continuidad de ese mismo programa cultural.
Pero con esto nos enfrentamos al monstruo de la comercialización. La distribución es la catacumba de las publicaciones. La producción de un libro es barata. Su encarecimiento viene porque al salir al público el libro debe hacer
ganar al transportista, al vendedor, al distribuidor, al empacador. Dicho proceso dará un producto caro al consumidor.
Si los lectores de literatura son pocos, más pocos son los
lectores que puedan pagar precios elevados por un libro, por
más que les guste.
Es necesario, entonces, para sufragar los dos problemas,
la creación de una empresa cultural descentralizada, que sea
capaz de colocar el producto en los puntos estratégicos, de
entablar negociaciones internacionales y crear un circuito
en el país. Con la administración de este movimiento y obviando intermediarios el libro puede ser barato y estar en
manos de los lectores y, lo más importante, concitar nuevos
lectores, para la satisfacción total de los escritores.

�DOS NOTAS SOBRE LA LITERATURA DE
NUEVO LEÓN

Humberto Salazar
gel Guerra, Jorge Cantú de la Garza, Miguel Covarrubias,
Rosaura Barahona y Alfonso Reyes Martínez, entre otros.

1
Aunque varias personas muy inteligentes me han dicho que
se trata de un esquema pobre, casi siempre que abordo el tema de la literatura de Nuevo León lo hago con el esquema
de las generaciones, pues me parece que resulta fructífero al
analizar históricamente, a grandes trazos, nuestra pequeña
tradición literaria.
De hecho, una de mis impresiones actuales es que el florecimiento o relativa riqueza que vive nuestra literatura actualmente es producto de la coexistencia pacífica de, al menos, tres generaciones de escritores y hombres de cultura en
Monterrey. Creo, también, que otros momentos de auge artístico en Monterrey, como los que se dieron en torno a los
años de 1880, 1909 y 1955, fueron resultado de la suma de
esfuerzos de dos o más generaciones que, en vez de pelearse entre sí por el capital cultural, trabajaron alrededor de
ideales comunes.
La camada que hoy funge senatorialmente en la cultura
regiomontana es la de los escritores nacidos entre finales de
los años veinte y principios de los cuarenta, y que en otro
momento he llamado Generación Kátharsis-Apolodionis; la
intermedia aglutina a los nacidos en los cincuenta y principios de los sesenta, que se hizo en general en los talleres literarios; la promoción más reciente, la de los jóvenes veinteañeros, incluye a los nacidos después de 1965 y se encuentra todavía en fonnación.
El auge que se percibe actualmente en Monterrey, de autores y ediciones, es el producto del trabajo entusiasta de estos tres grupos. De la camada mayor, el actual estado de cosas debe mucho a promotores culturales como Alfonso Ran78

Y también a algunos mayor!!S como el español regiomontano Alfredo Gracia Vicente y Raúl Rangel Frías.
En la generación intennedia es destacable que varios de
sus miembros han alcanzado cierto reconocimiento fuera
del ámbito propio de Nuevo León, sin tener que marcharse
a la metrópoli: Ricardo Elizondo, José Javier y Minerva
Margarita Vi\larreal, Margarito Cuéllar... Y también es importante el esfuerzo que algunos escritores de este grupo realizan por estudiar y recuperar, sin ánimo parroquial, lo valioso de nuestra historia literaria.
La promoción de los más nuevos, contemporánea del fin
de las ideologías y la globalización, aporta por el momento
su entusiasmo, su prisa y su antisolemnidad.
2

Creo que la mayoría de los escritores de Nuevo León estamos de acuerdo en cuanto a la importancia de recuperar
nuestro pasado cultural, en cuanto a la importancia del oficio y sobre la necesidad de profesionalizarnos cada vez
más, en que hay que buscar la mayor calidad posible en
nuestras ediciones y empresas culturales. Pero estamos descubriendo, con mayor o menor amargura, que nos faltó pensar en un elemento imprescindible del circuito social que
llamamos literatura: los lectores. Podemos escribir libros
buenos, malos y regulares, editarlos cada vez mejor, distri·
buirlos en Monterrey y otros lugares del país, con grandes
esfuerzos pero, entonces, el cubetazo de agua fría en pleno

A nivel individual podemos jugárnosla y tratar de acceder a las_ editoriales, revistas y medios literarios nacionales.
Con variadas posibilidades. A nivel de conjunto, podemos
tratar de crear e~ nuestro propio medio, Monterrey, y Nuevo León, el ambiente propicio y receptivo a nuestros esfuerzos. Es además el camino natural, aunque no libre de escollos.
¿?u~ hemos hecho los escritores de Monterrey por crear
un publico lector en nuestro propio ámbito? ¿No deberíamos buscar a nuestros posibles consumidores en los medios
q_ue ellos frecuentan, como el periódico, la radio y la televi:ón, el _c~fé y las es~uelas, en vez de andar haciendo nuesas re~1stttas y publicando libros bonitos que van a leer los
18 amigos de siempre?
Además de este gran trabajo por hacer de crear nuestro
mercado ~ultural local, creo que tenemos ~or delante el reto
de crear instancias y proyectos literarios interesantes que
desde Monterrey, y rat1·fiicando nuestro mítico
. espíritu em-'
prendedor, enriquezcan el proyecto (en opciones y expresiones) de la cultura mexicana. Cosa nada fácil y que descalific~ de entrada chantajes y quejas contra el centralismo Televisa y otras rea1·d
. dejar
. de existir, nos lleven
'
I ade~ que, sin
a
fortalecer
el comprom1so
· de trabajar
· en la construcción de
.
realidades nuevas, que todos deseamos.

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rostro: ¿quién quiere leernos?

79

�LA DESMODERNIZACIÓN

COLECCIONES EDITORIALES DEL GOBIERNO DE NUEVO LEÓN
. ] • La sangre devota
,
,
'a] • Los muros de agua [ narrativa
.
.
El mono ramátíco [ensayo] • Arbol de polvora _[poesi
t • La vfbora de la mar [infantifj • Signos en
[historia]~ ¿Águila o sol? 1opera prima] • El ges~~ulr.orJ:ªs:jales] • Los recuerdos del porvenir [edicione~
. , [ciencia/tecnología] • El cura de TamaJon cien . d
1 [ demos] • Los hombres de Nuevo Leon
rotac1on
_
ria invención] • Reloj e so cua
especiales] • Inventando que _sueno [vaLa B'bl' teca de Nuevo León• Documentos.
[ biogra.fia] •
t to

,

me due/,e/ Claudia Villarreal • Poemas tártaros/José
mirando elfuego/ Gabriel Con~e~ • Otra vez la
Luis Cendejas • Teatro e historia/Gmllenno Sc~mthu~r • S~lanza del vache Yuri/Yuri Vlad1m1r Del~do
'da/Xor e González • Gestus/Dulce Mana onz ez p d Garfias • Belisario de jesús García/ Gmllermo
vi
. g_ il/Raúl Caballero• Deso/,edady otros pesares/ e ro
/ H mberto Martínez • Poesía 1967-1989/
• El agua inmov
.
. Al
d • Cartas y otras /,ecturas u
. ,
Dávalos Arnaya • Miztoquio/Lms Javi_er ~ : º• Las cosas poseen un nombre único/Rosa Magdalena J1menez 1de
Andrés Huerta• Teatro/ Heman Galm o
M, .ca Treviño • Armas y Letras. Boleun mensua

LIBROS PUBLICADOS: D~ minutos par~ saber dó:~i

•~~!:~~dl~:;a;~~:;~: t~~~t~¡l~~;f

::~:~;~~:~t:~:~~n;~;[~~«¡;l~J

~{:ne;:iiii~i:ii!:~~f
González. Prólogo y notas de Alfonso ~ngel _Gue~ [ • Antología de la poesía nuevo/,eonesa/ Sdecc1on, prol?_go
alcoba/Vicente Quirarte • Siete llav~/~mdy Gtc~man León] • Nuevo León: el paisaje y su espey~/Pre~entac1~n e
notas de Eligio Coronado [col. La B~blioteca. e ue~: o Padilla • Transgresiones/ José Fran~1sco V1llarr:a
Jorge Cantú de la Garza.• Los dias dest~itadt~t5-19i0 [Edición facsimilar] • Escritos/Ra~I Range_l 7~~fugio
• Kátharsis, revista literana de Nuevo Saleon, [ l La Biblioteca de Nuevo León] • Ga/,ería _de es~1os d ;..., /
,
d Humberto azar co ·
· rafi ] • De mi familiar e5..,,.o
6
sf::c;:~;!ºJ~s:::resede N~o Leó:. ::;;::c~s~!
decir lo que quieras/ Malena
Abelardo Treviño • Postales de los anos ~ p
t
Jront~as/
Eduardo
Antonio
Parra
Múzquiz • El no, el pozo Y O ras
• Od a la tipogra.fia/ Pablo Neruda
• La Academia de Música Beethoven/ Alfonso Ayala Duarte
a

s~:~:;;~~::~~;ue~:

. ,. • Antolouia del cuento de Nuevo
_ /I ·
Morales Mons1va1s
b"
¡
DE PRÓXIMA APARICION: Jn~o de m~~~ot~~iblioteca de Nuevo León] • Al otro ~do del mar
León. Selección, prólogo y notas d~ Hector Alva/J , Jarí~ Mendiola • El acto textual/ Fernando Cune!
Eduardo Langagne • El libro del bruJo ose

,

, . " "U iversitaria" Restaurantes
" "
·11 " "1 taccíhuatl" "Tecnologico , n
," b ,"
, Casu O • z
C
' ráneo MARCO, Librerías de San orn s'
Museo de Arte ontempo
,
"Vip's", Librería del Museo de Monterrey, , Ar hivo General del Estado de Nuevo Leon.
Pinacoteca de Nuevo Leon, c

TA EN: Librerías "Cosmos
DE VEN

,
ES y PROYECTOS ESPECIALES DEL GOBIERNO DE
COORDINACION DE PUBLICA~IO:
col Obispado, Monterrey, México
602
Teléfon~~~~3~ 15 63 • 333 71 44 • 348 11 72 y FAX: 333 72 64.

NUEVOLEÓ~

Benigno Benavides Martínez
La modernización es un tema que cada vez se oye menos en el discurso
de los políticos mexicanos y que
tiende a desaparecer de la actualidad,
para quedar posiblemente circunscrito a los ámbitos académicos de los
cuales fue sustraído para convertirlo
en parte de la política. En su interconexión con el ambiente político, la
modernización se convirtió en tarea
obligada y casi en una nueva ideología, tomó auge y creció en base a esta conexión, pero también debe su
descenso y su posible desaparición a
la misma dependencia de lo político.
La asociación de la modernidad (término filosófico-social) con la política
(entendida en este caso como práctica), trajo como consecuencia para la
primera quedar impregnada de finalidades y compromisos de transfonnación de la sociedad, perdiendo mucho de su sentido académico, mientras que la política quedó envuelta en
análisis académicos, planeación y racionalidad de acciones. Ahora que
esta ligazón tiende a aflojarse, conviene hacer un análisis de los logros,
limitaciones y circunstanci~ que la
condicionaron. Para este propósito
podemos partir del est.udio realizado
por Henri Lefebvre en su Introducción a la modernidad, quien nos
ofrece un marco conceptual propicio
para establecer el análisis.

De acuerdo al citado texto de Lefebvre se hace necesario distinguir

entre modernismo y modernidad.
«Por modernismo entendemoi, la
conciencia que toman las épocas, los
períodos, las generaciones sucesivas
por sí mismas; el modernismo consiste, pues, en fenómenos de conciencia, en imágenes y proyecciones
de sí mismo, en exaltaciones compuestas en gran parte de ilusiones y
un poco de perspicacia. El modernismo es un hecho sociológico e ideológico. Se le descubre in statu nascendi, con sus pretensiones y sus
proyectos fantásticos en la prensa.
Se le reconstruye en las exposiciones... Por modernidad entendemos,
por el contrario, un pensamiento que
comienza, un bosquejo más o menos
forzado de crítica y autocrítica, una
tentativa de conocimiento. La encontramos en una serie de textos y
de documentos que llevan el sello de
su época y, sin embargo, van más
allá de la incitación de la moda y de
la excitación de la novedad. La modernidad difiere del modernismo como un concepto en vías de ser formulado en la sociedad difiere de los
fenómenos sociales, como un pensamiento difiere de los hechos». (p.
11) La popularidad del ténnino
«modernización» fue producto de su
adopción dentro del discurso oficial
mexicano. De pronto, invadió todos
los ámbitos de la vida nacional: la
educación, la salud, la economía, los
sindicatos, las empresas, etc. Estos
asumieron la modernización como

•
un objetivo que había que alcanzar,
a veces en contradicción maaifiesta
con las estructuras en las cuales se
sustentaba aquello que se pretendía
cambiar. Resultaba paradójico que
los sindicatos hablaran de modernizarse, al igual que la burocracia, las
empresas y el estado. Por ello, se
puede afirmar que la modernización
no era algo homogéneo en su interpretación ni en los hechos concretos
que se desarrollaban en base a ella.
La distinción entre modernismo y
modernidad que establece Lefebvre
se vuelve fundamental en vista de la
heterogeneidad y contradicción de
los hechos a los que hace referencia.
Para el grupo dirigente dentro d~I estado mexicano, su política puede ser
considerada como modernidad,
consciente de sí mismo y de sus fines, sin embargo, para la mayor parte de los sectores políticos mexicanos, la modernización no pasó de ser
modernismo, una moda, una ideología, un hecho social, desprovisto de
crítica y de conciencia de su lugar y
de su perspectiva.
La modernización no llegó a
convertirse en modernidad; ahora,
tendrá que dar paso a un nuevo modernismo, a una nueva ideología y
nuevos objetivos. Posiblemente, debido a su falta de modernidad, la
modernización tenga que ser olvidada, como cosa del pasado, con la
obligación, por parte de los sectores
81

•

�políticos, de superar ese pasado por
algo más adecuado a la nueva época;
se daría un proceso de renovación en
el que habría que dejar atrás el pasado y fortalecer el futuro, un proceso
que resulta de alguna manera contradictorio puesto que en él se deben
combinar olvido y aprendizaje en
fonna selectiva, olvido de lo anterior
y aprendizaje de lo nuevo, como paradoja de la educación política.
Esta situación tan contradictoria
bien podría aceptar como título el
término «desmodernidad» que Roger Bartra usó para llamar a la posmodernidad en un artículo que forma parte del libro Oficio mexicano,
en el cual hace uso de la homofonía
que tiene el vocablo desmodernidad
con cierto ténnino del idioma inglés
y «visto el desmadre que impera en
el mundo» (p.19)
La modernización, antes de ser
superada, podría ser evaluada para
así reconocer sus alcances y sus obstáculos. Para ello, a continuación se
analizan algunos puntos que se consideran ilustrativos en este aspecto.
Comenzamos con el ámbito político por ser este campo el que lo impuso y en donde habrá de concluir.
Las ~lecciones en México son represen .ativas para conocer lo que ocurre en la modernización política,
pi .esto que en ellas se conjugan di-

versos aspectos. Las acusaciones de
fraude electoral permanecen en
nuestro país, casi como algo inherente al propio sistema electoral, matizadas con protestas que van desde
la denuncia hasta los bloqueos y las
tomas de recintos públicos. Aunque
los progresos en materia electoral
son evidentes no puede afirmarse
que los procesos electorales hayan
sufrido transfonnaciones radicales
hasta alcanzar la confiabilidad de la
sociedad. Las protestas de fraude tienen éxito debido, precisamente, a la
falta de evidencias objetivas, generales y contundentes como para afirmar o negar un triunfo en las urnas.
Además del sistema electoral, la
presencia de un solo partido de grandes dimensiones, con amplia cobertura en todos los niveles electorales
y con antigüedad en los triunfos, no
muestra tampoco indicios de cambio
significativo. Su estructura corporativa persiste a pesar de las reformas,
dejando con poco efecto la participación individual y la posibilidad de
elecciones internas abiertas a todos
sus miembros. Las reelecciones en
los sindicatos, los líderes vitalicios,
los líderes morales y las «cuotas» de
diputaciones, alcaldías y demás
puestos públicos para cada organismo político, no son muestra de modernidad, a pesar de que adoptan el
discurso del modernismo. Finalmente, la mayor expresión de tradiciona-

lismo se presenta en la elección del
candidato del partido más fuerte. Esta designación se sigue haciendo sin
reconocer la necesidad de modernizarse; por·ello la revista Newsweek a
través del periodista Tim Padgett, al
tratar recientemente el tema de las
elecciones en México, tradujo como
«Toe finger's touch» Jo que nosotros
conocemos como «dedazo» para definir el punto más crítico de todo el
sistema político mexicano: la sucesión presidencial.
En el aspecto social los alcances
modernizadores estuvieron también
presentes. El programa de Solidaridad es un esfuerzo notorio para combatir la pobreza en México. Este
programa presentaba rasgos de modernidad, pues implicaba la partici•
pación compartida entre estado y comunidad, mas también hacía uso de
fonnas tradicionales al ser orientado
por las autoridades oficiales a través
de Comités. Lo moderno de la solí·
daridad significaba no hacer donativos o atender las necesidades, sino
establecer asociaciones para conjuntar esfuerzos y resolver problemas
entre el estado y la comunidad; era
una especie de inversión de dinero y
matenales por un lado y de trabajo,
por el otro. Sin embargo, la pobreza
es de tan grandes dimensiones eD
México, que aun el término «pobre•
se quedó corto para designar la realidad que viven millones de mexica-

nos. Pobreza y miseria, aunque similar~s son muy diferentes; hubo que
estirar el término de pobreza al tamaño de su referencia, por lo que se
designó como «pobreza extrema» a
quienes estaban en la miseria. La
marginalidad, por otro lado, dejó de
ser un ténnino para designar tanto a
pobres como a miserables, debido a
su connotación con la política y sobre todo a su incompatibilidad con
1~ moderno. Evidentemente un mar~mal no se moderniza, sino que se
integra, al contrario del pobre, aunque esté en el extremo.
.Los beneficios Y las prestaciones
sociales como los servicios médicos
a los trabajadores, los sistemas de
segurídad social Y las jubilaciones
e~traron en una etapa de crisis financ1er~ debido a la intención de convertirlas. en algo autofinanciado por
los propios trabajadores y las empresas, pero ya sin el apoyo del estado.
~- modernización,. en este aspecto,
eJaba ª las prestactones sociales sin
paternalismos y por tanto, sin problem~s financieros. Sin embargo,
amplios sectores sociales como
º?reros de empresas del estado, burocrat~s, maestros, profesionistas y
pequenos empresarios, comenzaron
ª sentir el fin de la política social del
e~t~do mexicano y en su lugar a recibir au mento de impuestos,
.
pago
por todos los servicios, competencia
nulos aumentos salariales
.
y premios'

po~ trabajar más. La modernización
se. iba traduciendo en valerse por sí
mismo.
La economía fue tal vez la faceta
en la que los logros de la modernizació!'! fueron más marcadas, comenzando con la renegociación de la
deuda externa, el control de la inflación y rematando con el tratado de
libre comercio. Pero hay que reconocer que esta política económica se
fundó en cierta base no muy moderna, como lo han sido los pactos para
estabilizar y desarrollar la economía.
Estos no pueden ser considerados
como modernos, puesto que recurren
ª acu~rdos º. concertaciones en Jugar
de depr en libertad las relaciones del
mercado. La forma de aprobación de
los acuerdos comerciales como el
TLC o para vender empresas paraestatales siguen las formas verticales
~aracterísticas de un sistema de política poco moderna, contradiciendo ta
política a la economía.
La cultura fue probablemente el
aspecto más olvidado de Ja modernización. Los valores que debían ser
apropiados por la sociedad mexicana, las formas de interpretar la situación ~ de definir las acciones siguieron siendo prácticamente las mismas
que las anteriormente utilizadas, con
apenas algunas innovaciones. La
modernización debía contemplar la
transformación de los valores funda-

dos en la tradición en valores fundad~s en el conocimiento, la planeac1ón'. la racionalidad y el trabajo productivo. Es de dudarse que las medidas econó_micas sean realmente efectivas si se basan sólo en política económi~a Ydejan sin tocar a la cultura.
~o~ eJemplo los premios a la product1~1dad carecen de sentido si no son
vistos co~o algo por lo que valga la
pena traba.iar más, lo mismos que las
alzas salariales o la competencia
contra otras empresas. Se puede llegar a considerar más efectivo el paternal_ismo, el compadrazgo o la corrupción como medidas válidas para
alcanzar los fines propuestos. Debido a toda esta problemática es necesario considerar qué aspectos de la
~odernización han entrado en la sociedad mexicana y qué otros han sido postergados.
El que unos aspectos se modernicen y otros no lo hagan no debe verse como algo totalizador sino como
parte de un proceso. Los cambios en
la cultura no se dan en el transcurso
de uno o cinco años, ya que implican
t~ansformaciones completas en la actitud que el individuo asume frente a
la situación, desde cómo definirla
hasta cómo aplicar alternativas, lo
cual puede abarcar periodos prolongados.
La sociedad mexicana se transformó en algunos de sus aspectos,
83

�ANOTACIONES DE VIDA y MUERTE

Julieta René.e
sobre todo en aquellos en los que la
intervención del estado se hacía de
manera directa y con un control
completo de agentes y circunstancias; por ello se tiene éxito en la política económica exterior, en la reprivatización de empresas, en el financiamiento, en los controles salariales
y otros más. Por el contrario la estructura del poder político poco se
ha transformado, al igual que la cultura y la sociedad, sin embargo, es
indudable que se han dado pasos importantes para promover cambios a
mediano plazo. Lo que cabría preguntarse ahora es cómo el sector político mantiene una estructura tradicional y a la v;Z promueve cambios
trascendent:,s en la economía, conjugando J?. última modernidad económica ,;on las formas de dominación
corr,orativa. Para el estudio de esta
,ituación podemos valemos de la tesis confeccionada por Jeffrey Herf
para explicar el éxito de los nazis en
cuanto a la adopción y descubrimiento de tecnología manejada por
un grupo político dictatorial en una
sociedad tradicional. Herf presenta
su tesis de la siguiente manera: «Antes y después de la toma del poder
por parte de los nazis, una corriente
importante dentro de la ideología
conservadora y luego dentro de la
ideología nazi fue una conciliación
entre las ideas antimodernistas, románticas e irracionales del nacionalismo alemán y la manifestación más

obvia de la racionalidad de medios y
fines, es decir, la tecnología moderna» ( 1990 p.18). Esta situación ha
sido llamada el «modernismo reaccionario» pues presenta una contradicción entre la modernidad y el tradicionalismo, la modernidad manifestándose en la tecnología y la tradición en la política, en la sociedad y
en la cultura, al mismo tiempo que
localizando la racionalidad pero sólo
con respeto a fines, sin importar mucho los medios. Si aceptamos que la
modernidad tiene como sus dos más
importantes manifestaciones el liberalismo político y la producción industrial con sus transformaciones sociales y culturales, lo cual implica,
de alguna manera, una cultura que
los valore a través de significados
compartidos por todos, y si tratamos
de localizar estos elementos en una
sociedad, entonces encontramos que
la modernización no puede ser algo
uniforme, sino que ciertos sectores
podrán modernizarse, en tanto que
otros permanecerán en lo tradicional. Por ello se considera apropiada
la tesis de Herf para comprender la
sociedad alemana de la preguerra y,
bajo ciertas restricciones, a la sociedad mexicana de fines del siglo XX.
La tesis de modernismo reaccionario
sirve para reconocer la contradicción
en una sociedad tradicional y moderna a la vez; esta tesis sólo resulta
adecuada para el análisis si se consideran, como lo propone Herf, los as-

pectos políticos, la estructura socioeconómica y las tendencias culturales
como elementos integrantes de la sociedad, sin pretender· que puedan
darse en forma independiente; de este modo, lo contradictorio de lo moderno-tradicional adquiere sentido
para interpretar una realidad como la
mexicana y poder entender cómo,
según algunos, hemos llegado a las
«grandes ligas» y seguimos con el
«dedazo», cómo un sindicato propone la productividad y hace que se
acepte valiéndose del autoritarismo
lo que se propone, y cómo, de acuerdo con Lefebvre el modernismo es
antimoderno y la modernidad sí es
moderna. Todo esto parece más
bien, como lo ha dicho Bartra, una
desmodernización.

Bibliografía
Bartra, Roger. Oficio mexicano. F.ditorial
Grijalbo, México, 1993.
Herf, Jeffrey. El modernismo reacciona·
ria. Fondo de Cultura Económica.
México, 1990.

Convivir con los hijos de mis amigas me d 1 .1 . ,,
cuando estoy con los míos me siento ve dad a 1 us1on ~e ser una madre responsable; así,
los primeros.
'
r a eramente irresponsable por haber dejado a

Es preferible no romperse los huesos si sólo eres hábil
.
autorretratos (como Frida Kahlo).
para pmtar frutos Y no para hacer
Al morir mi madre, tomé vitamina e b-12 aceite de . .
.
cal-e-tose... todo lo que me había di~ho q~ hi .
ncmo neod~luv1t, centrum, limones,
bruces
b
,,
e c1era y cuando deJe de tomarlos caí de

~

los cordi~e:º/:oe~~~::;::~s~~aqduoe q~ien controllaba
vida desde niña, había soltado
como mover os tlteres.
Después de mucho esfuerzo, cuando ya casi lo había logrado -enterr
. al
arena, enterrarme en la tierra-, comenzaron a morderme los cangrejo~e por igu en la
Si el nombre del guardián de todos los mares era S
di .
y si él descubrió qué y quién era al cruzar las
eren ~1ty ~ ~ ~ .azar por alguien-,
respondiendo cuando me nombres.
aguas, yo, s1 no se qmen o qué soy, seguiré
Por eso el ocho es mi número preferido: sólo tengo que tumbarlo para que sea «infinito».

Lefebvre, Henri. Introducción a la modernidad. F.ditorial Tecnos, Madrid.
1971.
Padgett, Tirn. Newsweek, the Washing·
ton Post Cornpany. Noviembre 29 de
1993.

85

�,

,

VISION HUMANISTA DE LA EDUCACION
(ENFOQUE FILOSÓFICO)

Mario A. Aguilera Mejía
Presentación
Los avances científicos, políticos y
sociales que han determinado los
rasgos fundamentales de la segunda
mitad de este siglo, nos han exigido
estar conscientes de que este ritmo
acelerado repercute en todas las actividades educativas; la Universidad
no puede quedar al margen de estos
cambios, por lo que requiere estar al
tanto de los procesos que se manifiestan en la actualidad, pues tiene
un serio compromiso con la sociedad: elevar el nivel de calidad de la
educación. Es patente la necesidad
de proponer nuevas formas de
aprendizaje a fin de que dicha exigencia no quede a nivel sólo de discurso. Debemos reconocer que los
principios que maneja el artículo 3o.
constitucional en cuanto a educación
integral para el desarrollo armónico
del individuo, sólo han quedado en
buenos deseos. Nuestra educación,
en todos sus niveles, ha permanecido
estática, fragmentaria, repetitiva,
masificada y memorística; ante esta
situación se han pretendido soluciones en base a reformas de planes y
programas cambiando el qué aprender, más no el cómo aprender, lo
cual ha agobiado al maestro de aula
que constantemente -o al menos sexenalmente- debe cambiar sus programas, o bien ser saturado con farragosas teorías, teorías que no le saben explicar quienes tampoco las

86

han sabido interpretar, quedando en
una confusión general.
Un nuevo punto de partida para
enfrentar la situación mencionada,
viene a ser la posibilidad de plantear
nuevas metodologías a través de otro
tipo de programación para lograr
nuevas experiencias de aprendizaje,
a fin de sobrepasar el mero enfoque
tecnológico; proponemos ofrecer
una fundamentación filosófica que
avale y legitime esa propuesta metodológica. Una filosofía de la educación nos propone un planteamiento
teleológico y a la vez axiológico que
determina la función del quehacer
humano.
En este trabajo nos proponemos,
poner a su consideración un enfoque
humanista de la educación, partiendo de la reflexión filosófica. Para esto iniciaremos por el análisis del ser
humano. ¿Qué es el hombre? Cuestionamiento filosófico que en su solo
planteamiento nos sugiere la respuesta. Interpretando al ser humano
desde un enfoque filosófico -no desde el punto de vista de las ciencias:
anatomía, sociología, historia, economía, que sólo lo fragmentan- se
tratará de captar su esencia -lo que
le pertenece, aquello que lo identifica como ser humano- para proponer
y fundamentar una definición: el ser
que construye y se construye. Se
continuará con una interpretación de

los fines y valores de la educación
para proponer una reorientación al
proceso educativo para adaptarlo a
la actualidad -época de grandes retos y desafíos- y consecuentemente
replantear el papel del maestro y del
alumno en el hecho educativo real.

El hombre, ¿animal racional o espíritu encarnado? ¿Dualidad o
ambivalencia?
No es fácil llegar a definir lo que
es el hombre. El llamarlo bípedo
implume o animal racional sólo
capta una de sus características
mas no su esencia; posee, como
afirma Pascal, grandeza y miseria,
debilidad y fortaleza, pero esto no
lo hace ser hombre. Su característica esencial es difícil de identificar
pues no está hecho, no está terminado, el hombre requiere hacerse,
es un caminar, peregrinar, horno
viator, que hace camino al andar.
Ese status viatoris lo impulsa a la
búsqueda, a hacerse, a construir;
pues consciente o no está inconcluso, inacabado y requiere de su decisión personal al elegir y posibilitarse un porvenir construyéndose
los medios para lograr sus metas,
sus fines auténticos valiosos para
él y para su comunidad. Construyendo, avanzando, el hombre se
convierte en educando en una permanente actividad de búsqueda, de
encuentro, de construcción.

Misión de la educación
En este apartado nos proponemos demoStrar cómo la educación viene a
ser el factor más importante para la
construcción del hombre, pues contribuye, en todos los aspectos, en su for~ación i~tegral; además, le proporciona l~s mstrumentos necesarios para seguir construyéndose, elaborando,
creando los elementos que van a satisfacer su vida. Esto es lo que Heidegger llamaba sein in der Welt
esencialmente estar en el mundo dei
Dasein, existiendo en forma de proyecto, donde las cosas son en la medida en que pertenecen a ese proyecto 0
en que tienen sentido en ese contexto.
El hom_bre, único ser que se construye
--&lt;:onsc1entemente-, el rey de la creació~, ha hecho la cultura, el arte, la
sociedad Y también la educación como.instrumento necesario para q~e la
sociedad se conserve y aumente la
cultura.
Desde Durkheim, quien señaló a
la educación como el conjunto de
conocimientos que se transmiten de
los adultos a las generaciones Jóvenes, se ha venido manejando esta
idea de transmisión y conservación
como objetivo o propósito de la educación. Nosotros consideramos que
la educación es algo formativo en la
transmisión, consolidación y conserv .,
ac1on de valores, más que de información o de conocimientos, sm eli-

minar esto último. Valores que van a
constituir el fundamento de la sociedad Y, por lo tanto, del ser humano.
El hecho educativo procurará
conservar la cultura y la acrecentará
formando valores que se muestren
en actitudes, demostrando que el ser
humano se está formando, no sólo
informando, que VIVlrá las reglas y
normas, no solamente repitiéndolas.
La educación, a través del hecho
educativo, deberá ser integral e integradora, tratará de formar al individuo como persona, abarcando todos
sus aspectos, no sólo la memorización, tratará de despertar y desarrollar su inteligencia aplicándola a sus
vivencias Yexpenencias; no verá ]os
conocimientos como hechos aislados
sino relacionados entre sí para explicarse el mundo que le rodea. La educación no se agota en adaptar al individuo a la función o papel que deberá representar como profesionista
o como adulto. La educación tiene la
misión de hacer llegar a todos el mínimo de conocimientos necesarios
para un hombre libre.
Aunque en nuestros días se sigue
confundiendo educación con mstrucción, pues sólo se ofrece como una
gran cantidad de mformac1ón -no
toda útil ni necesana- descmdando
el aspecto formativo, o lo que es pero, manipulándolo. Bien sabemos
que la educación dependerá de los

fines que la sociedad le asigne o impon_ga; así, la educación pasa a ser
un mstrumento ideológico de la soc¡edad, Yel maestro el encargado de
ejecutar estos fines; entonces la educación, como afirma Octavi Fullat
deshumaniza al hombre imponién~
dole 0nes que la sociedad exige,
despoJándolo de su iniciativa, de su
espontaneidad, de su mdividualidad.
Lo que para el marxismo sería la
enaJenación. Es innegable que en los
países totalitarios es impuesta una
escuela única, prensa única, t. v. única, partido único para manipular las
conciencias. Pero esto también se
observa ahora en nuestras sociedades a través de los numerosos medios de comunicación: t. v., radio
prensa, videos, revistas que transmi~
ten ideología partidista Y consumismo. El ser humano se ha dejado mvadir ~or toda esa mformac1ón y no
ha podido analizarla n1 cnticarla, sólo 1~ ha aceptado rep111endo y reproduciendo los mensaJes mantpulados.
Propuesta
Frente a todo esto oponemos la educación crítica y conc1enrizadora; ésta sería la que ayudaría al indh iduo
ª razonar Y seleccionar según su
cnteno y así dar su propia palabra
--como lo señalana Paulo Freireuna educación que le enseñe :i razo~
nar ~ a cnttcar. para así no deJarse
mampular ni engañar; una educa-

87

�ción que considere al individuo capaz de crear y construir y le ayude a
desarrollar todas sus capacidades y
no reducirlo a un ser pasivo que reciba y acepte toda la información
que se le imponga. Esto exigiría replantear el papel del maestro y del
alumno en el proceso enscñanzaaprendizaje. Aquí el maestro guiará
y orientará al alumno en la búsqueda y construcción del conocimiento.
El alumno, ser activo e inquieto con
iniciativa y gran cantidad de potencialidades, junto con el maestro
construirá el proceso enseñanzaaprendizaje. Ahora bien, para hacer
realidad esta teoría se necesita cambiar el esquema de educación tradicionalista que vivimos privilegiando
el memorismo y el modelo del
maestro tradicional transmisor y repetidor del conocimiento; cambiar
el rol del alumno pasivo que sólo recibe y repite información, por el del
alumno que pone en práctica todas
sus habilidades del pensamiento para construir el conocimiento.
Claro que mientras la educación
siga siendo un instrumento de la sociedad, tendremos que esperar, pacientemente, que la sociedad proponga esos cambios, que los grupos
de poder acepten esas modificaciones, pero esto no se dará gratuitamente; mas si el maestro es consciente de su realidad no esperará una
varita mágica que cambie la socie88

dad ni que se dé un milagro, sino
que él procurará hacer conciencia en
el hecho educativo a todos sus alumnos y así propiciará, aunque muy
lentamente, el cambio deseado, pues
el maestro es el constructor del curriculum en su práctica diaria. Aquí
estamos integrando el concepto de
mediador que nos propone Reuben
Feurestein, para lograr ese cambio,
ya que en esa función de mediador
entre el alumno y la materia, el
maestro procuraría, más que dar información, desarrollar las habilidades y potencialidades del pensamiento, del razonamiento, y así logrará la superación del individuo
construyendo y construyéndose.
Así encontraremos que la educación estaría logrando su objetivo:
que el ser humano se complete, se
construya a sí mismo y además
construya los elementos necesarios
para su propia superación, su autonomía y su autorrealización. La educación así entendida cobra gran i□portancia para la sociedad -&lt;le cualquier tipo y/o ideología- pues propiciaría la creatividad. Este tipo de
educación estaría guiada por aquellos valores en la sociedad. Una educación limitada a transmisora de conocimientos solo logrará individuos
mediocres, robotizados, con escasa
preparación y grandes limitaciones,
lo que acertadamente ha llamado
Feurestein «síndrome de privación

cultural», individuos sin principios,
sin criterio, conformistas, manipulables, el «hombre masa» de Ortega y
Gasset y que Richard Paul ( 1990)
describiera como «intelectualmente
confundidos, psicológicamente inseguros, ideológicamente ciegos y filosóficamente indiferentes».
El hombre -ser que construye y
se construye- requiere de la educación para realizar su propio fin, su
propia meta, su propia realización en
la realización de la esencia de su ser:
construir y autoconstruirse.
Operatividad
Si partimos de que el educando es
un ser inacabado desprovisto de elementos para elaborar su futuro, la
educación consideró que debería de
dirigir su futuro y no lograr que él
mismo lo construyera.
Se nos ha hecho creer que la
educación debería imponerse, que
se enseñaba y se aprendía, que los
maestros deberían moldear al
alumno, ya que éste era dúctil Y
debería aceptar dogmáticamente el
conocimiento que le fuera transmitido; los programas educacionales,
la palabra del maestro, los textos
venían a ser dogmas inamovibles.
Se ha confundido el fin de la educación, pues no se trata de hacerle
el futuro al educando, sino desper·

tar las, capacidades latentes que
hay en el para que él mismo sea capaz de construírselo; si se cuenta
c?n la capacidad y se crea el ambiente propicio se podrá desarrollar
1~ voluntad de querer ser. El estudiante, al sentirse problematizado
se exigirá a sí mismo tomar un~
decisión, esto obviamente no se
podría dar en las clases rutinarias exposición-recepción,
estímulorespuesta- sino con la participación activa donde el educando
co~struya conceptos, descubra rela~io~e~ Yasociaciones, identifique
pnnc1p1os y reglas, discuta, analice, deduzca.
:'.'1ucho de esto lo realizará en pequenos grupos donde hará colectivo
su esfuerzo individual, pues es cierto
q_ue la racionalidad no es monólogo
smo diálogo y a través de su trabaio
en equipos
· reafirmará sus conceptos
~
aclarará sus dudas, descubrirá nue~
vos criterios, aprenderá a escuchar al
otro, a disentir, a dialogar. Difícilm~nte lograría esto a nivel personal
-~slado-, pues requeriría integración de conceptos, Y al mteractuar
.
descubrirá sus limitaciones y sus logros, precisará los procesos cognitiv~s r~alizados (abstracción, análisis,
s1ntes1s, relación, verbalización), logrando_lo~ tan mencionados aprendiza.Je~ significativos, aunado al placer
&amp;rallficante de darse cuenta de que
es capaz de analizar, razonar, de

construir en un ambiente responsable que le está ayudando a madurar,
a crecer mteriorrnente.
. A través de una serie de ejercicios d~ razonamiento se manejará el
contenido del curso con ejemplos tomados de la realidad actual (a través
de notas de revistas, periódicos y
otras publicaciones). Aquí el alumno
~nalizará el mensaje detectando
ideas centrales, sintetizará, elaborand_o un resumen lo más breve posible
sm que pierda el significado, deducirá el propósito del autor al emitir ese
mensaje, verificará su validez cribán~olo mediante una aduana mental (Machado-Domínguez), dirá su
palabra, su juicio fundamentado ante
el re~to de sus compañeros, lejos de
un chma de tensiones Y sin actitudes
de autodefensa o autojustificación
más bien se sentirá impulsado O in~
vitado a comunicar.
~ través de esta interpretación de
la ~calidad el educando aprende a
validar sus ideas y las ajenas, logran~o mayor autoconfianza y autoestima, es decir mayor seguridad,
además se continuará avanzando en
los contenidos del programa sin necesidad de seguir una estructura rígida y fiscalizante; quizás corriendo el
riesgo de alterar el orden prefijado
por el programa formal, pero a final
de cuentas, el conocimiento se logra
y sobre todo construido por ellos

mismos, lográndose una actitud de
búsqueda, como Heidegger señalaba: &lt;~haci~ndo caminos, no obras», y
una msat1sfacción, una necesidad de
completarse, de hacerse; y habiendo
logrado esa actitud trataremos de hacerla permanente para que la transfier~ del área académica a su problemática cotidiana.
Aquí, enseñar no es adoctrinar
es mostrar, señalar, extraer, deducir;
el rol protagónico del maestro es
ahora.el de mediador, de asesor, de
conseJero, posibilitando la práctica
de la racionalización, no de la memorización; el análisis y no el deba~e, la ~rítica Y no el enjuiciamiento
impulsiv~; propiciando el diálogo
constructivo y no la aceptación pasiv~, enseñando a que aprendan a recib'.r el elogio Y la crítica. Así, el estud_1ante participante tomará conc1enc1a de su valía y sabrá enfrentar nuevas dificultades siempre construyendo Yconstruyéndose.
. Para finalizar. consideramos que
~s mconcebible desarrollar una prácuca educativa sin una filosofía que
sea :ector de los aprendizajes significat1v~s de nuestros alumnos, de lo
~ontrano, correríamos el riesgo de
implementar una tecnología educativa que sólo procesa información, cayendo en la monotonía y el sinsentido deriv~dos de la memorización )'
el adoctrinamiento. sobre todo ahora
89

�NECESIDAD DE UNA DIDÁCTICA
ACORDE CON LOS REQUERIMIENTOS
DE LA SOCIEDAD ACTUAL

Pablo Segovia Sotelo
que vivimos una época de grandes
cambios y de transformaciones e~
todos los campos, los cuales ha~r_a
que enfrentar en nuestra problemat1:
ca educativa y responder con pro
puestas centradas en la persona.

En la ~ctualidad somos testigos de
las múltiples transformaciones socioeconómicas, políticas y culturales
que experimenta la sociedad. Vivimos un nuevo contexto internacional, caracterizado por la interrelación económica abierta, la información y la tecnología.
Con la globalización de las economías, la información también se
globalizó; los diversos ámbitos gubernamentales1 empresariales, administrativos, incluyendo el educativo,
se informatizaron con la finalidad de
no quedarse rezagados de los últimos conocimientos de los diversos
campos, considerando su importancia para la investigación científica y
de mercado.
Vivimos una «explosión de la infonnación» derivada de un fuerte incremento de datos creados, transformados, almacenados y transmitidos
a través de los recursos de frontera
en el área informática y de telecomunicaciones con capacidad para almacenar información en un disco
compacto o CD-ROM (Compact
Disc-Read Only Memory) hasta de
500,000 registros bibliográficos o
tarjetas de catálogo. En lo referente
a su transferencia, es posible transmitir datos a razón de un billón de
palabras por minuto. 1

90

Sin embargo, resulta imposible
que el hombre reproduzca altos volúmenes de infonnación, pues carece
de una fonnación adecuada que le
posibilite capitalizar la información
almacenada en los bancos y bases de
datos locales y remotos. Ante tal circunstancia, la sociedad requiere la
presencia de un hombre crítico, capaz de discriminar la información
existente en cualquier medio o formato, bajo los criterios de selectividad, pertinencia, actualidad y confiabilidad, con los cuales podría acceder libremente a la información.
Si hemos de dar crédito a la
prensa, nos daremos cuenta de que
los estudiantes universitarios tienen
deficiencias para adquirir infonnación relevante. En los editoriales, los
periodistas señalan la existencia de
un bajo nivel en las consultas o búsquedas de información automatizada
realizadas por los estudiantes. Veamos, por ejemplo, algunos párrafos
extraídos de un periódico de la ciudad de Monterrey:
Estudiantes «monolingües, sin
las habilidades mínimas para pensar.
Cómo puede esperarse, con sensatez,
que los universitarios puedan acceder a los grandes arcanos de los conocimientos, al saber abstracto y a la
ciencia y la tecnología de punta?»
Acentuando aún más la problemáti-

ca que nos ocupa, agrega el columnista: «Y no hemos mencionado aún
su incapacidad para escribir, leer,
computar, resolver exámenes de preguntas abiertas y buscar la información en bancos de datos y fuentes
documentales». 2
Tanto la información procedente
de la prensa como la realidad que se
vive en las aulas es en gran medida
la misma, sobre todo en aquellos salones de clase donde mora una enseñanza tradicionalista, donde se imponen la transmisión de la infonnación, la lógica del maestro y la estructura del conocimiento tratado
por el autor del texto legitimado por
el plan de estudios de la carrera.
Dentro de un aula, en un curso de
primer semestre de licenciatura, la
maestra guardaba y hacía guardar a
sus alumnos la estructura del libro,
reproduciendo su mformac1ón. El
discurso de ambos (maestro y alumnos) partía del texto y del contexto
del autor (un «libro único» editado
en 1964). Durante la clase las actividades individuales y colectivas se
presentaban en el siguiente orden: los
alumnos leían en equipo, subrayaban
y finalmente exponían frente al grupo, después del tiempo estimado por
la maestra; en el desarrollo de las exposiciones la maestra generalmente
interpre1aba y ejemplificaba la infor91

�mación con la finalidad de hacerla
accesible, otras veces respondía a
preguntas de consulta realizadas por
los alumnos sobre el significado de
una frase, palabra o situación presentada por el autor del texto.
Durante \a lectura en «equipo»
algunos estudiantes conversaban sobre temas no académicos. Los alumnos que exponían en representa~ión
del equipo, ¡0 hacían con la finah?ad
de puntuar más con su «participación» mientras que otros sólo exponían ~on el propósito de sobrevivir
para pasar la materia, debido a su
inasistencia al curso o a su falta de
participación como expositores.
En este contexto, las relaciones
que sostenían maestro y alumno en
torno al conocimiento se tornaban
frías e impersonales, pues sólo se reducían a la transmisión y recepción
de la información, sin procesamiento
de la información de parte de los estudiantes; una relación de carácter
terminal tipificada por un maestro
transmisor y un alumno pasivo, receptor y reproductor de la información. Apple ubica este tipo de r~l~ción dentro de «una aula protot1p1ca» en la cual «el maestro habla y
los alumnos escuchan, a menos que
respondan a \as preguntas d~ aquél ~
trabajen en ejercicios escritos, casi
invariablemente pregunta cerradas y
fácticas; poca retroalimentación co-

rrectiva y ausencia total de guía y
predominante configuración instr~~tiva, la clase entera en torno a act1v1dades tradicionales, todo ello en un
, 3 u
ambiente afectivamente f no».
n
modelo de instrucción típico donde
el maestro ejercita el control de la
clase con lecciones fragmentarias y
conferencias magistrales, con los
cuales, contradictoriamente, fomenta
la pasividad del alumno Y la r~p_roducción del conocimiento al solicitar
a éste la información dicha por él 0
por el autor del texto, para que ~e demuestre su maestría en el maneJO _?el
tema.
En tal sentido, los estudiantes reciben el conocimiento académico
como un producto acabado, convergente, único, que ha sido objetiva~o
por el tipo de relaciones que sostienen con el maestro en el proceso de
enseñanza-aprendizaje, reduciendo
el aprendizaje al memorismo_~ la reproducción de la informac1on, los
cuales sitúan al educando en una posición desfavorable para obtener información relevante de los bancos y
bases de datos, pues éstos le demandan al usuario la aplicación de procesos cognitivos de mayor nive!; por
eJemplo, para tener acceso a la información sobre algún problema específico, el usuario deberá desarrol~ar
las «estrategias de búsqueda de información» , planteándose preguntas
tipo ensayo sobre algún tema que

puedan activar el proceso de b~squeda del conocimiento que explique la
realidad o se aproxime a ella, utilizando un lenguaje específico y precisando conceptos claves, o bien,
combinando términos importante~,
empleando \a lógica booleana Oógi.
)4
ca de conjuntos
.

l. Propuestas
Para resolver esas situaciones, nuestros estudiantes no sólo necesitan !n·
formación instructiva, sino también
una formación integral. Una educación formativa, rica en situaciones
de aprendizaje donde se procure trabajar sobre el contenido, Y_ n~ sobre
la reproducción del conoc1m1ento y
el uso indiscriminado de la información, como aún suele suceder en ,al·
gunas aulas donde el libr~ es \~ido
como un todo, el maestro sigue sien·
·
·, el
do transmisor de la mformacwn Y
alumno, un simple receptor pasivo
reproductor de la información.
Considerando las necesidades actuales de la educación escolarizada.
Phillip W. Jackson, propone una
«educación del futuro» basada en las
frases-submeta «aprendiendo a
aprender» y «eligiendo para ap~nder», cuyos objetivos señalan la unportancia de enseñar al alu~no a
pensar y a actuar in~epen_d1en~
mente y' siendo en términos mtelec
tuales: «enseñar a una persona a rt

zonar, a hacer juicios, a desarrollar
argumentos que sustenten, a criticar
los argumentos de otros, etc. También requiere familiarizar al estudiante con el uso de toda clase de información, libros, bibliotecas, computadoras y demás, de los cuales
mucho depende el aprendizaje de
hoy», atribuciones que proyectan al
estudiante a saber «seleccionar las
metas de aprendizaje de hoy», atribuciones que proyectan al estudiante
a saber, «seleccionar las metas de
aprendizaje ·que está eligiendo, lo
que va a ser aprendido, sin la ayuda
del maestro, o por sí mismo. Esto
significa ser libre para decidir qué
conocimiento vale la pena poseerlo».5
Michael W. Apple señala la necesidad de contar con una educación permeada por los criterios de
una «cultura crítica» donde la formación del estudiante no se limite
sólo a saber leer y escribir. Al respecto, Apple precisa como metas
de la educación las siguientes disposiciones intelectuales:
Formar un hombre que posea:
- «la motivación y capacidad para la crítica de lo que se lee, ve y
oye, comprobar y superar las apariencias artificales y cuestionar el saber común».
·

- El «conocimiento y comprensión de las diversas tradiciones intelectuales, culturales y científicas».
- La «capacidad para usar el
conocimiento con el fin de crear y
perseguir los intereses propios; de
producir personal informado y
adoptar decisiones políticas y de
trabajo ¡or el bienestar de la comunidad».
Las anteriores metas y objetivos
nos prefiguran el perfil de un estudiante bien informado, libre, crítico,
independiente, de pensamiento autónomo; creativo, inteligente, selectivo,
capaz de interpretar y analizar hechos sociales, así como de utilizar los
recursos y medios que ayuden a su
autoinstrucción, su autoeducación.
Para formar un estudiante con
estas característica~ se requiere que
el maestro tome conciencia de la
necesidad de modificar algunos
conc(!ptos básicos -eje- de su
práctica educativa, sobre todo un
nuevo concepto de hombre, para
revertirlos a su proceso de enseñanza, aplicando una nueva metodología didáctica que dé protagonismo al trabajo colectivo y personal del alumno con el propósito de
mejorar la calidad de aprendizaje
de éste.

En tal sentido es necesario que el
maestro y el alumno trabajen sobre el
contenido, a través de situaciones de
aprendizaje colectivo, en las cuales
los estudiantes tengan la posibilidad
de interactuar, conceptualizar, construir conocimientos, de desarrollar
procesos cognoscitivos para obtener
experiencias de aprendizaje potencialmente significativas susceptibles
de ser transferidas a sus problemáticas cotidianas. Con respecto a la interacción entre los compañeros, Cadzen señala su importancia en el trabajo colectivo -en equipo- porque éste
«incrementa el desarrollo del razonamiento lógico a través de un proceso
de reorganización cognitiva activa
inducida por el conflicto cognitivo».7
En términos de desarrollo personal,
la interacción entre compañeros posibilita un aprendizaje mutuo, mayor
capacidad de razonar, así como una
mejor comprensión de la materia; en
términos didácticos, permite la retroalimentación del conocimiento, la
guía y coordinación de los procesos
de aprendizaje por parte del maestro,
así como trabajar sobre los intereses,
necesidades y experiencias del educando. Siendo esto último lo que proyecte al estudiante hacia la realización de ejercicios y tareas individuales, dentro y fuera del aula, recibiendo asesoría por parte del maestro durante la clase, sea en su escritorio o
en el pupitre del alumno.
93

�2. Algunas experiencias de la puesta en práctica de esta didáctica

En la actualidad, los propósitos
de la llamada «educación del futuro» concebida por Jackson y que
Apple asume como «educación democrática» han sido cubiertos parcialmente por nuestras instituciones de educación superior de carácter particular, pues éstas sólo
han incorporado a sus curricula
aquellas metas relacionadas con ~l
desarrollo cognitivo y el aprendizaje autónomo del estudiante_en _un
contexto permeado por cntenos
cientifistas y tecnologistas, excluyendo la formación de una cultura
crítica y humanista de sus estudiantes.
Dentro de sus aulas, el desarrollo cognitivo de los estudiantes se
vive como una materia del Plan de
Estudios (PE) de la institución Y no
como una metodología didáctica
que se instrumente sobre los c~ntenidos del PE. Veamos; por eJemplo, lo que sucede en un curso de
Desarrollo de Habilidades de Pensamiento (DHP), donde el libro de
texto ha sido legitimado y validado
por la institución. Durante la clase,
maestro y alumnos trabajan sobre
los procesos cognitivos que supo-

nen los ejercicios, los alumnos reciben instrucciones por parte del
maestro y del libro para realizar los
ejercicios en forma individual; en
las actividades plenarias, el maestro proporciona retroinformación al
alumno sobre los procesos que supone el ejercicio, al solicitar que
exprese los procesos que aplicó _en
el mismo, enunciando observaciones, comparaciones, análisis, entre
otros. En tal sentido, el maestro
tiende a implementar los ejercicios
de pensamiento como fragmentos
de una serie de actividades estructuradas que devienen de una serie
de textos (DHP: 1,2,3) con la finalidad de acostumbrar a sus estudiantes a pensar, para aplicar esos
procesos cognitivos en la~ tareas
académicas que desarrollaran a futuro.
No obstante, son pocas las aulas
de nuestras universidades públicas y
privadas que viven en su i~terior una
«didáctica de avanzada», integrando
el espíritu de las metas educativas
señaladas por Phillip W. Jackson Y
Michael W. Apple.
Veamos ahora lo que sucede en
un curso de octavo semestre de la licenciatura en Pedagogía,•en un aula
donde se encuentran concatenados el

cognoscitivismo, la didáctica crí!ica,
la heurística, la holística y la esp1stemología del conocimiento académico· la cosmovisión del maestro, su
ex~riencia personal y profesion~l,
así como el dominio de la matena
por parte de éste; la subjetividad, el
pensamiento divergente, las_ experiencias y conocimientos previos que
disponen al alumno a aprend~r a ~avés de un proceso de conc1ent1zación y una relación dialógica con el
maestro y sus compañeros de grupo
que permean el trabajar sobre el contenido de la materia en el marco de
una metodología participativa.
El curso básicamente aparece estructurado de la siguiente forma: se
propone la metodología d~ tra_bajo,
se construyen conceptuabzac1ones
sobre los elementos fundamentales
de la materia, sus finalidades, sus
conceptos de acción (metodológicos), la postura que asume el estudiante frente a la realidad y la elaboración del programa de la materia
(trabajo grupal).
En un segundo momento los estudiantes realizan lecturas siguiendo la metodología indicada por el
maestro, para interpretar _la realidad y aplicar los conceptos de l_a
materia a problemas reales; real1-

, 1o a cargo de1maestro Mario A. Aguilera Mejía.
* Observaciones tomadas del curso de Diseño de Cumcu

94

zan prácticas empleando los conceptos ·de la materia, teorizan su
práctica a través de ejercicios de
deducción o instrumentos de autoevaluación.
Analizan modelos metodológicos, los comparan empleando su
criterio, trabajan con modelos de
simulación y llegan a la creación o
invención de nuevas carreras según
las necesidades detectadas, instrumentando y fundamentando todos
los pasos empleados en su desarrollo, en su tercer y último momento,
en el cual utilizan documentos con
información de la realidad actual.
Inicio del curso:

1) presentación de la materia, su

función social, algunas prácticas
profesionales con respecto a la
materia, lo que se espera del
alumno al término del curso; algunas experiencias obtenidas, logros y alcances en otros cursos,
su aplicabilidad: qué hace y qué
puede hacer el pedagogo.
2) definición, antecedentes y naturaleza del conocimiento de la
materia.
3) importancia de la práctica en la.
formación del estudiante, sus
ventajas.

Concientización a través de la
lectura crítica del proceso de enseñanza tradicional:

ñero; de valoración, considerando
qué experiencias y conocimientos
previos son convenientes considerar
o ser retomados.

1) carencias en la formación del

profesional actual.
2) papel del maestro.
3) papel del alumno.

Propuesta de la metodología o sistema de trabajo a desarrollar en el curso:
1) conqiciones: necesidad de parti-

cipación del alumno en base a su
experiencia personal y sus conocimientos anteriores.
2) toma de decisión del alumno en
base a la práctica (su expenencia) o en base a la teoría (libros).
Al partir de los conocimientos y
experiencias previas, los alumnos no
sólo parten de lo cercano y lo propio, sino además acceden al conocimfonto académico de manera significativa, atribuyendo mayor sentido al
conocimiento. Esto, combinado con
la interacción entre el grupo de iguales, posibilita que el alumno desarrolle su capacidad de análisis, escuchando y comparando lo dicho por
el otro; de deducción, interpretando
la lógica del argumento del compa-

Partiendo de la práctica constante de lecturas comprensivas donde se
señalan qué procesos cognitivos se
desarrollaron en la misma, los alumnos hacen conscientes dichos procesos; esto les ha posibilitado transferirlos en posteriores actividades. La
lectura de notas periodísticas, editoriales y otras publicaciones se convierte en un medio para leer e interpretar la realidad, su entorno; sobre
éste aplican (los estudiantes) los procesos desarrollados durante el curso
de acuerdo a la naturaleza del contenido de la materia: identifican problemas, sus causas, necesidades sociales; proponen alternativas de solución, qué tipo de profesional se
formaría; diseñan carreras, su obJet1vo, señalando el perfil de egresado,
las materias a cursar por el profesional que se requiere, vigilando su
congruencia.
3. Algunas ventajas, logros, metas
de esta didáctica y su aplicabilidad
en la búsqueda de la información

La observación y el análisis del registro anecdótico nos arrojan grandes luces acerca de algunas ventajas
que se obtienen en la práctica de esta
didáctica, por cJtar algunas: los
95

�alumnos muestran manejo de la infonnación tratada, seguridad en el
manejo de los conceptos de acción
de la materia, integración del conocimiento, así como una relación con
los demás campos del conocimiento.
Al atribuirle sentido a su quehacer, los estudiantes han experimentado algunos logros de carácter personal como seguridad en sí mismos,
aumento de autoestima, sentido de
colaboración y de autorrealización
personal, así como un sentido de
obligación y de responsabilidad personal (consigo mismos).
Con el planteamiento de objetivos abiertos, los alumnos logran el
cumplimiento de las metas, llegan a
la heurística; son creativos, crean
con base en experiencias y conocimientos anteriores, así como de información analizada que sirve para
leer e interpretar la realidad y trabajar sobre el contenido de la materia;
crean a partir de sus intereses y necesidades, sobre todo de la libertad
que les han cedido en el manejo del
conocimiento.
Debido a la complejidad de la
heurística, los alumnos experimentan una motivación intrínseca, desarrollan procesos cognitivos como la
inducción, la deducción, el análisis y
la valoración, los cuales son aplicables en la búsqueda de información
96

relevante impresa y automatizada,
así corno en la computación. Veamos algunos testimonios de los
alumnos que han vivenciado esta
metodología:

gramación... practicamos el diseño
de objetivos».

ra g~iar y asesorar al alumno en su
camino por aprender.

4. Perfil del estudiante producto
de esta didáctica

«Me dio la oportunidad de aplicar los conocimientos, es muy práctica, no fue una materia más»;

A partir de la práctica observada se
ha recategorizado a sus participantes, concibiendo las intencionalidades del maestro durante su proceso
de enseñanza.

~undamentados en lo anterior,
~ons1deramos que una didáctica que
integre estos elementos fomentaría
en el educando una formación crítica, y propiciaría una autonomía del
educa~do frente a la gran explosión
d~ la mformación que estamos viviendo actualmente. Consideramos
que de esta manera nuestros curricula ~odrían impactar en el mundo de
la mformación y no verse impactados por una sociedad informatizada.

«El mensaje de la metodología es
decirte cómo están las cosas afuera
para que las enfrentemos teniendo
seguridad en ti mismo, es corno si te
empujara a la realidad»;
«Me gusta ser creativa, en esta
materia tengo la oportunidad de hacerlo ... voy a proponer en el trabajo
un proyecto para capacitar a las empleadas»;
«A este trabajo (final de semes-

tre) le dediqué más tiempo que a
cualquier otro, tuve que leer para
sintetizar los contenidos, tuve que
precisar»;
«En ninguna otra materia me
preocupé por precisar los ternas, fui
a la Biblioteca a buscar bibliografía
para seleccionar los contenidos que
deben saber»;
«Esta materia nos ayudó a elaborar el proyecto de educación no formal que hicimos para la presidencia
de Cd. Guadalupe, me ayudó en pro-

Alumno: sujeto íntegro, pensante, crítico, con disposición para
aprender, participativo, dotado de
experiencias y propia voz; aprendiz de la materia, con libertad para
manejar, crear y constituir el conocimiento; creador continuo.
Para finalizar, quiero señalar que
para que se tome en cuenta este perfil del estudiante es necesaria la presencia de un docente con los siguientes atributos.

Jackson, Phillip W. The practice of
teaching. New York, USA. The Teachers College Press 1986 p 104
105.

'

. .

.

6 Apple, Michael W. Op cit., p. 185_186_

7 Cadzen, Courtney B. «El discurso en
~I aula», en Winrock, Merlin C. la
investigación de /a enseñanza l/1

Barcelona, España, Paidós 1990 '
~3.

•

.~

Referencias bibliográficas

1 Porfirio

Tamez Solís. «Las bibliotecas
en el siglo XXI~, conferencia dictada
en el Museo Pape de Monclova
Coahuila.
'

2

Maestro: agente de cambio que
interviene a partir de un proceso de
concientización y una relación dialógica, enseñando al alumno a pen·
sar, a aprender por sí mismo, a indagar, a buscar, a leer e interpretar
la realidad, a desarrollar el pensamiento crítico; siendo además con·
ductor de los procesos de aprendi·
zaje, grupales e individuales; estra·
tega, trabajando sobre el esquema
de los contenidos de la materia pa·

5

Jorge Villegas. «La falsa reforma universitaria», periódico El Diario de
Monterrey, 15 de febrero de 1993.

3Apple, Michael W, Maestros y textos

Barcelona España, Paidós-MEC
1989, p. 114.
4

'

Sv1mck1, Marilla D. Schwarts, Barbara
A. Des1gning instruction for Library
Users. New York, USA. Marce)

Decker, 1988, p, 225-227.

97

�INCÓGNITA

Hilario Salazar
Eché el anzuelo
de la interrogación
en aguas encrespadas
de mi ser interior:
'?
«¿Quién soy? ¿Qué he sido?¿ Que, sere.
¿Cuán largo y sinuoso
fue el camino
que recorrió la arcilla
hasta ser lo que soy?»
y volvieron vacías las palabras,
porque hay en mi interior
cosas lejanas
que no habré de alcanzar. ..
Llamé a todas las puertas,
diligente,
indagando por mí:
.
, '?
«¿Quién soy? ¿Qué he sido? ¿Que sere.
¿Cuán largo y sinuoso
fue el camino
que recorrió la arcilla
hasta ser lo que soy?»
y todos convinieron:
«No sabemos quién seas».
Hundido en esta ausencia,
que es mi ausencia,
en esta soledad,
recordé al alemán enloquecido
que se tiró a la mar:
«Que me coman los peces,
que me coman: .
seré espumas y bnsa,
seré ola,
seré la inmensidad» ...
98

RESCOLDO
Aunque es indiscutible el poder
que tiene el tiempo para convertir
en ceniza cualquier página,
es el hombre quien fuera llamado
a descubrir una y otra vez
el rescoldo: guiño luminoso que nos dirige
nuestro semejante desde el ayer.
En esta entrega, el poeta y polemista nuevoleonés
Alfonso Junco, de ilustre cepa conservadora,
la emprende sistemáticamente contra los que llama
"disparates calenturientos" de su ilustre paisano,
Fray Servando Teresa de Mier.
"El lío guadalupano" apareció primero
en las páginas de Gente de Méjico,
y fue recogido más tarde en
El increíble Fray Servando (1959).

99

�EL LÍO GUADALUPANO

Alfonso Junco
Mi paisano fray Servando Teresa
de Mier -el otro regiomo11ta110
ilustre que dijo Alfonso Reyes-,
era un tipo singular, inquieto, vanidoso, politiqueante, combativo,
atrayente en su trato, boquiílojo,
megalómano, de cultura vastí~im~
y brillante pero sin coherencia ni
profundidad, amigo de la dem~cracia pero con grandes ínfulas ans~ocráticas, copioso en extravagancias
pintorescas y a la vez en rotundos
estallidos de sentido común; en suma, un hombre contradictorio, original, dinámico, con algo Y aun algos de chiflado.
Vestía el hábito de Santo Domingo y tenía treinta y un a~os,
cuando pronunció en la Colegiata,
el 12 de diciembre de 1794, ante el
Virrey, el Arzobispo y lo más granado de la metrópoli, un célebre
sermón en que, llevado sin duda de
su índole novelera y su prurito de
notoriedad, soltó las más peregrinas especies: que la imagen de la
Guadalupana había sido milagrosamente impresa en la capa de Santo
Tomás Apóstol , el cual había venido desde el primer siglo de la era
cri~tiana, a evangelizar a los indios; y que, muchas centurias después, en 1531 , la Virgen se había
aparecido a Juan Diego, dándole la
antigua imagen y las rosas para
que las llevara al obispo Zumárraga y se le edificara templo.

Como se ve y como lo declara el
Padre Mier, no trataba él de negar el
milagro ni la tradición, sino de darles todavía más lustre de antigüedad
y grandeza; pero el arzobispo Nuñez
de Haro, hambre de mérito y de altura, recogiendo el escándalo q~e se
suscitó en los oyentes y cumpltendo
con su deber -no por odio, ni envidia, ni torpeza alguna-, abrió causa
al estrambótico predicador, de la
cual salió privado del derecho de cátedra, púlpito y confesionario, Ycondenado a cumplir una reclusión de
diez años en el convento de las Caldas, de España. (Puede y debe leerse
la Causa -que basta a desvanecer
muchas consejas servandinas- en el
tomo tercero de la Colección de documentos para la historia de la guerra de /11depe11dencia, publicado en
1879 por Hernández y Dávalos).
La culpa de fray Servando fu_e
evidente, por predicar patrañas Y milagros fingidos, tergiversando la venerable tradición y vulnerando el
respeto que se debe a la cátedra sagrada. El castigo eclesiástico era, e~
sí mismo, justísimo, aunque yo no se
hasta qué punto fueran -&lt;:orno me lo
parecen- extremadas las sanciones.
Sin duda en éstas influyó el ánimo -religioso y político a la vezde intentar la corrección y reforma
de quien ya anteriormente h~bía
mostrado su índole entremettda,

jactanciosa y lenguaraz, su orgullo
y genio inquieto, como e~ la Causa
se lee, que habíanle ocasionado reconvenciones para que se contuviese y obrase como religioso.
¿De dónde sacó el Padre Mier
los disparates calenturientos que predicó?
De cierta plática que tuvo con un
licenciado Borunda, buen hombre
que se había dado a est~di~ la lengua y jeroglíficos de los indios Y había conjeturado algunas cosas extravagantes, las cuales fray Servando,
con su característica ligereza Y fantasía, aderezó a su modo y dio por
concluyentes.
Hasta después de pronunciar su
sermón leyó algo de la Clave Historial que estaba escribiendo Borunda
y «confieso -declara- que, leJOS de
haber hallado las pruebas incontrastables que el hombre me había asegurado tener, hallé una porción de
dislates propios de un hombre que
no sabía teología, y aun de todo anU·
cuario y etimologista, que comienza
por adivinanzas, sigue por visione_s y
concluye por delirios». La confesión
de fray Servando no puede ser m~
categórica, aunque es JUSto adverttr
que el modesto Borunda no habló de
pruebas incontrastables, Y e~to fue
aditamento de Mier para deshzar hacia otro su propia responsabilidad.

En suma: el castigo eclesiástico
para fray Servando, era justificado
y procedente. No había ni los
odios, ni las envidias, ni las calumnias, ni las diez mil cosas negras
que él ha fantaseado, en su delirio
de persecusión y de grandeza, y
que han prohijado sin análisis la
mayoría de sus biógrafos.

Este trabajo, de excelente estilo y
avalorado por el prestigio del autor,
pudo deslumbrar a quienes, alejados
de nosotros, apenas conocían vagamente y de oídas nuestras cosas, pero hace realmente sonreír por su debilidad y exigua documentación a
quienes con conocimiento de causa
lo leemos ahora.

Si el Padre Mier parte a España y
cumple sencillamente su reclusión
conventual -&lt;:osa no tremebunda para un religioso- todo se acaba en paz.

En cuanto fue conocido en Méjico, obtuvo refutaciones excelentes.
La mejor, en mi sentir, es la del famoso Guridi y Alcocer, publicada en
1820, quien inserta íntegra en su libro la Memoria de Muñoz, para que
el lector vea - dice- si es más fuerte
la objeción o la respuesta; y va contestando, punto por punto, en un estilo sobrio, lúcido, elegante y moderno, que da gozo leer.

Pero tenía la sangre de azogue,
y convertido en el genio de la fuga,
se dedicó a evadirse de sus reclusiones sucesivas, agravando así,
complicando y dando nuevas e indefinidas repercusiones a su falta
inicial.
Por cierto que del fundamental
incidente guadalupano y de sus cinematográficas aventuras por Europa,
nos ha dejado un relato vivaz, desenfadado, hiperbólico, incisivo y pintoresco, insegurísimo como historia
pero divertidísimo como novela.

Estando en Burgos, supo Fray
Servando de la Memoria que había
presentado Muñoz, y en 1797 trabó
con él correspondencia, escribiéndole seis cartas en que aparecía compartiendo la opinión de aquél, ampliando sus datos y reforzando sus
razones.

Don Juan Bautista Muñoz, cronista real de las Indias, había presentado en la Academia de la Historia,
de Madrid, aquel año de 1794, una
Memoria -publicada hasta 1817impugnando la historicidad de las
apariciones guadalupanas.

Quiso, sin duda, fray Servando,
darse importancia codeándose epistolarrnente con hombre de tanto viso, y congraciarse con personaje a
quien, por ser cromsta real, suponía
influyente en la corte y capacitado
para brindarle algún apoyo en la fe-

liz conclusión de su causa pendiente;
esto se conjugó con el natural despecho por el castigo y humillación que
sufría, pues las razones para dudar
«las he descubierto -le dice textualmente a Muñoz-, después que la
persccusión me ha hecho meditar y
estudiar el asunto». Y, lanzado por
este camino con su vehemencia nativa, llega en 1797 a tildar abiertamente de fábula la tradición guadalupana, el mismo que tres años antes
protestaba -y así era la verdad-, que
no pretendía negar, sino robustecer y
exaltar la tradición.
Pero más tarde volvería a desdecirse.
Oportunista en sus cartas a Muñoz, fue oportunista de nuevo al volver a la patria. Y en su primer discurso en el congreso constituyente,
del que formó parte como diputado
por Nuevo León, olvidándose de su
correspondencia con Muñoz y queriendo trocar en mérito patriótico las
pesadumbres que le atrajo su sermón
estrafalario, dijo con toda solemnidad el 15 de julio de 1822: «Los mejicanos, en el año de 1794, me llenaron de imprecaciones, creyendo que
en un sermón había negado la tradición de Nuestra Señora de Guadalupe. Los engañaron: tal no me había
pasado por la 1maginac1ón; expresamente protesto que predicaba para
defenderla y realzarla».
101

�EL CRISTAL CÓSMICO

Diana M. González
y todavía para morir, cuando,
con singularidad muy propia suya,
salió a convidar personalmente a sus
amigos para su Viático, y ant~s de
recibirlo de manos de don ~1guel
Ramos Arizpe, el 16 de noviembre
de 1827, pronunció ante la fas_tuosa
comitiva militar y popular un discurso volvió a protestar solemnemente
qu'e él no había predicado contra la
tradición guadalupana.

EL CRISTAL CÓSMICO

Cerca del sexto año solar
la mitad de tu rostro
aún estaba somnoliento.
Te vi, reflejado en el cristal
de la ventana, justo a la inversa
como si tu ojo derecho
fuese el izquierdo.
No desperezaste tus alas cristalizadas
y tu voz sonaba a bostezo.
Tu mirada me pareció entonces
resignación o quizás olvido.

Ya de todo esto se colige la poca
seriedad que puede conc~derse a la
impugnación del Padre M1er.
Atiborrada de insegura Y tu~ultuosa erudición, de ardientes disparates mezclados con útiles ob~e~vac1.ones, de fantaseas etimolog1cos
1. r
-pues e1 Padre gozaba con mu
. t1pb1car citas en náhuatl, aunque ignor~ a
el náhuatl-, su impugnación ha sido
refutada vigorosamente por T?rn~l y
Mendivil, por el Padre Ant1coh y
. 1armente. en
otros, y smgu
. nuestros
,
días por don Primo Fehc1ano Velazquez, en su notable libr~ sobre La
Aparición de Santa Mana de Guadalupe ( 1931 ), nutrido de austera y
decisiva erudición.
Fray Servando es todo un caso
psicológico. Muy en serio, resulta
imposible. Risueñamente hay que
tomarlo - y disfrutarlo- como era.

102

Me dijiste: «Mañana saldrá el sol entre tus manos,
surgirá, lento y amarillo, como un disco cósmico
que abarcará todas tus extensiones corporales ... »
Entonces te besé
y tu voz se evaporó entre mis labios
como si no hubiese sonado nunca
en la habitación
ni en mis oídos.
Despacio abrí mis párpados
y sólo el vaho de mi aliento trazó
tu figura helada de cristal
sobre la ventana.

r.,
103

�VIAJE DE ESTUDIOS

Pedro de Isla
La puerta del baño está cerrada y el

LA NOCHE-CRISTAL

Un punto de luz hirió la o_scuridad.
Un punto con punta de cristal
abrió las entrañas de la noche.
El rumor de su filosa arma suspendió
el movimiento del sueño.
¡Que se viene abajo el cielo!
Las bocas se abren y gritan y juran .
que los antiguos juramentos no son ciertos.
La noche ya no es la misma.
Las estrellas de cristal
se la están comiendo a besos.
Aquí terminó todo.
Aquí comenzamos de nuevo.
Nadie escapa, que el que aprisiona
también es su propio prisi~nero
nos lleva de la mano hacia el punto de luz
~ue hoy está hiriendo mi cerebro.
Que hasta aquí llegamos.
,
No hay nada nuevo. La noche se cayo
en pedazos. Hoy se abrieron las puertas
del infierno.

vapor del agua caliente empaña el
espejo. En la regadera, Susana Treviño cierra la llave y aprieta su cabello para secarlo un poco. El baño le
ayuda, como siempre, a eliminar
parte del estrés que le producen estos viajes. Mañana se cumplen cuatro años desde su última visita a
Guanajuato. Cuatro años que no
puede olvidar, ni quiere. La ciudad a
la que no desea volver la recibe de
nuevo en pleno Festival Cervantino.
La ciudad en su punto de ruptura y
en el de ella. Susana dividida en antes y después del Cervantino, en antes y después de la plaza de los hippies, en antes y después de las escaleras del Teatro Juárez, en antes y
después del Guanajuato Grill, en antes y después de hace cuatro años.
Seca su cuerpo y sale de la regadera
envuelta en una toalla. El cabello esconde la nuca y le cuelgan pequeñas
gotas de las puntas rizadas, oculta la
cicatriz que se hizo siendo una niña
pequeña. Por la que empezó todo hace cuatro años, la que después le
marcó el vientre.
Los papeles y comprobantes del
viaje cubren una de las camas gemelas del cuarto. La otra está llena de
faldas amplias, largas y sobrias, de
blusas cerradas, de un par de chaquetas, de zapatos de tacón bajo y de

una pequeña maleta con la ropa interior. Susana se acomoda de frente al
espejo del baño, lo desempeña haciendo círculos con una de las puntas de la toalla y se mira en él como
hace cuatro años, como hace otra
Susana. Comienza a cepillarse el cabello.
Las pequeñas nubes que flotan
perdidas en el cielo protegen por
breves instantes del sol y proyectan
su sombra en las calles llenas de curiosos, de esos que apenas llegaron
hoy y piensan que lo primero debe
ser salir·a la calle y expulsar ese sentimiento de libertad que se respira en
cada callejón de una ciudad que sirve de escondite para quienes desean
hacer salir a la superficie sus anhelos
antes reprimidos. Hay que ser como
todos: diferente. Demostrar que la
estancia en ese epicentro del movimiento será para comportarse como
sólo Guanajuato puede querer que
sean.
En su cuarto, Susana termina de
arreglarse y guarda en un par de legajos los comprobantes de pagos y
reservaciones, listas de pasajeros y
horarios. El compromiso de trabajo
que la trae, irónicamente, como guía
de un grupo de estudiantes a esta
ciudad, haciendo ahora el otro papel
de aquel viaje. Hace tiempo para de-

cidirse a salir del hotel, pasa varias
veces frente al espejo y mientras se
mira de reojo inventa pretextos: revuelve de nuevo los comprobantes
del viaje, le da otro vistazo a la lista,
revisa la fecha y hora de partida del
autobús que la regresará a su refugio
norteño, a la ciudad sultana, la ciudad madre, padre, maestra de lo
bueno y lo malo, la que premia el
trabajo decente y castiga cuando empiezas a desviar el camino.
Susana acomoda el pelo que cae
por la frente y le tapa los ojos, abre
los cajones sin buscar nada, como
último recurso para evitar las voces
tras la puerta, esas voces que atraviesan la madera y se dejan percibir
entre el murmullo de la calle. Susana ... Susana... Sus. La piel se le pone alerta ante el murmullo creciente: Sus... Sus ... y Sus siente sus remordimientos, sus autocompasiones, sus evasiones, sus autochantajes, sus todos. Los sus que se agolpan en los recuerdos y la anterior
visita a Guanajuato, la agobian: Sus
tonta; Sus que te lo advertí; Sus que
por eso no quería que fueras con
esas amigas: Sus que dinos quién
fue ; Sus que cómo que ni le viste la
cara; Sus que a quién escondes; Sus
que tus ojos dicen que mientes; Sus
que esto no es ningún juego; Sus
que cómo responderás a las pregun-

�tas· Sus que esconde tu pecado;
'
·
? sus· que s1
. Segura
que lo quieres.;
"Jo quieres es por a1go,. Sus ' soy tu
adre ya dime quién fue; Sus que
m
'
n
quién te va a creer eso; Sus que e tonces andabas de puta; Sus que explícamelo; Sus que cómo le vas a
poner; Sus que será por cesárea;
Sus que nomás falta que salga tara·- s us que por
d . Sus que es nmo;
q~~ le pones Adolfo si nadie se !_lama así en la familia; Sus que qu1é~
Adolfo· Sus que carga con tu mes
'
'I S
ño y no me embarres con e ; us
que cualquier muc~acho decente se
casaría contigo s1 no fuera por
Adolfo, Adolfito o como se ~lame;
Sus que es lógico que empiece a
hablar; Sus que ya sé que es emocionante; Sus que tu mocoso ot~a
vez hizo de las suyas; Sus que deJa
de platicar y cámbiale el pañal a tu
.. . Sus que yo no me encargo de
hIJO,
ó
la
él; Sus que tu niño se golpe en
mollera; Sus que llévalo a las vacunas· Sus que es muy tu güerco; ~us
que' quítalo de aqu1,,. sus que s1 te
. a otro 1adO por mí puedes
quieres 1r
.
,
hacerlo; Sus que puedes vem; tu
. . Sus que cuando.
pero no tu des liz,
. á 1o pu ta·, Sus que ese t1se te quitar
·
o·' Sus
po tiene cara de manguan
que yo no voy a ir a conocer a tu
mamarracho; Sus que al menos parece querer a tu mocoso,. sus·. "·No
será el padre?; Sus que lárgate con

106

tu manguano Y tu hiJ·o sin. padre;
,
.
. Por la Iglesia? No seas nd1cula,
l,
·
· r?· Sus
SUS.. l,. a quién vas a mv1 1a . '
que tus tíos de Durango no ~an a
querer venir; Sus que por que vas
otra vez a Guanajuato; Sus que a
quién vas a dejarle tu mocoso; Sus
que llévatelo para que reconozc,a a
su padre si lo ve; Sus: ¿no sera tu
dcsped 'd
I a de soltera?·' Sus, Sus,
Sus, Sus que le agob.ta, que le marca.

LAs calles van tomando vida con
el paso de la ma,iana a medida que
los visitantes con más de una noche
.
En 1a P¡aza De la Paz,
despiertan.
. p1·es, el olor del cuero duro
emre I11p
se mezcla al de los tacos puestos so.,
bre 1111 pedazo de papel revolucwn
traspasado por la grasa, el su~or de
/a gellfe que Se roza todo el tiempo,
caminando de un puesto a otro, y !~s
tostadas con salsa verde. Un mno
ru b1·o, hi'}'o de dos chilenos• que
d venden collares)' pulseras, or111a entro
de 1111 vaso desechable)' luego lo va,
, . d' . lo 1·u11to al árbol mas
C la Slll IStnlll ,
,' .
, -s miradas se cruza,, en.
prox1mo.
u,
b sea de otra que rompa el anom,,;~ro. Susana levanta la vista de un
puesto donde venden dibujos de B~b
Marley y John Le111w11, voltea y solo_
' «A ver s1
ve una cara que le sonne.
este se avienta», piensa, mientras ve
a otro ni,io limpiarse la nariz con w,

papel que antes sostuvo dos tostadas. El calor ya molesta pero es t~ta la atracción por mostrarse diferentes que todos encue~tran algo
que les dé ese toque comun. Van tomando poco a poco el control de las
calles principales: las que d~se'"!1oJuárez e impiden
1 '
can en el Teatro
que los carros puedan moverse entre
. dras soldadas con cemento,
esas pie
T,
las llamadas «Del Tuert_o», «LA enaza», «Allende» o «Sopeña». Las
n
zonas peatonales y las que ~e co .
vierten en eso por la necesidad de
espacio.
A partir de las tres de la tarde, la
1 de amias y los alrededores
paza
.b.del
Teatro Juárez empiezan a reCL ir a
más gente, van tomando las bancas¡
los restaurantes, las banquetas, e
kiosco de la plaza y sus escaleras._
Cualquier lugar puede ser bueno s'.
se sabe que el flujo de las nueve pa
sa por ah1., LA entrada al Teatro ya
se encuentra bloqueada por una ,mu•
chedumbre desconocida entre ~1 pe~
ro con el firme propósito comun d
hacerse notar. Del lado derecho de
· ntado
las escaleras se han JU
.
.dos•
grupos de estudiantes de tm1vers1'!'1
des del Bajío que se dedican a gritar
con todas sus fiuerzas la letra de ala de las tantas canciones de mogun
ad . . rdo
da. En el centro y del l o _1zqu1e r .
otros nIQ's se sientan y deciden ve J

dejarse ver por los que pasan. Mientras, en un costado del edificio las
parejas recién conocidas comienzan
a jugar la primera sesión de lo que
será un largo estira y afloja para ver
dónde terminarán esa noche; ahí,
Susana se divierte con el muchacho
que piensa haber encontrado una
apetitosa presa de pantalones ajustados y blusa blanca semitransparente, reveladora. «Te va a salir cara la noche» piensa Susana mientras
lo convence de ir a comer una pizza
de camarones.
El estanque formado en la intersección se ve continuamente alimentado por las calles que convergen en
la plaza de armas y que en este último viernes de festival se encuentran
llenas. IA necesidad comienza a tomar la plaza y en los linderos se
arremolinan más grupos en espera
de lugar para sentarse en uno de los
restaurantes y comer cualquier cosa. Un día de alcohol debe compensarse con algo de comida sólida. Todos los sitios están llenos pero nadie
pierde la esperanza de que alguno
se desocupe, tomarlo por asalto y
ganarles a quienes desean hacer lo
mismo, No todos piensan en eso. Los
que se encuentran en las escaleras
no se mueven del escaparate, por ~l
contrario, los estudiantes han subido el volumen de sus gritos, ahora

con canciones infantiles de hace seis
o siete años que obligan a la gente a
observarlos y comentar que cómo
pueden ser tan estúpidos y ellos seguir cantando porque como los han
visto creen haber ganado la atención del errante público y ahora gritan más canciones infantiles o de
hace más tiempo. Todos se les quedan viendo y ellos cantan más y más
fuerte hasta que sus gritos se vuelven parte del ambiente y ya nadie
los oye.
Los escalones están congestionados y kis personas que salen de la
función de «Giselle» no encuentran
cómo bajar. Los alrededores son
una corriente humana moviéndose,
girando sobre sí, deteniéndose por
momentos para buscar un punto de
escape. Susana ve cómo la masa se
dilata y vuelve a contraerse, cómo
fonna sus propias vías de escape,
cómo bajan y suben por la misma
calle, aparentemente indiferentes
entr; sí, pero preparados para la
menor provocación del sexo opuesto, ve cómo las calles secundarias
proveen de gente fresca a la plaza,
al teatro, al bar LA Luna, el Gallo
Pitagórico o a IA Lonja, cómo entra
y sale una fila de los tacos de milanesa o del hotel Museo Posada Santa Fe. Esa es la noche para los menos afortunados, los que se quedan

afuera, los que no tratan de entrar a
los lugares de moda porque no lograrían hacerlo, los que deben resig,iarse a ver pasar, a comer con
los ojos, a tratar de ser felices con
su imaginación a su lado.
Desde antes de las ocho de la
noche, la puerta de entrada al Guanajuato Grill se encuentra cerrada,
la gente se arremolina, toca con insistencia para que les abran; sin embargo, las pesadas maderas no se
inmutan. Adentro, el ambiente formado a base de luces neón y tonos
fosforescentes se dibuja en la cara
de los que ya entraron; los elegidos
para ser parte de un espacio demandado por las manos y caderas que
pelean en la calle.
-¿Qué quieres toniar, Susana?
-Nada, si acaso una coca, pero al
ratito.
-Cómo que una coca. No vas a desperdiciar los boletos del cover en
puras cocas. Mira, mejor te pido algo, ¿okey?
-Ni creas que me voy a tomar una
de tus horribles cervezas.
-Nómbre, algo que casi no tiene sabor a alcohol.
107

�-No insistas, yo no tomo.
' uno, ¿·s1'?•
_ Nada mas
-Que no. No sé cómo me dejé convencer para venir aquí.
-Porque hace rato yo me comí un
pedazo de pizza. Así que ahora te t~ca tomar algo de lo que sirven aqu1.
-Bueno, sólo uno y luego me traes
una coca.
-Es es todo, Sus, verás que es algo
bien suave, ni lo vas a sentir.
El lugar sigue recibiendo gente
que logra traspasar las barr~ras q~,e
significan entrar por la saltda e mventar pretextos para convencer a
, · y los videos
los guardias. La mus1ca
proyectados en las pantallas ~e los
extremos mantienen entretenidos .ª
quienes aún no consiguen su pare1a
de la noche y los usan como excusa
. 1·b
para sentirse
i era dos' satis:fiechos
de estar con los depositarios de la
suerte o las influencias para estar
ahí. Una nueva revolución parece
querer engendrarse tras la puerta
que da a la calle. Las ma~ws que antes tocaban con insistencia han c~mbiado de ritmo y ahora se e11Sana~
con la madera. los empujones siguen reproduciéndose a medida que
108

el tiempo se consume y la hora en
que cierran todos los luga:es de
Guanajuato se va acercando irremediablemente.

En el cuarto del hotel, Susana
Treviño decide por fin salir y buscar
algo para cenar. Baja las escaleras y
sigue por el pasillo con las paredes
. das de blanco que. contrastan
pinta
con el rojo de los mosaicos d~I s~elo. Un foco antes del final, impide
ver la calle en penumbras. Conforme
camina, Susana siente de nuevo las
voces de su cuarto: tonta, te lo ad~
vertí, dinos quién fue, cómo que nt
le viste la cara, a quién escond~s, t~s
ojos dicen que mientes, no es nmgun
. ego cómo responderás a las preJU
'
.
,
guntas, tonta, advertí, quién, como,
. J·uego • cómo' preguntas, tonta
OJOS,
advertí cómo ojos cómo cómo cómocómocómo.
Al salir, ve cómo el sol asciende
y se escabulle en los callejones_ que
parecen haber crecido con la misma
rectitud de una enredadera, entrelazados unos y solitarios otros. Suben por
los cerros, bajan, los circundan y perforan; los cubren de piedras _grandes,
redondas, formando un labennto p~a
el recién llegado, evidencian el mito
creado en tomo a sus rincones, sus
formas y sus ruidos, con b~nquetas
intransitables y calles imposibles pa-

ra los modernos carretones. Los ladrillos y piedras de las casas que los
bordean ven cómo la sombra, que les
prodiga un descanso contra el sol d_e
otoño, disminuye hasta alcanzar pnmero sus bordes y después toda la superficie. Junto a ellos, el metal de las
ventanas se templa y refleja el calor
en las partes que conservan ~stros de
pintura. Susana no quiere deJarse envolver por ellas, dejarse atrapar por
las piedras que le recuerdan el cuarto
127 del Hotel Hacienda de los Cobos, que le recuerda el rostro duro,
seco, de quien dijo llamarse Alfred?,
de quien dijo muchas otras cosas sin
importancia además de llamarse
Adolfo.
El movimiento de la llave al girar el seguro rompe el silencio de la
habitación. Mira hacia adentro, buscando alguna señal que delate la
presencia de otra persona. Nada.
«Aquellos deben estar tratando dt
entrar a Galerías, espero que tarden
un buen rato en regresar.» Abre por
completo la puerta y ayuda a que
Susana entre. «De veras no sabes tomar», le dice, mientras la abr'!1-°
por la cintura. Está flácida, sus piernas se arrastran por la alfombra.
comienza a resbalarse y él tiene qu~
detenerse para tomarla de nuevo,
avanza uno, dos pasoS Y llega a la
cama. Ella hace un movimiento con

el cuerpo tratando de reaccionar,
como queriendo ayudarlo con su
carga; él siente cómo se le escapa y
la aprieta con fuerza, sus brazos se
apoyan en los senos de Susana, esos
senos que desde hace rato desea,
que ha imaginado a través de la blusa de tela delgada; firmes, redondos. la levanta. Con la mano izquierda empuja la colcha y las sábanas mientras se deja caer junto a
ella. Ahora su mirada se posa en los
ojos de Susana, esos ojos entrecerrados que quisiera abrir para que
vieran cómo la acaricia, cómo toma
su cuello con ambas manos, las pasa
junto a la cicatriz y después bajan
lentamente hasta el primer botón de
la blusa, que vean cómo tienta el tamaño del ojal y pasa por el primer
obstáculo tratando de no despertarla. Se sienta y la ve acostada alborde de la cama, de la blusa semiabierta se asoma un tirante del sostén, el botón abierto deja ver parte
del seno derecho. Se levanta y va al
baño, antes de llegar tira la camisa
que cae junto a una silla.
la luz del baño inunda la habitación cuando abre la puerta para regresar. Susana siente la molestia y
gira hacia el centro de la cama. la
ve de perfil, cierra la puerta y en la
semioscuridad esquiva una pequeña
mesa antes de llegar de nuevo con

ella. Se quita los zapatos, los pone
suavemente en el suelo para 110 hacer ruido y se acomoda en la cama:
la toma por la cimura, comienza a
acariciarla, acerca las manos a la
hebilla del pantalón, siente como la
temperatura del metal contrasta con
la de sus manos, las sube apenas
unos centímetros hasta sentir que
bajo la tela hay una piel tibia y abre
el botón del final de la blusa; sube
un poco más, encuentra el siguiente,
lo abre despacio. Mete con cuidado
la mano por esta nueva entrada y toca su piel, la siente tan diferente a
cuandq estaban en el bar, le gusta
más así, erizada, desinhibida. Recorre con lentitud la superficie expuesta: primero hacia un lado y luego
hacia el otro. la observa de nuevo,
su rostro está calmado, se mueve como si so,iara con el mar y su movimiento rítmico. Se acerca al siguiente, los cuenta: después de ese sólo
quedarán dos más. Sus dedos batallan, los hilos que salen de la costura del ojal se enredan en el botón.
Piensa cómo abrirlo sin que ella lo
sienta; decide dejarlo para el final y
pasa al de más arriba, el que se
mantiene en el aire, flotando entre
los senos de Susana; lo toma, cede
al momento y deja a la vista el broche que se convierte en la última
vuelta a la llave. Ella se mueve, respira profu11damente y miemras se

acomoda boca arriba, aprovecha el
movimiento para estirar con cuidado el botón que se Le dificultaba, los
hilos ceden.
la blusa se abre, toda, cae dejando al aire la forma del sostén.
Susana gira la cabeza y murmura
palabras incompletas. la toca, pasa
las manos por los senos y los aprieta
con suavidad; el ritmo con que respira Susana cambia, se hace más
lenta y profunda. El crucifijo que
descansa entre ellos resbala y se esconde en los pliegues de la sábana;
él los besa, primero uno y luego el
otro; descubre que el sostén tiene el
broche por el fre11te, lo toma y trata
de abrirlo como ya ha hecho con los
botones. No es tan fácil, el broche se
niega a liberar los senos. Se acomoda más cerca de ella, busca la mejor
manera de abrirlo sin moverla demasiado. EL broche defiende su trinchera hasta que lo vence la constancia. la presión disminuye gradualmente, los senos de Susana están libres. Ella vuelve a moverse, gira, y
se acuesta sobre su hombro izquierdo. Se queda quieto, espera que termine de acomodarse; quiere estar
seguro de que se ha dormido. Toma
con cuidado el hombro derecho de
la blusa, buscando 110 tocar s11 piel y
la desliza hasta aparecer el tirame,
lo toma también y baja, sin detener109

�VERSOS PARA LA CERCANA DURMIENTE

John Brush.wood
se, por el hombro, el braza, el codo
y la mano; hasta llegar a la superft_cie de la cama. Ahora busca la hebilla del pantalón.
El movimiento perpetu~ sigu_e
aumen tando en toda la Avemda Juarez. De la plaza de los hippies se pasa a otras más donde bien puede tocar un grupo de música de protesta,
venderse cassettes piratas a plena luz
del día o jarras de vino tinto fermentado con frutas de temporada_ y mucho hielo para hacerlas rendtr. _Los
restaurantes casi· no tºienen comida a
esta hora, la gente vive y se transporta a través del alcohol y de las
promesas de una buena noche.
«Pudo ser cualquiera de éstos»
· por la
dice Susana, mientras camina
Avenida Juárez rumbo a la Plaza de
Armas, cuidándose de que ~u pelo
cubra la cicatriz de la infancia, para
que nadie la aborde y después pregunte ¿que, te pas6 ahi'?· • para
. que no
,
la invite al Guanajuato Gnll despues
de una pizza, para que no te_ng~ que
oír de nuevo los ecos recnmmato. para no cuidar a otro Adolfito,
nos,
para que no termi~e como su anterior visita a GuanaJuato.

110

Anda,.déjame leer en él
(en tu corazón, quiero decir).
Justo ahora, dentro de este
instante suspendido,
parecería que
puedes dejarme hacerlo.
Hasta hace poco creí
que pronto, cualquier día,
el borde y el filo podrían desaparecer
y la esfera se volvería infinita.
Pero ahora lo dudo por completo.
¿Cómo puedes saber las
respuestas? Yo mismo supongo
-solamenteel nombre de algún mundo
en cuyos límites
me balanceo.
Tu certeza en cambio
está en la somnolencia,
no en el conocimiento. Yo
caminaría la blandura
de las agujas de pino en los bosques
con la esperanza insensible
de hallarme frente a frente
con una ninfa razonable.
Versión de Julián Herbert

111

�¿QUÉ VAMOS A HACER CON
LOS BOLILLOS?

Francisco Juárez-Torres
San Carlos, al igual que sus otras
ciudades hermanas en el globo compartía, aunque en menor escala, vivencias y voluntades, pasiones y
personajes. Esta pequeña ciudad estaba seccionada en dos áreas por las
delimitaciones de un cuasi muro berlinesco, que se formaba por largas
paralelas de acero; un camino por
donde mañana, tarde y noche, transitaban máquinas raudas que rompían
la aparente quietud de la comunidad,
máquinas que bufaban como bestias
en celo, ensordeciendo el ambiente
sin que sus conductores mostraran
por ello la más mínima piedad para
esos seres, en comparación pequeños, que tenían que sufrir día con
día, hora tras hora y que con temor
las veían pasar. En una de esas secciones de la ciudad, aquélla que por
coincidencias o simplezas del destino, se encontraba bastante alejada de
este mundanal ruido, allí se erigían
casas de estilo victoriano con hermosos jardines, pletóricas de flores y
suntuosos arreglos propios de una
revista de información turística. En
el otro lado de San Carlos, como
contrapartida, como reverso de la
moneda, había casas de humilde
apariencia y misérrima realidad, en
ellas el polvo, el ruido y la mugre se
daban la mano y algo más.
A escasos cinco metros de la vía
del tren ubicaron su residencia. Fue
demasiado tarde cuando comprenll2

dieron por qué era esa la única casa
en renta disponible que se ajustaba a
su presupuesto. Entre diecisiete y
veinticinco veces al día esas máquinas hacían temblar muros, pisos y
ventanas, dando carácter y temple a
SU VIVIL

La familia estaba formada de dos
hijos y los padres; la madre, una sureña anglo que nunca se imaginó
adónde la llevaría el amor; el padre,
descendiente nahuatlaca, mitad indio, un poco de moro, un poco de
gachupín y algo de pirata. El hijo
podía pasar como anglo, por la predominancia de los caracteres maternos: chapas coloradas, güero, alto y
patón; la hija de color apiñonado,
con grandes ojos oscuros y una hermosa mata de cabello negro, representaba más la fusión de las razas.
En esa época ella tenía catorce
años y ya había empezado a sentir el
llamado de la vida, con sus gracias y
sus encantos. Su mundo giraba alrededor de un arco iris racial, unos seres de color café, otros negros, blancos, amarillos, y rojos. Su cultura una tercera, o cuarta o quinta, ¡qué
sé yo!- se alimentaba y enriquecía
con la experiencia diaria, con los encuentros y confrontaciones periódicas.
Ese día su vida había alcanzado
uno de esos puntos álgidos, climáti-

cos, de explosiva cadencia. La frustración de un algo insignificante rebasó los límites de lo tolerable, alguien que resultó racialmente diferente fue el o la causante. Presta a
solucionar de tajo el problema, tomó
una decisión y cuando se encontró
con el padre, se le acercó. Al estar
frente a frente, respiró profundamente y desde lo más hondo de su sentir
le disparó sus palabras con unas ganas tales que el padre alcanzó a sentir la fuerza de sus pensamientos
cuando ella le dijo:
-¡ Papá, ya no quiero nada con
los bolillos!
Ese grito liberó de su alma un
pensar por largo tiempo retenido,
era un clamor que había recorrido
con ella día con día una enorme
distancia, distancia llena de conflictos raciales, de luchas y prejuicios que había tenido que confrontar, callar y soportar. Ese grito fue
como llegar a conocer por fin el
otro lado de la moneda, imaginar
que la versión peliculesca de «El
Alamo» que ella había visto tenía
otro fin. Su voz era como un eco
que se venía repitiendo desde decenas de años atrás buscando ser escuchado. Había convicción en su
palabra, en su cara se reflejaba una
inmensa seriedad. El padre por te·
mor a causarle un daño mayor no
quiso diferir en su cometido y s--!a-

mente -~lcanzó a comentar, como
una acción solidaria, conciliadora:
-Está bien, mi niña.
Pasado el momento y permitiendo que ella_ se hubiera desahogado
e_n parte, él inmediatamente le inquinó con una pregunta baladí de inocente aspecto.
- ¿y qué haremos? -en ese ins~nt~ se incluyó en su mundo y contmuo-. ¿y qué haremos con tu madre, la morena, y qué haremos con
tu granddady y con tu grandma, tu
une/e Ydemás parientes?
. T~o un mundo de personajes y
v1venc1as volvieron a sucederse en
su memoria y recorrieron un pasado
c~rcano lleno de recuerdos que la hicieron detenerse y volver a replantearse la interrogante, ¿qué haremos
con los bolillos? Los bolillos hasta
en la mesa los tenemos, los vemos
tan pronto nos amanece y nos anochece. No se puede ignorar a toda
esa parte de la población como tampoco ellos podrán seguir ignorando
nu~stras vidas. La falta de tolerancia
es ignorancia.
¡Podemos comer con bolillos como también con tortillas, la decisión
es nuestra!

113

�BANDERA CON HILOS DE ORO

Dámaso Murúa
El joven cubano recala otra vez, por
tercera ocasión, a la barbería del Hotel Regis. Anda buscando al expresidente isleño Prío Socarrás, quien
después del golpe usurpador dado
por Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, ahora se aloja en un hotel por las calles de Florencia, a unos
pasos del Paseo de la Refonna. ~ide
más de seis pies, está rasurado, tiene
nariz como tucán, ojos de cernícalo
astuto y se ve resistente y nutrido a
pesar de que pasa hambres frecuentes y acostumbra taquear en San
Cosme. Duenne en el Otros Mundos, un hotel de las calles de Bolívar. Siempre lo acompaña un argentino gangoso y desmedrado, de fre~te amplia y ojos mesiánicos. El cub1che fue al béisbol del Parque Delta
la noche anterior y se emocionó con
tos batazos de Mario Ariosa Ylas fildeadas de Santos Amaro. Ahora le
pregunta al peluquero Rodolfo Lee:
-¿No ha venido Prío a rasurarse,
chino?
-Vino ayer y ahora no le toca.
Tal vez mañana.
Se fue ese día pero volvió al siguiente, cuando ya pudo saludar al
derrocado Prío. Ambos se trasladaron al café del hotel, cuyas mesas de
manteles blancos y rojos tenían un
aire de tranquilidad amable. Platica114

ron por más de dos horas, el rebelde
parloteando y manoteando con énfasis para hacerse más explícito. El derrocado en el exilio escuchaba con
atención y ofrecía con frecuencia su
apoyo contra el gobernante usurpador. Se levantaron para salir rumbo a
la Avenida Juárez, donde se le oyó
decir: Ven a verme en otra ocasión,
Fidel, hoy me voy porque tengo cita
con el presidente Alemán, a la una.
El cubano dijo que volvería, seguro
de que sí.
Mario Mendoza estudiaba en la
Universidad Nicolaíta de Morelia.
Se trasladó de Zacapu a la capital
michoacana con el objetivo de convertirse en abogado, pues su padre
le había dado ejemplos singulares
en conducta personal que lo condujeron a ese propósito. Se hospedaba en el cuarto del fondo de una
vieja casona, en una calle cercan_a
al centro moreliano. La hostena
era atendida por una señora amable
que guisaba inmejorables platillos
mexicanos. Entonces, contaba con
dieciséis años y era vivaracho cual
tarasco o purépecha emprendedor.
El director de la escuela no vaciló
en seleccionarlo para que fuera el
cicerone de dos hombres desarraigados que el general Lázaro Cárdenas protegía políticamente. Después del sexenio alemanista, el gobierno de Adolfo Ruiz estaba preso

en una partida de dominó vacilante
pero algebraico en aras de combatir la corrupción heredada. En Cuba continuaba disfrutando los haberes el mulato Fulgencio. Socarrás no retornó a ta presidencia de
la cual fue desplazado; Menocal
vivía en Miami y otro tiempo del
año en Venezuela, añorando las
fonnas de ser y convivir cubanos.
Hospedados en el hotel Virrey de
Mendoza, procuraban soportar sus
propios auxilios, Rómulo Gallegos Y
Andrés Eloy Blanco. A veces, les
llegaba en el camión Tres Estrellas,
Moratín, otro escritor también ven~
zolano. Rómulo, el día que conoció
a María Félix, exclamó: esa es mi
Doña Bárbara, lo cual ocasionó que
se cambiara el argumento cinematográfico en favor de la sonorense, para lo que se hizo necesario despl~
de ese papel a Isabela Corona, qwen
había sido ya elegida. Gallegos, también es autor de los libros Canaima.
LA Trepadora y El último Sola~,
obras editadas y conocidas en La~noamérica. Desde 1930, venía partl·
cipando en la política de su país pero
fue expatriado en ese año, porque se
negó a desempeñar el cargo d~ senador en el presidencialato del dictador
Juan Vicente Gómez. Así que en
México se encontraba exiliado en
segunda instancia, desde 1948. En
l947, lo eligieron presidente de Ve-

nezuela, pero al siguiente año los
militares le dieron un golpe de estado por lo que fue substituido con
una junta de gobierno. En nuestro
país duró exiliado hasta el año de
1958. Lo acompaña a todas partes,
Andrés Eloy, otro escritor de su misma Venezuela, autor de las obras
Poda y Tierras que me oyeron. Estamos en el año de 1955.
Con la tercera compañía del estudiante Mendoza, los dos canaismas han podido conocer el jardín
esplendoroso que es el estado de
Michoacán. No se detuvieron, después de admirarla, en las trenzas
blancas y húmedas de la Tzaráracua, sino que continuaron por los
pueblos de Nueva Inglaterra, Apatzingán pueblo caliente del sur; refrescaron su vista en el océano Pacífico y en las bahías de Agua Azul
y Ocampo. En la comisión del Tepalcatepec, que presidía Cárdenas,
los llevaron a conocer las impetuosidades del Río del Infiernillo, región luminosa de la naturaleza de
esos rumbos. Había que tener cuidados con los amigos de Caracas,
pues nunca se sabe hasta adónde
tienen límites los odios. Mario recuerda que las charlas de los dos,
siempre estaban matizadas y ancladas en el recuerdo y la nostalgi~.
Ambos viejos sufrieron el exilio.
Pero un día llegó el mulato Sa-

mue!, trayéndoles un recado cubano. El frustrado asalto al Cuartel
Moneada, hecho el 26 de julio de
1953, había ocasionado la expatriación, otra vez, del luchador Fidel
Castro.
Con puro ardiente, recién comprado en los portales del Café de
La Parroquia, en el Veracruz tres
veces heroico, llegó al puerto de
Alvarado en compañía del argentino pelirrojo, el rebelde Castro. Andaban buscando un puerto que no
tuviera ruido publicitario, para
comprar un barco chiquito en qué
cruzar el Golfo de México, arribar
a Cuba e internarse en la sierra de
la isla añorada. Tomaron cervezas
heladas en El Canal de Suez, cantina que adormecida como caimán
repleto de borrachos, se localiza en
la bocana del Río Papaloapan. Con
el Recamito, degustaron unos chucumites y petos fritados pero se
chuparon los dedos con el Arroz a
la tumbada. Preguntaron quién les
podría vender un barco; «aquí preguntan por ti, compadre, dos cuba_nos que quieren ir a partirle su puta
madre a Batista». Joaquín Cruz Lira les dijo que tal vez con Camarero o con otro carpintero de ribera
apellidado Uscanga. Pero en ese
puerto no compraron nave, después
fueron a Tuxpan y al puerto de
Frontera en Tabasco. En nueva

ocasión que volvieron para participar en un concurso de danzón en
Villa de Mar, otra vez eructaron alcoholes y comida alvaradeños;
afirmaron amistad cantando al estilo de un poeta repentista, con Joaquín, y prometieron volver, lo cual
hicieron el día de los muertos en el
año de 1956. Para estas fechas ya
habían comprado un barco chiquito
a la familia Deschamps, en Tuxpan. Cárdenas les había proporcionado una parte del dinero, Prío So' arrás completó con dólares. Andaban practicando al estilo West
Point, los balazos, en los cerros
traseros de la Basílica de Guadalupe, en el Tepeyac de la capital mexicana.
Un día antes, Rómulo y Andrés
Eloy, le pidieron prestado su cuarto de estudiante a Mario Mendoza.
Que lo iban ocupar en una larga
plática que sostendrían con dos cubanos, y no tenían confianza en los
que administraban el hotel mucho
menos en los que lo visitaban. El
muchacho accedió, pero se quedó
vigilante a la entrada de la casa de
asistencia, a ver qué se les podría
ofrecer. Los cubanos llegaron en
punto, a las ocho de la mañana,
cargando dos cajas grandes de habanos olorosos. Fidel vestía camisa
azul, pantalones de dril y un sombrero Tardán. El argentino enclen-

ns

�que y tosigoso, apenas si se hacía
notar. Rómulo y Eloy los saludaron
afablemente y cerraron las puertas
del cuartito invadido.

SEÑAS/RESEÑAS/
CONTRASEÑAS

Duraron platicando todo el día.
A veces alzaba la voz el venezolano y en otras el cubano, entre chupes y chupes de los habaneros. A
las doce del día, abrieron la puerta,
Mario se ofreció para ir a comprarles refrescos, pero luego cerraron
otra vez el cuarto, ahora con piedras y lodo.

'

.

A las diez de la noche salió primero la humareda de los cadáveres
de los puros; el piso estaba todo
enbachichado y salivoso. Los cuatro juntos se despidieron mutuamente, pero Fidel le dijo en voz alta a Rómulo:
-Okey, Rómulo, okey. Nomás te
aclaro que nosotros iremos más lejos
que tú. Deséanos buena suerte, nada
más.
- Buena suerte, socio. Salúdame
a Bola de Nieve, cuando llegues a
La Habana.
Andrés Eloy Blanco muno en
México en un accidente automovilístico. Rómulo Gallegos arribó al
aeropuerto de Maiquetía, en 1959.
Los barbones estaban por tomar el
116

poder del gobierno cubano. Y lo
tomaron en enero de 1959.
El B.M. Granma, recién bautizado, partió del puerto de Tuxpan,
de la bocana que tiene faro en la
delta del Río Pantepec, al norte de
Veracruz. En la proa de la nave ondeaba una bandera cubana azul iluminada por una estrella. Se la regalaron a Fidel en el bienhablado

puertecito alvaradeño. Fue bordada
con hilos de oro por las manos de
Adela Cruz Lira, quien vivía con
su hermano Joaquín en la calle del
Doctor Luis E. Ruiz. La recogieron
en el restaurante La Perra Pinta,
un mes antes del 2 de diciembre de
1956, con deseos reiterados de
buena suerte.
7 de septiembre de 1993.
117

�UN TESTAMENTO LITERARIO

Teresa Aveleyra-Sadowska
Tal vez un decenio más de vida y el
escritor italiano Italo Calvino hubiera entrado, en carne y hueso, al siglo
veintiuno. Ha muerto a los 62 años,
en la plena juventud que nunca lo
dejó y que siguió alimentando su fe
en el futuro, su fresca originalidad,
su contagiosa travesura literaria. Este narrador fuera de serie, a quien su
primer crítico bautizó scoiattolo della penna -«ardilla de la pluma»- se
nos ha ido a saltar en otros árboles.
El inventor de un vizconde demediado -cuyas dos mitades actúan separada y opuestamente- , de un barón
rampante -el cual, niño aún, trepa a
un árbol para vivir su vida en las alturas del bosque-, de un caballero
inexistente, cuya perfección caballeresca se ejerce en una annadura vacía; el creador del entrañable y absurdo Marcovaldo, el poeta de Las
ciudades invisibles... Italo Calvino,
en fin, ha muerto. Sigue y seguirá viviendo en su obra multiforme, sonriente y profunda, lúdica y eficaz ante los problemas del hombre actual.
Sigue viviendo también en lo que
puede considerarse su testamento literario: recopilación póstuma de seis
conferencias que habría pronunciado
si la muerte no se lo hubiera impedido. Afortunadamente, están ya publicadas en español, bajo el título de
Seis propuestas para el próximo milenio (Ediciones Siruela, Madrid,
1989).
ll8

Este libro se abre con una esperanzada afirmación de su autor: «Mi
fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la
literatura, con sus medios específicos, puede dar». Y continúa: «Quisiera dedicar estas conferencias a algunos valores, cualidades o especificidades de la literatura que me son
particularmente caros, tratando de
situarlos en la perspectiva del próximo milenio». Aclara que ninguno de
esos valores excluye el valor contrario.
En primer lugar -&lt;iice- la literatura del siglo veintiuno deberá tener
LEVEDAD, deberá «sustraer peso a
las figuras humanas, a los cuerpos
celestes, a las ciudades... a la estructura del relato y al lenguaje». Considera a la literatura del futuro como
una «función existencial... búsqueda
de la levedad como reacción al peso
del vivir». Naturalmente, el sentido
del humor -en el que Calvino es
maestro- tendrá que estar presente
como «esa especial modulación lírica y existencial que permite contemplar el propio drama como desde
fuera y disolverlo en melancolía e
ironía».
La RAPIDEZ es el segundo valor
que Calvino exalta: «En una época
en que triunfan otros media velocísimos y de amplio alcance... la función de la literatura es la de estable-

cer una comunicación específica entre lo que es diferente en tanto que
diferente, sin atenuar la diferencia
sino exaltándola según la vocación
propia del lenguaje escrito». «En los
tiempos cada vez más congestionados que nos aguardan, la literatura
deberá apuntar a la máxima concentración, tratando de extraer de ella el
máximo de eficacia narrativa y de
sugestión poética». Y concluye con
una regla de oro: «Toda operación
de renuncia estilística, de reducción
a lo esencial es un acto de moralidad
literaria».
EXACTITUD es su tercer valor.
Lo explica diciendo: «Exactitud
quiere decir para mí, sobre todo, un
diseño de la obra bien definido y
bien calculado, y la evocación de
imágenes nítidas, incisivas, memorables». Y aquí Calvino imbrica este
valor con el que ha enumerado en
cuarto lugar y cuyo concepto desenvolverá en su cuarta conferencia: la
visibilidad.
VISIBILIDAD. Calvino habla de

la actual «peste del lenguaje», ese
automatismo que tiende a nivelar la
expresión lingüística en sus formas
más genéricas, anónimas y colectivas, a diluir los significados, a limar
las puntas expresivas. Añade que no
sólo el lenguaje está afectado por esta peste, sino también -y esto es lo
peor- las imágenes mismas. Vivi-

mo~ bajo una lluvia ininterrumpida
de imágenes, pero imágenes que nada tienen que ver con la alta fantasía
ni con la imaginación creadora, imágenes prefabricadas para una voluntaria pasividad y que «carecen de la
~italidad interna que caracteriza a la
imagen como riqueza de significados posibles». y Calvino concluye
así eS te apartado: «Si he incluido la
visibilidad en la lista de los valores
que se han de salvar, es como advertencia al peligro que nos acecha de
perder una facultad humana fundamental; la capacidad de enfocar imág~nes con los ojos cerrados, la capacidad de pensar con imágenes».

con la rica sobriedad de su obra toda ella risueña y aparentemente fantástica y, de hecho, estrechamente ligada ª la profunda realidad humana
y a todo aquello con lo que el hombre convive. Quizá otra manera de
nombrar este valor sería vitalidad
A~í es como se encuentra en un pa~
SaJe d~I propio autor: «Una página
es valiosa únicamente cuando, al
volverla, detrás de ella está la vida
que empuja Y alborota todas las ho~
jas del libro» (/l cavaliere inesistente, Einaudi, Torino).

MULTIPLICIDAD. En su quinta
conferencia, Calvino desearía una literatura del siglo veintiuno «como
método de conocimiento y, sobre todo, como red de conexiones entre las
personas, los hechos, las cosas del
mun~~»- Esperaría «una obra que
~rm1t1era salir de la perspectiva limitada de un yo individual, no sólo
para hablar con otros yoes semejantes al nuestro, sino para hacer hablar
ª todo lo que no tiene palabra...».
CONSISTENCIA. De la sexta
conferencia de este ciclo sólo se
conserva este útulo; el manuscrito se
perdió. Pero el título es sugerente, y
el testamento literario de Jtalo Calvino no queda incompleto para quien
eSlá familiarizado con la solidez y
119

�SOBRE EL LIBRO DE CUENTOS SIMETRIAS

Luisa Valenzuela
Tengo entre manos un nuevo libro
de cuentos a punto de ver la luz. Me
resulta casi milagroso ver cómo 10dos estos entes, de vida tan individual y propia, encuentran su lugar y
se acomodan entre sí para crear una
nueva superestructura.
Muchos nacieron -y el nacimiento de un cuento siempre me toma de
sorpresa, me deslumbra- de una frase escuchada o entrevista, o de una
mínima anécdota que despliega ramificaciones y hace ver la otra cara
de lo dicho. Todo es cuestión de pescar un hilo muy sutil, de poder tirar
del hilo impidiendo que se rompa. O
se vea traicionado.

120

Se podría decir que los cuentos
de este nuevo libro, Simetrías, fueron escritos a lo largo de diez años,
pero no es del todo así. Escribí el
que da título al conjunto en el 84: yo
vivía entonces en Nueva York, y había viajado a mi Buenos Aires querido para enterarme, entre tantas otras
cosas, de ciertas historias del horror
dictatorial y del trato de las mujeres
detenidas en las cárceles clandestinas. No pensé en volver a abordar un
tema que desde otro ángulo ya había
tocado en un libro inédito en la Argentina, Ca~bio de armas. Pero el
tema se me impuso, y se fusionó con
otro, mítico, del 47, y empecé a escribir múltiples comienzos, trabajando las asociaciones y las obsesiones

hasta completar lo que resultó por
fin un relato en fragmentos. Quizá el
más intenso que he escrito. Mal que
me pese.
Los años siguientes anduve metida en novela -sobre todo Novela negra con arge111i11os-, cosa que significa vivir en otro plano, en otro estado, como el amor fiel. Los cuentos
en cambio son como una intensísima
aventura sentimental, englobadora y
más o menos rápida, que se completa en sí misma. Historias instant, a
las que el lector puede añadirle el
agua clara de su imaginación y tener
alimento para rato. Por eso me encanta el cuento: contiene el mundo
en un núcleo.
Me encanta y no me resulta para
nada fácil escribirlo. Cada nuevo
cuento requiere una reconversión.
Aunque a veces se entra en la onda
verde, no necesariamente la ecología
sino aquella que nos lleva por un
nuevo carril, sin semáforos rojos
aunque con interesantes escollos.
Así, cierta mañana, vacía ya de novela, forzada a hacer tiempo en un
dilapidado café de Belgrano, descubrí cómo una no «hace tiempo» sino
que el tiempo la hace a una. Porque
me surgió de nuevo el impulso de
escribir. Y allí mismo en las servilletas de tosco papel de envolver fue
tomando forma «El café quieto» y
una nueva óptica -para mí- de ene,

rar la escritura del cuento. Estos encantamientos traen cola, y pude enfocar con otra luz ciertas anécdotas
que revelaban mucho más de lo que
aparecía a simple vista. Una visión
lateral, como el tango que se baila en
el cuento que ahora abre el volumen.
Eran tiempos de gran felicidad.
Podía escribir y escribir, y siempre
había más en algún tintero del alma
y los cuentos salían del horno condimentados y casi a punto. Aunque
siempre el trabajo de corrección es
infinito y sutil.
Así de cuento en cuento, a veces
descubriendo cómo el hilo narrativo
puede rescatar aquello que la historia ha obviado o deliberadamente olvidado, fue naciendo para mí una
nueva familia de cuentos, con las espaldas apoyadas sobre la realidad
que debidamente leída es tanto más
perversa que cualquier ficción.
Escribí con ganas a pesar de mis
sempiternos viajes, hasta que uno de
ellos, quizá más intenso que los
otros, cortó el chorro que algunos llamarían estro, inspiración o muñeca.
Total que sin nuevos cuentos en
el bolsillo, sin esa voz en la cabeza
que va escribiendo mientras una camina como distraída por la vida, me
nació a la vuelta de alguna esquina
porteña una pregunta vital: ¿por qué

la madre de Caperucita Roja, que se
supone es una buena madre, manda
a la nena sola al bosque donde está
nada menos que el lobo feroz? Preocupación que me persiguió durante
varios días. Había respuestas obvias,
y otras que se me fueron develando
de a poco, hasta que entendí. Y creo
haber entendido más allá de Caperucita, porque los cuentos de hadas son
historias que llegan desde el fondo
de los tiempos; y eran las mujeres
quienes narraban los cuentos antes
de que éstos tengan acceso a la noble y congelante forma escrita. Y las
mujeres no les iban a decir a sus sucesoras que sean nenas buenas y no
salgan de su casa, y no sean curiosas, y que esperen a un príncipe que
vendrá a besarlas para sacarlas del
sueño. No. La verdadera lección para convertirse en un ser humano íntegro radica en asumir el lobo, enfrentar lo prohibido. Me propuse entonces contar los cuentos más famosos de Perrault como en esencia debieron de haber sido contados antes
de la moraleja patriarcal. Contarlos
desde perspectivas a veces actuales,
irónicas, politizadas, es decir restituyéndoles -eso espero- su básica verdad. No me resultó fácil porque no
me interesa escribir para transmitir
un mensaje o enderezar un entuerto.
Me interesa escribir para ir descubriendo. Fue así como encontré una
riqueza insospechada no sólo en
esos viejos cuentos sino también en

el mundo -a cada paso más vasto,
deslumbrante y vertiginoso- que se
le abre a quien toma con mano firme
la palabra.
«Cuentos de Hades» se llama esta serie que dejó de ser infantil por
razones obvias. Cuentos de Hades
porque el señor de los infiernos metió su cola allí, como corresponde en
toda buena narración ejemplar, en
todo rito de pasaje. La cola es valiosa: útil para revolver lo estancado.
Simetrías tiene otras secciones.
«Cortes», en los que historias aparentemente simples abren cauces insospechados, «Mesianismos» donde
reflota mi constante obsesión con la
locura del poder y la herejía, y «Tormentas».
Esta última sección me tomó de
sorpresa. De golpe tenía entre manos
varios relatos donde los rayos y las
lluvias abundan. Y no en el sentido
jupiterino, pero quién sabe. Porque
el más breve de estos cuentos me pegó de cerca. O me dejó un mensaje,
vaya a saber. Siempre resulta inquietante cuando los planos se entremezclan y la ficción se cuela en la realidad y la cosa no ha sido escrita por
Cortázar, no, sino que es así, más
allá de la lectoescritura. O quizá como repudio de esa horrible palabra.
El cuento se titula «Tres días» y
está basado en una historia real: Ro-

lling Thunder, shamán sioux, está en
el instituto Esalen en Big Sur disertando sobre sus plumas de curar. Le
piden una demostración y él se niega, entonces los estudiantes le toman
las plumas y practican una cura. Rolling Thunder se entera y se retira
furioso en un radiante día del mejor
sol californiano. Al rato se desencadena la más brutal de las tormentas y
dos rayos derriban dos gigantescos
eucaliptos, taponando las entradas al
prestigioso instituto.
Para darle más eficacia a la historia, la narré desde el descreimiento
en los poderes meteorológicos de
Rolling Thunder. La cura en cambio
fue milagrosa. Y la tormenta, sideral.
Un domingo radiante de verano
el cuento apareció publicado en un
periódico norteño. Al día siguiente
se desencadenó la tormenta, casi un
huracán. La tipa centenaria que crecía a la salida de mi edificio en Belgrano fue arrancada de cuajo, y si
bien no nos taponó del todo la entrada la levantó en vilo y destripó la
tranquera que daba al jardín. El consorcio no ató cabos, por suerte. Hoy
tenemos una entrada mucho más elegante. Ahora sé que no debo detenerme en las lías. Tampoco desatenderlas. A veces la destrucción natural da lugar a un renacimiento.
O a un nuevo cuento.

�PAISAJES SUBTERRANEOS
EN LUISA VALENZUELA

LEER POESIA: EL TRAIDOR
'

Adriana Cortés
José María Espinasa
Buscando así hacia atrás, lo que me
llevó a escribir fue Emilio Salgari y
Sandokan, el tigre de la Malasia

porque eran libros de aventuras totales. Yo quería ser una aventurera,
una persona que anduviera mucho
por el mundo. Y ando mucho por el
mundo, explorando y siendo una
aventurera, no agresiva como era
Sandokan y todas esas cosas de la
Malasia, la selva. Después me enteré
que Salgari nunca había salido de su
pequeño pueblo de Italia, entonces
contaba todas estas historias de piratas y de selvas, sacadas de su imaginación. Cuando leía esas cosas yo no
pensaba escribir. Vengo de una casa
llena de escritores y los veía a todos
muy pasivos, yo lo que quería era
una vida activa. Leía también libros
de misterio y cuanta cosa había al alcance de mi mano. Yo creo que las
cosas de Salgari, sobre todo Sandokan, es lo que de alguna manera muy
indirecta y extraña me hace saber
que la escritura es acción, que de alguna manera uno pone cuerpo al escribir. Después vienen los grandes
amores literarios como pueden ser
Cortázar y Borges para mí, porque
son mi gente y mi habla, Sara Gallardo, por ejemplo, que fue una gran
escritora argentina que murió hace
no mucho tiempo.

122

He sido muy aventurera, viví en
Francia, en New York, estuve bastante aquí en México, y me he ido
sola a la isla de Papúa, Nueva Guinea, y he recorrido el Amazonas.
Viajó constantemente, hago periodismo de viaje pero no escribo necesariamente sobre mis viajes, en la literatura. Y ahí vuelvo a lo de Salgari, tú escribes sobre los paisajes interiores. Yo creo que siempre en el
viaje hay un viaje subterráneo, hay
mundos imbricados adentro de los
otros mundos. Entonces yo cuando
llego a un lugar, siempre me conecto
con esos mundos interiores, es decir,
lo de la magia, los del candomblé en
Brasil y todos los rituales indígenas,
por eso México me fascina tanto,
porque todo ese mundo sagrado
aflora en distintas partes: en las fiestas, las más caras, otro tema que a
mí me interesa mucho. Voy a Cuba
y quiero ver sobre eso de la santería.
Los gatos me permiten usar la
metáfora del otro mundo, trabajar
los mundos desconocidos y subterráneos, mágicos también. En el caso
de El gato eficaz son los gatos que
son como los representantes de la
muerte. Siempre estamos viendo las
cosas blancas o negras, ¿no?, y en
realidad están mezcladas. En estos

Tomado de El Financiuo, México, jueves 20 de octubre de 1994.

mundos indígenas, en este tipo de
cosmogonía que a mí me interesa
nada es tan aparente ni tan claro como uno quisiera creerlo.
Cuando leí a Salgari eran las
épocas en que uno no tiene conciencia de cómo están escritas las cosas.
Además estos libros estaban traducidos en España hace mil años, así que
era todo un español de lo más rimbombante, que para nosotros sonaba
falso. Era el sentido de la aventura.
Después yo encontré la aventura en
el lenguaje, en darle a la palabra toda su fuerza y encontrar su valor,
muchas veces oculto.
Simetrías son cuentos. Algunos

son de viajes, y hay una parte que
me interesa mucho por el tema. Se
llaman Cuentos de Hades, como del
infierno y en realidad son relecturas
de los cuentos de hadas pero desde
la mujer, porque siempre queda rel~
gada y yo no creo que sea así. O es
la bruja o la pasiva que espera que la
besen o la mala de la que salen cul~
bras de su boca y de la buena salen
perlas y la buena es una idiota, y los
sapos y culebras hay que asumirlos,
también son nuestras palabras. Entonces escribí estos cuentos con bastante humor...

Leer poesía
El traductor de poesía es un lector
privilegiado, pone bajo el microscopio la función de la lectura en relación con el género, por un lado la
potencia y la dirige a un universo
inevitablemente fragmentario, puntual, por otro, si tiende a la particularización -un poema- también lo hace a la generalización -ya sea idiomática, geográfica, temática, generacional, etcétera-, y conserva en la
penumbra el eje que articula su movimiento pendular: el autor.
El eje tiende a desmoronarse en
aras de uno de sus polos, busca marcar la hora sin tener un centro. Por
ejemplo, el desplazamiento ocurre
en ese tipo de antologías sobre el
amor, la amistad o la muerte, donde
el valor de cambio del concepto de
autor es casi nulo. Todo lo puede
afirmar Platón o García Lorca, es
una convención. En otros casos la
lectura geográfico-idiomática -tipo
las cien mejores poesías de- lo anota
como información adicional, casi de
manera didáctica.
El trabajo del traductor en tanto
lector privilegiado tiene en común
con el antologador la obligación de
elegir (salvo cuando se traduce un libro unitario o una obra completa),
aislar un texto de su sentido original
para tratar de reconstruirlo no sólo

en otra lengua, sino en diferente
contexto, en otra compañía.
Todo lector sabe que no es lo
mismo leer un poema que un libro
de poemas, que incluso para el escritor representan dos cosas distintas.
Hay libros que son reuniones de
poemas, que se forman a través de
piezas sueltas, autónomas, aunque
en su nueva modalidad cambien su
significado. Hay otros libros que no
son una reunión de textos puntuales
sino un organismo vivo en su conjunto, estructurado como una continuidad, si se habla en términos musicales,·sinfónico.
En casos extremos la obra misma
está pensada con esa visión de unidad. Cuando esto ocurre, lo que entendemos como autor va más allá de
la marca estilística o de la coherencia conceptual, apunta a una arquitectura interna del sentido, a una organicidad generadora de sí misma.
Autores como Flaubert, Valéry, Lezama Lima, Juan Ramón Jiménez,
Eliot, Paz.
Por otro lado, es sintomática la
tendencia a leer la poesía de manera
fragmentada, desde aquel que subraya pasajes para toda ocasión o colecciona citas (este lector, más frecuente de lo que se cree, rompe incluso la
unidad mínima indivisible de la física poética, el poema como núcleo),

hasta este traductor que escoge un
poema (de un libro, de una obra, de
un autor, de una literatura). Todo
proceso selectivo implica, incluso
cuando se pretende metódico y exhaustivo, una inevitable subjetividad. Hay algo del azar reivindicado
como poder, pero no puede permanecer en ese estado de potencia latente, tiene que reconstruir el sentido
-por necesidad será otro, distinto al
primero, memoria u olvido de su origen.
El lector ya se habrá dado cuenta
de hacia dónde va esta reflexión: la
traducción subraya la condición de
gesto original en el poema al repetirlo en la traducción e incorporarla a
otra lengua, otra geografía y tiempo.
En este nivel es válido pensar en lo
que ocurre con la pintura y sus reproducciones impresas, se parece al
hecho de traducir, se podría decir
que la pintura es lo que se pierde en
la reproducción por meJor hecha que
esté. Pero más allá de sus usos didácticos o de divulgación, ni el más
exigente espectador renunciaría ya a
lo que la reproducción de la obra de
arte ha creado (véase Walter Benjamin) y no negaría la existencia de un
nuevo lenguaje plástico, emergido
desde el grabado hasta el fax o la fotocopia. La comparación con la traducción termma cuando se agrega el
término mecánico, pues esta última
es todo menos mecánica. Se puede
123

�imaginar un traductor computarizado de textos muy simples, pero en
cuanto la cosa se complica, por
ejemplo, en la publicidad, todo cambia (imaginen una máquina traduciendo «Mejor mejora mejora!»},
por no hablar de la poesía.
No obstante vamos a tratar de estirar un poco la comparación. El traductor firma sus versiones de la misma manera que las firma un autor,
les otorga un valor referido a la creación. Mientras que los casos en que
se incluye el crédito de la imprenta,
del fotógrafo o del prensista, se busca señalar un nivel cualitativo del
oficio, si alguno de ellos se tomara
la licencia de cambiar el tono de un
verde o de corregir el dibujo, o bien
tiene que reivindicarlo como obra
propia o bien lo tomamos como un
error. A mi entender esto sucede
porque el traductor tiene la obligación -como se señalaba más arribade reconstruir el sentido que ha fragmentado. Es el caso de los libros hechos con versiones de diferentes autores, lenguas y épocas, en donde el
elemento que da unidad y al cual está trasladado el concepto de autor, es
el traductor. Hay un libro clave en
México en este sentido, ya mencionado en varias ocasiones por el Arca, Versiones y diversiones. El libro
de Octavio Paz ha creado una buena
costumbre: que los traductores de
poesía (en especial los que también
124

son poetas) reúnan sus versiones en
un volumen o las mcluyan como
partes de sus libros. Por ejemplo,
Jaime García Terrés, José Emilio Pacheco y José Luis Rivas, entre otros.
Paz no fue el primero en hacerlo, pero sí el que dio una carta de legitimidad a este gesto. Recientemente el
poeta regiomontano Miguel Covarrubias publicó una muestra de poetas alemanes y franceses contemporáneos bajo el título de El traidor, de
ella nos ocuparemos la próxima semana.
El traidor

El traductor, al reunir sus versiones,
crea un libro nuevo. Es evidente que
esto sólo funciona con plenitud en el
terreno de la poesía. Si Cortázar incluyera sus traducciones (las de Poe
por ejemplo) como parte de sus
obras nos extrañaría un poco. También hay que señalar que estos libros
no se componen de la misma manera
que una antología, aunque tengan
con ellas una serie de contactos y similitudes, la selección tiene causas
muy diversas, razones que a veces se
reducen a la circunstancia, pero que
nunca abandonan la región del gusto. Un eJemplo reciente es El traidor
de Miguel Covarrubias (publicado
por el Ayuntamiento de Monterrey y
la Universidad Autónoma de Nuevo
León en 1993 y que está empezando
a circular).

El traidor reúne versiones de
poetas alemanes y franceses contemporáneos, pero no se trata de una antología ni de autores ni de textos, el
ejercicio del gusto no es metódico ni
exhaustivo, y sí de algún modo aleatorio. En el prólogo a su libro Covarrubias explica lo que no es El traidor: no tiene afán didáctico ni voluntad de representación, pero si es
cierto que el lector no encuentra en
el volumen una antología de los poemas franceses y alemanes del siglo
XX no está ausente de ella, en buena
medida gracias al tino de la sclec·
ción de autores.
La bitácora que traza El traidor
es personal y el sentido aleatorio del
destino está reivindicado en el prólogo como razón suficiente. Covanubias, director de Deslinde, revista de
la UANL, traduce como parte de su
trabajo en esa publicación y el IJll(Crial que se le acumula va sin qUCICf
queriendo configurando un rostro. Y
su vocación encuentra un nuevo cauce. El mapa personal que nos~
ta el libro coincide en buena medida
con los mapas oficiales, sobre todo 1
nivel de autores no de textos. T.-0
los franceses co,mo los alemanes ~
cluidos son figuras aceptadas. Oque -en español- algunas de ei.
poco traducidas, y menos aún leídaS.
Pero su inclusión en este nuevo~
Parto (todo libro de traducciones ucne un aspecto teatral) les as1·goa un

•vo·papel, los incorpora a un dispersonalizado en la figura de
■ autor -Covarrubias- a la vez que
se integra a un discurso colectivo.
'1rejemplo, sus versiones de Supertielle se suman a la extensa y esplénila antología que publicó Vuelta de
este uruguayo-francés que de pronto
ej6 de ser un autor semi secreto para
eraren todas las librerías.
CIISO

Covarrubias firma El traidor de

la misma manera que lo hace un aub' original y sólo le guiña el ojo al

lector en el título. Tiene razón, libros

como

éstos subrayan ese sentido

Yllnpírico de la literatura que se cree

conquista de la modernidad cuando
se ejerce desde sus orígenes. De hecho, eso que se llama intertextuali-

ild es una sofisticación de ese prinapio de indeterminación autora! que
10s protege, tanto a los escritores
como a los lectores, de las pretensiolleS del Artista (con mayúscula),
dlas sí plenamente modernas.
El escritor que se apropia de
1115 voces no intenta desde luego
-.Parecer la idea de autor para inCIIIJ&gt;orarse la firma de anónimo (o

lldie, o todo), pues la idea del anollnato es una de las que la moderni~ no puede soportar (por eso se
IIO!ege tanto de lo popular, por defi-

nición sin autor). Simplemente coloca la idea de autor en otra parte y se
aproxima a la idea barthesiana de
que los textos se comunican entre
ellos sin que nosotros lo sepamos.
Es evidente que si incluimos
dentro de la idea del autor a una entidad suprapersonal, llámese Dios,
gramática, historia, época, nos permite plantear la posibilidad de que
ese aspecto fragmentario de la creación (el Big Bang) y de la poesía no
sea sino la forma de hacer posible la
continuidad, de prolongar lo escrito
como un eco en el fetichismo de la
escritura para que se oiga plenamente y adquiera las dimensiones de
aventura.
El título El traidor debería ser
leído entonces ya no como un guiño
que la etimología permite al traductor (y que en ocasiones ha autorizado verdaderas masacres de textos),
sino como una condición de la escritura, que siempre sería una «segunda
voz», contrapuesta -por cierto- a la
voz hablada, que nunca traiciona. El
sentido de globalidad 1mplíc1to en el
libro nos remite a la puntualidad señalada la semana pasada: no una totalidad sino una mtermitencia. No se
lee El traidor de la primera a la última págma: se le entra por cualquier

lleLa Jornada Semanal, columna El arca de Babel, México, núms. 264 y 265, 3 y 1O, julio, 1994.

lugar haciendo uso de la misma condición de libertad aleatoria que el
prólogo propone, picando aquí y allá
las migajas arrojadas a su vuelo. No
está mal que sea así, pues si se revisa
la bibliografía de fuentes al final, se
puede apreciar que muchos de los
poemas están tomados de ediciones
bilingües (a lo que se corresponde
con una edición también bilingüe),
es decir, que ya existían traducciones al español. Lo que lleva a una
nueva traducción no es (nada más) la
insatisfacción con las versiones anteriores, sino agregarles la constante
de la propiedad («mi traducción»),
pero no con afán de terrateniente o
especulador burgués, sino como se
entiende cuando se dice que la gente
se apropia de las calles y las plazas.
Por últ1mo, dos señalamientos: a
pesar de que el subtítulo habla de
poesía contemporánea, sólo reúne
poetas de la primera mitad del siglo:
de los autores franceses el más Joven
es Yyes Bonnefoy (1923), único vivo, y de los alemanes Ingeborg Bachmann (1926), lo cual no la hace
tan contemporánea. También es sorprendente lo que Covarrubias señala:
una ausencia notable de voces femeninas en la lírica francesa. En todo
caso, El traidor es una buena invitación a leer poesía.

�EL TRAIDOR NO ES PRODUCTO DE
LA IMPROVISACION

Bernardo Ruiz
Mtro. Miguel Covarrubias
Premio de Traducción de Poesía
1994
Distinguidas personalidades
Señoras y señores:

da poema, verso por verso, estrofa
por estrofa, para erigir una catedral
análoga a la que se contempla en
una lengua ajena, con lucimiento semejante en la propia.

A nombre del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través del
Instituto Nacional de Bellas Artes, y
con un reconocimiento especial para
ustedes por parte del doctor Gerardo
Estrada, su Director General, me es
sumamente grato estar en este heroico puerto de Veracruz para atestiguar la entrega del Premio de Traducción de Poesía 1994, que se convoca cada año conjuntamente con el
Gobierno del Estado.

Por eso, no extraña que El traidor sea producto de años de travesía
entre lecturas y reflexiones diversas,
entre mundos distintos y tensiones y
apuestas literarias plurales. Satisface
el volumen la amplia propuesta que
significa un largo recorrido por la literatura de occidente y por espacios
de los que se había olvidado el acceso: la gran Poesía originada en el siglo XIX que hace y formula la del
siglo XX en alemán y en francés;
obras fundamentales que permiten a
nuestros lectores más jóvenes vislumbrar la grandeza de voces que
importa tengan eco en su corazón.

Así, presenciamos la entrega de
uno de los galardones literarios de
mayor importancia en el país, no sólo por la dificultad que implica el
preciso cuidado de traducir un idioma, sino por el esfuerzo que representa ser un recreador respetuoso
con la póesía.

126

En el caso de El traidor, el libro
de Miguel Covarrubias, el esfuerzo
ha sido adicional, ya que no sólo se
trabajó en una lengua, sino en dos: el
alemán y el francés. Esto no es común, como no lo es la fina ironía
con que el autor titula su trabajo, para significar la paradoja que asedia a
todo traductor: el problema de hacer
de la versión y reconstrucción de ca-

Un trabajo de esta naturaleza no
es producto de la improvisación, sino de un largo proceso de aprendizaje y pulimento: el dedicado aprendizaje de las lenguas, las sucesivas
lecturas, la selección de los textos y
su perfeccionamiento. El jurado calificador, integrado por Hugo Gutiérrez Vega, Silvia Pratt y Jorge Mouriño, supo distinguir estas cualidades
que respaldan la obra.
Y, por mi parte, debo reconocer,
maestro Covarrubias, que este premio
lo enaltece tanto a usted, como usted

distingue al premio, ya que un lectoc
y escritor con su trayectoria nos participa sus valores más notables.
Sin duda, sabe usted que así son
los verdaderos tesoros: los que no se
agotan cuando se comparten: de ~
modo ocurre con los poemas que usted tradujo, y conservó como poemas,
en este noble ejercicio de la tradición
literaria que es el acto de traducir.
Hay quienes no aprecian en su
justo valor el oficio, que es de una
entrega tan completa como el magisterio que usted ejerce, la literatw'a,
como profesor, como ensayista, como narrador, como poeta, como editor y como crítico. No en vano esta
labor se reconoció al otorgársele el
premio de Artes de la UANL y la
medalla de su estado al mérito cívico
en artes literarias.
A partir de hoy su nombre que·
da ligado al de traductores como
José Emilio Pacheco, Tomás Segovia, Carlos Montemayor, que obtuviera el premio de traducción Al·
fonso X; que con el paso del tiempo se ha convertido en este premio
de traducción de poesía, y que como usted, Jorge Esquinca,
Luis Rivas y Pura López Colo~
lo han recibido.

J°"

en y para la República, en los esta-

dos de la República, sean quienes
mayores resultados ofrecen en este
g~nero, que es también, subrayo,
un trabajo de coautoría.
En un mundo en el que se cierran las fronteras y se presiona a

las naciones para ser colonizadas,
cada traductor nos libra del cerco
amenazante de la inteligencia y la
libertad abriendo mayores espacios
para la comprensión de otros tiempos, de otras naciones y sensibilidades afines; de hombres y mujeres quienes, como nosotros, deseaban un mundo más bello, intenso y
plural en el goce de otras percepciones.
Esta actitud ejemplar la tuvo el
jurado, que amplió nuestra posibilidad de conocer más mundos y
sensibilidades al otorgar también,
una mención especialísima para la
traducción de Jorge Lobillo, en el
Ai,torretrato de Agostinho Baptista, uno de los poetas notables de la
lengua portuguesa.
Por ello, sea para ustedes hoy,
Miguel Covarrubias y Jorge Lobillo,

IUestro agradecimiento y nuestro
aplauso.
Muchas gracias.

Vale agregar un hecho fundamental, el que autores que trabajan

Acta del Jurado
En la ciudad de México, D.F., el 26
de octubre de 1994 se reunió el jurado del Premio Traducción de Poesía
1994, integrado por Hugo Gutiérrez
Vega, Jorge Mouriño y Silvia Pratt y
decidieron otorgar el premio a la
obra El traidor (Poetas franceses y
alemanes contemporáneos), traducida por Miguel Covarrubias. Acordaron, además, otorgar una mención
especialísima al libro Autorretrato
de José Agustinho Baptista, traducido por Jorge Lobillo y solicitar al
Instituto Nacional de Bellas Artes la
publicación de este libro dentro de
su programa de coediciones.

Se encontró en el libro de Miguel
Covarrubias una acertada selección
de textos y una gran corrección en
sus versiones al español; asimismo,
es de hacerse notar su buen manejo
de nuestro idioma y un conocimiento
profundo de la poesía escrita en lengua francesa y en lengua alemana.
Respecto a la mención especialísima es de resaltarse la afortunada
selección del libro traducido y el notable talento del que da constantes
pruebas el mencionado traductor.

Discurso pronunciado en la sede del InstitutoVeracruzano de Cultura el 18 de noviembre de 1994.

Hugo Gutiérrez Vega
Jorge Mouri,ío
Silvia Prart

�NEGACION DE LOS TECNOCRATAS
Y OTROS TEMPANOS

Abraham Nuncio
Una buena entrevista no es, a final
de cuentas, sino un diálogo. Sócrates
hizo de esta forma la más humana de
comunicación, el método por excelencia del conocimiento en el alba
del saber sistematizado. Platón se
encargó de divulgarla acudiendo a
medios literarios y la prensa moderna la elevó a género informativo.
Confundida a veces con el interrogatorio, o bien con el cuestionario
a secas, la entrevista ha mantenido,
en sus momentos más logrados, una
clara identidad: la del instrumento
de posibilidades iluminadoras sobre
las antiguas bases socráticas de pregunta y respuesta. Antes fueron las
Conversaciones con Goethe en los
últimos años de su vida de Eckermann y en nuestros días El olor de
la guayaba donde Plinio Apuleyo
Mendoza entrevista a Gabriel García
Márquez.
Quizás el mejor entrevistado sea,
a su vez, el buen entrevistador que
conoce el valor de la pregunta bien
elaborada, su potencial extractivo y
su efecto generador de nuevas ideas.
Este es el caso de Miguel Covarrubias, quien aparece en las páginas de
Junto a una taza de café como entrevistado en unas ocasiones y como
entrevistador en otras.
Ya antes Covarrubias tomó el
riesgo de publicar un libro -El trai128

dor- con un contenido infrecuente:
traducciones -suyas- de la obra poética de los más diversos autores sin
otro rasgo común que el de escribir
poesía. Fue un riesgo en el que la
moneda cayó del lado bueno. Ahora
confecciona este otro donde se le ve
colocado en una y otra posición del
diálogo. El resultado es, me parece,
semejante al de El traidor: la variedad de los temas de las entrevistas
gira en torno a un único eje: el quehacer literario, el propio y el ajeno,
el del creador y el del crítico.
Miguel Covarrubias suscribe la
afirmación de Octavio Paz de que
«el poeta no tiene biografía» y de
que ésta, en todo caso, se halla en
sus obras. La virtud de las entrevistas compiladas por el autor de El segundo poeta y Pandara muestra una
dimensión diferente: en ellas puede
advertirse su trayectoria biográfica,
y a partir de ésta las realidades que
la subyacen: la vida cultural de
Monterrey en las últimas cuatro décadas, las influencias literarias predominantes en América Latina, la
modernidad palpitante en la planetarización de los intereses intelectuales.
El cierto regionalismo de los
regiomontanos, tanto condicionado
por una historia que se remonta a
la época colonial cuanto inducido
por los grupos económicos domi-

nantes en coyunturas conflictivas
con el gobierno central se ha visto
consistentemente contrastado por
los propios hechos. Algunos de los
pioneros de la industria regiomontana procedían de Europa (España,
Italia, Irlanda) y mucho antes que
ellos llegó para quedarse, con los
colonos españoles o criollos, un
nutrido grupo de indígenas entre
los que destacaban los tlaxcaltecas.
En las expresiones folklóricas más
arraigadas de Monterrey se ha
plasmacio la presencia de los barrios obreros (San Luisito el más
difundido) cuya población emigró
de los estados vecinos a Nuevo
León. La plástica Je debe tanto a
Eligio Hernández, en sus orígenes,
como a Gerardo Cantú en sus alcances contemporáneos: ambos nacieron en Coahuila. Otros estados
le han aportado figuras que condensan algunos de sus periodos
históricos determinantes y corrientes intelectuales significativas. Jalisco es quizá, en este sentido, uno
de los más importantes. El gobernante y político Bernardo Reyes, el
filósofo Agustín Basave Fernández
del Valle, el historiador y editor
Ricardo Covarrubias -padre de Miguel- , los escritores y periodistas
Pedro Reyes Velázquez y Carlos
Ortiz Gil, entre otros, nacieron en
Jalisco. Los regiomontanos podrían
blasonar mejor su mestizaje que su
pretendida endogamia.

La- de Miguel Covarrubias es una
familia, por parte de su padre, vinculada a los libros y las publicaciones.
Desde joven, Miguel empezó a publicar en periódicos y revistas estudiantiles. Corrían los años cincuenta.
Generacionalmente pertenece a los
jóvenes que protagonizaron cambios
en la política y la cultura desde una
posición de izquierda (o cercana a
ella) en la década siguiente. Una fotografía en la contraportada de Papelería, su primer libro de ensayos
literarios, muestra a Miguel peinado
a la Beatle y sosteniendo otro libro
en las manos: es El diario del Che
en Bolivia con la fotografía del comandante revolucionario. Más ilustrativa no podía ser.
La generación que rompió lanzas
con el stablishment percibía de manera diferente la cultura, la política y
la literatura, y les dio nuevos derroteros. En Miguel Covarrubias esa
percepción adquirió los contornos de
un estilo distintivo. Despojado de
solemnidad, incisivo, amante de la
brillantez en el fraseo, imanta prosa
Yverso.
Acaso no sea exagerado afirmar
que el siglo XIX se prolongó literariamente en Monterrey hasta los
años 50. La transición entre el tradicionalismo impermeable a lós
cambios que se registran desde los
años 20 en la capital del país des-

punta, para efectos documentales,
con los últimos años de la revista
Armas y Letras (primer etapa) y se
torna en fenómeno diferenciado
con la revista Kátharsis. El cambio
se produce, pleno, con Apolodionis
y Salamandra, en buena medida
sus sucesoras. Miguel Covarrubias
cuaja como escritor en la participación destacada que tiene en ambas.
De Apolodionis llega a ser, como
dice Jorge Cantú, su «principal director».
Un rasgo notable de la literatura
que escribe Covarrubias y sus contemporáneos es la separación de militancia política y producción literaria.
El compromiso con una no es menos
intenso que con la otra, pero asumido
de manera diferente en cada caso. En
opinión del propio Covarrubias, Horacio Salazar Ortiz habría sido la excepción; en la de éste, no, y menos en
términos de escaqueado.
Los jóvenes escritores reg1omontanos de los años sesenta abrevan en
el castellano que urdía la poesía de
Pedro Garfias y la prosa de José Alvarado; en la literatura panóptica de
Alfonso Reyes; en ambas, la poesía
y la prosa de Octavio Paz y Jorge
Luis Borges. Pero también en los
simbolistas, en los surrealistas, en
los beatniks. Su avidez casi no conocía omisiones.

Algunos empezaron a cuestionar
las traducciones hechas generalmente
en España y Argentina, y se dispusieron a leer las obras buscadas en el
idioma original. En El traidor Covarrubias sintetiza el afán de buceo en
las culturas plasmadas en lenguas diferentes del castellano. «Amarás a la
lengua extranjera como a tu propio
idioma», dice a Humberto Salazar
Herrera estableciendo así una suerte
de norma mosaica del traductor.
Serán pocos los escritores que no
hayan profundizado en las ediciones,
la impresión, «el olor de las letras,
de su tinta». Covarrubias le da sustento a la regla a lo largo de su vida
literaria: desde El estudiante, la primera publicación estudiantil que dirigió, hasta Deslinde, la revista de la
Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL, órgano que ha dirigido por
casi una década.
En su papel de entrevistador
(con_ Luisa Valenzuela, con Elena
Garro, con Andrés Huerta, con José María Lugo y con Horac10 Salazar Ortiz), los temas que documenta son aquellos sobre los cuales él
ha opinado: la condición del escritor, su materia de trabajo y circunstancias, sus definiciones, sus fobias
y filias.
Algunos de los textos incluidos
en Junto a una taza de café le dan al
129

�UN POETA QUE VE NACER SU
LIBRO DE ENTREVISTAS

Gerardo López Moya
volumen un leve sesgo misceláneo,
quizá innecesario. ¿Le resta ello rigor?, sí; ¿le resta valor?, no. La entrevista, género predominante en sus
páginas, lo mismo que otros géneros
propios de esa «literatura bajo presión» que es el periodismo -cultural
o no-, se halla ausente del paisaje literario-infonnativo de Nuevo León
(las golondrinas invocables no harían verano). El aporte de Miguel
Covarrubias al integrar este libro es
indudable.
Creo que el lector compartirá
conmigo, al repasar las entrevistas
de Junto a una taza de café, la impresión de hallarse frente a una voz
que conduce, seduce y traduce la
de otros dispuestos a conversar, a
recuperar para la praxis humana,
ese espacio ritual tan estigmatizado
por los tecnócratas y otros témpanos: el que rodea dialogante a una
taza de café.
Inconfundible, esa voz no podía
ser otra sino la de un poeta.
Monterrey, abril, 1994.

la calma más que el bigote identifica a Miguel Covarrubias el escritor.
Una calma emparentada con lo inmanente, con la acción interior: «el
amor a las palabras escritas inúnda/e el habla». En el más nuevo de los
Sanborn's lo entrevistamos acerca
de su último libro, Junto a una taza
de café, extraño conjunto de entrevistas que ya esperaban editor aunque no precisamente a Alfonso Castillo.

-Me sorprendió que me invitaran
y la verdad no creí que hablaran en
serio. Cuando me recordaron que estaban esperando el texto tuve que
darle a la taza de café los últimos
sorbos antes de entregarla.
Se trata de veinte entrevistas y
1111 apartado
universitario. Seis
agrupadas como «la de los grandes
tscritores», más las entrevistas donde Covarrubias responde como poeta, como escritor, y las relacionadas
con revistas y autores de Nuevo
León. «Zona escolar» incluye los
textos que leyó a guisa de homenaje
en el aniversario número 60 de la
Universidad Autónoma de Nuevo
León, y una última entrevista que le
hacen como maestro de la Facultad
de Filosofía y Letras.
Ahora él habla:

130

Prólogo del libro Junto a 1111a taza de café de Miguel Covarrubias, Ediciones Castillo, Monterrey, 1994, 222 p.

-Las entrevistas me agradan,
ofrecen una lectura amable, ligera...
Uno puede percibir a las ideas y a
los sentimientos girando entre los
personajes... He comprado revistas
exclusivamente por alguna entrevista, a causa de que conozco al que
pregunta o al que contesta. Es como
una literatura que se va tejiendo sobre la marcha... A veces es periodismo y a veces literatura.
- ¿ Qué le gusta más: entrevistar
o que lo entrevisten?

-Es muy diferente, puedo ser
más espontáneo cuando me preguntan. Cuando entrevisto debo saber
qué preguntar, me tengo que preparar. Porque como ocurre en las aulas,
el que nada sabe no pregunta, pregunta el que sabe algo.
Covarrubias afir,:na que ha tenido buena suerte y que «entrevistas
malévolas», donde el entrevistador
resulta ser más bien un enemigo emboscado en la charla, «no me han
tocado». Prefiere que el entrevistador quede oculto, que hable el entrevistado, que el entrevistador cite o
incite. La comparación con el toreo
-el toro y el torero-- podría ser una
buena comparación si no fuera porque de esa manera alguien acaba
asumiendo el papel de bestia.

Para Miguel Covarrubias el género tiene dos caras: la periodística
y la literaria (si contiene algo que
pueda trascender al momento). Recuerda con entusiasmo la conversación con Elena Garro en la Universidad, junto a Minerva Margarita
Vil/arrea/ y Genaro Saúl Reyes: «es
la que me deja menos intranquilo;
por cierto, yo no estaba enterado de
que por ser el de más edad fungiría
como conductor de la mesa; esa entrevista fue editada originalmente en
Estados Unidos».
En las conversaciones del primer
grupo aparecen comentarios de Covarrubias sobre Octavio Paz (cuando fue merecedor del Premio Nobel)
y de Alfonso Reyes (cuando su primer centenario de nacido); además
habla de Borges (cuando murió),
Luisa Valenzuela, Garro y Efraín
Huerta. En las del segundo, una de
María Belmonte aparecida en El
Porvenir -en dos partes-, otra celebrada en el programa Diálogo con
las Bellas Artes del maestro Alfredo
Gracia Vicente; otras con Minerva
Margarita Villarreal, con Humberto
Salazar. En el tercero aparecen entrevistas con Horacio Salazar Ortiz,
Jorge Cantú de la Garza, Andrés
Huerta y José María Lugo, integrantes de aquel grupo literario, el grupo Apolodionis.

�De Covarrubias, de quien se ha
dicho que es un excelente poeta que
prefiere no escribir poesía, sus últimos libros efectivamente pertenecen
a otros géneros: la conversación y
la traducción de poemas «mitad
míos, tal vez».

mes las cuartillas; sin embargo, al
paso de los años me consta que hay
una cosecha de escritos que pueden
tomar la forma de un libro ... Aunque llevo treinta años escribiendo,
nunca había producido una obra
como ésta.

-La poesía es la más difícil de
cazar. Uno se puede proponer hacer un ensayo, incluso un cuento,
pero un poema no. Sé que no todos
piensan así. El peligro es que uno
se vuelva tan pero tan narciso, que
pierda el rigor y no se percate de
cuándo se trata de ejercicios de calentamiento o de cuándo se ha logrado escribir un poema verdadero.

De quienes lo entrevistaron afir-

Y agrega, a manera de poética
propia:
- Los géneros son diferentes manifestaciones de lo mismo: la literatura.
No hay una distinción precisa entre la
poesía y el resto de los moldes literarios. No hay géneros de segunda.
Me gusta escribir sin agobio,
sin el apremio de cuantificar cada

REGION

ma:
-No regateo nunca. Quien pide
hablar conmigo logra su cometido.
Yo no me elijo a mí mismo.
Y en el último párrafo de s11
preámbulo: «En ate11ció11 a que este libro es 1111 libro colectivo, al autor lo embarga 11n sentimiento de
gratitud enorme hacia todos sus
partenaires». Del café confiesa que
efectiva111e11te lo disfruta mucho.
Lo justifica como 1111a de las cosas
que le heredó su padre, Ricardo
Covarrubias.

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-Los periodistas de antaño solían
asistir a la tertulia, donde conversaban largamente tras haber «cerrado»
la edición del día.

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133

�NOTASSOBREELDESARROLLODELA
APICULTURA CAPITALISTA EN ALLENDE
y LAS ESTRATEGIAS DE ARTICULACION
REGIONAL

Jorge Sada
Introducción

En este ensayo se plasman algunos
avances de una investigación realizada en la denominada zona citrícola de
Nuevo León acerca de los factores
que han incidido en la confollllación
de un núcleo empresarial que se consolidó mediante la explotación de la
apicultura, no sin incursionar a la vez
en la ganadería y/o citricultura.
Aunque en esta ocasión nos ceñirnos únicamente al municipio de
Allende, principal bastión tanto en
producción corno en la comercialización de miel de abeja -comercio que
incluso abarca un nivel internacional-, el concepto de región constituye nuestro punto de referencia teórico-metodológico. El análisis de los
procesos que ocurren en torno a la
apicultura en este municipio nos permite, no obstante, captar los mecanismos de articulación económica
que los principales empresarios apícolas establecen con citricultores no
solamente de esta entidad, sino también de Tamaulipas así como con
propietarios de huertas de manzana
y otros frutales de Coahuila, tierras
todas ellas en las cuales los apicultores allendistas hacen viable la apicultura de manera más lucrativa.

134

La cuestión de lo regional quizás
sea un tema espinoso, pero a la vez
ineludible para escudriñar en las re-

laciones sociales de producción generadas dentro de una determinada
formación social, cuya especificidad
no se limita a criterios estrictamente
geoecológicos sino también en _anclajes históricos y procesos soc1oeconómicos particulares.
Por otra parte, este estudio es de
carácter eminentemente exploratorio. Esta peculiaridad podría ser una
limitante en el sentido de que tal vez
nos enfrentemos con algunos datos
que pudieran merecer mayor rigor
analítico. Sin embargo, en esta ocasión nos interesa ir mostrando cómo
y bajo qué circunstancias se desarrollan los procesos descritos.
Las entrevistas dirigidas y la observación directa constituyen las
principales fuentes de obtención de
información empírica. ¿Cómo Y en
qué condiciones surge y se desarrolla la apicultura en gran escala en
Allende? ¿Cuáles han sido las circunstancias que han obrado para que
los principales apicultores de dicho
municipio tengan presencia tanto en
los mercados nacionales como internacionales de la miel de abeja? ¿Qué
tan importante es el papel desempeñado por el Estado en el desarrollo
del sector apícola de la entidad? Estas son algunas interrogantes surgidas en el transcurso de nuestro trabajo, mismas a las que trataremos de
responder.

Mediante el estudio de casos se
podrán apreciar las estrategias a través de las cuales los apicultores se
articulan con otros sectores de la
burguesía rural tanto de la zona citrícola de Nuevo León como de Tamaulipas y Coahuila. Iniciamos este
ensayo con un marco descriptivo del
entorno geográfico de Allende, enfatizando en la situación que guarda
este municipio con la llamada zona
citrícola de Nuevo León Ydel noreste de México, así como una breve
discusión sobre la cuestión region~.
Posteriollllente se hilvanarán temáncamente otros puntos que habremos
de analizar de acuerdo con nuestros
objetivos.
Geografía y región

Allende está enclavado en la~gión citrícola de Nuevo León, ~~­
ma que abarca a otros siete mun_1c1pios, a saber, Cadereyta, Ch'.na,
General Terán, Hualahuises, Lma.
que
res, Montemorelos Y Santiago,
en su conjunto ocupan una exten·
sión de 12,724 kilómetros _cuaru¡~
dos, es decir, el 19.7 por cien~o d
la superficie total de eSta enll~ ·
Con la salvedad de China, las p_nn·
cipales actividades econóuucas
· comunes en los muagropecuanas
uc·
nicipios señalados son la prod
ción de cítricos --especialmente eln
y a
Montemorelos- , la ganaden'a ._,1
'
l
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oncenuilUa
apicultura. Esta u tima c

en mayores proporciones en Allende.
Las principales fuentes de irrigación son los ríos San Juan, pero fundamentalmente el Pilón. Las aguas
de este último son aprovechadas sobre todo por los más prósperos citricultores de Montemorelos y General
Terán. A propósito de la hidrografía,
Claude Bataillón dibuja un panorama poco afortunado de los munici~os citrícolas nuevoleoneses en tanloque afirma que la humedad proveniente de los manantiales de la Siena Madre Oriental hace posible el
cultivo sin riego (sic) en las plantaciones de naranjos, lo que permite la
venta de fruta en Monterrey y Estados Unidos (1981: 121). En realidad
no sólo la posesión de tierras, sino
lambién el control del agua de riego
han sido los pilares que sostienen el
IVance de la citricultura capitalista
en la entidad desde el último cuarto
dsiglo pasado. 1
Además de Nuevo León, el noItste mexicano comprende los estados de Coahuila y Tamaulipas, esta
tima, principal entidad fronteriza
dentro de dicho contexto geográfico
COit respecto a los Estados Unidos a
lllvés de tres ciudades: Reynosa,
lfatamoros y Nuevo Laredo. Estos
los últimos centros de población adtlieren especial relevancia en tanto
91c constituyen los principales pun-

tos de intersección para el comercio
internacional de la miel de abeja
allendista, producto cuya explotación tanto en lo productivo como en
el proceso de comercialización a nivel nacional e internacional recae en
unas cuantas empresas.
La frontera tamaulipeca no solamente es un centro de conexión comercial apícola con los Estados Unidos. También a través de un puerto
de altura como Tampico se embarca
miel de abeja procedente de Allende
a diversos países europeos y a Japón. En este marco, el entorno regional .de los procesos socioeconómicos relacionados con la apicultura
y la industrialización de la miel de
abeja en Allende se va perfilando
con relatividad claridad.
Lo que Cerutti ( 1989) llama ámbito regional es un espacio territorial
que por momentos desborda a una
región reconocida en términos estrictamente geográficos2 que incluso
puede despojarla de cierta especificidad. En el caso de Allende constatamos cómo en virtud de circunstancias geoecológicas que han orillado
a los apicultores a abastecerse de
miel en otros estados (Jalisco y Veracruz, principalmente), o bien debido a las fluctuaciones en los precios
del producto apícola en el mercado
internacional, esa amplitud de lo regional tiende a contraerse tanto en lo

mercantil como en el ámbito productivo. ºAllende es apenas un pequeño
núcleo de una nación que a su vez
gira en el marco de la dependencia
del capitalismo mundial, por lo que
no escapa a su influencia. A este respecto, es ilustrativa la crítica de Stavenhagen hacia ciertos estudios antropológicos limitados al análisis de
pequeñas células sociales, sin que en
ellos se examinen las interconexiones de esa realidad con la sociedad
más amplia (1975: 209).
En este trabajo se podrá apreciar
cómo los vínculos extralocales aparecen implícitos primeramente a nivel local-regional en virtud de las relaciones que establecen los apicultores allendistas con citricultores de
otros municipios de Nuevo León y
Tamaulipas, así como con otro tipo
de propietarios fruticultores en Coahuila. De este modo, el noreste mexicano se erige como una zona de
influencia vital en la que los principales apicultores articulan espacios
regionales para obtener, mediante la
instalación de apiarios, la miel de
abeja que será procesada en las plantas industriales de Allende para posteriormente comercializarla.
Como ya se ha dicho, la región
no es simplemente un recorte del espacio geográfico. Hablar de la región citrícola y/o del noreste del país
pudiera aparentemente carecer de

�sentido si se descuidan una serie de
factores sociohistóricos que la han
confonnado como una importante
zona productora de cítricos. Sin embargo, para los fines de este trabajo,
la descripción y el análisis de este
proceso se antoja un tanto gratuito y
por demás extenso. 3 Pero lo que sí es
ineludible, reitero, es dilucidar los tipos de nexos que algunas capas de la
burguesía (apicultores, citricultores
y otros) que interactúan tanto al interior de la región citrícola de Nuevo
León como en ámbitos socioeconómicos más amplios, establecen entre
sí y otras instancias, como los aparatos gubernamentales, para consolidar
el dominio y el usufructo de los recursos naturales para la reproducción de las relaciones de producción
capitalista5•
Antecedentes: abejas
rústicas y butanos
La industrialización y el mercado en
gran escala de la miel de abeja se
inició en Allende hace relativamente
poco tiempo. Hasta antes de los cuarenta, dicho producto apícola no tenía gran importancia económica en
la región citrícola nuevoleonesa. Sólo contados propietarios de huertas
citrícolas y campesinos se ocupaban
de recolectar miel silvestre, misma
que en escasa monta era producida
por abejas de la región que establecían sus nichos principalmente en
136

los azahares de huertas naranjeras,
aunque también en montes y llanuras generosamente dotados de flores
silvestres, mezquites y otros árboles
y arbustos que generan vainas dulces, siendo este último un hábitat
menos fecundo para la producción
de miel.
Gran parte de la miel de abeja,
sobre todo aquella recolectada por
campesinos, se destinaba para autoconsumo. La escasa venta de este
producto se realizaba fundamentalmente al interior de la región citrícola, salvo pocos comerciantes que adquirían panales completos para realizar transacciones con compradores
de la ciudad de Monterrey. También
se comerciaba con la cera, suministrada principalmente a pequeñas industrias regiomontanas que transformaban este producto apícola en velas, veladoras y cirios, así como otro
tipo de ornamentos.
Como se puede apreciar, en
aquellos años no exisúa propiamente
apicultura, término con el cual se
designa a la domesticación de la
abeja para la producción y consumo
humano de la miel y otros productos
apícolas como el polen, sino que se
trataba de una simple recolección.
Para alejar a las abejas de los panales, el recolector de miel procedía a
encender una pequeña fogata a base
de ramas secas y algo de estiércol de

res, ya que dadas las propiedades
combustóleas de este último elemento animal, pennitía mantener la fogata encendida el tiempo suficiente
para retirar y alejar a las abejas de
sus respectivos panales. Sólo cuando
estos últimos eran muy pequeños,
bastaba acercar una tea encendida
para que los insectos abandonasen
su recinto rápidamente.
De acuerdo a diversos testimonios orales recogidos durante nuestro trabajo de campo, una de las primeras fonnas de domesticación de
las abejas en Allende y otros sitios
de la región citácola, fue mediante
el sistema de butanos. Estos artefactos se elaboraban con troncos de maguey, planta que primeramente era
despojada de sus pencas. Después se
procedía a ahuecar el tronco por
completo mediante machete y un
utensilio, especie de larga espátula
afilada. Culminada esta fatigosa tarea, se introducía en el interior del
tronco una colmena. Rápidamente
adaptadas a su nuevo recinto, las
abejas procedían a rellenar las paredes del tronco con cera, fonnando
con esta sustancia las celdillas en las
que la abeja reina depositaba los
huevecillos en la época de engendra·
miento. En el receptáculo, las obreras destinaban una cámara especial
para la reina. De esta manera, en el
primer butano se formaba lo que se
conoce como núcleo, mismo que era

colocado sobre unos postes de madera a una altura de no más de un
metro.
Cuando el núcleo era insuficiente
para albergar la reproducción abejera, el apicultor colocaba junto a éste
nuevos butanos sin que los mismos
excediesen en más de tres o cuatro,
cada uno con una perforación en un
costado con el fin de permitir el libre
acceso al colmenar de la abeja madre y/o su séquito con su preciado
néctar.
Posteriormente, los butanos fueron sustituidos por cajas de madera
en las que se empacaba una antigua
marca de jabón para lavar ropa. Dichas cajas eran acondicionadas de
tal modo que constituían un receptáculo artificial para las abejas más fácil de manejar por los apicultores
que los butanos. Las cajas rústicas
fueron el antecedente inmediato de
los recintos más sofistificados que
en la actualidad se utilizan en la apicultura.
Modernización e innovación

Si bien algunos citricultores de
Montemorelos, General Terán y
Allende ya se habían percatado de
que el medio ambiente natural de estos municipios era propicio para· la
cría de abejas, pocos de ellos mostraron interés en la domesticación de

dichos insectos con fines mercantiles.
Tanto el injerto de naranjos estadounidenses con especies criollas
que en Montemorelos impulsan la
producción y la apertura de mercados para la fruta en los Estados Unidos, así como el relativamente reciente desarrollo de la apicultura a
nivel industrial para la exportación
de miel de abeja -principalmente en
Allende-, son innovaciones que si
bien fueron impulsadas en cada caso
por empresarios con características
4
distintas, sin embargo, su esfuerzo
realizador repercute a nivel local-regional mediante lo que algunos sociólogos y antropólogos funcionalistas llaman procesos de difusión.5 De
igual modo, la intervención del Estado, aunque en distintos momentos
históricos, imprime una mayor dinámica a los procesos socioeconómicos regionales. En el caso de la apicultura, esta actividad se fomenta
instando a los productores a organizarse en asociaciones para que de este modo sus miembros activos reciban estímulos de diversa índole, a
saber, apoyo y asesoría técnica para
abatir enfennedades en las abejas y
financiamiento para la adquisición
de abejas reinas del extranjero, más
productivas que las de la región.
Si bien varios apicultores progresaron económicamente al abrigo de

la Asociación de Apicultores de
Nuevo León, este no fue el caso del
señor David Cardoso, pionero de la
apicultura moderna en el estado.
Cuando se formó dicha agrupación,
este último ya había dado importantes pasos que lo conducen finalmente a la instalación de la primera planta procesadora y envasadora de miel
de abeja en la entidad bajo la finna
Apícola Cardoso (APICAR).
Las experiencias de un innovador
Aunque en sus primeras incursiones
económicas en la apicultura el innovador de esta actividad en la región
citrícola no obtuvo ganancias considerables, como esperaban otros que
pretendieron prosperar en este rubro
del sector pecuario,6 sin embargo, no
sólo a base de tenacidad sino también
mediante el manejo de técnicas apícolas más sofisticadas, el propietario de
APICAR llegaáa a ser el productor
de miel de abeja más prolijo de Nuevo León. Al fin y al cabo también citricultor en mediana escala, las ganancias obtenidas de la venta de naranja serían a la postre muy significativas en tanto que fueron orientadas
de manera prioritaria hacia la producción industrial de miel.
Otro factor que impulsa al primer
empresario apícola del estado a
modernizar el proceso productivo en
la apicultura fue su estancia en Los

�Angeles, California, ciudad en la
cual se puso en contacto con los más
avanzados sistemas apícolas a través
de una importante planta procesadora y envasadora de miel de abeja en
la que desempeñó el cargo de administrador y supervisor de los apiarios
de la empresa. Este empleo le permitiría familiarizarse con los secretos
técnicos de la apicultura moderna así
como con los procesos de industrialización de la miel de abeja.
A su regreso de Norteamérica, el
pionero de la apicultura allendista
puso en práctica los conocimientos
adquiridos en el vecino país. En
1956 el señor Cardoso compró en
Allende cuarenta y seis colmenas, es
decir, las colocó en cajas especiales
en las cuales se les ofrece a las abejas un habitáculo artificial previamente preparado por el apicultor
tanto para la producción de miel como para la reproducción del enjambre.
«Las cosas no se hicieron de la
noche a la mañana», manifiesta don
David Cardoso, ya que la incipiente
empresa APICAR comenzó a rendir
dividendos económicos en 1957, es
decir, un año después de que fuera
puesta en funcionamiento. En aquel
año, APICAR produjo aproximadamente setenta latas de miel, cada una
con capacidad para 28 litros, o sea,
un total de poco menos de dos tone138

ladas, producción que fue vendida
en distintos establecimientos comerciales de Monterrey.
Cada año, la apícola fue sucesivamente multiplicando su capacidad
productiva de manera notoria, de tal
modo que en 1959 se realiza la primera exportación de miel a Los Angeles, California, producto adquirido
por la compañía apícola en la que el
innovador de la apicultura en Nuevo
León laboró y aprendió las técnicas
modernas que aplicaría en su propia
empresa. El envío fue de 300 latas,
es decir, casi ocho y media toneladas
de miel.
La compañía apícola californiana
no sólo distribuía miel de abeja al interior de los Estados Unidos, sino
también a diferentes naciones europeas por vía marítima a través del
pueno de Miami, Florida, estado de
la Unión Americana que por cierto es
también gran productor de naranja y
miel de abeja. En Miami, la empresa
de Los Angeles poseía una bodega
con gran capacidad de almacenaje.
El precursor de la apicultura moderna en Nuevo León viajó en diversas ocasiones a los Estados Unidos
para adquirir parte del equipo y herramienta con que cuenta su envasadora, como molinos para estampar
cera, extractores y otros implementos tecnológicos. Asimismo, experi-

mentó con abejas reinas procedentes
de otras naciones, mismas que adquirió en el vecino país, especies cuya característica es que se adaptan
sin dificultad a diversos tipos de clima y vegetación, lo cual facilita la
práctica de la apicultura móvil, a diferencia de las especies de la región,
sumamente susceptibles a los cambios de hábitat. Se constató además
que las abejas reinas del extranjero
fecundan enjambres más productivos que las locales.
El señor Cardoso primero importó especies de origen belga, pero a la
postre optó por trabajar exclusivamente con abejas reinas italianas. Si
bien durante una corta temporada se
trabajó con abejas del Hawaii, al decir del propietario de APICAR, estas
últimas no rindieron resultados satisfactorios. Sin embargo, actualmente
otros apicultores sostienen que el
trabajo apícola con abejas hawaianas
es muy efectivo en virtud de que ya
vienen fecundadas, por lo que no requieren salir de su habitáculo para
emprender el llamado «vuelo nupcial» ,7 lo que es ventajoso en el sentido de que los riesgos que corre la
abeja reina de ser fecundada por un
zángano africanizado disminuye notoriamente.
En los años sesenta, la Apícola
Cardoso comienza a envasar la miel
en barricas de plástico con capaci-

dad de- 200 litros. En 1963, dicha
empresa produjo alrededor de 130
barriles y en 1966 cerca de mil, es
decir, aproximadamente 26 y cien
toneladas en forma respectiva. El
mercado intermediario de la apícola
estadounidense continuaba operando.
Dado que no era muy significativa la venta de miel en los mercados
regionales y nacionales, las transacciones que efectuaba APICAR a este
nivel se realizaban en tinas. Sólo
unos pocos comerciantes adquirían
el producto en barriles, lo que representaba para el cliente una reducción
de costos en sus operaciones de
compra-venta, y por tanto mayor
margen de ganancia.
La capacidad productiva de la
empresa continuó en ascenso. En
1969 se amplían las perspectivas de
exportar miel de abeja mexicana en
virtud de que en ese año se lleva a
efecto el Primer Congreso Internacional de Apicultores, siendo Bélgica el país sede, coyuntura que supo
capitalizar el propietario de APICAR. Su asistencia al evento fue vital para establecer relaciones comerciales con representantes y/o propietarios de plantas procesadoras y envasadoras de miel de abeja de naciones europeas y del Japón. De esta
forma, el próspero apicultor de
Allende comenzó a exportar directa-

mente, es decir, sin recurrir a la mediación de la empresa estadounidense, primero a Bélgica y después a Japón, Alemania, Inglaterra, Italia y a
la propia Unión Americana, nación
esta última en la que Apícola Cardoso ya tenía un contrato de exclusividad con la empresa apícola en la que
trabajó. Este contrato estipulaba que
en los Estados Unidos, la mielera
allendista sólo proveería a esa compañía.
Para satisfacer la demanda de un
mercado internacional más amplio,
fue menester contar con mayor cantidad de tierras para la instalación de
apiarios, tierras en las que preferentemente se han invertido capitales
orientados fundamentalmente al cultivo de frutales e infraestructura para
riego. También se requirió de la contratación de mayor cantidad de mano
de obra.

cer que estos últimos reciben un favor gratuito. Sin embargo, se trata de
una relación recíproca dado que el
establecimiento de apiarios entre los
frutales coadyuva, según versión
tanto de técnicos de la Secretaría de
Agricultura y Recursos Hidráulicos
como de apicultores, a que el incremento productivo de los árboles sea
más alto en virtud de que las abejas
transfieren polen de unos árboles a
otros de manera que al mismo tiempo la producción promedio entre estos logra una relativa paridad. Por lo
demás, al concluir el ciclo de floración de los frutales, y después de recogida la miel de los apiarios, el apicultor retribuye a los propietarios de
las huertas con una determinada cantidad de este producto.

La necesidad de tierras para la
práctica de la apicultura no se restringió a los límites de Allende y del
resto de la región citrícola de Nuevo
León. El señor Cardoso estableció
nexos con propietarios de huertas de
cítricos en Tamaulipas, sobre todo
en los municipios de El Carmen, El
Barreta) y Soto la Marina.

Por otra parte, APICAR contaba
con varios camiones de carga para
transportar la miel a los centros de
distribución y a las ciudades fronterizas (Nuevo Laredo y Matamoros)
y a un puerto de altura como Tampico, desde donde se realizaban las
operaciones de exportación a los
mercados estadounidenses, europeos
y del Japón ..Sin embargo, para movilizar las cajas con abejas hacia los
distintos apiarios se requirieron más
camiones de carga.

El hecho de que los productores
de fruta faciliten sus tierras a los apicultores, pudiera a simple vista pare-

En el rubro del autotransporte,
también el parentesco y los nexos
políticos desempeñarían un papel
139

�importante en el crecimiento económico de APICAR en tanto que ambos factores son decisivos para facilitar la apicultura móvil. Rubén Cardoso, sobrino del fundador de la primera mielera de Nuevo León, considerado entre los autotransportistas
de carga más importante de Allende,
complementaría la tarea que la empresa de su tío requería. Es significativo que uno y otro fueran alcaldes
de este municipio en periodos sucesivos. Primeramente, el señor David
Cardoso ocupó la presidencia municipal de 1970 a 1971, y su pariente
de 1972 a 1973. Según diversos informantes, durante ambas administraciones municipales tuvieron auge
tanto la apicultura como las empresas autotransportistas de carga, baluartes ambas actividades, junto con
la avicultura, de la economía de
Allende.
La apicultura móvil puesta en
práctica en diversas entidades cada
vez más alejadas del noreste del país
desempeñaría un papel esencial para
el sostenimiento de la mielera, e incluso en su crecimiento, sobre todo a
raíz de úna helada que en 1983 ocasionó cuantiosas pérdidas tanto a citricultores de Nuevo León como de
Tamaulipas. El siniestro también
afectó a otro tipo de vegetación apta
para establecer apiarios. En ese año,
la activa empresa apícola muestra un
notorio declive en la producción de
140

miel de abeja. De las 200 toneladas
que APICAR normalmente producía
al año, a fines de 1983 tan sólo generó cuarenta toneladas de miel, es
decir, una quinta parte.
Si bien hubo apicultores que se
resignaron ante la adversidad y los
escasos dividendos económicos que
les redituaron los menguados apiarios después del gélido desastre, en
cambio, el propietario de APICAR
imprimió mayor dinámica a la apicultura móvil. Negoció el uso de tierras con agricultores de entidades
más alejadas como Veracruz, Durango, San Luis Potosí, Querétaro, Michoacán y Oaxaca. La instalación de
apiarios en dichos estados representó
ciertamente mayores gastos, pero
que a la postre sería recuperados con
creces, al grado de que ello permitió
a la principal apícola de la región citrícola de Nuevo León superar, aunque de manera relativa, la crisis fi.
nanciera por la que atravesó.
Expansión de la industria apícola
Una vez consolidada la empresa
APICAR. surgirían a la postre en
Allende otros apicultores, quienes al
igual que don David Cardoso, precursor de esta actividad, establecen
sus respectivas industrias apícolas.
Todos ellos, como el pionero de la
apicultura moderna en Nuevo León,
tiene en común que primeramente

incursionan en la citricultura y/o ganadería.

Monterrey el principal centro de esras transacciones, aunque también se
articulan al mercado de exportación
através de APICAR, industria que
les compra parte de la producción de
miel para solventar más holgadamente sus compromisos con clientes
del extranjero.

Es significativo que Santos Cardoso y Rodrigo Cardoso, primo y sobri no respectivamente del propietario de APICAR, logren destacar en
el ramo apícola. Uno y otro incursionan en la apicultura en asociación
con su pariente, quien les compraba
la miel que recogían de sus apiarios,
instalados estos últimos fundamentalmente en huertas citrícolas de
Allende, Montemorelos y General
Terán. No menos significativo es
que los parientes del pionero de la
apicultura moderna en el estado tuvieron en todo momento el apoyo de
este último, quien personalmente los
adiestró en el manejo y cuidado de
los apiarios, de manera, que en la
década de los setenta efectúan inversiones en infraestructura para la instalación de sus respectivas envasadoras de miel: Apícola Buena Vis~
propiedad de Rodrigo Card~, Situada en la congregación del nusmo
nombre, y La Miel, cuyo dueño .es
Santos Cardoso, empresa más aleJada de la cabecera municipal de
Allende en un sitio conocido como
San Javier, ambas mieleras J~zadas dentro de la jurisdicción temtorial de Allende.

da año el nuevo apicultor duplicaba

El principal mercado para la ini~I
de las empresas anteriores se da a Dlvel regional, siendo la ciudad de

la cantidad de colmenas, de modo
en relativamente poco tiempo
las ganancias obtenidas tanto con la
'tnta de naranja como de miel, le

Otro apicultor que destacaría en
Allende, quien inicialmente incursiona en la agricultura comercial de
la naranja, a la postre se introduce de
manera un tanto cautelosa pero con
paso firme en los secretos de la apicultura, es Ovidio Salazar. En 1961,
dicho citricultor compró seis colmenas. En ese entonces, a diferencia
del pionero de la apicultura allendis18, carecía de los conocimientos técaicos apícolas, lo que no sería obstáculo para salir avante, con la colaboración de uno de los trabajadores
Dlás diestros de APICAR, quien relllncia a esta mielera atraído y respaldado con un mejor salario. Si
bien la jornada laboral fue más extnsa bajo las órdenes de un nuevo
Pllrón, no obstante a dicho obrero le
fueron retribuidas las horas extras de
nbajo.
Bajo la batuta de su oficiante, ca-

,ie

permitieron en relativamente poco
tiempo dedicarse casi en forma exclusiva a la apicultura. Finalmente,
en 1965 se establece la empresa Apícola Allende. Para ello fue necesario
instalar infraestructura en un terreno
urbano propiedad del señor Ovidio
Salazar. Además del inmueble fabril
y la compra de enseres y equipo para
oficina, se adquirió maquinaria productiva. Esta última, como lo hicieron otros industriales apícolas, en
parte fue adquirida en los Estados
Unidos y en la ciudad de México, en
tanto que la instalación de tanques
para almacenamiento de miel, conductos y otra clase de equipo en el
cual se requiere el trabajo de laminado, fue realizado por operarios de talleres de soldadura del propio municipio.
La reproducción de los enjambres, y con ello el incremento en la
producción de miel de abeja de Apícola Allende, fue favorecida en considerable medida por las favorables
condiciones climatológicas que en
aquellos años se registraron en la región citrícola de Nuevo León. Además de que no hubo heladas, las precipitaciones pluviales fueron bastante aceptables, factores que permitieron el florecimiento de los azahares
en las huertas naranjeras y en general de la floración silvestre en montes y llanuras viables para acomodar
apiarios.

Otro factor -quizá el más relevante- que permitió el surgimiento
y auge de Apícola Allende, radica
en que el propietario de esta empresa contaba con capital, producto
de la venta de naranja a una empacadora de Allende (Empacadora
Allende), la que distribuía la fruta
en el Mercado de Abastos de la
ciudad de Monterrey. Dicha empresa compraba la naranja en pie,
es decir, disponía de su propia mano de obra para la pizca y tenía camiones de carga que operaban tanto en la huerta del dueño de la apícola como en otras localizadas en
Allende y Santiago.
Si bien Apícola Allende operaba en sus comienzos con un camión de carga, a medida que se puso en práctica de manera más intensa la apicultura móvil, la empresa adquirió otra unidad, ya que no
únicamente dispuso de apiarios en
tierras de la región eitrícola nuevoleonesa -principalmente Allende,
Santiago y Montemorelos-, sino
también en el estado de Tamaulipas, sobre todo en los municipios
de El Barreta), Soto la Marina y
Santa Engracia, algunas de ellas
propiedad de un citricultor y ganadero originario de Monterrey.
También se practicaría la apicultura en terrenos muy fértiles cercanos a la Presa Las Adjuntas, igualmente localizados en Tamaulipas.
141

�Esta expansión y usufructo de tierras para la explotación apícola surge
de la necesidad de sostener un auge
productivo de miel de abeja de Apícola Allende, ya que en 1982 se registró
una sequía en la región citrícola de
Nuevo León que provocó severos
descensos en la producción de miel.
En una temporada regular, Apícola Allende suele generar una producción de ochenta a cien barriles de
miel de azahar, pero en épocas de
sequía las mermas son m~y notables,
como aconteció en 1991, año en el
que la mielera apenas obtuvo 25 barriles. No obstante, gracias a la intensificación de la apicultura móvil,
la apícola superó relativamente la
crisis. De enero a agosto de 1992 la
producción de miel de azahar fue de
cincuenta barriles_y diez de miel de
monte. El propietario de la mielera
manifestó que para fines de ese mismo año esperaba obtener alrededor
de ochenta barriles de miel, cifra que
fue superada dos meses antes en casi
un cuarenta por ciento.
El principal mercado al que abastece la empresa se da a nivel regional, incluyendo dentro de este ámbito territorial a la ciudad de Monterrey, en donde se localizan sus más
importantes compradores, a saber,
varas cadenas de supermercados. Es
decir, a diferencia de otras industrias
mieleras, Apícola Allende vende
142

gran parte de la miel de abeja ya envasada en recipientes desechables de
plástico con capacidad desde 385
gramos, de medio litro y un litro. Es
poca la miel destinada a la exportación, para efecto de lo cual actúa la
Asociación de Apicultores de Nuevo
León -antes Asociación de Apicultores de Monterrey-,8 cuyo presidente y fundador tiene a su cargo,
con el apoyo de las demás autoridades del organismo que preside, establecer los nexos pertinentes para que
la miel de abeja de los apicultores
afiliados que deseen exportar, tenga
presencia en los mercados de Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Bélgica y Japón, fundamentalmente.
Hace relativamente poco tiempo
los asuntos administrativos y la firma de la Apícola Allende fueron
transferidos al ingeniero Jesús Salazar, hijo de su fundador, quien pretende imprimirle una mayor dinámica al negocio en el rubro de la exportación. Se trata de un proyecto
que significaría una innovación en el
mercado de la miel de abeja en toda
la región citrícola nuevoleonesa, a
saber, exportar el producto ya envasado bajo diferentes presentaciones
en cuanto a contenido neto por frasco y bajo la firma de la empresa. Este tipo de exportación apuntaría primeramente hacia el mercado estadounidense. Los resultados están a la

espera de varios factores que pueden
incidir en los planes anteriores, como la aceptación de los virtuales distribuidores norteamericanos y, desde
luego, de los propios consumidores.
Otros apicultores crecerán al
abrigo de la Asociación de Apicultores de Nuevo León, organismo que
agrupa a las asociaciones locales de
otros municipios de la región citrícola y que a su vez está integrada a nivel nacional a la Asociación Nacional de Apicultores (UNAPI) con sede en la ciudad de México. El apicultor que más ha destacado económicamente dentro de la agrupación
nuevoleonesa es su presidente, el señor Ramón Moreno, quien posee su
envasadora de miel en un poblado de
Allende conocido como Hacienda
San Antonio, bajo la firma Apícola
San Felipe.
Como en los demás casos de empresarios apicultores, la citricultura
constituye el eslabón primario que
entreteje el dueño de la Apícola San
Felipe para posteriormente dedicarse
de manera prioritaria a la apicultura.
Pero a diferencia de otros apicultores, el señor Moreno no es un productor de cítricos, sino que se trata
de un intennediario quien compra la
naranja en pie a pequeños y medianos citricultores tanto en Allende como en Montemorelos para posteriormente distribuirlas en Monterrey,

ciudaq en donde posee una bodega
en el Mercado de Abastos.
Después de casi veinte años de
dedicarse a la compra-venta de naranja, finalmente en 1972 el presidente de la Asociación da sus primeros pasos en la apicultura mediante
la adquisición de ocho o diez colmenas, mismas que anualmente fue
multiplicando mediante el empleo
de técnicas apícolas modernas. Si
bien la producción de miel de abeja
no redituó dividendos económicos
en virtud de las constantes inversiones en infraestructura y equipo, sin
embargo, estos gastos a la postre
fueron resarcidos con creces en la
medida en que la realización mercantil de la miel de abeja se fue consolidando.
En la actualidad, Apícola San
Felipe procesa alrededor de 120 toneladas de miel anuales. Además de
algunas huertas citrícolas de Allende
YMontemorelos, la empresa dispone
de apiarios en El Barreta) y Padilla,
Tamaulipas; Puerto Flores, Jamé y
El Tunal, Coahuila, y en Galeana,
Nuevo León.
La apicultura móvil se realiza
tanto dentro del ciclo temprano
(huertas de naranja de las regiones
citrícolas de Nuevo León y Tamaulipas), como el tardío (Coahuila y el
sur de Nuevo León).

Además de vender la miel de
abeja en los mercados regionales,
Apícola San Felipe tiene presencia a
nivel nacional -sobre todo en Ciudad Juárez y en la propia capital del
estado de Chihuahua- e internacional. Se exporta miel de azahar a Japón y Alemania por vía marítima en
Tampico, puerto a donde se lleva el
producto en autotransporte de carga
propiedad de la mielera.
Es importante destacar que la comercialización de la miel de abeja
en gran escala que realiza Apícola
San Felipe, sobre todo en el rubro de
la exportación, es posible en conside-rable medida gracias a las transacciones que la empresa realiza con
pequeños apicultores de Allende y
Santiago. Asimismo, la Asociación
de Apicultores de Montemorelos, integrada esta última por quince
miembros activos, conjuntamente
venden cincuenta barriles de miel de
azah!l( al año a Apícola San Felipe,
producto cuyo destino final serán los
paísel\ antes señalados.

sector agroindustrial apícola, integrado este último en gran medida a
un sistema de plantación agrocomercial como es la citricultura. Asimismo, se ha señalado el relevante papel que desempeña el innovador en
la modernización y expansión de la
industria apícola en el municipio así
como en la realización que en el ámbito mercantil ha tenido la miel de
abeja allendista no sólo a nivel nacional sino también internacional.
Si bien no deja de tener importancia la función que desempeña la
Asociación de Apicultores de Nuevo
León como mediadora entre sus afiliados y las instituciones gubernamentales para conseguir algunos estímulos tanto en lo productivo como
en la comercialización de miel de
abeja en el extranjero, lo que beneficia a los más destacados afiliados,
no es posible soslayar el derrotero
que marcaría el fundador de Apícola
Cardoso en la configuración de
Allende como el principal municipio
apícola de la entidad.

Consideraciones finales
Notas

De alguna manera, mediante la descripción del proceso de industrialización de la miel de abeja en Allende a
través de los casos más representativos, hemos tratado de arrojar
luz acerca de los cambios y transformaciones que se han operado en el

1

A este respecto, cf. los trabajos de José
Antonio Olvera y Veronika Sieglin
(1991).

2

Jaime Espín establece una diferenciación entre región como espacio y

�contexto, que supone la unidad sistemática de zonas diferenciadas, y regionalizar, este último como instrumento metodológico que para fines
de análisis, implica la reconstrucción
de realidades sociales heterogéneas
pero integradas e integrables ( 1986:
24). Para una comprensión global de
las más importantes aportaciones
teórico-metodológicas acerca de la
cuestión regional y el poder en México, véase el análisis que sobre el
particular realiza Guillermo de la Peña ( 1988: 27-50).
3

4

144

En otras publicaciones, lo anterior ya
ha sido expuesto con cierta claridad.
Cf. Mario Cerutti (coordinador),
1987 y Mario Cerutti (compilador),
1991. En ambos textos véanse principalmente los trabajos de Sieglin Y
OI vera así como el de Vázquez Y
González Quiroga ( 1987). Sobre la
explotación de la citricultura nuevoleonesa de los años veinte al periodo
cardenista, véase también el trabajo
de Sieglin, en Mario Cerutti (compilador), 1993.
Mientras que las primeras innovaciones
en el cultivo de la naranja llevadas a
cabo en Montemorelos fueron realizadas ~ instancias de un estadounic
dense establecido en Monterrey (el
Coronel Joseph Robertson), el primer productor en gran escala Y exportador de miel de abeja fue el s~ñor David Cardoso, un empresano
de Allende. Asimismo, hubo de mediar casi un siglo de diferencia para
que una y otra actividad cobraran au-

puestos a los cambios de la vida moderna, no obstante el vaticinio del
autor en el sentido de que el proceso
modernizador también avanza inexorablemente hacia estos dos últimos
centro de población. En el caso de la
zona citrícola de Nuevo León, la
contigüidad de los municipios sí
constituye un factor explicativo para
atender el proceso mediante el cual
el cultivo y la comercialización de
cítricos se expanden entre los municipios que rodean a Montemorelos,
pero en tanto que sus características
geoecológicas son similares, mas no
en el sentido como lo explican Kroeber y Redfield.

ge en los mercados nacionales e internacionales.
5

Aunque existen distintas corrientes difusionistas, en términos generales, el
concepto de difusión es manejado
como «... el proceso habitual, pero no
necesariamente gradual, por el cual
un invento o una institución nueva
son adoptados en zonas contiguas,
hasta que quizá se difundan por todo
el mundo» (Kroeber, 1984: 134). El
difusionismo aparece por momentos
bajo un ropaje historicista que no explica suficientemente cómo se generan esos cambios. La contigüidad no
necesariamente provoca alteraciones
en los sistemas de cultura, sino en
virtud del grado de integración de
los pueblos O comunidades con la
sociedad más amplia. Los conceptos
de Kroeber denotaban una marcada
influencia de la tesis de Robert Redfield (1940) sobre el continum folkurbano, desarrollada a partir de un
amplio trabajo realizado en Yucatán
para explicar que el proceso de modernización se genera a partir de la
ciudad de Mérida, misma que tiene
características cosmopolitas por el
turismo y la residencia en ese lugar
de ciudadanos extranjeros, principalmente estadounidenses. Dada la proximidad con Mérida, explica Redfield, la villa de Chan Kom retoma
muchos de los elementos culturales
de la metrópoli, en tanto que el pueblo de Dzitaz y la tribu de Tuzik,
más alejadas de Mérida -especialmente esta última, enclavada en plena selva- están mucho menos ex-

6

7

En la Unión Ganadera de Nuevo León,
con sede en el municipio de Guadalupe, el apícola está considerado como uno más de los diversos subcomités en los que se ramifica el sector
pecuario. Varios apicultores ocupan
cargos destacados en la Unión Ganadera de Allende, misma que depende
de la Unión Ganadera a nivel estatal.
El instinto de reproducción origina la
salida de la abeja reina de su habitáculo, emprendiendo un largo vuelo
· bre de
· que es seguido por un enJam
zánganos que, acostumbrados a una
vida fácil y sedentaria, van cayendo
extenuados tras la persecución de la
reina. Esta última, al percatarse ~ e
Ya es sólo un zángano «fuerte» qwen
· to
la sigue, regresa con él. a ~u r~ m
d~
La prueba anterior es mdicat1va
que el zángano que logró sostener el
vuelo es el más apto para fecundar a

1~ abeja reina, misma que así reproduce un enjambre o una colonia más
fuerte para la sobrevivencia de la especie. Sin embargo, la fortaleza del
zángano reproductor es aparente.
Llega agotado a la cámara nupcial y
muere y/o es expulsado una vez desempeñada su función. Según Maeterlinck (1967: 113), la abeja reina
en principio únicamente produce
huevos machos; sólo después de la
fecundación posterior al vuelo nupcial produce a voluntad obreras o
machos.

8 El primer nombre que adopta la Asociación obedece a que su fundador,
ingeniero Marcelo Torres, es originario de Monterrey. Para fundar la
organización anterior, el ingeniero
Torres contó con el apoyo de 23 socios de Allende, Santiago, Montemorelos, Hualahuises, General Terán
y Linares. A medida que en cada
municipio se fueron estableciendo
diversas asociaciones locales de apicultores, en 1976 se funda la Asociación de Apicultores de Nuevo León,
misma que aglutinaría en tomo suyo
a las asociaciones locales de la región citrícola de la entidad.

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REDFIELD, Robert. Yucatán: una cultura de transición. México, Fondo de
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de capital y burguesía en la región
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Mario Cerutti (coordinador), 1987,
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- . Reestructuración productiva y cambios sociales en el agro nuevoleonés.
El área citrícola: de la Revolución a
Cárdenas, en Mario Cerutti (compilador), 1993, citado.

STAVENHAGEN, Rodolfo. Sociología
y subdesarrollo. México, Nuestro
Tiempo, 1975.

�COLABORAN EN ESTE NUMERO

Mario Aguilera Mejía (Monterrey,
1938). Licenciado en filosofía, con estudios de maestría en esta misma disciplina y en educación superior, en la
UANL, donde es profesor de tiempo
completo desde 1967. Coordinador
fundador del Colegio de Pedagogía en
la Facultad de Filosofía y Letras, en la
misma casa de estudios. Ha colaborado en Humanitas y trabajado como
profesor de su especialidad en la Universidad de Monterrey, el Centro de
Estudios Superiores La Salle, el INBA
y la Escuela de Graduados de la Normal Superior del Estado.
Pablo Segovia Sotelo. Licenciado en
pedagogía, egresado de la Facultad de
Filosofía y Letras de la UANL. Ha sido profesor de la Escuela de Ciencias
de la Educación La Salle y responsable de proyectos de investigación educativa en la Capilla Alfonsina
(UANL). Actualmente funge como
asesor en el Instituto Federal Electoral.
Alfonso Rangel Guerra (Monterrey,
1928). Licenciado en derecho (UNL).
Hizo estudios de literatura en París.
Director de la Preparatoria I y de la
Facultad de Filosofía y Letras de nuestra universidad; rector de la misma hace treinta años. Fue secretario ejecutivo de la ANUIES, director de Educación Superior de la SEP, secretario general de El Colegio de México y Secretario de Educación y Cultura en
Nuevo León. Ensayista e investigador.
Ha publicado, entre otros títulos, Imagen de ·la novela ( I 964), Agustín Yáñez y su obra (1969), Las ideas literarias de Alfonso Reyes ( I 989), etcétera.
146

Arnulfo Vigil (Monlemorelos, N.L.,
1956). Hizo estudios de filosofía en la
Universidad Regiomontana. Poeta, narrador, periodista cultural. Ha fundado
y dirigido varias publicaciones culturales (Los Juglares, Oficio, etc.), y colaborado en múltiples revistas y periódicos locales y nacionales. Autor de
Antología de la poesía cristiana
( 1989), Gilberro, la huella del huracán (coautor, 1989), Gloria Trevi y
otros cielos ( 1993), entre otros títulos.
Héctor Alvarado (Monterrey, N.L.,
1957). Licenciado en letras por la
UANL. fue profesor de literatura y
coordinador editorial de la Universidad Michoacana en Morelia. Coordinador del Centro de Escritores de Nuevo León entre 1987 y 1992. Ha colaborado en la revista El Cuento, Sábado del uno más uno y en periódicos y
revistas de Monterrey. En 1988 obtuvo
el Premio Latinoamericano de Cuento
de Puebla. Fue Secretario de redacción
del suplemento cultural Aquí vamos
hace diez años y actualmente dirige la
publicación Papeles de la Mancuspia.
Tiene en prensa una Antología del
cuemo de Nuevo León y un volumen
de relatos.
Humberto Salazar (Monterrey,
1959). Licenciado en sociología por la
UANL. Redactor. desde su número
inicial, de Deslinde (1982). Autor de
cuatro poemarios y tres antologías de
poetas nuevoleoneses. Becario del
CONACULTA en 1990 (en ensayo),
del Centro de Escritores de Nuevo
León en 1993 y del Consejo Estatal de
Cultura actualmente. Editor en el go-

biemo estatal desde I99 l. Colabora en
las páginas culturales de El Norte.

Dora González Cortina. Licenciada
en letras egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, donde es
profesora actualmente y cursa la maestría en letras españolas. El texto que
incluimos en este número es un capítulo de su tesis de maestría.
Alejandro Valdés del Bosque. Licenciado en letras por el Tecnológico de
Monterrey, cursa la maestría en esta
especialidad en la Facultad de Filosofía y Letras (División de Estudios Superiores) de la UANL.

Julieta Renée (Pérez Díaz). Nació en
Monterrey (1941). Licenciada en comunicación por la Universidad de Alabama (EUA). Directora teatral y consultora independiente. Escribe poesía,
teatro y cuento. Autora de Poemas
(Monterrey, 1978).

José Guadalupe Martínez (Monte·
rrey, 1942). Estudió en la Normal Superior del Estado y en la Facultad de
Filosofía y Letras, donde es el encar·
gado del archivo personal de José Al·
varado, en la biblioteca que lleva su
nombre (Facultad de Filosofía Y Le·
tras, UANL). Colaborador de publica•
ciones locales (El Nacional, Coloquio). Autor de las compilaciones Alvarado, el joven (1992) y Raúl Rangel
Frías. Escritos juveniles, 1929-1934
(1993).
Pedro de Isla (Monterrey, 1966). Fue
integrante y después coordinador del

taller literario de la UDEM. Ganador,
en 1992, del Concurso Latinoamericano de Cuento de Puebla. En I993 fue
becario del Centro de Escritores de
Nuevo León. Ha colaborado en las revistas Coloquio y Diálogo universitario.

Dámaso Murúa (Escuinapa, Sinaloa,
1933). Contador público graduado en
el IPN. Administrador en diversas dependencias públicas federales desde
1961. Dirigió la revista El Albatros, de
Culiacán. Autor de más de 15 libros de
cuentos, relatos y ensayos publicados
entre 1964 y 1988; el más reciente de
ellos es Club Escarlata ( 1988). Fue
colaborador de Salamandra, en sus
dos épocas (1969-72 y 1991-93).
Hilarlo Salazar Ortiz (El Salitre, Estado de México, 1930). En los años
cincuenta estudió en el Colegio de
Montemorelos, N.L. y en los sesenta
colaboró en publicaciones literarias regiomontanas. Ha trabajado como redactor en varias dependencias gubernamentales y colaborado como editorialista en el Novedades y otros diarios
capitalinos. Actualmente es jefe de redacción del boletín del Colegio de Bachilleres de la UNAM.
Teresa Aveleyra Sadowska {Ciudad
de México, 1920). Estudió letras en la
UNAM y en la Sorbona, en París. Eh
los años sesenta fue profesora del Tecnológico de Monterrey y publicó en
esta ciudad el poemario Al viemo submarino ( 1966). Es autora de El humorismo de Cervantes en sus obras menores ( 1962), Pueblo limpio ( 1963),

Crónica del viaje futuro ( I981) y Pájaro de duelo ( 1986).

Miguel Covarrubias (Monterrey,
I940) es profesor del Colegio de Letras y de la División de Estudios de
Postgrado de nuestra facultad. Autor
de una docena de libros (relato, ensayo, poesía, compilación, traducción),
entre ellos Minusculario (1966), Papelería ( 1970), El segundo poeta (1977),
El traidor (1993) y Junto a una taza
de café (1994). Director de Deslinde a
partir de su número I O (1985). Como
editor, publicó en formato mayor y
acabado de lujo Desde el Cerro de la
Silla. Arte y letras de Nuevo León
(UANL, 1992).
Minerva Margarita Villarreal (Montemorelos, N.L., 1957). Licenciada en
sociología por la UANL, ha sido
maestra de su especialidad y de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de esta universidad. Ganadora de
varios premios literarios de importancia nacional, el más reciente de ellos el
Premio de Poesía Jaime Sabines 1994.
Autora de los libros de poesía Hilos de
viaje ( 1982), Palabras como playas
(1990), Dama infiel al sueño (1991) y
Pérdida ( 1992). Actualmente vive en
el Paso, Texas (EUA).
Jose María Espinasa (Ciudad de México, 1957). Licenciado en ciencias de
la comunicación por la UNAM, hizo
estudios de cine en el CUEC y de literatura en el Colegio de México. Fue
director de la revista del CREA la Orquesta y actualmente es secretario de
redacción de La Jornada Semanal y

coordinador editorial de Tierra Adentro. Autor de poesía, cuento y crítica
literaria y de artes plásticas. Es autor
de Son de cartón (1977), Aprendizaje
(1981), Invitación a Lezama Lima
(1981), Cartografías (1989) y Hacia
el otro (1990), entre otros títulos. Con
Víctor Manuel Mendiola· y Manuel
Ulacia preparó la antología La sirena
en el espejo (1990).

Abraham Nuncio (Texcoco, 1941).
Licenciado en derecho por la UAC
(Saltillo), hizo estudios de letras y filosofía en la UNAM y la UANL. Director fundador de Deslinde (1982).
Profesor universitario, periodista y
editor. Colaborador de publicaciones
de Monterrey y de la ciudad de México. Ha publicado, entre otros títulos:
En blanco y negro (poesía, 1979}, Recetas para nada (prosa, 1982), El Grupo Monterrey (1982), El PAN (1986),
Gilberto, la huella del huracán en
Nuevo León (1989), Fábulas del poder
(1993).
Jorge Sada. Sociólogo. Estudió en la
Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Es autor, entre otros trabajos, de
«Allende y el Noreste de México. Apicultura y sistema de plantación», incluido en M. Cerutti (ed), Producción,
ejidos y agua en el Noreste de México
(Monterrey,_DANL, 1994).
Luisa Valenzuela (Buenos Aires,
1938). Una de las más destacadas narradoras argentinas de la actualidad.
En Monterrey dictó una conferencia
sobre Borges (UANL, I 976) y participó en la Feria Internacional del Libro
147

�(ITESM, 1993). Autora, entre otros, de
los títulos El gato eficaz, Aquí pasan
cosas raras, Cambio de armas, Cola
de lagartija. Vive actualmente en
Nueva York.
John Brushwood. Uno de los más importantes estudiosos norteamericanos
de la narrativa mexicana y latinoamericana, profesor de la Universidad de
Kansas y autor de libros ya clásicos
como México en su novela ( 1973), La
novela mexicana, 1967-1982 (1985) y
La novela hispanoamericana del siglo
XX (1984).
Julián Herbert (Acapulco, 1971 ). Licenciado en letras por la UAC (Saltillo), donde es profesor de esta especialidad. Coordinador de literatura en el
Instituto Coahuilense de Cultura. Poeta y narrador. Ha publicado Claves de
Alejandría (poemas, 1993) y Soldados
muertos (cuento, 1993).
Alfonso Junco (Monterrey, 1896 México, D.F., 1974). A los 10 años
publicó, junto con Eusebio de la Cueva (dé 14) y otros niños el semanario
El Pasatiempo. Poeta.fecundo y periodista caudaloso, colaboró durante muchos años en El Universal. Fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Poeta religioso y
escritor polémico, fundó y dirigió la
revista Abside. Es autor de una larga
lista de libros entre los que pueden
menc10narse Por la senda suave
(1917), Cosas que arden (1934), Gente de Méjico (1937), La divina aventura (1938), Un poeta de casa (1943), El

increíble Fray Sen·ando ( 1959). etcétera.

Friedrich Nietzsche. Filósofo alemán.
Autor de numerosas obras que han
ejercido una dilatada y permanente influencia en la cultura occidental contemporánea. Bajo la dirección de Andrés Sánchez Pascual, la casa española
Alianza Editorial está publicando una
edición «no censurada&gt;&gt; de sus libros.
Algunos de sus títulos más famosos:
Así habló 'laratustra. El anticristo,
Ecce Homo, etcétera. Este año ( 1994)
se cumplieron ISO de su nacimiento.
Benigno Benavides. Licenciado en
sociología por la UANL. Profesor de
su especialidad en la Facultad de Filosofía y Letras, donde fue también
coordinador del colegio de sociología.
Colaborador de publicaciones culturales (Aquí vamos, Salamandra) y revistas especializadas. Actualmente funge
como subdirector académico de la
Normal Superior del Estado, donde ha
ocupado diversos cargos y es profesor
en el área de ciencias sociales.
José María Infante (Tandil, Argentina, 1942). Estudió psicología en la
Universidad acional de Córdoba, en
su país natal. especializándose en psicología social. Desde 1976 es profesor
de la Facultad de Filosofía y Letras,
donde funge actualmente como coordinador de la División de Posgrado. fa
también catedrático a nivel de maestría en la Facultad de Psicología
(UANL). Colaborador de revistas y
diarios reg1omontanos.

Francisco Juárez-Torres. Mexicano.
Residente en EUA desde 1984. Hizo
estudios de economía en la UAP y en
Chapingo, y el doctorado en filosofía
en la Florida State University. Ha sido
profesor en la Escuela Superior de
Agricultura Hermanos Escobar, la
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, la Southwest Texas State University, West Georgia College y actualmente en la University of Texas - Pan
American, en Edinburg.
Diana M. González. Licenciada en letras por la UANL. Editora, responsable de la Colección «Más allá» de Ediciones Castillo, en Monterrey.
Silvia Mijares (Chihuahua, Chih.).
Cirujano dentista y licenciada en filosofía por la UANL; en esta misma casa de estudios concluyó los estudios de
la maestría en filosofía. Profesora de
ética, lógica y filosofía en la UANL
desde 1965. Ha colaborado en publicaciones regiomontanas: El volantín,
Aquí vamos, Deslinde. Es autora de La
filosofía de Vasconcelos como filosofía latinoamericana y coautora de
Desde el Cerro de la Silla. Anes y Letras de Nuevo León (1992).
Juan Antonio Serna. Licenciado en
letras españolas, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.
Actualmente cursa el doctorado de su
especialidad en la Arizona State University. Ha publicado estudios de tema
literario en revistas especializadas de
los Estados Unidos.

�r

En este número
Minerva Margarita Villarreal: Nuevo León no ha dejado de ser provinciano, aunque esté revestido de .macromuseos y medallitas al mérito cívico que para nada impulsan materialmente la obra de un escritor. Se padecen vicios sexenales. Y la Iniciativa Privada sólo tiene ojos para lo que le va a retribuir una ganancia. Un escritor
«no deja». A Nuevo León le hace falta crítica y rejuego de la crítica. Le hacen falta
editoriales, canales de distribución, talleres y sobre, todo un Centro de Estudios Literanos.
Alfonso Junco: Mi paisano fray Sef".ando Teresa de Mier -el otro regiomontano
ilustre que dijo Alfonso Reyes-, era un tipo singular, inquieto, vanidoso, politiqueante, combativo, atrayente en su trato, boquiflojo, megalómano, de cultura vastísima y brillante pero sin coherencia ni profundidad, amigo de la democracia pero
con grandes ínfulas aristocráticas, copioso en extravagancias pintorescas y a la vez
en rotundos estallidos de sentido común; en suma, un hombre contradictorio, original, dinámico, con algo y aun algos de chiflado.
Mario A. Aguilera Mejía: Se ha confundido el fin de la educación, pues no se trata
de hacerle el futuro al educando, sino despertar las capacidades latentes que hay en
él para que él mismo sea capaz de construírselo; si se cuenta con la .capacidad y se
crea el ambiente propicio se podrá desarrollar la voluntad de querer ser. El estudiante. al sentirse problematizado, se exigirá a sí mismo tomar una decisión ...
o

'

Miguel Covarrubias: La capacidad de Canetti para atrapar lo singular de las vidas
humanas -sin importar raza, credo o lengua-, se pone a prueba cuando viaja por Marruecos. Para entonces nuestro escritor rebasa ligeramente la línea de su media vida.
Las l'Oces de Marrakech. Impresiones de viaje. (Die Stimmen von Marrakech) es el
título que agrupa •1os catorce relatos donde Canetti domina con su enorme poder de
captación: costumbres desconocidas, rezos desconocidos, vestiduras desconocidas,
mujeres inquietantes y desconocidas, ventanas y balcones desconocidos, plazuelas
desconocidas. callejones desconocidos, voces desconocidas.
José María Infante: La lamentable conclusión de todo esto es que aún no disponemos de un discurso científico de lo social que haya podido superar los condiciones
del pensamiento salvaje y pueda ofrecernos una clasificación que sea independiente
de su propia experiencia subjetiva. Pensadores que en ciertos niveles pudieron expresar las relaciones entre términos con una racionalidad formalmente coherente, no escaparon a la consideración valorativa etnocéntrica.

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              <text>Grafo Print, Editores S.A.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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