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                  <text>rotcroR ALVARAºº
JESÚS DE LEÓN ,
EDUARDoJORDN'l
RUBÉN so'TO oR'fEGA
NORi\GAJlRO
J\ÍDA GUlSELA ~o'TO
AR'TURO CAN'TU ,
JOSÉ LUlS \\'\AR'f\NEZ
l{\}NtBER'TO SAlAZAR
ADOLFO CAS'TAÑÓN
JOSÉ MANUEL REClLLAS
BLANCA LUZ flJL\DO
¡\t,fONSO RJ\NGf-L GUf-RRi\
SYLVlA GAilLA BENAV\DES
ctsAR ISASSI
SILVIA MlJA}lES
FERNANDO ZAfA'TA

�UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
RECTOR: Manuel Silos Martínez
SECRETARIO GENERAL: Reyes S. Tamez Guerra
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
DIRECTOR: Ricardo C. Villarreal Arrambide
SECRETARIO ACADÉMICO: Miguel de la Torre Gamboa

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--~-fj)~oo UNIVERsfT.AR '

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
NÚMEROS 47-48 / VOLUMEN XII/ ENERO-JUNIO DE 1995
CONSEJO EDITORIAL
María del Refugio Garrido
Annando González Salinas
Rodolfo Martínez Cárdenas
Lídice de la Luz Ramos
Genaro Saúl Reyes Calderón
Osear Rodríguez Arredondo
Saúl Suoto
María Zebadúa Serra

DIRECTOR
Miguel Covarrubias

SECRETARIO DE REDACCIÓN
Humberto Salazar

TIPOGRAFÍA Y FORMACIÓN
Rosa Guadalupe Vázquez Carrillo

IMPRESIÓN
Grafo Pnnt Editores. S.A.
Los artículos sin firma son responsabilidad de la redaccción .. o se de,·ueh·en originales.
Correspondencia y canje: Facultad de Filosofía y Letras. L\\L.
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza. NueYO León. ~léxi(o.

Publicación trimestral

�SUMARIO

DUPLICAD

65
5

10
12

97

BUENOS DÍAS TRISTEZA
Andrés Huerta

104

INNUMERABLESRAYASQUEPASAN
Peter Hartling

UN ÁNGEL EXTERMINADOR
Nora Garro

138

EL CONCEPTO DEL \1ITO DE ALEXEI LOSEV
Mijail A. Málishe\'

MARIPOSAS DE LUZ
Juana María Naranjo

136

EL ESCRITOR
Hugo Valdés Manríquez

ELHUMANISTASALVAJE
G1amp1ero Bucc1

LA REVALORACIÓN DEL VERSTEHEN COMO \1ÉTODO DE
CONOCIMIENTO EN LAS CIENCIAS HU\1A:--:AS y SOCIALES
Ricardo Miguel Flores

121

133

LEOPARDOS Y LAGARTIJAS
Aída Guisela Soto

ACTUALIDAD DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA
Gabriel Vargas Lozano

112

117

SALÓN PARA FAMILIAS
Eduardo Jordán

TIEMPO INVISIBLE
Rubén Soto Ortega

101

SILVIA y MIGUEL CUANDO COMEN. CUANDO ESCRIBEN
EN PRIMERA FILA
'
Gabriel Contreras

59

62

LA INFANCIA PERDIDA
Jeannette L. Clariond

VOCACIÓN
Héctor Alvarado Díaz

LA PUERTA NEGRA
Jesús de León

94

ELOGIO DE NUEVO LEÓN
Gutierre Tibón

45
49

89

DEL REALISMO MÁGICO DE LOS RECUERDOS DEL PORVENIR
A~ REALISMO SOCIAL DE Y MATARAZO NO Ll.AMÓ...
Rhma Toruño

40
43

LA R~CONCILIACIÓN
Horac10

MI TU NUESTRO EXNUESTRO PARÍS
Rosaura Barahona

FABULARIO
José María Mendiola

84

EL INCON_SCIENTE FEMENINO EN COMO AGUA PARA CHOCOI.ATE
Juan Antorno Serna

33
36

81

LA EDAD DEL PSICOANÁLISIS
Guy Le Gautey

22

26

71

LINA GRAN MANCHA DE TINTA
Blaise Cendrnrs

LO INTERIOR DE LO EXTERIOR
Paul Morand

EL ÚLTIMO VACÍO
Eduardo Antonio Parra

ESCRITOS DE R..\:--GEL FRI..\S
Anuro Cm1ú

RECUERDO DE RA ÚL RANGEL FRI..\S
José Luis Manínez

�140

E LA PRESENTACIÓN DE LOS t,'SCRITOS DE RANGEL FRÍAS
Humbl·no S.1l.11ar

142
146

ADVERTENCIA A EL PEREGRINO EN SU PATRIA
Adolfo Castañón

NOTICIAS DEL EXPRESIONISMO ALEMÁN EN EL TRAIDOR
J11-é 1' lanu~I R~~ill.i,

143
148

UNA GRAN MANCHA DE TINTA

CONVERSACIÓ Y NARRATIVA ACTUALES
Hugo Valdés \1anríqueL

BRL'JL'Ll SOL.\R: LA POESÍA Y SU NORTE
Bl.mca Lu, Pulido

Blaise Cendrars

Versiones de Miguel Covarrubias

CARTA

150
152

\IAGOLO CONTRA VIENTO Y MAREA
Sylna Garza Benav,des

154
157

U LIBRO DE POESÍA DE JEANNETTE CLARIOND
Alfonso Rangel Guerra

LA RADIO Y LA BUENA MÚSICA
César lsassi

FC:"\DA~1ENTOS DE LA COCINA UEVOLEONESA
Silna \liJares

166

COLABORA:'\' E;-; ESTE NÚMERO

Cuaderno: Narrati\'a de Nuc\ o León

Ilustran este 111Ímero fotografías de Fernando Zapata

Me dijiste si me escribes
No escribas todo a máquina
Aoreoa
o o una línea de tu mano
Una palabra nada oh no la gran cosa
Sí SÍ SÍ sí sí sí sí sí
Por eso mi Remington es hermosa
Me gusta mucho y trabaja bien
Mi escritura es limpia y clara
Se nota perfectamente que yo la he tecleado
Hay espacios que yo solo con destreza
Veo enseguida el ojo que tiene mi página
Sin embargo para complacerte añado con tinta
Dos tres palabras
Y una gran mancha de tinta
Para que no puedas leerlas

Lettre
Tu m'as dn si tu m'écris
Ne tape pas tout a la machine
Ajoute une ligne de ta mam
Un mot un nen oh pas grand' el-tose
Ou1ou1ou1ou1ouiou1ou1 ou1

4

Ma Remmgton est belle pourtam
Je l'aime beaucoup et travaille bien
Mon écnture est nene et cla1re
On volt trés bien que c'est mo1 qui l'a1 tapée

�11 ya des blancs que je suis seul asavoir faire
Vois done l'reil qu'a ma page
Pourtant pour te faire plaisir j 'ajoute aI' encre
Deux trois mots
Et une grosse tache d' enere
Pour que tu ne puisses pas les lire

PUESTAS DE SOL
Todo el mundo habla de las puestas de sol
Todos los viajeros están de acuerdo en hablar de las puestas de sol. en estos parajes
Existen multitud de libros donde n'J describen sino las puestas de sol
Las puestas de sol de los trópicos
Sí es cierto es espléndido
Pero sin duda prefiero las salidas de sol
El alba
No me pierdo una
Siempre estoy en el puente
En cueros
Y siempre estoy solo para admirarlas
Mas no voy a describir los amaneceres
Voy a guardármelos para mí solo

Couchers de soleil
Tout le monde parle des couchers de soleil
Tous les voyageurs sont d' accord pour parler des couchcrs de soleil dans ces paragc~
II y a plein de bouquins ou J'on ne décrit que les couchers de solcil
Les couchers de soleil des tropiques
Oui e· est vrai e· est splendide
Mais je préfere de beaucoup les levers de soleil
L'aube
Je n· en rate pas une
Je su1s toujours sur le pont
A poils
Et je suis touJours seul a les admirer
Mais Je ne \·ais pas les décnre les aube~
Je vais les garder pour mo1 seul

�TRAJE BLANCO
Me paseo por el puente con mi traje blanco comprado en Dakar
En los pies mis alpargatas compradas en Villa de García
Tengo a la mano mi boina vasca traída de Biarritz
Mis bolsillos están repletos de Caporal Ordinaire
De tiempo en tiempo olfateo mi cajita de madera de Rusia
En mi bolsillo hago sonar una libra esterlina de oro
Tengo mi burdo pañuelo calabrés y fósforos de cera gruesos de ésos que uno no consüme sino en Londres
Estoy limpio lavado más encerado que el puente
"
Dichoso como un rey
Rico como un multimillonario
Libre como un hombre

Complet blanc
Je me promene sur le pont dans mon complet blanc acheté aDakar
Aux piedsj'ai mes espadrilles achetées aVilla García
Je tiens a la main mon bonnet basque rapporté de Biarritz
Mes poches sont pleines de Caporal Ordinaire
De temps en temps je flaire mon étui en bois de Russie
Je fais sonner des sous dans ma poche et une livre sterling en or
r ai mon gros mouchoir calabrais et des allumettes de cire de ces grosses que ron ne trouw qu ·aLondres
Je suis propre lavé frotté plus que le pont
Hcureux comme un roí
Richc comme un milliardaire
Libre comme un homme

LA CABINA No. 6
La ocupo
Yo debería vivir siempre en este lugar
No le encuentro ningún mérito a q;Jedarse aquí encerrado y a trabajar
Por lo demás yo no trabajo yo escribo todo lo que me pasa por la cabeza
Bueno no todo
Porque montones de cosas me pasan por la cabeza pero no entran en mi camarote
Veo en una corriente de aire el ojo de buey muy abierto y el ventilador ruidoso
No leo nada

La cabine No. 6
Je roccupe
Je devrais toujours vivre ici
Je n'ai aucum mérite ay rester enfenné et atravailler
D'ailleursje ne travaille pasj'écris tout ce qui me passe par la tete
Non tout de mem~ pas tout
Car des tas de choses me passent par la tete mais n·entrent pas dans ma cabine
Je vis dans un courant d'air le hublot grand ouvert et le ventilateur ronflant
Je ne lis ríen

�LO INTERIOR DE LO EXTERIOR

PaulMorand
En vísperas de la primera guerra
mundial, muchas más cosas de las
que se conocían fuera de Francia
ocurrían en París. Lejos del pequeño
universo parisiense -cuyos puestos
de mando estaban a cargo de Picasso
y de Braque, de Apollinaire y de
Max Jacob-. ¿en el extranjero se ponía en duda que surgiera una pléyade
ilustre. que una generación casi espont,ínea pudiera asegurar en el nuevo siglo su gloria? Apenas algunos
aficionados diseminados por el planeta lo habían advertido. El teléfono
.írahe de la vanguardia no funcionaha m,ís.
En Londres, donde yo vivía. el
grupo de Vorte.r era muy poca cosa
al lado de los artistas de París. En
Italia se marchitaba el futurismo. En
Munich. en Dachau, los pintores vivían en cotos cerrados. Entre nosotros se hahlaha ya una nueva lengua.
Y se le huhicra podido informar a
quier. lo preguntase: Cendrars trahajaha en la Nationale junto a Reverdy
y Apollinaire. Cendrars. ese diahlo.
hahía partido rumho a Nueva York.
donde Marccl Duchamps y Picahia
despejahan pistas ocultas. Cazadores
de novedades. No menos en su hogar de Greenwich Village que en París.
Cendrars. que ya lo hahía visto
lodo. no se engañaba. La poesía de
P11e11te.1· de París cantada por Marie
Laurencin. el acontecimiento fatal
10

de úis se,ioritas de A l'i1ió11. todo el
fermento de la creación poética. todo
el caldero de los brujos a horcajadas
sobre su pincel e hirviendo a sus espaldas. Giraudoux. que afirmaba mi
relación con París. no me lo había
contado. Él frecuentaba a Toule1. a
Vaudoyer. a Gilbert des Voisins en
el Bar de la Ópera o en Vacherre.
Mis alimentos espirituales de la época eran las Estelas de Segalen. Bar11ahooth o Co11oci111ie11to del Este.
En 1916 Cocteau me for1.ó a medir mi retraso. Yo recuperaba el
tiempo perdido y. desde el ensayn
general de De.1jile en Ch.ilele1. penetraba al fin en el círculo encan1adn
de todos los que hahrían de ser mis
amigos lranscurridos die; a1ios. Cendrars me tendió entonces su únin1
hra1ll.
La guerTa dispersaha a unos. reunía a litros. prm ocaba encuentn1s
inauditlls ll separaciones desgarradoras. Todo marchaha a 1rompin1nl'S.
Zcppdincs y Hl'ftlws eran acogidos
como nuevas im,ígenl'S por los pOl'tas. Cnn huen humor y confian;a Sl'
saludaba a las primeras tropas nortearncncanas. Se trabajaha en un dima de camaradería. de locuacidad y
de mutua admiración corno yo nunca
l'ncontré después. ¡Hasta los l'Sl'ritores se querían entre sí!
Es esta ternura de 1916. esta fraternidad de 1917 la que yo le guardo

a Cendrars y a su obra. Las Pascuas
en ,\ 'uern York -me acuerdo como s,
fuera ayer- en la gran edición ilustrada que poseo toda,-ía (un 1an10
desdibujada por la acción de los apagafuegos de la bombardeada Londres). captaban a la Yez el cambio de
época y lo infinito. Recibí en plena
cara la Prosa del transiberiano ~ el
Panamá. Cendrars lo había Yisto todo: ¡el cólera asiático. el frío siberiano. el amor cargado de carroñas. la
eterna prima\'era de las islas Fiji. los
paubulos. los uro y los Yagabundeos
por las bodegas. la prisión de Marsella! Qu.: sacudida a cada página y
cómo tenía vergüenza de mi uniforme adrninistrati,·o y de las áridas horas de ensimismamiento. Las wrdaderas descripciones de la Yida son
obra de los poetas.

que le otorgaba sentido y profundidad a ese 10\'entario acumulativo del
szlobo. Ese «interior de lo exterior».
lo que define Del 11111ndo entero al
cora:,ón del mundo. Esos poemas
que exploraban al planeta con su r~flector son microcosmos. Esta mfsllca del sufrimiento y de la bondad le
dan unidad a las tribulaciones más
vertioinosas de Cendrars. Aquí todo
es ac.:c16n de gracias. como en Walt
Whitman. Después de haber señalado profundamente al unanimismo, el
poeta de Hojas de hierba nos trastornaba. Uno encuentra en Cendrars
ecos del Canto de la gran ruta:
Vamos. ustedes quienes sean, ¡vengan a viaJar-conm1go!
Conmiio hallarán lo que jamás fati-

ga.
¡Te ofrezco mi mano, camarada!

Por Conrad Moricand. en Madrid. en la España de las fronteras
clausuradas por Clemenceau. me llegaron después los primeros acercalllÍl'lltos de Cendrars al arte negro.
,:.-\ quit:11 amena:,as? -preguntaba.
¡,A quién amenazaba el Gran Fetidll'°? No lo sabemos aún. allí donde
nal'e un África más tenebrosa que la
de C'onrad ...
Después de las prosas líricas de
1'&gt;1~. In que me encantaba en los Do('//11/('lllall's de los años 20. o en los
muy «harnahoothianos,, Mn11í. ~ra
esa me1.da de alma y de fotografía.
esos exteriores con interior. todo lo

Todo estaba en Whitman. El
Canto de la tierra que gira anunciaba los Poemas elásticos. Profeta prerrafaeli ta, impresor, vagabundo intelectual, dunniente bajo los puente~.
Whitman queda como uno de los polos magnéticos anteriores a 1914...

descuida los puntos de apoyo. Nuestro querido hexágono, desde entonces, se encuentra aprisionado entre
lo suizo y lo español, entre Cendrars
y Picasso, aprisionado artísticamente
como él lo fue, políticamente, por el
torno de Charles Quint.

... con Picasso. De las fonnas arcaicas o naturales hasta nuestros últimos materiales, Cendrars, como Picasso, encuentra su Joya en todas
partes. Su estilo es una espe~ie de
honnigón armado con puerta falsa,
donde la vertical se embriaga con su
verticalidad, donde la horizontal

Picasso y Cendr~ partieron del
Conejo ágil y del Lavadero-jlot.qnte
hacia un sueño interplanetario. En
:.mo y en otro existen periodos donde
la perspectiva está denegada, donde
los cuernos del toro son unos manubrios de bicicleta. La misma alegría
siniestra, la misma ironía feroz, el

mismo amor por las imperfecciones
.humanas, por las rarezas de lo contrahecho, por la diversidad de las
miserias, la de los mendigos, los saltimbanquis, los mismos sarcasmos
por los ricos malvados o los diamantistas ambulantes. Cendrars, un reportero. Mas un reportero de Dios.
Un aventurero espiritual, el hombre
de los veintisiete domicilios y de la
obra frenética que es nuestro
Cymbalum mundi. Cendrars, como
un Tolstoi transiberiano, como un
octavo úo, todo lo ha cantado.
Traducción de Miguel Covarrubias

�LA EDAD DEL PSICOANÁLISIS

Guy Le Gaufey
El mundo ha conocido muchas edades: la edad de bronce. la edad media. la edad de la máquina de vapor
y. entre mil otras. he aquí la edad del
psicoanálisis. Me gustaría primero
que ustedes no se equivocaran con
este título mío. Durante la edad de
bronce. por ejemplo, no había bronce en todas partes, y el bronce no era
la única riqueza, pero la aleación de
cobre y de estaño, gracias a sus calidades particulares, pennitió crear un
arte que. a nuestros ojos modernos,
se queda como la marca de toda una
época.
De la misma fonna, no quiero
decir que el psicoanálisis se encuentre hoy por todas partes -aunque se
pueda fácilmente imaginarlo en algunos barrios de Buenos Aires- pero
sí que por medio de él pasa una fuerza viva, cada vez más difícil de barruntar en los montones de comentarios que han sido levantados sobre
las obras de Freud, ayer, y la de Lacan. ahora, semejantes a túmulos funerarios.
Por m1 parte yo fui, yo soy, y verosímilmente yo seré también un comentador c;fe estos dos. Pero hoy, enfrente de un público que no conozco,
y sin el tiempo necesario para lanzarme a un comentario correcto, preferiría decir más directamente lo que
me parece que hará del psicoanálisis
12

una cosa capaz de marcar nuestra
época -no como un fenómeno de
moda intelectual, sino como una de
las tnás claras expresiones de - un
asunto más grande, que de buen grado nombraría: el reconocimiento de
la independencia de los aparatos
simbólicos.

l. El signo que significa algo para
alguien
La humanidad se confunde casi con
la emergencia de tales aparatos, de
tal modo.q~e nosotros podemos considerar·directamente la posesión de
estos aparatos simbólicos de la misma manera que la capacidad de sonreír: una marca típica de la humanidad.
¿Pero qué ha de entenderse con
esta expresión tan vaga de «aparatos
simbólicos»? En primer lugar, obviamente, el lenguaje y, ligado a él,
los sucesivos modos de comunicación, incluso la escritura que apareció hace casi cuatro mil años. Es claro que, a través de una tal duración y
de tan diferentes culturas, estos aparatos fueron numerosos (es un eufemismo), y no voy a detallarlos. Entonces, con una cierta brutalidad,
voy a encerrarlos en una sola definición: todos fueron compuestos con
elementos de los cuales cada 11110
representaba algo para alguien.

Sé perfectamente que una tal definición puede ser refutada muy fácilm~nte, y que nada era tan simple
para el empleo de estos aparatos.
Cuando el escriba egipcio trazó las
figuras de un «rebus de transferencia», ciertamente que su acto era un
poco más complicado que la designación pura y simple de un objeto
ausente. Aquellos que entre ustedes
pudieron leer algunos capítulos del
libro de Jean Allouch, Letra por letra, me entienden mejor que los
otros, pero no quiero dar muchas
vueltas a esta cuestión y, a pesar de
las mil dificultades que un erudito
podría plantear para echar abajo la
generalidad de esta definición, yo la
mantengo: estos aparatos eran siempre concebidos como vínculos y lazos, entre, de un lado -digamos-, la
humanidad, y del otro lado: el mundo. Las opiniones discrepaban, naturalmente, a propósito de la naturaleza del signo, y siempre hubo tres
maneras de pensar sobre su origen
que podían mezclarse más o menos,
según los signos. El signo podía ser
concebido como una invención humana (como en la escritura), o como
un objeto particular del propio mundo (el relámpago, el trueno), o como
un donativo de los dioses. Pero,
cualquiera que hubiera sido su origen, su funcionamiento no era tan
diferente: el signo represe1••.1ba algo
para alguien.

Esta definición articula claramente tres ténninos: el signo lleva la
carga de lo que se llama aquí «representación», una palabra que incluye
en sí misma una idea de repetición:
representar, volver a presentar.
(Aquellos que estudiaron -tan sólo
un poco- las palabras Vorstellung y
Darstellung en Freud conocen bien
el problema.) En esta definición, la
prioridad es claramente dada al «algo» en el cual el signo toma, si no su
origen, por lo menos su fuerza.
No es tan fácil ponerse de acuerdo sobre la naturaleza de este «algo». No es igual a «cualquier cosa»,
porque este «algo» no es necesariamente una cosa, pero se puede decir
-siguiendo los ténninos de Wittgenstein en su Tractatus logico-philosophicus- que es siempre un estado de cosas, sean cosas del mundo
externo al hombre, o interno a él, o
el de los dioses. En todo caso, tan interno como sea este «algo», que es
representado gracias al signo, se
queda fuera del «alguien» para quien
esta representación es válida.
Si algunos entre ustedes son un
poco asiduos al lógico Frege, probablemente se acuerdan de su definición del término «objeto» frente al
término «función». Después de su
dcfinició11 de esta función como una
expresión lógica que posee en sí

misma un lugar vacío, Frege afinna
que un objeto es «cualquier cosa que
no es una función», lo que implica
directamente que un objeto es algo
que no posee ningún lugar vacío.
Igualmente, el «alguien» de mi
definición del funcionamiento del
signo se podría concebir, en primer
lugar, como una exclusión completa,
sin falla, del «algo». «Alguien» será
cualquier cosa que no se puede reducir, de cualquier manera, a un «estado de cosas». No importa aquí que
este «alguien» tome la apariencia de
un ser humano, de un dios o de no sé
que ángel o vampiro; lo que importa
es únicamente el hecho que. de este
«alguien», no se podría hacer un
cuadro. En esta palabra, ustedes reconocen otro término de Wittgenstein. Para él, un cuadro es lo que se
interpone entre un estado de cosas
y... precisamente: alguien -este alguien que, en el Tractaflls. se llama
unas veces «nosotros». otras veces
«yo», pero siempre un sujeto gramatical.
La imposibilidad para dar una
apariencia cualquiera a este «alguien» no fue claramente entendida
antes de Descartes. El «cogito» puso
a plena luz el hecho de que ego es
un acontecimiento. no un estado de
cosas. Pienso, luego existo pone el
«ego» fuera de cualquier pensamien-

to, y la importancia del cogito se debe, en parte, al hecho que, con él, el
«alguien» encontró por la primera
vez su propio régimen de funcionamiento, ya sin ninguna ayuda directa
del alma cristiana o de cualquier forma de espíritu.
Uno de los efectos directos de la
claridad del ego del cogito fue una
casi inmediata claridad de la lógica
del signo que apareció algunos años
después en lA Lógica o El arte del
pensamiento, libro que se llama en
francés: lA logique de Port Royal.
No se encuentra en este libro la definición del funcionamiento del signo
que uso aquí, pero eso se entiende
muy bien pues en aquella época dos siglos antes de una lógica fregeana o russelliana marcada por
cuantificadores- palabras como «algo» y «alguien» no eran tan utilizadas en lógica como hoy.
En la primera parte de este libro
-que ha conocido cuarenta y cinco
ediciones en francés en 332 años- se
expone magistralmente esta lógica
del signo que quiero ahorita mismo
encerrar en esta pobre definición: lo
que sign(fica algo para alguien. Este
trípode ha sido el elemento básico
del orden que me gusta llamar «clásico" -este orden epistemológico
que nació y se consolidó en el siglo
X\'11. en el mismo tiempo que apare13

�ció la ciencia. y se fracturó -sin desaparecer completamente- al principio de nuestro siglo. Durante casi
trescientos años. reinó sin ninguna
rivalidad hasta el punto en que no se
podía imaginar otra cosa sobre la naturaleza del signo. La evidencia de
esta definición era tan fuerte como la
de la geometría euclidiana, tampoco
sin ninguna rivalidad hasta la mitad
del siglo XIX.
Fue precisamente con la geometría que esta naturaleza del trabajo
representativo de un aparato simbólico empezó a fracturarse. Se descubrió que era suficiente cambiar algunos pequeños puntos en la batería
axiomática para obtener geometrías
profundamente diferentes de la euclidiana y -¡peor!- sin ninguna relación directa con nuestro espacio habitual; y no obstante capaz de fabricar teoremas tan verdaderos como
los de la euclidiana. Esta fractura en
la consistencia del signo clásico llevo una mitad de siglo para imponerse, y fue solamente con el libro del
matemático alemán David Hilbert,
Grundlagen der Geometrie -los
fundamentos de la geometría
( 1899)- que eso se instaló en la conciencia moderna.
A partir de esto, se pudo lentamente concebir unos regímenes del
signo en los cuales no se sabía si ca14

da signo representaba un estado de
cosas o nada, pero en los cuales, sin
embargo, se podían hacer demostraciones correctas. La fractura momentánea creída por Descartes en
sus Meditaciones l y // entre el pensamiento y el pensador, para obtener
sus «figuras», es decir pensamientos
sin más referencia a ningún pensado,
esa fractura ya no era, a partir de
Hilbert, un momento fugaz en el paso hacia el cogito y la producción
del ego, sino una condición preliminar para estudiar la consistencia de
un aparato simbólico, empezando
con la de la aritmética.
Los matemáticos sabían en
efecto que, si se podía demostrar la
consistencia de la aritmética, se
podía deducir directamente de ello
la consistencia de la matemática
entera. En su texto intitulado «Sobre el infinito», de 1925, Hilbert
propuso considerar que, en su nueva meta-matemática, el único objeto de estudio fuera el signo sin ninguna otra preocupación del «algo»
que este signo significaba para «alguien», únicamente como un nudo
de relaciones con lus otros signos
empleados con él. Eso fue la condición indispensable para estudiar
específicamente la consistencia del
más elemental aparato simbólico el de la aritmética- y para descubrir, algunos años después, gracias

al lógico vienés Kurt Godel, el primer gran teorema de incompletud
de l?.~ lógicas de un orden igual o
superior al segundo grado.
Infelizmente para la claridad y la
concisión de mi argumentación, la
historia del signo es más complicada
que este esquema demasiado lineal,
y es necesario que yo diga algo a
propósito del que casi fue el inventor
de esa definición, donde se encuentran ese «algo» y ese «alguien», que
no fue Jacques Lacan, sino el filósofo norteamericano Charles Sanders
Peirce. En su obra que nunca fue publicada en su vida, y que él nunca
fue capaz de ponerla en orden, se lee
exactamente esto:
Un signo, o represe11tame11, es algo
que viene en el lugar (qui tient /ieu)
de algo para alguien sobre cualquier
relación o cualquier calidad.•
Aparentemente, esta es la definición que yo daba. Pero a propósito
del «alguien», una carta de Pierce
del 23 de diciembre de 1908, dirigida
a Lady Welby, trae una importante
precisión:
Habló de «alguien», escribió Pierce.
como para echar de comer a Cancerbero, porque me desespero en hacer
entender mi propia concepción, la
cual es más larga.

Esa concepción, la expresó por la
palabra «interpretante» en lugar de
«alguien». Pero este «interpretante»
claramente ya no era una persona sino «en el espíritu de una persona un
signo equivalente»: un otro signo.
De tal modo que la definición central del orden clásico vino a expresarse en Pierce con la forma:

cierto que sobre la cuestión del
«alguien» para quien el signo representaba algo, Freud era conducido a sostener una posición ambigua puesto que adoptaba macizamente la lógica del signo clásico,
pero autorizándose a interrumpir el
funcionamiento del «alguien» cada
vez que se le hacía necesario.

U signo representa algo para un
otm signo.

Il. Freud y los pensamientos sin
pensador

Eso era casi inaelmisible para el
orden clásico, pero no es tan inconcehiblc que haya sido el mismo quien
pudo enunciar la mejor fórmula del
signo clásico, quien vino a subvertirla. Es casi una regla que los axiomas
constituyentes de un saber aparezcan
con toda claridad únicamente cuando
ese saber esté en peligro; durante los
años de triunfo y de· funcionamiento
normal de un saber, sus axiomas trabajan silenciosamente, sin ninguna
necesidad de proferirlos.

La representación inconsciente es
claramente una tontería pura y simple en el orden clásico, y ello no es
reconocido suficientemente hoy.
Aparentemente, para mucha gente
en el pequeño mundo freudiano, hay
representaciones conscientes y representaciones inconscientes de la
misma manera que hay caballos
blancos y caballos negros. «Inconsciente» es nada más que un adjetivo.
A este respecto me gustaría recordarles la palabra irónica del físico y
filósofo del siglo pasado, Emst
Mach, sobre el problema de la atracción universal en Newton; decía que,
después de haber sido, en el inicio,
un «misterio extraordinario», éste se
transformó en un «misterio ordinario». Lo mismo pienso del asunto de
la representación inconsciente en
Freud: un misterio ordinario en que
ciertas representaciones representarían algo para ... nadie.

Doy este repaso por Pierce para
mostrarles que este orden clásico
del signo ha conocido muchos accidentes en el siglo pasado, tanto
del lado de la lógica como del lado
de la matemática. Y ahora me gustaría indicarles cuál fue la manera
de Freud para introducirse en esta
brecha, sin preocuparse mucho sobre la naturaleza del signo. Pero es

Si no se ve el problema en ese
punto y si se queda a pensar y a
practicar el psicoanálisis siguiendo
el orden clásico del signo, el peligro
es que la idea del «alguien» siempre
se impone silenciosamente en lugar
de ese «nadie», tan imposible en ese
orden como el vacío en la física aristotélica. En tal caso, si se mantiene
un tal «alguien» para quien las representaciones inconscientes representan algo, el psicoanálisis toma
tranquilamente el camino de un funcionamiento paranoico en el cual el
paciente es considerado como responsable -indirectamente, ¡por cierto!- pero responsable de estas representaciones inconscientes. Y haciéndose eco de eso, el paciente se pone
a creer que tiene un inconsciente suyo. «Mi inconsciente... » Este posesivo, tan común hoy, es para mí como
la marca de que un tipo de psicoanálisis no ha cumplido su movimiento,
y se queda enganchado en este orden
clásico en el cual nació, pero en el
cual no puede desarrollarse mucho
más sin perder su propio hilo.
Esa conservación secreta del «alguien» atrás del imposible «nadie»
se presenta como un reflejo lejano
de lo que se llamaba, en la psiquiatría francesa a mediados del siglo
pasado: el tratamiento moral, de
Fran~ois Leuret. En este tratamiento,
el enfermo era considerado como
15

�plenamente responsable de sus trastornos; en él, el sujeto era concebido
como en relación directa con su
fuerza moral, y por eso mismo, capaz de renunciar a algo de sus ideas
más o menos delirantes. A despecho
de todas las diferencias visibles, hoy
es casi lo mismo con la idea de que
siempre habría una parte sana en el
«yo». La traducción oficial de la famosa frase de Freud: «Wo es war,
soll ich werden» aparece como una
prueba de que el «alguien» para
quien los signos representan algo es
siempre concebido como un interlocutor valedero y válido.
De vez en cuando, especialmente
frente a la inhibición de los fóbicos,
se puede recurrir a algo de esta fuerza moral, o se puede también apresurar al paciente a arrostrar su angustia, a falta de lo cual la cura se
reduciría a una contemplación común de una impotencia compartida.
Pero en esto, no hay necesariamente
confusión entre el «yo» y el «alguíen», como es el caso en el tratamiento moral; al contrario, eso puede conducirnos a lo mejor, quiero
decir esta especie de encuentro fallado entre el «yo» y la verdadera naturaleza del &lt;&lt;alguien», la cual no se
descubre en ninguna parte así como
también, para el agorafóbico por
ejemplo, en frente a la plaza desierta. De la misma manera, cuando yo
16

trabajaba en un hospital psiquiátrico,
al principio de las reuniones que
congregaban enfermos, enfermeros y
médicos, había un viejito esquizofrénico que, al entrar en la sala donde
se encontraban veinte o treinta personas, siempre preguntaba: «¿Hay
alguien?» No se equivocaba entre
estos «yo» y la pura posibilidad del
«alguien». Al contrario de su caso,
en la discreción de un consultorio, es
muy fácil resbalarse en la confusión
entre aquel que dice «yo» y el «alguien» del signo clásico. A pesar de
sus calidades -especialmente en referencia a la problemática de la represión- el «yo» freudiano es una
mezcla del sujeto clásico -es decir,
una vez más, el «alguien» para quien
los signos representan algo- y de la
primera persona gramatic,al en donde
se cruzan los hilos de la subjetividad.
Todo esto nos indica muy bien
cómo Freud tuvo que trabajar en
un orden de saber en que su descubrimiento no se podía exponer sin
encontrar serias contradicciones. Si
tuviéramos más tiempo, sería interesante estudiar detalladamente la
problemática del fetiche, y mostrar
hasta qué punto la exposición de
Freud es dividida entre una intuíción clínica notable, y muchas dificultades que se producen macizamente en razón de la problemática

del signo clásico. En su texto «El
Fetichismo» de 1927, Freud intenta
articular un puro juego de palabras
-el famoso «glance on the nose»y lo que no se puede representar,
algo más difícil de concebir que el
vacío en la física de Descartes -este puro «nada» que se llama después de Freud: el falo materno.
Aquí, el «algo» del signo clásico
encuentra un tropiezo fatal, especialmente cuando se forja la idea según la
cual este falo maternal, este «nada» es
una pieza esencial en la fabricación de
la subjetividad. Con el fetichismo,
Freud pudo abordar el punto más contradictorio del orden clásico, este punto a partir del cual se puede adivinar
que en cada signo hay un momento de
su funcionamiento en que este signo
representa «nada» para «nadie». En tal
momento crucial, se revela como en
ninguna otra parte este lazo secreto
que suelda el orden simbólico del signo, y el orden de la sexualidad humana. Y eso se revela perfectamente a
través de la emoción ligada al fetiche,
que está tan cerca de la emoción estética. Creo personalmente que el ejemplo de Freud dice todo lo importante
sobre este asunto: el «Glanz&gt;&gt; -que
significa en alemán «un brillo» y en
inglés «una mirada»- presenta muy
bien este desmayo del «alguien» y del
«algo», desmayo a partir del cual surge, de una manera muy fugaz, esta in-

dependencia de los aparatos simbólicos de la que yo hablaba en rrú introducción.
Del lado del sujeto como del lado
del objeto. en el descubrimiento de
Freud se debían encontrar los puntos
más catastróficos del orden clásico
porque ese descubrimiento se encaba!gaba sobre la idea de un funcionamiento del lenguaje diferente de él, de
un lazo entre el mundo y la persona.
Hoy mucha gente sigue creyendo
que Freud descubrió un nuevo rnundo. como Colón. y que este mundo
no sería nada más que una extensión
del primer mundo, del mundo clásico que siempre se presentó como el
propio mundo, sin ninguna historicidad. Este mundo freudiano sería el
del inconsciente, lleno de pulsiones
horribles y de otros deseo~ de asesinato -pero debemos reconocer inmediatamente que un tal mundo, un tal
infierno, ya era muy bien conocido
antes de Freud. Al contrario, lo qüe
Freud descubrió realmente, para un
ser humano, fue el goce ligado al
funcionamiento de sus aparatos simbólicos, estableciendo una atadura
entre la sexualidad y la práctica de
cualquier aparato simbólico.
Para concluir sobre Freud, quiero
hacer hincapié principalmente en el
hecho que su obra se ubica en las

'

marcas del imperio clásico. En las
marcas. se expresa a veces algo nuevo. pero generalmente en la lengua
de la capital. Esta brecha en el funcionamiento del signo clásico en que
Freud se encajó y que desarrolló a su
manera se ·expresó en su obra en los
términos del orden clásico.

cumplir sin un cambio en el imaginario sobre la naturaleza del signo.
La cuestión del fin del análisis no
queda la misma en el orden clásico donde no hay ningún término propio
del análisis- que en este orden en el
cual el signo revela otro aspecto de
su funcionamiento.

Es una de las razones por las
cuales la obra de Freud aparece relativamente fácil de leer; este mundo newtoniano y kantiano por lo esencial- es esto mismo que aprendimos
en la secundaria. Pero es también
una de las razones por las cuales algunos de sus mejores continuadores
no pudieron agarrarse al hilo de su
descubrimiento porque, sin preocuparse mucho de la naturaleza del signo, fueron más y más terapeutas. El
caso de Melanie Klein es muy ejempiar. Por lo tanto, después de un siglo de psicoanálisis, hay como una
regla que podría decirse así: cuando
el psicoanálisis se reduce a una terapéutica va a debilitarse por demás
dentro de dos o tres generaciones de
psicoanalistas, y por una razón muy
simple: la terapéutica es a veces un
efecto, un resultado de la práctica
analítica, pero de ningún modo el
nervio de su guerra. Si su guerra
consiste en ofrecer una escena - la de
la transferencia- al despliegue de las
diversas figuras del nudo entre la sexualidad y el simbólico, no se puede

Tal vez en ninguna otra parte sino en la concepción del fantasma se
verá tan bien el precio que pagó
Freud al orden clásico. Sea con Leonardo da Vinci, o sea en su texto:
«Pegan a un niño», Freud está condicionado a imaginar que, además de
los fragmentos de recuerdos presentes en la fabricación del fantasma
como en la del sueño, ha de intervenir lo que llama «eine geheim Motiv», un motivo secreto. El trabajo de
este motivo es rápidamente claro:
hacer la unidad, hacer una bolita con
la migajas de ciertas huellas de recuerdos. Pero: ¿de dónde viene este
motivo? ¡Chitón! ¡Es un secreto! Ni
Freud podrá decírnoslo.
No podrá porque en ese punto como en el punto del ombligo de los
sueños, o el de la represión primera,
o el del primer Moisés, y tantos
otros- Freud es obligado a ofrecer
un sacrificio al misterio del origen.
Como intenté mostrarlo en un artícu·lo de la revista L'Unebévue intitulado «Símbolo, símbolo y símbolo»,
17

�su teoría del símbolo - tal como
Ernst Joncs la presentaba y la justificaha en su escrito «The Theory of
Sy111/Jolis111»- implica un planteamiento de un origen, siempre y
siempre, aunque no sea todas las veces evidente.
En la ortodoxia freudiana, la
cuesti&lt;Ín de la realidad de la escena
del fantasma es clásicamente una
ocasi6n para un debate interminable
entre los que defienden la idea de la
realidad traumática y los que defienden la idea de la pura realidad psíquica. El último asunto de este tipo
fue alrededor de Jeffrey Masson. Pero los partidarios de las dos facciones siempre están secretamente de
acuerdo sobre lo esencial, a saber,
que el fantasma representa algo, y
que entonces se queda el hecho del
«alguien». El sujeto clásico, totalmente impermeable al inconsciente
freudiano, continua su vida en tal
debate, virulento aunque vacío.
He empezado a describir la fractura del orden clásico a partir de la
matemática o de la lógica para indicar claramente que Freud perteneció
a un movimiento del cual no se dio
cuenta, porque ese movimiento al interior de la problemática del signo
era -y es aún- muy lento, como el
de la deriva de los continentes. Uno
de los terremotos que surgieron de
18

este lento deslizamiento de terrenos
epistemológicos fue, sin duda, el primer teorema de incompletud de Géidel en 1931. Pero en esta época, nadie
hizo el menor acercamiento entre esta incompletud y cualquier otra cosa
del lado del psicoanálisis. Y con toda razón, porque no había -y todavía
no hay- ninguna relación directa entre el psicoanálisis de Freud y la incompletud de la lógica del segundo
grado. Esta relación se lee únicamente a partir de la operación conducida por Lacan, que se esforzó en
plantear el descubrimiento freudiano
fuera del orden clásico, lo que no se
podía hacer sin este cambio del imaginario del cual voy a hablar en seguida.
III. Un sujeto para el tercer milenio

Acabamos de ver que, en la obra de
Freud, el «alguien» y el «algo» en
nuestra definición del signo se transforman -a veces, especialmente alrededor del signo fálico- en un «nadie» y un «nada». Una manera muy
simple para caracterizar el desplazamiento efectuado por Lacan es concebir que ese funcionamiento excepcional y casi anómalo descrito por
Freud fue pensado como un funcionamiento regular por Lacan. Pudo
permitirse eso gracias al acento
puesto sobre un significante más o

menos saussuriano, que se presentaba como un componente del siglo y
de su significación, y así pues, no se
confundía con ella.
Pero en Saussure, el significante
no tiene una existencia que se pueda
sostener mucho tiempo fuera de su
significado. Con sólo Saussure para
ayudarle, Lacan no podía aislar el
simbólico como lo hizo. Él lo pudo
hacer, sin embargo, mediante ese
vasto y lento movimiento por el cual
progresivamente la independencia de
los aparatos simbólicos se abrió paso,
como lo indiqué anteriormente.
A fines de 1961, al inicio de su se•
minario sobre La identificación, al
establecer su más famosa fónnula: el
significante representa el sujeto para
otro significante. Lacan ya no estaba
en el terreno saussuriano, si alguna
vez estuvo allí. Se podrían decir muchas cosas sobre ese asunto de los
vínculos entre Lacan y la lingüística,
su «lingüistería» como él la llamaba
Pero prefiero dejar todo eso de lado
para insistir sobre otra fórrnula suya,
que se encuentra en el alargamiento
de la anterior, a saber la fónnula se·
gún la cual el sujeto que está en jue•
go en cada cura nunca es otra cosa si•
no el sujeto de la ciencia.

ciencia. la verdadera ciencia, prescinde muy bien de cualquier sujeto,
) que lo propio de la ciencia es ser
un discurso sin ningún sujeto. Primera dificultad. Por otro lado, ¿cómo se puede imaginar por un mstante que, si hay un sujeto ligado al sufrimiento. a la queja, éste sea concebido como aquel sujeto raro, referido
de una manera oscura, a la ciencia?
(Y ¡como si, además, hubiera hoy
una unidad cualquiera de las ciencias!) Segunda dificultad, aún más
sesgada.
Si Lacan emplea la expresión
«sujeto de la ciencia» es cierto que,
en esta denominación aparentemente
simple, se encuentra un concepto suyo menos simple. Es una característica de su estilo encerrar pensamientos muy sofisticados en expresiones
comunes y sibilinas. Este es el caso.
Este sujeto no se las ha de haber con
ningún «ser humano», como está
erróneamente escrito en el argumento del coloquio de esta jornada. Un
ser humano (eso existe) puede volverse un sujeto (en el sentido del término de esta palabra), pero por lo
tanto no significa que un tal sujeto
es un ser humano. En términos lógicos, ha) aquí una implicación, no
una equivalencia.

«Sujeto)► y «ser humano)&gt; son
¡Valiente afirmación! Por un la- 1
precisamente
dos cosas muy difcrcndo, es una perogrullada decir que la

tes, y lo difícil en este asunto empieza aquí: en no confundir la maquinaria de un sujeto ligado al significante.
y el ser humano que experimenta
muchas otras obligaciones como las
del simbólico. Ese suJeto es como
una propiedad de los aparatos simbólicos, la cual se queda oculta ho) precisamente por el antiguo sujeto, el
sujeto gramatical de la primera persona con -en su corazón. en su pecho- otra propiedad casi divina: una
presencia inmediata para sí mismo.
Lo que se debe entender aquí e~
la operación conducida por Lacan
sobre el ego del cogito. la cual es
más difícil de descifrar a través de la
masa de los seminarios. Es importante notar aquí que su operación
produjo al mismo tiempo dos sujetos
conjuntos: el sujeto representado por
un significante para otro. y el famoso sujeto-supuesto-saber. Ambos
surgieron de una separación que Lacan efectuó por la mitad de las Meditaciones cartesianas -exactamente:
al final de la Meditación dos- ) a
partir de la cual obtuvo:
-de un lado. el primer sujew. separado de cualquier representación.
y ligado a los significantes:
-del otro lado. este sujeto-supuesto-saber. que se debía , oh er a
confundirse más tarde para Lacan

con el dios que Descartes había
planteado en sus cartas a Mersenne
cerca de 1630: el creador de las verdades eternas.
Los lectores del seminario La
ide11tificació11 saben que este sujetosupuesto-saber fue tirado, en primer
lugar. como una mondadura de naranja que hubiera dado ya todo su
jugo: el sujeto tal como le interesaba
a Lacan y que había expresado gracias a su concepción del significante.
Pero dos años después. en su seminario Los f1111dame11tos del psicoanálisis. Lacan dio un nuevo valor a ese
sujeto-supuesto-saber: sería él el eje
de la transferencia, o sea el eje de
esta resistencia al análisis que hace
posible el propio análisis.
No es siempre fácil leer esta fractura en Descartes. porque Lacan afirmó muchas veces que «su)) sujeto era
exactamente el sujeto de Descartes.
Según una figura de estilo muy frecuente en Lacan. pretendió que su
sujeto no era una m,·enc16n suya. solamente un descubrimiento de una
antigua verdad. que se había quedado
ocuha hasta él (Freud hacía lo mismo
cuando le encantaba ser como
Schliemann. el hombre que descubrió la ciudad de Troya). Pero de facto. el acto de Lacan debe ser interpretado. en mi opinión por lo menos. como una fractura hecha en algo consi19

�derado antes de él como el átomo
irreductible de la subjetividad: el ego
del cogito. Según la sonora frase del
presidente Mao Tse-Tung, «Uno se
divide en dos», y aquí el irrompible
sujeto clásico -sea el ego o el alguien- se ha roto con Lacan para dejar aparecer sus dos componentes: el
sujeto representado por un significante para otro, y el sujeto-supuestosaber.
Esta fractura lacaniana en el sujeto clásico transportó en el terreno
del sujeto la fractura que Freud había planteado a su modo en el terreno de la conciencia (Consciente / Inconsciente). El sujeto lacaniano toma entonces la apariencia de un
electrón, esta partícula que sirve para atar los átomos, pero que no puede existir sin atarse a un núcleo cualquiera. En el caso del sujeto lacaniano, este núcleo no es otra cosa sino
el sujeto-supuesto-saber que siempre
vuelve a nacer de sus cenizas cuando
le ocurre quemarse sus alas, como el
ave Fénix (quiero sólo decir ahora
que la caída de este sujeto-supuestosaber no es lo que se cree).
Esa fractura en el sujeto clásico
produjo, pues, dos sujetos opuestos,
que la operación de la transferencia en
la cura pennite separar, más o menos
según los casos. De ese punto de vista,
cl ·consultorio del psicoanalista -nues20

tros pequeños consultorios- parecen
un poco como los modernos aceleradores de partículas de la física atómica: un lugar donde se pueden observar
fenómenos casi in\'isibles en el mundo
de la representación en que vivimos
diariamente.
Conclusión
Así es como, para terminar. vuelvo a
mi título un poco humorístico. pero
sólo un poco. Si la fractura efectuada por Lacan es válida, si su suJeto
es realmente una pieza de funcionamiento de los aparatos simbólicos.
luego su obra pertenece no sólo al
mov1m1ento psicoanalítico. sino
también a este movimiento mucho
más extenso, por donde se expresa
cada día más la naturaleza de estos
aparatos simbólicos. En ese movimiento, lo que está en juego es la
omnipotencia del modelo de la individuación dado a través de la escena
de la representación. Hay actualmente un conflicto tanto más grave
como difícil de percibir, entre las
fuerzas que trabajan en la desconstrucción del modelo de la indi, iduación -es decir, principalmente. alrededor de algunas ciencias y del arte
moderno- y las fuerzas que trabajan
en construir y mantener la escena de
la individuación, a saber, en pnmer
lugar, las fuerzas políticas encerradas en la realidad de nuestros esta-

dos modernos. Para estos estados, lo
que no es 11110 es nada, y la representación política es más que nunca
una cosa en que el representante representa algunos para alguien. A este
Alguien mayúsculo, tan terrible hoy
como dios ayer -y que se llama a veces en inglés Big Brother-, no le encanta mucho considerar una realidad
cualquiera que no caería sobre la
unidad, una unidad a partir de la que
el estado pueda clasificar. y reconocer tantos individuos como cuantos
habrán sobre la escena de la representación política. Para entrar en esta escena es suficiente mostrar un billete garantizando la unidad de su
portador. pero este billete no es vendido sino por el estado en sus diferente oficinas.
Eso es exactamente lo que no puede hacer el psicoanalista. Nada en su
func1onam1ento le garanuza una tal
calidad. ) luego es verdad que no puede transmitirla. S1. en calidad de ctudadano. o de padre de familia. tiene
una unidad imaginana de la misma
manera que la de su alma. en calidad
de psicoanalista. en su funcionamiento
simbólico que se puede aprender en la
transferencia. ya no tiene nada de eso.
El «alguien» que habrá sostenido a
tra,·és de la transferencia podrá encontrar al fin su estatuto de no-persona, de
artefacto (un anefacto más o menos
explosivo. según los casos).

S1 lo~ psicoanalistas siguen ocupándme seriamente. en cada transferencia. de esta especificidad ligada a
la naturale,a de la tercera persona,
ligada a este «poco de ser» del «alguien» -) eso se podrá sólo en los
márgenes de cualquiera unidad- entonces. bueno. tal vez el psicoanálisis seou1rá
siendo una cosa divertida.
o
) su nuevo suJeto seguirá corriendo
tanto los campos esp1stemológicos
como los de la clínica durante, por lo
menos. el inicio del tercero milenio.
Si no, ese milenio se acordará del
psicoanálisis como de una psicología
entre otras, un poquito pesada -¿verdad'?- por el hecho de que era demasiado aficionada a hablar del sexo
indefinidamente.

• Charles Sanders Pierce, Écri1s sur le
sig11e, París, Le Seu1I, 1978, p. 121.

�,,

LA RECONCILIACION

Horacio

Yersiones de Enrique Puente Sánchez

A SEPTI~IO

Ad Septimium

Septimio amigo. que conmigo irías
Hasta Cádiz y Cántabros indómitos.
Y a Sirtes africanas do restallan
Siempre violentas mauritanias olas:

Septimi. Gades aditure mecum et
Cantabrum indoctum iuga ferre nostra et
Barbaras Syrtes. ubi Maura semper
Aestuat unda.

Tíbur fundada por colono argivo
Sea de mi vejez el dulce asiento,
Meta final de quien está cansado
De mares. de milicia y de caminos.
De donde si la Parca hostil me aleja,
Me iré a los campos que rigió Falanto,
Allí el Galeso con sus aguas sacia
La sed d~ ovejas que con piel se arropan.
De los rincones todos de la Tierra
Ese más que ninguno me sonríe,
No cede en miel al ater,iense Himeto
Ni en aceituna a la Venafro verde.
Lugar es donde Júpiter celest~
Da tibio invierno, primavera larga,
Y Aulón del fértil Baco preferida
Las uvas de Falerno poco envidia.
Rientes de verde y sol, pueblo y colinas
Piden que estés conmigo y que con lágrimas
Empapes las cenizas aún calientes
De quien poeta fue y fue tu amigo.

Tibur Argeo positum colono
Sit meae sedes utinam senectae,
Sit modus lasso maris et viarum
Militiaeque.
Unde si Parcae prohibent iniquae,
Dulce pellitis ovibus Galaesi
Flumen et regnata petam Laconi
Rura Phalantho.
Ille terrartJm mihi praeter omnes
Angulus ridet, ubi non Hymetto
Mella decedunt vir1dique certat
Baca Venafro;
Ver ubi longum tepidasque praebet
Iuppiter brumas et amicus Aulon
Fertili Baccho mínimum Falernis
Invidet uvis.
Ille te mecum locus et beatae
Postulant arces; ibi tu calentem
Debita sparges lacrima favillam
Vatis amic1.

Oda VI del Libro segundo

�LA RECONCILIACION
Lidia:
Horacio:

Mientras fui yo tu sueño y tu embeleso,
Mientras no preferiste que otros brazos
Oprimieran tu cándida cerviz,
¡Más que monarca persa
Dichoso yo viví!

Lidia:

Mientras no ardió por otra tu pasión,
Mientras Lidia no fue después que Cloe,
¡Lidia! ¡Lidia!, se oyó en tu poesía
¡Y más que Rhea Silvia
Famosa siempre fui!

Horacio:

Lidia:

Horacio:

Cloe de Tracia me domina ahora,
La lira tañe y canta una canción.
Por ella nunca dudaré morir.
¡Si le permite el hado
Vida después de mí!
A mí Caláis, hijo de Omito el Turio,
Me enciende en mutua, cálida pasión;
Por él podría yo morir dos veces,
¡Si al joven deja el hado
Vida después de mí!
¿Y si otra vez Venus atarnos quiere
Con eternal lazo a ti y a mí?
¿Si se va ahora mismo Cloe la rubia,
¡):' abro la puerta a Lidia
Que antes no quise abrir!?

Aunque Caláis brilla más que una estrella
Y tú eres tan ligero como el corcho,
Aunque iracundo como el Hadria seas,
¡Contigo amo vivir,
Contigo amo morir!

Donec gratus eram tibi
Nec quisquam potior bracchia candidae
Cervici iuvenis dabat,
Persarum vigui rege beatior.
Donec non alia magis
Arsisti neque erat Lydia post Chloen,
Multi Lydia nominis,
Romana vigui clarior Ilia.
Me nunc Thressa Chloe regit,
Dulces docta modos et citharae sciens,
Pro qua non metuam morí,
Si parcent animae fata superstiti.
Me torret face mutua
Thurini Calais filius Omyti,
Pro quo bis patiar mori,
Si parcent puero fata superstiti.
Quid, si prisca redit Venus
Diductosque iugo cogit aeneo?
Si flava excutitur Chloe
Reiectaeque patet ianua Lydiae?
Quamquam sidere pulchrior
Ille est, tu levior cortice et improbo
Iracundior Hadria,
Tecum v1vere amem, tecum obeam libens.
Oda IX del Libro tercero

24

25

�EL INCONSCIENTE POLITICO FEMENINO
EN COMO AGUA PARA CHOCOLATE

Juan Antonio Serna
El texto de Laura Esquive! no es una
mera historia de amor ni una novela
paraliteraria. como se pudiera interpretar en una primera lectura. Como
agua para chocolate (1990), es un título que representa una connotación
binaria. La primera se refiere a la situación política del país, mientras
que la segunda se relaciona con la
voz femenina que se muestra cansada de ser reprimida por la sociedad
patriarcal. Realmente el texto requiere de una segunda lectura para
desfamiliarizar el engranaje político
escondido por la autora mediante el
uso del realismo mágico y las recetas de cocina, como artefactos literarios. La historia es narrada en la cocina, a través de recetas mensuales
(alusión a la me"nstruación) salpicadas de humor negro, de lágrimas, de
erotismo, de emoción, de conversaciones cotidianas, de un lenguaje popular (Nacha/Chencha) y de un lenguaje culto (Tita); que hacen cómplice al receptor despertando su apetito culinario y sexual.
La intención de este trabajo es
comprobar la hipótesis anterior, recurriendo para ello a la teoría del
inconsciente político de Fredric Jameson. El inconsciente político es
un paradigma teórico que nos permite interpretar el texto cómo un
acto simbólico social cuando éste
contiene una ideología transcodifi26

cada en tres niveles: el marco político, el ideologema y la ideología
de la forma. Laura Esquive! nos
presenta un metatexto empleando
como recurso literario un libro de
recetas que sirve como vehículo
para retextualizar la historia como
una experiencia colectiva, es decir,
el inconsciente político. Para Jameson, el inconsciente político es lo
que Espinosa y Althusser denominan «the absent cause». Además
considera que la historia es la experiencia de la necesidad, como
una forma inexorable de eventos.
Al detectar las huellas de la narración ininterrumpida en la técnica
-las recetas- y al devolver a la superficie del texto la realidad escondida -el ideologema y la ideología
de la forma- y la represión de la historia -el acceso al dormitorio-, destacaremos la doctrina del inconsciente político, así como su función
y sus necesidades. El realismo mágico en el texto, es un recurso literario
que ayuda al lector a descodificar el
metasignificado político revelado en
la obra: la lucha por el acceso al dormitorio/ la libertad.
Lo que el texto revela es la transgresión de las normas tradicionales,
la lucha por recuperar el derecho al
dormitorio, al sexo, al amor, la ruptura con el pasado, la lucha por el

poder, la lucha por la libertad, la
emancipación de la mujer y la búsqueda de un espacio, esto simbolizado por Tita. Mediante el realismo
mágico «una nube rosada llegó hasta
él», la autora trata de esconder el inconsciente político en su obra. Al
presentarnos el encuentro entre Gertrudis y Juan de una manera espectacular, Esquive! empieza a gestar el
mensaje que está asociado, no solamente con la revolución mexicana,
sino también con el papel fundamental que desempeñó la mujer en dicho
proceso. La imagen que percibirnos
de Gertrudis: una mujer angelical/infernal, representa, aplicando el criterio de Linda Schierse, el arquetipo
de la imagen de la femineidad que
ha sido determinado, en gran parte,
por los deseos y las necesidades del
hombre. Además simboliza una paradoja, ya que por un lado, la mujer
según el sistema machista mexicano
oebe ser inocente, pura y casta y por
otro, maliciosa, prostituta (en la cama), y sensual.
En la frase «precisamente por como está la situación política», Esquive! nos remite a la fase de la lucha
armada y la lucha de clases -el ideologema- durante la revolución mexi·
cana que surge a fines de la primera
década del siglo xx contra la dictadura de Porfirio Díaz (1875-1911). El
siguiente ejemplo, «quien venía al

mando de la tropa era nada menos
que su hermana Gertrudis», nos permite aplicar el concepto Toe Revolutionary Madwoman de Schierse. Gertrudis representa a esa mujer revolucionaria que aspira a no ser ignorada,
y que ha aprendido a canalizar su
energía reprimida en un agente motor
del cambio social. O sea que Gertrudis intenta utilizar todo su coraje para
combatir la injusticia y demandar el
cambio al sistema patriarcal, y al
igual que su hermana Tita rompe con
el statu quo con la finalidad de aportar los valores sociales femeninos a
la sociedad mexicana.
En Como agua para chocolate,
observamos que el inconsciente político femenino funciona a través de
tres dimensiones. La primera se refleja al considerar el texto corno una
narrativa que nos permite analizar la
novela desde una perspectiva política femenina, es decir, como un acto
simbólico social cuya ideología es
desfamiliarizada por el lector cómplice. Esta consiste en la lucha de
Tita vs. Mamá Elena/la sociedad. Tita simboliza la represión, la voz
marginada colectiva, que cansada de
la situación política, económica y
emocional decide levantarse en armas. Su historia y su transformación,
representan la metamorfosis que la
mujer experimenta durante este periodo en la sociedad mexicana.

La segunda dimensión se refleja en el ideologema (la lucha de
clases y la lucha de géneros). Este
horizonte consiste en la búsqueda
de identidad mediante el sexo, simbolizada por Gertrudis. Ella se encuentra a sí misma al convertirse
en prostituta por placer: le sirve
para madurar y gestar su adhesión
al cuerpo revolucionario (la historia escondida). Gertrudis no solamente lucha por el poder, sino también por establecer la lucha de géneros. Su historia y su metamorfosis al igual que la de Tita, representan el cambio que la mujer mexicana esperaba lograr para adquirir los mismos derechos que el
hombre. Esquive! al re-presentar la
intrahistoria mexicana de las mujeres de la época, trata de concientizar a las nuevas generaciones de
las transformaciones. Al mismo
tiempo mediante su reescritura pretende legar al lector una ideología
que refleje la realidad social de la
mujer en una determinada situación o etapa de su vida durante la
revolución mexicana.
Tanto Tita como Gertrudis. representan el ideologema y mediante
estos arquetipos, Esquive) nos envuelve en el mundo femenino universal que se desarrolla normalmente en la cocina, espacio que ha sido
valorado de generación en genera-

ción desde los inicios de la humanidad. Del mismo modo, ambas se revelan ante la clase dominante que las
ha tenido subyugadas, representada
por Mamá Elena y la sociedad patriarcal.
El tercer horizonte, es la ideología de la forma, en el que Jameson
conceptualiza al texto en contra de
la historia concebida como una secuencia de los modos de producción
y como la sucesión y el destino de
las diversas formaciones sociales del
hombre. En la novela la historia es
narrada en dos niveles: dicrónico y
sincrónico. El primero como una serie de los modos de producción -el
paradigma matriarcal establecido
por Mamá Elena- y el segundo como un conflicto entre los modos que
han sido instituidos por la clase capitalista dominante.
La ideología de la forma en el
texto de Esquive!, nos revela que la
mala distribución de las riquezas
conduce al país a una revolución/lucha de clases, cuyo objetivo
es buscar otros medios de producción que coadyuven a mejorar las
condiciones económicas y humanas de la clase dominada. La muerte de Tita simboliza en cierto sentido. la caída de un paradigma que
requiere un nuevo ciclo, y además
expresa que los modos de produc27

�ción ya no van ad hoc con las necesidades del pueblo. O sea. es necesano institucionalizar un orden
económico que favorezca al oprimido y que se adapte a la nueva
era y a las nuevas necesidades de
la nación. La voz de Gertrudis es la
voz que ansía derrocar la hegemonía varonil, y también consciente
del rumbo que ahora lleva la situación de la sociedad, está dispuesta
a prestar su mano de obra para
ayudar al nuevo sistema económico a superar la inestabilidad en que
se encuentra.
Por otra parte, Jameson parte de
la premisa de que el metacomentario
como modelo interpretativo, presenta ciertas ventajas que nos permiten
medir la producción y la densidad de
un acto marxista interpretativo sobre
otros métodos de interpretación.
También afirma que el marxismo
puede dar al lector un informe idóneo respecto al misterio esencial del
pasado cultural, ya que la teoría
marxista ofrece una resolución filosófica coherente con respecto al dilema de la historización. Entonces,
conviene subrayar que la cocina como espacio femenino preferido por
la mayoría de las i;nujeres latinoamericanas, juega un papel fundamental
en la novela esqmveliana y se halla
intimamente ligado a la cultura femc-nina. Dicho espacio nos ayudará
28

a desenmascarar el misterio del pasado cultural y a comprender me_1or
la problemática presente de la mujer
mexicana. Ejemplo:
este ltbro de cocina que me heredó al
morir y que narra en cada una de sus
recetas esta historia de amor (... ) y
tampoco sé por qué derramo tantas
lágrimas( ... ) tal vez porque soy igual
de sensible a la cebolla que Tita. mi
tía abuela, quien seguirá viviendo
mientras haya alguien que cocine sus
recetas. (244)
La voz narrativa ininterrumpida
de la novela -hija de Esperanzaayuda al lector a descodificar el mensaje de la historia de Tita, ya que ésta
simboliza la voz colectiva femenina
marginada por la voz hegemónica y
matriarcal de Mamá Elena. Así que
por medio del inconsciente político
escondido en las recetas se podrá detectar la represión experimentada por
Tita y la cocina --elemento esencialconstituirá el refugio y el espacio que
sensibilizará a la protagomsta. respecto a su condición de marginada.
Al concientizarse de su papel. Tita se
opondrá a su opresora alcanzando la
transgresión que le permitirá romper
las ataduras de la tradición, y al
emanciparse como muJer logrará la
ambición de realizarse.
Desde el inicio, la vida de Tita
será un constante choque consigo

misma y con el otro (Mamá Elena,
Rosaura) y las lágrimas derramadas,
al cortar la cebolla representan la vida castrada de Tita por la madre terrible. Sin embargo, la hija de Esperanza ha heredado de Tita la sensibilidad de derramar lágrimas al cortar
la cebolla, en este caso las lágrimas
ya no simbolizan el sufrimiento. Es
decir, dicha sensibilidad por una parte, se relaciona con el amor al arte
culinario. Por otra parte, con la
emancipación de Tita. se liberó a la
nueva colectividad femenina -Esperanza y a su hija- de otra marginación intelectual y emocional.
La frase «Tita, mi tía abuela,
quien seguirá viviendo mientras haya alguien que cocine sus recetas».
esconde un metasignificado. Por un
lado. Tita está presente como historia colectiva, para preservar el arte
culinario a través de las nuevas generaciones (Esperanza y su hija); por
otro lado. simboliza el inconsciente
político femenmo cuya fuerza seguirá vigente porque su emancipación
como md1v1duo es un arqueupo de
las mujeres que demandan continuar
la lucha que ella ha iniciado contra
el sistema.
Al analizar semánticamente los
términos
alguien/cocine/recetas.
notamos que tales conceptos simbolizan una metáfora. cuya conno-

tac16n e~triba en que ese alguien
hombre/mujer. tratará de cocinar
nue\ as recetas para encontrar una
transformación y una filosofía coherente que favorecerán a la colecti,idad: ) que su 1deología será escuchada con la finalidad de adquinr más fuerza y más poder que le
permita derribar a su opresor. y solucionar de esta manera su dilema
d1aléc11co.
Así que. el libro de cocina que
Esperanza ha legado a su hija es una
alegoría que representa el pasado de
la familia De la Garza/la sociedad y
le sirve para comprender meJor el
presente. Esto se compagina con la
postura de Jameson cuando afirma
que ha tratado de conservar una perspect1\·a h1storic1sta, en la que las lecturas del pasado son vitales para encontrar la respuesta al momento histórico del presente.
Esquive) en su texto nos presenta
el mundo de la mujer reflejado en sus
personajes femeninos Tita. Gertrudis.
Rosaura. ~amá Elena, Nacha y
Chencha. mismos que constituyen
los parámetros para percibir la cultura femenina. Normalmente la cultura
launoamencana de la mujer está íntimamente relacionada con las labores
del hogar, es dec1r. la muJer es educada para el matrimonio mediante el
entrenamiento de la costura, la coci-

na. la moral. elementos que la convertirán en una buena esposa y en
mann de obra para satisfacer lo~ más
mínimos deseos de su marido. Al
mismo uempo, debe aprender a ser
sumisa y a acatar todas las reglas establecidas · por su esposo/sociedad.
Todo este proceso educativo es normalmente heredado de generación en
generación y la mujer latina está
consciente de ello. Dicho aprendizaje
toma lugar en el hogar, especialmente en la cocina, ya que es el espacio
favorito de la mujer hispana para llevar a cabo la educación, las pláticas
sobre sus sueños, sus ilusiones, su
búsqueda y ahí mediante su trajinar
cotidiano se encuentra a sí misma y
se ve reflejada en sus antecesoras
madre y abuela, quienes al igual que
ella tuvieron que pasar por el mismo
proceso socrático de preguntas y respuestas sobre el amor y las buenas
costumbres que hacen de una mujer
toda una experta en cuestiones del
hogar. También la cocina es el núcleo familiar que representa la unión
y la hegemonía del poder económico.

Como agua para chocolate es un
texto que desmitifica el papel de la
mujer dentro de la sociedad de la
época. Jameson plantea que la función del texto literario debe esconder
una ideología política. Esquive) como escritora quizás esté consciente
de su papel dentro de la sociedad,

por esa razón consideramos que retoma como medio la revolución mexicana para insertar el inconsciente
político que espera emitir en su discurso narrativo. Es decir, considera
el papel actual de la mujer dentro de
la sociedad mexicana patnarcal, para
establecer una analogía con respecto
a la importancia de la muJer en el
proceso revolucionario y en la producción cultural contemporánea. La
función que la mujer desempeñó en
la revolución mexicana fue de vital
importancia puesto que su ayuda y
su 1ucha en el campo de batalla
coadyuvaron al triunfo de la clase
dominada frente a la burguesía. Ma.
Eugenia Bonifaz de Novelo explica
en La mujer mexicana, análisis histórico, que el valor, la lealtad, el
arrojo y el aguante físico de las mujeres revolucionarias produjo una
experiencia que provocó un cambio
. de relaciones entre ella y el hombre
y que por primera vez se le consideró como una total compañera, y se le
dedicaron loas. Otro cambio importante, fue la modificación del Código Civil, mismo que se encargó de
fortalecer las relaciones conyugales
sobre una base equitativa, subrayando que a partir de este momento la
administración de los bienes debería
ser de común acuerdo.
La novela es un texto que debe
ser visto como un acto simbólico so29

�cía! ya que encierra una ideología
transcodificada en tres niveles: la
ubicación del texto dentro de un
marco político, el ideologema y la
ideología de la fonna. El primero se
refleja en el contexto de la revolución mexicana. El segundo es simbolizado por Tita y Gertrudis. Tita
inicia la lucha por el acceso al dormitorio y la lucha por el poder y
Gertrudis establece la lucha de géneros. Además, Tita debe transgredir
las nonnas tradicionales para encontrar el espacio y la libertad que le
pennitirán disfrutar el sexo con
quien ella decida. Gertrudis también
rompe con los tabúes del sexo al
convertirse en prostituta temporal,
en su intento por alcanzar la satisfacción sexual. Su hazaña constituye un
gran escándalo porque mancha «el
apellido» y pone en tela de juicio la
honorabilidad de la familia De la
Garza. Gertrudis, Toe Revolutionary
Madwoman, se alista en el ejército
revolucionario y con ello marca un
precedente con respecto al papel de
la mujer. Demuestra que cuenta con
las mismas capacidades que el hombre y que su fuerza de mujer no debe
medirse a través de su talento culinario o sexual, sino mediante su valor
en el campo de batalla.
El tercero es el mensaje que la
autora emite desde un plano binario:
los ·valores sociales que el texto per30

mite extrapolar y los valores sociales
que el texto esconde. Los valores
que el texto refleja explícitamente
son: la transgresión de la tradición,
la búsqueda de un espacio, la cultura
de la mujer, el espacio femenino, la
educación tradicional, las buenas
costumbres, el paradigma matriarcal,
el talento culinario femenino, la lucha por el poder y contra el sistema
matriarcal. Mientras que los valores
sociales que el texto esconde son: la
lucha de géneros, la revolución mexicana -como medio de recuperación de un espacio perdido en la sociedad-, la participación de la mujer
en el modo de producción a través
de su inmersión en el campo de batalla/producción literaria y la ruptura
con el pasado y el sistema patriarcal.
Laura Esquivel nos presenta los
arquetipos de la mujer para presentarnos su mundo y al universalizar la
problemática de las mujeres mexicanas, establece la conexión de la literatura con el modo de producción.
Consciente de su labor como mujer
y escritora, inserta en su novela no
solamente la historia de una colectividad, sino una historia individual.
Ella se desdobla en sus diversos personajes femeninos, es decir. es parte
de la producción literaria contemporánea, no solamente por su escritura.
sino por sus convicciones como individuo comprometido con su sexo.

Por consiguiente, compartimos la
postura marxista de Jameson ya que
el texto debe reflejar una ideología
política y en el caso de esta novela,
la autora logra reescribir un texto
político cuyo mensaje es un metamensaje. A través de su postura analizamos su objetivo: concientizar a
las mujeres de su papel dentro de la
sociedad como individuos y no como meros objet9s de ornamento. Por
otra parte, Jameson afinna que la
historia es lo que duele, lo que niega
el deseo y lo que establece los límites del individuo y de la praxis colectiva, en suma, el inconsciente político.
En la novela de Esquive!, se recontextualiza la historia de la revolución mexicana; sin embargo, no es
esencial este proceso en sí como un
mero evento, sino por los frutos que
rindió: la lucha de clases, la distribución equitativa de las riquezas, la
participación activa de la mujer, la
metamorfosis ideológica y la igualdad de derechos para ambos sexos.
Efectivamente, la revolución produjo cambios positivos para el pueblo,
pero principalmente surgió una voz
femenina que marcó una nueva era
dentro de la sociedad mexicana.
A pesar de que Esquivel recurre a
algunos elementos de la literatura popular: una heroína bella, sensible e

inteligente (Tita). dos yiJJanas (Mamá Elena y Rosaura). un héroe domesticado (Pedro y John). obstáculos
(el matrimonio de Rosaura con Pedro). un revolucionario (Treviño/Juan). mucha infelicidad. poca dicha y un desenlace feliz (la muerte
de ambos protagonistas. Tita y Pedro). podel!IOS concluir en que la autora retoma dichos elementos de la
paraliteratura desde una perspectiva
binaria. La primera como medio para
preservar el arte culinario mexicano
heredado de generación en generación: Nacha. Tita, Esperanza y la voz
narrativa. y como un medio para preservar tanto la identidad regional corno la identidad nacional. La segunda
corno itrtef~cto pára reescribir un texto que pueda ser percibido como un
acto simbólico social a través de su
interpretación política. Además es
esencial considerar que Esquive) retorna el pasado (la situación política
y la situación de la mujer) y el presente (la situación del rol femenino y
la producción literaria femenina con-temporánea) como medios para alcanzar la liberación de la mujer. La
autora al universalizar el inconsciente político femenino, establece la relación de la literatura con el modo de
producción.
El valor literario y la función
social de la novela radican en cuestionar al sistema patriarcal median-

te las siguientes isotopías: la lucha
por el poder, la lucha establecida
entre Eros y Tánatos (la teoría de
resentimiento), la lucha por la libertad. el acceso al dormitorio y el
rol de la voz femenina. Constantes
que podemos percibir en el metamensaje político y social que la autora emite y que pennite al lector
descodificar el metasignificado
disfrazado en las recetas y el realismo mágico.

Butler, Judith y Scott, loan W. Feminist
Theorize the Political. New York:
Routledge, Chapman and Hall, Inc.,
1992.

Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de
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Cultura Económica, 1986.
Eagleton, Terry. Marxism and Literary
Criticism. California: University of
California Press, 1976.

Pero lo que habría que subrayar
es el hecho de que el texto de Esquive! como acto simbólico empieza por generar y. producir su propio
contexto (la revolución mexicana)
con el objeto de realizar una eva1uación (ruptura del paradigma
económico y la transgresión de los
valores sociales) que le pennita establecer una perspectiva cuya meta
es la transfonnación, es decir, un
nuevo sistema hegemónico-económico y una metamorfosis positiva
del rol de la mujer en la sociedad
mexicana.

Foucault, Michel. The History of Sexuality an Introduction. New York: Vintage, 1990.

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Sprinker, Michael. «The Part and Whole». Diacritics. 12.3 (1982): 57-71.

Ariwna State University

PARA ENTRAR AL CORAZÓN
Echar a andar la luz es abrirse de brazos a lo oscuro,
entrar al corazón de la semilla,
a lo profundo en la sal.
Buscar el calor del huerto,
sus nervaduras de olvido,
volver la mirada al fruto
quebradizo en raíz.
Frágil materia los sueños
que de noche roban la memoria
y todo se vuelve idéntico a lo que no es.

MUDANZA
a Carmen

A la orquídea
le han cambiado su sitio
y no logra
encontrar la dicha
a contraluz.
También de sequedad
arden corolas.
Algo muere en cada fruto
cuando le quitan su lugar:
deja un anillo de nostalgia
en la loseta.
Y aunque el chorro de agua
anime la tarde,
no puede borrar las horas
del espacio que ocupaba.
¿Y qué hacer con el ciego gusano
que de pronto perdió su reino?
33

�LA INFANCIA PERDIDA

TLACOLULA

Se adentra en el bosque,
regresa a donde la madrugada ejerce ya su potestad de ramas;
embiste sin preguntar,
_
entre la maleza escarba, da tumbos,
estalla el resplandor de su inocencia.

El sol cruza los ventanales de este convento abandonado,
las alas del arcángel,
las pinturas de la alianza.

OCOSINGO

El encalado en las pechinas de las bóvedas,
fragmentos de virtud en nichos
donde aún se ve porlas mañanas
la misma mujer con su hijo encendiendo veladoras.

Caen de nuevo campana y herradura,
cae el mástil raído,
el sonido escarlata de tambores,
cae la voz herida entre los montes.

Grietas en paredes húmedas deslavan el rojo
donde el hombre profesaba justicia y bondad.

DIASDEMAR
¿A dónde ir que no haya guerra ni mortaja?
Este perecer de flores y apagados brotes de agua.
Allá abajo, el césped tirita,
sacude el ocelote sus manchas,
se postra el sauce en la embestida.
Pero yo del camino sólo sé la piedra:
peso de sombras que claman viejo rumor.
Somos foresta, relámpago,
marcha nupcial de sangre y herradura.

a Silvia Mijares

Caes al fondo del mar,
tus pétalos descansan en el brazo de un alga,
de tus hojas lágrimas escurren
y una sustancia lechosa que amamanta la arena.
Flor de tibio cáliz,
palpitar apenas en placenta,
entre algas y líquenes te deslizas,
vuelves en ti
como también vuelven
desde lo más hondo hasta las escolleras
mi luto y mi silencio.

Poemas pertenecientes al libro Mujer dando la espalda, de inminente publicación.

34

35

�DEL REALISMO MÁGICO DE

LOS RECUERDOS DEL PORVENIR
AL REALISMO SOCIAL DE

Y MATARAZO NO LLAMÓ...
Rhina Toruño
Y Matara:o 110 llamó ... es la última
noYela publicada por Elena Garro
(1991) y en ésta la autora se aleja del
realismo mágico y desarrolla el realismo social o sociológico. Lo logra
incluso con mayor acierto que el de
Gerardo de la Torre en Ensayo general. digo con más acierto porque es
más artístico, menos intelectual que
el de De la Torre. En la novela de
Garro los diálogos, los monólogos
son más teñidos de realidad, de voz
popular. son también más cortos. En
cuanto a la acción, ésta es más rápida, posee un intenso suspenso y la
mayoría de las veces es inesperada.
Al igual que en Y Matarazo no
llanió ... en Erisayo general también
hay una huelga laboral aniql.!ilada
por la policía, pero sobre todo se trata de la vida de un dirigente sindical
que asciende a su puesto de líder
después de participar en la discusión
de un contrato colectivo de trabajo.
En otras palabras la novela de Garro
es una creación artística, en cambió
en la de Gerardo de la Torre, aunque
hay creación artística, está supeditada al relato documentado de lo que
sucede dentro de un sindicato, incluso se reproducen los aplausos orquestados que acompañan al orador.
Garro escribió esta novela en
aunque no se publicó hasta
De la Torre la publicó en 1970.

1960,
1991.

36

Ambas se refieren a la realidad mexicana de la misma época, pero vista
desde diferentes ángulos, narrada
con diferentes estilos y estructurada
en formas diferentes, produciendo
por lo tanto efectos diferentes. En Y
Matarazo 110 llamó hay una fuerte
crítica implícita contra el gobierno y
los medios de difusión social. Además está la voz popular que pone en
duda las acciones del gobierno, corno las noticias periodísticas, siendo
menor la crítica contra los líderes
sindicales. En cambio en Ensayo general la crítica está focalizada contra
los dirigentes sindicales. En ambas
novelas hay referencias positivas a
los guerrilleros o comunistas.
La técnica empleada en esta última novela de Garro es diferente
de la que se encuentra en Los recuerdos del porvenir (1963), en la
cual hay una protesta organizada
del pueblo contra el gobierno local
dentro del contexto de la guerra de
los cristeros. Allí la crítica va dirigida sólo contra el gobierno. En Y
Matarazo no llamó ... se expande
el foco de la crítica, la cual no es
sólo contra la corrupción del gobierno federal sino también contra
dos líderes sindicalistas quienes
venden la huelga de sus compañeros de trabajo y se agencian buenos puestos administrativos en el
gobierno.

En Y Matarazo no llamó... no
hay un tiempo detenido como en Los
recuerdos de porvenir, el pasado sigue al presente, en un orden cronológico aun cuando la estructura de la
novela es más o menos circular. Se
abre cuando ya la huelga ha sido
aniquilada por la policía, le han llevado un moribundo al personaje Eugenio y éste se siente amenazado,
perseguido, y con la única persona
con quien puede hablar es con Matarazo.

Buendía? ¿Remedios la Bella? Son
la misma familia. Elena Garro, es
claro, creó los suyos mucho antes y
dejó el modelo ... Es una tentación
decir que la novela de Elena Garro,
queda como una extraña partitura
que García Márquez años después
ejecutó a gran orquesta». (277)

Esto es en cuanto a los personajes garrianos llenos de magia y misterio. En cuanto al contenido difiere,
tanto en el teatro como en la narrativa de Garro se encuentran textos deAsí se inicia la novela con la des- velando los diversos niveles de incripción del estado de psicosis del justicia y opresiones realizados por
personaje en espera de la llamada de el gobierno, la sociedad, la iglesia, la
Matarazo: «Las doce de la noche y familia, así como también por alguMatarazo no llamó», esta frase dicha nos líderes sindicales. Este es el caso
con solemnidad, angustia, desespe- de la última novela publicada Y Maración, me hace recordar la frase ini- tarazo no llamó... [1991), la cual anacial de Cien años de soledad: «Mu- lizaré en este ensayo.
chos años después, frente al pelotón
de fusilamiento el coronel Aureliano
Garro en la novela Y Matarazo
Buendía había de recordar aquella no llamó... presenta el clima polítitarde remota.. » Fernando Alegría, en co del Distrito Federal, que era el
su Nueva historia de la novela his- mismo que existía cuando surgió
panoamericana (276-289), quiere in- poco después la protesta iniciada
sinuar que Garro con su novela Los en la Plaza de las Tres Culturas
recuerdos del porvenir, publicada contra el gobierno federal, de parte
cuatro años antes de la de García de cientos de estudiantes avalados
Márquez, influyó la de Cien años de por muchos de sus profesores, que
soledad: «Otras heroínas y otros he- encabezaron una extraordinaria
chizados hay en la novela latinoame- manifestación pidiendo entre otras
ricana, pero ninguno como Francis- cosas la renuncia de algunos funco Rosas, Julia Andrade e Isabel cionarios del gobierno. La respuesMoneada. ¿El coronel Aureliano ta de éste fue, como en la novela Y

Matarazo no llamó ... , la asfixia de
la manifestación por medio de las
balas, en la que murieron cientos
de estudiantes. Este es el famoso
suceso histórico conocido como la
masacre de Tlatelolco, del 2 de octubre de 1968, sobre la cual se publicaron más de treinta libros en
los quince años inmediatamente
posteriores al hecho, como lo dice
Sara Sefchovich en su libro México: país de ideas, país de novelas
(216).

El tema de Y Matarazo 110 llamó... es el de una huelga de obreros
en la cual se involucra un oficinista
de un banco, cincuentón, divorciado,
sin hijos, pequeño burgués, crítico
de la gestión del gobierno.
Cuando la huelga comenzó en
los periódicos se acusó a los comunistas de provocar el desorden social. El oficinista consideraba que
era la injusticia social, la explotación del pobre por el rico lo que
provocaba las huelgas, que bastaría
con que los ricos dejaran de comprar carros nuevos por un año para
darle a los huelguistas el aumento
que pedían.
• .,
La forma como el personaje Eugenio inició y desarrolló el contacto
con los huelguistas fue la de llevarles cigarrillos por las noches, desde

el inicio de la huelga, hasta su final.
Después de una semana la huelga
fue sofocada por las balas disparadas
por la policía.
Los huelguistas heridos fueron
recogidos por alguien que se ofreció
llevarlos a cualquier sitio. El personaje era Matarazo, de quien no sabremos su apellido sino hasta el final
que se nos hablará de su familia, su
ocupación y de su ingenuidad en
cuestiones políticas.
El lugar donde fueron llevados:
la casa de Eugenio, el oficinista, el
conocido de apenas seis días. Es
en esta parte donde la novela se
vuelve complicada, detecti vesea,
con la aparición y desaparición de
diversos personajes: huelguistas,
vendedores de huelgas, detectives,
sacerdote. agentes de gobierno,
policías y matones. gente del pueblo, etc.
Después de sofocada la huelga,
Eugenio y Matarazo buscan a Ignacio y Eulalio. líderes izquierdistas
que tenían todos los archivos de la
huelga, y descubren que habían entregado todos esos documentos a los
agentes del gobierno. Luego se habían marchado a Acapulco. Esa noticia produjo en Eugenio y Matarazo
una profunda desmoralización, al
verse traicionados.
37

�Eugenio huyó de su casa, partió
para el norte, a Torreón, allí pasó
las mil y una peripecias que pasan
los perseguidos políticos para ocultar su identidad y poder subsistir.
Como recurso final acude a una
iglesia católica. (Este mismo recurso
se encuentra en Reencuentro de personajes.) La ayuda brindada por el
sacerdote es ambigua por varias razones:_ Primera: Cuando Eugenio
Yáñez acudió a la iglesia, el cura ya
sabía quién era él, porque la policía
le había advertido que si Yáñez llegaba tenía que entregarlo a la justicia, i.e. a ellos. Segunda: Eugenio tenía la posibilidad de escapar con
otros hombres hacia Estados Unidos,
ya había concertado con ellos la hora
de partida, el cura lo convenció que
no lo hiciera. Tercera: El cura no necesitaba llevar en su carro a Eugenio, mucho menos sacarlo de la ciudad. Cuarta: ¿Por qué la policía sabía de antemano que Eugenio iba en
el carro con el cura?
Desde el momento de la captura,
Eugenio sufrió toda clase de torturas, vejaciones, acrecentadas por las
negativas de Eugenio «de revelar los
nombres de los integrantes del .com. plot para derrocar al gobierno».
Cuando llegaron a la capital
cóndujeron a Eugenio a un oscuro
38

calabozo donde le quitaron la venda ensangrentada y de un empujón
lo tiraron al suelo. En ese silencio
sepulcral y maloliente alguien respiraba con dificultad, era otro moribundo a quien inconscientemente
Eugenio tocó con su brazo y el otro
dijo: -Déjeme. Por la voz, Eugenio
lo reconoció: Matarazo. El momento de la anagnórisis mutua llegó.
Los dos se descubren: personas ingenuas, ajenas a la revolución. Matarazo, padre de familia, ~enía cuatro hijos, trabajaba en una camisería cerca de la estación, y el día de
la balacera cuando la policía. terminó con la huelga al ver a los heridos los recogió y los llevó a casa
de Eugenio. Tanto éste como aquél
son burócratas de mediana edad ,
sensibles al dolor humano pero
completamente ajenos al quehacer
político.
Mientras Eugenio y Matarazo se
encontraban en la celda agonizando.
los periódicos anunciaban con grandes titulares la captura de dos homosexuales.
Sin embargo, no toda la gente del
pueblo creía lo que sus ojos leían:
Una mujer del pueblo al leer el periódico se quedó meditabunda.
¡Se me hace raro que fuera tan fiera! -dijo después de unos minutos.

Sus parroquianos la miraron con
atención.
-Sí, el caso está rarito... Aunque
quién sabe, le hallaron en su cama al
mllchacho torturado -dijo uno de los
clientes que bebía café caliente.
-Les diré que ¡hacen tantas trampas que quién sabe! ¡Quién sabe!
-dijo una mujer del pueblo... (13().

A partir de esa lectura los guerrilleros entendieron la lógica de los
«\'ende huelgas»; ganarse la confianza de los agentes del orden al entregarles un guerrillero herido y además dar nombres y dirección de un
burócrata inmiscuido en la huelga.
Posteriormente obtuvieron puestos
de confianza en la sección adminis131).
trativa del gobierno. Y ellos, guerrilleros responsables, se fueron a luEl desenlace de la novela llegó a char con sus amigos de la guerrilla
su punto final cuando los guerrille- en Centro América.
ros fieles a sus principios comentaAsí termina esta novela apasioron horrorizados lo que los periódicos decían de Yáñez y Matarazo. nante, medio detectivesca, política,
Recordaron los sucesos de la huelga, aunque cuando le preguntaron a Gacómo un líder que peleó fuertemente rro· q¡ Monterrey si su objetivo era
contra la policía resultó muy mal he- criticar al gobierno en esa novela,
rido. Recordaron que uno de ellos ella respondió que no. No podía deestaba herido y ambos fueron lleva- cir otra cosa, a mi manera de ver.
dos por Matarazo a la casa de Yá- Pero en la entrevista que dos meses
ñez. A otro compañero de huelga se después le hicieron en París sobre su
le había asignado que advirtiese a viaje a México,* criticó severamente
Eugenio de no donnir en su casa esa a los periodistas que no opinan librenoche. como medida de prevención, mente, sino que secundan la política
·
aunque él no estaba fichado. La si- del gobierno.
tuación de la huelga y su desenlace
La novela garriana la encuentro
no se veía clara hasta que apareciemuy
bien estructurada, con una preron los periódicos vespertinos en los
cuales se publicaba una carta de dos sentación del conflicto muy bien
huelguistas desde la clandestinidad. motivada. Un desarrollo, clímax y
En ella se comentaba la infiltración desenlace muy bien definidos. El dode algunos burgueses. buscadores de minio de la técnica dramática se replaceres prohibidos en las filas de fleJa en la narrativa, plastificando
personajes y argumento, invitando al
las luchas populares.
lector a no abandonar la novela hasta

la literatura mexicana. México: Gri-

terminarla.

jalbo, 1988.
Obras y artículos citados

Torre, Gerardo de la. Ensayo general.
México: Joaquín Mortiz, 1970.

Alegría, Femando. Nueva historia de la
11ovela hispa11oamerica11a 4a. ed. Hanover NH. Del Norte: 1986.

*Proceso, México, 13 de enero de 1992,
p. 49.

Garro, Elena Y Mataraza no llamó... México: Grijalbo, 1991.
- . U11 hogar sólido y otras piezas en un
acto. Xalapa: Universidad Yeracru-

zana, 1958.
en Tercera
antología de· obras en u,1 acto, 25-40,

-. La se,iora e11 su balcó11

México: Colección Teatro Mexicano, 1960.
-. Los recuerdos del provenir. 1963. 2a.

edición, México: Joaquín Mortiz,
1980.

-. La semana de colores. Xalapa, Mé-

xico: Universidad Yeracruzana, 1964.
-. Felipe Angeles. México: UNAM,

1979.

-. Andamos huyendo Lota. México:

Joaquín Mortíz, 1980.
-. Reencuentro de personajes. México:

Grijalbo, 1982.
-. La casa junto al río.

México: Grijal-

bo, 1983.
Sefchovich, Sara. México: país de ideas,
país de novelas. Una sociología de
39

�BUENOS DÍAS TRISTEZA

Andrés Huerta
ICAMOLE
a Miguel Covarrubias

Alguna vez miré este desierto
esta soledad de lado a lado
este viento sin alardes
de una ciudad plagada de remiendos ...
no aquí se camina bajo otra luz
y la
efervescencia de los
sueños
miro la soledad que llevo adentro
y la cambio apenas por un camino
por una ventana del alba
afilada por el viento
ese viento que nos pega por
los cuatro costados
saqué de mi haber esa dicha
que nos rumia el alma
casas desvanecidas abandonadas
por las manos por los ojos
de otros hombres de otro tiempo
y ahí estaba la sierra blanca
como recién salida de la tierra
como un hierro reluciente
era la seducción de un paisaje olvidado
y estaba el sol llenándolo todo
y un cielo azul
más allá de tus ojos
«mira el paisaje árido y triste
inmensamente triste»
es tal vez la asociación de un viejo recuerdo
en donde nos fuimos quedando
40

atrapados
en este gran desierto de amor
y de pesar. ..
«BUENOS DÍAS TRISTEZA»
Cómo estás tristeza llegaste a mi casa
a llenarme de nostalgia y de recuerdos
mi pueblo
sus calles sus noches llenas de silencio
que no caben en mis ojos infinitas y
relucientes las estrellas y desde este
amor me llega tu lejanía
por qué tierra mía habría de mirar los
ojo~· de:una mujer ahora que han pasado
ya los buenos ~iempos porque hay un
tiempo para todo ...
cómo estás tristeza un río fluvial me
hace contenerte (no llores tristeza)
un niño nació ayer
una mujer llena de encanto espera las
delicias de la noche para violar las
horas de la espera
tierra mía pueblo mío déjame llegar
a ti en la hora quieta de la aurora
en ese paisaje en donde estás dibujada
«buenos días tristeza»
déjame rodar mi llanto...

41

�ELOGIO DE NUEVO LEÓN

Gutierre Tibón
RESCOLDO
Aunque es indiscutible el poder
que tiene el tiempo para convertir
en ceniza cualquier página,
es el hombre quien fuera llamado
a descubrir una y otra vez
el rescoldo: guiño luminoso que nos dirige
nuestro semejante desde el ayer.

Nuevo León nació de un sueño de
grandeza de Luis Carbajal el Viejo,
cuando era alcalde de Tampico. Se
fue a España y obtuvo de Felipe TI
una provisión para cubrir, pacificar y
poblar un inmenso territorio al poniente y al norte del río Pánuco. En
Toledo, un día de primavera de 1579,
el rey y Carbajal decidieron que
aquellas comarcas, en gran parte incógnitas, se llamarían el Nuevo Reino de León, para recordar al antiguo,
gema de la corona española. Nuevamente en Tampico, Carvajal inicia
su conquista. Funda la ciudad de
León, que hoy se llama Cerralvo, y
la Villa de San Luis, que más tarde
se conocerá como Monterrey. Nueve
años de exploración, pacificación y
gobierno. El Nuevo León de Carbajal se extiende por Saltillo, Zacatecas y Durango, hasta el Océano Pacífico. Nueve años dura el sueño de
grandeza neoleonesa, que termina,
como sabemos, con la prisión de
Carbajal en los calabozos de la Inquisición, en la Ciudad de México,
acusado de «haber guardado y creído la muerta ley de Moisés».

*
Muerto el conquistador, el reino se
despuebla. Pero he aquí el brazo derecho de Carbajal, Diego de Montemayor, que penetra otra vez en Nuevo "León. La Villa de San Luis es re42

bautizada Ciudad Metropolitana de
Nuestra Señora de Monterrey. Metrópoli, porque estaba destinada a ser
la capital, y Monterrey, en honor del
virrey de la Nueva_España, Gaspar
de Zúñiga y Acevedo, Conde de
Monterrey.
La Monterrey originaria es una
modesta villa de Galicia cerca de la
ciudad portuguesa de Chaves; tiene 48
habitantes y su principal orgullo es el
castillo de los condes; pero la Monterrey nueva, a principios del siglo
XVII, era más modesta aún. El obispo
de Guadalajara que la visitó, la llamó
«un lugarcito de españoles de veinte
vecinos escasos...», y de estos vecinos
dice que «son sumamente pobres, que
aún no tienen casa de adobes, sino de
palizadas embarradas».
*
La humilde aldea de entonces se ha
transformado en una ciudad floreciente y poderosa, en una auténtica
metrópoli con 350 mil habitantes: y
Nuevo León es hoy u·na de las regiones más ricas y prósperas del país.
Al cabo de tres siglos y medio el
sueño de grandeza neoleonesa de
Luis Carbajal se ha realizado al fin,
y en forma que se antoja milagrosa.
¿Por qué milagrosa? Por ser
Nuevo León, en su mayor parte, se-

miárido. Sólo una pequeña fracción
de su territorio (un décimo) es cultivable, y de ella, menos de la mitad
puede ser irrigada. Los pastos son
pobres. y secos; los bosques, escasos.
Monterrey no podía transformarse
en un centro próspero de agricultores, ni de ganadería o de explotación
forestal. ¿Entonces? Dice un insigne
sicólogo contemporáneo que ser
hombre quiere decir sentirse inferior
o pasar de la inferioridad a la superioridad. Es lo que hicieron los regiomontanos en este siglo, transformando su pobreza en una de las mayores riquezas de México. Monterrey se ha vuelto una gran ciudad industrial, una ciudad de trabajo intenso y de ahorro.
El milagro neoleonés se parece al
suizo. El esguízaro, como le llamaban despectivamente en España, era
tan pobre que 1enía que ir de bracero
a otros países o servir como soldado
mercenario. Ingrato el suelo en Suiza y en Nuevo León; duro y extremoso el clima: frío allá, cálido aquí.
Pero en ambas partes las duras condiciones de la existencia forjaron a
los hombres. Encontraron su salvación, su nueva razón de ser, en la industria. El pobre esguízaro de antaño
se transformó en el suizo de hoy, el
individuo que tiene el máximo poder
adquisitivo en el mundo; a quien respetamos y admiramos, además, por
43

�INNUMERABLES RAYAS QUE PASAN

Peter Hartling

44

el alto grado de su educación. También el regiomontano es la resultancia, en su personalidad física y moral, de una elaboración de siglos. En
relación con su excepcional resistencia y vigor, recuerdo a uno de sus
antepasados: Hernando Arias, de
quien relata el historiador Alonso de
León: «Era de tantas fuerzas este
hombre que se echaba al hombro un
caballo, como quien carga un cabrito...» Un día que se le cansó el caballo «se lo echó al hombro con todo
lo que llevaba y anduvo tres leguas
con él y lo puso en salvo».

cemento, de los focos eléctricos, de
los productos alimenticios ... ? Todas
tienen un denominador común, de
una importancia capital: son industrias mexicanas de \'.erdad, por su capital, dirección y técnicos.

Desde luego, lo que más me impresiona en Monterrey es la atmósfera de fuerza moral, de disciplina y
responsabilidad colectiva: la misma
atmósfera que respiré durante catorce años en Suiza. No hay lugar en
Monterrey para holgazanes, parásitos, gente con propósitos torcidos.
Monterrey fabrica un sinnúmero de
artículos de calidad; de cada peso de
producción nacional, doce centavos
se elaboran en la capital neoleonesa.
La Fundidora de Fierro y Acero, a la
cabeza de la industria siderúrgica
nacional, produce rieles y ruedas para carros de ferrocarril, viguetas y
mil artefactos más. La Vidriera elabora toda clase de botellas y envases
y vajillas artísticas; de otra fábrica
salen, día tras día, ríos de cerveza; y
¿qÚé decir de la industria textil, del

Al igual que Suiza, Nuevo
León se vuelve un centro de enseñanza ejemplar. La Universidad ya
tiene un personal docente de 495
catedráticos y el Instituto Tecnológico me parece una de las escuelas
más funcionales y modernas de
América. He tenido el privilegio de
sustentar conferencias en ambas
instituciones.

Entre otros rasgos, el regiomontano tiene uno que confirma la superioridad que ha alcanzado: aludo a la
autocrítica. Sabe reírse de sí mismo,
como el inglés, sin mezquinas susceptibilidades. Tiene el espíritu de
ahorro, que en nada se relaciona con
la avaricia.

A quien vaya a Monterrey, aconsejo que no deje de visitar las fantás-

ticas Grutas de García. Tendrá la
sorpresa de que un funicular, construido en la propia ciudad, lo lleva
desde la carretera hasta la entrada de
las cavernas. También se impone
una visita a los amplios naranjales
de Montemorelos, el jardín neoleonés de las Espéridas.

*
Nuevo León, productor de valores
económicos por excelencia, es iguaJ.
mente tierra de altos valores intelec·
tuales. En el siglo pasado brilla el ingenio de fray Servando Teresa de
Mier. Del nuestro recuerdo a Al~
do Ramos Martínez, impulsor dd
mexicanismo en la pintura, y a oav
pintor notable: Federico Cantú. Ea
las letras es gloria neoleonesa Alfonso Reyes, escritor de proyección universal. Me parece significativo 9111
el Estado más utilitario de Méxicc
haya generado a tan exquisito ere•
dor de valores inmateriales.

Versiones de Miguel Covarrubias

PAULKLEE
tras el cristal de la ventana llora Paul Klee
ve pasar a la gente
que se vuelve múltiples rayas
ve a las innumerables rayas que pasan
y a las rayas desfilar frente al cristal

hinter den fensterscheiben weint f'AUL KLEE
er sieht die leute vorübergehn
und sie werden lauter striche
er sieht lauter striche vorübergehn
und die striche gehen vor den scheiben

(1955)

45

�ÚLTIMA NOCHE DE YAMIN
en la red de la lluvia menuda
acecha Yamin
la gran araña es
su amiga
detrás de la araña
se embriaga la mañana
detrás de la araña
las caras pierden su sonrisa
y abandonan el llanto
en la red de la lluvia menuda
espera Yamin
silenciosas las manos escapan
las fieras
en la última noche
de Yamin
Letzter Abend Yamins
im netz der regenfiiden
lauert YAMIN
die groBe spinne ist
seine freundin
hinter der spinne
betrinkt sich der morgen
hinter der spinne
verlieren c:lie gesichter ihr lacheln
und verlassen das weinen
im netz der regenfáden
wartet YAMIN

Ieise hande flüchten
die tiere
in den letzten abend
YAMINS

�SILVIA Y MIGUEL CUANDO COMEN,
CUANDO ESCRIBEN, EN PRIMERA FILA

Gabriel Contreras

sin pie la luna camina
y desciende
porque las nubes
detrás de las montañas mezclan colores.

Gabriel Contreras: Miguel Covarrubias: poeta, narrador, ensayista,
traductor, maestro. Entre sus libros
destacan: Custodia de silencios, El
segundo poeta, Pandera, Desde el
Cerro de la Silla, El traidor y Junto a
una taza de café. Fue distinguido
con el Premio de Traducción de
Poesía 1994.

y los árboles de durazno

Silvia Mijares: ensayista, investigadora, maestra, actriz.

ESPERA OTRA VEZ
(para un dibujo infantil)

enlutan severos abrigos
delante de la lluvia.
de nuevo espera a la luna
en el durazno
encima de un canto de semillas.

Wieder Wartet
(auf eine kinderzeichnung)
der mond geht ohne fuB
und sinkt,
weil die wolken
hinter den gebirgen farben mischen.
und die pfirsichbiiume
trauem in ernsten miinteln
vorm regen.
wieder wartet der mond
in den pfirsichen
auf.den gesang der kerne.

-Miguel Covarrubias, si pudieras platicamos algo acerca de cómo
encuentras los primeros senderos literarios en tu casa paterna.
Miguel Covarrubias: Una imagen muy grabada eh mí es la de mi
padre en un lugar de la casa que él
llamaba la oficina, donde estaba rodeado de libros, de periódicos, de revistas, de innumerables apuntes en
tarjetas, en hojas de diferentes colores, en sobres ya inservibles como.
tales pero útiles para contener anotaciones, una máquina de escribir sobre un escritorio literalmente invadido por los papeles, las plumas y los
lápices. La máquina Remington, una
de aquellas máquinas grandes, de
acero, él la manejaba de una manera
muy firme... porque mi padre era
hombre de movimientos enérgtcos.
Durante las noches oíamos el incesante tecleo: escribía con gran rapi-

dez directamente a máquina. Esto
era producto de los muchos años de
hacer periodístico. Para mí, para mis
hermanos, ha sido algo de lo más
normal, de lo más natural, ver libros,
ver publicaciones de todo tipo, ver
pruebas, pruebas de imprenta que
cuando ya tuvimos la edad suficiente
nosotros también corregimos. Le
ayudábamos a nuestro padre corrigiendo esas pruebas.
GC: ¿Esto quiere decir que no
existía ningún otro destino posible
para ti?
MC: Creo que es difícil, sería difícil haber pensando en otra posibilidad. Sin embargo, debo decir otra
cosa: no pensé, realmente no pensé
sino hasta cuando arribé a la adolescencia, ya alumno de bachilleres,
hasta entonces pensé en escribir. Y
no lo pensé sino que lo hice, empecé
a escribir y, desde ahí hasta la fecha,
aún no me detengo...
GC: Miguel Covarrubias en los
escenarios políticos.
MC: «¿Escenarios políticos? Déjame decirte que siempre fuimos un
tanto revoltosos en ese sentido.
Deambulamos por las sociedades de
alumnos del Colegio Civil, la Facultad de Derecho, la Facultad de Filosofía y Letras; por algunas logias,

partidos políticos, redacciones de
periódicos... Éramos inquietos de
verdad. No nos gustaron la marcha y
el mitin contra el libro de texto gratuito, la cruzada anticomunista, la
represión contra ferrocarrileros, médicos, maestros y estudiantes. El 68
fue el acabóse. Algunos de nosotros
fuimos líderes estudiantiles y sindicales. Apoyábamos a la Dominicana
y a Cuba. Como puedes advertirlo, sí
que éramos izquierdosos. Pero no todos. Había sutiles diferencias entre
nosotros. ¿Progresistas de centro?
¿Le sacábamos un pie adelante a la
izquierda atinada? ¿No nos gustaba
que la revolución se bajara del caballo? La verdad es que también escribíamos artículos para la prensa universitaria. Y a veces hasta la dirigíamos».
. GC: El Instituto de Artes: fundacióf!, ascenso y desaparición.
MC: El Instituto de Artes de la
Universidad Autónoma de Nuevo
León nació con el año de 1976. Tuvo una vida corta, tres años únicamente. Fue un proyecto que presentó al Consejo Universitario el entonces rector Luis E. Todd. Se
aprobó y se dieron luego a la tarea ... más bien, se dio el rector a la .
tarea de buscar a una persona que
encabezara ese Instituto y pensó
que yo podría estar ahí. Realmente

�me gustó mucho la idea, aunque me
dio un poco de temor, un poco de
miedo porque las artes estaban -al
menos en ese tiempo- desarticuladas y algunas no existían dentro de
la Universidad. Incluso algunas habían sido eliminadas en años anteriores de la vida universitaria. Fue
una magnífica oportunidad porque
había que hacer prácticamente todo
de nuevo. Hablo de las cuestiones
administrativas, las cuestiones de
organización. No porque no hubiera
nada al respecto, quiero decir, existía desde mucho tiempo atrás un
número muy importante de gente
trabajando en el teatro, en la danza,
no se diga en el que entonces ya tenía un gran prestigio, el Taller de
Artes Plásticas. Otras cosas nuevas
fueron la fotografía, la literatura, es
decir, la literatura como actividad
creadora. Eso fue lo nuevo. Algo
más que no existía era la manera de
presentar las cosas articuladamente,
la manera de organizarlas. Creo que
esa fue, a muy grandes rasgos, la
tarea que se nos encomendó. Tarea
que no estaba bien determinada por
obvias razones, precisamente porque no existía esa organización. No
había antecedentes de un instituto
de esa naturaleza. Eso, entonces,
me constreñía, aunque en realidad
me abría más bien grandes posibilidades porque era la oportunidad de
inventar algunas cosas.

so

GC: Un poema, Miguel.
MC: Leeré uno breve.

BAUDELAIRE
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga
miseria!

Ch. B.
Devoto de Satán, conmovedor y conmovido poeta: los tiempos, para
ventura de tu desventura, no han
cambiado. Sí, miento, no han
cambiado. Negaremos la historia
y por esta vez, quizá la única,
Demonio, poeta y uno que ha
querido conocerte se dirán, felices, que el tiempo de la desdicha
es para siempre,
por ahora.

GC: Silvia Mijares: me gustaría
saber qué clase de conflictos o qué
clase de privilegio representa para
ti el estar siempre a la mesa como
escritora con un escritor, comer diariamente con él.
Silvia Mijares: Para mí es un

privilegio tener frente a mí a un escritor, a un ser humano que es totalmente distinto a mí. Yo soy una mujer, podría decirse, muy activa o
muy práctica, y Miguel es muy activo intelectualmente. En la vida diaria no actuamos de la misma mane-

ra. Sin embargo esto no significa
conflictos. Por el contrario, mi pano,
rama o mi universo se ve amplificado porque existe otro punto de vista.
Me gusta vivir con él porque la lito,
ratura cotidianamente está presen
en nosotros, y no solamente en nosotros sino en nuestras hijas. Y el ho,
cho es que cuando yo escribo me interiorizo en lo que estoy haciendo,
me meto en es~ mundo porque me
gusta hacer lo que yo hago. No estoy
compitiendo con él. Lo que él hace
es cosa aparte. Es tan diferente a 1
que yo hago que disfruto de sus logros. Entonces la literatura está muy
lejos de ser una competencia o
elemento discordante. No, él hace
sus cosas, yo las mías, y la casa
de los dos. Él tiene libertad para ha,
cer lo que él quiera porque está en su
casa y yo también. Entonces, en ese
sentido, como que todo eso es
acuerdo no escrito. un acuerdo conveniente para los dos y para la f
Iia.

GC: Silvia, ¿cómo es que has gt
nerado ttí esta conjunción -que
prollto puede parecer como muy di
parada o muy extra,ia- entre el t
bajo literario, el trabajo teatral
una visión muy particular de la co
na?
SM: Pues yo creo que no está t
disparado, tan polar. Porque yo c

que a todas estas actividades las une
la sensibilidad. Recuerdo que Alfonso Reyes decía: la transparencia del
aire es para que la disfruten los humanos. Luego todas las cosas bellas
de la vida creo que nosotros debemos disfrutarlas: la música, la literatura, la danza, etcétera. Y una de las
cosas que a mí me interesa por ser
mujer -porque la mujer siempre ha
estado metida en las actividades culinarias- , pues es descubrir todo lo
que nos da ese laboratorio cotidiano
que es la cocina. A mí, te lo voy a
decir francamente, nunca me ha pesado la cocina. Me gusta cocinar, me
gusta aventurarme en la cocina, me
gusta que Miguel tenga una sorpresa
diaria en la mesa. Esto parece muy
difícil porque dicen, «bueno, ¿cómo
puede hacer esto y lo otro y estar en
la cocina?». Pues es cuestión de gusto y voluntad. Yo pienso que en ese
laboratorio que tengo en mi casa
-todas las mujeres y todos los hombres lo tienen- hay que descubrir
muchas cosas, porque en la vida no
necesitas elegir un espacio diferente,
exótico. No, tú puedes descubrir en
cada momento del día cosas que son
importantes para ti aunque no seas
especialista. Por ejemplo, a mí me
gusta mucho el teatro. No soy una
profesional del teatro pero me gusta
combinar las cosas. A veces Miguel
m.e critica, me dice: «te dispersas,
haces esto, lo otro y aquello». Pero

fundamentalmente yo pienso que la
vida es para vivirse plenamente, hacer lo que a mí me plazca en ese
~entido. En todo lo que el ser humano realiza hay un motivo para estimularte, para aventurarte en el conocimiento. No es solamente privilegio
de ciertas cosas, puestas en un casillero, el ser cosas importantes. Yo
creo que todo en la vida es importante, y todo es motivo de reflexión.
Yo te puedo decir que para mí la cocina fue la iniciadora de todo el desarrollo de la cultura y de la ciencia
porque el fuego ha sido el hilo conductor del desarrollo. Sin la -cocina
no se habría podido conocer el firmamento, no se hubiera podido conocer lo que es el hombre. Hasta es
posible que no hubiera podido hablar el hombre sin antes conocer el
fuego.

GC: Tu visión particular de la
poesía regiomontana: sus límites,
sus procesos de expansión, su pequeñez, su grandeza, Miguel.
MC: Me parece un tema muy
interesante. La poesía regiomontana en el panorama de la literatura
mexicana. Yo he insistido en que
fuera de la medida centralista todo
es menor. Acuérdate: fuera de México todo es Cuautitlán. Pero como
nosotros no estamos ubicados en el
centro del poder sino acá en el nor-

te, en la ciudad de Monterrey, no
aceptamos que lo que se dictamina
en el centro del país sea la realidad,
sea la verdad -al menos yo me niego categórica y rotundamente a
aceptarlo. Lo digo y lo afirmo porque he podido ver, conocer, leer diferentes recuentos de la poesía mexicana, antologías de épocas o periodos, y en la mayor parte de estas
antologías, de estos recuentos,
Monterrey, Nuevo León, prácticamente no cuenta. Pero yo creo qµe
esto se debe a que padecemos todavía un rezago en la manera de abordar la historia y la crítica literarias
en México. Me refiero a lo siguiente: en el campo de la historia ya
desde hace muchos años se acepta
que lo mejor es hacer estudios por
regiones, que los historiadores y los
historiógrafos de las localidades
son los que mejor conocen sus propias ciudades, cada uno de los sitios donde ellos están arraigados.
Esto no quiere decir que parcialicemos el saber al grado de no poder
ofrecer eso que se llama un panorama de la literatura mexicana. Porque así como un historiador nacional acepta que él no puede saberlo
todo, que no puede estar enterado
de todo, que necesita de los estudios realizados por los historiadores
regionales, de los historiadores locales para poder fundamentar esas
interpretaciones de lo que es el mo51

�vumento histórico nacional, creo
que del mismo modo los críticos y
los historiadores de la literatura
mexicana necesitan realmente conocer, saber qué se produce en
Aguascalientes, en Yucatán y en
Nuevo León. Me parece muy afortunado ·que cada vez se tenga más
conciencia de que nosotros debemos ocuparnos de la producción literaria en nuestro medio sin concederle ni más ni menos valor que al
conocimiento y el estudio de la literatura mexicana en general o al de
la literatura europea o universal.
Tan importante es que nosotros tengaIJl.OS µn coRocimiento lo más certero po'sible de lo que es la producción poética de· Nuevo León, como
es importante que sepamos cuál es
la producción literaria mexicana,
dicho sea aquí con un s~ntido absolutista. Pero no bastarán declaraciones como la anterior para que las
cosas cambien. Tenemos que esperar al surgimiento de un fenómeno
como el del teatro o, mejor, como
el de las artes plásticas. A la creación de museos importantes se suma un grupo de coleccionistas muy
fuerte que han establecido una relación seria con el mercado del arte
estadounidense y europeo. Con esto, Monterrey es una plaza importante, es una verdadera potencia
dentro y fuera del país por lo que
hace al movimiento de las artes
52

plásticas, a su exposición y a su difusión. Creo que de una manera
más lenta esto se verá muy pronto -o lo estamos ya viviendo- en el
terreno de la literatura.
GC: Miguel, tú eres autor del
proyecto enciclopédico quizás más
interesante, tendiente a una visión
integradora de la cultura regiomontana. Si pudieras platicamos acerca
de los orígenes de este proyecto
monstruoso en el mejor sentido de la
palabra.
MC: Gracias por la idea que expresas. Sf, Desde el Cerro de la Silla
es una obra de carácter enciclopédico surgido un poco como aquello del
Instituto de Artes (parece ser que me
persigue este tipo de empresas sin
antecedentes). A reserva de que alguien mejor enterado me corrija, no
se había elaborado antes una obra de
esta naturaleza. Obedece la realización del libro a la idea ya expresada:
no es posible que alguien lo sepa todo. No es posible que una sola persona pueda exponer lo que ha sucedido en el mundo del teatro, de la
música, de la literatura, etcétera. Por
eso organizamos el trabajo de la manera que ya es conocido. Buscamos
que una persona conocedora de una
parcela, de un territorio muy definido del quehacer cultural y artístico
del medio nuestro, fuera quien ela-

borase el trabajo de investigación.
Esta obra es pues producto de un trabajo de investigación aunque tiene
un toque amable, un tono de obra artística. Desde el Cerro de la Silla es
un libro para verse y para leerse. No
queríamos que fuera un conjunto de
trabajos demasiado especializados,
escritos en esa jerga de los especialistas comprensible sólo para otros
especialistas. Quisimos que el libro
fuera leído por el mayor número posible de personas y que fuera, al mismo tiempo, un libro bien fundamentado.
GC: Silvia y Miguel, si pudierOII
acercamos un poco a su experiencia
dentro de este oficio que parece ser
ingrato -o pareciera ser también aJ.
tamente benign&lt;&gt;-, esta misión de
transmitir el afán literario.
SM: Yo no lo veo como ingrato.
Para mí, ser maestra universitaria es
un privilegio porque siempre tengo
que estar en contacto con los libros.
investigando, viendo la reacción de
los alumnos, buscando la manera de
poder transmitirles algo. Además.
estar con los escritores más sobresalientes -desde mi punto de vista- es
un privilegio. Estar en contacto con
los libros, decía, estar en contacto
con los jóvenes, estar leyendo lo que
a mí más me gusta leer, es una gr-alY
ficación no económica sino espiri-

tual y cultural muy valiosa. Creo que
estar en comunicación con Octavio
Paz, con Carlos Fuentes, con García
Márquez, con Elena Garro, con
Anai's Nin, con Marguerite Yourcenar, con Marguerite Duras, cotidianamente, es algo muy importante en
mi vida. Porque tú sabes que yo tengo dos profesiones: soy cirujano
dentista y licenciada en filosofía, pero también estoy metida en la literatura. Me siento pues muy estimulada
siendo maestra de literatura y de filosofía. Creo que esto me ha ayudado en la relación con Miguel porque
compartimos muchas cosas, muchas
cosas que no solamente tienen que
ver con la cultura sino con la vida.
Todo esto se interrelaciona: la literatura y la vida. Por eso yo estoy agradecida con la universidad y con las
letras.
GC: Y tú, Miguel, ¿cómo te sientes?
MC: Desde el principio, como

maestro de la Escuela Preparatoria
No. 1, intenté enseñar literatura.
En realidad empecé dando clases
de español. Éste, desde luego, está
muy cercano -como disciplina- a
la literatura. Qué mejores ejemplos
podemos ofrecer a los alumnos que
los literarios. Ya son pues muchos
a~os: casi treinta de estar día con
día en contacto con la enseñanza

de la literatura. Yo no me he alejado de las aulas en ningún momento, ni aun teniendo cargos de responsabilidad administrativa o en
etapas conflictivas. Porque en verdad me agrada la cátedra, nunca he
solicitado el año sabático al que tenemos derecho los profesores. Y
ahora, en este preciso momento,
estoy a punto de convencerme a mí
mismo de que no he hecho ningún
paréntesis a lo largo de todo este
tiempo por el interés malsano de
inocular aquí y allá el veneno de la
literatura. A veces tengo pocos
alumnos, a veces más, luego el estudiantado está muy inquieto, luego es demasiado plácido; son poco
receptivos en algunos casos, en
otros están más alertas. En ciertas
épocas están mejor dispuestos a escuchar - podría decirse- las cosas
que uno quiere explicar. Es entonces cuando tengo oportunidad de
ocuparme de algunas corrientes o
escuelas, de algunos autores. Esto
me permite también combinar la
docencia con la escritura; escribo
entonces ensayos o bocetos de crítica literaria. Para mí es muy atractivo enseñar literatura.
GC: En una conversación que
sostuviste con Luisa Valenzuela, le
extendías un cuestionamiellfo realmente llamativo. Tú le preguntabas
que si era posible establecer un pa-

ralelismo -en términos de dimensión
de sus influencias- entre Jorge Luis
Borges y Alfonso Reyes. La escritora
argentina te daba una respuesta quizás áecepcionante. ¿Cuál es tu idea
del mito de la estatura universal de
Alfonso Reyes?
MC: Recuerdo que la respuesta
de Luisa V alenzuela era más o menos ésta: «no puedo compararlos o
no puedo apoyar a Reyes con Borges o a la inversa» porque «no conozco bien la obra de Reyes, aunque sé que fue un escritor muy reconocido por Borges; debería estudiarlo más». El autor de Ficciones
llegó a decir una enormidad: «Reyes es el más grande escritor de
lengua española de todos los tiempos». Sin embargo, esta desmesura
revela el gran respeto y la gran admiración que Borges sentía por Reyes.
Yo sí veo en Alfonso Reyes -el
personaje que más te importa a ti en
este momento-- a un autor realmente
estimulante, ejemplar. Porque yo he
dicho que Reyes tuvo una vida ejemplar como hombre de letras. Esto, por
cierto, molestó a muchos. Habría, por
otra parte, que tomar en cuenta a los
temperamentos. No le podemos exigir
a un Barba-Jacob que viva la vida del
mismo modo como la vivió Reyes. O
a Díaz Mirón. Los temperamentos...
53

�mira .. a veces queremos meter en un
mismo saco a todo el mundo, queremos que todos sean iguales, que todos
sean agresivos y además estilistas finísimos: un dechado de virtudes. Pero
eso es imposible. Reyes tiene un comportamiento que obedece a su temperamento,.ª su formación, a su inclinación, a sus estudios. Eso hay que reconocerlo. Y Reyes es admirable porque
se entregó sin límites al cultivo de las
letras. Se le reprocha otra cosa: no haber elaborado trabajos más personales,
de creación, no haber sido más cuentista o más poeta, novelista y no crítico. El reconocimiento lo obtuvo por
su condición de crítico y ensayista.
Pei-ofoye;, ser uño de los más grandes
ensayistas de, por lo menos, la primera
mitad del siglo XX, es algo que debemos aplaudir. Recordemos que Reyes
obtiene una nombradía que rebasa el
continente americano mientras existen
y escriben, también, Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos y Julio Torri,
escritores mucho muy estimables, mucho más que estimables. Y entre ellos
Reyes tiene un sitio de privilegio.
Creo que ese sitio aún lo conserva. Y
si en este momento está un poco olvidado es porque así son las cosas.
Cuando un autor muere pasa por un
periodo equivalente a estar en el limbo: ni se le absuelve ni se le condena,
hasta que por fin se le otorga 'su real
lugar. Yo espero que, pasado ese pe54

riodo, el sitio de Reyes sea un sitio de
privilegio.
GC: Miguel, tengo la impresión
de que ese respeto que tenía Borges
por Reyes. es similar al que se tiene
-es un ejemplo- por Juan José
Arreola. Y sin embargo nadie habla
de que Arreo/a sea un mexicano universal. Parece que existiera cierta
injusticia en cuanto a la valoración
de Reyes, pareciera también que se
trata de una moda.
MC: Pienso en ese agregado a su
nombre: mexicano universal. Porque
luego resulta que el conocimiento de
ese hombre ni es universal ni es nacional. Ni eso siquiera. Es, en todo
caso, un emblema, un estandarte,
una bandera, no un autor realmente
leído. Habría que distinguir esto: hay
autores muy leídos, y a nadie se le
ocurre ondearlos como pendón. En
cambio a Reyes sí, aunque sus lectores sean en verdad escasos. ¿A qué
se debe esto? El asunto es complicado. Alfonso Reyes llegó a ser -todos
lo sabemos- el patriarca de las letras
nacionales. Y fuera de México... , es
curioso, Reyes tiene seguidores fieles, absolutamente fieles. Por ejemplo, en Estados Unidos y en Francia
se encuentran dos de los adalides de
la causa reyista: James Willis Robb,
creador de una escuela alfonsista,
imparte seminarios, tiene estudiantes

que lo siguen a él en ese culto a Reyes; y en Francia nos encontrarnos
con Paulette Patout, quien culmina
sus investigaciones entregándonos
una monumental tesis de doctorado
titulada Alfonso Reyes y Francia.
Suceden estas cosas nada frecuentes.
Porque no cualquier escritor de esos
muy leídos tienen custodios de alto
valor- intelectual como los mencionados.
No se lee a Reyes. O mejor dicho, casi no es leído. Y sucede esta
calamidad porque a Reyes se le presenta de una forma que atemoriza.
Atemoriza o intimida por lo menos
al mirarlo -en una caricatura muy
divulgada- con su corona, su guirnalda y su túnica griega. Se nos ofrece entonces a un hombre que sabe
demasiado, que habla de cosas muy
profundas y abstrusas, que habla de
la poesía francesa y de Goethe y de
1~ antigua retórica griega, etcétera
Todo eso parece no tener nada que
ver con las cosas que vivimos hoy
en día, con los intereses de los jóvenes lectores. Hace falta planear una
buena edición de Reyes, una serie de
ediciones apropiadas para que se le
conozca como poeta, como narrador
y como ensayista. Y o creo que en
esos tres campos Alfonso Reyes ti~
ne mucho que decirles a los nuevos
lectores.

SM: Bueno, pero también habla
de cosas ligeras, comprensibles, muy
comprensibles. Lo hace de una manera tan clara y fluida que bien podría despertar el interés de nosotros
los lectores. Y si no lo despierta es
porque esa serie de volúmenes tan
enormes de sus Obras completas nos
espanta. Realmente Reyes no es
complicado, es dueño del humor y
de la gracia pero no ha tenido la
suerte que otros tienen. Creo que la
fortuna tiene mucho que ver en esto.
Porque si un autor de la talla de Borges lo reconoce como lo hemos oído
y leído, quiere decir que verdaderamente tiene ese valor universal tantas veces mencionado. Además es un
estudioso de la literatura y la filosofía griegas, traductor de...
GC: ... inventor de los griegos,
prácticamente.
MC: Sí, yo encuentro muchas similitudes entre Borges y Reyes. Los
dos son ensayistas. Sus ensayos no
son ensayos ortodoxos, sus relatos
no son relatos ortodoxos, su poesía
es una poesía -si aceptamos que el
auténtico Borges es el Borges de su
última etapa- conservadora. Digo
conservadora por las formas que cultivan uno y otro. Entonces, siendo
tan semejantes por su cultura y el
dominio de los géneros que frecuentan ambos, ¿por qué uno goza de di-

fusión tan extendida y el otro no? Lo
atribuyo a la manera como los presentamos. Mientras Borges es el narrador, el poeta, el fabulador, Reyes
no es sino erudito, crítico y helenista. Esto desemboca en un tufo de
academia que aniquila la buena voluntad de los simples lectores.
GC: Tengo la sensación, Miguel,
de que existe en Monterrey gente
que parte una naranja y cita a rueda
de prensa. En el caso de la revista
Deslinde podríamos pensar que es
una revista que se caracteriza por su
discreción. A ustedes les ha preocupado, creo, el rigor en los contenidos de esta publicación que es una
de las pocas revistas universitarias
en México con más de diez mios de
existencia.
MC: Es verdad. Es verdad todo
lo que dices. Creo que hemos estado
-durante años- preocupados por la
supervivencia de la revista. Porque
Deslinde durante mucho tiempo ha
estado sola, ha sido la única revista
de su género en la ciudad. Afortunadamente en estos momentos no es
así. Y digo afortunadamente porque
nos ayuda a todos el no ser pocos.
La existencia de dos, tres o más publicaciones similares salva a la ciudad. Quiere decir que el medio nuestro puede alimentar a varias, a diversas revistas literarias y culturales.

Eso es bueno. Ahora, la inestabilidad es muy común si de revistas de
este tipo hablamos. Es más, forma
parte- de la idiosincrasia o la tradición de las revistas literarias el tener
una vida efímera como de mariposa.
Se sepulta una revista y al paso de
unos meses o años, ¡allá vamos!, a
fundar otra y a esperar siquiera dos,
tres números, ~o más.
Lo cierto es que a Deslinde la ha
favorecido el ser una revista institucional, una revista de la Facultad de
Filosofía y Letras. A causa de diversos factores hemos logrado que rebase los diez años de existencia. No
debemos olvidar que la facultad
nuestra es un centro de cultura que
necesita tener una revista de esta especie. Yo no puedo concebir a la facultad y a la misma universidad sin
una revista cultural como Deslinde.
Así, para quienes estamos hundidos
hasta el cuello en esta publicación,
es causa de amor propio el que siga
adelante. Estamos pues empeñados
en que no naufrague, en que no decaiga o agonice ...
Por otra parte, las colaboraciones o, más bien, el cuerpo de colaboradores, debe renovarse. Porque
Deslinde -esto lo he subrayado en
otras ocasiones- ni es una revista
de grupo ni es una revista de Filosofía y Letras en un sentido limita-

SS

�do. No publicamos únicamente a
los académicos o a los investigadores ligados a la facultad. Incluimos
también a los escritores de la ciudad y la región. Deslinde, pensamos, debe representar a la Universidad, a Monterrey, a Nuevo León,
al noreste del país, a -¿por qué
no?- México entero. Por eso contamos con colaboraciones de la capital y del sector académico estadounidense que incluye a chicanos, latinoamericanos e hispanistas de habla inglesa. Nos interesa cubrir,
además, todas las zonas académicas de la facultad: filosofía, sociología, historia, pedagogía, teatro,
crít~ca r traducción literarias, etcétera. ¿Qué más? El ensayo, el
cuento, · la dramaturgia, la poesía,
la reseña bibliográfica. Todo eso
nos incumbe, todo eso nos interesa.
Nuestra revista es pues una revista
típicamente cultural que, al mismo
tiempo, contiene varios elementos
de diseño y contenido que la distinguen de otras publicaciones ·similares.
GC: Miguel, una de tus versiones
de poesía extranjera.
MC: Leeré un poema de lengua
alemana vertido al español, uno de
Rainer Maria Rilke.

56

LA PANTERA

En el Jardín de Plantas, París.

Su mirada, cansada de tanto pasar
frente a las rejas, ya no puede más.
Le parece que hubiera mil rejas
y detrás de esas mil rejas ningún
mundo.
La suave marcha de sus poderosos y
flexibles pasos
da vuelta en círculos pequeñísimos.
Es como una danza de fuerza alrededor de un centro
donde una gran voluntad se detuviera aturdida.
Sólo a veces, silencioso, se alza el
velo
de las pupilas. Luego penetra una
imagen
a través de los miembros: con una
intensa tranquilidad
llega al corazón y ahí se detiene.
GC: Miguel, te entrevistaron
cuando recibiste el Premio de Traducción de Poesía 1994 del Instituto
Nacional de Bellas Artes, y entonces
dijiste que en ese momento dejabas
de ser un aficionado a la traducción.
¿Porqué?
MC: Dije: ,,ya no puedo alegar
que desconozco el género». Es lo
mismo. Yo me consideré, o me considero, no sé -voy a pensarlo detenidamente esta noche-, un aficionado

a la traducción. Lo soy desde el momento en que no la he estudiado profesionalmente en, por ejemplo, la
misma facultad en donde yo enseño
literatura. Porque, tú debes saberlo,
allí se imparte esa carrera, uno puode obtener su título y dedicarse profesionalmente a la traducción. Esos
estudios yo no los hice. Mi camino
es otro. Yo llego a la traducción de
poesía por la senda de la literatura
Cuando realizo esta tarea la asumo
en mi condición de escritor o, si se
quiere, de poeta. Porque se trataba
de reescribir en español lo que otros
autores escribieron en alemán o en
francés, hice acopio de una serie de
instrumentos: cierto conocimiento
del francés y la literatura francesa,
cierto conocimiento del alemán y
sus mejores poetas, la experiencia
que tengo como escritor a partir del
manejo que espero sea cada vez moQOS imperfecto de mi lengua materna ... Así es como he emprendido este trabajo al que considero más bien
una aventura cumplida por amor a la
literatura y a la poesía, por puro
amor al arte. Como todo el mundo
sabe, traducir poemas no es precisamente una tarea envidiable desde el
punto de vista económico. En mi caso busqué contribuir a que no desapareciera la sección destinada -por
la revista Deslinde- a la poesía traducida. No era ningún mérito que
siendo el director de la revista hicie-

ra algo por ella. Me impuse pues la
tarea de traducir para cada edición
un poema, una entrevista, un artículo
o una reseña. Al principio fue el
francés el idioma al que recurrí; más
tarde, apoyándome en mis estudios
de alemán, tuve la osadía -la desvergüenza dirían otros- de liarme con la
poesía alemana. Así nacía el libro El
traidor, sin que yo lo supiera entonces. Y acabó por convertirse en una
bola de nieve, más bien una bola de
papel, un libro de más de trescientas
cincuenta páginas. Circunstancias
propicias o la buena fortuna permitieron que dos entidades muy separadas entre sí -el Ayuntamiento de
Monterrey y la Facultad de Filosofía
y Letras- auspiciaran la edición. Se
realizó ésta con algo más que decoro. Se me dieron todas las facilidades para que el libro se editara como
yo creía que debía editarse. Más tarde varios amigos me informaron del
premio con sede en el puerto de Veracruz y auspiciado por el Instituto
Nacional de Bellas Artes. Oí sus
consejos, envié el libro al concurso
como quien arroja una botella al
mar, y sin establecer ningún contacto con los organizadores esperé a ver
qué determinaban los jurados.
GC: Entonces tu conjunto de
traiciones fueron premiadas.

MC: Pues sí. Y no sé si esto debiera dar pena. Porque ¿cómo puede
uno interpretar esa frase: la traición
obtiene su premio?

Esta conversación del programa Primera
fila fue transmitida por Radio Nuevo
León el viernes 16 de diciembre de 1994.
Dos días más tarde la misma radiodifusora la reprodujo.

GC: Muchas gracias a Miguel
Covarrubias y a Silvia Mijares. Hasta luego.

57

�UN ÁNGEL EXTERMINADOR

El amor es un preguntar constantt

Milan Kundera

Nora Garro
UN ANDAR AGOLPES
Vislumbro mi presa, aquello sin nombre que sale a mi encuentro. Debo explicarme: ¡las razones importan!
¡Qué nostalgia de un estadio primitivo me asalta ahora, ser gato, no tener ante mí estas preguntas exigentes,
ineludibles! Me duele el conocimiento, me apabulla caer en la cuenta, me avergüenza mirar.
¡Cómo interpretar la parábola de las mejillas expuestas a los golpes? Ante un golpe recibido contesto con
otro golpe: mi alma felina describe el arco del gato erizado y un zarpazo iracundo se dirige a la otra alma. Sé
de un gusto a acero, de un sonar metálico, de un duro brillo que persiste tras esa batalla. Sé de su trofeo vacío. Conozco también la intranquila tregua, la falsa paz, la incómoda inactividad del guerrero que sólo sabe
pelear.
Pero cuando recibo un golpe y no lo devuelvo, ¿qué está sucediendo? ¿No es golpe, es un aviso? ¿No es
golpe, es un llamado?
¿A qué me refiero cuando digo golpe? ¿Qué quiere la otra alma? Alma mía, impetuosa guerrera, ¿te has
rendido ya? J;sta interpelación-golpe, me digo, surge de la otra alma. Yo devuelvo su curiosidad, estos zarpazos sin uñas salientes. Propongo: juguemos, cacemos, atrapemos, liberemos. ¿Un mundo sin guerras, tal vez?
Bien; corto mis uñas. Pero vuelven a crecer: allí están mis obstinadas armas. Discernir. ¡Eso es! Saber cuándo usarlas y cuándo no usarlas. Saber. ¿Cómo saber? Estar pendiente de mi alma: se eriza o no se eriza. ¿Qué
es el alma? Yo, Tú.
¡Oh, este sendero de palabras, esta espera a la puerta de tu alma, este amor!
TIEMPOS
Ayer, otro ser me habitaba.
En su nombre
apresé futuros, obsequiándoselos.

UN ÁNGEL EXTERMINADOR
Ad augusta per augusta

Durante casi medio siglo, me creí diferente a todo lo que me rodeaba, incluidos los seres humanos debido,
probablemente, a mis continuos estados de frenesí, mi constante urgencia por encontrar depositarios para una
., ?
... ¿pas1on.
En la soledad uno se percibe, demasiado. Yo sentía crecer dentro de mí un volcán dispuesto a ser montaña
en erupción, a perturbar lo que estuviera más allá de mí misma. Así creía en mi fuerza. Mi monumental ego
buscaba una explosión inicial, anhelaba irrumpir en las sombras y las apariencias vomitando luz y vida.
Los años, la repetición, haber sido partícipe de lo que no me interesó nunca, ser testigo de desenlaces
inesperados, descubrir mi espíritu propiciador de invisibles tragedias, en fin, tantas cosas vividas me orillaron a concluir que mi pasión es un padecimiento más, un testimonio más de la paradójica naturaleza humana.
Así, pudiera ser que oí y obedecí la voz de la serpiente diciendo: «y serás como un dios». Pero, ¿cuándo,
cómo, por qué sucedió ese anunciado encuentro? ¿Cómo mi razón o mi corazón no se percataron de tan impresionante mandato? Mi tan cara pasión, la razón de mi vida, tal vez fue una prepotencia, un ansia de poder.
Pudiera ser que fuera yo más animal que ser humano y, como tal, me ocupé en «ofender, violentar, despojar,
aniquilar» a otros, corno lo resume Nietzsche. No vomité luz, sino fuego exterminador. Fui un dragón enfurecido porque el mundo no era como yo, ¡pobre de mí!, ni siquiera pude imaginar. ¿Sirve de algo reconocer
lo que ningún animal podría: «mi actuar estuvo fuera de mi control»?
Estar aún vivo es la hazaña o el obsequio mayor. La posibilidad de mirar hacia atrás como si el hoy se
suspendiera no la tienen los animales. ¿Se anularía el mandato, otra vez sin ningún aviso, sin mi intervención? ¿Este salto evolutivo es producto de una cósmica aleatoriedad? ... O acaso fui yo la que decidí descubrir mi libertad, mi infinita dignidad de persona, como lo afirma Miranda. No lo sé, pero si la muerte nos
acosa, quiero asumir el riesgo de reflexionar sobre mí misma, enfrentar mis limitaciones. descubrir al otro,
permitir su interpelación, en vida.

Hoy, me ha abandonado
y sin él .
se desvanecen los augurios.
¿Qué hacer con esta suave tristeza?
(He sido joven y la vejez aún no me toca.)
58

59

�Cuadernos de la Revista

DESLINDE, 16

l:D¡¡Do IJNJvr,
f7'Ap

i-

~1O~TERREY / ENERO-JUNIO / 1995

La literatura de Nuevo León pasa por uno de sus mejores
momentos, según el parecer de algunos comentaristas, al igual
que otras manifestaciones locales del arte como la plástica, el
teatro, la danza... Prueba de ello -se dice- son los premios,
becas y reconocimientos nacionales a que se hacen acreedores
con regularidad escritores y artistas de estos rumbos.
Si ello es verdad o no, lo ·dirán el tiempo y los públicos
consumidores. Mientras tanto, este número de DBSLINDB presenta
una amplia muestra, representativa en sus firmas (nunca
exhaustiva, por lógica elemental), de la narrativa de Nuevo
León.
Los relatos y fragmentos de novela que componen este
cuaderno fueron preparados ex profeso para esta entrega, son
por tanto inéditos y en su azaroso conjunto representan sin_
duda un mapa momentáneo de nuestra narrativa.
•'

61

�EL ESCRITOR

Hugo Valdés Manríquez
A los pocos meses de que enviara a su editor el paquete con
el texto concluido, una idea lo empezó a obsesionar. Se trataba de una novela cuya forma entreveía apenas con la vaguedad con que se perciben ciertos sueños o tal como los
místicos presumían de ser embargados por sus visiones.
Mientras escribía las primeras notas y apuntes, y cuando notó que de éstos no podía partir hacia la escritura, pues parecía aquello un larguísimo, eterno estadio preliminar, se engañó sin embargo con la investigación sobre temas vagos,
anotando citas y párrafos, para acumular al cabo una gran
cantidad de ideas ajenas.
De muy poco le sirvió entonces que su escritura resultara a tal grado diáfana, pues hubo un momento en que corrió
el riesgo de traicionar la historia que en principio se había
propuesto contar -aunque todavía no estuviese muy clara- a
cambio de prestarle oídos a la vieja tentación de escribir un
libro sobre nada. Pero esto en todo caso implicaba mostrar
de manera llana su talento sobre la hoja en blanco, negando
el orden y el diseño de la obra convencional. Y a pesar del
aparente desafío, tuvo en cuenta que muchos escritores, incluido él mismo, habían apostado alguna vez por la calidad
y el brillo de su escritura valiéndose precisamente de temas
rancios e historias sin tuétano. Mas, ¿qué forma posible tendría un libro sobre nada?¿Y cuántos libros se habían escrito
ya sobre esa nada, según el sueño de Flaubert?
Después de una larga cavilación se dijo que un escritor
sólo tenía, en verdad, un par de libros para escribir a lo largo de su vida. ¿O debió decirse un par de temas? Y de ser
así y no poder superarlos, ¿qué, entonces, había por innovar? Lo intrigaba que muchos autores en cuyos libros de
arranque se habían ocupado de una extensa partida de personajes salvo el de un escritor, terminaban siempre escribiendo acerca de uno. Pensó que ello era tal vez porque la
foll)la novela tendía a ser especular, desplegándose como
un biombo cuyas caras estuviesen constituidas por espejos.

Si su madurez literaria fue haciéndose notoria casi dos
décadas atrás, cuando empezó a emplear muy cuidadosamente todos aquellos vocablos que en su mocedad había
prodigado tal como si asistiera al ocaso de la novela, durante esos días volvió a aquel mtsmo sistema y se dio a cuidar
con detalle cada una de las palabras. Aquilató sus sonidos y
significados, buscando sus remotos orígenes, hasta que alguna de tantas, de mucho repetírsela en el mudo parloteo de
su boca, fue a desterrarla para siempre de su inventario. Pero fue entonces que empezó a sospechar: ¿eran todas las palabras las suficientes para descifrar la realidad? ¿O es que
existían maneras mejores para tratar de explicar el mundo?
A veces imaginaba su novela a partir de la historia de su
propia creación, participando de sus propósitos y tropiezos
a los lectores; de esa manera podría engatusarlos con lamasa informe del trabajo, lo que se conocía como fondo, bajo
el maquillaje de una presentable forma de orden. Pero, ¿le
interesaría al lector la disposición de los andamiajes más
que el diseño logrado gracias a la imaginación creadora? Y
luego se preguntaba, previendo que aquello no sería más
que una novela sobre la novela, qué era lo que allí podría
interesar más: ¿la historia de páginas adentro o la estrategia
con que ésta fuera contada?
La cuestión era muy importante para él porque ya en ese
tiempo, en una entrevista que causó cierta polémica, se había
lamentado por la suerte de los libros. especialmente los de
aquellos escritores que no podían escribir todas las histori•
dictadas por su ingenio sino tan sólo sus palabras de aire, sus
frases de aire, sus magistrales tramas compuestas con el mismo aire que empleaban para respirar. También había declarado su sentir por los escritores que escribían a menudo sobre los escritores del principio, los de la realidad, pero de
ellos no lamentaba su poca suerte o su escasa gana de escribir sus historias como era debido, puesto que lo hacían sospechar -&lt;lespués de haber tejido y destejido, durante noch

enteras, los planos distintos en los que se movían los personajes- que de seguir aquella evolución demente, parecida a
un encuentro de espejos, era posible que el escritor no fuera
la persona mencionada en la portada del volumen sino alguien que, por vergüenza del oficio, había decidido no darse
a conocer ante los lectores con su nombre verdadero.
No, el problema no estribaba en realizar o no una novela
así; si creía en ella simplemente la habría de escribir, de
punta a cabo, tal como se la fuera dictando su intuición.
Más bien cumplía esa tortuosa condena que era esperar, en
medio del vacío que sobreviene cuando se ha concluido ya
otro, el nacimiento de un libro hasta que tuviese un contorno definido.

*
Una tarde, mientras revisaba papeles y se despedía de un sinfín de viejas revistas que arderían en la chimenea, halló en
un periódico amarillento un artículo escrito por uno de los
maestros que mayor influencia tuvieron en él al inicio de su
carrera. Recordó cuando tantísimos años atrás leyera su primer trabajo. Apreciaba su estima y que le hubiera dado vuelo
a su impulso de mocedad, aunque supiera que se refería particularmente a él cuando lo oía pontificar acerca de los escritores jóvenes que se jactaban no sólo de conocerse demasiado a sí mismos tanto como a sus coetáneos, lo que era ya de
por sí motivo de recelo, sino incluso de nunca haberse ligado
a ningún momento literario, a ninguna tradición, a ninguna
vena remota. El, por su parte, creía en el escritor como en un
nuevo portador de luz, un visionario que podía dispendiar a
su gusto y voluntad la fortuna de las artes.
Además, para gran disgusto de su maestro, insistió en
que los creadores verbales eran los primeros en dar rigurosa
noticia de los vicios y desenlace del idioma mucho antes
que los tristes académicos. Como retándolo para luego aniquilarlo por su insolencia, el maestro le pidió que callara y
le diera a leer su texto. El escepticismo se dibujo en su ros-

tro: debieron sorprenderlo el orden de los renglones y la ausencia de tachaduras. Entonces entró a la lectura proponiéndose avistar los errores, suponer las grandes intenciones no
logradas, hacer evidentes las correcciones, allí donde no las
había, como si tuviera a mano un neutralizador de tinta invisible; pero el maestro continuaba en pie renglón por renglón, párrafo por párrafo, sin haberle dado crédito a sus
ojos, los que de seguro debían haber pasado por alto alguna
impericia. Al cabo le dolió aceptar que aquellas cuartillas
pudieran irse a galeras tal como habían llegado hasta él.
Al entonces joven escritor lo decepcionó menos la mediocre envidia de su maestro que el hecho de sólo haber visto párrafos y construcciones. Estaba convencido de que ni
siquiera había pensado en cuanto había detrás de las palabras o en el poder de sugestión emanado de ellas. Creía que,
tanto corno él, podía no sólo entender los hechos de las cuales los vocablos daban clara relación, sino también leer entre ellos, como si aferrado a los renglones pudiera atisbar
hacia el fondo de todo sentido oculto y ver lo invisible, lo
apenas dicho.
¿Ese era entonces el destino de la literatura, intuido involuntariamente por su maestro, la tendencia hacia el lenguaje cero: el habla sola, desnuda, la escritura apenas vestida por las galas de la palabra? ¿Qué decir entonces de la
frase reveladora, redonda, venida desde dentro, no pensada,
más bien sentida? Era una floración del alma, una revelación -pensaba en Proust-, y no simplemente un encadenamiento de frases.
Tenía que encontrar ya un remedio; se sentía muy ajeno
a aquel escritor que tantas veces, satisfecho y feliz, dijo para
su colecto: «me siento lleno de palabras». ¿Y si continuaba
leyendo, esperando hasta que el tema y su forma lo llamasen? Aquélla no sería entonces sino una prórroga de la vacación literaria que venía padeciendo. Y trataría de revivir
63

�~

~

EL ULTIMOVACIO

Eduardo Antonio Parra
ciertos años en que la temporada y el libro se habían adecuado perfectamente: degustando autores como Dostoievski, Dickens o Knut Hamsun -pues se tenía como un magnífico catador de escrituras-, algunos inviernos le dieron pie
para reflexionar sobre la manera en que podía vivir sin necesidad de asomarse más que al texto y, sólo un poco, a la
ventana para observar el pinar de la ladera, cuando el ·magnetismo de los renglones lo cansaba en el umbral del atardecer. Inclul;o la relectura de ciertos autores lo entristecía al
pensar que sus obras no eran, como solían parecerlo, deliciosamente inagotables.
Mas todo aquello sería muy difícil ahora; la verdad era
que no podría seguir leyendo para engañar su cólera creativa. Bajo ese sucedáneo reescribiría todos los libros que cayeran en sus manos, corrigiéndolos a falta de la creación
personal, tachando, anotando los cambios sobre los renglo~
nes ya impresos:
*
Pero no sólo le resultaba arduo, casi imposible escribir. Empezó al poco tiempo a tener sueños raros. Al principio sintió
alguna extrañeza, pero luego fue materia de regocijante novedad verse reflejado constantemente en los espejos que
aparecían en los corredores de sus sueños. Muy joven soñó
varias veces lo mismo, y alguien le contó que aquello significaba una larga vida. Fuera o no cierto el vaticinio, convenía para sí en que las facciones d~l espejo eran idénticas a
las suyas, salvo que en ocasiones aquéllas guardaban el color del azogue.
Entre una y otra meditación y cuando el tema de esos
sueños los hizo evocar a un pintor llamado Julio Galán cuyas telas lo impresionaran hondamente en su juventud, empezaron las pesadillas. Las más consistían en que una vez
arrellanado en alguno de los síllones del estudio se aplicaba
a la lectura de un libro del que nunca veía lo suficiente como para comprender su naturaleza y vislumbrar sus posibles
64

desenlaces, por lo que debía empezarlo cada noche que entraba a la pieza del sueño.
Otras tenían que ver con la escritura. Sentado a la máquina era capaz de escribir páginas tan floridas como magistrales de las que estaba seguro de poder recordar frases
enteras cuando, ya por despertar, se advertía soñando. Pero
nunca recordó de ellas nada y sólo se echó a iomos de una
de las peores noches de insomnio de su vida la madrugada
de un martes en que, avisado de abrir los ojos en medio del
sueño para recordarlo cabalmente, desesperó de encontrar
alguna de las frases que había escrito. Con la idea de sobreponerse a la desafortunada tentativa, recurrió sin pensarlo
mucho a la vieja moda de la escritura automática. Se incorporó de la cama y fue a sentarse a la mesa de trabajo. Pensó
que las palabras irían llegando como bajo el efecto de la
hipnosis, y que formarían frases semejantes a las del sueño
tras de las cuales, menos oculta cada vez, se presentaría al
fin la historia que esperaba. La pluma, sin embargo, no se
movió al ritmo de su mano más que para rayarle el pantalón
del piyama cuando al alba, inconsciente, se quedó dormido
sobre un montón de papeles.

Dentro del pub el ambiente es tranquilo, apacible. La música permanece suave, con tonalidades sedantes, cubriendo
apenas el leve ronroneo del clima que destila frialdad detrás
de los cortineros. Cuando la calma comienza a prolongarse
en demasía, paseas con lentitud los dedos por la superficie
pulida de la barra hasta alcanzar la cajetilla de cigarros. Tomas uno y te vuelves hacia el muchacho:
-¿Tienes lumbre?
Él asiente y busca en el bolsillo. Al aparecer la flama,
la acerca al cigarro entre tus labios. Encuentras sus ojos al
mismo tiempo que tus manos cubren la del muchacho,
oprimiéndola un poco, para dirigirla hacia el tabaco. El
contacto es inocente, cálido, pero en ti acelera el flujo de
la sangre. Sabes que tus ojos poseen un extraño fulgor en
este momento, una luz escondida en el fondo de las pupilas que delata la esperanza de un encuentro próximo. El
rostro del muchacho, en cambio, posee una mirada de desconfianza que antes no tenía. Lo liberas y él apaga el encendedor; después baja la mano, despacio, hasta dejarla
yacer sobre la barra como algo muerto. En uno de los espejos de atrás de la cava tus ojos se encuentran con los de
una mujer que fuma, pero los ignoras. Todo tu interés se
centra en el joven a tu lado.
-¿Otra copa?
-No, ya me voy.
-Anda, tómate otra.
-Ya es tarde... -dice a todas luces turbado mientras baja
del banquillo-. Hasta luego.

Fragmento de la novela El escritor (en preparación).

No te ofrece la mano al despedirse. Aspiras profundamente el humo y lo dejas escapar en una exhalación larga.
Bebes el whisky de tu vaso y, agitándolo de manera que los
hielos tintineen, pides otro. Tuvo miedo, piensas. No me dio
tiempo ni siquiera de conocer su nombre. Si todo iba bien,

¿qué falló? Y ahora de seguro va por la calle pensando
«pinche maricón ...».
Estás de nuevo solo en la barra. El cantinero coloca
frente a ti un vaso corto y ancho con varios cubos de hielo
entre el licor, y al tomarlo giras la cabeza para pasear la mirada por las mesas. Nada nuevo: las dos parejas que charlan
en voz baja y de vez en cuando ríen con moderación, los bebedores solitarios que dejan pasar las horas jugueteando con
el nudo de su corbata o estudiando las pequeñas gotas que
se forman en el exterior de los vasos, la mujer que en ocasiones te mira en los espejos, y dos o tres grupos de hombres entretenidos en conversaciones monótonas. Observas
tu reloj: es muy tarde para ir a otro sitio. Perdiste demasiado
tiempo con el muchacho. El bar casi no tiene movimiento.
Sin embargo, lo sabes, es un sitio al que llegan muchos bebedores por la última copa de la noche. Decides esperar.
Dar un sorbo al whisky y de un bolsillo del saco extraes el
encendedor de oro que mantuvieras oculto durante tu conversación con el muchacho. La ineficacia de esa pequeña
trampa aprendida desde tu juventud te dibuja una amarga
sonrisa en el rostro. ¿Cuál había sido el error? Tal vez la
precipitación en la manera de mostrarte, cuando lo mejor
era dejar correr más tiempo, más alcohol, más conversación: ser astuto, convincente. Quizá te estás volviendo viejo, lento, y acaso un tanto avorazado. Pero la mirada ... piensas, lo trabajé primero con la mirada, y él respondía. Todo
iba bien hasta que...
-¿Qué estás haciendo? -pregunta el hombre al entrar a la
recámara.
-Voy a salir-responde el muchacho sin disimular 1111 tono de desafío.
-¿A estas horas?

65

�-Si, a estas horas... -e interrumpe sus abluciones para

agregar con cinism&lt;r-: Ya deberías saberlo, esta ciudad sólo es divertida durante la noche. Fuera de eso es 1111 asco a
cualquier hora.
-Pero has salido toda la semana. Yo creí que hoy... ·
-Mira. no empieces -dice el muchacho mientras se anuda la corbata haciendo un gesto de fastidio-. Si quieres,
puedes venir conmigo.
-No, no puedo -los ojos del hombre miran al muchacho,
hay una súplica escondida en ellos-. Mañana tengo junta
temprano. Y sabes que entre semana no me gusta tomar.
-No puedes tomar, ni desvelarte, ni exhibirte en público
-teT71!ina ,de ar,:_eglarse, se pone el saco y camina hacia la
pueria-. ;¿Entonces qué puedes hacer? Te estás volviendo
viejo y aburrido, además te pottas a veces como si fueras
mi esposa. No me esperes, ¿eh? Chao.
Al cerrar la puerta, el departamento queda en completo
silencio. El hombre regresa lentamente a la recámara, convencido de que algo en su vida ha comenzado a romperse.
La puerta del pub se abre. No necesitas escuchar para saberlo, ni siquiera voltear, tu instinto despierto te lo dice. Unas
voces llegan hasta ti, pero entre ellas reconoces una risa de
mujer. No tiene caso.
Al salir del trabajo estabas seguro de que hoy sería tu
día. Te lo dijo el espejo de la oficina; tu cuerpo cubierto por
ese traje nuevo y bien cortado. Te lo dijo tu buen humor,
una nueva vitalidad al correr por tus venas. Te lo dijeron las
miradas insistentes de tu secretaria y de la jefa de relaciones
públicas, quien, argumentando tener el auto en compostura,
te pidió un aventón hasta su casa. Ahí te invitó a pasar a tomar una copa, pero objetaste un compromiso para librarte
de ella mientras pensabas que era una suerte tener esa buena

figura tan cerca de los cincuenta, trabajar por pasatiempo,
gastar parte de la fortuna familiar, y no estar atado a nada ni
nadie que disminuyera la libertad en que vivías.
La puerta se abre otra vez, pero ahora no escuchas voces.
Te vuelves justo cuando un hombre se sienta a dos lugares de
ti, en la barra. Es más o menos de tu edad, atlético y calvo.
Viste un traje sport y su olor a lavanda inglesa penetra en tu
nariz como un bálsamo. No lleva argolla de matrimonio. De
reojo lo observas pedir un coñac: ni su voz ni sus movimientos son femeninos. Eso te gusta. Tú tampoco eres afeminado
y sientes un hondo desprecio por las locas que abarrotan ciertas calles y algunas cantinas del centro, aunque en muchas
ocasiones no lograras resistir la tentación de visitar esos lugares. Vuelves a ver al hombre a tu lado y esta vez encuentras
en su boca el esbozo de una sonrisa. Lo miras ahora con descaro y él desvía la mirada hacia su copa. Apura el contenido
de un trago y no ordena nada más. Es el momento:
-Disculpe, ¿qué hora tiene?
Ve su reloj, después te mira fijamente a los ojos y pide
la cuenta antes de responderte con un tono bastante airado:
-Las cuatro.
Te quedas lleno de confusión mientras se marcha, pero
de inmediato reparas en que tu reloj asoma, entero, visible,
marcando la hora en tu muñeca izquierda. Lo cubres con la
manga en un tardío gesto de desilusión, y vuelves a pensar
en la pérdida de reflejos que te aqueja últimamente. ¿A qué
se deberá?, piensas, ¿será por haber estado fuera del juego
por varios años? ¿A la edad? ¿O a la desesperación por la
carencia de compañía? No encuentras la respuesta, sin em·
bargo tu incapacidad para ligar una relación está ahí, per·
sistente, dolorosa.
-¿Cómo está eso de que tienes novia?
-¿ Ya te enteraste? -la pregunta es sólo para pensar me·
jor la respuesta al sentirse cogido en falta-. Definitivamen·

te Monterrey no deja de ser un pueblo provinciano: los
chismes vuelan.
-¿Es cierto? -el rostro del hombre se convulsiona, la
rabia de los celos le sacude el mentón en espasmos cortos. y
regulares. Finalmente dice con aire teatral-: No pensé que
pudieras hacerme esto.
-¿ Y qué esperabas? -el muchacho se yergue desafiante,
despreciativ&lt;r-. ¿Qué viviera contigo para siempre como si
fuéramos marido y mujer?
El hombre se mesa los cabellos desesperado; después su
actitud se distiende, la rabia parece esfumarse y el gesto le
cambia hasta devenir en uno de infinita consternación. Sólo
las "!anos no encuentran sosiego, ya van a la cabeza, ya
descienden por el vientre corno si intentaran calmar w1 dolor de estómago, ya entrelazan sus dedos con fuerza. El muchacho continúa, ahora más sereno:
-Pensaba decírtelo antes de que te enteraras por
otro lado. Yo no soy como tú, ni tampoco tengo la vida
resuelta. Quiero llegar alto, y el único camino que conozco es el de siempre: ella es rica y nos vamos a casar
pronto.
-¿ Y nosotros? -dice el hombre en un suspiro, sintiendo
que la exis-tencia entera se cimbra con las palabras del
muchacho.
-No te pongas trágico. La pasamos muy bien. Siempre
te voy a estar agradecido por estos cinco a11os en que te
ocupaste de mí. Además no vas a tener problemas para encomrar a alguien: nunca los has tenido.
El hombre calla. Mira al suelo como buscando en él los
argumentos que pudieran servir para retener al muchacho.
Sie~ite ganas de llorar, pero se contiene pues piensa que las
ac1ttudes femeninas son indignas de él. Entonces el mucha-

cho lo toma de la mano suavemente y lo conduce a la recámara.
-Ven. Para demostrarnos que no habrá rencores, vamos
a darnos una noche de despedida.
Cinco años. Cinco años deslumbrado por la presencia, por
la seguridad de una pareja. Años de prescindir del vértigo
nocturno de Monterrey. Cinco años felices hasta que todo se
resquebrajó cuando él se fue con una mujer a buscar, te dijo, las vivencias para las que había nacido; mientras tú te
quedabas solo pero aún con la convicción de que la ciudad
tenía mucho que ofrecerte. Entonces anduviste de aventura
en aventura, siempre con el tiempo co~tado, con la fugacidad de los encuentros ocasionales. Sin poder olvidar... Se
fue con una mujer, repites. Y recuerdas cuando en tu adolescencia tuviste novias, e incluso te acostaste con alguna de
ellas, pero sin encontrar ni la complicidad ni el compañerismo fraternal que ya desde entonces te ofrecían los hombres.
Las mujeres proporcionaban compañía, pero... El recuerdo
de la juventud te hace caer en un estado de nostalgia, y para
alejarlo buscas la cajetilla de cigarros.
Ahora, la que creías iba a ser tu noche, escurre minuto a
minuto hacia un amanecer solitario y frio. El cantinero te
ofrece una copa, y bebes un largo trago mientras piensas en la
caída de la tarde, cuando paseabas por las calles aledañas al
Tecnológico. Topaste con algunos muchachos, pero a pesar
de sus miradas de interés, consideraste que aún era demasiado
temprano para intentar una invitación. Después, por el rumbo
de la Universidad, tuviste menos suerte: aun cuando varias jovencitas te sonreían coquetamente, esperando que las invitaras a subir contigo, los varones se vieron más interesados en
la potencia que ostentaba el motor de tu auto. Sonríes al pensar en las mujeres que conoces: todas te encuentran bastante
atractivo: las esposas de tus amigos pretenden ignorar tus preferencias y se pasan la vida recomendándote parejas. Tú
siempre respondes: todavía no estoy preparado. aún hay mucho mundo por ver antes de amarrarme ...
67

�Un grupo de hombres jóvenes entra y das media vuelta
para verlos. Pasan cerca de ti en silencio, y en tus oídos resuena el roce de sus ropas, el suave zumbido de los zapatos al
raspar la alfombra. Hueles las lociones de moda en mezcla
con un sudor de baile, y los ves acomodarse en una mesa del
fondo. El bar se ha ido quedando vacío sin que te dieras.cuenta: además de estos hombres, sólo hay algunos meseros, las
dos parejas, y la mujer que bebe sola al lado de un cenicero
lleno de colillas. Debiste ir antes a otro lugar. Quizá a algún
bar-gay del centro. Los detestas, pero a1ú es más fácil conseguir pareja. Aunque de un tiempo para acá ni en ellos has tenido suerte. Será porque tu aspecto serio y varonil no combina en un lugar lleno de jóvenes locas, o porque el temor de
encontrarte con conocidos y subordinados es demasiado fuerte y te llena de timidez; o acaso porque en realidad lo que
buscas es a alguien pennanente que te ofrezca, más que sexo,
compañía y refugio. Por eso habías ido primero a esa exposición de pjntura clonde el clima era más propicio para la charla
y el conocimiento íntimo. Alú discutiste de arte con un grupo
de corredores y artistas durante horas, y cuando casi todos se
retiraron, invitaste a un pintor que sabías también homosexual
a este pub a continuar la plática.
Pero el hombre se fue, argumentando que tenía que dormir temprano para aprovechar la luz de la mañana, y tú permanecías ahí solo y perplejo hasta poco después de la media
noche. Aún era tiempo para cambi;tr de bar, pero en tanto lo
pensabas apareció el joven de quien te sentiste atraído de inmediato. Te recordó a alguien, algún antiguo compañero
quizá, y en él viste al salvador de tu noche, de tu soledad, de
ese vacío que te taladra por dentro ahora que él también se
ha ido, dejándote todavía más angustiado que antes. Los
hielos se derriten en tu vaso, aclaran el escaso licor restante
en él. Lo bebes y sientes una caricia suave en la garganta,
luego lo depositas sobre la barra, completamente vacío. De
la mesa donde se encuentran las parejas te llega una voz: piden la cuenta. Frente a ti, el cantinero levanta la botella listo
para llenarte de nuevo la copa.
68

Al salir de u11 edificio del corporativo familiar, el hombre
se cubre del sol co11 la ma110 y e11trecierra los ojos. Piensa
que el mozo ya debería estar ahí con el auto. Mira el reloj
impaciente, cua11do una mano se posa leve en su hombro.
Se vuelve para e11contrarse con el muchacho que va acompañado de una mujer y dos niños.
-¿Cómo estás? -pregunta el muchacho con un gesto sincero de alegría.

El hombre tarda en responder, pero se apresura a reaccionar cuando ve la curiosidad en los ojos de la mujer que
se acerca.
-Muy bien. ¿Y tú? Cuánto tiempo.
-Mira, te presento a mi mujer ~ice el muchach&lt;r. Estos
son mis hijos.
Ha cambiado, su rostro es más severo que antes, pero
sin abandonar la alegría y la despreocupaci6n que siempre
lo caracterizaron. Ahora parece un señor. Úl mujer carga
al niño más pequeño, y el otro se abraza a las piernas de su
padre como si en él hallara una protecci6n omnipotente.
«Cuánto tiempo... », s1: repite el hombre en tanto saluda a la
esposa del muchacho.
-Seríora, a sus pies.
-Estuvimos en México algunos años -dice el muchach&lt;r, pero acabamos de volver a Monterrey. A ver cuándo
te llamo para tomamos una copa.
-Cuando quieras -tesponde el hombre sin salir de su
asombro, estudiando cuidadosamente los gestos, los movimientos del muchacho: es otro, sigue siendo igual de seguro, de inquieto, pero se nota más asentado, se ha convertido
en un hombre satisfecho.

-¿ Vives en el mismo lugar?
-En el mismo departamento, y tengo el mismo teléfono.
-Bueno, gusto en verte -se despide el muchach&lt;r. Te
llamo un día de estos.
-Hasta luego -contesta el hombre, conve11cido de que
nunca recibirá esa llamada.
La familia se aleja. El hombre vuelve a mirar su reloj
pues el mozo no llega con su auto. Mientras el sol revienta
sin parar en el pavimento y quema hasta los huesos, el
hombre permanece de pie junto al edificio. Solo.

-¿A qué hora cierra?
-Falta casi una hora --contesta el cantinero con aire distraído-. ¿Le sirvo otro?
-Sírvelo.
Una hora más, piensas, y estarás en camino a tu departamento. Solo. Otra vez solo. De nada te servirá tener ese auto
último modelo en el que te desplazarás con rapidez por las
calles desiertas. Reconocerás la inutilidad de llegar a un edificio exclusivo si en las escaleras sólo se encuentra el eco
de tus pasos; al abrir la puerta, los muebles perfectamente
ordenados y limpios, el piso sin mancha, revelarán la ausencia de cualquier otra persona. Y ya en tu cuarto, la luna del
tocador te devolverá una figura fuerte y atractiva, joven
aún, pero con un rasgo imborrable de cansancio en el rostro.
Te acercarás entonces para escudriñar el fondo de tus ojos
donde persistirá una terrible chispa oculta, perceptible acaso
sólo para los hombres: es la revelación de tu ansiedad, tu
soledad, tu homosexualidad mordiente y frustrada: la chispa
que los hace alejarse de ti. Y para borrarla, para desaparecerla de tus ojos en un solo golpe, bebes de un trago la copa
que languidece entre tus manos.

Ordenas otra y te sientes al fin un poco mareado, ausente. Ahora reconoces con amargura que los cincuenta años
son tal vez el otro lado de la barda, y acaso los meses de aislamiento vividos desde el adiós de tu última pareja pueden
prolongarse sin ténnino: ya no eres capaz de conquistar
hombres jóvenes, y los viejos no te interesan. Conoces ya la
posible historia y su desenlace: es la que alimenta los melodramas y los folletines de moda. Abandono que puede
arrastrar al suicidio, lo sabes, o en el mejor de los casos, al
alcoholismo; o quizás a tenninar como loca de esquina que
se ofrece a transeúntes, choferes de taxis y peseras, con el
rostro lleno de maquillaje y esos modáles ferninoides que
representan la máxima degradación y tanto asco causan en
los que son como tú ... Muy dentro de ti algo se niega a la
sordidez de ese futuro y tratas de contener la desesperación
atragantándote con whisky.
Toses, y el ruido violento de la tos retumba en el lugar
casi vacío. Una voz clara munnura tras de ti «cuidado... », y
te vuelves para encontrarte con el rostro de la mujer que bebe sola. Alguien limpió su cenicero: ahora sólo contiene dos
colillas marchitas, curvas, como si las hubieran quebrado
con fuerza, además de un cigarro encendido. Musitas un
«gracias» y le das la espalda para pedir otro whisky. Te parece extraño ver a una mujer sola: en las últimas horas de la
madrugada tú y ella son ya los únicos clientes. Enciendes
otro cigarro y buscas su imagen en los espejos de la barra.
La encuentras al fin en uno de los rombos y la estudias sin
que lo note: es una mujer distinguida, de apariencia apacible
y mirada vacía. Cuarenta años de edad. Si acaso uno o dos
más joven. Cuando el cantinero se aproxima a entregarte
otro vaso lleno, la sorprendes mirándote a los ojos con insistencia en el reflejo. Sólo en ese momento reparas en que
una lágrima desborda uno de tus párpados.
-Es el humo... -te disculpas, aunque quizá nadie la ha
notado, y la limpias con tu pañuelo.

�MI TU NUESTRO EXNUESTRO PARÍS

A Lety Parra

Rosaura Barahona
¿El humo o la tos? ¿O es que al contemplar el rostro de
la mujer descubriste en sus facciones tu misma soledad? No
lo sabes. Como no alcanzas a comprender por qué aquel
muchacho al que amabas te dejó por una mujer. No sabes,
tampoco, el motivo por el cual das la media vuelta hacia
ella, le sonríes con timidez, y sus labios te devuelven una
sonrisa en la que hay una mezcla de ilusión y tristeza. Mientras camiqas hacia su mesa con la decisión que te ha dado
por fin una esperanza, ella levanta la cara para mirarte
abiertamente y un brillo débil aparece en el centro de sus
pupilas. Parece que va a decir algo cuando llegas junto a
ella, pero permanece en silencio. Sólo su sonrisa se torna
más amplia y las mejillas se le tiñen de un rojo vivo al escuchar las palabras que esperó toda la noche.
-¿Puedo invitarle una copa?

Una voz nos invita a ver la Torre Eiffel por el lado derecho
del avión mientras la azafata sirve un desayuno americano
con la inútil esperanza de que los estómagos se adapten al
nuevo horario; pero los estómagos saben que son las dos de
la madrugada y no las nueve de la mañana como informa el
piloto antes de desearnos una estancia inolvidable en. la
ciudad más famosa del mundo. ,,He's probably never been
to New York», dice en voz alta el hombre sentado a mi lado sin dejar de leer Le Monde de ayer que venía en la charola del desayuno. Inolvidable. La palabra empieza a darme vueltas por todo el cuerpo: inolvidable. Recargué la
frente en la ventanilla y con los ojos cerrados adiviné el
paisaje contaminado e inconfundible. Mi corazón se aceleró y la sobreviviente que soy se aferró al salvavidas que
traía en las manos bajo la forma de una taza de café. Abrí
los ojos con lentitud y me topé con mis lágrimas. Atrás de
esa cortinilla húmeda estaba París. París. De nuevo París.
¿Nuestro P~s? ¿Cuándo lo habíamos hecho nuestro? ¿Lo
habíamos h·echo nuestro? Llegamos a él cuando entendimos las claves de nuestra ciudad y supimos que era necesario salir de ella. Tenías la certeza (esperanza corregía yo)
de que el contacto con el arte nos sacaría del pueblo pero
no estabas tan seguro -como decía Tere-, de que al pueblo
lo pudiéramos sacar de nosotros. Por eso debíamos marcharnos y encontrarnos con el rigor. Debíamos salir pronto
de la ciudad que casi todo lo aceptaoa porque empezaba a
tomarnos en cuenta, lo cual resultaba alarmante por tentador. Decidimos ir a París: todo lo demás eran medias tazas,
dijimos. Y fuimos. Y regresamos. Y aprendimos. Y desaprendimos. Y hoy estaba yo de nuevo aquí, frente a la ciudad que alguna vez vimos como parte de un camino de salvación que aún no completábamos. Siempre supe que volvería. No sabía ni cómo ni cuándo ni con quién pero sí que
volvería. Y aquí estaba a punto de pisar de nuevo este espacio que años antes nos había atraído a ti y a mí, que entonces éramos nosotros, en busca de los maestros de cuya
experiencia debíamos aprender algo de lo que sentíamos

necesario como habitantes de un país rebosante de talentos
titubeantes acostumbrados a quedarse casi siempre en promesas incumplidas. Ahora de nuevo París. ¿París inolvidable? ¿Nuestro? París inolvidable. Nuestro. ¿Nuestro París?
Inolvidable. ¿Nuestro París inolvidable? Y el oficio le ganó
a la tristeza porque en lugar de continuar con la reflexión
para definir frente a qué me encontraba me descubrí pensando cómo haría para mostrar de manera inconfundible en
un ejercicio teatral las diferentes intenciones que encierran
esas dos palabras sueltas o combinadas según su matiz.
Qué difícil, ¿no? Las palabras son sólo imágenes acústicas
o empresas que no significan nada a menos que quien las
lea, las emita o las escuche tenga la clave para descifrarlas.
Y sin embargo, con ellas y por ellas crecemos, sufrimos,
herimos, soñamos, aprendemos, morimos. Por eso el golpe
de voz que unía la P con la a, la r, la i y la s significaba cosas diferentes para cada uno de sus habitantes, de sus
amantes, de sus odiadores, de los seres indiferentes que recorren sus calles; P-a-r-í-s era algo totalmente distinto para
los pasajeros de ese avión que nos había obligado a convivir enlatados durante tantas horas de océano inagotable y
de un zumbido apenas perceptible que nos recordaba que
éramos encarnaciones del sueño del !caro. Suavemente dejé a París a un lado y volví a ti ausente, lejano, anhelado:
Tú estando junto a mí no ~stás conmigo ... ¡cómo discutimos ese verso! Yo decía que el amante no estaba físicamente al lado de ella aunque ella sintiera su presencia y tú
insistías en que él estaba ahí en cuerpo pero no en espíritu.
Curioso -más tarde sería típico- cómo a partir de un mismo enunciado percibíamos cosas opuestas. «La ambigüedad lingüística», dijimos ambos, y como en eso estuvimos
de acuerdo, entonces empezamos a discutir si era intencional o no. Me obligué a reconocer que echaba de menos
nuestras discusiones quizá porque siempre había algo inesperado en ellas. ¿Las extrañarías tú? Tus palabras y las
mías, suaves o violentas, fueron el hilo con el que dimos
forma al tapiz que nos identificaría ante los demás. Pasado

�un cierto tiempo era imposible detenninar las contribuciones de cada uno porque los pronombres singulares los habíamos ido transfonnando en un nosotros que resultaba insasible y alusivo. Ni siquiera estaba totalmente definido en
el proyecto que cada uno tenía en la cabeza quizá porqu~
era tan distinto como nuestras percepciones del poema.
¿Podré olvidar alguna vez los textos memorizados durante
nuestros años juntos? ¿Por qué, sin proponénnelo, aprendí
para siempre tus/mis versos y parlamentos predilectos?
Traté de entender la razón por la cual esas palabras ordenadas por alguien ajeno a nosotros se nos pegaban a la piel,
se volvían filtros de nuestras miradas o nos navegaban en
la sangre para hacernos modificar la visión del mundo que
hasta entonces habíamos tenido. Sin darnos cuenta nos fuimos construyendo con los versos de soledad, amor o muerte (prismas del mismo diamante) y con las líneas de los
personajes de papel que entraron a nuestra vida para siempre y resultaron más reales que los de carne y hueso que
nos rodeaban y quienes a menudo aceptaban las cosas sin
chistar. La lectura no siempre daba frutos pero de repente
aparecía un texto a manera de reto angustiante, con intenciones desafiantes o con interpretaciones múltiples y debíamos desmenuzarlo hasta donde fuera posible para no equivocarnos. Si nos equivocábamos por lo menos deberíamos
evitar que fueran equivocaciones provincianas -decíascomo si la visión provinciana te avergonzara. ¿Cuánto
tiempo invertimos en un enunciado abierto a tantas interpretaciones que nos obligaba a leer, a discutir, a preguntar,
a arriesgar todo en busca de sus claves? ¿Cuántas veces se
instaló en ti, en mí, en nosotros un giro, una palabra, un silencio que podía cambiar el texto entero y nos obligó a pasar horas sin que el sueño, el cansancio, el aburrimiento o
la desesperación aparecieran para alejarnos de él? Los arqueólogos descifrando jeroglíficos mayas no invertían mucho más tiempo que nosotros frente a esas palabras escritas
en idiomas del siglo XX que no debían ser tan difíciles de
comprender pero que a menudo nos engañaban cuando por
72

falta de tiempo, de esperanza o de valor nos confonnábamos con alguna interpretación que rara vez iba más allá de
la superficie. Había textos claros como aguas serenas cuyas
corrientes insospechadas y ocultas nos atraparon y casi nos
ahogaron mientras pospusimo.s otros temerosos de su marejada amenazante que resultó ser agua engañosa y sin profundidad, como la de una escenografía bella y falsa. Cuando pedíamos a los amigos interpretar uno de los textos que
entonces nos atonnentaba, rara vez encontrábamos coincidencias tranquilizantes. No tardamos en entender que todo
lo que alguien dice acerca de un texto lo dice acerca de sí
mismo, lo cual explica que no entendamos ciertas obras
hasta después de haber vivido mucho y que otras se nos
vuelvan ilegibles cuando perdemos la inocencia. Terminé
por reconocer con los ojos, las manos, la voz y el pensamiento los recovecos de esos textos predilectos igual que
los cifrados de otro modo en la paredes, los olores, los techos, los sabores, las texturas, los pisos, los colores, las atmósferas y los espacios de nuestra casa. Sin darme cuenta,
también pude leerte a ti, al menos como eras en ese momento. Por eso aprendí a reconocer tus propios rincones
como los de nuestra casa, como los de nuestras lecturas
predilectas, como los de nuestras líneas inolvidables.
Había que ir más allá de las apariencias y llegar a esos pasajes subyacentes que debí interpretar a lo largo de tantos
días a tu lado, en todo lo que fueras tú o fonnara parte de
ti, monólogo tan cambiante y complejo de interpretar como
los más difíciles del mundo. Hoy me tortura pensar que alguien más pueda descifrarte y aprehenderte porque temo
que tennine por hacerte sentir como la Esfinge cuando el
enigma fue resuelto y que al verte descubierto, la imites.
Pero me guardo mi tortura en el bolsillo y sigo adelante
porque no hay de otra. ¿Qué hice mal? ¿Hice algo mal?
¿Hice algo o dejé de hacerlo? ¿Por qué nunca me pregunto
qué hiciste mal tú? ¿Qué hicimos mal los dos? ¿Hizo algo
mal uno de los dos? ¿Qué dejó de hacer uno, otro, ambos,
nadie? ¿Por qué se debe hacer algo mal para justificar la in-

capacidad de sostener un vínculo que tal vez sea insostenible aunque al principio nos haya parecido sencillo y casi
perfecto? ¿Qué parte de ti descifré, descubrí, inventé, creé,
alteré, imaginé? ¿Me descifraste tú o creíste descifranne?
¿Te inquietará sabenne, recordarme, rehacenne? ¿O he pa:
sado a ser parte de los personajes que no repondrás jamás
porque ya los agotaste y te dieron todo lo que podían darte,
nutrirte, contagiarte? Mi primer acercamiento me llevó a
conocerte como se conoce a un sitio nuevo que nos espera
para que lo habitemos, lo justifiquemos, le demos sentido:
se llega con el entusiasmo desbordado, se reubica con atención, se decide que sí que aquello promete y puede resultar
algo agradable, habitable, compartible, entusiasmable y se
empieza a acomodar todo para personalizarlo y trasmitirle
el sello que nos pennitirá estarlo, serlo, cambiarlo, convivido. Sólo así podremos andar por él, en él, sin que nos
ahuyente, nos expulse o nos cobije con excesivo amor porque de ser así, tenninaría por volverse nuestra tumba y nosotros sus muertos en vida, enraizados en ese sitio que nos
ofrece librarnos de todo mal como no hace mucho creíamos que nos libraban las oraciones repetidas de memoria
durante años, en las que dejamos de creer sin darnos cuenta. Pero ese proceso de habitación es recíproco: los espacios pequeños nos obligan a comprimirnos, a amontonarnos, a asfixiarnos, a quedarnos con lo mínimo para vivir
sin tropezar a diario con el objeto que de no ocupar su sitio
preciso y milimétrico estaría siempre fuera de lugar. Pero
no es cuestión sólo de encontrar un espacio mucho más
grande: los espacios excesivos nos incomodan porque flotamos en ellos. Debemos adecuarlos poco a poco hasta que
nos confortan y nosotros los justificamos. Mientras no los
hagamos nuestros. los espacio son gélidos. Eso explica que
las casas nuevas sean terriblemente frías. Los arquitectos
explican esa frialdad con una lógica que a mí no me convence porque cubre sólo la parte técnica del fenómeno. El
yeso de las paredes requiere de agua para mezclarse, de tal
manera que al terminarlas contienen una enorme cantidad

de humedad que se desprende paulatinamente. Si la casa se
habita por primera vez durante el invierno, la humedad se
dejará sentir con mayor rigor y no habrá mucho qué hacer
sino llenarla de calentadores. Eso no sucede en las casas
viejas porque la humedad orig_inal acabó hace mucho tiempo y la provocada por otras razones es una humedad distinta. Las casas son transfonnadas por el calor que van dejando los pasos, los silencios, las dudas y los sueños de sus
habitantes. Es entonces cuando las casas responden y adquieren un carácter propio que los visitantes podemos descubrir si ponemos la atención suficiente para hacerlo. A
menudo compartimos los espacios con· seres que ahora ya
son polvo pero cuyas huellas están en todos los sitios por
donde deambularon. Por eso tú y yo nos hemos apropiado
de una manera irrepetible de los espacios que alguna vez
ocupamos a base de habitarlos mientras nos habitábamos,
de vivirlos mientras nos vivíamos, de dejarlos mientras nos
dejábamos. Desde el día en que nos arriesgamos a compartir un espacio al que llamamos nuestro aún antes de saber
bien a bien quiénes éramos nosotros, es decir, quién era cada uno en relación con el otro y nosotros mismos. Quizá
por eso nuestros espacios no siempre supieron aceptar de la
mejor manera los objetos extraños llegados con el otro
aunque terminaron por convivir con los invasores hasta
volverse indistintos de los propios y se confundieron y fueron parte de ambos (aunque sólo fuera para provocar quejas tontas a menudo similares y recíprocas). Nos propusimos aprender la atmósfera de las habitaciones, de nuestras
habitaciones, y con fervor observamos los cambios de luz
que determinarían en gran medida nuestra vida y nuestros
estados de ánimo. Descubrimos que al abrir los ojos el rayo
de sol nos daba la hora en la esquina del techo porque sus
matices o su ausencia resultaban manecillas tan confiables
como las del reloj más preciso. Nos gustaba nuestra vieja
casa porque tenía personalidad. a diferencia de las cajas de
zapatos simétricas y uniformes que surgían de la noche a la
mañana en cualquier fraccionamiento nuevo; pero incluso
73

�así. la casa estaba lejos de ser lo que soñábamos como definitivo. Aún no sabíamos que lo definitivo no existe. No al
menos en asuntos de dos; lo inventamos, lo soñamos, lo
apostamos pero no existe sino su frágil idea, evanescen~e y
fugaz a la que perseguimos con delicadeza férrea precisamente porque la tememos imposible. Sin darme cuenta fui
asimilando los sonidos de nuestra casa y aprendí el chirrido
de sus bisagras viejas, el traqueteo de la puerta principal al
resistirse a ser abierta, el temblor del vidrio que amenazaba
con romperse si no se le trataba con dulzura, la tos del grifo antes de dar agua, el goteo incontrolable del fregadero y
el zumbido del foco de la cocina al encenderse. Adivinaba
cuándo aumentaría la intensidad del ruido proveniente de
la calle y sabía el paso del último o del primer carro del
día. La casa había sido habitada quién sabe por cuánta gente a lo largo de sus casi cien años y la huella de cada uno
estaba ahí aunque nosotros no lográramos descubrirla. Lós
sonidos &lt;;le sus.palabras indescifrables formaban parte de la
amalgama que sostenía las paredes y las vigas en su sitio.
Al desprender las telarañas de los rincones, siempre tuve la
certeza de que el largo plumero arrastraba los ecos de amor
de alguna mujer que durante el día vestía hasta el huesito
pero en las noches se transformaba en una insaciabl_e
amante de la que no quedaba rastro alguno a la mañana siguiente. Por eso insisúa en pegar las plumas terrosas a mi
oído: tenía la certeza que cualquier día esos ecos dormidos
se rehidratarían al contacto de las· voces nuevas y resbalarían como sombras fantasmagóricas por el largo mango de
bambú hasta rebotar en el piso, revivir y asustar a quien estuviera cerca. Nunca oí nada pero lo imaginé y no tengo la
menor duda de que todo estaba ahí entre las vigas de madera apolilladas y los rincones secretos de esa casona que
amparó nuestros trabajos y nuestros días, esos días en los
que, como a la casa, también a ti te empecé a adivinar. A
diario interpretaba las sutilezas de tus gestos, el dolor de
tus silencios, me sometía a los cambios de tu voz, detestaba tus reclamos secretos, envidiaba tus sueños no compar74

tidos, me ofendían tus decepciones ocultas y te hacía dúo
en el amor desbocado y agotador que a veces te poseía... la
azafata retiró la charola intacta y me pidió guardar la mesita de servicio, enderezar mi asiento y abrocharme el cinturón que ni siquiera me había desabrochado. El avión dio
una vuelta para ajustar su rumbo y yo me sequé las lágrimas frente a un espejito so pretexto de maquillarme los
ojos que nunca me maquillaba y que ahora, enrojecidos,
delataban mi emoción. Me puse los lentes oscuros pero no
ayudaron mucho; la nariz roja y el llanto empapándome la
blusa intrigaron a mi vecino de asiento: «Do you feel
well ?» Asentí con la cabeza y de nuevo me escudé en la
ventanilla del avión. «Is it your first visit?» Negué con la
cabeza. «The guy is right: it's an unforgettable city». Asentí de nuevo, presioné aún más la frente sobre el vidrio y
empecé a sollozar ya sin vergüenza. En París todo se vale
y ya estaba en París. Sin ti pero en París. ¿Encontraré la
ciudad tan desolada como yo? ¿Resistirá tu ausencia y seguirá siendo? ¿Conservará la magia que le descubrimos en
nuestro primer encuentro antes de haberla habitado, acariciado, maldecido, despreciado, inventado? ¿Me atrapará de
nuevo en sus calles, bares, cafés, cines, teatros, casas, parques, puentes, riveras, libros, palabras, tiendas, conciert~s,
mimos, clochards, ca:nciones, monumentos, metros, turistas, iglesias, locos, vino~, lámparas? ¿Seguirán sus lámparas perfectas iluminadas por luces inagotables o vigiladas
por alguien cuya única misión en la vida es cambiarlas al
primer parpadeo? Jamás vimos una sola lámpara apagada,
jamás una farola oscura convertida en lunar dentro de los
racimos luminosos que coronan los postes eternos. Pero no
eran sólo sus lámparas sino también sus ventanas. Nunca
nos cansamos de ver las ventanas parisinas. Sé que seguirán cuadriculando simétricamente los muros tras los que se
esconden historias tan comunes y excepcionales como la
nuestra. Alguna vez nos preguntamos si esas ventanas ofre~
cían enigmas o respuestas y decidimos que dependía de s1
las abríamos o nos limitábamos a ver cómo se cerraban

frente a nosotros. Igual que todo lo demás, las ventanas y
las lámparas parisinas también habían sido ¿eran? ¿seguirán siendo? nuestras; como nuestras huellas, como nuestros pasos, ésos que tal vez sin nosotros saberlo fueron
ecos de los de otros tiempos, otros seres, otras horas, otrqs
sueños, otras muertes.
¿Te volvió inolvidable París?
¿Inolvidable París? ¿Inolvidable tú? ¿Inolvidable tú en París? ¿Inolvidable tú y yo en París que no es lo mismo que
yo y tú en París y tampoco que nosotros en París y mucho
menos que nosotros inolvidables en París o que nosotros
inolvidables en el inolvidable París? ¿Por qué era, es, será
inolvidable? ¿Por mítico, por bello, por agobiante, por interesante, por inagotable, por terrible, por hartante, por subyugante, por seductor, por maldito? ¿Maldito París? ¿Maldita yo? ¿Maldito tú? ¿Malditos ambos? ¿Maldito ninguno? ¿Malditos yo / tú / casi nosotros / nosotros / ex-nosotros? París abarrotado y tan vacío. Corno los primeros bailes a los que fue la adolescente que alguna vez creo haber
sido, reventando de gente y de bullicio pero me parecía que
nadie había ido y todo había resultado aburridísimo porque
el niño de los ojos oscuros que me veía fijamente no andaba por ahí. ¿Qué habrá sido de él? ¿Qué hará ahora? ¿Qué
haces tú? ¿Qué haces tú a las 2:20 de tu madrugada? ¿Te estarás acostando? ¿Estarás pagando a un taxista? ¿Caminando una calle vacía? ¿Discutiendo sobre los errores de la
puesta en turno y recriminándote no haber incluido el gesto
que hubiera transformado totalmente la intención de la última escena? ¿Pensarás en mí mientras caminas, mientras te
quejas, mientras te acuestas, mientras te bañas, mientras
haces el amor? ¿Te preguntarás si yo pienso en ti cuando
camino y me quejo y me acuesto y me baño? Porque no hago el amor. No todavía. Mis intenciones se han quedado en
las puntas de mis dedos, de mis labios, de mis sueños, de
mis vellos. No lo hago porque aún tiene el sabor amargo de
la venganza (aunque suene a letra de un bolero cursi). Tendría sentido hacer el amor si tú te enteraras, si supieras que
alguien más recorrió mi piel y a alguien más le pedí que

abriera los ojos justo frente a los míos para ver el instante
preciso en el que la pasión cambia su mirada. Tendría sentido sólo si te doliera, si tuviera yo que abrazarte para calmar tus alaridos, si te anulara el saberte traicionado ... pero
ni siquiera sé si te sentirías trc;1icionado. El avión se detiene
y París se vuelve un horizonte de edificios a la altura de
mis ojos. Me levanto con las piernas entumecidas. Una
mujer me sonríe y yo le respondo para apoyanne en su
sonrisa y no hundirme en el hoyo negro que espera paciente para tragarme. Bonjour, madame, bienvenue! Bonjour,
monsieur, bienvenue! Bonjour, mademoiselle! ¿Irían a repetir lo mismo 160 veces las azafatas que despiden, uno a
uno, a los pasajeros en la puerta, tan frescas como si apenas fueran a iniciar el vuelo, con cada cabello en su sitio, el
pañuelo de seda sin ninguna arruga, el cuello blanco impecable y los zapatos de enorme tacón reluciente? Hasta la
sonrisa parecía sincera y nueva. Yo sabía que actuaban y
como actrices aficionadas no eran malas. ¿Quién les enseñaría a mantenerse de una sola pieza pasara lo que pasara?
¿Se dejarían caer en un sillón al llegar a su casa? ¿Se quitarían los zapatos de tacón tras cerrar la puerta? ¿Se recostarían en la cama vestidas para despertar 10 ó 12 horas después? ¿Se irían de juerga con los pilotos, con sus amigos,
con sus amantes, con sus esposos? ¿Volarían pasado mañana a Amsterdam? ¿Nueva York? ¿Marruecos? ¿Hong
Kong? ¿Buenos Aires? El túnel lleno de gente me llevó hacia las maletas, la aduana, migración, la terminal y París,
que de inmediato me agobió; me cayó encima de un sopetón, no poco a poco como los pedazos de cielo azul del
cuento del pollito. sino todo de un solo golpe. No pude asimilarlo; aun cuando la calle llena de taxis y de viajeros con
maletas era igual a cualquier calle de cualquier aeropuerto,
de cualquier gran ciudad, de cualquier país del mundo yo
sabía que era París y que ahora iba sin ti que estarías quién
sabe en dónde sin imaginar que yo estaba como paralizada
frente a un desesperanzado taxi que parecía ofrecerme su
puerta abierta casi como si fuera 1111a litografía y a mi paso
15

�estul'iera l'edada. «Madame~)} gritó el taxista probablemente harto de perder el tiempo con una mujer muda y
llorosa tentada a dar media vuelta para comprar un boleto
que la llevara a no importaba dónde siempre y cuando no
fuera París vacío. París desolado, París marcado con gigantescos letreros invisibles que señalaban con precisión el
sitio en que habíamos comido las primeras crepas, dormido
nuestra primera noche parisina, bebido la primera copa de
Burdeos, visto la primera película, descubierto el metro, tomado la primera lección, probado el primer vino verde,
presenciado la primera función de teatro en la que los actores hablaron excesivamente rápido y nos quedamos a medias. Pero esos letreros sólo tú y yo los podíamos ver y por
eso había decidido recorrerlos uno a uno hasta agotarlos y
revivir las memorias que archivaban y que nos habían alimentado durante tanto tiempo. Mi itinerario era estricto pero yo había añadido dos días más en esta ciudad para dar:
me tiempo de hacer el viaje a mi Meca, y cumplir con mi
secreto peregrinaje. Se iniciaba en los Campos Elíseos en
la esquina en donde nos besamos según nosotros escandalosamente para celebrar que ahora sí estábamos en la mitad
de nuestro sueño con menos dinero del necesario y rebosantes de planes y de ganas. Los parisinos ni se inmutaron.
Creo que podíamos haber hecho el amor sobre la banqueta
y se hubieran quejado porque la obstruíamos pero nada
más. Y nos reímos. ¡Cómo nos reímos! Incluso tú, que eras
parco para reírte, te reías de todo quizá porque en el fondo
disfrutabas, como yo, el que nos hubiéramos salido con la
nuestra a pesar de los apocalípticos oráculos que nos llovieron cuando anunciamos nuestros planes. Sólo los locos
y los desesperanzados nos habían alentando. Los demás
nos asustaron, nos maldijeron, nos animaron a posponer los
proyectos para después, para cuando ya fuéramos más conocidos, para cuando nuestra relación fuese más estable
para cuando estuviésemos más maduros. Pero nosotros ya
para entonces sabíamos que el futuro no existe. Que el futuro está ahí siempre sin estar y nos lo debemos jugar con

una moneda al aire, al todo o nada. ¿Dónde o cuándo habíamos aprendido tú y yo yo y tú nosotros ex-nosotros que
hay que provocar al destino para que te suceda algo, para
que te persiga, para que te sacuda, para que te viva? Quienes se amparan bajo el oráculo apocalíptico esperan que las
cosas vengan a ellos y siempre tienen a la mano a quién
responsabilizar de sus fracasos, de su inmovilidad, de su
estancamiento; tú y yo yo y tú nosotros ex-nosotros decidimos que habría que salir a su encuentro, volvernos equilibristas del caos, dormir encima del abismo mientras escalábamos la montaña y conquistar las torres de los castillos de
naipes, tan reales como la Torre Eiffel que acababa de aparecer frente a mí para recordarme en donde estaba sin ti,
que estando junto a mí no estás conmigo. En algún sitio leí
que Cortázar iba ·a menudo a la Torre y no porque le gustara sino porque era el único sitio en París desde donde la
Torre no se veía. Como tú y yo yo y tú nosotros ¿nosotros?
ex-nosotros veíamos a todos: yo a ti, tú a mí y ambos a los
demás pero no a nosotros. ¿Cómo, si para vemos a nosotros debíamos vernos desde fuera y para lograrlo era necesario dejar de estar el uno en el otro? Hoy yo ya estaba fuera de nosotros y podía vemos y pensarnos y tratar de analizar los pasos mal dados, las ridiculeces, los aciertos, el
resultado. Hoy yo ya podía ver nuestra Tour y cerrar los
ojos y evocar la imagen externa que tú y yo habíamos
construido, por la que nos habían identificado, así como tú
y yo y ellos y nosotros y él y ella y todos identificábamos a
París por la Torre o a Monterrey por el Cerro de la Silla o a
Pisa por la otra Torre o, o. Pero la Torre y el Cerro y la otra
Torre permanecen. ¿Qué pasaría si cualquiera o todas esas
cosas desaparecieran? ¿París sería París sin la Torre?
¿Monterrey sin el Cerro? ¿Venecia sin los canales? Nosotros sin nosotros somos tú y yo. ¿Cómo nos identifican
ahora a ti sin mí y a mí sin ti?¿Yo sola?¿Tú solo? Y cuando nos encontramos, hablamos, caminamos ya sin ser nosotros, ya tú en ti y yo en mí y, sin embargo, ambos en una
memoria de vínculos que sigue ahí sin que ninguno de no-

sotros o de alguien ajeno a nosotros puede hacer algo por
borrarla. ¿Qué hilo invisible se rompió en algún lugar, en
algún tiempo? ¿Se rompió o se fue soltando sin que nos
diéramos cuenta? ¿Por qué ese hilo invisible sí pudo zafarse pero no admite nudos que lo reúnan? Por eso París me
cayó encima de golpe como escenografía que se viene ab~jo. París vacío, solo, sin sentido se convierte en una ciudad
invisible, en un árbol que me ofrece sus frutos cuando yo
no tengo hambre y tampoco sed de su sombra. Pero el árbol está ahí frondoso, espléndido, generoso, cobijando a
cuantos quieren guarecerse bajo él y yo fingiéndome indiferente para darme tiempo de concentrarme en el dolor que
empieza a recorrerme rabioso y me cierra la garganta. El
hotel me recibe y yo entro mecánicamente, como si fuera
cualquier hotel de pueblo. Te enorgullecería ver lo mundana que parezco; no tengo nada que ver con la joven provinciana cuyas expresiones de euforia te resultaron excesivas
al entrar en nuestro primer hotelito viejo e incómodo que,
por supuesto (¿cómo eludir los lugares comunes?), nos
emocionó más que cualquiera porque estaba en París y
desde su pequeña ventana se veía la Torre. La cama de este
hotel sin ti me recibe y el silencio me recibe y el frío me
recibe y yo quiero llorar a gusto y me tiro boca abajo cuando, según yo, son las 3:30 de la madrugada y según París
son las 10:30, de una espléndida mañana. Y trato de cerrar
los ojos, pero el dolor me lo impide y decido cancelar mi
itinerario y rehacer mi recorrido para visitar sólo los sitios
que descubrimos juntos, en los que nos asombramos de
nuestra audacia, de nuestro talento, de nuestra locura.
Mientras, dedicaría este día a reajustar mi horario interno.
Supuse que el sueño me ayudaría a emparejarme pero llegó
antes el anochecer parisino que mi mediodía biológico y yo
no tenía ni hambre, ni sed, ni ganas de ir al baño, ni frío, ni
calor, ni rabia: sólo una enorme interrogación que abarcaba
todo mi mundo ausente de ti. Amanecí, más bien, me amaneció en la misma posición y quise mover las piernas para
cerciorarme de que no estaba muerta. Y las moví. Y luego

recordé que una cosa no se contrapone a la otra: se puede
comer, dormir y caminar y estar muerta. Y se puede no hacer eso y esta viva y se puede hacer eso o no y ser sólo una
sobreviviente como lo fuimos, lo éramos, lo somos, tú y yo
_yo y tú nosotros ex-nosotros, Como lo eran todos los que
vivían y valoraban casi todo porque habían estado de alguno o de varios modos tentados a morir. La hermandad de
los sobrevivientes. ¿La fraternidad de los sobrevivientes?
¿Asociación? ¿Club? ¿Cofradía? ¿Claque? Nos identificábamos con sólo vemos. Una larga soledad siempre deja
huella y los sobrevivientes la mostrarnos en la mirada. Los
sobrevivientes no podemos mentimos ·a nosotros mismos,
aunque mintamos a los demás porque se nota. Por eso quise morir. Porque me dije que me tomaría un día para superar el jet-lag y yo sabía que no me interesaba superarlo,
que quería quedarme tirada ahí boca abajo en esa cama, en
la que quién sabe cuántas parejas habían hecho el amor y
ahora estaba tan desierta como lo estaba yo. Ahí amanecería de nuevo mañana y pasado y el siguiente día y el otro,
hasta que la administradora percibiera el tufo de mi cadáver y subiera a descubrirme con los ojos abiertos y tu pensamiento clavado en todo mi cuerpo y no pude terminar
con mi historia imaginada porque empecé a reírme. Lo
mismo pensaba cuando mis padres me regañaban: planeaba
morir y los inventaba en mi funeral arrepentidos y desconsolados. Se lo merecían. A menudo después de un
regaño (indudablemente bien ganado) planeaba suicidarme y dejar una nota que los hiciera partirse de dolor y de
impotencia. Pero nunca me suicidé porque el chiste era
verlos sufrir y después decirles: «¿Ven, ven? ¿Por qué fueron tan malos conmigo?» y aceptar sus disculpas cargadas
de un arrepentimiento indudable y perdonarlos condescendientemente (después de todo eran mis padres) y abrazarlos y vivir por siempre felices. Pero ahora era distinto.
Mi padre infantil montaba un escenario similar al de mis
rencores aniñados mientras mi parte adulta intentaba pegar
los fragmentos en que estaba convertida, inútil ejercicio:
77

�algo se había pulverizado y no era posible recuperarlo. Si
lograba reintegranne estaría como los jarrones antiguos
restaurados después de algún accidente: siempre con algo
faltante. Se notan las heridas por más delicada que haya sido la restauración. El mapa de sus fisuras. sutilmente disfrazado. anuncia que cualquier golpe por leve que sea puede fragmentarlo todo porque la solidez es sólo aparente.
Pero aún así son piezas más valiosas que las fabricados en
serie actualmente, ésas que jamás se pegan cuando llegan a
romperse porque han sido concebidas como desechables y
resulta más barato sustituirlas. ¿Yo sería pieza hecha en serie o irremplazable por única? Me reí de nuevo. Había llegado la hora no de suicidanne pero sí de dejarme morir. Mi
pasaporte aún traía tu nombre bajo «En caso de accidente
favor de avisar a... » pero la dirección ya no era tu dirección
y el teléfono tampoco. Fue mi primer movimiento: abrí la
mochila, saqué mi pasaporte y corregí los datos. Que te
avisaran a ti de mi muerte. Tú debías ser el primero en conocerla y enloquecido tomarías un avión -pagado entre todos nuestros amigos-, para que pudieras venir a identificarme a la morgue. Entonces enfrentarías mis labios rígidos que nunca más te besarían y mis pupilas vacías y tu
anillo colgado a mi cuello, como el amuleto que siempre
fue y que escondí a tu partida, cuando lo reclamaste y te dije que se había perdido (no en balde había crecido en la tierra del melodrama). ¿Me abrazarías sollozante? ¿Me pedirías perdón a gritos, en susurros, en .voz alta sin que te importaran los testigos que te mirarían con sorpresa: ¿Me reclamarías el haberte abandonado de ese modo, el no haber
tenido fe en tu amor, el carecer de suficiente paciencia y
esperanza para esperar que las cosas volvieran a su orden?
Sonreí y traté de romper el esquema mental que se iba
cump1iendo casi sin que yo me lo propusiera. ¿Es que hay
algún orden en las cosas o nosotros nos hacemos la ilusión
de que lo hay sólo para mantenernos a flote? Empezaba a
disfrutar de tu imaginado sufrimiento cuando me pregunté
qué sucedería si al saber la noticia te limitabas a remitir a
78

los mensajeros a la casa de mis hermanos después de aclarar que yo ya no era tu mujer y no tenías nada que ver conmigo y por lo tanto no te interesaba identificar mi cadáver
aunque no pudieras negar que mi muerte te había causado
sorpresa y casi te había dolido. Me aterré. Pero eso no
podía suceder. Nunca sucedería. ¿Nunca? ¿Cómo podía estar tan segura? ¿Y si sucedía? A mi cadáver le daría lo
mismo que lo identificara quien lo identificara pero a mí
no. Si iba a dejarme morir era para que tú vinieras a París
por mí e hicieras tu propio peregrinaje porque de eso sí estaba totalmente segura: tendrías que ir a cada uno de los lugares en los que habíamos puesto un anuncio invisible que
sólo tú y yo yo y tú nosotros ex-nosotros podíamos leer. ¿Y
si no fueras? Sentí la boca seca. Traté de ignorar la sequedad pero la necesidad de humedecerla fue mucho más fuerte que mi dolor. Me levanté aturdida. No sabía qué hora
era; tampoco me interesaba. Abrí una de las botellas. de
agua y la bebí con sorbos pequeños. La frescura del agua
me inundó. Me obligué a ver hacia la Torre que seguía impávida, como la habíamos dejado años antes. ¿Cuántos seres la habrían recorrido, cuántos se habrían retratado en
ella, frente a ella, cerca de ella, abajo de ella, a su lado?
¿Cuántos se habrían citado ahí, punto de referencia tan inconfundible como poco. original? Abrí la ventana para dejar entrar el smog de París y los ruidos familiares de una
calle excesivamente transitada. En la acera de enfrente el
mesero de uno de los cafés subió el volumen del aparato de
sonido y me llegó con claridad la audacia de Ute Lemper
que se había atrevido a grabar las canciones sagradas e intocables de la Piaf: Non! rien de rien, Non! je ne regrette
rien... Otro lugar común; francés y parisino pero lugar común al fin y al cabo. ¿Si estuviera en México en lugar de
estar en Francia qué hubieron oído? ¿A Lucha Villa cantando De qué manera te olvido o a Lola recitando (porque
hacía años que había dejado de cantar) La distancia entre
los dos es cada día más grande...? Por eso los amantes de
la música clásica o de jazz detestan las canci;mes de amor

populares. Porque todas son iguales: se regodean en la autotlagelación. Incluso los boleros famosos, admirados hasta
por algunos Premios Nobel de literatura y cantados de manera inconfundible por esas voces que se volvieron leyenda. «Cursis pero preciosos», solíamos decir cuando ya
sin vergüenza, en medio de una reunión nos atrevíamos a
pasar de Vivaldi a Chelo Silva y de Mozart a Amparo
Montes. No pude evitar sonreír al acordarme de lo que alguna vez me había dicho mi mamá con su dulzura característica, cuando me oyó cantar Préndeme fuego si quieres,
pégame tres balazos en la frente, pero no me dejes ... «No
sabía que tuviera una hija idiota; mira que preferir tres balazos en la frente a buscar a alguien más cuando lo que sobran son hombres». Para una señora de sesenta años su humor era bastante irreverente. Aunque no sólo el humor: su
amor por la vida era contagioso. La Lemper insistía: Non!
je ne regrette rien... C'est payé, balayé, oublie (no olvidado, corregí yo). Por eso era el himno de la Piaf, porque no
se arrepentía de nada, de nada. Aunque también ella lo había perdido todo, estaba a mano con su pasado y todo estaba olvidado. Seguí oyendo: Je mefous du passé! (¿de veras
podría mandar al demonio el pasado?). La Piaf y la Lemper
decían que sí car ma vie, car mes joies, aujourd'hui, ra
commence avec toi! ¿Pero yo qué podía cantar si mi pasado y mi presente eran la misma persona? ¿Cómo anular el
pasado cuando no sólo formaba parte de mi hoy sino era
mi hoy mismo? Tampoco era cuestión de gritarte que volvieras. Jamás había podido luchar por alguien, cosa que a
mis amigas les parecía absurdo pero, la verdad, yo no entendía por qué había que luchar. ¿A quién debía persuadir
de qué? ¿Se puede obligar a alguien a quererte? Me sentía
publicista tratando de convencer a un comprador de la calidad superior de mi producto: «Compare usted nuestro
champú; verá las propiedades maravillosa que posee y que
ningún otro champú tiene» ... Por eso tampoco podía entender los celos que transformaban a tantos seres a nuestro alrededor. Recordé un pasaje de las memorias de Beau-

voir. Ella y Sartre se platicaban de sus respectivas conquistas, se divertían contándose sus respectivas anécdotas eróticas y luego se iban a la cama tan tranquilos. Simone confiesa que jamás sintió celos porque ninguna de las mujeres
tenía la estatura intelectual n~cesaria para ser su rival aunque todas eran mucho más guapas que ella (cualquier
mujer era más guapa que Beauvoir, aunque no más atractiva). Pero su amado Jean Paul regresó un día y le contó lleno de entusiasmo, de una conquista no sólo joven y bella
sino profundamente inteligente e interesante. Entonces Simone sintió celos por primera vez en su vida. Las anteriores habían sido conquistas de cuerpos y ella sabía que Sartre las veía sólo como integrantes de una colección olvidable. Sin embargo, cuando la mente de una de ellas lo atrajo, Castor se sintió amenazada. Si de cuestiones amorosas
se trata, cultos e incultos nos parecemos mucho. Por eso las
cartas de amor de los grandes personajes los vuelven mortales y cercanos. La Lemper ya había cambiado de canción
pero seguía burlándose de mí: C'est une cha11Son, qui 11011
ressemble, Toi qui m'aimais. moi qui t'aimais. Nous vi1·io11s, tous les deux ensemble... Et la vie sépare deux qui
s'aiment, tour doucement, sans fair de bruit. Bebí otro sorbo de agua y otro y otro. París seguía sm ti. Yo también.
Pero había que mandar todo a la chingada y seguir adelante. No había de otra. Me dirigí al baño, me paré debaJo de
la regadera. abrí la llave del agua fría y dejé que me empapara. Sólo entonces empecé a desvestirme. París no era el
mismo. Yo tampoco y tú menos. aunque no te hubieras dado cuenta o no te quisieras dar cuenta. Seguías pegado a mi
piel. Me tallé con fuerza. según yo -que por la falta de alimento seguía en medio del melodrama- para borrar tu huella pero en el fondo supe que así le ayudaría a la sangre a
circular. No sabía cuánto tiempo había permanecido inmóvil. Mientras el agua me escurría por la cara me pregunté si
seguiría adelante con mi itinerario y decidí que sí. Si París
ya no era nuestro tampoco quería que fuera ex-nuestro.
Igual que cuando salimos de una casa que habitamos mu79

�FABULARIO

José María Mendiola
cho tiempo. debía despedirme de esta ciudad en la que fui.
en la que fuimos. en la que soy. en la que seré. en la que
e$toy. en la que estaré. Sin ti pero estaré. Sin ti, seré. Lo
que soy. Lo que queda de mí. Lo que pueda reconstruir a
partir de ahora. La Lemper empezó a cantar la vie en rose
y me acordé de cuando la estrenó la Piaf. Salió rapada del
aislamiento en el que la había sumido su depresión tras la
muerte de uno de sus tantos amantes; así anunció que seguiría adelante. Como sobreviviente pero seseuiría adelante. Igualito que yo, ¿qué tú? No que nosotros, ni ex-nosotros.
Tengo hambre.

DELFINES
Para Pary La11renr

Son sus ondulaciones refleJo de sus deseos. Buscan la respuesta en cualquier orilla o profundidad, en toda superficie
o sonido que los abismos guardan para quienes escuchan:
Palpitan. Palpitan y cantan. Y sus cantos son la música
de las entrañas marinas, donde sólo se entiende el ondular y
la búsqueda.
Y gozan. Son los únicos que reciben la alegría del mundo y la disfrutan y la hacen suya.

Sus obras están inscritas, como c1catnces, en las corrientes de los océanos, en la dulzura de los nentos, en la carcaJada de _cada brisa que se atreve a explorar las tierras lejanas
a las playas', a los-acantilados, al oleaje: durante las noches
serenas, habrá algui~n que oiga, sienta un peso en el vientre
y decida copular por el solo hecho de estar vivo.

roca, el mensaje tardó siglos en ser conocido. No fue sino
mucho tiempo después de la desaparición de los jaguares
como pudieron ser descifrados.
Estos son algunos fragmentos rescatados del tiempo:
«He aquí que los dioses abrieron los ojos y vieron que el
mundo era bueno: había nacido de la sonrisa en la oscuridad.»

(Estela hallada en la Sierra de Anima)
«Los hombres fueron instruidos. Y hubo un momento de
confusión: el fuego los distrajo. Y levantaron sus monumentos a los dioses. Pero no eran los dioses verdaderos.»

(Muro de la Selva Sur)
«Desamparados, confusos, los hombres van comenzando a destruirse a sí mismos. Esto causa gran pena en nuestros corazones.»

(Fragmento de columna en el Bosque Rojo)
TOPOS
Es el palpitar de la madre a la que horadan. Son sus latidos
los que guían a los topos en sus túneles subterráneos. Bastaría ver un corte transversal de esas construcciones para conocer de cerca el sistema circulatorio de la tierra.

JAGUARES
Durante algún tiempo, los Jaguares esculpieron piedras con
figuras de hombres y las dejaban sumergirse en la selva.
Dado que nadie sabía interpretar el lenguaJe cincelado en la

«También los diose~ crecen. Nuevos miembros brotan
de nuestros cuerpos. Debe,mos partir. Pronto los hombres
nos confudirán.»

(Piedra hallada en las rumas de Nuevo Alto)
Ningún estudioso ha encontrado el paradero de los jaguares. No hay conjetura que parezca tener visos de verdad

�MAPACHES
Para ltt!ián Herbert, poeta que 110 necesita
máquinas que canten por él

En lo más profundo de sus madrigueras tienen ocultos los
utensilios que elaboran. Los hacen en ratos de ocio, que son
casi todo el tiempo en que no roban comida o duermen. A
veces, cuando el aparato alcanza proporciones un tanto exageradas, se le extrae del nido y se abandona en cualquier lugar. No son raros los casos en que son encendidos accidentalmente y ocasionan molestias y sustos a los habitantes del
bosque. Aquí referiremos los casos más sonados.
Caja de música:

Las ardillas no tenían orgullo de raza. Esa compulsión
de almacenar alimentos sólo eran comparable a su verborrea. No cesaban de moverse ni de hablar, razón por la que
los demás animales evitaban su compañía.
Cuando Qurrrtt encontró la caja al pie de un árbol. ya
estaba anocheciendo. Todo el día había dejado que sus problemas matrimoniales fueran ventilados sin reticencias. Sabía que la única solución era separarse, divorciarse o matar
a su pareja. Pero nunca haría ninguna de las tres cosas ~e
eso también estaba seguro-; así que buscaba inútilmente
una salida decorosa. Desesperado, gritó. Entonces, escuchó
la música.
Provenía de un lugar no muy leJOS de donde él se encontraba. Aunque el somdo nunca cesaba, bajaba de volumen a
intervalos.
Se acercó a la fuente de la música y al cabo descubrió
una caJa semienterrada entre las hoJas de los árboles.

Lo primero que notó fue que el ruido de sus pasos eran
convertidos en melodía rítmica. Y junto con ello, había un
coro de viento, de hojarasca, de crujidos y roces y suspiros
del bosque. Qurrtt expresó su asombro en voz alta y la caja
transformó sus palabras en un.a pieza frágil, alegre, maravillada. Contento por su descubrimiento, gritó, bailó, rió y comenzó a llamar a los demás a que acudiesen a escuchar el
portento que ya había convertido los gritos, el baile y la risa
en una fuga sencilla y contagiosa.
Al poco tiempo, la caja estuvo rodeada por casi todos
los representantes de las ardillas, quienes comenzaron a discutir en voz alta sobre el origen y la finalidad del aparato, lo
tarde que era ya, la última moda culinaria y lo insoportable
que se han vuelto las hembras en los últimos meses. La caja
interpretó la algarabía y el resultante fue una música que logró lo que se consideraba imposible: callar a más de una ardilla a la vez. Todas observaron el aparato en total silencio.
Por primera ocasión en su historia, entendieron que sus palabras tenían un valor desconocido hasta entonces. Así, comenzaron a clasificar el Yocabulano. Lo dividieron en palabras dulces, secas. graves. rasposas. sincopadas, arrítmicas,
serenas y suaves. Luego procedieron a darles un orden, sin
importar su sentido. Al final. dieron imcio a la Sinfonía.

. Fueron los p~ercoespines quienes la descubrieron y supieron cómo accionarla. Pronto respondían a todas tas preguntas de las demás especies.
Por ejemplo: acudía la liebre deseosa de saber el futuro
de su descendencia. El puercoespín en turno accionaba el
aparato Y se introducía en la «cámara de las imágenes». Ahí
presenciaba cómo la liebre y su familia entera eran devorados por los lobos. Emergía con expresión tranquila y un poco melancólica, para manifestarle al nervioso cliente que todo iría bien, que la naturaleza era sabia con sus hijos y que
el pago por consulta se hace en efectivo.
Nadie hasta ahora se ha quejado del servicio.
Rejuvenecedor

Un punto del bosque que adquirió cierta notoriedad, fue
el que creaba un aura de juventud a su alrededor. No importaba la edad del que acertara a pasar por ahí, de inmediato
aparecía con muchos años menos. Las hembras fueron tas
que más frecuentemente acudían a ese lugar.
La caja del mapache nunca fue descubierta.

Las ardillas son conocidas desde entonces como la nación poeta.
Oráculo:

El unico mapache que por aburrimiento se deshizo del
aparato fue el que quiso conocer el futuro. Era una caja no
mayor que una hoja Al accionarse. creaba una difracción
de tui a su alrededor. Quien se introducía en esa área, hallábase de pronto en una cámara donde con imágenes se representaba el futuro del que se encontrara al frente.

VENADOS
Para Angel Sm,che:.
1·c11ado pmtor

La mayor parte del año se conducen como seres más o menos normales, más o menos rutinarios, más o menos aburridos Cuando se saturan de tanto aburrimiento nonnal. comen la cactácea...

El primer síntoma son las ideas que crecen por sí solas,
escapan de la cabeza, se ramifican, endurecen ... Después, el
bosque es el organismo complejo que habla por miles de
bocas, en lenguajes extraños y bellos. Luego viene el desciframiento en forma de una semilla que trepa por las patas,
al~anza el cuello, se introduce en la oreja izquierda y comienza a hablar:
En el princ1p10 -dice- fue el viento abrasador:
Nada existe sino la llanura y el cielo:
El tiempo se disuelve hasta endurecerse en nuestra sangre:
Nace un ojo el hambre el impulso:
Emergemos del líquido una y otra vez hasta alcanzar la orilla:
Una y otra vez hasta que el bosque es creado:
Hasta que el desierto es creado:
Hasta que nace el d10s azul.
El dios que nos habla que te habla que te dice:
En el principio fue el viento abrasador:
Y la verdad entretanto es revelada ...

�.,

VOCACION

Héctor Alvarado
Voy a pedirles que me tengan paciencia. no soy un escritor
jo\'en como cualquier otro; la historia de mi vocación no
tiene esas iluminaciones del talento. es más, ni siquiera sé lo
que eso significa.
Me han pasado muchas cosas que trataré de contar aunque mi desorden sólo dé para contar algunas, muy pocas.
Podría quizá narrar mis escarceos sexuales, pero en vista de
la poca acción y la mucha penicilina de estos asuntos, terminaría contando sólo las convalecencias y el sueño guajiro
de hallar una mujer pura y amorosa, la tranquilidad del hogar. la fruición de los hijos y los nietos y... , pero ese es otro
cuento que importaría a muy pocos. De entre todos los muy
pocos a que hago referencia, importaría mucho menos a los
Rosas. que primero me animaron a escribir y tiempo después me sacaban la vuelta con tal de no martirizarse leyendo mis ... ¡Vaya motivación!, sólo quedaba acusarlos de ig7
norancia, pero evitaba tal aserto su preparación universitaria
y sobre todo mi ·temor de que al final fuera pésima mi literatura, y entonces nada de juicios de la historia o herencias a
la posteridad o que Hilda me amara por mi futuro prometedor de artista.
Y sí, los Rosas -sobre todo él, Annando- se cargaban
cada puchero al finalizar la lectura de algún hijo de mi inspiración que el hecho no dejaba lugar a dudas: descansaron
-los pobres pensaron que sería de manera definitiva- al verme subir al autobús que me llevaría a tan sólo cuarenta kilómetros de su vista porque una banda del motor dio sus últimas vueltas y un estertor final nos dejó enmedio del desierto. Si alguna vez pensé que los documentales exageraban
sobre el frío de los desiertos, ahí, sintiendo cómo pulmón,
hígado e intestinos -en especial el grueso- parecían querer
cobijarse en el estómago hechos bola, rendí homenaje a
esos esforzados locutores que, aunque jamás han sufrido semejante reacomodo de entresijos, pretenden convencernos
de las verdades de la naturaleza.

84

Y sin embargo había algo peor que el frío: el traicionero
comportamiento de la güerita de los lentes quien, no obstante haberme echado ojitos lascivos desde su asiento durante
el viaje, pennaneció en el autobús cuando todos nos bajamos a esperar otro con la malsana intención de meter en calor -a base de técnicas poco ortodoxas y muchísimo más
allá de lo decente- a un bigotón que luego de librar aquella
quinta glaciación al rayar la mañana me tocó soportar como
compañero de asiento.
Bárbara la güerita de los lentes: si ha de darse crédito al
bigotón -tampiqueño, según supe- aquella noche se le hicieron suculentas correcciones al Kamasutra -tanto de posturas como de vocabulario- mientras, abajo, yo luchaba
contra el frío polar.
Cuando el chofer nos explicó con toda parsimonia :-dos
suéteres y una chaqueta lo protegían del clima perniciosoque su bitácora no registraba el paso de otro transporte por
esa ruta sino hasta las once del día siguiente, se desató una
carrera rumbo a la parte trasera del vehículo para buscar el
calor que aún conservara la maquinaria averiada.
Milagrosamente hallé un lugar cómodo, y en cuanto se
creó cierto remanso entre Jos ahí amontonados, me dispuse a
analizar la problemática social del asunto, y los lenguajes y
los factores de comunicación no-verbal y gestual de los que
no entiendo nada en absoluto. Lo del nivel socio-semiótico
de toda situación cultural era algo que los Rosas habían tratado de meter en mi cabeza, o por lo menos en lo que llamaban mi discurso narrativo. Pobres, algún día algo les abrirá
los ojos haciéndolos comprender que mi cabeza no funciona
como un computador, a lo sumo como un ábaco al que le faltan bolitas y da respuestas siempre equivocadas.
No obstante, siguiendo una promesa que les juré cumplir, me di los cinco minutos reglamentarios para estudiar la

dialéctica en que me hallaba inmerso. Como siempre, los
famosos minutos sólo me alcanzaron para llegar a los rudimentos del comunismo primitivo y quedarme varado en lo
del matriarcado porque algo de semejanza hay con mi mamá, y de ahí a otros pensamientos... A buena hora se me
ocurre recordar que un escritor debe escribir cartas, intercambiar correspondencia henchida de algún estado de excepción. Quizá Hilda guardaría mi epistolario, y cuando la
muerte ordenara por primera vez mi desorden, podría publicarse en un homenaje periodístico, o, por qué no -si su volumen lo ameritara-, en forma de libro póstumo prologado
por mi mejor amigo. Esto último resultará casi imposible:
mi mejor amigo no sabe pizca de literatura y además, por si
fuera poco, deplora mi vida personal...
Vaya, pero para que eso sucediera tendría que morinne,
y estaba bien vivo cuando hubo que atravesarse a media carretera para que un Flecha Amarilla ~uyo conductor nos
enseñó desde lejos un florilegio de ademanes obscenos- se
compadeciera del semblante de náufragos que todos, exceptuando desde luego al bigotón y la güerita de los lentes,
mostrábamos.
El claxon primero, y luego las luces encendidas, hicieron que mis compañeros de gesta se retiraran con discreción
dejándome solo y mi alma frente a la bestia que parecía
acercarse entre 1500 y 1600 kilómetros por hora. Ninguna
teoría de la física hubiera podido explicarme en esa ocasión
cómo un cuerpo de tal masa y a tan tremenda velocidad se
detuvo repentinamente a cuarenta centímetros de la gelatina
en que me había convertido, con los ojos cerrados y muy
calladito en espera de integrarme al pavimento.
Fui el último en subir, o en rigor, en ser subido, porque
no pude reponenne de mi postración y un par de solidarios
pasaJeros me depositaron al final del pasillo del nuevo
trañsporte. Para mí es claro que el carácter neurótico y ma-

niaco-depresivo de mi personalidad se inmiscuye en mis
textos, no puedo seguir un orden y no sé bien por qué, debe
ser alguna escondida fijación que me traigo entre manos
desde que nací; creo posible que en vez de neuronas me hayan tocado algunas malignas células del riñón, y debido a
ello tienda al caos; subversivas las llamaría yo: cuándo se
ha visto que las neuronas de un escritor sean analfabetas o
se opongan a lo que les dicte el autor o en última instancia
la lógica más elemental... No sé cómo pudo sospechar todo
esto la güerita de los lentes, el caso es que pitonisamente escogió al bigotón para refocilarse.
Una vez que dejé atrás mi estado de extrañeza, vi asomar la cara del tampiqueño invitándome a acompañarlo.
Mientras me narraba las hazañas de equilibrio que se sucedieron en los asientos 25 y 26 del autobús inservible, yo trataba de imaginar cómo la boca aparentemente tan menuda
de la güerita de los lentes pudo dejar ese camino de chupetones tan sanguinarios en el cuello del bigotón. El no escatimaba detalles de su arte mientras la interfecta donnía asientos adelante y todo parecía indicar -en razón de lo que se
me explicaba- que le habían surtido la despensa como para
no repetir en seis meses. Tuve que reconocer con mi silencio que yo no habría llevado a la interesada, ni remotamente, a los límites de elasticidad y placer que el bigotón denominaba apenas los preliminares de la templadera, así que
envidiosamente concentré mi morbo en otros horizontes.
Además, todavía tenía yo que preocuparme por la actitud
de los Rosas cuando me vieran regresar, y de paso hubiera
que pedirles un préstamo. Suficiente bochorno fue el que me
mantuvieran los tres meses que viví en su casa, porque ~reo
no haberlo dicho- todo mi capital cambió de dueño el día en
que me acerqué a observar un espeluznante -y por tanto concurrido- choque automovilístico, y una vez que la multitud
se dispersó, algún listo se fue a gastar 1900 nuevos pesos que
ahorrara para visitar a mis amigos. Después del robo, tuve
85

�que pasar tres meses preso entre libros, ensayos, doctrinas y
conclusiones. Según los Rosas, detrás de la invitación que
me hicieron para visitarlos estaba el plan de hacer de mí un
escritor comprometido a cambio de que yo les narrara mi experiencia política. Sí, efectivamente, no hay en este escrito
nada que pueda acreditarme una praxis política, ni una palabra de militancia o activismo; y esto es así porque nunca la
hubo. aunque los Rosas lo creyeran gracias a circunstancias
fuera de mi control y que ahora no deseo recordar.
Entonces vinieron los discursos, hacerme ver hasta dónde tenía yo que ser consciente de mi papel histórico, del nivel potencial de mi situación, de los estratos de la realidad
en que debía bucear, de las lecturas fundamentales para mi
desenvolvimiento artístico ... , o sea, noches y noches desvelándome para desentrañar las esencias del mundo circundante; infumables sesiones de discusión; invitados especralizados en diversos campos del saber -quienes tenían en comú~, sobre todo, su afición por el ron nicaragüense que
nunca faltaba en la mesa de los Rosas-, y a veces, visitantes
inesperados con toda clase de matices contemporáneos.
Tuve la suerte de que mis anfitriones -reputados maestros de planta en Sociología- no contaran con muchos amigos pintores, porque la primera alimaña que conocía de esta
especie insistió toda la noche en hacerme patentes las bondades de su nueva concepción en'las artes plásticas: la Coprólisis aplicada. Defendía que la obra visual, en su carácter de íntimamente humana, debía expresar con fuerza su
naturaleza, por lo que no cabía duda de que las heces fecales -mezcladas de manera adecuada con secantes, pastas y
colores- además de dar nuevas tonalidades, se convertían
en el elemento interno, privado y hondo del artista. El inconveniente del aroma inusual lo remediaba rociando el
cuadro con loción, y el de la durabilidad lo tenía resuelto un
escultor italiano muy su amigo que moldeaba su trabajo con
la misma materia prima.

Estuve a punto de vomitar cuando, muy excitado por mi
silencio de sepulcro, se ofreció a enseñarme algunos estudios que cargaba con mucho cuidado en una bolsa de plástico; e incluso se atrevió a proponer que, si yo quería, podía
preparar la mezcla con ciertos productos del botiquín tan
pronto como le dieran ganas de producir el ingrediente principal, y danne una muestra fresca, como le dio por decir.
Entonces supe por qué todos en la reunión decían que era
un pintor apestado. Nunca olvidaré sus dos manos apretando la mía cuando nos despedimos, y sobra decirlo que a partir de ese día causan a mi estómago ciertas explosiones de
pintura moderna ... No sé cómo llegué a escribir lo anterior
si yo lo que deseaba era no desordenar la línea de los hechos, pero de cualquier modo ese sujeto me enseñó más sobre la esencia del arte que los doctos consejos de los demás ... En fin, que a la vuelta de un mes y medio, los Rosas
me consideraban una especie de retrasado mental sin-ambiciones ni talento, y por esas mismas fechas comenzaron a
bostezar cuando leían mis cuentos terminados ... Así que en
el momento que vi la cara de Armando Rosas, pálida por la
sorpresa de verme otra vez, sin poder decir con sonidos lo
que su expresión reflejaba, advertí hasta dónde puede llegar
la educación o la paciencia de un ser humano; en vez de gritanne me lleva la chingada, dijo, qué pasó, ya te hacía en el
«matto grosso».
De todos modos no se apartó de la puerta hasta que le
expliqué mi dilema y le di diez minutos de detalles sobre la
güerita de los lentes, y el terrorífico asunto del autobús, y la
sorpresa cumplida de los análisis semiosociales a la vera del
camino. Aún así, nada mermó su cara de piedra ni le hizo la
mínima gracia; me dejó entrar bajo condiciones muy severas: estaría en la casa sólo el tiempo indispensable para bañanne, comer, reservar un asiento en el próximo autobús de
primera clase, y en caso de suma urgencia, una siestecita
para cargar baterías... Lo de las baterías me recuerda otro
suceso, pero no, orden, orden ... Promeú sujetarme a las me-

didas y girarle de inmediato el dinero que me prestara para
irme de una buena vez. Luego de estos finiquitos, Armando
se metió a la biblioteca, yo me fui directo al baño para quitarme las costras del viaje y..., y otra vez, justo ahora, cuando me he prometido no escribir desordenadamente, .me
acuerdo del olor a incienso que inundaba la casa de los Rosas y las palabras me arrastran hasta el gurú. me obligan a
relatar las circunstancias en que conocí a los Rosas.
Lo vi por primera vez cuando él repartía volantes de la
Coalición Revolucionaria Cosmopolita de Liberación afuera
de una gasolinera, mientras aguardaba a que le llenaran de
combustible una veintena de envases de Coca Cola. Yo iba
rumbo a la escuela cuando me tendió el papel, y viendo que
la propaganda estaba escrita en versos de una extraña métrica, me regresé a preguntar por su origen. El gurú me salió
con la embajada de que la forma se llamaba dodecasílabo
hindú, y cuando -luego de juicioso conteo- le espeté que
aquellos versos tenían diecinueve sílabas, me respondió que
todo era posible en el reino de Shiva, y que si deseaba ahondar más asistiera a la próxima junta del grupo, cuya dirección me facilitó sacándola de entre su camisón color mamey. Creí interesante acudir a la cita, sin soñar siquiera que
iba rumbo a mi primera misión como activista de una manada de pirómanos irresponsables. Nada supe de métricas, rimas o versificaciones; me hallé bombardeado por consignas
de fidelidad y exigencias de una acción letal y relampagueante por una fauna de encapuchados que se congregaban
a mi alrededor. Me amenazaron con hacer caer todo el peso
de la Coalición si trataba de traicionarlos, y no me quedó
otro remedio que salir de ahí con las seis molotov asignadas
a cada camarada.
Dado que el grupo era de reciente formación, aún no se
elegía al enemigo contra el que se debía de luchar, aunque se
recomendó que los atentados fueran contra embajadas o supennercados por el peso de ambas instancias en la opinión

pública. No fue poco mi deseo de abandonar la nave, pero tarde o temprano los investigadores de la Coalición descubrirían
mi renuncia y de seguro irían tras de mis huesos. Así entonces, decidí dejar mi encargo en la puerta de la tienda de don
Pepe, abarrotero célebre por su indecencia en los precios,
aunque por lo pronto no tuve el arrojo de prenderle fuego.
Mi inteligencia no daba para resolver el asunto sin lastimar a terceros... inteligencia, ¡cuál inteligencia!, es más, la
primera persona que me atribuyó tal don fue Hilda -ángel
de ángeles- con su nariz respingada y sus ojos enormes.
Nos conocimos en la Sala de Consignados de la Procuraduría; yo, en espera de que se me tomaran mis generales por
haber prendido fuego al otrora productivo negocio de don
Pepe, y ella, arrestada por atropellar con su auto a cinco perros de la jauría del Cónsul de Serbia que éste paseaba en un
parque. Andaba hasta las chanclas mi Hilda: el carro quedó
hecho pedazos cerca de una fuente, y todavía se bajó con la
botella en la mano; pero quizá valga la pena dejar a Hilda
por lo pronto ... A la mañana siguiente me encontré con la
sorpresa de que era canijo el viejo don Pepe: cuando los
bomberos apagaron el incendio, quedó al descubierto una
enorme bodega clandestina repleta de armas que la CIA le
encargaba distribuir a los contrarrevolucionarios centroamericanos. En otras palabras, en vez de terminar como un vándalo repulsivo, mi foto adornó las primeras planas de muchos periódicos del país redimido como un joven de espíritu
nacionalista acorde con los ideales del más desinteresado
humanismo, reflejo del valor en aras de la justicia, que teniendo en poco su vida. etc .. etc. Otra sorpresa menos grata
fue la lista de 157 organizaciones terroristas que se atribuían
el operativo. dentro de los cuales mi nombre se adjetivaba
como héroe de la causa.
Algunas semanas después del incidente, Margarita Rosas llegó a mi casa -representando al profesorado de la facultad- para invitarme a moderar una mesa redonda sobre
87

�LA PUERTA NEGRA

Jesús de León
las perspect1\'as de los gobiernos revolucionanos en América Latina. Cuando puse cara de que me hablaba en chino.
me dijo Margarita que comprendía mis reservas pero que,
ob\'iO de toda obv1edad, no me ped1ría tomar partido dados
los nesgos que eso implicaría con mis detractores; además.
según ella, bastaba hablar de mi larga militancia para que el
e\'ento fuera un éxito.
Tantas veces traté de neganne que, cuando me vi ahí,
frente a un auditorio que más parecía el público cautivo de
una penitenciaría, me arrepentí de nuevo de mi debilidad de
carácter. Todo fue que Armando Rosas diJera a la concurrencia que yo iba a hacer el resumen de lo expuesto luego
de tenuinar la mesa, para que de mi boca emergieran las
más peregnnas estupideces que con toda segundad se habían pronunciado en ese recrnto. Una salva de aplausos coronó lo único congruente que pude decir para finalizar mi
caó~ico Juego de asociaciones espontáneas: viva la revoluc,óñ.
Todo mundo estrechó mi mano ponderando mi anarquismo, vislumbrado supuestamente en la renuencia a inclinanue por planteamiento alguno de los expuestos en la mesa redonda. Esa noche se organizó una fiesta en casa de los
Rosas, e hice oficial mi deseo de ser escritor. Me salieron
padrinos por todos lados, me auguraban el Nobel, las alturas, el pináculo de las musas, mientras yo iba bebiendo las
cubas que darían a mi vida la más descomunal borrachera
de que tengo memoria. Grité las palabras mágicas de viva la
revolución muchas veces encontrando siempre respuestas
de júbilo. hasta que ya casi sin poder hablar, entré al baño
para no salir sino a las dos de la tarde del día siguiente: el
piso de la reg·adera no estuvo mal como colchón y con una
buena ración de toallas me hice una almohada. Muchos de
los presentes me recordarían como tan tan anarquista que ni
siquiera dormía en casa como los demás revolucionarios urbanos...
88

Podría también contar mi desafortunado paso por los talleres literarios, total ya eché a perder todo plan de escribir
secuencialmente y nada me cuesta acabar de hundirme; sin
embargo tengo que terminar.
Aun así no quiero dejar trunco el episodio de la cruda
con que me enfrenté al salir del baño de los Rosas. Una resaca con todas las de la ley: boca pastosa, sienes palpitantes,
mirada ausente, esfínteres convulsos, caminar menguado y
pensamientos obscenos; en fin, el paraíso de cualquier masoquista. Aquella tarde comencé a escribir mi primer cuento
al ntmo de las pulsaciones que martirizaban mi cabeza, y
fui a la cocina a beberme no menos de seis aguas minerales
con limón. Tal vez estas dos circunstancias, además de mi
poca dotación de neuronas, signaron el destino de mi literatura... A los demás se les quedan cosas en el tintero, en mi
caso, el tintero está vacío y quisiera meter cosas en él para
decirlas algún día.
Meses después los Rosas se mudaron a la capital, y los
ilusos me invitaron a pasar dos semanas con ellos, las cuales, como ya se vio, se convirtieron en un desastre de tres
meses de inútil adoctrinamiento; Hilda salió libre y no la
voy a meter más en esta historia; mi desorden aumentó progresivamente; compré dos máquinas de escribir; abandoné
la escuela, y creo que por lo menos algo bueno hay en este
sanatorio: los doctores ponen mucha atención a mis cuentos.

Cierro tras de mí, con tres candados, la puerta negra que solamente Ella volverá a abrir. La noche cae y la casa comienza a
iluminarse. Adentro, escucho su risa continua y sin variaciones, como si estuviera grabada en una cinta magnetofónica.
Todos han llegado. Cerca de la puerta de entrada, el reverendo Pedro Piedras dormita en la penumbra. Cabello negro rizado. Siempre viste de negro. La uña del dedo gordo del pie izquierdo asoma por el zapato. Pronto despertará. El rostro del
reverendo es una enorme máscara que gesticula.
Es invierno y todas las macetas del jardín han invadido
el recinto. El teléfono es bendito, evita las salidas. Además,
es el único contacto que Ella tiene con la realidad. Está encerrada en el baño con el auricular entre el hombro y la oreja.
-Maestra Taller, para mí es un honor que me invite a su
círculo. Me sentaré a escribir un discurso de ingreso. ¿Qué
le parece «La influencia de la constelación de Libra sobre la
sexualidad de la perra de mi amiga Marina»?
Continúa hablando. En la pared de la sala hay pegados
fragmentos de espejos que forman la figura de un gran caracol. Los sillones, que costaron 385 mil pesos en 1985, están
cubiertos con las pieles de un cebú y de una zorra. Sobre la
mesa de cristal del comedor hay una gran cantidad de botellas con residuos de licor. En esta casa las borracheras son
obsesivas pero nunca se rompe un vaso.
La alacena, que guarda muy pocos comestibles, es realmente un altar. Aquí están guardados, en orden ritual, los
objetos más disímiles. Mr. Smith en lo alto, aparte de otros
dos muñecos de estambre atravesados por una inclemente
cantidad de agujas. Uno se llama Nataniel y el otro Daniel.
Luego un caracol de contornos sexuales regalo de Blanca
Edith, una mujer tan amada que por ella destrozó diez hombres pero a tubazos.

Hay una gran caja metálica, como una caja de Pandora
que guarda miniaturas. La foto de su amiga más querida de
la infancia. La muda de piel de una víbora pequeña. Un cascabel de cuatro anillos. Los cadáveres de cuatro honnigas
neoyorquinas. Un corazón de plástico con dos palabras inscritas: «Feliz día». La cáscara pulverizada de un huevo de
lagartiJa (el reverendo Pedro Piedras, cuando era un poeta
puertorriqueño en Nueva York, rompió ese huevo). Ella recogió los fragmentos, que significaban el amor entre ambos,
y los trajo a Saltillo.
Además de esto, en la caja hay veintiséis caracoles petrificados dentro de un guardabachas dorado, metálico, con
flores grabadas, regalo de su padre, divino señor que nunca
se mete con Ella. Tres semillas que acaso representan el horror a la maternidad o el esperma muerto de sus amantes.
Un trozo de raíz que le recuerda el cordón umbilical que su
madre enterró en Ch1cago. Otra pareja de muñecos duerme
dentro de una caja de madera más pequeña. Por la noche
Ella los coloca debajo de la almohada y los homúnculos trabajan fabricándole sueños y arreglando los problemas que
tuvo durante el día.
Los invitados guardan silencio. En la cocina. Dina y Liz
abren las llaves de la estufa y juegan oliendo el gas con un
gesto de alivio. En el bó1Ier arden Tequila con calavera de
Samuel Noyola y Sill'a de amor nocturno de Alfredo García
Valdez. Los invitados sueltan el humo; ahora ya pueden hablar.
-Maestra Taller. se equivoca. Los hombres no son tan
hermosos como usted los imagina ...
En el fondo de la caja están las fotografías de Manuel
Acuña y Otilio González. Una foto del compadre Medina.
Tres arras de la boda de Ella del 4 de agosto de 1984, fecha
en que se casó por primera vez, la única por la iglesia, están

�guardadas en un portarrollos de película de 35 milímetros, lo
mismo que un Pinocho que vivía en Queens y la amó con
una bata de Marruecos puesta. También un rastrillo en miniatura, regalo de su tía Virginia, la solterona. «Operación
cóndor» en un gafete. Un collar de perico. Una mariposa regalo de un fantasma. Un matabachas que le dio un artesano
que hace demonios de cerámica en la capital. Una ·tortuga
que le obsequió Luz María. Un caracol prendedor que le heredó su abuelo. Todos los animales del zodiaco chino esculpidos e~ piezas de hueso. Una rosa de porcelana que le entregó un federal, decolorada por efectos de brujerías. Una
serpiente tallada en madera. Una indígena moliendo nixtamal en el corazón de una nuez de Castilla. Debajo del portarrollos que contiene todo esto hay una bolsa con bordados
de puntada diente de gato.
-Maestra Taller, compre velas. Le aseguro que esa reunión menstrual en el «Círculo Rosa Espino» tenninará convertida en un torneo fálico.

Ella cuelga el teléfono y sale del baño. Completamente
blanca, delgadísima. Mariana Criollos abre, con malicia,
una sombrilla negra. La preciosa Yasuko destapa un ron
Don Q. Hay vida después de la muerte, canta el gallo por la
madrugada. Ella sube por la escalera de peldaños inusualmente altos y se adentra en su santuario. Un demonio de
seis ojos observa desde la claraboya. La luna llena se balancea en la hamaca.
Hay dos oaúles, uno tiene la piel de un lince encima y el
otro una carpeta tejida. Su madre la enseñó a hacer cadena,
luego aprendió a hacer macizo. Ella le dijo al reverendo Pedro Piedras por carta: ,,Tendrás que traer contigo una cruz
en tu próxima visita para clavarte». Un baúl guarda los recuerdos, el otro las imágenes. Cartas. Fotos. Tarjetas. Recortes de periódico. Grabados. Poemas que le han escrito.
En esa clase de ojos tuyos es posible descansar en paz, le
90

escribió Pedro Piedras antes de volverse completamente loco. Invitaciones especiales. Facturas. Escrituras. Actas. Documentos de identificación. Abre los baúles cuando está
triste. Sobre todo cuando le va a bajar la regla.
En uno de los baúles hay bilimbiques. Su abuela fue nieta del cacique de Real de Catorce. Quería ser maestra, pero
con la Revolución cortaron las vías del tren y no se pudo ir
a estudiar a San Luis. Su padre entonces la envió a Saltillo.
La abuela le regaló esos billetes a Ella junto con un libro de
Juan de Dios Peza. Hay otros libros en el estante: Madame
Bovary, Las mil y una noches...
¿Para qué se va a confesar? Sus pecados se los entregó a
los caracoles. Tiene caracoles en las cortinas, en las macetas, en los recuerdos, en piedras de mar. Su cama la recibe
siempre sola. Ha quemado sábanas por error. Fue la·cama,
dice Ella. Lo cierto es que la tendió con un churro en la mano, cayó la brasa con infinito descuido. Ella colocó la sobrecama, las cobijas, pero en la funda quedó la brasa que se
hundió en el colchón. Ahora tiene un king side quemado.
Casi siempre prefiere dormir en la hamaca, pero cuando lo
hace en el colchón se queda en la orilla. Su colchón es la
página donde se arrincona.
Por eso prefiere dormir en la hamaca. Se deja caer al vacío. Abre las alas y se eleva. Encuentra la inmensidad, los
cerros, las distancias. Hermoso vuelo. El corazón queda
aparte. Nunca duerme bien. Además, se confesó con los concheros. Entró al fuego y sus pecados se quemaron, Ella no.
Hay caracoles en aretes, en botellas, los más pequeños
del mundo en polveras (cuando los vierte, deja caer millones de años; son tan pequeños como una infamia) y uno
muy grande en el que cultiva una siempreviva.
Habla con un recuerdo, con una ausencia:

-Todavía me duelen los ovarios por la angustia --dice
mientras se quita una media-. Toda una semana encerrada
con tu pistola cuarentaicinco. No me dejaste comestibles,
sólo esas botellas de ginebra que todavía me duelen en el
vientre como navajas. Por la ventana le pedí a unos rancheros tantita leche y me dieron también dos donas ...

Ella se quita los calzones negros y los coloca sobre una
calavera que tiene sobre el buró.
-Te cobraré esto en el infierno. Por la ventana se podía
ver un paisaje muy verde. Con la mariguana que me dejaste
en el refrigerador podía haber fumado durante un mes. Fuera de eso, ni una galleta de animalitos. Tenía ganas de gritar, pero me daba miedo que se disparara la cuarentaicinco.
Lo único que podía hacer era ir al baño. Dormir. Subirle al
radio, bajarle, prender el abanico, abrir la ventana, fumar,
fumar y fumar. Pero la noche anterior fue una de las más
fascinantes que he vivido. Gente que a lo lejos hablaba en
aquella hacienda abandonada. Hicimos el amor por todos
lados. Nos reímos cuando abrimos los ojos después de hacerlo. No entiendo por qué la gente cierra los ojos cuando
hace el amor. Luego la pinche cruda, la gastritis. Me dejaste
una libreta y dos plumas para escribir. Pero la cuarentaicinco me miraba. Ya ni la friegas. Cuando regresaste: «se ve
bonita la casa, se siente bien que lo esperen a uno. Habrás
pensado mucho, tuviste mucho tiempo», dijiste. ¿Querías
que me suicidara? Pues no lo conseguiste. Seguiré ardiendo
en tus riñones como una blasfemia.
Se quita el brassier que imita la fonna de un murciélacro
e
con las alas desplegadas y lo arroja sobre la hamaca. Queda
completamente desnuda y toma del alféizar de la ventana
una máscara que representa su demonio interior. Se cubre el
rostro y regresa a la fiesta.

La Loca Tía del Loco, amiga de todos, vocifera a cuatro
manos. Cabello liso. Con lentes. Carga una parabólica, micrófonos, televisión en la espalda y una grabadora enorme y
alambres, muchos alambres enredados. En el rostro de La
Divina Chuy (mujer con barbas pero sin circo) se unen la
tragedia y el sainete. La Rana René, que acude por primera
vez, mira todo con el azoro de un niño envejecido. La Loba
Villagordos se empina una botella de tequila. Toño Villa,
que también hace su lucha, tiene el alma postiza y pela nopales en una cazuela mientras departe con los demás. Julito
Pampers Nestlé baila en la calle, desde hace una hora, un
rápido rap esperando que le abran la p~erta. La Tía Tse Tsé
piensa en los adjetivos con que reseñará la fiesta. El delicioso Pipís y Gañas. El sublime Tacos Tumbres. El sanforizado
Bruno Díaz. El cubiforme Judas Paz. El guapérrimo, aunque inexacto, Tino Atinado, náufrago de Liliput. El invisible Mario Rueda y su minúscula esposa. El estreñido Pablo
Rubio. El reverendo Pedro Piedras ha despertado y declama
un poema de 800 mil nuevos versos. una especie de Mahabarara malbaratado.
-Dear magia, dear mota (todos los presentes voltean a
verlo y contienen la respiración). ¿Qué onda? ¿Qué pasa?
¿Cuánto tiempo? Es imposible. La noche pasada nunca pasó. Pesada obligación. No soy culpable. Tu novio es tu novio. Mi novia es mi novia. El cielo es el cielo («Y las mamadas son más abajo». intenta interrumpir Toño Villa). Ah.
la noche. Eres bella. eres puta. eres absurda. amén. amén.
Qué buena. qué mala. qué loca. quemada, con agua, Dios es
amor. Dios es todo. Dios es la vida. Dios es maricón («Te
cae?». dice La Loba Villagordos). No olvides el olvidarme.
Eres nadie. Odio dormir. no como tú. que te cansas. que te
casas, que te emocionas. que te enfermas. qué te pasa, que
te quiero. que te odio. que te amo. Tú me haces falta. Eres
de nadie. Qué bueno. qué malo. que se jodan. Estoy borracho (todos en coro «¡uuuh!»). Esta noche puta. Ese día
amargo. Polvo a polvo. Lujuria a la lujuria («¡Moción apro-

�badal». grita desde la calle Julito Pampers Nestlé). Noche
de ronda. sol de tristeza. México. sí; América, nunca
(«¡Fraude. fraude! Exijo un recuento». profiere La Tapia
Florida intentando acomodar su mole en el asiento). Dame
un trago. Me cago en Dios, nunca en la Virgen. Mota, motita. ¿Por qué no estás en este tren con el reverendo? Qujén
sabe. no importa ya. Nunca importaba. Tú eres tuya: Yo soy
de yo («Que alguien lo pare o comenzará a repartir estampitas». susurra El Ángel de los Manantiales a La Tía Tse Tsé).
Sin tigo. con nadie. Vamos a hablar, a decir nada. Aquí en
el cielo que se joda la jodida tierra. Por ahora y para siempre. Soy y no soy. Voy y no voy. Tomo y sí tomo. Nunca
voy a no tomar. Porque hoy siempre fue el último día del
día. Y no sé lo que estoy haciendo aquí. Por favor, despierta
y \'en a rescatarme para poder continuar destruyéndome y
colmar mi ambición en la vida de nunca de nuevo enamorarme. Al diablo con la vida, que viva el olvido («¡Cuánta
influencia de José Alfredo!», dice La Divina Chuy). Por
hoy· y por siempre, sin cuerpo. Engaño tardío. Deseo ser,
como tu ser, sólo una idea. Después ya nunca tendré que ir
al dentista. Recuérdame, soy quien nunca dice la verdad.
Nada es todo, todo es nada. ¿Dónde está el corazón? Te extraño, no te extraño, suena como a buena idea. Tú no estabas dormida, yo estaba medio despierto, buscándote, fuera
de tu cuerpo, en un sueño que sólo yo estaba teniendo porque tú estabas próxima a dormir profundo («No sufras tanto&gt;,, musita, conmovido hasta la!! lágrimas El Apóstol Richard). Nunca te he conocido. Hacerlo es imposible. Olvidarte para siempre. Quién diablos eres tú. Deteniéndome de
alguna forma. Medjo despierto de noche. Viéndote dormir
con la ropa puesta y las luces apagadas. En esos momentos
interminables de magia total de oscuridad. Perfecta visión.
Proeza grandiosa. Página negra (Dina y Liz se pintan la cara
con las cenizas que encontraron en el bóiler). Puerta negra
que está cerrada con tres candados. Nosotros, noche a noche, pretendemos ser amantes. Destinados a repetir la guerra original del mundo, donde nadie gana. No tengo más
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que caer fuera del amor contigo. Yo creo en mí, tú crees en
ti. No hay nada más que hablar por ahora. Ten cuidado, viene el sol sin prometer un jardín de peyote («Este anduvo en
Tepoz, seguro», dice Augusto Catulo). Señora, señorita, esposa del demonio, amante del infierno, nadie te ama, nadie
te adora, solamente los días y noches de nubes adentro de tu
cabeza. Espéralos a todos, espíritu santo, malo y bueno, caliente y frío y tú serás olvidada por esos que recuerdan todos los detalles. Salud de la muerte que sale y entra («Qué
sale y entra, qué sale y entra», repite Aída Magú de Verdi
poniéndose cachonda). No lloraré porque morí mucho antes
de que fueras capaz de perder el sueño. Este poema se continuará en un bar después de que el sol caiga y el mundo pare de pensar sobre la eternidad, vida sin zapatos, a través de
un río dividido para llegar a ese bar yo debo tomar primero
un tren, el tren equivocado que siempre debemos tomar en
la última parada («Uff, este tipo no sabe nunca cuando meter comerciales», dice La Loca Tía del Loco). Puta, tienes
muchas lágrimas. Gracias por tu vida. («¿Qué no ven que el
maese cree que está prisionero en un video clip?», responde
La Rana René). Gracias por tu muerte. Bendita y maldita tú
eres entre todas las mujeres, buscando felicidad por el camino de la gran perdición. Te digo todo esto porque te odio
con un amor sin salida. No me haces falta porque soy nadie.
Nunca he existido en vida o muerte. No tengo memoria de
haber nacido hoy o ayer. Por eso te pido tu existencia cuando estoy borracho y te doy las gracias por decirme no con
esa voz de monja y puta. Es un mar de fuego donde los rebeldes de la madrugada se lavan la frente y mueren de risa
escupiendo al cielo. No te olvides de olvidarme («Hasta
ahora le he detectado 47 influencias», sentencia impiadoso
el profesor Manzanares). Igual yo a ti. No quiero nada contigo, regrésame todas mis cosas. Así es la vida. Dónde estás
corazón, no oigo tu contradicción. No está Judy en el bar
esta noche, la mujer de mis sueños a la que le falta una pierna, voy a poder caerme cuando me emborrache...

Josefa Mestizos contempla al reverendo embelesada.
Elio Rudo de Alcoba también parecía atento, pero el Brujo
descubrió que traía puesto un walkman. Viernes Crusoe encuentra su conciencia despedazada en el caracol formado
con fragmentos de espejo. La Tapia Florida ha queda cerca
del baño como un pontífice despatarrado. El Ángel de los
Manantiales se prepara un jaibol con gasolina.
El profesor Manzanares comienza a rezar con un rosario
que, en vez de cuentas, tiene dientes de jabalí. La maestra
Hilda hurga en el closet y saca una falda trigarante y unas
~spuelas. También se encuentra presente todo el Sindicato
Unico de Trabajadores Artistas y Escritores Narcosatánicos,
por cierto fundado, dirigido y disuelto por Aída Magú de
Verdi. Ingenuo Nirvana (alias El Suicida) contempla toda la
escena con una sonrisa de tonto perdido. El Apóstol Richard, al verlo, musita: «Yo era un tonto y lo que veo me ha
hecho dos tontos». El Sargento Jaque Mate embiste las cortinas con una bayoneta.

Ella acaba de bajar la escalera con lentitud de oata embrujada. Los mira a todos con la rígida expresión de"' la máscara. Pedro Piedras siente un golpe en el corazón. Guarda
silencio.
A una orden de Ella, los invitados enloquecen súbitamente y se precipitan sobre el reverendo. Lo arrastran al patio hasta una enorme cruz que hace las veces de tendedero
de prendas íntimas. Entre todos desgarran las vestiduras de
Pedro Piedras, lo suben a la cruz y lo atan de brazos y piernas. Los elegidos para la consumación son los íntimos de
Ella: Grifo Funcionario, Cerezo Al Licor y Jaime Ladrillo,
quienes sacan unas alcayatas para durmientes de ferrocarril
y con ellas lo clavan al madero.
Pedro Piedras aúlla. En el rostro de los invitados afloran
los instintos más abyectos. Todos se transforman en coyotes

y comienzan a morderse unos a otros. Sólo Ella y Pedro
Piedras conservan figura humana, Ella al pie de la cruz y él
clavado. Se miran. Sus ojos son vidrios rotos.
-El infierno es demasiado- pequeño para los dos, Pedro
Piedras.
-No seas grandilocuente y bájame.
Lo mira por última vez y se dirige al portón. Quita los
tres candados. Los invitados salen, atropellándose, abriendo
de golpe la puerta negra, como una manada que busca el desierto.

�SALÓN PARA FAMILIAS

Eduardo Jordán
El lugar no era particularmente bonito. Era más bien horrible. Muy alumbrado con luz neón, en las paredes de pintura
bnllante, amarillo pálido, se reflejaba confusamente una
clientela mu} gritona. Había mujeres; pocas, pero las había,
supuestamente lesbianas. El público masculino estaba compuesto por locas descocadas, mayates evidentes y oficmistas
más o menos discretos, estos últimos aparentando fonnar
grupitos. cerrados que no se daban cuenta de lo que ocurría a
su alrededor. El personal era muy eficiente. Apenas acababa
uno su copa y ya estaba ahí el mesero listo para traer otra. A
ese ritmo pronto el lugar dejó de ser tan espantoso y empezaron a sobresalir los mariachis.
Había un grupo de mariachis cantando canciones de José Alfredo. De cuando en cuando alguna loca trataba de
imitar a Lucha Villa y usaba su suéter como rebozo. El grupo musir.al se_ componía de diez o doce mexicanos rodada
standard. Pero yo nunca me había echado a un mariachi. Por
eso le dije a José Luis, que traía tan buen ritmo como yo:
-¿Sabes una cosa? Nunca me he echado un manachi.
-Es la décima vez que me lo dices, mi querido amigo.
Todos y todas estamos enterados de tu desgracia. Muy especialmente el mariachi de los bigotitos que siempre trata de
estar detrás de aquella columna para que no lo despedaces a
miradas y miradas.
-Pero fíjate una cosa, José Luis: yo me he echado médicos, mecámcos, marmeros, policías en el cumplimiento de
su deber, choferes de taxi/

-Galopmas.
- ... meseros, profesores. Bueno, con decirte que en Caracas me eché a un cabrón que me encontré en el lobby del
hotel y que resultó ser quien hacía de Pato Donald en una
gira de Disneylandia.
-El Puto Donald.
-Bueno, mira, para no alargarte el cuento, me he echado
hasta contadores.

-¿Cómo te llamas? -le pregunté al del bigotito, que era
blanco, joven y medio gordito (o sea mi ideal).
-Óscar.
-Pues échense la que le guste a Óscar -propuse.
-Ya oíste, güey -le dijo un compañero a mi mariachi-,
di cuál te gusta para echárnosla.
-A mí no me incluyan -dijo José Luis-. Yo soy conservador y ustedes son muchos.

-Eso es tener estómago, digo yo.

-¿la Negra? -preguntó Óscar.

-Pues sí, pero fíjate que nunca/

-Dije que no me incluyan -insistió José Luis.

-Que nunca te has echado un mariachi. Ya lo sabemos.
1A ver -gritó José Luis-, ese mariachi que se esconde! ¡Que
salga! ¡Mi amigo lo quiere ver bien!
-Los mariachis callaron y empujaron a su compañero al
frente. El chavo salió con su brillante trompeta en ristre,
medio avergonzado ..
-¿Estás avergonzado?-le preguntó José Luis.
-¿Avergon qué? -aproveché yo.
-Vergüenza es robar -dijo el mariachi no muy originalmente.

-la noche de mi mal -dijo Óscar mirándome, según yo,
intensamente.

-¿Cómo sabes que es la que más me gusta? -pregunté
con sinceridad.
Empezaron a cantar. Qué maravillosa canción, qué maravillosa noche y qué maravillosa yo, digo, maravilloso.
Y cantaron, cantaron y cantaron. Yo estaba cada vez
más alelado con Óscar, quien se aprovechaba de ello para
que el conjunto tocara más canciones de las que pedíamos.
Después de una hora, dijo sensatamente José Luis:
-Bueno, ya. ¿Cuánto debe mi amigo?

-¡Claro! -afinné yo solidarizándome.
-Sobre todo choferes de taxi.

El jefe del grupo dijo sin inmutarse:
-Pero también andar con esa trompetota -acotó José Luis.

-No especialmente, pero, como tú dices de los albañiles, es un gremio muy noble. También me he echado meseros/
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-Cincuenta dólares.
-¿Cuál quieren que les cantemos? -preguntó un moreno
vejencón que tal vez era el jefe del conjunto.

-What? -exclamé como si estuviera en otro país.
-¿Pues en qué país estamos? -se enojó José Luis.
El mariachi jefe dijo:
-No importa si pagan en pesos.
-Qué amable -contesté mientras calculaba el equivalente en pesos.
-Págales -ordenó José Luis.
-Nofo-cofom-plefe-tofo -le contesté.
-Yofo-tefe-prefes-tofo -dijo solidariamente mi amigo al
tiempo que sacaba la cartera y dejaba ahí la mitad de su
quincena que yo tendría que pagarle después.
De nuevo los mariachis callaron e hicieron fade out.
Salimos del Salón para familias brillantes. ingemosos.
mteligentes. es decir. pedísimos.
-Eres afortunado -dijo José Luis al baJarse del taxi en su
casa-. no se te hizo el manachi y así no te puedes morir. Y
luego añadió, dirigiéndose al taxista: -Llévelo derecho a su
casa. señor. Nada de detenerse en alguna cantma del camino. Si él insislc en imitarle una copa que sea en su casa.
El 1axi arrancó. Al fin solos.
-¿No consiguieron mariachis. joven? -pregunló el repen1inamen1e guapísimo taxista.
-Pues no. fíjese que no.
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�TIEMPO INVISIBLE

Rubén Soto Ortega
-Yo los fines de semana trabajo en un mariach1. Le voy
a dar una tarjeta. para cuando se le ofrezca.
Ahora es cuando se me ofrece, pensé, y además: José
Luis no me lo va a creer. Y también: nadie me lo va a creer
(yo no se lo creería a nadie).
-Gracias. Entonces qué, ¿me acepta un trago en mi depanamento?
-Pues nomás uno, joven, porque tengo que chambear.
-Nomás uno -le contesté y me dije que si se me hacía
este mariach1 ya podría monr, como dijo José Luis.

Tres días eran ya pane de los recuerdos de Diógenes en el
pueblo) aún no lo había recomdo. Tenía cunosidad por redescubrirlo. más por sentir el contraste de \'ida con la ciudad
que por cuestiones turísticas. En realidad no presentaba nada
de interés para los \ isitantes. a excepción de los buscadores
de leyendas que. con sólo invitar un tequila o dar alguna limosna. le sacaban plática a los más \·iejos y ansiosos por rein\ entar ) adornar las histonas del lugar. Había pasado mucho
tiempo desde la última vez que \1sitó el pueblo de sus padres.
el lugar donde nacieron y se conocieron. Pero él. Diógenes.
siempre tuvo antojo por la tranquilidad y la manera de afrontar la \'ida de los pueblerinos: la falta de cultura, o bien, la
cultura establecida por tradiciones: la forma de llenar el día y
los ratos libres con pláticas en vez de televisión, en el campo
) por las calles en lugar de un cuarto cerrado como oficina,
formando una mente común en cuanto a las creencias que definen lo bueno y lo malo; y sobre todas las actividades. lo que.
más gozaba la gente eran las noches oscuras en las banquetas.
contándol~ a los niños las historias que más los asustaban con
tal \'eracidad que se difundían por todo el pueblo como si en
realidad hubieran ocurrido.
El día de su llegada as1st1ó a un espectáculo que calificaría como de lo más aberrante que hubiera presenciado hasta
esos momentos. No obstante el temor de la gente del pueblo
al pecado y al infierno, concluyó Diógenes después de aquel
suceso, existía el atrevimiento para actividades en cierta
medida bestiales, con una crueldad que rayaba en el exceso,
como s1 la ficción del marqués de Sade se hubiera convertido en realidad, y para él, desde ese momento hubiera dejado de ser invención pura. Desde que oyó hablar de las monjas belgas que resolvieron dedicarse a la prostitución con fines benéficos para rescatar del fariseísmo a la Iglesia, tenía
la idea de que ya nada iba a sacar a relucir su capacidad de
asombro. Empezó como un extraño ritual religioso en el que
quemaron un cadáver sobre una fogata, enmedio de rezos y
lamentos por parte de espectadores. que en su mayoría tenían parentesco con el difunto. La parte grotesca vino des-

pués. cuando con el afán de festejar el suceso, organizaron
una especie de concurso con cinco muchachas y un animal
de enormes proporciones. Aún no entendía qué tipo de goce
encontraban con eso aquellas personas. Y sin embargo, ese
aparente exceso de maldad le dejó a Diógenes alguna huella
de placer, como s1 de esa forma desafiara su destino y reluciera en su personalidad un aspecto oscuro sobreponiéndose
a su aparente bondad.
El segundo día curioseó por los cuartos de la casa, herencia de su abuela. La noche anterior se encontraba tan
cansado que ni siquiera reparó en los cambios realizados
desde la última vez que estuvo ahí, cuando era niño. En
aquel entonces la veía como una casa sin fin. Nunca se atrevió a traspasar la cerca del fondo del corral. Sabía que había
más allá un lugar para caballos y vacas; de hecho alguna
vez acompañó a su abuelo que a diario las llevaba a p~tar.
pero al regreso lo enviaba por la puerta principal mientras él
metía el ganado por la parte trasera. Lo único que alcanzó a
conocer de ese lugar, cuando iba al baño de pozo que estaba
pegado a la cerca, fue el olor y los ruidos de los animales.
En su lento caminar, mientras reconocía la casa, llegó al corral y se encontró con que la cerca ya no estaba, ni siquiera
el baño de pozo. El sendero bordeado de plantas que alguna
vez atravesara el corral hl\bía desaparecido y en su lugar se
arremolinaba vegetación de muy diversa especie, sin orden,
como si pelearan entre sí por el espacio. Por lo visto sus padres acondicionaron la casa y dejaron lo demás a su propia
suerte. Logró llegar hasta el sitio donde comenzaba el misteno, lo que en su niñez era el fin de la casa, y se detuvo a
escuchar el silencio recorriendo con la mirada el pasado derruido, a la izquierda un chiquero, todavía con el color de la
sangre mezclada con el excremento y la comida, pero seco;
al frente un enorme cuarto de adobe que debía haber funcionado como caballenza, con la entrada obstruida con un
tronco, y a un lado. el camino que conducía al fondo del corral y de la casa. Se dirigió hacia allá lentamente, sin atre-

�verse siquiera a voltear al oscuro interior de la caballeriza.
Se encontró con un espacio que muy bien podía contener algunas quince o veinte vacas. Imaginó la contrastante calma
que habría en ese lugar, lleno de vacas y caballos, cada especie separada de la otra o, si acaso cuando llovía, la caballenza repleta y las vacas amontonadas aprovechando el techo de los pesebres. Pero ya nada de eso existía. Se extrañó
por la carencia de vegetación en ese pedazo de terreno, aun
de vestigios de excremento o de algo que indicara la función que había tenido. El sol le calaba la vista. En la orilla
opuesta alcanzó a ver la pared que delimitaba la extensión
de la casa, creando una sombra larga, desigual por los trozos de adobe que el tiempo aún perdonaba. Por encima de
la pared sobrevivían algunos trozos de vidno. En la parte
sombreada se generó un remolino de tierra; lo vio traspasar
la orilla de sombra hacia él. Algo entró en sus ojos y comenzaron a lagrimear. Se los secó con la manga de la camisa. Cuando enfocó de nuevo la vista, vio a un perro negro
corriendo hacia la espiral de tierra y desvanecerse como si
se hubiera fundido con el polvo. Un ladrido ronco lo hizo
dar media vuelta y, con trancos largos y apresurados, llegó
hasta la seguridad de la recámara. Estaba seguro de haberlo
visto, aunque se dijo que probablemente su imaginación y la
tierra en sus ojos le habían jugado una mala pasada. Pero,
¿y el ladrido? Fue muy claro. Tendría que averiguar si alguno de los vecinos tenía perros. Encendió la grabadora. Sin
prestarle atención a la música trataba de acordarse cómo había llegado tan rápido hasta el cuarto. Se dio un baño recordando cuando de niño lo hacía en la pila donde su abuela lavaba la ropa, Junto a la pequeña huerta que estaba a un costado del corral, a puros cubetazos, sin agua caliente y en lugar de estropaJo una piedra de río. Ahora tampoco había
agua caliente, pero por lo menos funcionaba bien la regadera eléctrica. Logró distraerse del susto y se fue relajando
hasta que pudo disfrutar de la música. Al termrnar de bañarse tuvo la calma suficiente par desempacar sus cosas y acomodarlas en el ropero. Visitó los demás cuartos. A pesar de

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que no estaban vacíos presentaban un aire de soledad y escuchaba el eco de sus pasos como en una iglesia. La construcción de adobe, los techos altos y el gran tamaño de los
cuartos, contrastaban con las pequeñas puertas que no superaban el metro setenta de altura, y con las reducidas ventanas de madera que servían también de repisas, dado el gran
espesor de las paredes. Ya en el cuarto más alejado se alcanzaba a escuchar la música como s1 los sonidos se fundieran con la resonancia, com·irtiéndola en algo parecido a una
fuga de un número rndeterminado de voces. Se sentó en uno
de los sillones que había en ese cuarto y encendió un cigarro. Su mente divagaba, saltando de un recuerdo a otro: de
los amigos que tuvo siendo niño en el pueblo; de los muebles que poblaban aquella casa y los daños que hizo en algunos mientras jugaba; de las noches en que el miedo a uno
de los retratos colgados en la pared no lo dejaba dormir; de
la noche cuando se topó con aquella muchacha que se iba a
suicidar. Teresa se llamaba. ojalá y que todavía se llame. A
lo mejor no pudo conducirse como era debido, pero en un
caso así, ¿qué era lo correcto? Más aún cuando lo había pescado de sorpresa. Y era lógico. Una situación de ese tipo no
se puede predecir. Seguramente le había caído mal y por
eso buscó la forma de deshacerse de él. Pero le quedaba el
insistente proceso de 1magrnarse lo que pudo haber pasado.
y todo lo imaginado era perfecto. y cada vez le reforzaba
más el desarrollo del olvido. Tiró el cigarro y éste fue a dar
junto a unos zapatos. frente al otro sillón. Ahí estaba su
abuelo. sentado con la mirada perdida y los brazos descansando en las rodillas. Giró la cabeza lentamente hacia Diógenes v en su rostro se fue formando. con la misma lentitud,
~na s~nrisa. Reflejaba una inmensa paz. Diógenes sonrió a
su vez ) ex.tendió un brazo. Todos los movimientos eran
lentos. El abuelo sacó de algún lugar un sombrero y, sin ponérselo. se fue levantando. em1uendo una risa que se convirtió en carcajada cuando estuvo de pie. frente a Diógenes.
Se transformó el semblante del abuelo: en sus OJOS reflejaba
una burla cruel. remarcada con el brazo que asía el sombre-

ro extendido hacia Diógenes. Sin dejar de reír, se puso el
sombrero y dio media vuelta. Caminó fuera del cuarto hasta
que el contorno de la puerta lo ocultó por completo. Retornó el silencio. Diógenes regresó al cuarto y apagó la grabadora. No sabía qué pensar sobre lo que le estaba sucediendo. Esta vez, al contrario que con el perro, no llegó a sentir
miedo, tal vez porque era mayor el gusto de haber visto a su
abuelo, muerto hacía algunos años. Salió de la casa y se dispuso a investigar dónde vivían sus tías. Su madre le había
comentado que en el pueblo todos se conocían y que no iba
a tener ningún problema para dar con ellas. Lo primero que
notó fue que todos se le quedaban viendo como a una cosa
extraña. Se incomodó al principio, pero al poco rato se
acostumbró y dejó de darle importancia. Se dijo que para
orientarse bien lo mejor que podía hacer era 1r hasta la plaza. Al llegar ahí le preguntó a un viejecito que estaba sentado en una de las bancas que rodeaban el lugar, si conocía a
una señora llamada Engracia, esposa del Ajolote. El , iejecito le dijo que sí, que vivía a dos cuadras de ahí. Al llegar se
encontró a su tía barriendo la calle. Por la tarde fue con su
otra tía, Victoria, que vivía frente a la iglesia, atrás del Parián, y ahí conoció a Consuelo. Era una muchacha que contaba apenas con quince años, aunque aparentaba mucho más
edad con el vestido que llevaba puesto ese día.
Todo esto lo recordaba mientras se decidía a levantarse.
Ya era el tercer día que estaba en el pueblo y aún no cumplía con su propósito de caminar sin rumbo por sus calles.
Estaba inquieto más que nada por su situación -que él mismo había provocado- con respecto a Consuelo. Después de
todo el haberle dicho que si quería ser su no\'ia no es algo
que se deba tomar a la ligera. Pero lo intrigaba el que aún
sin conocerlo hubiera aceptado. Cierto que al principio pensó que Diógenes se burlaba de ella. pero con todo y eso no
recordaba haber msistido lo suficiente como para que lo haya_tomado en seno tan pronto.

Por fin se levantó y, después de darse un baño, salió a
caminar.
El empedrado de las calles se interrumpía en las más
alejadas de la plaza que, según apreció Diógenes, era el centro del pueblo. Después de mucho caminar e ir encontrando
los pocos puntos de referencia que había, además de la plaza y la iglesia. notó una característica peculiar en cuanto a
la distnbución de las calles. En determinado punto eran
muy cortas y, a medida que se daba la vuelta en el sentido
de las manecillas del reloj, se volvían cada vez más largas.
Por un lado se contaban cuatro cuadras· pequeñas, tres en el
que seguía, dos } una en los últimos. Se dijo que no podía
ser obra de la casualidad. Se dirigió hacia la plaza y vio con
sorpresa que la anchura de la banqueta se iba incrementando a medida que la rodeaba. En el mero centro encontró una
posible razón para JUSllficar la singular espiral que parecía
el pueblo En la parte de arriba del quiosco había un enorme
reloJ con una campana debajo. El punto en donde iniciaban
las calles más cortas comc1día con las doce. Caminó alrededor de la plaza ) fue encontrando más detalles que seguían
la misma regla. Los árboles iban siendo más grandes, las
bancas más largas. la altura del barandal que rodeaba el pasto iba creciendo. aun el pasto seguía el mismo estilo. Lo
único unifom1e era el quiosco que sostenía al reloj.
Este descubrimiento lo impulsó a describirlo. a recrearlo. Su imaginación comenzó a surgir y colocó a una pareja
bailando en el quiosco. Regresó apresuradamente a la casa.
Con la idea fija en su memona. tomando forma con las frases que se generaban atropelladamente. tomó algunas hojas
} se ding1ó hacia la cocma. Sentada en la banca del zaguán
había una señora vestida de negro. pero Diógenes al pasar
por ahí no advirtió su presencia. Lo siguió hasta la cocina y
se sentó frente a él. al otro lado de la mesa cubierta de azulejos Mientras Diógenes se empeñaba en uno más de sus
muchos mtentos por crear una historia. la señora perrnane-

�LEOPARDOS Y LAGARTIJAS

Aída Guisela Soto
ció sin inmutarse, con las manos encima de las piernas y la
vista fija en un punto indeterminado. Diógenes se paraba,
caminaba alrededor del cuarto y volvía a sentarse, varias veces hasta que se le agotaron las ideas y las palabras. Dejó la
pluma encima de la mesa, se frotó los ojos y se alisó el pelo
hacia atrás. En ese momento miró a la señora que se paraba
de la silla y caminaba hasta él; sintió un ligero temblor en
las manos.
-Cuidado con la navaja ---0ijo la señora sin mover los labios. Dio media vuelta y se alejó por el pasillo hacia el z.aguán; parecía estar flotando.
Antes que desapareciera, Diógenes vio que no tenía
pies.

EXISTENTE LEOPARDO
Anoche eras el mismo viejo búho
que se recoge naciendo de su
antiguo miedo.
Tus manos orquestales
enigmas volviéndose a la
infancia.
Tus pies de ancha pisada,
labriegos un instante
escapando siempre a la montaña.
Redescubrí al leopardo
oteando en la fiebre del sol
su sombra ya compuesta.
Indefectible.
Cansados los años en tu pelo,
en tu pausa de fiera
materialmente concebida.
Y no advertiste
que aún tengo la sangre
enajenada,
que aún llevo la erupción de un
síndrome
si no hubieras sido más
que tiempo en mi carne
extasiapa.

Fragmento de la novela Tiempo invisible (inédita).

�LAGARTIJA
La fidelidad de la lagartija
en sucesión de su lengua de fuego
es continua.
Se fija prensil
en actitud teatral
perentoria de su instinto rítmico.
Simulando un miedo que no
existe
mira inquisitivamente cualquier
gesto
y da un salto inesperado.
Mas es prudente
hasta cuando un insecto
ll~n'~ dé tentación
su clamorosa lengua
y siendo imaginaria
cuida de su cola
frente al enemigo.

ABANICO

�ACTUALIDAD DE LA
FILOSOFÍA POLÍTICA

Gabriel Vargas Lozano
La reflexión sobre la política en la
tradición occidental tiene una historia que, por lo menos, se remonta a
la Grecia antigua con el relato de
Tucídides (-ló0-399 a.c.) acerca del
discurso de Pericles, que es una de
las pocas descripciones que tenemos
acerca de lo que se supone había sido la democracia griega; sin embargo. a pesar de las virtudes que se
enunciaban, dicha democracia no
era, a juicio de pensadores como
Platón y Aristóteles, la más adecuada fonna de gobierno. En efecto, los
filósofos clásicos no confiaban en la
democracia porque ya habían aparecid9 fenómen.9s como el nepotismo,
el clien.telismo o la manipulación del
demos, que habían llevado, entre
otras muchas injusticias, a la condena de Sócrates. Estos grandes pensadores plantean cuestiones relativas a
la ética, las modalidades adoptadas
por los distintos regímenes políticos
y la virtud ciudadana, entre otros.
La reflexión filosófica de la política se mantiene durante el imperio
romano y luego durante la Edad Media pero será hasta el Renacimiento
que se buscará distinguir con nitidez
el -fenómeno de la política en la obra
de Maquiavelo (El príncipe, de 151 3;
El discurso sobre la primera década
de Tito Livio, 1519). Por cierto, vale
la pena recoger aquí la opinión de
Rousseau sobre Maquiavelo en su

célebre Contrato social: «Maquiavelo era un hombre honrado y un buen
ciudadano; pero atado a la casa de
Médicis, estaba obligado, dada la
opresión en que yacía su patria, a
1
disfrazar su amor por la libertad».
En el siglo XVI se publican también
la Utopía de Moro (1516); La ciudad
del sol de Campanella (1602) y De la
autoridad secular de Lutero en 1523.
Será en el siguiente siglo que
aparecerá una nueva fonna de entender a la sociedad, la política y las relaciones del ciudadano con el estado: el iusnaturalismo. Esta corriente
representa, a mi juicio, una verdadera revolución teórica y política. A
ella pertenecen Hugo Grocio (De iure belli ac pacis [1625]); Hobbes con
el Leviathan de 1651; Samuel Puffendorf con su Elementarum juriprudentiae universa/is (1660); Spinoza,
con el Tractatus teologico-politicus
de 1670; Locke, con sus Dos tratados
sobre el gobierno civil de 1690. Y ya
en el siglo XVII, Rousseau, con El
contrato social de 1762 y culmina
con la obra filosófica de Kant. El
iusnaturalismo constituye una revolución teórica y política porque se
trata de una crítica radical al absolutismo; una fundamentación del poder a partir del derecho natural; una
transfonnación de la fuente de legitimidad por medio del consenso de los
ciudadanos (aunque existan, como

se sabe, variantes significativas entre
Hobbes, Locke y Rousseau) y una
reflexión sobre la naturaleza humana
que para algunos es de maldad y para otros de bondad.2 Rousseau constituye aquí una figura excepcional ya
que si bien es iusnaturalista, también
es un pensador romántico anti-liberal ya que considera que la desigualdad proviene de la existencia de la
propiedad privada; se opone a toda
representación del poder político y
aboga por una democracia directa
propia de comunidades pequeñas y
homogéneas. Todo este modelo será
criticado por Hegel, quien en_ su trabajo «Sobre las diversas maneras de
entender el derecho natural» de 1802
considera, con razón, que no existen
derechos naturales sino que éstos
son históricos; que no es posible una
ruptura tajante entre un estado y
otro, como parecía sugerir Rousseau,
,es decir, un auténtico contrato social
que legitimara democráticamente la
forma de gobierno y que había sido
el fundamento ideológico de la Revolución Francesa; y que la mejor
forma de gobierno no es ni la monarquía constitucionalista inglesa, ni
la democracia directa sino un estado
monárquico que preserve la racionalidad del sistema pero cuya última
palabra la tendría el monarca. A Hegel habría que situarlo, por un lado,
históricamente, es decir, en una «nación dividida» como lo era Alema-

nia en quinientos principados. Habría que subrayar su aportación al
proponer un modelo tricotómico
fundado en: familia, sociedad civil y
estado, en donde la sociedad civil incluye el mundo de las necesidades;
el de las corporaciones y el de la policía y la administración de la justicia. Habría que pensar también que
Hegel busca fundamentar un «estado
racional» pero considera que ese estado debe ser corporativo. Hegel
acierta en su crítica al iusnaturalismo pero se equivoca en no otorgarle
a la democracia un lugar en su «estado racional». Será justamente el joven Marx, en su Crítica a la filosofía
del derecho de Hegel de 1843, quien
dirá que Hegel invierte los ténninos
de la relación entre sociedad civil y
estado y que éste último no es, como
pensaba el autor de la Fenomenología del espíritu, el lugar donde se resuelven las contradicciones de la sociedad civil sino todo lo contrario el
lugar en donde se expresa el predominio de unas clases sobre otras. En
sentido fuerte, Marx y Engels dirán
en La ideología alemana que el estado es el instrumento de la clase dominante. Sobre este problema del estado, existe en el pensamiento de
Marx una evolución que varía de
acuerdo con la realidad examinada.
Un ejemplo de ello lo tenemos en
ob_ras como El dieciocho brumario
de luis Bonaparte, en la que analiza

cómo la contradicción entre las diversas fuerzas sociales pennite que
un individuo mediocre pueda asumir
el poder, como es el caso de Luis
Bonaparte. Con todo, en la obra de
Marx no hay una teoría sistemática
del -estado y es por ello que, a partir
de su obra, se desarrollarían, en el siglo XX, al menos tres teorías del estado: la instrumentalista (Miliband,
Lenin); la estructuralisra (Poulantzas, Althusser) y la hegeliano-marxista (primer Habennas, Marcuse,
Wolfe, Offe).
En los inicios del siglo XIX, aparte de la obra de Hegel tenemos ya
las reflexiones del socialismo y el
comunismo utópicos; el liberalismo
con Benjamín Constant (La libertad
de los antiguos comparada con los
modernos de 1819); las tesis de Tocqueville, sobre La democracia en
América de 1835; las obras de Marx
que enlazan con la tradición democrática de Rousseau y se expresan en
La ideología alemana (1845); El manifiesto del partido comunista (1848);
La crítica del programa de Gorha
(1875) y La guerra civil en Francia
(1871).

Marx y Engels examinan diversos temas de la ciencia y de la filosofía políticas como el ya mencionado del origen, funciones y futuro del
estado; la sociedad alternativa y la

fonna de lograrla; el sentido de la
historia; la problemática ética, pero
lo más importante es que consideran
que para que exista una sociedad
verdaderamente libre, se requiere
hacer desaparecer la explotación; la
desigualdad; la enajenación y todas
las fonnas de opresión entre las que
se encuentra la política misma. De
este modo, Marx y Engels también,
a pesar de sí mismos, formulan una
nueva utopfa. Mucho se ha hablado
de Marx en este siglo. Su concepción original fue deformada tanto
por el socialismo real en donde se le
sometió a un proceso de «divinización» junto a Engels y Lenin; como
en el capitalismo, en donde fue «demonizado». Por mi lado, he intentado hacer un balance equilibrado en
mi libro Más allá del dermmbe (ed.
Siglo XXI, México, 1994). En él considero que muchas de sus tesis siguen vigentes; otras han perdido su
vigencia: otras se han vuelto utópicas y otras más nunca tuvieron validez. Analizar todo esto implica repetir lo que allí he expuesto.
En tiempos de Marx, se avanza
también en dirección del liberalismo
anticipado por Locke, con las obras
de James Mili, Jeremy Bentham,
John Stuart Mili (Sobre la libertad,
1859), quedando así configuradas las
dos corrientes de pensamiento más
influyentes del siglo XX: el liberalis-

�mo. que plantearía las tesis del esta•
do de derecho, las libertades políticas, el individualismo y la economía
de mercado; y el socialismo, que
abogaría por las condiciones de justicia distributiva, organización racional de la sociedad, democracia Ydesenajenación del hombre. Las dos
corrientes se han plasmado en la realidad concreta y han sido defonnadas, corrompidas y pervertidas, es
decir, transfonnadas en su exacto
contrario. En relación a ellas se
plantea, a final del siglo XX .&gt; a la
luz de sus expresiones teóncas Y
prácticas una reflexión que extraiga
lo ¡x,siüvo de- ambas tradiciones Y
construya una nueva síntesis.
Ya a principios del XX tenemos
el debate entre Lenin (El estado Y la
revolución de 1918, entre otras); y
Karl Kautsky (Úl dictadura d~l ~roletariado) sobre los temas s1gu1entes: a) . es posible construir el socia1.,
•
lismo en
una sociedad
atrasada•?:, b)
el acceso a esa sociedad debe ser
· revolucionario o pacífico?; c) ¿la
(,
.
b
democracia representatJva es urguesa? y d) ¿es la democracia de los
conseJOS una alternat.Jva a la anterior?
A las anteriores habría que agregar las obras de Sorel (Reflexiones
sobre la violencia de 1908); de Kelsen (Teoría general del Estado de
106

(Economía y sociedad y la Ética protestante)' el espír'.tu del capitalismo (1904-1905]); Michels (Sociología de los partidos);
Schumpeter en 1948 ( Capitalismo,
socialismo y democracia); el inicio
de la aparición de las obras de
Gramsci (debido a Palmiro Togliatti,
en 1949, Notas sobre Maquiavelo, la
política y el Estado moderno). Por
cierto, más tarde, en 1975, aparecerá
la edición de Guerratana de los Cuademos y hoy se prepara la edición
definitiva de su obra completa por el
Instituto Gramsci. También podemos anotar las obras del recientemente fallecido Karl Popper, Úl sociedad abierta y sus enemigos (1945)
y Úl miseria del historicismo (publicado por primera vez entre 1944 Y
l945). En relación a Popper, ahora
convertido en uno de los filósofos
más celebrados en el mundo occidental, quisiera decir muy br~vemente que fue un importante ep1stemólogo pero su filosofía polític~, s~
bre todo en obras como Úl m1serta
del historicismo y la sociedad
abierta y sus enemigos está, a mi juicio, marcada por la «guerra fría». En
efecto, su repulsión a1 nazismo Y al
llamado socialismo, es decir, a la sociedad que se creó en Rusia con el
stalinismo y que más propiamente
podríamos llamar «colectivism~ .burocrático», lo llevó a condenar mJustamente a Platón, Hegel YMarx, co1925); de Weber

mo teóricos de la sociedad cerrada,
como si estos autores compartieran
posiciones filosóficas similares. Platón propuso una infortunada ut~pía
como fonna de sociedad que pudiera
«salvar» a la ciudad-estado de su decadencia; Hegel abogaba por una sociedad que ajustara lo real con lo racional y aunque el ciclo del autoconocimiento del espíritu parecía cerrarse especulativamente en su obra,
en realidad la historia permanecía
como un proceso abierto; pero Marx
abogaba por una sociedad en donde
se tenninara toda opresión (incluyendo al estado). Podemos dt&lt;:ir que
Marx desembocaba en una utopía
pero no podemos desestimar su crí~ca al capitalismo. Popper, al refenrse a Marx, tiene en mente más bien a
la sociedad soviética y la versión
vulgarizada del marxismo que se conoció como «marxismo-leninismo».
De igual fonna condena injustamente a Ja utopía como sinónimo de totalitarismo. La utopía no es, en manera alguna sinónimo de totalitari~
mo. Popper llama a la sociedad c~p~talista «abierta» pero en un aná11s1s
realista tendríamos que llegar ª la
conclusión de que se trata de una sociedad cerrada; jerarquizada en forma rígida; sujeta a profundas formas
de enajenación, dividida en clases
sociales sometidas a una dinámica
de concentración del capital. Finalmente, considera que el gran obStá-

culo epistemológico del conocimiento es el historicismo, fabricando una
definición especial de él para mejor
criticarlo. Por mi lado estaría de
acuerdo en censurar a la teleología
(en que cae el joven Marx pero no el
Marx de la madurez) pero no al condicionamiento social de las ideas
que es un~ de los aportes del historicismo. Popper, en su última etapa, se
pronuncia por la social-democracia
frente a las tesis duras de su amigo,
el padre del neo-liberalismo, Friedrich von Hayeck.
Curiosamente, durante la década
de los cincuenta y sesenta de este siglo, parecía que toda esa riquísima
reflexión f;losóñca sobre la política
había terminado. En efecto, Peter
Laslett, en la introducción a su antología titulada Filosof(a, política y sociedad consideraba en 1956, que la fi.
losofía política estaba muerta aunque, a su juicio, era necesario revi.I 3
vir a. En contra de aquella acta de
defunción, Isaiah Berlin publica, dos.
años más tarde, su ensayo «La théorie politique existe-t-elle?»4 en donde busca apuntalar la necesidad y la
importancia de una reflexión filosófica de la política. En este ensayo
nos dice que si se habla de la muerte
de esta disciplina, ello lo lleva a
plantearse la pregunta de ¿en qué
condiciones muere una disciplin~ filosófica? Las respuestas que encuen-

tra son dos: a) sus proposiciones empíricas o metafísicas ya no son aceptadas o b) son substituidas por otras
como ocurrió con la alquimia, la astrología o la frenología. Pero Berlín
considera que la perspectiva filosófica es diferente a la de la ciencia. Es
por ello que la aparición de la ciencia política no anula a la filosofía.
Preguntas como ¿qué es la justicia?,
¿qué es la igualdad?, ¿qué son los
derechos humanos?, ¿por qué debemos obedecer?, ¿qué es la libertad?
no son resolubles por la vía científica porque involucran una reflexión
sobre fines y valores que la desbordan. Los procedimientos empíricos
no resuelven los problemas éticos.
De aquí que se requiera mantener a
la filosofía para buscar incesantemente respuestas. El propio Berlin
escribe un libro sobre la libertad:
Two Concepts of liberty (1958), en
donde propone su tesis de la libertad
negativa y positiva.
¿Por qué se consideraba que había desaparecido dicha reflexión?,
¿por qué se pensaba que la filosofía
política tenía que desaparecer?
Aventuremos una tesis:
Por el lado del llamado bloque
socialista, la reflexión filosófica de la
política fue eliminada en virtud de
que predominaron las tesis de que la

filosofía era una ciencia de las ciencías y las versiones duras del economicismo, determinismo y sociologismo. La concepción teleológica de la
historia de que el socialismo advendría necesariamente y la tesis ideológica de que el estado se extinguiría
por sí mismo llevaron a la ester1lidad; a la negación de la intervención
de la subjetividad en la construcción
de los sujetos y al descrédito de la
democracia representativa. Lo que se
desarrolla muy creativamente en la
perspectiva marxista en el ámbito occidenta1 es más bien la problemática
de la teoría de las ideologías y las
teorías del estado. Sobre estas dos temáticas se produjo una amplísima
bibliograffa durante los sesenta, setenta y ochenta. Gramsci, uno de los
pensadores más potentes de la filosofía política marxista fue rescatado
por los convtnios realizados por el
Instituto Gramsci y por la edición de
Guerratana En Italia, Francia, España y América Latina se practica un
fuerte cuestionamiento de la tradición oficial soviética.
En diálogo con el marxismo surge
la reflexión de Sartre y Camus desde
el punto de vista ético; el planteamiento de la problemática feminista con Simonede Beauvoir (aquí hay toda una
veta de análisis en tomo a los conceptos de poder, ética y política, y género
y política) y la de la escuela de Frank107

�furt, tanto con la Dialéctica de la Ilustración como con Eros y civiliz.ación o
El hombre unidimensional de Marcuse, aunque sus consideraciones estén
vinculadas con la psicología, la sociología y la filosofía en otras dimensiones.

Pero desde otras perspectivas se
había extendido, o bien la visión tecnocrática o bien la visión cínica de la
política. En Occidente y en especial,
desde Estados Unidos, se promovió,
durante las dos décadas que siguieron a la·Segunda Guerra Mundial, el
conductismo de Dahl, la neutralidad
instrumental de la ciencia en autores
como Schumpeter; el análisis filosófico inspirado en el Círculo de Viena,
que divorciaba el análisis sustantivo
del filosófico y el fin de las ideologías de Daniel Bell. Fue por ello que
parecía que la filosofía política no
podía tener ya un lugar en el análisis
social. Esta operación tendía a excluir lo filosófico de la ciencia política y convertir a la filosofía en una reflexión exclusivamente metateórica
perdiendo el suelo real en que se sostenía. La filosofía -se decía- no podía tomar a su cargo lo sustantivo a
riesgo de convertirse en un discurso
ideológico.
Pero a fines de los sesenta y principios de los setenta en Estados Unidos, ya se estaba haciendo la crítica al
9C

108

conductismo por Wright Milis y en
Italia se iniciará una amplia renovación de la filosofía política. Dentro de
ese último país podemos ubicar a la
polémica entr¡! Bobbio y los principales filósofos y políticos del PCI como
Cerroni, Guerratana, Vacca, Ochetto e
Ingrao. La polémica giraba sobre los
artículos de Bobbio publicados en
1975: &lt;&lt;¿Existe una doctrina marxista
del Estado?», «¿Qué alternativas a la
democracia representativa?» y «¿Por
qué democracia?»
En ellos, un filósofo de inspiración fenomenológica, existencialista
y luego analítica, planteaba serios
cuestionamientos del marxismo y
proponía una nueva concepción del
liberalismo, del socialismo y la democracia.
Bobbio se develó como un crítico muy agudo del liberalismo, al que
distingue del /iberismo; sobre la democracia clásica y sobre los alcances y límites de la democracia representativa contemporánea.
La aportación de Bobbio fue examinada críticamer.te desde el marxismo por Perry Anderson en su texto «La evolución política de Norberto Bobbio».5
En el marxismo, la aportación de
todo el movimiento de recuperación

de Gramsci fue muy importante.
Gramsci reflexionó sobre la fonna
en que un bloque histórico logra la
dominación, primero mediante una
revolwción pasiva y luego mediante
fonnas violentas como ocurrió con
la implantación del capitalismo. Profundiza sobre la concepción de la
hegemonía, el papel de los intelectuales, de la ideología y de la filosofía. Retoma la tradición de la filosofía política iniciada por Maquiavelo
y se deslinda de una concepción mecanicista y detenninista del marxismo, al que entiende como una filosofía de la praxis.
En lo que respecta al mundo anglosajón, se publica la obra de John
Rawls, A theory of Justice (1971),
que produce un verdadero renacimiento de la reflexión ética y política en aquel ámbito. Su obra es criticada por Noszik, Dworkin, Buchanan y Oakeshot, entre otros.
Al propio tiempo, en Alemania
se produce el ascenso de la teoría de
la acción comunicativa de Habermas. quien había abordado el tema
de la legitimación del capitalismo
tardío y se iniciaba una reflexión de
tipo dialógico en la ética.
A esta renovación también se suma la obra de Leo Strauss, Historia
de la filosofía política, en 1963, des-

de una perspectiva explícitamente
. d'Ja. 6
JU

Pero lo que viene a replantear de
nuevo los temas de la filosofía política es el derrumbe del llamado socialismo realmente existente, debido
a dos fenómenos que creo conveniente separar: por un lado, este derrumbe puso de manifiesto la importancia y necesidad de la democracia.
Fue, entre otras cosas, por la falta de
una democracia política que el sistema no pudo enfrentar con éxito las
nuevas transfonnaciones del capitalismo mundial y sus propios problemas internos; por otro lado, el hundimiento de aquellas sociedades propició que se dijera que había triunfado la sociedad de «libre» mercado,
que a su vez, era la conditio sine qua
11011 de la democracia. Esto no es así
ya que la economía de mercado capitalista puede existir sin democracia
como lo demostraron Franco y Pinochet. Y aquí se imponen amplios
análisis sobre las características de
la democracia en los países altamente industrializados; sus alcances y límites así como la relación entre democracia y desigualdad social. Mapherson y Held han propuesto lo que
llaman «modelos de la democracia»,
desde la griega hasta la actual (directa; como protección; como desarrollo; de élites; participativa y autonomí&amp; democrática, entre otras).

En nuestro país, la filosofía política también había estado relativamente ausente. Las causas eran varias: en México, la filosofía se había
ocupado sucesivamente de problemas antropológicos como la filosofía
del mexicano en los años cincuenta;
problemas metafísicos del existencialismo o problemas científicos.
Dentro del marxismo había habido
también una orientación de tipo
cientificista que produjo un auge del
estructuralismo entre 1965 y 1975 por
la vía de la escuela francesa de Althusser a quien había precedido LéviStrauss. A pesar de ello, en 1975 había surgido la importancia de
Gramsci pero me atrevo a decir que
no se había profundizado en su pensamiento. Sin embargo, había un
problema de fondo: en México no
había habido una actividad social
que exigiera esta reflexión porque
habían predominado gobiernos autoritarios; sin embargo, a partir de las
décadas de los setenta y ochenta se
inicia un movimiento lento y gradual
que se llamó «transición a la democracia», aunque podría denominarse
mejor como de «construcción de la
democracia». Este movimiento del
sistema ha tenido el objetivo, a mi
juicio, de encontrar vías pragmáticas
de distensión de las explosivas contradicciones sociales a las que se había llegado en 1968. La hábil salida
que el régimen encontró fue la lla-

mada «apertura democrática», apertura que se ha continuado hasta la
fecha, en fonna lenta y sinuosa, mediante el reconocimiento de los partidos de oposición; tolerancia frente
a algunos medios de comunicación:
periodismo escrito y radiofónico; reconocimiento de organizaciones no
gubernamentales; reconocimiento de
las iglesias y por tanto, rehabilitación de la iglesia católica como sujeto político y jurídico; modificaciones
a las reglas electorales y la aparición
del fenómeno de la alternancia del
poder político en algunos estados de
la República. Aparece entonces en
nuestra sociedad, ante nuestros ojos,
una profunda necesidad: la de que la
filosofía despliegue todo su potencial para ofrecer explicaciones racionales sobre los nuevos fenómenos y
alternativas teórico-políticas para
encontrar soluciones tanto a nuestros
problemas como a los que se están
gestando en el mundo contemporáneo.
Hoy existen una serie de investigadores que han planteado problemas de la filosofía política desde el
ámbito de la sociología; economía;
historia; ciencia política; el derecho;
pero la filosofía se encuentra rezagada con respecto a las necesidades actuales. Se ha iniciado un movimiento
en este sentido pero todavía no es
suficiente. Se requiere una mayor
109

�profundización tanto de los clásicos
como de los problemas actuales teniendo presente nuestra perspectiva
concreta.
La filosofía política entonces ha
resurgido con fuerza debido a la urgente necesidad planteada por la sociedad misma. Ya no puede ser sólo
una reflexión a posteriori sobre la
ciencia política sino una reflexión
tanto a partir de ella como paralela a
ella. Todo depende del problema a
tratar. Esta cuestión puede ilustrarse
con las funciones de la filosofía política señaladas por Bobbio en varios
7
ensayos:
IJ La función nonnativa;
2) la

función espistemológica;

3) la obligatoriedad po!ítica y
4)

sobre cómo puede modificarse la sociedad e incluso la naturaleza humana;
sin embargo. considero que hay que
distinguir dos aspectos: uno ético y
otro utópico. Cuando Rawls plantea
cómo debería ser una sociedad justa se
concentra·en los aspectos ético-jurídicos; en cambio, cuando Moro plantea
la sociedad mejor lo hace desde la utopía. Los propios Habermas y Apel hablan de una concepción contrafáctica
de la sociedad.
2) la función epistemológica

Esta función busca establecer las
condiciones epistémicas de constitución de la ciencia política en el concierto de formación de las demás ciencias sociales, formales y naturales; la
clasificación y definición de conceptos como: democracia, sociedad civil,
política, libertad, poder, ideología,
obligatoriedad, legitimidad, etc.

la relación ética y política.
3) la función de obligatoriedad

Pondré un ejemplo de cada uha
de estas funciones.
I J La función ,wmiativa

La filosofía ha tenido, desde siempre, la función de proponer una mejor
fonna de gobierno. Así Platón; Tomás
Moro; Juan Jacobo Rousseau; Marx;
Rawls; Habermas y Apel, entre otros,
han propuesto concepciones diversas
110

La pregunta es ¿por qué debo
obedecer?, ¿qué argumentos son necesarios para saber por qué se funda
el poder?
4) Ética y política

La relación entre ética y política
es amplia y compleja. Se puede
plantear el problema desde varias

perspectivas: a) asumir la política en
la ética. Esto es lo que ocurre con
concepciones como las de Platón o
Aristóteles en donde la política debe
estar subordinada al bien común; b)
separar ética y política. Esta tesis es
la que sostiene Maquiavelo en su libro El príncipe al considerar que se
requiere examinar las fonnas de dominio independientemente de la ética. Muchos otros autores lo siguieron en esa dirección. Un ejemplo
moderno lo tenemos en el autor nazi
Karl Schmitt; c) declarar que la ética
no puede hacer nada en la política.
Este sería el sentido trágico de la ética: su imposibilidad ante la lógica de
la violencia. Un ejemplo de ello es la
reflexión de Albert Camus en su conocido texto Los justos.
En conclusión, la filosofía política está relacionada con otras ramas
de la filosofía como la ética o la filosbfía de la historia pero también con
otras ciencias como la antropología,
la historia, la economía, la ciencia
política y otras.
¿Cuáles son los grandes temas de
hoy?

comunitarismo; individualismo; poder; legitimación; ideología.

Notas
1

Hemos hecho un recuento global. a vuelo de pájaro, de la profunda trascendencia de la filosofía política en la historia; de las modulaciones de su aparición, desaparición y
reaparición en el panorama teórico e
histórico y de su necesidad en nuestro país. México está hoy, una vez
más, en un momento crítico que yo
definiría como modernización a
marchas forzadas; unificación económica con América del Norte; sumido en violentas transfonnaciones
que requieren una asimilación más
lenta y u.na modulación debida a los
grupos sociáles qu~ lo componen y
un mayor equilibrio económico, político, social y cultural. De aquí la
importancia, necesidad y actualidad
de los enfoques de la filosofía política.*

J. Jacobo Rousseau, El co111ra10 social.
UNAM, México, 1984. p. 94.

1

· En tomo al iusnaturalismo, Norberto
Bobbio ha. escrito diversos ensayos
compilados en Estudios de historia
de la filosofía: de Hobbes a Gramsci. Ed. Debate, Madrid, 1985.
3

Peter Laslett (ed.), Philosoph, Politics
and Society. Oxford, Basil, Blackwell, 1956.

4

Incluido en l. Berlin, Conceptos y categorías. Un ensayo filosófico. FCE,
México, 1983.

5

Publicado en José Ma. González y Fernando Quesada (coords.), Teorías de
la democracia. Ed. Anthropos, Barcelona, 1988.

6

Leo Strauss y Joseph Cropsey, Historia
de la filosofía política. FCE, México,
1993.

7

Norberto Bobbio, Considerazioni su/la
filosofia política. Societá editrrice 11
Mulino. Bologna, 1971; y Dei possibilt rapporli Ira filosofia politica e
scienza política. Universitá di Bari.
Facoltá de Giunsprudenza, 1970.

Los grandes temas de hoy: democracia; revolución; nación; derechos humanos; soberanía; religión y
política; ética y política; los valores;

/

- Conferencia leída el 25 de noviembre de 1!194 en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, dentro del
ciclo conmemorauvo del veinte amversano de la fundación de los colegios de sociología, histona y pedagogía. Monterrey, Nuevo León.

�EL HUMANISTA SALVAJE

Giampiero Bucci
Desde los tiempos de Bracciolini, Salutati y Bruni, la clase dirigente florentina se estuvo fonnando en un marco humanista: latín, retórica, imitación
esmerada de los clásicos, estudio de la
historia y la filosofía moral antigua.
Todo bajo el signo de Cicerón, quien
creía que esta educación podía fonnar
hombres virtuosos, es decir incorruptibles, amantes de la libertad y capaces
de conseguir la gloria para sí y sobre
todo para la patria. Bernardo Machiavelli, el padre de Niccoló, se había
educado así, y a lo largo de toda su vida se relacionó con los círculos humanistas de la ciudad. Por esto el pequeño Niccoló a los siete años empieza a
estudiar su latín, y a los doce ya puede
escribir textos originales en ese idioma. Sus maestros fueron los mejores:
Paolo de Ronciglione y Marcello
Adriani, durante mucho tiempo profesor en el estudio florentino, antes de
ser canciller de la república. Y es
probable que el mismo Adriani haya
jugado un papel importante en la introducción de su alumno en la carrera
política. En el verano de !498, después
del torbellino savonaroliano, una leva
de funcionarios nuevos marca el regreso a la normalidad republicana. Y
entre estos funcionarios se encuentra
Niccoló, joven y ambicioso.
Están a su cargo la correspondencia administrativa y las relaciones diplomáticas de los Dieci della guerra,
I 112

una de las secretarías de asuntos exteriores. De él se espera que sepa escribir «clásicamente» bien, pero mejor
aún, obrar bien. ¿Acaso Salutati no
había teorizado la superioridad de la
vida activa sobre la contemplativa, y
de la prudentia sobre la sapientia?

Por todas estas razones los ideales
políticos de los humanistas son, esencialmente, los de Cicerón, y no importa
que su De república estuviera, en aquellos tiempos, perdido, porque sus páginas habían sido mil veces comentadas y
repetidas durante toda la Edad Media.

De hecho sabemos que Maquiavelo, aún manteniéndose fiel a los horizontes del humanismo, lo traicionó, y
en esto finca su originalidad. Y puesto
que su teoría se construyó por medio
de significativos cambios de signo a
todos los valores de la política humanista, trataremos de identificar estos
cambios a través de una confrontación
de sus textos con esos clásicos que
pronto dejaron de ser, para él, un patrón, para convertirse en blanco de críticas y hasta de sarcasmos.

De hecho el texto de Cicerón que
más alimentó al humanismo fue el De
officiis, inspirado en el Perí toú kathékontos de Panecio. Aquí el problema
es conciliar la ética griega con la sabiduría privada y pública romana. Esta
intención se percibe claramente ya en
el título: Cicerón traduce el griego
kathéko11, que es la acción justificable
propia del hombre, con officium, que
en Roma significa la · vida pública,
opifici11111. Por esto su obra es un minucioso conjunto de preceptos sobre
los deberes de un miembro de la clase
dirigente romana. Su ideal es el vir
bonus capaz de practicar la lmmanitas,
esa benevolencia hacia todo ser humano que es la manera de concebir el estoicismo en Roma. Son estoicos todos
sus fundamentos: el hombre posee una
naturaleza racional de la que nacen
sus actitudes: sociabilidad, búsqueda
de la verdad, excelencia y armonía.
Las perfectas expresiones de estas tendencias son las cuatro virtudes cardinales, que Cicerón compendia con el
vocabulo honestum, transfonnando el
kalón griego en el reconocimiento público latino de la virtud, honores. Y

La tradición
Cicerón, antes que todo. En sus obras
el siglo xv encuentra un modelo de
h11111a11itas y un puente para conectarse con el pensamiento griego, gracias
a su mezcla de elementos platónicos,
aristotélicos y estoicos. Cicerón. además, pennite superar la discrepancia
platónica entre retórica y filosofía.
por su esfuerzo de calificar el 11egotit1111 romano como búsqueda de la
justicia, y esto encaja perfectamente
con el sueño humanista de una vida
activa.

puesto que en Roma la carrera política
se llama cursus honorum, está claro
que el vir bonus tendrá que ocuparse
de política, la cosa «más útil a la sociedad», para Cicerón. Este políticofilósofo será clemente y justo, y sabrá
que «todo lo que es justo, también es
1
útil», porque su rectitud le proporcionará el amor y la confianza de parte
de los hombres. En premio, tendrá la
gloria, tanto más merecida cuanto menos objeto de búsqueda.
Repetidas en vano por Séneca al
joven Nerón en el De clementia, estas
exhortaciones al buen gobierno no son
la única herencia política que Roma
legó al humanismo. Además de la
identificación entre el ciudadano y el
soldado, el tema que más volvemos a
encontrar es el de la relación entre virtud y fortuna. Los romanos llamaban a
la fortuna la bona dea, y creían que,
siendo mujer, era atraída por la virtus,
esa mezcla de valor y fuerza que hace
de un homo un vir. Tito Livio y Cicerón lo repiten más de una vez. Como
todo lo pagano, casi a principios de la
Edad Media, la fortuna pasa de las
manos de los hombres a las de Dios,
convirtiéndose en instrumento ciego
de su voluntad. Su proceder aleatorio,
según Boecio, puede enseñarnos a
despreciar bienes que se consiguen y
se pierden sin razón clara. Mil años
~es~ués, los humanistas regresan a la
imagen romana de la fortuna como di-

vinidad personal, cuyo favor se puede
conquistar. Una interpretación, ésta,
abiertamente influenciada por la fe
humanista en el libre albedrío: para
Alberti el hombre es faber fortunae
suae, para Manetti y Piccolomini la
diosa todavía ama a los audaces. En
fin, es con esta mezcla de retórica y
confianza en el orden cósmico que los
humanistas italianos se van a enfrentar
con el problema más difícil de su época: el de la justificación del nuevo tipo
de poder que había crecido alrededor
de ellos.
Los humanistas a prueba
Tras el ocaso del Imperio y del Papado, la independencia de las ciudadesestado del centro y del norte de Italia
no tenía fundamentación ideológica.
Los humanistas, que justamente son
los intelectuales de estas ciudades,
empiezan a meditar sobre las instituciones republicanas de la antigüedad,
tratando de insertar el nuevo fenómeno en el marco del derecho romano.
Sin embargo, la evolución política de
estos organismos los había llevado hacia el absolutismo: los co1111111i se habían transformado en signorie cuyo
gobierno quedaba en manos de una
sola familia. Así, del polvillo de estados solo habían quedado en pie unas
cuantas potencias regionales, y entre
ellas tan sólo Venecia guardaba formas de tipo republicano oligárquico.

En Nápoles sobrevive la última monarquía feudal, la aragonesa, y en Roma el papa, extraño tipo de monarca
electivo, pero en Milán los Sforza y
en Florencia los Medici representan
estas nuevas aristocracias de origen
burgués con quienes hay que hacer
cuentas.
Aristocracias que nacen de un nuevo tipo de soberano, el condottiere, un
hombre sin raíces, un mercenario o un
mercader habilidoso y afortunado,
quien protege a los humanistas y hace
que eduquen a sus hijos. Claro que, en
estas condiciones, de republicano el
humanismo se convierte en monárquico. Pero, ¿con qué ideas va a pensar
este tipo de poder?
La antigüedad clásica había sido
pródiga en obras sobre los estados
ideales o las virtudes del ciudadano,
pero había dejado muy poco sobre la
personalidad de un monarca, y las
mismas obras de Cicerón habían sido
escritas para una iepública. Toda la
tradición consistía en escritos menores, como la Ciropedia de Jenofonte o
la /11stit11rio Traiani, atribuida a Plutarco, obras en que se podían encontrar patrones para la educación de un
príncipe, pero nada sobre la esencia
del principado. Sin embargo, aquí socorre a los humanistas la tradición medieval de los specula principis, un género literario nacido en la edad caro-

�lingia que alcanza su madurez a principios del siglo XIV con el De regimine principum de Egidio Colonna. Esta
obra, que por lo sistemático llega a ser
superior a la homónima de Santo Tomás, se adecuaba muy bien a los fines
de los humanistas, puesto que teorizaba sobre un poder monárquico. Completame~te medieval, Colonna traza
los límites del principado en el interior
del plan providencial divino, que dirige la sociedad hacia el bien común de
la vida eterna. Por esto el príncipe no
debe de luchar por los bienes mundanos y la gloria, sino ejercer la justicia
en vista del premio ultraterrenal.

clásica heredada por Cicerón: el hecho
de que la mayoría de los specula escritos por humanistas sea una lista de
las cualidades principescas nos hace
entender que había mucho más interés
en la personalidad del príncipe que en
su función. Sin embargo, más allá de
las diferencias, el príncipe sigue siendo, como en la Edad Media, un sabio
administrador de la justicia y de la
paz, como lo ve Alberti, o un filósofo,
como lo desea Ficino.
Pero, ¿qué tienen que ver estos gobernantes piadosos con Cesare Borgia?

En el umbral del poder
Todo esto los humanistas lo interpretan a su manera. En primer lugar
cambia la argumentación, que pasa
del modelo lógico-deductivo a la
ejemplificación histórica griega y romana. Luego desaparecen los fines extramundanos del gobierno y reaparecen la fama y la gloria. El príncipe tiene todavía que apuntar a la virtud, pero no es la misma de Colonna: al lado
de prudentia, justitia, temperantia y
fortitudo aparecen la libera/itas, la
magnificentia, la magnanimitas, todos
los rasgos típicos de la majestas que
se representan, teatralmente, en las
cortes italianas. El culto de la personalidad típico de la época se revela en el
énfasis sobre las cualidades personales
del príncipe, y es esto lo que permite a
los humanistas regresar a la tradición

Se nota de inmediato que Maquiavelo
se mueve en esta tradición. Los lugares
comunes son los mismos, empezando
por el más obvio; el intento de escribir
un libro de consejos a un príncipe, un
libro en que se pueden encontrar los
temas clásicos así como los ve un humanista: la relación entre virtud, fortuna y gloria, los deberes militares del
ciudadano, la meditación histórica, las
finalidades del poder. Sin embargo, las
diferencias son enormes. Y son estas
diferencias las que apresuradamente
definimos como el «realismo» de Maquiavelo, en oposición al «idealismo»
de los demás humanistas o de Savonarola, uno de los blancos preferidos del
florentino. Claro que este «realismo»
tiene razones concretas. Para empezar,

Maquiavelo no es un cortesano, cuando menos hasta el final de su vida: es
un diplomático que se mueve entre los
secretos del poder en un momento de
desorden político. Además, a diferencia de Alberti o Ficino, vive en medio
de una crisis cuyas razones trata de entender. Pero aun Cicerón fue político
en el tiempo del derrumbe de la república, y sin embargo su teoría no es
«realista». Esto nos muestra que hay
que buscar por otro lado las razones de
las diferencias.
La cuestión es que Maquiavelo cree
haber descubierto el objeto de una ciencia, o más bien de una empiria, qne define como el «arte del estado» y que
abiertamente contrapone a todo lo que
había sido escrito sobre el mismo asunto. El sentido de esta contraposición se
entiende claramente en este pasaje de
El Príncipe: «Puesto que mi intención
es la de escribir cosas útiles a quien las
lea: me pareció conveniente buscar la
verdad efectiva de la cosa, más que su
imaginación. Muchos imaginaron repúblicas y principados que nunca existieron en la realidad. Y puesto que la manera en que se vive es muy diferente de
la en que se debería de vivir, el que
abandona lo que se hace por lo que se
tendría que hacer, ªfrende más bien su
ruina que su salud».
¿A quién está acusando aquí Maquiavelo? Tal vez a Santo Tomás,

Aristóteles y Platón, por cierto a toda
una tradición a quien reprocha haber
inventado una policy fiction únicamente capaz de traicionar la primera
finalidad de la política verdadera, la
de la conservación del estado por
cualquier medio. En este punto, el reajuste de las finalidades trae consigo
una nueva perspectiva de las virtudes,
que tienen que medirse con los objetivos del estado. De hecho, continúa
Maquiavelo, «es preciso que el príncipe que se quiera mantener en el poder
aprenda a no ser bueno, y a usar y no
usar esta capacidad, cuando lo necesite».3 La gloria sigue siendo el premio
a la virtud, pero de una virtud utilitaria
que consiste en «no separarse del bien
si es posible, pero saber entrar en el
4
mal», cuando es preciso hacerlo.
Por esto hay partes de El Príncipe
que parecen ser un comentario irónico
del De officiis, sobre todo en lo que
atañe a los medios que garantizan la
gloria. Para Cicerón ésta se compone
de: «el amor del pueblo, la buena fama y cierto grado de admiración hacia
nuestras prendas.»5 La condición de
esta gloria es la «fama de liberalidad,
franqueza, justicia, lealtad y las demás
virtudes que prueban bondad y afabilidad de costumbres.» 6 Todas estas cualidades nos pueden proporcionar el
respeto de todos. A tanto optimismo
sc_contrapone la desconfianza de Maquiavelo: «Los hombres suelen juzgar

más con los ojos que con las manos
(... ), todos ven lo que aparentas ser,
.
1o que eres». 7 Esta tirapocos sienten
nía de la apariencia justifica, de parte
del príncipe, el uso sistemático de la
simulación, lo que Cicerón condena,
porque «ninguna cosa fingida puede
8
durar». Sin embargo, más que de ceguera los hombres de Maquiavelo padecen de miopía: incapaces de ver el
bien ajeno, distinguen muy bien su
propio interés, y puesto que temen
perderlo, más que clemente el príncipe tiene que ser despiadado. El retrato
en negro de la muerte de Ramiro del
Orco por manos de Borgia no deja dudas sobre lo que Maquiavelo piensa
de la clemencia. Las mismas razones
de oportunidad harán que el príncipe
«estime poco que lo crean avaro (... )
para no tener que robar a los súbditos».9
Con esto, la liberalidad ciceroniana queda relegada entre esas virtudes
que, al ser tomadas en serio. acaban
con el estado.
La lista de las diferencias podría ser
más larga, pero hay un punto que las
resume todas de una manera tan evidente como una pintura. Hablando de
la violencia, Cicerón la rechaza por ser
propia del león y del zorro, más que del
10
hombre. Y Maquiavelo parece que le
contesta, cuando escribe «el príncipe
precisa saber ser bestia y hombre (...).

zorro para reconocer las trampas y león
para escarmentar a los lobos». 11

Las dos caras de la política
Ambas teorías, la de Cicerón y la de
Maquiavelo, se fincan en dos antropologías, muy diferentes entre sí. Las virtudes ciceronianas presuponen una racionalidad común entre los hombres,
que les permite reconocer la justicia y
disfrutar de una utilidad común: por
eso Escipión Emiliano define al estado
como res publica, porque realiza la
«finalidad humana de observar la justicia y perseguir intereses comunes. (...)
Al no observar esta ley, el hombre se
traiciona a sí mismo». 12 En realidad
este optimismo parece poco justificado
en la época en que Cicerón escribe.
Pero este es el punto: al proponer un
estado posible, Cicerón hace retórica
política en el sentido más literal: trata
de convencer. Maquiavelo también, al
escribir un libro-instrumento, trata de
convencer y utiliza todos los medios
de una retórica antirretórica. Sin embargo, su antropología es pesimista,
pues para él la realidad de las relaciones humanas es el aislamiento y la mutua desconfianza. Siendo los hombres
«ingratos. engañosos y mañosos, cobardes y ávidos de ganancias», 13 es
preciso que los legisladores los presupongan «reos y capaces de usar toda su
maldad cada vez que lo necesiten». 14
En esta situación el estado ya no es el

�LA REVALORACIÓN DEL VERSTEHEN
COMO MÉTODO DE CONOCIMIENTO EN
LAS CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES
"Lo que es, no es todo».

Theodor W. Adorno

Ricardo Miguel Flores
producto de la razón. sino del miedo. Y
sólo puede defender a los ciudadanos
si sabe defenderse de ellos.
Esto nos permite aislar. junto a la
clásica oposición que aquí llamamos
por brevedad «idealismo / realism~»,
otra más útil para entender a MaqUia,·elo. La llamaremos irénica / erística.
paz contra guerra. La política irénic_a
tiende al gobierno mundial y se considera como mediación constante, la segunda se concibe como un permanente cálculo de fuerzas en vista de su
inevitable utilización. Ambas aparecen en aquel pasaje de la Repu'bt·tea, 15
donde Platón dice que entre griegos
sólo puede haber discordia, stásis,
siendo ppsible ·1a guerra, p6lemos, solamente entre gr~egos y bárbaros. Es
irénica la línea que une a los estoicos,
Cicerón, el pensamiento político cristiano, Kant, toda la tradición, pues,
que confluye en la ideología de las
Naciones Unidas. Es erística la política como ta conciben Hobbes, los ultras, Marx, Lenin y Weber. Si fue T~~
cídides el primero en presentarla,
Maqui a velo fue su primer teórico.
Carl Schmitt llega a negar, a lo
que llamamos tradición irénica, el carácter de política genuina, por negarse
a reconocer la hostilidad radical entre
los hombres. 11 Pero tam b.,
ien es posible pensar que no escapa a la maldición de toda ciencia política, la de ser

116

fatalmente instrumental. De hecho, si
quisiéramos meternos en la historia
para descubrir cuál de las dos teorías
está más cerca de la verdad, se complicaría todo al descubrir que la tradición irénica ha sido la justificación de
la Conquista, como de todo imperialismo. desde el romano hasta el norteamericano, y que sus seguidores fornicaban con la violencia, estando casados con la Ley.

1

Cicerón, Los deberes, u. Jll.

2

Maquiavelo, El Príncipe, XV.

3

Jbidem.

4

El Príncipe, XVUI.

5

Los deberes, 11, IX.

6

Los deberes, XII, X.

1

El Príncipe, xvm.

8

Los deberes, 11, XII.

9

El Príncipe, XVI.

Tal vez sea este el argumento que
le debemos a Maquiavelo, y a su sentido trágico de la política.

10

Los deberes, 1, XJII.

Notas

II

El Príncipe, XVIIL

12

Cicerón, La república, DI, XXXJII.

13

El Príncipe, XVII.

14

Maquiavelo, Discursos sobre la prime-

Sobre la relación entre Maquiavelo ~ los
humanistas «puros», hay bellfsm~os
estudios, que aconsejo a los que quieran profundizar:
Felix Gilbert, «The Humanist Con_cept ?f
Prince and the Prince of Mach1avelh»
en Journal of Modern History, 1939.
A.H. Gilbert, Machiavelli's Prince an~ its
Forerunners. The Prince as a Typical
Book de regimine principum, Durham,
N.C., 1938.

De Ja multitud de estudios de car~cter general, sobresalen, por su atención a este tema, las s1gu1entes obras:
Felix Gilbert, Machiavelli e Guicciardini,
e&lt;l. it. Einaudi, 1970.
Quentin Skinner, Machiavelli, Oxford
University Press, 1981.

ra década de Tito Livio, '· m.
15

Rlatón, República, v. XVI.

16

En el Diálogo de los Me/os, en La guerra del Peloponeso, IV, cap. 84-l !6.

17

Véase Begriff des Politisch~n, Duncker
&amp; Humbolt, 1963. Ignoro s1 hay traducción española.

Las traducciones de Maquiavelo y de Cicerón (La república) son mías; las de
Cicerón, De officcis, son de ~~uel de
Valbuena, y aparecen en la ed1c1ón Porrúa, México, 1990.

En su primera formulación, por Dilthey y Spranger, la «comprensión»
significaba captar una totalidad estructural impregnada de sentido, poner en relación un fenómeno con una
conexión total conocida.
Había, en todo caso, una graduación de matices, que van desde una
noción más connotada psicológicamente, algo así como una especie de
empatía o identificación afectiva y
mental, como en Droysen y en el
Dilthey de las primeras obras, hasta,
como en el último Dilthey, donde se
da una conciencia de la unidad sujeto-objeto que permite ver desde dentro de los fenómenos humanos e históricos, al evidenciarse la pertenencia del investigador y la realidad estudiada al mismo universo histórico.

Es postulado de quienes defienden estas posturas que se da una singularidad de relaciones sujeto-objeto
en el ámbito de las ciencias del hombre, y que el tipo de conocimiento y
los métodos que se manejan en las
ciencias naturales no hacen justicia a
dicha singularidad.

Dilthey insiste en esta etapa en
que la comprensión capta incluso el
«espíritu objetivo», de que hablaba
Hegel, superando el matiz psicológico inicial; ahora la puerta estaba
abierta a la investigación de las realizaciones culturales y espirituales
del hombre.

De ahí la necesidad de sustentar
una alternativa que viabilice el proceso de una genuina captación de las
realidades humanas, y en general,
metaobjetivas, que por poseer un
modo de preeminencia entitativa.
desbordan los rígidos marcos conceptuales y metodológicos del conocimiento científico-natural, y en general, de toda forma de conocer abstractista, basado en categorías creadas para la captación de realidades
muy diversas a la humana. En el caso del estudio de las realidades específicamente humanas. la densidad y
plasticidad del objeto de estudio,
desborda con mucho los rígidos esquemas espacio-temporales. y los
esquemas conceptuales usuales de
sujeto-objeto. yo/no-yo. interioridadexterioridad, etc.

La idea de fondo subyacente era
Yes, escapar a la red objetivista, cós1co-naturalista, en que las mallas
del positivismo, y sus antecedentes
científico-naturalistas y matematicistas· pretenden agotar la realidad.

A lo largo de este trabaJo. únicamente intentaremos: l. Dar un segu1m1ento a la ulterior evolución de los
planteamientos de los partidarios del
«verstehen», incluyendo algunas
consideraciones sobre aspectos de la

polémica abierta desde el siglo pasado con los exponentes de la tradición
galileano-positivista, y 2. Intentar
aportar algunos argumentos en favor
de la qtilización de la «comprensión
ampliada» es decir, el «verstehen»,
además de todos aquellos elementos
hermenéutico-críticos que a lo largo
del tiempo han ido enriqueciendo esta posición.
Weber insistirá en la comprensión
como el método característico de las
ciencias cuyos objetos presentan una
relación de valor, e.d., objetos no indiferentes. pletóricos de una significatividad que no poseen los objetos de
las ciencias físico-naturales.
Para Jürgen Habermas y KarlOtto Apel es posible una mediación
dialéctica del «verstehen» o comprensión hermenéutica mediante la
explicación («Erklaren» ). Sostienen
que es posible -y necesario- hacer
ciencia social crítico-hermenéutica
con un método que necesariamente
tiene que utilizar tanto la interpretación como la explicación por causas;
mas ellos le añaden. tratando de ser
continuadores legítimos de la Ilustración. los afanes emancipatorio-racionalistas de ésta, y su posterior
matización efectuada por Marx.
El punto de partida de Habermas-Apel -tomado de Horkheimer-

�es que todo conocimiento va ligado
a un interés. Este puede ser triple: a)
interés orientado ante todo al control
y dominio de la naturaleza (ciencias
naturales), b) interés práctico por establecer una buena comunicación
entre los dialogantes (ciencias histórico-hennenéuticas) y c) interés
emancipativo que orienta las ciencias sistemáticas de la acción (ciencias sociales). De lo que se trata es
de establecer un ejercicio adulto de
la razón, libre de la dependencia de
poderes hipostasiados.
Desembocan por esta vía en un
análisis de los presupuestos universales.- suqyacentes al ejercicio de la
razón cómunicativa o condiciones
universales que posibilitan la comprensión «en comunidad». Aquí incorporan muchas aportaciones de
la filosofía del lenguaje, originales
de Austin y Searle. El corolario de
esta investigación es el rechazo del
último presupuesto tácito de la teoría del conocimiento positivista: 'el
&lt;&lt;solipsismo metódico». De este olvido o carencia de reflexión sobre
el a priori de la comunidad comunicauva (Apel) al modo de Carnap,
quien presupone un lenguaje objetivo y universal, se deduce la incomprensión del «verstehen» que
queda visto reductivamente .como
un elemento meramente psicológi-

co, «motivador», para formular hipótesis u orientar la investigación.
Tal parece ser la postura del objetivista Wolfgang Stegmüller, para
quien este método no conduce más
allá de uri procedimiento heurístico
para alcanzar «ciertas hipótesis psicológicas» que pueden ser aplicadas
como premisas de una argumentación explicativa, la que, en todo caso, para él, sería la decisiva.
No parecen vislumbrar Carnap,
Stegmüller y adláteres que, previo a
cualquier descripción y explicación
objetiva de sucesos espacio-temporales, está presupuesta la comprensión e interpretación de una comunidad comunicativa, y que sin ella, no
puede haber ciencia. La ciencia es,
por definición, un saber comunicativo.
Para Apel, la comprensión y la
interpretación realizan una función
complementaria a la descripción y
explicación. Para esta última el interés orientador es el trabajo instrumental sobre la naturaleza, e.d., se
trata de una relación tecnológica. En
cambio, el interés orientador alterno
al conocimiento objetivo es, según
este autor, la mejora de la comunicación en la dimensión propia de la intersubjetividad.

Se trata, entre otras cosas, de
posibilitar la relación entre ciencias del espíritu y la vida humana,
según el interés señalado; esto se
podría llevar a cabo en dos niveles:
lo. Propiciando condiciones adecuadas para la comprensión ínterhumana de las intenciones significativas, enfatizando la interrelación entre humanistas y científicos
-y entre estos dos grupos y el resto
de la sociedad-; y 20. proponiendo
pautas orientadoras y criterios de
comprensión relativos a los mundos históricos ya pasados y a los
divergentes a los nuestros, así como relacionados con la necesaria e
ineludible dimensión ético-social
de la vida humana, incluyendo los
aspectos morales de la actividad
científica y tecnológica.
En última instancia, lo cuestionable es la actitud objetivista de
dar una primacía al modo de conocer sobre el objeto de conocimiento. Esto ha producido una obsesión
enfermiza de cautela envuelta en
una «exigencia de certeza» atenida
a lo empírico, a lo susceptible de
medida y dominio. Ello va muy ligado a sociedades orientadas a la
sujeción de la naturaleza y a ejercer un poder de dominación política sobre otras sociedades y sobre
grupos minoritarios.

Así, lo humano, lo histórico-social desborda lo meramente «objetivo», vertiente predilecta de todo positivismo, cuya actitud básica es tomar como módulo de realidad el estrato del ser material.
Para los pensadores adscritos a
las corrientes crítico-hermenéuticas,
es posible tener una concepción de
objetividad orgánica e integral, más
completa y armoniosa, en definitiva.
Conforme a esta orientación ,
objetivo será todo pensamiento que
se pliegue creadoramente a las exigencias de cada estrato de lo real,
incluido el estrato de lo in-objetivo
o, mejor, metaobjetivo, a un nivel
en que la objetividad pueda ser entendida como riqueza, no como
despojo, y el rigor pueda ser penetración en profundidad, no mera
exactitud.
Sólo así estaremos en condiciones de hacer justicia a la riqueza
multivariada de lo real, y no estaremos meramente atenidos al saber verificable de las capas mensurables
del ser. La solución no consiste en
desplazar la atención crítica del sujeto al objeto, o viceversa, sino en
captar íntegramente el objeto de conocimiento, incluyendo el ámbito
dialéctico que media entre sujeto y
objeto. Ciertamente, hay que eludir

la evasión subjetivista, pero no para
incurrir en un craso empirismo, apegado a las realidades que aparecen a
flor de piel.
Si el objetivismo racionalista y
positivista consiste en la comprensión racional, metódica y calculadora del mundo y de la vida, lo que importa entonces es determinar qué niveles de la realidad son susceptibles
de cálculo mensurable y qué niveles
escapan a dicha operación. En definitiva, de lo que se trata es de desprender la esfera de lo humano e histórico-social de su sometimiento a la
razón instrumental, elaborada con
categorías atingentes a las realidades
cósicas.
Quizá lo más indicado para una
posible «refundación» actualizada del
«Verstehen» como un método idóneo
para las ciencias humanas y sociales
sea una «vuelta a Dilthey» que nos
posibilite retomar la inicial visión de
la comprensión como método.
No hay que olvidar que para él la
comprensión presupone un vi\ir. pero a su vez, la vivencia se convierte
en una experiencia de la vida. ya que
la comprensión nos lleva de la estrechez y de la subjetividad del vivtr a
la región del todo y de lo general.
Luego, al ir descendiendo por grados
«objetivos» toparemos con la cone-

xión amm1ca individual que no es
sólo propia de la unidad de vida sino
que atañe a toda la «producción» humano-cultural considerada en su desarrollo concreto como otra serie de
«conexiones» que la comprensión
tratará de desentrañar.
Desde luego, nadie pensaría que
la comprensión sea la panacea o el
método ni muc~o menos; pero sí es
de considerarse que, ahora más que
nunca, con el auge de corrientes que
vienen prohijadas por la creciente
ola de neoliberalismo y tecnocratismo, los métodos de más amplio
aliento no deben ser perdidos de vista, so pena de que el «objeto» humano histórico-social se nos escape en
definitiva. Algo así como un «escape
epistemológico».

Bibliografía
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del espíri111. México. F.C.E.. 1978
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�EL CONCEPTO DEL MITO
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Alexei Fiódorovich Losev (1893-1988)
fue el último mohicano de la filosofía
rusa del «siglo de plata» (el final del
siglo XIX y principio del XX) que incluye en sí una brillante pléyade de
pensadores, la mayoría de los cuales
fueron expulsados de su patria encontrando asilo en Occidente. Losev no
emigró y esta elección existencial le
costó pesadas pruebas durante su larga vida.

1965.

El talento filosófico de Losev
floreció en los años veinte, en el
tiempo en que en la Rusia Soviética se cultivaba la «cultura proletaria», se escuchaban llamadas a
acabar con Puschkin y Chaikovski
y se implantaba una actitud clasista vulgar e intolerante hacia los fenómenos de la cultura en general.
En esta atmósfera espiritual de
permanentes sospechas y acusaciones ideológicas el joven pensador editaba sus libros por su propia cuenta en un tiraje limitado.
Sólo entre 1927 y 1930 Losev publicó ocho libros: El cosmos antiguo
Y la ciencia contemporánea, la
música como objeto de la lógica,
La filosofía del nombre, la dialéctica de la forma artística, la dialéctica del número en Plotino, la
crítica del plato111smo en Arrstóteles. Ensayos sobre el simbolismo y
la mitología antrgua y La dialéctica d"el mito.

Esta última obra (que es el obJeto
de nuestro interés) resultó fatal tanto
para el destino de Losev, como para
el de su esposa. que redactaba sus
trabajos. En tno los esposos Losev
fueron arrestados y recluidos en un
campo de concentración. Lazar Kaganovich, secretario del Partido de
los bolcheviques, estigmatizó públicamente las ideas de Losev en el XVI
Congreso del Partido Comunista,
acusándolas de ser una clara manifestación de «oscurantismo» y de
«idealismo reaccionario». La censura estalinista. que asumió un papel
de Juez Supremo en cuestiones ideológicas, no pudo perdonar al Joven
filósofo la comparación audaz de la
teoría marxista con el mito. Sólo en
virtud del trabajo de choque, Losev
y su esposa fueron liberados de la
reclusión en 1933. Más de veinte
años el filósofo se vio reducido a escribir en su escritorio sin ninguna esperanza de difundir sus ideas. En
1941, durante un ataque aéreo de los
fascistas a Moscú, una bomba destruyó su casa: perecieron sus parientes y su esposa, se reduJeron a cemzas sus manuscritos y, para colmo de
desdichas, el mismo filósofo perdió
la vista. Y sin embargo. después de
la muerte de Stalin. Losev volvió a
publicar sus trabajos acumulados por
años. Editó entonces ocho gruesos
volúmenes de la Historia de la estética antigua, la estética del Renaci-

miento y muchos otros libros, dedicados básicamente al estudio del
pensamiento antiguo. A pesar de que
Losev es autor de alrededor de quinientos·trabajos su nombre es prácticamente desconocido fuera de Rusia.

En el presente artículo no nos
planteamos la tarea de abarcar todos
los aspectos de la mitología, a la investigación de la cual el pensador
ruso dedicó muchos de sus trabajos.
El centro de nuestra atención es su
libro la dialéctica del mito, donde
Losev da su propia interpretación
sobre este fenómeno, mientras que
en otros trabajos su análisis se concentra alrededor de las formas concretas de la expresión del mito en la
literatura y la filosofía antigua.
*
El método usado por Losev para estudiar el problema del mito es dialéctico y fenomenológico. En el prefacio de su libro plantea: «Tomo al
mito tal como es. es decir, quiero
descubrir ) fijar positivamente qué
es el mito por sí mismo y cómo en él
se expresa ,su naturaleza mágica y
milagrosa».- El mito tiene que ser
analizado en sus proprns elementos
) no reducirlo a otros fenómenos. Se
puede. desde luego. cultivar o refutar al mito. pero ante todo es necesa-

�rio tener una idea de su peculiaridad
y de cómo este fenómeno se ,i,e en
la conciencia de sus portadores.
Casi en todos los idiomas europeos el mito se designa como un sinónimo de ficción. invención o fantasía. Pero desde el punto de vista de
la misma conciencia mitológica, al
mito no se le puede llamar ficción o
juego de fantasías. Para el portador
del mito éste no es un objeto de ficción, sino algo verdadero. Y esta
realidad no es un ideal abstracto. El
pensamiento puro y abstracto no tiene nada que ver con la esencia del
mito. Cuando algunos indígenas, por
ejemplo. pintaQ un cadáver o untan
sus caras' de color rojo antes de la
batalla, claro está que no se inspiran
en ideas abstractas. ¿Qué tiene de
común la imagen mítica de Gorgona
con sus dientes salientes y los ojos
saltones (encarnación del horror maligno y del odio siniestro), con el
pensamiento abstracto de cualquier
hombre? Para el sujeto de la mitológía el mito no es un concepto o una
idea, sino una realidad auténtica, una
vivencia con todos sus temores y esperanzas, alegrías y desesperaciones.
Muchos científicos consideran
que el mito es la base del desarrollo
de la ciencia, su génesis. Pero Losev
no coincide con esta opinión. Nadie
afirmaría que la mitología contem-

poránea y la ciencia son cosas idénticas: aunque se dice que la mitología de hoy no tiene nada que ver con
la ciencia de hoy, entonces ¿cómo la
mitología antigua puede haber sido
la fuente del desarrollo de la ciencia
primitiva? Si dos organismos adultos
son totalmente diferentes, ¿cómo
pueden ser semejantes en sus orígenes? La ciencia primitiva, por simple
que sea, es ciencia. El mito está saturado de emociones: personifica, diviniza, desdeña u odia. La ciencia
primitiva, desde luego, tiene carácter
emocional, inmediato y en este sentido tiene un matiz mitológico. Todo
esto demuestra que si la mitologicidad hubiera pertenecido a la esencia
de la ciencia, entonces la ciencia no
habría tenido nmgún desarrollo independiente, lo cual quiere decir que la
mitologocidad no es una «substancia», sino una «acc1dencia», y caracteriza sólo a una etapa histórica del
desarrollo de la ciencia, y no su
esencia. Por eso no es posible que la
mitología preceda a la ciencia, que
la ciencia aparezca en la envoltura
del mito y a fin de cuentas lo venza.
¿Qué significa que la mitología precede a la ciencia? Si esto quiere decir que el mito es más simple, más
primitivo e inmediato, entonces, es
cierto. Pero s1 esta tesis tiene el sentido de que al principio había existido la mitología y después surgió la
ciencia, esta afirmación es falsa. «S1

se tomara la ciencia real, es decir, la
ciencia que se crea por los hombres
vivos en una determinada época histórica, entonces, tal ciencia no sólo
se acompaña siempre por la mitología, sino que se alimenta de ésta, sacando de la mitología sus intuiciones
.
d.1a1es.»3
pnmor
Descartes, fundador de la mitología epistemológica en la Era Moderna, pone en el inicio de su reflexión
la duda universal. El dudaba hasta
de la existencia de Dios: «¿No es,
acaso, el Señor Omnipoderoso engañador? ¿Y en dónde encontró Descartes el apoyo, la certidumbre absoluta? En el «yo», en la conciencia
del sujeto, en el cogito. ¿Por qué
precisamente el «yo», el cogito es lo
que nos da la seguridad cognitiva final? ¿Por qué las cosas tienen una
menor realidad? ¿Por qué Dios es
menos real?»4 Sólo -responde LoséV-, porque tal fue la fe inconsciente cartesiana, su mitología epistemológica.
El mismo sentido tiene la concepción de Kant sobre la subjetividad de las formas apriorfsticas del
tiempo, el espacio y las categorías.
La búsqueda del fundamento epistemológico, los datos últimos o 1
proposiciones irreductibles son ÍOf
mas históricas de la mitología cien '
fica cuyos postulados no son demo

trables ni tienen por qué serlo. Así
sucede siempre: todo lo demostrable
se basan en lo que es imposible de
d:moStrar Y que parece evidente por
s1 mismo. La mecánica de Newton
fue_ construida sobre la base de hipótesis acerca de la homogeneidad del
es_pacio infinito. Y esta hipótesis, segun Losev, es una forma de mitología q~e tuvo para el científico inglés
1~ misma significación que la que
tiene la fe para el creyente.
La conclusión a la cual llegó Losev es la siguiente: la ciencia no nace del mito, pero la ciencia no existe
si ~ _mito
· y siempre
·
tiene un carácter
~llic?. Pero esto no significa que la
~i~ncia Y la mitología son cosas
identicas. La ciencia, como un sistema de relaciones expresadas en fór~ulas matemáticas, según Losev, no
llene nada que ver con la mitología.
L~ mecánica de Newton o la geometna de Eucl·d
•
1 es en sus expresiones
p~ras y lógicas excluyen la mitolog~a. Pero la función real de la mecá~1ca de Newton llevó al científico
mglés a la idea del espacio homogécomo su fundamento epistemolo~1co, y esto ya forma parte de la
~Jt~l?gía. Analógicamente, la conv1cc1on de que en la realidad no
existe
. n otros espacios salvo el espacio de la geometría euclidiana, es un
m1to, pueSto que los postulados de
esta geom etna
, nada nos comunican

n:o

sobre el espacio real o sobre las formas de otros espacios posibles. Cada
v~z que la ciencia cambia sus paradigmas básicos significa que una mitología es susti.tuida por otra.
. A primera vista podría parecer,
dice Losev' que la realidad mítica
es una realidad imaginaria. trascendental, y que el mito es un cuento
m~gico Y nada más. Pero para la
misma conciencia mítica el mito
no. es algo
irreal. Es una imaoen
o
.
e
v1venc1a real, inmediata y sensible.
Al caracterizar el mito como algo
trascendental no revelamos su
esencia, sino que nos caracterizamos a nosotros mismos. Según la
opinión del filósofo ruso. el mito
es más una realidad sensible que
trascendental. Los héroes míticos
nacen, viven, mueren: experimentan el amor, los celos. la en, idia.
0 afirmo que los colores perci~idos por nosotros son siempre míticos ... De tal suerte que cada hombre en realidad percibe. por ejemplo, los colores tibios. fríos. crudos. Esto quiere decir que en una
percepción dada (nosotros podemos llamarla mítica) el calor y el
frío se perciben por la visión. son
visibles ... ¿Quién no sabe de la \'OZ
de acero o la voz de plata?»~

«:

Para la conciencia mítica todo es
evidente y se expresa en imágenes

~lásticas. Hasta en la mitología cristiana. que es más espiritual en comparación con la mitología pagana,
existen muchas imágenes sensibles
que tienen una significación independiente y un valor en sí.
Para mostrar la interrelación mítica entre lo sensible y lo suprasensible Losev usa tres conceptos: el esquema. la alegoría y el símbolo.
. El esquema es un tipo de expresión en que lo externo prepondera
sobre lo interno. Lo particular tiene
como o~jetivo mostrar lo general y
lo esencial y en este sentido no agrega nada para la comprensión de sus
cualidades internas. Tal es el mecanismo en que lo más imponante es
la idea general y todo lo particular
~o añade nada al sentido de esta
idea. «La idea del mecanismo no llega a ser más rica a tra\'éS de la adición de algunas o todas las partes.
De igual manera las partes singulares. unidas por la idea generat expresan esta idea de modo abstracto.
Esta no las une. sino sólo comumca
el método de la unión. Por eso el
mecanismo es me\'itablemente es, .
ó
quemat1co». Pero el mito de ningún
modo se reduce al esquema. Si ;sto
fuer~ así su contenido ideal. suprasens1blc. se convertiría en un concepto abstracto y el contenido sensible sería para la estructura del mito

�al20 insi2:nificante. Así. el mito. fuera~ de lo ~concreto. lo sensible. y lo
exterior perdería su propia calidad.
El segundo tipo de expresión es
la ale2:oría. En ésta lo externo sobrepasa ~ lo interno. Claro que en la
a\e2:oría existe una imagen por la
cu¡¡ se puede opinar sobre una idea
oculta. Pero la imagen aquí es sólo
una ilustración y, por consiguiente.
aleoo casual. Por ejemplo, en las fábulas frecuentemente se encuentran
animales. pájaros o insectos. Pero ni
al autor de \as fábulas ni a sus lectores se les ocurriría que un lobo pudiera comportarse como se comporta
en las fábulas o que la libélula pueda
sentir angustia: Por tanto, la imagen
aquí sighifica una cosa, Y la idea
otra. Por supuesto que éstas de algún
modo están vinculadas, pues de otra
forma no podría ser posible la expresión. La alegoría siempre presupone
el desequilibrio entre el significado
y el significante, ya que en esta
ma de expresión la imagen pesa mas
que la idea. Para entender la imagen
no es suficiente verla, hace falta capturar aquello que comunica su sentido. En el mito lo que se designa es
una imagen. La cólera de Aquiles es
la cólera de Aquiles y nada más.
Narciso es el hermoso joven que al
principio había sido amado i:or las_
ninfas y luego murió por el amorª. s1
mismo. Por supuesto que el mito

fo:-•

124

puede ser utilizado corno alegoría.
pero antes tiene que mostrar su naturaleza intrínseca.
El tercer tipo de expresión es el
símbolo. En contraposición con el
esquema y la alegoría en el símbolo
existe equilibrio entre lo interno Ylo
externo, entre la idea y la imagen.
En la «imagen» no hay nada que no
hubiera existido en la «idea». «La
imagen habla por sí misma sobre la
&lt;idea&gt; expresada y no simplemente
sobre una idea abstracta; es suficiente la contemplación de esta imagen Y
de los medios expresivos para entrar
7
a la &lt;idea&gt;.»
En el símbolo no se puede ver la
idea sin la imagen, y tampoco la
imagen sin la idea. Si en el esquema
ia «idea» se identifica como la «imagen» de tal modo que ésta mecánicamente sigue tras de aquella, y en la
alegoría la «imagen» se identific_a
con la «idea» de tal modo que la pnmera tiene preponderancia sobre la
segunda, en el símbolo tanto la idea
da algo nuevo a la imagen como la
imagen da algo nuevo a la idea.
Losev considera que el símbolo
no es algo absoluto. El símbolo está
siempre en relación con alguna otra
cosa. Además, la misma forma expresiva puede, en diferentes rela~iones, ser un símbolo, una alegona o

un esquema. Sólo un análisis concreto puede esclarecernos su rol. Por
ejemplo, \a flor en un manual de b&lt;:
tánica es un esquema; para Novahs
(escritor alemán) «la flor azul» es un
símbolo místico; y una flor en calidad de personaje de una fábula puede servir corno alegoría. La obra artística puede contener alusiones a
hechos O acontecimientos concretos:
por ejemplo El trío de Chaikovsky
fue dedicado a la memoria de su
amigo Rubinstein. Sin embargo, esta
obra musical tiene valor por sí misma, sin referencia a los hechos concretos que la engendraron.
En su aspecto expresivo es imposi ble poner un límite entre la mitología y \a poesía. Tanto la imagen mítica como la poética pueden ser esquema, alegoría o símbolo. Cualquier forma poética siempre es ~xpresión animada e inspirada. Lo rrusmo sucede con la mitología, que
aunque nos habla de cosas inani~adas no obstante siempre se percibe
'
.
su calidad vivificante. Esto no qmere
decir sin embargo, que la primitiva
conciencia mitológica no haya sid~
capaz de distinguir entre objetos ant·
mados e inanimados como lo hacemos nosotros.

tema lógico ni de la teoría. En este
sentido, no se puede poner un límite
entre ambas esferas de la creatividad
humana. Tanto a la poesía corno a la
mitología les es inherente el atributo
común que Losev llama extrañamiento. En la poesía y en la mitología las emociones se excitan por su
sentido estético. Cuando, por ejem•
plo, en el teatro se representa un incendio, un asesinato u otras calamidades, no nos arrojamos a la escena
para evitar la desgracia. Nos quedamos en nuestros asientos. Tal es la
naturaleza del arte en general, que
vive por una «emoción desinteresada». Indudablemente que el mismo
extrañamiento, según el filósofo ruso, es propio de la-mitología. A pesar de su inmediatez, palpabilidad y
evidencia el mito esconde en sí un
detenninado extraftamiento en virtud
del cual nosotros vemos en éste algo
excepcional, inesperado, que contradice a la vida cotidiana.

El extrañamiento mitológico no
impide al sujeto del mito percibir la
realidad como algo vivo e inmediato, mientras que en ta poesía y en el
arte el sentido nos es dado no en las
fonnas reales de la vida, sino en
imágenes y expresiones artísticas. A
diferencia de un espectador, el sujeto
El ser poético y mitológico soa mítico intentará arrojarse a la escena
una realidad inmediata, evidente y Y no podría contemtfar en silencio
palpable, que no necesita ni del sis- lo que sucede en las tablas. Por eso

el extrañamiento mítico tiene un carácter diferente al del arte. «El extrañarniento poético», escribe Losev,
«es la enajenación del hecho, su abstracción. El extrañamiento mítico es
la enajenación del sentido, de la idea
de la vida cotidiana. En el aspecto de
los hechos, bajo la forma de su existencia, la realidad se plasma en el
mito igual que en la vida común; lo
que cambia es su sentido, su significado. En la poesía se anula la misma
realidad que se presenta como algo
condicional: en el teatro nos comportamos corno si lo que se estrena
no existiera, como si nosotros no tuviéramos en ello ningún interés vital.
Para el sujeto mítico tal situación es
inconcebible. El ser mítico es un ser
real; y si el mito le causa &lt;placer&gt; este placer es obligatoriamente cinteresado&gt;. Es decir, el mito causa todo
un complejo de diferentes ideas,
emociones, actitudes, actos de vo!untad que posee un hombre real en
su vida cotidiana&gt;t.8
De este modo en el mito se unen
tanto los rasgos poéticos como los
vitales. La fantasía, los hechos milagrosos se dan aquí como algo sencillo, evidente, inmediato, en fonnas
simples e inocentes. Esta síntesis de
1~ inesperado y lo extraordinario con
lo inmediato e ingenuo distingue al
mito de la poesía y del arte en general. El mito y la poesía están estre-

chamente vinculados entre sí aunque
esto no signifique que sean i~nticos. Es evidente que la poesía puede
existir sin el mito. No es obligatorio
que casa poeta escriba como Hoffman o Poe. Gógol es el autor del
«Inspector» y de Las almas muenas
y en estas no hay imágenes míticas.
Pero también es el álltor de «Vü» y
«El lugar hechizado», obras que están construidas sobre la base del
folklore y la mitología popular. Dicho en otros términos, puede existir
poesía sin mito y mito sin poesía.

Según el filósofo ruso, la distinción principal entre la imagen poética y la imagen mítica consiste en el
tipo de extrañamiento: Sin embargo,
en la vida real la conciencia mítica
se encuentra frecuentemente entrelazada con formas poéticas, religiosas
y científicas. ¿Cuál es, entonces, la
estructura del extrañamiento mítico
en su fonna pura? «El extrañamiento
mítico&gt;t, escribe Losev, «es el del
sentido y de la idea de los hechos,
pero no de su facticidad... Las cosas
en el mundo, al quedarse igual, adquieren totalmente otro sentido, se
someten a otra idea, que las enajena.
La alfombra es una cosa común en
la vida cotidiana. La alfombra vota~
dora es una imagen mítica. ¿Cuál es
la diferencia entre ellas? La distinción no está en el hecho, puesto que •
la alfombra era la alfombra y sigue
125

�siéndolo. La diferencia consiste en
que este objeto adquirió otra significación. otra idea; la empezaron a ver
con otros ojos. 9 El extrañamiento
mítico aísla. arranca las cosas de su
concatenación habitual y las une a
una nueva estructura. La alfombra es
una cosa común que se usa para el
confort en una habitación. El vuelo
por el aire es también un proceso real para algunos seres (pájaros, insectos. etc.). En la imagen mítica estas
dos cosas diferentes se unen y sus
distinciones naturales se extinguen.
Pero la idea que las une al mismo
tiempo las extraña y las transmite de
una esfera de concatenaciones naturales a otra enajenada. Una visión
10
totalizadora encontró el punto de
semejanza entre estas dos cosas diferentes y eliminó su irreconcialibidad
natural. Este extrañamiento mítico
presupone una intuición (!Ue es capaz de convertir instantáneamente
una idea habitual de la cosa en otra
nueva y extraordinaria. El pensador
ruso considera que tal intuición es
inherente a cada hombre y por eso el
extrañamiento mítico es un fenómeno universal.
Si se excluyera del mito a otros
elementos de la mentalidad tales como la razón, la imaginación poética,
etc .. se podría decir que éste e~ sólo
una forma pre-reflexiva del hombre
y una actitud inconsciente ante las
126

cosas. Esta reacción pre-reflexiva se
puede percibir en el proceso de
nuestra comunicación con los otros.
Al echar una mirada instantánea a la
cara de otro hombre podríamos detectar, sin recurrir al razonamiento,
cuál es su estado emotivo. No tenemos todavía ninguna idea sobre el
sufrimiento o la alegría y, sin embargo, hemos notado que este hombre
sufre o está contento. Y no sólo hemos observado sino también hemos
evaluado su estado anímico. Algunos médicos, por ejemplo, antes de
la observación cuidadosa de su paciente, desde la primera vista ya saben si se pued~ curar o no a este enfermo. Esta intuición es semejante a
una visión mítica que arranca en un
instante las cosas de la concatenación acostumbrada y las sumerge en
una esfera donde de repente revelan
su vinculación íntima. El extrañamiento mítico es un tipo de enajenación de las cosas, de su existencia
aislada, y su inmersión en la corriente vital de la experiencia, donde adquieren una significación simbólica,
sin mediación previa de la razón. O
sea, antes del entendimiento racional
nosotros ya de algún modo comprendemos las cosas dadas en nuestra percepción. En este sentido el
mito es una actitud pre-reflexiva, intuitiva y personificante. Es la percepción de las cosas como personas
o la imagen del ser personificador.

La persona es siempre una inteligencia dada en su fonna corporal o, según las palabras de Losev, «el símbolo realizado corporalmente». A
través del cuerpo de la persona se
trasluce su alma. Si el cuerpo muere
nosotros recordamos el alma del desaparecido sólo a través de su apariencia corporal. Porque el cuerpo es
la revelación del alma, su semblante
vivo. Por la manera de hablar, por la
mirada, por las arrugas en la frente,
por el tono de la voz, por el modo
del comportamiento se puede intuir
la personalidad en forma íntegra.
Desde el punto de vista del filósofo ruso, entre la mitología y la religión existe una semejanza: ambas
pertenecen a la esfera del ser de la
personalidad. «En la religión la personalidad busca la consolación, la
justificación, la purificación y hasta
la salvación. En el mito la personalidad también trata de revelarse y encontrar su propia historia.» 11 Pero si
la religión es un intento de autoafirmación de la personalidad en la eternidad, la mitología no tiene dichos
atributos. Esto no quiere decir que
en la religión no existan los mitos.
Ninguna religión es posible sin mitos. Pero el mito, como tal, la mitología sui generis, pueden existir sin
la religión. Por ejemplo, la religión
cristiana presupone algunos mitos,
tales como la caída, la redención, la

salvación, el pecado, la justificación,
etcétera. El mito puede existir sin estos fenómenos. La religión trae al
mito un contenido específico que lo
convierte precisamente en un mito
religioso. Pero la misma estructura
del mito no depende absolutamente
del contenido particular que lo llene:
religioso, poético, o científico. En el
mito la personalidad no tiene obligatoriamente la sed de la eternidad.
«En él está ausente el nervio de la
vida religiosa: la aspiración a la salvación y a la redención. Existieron y
existen mitos que no contienen en sí
ninguna indicación acerca de la eternidad, del pecado, de la redención,
de la remuneración por las virtudes o
condenación por los pecados, etcétera. En la religión siempre está presente la evaluación según un criterio
temporal, desde el punto de vista de
la vida eterna o, por lo menos, del
porvenir. Aquí existe el deseo de
abrirse paso a través del pecado y de
la muerte a la santidad y a la inmor12
talidad.» Mientras que en el mito
estos rasgos no son obligatorios. En
el mito sobre la guerra de Troya, por
ejemplo, casi no se encuentran elementos religiosos. Los héroes folklóricos rusos tampoco tienen que ver
con un contenido religioso. «En el
mito -concluye Losev- no se trata
de una autoafirmación substancial de
la personalidad, sino de una autoafirmación enérgica; no es la afirmación

de la personalidad en su raíz última
y profunda, sino la afirmación en sus
funciones expresivas y reveladoras.» 13
Desde el punto de vista de Losev ,. el mito esta más cerca de la religión que de la ciencia o del arte ya
que la religión afinna al ser personal
sintético. El mito se parece al dogma
que fija un contenido detenninado a
la religión y le comunica un sentido
estricto. A pesar de esta semejanza,
el mito no es un dogma ya que éste
es siempre una reflexión sobre una
experiencia religiosa, mientras que
el mito no es sólo reflexión, sino
también una vivencia de la realidad
ingenua e inmediata. El dogma es
valor, es una afirmación de verdades
eternas que se contraponen al flujo
temporal de los acontecimientos. El
mito, al contrario, es la historia del
ser personal. El dogma religioso aspira a constituir hechos históricos
fuera del tiempo, quiere arrancarlos
de la corriente del devenir. mientras
que el mito es fluido y movedizo.
A pesar de sus diferencias. frecuentemente es difícil poner una línea divisoria entre ellos. La religión
descubre hechos absolutos. por
ejemplo, la resurrección de Cristo.
Este hecho es un acontecimiento específico de la Historia y, a la vez, es
un hecho absoluto que no puede ser

sometido a la duda. El dogma es la
reflexión unida con la fe, o como lo
llama Losev, «la absolutización reflexiva». Pero la resurrección de
Cristo ,orno tal, a pesar de su esencia absoluta y reveladora no es un
dogma, sino un mito, un mito religioso. El dogma empieza desde el
momento en que el mito se somete a
la elaboración racional. La elaboración sistemática del mito se llev&amp; a
cabo en la teología. El principio del
sistema se encuentra en el dogma.
Pero para que el mito se convierta en
dogma es necesario deslindarlo de
otros que están dedicados al mismo
tema y constituirlo como el único
verdadero. En este sentido el dogma
es la constitución consciente del mito descubierto en la experiencia religiosa. Los primeros cristianos, cuya
vida se representa en el libro Los
Hechos, vivieron no según los dogmas, sino según los mitos.
Según el filósofo ruso, el dogma,
por lo menos en el momento de su
surgimiento. no necesita de un sistema de definiciones racionales. Deja
para la teología dogmática la tarea de
sistematizar el contenido del dogma
religioso. «Y así como la sistematización lógica del mito, desde el punto
de vista puramente religioso, no es
una cosa primordial y ni siquiera
obligatoria, la teología surge, desde
luego, siempre más tarde y exige me127

�nos creati\'idad religiosa que la constitución del mismo dogma y, por su
supuesto. mucho menos que la constitución del mito que yace debajo de
éste.»1~ No sólo a la religión le es inherente la dogmatización del mito.
sino a cualquier sistema ideológico
donde esté presente la fe.
Según Losev. el mito es un milagro. Habitualmente se considera
que el milagro es una intervención
de alguna Fuerza Superior. Pero
para la misma conciencia mítica
nada existe sin las intervenciones
de unas u otras fuerzas superiores.
Para la conciencia mítica el milagro se crea ininterrumpidamente Y
en general no -hay nada que no pudiera ser milagro. A veces dicen
que el milagro es la violación de
las leyes de la naturaleza. Pero desde el punto de vista del sujeto del
mito, el milagro de ningún modo
es la violación de las leyes, sino la
constitución. la justificación Y la
revelación del significado de éstas.
Para la conciencia mítica la existencia de las mismas leyes es una
manifestación de fuerzas superiores. Losev considera que el intento de explicar al concepto de
milagro como la violación de las
leyes de la naturaleza lo confunde
con la explicación científica ,de éste. La ley de la naturaleza nada nos
dice sobre la realidad absoluta del
128

acontecimiento concreto; sólo dice:
si hay una piedra. si hay una tierra,
si la piedra está más arriba de la
superficie de la tierra, y si, por fin ,
esta piedra cae, entonces cae de tal
modo y con tal aceleración. La ley
de la caída de los cuerpos nada nos
dice sobre el espacio. el lugar y el
tiempo concreto de la caída. En este sentido el mito es la contraposición absoluta a las leyes. El mito
nos relata precisamente sobre este
acontecimiento, sobre su inicio y
final en el tiempo y en el espacio.
Por eso la explicación mecánica
del milagro no explica nada esencial en éste. P.or ejemplo, un hombre camina por la calle y de repente cae del tejado de un alto edificio
una piedra y lo mata. Indudablemente que esta piedra cae por la leyes de la gravitación. Puede ser,
incluso, que el tiempo de su caída
en este mismo momento depende
de unas u otras leyes de la física o
mecánica. Puede ser también que
el transeúnte siempre andaba en este momento cerca del edificio d~do. y sin embargo, es incomprensible por qué de repente sucedió lo
que sucedió. El transeúnte hubiera
podido ir más rápido o más lentamente, elegir otra ruta, etcétera.
Las leyes de la naturaleza no se hubieran violado, la piedra hubiera
caído inminentemente, pero la
muerte de esta persona no hubiera

sucedido. Por consiguiente, el milagro no es simplemente la violación de las leyes naturales.
Desde el punto de vista de Losev, en la base del milagro está la
coincidencia o, por lo menos, el choque entre dos diferentes planos de la
realidad en la conciencia de la personalidad. En primer lugar la person•
lidad es, ante todo, ella misma y, como tal, está fuera de la historia. La
personalidad se queda inmutable durante todo el proceso de cambio Y
devenir. La misma historia es inconcebible fuera del principio constante
o la unidad permanente. En el caso
contrario el desarrollo hubiera sido
imposible. Cada cambio significaría
el surgimiento de una nueva sustancia, el nacimiento de una personalidad absolutamente nueva. En segundo lugar, la personalidad es una per·
sonalidad histórica que se encuentra
en proceso de devenir y de cambio.
Esta personalidad siempre está en ~
tiempo. y el tiempo por su propio
sentido es alógico e irracional. La
esencia del tiempo 4&lt;puro» consiste
en el devenir en donde no se puede
distinguir nada. El pasado ya no
existe, el futuro aún no existe y el
presente es el instante que siempre
huye, siempre escapa.
Según el filósofo ruso, el ~~
cepto de «causa» no puede suslltul

al concepto de «fortuna». Cada uno

de nosotros recurre a esta palabra,
puesto que nosotros conocemos que
nuestra vida no está garantizada, que
el futuro se pierde en la niebla de la
obscuridad y la incertidumbre. Dicen que el concepto de causa es capaz de explicar mucho mejor la realidad. Losev considera que esta afir~
mación no es válida. Basándose en
el principio de la causalidad se puede explicar la llegada de uno u otro
fenómeno, como, por ejemplo, un
eclipse de luna. Pero nadie garantizará que antes de la llegada del
eclipse la misma luna no desaparecerá en una conflagración mundial o
se destruirá a consecuencia de algunas causas desconocidas.
Según Losev, nosotros luchamos
contra el tiempo desesperadamente
porque el tiempo es irreversible, y,
por consiguiente, es un vampiro, es
la usura que a fin de cuentas nos
conduce a la ruina. Al volver hacia
atrás, hacia su pasado, el hombre advierte tristemente que lo que ocurre
ya ha ocurrido, la fortuna es implacable. No se puede poner remedio,
porque el hombre no es inmortal, no
tiene la capacidad mágica de regresar de nuevo a los días de su juventud. Sólo puede esperar, y en este
sentido confiar humildemente en su
suerte, no perder la salud y la vida
antes de que se hayan consumado to-

das las oportunidades que le asignó
su Destino.
El milagro, según el punto de
vista de Losev, es u!'la síntesis dialéctica de dos planos de la personalidad .. «Esto es la segunda encarnación de la idea; la primera se lleva a
cabo en el arquetipo ideal, mientras
que la segunda, realiza la encarnación de este paradigma primordial
en el acontecimiento real históri15
co.» Indudablemente que cualquier
hombre cumple, de uno u otro modo,
la tarea que está en el fundamento de
su ser. Pero es necesario mostra.,, esclarecer este vínculo entre la posición real histórica de la personalidad
y su paradigma ideal. Como ejemplo
de este vínculo Losev aduce la curación en los santuarios de Asclepio en
la Grecia Antigua. «Todo el mundo
sabía que Asclepio era el Dios de la
salud y ayudaba a los enfermos. Todo el mundo sabía también, que Asclepio ayudaba hasta en aquellos casos cuando nadie le rogaba sobre esto. En fin, todo el mundo sabía que
los sacerdotes·usaban diferentes medicamentos para curar a los enfermos e incluso hacían operaciones. Y
sin embargo, todo el mundo estaba
convencido de que la curación en el
santuario de Asclepio era un milagro. ¿Por qué? Porque la gente veía
que Asclepio ayudaba a los enfermos. Para esto hacía falta llegar, ro-

gar, confiar en que le ayudaría precisamente ese Dios, en ese santuario,
etc. Aquí todo se explica naturalmente; y el piadoso griego no pensaba en aigo sobrenatural. Todo pasaba de modo natural... Pero ayer este
enfermo delante de las mismas leyes
mecánicas estaba mal, y hoy delante
de las mismas leyes mecánicas, pero
sólo a la luz de los nuevos hechos (él
llegó a Asclepio, rogó... ) el enfermo,
no se sabe por qué, convaleció. Claro está que el cambio que se observa
no consiste en que hoy Asclepio cura y ayer no curaba (los dioses actúan siempre), y tampoco consiste en
que hoy fueron violadas las leyes fisiológicas mientras que ayer nadie
las había violado (las leyes son
siempre iguales y nadie las puede
violar). Lo nuevo consiste en que se
pone claro y evidente el vínculo, por
lo común no observable, de la vida
real del enfermo con su estado ideal,
cuando esta vida. en virtud de su
cercanía con la divinidad. se encuentra en un estado sano y eternamente
dichoso. La misma palabra &lt;milagro&gt;
en todos los idiomas indica precisamente este momento de asombro ante lo acaecido o lo acontecido. En
griego.... en latín miraculum-miror,
en alemán W1111der-bewundem, en
eslavo c/11ído significan lo mismo.
Por lo tanto el milagro tiene en su
base un sentido de advertencia, revelación. anuncio, testimonio, presa129

�gio. manifestación, profecía ... El milagro es la modificación del sentido
de los hechos y de los acontecimientos y no los hechos o los acontecimientos de por sí.» 16
Al creyente que cree en el milagro no es tan fácil disuadirlo. Por
ejemplo, el enfenno que usó un
amuleto u otra cosa &lt;&lt;sagrada» para
su curación puede replicar en contra de la ironía de un escéptico:
«Usted dice que me curé por medio
del medicamento, pero yo creo que
me curé porque me unté en el lugar
doliente un aceite sagrado». Disuadir a este hombre es imposible porque es imposi.t&gt;le demostrarle que
el amuleto no produjo ningún efecto, puesto que . el medicamento
tampoco siempre produce el mismo efecto.
Según la opinión del filósofo ruso, el milagro no se puede interpretar como un resultado de actos volitivos del hombre, por ejemplo, ·Ja
oración o la hazaña. El milagro tampoco le sucede al hombre que gasta
muchos esfuerzos para conseguir algo y tampoco se otorga a aquéllos
que son meJores que los otros. La
explicación del milagro como un resultado de los esfuerzos volitivos
inevitablemente conduciría al.moralismo en esta área que nada tiene
que ver con la moral.
130

El milagro, según el pensador ruso, no tiene tampoco nada que ver
con el discurso lógico y por eso todos los intentos de refutarlo carecen
de sentido. El milagro está totalmente fuera de la moral , deber o responsabilidad. ·Pero al mismo tiempo no
se le puede tratar como un placer o
como una contemplación de la imagen artística. El esteta está inclinado
a ver en el milagro la belleza y considerarla el objeto de su acción. Pero
tal interpretación, para Losev, es
errónea. El milagro, según su opinión, es una posibilidad mítica y como tal, no puede ser reducida a una
función aislada de la personalidad.
«En el milagro se contiene la reminiscencia del pasado eterno (que
está profanado y corrompido en el
presente) que de repente surge como
una imagen pura y feliz. Humillado
y ultrajado, el pasado se esconde en
el alma y se despierta como una virgen joven, como la mañana dichosa
del ser.&gt;, 17 En el milagro renace la
memoria de antaño, olvidándose el
mal y encontrándose un consuelo.
Todos los gigantes míticos, quienes
poseen fuerzas enormes y realizan
hazañas heroicas, son el resultado de
esta conciencia de la perfección primordial de la persona, porque el poderío físico es una fonna de autoafirmación absoluta. Todas estas alfombras, manteles y gorros maravillosos

son siempre la manifestación de alguna fuerza, capacidad o conocimiento de la personalidad en su aspiración o autorrealización. Confonne
al carácter de esta autoafinnación se
distinguen los milagros. Igual que
los tipos de las construcciones mitológicas. Todos los acontecimientos,
desde tal punto de vista, pueden considerarse como un milagro, si se ven
a través de una óptica médica de la
autoafinnación dichosa de la personalidad. El nacimiento de un niño,
por ejemplo, es el resultado necesario de detenninadas causas naturales. Desde el punto de vista de la voluntad, este hecho puede ser visto
como el resultado del deseo de sus
padres. La aparición del niño puede
ser interpretado también como un
objeto hennoso. Pero si se considera
el nacimiento de un niño como una
autoafirmación, este acontecimiento
puede aparecer como un milagro.
El mito, considera Losev, es un
ar9.u~tipo eterno en contraste con su
interpretación concreta. Esta última
puede cambiar según las necesidades
del momento histórico, mientras que
el mito se refiere a la totalidad de la
experiencia de la personalidad, al
sentido de la vida humana. Por
ejemplo, el significado del mito de
Edipo que se rebela contra su propio
destino y busca su propia identidad,
es permanente, varían sólo los mati•

ces ~el sentido que en cada época
adquieren otro carácter. La rebelión
contra su propia realidad es algo vigente para hombres de todas las culturas, dado que cada persona nace en
una situación histórica, de un padre
y de una madre, y en el proceso de
su autoafirmación, en cierto sentido
tiene que rebelarse contra ellos. Lo~
mitos, como símbolos de la existencia humana, la elevan más allá de
su inmersión en lo ordinario, y en
eSle sentido son generalizaciones
que llaman a sobrepasar los límites
de una situación concreta, insinuando una serie enorme de posibles
transformaciones.
Estamos de acuerdo con Losev
en que el mito es un símbolo del
misterio de la existencia humana, sin
el cual la vida perdería su encanto.
P~r eso todas las tentativas de dt:sm1~ologizar al mundo por medio de
la ideología racionalista conducen a
volverlo vacío, frío, incómodo qui1ar de el
· lo que constituye lo sagra'
do. Pero este camino conduciría a la
ruina. La pura racionalidad también
es un mito. en el peor significado de
esta palabra. El mito y la razón tienen que coex1st1r,
· · convivir, lo que
no signi
· ·fi•ca que esta coexistencia
deba ser inevitablemente idílica. Cada acto cultural, decía el literato ruso
H B ..
.
· ªJltn, hace aflorar los Jugos vitales del choque entre los valores y

cuando un contrincante procura imponer su exclusividad sobre el otro,
pierde su vitalidad, se vuelve arrogante y estéril. Losev realiza un análisis de la naturaleza del mito desde
el punto de vista del mismo mito.
Este abordaje fenomenológico, al lado de los momentos positivos, tiene
sus límites, ya que no da al inves11gador la posibilidad de evaluar las
funciones del mito en la sociedad y
en la cultura. El desarrollo del mito
en la sociedad puede terer conse~uencias tanto positivas como nega~1~ª~· Su tendencia a la expansión
thm1tada puede homogeneizar todos
los ámbitos de la cultura y hasta degenerar en la mentira, en el despotismo Y en el terror. fal tendencia es
peligrosa también porque puede descargar a sus defensores de la responsabilidad de la situación, hacer marchitar el deseo de elección libre )
hasta cuestionar su valor. Los mitos
ideológicos son peligrosos porque
pueden tener efectos analgésicos para la gente que se inclina a considerarlos como una instancia tutelar que
la protege de las dudas, la suministra
de valores, le resuelve todos los problemas Y la descarga de la independencia en la búsqueda de las Yerdades de la vida. Para evitar la peliº
.intox1cac1on
. . , por los mitos
ºrosa
ideológicos que aspiran a la domesticación total del mundo, no existe
otro camino sino la crítica de las

verdades últimas, absolutas, la diferenciación cultural y el pluralismo
social. La absolutización de los mitos es tan peligrosa para la suerte de
la humanidad como la negación de
su papel benévolo en los intentos de
superar la enajenación del mundo
r:specto al hombre, y por tanto aliviar su orfandad ontológica.

Notas
1

Este trabaJo es una versión reducida y
reelaborada de un capítulo de Mijail
Máhshev titulado «La concepción
del milo en la obra de Alexei Losev»
(manuscnto) que corresponde a una
mvest1gac1ón más amplia sobre el tema Mito y utopía en el pensamiento
filosófico ruso de los siglos XIX
\\

y

~ Lose,. A. F. Dialéctica del mito. En:
Lose\' A. F. Filosofía. 1111tología,
culrum. !\.loscú. 1991. p. 11 ten ruso).
3

.¡

/bid .. p. 19
!bid.. p. .1~

~!bid. p. -11
6

/bid.. p. -16

Ibid. p. .¡s
s !bid.. p. M
9

!bid.. p. 68-69

131

�MARIPOSAS DE LUZ

Para el poeta Elías Nandino

Juana María Naranjo
(,

tu Esta idea de Losev es bien esclarecida
por Leszek Kolakowski: «La distinción entre &lt;infonnaciones, y mandatos, prohibiciones, indicaciones,
apreciaciones es, en el mito, una racionalización posterior, ajena a la
realidad percibida. Si lo habitual es
que adaptemos esas racionalizaciones en la elucidación del mito, ello
se debe a que hemos sido ejercitados
durante siglos en los principios metodológicos de la ciencia. Pero las
reglas estrictas de ésta son las responsables de una evidencia engañosa
que nos impide penetrar en la conciencia organizada mfticamente; en
efecto, lo que el mito confía a quienes participan en él es accesible directamente a través de su mismo
con\enido y no pecesita que se lo comuniqu~ aparte O se le articule como
«conclusión» o !Tloraleja, pues esto
no se lograría sin desfigurarlo. Ello
explica, entre otras cosas, las dificultades con que tropezamos cuando
queremos aclararno~ el :erdader~
contenido de expresiones mtraduc1bles surgidas del orden mitológico...» (Kolakowski, Leszek. LA presencia del mito. Amorrortu. Buenos·
Aires, 1975. p. 130).
11

Losev, op. cit., p. 91-92

12 !bid.,

tt, /bid.,

p. 147.

17 /bid., p. 156.

La noche habita
en los cerrados párpados
del campanario.
*

*

El tejocote
sigilo de la noche:
luz en la rama.

A estos castaños
de bermejo linaje:
el viento canta.

*

*

Tiñe a la tarde
el dulce aroma ¡intrépido!
de este cerezo.

Bruñe a la noche
en la oscura arboleda:
esta luciérnaga.

*

*

Llora el pepino
su dulce desvarío,
casi nocturno.

Viejo bonsai
en tus hojas repaso
toda mi edad.

*

*

La rosa blanca
al viento se deshoja:
lluvia de nácar.

Flor del ciruelo:
si abres tu entraña al viento
serás preñada.

p. 93-94.

*

13

!bid., p. 94.

14

!bid., p. 101

15 !bid.,

Orfebre el sol
en la arquitectura áurea
de la naranja.

p. 147.

La berenjena
sigue buscando afuera
sú noche entera.

*
Un colibrí
tornasola en el viento
su frenesí.
133

�Una torcaza
en la rama más alta,
y no se calla.
*

Traviesa piña:
¿te comiste al sol
del mediodía?
*

La oscura noche
libera el silencio:
canto de grillos.
*

Como una flor
está abriéndose al sol,
la mariposa voló.

El colorín
se arrebata en incendio:
flores en llama.
* .

SEÑAS/ RESEÑAS/
CONTRASEÑAS

Pesca la noche
su tesoro en el mar:
arcón de estrellas.
*

No el viento ni el sol
sino el estruendo del mar
en el caracol.
*

Rubor del viento
oculto entre las ramas:
una manzana.

*

En la alborada:
la rubia cabellera
de la cascada.
*

Durazno:
una puesta de sol
para el verano.
134

135

�ESCRITOS DE RANGEL FRÍAS

Arturo Cantó
Quizá el libro más acabado de Raúl
Rangel Frías sea Gerónimo Trel'i1io; héroes y epígonos, que se incluye completo en esta selección de
textos y discursos que hoy presentamos. La biografía del general
neoleonés es un libro memorable.
En él se da noticia de la vida y hechos del caudillo y se ofrece como
trasfondo una apretada historia de
México. desde Juárez hasta los inicios de la Revolución. Pero destaca
en él, sobre todo, el intento logrado
de relacionar la vida del norte del
país, en especial la de Nuevo León,
con el paisaje semidesértico de la
tierra y con las primeras construcciones. de los pobladores de esos lugares. Rangel imagina y revive un
ámbito terrestre que da cuenta del
carácter del hombre, de su sentido
de la vida y de su forma de luchar y
de expresarse. La explicación de
los hechos históricos se vuelve vida
cotidiana, perspectiva de planicies
y montañas. La geografía de arbustos, peñascos, cerros, cercas de pie~
dra y claridad de cielo, configura el
destino de los hombres, modela su
visión moral y explica a cada paso
sus dec1s1ones, grandes o pequeñas.
Del mismo modo que el ammal del
de_s1erto ciñe su conducta a lo posible del medio, el espíritu del hombre está condicionado por su uerra,
brota de la tierra misma como una
mamfestación más de las cosas apa136

rentemente inanimadas, del polvo.
el aire &gt; las estrellas. El lector acaba comprendiendo que el carácter
de Gerónimo Treviño es el paisaje
de Nuevo León.
Rangel pensaba así. Sentía que
él era su tierra y que estaba obligado a obedecer el mandato de hacer
hablar a las piedras y de construir
con palabras un espacio de simpatía por la vida que crece.
Quizá el libro más personal de
Rangel Frías sea El Reyno. Más
aún que sus Memorias. El Reyno es
en parte una autobiografía, es también historia y de alguna forma novela. Es un libro que no admite clasificación. Aparentemente dispar
en sus contenidos, guarda una profunda unidad, esconde un sentido a
la vez simple y fecundo: la ciudad
tiene una vida por sí misma que se
manifiesta en los propósitos y acciones de sus habitantes, pero que
frecuentemente los contradice y sobrepasa. Por eso empieza con una
crónica de la fundación de Monterrey y termina con una meditación
de Andrés, el profesor universitario, sobre un bronce de Miguel Ángel, un Médicis de Florencia. Un
hombre, por capaz que sea, no encierra en sí todas las voces de la vida, no puede asumir la historia sino
fragmentariamente. Pero la vida de

la ciudad es el todo, está ahí, discurre inevitablemente hacia su propia consumación.
Rangel Frías nunca quiso abandonar su ciudad. Ni publicar sus libros en otras ciudades, aunque tenía
sobrados méritos para hacerlo. Creo
que ni siquiera quiso intentar que lo
leyeran en otras ciudades.
Quizá entre sus cuentos y narraciones cortas Kato sea el mejor. En
él Rangel Frías hermana los sentimientos de cortesía y la fineza de
espíritu de dos tradiciones milenarias, la de Japón y la de México,
alrededor del culto a los muertos.
Pareciera un texto escrito por un
autor japonés. Tiene el ritmo, la
simplicidad, y el ineluctable transcurrir de los hechos de un cuento
clásico. Uno piensa al leer Kato
que el escritor que fue capaz de escribirlo hubiera podido hacer cualquier cosa en la literatura. Pero como el mismo Rangel dice: «Unas
criaturas se sirven de otras y lo hacen como su ley lo manda ... todo
es lo mismo, el principio, el medio
y el fin ... nada es siempre y lo que
hacemos hoy vuelve mañana en
otro ser o criatura». Bellas páginas,
traspasadas por la delicadeza, donde el acto de amor de los humanos
resulta tan dulce y frágil como la
fecundación vegetal de la vainilla.

Y así era Rangel. su mucha filo-

sofía acababa en magisterio y buenas maneras, en espíritu de fineza y
amistad de pensamiento.
Quizá el discurso más hondo e
iluminado de Rangel sea el intitulado
Palabras finales de un Rector, de
1955. Es una rara pieza de emoción y
lucidez, de sentimiento y compromiso, de retórica e inteligencia. Para
Rangel, la palabra hablada era el medio privilegiado de comunicación.
Palabra viva que implica la tensión
inmediata entre lo expresado y lo entendido, entre la música del timbre
cálido de la voz y la atención sostenida del escucha. En este discurso Rangel explica su actuación pública, en
la universidad y en la gubematura
que está por llegar, como la obedienc!a a voces que vienen de atrás, que
vienen de los muertos innumerables
que trabajaron para que otros hombres pudieran crecer y cultivar la palabra del espíritu. Son las voces del
pueblo, y repite la palabra pueblo varias veces, que obligan a la responsabilidad Y prefiguran un destino. y
qué otro destino, para decirlo con su
propia expresión, que «la palabra como esencia moral del hombre, como
vaso Y ofrenda de la inteligencia, de
la emoción y de la libertad».
Rangel fue siempre fiel a la palabra. Entendía la cultura como com-

promiso. como fuerza vital de lo humano que se perfecciona en la transformación de la sociedad, en la buena nueva para los desposeídos, en el
derramamiento de los bienes de la
inteligencia.·

el aura de iluminaciones que dejó a
su paso, en lo que habrá de venir todavía de noble y generoso en el estado de Nuevo León.

Nos reúne aquí este esfuerzo editorial de «La biblioteca de Nuevo
León», dirigida por Alfonso Reyes
Martínez. Es de agradecer el trabaJo
de selección y el prólogo iluminador
en muchos sentidos de Humberto
Salazar, así como la semblanza biográfica de Samuel Flores Longoria.
Ojalá y este libro se distribuyera
bien en Nuevo León. no en otras
partes de la República aunque podría
serles de provecho. Lo pienso así
porque el tiraje es corto, apenas 1.500
ejemplares, y porque creo que así lo
hubiera querido Rangel Frías. El era
un hombre que antes que ser mexicano era neoleonés, lo cual. por otra
parte, seguramente es una buena manera de ser mexicano.
Con ser mucho es poco lo que
queda de un hombre como Rangcl
después de su muerte. Rangel no era
escritor en lo fundamental. aunque
podía escribir como el meJor si se lo
proponía. Era un maestro y un político. Su obra está en la transfomiación
cultural de su ciudad y de su estado.
en el entusiasmo de los jóvenes. en
137

�,

,

RECUERDO DE RAUL RANGEL FRIAS

José Luis Martínez
Debió ser mi viejo y querido amigo
José Alvarado quien me hizo conocer a Raúl Rangel Fóas. hacia los
años cuarentas. cuando éste dirigía
el Departamento de Acción Social
Uni,·ersitaria. en la Universidad de
Nuern León. Poco después, durante
su rectorado. fui invitado varias veces a la Escuela de Verano, que dirigía Francisco M. Zertuche. para dar
conferencias en Monterrey sobre la
obra de Alfonso Reyes, que yo estudiaba entonces. Y regularmente leía
el boletín Annas y Letras. que conservo. Así me fui haciendo amigo de
una pléyade de regiomontanos. a la
sombra de su caudillo, Raúl Rangel
Frías.
En sus Memorias, de 1990, recuerda un suceso en el que participé. Para
asisur a su protesta como gobernador
de Nuevo León, el 4 de octubre de
1955, se organizó una comitiva de políticos y escritores amigos. Yo trabajaba entonces en los Ferrocarriles
Nacionales, con Roberto Amorós, y
me encargué del viaje a Monterrey,
con grandes comidas y abundantes
bebidas. Y, como relata el memorialista, en esos días ocurrió «uno de
aquellos ciclones que azotan las costas del Golfo, con sus habituales consecuencias de copiosas lluvias, inundaciones y devastación de ca¡npos y
poblados. La comitiva política que
venía de México -sigue narrando138

fue desYiada a causa de los deslaves
ocurridos en la vía del norte, hacia
occidente a través del Bajío y rumbo
al norte por Torreón» (p. 185). Desde
esta ciudad, en autobuses y automóviles. nos trasladamos a Monterrey.
Yo me sentí responsable de aquel
contratiempo, sobre todo porque me
parece que llegamos tarde a la toma
de posesión de nuestro amigo el nue\ 'O gobernador.
Tengo otro recuerdo de Raúl
Rangel Frías, menos agitado y más
bien casero. En sus años de gobernador, tenía en la ciudad de México un
pequeño departamento para alojarse
en sus frecuentes viajes. El que conocí, quedaba en Polanco, cerca del
cruce de Presidente Masaryk y Mariano Escobedo. Y algún sábado o
domingo me invitó a un «desayuno
norteño». A pesar de mi vocación de
trasnochador, fui de los primeros en
llegar, a las ocho u ocho y media de
la mañana, cuando estaba solo Raúl
y alguno de sus auxiliares. Pero todo
estaba ya dispuesto y, para abrir boca, me ofrecieron un tequila helado.
Para beber había, además, cervezas
norteñas. Y para comer, un despliegue generoso de carnes, guisos y salsas, con tortillas de harina. ¿El café?
Sólo apareció hacia las once del día,
como para terminar el desayuno. Mi
idea de los desayunos, con jugo de
naranja o media toronja y papaya,

café con leche o crema y algún
acompañamiento ligero, huevos, cereales o pan dulce, estaba derrotada.
Y cuando pregunté las razones de
aquellos platos y bebidas fuertes, recuerdo que Raúl me explicó que estaban destinados a los cazadores,
que habían madrugado y pasado ríos
y necesitaban recuperarse enérgicamente. Y como yo era aún mozo y
aficionado a los excesos, disfruté el
«desayuno norteño» con entusiasmo.
Volví a mi casa caminando, pues vivía y vivo en el rumbo, saludé a mi
mujer y caí en la cama como un
tronco.
Quienes fuimos amigos y quisimos a Raúl Rangel Frías, echábamos
de menos un libro que reuniera sus
mejores páginas. Este libro al fin se
ha hecho. Forma parte de la nueva
colección llamada la Biblioteca de
Nuevo León, que se propone publie;ar las obras de los nuevoleoneses
eminentes. Se inició, según creo, con
una buena Antología de la poesía
nuevoleonesa, ordenada por Eligio
Coronado (Monterrey, 1993), y ahora
prosigue con este volumen dedicado
a Escritos, de Raúl Rangel Fóas
(Monterrey, 1994). La selección, prólogo y notas son de Humberto Salazar, y lleva una semblanza de Samuel Flores Longoria. Está dividida
en cuatro secciones: El ensayista, El
historiador, El orador y El narrador.

Creo que las piezas reunidas en
estos Escritos dan una idea clara de
esta vida. que se consagró fundamentalmente a la organización de la
cultura y al servicio de su pueblo. La
rectoóa de la Universidad de Nuevo
León Y el gobierno del Estado fueron. en efecto. las dos grandes tareas
de este hombre de bien. Y, en seoundo término. su vocación cultur;l ¡0
llevó a darnos reflexiones de ensayista e historiador y obras de creación literaria. Hacia sus treinta años
él mismo. frente a la invitación qu;
le hiciera Alfonso Reyes para consagrarse a la literatura, optó concientemente por abrazar el «deber público» Y el «esfuerzo por algo más v11al
y social&gt;,.
Su ideología -&lt;:orno apunta el
prologuista Humberto Salazar- es un
«eclecticismo intelecll'al de tipo
ecuménico. que no desdeña las más
diver~~s interpretaciones sino que
las utiliza con libertad y seguridad».
Y más adelante, añade:
Puede hablarse también, a propósllo
de sus ideas y escritos, de una especie de idealismo filosófico, platónico, que privilegia el poder de ]as
ideas Y conceptos en la praxis social
Y le apuesta sus mejores monedas a
la paidew como medio d¡¡ regeneración social. Idealismo que modela el
curso del pensamiento como una d1a-

léctica. esto es. como una confrontación de tipo agonístico entre los di,·ersos elementos de la reflexión a
propósito de alguna cosa o fenómeno. Su narrativa, como su ensayística
) sus escritos históricos, contienen
descripciones y pasajes que dejan
ver. también, al fenomenólogo de
potente lupa y fino bisturí que pudo
haber sido en otras circunstancias.
Las páginas de El reyno sobre el desierto, o las que se ocupan de Ja Fundidora. son un ejemplo inmejorable
de esta mirada escudriñadora, de esta
percepcíón sesgada. (Prólogo, pp. 18•
19.)

En el panorama del pensamiento

a menospreciar estos temas. Aquí
habla Raúl de su mujer y de cada
uno de sus cinco hijos, y aun de sus
yernos, nueras y nietos, con calidez,
llaneza Y precisión. Es una página
admirable que merece recordarse.
Raúl Rangel Frías fue un educador Y un constructor doblado de
hombre de pluma. A aquél se le debe
el agua potable y la Ciudad Universitaria de Monterrey, obras de urbanización, honesto ejercicio administrativo, carreteras, educación pública, electrificación y riego. Al segundo, debemos las palabras que fueron
el motor de su acción y el registro de
sus afectos y sus sueños.

Y la creación de Raúl Rangel Fóas

que nos ofrecen estos Escritos, señalo mis preferencias: «Antonio Caso», «En torno a una idea», «Salvador Toscano en la historia y el recuerdo», «Evocación de Alfonso Reyes», «Luna virgen», «José Alvarado, el joven de Monterrey», «Teorema de Nuevo León», «Gerónimo
Treviño» y «Los verdines». Y de estos nueve textos, me parece que los
sobresalientes son los dedicados a
Salvador Toscano y a José Al varado.
Echo de menos en estos Escritos,
cuya aparición celebramos, un breve
artículo que está en las Memorias y
se llama «Matrimonio y familia».
Un exceso de pudor suele llevamos
139

�~

EN LA PRESENTACION DE LOS ESCRITOS
DE RANGEL FRIAS
~

Humberto Salazar
l. En 1987. cuando me incorporé a

trabajar en la Dirección de Artes Literarias del Instituto de la Cultura de
i'\ue\'O León. tuve para mí como un
pri\'ilegio que al frente de esta dependencia estuviera el licenciado
Raúl Rangel Frías.
No tantas como hubiéramos querido pero varias veces tuvimos la oportunidad de platicar con él en su oficina
del Teatro de la Ciudad. Por varios
días durábamos comentando sus
muestras de ingenio y fino humor, o
las entrañables dedicatorias que p::mía
en nuestros ejemplares de sus libros.
En una ocasión, a raíz de un artículo mío aparecido en El Porvenir,
el licenciado llamó a mi casa un domingo por la tarde para agradecerme
algunos juicios sobre su obra. Aunque he publicado docenas c!e notas y
comentarios sobre autores locales,
jóvenes y no tan jóvenes, es la única
ocasión en que ha pasado que me
llamen por teléfono para agradecétmelo. Esto tenía que ver directamente con dos aspectos de la persona
que fue Raúl Rangel Frías y que me
constan por expenencia propia: su
generosidad, y su respeto profundo,
sincero, por lo que hacíamos los jóvenes y pnncip1antes.
2. Sería hace unos diez o doce
años cuando me enfrenté por prime140

ra vez con algunos escritos de Raúl
Rangel Frías.
Poco después, tuve la oportunidad de conocerlo en persona, cuando
el profesor Celso Garza Guajardo
nos invitó a varios entonces jóvenes
a una plática con el maestro.
Hacía poco que la Universidad le
había conferido el título de doctor en
filosofía honoris causa y a mí, que en
esos años creía que la única filosofía
\'aliosa era el neomarxismo italiano y
el estructuralismo francés, esa concesión me pareció algo infundada. Hoy
pienso exactamente lo contrario: el
contacto repetido y constante con sus
ideas, y su elegante expresión, me
convencieron de ello.
Después de ocuparme de su figura en el proceso cultural nuevoleonés, o de alguno de sus libros en comentarios o reseñas, en 1990 revisé
cuidadosamente toda su producción
para elaborar un ensayo de acercamiento general. Por eso, cuando en
1992 se me presentó la oportunidad
de trabajar en una antología general
de sus textos para la Biblioteca de
Nuevo León, que edita la Coordinación de Publicaciones del gobierno
estatal, emprendí gustoso la tarea.
Desde las primeras veces que me
acerqué a sus libros tuve la impre-

sión de que don Raúl, a pesar de los
altos puestos que ocupó, no tuvo
mucha fortuna editorial. Como dijo
hace poco Arturo Cantú, el propio
Rangel Frías no puso mucho empeño en ello, por las razones que se
quieran. El hecho es que al correr de
los años y los libros su obra estaba
dispersa, editada en forma por demás miscelánea y, en algunos casos,
descuidada en el aspecto tipográfico.
Un escritor famoso dijo que las
obras que escribió son las que le hubiera gustado leer en algún momento
y que, como no existían, hubo de escribirlas. En mi caso puedo decir
que la selección y ordenamiento de
los escritos de Rangel Frías, como
aparecen en este volumen, se presentan como a mí me hubiera gustado
encontrármelos, como lector, hace
diez años.

Publicar ordenada y selectivamente. y lo más limpiamente posible,
la obra del destacado universitario y
promotor cultural nuevoleonés, en
e~te nuestro vertiginoso tiempo mexicano. no constituye solamente un
acto de recuperación nostálgica o
sentimental de lo pasado; tampoco
un deseo filial de cobijarnos al amparo de su recio pensamiento y su magnífica obra. Es, fundamentalmente,
un acto con sentido ideológico, artístico, político y moral. Una manera de
ubicarnos, conscientemente, en el
cauce de una vertiente histórica que
reconoce como sus parámetros irreductibles los del joven Raúl Rangel:
justicia en lo económico, democracia
en lo: político, -amor a la cultura
.
'
transparencia en las acciones personales y compromiso permanente con
la transformación social.

• Hay por lo menos uno, entre sus
libros, que debió estar incluido desde hace tiempo, según mi parecer, en
las sucesivas series de Lecturas Mexicanas de la SEP. Es la biografía de
Gerónimo Treviño.
Hay por lo menos un par de sus
ensayos que debieron estar en alguna de las sucesivas ediciones de la
antología El ensayo moderno en México, de José Luis Martínez. (Esto
también, claro, según mi parecer.)
141

�ADVERTENCIA A EL PEREGRINO
EN SU PATRIA

CONVERSACIÓN Y NARRATIVA
ACTUALES

Adolfo Castañón

Hugo Valdés Manríquez

En México no es pecado perderse.
Cualquiera se pierde, sobre todo los
niños a quienes basta que su madre
los suelte de la mano para que se
conviertan en niños perdidos. Se
pierden los viejos que andan como
sonámbulos por una ciudad sin palacios que ya no reconocen. Se pierden
los ricos en cuanto les cambian el camino. Y hasta los pobres que nunca
salen de su barrio ya no saben regresar. Los choferes de taxi se extravían
y sólo preguntando se sabe cómo llegar, cómo salir. Esa es la razón por la
cual los libros más útiles y perdurables para el ciudadano sean las guías
-aunque no se llamen así: delicadas
guías por los subterráneos de la historia y por entre los corredores de la
ciudad sólo a medias profana, como
El laberinto de la soledad, libro-semilla de este Octavio Paz, en el cual
queda cifrada en emblema toda aquella corriente de la filosofía de lo mexicano, cultivada por filósofos (como
Luis Villoro, Jorge Padilla y Emilio
Uranga), sino que ha llegado a ser
farmacopea común en la alacena
ideológica, literaria y política mexicana. La guía expuesta en El laberinto de la soledad es a la par personal y
universal. El poeta nos guía por los
terrenos fronterizos de la historia y el
mito, el pensador describe una ciudad y nombra la política que reclama·, recorre los accidentes de una his-

toria; es desde luego una guía para
adentrarse en México y bajar a los
infiernos de su pasión pero es también una guía para salir de él y conocer las fuerzas que condicionan su
sacrificio. Más aún, no sabría ser leída plenamente si no se leyera como
un viaje filosófico o como una guía
escrita para recobrar la unidad fragmentada de la historia a través de la
interrogación de sus duelos. Una guía
para no perderse entre las pérdidas y
para superar el narcisismo de la orfandad a través de una visión del
conjunto (del peregrino en el mundo,
del peregrino en su patria).

n
El peregrino en su patria es el octavo de los catorce volúmenes de la
obra completa de Octavio Paz que
coproducen en España Círculo de
Lectores y en México el FCE. Ayer
presentamos el tomo VII (dedicado al
arte de México), así que estamos a la
mitad del camino de esta tarea editorial. La obra completa de Octavio
Paz, a diferencia por ejemplo de la
de Alfonso Reyes, se prefirió no ordenarla según la progresión cronológica, sino en función de una arquitectura conceptual que pone a la filosofía y crítica de la composición
poética en el origen y a la poesía en
el final. También vale la pena resaltar un hecho: Paz ha hecho de la
poesía una gramática para descifrar

al mundo (y la historia) e interpretarlos, crearlos de nuevo. Esto explica
por qué Octavio Paz es, según dijo
hace un año Alejandro Rossi en la
preseRtación del segundo de los primeros seis tomos, un creador, un inventor de tradiciones. Pongamos,
por ejemplo, el libro de Sor Juana
Inés de la Cruz o Las trampas de la
fe. No sólo es el ensayo literario definitivo que redescubre a una gran
poeta novohispana y su paisaje social y cultural; representa ante todo
el momento crítico en el cual la cultura mexicana contemporánea cobra
conciencia de que la época colonial
es paradigma histórico ineludible para la interpretación del México actual y de la Iberoamórica de hoy. En
el caso de El peregrino en su patria,
el tomo que hoy presentamos, y de
los ensayos congregados en torno a
El laberillto de la soledad, Octavio
Paz no inventa una tradición, sino
que -para decirlo con María Zambrano- practica un descenso a los infiernos de la identidad profunda y de
la mitología mexicana para de ahí
buscar el camino de salida, el nacimiento hacia la Historia. El peregrino en rn patria es, como anuncia su
nombre, en cierto modo una guía para no perderse en México, para no
perder la idea, la figura de México.
Una guía cuyo hilo conductor es muchas veces la sangre y el sacrificio
como cifra del comercio simbólico y
político.

142
Texto leído por su autor el 23 de mayo de este año en el Museo de Histona de México, Monterrey. El acto fue organizado por la Facultad de Filosofia y LetraS
IUANL] y el Fondo de Cultura Económica.

~liguel Covarrubias:
Junto a una taza de café
Quien mu) poco o nada conozca al
maestro Miguel Covarrubias, ese señor que usa siempre corbata -{;Omo
de manera tan oportuna lo hace notar
Rosaura Barahona-, de voz potente
Y bigotes a la Dalí, al abrevar en las
con\'ersaciones de Junto a una ta;:,a
de café se hallará con un intelectual
en forma a quien hubiese querido tener de mentor literario.
Charlas y entrevistas que datan
de 1976 trazan el itinerario de un autor cuyo campo de interés, en al menos una de sus múltiples aristas, va
de Sartre a Octavio Paz, de un autor
que ha sabido leer con generosidad a
don Alfonso Reyes, que se asombró
en sus mocedades con Borges y que
por un prurito de amor propio decidió ahondar, con pleno conocimiento de causa, en su poesía.
Como entrevistado (charla •con
don Alfredo Gracia Vicente en Diálogos con las Bellas Anes, 1988) nos
sorprende la reminiscencia de un sugestivo ensayo que Miguel Covarrubias publicara en 1975, Olavide o Sade, a propósito de estas dos figuras
cuyas posiciones ideológicas opuestas condensan el alma del siglo
xv111. Igualmente sobresale la conversación con Humberto Salazar en

torno a El traidor (el volumen de
traducciones de poetas franceses y
alemanes que publicaron en 1993 el
Ayuntamiento de Monterrey y la
Universidad Autónoma de Nuevo
León) donde su autor detalla el arte
poética y los criterios que lo orientan
a la hora de traducir: «como los cammos del traductor -del traductorpoeta- son impredecibles, unas veces empezará con el oído o con el
corazón, mcluso con el cuerpo entero».
En una entrevista poco usual -aplicándose «sucesivamente en un procesador de palabras y tecleando cada quien
preguntas y respuestas»- Jorge Cantú
interroga a Miguel Covarrubias sobre
los orígenes de la revista Apolodionis,
sus numerosos colaboradores, los nombres que permanecieron en el campo de
las letras y los que se dedicaron a otras
profesiones, así como de su aportación
al desarrollo cultural de Monterrey.
Como entrevistador, destacan los
encuentros que sostuvo con la escritora argentina Luisa Valenzuela,
avezada en Borges, y -en compañía
de Minerva Villarreal y Genaro Saúl
Reyes- con la mexicana Elena Garro, cuyo teatro ha estudiado con
profunda seriedad. Miguel Covarrubias entrevista a su vez al poeta Andrés Huerta con motivo del homenaje que en diciembre de 1992 le rindie-

ra el Gobierno del Estado, y a Horacio Salazar Ortiz, sorprendiéndonos
por el conocimiento que tiene de su
poesía y prosa publicadas a lo largo
de más de treinta años.
Su amor por la tinta, los linotipos
y las rotativas lo convierte en una
auténtica creatura literaria. Encadenado a la letra al grado de «traicionar» las de su idioma para bucear en
las profundidades del alemán y el
francés, Miguel Covarrubias tiene
tanta voluntad amorosa como para
también apasionarse por los viajes.
Nos habla de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en cuya Facultad de Filosofía y Letras ha sido
coordinador tanto de un taller de
creación literaria desde 1981 a la fecha, como director de la revista Deslinde desde 1985. (Algunos otros cargos en los que ha servido a la Universidad son el de director del Instituto de Artes, director del Centro de
Investigaciones Literarias y Lingüísticas, director de la revista Cathedra
y editor de la gaceta Fruta Verde.)
Y si bien distinguió a la comunidad literaria en 1987 con la publicación del volumen de poesía Pandara
en nada menos que la Editorial Premia, al maestro, poeta, ensayista y
editor Miguel Covarrubias le debemos la recopilación panorámica que
143

�integra Desde el Cerro de la Silla
(1992). un libro que da cuenta sumaria de nosotros y que puede considerarse de estatura histórica. Un libro
por cuyo inmenso valor tal \'eZ nunca tenninaremos de pagarle. Salvo.
por supuesto. leyendo su obra de la
misma manera como él ha leído la
nuestra, la contemporánea y la pretérita: con generosidad y respeto.

de la mano hacia el humor. Y precisamente por deambular tan cerca de
la frontera que separa la seriedad del
ndículo, las más de las veces sus peligros se nos antojan imaginarios, in\'entados para salvarse del tedio por
obra de una delicada sensibilidad
que, sobre todo, los resguarda de la
tentación diaria.

Las trampas del jardín, en el primer
libro de cuentos del narrador regiomontano Mario Anteo, son aquéllas
que la realidad le tiende a una legión
de personajes menos anodinos que
vulnerados por los compromisos familiares, la enfennedad o sus viejos
traumas y fobias.

Si no sucumben a ella, de cualquier manera la tentación estará ahí,
palpitando al otro lado de la realidad. Así, la índole venial de los pecados de este delicioso jardín convierte a ciertos protagonistas de Mario Anteo en faunos caseros, tan libidinosos como recatados en su trato,
que observan y paladean a placer la
especie femenina. Pero, en rigor,
muy poco cumplen el dictado del deseo. A veces la espera que acendra el
erotismo -el placer mechado con los
recuerdos, los preliminares del sexo
próxim&lt;&gt;- se extiende peligrosamente hasta la deserción de alguno de
los amantes; acaso una fantasía distinta les escamotee la suya.

Individuos débiles a quienes el
temor ha vuelto frágiles y en consecuencia recelosos a entablar relaciones con los demás; prejuiciados e hipocondriacos; imprácticos para sortear el mundo, su capacidad para hacer de la materia más inesperad! e
inofensiva su béte noire, nos lleva

Su voluntad de escape de la rutina se desarrolla de modo paralelo al
acontecer de la realidad; tanta cautela obedece a que los personajes de
Mario Anteo desconfían por completo de la engañosa vida cotidiana.
Cualquier concesión que por ella les
sea brindada, por tanto, los pondrá

:'.11guel Co,·arrubias, Jumo a 1111a 1a:a de
café. Ediciones Castillo, Colección Más
Allá no. 4. \1onterrey, 1994, 222 pp.

Mario Anteo:
Las trampas de/jardín

eufóricos como niños. (De hecho,
esta inmadurez, esta debilidad, hace
que los percibamos sin edad, siempre jóvenes, aun cuando se trate a
veces de hombres casados y con familia.) Presas del desánimo en textos
como «Las carnes ausentes», estarán
sin embargo ávidos de emprender
todo aquello que quisieron alguna
vez hacer en «La mano en el muro».
Pero su capacidad inventiva es al
mismo tiempo su consuelo y su condena: tan fulgurantes son sus paraísos de expectativas como grande es
su desencanto cuando los rebasa la
vida práctica.

exorciza la grave corrección de su
prosa con giros antisolemnes. Cuentos que debieran resultar patéticos
no llegan a serlo por la oportuna mediación del humor. En contraste, resulta curioso que en trabajos cuya temática sea connatural al humor, como «Crux de histrión», Anteo escoja
un tratamiento diverso. El payaso
borrachín no es ya aquel que mientras ríe Y di vierte al público llora por
dentro, sino uno más cercano, condenado a la servidumbre del cuerpo
-se gasta una resaca espantosa- y a
sobrellevar la difícil existencia de
los subempleados.

Inoportunos, desfasados respecto
al momento en que viven al grado de
parecer enemistados mortalmente
con él, su torpeza es tan cómica como la del mismo Woody Allen. La
manera en que se presentan a sf mism.os mueve al humor. Quisquillosos,
puntµalizan que lo son. Incluso la
fonna en que nombran a sus espacios -rinconcito romántico, rinconcito bohemio- nos conmueve al
tiempo que produce hilaridad porque
tal es la fonna en que todos, secretamente, nombramos a los lugares que
habitamos como a las personas que
queremos o malqueremos.

Por todo lo aquí dicho, tanto como por la experiencia en el oficio
que distingue al autor de El reino e,t
celo, el lector tarde o temprano q~dará atrapado en alguna de las hábi:
les trampas que ha dispuesto Mario
Anteo en el jardín narrativo de su
primer libro de cuentos.

Este continuo desplazamiento
hacia el humor se explica por una
buena fónnula de equilibrio: Anteo

Mario Anteo, Las trampas del jardín,
Ediciones Castillo, Colección Más Allá
no. 2, Monterrey, 1994, 163 pp.

�NOTICIAS DEL EXPRESIONISMO
ALEMAN EN EL TRAIDOR
~

José Manuel Recillas
La antología preparada por Miguel
Covarrubias en tomo a las dos escuelas poéticas más importantes del siglo
XX -la francesa y la alemana- es un
acontecimiento que celebro con esta
nota. Sin ser precisamente la antología
que esperaba, sí es un exquisito platillo poético escasamente comentado
desde su aparición -salvo la ficha del
libro en el Laberinto de papel de
Humberto Batis hace ya más de un
año, tiempo que llevaba buscándola.
Sin ser exhaustiva en su recorrido por
ambas lenguas y sí sumamente parca
en el muestrario de ciertos poetas fundamentales de nuestro tiempo, la antología en cuestión, El traidor, se constituye como el primer muestrario, incompleto, de un buen número de poetas expresionistas realizado en nuestro
país.
Por supuesto, mayor solidez se encuentra en la selección de poetas alemanes que en la relativa dispersa
muestra de poetas franceses -la mayoría bastante conocidos entre nosotros,
cuya influencia no siempre, en mi opinión, ha sido benéfica. Del lado de la
gala lengua resulta una agradable sorpresa hallar a una poeta como Yanette
Delétang-Tardif, pero, particularmente, a Marguerite Yourcenar, a quien no
conocía como poeta - lo cual no significa que me entusiasme mucho su poesía. En general la selección en lengua
[rancesa no presenta demasiadas sor-

presas -pese a que varios poemas aparecen por vez primera en español- y sí
me parece lamentable la presencia de
Saint-John Perse, un poeta que nunca
.me ha agradado. Yo hubiera preferido
una muestra tan amplia de Paul Eluard
como la de Bataille. Pero es en Bataille en quien se extiende mayormente
la muestra de poesía.
En el lado alemán se encuentra lo
mejor de la antología. Que sea la lengua de Lautréamont la que anteceda a
la de Goethe me parece un gran acierto, un buen aperitivo para abrir boca.
La densidad de la poesía alemana representada en este apartado del libro la
muestra mucho más atractiva para el
buen lector que la francesa, más afectada y estilizada, más dada a los juegos retóricos que a la expresión. más
preocupada -no siempre. por supuesto; estoy generalizando- por la estética que por la ética. El contraste entre
unos y otros es evidente. más atormentados los alemanes. más ligeros.
graciosos los franceses. Más concentrados los primeros. más Juguetones
los segundos. Más intensos aquéllos.
menos complicados -es un decir- estos últimos.
Para empezar, sólo una observación. Se nota fuera de lugar Rilke entre tanta tormenta. entre tantos endemoniados poetas. pero al mismo tiempo sirve como contraste. C()l\lO un pe-

queño respiro entre tanta intensidad y no porque Rilke no la tenga, sino
porque la suya es otra clase de intensidad. Por otro lado, no existe mención
a las ~aducciones hechas por mexicanos -no importa qué tan buenas (Marco Antonio Campos) o no (Jaime García Térres) sean- de algunos de los
poetas incluidos. Igualmente, la bibliografía al final del libro muestra un
gran número de traducciones provenientes de España y Argentina, y sólo
algunas, las menos, directamente del
idioma original. Tampoco hay mención de la ingente labor de Verónica
Jaffé y Hanni Ossott en Venezuela.
Así, por ejemplo, de Brecht existe una
versión monolingüe de Las visiones y
los tiempos oscuros debida a Pura López Colomé y Alberto Blanco. De
Trakl existen traducciones de García
Terrés, García Ponce. Elizondo, López Colomé y Campos. De Benn hay
dos poemas en versión de García Terrés y una extraordinana de su último
poema. por Eduardo Lizalde. Finalmente. de Hermann Broch existe una
versión. monolingüe también, de su
extraordinario poema Voces, debida a
la generosidad de María de los Ángeles Grau. De ninguna de estas versiones hay siquiera mención. También
existen fragmentos de Trakl y otros
expresionistas traducidos por Miguel
Ángel Flores y Mercedes Córdoba
Magro en La ,·erdad de la poesía de
Hamburguer -donde también es pos1-

ble encontrar fragmentos de ese otro
gigante que fue el húngaro Attila Jósz~f (no tiene que ver con esto. pero lo
c110 por gusto). De Karl Kraus. ni sus
luces. Sigue siendo un ilustre desconocido entre nosotros. al menos como
poeta. No existe un solo poema suyo
al español -bueno. sí, al menos uno...
Que la mayoría de los poetas sel~ccionados en alemán sean expresioíllStas no es una oscura casualidad, sino una casi necesidad de cualquier selección que abarque la primera mitad
d~l siglo XX de poesía teutona -por
cierto. ya que mencioné a Hamburguer. es importante decir que en su ensayo sobre Trakl, Hamburguer muestra· su; parcialidad y arbitrariedad (es
d_eci~. no entiende lo que es el expres1001smoJ en un sentido muy similar a
como lo hace Guillermo de Torre en
su Historia de las literaturas de vanguardia.
En fin, pese a las reticencias que
puedo hacerle a la antología, brevedad
en ciertos poetas, exclusión de. otros,
excesos en la muestra de alguno, ausencia de rigor en la selección, creo
que se trata de un libro eJemplar por
cuanto significa la apertura de nuevas
posibilidades de lectura de una serie
de poetas que, indudablemente, han
marcado el siglo XX con su obra y nos
legan esos frutos -así sean• necrófilos
como afirma, tontamente, Brecht de

B_enn-. c~mo \'erdad de una época que
solo fue iluminada por esos espíritus
que supieron \'Cr la condición humana
en roda su desnudez. De ahí que sea
falso suponer -como afirmó en alguna
ocasión Ajmátova- que nuestra época
nos será perdonada por la obra de Rilke. El crimen, la miseria, la opresión,
la mentira y el abuso, nada tienen que
ver con la obra de estos autores si
bien explica mucho de su amargu/a y
~u desesperación. No hay que enganamos con falsas esperanzas.
Miguel Covarrubias, El traidor. Poetas
franceses Y alemanes contemporáneos.

Ayuntamiento de Monterrey, Secretaria de
Desarrollo Social. Universidad Autónoma
de Nuevo León. Facultad de Filosofía y
Letras, Monterrey, 1993 354 pp.

Reseña tomada del suplemento cultural
sábado de unomásuno, México, 6 de mayo de 1995.

�BRÚJULA SOLAR: LA POESÍA Y SU NORTE

Como somos la delgada
disolución de un secreto,
a poco que cede el alma
desborda la fuente un sueño.
Alfonso Reyes

Blanca Luz Pulido
Minerva Margarita Villarreal, en la introducción de Brújula solar, plantea
una serie de preguntas que, en esencia,
no pueden responderse tajantemente
porque su materia es incierta, aún no
terminada: la poesía. Entre ellas están
las siguientes: «¿Es el tiempo una posibilidad de perspectiva, la mirada que
depura y ubica? ¿O es el arte el que se
filtra contra el terraplén de la historia?
(... ) ¿Puede haber una poesía neoleonesa? ¿Puede haber una lectura histórica de la poesía?» En realidad, algunas respuestas se apuntan, desde la
certeza o la intuición, en las mismas
páginas de esta antología. Toda selección implica siempre un riesgo, toda
mirada que pretenda esbozar la singularidad de una tradición poética podrá
encontrar, sin duda, objeciones y ampliaciones a su criterio, a su manera de
mirar. Sin embargo, este tipo de riesgos tienen sus frutos, y su valor se
acrecienta con el tiempo.
Las líneas de Alfonso Reyes que
sirven de epígrafe a este breve comentario nos hablan, desde la distancia, de
la invención del sueño que somos, acaso entrevisto y, en contadas ocasiones,
dibujado con precisión en las certeras
líneas de algunos poetas: «Somos la
delgada disolución de un secreto». La
intención de Brújula solar, criterios de
selección aparte, ha sido tal vez la de
arrojar luz sobre ese secreto, poner sobre la mesa del día, ante los ojos del
148

lector atento, una muestra del trabajo
poético de hombres y mujeres que han
escrito parte importante de su obra en
Nuevo León, aunque no necesariamen. te hayan nacido ahf. El espectro es, así,
bastante amplio, pues aunque, en palabras de la autora, «es un estado donde
rio se lee poesía», en cambio, sí se eseribe, y de ello dan testimonio las páginas de la presente antología.
La poesía, «espacio de revelación»
-que puede ser luminosa o decepcionante-, se abre paso, así, para orientar
esta brújula, en manos de los poetas,
hacia la tierra de palabras que cada
uno de ellos busca fundar, orientados
por su propio trabajo y su intuición, limitados y hasta cierto punto delimitados por la época que les toca vivir. Ya
que esta antología, por las fechas que
abarca, tiende puentes entre varios siglos, en sus páginas encontramos desde a fray Servando Teresa de Mier
hasta poetas jóvenes como Sergio Cordero y Eduardo Zambrano. Se trata,
pues, de un mosaico cronológico de
varias corrientes literarias en México.
entre ellas el romanticismo, el modernismo, la vanguardia y la época actual.

Resulta difícil encontrar un rasgo
común en este conjunto de voces formado por veintisiete poetas, y no sólo
por las grandes distancias cronológicas entre algunos de ellos, sino sobre
todo por los tonos y los alcances tan

distintos de su búsqueda. Celedonio
Junco de la Vega, Alfonso Junco y Alfonso Reyes, por ejemplo, comparten
sólo algunos nombres en común y el
haber nacido los tres a fines del siglo
XIX, ya que, en cuanto a la trascendencia de su quehacer poético, cualquier
intento de comparación resultaría injusto. Sin embargo, a quienes les gusta
leer no sólo las grandes obras, sino
también las que se quedaron un poco
en el camino; a quienes les gusta transitar por los cada vez menos visitados
pasillos de la historia literaria, disfrutarán siempre del hallazgo de pequeñas joyas que, gracias a libros como
éste, pueden escapar por un momento
de las bibliotecas: me refiero concretamente al curioso ~oneto de Celedonio Junco de la Vega, llamado «Sin
a». escrito sin esta vocal en ninguno
de sus exactos catorce versos. También resulta muy interesante conocer
las fibras necrológico-eróticas que podía tocar en nuestros antepasados un
poema que en cuando fue escrito, a
principios de siglo, suscitó escándalos: el famoso «Delirio» de Felipe
Guerra Castro.

. Para concluir estas líneas bajo la
misma sombra tutelar con que iniciaron, la de Alfonso Reyes, poeta de
Nuevo León y del mundo, quiero recordar los versos finales del poema
«San Ildefonso», acertadamente in-

cluido en Brújula solar, y que podría
ser leído como una exhortación a todo
poeta, y a todo hombre de pie sobre la
Tierra:

Sostén los nidos que te fueron dados,
Ymide el universo
desde la mano abierta de tus hondas
raíces.

Sueña como los árboles inmóviles.
Calla en la'gritería de las aves.

Son tantos los poetas y los poemas. de ayer y de hoy, dignos de mención en estas páginas, que hablar de
todos sería imposible en estas breves
páginas. Sólo queda invitar al lector a
este viaje poético con la brújula orientada al norte.
Minerva Margarila Villarre

J N
. l · B ,.
a . tte," ..em,. ny11/11 .wlar. P11esí11 ( l.17~-N•P) Conse•o Na.· 1
1C 1
· ·
·,
uona para a u rura y las Artes. México. 1994••11.1 pp.

�UN LIBRO DE POESÍA DE JEANNETTE
CLARIOND

Alfonso Rangel Guerra
Quienes en una comunidad practican
la escritura en cualquiera de sus formas, esperan disponer de un espacio
editorial para la publicación de sus
trabajos. Esta es, de alguna manera, la
forma en que la comunidad reconoce
su presencia y participación en la cultura local. La ausencia de estos espacios ha sido tradicional en nuestra ciudad y los pocos que se han abierto han
sido clausurados, de manera que el
trabajo literario ha estado carente de
estos apoyos fundamentales para divulgar y dar a conocer la obra de los
autores. Ediciones Castillo, bajo la
conducción de Don Alfonso Castillo,
tomó la decisión de abrir uno de estos
espacios que se inició con la colección
«~ás Allá», con una media docena
aproximadamente de títulos, todos de
autores locales.
Este esfuerzo es representativo de
los varios cambios que vive nuestra
ciudad en el campo cultural y ostenta
sin duda una importante significación,
ya que la obra literaria llega a los lectores de Monterrey y de otras partes
del país en una distribución que por lo
general y por sus naturales complicaciones, ha sido sin embargo la parte
más débil de los pocos y contados espacios editoriales de Monterrey. Así,
de esta manera podemos ver en librerías de Monterrey, ciudad de México,
Guadalajara y de otras partes, los libros de Ediciones Castillo que son tes150

timonio de la creación literaria en
Monterrey.
Ahora, el señor Castillo ha iniciado
una nueva tarea con la colección «La
·Eterna Eva»·, que contempla en esta
primera salida unos cinco libros de
poesía, todos realizados por escritoras
poetas. La tipografía y presentación
editorial, tanto de la Colección «Más
Allá» como de ésta que ahora nos reúne, superan de manera definitiva las
pobrezas de composición y de presentación impresa, de modo que podemos
felicitarnos por tener en nuestras librerías y las de México, libros no sólo decorosos sino bellamente impresos que
compiten legítimamente con la producción editorial de la ciudad de México, superando así otra de las manifestaciones del acusado centralismo cultural
que vive nuestro país.
El libro de Jeannette Clariond está
recogido en cinco partes y todo el
conjunto es una visión poética del
mundo. Si nos preguntáramos por una
de las constantes de esta poesía, podríamos decir que es el tiempo, pero
decir esto, que implica mucho. nos dice poco si no penetramos en el significado cabal del tratamiento de esta
cuarta dimensión en la que vive y se
desvive el hombre.
Transitar por los poemas de Jeannette Clariond propicia el encuentro

de imágenes y visiones que capturan
la fugacidad o penetran recintos oscuros, donde la palabra apenas hace posible la iluminación de los espacios
donde habita la poesía. Así encontramos ~ersos donde el tiempo pasa en
carruajes, visión en movimiento donde el espectador es el poeta y también
lo es el lector, pues el tiempo viaja y
sombrero al viento va. Estas imágenes
del tiempo, en las que a veces sólo el
viento propicia la concepción -de lo
transitorio, nos llevan a encontrar otra
de las características de esta poesía
que podríamos llamar en muchos de
sus aspectos «poesía visual». Es lo
que nos ocurre cuando nos encontramos en un ámbito de luminosidad que
puede ser el firmamento interior, como se está sin estar y se pierde como
la última alondra en el horizonte. Pareciera que el vuelo del ave soporta el
vuelo de la poesía y en la imagen no
vemos sólo a la alondra sino también
el espacio en que se sostiene y el tiempo en qu~ transita.
Y podríamos preguntarnos por qué

este libro se llama Mujer dando la espalda. Responder diciendo que es el
nombre de un poema no añade nada a
lo que plantea la pregunta. Pero si
atendemos. a partir de esa condición
visual de la poesía, qué es o quién es
esa mujer dando la espalda, quizá descubrimos que en el fondo se trata de la
misma poesía:

Entre calles de muros derruidos
cables restallan,
hacen fisuras en las vitrinas.
Sola
en la humareda del instante
sin oír siquiera al cenzontle
irrumpe en el paisaje.

¿Qué es todo esto si no es la poesía? Una fugacidad, una figura entrevista, un instante de visión pasajera,
una presencia que casi no es; y todo
esto enmedio de objetos, 0 ruidos, 0
circunstancias. La poesía sigue siendo
el misterio de la expresión y en ella la
palabra logra atrapar lo que llamaríamos innombrable.
En otro poema, la luz del corazón
se abre I a las estaciones marchitas.
Tal condición sólo es testimonio de lo
perecedero Y las estaciones marchitas
son estancias o instancias de la vida
donde rige de alguna manera todo eso
que se manifiesta en la luz del corazón.
Hay imágenes muy bellas cuya
lectura nos perturba porque han podido capturar en esa fugacidad que es
propia del ámbito poético, las condiciones Y los impulsos en los que se
~ueve la existencia. Así, el verso que
dice mas te despeñas entre vasijas de
oro que ruedan y se pierden, pareciera
acumular visión y sonido, ruido de

metales y sacudimientos que pretenden revelar los pasos y tumbos de la
vida.

mos de tener recuerdos de muchas noches de amor, todas tan diferentes, de
los gritos de las parturientas, de blancas Y leves alumbrantes donnidas que
se van reponiendo. y aún es necesario
que nos hayamos encontrado junto a
los moribundos, y haber velado el sueño de los muertos en la estancia con
las ventanas abiertas y los inciertos rumores que por ellas penetran. y no es
bastante aún que tengamos recuerdos.
Se debe haberlos podido olvidar cuando son numerosos, y se debe haber tenido la gran paciencia de aguardar a
que vuelvan. Porque los recuerdos en
sí no son aún poesía. Solamente cuando llegan a convertirse en sangre nuestra, en miradas nuestras y en actitudes
nuestras, cuando ya no tienen nombre
Y no pueden diferenciarse de nosotros,
entonces es cuando puede acontecer
que, en un misterioso momento, la primera palabra de un verso se levante
entre ellos. surja en medio de ellos.

Quisiera te~inar recordando aquí
unos textos de Rainer Maria Rilke.
Son de sus Cuadernos de Malte Laurids Brigge, y nos dicen lo que el poeta entiende por poesía. Es un poco extenso, pero es necesario leerlo íntegro
para captar el sentido de su revelación:
•·:~ara obtener buenos versos, hay que
VISltar muchas ciudades, conocer muchos hombres y muchas cosas, y aún
los animales y las plantas: hay que saber sentir, por ejemplo, cómo vuela un
pájaro, y qué actitudes toman las flores
silvestres al abrirse por la mañana.
Hay que saber evocar de nuevo los caminos por extraños países, los encuentros inesperados y los adioses que presentimos largo tiempo, los días de la
infancia, que nos son aún enigmáticos:
los padres que habíamos de disgustar
cuando nos traían un gozo y no lo sabíamos comprender (era un gozo para
otros); las enfermedades cuando éramos niños, que se destacan tan singularmente en nuestro recuerdo con tan
numerosas y decisivas transformaciones; los días pasados en paz en nuestra
casa: las mañanas junto al mar. especialmente junto al mar: las noches de
viaje que pasaban en rápido vuelo con
todas sus estrellas. Y aún no es bastante si se logra pensar en todo esto. He-

Estas palabras de Rilke nos acercan a esa dimensión poética que la palabra ofrece y quisiéramos recordarlas
en estos breves comentarios a la poesía de Jeanne11e Clariond que nos proporciona, sin duda, un camino hacia
esos ámbitos donde palpita el misterio
de la expresión y donde, finalmente,
siguen permaneciendo las claves más
profundas de la existencia humana.

Texto leído por su autor el 22 de junio de este año en el auditorio del Museo de Historia Mc:xicana de Monterrey.

�MAGOLO CONTRA VIENTO Y MAREA

Sylvia Garza Benavides
Hablar de la obra de Magolo Cárdenas
es. indudablemente, hablar de una
obra madura; menciono esto porque
conozco a Magolo Cárdenas desde
Celestino y el tren, un cuento publicado hace tiempo en los Libros del Rincón de la Secretaría de Educación Pública. Posteriormente, llegué a la lectura de No era el único Noé, publicado
en la misma colección de los Libros
del Rincón. Los dos me parecieron
buenos relatos, pero siempre encontré
una constante casi ineludible en los
escritos de Magolo: contar (escribir),
basándose en el soporte de un hecho
real, acontecimientos que el tiempo ha
trastocado en mitos o leyendas, más la
paráfrasis de Magolo, es decir, el queliaéer ~n torno al suceso, tejiendo palabra y tierra, elementos tehíricos y
naturaleza combinados con la voz de
los propios animales.
Magolo le imprime a sus relatos
una magia suave, delicada y muy tenue, que deja caer en cada una de sus
obras, como el color azul del .burro
Celestino y como los cinco Noés, a
quienes el Señor les pide la barca que
salva al mundo; es como si nos engañara delicadamente para hacernos disfrutar de la timidez con que a veces
nos dice las cosas, pero inmediatamente nos sorprenden con la irrupción
de lo cotidiano en el curso del relato y
así, de lo cotidiano a lo fantástico, en
saltos dirigidos por el ritmo y a la se152

ducción, nos muestra claramente en
sus libros lo que acabo de mencionar.
Magolo, en María contra viento y
marea, no se aleja de sus amores, sus
preferencias afirman su predilección
por la historia, por las leyendas; testimonio vivo de lo expuesto aquí, en esta novela. Aunque en María contra
viento y marea, Magolo Cárdenas se
desprende un poco de sus «querencias», se aleja de la historia oficial y
nos muestra un personaje realmente
desconocido en la versión registrada
de la conquista; por eso, la novela es
reveladora e importante al irrumpir en
el universo d~ la historia oficial, y nos
regala una obra que se puede disfrutar
de mil maneras y en muchos momentos, semejando un gran caleidoscopio.
Con el uso del lenguaje de la época y
la impecable recreación de las imágenes históricas que aluden-a la gesta de
la conquista, le imprime un toque mágico al relato, las imágenes que evocan aquel tiempo nos llevan sin apresuramientos y con delicadeza al sitio
mismo en donde ocurren los hechos.
Recuerdo muchas imágenes de la
novela, pero hay algunas que me logran seducir más, como el nacimiento
de María de Estrada, cuando en Andalucía, su madre, pequeñita de estatura,
a quien llamaban la Niña, dio a luz a
esa criatura que llegó intempestivamente, anunciando desde el principio

cuál sería su carácter: disparatada, impulsiva, descabezada, insensata, terca,
corajuda, además de tamaño descomunal, de cabello pelirrojo y muy largo,
tanto que se le pudo trenzar desde el
momento mismo de su nacimiento.
Magolo nos delínea ese personaje
duro, movido por sueños de grandeza,
sus fantasías y sus ansias de triunfo,
cuando afirma en cada momento que
tenía la mordedura de la ambición que
la llevaba más allá de sus propias decisiones. María, después de hablar con
Cortez, esa misma tarde decide irse a
como dé lugar, en nombre de Dios y
el Caballero de Santiago, su sa,nto patrón.
María insiste en acompañar a Cortez y ser un valiente soldado más, pero
éste, una y mil veces le niega la posibilidad, diciéndole que no hay lugar.
Desesperado, con la vena azul dibujada en relieves sobre su frente, le grita:
¡Abominable mujer, no soporto tu testaruda presencia! A lo que María contesta algo así como: ¡Voto a Dios! y a
mi santo patrono, que habré de ir, aunque sea contra vuestra voluntad, ¡lo
juro! Magolo nos deleita con otras dos
bellas imágenes, una de ellas es cuando María dice que recordaba el pelo
negro y ensortijado de Cortez moviéndose por efecto del viento y brillando
como el ala de un cuervo. La otra imagen es cuando nos cuenta que María

sube a la cofa: «Luego empezó a trepar con la destreza de un mono, por
un momento su figura se recortó contra el globo plateado de la luna, como
suelen dibujarse en él las brujas trepadas en sus escobas».

dad que poseen. Magolo aclara que en
el caso de María no sólo existe un deseo de ambición natural, sino que se
haya poseída en su propia interioridad
de una fuer~a.guerrera, primitiva, que
es la que anima su e·spíritu. Esa misma
atr!bución de guerrero es la cualidad
que hace a Pedro Sánchez de Farfán
enamorarse de María.

L~ pasión Yla fuerza del personaje
se deJa ver en casi todo el relato, aunque en la parte que corresponde a Bias
Botello, el alquimista y astrólogo, no
Para concluir, considero que desde
es la María fuerte, ya que sólo tenía
el punto de vista histórico, Magolo
una amistad fraternal. Así lo dice Maaporta datos importantes en el desagolo, al no darle un compañero ínterrollo de la obra, como la cronología
gro a María, aunque más tarde Magode los hechos, el lenguaje de la época,
lo decide hacerlo, cuando nos narra la
el poner al descubierto la participarelación con Pedro Sánchez de Farfán
ción de una mujer en la conquista,
uno de los capitanes más valientes d;
porque según datos aportados en el liCortez. Es aquí cuando se construye
bro, el personaje realmente existió; en
una María más carnal, terrena y tierna,
otras palabras, la obra de Magolo, en
en fin, una mujer de verdad; es una
esta ocasión, es una ficción inspirada
pena que Magolo no se extienda más
en la versión oficial que de la conquisen este asunto idfüco. Lo que sí nos
ta se tiene.
cuenta en los últimos capítulos, es como María de Estrada se convierte en
El tratamiento del personaje nos
una española viva y de ello dan testiconvence, esa María realmente conmonio sus hazañas, al abrir los ojos
mueve. Magolo nos muestra un riouroº
realmente ve la espiritualidad de los
so oficio, recordando a Gabriel García
indios; reconoce, por ejemplo, la beMárquez: «El escritor puede contarnos
lleza de las mujeres indias, su preocutodas las mentiras que quiera, siempre
pación por el aseo y lo limpio de sus
Ycuando nos haga vivir verdades. nos
vestidos, las grandes dotes y afabiliconvenza de que son ciertas».

La ficción nos salta a este plano
como en los trabajos anteriores, porque no existe una María comprometida con el débil pueblo indígena; tampoco u~a María que revele las atrocidades cometidas durante la conquista.
Creo que Magolo, teniendo todos
los elementos que un buen escritor debe tener, nos debe una nueva María o
debe redimir a Doña Marina, esa «Llorona», esa «Rajada», como le dice Octavio Paz; esa deuda es sobre todo con
la juventud de hoy, la requiere para valorar su propio pasado y enorgullecerse de sus raíces, de su presente, y entender mejor lo que ahora somos los
pueblos de América: una continua lucha de liberación que aún perdura.
Pero sin lugar a dudas, los escritores tienen derecho a elegir lo que
crean y si esta vez Magolo nos ha
ofrecido María comra vie11to \" marea
indudablemente que es como product~
d_e una intensa y detenida reflexión y
sm evadir el riesgo que pudiera existir
al ponderar las virtudes de un aliado
del conquistador; sobre todo ahora,
cuando recientemente se han conmemorado los controvertidos Quinientos
Años de Conquista.

Texto leído por su autora la noche del 25 de mayo de este año en el Centro Cultural Monterrey.

153

�LA RADIO Y LA BUENA MÚSICA

César Isassi
~1u~ apreciable Alicia Bendkowska:
Al enYiarle los nueYe discos compactos que adjunto a la presente.
cumplo mi ofrecimiento de obsequiar a Radio Nuevo León estas no,·edades. magníficas joyas musicales
representativas, la mayoría, de las
tendencias musicales de este siglo.
Enriquecer el acervo discográfico de la magnífica retransmisora de
música clásica en la que colabora usted. es para mí una grata satisfacción. porque participo directamente
en la difusión de la cultura, y es al
mismo tiempo el pago de una deuda
moral que nadie me cobra, pero que
contraje con_Monterrey, cuando a
los.die~ años siendo un niño aún, llegué desde Reynosa a estudiar en esa
ciudad en la cual caminaba solo por
las calles, sin peligro alguno rumbo
al colegio o a cualquier lugar, cuando sin ser pequeña era una ciudad
con características muy propias; el
progreso y el tiempo han ido acabando con aquel Monterrey relativamente fresco, de un cielo purísimo,
de montes, cerros y montañas respetadas por el hombre.
Mi gratitud a Nuevo León es por
haberme formado profesional, académica e intelectualmente. Y sé que
al programar ustedes la música que
hoy les envío ésta se va a difundir
154

valiosamente en un vasto auditorio
que tiene la dicha y oportunidad de
escuchar en buena parte del día a los
consagrados clásicos del arte musical.
Ojalá esta estación tenga una larga y sustanciosa vida de constante
superación, estos son mis mejores
sentimientos. Hubo en Monterrey,
por los finales de los años 50s, una
buena radio que después de varios
años de ofrecer dieciséis (?) horas de
excelente programación, lamentablemente se transformó en una disquera
de cumbias. Era una época en que la
cultura era sinónimo de «ideas avanzadas», de ·«valores izquierdizantes», y era necesario, entonces, proscribir el arte, ya que por la música se
accedía a la lectura, a las bellas artes
y por ende alentaba pensamientos
que evolucionaban a metas superiores del intelecto, espirituales. Y
atendiendo al dicho de que quien paga manda, quien la creó la desapareció. Por esos días había una afinidad
aceptada. No escrita. No confesada,
pero vigente. Era un hilo invisible
que unía a la prensa, un cierto sector
de intelectuales, radio, televisión,
maestros y hasta políticos, y buena
parte del sector estudiantil, quienes
aceptaban calladamente los dictados
manifestados en la prensa -que no
era precisamente El Porvenir- y
desde algunos púlpitos en que se

dictaban las directrices a seguir. La
Universidad, claro, la de Nuevo
León, era reducto y bastión de un
pensamiento más o menos libre. Que
quería ser nuevo, generoso, fresco y
espontáneo entre toda aquella situación devenida de la posguerra mundial, de la guerra fría y del choque
de las dos culturas económicas en
boga en esos días. Una actitud un
tanto liberal, estilo juarista, era muy
mal vista, no aceptada por la mayoría. La gran multitud silenciosa aprobaba todo dictado de quienes se aliaban a los grupos poderosos. El PRI,
el Partido Revolucionario Institucional, era en ese entonces el partido de
oposición al capital. Por tarito, gobierno estatal y municipal no comulgaban con la corriente poderosa que
pretendía dictar modas hasta en el
pensamiento de los universitarios, y
eran esas entidades las que auspiciaban las actividades culturales desde
su posición también restrictiva.
El tiempo pasaba entre el asombro y la sospecha. Era más cómodo
permanecer a la expectativa que ser
señalado. Para mi generación fue
harto dificil hacerse escuchar. Hacerse leer. Eran, repito otros tiempos.
Cuando hacíamos periodismo estudiantil en el Colegio Civil (El Bachiller), cuando en la Universidad

fundamos la revista Apolodionis
fuimos. junto con José Alfonso Eli~
zondo y Miguel Covarrubias, a tocar
la puerta del demonio que estigmatizab_a a ~odo aquél que pensara, que
tuviera ideas libres, 0 al menos diferentes. Vaya, tan sólo concebir la narrativa, la poesía, escribir cuentos 0
apreciar las buenas letras, noveia,
ensayo, convertía a la persona en un
ser extraño. Enlistado.
Era un mundo muy cerrado.
¿Obscurantista,
deciomonónico?
Quizá. Eramos vistos con estupor,
con recriminación afectada. Se ejercía una estricta vigilancia sobre todo
lo que se publi~aba. Había grupos
llamados «democráticos» que daban
r~ón de lo que era.posible O no propio de la sociedad. No era descabellado que el Consulado americano
prestara mucha atención a los poetas, a los artistas de la plástica. La
sociedad observaba, renuente a
aceptar los cambios que las actitudes
i~conforrnes de los jóvenes propo:
ntan en este mundo tan cerrado.
No había manera de expresar el
pensamiento abiertamente. El grillo
verde, suplemento cultural de El
Porvenir, realizado espontáneamente sin costo por jóvenes escritores locales, era cancelado caprichosamente al antojo de la dirección cuando
las galeras estaban formadas. Nunca

hubo explicación. Complacencia 0
unidad de pensamiento y acción. y
eso que tan sólo era poesía pura,
cuento, entrevista. Nada político.
El Jesús en la boca presidía cada
acontecimiento cultural. Una obra de
teatro de Julián Guajardo era vista
con lupa, la puesta en escena de El
cuento del zoológico, de Edward Albee, autor norteamericano, era cuestionada. Las exposiciones de Gerardo Cantú, Guillermo Ceniceros, Armando López, los poemas de Horacio Salazar Ortiz, de Jorge Cantú de
la Garza, Carmen Alardín y Gloria
Collado, eran presentaciones entre
amigos, como si fueran reuniones de
sectas prohibidas. En ellas se contaba siempre con la presencia grata de
don Alfredo Gracia Vicente, de Manuel Rodríguez Vizcarra (t) y Alfonso Rangel Guerra. y en el cine
mal añejo que Roberto Escamilla ~
nuestro cineasta- atribuía a la comercialización desmedida que evitaba las películas de arte, y tal parece
qu~ aún se vive igual, con una sustancial mejoría de círculos de amigos del cine. Por esto me da gusto la
estación de música clásica en la que
usted colabora, a la que le deseo larga vida Y un ambiente festivo, cultural, libre, juvenil como hasta hoy.

ca, y admirar una buena exposición
de arte en el Marco o en el Museo de
Monterrey. Antes tomaban XX en
protesta. y parece que ahora comen
juntos los que pintan y los que compran. Los cuadros cuelgan de las paredes de hogares regiomontanos. Las
ideas son las ideas, pero los pintores
que se hacen viejos esperan una pared oficial para inmortalizarse y los
P~_tas un premio en metálico que
m1t1gue su estipendio menguado. Lo
único que me extraña es ¿por qué no
h_an tomado las paredes de las iglesias a fin de pintar el mundo? El
mundo del Monterrey de fin de siglo, en el que al parecer todos tenemos una visión de las artes, de la sociedad, en fin, de la vida.
Disculpe esta larga carta que no
sé por qué se la mando, apenas si he
charlado telefónicamente con usted
dos o tres veces. ¿Será porque usted
Y yo -y como tantos-, no somos nativos de Monterrey' y queremos un
Monterrey sano? ¿O será porque estamos viendo una promisoria primavera de la cultura regiomontana? No
lo sé, pero la escritura nos salva del
olvido.
Atentamente,
César lsassi

Lo bueno es que ahora los intelectuales pue(len tomar Carta Blan155

�FUNDAMENTOS DE LA COCINA
NUEVOLEONESA
Hay impasse gastronómico cuando la compl,cación, el amontonamiento, conduce a 11na conf11sión de sabores, a ocultar las propiedadts naturales. LA cocina,
en ve;: de ayudar y completar la obra de la naturalew, la anula y no la reemplaw. El remedio, entonces, es evidente: una vuelta a la simplicidad y a la calidad.

Jean-Fran~ois Revel, Un festín en palabras

Silvia Mijares

REGIÓN

156

La cultura entendida como el conjunto de valores -&lt;:reaciones, tradiciones, instituciones, lenguaje, etc.que elabora y transmite una sociedad, también nos refleja las condiciones materiales de su existencia y
nos proporciona los instrumentos para transformarlos. Todos los gestos y
las actitudes humanas, por lo tanto,
son parte de la cultura. En esta ocasión nos ocuparemos de los orígenes
de la cocina nuevoleonesa. Veremos
cómo estos antecedentes van a repercutir en el fundamento esencial
de la cocina actual, en el arte de hacer las comidas o preparar los alimentos, para luego derivar a la gastronomía, entendida ésta como el
conjunto de conocimientos que se
refieren a la alimentación humana, o
el arte de elaborar un buen bocado, o
simplemente el gusto por la buena
comida. Podemos asegurar que todos los países del orbe, desde los
más pobres hasta los más desarrollados cultural y económicamente, cultivan la cocina. Por esta razón Ludwig Feuerbach (1804-1872) lanza un
llamado pidiendo se enseñe al pueblo cómo debe alimentarse, y asegura de manera contundente: «¡El
hombre es lo que come!» 1 El estudio
de este campo particular nos puede
llevar a conocer zonas geográficas,
tipos de cultivo, ganadería. variedades mannas, costumbres, religión,
economía, etc.

La antropología ha contribuido a
este conocimiento y ha reconocido la
importancia de esta actividad deleitosa en la experiencia humana, que en
última instancia expresa la esencia
del modo de vida de los seres humanos. Vuelvo a repetir que al estudiar
la forma y hábitos de vida del hombre y al integrar los resultados con
sus hallazgos, los antropólogos han
permitido abrir la comunicación con
mundos que nos eran desconocidos y
extraños y que sin embargo ayudaron
a formar la esencia de la humanidad.
El pasado se aloja dentro de nosotros
y hay que reconocerle su lugar. El
desconocimiento de este mundo primitivo ha provocado puntos de vista
como los de Thomas Hobbes, que
son una visión pobre e inexacta porque nos presenta la vida de los hombres preagrícolas como «solitaria.
pobre, sucia, embrutecedora y corta».2 Sin embargo, vemos que para
poder subsistir de la recolección y de
la caza, esos hombres primitivos necesitaron tener ciertas características
básicas de organización en donde indiscutiblemente imperaba la simplicidad social. El trabajo entre ellos ordinariamente se dividía de acuerdo
con el sexo: los hombres se dedicaban a la caza mientras las mujeres se
encargaban de recolectar los alimentos vegetales, sin negar que en ocasiones se intercambiaban las actividades.

Ahora bien, tenemos que destacar que la tierra o el lugar geográfico
que ocupa nuestra región juega un
papel muy importante en el desarrollo de" la cultura. Alonso de León,
cuando describe la calidad de la tierra del Nuevo Reino de León, nos
dice que es templada y sana, con un
clima extremoso, tanto en invierno
como en verano: «el uno es demasiado frío, y el otro en extremo caliente».3 Pero a pesar de ello, de acuerdo
con este conquistador, es una tierra
abundante cruzada por ríos caudalosos: «el agua buena, sin color, sabor
ni olor, como dicen los filósofos que
4
ha de ser». «En la Sierra Madre anotaba el doctor José Eleuterio
González- abunda el pino de varias
especies, que forma grandes pinares,
el cedro abunda en las faldas del lado del sur, y en las tierras altas forman grandes bosques. En el lado del
norte las faldas de la Sierra y sus inmediaciones están cubiertas de encinales, y en las llanadas que se extienden al norte y al oriente abundan
los bosques. en donde se encuentran
en abundancia mezquite. huizache,
chaparro prieto. nogal, anacua, grangeno; coma. moral, palma, nopal,
ébano, palo blanco, barreta, anacahuita. brazil, mimbre, palo amarillo,
jaboncillo. nogal encarcelado, duraznillo, tenaza y parras silvestres. Las
riberas de los ríos están pobladas de
sabinos, álamos, sauces y otros árbo157

�les todos muy apreciables los unos
por sus frutos. los otros por su madera. (... ) Los animales silvestres que
hay en nuestros bosques y montañas
son casi los mismos que se encuentran en el centro de la República. Así
es que. se hallan con frecuencia el
\'enado. el jabalí, la liebre, el conejo,
el annadillo, la ardilla, el tejón. el
oso. el león. el gato montés, el tigre,
el lobo. el coyote, el tlacuache, la tuza y la rata. En el río Salado suelen
hallarse castores y nutrias. En cuanto
a las aves abundan en los bosques el
guajolote, la codorniz, muchas especies de palomas, las chachalacas, el
zenzontle, el cardenal, el tordo, la
águíla, aguililia, el gavilán, el tecolote, la lechuza, el zanate, el carpintero, el perico, la cotorra, el colibrí y
una multitud de pájaros difícil de
enumerar. De los reptiles hay varias
especies de culebras, cuyas mordeduras no son peligrosas: v. g., la zacaría y la culebra negra; pero en
cambio tenemos la terrible víbora-de
cascabel, tan temida por su mortífero
veneno. En los ríos abundan las aves
de rivera y peces de exquisito gusto;
así es que se cogen con frecuencia,
patos, ánzares, gallaretas y otras
aves, así como anguilas, camarones,
robalos, moJarras, bagres, piltontes,
puyones, besugos, dorados, agujas y
otros. Finalmente, de los insectos sólo enumeraremos la abeja de cera y
la silvestre, por útiles; y por moles158

tos o dañinos el zancudo, el escorpión. el ciempiés (sus picaduras son
muy poco venenosas), la cucaracha,
la avispa y una multitud de moscas,
encontrándose entre ellas la formidable mosca hominívora».5 Como hemos visto, estos productos tan variados que genera la tierra se convertirán en los fundamentos de la cocina
nueoleonesa. Ya decíamos, el agua
es una condición que hace a la tierra
fértil, «de muchos pastos y casi
siempre verdes. Danse los panes
muy bien: todas semillas y géneros
de árboles frutales, de muy gran sabor y gusto: muchos melones, san6
días y todo género de semillas». Si
de la tierra se obtienen buenos panes
es porque se cultiva el trigo y hay
variedad de árboles frutales y semillas de todos los géneros, situación
que garantiza la buena cocina pues
toda esa variedad de cultivos posibilita la preparación de ricas viandas.
Paco Ignacio Taibo I nos dice que
para preparar un buen caldo se necesita agua porque tiene la peculiaridad de extraer los jugos de cuanto se
le echa, sea frutas, verdura o carnes.
Y si en estos horizontes se encontraban las materias primas necesarias,
casi es seguro que se haya realizado
el milagro. Si Luis Carvajal y de la
Cueva arribó en 1582 a estos lugares
con un grupo de gentes, entre los
cuales venían unos parientes suyos
de origen judío, es posible que sien-

do fieles a sus costumbres se hubieran preocupado por sembrar trigo.
Hay quienes suponen que la costumbre de comer tortillas de harina se
encuentra emparentada con estos sefarditas que habitualmente comían el
pan ázimo -sin levadura- que actualmente es conocido como pan
árabe. Pues es muy curioso que en el
noreste del país, contrario a lo que
ocurre en toda la república, se come
en abundancia las tortillas de harina
flor y no únicamente las de maíz.
Por boca de los primeros pobladores que arribaron al Reino, )lemos
sabido que nuestra tierra fue muy fértil y generosa, consecuentemente se
fomentó la crianza de ganado. Una
variedad que se aclimató muy bien
en estas tierras fue el ganado caprino:
«Hay bandadas de ciervos, de cincuenta. Hay muchos berrendos, conejos, liebres, cantidad de gallinas
monteses; puercos, del ombligo en el
espinazo, que llaman silvestres. Gatos pintados, sin cola ni señal, que
matan una bestia de tres años. Muy
gran cría de yeguas y mulas; cantidad
de ganado mayor; cabrío, en abundancia. De ovejuno es tanta la cantidad, que cuando esto se escribe, entran a agostar, de la nueva España,
7
más de trescientas mil cabezas».
Pero a pesar de esta espléndida
descripción de las tierras del Nuevo

Reino de León. nos encontramos con
las dificultades con que tropieza Diego de Montemayor por los años de
1590. pues como es sabido de todos
fue uno de los primeros pobladores
de estas tierras. Las dificultades se
acrecientan cuando faltan dos de sus
principales vecinos, Pedro de Jñigo y
Domingo Manuel, ambos muertos a
manos de los indios; es entonces
cuando empiezan los días de privación y de miseria. Así, don Diego, en
estas miserables condiciones se ve
obligado a alimentarse de raíces de
lampazo, «de que abunda el ojo de
g
agua». Alonso de León relata que
fue verdaderamente un lujo cuando
Baldo Cortés le envía un plato de ezquite. Los contrasres de abundancia y
de miseria son comunes en los orígenes de toda conquista.
Eugenio del Hoyo comenta que
es probable que durante la edad media en La Mancha y Extremadura las
tierras con hierba ocuparan una mayor extensión que la que hoy ocupan, argumentando que quizá eso
mismo ocurrió en estas tierras del
Reino: «desde la entrada de las ovejas al Reino en 1635, el excesivo pastoreo fue convirtiendo en matorrales
las tierras que antes habían sido de
pastizal; huizaches, retamas, mezquites, chaparros y nopales dieron al
paisaje el nuevo carácter que es el
que ahora conocemos». 9

El cambio que se desarrolla en
forma vigorosa hacia el año 1637, y
que corresponde a la fundación de
San Juan Bautista de Cadereyta hoy Cadereyta Jiménez- por iniciativa de Martín de Zavala, encuentra su
explicación por la afluencia al Reino
de grandes migraciones de nuevos
pobladores provenientes de zonas
donde se practicaba la agricultura y
la ganadería: «Huichapán, Tepatitlán, San Luis de la Paz, Puebla de
los Angeles, Querétaro, Guadalcázar, son algunos de los lugares de
origen de aquellos colonos». 1º Esta
fuerza de expansión colonizadora la
representan homqres de la raza otomí como don Juan de Tapia o don
Nicolás de San Luis Montañés. Dicha zona tenía la peculiaridad de
propiciar y realizar un intenso mestizaje, siendo probable imaginar que
los supuestos españoles que llegaron
al Reino provenientes de aquella región quizás hayan sido mestizos, trayendo con ellos: «'indios laborios',
mulatos, zambos, coyotes, etc.» 11
Estos intercambios y mezclas de
sangre fueron determinantes en la
cultura del Reino, pues toda esta
nueva gente contribuyó a realizar
trabajos de minería y agricultura, artesanía, etc. A ellos «se debe la intensa nahuatlización del Nuevo Reino que lo mismo se manifiesta en la
toponimia que en el habla popular o
en el folklore; a ellos se debe tam-

bién, en gran parte, el incremento
económico Y la elevación del estandard de vida, ya que, en su gran mayoría, eran mineros u hortelanos, albañiles, carpinteros, tejedores O alfareros, pintores, canteros, entallado•
•
res e 1magmeros
(...)» 12 A pesar de
que hay historiadores que se han
atrevido a señalar que los pobladores
de Nuevo León provienen de la raza
europea Y no están mezclados, ya
hemos visto que en los inicios de la
fundación de estas tierras se establecieron los mestizajes que han conformado nuestro espíritu.
Según testimonio de Alonso .de
León, antes de la entrada de las ovejas al Reino en el año 1635 sólo había
sementeras de trigo y únicamente las
necesarias para comer. Con el tiempo se empezaron a cultivar grandes
labores de trigo que les permitía comerciar con él. «Hay que advertir
aquí.que el trigo que salía del Reino
salía ya elaborado, convertido en ha.
13
rma». Es por este tiempo cuando
se inicia toda una tradición harinera
que actualmente es de rancio abolengo y que puede explicar el antecedente de las gorditas de harina que
tan apreciadas son por estos lares.
Asimismo la caña de azúcar empezará a cultivarse y de la misma manera que el trigo será industrializado
el piloncillo o panocha que contribuirá a la creación de ricos panes,
159

�como las semitas chorreadas, las
empanaditas con piloncillo, las nogadas de piloncillo y nuez, etc.
En esta etapa intere!&gt;ante, cuando
el Nuevo Reino recibe migraciones de
diferentes puntos del país, comienzan
a tamizarse ideas de todo tipo, incluidas las relativas a la cocina. Pero aunque hay nuevos vientos, prevale_cen
arraigadas ciertas costumbres culinarias que obedecen sencillamente a que
los productos para elaborar las recetas
las obtienen de esta misma tierra. Ya
hemos visto que desde el año 1635 se
inicia el acarreo de ganado a la región
y habiendo buenos agostaderos se garantizaba la producción de buenas carnes. Se tenía un cuidado esmerado en
tratándose de la conservación del ganado; «las ovejas y el ganado vacuno... se colocaba bajo la guarda oficial
de lo que se llamaba la esculca, que
era claramente una compañía de gente
armada, jinetes que eran facilitados
por los dueños del ganado a base de
un caballero por rebaño de ganado vacuno o tres de ganado lanar». 14 Fue
una afortunada coincidencia que algunos conquistadores provinieran de Andalucía, «donde la vida pastoril, y la
verdadera vida campesina en general,
fµe dominada por una floreciente y altamente organizada economía de ranchos ganaderos».1 5 La opinión de Bishko sobre la costumbre andaluza en la
cría de ganado nos sirve para explicar

la tradición ganadera de nuestra región. Marvin Harris en su estudio
plasmado en Bueno para comer nos
comenta que «las grandes diferencias
entre las cocinas del mundo pueden
hacerse remo~tar a limitaciones y
oportunidades ecológicas que difieren
según las regiones». 16 Por ejemplo, la
costumbre de comer cabrito en Nuevo
León obedece sencillamente a que éstos pueden desarrollarse en las áridas
zonas de matorral que por cierto abundan en el noreste. Se sabe que las cabras se crían en los lugares donde la
agricultura es pobre y el pasto escaso;
ya hemos comentado antes el cambio
de vegetación que han sufrido estas
tierras, producido por el pastoreo excesivo que impidió que renacieran los
brotes de árboles, lo cual transformó la
vegetación y el medio. Ahora bien, no
se puede evitar la «asociación de la
carne de cabra con las minorías raciales y culturales pobres y explotadas».17 Esta situación no ha beneficiado su imagen culinaria pues muchos
ganaderos prefieren -si disponen de
tierras y pastos en abundancia- poseer
una vaca que tener varios cabritos. Por
otro lado, debemos reconocer que de
toda nuestra república sólo en el noreste se come el cabrito con relativa
abundancia. Porque si pensamos en
nuestros vecinos del norte, la situación
es todavía más clara. «De hecho. se
puede buscar en una pila entera de libros de cocina norteamericanos, desde

Joy of Cooking, hasta James Beard
Cookbook, sin encontrar una sola receta a base de cabra.» 18 pero eso s1,,
los antiguos griegos no desdeñaron el
cabritq. Al contrario, en sus tierras había en abundancia, eran muy semejantes a las nuestras. «Grecia y concretamente el Ática es tierra áspera, de pocas lluvias. El agua, desde siempre, ha
sido el más codiciado de los líquidos:
para los pastos y los regadíos y en la
mínima porción para la sed. Ya de antiguo, el griego ha sido un degustador
de agua y existían expertos de m~antiales, virtuosos de los sabores casi secretos de las aguas como entre los antiguos chinos.» 19 La famosa carne_a la
griega se ha impuesto desde los nempos de Homero cuando: «Al espetón
de una vara de fresno ensartaban corderos y cabritos en el suelo y con leña.
(...) Era_aquel mundo d\~ast~res y reyes, anuguo y altanero». Qwzá la lucha contra el medio fue lo que impulsó a este grandioso pueblo a crear esa
magna cultura que es la fuente nutricia
de todo el occidente. De la misma manera los nuevoleoneses se distinguen
por su voluntad, por sus propósit~s de
transformar su medio. Pero conunuemos con el cabrito y con la costumbre
de los griegos de incluirlo en su menú,
desde la remota antigüedad. Sí, en el
mundo de Homero, Pericles, Platón Y
Aristóteles, «no debió faltar la sangre.
que la cocina de sangre es muy helena».21 Y fue Lampria, uno de los siete

cocineros legendarios más famosos.
quien inventó la salsa negra, a base de
sangre. Antecedente quizá de la salsa
negra de la fritada de cabrito, tan celebrada en nuestra cocina noresteña.
Sin embargo, todos los argumentos negativos se derrumban al probar
el cabrito preparado en sus diferentes
formas: asado, en salsa, en fritada, etc.
A tal grado ha llegado la fama de estos platillos que hay gente que viene a
Monterrey exclusivamente a comer el
cabrito en sus diferentes formas, así
como también las carnes asadas que
tan soberbiamente preparan nuestros
especialistas. Recordemos que a la pobreza del suelo -por lo menos aquí en
nuestra tierra- corresponde la riqueza
de la imaginación que hace maravillas
con pocos recursos, hasta sublimarlos.
Llama la atención la preparación tan sencilla a que se somete la
carne de cabrito cuando se cocina
al pastor, y cómo esta práctica tan
antigua permite destacar su sabor.
Con todo, la sencillez de la preparación requiere de sensibilidad y
cuidado, de pocos movimientos pero muy precisos. Además, el tiempo de cocción es determinante para
lograr los mejores resultados. Claro que se puede pensar que esto no
tiene chiste, pues es una receta
muy antigua, quizás la primera
después de que el hombre descu-

brió el fuego. Pero en fin. no debemos olvidar que. al cocinar la carne a la parrilla, ésta puede ir sin
ningún condimento y con la garantía de que si se cuida bien el fuego
en relación con la carne, va a resultar un plato excelente que nos mostrará los sabores propios de la carne. Así pues, lo único que se necesita es la carne, el fuego y el asador, para posteriormente dar el primer bocado que combina los olores, los jugos y la blandura de la
carne; es entonces cuando surge la
hora de la verdad y cuando se exalta la pericia del asador. Es interesante comprobar cómo esta receta
tan antigua sigue permaneciendo
en el gusto de los actuales comensales. Ya se sabe que en la cocina
existen múltiples maneras de cocer
los alimentos: al fuego directo, en
agua, en baño María; frituras en
grasas de animales o vegetales.
rostizados, al vapor. en ollas cerradas, abiertas, en hornos de diferentes tipos; de barro, de piedras. de
metales, de rayos - microondas- .
así como diferentes tipos de cocción. Cualquier disciplina. sea la
historia. la física o el arte. , an
cambiando con el tiempo y las condiciones económico-sociales y culturales van a afectar a la sociedad
entera y a los modos de actuar del
hombre en el mundo y obviamente
a la cocina también. Si hacemos un

recorrido por las diferentes épocas
de la historia universal, de la historia de la ciencia, de la historia de
México. veremos que todos esos
movimientos van a repercutir en la
cocina. La tecnología y la rápida
comunicación tienen que ver con el
modo de cocer nuestras viandas,
con el tiempo, con las materias primas, con nuestros sabores, así que
el estudio de este apartado es muy
importante para el conocimiento de
la gastronomía.
En renglones anteriores habíamos hablado de la tradición harinera en nuestro estado y mencionamos las exquisiteces que se logran
con la harina de trigo, pero hay que
recordar también que cuando se
combinan las harinas de trigo y
maíz con manteca de cerdo, azúcar
y canela. se logra una variedad de
hojarascas con acento de maíz,
muy neas y con consistencia de
polvorón. Las más de las veces las
hacen de harina flor. Lo que sí hay
que decir es que en casi todos los
pueblos y municipios de Nuevo
León. se hornean las famosas hojarascas. Aclarando que donde se
cultiva la nuez. ¡por supuesto que
al amasijo de las hojarascas le revuelven su taza de nuez! Como en
Escobedo o en Bustamante. Y ya
que hemos mencionado a Bustamante. no podemos olvidar sus se-

�mitas chorreadas y en general todo
el pan que elaboran en aquel lugar.
También tenemos que pasar revista
a los turcos -especie de empanadas
rellenas de carne de cerdo con canela y con azúcar- que le dan fama
a la Villa de Santiago. Asimismo
he de mencionar que los merenderos aledaños a la carretera nacional
hornean un pan de maíz tierno espléndido. que poco a poco se va
arraigando en el gusto de cuantos
lo prueban. Una práctica muy generalizada -como ya lo comentamos- es la de hacer tortillas de harina. Estas ocupan un lugar muy
especial en el menú de los norteños, .tanto así que hoy en día en algunas pánaderías también se industrializan las tortillas de harina. Los
taquitos de harina rellenos con
chorizo y huevo, tan apreciados
por los viajeros de la región, inundan de un olor penetrante, sabroso
e inconfundible los trenes y los camiones, despertando el apetito ?e
todos los viajantes. En la estación
de camiones de Sabinas Hidalgo,
son muy populares los tacos gigantes de harma que se rellenan con
todo lo habido y por haber. pero
los más solicitados son los de frijolitos con huevo y chiles jalapeños.
Además no se puede pensar en comer machacado con huevo si no va
acompañado de tortillas de harma.
Es todo un acontecimiento detener162

se en Ciénega de Flores para saborear el más sabroso machacado con
huevo que se prepara en toda la región. Claro que no es el único lugar donde preparan el platillo,
puesto que éste se puede considerar como típico de nuestra cocina
regional.
La carne zaraza es una variedad de
la carne seca -otra manera de preparar
la carne, con otro gusto-, verdadera
especialidad que podemos saborear en
Villa Unión. Y por favor, recordemos
la carne seca asada, con limón, que en
ocasiones se ofrece como botana o entrada para abrir el apetito, acompañada de una cerveza helada, de ésas que
se producen aquí, cervezas de calidad
indiscutible. El caldillo de carne seca
también tiene su lugar. Suponemos
que en esta región semidesértica y árida se acostumbraba la carne seca porque era una forma de conservar la carne que comían los primeros pobladores y que finalmente se impuso por su
sabor.

Las carnes asadas -ya lo dijimos- distinguen nuestra gastronomía. Todos los cortes que se acostumbran en esta región contribuyen
a exaltar el gusto, en manos de los
maestros asadores. Pero lo que se
encuentra en la cúspide de esta especialidad -según mi gusto- son la
aguJas norteñas que tan excelente-

mente preparan en algunos restoranes de tradición.
El cortadillo con tomate, cebolla
y chile, sazonado con ajo y comino,
goza de preferencia en el menú nuevoleonés, sin faltar el bisteck ranchero ahogado en su salsa de chile.
También tenemos que consignar el
asado de puerco, reconocido como
una de las delicias culinarias que
enorgullecen nuestra cocina y que en
los grandes acontecimientos familiares como bautizos, bodas y jolgorios
no puede faltar. El chile cascabel y
pasilla, el vinagre, la cebolla, el ajo,
el orégano, la indispensable hoja de
aguacate, transforman cualitativamente todos los ingredientes, para
felizmente terminar en el soberbio y
exquisito sabor de esta maravilla
gastronómica.
El mole norteño, en el trayecto de
Puebla a Nuevo León se fue despojando del barroquismo para lograr un
gusto más sencillo, sin detrimento
del sabor. (Por cierto que el que prepara el actor Luis Martín y que yo
probé en la casa del poeta Andrés
Huerta, es una sabrosura.) Ahora les
toca a los cuajitos, tan celebrados en
Cadereyta. Casi se preparan igual
que la barbacoa, pues se hace un pozo en el suelo y allí se coloca la olla
con los trozos de carne con tomate.
cebolla, chile y especias, para que el

calor de toda la noche haga las delicias de los comensales al día siguiente. Hablaremos ahora de los frijoles
charros, aunque francamente no sé
cuál es la correspondencia entre los
charros de Jalisco y los frijoles del
norte, ya bien se sabe que aquí no nacieron los charros. Se cocinan con
cerveza y como los charros de Jalisco, «muy machos», también se emborrachan. En fin, esta sería una posible explicación, entre muchas otras.
O la toman o la dejan; no tiene importancia. Lo que sí nos interesa es
que resulten sabrosos aunque desconozcamos el antecedente de su nomenclatura. Eso sí, son el acompañamiento infaltable de las carnes asadas
y del cabrito al pastor. Las calabacitas con carne de puerco, elote, tomate, cebolla, ajo, cilantro y comino,
también es un plato muy cotidiano en
nuestros pueblos. Las flores de palma
cuaresmeña se aprovechan en algunos lugares donde las pródigas palmas pueden resistir la escasez del
agua y que con tanto entusiasmo esperan los pobladores de estas pobres
regiones. Si don Diego de Montemayor tuvo que comer raíces de Lampazos ante la escasez, ¿no es mejor disfrutar de un guiso de bellos racimos
de flores blancas que alegran el paladar? Así. tenemos el mezquite, vaina
que ocupó un lugar preponderante
entre nuestros indígenas: su preparación servía para festejar ciertos acon-

tecimientos. Se trata de un alimento
que -al igual que la salvia- ayuda a
criar a los niños en los lugares en
donde la vegetación únicamente la
conforman los.matorrales, mezquites,
huizaches, etc., y además nos parecen tan hermosos y resistentes como
los hombres de por acá. «Comen por
este tiempo el mezquite, que hay en
abundancia. Cómenlo desde que empieza a sazonar hasta que está seco; y
entonces lo muelen en sus morteros,
y aquéllos guardan; uno cernido, otro
con pepitas, y puesto en unos petatillos, a modo de costales, hechos a
propósito, o en nopales abiertos. Llámanle mezquitamal. Es comida de
muy gran sustancia, caliente y seca;
hácelos engordar en este tiempo.» 22
Ahora bien, en estos lugares como
en todo México, no pueden faltar las
salsas molcajeteadas. Las hay de múltiples variedades, dependiendo de la
preparación y de la clase de chile que
se produzca en la región. Aquí, como
se da un excelente chile piquín, se preparan salsas muy ricas. A veces se
muele únicamente piquín con limón.
medio ajito y sal. y se acompaña de
una tortilla caliente que todo mundo
disfruta, pero en los pueblos donde la
escasez es extrema, mucho más.
Los nopalitos son muy socorridos por los comensales de estos lares. «El verano, y desde que empieza

a brotar el nopal, lo comen. La flor
de la tuna y la misma tuna pequeña,
en barbacoa; que hay gran copia en
•
23
toda 1a tierra.» En los huertos de
muchos hogares de pueblos como
Doctor Arroyo, Mier y Noriega y
otros, lo único que cultivan es esta
espinosa planta que les garantiza su
alimentación.
Gracias a la leche de cabra se
preparan unos dulces de leche memorables, como las glorias de Linares, la leche requemada de Marín, las
bolitas de leche quemada, espolvoreadas de azúcar, de tantos y tantos
pueblos de nuestro estado; aquí se
elaboran por ser tierra de cabras -decía Alfonso Reyes. La calabaza en
tacha que se cuece en el perol de
miel de caña, sola o con leche, endulza el paladar.
Es curioso que en sus orígenes estas tierras fueran tan apropiadas para
el cultivo de la vid. Los cronistas testimonian que en las riberas de los caudalosos ríos abundaban las uvas silvestres. y las que se empezaron a cul11var eran de tan buena clase y tan envidiables como las vides producidas
en España. «Tres géneros de fruta lleva este reino. como las puede haber en
España: higos, melones y sandías.
Uvas. me han dicho las hubo en las
Salinas; que hacían ventaja a las de
Castilla. que se tienen por buenas. De
163

�las sih·estres están todos los ríos llenos. Muchos nogales, morales y zarzamora y otros muchos géneros. que
es para alabar a Dios, como Creador
24
de todo» -dijo Alonso de León. Sin
embargo. el cuitivo de las vides en estas grandiosas tierras no se desarrolló.
Por lo tanto. carecemos de productos
vitivinícolas. Con lo que sí contamos
es con algunos mezcales, como el
choneño o el de Bustarnante. Provienen del maguey y «se curan» con nueces, pasas y canela.

Notas

19 Luján, Néstor, Historia de la gastronomía, p. 23.

1

2

3

4

5

7

Citado por S. Boyd Eaton eral. en LA
dieta del paleolítico, p. 59.
Incluido por Raúl Rangel Frías en Antología histórica, p. 73.
!bid., p. 76
!bid., pp. 86-88

Alonso de León, incluido por Celso
Garza GuaJardo en Nuevo León, tex•
tos de su historia, p. 6.
!bid., p. 36.

9

!bid., p. 56.

io !bid., p. 48.

11 lbidem.
12 /bid., p. 49
/bid., p. 52.

14 /bid., p. 61.
15

1994

/bid., p. 55.

16 Harris, Marvin, Bueno para comer, p.
13.
17

º /bid., p. 24

21 lbidem.
22 Alonso de León, incluido por Celso
Garza Guajardo en op. cit., p. 327.
23 Jbidem.
24 /bid., p. 7.

!bid., p. 76.

8

13

Texto leído por su autora dentro de las «X
Jornadas: elementos de identidad de Nuevo León». Consejo Cultural dt Nuevo
León, Monterrey, el 17 de septiembre de

/bid., p. 142.

1 Citado por Harry Schraemh en Histo•
ria de la gastronomía, p. 65.

6

Estos han sido, a grandes rasgos,
los fundamentos que integran nuestra
cultura culinaria. El crecimiento y el
desarrollo de Nuevo León han creado
las condiciones para que lleguen múltiples productos· que obligadamente
enriquecerán nuestra cocina y permitirán desarrollar nuestros antiguos sabores con la riqueza y el ingenio de
nuestros cocineros. Estarnos seguro de
que siempre habremos de encontrar,
en la mesa regiomontana y en la nuevoleone!.a, delicias sin igual.

IH

/bid., p. 143.

Bibliografía
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prel. y notas de Israel Cavazos Garza, Gobierno del Estado de Nuevo
León, Monterrey, 1990.
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trad. de Susana Liberti, 1a. ed., Selector, México, 1989.
Garza Guajardo, Celso (compil.), Nuevo
León, textos de su historia, t. t, 1a.
ed., Gobierno del Estado de Nuevo
León / Instituto de Investigaciones
Dr. José María Luis Mora, México,
1989.
Harris, Marvin, Bueno para comer.
Enigmas de alimentación y cultura,
trad. de Joaquín Calvo y Gonzalo Gil

Catalina, 2a. ed., Alianza Editorial /
Consejo Nacional para la Cultura y
las Artes, México, 1991.
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ed., Everest, León, 1982.
Luján, Néstor, Historia de la gastrono•
mía, Plaza &amp; Janés, Barcelona, 1988.
Rangel Frías, Raúl (compil.), Antología
histórica, Instituto de la Cultura de
Nuevo León, Monterrey, 1989.
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reimp., Destino, Barcelona, 1993.
Valadez Moreno, Moisés, «Datos etnohistóricos y etnográficos de las sociedades indígenas que habitaron en
Nuevo León», en Deslinde, Monterrey, núms. 39-40, vol. xn. enero-junio, 1993, pp. 124-136.

�COLABORAN EN ESTE NÚMERO

Aída Guisela Soto. Poeta guatemalteca
que reside desde hace varios años ~~ la
ciudad de Miami, Florida, USA. Participó
en enero de 1995 en el panel Latin American Women Writers (Florida State University). Autora de dos poemarios: los
ojos del almendro (1988) y Dedicatoria
sin nombres (1990).
Adolfo Castañón (México, D.F., 1952).
Estudió letras en la UNAM. Narrador, ensayista, crítico y traductor. Gerente de
producción editorial en el Fondo de Cultura Económica.
Alfonso Rangel Guerra (Monterrey,
t928). Licenciado en derecho (UNL). Hizo
estudios de literatura en París. Director
de la Preparatoria I y de la Facultad de
Filosofía y Letras de nuestra universidad; rector .de la misma hace treinta
años. Fue secretario ejecutivo de la
ANUIES, director de Educación Superior
de la SEP, secretario general de El Colegio de México y Secretario de Educación
y Cultura en Nuevo León. Ensayista e
investigador. Ha publicado, entre otros
títulos, Imagen de la noveúi (1964), Agustín Yáñez y su obra (1969), Las ideas literarias de Alfonso Reyes (1989), etcétera.
Andrés Huerta (Doctor Arroyo, 1933).
Escritor autodidacta; ha publicado ocho
libros de poesía, recogidos en el volumen Poesía, 1967-1989, editado en 1993
por el gobierno de Nuevo León.
Arturo Cantú (Monterrey, 1936). En su
juventud publicó poesía Y editó, jun~o
con otros escritores, Ja revista Káthars1s.

Fue profesor de la UNL antes de trasladarse a la Ciudad de México. Periodista
cultural y editorialista en varios diarios
capitalinos.
Blaise Cendrars. Poeta, novelista y ensayista suizo de habla francesa (18871961). Braise (brasa) + cendre (ceniza) +
art (arte) = BLAISE CENDRARS: «escribir
consiste en ser brasa y además renacer
de entre sus cenizas gracias al arte». En
español se han publicado: Obras (El oro,
El hombre fulminado, La mano cortada,
Vergara, Barcelona, 1963), Uévame al fin
del mundo (Argos-Vergara, Barcelona,
1982), Cuentos negros para niños b~ancos (Espasa-Calpe/CONACULTA, México,
1991), Poesía, 1912-1919 (traducción de
Alicia Reyes, Carlos Bonfil y Marc
Cheymol, UNAM, México, 1995).
Blanca Luz Pulido (México, D. F., 1956).
Poeta, periodista. Inclufda en la antología 5()() aóios de poe~ía en d Valle de
México, de Aurora Marya Saavedra (Extemporáneos, 1986).
César lsassi (Reynosa, Tamps. 1939). Licenciado en derecho por la UNL Notario
Público en su ciudad natal. Fue el segundo director de la revista cultural Apolodionis, en t963-t964. En 1989 publicó Reynosa, cuna y destino.
F.duardo Antonio Parra (León, Guanajuato, t96S). Licenciado en letras por 1~ Universidad Regiomontana. Fue becario del
Centro de Escritores de Nuevo León Ganó
el concurso de cuento de Guadalupe. N.L,
en t9'J3. Fue editor de la revista Coloquio.

Eduardo Jordán (Monterrey, 1947). Estudios de arquitectura, medicina, publicidad, diseño gráfico, periodismo y letras.
Traductor de la poesía de Arthur Andrews. Esquiva los reflectores de las revistas y suplementos culturales del país.
Cuando no viaja por el extranjero renta
una finca campestre en El Cercado, N.L.
Fernando Zapata (Monterrey, 1968).
Fotógrafo. Estudió en la Facultad de Artes Visuales de la UANL. Reportero gráfico en El porvenir desde 1990. En 1991 obtuvo el Premio Nacional del Salón de la
Fama a la mejor fotografía de beisbol.
Ha expuesto en muestras colectivas en la
Casa de la Cultura de Monterrey, en la
Casa del Senado («Fotoseptiembre») Y
en la Ciudadela
Gabriel Contreras (Monterrey, 1959).
Psicólogo egresado de la UANL. Escribe
y publica teatro, narrativ1, ensayos Y reseñas. Periodista cultural. Conductor de
programas radiofónicos y televisivos.
Autor de Estoy en la acera de los que
vemos (1986), Sigue mirando el fuego
(1992), etc.
Gabriel Vargas Lozano (Guadalajara,
1947). Licenciado y maestro en filosofía.
Fue editor de Ja revista Dialéctica en la
UAP. Ha sido profesor huésped en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.
Recientemente publicó Más allá del derrumbe (Siglo XXI).
Giampiero Bucci (Roma, Italia, 1951).
Licenciado en filosofía en su país natal.
Ha sido profesor del ITESM y la UANL, de

Monterrey, y en diversas escuelas preparatorias de Roma, Italia.
Gutierre Tibón. Nacido en Italia en
1905, vive en México desde 1949. Profesor
en la Facultad de Filosofía y Letras de la
UNAM, iniciador de la Enciclopedia de
México, autor de numerosísimos trabajos
de filosofía, antropología, filología, historia y otras disciplinas. Premio Alfonso
Reyes 1987.
Guy Le Gaufey. Psicoanalista francés.
Actual director de la escuela lacaniana
de psicoanálisis. Ha dictado seminarios
sobre su especialidad en diversas ciudades. En nuestro país, lo ha hecho en
México, D.F. y, en noviembre· de 1994,
dictó la conferencia que aquí se publica
en el Museo de Monterrey. Recientemente publicó el libro L'eviction de
/'origine.
Héctor Alvarado (Monterrey, N.L.,
1957). Licenciado en letras por la UANL,
fue profesor de literatura y coordinador
editorial de la Universidad Michoacana
en Morelia. Coordinador del Centro de
Escritores de Nuevo León entre 1987 y
1992. Ha colaborado en la revista El
Cuento, Sábado del uno más uno y en
periódicos y revistas de Monterrey. En
1988 obtuvo el Premio Latinoamericano
de Cuento de Puebla. Fue Secretario de
redacción del suplemento cultural Aquí
vamos hace diez años y actualmente dirige la publicación Papeles de la Mancuspia. Tiene en prensa una Antología del
cuento de Nuevo León y un volumen de
relatos..

Hugo Valdés Manríquez (Monterrey,
1963). Licenciado en letras por la Universidad Regiomontana. Ha publicado un libro de cuentos y tres novelas (The Monterrey News, Días de nadie y El crimen
de la calle de Aramberri). En 1994 obtuvo
el premio nacional de ensayo Alfonso
Reyes con un trabajo sobre la obra de
Sergio Pito!.
Humberto Salazar (Monterrey, 1959).
Licenciado en sociología por la UANL
Redactor, desde su número inicial, de
Deslinde (1982). Autor de cuatro poemarios y tres antologías de poetas nuevoleoneses. Becario del CONACULTA en
1990 (en ensayo), del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993 y del Consejo
Estatal de Cultura actualmente. Editor en
el gobierno estatal desde 1991. Colabora
en las páginas culturales de El Norte.
Jeannette L. Clariond (Monterrey,
1949). Maestra en letras por la UANL. Estudiosa del pensamiento antiguo de los
mexicanos. Este año publicó el poemario
Mujer dando la espalda (Editorial Castillo).
Jesús de León (Saltillo, 1953). Narrador.
Estudió en la Normal Superior de Monterrey. Ha colaborado en publicaciones
de esta ciudad y de Saltillo. Autor, entre
otros títulos, de Afuera hay un mundo de
gatos (1987). Con Sergio Cordero dirigió
la publicación Efímera.
José Luis Martínez (Guadalajara, 1918).
Uno de los más importantes críticos y estudiosos de la literatura mexicana. Fue

director del Fondo Cultura Económica y
actualmente funge como Presidente de la
Academia Mexicana de la Lengua.
José Manuel ReciUas. Escritor, periodista. Colaborador de sábado, suplemento cultural de unomásuno.
José María Mendiola (Nuevo Laredo,
1955). Hizo estudios de filosofía en la
UANL. Es coordinador del Departamento
de Artes Literaria!, en el gobierno estatal, y editor de la revista Correo literario de Monterrey. Ha publicado Larva
de musa etílica (1993) y El libro del bnijo
(1995).

Juana María Naranjo (México. Dr..
1958). Estudió letras hispánicas en la
UNAM Ha impartido talleres literarios
para SOCICULTUR, el CNCA y la Casa de
la Cultura de Azcapotzalco. En 1991 obtuvo una mención en el Tercer Concurso de Haikú en espñol convocado por la
Japan Airlines. Autora de Mariposas de
luz (Cuarto creciente. 1993).
Juan Antonio Serna. L1cenc1ado en letras españolas. egresado de la Facultad
de Filosofía y Letras de la UANL. Actualmente cursa el doctorado de su espec1al1dad en la Arizona State Uruversll}'. Ha
publicado estudios de tema literano en
revistas especializadas de los Estados
Unidos.
Mija.il A. Málishev. De origen soviético, actualmente es docente-investigador
en la Universidad Autónoma del Estado
de México.

�Nora Garro. Argentina de origen y mexicana por naturalización. Estudió economía en Argentina y Chile. Cursó el
doctorado en la Universidad de Stanford
(California, USA). Profesora de tiempo
completo en la UAM-lztapalapa. Autora
d-:1 ¡:;oemario Canto por ser (1987).
Paul Morand. Escritor francés (París,
1988-1976). «Gran viajero (El hombre
acosado, 1941 ); pintor de la sociedad
moderna en sus novelas y relatos
(Abierta la noche, 1922; Papeles de
identidad; 1931; Hécate y sus perros,
1954), sabe igualmente evocar el pasado
(El flagelado de Sevilla, 1951; Venecias,
1971). Miembro de la Academia Francesa ( 1968)».
Peter Hiirtling. Escritor alemán, 1933.
La editorial española Alfaguara ha publicado narraciones suyas pertenecientes a
la literatura infantil y juvenil: LA abuela,
Ben quiere a Anna, Theo se larga, Sopllie cuenta historias y El viejo John. En
1986 la editorial Montesinos (de Barcelona) editó su Holder/in. Una novela publicada diez años atrás en alemán. Como
poeta es autor, entre otros títulos, de Ya111i11S Statione11 ( Estaciones de Yami11,
1955) y de U11ter den Brunne11 (Debajo
del poza, 1958).
Quinto Horado F1aco, 65-8 a.c. Junto
con Virgilio, el mayor poeta latino de la
época de Augusto. Escribió odas, epístolas, sátiras. Su Arte poética no ha dejado
de influir en la teoría literaria y la crítica
de entonces a la fecha.

Rhina Toruño. De nacionalidad norteamericana, nació en El Salvador. Es
maestra en letras por la Sorbona de París; maestra y doctora en filosofía por la
Universidad de Lovaina, en Bélgica;
doctorada en letras latinoamericanas por
la Universidad de Indiana (USA). Ha publicado ensayos sobre literatura y filosofía en revistas especializadas de Francia,
Bélgica, Estados Unidos, El Salvador y
México. Actualmente es profesora en la
Universidad Estatal de Florida, en Tallahassee.
Ricardo Miguel Flores (Monterrey,
1952). Candidato a doctor en Humanidades por la UCIME (Universidad de la Ciudad de México), 1994. Actualmente es
profesor en el departamento de Relaciones Internacionales del ITESM-Campus
Monterrey y en la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos trabajos de filosofía publicados en revistas especializadas.
Rosaura Barahona (Ciudad de México, 1942). Licenciada en letras por el Tecnológico de Monterrey, donde es profesora. Narradora y ensayista, colaboradora en las páginas editoriales de El Norte.
Autora de varios libros de cuentos, el
más reciente de ellos, Abecedario para
niñas solitarias (1994).
Rubén Soto Ortega (Monterrey, 1963).
Ingeniero en sistemas computacionales.
Ha colaborado en Coloquio y El Diario
de Monterrey. En 1994 ganó el concurso
de cuento de Guadalupe, N.L. Actual-

mente es becario del Centro de Escritores de Nuevo León.

Silvia Mijares (Chihuahua, Chih.). Cirujano dentista y licenciada en filosofía
por la UANL; en esta misma casa de estudios concluyó los estudios de la maestría
en filosofía. Profesora de ética, lógica y
filosofía en la UANL desde 1%5. Ha colaborado en publicaciones regiomontanas:
El volantín, Aquí vamos, Deslinde. Es
autora de La filosofía de Vasconcelos como filosofía latinoamericana y coautora
de Desde el Cerro de la Silla. Artes y Letras de Nuevo León ( 1992). Presentó una
ponencia sobre la escritora Elena Garro
en el panel Latin American Women \Vriters (Florida Su,te lJi1i\e1;it~. l:iilc1J1~·
see, enero de 1995).
Sylvia Garza Benavides. Educadora regiomontana que se ha empeñado en divulgar la literatura infantil y juvenil.
Compiladora de cuentos para niños. Desde hace varios años sostiene la hbíería
«El Cuento».

�En este número
Guy Le Gaufey: Hoy mucha gente sigue creyendo que Freud descubrió un nuevo
rnundo, como Colón, y que este mundo no sería nada más que una extensión del primer mundo, del mundo clásico que siempre se presentó como el propio mundo, sin
ninguna historicidad.
Peter Hartling: tras el cristal de la ventana llora Paul Klee / ve pasar a la gente/ que
_se vuelve múltiples rayas // ve a las innumerables rayas que pasan // y a las rayas
desfilar frente al cristal.
Rosaura Barahona: (... ) todos identificábamos a París por la Torre o a Monterrey
por el Cerro de la Silla o a Pisa por la otra Torre o, o. Pero la Torre y el Cerro y la
otra Torre permanecen. ¿Qué pasaría si cualquiera o todas esas cosas desaparecieran?
Giampiero Bucci: La cuestión es que Maquiavelo cree haber descubierto el objeto
de una ciencia, o más bien de una empiria, que define como el «arte del estado» y
que abiertamente contrapone a todo lo que había sido escrito sobre el mismo asunto.
José Luis Martínez: Tengo otro recuerdo de Raúl Rangel Frías, menos agitado y
más bien casero.(... ) Para beber había, además, cervezas norteñas. Y para comer, un
despliegue generoso de carnes, guisos y salsas, con tortillas de harina. ¿El café? Sólo
apareció hacia las once del día, como para terminar el desayuno.
José Manuel Redilas: La antología preparada por Miguel Covarrubias en torno a
las dos escuelas poéticas más importantes del siglo xx -la francesa y la alemana- es
un acontecimiento que celebro con esta nota. Sin ser precisamente la antología que
esperaba, sí es un exquisito platillo poético escasamente comentado desde su aparición.
Silvia Mijares: (... ) todos los países del orbe, desde los más pobres hasta los más desarrollados cultural y económicamente, cultivan la cocina. Ludwig Feuerbach ( 180-+1872) lanza un llamado pidiendo se enseñe al pueblo cómo debe alimentarse. y asegura de manera contundente: «¡El hombre es lo que come!»

·

�</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751773&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Deslinde, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 1995, Vol. 12, No 46-47, Enero-Junio</text>
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              <text>Mendirichaga, José Roberto, 1944-, Coordinador Editorial</text>
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              <text>Revista de literatura de la Facultad de Filosofía y Letras. Contiene poesía, narrativa, ensayo, traducción, reseña, y otros géneros literarios. Fundada en 1982. </text>
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              <text>Covarrubias, Miguel, 1940-, Director</text>
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              <text>Salazar, Humberto, 1959-, Secretario de Redacción</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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