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                  <text>�UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
RECTOR: Reyes S. Tamez Guerra
SECRETARIO GENERAL: Luis Galán Wong
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
DIRECTOR: Ricardo C. Villarreal Arrambide
SECRETARIO ACADÉMICO: Miguel de la Torre Gamboa

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
NÚMEROS 51-52 / VOLUMEN XII/ENERO-JUNIO DE 1996
CONSEJO EDITORIAL
Inna Flores
Annando González Salinas
César Reza
Lídice de la Luz Ramos
Genaro Saúl Reyes Calderón
Rogelio Cantú
Saúl Souto
José Reséndiz

DIRECTOR
Miguel Covarrubias

SECRETARIA DE REDACCIÓN
Libertad González

TIPOGRAFÍA Y FORMACIÓN
Rosa Guadalupe Vázquez Carrillo

IMPRESIÓN
Grafo Print Editores, S.A.
Los artículos sin finna son responsabilidad de la redaccción. No se devuelven originales.
Correspondencia y canje: Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México.

Publicación trimestral

UNIVERSit

�SUMARIO

66
5

ANNABLUME
Kurt Schwitters

8

16

25

UN POETA TORPE, PERO UN POETA ... ESPERO
Jorge Luis Borges y Madeleine Chapsal

SÉATE LEVE, COMPAÑERO, LA PARTIDA
César Isassi

94
99

DONDE COMIENZA EL ASADO Y LA PROSA SE AFINA
(REFLEXIONES SOBRE LOS LIBROS DE JOSÉ ALV ARADO)
Raymundo Ramos

UNA MANO ESCRIBE
Lucía Yépez

100
AMOR, MUJERES Y POESÍA: EL SURREALISMO VIVO
DE ANDRÉ BRETON
Libertad González

113

LA AXIOLOGÍA EDUCATIVA EN EL CONTEXTO DE LA
MODERNIDAD
Miguel de la Torre Gamboa

HÁBLAME EN EL DIALECTO DE-LA AUSENCIA
Lourdes Guzmán Pardo

EL SURREALISMO: ESPEJO DE NUESTROS DÍAS
Miguel Covarrubias

115
FREUDYDAL{

RAÚL RANGEL FRÍAS: FILÓSOFO DE LA HISTORIA Y TEÓRICO
DE LA CULTURA REGIONAL
Javier Rojas González

Manuel Contreras Ramos

119

TRES ODAS
Horacio

51
62

93

MUJERES, MUJERES

39

44

LA BÚSQUEDA DE UNA IDENTIDAD Y DE UN ESPACIO EN
LA NOVELA NEOLEONESA REGIONAL (1990-1995)
Juan Antonio Serna

IMMANUEL KANT: FUNDAMENTO MORAL DE LA TEOIÚA
DEL ESTADO DE DERECHO
Mijail Málishev

André Breton

27
35

79

TRES CANCIONES DE CUNA
Francisco Treviño Elizondo

20

TIEMPO DISCRETO Y HOMOGÉNEO EN DESCARTES
Hugo Padilla

ELENA PONIATOWSKA: LA MANIPULACIÓN DE LA . HISTORIA
OFICIAL Y DEL DISCURSO TESTIMONIAL EN LA NOCHE DE
TLATELOLCO
Óscar A. Díaz-Ortiz

PRETEXTOS PENALES
Jaime Palacios Chapa

NOSTALGIA DE TI
Rogelio G. Lozano

121
132

RECORRIDO
Julieta Renéc

LAS MISIONES CULTURALES EN MÉXICO: 1921-1938. INSTITUCIONES EDUCATIVAS PARA EL CAMBIO SOCIAL
Manola Sepúlveda Garza

�PARA ANNA BLUME

135

GLORIA COLLADO: SIGNIFICADOS «MÁS ALLÁ DEL LENTE»
Mario Herrera

138
141

UNIDAD Y PRESENCIA EN LA OBRA ENSAvfSTICA DE
ALFONSO RANGEL GUERRA
Jeannctie L. Clariond

144
146

Kurt Schwitters

Versión de Miguel Covarrubias

BRÚJULA SOLAR. ORIENTACIÓN ENTRE ESPACIO Y LUZ
AngBica 1ijerina

LA DUREZA DE LAS IMÁGENES

Oh tú, la bienamada de mis veintisiete sentidos,
Te amo. Tú te, yo te, tú me, ¿nosotros?
Tal cosa (dicho sea de paso) está fuera de lugar.

Silvia Mijares

148
151

DOS ESCRITORES DEL NORTE DE MÉXICO
Gabriel Trujillo Muftoz

UN CRIMEN DE MONTERREY
CriSlíDa G6mez del Campo

LA TAMBORA Y EL CLARINETE

¿Quién eres tú? Hija indescifrable, ¿tú eres, eres tú?
La gente dice que tú serás. Déjalos hablar,
Ellos no saben dónde se alza el campanario.
Llevas tu sombrero en los pies y te paseas sobre las manos,
Sobre las manos te paseas.

Raúl García Flores

157

COLABORAN EN ESTE NÚMERO

CUADERNO: Dos filósofos clásicos

Oh, tus vestidos rojos, estriados de rayas blancas.
Roja te amo, Anna Blume, roja te amo.
Tú te, yo te, tú me, ¿nosotros?
Tal cosa (dicho sea de paso) está fuera de lugar.
Anna Blume, roja Anna Blume, ¿cómo dice la gente?

Precios fijos:

Ilustran este número fotografías de la serie Actos de fe de Juan José Cerón

1. Anna Blume tiene un pájaro.
2. Anna Blume es roja.
3. ¿De qué color es el pájaro?
Azul es el color de tus cabellos amarillos.
Rojo es el color de tus pájaros verdes.
Tú, muchacha simple en tu vestido de todos los días.
Tú, verde fiera amada, yo te amo.
Tú te, yo te, tú me, nosotros.
Tal cosa (dicho sea de paso) concierne al arcón de las pasiones.
4

Anna Blume, Anna, A-N-N-A.
Desgrano tu nombre.

�Tu nombre gotea suavemente como grasa de buey asado.
¿Lo sabes tú, Anna, lo sabes bien?
Se puede leerte también al revés.
Y tú, tú la más bella de todas,
Eres al revés como al derecho:
A-N-N-A.

Gotea la grasa del buey acariciándome la espalda.
AnnaBlume,
Animal de placer,
Yo te amo.

AN ANNA BLUME

Oh, Du, Geliebte meiner 27 Sinne, ich liebe Dir!
Du, Deiner, Dich Dir, ich Dir, Du mir, ---- wir?
Das gehort beilaufig nicht hierher!
Wer bist Du, ungezahltes Frauenzimmer, Du bist, bist Du?
Die Leute sagen, Du warest.
La8 sie sagen, sie wissen nicht, wie der Kirchturm steht.
Du tragst den Hut auf Deinen FüBen und wanderst auf die Hande,
Auf den Handen wanderst Du.
Halloh, Dcine roten Kleider, in weiBe Falten zersagt,
Rot liebe ich Anna Blume, rol liebe ich Dir.
Du, Deiner, Dich Dir, ich Dir, Du mir, ----- wir?
Das geh011 beilaufig in die kalte Glut!
Anna Blume, rote Anna Blume, wie sagen die Leute?
Preisfrage:
1.) Anna Blume hat ein Vogel,

2.) Anna Blume ist rol.
3.) Welche Farbe hat der Vogel.

Blau ist die Farbe Deines gelben Haares,
Rot ist die Farbe Deines grünen Vogels.
Du schlichtes Madchen im Alltagskleid,
Du liebes grünes Tier, ich liebe Dir!
Du Deiner Dich Dir, ich Dir, Du mir, ---- wir!
Das gehort beilaufig in die --- Glutenkiste.
Anna Blume, Anna, A -- N --- N ---- A!
Ich trautle Deinen Namen.
Dein Name tropft wie weiches Rindertalg.
Wei8t Du es Anna, wei8t Du es schon,
Man kann Dich auch von hinten lesen.
Und Du, Du Herrlichste von alfen,
Du bist von hinten, wie von vorne:
A ----- N ------ N ----- A.

Rindertalg traufelt STREICHELN über meinen Rücken.
Anna Blume,
Du tropfes Tier,
Ich ------- 1iebe ------- Dir!
um 1919

�~

LA BUSQUEDA DE UNA IDENTIDAD Y
DE UN ESPACIO EN LA NOVELA
NEOLEONESA REGIONAL (1990-1995)
The regionalist novel in Spanish America drew sustenance from a source other than Realism. Writers seeking originality, a distinct national identity, were natural/y draw11 to regionalism, to ali those aspects which disting11ished Spanish Americanfrom European Lije.

Franco, Spanish American Literat11re: Realism and Regionalism 15.¡

Juan Antonio Serna
El objetivo de este estudio consiste
en presentar una panorámica de la literatura regional a nivel internacional, nacional y local. Dicha panorámica sirve para inscribir la novelística neoleonesa dentro de este género.
Asimismo se analiza el papel del subalterno en la escritura masculina regiomontana en la novela de los noventa, 1990-1995. El rol del subalterno
en los textos permite establecer una
alegoría, que representa la marginación de la literatura regional, la preservación del patriarcado dentro de la
producción literaria y la representación de una voz regional. Para
comprobar y descifrar tal alegoría las
novelas se agrupan conforme a tres
motivos claves: la búsqueda de identidad, el sentido de otredad y la búsqueda de un espacio.

',

Por otra parte, «la novela de la
tierra» se define como un conjunto de
novelas hispanoamericanas que se
produjeron en la década de 1920 a
1930, las cuales tienden a destacar la
importancia de la naturaleza (selva,
llanura, agro) en el desarrollo de la
problemática argumental. Se consideran ejemplos clásicos de este tipo de
novela La vorágine (1924) de José
Eustasio Rivera, Don Segw1do Sombra (1926) de Ricardo Güiraldes y
Doiia Bárbara (1929) de Rómulo Gallegos (Alonso 73-75).
8

La novela regional o novela de la
tierra (sinónimo de geografía) puede
ser interpretada tanto desde una perspectiva metafórica como desde una
perspectiva que describe la posición
que la novela regional ocupa dentro
de la literatura latinoamericana.
Alonso presenta la concepción que
Carlos Fuentes tiene sobre la novela
de la tierra. Según Alonso, Fuentes
expresa que la novela de la tierra «is
a point of departure both rhetorically
and conceptually. His monograph literally begins with a consideration of
these novels; they are also designited
as a beginning of sorts for novelistic
development in Latin America»
(Alonso 41). Etimológicamente, lapalabra «geografía» puede ser considerada como un sinónimo de la novela
de la tierra. En términos generales, la
geografía en los textos es el escenario
donde sucede la acción (aquí se le denominaría el espacio geográfico).
Una de las normas dentro de la novela de la tierra es la postulación de una
relación fundamental entre la geografía y la literatura, a través de la cual
se llega a una búsqueda intensa de
una expresión literaria autóctona. Lo
autóctono implica una serie de ideologemas tales como el alma, la identidad, el ser y la autenticidad. Además
el discurso de lo autóctono debe abarcar tres elementos esenciales: el lenguaje hablado, la ubicación geográfi-

ca y la actividad laboral realizada por
el ser humano. También lo autóctono
es un modo discursivo producido por
la interacción sinecdótica entre los
tres campos semánticos mencionados
anteriormente (Alonso 74-76). Para
Alonso, el discurso de lo autóctono
en la novela de la tierra constituye
una condensación del paradigma cultural e interpretativo. Según el crítico
en un nivel superficial la novela de la
tierra:
[... ] appears to be an indiscriminate
and uncomplicated collection of philological commonplaces: speech as a
privileged instance of language; geography as a sempiterna! telluric presence; the detailed depiction of a human activity that has arisen in perfect
consonance with the enviroment. (64)
Por otro lado, en la novela de la
tierra el lenguaje oral se puede incorporar al texto de diversas maneras tales como: narración de leyendas y de
historias, las canciones y la poesía
populares, la escritura fonética, los
glosarios y la tipografía de ciertos
términos. Simultáneamente la tierra,
también puede asumir diferentes facetas en la geografía del campo (de la
periferia), y funciona en los textos
como un medio cuya labor consiste
en detallar descriptivamente las características topográficas de la geo-

grafía y en describir la organización y
la orientación espacial. Esto también
se aplica a la actividad del ser humano (Alonso 77-78).
Durante la primera década del siglo XX prevalecía un grupo de escritores cuyas obras reflejaban ya el predominio de las corrientes regionalistas esencialmente sociales. El lenguaje que utilizaban había sido heredado
del modernismo y afinado en el contacto con las poéticas de la vanguardia. Los escritores de las primeras
tres décadas del siglo XX contaban
con una conciencia más clara de su
americanismo y se esforzaban por visualizar la realidad considerando los
problemas económicos y políticos.
Esto permitió la génesis de un impulso hacia la integración última del
hombre y la naturaleza (Alegría 154).
Los escritores de la literatura regional, durante los años veinte, tendían a la búsqueda de elementos positivos en el ambiente rural. el regionalismo pudo encontrar el equilibrio entre el campo y la ciudad y entre los
valores locales y los valores extranjeros (Franco 154).
W.H. New en «Beyond Nationalism: On Regionalism», señala que
actualmente el regionalismo es un
marco más adecuado para leer y criti-

car la literatura que el nacionalismo.
También destaca la importancia de la
voz regional dentro de la sociedad canadiense, ya que según el crítico, la
verdadera voz regional es aquella que
declara una política interna alternativa en posesión de lo inmediato y lo
local, para representar de esta forma
la voz de la ciudad y de la gente.
Además el elemento vernáculo, la actitud local y la alusión espacial no
son meras posturas descriptivas, sino
que por el contrario, constituyen un
gesto político. Por otro lado; continúa
el crítico, la sensibilidad hacia el matiz regional permite la concientización de la relación entre el lenguaje
y la postura política (13-17).
Ahora bien, hablar de literatura
regional requiere varias consideraciones: el concepto de región y los diversos criterios para enmarcarla, tales
como el de regionalismo y el de nacionalismo. El término región es un
rasgo de las ciencias sociales, que se
aplica a un área específica cuya homogeneidad y cohesividad son dadas
por la selección de los problemas relevantes al caso (González Axiola 1920). Las regiones pueden definirse en
función de uno o varios elementos,
los más comunes son los rasgos étnicos, los culturales o los lingüísticos
(por ejemplo el caso de Cataluña), los
rasgos climáticos o topográficos (por

ejemplo las regiones árticas o tropicales) los rasgos urbanos o industriales
(por ejemplo la región capitalina) y
los que determinan las áreas políticas
internacionales (por ejemplo la región andina) (González Axiola 20).
Por otra parte, cabe señalar que
otro aspecto que emerge aunado al de
región, es el concepto de regionalismo o conciencia regional. Tal concepto visualizado como correlato
ideológico del concepto, surge de un
sentido de identidad con la región, ya
que es primordial en numerosos estudios de carácter político, histórico u
sociológico (González Axiola 21).
Además, al observar la naturaleza de
las literaturas regionales, aparece como evidencia una lucha de diferenciación entre el centro y la periferia.
El centro y la periferia se complementan, ya que no pueden existir uno
sin el otro; se definen por negación.
Lo que no es el uno, lo es el otro y viceversa, y de una forma implícita en
esta oposición se da una jerarquía. El
centro representa la superioridad, es
decir, el ocupar el centro connota la
fuerza, la educación, la tradición, la
cultura, la posibilidad de ascenso social y la imposición de la lengua;
mientras que la periferia connota lo
impropio, lo malo, lo secundario, lo
derivativo, lo adulterado y lo degradado (González Axiola 21).
9

�El periodo de afirmación regionalista producido en España de manera
intensa durante la década de los setenta es una de las consecuencias del
fenómeno filosófico y cultural denominado postmodernismo. Como menciona Francisco García Moreno Barco, el postmodemismo desafía la noción de «centro» en todas sus modalidades. El movimiento hacia la reconsideración de los márgenes y las fronteras, pues, es un movimiento de descentralización. De ahí que lo local y
lo regional, lo no totalizador, cobren
relevancia conforme el centro tiende
a convertirse e una ficción necesaria
(Molina Gavilán 109). En Andalucía,
también empieza a resurgir el sentimiento regionalista. Durante los últimos años de la década de los setenta,
se publicaron tres textos cuyo contenido se encaminaba hacia la exaltación de la regionalidad. Dichos textos
son: País andaluz (1978) y El andalucismo militante: dialéctica y cró11ica
del ,ideal a11daluz&gt; ( 1979) de Manuel
Ruiz Lagos; y Andalucía: reconstrucción de una identidad y la lucha contra el ce11tralismo (1978) de José
Acosta Sánchez. Estos textos proporcionan un vistazo histórico sobre el
movimiento regionalista andalu1, y
señalan su resurgimiento. Se observa
también la tendencia populista y en
ocasiones ant1burgucsa en ellos (Molina Gavilán 106-7).

1

' 1

10

En el caso de la Argentina, Buenos Aires constituye la fuerza del
poder que indiscutiblemente homologiza y homogeniza todo lo argentino en relación con el dominio sociocultural que ejerce el porteño. Naturalmente la historia de Argentina
puede ser definida en cuanto a la
circunscripción y la asimilación a lo
que pudiera conceptualizarse como
literatura regional, es decir, la oposición binaria entre «el porteño» y «la
Argentina». Dadas las condiciones
culturales, ideológicas, sociales,
económicas, literarias y políticas, el
sentido de lo regional surge como
«el otro» frente a lo porteño (lo metropolitano). Por consiguiente, la
cultura porteña podría ser considerada como cultura regional siempre y
cuando se redefiniera la cultura nacional de una manera mediante la
cual, la voz regional destacara y precediera sobre la voz metropolitana
(Foster 8-10).
Por otra parte, la literatura regional aspira a competir con la literatura
metropolitana, tomando en consideración los mismos rasgos estilísticos,
pero marcando un énfasis en la visión
sociocultural. Además según Foster,
la técnica narrativa y el empleo de la
simbología dentro de la literatura regional en Argentina, permite detectar
una relación de dependencia necesa-

ria con la literatura producida en la
metrópoli (18).
En México la década de los sesenta marca la pauta a una literatura
cuya narrativa sigue el paradigma básico de la cultura literaria, de la cultura ilustrada. De ahí que la transmisión
del mensaje narrativo busque ubicarse en el núcleo del sistema de valores
ilustrados de la sociedad como una
«especie» de centro. Los rasgos ideológico-culturales que este centro, esta
zona o espacio ideológico, adquiere
son el carácter ilustrado, la incorporación de lo masculino (el modelo heterosexual como modelo privilegiado y
el modelo femenino como una de sus
variantes) y las desviaciones (la homosexualidad), y la noción de lo urbano y de la condición adulta como
maneras plenas en relación a sus variantes (lo rural) (Osorio T. 245).
El centro es el territorio simbólico
del poder y, en general, toda la literatura se produce desde el centro masculino, blanco, propietario e ilustrado. El medio de emisión del discurso
heterosexual literario, artístico y cultural, está integrado por una perspectiva masculina, blanca, ilustrada, urbana y adulta. Por ello, representa el
paradigma de la hegemonía social
traslado al sistema literario y cultural
(Osorio T. 247).

La literatura producida en el Distrito Federal por la hegemonía patriarcal literaria, es conceptualizada
desafortunadamente, como una literatura que representa a toda la nación.
Si bien la problemática que aborda es
universal, no obstante plasma las
necesidades, los conflictos, la crisis
existencial y económica, la lucha de
clases, la lucha de géneros y el discurso del poder en la urbe capitalina.
Ahora bien, su posición geográfica
(el centro) y su representación simbólica (el poder) la convierten en el eje
rector de normas, leyes, ideologías,
filosofías, corrientes literarias y códigos sociales que traslada no únicamente a sus subalternidades, sino
también a sus periferias.
La novela urbana en México se
inicia con Casi el paraíso (1956) de
Luis Spota y La región más tra11Spare11te (1958) de Carlos Fuentes (Paley
Francesacato 70). Así que, a partir de
La re,:ión más tra11sparente de Fuentes. la literatura mexicana inicia la labor de representar en sus textos al
Distrito Federal como el espacio en el
que convergen las dicotomías más
significativas del México moderno:
los ricos versus los pobres, el discurso masculino frente al discurso femenino, el discurso heterosexual frente
al discurso homoerótico, la modernidad y la tradición, la capital frente a

la provincia, la urbanización versus la
ruralidad, y la deshumanización del
ser humano ante la preservación de
los valores morales.
Entre los textos y autores representativos de la literatura mexicana
destacan entre otros: La región más
transparente (1958) de Carlos Fuentes, La tumba ( 1964) de José Agustín,
El vampiro de la colonia Roma ( 1979)
de Luis Zapata, Arráncame la vida
(1985) de Angeles Mastretta, Las reinas de Polanco (1988) y Compro, luego existo de Guadalupe Loaeza y Novia que te vea ( 1992) de Rosa Nissán.
Los autores mexicanos recurren al
elemento histórico por una parte, para
ubicar al lector en el contexto de cada
obra; por otra, para redefinir y entender el presente considerando los hechos en el pasado. Fuentes representa
al México postrevolucionario y en
voz de Federico explica el juego y el
discurso del poder en el país. Agustín
ubica al lector en la época de la rebelión de los jóvenes capitalinos (la década de los sesenta) y su novela constituye una premonición de los hechos
reaccionarios sucedidos en la ciudad
de México en 1968. La voz de Gabriel
es la voz que produce la búsqueda de
un espacio y el cuestionamiento al
mundo adulto. Zapata gesta la literatura de ambiente/gay en la urbe y

también retoma el pasado para plantear la situación del elemento homosexual en México.
Mastretta ubica su texto en Puebla
y el Distrito Federal. El espacio de
Puebla lo emplea como un recurso literario mediante el que puede insertar
la adquisición del voto de la mujer
poblana. Mastretta, al igual que Fuentes. presenta al México postrevolucionario. Loaeza en sus crónicas retoma la crisis que el país y en particular, la ciudad de México experimentó
durante la década de los ochenta. Nissán también retorna al pasado para
plasmar en su novela la presencia del
elemento judío en la capital, su exilio
y su asimilación a la cultura defeña.
Por otro lado, Terry Eagleton en
Marxis111 and Literary Criticism, argumenta que las técnicas narrativas,
en un texto, son significativas ideológicamente cuando el autor utiliza las
formas tradicionales en un sentido
que le permite modificarlas y combinarlas para presentar un texto creativo y original. El estilo de las técnicas
empleadas por los autores es de un
ingenio excelente, ya que recurren a
diversos elementos literarios y recursos narrativos para emitir sus mensajes en las obras (26-27).

11

�Fuentes, a través de Ixca Cienfuegos, teje el eje de su novela y también
él es la conexión con los otros personajes. Agustín emplea la intertextualidad, el idioma de los pirruris (son
los chicos fresas o niños bien de la
clase alta) y la voz del adolescente
como narrador. Zapata recurre a la
entrevista y rompe con los signos de
puntuación. Además destaca la presencia del elemento onírico entre cada pasaje de la novela. Mastretta retoma el bolero y rompe con la narración lineal. Loaeza recurre al humor,
al sarcasmo y a la ironía para criticar
severamente a las niñas fresas defeñas. Nissán también utiliza la intertextualidad religiosa y mediante la
voz femenina narradora envuelve al
lector en su híbrido mundo.
Los escritores, como sinónimos
del discurso masculino y femenino,
denuncian en sus obras la taxonomización del poder basada en la repartición del espacio, el uso del cuerpo, el
uso de la mujer como elemento reproductor, la explotación del proletariado, la discriminación y la representación del matrimonio como un
mecanismo para conservar la casta y
el bienestar de sus microespacios. Al
mismo tiempo, la visión pesimista de
la ciudad como la Madre Terrible se
muestra deshumanizante y elitista
porque privilegia a los de su clase y a
12

los poderosos; mientras que opaca,
desgarra y consume a los marginados: es desgarradora y permite cuestionar su hegemonía, su integridad y
su ideología política, castrante y manipuladora. Alegóricamente el trato
que reciben los marginados, la lucha
de géneros y la lucha de clase, en los
textos personifica la pugna por el poder ideológico, cultural y literario entre la capital y la provincia.
La cultura de provincia (la periferia), especialmente toda la geográficamente alejada del centro (D.F.), es
casi desconocida. Es decir, las literaturas regionales de México han sido
marginadas por la crítica; así que las
escasas producciones literarias del
norte prácticamente han sido relegadas de las principales corrientes nacionales y latinoamericanas. Razón
por la que se puede afirmar que en el
estado de Sonora no ha surgido la novela de problemas sociales, ni de realismo mágico, ni novela de la onda,
ni la antinovela (González Axiola 11).
La faja fronteriza del norte de
México está integrada por los estados
de Baja California Sur y Norte, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo
León y Tamaulipas. Dichos estados
forman una región fácil de identificar, ya que todos estos estados (incluida para muchos casos, la parte sur

de Estados Unidos) comparten una
sene de problemas específicos de tipo
sociopolítico y cultural: mano de
obra, movimiento migratorio. idioma.
además de estar ubicados geográficamente entre los paralelos 25 y 35 de
latitud norte. Una región tan extensa
como la mencionada puede a su vez
clasificarse en subregiones (González
Axiola 20).
El estado de Nuevo León sería un
ejemplo de entidad política que posee
en exclusiva una serie de conflictos y
contrastes. La literatura regional de
Monterrey, Nuevo León, al igual que
la de Sonora, ha sido confinada a un
espacio marginal, ya que el centralismo en las producciones culturales y
literarias de la sociedad mexicana tiene su foco de operaciones en la capital. De ahí que el escritor del norte se
haya visto en la necesidad de aportar
recursos económicos, laborales y promocionales para dar a conocer su
producción literaria. Aunque existen
casas editoriales, revistas de creación,
revistas de crítica, centros de escritores auspiciados por el gobierno de los
estados, espacios culturales en los periódicos de las localidades, aún así, la
proyección y la circulación de las
obras de provincia no logran llegar a
la capital del país. Este hecho coadyuva a que dicha producción literaria
sea desconocida en el resto de la na-

c1ón y, por ende, no sea valorada como debiera. Miguel Covarrubias, escritor y crítico regiomontano, corrobora lo anterior al expresar que desafortunadamente la literatura mexicana es «literatura producida en y por la
capital» (112).
Otro tipo de marginación que experimenta la literatura regional, lo ejemplifica la antología de literatura mexicana Mexican Literature: A History,
editada por David Williams Foster,
quien indirectamente contribuye a la
represión de las literaturas de provincia
al escasamente contemplarlas en su estudio histórico y crítico. Así que una
vez más, se corrobora lo denunciado
por el crítico Covarrubias, quien afirma
que desafortunadamente sólo se promueve y se visualiza a la literatura defeña como la literatura representativa
del país, haciendo a un lado a las voces
regionales que demandan perder su silencio y su marginación.
Por otra parte, Alfredo Gracia Vicente afirma que sí existe el arte y la
literatura norestense en el país, según
el crítico: «visto desde el Centro ha
de ser hermoso descubrir que el desierto tiene flores y que los vacíos del
&lt;bárbaro norte&gt; los ha llenado el trabaJo y el amor» (En el bárbaro norte
y otros relatos 7).

En el caso de Monterrey, Nuevo
León, aunados a su marginalidad,
existen algunos mitos. Monterrey,
ciudad conocida como la Sultana del
Norte, es vista meramente como un
centro industrial por excelencia. Sin
embargo, es importante subrayar que
existe un bagaje cultural extenso y
una producción literaria que si bien
no ha logrado traspasar las fronteras
de la entidad, sí ha despertado un sinnúmero de críticas y comentarios positivos no solamente entre los escritores y la crítica regiomontana, sino
también entre la comunidad y los estudiosos de la literatura.

Es en 1901 cuando surge la primera
novela de ficción en el estado, La única
mentira de Felipe Guerra Castro. Sin
embargo, es hasta la década de los noventa cuando se alcanza el apogeo de
la novela en Monterrey, gracias a la
preocupación del gobierno estatal y al
apoyo de algunas casas editoriales locales. como por ejemplo «Ediciones
Castillo». De ahí que sea esta década
una de las más fructíferas en la producción novelística, ya que se logró la publicación de quince novelas escritas por
autores nativos o adoptivos de la entidad.
Alfonso Rangel Guerra explica
que la novela en Nuevo León surge
de manera espontánea y sus autores

no pertenecen a ninguna generación
determinada ni a ninguna corriente
literaria específica. Para el crítico,
Nuevo León cuenta ahora con una
novelística que empieza a superar
las limitaciones propias de una narrativa que pudiera ser catalogada
como inmadura o poco lograda. O
sea, que la novela neoleonesa gradualmente empieza a ocupar un espacio dentro de la literatura nacional
(2 11-14).

Si bien es cierto que los autores
locales no pertenecen a ninguna corriente literaria ni a ninguna generación específica, es importante resaltar que los escritores reflejan en sus
novelas la preocupación por plasmar
la problemática regiomontana y norteña. Se puede afirmar que la novela
regiomontana de los noventa, al
igual que la literatura defeña, es una
literatura regional. Primero, porque
plantea la idiosincrasia, la filosofía,
la ideología, las costumbres, los valores, la música, la comida, los mitos y los estereotipos del individuo
regiomontano. Segundo, porque retrata sus relaciones con los Estados
Unidos. Tercero, porque se perciben
en ella los tres rasgos distintivos de
la literatura regional: el lenguaje hablado, la geografía (el espacio) y la
actividad laboral realizada por el ser
norteño.

�11 1

"

Empero cabría preguntarse, ¿qué
representa?, ¿cuál es la preocupación? y ¿qué busca la literatura regiomontana? Primeramente se puede
aseverar que el apogeo de la novela
regiomontana en la década de los noventa representa, por un lado, una lucha de diferenciación entre el centro,
(el Distrito Federal) y la periferia; por
otro, un movimiento marginal en vías
de desarrollo cuya finalidad reside en
visualizar al centro como una ficción
necesaria, más no imprescindible. En
cuanto a la preocupación esencial de
la literatura regiomontana, radica en
alcanzar una voz verdadera para que
se le considere como una política interna alternativa que represente lo local, lo regional, o sea, a su espacio y
a su gente. La búsqueda de la literatura regiomontana se bifurca en dos dimensiones. La primera estriba en lograr una relación primordial entre el
espacio geográfico y su contexto que
conduzca a una búsqueda intensa de
una expresión au1óctona y, que por
ende, representa lo regional. La segunda consisle en ocupar un sitio
denlro de la literatura nacional sin
perder para ello, su idenlidad y poder
despegar hacia su inlernacionalización denlro de la lileratura latinoamericanü.

1

David Harvey en The Condition
of Postmodemity explica el surgi14

miento de ciertos movimientos sociales a raíz del posmodernismo de la siguiente manera:
[We should] emphasize the opening
given in postmodernism to understanding differences and otherness, as
well as the liberatory potential it offers for a whole host of new social
movements (women, gays, blacks.
ecologists, regional autonomist, etc.).
(48)

Es importante enfatizar que la novela regional de Monterrey ejemplifica una apertura y un movimiento literario y social que le permite adquirir
una voz que anteriormente había sido
silenciada por la capital. Además resulta muy ad hoc el significado de
otredad, ya que ayuda a establecer los
vínculos de semejanza y diferencia
entre las literaturas producidas en la
metrópoli y en las periferias, para redescubrir y para afianzar el fenómeno
de la identidad.
La búsqueda de identidad en la
novela neoleonesa se puede subclasificar en tres modalidades. La primera
es la identidad regional mediante el
espacio geográfico, el lenguaje hablado y la actividad del ser humano. Este tipo de identidad regional se percibe en las siguientes novelas: El reino
en celo (1991) de Mario Anteo, En el

bárbaro norte y otros relatos (1991)
de María Eugenia Rangel Domene.
The Monterrey News (1990) y El crimen de la calle Aramberri (199-0 de
Hugo Valdés Manríquez, y El libro
del brujo (1995) de José María Mendiola. La segunda es la identidad regional expresada mediante las costumbres, las tradiciones norteñas y el
discurso de clase. Esta modalidad regional se observa en los siguientes
textos: Xibalbá (1990) de Carlos H.
Cantú, El desterrado ( 1990) de José
G. Guzmán. El pasado soíiar (1991)
de Gerardo Cuéllar, Los mismos grados más lejos del centro (1991) de Gabriel González Meléndez, Días de
nadie (1992) de Hugo Valdés Manríquez, 70 1·eces siete (1994) y Narcedalia Piedrotas (1995) de Ricardo Elizondo y Estación Tu/a (1995) de David Toscana. La tercera modalidad es
la identidad expresada a través del redescubrimiento de la masculinidad.
Esta se percibe en las siguientes novelas: En el bárbaro norte y otros relatos (1990) de María Eugenia Rangel
Domene, Xibalbá (1990) de Carlos H.
Cantú, Las bicicletas (1992) y Estación Tu/a (1995) de David Toscana.
El sentido de otredad está caracterizado por el norteño frente al capitalino, el norteño frente al sureño y el
mexicano frente al extranjero y el heterosexual frente al homosexual. La

otredad se percibe en las novelas El
bárbaro norte y otros relatos, Xibalbá, The Monterrey News, El libro del
brujo y Estación Tula.
La búsqueda de un espacio se detecta mediante la lucha de clases, la
lucha de géneros, la discriminación
hacia el indígena y la clase popular,
la opresión de las necesidades eróticas de la mujer, del homosexual y de
la lesbiana. Esta modalidad se observa en las siguientes novelas: Xibalbá
de Carlos H. Cantú, El hombre de la
dicha perenne (1990) de Eligio Coronado, El desterrado (1990) de José G.
Guzmán, 70 veces siete y Narcedalia
Piedrotas (Elizondo), Las bicicletas y
Estación Tula (Toscana), Días de nadie (1992) y The Monterrey News de
Valdés Manríquez.

teratura regiomontana surge como
una voz que inicia la génesis de rebeldía dejando atrás su grado de subalterna y utilizando como recursos
literarios los elementos regionales y
nacionales para inscribirse dentro de
lo latinoamericano, es decir, lo internacional.

En suma, se puede afirmar que la
literatura regional regiomontana plasma los conflictos de la entidad considerando al igual que la literatura defeña. las relaciones de poder entre el
subalterno personificado por la mujer, el elemento homoerótico, la clase
baja, el elemento indígena, el judío y
el popular, y el opresor representado
por la sociedad patriarcal regiomontana. Tal lucha interna ejemplifica la
pugna por el poder entre el norte y la
capital en su afán por delimitar los
paradigmas literarios en el país. La li15

�TRES CANCIONES DE CUNA

Francisco Treviño Elizondo
TEDDYBEAR

(¡Cuidado ahí viene!)
Lejos de mis dominios la luz inaugura otra sala de operaciones

Tentado a arrojarme desde tus pestañas al abismo de una flor que se derrite

ANCLADO A ESTA PREGUNTA

Si me despegara esta fe tan parecida a tabla de multiplicar

Esta pregunta que se pasea en mi boca desde niño y hace de los besos una estéril lucha en lodo
.
/ Ven a mi fiesta

Una hermosa ruptura en el armazón me permite ver un rombo de tu carne ardiendo como cereza
Malagradecido con esta enfermedad que me provoca tantas demoliciones en miniatura
Gustoso sacrificaría un desierto para que mi lengua arreciara unos redobles en el tambor de tu
ombligo

Amiguito
En la que ya no queda nadie /
Concentrado en armar y desarmar mi desprecio hacia tus fórceps piadosos

La lentitud de tu mirada moja a su paso uno de mis secretos

Un edificio de regalos defeca sobre mis desayunos

Rascándome la costra hasta no dar con la palabra que necesitas para completar el crucigrama de tus

Tu leche me vigila como animal disecado

latidos
Un reloj comienza a desmantelar puños y a cubrir las calles con sus vómitos
Gustoso sacrificaría un desierto para que mi lengua brincara como aceite en los címbalos de tus
pezones

Intento viajes astrales para escapar de este cuerpo que delata la incompetencia de tu cuadro de
actores
(¡Cuidado ahí viene!)
Mi ombligo empuña las alas de una primer traición
ANCLADO A ESTA SANGRE
Esta sangre domesticada para que te lleve el periódico y se acurruque bajo tus piernas y no te

NO LO VAYA A ESCUCHAR EL ANGELITO
/Vena mi fiesta/

empape la camisa con sus demostraciones de lealtad y corra nerviosamente apenas te vea
coger el silbato y nunca se atreva a pulverizar el cuento de hadas en que me tienes convertido
/Vena mi fiesta/

Todos los año· reinscribiéndome en kínder para seguir jugando con inofensivas amazonas sin
genitales
Tu caja fuerte roe un cordón umbilical
Completar mi colección de bostezos me da una buena excusa para no mirarte a los ojos
16

17

�RESCOLDO
GRACIAS A LA VIDA QUE ME HA DADO TANTO
La pregunta me clavó a una butaca con vista a tu deshielo
Lo que parece cámara lenta no es más que tu cuerpo dormido en la gruta de sus propios reflejos
Hay algo en esta espera que ya sabe a litro de leche con la fecha de caducidad vencida
Aunque a decir verdad mi papada luce elegante chorreando en su babero de los Power Rangers
Hay algo en esta espera que me acaricia como cabello adherido a la garganta
Enamora como experta vagina de plástico
Ni duda cabe que resulta abrumador recibir un barranco de juramentos sin folio
Noches en que la comezón toma a mi axila por su mecedora
La ansiedad punza como el cloro y el último gargajo de mi bautismo en secundaria
Hay algo en esta espera que es cálido como la fotocopia de mis desayunos
Mi estornudo forma una carpa para el acto del harén canino
1

Necesito que despiertes aún si en la colcha se ha anudado tu pasión por un par de quemaduras con

1

granadina
Me apura no estar presentable cuando regresen a salpicarme de ácido tus enormes bostelOs

18

Aunque es indiscutible el poder
que tiene el tiempo para convertir
en ceniza cualquier página,
es el hombre quien fuera llamado
a descubrir una y otra vez
el rescoldo: guiño luminoso que nos dirige
nuestro semejante desde el ayer.
En la década de los años
sesenta, Jorge Luis Borges viajaba
por el Viejo Mundo -y también por el
Nuevo- recogiendo premios
y doctorados honoris causa.
Fue en uno de esos viajes cuando
el escritor argentino dialogó
con la escritora francesa
Madeleine Chapsal. Publicamos hoy
sus palabras para recordar al autor de
El Aleph en el décimo año de su
desaparición física.

19

�UN POETA TORPE, PERO
UN POETA... ESPERO
1

Jorge Luis Borges y Madeleine Chapsal
Jorge Luis Borges, quizá el más
grande escritor argentino, naci6 en
1899 en Buenos Aires, donde fue bibliotecario de 1931 a 1946. Entre sus
obras más conocidas: Ficciones y El
Aleph. La editorial Emecé ha publicado sus obras completas. Lo encontré durante uno de sus raros viajes a
Francia (febrero de 1963) en el Hotel
du Pont-Royal, donde se alojaba con
su madre.

no, lo que interesa a todo el mundo:
las estrellas se parecen a los ojos, por
ejemplo, o la muerte es como el sueño...

-¿Qué escribe en este momento?

-¿ Víctor Hugo? ¿Por qué Víctor
Hugo no? Uno cree que Víctor Hugo
es grandilocuente, pero vea su vocabulario, es muy simple: negro, vasto,
luz, tierra, océano...

tas que fabrican objetos, como Mallarmé. Víctor Hugo hace las dos cosas.

-¿Qué poeta francés le gusta?

-Y usted, ¿qué clase de poesía
hace usted?

-Yo estoy muy viejo ya, usted lo
sabe. Me gusta ... Paul Verlaine.

-¿ Yo? Yo no soy el poeta que
quería ser ...

-¿ Y Víctor Hugo?

-¿Pero entonces... ?

1'

-Poemas.
-¿Porqué no se traducen al francés?

-¿Quién más?

-Son muy difíciles de traducir
porque están rimados. Como usted
comprenderá, yo casi no veo, no puedo escribir y no puedo hacer mis borradores. Mentalmente es más difícil
de componer en verso libre, al menos
según mi parecer, no se retienen.
Mientras que uno puede aferrarse a la
rima. En los últimos tiempos escribí
sonetos.

-Toulet, ¿lo conoce? Es el poeta
de Rimas y contrarrimas. 2 Hay un
pequeño poema de él, un poco erótico ... Escuche:

Unidos por un relámpago negro,
Parece que uno no es sino uno solo.
En una misma mortaja, de pronto
Se veían dos a un mismo tiempo.3

-Debe ser una poesía extremadamente difícil...

20

-No. Cuando yo era joven, tenía
gusto como todos los jóvenes por las
cosas complejas. Ahora busco la simplicidad. Utilizo las metáforas más
comunes; en el fondo eso es lo eter-

Eso no está hecho para caducar,
ese género de poesía está hecho para
permanecer, es un objeto. Hay dos
géneros de poetas: los poetas inspirados, los poetas que permanecen, como Walt Whitman, y además los poe-

-Escribo más bien reflexiones.
Me intereso en la anécdota, en lo épico. Mire los Evangelios, son a la vez
épica y anécdota. De donde su suceso...
-¿Le gusta la épica? Eso no se
parece a lo que uno conoce de usted...

-Me hubiera gustado hacer lo
contrario de lo que he hecho. Habría
querido hace una poesía que fuera
música ... iY parece que hay poca música en mi poesía! Sin embargo, no
me gusta la poesía intelectual...

borrador, que eso va a mejorarse ...
Prefiero dictarle a las jóvenes secretarias de la Biblioteca Nacional:
ellas no dicen nada, quizás ellas no
piensan menos; pero no dicen nada ...
-¿ Usted compone mentalmente?

-La memoria se desarrolla cuando
uno no ve. Ahora puedo dar conferencias de treinta o cuarenta minutos,
sin notas. Soy profesor de literatura
inglesa, doy mis cursos sin notas. Y
luego, cuando uno ~a perdido la vista, el tiempo transcurre de una manera diferente. Si uno ve, se cree obligado a leer todo el tiempo, por ejemplo,
al viajar en ferrocarril. Antes hacía
esas cosas, ahora sueño. Además estoy un poco distraído con lo que me
rodea. Así, apenas veo; entreveo una
forma: ¿ viste usted de gris?

alguien diciéndome: "el poeta Fulano". Uno no puede hacer eso en Buenos Aires, la persona creería que uno
se burla de ella. En Montevideo quizás ... pero no en Buenos Aires. ¿Sabía usted que muchos escritores argentinos se han suicidado? Se sentían
muy aislados.
-Yo pensaba que en Argentina
había un círculo muy culto y que se
interesaba mucho en las letras. ¿ Usted mismo no es un erudito?
-¿ Yo? No tanto como eso ... Yo
no hablo latín, por ejemplo, o mejor
dicho lo olvidé. Está lejos de nosotros, es inútil... Ayer vi a Jean Paulhan. ¡He ahí un hombre culto! Habla
el malgache, lenguas orientales, el japonés...

-Usted también tiene sus intereses lingüísticos.

-De marino.

-¡Ah! Los colores se empañan,
veo el gris. Cómo se interesan por la
literatura en su país. No es como en
-¿ Y los poemas recientes?
la Argentina. Algunos de mis amigos
supieron que yo escribía cuando reci-Los escribo todavía, pero son cada bí el Premio Formentor.
vez más breves y más y más libres.
Ahora tengo que dictar y eso me
-¿Qué creían?
obliga a vigilarme. Mi madre, por
ejemplo, a quien dicto mucho, tiene
-Sabían que yo era director de la
sus gustos literarios: debo explicarle Biblioteca Nacional. Eso les parecía
que lo que yo le digo no es sino un suficiente. Ayer, aquí, se me presentó

-Se dirigen más bien hacia las
lenguas germánicas. Y luego, hay una
cosa que me atrae: el anglosajón antiguo, es una lengua escandinava, creo
que la aprenderé el año próximo ...
-¿ lee usted todavía ?¿ Se illferesa
en la nueva literatura?

-Schopenhauer decía que él no
leía nada que no tuviera cincuenta o
cien años de edad y que no hubiera
sido consagrado por la posteridad (al

mismo tiempo se quejaba de que no
se leyeran suficientemente sus
obras ... ). Yo pienso un poco como él:
no leo a los autores contemporáneos,
no sé nada de la nueva novela ...
-¿ Entonces usted relee?

-Releo, sí, es mejor. Algunas veces me digo que la ventaja de la Edad
Media era que había muy pocos libros. ¡Entonces se releía! Un libro
que uno relee está mejorado, un libro
antiguo está mejorado por generaciones de lectores. Piense en la Biblia:
no es un libro, es una biblioteca, una
literatura completa ...
-¿Qué relee usted?

-Flaubert. Remy de Gourmont
admiraba mucho Bouvard et Pérnchet, yo también. Releo también a
Bernard Shaw, Chesterton.
- ¿Qué encuentra usted en . Bernard Shaw?

-Atrás del gusto por la broma, de
lo cáustico, esconde un gran sentido
religioso, y sobre todo un sentido de
la épica. Bromeaba con las urgencias
de la estrategia, pero en él había algo
patético.
-¿Lo conoció usted? ¿Le escribió?
21

�-Oh no. Usted sabe, nosotros, la
Argentina, está un poco lejana. ¡Uno
se siente obligado a apartarse! Había
un francés, Paul Groussac. ¿Conoce
usted a Paul Groussac?
-No.

-Nadie lo conoce aquí. Era amigo
de Alphonse Daudet, de Clemenceau.
Y bien, él decía (se había topado con la
necesidad de vivir en Argentina), él decía: "Ser célebre en América del Sur, es
no dejar de ser desconocido". Y Gaudelle, ¿conoce usted a Gaudelle?

-¿ Un escritor no es consciente de
todo lo que contiene su obra?

-Si él está consciente de todo, no
vale nada. Es necesario que sea un
poco inocente. Un poeta no debe ser
inteligente. La creación debe tener lugar como en sueños.
-¿ Cuándo hace sus poemas?

-¡Todo el tiempo! En el metro, en
mi casa, en la Biblioteca de Buenos Aires (es un edificio pomposo y arruinado, lleno de colores ...). Cuando mis
poemas están terminados, los dicto ...

-No...
-¿Escribe sólo en español?

-¡Otro francés! Un cantante de
tangos, muy conocido entre nosotros ...
-Usted no es solamente conocido
en América del Sur, bien lo sabe,
también lo es aquí. ¿Qué piensa usted de lo que dicen sus críticos franceses?

22

-Que me favorecen. Todas esas
cosas en las que no había pensado por
mí mismo. Igual mis negligencias,
ellos les encuentran un sentido, ven
una voluntad en todo lo que se me ha
escapado. Nada, piensan en mi caso,
pudo haber sido ignorado. Tanto mejor. Muy bien. Acepto ese regalo. Está concebido de una manera tan generosa ...

-Yo no he escrito en alemán ni en
francés sino en inglés. Sí, hice poemas en verso. No son muy buenos,
pero los hice para tener esa experiencia. El inglés es a la vez una lengua
latina y una lengua germánica. Hay a
menudo dos palabras para designar la
misma cosa, una es más sensible, la
otra es más intelectual. Vea usted,
"dark" significa una oscuridad psíqui.ca, y "obscure" es una oscuridad
mental. "Room" y "space" no tienen
exactamente el mismo sentido ) no
designan la misma cosa.
-¿ Y Shakespeare?

-Es verdad, yo debería haberle
hablado de Shakespeare. Cierto, lo

admiro, sobre todo Macbeth. Es la
más perfecta de sus tragedias, la más
intensa ...
-¿Ha hecho usted teatro?

-Ni teatro ni novela. Nada de ficción, salvo en el cine.
-¿En el cine?

-Sí. Adoro el cine, sobre todo los
westerns. Yo hice un guión que me
fue rechazado con entusiasmo. O más
bien, no, se me ha dicho: es perfecto,
es maravilloso, sólo es necesario que
usted cambie el sujeto, los personajes ... y los decorados.
-Qué era, ¿un western?

-Era un poco épico, lo que pasaba
en los arrabales de Buenos Aires, en
las orillas con las gentes que andan a
navajazos, los "compadritos".
--los westerns, Bernard Shaw,
Paul Verlaine, Bouvard et Pécuchet,
la poesía épica. ¿Sabía que usted me
sorprende? No es así como yo me lo
imaginaba...

-Yo sé, en Argentina pasa lo mismo. Tenía un joven amigo que venía
a verme de tiempo en tiempo y decía:
"¿Pero qué es lo que tú puedes encontrar en Borges? ¡A tu edad! Un
viejo que habla todo el tiempo de laberintos, de etimologías, que vive en
un universo helado ... »

bieron traducirse al español las frases
pronunciadas originalmente en francés.
Esperamos no haber disminuido la figura del autor argentino ni la esperanza
de sus lectores.
2

Toulet no es otro que Paul-Jean Toulet (1867-1920), miembro de una familia que radicó en la isla Mauricio e
inició sus estudios con los dominicos;
acabó arrastrando una existencia de
periodista andariego y noctámbulo.
Frecuentó la amistad de Curnonsky,
Giraudoux, Henriot y Debussy. Encabezó a un grupo de poetas conocidos
como "fantasistas". Sufrió a causa de
la bebida y el opio. Muerto, un año
después apare.:ió su única compilación poética: las contrarrimas. A esta obra Borges la recordó como se
asienta en el texto de la entrevista:
alargando su título por no sabemos
qué olvidos o razones.

3

D'un noir éclair melés, il semble
Qu'on ne soit plus qu'un seul.
Soudain, dans un meme linceul,
On se voit deux ensemble.

-¿Cuándo se traducirá su poesía?

-Escuche, yo vengo a ver a mi
editor, él habla de traducir mis obras
completas. Le dije: «no precisamente.
Quizás logre decepcionarme. Hay
cinco o seis páginas que me han salido bien, dejémoslo así, no le agreguemos más. Que no se me conozca más.
De otro modo se percibirá el engaño
acerca de mi ... »
-Por quién se toma usted: ¿por
un escritor o por un poeta ?

-Por un poeta, evidentemente.
Creo que no soy sino eso. Un poeta
torpe, pero un poeta, espero.

Notas del traductor
Traducción de Miguel Covarrubias
A diez años de la desaparición del poe-

-¡Ya está! La he decepcionado.
Habría debido parecerme a Borges.
Es que estoy un poco fatigado ...
-Usted no me decepciona ni un
instante, solamente...

ta Borges, queremos recordarlo a través de las palabras que le otorgara a la
escritora francesa Madeleine Chapsal;
ésta las recogió en su libro Les écrivains en personne (Paris, 1973). Además es necesaria otra afirmación: de-

Kant. 22, junio, 1996.

23

�MUJERES, MUJERES

André Breton

Versiones de Miguel Covarrubias

ABANICO
AVE Y MUJER
A cien años de haber
nacido André Breton, figura
principalísima del surrealismo,
quisimos reunir en este
número dos textos presentados
dentro de las jornadas dedicadas
a su obra y su figura
(El surrealismo en el fin
de milenio, Museo de Historia
Mexicana, Monterrey),
así como la palabra poética
del propio homenajeado, seguida
de otro ensayo inédito.

EL GATO sueña y ronronea en el oscuro comercio de instrumentos musicales. Escudriña el fondo del éba-

no, y al sesgo y a distancia se bebe a lengüetadas toda la caoba viva. Es ahora cuando la esfinge de la granza esparce por millares su trompa alrededor de la fuente de Vaucluse y cuando por todas partes la mujer no
es sino un cáliz desbordante de vocales en comunión con la magnolia ilimitada de la noche.

FEMME ET OISEAU
reve e.t ronronne dans la lutherie brune. Il scrute le fond de l'ébene et de biais tape adistance le tout vif acajou. C'est
l'heure ou le sphinx de la garance détend par milliers sa trompe autour de la fontaine de Vaucluse et ou partout la femme n'est
plus qu'un calice débordant de voyelles en liaison avec le magnolia illimitable de la nuit.

LE CHAT

MUJER EN LA NOCHE
de la noche todas las mujeres corren hacia el lugar de la cita, a campo raso, en el mar, en las
ciudades. Es ·ella quien procura la pelota de cartón de la fiesta y los cedazos de rocío en los bosques. Abrigo son los tejados de la reina de cormoranes; la punta de avispa al nivel del reloj de arena toca con su pico
el cerrado saco de los presagios, rociando entre las promesas. "Mir Bernat -dijo Sifre apoyado en la muralla de Carcassonne-, poseo la mitad de una dama, pero no pude decidir si me convenía la de abajo o la de
arriba". Nada resuena aun más lejano en las locuras, las estaciones, los hoteles. Una profusa vida protoplásmica se cincela en la Vía Láctea, a la altura del lamento, una almendra que germina. Del cielo diurno
queda un nido para remarcar.
A LAS DIEZ

1

1t

11'.

1 ,t

'

FEMME DANS LA NUIT
heures du soir toutes les femmes en une courent au rendez-vous en rase campagne, sur mer, dans les villes. C'est elle qui
fait la vole des cartons de la fete et des tamis de rosée dans les bois. Pardessús les toits la reine des connorans, le point de guepe
au niveau du sablier, fait tinter de son bec le sac des présages fermé giclant entre les promesses. "Mir Bernat, dit Sifre adossé au
rempart de Carcassonne, d'une dame j'ai la moitié, mais je n'ai pas bien pu décider s'il me vaut rnieux le bas ou le haut". Rien
ne résonne encore plus loin dans les folies, les gares, les hotels. Une vie protoplasmique profuse se taille dans la Voie lactée, a
hauteur de soupir, une amande qui germe. Du ciel de la journée rest un nid d' accenteur.
Á DIX

24

25

�AMOR, MUJERES Y POESÍA: EL
SURREALISMO VIVO DE ANDRÉ BRETON

Libertad González
BAil.,ARINAS ACRÓBATAS

de esas mujeres cuyo doble copete de gallo de roca muestra a discreción el arco semicircular
que conecta sus narices con sus talones, su nuca con su pubis, y que con un ruido sordo, siempre desgarrador, escogen abismarse como estrellas en la propia tierra. La amazona se desliza sobre su patín de seda,
pluma al viento, y su caballo no dejó sino un hierro refulgente en el cielo. Encorsetada de espuma, en traje
de luces, la exquisita Marie Spelterini avanza sobre un hilo suspendido encima del Niágara. Nada Tampoco por el espíritu se gobernará en ausencia del rayo de locura con la expiración de la cual el más amplio
periodo de flexibilidad impone el abandono del radar que orienta infaliblemente los encuentros y la duda
de lo peor --0e tropismo en giro- debe siempre permitir la recuperación de la mano.
HÁBLAME

DANSEUSESACROBAIBS
de ces femmes dont la double huppe de coq de roche déploie avolonté )'are serni-circulaire qui relie Ieurs narines a
leurs talons, Ieur nuque a leur pubis et qui dans un bruit sourd toujours déchirant choisissent de s'abimer en étoile a meme la
terre. L'écuyere dérive sur son patín de soie, c'est la plume au vent et son cheval n'a Iaissé qu'un fer étincelant dans le ciel.
Corsetée de mousse, en maillot de lumiere, I' exquise Marie Spelterini s' avance sur un fil au-dessus du Niagara. Ríen non plus en
esprit ne se gouvernera sans le trait d'éperdu a l'expiration duque! le plus haut période d'assouplissement comrnande l'abandon
au radar qui aiguille infailliblement les rencontres et, le doute au rebut, de tropisme en giration, doit toujours permettre de
ressaisir par la main.
PARLEZ-MOI

1,
• t

111 1 1 11

1

1

Este año se cumple el primer centenario del nacimiento de André Breton, ocasión ideal para releer su obra
que, si bien ha sido ampliamente difundida y estudiada, todavía tiene
mucho que decir a sus lectores, quienes -entre asiduos, infieles y curiosos- continúan frecuentando su escritura en la búsqueda de respuestas.
Probablemente una de las razones
que explican la lozanía del surrealista
sea, aparte de la atemporalidad -y
universalidad- de algunas de sus obsesiones, la posibilidad de encontrar
una línea de pensamiento que dispersa aquí y allá aún plantea c~estionamientos a la realidad, especialmente
tratándose de alguien que hizo de su
obra una ética y una estética de la vida. No creo que esté de más hacer
una revisión mínima de sus ideas sobre tres de sus más constantes preocupaciones.
Como se sabe, el amor fue una de
las banderas que, junto con la libertad
y la revolución, defendió el surrealismo. A decir verdad, lo manejó, más
que como una bandera, como una auténtica necesidad vital. Si ya en el
Primer manifiesto, en 1924, Breton señalaba que no hay posibilidad de enmienda para el hombre que sea incapaz de estar a la altura de esa &lt;&lt;situación excepcional» 1, para el año de

26

1930, en el Segundo manifiesto, decla-

ró de manera más explícita la preponderancia que se concedía al amor en
las búsquedas surrealistas. Así lo evidencia esta larga nota explicativa:
A la palabra amor, a la que los amargados se han complacido en infligirle
todo tipo de generalizaciones, todas
las posibles corrupciones (amor filial,
amor divino, amor a la patria, etc.),
restituimos nosotros, aquí, y huelga
decirlo, su estricto y amenazador sentido de vinculación total a un ser humano, fundada en el ineludible reconocimiento de la verdad, de nuestra
verdad en «un alma y un cuerpo» que
son el alma y el cuerpo de aquel ser.
En el curso de esta búsqueda de la
verdad, que es la base de toda actividad importante, resulta preciso abandonar sin contemplaciones el sistema
de investigaciones más o menos pacienzudas, para entregarnos, y ponernos al servicio, de una evidencia que
nuestros esfuerzos no han alumbrado
y que un buen día, bajo esta o aquella
apariencia, se nos hace misteriosamente patente.2
En esta definición llena de provocaciones y de afirmaciones axiomáticas, Breton destaca el lado subversivo del amor, entendido en términos
restringidos -la única manera de con-

cebirlo para los surrealistas-, y deja
en claro que representa una vía de conocimiento que sólo puede transitarse
mediante el encuentro material y espiritual con «aquel ser». En efecto,
Breton se pronunciaba por la exclusividad del amor, por la existencia de
un ser único capaz de reconciliar al
hombre con la vida, por el amor absoluto que posibilita volver a ese estado de gracia ya perdido pero no por
ello inexistente. En este marco puede
entenderse que el poeta calificara al
amor como «el misterioso, el improbable, el único, el aturrulador, el indudable amor y finalmente, el que soporta todas las pruebas».
Semejante concepción del amor
único, según admitiría el autor más
tarde en El amor loco (1937), proviene
de una actitud mística, hecho que no
congeniaba del todo con las consignas revolucionarias. No se le escapaba tampoco la serie de resonancias
románticas que tenía su punto de vista, razón por la cual en esta obra alude a Shelley, Nerval y Arnim, en
quienes cree ver un concepto «menos
dramático» del amor y una ilustración
del conflicto inherente al credo de la
exclusividad.
Sus tesis, hijas no de una edad sino de un convencimiento profundo y
27

�'t

t

• l 1• •

sostenidas a lo largo de toda una vida, parecían ir a contracorriente respecto de una tendencia general de los
tiempos que se vivían. ¿Amor puro
en vez de amor libre? Breton fue, por
este motivo, blanco de innumerables
críticas. Octavio Paz, quien ha estudiado en varias ocasiones al movimiento surrealista y es uno de los que
mejor conoce y comprende la obra
del poeta, ha realizado una justa valoración en perspectiva: «Fue ejemplar
que en los momentos de la gran desintegración moral y política que precedió a la segunda guerra mundial,
Breton haya proclamado el lugar cardinal del amor único en nuestras vidas. Ningún otro movimiento de este
siglo lo hizo y en esto reside la superioridad del surrealismo; una superioridad no de orden estético sino es.. 1 3
pmtua
»:

u~

Esta no era, por cierto, una inquietud exclusiva de Breton; para
probarlo, ahí están los poemas de
Paul Éluard, Robert Desnos y Baron
así como los registros de las encuestas que se publicaron en La Révolution Surréaliste, una de las revistas
del movimiento; en su último número, por ejemplo, se incluyó un singular sondeo que contenía preguntas como las siguientes: «¿Qué clase de esperanza tiene usted en el amor?»,
28

«¿Sacrificaría su libertad por el
amor?», «¿Consentiría sacrificar una
causa que hasta este momento ha defendido para no desmerecer del
amor?», «¿Aceptaría no convertirse
en lo que hubiera podido ser, si a este
precio pudiera disfrutar plenamente
de la certeza de amar?» 4 Poner el
amor al mismo nivel que la libertad,
que una causa, que un destino, hablan
de un nivel de importancia, pero también de los alcances de una curiosidad empeñada en explorar a fondo
los límites de aquél.
Incorporar el amor a las investigaciones surrealistas no era para Breton
algo carente de sentido, por el contrario, para él representaba una empresa
que el movimiento debía acometer
porque en él veía una de las salvaciones posibles del hombre: «Si hay una
idea que parece haber escapado hasta
el presente momento a todo intento
de reducción, haber resistido a los
más conspicuos pesimistas, esta idea
es, a nuestro parecer, la idea del
amor, única que puede reconciliar a
cualquier hombre, momentáneamente
o no, con la idea de la vida»5
Por eso es que para él no existen
concesiones ni perdón para quien se
prive, por la razón que fuere, de vivir
la experiencia del amor: «Sí, creo y

he creído siempre, que la renuncia al
amor, se base o no se base en un pretexto ideológico es uno de los poquísimos crímenes sin posible expiación
que, en el curso de su vida, puede cometer un hombre dotado de un poco
de inteligencia». 6 Esto sugiere, por
supuesto, un primer atributo cardinal
del amor: si se puede renunciar a él
es porque existe la posibilidad de elegir.
Según Breton, los surrealistas vistos en su conjunto, coincidían teórica
y líricamente en que en el amor electivo radicaba la más alta meta humana y era el que trascendía a todos los
demás tipos de amor. Tan grande fue
la importancia que tuvo esta noción
entre los surrealistas que resulta curioso saber que fue acerca de esta
idea, inicialmente compartida, que se
provocaron después algunas disidencias: «he podido verificar a posteriori
-diría Breton- que la mayor parte de
las querellas que se produjeron en el
surrealismo y que tomaron como pretexto las divergencias políticas fueron
predeterminadas no, como se ha insinuado, por cuestiones personales, sino por un irreductible desacuerdo en
ese punto». 7
Además de reflexionar sobre la
exclusividad del amor, Breton tam-

bién se preguntó sobre el fin del amor.
Ante lo efímero del deseo sexual, que
se consume en la medida que se sacia,
¿cómo podría concebirse la devoción
a un solo ser? Para él, según dice en
El amor loco, un planteamiento definido en estos términos encierra un sofisma basado en dos equívocos, uno
de carácter social y otro de orden moral: el primero se debe a que la presión ejercida por las condiciones sociales no permite realmente la elección inicial, la cual se produce en condiciones adversas y termina por confundirla; el segundo consiste en la incapacidad que tiene la mayoría de los
hombres para liberarse en el amor de
todo temor e incertidumbre para exponerse sin oponer resistencia. En otras
palabras, si el amor duradero no es
más imaginable que el efímero, es
tanto porque no se puede como porque no se quiere; para que algo así
pudiera alcanzarse, sería preciso cambiar a la sociedad y junto con ella al
hombre. En todo caso, la causa de estos errores obedece a la «infame idea
cristiana del pecado». La promiscuidad, el libertinaje y el deseo de experimentar el cambio de pareja amorosa
representan para él la evidencia de
que se ha querido perder, o se ha perdido ya, la inocencia ( «la no culpabilidad absoluta»). ¿Y requerirá este
amor ideal de esa inocencia?

Junto con lo anterior, en El amor
loco Breton también se ocupó en detalle de la causalidad del encuentro
amoroso. La idea más acabada sobre
el particular la desarrolló a partir de
la noción conocida como el «azar objetivo». Para explicar su idea él refiere en primera instancia la encuesta
que hizo junto con Paul Éluard y cuyos resultados se dieron a conocer en
1933 en la revista Minotaure: «¿Puede
usted decirme cuál ha sido el encuentro capital de su vida? ¿Hasta qué
punto este encuentro le ha dado, le
da, la impresión de lo fortuito, de lo
necesario?» Mediante estas dos preguntas pretendían conocer en qué medida el orden y la finalidad de la naturaleza encontraban correspondencia
con el espíritu del hombre, o en otras
palabras, qué grado de coincidencia
había entre la necesidad natural y la
necesidad humana, y por ende, entre
la necesidad y la libertad.
A partir de la concepción del azar
entendido como «el encuentro de una
causalidad externa y una finalidad interna» buscaban establecer las relaciones entre lo fortuito y lo necesario.
Lo interesante de la cuestión era ver
cómo al escoger del recuerdo un encuentro clave (primera pregunta), que
inicialmente podía pensarse como
obra de la casualidad, de lo imprevi-

sible, el encuentro parecía ser concebido luego como un hecho necesario
(segunda). Los lazos de dependencia
entre las causas naturales y humanas
representaban para Breton una evidencia de los poderes del «azar objetivo», en el que ni la lógica ni la verosimilitud jugaban un papel predominante. La raíz de esta evidencia él
la ubicaba en la realidad innegable
del deseo. Paz ha hecho algunas precisiones: «El azar objetivo, tal como
lo expone Breton, se presenta como
otra explicación del enigma de la
atracción amorosa. Como las otras el bebedizo, la influencia de los astros o las tendencias infantiles del
psicoanálisis- deja intacto al otro
misterio, el fundamental: la conjun8
ción entre destino y libertad» .
Pero lo que en E/ amor loco se
presenta como teoría, ha quedado
previamente ejemplificado de modo
práctico en su novela-testimonio
Nadja (1928)9. Esta obra inicia con
una paráfrasis tácita del conocido refrán «dime con quién andas y te diré
quién eres», sobre el cual Breton hace
ciertas consideraciones: la obra parte
de la pregunta «¿Quién soy?» y de
ahí el autor reflexiona sobre las implicaciones que tiene definirse uno
mismo desde el otro, desde una perspectiva en la que el yo queda reduci29

�do a un fantasma porque no hay certezas sobre su existencia, en la medida en que las manifestaciones objetivas que la probarían dependen de la
eventualidad de los sucesos. Definirse a partir del otro presupone un principio de diferenciación: conocer
quién es el otro para saber quién soy
yo, o de manera negativa, qué es el
otro que no soy yo. He aquí un papel
fundamental del encuentro con el
otro: además de ser el objeto de
amor, es el espejo que permite al yo
re-conocerse plenamente.
Así pues, si se piensa que es en el
encuentro amoroso donde mayormente se cumple el enfrentamiento
con el otro, en este caso Nadja, ese
ótro será portador de un poder de revelación. Ella, que aparece y desaparece a cada momento (un «alma
errante», como se autodefine) será la
reveladora de un mundo desconocido
y la medium o puente que permitirá al
poeta acceder a ese mundo (¿una
nueva Beatriz como guía hacia el Paraíso?). Ya desde su nombre, apenas
unos pocos signos de una cifra secreta, comienza el enigma: «Nadja, porque en ruso es el principio de la palabra esperanza, y precisamente porque
. . . 10. Encontrarse
es so'I o e1 pnnc1p10»
con y en ella es asistir a un rito de
iniciación, es atisbar un misterio, pe-

',, ,, , , '''"' '

30

ro no completo, sino apenas sugerido
y por lo tanto más intrigante.
Al hacer un seguimiento de los
diferentes atributos con que Breton
caracteriza a la figura femenina puede constatarse cómo todos ellos convergen en una idealización y mitificación de la mujer; véanse si no las siguientes «definiciones» tomadas al
azar: «es pura, libre de toda atadura
terrestre», «mezcla adorable de ligereza y fervor», «genio libre»; considére_nse también la descripción de sus
acciones y lo que representa: «ella se
gobernaba a base de pura intuición»,
«ella se dibuja como sirena», «remeda, con una sorprendente facilidad,
los aires del Diablo», «el mundo que
era el de Nadja, donde todo cobraba
muy pronto el aspecto de la ascensión
y de la caída», «recuerdo habérmele
aparecido negro y frío como un hombre fulminado ante los pies de la Esfinge».
Así pues, Nadja es a la vez ángel,
genio, vidente, bruja y esfinge. Pero
en lo exótico de esta diversidad de símiles se oculta más que un misterio:
hay un lado sombrío y acaso monstruoso. No en vano se le asocia, al
menos en dos ocasiones, con Melusina, figura mítica que remite al mundo
inferior. En una de sus versiones, la

leyenda sobre este personaje narra la
historia de un hada que se convierte
en esposa de un amante mortal, el
cual transgrede la prohibición de ver
a su mujer en el momento del alumbramiento; a causa de esto ella parte,
y él es castigado por Melusina (hija
del hada), quien lo encierra en el interior de una montaña. Enamorada al
fin, el hada se enfurece y condena a
su propia hija a transformarse en serpiente del vientre para abajo cada sábado (en otras versiones del mito se
metamorfosea en sirena), día que no
puede ser vista; el episodio continúa,
como puede presuponerse, cuando la
violación del misterio se repite: ahora
es el esposo de la joven castigada
quien quebranta el tabú al mirar su
cuerpo monstruoso 11 . En paralelo
con esta historia, Nadja, moderna
Melusina, tampoco debe ser contemplada; desnudar su alma equivale a
conocerla, a despojarla de su misterio, a interpretar el enigma y, con
ello, a condenarla, a perderla para
.
12
siempre .
Integramos así dos conceptos: el
del amor como instrumento de esperanza y el del «otro» como vehículo
para el autoconocimiento. Aunque
Nadja no fue el objeto de amor sino
el medio para conseguirlo, su sacrificio (queda internada en un manico-

mio) no es inútil, puesto que se ha
consumado la salvación del amado,
que a través de ella se ha encontrado
a sí mismo: «¿Quién vive? ¿Eres tú,
Nadja? ¿Es verdad que el más allá,
todo el más allá, se encuentra en esta
vida? No te oigo. ¿Quién vive? ¿Yo
solo? ¿Soy yo mismo?» 13. Ella, Nadja-Melusina, ha perdido. Pero él ha
ganado la revelación.
Es interesante notar cómo Nadja
encarna el máximo ideal surrealista
de la mujer; de hecho en obras anteriores, Breton ya había prefigurado al
personaje. En Pez soluble (1924), había ofrecido una primera caracterización: «esclavas de la debilidad, esclavas de la felicidad, con un estallido
de risas las mujeres abusan de la
luz»; también subraya el único modo
en que se puede establecer contacto
con ese ser inaccesible: «en los momentos en que se duerme es cuando
verdaderamente me pertenece; entro
en sus sueños como un ladrón, y la
pierdo verdaderamente, como se pierde una corona»; además entre las lecturas de Nadja se hallaba la corta escena dialogada que aparece en esta
obra y en la cual ella se había reconocido en el personaje de Hélene.
Por otra parte, en Los pasos perdidos, el autor declara que hay que

amar a la «mujer insensata» más que
a ninguna otra (en una consideración
con vagas reminiscencias de Baudelaire); también, junto con el tema del
amor, ya se veía que el tópico de la
mujer era una de las cuestiones de
mayor interés para los surrealistas, así
queda expresado de manera contundente en la nota ya citada del Segundo manifiesto: «El problema de la
mujer es lo único maravilloso e inquietante que en el mundo existe».
Paul Éluard, compañero de muchas
andanzas, parece compartir del todo
la opinión de Breton; al menos eso
deja ver cuando se lee:
Mujeres
mujeres-niño, mujeres-flor, mujeresestrella, mujeres-llama,
ondulaciones del mar, grandes olas
del amor y del sueño,
carne de poetas, estatuas solares, máscaras nocturnas,
blancos rosales en la nieve, sumisas,
dominadoras,
quimeras, vírgenes, iluminadas, cortesanas perfectas,
princesas de leyenda, mudables, ellas
constituyen
la fuerza, los rostros y la razón de ser
del hombre,
beatifican su debilidad, hacen flaquear la alegría
14
y estancarse Ia pena

En estas palabras quedan comprendidas muchas de las categorías
aplicables a la «mujer surrealista»,
concebida siempre en los extremos.
Pero esta concepción no sólo se limitó a aprehenderla en su aspecto interior; también hubo muestras que delinearon su perfil físico con descripciones que recorrieron los contornos, ondulaciones y poderes de su cuerpo.
Véanse, por ejemplo, algunos versos
de Unión libre, de Breton:
Mi mujer de cabellera de llamas de leña
De pensamientos de relámpagos de
calor
De talle de reloj de arena
Mi mujer de talle de nutria entre los
dientes del tigre
Mi mujer de boca de escarapela y de
ramo de estrellas de
última magnitud
(... )
Mi mujer de lengua de hostia apuñalada
De lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
De lengua de piedra increíble
Mi mujer de pestañas de palotes de
escritura de niño
(... )

Mi mujer de muslos de primavera
(... )

De sexo de gladiolo
31

�Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos
Mi mujer de sexo de espejo
( ... )
De ojos de nieve de agua de nivel de
aire de tierra y de fuego 15.
A la vez que hubo retratos como
éste en el que se cumplían fines poéticos, también los hubo con fines
amorosos y, entre unos y otros, no se
alcanza a percibir mucha diferencia
en los elementos que componen la
enumeración; baste la indiscreta cita
fragmentaria de una carta que Paul
Éluard dirige a Gala:

1

1

Te veo por todas partes, en todo, sobre todo. Muero de amor por ti. Tu
sexo me cubre el rostro, devora el
mío, me cubre con tu belleza, cubre
todo con tu belleza, con tu genio. Todo en ti es hermoso: tus ojos, tu boca,
tus cabellos. tus senos, tu vello, tus
nalgas, tu sexo, tus piernas, tu sexo,
tus manos que no abandonan jamás lo
que masturban, ese espacio que hay
entre tus muslos, cerca de tu sexo, tus
hombros. Me embriago pensando en
cada una de las partes de tu cuerpo. Y
todo cuanto haces me enajena, me
aterra, me tortura, me arrebata, todo
cuanto haces es perfecto 16.

111 1 ltft,a: 11

32

Y es que en boca de los surrealistas el lenguaje se erotiza; para ellos
amor es poesía. Recuérdese que tres
de los más importantes títulos del
movimiento llevan incluida la palabra
amor: la libertad o el amor (1927), de
Robert Desnos; El amor, la poesía
(1929), de Éluard, y El amor loco. En
esta última obra Breton hablaba acerca de la equiparación que se podía
hacer entre el placer artístico y el placer erótico, entre los cuales sólo había una diferencia de grado. La contemplación de una obra o hecho natural que no le provocara cierta inquietud física lo dejaba totalmente indiferente.
Para Breton, la vida podía adquirir su verdadera realización en la literatura y el arte. A la hora de escribir,
las palabras no son ya sólo herramientas de trabajo o instrumentos para el juego verbal. Son un modo de
vivir; de amar. «Entiéndase bien lo
que decimos: juegos de palabras,
cuando son nuestras razones de ser
más auténticas las que están en juego.
Las palabras, además, han dejado de
jugar. Las palabras hacen el amor» 17
dice el escritor.
La técnica de la escritura automática, con lo que pueda tener de
, . 18, parlla
,
.
de 1
po1em1ca
precisamente

abandono necesario para dejar fluir
la voz del inconsciente, ese dictado
mágico que develaba las zonas oscuras del poeta; como en el amor, había que entregarse de lleno a la experiencia placentera de la escritura.
Benayoun lo ha interpretado de esta
manera:
La erótica del surrealismo (... ) tiende
a identificar el dictado del deseo con
el del inconsciente, a hacer del amor
un equivalente de esa «metáfora onírica» que se halla en el origen de toda
creación, y así entonces a transformar
el acto de amor en acto demiúrgico
(... ) Esta ilimitada superación del ser,
este naufragio de las referencias procuradas por el éxtasis, ya quedan situadas por el surrealismo que luego
los expresa en términos obsesivos
dentro de la vorágine automática 19
Amor y poesía, deseo y escritura.
No se sabe muy bien cuál sería en última instancia la prioridad de Breton.
Acaso sea imposible decirlo, aunque
en las últimas páginas de Nadja insinúa algo que bien podría inclinar la
balanza hacia el amor. Al hablarle a
una nueva destinataria le dice: «Ya
que existes, como sólo tú sabes existir, tal vez no era muy necesario que
este libro existiera». Estas palabras
son muy significativas: parece que

aquí la escritura está tomada como
sustituto del amor, como una actividad que compensa una carencia; pero
esta aparente confesión no dura mucho pues inmediatamente después el
autor añade una frase en la que vuelve a aparecer la ambivalencia: «Este
final sólo cobra su verdadero sentido
a través de ti». Amor y escritura, las
dos caras de una misma moneda; o tal
vez dos facetas de una misma vida.
No es casual que el libro se cierre con
la identificación de pasión y belleza,
fijas y en movimiento, a la manera de
una sacudida. Breton sabe de qué está
hablando cuando dice: «La belleza
será CONVULSIVA o no será».
Por eso es que Breton acentuaba el
valor del hallazgo o encuentro, porque
en él puede reconocerse el placer; trátese de un hallazgo artístico o de la
naturaleza que sea, incluso de la vida
cotidiana, en él irrumpen la sorpresa y
el descubrimiento de algo que aparece
transitoriamente como gratuito pero
que devuelve la luz perdida del universo. La belleza del hallazgo no tiene
comparación con nada, y no debe temerse -dice Breton- entrar en ese
«bosque de indicios», que en su ocultamiento satisface las necesidades del
espíritu. Y recuérdense, en este contexto, tanto el objeto de la curiosidad
de los surrealistas (el amor) como la

naturaleza esencialmente misteriosa
de la mujer. Hallazgo, misterio, poesía, vida, mujer, amor; todos estos valores se conjugan en algo más que un
mero discurso o que una concepción
estética: en una vida.
Todavía más. La poesía por sí sola no representaba mucho si no se hallaba vinculada con la vida, si no
ofrecía respuestas a quien la interrogara, demanda ambiciosa, si las hay,
en labios de un poeta: «La poesía no
tendría para mí el menor interés si no
esperase que sugiriera a algunos de
mis amigos y a mí mismo una solución particular al problema de nuestra
2
vida» La poesía trasciende así el
umbral de lo estético para internarse
en el terreno de lo ético e incluso de
lo axiológico: tiene un valor sólo
equiparable al que se concede al propio amor.

penetrar con audacia y seguridad en
el mundo de lo oculto, lo obscuro, lo
misterioso. Porque las facetas más intrigantes y enriquecedoras de la existencia radican no en lo que se conoce,
sino en lo que queda por conocer o,
más precisamente, en aquello que el
hombre alguna vez supo, que ha olvidado y que, si deja atrás la lógica para abandonarse al «corazón humano,
bello como un sismógrafo», todavía
puede redescubrir.
Notas
1

«Pero si más tarde el hombre, fuese
por lo que fuere, intenta enmendarse
al sentir que poco a poco van desapareciendo todas las razones para vivir,
al ver que se ha convertido en un ser
incapaz de estar a la altura de una situación excepcional, cual la del amor,
difícilmente logrará su propósito». A.
Breton, Manifiestos del surrealismo,
tr. Andrés Bosh, Guadarrama, Barcelona, 1980, p. 18.

2

/bid. , nota 14, p. 229.

º.

Así pues, para Breton es imperativo desterrar la lógica y el análisis que
suelen subordinar a los sentimientos
y que, frente a enigmas tan fundamentales como el amor y la poesía, o
ante la figura mágica y abismal de la
mujer, instilan en el espíritu humano
un temor tan inútil como destructivo.
Es preciso, para el hombre en general
y para el poeta en particular, aprender
a vivir sin miedo a la incertidumbre,

O. Paz , La llama doble. Amor y erotismo, Seix Barral, México, 1994, p.
140
4

Para el detalle pormenorizado del
cuestionario completo véase A. Breton, El surrealismo. Puntos de vista y
33

�EL SURREALISMO:
,, ESPEJO
DE NUESTROS DIAS
A Mercedes Mijares

Miguel Covarrubias
manifestaciones, tr. Jordi Marfá, Ba-

rral Editores, Barcelona, 1972, pp.

acerca del papel de Breton ante Nadja
y su destino final: «El texto deja entender que, sin embargo, él ha estado
a la altura de la situación, que ha sabido responder. Pero no debemos olvidar que la victoria de Edipo es también la muerte de la Esfinge.» Ver su
libro: André Breton, la escri11trn surrealista, trs. Ángeles y Ketty Zapata,
Guadarrama, Madrid, 1976, p. m.

142-

143.

5

Manifiestos ... , p. 229.

6

!bid, p. 228.

1 El surrealismo.. , p. 144.
8

9

,,
1 I

1 1 I I t lftN 1 1

1

O. Paz, op. ca, p. 147

Ante la pregunta de si Nadja representa la ilustración de las coincidencias y virtudes mágicas del encuentro,
Breton responde: «para mí el más alto
período que podía alcanzar esta idea
de encuentro y la esperanza de su
cumplimiento residía, naturalmente
en el amor (... ) Creo que en efecto
una obra como Nadja puede establecerlo claramente». A. Breton, El s11-

13

Nadja, p. 141.

14

P. Éluard, El poe1a y su sombra, Icaria, Barcelona, 1981, p. 23

15

A. Breton, Poemas / (19 19-193-1). tr.
Manuel Álvarez Ortega, Visor, Madrid. 1978, pp. 109-113.

16

Carta correspondiente al día 16 de
enero de 1930 en P. Éluard, Canas a
Gala (192-1-19-18), tr. Manuel Sáenz de
Heredia, Tusquets Editores. Barcelona. 1986, p. 86.

17

A. Breton. Los pasos perdidas. tr. Miguel Vcyrat. Alianza Editorial. Madrid. 1•-m. p. 118.

18

Marce! Raymond señala que es indudable que muchos poetas, en ciertos
momentos del proceso creativo, tuvieron la impresión de escribir con esta
técnica, que a su juicio representa una
apuesta difícil de sostener. Consúltese
su estudio De Ba11delaire al s11rrealis-

rrealis1110... , p. 141.
IO

11

12

34

A. Breton, Nadja, tr. Agustí Bartra.
Seix Barral, Barcelona, 1984, p. 6.1.
Para las ramiticaciones de este mito y
los distintos estudios 4ue se han realizado sohre Melusina véase Howard
Rollin Patch, El otro 111111ulo en la li1erat11ra mediel'a/, tr. Jorge Hernántb íampos, Fondo de Cultura Económrca, México, 1983, pp. 275-276.
Gérard Durozoi y Bernard Lecherhonnier han apuntado atinadamente

1110. Fondo de Cultura Económica. 1

México. 1983, p. 2-12.

19

A¡md. G. Durozoi y B. Lecherbonnier, El surrealismo, tr. Josep Elias.

Guadarrama, Madrid, 197-1. p.
20

Los pasos perdidos. p. 106.

183.

Mentar el surrealismo, aquí y ahora,
es introducir el espejo en casa del deforme. Sí, porque el espejo llega en el
peor de los momentos, cuando la casa
está vuelta del revés, cuando la familia en masa hunde sus pies en las
mazmorras de la abulia, mediocridad
y mhilismo de baja estofa. El descrédito es tan inmenso que el individualismo adviene a una etapa superior y
por ello incrementa sus avíos. Pareciera, por otra parte, que todos los
pueblos y países estuvieran ocupados
por fuerzas enemigas muy poderosas.
Como en el poema de Brecht, a la hora de marchar, «muchos no saben /
que su enemigo marcha a la cabeza. /
La voz que les ordena / es la voz de
su enemigo. / Quien habla del enemigo / es el propio enemigo». Algo así
nos pasa. No distinguimos hacia dónde apunta la brújula porque la hemos
perdido. Regresa, como si se tratara
de una pesadilla indestructible, la
imagen de la tortuga que sufría una
radiación atómica avasalladora:
mientras más quería refugiarse en el
mar, más se internaba en la playa.
Ese animalito, por la naturaleza dotado de un sólido blindaje, era víctima
del aprovechamiento de la ciencia y
la técnica patrocinadas por la guerra
fría. Pero esta explicación no logró
tranquilizarnos entonces y al quelo-

nio jamás le devolvió el sentido de la
orientación. Mal librados resultamos
hace ya cuatro décadas, cuando André Breton aún vivía y se mostraba
seguro de lo que había sentido, pensado y escrito.

convertido a seres que sólo pedían vivir y -con muy pocas excepcionesentenderse con sus semejantes, en seres despavoridos y perturbados, que
no sólo podían ser utilizados sino
también diezmados a placer».

11

Estas palabras de Breton corresponden a los juicios que acerca del
fin de la primera guerra mundial le
externara a André Parinaud, cuando
ambos conversaron frente a los micrófonos de la Radiodifusión Francesa (primavera de 1952). Para el autor
de Los vasos comunicantes, era evidente el desaliento de sus compatriotas, el «sentimiento de inutilidad
frente al sacrificio de tantas vidas»,
«la pasividad sin límites» en que se
hallaban postrados. Muy lejos estaban de la impetuosidad y el vigor demostrados por Apollinaire en esas
mismas trincheras. Ganas tenían de
repudiarlo por haber cantado así:
«Qué hermosos son estos cohetes que
iluminan la noche». Sí, es cierto,
Apollinaire no fue gracioso al decir
«Oh Dios esta guerra es muy bella».
Pero el poeta de Alcoholes y Caligramas no sobrevivió a esa carnicería y
por tanto no vio el verdadero fin del
siglo XIX. Para Breton, en cambio,
nacía «un mercantilismo carente de
escrúpulos; quebranto de muchos hogares; extrema mediocridad del futuro». Bretón poeta, vate, vidente, so-

Hemos hablado de una especie de
ocupación extranjera, pero a cargo de
nacionales. Aunque también podríamos pensar en que ya se libró la tercera guerra mundial. Sólo que por estar contemplando las jugadas de los
modernos gladiadores rubios o las
acrobacias de sus muy bien silueteadas porristas, nos pasó de noche. La
batalla decisiva pudo ser, quizá, lo
que todos llamamos «la caída del muro de Berlín». Batalla incruenta sin
duda, gracias al cielo. Y gracias a que
los más devastadores proyectiles del
bando victorioso fueron ingeridos
ávidamente por las juventudes de uno
y otro lado de la Cortina de Hierro.
¿Habrá contabilizado alguien cuántas
hamburguesas, cuántos hot dogs,
cuántas cocas y cuántas pepsicolas se
han deglutido para mejor honra y
prez del reino globalizado? Sin duda,
el hambre de universalidad, de completud, de unidad deseada por el surrealismo, se banalizó. Llegamos a
sufrir una «pasividad sin límites» y
un «lavado de cerebro que ( ... ) había

�1

,,

ti

. .,,,

pesó una de las constantes de este siglo. No en balde bautizó a Salvador
Dalí como «Avida Dollars». Dalí, el
más desenfrenado de los surrealistas,
atisbó con agudo genio hacia dónde
podría ser conducida la muchedumbre enloquecida.

amante. Abandonad vuestras esperanzas y vuestros dolores ... » -dijo Breton mientras se alejaba del movimiento cargado de negación para
acaudillar una corriente más compleja, más comprometida, más venturosa.

Pero hemos dicho «espejo de
nuestros días» y aún no lo aclaramos,
aún está empañado. Leer las obras del
surrealismo, leer al surrealismo como
fenómeno cultural y vital podría
equivaler a la lectura de la novela
más ambiciosa del siglo nuestro. Con
ello activaríamos la idea de Stendhal:
esa novela sería el espejo paseado a
lo largo del camino y sería también,
por lo tanto, el «espejo de nuestros
días». Veámoslo.

Esta primera etapa, esta labor de
zapa que ejerció el surrealismo -confundida, insistimos, con el dadaísmono podía conducir sino a una encrucijada: por un lado, la negrura del suicidio, y por el otro, el asomo de nariz
del tedio, la irrisión, la trivialidad, el
vacío. El irracionalismo seguía estando bien, el azoro igualmente. Lo que
no podía sostenerse ya más era la
puerilidad. esa mancha adolescente
en el pantalón del hombre joven que
sueña con el advenimiento de una era
superior. Al negativismo dadaísta lo
sucedería un nuevo vigor, ajeno por
otra parte a la confianza en los poderes racionales sostenidos por los campeones de la sociedad generadora de
guerras cada vez más miserables. Pero la baraúnda surrealista no le quitaría sus migajas al arte -de ningún
modo. Al esteticismo putrefacto no
era ya posible soportarlo.

11

111
En el principio fue el caos y el caos
se llamó dada. Un caos, por cierto,
wnsciente de que enfrentaba al orden
y no a la nada. Irracionalismo, nihilismo, nada. Y escándalo, mucho escándalo. Pero no tardaría Breton en
comprobar que no era suficiente injuriarlo todo, aporrearlo todo, abandonarlo todo. «Si usted lee a André Gidc en voz alta durante diez minutos,
tendrá mal aliento» -dijo Picabia.
«Abandonad a Dada. Abandonad a
vuestra esposa, abandonad a vuestra
36

IV
Para los adalides del azar objetivo y
lo maravilloso, el mundo se ensan-

chaba cada vez más. El reino social y
político se transformó en serpiente de
la tentación. Al llamado para cambiar
la vida se agregaba el llamado para
cambiar el mundo. Pero ¿cómo conciliar el espíritu y la materia? ¿Cómo
meter en la cabeza del racionalismo a
la loca de la casa? ¿Cómo acompasar
la premura de la eficacia partidaria
con las morosidades de la conquista
espiritual, inasible y veleidosa? Atrás
debería quedar la victoria sobre el espíritu crítico con que lograron devolverle «al verbo humano su inocencia
y su virtud creadora originales».
Aquel espíritu frío y analítico regresaba a sentar sus reales en el terreno
de la necesidad, a trastrocar la búsqueda innombrable, la que debía llevarlos una y otra vez por avenidas,
plazas y cafés -allí donde podría
Nadja esperar a Breton para ofrendarle sus últimas gotas de cordura.
La rel'ol11ció11 surrealista se trans-

forma en El surrealismo al servicio
de la rerol11ció11. «En el estado actual
de la sociedad europea, permaneceremos adictos al principio de toda acción revolucionaria, incluso cuando
ésta tome como punto de partida la
lucha de clases y mientras la lleve lo
suficientemente adelante». Esta adhesión sin límites muy pronto habría de
sufrir severas reprimendas y tajaduras. Cuando Aragon y Sadoul regre-

san de un congreso internacional de
escritores celebrado en Jarkov, no tienen más remedio que confesarle a
Breton que han aceptado declarar al
Segundo manifiesto de los surrealistas como «contrario al materialismo
dialéctico»; además, han denunciado
al «freudismo como 'ideología idealista', (y al) trotskismo como 'ideología social-demócrata y contrarrevolucionaria'. Para finalizar, tenían que
comprometerse a someter su actividad literaria 'a la disciplina y al control del partido comunista'». No podía creerlo él y nosotros aún no acabamos de entender cómo podía el
aparato político someter su propia racionalidad a la tortura de la insensibilidad y el latrocinio mental. Ese pasaje de sus confesiones lo concluye el
poeta así: «fue la primera vez que vi
abrirse ante mis ojos ese pozo sin
fondo que adquirió desde entonces
proporciones vertiginosas, a medida
que se logró propagar la impúdica
idea de que la verdad debe desaparecer frente a la eficacia o que la conciencia, al igual que la personalidad
individual, no tiene derecho a ningún
respeto. o que el fin justifica los medios».
Una filosofía política que tuvo o
tiene su origen en el racionalismo hegeliano había de ser, forzosamente y
para todos y cada uno de los surrea-

listas, el pan más duro de roer. Porque viéndolo bien, eso no era alimento: era una tortura para los dientes de
leche y de espuma conque los poetas
mordían todas las maravillas del
mundo. Después de todo, los surrealistas no serían los últimos en visitar
el polvo. Un poco más tarde aparecerían los existencialistas. Sartre, no lo
olvidemos, quiso llenar los huecos
que el marxismo padecía en el campo
de la subjetividad y la singularidad:
«el psicoanálisis, la sociología, el método 'comprensivo' de la fenomenología». Sartre vivió, después de todo,
una historia semejante a la descrita en
la epopeya del surrealismo. Pero ... el
autor de La náusea es también el autor de La crítica de la razón dialéctica. Y eso, ¿qué quiere decir? ¿Querrá
decir: el escritor que no es poeta es
filósofo, luego su fortaleza es mayor?
Pero no nos distraigamos. Sigamos
con Breton.
Fue Albert Camus, en su libro El
hombre rebelde, quien vio con absoluta claridad cómo el matrimonio entre Atenea y Maquiavelo había de terminar en los juzgados, querella de
por medio. «La ruptura definitiva se
explica, finalmente, si se piensa que
el marxismo exigía la sumisión de lo
irracional, en tanto que los surrealistas se habían levantado para defender
lo irracional hasta la muerte. El mar-

xismo tendía a la conquista de la totalidad, y el surrealismo, como toda experiencia espiritual, a la unidad. La
totalidad puede exigir la sumisión de
lo irracional si lo racional basta para
conquistar el imperio del mundo. Pero el deseo de unidad es más exigente. No le basta con que todo sea racional. Quiere, sobre todo, que lo racional y lo irracional se reconcilien al
mismo nivel. No hay unidad que suponga una mutilación». El escritor argelino-francés dio en el clavo. El antagonismo que subrayaron los comisarios del partido no se dio entre el
racionalismo y el irracionalismo, entre el materialismo y el idealismo.
Simplemente el reino de Breton no
era de este mundo, un mundo hecho
de eficacia y pragmatismo. Sus ideas,
amasadas con poesía y generosidad,
pretendieron no la conquista del mundo, sí la del hombre hundido en las
hermosuras de la vigilia y el sueño, la
pasión y la reflexión desinteresada, lo
maravilloso y lo fortuito. Fue esa
hambre de justicia e infinitud la que
lo llevó a estampar en La revolución
surrealista: «Es preciso obtener una
nueva declaración de los derechos del
hombre».
V

El surrealismo: ¿espejo de nuestros
días? Sin duda. Aunque no debemos
37

�FREUDYDALÍ

Manuel Contreras Ramos
olvidar que ese espejo cargado de
pureza acabó manchado por las
emanaciones de tantos ávidos labios
y tantas manos presurosas. El espejo
perfecto en su inactividad debió cederle el paso al truculento espejo del
siglo XX. «La belleza será CONVULSIVA o no será» -dictaminó Breton.
A la aptitud del escritor -cuando
vislumbra el porvenir del arte y los
desplazamientos del espíritu actualpodemos llamarla clarividencia y
extenderla al universo de lo social.
Él miró, hace más de cuarenta años,
cómo «el agotamiento de las causas
económicas ( ... ) subrayaría la común
miseria de nuestros contemporáneos, que, en último término, es sin
duda de tipo ideológico: es de racio-

,,

11

11

~

1

na/ismo, de un racionalismo cerrado, de lo que está a punto de morir
el mundo». Pero la historia, nos dijeron hace tiempo, no se escribe dos
veces porque no se repite. ¿Será
cierto? De nada podemos ya estar
seguros. Que nos sirva de consuelo.
pues, la franqueza con que Breton
habló acerca del clima vivido al fin
de la guerra: «no hubiéramos podido
esperar nunca, incluso sabiendo la
poca memoria que tienen los humanos, que los antiguos partidos políticos, todos ellos más o menos gravemente culpables (... ) fueran llamados (... ) a reconstituirse, postulando
a los mismos hombres que se habían
mostrado tan poco a la altura de los
acontecimientos».

t ,,,.~
1

VI
Una acotación final. Antes y después del surrealismo, a los poetas se
les han imputado ingenuidades de
toda laya. Aunque Breton -me parece- ni siquiera escogería a la inocencia en lugar de la lacónica objetividad de los hombres de acción.
Amaría a la contemplación y al movimiento por igual y terminaría observándose en el espeJo sostenido
por Camus. Allí su rostro sería idéntico al de Sísifo, héroe absurdo. héroe que mide con exactitud la altura
de nuestro tiempo.

En 1932, Salvador Dalí experimentó
una especie de revelación. Nueve
años después, en 1941, tanto esa experiencia como una serie de acontecimientos que a raíz de ella se suscitaron, fueron narradas en un libro cuyo
manuscrito se extravió mientras
abandonaba precipitadamente Arcanchon huyendo de las tropas nazis. El
libro fue encontrado veintidós años
más tarde y se publicó en 1963 bajo el
título de El mito trágico del «Ange/11s» de Mil/et. Ese documento sirve
de base para mi comentario.
Antes de que ocurriera la que he
llamado revelación, Dalí había escuchado el rumor de que Millet había
modificado la pintura original del
«angelus», cubriendo con tierra y
más tarde con un cesto, un ataúd que
contenía al hijo muerto de la pareja
de campesinos, a instancias de un
amigo parisino que le habría advertido de que el gusto del público no
aceptaría un cuadro de tema melodramático.
En 1963, unas semanas antes de la
publicación del libro de Dalí y a instancias de éste, el cuadro de Millet
fue examinado mediante rayos X en
el musco del Louvre y efectivamente
pudo observarse, en el lugar preciso
señalado por Dalí, una masa obscura,
especie de paralelepípedo, que bien

38

El surrealismo en el fin de milenio. Museo de Historia Mexicana,

10 de agosto de 1996.

pudiera corresponder a un pequeño
ataúd. Así, la escena pintada, lejos de
corresponder a la oración que precede
a la ingesta, era la del entierro de un
niño a la hora del crepúsculo.
Por insólito que ese descubrimiento nos pueda parecer, es minúsculo ante el develamiento que el propio Dalí llevó a cabo con sus sepultados recuerdos infantiles gracias la
método que él mismo llamó más tarde &lt;&lt;paranoia crítica».
Sigamos pues la secuencia de su
relato.
En julio de 1932, sin medir ningún
recuerdo próximo ni alguna asociación inmediata, se aparece en su conciencia la imagen del «angelus» de
Millet.
Dice Dalí de aquel momento, que
el «angelus» de Millet se convirtió
«de súbito» para él, «en la obra pictórica más turbadora, la más enigmática, la más densa, la más rica en pensamientos inconscientes que jamás ha
existido». (p. 25)
La intensidad de su vivencia resultaba inexplicable para él e incomprensible para sus amigos, pues el
cuadro, más bien de aspecto deleznable, no parecía merecer semejante in-

terés. No obstante ello, Dalí afirma
que desde entonces, el «ya sabía» de
la transformación del cuadro y que la
interpretación que posteriormente debía tomar cuerpo estaba ya «enteramente presente y evidente en su espíritu».
Lo cierto es que a partir de la revelación, el «angelus» adquiere para
Dalí una forma «netamente obsesiva». (p. 26) La imagen de cuadro se
transforma en devaneo.
Tiempo después, en la playa catalana de Port Lligat, luego de pasar
varias bajo el sol, ocupado en la confección de una multitud de pequeños
objetos ,monumentales&gt;, es decir que
imagi!1aba los guijarros «aumentados
a enormes proporciones» (p. 28), y
mientras intentaba hacer coincidir un
par de ellos remedando las poses de
los acoplamientos del amor, sufre de
repente un intenso estremecimiento al
colocar «dos piedras erguidas, una
ante la otra. Esta disposición totalmente involuntaria de las dos piedras
-dice Dalí- me ha recordado al instante, y este hecho me causa la más
viva emoción, la pareja del «angelus»
de Millet». (p. 30)
Luego del baño que sigue a ese
juego, tiene que cruzar «un prado
bastante amplio, de hierba suave y
39

�carnosa en donde abundan charcos
poblados de ranas», saltamontes y sobre todo mantis religiosas que le despiertan «una fobia de un poder aterrorizan te total»; tropieza con un pescador que se dirige en sentido contrario,
realizando ambos gestos idénticos en
el momento de interceptarse el paso,
que remedaban a los de un solo hombre y su imagen en el espejo. En el
momento de la colisión, vuelve a
aparecer con toda claridad, el «angelus».

1

'1

111, 1

Un nuevo episodio perturbador se
produce «durante una excursión al
Cap de Creus, cuyo paisaje mineral
(al N. O. de Cataluña) constituye un
auténtico delirio geológico», al imaginar, talladas en las rocas más altas
las esculturas de la pareja del «angelus» de Millet. La erosión de las rocas parecía retomar el origen de la figura a épocas muy remotas y era la
figura del hombre la más afectada por
la acción del tiempo: «sólo quedaba
de él el bloque vago e informe de la
si lucta que se convertía por ello en terrible y particularmente angustiosa».

""-.,1

(p. J2)

Un sueño viene por entonces a condensar los elementos perturbadores y a
ascx:iarlos con algunas vivencias remotas y con otras concurrentes. Dejémosle
al sonante su narración.
40

«En Madrid, visitaba (en compañía
de Gala) el museo de historia natural en
el momento del crepúsculo. La noche
caía prematuramente en las amplias salas, cada vez más sombrías, del museo.
En el centro exacto de la sala de los insectos, era imposible contemplar sin
pavor la pareja turbadora del «angelus», reproducida en una escultura de
colosales dimensiones. A la salida, sodomicé a Gala en la misma puerta del
museo, a esa hora desierto. Realizaba
este acto de una manera rápida y en extremo salvaje, rabiosa. Los dos nos
deslizábamos en un baño de sudor, al
término asfixiante de aquel crepúsculo
de verano ardiente en el que ensordecía
el canto frenético de los insectos». (p.
33)

Tiempo después se le impuso a
Dalí la fantasía de sumergir el cuadro, aunque sólo la mitad donde se
encuentra pintada la figura masculina, en un cubo de leche tibia.
Voy a detenerme ahora en el relato detallado de las dos últimas experiencias angustiosas, por parecerme
las menos descifradas por Dalí y al
mismo tiempo las más potencialmente esclarecedoras del origen de la revelación delirante.
«Paseando en automóvil, en el crepúsculo, por una calle de Port de la sel-

va, un pueblecito próximo a Cadaqués»
vio «en un escaparate un juego de café
completo de porcelana, cuyas tazas»
estaban «ornamentadas con una reproducción en color del «angelus» ... »
«Siento -relata Dalí- una impresión
considerable porque, además, la repetición del tema da a la imagen obsesionante un carácter estereotipado atroz y
trastornador. Los pequeños «angelus»
de Millet, repetido dos veces en cada
una de las doce tazas (una reproducción en cada lado), me parecen absolutamente irresistibles, y de una tal violencia irracional que les digo a mis
amigos: es para volverse loco». Como
también en la cafetera se encontraba el
«angelus», naturalmente a escala mayor, el juego de café le hace «el efecto
inexplicablemente angustioso de una
clueca rodeada de sus pollitos». (p. 35)
La última experiencia es relatada
así:
«Descubro, entre los papeles en
desorden de mi biblioteca, un fragmento de una gran reproducción que
representa un montón de cerezas ...
Aunque el trazo visible de la fotografía sea mucho mayor que la tarjeta
postal en color del «angelus» que me
sirve de referencia para ese estudio, y
aunque el tema de las cerezas está
expresado de una forma muy clara y
realista, confundo por unos segundos,

pero con la fuerza vital total, el mencionado fragmento de la foto de mi
tarjeta postal del «angelus». La confusión tiene toda la evidencia visual
de una alucinación y me produce un
choc muy violento, acompañado de
angustias». (p. 35)
Hasta aquí el relato de la revelación y sus secuelas, vivencias de las
cuales lo menos que puede decirse es
que efectivamente eran como para
volverse loco.
¿Qué hizo Dalí? Se sometió a sí
mismo al método freudiano de la asociación libre y logró avanzar bastante
en el desciframiento de sus perturbadoras experiencias. Fragmentó, tanto
el cuadro de Millet como su sueño
con Gala en elementos aislados y fue
rastreando cada uno de ellos hasta dar
con una serie de fantasías infantiles
que desde su inconsciente gobernaban su sexualidad y le dificultaban su
relación con las mujeres.
Fue el crepúsculo el elemento que
mejor le permitió rescatar los recuerdos infantiles más atávicos, los cuales
el mismo consideraba como los más
delirantes, es decir, los más poéticos.
«En el instante de esa transición luminosa el canto de los insectos adquiría una enorme importancia sentimental». (p. 61) En una composición

elegiaca que escribió antes de los catorce años, expresaba «la nostalgia
irreparable del fin de las époc'!s c2rboníferas con la desaparición de su
fauna y de su flora y la gradual ap:.rición de la civilización humana destruyendo progresivamente el estado
de virginidad del mundo, arruinando
de este modo el panteísmo puro e integral que se remontaba a los orígenes del universo». (p. 67) El paisaje
del Cap de Creus está también asociado con ese pasado remoto, así como la entomología de Fabre, pues sus
descripciones de insectos le evocaban
también analogías atávicas. (p. 67)

La actitud de la mujer del «angelus» es descrita por Dalí como asociada
con lo atávico de la siguiente manera:
«Esa actitud (además de mostrar
el erotismo simbólico de sobra conocido de los éxtasis místicos) comporta a mi modo de ver un factor exhibicionista, un factor expectante y un
factor de agresión clarísimos. Está
claro que se trata de la típica postura
de espera. Es la inmovilidad que preludia las violencias inminentes. Es
también la clásica actitud de los saltos de los animales, es la común al
canguro y al boxeador; y sobre todo,
la que ilustra con resplandor la mantis religiosa». (p. 69) Este insecto, de
apariencia espectral, abunda (según el

entomólogo Fabre) en las poblaciones arcaicas de los bosques carboníferos. (p. 70)
Así, por esa vía, Dalí va reconstruyendo sus temores atávicos como
la causa de la angustia que acompañaba sus revelaciones.
La figura del hombre que aparece
en el «angelus», como en la que imagina en las formaciones geológicas
del Cap de Creus, le evoca «una diferenciación de estado entre los dos
personajes de la pareja, de modo que
el hombre se presenta en estado de
ruina, disminuido, en un estado de
neta inferioridad respecto a la figura
femenina (evocada también por el
guijarro r~dondeado de la playa de
Port Llivat) que por el contrario, está
exagerada en el sentido de la redondez y de la carne». (p. 75)
Poco a poco se va configurando
la fantasía infantil origen de la angustia. El sueño con Gala en el museo madrileño de historia natural le
retrae su adolescencia, época en la
que dice haber vivido «bajo el terror del acto del amor, al que confería caracteres de animalidad, de
violencia y de ferocidad extremos,
hasta el punto de sentirse totalmente incapaz de realizarlo, no sólo a
causa de un supuesto insuficiencia
41

�fisiológica, sino también por miedo
a su fuerza aniquiladora, que le hacía creer en consecuencias casi
mortales». (p. 81)
Dalí había conocido a Gala en
1929, en ocasión de un viaje que hizo
ella a Barcelona para asistir a la exposi~ión internacional, a donde llegó
acompañada de su marido Paul
Elaurd y su pequeña hija Cecile. Según Buñuel , Dalí quedo inmediatamente prendado de ella: «ha llegado
una mujer magnífica» le contó agitado. Y a partir de ese momento se produjo en él «una transformación total». (Buñuel, Mi último suspiro, pp.
95 y 96)
El amor de Gala operó en Dalí,
según él mismo lo relata, una verdadera cura psíquica. «Los recursos de
ese amor sobrepasaban en intuición
vital los más sutiles conocimientos
del tratamiento psicoanalítico». (p.
82) No debe haber sido fácil para Gala domar al aterrorizado Dalí. pero
por lo que se sabe, sólo se separaron
a la muerte de ella y nadie, ni la hija
que ella ya tenía, logró situarse en
medio de el los dos.

1

, ,

111, ......

«Gala -dice Dalí- ocupaba en
realidad (en el momento del sueño) el
lugar de mi madre, a quien debo mi
temor hacia el acto sexual y la creen42

cía de que me llevaría fatalmente a
mi total aniquilación». (p. 93)
El recuerdo infantil de los mitos tejidos en tomo a un pequeño vegetal
que existe en los bosques carboníferos
de los alrededores de Figueres y que
por manar un líquido blancuzco similar
a la leche es llamado leche de santa Teresa, constituyen el punto de arribo de
otra cadena asociativa: la de la leche.
Cuenta Dalí: «Mi madre me había
prohibido tocar e incluso aproximarme a ese vegetal del que quería convencerme que era venenoso por simple contacto; casi en la misma época
me habían impresionado ciertos relatos de los niños de la escuela, que me
aseguraban que, frotado con leche de
Santa Teresa, el pene adquiría proporciones enormes que causaban la
muerte». (p. 93)
Es en relación a ese recuerdo que
la figura masculina del «angelus», sumergida en leche tibia, se le presentaba «como la imagen de un hombre
engullido, ahogado, mueno en el elemento materno, dentro de la tibieza
materna...» y esa tibieza corresponde
al aspecto al mismo tiempo deseable
que nos revela el erotismo originario
y temido. Dejarse llevar por el deseo
equivaldría a permanecer flotando
para siempre en la bolsa marsupial.

Por eso el terror producido por la
pareja del «angelus» de Millet, aun
sin comprobar la existencia del hijo
mueno y escamoteado más tarde por
el pintor, se explica por la identificación de la mujer con la madre devoradora de sus propios hijos y con la
identificación del mismo Dalí con el
hombre-hijo, subyugado, inerme.
próximo a dejarse devorar. «clavado
en el suelo, hipnotizado por el exhibicionismo espectral de su madre. que
lo aniquila». (p. 127)
Los elementos aterrorizantes para
Dalí del mito trágico del «angelus»
de Millet estaban contenidos en un
capítulo del libro Las costumbres de
los insectos de J.H. Fabre, leído por
Salvador Dalí cuando niño. seguramente presa del pánico.
Estudiando a la mantis, -dice Fabre- «no nos encontramos con un insecto plácido, devotamente recogido.
sino con un caníbal, con un feroz espectro devorando el cerebro de su
víctima desmoralizada por el terror.
... Si bien el pobrecito es apreciado por la hembra como vivificador de
los ovarios, también lo es como pieza
de caza de gran calidad. Durante el
día o. a lo más tardar, al día siguiente,
es atrapado por su compañera que
empieza a comérselo por la nuca... , y

luego, metódicamente, a pequeñas
dentelladas, se lo traga, dejando sólo
las alas.
... El amor es más fuerte que la
muerte, se ha dicho. Tomado al pie
de la letra, jamás el aforismo recibió
una confirmación más brillante. Un
decapitado, un amputado hasta medio
pecho, un cadáver persiste en querer
ofrecer la vida. No cesará hasta que
sea roído por el vientre, donde tiene
los órganos procreadores.
Comerse al macho después de
consumida la boda, devorar el enano
sin fuerzas, desde ese momento inútil, pueden entenderse, hasta cierto
punto, en el caso del insecto poco escrupuloso en materia de sentimiento;
pero zampárselo durante el acto, eso
sobrepasa todo lo que sería capaz de
sonar una imaginación atroz.» (pp.
120 y 121)

Hasta allí llegó el autoanálisis de
Dalí. Tal vez lo suficientemente lejos
como para permitirle compartir la vida con una mujer lo más lejana posible de la imagen materna, pues se sabe que Gala no sólo abandonó a su
hija Cecile sino que nunca más procreó. Pero sorprendentemente el documento deja en pie el enigma más
llamativo del cuadro: el elemento escamoteado del hijo muerto.

Aquí recordaré el terror de Dalí al
ver la imagen repetida del «angelus»
en las tazas del escaparate de Port de
la Selva, que fonéticamente se confunde con Por de la Selva, que en catalán significa miedo de la selva, y
también subrayase el terror de Dalí al
chocar con el pescador en la playa de
Port Lligat y producirse movimientos
idénticos entre ambos, como si fuera
uno solo ante el espejo.

Bibliografía
Salvador Dalí, El mito trágico del «Angelus» de Millet. Tusquets, Barcelona, 3a.
ed., 1989.
El surrealismo en el fin de milenio. Mu-

seo de Historia Mexicana, 3 de agosto de
1996.

Como ahora se sabe que hubo
otro Salvador Dalí que murió pequeño, es posible suponer que el verdadero origen del terror al aniquilamiento por pane de su madre, yacía
en ese elemento de estereotipia, de
repetición, de confusión con un
muerto, que sin ser él, compartía con
él su mismo nombre. Ante el ataúd de
un hijo muerto, la madre de la pareja
del «angelus» se apresta a devorar al
otro que ahora tiene enfrente, el cual,
fascinado por ella, se apresta al sacrificio.
Como ven, sería absurdo circunscribir el encuentro entre Freud y Dalí
a la efímera entrevista sostenida en
Londres a fines de los años treinta entre el anciano genial que se encontraba ya al borde de la muerte y aquel
joven pintor alocado y simpático que
le regaló un retrato.
43

�TRES ODAS

Horacio

Versión de Enrique Puente Sánchez

A JULO ANTONIO
Quien a Píndaro imita, vuela ¡oh Julo!,
En alas que con cera juntó Dédalo,
Ícaro nuevo que dará su nombre
Al transparente ponto.
Cual saltando de un monte veloz río,
Al que acrecientan las intensas lluvias,
Se lanza y ruge inmenso, tal es Píndaro
Con su profundo verbo.
Luce en sus sienes el laurel de Apolo,
Cuando en audaces ditirambos forja
Nuevos vocablos y se mueve en ritmos
A leyes no sujetos.
O cuando a dioses canta y canta a reyes,
Prole divina que venció a Centauros
Y a la infame Quimera, monstruo horrendo,
Ignívoma asesina.
O cuando canta a quien la palma elea
Convierte en inmortal, jinete o púgil,
Y un galardón le obsequia más que cien
Estatuas duradero.
También si llora al joven que a la esposa
Futura arrebataron y eterniza
Su porte, su valor y sus costumbres
Y al Oroco se lo quita.
44

Un viento poderoso eleva, Antonio,
Al gran cisne tebano cuantas veces
Hasta las altas y extendidas nubes
El vuelo alzar intenta.
Yo en cambio, Julo, soy la parva abeja
Que con fatiga, a su costumbre y modo,
Allá en Apulia liba del tomillo
Las mieles deliciosas.
Junto al espeso bosque y a la orilla
Del Anio cuyas aguas Tíbur riegan,
Poeta humilde, laboriosos versos
Yo escribo, Julo Antonio ...
Libro IV , oda 2

AD IULLUM ANTONIUM
Pindarum quisquis studet aemulari ,
Iulle, ceratis ope Daedalea
Ni1i1ur pinnis, v1treo daturus
nomina ponto.
Monte decurrens velut amnis, imbres
Quem super notas aluerc ripas.
Ferve1 inmensusque ruit profundo
Pindarus ore.
Laurea donandus Apollinari.
Seu per audaces nova dithyrambos
Verba devolvit numerisque fertur
Lege solutis,

45

�Seu deos regesve canit, deorum
Sanguinem, per quos cecidere iusta
Morte Centauri, cecidit tremendae
Flamma Chimaerae,
Sive quos Elea domum reducit
Palma caelestes pugilemve equumve
Dicit et centum potiore signis
Munere donat, ·

,,

Flebili sponsae iuvenemve raptum
Plorat et vires animumque moresque
Aureos educit in astra nigroque
Invidet Orco.
Multa Dircaeum levat aura cycnum,
Tcndit, Antoni, quotiens in altos
Nubium tractus. Ego apis Matinae
More modoque

11

111t

l

Grata carpentis thyma per laborem,
Plurimum circa nemus uvidique
Tiburis ripas operosa parvus
Carmina fingo ...

t ~._

AMELPÓMENE
Quien al nacer reciba, Melpómene divina,
De una vez para siempre tu mirada propicia,
No brillará en el Istmo
Como excelente púgil,
Jamás veloz caballo le dará la victoria
Corriendo un carro olímpico.
No hazañas militares
Venciendo altivos reyes,
Coronarán su frente con el laurel de Apolo,
Ni irá ante el Capitolio cual Escipión triunfante.
Más bien las aguas límpidas
Que a Tíbur fértil riegan,
Y los follajes densos que sus bosques conservan,
Lo tornarán insigne por sus eolios versos.
A mí la juventud
De Roma, ciudad reina,
Entre coros me pone de inspirados poetas
Y de mordaz envidia dejo de ser la presa.
¡Oh tú, dilecta Piéride,
Que de la lira de oro
Los melifluos acordes combinas amorosa!
¡Oh tú que dar podrías a los callados peces
El canto de los cisnes, si ése tu gusto fuera!
Que de los transeúntes
El dedo me señale
Como poeta máximo de la romana lira,
¡Todo es regalo tuyo!

46

47

�Que viva, escriba y guste,
Si gusto, ¡oh, Musa! ¡Oh, Musa!
¡Regalo tuyo es todo!
Libro IV. oda 3

A PLANCO
A Rodas luminosa otros alaben,
A Mi ti lene lésbica y a Efeso;
De la bella Corinto bimarina
Los recios muros con fervor exalten.

AD MELPOMENEN
Quem tu, Melpomene, semel
Nascentem placido lumine videris
Illum non labor Isthmius
Clarabit pugilem, non equus impiger
Curru ducet Achaico
Victorem, neque res bellica Deliis
Ornatum foliis ducem,
Quod regum tumidas contuderit minas,
Ostendet Capitolio:
Sed quae Tibur aquae fertile praelluunt
Et spissae nemorum comae
Fingen! Aeolio carmine nobilem.
Romac principis urbium
Dignatur suboles inter amabiles
Vatum ponere me choras,
Et iam dente minus mordeor invido.
O lcstudinis aurcae
Dult:em quac strcpitum, Pieri. temperas.
O mutis quoque piscibus
Donatura cycni. si libeat sonum,

48

Totum muneris hoc tui est,
Quod monstror digito praetereuntium
Romanac fidicen lyrac:
Quod spiro et placeo, si placeo, tuum est.

Por Dióniso famosa a Tebas loen
Y a Delfos sacra por Apolo canten;
A Tesalia que mira hacia el Olimpo
Por Tempe, delicioso valle, ensalcen.
Algunos tienen por supremo gozo
Cantar en versos épicos a Atenas,
Ciudad de Palas virgen, y el olivo
Sobre todo árbol preferir por siempre.
Y para honrar a Juno poderosa
Muchos celebran a la fértil Argos,
Madre nutricia de corceles bélicos,
Y a Micenas gentil. la rica en oro.
A mí ni Esparta con su gran paciencia
Ni de Larisa los opimos campos,
El alma y corazón tanto suspenden
Como el templo que en Tívoli posee
Albunea la ninfa rumorosa,
El Anio que precípite se lanza
Y el bosque de Tiburno, con los huertos
Que riegan los riachuelos tremulantes ...
Libro 1, oda 7
49

�ELENA PONIATOWSKA: LA
MANIPULACIÓN DE LA HISTORIA
OFICIAL Y DEL DISCURSO TESTIMONIAL
EN LA NOCHE DE TLATELOLCO
.,

.,

Osear A. D1az-Ortiz
ADPLANCUM
Laudabunt alii claram Rhodon aut Mytilenen
Aut Epheson bimarisve Corinthi
Moenia ve! Baccho Thebas ve! Apolline Delphos
Insignes aut Thessala Tempe.
Sunt quibus unum opus est, intactae Palladis urbem
Carmine perpetuo celebrare et
Undique decerptae frondi praeponere olivam.
Plurimus in lunonis honorem
Aptum dicet equis Argos ditesque Mycenas.
Me nec tam patiens Lacedaemon
Nec tam Larisae percussit campus opimae
Quam domus Albuneae resonantis
Et praeceps Anio ac Tiburni lucus et uda
Mobilibus pomaria rivis ...

Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite y no podemos pennitir ya
que se siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico, como a los ojos de todo el mundo ha
venido sucediendo.

Gustavo Díaz Ordaz, IV Informe Presidencial al Congreso de la Unión, primero de septiembre de
1968. (52)

Es notoria la buena calidad de las centenas de bombas molotov lanzadas por los manifestantes, a
diferencia de anteriores ocasiones.

Un oficial. (242)
Había belleza y luz en las almas de esos muchachos m1tertos. Querían hacer- de México la morada
de la justicia y la verdad. Soñaron 1ma hennosa república libre de la miseria y el engaño. Pretendieron la libertad, el pan y el alfabeto para los seres oprimidos y olvidados y fueron enemigos de
los ojos tristes en los niños, la frustración en los adolescentes y el desencanto de los viejos. Acaso
en algunos de ellos había la semilla de un sabio, de un ,naestro, de un artista, un ingeniero, un médico. Ahora sólo son fisiologías interrumpidas dentro de pieles interrumpidas dentro de pieles ultrajadas. S1t caída nos hiere a todos y deja 1tna horrible cicatriz en la vida mexicana.
José Alvarado. «Luto por los muchachos muertos», Siempre!, no. 799, 16 de octubre de 1968.(254)
Elena Poniatowska, La ,wche de Tlatelolco.

1

11

1 1 1 ¡ 1 11,.,,,

so

En la literatura latinoamericana es muy usual la confrontación discursiva entre la oficialidad y la intelectualidad, a
pesar de ser la intelectualidad una de las ramas de lo que
Althusser denominó el Aparato Ideológico Estatal (136-38).
La intelectualidad representada por los escritores pretende
a través del discurso escrito privativo. de este sector culto,
dar voz al subalterno, abriendo un espacio para éstos. El
testimonio, dentro de la narrativa documentaría, surge como una de las formas de la oralidad al ser un suceso contado o narrado a través de la mediación de un editor-recolector que da viabilidad a la voz del Otro para que ingrese en
el espacio letrado. Aguiluz dice a este respecto que: «Con
el testimonio esas redes de voces que formaron parte de
una denominada cultura popular donde la oralidad es la base de la transmisión de las experiencias individuales y co-

lectivas toma un lugar propio dentro del espacio público en
la forma de texto testimonial» (212). Así pues, el compilador del testimonio, el intelectual, cuya función es descubrir
al testigo para que hable, recolectar y seleccionar la información de éste para finalmente plasmarla en fonna escrita,
pasa a ser el portador del discurso de la subaltemidad al no
tener esta voz como afirma Gayatri Spivak. Esta voz se presenta como un testimonio destinado a hablar con los lectores para mostrar su visión y así calmar la angustia que éstos
experimentan ante la realidad de indiferencia según dice
John Beverly (7). La autenticidad de la voz de la alteridad,
muestra una problemática al presentar dos conceptos claves
en su desarrollo. Estos son la veracidad y la manipulación
de esta voz que de una u otra manera ya sea estética o conceptual es modificada conscientemente por el escritor al

51

�perfeccionar su relato (Jbrgensen 68). Nuestro propósito es
por una parte, mostrar cómo se da la confrontación discursiva entre la oficialidad y el pueblo, en La noche de Tlatelolco ( 1971) de la escritora mexicana Elena Poniatowska
(1933), ya que a través de la historia oficial -el discurso patriarcal- se pretende ignorar en unos casos o justificar en
otros la actuación del Estado para silenciar la voz del subalterno, presentando una verdad acomodada que representa la
ideología y los intereses de la hegemonía y por otra parte,
mostrar también, cómo el discurso contestatario -la historia
no oficial-, representado por el testimonio, surge como respuesta al discurso monológico de la oficialidad y presenta
al discurso testimonial desde la óptica de los protagonistas
para dar a conocer una verdad silenciada que también es
manipulada en lo estético por el escritor que la presenta e
ideologizada en relación a la lucha de clases para revelarse
contra la univocidad del discurso dominante.

',¡

La confrontación discursiva entre la historia oficial y la
no oficial pretende dejar ver los dos polos opuestos en una
lucha por el poder donde cada grupo quiere que sus ideas
prevalezcan y sea justificado su punto de vista. Esta situación hace que el testimonio en Latinoamérica tenga un carácter especial que le da identidad. Según dice Hugo Achugar: «El testimonio latinoamericano contemporáneo denuncia y celebra, pues su deseo es la verdad. Narra en paralelo
no para identificar sino para confrontar, distingue y no asimila. Su deseo es desmontar una historia hegemónica, a la
vez que desea construir otra historia que llegue a ser hegemónica (50). Recordemos que la lucha de clases engendra,
según Marx, una lucha de ideas en donde las ideas de la
clase dirigente -la oficialidad- son consideradas como únicas y verdaderas, por ser esta clase quien regula y controla
la producción y la distribución de ideas en su tiempo. Estas
ideas cambiarán una vez la clase emergente dé la revolución y pase a ser la nueva clase dirigente (Selsam and Mar-

S2

tel 201). En México por ejemplo, si nos remontamos al pe- cierto prestigio internacional. Pero posteriormente con los suríodo dictatorial de Porfirio Díaz (1884-1911) vemos que las cesos estudiantiles de 1968 pasó a ser el recuerdo de una seideas de la clase dirigente afrancesada que él presidió, 'fue- gunda masacre, un lugar en donde imperó la fuerza de la bota
ron las que prevalecieron durante ese período y que una vez militar, el fusil y la impunidad sobre la razón, como uno de
estalló la revolución, la nueva clase dirigente desarraigada los más cruentos y nefastos sucesos de la historia latinoamepasó a ser la generadora no sólo de las ideas que gobiernan ricana.
al México actual, sino también la promotora de la creación
del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como repreEn La noche de Tlatelolco, Elena Poniatowska, presentación política de la revolución.
senta esa otra versión silenciada por la historia oficial en
una versión que viene directamente de sus protagonistas
Tlatelolco recaba en la memoria colectiva como un testi- sobre los sucesos acaecidos en la trágica y sangrienta nogo silencioso para evocar un significado en la conciencia del che del dos de octubre de 1968 cuando las tropas del ejérpueblo mexicano y a la vez surgir como un símbolo de dos cito mexicano irrumpieron en la plaza de Tlatelolco para
grandes sucesos que han marcado la historia no sólo de Mé- sofocar una manifestación estudiantil que pretendía haxico, sino que también de toda Latinoamérica -la conquista y cer una denuncia contra la política de austeridad interna
la doble masacre-. Por un lado, este es un lugar que repre- en cuanto a la educación, la falta de libertad, la liberasenta la confrontación fatal, el dominio y el control de un sis- ción de presos políticos del gobierno del presidente Gustema hegemónico patriarcal, que se sustenta en el poder esta• tavo Díaz Ordaz. La obra, según lo ha señalado Foster,
tal y la fuerza física impositiva que éste le permite desplegar, se divide en dos partes. La primera hace la antesala a los
para imponer una dominación que procure la conservación sucesos, presentando los testimonios de las manifestaciode un sistema ya impuesto. Tiatelolco significa el encuentro nes previas a Tlatelolco y, la segunda se centra específiy la unión de dos Méxicos distintos: el precolombino y el co- camente en los acontecimientos del 2 de octubre. Foster
lonial, que generaron un tercer México: el moderno, a costa agrega que tanto los entrevistados como el editor están
del exterminio de sus antiguos habitantes. La representación de acuerdo al manifestar que los acontecimientos ocurride estos tres Méxicos es un factor que para bien o para des• dos allí ese día no se dieron con el propósito de empañar
gracia del mexicano está destinado a recordar cada día el la imagen de México, ni de los juegos. Esto fue mera
choque violento con la civilización europea que llevó al país coincidencia (45). Este es un punto del cual divergimos
a través del tiempo a experimentar el México moderno que por cuanto Poniatowska, en su función selectiva de la inhoy conocemos. Por otro lado, Tlatelolco hoy día no ha deja- formación, seleccionó aquellos testimonios que ayudado de ser ese lugar donde confluyen la cultura indígena, la es· ban a apoyar la inocencia que ella quería mostrar sobre
pañola y la moderna como un símbolo de una utópica rai.a el movimiento estudiantil. Hay que recordar que los esnaciente; quizá la raza cósmica que José Vasconcelos preveía tudiantes también hicieron daño con las bombas molocomo futuro para México y la América Latina. Tiatelolco fue tov, se enfrentaron a la policía ocasionando algunas baescenario de la finna del tratado de Proscripción de Ann~ jas entre ellos y que la editora los presenta con una idea
Nucleares en Latinoamérica (1968), con el cual el entonces un tanto romántica y soñadora que idealiza su visión sopresidente mexicano, Gustavo Díaz Ordaz (1964-70), busc
bre los estudiantes, presentándolos como inocentes. Por

ejemplo, es significativo que en los testimonios no aparezca el nombre de muchos de los soldados, comandantes y miembros del ejército, mientras que los estudiantes
y los dirigentes aparecen con nombres y apellidos y además la ocupación a la que se dedicaban. Esto es significativo porque hace que el lector se identifique con aquellas personas que aparecen como seres de carne y hueso,
más no con los que siendo personas como las otras, con
familias y vida particular también sufrieron con los ataques de los estudiantes. Poniatowska en La noche de
Tlatelolco al igual que hace en otra de sus obras más conocidas como, Hasta no verte Jesús mío (1969) y Nada,
nadie. Las voces del temblor (1988), cumple una labor periodística que es «reconstruir la vida de sus protagonistas
y los acontecimientos claves del México contemporáneo» (Chang-Rodríguez 508). Esto lo corrobora la escritora cuando dice refiriéndose a La noche de Tlatelolco:
En su mayoría estos testimonios fueron recogidos en octubre
y noviembre de 1968. Los estudiantes presos dieron los suyos
en el curso de los dos años siguientes. Este relato les pertenece. Está hecho con sus palabras, sus luchas, sus errores, su dolor y su asombro. Aparecen también sus «aceleradas», su ingenuidad, su confianza [... ] Aquí está el eco del grito de los
que murieron y el grito de los que quedaron. Aquí está su indignación y su protesta. Es el grito mudo que se atoró en miles
de gargantas, en miles de ojos desorbitados por el espanto el 2
de octubre de 1968, en la noche de Tlatelolco. (164)
La anterior declaración deja ver claramente que Poniatowska está muy consciente de su función dentro del
texto como editor, al afirmar que el cuerpo narrativo de
su presentación del testimonio fue hecho con el relato de
sus protagonistas, admitiendo que de una u otra forma
ella también ha sido partícipe de cierta manipulación al
clasificar, seleccionar y editar el material testimonial.
S3

�El marco histórico de la obra se centra en un período de
tres meses (agosto a octubre) de 1968, enfocando la problemática que por aquel entonces se presentaba entre los gremios estudiantiles y el gobierno del presidente Díaz Ordaz,
quien veía como un peligro estos conflictos que se estaban
suscitando y la proximidad del compromiso internacional
de las olimpiadas del 68 porque según decían los observadores internacionales «'la ropa sucia se lava en casa'. Los
estudiantes querían lavar la suya frente a los delegados
olímpicos del mundo entero y aprovechar su presencia para
inmiscuirlos en la política interna del país» (260). Esta era
también la versión que apoyaba la oficialidad, aunque los
estudiantes decían otra:

1, ,

Nosotros no estábamos en contra de la Olimpiada en cuanto a
fenómeno deportivo, pero sí en cuanto a fenómeno económico. Somos un país demasiado pobre y la Olimpiada significaba una sangría económica irrecuperable por más que se dijera
lo contrario. López Mateos contrajo ese compromiso con fines
exhibicionistas que no correspondían para nada con nuestra
realidad.
Gustavo Gordillo del CNH. (261)

111 1 1 " - " ' 1 1 1

El presidente, con motivo de las olimpiadas, pretendía
mostrar y propagar una imagen hipócrita a nivel internacional de un México cvn «un desarrollo estabilizador» y de
apertura en todos los sectores, una imagen que se venía difundiendo desde los últimos dos ·períodos presidenciales
anteriores. Las olim¡.,iadas hacían de México un atractivo
para el sector financiero internacional. Éste era el primer
país de América Latina en obtener la sede de unos Juegos
Olímpicos. Por está razón, México no podía darse el lujo de
permitir más manifestaciones que estaban poniendo en
aprietos al gobierno de Díaz Ordaz y al modelo de país que
éste pretendía mostrar al mundo. El desarrollo y la imagen
progresista de México era algo desconocido para sus nacio54

nales. El México de este período «soñado» lo presenta José cuencias directas de esta represión dio pie para que naciera
Agustín de la siguiente manera:
un movimiento guerrillero en Chihuahua el cual más tarde
daría origen a la llamada «Liga 23 de Septiembre» del gueNuestro país se había asomado al mundo y empezaba a hacer- rrillero Genaro Vásquez como lo señala Agustín (232-34).
se notar. La balanza de pagos indefectiblemente causaba problemas, pero los créditos del exterior fluían puntualmente
La plaza de las tres culturas surgió como un sitio de
pues «había confianza en México», lo cual llenaba de orgullo confluencia de toda la desestabilización sociopolítica del
al régimen. La clase media crecía en las ciudades. Se decía país, la separación abismal entre la burguesía dominante, su
que había democracia, pues los gobiernos emanaban de elec- poder absolutista, su impenetrabilidad y la clase media que
ciones y allí estaban, además. los partidos de oposición PAN, cada día veía más lejana su posibilidad de formar parte de
PARM y PPS, que, después de las reformas lopezmateístas a la
la clase dirigente. Estos problemas mostraban que México
ley electoral, tenían ya representaciones en el congreso, se de- también buscaba cambios ante la inconformidad de la jucía que había plenas libertades y respeto a los derechos huma- venlud a nivel mundial como los que estaban ocurriendo en
nos («menos la libertad para atentar contra las libertades») y los EE.UU y Europa -el jipismo fue una de esas manifestano se prestaba demasiada atención a la guerrilla en el estado ciones. El texto deja traslucir este conflicto generacional,
de Guerrero, ni a cuestiones como el autoritarismo, el paterna• así:
lismo y la censura, pues todo eso, formaba parte de la idiosincrasia y forma de ser. (227)
-Oye tú, greña brava, ¿qué no te di para la peluquería?
~Juan López Martínez, padre de familia.
Pero el México real estaba muy lejos de todo esto, la
gente comenzó a darse cuenta que la «democracia» de la
Cada uno se encierra en su medio. Los adultos ven cualquier
que se jactaban las instituciones mexicanas era meramente
cosa de la juventud como una agresión a sus principios y a sus
un formalismo y que al país se le gobernaba bajo la gerenbases morales. Así se explica ese ilógico ataque, por ejemplo,
cia del PRI, en una sucesión casi monárquica de «dedazos y
a las melenas. ¿Qué tienen que ver las melenas con la decentapados», de clientelismos y favoritismos; así como, entre
cia o qué tienen que ver con que uno sea malo o bueno? A mí
un capitalismo privado y un capitalismo estatal (Agustín
me da mucho gusto andar con la melena larga y no por eso
228). Pronto vinieron los descontentos contra el «Gorilóni1,
voy a ser homosexual o femenino o qué se yo. Los adultos
el «Chango», el «Mandibulón», como el pueblo llamaba a
quieren centrar en la longllud del pelo el sexo o la decencia.
su presidente, y ante esta situación «anárquica», según el
~ Gustavo Gordillo, del CNH
punto de vista estatal, como era de esperarse, se respondió
sin miramientos de ninguna clase. La represión, la mano
[... ) Ahora te das cuenta de por qué soy hippie.
dura y la extinción de movimientos por parte de Díaz Or·
*Eduardo Parra del Río. hippie. (23-25)
daz y sus secuaces no se hizo esperar y muestra de esto fue
el aplastamiento de la huelga de médicos de 1966 y las
La inconformidad de los estudiantes ante un México
irrupciones del ejército en la universidad nicolaíta de More· clasista que se mostraba demasiado conservador, anticuado
lia y en la Universidad de Sonora en 1967. Una de las conse- y ~electivo, se manifestó en las preparatorias oficiales y an-

te el exceso y la represión social, ejercida desde la hegemonía, dio origen a concurridas manifestaciones estudiantiles,
como un preámbulo a lo que más tarde sería la masacre de
Tlatelolco y, a que se formara el Comité Nacional de Huelga (CNH). Este fue un movimiento abanderado en la lucha
estudiantil, la cual dentro de su agenda petitoria demandaba
del gobierno seis puntos para solucionar el conflicto que se
presentaba entre el ejército y los estudiantes. Éstos eran «la
destitución de altos jefes de la policía, supresión del cuerpo
de granaderos y del delito de disolución social, liberación
de presos y arrestados e indemnización a familiares de estudiantes muertos o heridos. También se pedía un diálogo entre el gobierno y el CNH, público y televisado a todo el
país» (Agustín 257). Ante las aparentes aceptaciones del gobierno a las demandas cundió un sentimiento de victoria
con las declaraciones del gobierno que decían:
El Gobierno de la República está en la mejor disposición de
recibir a los representantes de los maestros y estudiantes de la
UNAN, del IPN y de otros centros educativos vinculados al
problema existente, para cambiar impresiones con ellos y conocer en forma directa las demandas que formulen y las sugerencias que hagan, a fin de resolver en definitiva el conflicto
que ha vivido nuestra capital en las últimas semanas y que ha
afectado en realidad, en mayor o menor grado, a todos sus habitantes.
Luis Echeverría, Secretario de Gobernación, 22 de agosto de
1968. (37)

Todo parecía mostrar una imagen de victoria, pero el
gobierno fue preparando una cobarde celada para extirpar
el movimiento estudiantil, que día a día ganaba más adeptos y, que arengaban en numerosas y frecuentes manifestaciones capitalinas, en donde la violencia proveniente de
ambos bandos fue muy visible. Por esta razón, se prohibieron las manifestaciones públicas y los estudiantes convoca55

�ron a un mitin en la plaza de las tres culturas -Tlatelolco-.
El gobierno siguiendo tácticas logísticas de control del poder vio que el sitio se ajustaba a lo que Foucault llamó «el
diagrama del poder» -en este caso la plaza como campo de
batalla-, «para permitir un control interior, articulado y detallado -para hacer visibles a quienes se encuentran dentro;
más generalmente-, la de una arquitectura [sitio cerrado]
que habría de ser un operador para la transformación de los
individuos» (177), es decir, un sitio desde donde se puede
vigilar y a la vez implementar un castigo a todo aquel que
transgrede el orden establecido. Las fuerzas del orden infiltraron a francotiradores, miembros de la policía y del ejército vestidos de civil, dentro de la plaza para poder justificar así su sangriento ataque desde el aire y desde algunas
edificaciones que circundan la plaza contra los estudiantes
al considerar que esto era «una provocación», situación que
ellos mismos habían creado. Las fuerzas del orden cerraron
el acceso a la plaza impidiendo que los manifestantes lograran escapar y más bien buscaran refugio en las edificios
aledaños de donde más tarde, algunos más afortunados,
fueron detenidos y otros salvajemente asesinados. Este panorama de caos, sangre y tragedia lo muestra la película
Rojo amanecer (1988) dirigida por Jorge Fons. En la «encerrona» murieron cientos como lo muestran los testigos que
Poniatowska presenta en su testimonio. Sin embargo, José
Agustín muestra lo que dijo la historia oficial que se vio
forzada a reconocer los hechos, más por el despliegue internacional que por el nacional, los cuales presentó de la siguiente manera: «En las listas oficiales se contaron 30
muertos y 87 heridos, y se calculaba que en el campo militar número I cuando menos había mil 500 detenidos. La
prensa recibió 'línea' para justificar la acción del gobierno
y condenar a los estudiantes» (262). Con este reconocimiento a medias, la oficialidad, no busca ignorar al Otro, totalmente, pero lo constriñe con el propósito de diseñar una
imagen perversa de éste que no contribuya a cuestionar su
56

Ante la historia oficial surge como contrapartida la otra
versión -la no oficial o historia alterna-. Esta historia se alza como un análisis socio-político que allana el espacio enLa historia oficial se presenta como un hecho visible y tre la historia oficial y los medios informativos (Oviedo
ante los ojos del mundo México se preparaba para las 144). Es este el objetivo que Poniatowska persigue al querer
Olimpiadas del 68, las cuales serían la vitrina de este país presentar al lector en La noche de Tlatelolco la versión sial exterior para mostrar un México idealizado que no co- lenciada por la clase dirigente y los medios de comunicarrespondía con la realidad, este suceso dio pauta para que el ción, en una novela testimonial o ensayo-documento-relato,
presidente Díaz Ordaz justificara la acción de las fuerzas del cual José Miguel Oviedo dice:
armadas.
Es un relato, pero la invención está puesta al servicio del documento
y en busca de la huidiza verdad, como haría un ensa«La injuria no me ofende, la calumnia no me Llega; el odio no
yo. Es ficción pero nace de -y remite a- una realidad investiha nacido en mí.» Por supuesto dio su versión de lo que acongada
con rigor y sentido histórico. Ensayo ficcionalizado potecía: «Recibimos información de que se pretendía estorbar
dría llamársele, pero puede ser leído también como novela:
los juegos olímpicos.» Se trataba de una conjura internacional
funciona de ambos modos, gracias a una textura narrativa muy
y la patria estaba en peligro. El incidente origen del problema
sutil
que combina el reportaje, las técnicas de presentación vihabía sido la «culminación de una larga serie de atentados a la
sual y el fragmentarismo de la novela modema.(144-45)
libertad y a los derechos», Se había llegado al libertinaje en
centralidad (Achugar 54); y así, lavarse las manos ante una
verdad inminente muy difícil de ocultar.

todos los medios de expresión y difusión; «hemos sido tolerantes hasta extremos criticados». Por supuesto, no admitía la
existencia de presos políticos en México. «Dispondré de las
fuerzas armadas» avisó también. «No quisiéramos tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario...
El diálogo es imposible cuando una parte se obstina en permanecer sorda y se encierra en la sinrazón de aceptarlo sólo para
cuando ya no haya qué dialogar.» Y concluía lastimado:
«¡Qué grave daño hacen los filósofos de la destrucción que es•
tán contra todo y en favor de nada!». (Agustín 259-60)
Su política paternalista de diálogo era de dientes hacia
afuera pues nada bueno se podía esperar de un presidente
que siempre fue obcecado y partidario de la mano dura
contra un pueblo que pretendía salirse dr. sus manos. Esta
era la imagen de un padre que no quiere reconocer que sus
hijos han crecido y necesitan salir en busca de sus propios
espacios.

Esta obra documentaria busca dar a conocer la historia
maniobrada por la oficialidad. Poniatowska presenta el testimonio como un factor auténtico al provenir, éste directamente, de sus protagonistas. Pero este testimonio narrativo
ha sido modificado por razones estéticas e ideológicas al
escoger y eliminar aquellas partes que no están de acuerdo
con el contenido ideológico de oposición que se le pretende
dar al testimonio como discurso contestatario. El enfoque
de los sucesos que presenta Poniatowska, muestra las dos
versiones existentes -la historia oficial y la historia alternativa- para que los hechos sean vistos desde ángulos totalmente divergentes. Esto hace que el lector se separe de la
versión oficialista para mirar e inclinarse hacia la versión
testimonial, la cual se da por verdadera por la manipulación
que ésta ha experimentado en su proceso selectivo. El testimonio da a conocer la cara oculta de las cosas, liberando a
los lectores de la historia de la oficialidad que pretende

crear mitos y leyendas en tomo a ciertos acontecimientos
que se han manejado clandestinamente y que buscan ser
presentados de una forma favorable para la oficialidad, más
no así para sus protagonistas. El compilador del testimonio
hace un trabajo similar al desarrollado por la oficialidad,
aunque mucho más limitado, pues con su versión ideológica y selectiva, busca la solidaridad y apoyo del individuo
que no pertenece al círculo hegemónico. Esta versión no
cuenta con la misma maquinaria de difusión que la oficialidad y por esta razón, busca conmover y persuadir, recordando en la memoria pública de la colectividad las causales
en las diferencias sociales y políticas que se dan en la dinámica del opresor-oprimido. Poniatowska convierte a los
lectores en jueces para que busquen, juzguen y critiquen
esa verdad que ella hábilmente ha seleccionado, yendo a la
conciencia de sus protagonistas para develar la verdad que
oculta el hecho histórico oficial dentro de la historia y buscar que «su verdad» triunfe sobre la otra.
La autora con su labor periodística logra presentar al
lector común un mundo oculto y de difícil acceso para éste,
ya que la oficialidad se ampara en el hermetismo e impenetrabilidad de la esfera del poder. El lector común es un individuo acostumbrado a la versión manipulada, vendida y
subjetiva de los medios informativos que contribuyen a
presentar la cara que el Estado considera más diáfana, conveniente y de fácil ingestión del suceso.
A la mañana siguiente del 27 de agosto --quinientos mil ciudadanos, ¿te imaginas? parados bajo el Palacio Nacional- se les
avisó a los burócratas que tenían que asistir al acto de desagravio que el gobierno ofrecía al lábaro patrio [...] Como los muchachos encendieron las luces de Catedral y echaron a vuelo
sus campanas cuando la manifestación entraba al Zócalo y se
izó una bandera rojinegra en el asta central, la prensa utilizó
estos «delitos» para larnbisconear al gobierno y se quedó con
57

�un palmo de narices cuando fueron inmediatamente desmentidos por la mitra y el Cencos ... (52)

11

, ,

La oficialidad crea una historia arreglada, totalizante y
única completamente tergiversada que se convierte en un
laberinto impenetrable de dudas, preguntas sin respuestas y
de incomunicación total para el común de la gente. Por esta
razón, iA noche de Tlatelolco es la contraparte en la balanza de la justicia, balanza en la que se trata de hacer peso hacia la versión testimonial, en la cual el lector juzgará con
las versiones que Poniatowska presenta como auténticas,
provenientes de la colectividad y tendrá la decisión de inclinarla a favor o en contra. Esta elección no logra recuperar la autenticidad histórica por ser también manipulada
ideológicamente, pero su valor está en la oposición que establee~ contra la oficialidad. Al hablar de autenticidad histórica, tanto la historia oficial, y la testimonial no cumplen
los requisitos de versiones auténticas, pues los factores
ideológicos y de manejo vuelven a estar presentes. Aquí es
el lector, quien deberá ser capaz de autenticar un hecho histórico o no y descubrir las verdades enmascaradas que la
historia oficial y la historia alterna pueden presentar como
elementos manipulables al servicio de la hegemonía y la
oposición a ésta. El testimonio se presenta como esa otra
realidad «escondida», el cual tiene la tarea de crear una
confrontación de los hechos en donde éstos serán analizados de tal manera que al lector no sólo se le presente la versión oficialista, sino que vea otra u otras para decidir cuál
es la auténtica o no. Kiddle dice al respecto que:

1 1 ,,._

In general terms, a novela testimonial or novela sin ficción is a
work whose author has witnessed directly a historical reality,
· or who has spoken with a person who has witnessed such a reality, and who then records that real-life even in a form which
incorporales elements or techniques traditionally associated
w11h fiction writmg. (82)
58

Poniatowska cumple los dos anteriores preceptos porque ella no sólo fue testigo presencial de algunos de los
acontecimientos que narra, los cuales cubrió como periodista, sino que también dialogó con muchos de los testigosprotagonistas dando a conocer las versiones de éstos, cumpliendo así con lo que Miguel Barnet postula del escritor de
la novela testimonio.
El gestor de la novela-testimonio tiene una sagrada misión y
es la de revelar la otra cara de la medalla. Para eso lo primero
que tiene que hacer es una labor previa de investigación y sondeo. Descubrir lo intrínseco del fenómeno, sus verdaderas
causales y sus verdaderos efectos. Entre esa apariencia (el hecho visible) y su esencia (el ,hecho histórico propiamente)
\
existe una verdadera dicotomía, en la cual el primero descubre
al segundo. (27)
Los hechos presentados en La noche de Tlatelolco, per·
miten descubrir que dentro del despliegue de fuerza para sofocar el movimiento estudiantil no sólo era el deseo de reencausar a «unos pobres jóvenes que habían sido presa fácil de
los comunistas», sino que éste era el cráter de un gran volcál
social que pronto estallaría vomitando todo el inconformismo
que el pueblo mexicano venía acumulando desde el movimiento revolucionario de 1910, al darse cuenta que la revolución había sido un engaño. Es aquí donde lo testimonial cumple con una función social a la que se le ha conducido p&lt;r
parte del compilador que le ha de dar su valor dentro de la
narrativa contemporánea al convertirse en portadora de un
discurso de «individuos y colectividades inmersos en las luchas por el control de los medios (materiales simbólicos) de
la (re)producción social» ( Aguiluz 215).
La novela testimonial se convierte en el punto de en·
cuentro de una serie de hilos narrativos conductores
-voces- que se tejen y que dan voz a discursos silentes

que antes habían sido callados por la oficialidad. Este
nuevo discurso polifónico surge como contrapartida al
discurso monofónico, en términos baktinianos y se convierte en discurso contestatario, un discurso muy común
dentro de la literatura latinoamericana como señala
Aguiluz:
El testimonio se inscribe dentro de la trayectoria de emergencia de los movimientos sociales que en el caso de Latinoamérica tienen lugar desde finales de los años 60 como parte de un
proceso de recomposición del conjunto social y de las relaciones entre el Estado y la sociedad. Por ello lo testimonial aparece imbricado dentro de situaciones de urgencia y crisis, en las
cuales los distintos sectores y grupos excluidos irrumpen
usando también sus propias historias de vida para manifestar
sus demandas, protestas, expectativas o simplemente para hablar su parte en donde antes no tuvieron voz. (209)
Poniatowska permite que todo este conjunto de hilos
polifónicos narrativos se manifiesten ante la crisis, su
labor como recolectora-editora da vía para que estas voces provenientes de todos los sectores involucrados
-oficiales y no oficiales- ante la crisis se manifiesten.
La oficialidad se ciega en reconocer la emergencia
de la voz de la alteridad hasta el punto de confiar en su
omnipotencia controladora como lo señala el texto:
El gobierno cree que en México sólo existe una opinión pública: la que lo aplaude, la que lo lambisconea. Pero existe otra:
la que crítica, la que no cree en nada de lo que le dicen, y otra
más aún, la del 1mportamadrismo, la que no sabe de promesas,
la que no se ha encausado, la indiferente, la que nadie ha sabido aprovechar, y que es, a pesar de su incredulidad e incluso
de su ignorancia, una opinión libre. (53)

Esto está basado en el conocimiento de la marginalidad
y la falta de conciencia de lucha que algunos sectores del
pueblo sufre o en la falta de recursos técnicos y materiales
para la oposición. En La noche de Tlatelolco hay lugar para
todos y se convierte en un espacio público compartido, en
donde se trata de construir o buscar otra verdad. Poniatowska da su oportunidad a los estudiantes, los periodistas, los
dirigentes estudiantiles, los padres de familia, los empleados asalariados para encontrar ese espacio negado por la
oficialidad. La actuación de Poniatowska como recolectora-editora muestra que ella sabe que su función debe ser
presentada de la forma más imparcial que le sea posible,
pero en el transfondo no lo logra porque se trasluce su inclinación hacia los estudiantes. Ella misma se identificó
con el movimiento estudiantil porque también fue una víctima del atropello contra éste, Poniatowska perdió a su hermano. De todas maneras, en su versión, confluyen el discurso de la oficialidad -el gobierno, los militares y el discurso contestatario- los estudiantes y los gremios estudiantiles, presentados dentro del mismo texto que aboga por
una identificación con el movimiento, haciendo ver a la oficialidad como el responsable directo. Todas estas voces están destinadas a presentar una variada gama de puntos de
vista que al final convergerán en la novela testimonial y darán las herramientas necesarias al lector para poder juzgar
los acontecimientos.
La historia que hacen los pueblos es reevaluada por
ellos, dando a cada cual su lugar, nadie gana un lugar en
ella por imponerse o por mostrarse más fuerte a los débiles
o desprotegidos. Por esta razón, Díaz Ordaz pasa a ocupar
un lugar destinado a los grandes asesinos del pueblo que
amparados bajo el poder que las instituciones hegemónicas
le brindan, se convierten en verdugos del mismo. La noche
de Tlatelolco contribuye a dilucidar la parte escondida que
el editor-recolector considera necesaria e indispensable pa-

�ra la identificación de su versión ante el suceso histórico,
convirtiéndose en la voz de los muertos, los torturados, los
desaparecidos y e::o tm oe todos aquellos que nacieron fuera
de las esferas del poder hegemónico de nuestros pueblos.
Es ahí donde la labor periodística de Poniatowska cobra
marcada importancia al presentar los hechos desde la óptica
ideológica del opositor, hechos que en su debido tiempo
fueron tergiversados por una prensa comprometida con el
poder, aunque quizá lo haya hecho por miedo a la censura y
a la represión por hablar de lo que dijo Díaz Ordaz en una
frase famosa con respecto a la realidad que Osear Lewis
presentó en su obra los hijos de Sánchez: una tergiversación malintencionada de la realidad nacional (Agustín 236).

Lista de obras citadas

Achugar, Hugo. «Notas sobre el discurso testimonial latinoamericano». La historia en la literatura iberoamericana. Eds. R&amp; Kiddle, Mary Ellen. «The Novela Testimonial in Contemporary
Mexican Literature. Hispanic Journal Journal. (1987): 81-93.
quel Chang-Rodríguez y Gabriella de Beer. Hanover, NH
Ediciones del Norte, 1989. 279-94.
-«Historias paralelas/historias ejemplares: La historia y la VOi Lemer, Laurence. «History and Fiction». Literature in The Modern World. Ed. Dennis Walder. Oxford: Oxford University P,
del Otro». Revista de crítica literaria latinoamericana IS.JI

ARIZONA STATE UNIVERSITY

1990. 334-41.

(1992): 49-91.

Aguiluz Ibargüen, Maya. «Las voces del silencio: El testimonia Oviedo, José Miguel. Breve historia del ensayo latinoamericano.
como representación popular». Mester21.2 (1992): 209-18.
México, D.F: Era, 1989.
Agustín, José. Tragicomedia mexicana
1992.

Finalmente, podemos concluir que aunque la historia
oficial y la historia testimonial -la no oficial- en sí, no pueden ser objetivas por cuanto la ideología y las estrategias
verbales del recopilador del testimonio interfiere con la
presentación misma de los sucesos (Lemer 334), podemos
agregar que el testimonio a pesar de su manipulación en lo
estético, surge como una voz de protesta que muestra la
otra versión de los hechos para que como lectores de pueblos pensantes, tengamos la opción de evaluar, justificar o
fustigar un hecho histórico, sin convertirnos en simples receptores y asimiladores de la oficialidad. Con esta perspectiva en mente, el lector será la máxima autoridad para juzgar los sucesos.

Jorgensen, Beth E. The Writing of Elena Poniatowska; Engaging
Dialogues. Austin: U ofTexas P, 1994.

J.

México, D.F: Planeta Poniatowska, Elena. La noche de Tlatelolco; Testimonios de historia oral. México, D.F: Era, 1992.

Althusser, Louis. «ldeology and the State.» Lenin and PhilosophJ Spivak, Gayatri. «Can the Subaltern Speak». Marxism and the lnterpretation o/Culture. Ed. Nelson, Cary and Lawrence Grosand Other Essays. London: New Left Books, 1m.
sberg. Urbana: U ofChicago P, 1988: 271-313.
Barnet, Miguel. La fuente viva. La Habana: Editorial Letras Cub•
nas, 1983.
Berveley, John. «El testimonio en la encrucijada». La voz dtl
otro: Testimonio, subalternidad y verdad narrativa. Eds. Johl
Berveley y Hugo Achugar. Lima-Pittsburg: Latinoamericana
Editores, 1992.
Chang-Rodríguez-Malva E. Filer. Voces de hispanoamérica; Antología literaria. Boston: Heinle &amp; Heinle, 1988.
Foucault, Michel. Vigilar y castigar; Nacimiento de la prisión.
México, DF: Siglo XXI, 1989.
Foster, David William. «Latin America Documentary Narrative».
PMU. 99 (1984): 41-55.

Howard Selsem &amp; Harry Marte!. Reader in Marxist Philosophy.
New York: lnternational Publishers, 1987.

60

61

�PRETEXTOS PENALES

Jaime Palacios Chapa
Trabaja ebrio; vuelca camión
Un trabajador del Municipio de
Monterrey, que conducía en estado
de ebriedad, resultó herido ayer al
volcarse el camión materialista en
que viajaba en la Colonia Cumbres,
mientras que... (SEGURIDAD PÚBLICA
I EL NORTE I 14-2-93)

Caray, hombre, si alguien pudiera ponerle palabras a tus motivos, cuánto
insulto y mentada de madre no te
ahorraría.

tu ser adulto. Chance y hasta lo violaron, compadre.
Hablar de cervezas es pura babosada, habiéndose liberado las sensaciones inexplicablemente gozosas de
estar adentro de una bolsa caliente
que salta, brinca, echa maromas contigo adentro. Y además que te quiere
y te da de comer. Y tú recordaste,
pasmado, que fuiste amamantado por
una cangura, porque tu madre te
abandonó en el zoológico.
Que viviste adentro de su bolsa y
que creías, en tu alucine de güerquillo, que ella saltaba para donde le
mandabas. Que tú la conducías como
ahora haces con el camión, así de fácil, sin manos y con algo sabroso en
la boca.

Diría, por ejemplo, que la noche
estaba estrellada, y que aparte de que
tiritaban azules los astros a lo lejos
(donde no hay contaminación), allá
arriba, en la cabina del camión, el airecito frío y señor de la madrugada,
ese seductor de memorias abandonadas, le movía el tapete a tu personalidad de adulto responsable.

Trabaja ebrio; vuelca camión

Entonces empezaron a sacudirse
las cerraduras prohibidas (¡ésas no!,
¡no las abras, por favor!) y, sí, se salieron los recuerdos ciegos, los de
cuando las cosas no se llamaban, se
sentían.

Un trabajador del Municipio de
Monterrey, que conducía en estado
de ebriedad, resultó herido ayer al
volcarse el camión materialista en
que viajaba en la Colonia Cumbres,
mientras que... (SEGURIDAD PÚBLICA
I EL NORTE I 14-2-93)

Se salieron como reos peligrosos
del penal y le pusieron una madriza a
62

En los grandes momentos de su vida
siempre ha escuchado dos voces: la

de una diosa que lo alienta diciéndole
que él será el nuevo Centauro del
Norte, y la de un demonio que de imbécil no lo baja. Cuando lo distinguieron entregándole las llaves que lo
convertirían en un jinete de altura, escuchó el dulce canto de la voz de ella
confirmándole que pronto Je abriría
las puertas del cielo.
Pero cuando estuvo montado frente
al volante, al nivel de los cerros, él le
gritó «Baboso, chócalo ¿qué esperas? Si
tú naciste para echar a perder las cosas».

de su barrio, pasando por múltiples
accidentes incapacitantes en tantos
primeros días de trabajo.

Resulta que el artefacto éste lo inventaron los muchachos de la Nueva
Era.

Por eso cuando le dieron las llaves de la troca ya sabía lo que le esperaba, pero esta vez no podrán culparlo de irresponsable, porque esta
vez él tuvo un plan.

Después de un largo tiempo de
andar experimentando con cuarzos,
música y extraterrestres, se atrevieron
a hacerle a la ingeniería y construyeron el primer amplificador álmico
que se conoce en la historia terrícola,
el cual trabaja principalmente a base
de cristales y sonidos de mantrams.

«Tienes razón, soy un baboso que
nació para echar a perder las cosas.
La vieja ésa que me echa porras es
una güila que nomás me anda encandilando. pero yo ya entendí, así que
tú manejas y tú decides dónde y
cuándo nos la partimos.» El desgraciado abrió la primera de las cervezas
de la noche, esperando serenito a que
el demonio, sin obstáculos, se hiciera
cargo de la situación.

El conflicto interior es la historia
de su vida. Al caminar arrastra el pie
derecho porque ese lado de su cuerpo
suele llevarle la contraria y tan es así,
que si lo han de pisar siempre será en
ese pie, si lo patean será en la nalga
«Este será el primer madrazo de
derecha y si se corta al rasurarse, ha
de ser en el cachete correspondiente. mi vida que valdrá la pena» -pensó
Su mejor perfil, por supuesto, es el con malicia el trabajador del municipio de Monterrey- «porque también
izquierdo.
se lo va a llevar el pinche diablo.»
Su buena fortuna ha estado desafortunadamente balanceada por sus
estrepitosas y absurdas metidas de
pata (derecha, claro). Desde tropezarse cuando tiraba el penalty del campeonato hasta sufrir incontinencia fecal al estar a punto de recibir el «órale, sí» de la chamaca mejor equipada

El chiste de los que se convirtieron
en planeta
E5tos eran un americano, un japonés
Y un mexicano que se ofrecieron de
voluntarios para probar la máquina de
convertirse en planeta.

La máquina aún no se perfecciona, pero ya es Navidad y la luz de este tiempo es indispensable para que
funcione.
Por el bien del mundo, solicitan
voluntarios.
El americano pide ser el primero.
Según los ingenieros de la Nueva
Era, cada alma de hombre que se logre expandir hasta el tamaño del alma
del planeta, compartirá el dolor y la
enfermedad que aquejan a nuestra
madre Tierra, y así la aliviará, aunque
sea un poquito, de sus ya inaguantables pesares.
Total el güero se mete a la máquina y empieza a sentir que todas las
piedras, todos los árboles, toda la are-

na, agua y aire del mundo son parte
de su cuerpo.
De repente, ya es uno con el planeta.
Pero uno que de volada se pone a
localizar depósitos, reservas, yacimientos, zonas de riesgo natural y todo lo que le asegure más centavos
cuando sea chiquito de nuevo.
Pues sí, nada más que ahora quiere que la máquina dé reversa y no
pueden, porque el alma del gringo como que cambió de densidad y ya sólo
un cachito le cabe en el cuerpo.
Con ese cachito, apenas para ser
ratón alcanza, así que en tal se convierte y se va corriendo.
Estalla una tormenta de aquellas.
Al escampar, el japonés dice sigo
y se mete a la máquina. Ríe del destino del americano y hasta piensa «pobres gringos, no saben tratar planetas».
Los cuarzos y los mantrams empiezan a inflar su alma; el jap siente
el frío de las cumbres heladas y el calor increíble del centro de la Tierra,
sensaciones que se disuelven en todos
63

�Cuadernos de la revista

DBSLINDB 18

MONTERREY/ ENERO-JUNIO/ 1996

los vientos, sin impedir, claro, que
chorros y chorros de partículas cósmicas y solares lo acaricien y le hagan cosquillas.
En araña de ocho patas se transforma este oriental cuando la máquina de convertir en planeta intenta regresar su alma a su tamaño normal.
Es que le quiso sacar a la madre
Tierra los secretos de la magia y de la
larga vida, y alma que crece chueca
jamás se regresa, porque ya no cabe,
no por otra cosa.
Al mexicano tienen que meterlo a
empujones, y eso sólo hasta que se
saca la segunda botella y se recuperan del sismo que siguió al retorno en
araña del japonés.

,,
1,

consuelo que de siempre había necesitado, ... no le quedó de otra, aunque
se la cobró imponiéndole, por fin, su
destino, o de perdido la conciencia
para vivirlo.
El chiste, por su parte, pudiera estar en lo que dijeron otros: «Nombre,
lo que pasa es que cómo se iba a convertir en animal, si siempre lo ha sido», eso dijeron.

RENÉ DESCARTES
La Haya-Turena
1596-1650

Con miedo, ponen reversa a la
máquina y de sorpresa la cara cuando
ven salir entero al mismo mexicano.
A unos se les hace más alto, sano
y decidido, como si hubiera encontrado su misión en la vida. Como si ahora sí tuviera madre, opina alguien
más, y puede ser, porque el mexicano
cuando fue grande no esperó a que la
Tierra le convidara sus pesares, sino
que él soltó la larga lista de los suyos
desde que nació, y el planeta le dio el
64

IMMANUEL KANT
Konigsberg
1724-1804

�TIEMPO DISCRETO Y HOMOGÉNEO
EN DESCARTES*

Hugo Padilla
l . El tiempo como modo y como atributo
En general, dentro de la teoría cartesiana, modos, cualidades y atributos se relacionan, y a la vez se distinguen, en razón de su más estrecha o más laxa conexión con las sustancias.
El límite de laxitud se encontraría en el modo,
mientras que el máximo de conexión se encontraría en
el atributo. De tal manera los atributos se conectan
con las respectivas sustancias, que Descartes apela al
calificativo de «ínsitos» para referirse a ellos. 1 El término «ínsito», así, indica la indisolubilidad del par
sustancia-atributo, es decir, la invariabilidad de su
aparejamiento.
· La cosa (sustancia) existente permanentemente se
acompaña de la existencia (atributo), y la cosa (sustancia) durante permanentemente se acompaña de la
duración (atributo). De esta manera, y en virtud de relación tan estrecha, se afirma que «la existencia y la
duración en la cosa existente y durante, no debe ser
llamada cualidad o modo, sino atributo». 2 El pensamiento, por su parte, aparece también como atributo
respecto a la res cogitans.

66

La indisolubilidad del par sustancia-atributo es tan
fuerte, que Descartes llega a expresar, en relación al
cogito, «que, si cesase por completo de pensar, (ac·aso) cesara al propio tiempo por completo de existir». 3
Y en relación a toda sustancia, que «toda sustancia de4
ja de ser si deja de durar». Por el dominio universal a
que remite esta última afirmación, vemos que la duración resulta atributo, esto es, predicación universal pa-

ra todo el complejo de lo real. La realidad entera resultaría impensable de no ser concebida como una
realidad durante, o sea, bajo el signo de la temporalidad.

resulta cuantificable y que la posibilidad de tal cuantificación radica en un sentido epistemológico del tiempo, o sea, corno modo del pensar que elige una unidad
o un patrón de medida respecto al cual se compara el
tiempo ontológico o duración de las sustancias.

Tiempo y duración son conceptos que se correlaDe esta manera, el tiempo en el orden gnoseológicionan. No hay precisión terminológica estricta en los
escritos cartesianos, y aunque frecuentemente se los co remite a: 1) la tendencia a medir duraciones; 2) la
usa como sinónimos, es necesario señalar una función comparación de duraciones; 3) la introducción del
concepto de movimiento, al cual se añade el de reguontológica y otra gnoseológica en su uso.
laridad; y 4) la elección de alguna duración que impliLa duración parece tener un status ontológico -y cando movimiento regular sirva, corno unidad de mepor ello aparece como atributo-, mientras que, según dida, para establecer la comparación entre duraciones
veremos, cierto sentido del tiempo funcionará en Des- y, así, posibilitar la cuantificación de una de ellas. Pecartes a nivel estrictamente epistemológico -y por ello ro nada de esto afecta a la duración medida -al tiempo
aparece en ciertos contextos sólo como modo. Dicho en el orden ontológico-, nada agrega a esta duración,
brevemente: en un determinado marco conceptual, el «salvo un modo de pensarla». Esto es, la modalidad
tiempo será meramente la manera de pensar la dura- de la medición no modifica la realidad de la duración.
Más aún, realidad y duración sólo parecen separarse
ción.
por una distinción de la razón, ya que Descartes asienDe toda suerte, tiempo y duración resultarán mu- ta que «como toda sustancia deja de ser si deja de du6
tuamente remitentes, en virtud de que el concepto rar, sólo por la razón se distingue de su duración».
epistemológico de tiempo implica nociones de dura- Según lo que Descartes entiende por distinción de ración o, como diremos desde ahora, de tiempo ontoló- zón, esto significa que sería imposible el formarse una
idea clara y distinta de las sustancias si excluyéramos
gico.
de su concepto la noción de duración.
«Para medir la duración de las cosas -dice DescarPreguntemos ahora: ¿sería válido también lo invertes- la comparamos con la duración de aquellos moviso,
esto es, la posibilidad de concebir la duración sin
mientos máximos y más regulares, de los que nacen
los años y los días; y a esta duración llamamos tiem· la sustancia? La importancia de esta pregunta radica
po. El que, por consiguiente, no agrega nada a la dura- en el hecho de que su respuesta señalará el carácter
ción tornada en general, salvo un modo de pensarla».5 absoluto o no que pudiera tener el tiempo en DescarPodemos observar, pues, que el tiempo ontológico -la tes. En la física newtoniana clásica, el tiempo tiene caduración- es decir, el atributo ínsito en toda sustancia rácter de absoluto justa y precisamente porque «el

tiempo absolutamente verdadero y matemático, por sí
mismo y según su propia naturaleza, fluye uniformemente, sin consideración a nada extemo».7 Según las
interpretaciones más usuales, esto significa la independencia del flujo temporal respecto a la existencia
de cualquier otro tipo de entidades, lo cual implica la
posibilidad de concebir un mundo temporal «vacío»
en el cual el tiempo fluiría uniformemente, aunque no
hubiera cosas temporales en él. ¿Cabe un modo semejante de pensar el tiempo en la filosofía de Descartes?
De manera definitiva: no. Y la razón se encuentra
en que al tiempo se le ve corno atributo, es decir, como algo que requiere de la sustancia para su sustentación. La implicación es doble en Descartes: las sustancias no son concebibles sino corno durantes, pero,
a la vez, la duración sería impensable de no ser como
«ínsita» -característica de los atributos, en generalen las sustancias.
Señalaremos ahora algunas simpatías y diferencias
entre el anterior concepto cartesiano de tiempo y los
que se desprenden de la física clásica y de la física relativista. Por supuesto, tales apuntamientos s.ólo pueden tener un carácter de estricta semejanza, no de confrontación rigurosa.
El tiempo de Descartes, a diferencia del de Newton
que transcurre sin consideración a nada externo, resulta no-absoluto puesto que aparece como dependiente
de las sustancias.
El tiempo de Descartes en el orden gnoseológico,
es decir, corno modo de pensar la duración, coincide

67

�•
con el tiempo relativo de Newton, por cuanto ambos
se limitan a ser una medida de duración sensible y exterior.
El tiempo ontológico de Descartes se distingue del
tiempo relativo de Einstein por cuanto el primero es
independiente del movimiento (como luego veremos)
y el segundo no (teoría especial de la relatividad).
El tiempo ontológico de Descartes se asemeja al
tiempo relativo de Einstein (teoría general), por cuanto ambos no son independientes o concebibles por sí.
En esto, ambos entran en conflicto con la conceptualización absolutista de Newton.

2. El tiempo en el cogito

1111

Hemos visto que el tiempo, como patrón de medida,
nada añade a la temporalidad real, es decir, a la duración. No obstante, la duración se destaca en la función
gnoseológica del tiempo en virtud de su naturaleza
cuantificable. Al realizarse comparaciones entre duraciones, se obtiene una medida para la duración. Pero
si la comparación es entre duraciones, es evidente que
no puede realizarse a menos que ya se esté en posesión de la idea misma de duración.

11 11 t

68

Se impone, pues, mantener distinguidas la noción
de duración y la noción de cantidad de duración. Esta
última sólo aparece en cuanto se aplique el tiempo en
sentido epistemológico. Se desarrolla así, con un afán
cognoscitivo cuyo propósito es obtener una determinación cuantitativa del tiempo ontológico. Todo ello
se despliega al establecer comparaciones entre las du-

raciones. Por tanto, la noción misma de duración debe
ser anterior.
¿Cuál podría, pues, ser el origen de tal noción dentro del pensamiento cartesiano? Para responder a esta
pregunta, debe recordarse lo asentado antes: que sólo
por la razón puede establecerse una distinción entre
duración y sustancia durante.
Ahora bien, la res cogitans, al igual que toda sustancia, implica una duración. Por su parte, al establecer el pensamiento cartesiano al cogito, como primera
certeza, resulta que lo más accesible al conocimiento
es el propio yo.8 Cabe esperar, por tanto, que sea en la
propia res cogitans donde se capte, mejor que en el
resto de sustancias, la noción de duración.

por una parte, y en cuanto se refiera al status ontológico de la propia res cogitans, por la otra. Este último
aspecto lo desarrollaremos en el siguiente punto, en su
relación a la concepción instantaneísta del tiempo que
ofrece la doctrina de Descartes.
Por lo que toca al primer aspecto, brevemente señalaremos algunos puntos característicos y más destacados.
Desde un punto de vista epistemológico, el momento temporal del ahora parece tener primacía. Esta
relevancia parece provenir de la que Descartes concede a su vez a la intuición por sobre el valor que concede a los procesos deductivos.

En efecto, Descartes señala que la idea de duración
es, entre otras pocas, una de las que primero se pre9
sentan con·las características de claridad y distinción,
las cuales constituyen las determinaciones esenciales
de las nociones verdaderas. «Cuando pienso que ahora
existo y recuerdo además haber existido antes, concibo varios pensamientos cuyo número conozco, adquiero las ideas de duración y de número, las cuales
puedo luego transferir a todas las demás cosas que
.
to afiurna Descartes. Vemos, as1,
, que la noc1on
.,
quiera»,
de duración se capta originalmente en la sustancia
pensante.

Además de ser entendida clara y distintamente, entre las condiciones que se exigen a la intuición se
cuenta el que sea entendida «toda a la vez, y no suce11
sivamente» . Si se excluye la sucesión, se excluye el
decurso de una secuencia temporal o, al menos, como
desideratum, se tiende a que sea eliminado el lapso
implicado por los procesos deductivos o los razonamientos. Un lapso entrañaría el paso por los momentos del antes y el después, aunque éstos, así como el
del ahora, que implica toda secuencia temporal, no
encuentran una elaboración precisa dentro del sistema
cartesiano, y aún cabría la queja de que ni siquiera la
encuentran imprecisa.

Pero la duración misma, una vez que se ha observado cómo y de dónde surge la noción, puede ser analizada, en relación al cogito, de las siguientes dos maneras: en cuanto afecta al proceso del conocimiento,

Quizá la mejor manera, o tal vez la única, de acercamos con justicia al ahora de Descartes, o sea, al
momento de la intuición, consiste en deslindarlo -por
vía negativa- frente a la función de la memoria. De

esta suerte, lo que se intuye ahora sería lo que aún no
aparece como recuerdo en la memoria. En la deducción, por el contrario, se produce necesariamente una
secuencia temporal y, por tanto, el requerimiento de la
actividad de la memoria. Pero ésta, para Descartes,
tiene el defecto de ser fugaz y débil. 12 Y dado, pues,
que no le parece merecedora de confianza, pretende,
llegando incluso a sugerir recomendaciones, «comprimir» el decurso temporal entrañado·en el paso por las
distintas partes de una deducción y «recorrerlas repetidamente con el pensamiento hasta que pase tan de
prisa de la primera a la última que, sin dejar apenas
ningún quehacer a la memoria, parezca que intuyo to13
do a la vez». Esta pretensión, claramente, constituye
un intento de reducir deducción a intuición por la vía
de manipular el tiempo de manera de conseguir que el
lapso se constriña al momento del ahora, o a un momento que lo parezca.
No parece ser otra la razón de la prisa que sugiere.
La prisa disminuiría el lapso, o sea, la duración o
tiempo ontológico requerido por la deducción. El límite deseable, al que tendería la disminución, sería el
momento del ahora. Más rigurosamente hablando, no
sería tanto cosa de tratar de reducir el lapso, pues el
tiempo ontológico no está_sujeto a ningún tipo de elasticidad y la cantidad de movimiento (en este caso, la
prisa), como luego veremos, no afecta a su naturaleza,
cuanto de realizar en un lapso menor -semejante al
momento del ahora- el proceso entero de la deducción.
El problema del tiempo afecta tanto al conocimiento adquirido, esto es, al que ya no está presente actual-

69

�•

mente en una intuición, sino que se ubica en un pasado o en la memoria, que la permanencia de una verdad sólo puede ser garantizada, en Descartes, apelando a instancias trascendentes. Esta observación resulta
válida también para la propia intuición de sí mismo,
ya que el cogito se da en un momento temporal y está
condenado, por la constitución misma del tiempo, a
devenir en momento pasado. En este sentido, sólo una
garantía trascendente podría fundar la posibilidad de
14
un conocimiento verdaderamente estable.
Finalmente, observemos, aunque sólo sea de manera sucinta, la repercusión que estas conceptuaciones, tanto de temporalidad como de intuición, podrían
tener para tomar al cogito como primer principio en el
orden del conocimiento.

'11

11

A) En el momento del cogito, aparece éste con
apodicticidad; sin embargo, su verdad se reduce al
momento temporal en que se está practicando, pues
aún no se establece garantía alguna de estabilidad para
el conocimiento.

.. ,

B) La intuición del cogito forzosamente tiene que
advenir pasado, en cuanto el ego se ocupe del establecimiento de la garantía de estabilidad.
C) Luego, parecería ser que por la propia naturale-

70

za de la temporalidad y por el papel predominante que
Descartes deposita en la intuición, la prueba de la
existencia de la instancia trascendente que sirve como
garantía de estabilidad para el conocimiento, se apoya
en una base dubitable: sólo en la memoria de una intuición apodíctica, pero no en ella misma.

Esta circularidad que esbozamos tiene, evidentemente, relación con la tradicional conocida bajo el
nombre de «círculo cartesiano», tan bien vista por
Gassendi. Es propiamente la misma, sólo que en los
términos en que la formulamos hace más patente la
función importante que cumple el tiempo en la doctrina de Descartes.

3. Instantaneísmo y causalidad
El tiempo regularmente es concebido como una multiplicidad unidimensional regida no por la relación de simultaneidad, sino por la de sucesión. Desde el punto de
vista lógico, y si se pretende determinar no sólo su orden, sino también su dirección, habría que adjudicarle
las propiedades de asimetría, conexión y transitividad.
. En las leyes científicas que establecen una precedencia regular; lo natural, según el uso del lenguaje,
es llamar causa al primer acontecimiento y efecto al
segundo. Lo inverso equivaldría a violentar tal uso
concibiendo a la causa como posterior al efecto. Pero
concebir la causa como posterior al efecto implica, en
el fondo, jugar con un sentido negativo del tiempo. En
un mundo así, todas las cosas irían al revés de cómo
las concebimos: tal como una película proyectada empezando por el último rollo y que terminara con los
créditos para los actores. Algunos autores modernos Reichenbach, Wiener, Braithwite, por ejemplo- en
efecto analizan esta posibilidad, principalmente para
refutarla, secundariamente para ponderar su verosimilitud. Pero el que tenga sentido el planteamiento de un
tiempo negativo está en razón de la sofisticación con-

ceptual a que ha llegado una ciencia muy posterior a
la vigente en el tiempo de Descartes, por más que fuera entonces cuando de alguna suerte se fundaron los
cimientos de la ciencia moderna. La relación de precedencia-procedencia señalada por la de causa-efecto
alude, por el contrario, a un sentido positivo del tiempo acorde en todo con el sentido común y con la ciencia elemental y más clásica. En este nivel de conceptos todavía nada alambicados, ¿cabría separar la dirección pasado-futuro de la relación ordenada causaefecto?
Para dar respuesta a esta pregunta dentro del contexto de la filosofía cartesiana, veamos primeramente
una característica fundamental que adquiere el tiempo
en la teoría de Descartes.
«La naturaleza del tiempo o de la duración de las
cosas ... es tal, que sus partes no dependen recíprocamente de sí y nunca existen al mismo tiempo». 15
Las partes del tiempo, pues, no son coetáneas. Esta
propiedad, hemos afirmado, pertenece a la concepción
más común del tiempo. Implica, a su vez, un orden
cuyo sentido coincidiría con el tradicionalmente aceptado de pasado-futuro. Sin embargo, por una parte,
vale la pena preguntamos cuáles serían las partes del
tiempo, ya que según Descartes el tiempo tiene partes,
Ypor la otra, analizar la independencia recíproca de
esas partes.
Infortunadamente, Descartes no fue muy pródigo
en consideraciones expresas acerca del tiempo, tal como sí lo fue respecto al espacio o respecto a la mate-

ria, por ejemplo. Consecuentemente, las afirmaciones
que haremos tal vez no respondan a la idea que tuvo
Descartes, aunque procuraremos apoyarlas en declaraciones explícitas. La principal dificultad radica en saber si el tiempo es una multiplicidad discreta o continua, esto es, si en la división de un lapso llegarían a
encontrarse partes últimas o si por más pequeño que
fuera el lapso admitiría indefinidamente el proceso de
la división.
En las Meditaciones metafísicas dice Descartes:
«el tiempo de mi vida puede dividirse en una infinidad
de partes, cada una de las cuales no depende en modo
alguno de las demás»; 16 y en los Principios habla del
«... punto mínimo del tiempo que llamamos instante ... »11 ¿Se conduele un modo de hablar con el otro?
La expresión que encontramos en los Principios
parecería apoyar la idea de una concepción discreta de
la temporalidad. Hablar de algo menor que lo mínimo
es lingüísticamente contradictorio. Por lo tanto, el instante ya no admitiría división. Funcionaría a manera
de unidad ontológica del tiempo aunque careciera de
aptitud para servir de unidad gnoseológica de modo
que pudiera permitir expresiones como «duró tres instantes», que tuvieran un sentido estricto y no meramente metafórico. En cainbio, nos parece que no hay
que tomar literalmente los términos asentados en las
Meditaciones, los cuales eventualmente justificarían
la idea del tiempo como multiplicidad continua. La razón consiste en que, si se tomara literalmente, la expresión «una infinidad de partes» sería traducible por
la expresión «el número que corresponde a las partes
es infinito». Pero Descartes prefiere reservar el térmi-

71

�no «infinito» sólo para Dios, 18 y no aplicarlo a las
criaturas. Pero la principal razón es que sólo así, considerando al tiempo como una multiplicidad discreta,
que -permítasenos- salta de instante en instante, podemos encontrar alguna justificación para el aserto de
que las partes del tiempo son independientes, que de
otra manera parecería gratuito. La divisibilidad indefinida del espacio en Descartes, por su parte, puede originarse de su simultaneidad, de que a diferencia del
tiempo que se va dando en la sucesión, el espacio ya
está dado, y además, completamente lleno -como veremos después, el espacio es un continuo.
La independencia de las partes del tiempo manifiesta de inmediato una ausencia de conexión entre los
puntos temporales -instantes- en que se da la relación
antes-después. Esta falta de conexión afecta también a
la res cogitans que, como hemos visto antes, es una
sustancia durante que despliega su función en el tiempo. Por tanto, la peculiar concepción instantaneísta
que Descartes adjudica al tiempo, afecta a la constitución ontológica misma del ego. De ahí que se afirme
que «del hecho de que ya somos no se sigue que tam19
bién seremos un instante después». Esta expresión,
según puede desprenderse del carácter de la temporalidad, no está referida a la contingencia de la existencia del ego, exclusivamente, sino que, dada la independencia de los instantes temporales, remite a la contingencia de la realidad entera.

72

La relación causa-efecto, con tan fuerte liga con la
secuencia temporal antes-después, debe recibir, de
acuerdo con las consideraciones anteriores, el impacto
de la conceptuación cartesiana. Si los instantes son in-

dependientes, entonces parece que, en rigor, no se podría afirmar que lo acontecido en uno de ellos sea
efecto de lo acontecido en el anterior (causa), puesto
que entonces se daría una relación del tipo independiente-dependiente, la que señalaría la independencia de la causa respecto del efecto, pero la dependencia del efecto respecto de la causa. Y si se recordase la relatividad de los términos causa y efecto
cuando se alude no a una pareja de fenómenos, sino a
una secuencia causal más extensa, en donde lo que
funciona como causa de un efecto posterior es a su
vez efecto de una causa anterior, podríamos preguntamos por la suerte del aserto cartesiano y por el significado estricto que haya que conceder a la concepción instantaneísta y a la afirmación de independencia.

mos justificar el aserto de la independencia de las partes del tiempo, pues ¿a cuáles partes nos estaríamos
refiriendo, si cada parte tiene partes, y habría partes
de las partes de las partes, indefinidamente? El concepto de parte perdería su carácter ontológico y se
convertiría, simplemente, en un concepto relativo, esto es, en un simple modo de pensar el tiempo. Concedamos que el instante tuviera duración y, al mismo
tiempo, sentido·una expresión como «duración (punto
es el término de Descartes) mínima». En este caso,
¿qué limitaría un instante frente a otro? Si nada, volveríamos a la idea del tiempo como un continuo, contradictoria con la expresión «punto mínimo del tiempo». Si algo, ¿qué sería? Forzosamente algo semejante a la no-duración, o sea, algo que desde el punto de
vista de la temporalidad carece de sentido.

Problematicemos, primeramente, el concepto de
instante. Asentamos con anterioridad que tal término
parece tener en Descartes un sentido ontológico que
remitiría a la naturaleza misma del tiempo, y no a un
simple modo de pensar esta naturaleza. El instante resultaría ser una especie de átomo temporal (punto mínimo del tiempo) o de unidad temporal JJltima. Ahora
bien, ¿tiene o no duración el instante? En manera alguna podría ser calificado, dentro del contexto cartesiano, de no-durante,· puesto que la existencia de las
sustancias depende de su duración. Pero, si el instante
tuviera duración, intelectualmente sería imposible
concebirlo como átomo, pues el concepto mismo de
duración implica la posibilidad de división. Con ello,
empero, tendríamos que abandonar nuestro criterio de
que el tiempo en Descartes tiene un carácter discreto.
A su vez, si abandonamos este criterio, ya no podría-

Se ha asentado que la afirmación de la independencia de las partes del tiempo sólo parece ser
comparable con una concepción del tiempo como una
multiplicidad discreta, aunque Descartes no se haya
percatado de un sinnúmero de problemas que, al nivel
de los conceptos en que su época lo habría confinado
a moverse, podrían haberse suscitado. Es manifiesta la
falta de atención que concedió al asunto de la temporalidad, por lo que se refiere a explicitar y desarrollar
las consecuencias de sus postulaciones.
Teóricamente no parece mucho la tesis de la· independencia de los instantes -es decir, la presencia absoluta de relación ontológica- con el uso que Descartes hace del concepto de causa, excepto que este concepto funcione a manera de una mera regularidad en
la secuencia temporal, sin implicar conexión necesaria

en la serie de los sucesos. O, según otra posibilidad,
excepto que la necesidad de conexión se origine en un
nivel diferente al de la serie de los sucesos. Esta última interpretación, en efecto, es la que se ajusta a la
doctrina cartesiana, ya que si el estado de una sustancia en el instante A es independiente del estado de la
sustancia en el instante B, entonces la legalidad de la
relación causa-efecto que la razón puede encontrar entre los dos estados debe tener un origen trascendente.
Dios es, en Descartes, tal origen: «No hay orden, ni
ley, ni razón de la bondad o de la verdad que de Él no
20
dependa». De esta manera, pues, resulta legítimo en
Descartes emplear el concepto de causa, sabiendo que
la legalidad que la razón logre establecer haciendo uso
de él, está garantizada de manera trascendente. Pero,
por otra parte, origina un círculo en las dos primeras
pruebas que Descartes ofrece de la existencia de
. 21
D10s, ya que en ambas se echa mano del concepto de
causa cuando aún no está legitimado su uso. Brevemente expresada, la estructura de este círculo sería: el
concepto de causa sirve para demostrar la existencia
de Dios, pero sólo la existencia de Dios puede legitimar el uso del concepto de causa.
Por otra parte, de la concepción instantaneísta de la
temporalidad se deriva también la idea de que las sustancias requieren del concurso efectivo de Dios para
su conservación o duración en el tiempo. «Una sustancia, para conservarse en todos los momentos de su
duración, necesita del mismo poder y la misma acción
que sería precisa para producirla y crearla de nuevo, si
22
no lo estuviese ya ...» La noción de conservación y la
de creación se distinguen sólo en el modo en que son
pensadas, pero la conservación y la creación mismas

73

�no difieren realmente. Conservar en el tiempo, así, no
sería sino otra manera de expresar que la duración de
las sustancias requiere de una creación continua por
parte de Dios. De esta manera, vemos cómo la peculiar concepción instantaneísta de Descartes conduce al
requerimiento de que la causa primera concurra continua y permanentemente a evitar la aniquilación de las
sustancias, lo cual entrañaría también el aniquilamiento de la temporalidad en virtud de su carácter de atributo.

74

En este punto, finalmente señalaremos alguna analogía, no estricta, que pudiera tener la concepción instantaneísta de Descartes con algunas ideas que respecto al tiempo se desarrollaron durante el periodo que
medió entre las dos guerras mundiales. En esta época
se desarrolló la tesis que postuló la existencia de «cronones&gt;&gt; como elementos constitutivos de la temporalidad, a manera de átomos de tiempo. Thompson les adjudicó una duración de 10-21 segundos y R. Lévi de
4.48 x 10-24 segundos. De igual manera, pues, que
los «puntos mínimos del tiempo» a que alude Descartes , los cronones son concebidos como durantes. En
Descartes - hemos asentado con anterioridad- no sería
posible pensar al instante como carente de duración en
virtud de su liga con las sustancias, pues si el instante
es no-durante muy por el contrario de servir para
mantener a las sustancias, las aniquilaría, ya que la
existencia de las sustancias es función de su duración.
Cronones e instantes cartesianos, pues, son durantes, y
para ambos es legítima la pregunta acerca de qué separaría cronon de cronon o instante de instante. En este sentido las objeciones que se oponen a toda concepción atomista de la temporalidad se opondrían igual-

mente a la del instantaneísmo cartesiano, o como dice
Milic Capek, «The atomic structure of time is thus a
contadiction in terms because it ends up with the obviously contradictory conclusion that there are ínter23
vals of time wich are not temporal».
Independientemente, pues, de las consecuencias
internas que en la filosofía de Descartes produce la tesis de una temporalidad discreta y la consecuente concepción instantaneísta del tiempo, en general una teoría semejante no parece resistir a un análisis de consistencia.

4. Tiempo y espacio

Contrariamente, en Descartes hay una vinculación
absoluta entre espacio y materia. Al aparecer el espacio como un continuo matemático, la materia misma
adquiere esta naturaleza, con la consecuente supresión
de todo tipo de atomismo. De la misma manera que
no existiría la temporalidad sin sustancias durantes,
tampoco existiría la espacialidad sin sustancias extensas, ya que la extensión es concebida, al igual que el
tiempo, como atributo, esto es, como algo que requiere para su subsistencia de otra cosa. La invariabilidad
del par sustancia-atributo, indica en este caso, que la
espacialidad es atributo de las sustancias no-pensantes
Yque estas sustancias no pueden concebirse sino como extensas. Por tanto en el dominio entero de la espacialidad debe haber sustancias extensas. Dicho de
otra manera: no existe el espacio vacío de materia, el
espacio no es absoluto en Descartes. Por eso, se afirma que «el vacío tomado en la acepción de los filósofos, esto es, aquello en que no hay absolutamente sustancia alguna, está claro que no puede darse porque la
extensión del espacio, o del lugar interno, no difiere
de la extensión del cuerpo. Así como del solo hecho
de ser un cuerpo extenso en largo, ancho y profundidad concluimos rectamente que es una sustancia, pues
repugna en todo que haya extensión de la nada; lo
mismo ha de concluirse del espacio que se supone vacío: puesto que en él hay extensión, por fuerza debe
haber sustancia». 25 La extensión espacial resulta, de
esta suerte, un plenum de materia.

El espacio', según la física newtoniana, resulta independiente de la materia que pudiera contener. «El espacio absoluto, según su propia naturaleza, sin consideración a ·nada externo, permanece siempre similar e
inmóvil»,24 afirma Newton. De acuerdo con esta concepción, existe una separación tajante entre materia y
espacio, en virtud del carácter absoluto de este último.
Dada esta separación, el límite de divisibilidad de la
materia, esto es, su carácter discreto, no entra en conflicto con la continuidad matemática del espacio. Dividir el espacio indefinidamente no significa, eo ipso,
dividir de la misma manera la materia que ocupa ese
espacio. Así, sería posible concebir un límite para la
divisibilidad de la materia -el átomo en las teorías clásicas; las partículas «elementales» en las tesis moderEs digno de observar cómo también la cuasi-idennas; la suposición de los «quarks» en los términos teó- tificación que Descartes establece entre materia y esricos más recientes- , sin que ello implicara un límite pacio, con la consecuente continuidad que se adjudica
último para la divisibilidad del espacio.
a la materia como resultado de la que se atribuye al

espacio, repercute en la aparición de problemas de
consistencia interna. La materia debería ser capaz de
admitir un proceso de división indefinido sin que jamás pudiera llegarse a percibir hiatos o descompresiones en su naturaleza. Sin embargo, en los Principios
de la filosofía, asienta: «es forzoso que todas (las) partículas imaginables, se aparten algo entre sí, y tal
apartamiento, por mínimo que sea, es una verdadera
26
división». En este caso, de manera similar a lo acontecido en el caso del tiempo, respecto al cual habría
que postular momentos no-temporales para poder sostener la separación, y por consecuencia la independencia, de los instantes, Descartes implícitamente
admite la existencia de «apartamientos» entre partículas, lo que equivale a aceptar la existencia de intervalos espaciales vacíos. Pero según su postura teórica
principal, toda extensión debería estar llena de materia, puesto que no hay extensión de la «nada», según
asentó. A su vez, si los «apartamientos» estuviesen
llenos de materia, de sustancia extensa, ¿cuál sería,
entonces, el sentido que habría que dar a tal término?
Además, el modelo entero, de índole corpuscular,
que emplea para explicar el mundo físico, 27 parece
chocar con su concepción del espacio como un plenum.
Hemos querido destacar estas características del
espacio por la inconsistencia a que parecen conducir,
semejante a la que se ha expuesto en tomo al concepto
de tiempo en la filosofía cartesiana.
En contraste con el tiempo, el espacio parece tener
un universo de aplicación más limitado. Mientras que

75

�no existe sustancia sin duración, sólo un subconjunto
de las sustancias, las extensas, tienen el atributo de la
especialidad. En ambos casos, sin embargo, los conceptos no son pensados por sí -o sin consideración a
nada externo, como diría Newton-, no se encuentran
relativizados por su conexión con las sustancias. Sin
embargo, tanto espacio como tiempo resultan homogéneos, en el sentido de que su dependencia de las
sustancias se encuentra uniformemente distribuida.

cuentra en estas palabras una anticipación de la teoría
de la relatividad.
Aunque ni espacio ni tiempo son absolutos en Descartes, de todas maneras resultan homogéneos, dado
que su relación con la sustancia no es variable, sino
-como hemos expresado-, constante, en virtud de su
distribución uniforme. Es esta homogeneidad y no su
carácter dependiente -de las sustancias, como atributos-, lo que los emparenta más con la concepción
newtoniana que con la física de Einstein.

5. Tiempo y movimiento

76

De manera similar a lo que acontece en la teoría de la
relatividad, en la concepción cartesiana, como hemos
visto, hay una estrecha vinculación entre espacio y
materia. Sin embargo, no pensamos que ambas tesis,
justamente por los aspectos radicales en que difieren,
pudieran ponerse en la relación de anticipación-anticipado, aun cuando Descartes mismo expresamente haya hecho hincapié en situaciones relativistas -las cuales todavía habría que investigar para determinar su
valor y consistencia dentro del sistema en total-, por
ejemplo, cuando afirma: «puede decirse que una misma cosa a un mismo tiempo cambia de lugar y no
cambia, así también puede decirse que se mueve y no
se mueve. Como quien sentado en la nave, mientras
zarpa del puerto, juzga en verdad que se mueve, si mi. ra a las costas y las considera fijas, mas no si mira a la
nave entre cuyas partes siempre conserva el mismo sitio».28 Las anteriores expresiones plantean el problema relativista fundamental respecto a la imposibilidad
de un marco de referencia absoluto. No obstante, sería
ir demasiado lejos si se afirmara que también se en-

Clásicamente, el movimiento se determina como
un cambio con respecto al tiempo. Importa destacar,
pues, aunque sea brevemente, la relación que en Descartes se da entre tiempo y movimiento. Esto pondrá
de manifiesto que la concepción cartesiana, no obstante que el tiempo no sea concebido por sí, supone un
flujo uniforme, homogéneo, invariante, muy cercano
al tiempo de la teoría de Newton.
Al tratar de distinguir el tiempo como modo del
pensar de la duración como atributo, Descartes manifiesta: «de ninguna manera concebimos en el movimiento una duración distinta de la de las cosas no movidas, como resulta manifiesto del hecho que si dos
cuerpos se mueven durante una hora, uno lentamente
y el otro con rapidez, no computaremos más tiempo
en uno que en otro, por más que el movimiento sea
mucho mayor».29
Ciertamente Descartes no problematizó a fondo el
asunto del tiempo. Para él, una hora es una hora, sin
mayor complicación. Hay medida para la duración.

6

Princ. phi/., 1, LXII.

1

Phi/. nat. princ. matiz., Scholium l.

Son, en efecto, sólo un modo de pensar, pero parecen
ser universalmente válidas. Resultan subjetivas sólo
en la medida de que existe la posibilidad de elegir uno
entre varios de los «movimientos máximos y más regulares», y dividirlos para obtener, por ejemplo, el
concepto de «hora». Pero no en el sentido de que haya
variación real entre lapsos del flujo temporal. El tiempo, así, resulta objetivo e invariante.

IO

*

11

* Este trabajo originalmente fue publicado en: Alero,
Revista de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Tercera Época, Núm. 6, mayo-junio de 1974, pp. 8591. La presente versión agrega algunas precisiones
bibliográficas.

8 Medit. metaf, Medit. 2a., p. 105.
9 lbid., Medit. 3a., p. 112.

/bid., p.

113.

Reglas, XI. Para las citas, utilizamos: Descartes, René. Dos
opúsculos: reglas para la dirección del espíritu e investigación de la verdad. Introducción de Luis Villoro; Nuestros Clásicos, 10; México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de
México, 1959, p. 138.

12 /bid., p. 139.
13 /bid., p. 140.

Notas
1

14 Medit. metaf, Medit. 5a., pp. 132 ss.
15 Princ. phil., 1, XXI.

Princ. phil., 1, LVI. Para las citas, utilizamos: Descartes, R. Los
principios de la filosofía. Traducción de Gregorio Halperin;
Biblioteca Filosófica; Buenos Aires: Editorial Losada, 1951.

16 Medit. metaf, Medí!. 3a., p. 136.
17

2

lbidem.

Princ. phi[., Ill, LXIll.

18 /bid., 1, XXVII.

Medir. metaf, Medit. 3a. Para las citas, utilizamos: Descartes.
Discurso del método y Meditaciones metafísicas. Traducción,
prólogo y notas de Manuel García Morente; Colección Austral, 6; Madrid: Espasa-Calpe, 1%8, p. 100.
4

Princ. phil. 1, LXU.

5

/bid. , 1, LVII.

19 lbidem.
20 Respuesta de las 6as. objeciones, c. 11. 353. Tomado de: Hamelin, Octavio. El sistema de Descartes. Buenos Aires: Editorial
Losada, 1949, p. 241.
21 Medir. metaf, Medit. 3a.,passim.

77

�IMMANUEL KANT: FUNDAMENTO
MORAL DE LA TEORÍA DEL ESTADO
DE DERECHO
No sé si la historia sea trágica, pero estoy convencido de
que debemos hacer como si fuera a fin de que no lo sea.
Alain Mine

Mijail Málishev
11

/bid., p.

23

Capek, Milic. P/ri/osophical Jmpact of Contemporary Physics.
Princenton: Van Nostrand, 1961, pp. 40 ss.

24

P/ril. 11at. princ. math., Scholium 11.

25

Princ. p/ril., 11. XVI.

26

/bid.. 11. XXXIV.

27

/bid.. 11. 111 y 1v Partes, passim.

28

/bid .. 11. XXIV.

29

/bid.. l. LVII.

116.

DESCARTES

·-·

'DISCURSO
,
' DEL METODO,
, DIÓPTRICA,
, METEOROS ,
Y GEOMETRIA

El jurista ruso Bodgan Kistiakovsky dijo alguna vez
que ningún derecho puede plasmarse totalmente en la
práctica real del Estado. En ese sentido el Estado de
derecho pertenece al mundo de las ideas, pero de las
ideas que pueden y deben transformar las relaciones
de los hombres. Esta observación es cierta y profunda.
El Estado de derecho es un ideal que nunca se ha realizado plenamente en la historia y tal vez nunca se
plasmará al cien por ciento en un futuro. Al mismo
tiempo no se puede ignorar que desde el siglo XVIIXVIII la comunidad mundial entró en una fase en que
ningún Estado puede rechazar abiertamente el reto de
la significación regulativa del «derecho estricto».
¿Quién durante estos tres siglos no se ha esforzado
por reducir la idea del «Estado de derecho» a una
«quimera», a una abstracción vacía o una «frase liberal»? Esto lo intentaron hacer los adeptos de las monarquías absolutas y los abogados del bonapartismo,
los fanáticos del nacional-socialismo y los partidarios
de la dictadura del proletariado. Y sin embargo, a pesar de los fuertes ataques, esta idea resistió ante el
fuego ideológico de sus adversarios y demostró su
fuerza invencible.
Las teorías iusnaturalistas sobre el Estado de derecho surgieron y se desarrollaron en una atmósfera
de crisis del poder absolutista feudal. Esta crisis reveló que la legalidad absolutista no sólo no ayudaba
al establecimiento de un orden firme, sino que ejercía un impacto pernicioso para la vida económica y
social. Esta tesis fue sometida al análisis crítico en
los trabajos de Hobbes, Locke, Montesquieu, Beccaria y Rousseau. Mediante ejemplos concretos y demostraciones lógicas ellos mostraron que en un Esta-

do donde el derecho es sólo la voluntad del príncipe,
elevada al rango de ley, la vida, la propiedad y la libertad de los súbditos están garantizadas de la misma manera que en el estado de Naturaleza donde no
hay ninguna ley. La cantidad de crímenes que algunos individuos pudieran cometer contra otros sería
considerablemente menor a los delitos provocados
por el mismo poder absolutista. Y el responsable de
esta práctica criminal resulta aquella institución,
que, según su predestinación debiera reprimir los
crímenes, esto es, el sistema judicial de la monarquía
ilimitada. Los tribunales monárquicos inventan los
delitos (por ejemplo, los complotes antimonárquicos) pronuncian la sentencia conforme a las «necesidades» del Estado (los encarcelados usados en diferentes trabajos forzados) y, finalmente, simplemente
condenan a inocentes para aumentar el temor preventivo ante la violación del orden absolutista. La
causa de esta injusticia se arraiga no sólo en la corrupción de los jueces, sino también en su dependencia a la voluntad arbitraria del monarca.
Según los pensadores-innovadores de los siglos
XVII-XVIII, el derecho aún no es derecho, en tanto que
el Estado no era un Estado de derecho, es decir, mientras que el poder político no reconozca incondicionalmente la primacía de la Ley. El mismo término «Estado de derecho» surgirá sólo en el siglo XIX, aunque el
concepto y el ideal de éste maduraba durante dos siglos.
En el modelo iusnaturalista lo fundamental es la
idea de limitar el poder voluntario del soberano. En la
interpretación de los filósofos iusnaturalistas «el dere-

79

�cho estricto» es tal sistema normativo que permite restringir la voluntariedad administrativa e impide que el
poder centralizado degenere en despotismo. La aspiración a afirmar la primacía de la ley jurídica sobre la
voluntad del gobernante fue la tendencia principal de
las teorías político-jurídicas del tiempo nuevo. La filosofía política jurídica desde Hobbes hasta Kant insistió en que en la sociedad organizada según los principios racionales, a cualquier prohibición, demanda o
consejos le debe preceder una premisa inicial. Su
esencia consiste en que cada miembro de la sociedad
se reconoce como un ser intelectualmente maduro que
no necesita del consejo ajeno para definir lo que desea, lo que le es útil y ventajoso. El Estado está obligado a prohibir categóricamente que se traten a los
ciudadanos como a niños que necesitan de una autoridad, y también prohibe intervenir en la esfera de sus
juicios morales. De aquí se desprende que a los hombres les debe ser permitido pensar y expresarse abiertamente, así como disponer libremente de sus fuerzas
y bienes.

11,, 1

80

El objeto del presente artículo es analizar el modelo político-jurídico de Kant que lleva en sí el sello
de los ideales de la Revolución Francesa. El estudio
que hemos practicado ha sido selectiva en doble sentido: primero, nos hemos demorado en aquellos aspectos del discurso kantiano que, a nuestro juicio,
tiene importancia para la formación de la teoría del
Estado de derecho. Y segundo, hemos analizado las
premisas éticas de la doctrina política-jurídica de
Kant no sólo teniendo en cuenta su importancia histórica, sino también considerando nuestros problemas actuales. Es decir, hemos recurrido a cierta dra-

matización de esta doctrina para mostrar que el autor
de que nos ocupamos es clásico y, por consiguiente,
sus lecciones siguen siendo vigentes hoy día.

*
Como sus predecesores en el análisis del proceso
político, Kant utiliza dos categorías del pensamiento
iusnaturalista: el «estado de naturaleza» y el «Estado
civil». En la comprensión de estos conceptos el filósofo alemán sigue a Hobbes quien, según Kant, formuló
más claramente el objetivo, la tarea alrededor de la
cual giraba todo el pensamiento social de la época iluminista, a saber: deducir el orden civil y la paz, a partir de la interacción de los individuos movidos por la
aspiración al placer y por el instinto de conservación.
En la doctrina de Hobbes el «individuo natural» es
más brutal y salvaje que el de las teorías de los otros
iluministas.
Para Hobbes el principal argumento en favor del
poder absoluto fue que el hombre es un ser, cuya
única evidencia incondicional es su interés eudemónico y su miedo de perder la vida. Según Kant, los
iluministas no lograron apreciar la rigurosidad del
pensamiento de H9bbes y no comprendieron que si
ellos no superan los límites antropológicos de El Le·
viatán, el mismo Leviatán aparece de nuevo en sus
razonamientos sobre el Estado y el derecho. En el te·
rreno de las representaciones del hombre como «un
ser egoísta aunque racional», es imposible afirmar la
primacía del derecho ante la voluntad del soberano
elevado al rango de ley. La idea hobbesiana sobre el
hombre fue modificada considerablemente en las

doctrinas posteriores. En las teorías de Montesquieu
y en la de Rousseau el «individuo natural» perdió
sus atributos de pirata cruel y adquirió una civilidad
moderada y hasta un humanismo sentimental. Al lado de los impulsos egoístas se le adscribieron instintos sociales e inclinaciones altruistas. Sin embargo,
no se modificaron las características generales de los
motivos de este individuo. El «individuo de naturaleza» no reconoce otros móviles salvo las pasiones, y
en la jerarquía de éstas la aspiración a la propia felicidad domina sobre otras inclinaciones.
Kant adoptó el modelo del «individualismo natural» de Hobbes y llevó hasta el extremo las premisas
teóricas del pensador inglés. Según Kant, al Estado
civil le precede el «estado de naturaleza» en donde
predomina la «guerra de todos contra todos». El individuo lleva esta lucha partiendo de dos principios:
el placer y la razón con la que calcula las posibles
ventajas o desventajas para su vida. En el «estado de
naturaleza» el hombre es un «animal pensante» en el
sentido estricto de esta palabra: como animal el
hombre debe conducir la guerra hasta el antagonismo extremo, pero como animal pensante, entiende
que más tarde o más temprano este antagonismo se
convertirá en una amenaza para su propia existencia.
El hombre como el portador de la «insociable sociabilidad» «tiene la inclinación a formar una sociedad
que, sin embargo va unida a una resistencia constante que amenaza perpetuamente con disolverla». 1 Precisamente la bestialidad llevada a un extremo insoportable hace a los hombres, en su faceta racional, limitar voluntariamente su egoísmo zoológico y llegar
a un acuerdo para fundar el Estado civil.

«El Estado civil es una sociedad que compagina la
máxima libertad, es decir, el antagonismo absoluto de
sus miembros, con la más exacta determinación y seguridad de los límites de la misma, para que sea compatible con la libertad de cada cual ... »2 Según Kant, el
Estado no surge espontáneamente, sino se establece
por una decisión deliberada de sus miembros en una
situación crítica. Al pensador alemán no le preocupa
si tuvo lugar o no en la historia real un acuerdo entre
los individuos asociales. Más aún, considera que el
origen del poder supremo de un pueblo es inescudriñable y debe ser tomado como una tesis a priori. En su
ensayo «Sobre el dicho común: esto puede ser justo
en teoría, pero no vale en la práctica» Kant dice que el
contrato original no necesariamente debe suponérsele
como un hecho histórico, pero por razón humana debe
reconocérsele como la base en la cual se funda una
constitución civil universalmente válida para la comunidad humana. «La idea del contrato original obliga a
todo legislador a hacer leyes como si ellas debiesen
derivar de la voluntad común de todo un pueblo y de
considerar a cada súbdito, en cuanto quiere ser ciudadano, como si él hubiese dado su consenso a tal voluntad» .3 Desde el punto de vista del pensador alemán, el contrato original como una idea reguladora
está predestinado a cumplir una función de legitimar
el poder y, por consiguiente, no tiene necesidad de ser
derivado de un hecho histórico real para ser válido. El
ejecutivo tiene que regir al Estado, como si su poder
estuviera fundado en un contrato y debe rendir cuentas ante sus súbditos de la manera en que lo ejerce. Ya
que el poder del soberano se deriva del acuerdo entre
los súbitos, la obligación de esta instancia consiste en
la defensa de la libertad por todos los medios del

81

�constreñimiento de cada cual en la medida en que ésta
no contradiga a la libertad de todos. El poder que lleva
a cabo la ley tiene que tratar las relaciones sociales tal
como si estuvieran establecidas según un acuerdo mutuo y voluntario.
En una sociedad en la que la libertad bajo leyes
externas se encuentre vinculada en el mayor grado posible con un poder irresistible, esto es, una constitución civil perfectamente justa, tiene que ser la tarea
más alta de la Naturaleza para con la especie humana». 4 ¿Por qué debería ser? Porque el poder, que
realiza la ley, se lleva a cabo por los hombres y ellos
al principio, en el estado de la Naturaleza, no son buenos, justos u honestos. Estas cualidades morales pueden desarrollarse sólo en el marco del «estado civil».
Para que dicho estado pudiera establecerse y ejercer
su influencia benévola a los individuos (egoístas por
su naturaleza) sería necesaria la realización justa de la
ley. Pero para realizar lo anterior, tendrían que haber
existido hombres justos, incorruptibles, de honradez
íntegra, capaces de resistir a cualquiera tentación de
usar el poder para sus propios intereses y de suprimir
el egoísmo y los vicios de los ciudadanos que violan
las leyes. Así, surge un círculo vicioso, la antinomia
del «Estado civil». Para crear las condiciones favorables de realización de las leyes a fin de que éstas pudieran ejercer su influencia benévola a la conciencia
de los individuos, ya tuvieron que haber existido los
hombres adecuados a esta ley. Pero estos funcionarios
que tienen la conciencia civil incorrupta no pueden
aparecer antes que las leyes ejerzan su influencia benévola a los ciudadanos. El mismo Kant describe esta
antinomia del modo siguiente: «El hombre es un ani« ...

82

mal que, cuando vive entre sus congéneres necesita de
un señor. Porque no cabe duda que abusa de su libertad con respecto a sus iguales y aunque como criatura
racional desea en seguida una ley que ponga límites a
la libertad de todos, su egoísta inclinación animal le
conduce seducidamente allí donde tiene que renunciar
a sí mismo. Necesita un señor que le quebrante su
propia voluntad y le obligue a obedecer a una voluntad valedera para todos, para que cada cual pueda ser
libre. Pero ¿de dónde escoge a este señor? De la especie humana, claro está. Pero este señor es también un
animal que necesita, a su vez, a un señor. Ya puede,
pues, proceder como quiere, no hay manera de imaginar cómo se puede procurar un jefe de la justicia pública que sea a su vez justo; ya sea que le busque en
una sola persona, o en una sociedad de personas escogidas al efecto. Porque cada uno abusará de su libertad si a nadie tiene por encima que ejerce poder con
arreglo a las leyes. El Jefe supremo tiene que ser justo
por sí mismo y, no obstante, es un hombre. Así resulta
que esta tarea es la más difícil de todas; como que su
solución perfecta es imposible; con una madera tan retorcida como es el hombre no se puede conseguir na5
da completamente _derecho».
Las iluministas consideraron que el tránsito hacia
el «estado civil» es, al mismo tiempo, el paso al «orden moral», o sea a una organización de la vida social,
en donde el hombre se convierte paulatinamente en un
ser civilizado. Kant no está de acuerdo con esta tesis y
dice que el Estado civil no tiene nada que ver con una
moral elevada. En las condiciones en que los hombres
del poder están predestinados a administrar la justicia,
la misma rigurosidad de la ley se convierte en fuente

d~ ~a amoralidad, de una amoralidad mañosa, astuta y
cm1ca.
. S~gún Kant, la «sociedad civil», tal como ésta se
d1buJa en las doctrinas iusnaturalistas todavía no es la
antítesis auténtica al estado de «guerra de todos contra
todos», sino es un estado de Naturaleza enmascarado
por_ la justicia y la ley. Más tarde Kant denominó a est~ ~1po de soci~ad como un «estado de naturaleza jund1ca». E~ reahdad, en ese Estado reina la injusticia,
porque alh se usa la misma ley en calidad de instrumento de la voluntariedad. En estas condiciones el poder otorga más oportunidades a los hombres descarados, astutos_ y cínicos que luchan por su interés egoísta
no P?r ~ed10 de sus fuerzas individuales de la competencia, smo a través de la manipulación de los atributos del poder del mismo «Estado civil».
Kant considera que para alcanzar la supremacía real del orden jurídico sobre el estado de la Naturaleza
son necesarios nuevos principios políticos que en muc~os aspectos son contraiios a las premisas de la doctnna de Hobbes Y de los iluministas. El punto de partida _de esta nueva teoría debe ser el individuo humano
qmen es capaz de ser el «dueño de sí mismo» y quien
no necesita de la tutela externa para la realización de
sus valores y fines personales.
El pensador alemán considera que la razón moral
n? es sólo un inStrumento para obtener ventajas indi~•duales; es t~mbién nuestro legislador interno cuyas
ordenes nos hberan de la sumisión ciega a las demandas externas y los impulsos internos. Sólo en la medida en que e1m
· d1..
v1duo logre tomar conciencia de estas

órdenes y pueda someter sus impulsos y pasiones al
contr~l de su razón (esto es, «darse ley a sí mismo»)
podra oponerse a la expansión de la voluntad ajena
elevada al rango de ley.
'
La ley moral (el imperativo categórico) representa
para Kant el fundamento interno del derecho. El sujet~ moral lucha no sólo contra la depravación y corrupc1_ó_n de las costumbres (que suele ser inherente al morahsta ordinario) sino también contra el abuso de la
le~ bajo la máscara de la ley' contra la arbitrariedad
baJo la máscara del derecho. Él no es moralizador sino
d~fensor de las relaciones basadas en el reconocirru~nto de la dignidad de los hombres (esto es las relaciones jurídicas).
'
. , Kant entie~de como conducta moral pura la acc~on cuyo motivo no_ es la inclinación, sino la obligación. Muchos estudiosos de la filosofía de Kant le
reprochan su rigurosidad excesiva al imponerle al
hombre la pesada carga del deber. Pero, en realidad
esta tesis_ de Kant está dirigida contra las exigencia~
Y pretensiones excesivas de la moral normativa. Suele considerarse que para ejecutar una conducta moral
el h~m~re debe tener el alma muy elevada y, por
cons1gu1ente, haber purificado en sí todas sus malas
inclinaciones. Bajo la conducta verdaderamente moral se reconoce sólo aquella derivada de nobles motiv?s internos. Pero esa práctica que incluye la coacción a la sensibilidad, aunque con fines superiores
n~die la puede soportar. No se puede obligar a sí
mismo a no desear lo que uno desea, o no sentir lo
que uno siente. Kant consideraba que era suficiente
no permitir que la mala inclinación se convierta en

83

�conducta, si ésta se contradijera con la conciencia de
las obligaciones. Nadie quitó tan decididamente de
los sentimientos y las inclinaciones del hombre las
cadenas ascéticas colgadas por los moralistas y santones, y nadie tan tranquilamente percibió la imperfección de la naturaleza humana, como Immanuel
Kant. El hombre puede ser moral incluso, teniendo
malas inclinaciones a condición de que, al conocer
estas predisposiciones, no las alimente en su conducta práctica y, por lo tanto, les otorga la oportunidad
de desaparecer por sí mismas.

11

11

El pensador alemán considera que el hombre mismo (independiente-mente de la autoridad externa)
sabe cuál es su deber, tiene la fuerza para luchar por
su cumplimiento y cree que esta lucha es capaz de
vencer los motivos amorales que existen en él. No es
el egoísmo, aunque sea racional, sino este conocimiento y esta disposición a la lucha lo que elevan al
individuo al nivel de defensor del derecho. En la lucha por el orden jurídico y la justicia social, el individuo que se dirige en su conducta por el imperativo
categórico, tiene el espacio moral para suprimir sus
inclinaciones egoístas y dominarlas. El poder no tendría que intervenir en el mundo interno de los ciudadanos hasta que en esta lucha venzan los motivos
amorales que conducirán al hombre a la violación de
la ley jurídica.

111

84

Cuando el individuo percibe que el Estado respeta
su libre voluntad responde con el reconocimiento del
derecho del Estado a constreñirle y castigarle cada vez
que viola las normas jurídicas. La capacidad del hombre de someterse a la ley moral y de luchar sin ningún

constreñimiento exterior por su realización es lo que
Kant llama la autonomía. La libertad de la voluntad
moral exige para sí un espacio jurídico en calidad de
libertades civiles. El orden jurídico es, por consiguiente, un espacio social de la moralidad humana. En esto,
según Kant, consiste el sentido principal del fundamento moral del derecho.
El filósofo alemán no trata de deducir las normas
jurídicas de las morales; mezclarlas significaría convertir la sanción penal del Estado en represión moral
preventiva. La tendencia principal del fundamento
moral del derecho que plantea Kant es otra. En la legalidad jurídica ve precisamente la garantía de no intervención del Estado en la autol!_omía del individuo
durante su formación moral. Sólo en la medida en que
la regulación moral de la conducta llega a ser un asunto propio del hombre, la regulación del Estado de esta
conducta obtiene un carácter jurídico.
Kant hace la distinción y correlación entre las normas morales y jurídicas. Las primeras aparecen sólo
cuando se realizan por el mismo individuo sin la intervención externa; las segundas son externas o, como
dice Kant, son límites legales de la conducta del individuo. A través del derecho el Estado expresa confianza y respeto a la autonomía moral de sus ciudadanos. Esta actitud es capaz de despertar la simpatía recíproca del ciudadano al Estado. En este caso el orden
jurídico, que se fundamenta en el orden moral, puede
pretender el reconocimiento y la defensa de los ciudadanos con la misma abnegación con la cual ellos defienden sus derechos personales. A las doctrinas iusnaturalistas, desde el punto de vista del pensador ale-

mán les faltan precisamente el reconocimiento de esta
dignidad moral del individuo.

fuerzas morales y no intervenir en este proceso interno ni con el látigo, ni con melindre.

El principio según cada cual es capaz de ser «dueño de sí mismo» es la presunción obligatoria de todas
las acciones del poder coercitivo. «El pacto social»
implica que el individuo conoce la ley moral y es capaz de cumplirla. Esto significa que nadie debería ser
sometido a una represión preventiva, esto es, ser perseguido por alguna instancia como delincuente potencial. Nadie tiene derecho de imponerle a otro cómo
debe vivir, en qué cosas tendría que ver su bien y felicidad o tratar de hacer cumplir sus órdenes por presión o amenaza. Kant prohibe tratar las relaciones jurídicas en guisa de tutela de los padres sobre sus hijos,
que por su inexperiencia e inmadurez no pueden elegir por sí mismos las normas morales. «El contrato social» que contrajeron los hombres como seres morales
pone un veto a esta tutela y la califica como una primera expresión del poder despótico.

La experiencia muestra que la batalla por la ley
moral no siempre se termina con la victoria del imperativo categórico. El individuo quien sufrió una derrota (no hizo lo que debiera o pudiera hacer), llega a ser
un objeto legítimo del poder coercitivo. A este individuo se le somete al constreñimiento no sólo por ser un
derrotista en su lucha por la ley moral (el pago por esta derrota podría ser sólo un acto propio de arrepentimiento y debería ser dejado a su propia conciencia
moral) sino porque habría que restaurar el orden que
alteró violando la ley del Estado. Según el pensador
alemán, el delito no debe ser castigado en calidad de
acto moral (como un pecado que presupone el arrepentimiento y la redención). El poder coercitivo está
obligado a dejar a la propia voluntad del individuo los
ajustes de cuentas consigo mismo, como antes le había otorgado el derecho a la elección de sus fines vitales y máximas morales. Kant interviene en contra de
los castigos aleccionadores. Desde su punto de vista,
el delincuente no puede ser objeto de una tutela paterna o despótica, ni debe ser privado de su independencia moral que se expresa en su disposición al
arrepentimiento.

Esto no significa que en el Estado de derecho debiera ser abolido el constreñimiento externo. Éste pudiera ser eliminado sólo en el caso en que los hombres
llegarán a ser santos, esto es, alcanzarán la plena victoria sobre sus pasiones e inclinaciones amorales. Pero esta situación está muy lejos de la realidad. La moralidad que tiene que ser reconocida en cada individuo
por las instancias jurídicas del Estado es sólo una esperanza de que éste puede cumplir las normas del imperativo categórico. El individuo moral enfrenta una
lucha contra las tendencias que contradicen a este imperativo. El poder está obligado a concederle la posibilidad de llevar a cabo esta lucha por sus propias

El sentido del castigo tampoco tiene que ver con la
intimidación. El delincuente no debe ser castigado
«como ejemplo para los demás». En este caso, hablando estrictamente, se castigaría ya no a él mismo, sino
en su persona se sometería al otro, al violador potencial de la ley, además, el castigo tendría el carácter
preventivo que supuestamente está prohibido por la

85

�justicia. Kant escribe: «La pena jurídica... no puede
nunca aplicarse como un simple medio de procurar
otro bien, ni aún un beneficio del culpable o de la sociedad: sino que debe siempre serlo contra el culpable
por la sola razón de que ha delinquido; porque jamás
un hombre puede ser tomado por instrumento de los
designios de otro ni ser contado en el número de las
cosas como objeto de derecho real; ... el malhechor
debe ser juzgado digno de castigo antes de que se haya pensado en sacar de su pena alguna utilidad para él
o para sus conciudadanos». 6

86

externo está en la esfera de las relaciones conflictivas
entre los hombres (la regulación de los daños que se
causan unos a otros). Si no hay ningún conflicto, no
existe ninguna razón para la intervención del poder civil en los asuntos privados de los ciudadanos. Pero si
surge la relación conflictiva, si se descubre que los
agentes de esta relación no pueden resolver la contradicción por sí solos, entonces surge la necesidad de
intervenir, lo cual es una obligación del poder coercitivo.

zan de la felicidad merecida?, o sea, ¿han sido eliminados los obstáculos sociales que les impiden obtener
el éxito y bienestar a través de sus propias fuerzas? El
poder puede ser bueno sólo a condición de que sea
justo y de que haga todo lo posible para excluir los
abusos de sus funcionarios y resuelva las insatisfacciones de los ciudadanos.
En la filosofía del derecho de Kant, la justicia es
una categoría central. Es el criterio de la dignidad moral del poder, la condición obligatoria de sus reconocimientos y el respeto por parte de los súbditos. La justicia en abstracto, según Kant, no es una virtud muy
elevada. Ser justo es sólo el minimum minimorum para el hombre moral. No se puede afirmar que un individuo es una persona que tiene la moral elevada si en
sus relaciones con los demás se dirige sólo por el principio: «dar a cada cual lo suyo», y no es capaz de ser
generoso o misericordioso. Pero cuando se trata del
individuo que ejerce el poder (investiga conflictos,
distribuye bienes, arregla quejas, designa castigos),
entonces la categoría de la justicia adquiere importancia decisiva. El agente del poder no sólo entra en relaciones con otros sino que regula los conflictos entre
ellos. Cuando surge la necesidad de regular los conflictos el valor de la justicia resulta más alto que otras
virtudes. La justicia es una norma absoluta para el
agente del poder y debe servir como el criterio máximo en la esfera de la resolución de los conflictos.

Entonces, ¿qué sentido tiene el castigo? Para Kant
es la reparación del daño, que sufrió un individuo inocente por la irresponsabilidad del delincuente. El delito tiene que ser considerado por las instancias jurídicas como una relación conflictiva entre el culpable y
su víctima que es necesario resolver. El castigo (la represión justa al individuo delincuente) no es una acción estrictamente moral y no debe ser considerado en
esta calidad. En la pronunciación de las sentencias la
instancia jurídica debe poner entre paréntesis todos los
motivos que no fueron plasmados en el acto criminal
y que no causaron ninguna influencia en el delito.

Los actos distributivos y regulativos que ejerce el
poder se definen según el lema: «excluya la guerra entre los hombres y dé a cada uno lo que merece.» Pero
¿cómo definir: qué es lo que merece cada hombre?
Todo lo que el hombre ha alcanzado en virtud de su
talento, trabajo y diligencia, responde Kant. El pensador alemán exige garantías jurídicas para las capacidades personales: la iniciativa, laboriosidad y correspondencia entre «el tamaño de la propiedad y el mérito individual». Él ve que la condición necesaria para
el cumplimiento de estas exigencias es la igualdad de
oportunidades, y esto debería ser un resultado de la
eliminación de privilegios hereditarios y estamentales.

La preocupación del poder coercitivo tendría que
ser no los vicios morales, sino los actos delictivos de
los individuos. «El contrato original», como lo entiende Kant, realiza el principio: «A Dios lÓ que es de
Dios y al César lo que es del César». Es decir, la preocupación sobre la pureza del alma es un asunto del
mismo individuo, que lucha por su salvación personal.
Al poder le pertenece la legalidad y no la moralidad
de la conducta. La prerrogativa del poder coercitivo

Las condiciones legales para crear la correspon·
dencia entre méritos personales y bienestar debe ser
tarea primordial del poder político. La preocupación
sobre el bienestar en general (por sí mismo digno de
elogio) significa poco, si la tarea anterior no está re·
No es sorprendente que en la filosofía de Kant fisuelta. La primera es un deber incondicional del gobierno, la segunda es un asunto de su benevolencia guren dos imperativos: el de la moral y el del derecho.
subjetiva. Según la definición de Kant, lo principal no El sentido principal del imperativo del derecho cones la felicidad de los súbditos a secas, sino ¿ellos go- siste en la regulación normativa del mismo poder

coercitivo, en cuanto que este poder se realiza por los
hombres. Aunque las acciones de los hombres puedan
ser reguladas mediante las leyes, los motivos indispensables para fundamentar moralmente esas acciones
no pueden ser inducidas desde fuera. El ciudadano
puede ser obligado a usar ciertos medios para alcanzar
ciertos fines, pero sólo él, y ningún otro, puede elegir
y dictarse a sí mismo estos fines. El único derecho
obligatorio del poder del Estado es el de garantizar la
libertad de sus ciudadanos para realizar todo tipo de
actos externos a condición de que éstos no perjudiquen la libertad de los demás.
Kant está de acuerdo con Locke, Montesquieu y
Beccaria en que el orden jurídico asegura el desarrollo
económico de la nación, garantiza el crecimiento de la
energía y la iniciativa de los ciudadanos. Afirma que
«la justicia en su forma perfectísima» constituye la
base para la competencia de las fuerzas humanas, para
el progreso de las ciencias, artes y educación. Sin embargo, el punto de vista de Kant se distingue de laposición de otros iusnaturalistas. El quid de su doctrina
se puede expresar de la manera siguiente: el poder
coercitivo tiene todas las razones para esperar que la
observación de la justicia va a servir para la realización del progreso económico, social y cultural del
país. Sin embargo, la misma justicia nunca debe ser
considerada sólo como un medio para obtener estas finalidades. La justicia puede coadyuvar al progreso sólo cuando se pone por encima de todos los intereses
pragmáticos y el poder la lleva a cabo como su deber
moral primordial. El poder, por muy fuerte y racional
que sea, no puede por sí sólo realizar los fines económicos, sociales y culturales. El progreso es el resulta-

87

�do de la actividad de todos los ciudadanos del Estado.
Pero el poder sí puede ayudar al progreso, preparando
las condiciones políticas y jurídicas para llevar a cabo
este fin. En la realización de la justicia jurídica consiste el imperativo categórico del poder.

88

Kant entiende muy bien que el pragmatismo en
política, aunque estuviera vinculado con criterios
sociales (el bien para todos; la ventaja social, el interés popular, etc.) se quedaría en pragmatismo y
abriría las puertas a las arbitrariedades. El gobierno
que tendiera a estas características, aunque fuese
con buenas intenciones y prescribiera a sus ciudadanos las vías a su bienestar y felicidad sería un despotismo paternal. Evaluar la justicia como un simple «bien sociah&gt; significaría identificarla subjetivamente con el «bien social», que predomina en una
situación histórica concreta. Por eso Kant objeta la
reducción de la justicia jurídica a las razones pragmáticas. Él considera que las leyes que garantizan la
justicia tienen que adelantar otros actos gubernamentales, tales como: el desarrollo de la economía,
el crecimiento del bienestar, etc. La concepción
kantiana conduce a la siguiente conclusión: ninguna
reforma, iniciada por el gobierno, va a tener éxito si
a ésta no le precede una serie de medidas jurídicas
dirigidas a la exterminación de los abusos principales del despotismo, la corrupción y la creación de
las condiciones necesarias para el desarrollo de los
derechos humanos. Sólo al cumplir éste su «deber
primario» y al acabar con su pasado prejurídico, el
gobierno puede confiar en que su iniciativa podrá
encontrar la aprobación y el apoyo entre sus ciudadanos.

El contrato social, como lo entiende el pensador
alemán, es un convenio de los individuos sobre el
ideal del Estado de derecho. Este Estado pertenece
por entero al futuro, aunque no se presentará en su
forma acabada, en el «orden natural de la historia». FJ
Estado del derecho es un régimen político al cual los
individuos, como seres morales, aspiran y van a aspirar siempre, independientemente de las tendencias espontáneas del desarrollo histórico. Con otras palabras,
«el contrato social» es un convenio sobre el «Estado»
que se busca y que se reconoce como «el verdadero»,
«el perfecto», y digno de los sacrificios.
Esta versión kantiana acerca del «contrato social»
se distingue de las doctrinas com .1ctualistas anteriores que buscaron su fundamento en los legados del
pasado. Kant califica como ingenua la tesis de sus
predecesores quienes pensaron que los Estados actuales surgieron en calidad de Estados de derecho,
pero que se degeneraron por errores de los gobernantes en los regímenes despóticos. Los regímenes
actuales, subraya, se formaron espontáneamente en
un proceso histórico y nadie es culpable de que no
sean como se d~sean (y no pueden no desear). La
historia como cadena natural de acontecimientos no
puede ser condenada desde el punto de vista del
ideal. Éste no debe ser figurado como una «ley antigua» por el incumplimiento de la cual es necesario
sancionar o castigar. El apego al ideal del Estado de
derecho es una obligación del poder, pero una obli·
gación moral y no jurídica. «El derecho estricto»
nunca fue el «derecho positivo». Por eso el poder actual no puede ser responsable de que su modo de acción no se base en el derecho estricto.

Sin embargo, la existencia de los regímenes políticos actuales aún no ha demostrado que estén justificados por una razón histórica y tampoco que se convierta la idea del Estado de derecho en una ficción. Los
hombres, según su razón, tienden a éste y se alejan cada vez más de aquellos regímenes políticos que contradicen a sus ideales. No siendo un instrumento de
condenación histórica o de ajuste de cuentas revolucionarios con los regímenes políticos, el ideal del Estado de derecho sirve de apoyo para la independencia
moral del individuo en su relación con el poder. El
precio que paga el poder, al violar las normas del derecho, es la pérdida de confianza y de respeto por parte de los ciudadanos. Los súbditos se enajenan del poder injusto. La obediencia externa y desconfianza interna es la actitud del sujeto honesto ante las acciones
injustas del poder. El «derecho positivo» que no se
basa sobre el «derecho estricto» no merece otra suerte. El individuo moral, como le entiende Kant, no debe aspirar a agudizar el conflicto. Al enajenarse del
poder el ciudadano, no obstante, está obligado a convencerlo a que reconozca el ideal del Estado de derecho. Si el Estado despótico, a pesar de todas las exhonaciones, continua así, puede provocar una situación revolucionaria, en la cual el individuo tendrá una
posición indiferente ante la suerte de este Estado. Esta
enajenación, este distanciamiento del Estado es una
forma pacífica de lucha por el derecho que es diferente a la acción revolucionaria que, por su esencia, es
una lucha por el poder. Precisamente esta tendencia
que determina la doctrina de Kant frecuentemente pon~ en una situación difícil a sus intérpretes: la exigencia de reconocer inmediatamente la legitimidad de
cualquier poder, que surge en el crisol de la lucha re-

volucionaria y se somete legalmente a ésta. «Si un
movimiento revolucionario provocado por una mala
constitución, consigue ilegalmente instaurar otra más
conforme con el derecho, ya no podrá ser permitido a
nadie retrotraer al pueblo a la constitución anterior...&gt;/
La legitimidad de la nueva constitución se basa en la
irresponsabilidad del régimen derrocado que condicionó la victoria del movimiento revolucionario a causa de la negación de aquél a llevar a cabo las reformas
con el espíritu de la construcción del Estado de derecho. Kant se atreve, incluso, a aconsejar a los gobernantes que consideren como su obligación moral (partiendo de los motivos de la prudencia política y de su
propia autoconservación como gobernantes) a realizar
las reformas conforme con el ideal del derecho estricto. «Las revoluciones, donde quiera que la Naturaleza
las provoque no deberán usarse como un pretexto para
hacer más dura la opresión; considérelas el gobernante como un grito de la Naturaleza y obedézcalo, procurando, por medio de hondas reformas, instaurar la
única constitución legal, la que se funda en principios
de libertad». 8
Según el filósofo alemán, la revolución, como tendencia histórica, puede ser eliminada de la vida humana sólo por medio de la construcción del Estado de
derecho. Lejos de ser revolucionario, Kant, empero,
no compartió los sueños de la filosofía social de la
Ilustración, segun la cual las «verdades de la razón»
por fuerza de su evidencia son capaces de cambiar la
conciencia y la práctica de la realización del poder.
Para que las «verdades de la razón» pudieran transformarse en reformas correspondientes sería necesario
también «el látigo de la providencia», esto es, las lec-

89

�ciones ejemplares de la historia. Sólo en estas condiciones los gobernantes, quizás, decidan efectuar los
cambios que exigen de ellos la razón práctica y la
conciencia de justicia. «El derecho de los hombres ha
de ser mantenido como cosa sagrada, por muchos sacrificios que le cueste al poder dominador. No caben
aquí componendas; no cabe inventar un término medio entre derecho y política, un derecho condicionado
en la política. Toda la política debe inclinarse ante el
derecho; pero, en cambio, puede abrigar la esperanza
de que... lle~ará un día en que brille con inalterable
esplendor».
Como ser moral, el hombre se contrapone a la
Historia e, incluso, a sí mismo como un individuo
condicionado por relaciones históricas concretas;
sin embargo, debe aplicar su razón moral a la esfera
de la práctica social. La historia tendóa que ser la
esfera de la aplicación de la moral, aunque aquélla
no sea la fuente de ésta. ¿Qué significación práctica
puede tener la razón moral en la vida humana, si sus
principios básicos tienen sus raíces más allá de la
historia? Pero el desarrollo de la historia conduce a
cierta etapa en que se hace ineludible el cumplimiento de las demandas morales, por lo menos en
una forma espontánea e inconsciente. De este modo,
la historia utiliza un mecanismo natural de los hombres en su provecho para aproximar su conducta externa a lo prescrito por la idea del derecho. «Desde
luego, esa garantía no es bastante para poder vaticinar con teórica seguridad el porvenir; pero en sentido práctico, moral, es suficiente para obligarnos a
trabajar todos Rºr conseguir ese fin, que no es una
mera ilusión». Kant confía en el potencial moral

,,, ..

°

90

del progreso histórico, pero éste se realiza con rodeos (como en el caso de la astuta Razón histórica
de Hegel) por la fuerza de una necesidad natural de
las cosas. El progreso todavía no puede ser adscrito
a la capacidad racional y moral del hombre. Para alcanzar este fin es necesario unir la política con la

Notas
1 Kant,

lmmanuel. Filosofía de la historia· Fe
.
· ·E·• Mé XICO,

1978,

p. ➔6.
!

/bid. p. ➔9.

3

Citado en: Bobbio, Norberto y Bovero, Michelangelo. Sociedad
y Estado en la filosofía moderna· F·CE
. 1986, p. 94.
· •• Me'XICO,

moral.
Para Kant los principios de la política y los de la
moral son distintos. La primera parte se basa en los
motivos de prudencia y utilidad, la segunda se basa
en el imperativo categórico que dice: «Obra de tal
modo que puedes querer que tu máxima debe convertirse en ley universal, sea cualquiera el fin que te
propongas». 11 La habilidad del moralista político,
quien subordina los principios morales a fines prácticos, es restringida. Ésta presupone mucho más que
sea accesible a la razón humana: el conocimiento de
toda una red infinitamente enmarañada de los acontecimientos históricos y motivos de los hombres. En
cambio la moral ofrece otro camino: confiar en la
ley de la razón práctica que no presupone el conoci·
miento de todas las circunstancias y peripecias de la
vida social. La moral sólo realiza la idea del derecho. Su sabiduría consiste en «que cuanto menos subordina la conducta a los fines propuestos ... tanto
más se acomoda, sin embargo, a ese fin y le favorece en general». Partiendo de esta tesis, Kant proclama: «Procurad ante todo acercaros al ideal de la razón práctica y a su justicia; el fin que os propon12
gáis ... se os vendrá a las manos». Tal fue la es
ranza de Kant que sustituyó los sueños de los filós
fos iluministas.

➔ Kant, Immanuel. Op. cit., p. 50.
5

/bid, pp. so.51.

6

Kant, lmmanuel. Principios metafísicos de la doctrina del derecho. UNAM, México, 1968, p. 167.

7

Kant. lmmanuel. Fundación de la metafísica de lus costumbres. Crítica de la razón práctica. La paz perpetua. Porrúa,
México, 1980, p. 239.

8

/bid. p. 239.

9

/bid, p. w.

IO

/bid, p. 2➔0.

11

Ibídem.

12

!bid, p. 241.

KANT

CRITICA
DE LA RAZON PURA

�..
..
•.
•..
.

......
...

SÉATE LEVE, COMPAÑERO,
LA PARTIDA

....

En memoria de Juan Leyva Sánchez

César Isassi
Séate la tierra compañera
insalvable
En el último tránsito de la
vida
En la última representación
ante los humanos
Séate la tierra leve regazo
de siglos
Sea pasajera su
presencia
Porque transmutado en
polvo
Séate permitido
viajar en el tiempo
Yser al mismo tiempo tierra,
agua, viento, vida
Séate la vida
en fin por siempre.

�DONDE COMIENZA EL ASADO
Y LA PROSA SE AFINA
REFLEXIONES SOBRE LOS LIBROS DE JOSÉ ALVARADO

Raymundo Ramos
Para quien lo conoció -maestro, compañero, discípulo, amigo- Pepe Alvarado fue un ser humano de espléndida
pero compleja estructura, hecho de la
difícil sustancia del tiempo y de la vida; amargo, a veces, como la experiencia del escéptico y desencantado
como buen luchador social; tierno y
benéfico para los cercanos a su corazón, con quienes se prodigaba en las
iluminaciones mentales de la palabra.
Hablar -ya se sabe- es la fonna
suprema del vivir humano; la comprobación sensible de la humanidad,
en cuanto el universo entero pasa por
la razón testimonial del alfabeto, que
se procesa en el tiempo como cultura.
La lengua -dice Aristóteles- es «el
uso más propio que el hombre puede
hacer de su cuerpo». En este catártico
sentido manifestarse es purificarse.
Completemos la calidez del recuerdo con el ejemplo casero, que es
- hogaño- carísimo al fuego de antaño. Dice Alfonso Reyes en la página
inaugural de La crítica en la edad
ateniense, que «El guerrero mismo
ignora el pudor de las lágrimas y las
lamentaciones al aproximarse la hora
del peligro. Se desconfía, en general,
del que calla mucho. Y si el bárbaro
infunde una desazón de animal extraño es por su sospechoso mutismo. La
94

naturaleza muda es la naturaleza irredenta».
A contrario sensu, ocúrresenos
que la naturaleza en charla es, ni más
ni menos, en los avatares de la palabra como creación, como gramaticidad o como discurso crítico, por lo
menos, historia de la literatura, de la
filología, de la poética o de la retórica. Sócrates, bien mirado, esto es, leído en el Gorgias con arte de lector
simpatizante, no ataca a la retórica,
sino sólo a cierta clase de retórica corrompida que no está al servicio de la
justicia. Quintiliano, en sus Instituciones oratorias, se resuelve en apariencia por la definición más modesta
pero en realidad más ambiciosa: al
asignarle a la retórica el «arte del
bien decir». Pero advierte que no hay
bien decir sin bien pensar. Ni bien
pensar sin rectitud moral. ¡Menudo
paquete para el ejercitante de la palabra!

De José Alvarado Santos (Lampazos de Naranjo, Nuevo León: 21 de
septiembre de 1911-México, Distrito
Federal, 23 de septiembre de 1974) se
han trazado inteligentes, amorosos y
bien urdidos retratos de su ser y su
quehacer. Recuerdo los de una nutrida antología de sus escritos editada
aquí en la Universidad Autónoma de

Nuevo León en 1978, a cargo del licenciado Raúl Rangel Frías y José
Ángel Rendón, titulada Luces de la
ciudad, en la que su esposa, la psicóloga Cándida Pérez Cortés, aporta la
noticia biográfica y otras tantas secciones evocativas corren a cargo de
plumas prestigiosas: Manuel Moreno
Sánchez, con su prosa certera, desnuda dos rasgos que perfilan y matizan
la personalidad del hombre público
que -sin perder hondura interior- fue
siempre Pepe Alvarado: «José Alvarado-escribe Moreno Sánchez-vivió
apasionadamente dos grandes crisis
nacionales, en que se han confonnado dos generaciones de mexicanos.
En 1929, tanto el movimiento vasconcelista como la gesta autonómica universitaria, templaron a la juventud de
entonces. Aun muchos que fueron solamente espectadores quedaron marcados para siempre por los efectos de
aquellos hechos. Desde 1920 la Revolución Mexicana se fue frustrando
aunque su muerte no se ha hecho notoria sino hasta los días que corren.
En 1929 afloraron los primeros signos
de la distorsión democrática. No bastaron los años de Cárdenas a quien
casi todos los de 1929 volvieron los
ojos, para conjurar la crisis que se venía creando. Para 1958, una nueva ge·
neración, por edad, estaba incubada
en el país. Tardó diez años para ma-

nifestarse notoriamente, ante otra demostración de rigidez autoritaria que
llegó hasta el crimen y una nueva
gran frustración sobre el disfrute de
los derechos fundamentales del hombre».
Enrique Krauze -historiador neoliberal a sus horas- trazó en un arabesco político el epitafio de Ja «Generación de Medio Siglo» (nacida enlre l9'.!0 Y 1935). De ella dijo -por razones que ya en otra ocasión se verán- que incurrió en una regresión al
intentar «cambiar las cosas desde
adentro». Condena una praxis múltiple (difícilmente asimilable al modelo que él se inventó para fuego combatirlo) aunque reconoce que «en teoría. sus razones eran impecables».
Esa, esta generación a la que de alguna manera pertenezco, tuvo, además
de sus maestros en las aulas, otros
que lo fueron en la vida por afinidad
cond uctual o vocaciones paralelas. A
éstos perteneció José Alvarado, y
Junto ª él, hago mi propio recuento:
José Revueltas, Renato Leduc Mauricio Y Vicente Magdaleno, Enrique
R ,
am1rez y Ramírez y el propio Manuel Moreno Sánchez. Nada, nadie
que pudiera haber traicionado -ni con
la sombra de un mal artículo mercantil de la mercenaria New Republic- la
suprema dignidad de su pluma.

Por ello, en ambas crisis -la del 29
Y la del 68- «Alvarado estuvo del fado de los que perdieron, de los que
fueron apresados o asesinados, aunque el dolor que ello fe produjo no
amargó su corazón de hombre esperanzado. Dentro de la crisis mantuvo
su verdad enhiesta, puliendo su palabra hasta volverla suave, brillante,
enérgica aunque sin distorsiones, matizada siempre por la ironía y la festiva visión de las cosas, para no envenenarse ni envenenar a los demás».
De una cosa ya no estoy tan seguro, de que la ironía no se haya vuelto
con el tiempo -a fuer de constanteacerba y dolorosa crítica, con su aguijón de amargura. Las personalidades
no siempre son tan claras co_mo los
textos y viceversa, la prosa es muchas
veces alopática al temperamento sin
perder, por ello, la congruencia entre
la «ficción y la forma». De las radiografías del alma -hechas por quienes
fueron caros a sus afectos- me quedo
con las notas de Arturo Cantú, que
son calas a profundidad, en una conciencia cuya metodología amistosa
procedía por relámpagos epistemológicos: «Otras veces -dice en este examen de anagnórisis múltiples- (Pepe
Alvarado) lanzaba afirmaciones contundentes, juicios sumarios, alabanzas inmerecidas o denuestos desorbi-

tados, hacía una pausa para respirar y
medir el efecto de sus palabras y permanecía mirando a su interlocutor un
poco de reojo, con los ojos encendidos detrás de las espesas cejas, levemente burlón, no se sabía si a punto
de reír O de aplastarnos con una indignación aún más grande. Entonces
era necesario pensar y conservar la
sangre fría antes de responder. Aún
los que lo conocíamos de antiguo no
sabíamos si estaba hablando en serio,
si quería iniciar una discusión, si su
juicio, que a veces contradecía a otro
de él mismo, representaba realmente
un cambio de opinión, o si se trataba
de una trampa para medir nuestra
contextura moral, nuestra fidelidad a
nosotros mismos y a nuestros amigos». Ahora la observación del psicólogo frente al psicólogo, que vale lo
mismo que la ganancia del escritor
glosando a su colega: «Ahora creo
que la fidelidad a sus afectos, no a los
objetos de su afecto, era tan grande
que podía colocarse en cualquier lugar de la escala y desde allí ponemos
en aprietos sin estar él mismo en juego».
El orden externo es más sencillo:
Alvarado, que no se tituló de abogado
en la Universidad Nacional Autónoma de México, a pesar de haber terminado la carrera y elaborado su tesis
95

�sobre Crisis de la democracia, obtuvo, en 1962, el doctorado honoris causa en filosofía en la Universidad Nicolaíta de Michoacán, fue rector de
1961 a 1963 en la Universidad de Nuevo León y ejerció el magisterio en la
cátedra de Introducción a la Filosofía
en la Escuela Nacional Preparatoria
de 1953 a 1958. Ser maestro fue, sin
duda. la parte de luz de su hemisferio.
Ejerció el periodismo desde su vida estudiantil hasta su muerte. En las
págmas volanderas de tipografía i~perfecta y acuciado por la guillotma
del tiempo dejó páginas de precisión
y belleza impecable. Sus libros -vanos. brumarios y extraordinarios- yacen aún en las ringleras del polvo
hebdomadario como aristotélicas cateoorías
de obsesiones, esperando la
e
hora de la resurrección de las letras.
En vida publicó sólo tres pequeños
textos de ficción: Memorias de cm espejo (1953), El personaje (1955) Y El
retrato muerto (1965). Después de su
muerte se han publicado, gracias al
celo de investigadores y paisanos, varias antologías: Escritos (1976), Tiempo guardado ( 1976), Cuentos. Presentación de Alicia Molina Y prólogo de
Ricardo Cortés Tamayo (UNAM,
1977 ), Luces de la ciudad (1976) Y
Textos, edición conmemorativa de la
Facultad de Filosofía y Letras de la
96

Universidad de Nuevo León (Monterrey, N. L., 1984), A/varado, el joven,
textos 1926-1933, compilados por José
Guadalupe Martínez (El Nacional,
México, 1992) y Deferencias para José A/varado, libro compilado también
por José Guadalupe Martínez Y por J.
Antonio Maldonado, con un prólogo
de Ricardo c. Villarreal Arrambide,
libro editado en noviembre de 1994
por los Talleres de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
Nuevo León, el que hoy nos convoca
en el octagésimo cuarto aniversario
del natalicio de Pepe Alvarado Y el
vigésimo de su muerte.
El libro -más de seiscientas dedicatorias autógrafos de poetas, cuentistas, novelistas, pintores, ensayistas,
historiadores, pensadores, amigos todos de José Alvarado-, tiene algunos
antecesores ilustres. Recordemos, por
lo menos, aquella colección de autógrafos de Amado Nervo prologada
por Federico Gamboa, La última vanidad, publicada en 1919 por la Editorial Hispano Mexicana. En éste, el de
testimonios de puño y letra para Pepe
Alvarado se recogen ~n grafías que
son mi.niobras de estética efectiva- la
varia quiroplástica de la amistad: «A
José Alvarado, vigilante, lúcido, humano, con cojones -de su lector Y admirador» (Carlos Fuentes); «Al gran

Josefo Alvarado, el único maestro
que tengo» (José Revueltas). José
Guadalupe Martínez, acucioso investigador de la obra de Alvarado recoge
en la nota prologal de este libro testimonios de autores que mencionan
con admiración al cronista excepcional, tal los casos de Elena Poniatowska en Tinísima; de Aguilar Camín, en
La Guerra de Galio y Vicente Leñero, en Los periodistas, así como quienes lo mencionan sin decir su nombre. Sin duda, sus coterráneos Y amigos Raúl Rangel Frías Y Juan Manuel
Elizondo «son quienes mayores espacios han dedicado para explicar la vida y la obra de José Alvarado». Puntual el texto -colmado de precisiones- de Rangel Frías, que abre Luces
de la ciudad; bello el discurso que
pronunció en la ceremonia que dedicó la Universidad Autónoma de Nuevo León a la memoria de José Alvarado la noche del 19 de octubre de
1974 en el Aula Fray Servando Teresa
de Mier, discurso sin lágrimas, cuya
sequedad de «polvo enamorado» ~
justifica en el envío: «Alvarado_ ~1go: Tu fe en los jóvenes, tu parllcipación en la alegría de los demás, me
parecen objeciones muy graves para
confundirlas esta noche con mi llan·
to». El folleto lo publicó la ANU!m
( 1975), José A/varado, un hombre qut
vivió para la verdad, y en él se inser·

ta -bajo un noble perfil a la sanguina
del también maestro nuevoleonés Federico Cantú- el mensaje dirigido por
Pepe Alvarado a los compañeros de
generación de su bien amado Colegio
Civil. el primero de septiembre de
1974, en ocasión de celebrar el cincuenta aniversario de su ingreso a la
ilustre institución educativa.
El repaso bibliográfico sería incompleto si no se hiciera mención a
Visiones mexicanas y otros escritos,
pesquisa para acumular joyas de observación y fina sensibilidad a «vuelo de pluma» sacadas de Excelsior,
El Nacional, Siempre, El Día, las
tribunas actuales que substituyeron a
su micial periodismo de la Revista
Est11dia11til, de Monterrey (1926), o a
las aventuras literarias de Barandal,
Taller, Romance, Letras de México
) Tierra Nueva. Estas Visiones mexicanas. presentadas por el periodista suramericano Hugo Latorre Cabal
(palabras en el Panteón Civil, el primer aniversario de la muerte de José
Alvarado) tuvieron su primera edición en el Archivo del Fondo de
Cultura Económica (1976) y luego en
el número 68 de Lecturas Mexicanas
(1985). Prosa de estilo absoluto, donde Alvarado se daba el lujo de suprimir -en un extenso artículo- el relativo «que», apoyatura antes de la

pausa respiratoria de la coma, cuyo
abuso afea la tersura del lenguaje:
obstáculos impuestos por el propio
escritor -según decía el maestro Reyes- sólo para darse el placer de superarlos.
Ya termino. Un apunte como al
desgaire y para otra ocasión. La escritura es un clima que envuelve a las
épocas en hallazgos múltiples: el sociolecto es, de alguna manera, escritura de raíles paralelos. Cuando se recorren las salas de la pintura holandesa del siglo XVII todos los cuadros se
nos vuelven Rembrandt, pero de repente, de un óleo emerge la chispa
mágica de lo inconfundible y se olvidan todos los anteriores. Cuando leí
por primera vez El personaje de Alvarado («Un cementerio en un.pueblo
muerto, pensó Nicolás. Y se echó a
caminar por la calle») mi generación
ya estaba leyendo, en textos paralelos, lo que después sólo florecía -para la crítica- en la Comala de Pedro
Páramo: («-No, yo pregunto por el
pueblo, que se ve tan solo, como si
estuviera abandonado. Parece que no
lo habitara nadie»). Esto se publicó para ambos lectores- en 1955. Antes,
los cuentos de Rulfo y Alvarado venían juntos, de 1953, d~ las Memorias
de u11 espejo y de El llano en llamas,
cada uno con su propio destino. Pero

la historia no se escribe en subjuntivo
-decía Alvarado-. La novela sí. Y
allí quedan, para los estudiosos de la
narrativa, las magistrales muestras
que Revueltas reconocía en Alvarado
y que hoy nadie parece interesarse en
rescatar: los pasos de Nicolás, «ser
escapado de una novela posible o
acaso protagonista de una novela olvidada, caminando por las calles de
una pequeña ciudad en abandono,
muerta ya».
Las historias del pasado revividas
en la memoria son un tiempo gramatical muerto, que surge en el recorrido de un pueblo (también muerto) pero ahora vivo en la letra de su evocación: ese es el juego de la estructura
escrito en prosa impecable. La risa
del fusilado Emigdio, a quien el capitán le tiroteaba la cara en un gerundio
interminable: («-No te rías, desgraciado, te estoy matando»). O el retrato de Concha, con el óvalo de la cara
recortado, y en él el llanto ausente del
rapto que nunca fue. Un imperceptible juego de paradigmáticas denotaciones y de connotaciones sintagmáticas que movilizan el adentro y afuera del texto, en cuyo efecto final está
«el curioso panteón de un pueblo
muerto», con su inútil recuento de
personajes ante la confusión esquizofrénica de la voz narrativa.
97

�UNA MANO ESCRIBE

Lucía Yépez
LA SIGUIENTE PÁGINA
El análisis da, por supuesto, para
más, pero el tiempo de la reflexión se
agota y el vaso de elección se colma.
Donde acaban los guisos y principia
el asado, termina la civilización y comien-;.a la barbarie. Así dijo una vez
José Vasconcelos, cuya infancia se
alimentó en mi natal Piedras Negras
con tortillas de harina. Hoy quiero cerrar esta página memoriosa con una
reflexión cimera de Pepe Alvarado que, sin duda, a él mismo se aplica:
&lt;&lt;Donde comienza el asado, principia
la barbarie; mas la fritada de cabrito
es uno de los guisos más cultos de la
historia. sobre todo si lo realiza Maurilio Rodríguez. Y el castellano escrito por norteños, francamente no es
tan malo: Alfonso Reyes, Julio Torri ... er sic de caeteris. Los bárbaros
del Norte, por otra parte, cuentan entre los mexicanos mejores. ¿O no?»
Pepe Alvarado cabe bien en el inventario de la mejor prosa castellana de
todos los tiempos -como decía mi
abuela-. modestia aparte.

Si mi noche fuera de libélulas
¿dónde quedaría el océano?
Llevo un suicida metido en el costado
poemas en la boca que saben a hierba
amanece
palomas en picada se deshojan
tu sombra huye
y al ténnino de la escalera nada es seguro
dejemos que el enigma abra las puertas
y Buda con las manos sobre el estómago
tenga una erección

PIEL DE NOCHE
Alguien acecha
noduenno
abro los brazos
Una mano escribe
en la punta de mis pechos
NOCTURNO A MANSALVA

Dando tumbos
desciende el silencio aleteando por los muros
se cierran las ventanas
giran las esferas
son las doce y estoy llena de humedad
Abro la boca
98

99

�LA AXIOLOGÍA EDUCATIVA EN EL
CONTEXTO DE LA POSMODERNIDAD

Miguel de la Torre_ Gamboa
El imperativo de hacer a la educación «responder a las exigencias de
su tiempo»
La idea de que es necesario hacer que
la educación impartida en nuestros
países, en sus distintos niveles y modalidades, responda a las exigencias
de su tiempo, es una idea muy reiterada y con la cual todos estaríamos
dispuestos a comprometemos. Por
eso mismo y queriendo ser consecuentes con ella es que, en nuestras
instituciones y en nuestra prácticas,
impulsamos acciones y proyectos
que, según decimos, intentan alcanzar
esa meta.
En ese marco se inscriben proyectos en los que se fijan metas como las siguientes: elevar la «calidad» de la educación, reorientar sus
currículums, introduciendo en ellos
perfiles, objetivos y contenidos que
reflejen las exigencias del desarrollo económico en la nueva situación
de globalización de las economías y
las nuevas prácticas y formas de la
interacción social, elevar los índices
de eficiencia terminal con base en
una eficientización de la función
docente y administrativa para ahorrar recursos al Estado. Proyectos
que, en muchos casos, son empujados como parte de una moda o línea

de acción acríticamente asumida y
aunque no tengamos claro lo que
significan como propuestas educativas, ni tampoco podamos realmente
establecer si al comprometer nuestros procesos educativos con determinadas coyunturas históricas o
económicas, estaremos alcanzando
la meta pretendida.
Lo que sí puede afirmarse, sin
discusión, es que la idea requiere
ser discutida y, me parece, que su
discusión no puede evitar el camino
tanto de una reflexión seria sobre
nuestra realidad nacional y regional, en lo económico, lo social y,
sobre todo, en lo cultural, como,
tampoco, el de una reconsideración
de las características de nuestro sistema educativo y sus posibilidades
y perspectivas de desarrollo. Sobre
todo se hace indispensable el debate
sobre los fundamentos socioantropológicos del modelo educativo con
base en el cual se realizan nuestras
prácticas.
Así, pues, debemos discutir si lo
que llamamos «exigencias de nuestro tiempo», tiene el mismo sentido
para nuestros países latinoamericanos que para cualquier otro y si la
filosofía o el sistema de valores que
hace de «marco conceptual orienta-

dor» a cada uno de nuestros sistemas educativos debe ser revisado en
el sentido de su transformación hacia una idea posmoderna del hombre y de la convivencia social, o si
es que esa filosofía educativa debe
más bien ser cuestionada por lo que
representa en sí misma como sistema de valores reflejo de la visión
Iluminista decimonónica del mundo
y el lugar del hombre en él. Toda
vez que, quizá, la falta de respuesta
de la educación a las necesidades de
su tiempo, no sea un problema nuevo, ni tenga que ser específicamente
pensada sólo como adecuación a las
exigencias de proyectos neoliberales o «posmodernos» de desarrollo
social.
Con una reflexión así nos introducimos en el debate acerca de sí
los llamados países avanzados, en
los que parecieran encarnar las
«exigencias de nuestro tiempo» deben ser tenidos como modelo a seguir, si deben ser considerados como nuestro destino futuro necesario
(en tanto que siendo países «atrasados», necesariamente habríamos de
seguir el camino de los «avanzados»), o si tendríamos que repensar
ese futuro desde una perspectiva
original atendiendo a nuestra historia y a nuestro propio presente.

¿Qué hay qué entender por «nuestro tiempo»? ¿modernidad o posmodernidad?

negando la superioridad de la vida
c~ntemplativa y exaltando la dignidad Yla libertad del hombre.

tria!, resulta el movimiento reformista
protestante.

México, al igual que otros países latinoamericanos, puede fácilmente ser
caracterizado como una nación moderna, como igualmente moderno
puede ser considerado su sistema
educativo. Sin embargo quisiera detenerme un poco a caracterizar lo que
esto significa.

• Reconocimiento de la historicidad
del hombre y condena de la idea
de una especie inmutable. El hombre es una construcción histórica
que se cumple mediante el progreso Y la educación en las fuentes de
la cultura clásica. El Humanismo
intenta imprimir vigor a una obra
cultural que se apoye en los clásicos, sin repetirlos y liberándola de
los añadidos medievales.

Max Weber, por ejemplo, ha reconocido en el surgimiento de la
ética protestante el factor que impulsó, más decisivamente, el desarro_llo de la sociedad moderna capitalista y sus revoluciones industrial
Y democrática. Un poco contra Weber, Nicola Abbagnano ha insistido
más en una influencia combinada
de ese pensamiento protestante con
las transformaciones del judeo-cristiano, impulsadas por el humanismo
renacentista.

Desde el punto de vista histórico,
podemos ubicar las fuentes ideológicas de la modernidad en el movimiento del Humanismo renacentista
de los siglos xv y xv1, cuyo progra~
ma podría resumirse como sigue:
• Reconocimiento del valor del
hombre Yla creencia de que la humanidad alcanzó su forma perfecta
en la antigüedad clásica.
• Reconocimiento del hombre como
una totalidad formada por alma y
cuerpo, destinado a vivir en el
mundo Y dominarlo. El hombre
ocupa un puesto central en la naturaleza Y tiene un destino dominador respecto a ella.
• Reivindicación del valor del placer, frente al ascetismo medieval

'

• Se proclama la autonomía de las
artes Yse ensalza al hombre culto.
Sin negar la fe se opone a la tosquedad Ysuperficialidad de la educación religiosa de la época
• Se impulsa una conciencia verdaderamente humana, abierta a todas
las direcciones a través de conocimiento histórico-crítico de la tradición clásica.
El Humanismo, como sabemos, es
realmente uno de los fenómenos más
relevantes de la «cultura urbana» europea de los siglos XVII y XVIII, las
transformaciones, junto a él y quizá
igualmente importante en la conformación de la nueva sociedad indus-

Según Abbagnano, a partir de los
siglos XVI y xvn, el judaísmo, recupera algo del terreno que había perdido durante el imperio romano y el
medievo Ycombinado con la creciente influencia de los pensadores humanistas, en tanto que fenómenos urbanos ambos, Y partícipes de la crítica
al autoritarismo y dogmatismo medieval cristiano redunda en una transformación profunda de la cultura cristiana, transformación que la lleva a
abandonar el carácter dogmático-escolástico medieval y otorgar un nuevo lugar a sus componentes judaico,
en particular en lo que se refiere a la
responsabilidad individual y al puritanismo ético.

�Por su parte, pero en el mismo
sentido, Weber, considera que el surgimiento de la ética protestante fue
un factor definitivo y muy importante
para dejar atrás la autoridad religiosa
tradicional y pasar a una autoridad
burocrática laica, con la creación de
los Estados nacionales. La reforma
protestante ayudó a romper la cosmovisión cristiana medieval, que, por
otra parte, ya venía siendo cuestionada a partir del renacimiento y el desarrollo creciente de la ciencia moderna, y que, como toda cultura tradicionalista se apoyaba en un sistema de
valores que como recursos para la integración social y de mantenimiento
de la paz, desalentaba la movilidad
social y la acumulación de riqueza.
La cumbre de esta nueva realidad
social y su concepción del mundo, la
representa el Pensamiento Ilustrado
francés, cuyo programa filosófico,
político y social, Según Nicolás Casullo, quería «disolver el mundo de la
magia e imponer el criterio de la razón». Cálculo y utilidad, son los criterios de la nueva cosmovisión. El siglo XVIII corona de manera definitiva
el sistema de representaciones que estructuran el mundo moderno. A partir
de ese momento, la razón se convierte en un nuevo código que reinstitucionaliza el mundo.
102

Por otro lado, y desde un punto de
vista estructural, la modernidad, o la
condición moderna, es generalmente
reconocida como el resultado del
conjunto de transformaciones en las
instituciones sociales, los sistemas de
valores, las técnicas de producción,
estilos de vida, formas de interacción
social o de pensamiento, etc. surgidas
en la Europa de los siglos XVI y xvn,
y que después consiguieron una amplísima difusión y adaptación en otras
latitudes transformando a las naciones en sociedades nuevas.
«Talcott Parsons, ha interpretado la
modernización social como el proceso
de cambio evolutivo que ha tenido lugar en los últimos 300 años en relación
con cuatro componentes estructurales
básicos del sistema social: la economía,
la personalidad, la política y la cultura.
Para él la modernización es:
• Un ascenso en la capacidad de
adaptación, esto es, en la capacid~d productiva y de apropiación
de los recursos de la naturaleza en
beneficio del hombre,
• Un creciente proceso de
ciación de las unidades
especializándose éstas en
plimiento de funciones
determinadas,

diferensociales
el cumsociales

• La creación e inclusión de nuevas
unidades sociales y,
• Una, también progresiva, generalización de un sistema de valores.
Concretamente esto significaría
que una sociedad moderna es, para él,
aquella que ha conseguido elevar su
capacidad de creación de medios de
supervivencia, eficientizando, especializando e incorporando nuevos recursos naturales y humanos a sus procesos productivos; que ha desarrollado toda una serie de nuevas «unidades sociales», vale decir nuevas instituciones o nuevos mecanismos especializados en el cumplimiento de funciones específicas de relevancia social, nuevas unidades que nacen precisamente del proceso de diferenciación del todo social que, en su «crecimiento» y desarrollo, da lugar a la
constitución de estas unidades en las
que ahora descansarán tareas y funciones que antes se encontraban fun·
didas, o confundidas, en la totalidad
originaria inespecializada.
Por otra parte, la desagregación
de las funciones y procesos, así como
el incremento de los contactos entre
las comunidades o sociedades, esto
es, la creciente integración mundial.
van dando lugar a una progresiva ge·

neralización o universalización de los
sistemas de valores: La radical reivindicación y primacía de los valores tribales, raciales, étnicos, estamentales
o confesionales como la verdad única
y revelada, cede su lugar a una visión
del mundo basada en una asunción
del pluralismo ideológico y por lo
tanto en la tolerancia y respeto de las
visiones del mundo divergentes, aún
de las antagónicas y al desarrollo de
un marco de referencia mas generalista y abarcante, generalmente teórico, abstracto e impersonal, como
fuente de las definiciones colectivamente asumidas.
En otras palabras, para este profesor estadounidense la sociedad moderna es una sociedad industrializada,
que ha desarrollado un mercado mundial, vale decir, en términos más contemporáneos: una globalización de
las economías nacionales. Una Sociedad que ha constituido esferas de acc!ó~ especializadas para actores especializados, que ha asumido la toleran~ia Yla democracia como criterios de
integración social, que ha establecido
el sistema de partidos y el voto universal en la atribución de la función
de ejercicio del poder político y que
apoya sus creencias y su sistema de
valores en un tipo de saber nacido de
la reflexión teórica y no de la asun-

ción dogmático-autoritaria. Una sociedad que ha desterrado la primitiva
amalgama de funciones parentales,
~onómicas, educativas, lúdicas, polítJcas, religiosas y éticas en una sola
unidad social: la familia, la comunidad racial o tribal o, también para estar a tono con el lenguaje más contemporáneo, una sociedad que se ha
sobrepuesto a las trabas de una visión
~strechamente nacionalista o regionahsta que impiden participar de los benefic'.os de la integración mundial, y
que, igualmente, ha vencido el aislamiento Y la inespecialización económicas Y, en lo que se refiere a su sistema político, sus formas de interacción Yde contienda internas, y, en general, al sistema de sus relaciones sociales, ha superado el autoritarismo y
el dogmatismo transitando hacia la
idea de igualdad, de libertad y autonomía de los actores del proceso social.» (De la Torre 1991).
En lo general y sin compartir el
entusiasmo Y la valoración Parsoniana respecto de los cambios que
trajo consigo la modernidad, podemos considerar adecuada su caracterización de la sociedad moderna y
pensarla también adecuada para interpretar la realidad nacional mexicana contemporánea y sus sistema
educativo.

Ahora bien, aún cuando la modernización sea un fenómeno mundial, Y por tanto podamos decir que
México y su sistema educativo sean
también modernos, de todos modos la
condición de la modernidad no significa lo mismo para todas las naciones.
Es un hecho que la modernidad mexicana no es lo mismo que la de los Estados Unidos, la de Suiza, 0 la de
Irak.
Hablar de modernización y modernidad entre nosotros, mexicanos
de la divisoria de los siglos xx y XXI
significa, además y concretamente:
hacer referencia a las particularidades
del desarrollo nacional impulsado por
el Estado mexicano a partir de los
años sesenta del siglo pasado, y que
han traído como resultado, un México urbanizado; con un elevado desarrollo industrial, apoyado en un relativo desarrollo tecnológico, sobre todo con tecnologías de importación;
con un mercado interno bien desarrollado; con procesos educativos expandidos al punto de cubrir la casi totalidad de la demanda de educación
básica Y media básica de la población, principalmente urbana; con una
profesionalización creciente de la administración pública; con una alta
institucionalización de los procesos
políticos y electorales; con una in103

�fraestructura de comunicaciones muy
desarrollada, etc., pero todo ello en el
marco de profundos contrastes y de
graves limitaciones que nos llevan a
hablar, incluso de Méxicos distintos y
hasta contradictorios.
Quisiera apuntar, además, otro
elemento que introduce una clara diferencia entre nuestros procesos de
modernización y los de las naciones
europeas. Mientras que allá la modernización fue un proceso generado
y promovido por la sociedad civil, en
cambio, en México y en general en
América Latina, la urbanización, la
industrialización, la incorporación a
los mercados mundiales, la creación
de un mercado interno, la democratización y la conformación de una cultura política moderna, el impulso a la
difusión de la ciencia y el cambio tecnológico, lo mismo que el combate a
las concepciones dogmático-religiosas
del mundo, la expansión de la educación básica, los procesos de alfabetización y la capacitación para el trabajo industrial, etc. fueron un proyecto
estatal ligado a la gesta emancipadora,
esto es, un proyecto político de los
gobiernos posteriores a los movimientos de independencia. En algunos casos fue incluso un proyectó realmente
muy tardío y en otros se dio bajo la
presión directa de los Estados Unidos.
104

En todos los casos, se puede decir
que la modernización en nuestros
países, ha sido concebida, por sus
promotores, como un proceso que
buscaba ponernos a la par de los países avanzados (entiéndase Norte y
occidente de Europa o Estados Unidos). Quizá sin tener muy clara la
idea acerca de si efectivamente podríamos alcanzar lo que en ellos se ha
dado, si nuestra historia y nuestra situación como país hacen posible
acortar la distancia que nos separa, en
casi todos los aspectos, de esas naciones: estructura económica y de gobierno, producto nacional, infraestructura de servicios, nivel de ingreso
per cápita, desarrollo tecnológico, infraestructura de desarrollo de la ciencia y la tecnología, niveles de escolaridad, etc. Quizá definitivamente, los
parámetros para imaginar nuestro futuro no tengan que ser esos países, en
tanto que son producto de otra historia y ocupan una posición muy distinta a la nuestra en el contexto mundial.
Como puede verse: pensamiento
laico, secular, racionalidad y confianza en la ciencia y la técnica como instrum~ntos de dominio sobre la naturaleza; eficiencia y éxito tanto en lo
personal, como en lo organizacional
o colectivo; integración, sujeción y
solidaridad en torno al Estado-Nación

en el cual se encarna la racionalidad;
son el sistema de valores de la modernidad.

Los valores de la modernidad: ¿son
los valores de nuestro sistema educativo?
Es elemental decir que todo proceso
educativo organizado, sobre todo si se
trata de un verdadero sistema educativo, tiene tras de sí un sistema de valores, es decir, se apoya en una concepción de lo que debe ser el hombre, sus
relaciones con los otros hombres y
con la naturaleza, de lo que puede ser
entendido como deseable para su desarrollo individual y colectivo así como de una cierta imagen de la historia
nacional o mundial y de sus posibilidades o proyectos de futuro.
Mi idea es que el sistema educativo mexicano, a juzgar por el contenido de los artículos tercero constitucional, segundo, quinto, séptimo y
octavo de la muy reciente Ley General de Educación, se apoya, básicamente en el ideario filosófico de la
modernidad surgida de los movimientos sociales e ideologías anotadas más arriba. Esto es, que su normatividad: sus principios, criterios y
orientaciones fundamentales, reflejan
las posturas ético-filosóficas que ins-

piraron la modernización y que ya
antes caracterizamos.
A continuación transcribo las partes de ese artic~lado en las que se reflejan lo que digo sobre la presencia
de los valores de la modernidad en
nuestros instrumentos nacionales básicos de política educativa:

Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos
Artículo Tercero:

Además:
a) Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema
de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.
b) Será nacional ... atenderá a la
comprensión de nuestros problemas,
al aprovechamiento de nuestros recursos, a la defensa de nuestra independencia política, al aseguramiento
de nuestra independencia económica

Todo individuo tiene derecho a recibir educación... La educación primaria y secundaria son obligatorias.

y a la continuidad y acrecentamiento
de nuestra cultura y

La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el

c) contribuirá a la mejor convivencia humana... el aprecio para la
dignidad de la persona y la integridad de la familia, la convicción del

amor a la patria y la conciencia de la
solidaridad internacional, en la independencia y la justicia.

interés general de la sociedad, ... evitando los privilegios...

Artículo Quinto

La educación que el Estado imparta
será laica... por completo ajena a
cualquier doctrina religiosa
Artículo Séptimo

La educación que impartan el Estado... tendrá los... fines ... siguientes:
l. Contribuir al desarrollo integral del individuo, para que ejerza
plenamente sus capacidades humanas;

11. Favorecer el desarrollo de facultades para adquirir conocimientos, así como la capacidad de observación, análisis y reflexión críticos;
lll. Fortalecer la conciencia de la
nacionalidad y de la soberanía, el

Artículo Segundo

aprecio por la historia, los símbolos
patrios y las instituciones nacionales,
así como la valoración de la tradiciones y particularidades culturales de
la diversidad de regiones del país;

11. El criterio que orientará a la

juicios.

ra formar al hombre de manera que
tenga sentido de solidaridad social.

Ley General de Educación (1994)
l . ... dicha educación será laica...

educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará
contra la ignorancia y sus efectos, las
servidumbres, los fanatismos los pre-

ciedad, y es factor determinante para
la adquisición de conocimientos y pa-

La educación es medio fundamental
para adquirir, transmitir y acrecentar la cultura; es proceso permanente
que contribuye al desarrollo del individuo y a la transformación de la so-

105

�IV. Promover... un idioma común ... sin menoscabo de proteger y
promol'er el desarrollo de las lenguas indígenas;
V. Infundir el conocimiento y la
práctica de la democracia como la
forma de gobierno y convivencia que
permite a todos participar en la toma
de decisioÍles orientadas al mejoramiento de la sociedad;
VI. Promover el valor de la justicia, de la observancia de la ley y de
la igualdad de los individuos ante ésta, así como propiciar el conocimiento de los derechos humanos y el respeto a los mismos;
VII. Fomentar actitudes que estimulen la investigación y la innovación científicas y tecnológicas;

conciencia sobre la preservación de
la salud, la planeación familiar y la
paternidad responsable, sin menoscabo de la libertad y del respeto absoluto a la dignidad humana...
XI. Hacer conciencia de la necesidad de un aprovechamiento racional de los recursos naturales y de la
protección del ambiente, y
XII. Fomentar actitudes solidarias y positivas hacia el trabajo, el
ahorro y el bienestar general.
Artículo Octavo
El criterio que orientará a la
educación ... se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y prejuicios, además:

V/11. Impulsar la creación artística
y propiciar la adquisición, el enrique-

cimiento y la difusión de los bienes y
valores de la cultura universal, en especial de aquellos que constituyen el
patrimonio cultural de la nación;

l. Será democrático ...

/l. Será nacional...

lll. Contribuirá a la mejor convivencia humana...

IX. Estimular la educación física
y la práctica del deporte;

X. Desarrollar actitudes solidarias en los individuos, para crear
106

Como puede verse, nuestro sistema educativo, en sus fundamentos
de política educativa y en su concepción del papel social de la edu-

cac1on está ligado a una idea del
país, a un proyecto de nación que es
claramente moderno.

¿La posmodernidad: época, fase de
desarrollo o síndrome cultural?
Lo primero que hay que decir es que
así como la modernidad es un fenómeno de cuna europea, que luego se extendió por el mundo, hemos de aceptar
que, si se puede hablar de la posmodernidad como el signo o la clave interpretativa de nuestro tiempo, estamos, de nuevo, hablando de fenómenos y procesos que básicamente ocurren en Europa y desde ahí se difunden
hacia otras latitudes, particularmente
los Estados Unidos y el Japón.
Hay quienes piensan en la posmodernidad como una verdadera época
histórica, precisamente «nuestro
tiempo», el de la sociedad postindustrial. Para ellos, la posmodernidad
emerge de la descomposición de la
sociedad moderna producto de la cadena de acontecimientos de este convulso siglo xx: desde la 9risis generalizada que significaron la primera
guerra mundial y la paralización económica de finales de la década de los
veinte, hasta la caída del muro de
Berlín en 1989 y la disolución de la
URSS en el 91.

En esta misma línea de pensamiento, pero más reacios una dimensión tan amplia del cambio, otros intelectuales abonan la idea de que la
posmodernidad es simplemente una
fase en el desarrollo de la sociedad
moderna, aunque, por supuesto, una
fase que representa cambios sustanciales, tal es el caso de Ronald Inglehart, quien en mayo de 1994 publicó
un magnífico artículo en la revista
mexicana Este País, analizando los
resultados de una encuesta sobre valores en el mundo aplicada en 19901991 en cuarenta países diferentes. El
cree que la posmodernidad sería, más
bien un síndrome cultural, no una
ideología, ni una época histórica o
una fase de desarrollo de la sociedad
moderna.
El estudio de Inglehart está apoyado una base de datos sin precedente, referida a 40 países que representan el 70% de la población mundial, con cobertura desde aquellos
con un ingreso per cápita de 300 dlls.
al año, hasta los que sobrepasan los
2000, desde democracias antiguas con
economía de mercado, hasta países
socialistas y exsocialistas. La encuesta estaba diseñada para comprobar la
hipótesis de que el desarrollo económico genera ciertos cambios en el
sistema de valores y creencias popu-

lares, que a su vez producen una retroalimentación que conduce a cambios en los sistemas económicos y
políticos de esas sociedades.
Inglehart comienza por apuntar su
coincidencia con las teorías clásicas
de la modernización que dicen que: el
desarrollo económico da lugar a específicos procesos de cambio sociopolítico y cultural. Que el desarrollo económico va ligado a fenómenos como
la urbanización, la industrialización,
el surgimiento del Estado moderno,
la educación masiva, la especialización para el empleo, la burocratización, la secularización de los valores,
el surgimiento de la clase empresarial
y sus motivaciones, la producción en
masa y el desarrollo de las comunicaciones, y que estos fenómenos dan lugar a cambios sociales y políticos determinados: menores tasas de natalidad, mayor penetración gubernamental, aumento de la participación política de la masas y la democratización
de los sistemas sociales.
Sin embargo, piensa que la modernización, sin ser un proceso lineal,
ha· generado orientaciones en su desarrollo que ya no pueden, 1,n rigor, llamarse modernas, sino posmodernas.
Así, el posmodernismo, sería una
pauta de conducta de hombres y mu-

jeres, sobre todo en los países avanzados, cuyas opiniones, criterios y
sentimientos están recogidos en la encuesta y que asume un distinto sistema de valores a partir de la crítica o
de la transformación de los de la modernidad.
La mentalidad posmoderna asume, según lnglehart, pautas de conducta como las siguientes:
• Se aleja del énfasis en la eficiencia
económica
• Se aleja de la autoridad burocrática, sobre todo del apoyo a los
grandes gobiernos
• Se aleja de la racionalidad científica
• Se orienta más hacia el humanismo y la autonomía individual
• Se aparta del funcionalismo regulado que domina a la sociedad industrial en tiempos de escasez y
concede mayo importancia a lo estético y humanístico
• Apuntala la idea de que cada quien
percibe lo real a través de un filtro
cultural y cree que los factores culturales moldean la experiencia. Si
107

�la situación de escasez, que limita
el comportamiento personal ya no
se da, entonces es posible que la
elección humana domine el entorno.
• Se intenta ir más allá del funcionalismo racional, el cual era crucial
para la modernización.
La causa fundamental del cambio
posmoderno, dice Inglehart, ha sido
el agotamiento gradual de los sistemas de valores surgidos bajo condiciones de escasez, y la diseminación
de valores de seguridad entre un segmento cada vez más amplio de población en los países de Europa Occidental, sobre todo países nórdicos y
no católicos, Estados Unidos, Japón y
China. En tanto que el hambre ya no
es un problema para esas sociedades
altamente tecnificadas (ahí la producción aumenta a una tasa mayor que la
de población).
Aquellos valores que fueron clave
en el surgimiento de la sociedad industrial: el éxito, el crecimiento y la
racionalidad económicos, han perdido impo_rtancia para ellos, se ha pasado, por ejemplo a la idea de subordinar el crecimiento económico a la
protección del medio ambiente. Obtener ganancias ha dejado de ser una
108

preocupación del individuo para
orientarse a la realización personal y
el deseo de un trabajo creativo y a
conceder mayor importancia a la calidad de la experiencia laboral. En la
época de la modernización, el crecimiento económico era algo bueno,
ahora se llega a considerar que es algo no deseable.
Por otra parte la autoridad jerárquica, la centralización y la grandeza
han caído bajo sospecha en tanto que:
a) han alcanzado un punto en que su
eficiencia se vuelve menor y b) han
tocado el punto en que resultan menos aceptables. El posmodernismo refleja una disminución creciente de la
importancia que se acredita a toda autoridad y una pérdida de la confianza
en las instituciones jerárquicas.
En sus inicios el posmodernismo
se centró en el desprecio por los aspectos deshumanizadores de una modernidad burocrática e impersonai,
por ejemplo, bajo la fonna de rechazo de los grandes gobiernos jerárquicos y burocráticos centralizados (p.
ej. socialistas). Ahora concede cada
vez más importancia a la libertad individual, la experiencia emocional y
comporta un rechazo de toda fonna
de autoridad. Concede cada vez mayor importancia a la expresión perso-

nal y la participación política como
valiosos por sí mismos.

ras y una nueva relación personal
y no de pareja con los hijos

Por otra parte, se da una disminución del prestigio de la ciencia, la tecnología y la racionalidad; hay una
disminución de la fe en la racionalidad y una pérdida de confianza en
que la ciencia y la tecnología puedan
ayudar a resolver problemas de la humanidad.

• Cuestionamiento respecto del valor de la ciencia y la tecnología
por sus efectos

En resumen, las respuestas a la encuesta, en las que se refleja el síndrome
posmoderno, dan el siguiente cuadro:
• Elevada satisfacción objetiva de
las necesidades
• Baja satisfacción de necesidades
subjetivas
Pérdida de respeto a la autoridad
• Tolerancia frente a los extraños y
los «desviados» y un cierto relativismo moral
• Interés en la realización personal
más que en el nivel de ingreso o la
eficiencia productiva
• Aceptación de la disolución de la
«familia nuclear», de la participación de la mujer en todas las esfe-

• Importancia de la autoexpresión y
de la participación en las decisiones públicas
La posmodernidad: crítica del pensamiento ilustrado
Precisamente la situación descrita por
lnglehart en su trabajo, es la que se
refleja en el pensamiento filosófico
llamado posmoderno y que se ha
orientado precisamente a la crítica de
los fundamentos antropológicos, éticos, estéticos y político-sociales de la
modernidad. Como sabemos, desde
Nietzsche, ha venido arraigando esta
crítica de la modernidad, como un
universo de discursos, representaciones sociales y mitos: «grandes relatos legitimadores», con los
cuales el hombre moderno expresó su
nueva condición y su comprensión de
la historia.
El argumento más categórico que
la filosofía posmoderna presenta es el
agotamiento del proyecto de la modernidad, la pérdida de aquellas

«grandes narraciones» que operaron
haciendo las funciones de filosofías
de la historia y que proporcionaban la
idea de un devenir emancipatorio de
los hombres y de las sociedades y una
visión de derroteo humano como un
progreso indeclinable hacia la libertad, la absoluta soberanía de los pueblos y la justa distribución de la riqueza. Estos discursos y relatos encontraron su límite en el punto en que
la propia historia, que debía conseguir una realización cada vez más
plena del hombre, pareció volver sobre sus pasos y colocar al hombre una
vez más en la incertidumbre, en la
contingencia y el caos. El lenguaje de
la posmodernidad es: «Un idioma de
desconsuelo frente a la historia» (N.
Casullo. El debate modernidad-posmodernidad).
Nietzsche, a quien podríamos
considerar un muy temprano filósofo
posmoderno, critica que toda la existencia del hombre se reduzca a la opción racional. Contemplando las culturas orientales y primitivas, él afirma que Occidente (léase Europa y los
países influenciados por ella), es el
único lugar que vive la obsesión racional. La obsesión por imponer en el
mundo la quimera ilustrada, llegando
incluso a la racionalización del mundo afectivo. En Occidente, dice

Nietzsche, el hombre se ha perdido a
sí mismo. «Occidente no tiene idea
de lo que es el Hombre». No conocemos la realidad de los otros, ni de nosotros mismos en tanto que creemos
poder aprehenderlos objetivamente,
viéndolos como realidades exteriores,
como «ovejas del rebaño», sin atender a ese otro que somos cada quien y
que no tiene nada que ver con comportamientos objetivos, sino con la
subjetividad. Occidente construye un
imperialismo de la razón, cree que
puede explicar al otro, cuando éste es
inexplicable y sólo podemos interpretarlo. La diferencia entre explicar e
interpretar es que interpretar (dice
Nietzsche en La gaya ciencia) es tratar de aproximarnos al otro, sin conseguirlo cabalmente. Interpretar es un
proceso infinito que se opera en el terreno del lenguaje, por lo que supone
un alto grado de incertidumbre. El espejismo de Occidente es creer que el
otro está fuera de Occidente. Sin embargo, para Nietzsche, la otredad somos nosotros mismos.
Igual que hace con la idea moderna del hombre, la filosofía posmoderna critica la noción que la modernidad tiene de la ciencia y su papel en
la vida social. Lyotard, por ejemplo,
en La condición posmoderna realiza
una crítica de los modos de produc-

�ción y de utilización del conocimiento en la sociedad contemporánea, así
como del carácter de mercancías que
asumen la razón y el saber científicotécnico.
Dice él: «La condición posmoderna (En la pluma de sociólogos y
críticos) (es): un estado de la cultura después de los cambios que han
afectado las reglas del juego de la
ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX. (Mientras
que en el discurso moderno) La
ciencia moderna recurre al metarrelato del héroe (sujeto razonante)
que trabaja para un buen fin épicopolítico, la paz universal, para legitimarse».
« ... al desuso del dispositivo metanarrativo de legitimación corresponde especialmente la crisis de la filosofía metafísica ... el gran héroe, los
grandes peligros, los grandes periplos
y el gran propósito, se dispersan en
nubes de elementos lingüísticos narrativos ... «Nuestra hipótesis (sigue
diciendo) es que el saber cambia de
estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad llamada
posindustrial y las cultura en la edad
llamada posmoderna. Este paso ha
comenzado cuando menos desde fines de los años cincuenta ... »

110

«La incidencia de esas transformaciones tecnológicas sobre el saber. .. debe ser considerable. El saber
se encuentra o se encontrará afectado
en dos principales funciones: la investigación y la transmisión de conocimientos ... es razonable pensar que
la multiplicación de las máquinas de
información afecta y afectará a la circulación de los conocimientos tanto
como lo ha hecho el desarrollo de los
medios de circulación de hombres
primero (transporte), de sonidos e
imágenes después (massmedia) ... En
esta transformación general, la naturaleza del saber no queda intacta, no
puede pasar por los nuevos canales, y
convertirse en operativa, a no ser que
el conocimiento pueda ser traducido
en cantidades de información ...»
«... Se puede esperar una potente
exteriorización del saber con respecto al 'sabiente', en cualquier
punto en el que éste se encuentre en
el proceso de conocimiento. El antiguo principio de que la adquisición
del saber es indisociable de la formación (bildung) del espíritu, e incluso de la persona, cae y caerá todav·ía más en desuso. Esa relación
de los proveedores y de los usuarios
del conocimiento con el saber tiende y tenderá cada vez más a revestir
la forma que los productores y los

consumidores de mercancías mantienen con estas últimas, es decir, la
forma valor. El saber es y será producido para ser vendido y es y será
consumido para ser valorado en una
nueva producción; en los dos casos,
para ser cambiado. Deja de ser en sí
mismo su propio fin, pierde su «valor de uso».
«... el saber se ha convertido en los
últimos decenios en la principal fuerza
de producción... En la edad postindustrial y posmodema la ciencia conservará y sin duda, reforzará más aún su importancia en la batería de las capacidades productivas de los Estados-naciones. «Pero este aspecto no debe hacer
olvidar el otro, que es complementario.
En su forma de mercancía inforrnacional indispensable para la potencia productiva, el saber ya es, y lo será más,
un envite mayor, quizá el más importante, en la competición mundial por el
poder. Los Estados-naciones... es pensable que se peleen en el porvenir para
dominar las infonnaciones. Así se abre
un nuevo campo para las estrategias industriales y comerciales y para las estrategias militares y políticas ... El Estado empezará a aparecer como un factor
de opacidad y de 'ruido' para una ideología de la 'transparencia' comunicacional, la cual va a la par con la comercialización de los saberes.»

También sobre el papel del conocimiento en las sociedades contemporáneas, pero en particular respecto de
la tecnología, Habermas en Ciencia y
térnica como ideología afirma que la
ciencia y la técnica han dejado de ser
desmistificadoras y se han convertido
en medios de imponer dogmas y prejuicios. La dominación se perpetúa y
se extiende no sólo gracias a la tecnología. sino que ésta se ha convertido
en su ideología. Antes la técnica y la
dominación estaban separadas, la dominación se basaba en una cosmovisión, en lazos de sangre, en la tradición y la técnica era exclusivamente
un medio, por ejemplo, la técnica de
la guerra. Ahora la ciencia está implicada en la dominación de clase ... , por
ello ya no puede ser medio de liberación. Lo que Habermas se propone es
la crítica de la racionalidad instrumental moderna, es decir la crítica
del conocimiento exclusivamente como instrumento de producción. El
opone a la racionalidad instrumental,
la racionalidad comunicativa, que es
base para las interacciones humanas y
no instrumento de manipulación o
dominación de la naturaleza o de los
hombres entre sí.
La racionalidad instrumental: dirige el trabajo: La ciencia usa y manipula la naturaleza con arreglo a fines.

El trabajo no puede sino buscar el
éxito, es una actividad instrumental.
Es una acción instrumental que opera
conforme a reglas (técnicas). Se refiere a hechos y sucesos del mundo
real, se orienta a la previsión y puede
ser falsa o verdadera, usa a la naturaleza y a los hombres como medios
(para producir) (con éxito). Es claro
que el centro de la fábrica no puede
ser el hombre y sus relaciones, sino la
producción.
La racionalidad instrumental aplicada a la naturaleza da lugar a la tecnología. Aplicada a las interacciones
humanas da lugar a las estrategias,
persigue el éxito en relación a fines,
en tanto que se trata del éxito de unos
sobre los otros, aísla a los actores sociales, cada uno persigue sus propios
fines. El resultado es que los objetos
sociales acaban por no distinguirse de
los objetos físicos.
Como contraste, Habermas opone la acción y la racionalidad comunicativa, la cual se basa no sólo en
datos sino en símbolos, en mitos, en
valores, no sólo en el mundo objetivo, sino también en el mundo subjetivo. La acción comunicativa y su
racionalidad es otra forma de relación con el mundo de la naturaleza
y con los otros hombres, en donde

éstos no aparecen como medios y se
conforma a normas en vigor que definen las expectativas de comportamientos recíprocos. La racionalidad
comunicativa es propia de los actos
de comunicación y no de manipulación.

La posmodernidad: ¿es el horizonte de nuestro tiempo?
Como vemos, la cosmovisión moderna y su sistema de valores, que como
dijimos sirven de base y fundamento
a nuestro sistema educativo, vienen
enfrentando un cuestionamiento creciente desde los primeros años de
nuestro siglo, tanto a nivel de los discursos, por ejemplo filosóficos, como
a nivel de los comportamientos prácticos cotidianos de grandes grupos de
población {por lo menos en los países
«avanzados»). Cuestionarniento, que
no deja de tener sus ecos, en países
«atrasados» como los nuestros y que
somete a juicio básicamente sus consecuencias nocivas para con el hombre y el medio ambiente.
Ahora bien, aún cuando podamos
pensar que definitivamente ni el síndrome posmodemo, ni la crítica posmoderna y el sistema de valores que
se desprende de ambos, constituyan
el horizonte histórico al que obligada111

�.,

HABLAME EN EL DIALECTO
DE LA AUSENCIA

Lourdes Guzmán Pardo
mente habremos de ajustar nuestros
procesos educativos, de todos modos
son elementos que debemos incorporar al debate sobre nuestro propio futuro.
En este sentido, me parece que lo
primero a que nos obliga, es a asumir
una actitud cautelosa en cuanto a la
idea (todavía con mucho peso en
nuestros contenidos educativos) del
desarrollo histórico como algo lineal
y en continuo e irrefrenable ascenso,
lo mismo que con la excesiva confianza en que el progreso científico es
correlato obligado del aumento de la
felicidad y la realización humana o
de que la educación es directamente
liberadora en tanto que fundamento
del poder por el saber y garantía contra la ignorancia, que conduce a la sumisión, el fanatismo y el prejuicio.
Ser igualmente cautos en la valoración que hacemos de los componentes científico-tecnológicos como objetivos del proceso educativo e inten-

tar prever sus efectos de dominación
o deterioro del ambiente.
Habría que reconocer que los
cambios de que hablamos, aunque se
produzcan en otras latitudes, lo mismo que la reflexión sobre esos cambios, abren ante nosotros dilemas como los siguientes:
Impulsar el desarrollo científicotecnológico en la mira de conseguir
la elevación de la productividad y la
potencialmente consecuente elevación del ingreso, o bien orientarnos a
buscar la realización humana subjetiva y la protección del ambiente.
Apuntalar el desarrollo de un Estado fuerte, benefactor y protector o
apuntalar el desarrollo de las organizaciones de la sociedad civil asumiendo el costo de resolver los problemas de la interacción social y la
subsistencia por cuenta propia.

Impulsar al individuo al éxito, sobre todo económico, y garantizar su
incorporación eficiente a la actividad
económica haciéndolo contribuir al
desarrollo nacional o buscar enriquecer su subjetividad aumentando sus
posibilidades de autorrealización original y creativa.
Es indispensable establecer el peso que esos dilemas y las alternativas
que suponen tienen en nuestra realidad nacional, establecer el modo en
que, efectivamente forman parte de
nuestro tiempo y a lo que nos obligan
como parte de la «comunidad mundial». Pero esta reflexión debe también atender a la necesidad que tenemos de impulsar un proyecto de nación verdaderamente autónomo y
consensuado.
Ponencia al V simposium de pensamiento filosófico latinoamericano,
Santa Clara, Cuba

I

Solitaria soy y tengo una cabaña.
Vivir: comerme las uñas
mientras me moja la lluvia.
Acariciarme con la seda del corpiño.
Vivir así; sin maquillaje.
Vivir así, para mí.

11

Solitaria soy y a semejanza de un alga vivo.
Vivir: bebiendo sol, agua,
silencio y firmamento.
Vivir así; en la quietud.
Vivir así, para mí.
Sopla un día más.
... Existo...

Solitaria soy y el fluir natural busco.
Vivir: en playas de piedras preciosas
y colinas verdes.
Vivir así; interrogando a mi sombra.
O pidiendo a los dioses sin rostro
me perdonen siempre.
Vivir así; en estado de gracia.
112

113

�RAÚL RANGEL FRÍAS: FILÓSOFO DE
LA HISTORIA Y TEÓRICO DE LA
CULTURA REGIONAL

Javier Rojas Sandoval
Mi pensamiento ayuna.
Mi espíritu,
un vacío que lo abarca todo.
Exquisita cortesía.

IV
Soy de nadie y poseo noches
ajusta?as a un corsé.
Tengo recuerdos en una esquela
y esperan por mí.
Vivir: despedirme al ritmo del ocaso
mientras me mira el sol. Andar por la ribera
y las calles solitarias
o masturbarme acostada en el sofá.
Vivir así; sin ver un espejo
que me retorne.
Vivir así, para mí.

En una primera aproximación al estudio del pensamiento historiográfico
del maestro Raúl Rangel Frías, propongo una sistematización de sus escritos en dos grupos temáticos.
En el primero, aquellos en los que
el análisis se centra en temas relacionados con la filosofía de la historia,
entre los que destacan: «Una filosofía
adánica» (1944), «Nueva generación»
(1945), «La idea histórica» (1947), «El
pensamiento filosófico contemporáneo» (1950) y «Los jóvenes ante la
historia» (1969).
En un segundo grupo de escritos
el maestro Rangel Frías realiza un
trabajo de teorización relacionado
con aspectos concretos de la historia
nacional y regional. Especialmente
sobre historia regional: «Teoría de
Monterrey» (1946) -con motivo del
350 aniversario de la fundación de la
ciudad-, «Teorema de Nuevo León»
(1964) y Gerónimo Treviño, héroes y
epígonos (1967), entre otros.
No es posible en pocas líneas hacer un análisis de las ideas sobre filosofía de la historia del maestro Rangel. Sólo me propongo dejar anotado
que su erudición cultural y la profundidad de su pensamiento le hicieron
posible abordar los temas más complejos de la historiografía. Dos ejemplos lo ilustran.

114

En su ensayo titulado «Una filosofía adánica», publicado el año de
1944 en Cuadernos Americanos, el
maestro Rangel Frías realiza un recorrido por las principales etapas del
historicismo -esa ambigua teoría de
la historia- desde las contribuciones
griegas, «donde la historia -nos dice
el maestro Rangel- no es sino arte
narrativo, simple relato», hasta lá etapa en que el discurso histórico intenta
ser «una teoría del conocimiento por
la Historia y un pensamiento que organiza los momentos históricos».
Se puede advertir que el maestro
Rangel no se deja atrapar por los afanes neopositivistas del historicismo,
como bien lo señalaría Karl Popper al
cuestionar la pretensión cientificista
del conocimiento histórico, el cual no
es sino un intento más -junto con
otros- por interpretar y por lo tanto
entender el quehacer humano, el cual
difícilmente puede ser reducido a la
monocausalidad y la acción de leyes.
En el ensayo se ven desfilar, en
apretada síntesis, las contribuciones
historiográficas agustinianas y los
aportes de Vico, quien quiso dotar
-nos dice el maestro Rangel- a la historia de un lenguaje universal matematizado. Luego nos explica las propuestas de los filósofos creadores de
la materia histórica: Montesquieu y
Voltaire, este último inventor del tér-

mino Filosofía de la Historia; Montesquieu, el refundador -la paternidad
original se atribuye a Herodoto- de
una historia de la cultura. El autor de
El espíritu de las leyes redescubre la
materia de la historia: las costumbres,
el espíritu de los pueblos, las leyes,
como expresiones de la naturaleza de
las cosas. La teoría de Montesquieu
sobre el carácter de las leyes -advierte el maestro Rangel- conduce a la
confusión entre leyes físicas y leyes
sociales.
En el texto titulado «Los jóvenes
ante la historia», leído en 1963 en la
Universidad Autónoma de San Luis
Potosí y publicado en Cosas nuestras
(1971), el maestro Rangel Frías hace
un desarrollo profundo del contenido
epistemológico de la historiografía en
su sentido del estudio de la temporalidad social, a partir de la propuesta
de San Agustín: el concepto de tiempo y su derivado, la temporalidad. El
maestro Rangel inicia con un señalamiento de gran importancia para las
ciencias sociales y en particular para
la historia, puntualiza que «el tiempo
es el reino de la historia», fonnulación que implica la comprensión del
tiempo en sus tres expresiones: el psicológico, el físico y el social.
Hans Reichenbach escribió que
las dificultades para entender el tiempo provienen del hecho de ser una
115

�noción que nos conecta directamente
con nuestra propia temporalidad; el
tiempo nos lleva a pensar en que no
lo controlamos, en lo inevitable de su
transcurrir y el final a que nos conduce irremediablemente: la muerte. Solamente las concepciones físicas y sociales del tiempo nos permiten entender esta noción que introyectada nos
produce impotencia y angustia.
Siguiendo el razonamiento del filósofo de Hipona, el maestro Rangel
hace una didáctica exposición del
tiempo'en sus tres dimensiones: pasado, presente y futuro. Nos explica el
aparente vacío agustiniano de la inexistencia del pasado y el futuro, y la
fugacidad del presente. La propuesta
rangelista del estudio del tiempo y la
temporalidad es una invitación a emprender «una aventura intelectual que
tiene por dimensión el tiempo, su
denso correr de vida con que está hecha la trama de los sucesos donde
aparecen y se mudan hombres y cosas. las estatuas y los poemas, las ciudades y los héroes».
En su doble concepción del tiempo: físico-aristotélica y vitalista-bergsoniana, esta última, la que sentimos
fluyendo dentro de nuestra vida,
es -nos ·explica el m_aestro Rangella medida de la duración (fórmula
que - observamos- revela la concepción física del tiempo de matriz aris116

totélica), dotada de dos direcciones
con sentido hacia el pasado y hacia el
futuro, ubicando en el centro (el presente) al observador. Una explicación
matematizada del tiempo: «El pasado
lo concebimos como un signo negativo; el menos de la vida, todo aquellos
que transcurre, lo que ya no es y ya
no será». En cambio el futuro, designado con el signo positivo, signo de
más, lo define como «lo que se enfrenta al sujeto y se extiende como un
horizonte indefinido de probabilidades». Acotamos que en esta concepción el futuro se nos presenta como la
esperanza.
Sobre el tiempo ideal, que resulta
un intento vano por explicar la historia, el maestro Rangel nos explica
que sería «una relación póstuma de
un pasado compuesto de actos consumados y consumidos, dado que el pasado ya no existe. En tanto que el futuro nos lo imaginamos como ensueño o aspiración». La comprensión del
tiempo histórico sólo es posible superando la dimensión individual, ubicándonos en la dimensión social del
tiempo y la memoria, que es el objeto
de la investigación histórica.
El maestro Raúl Rangel Frías, al
mismo tiempo que reflexiona sobre
filosofía de la historia, hace análisis
teórico sobre la historia regional. Dos
de sus escritos son ejemplos elocuen-

tes de ese esfuerzo logrado: «Teoría
de Monterrey» y «Teorema de Nuevo
León».
En el ensayo «Teoría de Monterrey», escrito con motivo del 350 aniversario de la fundación de la capital
de Nuevo León, publicado en Armas
y Letras de septiembre de 1946, el
maestro Rangel Frías, desde la perspectiva teórica spengleriana, hace
una exposición teórica y sistemática
del desarrollo histórico de Monterrey.
En La decadencia de Occidente,
Spengler dice que toda cultura pasa
por los mismos estadios que el individuo: «Tiene su niñez, su juventud, su
virilidad, su vejez», esquema que en
la mejor herencia del evolucionismo
historicista habrá de ser utilizado para
explicar el desarrollo histórico de las
culturas, definido con la formulación
de «El ciclo vital de las culturas».
Metodológicamente el maestro
Rangel hace una periodización de la
historia de Monterrey en tres edades:
la primera edad, la niñez, comprende
desdeel asentamiento colonial hispano hasta la Independencia. Caracterizada por el proceso de adaptacióntransformación: hombre-naturaleza.
«De esta mutua relación -nos dice el
maestro Rangel- se produce la determinación histórica de la comarca».
En ausencia de comunidades indíge-

nas con alto desarrollo civilizatorio y
en contraparte pobres recursos mineros y ganaderos, se frustró la fundación de una economía minera y hacendaría.
En este largo proceso histórico
van a perfilarse las características de
la identidad cultural norteña: cultura
ganadera que dio origen al jinete,
«diferente al ranchero del Bajío. Diversidad que no hace al norteño menos mexicano que al charro», precisa
el maestro Rangel, cuidando el vínculo nación región.
La segunda edad corresponde al
siglo XIX. En la cual se produce la
configuración de la región frontera,
consecuencia de la Guerra Civil estadounidense. Retomando las investigaciones del ingeniero Isidro Vizcaya; auge del comercio y los ferrocarriles, bases del arranque industrial,
nacimiento de la ciudad fábrica.
Monterrey se perfila como una zona
de alta concentración urbana, producto de la industrialización.
El maestro Rangel define la tercera edad como aquélla en la que Monterrey adquiere conciencia y sentimiento de su responsabilidad nacional. Ve en las construcciones urbanas
y en el trazo de la ciudad el espíritu
de la cultura fundacional. Nos dice
«El viejo trazo de la ciudad pone de

manifiesto las más eminentes categorías del pensamiento y la existencia
española: Casa del cabildo o Consejo
Municipal, iglesia, plaza. Junto a estas expresiones del pasado, se presentan los testimonios de otro empalme
cultural: las instalaciones industriales
con sus edificios fabriles y las viviendas obreras.» En la edad de la madurez, la ciudad cobra conciencia de su
estructura espiritual, hace recuento y
valora a sus hombres ilustres, a sus
héroes: el Padre Mier y Gonzalitos.
En el ensayo «Teorema de Nuevo
León» de 1964, el maestro Rangel
Frías legó un discurso que retoma los
puentes generacionales y rechaza el
malinchismo académico: se propone
valorar en su justa dimensión el trabajo de los investigadores regionales
de las ciencias sociales, académicos y
no académicos. En el capítulo dedicado a la historiografía regional hace un
reconocimiento a los maestros Israel
Cavazos, Eugenio del Hoyo, Santiago
Roe! e Isidro Vizcaya. En este trabájo
el maestro Rangel realiza su mayor
esfuerzo de síntesis teórica de la historia de la cultura regional. En él se
pueden apreciar las más fecundas hi'pótesis explicativas sobre la formación de la cultura norteña y en particular la regia.
Retomando las tesis del profesor
Eugenio del Hoyo, el maestro Rangel

le da ur, sustento teórico al proceso
de poblamiento realizado por los primeros colonos hispanos fundadores
del Nuevo Reino de León. Compara
la colonización con el desplazamiento hacia el Oeste realizado por los colonos estadounidenses, a quienes animaba el espíritu de progreso, entendido como esfuerzo por vencer adversidades. Señala que es importante el estudio de la historia regional a partir
del factor demográfico para explicarse las especificidades de la formación
social regia, sin marginar a ninguno
de los grupos étnicos: indígenas,
mestizos y criollos.
Otra aportación de la teoría cultural rangelista se refiere a las características distintivas del liberalismo regio. A diferencia del que da cuenta la
historia nacional, «el norteño, de manera natural, nunca estuvo ligado en
forma estricta y sumisa a la religión,
para los norteños del siglo pasado
-nos dice el maestro Rangel- ser liberal resultaba menos que una doctrina una forma natural de sus costumbres»; por ello «el liberalismo del
norte nunca produjo crisis de conciencia». Hipótesis que pennite explicar, desapasionadamente, el caso
de Santiago Vidaurri.
La especificidad de la historia regional, produjo una peculiar formación cultural que facilitó la introduc-

ll7

�NOSTALGIA DE TI

Rogelio G. Lozano
ción de la industria fabril a finales del
siglo XIX. En parte por la ausencia de
las grandes haciendas con sus sistemas de trabajo servil.
El capítulo dedicado a la industrialización de Monterrey contiene un
análisis que trasciende la explicación
puramente economicista. En la teoría
cultural rangelista se encuentra una
propuesta metodológica novedosa: la
investigación de la industria como
expresión de forma cultural.
Asimismo, en su teoría sobre el
perfil cultural de la región no hace
concesiones al chauvinismo regionalista; destaca el papel de las familias
migrantes en el arranque industrial
regio: españolas, francesas, italianas,
alemanas.
El pensamiento del maestro Rangel Frías significa para la historiografía regional el legado filosófico hegeliano que plantea superar la pretendida autoridad de los historiadores de
profesión -particularmente de los
neopositivistas- que mitifican las
fuentes originales, e ignoran o rechazan que el conocimiento histórico sin
reflexión filosófica es un simple dato
descriptivo o simplemente taxonómico.
Como conclusión, considero que el
pensamiento del maestro Raúl Rangel

Frías representa una rica veta teórica y
conceptual, que la academia debe destacar no sólo para difundirlo, sino para
utilizarlo como herramienta metodológica de análisis, en el propósito de investigar la especificidad de la forma-

ción social y cultural regional.
Leído en el 83 aniversario del natalicio del
maestro Raúl Rangel Frías.
Monterrey, 15 de marzo de 1996.

No he dejado de ver tu retrato desde
que partiste; es una obsesión que no
termina nunca. El retrato grande que
te hizo aquel pintor medio rarito que
vivía en Coyoacán y que se tardó como seis meses para terminarlo, y tú
no dejabas de ir a posar dos veces por
semana hasta que por fin lo terminó,
cierto que te dejó guapísimo, creo
que un poquitito mejor de como en
realidad estabas, pero la hizo tan cardiaca que acabó por caerme gordo y
di gracias al cielo cuando ya no tuve
que pasar por ti a aquella vecindad
tan desagradable donde tenía el estudio. Ese cuadro lo enmarqué con una
moldura pecho paloma que quedó divina, en oro viejo patinado, que con
los tonos cafés y ocres del óleo han
sido la envidia de todas mis amigas,
porque ninguna de ellas tiene una
obra así de la bola de nacos de sus
maridos que nunca te llegaron al hueso dulce, como decía mi abuela norteña cuando se refería al tobillo. Pero
ese retrato tuyo, precisamente, lo puse en el pasillo distribuidor, debajo de
la consola Reina Ana que tanto te
gustaba; le coloqué una lamparita para que lo iluminara durante la noche y
gracias al controlador de intensidad,
parece como lámpara votiva de claustro de carmelita descalza. El de mi recámara lo tengo en el vestidor, justo
al salir del baño. Al principio me ru-

borizaba y bajaba la vista inconscientemente, pues estabas ahí viéndome
de frente y yo sin ningún pudor toda
desnuda. ¿Recuerdas?, es aquella foto
que te tomé cuando fuimos a pasear a
San Miguel de Regla y después me
pediste que nos quedáramos a dormir
en el Chico, porque ya era tarde y no
tenía ganas de manejar de regreso.
Estás con los pantalones azul celeste
y la camisa de cuadros rojos y amarillos que compraste en Dallas cuando
fuimos a la convención de Distribuidores Latinoamericanos de productos
Agroquímicos y me dijiste que querías estar a tono con el estado, la ciudad y J.R., el de la serie. Te contesté
que no me gustaba que te compararas
con ese viejo tan feo y que era preferible que te parecieras a Bobby, el
bueno, pulcro y guapísimo hermano
que siempre lo traía de cabeza. Me
respondiste que a los buenos siempre
les iba como en feria y ya para cuando terminara la novela te hartaban
por dejados y tontejos, bueno, no fue
esa la palabra exacta, pero una dama
no se puede permitir ciertas libertades
aunque sea en la intimidad de la charla con su marido. Como me dijo la
Chata Rincón Gallardo ¡Ay, Beba,
estás muy demodé! A los hombres les
gustan ahora las mujeres más atrevidas aunque sean sus esposas, niña, ya
no es como antes, que con las otras se

divertían y contigo la pura obligación
y «no me faltes al respeto porque soy
la madre de tus hijos», no chiquita,
nada de eso, la competencia está tan
dura que tienes que ponerte muy lista,
de lo contrario te quedas sola, sí, oíste bien, ese o ele a con mayúsculas ...
s o L A. Hay muchas revistas que te
pueden ayudar a que aprendas algunos truquillos que antes ni pensarlo,
pero ahora son indispensables además de utilísimos y ya cuando te
acostumbras a ellos, hasta te parecen
sabrosísimos, pero por el amor de
Dios, no me veas con esos ojos de colegiala asustada... o qué, ¿quieres ser
una divorciada a fuerza o una frígida
digna pero sin marido? -Afuera la
arrebatinga está a todo lo que da,
gruesa, como dice mi hija Leslie, o te
alivianas o te alivianan, o te lo vuelan ... , yo sé lo que te digo, amiga,
despierta... La Chata era tan moderna
que ya se había casado dos veces y
estaba a punto de romper con el segundo -Veinte años con el mismo
hasta que me decidí. Para serte franca
mis hijas me apoyaron mucho, de no
haber sido por ellas aún estuviera
preparando cenas con futuros socios
o con miembros del nuevo gabinete,
siempre propia, siempre bien vestida,
siempre bien portada, siempre sonriente, atendiendo a una bola de escaladoras sociales con un gusto chaba119

�LAS
, MISIONES CULTURALES EN
MEXICO: 1921-1938
INSTITUCIONES EDUCATIVAS PARA EL CAMBIO SOCIAL

1

Manola Sepúlveda Garza
canísimo en el vestir que más parece
que vienen a buscar trabajo que a una
reunión social de altura y de cultura
ni hablar, no conocen a los diseñadores de modas, lo más lejos que han
viajado es a San Antonio y eso para
visitar a parientes que sin duda se
fueron de mojados, a Nueva York no
la han visto ni en postales y de Europa ni idea tienen; su ropa se la compran en El Palacio de Hierro o en Liverpool, aunque algunas parece que
se surten en Suburbia, esa tienda donde_compra mi criada, y lo sé porque
me anotó como referencia cuando andaba tramitando su tarjeta de crédito,
y como una buena criada es mejor
que diez maridos juntos, no le podía
decir que no, ¿te imaginas que hago
yo sin Idolina?, los hombres son como los repuestos de las plumas fuentes de antes, una vez que se les acaba
la tinta, a la basura, de lo contrario
acabas encerrada en el pabellón de
psiquiatría de cualquier clínica de
Rochester o ya muy amolada en uno
de esos hospitales de nuevos ricos
que tanta fama tienen en Houston.
No, Victoria Eugenia, actualízate, los
tiempos cambiaron, es más, hasta tu
nombre se oye a viejo, vete acostumbrando a que las amigas te digan
Vicky, con acento-en la í griega final,
para que se oiga más francés, con las
que no son del grupo sígueles mar120

cando la distancia, ya ves yo, para las
amigas soy Tita, para las arribistas
soy la señora Carlota Amalia López
Negrete de Rincón Gallardo, y cuando quiero aplastarlas más, le agrego
Condesa de Regla, antiguo, linajudo
y aristocrático título que estoy a punto de mandar al carajo ... No te asustes, que la groserías resultan una bendición para evitar las úlceras, además
como me dijo mi amiga Marie Ivonne, la que fue Attachéé Culturel de la
Embajada Francesa, que a los dos
meses de haber llegado de París ya se
sabía todas las expresiones populares
picarescas y jocosas que usa la gente
común, por lo que al escucharla hacer
uso de una de ellas -pendejo, para ser
exacta- le dije con aire de compungida, -que no me queda nadita- que si
no sabía que era una 1J1ala palabra... a
lo que muy tranquila me contestó «no
son malas palabras Cherie, son palabras expresivas, dime, ¿con qué suples un pendejo, por ejemplo?» ...
pues ... con otro pendejo naturahnente, le dije asombrada de mi atrevimiento, pero en ese momento, liberada de mi costumbre añejísima de poner cara de incómoda cuando oía semejantes expresiones. Soltó la carcajada pelona mostrándome sus dientes
manchados por el cigarro y luego con
su encantador acento gutural me dijo,

¿verdad que te sentiste a toda madre
al decirla? ...
Creo que la decisión la tomé después de la última visita de Tita. No
sabría aún definir si es la correcta o
no, pero sí considero que era necesaria. Querido mío, te informo que tus
retratos ya están en la casa de Cuernavaca por si los llegas a necesitar y
que tu ropa casual y deportiva la
guardé en el bargueño español que
compramo~ en el viaje que hicimos a
Marruecos hace cinco años. Las molestias que tuvimos para traerlo a México son las mismas que tendrás para
encontrar todo lo demás que te pertenece, pues la casa es tan grande y está
tan abandonada que tuve el cuidado
de esconder los objetos que considerabas de más valor en los pasadizos,
rincones y entretechos que con dedicación y amor pudiste haber descubierto. Me despido de ti cariñosamente y te deseo lo mejor del mundo de
juguete en el que te has sumergido.
Tu ex-Beba, pues quiero que sepas
que ya me hice cirugía.

En México, de 1921 a 1940 el área de
educación representó un punto sensible en el que se reflejaban los problemas sociales del país y las fluctuaciones políticas del régimen. Tanto para
los revolucionarios liberales como
para los radicales de diversas tendencias (anarquistas, socialistas, comunistas, etc.), la educación no era sólo
un problema pedagógico o de instrucción, sino además, representaba un
elemento generador del cambio social
inmerso en un complejo contexto.
En este artículo nos centraremos en
un tipo específico de institución educativa: las Misiones Culturales de la
federación, que fueron equipos ínterdisciplinarios encargados de capacitar
a los maestros en servicio y de promover el mejoramiento de los pueblos.
Surgen en 1923 como parte de la «cruzada cultural» organizada por José
Vasconcelos y para 1938, existían 18
equipos de esta naturaleza trabajando a
lo largo del país. En 1939, sus labores
fueron interrumpidas ya que fueron
acusadas de haberse convertido en
grupos de choque revolucionario.2 Las
misiones culturales, generalmente actuantes en el medio rural, se demostraban como un reflejo de la concepción
citadina dominante de los problemas
de los campesinos y fueron expresión
de un proyecto político.

l. Los orígenes

José Vasconcelos, a cargo de la Secretaría de Educación Pública (SEP)
de 1921 a 1924, abordó el compromiso
constitucional de llevar la educación
a los sectores populares como una
forma de contribuir a la «justicia social» y encaminar al país a la unidad
nacional.
Para el medio rural estableció la
Casa del Pueblo (escuela primaria
elemental) y las Normales Regionales, instituciones que contemplaban
en sus aspectos socio-culturales los
elementos de cambio y progreso de la
sociedad rural. La Casa del Pueblo,
por ejemplo, debía impulsar el mejoramiento de la comunidad en todos
sus aspectos, erradicar los vicios y
canalizar las energías hacia el deporte, organizar festivales cívico-culturales y fomentar la lectura.3 Estas escuelas debían convertirse, según los
deseos de Vasconcelos, en el centro
de las actividades de la vida social de
los pueblos.
Para extender la escolaridad hacia
el medio rural, Vasconcelos utilizó
varias estrategias, una de ellas fue la
formación de «maestros misioneros»,
antecedente de lo que en 1924 serían
las misiones culturales. El misionero

era un «maestro que guiaba a un grupo de educadores y convivía con los
indios, ayudándoles a levantar escuelas con los recursos locales y preparando a los jóvenes para que se quedaran al mando de la enseñanza».4
En 1921, la SEP registró 50 plazas de
maestros misioneros ambulantes, cifra que para 1922 aumentó a 77; y a
102, en 1923. Se trataba de estudiantes
voluntarios de la Universidad de México y miembros del Partido Nacional
Agrarista que recorrían el país con la
consigna de establecer escuelas y reunir información sobre la situación
5
cultural de los pueblos.
Las expediciones que estos maestros emprendieron fueron verdaderas
experiencias que hacían posible hacer
planteamientos enriquecedores en
materia educativa. En septiembre de
1922, por ejemplo, este grupo de
maestros recomendaba que se considerara a la educación como problema
social y que se les otorgará tierra arable a las escuelas ya que resultaba indispensable la enseñanza de la agricultura.6
Estas experiencias junto a una visión integral de educación del individuo y de la comunidad, llevaron al
proyecto (en 1923) conocido como de
misiones culturales. &amp;ta idea fue una
121

�iniciativa del diputado José Galves que
Vasconcelos retomó, teniendo como
marco de inspiración a los evangelizadores del siglo XVI. Al respecto señalaba: «a falta de un maestro completo
como el fraile que sabía cultivar un
campo, aserrar y ensamblar una mesa,
nosotros empezamos a mandar grupos
de maestros: uno que enseñara a labrar
la tierra y a forjar el hierro; otro que
fuera artista y que pudiera inspirar a la
población el gusto por la belleza, único camino que le queda al laico para
acercarse a las cosas de Dios; otro
más, que incitara a la acción social y a
la colaboración de la obra patriótica y
otro, para las primeras letras y las matemáticas» .7
El primer ensayo de las misiones
educativas se realizó en octubre de
1923. El profesor Rafael Ramírez
acompañado de varios expertos en
pequeñas industrias (curtiduría, jabonería, carpintería, etc.), agricultura,
música, vacunación y educación física se trasladaron a Zacualtipan, Hgo.,
en donde se concentraron 147 maestros de la sierra. La experiencia fue
repetida en mayo de 1924 en Cuernavaca, Morelos. En ambos casos, los
objetivos eran: 1) mejorar profesionalmente a los maestros en servicio
que en la mayoría de los casos eran
apenas alfabetizados y 2) «estudiar
122

las comunidades campesinas con el
objeto de modificar sus costumbres,
orientar sus aspiraciones y de manera
general enriquecer la vida de cada
uno de sus miembros, mejorando las
condiciones higiénicas, culturales y
económicas de los poblados». 8 Con
estos objetivos, las misiones debían
actuar como «agentes civilizatorios»
de la vida de los habitantes de los pequeños poblados.
Para fines de 1924, se habían establecido 1023 Casas del Pueblo y los
maestros misioneros pasaron a ser
inspectores-instructores con las tareas
de establecer escuelas, crear comités
de educación y guiar a los maestros
de una región determinada. Se habían
fonnado además, dos escuelas normales regionales y seis equipos de
misiones culturales integrados por
tres tipos de maestros: para cursos
académicos, cursos de agricultura y
pequeñas industrias y de cultura física, higiene y estética. Estos grupos
habían visitado algunos lugares de los
estados de Hidalgo, Morelos, Colima,
Jalisco y Nayarit.9
Así pues, el proyecto educativo
de la posrevolución surgió con el enfoque de cambio sociocultural para
lograr mayor integración de la población del país. Las misiones culturales

se crearon como organismos intermedios entre las autoridades centrales y
las escuelas rurales. Por el tipo de
cursos y de acción social desarrollada
se desprende que la miseria y marginación campesina eran vistas como
«comportamientos inadecuados» y no
como el resultado de la opresión de
las estructuras de poder político y
económico. Esta concepción, predominante en los años veinte, no es sorprendente dado el debate sobre la situación del país y el proyecto agrario
discutido por la élite política.
2. Los avatares
En el periodo 1925-1931, el trabajo de
las misiones culturales (M.C.) tomó
características distintas: de 1925 a 1927
continuaron en sus labores «civilizatorias» según lo diseñado por Vasconcelos, pero hacia 1928, se les acentuó la tarea de incorporar e integrar al
campesinado; transformándose en
equipos promotores del «desarrollo
rural». Luego, en 1929-1930, por su
área de acción se diferenciaron en
M.C. permanentes con las características anteriores y, M.C. ambulantes que
retomaban los objetivos originales y
se les agregaba la tarea de «pacificación social» concentrándose en las
zonas consideradas en conflicto. En
1931, vuelven a trabajar en las distin-

tas regiones del país y adoptan una línea de radicalización progresiva.
En efecto, en 1925 las declaraciones de José Manuel Puig Cassauranc,
remarcaban los objetivos de las misiones culturales en la línea dada por
Vasconcelos. Sin embargo, en la
práctica, se restringía su movilidad y
su acercamiento con la problemática
rural ya que fueron situadas en las capitales de los estados.
En 1926, se fonnó la Dirección de
Misiones Culturales en el organigrama de la SEP, lo cual implicaba su
reconocimiento y consolidación. En
términos formales, los equipos misioneros se integraban por: un jefe
(maestro normalista) encargado de
los cursos de organización escolar y
técnicas de enseñanza; un profesor
de educación física; una trabajadora
social dedicada a realizar labores de
vacunación, enfermería y economía
doméstica y tres profesores de agricultura e industrias movilizables de
una misión a otra, que enseñaban
curtiduría, jabonería, conservación
de frutas y legumbres, apicultura,
avicultura y construcción de mue111
bles rústicos.
La misión realizaba cursos intensivos llamados «Institutos de Perfeccio-

namiento y de Acción Social» (en adelante, Institutos) que eran organizados
por los Directores de Educación Federal de los estados y en los que se concentraba a los maestros de una amplia
región. Los misioneros trabajaban un
mes: la primera semana estaba destinada a su ubicación en la región y a la
elaboración de un estudio general de la
zona y en las otras tres, se efectuaban
los cursos. Al terminar sus trabajos, la
misión pasaba a otro de los sitios seleccionados y dejaba al maestro asistente como responsable de consolidar
el trabajo iniciado y el uso y cuidado
de pequeños equipos de cocina, carpintería y agricultura, un sencillo botiquín y una incipiente biblioteca.'' En
1926, las misiones culturales realizaron
42 Institutos a los que acudieron 2 327
maestros y en 1927, los r.esultados fueron similares. 12
A partir de 1927 se organizaron
cursos de capacitación para los misioneros. El programa comprendió, entre
otras, las siguientes materias: filosofía de la educación, psicología educati va, estudio de la vida rural y mejoramiento de las comunidades, los
grandes problemas sociales de México, educación higiénica, técnicas de
la enseñanza, salubridad y saneamiento de los poblados, organización
deportiva y de festivales, agricultura

y huerto escolar. 13 En este curso se
recomendó que los centros de operación de los institutos debían realizarse en pequeñas comunidades (menores de 3000 habitantes) y que su duración debía ampliarse a una semana
más, también se insistió que los misioneros debían crear cohesión entre
los maestros y afirmar su conciencia
14
sociaI. Las autoridades educativas
no tomaron en cuenta, en lo inmediato, tales pronunciamientos y generaron un proyecto distinto.
En efecto, en 1928 se programan
las misiones culturales permanentes
(MCP), que centrarían su trabajo en el
«desarrollo de la comunidad» con su
presencia constante en una región y
con la participación y apoyo de otras
dependencias gubernamentales: Secretaría de Agricultura y Fomento, de
Industria y Comercio, de Obras Públicas y del Departamento de Salubridad. El subsecretario de Educación,
Moisés Sáenz señalaba que en este
proyecto había «una dedicación colectiva de recursos oficiales para
abordar de manera integral, el problema de rehabilitación económica y la
organización social de la población
·
IS
campesina».
Para estos nuevos objetivos se seleccionaron cinco zonas de trabajo,
123

�cuatro de ellas con población indígena
homogénea: Zocoyucan, Tiax., Zacatlán, Pue., Yautepec, Mor. y El Mexe,
Hgo., y una con población mestiza:
Huajuco, Nuevo León. Los integrantes
de estos nuevos equipos eran: un ingeniero agrónomo, un médico higienista,
una enfermera partera, una trabajadora
social, un maestro de industrias locales, un carpintero, un mecánico y un
albañil. La acción de estos grupos estaba dirigida a elevar la producción
agrícola, a organizar la explotación,
conseguir créditos, mejorar las actividades de pequeñas industrias existentes y a programar prácticas higiéni16
cas. Las tareas de promoción de la
enseñanza estaban incluidas en un proyecto más general y el objetivo de mejorar la capacitación del maestro rural
en servicio, se relegaba a las escuelas
normales rurales federales de reciente
formación.
Parece que, durante 1928, todas las
misiones culturales se convirtieron en
permanentes y el proyecto no tuvo ni
los apoyos pensados ni los resultados
esperados,17 por lo cual en 1929 sólo
persistieron dos equipos de esta naturaleza: uno instalado en Xocoyucan,
Tlax. y el otro, en el Mexe, Hgo., y
para 1930, estos equipos fueron trasladados a Actopan, Hgo., y a Paracho,
Mich., respectivamente.
124

Las misiones culturales ambulantes, 5 en 1929 y 12 en 1930, retomaron
sus objetivos de origen y fueron concentradas en los estados de mayor conflicto social de la época: Jalisco, Colima, Michoacán y Guanajuato. En esta
región, los problemas Iglesia-Estado
habían provocado un intenso movimiento social en defensa de la religión
y en contra del gobierno. Las misiones
fueron llamadas a realizar una «campaña de pacificación espiritual y a
crear conciencia cívica de la realidad y
de los ideales de la nación mexicana». IR Se hacía referencia también, al
reparto de tierras como instrumento de
la política gubemamental. 19
A estas referencias sobre la organización y objetivos de trabajo de
las misiones queremos agregar que
en la práctica los misioneros vivían
un proceso de cuestionamiento y radicalización. En sus experiencias en
las zonas rurales, los proyectos oficiales de mejoramiento social se diluían ante los grandes obstáculos
que encontraba el campesino con las
estructuras de poder local. Por otra
parte, los misioneros estaban obligados a difundir ideas «progresistas»
entre los maestros a los que brindaban instrucción, lo cual les obligaba
a pensar en propuestas más radicales
y encontraban mayor aceptación en

los postulados de la escuela racionalista.
Frecuentemente, los mJSioneros
rebasaban las tareas encomendadas y
adquirían mayor compromiso con los
problemas del campesinado. En 1927,
por ejemplo, en Acayucan, Ver, la
misión cultural recogió testimonios
de la lucha contra los propietarios de
las haciendas, quienes habían detenido en las cortes las solicitudes de tierras del pueblo. La misión presionó
directamente al Presidente de México
para que resolviera las peticiones lo
más pronto posible con el fin de prevenir una alianza entre los terratenientes y una compañía extranjera.20
La politización de maestros y misioneros era algo que alarmaba a las
autoridades educativas, y de 1927 a
1932 hay constantes referencias para
evitarla. Así, Puig Cassauranc (1927)
deploraba el surgimiento de «una política militante que significaba una
influencia perturbadora para esta tarea de serenidad y entusiasmo, abnegación y sacrificio». 21 Moisés Sáenz
como subsecretario de educación
(1930) declaraba: «debemos impedir
que los maestros se conviertan en demagogos y que desprestigien su acción vital como trabajadores sociales
y guías de la vida nacional»22 y luego

N. Bassols (1932) intentó poner límites a la acción de los misioneros que
constantemente iban más allá de lo
establecido. En sí, hasta antes de 1934,
se manejó una posición oficial de que
«no hay política en la educación»,
que frecuentemente se contradecía
con el mandato de que los maestros
debían popularizar el proyecto gubernamental.

3. La radicalización progresiva
Narciso Bassols durante su estancia
en la SEP (1931-1934) agilizó la crítica
de la orientación de la enseñanza. Para él la educación rural era un arma
que combatiría el fanatismo y la explotación a través de la divulgación
de la verdad científica y de una orientación técnica y productiva. La acción educativa de las instituciones en
el medio rural tenía sus límites: el
cambio social dependía fundamentalmente, de la transformación estructural del campo. 23
Para Bassols, las misiones culturales eran «puentes» entre la política
de la SEP y el trabajo concreto del
maestro rural. Se refería a ellas como «organismos activos, equipos
destinados a llevar a cabo una intensa obra de animación a la vida espiritual del maestro rural». Los misio-

neros alcanzarían a la comunidad
sólo a través del maestro, y a éste,
debía dársele una orientación educati va encaminada a mejorar la productividad de los campesinos y a
combatir los prejuicios y tradiciones
a las que se les atribuía un sentido
24
antieconómico. Así pues, las misiones culturales eran instrumentos
de la política oficial, palancas de renovación en tanto estuvieran dentro
de los cánones establecidos por las
autoridades centrales.
Los objetivos de las misiones culturales se ratificaban en términos de
mejorar al maestro rural y, a través de
él, transformar a las comunidades
campesinas en sus costumbres y aspiraciones, además debían mejorar las
condiciones higiénicas, culturales y
económicas de los poblados. Estos
objetivos son los mismos manejados
desde Vasconcelos, sólo que en la
práctica Bassols acentuó la mayor capacitación y el adiestramiento técnico, enfatizó la importancia de adaptar
la enseñanza a las necesidades de los
campesinos, y de alguna forma insinuó la realización de la reforma agraria. Estos nuevos contenidos transformaban a las misiones de agentes de
cambio sociocultural a promotores
del cambio socioeconómico, en concordancia con lo que pensaba el sec-

tor radical del Partido Nacional Revolucionario (PNR).
Para 1932 existían 13 misiones culturales (MC) ahora llamadas rurales,
una M.C. permanente y una M.C. urbana destinada a trabajar en la capital
de los estados. El aumento de los recursos permitió mayores posibilidades de programación y extender el
tiempo de trabajo de las misiones; éstas emplearían dos semanas en la investigación social; un mes en el Instituto y, se quedarían en la región tres
meses más, cerca de los maestros para que en la práctica tuviera mayor
orientación y perfeccionaran sus trabajos en la obra a realizar con los
campesinos. Los Institutos debían de
realizarse al inicio o al final del ciclo
escolar.25
En 1932, el trabajo de las M.C.R., se
concentró en Oaxaca y luego, en
Coahuila y Nuevo León. De los trabajos realizados en estos dos últimos
lugares hemos encontrado un material estadístico que nos especifica el
tipo de maestros participantes y la labor de acción social desarrollada.
Así, pues, del lo. de agosto al 10 de
septiembre, las misiones realizaron to
Institutos. Los lugares sedes en el estado de Coahuila fueron: Castaños,
Hipólito y San José de Aurea y, del
125

�estado de Nuevo León, las siguientes
seis localidades: Doctor Arroyo, Rancho Escondido, San Francisco de los
Blancos, San Vicente los Herrera,
San Francisco Villa de Santiago y
Santa Fe Villaldama. Las características de los asistentes las hemos concentrado en el cuadro J y a grandes
rasg~s podemos destacar que la gran
mayoría de los maestros (81%) tenían
estudios de primaria y su incorporación a las tareas de la enseñanza era
reciente.

En relación a las actividades de
acción social, del 10. de agosto al 20
de noviembre, los equipos misioneros
habían visitado 71 poblados de Coahuila y 173 de Nuevo León. De las labores desarrolladas en los diversos
poblados podemos señalar:
1. Apoyo escolar: construcción de
la casa del maestro, 8 casos; reparación
de materiales, JO; dotación de parcelas
de cultivo para la escuela, 20; construc-

Cuadro l. Características de los asistentes a los Institutos realizados en

Coahuila y Nuevo León (agosto - septiembre 1932)
Nivel

directores de escuelas elementales
maestros ayudantes
maestros de escuelas rurales

%

178
32
125

53

85
189
20
41

25
56
6
12

163
143
29

48
42

Experiencia profesional

hasta 2 años
más de 2 y hasta 5 años
más de 5 años

3. Obras públicas. Trámites para:
construcción de caminos 6 casos e
instalaciones telefónicas, 3.
4. Bellas Artes, construcciones de:
teatros al aire libre, 23; teatros escolares 2, organización de bandas musicales, 4 y decoraciones de escuelas, 42
casos.
5. Obras de mejoramiento del hogar, 27 casos.
6. Higiene y medicinas: vacunación, 26; construcción de fosas sépticas, 4; introducción de agua potable,
6; fabricación de filtros, 4; operaciones quirúrgicas, 6; visitas médicas,
204; consult~s,. 884; extracciones dentales, 59; organización en comités de
salubridad, 26 y campañas antialcohólicas, 25.

9

Fuente: Doc. No. 28 Antecedentes de los maestros federales ... en: SEP. Memoria... 1932-1933.

126

2. Apoyos en educación física:
construcción de campos deportivos,
22; baños públicos, 3; organización de
clubes deportivos, JO.

9

37

Preparación

4o año de primaria
primaria completa
secundaria
maestros titulados

ción de sanitarios, 8; dotación de libros
para pequeñas bibliotecas,12.

7. Mejoramiento económico. Solicitud de ejidos, 6; organización de
cooperativas de producción, 8; organización de comités agrarios, 8.

8. Extensión agrícola y ganadera:
construcción de gallineros, 13; selección de semillas y desinfección, 67;
construcción de apriscos, 4.
9. Trabajo industrial: industrias
escolares, 7; conservación de carnes y
frutas, 10; corte y costura, 6; lechería,
3; jabonería, s; curtiduría, 10; construcción de muebles, 6 y trabajos de
-IX!¡e, 4. 26
Para 1933-1934, las 14 misiones culturales trabajaron adscritas a las escuelas normales rurales (ENR), escuelas centrales agrícolas (ECA) y escuelas regionales campesinas (ERC) de
reciente formación. Estas escuelas tenían definida una amplia región como
zona de influencia en donde existían
por un buen número de escuelas rurales que quedaban bajo el control de
estos centros, y estas escuelas y estas
zonas, debían ser atendidas por cada
misión. Para fines de 1933, la SEP reportó que las misiones organizaron
diversos Institutos con la participación de 622 maestros, de ellos 496 federales y 126 estatales. Habían visitado alrededor de 300 pueblos de los
que 250 eran pequeños asentamientos
de menos de 500 habitantes. Los trabajos realizados fueron similares a
los del enlistado anterior, sólo queremos añadir que los equipos misione-

ros contaron con mayores recursos:
realizaron 371 exhibiciones de cine y
participaron en 235 audiciones de radio con programas que apoyaban su
labor de extensión. Por otra parte, su
trabajo en relación al apoyo al ejido y
al cooperativismo aumentó en relación al año anterior; en esta ocasión,
participaron en 28 solicitudes ejidales
y en la formación de 12 nuevas coo. 27
perat1vas.
4. Los años de

Cárdenas: 1934-1940

Durante el sexenio cardenista, el
programa educativo se enmarcó en
un proyecto de profundas reformas
en el área social y económica. La
orientación socialista de la educación, producto de la reforma educati va, le daba nuevas -tareas a la escuela del campesino, ésta debía
«... identificar a los estudiantes con
las aspiraciones del proletariado,
... constituirse como la mejor colaboradora del sindicato, de las· cooperativas y de las comunidades
agrarias; y combatir todos los obstáculos que se oponen a la marcha
28
liberadora del trabajador. En relación al maestro, la política oficial
legalizó su acción fuera de las aulas y ampliaba sus quehaceres hacia una intensa actividad sociopolítica.

Estos lineamientos aunados a la
necesidad de ampliar el sistema escolar y a la formación de mayor número
de maestros (exigencias del Plan Sexenal), hicieron que las autoridades
educativas redefinieran los objetivos
de las misiones y sus estrategias de
trabajo devolviéndole su carácter móvil, aunque con bases regionales.
Así pues, las misiones además de
realizar sus objetivos de origen (capacitación del magisterio en servicio),
debían de «estudiar y transformar las
condiciones económicas y sociales de
las comunidades rurales», «difundir
las ideas socialistas fomentando la organización y capacitación del proletariado campesino para la lucha social,
a fin de preparar el terreno para el advenimiento de una sociedad más justa
e igualitaria». 29 Es decir, las misiones
se convertían en equipos promotores
de la «revolución» dirigida desde el
poder central.
Los nuevos objetivos de las misiones (y de las instituciones de educación rural de la federación) estaban supervisadas por la SEP a través de oficinas de acción social y de cooperativismo. La primera tenía a su cargo la
educación política de las masas populares a través del impulso a la organización de los trabajadores, del fomento
127

�al cooperativismo, y la fonnación de
centros recreativos y culturales nocturnos en los que se estudiaría la prensa,
las posibilidades de acción agraria o de
fonnación de sindicatos. La segunda,
intentaría fomentar nuevos métodos
para la producción agócola y ganadera. Estas oficinas trabajaban en coordinación con otras dependencias gubernamentales: Agricultura y Fomento,
Economía Nacional y Departamento
de Asuntos Agrarios.30
Por otra parte, los equipos misioneros recibían constantemente revistas y materiales de apoyo. El Instituto de Orientación Socialista (de la
SEP), órgano formado para difundir
la nueva orientación de la enseñanza, dio especial preferencia a la capacitación del personal de las escuelas regionales campesinas y de las
misiones culturales ya que serían
ellos los transmisores de la educación socialista en el grueso del magisterio. Los cursos realizados de
1935 y 1936, trataron lo siguiente: a)
cursos generales: filosofía socialista,
la historia del movimiento obrero,
legislación agraria, arte y literatura
proletaria, historia de las religiones
y cooperativismo, b) cursos específicos: las ciencias sociales en la escuela socialista, función de la enfermera en las comunidades rurales,

128

orientación sobre maquinaria agrícola, educación física, etc. 31
De 1935 a 1938, se registró un total
de 18 misiones culturales rurales distribuidas en amplias zonas para abarcar toda la república mexicana. Se
sumaron al personal de las misiones
una enfennera, un operador de cine y
otro organizador rural: 8 en total eran
los especialistas integrantes. Sus materiales de trabajo eran: pequeñas bibliotecas, botiquín, equipos de carpinteóa, agricultura y deportes, planta de luz, aparatos de cine y mimeó32 L
&amp;
. .6n trabaJarta
. ' 5 meses
gra10.
a mlSI
en una extensa región de los estados
que se les había asignado.

Las misiones culturales tuvieron
un papel importante en la promoción
de la refonna agraria; sin embargo,
no se les puede comparar ni en escala, ni en constancia, con los maestros
rurales. Pero en ambos rangos, los
maestros fueron enfrentados a las estructuras de poder local y a la violencia de los grupos del «otro extremo»,
de tal fonna que en 1935, la Confederación Mexicana de Maestros organizó una manifestación en la que solicitaron el castigo de los responsables
de las agresiones contra los maestros
y pidieron que se les proporcionaran
armas y garantías a los maestros. 34
En respuesta, entre 1935-1936 la
SEP autorizó el aumento del 30% del

Los infonnes oficiales reportaron
resultados satisfactorios del trabajo
de las misiones, en ese año se realizaron 90 Institutos con la asistencia
de 5400 maestros. La SEP reporta que
«el maestro era el verdadero guía y
orientador del pueblo», que las juntas de ejidatarios, uniones de campesinos y obreros generalmente se
efectuaban en las escuelas y que de
éstas, 503 habían introducido agua
potable en sus poblados; se habían
organizado además, 803 sindicatos,
3940 «juventudes campesinas» y 4200
cooperativas de producción entre los
adultos.33

salario de los maestros; les otorgó
protección de las zonas militares y les
autorizó a portar armas; estábleció un
seguro para los maestros de todo el
país y fundó la «Casa de salud del
35
Maestro Rural». Además, el Comité Ejecutivo Nacional del P.N.R. anunció que pagaría una indemnización de
mil pesos más una pensión de s 25 durante dos años a los deudos de los
maestros sacrificados al servicio de la
educación socialista. 36
No hay informes oficiales del
conjunto de dificultades enfrentadas.
Sin embargo, existen reportes de los

m1s1oneros en que relatan la labor
realizada y los problemas afrontados. Citemos aquí algunos ejemplos:
1. La Misión Cultural No. 18 a
cargo del profesor Gustavo Jarquín
que trabajó en impulsar las cooperativas del estado de Campeche (1934).
El profesor Jarqufn relata un trabajo conjunto con la Dirección Federal de Educación, los inspectores,
el personal de la ERC de Hecelchacán y los maestros de la zona. Elaboraron un plan de actividades que
cubría los aspectos docente, económico, social y material. En el área
económica se especificó la organización de cooperativas comunales y en
el aspecto social, se hizo énfasis en
las campañas antialcohólicas y antifanáticas. El gobernador del estado,
Benjamín Romero, aprobó el plan y
se comprometió a dejar libres de impuestos a las futuras cooperativas de
campesinos, «lo cual no afectaba
tanto el fisco como a los rematadores de impuestos». Se suma a impulsar el proyecto el diputado profesor
Enrique Angil quien además, tramitó tierras para el beneficio de 300
campesinos. La misión y los maestros tomaron como lugar sede Dzibalché y abarcaron una zona de influencia hasta de 100 Km a la redon-

da; organizaron 25 cooperativas integradas por tres mil campesinos.
Por la acción de estas cooperativas,
los campesinos pudieron vender el
maíz a s 3.00 los 60 litros, siendo que
los acaparadores inicialmente ofrecían
s 1.50. Los precios de algunos artículos
antes de las cooperativas y después,
eran los siguientes: carne de res de
s 1.25 el Kg bajó a so.so; carne de cerdo, de s 1.50 pasó a 0.80; frijol bayo de
0.35 a 0.22; café de 1.50 a 1.10 el Kg y jabón de 0.12 a 0.8 la pieza.
La acción de las cooperativas implicó serios enfrentamientos con diputados y autoridades del ayuntamiento quienes participaban de la red
de acaparadores, además, estaban ligados (y/o fonnaban parte) con las
autoridades estatales. Este grupo acudió a la 12a. zona militar para que desarmaran a los campesinos y a los
miembros de la misión. Poco después, este grupo haría encarcelar a los
integrantes de la misión. Narciso
Bassols, tuvo que rescatarlos y enviar
a otro equipo para que continuara la
.. . da.37
1abor 1mc1a
2. El mismo profesor Gustavo Jarquín con otros maestros formaron en
Choix, Sinaloa, una alianza de comu. en 1938.38
m.dades agranas

3. El profesor Sánchez Valdés, jefe de una misión cultural en Querétaro, en 1936, organizó grupos en defensa del salario mínimo y se enfrentó
con el gobernador del Estado Saturnino Osomio. La misma misión (en
1936) ayudó a los peones plataneros
de Villa Azuela, Veracruz, a ganar
una huelga en contra de la United
. 39
Frmt. coporatJon.
4. La misión cultural No. 10 del
estado de Guanajuato asistió a Ciudad González en donde tuvo un serio
enfrentamiento con los católicos del
lugar y resultaron varios heridos. Este
acontecimiento fue muy conocido por
la coincidencia de que el presidente
Cárdenas visitó el lugar un día después del conflicto.40
Los campesinos de El Platanal,
Nay., recibieron sus ejidos gracias a
las gestiones de la misión cultural
que trabajó en la zona en 1934. En Ixtapan, Chiapas, una misión cultural
logró obtener tierras para varios poblados indígenas en 1935.41
5.

Además de su contribución a las
refonnas sociales del régimen, habría
que señalar su importancia en la organización del magisterio, tarea que
los misioneros se habían propuesto
desde 1927 ya que el contacto fre-

�cuente con los maestros les posibilitaba promover su organización.
Para finalizar habría que agregar
que dado el carácter radical de estos
equipos, en 1938 pasaron a formar
parte del Departamento de Asuntos
Indígenas y poco después, en 1939
fueron suprimidas acusadas de haberse convertido en grupos de choque
revolucionarios. En 1942 reaparecen
en la escena educativa de la federación, en una época en que se trató de
borrar el radicalismo de la década anterior.
Las misiones culturales fueron
fundamentales en la extensión de las
escuelas rurales de 1923 a 1938, en la
capacitación del magisterio y en la
difusión del proyecto gubernamental.
En lo que se refiere a su papel en la
transformación de la sociedad, pensamos que habría que partir de estudios
regionales y de mayor información
primaria. A grandes rasgos creemos
que en aquellos lugares en que el trabajo de las misiones (y de las escuelas) fue acompañado de un programa
de reformas sistemáticas se realizaron
grandes cosas, en otras regiones resultaban discursos vacíos y en otras
más, simplemente el proyecto educativo en su conjunto no logró ni siquiera instalarse.

La historia de casi veinte años de
estas instituciones refleja el cambiante proyecto político del Estado. En la
década de los veinte, en apego al proyecto liberal, la educación fungía como elemento generador del cambio
sociocultural y se evadían los problemas estructurales del sector rural;
contradicción que acarreó frustraciones al proyecto. Al final de la década,
el Estado vio en la Iglesia y en el
analfabetismo los obstáculos para el
progreso y para el control social y su
fortalecimiento político. Es durante
los años treinta cuando el Estado asume su papel en la realización de las
reformas sociales, en que la educación se vincula tanto a un proyecto
productivo como a otros factores de
transformación social y económica y,
se convierte realmente en un elemento de cambio. Es importante destacar
que con Cárdenas, la educación jugó
un papel ideológico fundamental, al
asignársele la transformación (a largo
plazo) hacia el socialismo, programa
que estuvo en contradicción con el
proyecto de desarrollo económico del
país que se encaminaba hacia el fortalecimiento del capitalismo. En suma, de 1921 a 1940, las misiones culturales debieron desarrollarse como
agentes civilizatorios, como promotores de extensionismo limitado y, posteriormente, como instrumentos de

transformación social y política. En
cada caso, la orientación específica
correspondía de hecho a un proyecto
político de matiz propio dentro de la
orientación cambiante de la Revolución mexicana.

11

12
13
14

Notas

15
16

1

Este artículo forma parte de un trabajo más amplio sobre política educativa y el sistema de educación rural en
el periodo de la revolución. Será publicado en el No. 3 de Cuadernos de

Nuestra América de la UNAM.
2 Raby, David. Educación y revolución
social en México, 1921-1940. Sep-setentas No. 141, México, 1974, p. 105.
3
Martínez J., Alejandro. La educación
elemental en las etapas de desarrollo
y subdesarrollo de México (1865-1956).
4

Tesis, UNAM, México, 1974, p. 43.
Galván L.Luz Elena. La educación en
México, 1917-1924. Tesis, UAI, México,

6

7

8

p.

práctica de la educación i11díge11a.

op. cit., p.

SEP-setentas No. 64., México, 1973, p.
113. Y Miñano García, op. cit., p. 203.
Miñano García, op. cit., p. 203.
Aguirre Beltrán, G. op. cit., p. 112.
Santiago S., A., op. cit., p. 37.
Miñano García, M. op. cit., p. 205.
Aguirre Beltrán, G., op. cit., pp. 115117:

cit., pp. 38-39.
l9 Raby L., David, op. cit., p. 105.
20 Kay Yaughan, Mary. Estado y clases
sociales y educació11 en México. T. 11

SEP 80 No. 28, México, 1982, p. 324.
ldem., p. 334.

22

Raby, D. op. cit., p. 105.
Bassols, Narciso. Obras, F.C.E., México, 1964. pp. 118-120.

2~ ldem., pp. 154-157.

25 /dem., pp. 159-163.
26 SEP. Memoria relativa al estado que

guarda el ramo de educación pública
del I de sept. de /932 al 31 de agosto
de /933. Talleres Gráficos de la Na-

Santiag? Sierra, Augusto. las Misiones culturales, SEP-setentas No. 113,

ción, México,
28 al 32.

1933.

Documentos del

México, pp. 12 y 22.
ldem, p. 23 y Galván, L.L.E., op. cit., p.

27 /dem. , pp. 259, 269 y 270.

91.

28

Galván L.L.E., op. cit. p. 46.
Miñano García, Max, La educación
rural en México, SEP, México, 1945, p.
197.

9

ldem, p. 199.

IO

Santiago S., Augusto, op. cit., p. 23.

Sepúlveda Garza, Manola. La política
educativa y las escuelas rurales en la
década de los 30. Tesis, ENAH-INAH,

29

México, 1976, p. 63.
SEP. Memoria relativa...
45-46 y

31

1936-1937,

Memoria relativa...

p.

1937-1938,

115.

Citado por Sepúlveda

G.,

M.,

111.

Sepúlveda Garza, Manola. «Política
educativa en México, fases y características en los años 30» en: Concordia,
Aachen, Alemania, 1990, p. 90.
Sepúlveda G., M. (1976), op. cit., pp.
92-93.

32

Archivo General de la SEP, D.E.A. y
N.R., 1936. Informes 16-1-2-100.
SEP, Memoria relativa... 1936-1937, p.
37.

34
35

Raby, D. op. cit., p. 191.
Sepúlveda Garza, M. (1990) op. cit., p.
91.

36
37

21

23

30

33

17 · ldem., p. 117.
18 Santiago s.. A., op.

1975, p. 89.

5

Aguirre Beltrán, Gonzalo, Teoría y

38
39

Raby, D., op. cit., p. 192.
Archivo General de la SEP. Instituto
de Orientación Socialista R-44, 1935.
Cooperativas en el estado de Campeche 16-21-8-7.
Raby, D., op. cit., p. 115.

40·

Idem., p. 143.
/dem., p. 160.

41

ldem., p. 123.

�RECORRIDO

Julieta Reneé
...entre
viejas huellas
las mías
nuevas
los sonidos de mis pasos
mi sombra
silueta rodeada de sol
a la que sigo
paja y hojas secas
a un lado
un viejo y un niño
abrazados caminando
frente a ladrillos descamados
huecos escaleras
ruidos de palas metales
entreverados de trinos
y vuelos bajos de pájaros
hombres sembrados entre pasto
el kikirikí de un gallo
más allá una pareja
se entrecruzan
aparece desaparece
una malla
dejando transparentar
hierbas
que se entremojan
con agua
brotando chorros

un girasol solitario
se yergue
matizando de sombraluz
mis pensamientos se detienen
en la tierra desmoronada
arcos balcones techumbres
pelambre blanconegra
corre gozoso un perro
levantando polvo
montones de piedra apilados
paredes grises
rojas tejas
rejas repitiéndose
ventanas oscuroclaras
una barda invadida
de multitudes de pétalos
de tonos bugambilia
verdes entreverados de ocres
pardos cafés oscuros
lisos rugosos
de cortezas
entre niebla
de mañana
a orillas de la avenida
que de pronto da vuelta
de nuevo mis huellas
confundiéndose con otras
un perro dormido
mis pasos que regresan ...

�GLORIA
COLLADO:
SIGNIFICADOS
,,
,,
«MAS ALLA DEL LENTE»
VAGAMUNDO: FOTOGRAFÍA E INSTALACIONES

Mario Herrera
SEÑAS /RESEÑAS/
CONTRASEÑAS

1. Antes de hacer una lectura de la
obra fotográfica de Gloria Collado
(Pinacoteca de Nuevo León) conviene hacer una adecuada introducción
sobre eso que yo he llamado «artecuestionamiento», el cual haciendo
de lado toda clase de tesis nos arroja,
simplemente, la pregunta: ¿qué significa esto? Veamos:
a) Gloria Collado está persuadida
de que la fotografía ha caído en formas convencionales de tipo cliché,
que en el fondo aportan muy poco o
nada a la exploración de la verdad de
lo que nos rodea ni a la conciencia.
Vivimos en un mundo de fotografías
de «la obviedad», que son las que satisfacen nuestra curiosidad cotidiana
y rutinaria: foto-belleza, foto-recuerdo (familiar y social), foto-información, foto-publicidad, foto-erotismo,
foto-ilustración de textos, etcétera.
En suma, lo que podríamos llamar fotografía «calmante», la que nos persuade del poder aclaratorio de la cámara oscura al mostrarnos un hecho
inmediato y concreto.
Y ella ha asumido la tarea de invertir esa vieja y aplastante rutina
dándole a la cámara oscura una dirección opuesta: la del cuestionamiento
de nuestro mundo circundante para
replantearlo, para llamarnos a la ingente tarea de juzgarló. Yo me atre-

vería a calificar su arte como «planteamiento crítico integral» ¿Un retorno a la agonía de las grandes pregun-.
tas? Así es.
b) La pregunta es, y siempre ha sido, la clave del saber humano y de todo
juicio válido. La pregunta es anterior a
la respuesta. En efecto, «pregunta&gt;&gt; viene de «pre» (antes) y «ontos» (el ente).
Por contraste, «respuesta&gt;&gt; viene de
«res» (la cosa) y «positum» (el acto de
colocar una cosa en su sitio, de encasillarla en su rango). Y es, precisamente,
en aquel planteamiento interrogativo
donde se ubica esta amplia exposición
fotográfica y de instalaciones de Gloria
Collado. O, para decirlo en otros términos, nos arroja la «carga» de un desciframiento no siempre fácil, un trabajo
de hallar la verdad oculta y sacarla a
luz. Si la hallamos viene el goce del encuentro y de la revelación, y si no es
así, el amargo sentido del fracaso.
c) ¿Los lenguajes fotográficos de
que se vale la artista? Conviene mencionar los más importantes, a saber:
1. La paradoja. Esto es, dos verdades evidentes, una al lado de otra
pero contrarias. El espectador se pregunta intrigado: ¿cómo es posible que
siendo ambas verdaderas no concuerden entre sí? Y en esta coyuntura, el
espectador se lanza, inevitablemente,

a la búsqueda de esa tercera verdad
capaz de eslabonarlas, de englobarlas
en una sola verdad integrativa.
¿Por qué la paradoja? Vivimos en
un mundo de realidades contradictorias e irreductibles que parecen escapar a toda lógica y en las que la oposición entre cosas, gentes, situaciones, parece ser la ley. Y la cámara de
Collado vuelve al hallazgo de estas
aberrantes contradicciones para mostrarnos la imagen fracturada de ese
mundo que nos parece visto en un espejo quebrado en mil pedazos.
¿Se trata, acaso, de las intrínsecas
contradicciones de un mundo en
caos? ¿O es, por el contrario, el caos
de nuestras valoraciones personales
el que nos fragmenta el mundo? He
aquí las principales «papas calientes»
que esta admirable artista nos arroja
de manera insidiosa para despertarnos, para sacarnos de nuestra inveterada modorra de conciencia crítica. Y
es así que nos lanza cuestionamientos
en tomas fotográficas dobles, triples,
cuádruples, etcétera, que tienen que
ser leídas en conjunto y que disparan
nuestra atención en múltiples y
· opuestas direcciones.
Por ejemplo, «De Uno al Veinte»
(instalación) incluye varias fotos amplificadas de rostro de hombre comple-

�mentadas con objetos reales: fósil, mesa, libros. Esta obra que reúne reliquias
fosilizadas milenarias e instrumentos
del saber de hoy queda descifrada a la
luz de un factor que no está más que en
fonna subyacente: el tiempo.
Asimismo «Vacación Pennanente»
(con 10 fotos a color) es una visión
multifonne de Venecia con personajes,
situaciones, ángulos urbanos, pdificios
antiguos y modernos, interiores de cafés y clientes tomados fotográficamente en distintos momentos diurnos y
nocturnos, que nos hablan del polifacetismo de esa urbe cosmopolita, «Perla
del Adriático» enclaustrada en su propio mito y, a la vez, «abierta» a la pedestre curiosidad turística del mundo
entero. En suma: un caleidoscopio en
el que también el transcurso del tiempo
es la clave.
2. Otro de los lenguajes clave de
Collado es «la reliquia», esto es lo que
queda de algo cuando el tiempo que
transcurre lo reduce a su mínima expresión material. En la reliquia, la materia orgánica e inorgánica se identifican y homologan tomando a la disgregación, al polvo o a la ceniza
Hay dos grandes obras maestras
en esta línea: «Corredor de Agua»
(instalación) con objetos reales de la
naturaleza en la que un gran número
136

de grandes rocas carcomidas por las
aguas de un río se apoyan en una especie de alfombra de hojas secas caídas de los árboles por la llegada del
invierno. La magnitud física del conjunto natural contrastante con la arquitectura interna del museo, su belleza fonnal y el significado subyacente (el tiempo) otorgan a esta pieza
gran relevancia dentro de esta muestra.
Y la otra, «Sin Título» en 9 fotos
centradas con el hennoso rostro de
anciana vista de perfil, en un contexto de adobes desmoronados por el
tiempo resulta de una fuerza patética
indescriptibles. Mensaje, calidad fo.
tográfica, detallismo, texturas de materia orgánica e inorgánica convierten
esta pieza en una verdadera joya.
La reliquia asume formas muy
originales en la obra fotográfica de
Gloria Collado.
3. Reciclaje de material de desecho. Representa uno de los aspectos
más originales y audaces de su obra
en cuanto recupera material echado
a perder por errores de la toma, colocándolo al lado de las tomas logradas a la perfección. Vemos «la gestación» y «los dolores de parto» que
preceden normalmente a la obra
bien lograda y caminamos por los

oscuros senderos por los que marchan el fotógrafo y su cámara antes
de hallar «la luz del significado».
Desenfoques, encuadramientos
equivocados, tomas movidas, forman
parejas con tomas correctas, hablándonos así de la aventura implícita en
toda fotografía cuando el manejad11
de la cámara oscura trae «in mente•
un propósito concreto y no lo alcanza, sino después de ingentes intentos
de acercamiento. Porque (esto losaben todos los fotógrafos, aun los más
profesionales), la verdadera fotografía no es un automatismo tecnológico
de perfección formal, sino más que
eso: el logro del «significado».
Nos encontramos ante una inversión del procedimiento fotográfico
usual (proeza de Collado) en la que
tanto el intento como el resultado se
cambian en su polaridad: no es el
automatismo ciego de la cámara lo
que importa, sino el «proceso obstétrico» del significado (concepción,
gestación, parto) con todas su im·
ponderables y azarosas eventualida·
des. Porque el significado jamás
puede ser automatismo ciego, sino
acto humano de elección libre y, por
lo tanto, azar, riesgo y accidente.
Aparece así en el arte de Gloria Collado «lo imponderable» como mensaje medular.

4. Antiesteticismo de tipo fonnalisra. Otro de los mitos que Collado arroja
¡x&gt;l' la borda

es el de la fotografía como
«fabricación de belleza óptica» que se
ha convertido hoy en día en un nefasto
ytedioso cliché. Ella lo sustituye por el
del e1significado de la espontaneidad»,
esto es, el del hecho capturado sobre la
marcha y al azar en lo que lo intempestiva da la tónica fundamental. Parte del
(lincipio de que la realidad «viva» ja' más obedece a esquemas fijos ni repetitivos. De ahí su ostentoso desprecio de
toda fonna de programación y la búsqueda de la emergencia, de lo que aflora «por sí mismo» en el contexto del
entorno con toda su inesperada presencia.

La realidad «viva», que ordinariamente nos sale al paso, jamás es «bella» en el sentido convencional, y trae
consigo el lastre de abundantes imperfecciones, limitaciones y contradicciones propias de todo fenómeno
físico y humano (individual o colectivo). La realidad es «turbia» en la entraña de su autenticidad, y toda «filtración esteticista de programación»
es una mistificación y un maquillaje
falsificador. Y Collado acepta esta
•turbiedad» de lo real genuino en
multitud de fotos; «Vagamundo» resulta ser un registro de lo que le ha

Tomado de El Norte,

19 y 27 de enero de 1996.

salido al paso en sus viajes en una especie de diario infonnal enteramente
despreocupado en materia de estética
fotográfica. Así, su faena se instala
en lo que yo he llamado «antimetáfora», esto es, el total divorcio con las
viejas analogías poéticas entre lo real
«vivo» y los esquemas conceptuales
que fueron típicos de la fotografía romántica del pasado. Un repudio de
aquella obscena «alcahuetería» poética del ayer.
Collado jamás incide en el frío y
objetivo «documentalismo» que convierte a la cámara en simple instrumento «copista» de una realidad meramente fáctica del fenómeno externo. Su visión va siempre más allá del
documento y se instala, como he dicho, en la búsqueda del «significado»
que la cámara, por sí sola, jamás podrá detectar y que incumbe de una
manera exclusiva al acto creativo estrictamente personal y humano.
¿lntranscendencia estética c!e la
obra de Collado? Así es, pero como
tributo y sacrificio en aras del «sentido ontológico de lo real» y azoro ante
su enigma fundamental. En el fondo,
toda la obra de Collado obedece a este propósito ontológico profundamente indiferente y despectivo de la esté-

tica convencional, limitadamente formalista con todos sus vanos espejismos y sus fútiles seducciones visuales. De ahí que la lectura del arte de
Collado sea extremadamente difícil
para los no iniciados.
5. No han faltado quienes invoquen a Marce) Duchamp como antecedente de la obra de Collado. Yo
rechazo de plano tal antecedente. El
gran iniciador del dadaísmo venía
del tronco cartesiano que elevaba la
Razón a nivel mito, convirtiéndola
en juez supremo de la verdad en todos los órdenes de la vida, de la naturaleza perfectamente descifrable
por vía de crítica racional. Todo esto
es reliquia porque la muerte de los
mitos ha descartado incluso al de la
Razón. Y ahora esa nada metafísica
replantea de modo distinto el enigma del ser. Ahora estamos en los
grandes replanteamientos y no es la
Razón la que nos guía. Padecemos
la agonía de la Nada y ante esta última reaccionamos de un modo elemental (no racional) «buscando el
mensaje trascendente del Ser». Aquí
se ubica la faen¡i fotográfica de Gloria Collado como la de muchos otros
que ya he reseñado.

137

�DOS ESCRITORES DEL NORTE
DE MÉXICO

Gabriel Trujillo Muñoz
Miguel Covarrubias (Nuevo León)

Siempre que uno lee el nombre de
Miguel Covarrubias sabe que el fantasma de Monterrey anda rondando a
su alrededor. Conozco la trayectoria
de don Miguel por lo que me han
contado Minerva y José Javier Villarreal de ese maestro suyo que tuvo un
peso considerable (lo mismo que ese
viejo librero español entrañable que
es Alfredo Gracia Vicente), en sus
respectivas vocaciones literarias,
cuando andaban en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Autónoma de Nuevo León, donde
Covarrubias les dio clases y más tarde, cuando fue director de la revista
Deslinde de la UANL.
El primer libro de don Miguel
Covarrubias que tuvo alcance nacional, fue su poemario Pandora (Permia, 1987), donde descubrimos a un
poeta de versos breves y conmovedores que, como explicara el propio
Gracia Vicente, ha creado una literatura que se caracteriza «por la concisión, por la precisión», la poesía de
«un intelectual cabal... que participa, cuando trabaja y cuando sueña,
dando siempre de lo suyo, en el perfeccionamiento de la sociedad a la
que pertenece, un humanista en acción (que) vive la sencilla grandeza
de aquel a quien nada de lo humano
le es ajeno». Un hombre de letras

que sabe que estos son malos tiempos y que en ellos, el poeta no es:
... sino un hombre
temeroso
que agita su sinceridad
como una bandera blanca
en tiempos de pillaje.

El segundo libro de circulación
nacional de este autor regiomontano,
nacido en 1940, es Junto a una taza
de café. Conversaciones (1994),
cuarto título de la colección Más
Allá de Ediciones Castillo de Monterrey, que agrupa, como Abraham
Nuncio lo dice en el prólogo, una
serie de entrevistas, en que los temas que don Miguel «documenta
son aquellos sobre los cuáles él ha
opinado: la condición del escritor,
su materia de trabajo y circunstancias, sus definiciones, sus fobias y
filias ... Creo que el lector compartirá
conmigo ... la impresión de hallarse
frente a una voz que conduce, seduce y traduce la de otros dispuestos a
conversar, a recuperar para la praxis
humana, ese espacio ritual tan estigmatizado por los tecnócratas y otros
témpanos: el que rodea dialogante a
una taza de café. Inconfundible, esa
voz no podía ser otra sino la de un
poeta». Sí, pero también la de un
promotor cultural e intelectual de
primer orden para el desarrollo de la
cultura en el norte mexicano.

Reconozco aquí que el título del
libro de don Miguel, Junto a una taza
de café, me causa envidia. Me hubiera gustado que fuera el título de algunos de mis libros. Tal vez porque
también yo pertenezco a esa misma
hermandad, la de los degustadores de
ese líquido cálido que tantas conversaciones y textos ha provocado en la
historia de la literatura universal. Deberíamos organizar, ahora lo pienso,
un coloquio internacional bajo el
nombré de «Café y literatura». Estoy
seguro que don Miguel estaría en primera fila y tendría muchas anécdotas
que platicamos. Pero mientras se llega ese día, me conformo con leer lo
que Miguel Covarrubias explica desde su posición de cómplice leal de la
literatura, de maestro y aprendiz a un
mismo tiempo: «yo he recibido muchas enseñanzas de hombres que he
conocido, de carne y hueso, y también las he recibido de los grandes
maestros que son los escritores. De
todos ellos aprendí que el arte es forma, que el arte no es una mera explosión del sentimiento o una confesión
personal, sino que es conjunción, trabajo, elaboración. A eso me refiero
cuando afirmo que el arte es forma.
Pero el arte no se reduce a la forma
que es término. Implica una vocación
vital, una forma de vida, de ser, de
sentir. Significa también un modo de
absorber la cultura, las costumbres
que nos pertenecen».

Desde mi mesa de Sanborn's, en
Mexicali, levanto mi taza de café y
saludo a don Miguel Covarrubias,
un escritor que conoce a la perfección el diálogo y el conjuro, la palabra que argumenta y la que abstrae,
el aforismo feliz y la frase amistosa.
Un poeta equilibrado como pocos,
conversador nato, que sabe escuchar
y ser escuchado sobre las quimeras
que pueden soñarse y vivirse entre
los comensales al banquete de la literatura, frente a una taza donde el
espíritu del café humea, como un
genio bondadoso, y nos gratifica con
sus dones. Como lo dice el famoso
historiador galo Fernand Brudel en
su monumental historia del capitalismo: el café es la bebida por excelencia, desde el siglo XVIII, de «los
buenos conversadores, los hombres
ingeniosos y las mujeres elegantes».
¿Quién quiere discutir semejante
aserto? Basta con sentarse y abrir las
páginas de este libro y allí estará, de
cuerpo entero, don Miguel Covarrubias, editor, poeta, periodista y promotor de la literatura regiomontana
para iniciar la plática, para dialogar
en confianza, junto a la taza de café
de nuestra cultura en común.

Eduardo Arellano (Zacatecas)

Un hombre joven observa el cosmos
desde Zacatecas, oye los pasos fan-

tasmales de Ramón López Velarde
por la calle empedrada, prende un cigarrillo y escribe: «Solo, me siento a
escuchar las horas / que frecuento, el
otro atardecer, las otras / lunas. Adoro vagar en silencio / sobrenadar en la
última luz, hundir el cuerpo / en la
galaxia muda». Por eso Armando
Adame explica que Eduardo Arellano
(Zacatecas, Zacatecas, 1959) ha creado una «poesía, en suma, nada superflua, poesía que no entrega a la primera lectura, poesía de factura cuidadosa y más de madurar la chispa contenida en el instante, que de aprovisionarse en el fogonazo».
Debajo de esa agua calma que
fluye por su verso y que es espejo
cordial de su persona, en la poesía
de Eduardo Arellano se localizan
turbulencias y se ag_itan remolinos
que sorprenden por la manera en que
nuestro poeta los presenta al mundo,
es decir, con la misma parsimonia y
lucidez con que describe otras realidades más contemplativas y domésticas. Aquí, en etas corrientes letales
y en estos médanos oscuros, el poeta
abre las puertas del lenguaje y deja
que salgan al escenario del texto sus
miedos y obsesiones personales con
un gesto cómplice de impresionante
honestidad. Esta especie de autoanálisis poético es parte fundamental de
su primer poemario, Diáspora o pasión (Praxis / dos filos, UAZ, 1985),

donde Arellano despliega las voces
bestiales que lo acompañan y lo
arrullan:
Habla la fauna
Entre las ramas
Del cerebro humano
En la noche
Los críos de una casa minúscula
Vienen a mi alcoba
Y crecen
Mentira que me hablen personas
Cuando duermo
Yo escucho de mi almohada
Los alaridos verdes
El eco de los monstruos

En su obra más reciente -la escrita a una década de distancia de Diáspora o pasión-, Arellano ha continuado decantando sus versos y ha seguido siendo fiel al manifiesto poético que desde mediados de los años
ochenta y en Zacatecas había hecho
suyo: «Mis esperanzas están en el
presente», un presente que, por azares
del destino y fortuitas circunstancias,
hoy se localiza para Eduardo en el
septentrión mexicano, en Mexicali, la
capital del estado de Baja California.
Es aquí, en este norte fronterizo, donde ha sido publicado su segundo poemario, Desierto de palabras (ICBC,
1944). En esta colección que contiene
tres poemas largos: «Solar», «Focal»
139

�UNIDAD Y PRESENCIA EN LA OBRA
ENSAYÍSTICA DE ALFONSO
RANGEL GUERRA

Jeannette L. Clariond
La cuarta presencia, compendio de

y «Tiempo visual», su poesía se adelgaza hasta la médula del hueso. Poesía osamenta) y sacramental a un mismo tiempo. Escrita con luz y arena.
Hecha de reverberaciones y tolvaneras. Adscrita al ritual del soñador sediento y al ceremonial del que se ha
perdido en el desierto para encontrarse consigo mismo, para recuperar su
memoria y trascendencia. Poesía de
la sencillez y el silencio. Austera por
vocación, por compromiso. Ascética
para purificar con ello el lenguaje y
volverlo nuevamente un instrumento
de profecía, una palanca de palabras,
un solar de signos que reclaman una
poesía a su imagen y semejanza, a su
intuición y arbitrio:

1

Mis ojos reflexionan
Tocan las cosas sin saber que existen
Si están a esa distancia
O más lejos o más cerca
Dudan
Están abiertos y dudan
Todo está suspendido
Es un mar es un campo desnudo
Es un solar de ánimas
Un desierto

,,

La poesía de Eduardo Arellano se

define a sí misma como «un espacio
que es dueño de su propio impulso» y
que dirige tal impulso, con extrema
transparencia, «hacia el gran espejo de
lo vivo». El desierto es, aquí, una página en blanco donde el poeta siembra
luz y cosecha misterios para el ojo.
140

Poesía que surte imágenes al lector
que se les aproxima con todos los sentidos dispuestos para «ver tras el ver»,
para percibir el tiempo visual, el «edén
repentino» del desierto que es palabra,
de la palabra que es luminosidad y
energía, vibración del ojo que captura,
frente al universo que despliega sus
trucajes, la incesante vastedad de un
mundo que transcurre, de una realidad
que nunca es la misma.

Y en movimiento está la poesía
de Eduardo Arellano: uno de los
afluentes más ricos y personales con
que cuenta la literatura mexicana de
este fin de siglo. Un escritor que apenas hoy comienza su vendimia. Y su
cosecha es ya luz inextingible, fulgor
abstracto. Leyéndola, uno descubre
cómo «el cuerpo aprende a brillar cobre la arena», cómo es que la luz contiene tanta vida, tanto desierto.

Arena y sol y entre ellos nada
Para ilusión de la que todo nace
Poder del tiempo que se ha
hecho polvo
Absorto por la luz y movimiento.

De Puntos cardinales, Larva, Mexicali, 1995, pp. 51-55.

veinte ensayos, es el libro que hoy
nos ocupa y en el que encontramos a
un autor que se afirma como si se tratara de un testigo que ha podido asistir, y por lo mismo asimilar, diversos
entornos y lugares que abren para él
el mundo de posibilidades que el otro
ofrece: Kafka, Lowry, Garcilaso,
Bias de Otero, son sólo algunos de
los personajes a los que Alfonso acude para que, en base a sus experiencias, él mismo se pueda responder, y
con ello dar cuenta de su propio drama existencial.
Alfonso abre su ventana para salir hacia el mundo del otro y permitir, a la vez, lo que el artista tiene
que ofrecer. Como tal, sabe que ha
de descender hacia dentro de sf mismo -para decirlo con Novalis-:
«Llegar primero al mundo interior
para con ello alcanzar el mundo verdadero». No se trata, entonces, de
preguntarse cuál es el real, si el de
uno mismo o el del otro, sino, más
bien, lograr alcanzar el proceso integral que permita cotejar, asociar, vincular ideas y establecer diferencias
para que de ahí brote el verdadero
conocer, la luminosidad.
La cuarta presencia trata, pues,

de mostrarnos el cómo han soluciona-

do los otros este drama para lograr revalorar, en esta forma, nuestra propia
situación. El autor no se vale para
ello específicamente de la lírica, la
narrativa o el género dramático, y sin
embargo, sí utiliza el ensayo como un
medio de integrar todos los anteriores. Construye armazones en imágenes a manera de collages en donde el
sentir irrumpe desde la tarde, que es
la vida, o desde un otoño deshojando
ideas, dejándolas caer en la escritura
de quien ya se sabe dentro.
El autor ha transitado la luminosidad del día, las mañanas con sus fuertes
impulsos al inicio de la vida; y sin embargo, hoy quiere presenciar la tarde,
repensar desde otra perspectiva el diario
acontecer, entender -ya desde este otoño- lo que sin duda bordea sus sentimientos; mas no son las hojas quebradizas de esta estación lo que entrevemos,
sino el sólido tronco que por sí mismo
se sostiene para, desde su lugar, contemplar y asimilar lo que la vida por sí
misma le ha dejado.
Me valgo de lo anterior para referirme al ensayo sobre el simbolismo
del árbol que él titula: «Los árboles y
la literatura», para a través de éste
ahondar con un aspecto que, como
punto de arranque, me parece esencial, ya que el autor inicia su discurso

precisamente con el árbol del paraíso:
el del conocimiento. Entonces nos
preguntamos cómo y qué es lo que el
hombre puede llegar a conocer si desde los comienzos y en tantas narraciones míticas aparece una forma de
castigo por acceder a ello. Pareciera
entonces como si el autor nos estuviera anunciando su entrada al mundo
del saber a través de probar del fruto
prohibido. Esta figura del árbol, misma que el autor encuentra en Garcilaso, Machado, Bias de Otero, ha aparecido en tantos otros autores en la
historia de la literatura ya que en ella
se logra simbolizar la vida en evolución, es decir, la vida en libertad que
sólo alcanza quien se atreve a probar,
aunque al hacerlo, pierda por ello su
unidad. Resulta por demás interesante
destacar que -aunque se trata de una
figura universalmente extendida- el
autor haya seleccionado esta figura y
no otra entre tantas (aunque adelante
abordaremos el tema de la lluvia,
mismo que guarda una estrecha relación con el primero) ya que se trata
del modo como el hombre puede llegar a conocer, aunque dicho conocimiento conlleve necesariamente la
pérdida de la unidad primigenia.
En un estudio reciente, Hélene Cixous (La risa de la Medusa) retoma,
no precisamente la figura del árbol,
141

�pero sí la de su esencia: la manzana,
para en ella encontrar la posibilidad
de conocimiento al que, desde los
tiempos bíblicos, parece tener acceso
la mujer. Es decir, es en la figura de
Eva. la mujer -y no en la del hombre- en quien se ha depositado dicha
capacidad. Encontramos, sin embargo.. que los ensayos de Rangel Guerra
·son la tentativa y el logro del autor
por llegar, a través de un Otro, a encontrar los medios que le permitan
este verdadero conocer mismo que se
obtiene por vía del diálogo y la reflexión. Es decir, él decide comer el fruto; analiza, reflexiona, discurre, por
ello se adentra a la vida de personajes
como Kafka de quien dice: «Su condición interior saturó su vida y dio
perfil a su angustia vital» (p. 16).
Entrar en esta condición, permitirse
el ahondar en la angustia vital para recuperar la unidad perdida, es lo que se
pone de manifiesto en los diversos ensayos del autor, en los que encontramos
los diversos estados de ánimo por los
que atraviesa el hombre, mismos que
logra plasmar a través de diversas metáforas como la lluvia: «Llueve en mi corazón como llueve en la ciudad» cita de
Verlaine, y a través de esta lluvia nos
percatamos de la sensibilidad de Alfonso para transformar en imágenes los
sentimientos que la sola lectura de un
142

final de cuento de Vladimir Nabokov
pudo suscitar.
Pero volvamos de nuevo a la metáfora. Si bien en la figura del árbol
se busca encontrar el conocimiento y
la introspección (sabiduría), en la figura de la lluvia encontramos igualmente la alusión a ese estado de alerta más que de ánimo, podríamos decir, ya que en este sentido, es en el
agua en donde se da siempre la renovación. Encontramos dicha referencia
igualmente en las alusiones bíblicas
ya que el hombre que no posee sabiduría se le compara a un vaso roto
por donde escapa el conocimiento
(véase Ecl. 21, 14). De nuevo se pone
de manifiesto el deseo del autor por
llegar a saber por medio de la reflexión pausada que alcanza en medio
de esos estados de ánimo que el agua
de lluvia logra evocar.
Pero también la lectura de diversos autores llevan a Alfonso a explorar: Miguel Hernández de quien nos
hace recordar su poema: «A mi gran
Josefina adorada» y cuyo cierre de
nuevo confirma la actitud frente a la
vida que preocupa a Alfonso:
Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel. (p. 48)

Esta actitud frente a la vida nos
acerca igualmente a Cioran y a Reyes, en donde el autor deja clara su
preocupación por conocer el origen
de aquello que mueve al hombre a escribir, a escudriñar en su ser. Este lúcido ensayo es quizá el que muestra
con mayor claridad la idea del autor
sobre ese constante debatirse del
hombre su postura frente al arte y
frente a la vida misma. Sabemos que
el hombre es un ser marcado por el
conflicto, entonces, nuestra preocupación ha de centrarse, no en la historia del hombre en sí, sino en la historia de la reparación. Es importante
destacar la propuesta que sobre el arte presenta Reyes como aquello que
capacita al hombre para integrar su
ser: «Conquistar la unidad es, no sólo
tu empresa artística, sino acaso tu misión humana por excelencia.» Rangel
Guerra sabe, con Reyes, que la misión del artista ha de ser la de facilitarle al hombre el acceso a un mundo
en donde éste sea capaz de articular y
dar sentido a su existencia haciendo
de esta vida una más vivible. «Piensa
en ti, dice Reyes, según el mito de
Osiris; piensa en ti como si nacieras
despedazado y tuvieras que juntarte
trozo a trozo» (p. 58). Llama mi atención la forma como todos y cada uno
de estos ensayos van ligados a ese in-

tento del hombre por recuperar su
unidad.
Si bien la figura del árbol nos remite a la idea y a la ineludible tarea
de vivir como seres arrojados por
atreverse a conocer, el árbol de la vida posee, por otra parte, el sentido de
carácter del centro. Es decir, el árbol,
dado que sus raíces se sumergen en el
suelo y sus brazos se elevan hacia el
cielo, posee la peculiaridad de representar ese vínculo de unidad cuyo sinónimo es ser «eje del mundo».

encontramos la voz de aliento que dice: «Hacer literatura para darle ese
sentido a la vida», en Cioran leemos
que «Lo que queda es el vacío». Sin
embargo, hoy sabemos que ese vacío
no es realmente un vacío ya que es
algo que corresponde a una falta de.

Continuando con esta idea vemos
que lo que Reyes destaca aludiendo al
mito de Osiris, a la fragmentación, a la
desgarradura en Cioran, es algo que ha
venido presentándose en las diversas
culturas de la humanidad -tenemos
igualmente el caso de la Coyolxauhqui
en las culturas precolombinas-, es ese
sentirse castigados, arrojados de algún
paraíso, situación que sólo el arte puede
venir a resolver.

Personalmente pienso que también es posible crear a partir de esa
falta, es decir, desde la nulidad. Encontramos que se crea desde el infierno en el cual se instalan ciertos personajes de las novelas como es el caso
del cónsul en Bajo el volcán de Malcolm Lowry, que no es otro infierno
que el que le tocó vivir al propio autor en medio de la culpa, la embriaguez y el desamor; quizá sea desde
este abandono en donde empieza a
crear. Abandonarse a uno mismo, nos
pide Marguerite Duras. «La iniciación al exilio comienza cuando comienza el abandono» señala Rangel
Guerra recordando a María Zambrano.

Rangel Guerra nos presenta la doble alternativa, la de Reyes y la de
Cioran. Mientras que en el primero

Desde el exilio nos han dejado sus
mejores letras los grandes escritores:
Elena Garro, Fuentes, Reyes, Cortá-

zar, Borges, Paz. Luego, uno se pregunta: ¿Abandonarse ante quién o para quién?
La escritura no es otra cosa más
que ser lo que no se quiere ser, decir
lo que no se quiere decir, recuperar lo
que se quiere olvidar. En una primera
instancia se parte de un disimulo, de
un pretender que la vida es del modo
como la queremos ver. Pero luego se
está frente al Otro, se escucha su voz,
la de Lowry, la de Reyes, la de Rangel Frías, la de Cervantes, la de Colón. Voces que aprendemos a integrar
como si se tratara de nuestra voz, la
que escuchamos o la que negamos, la
que detestamos o la que admirarnos,
la que hablamos o la que callarnos.
Pero al fin de cuentas, nuestra voz
porque este libro, aunque parta de la
visión del Otro, no podría haberse
conjugado en una serie de ensayos si
no se hubiera asumido con honestidad lo que a partir de ese Otro se escuchó.
Octubre, 22, 1995

143

�BRÚJULA SOLAR, ORIENTACIÓN
ENTRE ESPACIO Y LUZ
En la lucha del artista no hay frente más seguro que su obra, y es en ésta donde se
puede encontrar una continuidad, un seguimiento, o donde se manifiesta una ruptura,
donde se puede hablar de originalidad o donde habla la retórica de un movimiento.

Minerva Margarita Villarreal

Angélica Tijerina
Minerva, como ella bien lo dice: «un
buen antólogo es el autor del crimen
y el detective del caso», asume su papel. En su antología se dedica a seguir las pistas de los poetas que ella
considera dan la pauta en este recorrido. La poesía en el lapso comprendido de 1876 a 1992.
El estilo de Minerva Margarita
Villarreal es directo y muy claro, no
se esconde en inútiles retóricas. Nos
aclara en un principio la directriz de
su poética: «La poesía es como los
hombres imprescindibles de que habla Brecht. Queda lo que perdura y
perdura lo que comunica, lo que trasciende contra el desdén del tiempo».
El compromiso de la autora es con la
poesía, con esa poesía que descubre
un entorno, que palpa el sentimiento
de hombres y mujeres que habitan o
habitaron esta tierra: es un dar fe del
espíritu más elevado de esta región.
En su estudio preliminar Minerva introduce el planteamiento de su análisis, nos advierte que son pocas las
voces pero que las hay, que también
se trata: «...de coros, de alrededores
que anuncian presencias».
Esta es una antología que entre
otras cosas nos lleva a recuperar la
historia regional, que nos complementa un camino en el que se han
144

gestado momentos trascendentes en
nuestro estado.
La figura imponente de Padre
Mier, el inicio de los movimientos
culturales en este siglo con Celedonio
Junco de la Vega y su hijo Alfonso.
La personalidad de Porfirio Barba-Jacob, sus fugaces estancias y la repercusión de sus actividades.

Brújula solar, orientación entre
espacio y luz, entre entorno y luminosidad. El sol de Pedro Garfias taladra
la tierra mientras que el de Alfonso
Reyes lo alumbra y sigue sin importar fronteras. La luz se observa, se
percibe, en una suerte de geografía
humana; el sol como canto, como expresión profunda y alta del ser.
También Brújula solar es una
obra de una autora madura, de una
antóloga que apuesta sus conocimientos y experiencias. Los juicios críticos de Minerva son acuciosos y certeros. La idea de conjuntar a los poetas en grupos de dos o más de acuerdo a la generación que correspondan
es una metodología que conlleva a
presentar un panorama de sus logros,
aciertos e inconsistencias. Las relaciones que entre ellos se establecen
de acuerdo a sus poemas y también
los contrastes.

Como en el caso del poema de
Miguel Covarrubias donde la crítica
del entorno está presente o aquél de
Cantú de la Garza en el que se autocritica.

como hacer planes al comprar un
billete de lotería
y ver morosamente anuncios de
viajes;
como ser grande en sueños:
así somos.

El de Covarrubias dice:

DIRIGIDO A UN PINTOR
Si temes irte
Por consideración a tu ciudad
Despreocúpate
Aquí poco vale tu arte
Porque la bolsa de valores
Fornica con el cabildo
Sin recato artístico
Trabaja allá
Conquista otro mundo
Entonces tu ciudad te nombrará
Hijo bienamado
Y te entregará
Sus llaves enmohecidas
Por el municipal
Yemputecido tiempo
Y el de Jorge Cantú de la Garza,
como nos dice la antóloga: «toda crítica es autocrítica, este breve poema
es ejemplar».

La selección de la obra en relación al análisis de los poemas es un
verd~dero deleite, una oportunidad de
aprendizaje de una tradición.
Para un lector que se inicia en el
conocimiento de la poesía, encontrará
en Brújula solar una guía que le permitirá introducirse y aprehender el
espíritu de la poesía en esta región.
Para el que está inmerso en ese camino podrá compartir o disentir con la
autora sus aportaciones. Considero
que Minerva ha acertado al iniciar su
estudio con los poetas actuales, pues
así nos prepara el camino: «Esta antología presenta una lectura histórica
de visión invertida. Así fue nuestro
camino, fuimos al ayer con los ojos
del ahora».
Poder situar a la provincia en
cualquier entorno con respecto a la
capital ya es un problema de difícil

resolución, situar la producción literaria lo es aún más. Los autores que
permanecen en provincia a los que
se enfilan hacia la capital tendrán
que probar su trabajo, esforzarse por
demostrar que están en los niveles
requeridos. Finalmente el centrp sigue operando como prueba, como
repercusión editorial. Esta antología
nos da la oportunidad de la reflexión. La autora nos marca, bajo su
juicio, caminos más claros para reconocer al poeta, para descubrirlo á

pesar del traje provinciano con el
que lo enviste el centro, y con el
cual el propio autor especula frente
a ese centro.
Minerva Margarita Villarreal.
Brújula Solar, Consejo para la Cultura y las Artes, México, 1994.
Presentación del libro en la UANL, Capilla
Alfonsina. Noviembre 23 de 1995.

SOWEARE
Como quien hace fotografías
que nunca revela:

145

�LA DUREZA DE LAS IMÁGENES

_Silvia Mijares

146

~n el ~~imer libro de relatos de Angéhca T1Jerina, Las aristas del sueño
rompen con la lisura de la esfera y
son las marcas del tiempo en la memoria. El volumen se divide en tres
apartados: «I) Por un viaje», «11)
Ayer», «111) Sueños que son». «Por
un viaje» consta de trece relatos; cada
uno tiene una referencia geográfica,
un lugar de donde surgen todas sus
!mágenes. Angélica se sorprende
igualmente con los paisajes desérticos que con el mar o la montaña, porque ~ualquier entorno la maravilla y
despierta su curiosidad, le hace reparar en las costumbres y tradiciones de
su pueblo, en la arquitectura colonial
en la idea que tiene nuestro pueblo d;
lo sagrado. «En Semana Santa lloras
por el Nazareno y acompañas a la
Dolorosa con incienso, copal y olor
de cera y manzanilla». Repara igualmente en nuestros sabores y también
en cómo los «olores del algodón de
azúcar Y las enchiladas se pasean entre los portales. Cruje el durito entre
mis labios y la salsa se derrama en la
barbilla». En su viaje Angélica va
proyectando su interior en los diferentes sitios que le sirven de espejo
para mirarse y reconocerse en ellos.
Recordar es actualizar el pasado y
tender las redes que buscan nuestras
raíces Y con ellas nuestra necesaria
identidad. En esta ocasión abordaré
sólo un aspecto de entre los múltiples
en que se interesa la autora, la búsqueda de sí misma. «Confundí mi

llanto con el agua del mar y ya no supe qué buscaba.(...) La pérdida de mi
cinta empezaba a ser yo misma». Cada lugar revela la necesidad de ese
liallazgo: «No sé si perdiéndome me
encuentro, si huyendo el aire quiera
salir en mi busca». Colmada estará
con mil recuerdos que se adhieren a
las .~rsonas, situaciones y paisajes,
rev1v1dos por una gran pasión retroactiva que provoca «esa mutación
que me hará renacer por segunda
vez» (Charles Juliet). Las palabras en
sus escritos son los peldaños que la
acompañan para liberar los momentos atrapados en el tiempo, mostrándonos sus aristas Y sus recovecos integradores de su personal idea del
mundo.
La segunda parte - «Ayer»- la
confonnan ocho relatos, reveladores
de una manera de concebir el trato
amistoso, amoroso, la relación con la
muerte, con el dolor, con el tiempo.
«Los pasillos vacíos también se multiplican, se contraponen en mi casa
paterna Y después en la casa que acabo de abandonar, donde las habitaciones ya dejaron salir a los vivos y hoy
los muertos se encargan de poblarlos». Porque la única vida con que
contamos Yque a cada instante se nos
va, tenemos que retenerla, aunque sea
en palabras para que otros que no escriben se reconozcan en ellas. Todo
ser humano adulto ha tenido una infancia Y una juventud. Casi todos res-

guardamos esos instantes en imágenes fotográficas; unos reflejando la
felicidad en sus ojos risueños, otros
con ojos tristes y ojeras profundas,
expresando el dolor; pero sólo unos
cuantos podrán transmitir sus sentimientos a través de esos intransferibles signos humanos que son las letras. Ya sabemos que el hombre no
p_uede pennanecer en un solo lugar,
sm~ que ha de cambiar de espacio; es
dec1r, la tramoya del mundo cambia y
nosotros también tenemos que cambiar Y actualizar la vida rescatándola
del olvido. Debemos convertir la
realidad vivida en un manantial de la
escritura donde adquieren coherencia
las propias ideas entre sí y manifiestan lo que hemos sido a través de las
imágenes que privilegiamos.
Siete relatos confonnan la tercera
y última parte: «Sueños que son». En
este apartado sobresalen los encuentros inusitados con personajes de película. Con «Ojos claros, el pelo entrecano y la figura larga y delgada.
(...) Luigi era un hombre alegre, expresivo, tenía la calidez en el rostro y
me trataba muy bien. (... ) Trabajaba
en el gobierno federal de Italia y cada
año en sus vacaciones asistía como
ponente al simposio de cultura etrusca». Estas líneas retratan al hombre
ideal, con el que todas las mujeres soñamos, al culto y atractivo Rossano
Brazzi que ha estado presente en la
fantasía de todas las mujeres de una

7

f

época. En otro relato, despojada de
máscaras y de prejuicios, sola frente
al espejo establece una crítica cínica
y deja ver el lado oculto pero sobreentendido de las relaciones que se
dan en la pareja. «Platiqué que me
querías, pero por dentro te dije cabrón, porque yo sé que me utilizas
para tentarlos y después esconderme
tras .tus despojos. Dije que me daba
pena durante las cenas de tus negocios porque tomabas mis manos y las
besabas, acariciabas mi cuello hasta
el escote. (...) Tampoco mencioné
que casi nunca me tocas cuando estarnos solos, y que al llegar te quedas
dormido. No, en el salón de belleza
me pavoneé como una reina, como
cuando tú me llevas con las manos al
cuello, sobre los hombros, muy cerca
de tu pecho». Cara a cara consigo
misma, deja de lado el comportamiento formal de la vida social para
enfrentarse a una realidad cotidiana y
cruel.
En la memoria de Angélica también están las antiguas carreteras de
terracería: su mirada nos descubre la
belleza de los paisajes desolados y
polvorientos, donde la naturaleza con
cierta timidez nos muestra «entre sus
piedras el brillo de los cenizos y el
oscilar de las ramas del chaparro con
sus hojas pequeñas y espinosas». Estas experiencias capturadas en la escritura adquieren una peculiar agresi-

vidad -muy propia de los noresteñosque la traslada en el sentido más contundente, al imprimirle a su voz todo
un proyecto que debilita la dureza del
entorno y acrecienta la agresividad de
la palabra. Ya lo ha dicho Bachelard:
«El ser que forja acepta el desafío del
universo erigido contra él».
La literatura va dejando rastros de
un carácter; por eso hablar, escribir,
contar, es un acto de sublimación de
la naturaleza, donde muchas veces se
embellece y se supera la propia realidad. En ocasiones la naturaleza y la
escritora interaccionan, se humaniza
aquélla y se naturaliza ésta: «Ser juncia y hojas marchitas, fundirme con
la tierra, cubrir las piedras grisáceas,
perderme en ti». Asimismo, en otro
texto confiesa: «tendré que buscar un
fin, tendré que conciliar mis ojos con
el ave, pedir sus alas,·alzar el vuelo y
llenarme los ojos de mar y dejar que
por sus cuencas escurra la arena contenida en mi cuerpo». Para los ojos
de la sensibilidad, lo externo no es
tan interesante como aquello que llega a nuestra interioridad y nos conmueve, nos arranca un gesto humano,
nos hace descubrir lo que cotidianamente vemos: «Era soñar muy despiertos desde el pupitre del Colegio
Beatriz Zertuche». Los sueños de una
niña, la inocencia de los años tiernos
se prolongan en el recuerdo hasta la
madurez para que los instantes inusi-

tados y vividos irrumpan en reflejos
dando un testimonio de lo que hemos
vivido a través de una mirada quejamás vuelve a repetirse. Cómo olvidar
el tiempo en que descubrimos el
amor, en que la presencia del otro
permite el descubrimiento maravilloso de sí mismo. Las palabras mágicas
invocadas repetidamente por Angélica están impregnadas de dureza y solidez, nos muestran su carácter norteño. Piedras, cerros, árboles como el
mezquite, muros que la conducen a
su reencuer,tro. Esas imágenes esconden algo, son sueños o provocaciones
que acrecientan su voluntad para vencer la resistencia de su entorno. El árbol juega un papel primordial en sus
relatos: «como el único árbol viejo de
la loma, al que ni ciclones ni vientos
huracanados han podido arrancar de
esta arena siempre húmeda que acabó
por convertirse en piedra, en el peso
que me ata». Las imágenes vigorosas
que abundan en sus textos la sostienen contra todo; además son el centro
de sus ensueños y le otorgan seguridad y también flexibilidad. Para concluir, quiero suponer que Angélica
estará de acuerdo con una idea expresada por Gaston Bachelard: «El árbol
es duro para llevar a lo alto su corona
aérea, su follaje alado. Aporta a los
hombres la gran imagen de un orgullo legítimo ( ... ) y nos devuelve a la
paz de la solidez».
147

�UN CRIMEN DE MONTERREY

Cristina Gómez del Campo
El 5 de abril de 1933, Monterrey se estremece ante el brutal asesinato de
dos mujeres: la señora Antonia Lozano de Montemayor, de 54 años de
edad y su joven hija, Rorinda Montemayor de 21. El crimen ocurrió en el
domicilio de las víctimas en la calle
de Aramberri número 1026. Los cadáveres fueron descubiertos más tarde
por el señor Delfino Montemayor, esposo y padre, respectivamente, de las
asesinadas.
Este crimen, unas semanas después de ocurrido, fue novelado por
primera vez y de manera precipitada
por el escritor Eusebio de la Cueva.
Ahora vuelve a ser tema de una novela muy bien lograda del escritor regiomontano Hugo Valdés Manríquez.
Este escritor tiene 30 años y ya ha recibido el premio Alfonso Reyes por
su tesis El laberinto cuentístico de
Sergio Pitol. Tiene una primera novela The Monterrey News (Ed. Grijalbo,
1990), un libro de cuentos editado por
. el gobierno del estado; otra novela
Días de nadie trabajada como relatos
(Tierra Adentro, 1992); un libro de
crónicas, publicado por el gobierno de
Ciudad Guadalupe (colección a cargo
de Margarito Cuéllar). Actualmente
trabaja en una novela sobre el caudillo
regiomontano Santiago Vidaurri.
La novela en cuestión llamada El
crimen de la calle de Aramberri

146
148

consta de cuatro partes con sus respectivos capítulos. No es una novela
simple, de un solo plano, sino que estamos ante un texto elaborado, trabaJado en varios niveles. La historia comienza a ser contada por un narrador
en segunda persona quien se dirige a
su vez, y en pretérito, a uno de los
protagonistas: el detective Inés González, personaje un tanto silencioso y
siniestro: «Te había comisionado el
gobernador y de ningún modo aparecías como un colado en la escena ...
Pero que no te vieran apuntando con
una pistola, Inés, o, mejor, acertando
en cualquier blanco remoto o engañoso a la vista, atinando justo, como si
la voluntad estuviera en tu mirada y
el brazo sólo la dirigiera por intermedio del arma» (p. 46).
Esta actitud del narrador externo,
fuera de los acontecimientos, crea un
espacio, un distanciamiento con respecto al investigador Inés, como si
quisiera obligar a este personaje a
una auto-reflexión. En las siguientes
partes de la novela no es así, el narrador se encuentra inmerso en los acontecimientos, y sólo al dirigirse·a Inés
se volverá al distanciamiento dicho.
Es una verdadera historia policial
de nota roja, del corte de Truman Capote en A sangre fría. Desde su inicio
van apareciendo pistas, hilos que se
van entreverando en los acontecí-

mientos de la novela: el por qué se
elige a Inés como investigador, el por
qué éste decide comprarle a los asesinos en su propio negocio un kilo de
carne, el por qué de la desaparición
del niño que supuestamente había escuchado el grito de «no me mates
Gabriel, ahí está el dinero», son algunos de los interrogantes que se van
planteando en el libro.
El revivir este hecho criminal
sirve a Hugo Valdés para revivir a
su vez la ciudad de Monterrey de los
años treinta. En este aspecto es excelente el trabajo de investigación
realizado por el escritor. A través
del relato vemos surgir la ciudad de
Monterrey de esa época, la descripción de sus calles va siendo dada
tanto por el deambular de los asesinos como por los acostumbrados paseos que realizaba la familia de las
víctimas. La novela está llena de datos que la enriquecen: nombres de
los lugares favoritos de recreo como
la Quint~ Calderón, ubicación y límites de los barrios, orígenes de estos mismos como el de San Luisito,
formado por las migraciones de habitantes de otros estados como San
Luis Potosí; teatros, salas de cine
como la Bernardo Reyes, «simple
barracón comparada con la Terraza
Zaragoza», como exclamaba la señora Antonia, y que pronto disfrutaría de un moderno sistema de refri-

geración. También es grande la lista
de marcas de automóviles, muchas
de ellas ya desaparecidas, así como
es clara ya la presencia del confort
norteamericano, sobre todo en las
clases acomodadas como a la que
pertenece el investigador Inés González, quien posee ya en su hogar
varios de estos aparatos. Otra presencia es la de los repatriados, los
ilegales de ahora, que en los años
treinta y debido a la difícil situación
económica que vivía Estados Unidos, se vieron en la necesidad de regresar a su país, y que en el caso de
esta novela son los primeros sospechosos del crimen.
Como se dijo anteriormente, este
libro no es algo simple, sino que ofrece una estructura trabajada. En el primer capítulo es a través del narrador
quien, dirigiéndose a Inés, nos entera
del horripilante asesinato, así como
de las primeras detenciones; en los siguientes capítulos se van a ir intercalando las conjeturas de los investigadores, las notas periodísticas, con los
careos entre detenidos y con los hechos ocurridos, donde vemos la cali-

dad de Hugo Valdés, para ir dibujándonos la calaña de los asesinos, necesaria para la ejecución de un crimen
de esas dimensiones.
Otro de los recursos utilizados por
el escritor es la inclusión de un hecho
dentro del discurrir de los acontecimientos que se van narrando, como
sucede en el capítulo 9 de la tercera
parte, cuando Inés decide visitar al
cura del templo de La Luz, quien
mantenía relaciones con la vecina de
las asesinadas, y con la cual tenía un
hijo, aquél que supuestamente escucha el grito de «no me mates Gabriel,
ahí está el dinero». La intercalación
de la discusión que se había dado entre la asesinada y su cuñada días antes del crimen y cuya causa lo eran
los amoríos del cura, y que doña Toña sabía debido a la v_ecindad y a la
imposibilidad de no escuchar ciertas
cosas, y que se rehusaba a denunciar.

Gabriel»? Son cosas que el autor deja
en el aire pues los escándalos con la
curia espantaban todavía por esos
años al mismo gobernador. Pero el
por qué se eligió a Inés González para la investigación Jo sabemos al final
de los acontecimientos, en la manera
bárbara de aplicar la justicia: la ley
fuga, muerto el perro se acabó la rabia, muy al estilo todavía de la época
de don Porfirio. Entonces sí entendemos el por qué del narrador en segunda persona que escogió el escritor para dirigirse a Inés González.
La novela termina narrándonos un
concurso de «yo-yo» que tiene lugar
en la Alameda precisamente el mismo día del asesinato, en el momento
en que se deja escuchar las sirenas de
la policía y de la ambulancia del Hospital González que van a toda prisa
hacia el oriente de la ciudad.
Hugo Yaldés Manrfquez. El crimen de la

¿ Quién dejó la huella de manchas

rojas que corría de la calle de Aramberri hasta la carnicería de los asesinos? ¿Qué pasó con el testimonio del
niño que escuchó el «no me mates

calle de Aramberri, Ediciones Castillo,

Monterrey, 1994.

149

�LA TAMBORA Y EL CLARINETE
DEL NORESTE
UNA DESCRIPCIÓN CONTEXTUADA DE LOS INSTRUMENTOS

Raúl García Flores
REGIÓN
De cómo identificar una tradición
En México existen muchas tradiciones de música regional, algunas más
afamadas que otras. En todo el mundo es conocido el mariachi, el conjunto huasteco o la marimba; sin embargo, apenas se ha difundido la tradición norestense de tambora y clarinete. El conjunto recibe varias designaciones y cada una de ellas tiene su
razón de ser. Se le puede conocer llanamente como tambora y clarinete,
como tamborileros debido a su percusión distintiva, la tambora, otras personas lo identifican como picota,
muy probablemente en recuerdo a la
picota central de las plazas donde se
leían proclamas y se convocaba a actos públicos. Algunas personas de
edad avanzada los llaman tlahualilos
e incluso mariachi.
El origen de los tamborileros parece remontarse al periodo colonial y
es casi seguro que deriva de antiguas
agrupaciones de chirimías (o flauta) y
tambor. En la región que nos ocupa la
presencia de grupos afromestizos e
indomestizos fue notable; a los primeros debemos mucha influencia en
la forma que recibió la tambora, su
técnica de ejecución y la creación del
Son Mexicano; el aporte de los segundos es menos visible pero en las

creencias que rodean la tradición
apreciamos su herencia.
. Ya en el periodo independiente, el
clarinete fue absorbido en la música
popular y, por su penetrante sonido,
se aseguró un lugar en los bailes. Las
fuentes de archivo y la tradición oral
nos permiten conocer los nombres y
trayectorias de músicos afamados
desde mediados del siglo XIX.
De la extensión espacial de dicha
tradición
Desde aquí hasta allá. Trazar las fronteras de una tradición como la de
tambora y clarinete es fácil y compleja. Fácil, porque la presencia de grupos es tan evidente que en un mapa
puede visualizarse su distribución;
complejo, puesto que su radio de acción supera la aparente concentración
espacial. En la actualidad los grupos
y músicos sueltos radican en ciudades, ranchos y ejidos del centrooriente de Nuevo León (lo que algunos llaman la región citrícola) y.de la
Sierra de San Carlos en el estado de
Tamaulipas.
Algunos de ellos se localizan en las
ciudades de Montemorelos y General
Terán: aparentemente los músicos del
área rural desaparecieron en estos mu-

nicipios. Lo opuesto se percibe en el
municipio de Allende: los tamborileros
viven y reproducen su tradición en los
ranchos de llano (Paso Hondo, Canoas,
Tanguma). En Linares, además de concentrar en su cabecera la mayor actividad tamborilera, tiene exponentes de la
tradición en un buen número de ranchos: Cerro Prieto, San Julián, La Petaca, Hacienda de Guadalupe, El Carmen, Santa Rosa, Las Barretas, Las Carolinas, San Julián, Gatos Güeros, El
Popote. En los municipios de Cadereyta y Hualahuises se mantienen dos conjuntos muy vinculados en su movimiento y origen al quehacer linarense.
Estos conjuntos, tan aparentemente restringidos, son el remanente
de una tradición hasta hace poco
más extendida. ¡Pero cómo se mantiene la demanda! En los Ramones y
Herreras no se imaginaba una feria
sin tambores y clarinetes; aún se recuerda en el estado a los legendarios
tlahualilos de El Carrizo, municipio
de Los Ramones. China y Bravo,
municipios ganaderos situados más
al norte, en las sofocantes llanuras,
requiere (tal vez menos ahora que
antes) a dichos músicos. Al sur, ya
es la Sierra Madre Oriental, para las
fiestas de rancho en Rayones se suele contratar a los músicos de Allende y Montemorelos.

�En Monterrey, capital del estado
y aspiradora de pueblos, se invita
constantemente a los músicos por
parle de migrantes de las poblaciones
antes citadas o bien por las autoridades estatales; sin embargo, varias referencias de principios de siglo indican que estos conjuntos eran regulares en la ciudad. 1 Otro territorio de
migrantes que cada vez solicita más
la presencia de tamborileros es la
frontera con los Estados Unidos: Matamoros, Reynosa y Laredo son poblaciones a donde suele irse a tocar
por lo menos una vez al año.
La distribución de grupos vigentes indica que perviven mejor aquellos situados en poblaciones a orillas
de la carretera federal 85, probablemente por la oportunidad de transportarse con facilidad a donde se le
requiera. En realidad la región ha
destacado como zona de tránsito desde el siglo XVII, cuando los bacieros y
gañanes arriaban sus hatos de ovejas
desde el Bajío. Posterionnente se
abrió como vía de comunicación con
el puerto de Tampico, fomentando así
el comercio y la producción agrope.
cuaria y artesanal. Sin embargo,
· aquellos caminos concurridos y mal
conservados no fueron nada comparados con el tendido del ferrocarril
Monterrey-Tampico y la carretera fe-

14
152

deral 85 denominada Central, uno de
los primeros grandes proyectos de pavimentación que comunica Monterrey con Ciudad Victoria, Ciudad Valles, Pachuca y la Ciudad de México.
Si bien el ferrocarril ya está en decadencia y la vieja carretera Central es
incomoda comparada con las nuevas
obras, la infraestructura permanece,
asegurando a las poblaciones referidas una aceptable comunicación con
el resto del país.
De la poco sorprendente dotación
del conjunto

Este es uno de esos cargos en que la
dotación se presenta como detenninante para la definición de una tradición musical. La tradición de tambora
y clarinete requiere· de, por lo menos,
una tambora y un clarinete. A riesgo
de parecer poco serios con semejante
descripción, agreguemos que por lo
general participan dos clarinet~s y que
la forma de la tambora puede variar.
Cualquier instrumento extra requiere explicaciones. Los integrantes
del conjunto «Los Clarinetes de Linares» agregaron un bajosexto para sus
grabaciones comerciales, experimento que no satisfizo a los músicos y
bailadores tradicionales, pero que cobró presencia «cultural» al ser inclui-

do en las recreaciones de ballet folklórico del profesor Jesús Daniel Andrade y por ende, en casi todos los
grupos de este tipo.
Don Pedro Hinojosa (San Julián),
recuerda que por ahí de 1950 se experimentó con dos tamboras, resultando
tal estruendo que los ejecutantes y
público exigieron el cese inmediato
de semejante acto. A pesar de ello, la
compañía tamaulipeca de ballet folklórico presentó grupos con dos tamboras aunque los músicos partícipes
nos confesaron que sólo una tocaba
mientras la otra simulaba golpes. «Es
que no se puede», confiesan los músicos. Esta misma agrupación experimentó con la presencia de tres clarinetes tocando la misma pieza «a tres
voces». Ninguno de estos dos ejercicios ha tenido repercusión en el medio popular.
La tambora es, definiéndolo con
voces técnicas, un tambor redondo,
de marco, con doble parche y aros de
sostén al cuero (tipo 211.312 en la clasificación Sachs-Hornbostell Su
forma y uso recuerda mucho la tamborita ejecutada en la Tierra Caliente
3
guerrerense .
Atendiendo al material usado se
reconocen varios tipos:

a) La tambora elaborada a partir de
un tronco vaciado, considerada la más
tradicional casi siempre por el mismo
músico, pues no se considera mercancía. Para la elaboración se prefiere la
madera de álamo, sabino O sauz; para
los aros se usa fresno o nogal.
. b) La tambora facturada de una
tabla domada (es decir, doblada). Estos instrumentos se fabrican con triplay de pino de origen comercial; el
resultado es un vaso de constitución
más débil Y un instrumento menos
sonoro. No es raro que estas piezas se
fabriquen para la venta.
c) La inventiva ha llevado a la
elaboración de tamboras metálicas
que aprovechan la forma de tambos
en que almacenan agua los campesinos. Por supuesto que son tenidos por
instrumentos de ínfima categoría pero
baratos Y accesibles para aquellos
que, sin ser profesionales, gustan de
dar sus tamborazos. Guadalupe Prado
de Cerro Prieto, los fabrica y vende a
unos NS 300 (verano de 1995).
El diámetro puede variar por diferentes motivos. Por lo general, el tambor de madera vaciada es más pequeño
que en el de madera domada. También
observamos que existen gustos regionales pues, por ejemplo, en General

Terán critican el área linarense por no
utilizar tamboras de grandes dimensiones (más de 70 centímetros de diámetro) como allá gustan.
No todas las tamboras, sin embargo, se ajustan a la descripción hasta
aquí hecha; existió una versión (de la
que apenas quedan recuerdos) que
responde a otra morfología (tipo 21 1.
212 en la clasificación Sachs-Hombostel) Y que coexistió con el membranófono vigente. Se trataba de un
tambor tubular de doble parche, de
casi un metro de largo y 7o centímetros de diámetro que se ataba a la cintura del ejecutante para que el parche
quedara en posición horizontal y a la
altura del pecho, sin tocar el piso. Este tambor (que no deja de ser referido
como tambora) se dejó de usar hace
unos so años. Se cuenta que es del tipo que usaba el legendario Amador
Villanueva y que regaló uno al entonces gobernador Morones Prieto. Un
ejemplar se conserva en la linarense
peluquería de don Polo Marín, localizable cerca de «los fierros» (las vías
del ferrocarril).
Los parches son seleccionados
por el músico bajo criterios musicales
Y extramusicales, pues existe toda
una clasificación, sonora y mágica,
de los cueros.

El cuero de res es el más común
dado su regular abastecimiento comercial y por ofrecer un sonido aceptable. De uso común es también el
cuero de chivo.
Para muchos tamboreros el cuero
de borrega tripona (chiquita) es lo
mejor por su sonido y fácil obtención.
Algunos músicos como José Hinojosa, son quisquillosos y exigen que se
trate de una borrega virgen. En cambio, sobre el cuero de borrego todos
están de acuerdo en lo difícil de tenerlo a su agrado, calificándolo flojón, de sonido ajogado y con tendencia a resecarse.
De cuero de coyote se asegura
que, a pesar de su incomparable calidad, su sonido quiebra O tumba botellas Y vasos. Se dice además que tocarlo provoca riñas en el baile.

Elpidio Escobedo, el tamborero
de él, de don Valente Prado... decían
que ese señor iba a tocar, así, a bodas; Y quería que se acabara el baile
Y volteaba la tambora pal otro lado
(de un lado tenía cuero de cabría 0
de borrega y del otro lado de coyote)... la volteaba al lado del cuero de
coyote ¡Y palo! Se hacía el borlote y
se daban pleitazos para que acabara
el baile de una vez.4
153

�Una variante ofrecida es la de
cuero de perro bravo, que para el caso es lo mismo. Es harto probable
que esta creencia derive de la cosmovisión indígena.
Pesado, con gran capacidad de
volumen y propio para tambores de
grandes dimensiones es calificado el
cuero de burro.
Toda una rareza es ya el cuero de
jabalí tierno, pintito. Rodimero García tamborero de El Pastor, Montemorelos, recuerda haberlo tocado una
vez, de niño. Lo encontró sonoro pero con mucha vibración.
Sobre el venado se plantea su
ocasional uso sin que hasta el momento se nos haya referido alguna
virtud (o defecto) que le sea propio.
Agreguemos que en Linares, independientemente del animal de origen, la conseja afirma que al tocarse
la tambora se atraen las lluvias.
Los parches son sujetados, tensados y afinados por tracción, por medio de cuerdas que atraviesan o sujetan el aro dibujando una forma de Y
en la caja. Guillermo Contreras
identifica corno originario de África
el sistema de atadura que presentan

algunas tamboras, «corriendo en
zigzag entre ellos y los aros... requintados por amarres longitudinales y no por correderas como en los
occidentales»5• Hay excepciones:
encontramos también tensores «en
sierra» de clara ascendencia occidental. En nuestros días los tensores
de cuerda plástica están desplazando
el uso de fibra natural (mecate de fibra de lechuguilla).

tra un tambor nomás pero ese con un
sólo bolillo, pero cuando bailaban
6
los indios, nada más los indios.

Como percutores se usan dos bastoncillos de madera denominados bolillos de forma diferente:

Aunque existen muchos antecesores del clarinete, el modelo en uso
actual deriva directamente del renacentista chalumó, atribuyéndose al
alemán Johan Christian Denner el
haber desarrollado el instrumento
que actualmente conocemos. Un rasgo notable del clarinete es que, a diferencia de la mayoría de los aerófonos occidentales, no se asciende una
octava en el sonido al aumentar la
presión del aire; en lugar de ello se
asciende una doceava, es decir 12
notas, debido a su forma interior cilíndrica y a la embocadura. Para
compensar la pérdida de notas que
se sufría con el chalumó, al clarinete
se dotó de una llave para obturar un
hoyo extra fuera del alcance de la
mano. El posterior desarrollo del
clarinete permitió incrementar su
potencial melódico al agregársele
múltiples llaves.

1. El de la mano izquierda es liso
(también se usa una baqueta de caja
militar o un simple palo) y con él se
obtienen sonidos agudos, menos intensos y a veces se golpea el aro;
2. El de la mano derecha presenta
un remate redondeado, rara vez forrado en cuero o tela, para golpear vigorosamente el parche sin dañarlo.
Para ambos suele usarse la madera de nogal o fresno pero si el músico
es exigente, los elaborará de brasil o
«uña de gato».
La tambora se usa también en La
Pastorela que es cuando salen los indios aunque no entra el clarinete en-

El clarinete o pito es un aerófono
(es decir, un instrumento de viento)
de caña sencilla que se agrupa en la
sección de madera. El modelo de
uso general en la región es el clarinete afinado en Si al que le siguen
en presencia los afinados en Do.

Los instrumentos de caña penetraron en el norte novohispano desde el siglo XVII en manos de los misioneros, y
o sería raro que hallan sido franciscanos o jesuitas los responsables de introducir diversos instrumentos al oriente
neoleonés. Si alguna vez se fabricó en
la región, es técnica hoy olvidada; todos los clarinetes detectados fueron adquiridos a otros músicos, heredados de
familiares o comprados en casas comerciales; destacan los provenientes
pound-shops (tiendas de objetos empeñados) norteamericanos, donde los instrumentos musicales se pueden conseguir a precios de carcajada. Sin embargo la factura de chirimías rústicas no ha
desaparecido. La familia García (De
Macario a su hijo Ramiro, a su nieto
Rodimero, todos criados en Montemorelos) instruyó su escuela por un medio
que ilustra las técnicas más tradicionales. Los niños recibían no un clarinete,
sino una flauta que en realidad es una
chirimía de carrizo; posteriormente era
los mismos jovencitos los que elaboraban sus instrumentos. El legendario
Rodolfo Hemández de San Julián también aprendió con una chirimía fabricada por él aunque de naturaleza muy diferente. Nos cuenta quien lo conoció:

El se enseñó a tocar... ¿Sabe con
que tocaba él, sinceramente? Con
pitos de calabaza. ¿ Conoce la plan-

ta de la calabaza? Bueno: donde está la punta de la hoja hay un cañoncito; le cortaba la punta de la hoja,
le cortaba acá abajo y le hacía dos,
tres abujeritos con una navaja y luego le hacía una trozadita al cañutito
como para hacer la cañita [del clarinete].8
Volvamos al clarinete. Su única
caña puede diferir, numerándose en
forma ascendente: a mayor nominación, mayor dureza. Por lo general
los aprendices inician con las cañas
suaves (número uno) y gradualmente
las suplen por otras de mayor dureza
para ofrecer mayor volumen, pero esto no es obligatorio. Músicos expertos, corno los García de Montemorelos, siempre han elegido cañas suaves
para ofrecer una melodía ágil y firme,
sin los riesgos de que chille el instrumento; lo que se pierda en potencia,
se gana en adornos.
La caña es un aditamento frágil y
quebradizo que no puede andarse
comprando todo el tiempo, tanto_por
su distribución (la mayoría compra
sus cañas en Monterrey) como por el
precio. Al dañarse la orilla de la caña,
esta puede repararse con un cortador
metálico parecido a un cortaúñas pero
el ingenio ranchero no conoce límites: algunos músicos se las ingenian

para quemar la parte dañada cubriendo el resto útil con una moneda grande (antes se usaba un veinte de cobre). Y sigue sirviendo la caña, no
faltaba más.
No parece existir una marca preferida por los ejecutantes. Los ejecutantes prefieren las piezas de madera;
los clarinetes de pasta son más baratos y fáciles de adquirir. Músicos corno Rogelio Reyes (de los Tamborileros de Cerro Prieto) cuentan con instrumentos de los dos materiales y según las circunstancias optan por uno
de ellos. Hemos detectado ejemplares
de las marcas Selrner. Vito, Conn
(norteamericano), Normandy y Buffet (franceses); de pasta localizamos
las marcas King y Selmer (norteamericanas). Hasta donde sabernos no se
atribuye ningún valor mágico al clarinete, que es usado en orquestas y
bandas de todo el país e Hispanoamérica.
Tamboras y clarinetes son atendidos y tratados con precaución: no
son instrumentos desechables. Casos
extremos en el cuidado de la tambora son los de Rodimero García
(Montemorelos) que usa una tambora de su familia fabricada en 1903 y
los hermanos Carrillo (Tamborileros
de Santa Rosa) una que data de 1920.
155

�COLABORAN EN ESTE NÚMERO

Agradecimientos
El anterior texto es una muestra de lo
investigado en los municipios del
Centro Oriente de Nuevo León en el
campo de la etnomusicología. El trabajo que nos permitió grabar y entrevistar a 24 conjuntos de tamborileros
pudo realizarse gracias a la beca del
Tercer Concurso Proyectos Culturales Fronterizos 1994, otorgada por el
Programa Cultural de las Fronteras
(CNCA) y al constante apoyo recibido
por parte de la Facultad de Filosofía y
Letras (UANL) desde 1992. Es obligado referir a Marcela Flores, becaria
de Kodaly Intézet (Hungría) por su
dedicada y excelente participación en
el trabajo de campo, así como el apoyo de Juan Cristóbal López, Manuel
Durazo y Rolando Guerra para la
consecución de nuestra investigación.

mente» en la revista Zeitschrift far
Ethnologie, Berlín, 1914. La obra que
presenta tan importante sistema casi
no se consigue tr~ducida a1 español,
de manera que solemos conocer la
clasificación sólo por fuentes secundarias.

Notas
1

3

4

Manuel Reyes, músico de Cerro Prieto, Linares.

Juan Guillermo Contreras Arias. Atlas
Cultural de México: Música, p. 84.
SEP / INAH /Planeta.México. 1988.
Manuel Reyes, músico de Cerro Prieto, Linares.
Raúl García Flores. ¡Puro Mitote! El
canto, la música y la danza entre los
chichimecas del Noreste, p. 119. Fondo Editorial Nuevo León. Monterrey

Colegio de Michoacán-c0NACYT. México-Zamora. 1984.

Ed. particular. Monterrey, 1973.

El artículo original se presentó bajo er
título «Systematok der Musikinstru-

Arturo Chamorro. Los instrumentos
de percusión en México, pp. 61-63 y
152-153.

piración del Pueblo de Guadalupe, p.

2

6

7

Entrevista a don David Flores Medina; Israel Cavazos. El Señor de la Ex106.

5

André Breton (Tinchebray-Orne,
1896-París, 1966). Inicia estudios de
medicina aunque de inmediato vira
hacia el círculo de Paul Valéry. Participa en el movimiento dadaísta hasta
que en 1924 publica el Manifiesto del
surrealismo y, seis años más tarde, la
revista El surrealismo al servicio de
la revolución. Viaja por el mundo europeo y americano. Se entrevista con
Trotsky en México (1938). En París
(1947) organiza una exposición internacional del surrealismo y en 1959,
con Marce) Duchamp, la octava exposición del mismo movimiento; tema: el erotismo. En español se han
editado, entre otras, sus obras: Los
pasos perdidos, Nadja, El amor loco,
Antología, 1913-1966 (versiones de Tomás Segovia), etcétera.
Angélica Tijerilla (Monterrey, 1946).
Maestra de educación primaria, licenciada en letras y en la actualidad estudiante de filosofía en la Universidad
Regiomontana. Maestra de la Universidad Mexicana del Noreste. Ha publicado en la hoja cultural de El Norte y en Salamandra. Publicó Las aristas del sueño, relatos, este año.

1993.

8

Roque Sánchez, músico de Gatos
Güeros, Linares.

César Isassi (Reynosa, 1939). Licenciado en derecho (UANL). Notario público en su ciudad de origen. Fue el
segundo director de Apolodionis
(1963-1964). Colaborador de Salamandra en su segunda época. Publicó
Reynosa, cuna y destino (1989).

Cristina Gómez del Campo. Realizó
estudios de filosofía y actualmente
cursa la maestría en Letras Españolas
en la División de Estudios de Postgrado de la Universidad Autónoma
de Nuevo León.
Francisco Treviño Elizondo. Poeta.
Ganó el certamen de poesía organizado por el Departamento de Difusión
Cultural de la Universidad de Monterrey en abril de este año. Los poemas
publicados en este número forman parte de Once canciones de cuna, poemario por el que obtuvo el primer lugar.
Gabriel Trujillo Muñoz (Mexicali,
1958). Poeta, ensayista, narrador y profesor de literatura. Ha publicado como
autor y compilador más de sesenta libros: Percepciones, Moridera, Mandrágora, Atisbos, A plena luz Don de
lenguas, Parvada, Laberinto, Señas y
reseñas, Los signos de la arena,, Puntos cardinales, etcétera. Textos suyos
se han traducido al inglés. Editor de la
revista Semillero de la UABC.
Hugo Padilla (Monterrey, 1935). Estudió la licenciatura en filosofía en la
UNAM y se tituló en nuestra universidad. Fue cofundador y director de Kátharsis, jefe del Departamento de Extensión Universitaria de la UNL (19611964) y secretario de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en los
años sesenta. Como poeta publicó Los
días deshabitados (Monterrey, 1993).

Jaime H. Palacios Chapa (Monterrey, 1962). Licenciado en ciencias de
la comunicación (ITESM, 1983), licenciado en piscología (Universidad Regiomontana, 1988), pasante de la
maestría de letras españolas (UANL,
1991). Editor-fundador de la revista
interuniversitaria Nave. Realiza trabajos de creatividad para agencias de
publicidad.
Javier Rojas Sandoval (León, Guanajuato, 1943). Docente-investigador
en nuestra facultad. Trabaja actualmente en un proyecto sobre derechos
obreros y desarrollo industrial en
Monterrey (1917-1929). Ha publicado
en Aquí vamos, en Siglo XXI y en Deslinde. Coautor de Monterrey, siete estudios contemporáneos (1988). Autor
de Monterrey: poder político, obreros y empresarios en la coyuntura revolucionaria (1992).
Jeannette L. Clariond (Monterrey,
1949). Maestra en letras por la UANL.
Estudiosa del pensamiento antiguo de
México, es colaboradora de El None,
y miembro del consejo editorial de la
revista Humanitas. Movimiento actual. Recientemente publicó el poemario Mujer dando la espalda (Castillo, 1995).
Jorge Luis Borges (Buenos Aires,
1899-Ginebra, 1986). Poeta, narrador,
ensayista y traductor. Renovador de
la prosa española, la limpió de vetus157

�tos cortinajes y manidas retóricas; en
la poesía pasó de la vanguardia -ultraísmo- al clasicismo, del versolibrismo al equilibrado soneto. Emecé
de Argentina ha publicado sus Obras
completas en tres tomos, más uno de
Obras completas en colaboración.

Juan Antonio Serna. Licenciado en
letras españolas, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.
Concluyó el doctorado de su especialidad en la Arizona State University con
la tesis El subalterno en la escritura
masculina regiomontana: la novela de
los noventa. Ha publicado estudios de
tema literario en revistas especializadas de los Estados Unidos.
Juan José Cerón (Mixquiahuala, Hidalgo, 1953). Estudió comunicación
en la Universidad Regiomontana. Se
inició profesionalmente en la fotografía en 1977. Ha trabajado como fotoperiodista en los principales diarios
de Monterrey y ha expuesto su trabajo personal en diferentes galerías y
. museos de la ciudad. Actualmente es
editor de fotografía en el periódico El
Norte.
Julieta Renée [Pérez-Díaz] (Monterrey, 1941). Licenciada en comunicación por la Universidad de Alabama
(EUA). Directora teatral y consultora
independiente. Escribe poesía, teatro
y cuento. Autora de Poemas (Monterrey, 1977).
158

Kurt Schwitters _(Hannover-Alemania, 1887-Ambleside-Gran Bretaña,
1948). Pintor, escultor y escritor. Adalid de la vanguardia artística alemana,
aportó sus collages y assemblages logrados a base de objetos comunes,
desechables. A todas sus obras les
aplica un nombre caprichoso, Merz,
tomado del anuncio de un banco
(Commerz und Privatbank). Anna
Blume, su obra poética mayor, apareció por primera vez en 1919; tres años
más tarde se publicó una versión aumentada. La «mítica e indescifrable»
Anna Blume es la «Gioconda de la
vanguardia».
Libertad González (Monterrey, 1961).
Hizo estudios de letras en la UANL, la
Universidad de Málaga y el Colegio
de México (donde es candidata al doctorado en literatura hispánica). Ha publicado ensayos de critica literaria, así
como traducciones del francés e italiano. Actualmente colabora en la revista
Armas y Letras, imparte cátedra en la
Facultad de Filosofía y Letras, y desde
este número, es secretaria de redacción
de Deslinde.
Lourdes Guzmán Pardo. Obtuvo
mención honorífica en el certamen de
poesía convocado por el Departam~nto de Difusión Cultural de la Universidad de Monterrey. Los poemas aquí
incluidos fonnan parte de la colección con que participó en dicho certamen.

Lucía Yépez. Ha sido integrante de
distintos talleres literarios de la localidad. Los poemas que aquí se publican forman parte del poemario con el
que obtuvo mención honorífica en el
certamen de poesía organizado por el
Departamento de Difusión Cultural
de la Universidad de Monterrey.
Madeleine Chapsal. Periodista y escritora francesa. Colaboradora de
L'Express. Sus entrevistas con Bachelard, Bataille, Beauvoir, Borges,
Butor, Breton, Lévi-Strauss, Prévert,
Sartre, Tzara, etcétera, las reunió en
Les écrivains en personne.
Manola Sepúlveda Garza. Egresada
de la Preparatoria Núm. 1 (UANL).
Maestría y doctorado en antropología
por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y por la UNAM. Estudios en París, trabajo profesional en
Brasil, investigación en la ciudad de
México. Maestra de tiempo completo
en la ENAH. Ha publicado trabajos sobre historia de la educación y sobre
problemas agrarios.

asiduamente en las páginas culturales
de El Norte.

Mijail Málishev. Nacionalidad rusa,
doctor en filosofía de la Universidad
de los Urales (Ekaterinburg, Rusia).
Trabajó en la Universidad de los Urales 22 años. Fue profesor-asesor en las
Universidades de La Habana y de Santiago_de Cuba e investigador en la
UNAM. Actualmente es profesor-investigador de la Facultad de Humanidades
de la UAEM y miembro del-SNI. Ha escrito diversos trabajos sobre filosofía
rusa y europea que han sido publicados tanto en Rusia como en México.

Manuel Contreras Ramos (Ciudad
Victoria, 1947). Psicoanalista de origen
médico. Catedrático en la División de
Estudios de Postgrado de la Facultad
de Psicología de la UANL. Colaborador
de El Porvenir y de Deslinde.

Miguel Covarrubias (Monterrey,
1940). Profesor del Colegio de Letras
y la División de Estudios Superiores
de nuestra facultad. Ha publicado una
docena de títulos de diversos géneros
(poesía, prosa, cuento, ensayo crítico,
entrevistas, traducción, compilación).
En 1992 coordinó y editó el volumen
Desde el Cerro de la Silla. Arte y Letras de Nuevo León. Ha obtenido el
Premio a las Artes (UANL, 1989) en literatura y el Premio Nacional de Traducción que otorga Bellas Artes, en
1994, por su volumen de traducciones
poéticas El traidor. Ese mismo año
Editorial Castillo editó su libro de entrevistas Junto a una taza de café.
Desde 1985 es director de Deslinde.

Mario Herrera. Originario de Saltillo. Crítico de artes plásticas, publica

Miguel de la Torre Gamboa. Licenciado en filosofía por la Universidad

Autónoma de Nuevo León. Fue coordinador del Área Básica Común y actualmente es secretario académico de
nuestra facultad. Ha publicado trabajos sobre temas filosóficos y pedagógicos en revistas académicas.

Óscar A. Díaz-Ortiz. Realizó estudios de letras. Actualmente cursa el
doctorado en literatura de la Universidad Estatal de Arizona.
Quinto Horado Flaco, 65-8 a.C. Junto a Virgilio, el mayor poeta de la
época de Augusto. Escribió odas,
epístolas, sátiras. Hasta la fecha, su
Ars poetica no ha dejado de influir en
las teorías literarias y críticas de Occidente.
Raúl García Flores (Monterrey,
1965). Estudios de arqueología (Universidad Veracruzana) y de historia
(Facultad de Filosofía y Letras,
(UANL). Autor de Tesoros de la música norestense: Nuevo León (1991),
Canciones tradicionales de General
Zuazua (1992) y de ¡Puro mitote! La
música, el canto y la danza entre los
chichimecas del noreste (1993).
Raymundo Ramos (Piedras Negras,
Coahuila, 1934). Licenciado en letras
españolas y doctor en filosofía por la
UNAM. Ha sido profesor de la Universidad Iberoamericana y del Instituto
Politécnico Nacional. En Monterrey
formó parte de la revista literaria Kát-

harsis. Actualmente escribe en el periódico unomásuno. Autor de Muerte
amurallada, Sonetos españoles, Martin Luther King, Antonio Caso,filósofo y educador, El testimonio autobiográfico en la literatura mexicana, etcétera.

Rogelio G. Lozano. Pintor y escritor
regiomontano que ha desempeñado
un sinúmero de oficios. Estudioso de
muy diversas materias y profesiones.
Exalumno de varias dependencias de
la UANL: Facultad de Filosofía y Letras, Taller de Artes Plásticas, Instituto de Artes ...
Silvia Mijares (Chihuahua, Chih.).
Cirujano dentista y licenciada en filosofía por la UANL, donde también
concluyó la maestría en filosofía.
Profesora de esta casa de estudios
desde 1965. Ha colaborado en publicaciones regiomontanas como El volantín, Aquí vamos, Deslinde, Humanitas. Movimiento actual. Es autora
de La filosofía de Vasconcelos como
filosofía latinoamericana y coautora
de Desde el Cerro de la Silla, Artes y
Letras de Nuevo León (1992).

159

��En este número
Miguel Covarrubias: Leer las obras del surrealismo, leer al surrealismo como fenómeno cultural y vital podría equivaler a la lectura de la novela. inás ambiciosa del siglo
nuestro.

'
Hugo Padilla: Tiempo y duración son concepto~e se correlacionan. No hay precisión
terminológica estricta en los escritos cartesiahos, y aunque frecuentemente se los usa como sinónimos, es necesario señalar una función ontológica y otra gnoseológica en su
uso.
Juan Antonio Serna: La literatura regional de Monterrey, Nuevo León, al igual que la
de Sonora, ha sido confinada a un espacio marginal, ya que el centralismo en las producciones _culturales y literarias de la sociedad mexicana tiene su foco de operaciones en la
capital.
Raúl García Flores: Estos conjuntos, tan aparentemente restringidos, son el remanente
de una tradición hasta hace poco más extendida. ¡Pero cómo se mantiene la demanda!
En los Ramones y Herreras no se imaginaba una feria sin tambores y clarinetes; aún se
recuerda en el estado a los legendarios tlahualilos de El Carrizo, municipio de Los Ramones.
Kurt Schwitters: Tu nombre gotea suavemente como grasa de buey asado. / ¿Lo sabes
tú, Anna, lo sabes bien? / Se puede leerte también al revés. / Y tú, tú la más bella de todas, / Eres al revés como al derecho: / A-N-N-A. / Gotea la grasa del buey acariciándome
la espalda./ Anna Blume, / Animal de placer,/ Yo te amo.
Jorge Luis Borges: Releo, sí, es mejor. Algunas veces me digo que la ventaja de la
Edad Media era que había muy pocos libros. ¡Entonces se releía! Un libro que uno relee
está mejorado, un libro antiguo está mejorado por generaciones de lectores. Piense en la
Biblia: no es un libro, es una biblioteca, una literatura completa...

Miguel de la Torre Gamboa: ... así como la modernidad es un fenómeno de cuna europea, que luego se extendió por el mundo, hemos de aceptar que, si se puede hablar de la
posmodernidad como el signo o la clave interpretativa de nuestro tiempo, estamos, de
nuevo, hablando de fenómenos y procesos que básicamente ocurren en Europa y desde
ahí se difunden hacia otras latitudes, particularmente los Estados Unidos y el Japón.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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