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                  <text>�UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
RECTOR: Manuel Silos Martínez
SECRETARIO GENERAL: Reyes S. Tamez Guerra
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
DIRECTOR: Ricardo C. Villarreal Arrambide
SECRETARIO ACADÉMICO: Miguel de la Torre Gamboa

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
NÚMEROS 49-50 / VOLUMEN XIl / JULIO-DICIEMBRE DE 1995
CONSEJO EDITORIAL
María del Refugio Garrido
Armando González Salinas
Rodolfo Martínez Cárdenas
Lídice de la Luz Ramos
Genaro Saúl Reyes Calderón
Óscar Rodríguez Arredondo
Saúl Souto
María Zebadúa Serra

DIRECTOR
Miguel Covarrubias

SECRETARIO DE REDACCIQN
Humberto Salazar

TIPOGRAFÍA Y FORMACIÓN
Rosa Guadalupe Vázquez Carrillo

IMPRESIÓN
Grafo Print Editores, S.A.
Los artículos sin firma son responsabilidad de la redaccción. No se devuelven originales.
Correspondencia y canje: Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México.

Publicación trimestral

�SUMARIO

5

2

UNA CASA PARA LA IMAGINACIÓN

71

EL CLÁSICO TIGRES VS. RAYADOS
Amulfo Vigil

ALFREDO RAMOS MARTÍNEZ
Rubén Darío

Miguel Covarrubias

76

EN GRATITUD A EDMUNDO VALADÉS
Minerva Margarita Villarreal

85

UN SOLO MUNDO. LOS CENICEROS DEL O Y DE LA O
Santiago Genovés

SCHOPENHAUER Y LA RELIGIÓN
Giarnpiero Bucci

99

Jean Cocteau

113

AVÁNDARO
Abraharn Nuncio

DESCORAZONAMIENTO Y FATIGA
Armando Alanís

147

EL PAPEL DEL COLECCIONISTA EN EL DESARROLLO CULTURAL
DE LAS CIUDADES
Eduardo Rubio Elosúa

INDICE GENERAL DE LOS NÚMEROS 1-50 Y ALGUNOS
DATOS ADICIONALES;

143

DE SOLEDADES
Rubén González Garza

DIÁLOGOS DE ENCUENTRO Y DESENCUENTRO CON PABLO
FLÓREZ
Julieta Renée

SU LUZ INNOVA EL PAISAJISMO REGIO
Mario Herrera

103

CABELLOS DE ÁNGEL

SIN ALIENTO
AnaMárquez

GLORIA COLLADO
Alfredo Gracia Vicente

87

EL MAR, EL GÉNESIS
Dulce María Qonzález

50
54

Guillermo Berrones

Horacio Salazar Ortiz

40
41

PEDRO APÓSTOL

65

Jascha Kessler

VOLVER A TLALCHAPA

33
37

EL RETO DE LA POESÍA

63

POEMAS SUICIDAS
Gloria Collado

29
31

EL CABALLO PATINADOR DE LA COLONIA DEL PRADO
Margarita Cuéllar

Paula Ludwig

24
27

62

DULCES OJOS DE MUERTE PREMATURA

11
19

60

CRÓNICAS DE MI COLONIA
Alfredo Zapata Guevara

DESLINDE LLEGA A SU NÚMERO 50
[COMENTARIOS]

SATISFACCIONES
Lourdes Olmos

150

ENSAYO PARA UNA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA A FINALES DE
MILENIO EN J.-F. LYOTARD
Sylvia Jaime Garza
3

�161

NOVEDADES SOBRE LA IBSTORIA DE NUEVO LEÓN
Rocío G. Maiz y José Antonio Olvera

163

170

Leticia S. Herrera

DE HOMENAJES Y CELEBRACIONES
Erasmo Torres López

Paula Ludwig

Versiones de Miguel Covarrubias

Las ocultas caderas de una cierva
agitan dulcemente mi matorral.
Con entrecerrados ojos
sesgada escucha las palpitaciones de mi corazón.
Mi oscuro bosquecillo la hace temblar.
Quiere fugarse.
Pero ahora soy enorme como un bosque
tupido, sin s-alida.

SE REEDITA LIBRO HISTÓRICO DE RAFAEL GARZA CANTÚ
Humberto Salazar

190
205

PARA QUE NO HAYA CONFUSIÓN NI EQUIVOCACIÓN
Jeannette Clariond

DESLINDE POÉTICO
Margarito Cuéllar

185
187

PALABRAS QUE DESVANECEN SOMBRAS
Silvia Mijares

UN LIBRO SOBRE LAS EXTRAÑAS MEXICANAS
Roberto Escamilla Molina

180
183

MONTERREY: CRÓNICAS EN VERSO
Margarita Ríos Farjat

ZUMO, DE GLORIA COLLADO

173
175

DULCES OJOS DE MUERTE PREMATURA

LA HISTORIA QUE SE HACE. REFLEXIONES EN TORNO A LA LABOR PROPIA Y AJENA
Alberto Gil Novales

COLABORAN EN ESTE NÚMERO

CUADERNO: La crónica en Nuevo León

Die heimlichen Hüften einer Hindin
regen süB mein Gebüsch auf.
Mit schmalen Augen
lauscht sie seitlich auf meinen HerzschJag.
Mein dunkler Hain macht sie zittern.
Sie will entfliehn.

Ilustran este nlimero fotografías de Gloria Collado

Aber schon bin ich groB wie ein Wald
ganz ohne Ausweg.

4

s

�Por la tarde el rosáceo jacinto
dulcemente perfumó el aire
y sin remedio se le escapa el alma.
Nunca más regresó a la flor marchita.

No obstante, de buena gana quiero quedarme
con la ortiga del dolor.
Mis manos descienden de tu corazón
corno vegetal que cae abruptamente
cuando lo roza un hálito de amor ajeno.

Pero quién se lamenta sobre este...
Sólo con entusiasmo la recordamos
para decir
qué dulce e inolvidable fue
el rosáceo jacinto que aromó esa tarde.

Am Abend fing die rosa Hyazinthe
sü8 zu duften an
und unaufhaltsam entstromte ihr die Seele.

Nie kehrte sie zurück zur welken Blüte.
Wer aber klagte über dies Nur mir Entzücken erinnern wir uns ihrer
um zu sagen
o wie unverge81ich sü8
die rosa Hyazinthe duftete an jenem Abend.

6

Vete, vete
antes que mis raíces se marchiten.
En la gran avenida de los amantes solitarios
aún queda mi pequeño
espacio envuelto
por los cuatro vientos.

lch will gern allein in den Brennesseln
des Schmerzes zurückbleiben.
Meine Hande fallen von deinem Herzen
wenn ein Hauch fremder Liebe es streift
wie Ptlanzen sinken sie jah herab.
Geh, oh geh
eh meine Wurzeln welken
In der gro8en Allee der einsamen Liebenden
ist noch mein kleiner
von den vier Winden umwehter
Platz frei.
7

�Y este dolor que llamamos alegría
¿acaso no duele más?
Como muchacha en flor nos mira
con sus dulces ojos de muerte prematura.
Mientras los otros hermanos pálidos de nacimiento
pueden mostrar sus mejillas hundidas
a lo largo de la existencia.

No me miren a mí, amigos.
Cuán radiante era ayer todavía
y ahora soy como el paño
con que cubren a los muertos.

Seht nichl nach mir hin, Frcundc,
so strahlend war ich noch gestern
und heut bin ich wie das Tuch
mit dem man die Toten zudeckt.

Und jene Schmerzen die wir freuden nennen
sind sie nicht die viel weheren?
Sie sehn uns an wie blumenhafte Madchen
in sü8en Augen schon den frühen Tod.
Wahrend die andern bleichgeborenen Geschwister
die schmalen Wangen
in ein langres Dasein tragen dürfen.

8

9

�EL RETO DE LA POESÍA

Jascha Kessler
Soy como una pantera
que ya no encuentra a su compañero
al despertar del sueño.
Ahora camina de aquí para allá
desde el borde del torrente
hasta la puesta del sol.
Y la oscuridad de la noche
dilata todavía
la tristeza de sus ojos.

Wie ein Pantherweibchen bin ich
das seinen Gefáhrten nicht mehr vorfindet
aufwachend aus dem Schlaf.
Nun lauft es hin und her
am Ufer des Stroms
bis die Sonne wieder hinuntergeht.
Und das Dunkel der Nacht
es weitet noch
die Traurigkeit seiner Augen.

10

Se ha aceptado durante cientos de
años, de hecho desde la invención de
la imprenta, que la lectura como aptitud generalizada es algo verdaderamente bueno, diríamos: excelente. En
retrospectiva podemos darnos cuenta
de que la invención de Gutenberg fue
uno de los pas~s cruciales del hombre
que, desde el universo medieval, cruzó hacia el ilimitado y desconocido
océano de universos que ahora comprendemos, porque rompió el monopolio del saber, dispersando el control de la información y conocimientos que hasta ese momento había detentado una pequeña élite: el clero.
El poder de lo que jocosamente
viene a ser llamado «el Cuarto poder» es decir, la prensa, y especialmente el periodismo, fue parte esencial de una serie de revoluciones que
comenzaron con la difusión de la Biblia en traducciones populares; que
mostró después su fuerza plena en la
Inglaterra del siglo XVII y unos cien
años más tarde, con las revoluciones
de Estados Unidos y de Francia.
No es accidental que los propósitos de la alfabetización general y su
aceptación en todo el mundo sean
parte de la continuidad de movimientos y cambios sociales -a menudo revolucionarios- de fines del siglo XIX.

En el siglo XX el poder de la prensa, es decir, los medios de comunicación, había llegado mucho más allá
de la mera palabra impresa del periodismo, extendiéndose ahora a través
de emisiones informativas, teléfono,
radio, televisión y grabaciones, continuando su expansión y por lo tanto
promoviendo al mismo tiempo cambios y sacudidas, «pero también integración», hasta lo que ahora está llegando a ser, dicho con las palabras de
Marshall McLuhan, una verdadera aldea global. Todo esto es parte de la
vasta extensión del primitivo y primordial poder de la palabra humana,
o para decirlo teológicamente: de la
expresión humana del Verbo que en
el Principio ya era. Ahora sabemos,
además, que la palabra, aun siendo
elemental y quizás hasta fundamento
de lo humano, no es por ningún concepto algo simple.
Hoy, en nuestro tiempo, aunque
parezca que estamos inundados por la
comunicación, por los sonidos. o mejor decirlo: por el ruido de voces que
vacían palabras sobre el planeta (lo
que nos hace proponernos el imaginario proyecto de construir un Arca de
Noé a prueba de ruido, que pueda flotar sobre las confusas y tumultuosas
olas de vociferación que están ahogando al mundo), yo pienso que es

bueno recordar de vez en cuando que
leer poesía, escuchar poesía, es algo
totalmente diferente que prestar atención a las comunicaciones periodísticas y a la literatura y entretenimiento
de masas que se cuelan en nuestras
vidas durante la vigilia y aun durante
el sueño.
Si las tribus que vivían diseminadas por todas partes tenían bardos y
cantantes, juglares y trovadores, ¿qué
pasará en el caso de nuestra «aldea
global»? ¿Un bardo? ¿Un cantante?
Siempre hemos vivido en multitud de
poblados entre las ruinas de la Torre
de Babel y hemos tenido nuestros
complicados tapices, nuestros entretejidos modelos hechos de múltiples
poetas y poesías. Pero en la «aldea
global» sólo estará el anónimo y aburrido poeta hablando en la limitada y
limitante voz de los mensajes de la
prensa.
Desde un punto de vista puede decirse que el Cuarto poder será el único
emperador reinando sobre el poblado
de la «aldea global». En 1984 George
Orwell profetizó que los voceros de
este emperador estarían escribiendo y
diciendo noticieros en un sistema lingüístico controlado llamado Lenguaje
Noticioso, el idioma universal de la
propaganda, la información y la adoc11

�trinación, un lenguaje diseñado no para sentir y pensar, recordar, imaginar o
archivar los pormenores y la realidad
de la existencia, sino para aislar a la
gente de todo lo que implica la conciencia, por medio de mentiras y eufemismos generalizados y profundamente tendenciosos.
El Lenguaje Noticioso no es el
idioma del poeta, ni siquiera el de algún escritor, como bien comprende el
personaje de Orwell tan pronto como
intenta escribir un diario secreto (lo
que está prohibido). Quizá debía también recordarse que a mediados de
los años treinta la sátira futurística de
Aldous Huxley, Un mundo feliz, predecía también una utopía negativa en
donde el protagonista también es escritor, un escritor de copias publicitanas, es decir, un escriba entrenado en
un lenguaJe pobre y especialmente
urdido para la propaganda, que se da
cuenta por el único texto de S_hakespeare que aún queda, del enorme poder que el lenguaje político contiene,
poder éste manifiesto, no encubierto.
Hace mas de so años, en los inicios
del Modernismo, Ezra Pound era una
gran fuerza proponente de diversos
movimientos radicales e innovadores
en poesía y en otras artes, y algunas de
sus novedades derivaban, de hecho, de
12

sus estudios de poesía clásica y provenzal, así como también de la china.
Su contraseña era «La poesía es noticia que siempre es noticia».
Mirando desde los años ochenta
me parece que ya defendía profundamente su posición al sostener que la
poesía, por trascendental, era una clase
superior de periodismo. Por supuesto
que una pregunta ontológica yace escondida bajo su afirmación, involucrando principalmente problemas como la dimensión del tiempo, y la historia y el idioma desde las estáticas
perspectivas platónicas, así como el
hacer poesía de canciones que surgen
del flujo de la novedad, canciones que
parecen a la vez ser dinámicas y permanentes. La poesía, como Pound dice, puede ser noticia, puede ser la expresión más sublime de lo que significa para nosotros una frase que Saul
Bellow usó en una conferencia para
describir el oficio del novelista. Pero
en el mundo donde gobierna el Cuarto
poder, ~ noticias por su naturaleza
misma se hacen por hora, y lo que ayer
era novedad, no sólo ya no lo es más,
sino que parece que se desvanece para
siempre.
Desde un punto de vista optimista
podría decirse que la información noticiosa, la constante comunicación de

eventos y actividades humanas -enviadas vía satélite y cable televisivo
24 horas al día, por las redes de noticias a todo Estados Unidos- provoca
una situación en la que la continua
descripción de sucesos apoyados con
fotografías casi al mismo tiempo en
que ocurren, constituye una aproximación de lo que sería un cuerpo colectivo, perpetuamente infonnado,
que nunca duerme, y aun a la vida de
la nación misma, o la vida del mundo
ya que las noticias son mundiales. La
vida en sí, siendo un flujo constante
de eventos, fuente de lo nuevo, lo novedoso, la noticia o el pensamiento,
es decir lo ocurrido en el día, aun el
día mismo, llega a ser tan parecido a
la vida como la misma vida, vida en
repetición instantánea, lo cual ya es
posible. Es fácil ver aquí el típico
prototipo de remedo de la vida reproducida por técnicas de reflejos, si no
del arte. Y estamos cerca de tener una
corriente de palabras impresas transcribiendo ese flujo de información de
un pequeño impresor a nuestras ávidas manos, proveyéndonos de lo que
los informadores llaman «la historia
mientras se hace».
Sin embargo, dar las noticias cada
hora, 24 horas al día, siete días a la semana, año tras año es algo distinto de
la condición a la que las artes han as-

pirado siempre. Para que las noticias
permanezcan frescas, para que lo novedoso se convierta en poesía, como
señaló Pound, es necesario el poeta
que transformará los patrones y estructuras del decir, sublimando y recreando las imágenes del idioma, sus
tonos y ritmos para ofrecerlos como
permanentes, estáticos, relativamente
intemporales, o como objetos estéticos no perecederos ni periodísticos.
Lo nuevo debe ser ofrecido por el
poeta en forma suficientemente duradera, como roca inamovible en el torrente del transcurso del tiempo o en
una serie de símbolos con mucho mayor contenido del que tienen las letras
impresas. No se requiere un tratado
de semiótica para darnos cuenta de
que el desafío de la poesía ha sido
siempre el mismo: transformar los
signos, el mensaje, la realidad de las
palabras, aun las historias de las noticias, la cotidianeidad de lo diario, por
decirlo así, en expresiones simbólicas
que no sean carbón sino diamante.
Todos sabemos que ése es el reto.
Hoy, sin embargo, existe también
un problema, que parece surgir directamente del imperio del Cuarto poder, el cual está representado no sólo
por el periodismo, sino por una batería completa de medios informativos
que son la forma de comunicación en

las grandes sociedades de nuestra aldea global. Sabemos por supuesto,
como Huxley y Orwell nos lo recuerdan, que habrá un mundo venidero en
el que los poderes de la censura y el
control del lenguaje público estarían
completamente impregnados y reforzados por medios sociales inescrupulosos, ejercidos por personal políticomilitar. Otro lugar común hoy en día.
El problema en el que estoy pensando es mucho más sutil y desafiante, sin embargo. No estamos
amenaz~dos por la división de la civilización en dos culturas, la humanística y la tecnológica-científica,
como c. P. Snow se quejaba en los
años cincuenta. Tampoco estamos
verdaderamente amenazados por dicotomías como Ciencia o Tecnología, por Negocios bajo el capitalismo o Negocios bajo el socialismo,
ni siquiera por todas esas oligarquías
burocráticas que por todas partes
hostigan a la gente. Y tampoco por
los numerosos, misteriosos y recónditos sistemas esotéricos de jergas
urdidas por las ciencias. Tampoco
nos retan las obsesiones de intelectuales y académicos con sus tenebrosos análisis de metalenguajes y
sus metacríticas; o por los juegos y
distracciones inteligentes de las
computadoras. Todas esas cosas

pueden ser invenciones entendibles,
útiles e instructivas. Pienso que puede decirse que los poetas y la poesía
nunca han estado verdaderamente
amenazados por las auténticas y decisivas creaciones del intelecto, o
por su incorporación en civilizaciones más complejas que aquellas de
las tribus en chozas o los antiguos
asentamientos, entidades de las que
provenimos desde que se desarrolló
la agricultura en el neolítico. La
poesía de hecho ha enfrentado el reto de la cultura para establecer sus
fundamentos, para que nos provea
de respuestas humanas que sean
cristalizaciones de las circunstancias
contemporáneas que rodean al poeta
para asir intuitiva e intelectualmente
los sucesos y expresar su significado. Esa es la tarea del poeta, el sino
del poeta, y no la hechura de reportes sensacionales de noticias acerca
de lo que le interesa esta semana a la
gente.
No, el problema es la prensa, el
complejo, vasto y proliferante mundo de las Comunicaciones, que ha
adoptado desde sus inicios la tarea
de divertir y entretener. La novela
en sí misma ha sido siempre un híbrido de historia y periodismo, y algunos piensan que desplazó parcialmente a las grandes formas del verso

�épico y narrativo, así como del drama heroico. Pero la abundancia, los
cientos de periódicos y revistas en
Estados Unidos, y hoy el completo y
saturado acceso a la radio, las películas y la televisión, ha dado lugar
al desplazamiento si no de la lectura
misma. sí de la habilidad del lector
para aprender y comprender las clases de estilos que el arte ofrece. entre ellas ese algo intemporal que es
la poesía.
Hace tiempo se escuchaban quejas acerca de que el surgimiento del
hombre de la masa, el proletariado
urbano de la clase media-baja le había quitado su auditorio a la poesía.
que es una forma elitista de literatura en el siglo XX: también se hablaba
de que la esclavitud de las masas en
d mundo. que antes tendía a liberar
a la gente de la ignorancia y a hacer
que ílorcc1eran ctUdadanos en sociedades democráticas, era también
culpable. Puede ser cierto. Pero 'yo
recuerdo el pasaje de la autobiografía de Máximo Gorky en el que describe sus días en los vapores de pasaJeros del río Volga. Dice que acostumbraba leer libros hora tras hora
para oyentes incultos pero atentos y
que ellos respondían con preguntas
tan tajantes y profundas que él, aún
niño. se veía obligado a pensar en
14

serio sobre el arte de escribir. Y dice
que esas personas eran en realidad
sus maestros, colaborando con los
grandes- maestros de la literatura.
Dudo mucho que eso pueda suceder en la actualidad. ¿Por qué? Porque el público mismo se ha ido transformando: la mayoría de la gente de
hoy, de cualquier nivel social, sin importar su escolaridad o la falta de
ella, es simplemente incapaz de aproximarse a la mayor manifestación del
arte: la poesía. No puede captar su
existencia. Su apreciación estética,
que ha sido alterada, los imposibilita
para responder a la poesía, así como a
la mayoría de otras clases de escritos
producidos por los artistas que aspiran a hacer literatura en los distintos
géneros. ¿Le pasa algo a la gente?
Tengo la impresión, después de ser
maestro de Literatura Moderna y Escritura en la universidad por 40 años,
de que mucha gente, en especial las
generaciones jóvenes que he conocido,
difícilmente pueden ser consideradas
menos inteligentes, menos informadas
o preocupadas en menor medida por
entender un idioma que las de antes.
Lo contrario es tal vez cierto: los jóvenes son ahora más listos, tienen más
experiencia y una mayor información
acerca de la naturaleza del mundo y la

diversidad de la experiencia humana
que los de antes. Han visto y oído más,
incomparablemente más. A pesar de
ello son criaturas extrañamente diferentes: lo que han visto, oído y leído
les ha sido presentado en formas nuevas y su facultad estética, habiendo sido nutrida por esos nuevos modos de
comunicación, concuerda con formas
de experiencia completamente distintas de las heredadas por la civilización
occidental (.y me atrevo a decir que eso
ya ha pasado en Japón y está sucediendo en China, en el Oriente Medio y en
la mayor parte de Africa). Tienen ojos,
pero no ven. Tienen oídos, pero no escuchan. Aun con la mejor buena voluntad del mundo está volviéndose cada vez más difícil para ellos responder
y acercarse a lo que llamamos poesía
(a menos que se crea que la prédica de
textos religiosos del mundo occidental,
la Biblia y el Corán, los fenómenos carismáticos de éxtasis religioso y el fanatismo que arrastra multitudes desde
California hasta Pakistán, sean aún los
efectos poderosos de la gran pócsía de
la antigüedad).
Aquellos de ustedes que, como
yo, hayan observado el futuro en la
pantalla de una computadora en el
pupitre de un niño, reconocerán qué
transformación tan profunda se está
llevando a cabo. No es para mal; de

hecho puede ser para mejoría en muchos aspectos. Pero una cosa debe entenderse: es diferente, cualitativamente diferente.
La experiencia estética, no la mera

facultad estética de disfrutar el mundo
natural, no el sentido de la belleza sino
los diversos objetos creados por la humanidad para su contemplación, esto
es lo que ha cambiado, de manera que
constituye un reto para la poesía y las
otras artes. Yo creo que es un reto que
debe tomarse muy en serio.
En lo que se refiere a las muchas
élites de nuestras complejas sociedades: científicos, técnicos, artistas, políticos, comerciantes, militares, etc.,
existe un gran incremento en el nivel
de la habilidad, la fina inteligencia, o
el poder de la mente que despliegan en
sus oficios. Pero no hay vías comunes
de comunicación, ya no digamos de
entendimiento,' entre todas esas personas, y ni siquiera en los individuos internamente -entes fragmentados. No
hay un lenguaje común de palabras o
de significados. Y no está ya a nuestro
alcance, o al de ellos, la lengua común,
materna, que hablamos en cada uno de
nuestros países. No es que no existan
las palabras, sino que las personas que
podrían escucharlas en la forma en que
alguna vez fueron utilizadas -y como

todavía son empleadas por algunos de
nosotros- ya no están aquí, y aunque
estuvieran presentes no estarían en
donde las palabras se encuentran. Sí,
todos oyen y hablan algo, no necesariamente el habla noticiosa de Orwell,
pero sí el típico lenguaje de la prensa.
No es que ese sea un lenguaje bárbaro,
superficial, degenerante, sin dimensiones, irreal, empobrecido o lo que sea...
sino que es cualitativamente diferente,
como lo son sus escuchas y sus hablantes..
Las diferentes clases de especialistas y élites comparten esa extraña
lengua común; y más aún, en realidad ellas viven en el sistema de sus
propias disciplinas, que se han alejado por completo de la vida normal.
Recientemente, en los Estados
Unidos, la Fundación McArthur regaló grandes sumas de dinero a varias
personas para diversos fines: arte,
ciencia, literatura, etc., para liberarlas
de sus ocupaciones y darles años de
tiempo en los cuales conseguir sus
objetivos. Un estudiante graduado en
el Instituto Tecnológico de California, un físico teórico de 21 años de
edad aproximadamente, recibió cerca
de 125.000 dólares para utilizarlos a su
gusto. Sus necesidades eran simples,
según le dijo a un reportero que lo

entrevistó: lápiz y papel, y la terminal
de la computadora en su pequeño
apartamento. Cuando el reportero le
preguntó que qué investigaba, el joven contestó: «No tiene caso hablar
de eso, no lo entendería». Y eso fue
todo, ni una palabra ni una frase sobre el tiempo, espacio, partículas,
gravedad, materia, aritmética, etc ...
únicamente silencio... silencio... Al
escriba del Cuarto poder no se le da
la menor pista acerca de los problemas de física del joven, ni una frase
para ofrecer a sus lectores, o lo que
así se llama, porque no hay modo de
que él lo capte, ni siquiera de que
más o menos lo malentienda.
Esto nos habla acerca de la desculturización radical del lenguaje.
Y pienso que a la mayoría de las
otras minorías de especialistas de
nuestro mundo, al preguntárseles
sobre sus cuestionamientos, sobre
sus pensamientos acerca de materias de importancia crucial para
nuestra civilización, también permanecerían calladas. Las grandes
organizaciones y poderes contrata~
especialistas, escribientes, o los llamados escritores técnicos para entregar lo que se llama comunicados
de prensa, o reportes, gente que está entrenada para traducir la «información» al lenguaje de uso diario;
15

�pero las traducciones que hacen raramente son fieles, exactas, verdaderas. Cuando mucho son interpretaciones más amplias diseñadas para comunicar y encubrir al mismo
tiempo. La propaganda no es teología, como no es física lo que aparece en un artículo de revista.
Sin embargo, un poema no puede
ser parafraseado. Es lo que es, un fenómeno único, una construcción simbólica disfrazada como un acto de comunicación, como una acción, gesto,
lo que sea. Tampoco una pintura puede ser parafraseada, o una danza, ni
siquiera metafóricamente. El prodigio
de la pintura, la escultura, la danza y
la poesía deben ser abordados por su
auditorio como los objetos del reino
sagrado lo son por sus devotos. Aun
en el caso que se está dando, de que
aunque la audiencia está presente ya
no reconoce el portento mismo, el
poema. el cuento que está ante ellos.
¿Qué está ante ellos? Casi siempre algo diferente: un simulacro de la obra
de arte, una versión que la sustituye,
reconocida del mismo modo como el
cuerpo reconoce el azúcar artificial,
que no nutre pero es más fácilmente
reconocido por el cuerpo y más rápidamente asimilado que los otros azúcares, que el cuerpo prefiere metabolizar.
16

No es que no haya un contenido
en ese simulacro, sí lo hay, pero es lo
que llamamos contenido chatarra.
Es decir que los lenguajes informativos que usa el Cuarto poder para
expresarse no nos ofrecen lo que requerimos: una dimensión estética correcta. Espero que no se me considere
como un presumido cultural, pero lo
que esos lenguajes de los medios informativos ofrecen son experiencias
pseudoestéticas en pseudoidiomas,
así como es un pseudoalimento el
azúcar artificial. Desafortunadamente, el idioma es lo único que poseemos los escritores, y lo que ofrecemos no puede ser pseudo si acaso es
arte. Pero en el mundo donde las
pseudolenguas y las formas de expresión de los medios de comunicación
están llegando a ser el verdadero lenguaje, ¿cómo puede ser reconocido el
lenguaje no parafraseable del arte y la
poesía?
Puedo parecer pesimista. Aún así
no carezco de esperanza. Los poetas
continuarán, por supuesto, haciendo
poesía -o pueden no hacerla-. La poesía de cualquier modo es su destino
natural y su suerte. Posiblemente sigan
haciendo sus poemas aun cuando no
puedan ser leídos en el mundo en que
viven, como Schubert compuso músi-

ca que nunca escuchó interpretar, porque, como él dijo, llegó al mundo para tar totalmente presente y disponible
para nuestra habla y significados acescribir su música.
tuales, para nuestra interpretación y
comprensión
de hoy, no obstante
El desafío, entonces, es hacer
poesía. Pero hacerla, no en oposi- que pueda ser muy difícil de aprención a las formas vagas o estereoti- der a leerla por casi todos en la sopadas, o los meros modelos popula- ciedad declinante de nuestro mundo
res de expresión político comercial (pero 1amh10n cambiantes y rccdificantes).
comunes en nuestro mundo; no como el producto de una «locura» inDehe hacerse ahora, hecha con
telectual o espiritual de privación, o
nueslro
presente tal como es, para pocomo ignorancia, o como el argot
der
arri
bar
al futuro. Si sólo es una
privado y codificado de tertulias y
comunidades que odian y retan a derivación del pasado y un eco de la
nuestra cultura tecnológica; tampo- poesía, no interesará mañana, ya que
el futuro siempre puede ver a través
co como idiomas secretos de sociedades secretas, seculares o religiosas de nuestro presente hacia las glorias y
empresas del ayer.
ni, finalmente, como las disciplinas
herméticas de sectas egoístas en el
Lo cierto es que de hecho la poemundo de las artes. El reto es hacer
sía
siempre
ha sido difícil, aun en sus
poesía usando el lenguaje o los tantos lenguajes del intelecto que el inicios, en los tiempos más antiguos.
poeta pueda dominar. ¿Por qué? PaLa creencia cultural pasada, de las
ra dominar el tiempo, pues eso bussociedades más primitivas es sólo eso,
camos, unir nuestro tiempo al tiempo por venir, al que llamamos futu- pasado, lo que puede ser enseñado y
aprendido. No es por ningún motivo
ro. Si no el futuro del día de mañana, el de pasado mañana. La poesía noticia del día. Y pasa de las manos de
los iniciados a quienes les sean revelano debe ser sepultada como el cúmulo de tesoros que se enterraban das sus formas y estructuras internas,
junto con los nobles muertos de épo- para poder preservar la sabiduría tribal
cas pasadas, que se escondía por los y m~te~er u~a vida espiritual que nos
.
.
.
permita 1r mas allá de las fronteras livenc1dos cuando eran mvad1dos por ·.
.
.
m1tan~es del presente y hac1·a un futuconqu1stadores. Debe, tiene que es.
'
ro desconocido.

Resumiendo, el reto de la poesía
no es sobrevivir apenas en la esperanza de un mañana, sino saberse
proveniente de un pasado inmemorial y en camino, como siempre, hacia el futuro. Y el futuro tendrá una
mayor necesidad de ella de lo que
pudiéramos imaginar.
¿Puedo agregar una anotación breve a estas observaciones? En 1912 un
poeta neo-romántico llamado Walter
de la Mare escribió un poema destacadamente misterioso, un poema frecuentemente antologado que, aún hoy,
a pesar de estar absolutamente fuera de
moda en todo sentido, puede guardar
muchos tipos de significados. Yo mismo nunca he sabido lo que puede estar
diciendo y no lo he leído ni comentado
a mis alumnos. Aún así. extrañamente
ese poema fue lo primero que vino a
mi mente cuando pensé acerca del reto
de la poesía. Tal vez diga lo que he estado tratando de decir a lo largo de este día. Tal vez describa la irrealidad de
la mente de las masas que habitan la
aldea global. que están conectados por
las redes del Cuarto poder en nuestra
casa, con los medios de comunicación
de hoy. Se llama &lt;&lt;Los oyentes», y dice:
¿Hay alguien ahí? preguntó el Viajero
al tocar a la puerta iluminada por

la luna;
y su caballo en el ~ilencio mordía
el pasto
del suelo de helechos del bosque.
Y un pájaro salió volando de la
torrecilla
sobre la cabeza del Viajero;
y golpeó la puerta por segunda vez.
¿Hay alguien ahí? preguntó.
Pero nadie descendió hacia el
Viajero;
ninguna cabeza, desde la orilla
del umbral
se asomó y miró a sus ojos grises,
donde permaneció perplejo y quieto.
Sólo un anfitrión de fantasmas
oyentes
que entonces habitaban la casa
solitaria
se quedó escuchando en la quietud
de la luz de la luna
a aquella voz desde el mundo de
los hombres:
Se quedó amontonando los débiles
rayos de la luna
de la escalera oscura, que baja al
salón vacío,
escuchando en un aire revuelto
y sacudido
por el llamado del Viajero solitario.

�POEMAS SUICIDAS

Gloria Collado
Y sintió en su corazón su extrañeza,
su quietud respondiendo a su grito
mientras se movía su caballo al
pastar el césped oscuro
bajo el cielo estrellado y
frondoso.
De repente golpeó a la puerta,
más fuerte aún y levantó su cabeza:
diles que vine, y nadie contestó,
que cumplí mi palabra, dijo.
Nunca hicieron el menor ruido
los oyenles
aun cuando cada palabra que habló
la sintió a 1ravés de las sombras
en la casa inmóvil
del único hombre que quedaba
despierto:
Ay, escucharon su pie al estribo
y el sonido del metal contra la piedra
y cómo el silencio surgía

suavemente de nuevo
cuando los cascos corcoveantes ya
se habían ido.

18

Traducción del inglés de Bertha Alicia Cantú

ahora me pesa haberte conocido
haber girado en tu órbita tantos años
haberme arrancado de mi universo simple
a derramar mi aventura en tu aventura
colgando de tu estrella mi arrebato/
no hay nada que decirnos eso es todo
amar no fue respuesta
y la pasión termina
y la costumbre se rompe
y el antes fuego se consume
me queclo en el desierto de tus labios
agonizando de sed
sabiendo que tus manos no habrán de recorrerme
y tus ojos me verán extraña /
tu vida sólo será para ti mismo
y tu muerte una ajena agonía
así también tu paraíso
de qué sirvió tanta entrega
y esas lunas que enumeramos sin reserva
ahora que te pesa mi amor tanto te pesa

***
No me digan nada
no me canturreen rosarios
ni calvarios
las cruces de madera y los clavos
no me recen ya no recen
el mundo no cesa de temblar
se estremece se infla el mundo
19

�es una botija de plástico
revienta el mundo
y el hombre inventando su fórmula
versus evasión versus muerte
versus estado de sitio

***
Quieren que sea como los otros
que coma duerma y sueñe
sin alterar la vida
que fluya como una gota más de su corriente
¿Debo ver a los ojos
después arrepentirme
adulando el mañana?
Desde los otros
la vida me atropella
me desgasta
***
No hay proyecto más infame que la desolación
un paisaje de asfalto y un valle interminable
algún arbusto seco nopaleras huizaches
el olor y la huella de serpientes
Es cierto
estos últimos meses leo con exceso
me habita la ficción
personajes que tocan los márgenes de mi locura

Digo filosofía existencia rapto
y estrecho mis abismos hasta asfixiarme
en los huecos de mi melancolía
Huelo a desierto a cerro agrietado
a zumbido de animal inquieto
huelo a humo a lagartija a nube enrojecida
a impotencia febril a luna llena

***
Comienzo por caminar a tientas
algo me sucede y lo presiento
tal vez el efecto del poema no dicho
y sí adivinado en la penumbra
que me impulsa a tientas sobre los escombros
del placer y del deseo
Vigilante de la noche
el poema sonámbulo se desvanece
cada amanecer
Hablo para adentro
y en las sombras aparecen las imágenes
que el tiempo ha sumergido
Todo y nada me corresponde
como a esa flor entre los muertos

***
Volveremos a torcernos los dedos
a arrastrarnos a gatas entre la maleza

�a dividirnos el sonido que cruje entre los árboles
a recogernos torpemente en nuestras pieles
volveremos a hurtarnos el alma
a renegar de los pasos nunca dados
a exprimir la locura de los trapos viejos
que no lograron cubrirnos
Volveremos silenciosos
desesperados c;_asi muertos
a entregarnos

** *
No resisto el privilegio de ser como no soy
tú eres así me bombardean
mientras me estiro los pelos y reviento
cómo detestarlos aún más
cómo no meterles el taladro en el oído
cómo evitar referirme a su aborregada causa
desato mi razón y me acomodo fríamente
en la mecedora del poema
ni soy como soy
ni soy como pienso que no ·soy
soy a secas
-de acá para allá de allá para acáritmo dulce y pegajoso
que mece

decido que nada me condena
que culpen a otro a otros
quedo libre mi deseo se satisface y pronto
dejaré de sucumbir
como ha sido bajo ese talud de palabras
y de signos
comienzo a descender mi fluidez es tan tersa
voy cayendooooo
no me atrapes no me sostengas nooooo
quieras interferir con ese tu sentido práctico
yo quiero caer rodar suavemente fluyendo
hacia ti con tus brazos abiertos
(no serás desconsiderado)
ayer me sumía la confusión
me desgastaba entre aullidos de lobo extraño
ayer no pude soñar ayer toda la culpa fue mía
decido que nada me condena
(tú lo encuentras todo tan snob y eso no es cierto
para mí que voy fluyendo hacia tiiii)
mi deseo sólo en ti se satisface
y cuento contigo cuento
palabras y signos señales del poema

***
22

Estos poemas forman parte del libro Zumo que aparecerá en fecha próxima.

23

�UNA CASA PARA LA IMAGINACIÓN

Miguel Covarrubias
No cometemos un delito si divulgamos que a Gloria Collado la habi1ac16n que exigía Virginia Woolf le rcsultcí escasa y opresiva. Porque ella
requiere -como pocas- de una e.isa
dotada para el desplazamiento de su
espíritu rebelde, rebelde y crca11vo,
creativo y múltiple en proporciones
mayores.
Para el deambular de su imaginación rescató Gloria -eran los años de
su primera juventud- una cochera. La
casa materna de la calle de Hidalgo
en Monterrey fue el ámbito para su
manía coleccionadora de objetos populares. Allí la artesanía mexicana y
los dibujos y las pinturas; allí la mesa
burda: un «burro» apenas con su correspondiente banca conventual y uno
de los muros por respaldo; allí las
conversaciones con los amigos cercanos a su pluma y a su afecto. Y allí
simulaba la imaginación de Gloria
vuelos cada vez más audaces.
Este despl~zamiento de su alma
sensible se volvió extremadamente
vertiginoso a despecho del encerramiento aparente. Porque años atrás
encontró ese sitio anhelado «en una
Cl!ja de un refrigerador viejo de la casa paterna. Y lo transformé en mi trocito de espacio al que nadie podía entrar, donde yo podía guardar todas
24

mis cosas, donde me sentía protegida
y llena de mí misma». Desde entonces. Gloria ha imertido los valores,
las 1mügencs y las famas. El mundo
exterior es una drcel y la casa es el
prodigioso reino de la libertad. «No
me gusta estar afucra, no me gusta el
exterior, me gusta tener un techo. estar dentro de una concha. de un lugar
protector; eso me obsesiona)►• Si a la
literatura se trasladan las fijaciones
de los escritores, a Gloria le explotó
en la punta de la pluma esa angustia o
vital necesidad. Sucedi6 hace treinta
años: en Juego de dos fue construida
una feliz página a la lu1 del historial
poético de su autora. En ella encontraremos todo lo que hace hab11able e
inolvidable una morada: «Ésta es una
casa/ mi punto casa / m1 casa de refcn::nc1a / en todo rnso ésta es mi casa
/ mi casa elegida / m1 casa memorable / m1 casa casa / establecida por
años / mi casa en caso de reconocerme / mi rnsa sohre todas las cosas /
mi casa por años ,emderos / como
una gota de agua m1 casa / con corrientes de aire / corredores / \'Cntanas / baños closets salas / recámaras y
cochera / todo dentro de una casa /
que es mi casa / mi casa sin salida /
dentro de m1 casa)►• Algunos instrumentos clásicos empicará la autora
urgida de una casa única, la suya: esa
palabra-madre que repetirá sin mise-

ricordia -y sin hartar al lector- porque cuando un vocablo se arroja al
centro del ritual poético, envuelve sin
reticencias, embruja. Y luego aparecen los giros y los círculos que atrapan. el cerramiento. La casa es una
fortaleLa total porque carece de salidas. Pero su dueña no padece: da vítores por su enclaustramiento liberador. Al final advertimos a esa paradoja ele\'ándose por encima de los collados que los más tímidos juzgaban
inalcan,ables.
Pero la casa, caparazón o grata vi,ienda de la tortuga túnel de caracol,
organismo sólido que complementa
las entretelas de su dueña-poeta, vive
una etapa inocente, como en «La infancia que te dije&gt;) de w 11· (salvo el título) todo lo que sigue es 1111 poema
(1985): «(si mal no recuerdo una noche / un avión se estrelló en el patio
de mi casa)&gt;) Son los años aún no falseados por el interés de lo cosmopolita Es el mundo compuesto de acequias. bugambilias. corceles, plazuelas )' tlapalerías; un mundo que no
presagia a la pareja extraída de un
film de Antomoni, semejante en sus
diálogos a las criaturas sintéticas de
cummings: «'-hola' dijo ella- 'no
eras tú' replicó él- 'te esperé largo
tiempo -contestó ella, ·no eras tú'
-insistió él en un reclamo ahogado

-·yo aún sigo esperando' dijo ella y
triste colgó la bocina del teléfono&gt;).
La cita anterior corresponde al final de «Textos de amantes&gt;), poema
en prosa formado por once secciones
(lo alberga Después la luna, libro
publicado en 1987). Su atmósfera es el
reflejo preciso del aroma que cada
vez es más pútrido: el reino de la incomunicación cantada por el autor de
La noche y El eclipse. El desasosiego
y la pérdida inminente ensayan la vía
de lo cotidiano: «Cuando nada pasa
los ratos se hacen largos, llegas a tu
casa. cuelgas tu sombrero, te asomas
a la cocina, recoges el periódico y te
dispones a pensar que todo has olvidado. Luego aparecen de pronto los
recuerdos, los amigos comunes, los
somdos conocidos; el teléfono suena
y te apresuras a contestarlo disimulando la ansiedad que acabas manifestando en tus gestos, en tus bruscas
intervenciones, en tu desigual comportamiento, porque ya no cabes én ti
mismo►).

Pero es en el arranque del poemario que ahora comentamos donde se
dan cita los elementos del desastre.
«Cuarto de hotel» niega la bendita
idea de la casa que envuelve de luz y
aire renovado a su única habitante.
Incapacitada, desposeída de la pala-

bra, degradada porque un cuarto es el
mentís de la casa liberadora, la mujer
araña el espacio y no encuentra a la
pareja de que fonnó parte. Fina y fría
es la fi_la de objetos descritos, muy
desnuda, muy artística su disposición,
muy osada y muy colmada de gerundios diligentes: «lo blanco la redondez del muro / la cal ensombrecida /
por las huellas de los ojos / otros ojos
amando / las vigas sosteniendo el aire
/ los ladrillos enmascarando / su hermetismo opaco / los azulejos de turbio barro / de turbios desandares sin
olas de mar / la sal de su lavabo / la
tina y sus sangrantes arterias / escurriendo / el excusado lacio contagiando / el maloliente escalofrío de la soledad / la impúdica soledad del cuarto
/ de hotel». Esta ausencia de pudores
conduce a la morosidad en el tocamiento que propicia la pérdida de la
casa, es decir, la casa sería percibida
como compendio de las mayores espiritualidades. Para llevarle la contraria al 1rncrosanto sitio, el segundo
poema de esta serie nos dará una imagen de la protagonista transpirando
sensualidad: «me veo las piernas / me
desnudo las piernas / me toco las
piernas / los muslos tibios / las rodillas estragadas / los tobillos alucinados / de tarso y metatarso me confundo/ me obligo irresistible a sobornarme / con la caricia que inicio / una

vez más / me veo las piernas». ¿La
percepción del propio cuerpo, lograda
con tantos detalles, lo pennitiría la
casa en cuanto reino de los objetos
bellos, moteados de historias personales? Al menos a los lectores susceptibles, o prejuiciados adecuadamente, les resultaría inaceptable.
Llegamos a la zona de los Poemas suicidas. Aquí la casa -extrañamente pasiva- pareciera disolverse
expulsada por el balance de los daños. «Desde los otros / la vida me
atropella / me desgasta►). Pareciera
- dijimos. Porque acá -como un susurro, como en secreto- reaparece y
le dicta a su ama/esclava un listado
de estirpe notarial: «deseo: el diván
y una mesa redonda de mies van der
rohe, sillas del mismo también, una
cama amplia y cómoda, un estudio
donde poder trabajar mis colores,
una fuente de agua, varios kilims de
colores fuertes algunos otros viejos
con colores nostálgicos, una tv de
pantalla grandísima, estantes para
llenarlos de plumas libretas y papeles, baúles donde almacenar mis recuerdos, un equipo de sonido para
escuchar mis cintas y discos, un jardín de rocas y helechos, unos muros
redondeados y cálidos, muchos libros muchas películas, cobijas de lana muy suave otras de algodón lige25

�VOLVER A TLALCHAPA

Horacio Salazar Ortiz
ras, una chimenea, sillones de cojines mullidos, un teléfono para comunicarme cuando sienta la necesidad de compañía, un cielo no siempre azul algu~as veces nublado, lluvia y calor, hielo de vez en cuando,
mi mesa platner, mis cuadros y mi
imaginación, mi soledad y mi tiempo».
La soledad/la casa. Allí reina Gloria bajo la tiranía de la imaginación
que la ltbera, en esa pulida esfera de
hemisferios perfectos. Pues la cárcel
la padece quien sólo tuvo ojos para la
superficie atrapada en el salitre.
Kant. Sepllembre de 1995.

VOLVER A TLALCHAPA
Aunque sean tristes las noches campesinas,
un día quiero regresar a Tlalchapa.
Para buscar a mis viejos camaradas,
a los sobrevivientes,
quiero volver allá.
Quiero volver algún día
para poder sentir el 3 de mayo
el polvoriento aroma
de las cruces floridas.
Para cuando llegue el día
de volver a Tlalchapa,
sacaré de mi espíritu
las sombras de la ausencia
y volveré cantando
los sones de la tierra.
Aunque sean tristes las tardes y las noches,
un día quiero volver a Tlalchapa.
18 de octubre de 1995.

26

27

�EN GRATITUD A EDMUNDO VALADÉS

Minerva Margarita Villarreal
VACACIONES EN REYNOSA

s, las lllSIIIUCIOllCS s11111cran vcrgücns1 puu1cran human11arsc y asunm
las repercusiones de sus errores. s1
pudieran. aun m.ís. fcm11111arse y
accplar la culpa como maure reclora
de sus acciones hacia sus «pro1eg1dos», seguramente el Consejo Nacional para la Cullura y las Arles en csle
momento lcndría culpa y vcrgücnta
de sí mismo ante la muerte ucl macslro Edmundo Valadés.
/.1.

Autobús de la ruta de Reynosa
Una mañana tibia de septiembre.
El sol de Nuevo León en las colinas.
La carretera azul bajo el otoño.
Habitación con vistas a la Plaza,
Segundo piso del Hotel San Carlos.
Nostalgia de una vuelta por McAllen
El río que se arrastra bajo el puente.
Miro en la tarde desde la ventana
Vuelo de blancas nubes y palomas
Sobre la mercenaria diligencia
De empleados, camareras y botones.
Por la avenida Hidalgo, que ve al sur,
(Pero que yo percibo hacia el poniente),
Deambulan especímenes variados
De la humana ralea.
Gringas exuberantes y rosadas
Chapurreando español de la frontera.
Gringos pecosos, de mirada seca,
Que observan el entorno con desdén.
Esto, entre otras cosas, es Reynosa.
Esto. más tu figura.
Tu pequeña figura solitaria
Enferma de ansiedad y desamparo.
Monterrey. 8 de enero de 1993.
28

La muerte de un ser querido promueve en sus allegados un duelo inevitable. Una corriente de recuerdos.
un ineludible ajuste de cuentas se suman a dicho proceso. La ausencia nos
cuestiona con su voz venida del pasado para preguntarnos qué hicimos por
su fracción de vida. En este caso, es
por demás no pensar en la falta de
ética y respeto que demostró el año
pasado el Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes ante la promoción
y otorgamiento de becas para creadores eméritos. Dicha beca no fue concedida al maestro Valadés. Contrariamente a lo que pudiera suponer su
trayectoria y su edad, a Yaladés se le
consideró como un integrante más de
la infantería (con el respeto que me
merecen los grandes de este batallón). No se trata de una apreciación
personal. La obra del maestro Yaladés. aunque no abundante. como sucede con la incuestionable obra de
Alejandro Rossi. sí es digna del me-

,1 or califica1ivo para encumbrarla como una obra artística. Sus cuentos
son pulcros y redondos. Su narrativa
llene un porqué ligado a los problemas básicos del México contemporáneo. cuyo pouer central parece estar
siempre dispuesto a sacrificar a las
masas. t1 sumirlas en el hambre } la
mediocridad para seguir perpe1uándose. Por eso. porque Yaladés pudo
contemplar en lo regional la esencia
humana. porque pudo dar expresión a
la vo1 oc la tierra. merecía como mí1111110 un reconocimiento de su país
que le ayudara a vivir me.1or. Adcm,ís. Yaladés pcmlÍtió que sus personajes crecieran desde sus pasiones
más íntimas. desde sus padecimientos
más pueriles. a partir del conocn111cnto que sólo alguien que conoce a fondo la naturalc1a humana puede ofrecer: libertad de acción a sus pnitagonistas. asunción total de sus angustias
) miserias. oc sus fallas ) arrepentimientos bajo la irrigante fuer1a oc un
lenguaje justo y de una técnica precisa y esmerada que nadie como él en
México se preocupó por dar a conocer.
Edmundo Yaladés era además un
maestro infatigable. Su autor de cabecera. como podemos atestiguar quienes lo conocimos y u1sfrutamos de su
con,asación. fue Marce! Proust.
Ilustraba sobre Proust como nadie.
Sólo quien ha tenido un gran maestro.

quien lo ha aceptado dentro de sí y
difunde su aprendizaje, puede llegar a
serlo. Si hablaba de la imaginación,
Proust era el ejemplo, como lo indicaba el libro que Valadés escribió bajo este tema; y de ahí brotaban las pasiones. el agudo dominio de la psicología que demostró el autor de En
busca del tiempo perdido.
Yaladés, como Proust. era un apasionado y su amante más cautivadora
fue la \'Ida. La vida con sus dádivas y
m1stenos. con sus incertidumbres y
uudas. con sus mujeres ofreciéndose
a ,·i, ir el amor o a padecer el olvido.
La \'1da con sus vicios furtivos. con el
alcohol que lo llevaba a sumergirse
en la canc1a nebulosa y eterna.
Una noche. cuando lo conocí en
Ciudad Juáre1. Chihuahua. en el restaurante de un hotel. mientras se rcali,aba un encuentro de escritores ,
artistas norteños, Yaladés tomó whiskey. un \'aso tras otro. El líquido cobriw en el cristal del vaso subía y baJaba como una marea espesa hacia
sus labios. Y se internó y me internó
en la memoria de un encuentro sublime. un amor que resplandeció a la luz
del sol de medianoche que inundaba
a Rusia hace más de cuarenta años.
Una muchacha rusa. trabajadora de
un ho1cl en el cual él se hospedaba,
había tomado la miciallva. y lo había
hecho llegar hasta la habitación don-

29

�EL MAR, EL GÉNESIS

Dulce María González
Hay un recuerdo de infancias transcurridas en nichos
o portones de iglesias, relámpagos a mitad del desayuno
puertos
Ojos endurecidos avanzan hacia la entraña del océano
Reflejo arcaico el agua, animal dormido
cuando la superficie de la mesa embarcaciones
Y la vastedad del horizonte en el mantel
de ella vivía, bajo el sigilo y una
enorme precaución propios del estado
policiaco que en ese entonces era la
Unión Soviética. No recuerdo bien
los peligros por los que los personajes, en este caso, el propio maestro
Valadés y su joven enamorada, tuvieron que pasar, pero sé que los hubo, y
graves. Lo que sí recuerdo plenamente es que las palabras de Valadés entraron en mí para deslumbrar, para
abrirme los sentidos, para hacerme
padecer ese amor que lo había golpeado en el alma a la hora de la separación. Las imágenes que ét transmitía era plásticas: la nieve, la intensidad del sol de medianoche, el departamento, su abrigo y sus guantes, los
ojos de la muchacha que transparentaban todo el verdor del campo ruso,
sus cuerpos entregándose.
Desde entonces el maestro Valadés y yo sellamos una amistad, una
complicidad que es síntesis de toda
verdadera amistad. Él me había con30

fiado su amor, también los embates
que tuvo que sufrir -y la pérdida d~
libros importantísimos- en una separación matrimonial. Cada vez que
Valadés iba a Monterrey procuraba
verlo, siempre -como la ocasión que
yo mandé un «cuento» a la revista El
Cuento aQtes de que lo conociera, y
él mismo redactó una nota crítica sobre el texto que no se ajustaba a las
reglas del cuento-, Valadés me dio
grandes lecciones, lecciones literarias
y lecciones vitales. Hace poco, en
una entrevista que le hicieron, dijo
que un escritor no debería perder el
tiempo, que él lo había perdido y que
era imperdonable.
Quizás Valadés bebía buscando
ese tiempo de oro que tennina filtrándose en las grandes obras literarias, ese
tiempo que en la vida es de exaltación
y gozo, ? de pesar y negrura, o de alegría y plenitud. Independientemente de
su arrepentimiento hacia su compromiso como escritor, Valadés siempre
vivió para la literatura. La zona norte

de México tuvo en él un aliento y un
impulso sustancial; alguien que ayudó
a crecer a los escritores jóvenes que se
. le acercaban, que nunca midió sus relaciones en base al servicio o al halago
sino a la empatía natural, a la química
del cuerpo; alguien que promovió suplementos, como el primero que se hizo en Monterrey, por los años treinta,
en el periódico El Porvenir y que el
propio maestro V aladés dirigió, según
sus palabras. También participó en encuentros, conferencias y charlas universitarias.
Valadés recorrió el norte de México porque, como sonorense, sabía
de sus enormes carencias, de su lírico
desierto. Ni h~blar, ha muerto un
gran hombre, Ün gran escritor, un
maestro que llevaremos siempre dentro y como ejemplo en nuestras propias vidas. Es lamentable que sólo la
muerte dé permiso para denunciar las
veleidades del poder. Lo siento,
maestro Valadés, por hablar de esto
tan tarde.

Barrocos donceles de piernas blancas
Serafines escultóricos con sus órganos de oro para el amor
Bajo los surtidores el cuerpo enardecido
En baJorrelieves donde santos de pupilas agolpadas
de pasión. rostros de piedra en crisoles
de alqu11nia radiante
Era el delirio de flautas a la orilla del mundo
Música que por venir del Cielo silencio y sin embargo
nadar la corriente de sonidos con ansia
La siempre necesidad de abandono a contracorriente caer.
al racío de los templos y la aureola
-;u olor a guanábana, su no sé qué de viento
Cn misterio piadoso los Hijos de Dios, miembros desnudos
ante la seducción de la tierra llovíamos
Despliegue de alas en la oquedad de los vientres
llovíamos ofrendas de cristal
El arrecife del tacto era el límite

�~

SCHOPENHAUER Y LA RELIGION

Giampiero Bucci
Impotente holograma la memoria enmedio de la cocina
Apenas un segundo antes de tomar la sal entre los dedos, vertirla
sobre el cadáver de algún animal sacrificado en la noche
Conscientes del cuchillo, el anhelo de carne que nos provocó
el descenso a la materia
¿Quién podría culparnos por aquella urgencia?
Hemos probado la manzana de la cicuta, útero donde preñar
el huevo de la tierra, jaculatoria sagrada
cuando el desayuno y los ancestros
Dichosos entre los hedores de la reproducción
Corruptos hasta el gozo insaciable de la muerte.

32

En un homhre. para Schopenhauer. la
dcc1s1011 de ser fil6sol'o puede nacer
de dos aclltudes distintas. La primera
es el asomhro frente al mundo real. la
segunda es la curiosidad despertada
por la lectura de un libro. Los que intentan hacerse filósofos por este camino. como lo hizo Fichte, est,ín condenados al fracaso, pues sólo llegan a
descubrir la verdad los que nunca cesan de mirar el mundo sin mediaciones. Esta diferencia en cuanto a la
pregunta, se refleja también en la respuesta: el sistema de un filósofo universitario será arq11itectó11ico. sus
partes tendrán una forma estudiada y
artificial, mientras el sistema de un filósofo real será orgá11ic0, sus partes
se ofrecerán el mutuo sustento que se
observa en los productos naturales.
Por esto Schopenhauer describe su filosofía como «Tebas de las cien puertas»: se puede entrar por una cualquiera con la seguridad de llegar al
centro. Esto depende de la cercanía
del centro metafísico con las puertas
físicas, elementos que están relacionados entre sí como las dos caras de
una medalla. Y sin embargo. en su
pensamiento se pueden encontrar
vías más directas hacia el centro. como la que pasa por su planteamiento
de la actitud fundamental del hombre.
Y de la relación, dependiente de esta
actitud, entre filosofía y religión. Esta

es la vía que intentaremos seguir
aquí.
El animal metafísico

Aristóteles dice que el hombre empieta a hacerse preguntas sobre la naturale1a de las cosas diá tó tha11máthei11. por asombro. Como ya vimos,
aún Schopcnhauer lo cree: al encenderse en el hombre, tras la larga serie
de los seres inconscientes. la fu; de la
razón. la Voluntad reflexiona sobre sí
misma y su obra.
Como para sus adversarios idealistas Schelling y Hegel. para Schopenhauer también el hombre es la
rnnciencia de lo Absoluto. Sin embargo. este privilegio cuesta caro al
hombre, que paga con el horror de
conocer la muerte, lo que a todos los
demás animales es imposible. Este
destino no tiene ninguna razón metafísica. simplemente radica en una peculiaridad ps1cofisiológica. Todos los
animales tiene el intelecto.' es decir
la capacidad de construir a priori la
forma c.ausal de las intuiciones concretas en espacio y tiempo. De hecho
un perro. por CJemplo. es capaz de seguir. y prever. una cadena causal de
acontecimientos a lo largo de muchos
de sus eslabones. En cambio. no puede hacerse. de estos mismos acontecí-

mientos, representaciones abstractas,
que le permitirían almacenar y transmitir una gran cantidad de eventos
con palabras. que son lo que queda
del proceso de reducción de las repre.
,
scntac1ones concretas.Al no tener esta capacidad, que es
la razón, los animales sólo disfrutan de
una memoria reducida a acontecimientos parecidos a los que se les presentan
actualmente, y su capacidad de recordar se limita a las repeticiones; por esto viven «tan sólo en el presente». El
hombre. en cambio, al tener la razón.
«vive al mismo tiempo en el porvenir
y en el pasado»/ porque puede presentar a su conciencia in abstracto más de
un motivo. elegir entre ellos, y comunicar y esconder pensamientos por medio del lenguaje. No por casualidad.
recuerda Schopenhauer. la razón se
llama logos, palabra.
Sin embargo, al pensar, el hombre
se encuentra en las arenas movedizas
«de la duda y del error, (... ) de la ansiedad y del arrepentimiento».~ Y del
pavor a la muerte. De hecho. es «la
conciencia de la muerte y( ... ) la cons1derac1ón de la miseria de la vida lo que
empuJa hacia (...) las interpretac10nes
metafísicas del mundo».~ Pero, ¿qué
entiende Schopenhauer por metafísica'? «Un saber que nace de la intuición
33

�del mundo exterior real y de la explicaci&lt;Ín que de este mundo ofrece el hecho m.ís íntimo de la autocom.:1encia,
explicado en conceptos llanos»." Ahora hien, lo más íntimo de nosotros es la
Voluntad. y esto hace que la pregunta
lleve a descubrir que el centro de nosotros es tamhién el centro de la cosacn-sí.
Como en la tradición agustiniana
la puerta está i11 i11teriore /10mi11e, pero al cruzarla no encontramos las
huellas de un dios personal. sino la
fuerza que es la razón misma de
nuestros padecimientos. Y puesto que
nuestra identificación con esta fuerza
es total, por ser nosotros en esencia
Voluntad, nuestra actitud en la pregunta es práctica; nosotros no solamente queremos conocer lo que se
esconde detrás de la naturaleza. sino
que estamos interesados en escapar a
la muerte, que de esta voluntad parece ser la negación más radical.
De allí el tremendo poder de la religión, que con la filosofía es una de
las consecuencias de la pregunta metafísica: «el interés (... ) siempre encuentra su más fuerte apego en el
dogma de alguna sobrevivencia después de la muerte ( ... ) si esto se pudiera asegurar de otra manera. entonces el ardiente celo hacia los dioses
34

se en friaría de mmediato».7 Pero no
hay que ercer que la actitud de Schopenhauer hacia la religión se limite a
estas ironías volterianas; en realidad
es mucho más matizada. Vamos a
verlo.
La mentira útil

La religión, decíamos, es un sistema
metafísico que ofrece solución al
enigma del mundo. También la filosofía lo cs. ;.Por qué, entonces, dos
respuestas a la misma pregunta? Por
la diferencia que existe entre los
hombres en cuanto a «meditación.
instrucción. ocio, juicio». 8 Las minorías cultas se dedican a las filosofías.
la mayoría escoge el camino ya tratado por el mito religioso.
Vuelven las antiguas ideas de
Platón y Bruno: la religión es metafísica popular. que no necesita sino
una verificación exterior. la de la
revelación. Su tema es el mismo
que el de la filosofía. pero sensu
allegorico. como demuestran los
mistenos, dogmas absurdos que
buscan por medio de su misma absurdidad dar forma a verdades que
están mucho más allá del alcance
de las masas. Cabe muy bien. aquí.
la clásica cita de Tertuliano: cerr11111 esr. quia impossibile.

Evidentemente las religiones no
necesitan argumentar; la revelación
reforzada por los milagros; las promesas de vida eterna; el escarmiento
de incrédulos e infieles por medio de
la condenación eterna; la misma protección del Estado, que conoce la utilidad pública de la religión como norma ética objetiva, todo esto juega un
papel favorable a su afirmación.
En cambio, la puerta de la filosofía es más estrecha. La filosofía «empieza como la Ortverture del Don
J11a11. con un acorde en re menor»;9 el
hombre que piensa pronto se da cuenta no solamente que el mundo hubiera podido no ser, lo que el teísmo expresa con el dogma de la creación. sino que siente que hubiera sido mejor
que no fuera: «el mundo (... ) no permite encontrar en sí mismo ninguna
razón. ninguna causa final de su existencia. ni permite demostrar que
existe para su utilidad». w
Fuera del pnncipio de razón. la
Voluntad queda muda, mcornprensible y cruel. La vida, como Schopenhauer no cesa de repetir. no es un
don. sino una deuda cuyo interés se
descuenta con los dolores cotidianos,
y cuyo capital se paga con la muerte.
Toda filosofía que quiera ignorar esta
tragedia. como lo hacen el panteísmo

o, peor aún, la filosofía universitaria,
es una burla infame o una mentira organizada. Lo mismo pasa con las religiones.
De hecho, la identidad de contenido permite a Schopenhauer clasificarlas utilizando el mismo criterio. optimista / pesimista, y esto
porque las religiones no difieren
cn1re sí por ser politeístas o mono1cístas. sino por la actitud que toman frente al dolor cósmico.
En este sentido la peor es la relig1&lt;ín hebrea. Junto con su filiación, el
Islamismo. Sus defectos son muchos,
empezando por el optimismo expresad,1 en el panta kalá lían, «y todo era
lllU) bueno» del Génesis. Además de
ser op111111sta. el Judaísmo es realista y
teísta. al creer que el mundo haya sido
creado ex nihilo por una voluntad personal libre. Esta fe lo lleva a enredarse
en \'erdaderos absurdos: por un lado es
imposible concebir una voluntad· sin
motivo alguno. 11 por el otro al intelecto le faltan incluso los medios para
pensar una causa prima, pues toda
causa no es sino un cambio provocado
por otra causa anterior. 12 Estas faltas se
reflejan en lo ético, pues este dios que
promete a sus fieles las tierras de los
vecmos bien merece la destrucción de
su templo. 13

De otro género son las religiones
de la India: el Brahamanismo, «la
sabiduría originaria de la humanidad», y el Budismo, que con su actitud pesimista e idealista expresa la
verdad del mundo. Su respeto piadoso hacia todo lo viviente, además, lo
pone muy por encima del Judaísmo,
que ignora los derechos de los animales.
Entre estos extremos se sitúa el
Cristianismo. Aquí la postura de
Schopenhauer se hace cauta, al admitir que «en pocas cosas hay que
distmguir tan bien entre el hueco y
la cáscara como en el Cristianismo.
Es porque deseo el hueso que, a veces, tengo que romper la cáscara». 14
Lo primero que Schopenhaucr
rompe de la cáscara. es la creencia
en el origen judío del Cristia111smo.
Puesto que su doctrina es la «de la
profunda culpa de la humanidad por
su misma existencia, y de su afán de
redenci6n», 15 el Nuevo Testamento
no tiene fundamento en el optimismo judaico, sino en el pesimismo
hindú. El mundo no es fin, sino medio, y su señor es el Diablo. De aquí
nace el espíritu ascético del Cristianismo, así como su constante recomendación de la castidad y de la pobreza voluntaria.

El que mejor supo interpretar esta
actitud cristiana fue San Agustín, con
su doctrina de la gracia y de la predestinación; sin embargo su «rígido y
sistemático intelecto 16 · lo llevó al
ery-or de no entender el carácter alegórico de las doctrinas cristianas, y
de exponerlas en forma literal. Resulta así que un Dios todopoderoso y
cruel crea a sus hijos para condenarlos y al mundo para que el Diablo lo
señoree. 17
Esta moral «repugnante» deriva
sin duda de la aceptación del dogma
veterotestamentar10 de la creación.
Budismo y Brahamanismo, que no
son creacionistas, con su Karnu:m y
su metempsicosis pueden explicar la
razón de las penas cósmicas sin caer
en lo absurdo. Hay que saber leer, entonces, entre los renglones del mismo
San Agustín, para percibir la profunda afinidad entre la civitas dei y el
nirvana, y la civitas diaboli y el samsara.
Al volver a las raíces agustinianas
en su esfuerzo de corregir los «abusos» católicos, Lutero demuestra haber
visto en lo más hondo de su religión.
Sin embargo, su renuncia a la castidad
abre el camino a lo que Schopenhauer
llama el racionalismo de los pastores
protestantes de su tiempo, una burda
35

�CABELLOS DE ÁNGEL

Jean Cocteau
mezcla de dos optimismos, el rusoniano (de Rousseau) y el judaico, que, al
no ser ni filosofía ni religión, acaba
por «sentarse entre dos sillas». 18 Aquí
la polémica de Schopenhauer se hace
kierkegaardian¡i.
Todo lo que en el Cristianismo es
exterior, en suma. pertenece a su desviación hacia lo judaico, lo demás
tiene una profunda y poética verdad.
Y al llegar por fin al hueso, Schopenhauer encuentra a Francesco d' Assisi
y a Meister Eckhard, a los Shakers y
a los Raskolnik, que en su práctica
pacifista repiten, bajo el siglo de la
cru,. el Mahavayka hinduista; tat
11ra111 asi. «eso eres tú», fundamento
único de la comunión universal y, por
ende. de toda ética.
Y con esto llegamos al tema de
las consecuencias políiicas de las religiones. que Schopenhauer trata en un
pequeño diálogo inspirado en ~os
Diálogos sobre la religión natural de
Hume. Los interlocutores, para qué
no queden dudas al lector, se llaman
Demofeles. «útil al pueblo», y Filaleles. ,,amigo de la verdad». Su batalla
verbal es poco más que académica,
puest~ que el mismo Schopenhauer
confiesa. en una carta a Frauenstadt,
compartir ambas posiciones. Presentando a la religión como «el único
36

medio que permite revelar(... ) alburdo sentimiento del pueblo(... ) el profundo sentido de la vida», Demofeles
subraya su utilidad social: el de ser
norma objetiva de conducta y consuelo en el dolor y en la muerte. Filaletes, que es más optimista en cuanto
a la capacidad de los hombres de llegar «a la verdadera filosofía», aboga
en contra de la intolerancia religiosa
y niega que sea preciso hacer de la
religión un instrumentum regni, así
como lo demuestran los estados antiguos. Su respuesta no convence a Demofeles, quien refuerza sus teorías
recordando el papel jugado por el
Cristianismo en la civilización de las
bárbaras tribus que invadieron a Europa. Tampoco esto convence a Filaletes. que ve en los cultos un huno de
tiempo y fuerzas que fuera mejor dedicará la acción. Tan sólo en el final
del diálogo los dos concuerdan en algo: en asemejar las religiones con el
dios hindú Yama. que, como la muerte que representa. tiene dos caras. una
benigna y otra obscura. Maquiavelo y
Hobbes, la pía fraus y Voltaire: son
muchos los temas que se entrelazan
en esta pequeña obra. que es un resumen eficaz y agradable de las ideas
de su autor.
Cabe aquí, en el final, una breve
consideración. Al creer que la fanta-

sía sea un disfraz de una verdad lógica, Schopenhauer muestra tener raí-

ces en el racionalismo de la Ilustración. Para él la Voluntad es una fuerza, no un idioma. Los exploradores
del Inconsciente, que vendrán después de él y gracias a él, tratarán primero de entender este idioma, y luego de hablarlo. Quedando, por eso
mismo, fuera de la filosofía. En cuyo
límite se encuentra todavía, centinela
solitario, el espíritu severo de Schopenhauer.
Notas
1

Sobre la cuádruple raíz del principio
de razón s11jiciente, 21.
2
El 1111111do como voluntad y representación, 8.

Versiones de Miguel Covarrubias

PANOPLIA

La figura del tigre es lengüeta de fuego
Que advertimos se excita con un atizador.
En tu cómoda jaula, galante domador,
Ya somos prisioneros.

PANOPLIE
La figure du tigre est un feude braise
Qu'on agace avec un tisonnier.
Beau dompteur, dans votre cage a l'aise,
C'est nous qui somrnes vos prisonniers.

3

S11pleme111os a El mundo como l'Ohmtad y representación, 17.
4
El mcmdo... 8.
S El 11111/UÍO•.. 17.
6 El mundo... 11.
1
Suplementos ... 17
8
Suplementos ... 17.
9
S11plementos ... 17.
IO Suplementos... 17.
11 Parerga y paralipomena, 381.
12
Cuádruple raíz... 20.
13 Parerga... , 174.
14 Parerga... , 454.
15
Suplementos... 48.
16 Parerga.... 177.
17 Parerga... , 177.
18
Parerga... , 181.

DE NARCISO
Aquel que en esa agua permanece
Desenmascarado vivió inquietándose.
Para reírse, la muerte le vuelve
Del revés, como al dedo de un guante.

DENARCISSE
Celu1 qui dans cette eau séjourne
Démasqué vécut s'intriguant.
La mort, pour rire, le retourne
A l'envers. comme un doigt de gant.

�CABELLOS DE ÁNGEL

ESPUMA DE MAR PAN ENCANTADO

¡Ah! Los ángeles cuelgan sus cabellos del árbol de Navidad. Sus faldones ondean como papel de seda.
También tienen miedo de las velas, de los leños. A veces la novia del aviador le quita un cabello de ángel. Incluso existe un modelo de fiesta llamado CABELLOS DE ÁNGEL. Los caballeros se sientan; las damas gritan por turno: ¡Cabellos de ángel! ¡Cabellos de ángel! Al punto los señores se levantan y escapan.

El guante rojo del crimen * El cortejo de la serpiente * Su cabeza que es un revólver* La gangrena*
El joven marino que pega una estampilla * As de trébol * ¡Oh, Dios mío!, ¿qué hace con su pulgar? Se
condena a muerte * Venus, rosa absoluta, sentada en mil carruajes destrozados contra la muralla* La
menta, el aciano, el tambor, la granadina * Y el pan encantado que se eleva por encima del techo.

Los ángeles son soldados, boxeadores negros, marineros, campeones de tenis. Después de su muerte
se les entierra bajo el Arco del Triunfo.
ÉCUME DE MER PAIN ENCHANTÉ
DURANTE LOS QUINCE DÍAS CAMBIO DE ESPECTÁCULO
Le gant rouge du crime * Le cortege du serpent * Sa tete qui cst un revolver * La gangrene * Le jeune marin qui colle un
timbre* As de trefle * Oh! mon Dieu! que fait-il de son poucc? il se condamne a mort * Vénus. toute rose, assise dans mille caleches démolies contre la muraille * La menthc. le bluet. le tambour. la_.grenadinc * Et le pain enchanté qui s'envole
par-dessus le toit.
·
CHEVEUX D' ANGES
A'ie! Les anires s'accrochent les cheveux dans l'arbre de Noel. Leurs jupes flambent comme du papier de soie. Aussi ont-ils
peur des bo~g,es, des buches. Quelquefois la fiancée de l'aviateur lui ote un cheveu d'ange. 11 existe meme une figure de cotillon appelée: CHEVEUX D' ANGES. Les cavaliers s'asseyent; les dames crient atour de role: Cheveux d'anges! Cheveux d'anges! Aussitot les cavaliers se levent et s'envolent.
Les anges sont soldats, boxeurs negres, matelots, championnes de tennis. Apres leur mort on les enterre sous l' Are de
Triomphe.
TOUR LES QUINZE JOURS JE CHANGE DE SPECTACLE

�SIN ALIENTO

DE SOLEDADES

AnaMárquez
Rubén González Garza
PRIMERA NOSTALGIA
( Homenqje a Rafael Alberti)
También antes,
mucho antes del polvo
cuando era crisálida
Antes, mucho tiempo antes
de caer en la maldición de los siete años
y quedaran de mi cuerpo astillas
Cuando lam'ía el amor como primera palabra
y buscaba caracolas
Entonces, sólo entonces
sabía dónde acababan las líneas de mi ..mano

Personajes por orden de aparición:
Anciano
Joven
Maniquí
Velador
Martha
Licenciado
Joven II
Una calle. Atardecer. Un anciano pasea observando aparadores, viste
muy mal, aunque no carente de cierta
dignidad. Hay transeúntes, entre
ellos 1111 joven.

ANCIANO: (Camina detrás del jo1·en.) ¡Joven, joven, oiga!
JOVEN: Perdón.

SIN ALIENTO
Sin mirarnos mucho
corno si en ello se nos fuera
un poco de la piel que hemos guardado para otros
Apenas te I me tocas
buscarnos a la muerte con el aliento
Ahogándonos de prisa
jugamos a ser lentos
40

ANCIANO: ¿Usted sabe dónde queda esta dirección? (Saca un papel 11111y ajado.) Espere, está
muy sucio y gastado (Lee.) Calle
Mayor Cruz con Carranza 326.
Hace tanto tiempo que la busco.
JOVEN: Pero si está muy cerca de
aquí, mire, camina tres cuadras
hacia el norte o menos y luego a
la derecha, por ahí es. (Le devuell'e el papel y se retira.)

ANCIANO: (Lo sigue.) Eh... ¿No
tiene un cerillo?

ANCIANO: ¿Podría acompañarme?
JOVEN: Voy por ese rumbo.

JOVEN: Sí.
ANCIANO: (Buscándose en las bolsas.) ¡Válgame, Dios! Ya perdí
mis cigarros.
JOVEN: (Ofreciéndole.) ¿Quiere
uno de los míos?
ANCIANO: (Ampuloso; mintiendo.)
Qué molestia, disculpe, pero es
que salí tan de carrera que olvidé mis cigarros sobre la cama.
(El joven le enciende el cigarro,
el anciano fuma con deleite.) Y
la camarera estará ahora fumando a sus anchas. (Presumido.)
No se puede uno confiar de la
servidumbre (El joven se le queda viendo incrédulo.) ¿Y Usted
no fuma?
JOVEN: Cada día procuro fumar
menos. Con permiso. (Trata de
retirarse.)

ANCIANO: No, quiero decir... Escucharme un poco... lo de la dirección fue solo un pretexto para
acercarme a usted. No me lo tome a mal, pero es que...
JOVEN: Discúlpeme, precisamente
voy por mi novia a dos cuadras
de aquí y si llego tarde... Ya sabe cómo son las mujeres.. .
ANCIANO: (Triste.) Sí, joven, disculpe. (Pausa, el joven duda, camina lentamente.)
JOVEN: Adiós.
ANCIANO: (Fuerte.) Su novia vive
a la vuelta y trabaja por aquí
muy cerca, muy seguido se viste de blanco, quizás es el uniforme.
JOVEN: (Que al oír todo esto se detiene.) ¿Usted cómo lo sabe?

ANCIANO: ¡Espere! Perdone lamolestia. Usted debe tener prisa y
yo...

ANCIANO: Pasa muy seguido por
aquí.

JOVEN: Dígame.

JOVEN: Sí, pero...
41

�ANCIANO: Yo siempre ando por
aquí y los he visto juntos, soy
muy observador.
JOVEN: ¡Ah! Creí que no era usted
de aquí.
ANCIANO: Ya le dije que lo de la
dirección fue sólo un pretexto ...
para hablar con alguien. Conozco de sobra estos barrios, cada
esquina, cada casa, las tiendas,
sé cuando cambian de mercancía
los aparadores, porque todas las
noches los recorro y es una fiesta para mí ver a los maniquíes
con ropa nueva. Sé cuántos relojes hay en la vitrina de la joyería
El Dia111a11te y cuántos anillos y
cómo son ...
JOVEN: (C(l111i11(111do.) Por qué
no me lo platica después,

ANCIANO: Las siete, acaban de
darlas en el reloj de la catedral.
JOVEN: Y mi novia no aparece,
quedamos en que si no iba por
ella a las seis y media, nos veríamos aquí en esa banca.
ANCIANO: Fue por mi culpa. (Pausa.) El otro día casi nos topamos.

JOVEN: (Un poco irritado.) ¿Ya se
dio cuenta las horas que son? (El
anciano habla rápidamente.)
42

ANCIANO: Se los quise decir, pero
no me atreví, no quise interrumpirlos.
JOVEN: ¡No, no es!
ANCIANO: Ustedes no se fijaron en
mí.

JOVEN: (Un poco molesto.) ¿Cómo?
ANCIANO: Iba usted con su novia-1'
le oí decir: ¿Qué te parece ése,
tú y yo de perla y rubí?
JOVEN: (Más molesto.) ¿Eso dije yo?
ANCIANO: Sí, yo pensé que su intención era regalárselo.
JOVEN: (Ansioso ve su reloj. ) Qué
raro, no me acuerdo.
ANCIANO: Dicen que las perlas son
de mal agüero ... Dicen que...
JOVEN: ¡Se está tardando mucho!
(Ambos hablan como si no escucharan al otro.)
ANCIANO: ¡Que significan lágrimas!

es triste. El otro día me quedé
viendo un escaparate y comencé
a reírme. (Co111ienza a reír alexremente... se acerca al aparador, el maniquí le sonríe. Esta
escena debe ser mágica, el joven
y los transeúntes quedan congelados, el maniquí cobra vida.)
¡Hola!, qué bonito pantalón y ¡la
camisa! ¿Te dejaron solo?

ANCIANO: Soy pensionado, me dan
una miseria, mire esta ropa.
«Ai» le encargo unos zapatos
que ya no use. Me da vergüenza,
no crea, pedir de esta manera.
(Pausa.) Pero usted tiene prisa,
por mí no se entretenga.
JOVEN: Creo que ya no va a venir.
ANCIANO: Vaya a buscarla.

JOVEN: ¡Cómo se parece!

¡,ch?

ANCIANO: (Con ansied(ld, detrás del jo1·e11.) Hay uno de
hri llantes con 1.afiros y otro
má:-. grande en forma de concha ahicrta que remata en una
perla y...

JOVEN: ¡Parece que allá viene!

ANCIANO: Aunque todas las noches pasan por aquí y también se
detienen a contemplar las joyas.

MANIQUÍ: Aquí, siempre encerrado. Si no fuera por esa
gente que se nos queda viendo y usted ¿cómo me dijo que
se llamaba?

JOVEN: Debe ser por el unifonne.

ANCIANO: Francisco.

ANCIANO: Sólo que ustedes no las
ven. No las conocen como yo,
están tan absortos en su felicidad.

MANIQUÍ: ¡Perdón, pero el ruido
de la calle ... y además el vidrio es grueso, ¿cómo dijo
que se llama?

JOVEN: ¡Ya es muy tarde!

ANCIANO: (Casi grita11do.) Francisco Méndez, servidor de usted.
(Le da la mano, se saludan.) Vivo a tres cuadras de aquí, en la
Pensión qe Conchita. (Va a sentarse a la banca.) La dueña de la
casa me trata bien, pero no le
gusta hablar.

ANCIANO: Bueno, vaya, no le quito
más el tiempo.
JOVEN: Yo creo que ya me plantó.
(Pausa.)
ANCIANO: (Como para sí, ya sin
percatarse del joven.) Ahora ya
estoy viejo, chocheo: la soledad

JOVEN: (Un poco i11teresado. )
¿Y usted a qué se dedica?

JOVEN: ¡,Y si voy y luego llega?
ANCIANO: Yo le digo que lo espere. Ya la conozco.
JOVEN: (Duda.) Voy a esperar otro
ratito.
ANCIANO: (Invitándolo a sentarse.) Me gustaría tanto que me
escuchara. hace mucho tiempo
que no hablo con nadie. (Se corrige.) Bueno, hablar sí; pero ...
conversar... (El joven se sie111a.)
ANCIANO: Gracias. ¿_Qué le decía?

MANIQUÍ: ¡Francisco! ¿Ya no te
acuerdas de mí, ya no saludas?
ANCIANO: Perdón, pero es que lo
confundí con un amigo que tuve
hace mucho tiempo, Nepomuceno. ¿Cómo estás? Estrenando
traje nuevo ¿verdad? Por eso no
quieres hablar. Mira, ingrato, me
da mucha rabia contigo. (Coge
una piedra y trata de quebrar el
aparador, aparece el velador,
toca un silbato, el anciano trata
de huir, el velador lo atrapa.)
VELADOR: Cuántas veces le tengo
que repetir lo mismo, ladrón,
sinvergüenza.
ANCIANO: Pero, señor, si sólo vengo a divertinne, a pasar el rato.
VELADOR: Pues a divertirse al cine. viejo méndigo. (El velador
desaparece en cámara lenta, la
/11~ decrece. Cuando vuelve la
/11~. el anciano está sentado 1mera111e11te en la banca, junto al joren.)

JOVEN: Del Maniquí.
ANCIANO: ¡Ah! sí, parecen tonterías. pero no lo son. ¡Ah! Pues
sí. me dijo... (Escena irreal, el
anciano 1·a al aparador.)

ANCIANO: Y es muy duro, créame,
que lo tilden a uno de ladrón.
JOVEN: Sí, supongo que sí. Sabe,
señor ...
43

�ANCIANO: Francisco.
JOVEN: Sí, don Francisco, también
yo a veces me siento solo; cuando Martha no quiere salir o como hoy, por ejemplo, en que
quedamos de vernos y no viene,
entonces ... me da pena decirlo,
pero me dan ganas de llorar y
me voy a caminar por esas calles
hasta que ya no puedo más de
cansancio y vuelvo luego a casa
un poco más tranquilo.

la soledad. A veces hasta en eso
es uno egoísta, yo creía ser el
único.

JOVEN: (Riéndose, el anciano se
Pº!'e serio. ) ¿Sabe de qué me
río? de que tengo un buen rato hablando con usted y Martha ...

ANCIANO: Es el velador, me tiene
coraje, cree que estoy loco por
lo del otro día, si pasa por aquí,
finge que... que eres un familiar.
¡Mi hijo! Eso es, ¡claro! que usted, que tú... con esa ropa... y
yo ... pero ...

ANCIANO: Por mí no te entretengas.

JOVEN: No tema, lo haré con gusto.

JOVEN: No sé s1 pueda.

JOVEN: Siempre que no viene, le
hablo por teléfono, preocupado.
Ya le descubrí su jueguito, quiere que le ruegue. (Ríe más fuerte.) Ha de estar impaciente, pegada al teléfono esperando que
suene cinco, seis, hasta diez veces para luego contestar fingiendo indiferencia. (La imita.) Bueno, ¡Ah! ¿eres tú? Ahora que sufra un poco. También ayer me
hizo enojar.

ANCIANO: ¿Qué te decía? A m1
edad se me van las ideas.

ANCIANO: Caprichos pasajeros,
más dulce será la reconciliación.

JOVEN: Me daba las gracias.

JOVEN: Sí, supongo.

ANCIANO: ¡Ah! sí, porque has tenido el valor de decinne que tú
también, a pesar de ser tan joven, has sentido el cansancio de

ANCIANO: Casi seguro. (Pausa,
mirando hacia bastidores.) ¡Que
no me vea! Cúbrame, por favor,
¡que no me vea!

ANCIANO: Gracias.joven.
JOVEN: ¿,Por qué me da las gracias?
ANCIANO: Porque me has hablado.
Voy a hablarte de tú porque me
has dicho que tu novia se llama
Martha y... tú también háblame
de tú.

JOVEN: Pero ... ¿Qué le pasa? ¿De
qué se asusta?

ANCIANO: (Triste.) Mi hijo... se
fue; dónde andará ahora; nunca
he recibido noticias de él, ni carta ni nada. Se fue dizque a ganar
dólares, allá se habrá perdido,
sabe Dios. (Pausa.) Se parece un
poco a ti. ¿Cómo te llamas?
JOVEN: Raúl, Raúl García.
ANCIANO: Raúl, Raúl, suena bien;
¿no te has fijado que cuando se
repite muchas veces un hombre
o una palabra cualquiera, parecen perder su significado? Fíjate: Raúl, Raúl, repítelo y verás.
(Ha ido obscureciendo, las luces
de las tiendas se van encendiendo.)
RAÚL: (Repite en silencio.) ¡Es verdad!

ANCIANO: Así me ha pasado a mí
con el nombre de mi hijo y con
la palabra «volverá» y con la
frase «¡Dios Mío, ayudame!», se
me han deslucido, como esas ropas rclaxadas y expuestas mucho tiempo al sol, se han ido haciendo viejas, por eso procuro
emplearlas menos y las substituyo por otras que para mí significan lo mismo.
JOVEN: Sí, es curioso.

ANCIANO: Y bonito; TAMAR, mucho menos gastado. ¡Ah! Bueno,
y eso no es todo, le he puesto
nombres a todos los maniquíes
de las tiendas y eso sí que es divertido; al que está en la tienda
de la esquina, que es el que 1mís
me simpatiza. le voy a cambiar
el nombre. será tu tocayo. (Duda. como ausente.) Creo que ya
te lo platiqué, ¿no? Lo de mi pariente Nepomuceno, hoy no me
dejó saludarlo el velador.

ANCIANO: Para la gente, sí, para
míno.

JOVEN: ¿A su pariente no lo dejó
saludarlo?

JOVEN: (Curioso.) ¿Y cuáles son
esas palabras?

ANCIANO: Al maniquí. Bueno.
ahora se llamará Raúl.

ANCIANO: ¿Me prometes no reírte?
Bueno, mi hijo se llama Arturo.
entonces yo digo TUROAR,
suena distinto, ¿verdad?, y hasta
extranjero. .. ¿No? Ahora que él
está en Estados Unidos. Fíjate,
TUROAR, VERAVOL, ¿eh?
(Repite mucho la frase.) Y así la
voy cambiando, chifladuras de
viejo. (Se ríe, el joven también
se ríe.)¿ Verdad que es chistoso?

JOVEN: Sí. sí. claro.

JOVEN: Me río de que sí. TAMAR, T AMAR, TAMAR, sueña exótico.

ANCIANO: (Llel'á11dose 1111 dedo a
la cabe::.a.) Crees que no estoy
muy bien, ¿verdad?
JOVEN: No, de ninguna manera. siga, siga hablando.
ANCIANO: ¿Pero no se te ha hecho
tarde? Bueno, que TAMAR espero o ¿no? Una vez al año que
TAMAR espere. ¿En qué me
quedé? (Nuemmente ausellte.)
Nepomuceno estrenando traje

nuevo, por eso no quieres hablar, y Nepomuceno se ríe y así
se queda pero luego a mí me da
la impresión de que se queda serio, por dentro claro está, porque
la sonrisa nunca se le acaba y
me da tristeza por él, todo el día
ahí encerrado. Entonces me consuelo y me digo, ya ves, Francisco, tú puedes pasear y a veces
simular que conoces algún transeúnte.

JOVEN: Supongo que esto no se lo
·cuenta a todo el mundo, ¿verdad?
ANCIANO: Supones bien. me creerían loco, y es que cuando uno
tiene mucho tiempo libre ... (Silbándole a un perro.) Fiu, fiu,
fiu. ¡.No quieres venir? Es Nerón. mi perro bueno, él me adoptó a mi. Nada más ve extraños y
no se acerca. Mira cómo agacha
las orejas. (Se ríe.) Je, je. (Con
ternura.) Ven, amigo mío, ¡ah!,
perro tonto, el joven no te va hacer daño.
JOVEN: Se fue corriendo.
ANCIANO: Ya volverá por su pieza
de pan; en cierto modo se parece
a mí. Me digo, no volveré con

�esa maldita casera, pero apenas
da la hora de la cena y ahí estoy
pese a todos los reproches: que
viejo flojo, vago; hasta vago ha
dado en llamarme, y yo, claro,
no tengo más remedio que agachar las orejas, como Nerón.

JOVEN: Ni que fuera su esposa,
¿por qué no protesta y se cambia
de casa?
ANCIANO: La necesidad, hijo; mi
pensión de jubilado apenas alcanza para pagarle, y a dónde
voy a ir a mis años.
JOVEN: Quizá tenga razón. (Entra
el velador.)
VELADOR: (Tosiendo.) Maldita tos.
ANCIANO: (Temeroso.) Salud. Salud.
VELADOR: (Despectivo.) Gracias.
ANCIANO: (Conciliador.) Está fresca la noche.

JOVEN: Puede ser.
VELADOR: (Vuelve a toser.) Ay.
(Pausa.) Anda cada loco suelto.
(Al joven.) Si usted supiera... Yo
le recomendaría que tuviera cuidado ... Bueno, ya voy a hacer mi
ronda, con permiso.
ANCIANO: Es propio, es propio.
(Velador. Medio mutis.) Lo ves,
siempre buscando camorra.
JOVEN: ¿No serán figuraciones suyas?
ANCIANO: No, que va, si no me ha
dicho más ha sido porque tú estás conmigo.
VELADOR: (Se vuelve, llama al jo. ven.) Joven, venga un momentito. (El joven se acerca al velador.) Tenga cuidado con ese tipo; no está en sus cabales, usté
me entiende, habla mucho solo,
parece como si recitara, creo que
fue maestro. Bueno, eso dice él.
JOVEN: Dice que está pensionado.

VELADOR: ¡-Sí, está fresca! Y no
entiendo cómo hay gente que
por gusto, y ya de cierta edad, le
gusta enfriarse. ¿No es verdad,
joven?
46

VELADOR: Qué va a estar, ai una
señora lo dejó dormir en el cuarto de triques y de pura caridad
también le da de comer.

ANCIANO: ¡¿Qué murmura de
mí!? Que, ¿no iba a hacer su
ronda? Pos pa luego es tarde.

RAÚL: Ya me doy cuenta. Bastante tarde, ¿puedes decirme
por qué?

VELADOR: (Saliendo.) Bueno, joven, cuídese, no le vaya a salir
con el cuento de su hijo que vive
sabe Dios dónde.

MARTHA: Sí puedo decirte, pero no
quiero decírtelo.

RAÚL: No lo trates así.

ANCIANO: ¡Ah! Señorita, cómo está. (Le extiende la mano, Martha
lo ignora.)

MARTHA: ¿Y cómo quieres que lo
trate? Estoy de mal humor, trabajé hasta muy tarde y...

RAÚL: Así que no quieres decirme.

RAÚL: Y... te gusta quedarte sola
con tu jefecito. ¿No es así?

ANCIANO: Mi nombre es Francisco.
MARTHA: ¡Ah! sí, qué interesante.

ANCIANO: (Que ha oído las últimas palabras.) Y usté qué, ni
velador es. Dormidor, eso es lo
que es; le voy a decir a la dueña
de la joyería que nada más dan
las doce y se echa a dormir,
(Imitando al velador, burlón.)
¡Voy a hacer mi ronda! Si ya ni
se usa (Pausa. Vuelve a la banca.) En mis tiempos sí; con un
velador había para todo un barrio, pero ahora está lleno de policías y ¿pa qué? Sigue habiendo
más robos y más crímenes. (Entra Martha.)
RAÚL: (Irónico.) Al fin. (Molesto.)
Ya era hora ¿no?
MARTHA: (Seria.) Sí, ya era
hora.
RAÚL: ¿Es todo lo que tienes que
decirme?
MARTHA: Estoy aquí ¿no?

ANCIANO: Perdón. (Se retira.)

MARTHA: Si así lo crees, que así sea:
MARTHA: ¡Ya basta de tus celos!
¡Me tienes harta!

ANCIANO: Con su permiso, me retiro.

RAÚL: Te tengo harta ¿eh?

RAÚL: ¡Pobre imbécil!

MARTHA: Mira, no vamos a comenzar de nuevo. Sabes bien
que trabajo hasta tarde y ...

ANCIANO: Perdón.

RAÚL: Yo quiero hablar con calma
contigo.
MARTHA: Siempre me dices lo
mismo, hablar, hablar.
ANClANO: (Acercándose.) Hablando se entiende la gente.
MARTHA: Y este viejo metiche
¿quién es?

RAÚL: No es a usted, Don Francisco.

RAÚL: De aquí no te vas antes de
que me expliques. (Aparece el
velador, la escena ya se ha calmado un poco.)
VELADOR: (Al anciano.) ¿Qué pasa aquí?
ANCIANO: (Se encoge de hombros.) Cosas. (Simultáneamente
ha seguido el pleito de Raúl y
Martha.)
MARTHA: No hay nada qué explicar, me voy, y no quiero que me
sigas, hemos terminado. (Medio
mutis.)
RAÚL: Martha, espera. (Martha llora.)
MARTHA: No vayas a pedirme perdón, porque es peor; es mejor
que así dejemos las cosas, tú y
yo nunca vamos a entendemos.

ANCIANO: ¡Ah!
MARTHA: Mejor me voy.

VELADOR: (Al anciano.) Se enojó
la muchacha.

RAÚL: (la detiene de un brazo.)
Falta que yo te dé permiso.

ANCIANO: Usté váyase a hacer su
ronda.

MARTHA: ¿Permiso? ¡Estúpido!
¡E~túpido! ¡suéltame! (El anciano se asusta.)

RAÚL: Es lógico que me disguste si
cada vez llegas más tarde a
nuestras citas.
47

�MARTHA: (Gritando.) Ya te he dicho que me quedo a trabajar,
¿podrás entenderlo?

LICENCIADO: Deje en paz a la señorita, joven.
RAÚL: Ella es mi novia.

VELADOR: Qué pulmones de muchacha.

VELADOR: Vine a defenderla, licenciado.

ANCIANO: Y en plena calle.
RAÚL: Sí, sí, lo entiendo, pero ¿qué
quieres? Me muero de celos nomás de pensar que estás a solas
con ese mequetrefe.
MARTHA: No le digas así a mi jefe,
él es una persona muy buena y
deceme.
RAÚL: ¿Y yo? ¿No soy decente?
(ÚI to111a por los brazos, el velador trata de intervenir; el anciano se lo impide.) ¡Contesta!

VELADOR: Trató de golpearla, licenciado.
ANCIANO: ¡Mentiras!

RAÚL: Ya no quieres ser mi novia
¿eh? Seguramente este señor ya
te convenció.
JEFE: Y si así fuera, ustedes ya no
se entienden, para qué prolongar
una situación así...

VELADOR: Buenas noches, licenciado.

RAÚL: (A Martha.) Te convenció el
dinero... Que te aproveche. (Da
la media vuelta y se sienta en la
banca.)

MARTHA: Este hombre que...

JEFE: Vamos, Marthita, la llevo a su
casa, tengo el coche estacionado
a una cuadra de aquí.

ANCIANO: ¡,C&lt;5mo? ¡Ah! Mira, te
ríes.
MANIQUÍ: Deja de engañarte.
ANCIANO: No, si no me engaño.

RAÚL: (Gritando.) TAMARTAMARTAMAR.
OBSCURO
Cuando la luz se enciende, vemos al
anciano caminar con las manos en la
bolsa, recoge una bacha y la enciende, se sienta en la banca, va al aparador.

MARTHA: Ya no quiero ser tu novia, Raúl. Hemos terminado.

MARTHA: Suéltame, me lastimas,
mira el espectáculo que estamos
haciendo. (Emra el jefe de Martha .)

LICE CIADO: ¿Pasa algo. Marthita?

48

LICENCIADO: Eso no lo autoriza
para tratarla así.

VELADOR: Felicidades, licenciado.
(Se da mucha importancia.) (El
anciano se ha retirado al fondo.
Raúl permanece con las manos
en la cabeza.)

ANCIANO: Comprendo tu tristeza.
Raúl, hijo mío, permíteme llamarte así, pero con el tiempo, el
tiempo todo lo cura, bueno,
amortigua el dolor y tu herida
irá cicatrizando, te lo digo yo
que he sufrido más de un descalabro. Mira qué bonita camisa te
pusieron hoy. ¿Cuánto tiempo
hace de aquella noche? No estés
triste. (Se confunde.)¿ Y tus amigos allá? ¿Cómo son los Estados
Unidos? Arturo, quiero oírte,
ahora estoy olvidando cómo
eres, porque mira, Nepomuceno.
MANIQUÍ: Basta.

MANIQUÍ: Pon los pies en la tierra.
ANCIANO: (Se 111ira los pies.)
MANIQUÍ: No eres tan ingenuo.
ANCIANO: No, no lo soy, pero ¿cómo seguir viviendo? (Observa al
maniquí, éste permanece imperturbable.) ¿No dices nada? Callas, a la hora de la verdad no
hay quien nos ayude, estamos
solos, de nada me ha servido inventar historias.
MANIQUÍ: Cómo no, has engañado
a la gente_
ANCIANO: Yo no he engañado a
nadie. A nadie. Raúl ¿qué te decía? ¡Ah! Sí...
MANIQUÍ: Deliras.
ANCIANO: ¿Por qué nunca me escribes, Arturo? Todavía estás
enojado porque me escapé del
asilo donde me dejaste. (E111pie-

za a sollozar, se retira del aparador y va a selltarse a la banca.) Ya amanece. (Se acuesta
encogido en la banca.) ¡Ah! s1
pudiera dormir. dormir para
siempre. (Música.) Si pudiera recordar. (Se sobresalta y lo más
rápido que puede se sienta.) Y.
Nerón ... (Silba.) Nerón, no irás a
decirme que también tú me
abandonaste. pero si fui yo
quien lo abandonó. (Se oye el ladrido de 1111 perro peq11e1io.) Ya
voy. amigo. ya voy. (Ca111i11a,
b11scá11dolo.) Dónde estás. Nerón, ven por tu pan. (Aparece 1111
jo1·e11 11111y parecido a Raúl, ca111i~,a de prisa. Puede ser el 111is1110 actor con algún ca111bio de
restuario y 111aq11illaje.)

ANCIANO: (Camina detrás del joven.) Joven.joven, oiga.
JOVEN 11: Perdón.
ANCIANO: ¿Usted sabe dónde queda esta dirección? (Saca un papel muy ajado.) Espere, está
muy sucio y ajado. Calle Mayor
cruz con Carranza.
JOVEN 11: Sí, mire. Está muy cerca
de aquí. (la música sube de vol11111e11 y hace que el parlamento
se pierda. El joven y el anciano
hacen 11111tis le11ta111e11te.)
Telón

�DESCORAZONAMIENTO Y FATIGA

Armando Alanís Pulido
UN FRAGILÍSIMO AULLIDO TE HACE RECTIFICAR, BUSCAR UN NOMBRE ADECUADO PARA EL ESPANTO
DE LOS OPTIMISTAS

Para 'lacarías Jiménez

No necesitas ir a Comala
para desmoronarte
tus amigos, los cantineros alados
ahuyentan tu sed
sucede el milagro
El mal logro de venir aquí
con el alma y la cartera dispuestas
a vaciarse
a viciarse
no inquieta, no inmuta al asombro
A la sombra de cualquier mañana
encallan tus predicciones
luchas contra la amnesia
gritas que eres un poeta
que esos son tus dominios
Pero son tus demonios

EL REY TUERTO MEJOR CONOCIDO COMO ARMANDO ALANIS REALIZA LA PROEZA DE RENDIR SU SEXTO INFORME SIN UTILIZAR ANESTESIA

Tenuemente advierto la pulsación de una estrella
las nubes, suspiros negados
y el corazón amnésico
presumen la cicatriz
que se convertirá en secreto a voces
a veces
La sombra de las lágrimas molesta
se clava entre la confusión
susurra la sentencia
no cuentes
no sumes está saldado
este soldado
con el alma despeinada las botas sucias
con los huesos tallados por el insomnio
camina por la selva de espejismos
donde tú eres sed perpetua
para saciar el instinto repta
rapta
las urgentes plegarias desechables
que le devuelven color al cielo
ayer puso otro sol en la balanza
soñó la cuenta regresiva
para volver a casa
a caso
¿Saboreas a escondidas el llanto?
demasiado tarde
el amor ha sido derrocado.

so

SI

�AMANECEN TATUADAS EN MI CUERPO LAS PALABRAS DESCORAZONAMIENTO Y FATIGA, Y OLVIDO
LA EDAD QUE TENGO Y OLVIDO CIERTOS LUGARES DONDE PUDE HABER NACIDO Y UN GRITO TE
ROMPE EL TÍMPANO MIENTRAS TE OLVIDO

Eres lo que tienes escrito en el cuerpo
aparentemente se trata de no aventurarse en el lamento
se trata de ocultarse
en alguna estúpida metáfora
y hacer menos el dolor de la espera
La áspera
superficie en que te envuelves
te acerca a la amnesia
que envenena lo poco inmaculado que te queda
y un grito te rompe el tímpano
El témpano
que llevas del lado izquierdo como corazón
no es nada profesional
no conoce ética
y te preguntas ¿acaso está roto?
Este reto
antiguo y corrompido
nunca fue teórico, por eso sangra
y el consejo ignorado que me dio mi padre
me pudre.

ABANICO
Continuando con el esfuerzo de
números anteriores, incluimos
aquí una muestra de textos de
autores nuevoleoneses; en esta
ocasión el género es la crónica
literaria, practicada por estos escritores, como podrá verse, en
vertientes y tomos muy diversos.

�AVÁNDARO

Abraham Nuncio
Suhcultura apréstase fundar uno más
sus lugares sagrados.
Huautla fue el primero de ellos en
la década pasada. Le siguieron Puerto
Ángel y Puerto Escondido y, de manera efímera, Miahuatlán. Ahora, semejante a Miahuatlán, aunque promovido
el espectáculo no por un fenómeno natural como lo f-ue el eclipse de sol sino
por una empresa basada en el mesmerismo del rock, era Avándaro, Avándaro, el nuevo lugar de ablución léase
aliviane. Y allá fuimos.
Los veo por varios puntos de la
ciudad a los muchachos y muchachas (chavos y chavas) !?reparados
para la peregrinación. Su equipo
obedece a las reglas de un escultismo intuitivo. Más tarde, por la carretera a Toluca y por la que de
aquí lleva a Valle de Bravo, me
convenzo del sentido de peregrinación en el traslado al lugar donde
se llevará a cabo el primer festival
de Rock y Ruedas (siempre me pareció sospechosa su concepción híbrida: sus organizadores, quizá no
muy seguros del éxito de un evento
destinado a un público limitado como lo es el de los adictos al rock,
decidieron reforzar éste con una carrera automovilística, espectáculo
fresa que atraía a un público más
di versificado).
54

La misma presbicia anhelante, el
mismo paso devoto observados en los
asistentes a los lugares presididos por
el milagrito, partía de los futuros pobladores del Festival. Quizá Chalma,
San Juan de los Lagos, El Tepeyac,
empiezan a tener sus respuestas, me
digo.

cha verbalmente. Después de todo,
llevamos el mismo viaje, nos circula
una misma mística, vamos a hermanamos en la paz y en el amor en
cuanto lleguemos allá, ¿por qué no
empezar de una vez? Levántame, llévame, maestro, hazme un lugar en tu
nave.

Algunos llegaron a Avándaro un
día o dos antes del Festival. Fueron
ellos los beneficiarios más cabales
de la topografía de esta parte del Estado de México. En la madrugada
del sábado asistieron a la ópera pop
Tommy. Que estuvo muy efectiva,
dicen.

Delirio por trasladarse a Avándaro. La demanda de transporte es desesperada. «Somos dos, una amiga y
yo, pagamos lo de la gasolina, pero
que sea lo más pronto posible, para
llegar a tiempo». La radiodifusora
que ha estado difundiendo la publicidad y pormenores del Festival se convierte en agencia de viajes abarrotada
de solicitudes. Provienen de los que
no han "podido pagar el enganche de
una nave y que no ligaron lugar en la
de un cuate ni asiento en autobús alguno. Otros, menos confiados en su
suerte (condición social) o más convencidos del carácter del evento, le
llegaron a pie o de aventón. Las tácticas del aventón se hacen residir casi
siempre en gestos de identificación
que intentan fraternizar con los posibles benefactores: prolifera la V de la
victoria y ya después, ante la evidencia de su creciente designificación y
consecuente ineficacia, intervienen
los sorbos gratuitos, 1111dergro1111d,
asociados al clásico toque de mota;
cuando se puede, la demanda es he-

Para los habitantes de Valle de
Bravo, la afluencia de los asistentes
al Festival constituye un azorante suceso. Es cierto, están acostumbrados
a cierto turismo; pero es un turismo
terrenal, previsible, no el turismo heteróclito, demoniaco, que ahora en
turbiones invade sus calles. Los rumores que han corrido previos a su
llegada lo hacen aún más temible. Dicen que van a venir muchos jipis, de
esos degenerados. Las más de las
puertas han sido cerradas por dentro.
Como para pronosticar una narración:
«Una vez, hace mucho tiempo, miles
de hombres y mujeres tocados por el
diablo se apoderaron del pueblo y a
todos sus habitantes les dieron una
pesadilla sin estar dormidos. Cometieron actos indignos en calles, casas
y sembradíos. Pudrieron la tierra y el
aire y a los niños que nacieron en ese
día les pasaron sus perversiones. Desde entonces el pueblo no fue el mismo». Ya lo ha dicho una cucufata del
periodismo: un rincón puro de la provincia mexicana fue manchado por/

El grueso llegó durante el curso
del sábado, al caer la tarde y aun entrada la noche. Para los que llegaron
cuando ya estaba oscuro, el lugar del
Festival revestía (imagino) la significación de un rito iniciático. Llueve. } la lluvia parece conferirle un
halo premonitorio a la marcha hacia
Avándaro. El tráfico de vehículos ha
sido interrumpido entre este punto y
Valle de Bravo. Hay que caminar.
Son como tres kilómetros, informa
alguien. Después de andar más de
seis se descubre su mordaz optimismo. Pero el trecho es cubierto con el
fervor de quienes saben próximo el
cumplimiento de la promesa. En ca-.
da ruido forestal se cree adivinar el
estruendo del rock y aquel resplandor que allá se ve es el del lugar, son
los reflectores, ya mero. Ameniza la
caminata la vendimia usual, chicles,
chicles, compre sus plásticos para la
lluvia, y también otra, insólita, aquí
está su golden, llave sus... No hay en
ellas diferencia alguna.

La espera ha sido siempre la mejor garantía de la certidumbre en el
prodigio. Quien ha esperado bastante está dispuesto a constatar lo inconstatable. Se acerca el momento
en que ha de iniciarse el concierto
de rocf La chaviza confía en que el
poder de esta música, aunado al del
lugar, la reunión y la droga, hará posible la epifanía de una onda del tamaño del millón de metros cuadrados que mide la superficie (¿latifundio?) destinada a la celebración del
Festival, tan taumaturga y global
que la habrá de convertir en una generación de individuos verdaderamente distintos, libres, aéreos. Más
tarde, conforme avanzan la noche, la
incomodidad, los efectos de la mota,
la mezca, el ácido, lo probable es
que tal expectativa se diluya en una
atmósfe~a puramente verbal: «lo logramos», «la hicimos», exclaman
los chavos queriendo dar, inconvencidos pero empeñosos, una existencia física a las palabras de algo que
no es sino palabras.
La masa, deseosamente auricular,
exige música (mu-si-cá). Como la
música no empieza, hace patente su
indignación por medio de manifestaciones contemporáneas de los coliseos: arroja objetos y silba y vocifera.
Finalmente, y cuando está por desautorizar el sedicente espíritu pacífico y

amable del evento, hacen su aparición los Dug-Dugs en el estrado
construido al efecto. Es el estallido.
Ejecutan Avándaro, y el auditorio
descerraja todo su entusiasmo y se
entrega a la más feroz melofagia. La
Confederación de Tribus Capitalinas,
es decir colonias varias del Distrito
Federal, macera cada palmo de terreno en el intento de traducir corporalmente el ritmo que producen los roncanroleros y amplifican las enormes
bocinas colocadas sobre las torres
que flanquean al jam-stage. Pero
pronto surgen las voces instructoras:
siéntense, acomódense, no se amontonen. Es el inicio de una larga y omnicomprensiva admonición que reproduce las fórmulas correctivas seguidas por los domines de la mejor
tradición. Aparece en el estrado una
maestra rural bajo la apariencia y el
caló de un guía de la onda. Advierte
que la posición sedente es la única
digna de quienes se consideren a sí
mismos como alivianados. El aliviane
y el azote (éxito y fracaso) son los
términos de que se vale para dar a su
catecismo la eficacia que requiere el
control de la muchedumbre reacia a
la serenidad.
Se azotan los que no están quietos y se alivianan los que sí lo están.
De esta manera llega a darle a tales
términos su justo significado -el de
55

�la ambigüedad. Sirven para connotar
cualquier rnsa, y c.:on la mayor faci1idad se pasan al bando contrario del
cual se suponían inconmovibles
opositores. Por ejemplo, alivianarsc
es mostrarse correcto y respetuoso
frente a las cámaras de televisión,
«¿Qué no ven que sus mamás y sus
hermanas los van a estar viendo?» Y
azotarse es dejar que la cámara lo
capte a uno haciendo iris o como decían antes: en estado inconveniente.
No quiero creerlo, ¿tanto así 110 hemos cambiado a pesar de la onda?
De plano, el maese de la tele no se
mide.
Las multitudes son de las cosas
que se autocomentan. ¿La reunida en
Avándaro es la excepción? Creo que
no, pero algo habrá qué decir de ella
excepto que es un mar de gente. En
primer lugar, el cálculo exacto de los
que la componen. Son muchos. Pero
es preciso corregir: son muchísimos.
Aquí no cabe la moderaciói:i. Visten
de manera peculiar: iguales todos.
También los otros, cuyo atuendo se
opone radicalmente al suyo, visten de
manera peculiar. ¿Hippies y no hippies coinciden en «el horror de parecer distinto»? Ocupan cada quien su
espacio de la manera más libre. Dos
potentes reflectores los inventan y los
desinventan . alternativamente. Cuando se ven iluminados por uno de ellos
56

se animan, hacen la señal de la V, como disponiéndose a ser convertidos
en postcr (si en todo se ha imitado a
Woodstock, que también sea en este
sentido). Ocupan cada quien su espacio de la manera más libre, ya lo dije.
No obstante, el estado psicológico
derivado de la estancia en una butaca
de cinc pienso que no abandona al
bloque compacto de los asistentes a
este Festival.
Algunos han levantado tiendas de
campaña, improvisadas y formales,
frente al estrado donde se desarrolla
el conci.erto. En su interior se presagian prácticas eróticas que después
harán deslonjarse de santa indignación a políticos y dirigentes de prestigiosas organizaciones, tenedores de
leoneros y favorecedores de casas de
prostitución.
Los convencidos cuentan, y esto
era inevitable, con sus gurúes. El beatchicano muté rebelde guía del aliviane
se ejercita en la magistratura de la liberación, es decir tira ondas, muchas.
que deben ser captadas e interpretadas
partiendo de la más absoluta superficialidad e incoherencia. Los caminos
del autocolonialismo son verdaderamente sofisticados, debo insinuar.
El amor y la paz, como tema de
protesta de una subcultura original, y

no derivada y por lo tanto paródica,
como la que de manera representativa
diseña la muchedumbre reunida en
Avándaro, pertenece un poco al pasado y otro poco a la mercadotecnia.
Pero de esto no quiere enterarse
aquélla y trata de darle vigencia al lema aparente del Festival: amor y paz.
No lo consigue sino en el plano meramente nominal. Es cierto, no hubo
broncas. Mas la ausencia del fatalismo cultural de partirse la madre como forma de conciliación consigo
mismo no significó, yo digo que no,
la presencia de una disposición total
hacia los otros, hacia su reconocimiento. Si no hubo la agresión directa, el ya vas, el tirito, las agresiones
anónimas abundaron: durante todo el
tiempo que duró el concierto volaron
piedras, botellas, latas, etcétera, dirigidos contra nadie, es decir contra todos.
La actitud dominante era la no
obediencia de algunos al orden que
quería instaurarse. Las exhortativas
. de la maestra rural hechas desde el
estrado para que los presentes fraternizaran y se ayudaran entre sí -«ayuda a tu hermano»- no impedían que
el violento espectro de las galerías de
«sol» por momentos amenazara con
depredar por completo el colectivo
mantenido débilmente por un amor y
una paz formales. La «comunidad

instantánea», conseguida en festivales norteamericanos y europeos, no
logró cm1Jar: la simple yuxtaposición,
no sin dificultad consentida, era difícil que generara la comunión que pretendía establecer. En Avándaro hubo
contención de la violencia (¿por virtud de las palabras de un cambio real
en lo que se considera el carácter típico de los mexicanos a partir de la
presente generación?}, más no empalía; embotamiento, más no sharing.
Sin embargo, hay que enfatizarlo: en
Avándaro no hubo broncas. Y ya esto
se presta, por su significación sociológica en México, a una reflexión.
Una reflexión menos rápida de la que
permite la crónica.
El Festival tuvo sus momentos
cumbres.
Uno de ellos lo protagoniza una
muchacha que, en un acto de desinhibición mitad espontánea y mitad programada, realiza sobre el techo de un
camión de mudanzas un simplificado
e incompleto strip-tease. Varios chavos de los que la rodean la instan a
que deponga sus senos desnudos, no
está bien, puede haber complicaciones, alguien puede llamarse a ofensa,
ahí están las cámaras de televisión, y
pues para qué. Por el rumor, ubiquitus diab'oli, me entero de que ha habido otros que sí se han desnudado

completamente, acordes con el guión
imaginario pero fielmente seguido de
conocidos festivales de rock extranjeros.
La única expresión unánime del
Festival fue la originada por el conjunto Peace and Love al interpretar
una canción cuya letra describe el
cambio de tema en las generaciones
y en sus hábitos. Si en los cincuenta fue «Tequila», a partir de los sesenta, es «Marihuana». La multitud
corea vehemente: mari mari mari
marihuana. Un comentario fresa al
respecto podría ser: La religión no
es el opio del pueblo, sino el opio
mismo.
Los conjuntos de rock se van sucediendo sin lograr una audiencia
verdaderamente pendiente de su actuación. Poco se nota la conclusión
de uno y la aparición del que le sigue. Por una parte, el rock que tocan
es un rock que parece no tener más
compromiso que el de su propio ruido, y por otra su inopia de estilo les
impide hacerse de una imagen, la
imagen popular que desearían proporcionar a sus fans. Están lejos de
encarnar los rocanroleros mexicanos
los mitos que consumimos y seguiremos consumiendo provenientes de
los centros hegemónicos de la cultura pop.

La droga consumida, a veces con-

tenidamente, a veces con desparpajo
y casi siempre con exceso, mantiene
a la reunión dentro de los márgenes
de conducta pedidos por la voz moderadora que se pronuncia por la
anarquía ordenada desde los micrófonos. Como no hay tira (¿y los soldados que vimos a la entrada del Festival y los como granaderos que se descubrieron al evaporarse los ecos del
Festival?}, lo que quieran, el Festival
es suyo. Hagan lo que quieran: quédense quietos. Hagan lo que quieran:
permanezcan sentados. Pero la luz s~
va, la música se interrumpe, y la hidra se espabila y violenta. Protesta, y
esa es la única, la verdadera típica
protesta que de ella emana en la jornada de Avándaro. La agresión retienta, aunque ahora su blanco es más
definido: está dirigida a quienes se
hallan en el estrado. Que siga la música.

Esa exigencia se plantea recurriendo tanto a la penúltima (mentadas) como al última ratio (lanzando
toda clase de proyectiles). La maestra
rural amonesta, suplica, promete, demagogiza. Convertirán el triunfo en
derrota, deben comprender, si quieren
pero comprendan, comprendan.
Cuando la presión se vuelve crítica,
incluso llega a olvidar la jerga lumpen de la que se apoderó tan apresu-

�rada como inauténticamente y en su
lugar surge inequívoca la fraseología
priísta: «Orden, señores».
La lluvia, tras una breve escampada, retoma fuerza. Quizá esto impide
que la violencia crezca por causa de
la interrupción de la corriente. Se
busca ya, más que otra cosa, refugio.
Yo siento participar con los demás de
las molestias que provoca la humedad. El agua se cuela hasta el ánimo.
A pesar del desconecte general,
los micrófonos de las maestras rurales conductoras del programa permaneceo vivos y a través de ellos se
trasmite un cotorreo que pretende encauzar la calma abusando de las palabras y del humor. A ver, levanten la
mano los de la colonia Roma; ahora
los de la Narvarte. Y los del Ce Ene
Hache, que deben estar aquí, también. que levanten la mano. Esto último a mí me parece una de dos cosas:
o ingenua buena fe o deliberada del~ción. ¿Qué sucedería si el Festival
terminara en desastre? Al regreso
vuelvo a pensar en ello: en Valle de
Bravo leo el encabezado de un vespertino: HIPPIES, DROGADICTOS
Y MIEMBROS DEL CNH EN EL
FEST1VALDEAVÁNDARO.
El alba es recibida como una merced. Desde las primeras horas el des58

perfecto que había ocasionado la interrupción de la corriente fue arreglado y así pudo continuar el concierto.
Con luz y con música, y finalmente
ya sin lluvia, el Festival, al concluir,
parecía justificar todo y simbolizar,
paralelo al día, al nacimiento de algo
nuevo. ¿Pese al aspecto que ofrece el
área en que permaneció la multitud
que asistió al Festival: un aspecto
promiscuo y ruinoso, apocalíptico, y
pese también al que guardan todos y
cada uno de los avandaristas, que es
el de auténticos damnificados?
El regreso, presuroso y angustiado, califica más bien una huida. Los
hippies de week-end tienen que llegar
a tiempo para prepararse, el lunes hay
que ir a trabajar; además añoran la
luz mercurial, el periférico, sus pijamas, ~l último café del domingo en
Sanborn's. Pero el transporte y la circulación se dificultan. En la carretera,
la situación de los que esperan ligar
un aventón se agrava con la inutilidad
de los intentos, con el hambre, con la
proximidad de la noche. Se intuye la
catástrofe. La cuesta pronunciada desespera e irrita la salida hacia el valle,
los motores son forzados hasta quemarse y la frase de Chesterton: «Los
hombres bendicen a Dios por haberles dado automóviles, y blasfeman en
su contra en el momento en que se les
descompone el carburador».

Queda el consuelo de desquitarse
secretamente más tarde al contar al
amigo que no pudo ir a Avándaro lo
sensacional, lo fabuloso, lo increíble,
lo grueso, según, que estuvo la onda
del Festival.
A un lado de la carretera, en lugar
bastante visible, aparece una manta
con una leyenda, mitad ideológica,
mitad sentimental, a manera de reproche extemporáneo a los que asistieron al Festival de Rock. Dice que no
se dejen engañar (los jóvenes), que
no se dejen desviar por las drogas y
por la música de la verdadera lucha
que debe librarse en contra de los
opresores y a favor del pueblo que
tiene hambre. Algo así. Tal mensaje
es anónimo. No obstante, ha sido inevitable. Tanto a la música de rock como a las drogas se les reconoce un
poder libertario. Los que asistieron al
Festival, al menos enunciativamente,
vieron el él la imagen de la liberación
vía drogas y rock. En Avándaro iban
a ser libres. Me pregunto si lo fueron.
¿Verdad que no? No, no más de lo
que eran antes de ir allí ni de lo que
lo serían al regresar. El consumo manipulado de productos, sin importar
cuáles puedan ser éstos, no respeta
lugares ni estados de ánimo: enajena
siempre. Y la multitud, en Avándaro,
fue groovy, libre; consumidora. Fundamentalmente.

Después ha sido todo el escándalo
gazmoño post-Avándaro, el ulular de
las vírgenes protocolarias, los tartufos
estridentes que nos embargan y demás grotecidades por las cuales se ha
buscado, entre otras cosas, eludir la
dilucidación esencial de los hechos
del 10 de junio, inventando la relevancia extrema, y por tanto el merecimiento de las ahora sí investigaciones-a-fondo de diferentes culpables
que respondan por todos los males
del país.

Crónica del título en preparación Crónicas son del tiempo.

59

�CRÓNICAS DE MI COLONIA

Alfredo Zapata Guevara
Mi colonia, suburbia, submundo, sobrevivencia, se llama como quieras.
De lunes a sábado y domingo. Del
atardecer al amanecer la guerra, el
jolgorio, don Cervezo arrastra su humanidad, sus despojos, a lo ancho y a
lo largo de la calle. El Morro nos
bnnda su toque mañanero, sabatino o
de san lunes, i:io le hace. «Saca el toque. pasa el toque, llégale al toque,
necesito un toque», estrecho vocabulario que casi llega a la mudez.
Mi colonia tiene nombre de líder
balín, de líder oportunista, entreguista. ya dije que se llama como quieras,
no tiene esperanza. Atmósfera de excremento, polvo, terregosa. Y la
bronca nuestra de todos los días.
Arrojados. caídos en la tentación, tentados en la caída, desheredados, olvidados. manipulados. La violencia estalla baJO cualquier pretexto, por las
caguamas. los chismes. por engaños,
por intrigas. por todo y por nada.
Las broncas son generalizadas,
batallas campales. Madre, padre e hijos. todos tirando madrazos, paladas,
siempre a medianoche. La obscuridad
enerva y se convierte en cómplice. El
gnterío. el llanto, el drama, la navaja,
la destrucción familiar: «suéltame,
déjame. que no ves que mi tío me esta madreando». Gritos de desespera60

ción, aullidos de auxilio, destrucción
social, total.
Mi colonia no tiene historia pero
ya empezamos a escribirla. El Huevo,
El Chido, El Prota, El Sapo y El Zurdo son los poetas que a golpe de puños, judiciales y granaderos labran la
nota roja, la nota policiaca, la nota
fuerte.
Calles de desfile eterno, de día y
de noche. Gritos de euforia por el alcohol, el tequila. ¿Pre-textos?, el bautizo, la quinceañera, la boda, el cumpleaños. Mi colonia no es fábrica de
sueños sino de realidades buñuelianas: marginación, desempleo, analfabetismo·s, miseria, insalubridad, vagancia, pandillas.

amaestrados, domados, pasivos. Los
del Partido llegan en visitas fugaces,
los de la oposición son peores. En desorganizada campaña de proselitismo
llegan con su bocina, su periodiquito
y se diluyen, se entibian, se destiñen,
se despintan, se esfuman.
Alfabetos funcionales, consumidores de la prensa marginal, amarillista, compendio de ladrones, accidentes y asesinatos, casi casi el pequeño larousse ilustrado de Acá, del
mundo afín de la colonia, escaparate
de perdedores, derrotados, atrapados.

Niños. muchos nmos, vientres
hinchados, piel ceniza, ojos vidriosos,
desnutridos, lombricientos, invadidos
de manchas y de bichos. De mi colonia sale el público de los cines porno,
de los partidos de futbol, de la lucha
libre, de las telenovelas, de las películas de Pedro Infante.

Vagancia y hambre, dieta de tacos
y refrescos, población de reventados
escolares. Unos con la primaria a medias, otros con la secundaria, otros
apenas la prepa y algún afortunado
que llegó a la uni. Población de nunca donnir, población de siemprevela,
alertados por la violencia cercana o
participantes en ella, por pleito propio o pleito comprado, de refilón, nomás por poco somos cuates, a meter
las manos y a comprar el compromiso, la paleta.

Lenguaje propio, código único,
lenguaje coloquial, mentada de madre a discreción y uso desmedido de
adjetivos despectivos. Descreídos de
la política y, paradójicamente dóciles,

Y llegamos a la esquina, el lugar
estelar, la zona sagrada, el altar de las
pandillas, la cocina de broncas, el paraíso de las parejas y el punto de reunión obligada, el polo magnético. Es-

quina. esquinita, el club informal, lugar de las leyes propias, de códigos
inquebrantables, templo de citas, buhardilla de alcohólicos, madriguera.
· cubil de fieras.
Esquina siempre a obscuras, de tinieblas forzadas, uno por uno le van
llegando hasta que se hace la bola.
hoyo negro que jala la energía de sus
alrededores. Hablan y hablan de todo,
es decir de nada. Esquina, zona de inseguridad, centro de emisión de agresiones verbales, de provocaciones, de
chitlidos, piropos bravos, imamacita
qué buena estás! '( se tragan la luna
de queso y la crisis a puños, después
viene la mota y la botella y todo lo
que quieras con ellas.

a subsistir de lo mismo, a morir de lo
mismo. Sin esperanzas pero con angustias, sin ansias pero viviendo de
prisa, apurando la niñez, compactando la juventud, tragándose los años,
brincando etapas, saltando de la frescura a la sordidez, del niño al adulto
maduraao a golpes de vida.
Enlodados, atorados en las carencias, así se va pasando, entre interminables partidos de futbolito, entre botella y botella, entre pleito y pleito,
un día tras otro en esta infinita y repetitiva crónica de mi colonia que se
llama como quieras.

El Cuate y El Chido explotan, que
si la vida, que si el gobierno, que si el
sindicato. A unos les da por chillar y
a otros por las broncas, todo depende
de lo que traen adentro. Y a seguir los
pasos marcados, repetir la vida una y
otra vez, llegándole a la parodia: «mi
abuelo fue camionero, mi padre también lo fue. y a mí no me queda otra».
Inmovilidad social, quietismo puro.
Los chavitos crecen y se los traga
el ambiente solamente para repetir
conductas, a caminar lo andado. a beber lo bebido. a trabajar en lo mismo.
61

�EL CABALLO PATINADOR DE
LA COLONIA DEL PRADO

PEDRO APÓSTOL

Margarito Cuéllar

Guillermo Berrones

l. Échenle la culpa a Julio

Todo empezó el domingo en que Julio llegó en su bicicleta con un libro
de Jorge Ibargüengoitia en la parrilla.
Traía una historia «buenísima» que a
lo mejor a mí me interesaba ya que a
él -lo intentó dos veces- las despiadadas musas por esta vez le resultaron adversas. Por eso digo que le
echen la culpa a Julio, el me contó lo
que dije y

crito que aquella mañana de agosto
Melitón no las traía todas consigo.
Dónde se le ocurre a Vecina que
Nunca Falta descubrir el atraco. Sabedora de la carencia de heroínas populares Vecina no lo piensa dos veces: corre -a grito abierto- tras la vcl01 y ladina carreta que huye con la
pantalla. casera de Joel, su vecino del
alma. Y así habría seguido de no ser
por
3. El choque en la mueblería

2. Todo lo demás
Llamémosle Melitón, les parezca o
no. Carretonero de oficio. Un mal
viernes se le ocurrió hacerle un gane
a Joel, vecino de la colonia Del Prado.
Ese viernes, como todos los días,
Joel atiende su puesto de tacos a dos
cuadras de su casa. Ni tardo ni perezoso, Melitón: piernas de alambre, familia que mantener, brazos temblorosos, alcanza a subir al carretón una
tele blanco y negro, una camiseta con
la imagen de Garfield y una rueda de
bicicleta.
El caballo esperó paciente. Los
dos hijos de Meli también. En menos
que canta un gallo la carreta enfila
por la calle Pirul. Pero ya estaba es62

Sería el miedo o la felicidad por dejar
lejos a «esa vieja loca», serían los
chicotazos sobre el lomo de la bestia.
sería por su mala suerte o porque a
Melitón ya le tocaba: al doblar Pirul,
frente a la Plaza, como en las malas
películas de bandidos, el caballo va Y
se ensarta al cristal de una Henda de
muebles.
Sorpresa en los rostros de los empleados. Miedo en los ojos del Jinete.
El sol en su apogeo. Una mosca pasó
zumbando. Melitón se puso amarillo,
aunque ese no fuera su color. Los niños chiHaron. De la mano sin fuerzas
de Melitón cayó la rienda sin darse
cuenta.

el equilibrio. La viva imagen del caballo despatarrado. Caballo bailarín.
Dos patas a la derecha, dos a la izquierda: caballo patinador.
Dijo la voz de la experiencia:
«Póngale al penco un gato hidráulico
en la panza, a ver qué transa».
Por las dudas, aprovechando la
confusión. Melitón decide pelarse.
Casi en el aire arrastra a su par de llorosos retoños. Para cuando llegan los
granaderos el fallido ladrón de imágenes y entretenimiento polvo se ha
hecho.
El policía no lo piensa dos veces:
toma las riendas de su caballo y enfila a la caseta más cercana con el
cuerpo del delito y dando chicotazos
al asustado equino. Nadie pondrá en
duda su habilidad: lleva la prueba del
delito y un cómplice llamado caballo.
Vecina metiche, al ver coronado
su esfuerzo decide dar aviso a Joel.
La respuesta del afectado es certera:
-A mí no me esté chingando, de
todas maneras muchas gracias.

Lo más gacho fue para el caballo:
el mosaico de la mueblería le impidió

Pedro es su nombre. Y aunque es
profesor, no tiene la más mínima
cercanía al apóstol que negó tres veces el magisterio del Señor, aquella
madrugada después de la oración en
el Monte de los Olivos. Encarna la
dignidad onomástica de un Pedro
Páramo irredento y la gracia burlona
de Pedro Picapiedra. El «ghost» de
su generación normalista lo condujo
a una obesidad rolliza y rubicunda
donde el rojo predilecto de las banderas de huelga ) el discurso machacoso de la marginalidad, confirmaron su utópica verdad comunista. Su
esperan1a nunca encontró la orilla y
Pedro canoero enfrentó con rabia su
propia realidad.
Con el título a cuestas siguió «la
senda que nunca, se ha de volver a pisar» la enseñanza. Echeverría hizo
macstrós ricos. Cambiaban de carro
año tras año. casa propia con terraza y
porche d, inde cada sábado la tradición
de la carne asada se mantuvo vigente.
Ser maestro era vestirse en Me Allen· y
vacacionar en la Isla del Padre. Status
ponderable anhelado como una opción
profesional interesante. El sueño, como tal. duró sólo unas horas. Pero la
etiqueta de maestro ganamucho quedó
entre el común de la gente.
Un día. Pedro director tuvo un
problema también del orden común.

•

Faltaba dinero en su casa. Solución
frente a sus ojos. Sin comentarlo, por
la mañana tomó su Zenith cuatro cabezas, control remoto, digital y con
un mes de uso. La costumbre nos hace dejarle por un buen rato el plástico
que en',(uelve ese tipo de adquisiciones. Con la video bajo el brazo salió
directo al Monte de Piedad. Irreconocible en su vesur: bermudas desteñidas y floreadas; camiseta de tirantes
asomando los pelos de sus sobacos
entre los pliegues mamarios y los bíceps laxos: chanclas y unos lentes oscuros. Encontró espacio en el segundo doblez de la fila.
Por Guerrero. los camiones vienen de San Nicolás y la gente formada por esa ala no sufrió tanto los estragos del escarnio. En cambio la fila
ofidia de Rcfom1a tuvo que soportar
la lluvia de frases. «Síganle gastando,
cabrones»; «Empeña a tu hermana»,
«Esa plancha no sirve»; «¿Qué tal de
vacaciones, güey»? Curiosamente, el
bombardeo más aguemdo procedía
de los camiones de la ruta 70. La raza
de Guadalupe es cabrona, pensó Pedro, hundido en las páginas deportivas de El Norte. El semáforo contribuyó para que el momento resultara
más amargo. Un claxon hacía valer
insistente su presencia. Por sobre el
periódico se animó úm1damente a indagar el llamado. El conductor del

carro verde lo saludó amablemente
con una sonrisa acusadora de ya te vi.
Se trataba del director del turno vespertino de su misma escuela. Deseó
no ser maestro. El incidente significó
el primero de los ataques cercanos a
la vergüenza de Pedro. El siguiente
sucedió entrando al recinto piadoso
de los gastados. Una mujer nalgona y
bajita salió arrastrando contenta a un
par de niñas, sus hijas. Desde el centro mismo del local irguió su pescuezo de gallina pelona, al reconocerlo,
y en un estruendo gritó:
-¡Dire!
Las decenas de ojos de aquella víbora de la mar dejados caer en uno
solo, vertieron su mal sobre el maestro.
-Vengan a saludar al profe -dijo
la mujer a las niñas mientras Pedro
hacía bolas su pena.
Por segunda vez maldijo su profesión. Ni siquiera recordó después la
charla que tuvo con aquel nalgatorio
gelatinoso. Condujo la conversación
por inercia pero sin abandonar nunca
su sonrisa. Aquella palabra que lo
descobijó en público lo amartilló en
tantos sueños posteriores como el grito del marinero de Colón cuando descubrió la tierra americana. Una pesa-

�,,

EL CLASICO TIGRES VS. RAYADOS

Arnulfo Vigil
De la cascarita en el baldío del barrio
al carnaval de los mundiales, el futbol
es el torbellino de la pasión vuelta deporte. Ángulo y sociología de los
músculos: espectáculo. Directriz novedosa: negocio cada vez más industiializado y en serie y en serio. Sudor,
lesiones, empresa, uniformes, tachones, castigos, suspensiones, reglamentos, lamentos. El futbol es el proveedor de la tranquilidad social en un
país que se caracteriza por hacer menos a sus deportistas.

dilla gutural convertida en eco: ¡Tie• •,Tierra.,,
-·
1 -o·
rra!, ¡Dire!,
Jre 1....
Por fin la ventanilla. Tres horas y
veinte bastaron para ser punta. Atrás
la fila de aparatos domésticos, herramientas, joyas· y vejestorios. Su antecesor, un hombre atlético y maduro,
dejó un par de medallas de oro que se
descolgó del cuello todavía con los
listones tricolores del premio nacional u olímpico que debió haber logrado en alguna justa deportiva. Pedro
puso su videograbadora presumiendo
la envoltura original y su factura
FAMSA de hace un mes de la compra. El tipo, cansado de su rutina, ni
vio la cara del solicitante. Sólo dijo:

En su ejercicio, el futbol se convierte por azares del entrenamiento
en el crisol de venturas y desventuras: abre la p~erta a iras y a alegrías
que se incendian ante el primer tiro
de esquina. Ni un mitin político es
capaz de concitar tanto sentimiento
encontrado, tanto remolino policromo, tanto descenso a los niveles prehistóricos del salvajismo, tanta aproximación a las antesalas de la dicha
permanente.

- Vamos a probarla-. Introdujo
una cinta. la conectó, tomó el control
y Pedro siguió el pulgar del upo saltando de botón en botón.
- No jala... el que sigue -&lt;lijo
mientras desconectaba la Zenith Y
llamaba al siguiente. Angustiado y
sorprendido, el maestro insistió:
-Espérate, espérate. Si es nueva y
estaba funcionando bien ...
-Pues no jala ¿no estás viendo?
Ten y destápala o a ver cómo le haces
para que me regreses la cinta que se
quedó atorada.

El director tomó el aparato y se
sentó en el piso a luchar con la cinta
que nunca salió. Su pundonor de
maestro, negado por tercera vez, influyó para tomar la última decisión
de aquella mañana. Salió corriendo Y
no paró hasta su casa. Ya más relaja-

do, conectó la video y todo funcionó.
Sus hijos felices con la película de La
Sirenita que les llevó su papá: el profe Pedro.
¡Dire!

Por su vocación colectiva el futbol
da la idea de democracia y trabajo en
equipo que por la disciplina de la calistenia debe estar mejor integrado que
cualquier gabinete presidencial. A las
patadas se les responde con aplausos.
La compensación del esfuerzo: el gol.
La salvación nacional: el triunfo.

Hugo Sánchez, Maradona, Hermosillo, Campos, Zague, Pelé, Beckenbahuer son considerados ídolos
porque son capaces de vencer todas
las dificultades con tal de cumplir
con los compromisos, no importa,
ahora sí literalmente, sudar la gota
gorda. Ni Guillermo Ortiz quizá ni
Zedillo mismo son capaces de acaparar tanta atención, tanto sueño, tantas
oraciones. Son jugadores, sí, pero el
estrellato no distingue de la paja las
proposiciones, acuerdos y sumas
multimillonarias por contrato, Se trata de meter gol, no de observar cómo
es posible que se logre tanto con tan
poco.
Sentimiento de la nación: oruga
de la esencia: espejo de identidad: fotografías. La urgencia de que las posibilidades del éxito se trasladen al
campo de la realidad evita la preocupación oficial por los pagos en dólares de tesobonos (los cuales se estuvieron pagando a razón de 85 millones de dólares diarios los meses pasados). Se trata, compatriotas, de cumplir con los compromisos. Por eso
Zague se coloca en el extremo izquierdo desde donde birla al defensa
para soltar un cañonazo cuyo obús se
deposita plácidamente en la esquina
donde las arañas tejen su nido. Y es
que los futbolistas son los héroes si-

lenciosos sujetos al estudio acucioso
de sociólogos, economistas y hasta
teólogos, pero nunca, curiosamente,
filósofos del deporte o cronistas deportivos. Y es que, en el fondo de las
cosas, el futbol no tiene esencia, sólo
accidentes. Es accidental que un joven cholo formado en el rudo campo
de los predios urbanos, llegue a ser
ídolo de la afición cuya cuenta de
cheques sea en dólares. Quizá haya
otros caminos más fáciles: la lucha libre, el box o la PGR. Sin embargo, la
camiseta se defiende, y los aficionados son legiones que ondean la bandera de su equipo y sus estudios nunca superiores al tercer año de secundaria, aunque, en rigor, el futbol no
requiere para su existencia de mucha
educación: hasta los juniors son aficionados. El gobernador también gusta del futbol ya que siempre se hace
presente en los clásicos del equipo
Tigres contra el equipo Rayados de
Monterrey.
No hay mucha diferencia entre el
glamur de los cantantes de rock y los
futbolistas profesionales: ambos son
estrellas, ambos surgieron desde abajo, los dos se hermanan en su suerte
trazada por una cualidad natural que
supo ser bien aprovechada e inflada
con publicidad y bastantes horas-ensayo. Los resultados siempre serán
65

�los mismos: el éxito, los aplausos, la
economía holgada. Pero el éxito puede ser (es) efímero porque en cualquier momento una patada al tobillo
disloca la carrera, o una declaración
política puede ocasionar un cisma en
los espectadores que durante noventa
minutos se sitúan más allá de las propuestas de reforma a la ley del IMSS.
Ruido y eco: sortilegio pasado con
cerveza Carta Blanca. Ruido: la ola
de los suburbios que enaltecen la noble condición de ser hinchas. Eco: los
gritos a la hora del turno que fue
cambiado sin previo aviso imposibilitando ver el desenlace del clásico.
Hasta en la poesía es perceptible la
pasión por el futbol, por ejemplo: casi
todos los poetas brasileños Je han dedicado sentidos poemas. Agonía y
éxtasis. El pináculo de los deseos
prolongados en ese tiro que proviene
desde el medio campo rompiendo la
formación que se ?esmorona ante la
acometida final.
Sábado. Estadio Tecnológico.
Una garganta colectiva -como dicen
los cronistas deportivos y culturalesse desgrana en alaridos y rugidos.
Los Tigres, Los Rayados. El Grupo
Financiero Confía ·enfrenta a los fondos públicos vía Universidad Autónoma de Nuevo León. El capital privado contra el monto de los impues-

66

tos de los ciudadanos. La IP versus el
Gobierno. Los hombres emprendedores que han hecho de un equipo de
futbol un negocio altamente redituable contra aquellos que han sido colocados en puestos de privilegio por los
vaivenes de la política estatal. La división de clases en el clásico porque
según datos científicos, parecidos a
los del INEGI, a los Rayados les van
los juniors y empleados empresariales, mientras que a los Tigres aquellos que andan en camión. El gentío.
La aglomeración. El trafica!. La agitación. Agentes de tránsito, policías,
porras, fanáticos. Ecumenismo civil.
La apoteosis. El día de la epifanía.
Los estacionamientos llenos hasta el
copete. Las largas filas de simpatizantes disputando la entrada a un estadio,_ el Tecnológico. con capacidad
para albergar a 37 mil personas. cuando en el estado Universitario pueden
tener cabida 70 mil. Este es el día del
clásíco, Tigres contra Rayados. el día
de la disputa final, el gran encuentro.
Si los pilares de estas fortalezas para
los espectáculos multitudinarios fueran eternos, el clásico del futbol nuevoleonés será una película de video,
es decir, las margaritas se deshojarían
sin ningún ápice de rubor. El día del
clásico del futbol nuevoleonés. La
vendimia. La posibilidad de. Los motivos para. La certidumbre de que. En

su cuento «Lenin en el futbol», Guillermo Samperio da cuenta de las
broncas de los futbolistas y de los
sindicatos, la imposibilidad de que
los jugadores como trabajadores que
son puedan defender agrupadarnente
sus derechos. Ahora eso no es tan importante, porque afuera del estadio,
los policías reclaman orden, comportamiento, uso de las buenas costumbres, joven por favor. La caja registradora se da vuelo. Los simpatizantes no ocultan se preferencia y los
bandos se dividen: de aquí para acá
somos Rayados, de aquí para allá vayan mucho a. El reino del futbol, qué
bonito es el deporte, los porros, las
edecanes de las bebidas refrescantes,
la publicidad a lo largo y ancho, el tumulto, el cronista deportivo más entusiasmado que los jugadores mismos, las largas filas. Lo racional del
futbol, que implica geometría y estudios de orfebrería matemática, se dispone a pasar de la teoría a la práctica:
ahora los resultados de los entrenamientos cobrarán vigencia y lo aprendido en los gimnasios verá su prueba
de fuego. Ahora es cuándo. Ahora es
el clásico. Ahora sí.
«El deporte, como hecho de masas
cotidiano, constituye, en consecuencia,
el espectáculo masivo cotidiano. La
proliferación de los encuentros depor-

tivos significa esencialmente la proliferación Y la organización de espectáculos. La industria ha encontrado en
ellos una importante fuente de ganancia. La venalidad deportiva, que los refom1istas intentan suprimir por medio
de exhortaciones morales, representa
un constituyente de este espectáculo
deportivo. Los deportistas-mercancía,
ya sean aficionados o profesionales,
son tratados y manipulados con todos
los métodos del marketing aplicados al
mercado deportivo. En efecto, el motor del espectáculo deportivo es el
atractivo que ejercen los hombres-espectáculo sobre el público. El valor
mercantil (y nó su valor de uso, que es
nulo) significa, por lo tahto, el dinamismo del espectáculo deportivo. Es
un valor de cambio a realizar en el
mercado deportivo», Pierre Laguillaumie.
La afición. Miles de simpatizantes
que son legión. Más allá de la tan
traída y llevada identidad nacional
los ciudadanos mexicanos se recono~
cen ante un Kentucky Fried Chicken.
Ni Jorge Portilla ni Alfonso Caso
previeron las arremetidas contra el
subconsciente de los mensajes propagandísticos colectivos inducidos por
los medios &lt;;le comunicación vía satélite. Sin embargo, los comportamientos influidos son una realidad que se

ejerce desde el consumo de bebidas
hasta la ropa que te vas poner el fin
de semana para ir a la disco contry.
El futbol no está exento de seducciones para el monstruo de las mil cabezas. Los aficionados se transmutan de
matachines de peregrinaciones el 12
de diciembre a deportistas de modales no muy recomendables el día del
clásico. Los ciudadanos tienen ganas
de echar relajo, déjenlos; tienen deseos de aparecer en la tele, tómenlos;
tienen sueños de ser los deportistas
en la cancha, entrénenlos; tienen ilusiones de meter un gol así sea en su
propia cancha, apóyenlos. Si el día de
las votaciones no se registra tanta
afluencia como en el clásico Tiores
o
versus Rayados es que la responsabilidad cívica no tiene nada que ver con
la adoración. Además, ¿para qué? La
afición no se equivoca: sale a la calle
cuando el convencimiento embaroa
o•
así sucedió en las grandes manifestaciones para defender y apoyar al
Ejército Zapatista los primeros días
de la guerra. La afición. El público.
La fanaticada. No hay nada más n~ble que el público mexicano. Nada
más lindo. Y nada más deleznable.
más hediondo, que el descenso a la
segunda división.
En un contexto de economía doblegada, como el actual, las proposi-

ciones de enjundia son bienvenidas.
Debido a los experimentos del liberalismo económico todo está carísimo,
pero, bueno, nunca falta para un boleto O dos para ir a presenciar el clásico. Todo puede ser posible cuando el
fervor vence los pagos en abonos, las
mensualidades de la casa de interés
social, la despensa, las tarjetas de crédito. Eso por una parte, por otra, la
posibilidad -porque todo puede ser
p_osible en un país donde todo es posible- de ser también un jugador estrella. Si los jugadores empezaron
desde abajo, desde los campos llaneros, sobándose los callos y las tibias y
peronés, también las patadas pueden
refractar un efecto positivo: engañar a
la fama. No se trata sólo de posibilidades económicas, ves, sino de intentar salir de ese círculo vicioso que
nos agobia, que me mantiene en la
inopia, que te subyuga con las imágenes comerciales de alguien que sí supo salir. Las hordas de personas a las
afueras de los estadios son las mismas que se apersonan en el Monte de
Piedad, las mismas que se van de vacaciones en Semana Santa. Es nuestra
cultura, no tiene nada de malo, de no
ser por la injusta distribución de la riqueza. Por lo mismo, la posibilidad
de democratizar la cultura, el deporte
Y, por supuesto, la economía, es un
deseo colectivo, el mismo que seco-

�rre para que gane el equipo favorito.
En esta compaginación de anhelos, la
democracia tiene cabida: qué bueno
que legiones deseen ser como el jugador de moda, pero qué bueno que
esas legiones .abarroten las librerías
para comprar los libros de poesía de
Humberto Salazar o Margarito Cuéllar, qué bueno que vayan a la Casa
de la Cultura a ver el resumen de la
plástica, qué bueno que haya ingenieros a los que no se les caigan los
puentes, arquitectos que diseñen superproyectos para ofrecer vivienda
barata a quienes no la tienen. Esto,
señores y señoras, existe. ¿Qué pasa
entonces'? ¿Por qué se le da tanta difusión al futbol y no a las investigaciones de bioquímica del Doctor Tal?
Es cierto: la fuerza contra la inteligencia: el viejo cliché de que el futbol rompe enterito las manzanas de la
discordia porque un buen dribling o
una perfecta triangulación requieren
no única y exclusivamente pasión sino inteligencia.
En un contexto de economía saboteada. de injusticias anticonstitucionales. los esquemas de libertad se
cierran. Las organizaciones del poder
tienden a poner candados con el único objeto de que no se estropee lo
que se ha conseguido a base de mucha inversión, ciñendo con esto a es-

quemas cuadrados los comportamientos y las conductas de los sujetos.
Hasta a los grados mínimos de la vida
cotidiana -como dice José Eugenio
Sánchez- se extienden los lazos del
conductismo que asimismo puede ser
teledirigido. Entonces, la cuadrícula
de la empresa, los soportes de la producción en serie, los lineamientos
preestablecidos de la administración
de empresas llegan hasta la familia,
hasta el sexo, hasta la cultura, hasta el
deporte. De las alturas de la administración se baja a los sótanos de la civilidad:. la ingenuidad puede ser la
clave para entender los inextricables
caminos del fetichismo y la alienación. Lo mismo puede decirse de la
guerra de propaganda. Todo conduce
a domesticar las ansias, a catequizar
los impulsos que pudieran trastocar la
organi•zación productiva, los modelos
rígidos de los negocios altamente redituables; también, la paz social, la
supuesta democracia. De ahí, oh descubrimiento, la actitud fanática, el
futbol compulsivo, el agotamiento y
no el ejercicio.
«El deporte es un factor de masificación al mismo tiempo que de disciplina; y, en relación con este doble
objetivo, coincide exactamente con
una civilización tecnicista y totalitaria. El deporte es el complemento

exacto del trabajo mecanizado; oficina de relevo cuando el hombre abandona su trabajo, de tal modo que en
ningún momento este hombre quede
libre de la técnica. Encuentra en el
deporte el mismo espíritu, los mismos criterios, la misma moral, los
mismos gustos y los mismos objetivos que dejó al salir de la fábrica o
del escritorio», Jaques Ellul, El siglo
XX y la técnica, Editorial Labor, Barcelona, 1960.
En tiempos de la aldea global, el
futbol es embajador plenipotenciario.
Los países se conocen por su futbol,
por sus futbolistas, más que por sus
escritores. Lo barato que resulta armar un equipo de futbol (sólo una pelota) favorece su proliferación, igual
su flanco colectivo. El partido de futbol se gana en equipo si bien hay
anotadores que van en primer lugar,
si bien se favorecen los lucimientos
personales. Así es. Como ningún otro
deporte, el futbol se observa y se
practica. Si son muchos los equipos y
los jugadores profesionales, son millones los amateurs. Jóvenes en el barrio, estudiantes, trabajadores a la hora de la comida, juegan a la pelota.
En México y en todos los países ocurre lo mismo. El futbol es internacional: en países de todos los mundos se
juega y se practica. El mundial de

l'uthol es la máxima exprcsi6n de la
aldea global deportiva. Los esquemas
políticos no importan tanto a la hora
del partido: los deportistas cubanos
son los más destacados de América
Latina, Alemania se asemeja al Brasil, en México se contratan tantos jugadores extranjeros como sea posible,
lo cual no sucede en otros países. y
Hugo Sánchez, a pesar de haber fallado el gol en el mundial, es el re,presentante ideal de México.
Sábado. Las multitudes se aglomeran a la entrada del estadio: quieren presenciar(se) .. Onden las banderas de los equipos favoritos. Las
trompetas, los rollos de papel sanitario, los silbatos, las cachuchas, las camisetas, son la artillería que animará
la realización de ese fenómeno de
esencia colectiva llamado ola. El estadio se pinta de azul y amarillo, los
colores oficiales de los equipos en
pugna. Ya adentro, su majestad la
cerveza Carta Blanca incitará ánimos
Y connatos de riña, bajas pasiones e
insultos, gritos y bullas. En el partido.
los jugadores sudan la camiseta. controlan sus emociones para no extraviar la paciencia en los laberintos de
la urgencia, para no perder la cabeza
porque es muy necesaria no sólo para
meter gol sino para pensar la próxima
jugada. Los camilleros en su posición

listos para, los policías con sus equipos antimotines dispuestos a, los fotógrafos Y reporteros con la ansiedad
de. Y en medio de la cancha, como el
arroz negrito, el nunca bien querido,
el polé~ico, el señor árbitro, ese juez
inquisitorial que por más esfuerzos
que hace siempre resulta incomprendido. Señor de decisiones, el árbitro
es otro jugador, con su disciplina, su
concordancia moral y con la frialdad
necesaria para aplicar la legislación
de las jugadas.
El clásico del futbol regiomontano es una fecha esperada. querida.

más que el día de pago. Es tiempo de
pascua, de polémica, fiesta y liturgia
de un calendario que no se desvirtúa
ni borra. El clásico del futbol va más
allá del deporte: cultura, religión, empresa, feria, manifestaciones de silencios reprimidos por los turnos en el
trabajo, por la disciplina severa en las
escuelas, por los apremios familiares.
El clásico del futbol regiomontano es
el ánimo dispuesto, es la ingenuidad
ante el fetichismo trazado desde los
cubículos empresariales, es el ansia
de alcanzar el triunfo en la vida como
si fuera un gol metido desde media
cancha.

�ALFREDO RAMOS MARTÍNEZ

RubénDarío
RESCOLDO
Amigos latinoamericanos en el
bohemio París de los albores del
siglo fueron el máximo poeta nicaragüense, Rubén Darío, y el
pintor mexicano nacido en Monterrey, Alfredo Ramos Martínez.
Uno pintaba -según dejó dicho
el poeta- lo que el otro escribía.
El texto que se reproduce en seguia muestra cabalmente esa
consanguinidad espiritual y estética.

La ausencia &lt;le representantes de arte
hispanoamericano, en ambos salones
&lt;le este año, es notoria y lamentable.
Nunca ha habido menos. En el de la
Société Nacionale des Beaux Arts, hubo uno sólo. En el de los A11istes
Franrais, entre pintores y escultores,
suman nueve. C'est maigre. En cambio. la falange de norteamericanos crece cada vc1. más. Porque sucede esta
inaudita cosa que nunca me cansaré de
repetir: nosotros, los que nos regodeamos de latinidad y de la Loba y de la
herencia griega, nos ocuparnos malhadadamente de nuestros artistas. Así
puede verse que van ganando en el terreno estético lo que se hañ propuesto:
tienen pintores y escultores, ma fois!,
que nosotros no tenemos, salvo excepciones contadísimas.

El artista l:úspano americano que
viene a París, viene siempre con una
lamentable pensión de su Gobierno,
pues son muy raros, extraordinariamente raros, los púgiles, los luchadores de fuertes hombros, brazos y puños, como Martín Malharro, que vengan a bregar en pleno París, contando
únicamente con sus propias fuerzas,
con su solo cerebro.
Los pensionados de los Gobiernos
suelen no ser los más talentosos de su
70

tierra, y cuando vuelven no llevan
adelantada gran cosa. Y los de talento
verdadero viven mal y trabajosamente con el escaso sueldo, que casi se
les va en modelos y en las modestas
cremerías del barrio latino. Y acontece que, cuando menos piensa, un joven de esos. con su porvenir casi asegurado, con su labor de estudio, al
terminar, se ve abandonado por la luminosa ocurrencia de un Gobierno
que no cree de gran importancia el
progreso artístico de su país. De esos
hay quienes se quedan ahí, en una
triste struggle-for-life, dándose a labores industriales, vendiendo su producción a la diabla, cuando logra que
se la compren, y destrozados de desesperanza ante la imposibilidad de
domar a la suerte y de conquistar el
halago de París, que es la gloria del
mundo. Otros ...
¿Recordáis que hace algunos
años, entre los pintores hispanoamericanos de cuyas obras me ocupé, había
uno de quien publicó la Nación, de
Buenos Aires, el retrato, el cual pintor expuso en el salón de que yo os
informaba una cabeza de Cristo? Tenía el apellido del Libertador: se llamaba Domingo Bolívar. Estaba en
París, lleno de desencanto y de tristeza, a pesar de su buen humor y de su
buen talento. Aquella cabeza de Cristo fue lo último que expuso en París.

Él no creía ya ni en París ni en Cristo ...
11

Se fue a los Estados Unidos, en donde contaba con excelentes relaciones.
Había hecho el retrato del genera Lawar, que fue gobernador de Cuba, y
el de otros personajes. Yo le di una
carta para el Dr. García Merou, quien
le acogió noble y cariñosamente. Mas
Bolívar iba enfenno de París, en donde pobreza y desilusión le mordieron
el alma. Y en Nueva York, hace poco, hizo el gran viaje ... con cianuro
de potasio.
Y como ese vencido, muchos
otros, pensionados por los Gobiernos de nuestras Repúblicas. Los dichosos son los pensionados por los
norteamericanos. No por el Gobierno, sino por los Mecenas anglosajones. que hay muchos. Ya en otra
ocasión he nombrado a mister Phoebe A. Hearts, la millonaria madre
del propietario y director de New
York Joumal. Esta dama tiene varios
pensionados de su país en Europa;
envió por su buena gracia a París a
un artista mexicano, Alfredo Ramos
Martínez, sin más condiciones que
estudiar y producir. Le sostuvo tres
años. Y luego la yanqui le dijo: -Le
voy a quitar la pensión. Ya usted es71

�tá hecho, ya ha sido aceptado en los
salones y vende sus cuadros. Ahora
no se mueva de París. Luche. Venza.
Complétese usted. Y el artista se
quedó, luchó. Y hasta entonces, sólo
hasta entonces, el Gobierno de su
país, gracias a la iniciativa del ilustre Justo Sierra, le decretó una pensión. ¿Qué rico, de centro o sudamérica, tendría el bello gesto de la millonaria de los Estados Unidos?
Con gusto me extenderé un poco
sobre el trabajo y la persona de Alfredo Ramos Martínez, como lo he hecho con el admirable y fuerte argentino lrurtia. Ramos es un laborioso y
un apasionado del color. Es de los
que más honran al escaso grupo hispanoamericano parisiense. Ha sido
aceptado en el salón desde hace tres
años, y ha tenido muy grandes distinciones de parte de la Sociedad de
Acuarelistas. Pues la acuarela es su
particularidad, y a ella le debe notables victorias.
Vignal, que es autoridad, le celebra y aplaude. Es un admirable carácter, un buen corazón y un excelente muchacho. Ha sufrido. Sus
confesiones pueden servir a los que
siguen el camino que él ha recorrido: «Cuando ~uve que vivir de París,
me decía una vez, cuando me quedé
sin pensión, me sostenía la esperan72

za de verme algún día con elementos para desarrollar lo que desde hace tanto tiempo persigo, y esta sola
idea me dio fuerzas para no desmayar ante las pruebas tan duras por
que pasé.

propuesto hacer una Exposición particular de sus acuarelas en el Carlton.

111

»Mas ese dolor me templó, me
produjo una gran indiferencia por el
instante, y una gran esperanza en el
porvenir. Y entonces me decidí:
abandoné aquella tarea aun sin saber
a dónde ir. Fue peor. Caí en manos de
judíos abominables, para quienes trabajé de día y de noche, quedando toda la utilidad para ellos. Hice ilustraciones para ciertas casas y fue lo mismo. Ya desesperado, me fui a Londres, llevando conmigo mi cartera de
acuarelas. Desde ese día mi vida
cambió. Me las aceptaron todas en el
Círculo de Acuarelistas: a los pocos
días adquiría una el duque de Devonshire.»

Este joven artista es un ejemplo de lo
que la constancia y el tesón ayudan al
natural talento. Ramos es de los que
triunfan apoyados en su sinceridad e
impulsados por su pasión artística.
¡Cuántas veces hemos recorrido juntos El Louvre o el Luxemburgo, conversando de las hermosas obras de
los maestros, de la belleza eterna. O
en el - taller del argentino García,
hombre de ensueño y de impresión,
pintor de secretos luminosos, a quien
he de consagrar a su vez una página
dilatada; o en el estudio del poderoso
e intelectual lrurtia, a quien Charles
Morice ha dedicado tan hondas ideas,
tan gallardos juicios. Ramos admira a
Vinci. El gran Leonardo, más que
Miguel Ángel, le hace ver la Humanidad; su Gioconda es la madre, la
esposa, la querida, la hembra completa, según el estado de ánimo en que el
espectador se encuentra. Lucrecia
Cuvelli, para él, es el ser de adoración; nada habla como los ojos de esa
mujer, que son todo un poema de encanto.

En efecto, Londres fue más propicia a ese respecto con el artista hispanoamericano. Recientemente, se le ha

En la sola frente hay un divino
enigma; en las solas manos está todo
el misterio y hechizo femenino.

»Inmediatamente me puse a trabajar en una fábrica de bibelots artísticos. Desde ese día qué horizonte tan
distinto me rodeaba. Ganaba apenas
para vivir. Era un simple obrero, obligado a seguir las ideas de cualquiera:
del patrón.

«Giornnda es todo» -me decía el artista-. Ama a Rembrandt, a Velázquez -«un dios pintado»-. Querría
ver a Velázquez interpretando a Vinci. Se entusiasma con Boticelli, exquisito y refinadamente sentimental.
En lo moderno, ve que Millet solo
podría decirlo todo, le colocaría al lado de Leonardo, en los tonos del Arte. Su Campesino no es el vulgar que
vegeta; es el ser noble y bueno, penetrado de la grandeza que respira. En
su Primavera, ¿quién no siente la alegría? Aquel verde nuevo que se ve
nacer; los troncos, podados, en que
revienta la savia; uno que otro surco
se adivina que hacen pensar en el que
los cavó. La Naturaleza es todo allí:
los pájaros, las flores que .cubren los
surcos, y, como complemento, un
cielo tempestuoso, en donde se ve la
gracia del iris. A lo lejos, bajo un árbol, un campesino reposa, a la sombra. ¡Es la Primavera! ¿Y Cariére?
¿Y Corot? ¿Y Tumer? ¿Y Whistler?
Son sus dioses también. Y saluda a
Sicley, a Claude Monet, con sus armonías de sol, y al brumoso de Lidaner y :.us poemas versalleses.
Contrariando ciertas opiniones
mías, concluía: «En definitiva, esta
época dejará su huella como las anteriores. Vivimos con electricidad, con
vapor, todo al minuto, al segundo. El
poeta, el pintor, el escultor, haciendo

con sinceridad, serán siempre grandes.» Es un plausible eclecticismo y
una virtud de entusiasmo que me
complazco en alabar. Ramos es la
fantasía, pero también el buen sentido.
Ramos Martínez, el mexicano,
tiene obras en ambos salones, cosa
contraria al reglamento; pero el hecho
está suósanado con que uno de los
envíos, el del salón de los Artistes
Franrais. está firmado por un amigo
suyo. Ramos ha logrado en ambos salones la cimarsé, y unas de sus flores
preciosas, en el salón de Beaux Arts.
está colocada al lado de uno de los
c/ous, el retrato de Lord Riberdale,
por Sergent.
Ramos tiene la libertad. y se esclaviza voluntariamente ante las adorables teorías de ideas maravillosas
que desfilan en la historia de la poesía, de las artes humanas. A golpes de
la suerte y a sacudimientos de la vida
debe el estar ágil para el escalamiento
de la fortaleza de la gloria. Ramos es
de aquellos artistas natos, que tienen
hermanos en todos los siglos.
Él h,ubiera asistido al taller de Tiziano, si hubiera vivido la vida de la
Venecia mágica de los grandes días, y
habría compuesto melodías de luz, cantos de color, poémicas acuarelas. des-

pués de ver la agonía del sol desde una
góndola al escuchar un son de mandolina. Él acepta el tiempo en que le tocó
nacer; pero en verdad os digo que hay
en su espíritu atavismos espirituales
que vienen de épocas más bellas, más
nobles, más caras al pensar, al sentir,
que nuestra época seca. Ramos, felizmente, ha recibido en su alma el misterioso y amoroso París, y esa es ya una
seguridad de laurel, una conquista de
gloria.
Dios le dé, porque lo merece, el
completo triunfo, para premio propio,
orgullo de México, y brillo común de
la mentalidad de nuestra América.
Un peregrino del arte (Recuerdo)

I
Si mi afecto fuera el inspirador de mi
crítica, ¿cómo sería el medallón de
oro que yo haría para este artista puro
y enamorado de su arte? ¡Cuántas veces él ha visto nacer mis poesías, y
cuántas yo brotar sus cuadros en diferentes climas, y en tierras distintas, y
con paisajes que daban a él colores y
a mí versos!
Inquieto, raro, nervioso, cordial
con quienes le comprenden, él sigue
su ensueño poético aprendiendo en el
pasado y poniendo su personalidad en
73

�Cuadernos de la revista

DESLINDE, 17

MONTERREY/ JULIO-DICIEMBRE/ 1995

lo que pinta, porque su visión, después de haber recorrido los Museos
de Europa, pennanece definida e individual.
Él ha hecho, como ciertos grandes
pintores, sus peregrinaciones de artista; es una de mis amistades que recuerdo con el mayor placer. Se comprenderá la intelectual intimidad que
puede nacer entre un pintor y un poeta. Hay mucho de pintura en la poesía
y hay mucho de poesía en la pintura;
recordad que, en lineamiento, casi todos los pintores eran poetas, y los que
no hacían versos pintaban poemas.
Ramos Martínez es de los que
pintan poesías y tienen un ideal grande para hacer brillar pronto a su país
mexicano en el arte del mundo, puesto que, si localiza, hará en pintura lo
que ha hecho Grieg, musicalmente,
en su tierra del Norte.
Hay que saber que Ramos no copia, sino interpreta; es decir, que no
sigue a los fotógrafos patentados, a
quienes, oficialmente, se conceden
medallas en los Salones.
Él expresará la tristeza de los pescadores, la melancolía de las aldeas,
los hombres inclinados por el peso
del trabajo, los atardeceres en que se
74

espera al ausente y las visiones parisienses.
Luego no cree en los honores reglamentarios. No es nada para él el honorífico nombramiento de la Sociedad
de Acuarelistas de París; no son nada
para él los triunfos del Salón, y en las
conversaciones que hemos tenido y en

tantas ocasiones renovadas, he comprendido el desinterés del hombre que
trabaja para su espíritu y se consagra
por entero a su obra.
Rubén Darlo, Obras completas. Vol. IV, Páginas de Arte. Ordenadas y prologadas por
Alberto Ghiraldo y Andrés GonzálezBlanco. Imp. G. Hemández y Galo Sáez,
Madrid, s.f., 245 p.

Aunque escritos en diferente momento y con propósitos
diversos, los textos que aquí se publican convergen en el tema
general de las artes plásticas, y más en particular sobre algunos
pintores de Nuevo León y el papel que cumple el coleccionismo
de obras de arte plástico como catalizador de los procesos
culturales en el mundo actual. Sirva su reunión en esta entrega
como un aporte de DESLINDE al estudio -tan desatendido- de este
tipo de manifestaciones de· la cultura nuevoleonesa.
75

�UN SOLO MUNDO: LOS CENICEROS
DEL 9 YDELAd'

Santiago Genovés
Principio:

Suenan trompetas: el multicolor arlequín, desenrrolla pausadamente el
pergamino y lee.
«En Arte como en Ciencia, la distancia más corta entre dos puntos es
la línea recta. En Ciencia sólo de una
manera. El Arte, la recta, antes de llegar de un punto al otro, ha pasado por
tal magnitud de tamices cerebrales, •
1
menta es, entrop1cos o no, que co'
rresponde
al observador desentrañarla. averiguarla, sentirla.
»La ciencia o comprueba o no es.
El arte emociona o no es. No obstante,
lo sabemos hoy bien, se ha corregido,
7
en los últimos años al gran Sperr/
quien. a grandes y a también particulares líneas. dividió el cerebro en dos: el
derecho, iniuitivo, imaginativo y holísuco -&lt;le los artistas-, y el izquierdo, el
lógico y razonador -el de los científicos-. Ello. transversalmente. De la
misma forma, aún reconocida -no podría ser de otra manera- , que, verticalmente. existían conexiones del encéfalo - a través del cuerpo calloso- con el
mesencéfalo --cerebro mamífero prim1t1vo- situado por debajo, y aun con
el ñnencéfalo --cerebro reptil primitivo. ya en la base-; dichas conexiones
eran más bien nimias.

76

»Pues no, y es ésta otra de las
fundamentales distancias entre Ciencia y Arte. Mientras que la ciencia,
en contra de lo que muchos piensan,
surge de la ambigüedad y de la duda,
y, por lo tanto, se está corrigiendo a
sí misma constantemente -es su cualidad esencial-, al arte, al verdadero
arte, no lo corrige ni lo corregirá nadie.
»Esto, todo esto, que parece contradictorio, no lo es. Sí es complementario. como lo somos mujeres y
hombres, nubes, ríos y mares, el abanico de colores del arco iris. el toro y
el torero. el director de orquesta y cada uno de los demás músicos, el célebre E=mc2 y, si se quiere, finalmente,
la vida y la muerte.»
¡Ah~ ¡Ah! ¡Ah!, se oye entre el
asombrado público del gran teatro de
la vida, unos entendiendo, otros para
nada. No obstante, todos, absolutamente todos, ponen cara de haber
compre~dido. Como en la vida sin
teatro. 4
Primer acto

D' Arcy Wentworth Thompson, doctísimo, ante un gran pizarrón, nos explica su gran descubrimiento: «On
growth and form». Comienza: ((Os

diré y demostraré, en gran síntesis,
cómo el crecimiento y la forma van
de la mano. En el cuerpo, en la mente
y hasta en el alma -aventura, ahora
ya juguetonamente el ilustre cienúfico y creador-. &lt;&lt;El crecimiento no es,
ni más ni menos, que la manera que
posee la forma de alcanzar su adecuado glorioso final. La fonna da el crecimiento y el crecimiento da la forma.»5 Atronadores aplausos: «Claro y
raso como la suela de un zapato», como se dice en «La Cueva de Salamanca». ¿Lo recordamos? Lo recordamos: es sólo un entremés que, aquí,
con Ceniceros, nos sirve como tal. 6
Desaparece Thompson. Entra L.
S. Penrose. Matemático, vestido de
matemático. Corre el año 54. «A partir de mi ilustre antecesor, glosaré,
ahora, para ustedes, mi cuerpo matemático-estadístico que he denominado ((Of Size and Shape». (&lt;¿Qué es?»,
se pregunta él mismo para lograr la
empatía y la atención del culto cambridgeano auditorio. «Pues que en
vez de utilizar las célebres estadísticas matemáticas de los grandes Pearson, Fischer y aún las de Mahalanobis, que son las que todos veníamos
usando, he inventado otro acercamiento mucho más válido y coherente para procesos cualitativos. En dos
palabras: que el tamaño y la forma

son. al mismo llempo, coherentes y
se interrelacionan.»
El silencw es sepulcral. Penrosc,7
genial. también en silencio: medita o
hace como que medita. Levanta la
manú derecha, se la lleva con lenta
elegancia hasta la frente y nos dice:
«Como todo lo que realmente vale,
mi teoría surgió de una frase con la
que mi gran maestro Marett, el gran
antropólogo oxfordiano, solía comenzar sus cursos. La diré en inglés, tal
como él la expresaba, porque en ese
idioma, es como sale verdaderamente
bien:8 Pausa, y Penrose nos dice:
«Anthropology is the science of man
-aquí Marett hacía un breve mutis, y
continuaba con dejo irónico-- embracing woman».
No era para menos: como en
Fuenteovejuna, todos a una nos levantamos y aplaudimos hasta cansarnos. Se oye: «¡Qué verdad tan verdadera!», al tiempo que varones y hembras intercambian miradas acariciadoras. Penrose: «Pues de ahí, de ahí,
percibí que para el Arte -con mayúsculas-, y para el arte de la biología
--que siendo ciencia es arte, ya que no
hay biología sin ayuntamiento de macho y hembra-.9 mi 'Of Size and Shape' cobra total vigencia. Poseemos
ya, ahora, un nuevo instrumento de

síntesis tanto como de análisis, como
creo -aquí hace un gesto de inglesa
falsa modestia- no teníamos.»
A Gui llermo. entonces como ahora norteño no practicante, le saltan las
lágrimas. Se le transformó el rostro.
Había entendido. Comenzó a pintar
como jamás, ni antes ni después, que
yo sepa o conozca, ha pintado nadie.
Thompson y Penrose lo había tomado
cada uno de una mano, y le habían
abierto el mundo. El de aquí y el de
allá. ¿Dios, el azar, los hados? Nunca
sabremos. Yo sólo lo relato tal como
fue. porque allí estuve.
Segundo acto

Ya no hubo segundo acto. Fue tal la
algarabía, la emoción sentida. que
allí acabó la función. Allí no había
más na -como dicen los gitanosqué añadir.
Continuando bajo otras
perspectivas

Ningún gran cineasta ni pintor o escultor, ha salido, jamás, de Escuela
formal alguna. Sí: en las escuelas
mencionadas se aprenden muchas
técnicas, acercamientos, bases sólidas
de cómo hacer. o de cómo no hacer
las cosas. No obstante, ningún grande

es o ha sido grande a partir de lo que
aprendió en la Escuela de Arte. ¿Por
qué? Regresamos al principio. Porque
mientras que en ciencia 2+2=4, o,
«(a+b)2 = a2 + 2ab+b2» es siempre válido, en Arte -sin irnos, para nada, al
cine amoroso-erótico francés- 2+2
puede ser nada, 27 o 340. Mark Twain:
Siempre que hablamos dos
somos seis;
Quien yo creo que soy
Quien tú crees que soy
Quien tú crees que eres
Quien yo creo que tú eres
Quien tú y yo, realmente somos
cada uno
y que. tal vez. sólo Dios lo sepa.
Total 6.
Como el gran Cúchares. Mark
Twam tenía arte. ¿Más?: Un hombre
de altura normal, Guillermo, pongamos por caso, alcanza, con su vista,
un horizonte de aproximadamente t3
lolómetros. Se ha medido. Se llega al
punto más lejano visto desde los 13
kms., en el que está Esther. su mujer.
No obstante, ningún artista, jamás,
como ningún balsero o marinero, ha
llegado al horizonte. Detrás, siempre
hay más horizonte. ¿Saberlo? ¡Realmente saberlo desde el ombligo, sólo
algunos orientales! Desde esta percepción, Ceniceros es un oriental un

77

�poquito. sólo un poquito occidentalizado, y, sobre todo, en los necesarios
aspectos técnicos. que dejamos a
otros adentrarse en ellos.

ahí están. A su manera, pero ahí,
ayuntando, de nuevo, el ayer al hoy.
El ser al ser, olvidando, siempre, al
simple estar. 10

Ceniceros nace y se hace -&lt;liga lo
que diga quien lo diga- en la escuela
de Ceniceros. Él, su alma, su mano y
su pincel, alado por Thompson y Penrose. ¡No malos directos-indirectos
padrinos. para empezar! Guillermo
toma las alas, las transforma, las hace
suyas y comienza a volar él. Solito.
Sin ayuda de nadie. Cual debe ser.

Raíces, relaciones y signos

La transmisión oral
De Pedro Garfias, el enorme poeta
h1spano-mex1cano, por la transmisión
oral a Guillermo Ceniceros. y de él a
mí:
Qué cosa de locura
antes de que hoy se vaya
ha llegado mañana
y ayer no se va nunca.

76

Ese ayer, que no se va nunca, lo
lleva Ceniceros siempre. Allamira,
Roufignac, Lascaux, Baja California,
etc .. son los primeros grandes balbuceos del arte _para captar conocimiento. Para fijar la vida que se nos escapa día a día. En absolutamente toda la
pintura de Ceniceros, como vemos,

78

Nos decía el gran filósofo Emil
Chartiez, 'Alain', que la ciencia, la
verdadera ciencia, no es como tomar
un buen vino en una bella copa que
nos sirven para el caso. Que es ir a
la fuente, allá en la montaña, y beber el agua del caño directamente en
el hueco de las manos, aunque alguna nos resbale y se pierda entre los
dedos. Aquí, por eso viene el caso,
es exactamente lo mismo en el arte,
en la pintura. El signo, el gesto, el
simbolismo -jamás literalmente expresado-, viene de lo natural, de lo
primígeo; esto es: de las raíces de lo
verdadero que son las que, una y
otra vez, plantan el árbol. El sólido;
el maje~tuoso. Es y ha sido el camino de Ceniceros. Ahí está. Ahí es.
Llevaba la mano fuera
por eso la conocí.
(Espronceda?)

Gracián: el héroe y el discreto
Por un lado, nadie más conciso que
Gracián en nuestra lengua. Nadie que

haya visto con mayor donosura que
Gracián que los polos al parecer más
opuestos, tienen todavía más en común. Por el otro Beethoven, como
cualquiera, como todos los grandes
11
artistas, es monotemático. Ahí están
sus treinta y dos variaciones a un tema de Diabeli: exactamente las mismas notas, pero en espacios variantes.
Así, de igual manera y forma, toda la obra de Ceniceros gira alrededor de su mujer Esther, como la de
Shakespeare alrededor de Hamlet, la
de Cervantes alrededor de Don Quijote; J. Manrique será siempre, las
Elegías a la muerte de su padre; El
Greco, «La muerte del conde de Orgaz»; Velázquez, «Las meninas»;
Rodin, «El pensador»; Joyce, Ulises;
Tolstoy, La Guerra y la Paz; Lawrence (DH., no confundamos), El amante
de Lady Chatterley; Rulfo, Pedro Páramo; Leonardo da Vinci, «La última
cena»; Ravel, «El bolero»; Greta
Garbo, Ana Karenina; Alan Ladd,
Shane; Orson Wells, El ciudadano
Kane; Buñuel, los olvidados; Sabines, el Poema a la muerte del Mayor
Sabines, su padre; Einstein, E = mc2;
y un etc. interminable. Muchas, muchísimas incontables realizaciones de
todos y cada uno de estos entre los
más excelsos luminosos seres humanos de todos los tiempos, con plétora

de actividades y esferas de creación
artística, científica, humanística o como queramos llamarle. Dos constantes: la integración que parecía imposible; esto es. la gran utopía alcanzada, y 'gira gira' -como el tango- alrededor de un tema. El tema de Ceniceros, nmemos por donde miremos
entre estos 632 cuadros, es Esther. Como el de su gran amigo Luis Rius, es
Pilar Rioja. Es por ello, amén de
otros aspectos que ya señalamos y
que señalaremos. que Ceniceros es el
genial modesto pintor que es. 1~·
1

'

Yo quería
tener una compañía
~m perder la libertad
Compañera
siendo tú lo que más quiero
no me cortes mi volar
Compañero
siendo tú lo que más quiero
) o sólo sé caminar
Compañera
siendo tú lo que más quiero
con 11 sola quiero andar
Compañero
~1endo tú lo que más quiero
no me cortes mi volar
Volar y caminar juntos
gran misterio
no logrado
desde que el mundo es el mundo.

El occidente, desde Descartes para acá, y aun antes, mucho antes, se
fue por el racionalismo. Por la lógica.
Por lo comprobable. Se alarga, se
materializa la vida, se viaja, se está
más. Se es menos, frecuentemente. El
oriente, el verdadero, el no occidentalizado, se queda en el misterio. Y el
misterio es el misterio. Por eso es el
misterio, porque no se puede revelar.
Misteriosamente, sin entrar en
competencia, Guillermo y Esther lo
han logrado. Extraño, extrañísimo caso en la historia de las vidas vividas.o
mventadas. 14 Al pan pan, al vino, vino, y a volar juntos. De ahí, callada,
sencilla, modestamente, la grandeza
ayuntada de Guillermo Ceniceros.
Baltasar Gracián y el Oriente, también se ayuntan.

Otros acercamientos
Entre lo más bello que existe, producto de la cultura del hombre, son los
vitrales: arte-luz-que-da-luz; hermosura de la luz filtrada que no puede ni
siquiera imaginarse bajo forma otra
alguna de expresión. Reims, Notre
Dame, La Saint Chapelle, Chartres,
Kings' en Cambridge, Rouen, Metz,
York, Catedral de Florencia, etc., sobre todo entre los siglos XII al XV o
XVI.

¡Ah! pero, entre algunos, no del
pasado lejano, resalta Chagall, el más
vitralesco de todos. (Fue él quien pintó los vitrales de la catedral de Metz.)
Mucho, muchísimo de la pintura
de Ceniceros posee esta divina cualidad. Y no en rojos, amarillos, verdes,
morados y azules, sino, por primera
vez en la historia de la pintura, en
ocres. ¿Por qué en ocres? ¿Por capricho? ¿Por buscar lo «epatante» y novedoso? Para nada. Porque Esther es
el ancla, en la mar, que, añejamente,
fija al pintor a la tierra. A la ocre madre tierra, sea abisal, sea de campo o
de montaña. La madre tierra es, siempre, ocre. ¡Vaya! ¡Vaya coherencia
ante la aparente contradicción que algunos -por fortuna pocos- han querido ver en la pintura de Guillermo Ceniceros! Buscando en la tierra, Ceniceros se levanta y nos levanta hasta el
cielo. Pregunta: ¿Es que existe forma
otra alguna para que el ave o el hombre levanten el vuelo? Desde la tierra,
siempre, a fortiori, es la sencilla respuesta.

La Estación del Metro Copilco
A la entrada del Club Centro Libanés
existe, grabada, la célebre frase que
allí dijo el presidente Adolfo López
Mateos: «Quien no tenga un amigo
79

�lihanés. 4ue se busque uno». Parangono: «Quien no haya visto los mil
metros cuadrados de mural de G.C..
en la estac1cín del Metro Copilco. que
vaya de inmediato a verlos.»

de ellos -ojos que un día se comerán
los gusanos-, nos pintan la vida, que
jamás gusano alguno se comerá.

Los ojos

«Para él» me contestaría, sin duda alguna, Ricardo Garibay. «como yo escribo, 'lletra ferit'. para mí». Nada
menos cierto y estimo y quiero mucho a Garibay, bárbaro animal literario de nuestra lengua.

F. Cesarman escribe todo un libro titulado El ojo de Buñuel. Espléndido.
Traducido a otros idiomas. Y no se
trata del ojo de vaca que Buñucl corta
en El perro andaluz -la película, claro está, y no el restaurant de la Zona
Rosa de queridos amigos-. No. Se
trata, con ese sincretismo cínico-poético de los Cesarman, del ojo de don
Luis Buñuel, caro e inolvidable amigo. Porque sí: porque lo que tuvo Buñuel fue, ¡ojo!, ser el cineasta más
15
cercano a la machadiana:
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas
es ojo porque te ve.
Ante mí no se conocieron, como
sí don Luis y Luis Rius: amor a primera vista. Aventuro que de haberse
conocido, hubiese ocurrido igual. Sí:
los ojos que realmente ven se reconocen entre sí, como dice, con profunda
verdad, no exenta de ironía, Monterroso, que les sucede a los enanos.
Los ojos de Ceniceros nos ven y, des-

76

80

¿Para quién pinta Ceniceros?

Lorquianamente, Ceniceros pinta
para que lo quieran. Y quiere tanto. a
su discreta manera. que lo queramos.
¡tanto!, que por eso pinta lo que pinta. Todo es amor: Ceniza seré mas
cemza enamorada, nos está diciendo.
ocre cuadro a ocre cuadro. Desde el
vuelo que surge de la tierra quemada
de roza, el más primitivo de los cultivos: Q~emar las hojas y troncos secos, que fertilizan la tierra, y. con la
coa. abrir agujeros y sembrar. Recoger la cosecha y, así. hasta agotar la
tierra. Unos años después. fertilizada
por la acción de las lluvias, a volver a
empezar. La tierra. siempre la tierra.

Hacia dentro
Sin mayor necesidad de más o menos
exactas cronologías explicativas, sabemos todos bien que, hasta hace

unas centurias o décadas, el mundo se
movía mucho más hacia adentro, que
es el caso hoy. La Tierra en el centro
del universo pre-coperniquiano, y,
nosotros, el centro del mundo. El
centro del país, el Rey. Algunos, muy
pocos, historiaban leyendas de extraños viajes a ignotos lugares, más o
menos fabulizados. Se viajaba poquísimo. La comunicación, oral, o en papiros escritos que sólo algún adelantado podía leer. En cuatro palabras:
se vivía hacia dentro, con las adecuadas creencias religiosas como único
escape hacia un fuera esperanzador,
pero del que nadie había jamás regresado. ¡Cataplúm! Revolución Agrícola de hace unos 7000 años. ¡Cataplúm!
Revolución Industrial de hace unos
200 años. ¡Cataplúm! Revolución
Electrómca de hoy.
Así. de tres golpes de férreo martillo, todo lo de fuera entra al hogar y
el íntimo mundo ¡Zas!, casi de golpe,
se hace ancho y ajeno. En ese momento estamos.
¡Ah!. pero por fortuna, algunos
hombres extraen de la memoria del
olvido. esos tan humanos valores
nuestros que nos vienen desde la más
antigua antigüedad, y en los que los
medios masivos de comunicación ni
pueden entrar ni caben. Son pocos,

lllll) poros los que se huscan y huscan la ·"'h·arilÍn allende las frías y pas,1.1c1~1s lul"cs de hcngala de una tcl"nolog11ada modernidad sin ética ni filosolfa que la sustente.

Ahí. .1ustamcnte ahí, est.í la obra
de Guillermo Ceniceros.'' De ahí.
justamente de ahí, la penetrante emoción que nos sobrecoge al situarnos
frente a sus cuadros: ¡Estamos volviendo a nuestra vida! ¡Lloremos o
ríamos a nuestro antojo!, desde nuestro yo, y no porque de una manera o
de otra -y existen infinidad de formas
para lograrlo- 17 se nos está apuntando
sobre cómo debemos reaccionar.
Entre otras, es ésta una de las
grandes cualidades de la pintura de
G.C. que, como el otro Guillenno. el
Tell, le da un puntapié a la orilla y. en
medio de la tormenta - Revolución
Agrícola. Revolución Industrial. Revolución Electróni~jl-. a riesgo de \I·
da, se aparta y se queda, timón en
mano, en el encrespado lago. -En su
tormenta. ¡Lo de fuera que se quede
fuera. y ya está!
Dígasme hora marinero
dígasme hora ese can1ar».
Respondióle el marinero
tal respuesta le fue a dar:
«Yo no digo m1 canción
sino a quien conmigo va.»

Cuando la canc16n sale del alma
de la tierra. nos vamos todos tras ella.
En un sahcr no sabiendo toda ciencia
trasl"cndicndo. sahemos toJos si la
canl"ilÍn cs. también. la nuestra o no.
La de Guillermo lo cs.

¡,Quién no recuerda su pnmera subida a un tranvía? -«¿Llevas el pañuelo'? ¡Abrígate bien!»-, cuando, por vez
primera. los padres nos dejan solos para ir a la escuela? Etcétera interminable de recuerdos jamás olvidados.

Segunda variación al mismo tema

Proust: «En busca del tiempo perdido». Prados: «Memona del olvido».

¡.Quién. que tenga ya algunos año~.
se acuerda del segundo reloj de pulsera que a los l~ años de edad era para él. para ella. «lo máximo»? ;.De
aquella pelota por la posesión de la
que se daban de puñetazos'? ¡.De las
mancuernas de plata que exhibía en
todo momento. alargando los puiios
de la camisa. y le hacían scnursc re) ·!
Etcétera 1111cm1inahle de olndos por
fortuna ol\'idados.

S1. clarísimo: por toda la pmtura
de Gutllenno Ceniceros pasa un hilo
rnnductor invisible de esencia de fugiti,idad. De lo que vale. aunque no
sea tangible. medible o pesable. De lo
que siempre queda con nosotros. S1:
Quc,cdo tiene absoluta razón: «Sólo
•
IS
ll) fug111vo permanece y queda». ·

Regresando
Vohcd las haratiJas a ,u ,1110
lo~ ídolo, al polYo
) la cspcranta ,11 mar.
Lc6n Fclipc
e.Quién que tenga ya no sólo algu•
nos. smo muchos aiios. no recuerda a
la mñlla de l~ de edad que pasó. fuga1mentc. saltando a la ruerda con
tren,as cnla,adas de blanl"as cintas.
calcctmes blancos. blusa blanca) f.11dita pegada azul pálido. ) de la que
estu,·o enamorado años y años ) . a lo
mejor. lo está todavía?

Jamás he sido dado a la tan ser,il como talsa palmada obsequiosa en la
espalda. o al gran elogio. generalmente tan desmedido como desbocado ) pobre. So) de la e1encta. Soy el
balsero que enfrenta tres veces ¡tres!
la bárbara realidad marina y humana
para entender. Tengo la suerte de haber salido , l\·o.
D R Hofstadter no se va a la mar.
Se va a la computación e integración
física-matemática en lo mucho que

81

�tiene que ver con la música y con el
arte. Es historia, será historia. A lo
19
largo de 915 tupidas páginas nos
muestra cómo existe una estrechísima
relación entre Godel -matemático-.
Escher -grabador-, y Bach -músicoLibro de cabecera para todo aquel
que desee adentrarse en la absoluta y
real necesidad de la interdisciplinaridad para el progreso del conocimiento.
Me he atrevido a tantas cosas ~'
que me atrevo de nuevo. Aventuro,
pues. que, quien se lo propusiese, mostraría una feliz y luminosa hga entre
Mo,art, Watson y Crick. Hawkings,
Chagall. Quevedo y Ceniceros. ¿Por
qué'? Fundamentalmente, habría que
estudiarlo y precisarlo en serio -no se
trata de un Jueguito menor-, porque
intU) o que la fugacidad del tiempo
con~lltuiría el tubo base para establecer las otras relaciones de los demás
, asos rnmunicantes que los unen. Sí:
creo que se encontraría.
Picasso -petulante, aún siendo Picasso-: «Yo no busco, encuentro».
Otros muchos buscan pero no encuentran.

76

Ceniceros busca y encuentra. Por
eso estamos aquí. Al encontrar y en82

contrars.e él, nos encontrarnos nosotros. Afortunado él, afortunados nosotros.
Es, en buena parte, por lo que de él
me ocupo: Yo soy paleoantropólogo,
esto es, estudioso de la evolución del
hombre, y Ceniceros es evolución perenne sin dejar de ser lo que es. Una
mezcla de Greta Garbo y Lawrence
Olivier que, en sus más variados inolvidables papeles, siempre fueron ellos.
Por eso fueron tan grandes, creíbles y
genuinos. Ellos siempre, siempre ellos.
Es el sello que marca a los grandes, a
los clásicos, a los que no están tras o
en los afanes de las pasajeras modas.
De espejos y de ecos

Nos miramos ante el espejo, nos acicalamos," nos vemos, y. creemos que
así somos. Cuando oímos nuestra voz
en una grabadora, todos la reconocen
como la nuestra; nosotros le notamos
un algo que nos la diferencia de lo
que pensábamos oír como nuestra
propia voz. Sí: el OJO es ojo porque te
ve, y el oído, oído, porque te oye.
Y en ese ver y oír de los ojos ajenos quedan fuera todos nuestros subjetivismos, prejuicios, freudianos o
no complejos, deseos, preconceptos,
y sí: hasta tabúes.

La pintura de Ceniceros nos oye
sin que nada digamos; se nos desnuda
sin desvestimos. De ahí una de sus
más apreciadas facetas como «retratista». El no retrata: él ve y oye. El retrato, la foto puede ser excelsa (Modotti,
Bostelman, Álvarez Bravo, Carrillo,
Chalquit, García, etc., entre los nuestros). Yo, no obstante, en mi libre albedrío, me quedo con el ojo y oído humanos, al natural, y con las impresiones nerviosas que, desde ellos se transmiten a la mano del pintor. En la foto1
grafía hay un cierto estar.2
A Ceniceros no le importa el estar
smo el ser. Para mí, en mis estrecheces y monomanías, puede que no lo
considere así del todo, admitiendo, no
obstante, que, en la realidad, no es
posible ser sm estar, ni estar sin ser,
lo que no me inhibe de pensar que
son procesos, cosas si se quiere, bien
distintas. No más lo uno que lo otro,
pero malienablemente diferentes. Como la madera no es fierro y viceversa. Así concebido, el pintor Ceniceros
no es un pintor lejano, sino que viene
de lejos. ¿Para qué? Para acercarnos.
¿Para acercamos a qué? A ser.
Lo grande y lo cursi

Doctor Raoul Fournier: «Todo lo
grande tiene un algo de cursi».

Sentí cursi la afirmación cuando se
la oí al gran médico, años ha, en la
vieja Escuela de Medicina de Santo
Domingo. Pronto comprendí que el
cursi era yo, que no soy grande.
Como grande que es, Ceniceros tiene un algo de cursi. Es su lado romántico, como el más grande de los
músicos románticos lo tiene: Chopin.

Final
He tratado de dejar aquí unas ceni1as. tanto de análisis como de síntesis. sobre la pintura de Ceniceros.
pintor apasionadamente enamorado
de la naturaleza; de la naturaleza
del hombre; del hombre en la naturale1a. Sin cajones: tierra, aire, mar
-poco- ) el hombre y la mujer.
Hombre-mujer, sin dejar, cada
uno/a de ser quienes son. Personalmente, Guillermo no es ni apartado
ni retraído. Sí auténticamente cariñoso y poco comunicativo socialmente. Muy verdadero. Norteño,
sin hacerse de ello una profesión o
un acto de fe. Es de allá, y ya está.
Cabe relatar algo para terminar:
Nunca le oí hablar «erudita» o «mtelectualmente» de pintura. como a tantos y tantos otros amigos pintores de
aquí. de allá o de acullá.

Fui a impartir X seminario en
Cracovia. Al regreso, como es normal, hablé con varios pintores amigos, ya que, evidentemente, visité
museos, galerías, escuelas de arte,
etc., más allá de mis labores académicas y de investigación. El único
que me preguntó, antes que yo nada
dijese: «¡Oye! ¿ Viste el Rembrandt
de la joven doncella mirando de medio lado?», fue Guillermo Ceniceros. Sí, sí la vi. Claro. La joven doncella pudo haber sido Esther, de más
joven.
Canción popular
De la nata sale el queso
y del queso los quesitos
de los huachinangos grandes
nacen los huachínanguitos.

•••
Creciendo
siempre creciendo,
compás desacompasado
de leyendas
de mitos
sean o no sean cienos
con segura brújula
Guillermo
cuenta su cuento
Siempre el mismo
siempre diferente
como le pide el niño al abuelo

que Je cuente el cuento
Guillermo cambia y no cambia
de pan y de huerto
Siembra
nega
recoge
y en el nuevo mar
buen pescado nuevo
Nuevo desde siempre
para el hombre nuevo.
Ultimo acto

He tratado de moverme entre Arte,
Ciencia y Humanismo, única e imprescindible manera para acercarme a
la obra de Guillermo Ceniceros; esto
es, interdisciplinaria, al tiempo que
vertical y horizontalmente.
No cae telón alguno, porque, con
los grandes artistas, jamás queda nada totalmente terminado. Su gesto y
signo perennes son la evolución, la
transformación, a partir de un más o
menos claro, dibujado o desdibujado
tronco, enhiesto y bien plantado sobre la tierra. No ha habido mensaje
alguno, ni lo habrá. La vida, tal vez,
tal vez, sea el mensaje de Dios del
que algunos pocos extraordinarios artistas o científicos desentrañan una
mínima parcela. Una esquinita. Ceniceros se encuentra entre éstos y, lo
por él visto y oído, nos queda ahí co-

83

�GLORIA COLLADO

Alfredo Gracia Vicente
mo un luminoso primer alumbramiento que no pretende ser guía, indicador ni conductor de nada.

13

Deseo aclarar que aunque quiero, admtro y estimo mucho a Ceniceros durante los diez y ocho años que nos conocemos, nos habremos visto no más
de 10 ó 15 veces.

14

De la gran F. Giroud: «11 n'y a rien de
plus rare qu'un relation humaine reussie». Estoy con ella.

15

Tal vez con Eisenstein y Flagherty.

s Ya habrá supuesto el lector que todo

16

lo anterior se decía en francés. el idioma de 'la mteligenc,a·. de los cul1os.

Por no citar más, como la de F. Toledo y la de J. Sabmes.

17

Como bien lo saben los publicistas y
los comunicólogos que, vaya de paso,
cada día asesoran más a los políticos
para lograr los efectos que éstos desean.
Hablo. naturalmente, de lo fugitivo no
cap1urado. Esto es: de lo más opuesto
a esa TV que captura imágenes, nos
las pasa a velocidades casi supersónicas. una tras otra, y de las que. es obvto. nada queda después de haber
transcumdo sólo un rato. Mentalmente. el final del poema hindú· «Soñé
que el ciervo ileso/ pedía perdón / al
cazador frustrado», me vendría bien
como eJemplo al caso.

¡La Cueva de Salamanca' [¿Cervan1es'!j
«Pcnrose: bello. bellísimo nombre,
me dice al oído Guillenno: Plumarosa: por un lado indio-pueblo. por el
01ro 1an clásico como Romeo y Juliela». Asiento con la cabeza. Guillermo
habla poco y píensa mucho. Siempre
con ingenio.

7

«No la toques más que así es la
rosa.» Así cs.
Suenan trompetas, el arlequín las
silencia y, cuadro a cuadro, va cambiando de color, teniendo ¡oh misterio
de misterios! siempre el mismo color.

9

Notas

IO

H. Stapp, Premio Nobel de Física. E.
Cesannan, Entropía: orden y caos.
2

3

H. Sperry, Premio Nobel de Neurología.

4

Incluso Guillenno Ceniceros y yo.
que. por fortuna, habíamos sido invitados por no recuerdo qué Oficial
Mayor, de no recuerdo cuál Estado
Menor Presidencial.

5

6

76
84

F. Crick, Premio Nobel de Biología Y
Medicina.

Esto, que aquí se resume, ha quedado
plasmado en dos valiosos volúmenes:
On Growth a11d Fom1, Cambridge
University Press, 1951.
Oigan lo que dejó escoto/ della el bachiller Tudanca / en el cuero de una
yegua/ que dicen que fue potranca / y
en la parte de la piel / que confina con
el anca / poniendo sobre las nubes /

11

12

Aquí Penrose olvida algunas cosillas
de primerizos estudios de vida, que
no poseen la menor importancia ahora.
Sm menosprecio de nadie. ya que 1enemos. por fortuna. otros grandes pintores: este aspecto sólo lo encuentro.
1amb1én. en Posada. el de San Luis
Potosí. El de siempre.
También los menores. En realidad, lo
saben tan bien los psicoanalis1as de
cualquier escuela. como los e~1ructuralistas. como cualquier vulgar mortal
como yo. que. toda nuestra vida. por
más que gira y gire. siempre estará
marcada por un tema central. Liga
evidente. sm en1rar ahora en mayor
desglose, entre físico-matemáticas.
genética. cultura y ambiente. Con 10das sus máscaras Marce! Marceau es.
siempre. Marce! Marceau.
He tenido la fortuna de conocer. bien.
a varios hombres y mujeres de los que
considero no los hay más grandes.
Todos. cada uno. a cual más sencillo.
a cual más modesto, a cual menos
pomposo.

IS

19

Hofstadter. D.R., Godel, Ese/ter,
Bach: una eterna trenza dorada. CONACYT. 1982. Primera ed., Basic
Books, 1979

20

Para entender, no para juzgar.

21 «Estáte quieto o no saldrás» -&lt;:orno al
parecer sucedía en la vieja política-.
«Muévete para que estés o para que
parezca natural».

Tengo la satisfacción de conocer a
Gloria Collado desde hace unos veinticmco años. allá por el 1970, precisamente cuando en el mundo del arte se
empc1aba a hablar del arte de ideas,
del arte que se llamó y se llama arte
conceptual.
Rt&gt;cuerdo mi sorpresa al contemplar los conjuntos de objetos que
Gloria nos ofrecía, enigmáticos
mensajes que provocaban mi atención pero que mi entendimiento no
alcanzaba a captar. Fue cuando empecé a leer y oír acerca de la existencia del arte conceptual. Y desde
entonces lo tuve presente. Vino a reforzar mi principio de que toda manifestación artística debe ser aceptada, al menos, para reflexionar sobre
ella.
Fruto de mi tranquila actitud fue
esta posición ~entada como explicación del arte conceptualista en el cuaderno de apuntes número uno. dedicado a los alumnos de Estética y Arte, de la Facultad de Ciencias de la
Comunicación de la UANL. Este modesto cuaderno lo escribí hace ya doce años y respecto al asunto que nos
ocupa. dice así:
«Tendencia conceptualista: La
idea como arte. El conceptualismo
concede más importancia al proceso

mental que determina la creación de
la obra, que a la realización material
de la misma».
Poco a poco fui reuniendo y haciendo míos nombres y hechos de algunos destacados artistas de la vanguardia mundial relacionados con el
conceptualismo; y finalmente, el 25
de octubre de l995 se me presenta la
oportunidad de visitar la Pinacoteca
de Nueyo León, que alberga una exposición de arte conceptual presentada por Gloria Collado.
Se trata de una amplísima muestra
del género, de las más importantes
traídas a nuestra ciudad. De primerísima mano obtengo este párrafo referido a la notable artista expositora:
«En la actualidad utiliza la imagen
como protagonista de su trabajo. considerando la fotografía como medio y
no como fin. Por la fotografía manejada al servicio de una conciencia
despierta y vigilante, Gloria Collado
recuerre a la historia, crea historia y
redacta su propia histona. Va sellando porciones de su vida adhiriendo
imágenes de su propia identidad;
imágenes micro y macroemotivas que
se concretan objetivamente en ciertos
materiales necesarios para la realización de ,las presunciones artísticas del
autor: nace la obra de arte conceptual.
Gloria Collado. titánica personalidad

femenina del conceptualismo mexicano nos ha cubierto muros y pisos
de la Pinacoteca de Nuevo León para
presentar a la atención de entendidos,
aficionados, alumnos, maestros y el
pueblo todo de Monterrey, una muestra sorprendentemente grande, variada, tan elocuente como educativa, de
una de las más importantes manifestaciones del arte del siglo veinte. En
aproximadamente treinta años, el
conceptualismo ha ocupado espacios
en todos los continentes».
Es muy estimulante saber que
Monterrey. nuestra ciudad, se alínea
con las más avanzadas ciudades del
mundo en la práctica y disfrute de
eventos artísticos de esta naturaleza.
El tipo de arte de que me estoy
ocupando en este pobre aunque bien
intencionado artículo, no es de fácil
comprensión. Por lo tanto, es de difícil aceptación. Además, basta recurrir
al primer renglón. solamente el primero, de la Teoría estética del maestro Theodor Adorno (1903-1969) para
informarnos de que «ha llegado a ser
evidente que nada referente al arte es
evidente». También es evidente, me
atrevo a decir yo que el arte no se
concibe sin contar con una sene de
mediaciones sociales entre la obra artística y la sociedad en que se produce. También creo ver con claridad,

85

�DIÁLOGOS DE ENCUENTRO Y
DESENCUENTRO CON PABLO FLÓREZ

Julieta Renée
que la sociedad exige que la obra de
arte, partiendo de sus estructuras formales, diga algo respecto del contenido. En el lenguaje social se concreta
la afinnación de que la fonna es el
lugar del contenido de las obras de
arte (Adorno).
Las anteriores observaciones dejan en claro que nuestra tan elogiada
exposición de arte conceptual, presentada en la -Pinacoteca por Gloria
Collado, valdrá más cuanto mayor
aceptación tenga por parte de la sociedad regiomontana: la autora, los
organizadores, los críticos, los maestros, todos los que amamos el arte,
debemos participar en la difusión de
actividades como esta exposición, cuya proyección en la historia cultural
de nuestro pueblo, está garantizada.
Y hablando de otras cosas de lo
mismo, visitar la Pinacoteca con esta
exposición es una fiesta,. una verdadera vacación corta. Maravilla las cosas que puedes hacer en un par de horas con libertad de ver, de oír, de pensar... Incluso de hacer y de jugar. Sobre todo, de admirar... De convencerse de que nuestro siglo no es todo
guerras y destrucción. Es también un
pórtico de entrada a la paz, al progreso y al amor del XXI. Todo depende,
principalmente, de nosotros mismos.
76

86

Cantan notas aves
rompiendo hermetismos
vibran en el aire matutino

Un sueño personaliza la creación
del todo.

Julieta Renée
¡,La importancia de mi obra pictórica'? Pues eso se lo dejamos a la historia, creo. No me he puesto realmente
a pensar en eso.

El arte conceptual se origina en
los EUA, pasa pronto a Gran Bretaña
y en difusión relampagueante, se extiende pronto por todo el mundo civilizado.
No es fácil decir «aquí comienza»
pero generalmente se acepta que una
de las primeras obras data de 1965, se
tituló Una y tres sillas y se debió al
artista norteamericano Joseph Kossuth, pintor.
A mediados de los sesenta convertido en el más activo promotor del
arte conceptual produjo esa obra, que
fue famosísima, y todavía no está olvidada. La conocemos, repito, con el
nombre de Una y tres sillas (1965); la
obra la constituían:
-Una silla de verdad.

-Una fotografía (tamaño natural},
de la silla.

En la paleta amarillo, rojo, azul;
l'I negro y el blanco lo llevan a morcrse en diferentes direcciones.

-Una y tres sillas incluye, pues:

Mi obra se compone de una cantidad regular &lt;le exposiciones colecti\ as e indivtduales, básicamente de
pintura y grabado, organizadas en
Monterrey y en vanas partes de México y de Estados Unidos.

El objeto.
Su representación visual.
Su representación textual.

Utili-;,ando ocres inicia nuestra
co11i-ersació11. Recrea un centro donde conrnrren miradas, percepciones..

-Definiciones de la palabra silla
en un diccionario.

Para Kossuth el conceptualismo
artístico es una especie de propuesta,
como un comentario hecho en un
marco de propuestas que se amplía
hacia la investigación de las funciones del arte, de la significación y del
uso de cualquier consideración específica dentro del concepto general de
arte.

Yo siempre he creído que el
aprendizaje de la pintura es el tránsito. el proceso que uno se va imponiendo. Hay selección en cuanto a lo
que más te interesa ir buscando de cada maestro para tu expresión personal. pero la idea de la creatividad ha
sido el tratar de encontrar la expresión personal.

El aprendizaje de uno es ir admirando obras de algunos pintores,
maestros mexicanos y europeos. De
influencias de maestros en Monterrey: José Guadalupe Ramírez, Gene
Byron; en México Balmori, en La
Esmeralda, en el mural Pablo
O'Higgins. Paul Klee en aquella
época, Kandinsky, Picasso. Va adquiriendo uno cierta influencia que
verdaderamente es enseñanza para
realizar obra. El muralismo mexicano fue muy importante como elemento de motivación para ver las diferentes maneras de pintar de los
muralistas.
Al que no se le consideraba en ese
tiempo parte del movimiento mural
mexicano, Tamayo, fue al que después seguimos en su manera universal de ver la pintura, no a través de un
mensaje que en cierta fonna no resolvía ningún problema social, sino que
era la idea del tema; él se sale de esto
y con temas cotidianos hace una gran
pintura, eso es lo que nos interesó,
una pintura mucho más subjetiva que
literaria.
Punto de partida a tonalidades.

En cuanto a experimentar con la
técnica no me lo enseñaron, toda la
experimentación que he hecho ha sido en base a búsquedas personales y
en parte a ciertos conocimientos adquiridos en química que he ido adaptando a la pintura.
En cierta manera me motivó Siqueiros, el único de los maestros que
más experimentaba en sus nuevas técnicas; él decía que hay que usar la tecnología de la época, aprovecharla para
la expresión plástica. En esa época se
descubrió una técnica en la que al aluminio se le hacían ciertos tratamientos
de manera que daba colores, y se podían adaptar con el collage o con alguna otra manera de expresión.
En cierta forma, Oroz.co lo quiso
hacer también, en los murales de la
Normal Superior, adaptando vidrio, canicas y metales dentro de los murales y
no con la técnica tradicional que usó
siempre Diego Rivera, como era la del
fresco y otras técnicas que se aplican
en los murales, básicamente el fresco.
En cuanto a influencia de la cultura, bueno, la idea de conocimiento y
el estudio de la arquitectura que tuve,
me dio oportunidad de conocer la historia de México con cierta profundidad, cuando ya buscaba lo que más
87

�me interesaba; obviamente lo prchispánii:o. lo wlomal, lo popular. y el
muralismo mexicano, es lo que más o
menos me ha dado pauta para mot1vac1ones.

Mi hermano sí se dedicó a estudiar
pintura. básicamente porque yo ya
había decidido hacerlo. entonces a él
le interesó y empezó a trabajar en
pintura y ya después hizo su carrera.

Y en cuanto a iníluencia de culturas umversales el ver las cultura~
primitivas me interesó mucho. Las
africanas, las australianas, y también
la prehi ,)ánica en sus diferentes
épocas.

Pintar por placer, regocijarse en
obsen·ar lo que se ha hecho, para
transformarse.

Todo eso es parte de los ingredientes que vas captando para ir eligiendo cómo haces tu pintura, qué influencia vas a tener. Los_ Japoneses,
en su manera tan fina de realizar sus
grabados, sobre todo grabados en
metal -el Oriente, tiene una gran tradición en la estampa- es lo que me
motiva a mí. Con la fineza con que
trabajan estas gentes logran magníficos resultados, desde las líneas más
finas hasta la expresión de textura
más densa o digamos más agresiva, s1
le podemos decir así a algo casi sin
trabajarse, erosionada, o cosa así.

76

88

El apoyo que debe tener uno es el
creer uno mismo en lo que está haciendo, sin encerrarse totalmente, y a partir
de que es casi una necesidad estar trabajando en pintura y expresando. darle
forma a las ideas que uno tiene. Yo
creo que se necesita un apoyo exterior
de estímulos en relación a exposiciones entre obra y espectador. fae sí es
un apoyo. no tanto cuando me compran sino cuando ven mi obra.

A,iade, adhiere, mezcla... en s11perficies que estallan en color más
tarde.

El hecho de comprar una obra es
muy diferente al hecho de observarla.
gozarla o captar el mensaje que trasmite el pintor. El hecho de venderla es
otra cosa completamente diferente. es
decir, es poseer una obra que la puede
ver mucha gente y puede gozarla, pero
el dueño es el museo tal o un particular
y en el caso de los particulares. pues
obviamente la obra se ve menos.

Mis padres pintaban de vez en
cuando, obviamente autodidactas.

Decir con destellos de 111::. lo q11e
asombra.

Yo creo en la creatividad, en el
hecho de darle forma a mis ideas y
convicciones. Pinto lo que se me viene a la mente y lo que me emociona.
Ya se ha demostrado que de una
manzana se puede hacer una gran
obra de arte, como lo hizo Cezanne,
con los temas más sencillos se puede
pintar bien; no necesita uno de los
grandes temas ni las grandes motivaciones para hacer buena pintura. Por
lo tanto. yo no ando buscando grandes temas que, a veces. lo único que
pasa es que con esto no se resuelve la
pintura en térmmos plásticos y si se
da una especie de mensaje literario o
se cuenta una historia que no está
pmtada. Eso lo descarto para ir buscando temas más sencillos: senum1cntos. presentimientos. fantasías o
sueños, todo eso, digamos. se conJuga y salen las ideas, luego ya viene la
transportación al grabado o a la tela.
Eso me da cierto sentido estético, o
sucede que alguna idea se me viene
al recibir la imagen de algo que pasa
en el mundo y que capté con mis sentimientos, luego se transforma en lenguaje plástico.
Obviamente hay una capacidad de
selección de eso, hay motivaciones
que persisten como, por ejemplo, el
paisaJe, no del exterior de Monterrey

sino más bien el industrial. Eso, no el
hecho de tomarle una fotografía, me
interesa más, todo lo interno de una
fundición. qué es lo que ha hecho el
tiempo con las chatarras que manejan. Todo eso me interesa, más la forma y el color que el aspecto literario
de la fábrica en sí como fotografía, o
como tradicionalmente se ve el paisaje, como una superficie que tiene techos. edificaciones o chimeneas; es
decir, llegar a la intemporalidad del
paisaje.
Formas 11bicadas en
d&lt;'sombras.

1111

espacio

Interviene mi manera de trabajar
en una forma básica. Para encontrar
un lenguaje plástico no tengo una
premeditación_filosófica muy profunda. smo que los elementos van encontrándose en un lenguaje que ha ido
aprendiendo uno a través del desarrollo personal. Un alfabeto que se va
con\'in1endo en frases, de letras se
van haciendo palabras. se van haciendo frases } luego se hace todo el poema o lo que pudiéramos expresar: son
colores, fonnas, ritmos, composición,
todo eso. No hay una disciplina que
pudiéramos llamar estética, sino que
esa disciplina es el hecho de estar trabajando simplemente y el hecho de
estar produciendo más obras; a medi-

da que vas haciendo más obra vas teniendo más disciplina.
Confluencia en
plástico.

1111

conversar

En cuanto a ser capaz de dar a conocer mi obra a nivel local me va
más o menos bien, pero afuera de
donde trabajo o donde vivo, muy
mal. No tengo agentes que me pr&lt;_:&gt;muevan, no pertenezco a galerías y
básicamente me he ubicado en la cosa de estar produciendo obra, o en la
enseñanza, no me he puesto mucho a
pensar en la promoción. Esporádicamente participo en exposiciones colectivas para en cierta forma estar
presente, para no dejar de hacer exposiciones. La promoción es básicamente )&lt;_:&gt;cal, sí, hay una necesidad de
tener una promoción adecuada, que
no la he hecho yo.
Entrelazar, conjugar esfuerzos,
imán que sostiene rodas las miradas.

El proceso no tiene un tiempo determinado, hay veces que se parte de
una idea que ya ha sido soñada, que
vino en· algún otro tiempo, pero en
este caso viene más fija en cuanto.a
que se tiene una imagen de lo que se
va a ser. El proceso tradicional es tener una idea o tema, se hacen apuntes

en blanco y negro para resolver el
claroscuro, luego se pasa a color; todo este proceso sigo. En algunas ocasiones no se tiene que hacer mucho
estudio, sino que ya tienes una imagen directa que trabajas en la tela.
Hay veces que no llegas a terminar todo el proceso de la idea en la
tela, sino que ya perdiste un poco la
motivación en el boceto y como que
la idea ya terminó; ese cuadro nunca
va a llegar a ser cuadro o lo es,
cuando tú sientas que puedes realizar el lenguaje de manera sintética,
para dejar que los elementos más necesarios sean los que reafirmen la
expresión. Allí es cuando esos que
eran apuntes se convierten en obra.
En una obra digamos más grande o
más resuelta. A veces los apuntes
pueden tener los colores, digamos,
sugeridos, y en el cuadro ya toman
un lugar Ya puedo decir: esta idea
llegó hasta su final.
A veces esas mismas ideas pueden servir para escultura, cosa que
han hecho otros artistas: hacen su
pintura y luego hacen su escultura
sobre ese tema. En el caso mío algunas cosas las hago grabado, pero básicamente lo que hago en pintura se
queda en pintura, el grabado es otra
idea. Pero muchas veces sí hay cier-

�ta relación entre una pintura y un
grabado, en cuanto al tema y a la
idea.
En la escultura también es igual
Cuando uno siente que el color no le
da ya lo que anda buscando, entonces se ayuda con los volúmenes y ya
está pensando uno en escultura. Es
mejor hacer una escultura que hacer
una escultura pintada, que también
se puede. En cierta forma, se dan la
mano la escultura y la pintura en la
obra pictórica.

76
90

tra todo lo relativo a pintura, es decir,
la estética o ambientación que tiene
que haber en una obra se maneja a
través de luces.

La disciplina de la arquitectura
me ha ayudado mucho a conocer la
pintura, y la pintura me ha ayudado
probablemente a diseñar mejor la arquitectura, o sea que, en un momento
dado. se retroalimentan éstas hasta
llegar a conceptos más claros en una
) otra rama.

En arquitectura, la ambientación te
la da la naturaleza que también puedes
provocar con el diseño; en un teatro
están los spots y tú haces tu ambientación según el tipo de escena que se requiera. En las dos formas son funcionales: una funciona para un público
que va a ver algo, a lo que se le va a
dar una ambientación en una o dos horas. o lo que dure la obra. Puede ser
una puerta para que entren y salgan o,
si es una obra surrealista, la puerta va a
estar para que no entren y no entran.
Las fun~iones de una escenografía te
las va a dar la obra, es decir. lo que debe funcionar como ventana porque Se
va a asomar por ella, pues se hace ventana.

La arquitectura del teatro, la esc:•
nografía. tiene que ver mucho con
mis estudios de arquitectura, aunque
está má~ ligada a algo que es temporal. algo que no tiene que ser para que
habite el hombre como en el caso de
una casa o un edificio que tiene que
· ser construido con material, sino que
tiene que ser efímera; los elementos
que se manejan en ella son parecidos
a los de la arquitectura. También en-

Esas son limitaciones entre paréntesis para el escenógrafo que, en cierta
forma, tiene que dejar volar su imaginación para no tener resuelta la escenografía por la función de la obra, que
te dicta: «Aquí pones una puerta, aquí
pones una pared, aquí pones esto y el
estilo es tal». Para danza es cuando
hay más libertad, porque te dicen:
«Bueno, vamos a tener estas ambientaciones y tú, tú diseñas, ¿verdad? No-

más va a ser un trasto al fondo. o tú
imagínate qué puede haber allí».
Una obra en donde la misma escenografía participe le da oportunidad al
escenógrafo de ser más creativo; es
muy bueno eso porque entonces, por
lo general, la escenografía se ve como
un arte aplicado y en algunos casos
puede ser una obra de arte. Picasso y
Dalí hicieron muchas escenografías.
En una danza moderna dicen, por
ejemplo, la música es de Stravinski y
la coreografía de tal persona, el fondo
de escenografía está planeado por Picasso o por Dalí.
Firme, abstractamente, toma un
lugar escénico en el cuadro, quien
pinta.
No creo que se pueda considerar
fama la que tengo sino que, después
de varios años de estar pintando y de
estar en la enseñanza, más bien ya
hay gente que le tiene a uno un respe•
to y ese respeto, en todo caso, si se lo
ganó uno, se lo ganó por el desarrollo
personal tanto en la enseñanza como
en la realización de exposiciones, o
en las diferentes actividades en donde
participó con relación a su profesión.
Fama, como no me promuevo mucho, no creo tener. Además, como di-

jo José Luis Cuevas, un cantante -&lt;ligamos por ejemplo Pedro Infante-,
llega a ser más famoso ya que lo conoce más gente, es más popular y tiene mucha más difusión que un artista
plástico que es, en cierta forma, elitista.
Ojos recrean admirados impresiones, contrastes, ritmos alucinantes.
No se qué influencias haya ejercido. He tenido el respeto de ellos al
decir que yo fui su maestro. Entre algunos está Águeda Lozano, Jaime
Flores, Fernando Sánchez, de los que
me acuerdo que han publicado que yo
fui su maestro. Son gente que ya tiene una trayectoria y un prestigio. Realmente yo no tuve nunca la idea de
decir voy a dejarles esto, sino que eso
se deja y en su respuesta es donde se
nota qué les dejaste.
Con reflejos profundos se emreteJen caminos lejanos yfuturos.
No creo tener enemigos, sino que
hay gente que no está de acuerdo con
cómo pinto, no necesariamente son
enemigos; son enemigos en cuanto a
que simplemente no penetran, se
pierden de algo muy bueno, son detractores algunos y a otros simple-

mente no les interesa saber de ello.
Probablemente pinten de otra manera,
simplemente son gentes que no están
de acuerdo con tu pintura o con lo
que haces tú.
Opción: espaldas chocando con
espaldas.
Hay obstáculos. Simplemente el
hecho de que tienes que vivir, tienes
que comer y de esto no se puede vivir, es el primer obstáculo. Tienes
que resolver de alguna manera estos
problemas cotidianos de la existencia
física, de comida, de casa para poder
hacer tu obra.
Por lo general dar clases ha sido
la solución, no mía sino de muchos
artistas. O simplemente buscar alguna
técnica que sea más accesible como
lo es el grabado, que se puede vender
má~ barato y llega en cierto momento
a más cantidad de gente. Eso es más
fácil que te lo compren que una pintura.
Al tomar aquello que fes gusta de
ti. sigues esculpiendo fantasías.
El grabado, el poster, la viñeta, es
una manera de vivir para poder hacer
pintura que es mucho más cara y que
no es vendible hasta que ya tengas tu

mercado. Si no se preocupa uno por
el mercado, no va a tenerlo; éste se
tiene que buscar, no sale de la nada,
implica tener una mercadotecnia para
hacerlo. La manera de vender son las
galerías o directamente con personas
o en la misma exposición personal
que hagas en cualquier lugar. Es una
manera de buscar una relación, de
acuerdo al proceso que uno ha seguido, en cuanto a oferta y demanda de
los que están comprando. Lleva un
sentido de cobrar lo mínimo que podría cobrar quien ha tenido un cierto
desarrollo, es lo normal.
Plata y oro, péndulo material, de
que se fomza por momentos la composición estética.
Cuando expusimos en Estados
Unidos, por ejemplo, llegué a vender
en la Universidad de Austin hace como quince años un cuadro o dos en
500 dólares. Aquí, cuando la devaluación, este precio se le hacía mucho a
una persona que me había comprado
cierta cantidad de obra, entonces el
mercado de Estados Unidos era mucho mejor para mí que el mercado de
México ya que a la gente le parecía
demasiado alto el precio, confonne a
un proceso digamos, lento, de ir aumentando el valor de la pintura.

�La promoción hace que la obra
aumente de precio, puesto que la van
valorando en diferentes mercados,
hasta que pueda entrar en un proceso
de oferta y demanda. Esto lo podemos ver en la subasta de cuadros en
que ya tiene una cotización un pintor,
va subiendo según lo que vaya haciendo éste, su promoción, su calidad. los elementos que maneja el
mercado. que son muchos y en un
momento dado llega a alcanzar coti1aciones altas.
El artista se cotiza más cuando ya
no produce &gt; si hay mucha demanda.
La obra única en la pintura es una
obra única. Por eso el precio es mucho más alto en forma total cuando se
muere el artista, pues ya hizo lo que
hizo. no va a producir más. El grabado es más barato porque se hace en
serie
Ese es el mercado. Y a veces sube
a niveles que ni te imagmas, por
ejemplo. estábamos viendo el caso de
Van Gogh. El no vendió nada en su
, ida. sólo uno o dos cuadros y su
obra ahora se vende en precios que él
nunca se pudo haber imaginado.
Pero depende también mucho del
tipo de artistas. Hay artistas que en
vez de subir la obra, baja. Lo que pa-

76
92

sa con su obra es que lo sobrevaluaron cuando empezó a promoverse.
Luego el mismo mercado, la gente
que está alrededor que compró, lo rechaza porque se da cuenta de que los
valores plásticos de la obra, o el talento de este pintor, no eran tanto como la promoción que se le dio en ese
tiempo.
Por lo general los pintores que
yo he conocido, siempre han vendido a menos de lo que vale la obra,
no han sido mentirosos o buscando
un mercado falso de sobrevaluar o
inílar los precios de la obra, como
en el caso de Rodolfo Nieto, que
prefería. venderle barato a los Jóvenes porque pensaba que así su obra
era más apreciada.

Se acerca o aleja el artista en su
expresión de alegría, valentía, reto;
de huida, frustración, de quietud, de
mito.
Realmente nunca he tenido la idea
de tener un estudio fijo, me gusta trabajar en espacios abiertos. En el caso
de éste -pinto en una cochera grande
y la adapto- lo quito y Jo pongo. Pinto en espacios libres, muevo el estudio. No es un estudio fijo, con todas
las de la ley, que es muy difícil construir porque cuesta; yo me adapto fá-

cilmente a lugares donde puedo pintar. En cierta forma los haces funcionales.
Si tuviera cierto capital, yo diseñaóa un estudio que sería proyectado
de acuerdo con las necesidades personales y las obvias: buena luz, con
techos altos, grande de espacio. Pero
un estudio de pintura es muy diferente a un estudio de escultura. Las necesidades dependen del tipo de escultura que vayas a hacer: si vas a hacer
escultura monumental necesitas una
bodega, algo que tenga cinco o diez
metros de altura y buena luz, espacios
mucho más grandes; todo eso para
poder trabajar.
Para el grabado hay un proceso de
tres etapas, donde se imprime, donde
se diseña, donde se quema la placa.
Tiene que diseñarse según las necesidades de lo que requiere la técnica.

me adapto a los espacios. En el grabado no se puede adaptar uno mucho,
ahí sí tienes que diseñar según el proceso, pero ya hay talleres donde puede uno ir a grabar. Yo tenía mi taller
de grabado que era todo un departamento, actualmente no tengo uno pero, si quiero, puedo ir a un taller a hacer parte del proceso y la otra parte la
P,uedo hacer en un estudio más pequeño.
El proyecto de escultura puede
realizarse en el estudio de pintura,
en tu casa, o vas a un taller a hacerla, según la técnica que uses. Si es
en madera. puede ser un techado en
tu patio dependiendo de las necesidades, en un corredor techado o en
un pasillo.
La escultura yo siento por lo general que debe hacerse un poco al aire libre, con un techado mínimo, para
que la iluminación sea natural y nada
más si llueve y esas cosas te protejas
con un techo que puede ser'una manta estirada, improvisado.

gunos talleres como el de grabado.
En el aspecto de exposiciones al exterior hicimos algunas incursiones, iniciando proyectos para Bazares de Arte los domingos en diferentes partes;
uno de los que dio mejor resultado
fue en la Plaza Hidalgo, se llamaba
Bazar Dominical de Arte, allí se ibl)n
los pintores y exponían su obra.
Hicimos un experimento, también
para fundar una galería donde los
pintores fueran los promotores mismos de su obra, o los que manejaran
directamente el hecho de que se pudiera comprar una obra no a través de
una galería sino a través del mismo
pintor. Se formó una cooperativa y se
hizo una galería en el Hotel Ancira
la cual formé y desarrollé yo.
'

No puedo diseñar un estudio general, tendría que ser una casa, donde
hubiera unos departamentos para grabado, unos departamentos para escultura y otros departamentos para pintura.

En un desierto se puede construir
el paraíso Y aun algunos espejismos.

En algunos de los grupos los logros fueron temporales, como la galería del Ancira; en otros se han transformado en otras cosas, pero ha sido
una buena experiencia. Para todos los
artistas que participaron, que han tomado déspués sus posiciones de desarrollo personal, todo eso fue un tránsito para ir buscando más contacto
con el público.

No es tan sencillo tener eso, ¿verdad?, una casa o edificación diseñada
para toda esas necesidades; más bien

En la escuela de Artes Plásticas
nd
fu é la Galería Universidad; siendo
coordinador de la Escuela, fundé al-

Lo de la Escuela, fue simplemente
agregar talleres Y poner una galería
que no había y era necesaria. A esa

galería la alimentaban los alumnos,
en cuanto a tener presente obra de artistas de diferente tipo allí y no que
fuera pura teoría todo. En cierta forma inclusive hasta exposiciones de
los maestros que les daban clases. Si
no sabían cómo pintaba un maestro,
todo iba a ser un poco teórico. En la
enseñanza se vio que era muy necesario ver la producción del maestro para darse cuenta de hasta dónde su teoría Y su práctica coincidían, 0 si podrían admirarlo tanto como productor
que como maestro, ya que no necesariamente tiene que haber un buen
maestro y un buen pintor al mismo
tiempo, pero es mucho mejor que así
lo sea.
El arte no es teórico, si el maestro
va a transmitir pura teoría, pues parece casi que es una transmisión directa
de los libros y no bajo una experiencia personal en donde ya transformó
eso y les está dando un futuro a sus
mismos alumnos; ellos por su cuenta
tienen posibilidad de hacer algo.
En el caso de los artistas plásticos, el alumno aprende a ver lo que
hacen los maestros, aprende mucho, en algunos casos simplemente
dosis de enseñanza básica, en algunos otros puede aprender que el
maestro es un gran creador y esa es
93

�una premisa básica. Si no se habla
de las técnicas que usa el maestro
en la clase que tiene, luego en pintura va a ver que se usan técnicas
muy innovadoras en cuanto a su expresión. Allí van a aprender eso, el
alumno que v!! la obra va a admirar
a ese maestro allí, hay una enseñanza: el solo hecho de ver una
obra es una enseñanza.
El sonoro eco de la ro/untad pincela búsquedas, bosqueja el mármol
creando laberintos.

Puedo decir que cuando los pintores nos iniciamos, había más comunicación. se hablaba también más de
pintura y el pintor era un poco menos
independiente; a medida que pasaron
lo~ años. el pintor va haciendo su
obra y se vuelve más independiente,
Esto es bueno en cierta forma, y en
otra es un poco malo para la relación
entre los pintores. La crítica que h?cía el pintor de la obra de otros pintores era muy productiva.
En el caso de Monterrey los pintores se vuelven muy independientes,
cosa con la que yo no estoy de acuerdo. ya que siempre he pensado que el
trabajo en grupo y la crítica personal
alientan al pintor a desarrollar más su
pintura.

76

94

Solitarias siluetas se perfilan desde cada rincón del universo.

El pintor debe ser un artista y el
artista es un dador que, como humano, puede ofrecer su arte como lo máximo que él puede dar a la gente, al
público o al pueblo, según como se
maneje esto.
Cualquier artista es una persona
muy humana y siempre están más presentes en él los valores humanos que
los materiales, el que se preocupa mác;
por los otros no es artista, es otra cosa,
es un comerciante. El artista no puede
ser comerciante, él hace su obra y en
el momento que termina la obra. allí
termina el proceso del arte para él.
Cascada desparramando iridiscencias para seguir su cauce incomprensible.

Esta obra debe ser vista, puede
ponerse en una galería cultural, eso
cumple una función dadora del artista, pero como él necesita también vivir, tiene que entrar a una galería. Esto sí es diferente a la obra de arte,
empieza el mercado. La galería maneja un mercado y lo maneja como
quiera, tiene que ver con si le gustó el
artista, su expresión; realmente otros
factores independientes de la obra de

arte que éste hizo. Los valores de la
obra están allí pero se pueden distorsionar en el momento que entran a
una galería.
Hay galerías muy profesionales.
La mayoría se preocupan por que se
venda lo que tienen, depende de su
sentido mercantilista el transigir, el
aumentar los valores de la obra, el
dar indicaciones al pintor de que su
obra de tal tipo es la que más se vende, que haga más de esa...
Los mejores lugares son aquellos
donde se hace labor cultural. Pero el
artista también reclama que necesita
vender, entonces sí hay que hacerle
promoción de ventas, pero unas ventas que vayan de acuerdo con el mismo artista, es decir con el valor de
su obra, el valor real, no de un mercado que a veces es ficticio, temporal, ya que ese artista, o pintor tiene
un público limitado nada más a esa
galería que es donde tiene el mercado. El pintor universal, talentoso, el
que realiza obra llega siempre a superar una galería o un lugar exclusivo, específico.
Debe de haber organismos quemanejen la promoción internacional del
artista, no creo que corresponda a los
artistas hacerla, sí que ellos mismos

~ug1cran 4uc se dcha hacer esa promocion parn ventas. no sólo para labor
cultural.
\lail'/n ele colllrastes, aparil•ncia
c/1 sensihilidad. espíritu, deleite; de
clominio. indiferencia, nudos.

Brillo opaco de espejos en donde
juegan a seguirse miradas.

Se revela cada vez más cercano al
ensayo de su imagen de equilibrio.

Actualmente, entre los planes que
tengo está dedicarme a la expresión
personal de la obra: a pintar, a hacer
grahado, escultura: pero todo a su
tiempo. Dedicarme solamente a grabado es no hacer otra cosa en un año,
ponerme a grabar todos los días para
poder hacer una exposición. así sería.
En el caso actual estoy haciendo pintura, he hecho una revaloración de mi
obra.

No me he puesto a pensar si está
bien o mal remunerado el trabajo del
artista.

En la Casa de la Cultura. cuan
do estuve a cargo de Artes Plásticas, promoví casi exclusivamente
la presentación de obra, con el mayor respeto, podía ser hasta la venta, pero los fines básicamente eran
culturales. Se trataba de hacer exposiciones de los mejores artistas
sobre un programa que tenía que
ser educativo y de aperiura también, para un público.

Espectro de fu~ iluminando huellas de esquiras ambigiiedades. concretas formas cinceladas en la piedra, tra~os de 1frencias fascinames.

Sobre una superficie tornasolada un fondo de miradas penetrantes aprisionadas en el enigma de la
vida.

Por supuesto no vive uno en el aire. la revaluación de la ohra no está
desligada de la vida del artista, son
congruentes la vida y la obra.

La promoción internacional de artistas plásticos es parte de los programas que podríamos tener para promover artistas fuera de México o presentarlos en otras ciudades del mismo
país o en la capital. Es decir. donde al
artista lo pueda ver más gente, gente
que se interese tanto en comprar como en promoverlo.

Acogido en sí mismo, obra de arte, el l11Í111a110.

Lo que es cierto es que el artista
plástico sí necesita en cierto momento concentrarse en su obra. que requiere tiempo, por ello normalmente
tiene que hacer cierto sacrificio en el
aspecto familiar y una valorización
de balance entre su obra y su familia.

Lo que pasa es que yo pongo
precios que considero que no son altos, sino accesibles, relacionados a
como he ido vendiendo en otras épocas.
Básicamente mi interés es que
sean precios bajos para que la gente
que los adquiera sea gente joven que
vaya realmente a comprar un cuadro,
no simplemente para adornar una pared. sino que conviva con ese cuadro,
es decir que lo quiera, que lo entienda, que participe. Eso lo hacen más
los jóvenes que empiezan a poner su
departamento. se acaban de casar por
lo general y son gente que tiene más
gastos. por lo que debes dar la obra a
precios razonables.
O gente que sigue tu obra y te
admira, que les proyecta a ellos
más que a cualquier gente que lo
compra fríamente porque va a decorar su casa, «el cuadro ese es de
una persona que pinta bien» le han
dicho y además hace juego con los
muebles.
95

�De la misma substancia se descubren las voces que danzan aparentemente al azar, encontrándose, emergiendo corpóreas.
En realidad en el arte los mejores
amigos del pintor. para mí, son los escritores. En cierta fonna hay relación
entre la poesía y la escritura como motivación para el artista pintor. El escritor puede recibir una retroalimentación, el músico también. En base a los
pensamientos de un músico el artista
plástico puede interpretar aquéllos.
Ha) una comunicación más estrecha para el artista plástico entre esas
dos áreas.

En la cima de la monta,ia rodeada de horiwnte respira la piel pa-;,
por todos sus poros.
Mi fonnación ha sido siempre la
Universidad Autónoma de Nuevo
León o alguna universidad de otro la~
do. Hemos tenido relaciones con la
Universidad de Texas en Austin y he
expuesto ahí. He estado en cursos casi
siempre a través de Universidades.
También hemos recibido en ciertas administraciones apoyo del gobierno en cuanto a exponer la obra y
promoverla. Aunque es mínima esa

76
96

promoción, creo que el artista que ya
tiene una madurez actualmente, debe
pugnar por que sea mayor la participación del gobierno en cuanto a la
promoción de sus artistas, por que los
acepte y los respete como artistas, no
con un sentido paternalista, que no
los vea como gente rara que no sirve
para nada, o que es productiva pero
que le hace caravanas. Que profundicen en que son parte de una sociedad
y son profesionales igual que cualquier otro profesional.
Similar a todos, diferente: viendo,
oyendo,' gustando, tocando, olfateando, se estrecha, se extiende alcanzándolo todo.
Visitar el mundo, conocer más
países. Algunos países que me interesan sería España, Italia, Francia.
En cierta forma el Oriente. De manera muy importante Japón más que
otros países, ya que me ha interesado mucho la expresión japonesa del
grabado. Y la China. En términos
generales los lugares de oriente tienen cierta afinidad, pero en algunos
se ha dado mayor producción y desarrollo de cierto tipo de cosas que
te impactan más. Japón podría ser
uno de los países de los que me interesaría conocer sus tradiciones, su
manera de vivir, que deben estar

emparentadas a la manera como hacen sus estampas y todo esto que
proyectan en la pintura tradicional y
aun en la contemporánea.
Desde acá se vislumbran fuerzas
opuestas, perspectivas complementándose.

Como director de la Casa de la
Cultura es tener limitaciones uno. si
el gobierno apoya, todos esos programas o propuestas se hacen. La idea
est&lt;Í allí, pero s1 no hay apoyo de éste,
esa idea es mucho muy difícil de hacer. porque se necesitan presupuestos
y facilidades.

Llevar una exposición a Japón de
artistas mexicanos sería labor del gobierno. En el caso particular de Nue•
vo León -el problema es que estamos
muy centralizados- tenemos que ir a
México para ver si la Secretaría de
Relaciones Exteriores puede hacer alguna exposición en donde recibas algún apoyo económico. Puede hacerse
directamente con promoción de algún
gobierno o de una provincia como
Nuevo León a un país como Japón
con alguna ciudad que podía ser ciudad hermana. Una relación de artistas
con Estados Unidos ya se ha hecho,
Monterrey es ciudad hermana de Pomona, en California. Podría ser así,
buscando la manera de que se conozca un intercambio cultural no nada
más a nivel de la metrópoli, con el D.
F., sino que la misma provincia haga
contactos, directamente, para promover a sus artistas.

Desde la palma de la mano pinta,
esculpe el propio instinto, las sensaciones. la emoci611.

Generar cadenciosamente aguas
que confluyan en un mismo río.

La música, oírla, gozarla como
espectador, me apasiona bastante, so-

Para lograrlo el artista tendría que
ponerse de acuerdo probablemente
con la embajada de Japón o departamentos culturales de México para hacer la relación. Si tengo apoyo del
gobierno ya está allí el contacto, esa
posibilidad la hay, sobre todo ahora
que estamos en el cambio.
Ante el desafio, sonríe, sigue trazando salitkis que llevan cada i·e.:: más
lejos hasta donde la mirada se pierde.
Tener un orden, hacer un programa de salud física, no lo he tenido:
comer a tus horas, limitarte. no hacer excesos en nada, sería programar
un poco tu desarrollo diario de trabajo.

hre todo el jazz. El jazz siempre, toda
mi vida. Puede ser tema. no lo he tomado nunca, pero me gustaría. En
cierta forma si lo hago en un festival
como el de Montreal puede uno motivarse y hacer algo, o cuando menos
traer las ideas y luego realizarlas.
Ace111tía la alegría trinos cristalinos de pájaros tallados en nuuiera.
La vida depende mucho de las actitudes personales de uno hacia una
sociedad y hacia la vida misma. Yo
creo que si tú ves las cosas positivamente, de una manera optimista, aunque sean dramáticas en cierta fonna,
la vida está bien. La vida es la vida,
hay de todo.
Llamarada de fuego, pasión cristalina, pura, de la tribu.
En términos generales, veo cada
uno con sus caracteristicas. México,
la gran metrópoli donde hay mucha
gente en que uno tiene que buscar sus
grupos, moverse, visitarlos, tiene sus
limitaciones por su mismo tamaño.
También sus expresiones artísticas
donde puedes cultivarte, simplemente
puedes asistir a muchos más espectáculos allí que en Monterrey. aunque
eso era antes. ahora en Monterrey hay
muchas relaciones culturales, exposi-

ciones, mucha música; el medio como que se va haciendo más a las actividades íntimas o personales de una
persona en su casa.
El mundo tiene bueno y malo, no
nada más es drama también hay alegria de vivir. Tiene esos dos aspectos,
podemos ver los sufrimientos de la
gente que no tiene ni para comer y
podemos estar, en otro lugar, donde
tiran parte de la comida porque la demanda es mucha y así aumentan los
precios.
Debe haber un orden en todo eso.
Es ver los problemas del humano y
de la relación humana. Pero decir cómo es el mundo y cada área de éste es
para el sociólogo, profundizar sería
más trabajo de éste que de un artista.
Hablar de cómo veo el mundo sería
ponernos a filosofar y seria hacerlo
para una entrevista exclusiva.
Ante el precipicio, compasivo, alterna máscaras de sonreír, de llorar,
el artista que pasea en una cuerda
floja.
En el caso del arte el artista se supone que se está expresando para
que, en cierta forma, el mundo se dé
cuenta de cómo es esa realidad que
ha captado del mismo mundo y que

�SU LUZ INNOVA EL PAISAJISMO REGIO*

Mario Herrera
J. En la adual exposición de Saskia

ha recreado. Yo le diría a la gente
que tuviera más sensibilidad y más
humanismo y que no se materialice
tanto. Eso sería la base para tener una
vida más amable en ténninos generales.

Ju:írez («Parajes en Soledad», Pinacoteca de Nuevo León) yo descubro
tres grandes maneras de pintar el paisaje, a saber:
Realismo visual integral: fincado en un examen analítico y trabajado por secciones a base de un escrupuloso detallismo en texturas,
cromatismo, claroscuro y juego de
planos lineales y aéreos. Tendencia
ésta en la que la artista frena en lo
posible su torrente subjetivo para
«abrirse» a una visión integral del
modelo natural y a su estricta fidelidad retiniana.
a)

Perseguir fantasmas, lo desconocido, es recreo del artista.
El tema del amor es dramático para mí. Casi siempre lo he conectado
con toda la tradición mexicana. En
cierta forma las costumbres. la presencia de las calaveras de dulce y todo eso, representa filosóficamente algo. es un poco reírse de un drama,
aparente ¿no? y al mismo uempo esconder ese drama. Para mí. la muerte
es natural. Llega cuando llega. Está
conectada a toda esta tradición. Es lo
que me ha preocupado de la muerte,
, erla o tratar de verla como el mexicano la ve. desde los prehispánicos
hasta ahora, de manera muy recre~ti, a. El día de muertos se ha hecho un
festival. toda una tradición.

De la nada aparece la existencia,
de lo etéreo toma cuerpo, pasando de
lo irreal o lo real, inexplicablemente.
Y la gente usa como ojos lentes
en donde nosotros los artistas no aparecemos, somos fantasmas vivos en

76
98

Dado el espléndido equilibrio que
alcanzan estos valores plásticos en el
lienzo, así como su fidelidad a la experiencia visual, la pintora logra dos
cuadros identificables en el hiperrealismo que no nos dejan duda de aquella integral «apertura».

un altar pagano. ¿Será este un fenómeno de la época?

Entr'e la roca párpados pesadamente abren y cierran proyectando

su mirar cauteloso, hombre y mujer;
fuera, de la montaña un unicornio
cruza libre chapoteando gozoso entre
las aguas.

Y lo más significativo (considerándolos a la luz de la tradición local del paisajismo). representan una
verdadera innovación: la presencia
de la verdadera luz solar norteña en
todo su esplendor. Luz deslumbradora que es la que transfigura, con
* Tomado de El None,
de agosto de 1995.

21 y 28

de julio y~

sus signos quemantes, el paisaje verdadero y real de nuestra áreas norteñas.
Por vez primera, y gracias a los
pinceles de una pintora fuertemente
arraigada en el entorno natural norteño. podemos ver, sentir y vivir nuestro paisaJe en su hora más tómda,
quedando superada la vieja barrera de
sombras en que muchos de los paisajistas locales nos tenían aislados bajo
gruesos cristales ahumados (¿autodefensa instintiva frente a la luz quemante del Astro Rey?). Y, en este
sentido. estos dos lienzos señalan una
fecha histórica: la presencia deslumbradora de la luz solar en el paisajismo regiomontano. (En otra ocasión,
hace años. hallé también luz solar en
un cuadro de una pintora.)

te y abandonado. Al fondo, en un
tercer plano, una cordillera de montañas en la que alternan las más próximas con sus tintes cafés y las más
lejanas, azuladas por obra de las masas atmosféricas que se intercalan
entre el punto de mira y que degradan todos sus tonos. En lo alto, un
cielo sin nubes, transparente y ·luminoso.
(,Cómo ha logrado Saskia el milagro de la luz solar'? Abriendo sus
sentidos y su espíritu a la experiencia directa del f~nómeno de la luz en
su origen y luego desglosándola en
su auténtico espectro cromático. Un
apoderamiento experiencia! y en vivo de las estructuras de la luz en su
síntesis y en su análisis espectral.
Y los paisajes que ella pinta son

«La Hacienda del Muerto» (óleo
sobre tela: 1.50 por 3 metros, 1994),
en gran. formato y en panorámica integral, se despliega en tres planos:
en el primero, un cnal abrupto. arenisco &gt;cubierto ele matorrale verde
seco por el que ondula un camino terrero. En el segundo. un caserío ruinoso de adobes que contrasta con la
orgullosa mole de una vieja iglesia
con fachada gótica encalada y que
pone un toque de verticalidad en el
conJunto de ese caserío ruinoso. tris-

•&lt;realistas» porque reflejan esa síntesis en su raíz solar y ese desglose
del abanico espectral en el caso concreto del paisaje que tiene que llevar
a la tela. Y es por ajuste fenoménico
de matices, gradaciones tonales,
transparencias y contrastes de claroscuro como ella logra todo lo demás: las texturas del paisaje terroso,
los materiales de esos caseríos en
rumas, las negras profundidades que
vemos tras los vanos de puertas y
ventanas abiertas, que nos parecen
99

�ojos ciegos en la faz iluminada de
los muros. y las leJanías azuladas de
las montañas que parecen disolverse
en el misterio del cobalto.
En esta misma línea del realismo analítico se ubica el otro paisaje hermano: «Hacienda de la Soledad., ( 1 30 por 2.50 metros, 1995). En
total. dos pa1saJes excepcionales.
¡_lníluencias de estilo? Sería incumr en falsa apreciación invocar la del
gran pa1saJ1sta del Valle de México,
José María Ve lasco. Yo no la invoco:
el naturalismo de éste estaba transido
de sentido poético que fue muy típico
de los románticos finiseculares y que
él había recibido del italiano Landes10. Sask1a Juárez es típicamente hiperreahsta y. por ello. más deshumanirnda. más «cruda», más «bronca»,
mas «sahaje». Y, desde luego, menos intermediada ror los mitos del
academismo.
II. b) Subjetivismo en pincelada suelta esta es otra de las maneras de Saskia Juárez para la pintura del paisaje.
Se trata, ya no de un tesumomo visual (como en la manera descrita en
el parágrafo anterior), sino a la inversa, de una experiencia personal e íntima que brota de lo hondo de su ser
ante el entorno natural.

76
100

Ahora no es ya el análisis detallista, paciente y en frío, sino, por el contrario, el paisaje como estado de ánimo, como un modo de introspeccionarse y revelarse a sí misma y en plena exaltación emocional tomando como pretexto el panorama natural
(véase exposición «Parajes en Soledad» de Saskia Juárez. Pinacoteca de
Nuevo León).
En suma, subjetivismo puro proyectado «hacia sí misma» y totalizado
instantáneamente por obra de un chispazo intuitivo, revelador. De ahí el
procedimiento de mancha suelta, dada
al primer intento con una soltura y una
velocidad extremas para registrar en el
lienzo la visión fugaz en su dinámica
intrínseca, en su inmediata aparición.
Ya no hay detalles sino volúmenes,
modelados, claroscuros, tonalidades,
texturas y planos perspectivados producidos por vía de mancha rápida que
vertebran, organizan el paisaje como
globalidad de visión y como síntesis
emotiva a la vez que plástica.
Ejemplo soberbio de esta segunda
manera es «La Chona» (óleo sobre
tela: 1.50 por 3 metros, 1993), obra de
gran formato horizontal que nos ofrece un extenso caserío rústico en el
marco de una inmensa panorámica

con una explanada abrupta en los primeros planos y en los más alejados,
imponentes cordilleras de muy variada índole tectónica.
Este cuadro no nos aprisiona (como el otro ya descrito: «La Hacienda
del Muerto») por su realismo visual,
sino que «nos deja en libertad» para
emigrar hacia nuestra propia visión
interna, a nuestra experiencia subjetiva ansiosa de crear nuestro propio
paisaje soñado, el que cada uno de
nosotros lleva embrionado en su subconsciente y que corporifica un viaje
personal e íntimo por los terrenos de
la utopía.
Un análisis comparativo de las
dos tendencias descritas del paisajismo de Saskia Juárez (el realista visual y el subjetivista) despeja varias
incógnitas. Por lo pronto, hay una polarización tan radical de concepción y
de ejecución entre ambas modalidades que nos habla de una fractura
muy profunda de identidad de la artista, como mujer, que la proyecta hacia dos mundos irreconocibles que
abren una especie de «hueco» o «vacío&gt;► insalvable entre ambas.
Esto explica, además, ese sustrato
de angustia que pervive por igual en
ambas tendencias polarizadas, marca-

das por un doloroso sentido de soledad (así lo testimonia el título «Parajes en Soledad&gt;►). Es claro que en ese
insalvahlc vacío ocasionado por «la
ruptura de identidad» de la artista como mujer es donde se instala el sentido de soledad: la aniquilación de toda
relaci6n humana. de todo posible
contacto con «el otro». En suma, la
experiencia humana como «NADA».
Sin duda. dos manifestaciones soberbias que colocan a Nuevo León a la
vanguardia del paisajismo nacional.
¡_Qué lugar ocupa Saskia en las
vanguardias del paisaJ1smo? Este género se transforma radicalmente. Muy
atrás han quedado tanto el paisaj1smo
nacionalista con su sello político-social (a la manera de un Diego Rivera )
de un O'Gorman) así como las tendencias predominantes de la Generación
de la Ruptura. de sello abstractista y
onirista (por ejemplo, Felguérez, Nierman y Gunther Gerzso).

Y ahora las tendencias que emergen en los pintores jóvenes son tanto
las de un simbolismo ecologista que
alcanza relevancia, como en un Boris
Viskin. así como las de espíritu filosófico-crítico a la manera de un Jesús
Agustín Castro Leñero. Saskia Juárez
es muy independiente. en ella el paisaje se reduce a una «experiencia per-

sonal purista», sin trascendencia ni
ideológica ni simbólico-crítica.
III. Para cerrar este dictamen sobre la
obra paisajista de Saskia Juárez es
preciso referirme ahora a sus aspectos
menos afortunados.
Esto es lo que yo me permito llamar «su manera titubeante&gt;► en el manejo de la luz solar. marcada por increíbles altibajos en los que alternan
despliegues de luz verdadera con
otros de «falsa luz» y resueltos artificiosamente por vía de taller. Porque
no todo lo que brilla es oro en su obra
plásuca.
Veamos casos concretos de la
presente muestra. A mí me fascinan
dos grandes lienzos: •&lt;Rinconada»
(óleo sobre tela: l~O cm x 100 cm.
1993) y «Rinconada 11» (ídem: ISO cm
x WO eró. 1994). y muy especialmente
este último con su primer plano muy
enfatizado con caserío rústico) arboledas. La luz solar derramada sin tasa
ni medida es. sencillamente. soberbia
}. además, magníficamente manejada
en sus gradaciones de claroscuro y
con su espléndido despliegue del espectro en sus bandas cálidas y frías.
Esto es lógico porque estando presente la auténtica luz solar. el espectro se
despliega en forma natural. Y. en

consecuencia, el sentido de las lejanías (perspectiva aérea) se produce
por vía de degradaciones tonales de
la luz en las masas atmosféricas. ¡Espléndido! En el paisaje el sentido de
la lejanía es obra de la luz.
Y lo mismo podemos decir de
«La Escondida» (ídem, 100 cm x 120
cm, 1993) dada su genuina iluminación solar. así como de «Casa de
Doctor Arroyo&gt;► (ídem: so cm x 100
cm. 1995) en el que la luz munente
del ocaso pone notas de intensa melancolía. Luz solar en declive vesper
tino. ¡Precioso!
0

Nada de esto podemos afirmar de
«Villa de García&gt;► (ídem: 100 cm x 120
cm. t9Q41 en el que no solamente no
hay luz solar sino algo así como luz
mercurial con sus tétricas y congeladas vibraciones, y, también, en
«Huasteca» (ídem: 85 cm x 100 cm.
1994) y «Huasteca 111» (ídem: 180 cm x
180 cm, 1995) uno y otro con sus imponentes moles montañosas iluminadas de un modo artificial. Deficiencias que vuelven a repetirse en «Mina&gt;►• Yo preguntó: ¿de dónde salen
esos amarillos y verdes intensos de la
vegetación de los primeros planos,
así como el azul intenso de las montañas presuntamente lejanas que no
compaginan en absoluto con el resto,

�EL PAPEL DEL COLECCIONISTA
EN EL DESARROLLO CULTURAL
DE LAS CIUDADES

Eduardo Rubio Elosúa

dada la ausencia de la fuente de la luz
del Astro Rey? Obviamente, tampoco
existe perspectiva aérea, la cual aquí
nos priva del sentido de las lejanías
por vía de las transparencias tonales
creadas por la luz solar a través de las
masas atmosféricas. Sin luz no hay
lejanía.

76
102

Y el caso más flagrante nos lo
bnnda «Los Guerra» (ídem: 100 x 120
cm, 1994) porque reviste un problema
muy especial: ¡dos luces!, una que
pretende ser fría y otra... ¡caliente!
Tamb1en aquí pregunto, ¿de dónde
salen, en el segundo plano. esos colores mtensos de ese caserío rústico con
verdes arboledas, si toda la luz del

cuadro es de un frío congelante a base de una falsa luz.?
Obviamente. no puede «reconstruirse» la luz solar a base de un cromatismo intenso si no existe en el
panorama auténtica luz solar porque
el proceso natural es literalmente
opuesto: hay que colocar la lu7. solar
y. luego, derivar de ésta toda su gama espectral. De lo contrario. e~ como intentar «hacer de la noche día».
Obviamente. en todos estos casos ha
existido truco de taller en la obra
paisajista de Saskia Juárez
Saskia ha alcanzado grandes logros. como lo he puesto de relieve en

las líneas anteriores, los cuales están
dando gloria al paisajismo de Nuevo
León y de México; y mi propósito es
aclarar lo siguiente: jamás se pueden
quemar etapas en la marcha de un estilo personal. pues todo es resultado
del esfuerzo y la perseverancia.
A ella le falta aprender la lección
del gran Jose María Velasco, el pintor
del Valle de México: el de la seguridad del propio estilo, su continuidad
y homogeneidad cualitativas para que
pueda superar estos lamentables altibajos de su faena pictórica.

Han: aproximadamente un año se
ahrieron en Madrid las puertas de la
coh:cci&lt;Ín de pintura europea del hanín Hans Heinrich Thysscn-Bornemis,a. colecci6n que empezó su padre a principios de este siglo y que
supo continuar el barón después de
muchos esfuerzos. logrando que este acervo no se fraccionara en cuatro partes como correspondía hacer
por herencia. El barón logró no sólo
mantener unida la mayor parte de la
colección, sino también conservar
el sitio que había acondicionado su
padre para exhibirla y preservarla
(la Villa Favorita en Castagnola a
las orillas de Lugano, Suiza). A la
muerte de su padre, en 1947, el barón se propuso continuar la labor
que su progenitor había emprendido, enriqueciendo la colección sobre todo en las áreas donde él consideraba que había que refor,arla
para lograr un conjunto armonioso
que reflejara la evolución de la Pintura occidental (siglos xm al XX).
Esta colección se abnó al público
por vez primera en 1930 en la Pmacoteca de Munich. para luego instalarse en Suiza en 1937, donde ha
permanecido abierta al público sólo
parcialmente, por falta de espacio.
Ahora en Madrid estarán exhibidas
más de ochocientas obras de arte
-el doble de las que se exhibían en
la Villa Favorita en Suiza-.

Esta colección, repito, está orientada al arte europeo. El barón, no
obstante. hizo un esfuerzo en años
pasados por adquirir obras pictóricas
americanas de los artistas de postguerra. Estas obras, según sus declaraciones, no le satisfacen plenamente,
pero él deseaba acercarse a ellas y
poder entenderlas; ahora, él reconoce
que su gusto tiende al de su padre y
por ello prefiere incrementar su colección de «old masters».
Lo que le ha dado sentido a esta
colección ha sido su unidad temática
(la evolución artística del arte occ1dental). así como la unidad en la calidad de las obras que la componen.
Nunca se pretendió reunir la obra de
todos los artistas europeos. sólo la de
los grandes maestros. Otros dos cnterios de selección han sido que dichas
obras estuviesen muy bien conservadas y 9ue se tuviese claro conoeim1ento de su procedencia.
Una colección así sólo se puede
lograr estando alena respecto a todo
lo que se ha ofrecido en venta en los
mercados internacionales en los últimos noventa años. tanto lo que pasa a
través de galerías como lo que se
vende en subastas ) lo que se ofrece
de manera directa. El esfuerzo que
esto implica parece fácil. pero para
decidir sobre la adquisición de una

obra es necesario ver muchas piezas
más. y seguirle la huella a aquélla sobre la que se tiene especial interés.
Esto significa tiempo, energía, dinero
y una sagacidad especial para poder
allegarse las obras antes de que las
adquiera otro coleccionista o museo.
Lo que me interesa destacar aquí
es que coleccionar en serio es una actividad que exige mucho tiempo. dinero y esfuerzo, y que debe eJercerse
como actividad de tiempo completo.
Ser coleccionista no es un pasatiempo. por muy hermoso que esto sea o
por mucho glamour que encierre. No
es de ninguna manera una actividad
superficial.
La pasión que ejercen los objetos
que colecciona la persona lo lleva a
investigar a fondo cada objeto que se
le presenta en su camino, investigaciones que a veces se llevan varios
años para determinar el origen ) el
camino que ha recorrido ese objeto
hasta llegar a sus manos. así como
para establecer la importancia del objeto dentro de la cultura que lo produjo. Si se trata, por ejemplo, de una
pintura que no fue firmada, el estudio
de todos sus rasgos, su composición,
sus pigmentos y otros materiales. así
como el análisis comparativo entre
todos los posibles autores implica incluso la consulta con los más impor103

�tantes especialistas sobre el tema para
poder aproximarse lo más posible al
conocimiento del artista que la pintó.
Este trabajo, la mayoría de las veces
desconocido por el gran público, es el
que realmente devuelve el valor a la
obra de arte, y la reubica dentro de la
historia de la cultura.
La mayoría de los marchands de
obras de arte no son expertos ni tienen la curiosidad ni el tiempo para
estudiar a fondo los objetos que lleoan a sus manos. Por lo general cuanº
.
do adquieren una obra, lo que les interesa es colocarla dentro de una colección lo más pronto posible para recuperar su inversión y poder disfrutar
de la utilidad que les produzca la
transacción. Es raro el caso de marchands que sean al mismo uempo-coleccionistas.
Al coleccionista serio que no realiza sus adquisiciones sólo como especulación sino por pasión, poco le
interesa el comprar una obra en una
oran ealería de prestigio o en un ba;ar d; domingo. Cuando se descubre
una obra de calidad, no importa dón. de esté. se agita la pasión Y surge inmediatamente un deseo por adquirirla
e mves11garla.
Es muy común escuchar frases
como: «No pude donnir después de

76
104

ver tal obra y lo primero que hice al
día siguiente fue ir a comprarla antes
de que se me adelantara alguien».
Una vez que se ha adquirido la pieza
hay un gran relajamiento y la emoción se canaliza por el lado de la curiosidad. Surge una gran necesidad de
saber exactamente qué es lo que se
tiene.
Develar estos misterios implica
mucha más energía y paciencia de lo
que se imagina el espectador común.
La revisión de libros y catálogos para
una primera ubicación implica no~malmente la revisión de toda la biblioteca personal y la de algunas bibliotecas especializadas (nonnalmente bibliotecas de museos o de centros
de investigación o universidades). Si
se encuentra rápido lo que se busca es
un gran logro, pero no siempre es así.
En muchos casos esto implica meses
de trabajo.
Por otro lado, se investiga visitando exposiciones y museos de obras
similares para comparar lo que se
compró con las piezas exhibidas allí.
En esto también es cosa de suerte,
pues la comprobación de una hipótesis en este terreno no es fácil. Hay
desde luego bibliografía abundante
sobre muchos temas de arte pero pocas son las publicaciones especializadas, sobre todo si la obra que estudia-

mos es de un artista no muy famoso o
de una cultura muy específica. Los
datos generales son fáciles de encontrar, por ejemplo, si se trata de saber
de qué siglo puede ser una pintura, o
si es flamenca, italiana o española; o
bien tratándose de una pieza arqueológica, es fácil determinar si es ~lrneca, maya, teotihuacana o de Occidente; sin embargo, entre más se quiera
profundizar más se complica la investigación.
Un coleccionista puede pasarse
diez años siguiéndole la pista a un
objeto y para él cada paso es una
aventura, cada nuevo dato que descubre es tema de conversación por días.
Existen muchos objetos dispersos
que no se ven porque nadie nos los
señala como algo importante. Todos
los grandes coleccionistas tienen en
su anecdotano un sinnúmero de hallazgos, de piezas que se encontraron
por casualidad en una pequeña tienda
de antigüedades de barrio, piezas por
las que pagaron una bicoca Y que resultaron ser obras importantes que
simplemente habían caído en el abandono por falta de información de los
herederos O porque la ciudad nunca
supo que el cuadro ese, que desde
que se casó estaba entre los bienes de
su esposo y que era el retrato de su
suegra, había sido pintado por Ingres

o por algún pintor muy importante. El
rnlccámista tamhién se encarga de
Jl·h:ctar las falsificaciones. pues una
n-, que el ohjeto comiena1 a ser estudiado la verdad sale a relucir tarde o
temprano.
Otro aspecto del papel que juega
el rnkccionista en nuestra sociedad

es el de servir de juez de calidad para las ohras y reconocer el talento de
los artistas que lo tienen. El coleccionista, al ser el último consumidor
y poder escoger entre todo lo que se
ofrece en el mercado, al elegir la
ohra de alguien se convierte indirectamente en- su mecenas y en su promotor. En ocasiones impone su gusto dentro de su comunidad e impone
una moda que más tarde pasa. Sm
emhargo. el coleccionista «profesional» tiene el ojo entrenado para la
calidad y rara ve,. compra por seguir
la moda.
Sohresalen casos como el de Calouste Goulbenkian (1869-1955). armenio de origen, nacido en Turquía.
a quien apodaban en los medios petroleros «Míster Cinco por ciento».
quien amasó una inmensa fortuna
gracias a la exportación de petróleo
de Irak) que en solitario logró constituir una de las colecciones de arte
más importantes del mundo. la cual
está en exhibición permanente en la

Fundación Goulbenkian en Lisboa;
o el de Sir. Richard Wallace (1818lli90). hijo ilegítimo del cuarto marqués de Hertford, quien heredó de su
padre una cuantiosa colección de
obras de arte y antigüedades que hahía sido iniciada lres generaciones
antes en la misma familia, siendo incrementada y depurada por Sir Richard y dejándola de herencia al
pueblo de Londres, donde se exhibe
en permanencia bajo el nombre de
Wallace Collcc1ion. desde su fundación como museo en 1900; o casos
como los de Pierpont Morgan y
Henry Clay Frick, coleccionistas de
Nueva York; Isabella Stewart Gardner. coleccionisla de Boston: John
Johnson y Alfrcd Barnes de Filadelfia: Henl) Walters de la ciudad de
Baltimorc: Paul Getty. Armand
Hammer y Norton S1mon de Los
Angeles. California; John Ringling
de Sarasota. Florida: Kay Kimbell
de Fort Worth. Texas: Peggy
Guggnheim. neoyorkina. cuya colección se exhibe en permanencia en
Venecia: Andrew Mellen y Duncan
Phillips de Washington. D c.: Peter
Ludwig de Colonia. en Alemania:
Osear Reinhart de Wmterthour. Sui,a ) muchos más quienes son CJemplo de seres que han entregado sus
vidas a la pasión de coleccionar y
que. en actos de gran generosidad.
han donado sus colecciones a sus

ciudades para dar nacimiento a nuevos museos o fundaciones.
Normalmente la pasión por la preservación de los objetos de arte se
desborda y la acumulación de los
mismos acaba por rebasar los límites
de los muros y las bodegas del coleccionista, llegando a plantearse siempre el problema de la sucesión.
La pasión por al ane en muchos
casos se ha visto que florece más en
personas solteras o en matrimonios
sin hijos o con pocos hijos. Esto de
ninguna manera es ley, pues existen
muchas honrosas excepciones, sm
emhargo. el colecc1onista apasionado del arte que puede entregarse con
mayor dedicación es por lo general
aquél que tiene menos comprometido su tiempo en asuntos familiares.
Muchos de estos personaJes han optado por regalar sus colecciones a
museos existentes o por crear un
nue\o museo que lleve su nombre
con lo cual garantizan la unidad de
sus colecciones y su paso a la posteridad.
En el momento de hacerse públicas las colecciones, de descolgarse de
la casa del coleccionista para instalarse en un espacio público, las necesidades de éstas cambian, requiriéndose los servicios de museógrafos, cura105

�dores, conservadores, críticos de arte,
etc.
En muchos casos, las ciudades beneficiarias de la donación de una colección importante no han contado
con gente capacitada para desarrollar
este tipo de trabajos, por lo que se
han visto en la necesidad de importar
especialistas. Esta gente. por lo general. viene a convertirse en agente de
cambio social para la ciudad, es decir. establece un diálogo diferente, introduce nuevos sistemas en la conversación de la comunidad, invita a otra
gente a impartir cursos o conferencias. y por lo general, se involucra
con los medios de comunicación,
quienes a su vez requieren de los ser, icios de colaboradores especializados que puedan tratar con seriedad·temas vinculados con la nueva conver~ación.
Con la presencia de un museo se
modifica de manera sustancial la vida
cultural de las ciudades. Se pueden
estudiar con mucha claridad estos
cambios en ciudades como Nueva
York. Boston, Filadelfia, Los Angeles. Lisboa, etc. En estos casos, el coleccionista ha sido el elemento medular que ha servido como agente en la
transfonnación de la vida cultural de
las ciudades. No quiero decir con esto
que todo se debe a los coleccionistas,

76

106

pero sí considero que ellos son una de
las bases para que empiece a darse un
cambio en la vida cultural.
Considero que hasta ahora no se
ha hecho la debida justicia a muchos
de los grandes coleccionistas, a quienes debemos no sólo que las obras no
se hayan perdido sino que además de
haber sido rescatadas de un posible
anonim~to, se les haya devuelto su
luz, se les haya dado la conservación
y/o restauración adecuada y puedan
disfrutarse ahora en los muscos donde el acceso por lo general es gratuito
y no está restringido a nadie.
Los coleccionistas y la sinergia del
medio cultural
Cuando los coleccionistas empiezan a
comprar obras de arte se ven obligados a ir en busca del marchand que
pueda satisfacer sus necesidades y
conseguirle lo que tiene en mente.
Con el tiempo, este proveedor {llámese galería. casa de subastas u otro coleccionista) le ofrecerá todo aquello
que él crea que pueda interesar a su
cliente. Esto propicia que el sitio donde aparece un nuevo coleccionista se
note en el mapa y de acuerdo al monto del consumo de éste, algunos marchands consideren que es momento
para visitarlo periódicamente y mostrarle las novedades, para llamarlo re-

gularmente o bien, si hay un buen número de personas interesadas en seguir el curso de la actividad artística,
abrir un nuevo espacio para la promoción de las artes plásticas.
1

Una vez que surgen nuevas galerías, los medios de comunicación hablaran de esta actividad requiriendo
cada vez más de especialistas en el
tema capaces de llegar a personas a
las que va dirigida la obra de arte. Esto a su vez con el tiempo redundará
en la necesidad de publicaciones periódicas especializadas tanto en los
museos como en galerías y en las universidades.
Una vez que el tema del arte entre
en la conversación de la ciudad, ha•
brá siempre una gran demanda pe.'
todo tipo de servicios como enmarcado de obra, embalaje, transportación
especializada, fotógrafos, críticos de
arte, historiadores, curadores de ex•
posiciones, museógrafos, etc.
Otro aspecto importante de señalar respecto al papel que juegan 1
coleccionistas en una ciudad, es el
convertirse en líderes de opinión y
de entusiasmar a otras personas a h
cer lo mismo. El contagio del entusiasmo o el proceso de imitación d
líder hace que una vez que haya un
aparezcan rápidamente muchos otr

4ue si no ..:on el mismo entusiasmo ni
el nusmo potencial ccon&lt;Ímico, de
1.:ual4uier manera se convierten en
s1inifi1.:ativos una ve, que se suman
las cantidades destinadas a la adquis11.:iün de ohras de arte, y en ocasiones
se llega a cstahlcccr una competencia
por ver quién puede más entre varias
personas de un mismo grupo.
Esto provoca que se acelere el
cambio cultural, inicialmente por la
presencia de nuevas galerías y fuego
por la constitución de muscos y todo
lo que conlleva. Toda obra que sea
adquirida por alguien en una ciudad.
pasará a formar parte del acervo general de la ciudad misma.
Alain Boubill. en su libro El poder del arte (Le povouir de l 'art. Ed.
Belfond, París, 1991) hace un análisis
muy preciso de las relaciones que
existen entre el patrono del arte y la
obra del artista,
A través de la historia vemos que
el artista siempre ha necesitado de un
patrocinador para poder realizar su
obra. Por un tiempo fue la iglesia y el
arte representaba los intereses del clero, mostrando temas vinculados al
culto que servían como refuerzo a las
doctrinas. En otro tiempo fueron los
príncipes y también aquí la temática
se ajustó a los intereses de éstos. Ya

en el siglo XIX las luchas sociales, las
guerras de independencia y el comien,o de la vida democrática dieron
origen a otro tipo de patrono. estable..:iéndosc nuevas reglas en el juego de
la adqu1sic1ón de ohras de arte.

Es en este periodo en el que surgen la mayoría de los roles que ahora
conocemos dentro del mercado del
arte. Aparecen las galerías, los 111archa11ds. los artistas independientes
representados por una galería, los corredores de arte, los historiadores del
arte, e incluso es en este momento
cuando aparecen la mayoría de los
museos que existen en el mundo.
La idea de un arte democrático.
a..:cesible a las mayorías. patrocinado
por el estado da origen a las Galerías
Nacionálcs. principalmente en Europa. Más tarde. como fruto de la revolución industrial y de la modernización de los medios de producción y
de comercialización surgen grandes
fortunas individuales.
Estos «sclf made man». hombres
acostumbrados a asumir grandes
ncsgos. fueron los que apoyaron los
movimientos por un arte independiente que proclamaron los artistas de la generación de Courbet. y
que continuaron los Impresionistas.
Recordemos que la pintura impre-

sionista recibió mucho más apoyo
en Estados Unidos que en Europa,
pnncipalmente por parte de esos industriales. quienes donaron sus colecciones a sus ciudades.
¿Qué relación puede existir entre
un millonario norteamericano y un
pintor impresionista? ¿Cuál hubiera
sido el destino de este tipo de obras
sin el apoyo de estos coleccionistas?
La relación entre ellos estriba principalmente en la rebeldía y el deseo de
romper con un mundo lleno de reglas
e imposiciones. La libertad del industrial amencano le pennitió tener la
mirada limpia para invertir en el arte
nuevo. en el arte fresco. en el arte que
surge como resultado de la investigación personal, un arte que no se parece a lo que ya había sido hecho, un
arte que era diferente, como ellos lo
eran también.
De nuevo la relación patrono-artista existe con otras reglas, siempre
en interdependencia. Estos hombres,
de una gran capacidad para hacer negocios. tuvieron la visión de apoyar
un arte joven que en ese momento era
difícil de entender por sus contemporáneos, y por lo mismo de precio muy
accesible y vieron, al paso del tiempo. incrementarse de manera insólita
su patrimonio, debido a los precios
que fueron alcanzando sus obras.

�Existen estudios concretos de la
evolución de los precios de las obras
de arte y realmente resulta increíble
el rendimiento que la obra de ciertos
artistas ha representado para quienes
creyeron en ellas. Se trata de rendimientos reales comparados contra los
rendimientos del oro, los bienes raíces y los bonos de las tesorerías estatales.

de», se vendió en 1897 en FF 3'272.580,
y en 1958 se vendió veintiocho veces
más cara, en FF 89'000,000. Ejemplos
como estos son abundantes en el libro
y, por supuesto, esto no pudo pasar
inadvertido para todos aquellos inversionistas que dedicaron su tiempo a
buscar oportunidades para ganar dinero fácilmente, en base a la especulación.

A finales de la década de los cincuentas. el subastador francés Maurice Rhe1ms publicó un libro bajo el título de La l'ie etrange des objets, en
el cual hace un análisis comparativo
de los rendimientos económicos que
ha generado la obra de ciertos pintores y los precios de los bienes raíces,
del oro ) de los salarios mínimos.
Desde luego él seleccionó principalmente aquellos artistas que mayores
«utilidades» habían generado. Menciona. por ejemplo, las obras de Corot. Ourero. Rembrandt, Rubens.
Vcrmeer. Claude Loraín, Nicolas
Poussin y otros.

Desde luego había que correr con
suerte, pues no todos los artistas de
hace cien años se venden ahora mil
veces más caros. La mayoría no han
subido de valor y otros han bajado,
pues sus obras no trascendieron y sus
nombres no figuran ahora entre los
nombres de los artistas reconocidos.
Sin embargo, hay que hacer notar que
la mayoría de los artistas que ahora
son reconocidos estuvieron entonces
representados por alguna galería de
prestigio de su época.

Las cifras que maneja son impresionantes, pues, por ejemplo. el cuadro «La calle Mosnier con banderas»,
de Monet. en 1894 se vendió a un precio actualizado en FF 4'075,380, y el
mismo cuadro, en 1959, se vendió en
FF 113 -ooo.ooo; es decir, ganó el 2800~.
Otro cuadro de Monet, «La Promena-

76
108

El precio de las obras de arte

El modelo de coleccionista que se definió inicialmente en Europa en el siglo pasado y que se heredó a América hacia finales del mismo siglo Yse
continuó durante el siglo XX, se ha
ido debilitando en los últimos treinta
años, cediendo terreno al comercio de
las obras de arte con fines meramente
especulativos.

Los grupos industriales fueron los
primeros en acercarse al arte con miras a diversificar sus carteras de inversión. Aquí el criterio ya no fue el
de constituir una colección de arte
con el fin de retrazar la evolución del
arte europeo O de reunir a los principales artistas que formaron un movimiento artístico o un grupo importante, o de reunir objetos de una misma
época por el gusto de recrear una atmósfera; ni siquiera el de apoyar el
desarrollo de nuevos valores.
El nuevo criterio preponderante
fue saber escoger a los artistas que
tarde O temprano subirían de valor Y
vender sus obras en el momento
oportuno. El criterio es el mismo que
se aplica al jugar en la bolsa de valores. De hecho, la publicidad de las
galerías se orientó por ese lado, en:atizando el incremento de los precios
de las obras de arte en menos de cincuenta años. Una galería reproducía
un bodegón de Cézanne con un título
en letras grandes que rezaba: «Si 1111
papá hubiera sabido». El texto q
acompañaba la foto señalaba que e
cuadro se había vendido en 1906 en
l,SOO, y que en 1958 se había vendí
en FF 98'000,000. Debajo de esto aparecería reproducido un cuadro reciente
de otro pintor que ofrecía la galería, Y
se cuestionaba si este otro cuadro q
ahora costaba lo que el Cézanne

1906, no llegaría a valer dentro de varios años lo mismo que ahora valía el
Cézanne.

Los medios de comunicación no
quitan el dedo del renglón señalando
en cada subasta los nuevos récords
de precios alcanzados por tal o cual
ohra. Esto sigue siendo noticia y,
por supuesto, las cifras que se manejan son espectaculares, alimentando
nuestra fantasía.
Los precios de las obras de arte
no pueden compararse con níngún
otro bien. puesto que sus costos de
producción no tienen relación con sus
precios de \'Cnta. En todos los demás
productos comerciales como el acero,
el oro. las casas, la carne, cte., siempre el precio de venta está en relación
con el costo de producción, y sujeto a
la oferta y la demanda del momento.
Una casa no puede ofrecerse mil veces más cara de lo que-costaría construirla. Si alguien quisiera venderla a
ese precio lo más seguro es que no
encontraría comprador, pues siempre
habría otras casas que pudieran servir
de sustituto o que fueran equivalentes.
En el arte. la unicidad de la obra
se ha convertido en mito, pues a pesar de que siempre se puede comprar
otro cuadro con un tema similar, mis-

mo tamaño, pero de otro artista, nunca la cotización de un pintor será
igual a la de otro. Tampoco tendrá el
mismo precio en el mercado una excelente copia que el original, aunque
en ocasiones la copia pueda haber sido hecha con mejores materiales y
con una técnica más depurada.
¿Cuáles son, pues, los factores determinantes en el incremento del precio de las obras de arte? La respuesta
no es muy simple. Se han publicado
muchos estudios respecto al enorme
papel que juegan los textos de los críticos en el arte contemporáneo. Muchas obras son sólo producto de la
habilidad del discurso en que se apoyan. La. publicidad y la crítica crean
la fama del artista. Entre más publicidad se haga y el artista se convierta
en tema de conversación, habrá mayor conocimiento y retención de su
nombre y el público pondrá más atención a su obra. Mucha gente es capaz
de reconocer un Van Gogh y muy poca podría reconocer a un Pissarro. La
diferencia estriba en la cantidad de
tiempo y espacio que se le ha dedicado a cada uno de ellos en los medios
de comunicación.
Lo que resulta insólito es que en
el arte el precio nada tiene que ver
con la calidad; prueba de ello es que
muchas obras que no tenían gran va-

lor en el mercado y de las que nadie
se ocupaba, basta con que se comience a escribir sobre ellas, que aparezca
un libro en el mercado, que se les haga una gran exposición y que se corra
la voz de que alguien importante está
comprando esa obra para que de golpe el precio se multiplique de manera
vertiginosa. También ocurre en sentido inverso: alguien que ha estado
apoyado por una galería de prestigio
se querella con el dueño y lo dejan de
publicitar y su precio disminuye automáticamente, incluso si su calidad
aumenta.
Actualmente, el mercado del arte
se ha extendido tanto que se calcula
que la cifra promedio de operaciones
derivadas de la venta de obras de arte
en los últimos años es del orden de
los cien mil millones de dólares anuales en el mundo. No existen cifras
exactas comparativas para conocer
qué es lo que se vende exactamente.
Es decir, no sabemos con exactitud
qué porcentaje de estos cien mil millones corresponde a pintura moderna
americana o a pintura flamenca del
siglo XVII. Tampoco se tienen estudios comparativos para ver con exactitud qué es lo que se está comprando
más en qué país. Sería interesante saber, por ejemplo, qué porcentaje del
total ha sido japonés y cómo han distribuido su cartera en los distintos
109

�renglones en que pudiera fraccionarse
el mercado del arte. Lo que sí podemos sahcr con seguridad, es que han
sido los japoneses los que han pagado
m,ís por los cuadros de los impresionistas, siendo que ninguno de estos
pintores era de origen japonés. Tamhién se dice que han invertido en arte
latinoamericano y en arte negro.
¡,Qué es lo que compran los coleccionistas americanos? ¿Qué compran los
ingleses?
Se tienen cifras comparativas respecto a los totales de las ventas por
medio de subastas en los diferentes
países, pero no se sabe en qué renglones y en qué proporción se invirtió el
dinero. De acuerdo con los datos que
ofrece Phillipe Simonnot en su libro
Doll'art (Gallimard, 1990) las ventas
por medio de subastas se calcula que
sean sólo el diez por ciento del total
de transacciones que se realizan en el
mundo, por lo que los precios de las
obras en subastas no deberían de tomarse como parámetros para fijar
precios en el mercado principal.
En el año de 1904 se fonnó por
pnmera vez (por lo menos es el registro más antiguo que se tiene) un grupo de inversionistas en arte. Este se
llamó «La Piel del Oso», surgió en
París, y agrupó a unos diez inversionistas que año con año aportaban una

76
110

cierta cantidad para comprar obras de
arte. El objetivo estaba trazado desde
un principio: las obras que se compraran iban a ser subastadas en diez
años. El resultado de este grupo fue
tan exitoso que no sólo no perdieron
sino que les quedó para repartir el
veinte p·or ciento de sus utilidades entre los artistas que aún estaban vivos.
Entre 1975 y 1979, el Fondo de
Pensiones de los Ferrocarrileros Ingleses decidió invertir una parte de su
cartera (cincuenta millones de libras
esterlinas) en obras de arte. Para ello
pidieron asesoría a la casa de subastas inglesa Sotheby's. Su idea era parecida a la de «La Piel del Oso&gt;&gt;, pues
pensaban vender en diez años. Las
adquisiciones se hicieron no tanto
porque las obras les gustaran a los directivos del Fondo sino pensando en
que fueran redituables a la hora de
venderlas. Así compraron algunas
pinturas. estampas Japonesas, esculturas africanas, porcelanas. etc. La venta la llevaron a cabo entre junio de
1987 y noviembre de 1989. ¿Los resultados? ~astante mediocres. pero lo
que nos importa es que las compras
se efectuaron sin pasión, sin que obedecieran al gusto de alguien, sin coherencia entre sí. tratando sólo de
adivinar el gusto de los compradores
diez años más tarde. Las obras no
iban a ser expuestas en la casa de na-

die ni en museo alguno, incluso, pudieron haberse quedado guardadas en
las mismas bodegas de Sotheby's. El
único interés fue de tipo económico.
De igual manera, han surgido una
gran cantidad de grupos de inversionistas en arte coordinados por alguna
galería, banco, casa de bolsa, o bien
por algún inversionista que logra entusiasmar a gentes de su nivel para
«entrarle juntos al negocio». ¿Por qué
prolifera este fenómeno? Definitivamente porque es buen negocio. El
simple hecho de que cada día se hable más del arte como inversión ha
hecho que cada vez sean más los interesados en participar en éste.
Lo que sucede es que ahora los
museos y las galerías y los subastadores tienen que crear nuevos productos
(artistas), hacer que salgan al mercado a un precio. digamos, accesible Y
luego. hacer que suban de precio para
no defraudar a sus inversionistas.
¿Cómo hacen que suba de precio?
Simplemente haciendo publicidad Y
comprando ellos mismos los cuadros
en subastas al precio nuevo que le
quieran fijar. Este sistema es muy co·
mún. El hecho de que el precio de la
obra de un artista se duplique en el
lapso de un año da motivos de qué
hablar entre los inversionistas y es ra·
zón suficiente para atraer a otros mu•

chos compradores. En pocas palabras. la especulación que da buenos
resultados crea demanda. En muchas
ocasiones se llega a decir: «Apúrese a
comprar, aunque sea este, porque se
los está arrebatando y la próxima vez
que venga no sabemos a qué precio
ir.ín a estar estos cuadros». Otro argumento muy utilizado es: «El Sr. Fulano compró cuarenta obras de este
pintor, y el Sr. Zutano compró diez
del mismo». Basta con que algún líder de opinión se interese por un artista y se difunda la infonnación para
que todo mundo crea que esa es la
firma que hay que comprar pues él sí
sabe quién es bueno y quién no lo es.
Antes se decía que el arte era buena inversión a largo plazo. Se creía
que para poder obtener alguna utilidad había que dejar pasar al menos
diez años. Esta regla hace varios años
que se descartó pues las obras de arte
de moda doblan su precio de la noche
a la mañana. En Europa se puso de
moda comprar obras en subastas en
las ciudades pequeñas y llevarlas inmediatamente a vender a las grandes
ciudades o bien, comprar en París para revender en Londres. El control de
precios de las obras de arte no existe.
Ninguna obra vale lo mismo en dos
sitios distintos. De hecho nadie sabe
lo que realmente valen las obras pues
valen lo que el comprador esté dis-

puesto a pagar. La cotización de la
obra de un pintor se basa, por lo general. en los precios a los que se hayan vendido sus cuadros en subastas
anteriores. Así, si un cuadro fue muy
disputado porque dos compradores se
empecinaron en tenerlo e hicieron
que subiera mucho su valor, este hecho repercutiría directamente en el
precio que pidan las galerías por
obras similares del mismo artista.
Aquí es donde me parece que dentro
del mercado del arte hay mucha gente
que peca de ingenua, y no me refiero
solamente a compradores sino también a los promotores, los galeristas,
los críticos y la opinión pública. Aquí
es donde se tuerce la relación calidad-precio y se cae en un círculo de
especulación que resulta apasionante
pues no tiene dónde aterrizar. es decir. no se respalda en ninguna teoría,
no obedece más que a una fe colectiva que está asentada en las tesis de
los críticos y de los «iniciados». en
círculos cerrados. pues fuera de ahí el
mismo objeto carece de todo valor.
Para un «no imciado» el mercado
del arte encierra el más insondable de
los misterios. ¿Cómo explicarle a un
obrero que el cuadro de Mondrian
«Composición con rojo, azul y amarillo». cuadro abstracto de rayas de colores que se subastó en 1983. se haya
vendido en aquel entonces al precio

de dos millones trescientos mil dólares, o recientemente el cuadro «Día
de agosto», de Franz Kline, vendido
en ocho millones quinientos veinticinco mil dólares?
Desafortunadamente ha sido la
euforia de los nuevos inversionistas
la que ha propiciado que los precios
de las obras sigan en ascenso, y cualquier intento por hacerlos entrar en
razón sería infructuoso dados los resultados tan espectaculares que se
han visto y se siguen viendo en las
subastas tanto nacionales como internacionales. ¿Hasta dónde van a subir? ¿Existe acaso un tope? La respuesta a esto sería que mientras exista alguien que esté dispuesto a arriesgar su dinero y a pagar más por una
obra esperando encontrar a alguien
como él, que llegue con su mismo
ánimo. esto seguirá igual y podrá resultar una buena razón para seguir
comprando arte. No hay que perder
de vista que este sistema es como jugar a la papa caliente: hay que pasarla
de mano rápidamente porque el último que se quede con ella pierde.
A lo que quiero llegar es a que el
coleccionar arte se ha convertido en
un deporte de riesgo pues los precios
fluctúan cada vez con mayor velocidad y dependen de una moda, y esto
se refleja directamente en la produc111

�DISLINDI
ÍNDICE DE SUS NÚMEROS 1 AL 50, PUBLICADOS ENTRE AGOSTO DE 1982 Y DICIEMBRE DE 1995.

APELLIDO y nombre del autor: Título. Traducción de (cuando lo es), número de la revista [fecha]: páginas.

AGUILERA MEJIA, Mario A.: Visión humanista de la educación (enfoque filosófico), 45-46 [jul-dic 94]: 8690.
ALANÍS, Armando: Descorazonamiento y fatiga [poemas], 49-50 [jul-dic 95]: 50-52.
ALANÍS, Guillermo: El ahogado más hermoso del mundo, 41-42 [jul-dic 93]: 60-73.
ALARDÍN, Carmen: Nuestros dientes [poema], 13 [may-ago 86]: 43.
-. El amor como alucinación en Los pilares de doña Blanca, 14 [sep-dic 86): 28-29.
-. La pasión intransferible en El encanto, tendajón mixto, 18 [oct-dic 87]: 20-23.
-. La realidad concreta son muchas realidades; entrevista con Elena Garro, 18 [oct-dic 87): 48-51.
-. lsis en el burdel [poemas], 32-33 [abr-sep 91): 9-11.
-. No pude detener los elefantes, 43-44 [ene-jun 94]: 52-53.
ALVARADO, Héctor: La ventana de los deseos, 20 [abr-jun 88]: 6-9.
-. El cuento en Nuevo León (Cuaderno núm. 15), 45-46 [jul-dic·94]: 69-74.
-. Vocación (Cuaderno núm. 16), 47-48 [ene-jun 95]: 84-88.
ALVARADO, José: El fantasma de Alfonso Reyes, 20 [abr-jun 88]: 22-23.
AMARO, Andrés: El comic mexicano y El libro semanal, 30-31 [oct 90-mar 91 ]: 53-56.
AMIS, Kingsley: Ciencia ficción [poema] Tr. del inglés de Julián Herbert, 45-46 Uul-dic 94): 15.
ANDRADE, Eugenio de: Dos poemas. Tr. del portugués de Margarito Cuéllar, 10-11 [may-dic 85]: 5-6.
ción. El sentido de la obra de arle ha
ido cambiando dentro de nuestra cultura al igual que ha cambiado el sentido de coleccionarlas. En la actualidad la adquisición de una obra, por lo
!!Cnernl. no va , inculada a la idea de
~reservar el patrimonio universal del
hombre: tampoco se compra una obra
por su belle1a. aunque todos sabemos
que los cánones de belleta son mu&gt;
relativos. Quisiera tenninar esta expos1c1ón diciendo simplemente que el
arre siempre será un refleJO de los valores del pueblo que lo produjo y que
es Justamente el arte lo que pennanece como testimonio de lo que se ha
ido. Lo que se produce y se ofrece

76
112

hoy es un fiel reflejo de lo que somos
y será así como nos identificarán
siempre.

Grampp. Willam D. Pricing the Priceless.
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Monterrey, diciembre 1993.

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BATAILLE, Georges: El lobo suspira [poemas]. Tr. del francés de Miguel Covarrubias, 19 [ene-mar 88]: 5055.
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BECERRA, María Guadalupe, Rosa Martha Romo y María del Refugio Garrido: Dos procesos de formación :
docencia e investigación, 19 [ene-mar 88]: 23-30.
-. Las innovaciones en la construcción cotidiana del curriculm en el aula, 25 [iul-sep 89]: 14-21.
BECERRA YILLEGAS. Jesús: El cierre de Fundidora Monterrey, 15 [ene-mar 87]: 72-74.
Bl l.l.lNGHAUSEN, Hermann: Ser mero mero o no ser, 6 [sep-dic 83]: 35-37.
BP,AVIDFS, Benigno: La desmodernización,' 45-46 üul-dic 94]: 81-84.
Br:-:~tCSSA, Simone y Nathalie Sarraute: Acerca de Virginia Woolfy otros escritores. Tr. del francés de
Miguel Covarrubias, 30-31 [oct 90-mar 91]: 5-12.
BE'.\~. Gottfried: Altitud 317 In memoriam [poema]. Tr. del alemán de Miguel Covarrubias, 14 [sep-dic 86]:
4
- . Hem10sa juventud [poema]. Tr del alemán de Miguel Covarrubias, 28-29 [ abr-sep 90]: 15.
SERRONES, Guillenno: Pedro Apóstol. 49-50 Liul-dic 95]: 63-64.
BHTI. Ugo: Los hombres [poema]. Tr. del italiano de Libertad González, 28-29 [abr-sep 90]: 9.
BIA~CHI, Susana y Norma Sanchís: Las Madres de Plaza de Mayo: la politización de lo doméstico, 17 [iuldic 87]: 56-6 l.

Salvador: Probabilidad, 19 [ene-mar 88]: 37-39.

. E_1ecución diaria [poema]. Tr. del alemán de Miguel Covarrubias. 20 [abr-jun 88]: 3.
BRosS,\RD, Nicole: Perdidamente [poema]. Tr. de Jorge Etcheverry, 39-40 [ene-jun 93]: 15-16.
BRllNl·T. Christian: Prolegómenos a una estética integral (fragmento). Tr. de Alfredo Gracia Vicente, 37- 38
Liul-dic 92): 25.
BRt ISIIW(X)l}, John [S.]: Versos para la cercana dunniente [poema]. Tr. del mglés de Julián Herbert, 45-46
Uul-dic94]: 111.
Buce,. Giampiero: El humanista salvaje, 47-48 [ene-jun 95]: 112-116.
- -. Schopenhauer) la religión. 49-50 Uul-dic 95]: 33-36.
Bll( IIANAN, Rhonda Dahl: En busca de un código común lenguaje e identidad cultural en la literatura hispanoamericana a los 500 años (Cuaderno mím l /). 37-38 Uul-dic 92): 64-72.
Bt1Kows1...i, Charles: Los mellizos [poema]. Tr. del inglés de Roberto Castillo, 17 Uul-dic 87]: 13-14.

- . Oh. nosotros somos los parias Tr. del inglés de Humberto Salazar. 28-29 [abr-sep 90]: 20-28.
BLJ'iTA, Christine: Lluvia de otoño [poema). Tr. del alemán de ~iguel Covarrubias, 21 Uul-sep 88]: 6.
C\MPU7.ANO, Luisa: Últimos días de una autora: crónicas~ memorias de Dulce María Loynaz. 49-50 üul-dic
95]:
C\NAI ES, Susana: Una novela para ser oida: Las hojas muertas de Bárbara Jacobs. 35-36 [ene-jun 92]: 18C\NTL Dl· LA GARZA. Jorge: Movilis anima [poema]. 10-11 [may-dic 85]; 21
-

Pandara. de Miguel Covarrubias: la humillación triunfante. 25 üul-sep 89): 43.
- El corazón en otoño [poema]. 35-36 [ene-Jun 92]: 7.

CAN r(; [Sánchez], Arturo: Octavio Paz: una .mal interpretación de Tlatelolco, 13 [may-ago 86]: 37-41.

- . Escritos de Raúl Rangel Frías, 47-48 [ene-jun 95): 136-137.
CARDENAS, Víctor Manuel: Bautismo. 19 [ene-mar 88]: 22.

BIFRBACII, Christine y María Robertha Leal !sida: Entre dominación colonial y nativismo ~umanista: Fray
Alonso de Molina, lingüista nahuatlato del siglo XVI (Cuaderno núm. 9), 34 [oct-d1c 91 ]: 29-40.

CARDONA LóPEZ. José: Los quinientos y un años, 43-44 [ene-jun 94): 34-38.

BIERCF, Ambrose: Dos relatos. Tr. del inglés de José de Jesús Salinas, 28-29 [abr-sep 90]: 55-61.

CARLOS. Antonino: Poemas. 1 [ag.o 82]: 36-37.

BISHOP. Elizabeth: Un arte [poema]. Tr. del inglés de José de Jesús Salinas, 43-44 [ene-jun 94]: 49-50.

-. Amor frustrado (fragmento) [no\ela], 13 [may-ago 86]· 58-60.

BOCCAMRA, Jorge: Exilio, 6 [sep-dic 83]: 5.
71

114

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GoN/ALFI. José María: ¿Crisis de la democracia representativa?. 17 Uul-dic 87]: 15-22.
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GONZAI EZ CORTI:-.:'\, Dora: El lugar de la literatura según Alfonso Re~es. 45-46 LJul-d1c 94]: 34-39.

GARZA, Eisa Beatriz: Tres golondrinas [poemas], 34 [oct-dic 91 ]: 9-10.
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Me llamo Juan, 41-42 Uul-dic 93]: 88-93.

Gow AL Ll DUEÑAS. Daniel: El sueño demorado: las imposibilidades apremiantes del cine mexicano. 13
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Go:--.JALrZ GARLA. Rub¿n: Teatro breve [Emayando a García lorca. Un camión llamado oportunidad;
.Juicros 1e111erarios] (Cuaderno núm. 5). ::?6-27 [oct 89-mar 90]: 1-26.
. Estrella de ceniza. 41-42 üul-d1c 93]: 105-113.
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�G0NZALEZ G0NZÁLEZ, María Esther: La dama boba, una mujer activa, 18 [oct-dic 87): 38-39.

. Monsieur Valéry, 12 [ene-abr 86]: 6-9

G0NZALEZ HERNÁNDEZ, Libertad: Fruta verde y sus frutos¿ verdes?, 2 [oct 82): 51-52.

. La competencia inconsciente, 25 Liul-sep 89): 37-41.

- . Felipe Ángeles, uno más, 18 [oct-dic 87): 32-34.

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del Libro segundo (" A Mecenas"). Tr. del latín de Enrique Puente Sánchez, 28-29 [abrc;cp 90): 30-3 1.

G[0NZALEZ]. MAIZ, Rocío: Historia de la Hacienda de San Lorenzo(] 597-1946), 26-27 [oct 89-mar 90]: 8198.
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. Oda a Mclpómene. Tr. del latín de Enrique Puente Sánchez, 41-42 LJul-dic 93]: 27-28.
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1/oracw Salazur Orti:: César lsassi, Miguel Covarrubias. Jorge Cantú de la Garza, Margarito Cuéllar, Mi-

G0NZÁLEZ MELÉNDEZ, Gabriel: Ella y este, 32-33 [abr-sep 91 ]: 93-96.

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G0NZÁLEZ QUIJAN0, José: Artes plásticas de Nuevo León. 34 [oct-dic 91 ]: 62-64.

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I ll

GREEN HUIE, Jorge: lnclán y Guzmán: menosprecio del gobierno, alabanza del caudillo, 30-31 [oct 90-mar
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lit I RI ,\ , Andrés: Dos poemas, 9 [ene-abr 85]: 19-20.

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-. Cristóbal Colón, ¡a la escena!, 32-33 [abr-sep 91 ]: 12-16.

STOYANOV. Rumen: Imitación de León Felipe. Tr. del búlgaro de Eduardo Langagne, 8 [may-ago 84]: 3.

· - .La dramaturgia chicana, escrutinio de géneros y deslinde de influencias, 37-38 (jul-dic 92]: 1419.

SUPFRVIELLE. Jules: Sed buenos con el poeta [poema]. Tr. del francés de Miguel Covarrubias, 10-11 [maydic 85]: 4.

- . Dos cartas de Elena Garro sobre el teatro mexicano, 41-42 (jul-dic 93]: 79-87.

SVFRDl IK, Oded: Cinco textos nesorientales [poemas]. 34 [oct-d1c 91 ]: 17-19.

- . Cide Hamete Benengeli. ¿un anagrama de Miguel de Cervantes?, 43-44 [ene-jun 94]: 129-135.

S\\ EE'ZY, Paul M.: La revolución permanente, 6 [sep-dic 83): 21-23.

SEGOVIA SOTELO, Pablo: Necesidad de una didáctica acorde con los requerimientos de la sociedad actual,
45-46 [jul-dic 94]: 91-97.
SEPÚLVEDA, Irrna Sabina: Agua de las verdes matas, 21 (jul-sep 88]: 32-33.
SEPÚLVEDA GARZA, Manola: Notas para la historia del norrnalismo rural: la Escuela Regional Campesina de
Galeana N. L. en los años treinta, 30-31 [oct 90-mar 91 ]: 76-84.

TAPl i\

ZÚÑIGA. Pedro C.: Griego clásico y teorías de la traducción, 28-29 [abr-sep 90]: 117-121.

T~RROUX-FOLLIN, Christiane: "'Himno entre ruinas"': la reconciliación con el mundo. Tr. del francés de
Miguel Covarrubias (Cuaderno núm. 8), 32-33 [abr-sep 91 ]: 50-60.
TEASDAl.f., Sara· Arcturus [poema]. Tr. del inglés de Jorge Cantú de la Garza, 28-29 [abr-sep 90]: 13.
135

134

�TECAYEHUATZIN DE HUEXOTZINCO: Poema de clausura (Cuaderno núm. 12). Tr. de Ángel María Garibay K.,
39-40 [ene-jun 93]: 86.
TEMILOTZIN DE TLATELOLCO: Poema de Temilotzin (Cuaderno núm. 12). Tr. de Miguel León-Portilla, 39-40

VJ\RGAS LOZA\JO, Gabriel: Ideología y ciencias sociales, 1 (ago 82]: 5-9.
. Ideología y ciencias sociales, 2a parte, 2 [oct 82]: 16-2 l.
~~:

La aportación de Adolfo Sánchez Vázquez a la filosofia latinoamericana, 19 [ene-mar 88]: J6-

[ene-jun 93]: 69-70.
TIBÓN. Gutierre: Elogio de Nuevo León, 47-48 [ene-jun 95]: 43-44.

. El debate sobre la postmodemidad en la crisis actual, 26-27 [oct 89-mar 90]: 54-60.

TICIIAVSKY K., Radko: Cuando la recesión nos alcanza, 39-40 [ene-jun 93]: 11-13.

- La crisis del socialismo y sus consecuencias para América Latina, 26-27 [oct 89-mar 90]: 76-79.

TUERINA, Angélica: Chipinque, 41-42 Oul-dic 93]: 32-33.

. La filosofia en el final del siglo XX, 43-44 [ene-jun 94]: 5-15.

TOCHIHUITZIN COYOLCHIUHQUI: Vinimos a soñar [poema] (Cuaderno núm. 12), Tr. de Miguel León-Portilla,
39-40 [ene-jun 93): 54.

. Actu_alidad de la filosofía política, 47-48 [ene-jun 95]: 104-111.

TODOROV, Tzvetan: La noción de literatura. Tr. del francés de Herón Pérez Martínez, 2 [oct 82]: 9-15.

VI 1"· Atala. Descripción, creación, 37-38 [jul-dic 92]: 31.
. Acercamiento a Rangel Frias el escritor (Cuaderno núm. 13), 41-42 Oul-dic 93): 40-47.

TOPETE LARA, Hilario: Horno ludens, Sportman (Cuaderno núm. 14), 43-44 [ene-jun 94]: 81-99.
TORUÑO-CASTAÑEDA, Rhina: Protesta contra la opresión: categorías medulares en la obra narrativa y dramática de Elena Garro, 35-36 [ene-jun 92): 93-95.
-. Del realismo mágico de Los recuerdos del porvenir al realismo social de Y Matarazo no llamó... ,
47-48 [ene-jun 95): 36-40

VI 11 ING,\, Menno: Amor latino: ejemplos de la cultura popular, 17 [jul-dic 87]: 43-55.
VICTORIA, Nidia: Yucatán 1865-191 O: colonización o importación de trabajadores, 7 [ene-abr 84]: 78-83.
VIDi\l . Gregorio: Crisis. crecimiento y desarrollo, 26-27 [oct 89-mar 90]: 18-27.
V1c,11. Amulfo: Letras impresas para el siglo XXI (Cuaderno mím. 15), 45-46 Oul-dic 94]: 77.
. El clásico Tigres ,·s. Rayados, 49-50 [jul-dic 95]: 65-70.

TORRE GAMBOA, Miguel de la: La profesión filosófica en la ciudad de Monterrey, 39-40 [ene-jun 93): 5-9.
TORRE GAMBOA, Miguel de la y Mireya García Govea: La licenciatura en pedagogía: ¿formación de docentes?, 20 [abr-Jun 88]: 10-16.
-. El análisis de la práctica profesional como fundamento del diseño curricular en educación superior, 37-38 üul-dic 92): 107-110.

VII ,\S. Carlos M.: Insurgencia popular y revolución social en Nicaragua, 9 [ene-abr 85]: 22-31.

TORRES LÓPEZ, Erasmo: De homenajes y celebraciones, 49-50 Oul-dic 95]: 185-186.

VII I ARREAL, José Francisco: Diecinueve poetas ... ¿contemporáneos?, 25 [jul-sep 89]: 44-45.

TOSCANA, David: Macaría, 37-38 üul-dic 92): 97-98.
Tot SSAINT, Marianne: La voz azul de un pez [poemas], 23 [ene-mar 89): 18-19.

VII All VALDES. Brikelys: Para ser como soy [poemas], 20 (abr-jun 88); 61-62.
VIII i\l OBOS, Jorge: Evidencia [poema], 8 [may-ago 84]: 46.

VIII ARREAL. José Javier: Poemas. 3 [die 82]:12.
-. Antología de la poesía mexicana de los cincuenta ( 1). 15 [ene-mar 87]: 70-71.

TRAKI.. Georg: Sombrías frentes de guerreros [poema]. Tr. del alemán de Miguel Covarrubias, 15 [ene-mar
87): 4-5.
TREVIÑO CASTRO, Javier: El drama de la provincia (hojas de diario), 12 [ene-abr 86): 53-56.

-. El público. el atentado a la máscara: ··un poema para silbarlo'·, 16 [abr-jun 87]: 45-49.

Ul LRICH M., Pablo: Por este día y los que faltan [poemas], 26-27 [oct 89-mar 90): 16-17.

-. La procesión (Libro V. fragmento) [poema]. 26-27 [oct 89-mar 90]: 61.

URIBE DE ALANÍS, Esperanza y Horacio Maldonado: Nuevas estrategias en el trabajo educativo con niños, 2
[oct 82): 54-61.

-. Dante. la 1'ita 1111ova y el Do/ce stil 111101·0. En el setecientos aniversario de La vida nueva 41-42
üul-dic 93): 24-26.
'

URIBE DE ROCHA, Blanca: Casa de la paz, 41-42 üul-dic 93]: 161-170.
VALADEZ MORENO, Moisés: Datos etnohistóricos y etnográficos de las sociedades indígenas que habitaron

· Nuevo León, 39-40 [ene-jun 93): 124-136.
VAl DÉS DEL BOSQUE, Alejandro: Las ideas literarias de Alejandro Rossi en el Manual del distraído. 45-46
üul-dic 94): 40-44.
VALDES MANRÍQUEZ, Hugo: El laberinto, 37-38 üul-dic 92): 21-24.
-. El escritor (Cuaderno núm. 16), 47-48 [ene-jun 95): 62-64.
-. Conversación y narrativa actuales, 47-48 [ene-jun 95]: 143-145.
VALENZUELA, Luisa: Escribir con el cuerpo, 43-44 [ene-jun 94]: 42-48.
-. Sobre el libro de cuentos Simetrías, 45-46 üul-dic 94]: 120-121.

-. Antolo~ía de la poesía mexicana de los cincuenta (2), 16 [abr-jun 87]: 61-63.
-. López Velarde o los fantasmas de la pasión (Cuaderno núm. I), 22 [oct-dic 88]: 1-12.

Vil LARREAL, José Javier y Minerva Margarita Villarreal: Desde la vieja casa (selección) [poemas] 13 [mayago 86]: 47-52.
'
Vil I ARREAL, Minerva Margarita: La reproducción social en el capitalismo. 2 [oct 82]: 42-44.
-. Elena Garro y sus testimonios. 3 [die 82]: 40-41.
-

Poemas, 5 [may-ago 83]: 53-54.

- . Círculo del sueño. 9 [ene-abr 85]: 44-45.

-. Montemorelos. las mujeres y la agroindustria, 10-1 t [ma)-dic 85]: 16-20.
- . Escrito en el tiempo, 12 (ene-abr 86]: 61.

-. Los personajes femeninos de Elena Garro, 14 [sep-dic 86]: 33-38.
-. Lo increíble es verdadero. 18 [oct-dic 87]: 40-41.

VALÉRY; Paul: El cementerio marino. Tr. del francés de Alfonso Rubio y Rubio, 28-29 [abr-sep 90]: 76-82.
137
136

�-. El corazón de los combatientes: aproximación a los relatos de Raúl Rangel Frías, 22 [oct-dic 88];
49-5 l.
-. Nuevo León y su cultura poética en las alturas de la crisis (Cuaderno núm. 15), 45-46 Oul-dic

Algunos datos adicionales de la revista

94]: 67-68.

Número total de páginas publicadas: 3, 660

-. En gratitud a Edmundo Valadés, 49-50 Oul-dic 95]: 29-30.

Número de autores que han colaborado: 515

VII.LASEÑOR, María Teresa de Jesús, y René Ramírez: Comparación de un estudio conversacional en el salón
de clases en Inglaterra contra uno similar en México, 21 Liul-sep 88]: 13-29.

DESLINDE en sus números 1-50

Número de colaboraciones traducidas: 125

VILLEGAS, Abelardo: La filosofía y la ciencia en la actual encrucijada, 26-27 [oct 89-mar 90]: 43-47.
Directores:

VIQLF.IRA LANDA, Jacinto: Laguna Verde y los riesgos de la energía nuclear, 21 Liul-sep 88]: 49-56.
WAGNEUR, Jean-Didier: José Emilio Pacheco: centinela mexicano. Tr. del francés de Paloma Villegas, 23
[ene-mar 89]: 56-57.

Abraham Nuncio (números 1-], agosto-dicien,bre de 1982)

WAHL, Francois: De una escritura, la otra. Tr. del francés de Libertad Gonzalez, 20 (abr-jun 88): 30-33.

Josc Roberto Mendirichaga (.,úmeros 4-6. enero-diciembre de 1983)

WALDMAN, Gilda: El amante, 10-11 [may-dic 85): 59.
WII.LS, Wolfram: La traductología. Tr. del alemán de Martha Bander y Herón Pérez Martínez, 8 [may-ago
84]: 41-45.
WYUE, Elinor: No va con mi naturaleza [poema]. Tr. del inglés de Jorge Cantú de la Garza, 28-29 [abr-sep

1lerón p¿rez Martíncz (números 7-9, enero de 1984-abril de 1985)

Miguel Covarrubias (números 10-50, mayo de 1985- diciembre de 1995)

Redactores:

90]: 12.
YÁÑ~ z, Agustín: El Reyno, obra maestra, 22 [oct-dic 88]: 29.
YAÑEZ, Ricardo: Cabeza romana. 5 [may-ago 831: 60.
YOL•RCtNAR. Marguerite: El ángel de la muerte te saluda [poemas]. Tr. del francés de Miguel Covarrubias,
19 (ene-mar 88]: 4-8.
-

\1itología. Tr. del francés de Alfonso Reyes, 24 (abr-jun 89]: 52-55.

l lumbcrto Salazar (números 1-50. agosto de 1982-diciembre de 1995)
Luis Lauro Garza (números 1-3, agosto-diciembre de 1982)
Alma Rosa Garza del Toro (números 1-2. agosto-octubre de 1982)
Mario Antco Hino_1osa (números 12-13. enero-agosto de 1986)

ZAMBRANO, Eduardo: Desde la piedra, 6 [sep-dic 831: 31.
ZAMBRANO, María: Alfonso Reyes sobre Goethe, 24 [abr-Jun 89): 42-45.

Ilustradores:

IAMORA. Daisy: Para mi abuelo Vicente [poema], 9 [ene-abr 85]: 4-5.
ZAPATA GUFVARA, Alfredo: Crónicas de mi colonia, 49-SC i:_,ul-dic 95]: 60-61.

1 [agosro 82]: Ericli. Estrada (fotografias).

lHlADLA SrRRA, María: Trabajo femenino y ejidos en Montemorelos (1930-1950), 37-38 Liul-dic 92]: 127-

2 [octubre 82]: Eduardo Rodríguez (fotograjias)

134.

3 [diciembre 82]: Mauro Machuca (niietas).

ZER fl cm-. Francisco M : El pensamiento materialista en la enseñanza de la literatura, 9 [ene-abr 95) 17- 18.

4 [enero-abril 83]: Salvador Pinoncelly (viñetas).

Zl "!IGA, V1ctor: La disociación: las relaciones entre la cultura escolar y la cultura de los grupos marginados
urbanos, 8 [may-ago 84 ]: 52-63.
. Nuevo León: sus regiones culturales, Andrés Huerta y Doctor Arroyo, 39-40 [ene-jun 93]: 21.

5 [mayo-agosto 83]: Ericli. Estrada (fotografias).
6 [septiembre-diciembre 83]: Lacho (Horacio Salazar Herrera] (rií,etas) .

7 [enero-abril 84) Amrnndo López (l"i,ietas).
8 [mayo-agosto 84 ]: Raymundo Uviña (,·úie;as).
9 [enero-abril 85]: Aristeo Jiménez (fotogrc!fias)
10-11 [ma) o-diciembre 85] Femando Flores Sanchez (vuietas).

i:. fenero-abril 86]: Enrique Canales (,·i11etas).
13 [ma~o-agosto 86]: Sebastian Xavier (l"iiíetas).
14 [septiembre-diciembre 86]: Julián Hugo GuaJardo (fotografias)

�15 [enero-marzo 87]: Arturo Flores (viñetas).

José María Infante: 8

16 [abril-junio 87]: Jaime Tejeda (viñetas).

José Javier Villarreal: 8

17 Uulio-diciembre 87]: Gerardo Cantú (viñetas).

Nora Garro: 7

18 [octubre-diciembre 87): Pablo Flórez (viñetas).

Abraham Nuncio: 7

19 [enero-marzo 88): Jaime Flores (viñetas).

Julicta Renée: 7

20 [abril-junio 88]: Efrén Yái\ez (viñetas).

Gabriel Vargas Lozano: 7

21 [julio-septiembre 88): Gabriel Contreras (viñetas)

Guillem10 Schmidhuber: 7

22 (octubre-diciembre 88]: Saskia Juárez (viñetas).

Carmen Alardín: 6

23 [enero-marzo 89]: Alejandro Delgado (viñetas).

Mario Cerutt1: 6

24 (abril-junio 89]: Héctor J. Marines Gómez(viñetas).

Dulce María González: 6

25 [julio-septiembre 89): Luis César Frías Leal (dibujos).

Marganto Cuéllar: 5

26-27 [octubre 89-marzo 90]: Erick Estrada (viñetas).

Leticia S. Herrera: 5

28-29 [abril-septiembre 90]: Erick Estrada (fotografías).

Andrés Huerta: 5

30-31 [octubre 90-marzo 91 ]: Saskia Juárez y Andrés Huerta (viñetas).

Horado Salazar Ortiz: 5

32-33 [abril-septiembre 91 ): César Valdés (viñetas).
34 [octubre-diciembre 91 ]: Ilustraciones de revistas literarias regiomontanas de principios de siglo.

Traductores:

35-36 [enero-junio 92]: Erick Estrada y César Valdés (viñetas).

37-38 Uulio-diciembre 92]: Francisco Barragán Codina (fotografías).

Miguel Covarrubias: 55 traducciones (del francés y alemán)

39-40 [enero-junio 93]: Benito Estrada (viñetas).

Libertad González: 6 (del francés e italiano)

41-42 Uulio-diciembre 93]: Benito Estrada (viñetas) y Erick Estrada (fotografías).

Horacio Salazar Herrera: 6 (del inglés)

43-44 [enero-junio 94): Sebastián Xavier (viñetas).

Alfredo Gracia Vicente: 4 (del francés y el catalán)

45-46 [julio-diciembre 94]: María Serena Salazar Montemayor (dibujos).

Enrique Puente Sánchez: 3 (del latín)

47-48 (enero-Junio 95]: Femando Zapata (fotografías).

Estela Ceruni: 3 (del francés)

49-50 [julio-diciembre 95): Gloria Collado (fotografías).

Herón Pérez Martínez: 3 (del alemán y francés)
Minerva Margarita Villarreal: 3 (del inglés)

Los más asiduos.-

Héctor Alvarado: 3 (del portugués)

Ilustradores:
Autores con más de 5 colaboraciones:

Erick Estrada Bellman: 6 números (fotografias y viñetas)
Silvia Mijares: 17 colaboraciones
Miguel Covarrubias: 14
Herón Pérez Martínez: 13
José _Roberto Mendirichaga: 12
Humberto Salazar: 12
Minerva Margarita Villarreal: 11
Alfonso Rangel Guerra: 10
140

Saskia Juarez: 2 (viñetas)
Sebastián Xavier: 2 (viñetas)
Benito Estrada: 2 (viñetas)
César Valdés: 2 (viñetas)

�~

DESLINDE LLEGA A SU NUMERO 50

NO EMPECEMOS, POR FAVOR ...
No empecemos, por favor, estas líneas
trayend,, el lugar común de que trece
años y medio, o cincuenta números, se
di1.:en fácil. pero ... / Utilicemos mejor
esta página para hablar un poco de las
vicisitudes. manos y trasmanos. talleres
y operarios. diseñadores y redactores
que han tenido algo que ver con la revista en éstos sus primeros cincuenta
números.

LA CRÍTICA LITERARIA
EN MONTERREY
(1880-1980)

Humberto Salazar

Deslinde fue diseñada originalmente por Jorge Sposari. artista argentino
del diseño gráfico y otras manifestacionc, j(' la plfüaica. que vivió en Montcrr.:) durante algunos años de los setenta
y ochcnt;.l. En el verano de 19f'.'? cuando
apareció el primer número. su diseño
fue stn duda uno de los aciertos de la
nat:.1cntc revista. pues combinaba la flex1hihJ.ad gráfica con ef carácter más
~ien flemá11co. ladrillesc&lt;i (quiero dem
académico). de los textos que por su carácter cobijaría la nueva publicadón.

Siendo de Sposan el diseño, el trabajo
prái.:t1c1 · dr. la ((formada lo realizaban

Universidad Autónoma de Nuevo León

sus ayudantes, Mauro Machuca en los
primeros dos números y Samuel Noyo•
la durante otros dos o tres. Otro diseñador. Roberto Ortiz. también «fonnó»

un par de entregas. ciñéndose siempre a
la idea original de Sposari. A partir del
número siete u ocho. ese trabajo de formai:ión y diseño. labor calificada, sería
realizado por la mancuerna director 1
secretario. con logros podemos decir
que desiguales.
Los directores de Deslinde han sido
Ahr.tham Nuncio (núms. 1-3), José Ro-

berto Mendirichaga (4-ó), Herón Pérez
Martínez (7-9) y Miguel Covarrubias (10so). Revisando esos números, advierto
que las inclinaciones de los sucesivos directores imprimieron un cierto, leve sesgo temático a la revista. Sin embargo el
desempeño tan dilatado del maestro Covarrubias ha dejado muy atrás, casi en el
olvido, la época de los otros directores, y
de alguna manera hay como la vaga idea
de que ha sido siempre su director. Todos los exdirectores de Deslinde se cuentan entre sus más asiduos colaboradores,
y permanecen atentos a la suerte de la
publicación.
La redacción de Desli,ule comenzó
con tres operarios: Alma Rosa Garza
del Toro, Luis Lauro Garza Hinojosa
y quien cscrihe. Tres sociólogos. hajo
la batuta del primer director, el htJO·
dalgo Abraham Nuncio. Luego quedarían los dos últimos y a partir del ,úmero

.i

solamente el último. En otra

etapa de este transcurso auxilió al responsable de la redacción Mario Anteo
Hinojosa, siempre puntilloso en la reúsión
En los primeros años d,, Deslinde
3ugó un papel central Andrea González Corona, tipógrafa independiente,
que capturó los a veces limpios y casi
siempre rayadísimos trabajos de los
colabora.dores. El que escribe intercambió primeras. segundas, terceras y
cuartas pruebas con ella por los sucesivos locales y oficinas donde realizaba su labor: por la colonia Talleres,
por Tapie y Diego de Montemayor,
por los panttones de Venustiano y s
de Mayo, por la colonia Obrera, por la

Mitras centro, en su oficina de la Comisión Federal de Electricidad, por el
Mercado del Norte, en su oficina de
Cementos Mexicanos y en otros cuantos lugares más. Eran los tiempos de
la IBM Composer, en la que había que
cambiar las latosas esferitas de los tipos blancos, cursivos y negritas. ¡Uf!
En una etapa posterior han capturado
las páginas de Deslinde otros tipógrafos como Catalina Hemández de Filosofía, Pablo Alamillo y Olvera en Cargo, Rosy Vázquez en Grafo Print.
En el m1c10 y los primeros números se usaron los tipos, muy estileros,
Benguiat Book, cuando la revista se
hacia en la Impresora Monterrey: luego. en la etapa de Andrea González,
cambiamos al clásico Bodoni. Algún
número llevó las cabezas en una tipografía de la que quisiéramos no acordarnos .. Recientemente usamos, en la
etapa de las PC, el tipo Times New
Roman.

Des/111de visitó las mesas de plomo
de muy diversos talleres: Impresora
Monterrey, Impresora Gralex (de Pablo
González Chavaróa), Editora El Sol.
los talleres de la Facultad de Filosofía y
Letras, Proceso Gráfico (de Roberto
Hemández), Editorial Cargo (de Rogelio Cantú), Grafo Prinl Editores (de
Mario Gar,a Yturria). Director y redactor sempiternos fatigaron los pisos aceitosos de los diferentes talleres y. de
acuerdo con el ineluctable progreso de
los años, pasaron de corregir pruebas
de Composer a las de Compugraph,c y
finalmente a las de la Pe Cé. ¿Algo mejoraría con todo ello?

143

�Por ser una puhlicación que no pa-

gaha

paga sus ,olaboracioncs. cxt'Cplo de vo en vez las ilustraciones.
111

los rcsponsahlcs de /)eslinde hubieron

dL' cchar mano de lodos sus rt::cursos
psicológin1s (amistad. chaniajc, supuesto prestigio de publil:ar en sus pá~ina ..... «i.:stamos haciendo un número

~spcdal...)\, ch: .) para atraer los copiosos materiales que integraron estos
cincuenta números. Adem;.\s hubo
siempre los colaboradores que fungían

1,unhién como acarreadores de textos.
como el incansable maestro Mario Ccrutti. el poliédrico Herón Pérez Martínez. la inasible Carmen Alardín y
01ro,. además de los directivos de la
revista y los de la propia facultad.
A las secciones originales

(ABANI-

COS. SENAS / RESENAS / CONTRASENAS.
REGIÓN)

se agregaron luego otras dos:

CUADERNOS DE LA REVISTA ,&lt;DESLINDE»,

en una parte central, impresa en papel

de otro tipo. que apareció desde el número .!.! y fue iniciativa del director. y
RESCOLDO. que propuso el secretario y
dispuso el director, incluida a partir del
número 9, aunque en un principio sm
nombre. y que acompaña siempre el
epígrafe que escribió M. Covarrubias.
La sección NOTICIAS INTERNAS DE LA FACULTAD. destinada a recoger las actividades culturales y académicas realizadas cotidianamente en el ámbito escolar. dejó de aparecer desde el número,.
Desli11de llega a su número cincuenta. a su plena adultez. con vanos
padecimientos crónicos, que son mortales sólo en el muy largo plazo, pero
144

que ciertamente han menguado su presencia y vitalidad editorial. El primero
&lt;le ellos la distribución, que es casi tema tabú porque, como a un erizo, no
se sabe por dónde entrarle. Otro sería
tal vez el de su periodici-dad tan espaciada. que viene junto con el de su volumi nosidad, aunque en una publicación,- académica esto no necesariamente está mal. Además no se traia de
problemas específicos. particulares de
la Deslinde. sino que son problemas
generalizados que tienen que ver con
la situación del consumo cultural en
nuestro país. la falta de lectores. etc.
Con todo y ello Deslimle sigue su camino y llega a muchos (ojalá sean cada vez más) de sus lectores ideales vía
correo. distribución mano en mano.
cortesías. etc. Por otro lado hemos estado siempre conscientes de que la
lectura de este tipo de revistas cs. cada
vez más. de capillas. y acorde con ello
es el breve tiraje de esta publicación.

Con todo y su modestia. su defectuosa distribución y sus lardanzas. Deslinde ha publicado textos importantes
de Sergio Bagú. Francisco Cervantes.
Eugenio Coseriu. Agustín Cueva. Evodio Escalante. Josep Fontana. Elena
Garro. Pablo González Casanova. Gilberto Guevara Niebla. Luis Leal. José
Luis Martínez, Porfirio Miranda, Carlos
Monsiváis. José Emilio Pacheco. Federico Pa(án. Carlos Pereyra, Vicente
Quirarte. Adolfo Sánchez Vázquez.
Femando Savater, Luisa Valenzuela.
Gabriel Vargas Lozano y muchos otros
autores nacionales y extranjeros. además de la casi totalidad de los autores

importantes de Monterrey. Además, ha
dado cobijo a traducciones, muchas de
ellas primigenias, de Horacio, San Jerónimo, Nezahualcóyotl, Lutero, Barthes,
Nietzsche, Ambrose Bierce, Yourcenar,
Cendrars, Bertolt Brecht, Bataille, H. M
Ensezberger, Todorov, Joyce, Broch,
Prévert, Chico Buarque, Desnos, Bukowski, Mijail A. Málishev y otros muchísimos autores vertidos por traductores locales del inglés, francés, alemán,
italiano, búlgaro, portugués, latín, ruso
y náhuatl. Y añadido a iodo lo anterior
la valiosa colaboración plástica de Gerardo Cantú, Armando López, Pablo
Flórez. Erick Estrada, Femando Flórez
Sánchez, Saskia Juárez, Sebastián Javier. Enrique Canales, Raymundo Uviña, Jaime Tejeda. Mauro Machuca,
Francisco Barragán y otros artistas
plásticos igualmente notables.

ACRÓSTICO SINTAGMÁTICO

Digamos, para finalizar que, por su
volumen total, sus colaboradores, su
permanencia en el tiempo, su carácter
de foro o espacio de convergencia literana, cultural, generacional, en un lu•ar donde no abundan, Deslinde ocupa
o
un lugar entre las más importantes revistas culturales que se han publicado
en Monterrey, así como tiene asegura•
do un sitio entre las mejores revistas
universitarias mexicanas de los últimos
liempos.

Deslinde une y no separa; en cincuenta números Deslinde no ha deslindado mucho: más bien, ha lratado de representar una pluralidad de ideas y pensamientos que pocas publicaciones de este
tipo son capaces de mostrar sin vuelta de
hoja, mérito de su equipo de dirección y
redacción a quienes la felicitación es
apenas un humilde reconocimiento.

ta literaria sobreviva entre el escepticismo, la intolerancia, la barbarie política
y la incertidumbre social? No. Sin embargo, Deslinde pennanece a pesar de
los vaticinios que aventuraban su «inevitable» desaparición. Está aún enlre
nosotros, no sólo cumpliendo años, sino cumpliéndolos bien. Su mérito radica en ser fiel a su propia filosofía. Una
revista literaria puede extinguirse por
muchos motivos; pero uno de ellos suele ser la indefinición filosófica. Este no
es el caso de la revista dirigida por Miguel Covarrubias, quien ha «deslindado» asertivamente su razón de ser.
Guía, mas no dictador ni comandante,
de una publicación plural y respetuosa,
abierta a todas las voces y géneros expresivos. Deslinde sobrevive por su
manufactura humanista. Se ha diseñado
pensando en el lector, no a pesar de éste. Esto podría marcar la diferencia entre las revistas bien intencionadas, y las
otras, las mercenarias de la palabra.
Deslinde no pretende ser una u otra,
porque el veredicto de su trascendencia
como aportación literaria lo decide el
lector de estos tiempos y el de los venideros. Mientras tanto, y a pesar de los
problemas de distribución que la atribulan, Deslinde aún tiene letras qué mostrar.

José María Infante

Alejandro Valdés del Bosque

Repasemos. Cincuenta números en
trece años y medio, 3660 páginas publicadas. 515 autores, 125 traducciones, no
está mal... no está nada mal.

SOBREVIVE POR SU MANUFACTI.;RA HUMANISTA

Humberto Salazar

¡_Existe algún secreto, instructivo o fórmula mágica para lograr que una revis-

cincuenta la magia de los números terminados en cero, llegó en este caso a
Deslinde; sin embargo, los ceros, que
son nulidad. son este caso un gran esfuer,o.

números permiten desplegar series
en el espacio, pero en Deslinde son senes desplegadas en el tiempo; tiempo
que permite madurar cosas que no son
instantáneas, en un mundo donde la instantaneidad nos abruma cada vez más.
~uevos números vendrán en nuevos
licmpos que tratarán de recuperar lo que
en cada momento ha sido la instantaneidad: más paradojas a este quehacer de la
ktra escrita que permite fijar una historia
(a partir de números convencionales y
arbitrarios), para la que los pueblos sin
escritura no tienen oportunidad.

EDICIONES ESPECIALES
A lo largo de estos últimos años, en

Deslinde nos hemos ocupado de reunir
-a veces de las maneras más inverosí-

miles- materiales que nos permiten
darle al lector una deseable unidad
-dentro de lo que cabe. No se olvide
que una revista es eso, re-vista, recuento. La variedad, pues, podría ser
un distintivo infaltable en esta clase
de publicaciones.

Por ejemplo: el número monográfico dedicado a Alfonso Reyes a causa
del centenario de su natalicio cumplido
en 1989. ¿Cómo lo logramos? Pues ... a
partir de la recolección de un par de
conferencias. Coincidentemente, las de
dos de los más reputados alfonsistas foráneos: James Willis Robb y Paulette
Patout. El investigador norteamericano
leyó su trabajo en la sede de la biblioteca central de la Universidad Autónoma
de Nuevo León, mejor conocida como
Capilla Alfonsina; y la segunda --0octorada merced a su profundo conocimien10 de la vida y obra del máximo humanista regiomontano- en la biblioteca de
la Facultad de Filosofía y Letras de la
misma UANL. En ambos casos nos armamos de valor y les pedimos sus textos, con la sola promesa de editárselos
pulcramente. Por otro conducto llegó,
en ese mismo año, el discurso del
maestro Alfonso Rangel Guerra, ideal
para ofrecerlo como introducción al tema. Así lo hicimos. Por mi parte, continué con una encomienda inusual: traducir algunos de los textos críticos recopilados en Páginas sobre Alfonso Reyes
(dos tomos, Monterrey, 1955, 1957). Esta
vez el tumo fue para el hispanista francés lean Cassou: sus dos breves apuntes sobre el ars poetica de Reyes tenían, respectivamente, más de sesenta,
145

�SATISFACCIONES

Lourdes Olmos
HACIA EL ORIGEN
Para la Dra. Claudia A. Ávila Meoqi

Desde la ventana se observa la vida
señora que suele cambiar su indumentaria
mansa y terrible señora que cierra la puerta
y abre a la Ju,.
Aura María Vtdalcs

más de setenta años de haber aparecido
en sendas revistas galas -en su lengua
original. Por otras vías -igualmente heterodoxas- surgieron el artículo de una
mexicana radicada en Noneamérica
(Helia María Corral), la relación de
Goethe y Reyes según la filósofa española María Zambrano y el acercamiento de José Emilio Pacheco. De un libro
semioculto emergieron las cartas de
Juan Ramón Jiménez dirigidas al autor
de Simpatías y diferencias. Y de los
imponentes tomos que contienen el
quehacer total de Reyes, su traducción
de la «Mitología» concebida por Marguerite Youcemar. más el entonces
inencontrable -en volumen separadoÁrbol de pólvora. Con todo esto hemos
querido dejar en claro dos cosas: no retribuimos a nuestros fraternales colaboradores como el mercantilista sistema

que nos gobierna -y agobia- manda.
demanda y exige con implacable puntualidad: somos pues. en nuestro papel
de cazadores de papel. asiduos a congresos. mesas redondas y conferencias.
De esta torrna obtenemos estudios. ponencias. anículos. reseñas y toda clase
de objetos literarios que de otra manera
nunca podrían llegar hasta las sedientas
páginas de nuestra revista.
De modo parecido podríamos detallar la configuración del número doble
ocupado -íntegramente- por la traducción literaria (teoría y práctica): la primera a cargo de investigadores de México. Zamora y Monterrey. ) la segunda cubierta por un sector de los poetas
regiomontano~ más solidarios. Igual
procedimiento resultó eficaz cuando
ideamos un par de cuadernos relati\ os

al quinto centenario del (moderno)
cuentro de dos culturas o (antiguo) d
cubrimiento de América.
Sin embargo. algunos apartados
se han resuello gracias a trabajos des
sos de aparecer en Deslinde, prec"
mente en Deslinde. Extraños y verí
cos designios -así podríamos catalog
los. Entre ellos, los que hicieron
ble la impresjón de un Abanico dedi
do a Bataille. otro a Barthes. a la filo
fía política. a la dramaturgia regiom
tana. etcétera: o la aparición de C
demos plagados de narraciones escri
por nuevoleoneses. amén de «La c
del traductor de Manín Lutero» y
serie de reflexiones acerca del juego
el depone. etcétera.

El árbol que habita en mí,
que fom1a mis huesos y cuyas raíces son mis venas
madura en ese único y brutal impulso por salir a flote.
¿,Qué seguirá después?
Cuidaré que mi historia no manche tus labios
ni las palmas de tus manos.
Soy apenas un hilo, una garganta lo sé.
soy parte del misterio que por siglos se erige
en sangre y razón.
¿Quién canta sola y desnuda sus espejos frente al mar?
Entendí la lección, voy hacia el origen.
quiero conocer la sustancia del barro que me forma,
quiero la vida y su extraño latido al que todavía pertenezco
en el que me pierdo y transito hasta tocar el deseo.
Quiero el canto
con el que me nutro del diluvio de voces y risas que no terminan.
No tengo ahora más que palabras.

�palabras que rebotan sordas en las paredes,
que corren tan rápido como la cinta de un video tape
palabras niñas que me pueblan de ternura y afectos,
palabras mortales que te digo como autómata,
que me comprometen, que me hunden, que me ahorcan
palabras, sólo palabras...

SATISFACCIONES*
La primera sonrisa al despertar,
el café puro y calientito,
la ducha tibia que despierta los sentidos,
la primera mirada, el primer beso,
el bolero de Ravel que encamina su procesión
hacia los bosques de mi pelo

ÉL SE LEVANTARÁ...
Él se levantará a las seis
y una fina lluvia lo acariciará
con su lenta y líquida tibieza
como una segunda piel
lo envolverá en su vorágine,
le borrará los besos y las caricias de ella.

NOSTALGIA
En otros tiempos
pude haberte llamado por teléfono
o enviarte una postal.
Ahora,
duermo a mi hija en la tarde callada.
• Poema tomado del original con el mismo título de Bertolt Brecht.

149

�ENSAYO PARA UNA ANTROPOLOGÍA
FILOSÓFICA A FINALES DEL MILENIO
EN JEAN-FRAN&lt;;OIS LYOTARD
El saber es y será producido para ser vendido. y es y será consumido para ser valorado en una nueva producción: en los dos casos, para ser cambiado. Deja de ser en
sí mismo un fin, pierde su valor de uso.
J. Habermas

Sylvia Jaime Garza
l. Perfil de Jean-Fram;ois Lyotard

Pocos datos confiables podemos
aponar acerca de nuestro autor, J F.
Lyotard. Entre sus datos generales señalaremos que es uno de los filósofos
modernos que más polémicas ha levantado en lo concerniente a la posmodernidad; por ello, trataremos de
conformar. más que su perfil biográlico. su perfil ideológico.
Como muchos de los filósofos de
su generación. se introdujo en los terrenos del marxismo crítico y como
activista de la izquierda heterodoxa.
militó en el grupo «Socialisme ou barbane» al lado de Comelius Castoriad1s
y Claude Lefort, lo que le ha valido un
sinnúmero de críticas muy interesantes. De hecho, Jacobo Muñoz. de la
Uni\'ersidad Complutense de Madrid.
en la introducción del lihro ¡,Por qué
filosofar? de Lyotard, nos dice que «él
mismo ha cifrado en su dec1s1ón de incorporarse al grupo Socialisme 011 barbarie. y de pensar en esa dirección. el
1
comienzo de su deriva».
La rc\'ista Socialisme 011 barbarie
fue fundada en 1948 como órgano de
expresión de un grupo constituido en
19-U, en el seno de la sección francesa
de la IV Internacional. Su origen
trotskysta puede resultar útil a la hora

de contextualizar el análisis crítico
del estalinismo y del carácter contrarrevolucionario que más tarde fue
abandonado por el grupo, como nos
hace ver J. Muñoz.
En el catálogo de temas tratados en
la revista Socia/isme ou barbarie podemos señalar los siguientes temas:
- La relación entre la clase y sus
organizaciones como partido,
consejos obreros. comunas. etc.
- El trabaJO en cuanto vector de
primer orden en las esferas de
lo político y de lo ideológico,
así como también de la vida cotidiana. con la cons1gu1ente
consideración de la emancipación del proletanado;
- La radicalización del problema
revolucionario. con la exclusión
de las tradicionales vías reformistas;
- La crítica a profundidad del rég11nen soviético;
- La democracia proletaria total:
- La discontinuidad de la ruptura
cualitativa que separa al socialismo del capitalismo;

- La tipificación de la burocratización como proceso dominante de la vida moderna;
- La temática global de la compleja y multiforme alienación
de la vida en las formaciones
sociales. contemporáneas, y
2
otros más.
La temática señalada no dejó de
estar a la altura de ese «tempo» un
tanto febril que llevó a Lyotard a caractenzar al grupo como «la nave de
los locos» que más tarde se escindiría, en 1963, y aparecería la anti-tendencia junto con R. Maille y P. Brune, entre otros, para ser nuevamente
disuelto en 1966 por Castoriadis. Para
entonces, Lyotard se había inclinado
por los temas posmarxistas y en consecuencia por la temática posmoder·
na del arte, el consumismo, la cultura,
la sexualidad, la racionalidad, etc., en
las sociedades industrializadas. Para
el 68 Castoriadis escribiría «llegamos
a un punto en que se imponía o seguir
siendo marxista o seguir siendo revo·
3
lucionanos».
A raíz del movimiento estudiantil
del 68 y convencidos de que el capitalismo moderno propicia poco espacio
al entusiasmo y a la actividad política
revolucionaria radical, se enfocaron a

la aspiración de una democracia directa, a la autogestión y a la autonomía; es así como la crisis de mayo del
68 los hace enfrentarse a una nueva
4
etapa de la historia.
En efecto, Lyotard califica dicho
movimiento como el último episodio
del «entusiasmo» revolucionario europeo. Sin embargo, su cólica continuó enfocándose a los problemas sociales, no sólo a la explotación económico-social, sino también al conjunto de instituciones, de aparatos
ideológicos, como diría Althusser a
las relaciones interpersonales que lo
reproducen y lo mantienen vivo mediante otras muchas formas de dominación como la propaganda, el respeto a las minorías,
. los medios masivos'
el poder supuestamente benefactor y
emancipador del conocimiento científico, el desarrollo ilimitado de las
fuerzas productivas, la racionalidad
crítica, etc.
Para Lyotard, no existe eficacia
revolucionaria, porque la «eficacia es
un concepto y una práctica de poder
contrarrevolucionaria».5
Según nuestro filósofo, razón y
poder son lo mismo; la primera es
disfrazada con la dialéctica o la prospectiva, sin embargo, permanecerá la

segunda con prisiones, prohibiciones,
bien público, selección, genocidio, leyes, etc. No cree en la dialéctica, ni
en su crítica como medio revolucionario, por el contrario, dice Lyotard,
es obvio que en la actualidad «el socialismo es idéntico al capitalismo.
Toda cólica lejos de superar éste, lo
consolida», lo que lo destruye es la
carga libidinal en el sistema del capital y todos sus polos, en función del
cambio y del consumo.6
Lyotard pertenece a la corriente
filosófica que se ha caracterizado como «freudo-marxista», que incide en
el marxismo conjugado con la teoóa
psicoanalítica como «única psicología capaz de dar cuenta de la plasticidad y movilidad de las pulsiones humanas» .7
La revisión del marxismo por parte de Lyotard lo ha conducido a poner
en tela de duda las hipótesis del sujeto revolucionario, la con!tadicción de
las fuerzas productivas y las relaciones de producción como generadora
del cambio revolucionario que inevitableme'nte conducirla al derrumbe
del capitalismo. Dichas objeciones
han propiciado que nuestro filósofo,
de corriente freudomarxista, iniciara
el «duelo por el marxismo como filo,_
sofía de la historia», pues no concibe

el paso automático del capitalismo al
socialismo.
Por otra parte, Lyotard recurre a
Freud, por la necesidad que tiene de
replantear la cuestión de la subjetividad, abordando los temas del deseo,
de flujos, de dispositivos económicolibidinales y de los grandes Trive que
se insertan en el marco freudiano y
posfreudiano.8
Según Lyotard, el capitalismo es
cínico, destructor de toda creencia, y
es más revolucionario que «ese
agenciamiento de cuño religioso al
que llamamos socialismo», por lo
que juzga recomendable acelerar la
tendencia cínica y cruel del capitalismo para que se produzca una verdadera conciencia de transfonnación.
Respecto a la posmodernidad,
Lyotard desarrolla diversos temas
bastante contundentes, acompañados
de cierto pesimismo, cinismo moderado y racionalismo cótico, entre los
que podemos mencionar:
l. La pérdida del espíritu científi-

co.
2. El abandono de los meta-relatos y de los grandes relatos como:

151

�- El relato ilustrado de la emancipación de la ignorancia y de la
servidumbre mediante el conocimiento y el principio de igualdad ante la ley.
- El relato especulativo de la idea
universal por la dialéctica de lo
concreto·(el Espíritu o la Razón
absolutos del idealismo).
- El relato marxista de la emancipación de la explotación y de la
alienación por la transfonnación revolucionaria.
- El relato capitalista de la emancipación de la pobreza por el
desarrollo tecnoindustrial.
- El relato del sistema de los estructuralistas ortodoxos (Luhmann).
- El discurso universal de la comunicación libre del dominio
de las teorías del consenso dialógico de Habennas y Appel.
Todos estos relatos que señala
Lyotard han propiciado el abandono
de la modernidad, así como su caída
y su deslegitimación. «No es la ausencia de progreso sino, por el contrario, el desarrollo técnico-científi152

co, artístico, económico y político lo
que ha hecho posible el estallido de
guerras totales, los totalitarismos, la
brecha creciente entre la riqueza del
Norte con la pobreza del Sur, el desempleo y la &lt;nueva pobreza&gt;, la deculturación general con la crisis de
la Escuela, es decir, de la transmisión del saber, y el aislamiento de
las vanguardias artísticas (y actualmente, por un tiempo, el rechazo de
ellas)».9
Todo lo mencionado anteriormente, lleva consigo la destrucción del
proyecto moderno que simula haberse realizado.
Entre sus obras más notables podemos citar: La fenomenología
(1954); ¿Por qué filosofar? (que consta de una introducción y cuatro conferencias que fueron dictadas en la
Sorbona en 1964); Dérive a partir de
Marx y Freud; La diferencia (1983);
La posmodernidad explicada a los niños (1985); El entusiasmo (1986).

El saber en las sociedades
informatizadas

Jean-Fran9ois Lyotard en su obra La
condici6n posmodema, se propone
hacer un estudio del saber en las so-

ciedades desarrolladas a las que. llama posmodernas.
Para Lyotard, las ciencias y las
artes se encuentran en conflicto, debido a las reglas de las mismas, por
lo que se hace necesaria su legitimación. Los gra,ndes relatos que legitimaban el saber en las sociedades
modernas, como la dialéctica del espíritu, la hermenéutica y la emancipación del sujeto, han perdido su
credibilidad y «el gran héroe, los
grandes peligros, los grandes periplos y el gran propósitó, se dispersan en nubes de elementos lingüísticos narrativos ... , cada uno de ellos
vehiculando consigo valencias prag~
· 10
máttcas
su,. generis».

En estas condiciones, el saber
posmodemo en las sociedades industrializadas, es el instrumento de
poder que «hace más útil nuestra
sensibilidad ante las diferencias, y
fortalece nuestra capacidad de soportar lo inmensurable. No encuentra su razón en la homología de los
expertos, sino en la paralogía de los
inventores». 11 De ahí que nuestro filósofo se pregunte: ¿es practicable
una legitimación del lazo social, una
sociedad justa, según una paradoja
análoga?, si.es así, ¿en qué consiste
ésta?

Según la hipótesis lyotardiana, las
sm:icdades postindustriales y la cultura posmodcrna se inician cuando el
sahcr cambia de estatuto, lo que se
uhica a linales de los cincuenta en
que Europa termina su reconstrucción, y una de las características más
importantes se basa en el cambio del
discurso del saber.
Dicho cambio incide en el lenguaje, pero sobre todo, en las teorías lingüísticas, la comunicación, la cibernética y la tecnología. De esta forma
el saber se ve afectado en dos áreas
de conocimiento principales:
a) en la ciencia. especialmente en
la investigación y,
b) en la transmisión de conoci-

mientos.
Corno ejemplo de !o anterior
menciona que la tecnología de la informática marcará la pauta de que sólo lo que pueda ser traducido a un
lenguaje de máquina será objeto de
almacenar, el resto tendrá que ser
descartado.
Para Lyotard, el saber es poder.
El poder entendido como tal pasa a
manos del saber y éste «será producido para ser vendido, y es y será

consumido para ser valorado en
una nueva producción: en los dos
casos, para ser cambiado. Deja de
ser en sí mismo su propio fin, pierde su valor de uso». 12 Aquel saber
otrora desinteresado y noble, honorífico, se convierte en un valor de
uso netamente pragmático. Se convierte en la «gran empresa» que
Galbraith describe en El nuevo estado indusrriat' en manos de la
tecnoestructura semejante a la Nueva Atlántida de Bacon.
La lucha territorial, la explotación
de materias primas y la mano de obra
barata pasarán a segundo término para dar prioridad al poder de la información.
Manejo del saber en las sociedades
industrializadas

En todo discurso Lyotard distingue tres partes:

y receptor. Para Lyotard el destinador
queda en posición de «sabiente», es
decir, el que sabe; el destinatario tiene que dar o negar su asentimiento, y
el referente también queda comprendido en una de las maneras propias de
los donativos, como algo que exige
ser correctam~nte identificado y expresado en el enunciado al que se hace referencia. 14
Este esquema se mueve en los
juegos del lenguaje cuyas reglas son:
Iª Sus reglas no tienen legitimación en ellas mismas, sino que forman parte de un contrato, explícito o
no, entre los jugadores.

2ª A falta de reglas no hay juego;
una modificación, incluso mínima, de
una regla, modifica la naturaleza del
juego, y una jugada que no satisfaga
las reglas, no pertenece al juego definido por éstas, ya que sin reglas no
puede haber comunicación.

a) un destinador (el que enuncia),
b)un destinatario (el que recibe) y
c) su referente (aquello de lo que
el enunciado trata),
lo que viene a ser lo mismo que nosotros conocemos por: emisor, mensaje

3ª Todo enunciado debe ser considerado como una «jugada» hecha en
el juego, ya que hablar es combatir. 15
¿Quién decide lo que es saber, y
quién sabe lo que conviene decidir?
Lyotard responde: «la cuestión del
saber en la edad de la infonnática es
153

�más que nunca la cuestión del gobierno». Parsons concibe a la sociedad
como un sistema auto-regulado:
(es] ... la armonía de las necesidades y
las esperanzas de individuos o grupos
con las funciones que asegura el sistema sólo es un componente adjunto de
su funcionamiento; la verdadera fiabilidad del sistema, eso para lo que él
mismo se programa como máquina
rnteligente, es la optimización de la
relación global de sus input con sus
ou1put. es decir, su performatividad.
Incluso cuando cambia de reglas y se
producen rnnovac1ones, incluso cuando sus disfunciones, como las huelgas
o las cns1s, o el paro, o las revoluciones políticas pueden hacer creer en
una alternativa y levantar esperanzas,
no se trata más que de reajustes internos y su resultado sólo puede ser la
mejora de la vida del sistema, la única
alternativa a ese perfeccionamiento de
las actuaciones es la entropía, es de. 1a decadenc1a.
. 16
c1r,
Como podemos observar, Parsons
deja muy claro lo que Lyotard señala
en lo concerniente al saber en las sociedades posrnodernas, pues en el
mercantilismo informac1onal, los dirigentes serán los «decididores». La
clase dirigente deja de estar constituida por la clase política tradicional,

para pasar a ser una base formada por
jefes de empresas, altos funcionarios,
dirigentes de los grandes organismos
profesionales y/o sindicales, políticos
confesionales, etc. Esto es lo que
Galbraith llama la «tecnoestructura»
o «tecnocracia», que viene a estar
constituida por una masa de intelectuales al servicio de la «gran empresa». En las sociedades industrializadas, el poder es ejercido por la organización, no por el capital, por el burócrata industrial, no por el capitalista.17
Esta modalidad acaba con las
tradiciones históricas y los grandes
héroes pierden popularidad, produciendo una ruptura del lazo social y
abriendo el paso de las colectividades al estado de una masa compuesta de átomos individuales.
Según la concepción lyotardiana, en la actualidad el saber no es
ciencia, por el contrario, el saber es
lo que hace que cada uno sea capaz
de emitir «buenos enunciados denotativos», «buenos enunciados
prescriptivos» y «buenos enunciados valorativos», ocupando la preeminencia el relato, es decir, el
«saber narrativo», que será legitimado por el consenso y constituirá
18
la cultura del pueblo.

Características del saber narrativo

«He aquí la historia de ... tal y c0siempre la he oído. Yo a mi vez,
o~ la voy a contar, escuchadla... » y
termina diciendo: «Aquí acaba la his1ori,1 de ... El que os la ha contado es ...
para... »'" El oidor de la narración adquiere automáticamente la misma aulomlad para contarla más adelante.
11111

Entre las principales características
del saber narrativo Lyotard señala las
siguientes:
1• El saber narrativo se basa en

relatos populares, es decir, en los éxitos o fracasos del héroe que dan legitimidad a sus instituciones sociales, o
bien presentan modelos positivos y
negativos que sirven de integración
en las mismas instituciones establecidas (leyendas, cuentos, mitos). Estos
penniten marcar los criterios de competencia; asimismo, valorar en base a
ellos las actuaciones que se efectúan
o pueden efectuarse con sus usos.
2ª La narración versus el discurso
del saber, admite una pluralidad de
juegos de lenguaje (denotativos, deónticos, interrogativos o valorativos). El
uso de ellos se encuentra mezclado,
dependiendo del criterio, pero ordenados en una perspectiva de conjunto,
característica del saber narrativo.
3ª Se refiere a la transmisión de
estos relatos. Es obvio el pragmatismo que dichos relatos encierra. Un
ejemplo claro de esto es el del narrador cashinahua mencionado por Lyotard. Toda narración cashinahua empieza así:

Este .1uego del lenguaje es el mismo que opera en nuestras comunidades, el individuo adquiere la capacidad y destreza para «saber decir».
«saber escuchar» y «saber hacer» en
donde aplica las reglas pragmáticas
que constituyen el lazo social.
4ª Una cuarta regla del saber narrativo es su incidencia en el tiempo.
La forma narrativa obedece a un ritmo. «El tiempo deja de ser el soporte de la memorización y se convierte
en un batir inmemorial». Por ejemplo. los refranes, los proverbios. las
máximas. Lo que se pretende es que
haya congruencia entre la función de
olvido y el saber narrativo. El pragmatismo de la narración en una sociedad informatizada, no ·tiene que
apoyarse en el pasado para establecer su lazo social. dado que los relatos pueden parecer pertenecer al pasado, pero en realidad, siempre son
contemporáneos. La cultura que
concede preeminencia a la forma na-

rrativa, no tiene necesidad de recordar el pasado. El destinador-destinatario se verá obligado a contar lo
que le cuentan, con el propósito de
que la cultura ejerza el análisis o la
anamne·sis de su propia legitimidad. :o
Los relatos, concluye Lyotard, determinan criterios de competencia y/o
ilustran la aplicación. De esta manera
definen lo que tiene derecho a decirse
o a no decirse así como lo que tiene
derecho a hacerse en la cultura, y, como son parte importante, se encuentra legitimados.11

El saber científico en las
sociedades informatizadas

Continuando con el mecanismo del
saber que propone Lyotard de desti nador-referente-destinatario. nos
encontramos que el primer lugar, el
destinador. debe proporcionar pruebas fehacientes de lo que dice y
además, refutar todo lo que se
oponga a su referente para ser verificable. En segundo lugar, el destinatario puede. a su vez. afirmar o
negar lo dicho por el destinador en
el referente, lo que implica que el
destinatario es un destinatario potencial, dado que está sujeto a la

necesidad de demostrar o refutar lo
que el destinador trata de comunicar en su referente. Es decir, el destinatario se encuentra a la altura del
destinador; esto se sabrá solamente
cuando hable, pues es aquí cuando
se le podrá llamar «savant», es decir, «el que sabe».
El juego del saber científico será
de la manera siguiente:

destinador
referente
destinatario

En estas circunstancias, el destinador debe plantearse el problema de
que lo que dice es verdadero porque
tendrá que ser demostrado, pero, ¿qué
demuestra que dicha demostración es
verdadera?
Para legitimar el saber científico,
ante la antenor dificultad, se podrá
hacer mediante dos metodologías diferentes:
La primera usando la dialéctica
con algo de retórica. El referente será
todo lo que pueda ser materia a probar en el debate. Si no lo es, puedo
demostrar que la realidad es como yo
155

�digo, pero en tanto que no puedo demostrarlo, está pennitido que la realidad sea como me la presenten, aunque no lo sea.
La segunda es de carácter cartesiano-metafísica. El mismo referente
no puede proporcionar una pluralidad de pruebas contradictorias o inconsistentes; o también «Dios» no
,,
engaña.-·
En el juego dialéctico es preciso
que se dé la paradoja hegeliana del
amo-esclavo: 23 el destinador (científico) se referirá al destinatario (estudiante) que ignora lo que sabe su
destinador por lo que tiene que
aprender (para dejar de ser esclavo);
puede con su trabajo y estudio
aprender a convertirse en un experto
(amo) con idéntica competencia que
su maestro. Pero no hay un tercer
momento en que el estudiante (esclavo) supere al maestro dado que
«hay enunciados a propósito de los
cuales el intercambio de argumentaciones )' la administración de pruebas. que constituyen la pragmática
de la investigación, se consideran
como suficientes y por ese hecho
pueden ser transmitidos tal cual son
a título de verdades indiscutibles de
24
la enseñanza».
156

Características del saber científico
1• Para Lyotard el saber científico

exige el aislamiento de un juego de
lenguaje, dicho juego de lenguaje
será el denotativo. Su aceptación lo
legitima como verdadero. Si durante
el referente se dan enunciados interrogativos y/o prescriptivos, sólo
forman parte de un tejido en la medida en que sirven de soportes a la
argumentación del referente. «Se es,
pues, savant si se puede pronunciar
un enunciado verdadero a propósito
de un referente; y científico si se
puede pronunciar enunciados verificables con respecto a referentes accesibles a los expertos.»
21 En el lenguaje científico, el
saber se mantiene aislado de los demás juegos y su combinación constituye el lazo social. Al contrario del
saber narrativo, el saber no es un saber inmediato y compartido. El saber es lo cual es necesario tener un
marco de profesionalismo e institucionalismo. Pero aquí se nos presenta un problema entre el saber y la
sociedad: «¿Puede ser resuelto por
la didáctica, por ejemplo, según el
presupuesto de que todo átomo social puede adquirir la competencia
científica?» Esto lo contestará Lyotard más adelante.

31 En el juego del lenguaje de la
investigación, el destinatario (el estudiante, por ejemplo) no presenta ninguna competencia particular sólo el
que es inteligente. «No hay aquí, como ocurre en el lenguaje narrativo,
un saber ser lo que el saber decir dice
que se es».

41 Un enunciado científico no tiene ninguna validez de lo que infonna.
Incluso en pedagogía, no se enseña
más que lo que es verificable mediante la argumentación y la experimentación. No obstante, se corre el riesgo
de una falsificación. De esta forma el
saber acumulado antes, siempre podrá ser desechado. Y por el contrario.
todo enunciado nuevo, si contradice
algún otro admitido anterionnente
conforme al referente señalado, no
podrá ser aceptado como válido a
menos que refute el enunciado precedente mediante argumentos y pruebas
fehacientes.

s• En

las sociedades informatizadas, el juego científico se da científicamente, su temporalidad consta de
una memoria y un proyecto. El destinador posee enunciados científicos de
los que ya tiene antecedentes y sólo
propone un enunciado nuevo si es diferente de los anteriores. Dicha diacronía que supone la memorización Y

la investigación del nuevo enunciado
marca un proceso acumulatJvo. 25
Como podemos darnos cuenta
en lo supuesto por Lyotard, existe
un paralelismo entre el saber científico y el saber narrativo, lo que nos
lleva a imaginar que el primero ya
no prevalece ante el segundo. Sus
jugadas se mueven dentro de las reglas generales, aunque sus jugadas
y reglas sean específicas en cada
caso.
La existencia del saber narrati,·o. por supuesto, no depende del
saber científico, n1 viceversa: «La
ext~tcncia del saber narrativo se interroga sobre la validez de los
enunciados narrativ.os y constata
que éstos nunca están sometidos a
la argumentación y a la prueba. Los
clasifica en otras mentalidades: salvaje, primitiva, subdesarrollada,
alienada, formada por opiniones,
costumbres, autoridad, prejuicios,
ignorancias, ideologías». 26
¿Qué hacen los científicos en la
televisión, entrevistados en los periódicos después de algún descubrimiento? Lyotard responde: «mediante las
reglas del juego del saber narrativo,
cuentan su epopeya de un saber noépico».

El problema de la legitimación
del saber científico, dice nuestro filósofo, no es nuevo, se remonta hasta
los tiempos de los griegos. Un ejemplo claro de esto es Platón, en cuyos
Diálogos la mayéutica se aplica con
el único fin de formular un consenso
único entre el destinador y el destinatario. Se trata de un juego del cual se
encuentran excluidos todos aquéllos
que no acepten las reglas. Inclusive el
propio Descartes, padre del racionalismo, su Discurso del método es
considerado por Lyotard como una
«novela de formación». Aristóteles,
por el contrario, fue el primero en
aplicar las reglas lógicas a las que
hay que someter los enunciados científicos, lejos de la metafísica.
En el saber científico de las sociedades infonnatizadas, el héroe es el
pueblo, su legitimación se valida con
el consenso y su normatividad es la
deliberación. El corpus de científicos
lo decide el Estado para legitimarse,
haciendo a un lado el verdadero ethos
científico. Dado lo anterior, no es de
asombrarnos el ver a los científicos
haciendo política y a los políticos haciendo ciencia.
De esta forma vemos cómo se da
el proceso de deslegitimación del saber cuyas características hacen que lo

situemos en la posmodernidad.

La legitimación del saber
mediante la paralogía
Entendemos por paralogía, en especial paralogismo, la argumentación
fonnalmente errónea que, a diferencia del sofisma, no muestra, por parte
del que la formula, interés en confundir. Se trata de un trastorno mental
caracterizado por un lenguaje ilógico
o delirante.
En las consideraciones lyotardianas, el discurso científico posmoderno abandona el recurso de la dialéctica del Espíritu y se desinteresa por la
emancipación de la humanidad como
lo hicieron los grandes relatos.
En la posmodernidad «el pequeño
relato se mantiene como la forma por
excelencia que toma invención imaginativa y, desde luego, la ciencia».27
Su legitimación se lleva mediante el
consenso del pueblo y el recurso del
diálogo que es manipulado por el sistema para controlar su política. Es un
recurso administrativo empleado como medio para justificar sus fines:
«Con la nueva actitud científica: el
héroe es el pueblo, el signo de la legitimidad: su consenso, su modo de
157

�normat1vac1ón: la deliberación ... El
pueblo está en debate consigo mismo
acerca de lo que es justo o injusto, de
la misma manera que la comunidad
de ilustrados sobre lo que es verdadero y falso; acumula las leyes civiles
como acumula las leyes científicas;
perfecciona las reglas de su consenso
por disposiciones constitucionales
cuando las revisa a la luz de sus conocimientos produciendo nuevos pa.
'N
rad1gmas)).Lyotard se pregunta si se puede
legitimar el saber mediante la paralogía. Para distinguir a la paralogía de
la innovación, nuestro filósofo nos
dice que la primera es una jugada hecha en la pragmática de los saberes.
en cambio. la segunda, es controlada
y utilizada por el propio sistema para
perfeccionar la eficiencia.

3. Exige mentes claras y volunta-

des frías.
4. Sitúa el cálculo de las interrela-

ciones en el puesto de la definición de las esencias.

5. Hace asumir a los jugadores la
responsabilidad no sólo de los
enunciados sino también de las
reglas.
6. Saca a plena luz las funciones
pragmáticas del saber.
7. Contribuye a elevar los juegos
del lenguaje.

8. Tiende a hacer del discurso cotidiano una especie de metadiscurso.

establecidas. El sistema se regula mediante la «homeostasis&gt;&gt;, entendiendo
con ello el proceso autocorrectivo. El
terror se manifiesta por la constante
amenaza de sacar a alguien del juego
del lenguaje en que se encontraba:
«adapte sus aspiraciones a nuestros
fines», de lo contrario corre el riesgo
de ser sacado de la jugada.
A manera de conclusión diremos
que en la posmodernidad el saber en
las ciencias dejó de ser la fuerza productiva central, ya que el conocimiento es traducido cuan"titativamente y es dividido en «conocimiento de
pago» así como en «conocimiemo de
inversión», cuyas reglas hay que
aprender a jugarlas pues de la efic1encia de su aplicación resultará el éxito
que se tenga.

9. Su duración."~
Ventajas del criterio de
performatividad

El criterio de perfomatividad de Lyotard consiste en lo siguiente:
1. Hace

a un lado el discurso me-

1afísico.
2. Hace a un lado las fábulas.

En las sociedades informatizadas,
como podemos ver, «el sistema se
presenta como la máquina vanguardista que arrastra a la humanidad detrás de ella, deshumanizándola para
rehumanizarla a un distinto nivel de
.
'º En d.1cho sis.
capac1"dad normauva»:
tema no caben los discursos innovadores que han sido reprimidos ya que
vienen a romper el marco de la perforrnatividad violentando las reglas

5

Jean-Fran~ois Lyotard, ¿Por quéfilosofar?. Ed. Paidós, Barcelona 1989, p. 28.

6

Op cir.. p. 32.

Notas

1 Jean-Fran~ois Lyotard, ¿Por qué filosofar?, Ed. Paidós, Barcelona, 1989, p.
11.

1

Op cit., pp. 15 ss.

3

Op cit., p. 19.

4 Véase: El entusiasmo, critica kantiana
de la historia. Ed. Gedisa, Barcelona,
1987.

Opcu.. p. 35.
\

9

Op cir.. pp. 38-40.
la posmodernidad explicada a los ni1ios. Ed. Gedisa, México, 1990, pp. 97 ss.

10 Jean-Fran901s Lyotard. la condició11 posmoderna. México, &amp;l. R.EL 19'XJ, p. 11.
11 lb1dem.
12 Opcir., p. 14

13 John Kenneth Galbraith. El nuevo estado industrial. Ed. Sarpe, Madnd, 1984.
14 J. F. Lyotard, op cit., p. 26.
15 Op cit., p. 21
16 Cit. por Lyotard, p. 30.
Véase: J K Galbraith, op. cit., pp. 35-37.
18 J F Lyotard, op. cit., pp. 44 ss.
19 Op. cit., p. 47.
17

20 Op. cit., pp. 46 ss.
21 Op. cit., p. 50.

22 Op. Cll., p. 52

23 Véase:

G. w F Hegel. Fe11ome110/ogía
del espírifll. México, F e E., 1985, pp.

115 SS.
24

J F

Lyotard, op. cit., p. 53

25

Véase: op. cit., pp. 53 SS.
26 Op. Cll., p. 56.
27 Op. cit., p. 100.
28 Op. cit., p. 60.
29 Op. cit., p. 112.
30 Op. cit., p. 113.

159

�NOVEDADES SOBRE LA HISTORIA
DE NUEVO LEON
~

Rocío G. Maiz / José Antonio Olvera
SEÑAS/ RESEÑAS/
CONTRASEÑAS

El presente volumen colectivo· se integra de siete estudios regionales que
analizan los procesos socioeconóm1cos, políticos y culturales que transcurrieron durante el siglo xrx y xx, en
el norte oriental mexicano.
Todas estas investigaciones están
fundamentadas en fuentes originales,
básicamente en archivos públicos.
Algunos trabajos se integran, además,
con información proveniente de testimonios orales y entrevistas.

El segundo es de José Antonio
Olvera, quien desde la perspectiva
económica, describe algunas pautas
del proceso económico ocurrido en la
región centro-sur de Nuevo León durante el porfiriato. Los ritmos de la
producción agrícola, los incipientes
procesos de industrialización y el papel de las unidades y los agentes productivos, son los puntos centrales de
su estudio.

En primera instancia, aparecen
do~ trabaJos referidos al siglo pasado.
Centuria de profundas transformaciones económ1co-políticas, cuyo estudio aún no ha sido agotado.

Los restantes trabajos se centran
en la problemática del presente siglo,
que aunque recoge importantes herencias decimonónicas, a su vez registra rupturas e innovaciones sociales en su mayoría resultantes del movimiento revolucionario de 1910.

El primer trabajo de esta época
que se presenta es el ensayo de Rocío
González Maíz, en el que analiza las
ideas liberales defendidas por los
&lt;&lt;\'Oceros del vidaurrismo». Ellos fueron un grupo de políticos-maestrosabogados y funcionarios públicos en
el gobierno de Santiago Vidaurri
(1855-186➔). La autora destaca la conformación del Estado-Nacional.

La n11el'a /11stor1a de Nuevo León,

Compilación de RGM y JAO, la. ed.,
Facultad de Filosofía y Letras (UANL) /
Ediciones Castillo, Monterrey, 1995,
230 p.

Los trabajos de María Zebadúa y
Rocío Rodríguez coinciden en varios
sentidos. Destacan y reproducen rasgos de la vida rural en la región citrícola, en donde la mujer como sujeto
histórico es el centro de atención conceptual.
Zeb~dúa analiza las modificaciones y el impacto social que representó
para la mujer ejidataria el tránsito de la
medicina tradicional a la institucional;
sin embargo, el cambio no siempre fue
el esperado, remarca la autora, ya que
se combinaron en el proceso de trans-

formación aspectos primitivos con las
innovaciones médicas. En ese trayecto
histórico -&lt;le varias décadas- es la mujer ejidataria quien materializa y da vigencia a la cultura de la salud, entre
otras cosas «por su identificación con
la naturaleza».
A Rocío Rodríguez, le interesa
ponderar el alcance y los límites de la
política educativa en varias escuelas
rurales de la zona citrícola. Analiza los
componentes sociales que integran la
educación elemental; registra el desenvolvimiento generacional de las muJeres ejidatarias, y detecta las causas que
evitaron el óptimo desarrollo de uno
de los principales postulados revolucionarios: educación para todos.

El papel del estado posrevolucionario como promotor del desarrollo
económico (rural y urbano) a mediados de siglo, es analizado con diversos temas y enfoques por Javier RoJas y José Angel Anguiano.
El primero, realiza un estudio monográfico sobre una destacada empresa regiomontana: Hojalata y Lámina,
S.A. Rojas plantea la problemática regional y nacional que contextualizó
su origen, el grado de modernización
productiva y tecnológica, los agentes
económicos impulsores y la alternan161

�MONTERREY: CRÓNICAS EN VERSO

Margarita Ríos Farjat
Suele suceder que, al correr de las
püginas del tiempo, el poeta ha cumplido con la función de ser el cronista de su época y a la vez su juglar,
testigo y cantor. En este sentido, y
según lo confirma el paso de los
años, todo poeta tiene algo de cronista. Al buscar dejar constancia de
sí mismo, de sus emociones y sentimientos, encuentra que éstos están
diseccionados y atravesados, tendidos sobre la ciudad.

c1a con los grandes grupos empresariales. las dificultades financieras, los
recurso!&gt; humanos y otros vaivenes en
l\1s primeros años de su fundación.
Desde la perspectiva agraria. José
\ngcl Anguiano evalúa· el grado de
,1decuación regional de uno de los
proyectos económicos sustentados
por los gobiernos emanados de la re\'Oluc1ón. El Sistema Nacional de
Riego o. .i en Anáhuac, N.L., no sólo
es la materialización de los principa1e~ ideales re\'olucionanos. sino ademas. una estrategia socioeconómica
del régimen para readaptar a la vida
produc11va nacional a la masa de
«braceros» repatriados desde 1929.
162

Colonización, reparto de tierra, refacc1onamiento agrícola y crédito, e
impulso a la industria algodonera, serán algunos rasgos del desarrollo rural
de Anáhuac entre 1926 y 19-+6. En los
últimos años, destaca el autor. el proyecto mostrará signos de debilitamiento; desde el medio natural hasta los
factores económico-políticos, contnbuirán para el desaceleram1ento y crisis del Sistema Nacional de Riego.
Y por último, en el ámbito del
análisis del discurso. Lydia Rodríguez aporta una síntesis analítica sobre las prácticas discursivas producidas en grupos diferenciados socialmente. Su trabajo ofrece una explica-

ción sociolingüística de la heterogeneidad que se observa en los usos del
lenguaJe, identificando además. algunas formas de uso compartido que
pueden definirse como rasgos del habla, ) destacando cómo cierto~ mecanismos de la ideologia subyacen al
discurso de los distmtos grupos.
Este tipo de investigaciones am
plía el acervo historiográfico del noreste y en especial el de Nuevo León.
presentando nuevas perspectivas temáticas y enfoques analíticos, que
además en su conjunto aportan reinterpretaciones de la historia nacional.

Lo que no sucede muy a menudo
es que los cronistas tengan algo de
poetas. Levantados como torres para
recoger como del viento las crónicas
de su ciudad, suelen desdeñar a la poesía como testimonio histórico cuando
es precisamente a través de poemas
que más fácilmente se percibe el temperamento de una época o de un pueblo. Bien sabían esto los griegos, bien
lo -sabía Virgilio y los demás latinos.
No me parece tan aventurada la
afinnación de que quien aprecia la
poesía tiene algo de poeta aunque no
escriba poemas. No se es poeta. no se
es el cantor, pero se comparte con éste un horizonte en donde lo·s ojos se
hunden más adentro de las cosas.
En este sentido, Monterrey en la
poesía nos descubre que para nuestra

fortuna, el cronista, profesor Israel
Cavazos, nuevamente compilador de
voces dispersas, tiene algo de poeta.
De muchos y muy variados méritos goza esta obra. Refleja la dedicación minuciosa en la búsqueda de
bardos ?lvidados entre alguna página
de hemeroteca, la acuciosa verificación de infonnación y la ciudadosa
selección del material reunido. Mo11terrey e11 la poesía es «víctima» de
una intención que habitaba en el
compilador años atrás y que ahora se
asoma en el tiempo como una de las
primeras publicaciones editoriales
con miras a festejar el IV Centenario
de la ciudad.
Se trata de 50 poemas, de 39 varones y 3 muJeres. No todos son escritos por regiomontanos, los hay de tamaulipecos, potosinos, veracruzanos.
cubanos ... Y la mayoría de los poemas son finiseculares: vertidos entre
finales del s. XIX y principios del s.
XX.

Desfilan los nombres de Guillermo Prieto. Manuel José Othón, Juan
de Dios Peza, Alfonso Reyes, David
Alberto Cossío, Celedonio Junco de
la Vega. Nemesio García Naranjo, al
lado de poetas que de no ser por esta
compilación no serían leídos por las

generaciones actuales pues no publicaron libros ni están antologados.
Señala el maestro Cavazos: «Múltiples aspectos tiene Monterrey que
inspiren a los poetas». Y, ciertamente, los aspectos no se limitan a las panorámicas ge~gráficas, sino a aspectos más hondos: el mismo clima regiomontano, por ejemplo, entierra en
su gente una nostalgia muy característica del Norte. No es gratuito que
Minerva Margarita Villarreal considere que Monterrey es una Brújula
solar en la poesía de Méx'ico.

Momerrey en la poesía es un testimonio de la ciudad: un testimonio
geográfico, un testimonio histórico,
un testimonio que también es testamento de los cantos del hombre por
la Tierra. Un abanico de nuevas maneras para conocer a la ciudad. Para
los bardos, el Cerro de la Silla es una
pirámide que escala la eterna inmensidad, y que en el incendio de las nubes arde. Juan B. Delgado encuentra
en él una imagen de la que no puedo
más que asombrarme y celebrar la capacidad de expresión humana: el cerro yace como un corcel de piedra
paralizado y muerto.
Puede encontrarse también versos
del corte: Humilde cuna que me vio
163

�nacer, o Al cantarte, mi gran ciudad,
mi alma palpita, u Oh, Monterrey,
eres mi gran ensueño. Si bien son
versos de escaso valor literario, su
aparición en esta compilación aumenta la riqueza de la obra: reflejo de una
época de convulsiones políticas (s.
XIX), la voz del pueblo era sonora,
enardecida y patriótica; las loas a la
ciudad aparecían como testimonio de
este espíritu que se debatía entre centralismo y federalismo en las páginas
de los primeros periódicos regiomontanos. Al final del siglo XIX, con una
ciudad ya practicante del periodismo
y que estrenaba sus escuelas de letras,
pero aún sin tranquilidad política, el
contagio colectivo del neoclasicismo
y del romanticismo se derramaba en
la poesía de entonces, todavía asombrada y azorada políticamente, y, por
lo tanto, aún sonora y épica.
La -poesía se clava en este pedazo
de la historia como una reiteración
valerosa de quien defiende lo suyo
porque lo ve amenazado. El «Triste y
dolorido romance de Monterrey», de
Guillermo Prieto, ilustra la situación:
¿Por qué levanto con osada mano
La losa sepulcral de mis recuerdos?
¿Por qué insensato el fuego de mis
iras
Procaz lanzo en el polvo de los

muertos?
¿Por qué rencor estéril, imprudente
Mis memorias estúpido paseo;
Si no se han de borrar nuestras
vergüenzas,
Ni ha de ser nuestro el mutilado
suelo?
Hermosa Monterrey, de las montañas
Reina y de los misántropos desiertos,
Se acerca tu espantoso sacrificio.
A la fatalidad inclina el cuelo.
(Fragmentos)
Por otra parte, durante el gobierno
de Bernardo Reyes no son pocas las
voces qoe, luego de levantarse infructuosamente contra el régimen, no les
queda más remedio que salir de Monterrey. Poetas como Felipe Guerra
Castro y Francisco de Paula Morales
abandonan la ciudad por razones políticas. Y así brotan testimonios doloridos de lontananza por la ciudad, como «Mis montañas», de Felipe Guerra Castro:
Montañas de mi tierra, mis montañas:
montañas que llamé montañas mías,
nunca seréis extrañas
en mi reino interior de fantasías,
que si hoy nido de búhos y de arañas,
sabéis montañas mías,

que en épocas mejores
tuvo mirlos, libélulas y flores!
(Fragmento)
Pero, como nada es absolutamente trágico, es precisamente bajo
la sombra de Bernardo Reyes que
repuntan las sociedades de literatura
y periodismo, empujadas por las voces de poetas que a su vez comenzaban la ardua tarea (aún en nuestros
días) de encontrar espacios para su
voz. La Defensa, El Espectador, The
Monterrey News, LA Voz de Nuevo
León comienzan a albergar las voces
de Celedonio Junco de la Vega, los
16 años de Alfonso Reyes, Nemesio
García Naranjo, Carlos Barrera; y
empieza a desfilar la entonces incipiente procesión de mujeres poetas
(«democráticamente» omito la palabra poetisa).

hierro;
retumba en tus montañas y va de
cerro en cerro...
El eco lo repite en cada roca o
vertiente,
en el áspero lomo de todo el
Continente...
Tu nombre se desdobla al viento
de una fama justiciera y sencilla,
como una bandera sobre el más alto
pico del Cerro de la Silla...
Comarca legendaria de donde todavía
parece que se escucha la recia
algarabía
del indio. que escatima su svelo
al español,
y danza junto al fuego, y luego
flecha al sol...

Cierta tranquilidad política orienta la mirada de los poetas hacia la anhelada serenidad de sus campos. El
poeta comienza a ver no sólo en dónde está, sino también qué lo rodea y
de dónde vino. Florecen entonces los
poemas bucólicos y las recreaciones
de la fundación de Monterrey:

¡Monterrey, Monterrey!. ..
Al verte, a cada paso la memoria
renueva
una gallarda y púgil armoniosa
figura:
deslumbrante la espada, crujiente
la armadura,
don Luis de Carvajal y de la Cueva,
que pasea victorioso el hispano
pendón,
y que la cruz de Cristo clava en el
corazón
del primitivo y torvo Nuevo Reino
de León.

¡Monterrey, Monterrey! ...
Tu nombre suena a hierro contra

(Fragmento de «La Epopeya de Monterrey»)

Este poema de David Alberto
Cossío, que conjuga de tal manera
una sencillez de metáforas y un ritmo
como de cascada rompiéndose en las
rocas, un ritmo que parece extraído
del acento regiomontano, es para
leerse en voz alta. La fabulosa y timbrada incrustación de Cristo y !(Is
cruces, la espada, la crujiente armadura, ideal introducción a don Luis de
Carvajal, irremediablemente nos obligan a situarnos en la Colonia, logrando de esta fotografía musical, una escenograf(a sonora para mirar desde
otro punto nuestra historia.
No menos es el mérito de poemas
como «Canto a Monterrey», de Luis
Tijerina Almaguer, a quien el maestro Cavazos conoció y de quien comenta: «era un hombre que respiraba
en verso», lo cual es evidente en el
poema. Sólo alguien que respira en
verso logra semejante canto contagioso como si se encerrara en verdad el
canto comunitario, como un canto
que se eleva en espiral por el tono
sostenido sin tropiezos y recordando
que la fundación de Monterrey no fue
cosa sencilla:
...Temblaron el zarzal y la maraña,
un eco rumoroso recorrió la montaña,
y aquella noche en que encendió su
lumbre
el rito de Borrados y Güinales,

fuera de su costumbre
lloraron los nopales,
y los Capaliguanes
del país de Ahuitzol,
apuntaron sus flechas
a donde sale el sol;
y el sol asomó rojo
y en su saña,
tostó los blancos rostros
de los hijos de España.
El Cerro de la Silla
en su coraje,
era como una mancha
sobre las esmeraldas del paisaje;
y los veneros de Santa Lucía
dejaron de llorar aquel día
pensando en la venganza del ultraje,
yJa selva calló, y en el celaje
de aquella primavera
tembló una lágrima
que era
como una imprecación,
y por la vez primera
de labios de Popoca y de Catara
brotó una maldición.
Hirvió la sangre indiana
y en un grito

que llenó de terror el infinito
perforando el azul de la montaña,
Huachichiles y Pames y Borrados,
y bravo Malincheños,
como dueños
de aquestos valles
que la luna baña,

165

�sintiéndose vejados
arrojaron
a los hijos de España.
Prosiguieron su marcha los extraños
y el Valle quedó en paz por muchos
años.
y escuchando don Diego aquel rumor,
regresó con la fama
de los Montemayor.
(Fragmentos)

Por otra parte, comienza a jugarse con la palabra Monterrey, y con
la ciudad: Monterrey se adorna con
las virtudes de la mujer y no son pocos los poetas que la. toman por novia y que hasta quieren desposarla,
como el tamaulipeco Manuel Barrero Argüelles, quien es, al parecer, el
primer ~ardo que la llama Sultana:
Tú, la virgen seductora, / tú, la sin
rival sultana / declarada soberana /
en los reinos de la aurora. O Nemesio García Naranjo, para quien la
ciudad es su madre, su señora y su
maestra. Pero quien va más lejos es
Ignacio Montes de Oca y Obregón:
encuentra en Monterrey, ni más ni
menos que a su mística esposa, a su
cándida virgen y hasta quiere a tus
hijos conducir al cielo...
166

Una va leyendo el libro y casi
siente celos ante la tendencia que tienen algunos poetas de derramar tanto
erotismo hacia Monterrey. Luis Tijerina Almaguer se le declara rendido:
hace más de tres siglos que eras risueña, / sin radios, ni autobuses y sin
tranvías... Después ya señorita te vi
ligera, / vestida de domingo en noches gratas... ¡Cómo no he de acordarme!, pues sin ser rico/ contigo de
la mano pasear solía, / íbamos los
domingos a Topo Chico / volando
por los rieles de aquel tranvía... Y
una se queda pensando que ojalá que
este desplazamiento que se hace de la
mujer no pase del poema.
Pero, bueno, los poetas no tienen
la costumbre de ponerse de acuerdo
en apreciaciones personales; así, Carlos Barrera encuentra a este bronco
Monterrey encabritado en su carrera
de centauro sempiterno. ¿No que es
dulce y dócil como se supone debería
ser la mujer? De acuerdo con Barrera, no se puede. Cómo si tiene un
gran curso de leyenda, tres siglos y
medio de vivir meditabundo, de vagar retrospectivo... Monterrey hospitalario de mis múltiples anhelos... llevas en la frente / los zarpazos del poder y del conocimiento... Y aunque
tamaños zarpazos resultan más estéticos de lo que uno se imagine, el poeta

insiste en que Monterrey no es una
mujer. Y mucha gente que no es poeta estaría totalmente de acuerdo con
su apreciación.
Los bardos de entonces, sin embargo, no son pescadores de costumbres. Sus redes alcanzan sólo a recoger sencillos aspectos de la vida cotidiana. Como los atardeceres iluminados en las banquetas limpias de las
calles del centro, ahora inundadas por
camiones: ¡Calle de Galeana -banquetas barridas, banquetas regadas-;/ Yo voy caminando con lentas
pisadas!... Y es el tiempo quien siempre hace el contraste: ¿dónde están
esas lentas pisadas como las de Simón Guajardo? Y es que entre las calles de antes, que, sin embargo, son
las mismas, pareciera que ahora todas
las pisadas llevan prisa... Y el tumulto de camiones se ha llevado los juegos de los niños a otra parte.
Imaginativos, como todo el que
hace poesía, exprimen y pintan paisajes incluso de los aspectos más rotundamente inimaginables. El florecimiento de la industria regiomontana
adquiere un matiz muy particular en
voz de los poetas, porque como escribió Leopoldo Naranjo: Vuestro suelo
tan pobre y tan escaso de elementos..
forzó a los hombres para abrirse pa-

so... y brotó la industria como brotan
las rosas. A Carlos Barrera le parece
que las chimeneas y los hornos de las
fábricas provocan resplandores repentinos del infierno / que iluminan
el horizonte con fantásticos incendios. Y es un coahuilense, pero al fin
poeta, José de la Luz Valdés, quien
arranca la razón del arraigo de la industria en Monterrey: el hierro es el
nervio de sus montañas.
La ciudad, lejos de perder sensibilidad ante la industrialización, encuentra que de repente se le han
abierto más horizontes desde donde
puede ser obs~rvada y que no sólo las
manos de los obreros conocen de las
fábricas. ¡Alta ciudad de vidrio!/ Vidrio en tus campos y vidrio en tus
jardines... Así le ca~taba Miguel N.
Lira.
Jos~ Peón Contrera:; asegura que,
como Monterrey alberga sólo gente
muy trabajadora, que se ha procurado
talleres y fábricas para ir siempre hacia adelante, mereces de la patria el
agasajo. Es casi inevitable despertar
cierto sentido analítico ante el verso ...
¿Merecemos de la patria el agasajo? Y la reflexión se torna cinismo
cuando vemos la fecha del poema:
1898... Muy bien, asentimos los más

sarcásticos, merecemos de la patria el
agasajo... Pero, ¿cuándo? Y otra
transmutación: el cinismo es ahora
preocupación y varias preguntas circulan en la cabeza: ¿cuánto nos falta
para ser de la patria el agasajo?, ¿no?
Entonces, ¿qué estamos haciendo?
El clima en la ciudad es también
altamente retratado en la pluma de
los bardos, y es Alfonso Reyes quien
captura mejor ese sol que se pega a la
piel y amodorra como si pretendiera
hipnotizar a un niño.

No cabe duda: de niño,
a mí me seguía el sol. \
Andaba detrás de mí
como perrito faldero;
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.
Yo no conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.Cada ventana era sol,
cada cuarto era ventanas.
Los corredores tendían
arcos de luz por la casa.
En los árboles ardían
las ascuas de las naranjas,
y la huerta en lumbre viva
se doraba.

Traigo tanto sol adentro
que ya tanto sol me cansa.Yo no conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.
(fragmentos de «Sol de Monterrey»).
Sin embargo, y por fortuna, no
todos los poemas recopilados son
cantos hacia Monterrey. Algunos
son preguntas y otros son casi reclamos, como el que hace Arturo Ortega cuando pregunta dónde quedaron
las tardes apacibles de los novios
porque la arquitectura las devastó y
la macropiaza es su nuevo rostro...
Ciudad de polvo y asfalto... voy a
gritarte, a escupirte el rostro, / voy
a correr de palacio en palacio/ hasta cansarme... Ciudad que se sofoca
a sí misma. Y así también Hugo Altamirano va escurriendo su voz casi
de desengaño: Alameda sin álamos,
o de simple acompasamiento, como
cuando habla del río Santa Catarina:
Cada vez eres menos río / y más
campo de juego.
Aclaro: esto no quiere decir «desengaño», sino que el poeta comienza
a penetrar en las entrañas de su tierra,
como si la hollara, como si al fin se
hallara en ella.
167

�Si el libro comienza con paisajes
bucólicos y épicas recreaciones, no
se trata de una compilación de voces
aisladas: en sí misma, la obra es una
voz que se va encontrando a sí misma: se festeja?se celebra, se enamora de ella ... Pero va preguntándose,
y va descubriendo que sus poetas
maduran en sus preguntas sobre sí
mismos. En este sentido, la «Elegía
de Monterrey» de Horacio Salazar
Ortíz es un poema que simplemente
fascina. Esa imagen de los fundadores, de don Diego y de Luis de Caravajal buscando inúltilmente el corazón azul de la ciudad va mucho más
allá de una simple metáfora. ¿Dónde
está el corazón de Monterrey? En
los poemas anteriores, Monterrey se
busca entre lo que es, lo que ha sido
y lo que cree ser. ~n este, Monterrey
se busca entre lo que es y lo que
ahora sabe que no es: ya no puede
c·on el rostro sin 11ombre de los vagabu11dos o el dios de la piedad que
110 respo11de. Pero, reitero: es parte
de lo que el poeta va encontrando al
entrar a la Tierra.
Ciudad de lapislázuli.
Construcción de cemento y de sillar.
Las sombras de los padres fundadores
Montemayor y Carvajal,
graves e inquisitivas, deambulan
entre escombros, buscando
168

inútilmente
el corazón azul de la ciudad.
De Mariano Escobedo a Doctor Coss
y de Washington al Santa Catarina
transita el Ángel Exterminador
y el caballo de Atila.
Ciudad de lapislázuli. Ciudad
inconclusa, que llevas esparcidos
sobre la piel los barrios proletarios
donde transcurre el tiempo de los
míos.

Noches de Monterrey. Noches de
invierno.
Sonoras noches de cuchillos largos
sobre los niños sin hogar. Puñales
de cristal astillado para el turbio
rostro sin nombre de los vagabundos.
Noches de Monterrey. La clase
media.
Aprender a ser alguien. Alejarse
de la chusma. Muchachas
hamburguesas
ante el espejo. Olivia Newton John.
Bullicio. Soledad. Aburrimiento.
Y Satán a la vuelta de la esquina
en la prohibida piel de la vecina.
Verano en Monterrey. Cuarenta
grados
a la sombra. Los niños de los pobres,
deshidratados, piel sobre los huesos.

El Dios de la piedad que no responde.
La triste fe que muere y permanece.
(Fragmento).

Vamos cruzando el zaguán del IV
Centenario, y en el patio de lo que
somos ahora aún van los fundadores
buscando la raza que forjaron. Aún
Montemayor y Carvajal buscando la
ciudad: -¿Dónde está el corazón de
Monterrey? ¿Por qué buscan la ciudad?, ¿acaso la perdieron o la perdimos? ¿Qué vamos a hacer con Don
Diego y con Don Luis que se resisten a las estatuas y aún deambulan
buscando la identidad de esta ciudad
inconclusa? ¿Qué nos vamos a decir
en los festejos del aniversario?

1&lt;11i11do1 .. . ,. (.!11é O.\ of,·l'C&lt;'II 1111.\ 111a -

Los .flores del n1111i110. /11.1 rosa.,
"" lc¡mw.\ jardi11cs. Israel Cavaws:
juglar y soñador. la misma ofrenda
hace a su ciudad: voces de poetas qLK'
son llores del camino. rosas de lejanos prdines.
110.\ .,

Monterrey en la poesía, compilación de los mejores cantos de los
hombres hacia su tierra, hacia la esperanza de mejores hombres. Cómo
queda uno enganchado a su ciudad,
cómo puede un trozo de tierra empapársenos tanto y tan dentro, que con
el puro acento de nuestra gente tenemos para identificarnos en el mundo, y saber que a donde quiera que
vayamos, siempre llevaremos un
«de dónde venimos».

Pedro Caffarel Peralta quiere hacer una ofrenda a la ciudad: Juglar y
Texto con el que se presentó el libro Monrerrer en la poesía del cronista de la cmdad Israel Cavazos Garza. el jueves

17 de agosto de 1995

169

�ZUMO, DE GLORIA COLLADO

Leticia S. Herrera
Cuando Gloria Collado me invitó a
presentar su libro Zunw, que ahora
nos congrega en este espacio, me sentí muy halagada. Conozco su obra
poética desde hace unos diez años, y
mi adicción a sus temas y a sus tonos
ha sido constante desde entonces. Hace menos años, pude conocerla a través de un amigo mutuo, Armando
López, al que le pedí intercediera por
mí presentándomela. En fin, que algún día terminamos en su casa, charlando como amigos todos, y hasta la
fecha es un diálogo que no ha concluido.
Todo esto viene a cuento porque,
una vez pasada la sensación halagüeña, empecé a sentirme preocupada
por lo que aquí debía decir, y ya en
los últimos días, francamente alarmada, noté que empezaba a arrepentirme
de mi atrevimiento.
Y es que, ustedes coincidirán
conmigo, las presentaciones de libros tienen siempre un algo o un
mucho de ritual. Los presentadores
y los presentados se preparan para
lecturas sesudas e interpretaciones
brillantes de _la obra leída. A veces,
inclusive, se dan los casos en que
los presentadores se llevan la noche,
por su encantadora prosa e inmejorable lectura.

No es mi caso, se los aseguro. Pero
sí debo l:lecir que en lo que atañe a invitarlos a leer Zunw, tengo algunas cosas que comentar con ese propósito.
En principio, que me adhiero a la
forma de Gloria de hacer poesía, pues
aun insistiendo en el tono intimista,
tan desprestigiado para muchos, logra
crear una poesía que se compromete
con la vida y la belleza de las formas.
Temas tan universales como el amor
y el desamor, la nostalgia de la muerte, la búsqueda de un sentido para la
vida, hallan en Collado una expresión
original, dictada por el tono de desenfado que tan bien maneja, el de una
ironía nada velada con la que se burla
de toda convención, y se queja de haber creído alguna vez que había que
seguirlas.
Hay· puntos de confluencia entre
sus libros anteriores y éste, sus preocupaciones poéticas apenas han variado. La ausencia del ser que se ama,
la soledad, el hastío existencial, se repiten como un soliloquio que quisiera
dejarnos claro que no es cosa de juego este sufrimiento.
La poesía que Gloria reumo en
este libro, en total 87 poemas repartidos en tres partes, salió de dos libros
anteriores: ww ( salvo el título) todo

lo que sigue es un poema; después
la luna, y una parte de material nuevo, los poemas suicidas.
Tiene Zumo, con todo y esta composición, una identidad propia, lograda como un giro completo de la wonderwoman. P.utiendo de la infancia,
transcurre un tiempo de vida hacia la
prudente adultez, para instalar ahí las
problemáticas que a todos nos importan, y que no pueden estar fuera de la
poesía: vida, muerte, amor, odio, soledad, etcétera.
Desde la confiada infancia de colores, sabores, sonidos y olores propios
(gallos, leña, estiércol, mugidos, sabinos, acequias, clavos oxidados, naranjas, bugambilias, papás abuelos hermanos), hasta el tránsito por el amor
hacia el desencanto, la soledad, la
adultez y sus desmanes, la poeta se
pregunta cuestiones esenciales ¿quién
soy, por qué así, para qué y qué sentido tiene la vida y luego, qué hacer con
la soledad, qué voy a hacer conmigo?
Poéticamente, los textos de Gloria
se prestan a varias lecturas. La superficie es casi llana, sin muchos rebuscamientos metafóricos. Pero le subyacen problemáticas nada simples,
nada frívolas. Como en este poema
que dice:

Los polvos fueron impulsados por el
viento
llovía lodo decía la geme
rasguñaba las paredes
y el viento en remolino
11adie entendía nada y todos
queriendo enterarse qué pasaba
había que ver sus caras
el vie11to silbaba
arrastraba sin sentirlo
así la muerte 110 la ves no la tocas
puedes gritarle cabrona muerte
y ella arrastrándote como el viento
_,. tú rasgwiando
las paredes de la vida

De manera al parecer inofensiva,
a través del paisaje recreado, la imagen salta hacia contenidos menos literales. El recurso del encabalgamiento, que Gloria usa con frecuencia,
añade a los poemas ese ritmo sincopado, inquieto que nos mueve algo
dentro no sabemos qué por qué y para
qué si al fin y al cabo.
Es Zumo un cuestionamiento permanente sobre la finalidad del ser
más allá de la nada, y por otro lado,
es un elogio del amor.
En la reflexión, Collado transita
del desencanto a la indiferencia al nihilismo luego a alguna leve esperanza. La soledad le jala los cabellos, la

muerte la busca sin hallarla, la indiferencia la arroja a la calle y a los rincones más blancos de la evasión:
Alguien me dijo tú estás out of your

body
necesitas escuchar a Sade y si te
parece
el viernes nos fumamos un cartucho
no hace daño y sí consigues
c.onjugarte
al me11os un par de horas
Y yo me fui al rincón anochecido
de aquel barrio
co11 e/frío que me calaba el cuerpo
por el afán de sentir el alma
compré a Sade y subí al 63
con el remedio bajo el braza
pe11sa11do suerte que alguien detecte
que transitas y vagas que te evades
que no estás en tu cuerpo
y te duele el aire y el tiempo
por no dejar de pensar
suerte que alguien te invite
a so,iar un poco
s111 q11e trascienda
y que la gran solución la maneje
un smooth operator como dice Sade

En la búsqueda de respuestas,
Gloria indaga por ver si en el amor
está la clave. Zumo es, con todo, un
elogio al amor aunque en sus páginas
amarga, más que confortar. La poeta,
a merced de las emociones, se ha de-

jado arrastrar al foso donde cohabitan
ternuras y miedos, certezas y pusilánimes verdades. Arrancada de cuajo
del dulce muelle del amor, cae pronto
en la desesperación, el desencanto
que produce el abandono, la traición.
Y la queja, qué bueno, se deja oír
pronto. Su lamento nos produce una
ambivalencia signada por lo que se
vale y no se vale en nuestra contaminada cultura tercermundista. Por un
lado, nos sentimos identificados con
las emociones traídas de los pelos,
que generan el abandono y el desamor. Sabemos de lo que se nos habla.
No podemos hacernos tontos, entendemos cuando Gloria espeta:
Cómo pudiste decir que no
anoche entre la gente
cómo pudiste
entre la gente
(si hemos sido inseparables)
no estar conmigo
repitiendo insistente
que 110 eres de nadie

Pero por el otro lado, y siguiendo
convenciones, queremos creer que es
exceso, irrelevancia mostrar eso como poesía. Quisiéramos ignorar el tono de Collado, decir que el intimismo
no conduce a nada bueno. Como si
dejar de enunciar desapareciera todo
171

�PALABRAS QUE DESVANECEN SOMBRAS

Silvia Mijares
signo de que el amor es cosa de ser
vulnerable o no es.
Es ahí, a mi juicio, donde radica
el mayor valor de Zumo. Gloria Collado no es cursi por hablar del amor
como lo hace: Pues no es meloso ni
lastimero su discurso, sino directo al
asunto que le atañe, sin mayor ornato,
pero contundente.
Amar no fue respuesta, dice Gloria al comienzo de los poemas suicidas, y entonces sabemos que ha buscado y seguirá buscando, pues la pronunciación no ha logrado conjurar la
necesidad de vivir todo lo que se pueda, de la vida misma.
La batalla a la que se ve arrojado
el sujeto por el desamor, amenaza
con destruir su Yo de manera definitiva. Las reacciones son previsibles:
el enojo, la incredulidad, el me vale
al cabo que ni quería.
Si otros se detienen en la elaboración extensa del momento amoroso,
del erótico, esto mismo valida que
Gloria se detenga en el proceso de
vuelta, en el del alejamiento del estado de gracia que es el amor.
El tránsito por el descreimiento, el
desencanto, el rencor, el nihilismo, la
172

observación carente de entusiasmo,
son sólo pasajes de un mismo estado
anímico, instalado de por vida en el
canal de la pasión. La niña que creció
confiada, rodeada de afecto como ingrediente inmanente a la vida, seguirá
esa huella siempre aunque duela,
aunque las herramientas, los lenguajes, los entornos se modifiquen.
Y el Yo acabará por instalarse, de
manera definitiva, solitario como se
es, y el poema lo consigna.
No nos duele esa elección, ni existencial ni poética. Porque el cierre del
libro anuncia la absolución personal, el
fin del coraje (una vez vivido a ciegas); la tranquila ecuanimidad para seguir abrevando en las injustas y revueltas aguas del amor:

sas búsquedas, en la palabra misma,
en la soledad y la introspección, en el
amor y sus agujas.
Los trabajos y los días que transcurren en dicho proceso, sin menoscabo de emoción alguna, nos proporcionan un parámetro poético que
comprendemos. Sin que haya sido
deliberado, el libro se arroga el derecho de retratar no sólo quizás vivencias del poeta culpable, sino de casi
cualquiera, pues los tópicos y los terrenos que se pisan son ineludibles al
proceso mismo de la vida.
Viendo hacia atrás y hacia adelante en las páginas de Zumo, nos sentimos proclives a seguir a Collado en
su búsqueda de signos que hagan de
la vida algo tangible, querible, disfrutable, abrazable.

decido que nada me condena
que culpen a otro a otros
quedo libre mi deseo se satisface y
pronto
dejaré de sucumbir
como ha sido bajo ese talud de
palabras
yde signos...

El proceso al que asistimos, pues,
en la lectura íntegra de Zumo, es el de
la consolidación de una identidad, en
este caso de mujer, a través de diver-

Texto leído por su autora en la presentación del libro realizada en la Feria del Libro del ITESM. Monterrey, 11 de octubre
de 1995.

Mujer dando la espalda, primer libro
de Jcannelle Clariond, está compuesto
por cinco apartados: «Génesis», «Tibio ascenso», «Historia de los soles»,
«Destino» y «Augurios». La génesis
de Jeannette se inicia al echar a andar
la luz, al disminuir el espacio de las
sombras, al «entrar al corazón de la semilla, / a lo profundo en la sal». En el
momento en que la poeta vuelve sus
ojos a la naturaleza y su mirada se posa en lo más cotidiano -aunque no menos virginal-, descubre- el velo y nos
muestra el misterio de la vida, de la
existencia, de la naturaleza, de lo más
valioso para el ser humano. Jeannette
le da la espalda a lo superfluo, a lo
más ajeno para «volver la mirada al
fruto», al fruto prístino y original. Nos
invita a volver la espalda a todo aquello que nos cosifica, que nos convierte
en estatuas de sal, que nos hace insensibles ante las preocupaciones existenciales, y nos musita: «Me fui extraviando a lo largo del corazón». Anclada en ese lugar, advierte que éste es
tan grande como el acuoso azul: «me
fui escuchando el crepitar del mar»,
para descubrir en ese pequeño órgano
la entrada a todo su universo, a su
«otredad / otra edad, / tiempo de soledad y muerte». La luz le permite atisbar la complejidad de la existencia y
sospechar que la vida oscila entre dos
polos: Dionisio y Apolo, irremediablemente. No hay una ruta segura, hay

una búsqueda constante, continua, ansiosa por encontrar su lugar en el mundo. Para entrar en el camino hay que
aceptar la propia condición humana.
Así, el corazón con su sensibilidad hace el milagro, ilumina la vida, echa a
andar la luz. La luz como vértigo que
penetra los intersticios más profundos
para deslumbramos, para ungimos dolorosamente, para ser, para ser dolorosamente. «Como un espejo que sangra,
/ como una herida que escurre, / resbalo / (...) / tiemblo ante la vacilación. /
Tiemblo, / procuro sostenenrle». La
poeta se asombra ante el espectáculo
de la naturaleza, de la vida, se desborda su alegría pero también su temor.
Porque para ella no sólo existe el fuego luminoso, existe el «Negro fuego la
constelación que en espiral me lleva /
y marca mis horas con las manecillas
al revés / (...) / Soy el silencio vertical
de los infiernos,/ la vigilia entre cuchillos,/ el camino al Mictlán».
Como ya dijimos, la autora sabe
que la ambigüedad en la vida del ser
humano es una constante; asimismo
sabe que la poesía es una virtud que
trasciende al ser humano. Es allí donde las palabras adquieren un nuevo
sentido, bajo la influencia de su creadora, de su muy particular manera de
contemplar su mundo porque la poesía no se produce por mero capricho
sino por una necesidad natural. Jean-

nette pasa por la vida, en vigilia, con
recuerdos de la infancia, con reencuentros, revisitaciones a lugares como Ocosingo o 11acolula, entre muchas otras experiencias que la conducen a lograr su apertura, a tener claridad -&lt;:orno mujer- acerca de las luces
y de las sombras, del claroscuro que
le da sentido ál paisaje en donde se
desarrolla la vida para luego, bajo el
«Tibio ascenso», disponerse con un
pas de deux a cantar: «Quiero empaparme de tu lluvia / que corra sobre
mi cuerpo / y se desparrame hasta dejar mis pies desnudos, / lento llegues /
hacia donde la hierba canta y se ladea: / luz / de tu caricia/ que dispone
el fruto, / boca arriba espero / el gozo
de lluvia que revienta». La sensualidad y la delicadeza de este poema hacen estallar la pasión femenina, el
erotismo, el encuentro total que nos
muestra desnudas hasta los pies,
cuando amamos, cuando nos entregamos. En este segundo apartado Jeannette se prepara a gozar y a aceptar
con los ojos abiertos lo que la vida le
ofrece. La caricia de la vida que dispone porque da la oportunidad de entablar un diálogo, una entrevista con
la naturaleza, con los seres humanos
para luego develar la luz que la llevará a «agitar los pañuelos sin más pretensión». Enseguida vuelve a su reencuentro en soledad, y convencida expresa: «Así cuelgan mis palabras / del
173

�UN LIBRO SOBRE LAS EXTRAÑAS
MEXICANAS

Roberto Escamilla Molina
tendedero en la azotea, / sola asisto a
la representación / atada mi lengua a
una guindaleta». Su deseo de vivir
con intensidad en compañía y en soledad, «antes de apagar la vela para
siempre / (...) / Sin más indagación
que el tiempo y el augurio de los astros». Porque irremediablemente:
«Muy cerca de todo y de nada se está». Sin embargo, después de asumir
esta postura, goza la luz que proyectan los cuatro elementos de Empédocles, empezando por la tierra «donde
el labriego dejó su huella./(... ) que el
sol desmorona entre caparazones y
grietas». Continúa con el viento que
cuando llega va «dejando al descubierto la luz/ de los arroyos que lento
bajan / áspera ladera». Pero allí no se
detiene, se desliza por las aguas y en
un diálogo amoroso-con la luz, Jeannettte muestra que ha seguido sus andanzas. «Meciste el mar cuando escarpadas crestas asediaban m1 viaje; /
eres vino en mi sed, / agua que purifica, / sonrisa que apacigua la batalla».
Es tal la abundancia de la luz que se
desborda en lluvia de fuego. «El roce
de palmeras en tus manos encenderán
otros puertos / y caerás como lluvia, /
como un campo de trigo en la bahía».
La luz y el amor nos conducen a un
conocimiento más pleno del hombre,
de su mundo, «entre el negro y el
blanco / se debate la vida», así que
«no dejes enturbiar tu cielo». Porque
174

«ciego incrédulo, mis dedos alcanzarán por instantes / el vuelco de tu
vuelo en altamar». Los cinco poemas
que componen este apartado se desplazan como estrellas solares en el
firmamento afectivo de la autora, cinco entes luminosos con su fulgor contenido como una «mirada que alcanza
la luz/ sin que la luz se desparrame».
Los primeros poemas que dan nacimiento a la poeta nos muestran de
qué manera evolucionan las palabras
hasta alcanzar su reivindicación, su
revelación. Ellas se han desprendido
del mundo de su creadora para hacer
valer sus asociaciones, su función,
sus imágenes, su belleza. Palabras
que interaccionan y hacen surgir matices espejeantes y flexibles para luego encontrar nuevas rutas, nuevos
tiempos., nuevos espacios, pues la
memoria «aún palpita en busca de su
origen». «Soy el gusano que horada
cuatro veces el caracol, / la hormiga
roja diez veces transformada en hormiga negra»: metamorfoseada llega
Jeannette hasta el MictJán que es el
Hades, el infierno. Diferentes nombres pero igual sufrimiento para todos
los que han vivido la vida intensamente. Luego, en el apartado llamado
«Destino» la poeta nos revela la fragilidad del ser humano, su limitación.
«Se pierde el centro, / el punto donde
una vida comienza. / En este mar la-

cerante». Las palabras obtienen su
credibilidad por su engarce, por su insistencia, por su promesa. Al ser humano siempre le han ocurrido muchas cosas: tiene penas, alegrías,
hambre, deseos, engaños, suerte, fortuna; todos estos acontecimientos lo
acercan a otros hombres. Cuando las
fieles palabras llegan al corazón de
quien las escucha, lo liberan, lo conmueven, lo humanizan. Sin embargo,
siempre está presente el presagio, el
augurio final, pues el hombre es una
hoja en el espacio infinito que está
sujeto, forzosamente, a los tormentosos vientos, a las borrascosas mareas.
«Un silbido de ramas anuncia la parvada; / cierro la ventana por temor / a
que el rey cuervo me posea». Por último, quiero confesar que los versos
de este libro me han conmovido, me
han abierto un camino en el que se ha
interesado todo mi ser. Por esa razón
los invito a todos ustedes a que lean y
disfruten los poemas que nos ofrece
Jeannette Clariond en Mujer dando la
espalda.
Jeannette Clariond, Mujer dan.do la espalda, ta. ed., Ediciones Castillo, Monterrey,
1995, 78 p.
Universidad Mexicana del Noreste. Monterrey, 17 de octubre de 1995.

Toda industria cinematográfica, en
plena expansión como la transnacional norteamericana o en virtual exilio
interior como la mexicana, es una fábrica de sueños, una fábrica de sueños colectivos, sueños que configuran, no puede ser de otra manera, el
imaginario colectivo de una nación.
La obligada relación simbólica se
establece de una manera recíproca.
La pantalla es un espejo de lo que somos o quisiéramos ser o de lo que debemos o deberíamos ser. La industria
fílmica, en su afán de supervivencia
económica, debe alimentar esos sueños desde sus estudios y sistemas de
producción colectivos. Una película
se arma en grupo, y en grupo, como
sociedad, y dentro de la sociedad, la
recibimos y vemos los espectadores.
Este acerado y deslumbrante círculo:
cine-sociedad, no fue más perfecto,
más brillante, que durante la época
llamada de oro del cine mexicano.
Los mismas estrellas, los astros inmortales de los cuarenta, con sus rostros y actitudes, simbolizaron, como
dice André Malraux, nuestro instinto
colectivo. Este equilibrio hegemónico
se rompió en la década de los sesenta.
Desde 1940 la nación había vivido
uno de los periodos más fructíferos
de su historia: el llamado periodo del

«milagro econom1co». Una etapa
conjunta de estabilidad política y desarrollo sostenido que contribuyó a
forjar los cimientos de nuestro singular capitalismo. En esa etapa, particularmente en los años de la segunda
guerra mundial, el cine mexicano
concretó sus andamiajes espirituales.
El paso de una economía agraria a
una sociedad industrial propició la
formaci~n de una sociedad urbana
que demandó un universo imaginario
acorde. Un universo imaginario que
no podía ubicarse más que en cerrada
concordancia con los intereses que
regían la formación social del México
moderno. El resultado fue sorprendente: el eme que se produjo resultó
no solamente eficaz en términos ideológicos, sino que creó en términos
cualitativos una estética de calidad
industrial, una calidad áurea que muchos añoran todavía. El cine nacional
se convirtió en esos años en la cinematografía más poderosa de América
Latina, y también se hicieron poderosos, por lo menos para nosotros los
mexicanos, sus símbolos.
El contexto urbano visualizado en
la pantalla nos trajo aparejados como
auténtica mexicanidad la indisoluble
unidad del núcleo familiar con la figura de un patriarcado infalible. El
machismo exacerbado, excusa y disi-

mulo de nuestra inferioridad, impuso
en las películas, junto con los deberes
de la clase a la que se pertenece, las
sacrosantas funciones de la Iglesia
Católica; y la mujer, al fin mujer, terminó desempeñando un enonne y
único rol que se movía desde la madre amantísima y abnegada hasta la
prostituta perfecta, según fuera el
usufructo de su virginal virginidad.
Un cine cotidiano, vulgar, dicho en el
mejor de los sentidos, un cine melodramático para familias en abierta
concupiscencia con el prostíbulo y
los cabarets. Un cine sin 'altibajos psicológicos, normal, exento de rarezas,
muy, muy mexicano. Al terminar la
guerra se evaporó la Edad de Oro, y
con ella la época de las «vacas gordas».
«Las vacas flacas» no fueron tan
flacas desde 1946 hasta 1960, no por lo
menos en cantidad de películas producidas, pero sí en términos de calidad. Aún así, la escala de valores antes mencionada se sostenía. El cine
estaba en crisis, pero no el país. El
«churro» unificó la década de los cü1cuenta como sinónimo de un producto hecho a destajo, sin mayores pretensiones que ganar un dinero rápido,
para satisfacer los gustos de un público semianalfabeto, marginado en las
orillas de las grandes ciudades, que
17S

�empezaba a desviar su atención hacia
la naciente televisión. Hacia 1960 el
cine mexicano, el cine industrial, descendía ya, sin remedio, por una pendiente sin final. Daba principio la
eterna crisis del cine mexicano. Y
con ella el tambaleo de los antiguos y
dorados valores ideológicos.
La crisis no sólo fue cinematográfica, la vivió el país entero, en su forma de vivir y en sus aspiraciones, hasta la conmoción de 1968. A partir de
ese año el desasosiego social se instaló
de manera permanente. En el cine, algo cambió con la crisis. La censura se
relajó y con ella los puntos de partida
morales. Por lo pronto, la madrecita
santa, la noviecita santa, la perdida,
pero de buen coraz~n, ·y la perdida,
perdida, perdida, dieron paso, junto
con el derrumbe del patriarcado y el
machismo en las historias contadas, de
la clase.social y de la Iglesia en la pantalla luminosa, a una nueva visión de
las mujeres ordinarias, de las mujeres
de todos los días, en el contexto cinematográfico de la vida cotidiana. Al
lado de ellas, y sin ser demasiado marginales, debutaron también en el celuloide mujeres distintas, mujeres extrañas, mujeres sin complejos de culpa,
ajenas a la normal moralidad de los
viejos rollos de película: eran las extrañas mexicanas del celuloide.

Edgardo Reséndiz y Roberto Villarreal, devotos incurables del cine
mexicano, críticos y comentaristas
con una larga y demostrada cinefilia,
han ubicado a estas mujeres plenas de
luz y sombra en una nueva acera de
la existencia fílmica en un sugerente
libro titulado de manera estricta, Esas
extrañas mexicanas del celuloide. Título que esta .!loche se presenta a la
curiosidad, H'ltriga, y cinefagia del
lector.
El pequeño e ilustrado libro parte
de una singular premisa: el cine mexicano -dice Roberto Villarreal- ha
multiplicado como obsesión constante las mismas historias con ciertas variantes, en especial en los papeles
asignad9s a las mujeres. Cuando esta
norma se rompe, la sorpresa es mayúscula. Las mujeres devienen otras,
se hacen diferentes, se vuelven extrañas. El libro de Editorial Castillo es
-apunta a su vez Edgardo Reséndizun homenaje, un redescubrimiento,
un rescate del olvido, de esas extrañas mexicanas del celuloide.
Edgardo anota con cuidado la
época: todo ocurre en la década de
los sesenta. Después, aun liberados,
señala, los personajes femeninos en
el nuevo cine mexicano, no provocarían esa «mágica reacción química»

que tanto subyuga a los autores. A
una de ellas, a una de esas extrañas,
Angélica María, aquí presente, está
dedicado el texto.
La primera parte, de las dos que
integran el libro, está escrita por Edgardo Reséndiz. Abre la ensoñación
literaria la presencia de una perversión llamada Isela, Isela Vega, a
quien el autor califica como la diva
del erotismo mexicano. Con Isela, no
hay madres ni noviecitas santas, menos perdidas. Hay mujeres completas
en busca, sin lacrimeo alguno, de su
propio destino. Con delectable paciencia Edgardo nos va introduciendo
en un zoológico fílmico donde -en
compañía de pirañas, escorpiones, lobas y tortugas que sí lloran- surge
Isela, esa perversión -escribe- con
cuerpo de mujer. Los espectadores
asisten, en la descripción de varios
filmes dirigidos por Francisco del Villar, a la encarnación de una serie de
mujeres libres y amorales interpretadas por Isela, sin culpa ni noción del
pecado, inquietantes como cualquier
loba solitaria. De las zoofilias fílmicas el paso de la entomología es inmediato. La viuda negra de Ripstein
es tan subversiva como para tomar en
sus manos el control total de un pueblo en función de los secretos del
confesionario. Y puesto ya el autor en

el terreno de la biología, Adriana o
lscla, en ú1s apariencias enga,ian de
Jaime Humberto Hermosillo, se las
ingeniará para sobrevivir de manera
respetable combinando en una misma
cama la moral y las buenas costumbres con la decencia que impone su
propio cuerpo.
Es lógico que Jaime Humberto
Hermosillo, el personalísimo autor
del cine mexicano, continúe en el siguiente apartado. La mención para
Reséndiz es fundamental. Hermosillo ha creado con su visión cinematográfica una galería de personajes
femeninos sin paralelo en la historia
del cine nacional. Si a una sola de
estas extrañas de Jaime Hurnberto se
le permitiera quedar en el paraíso
filrnográfico, el lugar lo ocuparía sin
duda Berenice, la Berenice de mi
corazón, del corazón de Edgardo
Reséndiz, del corazón de todos los
cinéfilos, en la incendiaria interpretación de Martha Navarro. Esta entrada la celebrarían con gusto algunas madres mexicanas de este nuevo
cine de extrañeza de Hermosillo que
dejaron de encanecer corno Doña
Sara García y defienden a sus hijos
de otras maneras, corno Doña Herlinda, o les ayudan a hacer la tarea
de una forma muy especial corno la
Señora Partida.

Las negras líneas de la impresión
gráfica se vuelven luminosas, casi
anuncio de cine, cuando en el orden
de aparición del libro le llega el
«cue» de entrada a Angélica María.
Edgardo no contiene su aliento y la
llama «el último gran mito de México». «Patrimonio del país&gt;&gt;, casi grita
al lecto:, por su rostro, su personalidad, su estilo característico para cantar y su eterna aura de mujer perfecta.
Angélica María. «la novia de México», modelo ideal de la juventud en
los años sesenta, también fue una extraña, una extraña mexicana del celuloide. ¿Cómo? ¿Sí parece salir del
Nacimiento de Venus de Boticelli en
la fotografía de la página 107?, se preguntarán algunos lectores, entre ellos
el que escribe estas líneas. Edgardo
Reséndiz con infinito cuidado nos lo
demostrará desglosando con fruición
la carrera de la actriz.
En el espacio llamado «Cartas
insólitas de la Novia de México»
emerge una mujer mexicana diferente, que sin perder su encanto prístino
se permitió desarrollar en su compañía productora, con la ayuda de José
Agustín a partir de Cinco de choco/are y una de fresa en 1968, nuevos
rostros en el cine nacional, gracias a
su carisma excepcional y a lo que

Reséndiz define como clave de su
genial versatilidad: la enorme fe escénica de Angélica María. Fe escénica, la habilidad personal y profesional de un actor o actriz para lograr que el público crea lo que hace
en la pantalla o en el escenario. Sin
esa fe sería muy difícil, y a guisa de
ejemplo, compartir la onda suavemente terrorista de Brenda, y a la
par de degustar la inocencia angelical de Esperanza en la mencionada
película de Carlos Velo.
Otra creencia. La Rosalba de Ya
sé quién eres (te he estado observando), donde las situaciones convencionales se vuelven imprevisibles, y las
imprevisibles menos convencionales.
Edgardo va sumando con habilidad
cada paso de la actriz en este tránsito
hacia la extrañeza hasta que el lector
llega a imaginar la verdadera vocación de Angélica María siendo adulta, en la confluencia precisa de la Novia de México con la primera película
comercial de Jaime Humberto Hermosillo, devoción del ensayista. Angélica se vuelve mujer sin traicionar a
su imagen, sin traicionar a su público,
en la apertura de un personaje, Magdalena, que se descubre a ella misma,
libre, y sin prejuicios, a través de la
realización individual, ya sin familia
ni esposo. Angélica María, revolucio177

�naria. sin perder un ápice de su elegante femineidad.
Roberto Villarreal no se queda
atrás en la segunda parte del libro y
esgrime a Tere Velázquez como otrc
gran ejemplo de bella extrañeza en el
celuloide. Pero antes nos da varias
probaditas a través del tiempo, son
cuarenta y cuatro, pero el número
puede alcanzar el infinito, en la redacción de los parlamentos más insólitos e increíbles del cine nacional.
Por si fuera poco, después nos ofrece
un ramo de flores marchitas que vuelven a florecer con el recuerdo de dos
madres despiadadas, nada parecidas a
las de la Edad de Oro, limítrofes en la
perversión filial, que torturan a sus
hijos caídos En la trampa de Raúl
Araiza. Dos personajes vueltos realidad a través de dos grandes y veteranas actrices: Gloria Marín y Carmen
Montejo.
A diferencia de su colega en este
viaje hacia el país de la extrañeza, Roberto Villarreal coloca a Tere Velázquez, la frágil e inocente muchachita,
en un nuevo contexto en la historia de
nuestro cine: a partir de la década de
los setenta. Para ese entonces las amarras del control gubernamental han cedido un poco la estrechez de su mirada
y un nuevo aire se destapa en las pan178

tallas nacionales: el desnudismo. Tere
Velázquez, la dulce y gentil hermana
de una mujer fatal, Lorena, entra sin
reservas en la nueva época con Ratas
del asfalto en 1977. Después, por semejanza biológica, se convierte en madre
en Para usted, jefa. Una madre menopáus1ca que no pierde en ningún momento su usanza juvenil a pesar del
impacto de la edad. En los ochenta una
serie posterior de películas vuelven a
confirmar esa visión. «Tere -dice en
su texto Roberto- nunca perdió la ju
ventud. Y con encendido elogio lo recalca, «¡Nunca, Tere!»
Antes de entrar de lleno en el largo
túnel de los deseos oscuros, Roberto
Villarreal rinde un homenaje a la más
lloriqueante de las estrellas nacionales,
aunque sea argentina: Libertad Lamarque. En «Tan buena, tan mala» el crítico abre dos tiempos para mostramos,
primero, a una mujer, Consuelo, poseída por el demonio de la maldad en La
mu.1er sin lágrimas; y segundo, para
exhibir todas las personalidades fílmicas de la Lamarque en La loca de los
milagros, la última película mexicana
de la actriz, que deja los clichés y estereotipos femeninos de sus anteriores
actuaciones muy mal parados.
A esta altura de las páginas Roberto arde ya por entrar en los territo-

rios prohibidos de la extrañeza: el
lesbianismo y el incesto. Su análisis
de ambientes cerrados: el cabaret en
Aventurera, la cárcel de mujeres en
La culpa de los hombres, y el matrimonio en Confidencias matrimoniales, donde puede prender el amor entre mujeres, por lo menos en las películas reseñadas, son el mejor ejemplo
de un cine distinto, extraño, diferente,
dentro de un para siempre agonizante
cine industrial. Pero con Tres mujeres
en la hoguera en 1977, dirigida por
Abel Salazar, el choque es múltiple,
por la brutal coincidencia interpretativa y vital entre los personajes lesbianos y las actrices. Tres mujeres en la
hoguera con Maricruz Olivier, Maritza Olivares y Pilar Pellicer.
En «Adiós, hermano cruel», penúltimo trabajo de la segunda serie de escritos de Esas e.xtra,ias mexicanas del
celuloide, el amor entre hermanos se
ve correr en nuestras pantallas desde
1933; primero velado, con la inolvidable La mujer del puerto; después, muchos años después, y muchas películas
también, abierto en la intimidad de los
cuerpos consanguíneos en El pacto de
Sergio Véjar de 1974. Sin embargo, observa Villarreal con tristeza, aún en territorios de extrañeza y para desgracia
de los amantes, un amor prohibido por
la naturaleza y la sociedad siempre ter-

minar.í. hasta estos &lt;lías. en nuestras
pantallas por lo menos. en un tragico
dcst1110. la muerte o la locura. Para
dcspetlusc tic! lector Rohcrto Villarrcal tlc_¡a constancia tic una actn1. 111l'anttl cxcepc10nal: Lolita Cortés en La
¡}(/c/w11ga, dmg1da por José btratla en
t9X l.

Vanas preguntas rnqu1etan desde
las primeras p~iginas de Esas e.wwias
111e.uc(111as del celuloide y Roberto
Villarreal las enumera en el epílogo.
Una, el saber que esas extrañas han
sido, en la mayoría de los casos, producto de la imagí_nación de los hombres. Los directores de los filmes reseñados o los autores de sus guiones
han sido hombres. El toque de extrañeza, supone Roberto, podría ser resultado del lado femenino de ellos
mismos o la materialización de sus
fantasías. La falta de respuesta no elimina el placer de la lectura. Dos.
¿han creado las nuevas directoras y
guionistas del cine mexicano una
nueva legión de extrañas mexicanas
del celuloide? Parece que todavía no.
Incluso sus personajes femeninos no
han alcanzado todavía la química
perfecta -esa «mágica reacción química» que pide fervoroso Edgardo
Resénd1z- para hacerse memorables.

Una más, ¡,leerán las mujeres mexicanas este libro de la misma manera
que nosotros'?
Rosaura Barahona nos da su versión al principio. en el prólogo. Yo
añadiría otra curiosidad más, que pertenece ya a estudios sobre el género:
¿hay un punto de vista femenrno en
los filmes dirigidos por mujeres'?
Esas extra,ias mexicanas del ce/uloide. un excelente hbro que se lee
rnn placer y contagio de prmcipio a

fin. Contagio porque es tanta la cunosidad que despierta, que casi no lo
term1manos por la pnsa de irnos al
videoclub o a checar las páginas de
las películas en la tele para confrontar. emocionados, a esas srngulares
mujeres. Felicidades.
Edgardo Reséndiz y Roberto Villarreal,
Esas extrañas mexicanas del celulo1de.
Monterrey Ediciones Casullo. Colección
Más Allá. 7, 1995, 191 p.

Texto leído por su autor en la presentación del libro de Resémliz y V11larreal. Museo de Monlerrey. 17 de agosto de 1995.

179

�.,

PARA QUE NO HAYA CONFUSION
NI EQUIVOCACIÓN

Jeannette Clariond
Quiero ante todo agradecer al Lic.
Miguel Covarrubias la deferencia y la
confianza -puesto que uno no le encomienda un hijo a cualquier genteen mí depositada para participar en la
presentación qe la revista Deslinde
cuya ardua tarea de editarla se ha
echado a cuestas desde hace diez
años.
A partir de esto es importante
mencionar enfáticamente la dificultad, y por lo tanto, el mérito que implica mantener viva una publicación.
La idea que yo tengo de re-vista es la
de re-visar las ideas y los conceptos
que se están produciendo en un medio tan plural, amplio y abarcativo
como pueda ser el proyecto editorial
de la revista en cuestión. Actualmente podemos tomar noticia, a través de
los medios de comunicación, de todo
aquello que está llevándose a cabo en
otras p!lítes del planeta, este maremagnum informativo implica el riego
de que los medios de comunicación
nos abrumen con tal cantidad de «información», que esto nos lleve, más
que al conocimiento, a una confusión
y a una·paradójica desinformación.
Si bien es importante reconocer el
valor que representa el estar al tanto
de la mayor parte de los acontecimientos en nuestro entorno mismo

que se ha hecho vasto en función al
«acortamiento» de las distancias, es
preciso reconocer nuestra humana limitación que nos hace imposible
abarcar tan vasto universo. Esto conlleva la necesidad por parte de los
editores de llevar a cabo una selección y revisión del material al que tienen acceso para poder adecuarlo a las
capacidades humanas. Este punto es
importante pues aunque se diga o se
piense fácil, el revisar, preparar, seleccionar el material implica el deseo
de difundir adecuadamente aquello
que se piensa resultará de interés y
ayuda para el lector; por lo mismo,
debería resultar satisfactorio y comprometedor para nosotros, lectores, el
saber que qega a nuestras manos un
material que ha sido pensado y adecuado de acuerdo a nuestras necesidades. La revista cumplirá en esa forma la función de permitirnos revisar
la parte que ha sido considerada de
valor para los editores.
Tomo del diccionario de la Real
Academia dos acepciones de la palabra deslinde:
1. Señalar y distinguir los ténninos de un lugar, provincia o heredad.
2. Apurar y aclarar una cosa, poniéndola en sus propios términos para

que no haya confusión ni equivocación en ella.
Apoyándonos en lo anterior y
por medio de la revisión y el análisis
del material reunido en el presente
número en el que se incluyen secciones referentes a la poesía, narrativa, reseña, filosofía, crítica literaria
y al final -pero no por ello menos
importante- el arte culinario, concluimos que la revista en sí articula
toda una serie de tópicos que están
ligados por el hilo integrador del humanismo. Dicha integración podemos considerarla hoy día como un
baluarte que sirve como un elemento
sustentador en épocas críticas en las
que tanta falta hace establecer vínculos plurales que permitan articular
la serie de datos y conocimientos
que posibilitan el que podamos sostenernos nosotros mismos y, a partir
de ahí, lograr construir integraciones
evolutivas en el desarrollo de nuestro ser.
A partir de la revisión que hicimos de cuatro escritos seleccionados
con un criterio orientado por personas que me hicieron la invitación,
pudimos, tornando la ya citada definición, pensar que la revista que hoy
nos ocupa cumple con el significado
con el que fue atinadamente nomi-

nada. Esto, independientemente de
la referencia directa al ensayo homónimo de Alfonso Reyes. Y decimos atinada porque podemos constatar la concordancia con la acepciones que antes señalábamos como
significados del término Así, podemos pensar que el trabajo presentado por Silvia Mijares: «Fundamentos de la cocina nuevoleonesa» nos
remite a nuestra heredad, y como si
la autora tuviera en mente esta línea
de pensamiento que estamos siguiendo, inicia su trabajo con un
epígrafe de Jean-Fran~ois Revel:
"Hay impasse gastronómico cuando
la complicación, el amontonamiento, conduce a una confusión de sabores, a ocultar las propiedades naturales... " Esta parte del epígrafe
basta para nuestro propósito que es
el señalar la coherencia y concordancia existentes en la selección y
revisión de los trabajos incluidos en
este número. Retomamos el significado del término: apurar y aclarar
una cosa poniéndola en sus propios
términos para que no haya confusión ni equivocación en ella. Es decir, aun cuando la revista incluya los
diversos tópicos que ya mencionamos, siempre guarda el hilo conductor que nos permite vincular y articular nuestros conocimientos de forma tal que al concluir su lectura po-

demos inferir una serie de conjeturas
asociativas y vincularlas a la vez a
la rama del saber que más nos interesa.
Los otros escritos revisados son:
«La edad del psicoanálisis» de Guy Le
Gaufey, &lt;&lt;El inconsciente femenino en
Como agua para chocolate» de Juan
Antonio Serna y «Elogio de Nuevo
León» de Gutierre Tibon. En éstos podemos xer cómo a partir de algo tan
simple, aparentemente, como lo es un
libro de recetas de cocina, se puede incursionar en temas tan fundamentales
y fundantes como el inconsciente político, la correlación de la Revolución
Mexicana y la Revolución emancipatoria de la mujer en busca de un lugar
propio mismo, ese lugar que desde el
inconsciente queremos encontrarlo en
esta tierra nuestra de origen, esta tierra
del Nuevo Reino de León del que señala Gutierre Tibon: «Sólo una pequeña fracción de su territorio (un décimo) es cultivable, y de ella menos de
la mitad puede ser irrigada.» Esto lo
dice el historiador, según datos de la
revista, en 1955, y el día de ayer y hoy
en los periódicos aparece que estarnos
enfrentando la misma problemática
con los agricultores de Montemorelos:
la escasez, la irrigabilidad. Es decir,
que en la revista vamos y venimos por
la historia buscando consciente e in-

conscientemente nuestro origen y para
entenderlo de pronto entramos a lo político para luego pasar a entender el
por qué de su cocina, el por qué de las
imágenes en su narrativa, en su poesía.
Esclareciendo dicho origen podemos
ubicar de forma más clara el «Icamole» de Andrés Huerta, la narrativa de
Hugo Valdés. Pero igualmente aceptamos nuestra necesidad de traspolar
nuestro sentir hacia otros universos y
diversas dimensiones de forma tal que
lleven a personas como Miguel Covarrubias a emprender la tarea de traducir, entender, interpretar el modo de
estar en el mundo de otras gentes. Si
no existiera esa necesidad de comunicar, no hubiera dedicado Miguel diez
años de su vida a re-valorar el sentir de
otros seres humanos. Esta es la riqueza
que podemos obtener de revisar una
revista: ver lo que ya está visto y seleccionado por otros ojos.
Comprendemos ahora que si logramos desentrañar el sentido y el
significado que puede tener una metáfora como lo es la enseñanz.a culinaria, las cosas que a primera vista
pudieran parecernos simples, cobran
ahora una dimensión más justa y humana permitiéndonos de tal forma articular con mesura y buen gusto los
diversos ingredientes de forma tal
181

�DESLINDE POÉTICO

Margarito Cuéllar
que los sabores no se confundan ni
pennitan que se anulen unos a otros.
Pretendemos con ello transmitir la
idea de que aun cuando en esta publicación se incluyen textos pertenecientes a varias disciplinas del saber, como
ya lo señalábamos, podemos agradecer
el que a través de su lectura se nos
brinde la oportunidad de tener acceso
a un festín en donde sus múltiples elementos no se confunden sino que permiten que el saber independiente de
cada uno de ellos pueda matizase con
el de los otros. Por tal motivo consideramos que es importante que cada uno
de nosotros podamos constituimos en
colaboradores activos desde cualquier
perspectiva para pennitir que esta re\'ista permanezca, mantenga y supere
sus estándares de calidad hasta ahora
mostrados.
Felicitaciones al Cons~jo Editorial. a Miguel. a Humberto y larga vida a Deslinde.
Confieso que andando yo un
día de tantos «como agua para chocolate» púseme deliberadamente a tratar
de detectar errores y no los encontré.
P.D.

182

Texto leído por su autora en la presentación de Deslinde, 47-48. Auditorio «Alfonso Rangel Guerra» de la Facultad de Filosofía y Letras
( UANL). ~8 de septiembre de 1995.

Al paso que vamos la poesía es casi
un género en vías de extinción. En
México la mayoría de las editoriales
no quieren sal:ier nada de este tema.
No es negocio, no es comerciable, no
hay mercado, no se vende: respuestas
que se traducen en un rotundo no.
Resulta saludable y gratificante
que revistas corno Deslinde no olviden la existencia de la poesía. En cada uno de sus números encontramos
si no abundante espacio para la poesía, sí el suficiente como para recrearnos en ella y seguir frecuentándola, ya corno autores, ya como lectores.
El número doble, correspondiente
a los meses de enero-junio del año
que transcurre, no es la excepción: la
poesía dice presente desde la diversidad de voces locales, nacionales y exlranjeras, para regocijo de quienes todavía disfrutamos la poesía y encontrarnos en ella una viajera infatigable,
una pobladora del patio de nuestra esperanza y un relámpago deshaciendo
el imperio del silencio.
El menú que nos ofrece Deslinde
No. 47-48 es variado. Hay por lo menos tres fonnas de abordar la poesía:
como traducción, como reseña y como creación.

El director de Deslinde nos tiene
bien acostumbrados. Uno abre la revista y espera siempre una traducción
suya, ya de autores alemanes, ya de
franceses, ya de ingleses. Esta costumbre se ha convertido en un goce para
sus lectores y ha sido tan prolongada
que es traductor de un libro bellísimo
denominado El traidor. Pues bien, en
esta ocasión Miguel da cuenta de un
poeta ¿francés? Blaise Cendrars, autor
que sorprende por su sencillez, elemento por demás extraño en la poesía
francesa. Para que vean que no exag(:ro les diré que «Me paseo por el puente con mi traje blanco comprado en
Dakar / En los pies mis alpargatas
compradas en Villa de García/ Tengo
a la mano mi boina blanca traída de
Biarritz / Mis bolsillos están repletos
de Caporal Ordinaire / (...) Estoy limpio lavado más encerado que el puente
/ Dichoso como un rey / Rico como un
multimillonario / Libre como un hombre». Más adelante el mismo Blaise
Cendrars escribe: «Por lo demás yo no
trabajo yo escribo todo lo que me pasa
por la cabeza». Páginas adentro Covarrubias insiste en otras de sus pasiones:
la poesía alemana. Para ello bastan tres
textos breves de Peter Hiirtling.

Una poeta guatemalteca, Aída
Guisela Soto, diserta en verso sobre
el leopardo y la iguana, animal, este
último, de actitud teatral, prudente y
de clamorosa lengua.

Antes nos había deslumbrado ya
la exactitud de los versos de Quinto
Horacio Flaco, en versión de Enrique

La poesía actual es muy dada al
discurso, a lo narrativo, a la dispersión
y al caos verbal. En realidad es bello

Puente Sánchez. Dos poetas de casa
continúan la ruta poética de Deslinde:
Andrés Huerta y Jeannette Clariond.
El primero con una amplia bibliografía poética, como siempre, sencillo,
directo, ágil y hablándonos del entorno regional; digamos Icamole («Alguna vez mir~ este desierto»). Versos
llenos de casas abandonadas, luz, polvo, nostalgia y recuerdos, muchos recuerdos.
A su vez, Jeannette Clariond, autora de Mujer dando la espalda, refresca nuestra memoria éon seis poemas breves llenos de luz interior en
los que el «camino de la piedra» se
abre a golpes de claridad.
En «Un ángel exterminador», Nora Garro intercala poesía en verso libre y poesía en prosa. En ambas clasificaciones la soledad da su extraños
zarpazos como un trigre oscuro que
no da tregua ni concesiones.

183

�DE HOMENAJES Y CELEBRACIONES

Erasmo E. Torres López
hacer de las palabras un caos cuando
se les ha tomado ya por el rabo y hecho chillar, tarea nada fácil y por lo
tanto poco alcanzada. Pero para ello
hay que andar veredas, caer en pantanos, levantarse, sumergirse en el mar
de las lecturas y volver a andar. Por
eso resultan gratas a los sentidos las
pequeñas joyas que bajo el nombre de
«Mariposa de luz» nos ofrece Juana
María Naranjo. Artesanías de la naturaleza:

La berenjena
sigue buscando afuera
su noche entera.

VirJo bonsai
en tus hoJas repaso
toda m1 edad.

Un colibrí
tornasola en el viento
su frenesí.

Durazno:
una puesta de sol
para eJ verano.
Hay otros poemas que merecen
citarse, por lo menos uno: viene en la
página 145. Es un desnudo fotográfico
184

seguramente causa de bochorno de
nuestras ilustres autoridades municipales.
Cien:a la poesía como motivo dos
reseñas y un comentario: una reseña
sobre El traidor, de Miguel Covarrubias aparecida en el suplemento Sábado del periódico unomásuno y una
más sobre Brújula solar, antología de
poetas nuevoleoneses preparada por
Minerva Margarita Villarreal para el
CONACULTA. El primer trabajo es de
José Manuel Recillas y el segundo de
Blanca Luz Pulido. Por último un comentario de Alfonso Rangel Guerra
sobre Mujer dando la espalda, de
Jeannette Clariond.

Para concluir acudo a un robo.
Extraigo del comentario de Alfonso
Rangel Guerra un párrafo revelador
de Rilke: «... Para obtener buenos
versos, hay que visitar muchas ciudades, conocer muchos hombres y muchas cosas, y aun los animales y las
plantas: hay que saber sentir, por
ejemplo, cómo vuela un pájaro, y qué
actitudes toman las flores silvestres al
abrirse por la mañana.»
Texto leído en la presentación de Deslinde, 47-48. Auditorio «Alfonso Rangel
Guerra» de la Facultad de Filosofía y Letras (UANL), 28 de septiembre de 1995.

Durante el presente año, el INBA ha
realizado una serie de homenajes nacionales a escritores mexicanos que
merecen ser revalorados y releídos.
Es el caso de Enrique González Martínez, a quien homenajeó el pasado
mes de septiembre con diversos actos, principalmente claro en México,
D.F.; algo le tocó a Guadalajara, tierra
del poeta, y también a Monterrey
donde el día 29 -aunque oficialmente
clausurado ya el homenaje el 24 en
Bellas Artes- se presentó José Emilio
Pacheco para hablar de la obra Poesía (tomos J y II) que contiene (casi)
todos los textos poéticos de González
Martínez, así como los prólogos a 1os
tres intentos anteriores por compilar
su obra. Esta nueva (y cuarta) versión
-igual que la anterior .de 1971- tiene
el sello académico de El Colegio Nacional y se debe a la acuciosa investigación de Armando Cámara quien
precisa puntos y agrega nuevos datos
consultando los archivos del autor de
Jardines de Francia. Aún así, dice el
maestro Cámara, faltan de localizarse
algunos poemas.
La primera presentación de Poesía I y II tuvo lugar en El Colegio Nacional el día 12 de septiembre, en
donde Ramón Xirau y Luis Mario
Schneider comentaron el trabajo poético de Enrique González Martínez

resaltando, el primero, el uso frecuente de los puntos suspensivos en sus
textos poéticos; unas veces en el título, otras en el cuerpo del poema y a
veces en ambos.
Esos puntos suspensivos, dijo el
maestro Xirau, «forman parte del
poema» como las pausas y las comas.
Por su parte Schneider enfocó su
apreciación sobre la etapa vanguardista del autor de «Tuércele el cuello
al cisne», siendo la menos estudiada;
recordó la aclaración que Enrique
González Martínez hizo en el 25 aniversario de Rubén Darío, en cuanto a
rechazar el «falso privilegio» de ser
el enterrador del modernismo y de
atacar la estética del poeta nicaragüense; quizá, expresó Schneider, se
contrapusieron los símbolos que uno
y otro poeta usaron: el cisne (Rubén
Darío) y el búho (González Martínez); pero no era aquél propiedad del
nicaragüense. Concluyó Schneider
que el poeta de Jalisco supo ser vanguardista porque fue «un perseguidor
de la palabra».
Cabe destacar la ambientación
que reinó en el Aula Mayor del Colegio Na~ional: la musical (violín y
guitarra) a cargo de los hermanos

González-Martínez Phillips, bisnietos
del homenajeado; y la juvenil, con la
presencia de numerosos jóvenes -de
entre más de un centenar de asistentes- como aquella chica veinteañera
que recogía autógrafos en un álbum
especial, obteniendo el de don Ramón Xirau: (RX) cuando platicaba
con él.
Por otra parte y en otro contexto
acudimos a la presentación de la Carta Atenagór,~a de Sor Juana, en una
edición de Condumex que reproduce
en facsímil la impresión hecha en
1690. Gracias a CONDUMEX, a través
del Centro de Estudios de Historia de
México, tenemos acceso a esta obra
escrita hace más de 300 años y que se
publica para recordar el tercer centenario del fallecimiento de Sor Juana,
y los 25 años de existencia del CEHM
de CONDUMEX.
La presentación de la joya bibliográfica tuvo un marco inmejorable: la
biblioteca del Centro de Estudios de
Historia de México, justo donde la
Poniatowska fue fotografiada y cuya
toma se publicó hace más o menos un
mes en La Jornada, rodeada de altas
vitrinas que guardan los tomos, bellamente encuadernados e inconseguibles, que constituyen el invaluable tesoro cultural de dicho centro.

�SE REEDITA LIBRO HISTÓRICO
DE RAFAEL GARZA CANTÓ

Humberto Salazar
Todo el que estaba interesado en el
estudio de la cultura de Nuevo León
sabía. hasta años recientes, que las
fuentes bibliográficas eran apenas
unas cuantas y difíciles de conseguir.
Como histonas de la cultura nuevoleonesa propiamente dichas había solamente tres: Algunos apuntes acerca
de la cullllra y las artes de Nuevo
León, en la cellturia de 1810 a 1910,
escrito por Rafael Garza Cantú y publicado en 1910; Siglo y medio de
cultura 1111evoleo11esa de Héctor González, publicado por Botas en 1946, y
la Historia de la cultura nuevoleonesa, refrito de las anteriores con algunos agregados. escrita por Genaro Salinas Quiroga y publicada por la
UANL en 1981.

En la presentación intervinieron
la directora del Claustro de Sor Juana. la señora Carmen Bcatrit Lópcz
Portillo de Tovar, la maestra Margo
Glantz, el doctor Elías Trabulse y por
CONDUMEX el ingeniero Julio Gutiérrez y el señor Manuel Ramos Medina. En su participación la señora Lópc1. Portillo de Tovar enfatizó la lucha que sostuvo Sor Juana por conservar su libertad; libertad para saber.
pensar, leer, escribir. Una lucha en
contra de la intolerancia de sus superiores y en contra de la desigualdad.
La maestra y destacada sorjuanista Margo Glantz ·resaltó la aureola de
misterio que rodeó la vida y la obra
de Sor Juana; misterio que Elías Trabulse -dijo- «ha descorrido tras 14
años de indagación». Alabó la reproducción facsimilar de la Carta Atenagórica, basada en la que se imprimió
en Puebla en 1690 y lamentó que el
manuscrito no se haya editado en facsímile, lo cual a más de 300 años se
sigue esperando y del que se sabe
existen tres copias coetáneas, según
señala el licenciado José Manuel Porras, de la Biblioteca de México.
Del doctor Trabulse vale la pena
leer de la primera a la última línea de
su escrito, que aparece en la introducción a la obra que nos ocupa, y cuya
186

edición. restringida a sólo 500 ejemplares, numerados, se puede adquirir
únicamente en Chimalistac. No es éste el único homenaje a la Décima
Musa. pero sí creo es de los mejores.
Está también el Encuentro Internacional que organizó la UNAM en el Auditorio de la Biblioteca Nacional y donde Aureliano Tapia Méndez hizo la
defensa de la Autodefensa espiritual
de Sor Juana. Y si de homenajes y ce-

lebraciones se trata cabe citar el reconocimiento a nuestro cronista local,
el historiador por antonomasia, Israel
Cavazos Garza, al adjudicársele el
Premio Nacional de Ciencias y Artes,
en su especialidad de Historia y Filosofía, que comparte con Ramón Xirau. (Israel Cavazos, Bernardo Sepúlveda y Alfonso Reyes son los tres regiomontanos que han merecido tal
distinción.)

Sabía también, el interesado, que
los dos primeros libros, los aportativos, eran difíciles de conseguir. Del de
Botas apareció hace como cinco años
un saldo de unos cincuenta ejemplares
en las libreri~ de viejo de Donceles
(en la ciudad de México) que lo hizo
perder el encanto, relativamente. Pero
el de Gar,a Cantú sólo unos cuantos
podían preciarse de tenerlo. y los
ejemplares que había en bibliotecas estaban bastante deteriorados.
Hay 1ambién otros libros importantes para cuando se escriba en serio una

historia de la cultura de Nuevo León.
Es el caso de obras como el Diccionario biográfico de Nuevo León de Israel
Cavazos, la Historia de la Educación
Pública en el Estado de Nuevo león
de Plinio D. Ordóñez, y las ya numerosas antologías literarias preparadas
por Emetcrio Treviño González, Genaro Salinas Quiroga. Margarito Cuéllar, Minerva Margarita Villarreal. Eligio Coronado y otros autores. Y recientemente apareció otra obra destacable, coordtnada por el poeta y profesor universitario Miguel Covarrubia.~:
Desde el Cem&gt; de la Silla. Artes y Letras de N11em uó11 (UA~L. 1992), que
contiene catorce C!'ttudios de diversos
autores sobre el tema.
Entre las obras importantes estaba
pues, en primer lugar, la de Rafael
Garza Cantú. particularmente difícil
de reeditar por su voluminosidad (621
páginas), y sobre la que algunos pensábamos que tendríamos que ~cgu1r
leyéndola en fotocopia.
Su reedición ahora. en facsímile,
por el Circuito Artístico del Nore~te.
es un acto de justJcia elemental en lo
que se refiere al acopio de nuestros
materiales básicos. y cumple un deseo
fom1Ulado en repetidas ocasiones por
vanos estudiosos de nuestras letras.
Como uh valor agregado, hay que se-

ñalar el hecho de que esta edición aparezca con un prólogo de Alfonso Rangel Guerra y en una bonita presentación, en cuya portada aparece una obra
del más grande pintor nuevoleonés de
esos años: Alfredo Ramos Martínez.
Por el rescate de este valioso librote,
hemos de agradecer a las instituciones
responsables: Consejo Nacional para
la Cultura y las Artes y Gobierno del
Estado, y a los &lt;icuidanderos&gt;, de la
edición, Luis Martín Garzagutiérrcz y
César Meraz.
En el prólogo, Rangel Guerra inscribe a esta obra en la tradición positivista que imperó en la cultura mexicana a fines del siglo pasado y principios de éste. La lectura del libro, así
como de otras obras de este mismo
autor. nos deJan entrever asimismo su
filiación hegeliana. Más que la recopilación del dato «objetivo», y la relación impersonal de los hechos, a la
manera positivista de un Vigil, un
lcazbalceta y otros por el estilo, Garza Cantú intenta en su estudio una serie de interpretaciones teleológicas
muy en la vena del idealismo alemán,
inscribiendo el decurso provinciano
de estas tierras en el proceso de la
mediación universal.
En cuanto a lo esctrictamente literario, su abordaje de obras y autores es
187

�de tipo retórico, a la usanza de la época, aunque hay que decir más bien: a
la usanza de cierta vertiente de la época, pues por esos años habían iniciado
una renovación de los estudios críticos
primero los escritores modernistas y
en seguida los jóvenes del llamado
Ateneo de la Juventud. Digamos que
su paradigma crítico es el que años antes tuvieron autores como Francisco
Pimentel, Victoriano Salado Alvarez y
otros representantes del «conservadurismo» estético-literario, y que en la
primera década del siglo seguían sosteniendo muchos estudiosos de las letras mexicanas.
Los materiales de este libro editado
para conmemorar el Centenario de la
Independencia, en las .postrimerías del
porfiriato, fueron publicados meses
antes en las páginas de La Voz de Nuevo León, diario semioficial del reyismo
en el estado. Los autores de Monterrey
que compartían la tertulia y las mesas
de redacción de los periódicos con el
Dr. Garza Cantú fueron gente como
Celedonio Junco de la Vega, Virgilio
Garza, Manuel Barrero Argüelles, Rafael Nájera, Manuel José Othón (muy
amigo del general Reyes, y frecuente
visitante del Hotel lturbide en la capital regiomontana), Aurelio Lartigue,

Porfirio Barba Jacob (por esos años en
Monterrey), el joven Alfonso Reyes en
sus esporádicas visitas a la ciudad, y
otros.
Lo que hoy consideramos como
limitaciones de esta obra (su farragosidad, su esquema valorativo, la
falta de las notas y referencias bibliográficas), son sin duda pecata
minuta frente al hecho de que constituye, hasta la actualidad, el esfuerzo más importante de valoración y
análisis, por un solo escritor, de la
mayor cantidad de obras y autores,
pues estudia, desmenuza, enjuicia y
pondera la obra de todos los escritores de Nuevo León desde fray Servando hasta los entonces muy jóvenes Alfonso Junco y Eusebio de la
Cueva.
Atin~do y certero es su juicio sobre nuestros mejores escritores del siglo XIX y principios del xx: Fray Servando Teresa de Mier, José Eleuterio
González, Juan de Dios Villalón, Enrique Gorostieta, Adolfo Duclós Salinas, Herrnenegildo Dávila, Felipe
Guerra Castro, Celedonio Junco de la
Vega y Nemesio García Naranjo. Y
lo que es hoy quizá mucho más importante: considerando la virtual pér-

dida de la mayoría de los periódicos y
revistas del siglo pasado constituye,
en bastantes casos, la única referencia
que podemos tener sobre algunos escritores nuevoleoneses de esos años.
Otras obras importantes de la historia cultural de Nuevo León han sido
recuperadas recientemente por el Gobierno del Estado: las revistas Kátharsis y Armas y Letras, la obra de
Héctor González, la de Raúl Rangel
Frías y otras igualmente valiosas. Por
ello puede decirse que en Monterrey
existe actualmente una firme y sensata intención de rescate cultural, al
mismo tiempo que la atención de las
manifestaciones del presente.
Para terminar me permito sugerir
que el Circuito Artístico del Noreste
siga por el buen camino iniciado y en
lo futuro pueda entregamos otras ediciones parecidas. Entre las cosas que
merecen algo mejor que el olvido estarían por ejemplo la Revista Contemporánea (de 1909), la revista Prisma, que editó en París el regiomontano Rafael Lozano, o selecciones antológicas de algunas publicaciones
muy caudalosas y de algunos de
nuestros autores fundamentales.

Texto leído en la presentación del libro de Rafael Garza Cantú, que tuvo lugar el martes 28 de marzo de 1995 en la Sala Manuel M. Ponce

188

del Palacio de Bellas Artes, en la ciudad de México.

REGIÓN

189

�LA HISTORIA QUE SE HACE
REFLEXIONES EN TORNO A LA LABOR PROPIA Y AJENA

Alberto Gil Novales
En 1980, al enfocar la historiografía
española de los diez últimos años en
torno al primer cuarto del siglo XIX,
me refería yo a los problemas que
todavía entonces aquejaban al historiador: había desaparecido el franquismo y con él la censura y los temas tabú, pero la situación universitaria dejaba de ser ideal, casi no había editoriales públicas, y las privadas se dedicaban cada vez más al
1
negocio rápido, etc.
Quince años después el panorama sigue siendo, en bloque, muy
semejante. La Universidad sigue su
línea administrativa y mortecina:
aunque cuenta con individualidades
de relieve, el conjunto no puede ser
más decepcionante. No es el problema mayor que la Universidad
esté masificada, porque las hay con
pocos alumnos, y porque ese problema podría resolverse. si hubiese
voluntad para ello; lo realmente
grave es que la Universidad sigue
estando dominada por elementos
que la utilizan exclusivamente como trampolín político. Los llamados cursos de verano cunden, pero
no son más que una especie de
grandes ágoras, en donde fluye el
dinero hacia los bolsillos de unos
pocos paniaguados, a los que se
une cierto número de notabilidades
190

extranjeras, que están allí por aquello de la propaganda y de la distinción. Es decir, la Universidad está
sometida a intereses privados, y en
ella han entrado los Bancos como
elefantes. A mí me parece muy
bien que se hagan pronunciamientos políticos, pero me duele que sus
autores . para hacerlos rehuyan el
Parlamento, y se refugien en el veraneo a sueldo. Como la generalídad de las Memorias de Licenciatura, o tesinas, eran malas, se ha optado por suprimirlas. Ahora empiezan a existir las Universidades privadas, de las que hasta el momento
sólo se conoce su propia propaganda. Las públicas han aumentado en
número, y eso está bien, pero existe
una terrible tendencia hacia la endogamia: los catalanes en Cataluña,
los murcianos en Murcia, los gallegos en Galicia. Han desaparecido
los concursos de traslado entre profesores, que molestaban a esa endogamia, con lo cual, aunque es imposible suprimir del todo los contactos entre profesores de Univeridades diferentes. de hecho se procura que los compartimentos estancos fructifiquen. En mi tiempo el
Rector de la Universidad de Zaragoza era el Dr. Sancho: como colocó en la Universidad a toda su parentela, la gente decía que la Uni-

versidad se estaba ensanchando.
Algo de esto padecemos todavía.
La lucha contra las editoriales públicas, porque de lucha se trata, en
nombre del mercado, aunque contradictoria, ha tenido grandes triunfos.
La Editora Nacional, por ejemplo,
fundada durante el franquismo, había
logrado hacerse popular, a través de
algunos títulos de calidad, los clásicos grecolatinos entre otros, y también obras de contenido histórico, en
ediciones cómodas y a ~uen precio.
Las editoriales privadas no lo podían
consentir, y bregaron hasta colocar su
hombre en la Dirección General del
Libro, hombre que tras el decreto de
supresión de la Editora Nacional volvió a la vida privada, y todavía le
gusta presentarse en fotografías de intelectuales amantes de esto y de
aquello, siempre sonriente. Incluso
muchas de las editoriales universitarias han sido privatizadas, con lo que
para la mayoría de los profesores es
peor que si no existiesen en absoluto.

Con la llamada Transición surgieron muchas revistas, algunas de las
cuales, como la catalana Recerques,
han desaparecido. Otras revistas tienden a la mastodoncia. Todo lo relativo de alguna fonna con la tierra donde se publican halla en ellas acogida,

desde la Prehistoria hasta la situación
actual. Títulos como Baetica, de Málaga, Estudis Castellonencs, de Castellón, la propia Hispania, de Madrid,
aunque más mesurada, responden a
este patrón. El criterio, aunque no
científico, es ahorrar: se publica, porque los curricula tienen que continuar, y a los gastos contribuyen las
Cajas de Ahorro, los Ayuntamientos,
etc. Las Cajas de Ahorro, que sólo se
distinguen de los Bancos en su origen, suelen acaparar la actividad cultural de las provincias. Las malas lenguas dicen que esta actividad cultural
es una forma de blanqueo del dinero.
También los Ayuntamientos, que son
corporaciones de Derecho público,
publican libros, y a veces muy interesantes. Pero lo que más falla en España es la distribución, y los Ayuntamientos, las Diputaciones, no son excepción, por lo cual el afanoso de libros, que llegue a una ciudad, lo primero que debería hacer es mirar debajo de las escaleras: allí estará su tesoro. Algunas novedades hay, que
son positivas: la preparación de salones de lectura más cómodos y bien
iluminados, la incorporación de sistemas informáticos, que espero acaben
rompiendo por sí solos los antiguos
absurdos reglamentos que impedían
al lector consultar los ficheros (como
ocurría en la Biblioteca de Palacio, de

Madrid, en la Academia de la Historia, y en otros centros).
Excepción significativa en la materia, por la cantidad y la calidad de
los libros publicados, de importancia
nacional, es el Instituto de Cultura de
la Diputación Provincial de Alicante,
que con el nombre de «Juan Gil-Albert» ha lanzado a la palestra, además
de algunos títulos que citaré más adelante, obras de tanta categoría como
el de Ramón Campos: De la desigualdad personal en la sociedad civil, 1989: se trata de un ilustrado, que
escribe su libro hacia 1800, pero no se
publica hasta que lo hace en París
1823, co~ segunda edición en Barcelona 1838, y tercera en Maracaibo 1840.
Hace la edición Cayetano Mas Galvañ, Joven historiador que se ha especializado en los problemas de la Ilustración en empresas colectivas de entidad, como el famoso Colegio de
San Fulgencio de Murcia.2 O el de
Francisco Pérez Bayer: Por la libertad de la literatura espa,iola, 1991,
importante texto de 1769-1770, que había quedado inédito. El estudio preliminar corre a cargo del Prof. de Valencia Antonio Mestre Sanchís, el conocido renovador de los estudios sobre el polígrafo dieciochesco Gregorio Mayans y Sisear. Allí también publicó Claude Morange sus Siete calas

en la crisis del Antiguo Régimen español y un panfleto clandestino de
1800, 1990, con prólogo mío. Se trata
de un libro inteligente, fino y erudito
como pocos, que no voy a resumir
ahora: sólo diré que trata de personajes y periódicos del amplio arco 18081840, y que el panfleto clandestino es
el de Luis Gutiérrez Cartas amistosas
y políticas al Rey de España, testimonio crítico sobre la España de 1800, no
publicado entonces, pero circuló el
manuscrito. El autor fue ejecutado en
Sevilla, 1809.
Más que las Universidades, las
Academias y otros centros del saber,
siguen al margen de la vida del país,
enclaustradas en sus privilegios, y generalmente dominados por hombres
de ayer, o por trepadores de hoy, entre los cuales hay poca diferencia.
Como ya no somos románticos no repetimos aquello de Larra de que escribir en España es llorar, pero los
que trabajamos lo hacemos porque
nos gusta nuestra ocupación, y acaso
para dejar nuestra aportación para el
futuro, después de nuestra muerte, no
porque tengamos ninguna esperanza
en el mundo de hoy.
Para quien no me conozca, yo comencé trabajando sobre la revolución
liberal en España, no por una elec191

�ción sabia y rigurosa, sino porque me
lo pedía mi propia vida. Yo, que soy
aragonés, estudié en la Universidad
de Zaragoza, en la barbarísima Universidad de Zaragoza, según expresión de José Mor de Fuentes. Llegué
a ella a finales de 1947 lleno de ilusiones, las que me habían surgido en virtud de un bachillerato, en Huesca, todavía bastante bueno. Al mes de llegar a Zaragoza, ya me había convencido de que la Universidad no merecía la pena, no pasaba de ser más que
un aburrimiento formalista, había que
sacar el título, eso sí, para poder un
día ganarse la vida, pero había que
formarse al margen completamente
de la Universidad. Es lo que hice:
leer, leer sin o:egua, toda clase de libros, que podía comprar o que alguien me prestaba. Fui un furibundo
lector, y lo sigo siendo, porque los
primeros hábitos suelen ser perdurables. En Zaragoza había algunas librerías de viejo, y pronto me aficioné
a visitarlas con frecuencia. Entre los
libros comprados entonces, en la librería de Allué, se cuenta Reconstitución y europeización de España. Programa para un Panido Nacional. Publícalo el «Directorio» de la Liga Nacional de Productores, Madrid 1900,
primera lectura mía, me parece, de
Joaquín Costa, y primer libro que hizo nacer en mí la indignación. Este Ji192

bro es responsable de que yo haya dedicado a Costa alguno de mis afanes;
pero también de que yo no me haya
especializado en la crisis de la Restauración, a cuya sociedad pertenecía
el propio Costa, sino que diese el salto, con cierta audacia, hacia los orígenes del liberalismo en España, es decir, los comienzos, no los finales, del
siglo XIX, porque Costa mismo postulaba esta indagación, en la que todavía ando metido, con más conocimientos ahora, cre9, pido perdón por
tanta presunción, pero con el mismo
espíritu: amor por la tierra y sus hombres, afán de conocer las peripecias
humanas, indignación catártica que
nunca me falta, y cierta dosis de erudición, para no dar gato por liebre.
Sobre Costa escribí algunos trabajos antiguos, y a ellos puedo añadir
ahora la edición del libro póstumo de
George J. G. Cheyne: Ensayos sobre
Joaquín Costa y su época.3 Cheyne,
el mejor conocedor de Costa, a cuya
biografía y escritos había dedicado
tan largos años, bien merecía este homenaje. · La muerte de Cheyne nos
impidió llevar a cabo conjuntamente
-lo hice yo solo- la edición de la Historia critica de la Revolución española,4 manuscrito del propio Costa, su
contribución más directa al tema de
la revolución liberal española, origen,

sin saberlo, de todos mis afanes. No
se había publicado nunca, y fue
Cheyne quien descubrió su existencia. Se trata de un libro difícil, con el
que no siempre estoy de acuerdo, pero que por lo menos es a finales del
siglo XIX una visión diferente de lo
que habían sidQ la Ilustración y la revolución liberal en España. Es libro
que dará mucho que hablar.
Al Trienio liberal dediqué algunos libros y estudios. Para hablar sólo de lo posterior a 1980, diré que en
1983 comencé la publicación de una
revista titulada Trienio (Ilustración
y liberalismo), revista de Historia,
dos números por año, revista especializada, abierta a todos aquellos,
españoles y extranjeros, que tengan
interés científico por los siglos XVIII
y XIX en su conjunto; de manera que
es una especialización muy amplia,
pero sigue siendo una especialización. Desde muchos puntos de vista,
el económico por ejemplo, la revista
ha sido siempre un fracaso; pero me
queda la satisfacción de que en ella
se han publicado cosas muy importantes, y de que empieza a ser valorada por los especialistas, y no sólo
en España. 5 Hoy no me faltan colaboraciones para la revista, aunque sí
notas bibliográficas y otras contribuciones menores.

Lo de Trienio liberal lo he ido entendiendo cada vez más en sentido
muy amplio, es decir lo que me interesa es conocer el impacto de la Ilustración en España y el de la Revolución francesa y las posibilidades de
creación de una sociedad moderna en
nuestro país. La revolución y la contrarrevolución, que van siempre profundamente unidas. No quisiera ofrecer una relación de títulos, para no
dar una imagen demasiado plúmbea,
pero sí quiero citar un trabajo sobre
«Burke en España»,6 en el que quise
llamar la atención sobre el hecho de
que la reacción en España, y en otros
países, no era solamente eclesiástica,
a lo Barruel, como cómodamente se
solía decir, sino que tenía orígenes incluso ilustrados, que el. nombre de
Burke ejemplifica al máximo. Nuevas
lecturas me han llevado a conocer
mejor este fenómeno, muy unido con
la trayectoria británica en el siglo
XIX.

8

Cierto afán comparatista, y la necesidad de poner en relación a unos
investigadores con otros, me llevó en
1982 a convocar el Coloquio La
Prensa en la revolución liberal. España, Portugal y América Latina, publicado con este título en 1983. 9 Imposible intentar aquí un esbozo de las 36
comur.icaciones presentadas. Inevita-

blemente abundaron más las de tema
español que portugués o latinoamericano, pero aun así los hubo pioneros,
como el maestro Mario Cerutti, quien
nos habló de «Poder regional, gobierno central y periodismo liberal en
México en años de la Reforma. Santiago Vidaurri y los estados fronterizos del Nordeste (1815-1864)»: 0 Independientemente de alcanzar con esto
una primera visión de toda una trayectoria investigadora, de esta colaboración nació una amistad, única razón de mi presencia hoy en Monterrey. El mismo caso se dio en otros
participantes, que ofrecieron sus resultados. en tomo a periódicos regionales españoles, o de la Guerra contra
Napoleón, del carlismo o de épocas
posteriores, y lo mismo un primer
atisbo de problemas portugueses, e
incluso italianos, en relación con España. En resumen: este coloquio supuso una serie de temas y datos que
se incorporaron a un acervo común, y
el conocimiento mutuo entre los ponentes.
Otro Coloquio publiqué poco después con el mismo signo editorial: La
revolución burguesa en España. El
Coloquio había tenido lugar en la
Universidad de Leipzig en 1983, y era,
en cierta manera, el descubrimiento y
la revelación del nombre y las aporta-

ciones de Manfred Kossok, hombre
realmente extraordinario. Él mismo
sacó las consecuencias en un resumen
con el que, después de la Introducción, se abre el volumen. Diré de paso que este tema de la revolución burguesa es uno que vuelve y vuelve,
una y otra vez, en los trabajos historiográficos de los últimos años, lo
cual quiere decir que el problema no
está resuelto, y que las nuevas situaciones históricas lo vuelven a plantear, porque no se trata solamente del
estudio de una época lejana, sino que
en su interpretación están las claves
de tanto dolor nacional, incluído el
franquismo, y la pérdida actual de las
ilusiones colectivas. 12
Con Manfred Kossok tuve también una gran amistad, basada en la
lealtad mutua. Kossok, fallecido en
1993, era no sólo un hombre de gran
cultura, un trabajador infatigable,
volcado a la realidad latinoamericana
y también a la española, cuya historia
trataba de averiguar, sino también un
hombre cordial, lleno de humor y
simpatía: aunque como buen alemán
apreciaba los títulos de la tradición
germánica, era lo contrario de un distante Herr Professor. Cuando después
de la reunificación alemana, nuevo
Anschluss, se produjo la terrible caza
de brujas, a la que hemos asistido ca193

�si indiferentes, y Kossok fue privado
de su cátedra, fui uno de los que protestó, a nivel internacional, hasta conseguir que fuera repuesto. La muerte
resolvió el problema a favor de los
inquisidores de la actual Alemania.
Yo traté de que se supiese quién había sido Kossok en artículos publicados en Diario 16 y en Trienio, éste lógicamente más extenso y desarrollado.13 Esto no quiere decir que yo
comparta todas las ideas o actitudes
de Kossok, o de Franco Venturi, por
ejemplo, otro gran desaparecido, sino
que en este mundo por lo menos desapacible en el que nos ha tocado vivir es importante poder contar con
lealtades.
Mi entusiasmo por Riego, que es
otra lealtad, hizo que el Centro Asturiano de Caracas me invitase a dar
una conferencia en la capital venezolana. De aquí surgió la idea de
reunir en un volumen algunos trabajos, con el título de Del Antiguo al
Nuevo Régimen en Espaiia. 14 En él
figuró el ensayo ya citado sobre
Burke, y otros sobre la relación que
podía establecerse entre la Ilustración y el liberalismo en España,
también la relación entre la Revolución francesa y nuestro liberalismo,
en el que ya apuntaba que la identidad entre las dos revoluciones, fran194

cesa y española, era tema de propaganda de ciertos sectores absolutistas. Este es uno de los extremos que
estoy desarrollando últimamente con
amplitud, gracias a una sistemática
lectura de la prensa coetánea con la
Constitución de Cádiz. Tras estudiar
las reacciones españolas ante Napoleón y la repercusión de la independencia de América en la conciencia española en la época del
Trienio, y la aparición del materialismo en ese terrible fraile José Joaquín de Clararrosa, al que no le faltaba experiencia de este continente,
mexicana y peruana, paso a considerar la situación creada tras la revolución europea de 1830, y el nuevo movimiento juntero de 1835, para preguntarme finalmente sobre el concepto de revolución en nuestro liberalismo, y sobre las contradicciones
de nuestra incorporación al mundo
burgués. Intensas agitaciones revolucionarias pueden señalarse en
nuestro siglo XIX, pero también cierta esteriiidad de las mismas. La explicación estriba en la ausencia de
jacobinismo, afirmación que yo recogía de los Opúsculos gramáticosatíricos de Antonio Puigblanch,
1838, pero matizándola: hubo jacobinismo, pero no fue capaz de «arrastrar partido». Sobre esta cuestión

acaba de publicarse un libro muy
importante, al que luego me referiré.
Dentro de una línea general investigadora las grandes celebraciones
públicas obligan a una recapitulación.
Así, la proximidad del bicentenario
de la Revoluci_ón francesa, me llevó a
enfocar tan gran acontecimiento desde la perspectiva española. Mi actitud
resultó en consonancia con lo que en
Francia mismo se estaba proyectando, y se iba a realizar. Quiero decir
que el Comité científico, a cuyo cargo iba a estar la celebración del Bicentenario -a su frente estaba el Prof.
Michel Vovelle-, lo entendió de manera muy diferente a como se hizo en
1889, con ocasión del Centenario. En
pleno triunfo de la Tercera República
francesa, las fiestas del Centenario
tendían a subrayar la gloria de Francia, el carácter único de lo que había
acontecido en tan gran país. Para el
segundo centenario, aunque no se suprimió, ni tenía por qué hacerlo, el
concepto de la «excepción francesa»,
como también se habló de la «excepción inglesa», la gran Revolución fue
vista desde sus perspectivas universales. Francia marcó el cambio, y protagonizó alguno de sus momentos más
dramáticos, pero el impulso fue, por
lo menos. europeo y americano, y todos los países tuvieron su originali-

dad. Esta consideración plantea una
miríada de problemas, a los que la investigación del mundo entero trató de
ir dando respuestas. Creo que la cosecha ha sido grande, y es éste uno de
los pocos temas de alcance mundial
con el que nos· sentimos solidarios, y
también, ¿por qué no?, esperanzados.

publicación consiguiente, coordinada por Miriam Halpem Pereira, María de Fátima Sá, Melo Ferreira y
Joao B. Serra: O Liberalismo na Península Ibérica na primeira metade
do século XIX, 1982, 15 35 comunicaciones en las que está el esbozo de
casi otros tantos libros posteriores.

Con motivo de una invitación
que me cursaron los profesores de la
Universidad de Coimbra, y especialmente el Prof. Luis Reís Torga!, surgió la idea de sendas reuniones conjuntas, en Madrid y en Coimbra, sobre el tema del impacto de la Revolución francesa en la Península Ibérica. Portugal es un país que hacía
pocos años se había librado de su
propia dictadura, y que en el terreno
intelectual demostraba un gran interés por conocer las realizaciones españolas. Cierto paralelismo: Ilustración de Pombal - Ilustración de Carlos 111 - invasión napoleónica - revolución de 1820 en los dos países carlismo y miguelismo, ocultaba a
unos y a otros, a ambos lados de la
frontera, las profundas diferencias
en la evolución interior que marcaba
a uno y otro país. A vencer nuestra
ignorancia contribuyeron estos contactos de que estoy hablando, pero
sobre todo la iniciativa portuguesa,
de forma eminente en el coloquio y

Lo dicho sobre las diferencias internas en materia de revolución liberal
entre los países ibéricos, se refiere al
tiempo de la realización, por ejemplo
el decreto español de abolición de los
Señoríos de 1811 tiene que esperar en
Portugal. hasta 1832, con Mouzinho da
16
Sil veira; pero el resultado final sigue
siendo muy semejante. Nadie lo exprésó mejor que el profesor Joao Sebastiao da Silva Dias, en ese mismo coloquio: «A revolu9ao liberal portuguesa:
amálgama e nao substituiyao de classes»,17 comunicación basada en parte
en su gran libro, uno de los más importantes de Europa en el siglo XX, Os
Primórdios da Maronaria em Portugal, que entonces se anunciaba como
de inminente aparición (en realidad
había salido ya). 18· Es la misma posición defendida por mí para España en
varios trabajos, y también independientemente, por el Prof. Jean-René Aymes, asimismo en varios trabajos, pero especialmente en una lúcida
contribución a los Coloquios de Pau. 19·

De mi amistad con los colegas de
Coimbra surgieron, como ya he dicho,
dos coloquios, uno en Madrid, 1986, y
otro en Coirnbra, 1987, el primero publicado en Estudios de Historia Social,
con fecha adelantada, enero-junio 1986,
y el segundo en Revista Portuguesa de
História, 1987, y Revista de Hist6ria
das ldeias, 1988.20 En el primero de estos conjuntos estudiaba yo la posición
de José Nicolás de Azara ante el fenómeno revolucionario. Azara, el ilustrado, el hastiado de la clerigalla romana,
pero también el convocante desde la
Ciudad Eterna a una cruzada antirrevol ucionaria, personaje que por su cultura y talento resultaba paradigmático.
Era el fin de una época. Me serví para
escribirlo, aparte de obras antiguas, de
la espléndida edición en dos volúmenes que Angelo Ciavarella había hecho de la correspondencia entre Azara
y el célebre tipógrafo Bodoni, por sus
ilustraciones fiesta también para los
ojos, no sólo para el intelecto.21
A la conmemoración de la Revolución francesa dediqué tam_bién el
número 10 de Trienio, noviembre
1987, con trabajos de Jean-René Aymes, sobre «Los españoles en Francia
(1789-1823): contactos ideológicos a
través de la deportación y del exilio»,22 derivación y complemento de
su importante libro sobre Los españo195

�les en Francia /80R-/8/4. Úl deporta•
ción bajo el Primer Jmperio,n. "ontribución a la vez al conocimiento de la
Francia napoleónica y de España durante la Guerra de la Independencia.
Otros artículos de ese número de
Trienio tenían que ver con la «Guerra
Gran» -se ha adoptado esta denominación para la guerra de España contra la República francesa, 1793-1795,
en el frente catalán.24 Sobre este conflicto muy pronto se iban a publicar
dos libros fundamentales, uno el del
propio Aymes: La guerra de Esparia
contra la Revolución francesa ( 1793·
1795), 1991, y Lluís Roura i Aulinas:
Guerra Gran a la ratlla de Franra,
1993. 25 José Escobar, conocido especialista en Larra y en los problemas
histórico-literarios del costumbrismo,2h enfocaba en el mismo número
el problema de «Larra y la revolución
burguesa», mientras que yo trataba de
establecer el parangón necesario entre «Revolución francesa y revolución española», y publicaba «Un catón revolucionario», texto francés denunciado hacia 1795-1799 a la Inquisición. La Revolución francesa seguía
actuando en nuestro ámbito, precisamente cuando Francia iniciaba, con
Napoleón, otra etapa de su historia.
Tanto como el texto mismo son interesantes las tachaduras inquisitoriales. El ya citado profesor Jean-René
196

Aymes dirigió la publicación del volumen España y la Revolución francesa, 21 con prólogo de Josep Fontana,
apretada síntesis hasta el día de lo
que su título indica. Yo me ocupé en
este libro del período 1835-1889.
La historia española me llevaba
también, algo ya he dicho, hacia la de
otros países. Los años de la que en su
época se llamó Revolución española,
1808-1823, son también los años épicos
de la Independencia de toda la antigua América española, excepto Cuba
y Puerto Rico. Era inevitable tener
que considerarla. Yo siempre había
tenido ante este continente dos sentimientos contradictorios: uno, el de
una gran simpatía e interés, que me
llevó en hora temprana a leer gran
parte de su literatura, fragmentariamente, según lo que podía encontrar,
pero también ampliamente, aunque
no he pretendido pasar por experto en
la materia. El segundo, ya como historiador: es miedo ante la inmensidad
y la lejanía de las fuentes latinoamericanas, y el casi inevitable desconocimiento de su nivel bibliográfico.
Resolví en cierta manera el problema
estudiando el reflejo del mundo hispanoamericano en la propia España.
Así lo hice en el ensayo «La independencia de América en la conciencia española, 1820-1823», recogido en

el volumen ya citado publicado por la
Academia de la Historia de Venezuela. Frente a los que pretendían que
España no se había, literalmente, enterado de la Independencia de su
América, trataba yo de establecer una
clasificación de las reacciones habidas en la España europea, en los años
del Trienio, que habían sido numerosísimas. Bastaba echar una mirada a
los textos de la época, que naturalmente no son los que la gente iba leyendo en el tranvía. Había que entrar
para averiguarlo en las bibliotecas y
hemerotecas. Parece mentlra, pero estas cosas tan elementales hay que decirlas en España. Me cabe la satisfacción de que un historiador joven, Diego Martínez Torrón, haya calificado
mi posición de «visión renovadora».28
En este contexto surgió, por iniciativa del profesor ítalo-venezolano
Alberto Filippi, mi participación en el
estudio sobre Bolívar y Europa en las
crónicas, el pensamiento político y la
historiografía, que se refiere al siglo
29
XIX.
Los juicios españoles sobre
Bolívar evolucionan desde los primeros, inciertos y generalmente negativos, hasta el ansia de paz y entendimiento, la plena asunción por España
de la revolución latinoamericana, en
Joaquín Costa, por ejemplo, y también la perduración de un pensamien-

to insidioso, antibolivariano, que trata
de crear las bases para una reconquis-.
ta reaccionaria de América. A finales
del siglo aparece también en España
un Bolívar de. charanga y pacotilla,
que no ofrece problemas, igualados
todos en un común sentimiento conservador. Muy pronto hablaría Unamuno, en sentido muy diferente, y
tras él, en nuestra guerra civil de 1936,
el gran Pablo Neruda, con aquella poderosa imagen de Simón Bolívar, en
una reencarnación al día de Santiago
Matamoros, combatiendo contra los
fascistas españoles en Brunete, Teruel y en el Cuartel de la Montaña.
Carácter de lealtad con la Historia
nacional tiene también la convocatoria
del Coloquio Ejército, pueblo y Constitución. Homenaje al General Rafael
del Riego, que se remonta a 1984, aunque no logró ser publicado hasta 1988,
y eso como anexo de la revista Trienio, es decir, modestísimamente. Este
Coloquio debe ser estudiado en su
contenido temático, como todos; pero
también, para que se vea la dificultad
para hacer en España labor independiente, las incidencias por las que
pasó. Detenninados profesores de mi
mismo departamento, más o menos ligados al Opus Dei, quisieron impedir
su celebración, para lo cual no se les
ocurrió otra cosa, al más tonto de ellos,

que decir que al hablar de Riego lo que
yo buscaba era desestabilizar la democracia en España. El Coloquio se celebró, sin embargo, con numerosísima
participación, y cuando ya la editorial
de la Universidad Complutense, que
entonces todavía no había sido privatizada, lo iba a mandar a la imprenta, un
vicerrector, gallego por más señas, lo
impidió. El franquismo libraba uno de
sus últimos combates contra la historia
libre; pero hoy, estos hombres son los
que detentan lo que se llama el poder
sociológico.
Se habló mucho en este coloquio
de Riego -el profesor de San Sebastián José María Goñi Galarraga pudo
aportar importantes precisiones biográficas- y del liberalismo en general, pero aun haciendo violencia al
conjunto habría que destacar la contribución de la ex-profesora de Moscú, emigrada luego a los Estados Unidos, Nadiezdha Cosores, de lejano
origen español, la cual se preguntaba
«¿Por qué no hubo jacobinos en el
Trienio?», fenómeno que ligaba con
el del fracaso de la política campesina de los liberales. Con este artículo
se abría un interrogante que hoy está
al rojo vivo.
Me es imposible hablar hoy de todas las ~omunicaciones de este Colo-

quio, pero sí me interesa destacar
dos, procedentes del área catalana, la
de Irene Castells sobre «El pronunciamiento de José María Torrijos
(1830-1831): ¿una utopía insurrecciona!?», génesis de su importante libro
Úl utopía insurrecciona[ del liberalismo. Torrijos y las conspiraciones
liberales de la década ominosa, Barcelona, 1989,30 y la de Anna María
García Rovira, «Revolución liberal y
fuerzas populares: &lt;el degüello de los
frailes&gt; (Madrid, julio de 1834)», anticipo de su obra en catalán, lamentablemente todavía no aparecida en
castellano, Úl revolució liberal a Espanya i les classes populars, Vic
31
1989, que representa un paso importante en el conocimiento del fenómeno.
Todavía una comunicación diferente y sobresaliente: la de Marion
Sarafis, «Ejército, pueblo y Constitución en Grecia». La autora con gran
autoridad establece el paralelismo entre la situación española en la época
de Riego y la griega de entonces y de
después. La autora, inglesa, es la viuda del general Sarafis, que dirigió el
ejército de la Resistencia griega durante la n Guerra Mundial, y que fue
asesinado después de ella. Esta comunicación, con clarivencia y sin
odio, traza los puentes que unen en
197

�sus aspiraciones nacionales a los siglos XIX y XX. La Resistencia durante
la II Guerra Mundial, en Grecia, en
Italia, en Francia, tratará de crear las
bases de una nueva democracia, que
hunde sus raíces en la guerra de 1821,
en el Risorgimento y en la Revolución de 1789. Hacer la historia del siglo XIX no es hacer arqueología, lo
diré con todo respeto para esta ciencia. También en España: sin el siglo
XIX no podríamos comprender el XX.
Acaso por ello en mi Facultad se intenta suprimir el estudio del siglo
XIX, porque dicen que somos muy
modernos; y también por ello he comenzado a dar unos cursos de Doctorado sobre la Resistencia, más que
nada para irme enterando poco a poco del fenómeno.
La relación con Rusia, siempre en
el siglo XIX, me incitó a glosar el
concepto de Franco Venturi sobre
«La época de Riego y Peste!», aprovechando un estupendo artículo de
Clararrosa, a lo largo de varios núme32
ros del Diario gaditano de 1820, y
para entresacar también «Los temas
espaiíoles en la correspondencia de F.
C. de La Harpe con Alejandro I (17851824)», según la espléndida publicación de Charles Biaudet y Frani;oise
Nicod.33 La Harpe, el preceptor suizo
del príncipe Alejandro, nombrado por
198

su abuela Catalina la Grande, educó a
su discípulo en las doctrinas y la exigencia ~e la Ilustración y en el amor
a la libertad, derivado de los principios de la Revolución francesa. El resultado fue al principio un ingenuo
entusiasta de dichos principios, que al
llegar a ser Zar se creyó llamado a liberar a todo el género humano, por lo
menos, pero al tropezar con la institución de la servidumbre no le quedó
otra salida que sublimar sus creencias, en un sentido místico. Su obra
será reaccionaria, pero santa: la Santa
Alianza. De este equívoco fundamental sacarán partido los primeros revolucionarios, en grupo, de la historia
de Rusia, los llamados decembristas,
tan cercanos a nuestro liberalismo y a
Riego, cuya muerte les dio la coartada moral que necesitaban para pensar
en matar al zar; salvo que éste murió
antes, y en el interrego, en diciembre
de 1825, actuaron los decembristas.
Desde muy antiguo he tenido la
tendencia a publicar textos, para no
hacer de la Historia el monopolio de
unos pocos iniciados. A esto se debió
la publicación de la Historia de la
Revolución española y otros escritos,
de Juan Romero Alpuente,~ acaso el
liberal español que en la época del
Trienio más se acercó al concepto de
jacobinismo. Pude hacerlo por haber

encontrado en el Archivo de Palacio
el manuscrito de la Historia de la Revolución de España en los añbs 1820
a 1823, o sea, explicaci6n de las causas por las que se perdió la libertad
constitucional, libro que el autor en el
exilio tuvo que vender, por necesidades económi~as, en 1831. Pudiéramos
decir que es una lección práctica de
revolución a la altura de su tiempo, a
la que se añade una gran amargura,
fruto de los repetidos fracasos en
1820-1823, 1826 y 1830. Pude hablar
también de la significación de Romero Alpuente en AAvv: ies Droits de
l'homme et la conquéte des libertés.
Des Lumieres aux révolutions de
35
1848, Grenoble, 1988, y en Joan Antón y Niquel Caminal: Pensamiento
político en la España contemporánea
36
( 1800-1950), Barcelona, 1992.
La necesidad de conocer las vidas de los españoles protagonistas
de la revolución liberal, me llevó a
insertar una «Prosopografía» en el
volumen lI de Las Sociedades patrióticas, Madrid, 1975. Tomé el término de lo que había visto que hacen los historiadores de la Antigüedad. Desarrollado, ha llegado a ser
el Diccionario biográfico del Trienio liberal, Madrid 1991, 37 en el que
he podido contar con la selecta colaboración de unos pocos especialis-

tas. No diré yo si el libro es importante o no. Será mucho mt&gt;jor enviar
a los interesados al espléndido artículo que Salvatore Candido, el profesor de Roma, publicó en la Rassegna Storica del Risorgimento. 38
Actualmente ando metido en una
lectura sistemática de los periódicos
españoles entre 1808 y 1814. Ahora
puede hacerse mejor que hace unos
años, porque las colecciones están
mejor conservadas, y clasificadas,
aunque en algunos sitios se opone
una gran resistencia ante la necesidad de obtener fotocopias. De este
trabajo saldrá por una parte un estudio de los periódicos mismos, es decir, sus ideas sobre la Revolución
francesa, la guerra y la evolución
constitucional de España, la religión
Y la independencia de América; y
una ampliación del DBTL, que pasará
a cubrir los. años 1808 a 1833. es decir
todo el reinado de Fernando VII, todos los años de la revolución liberal,
Y de la independencia de América.
La tarea es inmensa, y aunque tengo
mucho escrito, lo que me queda por
hacer es abrumador. Como es imposible llevar a las páginas de un libro
a todos los habitantes de un país, en
un período determinado, ha habido
que introducir criterios selectivos.
En el DBTL y en el DBE actual figu-

ran o van a figurar aquellos españoles, o extranjeros, que se hallaban físicamente en el país en el período
considerado, y tuvieron alguna actuación notable, por el cargo que
ejercieron, por lo que escribieron,
porque perdieron o ganaron alguna
batalla, etc. El esqueleto inicial lo
constituye el contenido biográfico
de las Guías de forasteros en Madrid, libritos anuales en los que encontramos la vida de la Administración. Eri estas Guías constan todos
los cargos públicos en España y
América, civiles, militares y eclesiásticos. Año tras año van reflejando el movimiento administrativo:
los nombres se repiten, aparecen en
otro contexto, o desaparecen. El único problema de estas Guías es que
no reflejan los cambios, que pueden
haber ocurrido, entre dos ediciones
consecutivas. Su veracidad parece
asegurada, aunque no se excluye
cierto margen de error, pero existía
una gran vigilancia sobre el contenido de las Guías, ya que fi.gurar en
ellas se había convertido en un título
de distinción. No obstante, no se publicaron durante la Guerra de la Independencia -a la de 1808 sucede la
de 1815-, pero pueden suplirse con
las publjcadas en Cádiz (Guía política de las Españas). Hubo también
Guías del estado eclesiástico, Guías

de la Real Hacienda, etc., y Guías
locales diferentes de las de Madrid.
A esto hay que añadir todo lo demás de la vida de un país: bandidos,
artistas, profesores, entre otros. Naturalmente la lectura de la Prensa proporciona también una impresionante
cosecha de datos. Sé que será imposible recoger todos los datos que se hallan en todos los periódicos, en todos
los folletos, y en los libros especializados; pero creo que estará lo esencial, lo más importante, para muy
amplias consideraciones. Sin los ordenadores, esta tarea habría sido imposible.
Los datos recogidos en las Guías,
o en la prensa, hay que desarrollarlos.
Para ello, a veces la propia Prensa
viene en nuestra ayuda, también la inmensa labor biográfica acumulada en
años anteriores, a la que generalmente hay que descargar de sus pretensiones hagiográficas, y hay que recurrir
a los fondos bibliográficos, y a los archivos. La Biblioteca Nacional de
Madrid es, en este sentido, extraordinaria, pero también podrá decirse lo
mismo de otras grandes bibliotecas,
de España y de otros países. En cuanto a archivos el Histórico Nacional es
acaso el más importante, pero especialemte significativo para este traba199

�jo en concreto es el Archivo General
Militar de Segovia, en donde se contienen miles de expedientes de oficiales de los ejércitos, y en ellos a menudo periódicos, folletos, etc. La riqueza de estos fondos no se limita a lo
militar. En el Antiguo Régimen y
hasta bien avanzado el proceso liberal los intendentes, funcionarios de
Hacienda, tenían legalmente conside·ración de militares: en Segovia estará
su expediente, lo mismo que el de
muchos eclesiásticos, que fueron capellanes, y otros. Los fondos de
América han sido trasladados a Madrid, al Servicio Histórico Militar, pero como es imposible en los expedientes personales separar lo americano de lo europeo, en Segovia se encuentr:m todavía muchísimos datos
de valor referentes a América.
Algún adelanto provisional del trabajo sobre los periódicos he ido publicando, por ejemplo en «La revolución
francesa vista por los periódicos españoles del período 1808-1814»;19 en «Las
críticas al Diccionario crítico-burlesco
en la prensa de la época»,40 -muestra
documentada del apasionamiento que
produjo el librito de Gallarder, en
«Las ideas militares de Luis Landaburu»41 -un militar «clásico» discurre sobre su profesión y aporta ideas fundamentales para la Milicia Nacional- y
200

en «La campana que no se oyó (Ensayo sobre el jacobinismo español)», en
el libro, ~l que antes he hecho alusión,
editado por Lluís Roura i Aulinas e
Irene Castells: Revolución y denwcracia. El jacobinismo europeo. 42 Este libro se compone de una serie de ensayos que tratan de abordar el tema, renovado, del jacobinismo. Irene Castells estudia el concepto en el seno de
la Revolución francesa, demostrando
que la imagen tradicional que de él teníamos ha quedado completamente superada, y ya 110 se puede hablar de un
jacobinismo fijo, sino de varios momentos de él, con lugar y fecha muy
precisos. Más que una doctrina eterna,
estamos ante una adaptación a las circunstancias, además múltiple, que produce los jacobinos del año II, el matiz
cordelero, los robespierristas, etc. El
trabajo, muy denso y rico, se complementa con el de Fran~ois Hincker: «La
política económica de la Montaña»,
demostración de que no se trataba de
socialistas, como a veces se dice incidiendo en el anacronismo, sino de
hombres prácticos, que encararon la
misión de salvar la revolución, llevando a cabo una economía dirigista, solamente porque se trataba de una economía de guerra, y no por otras razones.
Esto es lo que no comprendieron los
termidorianos, que por ello se ganaron
la fama de reaccionarios. Anna María

Rao estudia «El jacobinismo italiano»,
en esos años tremendos entre 1796 y
1799, Marita Gilli «El jacobinismo alemán», en torno sobre todo a la República de Maguncia, y Esteban Canales
enfoca con autoridad el problema del
«Jacobinismo y contrarrevolución en
las Islas Británicas, 1789-1815». Tres
trabajos enfocan el tema desde el punto de vista español: Lluis Roura i Aulinas en «Jacobinos y jacobinismo en
los primeros momentos de la revolución liberal española» se esfuerza por
encontrar una línea jacobina partiendo
de indicios, y también de ia tremenda
ofensiva reaccionaria contra los jacobinos en España; María Cruz Romeo
Mateo trata de encontrar esa misma línea en lo que llama «el liberalismo
rupturista», y aporta algunos elocuentes ejemplos, sobre todo de esa Valencia que tan bien conoce; y yo, que ya
había tratado el tema en ocasiones anteriores, aunque sin hacer de él el centro de una investigación, descubro
ahora un periódico de Cádiz titulado
La campana del lugar, 1813, desgraciadamente anónimo, que va a protagonizar el intento de profundización de la
revolución que tiene lugar en 1813. No
es el único, pero es acaso el más claro:
la Constitución, promulgada en 1812,
nos hace ciudadanos, pero no se cumple. La guerra está prácticamente acabada, pero la alianza inglesa resulta

peor que la invasión napoleónica. Derechos del hombre, y orgullo patriótico
herido: la Campana quisiera movilizar
a las masas en auténticas &lt;~ournées»
revolucionarias. No lo consiguió, y en
su lugar vino el golpe de Estado de
1814, terriblemente negativo, en el que
colaboraron Wellington, Whittingham
y otros generales británicos, aunque el
protagonismo principal fue español.
Sin previo acuerdo, tanto Roura,
como Romeo y yo, a pesar de matices
distintos, hemos llegado a la conclusión de que puede rastrearse la existencia de un jacobinismo español, en
el que habrá que trabajar para ver sus
límites y sus limitaciones. Pero el
descubrimiento, si puedo hablar así,
me parece importantísimo. Equivale a
una sombra de optimismo: a pesar de
tantos desastres nacionales, en los
que cuento a 1~ situación actual, aún
hay en España un margen para la esperanza.
Dos consideraciones finales. La
primera es, que aunque en mis trabajos, no me he ocupado específicamente de la mujer, no es tema que me
sea baladí. Hago mío, por ejemplo, el
formidable libro de Dominique Godineau: Citoyennes tricoteuses. Les
femmes du peuple a París pendant la
Révolution franfaise, 43 libro que de-

hiera ser traducido al castellano. Al
investigar las posibilidades de liberación humana en la revolución española, por supuesto que en esa liberación
se enmarca la de la mujer: con algún
retraso, es cierto, pero no tanto como
algunos ignorantes quisieran hacernos creer. Hay en la Ilustración española una posibilidad feminista extraordinaria, la que se evidencia por
citar sólo un título en el de José Isidoro Morales: Comentario de D.... al
Excmo. Sr. Don Joseph de Mazarredo
sobre la enseñanza de su hija publicado por Don Tadeo Bravo de Rivero,
Madrid, Imp. de Gabriel Sancha,
1796, texto en latín y castellano. Es
verdad que se trata de algo aristocrático, ya que no todas las mujeres de
entonces, y de hoy, podían tener acceso a una educación tan admirable
como la que se preconizaba para la
hija de Mazarredo; pero el hecho es
que una educación de tanta categoría
se concibió en el siglo XVIII español,
y precisamente para una mujer. La
cosa es simplemente maravillosa, pero en adelante el feminismo español
se confunde con la historia de la revolución: la democracia iguala a los
dos sexos, y les da derechos, incluso
a veces. los más atrevidos, mientras
que la tiranía suele relegar a las mujeres a·la cocina, a la cama, y a la obediencia, al padre, al marido, y con

frecuencia incluso a los hijos. Al hacer la historia de la revolución liberal
he hecho también la historia de los
comienzos de la liberación femenina,
desde su participación en las Sociedades patrióticas, todavía con cierta hiriente condescendencia, la misma que
se emplea con los artesanos, hasta las
primeras manifestaciones de mujeres,
y su responsabilidad en empleos varios. Hoy hay en España varios cultivadores del género feminista, pero a
mí no me gusta la separación, aunque
en ocasiones sea obligatoria. El fenómeno humano es único, y·no necesita
tabiques. La revista socialista inglesa
History Workshop Journal durante un
tiempo se subtituló «A Journal for
Socialist and Feminist Historians»,
pero después dejó caer lo de «Feminis~. por resultar una redundancia.
No se puede defender los derechos
del hombre, excluyendo a la mujer, ni
se puede ser socialista sin luchar también por la liberación femenina.
Ultima observación: a lo largo de
todos estos años, la historiografía que
he tratado de hacer ha pretendido ser
leal con mi país y mi época, y con todos los países del mundo, y no ha carecido de pasión. Con frecuencia creo
haber abierto caminos, pero he tratado siempre de documentarme, mediante el trabajo. No hay otra fórmu-

�la. Quizá haya genios por ahí que no
necesitan trabajar para escribir obras
profundas; pero no es éste mi caso.
Viviendo bajo el franquismo, me sentí siempre en desacuerdo, molesto y
dolido. Después me marché a Europa
y a los Estados Unidos, adonde con el
verso de Salvador Espríu «la gent es
neta y feli1r» -aunque luego comprobé que no había tal cosa- y no volví a
España hasta 1964. A pesar de mi pasión «jacobina» nunca intervine en
política, por desorientación en mi
adolescencia provinciana, por hallarme fuera de España después, y porque decidí, incluso cuando llegó la libertad en 1975, que mi misión no estaba en la plazuela, sino que debía al
país la construcción de una obra histórica. En 1959 se pu~licó en Barcelona mi primer libro Las pequeñas
Atlántidas. En 1975 aparecía precisamente Las Sociedades patrióticas.
Después, como he tratado de hacer
ver hoy, he seguido trabajando. No
critico a los que han abandonado su
trabajo intelectual para hacer política,
si esta política lo merece. Desgraciadamente nuestro entorno está lleno de
saltimbanquis, que suelen calificarse
a sí mismos de sociólogos. Uno de
ellos pronunció en la Casa de Velázquez de Madrid la frase terrible: «Ya
tendremos imbéciles que nos buscarán los datos». En este sentido, yo
202

prefiero ser tildado de imbécil y no
de saltimbanqui. Leo ahora las reflexiones de un historiador norteamericano, un tiempo militante de extrema
izquierda contra la guerra de Vietnam, Eugene D. Genovese, quien
considera que toda historia conlleva
un compromiso político, y que «toda
contribución a la historia y a las humanidades, si es suficientemente crítica, defiende a la humanidad frente a
44
la barbarie de nuestra época». Esta
fue su elección: hacer obra de historiador. La política del historiador está
en lo que escribe. Me complace poder coincidir con Genovese, aunque
yo no me haya enfrentado con Nixon
ni haya tenido que escribir, como Neruda, ningún nixonicidio. Pero esto
forma parte ya de mi intimidad: cierto desprecio por los bárbaros de hoy,
en lo político, en este gran circo del
mundo. Ya que sé, lo diré con Garcilaso, un Garcilaso leído por Azorín,
que: «No me podrán quitar/ El dolorido sentir». He dicho.

Notas
1 Cf. Alberto Gil Novales: «1970-1979,
diez años de historiografía en tomo al
primer tercio del siglo XIX español», en
Manuel Tuñón de Lara y otros: Historiografia española contemporánea,

Madrid, Siglo XXI, 1980.
2

Al terna ha dedicado varios trabajos.
Citaré solamente «De la Ilustración al
liberalismo: el Seminario de San Fulgencio de Murcia (1774-1823)», Trienio,
12, noviembre 1988, 102-175.
3 Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1992.
4 Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1992.
5

Josep Fontana escribía, refiriéndose a
Trienio: ...«on i ha tants treballs remarcables sobre aquest període que cal fer
una recomanació general per a la lectura d'aquesta publicacio mod~lica». (Josep Fontana: Historia de Catalunya
Dirigida per Pierre Vilar. Volum v. La
fí de l'Antic Regim i la industrialització J7trl-J868, Barcelona, Edicions 62,
1988, 478).

6 11

Simposio sobre el P. Feijoo y su siglo, Oviedo, 1981, 1, 63-75.

parativo», la revolución burguesa en
España, Madrid, Universidad Complutense, 1985, 11.J2.
12 Cf. p. ej. AAVV.: Antiguo Régimen y liberalismo. Homenaje a Miguel Arto/a.
Visiones generales, Madrid, Alianza

J.

Editorial-Universidad Autónoma, 1994.
13 «Manfred Kossok, In memoriam»,
Diario 16. Madrid, 26 abril 1993. «Manfred Kossok (19J0.J993). In memoriam»,
Trie1110, nº21, mayo 1993, 169-172.
14 Caracas, Academia Nacional de la Hislona, 1986.
15 Dos vols., Lisboa, Sá da Costa Editora,
1982.
l11foes liberais ao Estado Novo, Lis-

boa, Edil. Presen~a. 1994, 21.
17 Op. CII., 1, 21-25.
18 Cf. Gra~a e J.S da Silva Días: Os Primórdios da Mafonaria em Portugal,

tinck. The Making of a Liberal lmperialist 1774-1839, Berkeley and Los An-

geles, University of California Press,
1974.
9 Por la editorial de la Universidad Complutense, que entonces era pública: hoy
también se ha privatizado.
1º Op. cit., 241-264.
11 Cf. Manfred Kossok: «El ciclo de las
revoluciones burguesas españolas en el
siglo XIX. Problemas de investigación e
interpretación a la luz del método com-

21 Cf. Angelo Ciavarella: De Azara-Bodoni, dos vols.. Parma. Museo Bodoniano, 1979.
22 PP. 3-26.

quío de Pau. De la crisis del Antiguo
Régimen al franquismo. Crisis del Antiguo Régimen e industrialización en la
Espa,ia del siglo XIX, Madrid, Edicusa,

Sorbonne, 1983.
24 Cf. Josefina Ruiz: «Defensa y Juntismo
en la Barcelona de la Guerra Gran»,
Trienio, nº JO, noviembre 1987, 27-44.

25 El primero publicado en Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil Albert, y el
segundo en Barcelona, Curial.
26 Cf. José Escobar: Los orígenes de la
obra de Larra, Madrid, Prensa Espa-

ñola, 1973. En colaboración con Joaquín Alvarez Barrientos. acaba de reeditar las Memorias de un setentón,
Madrid, Casta!ia. 1994.
27 Barcelona, Crítica, 1989.
28

33 Cf. Correspondance de Frédéric-César de la Harpe et Alexarulre fer suivie
de la correspondance de F. c. de La
Harpe avec les membres de la famille
impériale de Russie, tres tomos, Neu-

Cf. Diego Martínez Torrón: Los libera-

chátel, A la Baconni~re, 1978, 1979 y
1980. Mi artículo en Trienio, nº 12. noviembre 1988, 210-236.
34

37 Ediciones El Museo Universal.
38 Salvatore Candido: «11 ,trienio liberal&gt;
della Spagna degli anni 1820-1823 nelle
ricerche ed interpretazioni di Alberto
Gil Novales•, en Rassegna Storica del
Risorgimento, Anno LXXX, Fascicolo
11, Apnle-Giugno 1993, 219-234.
39 En Luis Miguel Enciso Recio (ed): Actas del Congreso Internacional El Dos
de Mayo y sus Precedentes, Madrid,

Capital Europea de la Cultura, 1992,
503-522.

Madrid, Mapfre, 1992, 268 y ss.
29 Cf, Alberto Filippi (dir): Bolívar y Eu•
ropa en las crónicas, el pensamiento
político y la historiografía, 1, Siglo

°Cf. Estudios de Historia Social, nº 36-

2

XIX, Caracas, Ediciones de la Presidencia de· la República, Comité ejecutivo
del Bicentenario de Simón Bolívar,
1986. Mi contribución en pp. 59•183.

enero-Jumo 1986, Revista Portuguesa de História, tomo XXJU, Actas do

37,

30

Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1989, dos vols.

35 En las Presses Umversitaires de Grenoble.
36 Edit. Teide.

les románticos españoles ante la descolonización americana (J/IQ//-1833),

1977, 45-82.

Colóquio ..-A Revolufao francesa a a
Península Ibérica», Coimbra 1987, y A

31 Publicado por Eumo, con prólogo de
Josep Fontana.
32 En Trienio, nº s, mayo 1985, 35-52.

le Premier Empire. Les espagnols en
France (1808-1814), París, Editions de la

4

19 Cf. J.-R. Aymes: «La Guerra de la Independenc1:i (1808-1814) y las postrimerías del Antiguo Régimen: ¿Sucesión
forzosa o sucesión abierta?», en Manuel Tuñón de Lara y otros: VII Colo•

Publicado por Crítica, con prólogo de
Josep Fontana.

23 Madrid, Siglo XXI, 1987. La edición
francesa se titula La deportation sous

tomos en 2 vols., Lisboa, lnstitulo Nacional de lnvestiga~áo Cienlifica, 1980.

pensamiento reaccionario español,

8 Cf. John Rosselli: Lord William Ben-

bra, 1988.

16 Cf. Miriam Halpem Pereira; Das revo-

7 Cf. Javier Herrero: Los orígenes del
Madrid, Edicusa, 1973, libro por otra
parte muy útil.

Revolufao francesa e a Península Ibérica, coordinación de Vítor Neto, Revista de História das ldeias, 10, Coim-

40

Mélanges offerts

a

Albert Dérozier,

Annales Littéraires de l'Université de
Besan~on, Les Belles Lettres, París
1994, 119·135.
41 Jahrbuch für Geschichte von Staat,
Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, Band 31, Koln 1994, 69.83.

203

�COLABORAN EN ESTE NÚMERO

➔ ! Madrid. Anejos de la Revista T11e11io,

E&lt;lrtiones del Orto. 1995.
ri1ín. en las págs. S5-106.

204

M1

rnlabora-

41

Aíx-en-Pmventc. Alinea. 19l!l!.

44

Eugcne D. Gcnovcsc: /11 Rl'II Gil{/
/Jlack. Manu111 faploratio11.1 i11 S0111ha11 mu/ Afro-A111e11ca11 Histon·.
Knoxvrlle. Thc Umvcrslly of Tcnncsscc Prcss. 191!4. 4.

Texto leído por su autor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el 5 de septiembre de 1995.

Abraham Nuncio (Texcoco. 1941).
Licenciado en derecho por la UAC,
hizo estudios de filosofía y de letras
en la UNAM y la UANL. En la Facultad de Filosofía y Letras fue coordinador del Colegio de Sociología, jefe de la Div1s1ón de Estudios Superiores y director fundador de Deslinde. Profesor universitario, periodista,
editor. Ha colaborado, en diversas
épocas. en publicaciones como La
cultura en México, Excélsior, Nexos,
La Jornada, El Buscón, El Porvenir
(de Monterrey) y otras. Es autor de
vanos volúmenes literarios (poesía,
prosa, fábulas) y de estudios sociales
y políticos sobre el PAN, el Grupo
Monterrey, procesos electorales, etc.

en 1948. Librero, por muchos años;
promotor cultural, crítico de artes
plásticas; profesor universitario (Facultad de Ciencias de la Comunicación, UANL). Autor de Rubén Darío
(1967), De arte y de letras (2 vols,
1985 y 1986), Tres poetas (1986) y de
una Antología de Alfonso Reyes para niños.
Alfredo Zapata Guevara (Ciudad
Victoria, Tamaulipas, 1957). Cronista. Antes de llegar a Monterrey, en
1975, vivió en Tijuana, Apatzingán,
Uruapan y Lázaro Cárdenas. Colaborador de las páginas culturales de
El Norte. Desde 1981 trabaja en tareas de difusión cultural en la Universidad de Monterrey. Es autor de
No ren que sigo i-iro (UDEM. 1993) y
Esquina bajan (Castillo, 1994).

Alberto Gil Novales Historiador español, especializado en temas de los
siglos xvm y XIX españoles. Estudió
en la Umversidad de Zaragoza.
Coordinador de volúmenes colectivos: La prensa en la revolución liberal. Espa,ia, Portugal y América Latina ( 1982), La revolución burguesa
en Espa,ia (1885) y otros. El texto
que publicamos fue presentado por
su autor en nuestra escuela en septiembre de 1995.

Ana Márquez (México, D.F., 1971).
Licenciada en letras españolas por el
Tecnológico de Monterrey. Ha colaborado en El Norte, El Pon·enir. El
Nacional y la revista Historias de
Entretén y Mielllo, de Saltillo Ha
coordinado talleres infantiles y participado en varios encuentros regionales de escritores.

Alfredo Gracia Vicente. Español
de origen, nació en 1910. Titulado
como profesor de educación básica
en su país natal, llegó a Monterrey

Armando Alanís (Monterrey 1969).
Licenciado en infonnática por la
UANL. Ha colaborado en publicaciones regiomontanas y algunas de la

ciudad de México. Fue becario del
Centro de Escritores de Nuevo León
en 1994-95. Es autor de los poemarios
Carrousel (1993), Todo lo que diga
puede ser usado en mi contra (1995)
y Ligeras sospechas (1995).
Dulce María González (Monterrey,
1958). Licenciada en letras por la
UANL. Profesora de la Escuela de
Teatro de esta casa de estudios. Es
autora de Gestus (crítica teatral,
1991), Detrás de la máscara (cuentos, 1993) y Donde habiten los dioses
(cuentos, 1994), y coautora de De
mujeres y otros cuentos (1989) y del
volumen Desde el Cerro de la Silla
Artes y letras de Nuevo León (1992).
Colaboradora de la gaceta literaria
Papeles de la Mancuspia.
Eduardo Rubio Elosúa. Galerista,
crítico de artes plásticas, coleccionista. Hizo estudios de historia del
arte en Francia, hasta el 01vel de
doctorado. Ha sido profesor de su
campo en diversas instituciones de
educación superior (Tecnológico de
Monterrey, Arte A c., etc.). Actualmente es Secretario técnico del Consejo para el Desarrollo de la Cultura
de Nuevo León, Conarte.
Erasmo Torres López. Licenciado
en derecho. Ha publicado diversos
artículos de historia de la cultura y

�las letras nuevoleonesas en medios
regiomontanos (El Norte, Oficio).

Giampiero Bucci (Roma, Italia,
1951 ). Licenciado en filosofía en su
país natal. Ha sido profesor del Tecnológico de Monterrey y la UANL,
en esta ciudad, y de varias escuelas
preparatorias en su ciudad natal.
Gloria Collado (Tampico, 1940).
Poeta, pintora. Hizo estudios de letras en Monterrey y en Madrid, España. Desde los años sesenta colabora en revistas y publicaciones culturales de Monterrey. Autora de los libros de poesía Juego de dos, Colección de poemas, w w (salvo el título)
todo lo que sigue es un poema y
Después la luna. Este año Editorial
Castillo publicó su poemario Zunw.
Como artista plástica, tiene actualmente en exhibición una muestra de
instalaciones en la Pi:1acoteca del
Estado ..

206

Guillermo Berrones (Ciudad Victoria, 1958). Profesor normalista. Cronista, colaborador de las páginas culturales de El Norte. En 1993-94 fue
becario del Centro de Escritores de
Nuevo León. En la Colección Abrapalabra apareció su primer libro, Semáforo en rojo (1993). Es autor también de un libro sobre el grupo de
música popular El palomo y el gorrión.

Horado Salazar Ortiz (Tlalchapa,
Guerrero, 1933). Radicado en Nuevo
León desde los veinte años, estudió
el bachillerato y la licenciatura en
derecho en la UNL, donde fue profesor de la Preparatoria I durante tres
décadas. Autor de una docena de libros de poesía, relato y textos escolares. Periodista cultural, fue jefe de
redacciQn de Vida Universitaria, Interfolia, y dirigió Renacimiento y El
cocodrilo. Ha colaborado en prácti~
camente todas las publicaciones culturales regiomontanas desde los años
sesenta. En 1990 recibió el Premio a
las Artes UANL en literatura y en 1991
la presea Estado de Nuevo León.
Humberto Salazar (Monterrey,
1959). Licenciado en s0&lt;..:ología por
la UANL. Editor de libros y revistas.
Secretario de redacción de DeslLnde.
Es autor de cuatro poemarios, tres
antologías de poetas de Nuevo León,
un volumen ante-lógico de Raúl Rangel Frías, y coautor del libro Desde
el Cerro de la Silla (1992). Ha re;:ibido varios premios y becas. Este año
(1995) obtuvo el Premio a las Artes
UANL en literatura y publicó Nuevo
León. Cincuenta años de cultura
( 1945-1995) y LA crítica literaria en
Monterrey, 1880-1980.
Jascha Kessler. Profesor de la Universidad de California. Participó como conferenciante en el Festival de

Poesía que se realizó en agosto de
1993 en Monterrey.

Jean Cocteau (Maisons-Laffitte,
1889/París, 1963). Como escritor publicó novela, drama, poesía y ensayo.
Además cultivó otros géneros artísticos: música, pintura, dibujo, coreografía y cine. A fines de la primera
década del siglo XX frecuenta a Edmond Rostand, a Marce! Proust, a
Anna de Noailles, y publica sus primeros poemas. Distingue a su trabajo
el recreo de mitos clásicos y una fuerte tendencia onírica y surrealista.
Miembro de la Academia Francesa a
partir de 1955. Publicó, entre otros, los
siguientes libros: Thomas el impostor
(novela). Los padres terribles (drama), El Cabo de Buena Esperanza
{poesía), Opio (ensayo). Sus plículas: LA sangre de un poeta, El eterno
rPtomo, LA bella y la bestia, Orfeo y
El testamento de Orfeo. Las editoriales Losada, Bruguera y Aguilar han
publicado traducciones al español de
sus principales obras literarias.
Jeannette Clariond (Monterrey,
1949). Maestra en letras por la UANL.
Estudiosa del pensamiento antiguo
de México, es colaboradora de El
Norte, y miembro del consejo editorial de la revista Humanitas. Movimiento actual. Recientemente publicó el poemario Mujer dando la espalda (Castillo, 1995).

José Antonio Olvera. Licenciado en historia y maestro en metodología de las ciencias por la
UANL, donde trabaja como maestro-rnvestigador. Autor de varios
ensayos incluidos en volúmenes
colectivos: Monterrey, Nuevo
león, el Noreste (1986); Agua, tierra y capital en el noreste de México (1991), coordinados por Mario
Ceruui. Preside la Asociación de
Historiadores Profesionales del
Noreste de México.

Lourdes Olmos (Monterrey,
1967). Escribe desde los diez años.
A los veinte obtuvo el Premio Nacional de la Juventud 1987, con el
poemario Colores para gritar. Ha
publicado en Siempre!, LA Jornada, Utopías, Tierra adentro, El
Norte y otros medios. En 1993 apareció su libro Apuntes sobre una
mujer de agua.

Julieta Renée [Pérez Díaz] (Monterrey, 1941). Licenciada en comuni-.:ación por la Universidad de Alabama
(EUA). Directora teatral y consultora
independiente. Escribe poesía, teatro
y cuento. Autora de Poemas (Monterrey, 1977).

Margarita Ríos Farjat (Monterrey,
1973). Estudiante de leyes en la
UANL. Colaboradora editonal de El
Porvenir. Ha publicad0 poemas en
periódicos y revistas regiomontanos,
y en algunas publicaciones de la ciudad de México. En 1993 obtuvo el
Premio de LJteratura Universitaria
UANL 1993, para estudiantes de esta
casa de estudios.

Leticia Herrera (Monterrey, 1960).
Licenciada en sociología por la
UANL. Ha trabajado, desde hace más
de IOaños, como periodista cultural
en El Nacional, ABC y El Diario de
Monterrey, en este último coordina
actualmente el suplemento «Monterrey 400». Fue becaria del Centro de
Escritores de Nuevo León (1990) y
del Consejo Estatal de Cultura
(1994). Es autora de tres libros de
poesía y numerosos trabaJos (ensayos, entrevistas, reseñas. prosas de
creación) dispersos en publicaciones
regiomontanas.

Margarito Cuéllar (Ciudad
del Maíz, SLP. 1956). Estudi ' periodismo en la UANL. Como poeta, ha
recibido varios premios literarios,
el más reciente este año: Premio a
las Artes UANL en literatura. Es
autor de diez volúmenes de poesía
y de las antologías Veinte arios de
poesía en Monterrey, 1962-/982 (en
colabor·ación con Humberto Salazar) y Alforja de poetas (3 volúmenes, 1989-1993). Director del Archivo Histórico de Santa Catarina.
municipio donde vive, y de la revista cultural Oficio.

Mario Herrera. Originario de Saltillo. Crítico de artes plásticas, publica
asiduamente en las páginas culturales de El Norte.
Miguel Covarrubias (Monterrey,
1940). Profesor del Colegio de Letras
y la División de Estudios Superiores
de nuestra facultad. Ha publicado
una docena de títulos de diversos géneros (poesía, prosa, r.uento, ensayo
crítico, entrevistas, traducción, compilación). En 1992 coordinó y editó el
volumen Desde el Cerro de la Silla.
Arte y Letras de Nuevo León. Ha obtenido el Premio a las Artes UANL
(1989) en literatura y el Premio Nacional de Traducción que otorga Bellas Artes, en 1994, por su volumen
de traducciones poéticas El traidor.
Ese mismo año Editorial Castillo
editó su libro de entrevistas Junto a
una ta~a de café. Desde 1985 es director de Deslinde.
Minerva Margarita Villarreal
(Montemorelos, N.L.• 1957). Licenciada en sociología por la UANL, ha sido maestra de su especialidad y de
literatura en la Facultad de Filosofía
y Letras de esta casa de estudios,
Ganadora de varios premios literarios de importancia nacional, el más
reciente de ellos el Premio Jaime Sabines de poesía en 1994. Autora de
los libros de poesía Hilos de viaje
l 1982), Palabras como playas
207

�(1990), Dama infiel al sueño (1991) y

Pérdida (1992). Actualmente reside
en El Paso, Texas.
Paula Ludwig (1900-1974). Poeta alemana que publicó Dem dunklen Gott
(Del Dios oscuro, 1932) y Gedichte
(Poesías, 1958). Sus Poesías completas (Gedichte Gesamtausgabe), reunidas por Kristian Wachinger y Christiane Peter, fueron editadas por Langewiesche-Brandt de Munich (1986).
Rocío G. Maiz. Licenciada en historia por la UANL, maestra en humanidades por la UDEM, donde es profesora de tiempo completo. Ha publicado El huertismo en Nuevo Le6n,
un caso: Salomé Botello (1985), y ensayos en publicaciones de su especialidad.

208

Roberto Escamilla Molina. Licenciado en letras por el Tecnológico de
Montercey, hizo estudios de posgrado en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, España. Autor
de Homenaje a Manuel Dur6n
(1967), uno de los primeros filmes
experimentales realizados en Monterrey. En 1970 publicó Julio Cortázar,
visi6n de conjunto (Ed. Novaro).
Como crítico de cine, ha colaborado
en publicaciones regiomontanas desde hace tres décadas. Profesor universitario (UANL), editorialista de El
Porvenir y comentarista cinemato-

gráfico en el Canal 28 de la televisión local.

Rubén González Garza (Monterrey,
1973). Actor y director teatral de amplísima experiencia que se inició en el
. grupo teatral de Elisamaría Orúz. Ha
formado a generaciones a través de
sus clases en instituciones como el
Instituto Mexicano del Seguro Social,
la Universidad Autónoma de Nuevo
León, el Centro de Estudios Teatrales
y otras. Deslinde ha publicado varias
de sus piezas dramáticas.
Rubén Darío [Félix Rubén García
Sarmiento] (1867-1916). Nicaragüense, el máximo poeta lírico de su país.
Cumbre del modernismo latinoamericano, renovador de la poesía y la
prosa castellana de su tiempo. Desempeñó diversos trabajos diplomáticos y corresponsalías de diarios en
países como El Salvador, Chile, Argentina, España, Estados Unidos y
Francia. Entre sus obras más famosas están Azul (1888), Prosas profanas (1896), Cantos de vida y esperanza (1905) y otras.
Santiago Genovés. Español, nacido
en 1923. Antropólogo, egresado de la
ENAH, hizo estudios de posgrado en
Cambridge, Inglaterra. Realizó varios experimentos de convivencia en
viajes a bordo de pequeñas embarcaciones. Miembro y directivo de di-

versas asociaciones científicas internacionales. Premio Nacional de
Ciencias (1962) y Premio Internacional de la Paz (1968).

Silvia Mijares (Chihuahua, Chih.).
Cirujano dentista y licenciada en filosofía por la UANL, donde también
concluyó los estudios de la maestría
en filosofía. Profesora de esta casa
de estudios desde 1965. Ha colaborado en publicaciones regiomontanas
como El volantín, Aquí vamos, Deslinde, Humanitas. Movimiento actual. Es autora de La filosofía de
Vasconcelos como filosofía latinoamericana y coatura de Desde el Cerro de la Silla. Artes y Letras de
Nuevo Le6n (1992).
Sylvia Jaime Garza Profesora de
instrucción primaria, especializada
en idiomas en la Normal Superior
del Estado (licenciatura y maestría).
Es también licenciada en filosofía
por la UANL. donde cursa actualmente la maestría en esa misma disciplina. Profesora, desde hace muchos
años, en la Preparatoria núm. 7 de
esta casa de estudios. En los Cuadernos de Cultura que edita esa escuela,
se publicó este año (1995) su texto La
mujer y los movimientos populares.

��En este número
Miguel Covarrubias: No cometemos un delito si divulgamos que a Gloria Collado la
habitación que exigía Virginia Woolf le resultó escasa y opresiva. Porque ella requiere
-como pocas- de una casa dotada para el desplazamiento de su espíritu rebelde, rebelde
y creativo, creativo y múltiple en ptoporciones mayores. / Para el deambular de su imaginación rescató Gloria -eran los años de su primera juventud- una cochera...
Giampiero Bucci: Todo lo que en el cristianismo es exterior, en suma, pertenece a su
desviación hacia lo judaico, lo demás tiene una profunda y poética verdad. Y al llegar
por fin al hueso, Schopenhauer encuentra a Francesco d' Assisi y a Meister Erckard, a
los Shakers y a los Raskolnik, que en su práctica pacifista repiten, bajo el signo de la
cruz, el Mahavayka hinduista: tat twam así, «eso eres tú», fundamento único de la comunión universal y, por ende, de toda ética.
Rubén Darío: Si mi afecto no fuera el inspirador de mi crítica, ¿cómo sería el medallón
de oro que yo haría para este artista puro y enamorado de su arte? ¡Cuántas veces él ha
visto nacer mis poesías, y cuántas yo brotar sus cuadros en diferentes climas, y en tierras
distintas, y con paisajes que daban a él colores y a mí versos! [...] Ramos Martínez es de
los que pintan poesías y tienen un ideal grande para hacer brillar pronto a su país mexicano en el arte del mundo ...
Alfredo Zapata Guevara: Mi colonia, suburbia, submundo, sobrevivencia, se llama como quieras. De lunes a sábado y domingo. Del atardecer al amanecer la guerra, el jolgorio, Don Cervezo arrastra su human1dad, sus despojos, a lo ancho y a lo largo de la calle.
El Morro nos brinda su toque mañanero, sabatino o de san lunes, no le hace. «Saca el toque, pasa el toque, llégale al toque, necesito un toque», estrecho vocabulario que casi
llega a la mudez.
Roberto Escamilla Molina: Abre la ensoñación literaria la presencia de una perversión
llamada Isela, Isela Vega, a quien el autor califica como la diva del erotismo mexicano.
Con lsela, no hay madres ni noviecitas santas, menos perdidas. Hay mujeres completas
en busca, sin lacrimeo alguno, de su propio destino. Con detectable paciencia Edgardo
nos va introduciendo en un zoológico donde -en compañía de pirañas, escorpiones, lobas, y tortugas que sí lloran- surge Isela, esa perversión -escribe- con cuerpo de mujer.
Gloria Collado: ahora me pesa haberte conocido / haber girado en tu órbita tantos años
/ haberme arrancado de mi universo simple / a derramar mi aventura en tu aventura /
colgando de tu estrella mi arrebato / ...

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              <text>Salazar, Humberto, 1959-, Secretario de Redacción</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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