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                  <text>�UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
RECTOR: Reyes S. Tamez Guerra
SECRETARIO GENERAL: Luis Galán Wong

FONDO

UNIVERSITARIO

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
DIRECTOR: Nicolás Duarte Ortega

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
NÚMEROS 53-56 / VOLUMEN XIII/ JULIO DE 1996 - JUNIO DE 1997
CONSEJO EDITORIAL
Inna Flores Alanís
Eduardo Carmona Rodríguez
César A. Reza Rodríguez
Benigno Benavides Martínez
Libertad González Hemández
Jesús Contreras Bazaldúa
Femando Flores García
Javier Rojas $andoval

DIRECTOR
Miguel Covatrubias

SECRETARIA DE REDACCIÓN
Libertad González

TIPOGRAFÍA Y FORMACIÓN
Rosa duadalupe Vázquez Carrillo

IMPRESIÓN
Grafo Print Editores, S.A.
Los artículos sin firma son responsabilidad de la redaccción. No se devuelven originales.
Correspondencia y canje: Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México.

Publicación trimestral

�SUMARIO

5

EL SER Y LA MÁSCARA: CONVERSACIÓN CON JEAN-MARIE BINOCHE
Julieta Reoée

1

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75

LA ECONOMÍA CAMPESINA EN EL SUR DE NUEVO LEÓN
Veronika Sieglin

INDETERMINACIÓN, SUJETO Y MEMORIA EN VIOLETA-PERÚ DE LUIS ARTURO
RAMOS
José P. Villalobos

EL CONCEPTO DEL ARTE EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA
Jorge Marroquín Narváez

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PARA RECORDAR A DON ALFREDO
Miguel Covarrubias

LA NOCHE ESTÁ LLENA DE AGUA
Irma Dávalos Pardo

50

55

¿TRES INFAMIAS?
Jaime Palacios Chapa

70
¿CUÁL ES EL LUGAR EN LA TEORÍA PSICOANALÍTICA?
Manuel Contreras Ramos

"PARA SUBIR AL NOPAL": EL CUERPO VISTO COMO UN INSTRUMENTO EN LA CARRERA HACIA EL PODER SOCIAL Y POLÍTICO
EN LA SOCIEDAD URBANA
óscar A. Díaz-Ortiz

ÁNGEL SALVADOR
Thomas Rosenlocher

34

47

66

POESIDA
Abigael Bohórquez

18
33

63

TESTAMENTO DE UN VIVIEN1E
Jean Tardieu

7
14

61

FOTOGRAFÍA DE UN DESNUDO
María Magdalena de la Garza

"EL PORVENIR", UNA EMPRESA CON VOCACIÓN Y DESTINO SOCIAL
José Roberto Mendirichaga

LA GRACIA DE VIVIR EN LA CIUDAD
Nelva Alicia García

57

LAS ENSEÑANZAS DE DON HORACIO
Eloy Garza

127

109

DELTIEMPOENLALITERATURA
ÓscarWong

122

LA CASA DE LOS LEONES
Gabriela Riveros

ATISBO AL ALMA DE SOR JUANA, LIBRE DEL CUERPO Y DE LA CORTE
Adriana Díaz Enciso

132

LA CONSTRUCCIÓN DEL SER Y LA NOVELA EN LAS RAZONES
DEL LAGO DE MARÍA LUISA PUGA
Elizabeth Montes

�TESTAMENTO DE UN VIVIENTE

Jean Tardieu

175
177

Era un lugar móvil en el tiempo: no sé dónde pero atravesé grandes espacios, henchidos de formas animadas.
Me encontraba en la claridad, en las tinieblas. Caminaba. Veía. Entendía Interrogaba ese mundo desconocido y frágil, cruzado de prodigios, de puntos brillantes cosidos al silencio, de gruñidos oscuros, de pasadizos irritados. Oscilaba entre el horror y la alegría; luego mis miradas se estrellaban contra muros; luego
mis pasos dichosos se posaban sobre rientes abismos.
Amaba esos destellos verdes, esas manchas de sombra que d.ylzan en el día al mismo tiempo que acude
hasta nosotros el roce de un soplo, acompañado de clamores fugitivos y apacibles. Es entonces cuando uno
renuncia a conmover a esa Máscara extranjera de párpados semicerrados, suspendida en todo lo alto sobre
nuestras frentes, que nos observa y se calla La hora transcurre y parece que todo el sufrimiento de esa
temporada a la deriva deseaba liberarse de la inocencia de un instante...
¡Pero es en vano! La crueldad se incuba en el 'corazón del olvido. Resplandecen amenazas. La superficie
se abrasa, a ella misma se dirige reproches ensordecedores. ¡Rayos imperiosos! ¡Órdenes venidas desde
muy lejos! El suelo tiembla Un frío líquido recorrido por llamas violetas engulle nuestro endeble horizonte. ¡Aullidos! ¿Qué crimen he cometido? ¿Quién me ha condenado? ¿Qué suplicios me aguardan?...
¿Mas a quién se dirigen nuestras preguntas si no es a nosotros mismos? Finalmente ¿cuándo veremos aparecer al fondo del azur -enmedio del estrépito de una súbita reconciliación, más allá de todas las cimas y
de todos los siglos- a nuestro propio Rostro, donde atisba una antigua sonrisa semiborrada?
Otros me dirán cuál era ese lugar donde he vivido: cerca de manantiales amurallados, de edificios destruidos, de errantes voces sin eco, entre el fuego y la ceniza, entre memoria y porvenir.

.SASKIA: GRAN PINTORA DE NUESTRAS MONTAÑAS
Silvia Mijares

EP/GRAMÍSI'ICOS
Sergio Rommel Alfonso Guzmán

Testament d'un vivant
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191
2
4

Versión de Miguel Covarrubias

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COLABORAN EN ESTE NÚMERO

Ilustran este número f otografias de la ciudad de Monte"ey pertenecientes a diferentes épocas y colecciones; agradecemos a Rosana Cova"ubias Mijares y a Juan Manuel Casas su préstamo.

Je ne sais ou, -c'était un lieu mobile dans le temps, -j'ai traversé de grands espaces, fournis de fonnes animées.
J'étais dans la clarté, dans les ténebres. Je marchais. Je voyais. J'entendais. J'interrogeais ce monde inconnu et fragile,
traversé de prodiges, de points brillants accrochés au silence, de grondements obscurs, de passages irrités. J'oscillais entre
l' horreur et le joie, car tantot mes regareis se heurtaient ades murs, tantot mes pas heureux se posaient sur de riants abimes.
J'aimais ces lueurs vertes, ces taches d'ombre qui dansent dans le jour, en meme temps que parvient jusqu'A nous le
frolement d' un souffle, accompagné de cris fugitifs et paisibles. C'est alors que chacun renonce aémouvoir ce Masque étranger,
aux paupieres mi-closes, suspendu tres haut sur nos fronts, qui nous observe et se tait. L'heure passe et il semble que toute la
souffrance de ce séjour ala derive veuille se racheter par l'innocence d'un instant. ..
5

�EL SER Y LA MÁSCARA
CONVERSACIÓN CON JEAN-MARIE BINOCHE
En el cielo azul pizarro
el sol
incendiándose
añade pinceladas amarillas
a la claridad misteriosa de las nubes.

Julieta Renée
Mais c'est en vain! La cruauté couve au creur de l'oubli. Des menaces rougeoient. L' étendue s'embrase s'adresse a
elle-meme des reproche~ assourdissants. Des lueurs breves! Des ordres venus de tres Ioin! Le sol tremble. un' froid Jiquíde
parco~ru de flammes v1olettes engloutit notre frele horizon. Dites! Quel crime ai-je commis? Qui m'a condamné? Quels
supphces m'attendent?...
Mais a qui done s'adressent nos questions, si ce n'est a nous-memes? Quand verrons-nous enfin dans Je fracas d'une
so~daine réc?nciliati~n, app~tre au fond de l'azur, au-dela de toutes les cimes et de tous les siecles, n~tre propre Visage, ou
vetlle un anc1en sounre adenu effacé?
, D'autres que moi diront que) était ce lieu ou j'ai vécu, pres des sources murées, des édifices détruits, des voix errant sans
echo, entre le feu et la cendre, entre mémoire et avenir.

Lo interesante de mi mundo, es, querer dar a través del arte que yo desarrollo una visión optimista del porvenir... yo pienso que mi papel es contar historias que los hombres quieren
escuchar, de todo tipo, ¡sin restricciones! Dentro del medio del teatro, escogí el teatro de la máscara que es un
género que a mi parecer ha sido totalmente relegado a utilería o accesorio.
Yo por el contacto que tuve con gente
que creó la máscara con gran belleza
de otra cultura, me di cuenta de que a
pesar de que es un género totalmente
olvidado, es valioso y hay que ponerlo de pie. Es mi tarea ¡levantar un
teatro de máscara que sea contundente, bello y fuerte! Yo diría que a un
violín Stradivarius de la más alta calidad nunca nadie lo va a tirar al suelo
después de haberlo tocado, ·¡lo va a
cuidar! Yo pienso dar a la máscara el
mismo tipo de valór, es decir, de respetar esa herramienta como se respeta
a un violín.
Pausado, expresa en tono bajo ... se
toma susurro.
Yo diría que estamos viviendo una
confusión inmensa en cuanto a la actuación, no es culpa de los actores, esto,
nos lo trajo un señor llamado Stanislavsk.i, que nos lleva a una identificación tal, que no sabemos cuál es la frontera entre el yo y el personaje. Eso me

2

6

parece el defecto más grande que le encuentro. La noción del juego de ficción
desaparece, se vive en el momento así,
pero sobre bases totalmente erróneas,
¡falsas! El teatro es una ficción, es un
juego, no es realidad, estamos jugando
a .. el actor hace un préstamo al personaje, presta su cuerpo, su voz, su silencio, su inmovilidad y esto requiere un
conocimiento perfecto de su instrumento. El ·violinista, por ejemplo, va a tener
un instrumento delante de él o el pintor
o el pianista o el escritor. El actor no, el
actor tiene su instrumento, ¡es la paradoja! ...tiene su instrumento adentro de
él. Entonces, tiene que identificarlo y,
¡es el trabajo que no hace el actor! Ese
seáa el defecto principal que yo encontraáa en los actores. Esto viene de la enseñanza, más'que todo.

Directores he formado pocos, ¡es
lo más difícil!, en el sentido que no
hay escuela de dirección teatral en
París. De vez en cuando hay un taller
o un seminario, pero no hay escuela.
Tuve la ocasión de armar seminarios
en París y allí formar algunos de los
que ahora son buenos directores.
Devela una incógnita.
Y'o admiro a Marx, a Fidel Castro
y a Marcos. A personalidad artística...
Bertold Brecht. ...Y Santiago García,
director de la Candelaria de Bogotá,
¡son los personajes que -admiro más!
Y a Peter Brook y Arianne Mouchkine, la directora del Teatro del Sol
-Téathre du Soleil- en París.

Un suspiro escapa suave.
Con miradas tiernas, cálidas, sonríe
ampliamente.
Formé cantidad de actores que
son más o menos famosos. ¡Pero yo
no enseño sólo la máscara!, enseño
actuación en la Escuela Nacional Superior de las Artes y Técnicas de Teatro en París. He formado gente de
teatro -THIARDAN- que tiene ya cierta importancia en París como actores
y son bien conocidos.

Y agrego a Cyrille Dides, que es
un gitano que me abrió la puerta de
arriba, la de la máscara, me puso en
el camino en el cual estoy hoy. Empecé con él en año 1953, él era un
tramoyista de la ópera que tenía una
capacidad de síntesis sobre el mundo
teatral como nunca la tuvo alguien
más, ¡una luz! Lo seguí mucho tiempo, murió a los 72 años.
Vida, muerte, vida...

Sondeando el horizonte... atardece.

�El solo hecho de estar parado en
el suelo ·es una fonna de verdad, la
verdad de mi cuerpo. El cuerpo plantado en el espacio, no hay más verdad
que eso; vivo, estoy vivo, ¡eso es verdadero! Yo diría que, eso a cara destapada lo ves pero más con la máscara, porque allí mi cuerpo se ve como
una especie de escultura y mi escultura ~stá allí en la inmovilidad, pendiente de cualquier sentimiento o
emoción y listo para enfrentarse al
espacio y entrar en un espacio densificado por el mismo cuerpo.
Esculpe naturaleza en cortezas, árboles abrazan, rodeándonos
cuentan secretos.
1

Europa... yo diría, Francia y España
un poco, sí.
Espejos de agua repitiéndose.
Tienen relación con mi tipo de
teatro: el grupo Youyachkani en Lima, Perú; el grupo de Teatro Experimental de Cali, Colombia; ~el teatro
de la Candelaria de Bogotá. Y cantidad de pequeños grupos por aquí y
por acá que no son tan conocidos, pero son gente que conoce mi trabajo.
Y hay en Europa una serie de grupos
también.
Seres somos, humanos ... nuestros actos son.

'

Mi compañía se llama los Talladores de Historia....Tallar historia,
tallar la máscara y tallar el cuerpo y
tallar: escribir historias talladas.
Surgen espacios de encuentro.
Me presento en París. Y cuando
nos piden giras vamos por toda Europa, pero escencialmente París.
Presente, imán de convergencia.
Soy conocido en Perú, Colombia,
Venezuela, el Caribe, Centro América; ahora en México un poquito. En
2

Menciono a mis maestros: Cyrille
Dides de nuevo. Puedo hablar de él
durante horas ...un señor extraordinario. Y Andre Ouason, o_tro genio francés ya muerto. El me inició en, la
dramaturgia, el teatro. Fue alumno de
Cyrille Dides durante una época. Peter Brook, si duda. Mira pienso yo
que, hay gente como Peter Brook o
como Arianne Moucbkine que hacen
el trabajo que me gusta por el cual yo
me entrego, van por la vida, están en
la luz de los reflectores, es gente conocidísima en el mundo entero, estoy
yo en la sombra de esa gente, for~
mando actores para ir a la luz con
ellos, mi papel es éste, estar en la

sombra de esa gente. A mí no me importa ser famoso sino dar medios a
actores para que vayan a rozarse con
los impresionantes genios del teatro
mundial.
Universo en el que todo sucede, pasa, queda ...continúa, sin
comienzo.
Creo yo que, el arte y por supuesto los artistas que lo hacen, tienen un
papel en la sociedad, de plantear la
duda; el arte está allí para plantear
duda en lo establecido. Cuando parece ser que las cosas van bien, el artista debe estar allí y dudar, plantear la
duda revolucionaria. La duda es realmente un motor, el artista es alguien
que va más allá de la ley y va a interrogar la ley hasta torcerla. Torcer el
fuero de la ley, es necesario, hacer
avanzar la sociedad, para preguntar
qué tipo de arte tenemos qué hacer.
¡Creo que el arte tiene un papel sumamente importante en estas sociedades! No podemos vivir de consumo, de televisión, de coches, y la sociedad de consumo nos lleva a la pobreza mental, cuando el arte ¡te hace
elevar! Es el artista que tiene relación
con el arte el que lo hace en tu ámbito: pintura... , música, cine. Todo lo
que va en el sentir del pelo del gato,
me parece miserable. Hay que justamente acariciar al gato pero al revés...

El artista es una persona muy común
pero va a disturb~r. Su papel es disturbar.
En ojos sorprendidos van pintando
aves su vuelo en lo alto.
Me parece que en estas sociedades occidentales, la gran falla es la
educación. Consiste en enseñar mantenimiento, tener una cabeza bien hecha, llena de fónnulas; te enseña la
eficacia... que está dictada por el dinero... es una sociedad de dinero. ¡Es
realmente asqueroso el dinero!, es asqueroso en el sentido en que envicia
toda relación humana. La educación
está hecha en relación con esto, la
eficacia. Y yo diría que, la educación
artística debería ser parte de la educación en general, para dar una visión
digamos más subjetiva de las cosas.
Como yo decía anterionnente, plantear la duda en lo establecido ... No,
¡es que eso es una gran falla de nuestras sociedades! Y bueno, hay gente
que se mueve, pero no es suficiente.
Esto es, un sueño - una utopía- una
buena visión de la formación del ser
humano desde niño en el kínder,
aprender a respirar, aprender a cantar,
a bailar, ... a pintar de verdad. Y que
no sea solamente cuando niñito sino
más tarde en la primaria, secundaria,
bachillerato ... , seguir, seguir tomando
esto, pero no. ¡es un desastre!

Escenario de ausencia, acto teatral la
vida.
En la realidad estamos viviendo
en el espacio, tiempo, movimiento
diluidos totalmente. Sí, voy de un
lugar a otro con una motivación para
desplazarme y de pn;mto, las solicitaciones visuales, auditivas, hacen
que esta motivación se desvanezca.
¡Y eso estamos viviendo a cada momento! Es como una especie de sopa, estamos viviendo una sopa, tibia.
Y eso es llamar al consenso, estamos en la calle y la gente tirando la
cara, hay como una incomunicación.
Cuando en el teatro es totalmente
distinto, tenemos que contar la historia de 20 años de un personaje histórico, en un tiempo, espacio, movimiento dado y eso hace que haya un
choque, ya que los 20 años se van a
reducir a dos horas, en el espacio
teatral que es de 8 por 5, 8 por 10.
Allí sí, ese encuentro espacio tiempo, hace que aparezca el signo que
es el momento que significa, de hecho, eso va a densificar el espacio
tiempo; entonces el actor entra en
esa densidad y no puede entrar como
si entrara en la vida corriente, el
cuerpo - lo físico mental- la herramienta, debe estar relacionada con
este hecho del choque espacio, tiempo y movimiento. Eso hace que cada
segundo cambie el método que co-

rresponde al espacio, tiempo; está
lleno como huevo, está denso. La relación es ésta.
Dentro de todo, espíritu, llenándolo.
Para mí el espacio escénico más
bello es el vacío. El espacio vacío.
Llenar el escenario de escenografía,
de adornos, etc. va a distraer de lo
esencial, es d(.'lCir, del personaje y
del actor que le da vida. Y entonces,
yo diría, que el actor es el centro del
acto dramático. Ahora, se trata de un
personaje, entonces a ~se personaje
hay que vestirlo. Sí, claro, hay que
darle un cuerpo, pero, yo diría que
debe desaparecer su cuerpo detrás
de un vestuario para que se aleje lo
más posible de sí mismo; para tener
una visión del personaje. Entonces,
yo cuando empiezo a montar un espectáculo_siempre lo bago, digamos,
en un espacio vacío y voy a resistir a
todas las tentaciones de meter utilería, muebles u objetos, porque esto
va a distraer de lo esencial. ¿En qué,
consiste un vestuario más apropiado
para la creación de un personaje?, en
lo que acabo de decir de tapar el
cuerpo del actor para que aparezca
un personaje totalmente lejano de sí
mismo.
Inmovilidad, serenidad, paz... al
final de las tormentas, arcoiris.
9

8

•

�Para mí el gran día, es, cuando el
actor al quitarse la máscara actúa como si trajera una puesta. Es decir, la
máscara es un medio para hacer nacer
un actor épico, sin muecas, un actor
capaz de echar al escenario cien toneladas de sentimientos con todos los
matices posibles. Y la máscara es el
medio para lograr eso, sí, que el actor
sea el portador de un sentimiento llevado a sus extremos. La máscara ayuda a eso, sí.

en actitud, de inmovilidad en inmovilidad, pero siguiendo las mismas reglas
que la escultura, es decir, la energía va
convergiendo hacia el centro y del centro va hacia afuera en una divergencia.
Convergencia, divergencia es una regla
de la escultura ...y es una regla del actor. Entonces yo siempre aconsejo a los
actores tener una segunda práctica artísrica para enriquecer su visión de la primera práctica
La verdad oculta, en bandeja de oro y

Se entrega a la danza el aire con las
olas; dirige firme, lo siguen intensas.
Pienso yo que, el artista... de teatro,
y hablo de él porque es mi oficio, debía
tener una segunda práctica artística Es
importante, no como hobby sino con todas las reglas de la segunda práctica,
como para ver mejor la primera práctica, para alimentar, para iluminar, para
enriquecerla. Y, como la primera, enriquecer la segunda. Yo por ejemplo, al
lado de mi trabajo teatral, realizo escultura. Más allá de la máscara que hago,
realizo la escultura. Y esto va a nutrir al
teatro y el teatro nutre a la escultura. Yo
descubrí haciendo escultura unas leyes
que aplico desde luego al arte teatral.
Cuando digo que el actor es escultor de
su propia escultura, está totalmente ligado a mi práctica de escultor. Cuando la
escultura es un gesto, digamos, aparentemente inmóvil, el actor va de actitud
2

8

10

plata, se ofrece.
¿La importancia de mi obra? Solamente el público dirá cuál es, ¿no?
No puedo contestar realmente a eso.
Ahora, creo yo que cuando cuento
historias, trato a la vez de hacer avanzar el lenguaje teatral; es mi visión
personal de que no podemos quedarnos en muecas, en cosas así. Y sí, hay
una cosa que a mí me llama la atención, es que la gente trabaje con nosotros, que el público salga de la sala
más cansado que nosotros. Cuando tú
vas a sugerir en vez de demostrar las
cosas, esa sugerencia va a hacer trabajar al público que va a completar tu
propuesta, según su cultura, según su
sensibilidad, según su vida.
Luna, estrella, sol... aclaran la oscuri 0
dad confusa, ¡iluminan nuestros caminos!

La crítica no se acerca a mi trabajo. Sí, de vez en cuando lo hace y sí
lo hizo. Pero la máscara está considerada como un arte menor como lo fue
mucho tiempo la marioneta, los títeres. Entonces la gente cuando ve teatro de máscaras dice ¡ufff, es trabajo
para niños... ! Yo no desprecio ese tipo de trabajo, pero, no van. Sin embargo, la gente que va sí aprecia; hace un tiempo en el Festival de Avignon hubo una crítica realmente muy
buena sobre el trabajo nuestro. Y está
bien que reconozcan que la máscara
es un medio fuerte para contar historias y para conmover a la gente y hacerla pensar y reír y llorar...
Entre cálido sueño y gélido desperlar, isla de arena blanca.
Un obstáculo que veo en el desinterés total del Ministerio de Cultura
en Francia hacia mi trabajo; el desinterés del Ministerio hacia todo el. uabajo teatral de los jóvenes que se define diariamente... el Ministerio va a
subsidiar a la gente que ya llegó a
cierto punto, cuando hay gente que
trabaja en forma magnífica pero no
tienen con qué vivir. Ese es el obstáculo que encontrarnos nosotros en
Francia. Es terrible ver la situación
del teatro independiente en Francia,
¡es una catástrofe!

"

A tiavés de la piel del silencio emer-

gen distintivas voces.
El éxito profesional lo veo en
crear una máscara distinta, una máscara que deja pasar. .. que será como
el vitral. La máscara como vitral del
ser humano, como la iluminación, el
altoparlante de las emociones y del
sentimiento humano. Eso sí, eso, ¡la
gente lo reconoce!
Parte de la sabiduría lo incomprensible, nos determina.
Es el teatro el que me hizo abrir
una puerta y unas ventanas ¡de arriba! sobre la vida, sobre una visión de
la vida. Sobre la visión de cómo yo
me reconozco como parte de la naturaleza. Mi cuerpo está hecho de no se
cuántos elementos, está hecho de estrellas y está cruzádo por un hilo de
plata que reconozco en el cielo ... eso
sí, la razón que tengo es ésa, pero te
hablo de una cosa muy personal. El
trabajar en el teatro como lo hago me
llevó a esa visión, va más allá de la
anécdota o del gesto o conflicto social. ¡Claro que existe!, no lo niego, y
defiendo esa parte del combate, pero
la vez, tenemos que tener otra visión.
Detrás del gesto social descubrir el
movimiento con sus leyes, por ejemplo: una ley de movimiento es la inercia que es una muerte relativa del

movimiento, es una muerte efímera,
entonces, claro que allí entraría la filosofía, una filosofía de vida, pero estoy en este mundo y soy un ser humano con mis ideas ... yo no soy nadie,
no tengo ninguna práctica espiritual,
yo lo miro así, eso sería una falla mía.
Sin ataduras vamos yendo de lo relativo a lo absoluto.
Jamás en mi vida acepté unirme a
cualquier institución, me ligué a algunas, lo hice y cuando lo hice siempre
me pidieron cuentas. Es decir cuando
entras én la institución te piden cuentas y a mí no me gusta dar cuentas,
quiero mi libertad, relativa. Entonces
no, me siento mejor como el aire;
ahora eso me crea dificultades económicas, es cierto. Y o pertenezco al
mundo de los trabajadores del espectáculo, ¡soy un trabajador del espectáculo, no más! Pertenezco a esa familia del espectáculo de gente que
trabaja cuando los demás descansan y
esto nos une a todos.
Ponerse máscaras, quitárselas, quedar
sin ellas... rostros cuerpos.
Yo diría mejor que es bueno tener
un buen enemigo. Es necesario tener,
uno, pero de gran calidad. Eso te
obliga a afinar tus argumentos. En
cuanto te vas a enfrentar con este

enemigo estás obligado a estar al nive!. Sí, yo tengo algunos, muy pocos,
...pero tengo enemigos... hay cantidad
de enemigos, ¿no?, toda la gente que
está involucrada en el teatro naturalista o en cosas comerciales, esos son
mis enemigos, ¡pero no los cuento!
Ahora, pienso yo... hay un señor de
gran importancia en América Latina,
realmente considerado como el papa
del teatro latinotunericano, contra el
cual estoy totalmente opuesto porque
se dejó comer por la especulación
dramatúrgica y para mí no hay derecho. Es un teórico, tuvo un pasado
sumamente brillante pero se fue por
el lado de la especulación y allí se
perdió. Es un señor muy brillante pero olvidó la vida y eso es grave, esto
es, lo considero como un enemigo pero de alta calidad. Amigos íntimos,
tengo muchos amigos... íntimos no
sé. Sí tengo algunos, gente que está
cerca del trabajo.
Llegan, chocan, se van nuestros deseos; se vuelven recuerdos, ¡ilusiones!
Bueno, mi familia está compuesta
de ... estoy divorciado, tengo dos hijas, dos hijas actrices, una es Juliete
Binoche, actriz, la otra es Marion
Stallenz, actriz. Una es famosa, la
otra no. Somos muy unidos, somos
unidísimos. Nada escapa a ninguno
11

�de nosotros, de lo que ocurre a Juliete, a Marion o a mí estamos hablando... Es una familia de espectáculo,
una de entre nosotros sobresalió, está
en la nube, en las estrellas, estrella
ente las estrellas, muy bien la admiramos así, pero de manera muy simple,
no hay ningún orgullo. Estoy muy
contento de ver que Juliete trabaja seriamente, es una chica muy seria y
cuando se enfrenta a un personaje lo
hace con una seriedad impresionante,
una calidad profesional, eso me agrada mucho, de eso sí puedo decir que
estoy orgulloso, de ver que alguien
muy cercano a mí, hace un trabajo
como ése. Tanto talento, tanta seriedad.
Entre uno y otro momentos los párpados se entrecierran, vislumbrando
mundos.

Mi preocupación es hacer vivir el
espectáculo, buscar funciones... Lo
primero, hacer avanzar la máscara, la
idea de la máscara. Y, preparar el espectáculo siguiente. Estamos en eso!
Nos sostiene el planeta, le entregamos nuestros cuerpos inocentes de
nuevo, desnudos; purificados.
Trato de tomar menos para conservar mi salud. De tener una práctica
física que me mantenga en vida, lo
2
8

12

hago en relación con mi trabajo teatral, doy talleres, eso me ayuda a
mantenerme en forma. Trato de cuidar mucho la alimentación, bueno,z&lt;
una cosa muy normal, nada particular.
Dentro de los seres luz emanando iridiscencias.
Mi visión del futuro es muy oscura, muy pesimista... sobre los problemas del mundo; cuando veo que Chirak hace sus ensayos nucleares a pesar de la protesta mundial me da asco, me dan ganas de vomitar. ¡Es un
escándalo!, un desafío a la naturaleza. El dice que eso no va a matar ni a
un pez, no lo creo, de todas maneras
no tiene derecho a golpear esta tierra.
Eso me da una tristeza profunda, de
ver que mi país hace eso. ¡Ojalá! que
una crítica tan fuerte en Francia y con
el mundo sirvan para parar esa porquería. Entonces dentro de _esto cuando veo la Yugoslavia, cuando veo el
mundo levantarse por todas partes,
cuando veo la pobreza en los países
de América Latina, cuando veo todo
esto, tendría razón de ser pesimista,
lo soy, pero a la vez ... no hay que dejarse llevar. ¡No hay que dejarse llevar! Todo lo contrario, hay que luchar; pero entre más voy más encuentro el combate difícil, y el teatro, que

tiene su papel como fosforito en la
oscuridad.
Caminar hacia adelante en definidas
direcciones, volver, eterno devenir!
No me siento realizado. ¿Quién se
va a sentir realizado? Cuando me
muera, yo dejaré un trabajo pendiente, no más. Sí. No yo, mi rinconcito,
avanzo la máscara como un medio
para revitalizar el teatro, darle un aire, darle espacio aire, público. Y al
arte lo veo como una esperanza. Si
no, no lo haría. No hago arte, esa
práctica teatral para hundir un mundo
ya hundido, sino al contrario para soplar aire fresco. Aunque no hay que
creer que el arte va a resolver todos
los problemas, ¡seguro que no! Pero
los artistas deben de estar de pie para
gritar en voz alta y fuertemente que
hay que parar de hundirse, desaguar
el barco para que no se hunda.
Inhalamos, exhalamos al unísono razas, lo humano.
Creo que lo que menos sabe el actor y que debe de saber es respirar,
respirar y respirar. Con cualquier problema, una buena respiración te va a
ayudar en todos tus problemas que se
van a volver como anecdóticos. Respirar a plenos pulmones. Claro, cuando se trata de respirar el aire contarni-

nado de México es ... un poco peligroso. Pero yo diría que la respiración no
es sólo pulmonar, es una respiración
de todo nuestro ser. Y alejarnos del
psicologismo, por eso lo de mi acercamiento a la animalidad, como para
reconocer el animal que tenemos en
nosotros.
Cantando vuelan pájaros, juegan niños, mujeres danzan, inventan su vuelo hombres... en la superficie de la tierra, magia, emanaciones de energía,
nostalgia.
Me encanta, sin demagogia, me
encanta toda la expresión popular,
veo por ejemplo en Europa las obras
de expresión popular que quedan, el
último canto de la tierra que tenemos
es el cante hondo en España, Andalucía; es el flamenco, es el canto siciliano, es el canto de Córcega, es el canto de algunas mujeres del norte de
Italia, de Lombardía; es el canto de
Europa central, canto cristalino; es el
canto gregoriano, es el arte romántico; soy apasionado del arte romántico, es mi fuente para la máscara.
El río juega
enmascara al sol escondiéndolo
en sus ondas
mientras el cielo entre nubes
deshilvanándose navega plácidamen-.
te su oscurecido azul.

,

,.".. ...

----..-~
•

!

. •

�POESIDA

Abigael Bohórquez
CARTA

Mi calavera es amplia de mandíbula;
me la palpo, la quiero,
sobre la piel marchita que la enfunda,
la cubre o la contiene,
donde ocurre la vida
y el ojo, enamorado
de lo que da la sencillez terrestre,
y la oreja
que alguna vez no escuchará a la vida,
y el olfato avizor,
y la lengua, -sobre todo, ay, la lengua
a la que llega Dios magnánimo y provee-,
me pongo a recordarme,
a recordarte
a muerte;
creo que lo que adentra calavera
me está pidiendo -ya que no estásque te olvide, que hay otros;
pero sucede que
más vale lo que fuimos
que el canto inconocido
que pasa enfrente
y suena.

11

Mi calavera es ancha de quijada,
amplia de frente,
hueso que hiede, sin ti, lejano,
pero ¡cómo ha querido,
calacachóndima!
Mi calavera
donde ocurrió la luz
8

14

y tremó el corazón y aulló la magia
y la carga mortal de los desamoríos,
y que descabelló sus ojos turbios
desencantadamente
sobre hombres de vientre glandular:
ama con su terrena potestad aún
la vida
y le crece la barba y encanece,
pero ah, tú,
el más abandonado y lejos entre la
muchedumbre,
soy tu palabra, cántala conmigo.
Mi calavera de dientes desiguales,
a veces dolorida se dolora,
otras se acuerda amor mi calavera,
ay, huesote de luz
alumbrado desde el doce de marzo
del treinta y siete, esta carne machaca
que han de comerse los gusanos.
Mi calavera
que ya sostengo entre mis manos, casi,
qué leve, qué amarilla, qué cualesquiera
osamenta de amor,
desprestigiada de amor,
hueso de todos,
pobre,
haciendo resonar entre tus cosas
la huesera
que pudo todavía
escribirte esta carta.

�DUELO
Va estarme de luto por aquellos
que han muerto a desabasto,
por los que rútilos o famélicos,
procurando saciar su corazón o su hambre,
cayeron en la trampa;
eran flores de arena, papirolas,
artificios de bublle gum, almas de azogue,
veletas de discotheque, aleteos, dispendio,
pero eran también un alma, una palabra,
un esqueleto de pan y sal,
con rincones amables
como el tuyo o el mío, compañero,
un pensamiento hermoso o ruin,
mas cosa como nosotros,
hechos un haz de sangre todavía
entre el verdor y el agua de la vida.
Vengo a estarme de luto
por aquellos
que recibieron prematuramente
su funeral de escándalo,
su ración, su camastro, su obituario velado,
pero más por aquellos
que, desde que nacieron,
son confinados, etiquetados, muertos
en sus propios rediles,
herrados, engrillados a un escritorio oculto,
a un cubículo negro.
Ah, caravana de las carcajadas,
carne desamparada de la arcaica matanza,
paredón de la pública befa,

il
Id

16

arrimaditos, amontonaditos
en el muro del asco.
Vengo a estarme de luto
porque puedo.
Porque si no lo digo
yo
poeta de mi hora y de mi tiempo,
se me vendría abajo el alma, de vergüenza,
por haberme callado.
Qué natalicio nuevo de la ausencia,
qué grave el día,
qué turbio el sol
apenitas ayer abeja de oro,
qué viento de crueldad este domingo,
qué pena.
Pero está bien;
en este mundo todo está bien:
el hambre, la sequía, las moscas,
el apprutheid, la guerra santa, el Sida,
mientras no se nos toque a Él;
Ése no cuenta,
simplemente está Allá,
loco de risa,
próspero de la muerte,
agusto.

�,

,

¿CUALESELLUGARDELATEORIA
,
PSICOANALITICA?
Una hermosa necedad es el hablar: al hablar, el
hombre baila sobre todas las cosas.

Nietzsche.

Manuel Contreras Ramos
¿Cómo escapar al parloteo? El hombre nace viejo, decía Althusser. No es
el ser viviente al que se refería, sino a
la vejez del parloteante mundo que lo
espera y en el que se incluye cuando
comienza a decir yo. Tampoco se trata del mundo de las cosas, las cuales
están allí desde antes de que hubiera
un ser que las nombrara. Es el mundo
del ser hablante, ese que apareció
después del verbo y que por su íntercesión se ha transformado... y en gran
medida se encuentra sojuzgado, juslamente por las palabras que bailan
sobre él.

'h

Ese mundo que baila al son-ido
que le tocan las palabras, ese mundo,
nuestro único mundo, nuestro cem
anáhuac, se nos presenta, desde que
nacemos viejos, como una esfera.
Una esfera lisa, llana, sin fracturas.
Para la mayoría, al menos para los
que logramos, gateando aún, hablar,
nos hace, gracias a alguien que porta
el cofre de palabras que nos da a mamar, un pequeño espacio al través del
cual nos incluimos en su universo
parloteante. Y quedamos tan diluidos
en ese parloteo que hay todavía quienes lo conciben como un universo natural.

t

No, no hay manera de escapar de
las palabras, ni aún al dar cuenta de
lo que soñamos, salvo, salvo tal vez,
18

fugazmente, cuando nos olvidamos
de hablar y nos concentramos en el
cuerpo, en el sentir del cuerpo. Pero
justamente porque cuando enmudecemos y sólo sentimos, desaparecemos,
es que volvemos a entregar nuestro
soporte corporal al mundo en el cual
estamos representados de la única
manera como podemos estarlo ante
los otros cuerpos que sólo existen en
tanto fueron nombrados. Así, eso que
nos representa, un significante, es el
único recurso que tenemos para estar
en ese mundo de significantes que a
su vez representan a otros. He allí a la
esfera.
Ese mundo de significantes, esas
palabras que bailan sobre las cosas y
que constituyen el jardín de nuestras
vidas, es lo que se nos presenta como
una esfera sin fracturas, como el
mundo «natural» del ser hablante,
que generalmente, por su carácter
parloteante termina comportándose
como ente, como entre parloteante,
como parloteante. No siempre, para
fortuna nuestra; ni en todos los casos;
hay quienes consiguen hacer caso y
captar, los momentos privilegiados en
que la esfera fugazmente permite entrever los hilos de los que está hecha.
No es que muestre su interior entonces, pues no podría mostrar lo que no
tiene, sino más bien retuerce un fragmento de su estructura y deja escapar

un sentido insospechado de una parte
de los significantes que la tejen. Así,
la esfera de saber, pues de eso se trata
la esfera de significantes, muestra el
camino de un nuevo sentido para
quienes sean capaces de soportar a
los enigmas, de poner en duda lo que
saben.
La esfera que nos habita y que habitamos quienes vivimos en este momento de la historia se nos comienza
a presentar particularmente confusa y
como ya desde hace tiempo hubo
quienes comenzaron a seguir los hilos
de sentido que surgen de sus dehiscencias, son ellos, sus críticos, quienes constituyen nuestra esperanza de
aprovechar la confusión reinante para
escapar, al menos parcialmente, al
ensordecedor parloteo.
A la esfera parloteante actual le
llamamos modernidad; así es como la
gente de este siglo llamó al universo
que habitamos o inclusive el que se
nos dice que ineludiblemente terminaremos todos habitando.
Si hemos de aprovecharnos de la
confusión que se produce en el momento en que la modernidad avanza
hacia la globalización, y que algunos
han comenzado a llamar diversidad,
no es conveniente que consideremos
a todos los que hablan de la llamada

modernidad como críticos de la misma. Muchos son los que sólo la han
descrito, otros, sobre todo por estas
latitudes, quienes la anuncian aún como el mundo que estamos construyendo sin siquiera darse cuenta que
desde hace tiempo nos habita disfrazado de futuro un pasado que es pasado porque ya mostró sus límites. Se
trata pues de develar el sentido aparente que nos muestra la esfera significante de la modernidad para poder
entender mejor lo que se auto-propone como el único camino posible hacia el porvenir. No digo que por el
momento no parezca serlo, sino de lo
que se trata es de desenmascarar lo
que la misma esfera no puede ya
ocultar sin estallidos.
Como una esfera no puede tomarse por ninguna parte, y darle vueltas
termina conduciendo eventualmente
a los mismos puntos de partida, comeneemos por nombrarla de otra forma. Aprehendámosla con un nuevo
significante para de esa manera tomar
contacto con un sentido diferente.
Como se trata de una esfera formada
por una red de significantes entretejidos de una determinada manera, llamémosla discurso.
Un discurso es una estructura particular de significantes que excede a
la palabra. La excede porque condi-

ciona ciertas relaciones fundamentales entre las palabras que lo forman.
Un discurso hace constante la retación entre sus componentes, y al inmovilizarlos tiene una punta, un significante privilegiado a partir del cual
se organizan los demás. Desplegada
ya la esfera a man~ra de un discurso,
podemos intentar hallar el nudo príncipe o la dominante a partir de la cual
se encuentra organizado.
Entremos pues al discurso de la
modernidad a partir de su apariencia.
En esto de la apariencia, la modernidad reina i"ndiscutiblemente, o más
bien, la apariencia reina en la modernidad de manera indiscutible.
Desde que hace poco más de un
siglo comenzó a describirse el mundo
de la modernidad, lo que saltaba a la
vista era el surgimiento del gusto por
la moda. La moda es lo fugaz, lo
transitorio, lo efímero; de allí la pertinencia de su nombre.
Su descripción, comenzó a hacerse a mediados del siglo XIX por pensadores que vivían en lo que en aquel
momento constituía el centro del
mundo: la Europa victoriana.
Esa Europa, que por su ubicación
histórica marcaba el rumbo al resto
del planeta, comenzaba a engolosi-

narse con los productos tecnológicos
del capitalismo que usufructuaba ya,
a plenitud, los beneficios surgidos de
la ciencia.
Lo que tres personajes, habitantes
de ese entonces, consignaron, nos
servirá como punto de partida.
Por el camino de la crítica del arte, Baudelaire denu"hció la instauración del gusto por lo nuevo como característica esencial de la naciente
modernidad, asociada con un ocultamiento de lo eterno. Al pretender el
arte aprehender lo trascendente en lo
fugaz de la cotidianeidad, la novedad,
en lugar de lo perenne, pasó a ser lo
importante, aunque a costa de convertirse en efímero y ahistórico; de
allí la importancia de la moda. Baudelaire no suponía la abolición, de lo
eterno, de lo permanente, sino sólo su
ocultamiento. La moda apareció pues
como un velo.
Simmel por su parte, mostró la importancia que adquiría el dinero como
significante privilegiado en el nunca antes conocido espacio de la metrópoli,
pues con el surgimiento de esos enormes conglomerados humanos, las relaciones ya no podían seguir fincándose
en las historias individuales, y al erosionarse los antecedentes como referencia,
fueron siendo sustituidos por la pose19

�sión y el lucimiento de bienes adquiribles de valor universal, éstos, necesariamente menos durables e inconmovibles
que los anteriores. Ante esa caída de los
valores tradicionales resultaba ya difícil
orientarse mediante visiones globales
del acontecer social, de allí su propuesta
de deducir la totalidad a partir de los
comportamientos fragmentarios de esos
ciudadanos metropolitanos, los cuales
había además que captar en su fugacidad, en su transitoriedad, pues las estructuras tradicionales habían dejado de
ser localizables. Así, la historia se convertía en obsoleta y, para captar lo que
ocurre en una sociedad moderna se requiere ahora del científico social, del
sociólogo. El filósofo y el historiador
dejaron de tener un lugar en la modernidad porque comenzaba a resultar inútil
pensar para eslabonar los acontecimientos en una cierta continuidad lineal, y
más bien se hacia necesario observar
los eventos aislados, las formas sociales. como única manera de captar lo que
se oculta tras el incesante flujo de los
fenómenos. El ciudadano moderno tampoco escapa a esa pérdida del objetivo
hacia el cual enderezar el rumbo de la
vida, sino que se refugia en su individualismo. Su contacto con los otros
queda marcado por la satisfacción momentánea a través de nuevos estímulos,
sensaciones y actividades externas. Los
viajes, el consumo continuo, la búsqueda incesante de un goce ubicuo y huidi-

i.pl t

20

zo se constituyen en el eje de la vida, citadina y el dinero, la cosa más eñmera
del mundo, en el símbolo por excelencia de la modernidad.
Finalmente, Benjamín se apercibió del rumbo que tomaba el mundo
a través de los cambios urbanos que
experimentaba París. Eran los tiempos del segundo imperio y Haussman
transformaba a la ciudad de antaño
con el trazo de los grandes bulevares;
la ciudad nueva ponía en contacto sus
diversos barrios pero al mismo tiempo borraba sus peculiaridades; los homogenizaba a costa de abolir sus diferencias, y en medio de esa ciudad
unifonnada en el glamour, lo que
contaba eran las cosas de sí mismas,
separadas de su historia. Los modernos espacios de las galerías, las salas
de juego, de baile, en fin, la moda, la
vida fácil de la mascarada, no hacían
sino ocultar lo que cada día era menos recordado. Se requeriría, decía
Benjamín, el trabajo de los arqueólogos de la modernidad para descubrir
los determinantes de ese mundo ilusorio de relaciones frívolas y tentados
ras mercancías.
Tres características fundamentales podemos rescatar como propias de
la modernidad a partir de las observaciones de éstos, sus primeros cronistas. Las relaciones significantes se

vuelven superficiales, ocultan lo que
antes era evidente y lo sustituyen con
lo siempre nuevo de la moda; al borrarse la historia que da sentido al
presente, la realidad se fragmenta y
queda únicamente unida por significantes que siendo universales son sin
embargo volátiles y efímeros, tales
como el dinero; y tercero, las agrupaciones humanas tienden a homogeneizarse, y en ese volverse iguales
ocultan las diferencias de sus distintos recorridos históricos. El discurso
toma la fonna de una inaprehensible
esfera.
Antes de cuestionar si la sociología ha llegado mucho más lejos que
lo aportado por estos viejos autores,
ha llegado mucho más que para nosotros en estas latitudes, sus aportes son
aún vigentes. Durante mucho tiempo
vivimos pensando que la modernidad
se encontraba allende la frontera, pero hoy, sin ninguna duda, es transformación europea, que luego de la segunda guerra fue encabezada e impuesta al resto del orbe por un país
más próximo a nuestra geografía, comienza a fonnar parte de nuestra propia vida cotidiana. No sólo nuestra
ciudad está cambiando velozmente
para adaptarse justamente a la velocidad que la vida actual impone sino
que indudablemente también nuestro
pasado se esfuma aceleradamente.

Ciertó que la modernidad ha
transformado nuestras vidas haciéndolas más muelles, cierto que no sólo
nuestras ciudades sino también nuestros refugios familiares han vencido a
la oscuridad de la noche, que el clima
se ha tornado artificial mitigando el
calor de nuestro inhóspito verano,
que desde cualq•Jier sitio en donde
nos encontremos¡podemos hablar con
alguien que se halle en el lugar más
apartado del mundo, inclusive viviendo ya en otra fecha, que no sólo los
sonidos y las voces, sino también las
imágenes habitan ya por entero nuestras vidas, que tenemos acceso al saber de las más grandes bibliotecas
desde la comodidad de nuestra propia
casa, que podemos transportarnos cada vez más lejos y más rápido, cierto
en fin que el mundo es más pequeño
y cómodo en la medida en que se ha
ido poblando de aparatos, pero también es innegable que está más lleno
de chatarra, de satisfactores chatarra,
de relaciones chatarra, de palabrería
electrónica, capaz de llegar cada vez
más lejos, sí, pero también cada vez
más vacía, haciendo cada vez más
parloteante al mundo, el cual, aunque
marcha, aceleradamente marcha, cada vez es menos claro para donde va.
No se trata pues de combatir a la
comodidad de la vida moderna en
aras de un romántico pasado, sino tan

sólo de recordar que el mundo de los
hablantes no se mueve por sí mismo,
que siempre son significantes los que
encauzan nuestro paso por la vida y
que de cuando en cuando conviene
recordar a los discursos que no por
olvidados no nos siguen gobernando;
no sea que desperdiciemos nuestras
cada vez más escasas energías en
combatir fantasmas aparentes, no sea
que sigamos siendo víctima de la
consigna modernista de que todo
cambie para que siga todo igual, tal
como la moda nos lo impone.
La modernidad, si me permiten
ahora aventurar una definición, consiste en un velo que envuelve al mundo, ahora sí globalmente, que nos impide tomar contacto con el discurso
que la determina. Contrario a lo que
se nos dice, para aprehender al discurso subyacente es necesario soltarnos momentáneamente de la mano de
la moderna ciencia social y recurrir a
fuentes no tan prestigiosas, como lo
puede ser la obsolescente historia.
La modernidad, ¿de dónde vino?,
¿cómo surgió?, ¿a qué aspiraciones
intentaba responder?
El asunto parece venir desde los
ideales de igualdad tan proclamados
durante la revolución francesa, resultantes del agotamiento del absolutis-

mo en el que había derivado la estructura feudal envejecida.
La razón burguesa, nacida de la
lucha contra el estado absoluto, reclamaba entonces libertad individual e
igualdad ante la ley. De esa manera,
se pensaba, la razón marcaría el juego
de las fuerzas políticas y el estado
quedaría reducido al limitado papel
de árbitro. La humanidad se soñaba
entonces en el camino de su total
emancipación.
Al principio nadie apareció darle
importancia al hecho de que si bien el
monarca había sido decapitado, su heredero, y no me refiero a Luis Capeto
aunque este suceso quedó así consignado en su leyenda, se había perdido entre
las multitudes del futuro.
Fue la ferocidad del capataz que
expoliaba a los proletarizados campesinos, lo que precipitó los acontecimientos que se sucedieron a lo largo
del siglo XIX y que augurándose ya
para el xx, indicaron pronto a dónde
había ido a parar el heredero del viejo
amo. Al hacerse manifiestos los aspectos alienantes del capitalismo
pronto se produjo la denuncia marxista de una nueva y velada sujeción que
había que hacer estallar para reencontrar los anhelos de emancipación de
la sociedad en su conjunto.

�Tuvo aquí lugar una extraña paradoja, pues si bien el marxismo develó
la apropiación del saber por parte del
amo moderno por la vía de la ciencia
aplicada, y a partir de ello planteó la
posibilidad de una nueva sociedad, en
el momento en que la clase proletaria
recuperara el usufructo del saber, no
previó las consecuencias de que esa
recuperación reRueriría de alguien
que se encargara de la transferencia,
pues no se trataba ya def conocimiento rudimentario que se obtiene del
trabajo mismo, sino del de la ciencia.
Pronto resurgió el amo, esta vez encamado en la burocracia detentadora
del saber científico, cuyo estrepitoso
fracaso marca el final del siglo xx y
del anhelo fallido del socialismo.
Justo es recordar que antes aún de
que fuera instaurado el modelo que
Marx consideraba necesario para la
consecución de su ideal, experimento
social que por cierto comenzó repitiendo el desalojo de un monarca envejecido en lugar de sustituir al moderno dueño de los llamados medios
de producción, ya había quienes desconfiaban de que el planteamiento
marxista fuera una verdadera alternativa para llegar a la tantas veces proclamada libertad universal. Weber,
quien · nunca abandonó su esperanza
de que la racionalidad conduciría a la
libertad, si se dio cuenta de que el
22

proyecto basado en que el desarrollo
de la ciencia produciría una mayor
racionalidad y finalmente libertad para todos, en el momento de ser instrumentado sólo llevaría a un nuevo callejón sin salida por la vía de la apropiación de la razón por parte de la burocracia. Capitalismo y socialismo no
serían entonces sino dos caras de la
inevitable sumisión que el moderno
ciudadano sufriría cuando en cualquiera de los dos lados del muro formara parte de una mesa gobernadora
bajo la consigna de bienestar para todos.
Desde entonces, en el terreno oe
la sociología se han sucedido una serie de polémicas que en el mejor de
los casos han profundizado la crítica
y en el peor han planteado soluciones
que se antojan francos retrocesos ante
la situación a la que intentan dar respuesta.
Teodoro W. Adorno consideró
que si bien la salida hacia la emancipación no vendría ni de la razón subjetiva universal, ya que ésta, por vía
de la alienación tecnológica sólo había creado una dominación mayor, ni
tampoco de la razón objetiva de la
planificación total que convierte al
hombre masa en un mero instrumento
de la burocracia científica, aquella
podría surgir de la crítica dialéctica

entre ambas tendencias. Incapaz de
diseñar una praxis que diera cuenta
de esa tercera alternativa, lo que
Adorno consiguió fue demostrar que
el proyecto emancipación humana
propio de la ilustración no era conseguible por la vía de la incesante burocratización ni por la cientifización de
la vida social que nadie parece poder
detener.
En nuestro tiempo, desde los Estados Unidos, convertido en el paradigma de la tendencia triunfadora en
este fin de siglo, asiento indiscutido
del llamado capitalismo avanzado,
sucede que hay quienes comienzan a
denunciar un insospechado efecto de
la modernidad que peligrosamente
puede difundirse al resto de la humanidad. El discurso comienza a mostrar contradicciones, la esfera corre el
riesgo de deshilarse, ante lo que Bell
llama la desaparición del individualismo competitivo en aras del individualismo hedonista. La ética protestante se ve amenazada por la pérdida
de la confianza en el progreso basado
en la tecnología, y la gente, entregada
a vivir el aquí y el ahora, pierde el espíritu de superación y competencia
de antaño. En otras palabras, ya no
hay a veces manera de hacerlo trabajar. El crédito ha terminado sustituyendo al ahorro, la moral puritana se
disuelve y el individuo sólo piensa en

el consumo, el tiempo libre y las actividades que le producen entretenimiento. Al verse absorto el sujeto
mismo en la lucha acelerada por un
mejor nivel de vida, él mismo ha quedado incorporado al mundo de lamoda y de la rápida obsolescencia; la realización plena del individuo coincide con su fugacidad. Es como si la
máxima aspiración del ciudadano
medio norteamericano consistiese en
sentirse el foco de las miradas de las
multitudes aunque sólo sea con la
brevedad de los modernos «media».
Si conseguir aparecer en un programa
coast to coast implica mostrar públicamente sus cosas más íntimas (por
cierto cada vez más inencontrables) o
cometer un magnicidio, la vida tendrá
entonces sentido.
Ante semejante panorama, en años
recientes llegó a proclamarse que la razón ilustrada había muerto, que las instituciones liberales estaban seriame11te
amenazadas y se propuso como salida
que se propiciase una vuelta hacia la religiosidad. La estructura cruje, quien
ocupa el lugar de la dominante en el
discurso, el amo moderno, se preocupa
y busca cómo reforzar la eficiencia cuyo debilitamiento amenaza al sistema
en su conjunto.
En esta crónica del capitalismo
avanzado se nos muestran cosas que

por lo menos merecen el calificativo
de interesantes; yo tomaré una: en la
preocupación de Daniel Bell por solucionar el menoscabo de la inclinación al trabajo en aras de un hedonismo improductivo, se nos muestra claramente a dónde fue a parar el rostro
aparente del antiguo amo.
El amo se ha puesto la máscara
del saber.
En el discurso del amo antiguo, el
saber estaba del lado del esclavo; no
el saber articulado como el del moderno científico social, sino el que en
aquel tiempo era importante, pues era
el que se traducía en producción. Me
refiero al saber hacer del esclavo que
era el que le era sustraído por el amo
antiguo y que no cambió de sitio durante el feudalismo, pues el siervo seguía poseyéndolo y donándolo al señor feudal a cambio de protección.
No les diré por el momento la protección de que trata, pero volveremos a
ello más adelante. Por el momento
nos interesa seguir rastreando el camino que siguió el asiento del saber a
lo largo de la historia para poder
comprender la preocupación actual
de los sociólogos.
La estructura crujió, que no es lo
mismo que se desvencijó, cuando la
ciencia comenzó a producir artefac-

tos, bienes perecederos, mercancías.
Allí, cuando el saber hacer del siervo
ya no era útil, el saber ya no se le sustrajo a la manera antigua, como una
transferencia del producto de su saber, sino que se le desposeyó del saber mismo. Efectivamente el proletario es un desposeído, no sólo de la
tierra, no sólo de la destreza creativa
propia del artesano; es un desposeído,
sobre todo del saber.
Y es esa desposesión la que lo hace más inerme ante la exigencias del
amo moderno. Pensemos en nuestras
dulces «muchachas», vestigio feudal
aún encontrable en nuestra sociedad.
Un buen día, cansadas de las restricciones de su amo antiguo, la «señora»
de la casa, deciden emanciparse y se
van a la fábrica y, más o menos tarde,
descubren lo que han perdido. No las
restricciones, no la sustracción del
producto de su trabajo, sino el lugar
de dadoras de felicidad. En la fábrica
son absolutamente prescindibles y
rescindibles. Pueden tranquilamente
convertirse en un despojo entre las filas de desocupados, o de jubilados,
sin que el amo sufra ninguna consecuencia; lo sorprendente es que ahora, aunque la muchacha consiga entrar a la universidad, su destino muy
probablemente será el mismo que el
de la campesina que a fines del siglo
pasado fue reclutada por la usina.
23

�Pero, y entonces, ¿quién administra ahora el saber?, pues el científico;
no el científico a la antigua, pensador
y ocioso, sino al científico creador de
bienes y servicios, por vía de la institución reordenada ex-profeso para la
reproducción del saber de la ciencia:
la universidad. Ahora inclusive los
políticos han de tener grados universitarios, y entre ¡-más altos ¡mejor! Y
por supuesto, una universidad moderna es aquella que tome· en cuenta el
«mercado de trabajo» y que regule su
propio «mercado académico», no sea
que el «costo beneficio» de su trabajo
no se vea reflejado en la «calidad»
del profesionista que produce.
El amo se interesa en el saber en
tanto puede sustraer por medio de él
un plus de lo que se produce. ¿Cuándo le ha interesado al amo el saber
por el saber? Nunca, ¿Para qué? Si ha
tenido siempre quien lo use para producirle beneficios. El amo moderno
tiene ahora, además de hombres de
ciencia y técnicos capacitados, científicos sociales que se ocupan de que la
estructura mantenga su función, y para que cuando cruja se preocupen de
cómo aceitar su maquinaria. Esa es la
preocupación que se percibe en la
crónii;:a de Daniel Bell respecto al
punto de desembocadura del capitalismo avanzado: ¡algo está pasando
con el goce!

111111 1

24

El discurso de la universidad no
tiene elementos para entender con su
saber, lo que ocurre con el goce. Sugiere formas de controlarlo, de combatirlo, de aprovecharlo! que a final
de cuentas es lo que siempre ha intentado con más o menos éxito, pero le
faltan elementos para ubicarlo en la
estructura del saber.
Conviene aquí recordar para qué
sirve el saber. El saber sirve para que
la vida continúe. No importa que ese
saber se sepa, lo importante es que en
ese sentido no haya confusión. Es el
caso del instinto. Este no se refiere a
un saber recordado sino a un saber
que subyace a la existencia y que se
traduce en algo que tiende a la preservación de la vida. Por eso es que
cuando cualquiera, y sobre todo
cuando se trata de muchos, orientan
su existencia en un rumbo distinto al
de la vida, es decir hacia la muerte, el
saber muestra sus límites, se genera
confusión, se intenta abolir lo que no
tiene sentido de acuerdo al saber establecido. Precisamente por eso es que
no se trata de dotar a ese saber con
elementos para entender y asimilar lo
referente al goce, se trata de entender
por qué el goce no tiene cabida en el
saber que surge de la ciencia.

Es pues lo que se refiere al goce
la parte del discurso que resulta in-

descifrable cuando se está plenamente inserto y por lo tanto preso, en su
estructura y es aquí donde se requiere
de un punto diverso desde el cual mirar. ¿Cómo se adquiere un punto de
mirar diferente? Si los sujetos aún
cuando no sólo somos palabra, de
cualquier forma sólo estamos para los
otros en la medida en que somos representados por un significante, entonces es obvio que nadie puede estar sino estando representado para otros
significantes, es decir, formando parte de una estructura, incluido en un
acomodo particular de la red significante que es como definimos al discurso. Entonces, no es simplemente
estando fuera de un discurso como se
puede tener un punto de vista diferente, porque estar fuera del discurso
puede significar estar en la nada, es
decir, no estar. De lo que se trata es
de estar incluido, inmerso, tomado,
en otro discurso diferente. Es por eso
que el psicoanalista, no me refiero al
universitario con estudios en psicoanálisis, sino al que se encuentra colocado en el lugar que organiza al discurso del psicoanálisis, puede decir
algo acerca del lugar que ocupa el
goce.
El testimonio freudiano adquiere
en esto su importancia. La experiencia analítica condujo a Freud hasta
los límites del saber y lo impulsó, a

través de la búsqueda de sentido, a
hurgar en eso que creó tanta confusión: lo que el llamó el principio de la
muerte. Por la vía del hallazgo de la
repetición, Freud se percató que el ser
hablante no se encuentra regido únicamente por el principio del placer.
Este, el principio del placer, es lamanifestación que justifica al saber establecido; el principio del placer busca
la descarga de la tensión, la placidez,
la preservación de la vida. Lo que
Freud encontró como límite de ese
principio fue lo que el llamó repetición; justamente, lo que esta «más
allá del principio del placer». La repetición que está más allá de la descarga productora de placer y que hace
que interminablemente se restablezca
el circuito que conduce, si nada lo
contiene, irremisiblemente hacia la
muerte. Entonces el goce, pues la repetición no es otra cosa, conduce hacia la muerte. Pensemos por un momento en el llamado mal de nuestro
tiempo, eso que la sociedad tanto
preocupa: el gusto cada vez más difundido por esas irresistibles mercancías que son las drogas.
Pero no hemos avanzado mucho,
sabemos que existe un amo, un amo
que a lo largo de la historia, esa historia tan menospreciada en la modernidad, se ha mantenido. Ha cambiado
de sitio, se ha disfrazado, se ha valido

de distintos artilugios para apoderarse
del saber y del producto del trabajo
de los otros, pero el enigma es ¿qué
lo sostiene? Sabemos quienes lo mantienen, pero no hemos dicho qué los
hace sostenerlo en ese sitio. En un
discurso ningún significante está en
su sitio porque se requiere que ocupe
el sitio que le corresponde ocupar,
para que cumpla con la función que
le toca cumplir. ¿Qué tiene que ver
esto con la vida y con la muerte?
¿Qué produjo la experiencia freudiana que produzca sentido en este límite del saber establecido?

ber que más esclarecedor le pareció,
el de la tragedia griega. Se debatió, lo
sabemos, entre el drama de Hamlet y
la tragedia de E&lt;lipo, pero finalmente
se inclinó por Sófocles. El viejo drama redivivo se convirtió pronto en un
mito e hizo popular al psicoanálisis,
quizás más allá de lo que el mismo
Freud deseara, pues una vez desaparecido su padre y estando ya Sigmund Freud en primera fila ante la
muerte, es decir él mismo en el lugar
de padre, el mito inspirado en la tragedia sofocliana ya no le sirvió como
·al principio.

Freud formaba parte de una estructura, de eso no hay duda, solo que
al quedar colocado en una posición
particular, se encontró con el límite
de lo sabido y allí produjo un intento
de respuesta. De la confusión surgió
una nueva vía orientadora del sentido, surgió un discurso diferente.

Un evento me parece que puso a
Freud sobre la pista de lo que más
tarde sería su nuevo mito. La lucha a
muerte que se produjo entre él y
quien había designado como su heredero.

¿Qué dijo Freud en relación al
amo?
El psicoanálisis freudiano se ocupó del amo por la vía del padre. En
un principio, quizás debido a que él
mismo estaba colocado en el lugar
del significante hijo, Freud orientó su
búsqueda de sentido precisamente
desde ese sitio. Así, a la muerte de Jacobo, el hijo Sigmund recurre al sa-

Fue la disputa con Jung la que hizo
pensar a Freud en el drama filial desde
el lado del padre, y allí el llamado complejo de Edipo ya no le proveyó de suficientes elementos. Naturalmente que
este agotamiento del mito de Edipo pasó desapercibido para quienes ya se
aprovechaban de su popilaridad, la cual
de hecho se sostiene aún en envidiables
ratings, tal vez por las mismas razones
por las que en parte siguen siendo populares las tragedias griegas. Es más cómodo pensamos juguetes del destino
25

�que soportar la incertidumbre de un futuro que puede depender de nuestros
actos.
El estudio de los mitos revela que
en ellos se expresa la verdad, no de
manera absoluta, sino medio dicha, y
si el mito de Edipo mostró pronto sus
límites fue porque después de todo no
da clara cuenta de algo verdadero:
Edipo asesinó a su padre, sin saberlo,
sin ningún sentido, como mera víctima de un capricho de los dioses, y
gozó de su madre, sin saberlo, aunque resulte sospechosa la supuesta ignorancia de ella, a consecuencia de lo
cual sufrió un castigo, un castigo inmerecido, simplemente por no haber
sabido. ¿Por no haber sabido qué?
Por no haber sabido lo que su padre
no supo transmitirle: la ley de la prohibición del incesto. Layo había preferido matarlo que imponerle los buenos límites del goce.

,,

,,,11111 1

Sí, el mito edípico adoptado inicialmente por Freud seguía colocando a la madre como la fuente indiscutibie de todo goce y al padre como un
mero estorbo potencialmente benéfico cuya presencia había que respetar
so pena de perder lo que sirve para
poder gozar del amor de las mujeres.
Pero la pregunta reiterada de sus
pacientes histéricas hizo que Freud,

2

26

luego de varios intentos fallidos, se
diera parcialmente cuenta de que lo
que ellas querían de un hombre no
era necesariamente lo que le sirvió a
Edipo para copular con su señora madre, sino lo que se oculta en el ser del
que cuelga lo que Freud consideró
como la causa de todo deseo. Lo que
a final de cuentas contiene un padre
es, no el falo del que en el mejor de
los casos se sirve, sino una falta, y lo
que la histérica no sabe, aunque pregunta todo el tiempo acerca de ello,
pues no se conforma evidentemente
con querer tener lo que Freud suponía
que todas las mujeres envidiaban, es
que el verdadero secreto de su padre,
es que en el amor lo que una mujer y
cualquier sujeto busca no es lo que el
otro tiene para dar, sino precisamente
lo que no tiene. Freud, no hay por
qué negarlo, se quedó prisionero en la
pregunta ¿Qué quieren las mujeres?,
pero esa duda le bastó para orientar
sus baterías inquisidoras hacia el padre.
Abonada pues su escucha con las
demandas de sus muy pacientes histéricas y en medio de la desgastante reyerta con Jung, su hijo predilecto, el
padre Freud reúne al resto de sus hijos (Ferenczi, Eitington, Sachs, Rank,
Abraham y Jones) y les hereda en vida la administración del saber psicoanalítico. Un anillo regalado a cada

uno cierra el pacto y el padre Freud, a
salvo de la lucha y de su eventual
desbancamiento, se retira del ámbito
callado de su estudio a producir, lejos
del fragor de las batallas por el poder,
la justificación teórica del acto recién
consumado. Poco tiempo después verá la luz la obra en la que quedó inscrito el mito freudiano por excelencía: «Tótem tabú».
Así, Freud, a raíz de su conflictiva
y forzada ubicación como padre del
psicoanálisis, tuvo que poner en acto
una solución que lo llevó más tarde a
la creación de un nuevo mito, en ese
caso un mito propio, el mito del asesinato del padre como origen de la
cultura.
En su documento escrito Freud da
cuenta de lo que él supuso había ocurrido históricamente en el comienzo
de la cultura. Lo que quiero decir
cuando digo «lo que él supuso», es
que cuando ahora llamamos mito a lo
que Freud propuso en «Tótem y tabú», no es porque su creador lo haya
considerado como un mito; por el
contrario él siempre defendió su versión de lo ocurrido como si realmente
así hubiera pasado. Y conviene puntualizarlo porque esa confusión ha
hecho que no pocos antropólogos desechen, como buenos hombres de
ciencia, a la verdad medio dicha en el

mito, simplemente porque desde la
«veracidad científica» es insostenible. Dicho sea de paso, ésa es una de
las razones por las que el conocimiento científico se muestra tan incapaz de convertir al ser hablante en
uno más de sus objetos de estudio,
pues al basarse la ciencia en un lenguaje que se sostiene por sí mismo,
como lo es el'"de las matemáticas, que
no requiere, como el mundo de los
significantes entre los cuales vive el
ser hablante, de referirse uno a otro
para poder significar algo, hace caso
omiso de todo aquello que no es comprobable y renuncia así a encontrarse
de otra manera con la verdad. Por
ejemplo, la verdad medio dicha en los
mitos y que ocultan los discursos, que
aunque se sostienen precisamente en
el hecho de que ningún ser hablante
puede definirse por sí solo, desprecian la vía por la que es posible dar
de lleno con los determinantes significativos que nos aprisionan.
Pero volvamos a Freud y su mito
del padre asesinado: Freud concibió
el origen de la cultura como el momento en el que los machos jóvenes
de una horda, privados de las hembras por la autoridad absoluta del
gran semental, del padre de la horda,
decidieron liquidarlo; pero como su
asesinato no garantizaba que todos
los machos jóvenes tuvieran acceso a

la reproducción, éstos establecieron
el primer pacto de la historia. Para no
matarse interminablemente, tendría
que ser asesinado y así ad-infinitum,
la privación de que el padre muerto
los hacía objetos quedaría establecida
como la ley del tótem. Así, la privación quedaba transformada en prohibición simbólica y los hombres de
ese tótem, los descendientes del gran
macho asesinado, no tendrían ya acceso a las hembras que le habían pertenecido pero sí a cualquier otra que
fuera ajena al tótem.
Es un hecho sabido que una vez
que Freud produjo este mito, ñunca
más lo abandonó; prueba de ello es
que recién consumada su dolorosa
ruptura con Jung, estando Freud en
Roma se encontró con el Moisés de
Miguel Ángel, figura de padre fundador por autonosamia, sobre todo para
un descendiente de la raza hebrea, y
al pensar en el momento que el escultor había plasmado en la piedra comenzó a elaborar la historia del origen de la religión judía, a la que consagraría sus últimos años de existencia.
Al crear el mito del desenlace totémico, tal vez Freud se equivocó al
considerar que ese pacto había realmente ocurrido en el origen de la humanidad; tal vez incluso no puedan

sostenerse sus argumentos sobre el
asesinato de Moisés como origen del
monoteísmo, pero sería producto de
una sordera absoluta el no reconocer
la parte de verdad que el mito tiene y
que es justamente lo que hace que, a
pesar de lo poco comprobable de sus
afirmaciones, el saber freudiano no
haya podido ser simplemente tirado a
la basura por los científicos modernos.
A diferencia del mito de Edipo,
que deja intocada la figura del padre,
el mito planteado por Freud en «Tótero y tabú» deja claro que en el mundo de la cultura, es decir, en el mundo de los seres hablantes, no hay nadie que pueda colocarse como dueño
absoluto del goce. El padre totémico
sólo puede seguir estando al tanto
muerto, en tanto representante de la
ley que organiza el goce de sus descendientes, de manera que más que
privarlos totalmente de él, se los regula para salvarlos de la muerte. Y
eso, así de sencillo, es lo que constituye la esencia de la función del amo:
regular el goce. Por ello el discurso
que sigue predominando, al menos
hasta el momento en que nos encontramos en la historia, es el del amo.
Naturalmente ningún ser humano
ha sido ni será capaz de cumplir con
esa función, pero tampoco se trata de

27

�eso, de hecho, tal como lo indica el
mito freudiano, el amo no está más,
el amo es, nada más y nada menos,
un imperativo que preserva la vida
regulando el goce.

11111

Eso no significa que a lo largo de
la historia no haya pequeños personajes que pretendieron ubicarse en el
lugar del amo consiguen representar
por un tiempo su patética o siniestra
encamación, tal como la que personificaba la imagen del padre de hace
apenas dos generaciones, quien para
poder sostener su rígido autoritarismo
tenía que trabajar de sol a sol para
mantener a su numerosa prole. Esos
eran en el fondo esclavos, como suelen ser los obsesivos, quienes convencidos de que solamente ellos saben c¿mo hacer las cosas, terminan
siempre sintiéndose explotados por
los otros, pues en el fondo ignoran
que es gracias a su trabajo como consiguen que los otros gozosamente los
toleren.

111 1

Lo que puede llegar a extremos
peligrosos es que siempre habrá quienes vean el lugar del padre autoritario
como un privilegio, y también quienes, en determinados momentos, sobre todo en medio de la incertidumbre, ínvoquen ese vestigio del amo
antiguo que está siempre presto a ser
resucitado.
28

Ahora, antes de seguir, intentaré
decir por qué desde el discurso analítico se descubrió que todo sujeto busca la regulación del goce.
Al comenzar mi intervención yo
decía que el hombre nace viejo porI
que llega a un mundo ya lleno de significantes entre los que tiene que incluirse; decía también que esa inclusión se produce mediante el sojuzgamiento de su soporte corporal al sistema de los significantes. Sólo se
puede estar en el sistema en tanto
representado por un significante que
nos representa ante otro significante,
pero tal sojuzgamiento del cuerpo real no es sin efectos. Lo que implica es
división, pues sojuzgar no equivale a
abolir. Hay eso sí, una pérdida, una
pérdida ineludible de lo absoluto. Pero si bien se pierde, se renuncia a lo
absoluto, al goce ilimitado, la pérdida
no es absoluta. Se pierde el todo pero
no todo se pierde. Siempre pennanece un resto que hace posible que el
trabajo de vivir se vea compensado
con un poco de goce. Eso que queda
como resto permite que el arribo al
goce no implique una transgresión, ni
el asesinato reiterado del que prohibe
el goce absoluto, sino es más bien un
resquicio que le permite al goce escabullirse. Para permitir tal escapada, el
dispositivo cultural permite que ese
resto ocupe el lugar de lo perdido,

orientando así el deseo de producido
por la incompletud hacia un objeto
que lo causa. Los caminos que cada
uno se construye para conseguir la
anhelada e imposible posesión del
objeto causa del deseo, no están
exentas de goce. Y como en el capitalismo, en donde el trabajo produce un
excedente que puede sustraerse, acumularse y derrocharse que se llama
plusvalía, así la preservación de la
cultura permite que el trabajo de vivir
en sociedad produzca un excedente:
el goce, no el absoluto, que termina
siempre por matar, sino un plus, el
plus de goce. Es este goce el que
cuando se desboca impide que la vida
siga, el que justifica que haya quien
lo regule mediante el trabajo. Se trata
de que no se arribe nunca a la satisfacción plena del paraíso perdido ni
que tampoco la vida se convierta en
puro sudor de la frente. Para poder
gozar sin morir es para lo que se requiere de un amo.

no nacido el siglo pasado que requiere de un progreso tangible para sostenerse.

De allí que el capitalismo, al despojar al siervo del goce que encontraba en la producción de lo que hacía,
trasladó el goce hacia las mercancías.
El capitalismo salvaje del principio,
el de la revol~ción industrial, no podía sostenerse mucho _tiempo, porque
el trabajo despojado totalmente del
goce representa el fracaso del amo, la
resucitación del viejo macho totémico, insaciable e incompatible con la
cultura. Cuando un ser hablante es
despojado ya no del goce absoluto,
sino absolutamente del goce, aún de
ese pequeño goce que permite que la
vida siga, entonces su vida deja de tener sentido «Somos los muertos de
siempre» dice la consigna de las etnías chiapanecas. No tienen nada que
perder precisamente porque tampoco
obtienen nada que justifique el sacrificio por vivir; cuando la vida se reA cambio de ejercer esa función, duce a la supervivencia y hasta el
el amo sustrae un plus de goce que a más mínimo excedente gozoso le es
diferencia del dinero no es acumula- sustraído, entonces del sujeto no queble.
da más que el cuerpo, lo que equivale
a ser un muerto.
De hecho el trabajo, tan valorado
por cierto en nuestro hábitat citadino,
La sociedad opulenta, por su parno puede nunca ser el valor último. te, muestra el fracaso del amo en el
El trabajo como motivo de orgullo sentido opuesto, en el exceso de goce
por sí mismo, es un mito regiomonta- que hace que el trabajo deje de tener

sentido. El goce en exceso produce
otros problemas; hay que derrocharlo.
Y cuando el goce se derrocha la
muerte está a la vuelta de la esquina.
No sólo implica el peligro de que su \
derroche sea visto como motivo de
guerra por quienes son despojados
absolutamente de él, como ocurrió
con la Alemania del periodo entreguerras, sino que al interior del sistema mismo el exceso de goce se vierte
hacia del despilfarro absurdo descrito
por los cronistas de la post-modernidad. El fantasma de la drogadicción
es una muestra clara de a dónde puede ir a parar el despilfarro del goce.
Por eso decía que la droga es la ·mercancía por excelencia. Los adictos la
consumen en cantidades crecientes,
sin importar lo que cueste, todo lo
que tarden en morirse.
La caída del socialismo real por
otro lado, lo que enseña es el error
marxista de no haber tomado en
cuenta en su análisis del discurso del
amo, la importancia del plus de goce.
En su utopía, Marx imaginaba que el
amo desaparecería una vez que todo
el mundo estuviera satisfecho; ¿pero
de qué satisfactores se trataba en su
concepción del futuro? Evidentemente era necesario limitarle al despiadado amo capitalista de sus tiempos la
acumulación de plusvalía, pero al
aparecer la burocracia planificadora,

encargada del muy loable fin de satisfacer las necesidades biológicas de
todo el mundo por igual, el goce desapareció no solo del trabajo sino de
todas partes. Por eso ningún muro podía contener las miradas de deseo sobre los objetos que en el lado capitalista, ya modernizado por los avances
de la tecnología, se había convertido
en el medio de gozar a medias. Si, en
el socialismo no iba ya a haber despojo de la plusvalía, pero al abolir de
pasada al plus de goce también se .eliminó el goce puesto en la adquisición
de mercancías que ya la ciencia aplicada había desplazado hacia allí, y
entonces el amo nuevo iba derecho a
su fracaso. Para nadie resultaba ya
atractiva la consigna todos iguales,
todos satisfechos, todos trabajando.
Derrumbada la utopía socialista a
causa del fracaso de la burocracia, la
gran pregunta del momento es si el
amor post-moderno será capaz de
cumplir adecuadamente con su función de regulador del goce. Y es terrible que la gran pregunta sea ésa y no
ya si es posible soñar con un futuro
sin amo. Lo que hace tan importante
este momento y este lugar es que entre los poi vos del derrumbe de la polémica que ocupó nuestro tiempo durante el siglo XX, se muestra fugazmente el truco siniestro de la tendencia triunfante: ¿qué produce el traba29

�jo? El trabajo produce riqueza material y también, por vías del saber,
produce goce. ¿Y cómo sustrae el
amo moderno ambas cosas del trabajador? por medio de las mercancías.
Allí va a dar tanto la plusvalía ·como
el plus de goce. El colmo que permite
que el truco se desenmascare es cuando el trabajo ni siquiera permite la
adquisición de mercancías.

1

11

Podría decirse entonces: pobre humanidad, su futuro no parece, a la vuelta del siglo, muy halagüeño. El progreso
no sólo hará que el sujeto siga corriendo
tras los objetos desechables para dejar
en su consumo el plus de su trabajo, sino que la post modernidad, en la medída en que el deseo de saber también le
ha sido sustraído, pretende convertir a
los seres humanos mismos, los jóvenes
que habitarán el futuro, en mercancías
tan desechables como las que nos inundan. Un mundo lleno de cuerpos consumidores de chatarra se cierne como
amenaza sobre las próximas generaciones.

11,1

Pero antes de dejar las cosas para
el futuro, permítanme aventurar una
respuesta a la pregunta que intitula
este trabajo: ¿cuál es el lugar de la
teoría psicoanalítica?
La teoría en sí misma no es nada.
Por una parte son palabras degradadas,

2
30

convertidas en hojarasca, que bien puede incorporarse al lugar en donde el
amo actual ha sentado sus reales: el saber de la ciencia. Pero hay algo además
de eso que permanece inasimilable, escabullidizo; se trata precisamente del
nuevo discurso que se produjo cuando
Freud consiguió; accidentalmente quizás, hacer audible a la verdad. No me
refiero al Freud maestro, al Freud del
premio Goethe, sino al Freud que provocaba con su escucha, con su extraña
consigna de «hable todo lo que se le
ocurra»; a esa palabra medio dicha que
habita a todo sujeto desde el momento
en que forzadarnente es incluido en un
discurso, acto mismo en el que se ve
obligado a sojuzgar a ese cuerpo buscador de goce, buscador de muerte, que
desde entonces queda medio silenciado
por las exigencias de la vida, de la vida
entre los seres hablantes, por supuesto.
Lo que Freud produjo fue la posibilidad de un nuevo discurso, el cual
no es más que un lugar distinto al del
amo cuya función es regular el goce a
costa de acallar a la verdad.
Pensemos por un momento en la
moderna madriguera del amo: la uníversidad. Allí fue a dar el saber cuando la ciencia se lo sustrajo al viejo
siervo convirtiéndolo en mero cuerpo
a su servicio, pero el saber que existía
antes que esa sustracción se produjera

también se transformó, y lógicamente
también el lugar donde solía campear. ¿En qué ha quedado convertida
la universidad en la post-modernidad? En una fábrica de las que hubo
en la revolución industrial, aunque
justificada con palabras nuevas. Los
maestros actuales se quejan de haber
sido proletarizados. Lo dicen por sus
exiguos salarios, pero, ¿no será también por el trabajo obrero en que ha
quedado reducida su función? El
maestro actual es el moderno proletario que, dada la demanda social, ha
de producir mejores mercancías, continuamente mejoradas so pena de sa!ir al mercado de trabajo pasadas ya
de moda y terminen aumentando el
depósito de chatarra de los desempleados. Hay que trabajar en serie, rápido y bien, en fin, con eficiencia.
Los propios maestros, obreros de la
educación, requieren, para mantener
su empleo, de cada vez más cursos de
capacitación que ahora se llaman
maestrías, doctorados, diplomados,
capacitación en métodos didácticos,
etc. El que no esté a la altura de las
exigencias del moderno mercado académico, puede ir liando sus bártulos,
pues la sociedad obliga a la universidad a periódicas reingenierías.
Los pedagogos que se siguen preguntando acerca de lo que se enseña
son desalentados y orientados a hacer

que el maestro mejore su producción
de acuerdo a los estándares ~e saber
que la sociedad demanda. Es decir, se
les pretende convertir en una especie
de modernos supervisores de las líneas de producción.
¿Pero entonces, de qué saber se
trata? Hacia el saber se puede uno
orientar de dos.maneras.
La primera, la
¡-·
más antigua y actualmente más desprestigiada, es la buscadora de sentido,
la que no se conforma con lo que el saber establecido le ofrece como respuestas, la que surge del enigma y que
muchas veces subvierte ~ la estructura
vigente. Lógicamente, esta forma de
orientarse hacia el saber requiere de
cierto ocio, del suficiente al menos para no quedar totalmente preso del trabajo. La otra forma de saber es la que
predomina actualmente en la universidad y en la vida moderna en general.
Es el saber que responde, no al enigma, sino a la consigna de «hay que saber más». Hay que saber más para lograr sobrevivir en este mundo. Hay
que prepararse mejor para vivir, para
responder a las exigencias del país, del
mundo, de la vida moderna. Ese saber
no se orienta hacia los enigmas, sino a
la reproducción de las cosas que ya se
saben y que han de difundirse para hacerse operativas. Se trata de un saber
indistinguible de la capacitación para
el trabajo.

Así, la universidad, regida por el
imperativo categórico que representa
al nuevo amo y que se reduce a esa
consigna de prepararse mejor, ha
quedado convertida en fábrica. La
materia prima son los estudiantes que
deben salir convertidos en una mercancía capaz de competir en calidad
con los que se producen en otras universidades del mundo. A los maestros
proletarizados hay que exigirles cada
vez más y mejores productos. Nadie
debe fallar en la cadena de la calidad
total. El saber ha quedado convertido
en manuales, cursos sello, libros de
texto, en donde de manera eficiente
se incluya lo estrictamente necesario.
Solo las respuestas claras tienen un
lugar. Las preguntas son superfluas y
hay que desalentarlas.
Pero emonces, un discurso que no
ofrece algo de utilidad práctica, sino
que a veces hasta provoca confusión
y dudas, debe quedar fuera del campo
de interés de la sociedad, y cada vez
tiene menos lugar en la universidad.

tervención, hay que modificar la pregunta. Ya sabemos cuál es el lugar de
la parte de la teoría que no se asienta
en el discurso, entonces, ¿cuál es el
lugar del discurso psicoanalítico en la
cultura de nuestro tiempo?
Interrogaré, si me permiten, a Lacan, pues fue él después de todo el
que habló por primera vez del discurso del psicoanalista. Lo interrogaré
por la vía de un enigma que él mismo, mediante un acto, nos dejó planteado: ¿Qué fue a hacer él a la liniversidad mientras daba cuenta del
discurso en el que estaba ella atrapada? No fue como maestro, a dar la
clase para incorporar de la buena manera al psicoanálisis en el saber chatarra. Lo que podemos decir es que
fue repitiendo algo que había hecho
muchas veces antes. Lacan estaba
siempre metido en la boca del lobo.
De hecho, lo buscaba siempre en su
madriguera sin otra arma que lo que
conseguía decir a medias, lo que sólo
puede ser dicha de esa forma, la verdad medio dicha con la que tenía contacto desde el sillón de analista.

La teoría psicoanalítica que es utilizable e incorporable al saber instituido, es paradójicamente la parte
más ajena al discurso del psicoanálisis.

No fue a ganarse la popularidad
ante los estudiantes rebeldes de fines
de los sesentas.

Así pues, para avanzar en el intento de respuesta al título de mi in-

Fue a provocar; no a las autoridades, sino a la verdad. Fue a buscarla
31

�ÁNGEL SALVADOR

Thomas Rosenlocher
en el lugar en donde es más posible
que se asome, en donde era más factible que aún no estuviera liquidada,
pues es precisamente en donde domestican a los sujetos en donde justamente puede emerger un goce por saber lo que se les enseña, una cierta
pasión por la ignorancia.
No se trata de elevar a Lacan a la
estatura de héroe. No se trata de eso
porque no creo que Lacan haya estado en esos sitios por ser una especie
de mártir de la verdad; para eso hubiera tenido que creer que él la poseía
y en tal caso no habría tenido que ir a
provocarla. Más bien estaba allí porque estaba tomado, inserto, en un discurso diferente al del amo, al de la
ciencia, al de la universidad. Estaba
tomado, incluido en el discurso del
psicoanálisis, que no es sino el envés,
la cara opuesta, del discurso del amo,
en lo que se refiere a la verdad.
Ese es el lugar del discurso psicoanalítico en la cultura. Un lugar incóm0&lt;;lo, que no tiene valor ni cabe
bien en ningún lado y que sin embargo, por más que.se le considere tontería, por más que se le quiera expulsar
del parloteo cotidiano que nos ynvuelve a todos, allí sigue, siempre
molestando, a manera de recordador
inoportuno de lo que aparece sin querer; seduciendo también, por qué no,

mediante frases medio inteligibles
que perturban y fascinan, igual que la
verdad que a todos nos habita.

Versión de Miguel Covarrubias

Es el más pequeño entre todos los_ángeles,
ysu mismo canto apenas un hilo muy fino.
Mas reprueba una asignatura llamada Humildad.

Lacan fue pues a Vincennes por
la misma sinrazón por la que ahora,
usted y yo, nos encontramos aquí.

Laborioso vuela, arriba y abajo, junto a las abejas,
mientras un repicar de campanas nieva intensamente a través de las ramas.
Ypor ello su vestido será blanco como la flor del cerezo.

Bibliograf'1a
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UANL, 1993.

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XXl, México, 1987.

2, 14a.

Lacan, J., El seminario No.
Barcelona, 1992.

ed., Siglos

17,

Paidós,

Yresplandece en so largo camino
através del laberinto de tenebrosos sistemas
que, por esa gracia absoluta
atónitos, desenmarañan y susurran paz, paz.
Rettender Engel
Er ist der kleinste unter ali en Engeln
und selbst sein Singen ist nur wie ein Strich.
Doch im Fach Demut hat er eine Fünf.

Nietzsche, F., Así habló :laratustra,
Alianza editorial, Madrid, 1985.

Fliegt mit den Bienen emsig auf und nieder,
wenn Glockenlauten streng durch Aste schneit.

Picó, J., (comp.), Modernidad y postmodemidad, Alianza editorial, México,

Und davon wird sein Kleid kirschblütenweip.

1990.

Porge, E., La division du sujet et le retour
de la verité, Revue du Littoral, No. 36,
EPEL, París, 1992.

Und leuchtet vor auf seinem langen Weg
durchs Labyrinth der finsteren Systeme,

die sich, von soviel Anmut rettungslos
verwirrt, entwirrn, und Friede, Friede flüstern.

�EL CONCEPTO DE ARTE EN LA
ÉPOCA PREHISPÁNICA
ALGUNAS CONSIDERACIONES

Jorge Marroquín Narváez
Comprender el término arte es difícil
para el común de la gente. Está sujeto
a diferentes interpretaciones y está
muy influido por el punto de vista de
los estudiosos. En la época actual y
en México en particular, el arte es interpretado desde la concepción de
nuestra cultura occidental y de acuerdo con los lineamientos del concepto
de arte que se acuñó desde la época
del comercio en Europa en el inicio
del renacimiento. Sin embargo, insertar el concepto de arte en las culturas
prehispánicas es todavía más difícil,
incluso para los mismos mexicanos,
realmente queda a merced de quienes
estudian estas culturas mesoamericanas.
Samuel Ramos como prologuista
del libro Coatlicue, estética del arte indígena antiguo, nos dice que su autor,
Justino Femández, efectúa en este trabajo una interpretación muy personal
acerca de su concepto de la estética y
se atiene a su propia experiencia artística (1954: 8). De este modo, el público
actual que está expuesto a obras del pasado indígena de México, está juzgando esa estética de acuerdo a lo que los
estudiosos dicen que es el arte y lo que
no lo es en el mundo prehispánico, el
cual ha sido apenas explotado desde
mediados del siglo XVIII, pero sólo se
comienza a valorar el elemento artístico-estético tiempo después.

2

34

Además de esto, tanto los estudiosos como el público en general, anteponen su propia concepción y gusto
acerca de lo que ven en estos objetos
de nuestra antigüedad indígena. En
México la mayoría de la población
posee la estética establecida por los
españoles a su llegada a México, con
una visión muy religiosa, de un catolicismo muy acendrado que se manifiesta incluso todavía hoy en día en
ciertos grupos religiosos.
De ahí el poco interés que despierta el estudio de las culturas prehispánicas, así como el estudio de lo
que es considerado arte en ellas. El
entendimiento que se posee de estas
culturas es muy lejano a nuestra realidad, pues nuestro pasado está más influido por las culturas españolas, judía, romana, griega o árabe y muy
poco del pasado precortesiano.
A este respecto, solamente los actuales grupos indígenas que aún conservan tradiciones, costumbres e idiomas,
pueden comprender y valorar un poco
más el pasado mesoamericano de sus
antecesores. En este caso, y como ejemplo de una actividad que hoy se considera como algo artístico de esa época,
está el arte «plumario», que por el tipo
de material y el poco interés que tenía
después de la conquista española, se
perdió por completo (Victoria, 1988: X).

Los objetos artísticos de diferentes

partes del mundo que son ajenos a
nuestra idiosincrasia mexicana, e incluso los de las culturas prehispánicas, son
valorados de acuerdo a la definición siguiente: «La única razón de llamar arte
a cosas muy heterogéneas, proceden de
muy diversas épocas y países, es que
entre diversos hombres, lugares y tiempos desempeñan la misma función espiritual» (prólogo de Samuel Ramos en
Femández, 1954: 10).
Por otro lado, existen las fuentes
que proporcionan algún dato en relación a lo que puede considerarse como algo de valor estético-artístico,
estas fuentes históricas pueden ser
desde los impresos, documentos y
monumentos que nos ayudan a interpretar históricamente objetos. Aunado a esto, la emoción es otra «explicación» del receptor ante cualquier
manifestación de este tipo elaborado
por el ser humano. Si mueve esa
emoción, puede considerarse como
algo artístico (Santos; 1996).
Existen también las diferentes interpretaciones acerca de los objetos
encontrados en tumbas, pirámides o
simplemente enterradas, como en el
caso de una escultura de piedra procedente de Xochicalco con tres orificios y que Westheim dice que es una
cabeza de hombre (1950: 66) y por otra

parte, otros autores dicen que no es
cabeza de hombre sino de un pájaro,
pero lo realmente interesante es el
objeto como algo artístico, independientemente de lo que se quiso
representar o lo que significaba.
Por otra parte, los autores mexicanos que escriben acerca de estas culturas mesoamericanas, por ese «amor» a
la patria y a fu suelo, invariablemente
expresan todas las bondades y bellezas
de nuestro pasado indígena y colonial,
(dependiendo de quién sea el que lo hace). Por ejemplo, José Juan Tablada, en
su libro Historia del arte en México, comienza su trabajo ensalzando precisamente ese gran aprecio hacia el país:
«Si hay algo por qué sentirse orgulloso
de ser mexicano es, sin duda, por pertenecer a un país cuyos habitantes han tenido siempre acendrado amor por la belleza y singular facultad para sentirla y
expresarla plásticamente» (1927: 7). Lo
cual es una apreciación muy discutible
y muy personal.
A este respecto, las interpretaciones personales acerca de los gustos y
preferencias también tienen una injerencia decisiva en la apreciación del
arte hacia lo bello y más cuando se
trata de apreciar objetos artísticos de
una cultura bastante similar a la nuestra como la española con todas sus
características.

Por otro lado, es bueno señalar
que conforme pasa el tiempo, los
conceptos y las terminologías van
cambiando, pues este mismo autor
menciona que los teotihuacanos eran
«prehistóricos», -apreciación bastante falsa, a menos que se trate de un
error de los editores del libro-. Tablada vivió a principios de siglo, y nombra a ciertos edificios -supongo que
de la ciudad de México- como modernos y fueron construidos a principios de siglo (1927: 7). Todo depende
del cristal con que se mire la situación geográfica, la época y su contexto socio-histórico-cultural. Tablada
con sus apreciaciones muy personales
asegura lo siguiente:
México entre todas las naciones del
continente, es la única que tiene una
gran tradición artística, indígena, colonial y moderna y principiamos a saber que la cultura que poseemos desde Netzahualcoyotl, es creadora y
productiva, superior a cierta civilización que puede faltamos, pero que en
todo caso no es sino reproductiva
(1927: 8-9).

Sin embargo, el concepto de arte
para cada persona es aplicado realmente cuando alguna obra produce
una emoción, un sentimiento especial, además «hay que olvidar por un
momento la pregunta de qué es y qué

no es arte, sólo el tiempo es el que lo
dirá» (Santos: 1996).
Por otro lado, hay que decir que el
arte mexicano se comenzó a estudiar
hace aproximadamente cien años y
como disciplina independiente y muy
joven en relación con la literatura o la
filosofía (Victoria, 1988: X-XI).
De esta forma, el arte de la época
prehispánica, hoy la interpretamos
como tal, las características que vemos en ellas son singulares y muchos
estudiosos y personas no involucradas con esta disciplina lo ven como
obras realmente artísticas, y en muchas ocasiones han sido copiadas sus
líneas y formas para crear obras actuales y altamente valoradas como las
esculturas de Moore, y que alguna de
ellas se parece al Chac mol.
Por sus características ffsicas e históricas, los objetos de arte de las culturas prehispánicas, son bastante valoradas por mucha gente. Eulalia Guzmán,
detalla y desglosa estas características
del arte antiguo mexicano, mismas que
configuran su esencia.
Los elementos principales de las
obras precortesianas, según Guzmán,
son básicamente lo mágico y el sentido religioso. Además de que todas
poseen las mismas líneas fundamen35

�tales en la arquitectura como lo fuera
el Xicalcoliuhqui, que es la greca
usada desde Casas Grandes en Chihuahua hasta el estado de Chiapas.
Las construcciones son piramidales,
lo cual implica una misma concepción del mundo entre los pueblos de
la América antigua, los cuales poseían un mismo sentido religioso y
todas las obra~ producen la impresión
de solemnidad, de grandeza y a la vez
de misterio (Guzmán, 1988: 1-2).
Continuando con el estudio de
Guzmán·, ella clasifica lo esencial de
la línea artística de estas antiguas culturas de la siguiente forma:
111 11111

111

- ritmo acentuado y repetición de
motivos
-estilización
-carácter decorativo u ornamental
-simbolismo
- sentido religioso (1988: 2).

i

Otro elemento importante es el
sentido de la muerte en estas culturas
y que la tenemos presente en la escultura como en las estelas o en la pintura. Las tumbas también encierran mucha información en donde se puede
apreciar el sentido de la belleza al
arreglar estas tumbas, además de la
extracción de valiosa información
histórica (Santos, 1996). Otro elemento es la representación de animales y

2
36

de la flora: pintaban jaguares, serpientes, conejos y utilizaban principalmente el oro para elaborar objetos
artísticos.
De acuerdo con lo anterior, se
puede decir que se consideran objetos
artísticos todos los que encajan en
esas clasificaciones, lo que como vimos anteriormente, acarrea problemas a la hora de identificar algún objeto, por lo que existen autores que
ponen en tela de duda el hecho de
que exista el arte en las culturas prehispánicas como lo sería el caso de E.
O'Gorrnan cuando escribe El arte o
de la monstruosidad, en donde se
preguntaban cuestiones como: ¿los
aztecas tomaban a la Coatlicue, como
un objeto de arte? o, ¿tenían conciencia del arte? O'Gorman dice que es
arriesgado hablar de la existencia de
arte maya, azteca o tarasco cuando
sólo se toma en cuenta la «pura contemplación» de la obra (Prólogo de
Ramos en Fernández, 1954: 11).
De esta manera, podemos constatar
que hablar de arte es complicado, esta
palabra tan pequeña, nos crea conflicto
a la hora de clasificar, por lo que es
francamente ambigua en muchos aspectos, sobre todo de aquellas áreas en las
que nos vemos imposibilitados de interpretar todo lo que es desconocido y diferente. Las definiciones de arte son

muchas, sin embargo, la apreciación estética hacia un objeto puede ser para
unos de repulsión y para otros de atracción. Por ello, el concepto de arte es ante todo una definición esencialmente
personal.

Bibliografía
Fernández, Justino (1954). Coatlicue, estética del arte indígena antiguo. Editorial Imprenta Universitaria.
México.
Guzmán, Eulalia (1988). «Caracteres esenciales de arte antiguo mexicano; su sentido fundamental» , en Victoria, José Guadalupe (1988). Historia del arte, una aproximación al arte
mexicano. Universidad Nacional Autónoma de México. Editorial Porrúa.
México.
Santos, Francisco (1996). Cátedra
impartida en la asignatura Historia
del arte en México, dentro del Décimo Curso de Verano sobre el México
Contemporáneo del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de
México. Fechas: 5, 10 y 17 de julio de
1996.

Tablada, José Juan (1927). Historia de arte en México. Compañía Na-

,,.

cional Editora «Águilas», S.A. México.
Victoria, José Guadalupe ( 1988).
Historia del arte, una aproximación
al ar(e mexicano. Universidad Nacional Autónoma de México. Editorial
Pon-úa. México.
Westheim, Paul (1950). Arte antiguo de México. Fondo de Cultura
Económica. México.

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�ÁGUEDA O DE LA PINTURA

RESCOLDO
Aunque es indiscutible el poder
que tiene el tiempo para convertir
en ceniza cualquier página,
es el hombre quien fuera llamado
a descubrir una y otra vez
el rescoldo: guiño luminoso que nos dirige
nuestro semejante desde el ayer.
Raúl Rangel Frías, máxima figura
universitaria y política de Nuevo León,
disfrutaba conviviendo con los jóvenes
talentos de la pintura, los escenarios,
las letras y el pensamiento.
Por eso aceptaba de buen grado
aquellas invitaciones que le permitían
hacer lo que él podía hacer
a la perfección:
disertar sobre asuntos propios
de la filosofía o las artes.
1

1

Al leer las siguientes páginas
inéditas, comprenderemos por qué
Rangel Frías fue considerado,
en todo momento, un notable orador.
(Águeda Lozano, pintora surgida
del Taller de Artes Plásticas
de la Universidad Autónoma
de Nuevo León
durante la década de los sesenta,
vive y trabaja actualmente
en París.)
2

Raúl Rangel Frías
¿Cómo fue que perdió su inocencia la
pintura? Sería tal vez el tema de una
conversación más amplia y sabia de
la que yo puedo brindar. Lo cierto es
que la pintura existe antes, pero mucho antes que a nadie se le hubiera
ocurrido hacer arte con ella. Y a esto
es a lo que se debe llamar el estado
de inocencia de la pintura. Tal vez algunos recuerden ejemplos de la historia del arte tan'"antiguos como las pinturas de la cueva de Altamira en España. Pero muy cerca, más que esas
figuras, tenemos otras que podemos y
debemos señalar: la pintura naciente
de nuestro propio territorio, fuente de
experiencias a nuestro entendimiento
y más próximas por tanto para servir
como ejemplo de lo que yo quiero decir.
Cuenta el Primer Cronista del
Reyno y otros en seguimiento suyo,
que nuestros antepasados indígenas
fueron seres felices, crueles y hambrientos que vagaban por las regiones
hoy conocidas y entonces recién llamadas del Nuevo Reyno de León.
Practicaron costumbres que les parecen a sus aparentes contemporáneos,
castellanos y portugueses, horribles
artes del demonio, pero que no eran
sino directa inspiración de su estado
de naturaleza, en cierto modo tan puro e inocente como la pintura a la que
me voy a referir más adelante.

Estos seres extraños se untaban el
cuerpo -dicen los cronistas- usando
en ello sebo de venado y unos pequeños dientes, algo así como peines hechos de la espina dorsa\ de ciertos peces: se practicaban largas incisiones o
ranuras en la piel donde colocaban
piedra o carbón molido para teñirse
de negro o rojo, sobre lo cual dibujaban serpientes, sapos y otros animales de la naturaleza.
La pintura fue entonces una fórmula mágica, muy seguramente, pese
a que los historiadores apenas si lo
hayan señalado. Aquellos habitantes
practicaban una antiquísima religión
del hombre sobre la tierra, consistente en la adoración del sol y en la comunicación con las fuerzas cósmicas.
Algunos de éstos fueron llamados
"rayados", otros "borrados" o "pelones", y simulaban verdaderos cuadros
modernistas, pintarrajeados de una
manera que no entendía el europeo
del Renacimiento: dichosa edad que
florecía en Italia con la alta y más noble de la pintura de los siglos.
Estos hombres probablemente recreaban lejanas prácticas religiosas
que simulando jaguares o pumas
americanos por sus manchas y aspecto feroz, exorcizaban y conjuraban
elementos de la naturaleza. Probablemente son las primeras imágenes

del arte y éstas las más originales
pinturas de la tierra. Fue en esta tierra como en otras partes del mundo.
La pintura comenzó por ser magia, comunicación o participación de
las fuerzas de la naturaleza. Y mucho
tiempo más tarde, desprendida de esa
fe cósmica, inició el camino que vino
a parar en nuestros días: arte abstracto y deshumanizado. Un camino de
abstracción que continúa haciéndose
desde las ¡ximarias invocaciones a las
fuerzas mágicas, que se realizó también en las cuevas de Altamira. Reproduce los esquemas del bisonte, el
ciervo, el caballo y la cabra, con lo
que se pretendía fabricar por intermedio de la imagen, el objeto real. El
diseño separa o aísla el primer elemento formal, el contorno de su interna materialidad, la cual sustituye o
conjura el color y la forma.
El camino de la representación
fue otro camino de la inteligencia. Y
si ya podemos añorar para nuestra vida la pura magia -esa técnica de resultados-, concedemos luego nuestra
adhesión al éxtasis de la violencia y
la sangre, fuente de la representación
estética. Debemos reconocer que fue
a través de la magia y de sus desprendimientos que el hombre sustrajo los
elementos de la forma, del movimiento y del espacio. Y construyó

�por otra vía sus culturas, otras como
la de hoy. que estimamos de mayor
calidad intelectual, pero que es una
suposición más entre las muchas suposiciones que puedan presentarse a
la duda contemporánea.
La representación que usó la pintura en figuras o formas, fue camino
de la escritura. Primero, criptográfica, después ideográfica y finalmente
fonética como es hoy. Por mucho
tiempo hemos dependido del oído
para el saber, tanto como de la vista.
Incluso filósofos antiguos consideraron más importante oír que ver, pero
en la síntesis de ambos es como se
efectúa la configuración y el perfil
del signo.
1 1

1

1 t 11111 1

111 1

El dibujo fue una abstracción del
color. y el cuadro fue una nueva abstracción donde el espacio significó un
recurso de líneas matrices para colocar figuras , situar lo visible en el
marco y dar al conjunto la distancia y
el ritmo adecuados. Con lo que se llega a otra época y su preferencia por
el arte de perspectiva. Edad correspondiente de un modo general a la civilización occidental (del XVI al pasado siglo XIX), que una vez alcanzada
su final etapa, abrió la otra vía ya más
reciente de nuestra historia, significada por la crítica y el cambio o sus innovaciones.
2

40

No bastó el principio del color
que tenía el cuerpo (aunque subsiste
hoy esta práctica en damas tan exquisitas y amables como las presentes en
la sala; no bastó el dibujo para mantener atenta la mirada del hombre al
objeto de su deseo, y el amor de su
espíritu por discernir el dibujo y el
color). Fue preciso recurrir a la dimensión del espacio interior de los
claros.
Si uno contempla láminas de pintores anteriores al Renacimiento italiano (alguno representante de esos
siglos), cree ver o le parecen sus figuras cual imágenes de iluminar libros
religiosos. Cuando esto sucede conocernos ya un arte de perspectivas: la
historia ha arribado al Renacimiento.
Simple y llanamente el hombre que
pinta quiere abandonar el libro para
echarse a andar enmedio de la geografía. Y más que del ojo creador de
la fonna, brota una nueva perspectiva: su mirada se tiende hacia adelante
y es llevada por brazos y piernas de
viajeros o transeúntes de tierra y más
exige el movimiento del espacio y la
necesaria articulación de la vida. Tal
modo expresará emociones antes desconocidas, paisajes y acciones, en
sustitución de estancias inmóviles.
La historia del Renacimiento tiene su más colosal aunque no siempre

su más fina expresión en la obra de
Miguel Ángel, atleta o genio de pies
a cabeza. Y la obra de sus manos está
más viva en escenas narrativas como
las de la Capilla Sixtina, puro teatro o
novela del mundo. La cultura humana
ha vivido estas sucesivas etapas sin
romper del todo con su pasado, la de
cada vez y otras. Nunca ha borrado
definitivamente las etapas anteriores.
De una se edifican o nutren las otras
pero también a veces hay reflorecímientos de las copas más antiguas. A
nada hemos querido renunciar.
A la historia de la pintura veneciana se le atribuye aquel glorioso desequilibrio del color sobre el dibujo y
su exaltada magia del amor a las veleidades del cuerpo humano. Este color fue por largo tiempo elemento
mágico y en ciertos casos se reduce a
los adjetivos; del dibujo fue recurso y
la decoración espacio total del cuadro. El dominio del campo abierto
dio en el Renacimiento una de sus
notas más significativas -pero no la
única ni la exclusiva- de la pintura
hecha para mirar exteriores, como
teatro y arte de colocar figuras en un
escenario o ver moverse en discursos
el habla de hermosas frases. La "Escuela de Atenas" es prácticamente la
representación de una obra teatral en
donde se ofrecen seres verdaderos en
escena frente al espectador: la visión

y síntesis de la filosofía en imágenes
como ideas.
Al llegar aquí se preguntarán ustedes: ¿cuándo trataremos de la obra
de esta sensitiva pintora, amable amiga, que se llama Águeda Lozano?
Ante una exposición como ésta,
parte de nosotros (y todos somos nosotros) nos serftimos excitados diversamente. La historia de nuestra formación incluye la historia de cierta
humanidad en nuestro inconsciente,
lo que nos obliga a repetir rutinas
mentales con las cuales abordamos
los fenómenos nuevos de la vida. Una
de éstas consiste en vaciar a los cuadros de cosas representativas y lenguajes de gratas lecciones o de moral
pública. Es por ello, y por otras obvias razones, que mis palabras son
tan sólo un prólogo de desilusión para quienes consideran la pintura de
los jóvenes artistas regiomontanos
una prolongación de los cuadros o de
la pintura del siglo XJX.
La pintura del mundo no es exaclamente ese ente cosificado que tiene
por modelo un antiguo arte. En buena
hora el recreo con las más esplendorosas obras del espíritu, pero es otro
sentir de esa expectativa un logro absoluto. De todos modos, como la pintura es más antigua que el arte y co-

mo el arte está ligado al fondo emocional y cósmico, venir a una exposición renueva la sensación de que acudimos al fenómeno de más excepcional originalidad.
Aquí es saber cómo habla Águeda, no si reproduce la temática de los
cuadros del Renacimiento o de la pintura española o lo que sería más próximo, de los maestros mexicanos.
Procedente de tierras alejadas de México, pero del mismo norte contiguo
al nuestro, Águeda vive en Monterrey
y hace pintura por liberar, expresar o
consagrar un arte en cierta manera
representativo, que actúa con espíritu
personal: mundo cerrado de ella misma y su proyecto de pintura.
No confundamos pasar por la ga!ería en espera de tal o cual cuadro
con la calificación del valor que nos
diga algo muy personal. No. Vamos
por el bosque y paseamos bajo los árboles en los senderos del mundo vegetal, mirando una y mil veces la
misma forma bajo el fulgor cambiante y la ennoblecida visión de la graciosa reiteración de un encanto formal.
Yo he contemplado con entusiasmo, parte con admiración y asombro,
estos cuadros y no fuera mucho decir
que me traen una confesión como del

poema que va escribiendo la vida:
son páginas de infancia y hechos de
distante adolescencia con cierto valor
y presencias mágicas de la fuerza o la
violencia de la onda cósmica. El color va aqµí y allá directamente a unirse con la intensidad del sentido y a
expresar algo del enigma universal de
los seres primarios, los arquetipos del
inconsciente. Es el rojo simple una
florescencia de la sangre, ofrenda y
clamor. Pero el negro sigue siendo,
una vez más, el oscuro tránsito, la
maternidad. El ocre empieza a ser inteligencia y es siempre el tono de la
esperanza y la resurrección.
Hay por allí un cuadro que es
conmovedor. Representa la casa paterna en donde figura una gran mesa
con vistas de máquinas computadoras: la precisión cruel a que asoma el
mundo moderno. Pintado en oro, califica de rasgo femenino en una naturaleza que se sitúa contra la realidad,
donde anda perdida la poesía y la gloria de la vida aún rescatable por la
magia del color. Es cierto que en alguna ocasión contrastan los rojos y
los negros para poner de manifiesto
la guerra y la muerte, como señales
presentes de la humanidad; pero de
una manera tan gentil, tan delicada,
como es transparente a pesar suyo
una persona que no quiere ocultar su
condición femenina, su misión de
41

�PARA RECORDAR A DON ALFREDO

Miguel Covarrubias
madre o de mujer amorosa, simplemente.
Esperanzas con mensaje de tiempos marcados en un reloj de minutos
intemporales. Parece juguete y tiene
forma de astro en un mundo muerto.
Paradoja y esencia en que pertenecemos a éste y al otro mundo encantado. visión de la mujer y de las hadas.
A pesar de los oscuros pozos, a pesar
de esas formas de matrices por engendrar o que tienen guardadas todavía el germen del mundo, hay también huellas de las plantas de un niño
o de un hombre que camina por la
playa. Es un mensaje de poeta y pintor, unidos en una íntima expresión
de belleza. La pintura de hoy trata de
igualar la música más que la escultura. Y siendo una, se asemeja en el recuerdo a la pintura de las paredes de
Altamira. Tamayos retrasados.

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2

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1

Sello este día mis palabras para
nuestra joven pintora de Monterrey,
que es nacida de una tierra que habitan la mitología y los juegos mágicos
de la luz. Es de la nueva generación
de romeros y juglares que aniquila el
tiempo interior. El mundo está vivo.
No obstante estar lleno de engranes,
de piedras, de palancas, de poleas y
tu.ercas. Pero todavía hay mujeres en
el mundo, todavía hay amor en el
mundo. Por esto he venido a dar testi-

4

42

monio del alma que empuja en la
fronda las voces del espíritu y de la
vida. Las imágenes y las palabras.
Muchas gracias.

Monterrey, a 16 de agosto de 1976.

11

Al maestro Alfredo Gracia Vicente
lo conocí muchos años atrás. Justamente un poco antes de que se volviera una leyenda viva, un pilar genuino de la buena sociedad regiomontana (así, sin comillas), cimiento de esa sociedad que aún no termina por recQnocerse asumiendo su
ambigüedad hecha de.enormes fealdades y bellezas pequeñas. ¿Y dónde trabamos esa primera reunión?
Sucedió en la también legendaria
Librería Cosmos de la calle de Padre Mier, entre Escobedo y Parás, a
un lado de lo que ahora es un banco
no de ideas e imágenes como el que
regenteaba don Alfredo, sino de todas esas cosas que nos hacen la vida tan elemental, tan machacona,
tan sin gracia. Pues bien, me inicié
en esa admiración que en mí fue un
poco a regañadientes. Su doble
condición de empresario (o de comerciante en libros si así lo prefieren ustedes), y de hombre sabedor
de arte y de letras al mismo tiempo,
me nublaba el entendimiento y el
sentimiento. Don Alfredo -no era
su culpa, yo sólo cargaba con veinte años- aún no se convertía en el
hombre de prodigios que llegó a ser
en mi vida.

Y luego pasaron muchas, muchas cosas. Verbigracia: Pedro Garfias recoma los estantes de la l.ibrería tomando volúmenes de aquí y de allá, mirando páginas y rostros -¿mirando?,
sí, mirando- con aquellos sus ojos
descarriados. Una tarde, don Alfredo
le presentó a un animoso tundemáquinas: "Pedro, te presento al poeta
más malo del mundo; fíjate bien, no
exagero, es el poeta más malo del
mundo". Con esta escena viva en mi
memoria -el gesto mitad-risueño-mitad-angustiado del escritor de ~uyo
nombre no quiero hacerme responsable ahora- pienso que desvirtuamos
la imagen de don Alfredo como blando crítico, blandísimo, puro corazón.
Aunque quizá el maestro le estaba
gastando una broma un poco pesada
al plumífero que, siendo lo que era,
no esperaba oír sino aplausos y más
aplausos; quería obtener, por qué no,
el reconocimiento del autor de Primavera en Eaton Hastings gracias a
interpósita persona. Pero ese día don
Alfredo aguzaba su buen humor
-viéndolo bien, eso era, eso creo- y
un iluso más, habitante del planeta de
las vanidades literarias, recibía una
calificación hiperbólica. De más está
decir que el poeta -voz como de río
cargado de piedras- volteaba a mirar

una y otra vez al ejemplar así vituperado con tanta largueza. Todos obtuvimos algo positivo de aquella escena. Yo, por ejemplo, me repetía que
don Alfredo Gracia había hecho un
voto parecido al de los graduados en
artes marciales: su fuerza intelectual.
sus conocimientos jamás los pondría
al servicio de la pedantería -favoritos
de las musas, absténganse. La suya
era una voz franciscana, amiga de la
cordialidad ecuménica, infatigable y
casi inacabable. Sin embargo ...

m
El maestro Gracia llegó a ser el insustituible guía de los muy jóvenes y de
los menos jóvenes. Parapetado siempre tras sus amados libros -en la Cosmos o en Arte y Libros de la calle de
Zu_azua, frente al Palacio Federal-,
comentaba, aconsejaba, prestaba sus
joyas forjadas con papel y tinta. Algunos incluso lo siguieron hasta su
domicilio. Allí recibía a todos los sedientos de consejos o simple información. No se escatimaba ni se protegía... Alguno llegó a tildarlo de
"ajonjolí de todos los moles". Y era
cierto. Pero es que todos sus allegados disfrutamos con deleite esa etapa
fructífera y bondadosa del profesor a
la vieja usanza. Su verbo paternal era
prácticamente inagotable... Eso lo

�1

distinguía de sus colegas. Liberado
de las transacciones comerciales, permisos, altas y bajas de personal, aranceles, publicidades y pedidos de mercancía, el profesor Gracia pudo convertirse en nuestro Diógenes -lámpara en mano buscaba a un artista, a un
hombre-artista- y también en nuestro
Sócrates: escudriñaba en todas las
sensibilidadQ&amp; para que floreciera el
poeta que todos llevamos dentro ~ro
al que no sabemos aplicarle sino morfina y antibióticos. Por cierto, todas
sus cosas las decía con suavidad, sin
alterarse y sin pennitir que sus oyentes se desbarrancaran a impulsos de
cinismos, apatías, prepotencias o desilusiones.

1

Nuestros encuentros fueron cada
vez más frecuentes, y más dentro del
espectro que don Alfredo mejor dominaba. Llegué a sentanne a su vera
en los estrados -no lo podía creer al
principio- donde su palabra iluminaba este o aquel pasaje literario, este o
aquel paisaje plástico. Y aprendí.
Aprendí de quien siempre, siempre
lograba encontrar al menos una perla
y una flor en quien fuera ... Jamás llegó ante sus congéneres con las manos
vacías y jamás dijo palabras vacías.
Unas y otras eran la misma cosa. Sus
conocimientos y su generosidad lo
volvieron un patricio de la cultura.
44

Tras la buena voluntad y el estudio
emergió la sabiduría. La vejez de don
Alfredo Gracia se tiñó de esencia y
cordialidad. Y fue por eso, ya para
siempre, el patriarca d_e los regiomontanos que no querían codearse nunca
más con ignorancias, insensibilidades
y torceduras del espíritu.
IV
Inclusive llegué a escribirle un recado a Carmen Alardín -para aclarar
paradas. Es que habíamos estado platicando acerca de una ceremonia, una
lectura, algo, queríamos organi~ algo ... Ese año se cumplirían veinte del
fallecimiento del poeta hispano-regiomontano Pedro Garfias y había
que hacer algo. Nos pusimos intranquilos porque la fecha se nos venía
encima y no lográbamos reunir ni a
los lectores y comentaristas, ni a los
patrocinadores de rigor. Agosto de
1987, y anda-vete de conciliábulo...
Al fin, la Facultad de Filosofía y Letras nos tendió la mano y en ella encontramos un auditorio y un público
ad hoc, más unas invitaciones -dignas, severas- diseñadas por nosotros
mismos... Llegó septiembre y con él
los estudiantes y maestros universitarios tan indispensables para la rememoración que se nos había impuesto
como una empresa de honor.

La mesa estaba compuesta por
hombres de letras y artistas que habían conocido a Garfias en vida: el licenciado Raúl Rangel Frías y el profesor Gracia Vicente -dos de los más
conocidos mecenas del poeta; Ernesto Rangel Domene y Carmen Alardín; el actor Rubén González Garza y
un servidor. La velada corrió por los
cauces previstos. Elocuencia de Rangel Frías, amenidad y simpatía de don
Alfredo, vehemencia y rememoración
de Ernesto, habilidad y gracia de Carmen, sensibilidad en la lectura de Rubén, palabras contenidas de quien
cuenta esta peculiar historia. Nos tomaron fotografías a todos los participantes: solos, en parejas, en corrillos,
una panorámica... Pero hubo un detalle especial en todo aquel despliegue
de recuerdos y valoraciones literarias.
Don Alfredo enarboló esa noche una
revista, gruesa como un libro, dedicada enteramente a nuestro querido homenajeado: él siempre se sacaba de la
manga un as inédito -era una de sus
especialidades.
El maestro Gracia en ese tiempo
ya no salía de su casa por las noches,
y menos sin compañía. La única condición para que pudiéramos contar
con él: recogerlo a las puertas de su
hogar y regresarlo al mismo. Así fue
esa ocasión. Llegué temprano por él,

y al término del acto ineludible me
regresé a la Guayana Inglesa para que
el maestro pudiera atender a doña
Luisa, su mujer, y enseguida descansar merecidamente. Pero antes de
despedirme, ratificamos el pacto. Yo
me quedaba con el ejemplar de la revista para sacarle algo así como diez
copias. Todos los de la mesa de esa
noche querían una y yo, mentalmente
y sin preámbulos, me estaba comprometiendo ya con un trío de camaradas
garfianos que con toda seguridad me
la habrían de solicitar. [...]
V

[... ] Una tarde llegó hasta mi domicilio con un enorme camión lleno de
cámaras y micrófonos, cables y luces,
varios asistentes y un agudo cuestionario. Tan complacido quedé con el
resultado de aquel Diálogos con Las
Bellas Artes conducido por el maestro (hacia, que asistí a las oficinas
del canal televisivo a pedirles una copia para mi consumo personal. Un
poco más tarde se me ocurrió grabar
sólo el diálogo para de allí obtener
una transcripción mecanográfica.
Esos papeles, más las palabras que en
otro momento escribiera don Alfredo
para involucrarme en otra de sus producciones (Recinto literario Alfonso
Reyes en Arte, A.C.), me sirvieron pa-

ra incluir al maestro en mi libro de
conversaciones intitulado Junto a una
taza de café.
Y hubo muchas cosas más para
paladear. Trabajamos juntos en una
escuela de artes; le pude regalar un
hermoso ejemplar de los Trece poetas
del mundo azteca de León-Portilla
mientras él me obsequiaba sus apuntes de teoría del arte; en su casa a Silvia y a mí nos entregó ciertas confidencias sobre la vida íntima de Pedro
Garfias... Su afecto nos era cada vez
más grato, hasta el punto de sentirnos
culpables por no haberlo podido
acompañar en su cumpleaños número
85, cuando un centro escolar se los
festejó en debida forma. Pero el divino azar nos otorgó una nueva oportunidad, y así fue como pudimos darle
a nuestra conciencia una buena satisfacción. Y lo mejor de todo: don Alfredo pudo oír las palabras que traducían nuestros sentimientos.

VI
La invitación me la turnó el novelista
Hugo Valdés. En el municipio de Escobedo se estaba fraguando una ceremonia solemne para homenajear a
don Alfredo. Sin embargo, serían
amigos y artistas cercanos al maestro
los que llevarían el peso del acto: los

pintores Gerardo Cantú y Armando
López (en ausencia de éste, fue el
propio Hugo quien leyó sus palabras). Esa mañana escuchamos, además, una semblanza biográfica que a
todos nos impresionó, casi tanto como la charla que don Alfredo nos regalara como fin del acto. Entre el público, atrás de los funcionarios, un
batallón de jovencitos escapados de
alguna secundaria aledaña.
Pero antes de que hablara Gerardo
Cantú, me llamaron a mí primero. Pude
sobreponerme a la emoción del momento y expresé cuánto le debíamos a
don Alfredo por haber sido el librero y
el maestro que la ciudad requería tanto
-sin que lo supiéramos entonces. Por
ello, por haberse desempeñado tan vitalmente en esos oficios, don Alfredo
no fue o no quiso ser un escritor. Él, que
gozaba tanto la palabra escrita, era fundamentalmente un ser de palabras dichas. Su dicha -y la nuestra- descansaba en la palabra que se decía precisa y
sensualmente, como él sabía expresarla
¡Ah, cómo le gustaba decir versos diciéndolos bien!
Sin embargo, el maestro Gracia
Vicente llegó a publicar Tres poetas y De arte y de literatura, entre
otros opúsculos. Del último, leí esa
mañana algunos párrafos machadia45

�LA NOCHE ESTÁ LLENA DE AGUA

Irma Dávalos Pardo
LA PESCA
nos que eran, dado el caso, absolutamente oportunos. "Y si es necesario morir con aceptación, también
es necesario que vivamos con aceptación, considerando nuestra vida
como un goce, como un bien, como
una posibilidad de dicha permanente, como una obra que se ha confiado a nuestra propia responsabilidad, como 11n tiempo de belleza,

como un tiempo creador en que, si
fatalmente sufrimos mutaciones físicas y de todo orden, tenemos la
venturosa compensación de cambiar el mundo y la sociedad en beneficio del hombre, de nuestra especie. [... ] Crear nuestra vida es casi, casi, verle la cara a Dios."

VII

A don Alfredo ya no pudimos mirarlo sino en su ataúd de madera. Con
su rostro muy fino y gesto totalmente plácido, parecía invitamos una
vez más a ser hombres justos y buenos, gozadores de la vida que protege al arte y es amiga del amor y la
esperanza.

Llega. Se sienta. Sus ojos buscan
esperanzados otro lugar, pero los
huizaches, los nopales y el cielo
claro y liso se apelotonan en su cerebro como una plasta gruesa y
amorfa. ¿Acaso no había venido
buscando esto? Ahora que ve el canal y el paxtle encaramado en los
árboles recuerda las similitudes entre éste y su viaje anterior. Ambos
en diciembre y sin los preparativos
necesarios. Sólo que esta vez no
viene su padre y la pesca no se realizará en el canal, sino en ese estanque quieto y lodoso que lo asaltó por primera vez aquel domingo,
el día en el que Marisa lo dejó elegir el color de sus zapatos por primera vez.
Benjamín conoció Santa Rosa
diez años atrás. En aquella ocasión
se levantó temprano. El cielo estaba
oscuro tras los cerros y el naranja de
un sol imprudente anunciaba el mañana. Rocío bebía leche tierna del
seno de Marisa. Los ojos de Benjamín, negros y brillantes como los
del padre, miraban la boca de la hermana, envidioso, celoso de esa herencia fresca que Rocío recibía y
que él había probado sin poder robarla.
-Tengo hambre, mamá -mentía.

-Ahora voy -contestó Marisa,
volteando a ver a Pablo-. ¿Llevarás
al niño al futbol?
-Estoy cansado, mujer -masculló
el profesor.
Arrepentida de la pregunta, cuya
respuesta conocía de antemano, retiró a Rocío, la recostó y condujo suavemente a Benjamín hacia la cocina.
« Ya sé que está cansado -pensó Marisa-. ¿Cuándo no lo ha estádo?
Siempre. Trabaja, sí, más que lamayoría. Pero todo parece costarle tanto trabajo: levantarse, decidir qué
quiere de desayunar, elegir los cursos que dará cada semestre. Incluso
nuestro matrimonio le resultó también una alternativa angustiosa.»
Benjamín la observaba entre distraído y triste, mientras tomaba el vaso
de leche que unos instantes antes
ella depositara descuidadamente sobre alguno de los libros del profesor.
-¡Hijo! -gritó el profesor.
Aquella mañana también fue el
Pecas, era solamente un cachorro. Se
coló a la camioneta mientras el profesor amarraba la pequeña lancha a la
parrilla y el niño lo atraía con las galletas bañadas en leche. El perrito se
acercaba moviendo el rabo para olfatear los bocadillos de Benjamín. Ahora, mientras contempla los huizaches
1 el canal, sabe que no sólo no pudo
,ntenderlo, sino que ni siquiera quiso.

No tuvo el valor de sufrir. Fue simplemente el paseo, el disparo. Fue ante todo la traición, la enseñanza anticipada. Había regresado a su casa en
un camión pollero. El viejito que lo
llevó del canal a Santa Rosa y subió
con él al vehículo nunca pronunció
palabra. Optó por esa almohada de silencios que permite al otro poner la
cabeza y la incomprensión.
Cuando regresó, las nochebuenas
estaban todavía ahí, al igual que la
madre y la hermana. Los libros continuaban sobre la mesa y la leche
fría en el refrigerador. Toda la gente
opinó: los niños dijeron que al profesor Suárez se le había metido mucha agua del canal en la garganta; la
abuela secó sus manos en el delantal, las llevó contra las sienes y rezó
por el alma del muertito.
Mi mamá calló -pensó Benjamín-, yo me asomé a la caja y ya no
pude ver el hoyo por el que había
salido tanta sangre. ¿Te acuerdas
Pecas? Debe ser hermoso no tener
memoria tan larga. Quizá ya no reconocería el lugar. Pero es terrible
tragar esta leche de recuerdos. Se
trataba únicamente de elegir el negro o el café. Los zapatos eran tan
iguales. ¿Cómo volverás? Es bueno
no tener un hijo que te regrese a la
casa, donde algún día Rocío alimentará a su hija y un sol anaranjado se
siga encontrando, cada mañana, cara
a cara con la noche.

47

�ERNESTINA Y EL PF~IÓDICO
I

Hoy también rechina la mecedora. El
ruido monótono, absurdo y triste, no
se asoma en el espejo. El resplandor
de las luces silenciosas de la calle esculpe en la lisa y fría superficie la figura azul de contornos suaves, difuminados en el '"vaivén. El ir y venir en
los huesos y en la sangre, en la cabeza y en los ojos, manándole y cayéndole, su savia y su veneno. A un lado
lejano: la habitación oscura, el olor a
papel quemado, el calendario señalando el diez de marzo, la viejecita
sonrosada y enérgica espiada por
otros ojos.
Javier la conoció diez años atrás.
Era ya una anciana, de ésas que parecen no haberse encontrado jamás en
alguna otra edad. El pelo se adhería
con una paciencia de siglos al cráneo,
pero dejaba escapar, en aureola alrededor de la cara, los cabellos más pequeños. Innumerables arrugas y unos
ojos grises acentuaban esa infinita vejez. Ella lo miró fijamente.
-Madrina, él es Javier, el hombre
con quien quiero vivir -dijo María.
-Bien -asintió la vieja, e inquirió
sobre su profesión.
6

48

--Observador de ancianos -respondió un tanto juguetonamente Javier.
Fue todo lo que doña Ernestina
quiso saber y ésas fueron las únicas
palabras que ella le dijo. En un principio Javier creyó que el mutismo de
la anciana se debía a su respuesta.
Pronto se dio cuenta de que al igual
que el olor a papel quemado y el chirrido de la mecedora, el silencio de
Emestina era algo que formaba parte
inseparable de su nuevo hogar.
-No le hagas caso, madrina -dijo
María-. Es abogado. Acaba de recibirse y pronto conseguirá trabajo.
Ambos sabían que eso nunca sucedería. Javier era ya un observador
de ancianos y el ejercicio constante
de su profesión no ha logrado hasta
hoy disminuir su angustia. La escuela
de derecho le dejó únicamente tres
cosas: un título, una mujer y una eterna obsesión por la justicia. «Pero la
justicia total -decía Javier-, no sólo
la del derecho.» Él es un «observador
juez» de los ancianos y, a través de su
práctica, expía su propia culpa: la de
envejecer para morir. Emestina la
comparte, en eso son cómplices. Sin
embargo, la sabia y etérea resignación de ella, a él se le amontona en la
garganta y en los ojos. Sobre todo

mientras la ve cada noche y María se 11
refugia en la cocina con su rito noc-Arranca la hoja del calendario -pide
tumo.
María-. Hoy lo olvidé.
Cuando Javier se mudó a vivir
con las dos mujeres abandonó la banca de la alameda: punto de mira desde el que observaba ancianos jubilados. Resignados a la vejez, algunos;
esperando la muerte, otros. Habían ya
vivido su tiempo. Emestina también.
Pero en ella existe algo distinto y Javier no alcanza a precisarlo. La observa un día tras otro desde la habitación de enfrente. Algo está mintiendo: ¿la ventana? ¿El espejo? Sólo en
éste puede ver la esfinge móvil de la
anciana, quien mira su propia imagen
y siente a sus espaldas los ojos de Javier enterrados en su nuca y en el
movimiento de la mecedora.
Doña Emestina se balancea y cierra los ojos. Siempre tranquila, incluso entre diez y doce de la noche,
cuando la presencia del observador es
un acecho desgarrado. Es entonces
cuando se hunde el silencio del mar
callejero en la arena callada de la habitación. Es entonces cuando el olor a
papel quemado lo impregna todo. El
centinela trepa el enorme banco; aparecen los ojos contempladores y no
vistos; el chirrido de la mecedora se
propaga.

-Doce de marzo -comenta Javier.
Toma a Marisol, su niña, la única
hija de él y María. La sienta a su lado. Oye el silencio nocturno envuelto
en el olor familiar .. Lee la última hoja
del diario antes de que ésta termine
en el fuego con el que su mujer destruye el periódico cada noche. Ya lo
hacía cuando la conoció en la biblioteca de la escuela de derecho. «La
historiadora María Vázquez», se la
presentaron. La trató, la admiró desde
el momento en el que supo de sus
ocupaciones nocturnas. Todavía sigue amando esa obsesión de María
por lo que ella llama quemar la historia de cada momento: ser justo. ¿Acaso no lo fue él también? ¿Acaso no lo
fueron ambos?
Marisol no lo sabe, simplemente
sintió un olor distinto inundándole la
nariz. Vio el 11 de marzo pintado en
la pared. No oyó nada. Quizá porque
la viejita de la mecedora no gritó;
quizá porque su papá fue certero en el
tiro. Para él y para María todo consistió en matar y quemar: silenciar el
ruido de ese movimiento continuo de
una mecedora que jamás avanza. Ser

justos. Terminar con la conciencia resignada y, por ello, sabia.

III
El calendario señala 13 de marzo. Javier y María duermen tranquilos. Sólo un chirrido monótono, absurdo y
triste despierta a Javier a media noche. Sube al banco. Lo azul de la luz
le devuelve en el espejo la pequeña
figura de Marisol y el rechinar constante de la mecedora.

...

�«EL PORVENIR», UNA EMPRESA CON
VOCACIÓN Y DESTINO SOCIAL

José Roberto Mendirichaga
Primero fueron la agricultura, la riqueza de la mesta (ganadería), la minería y el comercio los que sentaron
las bases de la economía regional. Este mismo comercio ejerció funciones
de banca, hasta que a finales del siglo
pasado y principios del presente surgieron las primeras dos instituciones
(Banco de Nuevo León y Banco Mercantil de Monterrey). Y luego se dio
la primera inliustrialización de la región (1854-1879).
La Fábrica de Hilados y Tejidos de
La Fama, en Santa Catarina (1854); 1 la
Fábrica de Hilados y Tejidos de El Por2
venir, en Villa de Santiago (1871); y
más tarde la Cervecería Cuauhtémoc
(1890) y la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey (1900) son algunas de estas pioneras, que no sólo
pueden ser consideradas como centros
de producción de bienes, sino que en su
seno y a su alrededor generaron una
cultura propia que tiene que ver con el
actual modo de ser de los reineros y regiomontanos; con la forma de concebir
el mundo y la vida; con la manera de
relacionarse hacia dentro y hacia afuera
de este espacio laboral.
A través de este trabajo, intentamos someramente analizar el fenómeno sociocultural de la Fábrica de
Hilados y Tejidos «El Porvenir» en
El Cercado, municipio de Santiago,
2

50

Nuevo León, empresa fundada en
1871 y, por tanto, una de las negociaciones fabriles en operación más antiguas de la entidad y de México.
Cabe aclarar que aquí nos interesan no tanto los aspectos tecnológico,
económico-financiero y administrativo, en sí muy atractivos, cuanto el aspecto humano y, particularmente, el
sentido social que desde su nacimiento tuvo la empresa y que ha brillado
en determinados momentos de la ya
secular vida de la factoría.

El establecimiento, toda una osadía
Muy difíciles deben haber sido los
inicios.
Cuando se ve en planta o en perspectiva el conjunto de acueducto y antigua turbina, naves industriales, talleres,
bodegas, patios, oficinas, casa y jardines de «El Porvenir», uno no puede menos que admirarse de la buena distribución y de la estética de la fábrica.
¿Cómo lograron sus fundadores
-los señores Zambrano y Rivero- concebir tan amplia y armónica obra, la que
quedó hermosamente plasmada en el
lienzo del maestro Antonio Decanini? 3
La fábrica -que se distingue desde
la Carretera Nacional, sobre todo por su

edificio de tres plantas, donde como remate se yergue el legendario reloj cuyas
campanas son inconfundibles- posee en
su casco una extensión de poco más de
56 mil metros cuadrados, conservándose
aún los arcos catalanes que hace lleg¡r
el agua de «Cola de Caballo», arriba de
la exhacienda «Vista Hermosa», en pi~
na Sierra Madre.
Desde las instalaciones más antiguas (donde el agua movía turbina,
ejes y poleas) hasta el frente actual de
la fábrica, se aprecia una simetría y
un orden que llaman la atención del
visitante. Su estado actual, pese a las
repetidas crisis que la han golpeado,
es medianamente satisfactorio, desde
el punto de vista arquitectónico.
Podemos hacer un esfuerzo de unaginamos cómo fue el arranque de «El
Porvenir», cuando nada había en el poblado y la ciudad capital de donde casi
todo provenía, a una distancia de treinta
kilómetros, era alcanzable sólo por un
camino carretero, donde si los arroyos
se crecían la marcha era unposible. A
lomo de caballo o en carruaje, representaba una jornada; pero si era «tiempo de aguas», el viaje podía significlf
varios días. Además, había el riesgo de
continuos asaltos. 4

cemento armado. Y para cerrar las
construcciones se utilizaron, en su
mayoría, techos de pizarra a dos
aguas, o planos con bajadas de hojalata o acero.
Hace falta una historia de esta fábrica, pero lo más completo hasta el
momento y que es base para la futura
investigación es el trabajo de Tomás
y Rodrigo Mendirichaga Cueva titulado El inmigrante, vida y obra de
Valellfín Rivera. En este libro se
menciona que los obreros pioneros
fueron 16 y que a la vuelta de un año
eran 80, «además de los trabajadores
dedicados a proveer materiales». 5
La sociedad de «El Porvenir» se
constituyó con un capital de 50 mil
pesos, donde estaban representados
los señores Zambrano y Rivero, en
una proporción de 60 y 40, respectivamente. Luego, a partir de 1879, se
quedaría únicamente Valentín Rivero. comprando las seis acciones restantes.

Comenzó a producir lienzos blancos de algodón conocidos como «imperiales, hamburgos o madapollanes», únicos por su calidad en el país.
Citemos nuevamente a los hermanos
Mendirichaga Cueva: «En marzo de
La construcción se realizó con si- 1872 la fábrica tendría un salón para
llar de la región, antes de que hubiera blanqueo de los lienzos con 24 varas

de largo por 9 ancho (20 metros por 7
y medio); 23 cuartos para habitaciones de los trabajadores, de 9 varas cada uno (7 y medio metros); la parte
principal y más costosa de la atarjea,
por donde se construiría el agua que
serviría como fuerza motriz; y el edificio para la maquinaria, con 90 pies
de largo por 34 de ancho (25 metros
por 9 y medio). 6

El aspecto social
Hemos consignado poco o casi nada
de lo social. Claro está; había primero
que edificar y arrancar la producción,
pero ya desde el inicio se puede detectar esta preocupación por los trabajadores y esta voluntad empresarial
por hacer más llevadero y humano el
trabajo manual de los operarios de la
citada fábrica.
Entre 1872 y 1874, se construyen
«... 23 cuartos para habitaciones de
los trabajadores ... », lo anterior en el
interior de la planta. Luego, el mismo
crecimiento impondrá que se vayan
comprando casas junto a la fábrica,
las que se sitúan en su mayoría frente
a la misma, pudiendo apreciarse algunas de ellas en la actualidad (con
puertas bajas de mezquite y sin ventanas al exterior, debido a los ataques
revolucionarios y posrevolucionarios). 7

Nos situamos justamente entre el
Manifiesto de Marx y Engels (1874),
reacción a la inhumana fase inicial de
la llamada Revolución Industrial, y la
carta encíclica Rerum Novarum, del
Papa León XIII (1890).
¿Es que los señores Zambrano y
Rivero estaban muy imbuidos del
pensamiento de la Doctrina Social
Cristiana, mismo que insistía en la
responsabilidad de los católicos para
cumpfü con la justicia y ejercer la caridad? No lo creemos así. Simplemente, habían sufrido ellos mismos
en carne propia (sobre todo, el asturiano Valentín Rivero Alvarez-Jove)
los terribles efectos de la Revolución
Industrial en Europa, lo que había
traído a muchos a América en busca
de mejores condiciones de vida. A la
vez, pesaban sobre ellos las enseñanzas de un Evangelio que comprometía a la acción con los más pobres y
los más débiles.
Quizás el testimonio del poeta y
periodista Francisco de P. Morales en
El Espectador de julio de 1897, a la
muerte del patriarca Rivero, sea ilustrativo para retratar a una generación
de empresarios que se hicieron en
forma casi autodidacta y que sentaron, junto con obreros y técnicos de
su época, las bases del actual desarrollo regional.
51

�Escribe Morales refiriéndose a la
fábrica de «El Porvenir», que era «la
primera en que una multitud de obreros encontraron el pan cotidiano segura y religiosamente pagado, en
cambio de un trabajo moderado». 8
No hemos podido localizar las actas iniciales de consejo de la empresa
«El Porvenir», pero sí este libro de
Caja de Valentín Rivero Sucesores
( 1911 -1 923) es clave para detectar una
serie de datos que conducen a la certeza de esta preocupación social de
lo~ pro¡ietarios y directivos de la
misma.
Algunos de estos datos que tienen
que ver con lo social son los préstamos sin intereses a trabajadores y
empleados de la fábrica; los apoyos
al Palacio Municipal de Villa de Santiago, «que se está construyendo»
(1911); la donación de la fuente de
granito para la plaza de Santiago
(1910); las ayudas a la Escuela Oficial
de El Cercado; los subsidios a la
Unión de Obreros (Sindicato); y los
repartos de utilidades que se anticiparon a la Ley Federal del Trabajo, así
como otras prestaciones. JO
Parte _de este estilo empresarial
queda plasmado en el testimonio del
ilustre profesor don Pablo Livas,
quien siendo muy joven había labora-

6
52

do en «El Porvenir». Él menciona en
su obra El Estado de Nuevo León cómo, gracias a la empresa, Villa de
Santiago se anticipó a Monterrey en
lo que se refiere a fuerza motriz, luz
incandescente y teléfono. Y escribe:
«Esta fábrica ha sido, en este respecto, un gran factor para que sean conocidas entre nosotros las maravillosas
aplicaciones científicas al trabajo humano» .11

Por la renovación
¿Qué es lo que ha determinado que el
personal de «El Porvenir» haya mantenido hasta la actualidad ese estilo
de cordialidad y buena educación?
¿Por qué sus técnicos y trabajadores
se mantienen con la sonrisa a flor de
labios, pese a la caída salarial y lo difícil que está resultando a la empresa
sobrevivir?
No podemos pensar más que en la
señorial nobleza de la gente de El
Cercado y el estilo que le imprimieron a la fábrica sus fundadores, tanto
empresarios como obreros.
Actualmente, «El Porvenir» pasa
por una de sus crisis más agudas. De
haber contado por muchos años con
500 ó 600 trabajadores (en época de la
segunda guerra mundial, hasta con
mil 200), hoy apenas rebasa los 200

trabajadores, sumados operarios y
personal de oficina y apoyo.
Al parecer, el mercado no está demandando con la velocidad deseada
algunos de estos materiales, además
de que la empresa sufre descapitalización y la necesidad de renovar
equipos y procesos.
Por otra parte, aunque el conjunto
arquitectónico luce bien a cierta distancia, ya en detalle se observa deterioro, sobre todo en la parte más antigua, al fondo de la fábrica. Esto implica una labor de remozamiento, a
cargo generalmente de especialistas,
para respetar lo original y restaurar,
no destruir.
Todo parece indicar que la fábrica
de «El Porvenir» amerita ser revitalizada con reciente compra de materias
primas, créditos y ayudas de emergencia. Porque si no se le vitaliza, corre el riesgo de estar en desventaja
nacional e internacional (impedida
para exportar) y puede correr el riesgo de otras empresas pioneras de
Nuevo León que han desaparecido.
Lo decimos con el cariño de quienes amamos lo nuestro y sin afán al·
guno de reclamo que pueda implicar
juicio negativo a la tarea empresarial
diariamente emprendida. Sabemos

De esta fábrica eran accionistas los
señores Juan Ma. Clausen (yerno de
don Gregario Zambrano, danés que
luego se fue a radicar a Knoop, Alemania), José Morell, P.edro Calderón,
José Ángel Benavides, Mariano Hernández, Ezequiel Steele y el propio
Valentín Rivero.

que tiene que haber un equilibrio entre lo que se quiere y se puede, y más
en estos tiempos de incertidumbre y
reto.
De todas formas, sea éste un llamado a la solidaridad. Tanto de trabajo como de capital -y, obviamente,
con la ayuda gubernamentaLen materia de exenciótVY baja de impuestos y
simplificación de permisos-, para
que, sin perder posición en el mercado, se revalore el trabajo humano y
crezca la planta laboral hasta alcanzar
los niveles tradicionales.

A partir de la década de los treinta,
los descendientes de Valentín Rivero
redujeron su proporción al 50 por
ciento, al entrar como socio capitalista e industrial don Aurelio González
S. Y a partir del año 1995, cesó toda
participación de la familia Rivero, para quedar exclusivamente en la familia González.

Ambas referencias en El inmigrante,
vida y obra de Valentín Rivera, de
Tomás y Rodrigo Mendirichaga Cueva, Emediciones, Monterrey, 1989, pp.
93-104.
Junto con estas empresas pioneras, sería justo citar tres más: la Fundición
de Metales No. 1 (llamada Maiz-Lederer); la Fábrica de Artefactos de
Metal Laminado (de don Francisco L.
Cantú; y la Fábrica de Vidrios y Cristales (antecedente de la Vidriera Monterrey). En: «Notas sobre la actuación
de la sociedad mercantil Sucesores de
Hemández Hermanos; Monterrey,
1855-1943», de Mariano Hemández
Mendirichaga, Sistemas y Servicios
Técnicos, Monterrey, 1945, p. 8.

Porque «El Porvenir» es, de alguna manera, patrimonio de Nuevo
León. Y guarda en torno a sí una cultura de trabajo, responsabilidad y respeto que deben conocer y asimilar la
actual y venideras generaciones, como muestra de lo que hicieron los
mayores, justamente en este cuarto
centenario de la fundación del Monterrey metropolitano.

Notas
1 El periódico El Restaurador de la libertad calificaba a La Fama como «la
fábrica más hermosa y magnífica que
hemos visto por acá». Para 1887, producía 16 mil piezas de tela al año y
empleaba a 70 obreros, los que recibían un jornal de 50 centavos diarios.

(a la muerte de Valentín, los hijos
continuarían el negocio).

2

Fundadores de «El Porvenir» fueron
los accionistas Gregario Zambrano,
Eduardo y Emilio Zambrano (hijos de
don Gregario), Jesús González Treviño (yerno de don Gregario, casado
con su hija Rosa) y Valentín Rivero

Cuatro grandes momentos tiene «El
Porvenir» desde el punto de vista de
inyección de capital y renovación de
maquinaria y procesos: el primero en
1885, a la llegada del Ing. Manuel Rivera Gajá; el segundo en 1921, bajo el
mismo timón del Ing. Rivero; el tercero a mediados de la década de los
treinta, con don Aurelio González
Santos; y la década de los cincuenta,
con la mancuerna de don Aurelio
González Jr, y don Jorge G. Rivero
Comas.
3

El citado lienzo de «El Porvenir» se
ubica en la superintendencia de la fábrica de hilados y tejidos, que corresponde ahora a Textiles Monterrey, del
Grupo González, que capitanea don
Aurelio González, Jr. El lienzo fue
pintado en la década de los veinte por
el artista Antonio Decanini.
53

�LA GRACIA DE VIVIR EN LA CIUDAD

Nelva Alicia García
4

Mencionan los hermanos Mendirichaga Cueva que en 1885, debido a la agitación política y al levantamiento de
Simón Montalvo en Villa de Santiago, «... los cargamentos de telas enviados de El Cercado a Monterrey,
además de los doce fleteros que los
conducían, se reforzaron con una escolta de tres hombres armados», Op.
cit., p. 217.
Y esta agitación se dio eventualmente
y hasta la década de los veinte, cuando se institucionaliza el país. Así, durante la Revolución, la caja de la fábrica fue asaltada en varias ocasiones,
canjeándose dinero firme (oro y plata)
por billetes constitucionalistas y revolucionarios, solicitando por la fuerza
erogaciones en efectivo y ayudas en
especie. Pudimos consultar, por gentileza del Ing. Rafael Rico Samaniego,
el Libro Auxiliar # 3 de Contabilidad
de Valentín Rivero Sucesores (19111923), el que habla de esta pérdida por
billetes falsos (p. 97) y de «Importe en
efectivo entregado por la fuerza (subrayado nuestro) al Coronel revolucionario Rafael Torres ...»; 300 pesos.
¡Y estamos ya en julio de 1921 ! (p.
2.16).

54

5

El inmigrante ..., p. 152.

6

/bid., p. 152.

7

/bid., pp. 152 y 162.

8

!bid., p.

9

11.

Ver nota 4 de este trabajo.
Se trata de un libro de 70 x 34 Cms.,
de 361 páginas, en impecable letra manuscrita. Lleva los sellos de la Agencia del Timbre y la firma de don José
P. J. Rodríguez, titular de la oficina.
Es el libro de Contabilidad de Caja de
la firma Valentín Rivero Sucesores,
pudiéndose encontrar en él no sólo lo
relativo a «El Porvenir», sino a otros
negocios como la Hacienda «Vista
Hermosa», el Molino «Hércules», la
fábrica de mosaicos «La Imperial»,
etc. Base de todos estos negocios fue
la Casa Rivero (1843) que comerciaba
abarrotes, ropa y una serie de artículos en Nuevo León y todo el norte del
país. Se proveía del país y del extranjero; y contaba con agentes y representantes en ciudades como Nueva
York, Londres, París, Viena, Hamburgo, Barcelona, etc.

10

«las habitaciones de los obreros». Al
mismo tiempo, Clausen, desde
Knoop, habla de los 11 años de ausencia de Monterrey y de cómo no se
acostumbra a Alemania. «Me hace
falta el cielo de México, siempre despejado, y los amigos, con quienes he
partido (sic) buenos y malos días».
También, en El inmigrante... , p. 111.

En el caso de las viviendas para los
trabajadores, en el Archivo Rivero
(correspondencia de Valentfn Rivero)
que se custodia en la Biblioteca Cervantina del ITESM, donación de la familia Rivero al Instituto, se mencionan en la carta# 54 de Juan Clausen
(abril 3 de 1876) a Valentín Rivero

Del diario de Caja-Contabilidad de la
firma V. Rivero Sucs. No. 3 (1911 1923), ver pp. 1, 2, 131 et passim. El dato sobre la fuente de la plaza de Santiago fue aportado por el Ing. Rafael
Rico Samaniego.
11

El inmigrante..., p. 195.

Encuentro «La Fábrica, Patrimonio
Cultural de Nuevo León» / Capilla
Alfonsina, septiembre 9-13, 1996 /
Consejo para la Cultura de Nuevo
León (CONARTE).

PENELOPESCA
Me plancho
me doblo
y me guardo
para
cuando estés aquí.

DEL JARDÍN DE LA MEMORIA
Recuerda
en el jardín de la memoria
todo cabe
desde el cascabel de tu risa
hasta mi nombre
desgajándose como naranja en tus labios.

INSISTENCIA TELEFÓNICA
Una
dos
tres
quizá tu voz se escuche
junto con el gallo
que canta al amanecer.

PEQUEÑAS CONTRADICCIONES
De vez en cuando
te disfrazas de nube

�1

LAS ENSENANZAS DE DON HORACIO

Eloy Garza González
pero a veces la lluvia
te delata
te confundes
te contraes
ante el nacimiento de tus explicaciones.

PREGUNTA
¿Qué pensarás
cuando al decir ENE o
el rojo encuentra acomodo
en tus mejillas?

.,
LIBIDINOSO
Vienes con ojos de borrego
a medio morir
como si no supiera
lo que acabas de hacer.

INDIFERENCIA
Me miraba
sonreía
sus manos entretenidas
desvistie~do una naranja
y yo ajena.

56

El patriarca de las letras actuales de
Nuevo León no nació en este estado.
Horacio Salazar Ortiz es oriundo de
Tlalchapa, Guerrero, una pequeña región sumida en la flora agreste del
sur de México, violenta por la tremenda desigualdad que impera en sus
alrededores. De allá, el hijo adoptivo
de la tierra norteña importó una sensibilidad especial, de simpatía por las
clases oprimidas que le aflora por todos los poros a la menor provocación.
Don Horacio es un defensor de lo
que, en la jerga economicista, se conoce como estratos de bajos ingresos
y que, en buen castizo, dependiendo
del cristal con que se mire, se les llama, desprotegidos, los olvidados, los
marginados y acentuando la nota romanticista, los miserables.
Como buen patriarca, invadido de
experiencia y sabiduría a granel, pletórico de enseñanzas esotéricas y terrenas que envidiaría cualquiera, a
Don Horacio se le ha considerado
viejo desde siempre y sólo por testimonios veraces de sus amigos -que
no tienen por qué mentir-, se comprueba que fue joven alguna vez. No
en balde siendo un veinteañero abstemio, opositor encarnizado del tabaco
Ylector de tiempo completo, sus conocidos lo bautizaron con el apodo
feliz de The Old Man, que en mucho
alude al hombre barbado y bien insta-

lado en la vida, de la estampa coloreada del whisky, O/d Parr.
En suma, Horacio Salazar Ortiz
ganó por méritos propios, indiscutibles y de largo aliento, el reconocimiento público de regiomontano venerable, lo que no to exime de formar
parte de una generación de intelectuales modernos, a la orden del día,
entre los que destacan Miguel Covarrubias, Abraham Nuncio y Celso
Garza Guajardo, militantes al pie de
la cureña literaria y del más arriesgado activismo político. La veneración
que se les tributa, algo tiene de riesgo
latente, de fuerte compromiso social
y de apego a una moral que choca
con el puritanismo de campanario y
la mojigatería sampetrina, propio de
la clase burguesa de Nuevo León. Entre los disidentes de este pragmatismo
empresarial que tanto nos afecta como pueblo, destaca la madurez bien
plantada de Don Horacio, brujo experto en los asuntos trascendentes del
alma y en el raro oficio de escribir
poemas y hacer el bien, a como dé lugar y sin mirar a quien.
Muy joven, Salazar Ortiz se trasladó a Monterrey para estudiar derecho en la Universidad de Nuevo
León. Su entrega a la cátedra en su
Alma Mater, por más de tres décadas,
fue su quehacer prioritario recién

egresado del aula escolar. La docencia fue como un apostolado, al que se
consagró. De esa profesión altruista,
son los manuales educativos: Estructura socioeconómica del mundo
(1984) y Teoria de la historia (1984).
No le resultó fácil, menos cuando
asumió la Secretaría General del
STUANL en un tiempo en que la retórica de izquierda era, más que un instrumento para la reflexión, un arma
intelectual con la cual combatir en
duelos universitarios a los enemigos
de la excelencia académica qtle sí
portaban armas, no en sentido metafórico sino estrictamente literal. De
ahí que la protesta airada contra la
masacre de Tlatelolco, y la puesta en
entredicho de la supuesta tolerancia
del sistema político mexicano reveló
una actitud recta y valerosa, sobre todo porque fue la declaración oficial
de un líder universitario ajeno a esa
típica servidumbre sindical de compra de lealtades con favores.
La primer obra publicada por Salazar, Breve canto a la aurora (1962)
auguraba a un gran poeta coloquial
que halló en el estilo contenido, celoso de la métrica, sujeto a la ortodoxia
formal, una veta que pocas veces suplantaría en poemarios posteriores. El
poeta había encontrado su voz interior, su «sonsonete eterno», y lo que
57

�restaba era regodearse en el hallazgo.
Pocas veces se ha apartado, desde entonces, de su recetario interior de forma y fondo. En él la forma tradicional, de retaguardia, es un vestido que
adorna las ideas liberales, de vanguardia. Convencido del poder de
persuasión de las imágenes sencillas,
renuentes a retruécanos y alambicamientos, SalaJar se quedó en la ortodoxia lingüística, acampando de por
vida.
Y sin embargo, como diría Porfirio Barba Jacob, dejó la lona de su inmóvil tienda junto a los calcinados
precipicios. Su probada receta estilística no significó una cómoda estabilidad. Al contrario, fue la elección de
una perspectiva fija para otear la
realidad que -en contadas ocasiones
y pese a la prevención-, desbarranca
su escritura en el prosaísmo. Pero todo pecado que se asume con conciencia plena, acaba convertido en hábito
feliz. Al amparo de esa poesía coloquia!, teñida de formalismo, SaJazar
bruñe su obra y cultiva sus vicios; se
la juega, pierde y gana alternadamente. Es un apostador.
Ironía que deslumbra: con formas
clásicas, conservadoras, se ofrece al
lector un mensaje radical, de última
hora. ¿Poesía de circunstancias? No
será el primero ni el último de los es58

tilistas que crecen en el progresismo
político sin deslumbrarse por las revoluciones de la literatura. Sin ánimo
de polemizar -porque él mismo lo reconoce- el poeta es un progresista en
la ética y un conservador en la estética. ¿Contradicción? Más bien conciliación de dos aparentes contrarios.
Aquí reside la diferencia de Salazar
frente a otros poetas reconocidos universalmente por su fuerte compromiso social como el español Pedro Salinas. Si Salazar recela de las renovaciones en la forma poética, el célebre
español rompe con la camisa de fuerza de la preceptiva. Nadie más lejano
a él que las normas aristotélicas.

siempre han producido mucho ruido
y pocas nueces. (... ) descreo de ellas
por su esterilidad e ineficacia. En seis
mil años que van de cultura occidental contando desde las raíces mesopotámicas, ninguna gran literatura que
soporta la prueba del tiempo se ha
erigido sobre las vanguardias. Cree
que son simples truculencias conceptuales o verbales, simples juegos de
ingenio aptos para que se luzcan los
críticos y los profesores de historia de
la literatura».

Salazar no cree en los juegos de
palabras de James Joyce y compañía;
se encoge de hombros al leer los experimentos estériles del propio Luis
de Góngora y Argote; mira con el rabillo del ojo las piruetas verbales de
Octavio Paz. Salinas, en cambio, era
un fanático del último grito de la moda literaria; un apasionado seguidor
de la novedad y del estilo original como él mismo dice, «nunca antes visto, por los ojos del mundo».

Al margen del tono un tanto excedido de las anteriores ideas, Salazar
suscribe un manifiesto personal a la
inversa: su corriente literaria niega la
originalidad de la novedad, en fav&lt;1
de un retorno a los orígenes de la
poesía que por ser ich1ico es -¡oh, pa•
radojas!- de un absoluto vanguardismo. Además, el coloquialismo del
que tan bien se ha valido Salazar en
sus antiguos y recientes poemas, ¿no
fue también en su momento una vanguardia en la literatura que poetas como T.S. Eliot y e.e. cummings (y a su
modo Erza Pound) inauguraron con
acierto?

Uno y otro tienen sus razones. Pero, en el caso de Salazar, los argumentos sobre este tema no abundan.
Escribe sin ambages: « ...descreo de
las vanguardias literarias porque

¿Quién vence en esta lid poética:
la tradición o la ruptura? Para Salazar, sin duda, vence la que exhiba un
mensaje .más transparente, y que esté
al alcance del pueblo. En su poesía la

lección es tajante: la claridad se impone. El mundo es turbio, pero el instrumento poético debe ser claro; un
cristal que deje ver y no se empañe:
«En la ciudad envenenada / por el
smog y la miseria/ producen una extraña impresión / las hojas verdes del
otoño / El verano sobrevivió / a los
vientos fríos de octubre / Los niños
juegan sin pensar/ en el smog o en la
miseria».
Pero si de un parentesco poético
se puede hablar en la obra de Salazar
Ortiz éste tendría que ser -¿de manera deliberada?- Nicanor Parra. Hijos
ambos, a su manera, del coloquialismo latinoamericano de Efraín Huerta,
sus vertientes se desprenden sin embargo en direcciones distintas. Parra
termina por ser un cantor constante
de las minucias, las bagatelas y los
mínimos hábitos del hombre común:
Salazar Ortiz se mantendrá por esa
misma década en las eternas figuras
del zodiaco poético: el amor y su ausencia, el abandono, la soledad, las
estaciones del año y un tema añadido
y sufrido: las venturas y desventuras
del proletariado. Esta poética se mantuvo invariable en el libro En el nombre de Eva (1969) y Colección de poemas (1976).
Sin embargo también es posible
registrar evidentes cambios en su re-

gistro poético: con EL nombre de Eva
se desmenuzan temas apenas esbozado en Breve canto a la aurora, dotándolos de un sentido más cosmopolita,
bajo la influencia de los sucesos históricos vueltos mito: la rebelión estudiantil, el monstruoso imperialismo
yanqui, la Cuba de Fidel y la guerra
de Vietnam: «-Llueve pólvora sobre
los trigos de Vietnam... / -Llueve
pólvora sobre los niños de Vietnam ...
/ -Es triste. Recordemos los perales
sobre la carretera ... / -Pienso en los
amantes que pasarán la noche en Hanoi / -Pienso en los amantes que pasarán la noche en Saigón ... »
La mitología del 68 se apodera de
la atención perspicaz del Salazar Ortiz de los setenta, con una fuerte carga de nihilismo que será una de las
características del mundo de los noventa. Desde esta óptica, Salazar es
uno de los precursores locales del escepticismo en el hombre finisecular,
que viene de la guerra del tiempo, tatuado por las cicatrices ideológicas,
que ya no abriga fácilmente una utopía. El poeta se ha vuelto más sensato; también sarcástico. Su siguiente
libro de poemas será agudo, suspicaz,
salpicado de epigramas; le dará un giro de 180 grados a su bibliografía. A
vuelta de rueda (1979) fue la raíz cuadrada de su experiencia personal que
marcó la escritura de este nuevoleo-

nés de Guerrero. ¿Quién dijo que un
militante socialista no puede ser lúdicoy lúcido al mismo tiempo? ¿Quién
dijo que en la guerra de clases no se
podían tomar respiros para reír y festinar ocurrencias?
A vuelta de rueda rubricó esa etapa de su vida, dominada a trechos largos por una sensación desconocida
para los intelectuales no comprometídos con sus ideas: el miedo. La participación de Salazar en la política universitaria, que lo obligó a confrontarse con el porrismo y las acciones
mezquinas de linchamiento físico y
moral del contrario, le abrieron nuevas expectativas a su experiencia vital. A fin de cuentas -porque sobrevivió-, salió victorioso. Y lo mejor es
que dejó intacta su ideología, su sentido filosófico de la existencia y su
manifiesto poético. En los siguientes
años ha publicado: Por las horas desiertas (1981), Elegía sonámbula y
otros poemas (1984), La canción que
cantamos (1990) y Río de aguas azules (1994). En 1986 ganó el primer lugar en los juegos florales convocados
por el H. Ayuntamiento de Monterrey
con un poema que recibió, a un tiempo aplausos y críticas airadas: Relaciónde Monterrey.
Alguien ha acusado a Horacio Salazar Ortiz de ser anticuado porque a
59

�FOTOGRAFÍA DE UN DESNUDO

María Magdalena de la Garza
estas alturas del siglo XX sigue asumiendo posturas «sectarias» de izquierda. Pero, si reparamos en que la
derecha regiomontana ha retornado
por sus viejos fueros, cerrando teatros, censurando las artes e imponiendo morales a chaleco; si advertimos
que la derecha sigue siendo tan cerrada, intolerante y obscurantista como
antaño, bien valdría la pena reconsiderar la línea de pensamiento de Salazar y aceptar de buena gana que su
tendencia ideológica, antes que anacrónica, es de una pasmosa y urgente
actualidad.

,,

Más nos vale que no abandone su
trinchera por enfennedad o cansancio
y siga publicando sus poemas beligerantes al estilo de las primeras obras.
Las enseñanzas de Horacio Salazar
Ortiz siguen viviendo tan orondas y
campantes como en los años sesenta
y setenta. Es hora de ponerlas en
práctica -al menos si se quiere, como
ethos y ya no como doctrina políticaen los confusos años noventa.

LA OLA DE MAR ADENTRO
La maleta se va llenando de ropa. Cada prenda lleva su historia de ficción instantánea que se acentúa al
momento de ser colocada en su lugar; los días se visten de cuentos según la textura de las telas y la disposición en el veliz que crea un orden del tiempo. Algunas prendas ocupan un lugar especial para las mejores
ocasiones que pueden ser la cercanía al otro, a los otros, a una mirada especial, a la conversación -los discursos del yo-, del nosotros sólo unos minutos, tal vez algunas horas o un algo que va a quedar por ahí y
que será resguardado en una concha o en una ola, el mar está hecho de secretos.
En la transición hacia lo otro, de agua azul salada, las articulaciones se reajustan y el pensamiento va
dejando lo cotidiano para incluir lo nuevo. Lo planes van a ser modificados por la nueva realidad de ese
posible si es que se entreteje con el seguramente. El carro, autobús, tren o avión es el boleto hacia mi yo
otro que ya está siendo. En las horas del transcurrir se crea paradójicamente un vacío que incluye lo que
queda atrás y lo que viene delante y que ambos se excluyen. La razón se reajusta a ese por-venir y se prepara el delicioso juego de la sensualidad para captar el entorno hasta la médula de los huesos.
Se llega en el tiempo calculado. Los sentidos registran la atmósfera marina por la costera hacia el hotel.
Impera el sol y el mar. Edificios, vacacionistas, arena. Ya en el hotel se percibe un collage de pieles, de
acentos y de hablas de distintos idiomas. Predomina la lengua materna.
La llave de la habitación asignada es el símbolo de la seguridad de nuestras fantasías. Es en el elevador
donde la pluralidad marca la individualidad ya que cada vez que bajamos o subimos se niega y se reafinna
el yo, nuestra singularidad se enriquece renovándose. Este sentimiento late en el medio ambiente.

El placer de la vista se combina entre la mirada panorámica y del detalle. La mirada es tan inmensa como el mar, tan basta como los turistas, larga como el paseo por la costa. La ola mueve un brazo y un brazo
mueve la ola, la espuma en las piernas, las miradas furtivas sobre el agua y la arena como las sonrisas. Ahí
el placer del bronceado las manos repasan el cuerpo propio y el ajeno: un aquí mi pierna, allá tu brazo.
Al sonido del corazón de la ola se aúnan los sabores de las voces. Las voces parecen acompasarse al ritmo de las Olas. Orquestación del placer natural. El agua es música y habla.
60

�«PARA SUBIR AL NOPAL»: EL CUERPO
VISTO COMO UN INSTRUMENTO EN LA
CARRERA HACIA EL PODER SOCIAL Y
POLÍTICO EN LA SOCIEDAD URBANA
-¡Cállate, pendejo! Tu qué vas a saber de nada, tú que vives como sombra, hurgando, escondido, comiéndote las vidas de los demás. Tú que no tienes ni carne ni huesos. ¡EL hombre puro! Hijo de La gran chingada. Más te valdría justificarte una sola vez y sentirte pobre diablo una sola vez...

Óscar A. Díaz Ortiz
Estas vacaciones tienen el olor del marisco, de la sal de los cuerpos y de su ausencia en el profundo
descanso dedicado al sueño. El gusto del pescado y el tacto del deseo.
Amalgama filigrana a mitad de las vacaciones el tiempo comienza su cuenta regresiva. Las imágenes
de lo que habí~mos dejado poco a poco recobran un refresc~te senti_do que sin quererlo se va deseando, al
mar hemos vuelto como del mar hemos nacido. Es en la mitad del tiempo de la playa cuando recobramos
la conciencia del agua en aquel vivir de rutina. Sin quererlo nos vamos llevando el mar a nuestras casas.
Las vacaciones siguen cuando ya es tiempo de partir, nos despedimos de la playa y otra vez el trayecto
con la ola ds mar adentro.

FOTOGRAFÍA DE UN DESNUDO
Te gusta repetir el juego que se resuelve en el encuentro de ti mismo. La fotografía de un desnudo en el
buró proyecta los instintos de la flor.
Mi cuello se estremece al contacto de tus manos mientras me mira de lado un ojo de papel que sostiene la caricia Ahora veo hacia abajo la geografia azul del satín, mi pelo va cayendo suavemente com~ mis párpados en d
desliz de tus palmas por mi espalda Abrazas mi cintura donde te detienes como una flor rendida Conozco ese camino que se traza en la coyuntura de ser uno y el otro, la magia de ver la fotografía

y cumples con esa rendición característica en ti ante lo eterno que te hace doblarte de rodillas. Pien~
en mí como pensar en ti mismo cuando ,,oJteo mi cabeza hacia un lado para atrás y hacia el otro. Intenm·
tencias en blanco y negro. Mi cabello y r.li mirada en el aire tratan de alcanzarte un~ y m~ veces.~~
adentrándote sintiendo los espasmos de mi piel y tu piel que se confunden. Estoy en t1 y te sientes rec1blf·
'
me. Pareces olvidar
nuestros nombres o más exactamente elaboras una contracción de ambos a partir· del.
músculo de mi pierna derecha. Te sacrifkas una y otra vez en un cuerpo andrógino e~ ?ecadencia Y
nas por aceptar esas terribles mutaciones del ser que formas parte. Ese descanso vert1gmoso en el remo
la palabra muerta, es un abismo al encuentro de ti mismo.

~e":

62

Hoy, inevitablemente, somos testigos de la caída del pétalo de la flor que está al lado de la fotografía en el burÓ-

A través de la obra la región más
transparente (1958) del escritor mexicano Carlos Fuentes (1928), podemos
cons1a1ar que el cuerpo / la sexualidad/ el sexo ha sido aprovechado como un elemento valioso que ha sido
la víctima propicia de sacrificio que
demanda la sociedad patriarcal en su
control, manipulación y consolidación del poder y que puede ser utilizado por los individuos en aras de sus
propios intereses. El cuerpo es usado,
tanto por la mujer como el hombre,
según la visión que éstos tengan de su
papel en la sociedad. Fuentes nos
transporta al microcosmos de la Ciudad de México D.F., en donde en una
singular mezcla de sucesos históricos,
personajes y clases sociales; así como
de elementos míticos y religiosos indígenas, pretende revelar la identidad
moderna del mexicano, el sentir, las
ilusiones, las desdichas, las alegrías y
hasta la utopía de un pueblo engañado por una revolución a medias. La
~ción principal de la novela transcurre durante la época 1946-52. El macrocosmos de un gran país se transpon¡¡ a los predios de una megatrópoli-EI D.F. Las situaciones transcurren
en diferentes lugares que tienen como
escenario la capital mexicana. En esta
ciudad. los personajes pertenecen o
tratan de ser una muestra representativa de todo el ente humano que
compone la sociedad mexicana. Esta

representación, lógicamente, está edificada y vista desde la óptica de la
hegemonía patriarcal. A cada uno de
estos personajes la hegemonía le ha
establecido un espacio en la urbe. Por
ejemplo, las mujeres de clase alta se
mueven dentro de los sectores exclusivos de la vieja aristocracia defeña
como las «Lomas de Chapultepec».
Mientras que los ricos industriales se
mueven en el mundo de los negocios
de las grandes compañías nacionales
o multinacionales y de la banca. De
igual manera, las clases bajas tienen
su espacio dentro de la marginalización social urbana a las que han sido
reducidas. Las mujeres del pueblo
son empleadas domésticas o en su
peor caso prostitutas, mientras que
los hombres son taxistas, braceros o
ladrones. Esta clase se muestra como
servidora de la clase alta. En la región más transparente, el lector se
siente transportado de la mano del
personaje uca Cienfuegos (la conciencia indígena), quien como narrador homodiegético va visitando, escudriñando, y a la vez, estableciendo
situaciones en donde él es amigo o
conocido de los diferentes personajes
para desenmascararlos, mostrando facetas antes desconocidas de los protagonistas, precipitando un desenlace
mítico, establecido de antemano, para
castigar a ciertos elementos de la sociedad capitalina.

Carlos Fuentes, La región más transparente 448

la región más transparente trata
de mostrar los vaivenes de una sociedad burguesa en constante transformación; en donde ciertos personajes
primarios, por estar aliados directamente al poder económico capitalista,
logran llegar a la cúspide u otros personajes secundarios que por su alianza con los primeros, logran ser partícipes del nuevo poder económico en
México. Fuentes en esta obra, según
Lockert, quien a su vez cita a Vargas
Llosa, dice:
Él quería capturar el fluir del tiempo y
el espacio en una área de la capital de
México. Su afán totalizador hace que
la novela se desplace 'desde la base
indígena de la pirámide con sus ritos
ceremoniales hasta la cúspide hecha
de una oligarquía cosmopolita y snobish, cuyos apetitos, modas e imprudencias venían prestadas de Nueva
York y de París'. (32)

Esta nueva clase emergente, arribista arrasa con el espacio económico
privilegiado de la antigua oligarquía
porfiriana, logrando entrar, a través
de engaños, en el selecto círculo social capitalino. La vieja oligarquía, a
pesar de estar desposeída de sus antiguas riquezas, aún sigue viviendo
y vanagloriándose de un pasado esplendoroso, al cual se niega a renunciar y que a su vez, canjea su pasado
63

�clasista y su posición social con los
advenedizos -los nuevos ricos (Carranza 18).
En su ascenso al poder, algunos
elementos de esta clase rural, revolucionaria y desarraigada, logran desplazarse al centro -la capital- y, van
adquiriendo riquezas y apoderándose, poco a p(Jeo, no sólo del Distrito
Federal, sino tambié_n de la economía
del país, logrando apropiaciones tan
importantes como la del petróleo en
1938, bajo el mandato de Lázaro Cárdenas (1933-40). Estas clases saben
que no sólo el dinero es suficiente
para compartir el gran pastel elitista.
Por esta razón, Federico Robles nuevo rico, abogado, indígena se vale de la belleza / la sexualidad, la
clase adquirida por roce social y el
«glamour» de Norma Larragoitti para ser aceptado por la élite. Esta
aceptación era casi imposible, por
parte de la rancia aristocracia, debido
a la descendencia «indita» de Robles. De la misma forma, lo hace el
escritor fracasado, Rodrigo Pola, que
ante el florecimiento del cine mexicano se ve de pronto lanzado a la fama, escribiendo libretos cinematográficos y usa a Pimpinela de Ovando para lograr un espacio en el seno
de la aristocracia.

64

El elemento humano en la obra
está diseñado y construido socialmente con base en un sistema patriarcal que determina y circunscribe la
función de los individuos, con base
en su género. Por esta razón, se nos
presenta, a parte del elemento mítico
indígena -Teódula Monteczuma, a
tres mujeres. Gladys García, Norma
Larragoitti y Pimpinela de Ovandola prostituta, la nueva rica y la aristócrata (Carranza 18). Cada una de estas
mujeres tiene un papel que desempeñar. Gladys es la subaltemidad, explotada y marginada socialmente.
Norma es la muchacha de orig!!n humilde que gracias a su astucia, engaños y al aprovechamiento de su cuerpo logra escalar socialmente. Mientras que Pimpinela está destinada a
ser la negociadora de posiciones sociales con quienes tienen el dinero,
pero no la clase. El sexo para estos
personajes, es su dispositivo controlador para satisfacer, alcanzar el poder,
sostenerse en él y compartirlo. Michael Foucault lo define corno:
El sexo, esa instancia que parece dominamos y ese secreto que nos parece
subyacente en todo lo que somos, ese
punto que nos fascina poi el poder
que manifiesta y el sentido que esconde, al que pedimos que nos revele lo
que esconde, al que pedimos que nos
revele lo que somos y nos libere de lo

que nos define, el sexo, fuera de duda, no es sino un punto ideal vuelto
necesario por el dispositivo de sexu•
lidad y su funcionamiento. (188)
Este dispositivo funciona en La región más transparente como el elomento oculto, a través del cual se logra completar el ascenso al poder.
Los dispositivos del poder, segúa
Foucault, se articulan a través del
cuerpo (184) y esto es lo que hacea
estos personajes; consolidar su pos~
ción en el poder por medio de la sexualidad, logrando una mezcla de lo
histórico y lo biológico, corroborando
la tesis de Foucault sobre el «dispositivo político» del sexo, según sus diferentes definiciones, las cuales se
puede manejar en varias direcciones.
A este respecto Foucault dice:
El 'sexo' fue definido de tres mane•
ras: como lo que es comúnmente al
hombre y la mujer; o como lo que
pertenece por excelencia al hombre y
falta por lo tanto a la mujer; pero también como lo que constituye por sí sólo el cuerpo de la mujer, orientándolo
por entero a las funciones de reproducción y perturbándolo sin cesar en
virtud de los efectos de esas mismas
funciones; en esta estrategia la historia es interpretada como el juego del
sexo en tanto que es lo 'uno' y lo

'otro', todo y parte, principio y carencia. (185)
La manipulación del sexo por parte
del poder, logra limitar la sexualidad
a la función netamente reproductiva
y, en nuestro caso, convertir al sexo
en un dispositivo utilizable para las
clases emergentes en su carrera hacia
el poder político y el control social.

Norma Larragoitti, dentro del espacio al que está destinada, es consciente del poder que ejerce su cuerpo
/ su sexualidad y el bienestar que le
puede brindar en el futuro. Por esta
razón, rompe con la relación de Rodrigo Pola que en sus comienzos es
apenas un principiante de escritor y
para sus ambiciones nada puede ofrecerle como ella misma lo dice:
hay una cosa que no toleraré nunca, y
es que me subestimen; eso es lo que
ha hecho Rodrigo besándome y enamorándose de mí, creyéndome lista y
acceder a todo por el gusto de que me
apriete la cintura al bailar. ¡Idiota!
¿Qué quiere que hagamos entre beso
Y beso? ¿No se ha dado cuenta de que
quiero vivir, vivir, entre los momentos y en compañía de los demás, que
hay grupos superiores a él, coches
descubiertos y cabarets caros y fines
de semana? (125)

Con esta actitud y pensamiento, Norma aspira a escalar posiciones en la
sociedad, ya que su roce social con
gentes pertenecientes a la élite le han
dado cierto «caché», pero necesita
del dinero para llegar a enrolarse en
esta clase. Por esta razón, escoge a
Federico Robles ·que posee el dinero,
factor determinante que la hará subir.
Mientras que Federico la escoge por
su belleza -es rubia y además, ella
sabe muy bien como comportarse como un elemento perteneciente a la alta burguesía.

del juego por el control del poder en la
nación mexicana al ser un elemento
perteneciente al individuo que, al igual
que la sexualidad, éste puede ser manipulado y utilizado por el poder hegemónico a su favor en su control totalizante
de la sociedad.

Lista de obras comultadas
Brody, Robert and Charles Rossman.
Carlos Fuentes. Austin: U of Texas P,
1982.

El punto de vista de Rodrigo Pola,
esposo de Pimpinela, quien anteriormente sostuvo relaciones con Norma
es algo similar como lo confiesa a Ixca en el texto:
¿Qué? ¿Pimpinela? Ella me da cosas,
me da su nombre, su elegancia y sus
relaciones -pero me daba Norma
otras cosas aunque ella no lo supieray yo sigo sin darle nada. Me casé con
Pimpinela por eso. Porque elJa me da
-desde su virginidad, oye. (449)
Finalmente, podemos concluir con
la aseveración de que el sexo ha sido un
factor determinante para las clases sociales en su ascensión al poder político,
social y económico en el México moderno. El sexo ha sido un instrumento
viable o una pieza fundamental dentro

Carranza, Luján. Aproximación a la literatura del mexicano Carlos Fuentes. Santa Fe-Argentina: Colmegna S.A., 1974.
Fuentes, Carlos. Úl región más transparente. México, D.F.: Fondo de Cultura
Económica, 1992.
Foucault, Michel. Historia de la sexualiÚl voluntad de saber. México,
D.F.: Siglo XXI Editores, 1986.

dad / 1

Leal, Luis. «Realism, Myth, and Prophecy in Fuentes «Where the Air is Clear».
Confluencia 1.1 (1985): 70.75.

López, Ana María Hernández de. Úl obra
de Carlos Fuentes/ Una visión múltiple.

Madrid: Editorial Pliegos, 1988.
65

�¿ TRES INFAMIAS?

Jaime Palacios Chapa
DEBEMOS CUIDAR LA AMISTAD DE LAS SOMBRAS
Me recuerda una degustación de carnes frías a la que asistí una vez en un castillo de Transilvania, di'
rompiendo el silencio ante los dos cadáveres tendidos en medio de la calle, bañados de luna llena,
sangre enfriándose con la nochecita de otoño.
Sí, fíjate; yo pienso que enamorarse de alguien que a la vez te puede servir de comida es el doble de
provechoso, y frías o calientes, esas piernas y esos brazos de Margarita aún me despiertan el apetito, dije con un quiebre en la voz porque la gente alrededor nos empezaba a ver muy feo y porque, caray, fueron nuestras novias.

,

Entremos a ver una película mientras vienen a recoger sus cadáveres, dijo caminando y dando a entender con su entonación que realmente fuéramos a buscar el calor y la caricia de las Sombras, ese cala
y esas caricias que nos habían cambiado tanto tanto en muy pocos meses, y aparte nos habían otorgado
el sentido del humor ahora tan característico y oportuno de nosotros en situaciones solemnes como ésta.
sentido el humor que día a día nos gana mayores simpatías.
Me besa, me abraza, me llena de su aliento y no me extraña nadita el que cuando se en'ciende la luz
para el intermedio ella no esté aquí, como tampoco me extraña el que en la mañana nos acompañabaa
las muchachas y ahora ya no, digo, dándome una peinadita.
Ora sí que de la no vista nació el amor, y el deseo, dijo recordando a las dos sombras que se abraza.
ban y besaban con cachondez inhumana en la oscuridad de una sala, sala a la que volvíamos y volvíamos aunque no hubiera permanencia voluntaria.

su intensidad que nos hacían, una vez a ti y la otra a mí, olvidar que asistíamos a una proyección con
siete Oseares y cuatro y media estrellitas.
Estoy de acuerdo, pero espero que tú lo estés conmigo en que cuando una chica te empieza a ganar
afecto y confianza, primero te invita a conocer a su familia y a que la acompañes a eventos formales como bodas y velorios. Una sombra, en cambio, te invita al Certamen.
El Certamen, claro, sí. Mi favorita era la chica de la violación múltiple con los senos mutilados, pero
tú insististe en que el cuate de la cabeza reventada a tubazos tenía mayores posibilidades.
Bueno el serruchado longitudinalmente también me cautivaba pero, caray, éramos primerizos. ~e
dónde íb;mos a sacar el refinamiento para distinguir tal cantidad de matices e intensidades de dolor, sm
tener experiencia.
O la sensibilidad y educación para disfrutar del espectáculo como de una muy alta y sobrenatural
muestra de cultura.
¿A poco no? El arte de las artes. Como si el alma de la Humanidad hubiera hecho caca y con ella esculturas.
¡Éytale! «Art Caqueau 95». El año que entra no iremos tan ignorantes. Qué inauguraciones en Marco
ni que subastas en Sotheby's.
No cabe duda, la amistad de las sombras es algo que debe cuidarse, dijo.

Y fajamos ¡y cómo fajamos! aclaro como antecedente al asunto del Certamen, porque lo cierto es
que una vez, en alguna función de la tarde, vimos que en lugar de dos aparecía sólo una sombra, y entonces echamos suertes para ver quién se le lanzaba.
Estarás de acuerdo, dijo, en que ambos llegamos a concluir que no habría importado el que descubriéramos que se trataba de una anciana o de la más arácnida de las mujeres, sino su calor, su energía.

Oye, pero habrá que ir a ver si ya recogieron a las chicas, contesté. Apenas si tendrán tiempo de empezar a prepararse para el Certamen.

�LAS PELIGROSAS AGUAS·DE SU MONITOR
Estos son los hechos que muchas horas después doña Victoria Zamarripa extemaría con lujo de detalles
a la policía.
Su d~f~nto ~eñor, do~ Ubence, pestañeó con fuerza esa mañana para alejar los sueños de sus ojos y
poder distmguir con clandad lo real de lo fantástico.
Pero no le sirvió de nada.
~l viejo Trinitrón habí~ permanecido encendido la larga noche completa y su pantalla amanecía contem~ndo agua Y_ peces, mientras que la pecera que descansaba sobre el aparato transmitía el rostro distorsionado de Gdberto Marcos, leyendo las noticias de la mañana.
Don Ubence, anciano con la edad y la.conciencia de este siglo de cambios, no tardó en acostumbrarse. Media_ hora.después, ya había destapado el antiguo artefacto Panasonic y con una pequeña pala dejaba caer alimento en polvo a sus mascotas de profundas, turbias y electromagnéticas aguas.
Doña Victoria pidió! su señor que le limpiara muy bien la pecera para no perder detalle de ninguna
telenovela, Y él_ respo~dió con el último gruñido de toda su larga y refünfuñosa vida matrimonial que
ella le escuchana. -¡Dios guarde en su seno a mi cascarrabias!-exclama doña Victoria al recordarlo.
Llamó a su señor a almorzar. El café de siempre estaba servido. Entonces escuchó como si una boca
de grandes proporciones masticase en el cuarto de la televisión. No podía ser su desdentado Ubence, así
que fue a ver.
El agua salpicó a varios metros de distancia, cuando el gigantesco escualo blanco se volvió a hundir
en las regiones _abisales del océano Trinitron. Al rato salió de nuevo y escupió la hebilla del cinto de don
Ubence, Ysus tirantes, mismos que, aún húmedos, sostiene ahora ella con reverencia entre sus manos.

INFAMIA
Mi coche es tan inquieto que sale por las noches a dar la vuelta solo. Pero es infame, pienso, el que por
esto se le acuse de agitador de la materia inerte.
Dicen que acompaña a la gran marcha de papeles y hojas secas por las calles vacías ¿pero atribuirle
el que bailen las estatuas, recórcholis? Tan mensa idea como la de culpar a sus cuatro cilindros de la
animadísima verbena que muebles y construcciones han estado celebrando noche a noche, según reporta
la agencia de detectives.
Claro, es tan obviamente subversivo eso de que el refrigerador del rico salga por su ventana y entre
por la del vecino más necesitado, que nomás un tonto andaría tomándolo como evidencia, y lo mismo
digo del asunto de las revistas de monitos del niño, que vieron interactuando en pleno aire GOn los libros
del doctor. Un hecho más: las muy democráticas salas y comedores que se arman solos enmedio de parques y baldíos, en los que cada mueble proviene de un hogar distinto.
Se trata de un coche inquieto, repito, pero cuya inutilidad como coreógrafo está más que comprobada. No volveré a aguantar a nadie la babosada de asociarlo con el supuesto zapateado que ejecutan los
condominios en las madrugadas. Digan la verdad y déjense de infames cobardías, como la de andamos
distrayendo con chivos expiatorios.
La gente merece saber todo lo referente a la danza de las avenidas. Publiquen las fotografías, exigi-

mos, de las calles despegando, despegándose de la tierra para lanzarse al aire como lenguas grises que
se burlan del cielo, hagan de cuenta que olas de asfalto.
Mi coche es tan inquieto que sale por las noches a dar la vuelta solo, pero sería incapaz, lo juro, de
inducir a la Gravedad a faltar a sus deberes. Para nada, y no se diga más.

�LA ECONOMÍA CAMPESINA EN EL
SUR DE NUEVO LEÓN
UN ANÁLISIS DIAGNÓSTICO

Veronika Sieglin
l. Introducción
El sur de Nuevo León ha sido y sigue
siendo una de las zonas rurales más
pobres en el estado. Se integra por los
municipios de Aramberri, Doctor
Arroyo, Galeana, General Zaragoza,
lturbide, Mi.er y Noriega y Rayones
t·
que se extienden tanto en zonas montañosas como en áreas de la Meseta
Central Mexicana (altitud: 1500 - 2000
metros sobre el mar). El clima predominante es estepario y, en algunas
partes, desértico.
Las condiciones climáticas que
predominan en grandes partes de esta
región, y la carencia de agua no facilitan, precisamente, las actividades
agropecuarias. Por lo mismo, no sorprende que la agricultura privada resulta prácticamente insignificante en
el sur: únicamente el 2.9% de las unidades agropecuarias censadas se encontraron, en 1990, en manos privadas. El históricamente escaso interés
del capital privado en la explotación
agropecuaria de la zona sur, facilitó
al Estado, en décadas pasadas, la realización de una reforma agraria en
cuyo transcurso jornaleros y aparceros fueron beneficiados con una parcela ejidal para su explotación.
54

70

De esta manera, las autoridades
lograron satisfacer (aunque sólo de

manera aparente) las demandas por
tierra de amplios sectores sociales en
el campo nuevoleonés sin que esto
provocara una mayor resistencia entre los agricultores privados. En consecuencia, el sur de Nuevo León concentra el 56.8% de los 25,932 ejidatarios
registrados en el estado (fuente: Censo Agropecuario 1994).
2. Tierras, agua y la producción
agropecuaria
La agricultura que se desarrolla en el

sur es de tipo temporal: en el promedio regional, el 87% de las unidades

domésticas rurales dispone únicamente de tierra de temporal, otro 7~
accede, además, a una superficie de
riego y el 6% trabaja exclusivamente
tierra de riego (cuadro 1). Sin embargo, en algunos municipios (Doctor
Arroyo, General Zaragoza, lturbide,
Mier y Noriega) no existe fuente
acuífera alguna que posibilitaría, por
lo menos, parcialmente el riego de los
cultivos.
Debido a los inviernos secos y
fríos, las siempre escasas e inco,,stantes precipitaciones y dada la imposibilidad de regar artificialmente
Cuadro 1

Unidades agropecuarias ejidales • según tipo de superficie de labor, sur de Nuevo León, 1990.
municipio

nos. de unidades
agropecuarias

composición de la superficie de labor
(%)

sólo
riego

sólo
temporal

temporal y riego

Aramberri
1,670
24.0
50.3
25.7
Doctor Arroyo
5,593
0. 1
99.8
0.07
83.7
9.8
5,604
6.4
Galeana
0.2
99.6
0.2
General Zaragoza
509
lturbide
224
0.6
99.4
100.0
Mier y Noriega
754
Rayones
296
41.9
42.2
15.9
TOTAL
14,650
6.1
86.8
1.1
• Se incluyen solamente las unidades ejidales con tierras de labor (= el de las 14,722 unidades ejidales en total).
Fuente: VII Censo Agropecuario. Nuevo León. Resultados definitivos. Tomo 1, Instituto Nacional
de Estadística, Geografía e Informática. M~xico, 1994. Cuadro 63.

los campos de cultivo, las actividades agrícolas se limitan a unos
cuantos cultivos (maíz y frijol) y a
un solo ciclo de producción (primavera / verano). Además de granos
básicos, muy pocas unidades domésticas producen trigo, alfalfa,
manzana y otros cultivos anuales y
perennes.
La actividad agrícola se desarrolla

sólo en pequeña escala. Así, aproximadamente el 85% de los ejidatarios
(cuadro 2) cultiva el maíz en una extensión no mayor de 3.7 hectáreas
(promedio Nuevo León: 4.7 hectáreas) donde levantaron juntos, en
1990, un total de 17,830 toneladas,
equivalente a 1.44 toneladas por productor, cifra muy por debajo del promedio nuevoleonés (3.3 toneladas /
productor). Al comparar la productividad por hectárea, se desprende que
los ejidatarios del sur lograron únicamente· 0.4 toneladas por hectárea,
mientas que el promedio nuevoleonés
se cifró en 0.7 toneladas. La menor
productividad en la zona sur se explica, en buena parte, por las temporadas de sequía más pronunciadas y por
los volúmenes de precipitación anual
más bajos, fenómenos que repercuten
en el crecimiento y la productividad
de las plantas. Tratándose de terrenos
de temporal, no existe posibilidad alguna de incrementar el rendimiento
de las plantas mediante el uso de fertilizantes.

Cuadro2
La producción ejidal de maíz y frijol, sur del Estado y Nuevo León en total, 1990

NUEVO LEÓN

ZONA SUR

maíz

75.2

frijol

maíz

frijol

unidades domtsticas ejidales
dedicados a la producción
(% del total)

30.8

8-4.7

26.3

área cultivado
(% del total de labor)

12.0

53.2

8.3

37.1

1,970

17,830

10,430

83,110

producción/ hectárea (tons.)

0.2

0.4

0.4

0.7

producción / unidad doméstica
tons.)

0.45

1.4

1.3

3.3

2.26

3.5

3.0

4.7

producción (tons.)

promedio de superficie
cultivada por unidad
dom~tica (hectáreas)

Fuente: Cálculos en base al: vu Censo Agrícola-Ganadero. Nuevo León. Resultados definitivos.
Instituto Nacional de Estadistica, Geografía e lnfocmálica (INEGI). México 1994, cuadro 8.

Un panorama igualmente desolador se observa en la producción de
frijol a la cual se dedica la tercera
parte de los ejidatarios sureños. El
cultivo que se lleva a cabo en parcelas no mayores de 2.3 hectáreas (promedio Nuevo León: 3 hectáreas) arrojó, durante el ciclo de primavera / verano de 1990, un total de 1,970 toneladas, equivalente a 0.45 toneladas por
productor (promedio Nuevo León: 1.3
toneladas). En relación al promedio
estatal, la productividad por hectárea
resultó en esta rama agrícola aún más
bajo que en la producción de maíz.

Los ejidatarios de la zona levantaron
apenas 0.2 toneladas de frijol por hectárea, en tanto que en el promedio estatal lo fueron 0.7 toneladas.

Maíz y frijol conforman los componentes básicos de la dieta diaria de
los pobladores rurales. Sin embargo,
la producción de ambos granos no tan
sólo no arroja un excedente disponible para la comercialización sino resultó incluso insuficiente para el consumo diario de la población. Distribuido en los 365 días del año, la cosecha del maíz pone a disposición de

71

�cada unidad doméstica diariamente
3.7 kilogramos de maíz (fuente: cálculos en base al VII Censo Agrícola y
Ganadero), cantidad que será distribuida para el consumo humano, la
alimentación animal (aves de corral)
y la reserva estratégica de granos que

Dentro del contexto nuevoleonés,
los ejidos de la zona sur del estado
enfrentaron problemas de subsistencia más agudos que en las demás regiones de Nuevo León. Mientras que
el 44% de los ejidatarios nuevoleoneses no logró un excedente agrícola,

Cuadro 3
Destino &lt;Ae la producción en las unidades agropecuarias del sur de Nuevo
León, 1990 (%)
Municipios
Aramberri
Doctor Arroyo
Galeana
General Zaragoza
lturbide
Mier y Noriega
Rayones
PROMEDIO
REGIONAL
PROMEDIO
NUEVO LEÓN

sólo auto
consumo

venta local
y nacional

52.3

39.2

61.7

venta local, nacional
y exportación

sin
. producto
8.5

21.8

0.01 •

16.5

45.4

27.0

0.05 ••

27.6

68.9

29.9

81,7

17.0

1.3

72.4

1.6

26.0

19.2

75.5

5.2

54.7

26.0

0.02

19.3

43.9

36.3

0.02

19.8

1.2

Fuente: vn Censo Agricola Ganadero, Op. cit., cuadro 10.
• Se trata de una sola unidad agroperuaria.
•• Se trata de 3 uoidacles.

72

conforma la semilla del siguiente ciclo de producción. Es obvio que las
magras cosechas no logran satisfacer
ni uno de estos rubros. De ahí resultan una escasa integración al mercado
regional y, a consecuencia, limitadas
espectativas de ingreso.

El panorama y las perspectivas
productivas a nivel regional no son
tan homogéneos como parece a primera vista. Los productores del municipio de Rayones presentan el índice de integración al mercado más elevado: el 76% de los ejidatarios ofreció
sus productos (principalmente aguacate y nuez) en el mercado local y regional. En cambio, en los municipios
de lturbide y Mier y Noriega, entre el
72 y el 82% de los productores no dispuso de excedente agrícola alguno.
Además, en este último municipio al
igual que en Galeana se encontraron
más ejidatarios que no habían levantado producto alguno.

en la región sur el 55% no rebasó el
nivel autoconsumitivo. Otro 20% ni
siquiera levantó producto alguno (cifra idéntica al promedio estatal). De
esta manera, el 74% de los ejidatarios
no aparecieron nunca en el mercado.

En suma, las condiciones climáticas e hidrográficas de la zona sur li•
mitan las actividades agropecuarias a
tal grado que la mayor parte de los
proouctores no cuenta con un excedente el cual podría ofrecer en el
mercado local. Para acceder a los recursos monetarios requeridos (ya que
la estrechez de la gama productiva no
satisface las necesidades de consumo
básico), muchos ejidatarios recurren a
la recolección de productos silvestreS
entre los cuales destaca la lechuguilla: el 90% de los ejidatarios ixtleros
en Nuevo León habita en la zona sur.
Para muchos de ellos, la talla del ixtle
se ha convertido en actividad económica principal y fuente de dinero ex·
elusiva-a pesar de que el ingreso que
logran a través de esta actividad re-

sulta muy bajo (10.50 pesos por una
jornada de Iohoras en la cual se talla,
máximamente, 3 kilogramos de ixtle)
(fuente: entrevista con campesinos
ixtleros de la zona).
Las actividades agrícolas y recolectivas se acompañan por la ganadería en pequeña escala. Uno de cada
tres ejidatarios {36.8%) tiene ganado
bovino (en promedio, 4.8 cabezas por
unidad doméstica), del cual un tercio
es aprovechado, simultáneamente,
para la producción de carne y leche
suministrando, a cada productor, un
promedio de 8.2 litros de leche diariamente que en su mayor parte es consumido por la misma unidad doméstica. Sin embargo, el tipo de vegetación que predomina en gran parte del
sur y que constituye el alimento animal no favorece precisamente la ganadería bovina, hecho que se refleja,
por ejemplo, en el bajo rendimiento
lechero diario. En el sur, cada vaca
aporta, en promedio 4.7 litros de leche
comparado con los 6.7 litros en el promedio estatal. Por lo mismo, sólo el
6.9% de las cabezas bovinas de Nuevo
León son aprovechadas en el sur
(Fuente: vn Censo Agrícola Ganadero).
En cambio, el 41 % de las existencias de ganado caprino en el estado se
encuentra en manos de los ejidatarios
de la zona sur (el 39% de las unidades
domésticas dispone de cabras desti-

nadas en su mayor parte para la producción de carne y, en menor grado,
para leche. (Fuente: VII Censo Agrícola Ganadero).
Tanto en la agricultura como en la
ganadería, el pequeño excedente que,
en ocasiones logran los productores,
llega al mercado como materia prima
ya que las unidades domésticas no
acostumbran aprovechar dichos recursos para la fabricación de productos artesanales, actividad que parece
ser de mayor importancia en las cabeceras municipales.
Las difíciles condiciones productivas se agudizan aún más por la carencia de medios de transporte que
posibilitarían un acceso más directo a
los centros de acopio. De esta manera, muchos campesinos dependen de
comerciantes intermediarios que los
visitan en sus comunidades y que adquieren sus productos a precios ínfimos. Por otra parte, la necesidad de
acceder a recursos monetarios nulifica, prácticamente, la posibilidad de
negociar mejores precios de compra/venta por lo que los campesinos
tienen que aceptar lo que los comerciantes están dispuestos a pagar. .
Las condiciones agropecuarias difíciles han obligado a los productores
a buscar empleos asalariados. Sin
embargo, la predominancia de una
agricultura en pequeña escala y, más

que todo orientado al autoconsumo,
no permitió el surgimiento de un
mercado laboral de consideración en
esta zona. La demanda por jornaleros
es mínima ya que prácticamente el
total de la fuerza de trabajo ocupado
en las unidades agropecuarios (el
98%) se integra por familiares del titular de la parcela. En consecuencia,
quien no puede prescindir de un ingreso salarial está obligado a emigrar
hacia las ciudades o hacia el extranjero.

3. Condiciones de vida y migración
El conjunto de los elementos mencionados mantiene, a la mayor parte de
las familias campesinas, en condiciones de extrema pobreza. Las limitaciones impuestas por el entorno natural no permiten una agricultura que
garantizaría un nivel de subsistencia
satisfactorio para los pobladores. A
menudo, los agricultores no disponen
siquiera de semilla para la siembra
con lo que peligra incluso el precario
nivel de subsistencia que logran en
tiempos normales.
Si bien la situación de los campesinos del sur nunca ha sido halagadora, a partir de la década de los 80, la
crisis económica que sacude al país y
las políticas económicas de corte neoliberal adoptadas por el Estado han
intensificado la pobreza en esta zona.
El hambre, las enfermedades y, en
73

�INDETERMINACIÓN, SUJETO Y
MEMORIA EN VIOLETA-PERÚ
DE LUIS ARTURO RAMOS

José P. Villalobos
De los 2.5 millones de habitantes
en el estado, en 1980 sólo el 5% residió
en la zona sur de Nuevo León. Si
bien las tasas de natalidad rebasaron,
en las zonas rurales de la entidad,
siempre el índice del área metropolitano de Monterrey, la población regional no ha crecido en la misma manera. Sólo durante la reforma agraria
(que se llevó a cabo en su mayor parte hasta 1940) la población regional
aumentó a una tasa anual de 3.3%
(cuadro 4). Empero, las deficiencias
estructurales de la dotación ejidal
aniquilaron rápidamente el efecto estabilizador y convirtieron la zona,
nuevamente, en exportadora de fuerza de trabajo. Desde 1940, la tasa de
crecimiento demográfico anual desciende rápidamente para cifrarse, durante la década de los años 70, en
0.48% por año, lo cual indica una fuerte migración hacia Monterrey y los
Estados Unidos.

consecuencia, la muerte son ahora
fieles acompañantes de las familias
campesinas.
En estas condiciones, muchos labradores carecen de recursos para financiar una consulta médica en uno
de los centros de salud pública y/o
para adquirir los medicamentos necesarios. La pobreza limita, asimismo,
las posibilid~es de niños y jóvenes
de obtener una educación que rebase
el nivel primario y secundario ante el
costo de la educación misma.
Consecuentemente, muchos pobladores rurales optan por abandonar sus
parcelas para trasladarse a Monterrey
y/o los Estados Unidos. A pesar de que
las posibilidades de empleo en las ciudades son mínimas, la ciudad y el extranjero siguen siendo símbolos de
condiciones de vida menos duras, símbolos hacia donde se canalizan los
sueños y anhelos de jóvenes y adultos.

Cuadro4
Crecimiento demográfico, región sur y Nuevo León en total, 1930-1980 (%)
región sur

Nuevo León

19311-1940

3.25

2.60

1940-1950

1.89

3.26

periodo

l9~0-1960

0.93

3.84

19CIO-l970

1.98

uo

1970-1980

0.48

3.68

Fuente: Cifras de Nuevo León. Gobierno del Estado de Nuevo León. Secretaria de Programación y Presupuesto. Dirección General de Estadística. Monterrey, s/f.

74

!

El gobierno poco o nada ha hecho
para corregir las disparidades económicas y sociales en el estado. Después del cardenismo, el Estado contrajo sus inversiones en el campo y
favoreció de manera creciente el desarrollo de la industria, del comercio
y de los servicios; sin embargo, desde
la década de los ochenta, la escasa
atención hacia el campo se ha convertido en abandono. La política de
predios en torno a los productos agrarios deprimió el ingreso de los agricultores; las restricciones a los crédi·
tos para proyectos productivos y las
elevadas tasas de interés eliminaron
cualquier esperanza de modernizar la
producción y a mejorar, indirectamente, las condiciones de vida de la
población rural. La privatización de
las tierras ejidales resulta así sólo el
punto final de una política agraria
que está por acabar con el campesinado y que, por otro lado, no logra más
que intensificar los problemas ecológicos, sociales, políticos y económi·
cos de las grandes urbes.
Por lo anterior, es tiempo para dar
un cambio radical en la política agraria del gobierno estatal y federal- Se
requiere la adoptación de medi~
políticas que generan fuentes de e~
pleo en las zonas rurales y que esb·
mulan a la población rural a quedarSC
en sus comunidades.

Aunque con variantes, la obra entera
de Ramos es representativa de los temas y las tragedias de la narrativa
mexicana contemporánea. De hecho,
esto lo demuestra el artículo de Timothy A. B. Richards, «Cosmopolitanism in the Provinces: Time, Space
and Character in Intramuros,» utilizando las características propuestas
por John Brushwood en su obra la
novela mexicana ( 1967-1982). Pero, si
bien cabe dentro de los confines de la
escritura mexicana de hoy, lo mismo
podría decirse en cuanto al más amplio espacio de la creación literaria
posmoderna. De hecho, Violeta-Perú
(1979) comparte a un nivel ampliamente más inclusivo el ser un ejemplo de los temas y las estrategias de
la literatura posmoderna. 1

De manera muy breve, la novela
de un protagonista narrador del
cual se relatan varios episodios dudosos acerca de su vida durante un viaje
por autobús en la ruta Violeta-Perú
del Distrito Federal. En estos relatos
se dan a conocer varios episodios, en
forma de memorias, que el protagonista ha «vivido». La verdad ·acerca
de estos episodios nunca queda clara
Ysiempre está en duda ya que el protagonista hace su viaje intoxicándose
con tequila. Para la crítica que ha tratado la novela, esta incertidumbre sobre lo que le acontece al personaje en
trata

su viaje varía entre «fantasies of a
drunken man» (Dennis), «los sueños,
las ambiciones, o los recuerdos del
protagonista» (Brushwood 76), y
«daydreams of what might be or
might have been» (Richards 531). A
través de dichos relato se ve, quizá, la
manera en que hubiera sido la vida de
este hombre si pudiera volver a vivirla. Pero, para la desgracia del protagonista, su memoria, la cual cambia
constantemente, siempre lo remite al
presente en que se halla: emborrachándose para escapar de un mal trágico que le ha dado la vida. Por lo
tanto, su intento de cambiar su pasado es inútil; siempre acaba donde
mismo, en un camión del cual se ignora la parada.
Ahora, tomando esto en cuenta, lo
más sobresaliente de esta novela en
términos de los distintos puntos que
se han utilizado para definir lo que es
el posmodernismo y la literatura como producto de ello, es el estado de
indeterminación de la realidad y la
fusión, o (con)fusión, entre lo fidedigno y lo imaginario. No se puede
negar que los efectos del alcohol puedan ser la causa de la (con)fusión del
personaje, pero, reducirlo a ello como
lo hace Dennis al decir que los episodios son fantasías de un borracho, es
descartar el problema social y reducirlo a uno de índole psico-fisiológi-

ca. Sin duda es más factible aplicar la
conclusión de Richards al aludir al
personaje como a un «Walter Mitty»
del proletariado. De hecho, sus recuerdos, o episodios inventados, son
una expresión de la falta de identidad
que su posición como heteróclita del
espacio posmoderno le ha dado. Si se
toman sus delirios como un tipo de
anamnesis en el sentido psicoanalítico como lo aplica Lyotard al arte mo2
derno, la serie de narraciones resultan ser algo más que aventuras inventadas. De hecho, allí aparecen los temores y deseos del protagonista y se
manifiesta su posición en el orden de
la gran urbe mexicana.
En su catena compuesta de las características que él considera clave
para la definición del posmodernismo, Ihab Hassan ha incluido el término «indeterminación», o «indeterminacy», y lo define de la siguiente manera:
... lndeterminacy, or rather, indeterminacies ... include all manner of ambiguities, ruptures, and displacements
affecting knowledge and society... indeterminacies pervade our actions,
ideas, interpretations; they constitute
our world (504-505).
Ahora, si el mundo posmoderno
se halla inundado por estas indetermi75

�naciones que afectan el conocimiento
del ser, uno de sus productos es el sujeto descentrado que se halla fuera de
un sentido fijo de lo que es su realidad. El sujeto posmoderno, como resume Paul Maltby, se halla en un estado de incertidumbre en cuanto a su
mismo ser como fuente de conocímiento:
... the subf~t is «decentered» in relation to meaning; · he/she is not the
source or author of (prívate) meaning
but quite the reverse: the subject or,
more precisely, subjectivities are «called up» by discourses which position
the subject within the social order and
construct his/her perspectives on reality (5).
La realidad, desplazada y enterrada
entre incertidumbres, nunca se puede
hallar con certeza. Por lo tanto, en términos de Lyotard, no rige un «grand récit», o narrativa mayor, que sea la fuente principal del conocimiento. 3 En Vio/eta-Perú se evidencia esto al ver que lo
que se narra es un ejemplo de una práctica paralógica 4 que, en vez de buscar
cómo unificar el conocimiento y la experiencia, busca las inestabilidades, en
forma de·la indeterminación de Hassan,
que subviertan el conocimiento.
De hecho en la novela, ni los lectores ni el mismo protagonista pue76

den concluir con certeza qué es lo
que verdaderamente se ha vivido y
qué es lo que se ha inventado. En vez
de otorgar a cierto episodio alguna
señal de autoridad sobre los otros, el
conjunto de petit récits, o narraciones
menores, destruyen cualquier paradigma hegemónico con el cual se pudiera ordenar el tiempo y el espacio
del recuerdo. No hay por lo tanto, una
manera de legitimizar un episodio sobre otro.
Para ilustrar, se puede tomar como ejemplo el inicio de la novela:
Levantas el brazo para hacerle la parada. Luego brincas al estribo deteniéndote el estómago con una mano.
Con la otra adelantas el dinero y recoges el boleto ... escoges un sitio junto
a la ventana, tres asientos detrás del
conductor y comienzas a mirar hacia
fuera (9).
Mucho después, ya que se ha narrado el episodio en el cual el mítico Santos Gallardo ha golpeado al protagonista en una riña causada por la rivalidad y
celos ocasionado por una mujer, el protagorusta espera el camión con su amigo, el Filin Gud, y se narra lo siguiente:

-Es el tuyo -&lt;!ice el Filin-. Métete la
botella debajo pa que no te la vean
(100).

Poco después, ya que se relata el
episodio en el cual el magnate banquero
don Cayetano le niega al protagonista
empleo como chofer, se plantea la espera del camión en estos términos:
Te asomaste a la calle para ver si no
venía el camión y entraste a la tienda
El dependiente te preguntó que si qué
se te ofrecía y le dijiste que una anforita de tequila... Esperaste recargado
en la pared hasta que miraste venir el
camión... te sacaste la camina y te
metiste la botella debajo, te acercaste
a la esquina y levantaste el brazo
(1 18).

Después, ya que se narra la traición
a Santos Gallardo y su subsecuente
muerte debido a ella, se relata lo siguiente:
Caminas algunas cuadras, te metes a
una licorería y compras una anforita
de tequila; para que la gente no te la
vea, la escondes bajo la camisa Te
detienes en una esquina a esperar el
camión que ya no debe tardar (124125).

Los dos se asoman a la calle, se inclinan un poco al borde de la acera para
distinguir el número de ruta...

Estas son las cuatro instancias en
las cuaíes el protagonista inicia su

viaje por autobús. Se puede apreciar
en ellas una mínima diferencia que
no resulta en ningún cambio en cuan10 al resultado. O sea, no importa de
dónde viene ni con quién ande, el resultado es el mismo. También, como
se postuló anteriormente, no hay narración o memoria que tenga prioridad sobre las otras.
Ahora, si no hay orden de importancia en los relatos, un aspecto importante por estudiarse es el de los
orígenes de sus «recuerdos». Se puede atribuir fácilmente la causa de las
fantasías al escape que busca el pro!agonista de su situación fracasada en
la sociedad. El hecho de querer evadir su realidad en la cual no es más
que un tipo cualquiera, desempleado,
Y -en términos de Cynthia Steele«lumpen» (23), es lo suficiente para
justificar su necesidad de crear una
memoria ficticia. Pero, lo curioso en
este caso es analizar las fuentes y los
orígenes de los argumentos de sus
sueños que resultan como consecuencia de una serie de intertextualidades.
Parte de su (con)fusión, de hecho, está arraigada en una serie de textos
que entrecruzan y atraviesan la experiencia real del personaje. El hecho
de que esté borracho quizás aumente
la capacidad de imaginar y soñar, pero, todos los relatos se basan en algún
texto que sirve como modelo de lo in-

ventado. Así, de tal manera, el personaje se crea y re-crea constantemente
un espacio e identidad en un mundo
del cual se halla enajenado.
Ahora, al ver los textos que entrecruzan el existir del personaje con
mayor frecuencia, se hallan los siguientes: un corrido, un texto dramático, y el cine.
En cuanto al corrido, en un primer
ascenso al camión, el personaje se topa
con un ciego que sube al autobús a cantar un corrido. El «Corrido de Santos
Gallardo», que se reproduce íntegramente en la novela (11-13), es la historia
de un «... héroe de barriada... Ni bueno
ni malo, nomás un hombre, un mexicano que tuvo que luchar desde chiquito
para poder vivir» (11). Esta canción,
pues, y su personaje principal, forman
un texto que internaliza el protagonista
de la novela Así, en los episodios a seguir vemos que Santos Gallego se materializa y ocupa un lugar prominente
en las memorias o sueños del protagorusta Pero, al apropiarse e interiorizar el
texto, la capacidad de imaginar del personaje transforma a Santos Gallardo y
lo deforma de diversas maneras. Por
ejemplo, el nombre: Santos Gallardo,
Santo Terror, Santos Siluetas, y Santos
Ojales. Otro ejemplo de esta internalización y deformación del texto original es
el referente a las armas con las cuales

Santos Gallardo pelea. En el corrido se
dice lo siguiente: «Jamás usó una pistola / y mucho menos navaja / pues con
sólo su palabra / a todos sacó ventaja»
(12). Y de hecho, en ciertos episodios,
Santos rehusa al uso de armas. Él mismo dice cuando se le acusa de haber robado una navaja al protagonista: «Derecho carnal... yo no me quedé con ella
Tú sabes que nunca uso pistola y mucho menos navaja» (122). En este episodio, entonces, las palabras y los actos de
Santos Gallardo confirman lo dicho en
el corrido. Pero el protagonista, quizás
en un lapsus mental, contradice al texto
original varias veces. Por ejemplo, en
un instante narrativo se ve a Santos Gallardo portando armas de fuego para
asaltar el banco de don Cayetano. De tal
forma, las contradicciones abundan: el
corrido sólo presenta a un personaje, real según su autor, pero adoptado y deformado por el receptor.
El segundo texto que interfiere
con la realidad del protagonista es el
texto dramático, intitulado también
«Corrido de Santos Gallardo» (14-21),
que el protagonista compra al ciego.
Este, a pesar de su título, no es más
que un texto con acotaciones dramáticas que dan orden al diálogo y a los
sucesos de su contenido. Los personajes de importancia en este drama
son dos: Santos Gallardo y el «Hombre No. 1». La identidad de este últi-

77

�mo nunca se esclarece, pero, tal como
se manifiesta en episodios subsecuentes, sufre el mismo mal que el protagonista de la novela: ha sido despedido de su trabajo y quiere que Santos
Gallardo lo acompañe a reclamar su
despedida. En el texto dramático, entonces, dice el Hombre No. 1: «Nomás acompáñame a verlo, tú te quedas en la esquinita mientras yo le hablo. Orale \ no?» (18). Después en
otro relato, como haciendo eco del
corrido, el protagonista dice: «...pa
acabarla de amolar fue cuando me
corrió don Cayetano dizque porque
yo era amigo de Santos Desmadre.
Hasta lo fui a ver para que me ayudara a hablar con el patrón porque se
me hacía que don Cayetano le tenía
miedo...» (32). En otra instancia, en la
cual se contradice ésta ya que en ella
es aparente que el protagonista no conoce a Santos Gallardo, se dice: «Pero todo se lo cargó la chingada y no
tener siquiera un cuatacho como el
Santos Gallardo que le dijera al pinche viejo mentiroso 'Ora viejo cabrón, o le da de verdá su chamba aquí
a mi amigo o se va a acordar del primer gachupín que llegó a estas tierras'» (35-36). En estos ejemplos, tenemos un extracto del original (en
torno· al corrido), y dos defonnaciones de éste por el protagonista. En el
extracto del texto dramático se presenta a Santos Gallardo como un tipo
78

de Robin Hood, a quien los desamparados acuden en busca de ayuda. El
Hombre No. 1, de hecho, es lo que
hace en el drama: pide a Gallardo que
lo acompañe a recia.mar su despedida
a su ex-patrón. Entonces, no hay diferencia en la presentación de Santos
Gallardo según su representación en
el texto dramático y fuera de él en los
instantes relatados por el narrador.
De hecho, aunque sin conexión directa a los relatos aquí citados, es Santos
Gallardo quien asesina a don Cayetano, el magnate banquero y supuesto
ex-patrón del protagonista, en un tipo
de vendetta por parte de la clase proletariada en contra de la burguesía. El
protagonista, pues, en sus sueños
adopta casi intacta la imagen de «héroe» que el ciego le da en su corrido
cantado y escrito. La apropiación de
Santos Gallardo, en su dimensión como héroe, cumple los deseos del protagonista al eliminar, tal vez sólo en
sus sueños, al tirano don Cayetano.
El tercer texto que intercede en la
realidad del protagonista es el del cine. Al igual que en los textos ya mencionados hasta aquí, las películas que
el protagonista ha visto se han interiorizado y adaptado a la situación
que inventa en sus relatos. Abundan
los ejemplos de la cinematografía, en
poses por ejemplo, se refiere a un
gesto de Santos Gallardo como «son-

riente con su cara de malo de película» (33). O, al referirse al poderío de
Santos Gallardo: «Si hubiera revoluciones, Santos sería un general... Y
ya te lo imaginas con su sombrero de
charro pareciéndose a Jorge Negrete
y matando güeros culeros que no
cumplen lo que prometen como en
aquella otra película...» (36). Un claro
ejemplo que manifiesta el uso de películas como fuente de los acontecimientos y las acciones en los sueños
es el que ocurre durante el supuesto
asalto al banco de Cayetano. Tenninado el crimen y estando por salir, se
ven los terroristas atrapados por la
policía que está balaceando el frente
del local. Entonces, en busca de maneras de darse a la fuga, dice el narrador: «Cualquier intento de escape por
el frente sería una locura como lo había demostrado el fin de la película
Buch Cásidi ...» (62).
La intertextualidad, que resulta
ser la única experiencia del protagonista, le ofrece material para sus sueños. Además, dentro de las diversas
crisis que le ocurren dentro de dichos
episodios, los textos apropiados le
ofrecen modelos para solucionar SUS
problemas. Estos textos ayudan al
personaje a construir varias reali·
dades que concuerdan o contradicen
lo expuesto en ellós. En términos del
posmodemismo, esto se relaciona ala

conciencia que, según Maltby, «.. .inhabits a space suffused with 'simulacra', that is, primarily the images of
mass entertainment... images of history. society, and nature... » (11). En el
caso de Violeta-PerlÍ, las imágenes
ofrecidas por el corrido, el texto dramático. y el cine se acomodan y encajan con la realidad del personaje.
a81'(1 está que este hecho no se puede
confirmar, ya que los relatos se conlradi&lt;;en entre sí, pero, lo que esto
manifiesta es una situación dialógica
entre lo interno, en el sentido psíquico del personaje, y lo externo, en el
sentido social de los textos. Pensemos aquí en lo que dice el crítico Roben Stam glosando a Bakhtin:
For Bakhtin, the individual, even in
his/her dreams, is permeated by the
social... The process of constructing
the self. .. involves the hearing and assimilating of the words and discourses of others (mother, father, relati\'es, friends, ... the mass media and so
fonh), ali processed dialogically so
that the words in a sense become half
'one's own words' (119).
Si se agrega a esta lista los textos
que entrecruzan el existir del protagonista de Violeta-Perú, se comprende
mejor la apropiación de ellos y la
adaptabilidad con la cual se emplean.
Por lo tanto, la suma importancia al

considerar los relatos no debe caer en
cuáles fueron realmente «vividos» y
cuáles fueron simplemente «inventados». Lo importante es el uso de los
textos, y su apropiación con la cual
demuestra el protagonista la necesidad escapista de un ambiente que lo
hace menos. Dentro de el ambiente
cerrado del camión, que en cierto
sentido es un microcosmo de la gran
capital mexicana, y dentro de la inmovilidad de ser un lumpen, el protagonista no tiene más salida que recordar, imaginar, soñar e inventar. En la
novela, no se estratifican tales términos. Lo mismo es recordar, como lo
es imaginar, soñar e inventar. El mismo Luis Arturo Ramos ha dicho en
cuanto a la memoria:
Estoy consciente de que he venido
construyendo mi memoria desde el
presente lo cual, además de peligroso,
suena tramposo y contradictorio; sin
embargo tengo la certeza de que los
recuerdos se reelaboran y renuevan en
la medida que quien los convoca lo
hace desde tiempos distintos. La perpetua y para mí obligada reconsideración del pasado a través de mi memoria nunca fiel ni confiable, erige un laberinto mórbido y fraudulento ... (1900:
4-59).

La memoria, entonces, nunca es
fiel ni confiable, y el recuerdo, por

ende, se construye según el espacio y
tiempo del cual se hace el esfuerzo a
la remembranza. En ténninos del personaje, no importa el tiempo real, sino el ilógico que se halla en su interior. Como él mismo se pregunta:
«¿Cuánto tiempo llevas en el camión? No mucho porque todavía es
de tardecita aunque tienes la cabeza
más llena de tiempo del que has pasado en verdad» (78), y después se dice:
«... calculas el tiempo que llevas en el
camión que ya parece toda una vida»
(97). Y en verdad, así aparenta serlo,
toda una vida recordada, soñada e inventada en la memoria. La gran tragedia, sin embargo, es que toda esa
vida se hace en la imaginación y no
más allá de allí. Como dice el protagonista al terminar la novela: «Pudiste haber hecho todo esto... Pudiste haber hecho todo eso y más, pero no lo
hiciste» (127). De hecho, no lo hace y
tennina en el mismo lugar que comienza, salvo un poco más borracho,
pero en el mismo lugar: en un camión, ruta Violeta-Perú, del cual ignora su bajada.
La obra de Luis Arturo Ramos,
como lo han discutido Brushwood y
Richards, indiscutiblemente encaja
con la narrativa mexicana de hoy. Al
mismo tiempo, su obra, y VioletaPerú en este caso, tiene cabida dentro del más amplio movimiento lite79

�c·uaclernos ele la re\'ista

DESLINDE

/9

MONTERREY/ JULIO-DICIEMBRE/ 1996

rario denominado posmodemo. En
términos de la indeterminación que
Hassan expone en su catena, Violeta-Perú ejemplifica la crisis del sujeto posmodemo en cuanto al conocimiento.
Notas
1

2

Tomando en cuenta las diversas definiciones de lo que es el posmodernismo, en este trabajo dicho ténnino se
usa teniendo en mente los parámetros
establecidos por Hassan en su catena
(504-508).
Refiriéndose a Manet, Duchamp, y
Barrnett Newman, Lyotard dice: «we
would have to compare their work
with anamnesis, in the sense of a
psychoanalytic therapy. Just as patients try to elaborate their current
problems by freely associating apparently inconsequential details with
past situations -allowing them to uncover hidden meanings in their lives
and their behavior» (1992: 79-80).

4

Jameson, en su introducción a The
Postmodern Condition, dice lo siguiente acerca del paralogismo:
«... Lyotard's ultimate vision of science and knowledge today as a search,
not for consensus, but very precisely
for 'instabilities', as a practice of paralogism, in which the point is not to
reach agreeement but to undennine
from within... » (xix).

Obras citadas
Brushwood, John S. lA novela mexicana
( 1967-1982). México: Grijalbo, 1984.
Dennis, Susan Michele Brown. «La obra
narrativa de Luis Arturo Ramos». DA/ 53
(1992): 168A. Texas Tech U.
Jameson, Frederic. Forward. The Postmodern Condition: A Report on Knowledge.
Minneapolis: U of Minnesota P, 1984. viixxi.
Hassan, Ihab. «Pluralism in Postmodern
Perspective». Critica[ Inquiry 12 ( 1986):
503-520.

3

Sobre narrativa mayor, Lyotard dice:
«In contemporary society and culture... the question of the legitimation
of knowledge is formulated in different forms. Toe grand narrative has
lost its credibility...» (1984: 37). Una de
las maneras de buscar el conocimiento se manifiesta en la narrativa menor.

Lyotard, Jean-Fran~ois. The Postmodern
Exp/ained: Correspondence 1982-1985.
Minneapolis: U ofMinnesota P, 1992.

- The Postmodem Condition: A Report
on Knowledge. Minneapolis: U of Minneapolis: U of Minnesota P, 1984.

Maltby, Paul. Dissident Postmodemists:
Barthelme, Coover, Pynchon. Philadelphia: U of Pennsylvania P, 1991.
Ramos, Luis Arturo. «Autopresentación o
suicidio». Confluencia 6.1 (1990) : 3-6.

- Violeta-Perú. Xalapa: Universidad
Yeracruzana, 1979. Richards, Timothy A.
B. «Cosmopolitanism in the Province: Time, Space and Character in Intramuros».
Hispania 71.3 (1988): 531-535.
Stam, Robert. «Mikhail Bakhtin and Left
Cultural Critique». Postmodemism and
Its Discontents: Theories, Practices. &amp;l.
E. Ann Kaplan. London: Verso, 1986. 116145.

Steele, Cynthia. Politics, Gender, and tht
Mexican Novel, 1968-1988: Beyond tht
Pyramid. Austin: U ofTexas P, 1992.

Durante un tiempo que abarca más de un año -antes y ~espués de 1996-, se celebraron en
la ciudad de Monterrey muchos festejos y publicaciones destinadas a conmemorar sus
primeros 400 años de existencia.
Entre estas últimas destaca Visión de Monterrey, obra con la que obtuviera su autor el
premio de ensayo otorgado por el Ayuntamiento de la ciudad y por IMPAC, organismo
irlandés que promueve el desarrollo literario en los orbes hispánico e inglés.
En estas páginas incluimos el primero y el último de los capítulos que integran el
ensayo firmado por el escritor regiomontano -aunque nacido en el Distrito FederalAbraham Nuncio.
Completa este Cuaderno un amplio fragmento de las entrevistas que sostuvieron los
jóvenes investigadores Rosana Covarrubias Mijares y Juan Manuel Casas García con
cuatro destacados maestros de la arquitectura mexicana, avecindados en nuestra ciudad.
Los arquitectos Adán Lozano Arrambide, Armando V. Flores Salazar, Fernando López
Martínez y Eduardo Padilla Martínez-Negrete hablan -con amplio conocimiento y
mucha vehemencia- de su ciudad. Pero cuando ellos se expresan así, no hacen sino
hablar de nuestra ciudad.

�VISIÓN DE MONTERREY

Abraham Nuncio
La visión ausente
Los indios no vivieron para contarlo, o bien, si lo contaron, ni ellos ni la historia pudieron hacer que trascendiera. Tomados a dos fuegos -el de las fuerzas liberales mexicanas que veían en ellos una masa irredenta, contraria a la credenda del progreso y delincuentes por naturaleza, y el de los blancos norteamericanos que partían de una mirada similar adicionada de
un más franco racismo-, los pocos que quedaban en el
territorio de Nuevo León fueron sacrificados Yextinguidos en el curso del siglo XIX.
En estas tierras no pervive siquiera la inspiradora
visión de los vencidos, fuente de identidad cultural Y
de crítica a todo acto de avasallamiento y despojo.
El único monumento que hay de un indio en Monterrey, la capital, es el de un indio foráneo: Cuauhtémoc, descendiente lejano de los mismos chichimecas
que, como él, se negaron a ser sometidos y por ello
fueron aniquilados, primero por los españoles y luego
por criollos y mestizos. Aureolada por los liberales del
pasado y del presente siglo y convertida en la marca
de fábrica de una cerveza hecha en Monterrey, la figura de Cuauhtémoc resulta admisible y apenas simbólica para una sociedad que seguirá justificando el exterminio de la comunidad indígena que habitó estas tierras; negándola por tanto como parte de su ser. Y aquí
hay que hablar no sólo de la comunidad _cuyo caráct~r
indómito fue queja constante de conqmstadores, misioneros y cronistas; también de esa otra -de origen
tlaxcalteca o cataara- que colaboró con los españoles
82

en su empresa de dominación. ¿Cuántos descendientes habrá de aquellos españoles que, como Antonio
Ladrón de Guevara, aventurero audaz que se jactaba
de «que las indias se morían de amor por él Y que en
todas las tribus nómadas contaba con un gran número
de hijos producto de sus aventuras amorosas», según
relata Vito Alessio Robles?
Curiosidad casi imperceptible es la simbología del
escudo de Monterrey. Colocado éste en el frontispicio
del Palacio Municipal, también luce en uno de los ángulos del módico obelisco levantado en homenaje a
los fundadores de la ciudad en el lugar donde presumiblemente fue inaugurada. Contiene tres figuras de
indios: dos de ellas flanqueando el lienzo del escudo,
en actitud de sostenerlo, y la tercera, en el óvalo de su
emblema, flechando al sol que nace tras las cumbres
del cerro de la Silla. Ninguna otra figura humana forma parte del paradoja! escudo aprobado por la reina
Mariana de Austria en 1672 con el penniso de que su
diseño, según la facultad que le otorgara el gobe~ador Nicolás de Azcárraga, fuese a elección de la ciudad.
La joven pero vigorosa cultura azteca y otras cul~ras prehispánicas lograron, mediante disfraces Y rmmesis, sobrevivir al naufragio de la sociedad en que
florecieron. Sus instituciones hallaron puntos de intersección con algunas de las instituciones que trajeron
consigo los españoles. Quienes las crearon y defendieron hasta el momento de la derrota se resignaron 8
perderlas por un lado, pero quisieron recuperarlas ,por
otro y dieron pie a su transmutación: la monarqma Y

su representante, el huey tlatoani; el uso comunal de
la tierra (calpulll); la religión politeísta, encontraron
sus medios hermanos en la organización política piramidal de la corona y en el virrey; en el ejido; en la galería de santos católicos.
No ocurrió lo mismo con la cultura frágil, carente
de instituciones arraigadas, sin grandes centros ceremoniales pi políticos que fue la de los habitantes seminómadas o practicantes del nomadismo atado del
norte. El médico· Eleuterio González, absolutizaba su
errancia: no había tribu, decía que tuviera «domicilio
fijo». Acaso por ser demasiado grandes, verdaderas
cuencas donde la naturaleza proveía templos y santuarios en esos espacios abiertos -el término usado por
Sunkel para referirse a la pampa argentina- que eran
la Gran Chichimeca y la Gran Cuachichila, territorios
septentrionales de la Nueva España donde hubiera tenido cupo media Europa, ni el conquistador ni el mexicano de nuestros días ha sido capaz de captarlos y
reconocerles otro carácter que el de hábitat primitivo
de las tribus prehispánicas.
Nadie osaría fechar la existencia de la Gran Tenochtitlan -y menos convertirla en objeto de celebración- a partir del momento en que es conquistada por
los españoles. En ese momento era tal desarrollada y
populosa ciudad (más bien: ciudad Estado), «queparecía a las cosas de encantamiento», según la describió Berna! Díaz del Castillo en un castellano al que
después le dará pulimento y dimensión universal de
una parte y otra del Atlántico la literatura del siglo
XVII.

Diferente fue el caso de Monterrey. En el lugar
donde se le edificó no había templos, palacios, plazas,
escuelas, mercados, calzadas, acueductos, pancracios.
Nada había sino una naturaleza a la que poco habían
alterado ni tampoco añadido gran cosa los chichimecas del valle que después fue bautizado por los españoles con el nombre de valle de Extremadura. Pero en
él habitaban, era su territorio. Y en él pudieran no haber construido edificios de su mano, pero -lo sugería
en un comentario epistolar el arquitecto Manuel Rodríguez Vizcarra a un amigo y colega suyo- tenían lugares sagrados. Sólo que eran naturales.
AJ celebrarse los 400 años de la fundación -de hecho refundación- de Monterrey, no sólo la visión, sino la memoria de esos hombres se halla ausente. Como si no hubiesen sido los primeros pobladores del
espacio que hoy ocupa la ciudad; como si no pertenecieran a su historia. Desde un principio se los hizo ajenos a lo suyo, extranjeros en su patria. Replegados al
norte, el corrimiento de la frontera en el siglo XIX materializó su extranjería. Efecto complementario fue el
fortalecimiento de lo que Cuauhtémoc Velasco Avila
llama «cultura de casta criolla». En la base de esta
cultura se halla la creencia, bastante extendida en Aridoamérica, de que «uno de los elementos distintivos
del norte mexicano es el poco mestizaje entre la población blanca e indígena». Así, el indio -sedentario o
nómada- pasa a ser un actor secundario. «El indio nómada -concluye Velasco-, el eterno insurrecto, aparece como un ilegítimo habitante de la región, pues de
hecho su acción está dirigida constantemente en contra del progreso, del desarrollo y de la paz, elementos

�que tradicionalmente son conductores de la narrativa
histórica. El accidente de la nueva línea divisoria en
1848 simplificó las cosas: los apaches, los comanches,
los lipanes, nunca habían sido mexicanos».
Esa cultura de casta criolla es un fenómeno propio
de sociedades regionalistas, ensimismadas, en las que
el orgullo inducido por las élites·para su provecho es
asumido por la mayoría, y a veces llega a convertirse
en columna de identidad, en folclor. Dice el corrido de
Monterrey:
Tengo orgullo de ser del Norte
del mero San Luisito,
porque ai es Monterrey ...

Sebastián Salazar Bondy, en su agudo ensayo Lima la horrible se refiere a una exclusión similar: muy
pocos y con dificultad considerarían limeños a los
moradores de lo que después sería Lima, «pues tal privilegio sólo se concede a los que nacieron en la ciudad dibujada un cálido día de enero por la espada de
Francisco Pizarro». De igual manera, parecería un
atrevimiento llamar monterreyenses o, como han preferido llamarse a sí mismos los habitantes de la Monterrey contemporánea~ regiomontanos, a quienes combatieron a los españoles y sus aliados. Fueron y son
extraños. En la evocación de la ciudad fundada hace
cuatro siglos, recordarlos suena discordante. Los conquistadores y quienes heredaron su poder están presentes en múltiples historias, en sendas estatuas, nombres de calles, homenajes; los indios, salvo algún
nombre de los suyos y referencias poco difundidas so84

bre su existencia y cultura han sido, con raras excepciones, objeto de fobia y presa del olvido.
Fragilidad social y etnocidio se conjugaron para
que los símbolos, rituales y monumentos de los pobladores indígenas quedaran excluidos de la cotidianidad
de los contemporáneos. Desaparecida la base étnica,
no hay tampoco culto alguno que haya trascendido de
la antigua a la nueva sociedad. El de los muertos, de
hondas y fuertes raíces en el centro y sur del país, no
llegó a implantarse a pesar de los cementerios destinados a los indios por un apartheid que los blancos extendían del.mundo de los vivos al de lo funerario.
El mestizaje no mantuvo vivos los remanentes culturales indígenas. Perviven algún guiso, unos cuantos
nombres de personajes, una breve toponimia regional,
vocablos domésticos, así como rituales que pasaron de
contrabando por la aduana del folclor al culto de las
deidades trasplantadas de Europa a suelo americano.
Las procesiones en homenaje a la Virgen de Guadalupe, por ejemplo, se hacen acompañar tradicionalmente
por los matachines, que así se llama a los grupos de
danzantes infatigables que remuelen el ritmo de unos
ancestros paganos comunicados mítica y místicamente con sus dioses o con la naturaleza a través de la
danza.
Briznas de una cultura gastronómica: el esquite, la
«barbacoa de mezcal»; de un universo vocabular Y
onomástico: algunos nahuatlismos y nombres de caudillos como Hualahuises y Huajuco; del sometimiento: las quejas de los indios elevadas al cabildo por el

mal trato de los encomenderos. No sobrevivencias
culturales ni memoria de sus héroes y hazañas, de sus
enemigos y derrotas. Menos todavía una visión.
En esa vasta superficie que comprendía casi en su
totalidad lo que hoy son los estados fronterizos de
México con Estados Unidos y que se extendía más
allá de los antiguos límites entre ambos países, los indios dejar;on, sin embargo, testimonios cuyo significado no se ha lleg~do a descifrar. Tallados en la roca viva -algunos en frisos montañosos que hoy supondrían
la necesidad de sofisticados andamios para su realización-, sus iconos o rasgos aluden a fenómenos cósmicos, órganos humanos, objetos y animales relacionados con la caza; a probables cálculos cronológicos, a
sentimientos afectivos, al aparente capricho que equivaldría a los graffiti de hoy mediante los cuales el turista, que juega a la inmortalidad, nos hace saber de su
paso por cierto lugar: Aquí estuvo x.
Denominados petroglifos y pictografías, esos testimonios, a los que quizá se les reste significado bajo el con~ arte rupestre, pudieran entrañar en su «código limitado de símbolos», si no una visión, sí una versión de
la vida y juicio sobre sí mismos y sobre aquellos a quienes se enfrentaron. William Breen Murray, uno de los inYestigadores que mejor los ha estudiado, establece el origen de los primeros petroglifos alrededor de hace 11 mil
años Yfecha los últimos en la segunda década de este sigl~. Una especie de grito pétreo antes de desaparecer los
liltimos indígenas que pisaron suelo de Nuevo León. El
PIOpio Murray encontró una «pintura de caballo (sin jinete) cerca de Espinazo, como evidencia de esta etapa fi-

nal». La etapa final de una cultura milenaria extinguida
en poco más de tres siglos de barbarie civilizadora -valga
la contradiccióñ.
No se puede descartar en el futuro una lectura más
profunda y totalizadora de la primitiva litografía indígena. Cuando tenga lugar, acaso podría revelamos un
código sui generis de lo que fueron los hechos, el pensamiento y la tragedia de los hombres indómitos que
habitaron el norte de México.

El Reino
Un joven formado en la admiración de Vasconcelos ,
en las 1ecturas universales del grupo Contemporáneos
y en el contacto con la generación de grupos más jóvenes -sobre todo el conocido como Los Barandales-,
en las luchas universitarias y en su fervor universitario
pronuncia un discurso en ocasión del 350 aniversario
de la ciudad de Monterrey. Ese joven era Raúl Rangel
Frías. En una frase de clara matriz hegeliana dice: «la
ciudad ha adquirido conciencia de sí misma, habiendo
llegado a su madurez espiritual. Es decir, a un momento en que el pasado adquiere un matiz especial
que lo convierte en tiempo histórico».
Tenía. razón Rangel Frías. La ciudad había madurado luego de dos siglos de existencia precaria, uno de
incertidumbre y medio de pujante desarrollo industrial. Ahora, en 1946, internalizada su historia, se podía
reflexionar sobre ella. La primera vez que su fundación fue celebrada formalmente había tenido lugar
cincuenta años atrás. Hubo un programa oficial, hono-

�res, recordaciones, acaso odas y epinicios. Pero no
una reflexión. Ni el tiempo ni las circunstancias la
pennitían.
Al cumplirse doscientos años de su fundación corrían versiones diversas sobre Monterrey y sus fundadores. Una, por ejemplo, la de fray José de Arlegui,
atribuía el descubrimiento del Nuevo Reino de León
«el año de 1602 por los reverendos padres fray Andrés
de León, fray Diego de Arcaya y fray Antonio de Zalduendo ... » Las investigaciones de ese sólido e implacable historiador que fue Eugenio del Hoyo nos dejan
ver a la vez los errores o inventos históricos y la forma en que se vinieron corrigiendo. El Memorial de
Juan Díaz de la Calle (1646) que aporta los datos de la
entrada de Carvajal al Nuevo Reino; la recuperación
del Acta de Fundación de Monterrey y su publicación
ordenada en 1861, como ya se vio, por Santiago Vidaurri; los trabajos en los que Vito Alessio Robles
desmitifica múltiples aspectos de Nuevo León y su capital; el Documento del Parral hallado por Wigberto
Jiménez Moreno; las investigaciones realizadas por
varios historiadores de la ciudad o vinculados a ella en
el Archivo General de Indias, en el Archivo General
de la Nación y, más recientemente, en el Archivo General de Nuevo León ·permiten que la conciencia se
apoye en el conocimiento y aparezca la historia. Más
aún: el sentido de la historia, sus causas -siempre en
términos aproximados-, sus posibles horizontes.
¿Cómo había llegado la ciudad a su madurez espiritual, a ese momento en que el pasado adquiría tiempo histórico? Raúl Rangel daba respuesta a la interro86

gante: «Ha menester que ciertos acontecimientos sirvan de eminencias para que los sucesos ocurridos con
anterioridad se organicen en una perspectiva visible
para la mirada interior del alma». ¿Y cuál fue, de todos los sucesos ocurridos entre la desvaída celebración de los 300 años de fundada la ciudad y la que
ahora motivaba su discurso, el más significativo, el
que le daba piso a todo lo humano que se levantaba en
la Monterrey de los años cuarenta? ¿No fue acaso la
revolución? Quizá pensando en Hegel, le daba la razón a ese viejo y empecinado aguafiestas que ha reaparecido varias veces después de otras tantas honras
fúnebres que se le han·hecho. Me refiero, a pesar de
muros derruidos, socialismos reales reconfigurados y
la montaña de filósofos postmodemistas y cuantos fi.
nes de la historia y de la ideología nos han contado, a
Carlos Marx.
Decía precisamente en La ideología alemana:
... la fuerza propulsora de la historia, incluso la de la~
ligión, la filosofía y toda otra teoría, no es la crítica, sino la revolución. Esta concepción revela que la historia
no termina disolviéndose en la «autoconciencia», como
«el espíritu del espíritu», sino que en cada una de l&amp;1
frases se encuentra un resultado material, una suma de
fuerzas de producción, una relación históricamente
creada con la naturaleza y entre unos y otros individuos.
que cada generación transfiere a la que sigue, una ma.11
de fuerzas productivas, capitales y circunstancias, que,
aunque de una parte sean modificados por la nueva generación, dictan a ésta, de otra parte, sus propias condiciones de vida y le imprimen un determinado desartO-

�llo, un carácter especial; de que, por tanto, las circunstancias hacen al hombre en la misma medida en que éste hace a las circunstancias.
La revolución, mediante cambios en las relaciones de
propiedad y en todos los vínculos económicos, entre los
individuos que participaban en la producción, en el gobierno y en la cultura produjo cambios en la conciencia,
en el espíritu de los hombres. Con ella o contra ella maduró la nación su identidad. Y con ella la de regiones y
ciudades, la de algunos de sus habitantes que pudieron
compartir su nueva manera de sentir y expresarse y forjar
por tanto una conciencia colectiva. Así fue como escribió
Alfonso Reyes su Visión de Anáhuac. Y así también Rivera, Siqueiros y Orozco fue que pintaron sus murales, y
Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, José Revueltas,
Agustín Yáñez, Juan Rulfo y Carlos Fuentes dejarnos sus
novelas. Por las mismas razones Sarnuel Ramos en El
hombre y la cultura en México y Octavio Paz en El laberinto de la soledad reflexionaban sobre su país. Paz: «La
Revolución mexicana es un hecho que irrumpe en nuestra historia como una revelación de nuestro ser».¿Y por
qué fue así? Porque ese movimiento entrañaba la causa
de la libertad y la igualdad. La libertad y la igualdad -dice Paz- que eran y son conceptos vacíos, «ideas sin más
contenido histórico concreto que el que le prestan las relaciones sociales, como ha demostrado Marx».
A partir de esos cambios profundos, de los que
Monterrey no podía escapar, Raúl Rangel Frías y
otros hombres de inevitable memoria, introdujeron
una corriente renovadora en el quehacer cultural de la
ciudad y el estado.
88

Intelectual que lo mismo escribió sobre el poeta
Porfirio Barba Jacob que sobre el general Gerónimo
Treviño; lo mismo sobre la orientación ideológica de
la universidad que sobre Monterrey, Raúl Frías fue el
impulsor de la Ciudad Universitaria y el guía intelectual de una generación que le dio cuerpo a un proyecto cultural ya agotado pero del cual quedan aún valiosos destellos. Es, después de Gonzalitos, el segundo
héroe cultural de la ciudad. El siglo XX ya no verá
otro. Tendremos que esperar al que nos depare -si nos
lo depara- el siglo XXI.
Una leve. digresión que creo pertinente. Volcada
Monterrey hacia la producción y la tecnología, pocos
han sido sus pensadores y hombres de letras que se
hayan destacado en el ámbito nacional y más allá de
éste. En rigor, yo sólo consideraría dos: fray Servando
Teresa de Mier y Alfonso Reyes. El resto: glosadores,
articulistas, aspirantes y quizá un ensayista, Gabriel
Zaid, del que pueda hablarse en el futuro. Como sea,
las tres figuras mencionadas se hicieron fuera de
Monterrey y no aquí. Caso diferente el de los industriales de mayor estatura: se han hecho en la ciudad,
pero su nombre e imagen son conocidos en el país Y
de hecho en todo el mundo informado.
Monterrey le parecía a Raúl Rangel Frías «juvenil.
emotiva y ligera»; en suma, como decía, «una joven señora». Pero no era todavía la ciudad metropolitana que
dice su nombre. Lo será, por fin, un cuarto de siglo más
tarde. En 1970 su población (858 mil 107 y más de 1 millón
200 mil habitantes considerando la de los municipios de
San Nicolás de los Garza, Garz.a García, Guadalupe Y

Santa Catarina) ha crecido veinte veces respecto a la que
tenía a principios de siglo y su marcha urbana se confunde con la de los municipios que en el siglo XIX, y antes,
pusieron cabildo aparte. El perímetro que originalmente
le dio Diego de Montemayor está todo urbanizado. Su
nombre era ya su realidad.
En pocos años, la ciudad metropolitana prohijó el
nuevo reiq.o. Los jets de Alfa, Vitro, Cemex y Protexa, firmas vinculadas a la producción de acero, vidrio,
cemento y duetos para grandes obras de conducción,
les daban carácter de ubicuidad. Una ubicuidad que
impregnaba a Monterrey.
En el seno de la ciudad metropolitana habían crecido poderosos consorcios transnacionales cuyas posesiones se hallan prácticamente en todo el mundo. La
prensa internacional más influyente -la de Estados
Unidos, Inglaterra y Francia- empezó a dedicarles
amplios y elogiosos reportajes en la segunda mitad de
los años setenta. La revista Forbes, en octubre de
1979, difundía:
Monterrey, una ciudad rodeada por montañas a 150 millas de la frontera sur de Texas, es ya un potente centro
industrial. Con sus grandes siderurgias, esta ciudad de 2
millones de habitantes alberga al 3% de la población pero produce el 20% de los 99 billones a que asciende el
producto nacional bruto del país. Los regiomontanos
son industriosos y sus industriales legendarios en México, particularmente los que poseen las cuatro poderosas
compañías holding, vinculadas por lazos farniltares, conocidas como el Grupo Monterrey.

El término Area Metropolitana de Monterrey quedó
incorporado al lenguaje cotidiano de sus habitantes. El
resto del estado fue vaciando de pobladores, recursos y
significado. Fuera de Monterrey, todo es Nuevo León. La
centralización, como en el antiguo reino de los Austria,
se fue acentuando. Monterrey convirtió a Nuevo León en
el estado más centralizado del país. Hacia 1990 concentraba el 90 por ciento del inventario humano y material del
estado. En los inicios de su industrialización atrajo hombres y casi a la par materias primas transformables de diversas partes de la República. En los años treinta inició
con sus financieras la atracción de capitales de otras regiones. Como gigantesca piedra imán, en los años setenta empezó a atraer también con fuerza al capital extranjero. Finalmente, en el curso de los años marcados por el
neoliberalismo que ha empobrecido extensos sectores y
· zonas del país, a su radio ha atraído grupos enteros de indios de Chiapas, Oaxaca y otros estados con población
indígena. Otra vez las tribus procedentes de la barbarie
(«cada cual llama barbarie, decía Montaigne, a lo que es
ajeno a sus costumbres») y como tales tratadas: no ya
con los métodos tanatógenos del pasado, sino con los
menos espectaculares pero igualmente desaparecedores
de la marginación.

se

El centro del reino está en la metrópoli, y de ésta extiende sus dominios físicos e invisibles hacia el resto del
globo. Los dueños de Cementos Mexicanos o de Alfa
hoy podrían responderle a Felipe II que, efectivamente,
en sus dominios tampoco jamás se pone el sol.
Todo lo que a la ciudad viene se convierte en parte
del reino. Se lo tritura o se lo hace sudar, se lo trajina

�DIÁLOGO ENTRE LA CIUDAD Y
LOS ARQUITECTOS

Rosana Covarrubias Mijares y Juan Manuel Casas
y transforma. Después se lo vende en el mercado local
o se lo exporta, como hacía España con la plata que
extraía de sus colonias, a cambio de propiedades y lujos para la nobleza. En este caso de propiedades y lujos para las familias dinásticas propietarias de las holdings. En 1985 había quizá algún millonario regiomontano que clasificara en la lista de los hombres más ricos del mundo según la revista Forbes. Entonces, el
cinco por ciento de la población con ingresos más altos percibía más del 30 por ciento del total. En 1994 ya
eran tres esas celebridades y en 1996 su número ha aumentado a cinco.
Después de la muerte de Eugenio Garza Sada, en
1973, se inició la construcción del nuevo reino. Una
década después se conformaba el Comité Industrial de
Nuevo León. Lo integran diez hombres. Son los representantes de las diez empresas más poderosas de la
ciudad.
Como en el principio: la ciudad es el reino. Y quienes mandan son diez: un club rodeado de no socios.
En el pasado eran indómitos y agresivos; ahora, resignados la mayoría, unos pocos verbalmente agresivos y
uno que otro indiferente.
Nada es azaroso en las relaciones humanas. Raúl
Rangel Frías publicó su libro El Reino en 1972. Como
epígrafe o entrada escogió un párrafo de la crónica de
Alonso de León donde dice:
No tan solamente en los Reynos muy poblados y opulentos suceden prodigios y portentos, sino en provincias
90

y poblaciones pequeñas, que son para mayor admiración.

Y en el epílogo, unas líneas sobrecogedoras:
En el Reyno se sucedieron unos a otros. De los prodigios originales, entre inundaciones, llamas del cielo y
asombros de las criaturas de la tierra y el agua; a las secas, al acarreo de las ovejas y las cabras, hasta los tiempos de la prosperidad, de la «grandeza» que solían atribuirse, en que volvieron ahora ricos, a los ranchos y a
las haciendas sobre la misma tierra del pastoreo, de minas y caminos de los que cambiaron la herradura por el
bordado de las llantas de hule.
Están en el lugar de los antepasados. Erguidos contra sí
mismos, para rehuir la soledad y la locura. Construyen
más altos los muros de la ciudad, p~a defender los bienes que encubren la desviación y el extravío. Y que llevan dentro bajo la máscara de la razón, de la fortuna,
del éxito. Una ármadura rígida por donde asoma, pese a
la victoria de las armas y las galas decorativas de las artes, otro rostro. El reflejo inquieto, descompuesto, del
ángel de la melancolía, que es hijo de la locura que hizo
préstamos a la razón para edificar este mundo lineal,
abstracto, vacío. Otra vez como el Reyno de los orígenes, aunque menos inocentes y más cargado de la codicia y la violencia de los hombres.

En este el reino que engendró, sin tener ninguno, la
Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey.

Inicio y metodología
En 1996 los cuatrocientos años que cumple nuestra
ciudad más que un buen pretexto representan la gran
circunstancia en que convergen sucesos únicos e irrepetibles. En estos tiempos coincidentemente acaba el
siglo XX y fenece el segundo milenio de esta era. Haciéndonos conscientes de todo lo anterior, volvemos
los ojos a la ciudad, la razón del festejo y también de
la reflexión. El tema es entonces la Ciudad.
Siendo así, concurren a la fiesta cuantos están interesados, y presumiblemente estos ciudadanos de
gremios, profesiones y pensamientos muy diversos tienen algo que decir respecto a tan inusitado evento. Es
deseable -apelando al sentido común- quitar cuantas
divisiones hay en los estudios de la Ciudad para poder verla con otros ojos, con una visión universal de
todas sus circunstancias y su problemática (que es la
nuestra).
En este trabajo en particular intentamos conciliar
dos de las grandes disciplinas del conocimiento humano: la historia y la arquitectura. Cada una ha hablado mucho de lo suyo en forma parcial: los arquitectos hablan de arqui(ectura y los historiadores de
historia. Esto desde luego no es malo, pero sin duda
sería mejor que los arquitectos conocieran la historia
de su ciudad y los historiadores, a su vez, expusieran
la contemporaneidad de sus temas a través de sus sobrevivientes arquitectónicos; esto podría darnos una
capacidad de lectura más amplia, y tan objetiva como
sea posible.

La mejor manera de tener formado un buen criterio de cualquier tema es conociendo varias opiniones
al respecto. Es por esto que en un pequeño esfuerzo
por contribuir a este concierto citadino, nos hemos
aplicado a conocer las opiniones de cuatro arquitectos autorizados por su trayectoria y notoriamente
comprometidos con la Ciudad.
Básicamente este trabajo consiste en cuatro entrevistas hechas a los arquitecto_s Armando V. Flores Salazar, Fernando López Martínez, Adán Lozano
Arrambide y Eduardo Padilla Martínez-Negrete. Cada uno de ellos refleja en las respuestas su formación
universitaria y la visión y criterio de su tiempo de manera personal.
Las preguntas son de carácter general, pues tocan
temas conocidos por todos los ciudadanos. A preguntas lineales hay respuestas lineales; por esta razón
hemos diseñado algunas de ellas con cierta tendencia,
y cuyo único fin es el de mover a una respuesta categórica; en muchas ocasiones ésta se dio llena de una
fuerza que contradijo o afirmó esa tendencia.
Las preguntas son pocas en número por corresponderles una amplia respuesta llena de pareceres
muy personales, anécdotas y frases coloquiales, todo
lo cual nos privamos de editar, para que quien las lea
conozca no sólo las opiniones sino también el carácter y la personalidad de los maestros. Cabe explicar
que las entrevistas fueron grabadas y transcritas en
su totalidad para primero ser corregidas sintácticamente y luego puestas a consideración de los entrevis91

�tados, quienes hicieron pequeños cambios de forma
pero nunca de contenido.
Es nuestra intención que el presente trabajo sirva
a quien esté interesado en los temas que aquí se tocan
-que nos conciernen a todos- y como testimonio de
nuestro momento. Sea pues ésta una pequeñísima retribución a la tierra que nos ha formado como regiomontanosiy nos ha dado infinitos temas de conversación y estudio: la.Ciudad de Monterrey.
Cómo arquitecto ¿cuál es su visión de la ciudad de
Monterrey a casi cuatrocientos años de su fundación?

Armando Flores: Me siento muy orgulloso de la
ciudad de Monterrey, porque es mi ciudad, es la que
conozco, no la conocí de otra manera, la he visto
transformarse desde 1950 hasta casi el año 2000: yo
aparecí en el escenario de esta ciudad en el verano de
1950. Me gusta mi ciudad, ésta es una ciudad real pero
hay una ciudad imaginaria, la ciudad imaginaria de
Monterrey apareció cuando comencé a interesarme
por su pasado, pero siempre será una ciudad imaginaria y la he leído y la he tratado de entender desde 1596
y mucho antes, pero a final de cuentas será una ciudad
imaginaria y me cuesta mucho trabajo imaginarla, me
cuesta trabajo entender que en 1750 había 250 habitantes en este lugar, me cuesta imaginar que se extendía
de la calle de Ocampo a la de Allende y de la calle de
Naranjo a la de Juárez; trato de imaginar el paisaje urbano cuando recién terminó el Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe monseñor Verger y contemplaba
desde la ventana de su recámara una inmensidad y
92

una manchita urbana por allá lejana donde sobresalía
un pedazo de torre de la Iglesia Parroquial, el Convento de San Andrés de los Franciscanos, el hueco de la
Plaza de Armas -que son plazas vacías- y las calles
no ortogonales a partir de que esto es un escenario entre el río Santa Catarina y el río Santa Lucía; entonces,
como que la trama urbana se vuelve más longitudinal
a partir de estas dos determinantes urbanas, igualmente las formas de las calles, la calle Hidalgo y la calle
Morelos de hecho terminan juntándose en una sola a
partir de las circunstancias de ese paisaje; trato de
imaginar la ciudad del siglo XIX, de principios de si. glo, la ciudad con tantas experiencias históricas: la invasión norteamericana, la intervención francesa, el
trajín de Benito Juárez y Vidaurri, los enconos, los corajes; y cuando uno lee la historia, una historia de dócumentos, de archivo, pues es una historia un poco limitada; yo he imaginado esa ciudad, la ciudad que no
conocí y no dejo de verla muy románticamente. Entonces la ciudad que tenemos es la ciudad que conozco, una ciudad que ha crecido muchísimo, que tiene
unos límites extraordinarios y que sabemos coincidentemente que en este cuatrocentenario se vuelve metropolitana, tal cual fue fundada; muchos dicen que fue
pretensión de Montemayor el haberle denominado
Ciudad Metropolitana, la verdad es que dentro de las
Leyes de Indias, al fundador de la ciudad le era dado
el privilegio de elegir la categoría de la ciudad que iba
a fundar y naturalmente si Montemayor había venido
en plan prácticamente de escribano, de secietario, de
actuario de Carvajal, y Carvajal venía a fundar la capital de un reino, pues el· señor tenía que fundar una
ciudad metropolitana y no necesariamente una villa o

un poblado, ni siquiera una ciudad, sino una ciudad
metropolitana. He vivido la ciudad industrial, la ciudad que generó un comercio boyante, una industria
boyante, que ha sido toda su circunstancia histórica la
consecuencia de hoy y he tratado de entenderla de esa
manera, he tratado de entenderla también sociológica
y antropológicamente, pero no tengo capacidad, me
faltan recursos, me faltan herramientas, me gustaría
leerla de esa manera, hemos avanzado muchísimo en
nuestra postura histórica frente a la ciudad, pero yo no
puedo considerarla ni mejor ni peor. Creo que es una
ciudad que ha vivido sus circunstancias, que ha tenido
altibajos, ha estado a punto de la desaparición muchísimas veces, es una ciudad que se funda constantemente; esa es la ciudad que veo, la ciudad viva, que
me gusta muchísimo, estoy condicionado a su imagen,
a su temperatura, a su ambiente, a su dinámica, a su
horizontalidad, a su cerco de cerros y montañas; me
gusta mucho a los cuatrocientos años y me siento un
tanto privilegiado de ser habitante de ella, no me gustaría ni compararla ni considerarla en valor entendido
como lo tiene mucha gente, que es una ciudad fea; yo
creo que no lo es, de ninguna manera; es una ciudad
que simplemente revela su desarrollo y si tenemos lo
industrial metido en lo habitacional, y lo habitacional
metido dentro de lo comercial, y lo comercial metido
dentro de lo artesanal o de las fabricaciones industriales, bueno, es que la regulación y la comprensión de
las ciudades es demasiado reciente; es una ciudad que
está tratando de funcionar, de servir, de resolver los
problemas, pero es una ciudad de una polaridad y de
una atracción muy fuerte, más fuerte que las posibles
soluciones que le estemos dando.

Fernando López: Es una ciudad que se está desarrollando ... cuatrocientos años son como una adolescencia, el desarrollo urbano tiene cien años y la mayor
cantidad de vestigios no tienen más de eso; todas las
ciudades han tenido su época de decadencia y lo que
pasa es que hay que estarla reinventando, porque los
planes de desarrollo jamás van a ser vigentes todo el
tiempo, duran seis años políticamente y hay partes que
hay que estar replanteando. En ciudades modernas el
urbanismo se revisa cada seis meses.
Ahorita Monterrey no tiene un rumbo, hay planes
pero no hay un rumbo muy claro, como por ejemplo
en el auge industrial de la ciudad, empieza la Cervecería, la Fundidora... qué curioso... las principales [industrias] de la ciudad. Los ejes de la primera parte de
la ciudad urbana, la Calzada [Madero] y Pino Suárez
terminan en esas dos industrias. Desconozco si había
un plan o no, pero en los restos de la ciudad se puede
leer que había una intención industrial, en este caso
dos empresas o grupos punteros que generaron dos
trazos y que era la razón por la cual la gente venía a
Monterrey a trabajar, a estudiar. Los primeros centros
de estudio están muy claramente ligados al desarrollo
urbano, como que había un abanderamiento de "vamos hacia allá", "la ciudad crece para acá", "se desarrolla para acá", "allá está el trabajo"; tenían rumbo
las cosas y ahorita no hay rumbos claros. La ciudad se
va haciendo por zonas: el Centro, d Obispado, la María Luisa y se sale a otras: Vista Hermosa, Valle, Anáhuac, Lindavista, Contry -que ya es otra época- y así
va a seguir siendo; pero falta el caso que dijimos al
principio, la parte que ya está hecha: el Centro. Hay
93

�que replantear lo que existe. Al arquitecto -por ejemplo- en su preparación en la escuela, se le sigue enseñando a hacer arquitectura nueva y nunca se ve qué
hacer con la que ya existe, y ése no es un tema de diseño de las escuelas: el re-uso de la arquitectura, por
ejemplo un edificio como éste I que tiene 40 años y sigue vigente, sigue vivo, sólo ha sabido permitir que
existan en él diferentes actividades.

Adán Lozano: Bueno, yo la he vivido prácticamente toda mi vida. Vine de un pueblo muy cerca de
aquí, Zuazua, Nuevo León, y para mí fue maravilloso
descubrir que había una ciudad que ofrecía muchas
cosas y que a la vez tenía una escala tal que era un
placer dar la vuelta en el camión, recorrerla, paseamos
por la Alameda, pasearnos por el Obispado, ir a la
Quinta Calderón, ir al Nogalar, y todo eso lo hemos
perdido. Yo creo que la calidad de vida de la ciudad
se ha ido deteriorando, la ciudad creada para el disfrute se ha vuelto problemática y casi en contra del hombre.
Con respecto a los cuatrocientos años ... pues ha
llegado a una edad tal que si no la cuidamos, creo que
va a ser el caos, es una ciudad que ha perdido estética,
que ha perdido lugares para el hombre, todo se hace
en función de las distancias que el coche permite, ha
separado, los barrios ya no existen. A cuatrocientos
años podría haber un sistema congruente de funciones: la vialidad, la industria, el comercio y el disfrute
de un lugar para habitarse cómodamente. Lo importante es despertar a una conciencia, ya tenemos una
edad en la que podríamos haber tenido una ciudad que
94

creciera con aspectos más positivos para el hombre
que la habita.

Eduardo Padilla: Pues es la visión que percibimos todos, que es una ciudad muy poco atendida por
las autoridades, muy mal usada por parte de los ciudadanos y los arquitectos e ineficientemente ocupada
por sus habitantes porque es una ciudad muy extendida, muy costosa porque ha tenido que extender todos
los edificios urbanos a impulsos de los dueños de la
tierra más que a los impulsos que debe dar una buena
planeación, eso causa que nos tengamos que trasladar
muchos kilómetros para hacer nuestras tareas diarias,
que ni las calles ni los pasos a desnivel den abasto y
que el precio de la tierra sea carísimo como en pocas
ciudades del país y por supuesto que no en Estados
Unidos; la tierra en Estados Unidos es mucho más barata.
La realización de la Gran Plaza causó polémica por

el derrumbe de parte de la historia de la ciudad el cine Elizondo, el primer puente de Monterrey, etcétera,
amén de los desalojos de que fueron objeto sus habitantes. ¿Cree usted que fue un trueque justo la desaparición de toda esa zona a cambio de la Macroplaza? ¿Hubiera sido factible -o más sano- regenerar
dicho espacio?
AF: Yo nunca fui partidario, desde el punto de vista cultural, de lo que se hizo en la Macroplaza; tiene
demasiados crímenes culturales, se demolió un amplísimo sector sin que éste haya sido registrado, que yo
sepa no hubo un levantamiento fotográfico o arquitec9S

�tónico ni registro de esta zona, desaparecieron con
ella muchos elementos de valor histórico y de valor
cultural, objetos arquitectónicos que alcanzaban estas
· dimensiones de objetos históricos y culturales. Se establece una nueva forma urbana con esta plaza enorme. Las plazas en estos lugares climáticos se caracterizan -como las calles- por ser espacios más reducidos a partir de la necesidad de conducir vientos Y
crear microclimas. Si revisamos la mayoría de nuestras plaz;~, por ejemplo la Alameda que actualmente
la vemos a la nutad de su tamaño original, nunca fue
concebida como una plaza sino como un paseo campestre, posteriormente la ciudad la englobó y tuvo que
tomar las características de plaza; pero la plaza original, que era la Plaza de Armas, frente a la parroquia
de Catedral y a las Casas Reales -el antiguo Palacio
Municipal- no queda hoy ni siquiera denotada ni deslindada, desapareció en esa prisa y en esa neutralidad
de todas las cosas que pusieron encima de ella. Naturalmente toda esta acción obedeció a una revaloración
y a un re-uso del suelo con la excusa de abrirle perspectivas a dos edificios que tenían la escala de sus
plazas y de su ciudad, dos edificios que alojan a las
autoridades de la entidad, tanto la estatal como la municipal; éstos terminarán perdiendo toda su escala minimizándose ante todas estas verticalidades que se van
construyendo alrededor de ellos. Creo que en ese sentido la Macroplaza vuelve a ser una vez más la iniciativa de pensamientos políticos, desarrollistas y de una
modemi.dad no entendida todavía; una vez más la ausencia de los académicos, de los profesionistas de la
arquitectura generados por la ciudad ha estado en silencio, se han quedado tranquilamente inclusive sien-

do parte de un fenómeno que está inscribiendo la ciudad en modalidades que muchas veces no le son propias y que no-están generadas a través de su trasf?ndo
cultural sino que están en nombre de una modernidad,
la cual no es completamente entendible para sus usuarios. Con el tiempo la plaza ha venido a ser tomada por el pueblo - por decirlo de alguna manera- Y
no es necesariamente que el pueblo esté totalmente
contento y convencido de todo este equipamiento que
se ha sobrepuesto a la plaza, más bien es un espacio
público, de los pocos que hay, de los pocos lugares de
reunión y entonces la demanda tiene más que ver con
respuestas sociológicas y antropológicas que con respuestas estéticas y de planeación urbana. Han tenido
que convertir todo ese gran espacio en un lugar de actividades culturales y de diversión haciendo todas esas
convocatorias y esos llamados para que este lugar se
haya habitado en la cantidad de habitabilidad que se
presume que es el éxito del proyecto, pero detrás de
este espacio habitado la respuesta es sociológica. Hay
un gran silencio profesional de los arquitectos y de los
urbanistas pero no necesariamente porque no haya habido voces - me consta que sí las hubo de reclamo
contra el proyecto- pero el poder político tiene una
voz mucho más fuerte y ordinariamente son proyectos que comprometen intereses y entonces llega un
momento en que ya no se tiene que convencer a los
promotores· del proyecto por los intereses que están
detrás de aquéllos. A mí me causa un cierto resentimiento toda esa solución que, insisto, fue hecha de espaldas a una tradición cultural y no es el producto de
una reflexión de la ciudad que nosotros habitamos sino un proyecto que se hizo en nombre de una moder-

nidad que todavía no hemos entendido. Por supuesto
que no estoy de acuerdo con ello, ésta es una acción
que no se queda en sí sola y aislada, tiene muchas repercusiones en otros lugares: si ahorita visitamos la
mayoría de los municipios conurbados, el Palacio Municipal, la Iglesia y la Plaza están integrados, es decir,
las calles que separaban la plaza de estos edificios
ahora forman una totalidad y se ha establecido un diálogo entre el edificio religioso y el edificio de la autoridad civil. Si vemos los lenguajes arquitectónicos de
uno y de otro, son muy distintos y eso plantea la diferencia de ambos organismos y de ambas realidades;
sin embargo, este fenómeno comienza por hacer una
integración con ellos, pero la Macroplaza en la ciudad
de Monterrey trae corno consecuencia un modelo de
seguimiento de los demás municipios, un modelo meramente por imitación. Pero desgraciadamente la Macroplaza no es un fenómeno que se hizo y ahí se quedó, es un fenómeno que sigue influenciando el desarrollo de proyectos semejantes que son las extensiones
de esta misma solución y entonces ahorita estamos
cruzando la Macroplaza con un proyecto paralelo que
se llama Santa Lucía, y entonces ya estamos hablando
de Cuahutémoc hasta el fideicomiso Parque Fundidora, otra vez un proyecto que lo rebasa en cantidad, es
decir, se multiplica aterradoramente, pero el proyecto
no queda ahí; ya hay quien está hablando de prolongar
la Macroplaza hasta el Santuario por un lado y hasta
Colón por el otro, es decir, vamos haciendo estas
grandes extensiones, este cruzamiento de dos nuevas
estructuras urbanas que no están señalando puntos
cardinales ni puntos de referencia importantes, como
en otro tiempo fueron para la Calzada Madero el Hos-

pital [Civil], la Fundidora; son cosas de alguna manera accidentadas y su accidentalidad se va a ir extendiendo y se va a ir apoderando, entonces a cada idea
se irá sobreponiendo otra que la rebase, y para mí el
peligro está ahí y la única solución que le veo es volver una vez más a repensar la ciudad, a valorar los
principios teóricos que le dieron origen. La ciudad de
Monterrey respetaba las Leyes de Indias y éstas tenían recomendaciones que se justificaban de cierta manera,
cuando nosotros vemos que las construcciones están
en el límite de propiedad y están juntas una con la
otra, entonces respondían a necesidades de defensa y
protección; cuando pedían que todas las casas tuvieran la misma altura y que sus pretiles fueran altos, era
para poder comunicar las defensas y que no hubiera
huecos entre las construcciones, era en nombre de la
defensa de la ciudad. Las orientaciones estaban dadas
a partir de la dirección de vientos y los porticados en
los edificios alrededor de la plaza de armas -que era
el centro de origen de una ciudad-. Primero se establecía la plaza de armas, para la cual había especificaciones de largo por ancho, en las cuales pedían que
sus cuatro calles rebasaran la plaza y se continuaran
para establecer la estructura de la ciudad y que los
edificios perimetrales que se le construyeran a la plaza
de armas deberían de tener un porticada para la circulación de la gente y el establecimiento de algunas actividades de comercio; todo ello obedecía naturalmente
a la escala de la ciudad que se iba a fundar, pero tenía
todo un respaldo y una comprensión de por qué se determinaban las cosas. Ahorita siento corno que la ciudad entró en un desorden, desorden que no puede resolver integralmente. Nos hemos entregado a ejercí97

�cios de modernidad y de reproducción de modelos extranjeros en lugar de hacer ejercicios que respondan
más a una necesidad estudiada, a una demanda de la
misma ciudad y de sus habitantes.
En Monterrey el desarrollo empezó a partir de que
se estableció una silla episco¡al en el Obispado. El segundo obispo de la diócesis -que fue quien se construyó el edificio como una casa de descanso- hizo un
estudio sobre la ciudad y llegó a detectar que las construcciones estaban situadas en un terreno bajo, lo cual
no era bueno; que no estaban debidamente orientadas
ni hacia el sol, ni hacia la ventilación, lo cual no era
bueno; que estaba en las partes donde se desbordaban
los ríos, que tampoco era bueno, y a partir de un estudio que él mismo elaboró, empezó a establecer polos
de desarrollo en la ciudad hacia las partes altas: comienza por construir la Iglesia del Roble, que estaba
bastante alejada de la mancha urbana; establece que se
requiere una Iglesia Catedral y también dice el lugar
donde se debe establecer -Tapia y Juárez-; el tercer
Obispo3 que lo sucede es el que comienza la construcción de la Catedral pues él [Llanos y Valdés] no alcanza ni siquiera a planificarlo porque muere muy
pronto, pero crea esos polos de desarrollo para regenerar la ciudad; nunca pensó en tumbar la ciudad existente para hacerla sobre esa otra. Lo que es ahora el
Colegio Civil originalmente se comenzó a construir
como un hospital para pobres, el Ho$pital de Nuestra
Señora del Rosario. El Aula Magna era la iglesia, el
lado sur era la hospitalización de hombres y el lado
norte la hospitalización de mujeres -o viceversa-, pero los edificios todavía responden a la estructura del

esquema del hospital: tienen su patio central y habitaciones perimetrales y luego la iglesia que siempre correspondía a una construcción de actividades pías. Esto con el tiempo se convirtió en el Aula Magna, la
Preparatoria Nºl y la Nº 3, pero el edificio fue traído
ahí precisamente para abrir esa calle del Roble que
hoy se llama Juárez y que era el eje que iba a abrirse
para jalar hacia allá: la Iglesia del Roble, el Hospital
de Nuestra Señora del Rosario; frente al actual mercado Juárez, hacia el poniente, un convento de capuchinas y posteriormente la Iglesia Catedral, eran los edificios públicos que iban a jalar la vida para allá. Ese
sistema de planeación me parece más coherente y no
el de estar tumbando nuestro patrimonio histórico para estar renovando la ciudad. Con ese solo principio
me parece que si tengo que estar demoliendo, pues la
teoría económica y la teoría de la planificación y la revaloración del suelo y la regeneración de no sé qué
más cosas, están en contra de esto, pero aquí naturalmente es probable que se hayan urbanizado ciertos
sectores que no corresponden a una habitabilidad sana: espacios abiertos, espacios comunes, instalaciones
de ciertos servicios, etcétera, pero no es en la medida
en que lo estamos haciendo ni es en la forma en que lo
estamos haciendo la más adecuada, no es el arrasamiento uruchurtiano 4 para posteriormente reemplazar
todo eso, abandonar a su suerte a los habitantes de ese
sector.
Los estudiantes y los maestros de arquitectura de la
UNAM -cierto sector de estudiantes con un elevado nivel crítico- se pusieron a estudiar cómo integrar las
vecindades al desarrollo urbano de ese sector y resca99

�tar la vida en vecindad y la llegaron a calificar y a catalogar como una vida sana urbanamente a partir de la
comunicación, los elementos, el patio común -como
los lavaderos-, esos modelos se han dado aquí en la
ciudad y existen formas de viviendas de aquí [colonia
Deportivo Obispado] hasta el Mercado Juárez que se
les llama privadas, en las que se desarrollan cinco o
seis casas con un patio común, con un remate visual al
fondo. H~y una serie de modelos de vivienda que no
r·
.
hemos analizado las personas que tenemos conocimientos urbanos· y arquitectónicos, y hemos apoyado
el town-house como una forma de vivienda y que realmente no logra esa comunicabilidad entre los usuarios; el tema es amplísimo y creo que al final lo que
pone de manifiesto todo esto es la falta de posturas
críticas y de análisis teóricos de los modelos urbanos
por parte de los urbanistas y de los arquitectos.
FL: En primer lugar, yo estuve en un equipo en el
que participamos varios y de hecho entramos cuando
ya existía el proyecto de la Macroplaza, entramos a algo que ya era un hecho. [Y esto] nada más como aclaración.

Yo pienso que sí salió ganando la ciudad. A la mejor debieron haberse respetado algunas partes, como
se hizo de hecho con la Capilla de los Dulces Nombres. Desgraciadamente yo no sé quién era el que decía "esto sí y esto no"; aun con eso, creo que sí estaba
muy deteriorada y completamente muerta esa parte.
Es posible -yo no tengo el censo de cuántos edificios
había exactamente- que pudieran haberse quedado e
inclusive que le dieran vida a la Macroplaza, como el
100

cine [Elizondo]. Sin embargo, esta ciudad estaba tan
escasa de espacios abiertos que sí era necesario hacer
uno de grandes dimensiones y hasta ahí estamos de
acuerdo. La forma arquitectónica, la forma última, la
forma del detalle, pues creo que podría tener muchas
variaciones... es acertado el espacio semihundido,
muy acertado el espacio que se creó ahí, es quizá lo
más representativo de lo que se pretendía hacer. No es
un proyecto uniforme, pero considero que en el balance sigue ganando la ciudad. Pudo haber sido distinto:
haberle sacado la vuelta, haber sido medio curvo, irse
por otras calles y regresar, pues sí, pero ése es ·el que
está ahí. Lo cierto es que se llena, se vive, hasta ahí
estarnos de acuerdo ... pudo haber sido de otra forma,
pero v~riables en ese sentido hay muchas, y es una situación real que además es política, es jurídica, es legal, las limitaciones de las propiedades... realmente
hacer un trabajo de este tipo es demasiado complicado.
Yo creo que la Macroplaza no se ha tenninado, no
puede tener fin, le hacen falta conexiones, brazos como el que acaban de hacer (la Plaza de los Cuatrocientos Años). Ahora la calle Moi:_elos, que era el espacio abierto más grande de Monterrey en el centro,
es un trozo de la Macroplaza y le hacen falta más centros urbanos dentro de la misma ciudad que ojalá estén ligados a plazas o espacios abiertos existentes, pero hace mucha falta ampliar esto.
Viendo los planos de la ciudad de Monterrey, hemos hecho una especie d~ inventario de áreas verdes ...
son muy pocos los espacios [verdes] que tiene. Hay

que hacer más obras de ese tipo, recuperar espacios
abiertos. La Alameda era cuatro veces más grande y le
han ido quitando terreno; entonces en ese sentido sale
ganando la ciudad, porque es muy válido tener esos
espacios ...

AL: Yo creo que la zona ya estaba muy deprimida,
ya no funcionaba. Yo recuerdo haber hecho varios
proyectos de remodelación de locales comerciales, y
al poco tiempo tenían que sacar sus productos a la calle porque había un tránsito rápido, ya no era aquella
forma de comercio donde vas disfrutando viendo aparadores; definitivamente toda la zona era un caos. Yo
pienso que haber dado una solución mediana a lo mejor no lo hubiera resuelto tampoco; finalmente lo más
valioso de haber hecho la Macroplaza fue tener un
gran espacio abierto en el corazón de la ciudad. Desde
la plaza podemos ver nuestros símbolos -vamos a decir- como son: el Cerro de la Silla, la "M" [de la Sierra
Madre] y todo eso que el habitante que vivía en el
centro de la ciudad no veía por la aglomeración de
edificios y de tránsito tan pesado que había por la calle de Zaragoza y la calle de Zuazua.
Yo creo que era imposible regenerar esa zona, a no
ser que se estructurara de otra manera toda esa vialidad y ese tránsito porque, ¿qué tenemos ahí? Tenemos
concentrados los poderes: el Palacio Municipal y el
Palacio de Gobierno, y algunas iglesias en esa misma
zona y no había más que comercios; había hasta algunos clubes nocturnos, un cine y un teatro por ahí. El
cine Elizondo por razones de ubicación tuvo desgraciadamente que desaparecer, quizás debería de haber-

se pensado en alguna otra alternativa para un uso dentro del mismo complejo de la Gran Plaza, pero casi se
quiso no negar el pasado sino darle una fisonomía
contemporánea y moderna a la ciudad y se sacrificaron muchas cosas como fueron algunos barrios, algunas casas importantes; se conservó una capillita que
tenemos por ahí -la de los Dulces Nombres-; afortunadamente el edificio del Casino se salvó porque n~
estaba dentro de la misma remodelación; el Condominio Acero, que era más contemporáneo, también se
respetó porque ya estaba en los límites de la plaza; pero había unos hoteles muy lindos por ahí también, con
unos patios interiores característicos de la arquitectura, si no norestense, sí de México; el patio es un elemento muy usado todavía en la actualidad en muchos
edificios, inclusive en casas modernas.
Yo me acuerdo que en la carrera de arquitectura,
en el Tecnológico, analizamos la conexión de los dos
palacios desde muchos años antes de que se hiciera la
Macroplaza, y se veía una relación de flujo de personas que tenían que atender asuntos en esos lugares y
que por lo tanto era una concentración impresionante
de gente y de vehículos que era inamovible, es decir,
tú llegabas al centro y te atorabas, era poco práctico ir
allá en aquel entonces; quizás el proyecto de la Macroplaza fue demoledor y se destruyeron muchas cosas, pero creo que sí se planeó. Ahora hay otra energía, si ya se hizo y ya forma parte de la nueva fisonomía de nuestra ciudad pues ahora hay que aprovecharla. El Faro del Comercio -esa escultura que está ahí
presente- le vino a dar también una especie de símbolo a esa Gran Plaza, viene marcando un punto de re101

�ferencia importante en la ciudad, y como que le da
una dinámica a la perspectiva con este espacio tan
enorme, una escultura que tiene suficiente altura como
para tener una presencia muy apreciable o muy característica en la plaza. Si tenemos que calificar finalmente, pues lo calificamos como una oportunidad para la ciudad, una oportunidad para regenerar ciertas
áreas de la ciudad; es válido porque se ha hecho en
muchas piudades: abrir pulmones, abrir visuales, pero
con la conciencia de qué se va a obtener, ¿verdad?

EP: Yo soy el autor del proyecto de la Macroplaza. En 1969 se lo presenté al gobernador Eduardo Elizondo porque él traía la idea de abandonar el Palacio
de Gobierno y el Palacio Federal y construir un mall
tipo Washington en el par del puente de Pino Suárez y
Cuauhtémoc, del lado de la colonia Independencia,
ahí quería hacer el nuevo Palacio Municipal ... todo,
todo nuevo; otra vez me opuse, porque así se borra la
memoria de la ciudad -no todo lo viejo no sirve, los
apellidos son viejos y no por eso me voy a quitar el
Padilla, si no sé de dónde vengo menos voy a saber a
dónde voy-, entonces en contrapropuesta del propio
gobernador me fui, solicité cita con él en su casa, no
le gustó nada la propuesta mía, pero hubo un apoyo
por parte de los industriales y de la iniciativa privada
-en particular don Antonio Rodríguez que lo publicó
en una revista que se llamaba Civitas, de la cual tengo
ejemplares todavía-; yo no lo llamaba Macroplaza,
ese es un nombre cursi de un gobernador que pasó por
aquí -un gobernador en tumo que se fue, pero nos dejó el nombre-; era un área verde y se hizo. Ahora yo
sé la culpa que tengo de haber hecho ese proyecto y

de que se hayan demolido las cosas buenas que se demolieron, no la evado, la resisto y la acepto, pero en la
balanza tuvo muchísimo más ventajas que desventajas: el cine Elizondo, la tienda de Salinas y Rocha ...
Qué raro ... qué rara postura de los historiadores
que nunca lo dijeron ¿verdad?; qué extraño, esperando
que se tumbara para ahora gritar ¡qué hicieron! ¿Por
qué no lo dijeron al principio como se hizo con la
Iglesita de los Dulces Nombres? Qué raro ... Esto desapareció porque quien lo debía de haber defendido
no lo hizo y porque quien tumbó no tuvo el cuidado
de saber qué es lo que estaba tumbando, porque quien
tumbó también tapó el río Santa Lucía, que en mi proyecto. estaba conservarlo, sanearlo, quitarle todo el
drenaje clandestino que se le está echando. El proyecto conceptual fue mío, pero el proyecto en detalle no,
el proyecto de demoler todo no fue mío. El concepto
original era un área verde que uniera visualmente el
Palacio de Gobierno Municipal con el Palacio de Go. ~iemo del Estado, con la Catedral, lo que todos los
pueblos de México tienen tradicionalmente: el poder
temporal y el eterno en el mismo sitio, desde el Zócalo donde estaba la pirámide que ya tumbaron -y ahí
andamos ahorita reconstruyéndola- y la casa de Moctezuma que la tumbaron también; ahí estaba el poder
temporal y el eterno y pues es una lástima que no se
hagan las cosas lo bien que debiéramos hacerlas, pero
en la balanza esa área verde merece aplausos: hoy sí
tenemos a donde llevar a la gente a caminar y a ver la
ciudad; antes no la teníamos. Yo vine [de Guadalajara] y la primera noche que pasé aquí en Monterrey la
pasé en un hotelito que era uno de los internados del
103

�5

Tecnológico arriba del cine Rex, y al día siguiente en
la mañana lo primero que vi a través de la ventana fue
prostitutas, estaba lleno de prostitutas el piso de las
banquetas; ahí estaba El Patio que era un antro de tejabanes y estaba una serie de cantinas de puros tejabanes. ¿Qué tiene de tradición eso? Entonces la tradición mía es tener lo malo. ¿Esa es mi tradición? Pues
no, no voy de acuerdo con esa gente.
Tengo que controlarme y mostrar lo mejor que tengo para que esta plática continúe - porque si no aquí se
acaba la reunión esta, en lo menos dañino, y en lo más
dañino acabamos a trancazos-, y así en la ciudad, en
la ciudad hay que tapar lo que hay que tapar o hay que
borrarlo y sacar lo mejorcito nuestro. En el proyecto
que le presenté a Eduardo Elizondo estaba el que surgieran ahí alrededor lo que le llamamos la pared del
área abierta, la pared del parque que son todos los
edificios que poco a poco se han ido construyendo: el
de lnfonavit, el del Congreso del Estado, el de la Biblioteca, el del Poder Legislativo, el Teatro. ¿Que el
teatro le faltó al respeto a la iglesita de los Dulces
Nombres? Pues sí le faltó porque le puso un muro gris
a diez metros de distancia -de vuelta: es un prietito en
el arroz-, todavía hay manera de salvarlo porque al
mismo arquitecto que hizo el teatro ya se lo sugerí,
que pasara el grafismo de la elevación de esta iglesita
-que es muy agradable, muy interesante, muy graciosa- en el muro de concreto que tiene enfrente como
proyección geométrica, como si fuera un espejo, como si fuera una proyección de geometría descriptiva
en el plano de enfrente, pues ésta sería una gran cosa,
porque los que venimos por la calle Zuazua podría-

mos ver la iglesia como en un espejo, podríamos analizarla, los estudiantes de arquitectura podrían analizar
ahí medidas y cosas; pero bueno, así como ésa hay
muchas sugerencias para remediar lo que faltó. La tesis mía es que se puede remediar, lo que no, es haber
permitido que se hubiera abandonado el Palacio de
Gobierno del Estado, el Palacio de Gobierno Federal,
el Palacio Municipal de Monterrey y la Catedral, eso
sí que era crimen, _así lo consideré, lo defendí y lo gané; no sólo me tocó que la idea conmoviera -más que
moviera- a mucha gente, y la empezaron a publicar.
Además el gobernador [Elizondo] renunció por otras
causas -quien proyectó ese conjunto vive todavía, es
un arquitecto de aquí de Monterrey a quien me le eché
encim~-, pero el gobernador lo sintió [el pleito de la
defensa] en contra suya.
l.a remodelación del llamado Barrio Antiguo ha de-

satado controversias entre los especialistas. ¿Considera atinado el trabajo de regeneración que se ha realizado hasta hoy o cree que es sólo maquillaje?

AF: Hay algo que me parece positivo, trato de encontrar respuestas a estas acciones. Porque a toda acción hay una reacción, quisiera en primera instancia
plantear que la parte positiva, la parte que me resulta
interesante de este fenómeno es que creo que es la primera vez que un pedazo de ciudad, un minúsculo pedacito de ciudad ha sido motivo de darle una perso,1alidad, de darle un sentido aunque sea un tanto inventado, porque la personalidad del Barrio Antiguo es un
tanto inventada y aquí volvemos a enfrentar el problema eterno de la accidentalidad arquitectónica que es la

de carecer de un marco histórico adecuado para comprender el sitio, las etapas que ha vivido el sitio. Aquí
es donde el diseño urbano y la arquitectura están siamesmente unidos, son siameses; lo interesante es que
un pedacito de ciudad se ha tomado para darle una
personalidad, para darle un cuidado, para darle un tratamiento; es una especie de laboratorio urbano en el
que se ha hecho un experimento, que como experimento lo considero saludable, porque se descontaminó visualmente en primera instancia, se terminó ese
desorden, entró en la conciencia de los vecinos usuarios de ese sector la idea de que viven en un lugar especial, que tiene una personalidad a la cual hay que
cuidarla, hay que cuidar la apariencia, la presencia, el
color, la altura, el lenguaje arquitectónico, tratando de
darle una cierta unidad. Estas son las partes que considero buenas, perdón, no podemos usar el juicio moral,
estas partes son afortunadas, positivas; naturalmente
detrás de esta intención hay un cierto grado de inocencia, es inocencia de conciencia histórica, está apastelado todo, está pintado todo, incluso hasta la misma
cantera, hemos reproducido románticamente cómo sería una calle en lo antiguo: la hemos empedrado de
cierta manera, aunque también pudimos haberla adoquinado, el adoquinamiento de las calles hubiera reflejado históricamente que fue hecho al final del siglo
XX, en un tiempo donde la industrialización ha venido
a resolverle al hombre una serie de problemas, de justicias sociales; la industrialización abarata, desplaza la
artesanía arquitectónica para entrar a una arquitectura
de fabricación más rápida para construir los mismos
muros, los mismos techos, los mismos espacios; el
adoquín hubiera petmitido conseguir lo que se trató de

conseguir con la pavimentación a base de piedras que
es disminuir la velocidad de los vehículos que transitan en ese sector, como sucede un poco en la calle de
Hidalgo entre Zarco y Pino Suárez -hay adoquines
para todo tipo de uso-; yo hubiera adoquinado esas
calles, hubiera hecho la diferenciación, hubiera construido un tipo de piso que drena la lluvia, que respira,
que permite alimentar árboles añejos que están metidos en los patios de esas manzanas, es decir, el material no es más que el elemento que sirve para expresar
ideas, para expresar actitudes. Qué bueno que se da la
remodelación del Barrio Antiguo, aunque tendremos
q°:e colgarle el .adjetivo de maquillado porque hay una
serie de elementos que pudieron ser resueltos de otra
forma, en la que se manifestara que esa remodelación
es un acto reflexivo de finales del siglo XX, tomando
en cuenta un tiempo desconocido, un tiempo reinventado. Después de todo la ópera es una invención de los
renacentistas italianos tratando de interpretar la poesía
griega; entonces muchas veces tratando de interpretar
lo que no conocemos permite generar productos culturales que enriquecen al hombre, es decir, hemos hecho
un acto de escenografía urbana que atañe al exterior,
que no repercute en los interi.ores; hemos establecido
ahí un cacicazgo cromático, hemos resuelto artesanalmente parte de ello, sin embargo se ha tenido que acudir a un sistema diferente de iluminación, también tomado de ciudades que han vivido otras expe,riencias
históricas, probablemente Zacatecas, probablemente
Guanajuato, es decir, hemos tomado elementos ajenos
a nosotros tratando de construir algo. Entonces, desde
ese punto de vista, es muy criticable, criticable profesionalmente desde el punto de vista de la experiencia
105

�..

urbana. Y en cuanto a la reflexión para crear una atmósfera me parece que tendrá que reconocerse ese hecho que también es un tanto accidental.

FL: Sólo conozco el exterior, he entrado a una o ·
dos casas y lo que se ve ahí me parece interesante. Esa
parte de la ciudad toma una escala distinta; se puede
caminar ahí, se ve que es para el peatón, se me hace
muy bu;no que lo estén haciendo y cómo lo están haciendo; en la fo~a de algunas casas a lo mejor sí hay
un poquito de maquillaje, ojalá no se haga una escenografía, un Disneylandia, lo bueno es que se está haciendo y que sí hay interés por rescatarlo; ojalá hubiera más regeneraciones de ese tipo y que más o menos
obedezcan a lo que han sido, pero no tratar de hacer
una escena del pasado ni casi casi vestir a la gente como se vestía. Eso [el rescate] es muy interesante y
muy válido, ojalá se haga en otras partes tan valiosas
como el Barrio Antiguo: el caso de la zona del Obispado, de la colonia Mirador, la María Luisa, no estaría
mal mantenerlas en buen estado. Me tocó entrar a una
casa con un patio, de las más conservadas, no sé cuántas hay, de las que físicamente, interiormente siguen
siendo lo que eran, ojalá encontraran más casas de ese
tipo y las dejaran así, no tenemos por qué estar borrando el tiempo, borrando, borrando, borrando para
hacer arquitectura nueva. Hay muchas casas ahí que
se hicieron bien, que tienen valor, que están hechas
como deberíamos de hacer muchas de las cosas de nosotros, para que sean hechas sin tiempo, sin vigencia,
sin término, sin duración, no porque estuvieron de
moda. Son casas que no sé cuánto tiempo tengan: sesenta, ochenta, cien años, se han sabido defender so106

las, nos han enseñado muchas cosas: que no es conveniente hacer las cosas por moda porque está el material x disponible; esas casas están hechas con la mejor
tecnología y con los mejores materiales disponibles en
su tiempo, seguramente encontrados cerca del lugar; y
no eran importaciones ni cosas de esas. Son de una
simpleza impresionante y son un buen ejemplo, no para repetirlas figurativamente en las fachadas de casas
nuevas, ni en las que ya se destruyeron, no tenemos
por qué inventar que esa casa pudo haber sido x o y.
Valdría la pena identificar y dejar las que son originales y las que no lo son que se haga algo nuevo acorde
a lo que debemos hacer ahorita, pero quizá nada más
con el ejemplo de la forma de hacerlo y la intención
de que duren, que perduren, que no sobresalgan; no
necesitamos en cada esquina un edificio sobresaliente
ni una escultura por cada cuadra, y en general me parece que está bien la intención de mantener un lugar
como fue hecho: un Barrio Antiguo, pues todas las
ciudades del mundo tienen su parte vieja.

AL: Es una situación quizás un poco romántica, es
decir, vamos a conservar lo que todavía tiene algo de
las características que eran realmente norteñas; considero que tiene mucho de ese maquillaje, de disfrazar,
hacer escenografía, vamos a decir. Pudo haberse hecho un rescate quizás con un poco más de fidelidad y
dar congruencia aunque fuera un poquito ecléctico, a
lo mejor con algunas áreas verdes, con otros elementos donde no fuera totalmente maquillado, es decir,
pudimos haber respetado las casas que tenían aún autenticidad y las nuevas .construcciones probablemente
darles un tratamiento tal que siguiera el contraste pero

d~ una manera suavizada con el color o de otro modo .
Sm em_bargo, el que viene de fuera sin haberlo conocid? antiguamente piensa que es un barrio que tiene
cierto _encan~o por los farolitos, el empedrado, etcétera, y tiene cierto carácter de pueblo -todas las ciudades fueron pueblo alguna vez-; entonces es hacer un
s~t para decir así era Monterrey, pero a lo mejor no es
cierto porqu~ no tenía tanta unidad como le quisieron
~ar ah?ra; sm embargo había dos o tres casas de distintas epocas con una calidad extraordinaria que franc~ente eran merecedoras de respetarse -y así se manejaron- en la calle de Diego [de Montemayor] y la
calle de_ [Juan] Zuazua donde hay casonas con mucha
presencia que afortunadamente las dejaron intactas·
esto_ le da la variable de un barrio que fue creciend~
segun la _época. Si se tiene que calificar cómo se hizo
ese trabajo yo creo que tuvo mucho de escenografía.

EP: ~o creo que m'!rece un aplauso, el calificativo
de maqmllaj~ o que no fue de fondo se lo dejo a quiene~ est~ ociosos o quieren dar lata. Si yo voy a un
baile y s'. me toca bailar con alguien yo tengo que sa:arle el Jugo a esa persona; eso no quiere decir que
estuvo ~al hecho y hay que resignarse", yo creo que
es apl~ud1ble el resul_tado final. Era un barrio deprimido, oha mal, daba rruedo caminar las calles de noche
¿~e no se hizo del todo bien? Pues no, a veces 1~
mejor es enemigo de lo bueno, muchas veces no queremos hacer lo bueno porque queremos hacer lo mejor
y no tene~os los medios, pero seguimos con la idea
de hacer siempre lo mejor. Merece un aplauso y va a
ser ~~d~lo para muchos barrios de Monterrey y de los
mumc1p10s que están conurbados en el área metropo-

litana.

Adán Lozano Arrambide
Nació en Zuazua, Nuevo León. Arquitecto egresado
del ITESM en 1958. Catedrático de la Escuela de Arquit~tura del ITESM (1966-1967, 1975-1976). Miembro Capi~lar de la Academia Nacional de Arquitectura.
Miembro del Colegio Sociedad de Arquitectos de
~uevo Leó~. Premio Sembradores a la mejor residencia
. con. de la Cmdad (1970) · Calli de cn'stal al meJor
jUnto habitacional
(1980)
Calli
de
cn·sta1
al
. pro.
·
meJor
y~cto_de arquitectura comercial (1980). Calli de cristal
a _meJor ~ro!ecto de arquitectura religiosa (1980). Prerruo de d1se~o ar-qu~tectóni~o de Cementos Monterrey
(1993). Prerruo diseno arqmtectónico Cementos Monterrey (1994). Mención honorífica de Cementos Monterre~ (1995). Mención honorífica en la 8" Bienal de
Arqmtectura (1995).

Armando Flores Salazar
Nació en Allende, Nuevo León. Arquitecto e investigador ~gresado de la Universidad Autónoma de Nuevo ~n en 1964. Ha intervenido en el diseño y produ~ión de escenografía, vestuario, iluminación y dirección escénica de quince obras teatrales. Ha real'izado ocho exposiciones de Artes Plásticas. Catedrático
de la ~acuitad de Arquitectura, ITESM (1973-1977). Catedrático de la Facultad de Arqui·tectura (l'1cenc1atura
.
y
postgrado), UANL (1969-1973, 1991- ). Catedrático de
la Facultad de Arquitectura, UDEM (1974-1978). Ca107

�DEL TIEMPO EN LA LITERATURA

,,

OscarWong
tedrático de la Facultad de Artes Visuales, UANL
(1971- ). Catedrático de la Facultad de Filosofía Y Letras (Escuela de Teatro), UANL (1975-1_986). ~ses?r ~e
la Comisión Académica del H. ConseJO Umvers1tan~
de la UANL. Ha realizado veintiún publicaciones en diversas revistas y libros. Miembro Emérito de la Academia Nacional de Arquitectura y de la Sociedad de
Arquitectos Mexicanos, A. c., entre otras. Vicepresidente pel Capítulo Monterrey de la Academia Nacional de Arquitectura (1995-1997) . Obtuvo, entre otros,_ el
Premio Cementos Mexicanos de la CNIC (1994) por mvestigación en arquitectura.

Eduardo Padilla Martínez-Negrete
Nació en Guadalajara, Jalisco. Arquitecto egresado
del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
Monterrey (1951). Con más de 3000 proyectos urbanos
y arquitectónicos ejecutados en el país. Catedrático de
la Escuela de Arquitectura, ITESM (1949-1959). Catedrático de la Facultad de Arquitectura (licenciatura Y
postgrado), UANL (1953-1956). Asesor de ~esarro~lo
Urbano desde 1952. Miembro de la Academia Nac10nal de Arquitectura desde 1978 y Académico Emérito
desde 1984. Miembro del Colegio de Arquitectos. Delegado de la Federación de Colegios de ~~ui_t~tos de
la República Mexicana. Recibió una d1stmc1on ~e la
Academia Nacional de Arquitectura como el arqmt~to con más proyectos industriales ejecutados en México. Ex-presidente de la Asociación de Clubes Sembradores de la Amistad.

Fernando López Martínez
Nació en Monterrey, Nuevo León. Arquitecto egres~do de la UANL. Catedrático de la Facultad de Arqmtectura de la UANL. Miembro capitular de la Academia Nacional de Arquitectura. Miembro fundador del
103 Grupo de Diseño (1982). Premio en la~• B_ienal de
Arquitectura (1987). Dos premios en la 5ª B~enal de
Arquitectura (1989). Dos premios e~ la 6 BI~nal de
Arquitectura (1991). Premio y mención ho~onfica en
la 7• Bienal de Arquitectura (1993). Premio en la s8
Bienal de Arquitectura (1995).

Notas
t

Un edificio de departamentos con comercios en la planta baja.
Se ubica en la esquina noreste de las calles 20 de Noviembre Y
s de Mayo, colonia María Luisa

2

Rafael José Verger.

3

Andrés AmbrÓsio de Llanos y Valdés.

4

Ernesto P. Uruchurtu, ex-regente capitalino en los años sesenta se distingue, entre otras cosas, por ejecutar violentamente
algunas labores de despejarniento de calles y banquetas.

5

Ya desaparecido. Estaba ubicado en la calle de Zaragoza entre Allende y Juan Ignacio Ramón.

Concebido en tanto praxis, el tiempo
recibe tratamiento especial en la lite:
ratura por cuanto se desarrolla en un
contexto de primera importancia. Si
la filosofía lo considera en tanto punto de apoyo en los sistemas cognoscitivos, la literatura lo adopta en tanto
marco teorético. En la historia literaria las referencias son innumerables.
Elemento sui generis, es un recurso
obsesivo, circular.
Conviene destacar que la literatura es, más que simple forma, un
conjunto de revelaciones; intuición
y expresividad comulgando en el
corpus general de la obra. El escritor
conforma sus elementos de manera
tal que estos configuren el continente y el contenido. Ligados profundamente entre sí, técnica y contenido
son correlatos; por lo mismo, en la
obra literaria el tiempo asume diversidad de conceptos, lejos de los procedimientos racionales circunscritos
al marco filosófico. Es decir, los
«pensamientos» y «reflexiones» de
los autores parten de la intuición; los
factores del pensar -como los denomina la lógica- no tienen cabida en
el fenómeno literario (no en el sentido dado por la epistemología). En
consecuencia, resulta interesante observar de cerca a los escritores para
determinar en esencia cómo visualizan el tiempo, qué significado le dan

y, primordialmente, de qué manera
enlazan dicho concepto en sus
obras.
Niveles y acotaciones

Es justo señalar que la literatura establece profundas diferencias entre
el decir y el pensar. El decir es la
expresión, el estilo, la justa aplicación de recursos técnico-lingüísticos; el qué de la Obra y todo eso,
que hace que una obra sea literaria
(la famosa literaturidad que designan los formalistas rusos). El pensar
se determina por los sustratos que el
lector pretende encontrar en la obra,
la temática general, los núcleos
axiológicos. Por un lado las imágenes son intemporales, recurrentes;
por el otro, se fijan en relación con
las diferentes escuelas literarias predominantes en tal o cual época determinada por los eruditos. Aquí la
historiografía acepta cronometrar los
sucesos desde la perspectiva tradicional, clasificándolos en escuelas,
corrientes, generaciones, o bien según los criterios de evaluación establecidos, como por ejemplo la trascendencia de la obra, la temática general o de acuerdo a las innovaciones que significan al hecho literario.
En este marco crítico, a nivel de
enunciados, el tiempo es un elemento regulador.

Tiempo f'lsico y tiempo literario

A partir de un lugar común -el tiempo, considerado como entidad física;
elemento constitutivo de la relación
espacio temporal-, se esgrime en tanto realidad insoslayable; todo ocurre
en un sitio y en detenninada época.
Así pues, el tiempo y su concepción
intelectual, como referencia pragmática, es un hecho relevante. En lo que
corresponde a este trabajo, en las líneas que siguen trataré de dirimir su
connotación específica; esto es, definiré el tiempo literario.
El argumento de una novela, la
sucesión de imágenes poéticas, el relato lineal o a saltos de un cuento
ocurren en un espacio y en un tiempo
estrictamente literarios. Una realidad
más .fantástica, ad hoc, se perpetúa
durante el proceso señalado: la realidad literaria. He aquí un acto sin malabarismos, fenomenología pura. Diferente a la realidad del lector, al espacio y al tiempo (condicionantes del
cuarto sujeto del arte, concomitancia
con el autor), la Obra responde a
otros niveles, diferentes al tiempo de
creación, al tiempo de lectura.
Lo sucedido en la narrativa o en
la poesía, constituye una realidad
aparte. El tiempo literario es una entidad circunscrita al qué de los perso-

�najes, al desarrollo de la argumentación. El espacio y el tiempo, en este
sentido, se marcan de cláusula en
cláusula, de oración a frase. A veces
una simple interjección marca el
transcurrir del tiempo. Una intención,
un gesto, un monólogo, delimitan el
cambio de escena, el fluir espacialtemporal.
Si ~¡ espacio es la página (o mejor
dicho: la página determina el lugar
donde se desarrollan los hechos), el
tiempo literario constituye el movimiento, el devenir de la vida de los
personajes. Puesto que éstos están
acosados por realidades diferentes
-aunque de cualquier manera son elementos que concurren en esta dimensión- el tiempo gira en razón directa
de la psiqué, de la praxis, de los contenidos. Referencia y convencionalismo comulgando en esta entidad, más
allá de nuestra propia realidad. De
esta manera, constituye una referencia estricta, una situación lejana a
nuestro propio organismo.

El tiempo en la narrativa
En el amplio espectro de la literatura,
asume diferentes connotaciones, tanto a nivel de enunciados como a nivel
de capitulaciones. El cubismo, por
ejemplo, considera que el tiempo está
inmóvil, hecho una eternidad; por lo
110

tanto, las obras etiquetadas dentro de
esta corriente, están concebidas con
exactitud matemática, arquitectónica.
Funcionan como los tableros de ajedrez. «La obr~ maestra del cubismo
hispanoamericano es El señor Presidente (que también muestra rasgos
surrealistas), inspirada en parte por la
novela cubista de Valle Inclán, Tirano Banderas». 1
Otro ejemplo digno de mención: El
jardín de senderos que se bifurcan, de
Jorge Luis Borges. En esta obra, las
ideas básicas de su filosofía están determinadas por el carácter laberíntico
del mundo, el eterno regreso, o sea la
continua repetición de acontecimientos del pretérito; la simultaneidad del
pasado, del presente y del futuro. Borges lo concibe en tanto dimensión concomitante; aquí el concepto del tiempo
circular se refuerza por las referenciasª «la luna baja y circular», el «alto reloj circular», etcétera.2 Para Borges es
un chispazo vital, un momento específico, circunstancial, en que se reúnen
las condiciones ideales. Punto de partida y regreso del ser. O, para decirlo en
una sola palabra: eternidad. El concepto, desde luego, es cristiano, escolástico.
Por su parte Elizondo, al meditar sobre la importancia de este concepto,
destaca:

Concebí de pronto toda la historia de
la 'narrativa mexicana' desde San1a
hasta Pedro Páramo como una de~
dada tentativa de manipular, de alguna manera, el tiempo. Y si los escritores no lo manipulaban, en la inmovilidad, o en el transcurso lentísimo de
sus desarrollos, dejaban siempre entrever una preocupación evidente por
ese fenómeno que es el 'paso del
tiempo'. A la luz que irradiaban las
carátulas de los relojes iba yo desci·
frando esa estructura de nuestra imaginación literaria en los rasgos de
nuestras novelas más importantes 0
. 1es.3
referencia
Efectivamente, en la narrativa
mexicana el concepto tiene importan·
cia capital; de alguna manera se
transforma en un elemento obsesionante tanto como parámetro existenci~I que en tanto factor esencial
del decurso lingüístico. A nivel de estructura, o bien como circunstancias
de la existencia psíquica de los personajes literarios, se determina en tan~
calidad de praxis. Los autores meXI·
canos recurren al tiempo en grado su·
mo: Los de abajo, de Mariano ~
la, de aparente estructura lineal, evt·
dencia lo anterior. Podría citarse el
caso de Aura, de Fuentes, Farabeuf.
0 crónica de un instante, del citado
1 Elizondo o bien Figuraciones en ti
fuégo, de Antonio Delgado.

En otras novelas, como Pedro Páramo -continúa Salvador Elizondo- el
tiempo se dirime en breves curvas cicloides, separadas a veces las unas de
las otras van creando una secuencia
de imágenes y de personajes cuya
unidad más profunda, no sólo el tiempo. sino también de espacio literario,
reside esencialmente en la escritura
que los anima. Particularmente interesante por lo que se refiere al tiempo
literario es el relato «Luvina» en el
que bajo la especie de algo que ya
aconteció se nos narra lo que acontecerá.4
El fantástico mundo que describe
Gabriel García Márquez en su obra
cumbre es inactivo, estático, por
cuanto la story (la manera en que se
nos narran los hechos) es consecuencia
de una «malhada historia ante. 5
nor». Los Buendía y Macondo acaban por desaparecer por esa incesante
repetición de nombres, de incestos y
situaciones que se manejan. En apariencia el tiempo es lineal, continuo;
sin embargo, al final de la obra se observa no sin cierta sorpresa que lo
único real es el manuscrito del gitano
Melquiades. El instante de la narración se reduce, aquí, al manuscrito,
que por otra parte coincide con el
corpus de la history, de la argumentación («Melquíades no había ordenado
los hechos en el tiempo convencional

de los hombres, sino que encontró un
siglo de episodios cotidianos de modo que todo coexistiera en un instante», acota el propio novelista).
Conviene destacar la existencia
de cierto paralelismo entre Pedro Páramo y la obra de García Márquez.
En la primera el tiempo se concibe a
saltos, como ráfagas incidentales, inconexas en apariencia: las situaciones
están enlazadas por el personaje principal; el pasado coexiste con el presente. En cambio en Cien años de soledad. la reincidencia está convenida
de antemano. Tanto en una obra como en la otra los sucesos se manejan
desde la perspectiva existencial; el
«futuro sido» se refleja en el presente. Y todavía más, en el instante: el
instante literario.
Cortázar maneja sus relatos a partir de lo fantástico, donde todo puede
ocurrir. El realismo fantástico de este
narrador se aparta del realismo mágico de los autores anteriores. Su Weltanschauung parte de visualizar la
realidad en su más amplia acepción;
es decir, Cortázar cree firmemente en
otros niveles, a diferencia de Rulfo y
García Márquez, quienes señalan la
magia de la realidad, lo onírico. De
hecho, en Cortázar el tiempo se delimita por las circunstancias. Es, también «un bichito que anda y anda».6

Simultaneidad, coexistencia, ubicuidad frente al tiempo móvil-inmóvil.
Entre la contradicción y la paradoja,
el tiempo cortazariano es un elemento
ftjador del decurso narrativo. Los
cuentos de Todos los fuegos el fuego,
por citar un título al azar, evidencian
esta preocupación del argentino.

Elemento circunstancial en la
ciencia ficción
Si las filosofías escolástica y moderna hablan de la eternidad, en tanto totalidad de tiempo, o bien en tanto ausencia total de él, James Joyce nos ha
dejado ilustrada esta concepción en
El retrato del artista adolescente. 7
La conciencia filosófica discurre sobre diversas interrogantes; empero,
Heráclito señalaba todo lo contrario:
consideraba el tiempo como transcurso, movimiento: devenir. Para este filósofo griego, el tiempo era el río en
cuyas aguas nunca nos bañamos dos
veces. Los escolásticos, siglos más
tarde, predicaron las tesis aristotélicas, aunque decantadas (disfrazadas,
he ahí el ténnino exacto). Virtualmente, la idea del eterno retomo es
contraria a la del presocrático citado
y nos permite tener la oportunidad -o
la esperanza- de volver a bañamos en
las mismas corrientes acuosas. Por
otra parte, Bergson puntualiza que no
existe el tiempo: el cambio es lo evi111

�dente, lo unido digno de tomarse en
cuenta.
En este orden de ideas, es claro
que los filósofos tienen discípulos literarios, autores que en una u otra
forma adoptan -y adaptan- los principios filosóficos en sus obras. El fenómeno literario se sucede en una
tautología condicionada por la visión
i'
de cada autor. En el caso de Proust,
seguidor de Bergson, la memoria es
un mecanismo capaz de detener el
curso de la evolución de la realidad,
factible de detenerse a voluntad de
aguardar en la corriente inmóvil --el
río heracliteano--, hasta que el punto
deseado pase; la memoria, según este
razonamiento, genera la realidad, las
diversas transformaciones de la existencia, el tiempo mismo. Es claro que
Proust lo concibe en tanto referencia
intelectual.
La concepción del tiempo como
río en movimiento ha propiciado toda
una corriente de importancia: la
sciencie-fiction. Ciencia y fantasía
hermanadas bajo este rubro esgrimen
diversidad de elementos para surcar
el tiempo, esa dimensión física, a veces intelectual. Es evid_ente que desde
H.G. Wells las «máquinas del tiempo» surcan los espacios terrestres; sabios, generalmente locos, que manipulan esta entidad a partir de ciertos
112

procesos atómicos. Los temas son
reiterativos. Aquí la teoría de Einstein tiene infinidad de prosélitos que
fantasean con la misma; puesto que
para este matemático el tiempo es
una propiedad de las cosas (mejor dicho: cada cosa es su tiempo), la ciencia ficción adopta y adapta, estos elementos físicos para lucubrar toda clase de historias. De esta doctrina epistemológica a la convicción de un anti-universo sólo hay un paso: el antitiempo, con marcadas aplicaciones
matemáticas. El tiempo inverso que
se dirige hacia el origen en un universo «fáustico» (la concepción del universo se retrotrae al origen; las cosas
fluyen a la inversa, hacia el punto inicial. El tiempo fluye, eternamente,
hacia la nada).
Al realizar un análisis, exento no
del todo de humorismo, sobre La se- ·
mana de los tres domingos, de Edgar
Allan Poe, Julio Veme concibe el
tiempo en tanto entidad reflexiva, referencia. Para este autor, considerado
como iniciador de género, es un elemento generado por la mente; existe
como simple referencia. 8 Otro autor
de ciencia ficción, Hebert George
Welles, se ocupa del tiempo como río
en su «cronodisea» (La máquina del
tiempo), que no es más que la experiencia de remontar la corriente, de
vislumbrar el tiempo. Welles genera

el tiempo como una cuarta dimensión; de este conocido autor, contemporáneo de Veme, se puede advertir
que su concepción sobre un futuro
equívoco de la humanidad es su principal temática. Como cuarta dimensión espacial, tiene su fiel exponente
en una obra aterrante (por el suspense
de que hace gala el autor): La sombra
que vino del Tiempo, de Howard Phillips Lovecraft.

Tiempo y poesía
Antes de entrar en materia, es necesario delimitar las formas que adopta el
lenguaje: el filosófico o científico,
que intenta evitar toda posible ambigüedad, para que lo que se exprese
quede en su e~encia, partiendo de
ciertos esquemas lingüísticos, normativos, y el poético. Este último lenguaje es dual, ambiguo y parte de la
diversidad de significados que adoptan las imágenes, las metáforas (lo
que los lingüistas denominan con
acierto como «polisemia»).
En la poesía, la palabra adquiere funciones más ricas que en otras esferas
del pensamiento; tal vez sea un fenómeno que guarda cierta semejanza,
como algunos antropólogos sostienen,
con el lenguaje mágico de las sociedades primitivas. Importante es, pues,
recordar que la poesía es transforma-

ción y que creador y lector deben participar en esta comunión por el canto.
A diferencia, insistamos, del lenguaje
objetivo de la ciencia, el lenguaje
poético comunica algo que no existía,
en tanto contenido, antes de la experiencia creadora... 9
En este mismo orden de ideas, la·
poesía no intenta conceptualizar las
cosas; antes que nada, el poeta visualiza, intuye, siente. Las vivencias son
intensas. Un verso puede generar toda una gama de conocimientos. A veces el poeta se adelanta a su época e
integra, merced a su obra, toda una
serie de preceptos y conceptos. Por
ello se dice que el poeta es un vate;
esto es, un profeta. En relación con el
tiempo, la poesía universal responde
de buen grado a dicha temática. De
manera casi fortuita, en ocasiones
con un marcado dominio de las tesis
filosóficas predominantes, la poesía
vive en un tiempo perenne. Apollinaire, por citar un ejemplo, sólo en
ocasiones se ocupa del tema. Es cierto que las referencias son escasas; sin
embargo, el poeta confronta su obra
en virtud de sus concepciones temporales. Para este visionario, verdadero
precursor del surrealismo, el concepto es aterrador, inexorable:
Buenos días ratón del tiempo
que poco a poco roes mi vida.

10

La experiencia vital entrega al
poeta una imagen más contundentes
.
11 l .
en sus eal1gramas:
e tiempo es
efímero, lineal, discontinuo (no hay
que olvidar el aspecto vivencia), lírico). Y todavía más: la vida es una
simple expresión de eternidad, un devenir sorpresivo. Tiempo y vida están
íntimamente relacionados. Puede derivarse que el tiempo es vida, existencia. De esta manera, el visionario
acepta -intuye- la convicción de que:
Todo es una efímera llama
que hace florecer a la rosa
de donde sube un suave aroma,
y por lo mismo es esencial. Todo es
un tiempo suspendido aetemis,
aguardando el momento de la creación. Más que poética, la concepción
es religiosa, cuasi bíblica; por ello, la
referencia al suave aroma que asciende se hace sospechosa: la criatura se
manifiesta hacia lo alto, hacia la divinidad, rindiendo pleitesía. Es, por lo
mismo, expresión del Creador.
12

· Para Charles Baudelaire,
la
idea del tiempo está ligada a la fatalidad. Tiempo y destino se conciben a
nivel de mitología. Cronos devora a
sus hijos porque los hados así lo han
dispuesto. El autor de Las flores del
mal asiste impertérrito a su destrucción. La imagen es violenta:

Y el Tiempo me devora segundo por
segundo, como la nieve inmensa a
una carne aterida...
En momentos adopta actitudes antropomórficas, aunque siempre la
concepción está correlacionada a la
fatalidad:
...el Tiempo es jugar tenaz, ¡Que no
hace trampa y gana tiro a tiro! Es la
ley.
La cronología, para Ezra Pound,
se dirime en un transcurso intemporal. Una paradoja: la tribu del hombre exhibe a la historia por cuanto
que se vive el fin del tiempo rectilíneo. La visión de este concepto corre paralela a su expresividad: las diversas lenguas -incluso las muertas,
como el latín y el griego homérico-señalan un instante de tiempo radiante en virtud de que la eternidad
está teniendo lugar en el ámbito del
13
mundo.
La idea de un tiempo circular es una
de las más reiteradas obsesiones de la
filosofía occidental. La Odisea es su
primera gran figura poética: mientras
más se aleja el héroe de su origen más
cerca está de él. En el orden de la historia de la filosofía su expresión culminante es tal vez la filosofía del eter113

�no retorno de Nietzsche y en el de la
literatura el Ulises de Joyce. 14

el 'happening' es una alegoría de la
muerte. 16

Más adelante, Elizondo puntuali-

Paz examina de cerca el tiempo
en la obra lírica, en su transcurso. El
tiempo se salva gracias al ritmo, a la
melodía que el poeta auténtico imprime a los versos. Y sin embargo, la
poesía es intemporal. Paz, no hay que
olvidarlo, es poeta y como tal responde a esta preocupación. El concepto
es vivencia! -si se me permite el término-, puesto que parte de la experiencia como productor literario. Así
pues, en otra parte señala contundente:

za:
La idea es bastante sencilla: si las cosas que componen el mundo son de
número finito las combinaciones entre, ellas tendrán que agotarse, luego
volver a repetirse; así todos los instantes volverán a pasar como ya pasa, d'1a. 15
ron ... a]gun

Eternidad y reacción
Esta misma idea se encuentra presente en la obra de Octavio Paz. En su
obra lírica recurre al instante, a lo que
él denomina la «tradición de la ruptura». Las imágenes pacianas no son
fortuitas: por su parte se «disparan»
hacia la fijación de sus revelaciones
y, por otra, se proyectan en lucubraciones cuasi filosóficas. Empero, su
obra ensayística demuestra la obsesión que del tema tiene este autor.
Veamos un ejemplo:
El instante se disuelve en la sucesión
anónima de los otros instantes. Para
salvarlo debemos convertirlo en ritmo. El 'happening' abre otra posibilidad: el instante que no se repite. Por
definición, ese instante es el último:

En el discurso una fase prepara a la
otra; es un encadenamiento con un
principio y un fin: en el poema la primera frase contiene a la última y la
última evoca a la primera. La poesía
es nuestro único recurso contra el
tiempo rectilíneo -&lt;:ontra el progreso. 17
En pocas palabras. se contiene en
la poesía (entre una y otra frase); el
tiempo literario es diferente al de la
creación, al tiempo real, genérico del
autor. En términos literarios Paz tiene
razón: la poesía es intemporal; en términos filosóficos, e incluso sociológicos, el concepto es enajenante, una
aberración: creer que la poesía es un
único recurso contra el progreso -es-

to es, contra la idea del tiempo lineal- es caer en dogmatismos. Curiosamente, dramáticamente, la concepción paciana se proyecta a ultranza en
sus reflexiones. En Corriente alterna
observa que la clasificación normal
del tiempo -presente, pasado y futuro-, ha dejado de constituirse en núcleo axiológico; la nacionalidad de
los grandes centros productores de arte no funciona. Asistimos, dice Paz,
al nacimiento de un arte nuevo, mientras la modernidad sucumbe junto
con el nacionalismo. De esta misma
manera, modernismo o vanguardia se
erigen en «reliquias del tiempo lineal». 18 Y es que para Octavio Paz:
Todos hablamos simultáneamente, si
no el mismo_idioma, el mismo lenguaje. No hay centro y el tiempo ha
perdido su antigua coherencia: este y
oeste, mafiana y ayer se confunden en
cada uno de nosotros. Los distintos
tiempos y los distintos espacios se
combinan en un ahora y un aquí que
está en todas partes y sucede a cualquier hora. A la visión diacrónica del
arte se superpone una visión sincrónica. El movimiento empezó cuando
Apollinaire intentó la conjunción de
varios espacios en un poema; Pound y
Elliot hicieron lo mismo con la historia, al incorporar en sus textos otros
textos de otros tiempos y de otras lenguas. Estos poetas creían que así eran

modernos: su tiempo era la suma de
los tiempos. 19
Paz cree que la «vanguardia» y
la «modernidad» responden a la negación de la cronología; esta idea se
ve reforzada por su concepto de
eternidad: el instante de todos los
instantes. El tiempo se encuentra
suspendido en una singular «tradición de la ruptura» donde la obra y
el autor coexisten con la obra y los
autores de otras épocas. El tiempo
actual, si seguimos la reflexión de
este autor, es la suma de los instantes pasados. Dicotomía, negación de
los contrarios. Eternidad.

El corazón del espacio
Dentro de la esfera lírica, asume diversidad de connotaciones, todas en
relación con el sentimiento, el path6s
del artista; según la intensidad de Ja
vivencia se refleja el concepto; en este sentido, el vocablo puede indicar
una tempestad, un relámpago cálido.
De cualquier manera:
Sólo el poeta puede decimos que el
tiempo es el corazón del espacio. 20
La poesía clásica española constituye un muestreo de lo anterior. En
l~s Coplas de Jorge Manrique, 21 el
tiempo se denota por su inherente

fugacidad; el tránsito es irreductible.
El presente se termina de inmediato,
Y el pasado es lo que aún no llega;
esta conceptualización representa un
antecedente inmediato de las tesis
existencialistas:
Y pues vemos lo presente

Cómo en un punto es ido
Y acabado,
Si juzgamos sabiamente,
Daremos lo no venido
Por pasado.
Para Fray Luis de León es un
simple impulso, un incentivo: «El
tiempo nos convida / a los estudios
nobles». 22 Ramón de Campoamor,
en su poema «Lo que hace el tiem23
po», señala el fluir del mismo y
los estragos que causa en Blanca
Rosa de Osma -a quien dedica los
versos-; su meditación va del amor
al destino. La vida -y el tiemposon los culpables de los sacrificios
por las que pasa la humanidad. Empero, si se desea vivir es necesario
correr hacia lo eterno, hacia Dios.
La divinidad es, pues, Ja eternidad,
la totalidad del tiempo. De los postrománticos del siglo XlX, Bécquer
representa la fuerza de esta escuela·
para este autor, el instante puede'
adoptar la forma de siglos, siempre
y cuando el espíritu se encuentre
atenazado por la angustia:

en el alma avisaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte
'
para la que un instante son los si24
glos...
En cambio en Juan Ramón Jiménez, es «el movimiento / de lo eterno
que vuelve, en ello mismo¡ y en uno
·
25
mismo.·· Como poeta, anhela conocer su secreto:
¡Oh tiempo, dame tu secreto,
qué te hace más nuevo cuanto
más envejeces!
El pasado es menor, mientras el
porvenir más amplio. El presente se
compara al instante «de la flor del al26
~endro. »
Por supuesto que el
tJempo es una simple referencia, vuela «~~mo una / mariposilla esquiva».

Desierto ilimitado
Para Pedro Salinas, en ese poema lírico denominado justamente El contemplado, el tema se presta a diversas
lucubraciones poéticas:
«Tiempo redondo, centro
de concéntricos gozos, hora limpia,
cielo de circo, allí mi siempre puro
con sus saltos bosqueja el aire

�lo que alguien, si supiese, !!SCribiría». 28
Cemuda, en cambio, observa su
importancia, capaz de exhalar «luces
vegetales, / Amores caídos, / Tristeza
sin donde». 29 También es un desierto blanco, ilimitado, donde algunos
anhelan asir sus reflejos:

ti

Y tiempo, ese blanco desierto ilimitado,
Esa nada creadora, amenaza a los
hombres. 30
Por supuesto que, en este mismo .
sentido:
La vida en tiempo se vive,
31
Tu eternidad es ahora.
Puede decirse que el poeta, hijo
de la tierra y el viento, vive lejos del
tiempo:
Hijo feliz del viento y de la tierra,
Libre en su mundo azul, puso tal lira
De juventud y amor, vivo sin tiempo. 32
La ficción de Cemuda, en cambio, lo lleva a concebir diversos
«tiempo del tiempo». En lugares y situaciones diferentes, el concepto se
desenvuelve siempre en relación con
el hombre:
116

Acaso en el infierno el tiempo tenga
La ficción de medida que le damos
Aquí, o acaso tenga aquella desmesura
De momentQS preciosos en la vida.
No sé. Más allá el tiempo, según dicen,
Marcha hacia atrás, para irnos desviviendo. 33
Es decir, el tiempo marcha hacia
adelante impregnándose de desmesura, de vida; cuando es a la inversa, en
un universo de energía pura, nos desvive.
En la poesía española contemporánea; transterrada en México, también es importante. Tomás Segovia,
por ejemplo, anhela sembrar la luna
en el tiempo; 34 paz y tiempo son
conceptos enlazados: el poeta no tie.
d'1ar1o; 35 en oca-·
ne calma hasta meen
siones la imagen se fija en la «ingravidez del tiempo»; 36 además, Segovia canta «navegando el tiempo / so37
bre el regio oleaje de su danza ... ».
Por momentos, también:
...es una inmensa y silenciosa diáspora las horas siempre llegan tarde eternamente espera el amor al amor al pie
del viejo tronco sobre el que gira el
tiempo.

La temática es capital de Segovia:
tiempo que no avanza, sangre que
hiela «en las venas del tiempo» y la
metamorfosis de una a otra desconocida entidad:
un dia no sé cuando mudó de raza el
tiempo. 38
Para Juan Cervera, el tiempo de
que habla el refrán es oro; también
puede asumir diversidad de formas.
Conceptos disímbolos y diversos (como amor, luz, gloria, patria), están
concatenados al tiempo. Y aún más:
.
de1rmsmo.
.
39
son expresiones

ceiba puede considerarse en tanto «novia del tiempo». Pero vayamos por
partes. Pellicer señala el transcurrir:
Corono tu recuerdo desde una isla
griega que vidria el sol y el tiempo no
pasa sino juega. 40
El amor está, por supuesto, conca~
tenado al tiempo, a su perenne fugacidad:
Y estoy en ti.

Casi como en mí, dentro de pocos
años.
¡Y pasa un minuto y ya siento
los recuerdos del porvenir! 41

Los rostros del tiempo
De los poetas m~xicanos, quizá el más
preocupado por la temática que me
ocupa es Carlos Pellicer. A lo largo de
su obra se refleja esta constante: el
tiempo en relación con el hombre, con
la poesía; sitio de vida, tiempo -pájaro, tiempo-sueño. Nada y eternidad
confabulados para desordenar la hierba. Tiempo-flor; tiempo cartesiano,
mecanicista, donde las garzas pueden
inmovilizarlo. Las referencias son
múltiples. A cada momento el concepto asume otro significado. Ambivalencias. Poesía. De esta manera, se renace
desde el fondo de la mañana-tempo.
El trópico es un elemento quelasume
~bién diversas connotaciones: la

También es la dimensión creadora, merced a la cual el poeta escribe.
Un recurso utilizado en demasía en
otros poetas, pero que en Pellicer cobra vitalidad:

el tiempo sin el tiempo que es el sueno
... 43
En momentos puede integrarse a
la divinidad, ser la divinidad:
El tiempo entre los ángeles me observa. 44
El tiempo se marchita lejos del
45
mundo; aunque durante la tempestad en las escapadas cumbres andinas, fallece gracias a los relámpagos:
Diríase que el tiempo perece
a cada latigazo de esplendor. 46
El mecanismo del tiempo puede
ser captado gracias a los relojes,
siempre y cuando éstos no se des47
compongan. El poeta da «tiempo
·
48
para e1tiempo»,
pese a que:
Las garzas inmovilizan el tiempo. 49

En mitad de la noche habito el tiempo. 42
Como recurso, como latigazo retórico, el tema se presta. a la definición onírica:
El ángel alto de la medianoche,
llega
Disponiendo el encanto
del tiempo enriquecido sin el tiempo;

Más adelante señala el continuo
renacer, y su funcionalidad. Las imágenes son dinámicas, pragmáticas:
Yen una línea nueva de la garza,
renace el tiempo,
lento, fecundo ocioso,
creado para soñar y ser perfecto;
he aquí el quid del asunto: el tiempo
está en relación con la perfección del

hombre; es un medio, un camino. Pero, ¿qué tiempo es este del mar, donde el instante se perpetúa en el oleaje? so La eternidad del paisaje está
contenida en un tiempo, en un espa•
51
c10 compactos, y por lo mismo:
Tanto su tiempo la tarde extiende
que en dos azules
uno despide y el otro vuelve. 52
Incidentalmente el tiempo repta,
se escurre entre las ramas de la ceiba
(denominada por el poeta &lt;~oven de
los siglos») y ésta a su vez lo delimi53
ta.
La transparencia del tiempo
acecha «desde el fondo / de la mañana elemental...» 54
Los fonemas silbantes fluyen como
música de sonaja. El tiempo, en este
contexto, asume una actitud expectante;
asiste al espectáculo de la mañana A
veces alcanza la calidad del diamante:
tiempo-amor, tiempo-sueño, según el
criterio de quien lo sienta. 55 El tiempo,
pues, es palpable; la medida del movimiento del hombre.
En José Gorostiza, los rostros del
tiempo son diferentes a la concepción
del otro tabasqueño. Al observar la
obra cumbre de este autor, Muerte sin
fin, se concluye que la concepción del
movimiento temporal es repetitiva,
estéril, contraria a la tesis hegeliana.
117

�El tiempo es irreversible Y jamás
vuelve al punto de partida en el filósofo austríaco; en cambio en Muerte
sin fin el proceso es un «retorno c!rcular». La muerte, en consecuencia,
es un transcurrir vital dentro del tiempo; por ello, la «muerte sin fin», la
eterna, es la verdadera vida. La relación entre el vaso y la divina (forma
y fondo, continente y conte~ido) se
resuel{e mediante la mecánica eslabonada del «estéril repetirse inédito»,
del tiempo divino. 56 Por lo mismo:
. 57
Es un vaso de tiempo que nos iza.

El enterrador de historias
Para Rubén Bonifaz Nuño, el tema
constituye una ciudad asentada, o
mejor dicho: sustentada en la luz del
sol:
Rostro inmóvil del tiempo; insigne
ciudad fundada con la hoguera
del sol; sentido sustentado
por la alegre ruina de ciudades
.
58
que engendraron la cmdad eterna.
El tiempo, de hecho, es una dirección, un sentido, un vector que determina el paso de las ciudades; este
transcurrir es definitivo:
Rostro del tiempo que transcurre;
de muros eternos consumada,
arde la caída de otros muros;

los despojos del irreparable
.
59
tiempo que huye para el tiempo.
La visión del poeta es cósmica,
religiosa. La nada se une al concepto,
vuelve «como la llama o como el
tiempo». 60 y es que tarnb.,
1en es capaz de repararlo:
Todo se le muestra, nada teme;
nada encubre, todo lo protege.
Nacientes formas perfecciona,
llama de salud conduje, fija
61
es un punto el tiempo y Jo repara.
Si en Bonifaz Nuño es vectorial,
en Jaime Augusto Shelley se aplica a
circunscribir la realidad circundante,
por cuanto acaso:
La noción del tiempo cuelga, sucia y
sin cristal al fono
.d 62
de cualquier pared empobrec1 a.
Por supuesto que su concepción
es más vital, utilitaria (práctica, mejor
dicho). Deja atrás la mirada, los hechos de los hombres:
Es el tiempo inaplazable,
nuestro tiempo,
avejentado mirador hombro atrás
que mira tras de sí.
Sin palabras, sin sucesos.
Dejando atrás paradójicamente
la mirada. 63

La fuerza que muere
Entre los poetas de la década de los
cuarenta, la concepción del tiempo
asume diversos grados. Algunas veces como recurso, otras en tanto temática primordial. En el caso de Raúl
Garduño (1945-1980), tiene connotaciones específicas, de características
antropomórficas:
Llueve en el sur de alguna ausencia,
llueve sobre la ciudad, sobre el
.
64
escándalo de1tiempo.
También constituye una bestia, un
océano que avisora lo~ sucesos, «coi
5
tra un muro donde el tiempo ruge».
Por supuesto que también fluye, rueda «como una sombra, / como una
.
66 l .
guirnalda de guerra... ».
E liempo
amarilla «en las fosas de la muerte en
resurrección». 67 No obstante, Garduño sabe que es un:
enterrador de las historias
más puras. 68
En el caso de Osear González,
constituye movimientos energétic?s,
una fuerza que muere ante los OJOS
del poeta:
todo pasa despacio, ahora,
pesadamente,
corno rueda cansada

al fin
del movimiento.
Fuerza que se gastó
y cumplió,
fuerza que muere
ante mis ojos:
Tiempo. 69
El concepto toma ciertas atribuciones físicas, tales como «1man
oculto» y «ciego reflejo». Es una
70
. 1e «imagen
.
de la imagen».
.
s1mp
Para David Huerta, el tiempo discurre en el olvido; también abre su
vuelo en la penumbra. 71

terarias («El tiempo literario es una
entidad circunscrita al qué de los personajes», señalé en su oportunidad).
No se ha querido, de ninguna manera,
agotar la temática, pese a la abundancía de citas. Quede este trabajo como
un círculo abierto, campo para futuras investigaciones, que tal vez aleance otros niveles analíticos.

novelistas, &amp;tic. Turner, Madrid, Es-

paña, 1975, pp. 27-50.
6 La cita es de memoria. Cortázar pone
en labios de la Maga esta expresión.
Independientemente de su frescura y
hasta aparente ingenuidad, la oración
conlleva una carga semántica trascendental. Cfr. Rayuela, Edit. Sudarnerica
na, Bs.As., Argentina, 1969, 11a. edic.

Notas
1 Cfr. Menton, Seymour, El cuento hispanoamericano, t. 2, FCE, Colee. «Popular&gt;}, Méx., 1970, 3a. edic., p. 9
2

7 V. Elizondo, Salvador, op. cit., p. 187.
8 Apwl. Rebetez, René, la ciencia ficción, cuarta dimensión de la literatura, Cuadernos de Lectura Popular,

Apud. Menton, Seymour, op. cit., ib.

Colee. «La Honda del Espíritu»,
Méx., 1966. pp. 36-37.

SEP,

Los núcleos axiológicos
Corno se ha observado a lo largo de
estas líneas, el tiempo en la literatura
-principalmente en la mexicana- es
revelador en la obra literaria. Concebido en tanto praxis, se desarrolla en
un contexto de primera importancia;
corno elemento obsesivo, circular,
corno recurso lírico o como simple
referencia (tal el caso de Juan Rejano,
destacado poeta español, muerto en
México en 1976), el concepto adquiere visos trascendentes gracias a la
fuerza de la retórica. Marcadas y profundas diferencias se establecieron
entre los autores: desde la definición
del tiempo desde cada punto de vista
particular, hasta sus connotaciones li-

Elizondo, Salvador, Contextos, SEP,
Colee. «SepSetentas», Méx., 1973, pp.
156-157.
4 El autor acierta en sus apreciaciones
en relación con la estructura narrati va
de Pedro Páramo; no obstante cae en
una confusión «irreverente»: el relato
«Luvina» pertenece a El llano en llamas (también de Rulfo). El equívoco
es inexplicable, sobre todo tratándose
de Elizondo, un crítico justo y cuida&lt;loso.
5 Cfr. Blanco Aguinaga, Carlos, «Sobre
la lluvia y la historia en las ficciones
de García Márquez», De mitólogos y

9

V. Labastida, Jaime. El amor, el sueño y la muerte en la poesía mexicana,
&amp;lit. Novaro, Méx., 1974, p. 17.

10

Apollinaire, Guillermo, «Bestiario»,
Poesía, &amp;lit. Joaquín Mortiz, Méx.,
1967.

11 Loe. cit.
12 Cfr. «Las flores del mal», Obras,
Edit. Aguilar, Madrid, España, 1963,
2a. edic.
13

V. Cantares completos (versión directa de Vázquez Amara!, José), Edil.
Joaquín Mortiz, Méx., 1975.

119

�187.
15

Loe. cit.

26 Id., op. cit., p. 142.

16

v. Paz, Octavio, «Recapitulaciones»,

27 Id., ib., p. 145.

Corriente alterna, Siglo
Méx., 1940, 4a. edic., p. 70.
11

XXI

Edil.,

Id.. op. cit., p. 11.

28 Salinas, Pedro, «El Contemplado»,
Poesía (selee. y not. de Cortázar, Ju.
lio), Alianza Editorial, Madrid, España, 1911, p. 137.

18 Id., op. cit., p. 23.
19 Id., op. cit., pp. 23-24.
20

Cfr. Huidobro, Vicente, Poesía y prosa, Edit. Aguilar, Madrid, España,
1967, 2a. edic., p. 325.

La imagen es hermosa: el tiempo concebido corno océano sobre el cual el
poeta navega hacia su destino.

lec. «Sepan Cuántos... », Méx .. 1972,
8a. cdic., p. 19.

14 Cfr. Elizondo, Salvador, op. cit.. p.

29 Cernuda, Luis, LA realidad y el deseo,
FCE, Colee. «Tezontle», Méx., 1970,
1a. reirnp. de la 4a. edic., p. 92.
30 V. id., ib., p. 149.

38 La transformación del tiempo en una
nueva dimensión es clásica en la literatura, sobre todo en la ciencia ficción, corno ya vimos en su oportunidad.

22 Op. cit., p. 32.

40

32 Cfr., id., op. cit., p. 32.
33 y., op. cit., p. 311.
34

Segovia, Tomás, Anagnórisis, Siglo
XXI Edil., Méx., 1967, p. 42.

23 V. op. cit., pp. 299-305.

y. Pellicer, Carlos, Antología, FCE,
Colee. «Popular», Méx., 1969, p. 6S.

25 Jirnénez, Juan Ramón, Platero Y yo.
Trescientos poemas, Edit. Porrúa, Co-

120

37

Obsérvese que las citas están en aparente desorden, aunque son válidas
desde el punto de vista de la exposición. /d., op. cit., p. 119.

Id., ib.• p. 285.

49 Loe. cit.
50

mar tendía / su instante de camisas en la playa. / Blancos. Playas.
Tiempo», expresa el poeta. La imagen
se fija en la eternidad del paisaje,
Cfr., id., ib., p. 289.

51 El poema en cuestión expresa lo siguiente: «En el tiempo compacto / de
los dos mil trescientos metros de altura, / los paisajes están en un solo acto». Cfr., id., ib., p. 294.

42 Id., ib., p. 82.

53 Cfr. p. 308 de la obra citada.

43 Cfr., id., op. cit., p. 132.

54 Musicalidad y conceptos enlazados:
«En el sonido son sonoro /. de la sonaja resonante de su explosiva actividad/ que masca desde el fondo/ de la
mañana elementa... » Los recursos de
Pellicer son amplios, sobre todo en lo
que respecta al uso de la fonología. V.
id., op. cit., p. 316.

Analícense los versos de la p. 138 en
la obra referida.

45 Pellicer señala concluyente: «Y este
mundo cerrado / que se abre al interior de un bosque antiguo/ ve marchitarse el tiempo... », id., op. cit., P· 154·

55

Loe. cit.

68 V. id., op. cit., p. 60.

69 González, Osear, Tiempo adentro,
UNAM, Méx., 1970, p. 22.
70 Id., ib., p. 43. El poema señala lo siguiente: «Y el tiempo que desgasta,
imán oculto, / Ciego reflejo del Dios
de la caverna,/ Imagen de la imagen
de la imagen...»

« Y el

52 Y. id., op. cit., p. 301.

44

36

48

41 Id., op. cit., p. 96.

35 Cfr., id., op. cit., p. 86.
24 Cfr. Bécquer, Gustavo Adolfo, Rimas, Leyendas y narraciones, Edit.
Porrúa, Colee. «Sepan Cuántos...»,
Méx., 1967, 3a. edic., p. 32

47 Cfr., id., op. cit., p. 284.

56 Gorostiza reflexiona poéticamente:
«Es el liernpo de Dios que aflora un
día,/ que cae, nada más, madura, ocurre, / para tornar mañana por sorpresa
/ en un estéril repetirse inédito». V.
Labastida, Jaime, El amor, el sueño y
la muerte en la poesía mexicana,
Edit. Novaro, Méx., 1974, p. 191.
51

39 Cervera, Juan, Donde el tiempo no es
oro, Edic. Tarayal, Cádiz, España,
1966, p. 43 . El tiempo asume otras connotaciones en sus libros posteriores,
principalmente en Inventando el olvido (Candil, Méx., 1976) y en El prisionero (Edic. Rialp, Colee. «Adonais»,
Madrid, 1978).

3l Loe. cit.
21 y. LAs cien mejores poesías líricas de
fa lengua castellana, (selee. y not. de
Menéndez Pelayo, M.), Suárez-Librero, Madrid, 1967, 6a. edic., pp. 2-3.

46 V. el poema «La tempestad en los
Andes». La visión es terrorífica. Op.
cit., p. 2.~6.

Cfr., loe. cit., p. 358

58 Cfr. LA flama en el espejo, FCE, Colee. «Letras mexicanas», Méx., 1971,
p. 10.
59

Loe. cit.

60

V. id., op. cit., p. 11.

71 Huerta, David, El jardín de la luz,
UNAM, Méx., 1972, pp. 45 y 64, respectivamente.

61 Cfr. op. cit., p. 82.
62 V. Shelley, Jaime Augusto, Himno a
la impaciencia, Siglo XXI Edit., Colee. «Mínima», Méx., 1971, p. 33.
63

Cfr., id., op. cit., p. 53.

64

Garduño, Raúl, Poemas, Gob. del
Edo. de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas, Méx., 1973, p. 67.

65 Loe. cit., p. 80.
66

Cfr., id., op. cit., p. 23.

67 Loe. cit.

121

�LA CASA DE LOS LEONES
para don Isidro

Gabriela Riveros
Descubres el retrato. Imposible que
seas tú, Paula... Paula... Contemplas
los ojos y percibes el abismo entre la
mirada de tus cinco años y la de hoy.
Tus cejas se han poblado, tu frente es
más pequeña en proporción al resto
de la cara, la forma de tus manos permanece idéntica. Quieres escuchar a
esa niña que después de retratarse salió al escenario a bailar en su festival
de fin tie cursos. Ni siquiera recuerdas ese festival... Cierras los ojos; pasa tu madre y te llama.
Paula-niña vuelve el rostro.
Tomas su mano. Tu madre dobla
el cuerpo hasta recargar su oreja en
tus labios. Susurras. Hoy intentas en
vano recordar aquellas palabras, ecos
enterrados en los rincones de tu memoria. Descubres el silencio, como
mariposa nocturna que revolotea en
tu habitación. Te acoge una sensación
de extrañeza, frunces el ceño y delineas con el índice una figurilla en el
tapiz del sillón.
Crees que esa niña nunca ha existido; quizá es sólo la conjugación de
un instante que perdura atrapado en
esa fotografía. Te parece irónico que,
después de dieciséis años, esos ojos
te sonrían; te aterra imaginar esa mirada dentro, ese par de cristales negros estáticos -emiten un mensaje

que hoy no comprendes, ¿quién hilvanó la serie de impulsos eléctricos
que avanzan tras ese rostro ingenuo?-. Eres tú... la misma Paula, -injertada, disfrazada, multiplicada, olvidada...-. Eres ·el fruto de una sucesión de reemplazos, de muertes imperfectas. Diversas Paulas se apoderan de ti con el paso del tiempo. Hojeas el álbum y te cercioras de ello
(Paula con piñata, Paula sobre el caballo, Paula con elote, Paula y la
montaña rusa, Paula graduación, Paula frente a pirámide, Paula en Zacatecas). Eres todas y nunca la misma. De
pronto te concibes como una criatura
con un embudo interno en el que conviven tus muecas, tus dedos de pianista, innumerables pares de ojos. Intentas apresar una sola imagen tuya y
no la encuentras. El instante te modifica, (ahora mismo lo hace). Cierras
el álbum y te diriges al baño.
Contemplas tu iris en el espejo y
una náusea te agolpa. Descubres una
mirada ambarina, se pierde con el
olor que cuelga del toallero. Cierras
tus párpados. Brota una imagen que
permaneció dormida durante años, un
acto involuntario que te obliga a revivir un instante. Revivir, re vivir, vivir, ir. .. Observas tu iris de nuevo, un
estanque en el que duermen tus angustias, coaguladas como concha de
mar.

Recuerdas la casa en la que vivían
tus abuelos, aquella con macetas y
enredaderas que colgaban de la terraza mientras las moscas perpetuaban
una danza fúnebre bajo el sol y las familias dormían la siesta. De pronto te
descubres mirando el pasillo donde se
diluían los ronquidos del abuelo, el
claro de la luna y las sombras que
colgaban de la pared. Intentas cruzar
ese túnel mientras la luna asoma por
las persianas y los cuartos se vuelven
una fotografía antigua. Los abuelos
permanecen rígidos, los labios violetas, entreabiertos, las manos yertas
cruzadas sobre el vientre. Abuelita,
tengo miedo... Acuéstate aquf, no tienes por qué tener miedo. La noche te
aflojaba las piernas y los ronquidos
del abuelo te hacían regresar a la recámara en la que debías dormir, la
que años antes era de tu madre. Las
hojas de los árboles cuchicheaban
cerca de la ventana.
Desciendes por las escaleras, te
internas en ese labe_rinto de cuartos y
muebles antiguos ajeno al resto de la
casa. La abuela toca el piano concentrada. Bajas al sótano. La respiración
de la abuela se vuelve espesa; ignoras
el hechizo que traman sus dedos venosos. Desciendes ... Abuelita... tengo
miedo... La Cacería de Mendelsohn
asciende por los barandales y recorre
las habitaciones. Desciendes... La

música se apodera de la casa mientras
ella desliza sus manos sobre el teclado, el volumen aumenta y la melodía
estremece el candil. Percibes la luz
ocre que se filtra por la ventanilla; se
divide en pequeños rayos fijos sobre
sfbanas que cubren muebles. Las parliculas de polvo se revuelven prisioneras en los túneles.
Naturaleza Muerta.
Parece imposible que aquella anciana sentada frente al piano sea el
puente entre individuos ancestrales y
seres de fin de milenio -como tú, como
las figuras de cristal sobre la mesa de la
sala, como aquel gato que merodea la
terraza y el tío soltero que estudia en su
cuarto-. Sabrás que la melodía no se
filtra al sótano; se vuelve una especie
de resplandor que diluye las figuras y
muebles que aparecen a tu paso.
Observas fotos de bebés que, según
t~ ~an dicho, son tus tíos, una Singer
vieja, olor a madera. El polvo se adhiere
a las suelas de tus zapatos mientras descubres cucarachas con las patas encogidas, las colchas que tejió la abuela, roperos. El sótano murmura, crujen los
muros. Abuelita, tengo mkdo...
Sales del baño. Te recuestas en la
cama, múltiples rostros te observan
desde las repisas, muñecos de ojos

grandes. Sabrás que el tiempo aún
transcurre igual, porque abarca instantes huecos en los que de pronto te
encuentras a ti, a Paula... Sabes que
s?lo tienes acceso a este instante (te
sientes cautiva en él); no a existir en
los que te otorga la imaginación ( •0
'?) . . .
(,
SI · , m a v1v1r un futuro casi inmediato que tal vez consista en ir a la cocina o en quedarte dormida para despertar al día siguiente inmersa en la
cotidianeidad. No puedes revivir otro
instante, aunque te parezca tan próximo como extender el brazo y tomar el
libro que descansa sobre el buró. Escuchas tu respiración, el flujo de electrones que zumban mientras recorren
cables y se aglutinan en el foco. No
tienes acceso a modificar el pasado
(ni tampoco el momento que vives
ahora... ahora mismo ... mientras lees,
o recuerdas, o sueñas esto). Permaneces atrapada en esta encrucijada de
pasado Y futuro en el presente que
ahora mismo muere en ti, para permanecer en ti ...
No pudiste olvidar la mirada del
hombre en el sótano por más que te
explicaron que se trataba de un mozo
de un desempleado de Fundidora qu~
se encargaría de barrer, lavar los autos, la cochera...
Entonces, ¿qué hacía en el sótano,
sentado dentro de un armario con las

manos sobre los muslos? ¿Por qué
permanecía inmóvil, con los párpados
entreabiertos mostrando una mirada
am~arina, como una mariposa que
suena, esperando a que rompa la noche... ?
Paula, aún vives en esta ciudad
q~e se comió tu infancia, en este paraje de colonias y avenidas. No concibes cómo articula vivencias tan distintas bajo un mismo nombre, cómo
encierra la ruta que seguía tu transporte escolar cuando asistías al kínder
Ycómo ahora dieciséis años más tarde casi la has olvidado. No recuerdas
haber visto de nuevo aquel rumbo. La
ciudad se traga los recuerdos y los escondes en sus entrañas, sólo te deja
unas imágenes amarillas.
Paula, aquella casa, la «de los leones» aún existe, ahora mismo envuelve habitaciones, jardines y sótano.
Bastaría tomar el auto para llegar a
ella, quince minutos por Gonzalitos
Distrito B-4 # 401, Colonia Leones. '
En la barda del jardín aún debe
permanecer aquel día en el que encontraron una chicharra. La abuela la
recogió del suelo para mostrártela. Te
fue difícil asimilar que aquella criatura plateada con ojos de canica y alas
de mosca fuera la responsable del
canto nocturno, la compañera del
123

�atardecer y la luna que pasea duránte
las noches de agosto. Sentiste un hueco en tu interior, de esos que no has
logrado llenar con los años, una sensación de desencanto. Contemplabas
por primera vez la fealdad en un ser
que imaginaste fantástico. Descubrías
la muerte. Recuerdas el cadáver sobre
la mano de tu abuela; te explicó que
las cigarras viven poco tiempo porque ncfhacen más que cantar. Sentiste compasión; .aquel sentimiento crujió en tu interior al anidar allí por primera vez, al imaginar el suplicio de
un mártir -para ti el primero-. Frunciste el ceño bajo el sol de mediodía
mientras intentabas comprender por
qué un ser daba la vida por los demás, por la noche misma, -incluso
por ti, que caminabas todas las noches en el jardín junto a la abuela
«para bajar la cena»-. Te sentiste culpable al descubrir que tú no albergabas ese altruismo y que, además, no
estabas dispuesta a morir en el anonimato.
No podrás deshacerte de esa mirada porque aún hoy, dieciséis años
después, la invocas frente al espejo
mientras un olorcillo húmedo resbala
por el resumidero. Aparece la mirada
en tu mente como una reliquia de infancia, como un paraje que tú, -la
Paula que permanece recostada sobre
la cama-, no viviste. Eres una serie
124

de sueños pasados, futuros ... una jaula que intenta apresar recuerdos que
al fin han de escurrirse entre los barrotes, o impregnarse como lunar en
las entrañas... Fijas tu mirada en el techo, tomas un mechón de tu cabello y
lo enroscas en tus dedos.
¿La habrán convertido en oficina,
en despacho repleto de hombres con
corbata que esperan mensajes por
fax, en albergue de secretarias que
eternamente levantaban el auricular
para anunciar con un tono agudo
idéntico al de los supermercados o almacenes: ¿Pérez y asociados buenas
tardes?
La segunda .vez que viste a Aurelio barría el suelo de la cochera, el
conjunto de losas negras y blancas,
un ajedrez inmenso en el que se deslizaba corno figurilla en busca de su
destino (¿como tú, Paula? ¿Como tú
que lees esto y por ello te vuelves ficción, partícipe de una historia que finalmente es la tuya también?)
Atravesaste la cochera sin detener
tu mirada en él. Llegaste hasta la reja,
tomaste los barrote con tus manos de
cinco años. Te sorprendió un insecto
gigante que descansaba ahí, una especie de mariposa con alas verde olivo
y una mancha en forma_de ojo azul
cobalto. Pennanecía quieto, respiran-

do lentamente. Quisiste llamar a Aurelio para que contemplara aquello,
pero el miedo no te permitió articular
palabras.
Permaneciste allí parada, alfil de
ajedrez contemplando un ser mitológico. Escuchabas el sonido de la escoba deslizándose; la sombra lejana
de Aurelio vagaba mientras una serie
de contradicciones se acumularon en
tu cerebro ...
Volviste la cabeza para llamarlo;
pero tu voz hizo eco en el ajedrez vacío, en ese espacio donde se jugaron
la vida el destino y el viento de aquella canícula. Aurelio ya no estaba, te
sorprendiste y volvió a tu mente la
imagen del viejo inerte del sótano. Te
invadió un escal·ofrío; corriste con todas tus fuerzas para liberarte de aquella sensación. Gritabas como si el hecho de escuchar tu voz te pusiera a
salvo de aquel silencio, del ojo cobalto ... Abuelita...
Abrazaste la pierna de tu abuela
mientras cocinaba. Le explicaste tu
descubrimiento: chapulín, mariposa,
verde olivo, ojo azul, escoba, reja.
Sabías que ella era la única que podía
creerte; sonrió y tomó tu mano -con
sus manos de piano, de abuela cocinera, de abuela cómplice-. Bajaste
con ella a la cochera. Aurelio barría

de nuevo. Llegaron a la reja; no había
nada. La abuela pronunció un montón
de palabras para explicarte que quizá
se trataba de un chapulín o una mariposa y que probablemente ya había
volado. Entonces volviste tus ojos para encontrar los de Aurelio, para sorprenderte porque su mirada era distinta a la que habías guardado en tu
memoria. Aurelio tenía dos ojos verdecillos escondidos entre algunas
arrugas y una nariz prominente; una
expresión suave.
Nunca volviste a ver un insecto
como aquél, por años buscaste en la
reja de la casa de tus abuelos. Aquel
ser se convirtió en el símbolo de tu
soledad. Desde entonces supiste que
estabas destinada a ser una voz oculta, unos ojos suspendidos en el viento
que todo lo miran y se humedecen
cuando cae la noche violeta, cuando
cae la noche.
Aquel ser permaneció en tu memoria como amuleto, compañero de
este tiempo en el que siempre serás
tú, intentando apresar tu _existencia a
través de la memoria. En el fondo, en
el recuerdo -ese intento de recuperar
tu microcosmos-, estás tú, sola desde
siempre. Paula, dentro de ti se esconde aquel insecto, aplastado bajo el cúmulo de ideas y posibilidades que
descubres en tu interior y te hacen

perder el aliento cuando intentas plasmarlas en un papel o compartirlas en
un diálogo. Paula, tu mundo será
siempre tuyo, sólo tuyo, un mundo
creado a base de viajes internos y externos en los que descubres un laberinto y una noche inmensa recargada
sobre tus pe_nsamientos.
No volviste al sótano por unos meses. Soñabas con ese espacio plagado de
luces; veías cucarachas agonizantes mover sus patas al ritmo de un vals que
provenía del piano. Los armarios se
deslizaban mientras tú volabas a través
de cuartos y pasillos. Una fuerza te
arrastraba hasta el ropero en el que había visto a Aw-elio, no podías detenerte.
Gritabas. De tu boca manaban palomillas que se incrustaban en los retratos de
las paredes.
Paula, te afanas en ver el pasado corno una serie de imágenes amontonadas
que viviste de prisa Entre más remota
la vivencia, más comprimes el recuerdo.
Paula... tu vieja manía de jugar con el
tiempo, de inventarlo, de colgarlo en
fonna de espiral y experimentar con los
recuerdos vividos, con los aún no vividos. Tiendes a ver el pasado en forma
de embudo, de remolino en el que tus
vivencias lejanas ocupan los círculos
más estrechos. Concibes tu existencia
como un juego temporal que transcurrió

tan rápido que ahora lo traes aglomerado en la espalda.
Una mañana te paraste al pie de la
escalera, recargaste una mano en la
pared. Miraste fijamente hacia abajo
con tu corazoncillo acelerado. Balanceabas tu pie derecho sobre el vacío,
indecisa en dar el paso.
Un olor a hllllledad y polvo te atrapó. Bajaste acaric~o la pared con los
dedos. Escalón... sombra, éscalón ... suena el teléfono a lo lejos, escalón... ladra
el perro del vecino, escalón... pasa un
auto, escalón ... el tío soltero contesta la
llamada, escalón... oscuridad, escalón...
silencio, escalón... polvo prisionero, escalón... retratos plateados, escalón... un
bulto grotesco se convulsiona en el suelo, escalón... tinieblas, arrastras los
pies... brazos que imploran en la oscuridad, avanzas... un gemido ronco ancla
en tu pecho, te paralizas... gemidos y
palabras confusas, pennaneces inmóvil... respiración agitada, convulsión de
tus entrañas... voz de muerte.
Extiende tu brazo para apagar la
luz, te incorporas a tu cama y observas las manecillas fluorescentes, 4:23.
En hora y media comienza la rutina,
debes comprimir tus párpados para
dormir un rato, para ahuyentar los recuerdos...
125

�ATISBO AL ALMA DE SOR JUANA, LIBRE
DEL cu·ERPO y DE LA CORTE

Adriana Díaz Enciso
Inmersa en la oscuridad observaste el rostro de Aurelio por última vez:
quijada deforme con encías purpúreas, dedos tibios, exhaustos de clamar al vacío, de acariciar una escoba
que arrastra hojas de fresno, de rascar
pintura en las macetas, de recorrer esta ciudad de concreto y luces. Aurelio
tendido en el suelo, junto a la niña
Paula, al pie de la escalera... Una visión cteada por el mismo sótano.
Extiende el brazo para prender la
luz, una claridad amarillenta acentuó
la palidez del muerto, la expresión
dolorosa, la boca deforme y abierta.
Paula, fijaste tus ojos en los de Aurelio. Buscabas el recuerdo, la mariposa
ambarina que jadeaba en su mirada
aquella tarde.
Te arrodillaste para verlo mejor,
como venerando un ídolo antiguo, de
marfil y herrumbre, como.si fuese necesario indagar tu origen en aquellos
ojos. Encontraste sus párpados entreabiertos una vez más. Acercaste tu
mano para abrirlos bien. Los soltaste
en seguida al percibir la materia fresca y viscosa, la superficie ya inhumana que se endurecía.
La oscuridad se apoderaba poco a
poco de aquel cuerpo. Permanecías inmóvil frente al muerto. Uno de sus dedos llegó a moverse, su materia --órga-

nos, sangre, cabellos, hormonas, sudor,
arterias, uñas...- se acomodaba por última vez.
Supiste entonces que su mirada
no albergaba colores, sino dos canicas pardas. Miraste hacia la ventana
al final del pasillo, una especie de
mariposa articulada un andar sublime
sobre el vidrio. Cruzaba el ventanal
en un vaivén absurdo.
Extendió sus alas y viste en ellas
el ojo cobalto. Una emoción insólita
te invadió (don Aurelio barriendo la
cochera). Te cercioraste de que los
ojos del muerto no albeFgaran mariposas y te dirigiste a la ventanilla de
puntitas.
Contemplaste el lunar azul por última vez; el insecto inició su vuelo.
Su aleteo crujió al rozar el aire denso,
sofocante, al abrirse paso en esa atmósfera plagada de recuerdos y sombras, de polvo y alimañas. Se incorporó al laberinto oscuro del sótano.

Los humanos sentimos una especial
fascinación por las historias trágicas.
Amparados por el calor de la comunidad, por la ilusión de seguridad que
ofrece una vida que avanza, más o
menos, en línea recta, nos gusta imaginar el vértigo de nuestros semejantes cuando se vuelven excepcionales;
cuando enfrentan a un dios que parece reservar su luz deslumbrante y los
estragos de su ira sólo para unos
cuantos. A ese dios le llamarnos Destino.
Sor Juana Inés de la Cruz es uno
de esos seres excepcionales. Desde el
siglo XVII nos lanza una luz oblicua,
que hemos ido desempolvando poco
a poco al paso de los años. Si hasta
principios de este siglo se dieron las
condiciones para reconocernos en la
voz de sor Juana, después de años de
incomprensión u olvido que enterraron tanto la fama como el escándalo
que conoció en vida, también es cierto que ese reconocimiento es distinto
al que su obra despertó en sus contemporáneos. Desde esta orilla del
tiempo, imaginamos que ~l dios Destino habría sido más amable con ella
si no le hubiera tocado nacer en el siglo XVII, en la Nueva España. Nos
asusta leer, en los datos que conocemos de su vida, el poder que tienen la
sociedad y la historia para marcar la
vida individual. También nos gusta

por las contradicciones que pueblan
su historia y su obra misma, a veces
optamos por definirla de un trazo,
burdo pero conclusivo. Fue una pincelada así de torpe la que ofreció
por mucho tiempo un retrato infiel,
que presentaba la amargura y la derrota de los últimos años de sor Juana como el testimonio de su santidad y su conversión. Pero no son
menos torpes infinidad de retratos
psicológicos tan modernos como retorcidos. Hurgar eil su sexualidad
para definir si sus amores eran carnales o imaginarios, hetero, horno o
bisexuales, arroja una imagen tan
distorsionada como el querer ver, en
su defensa del derecho de la mujer
al conocimiento y al estudio, un espejo de un feminismo delirante.

imaginar al personaje; dotar de heroicidad y valentía a una mujer que, de
una u otra forma, consideramos víctima de su tiempo. Con nuestra imaginación y nuestra fantasía vamos aportando rasgos nuevos a su retrato, hasta que lograrnos que esa carne vuelva
a la vida; que los ojos grandes y oscuros nos miren; que hable la boca fina y delgada. Y ya no importa demasiado que ese retrato animado se aleje
inevitablemente, por obra del tiempo
y de los mismos atributos que le otorgarnos, de la verdadera naturaleza, de
carne y hueso, del Original, que ya no
es ni carne ni hueso. Que, en sus propias palabras, apenas «es cadáver, es
polvo, es sombra, es nada.» 1 ¿No hacía ella lo mismo en su poesía? ¿No
convertía a simples mortales en imágenes fijas, mejoradas por los atributos de su imaginación y su deseo?
Hasta en sus obras de encargo, sor
Juana buscó el diálogo con los seres
que poblaban su intelecto y su fantasía, y no dudamos que fuera· una
aventura más excitante cantar las
grandezas de Neptuno que las posibles grandezas verdaderas del Marqués de la Laguna, por mucha gratitud que le tuviera.

Por fortuna, la tragedia de sor
Juana goza de la ambigüedad y la
complejidad de la tragedia humana
en sí, y es por lo tanto irreductible a
moldes y corsés. De acuerdo a la voluntad de una persona que optó por
encarnar en el mundo a través de la
escritura, lo más contundente que
nos deja la existencia de sor Juana
es su obra. La interpretación de ésta
seguirá enriqueciéndose con el paso
de los años; seguirá transformándose, y la imagen que nos ofrezca de
su autora seguirá siendo huidiza. La
riqueza y las figuras cambiantes de

Pero, com9 sucede con todos los
seres excepcionales, la imagen de
.sor Juana es huidiza, y resulta imposible mantenerla quieta. Agotados

127

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�la letra viva tendrán una exis_tencia
más larga que la visión de la monja
lamiendo las baldosas del convento,
o azotándose la espalda desnuda Y
ensangrentada; a la que nos entregamos con una mezcla de horror Yfascinación. Sus textos ya vivían con
vida propia, independiente, cuando
Juana Inés vendió su biblioteca, y siguen alimentando nuestra hambre de
infinito cuando apartamos la vista
del cuadro grotesco de su derrota.
Pero entonces, ¿fue verdaderamente una derrota? Ese cuerpo que
vemos humillado hacia el final de su
vida, a sor Juana le estorbaba. Influida como estaba por el rreoplatonismo, e impulsada por una sed insaciable de conocimiento, concibió
con menos espanto que nosotros la
separación entre cuerpo y alma. Es
sólo su alma, desatada de lastre del
cuerpo, la que aspira a comprender
la perfección de la máquina del Universo en Primero Sueño. Es sólo su
alma la que enciende lo mejor de su
poesía; la que recorre sus versos
amorosos más sinceros; su alma,
unida de manera indisoluble al intelecto, la que interroga al mundo, Y
busca su lugar en ese inmenso y pavoroso engranaje.
Mucho se ha hablado de la intensidad de sus poemas amorosos. Del

conocimiento y la sinceridad con
que describe los movimientos sinuosos del amor, reconocibles aún entre
el alud de poemas laudatorios y halagüeños, tributo con frecuencia
exagerado al poder que le permitía
entregarse al estudio de las letras
con más o menos libertad. Sus poemas de amor divino no son menos
exaltados que los de amor profano.
Que conocía el amor, nadie lo duda.
Sin embargo, resulta difícil creer
que conoció el amor carnal. Mirado
desde acá, ese nos parece un signo
más de su tragedia. A la admiración
con que leemos sus mejores poemas,
se une la compasión originada por la
anécdota: que el alma haya vivido
con tanta pasión lo que le fue negado al cuerpo. Porque el cuerpo no
aparece en la poesía de sor Juana
más que como deseo. El deseo no
aparece más que como ausencia.
·Con qué vemos la imagen del
l
.
?
ausente, si no con los OJOS del alma.
Acá en el alma veré
el centro de mis cuidados
con los ojos de mi fe:
que gustos imaginados,
también un ciego los ve.

2
,

dice sor Juana. Una similar victoria
remata el que es, probablemente, su
soneto más famoso:

que aunque dejas burlado el
lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
3
si te labra prisión mi fantasía.
Para entender, pues, el mundo interior de sor Juana, no hace falta sino
leer cuidadosamente las pistas que
ella misma tendió a lo largo de su
obra, desembarazándonos de la impresión con que nos marca el cuadro
tan retocado de su tragedia. Nunca
pretendió ignorar que ambas fant~mas, sombras, meras representaciones que no encarnaban en cuerpos, o
que su amor se consumía en el deseo,
y nunca en la posesión del ser amado.
Pero esa predilección por las ausencias es confesada con la misma gracia
e ironía con que Juana Inés hace votos de humildad, se inclinaba a los
pies de los poderosos y se condena
por su ignorancia y la pobre factura
de sus versos, cuando en realidad no
hace otra cosa que dejar muy clara la
inferie ,ridad intelectual de sus interlocutores.
No hay ironía, en cambio, cuando
habla de su sed de conocimiento. Nadie mejor que ella ha dibujado el retrato de su espíritu inquieto, que no
conoció descanso, ávido por entender
las cosas de este mundo y de los
mundos más allá. Sabía que su inteli-

gencia era el único instrumento con
que contaba para apropiarse del vasto
Universo. Su inteligencia, que no sus
sentidos; éstos eran apenas el vehículo. Si queremos entender su vida como renuncia, hay muchos datos externos que nos permiten apoyar esa
teoría. Pero si la leemos con atención,
no nos queda más remedio que admitir que, aunque renunció de alguna
forma a la vida, sobre todo a la vida
como acción, como movimiento,
también es cierto que forjó una vida
paralela, igualmente intensa, la de su
pensamiento y de su imaginación, y
en la investigación de esa vida se
conformó. De no haber padecido las
circunstancias históricas y sociales
que la rodeaban, es cierto, tal vez su
existencia hubiera transcurrido de
forma más benigna, pero no podemos
asegurar que hubiera sacrificado un
solo espacio de la contemplación de
su alma por la satisfacción del cuerpo. Su voluntad de despojarse del estorbo del cuerpo para elevar su entendimiento a la Causa Suprema estaba
influida por el neoplatonismo, por sus
lecturas y por algunas de_las interpretaciones del mundo comunes a no pocos de sus &lt;wntemporáneos, aunque
esta concepción no siempre se ciñera
a los fundamentos de la explicación
cristiana. Pero estas circunstancias no
construyen por sí solas el mundo interior de sor Juana. Su hambre de res-

puestas debe haber sido inmensa, e
inmensa su pasión por las ideas, para
que una inteligencia tan lúcida y tan
hábil haya concentrado su energía, lo
que de altivo, insolente y rebelde había en su espíritu, e':' la conquista de
la sabiduría.
Desde este punto de vista, ¿qué
deseo, sino una de las formas del conocimiento? Con la mirada fija en
su propio ascenso hacia el infinito,
sor Juana prescinde de la distracción
de la presencia del amado, y se
muestra atenta sólo a los movimientos de su alma herida por la ausencia. Hay curiosidad en su mirada, y
la interrogante frente a la realidad
del dolor no es distinta a la que busca entender el funcionamiento del
cuerpo, las pruebas de la existencia
de lo divino, o el origen de la diversidad del mundo. Una y otra vez, sor
Juana advierte que el amor más perfecto es aquel que no aspira a ser correspondido, y en esto no marca diferencia entre el amor divino y el
profano. Esta idea parece originar la
defensa que hace en la Carta atenagórica de los «beneficios negativos»
de Dios, como si su fe en la existencia de lo divino y en la existencia
del amor no fuera tan ciega como
para impedirle reconocer el imperio
absoluto de la soledad del hombre.
Octavio Paz lo dice con envidiable

claridad en Sor Juana Inés de la
Cruz o las trampas de la fe. Habla
de «la sombra, la ficción, la imagen
perseguida y siempre esquiva» en la
obra de sor Juana, y dice: «La figura
que dibujan todas esas piezas se llama soledad. También se llama autosuficiencia y su tercer nombre es libertad.» Esta figura, añade, habla de
«su profunda decisión de ser lo que
quería ser, su búsqueda paciente y
subterránea de una autosuficiencia
psíquica y moral que fuese el fundamento de su vida y su destino de
poeta e intelectual.» 4
El amor, como la fe, fue para sor
Juana una aventura intel~tual. El
amado era sólo un vehículo para su
búsqueda del conocimiento, que abarcaba su amor y su fe. No desesperaba
del amor no correspondido porque la
aceptación de esta condición le parecía la forma más perfecta del amor, Y
sor Juana Inés de la Cruz fue una mujer que aspiraba a la perfección. No
sólo le estorbó su época, la incomprensión de sus superiores, el asfixiado desarrollo intelectual de la Nueva
España. También le estorbaba su
cuerpo, la constante negociación con
el poder para rescatar su libertad de
pensamiento, la envidia de sus contemporáneos, y estos obstáculos los
habría tenido que enfrentar en cualquier sociedad y en cualquier época.

�En su obra no leemos una negación
del mundo de los sentidos, ni mucho
menos una negación de la carne. Lo
que leemos es una opción por el mundo no menos vivo de la imaginación
y el intelecto. Y sor Juana no parece
haber dudado de la realidad del espacio así construido, el camino más aéreo y libre para alcanzar la Causa Suprema.
Que en esa opción -como en
cualquier acto que decide la libertad
humana- hubo dolor, es evidenti. Pero difícilmente puede leerse en el dolor una derrota, cuando éste es un
compañero fiel de la existencia de todos los hombres. Más claros como
signos de la derrota son los últimos
años de su vida: la humillación y el
castigo; el miedo y el desmantelamiento de la casa del saber que pacientemente había hecho de su celda;
la autotlagelación, la culpa, los denigrantes textos de consagración absoluta a la voluntad de Dios y de abandono de «los estudios humanos»; la
dimensión del fracaso que en su pluma y en su sangre cobraba la convención auto-humillatoria contenida en
la frase «yo, la peor del mundo.» Seguramente en esos últimos años marcados por la culpa y el castigo el remordimiento de sor Juana fue ambivalente. Debió preguntarse si realmente había pecado de soberbia, y si
130

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ef\ su amor por el saber profano le había arrebatado a Dios mucha de la
consagración que le debía. Pero también debió haberse castigado por su
fracaso; por no haber podido resistir
al poder de sus enemigos, y haber renunciado a lo que era la única justificación de su existencia. Debió castigarse por destruir aquello que le había permitido encarnar entre los vivos, y que le había dado la realidad y
contundencia que no se adquieren nada más por haber nacido y estar hecho de carne y hueso: su vida interior.
Pero esos años brutales de negación y de fracaso fueron muy poco en
comparación al resto de su vida. En
las páginas de sor Juana, entre las
muchas que están dedicadas a las alabanzas y el artificio dictados por su
época y sus circunstancias, está trazado con firmeza el camino de un espíritu que buscaba la perfección. La
conciencia de que conocer el sentido
de la existencia del Universo y de todo lo que habita en él es imposible,
no vuelve la aventura menos osada,
ni inútil. En Primer sueño, la incapacidad del entendimiento humano de
aprehender la diversidad y el misterio
de lo creado no es humiliación suficiente para depone las armas. Por el
contrario, sor Juana exalta, consciente de su fragilidad,

al ánimo arrogante
que, el vivir despreciado, determina
5
su nombre eternizar en su ruina.
Poca derrota es la destrucción de
una mujer de carne y hueso, frágil y
atemorizada como sus semejantes,
durante los últimos años de su vida,
frente a la victoria de su espíritu fecundo que construyó firmes fortalezas de palabras, todavía de pie como
testimonios del asombro, el dolor y el
goce de la conciencia frente a la vastedad, frente al golpe poderoso de la
vida que rebasa la pequeñez de los
destinos, la fugacidad del paso de cada uno de nosotros sobre la tierra.
Mucho menos derrota el haberse
apartado voluntariamente del mundo
para entregarse a una vida paralela
construida toda de tinta sobre papel.
¿Por qué habríamos de lamentarnos si
el placer más violento que conoció
Juana Inés fue el de quemarse en la
hoguera de su intelecto? ¿Por qué, si
esa fue su libre elección, como fue libre su soledad? Habríamos de escucharla antes de entender como debilidad su abandono al reino de lo imaginario, poblado por las visiones de su
inteligencia. No hay mirada condescendiente que pueda sostener la de
estos versos:
Lo que me ha dado m6s gusto,

es ver que, de aquí adelante,

tengo solamente yo
de ser todo mi linaje.
¿Hay cosas como saber
que ya dependo de nadie,
que he de morirme y vivirme
cuando a mf se me antojare?
¿Qué no soy término ya
de relaciones vulgares,
ni ha de cansarme el pariente
ni molestarme el compadre?
¿Qué yo soy toda mi especie
Y que a nadie he de inclinarme,
pues cualquiera debe sólo
amar a su semejante? 6
Si la de sor Juana Inés de la Cruz
fuera so_'amente una historia trágica,
no eStanamos aquí, a trescientos años
de distancia, reunidos alrededor de
ella, intentando descorrer los velos
que nos muestren sus rasgos bajo una
luz más clara, más cercana a ta verdad.
No se sorprendería sor Juana de verse, una vez más, homenajeada Que la
luz de su intelecto y su sensibilidad, ~
r~ tam~ién la de su humor y su gracia,
siga bnllando a través del tiempo y nos
alcance, es una de sus victorias; una
muestra de que libró con dignidad la batalla de su vida, y la suya era una inteligencia muy lúcida como para no haber
reconocido ese triunfo mientras vivía. A
homenajes como éste, estaba acostumbrada. Si en algo podemos retribuirle

los frutos de su experiencia del conocimiento, que aún gozamos; si en algo
~e~~s reparar la incomprensión y la
IDJUStlc1a que terminaron doblegando su
espíritu y su verdadera fe, no queda más
que acercamos a su obra con ojos y
pensamiento limpios, sacudiéndonos la
sombra de horror y ele tragedia de los
últimos años ele su vida, para reconocer
el aliento vital y chispeante en que encarnó su genio; el producto de su lucha
espiritual que ha sobrevivido a ese cuerpo que, vivo y todo como estaba con
sus deseos, le 'resultaba un tanto incómodo, estorboso.
Y aunque la vida de la Corte le
permitió vivir entregada a las letras,
reconocemos lo mejor de su obra en
los textos que no fueron dictados por
la obligación, sino por su espíritu insumiso. También reconocemos que el
poder de la Corte y de la Iglesia, que
en un principio la protegió, precipitó
finalmente su desgracia. Habrá entonces que aproximarnos a su obra desde
el homenaje más sincero, que es el de
la experiencia íntima de la lectura,
devolviéndole su dignidad al retrato
que queramos conservar en ella, como una inteligencia viva que seguramente no querrá ya, liberada de las
obligaciones y aprietos de la vida terrenal, seguir siendo una figura de la
Corte.

Notas
1

«Soneto, en que Procura desmentir
los elogios que a un retrato de la poetisa inscribió la verdad, que llama pasión».

2

«Glosa en quintillas dobles, Porque la
tiene en su pensamiento, desprecia,
como inútil la vista de los ojos».

J

«Soneto, Que contiene una fantasía
contenta con amor decente».

4

Paz, Octavio, Sor Juana Inés de la
Cruz O las Trampas de la Fe, Fondo
de Cultura Económica, México, 1983.

5

Primero sueño.

6

«Romance, en que Respondió nuestra
poetisa al caballero recién llegado a
Nueva Espafia que le había escrito el
Romance 'Madre que haces chiquitos'».

Nota: Este texto fue leído en el Prime¡

Encuentro de Poetas Sor Juana Inés de la
Cruz, en la ciudad de Aguascalientes, en
abril de 1995.

131

�LA CONSTRUCCIÓN DEL SER Y LA
NOVELA EN LAS RAZONES DEL LAGO DE
MARÍA LUISA PUGA

Elizabeth Montes
A partir de la publicación de Las posibilidades del odio en 1978, María
Luisa Puga entra en el escenario de
las letras mexicanas con una voz inconfundible. Tanto en su primera novela como en las obras subsecuentes,
una de las preocupaciones fundamentales es el estudio de la identidad del
hombre contemporán~o enfrentado a
un ambiente de crisis económica Y
social. En Las razones del lago (1991 )
la temática de la búsqueda del ser se
asocia con el cuestionamiento acerca
de la elaboración de un texto literario
y su actualización en el momento de
la lectura. El empleo de las metáforas
del lago y de la construcción son
esenciales para comunicar la ~ecesidad de hallar el ser esencial. Esta se
pone en evidencia en tres aspectos: el
del protagonista por encontrar su papel en la vida, el de las agencias ~arrativas por dibujar a los protagorustas desde diversas perspectivas y el
del lector por construir una imagen
cabal de los personajes. Mediante la
variedad de voces narrativas y la autorreferencialidad del texto, Puga logra poner en tela de juicio tanto la
ideología que define al ser latinoamericano como los presupuestos que dominan el concepto mismo de novela.
La obra presenta la historia de
Darnián: un muchacho de diecinueve
años, quien reside en las riberas del

Lago Pátzcuaro y trata de encontrar
su propósito en la vida. Aunque Damián posee una familia constituida,
las personas más influyentes en su vida sor su tía Sabina, sus amigos y las
parej~ de forasteros que llega al pueblo. La primera, ha desafiado el papel
de las madres amargadas y desposeídas que adoptan por regla general las
mujeres de la región, y es una mujer
soltera dueña de una tienda de cerveza. Los segundos, viven en Monterrey y animan a Darnián ~ara que
emigre a esa ciudad. Con respecto a
los recién llegados, se trata del matrimonio de escritores quienes planean
mudarse definitivamente al poblado
después de vivir por muchos años en
la ciudad de México.
El lector conoce la historia de Damián a través de dos voces narrativas:
la de los perros que lo acompañan Y
la no identificada voz de una tercera
persona. Los primeros ofrecen el toque humorístico de la obra que tienen
del personaje ya que estos últimos
«no se dan cuenta de que lo vemos
todo de ellos» (16). Sin embargo, los
animales reconocen que tal conocimiento es exterior y restringido ya
que «Miramos desde fuera, desde la
invisibilidad...» (50). Dichas observacion~s de parte de los canes producen
dos efectos importantes. Por un lado,
refuerzan el carácter metaficticio de

la obra al enfatizar la forma en que se
está contando el relato. Por el otro, se
hace evidente que la versión de los
perros crea solamente una visión parcial del personaje, dejando al lector la
tarea de construir su propia imagen
del protagonista.
Por otra parte, en las viñetas en
que los perros actúan como agencia
narrativas, se relatan lps eventos que
ocurren en el presente o en el pasado
inmediato. Los perros declaran:
¿Quién sabe qué es un mundo ideal?
Nosotros sólo conocemos éste. Imaginamos que puede haber uno mejor
por la capacidad de deseo que tienen
ellos, los humanos.[...] A nosotros no
nos pasa eso. Somos perros. Vivimos
en el instante .s,in pasados ni futuros
porque no hay espacio (59; énfasis
mío).

Al igual que la visión parcializada
que ofrece al lector de los personajes,
el mundo de las agen~ias narrativas
está reducido al constante presente.
Por lo tanto, lo que el lector logra
captar a través de sus intervenciones,
es simplemente el relato de lo observado en el momento de ser contado.
Estos efectos se complican a partir del capítulo once, cuando se pre-

senta al lector la voz de una tercera

persona no identificada, que en contraste con los perros, da una visíón interior de los personajes. Tratando posiblemente de hacer visual el proceso
de construcción tanto de la novela en
si como de la caracterización de los
personajes, las intervenciones en tercera persona· aparecen identificadas
con letras en bastardilla y forman
bloques que se agregan a la mitad de
cada página. Dicha voz comenta
acerca de Damián: «Se le agólpan las
palabras en el pecho. No las sabe decir. No las conoce. Las palabras que
le organizarían la emoción y le darían
un cauce» (56). Esta voz es la que da
cuenta del remolino emocional que
vive el protagonista quien busca desesperadamente su propia autodefinición ante el constante asedio de sus
amigos y de su padre.
Curiosamente, el caos emocional
al que se enfrenta Damián es equivalente al aluvión de imágenes que recibe el lector a través de las varias
agencias narrativas. Si Damián trata
de definirse como ser humano, el lector intenta construir la caracterización
del personaje en el proceso de lectura. Poco a poco la voz en tercera persona describe los detalles del pasado
remoto de Damián. Es así como el
lector descubre la reacción experimentada por el joven cuando vio a su
tío Pedro ebrio por primera vez:

Darnián miraba desde el corral,
asustado. Casi no podía caminar,
murmuraba algo arrastrando las palabras. VálgameDios, sólo dijo Sabina,
ayudándole a Fermín a meterlo. Ladraban mucho los perros y Darnián
estaba paralizado. Cualquier niño del
pµeblo está acostumbrado a ver borrachos [...] Pero éste era grandote,
gordo y decían que era su tío. Que iba
a vivir ahí. Darnián tenía seis años
(81).

Nótese en esta viñeta que la voz
narrativa se limita a focalizar exclusivamente los pensamientos del protagonista, reforzando de esta manera el
proceso de construcción de la caracterización de Damián.
En otros apartes, la voz narrativa
en tercera persona se centra en episodios importantes en la vida de Sabina
y Pedro, los tíos paternos de Darnián.
En el capítulo doce, por ejemplo, el
lector descubre que Sabina ha tenido
una niñez difícil debido al abandono
de su padre y la muerte prematura de
su madre. Su «carácter endemoniado» causó su expulsión de la escuela
elemental pero reafirmó su voluntad
de decidir a edad muy temprana su
destino de ser una mujer independiente y autosuficiente. Para Damián, Sabina posee la sabiduría de
poder autodefinirse pese a los gran-

des obstáculos que siempre encontró
a su alrededor. Por el contrario, Pedro
es un individuo dominado por el alcohol ya que no pudo escapar a la influencia nociva de su padre y a los
malos tratos que recibió cuando era
niño. Sin embargo, Darnián desprecia
a su tío por haber heredado de su padre el alcoholismo y la violencia con
la que trata a las mujeres cuando está
ebrio. Como se puede observar tanto
Sabina como Pedro son figuras influyentes en la formación de Damián.
Ellos representan dos factores que el
ser humano debe confrontar: la fuerza
de voluntad y el determinismo biológico o social. No obstante, es el lector
quien debe medir el impacto de tales
modelos en la vida del protagonista y
decidir en qué lugar encajan estas
partes en el rompecabezas de la definición del ser individual.
La formación de Damián es paralela al proceso de construcción de la
casa de los forasteros y su adopción
de una nueva manera de vivir. Por un
lado, si en el caso de Damián el muchacho tiene que enfrentar el asedio
de su familia inmediata, los forasteros deben lidiar con la resistencia de
los habitantes del pueblo para impedir que logren su objetivo. Los llamados «comuneros» tratan por todos los
medios de evitar que el matrimonio
citadino edifique la casa arguyendo
133

�«Que esta tierra es de ellos. Que no
los van a dejar terminar la casa» (65).
Por otro lado, el uso de las distintas
voces narrativas hace énfasis en el
proceso de elaboración de la novela
en si y al mismo tiempo describen paso a paso la forma como Damián lleva a cabo la obra:
Y luego lo vemos en la construcción, trepándose por todos lados, rasp¡mdo el cemento entre ladrillo y ladrillo con unos movimientos secos,
precisos, ininterrumpidos: nos damos
cuenta: los trabajos no son el problema de los humanos (69).
La construcción misma de la casa
corre paralela a la invención de la novela y a la toma de conciencia del
personaje de que el trabajo de albañil
es el que más le complace.
Pese a los reparos de su padre,
Damián toma una decisión con relación tanto al oficio que quiere desempeñar en la vida como a la mujer con
la que se quiere casar. Tales decisiones pone en tela de juicio la ideología
dominante en la región. James H. Kavanagh señala que la ideología «is ... a
system of representations, perceptions, and images that precisely encourages men and women to 'see'
their specific place in historically peculiar social formation as inevitable,

natural, a necessary function of the
'real' itself» (310). Según Ferrnín, su
hijo Damián sólo tiene la opción de
dedicarse a la agricultura: «Eres el
mayor, le dice su padre exasperado.
Todo _lo que tengo es tuyo si te enseñas a trabajar. Ya que no quieres estudiar, al menos dedícate al campo»
(56). Para el padre la imagen ideal que
el hijo debe alcanzar en el marco de
la sociedad en la que se desempeña,
es la de ser granjero. Sin embargo, el
muchacho quiere ser albañil porque
es un oficio en el que se siente realizado. En este sentido, Damián logra
desafiar el papel social que le había
asignado y que su padre considera
inevitable.
Por otra parte, tanto Sabina (tía de
Damián) como Yadira (su novia)
cuestionan con sus acciones el patrón
de conducta otorgado a las mujeres.
La primera rechaza el matrimonio y
se convierte en una mujer de negocios. La segunda va en contra de la
costumbre de casarse o convivir con
su primer novio. Abiertamente Yadira lucha por reconquistar a Damián a
pesar cte haber tenido relaciones sexuales con su amigo «el güero». Los
perros dan cuenta del encuentro entre
Gudelia, una amiga de Sabina, y Yadira cuando esta última va en busca
deDamián:

¿Qué andas tú preguntando por Damián? ¿No tienes ya a tu señor? Gudelia, le dije, pero la muchacha dijo
con un timbrecito muy claro que hasta me cayó mal, hijo, qué quieres que
le haga: No me fue bien, por eso busco a Damián. (157; énfasis mío).
Para Gudelia, el destino de Yadira
está marcado y consiste en continuar
su convivencia con «el güero» a pesar de que no es feliz. Yadira, sin embargo, persiste en su afán de restablecer la relación con Damián y tener
una segunda oportunidad. Más aún,
Yadira es desde el principio muy honesta y confiesa abiertamente a Damián que no lo quiere y añade: «te
necesito, y seré una buena mujer, de
eso sí puedes estar seguro» (159).
El protagonista se rebela abiertamente ante la ideología ·reinante en
Zirahuén y la manera de pensar del
padre y reafirma su derecho a escoger
(construir) su propia vida. Damián
acepta a Yadira y quiere casarse con
ella a pesar del rechazo abierto de su
padre quien lo insulta afirmando: «¡Pero estás pendejo o qué! [...] ¡Nada
más eso faltaba!» (160). Al compararlo con su hermano, quien ha conseguido una beca para irse a estudiar a
Guadalajara y ser ingeniero, Fermín
considera que Damián es «peor que
el más pinche infeliz» (160). En opi-

nión de Fennín, los hombres deben
acata: ª.mejoraren la escala social y
econom1ca por medio de la educación. Sin embargo, Damián persiste
en s~ de~eo de encontrar su propio
ser sm traicionar sus motivaciones interiores. Ellas incluyen el unirse a la
mujer que ama sin hacer caso de su
pasado, desempeñar el oficio que le
complace y vivir libremente en un
pueblo de provincia sin aspirar a emigrar a la ciudad o al extranjero.
Con respecto a la pareja de forasteros que constituyen parte del mundo narrativo también se hace evidente
el afán de una autodefinición / construcción del ser que desafía los parámetros establecidos. Los perros como
agencias narrativas revelan las diferencias que existen entre ta pareja y
los hombres Y mujeres que habitan el
pueblo. Mientras que «En el pueblo
es nonnal que durante el día los hombres no estén (cuando están es que
ªndan borrachos) Yellos solitos se salen», el forastero había construido su
oficina y «era frecuente encontrarlos
ahí durante el día, cada uno en su rincón» &lt;11 8). La pareja comparte cada
una de sus actividades y contra la
coStumbre de los turistas de visitar el
lugar e irse inmediatamente, ellos
planean edificar una casa frente al lago. Pero su objetivo no se reduce a

crearse una vida diferente. Ellos planean construir obras de ficción.
La pareja &lt;!e forasteros no sólo
pone en tela de juicio el papel asigna~º a los hombres y mujeres en la
ideología del lugar sino que también
refuerza el carácter auto referencial
de la pieza. A la señora se le caracteriza como escritora quien según la
voz de los perros «se pone a escribir
en su cuaderno y ahí se queda dale y
dale» (77). Además, en su primera entrevista como Sabina, la pareja le
confiesa que «un día, dijeron, escribiremos sobre usted» (25). En efecto, la
obra que el lector tiene en las manos
presenta a Sabina como uno de los
personajes dentro del mundo narrativo. En este sentido la obra se vuelca
sobre sí misma para revelar no sólo la
historia de Damián sino también el
proceso mediante el cual se crea tal
ficción.
Más aún, mediante las voces de
los perros nos damos cuenta que los
foráneos «Planeaban venirse a vivir
para acá, dijeron, Y dedicarse a escribir» (25). Fácilmente se puede asociar
la voz en tercera persona no identificada con la señora, quien según los
perros, posee el don de la palabra
por~ue «Eso que todos pensamos,
sentimos, vemos, a ella se le convierte en palabras» (76). Es decir, al acep-

tar la premisa que _aquella voz en ter~era persona es la del personaje identificado simplemente como «la señora» la novela en sí rompe con las reglas ~e la ficción al proponer un personaje que desempeña dos papeles
dentro ~e la obra, el ser a la vez sujeto Y obJeto de la ficción. Es decir, el
hecho de que la escritora ficcionalizada esté a la vez dentro y fuera del
mundo narrativo, remite al lettor
nuevamente a la reflexión y al cuestionamiento acerca de las leyes mismas que rigen el proceso de creación
/ construcción de la narrativa.
Inclusive las voces narrativas de
los perros que han descrito para el
lector la historia de Damián y su familia, reciben de manos de la escritora ficcionalizada los nombres de «novela» y «relato». Tales nombres podrían corresponder a las categorías
establecidas por el teórico literario
Gerard Genette como histoire y récit,
partes constitutivas de la narrativa de
ficción. La primera correspondiente a
la historia o argumento relatado en la
obra, y la segunda, referente a la trama o manera como se enfatiza en la
novela al proceso mismo de construir
la obra literaria.
~n suma, la única opción de personajes, escritores y lectores es la
continua autorreflexión y construc-

�ción del mundo personal y social como del literario. Mediante el uso de
varias voces narrativas y los procedimientos autorreferenciales Puga consigue incentivar una búsqueda interior que pennite la revaloración tanto
de la novela como literatura en sí como de la ideología social que reduce
a los individuos a la infelicidad, el vicio y la autocompasión. Los personajes de Puga se enfrentan a sí mismos,
se ven en el lago y reflexionan sobre
sus decisiones vitales. A su vez, tanto
la escritora como el lector evalúan el
proceso creativo al tiempo que construyen su propia ficción. El lago tiene
sus razones porque «en sus aguas
contiene hennéticamente todo lo que
ha visto (180). No simplemente por
coincidencia, tanto María Luisa Puga
como la protagonista de la novela son
constructores, la primera de novelas y
el segundo de casas. Ambos han vivido por un tiempo en México D. F. y
han optado por residir pennanentemente en Zirahuén. Respecto a este
tema Puga ha declarado en una entrevista con Adela Salinas:
En los medios urbanos, lo de afuera
es siempre nuestro espejo [...]. El primer problema cuando te sales de un
ambi&lt;;nle urbano es que te quedas sin
ese espejo y no tienes más remedio
que verte y es muy dura porque el es-

pejo de allá afuera ayuda mucho; es
engañoso» (49).

Ante la perspectiva de perderse en
los otros y en lo otro, es necesario
buscarse a sí mismo y redefinirse. El
lago como la novela de Puga ofrece
esa posibilidad de mirar hacia adentro y autoconstruirse no sólo como
individuos sino como lector asiduo de
la narrativa de ficción. Si se extrapola
esta visión para abarcar al ser individual en el contexto de la realiza latinoamericana, el mensaje es obvio. Es
preciso poner en tela de juicio la
ideología que nos domina y buscar en
lo nuestro para lograr la reconstrucción del ser individual y del cuerpo
social.
Universidad de Texas en El Paso

ABANICO
En esta ocasión
publicamos una breve serie
de ensayos, estudios,
artículos y poemas de autores cubanos
actuales. Algunos radican
en La Habana y otros en Holguín.
Figuran al término
un estudio producido
en el postgrado de
nuestra facultad y
la crónica de un viaje
que incluyó a Holguín,
La Habana y Santiago.

�~

ULTIMOS TEXTOS DE UNA AUTORA:
CRONICAS Y MEMORIAS DE
DULCE MARIA LOYNAZ
~

~

Luisa Campuzano
Hay una forma de experiencia vital -la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo
y de los demás, de las posibilidades y los peligros de la vida- que comparten hoy los hombres y mujeres de todo el mundo de hoy. Llamaré a este conjunto de experiencias la «modernidad». Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder,
alegóa, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza cpn destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y las experiencias modernos atraviesan todas las fronteras de la geografía y la etapa, de
la clase y la nacionalidad, de la religión y la ideología: se puede decir que en este sentido
la modernidad une a toda la humanidad. Pero es una unidad paradójica, la unidad de la desunión: nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser modernos es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, «todo lo sólido se desvanece en el aire».
Marshall Berman: 1991

Esta sensación de disolución que promueve la modernidad, es la que informa y transmite el último poema escrito por Dulce María Loynaz, Últimos
días de una casa (1957), en el cual
una vieja mansión «toma la palabra»
y, entre recuerdos de su pasado feliz,
de los rituales de familia, del encanto
de los niños y de la Nochebuena, de
cantos y risas, va refiriendo el progresivo abandono y, finalmente, la destrucción a la que la someten sus viejos moradores, «Cuya codicia pudo
más / que la necesidad de retenerme
[... ], porque llegué a valer tanto en
sus cuentas, / que no valía nada en su
ternura... » (Loynaz: 1984, 134).
La constatación del efecto destructivo de la modernidad ya aparecía
138

como uno de los ejes temáticos de su
novela Jardín (1928-1935; 1951), en la
que aún se proclama ingenuamente
«La alegría de las máquinas que hacen los trajes de las niñas del mundo»
y una engañosa felicidad porque «la
ciudad había llegado hasta la casa/.. ./
circundada ahora por casitas leves»,
pero se hace énfasis en la descripción
de la degradación del medio ambiente, los «desastres de la guerra», los
imperativos de la prisa que, entre
otros males, acarrea el siglo.
Y en Jardín están también como
fragmentos, como piezas para armar,
apenas legibles o no fácilmente desentrañables en su existencia aparentemente autónoma, otros elementos
aportados por la modernidad, periódi-

cos del siglo XIX, fotografías antiguas, que la autora, ya que no su protagonista, sabrá recuperar como claves, como signos que permiten llegar
-regresar- a un mundo congelado,
preservado en el papel: el mundo de
antes.
Entre octubre de 1954 y octubre de
mientras escribe Un verano en
Tenerife, libro iniciado en 1952 y terminado y publicado en 1958, fecha en
que también escribe y publica Últimos días de una casa, Dulce María
Loynaz prepara dos series de crónicas
para dos periódicos habaneros de circulación nacional: El País y Excélsior. Durante cincuenta y dos sábados
se publican en el primero las «Crónicas de ~yer», y por cincuenta cuatro
1955,

domingos, en el segundo, las tituladas
«Entre dos Primaveras». Todas aparecen en cursiva y ocupan casi cuatro
columnas, incluyendo las ilustraciones. Ambas series se insertan en las
. páginas destinadas por esos diarios a
la crónica social, las que estaban a
cargo de Pablo Álvarez de Cañas
(Santa Cruz de Tenerife, 1s93_La Habana, 1974), segundo esposo de la
Loynaz.

mún de intervención en el trazado de
los modelos de representación de la
sociedad habanera, ante la cual Dulce
María Loynaz está especialmente fa~ultada para presentarse como conseJera, puesto que no sólo la legitima su
pertenencia a una de las familias más
ilustres, más permanentemente venerables del país, sino también su condición de escritora, de poetisa, y de
esposa del cronista de ambos diarios.

Entre estos cuatro textos -las dos
series de crónicas, el libro de viajes y
el largo_poema- se establece un juego
de espeJos en que se reflejan los «desencuentros de la modernidad» en el
país de la América Latina que en la
década de los cincuenta más acaloradamente había experimentado la
modernización en todos los niveles
de la vida. A partir de entonces, y como consecuencia de estas indagaciones de signo distinto en torno a la
modernidad, la obra literaria de Dulce María Loynaz toma nuevos derroteros. El objetivo de estas páginas,
como lo indica su título, es ocuparse
de ellos, para lo que se hace necesario volver a las crónicas, apenas presentadas.

Una lectura más atenta advierte
cómo este proyecto se desdobla: una
serie, las «Crónicas de ayer», con
textos ligeramente más extensos -hay
~enos. ilustraciones, por lo regular
solo una por crónica- es de interés
más general: es el ayer de todos, porque se refiere a las instituciones, las
costumbres, las personalidades, los
lugares que ya han entrado definitivamente en el pasado. La otra serie
«Entre dos primaveras», con dos fo~
tografías siempre, se dirige, si no explícita, por lo menos intencionalmente a las mujeres, ya que trata de mujeres, de dos mujeres vivas: una abuela
y su nieta; dos mujeres, además, de la
alta sociedad habanera, con profundas raíces en ella.

Un acercamiento en conjunto a
las dos series del 54-55, «Crónicas de
ayer» Y «Entre dos primaveras», descubre la existencia de un proyecto co-

Esta división en dos de un proyecto que a primera vista podría considerarse general -interviene en la formulación de los modelos de repre-

sentación de la élite cubana-, no puede explicarse sólo por el hecho de
q_ue _ambas series se publicaran en penód1cos diferentes, pues éstos eran
propiedad de una sola empresa -la
autora habría podido publicar «Crónicas de ayer» en ambos diarios del
mismo modo que su marido publicaba sus crónicas sociales en los dossino a la finalidad particular de la se~
rie «Entre dos primaveras», qul sin
duda obedece a un designio específico de la Loynaz en relación con las
muj~res, tanto con las que son protag?mstas Ya la vez destinatarias explíc'.tas de estas crónicas -la abuela y la
meta seleccionadas en cada ocasióncomo con sus demás lectoras.
'
Llama la atención, de entrada, el
que eligiera un esquema composicional tan apretado para «Entre dos primaveras». Si su compromiso con los
editores era por un año, resultaba demasiado riesgoso, puesto que significaba encontrar cincuenta y dos abuel~s Ynietas dignas de ocupar estas págmas. El riesgo de atarse a este «pie
forzado» se explica, sin embargo,
cuando descubrimos el espacio que la
autora reserva para sí y la función
que se atribuye. Colocadas la abuela
en el pasado y la nieta en el futuro, la
generación intermedia, el presente,
queda abolido: se borra. El espacio
resultante se convertirá en el sitio de
139

�enunciación de la autora, quien se autopropone como puente, como
tra(ns)ductora, entre el pasado y el
futuro. El futuro, como tal, apenas
comparece: una fotografía, un nombre, algunos escasísimos datos. De
hecho, el futuro, la nieta, no es dentro
del texto más que el motivo para producir la reactivación del pasado, la
abuela. Pero fuera del texto, en la sociedad, la nieta es la destinaria explícita del mensaje que vehicula la crónica y de los votos de la Cronista, así
como la ejecutora potencial de su
proyecto. El pasado, la abuela, recibe
en el texto una atención mucho mayor: por una parte, una fotografía de
«su primavera» y, tal vez, fragmentos
de crónicas antiguas, alguna carta,
una partitura o un poema que le fueron dedicados; y por otra, recuerdos
personales de la Cronista y, sobre todo, sus reflexiones ingeniosas, a veces insólitas, inesperadas, sobre alguna virtud, algún mérito, alguna costumbre no muy apreciados en el presente, pero que fueron elementos
constitutivos de un estilo de vida que
no quiere que desaparezca.
De este modo se va construyendo
una «Galería de mujeres útiles», como aquella Galería de hombres útiles
de la que el historiador y bibliógrafo
cubano Antonio Bachiller y Morales
(IXl2- IXXlJ) excluyó absolutamente a
140

las mujeres, no sólo como biografiadas, sino también como personajes
referidos -madres, esposas-. (LugoOrtiz: 1990, 32-35). Pero mientras que
la de Bachiller es una «Galería», una
colección de retratos, la de Dulce
María Loynaz es un «Salón de espejos». Todos los biografiados de Bachiller están muertos, ésta es una condición sine qua non para integrar su
serie. Las abuelas de la Loynaz tienen
que estar vivas, 1 porque deben actuar, inter-actuar con sus nietas: «hasta para ordenar nuestros cabellos necesitamos un espejo, ¿quién va a ordenar memorias sin memoria, sin renuevo de alma, sin espejo?» (EP
30/1/55).

Así pues, frente a una sociedad
que antepone «sus cuentas» a «su ternura», la Loynaz se propone constituirse en una especie de conciencia
crítica que no por actuar lateralmente
-desde «las columnas satinadas» de
la crónica social-, tenga que resultar
ineficaz ni débil. Borrar el presente
en un gesto muy osado, porque quiere
decir anular todo lo que él significa.
Su traducción en ténninos históricos
es bien precisa: Cuba bajo la dictadura de Batista, el país entregando a la
mayor ofensiva inversionista y cultural norteamericana, la ciudad dislocada por el boom constructivo, los valores asentados en las tradiciones que

fundaron la nación totalmente desplazados por los nuevos valores impuestos por los nuevos ricos.
En cuanto a su elección de la mujer -y de la mujer de élite- como destinataria de estas crónicas, habría que
recordar que en Cuba se desarrolló un
importantísimo movimiento feminista
en los años veinte y treinta, en el cual
tuvieron gran participación las mujeres de las clases privilegiadas (Stoner: 1991, passim); movimiento que
culminó con el Tercer congreso nacional de mujeres, en 1939, y con la
aprobación de la Constitución de
1940, en la cual se recogían algunas de
sus demandas fundamentales. Sin
embargo, en los años cuarenta el feminismo, tanto en Cuba como en
otros países de la América Latina
(Miller: 1991, 108), prácticamente desaparece, quizás como consecuencia
de la guerra y, en lo que a Cuba respecta, de la constatación del carácter
meramente fonnal de las conquistas
legales alcanzadas. En los años cincuenta el movimiento femenino cubano se verá compelido a dejar a un lado sus reclamos específicos para ocuparse casi exclusivamente de la lucha
política desatada por el golpe de estado de Batista.
Este vacío de acción feminista es
el que va a ocupar la Loynaz con un

proyecto que si bien no roza, «ni con
el pétalo de una flor», la institución
patriarcal, coloca a la mujer en el eje
de un discurso que se descubre, en última instancia, nacionalista y patriótico, lo que implica una gran transgresión del canon tradicional, ya que este tipo de discurso o cualquier otra intervención intelectual en la esfera pública fue antes, era entonces y, en
buena medida, sigue siéndolo, de la
exclusiva incumbencia de los varones.
La matriz composicional de las
«Crónicas de ayer» es totalmente libre, salvo por el hecho de que su núcleo, su punto de arranque, debe ser
una vieja crónica social. Esto lo aclara la autora desde su primera entrega.
Pero en vez de entrar inmediatamente
en materia, de ofrecer un «botón de
muestra», como lo hizo en «Entre dos
primaveras», dedica toda su primera
página a damos la historia nacional y
la poética del género y, aún más, un
perfil profesional, psicológico y moral del cronista social. Este gesto legitimador que toca fondo en la historia
de la nación, es un reclamo de rigor,
de seriedad, para la tarea que va a
emprender.2 Por lo demás, el interés
de los temas y la abundancia de fuentes detenninan en buena medida la
cantidad de crónicas que se dedican a
cada asunto. En esto tiene mucho que

ver también la intervención de la autora. De modo que en una ocasión
puede pasar revista -ese es el contenido de una de sus páginas- a veinte
crónicas de las que sólo debe extraer
una al azar; y en otras, en muchas
ocasiones, la página de un cronista de
antaño dará lugar a tres, que luego se
convertirán en cinco más, porque, por
una parte, Dulce María Loynaz se regodea en la presentación y en los amplios e imaginativos comentarios con
que siempre las acompaña; y, por la
otra, los temas se van entrelazando.
Así, la crónica de Raúl Cay sobre un
baile de disfraces en la ·mansión de
los Pérez de la Riva le da para tres
crónicás llenas de nostalgia y fabulación, que conducen a otras dos, porque en esa misma casa se efectúan los
escrutinios de un concurso de belleza
organizado por El Fígaro; pero como
la elegida, hija de los Grandes de Fernandina, se casa muy poco después
del certamen, a sus regias bodas, reseñadas por el admirado Enrique
Fontanilla, se dedican tres crónicas
más.
El inventario temático de las crónicas, con ser muy variado, se reduce,
como decíamos al principio, a la reseña de visitas de personalidades -el
príncipe Alexis de Rusia, la infanta
Eulalia-, de eventos, de lugares, instituciones, costumbres. El inventario

de recursos expresivos: de medios de
representación puestos en juego por
la autora, resulta prácticamente inabarcable: para cada crónica -y esto es
en buena medida también aplicable a
«Entre dos primaveras»-hay una forma distinta. Pero ahí termina toda semejanza, porque mientras éstas se escriben desde el presente, aquéllas se
escriben sobre el pasado. Así, en
«Entre dos primaveras» habrá cli'álogos entre la Cronista y su esposo, o
cartas, o visitas. Sus amigas le propondrán temas, le sugerirán nombres,
intervendrán, se filtrarán en ellas. En
«Crónicas de ayer» pese a lo que el
titulo podría sugerir, no encontraremos costumbrismo, ni pastiche, sino
una forma sutil de palimpsesto. El
texto antiguo no es raspado ni borrado, para escribir sobre él, sino traído
de nuevo a la superficie con «un pañuelo de seda para apartar un poco el
polvo de los años, del olvido» (CA
22/1/55). Este accionar del pañuelo, al
tiempo que selecciona, acaricia. Hay
zonas que quedan oscuras, fragmentos de crónicas que el polvo puede seguir cubriendo. Pero hay otras, en
ocasiones crónicas completas, que
merecen el mayor pulimiento. Entonces todas las galas del estilo de Dulce
María Loynaz, su talento para recrear
atmósferas, para introducirse en sus
personajes, reencuentra el espacio común de su memoria y de su fantasía.
141

�•

Porque enclaustrada en su casa durante casi toda su infancia y su adolescencia, las colecciones encuadernadas de El Fígaro y La Habana Elegante, las fotografías de familia y
amistades, los recortes de prensa habían sido el mundo por donde viajaba
su imaginación: la Infanta Eulalia
que se mueve en sus páginas, entre
tanto ajetreo de ceremonias y tanta
calidez de cortesía; el Julián del Casal voyeur, extraído ante María Cay
que mira al espejo vestida de japonesa, todo lo que fabula, lo que novela
en sus crónicas ¿lo habría novelado,
lo habría fabulado ya la niña, la adolescencia que sostenía sobre sus rodillas los grandes álbumes? Las lecturas, la imaginación y la memoria se
funden, siempre de modo distinto, en
sus «Crónicas de ayer», en las que,
pese a lo emocionalmente comprometida que está la autora con sus temas, cierto distanciamiento, una perspectiva que no es del momento de la
escritura, que también viene de antes,
organiza la temporalidad, establece la
causalidad. De este modo se historia
la tragedia de una familia, de una sociedad, al recordarse la inauguración
de una -entonces-- nueva casa; o se
van apuntando los estragos, apenas
perceptibles, cuidadosamente justificados, de la modernización que poco
a poco acelera su paso. Del trencito
que llevaba de la estación de Concha
142

a Marianao a una hora en que el viento soplaba en la dirección conveniente para que el humo no manchara las
blancas gasas de las muchachas, a la
destrucción de los hermosos barrios
que le crecían con sus quintas y jardines a la ciudad, se va anotando con
rigor y dolor todo el deterioro inevitable de un mundo hermoso que se
venía abajo.
A medida que avanza la redacción
de las crónicas es posible observar
cómo la nostalgia y el pasatismo que
podían haber sido un subtexto inscrito en este proyecto de formulación de
modelos de autoconocimiento para la
sociedad habanera, van siendo reemplazados por el dolor y la indignación, con tránsitos frecuentes a la ironía. A veces se perciben en ellas signos de desilusión, de cansancio, pero
ese impulso culturalista que sostiene
a la autora en conflicto con la creciente incuria, con el desarraigo de
quienes la rodea, le permite llegar al
final, un final que es más que nada un
reto, puesto que lo que ofrece como
despedida a sus lectores - «como yo
no sé escribir sin traspasar un poco de
mi sangre» (EP Í3/I0/55}- es el retrato
de su madre, en «Entre dos primaveras», y la lección de los libertadores,
entre los cuales estuvo su padre -a
quien ha hecho intervenir en otra
inolvidable página-, en «Crónicas de

ayer». «Algunas veces la generación
[...] que todavía estudió Historia, saluda a los veteranos que quedan con
palabras gentiles y los llevan como
reliquias a sus fiestas» (CA 15/10/55),
dice con amargura en su despedida, y
tras preguntarse si no hubiera sido
mejor para ellos haber muerto en la
guerra, se responde con un programa
de vida que es el suyo: «Morir no es
cosa fácil, pero reconozcamos que la
vida es también un trabajo de valientes» (ibid).
Hablábamos al principio del juego de espejos que se establece entre
estas crónicas y otros textos escritos
en la misma época y cómo su resultado llevaría a la autora a explorar nuevos caminos. Estos nuevos caminos
serán ~os del rescate factual, por las
vías de la memoria, pero también de
la historia -aquella historia que ya no
se estudiaba-- de un pasado que no está dispuesta a que desaparezca. En su
mayoría se trata de textos inéditos e
inconclusos, de los que se conocen
fragmentos leídos en público por la
autora o que, como parte de la leyenda de los Loynaz, son motivo de fantasías y elucubraciones. Todos se vir,culan de un modo u otro a la persona
de Dulce María, de suerte tal que vienen a ser algo así como sus «memorias», fragmentadas en los distintos
vasos en que se han recogido.

«Criatura de isla», como se ha llamado a sí misma en más de una ocasión, al igual que una isla de Loynaz
se define por lo que la rodea, simultáneamente sus bordes. Por eso, aunque
en toda su obra hay tal carga autobiográfica que llega a influir en la lectura de sus textos, es más una escritora
de memorias, que de autobiografía,
pues es mayor su interés por el mundo exterior con sus gentes y sus hechos que la narración de su hacerse
de su propia realización personal:
Así, cuando interviene en tas crónicas
con sus recuerdos, cuando se pone
por escrito, para ella contarse equivale a otorgar veracidad emocional al
p~sado que rememora. La niña que
eJecuta sus primeros «juegos de
agua», en los baños de Carneado, o la
que oye estremecida y oculta entre
los pliegues de una cortina los versos
de «La más fermosa», recitados por
su autor, Enrique Hernández Miyares, comparece ante el lector no como
autoridad, sino como testigo generoso
que quiere salir de fiador de la Cronista con su vida.
Cronológicamente, el primero de
estos libros es la Historia de El Vedado, que hace más de treinta años comenzara a escribir y que la pérdida
ahora casi total de la visión le ha impedido terminar. Descendiente de tos
propietarios de una gran parte de esta

externa zona de La Habana -flanqueada por el mar, al norte; unas suaves colinas, al sur; y el Almendares
«este ~fo de nombre musical», al oes~
te-, donde ha vivido por más de setenta años, Dulce María Loynaz no
s~lo ha tenido la aventura personal,
smo también la documentación -y
hasta la experiencia legal, como abogada encargada de los asuntos familiares- del desarrollo de este barrio,
en el cual está sembrada su novela
Jardín y al que se dedica amplio espacio en sus crónicas.
El segundo de esta serie memorialística es un libro armado, cosido, por
Dulce María, pero no suyo. Son tas
voluminosas e inconclusas Memorias
de la guerra del General Enrique
Loynaz del Castillo, tas que a su
muerte, en 1963, llegaron a manos de
su hija. Con estos miles de páginas
desordenadas, reiterativas a veces, en
otras ocasiones fragmentarias, bregó
por cerca de dos décadas, en las cuales copió, anotó, organizó el material
Y cotejó con posibles fuentes secundarias, pues el General, deseoso de
dar en su totalidad la historia de la
contienda, había escrito también acerca de episodios en los que no había
participado. Conocedora profunda de
la historia de su país, y, como lo atestiguan sus crónicas, poseedora de un
riguroso sentido de su destino, para el

«zurcido» y «remiendo» (Loynaz;
1989, 2) de las Memorias de su padre
la Loynaz debió revisar prácticamente toda la bibliografía de la guerra del
95, de la que salió con un renovado
patriotismo que se expresa en la breve «Síntesis biográfica» del General
(p. 511-513), en la que reciben el mayor énfasis sus méritos morales en la
paz - «no aceptó ningún cargo durante la Intervención norteaJ11ericana, pese a que había qu~do, por muerte
de su padre, al frente de una familia
numerosa y arruinada por tres guerras»; «al efectuarse las elecciones
que daban por reelecto al Presidente
EStrada Palma, considerándolas fraudulentas, renunció a su escaño en la
Cámara para levantarse en armas
contra el Gobierno»; «murió / ..J en
su modesto retiro».

Fe de vida es el título de un libro
de Dulce María Loynaz que habría
debido publicarse póstumamente, pero que al cumplir noventa años ha
aceptado darlo a la imprenta. Se trata
de la biografía de su esposo Pablo Álvarez de Cañas, en la cual, como lo
indica el sentido testimonial del título, es posible que haya un gran peso
de autorreferencialidad, por cuanto
constituye en buena medida la historia de una pareja. En ella trabajó la
autora en la segunda mitad de los setenta, periodo en el que al tiempo que
143

�continuaba ocupándose del ordenamiento de las Memorias de su padre,
tras la muerte de sus hermanos Enrique -en 1966- y Carlos Manuel -en
1977-, va siendo absorbida cada vez
más por el inventario y los recuerdos
de los hechos de su familia.
De este modo, en 1984 da a cono-

cer un intenso trabajo biográfico -basado en las vivencias de una sensibilidad común, de una existencia tan
compartida- sobre quien podía llamar
entonces «un poeta desconocido», su
hennano Enrique, con la esperanza
de que su obra fuera publicada. Este
trabajo -«la tarea más ardua en mi vida de escritora» (Loynaz: 1992, 31)no sólo logró ese objetivo, puesto que
la poesía de Enrique y la de sus otros
hennanos -Carlos Manuel y Flor, fallecida en 1986) ya se ha editado y reeditado ante una gran demanda; sino
que también activó, tanto en la autora
como en sus lectores, mediante esos
misteriosos mecanismos de la recepción, la pasión por conocer más acerca de la familia.
Así pues, en los últimos años y
con distinto motivo, Dulce María
Loynaz ha debido hablar de sí y de
sus hennanos para cineastas, peri~distas y estudiosos, de modo tal que
ha ido produciéndose una abultada
bibliografía y una buena coleccionci-

ta de documentales y videos, con sus
confesiones. Los más representativos
de estos textos son el collage de entrevistas que con el título de «Conversación con Dulce María Loynaz»
publicó Pedro Simón al frente de su
Valoración Múltiple (1991: 31-66) y
que da cuenta, particularmente, de su
vida intelectual; el libro La hija del
General, de Vicente González Castro
-La Habana, 1991-, larga biografía de
la Loynaz construido con una gran
participación suya; y el documental
Una mujer que ya no existe, del propio autor y de 1987, con el que Dulce
María se reincoporó a la vida cubana
con una fuerza y un alcance que no
era posible predecir.
Es en el contexto anterior que la
autora lee en 1990, en el Gran Teatro
de La Habana, la primera parte de un
libro sobre la infancia, adolescencia y
juventud de los hennanos Loynaz, titulada «Memorias de una casa: su
ámbito y su época». En las palabras
con que introduce su lectura, Dulce
María va a utilizar una metáfora similar a la empleada cuando contaba lo
que tuvo que hacer con los papeles de
su padre -«zurcir y remendar»-, para
caracterizar el lenguaje que emplea
en este nuevo texto: «es un trabajo
hecho como una comida casera: no
hay nada de especialidad / .../ ni de
imágenes bellas, no hay nada de lo

que hay en Jardín»3. Y en efecto, no
hay ninguna suntuosidad en las palabras, ningún lujo, sino tan sólo la fragancia de los recuerdos, la vida cotidiana -poco común, pero cotidianade unos niños que transitan entre la
casa de sus padres y la de sus abuelos
a través de las ligeras puertas que las
comunican, que vislumbran o fantasean el mundo gracias a la imaginación de alguna amiguita aventurera o
de un paseo excepcional. Comparece
el viejo cometa a tocar diana bajo la
ventana del General el día de su santo, se leen los periódicos del día, llega a jugar José Manuel Lara -a quien
conocemos de «Entre dos primaveras»-, vuelve a hundirse el Titanic,
esta vez en la sala de los abuelos, y
Rosa -la inefable Rosa de las «Crónicas de ayer»- trae de la casa del cónsul de ·china un cofrecillo de sándalo,
un abanico de plumas de pavo real, y,
sobre todo, la perspectiva de un compromiso matrimonial para ella y para
Dulce María con dos de los príncipes
imperiales...
Así, la escritora que con Jardín
había entregado uno de los textos
más significativos de la vanguardia y,
en particular, de esa literatura femenina cosmopolita que, lejos de mostrarse entusiasmada con la vida urbana moderna, «tendía a pintar [la] ...
como una fuente de prisión, miedo o

desesperación» (Pratt: 1990, 57-58);
que con los caminos humildes parece
haber intentado lo que pocas mujeres
de su tiempo: llevar a una novela los
conflictos que la modernización trae
a los campos4; dedicada desde los sesenta «a un menester que fuera en
otro tiempo tradicionalmente femenino» (Loynaz: 1989, 2), zurciendo y remendando sus recuerdos, aderezándolos como una comida casera, va, y
nos arrastra, al encuentro de la identidad propia y de todos, con un discurso memorialista que no aspira, como
en el caso de Marguerite Yourcenar,
a remontar, con la ayuda de archivos
y genealogías y por los caminos de la
microhistoria, todos los ríos de su
sangre; ni, como en el caso de Victoria Ocampo, a entregarnos las angustias y los éxitos de su difícil camino
de realización. (Quizás algo de esto
último, su imagen de escritora, de salonniere, aparezca cuando se publiquen sus cartas, el nutrido epistolario
en el que ahora trabaja.) Porque tanto
las crónicas como «las memorias» de
Dulce María Loynaz, nutridas de recuerdos personales atrapados en una
malla intertextual de muy compleja
urdimbre, en la que las fotografías,
como en Proust (Adams: 1985, 7-18), o
sobre todo, en los escritos autobiográficos de Marguerite Duras (Mourao: 1992, 247-257), tienen una gran importancia capital; en la que la crónica

modernista que le sirve de fuente y
también de fonna, con su heterogeneidad, con su «mezcla y choque de
discll{Sos» (Ramos: 1989, 12-13), pero
también con la capacidad que ofrecía
por vez primera a los escritores de
apelar a un vasto público (Rotker:
1992, 13-27); esta literatura presuntamente personal se fue demostrando
cada vez más patriótica, mediante la
transformación del espacio privado
en un espacio público de fundación,
de constitución de una identidad nacional.

veces de banderas preciosas y de ángeles diminutos que tenía que defender al día siguiente de la invasión de
las hormigas ... (CA 26/3/SS).
La Habana, junio de 1993.

Notas

1

La muerte de una de las abuelas seleccionadas para integrar la serie la
obligó a dedicar el espacio de la semana a consignar brevemente lo sucedido, pero no hay crónica (EP 211,ss).
En otras dos ocasiones se rompe el
esquema. En una debe introducir una
«abuela» sin hijos ni nietos (EP
18/7/SS); en otra no presenta dos mujeres, sino cuatro: bisabuela, abuela, hija y nieta (EP 16/10/SS).

2

La poética del género y la personalidad del cronista constituyen un frecuente tema en estas páginas, y en esta recurrencia podría encontrarse tanto un proceso de autorreflexión, como
de legitimación de la figura del cronista. En relación con esto último,
Dulce María Loynaz dejó claro alguno de los móviles de sus crónicas:
«Cedí y hasta me animé por espacio
de un año a escribir unas crónicas retrospectivas, que puestas al margen de
su sección [la de su marido, el cronis-

En una de sus «Crónicas de ayer»
Dulce María Loynaz desci:ibía para
sus lectores una fiesta familiar y al
narrar su experiencia infantil, parece
entregársenos por completo, en la develación de sus más altos ideales, de
sus cuantiosos sacrificios:
Por la mañana del gran día mandaban
/ .. ./ los altos túmulos de yemas, dátiles y piononos servidos en esbeltas
salvillas de cristal; el túmulo oloroso,
dorado, almibarado, tentador, solía rematarse con un angelito de merengue
o una miniatura de la bandera cubana.
Y ¡oh, romanticismo mío, ya desde
entonces superior a toda tentación!...
Yo solía cambiar al niño que le tocaba aquel adorno, mi ración de dulces
por su tesoro, y así fui dueña muchas

�YO NO PEDÍ NACER

WaldoLeyva
ta] tenían el propósito ciertamente innecesario de hacerla más atractiva».
(Simón, 1991, 52).
3

4

Tomado de la grabación de la lectura.
Texto inédito.
Según le refirió la autora a Pedro Simón, quien tuvo la gentileza de contármelo, esta novela, cuyo manuscrito
fue destruido por ella, trataba de las
expectativas de los campesinos ante
la construcción de la Carretera Central en los años veinte.

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EL SONIDO SIN FONDO A LA PUERTA
Vuelve a llamar. Toca de nuevo la madera remota de esa puerta. Nadie está en casa. Los últimos habitantes partieron al amanecer de un día, al que tú no has llegado. Vuelve a tocar. Tú no buscas a nadie
só~o necesitas el so~ido sin fondo de la puerta, la esperanza de una voz que responda, que justifique ei
ongen de la memona para poder partir. Hay otra puerta abierta. Los muertos dejan allí vasos de agua,
flores que no han nacido todavía. Pero tú evitas ese umbral sospechoso. Sabes que si lo cruzas volverás
a ser niño, Y Y~ ~o t~ alcanzarán las fuerzas para llegar hasta donde estás ahora, tocando a la puerta de
una casa que m s1qmera desconoces, con la esperanza de una voz que te deje partir a ningún sitio.

COTIDIANA
¿Qué voy a hacer con este día?
No tengo ni siquiera el consuelo de ignorar
el breve porvenir de las horas que vienen.
Temo despertar mañana.
Miro pasar la gente,
sobre todo los ojos de la gente
y quisiera gritarles:
por aquí es el camino,
al final de esta ruta se puede reír,
hay lugar para el sueño al fondo de la calle.
Pero yo mismo no estoy seguro,
evito los espejos,
tengo la lengua amarga,
me echo a llorar sobre la cama
sin encontrar motivos aparentes.
Si pudiera donnir toda la vida
y despertar, no en el futuro,
sino en los años en que lo soñaba.
147

�YO NO PEDÍ NACER
Cuando un hombre y una mujer se juntan,
¿tendrán en cuenta que al hacer el amor
son como dioses,
que del acto de amarse,
.
de intercambiar sus jugos esenciales,
puede venir después un ser
que tendrá un nombre,
un modo de tocar las cosas,
un rostro para el beso o el azote?

pregunta igual, alguien responderá.
El primero de enero del año dos mil uno será lunes
pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada
tiene que ser definitivamente jueves
y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.
Las calles serán las mismas para entonces,
los tlamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,
muchos amigos no estarán
y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,
de la ciudad, de mi país, del mundo.
Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,
prepares la piel, el corazón, las ganas de vivir.

Mientras funden sus cuerpos
hasta lograr que la piel sea una sola,
que baste una boca para respirar,
que lata un corazón para los dos,
;pensarán entonces
"
. . ?
que nadie le ha pedido venir a este pa1saJe.
¿Serán capaces de pedir disculpas?

DEFINITIVAMENTE JUEVES
Quiero que el veintiuno de agosto
del año dos mil diez,
a las seis de la tarde como es hoy,
pm;es desnuda atravesando el cuarto
y preguntes por mí.
Si cstoy,"pregunta, y si no existo,
0 si me he extraviado en algún lugar de la casa,
de la ciudad. del mundo,
14M

149

�EL GENIO DE CARLOS PELLICER

Nancy Morejón
La poesía de Carlos Pellicer (18971977) es uno de los monumentos literarios más espléndidos de la poesía
en lengua española durante el siglo
XX. Y, como tal, lleva grabado el signo de la aventura, de los sentidos, de
la heroicidad y, en el puro centro de
su cenit, el alma de los pueblos de
América Latina.
Leí por primera vez sus subordinaciones (1949) a la sombra de una de
las bibliotecas circulantes nacidas en
Cuba a mediados de los años sesenta.
En apariencia, mucha era la distancia
que mediaba no sólo entre su generación y la mía, sino en el concepto de
la expresión poética preferida por una
y otra. Adolescente aún, yo no podía
apreciar en su efectiva esencia, el
vastísimo cosmos que subyace en cada verso, en cada poema de este genio. Quedó en mí, sin embargo, una
atracción singular que no olvidé en
toda mi vida. En enero de 1967, tuve
el privilegio de conocer personalmente a aquel poeta desbordante, dueño
de las selvas y los ríos tropicales, que
hablaba de un idioma mítico y cortaba la respiración a más de un poeta
joven. La arena azul de Varadero fue
el marco donde escuché sus poemas
fluviales, sus sonetos a Zapotlán, sus
romances telúricos. Venía invitado
por la Casa de las Américas para tomar parte en los festejos del centena150

rio del nicaragüense Rubén Darío.
Quizás aquel paisaje resaltaba no sólo la gran poesía del «tabasqueño
ilustre», sino su propio porte, la insólita energía que emanaba de cada uno
de sus poros, en fin, su cabeza redonda que enarbolaba, como un rey,
frente a nuestros aires invernales de
enero. Era su primera visita a Cuba,
aunque ya había aparecido en su obra
en más de una ocasión.
Cuba divina,
tierra naval y bailarina,
entre el &lt;lanzón de tu apogeo
corre la sombra de tu ruina.
(«Cuba»)!
Una tarde, tras escuchar algunas
canciones de Bola de Nieve en los
antiguos predios de Dupont, Pellicer
dijo uno que otro texto y dejó en mí
esa huella innombrable que sólo dejan los poetas extraordinarios en manos de una muchacha que empezaba
a vivir. La fuerza de aquellos poemas, su ternura privilegiada, su sonoridad de cantata, me sobrecogía y,
durante largos años, casi logra impedir que yo identificara a Pellicer con
el contexto histórico donde había nacido su maravillosa producción y
que, por otra parte, percibiera, desde
entonces, el grari sentido de compromiso intelectual que su ejemplo civil
había dado no sólo a las mejores cau-

sas de la nación mexicana, sino a las
del continente y a las del mundo entero, de Holanda a Palestina. Tanto
nos subyugaba su expresión que, tal
vez, perdíamos de vista que semejante portento literario era la voz poética
de la Revolución mexicana -antecedente de la nuestra-, junto a esos dos
otros gigantes como lo fueron Ramón
López Velarde (1888-1921) y Alfonso
Reyes (1889-1959).
La explosión que había sido, en
verdad, su poesía durante la década
del veinte -a partir de sus dos primeros libros, Colores en el mar (1921) y
Piedra de sacrificios (1924}- no sólo
cambiaba el rumbo de la poesía mexicana e hispanoamericana, sino que
trascendería su misma expresividad.
Pellicer abría los ojos al universo cotidiano para dejar atrás aquella estética de la melancolía, del desasimiento,
del regodeo en una nostalgia que
apartaba al poeta de su circunstancia
y sobre todo, de su paisaje. Todo ello
sin abandonar el enorme lirismo inherente a su genio. Por eso, creo que
esa obsesión por el paisaje en Pellicer
no es sólo es; no es sólo alternativa
temática, sino irrupción de un nuevo
aliento, de un nuevo orden recién estrenado, en aquella nueva ética de los
viejos tiempos en que las nuevas
ideas -en México y luego en todo el
continente-, eran la prueba de la Re-

volución. Junto a José Vasconcelos,
entre otros. Pellicer inaugura los
tiempos de la solidaridad americana.
Así, sufrió prisión, por defender las
ideas revolucionarias y, de esa misma
forma, hallaría la real identidad de su
pueblo.
«Pellicer busca su patria fuera y
halla tierra firme en la plataforma del
continente. Mucho antes que Neruda,
empieza a cantar los puertos y las
playas de América», ha señalado a
tiempo Gabriel Zaid.2 Hallar la plena
identidad del país mexicano supuso
en Carlos Pellicer el declararse ciudadano de América Latina. Admirador
de Bolívar y José Martí, de Cuauhtémoc y Juárez, de Uxmal y el Iguazú,
cantor de las arenas y la épica libertadora, este poeta de los acentos más
autóctonos siempre supo adscribirse a
la cultura universal. Pocos poetas, en
su época, llevaron la enseña de nuestra imagen con tanta honestidad y
tanta precisión como Pellicer supo
llevarla, de manera tan latinoamericana, a las puertas de Europa. Cuando
París era todavía aspiración y sueño
abigarrado de todas las generaciones
que aún sobrevivían bajo el clima del
modernismo, el autor del «Canto al
Usumacinta» -con la audacia de Pativilca y Tilantongo- convocaba a la
reubicación del sol parisino, llamándolo a contar y establecer así un diá-

logo fructífero, aleccionador; de una
agresividad tan saludable que aún cobra vigencia en nuestros días. Su famosa «Oda al sol de París» lo muestra, además, como el gran poeta renovador que fue. Un corte surrealista en
el tratamiento de las imágenes -caro
a su expresión desde los inicios-, lo
hace heredero de toda la historia de la
poesía de la humanidad.
¿Qué otra cosa no es «Divagación
del puerto&gt;&gt; de 1924, o la patética
«Oda a Salvador Novo»? En aquella
fascinación verbal, tan legítima y necesaria, a que nos sometió la poesía
de Carlos Pellicer, también se desdibujaba una actitud fundamental: el reparo perenne a cuanta manifestación
opresiva existiese en y más allá del
hemisferio y el rechazo más absurdo
a la presencia imperialista en nuestras
tierras. En el poema dedicado a Cuba
que citamos hace unos instantes, encuentro nuevas recurrencias de este
orden:
Te estranguló con mano higiénica
el yanqui cínico y brutal.
Civilizáronte y perdiste
tifo, alegría y libertad.
(«Cuba»)3
Necesitamos ser todos los pueblos,
Bolívar y San Martín

y el Che Guevara son los ejemplos.
(«Líneas por el Che Guevara»)4
Otra vez, en «Divagación del
puerto» aparece Il}ás claramente esta
actitud:
Nueva York se opuso a mi conciencia
pero esta in"'.aluable ciudad,
incluso Rockefeller y Roosevelt,
por cinco centavos Ia'pudo comprar.
¿Verdad, Mr. Woolworth?
Mas una tarde de aguafuertes costosísimas
húbele de abandonar?5
Al entrar en otra materia, advierto
gran verdad en una idea de Juan José
Arreola sobre los sentimientos religiosos de Pellicer. Arreola afirma que
«el hilo de religiosidad, profundamente cristiana, que atraviesa toda la
obra de Carlos Pellicer y que desemboca ya torrencial en Práctica de
vuelo, significa tal vez la mayor gloria del poeta que desde la muerte de
Ramón López Velarde es nuestro más
grande lírico viviente»,6 porque en
ella también se afilió el poeta a sus
más nobles tradiciones, esa que a partir de la figura de Camilo Torres se
hace hoy esperanza palpable en la Nicaragua de Ernesto Cardenal.
La religiosidad de Pellicer vuelve
espléndido su amor al prójimo y se
151

�PARA ELISEO DIEGO

Lourdes González Herrero
hace, precursora como fue, más contemporánea. Recuerdo un estremecedor poema suyo al héroe nacional
vietnamita Ho Chi Minh:
Yo, cristiano, estoy diciendo su nom-.
bre en silencio y por haber sabido de
él, le doy gracias a Dios.
(«Ho Chi Minh»)7
8
La «perpetua juventud» de que
hablara Gabriel Zaid es una realidad
incuestion~ble. No encuentro en toda
la obra de Carlos Pellicer algún rasgo
que pudiera inducirme al lamento vacío, el desamor por la vida, la existencia o la sociedad. Sin abandonar
los precisos instantes de recogimiento
y reflexión, la obra de Pellicer es un
canto a los seres humanos y su entorno en el planeta Tierra. Nunca fue de
otra manera. Su espiritualidad registra un grado de panteísmo insuperado
en la poesía hispanoamericana de
nuestros tiempos. Anticonformista
por excelencia, su brújula se dirigía
hacia el porvenir, hacia aquellas potencialidades de la condición humana
que siempre estarían marcadas por
una acción consecuente, diáfanamente constructiva.
Ahora, quisiera detenerme en un
poema de Pellicer cuya primera lectura no se borra de mí. Recurro a él
siempre que puedo, cuando la nostal1S2

gia por México empieza a devorarme
y me achica hasta convertirme en una
hormiga que trabaja tres tumos para
«echar abajo una ceiba colosal». Ese
poema que se vuelve una necesidad
biológica porque adelanta como el
agua de mayo, sólo tiene un nombre:
«Discurso por las flores». La genialidad de su composición, la sabiduría
con que Pellicer transparenta las formas, el modo en que introduce alusiones eruditas sobre botánica y jardinería, el acabado sonoro de cada verso, han creado un verdadero paradigma de este tema de la poesía universal para instalarse en su mejor historia. Es imposible que yo les describa
el sentimiento que me _produce cada
lectura suya. Pellicer,hace potable no
sólo el agua de todos los días, sino la
belleza física y ·espiritual que toda
flor encierra, en especial la que nace
en el Valle de México. Permítanme
rescatar esta tarde sus últimas palabras:
Quiero que nadie sepa que estoy enamorado.
De esto entienden y escuchan solamente las flores.
A decir me acompañe cualquier lirio
morado:
señoras y señores, aquí hemos terminado.
9
(«Discurso por las flores»)

ELISEO

Notas
1

Carlos Pellicer: Poesía, Casa de las
Américas (Colección Literatura Latinoamericana), La Habana, 1982, p. 69.

2

Gabriel Zaid: «Casa a la alegría»,
prólogo a Primera antología poética,
de Carlos Pelliccr. Selección de Guillermo Femández, Editorial Fondo de
Cultura Económica (Colección Popular), México, 1969, p. 16.

3

Carlos Pellicer: op. cit., p. 70.

4

Carlos Pellicer: op cit., p. 365.

5

Carlos Pellicer: op. cit., p. 53.

6

Juan José Arreola: «Prólogo» a Carlos Pelticer, Editorial de la Universidad Autónoma de México (Colección
Voz Viva de México ), México, 1964,
p.

«les dejo el tiempo, todo el tiempo»

No debiste dejamos este tiempo
sin las precisas instrucciones que advirtieran
cómo salir del caos.
Las horas heredadas en tu nombre
so~ dadas por agujas que se quiebran
dejando en su lugar una esfera numérica
Entre tu corazón y el nuestro
hay una isla diferente.
Perdimos la confianza
y el descenso
no puede semejar una escalada
Pero te perdonamos la ambición
'
te absolvemos
Yjuramos lealtad a las palabras
leyendo tu inocente testamento.
Octubre de 1995

l.

7

Carlos Pellicer: op. cit., p. 368.

NUEVO INFORME DEL COLEGIO DE AUGURES

8

«Tiene la voz de un joven poeta que
recobra su alegría, después de un nuevo silencio.» Gabriel Zaid: op. cit., p.

Temerosos escriben los augures:
nada dicen las rojas cavidades
ni las vísceras prohibidas
después del sacrificio.
nada canta.
en el aire un eco pendular
y el olor de velas apagadas
anuncian los comienzos de la lluvia
lluvia de peticiones dentro, de renu~cias.

18.
9

Carlos Pellicer: op. cit., p. 233.

Nota: Palabras leídas en el homenaje a la
memoria del poeta en la sede de la Unión
de Escritores y Artistas de Cuba, el 17 de
febrero de 1984.

1S3

�CÓMPLICE
pudiéramos de nuevo examinar los signos
pero sería mejor interpretar el tiempo sin cautela,
sin vigías los mares, sin fronteras.
el futuro es invisible en nuestros signos.
se deben consultar otros dictados.

Camino hacia el infierno.
Burócratas e intermediarios se ocupan de la cena brindando mis palabras.
Pero el camino no parece arriesgado:
de suave césped, sol, turismo,
de suave calma, viento, fiesta.

Octubre de 1995

REALIDAD VIRTUAL
De algún modo no vivo en el país.
Exiliada en la mente
cierro y abro la puerta del espejo
para esperar así, entretenida,
deconstruyendo el árbol y la casa
cuyo único objeto valorable es un cuadro con arma

Camino hacia el infierno entre el folklore y la moneda
llevo cien pesos a la casa
'
y una mirada oculta, indescifrable.
Soy cómplice de todo.
Mendigo los placeres entre gente que exporta la sonrisa
y que exporta el amor
y que exporta la vida.
Soy cómplice, no hay dudas.

Me queda la esperanza de disfrutar el fuego:
soñar vivir morir abrir cerrar
vender comprar urdir trocar pagar.
Es el remate justo para cuarenta años de subasta,
la herencia conquistada entre días y noches
de verdadero y falso,
la puerta en el espejo de la mente
donde exiliada reconozco que,
de algún modo,
no VIVO.
Septiembre 20 de 1994

Llego a la casa con cien pesos de menos,
me desnudo ante el agua,
rezo un conjuro supersticiosamente para alejar al enemigo,
y yo sé, bien lo sé,
que no hay poderes en las palabras dichas con miedo,
ni en las palabras dichas,
ni en las palabras.
Andando, andando, andando,
un rumor que no cesa me impulsa al infierno
-pobre imagen que cierra la puerta de su casa
y se marcha hacia otro tiempo.

�Otros han preferido declararse inocentes o poetas,
pero yo,
soy cómplice de todo:
guardo la espada, cruzo los brazos,
no me detengo,
voy hacia el infierno por un camino que no parece peligroso.

Burócratas e intennediarios saben donde encontranne,
sólo ellos conocen este camino corto
-)' cada vez más corto.
Yo tenía un lenguaje que todos entendían
y podía con él entender a los otros,
pero en este camino, a los cuarenta años,
mi oído se esfuerza, mi corazón se esfuerza,
mi garganta se rompe,
y tengo que aprender sin objeciones
un idioma que altera el código de paz aprendido
hace cuarenta años.

Admiro a los que saben buscar el oro nuevo
a los que aprenden pronto,
'
a los que esperan tenninar este siglo Heno de provisiones·
admiro a las danzantes que se ofrecen,
'
a los bufones que se brindan,
y es que soy cómplice de todo:
vendo mi tiempo en el camino,
Y mientras voy acercándome al infierno
no me parece peligroso.
(Además, no es justo olvidar,
llevo cien pesos míos a la casa,
mi madre los resta de la deuda mensual
.
'
cierro la puerta y salgo).

Pero no me parece peligroso:
de vez en cuando un extraño sonríe ante mis versos,
un directivo inclina su balanza hacia mí,
me invitan a fumanne un cigarro,
puedo beber en copas y hacer algún dictamen.
(Además, no se puede olvidar
que a mi casa llega mi sombra cada mes
con cien pesos perdidos y encontrados,
mi madre los registra en su cuenta doméstica,
cierro la puerta
y salgo).

Agosto de 1993

EN LA ORILLA DERECHA DEL NILO

Me preocupa el pequeño que no entiende qué hago
alejándome siempre, constantemente, hacia el infierno,
para él inventé una nueva canción de Orfeo
y dispuse que fuera a buscar el orgullo
y le di una pobreza grande para que salve su optimismo,
ya que sólo los pobres alcanzarán la tierra de este cielo.
156

comienzan a caer todas las máscaras de un baile irrevocable
donde gritan los seres de la fe
'
los de la duda,
Y cantan nada más los convidados.
Se estrena el desconcierto:
comprar es la aventura más hennosa
Y vender la más sabia.

•

157

�GASTÓN BAQUERO: LA MAGIA DE
LA INVENCIÓN

Manuel García Verdecia
Los descendientes crecen:
hay una estirpe naciendo en los papeles
con la música impagable de esta fiesta.
Los más humanamente desvestidos resisten el escándalo,
atrapan en el agua la luna de los sueños,
.
.
comprenden que en el río de su orilla se está munendo el tiempo,
que de pronto su arena es una mancha ocre en las postales.
En la orilla derecha del Nilo,
detrás de las paredes,
el poeta comienza a escrib~ lent~,
.
desoye las noticias y perplejo qwere saber su suerte.
qué lugar tiene entre la música y el río que separa esta
orilla del eco sumergido de la opuesta.
El poeta resiste detrás de sus objetos,_
sabe que el mundo se divide en dos siluetas,
.
que las fronteras suelen cambi~ danzando con el tiempo.
El poeta persiste cuidando sus i~eas,
sin deudas que lo hagan aplaudir
los últimos y turbios desalientos;
desciende hasta la playa mirando los fulgores,
.
estrena una palabra: sus juegos infantiles que prohiben esta fiesta postrera.
El poeta define su criterio:
las orillas del Nilo son idénticas.
Enero de 1995

Hacia 1916 o 1918 -hay discrepancias
en los documentos consultados y su
tío materno y hermano de juegos,
Eber Baudín, sostenía que era 1915,
tal vez sea que es la incertidumbre el
humus de la poesía-, por esos años,
nace en Banes un niño que habría de
ver con ojos de almirante inaugurador
lo que otros sólo percibían como la
monda epidennis de lo cotidiano. Para aquel niño ver no era únicamente
aceptar unas geometrías, unos colores. ciertos disfraces o máscaras; ver
era también agregar, variar, transmutar. Jo visto en lo que se quería ver.
Tan así es que aquel niño, ya hoy
en sus setentaisiete años, dato que no
tiene la menor importancia para quien
no transpone la niñez, ha manifestado
que «nací en una atmósfera maravillosa» donde «la poesía era una aparición cotidiana».
¿Es así de cierto? ¿Por qué entonces emplea el vocablo «aparición»,
visión que acontece a nuestros ojos
como un acto supremo de fe? A la
larga son tan reales nuestras percepciones, lo que vemos, como nuestras
visiones, lo que queremos ver, e incluso éstas pueden serlo aún más.
Aunque poco importa la certeza de lo
real en comparación con la certeza de
lo poético.

Lo sustantivo es que aquel niño
no vio el pueblito de vida incipiente,
si bien emprendedora, de calles polvorientas y casas recién levantadas de
entre los rescoldos -dos incendios habían puesto la construcción del pueblo renacimiento de ave Fénix-, de
escasa tradición e historia, como un
gerundio, haciéndose. No, él tuvo la
visión, acto que también se define como aquello que permite Dios ver a
ciertos elegidos, de un mundo feérico, donde las mujeres no lavaban la
mugre de la casa sino que tejían con
espuma las historias de amores y cuitas que cantaban los boleros de entonces; donde las tías solteronas guardaban, en secreta cofrafía, la crónica
sentimental del Universo, llevando en
letra manuscrita y florida, las libretas
de poemas epigonalmente románticos, a lo Juan de Dios Peza, atributos
de su devoción; en cuya barbería, se
narraban proezas dignas de Perrault y
donde aún utilizaba el barbero, de bacía, el yelmo que había sido de Quijote; donde, en el flamante cine del
pueblo, las sombras y las luces hacían
levitar personajes, aventuras y entornos que abochornaban la eficacia de
los sueños; y donde Ña Juliana entonaba, en una lengua selvática, cierta
tonada donde una persona se convertía en las más disímiles cosas para
burlar la muerte.

Y a en un primer poema, siendo

todavía un muchacho, suena un heraldo de estos constituyentes de su poesía. Habiendo soñado que la niña más
linda de Banes se había ahogado en
escaso río del pueblo, Gastón asume
el sueño como una realidad dramática
que desemboca en el poema:
A la niña que ha muerto esta mañana
Je hemos puesto en el pecho una
azucena,
y hemos puesto además una manzana
junto a su mano pálida y serena.
Los niños han venido. Ya está llena
su habitación de leve porcelana,
parece que se mira en la azucena
y que tiende su mano a la manzana.

El hecho soñado se trasunta en visión acontecida y, al realizarse poéticamente, añade una pincelada al palimpsesto mitológico de Ofelias y Bellas Durmientes.
Es curioso que el poeta que despierta pone en la mano de la bella
muerta no un fruto tropical sino una
manzana, y se decide por construirle
un cuarto, no de madera o del común
ladrillo, sino de porcelana. Es parte
de esa propuesta intención de, más
que ver, querer ver, rehacer el hecho
descamado. La poesía es la única que

�puede tapar el sol, no ya con un dedo,
sino con una palabra.
Aquella disposición de observar
el mundo mediante el prisma milagroso de la invención, que había crecido como una comezón al contagio
de boleros, consejas y poemas, alcanzará un refinamiento de destreza, de
denodada conciencia en la mano que
urde el ilusionismo, cuando Gastón ·
es llamado por el padre a La Habana,
para alimentarlo de cuerpo y de alma.
En la capital estudia la carrera de
agrónomo que, si al parecer es un
asunto extraño a la poesía, en su intimidad surte al poeta de llaves imprescindibles para al misterio de la vida.
Por ella aprende que lo oscuro es el
principio de la luz; que una forma
que se corrompe puede inaugurar un
bello cuerpo, co~o una rosa -«¿Qué
pasa, qué está pasando siempre debajo del jardín», le hace escribir su
asombro-; que en un niño, una flor,
un pez, una estrella late una sustancia
que los emparenta -sustancia universal- y corporiza inagotablemente.
También en La Habana hallaría
otros caldos proteicos para su sensibilidad poetizante. Sumérgese en aguas
de lecturas; charlas y tertulias con seres afines que lo llevan a otro gran
descubrimiento: el magma verbal de
Vallejo, donde la palabra punza, sacu160

de, quema, y a Rilke con el simbolismo de la rosa, la belleza que sobrepasa
al tiempo; dos espíritus que lo poseerían por el resto de sus días. Su fluir
converge en la playa del grupo Orígenes y, principalmente se hace amigo
de aquel monstruo cuya linfa, cuya
sangre, cuyo aire eran la poesía: José
Lezama Lima. Indice de estrella polar,
energía de agujero negro, palabra en
su caos genésico es el nuevo amigo.
Esta amistad con Lezama, hallazgo
que Baquero califica «un milagro», sería definitiva, a pesar de las rupturas
en el espacio, en el tiempo y aun en los
modos poéticos que sobrevendóan -no
es fortuito que la imagen de Lezama
presida la salita española de Baquero,
junto con otros iconos cubanos: la
Avellaneda, Maceo, Lidia Cabrera, la
bandera...-. El agujero negro Lezama,
que por fuerza generadora todo lo
atraía a su centro, dejó su impronta en
el novicio Baquero:
No destruye a destiempo el tiempo
sus relojes
Ni castra el césped suyo cualquier
jardín de arena
Arraigándose en mí por la desnuda
tersa herida
Comienzo a renunciar y a pulveózar
la memoria
Sabría ya bastanne sin el soporte
del fuego

Por fortuna para Baquero y para
la poesía, el poeta creciente, entre las
voces del coro, va a trabajar en la afinación de su voz de solista, con una
coloratura y una intencionalidad propias. Ya la poesía tenía a Lezama, no
necesitaba un corista sino otra voz
prima.
El exilio español sería el tamiz
que definitivamente purificaría la originalidad de Baquero. Primero lo devolvió a la poesía, de la que se había
alejado en Cuba, desde los años cuarenta, para dedicarse al periodismo.
Hacia· allá ha acarreado, «ligero de
equipaje», las muy cuidadas almendras de esas dos patrias que son una:
la niñez y el numen espiritual de la
isla. La distancia lo ubica en otra
perspectiva desde donde los elementos sueltos se pueden apreciar en la
armonía del todo.
Desde muy joven, 1942, ya había
definido la poesía como un acto de
transustanciación por el logos: «la
poesía es... la creación que se hace
por y a través del lenguaje y el sentimiento, contra el lenguaje y el sentimiento, en tanto estas dos nociones
sean dos puntos muertos, inmóviles
ya ante la sustancia universal». Acto
de invención, alfarería que se erige
desde el barro del lenguaje y el sentimiento para dejar de ser barro y con-

vertirse en una nueva entidad, entidad
de la inteligencia, en cuya ductilidad
se expresa la constancia de la sustancia eterna en su múltiple renacer.
Es concepto del poeta que la vida
derrota y trasciende la muerte, ya que
esta es sólo la disolución de las formas, pero más allá de estas vestimentas perentorias fluye inacabable la
sustancia eterna, que es la memoria
material de la vida, junto a la cultura,
su memoria espiritual; ambas, que
son testigo del rumoroso acontecer
del hombre sobre la tierra, reconstruyen aquello que derrota al tiempo: la
belleza. no en sus geometrías perecederas, sino en su espíritu. Esto cristaliza en varios de sus poemas sígnicos
como «Testamento del pez»:
yo soy un pez, he sido niño y nube,
por tus calles, ciudad, yo fui geranio,
bajo algún cielo fui la dulce lluvia,
luego la nieve pura, limpia lana,
sonrisa de mujer,
sombrero, fruta, estrépito, silencio,
la aurora, lo nocturno, lo imposible,

O en ese otro tan citado y especulado, «Marce! Proust pasea en barca
por la bahía de Corinto»:
A la sombra de la juventud florecida
sentábase todos los días el viejo

Anaximandro.
fue en aquel pedacito de tiempo que
antecede al morirse,
cuando Anaximandro descubrió la
solución del enigma del tiempo.
Fue allí en Corinto, junto a la bahía, rodeado de muchachas florecidas.
Un día, allá, desde lo lejos,
se vio dibujarse una pequeña barca

Venía en ella, remando con fatigad
tenacidad de asmático,
un hombrecito

Terco, tenaz, tarareando una cancioncilla,
el hombrecito de manos enguantadas
remaba sin cesar.
Anaximandro comenzó a somefr.

Esa noche, poco antes de irse a
dormir,
Marce( Proust gritaba exaltado desde
su habitación:
-Madre, tráigame más papel, traiga
todo el papel que pueda.
Voy a comenzar un nuevo capítulo
de mi obra.

Voy a titularlo: «A la sombra de
las muchachas en flor». Anaximandro
prospecciona en la futuridad del apeirón y tropieza con Proust que ha sumergido su bizcocho en la trastienda
de la memoria; ambos se detienen en
la médula que preserva el tiempo: la
belleza.
La realidad no es sólo lo estático
aparencia! sino lo moviente que puede llegar a ser o a no ser. Y el poeta
puede cooperar incorporando lo intuido, lo soñado, -como realidad verbal.
«La poesía es la fantasía, la lectura
que completa ante nuestros ojos la
desnudez de lo existente», dice en ese
libro refulgente que no por gusto se
titula Magia e invenciones; el poeta
es un ilusionista, nos hace ver, mediante sus justificados trucos, lo que
no notamos bajo la pátina de lo cotidiano; le inventa una nueva dimensión a la realidad, para que nuestros
ojos se enriquezcan y nuestro espíritu
interrogador halle levadura para hacer crecer sus respuestas:
Mi nombre es Garibaldi, dijo, vengo
a besar su mano, vengo a suplicarle
que me deje contemplarla desnuda...

Voy a desnudarme, seftora, para yacer junto a usted. Quiero que su cuerpo

�pase al mío el calor de aquel Hom•
bre...
le pide Garibaldi a Manuela Sáenz en

ese rigodón final que les hace bailar
el poeta, para que el fuego de un héroe se junte al del otro mediante el
eros de la amada.
La poesía es un puente («un puente, un gran puente», exclamaba Lezama) hacia el imposible. Un diálogo
con la parte perdida o soñada del
hombre: la otredad. La poesía reconstruye, completa, completamente el
ser tullido de la vida real. Reúne los
fragmentos rotos y dispersos en el espacio y el tiempo de ese espejo donde
el hombre contempla su rostro verdadero. Es a la vez el único espejo con
memoria, capaz de preservar el resplandor de ese rostro aún cuando este
se hunda en el lodo.
El que la poesía sea, para Baquero, un modo de ~nvención, tiene que
ver con la infancia retenida, siempre
viva en el ser Baquero. El poeta es
crisálida fuerte y segura donde permanece, protegida de los azares y
embates de la jungla irracionalmente
lúcida del mundo adulto, con sus pretensiones, süs intolerancias, sus perjuicios, su aprendida racionalidad.

La infancia, era de la inocencia,
de la imaginación, de los ojos atentos, la mente limpia, el corazón de•
sintoxicado:
Yo no sé escribir y soy un inocente.
Nunca he sabido para qué sirve la escritura y soy un inocente.
No sé escribir, mi alma no sabe otra
cosa que estar viva.
Confiesa el niño inocente que escribe sobre la arena el texto incomprensible que le dictan los astros. Es
la vida para sí; la vida en un presente
centrípeto donde pasado y futuro se
reúnen para ser tiempo absoluto,
magnitud donde hechos y fantasías
no se eximen1 pues todo se .está haciendo en un ahora y un aquí. La inocencia es el verdadero habitat de la .
poesía; es la inmunidad que tiene la
vida para contrarrestar los daños y
mantener la sustancia póstina intacta,
siempre rehaciéndose:
Dejemos vivo para siempre a ese inocente niño.
Porque garabatea insensatamente pa•
labras en la arena.
Y no sabe si sabe o si no sabe
Y asiste al espectáculo de la be-

lleza como al vivo cuerpo de Dios.

La poesía es invención porque sólo mediante esta capacidad puede el
hombre-poeta acceder a una realidad
que lo desborda en el tiempo y el espacio; una realidad que, debido a
nuestros límites vitales -poquedad de
años, territorialidad enmarcada, escasez de nuestros sentidos y nuestra
energía- no puede aprehender o modificar como quisiera por otros medios. Invención que es posible por la
salvación de la inocencia, ese estado
de cuerpo y alma 4onde no tienen lugar los prejuicios, las inhibiciones,
las pretensiones que empañan y debilitan la potencialidad innovadora. Ver
la realidad incompleta, fragmentada,
inmóvil, y _añadir todo lo necesario
para que lo que percibimos se acerque más a esa totalidad, a esa multiplicidad de formas que es la vida; que
ella es una, por su sustancia seminal,
y varia, por sus manifestaciones, sus
metamorfosis como mañas para abolir la muerte. Es así que al poeta le
corresponde el sino de Proteo: dotado
del don de la profecía, en la revelación poética y en la magia del verbo,
tiene que transformarse constante•
mente, no para evadir los preguntones, sino para armonizar con la vida y
conocer las máscaras y disfraces tras
los que se esconde. Entonces el poeta
puede cumplir su tarea de testigo ubicuo y perenne, que ha sido pez y ciudad, niño que escucha a David y con-

versa con Juliano el apóstata, que conoció a Anaximandro en Corinto
cuando transmite el misterio de la belleza a Proust:
porque hubo testigos y habrá testigos
y si no es el hombre
será el cielo quien recuerde siempre
que ha pasado un rumoroso cortejo
lleno de vestimenta y sonatas.

La poesía de Baquero es reino de
la inocencia que todo lo salva, escenario donde se cumple la metamorfosis del acontecer, ámbito donde la invención derrota a las paradojas, los
anacronismos, los imposibles.

Gastón Baquero, él mismo niño,
pez, rosa, lluvia, testigo innumerable,
acude a la magia de la poesía para dar
fe de lo que trasciende el espacio, el
tiempo y sus formas engañosas: la
sustancia universal, nervio de la vida.

�LA POESÍA: SU FUNCIONABILIDAD
COMUNICATIVA

Manuel José Guillén Coello
La poesía no es ciertamente un arma
cargada de futuro. Puede que en alguna ocasión esté cargada de futuro como puede estarlo del presente o del
pasado, pero un arma no lo es. Y no
es un arma porque nunca deja, a su
paso, a los mutilados queriendo ser lo
qúe fueron para estar cerca de mujeres tibias. Además no es un aqna porque no entraña la destrucción ni la
muerte. Las piedras no son armas,
aunque nosotros las hayamos utilizado como tales. Las piedras son tangibles, la poesía no. Ella permanece al
margen de los credos y de las doctrinas; de los vientos y de los decretos
presidenciales. Ella es y está cuando
cae la tarde y la mar es calmada o en
la tristeza de algunos que maldicen la
circunstancia de que su ciudad no
tenga un poco de mar. También está
la poesía cuando se ama, cuando se
reza, cuando se estrenan un par de zapatos o se luchan algunos dólares para el jabón, el aceite en la shooping
más cercana.
No es sinónimo la poesía de lapalabra hablada o escrita; aparece en la
forma en que se le antoja; no entiende de bandos. No es que sea neutral:
está en el universo y el universo es de
todos: de los de allá y de 'los de acá.
Pudo -o puede- esta condición de la
poesía molestar a alguien, pero nada
puede hacerse. Cuando Bécquer dijo:

«Poesía eres tú», dio una de las definiciones más claras y abarcadoras
que haya yo escuchado.
De lo que estoy seguro es que la
poesía es del bien, nunca del mal,
pertenece a todos, es cotidiana pero
no sagrada, como el slogan de una
red de comunicación electrónica: 24
horas durante 7 días a la semana.
Esta poesía siempre ha estado en el
tiempo y se escapa de las conceptualizaciones poesía buena y poesía mala,
que quedan para la otra poesía, la que se
escribe, la poesía para revistas, libros y
concursos y también para los amigos y
novias que escuchan noche a noche el
chas chas de las aguas del puerto. Es
una poesía que se escribe porque el autor quisiera trascender su tiempo, para
que la lean los guatemaltecos, los cosacos def Don, los campesinos del Reino
del Nepal, y los muchachones de las
balsas del Caribe.
Esta poesía no es vital como puede serlo el picadillo de carne de vaca
o un trozo de queso amarillo. Si se le
conoce bien y si no, bien también.
He preguntado a más de 60 personas (63 exactamente) que encontré al
azar y sólo 13 conocían el nombre de
algún poeta y de su obra no recordaban nada. 4 habían leído poesía en

ocasiones y de éstos 2 citaban a José
Angel Buesa como el preferido. A
Martí todos lo conocían por «Los zapaticos de Rosa» y los «Versos sencillos» insertados en la Guantanamera.
Yo me sentí desolado. Pensé: se jodió
el mundo. Leí documentos y consulté
amigos en esto de la poesía que se escribe. Me dijeron: no te preocupes,
siempre ha sido así. Ya Homero y
Shakespeare sufrieron en su tiempo el
no poder establecer una comunicación armoniosa y masiva.
Y en realidad la poseía no es un
medio viable de comunicación, no es
funcional. Una poesía puede ser útil,
incluso para designios turbios, pero
nunca será utilitaria. Recoge de amores, de flora y de fauna y hasta de
dioses. Quizás los códigos que utiliza
la poesía desde siempre les están vedados a la mayoría de los mortales y
de los inmortales. La poesía es particular: te puede gustar o no; puedes
encontrar en ella la existencia misma
o no; como puedes entender a Lezama, o decir que lo entiendes cuando
en realidad no sientes su poesía; o
puedes permanecer callado cuando es
evidente que actúa sobre cada uno de
los movimientos de tu cuerpo.
¿Se capta en verdad la esencia de
Mariano Brull, de José María Heredia
o de Alejandro Fonseca?

De la poesía que se escribe es
muy difícil vivir, porque ella no logra
establecer una comunicación comercial, que quiérase o no, es lo que perseguimos, nosotros, los que la escribimos, que nos lea mucha gente de
muchas regiones. Pero la poesía llega
a tan pocas personas, que no es práctica. Los que la escribimos, lo sabemos, pero la· seguimos escribiendo,
tratando de captar la esencia de la
poesía primaria y dejarla ahí, en blanco y negro, siempre con la certidumbre de que lo hacemos para llegar
muy lejos en el tiempo y escudriñar
todos los espacios posibles. Quisiéramos ser el alma de los pueblos. Llorar
y reír por ellos, pero es en vano. Continuamos escribiendo poesía a sabiendas de que no es rentable como la caña de azúcar o nuestras queridas jineteras.
Los que escribimos la poesía anhelamos publicar en editoriales de
grandes tiradas, hennoso papel y excelsas ilustraciones; pero no es fácil.
Debemos conformarnos con las editoriales de provincia que trabajan con
pedazos de papeles tristes y arrugados que cobran su vida en las _manos
de los poligrafistas. Y estos libros se
entremezclan en el espacio con fibras
ópticas, señales electrónicas, y tengo
la certeza de que estas editoriales que
publican poesía no rentable permane-

cerán por los siglos de los siglos a pesar de.
La forma en que se escribe la poesía no es importante, es únicamente
un recurso, en tanto su quid está en la
aprehensión de los destellos de la
poesía primaria, la que siempre ha ~stado, la que no se hace.
Es absurdo, aunque entretenido y
lucrativo encasillarla en corrientes,
movimientos e influencias sociales y
personales, porque cuando es poesía
perdura para siempre, aunque esto no
la haga más asequible a los hombres.
Los poetas conocemos perfectamente sus estrechas y escasas posibilidades de lograr comunicación multitudinaria, pero carecemos de otra
opción, y valientes, seguimos de por
vida sorteando alegremente los escollos y trampas: ese es el camino de
los que escribimos poesía: no dejarnos derrotar por la transmisión contemporánea de información, sino más
bien alguna vez, con terminales de alta definición, conocer en los parques
el último poema de un poeta que ha
perdido a alguien en cualquier punto
dela mar.
Siempre la poesía que se escribe,
día a día, gana un espacio y es entonces cuando podemos dormir tranqui-

los o más tranquilos, sin temor a que
derrumben la puerta o se nos vaya el
último amor conquistado.

�AGUAS DEL ESPEJO

José Luis Moreno del Toro
HABITAOON 503
Todo artista le debe al lugar
que mejor conoce, el destruirlo
o perpetuarlo.
Emest Hemingway

Yo también estuve
en el viejo hotel
con el jadeo del tiempo.
El aire de mar
llenos de peces voladores
y mariposas de noche
ahogaban la habitación.
Se podía ver el bar de humo
y traficantes de ron
jugándose la muerte.

166

En el viejo hotel
yo también hice el amor
muy cerca de Herningway
a unas cuantas puertas
y a unos años de distancia.

REFLEXION
Lo terrible no es
perderse en el tiempo
smo
encontrarse en el olvido.

Allí
el ruedo tuvo cuatro esquinas
una fiesta brava
colmada de San Fermines y sangre
para atrapar la hermosa gacela
en su propio desierto.
Y volaba
plateada aguja
sobre las sábanas.
La ciudad transpira sus muros
descubriendo a esa mujer
bajo el musgo de sus techos
entre crucigramas de adoquines
sonidos de catedral
el herrumbroso lamento del tranvía
y un despertar de carros de leche.
167

�LA POESÍA COMO DESTINO
EN ELISEO DIEGO
Lo he hecho, si no con brilfanttz ,t

con honradez y honestidad,
porque nunca he UCrilo
sino aquello que yo necesito ucribir.
Eliseo Diego

Julia Soledad Quiñones Vega
Un escritor cubano. Un hombre de voz
aterciopelada. Un rostro que proyecta
el misterio de la vida/ poesía. Un poeta del destino. Un hombre de fe... y
una Bella mujer como compañera. Eso
y más es 'nuestro' Elíseo Diego. Nuestro a través de sus palabras, historias,
confesiones y espacio: su obra.
Publicado por primera vez en 1989
por la Editorial Letras Cubanas, el Libro de quizás y de quién sabe de Elíseo Diego, se publica nuevamente en
México en 1993 por la Universidad
Nacional Autónoma de México.
«El arte es la manera de ver el
mundo de una sensibilidad intensa y
curiosa, manera que es propia de cada
uno de los creadores, e intransferi1
ble.» Elíseo Diego hace de la prosa
de su Libro de quizás y de quién sabe
poesía, sus escritos son la tinta. de la
experiencia. Plasma lo que ha vivido
y sentido; las pequeñas cosas son el
impulso -siempre necesarier- para explotar y construir una 'poética' de la
vida y de la literatura, específicamente de la poesía.
Leer es como vivir: corre uno el peligro de llegar al fin y no enterarse.
Así sucede ante todo con la poesía esencia de los mejores momentos y
palabras.2

168

El libro que hoy es motivo de reflexión, se nos presenta como «un testimonio de una forma de entender la vida y
la poesía, el libro es, asimismo, un repertorio de certidumbre en la lengua
más sencilla y transparente; y, también,
es la apuesta por un ritmo más cercano
al propio fluir de la existencia: una musicalidad sin complicaciones ni aspavientos,»3 como lo podemos observar
en «Fantasmagoóas»:
Desde muy joven -lo confieso- me han
gustado los fantasmas. Me apasionaban
las historias de sus desventuras.
Hoy -lo confieso-, aproximándose la
hora de convertinne en uno, ya no me
gustan tanto.4
Como buen conocedor de los artificios del idioma, Eliseo Diego se tie
de sí mismo, y realiza su obra con palabras comprensibles, palabras con
las 'que se insultan las comadres' como él lo dijo alguna vez.
¿Cómo se llaman los cuatro simpáticos
muchachos? Se llaman Mengano, zutano, Ciclano y Esperencejo. ¿Quién no
ha aludido a ellos alguna vez? Siempre
dicen «¡ presente!» cuando otros faltan_.
Muy distinto es el caso de Juan de los
Palotes. Triste, sin duda; pero, ¿quién lo
mandó a darse humos con el apeÚido'r

Lo auténtico de sus palabras y la
sencillez en cuanto a la construcci611
de las historias, así como la manea
directa de expresarnos su sentido y
sus recuerdos, nos permite sin lugar a
duda conocer a un Elíseo Diego artista, a un hombre que tuvo siempre el
oficio de escribir, pero sobre todo, a
un ser humano que cultivó los grandes oficios de vivir y amar.
A medida que crece en mí el tiempo,
crece mi convicción de que sólo vale
de veras aquella poesía que es capaz
de servirnos, literalmente, para algo.
¿Para qué?, preguntarían ustedes.
Pues nada menos que para vivir, respondería. 6
Quizá sin proponérselo, el aut&lt;r
se acerca al género de la fábula, ya
que nos deja en cada uno de sus escritos una enseñanza, que generalmente tiene que ver con el idioma, la
literatura o la poesía.
poesía, a mi modo de ver, es una
manera peruliar de mirar el mundo. Casi siempre, tenemos ojos y no vetroL
Cuando, de pronto, mirarnos de ~
nace ya la poesía. Es, digamos, el n»mento mismo de su concepción.7

La

Elíseo Diego nos hace cómplices
de sus lecturas, comparte con noso-

sus experiencias con poemas, libros y autores que han sido importantes para su vida y su obra, como es el
caso de San Juan de la Cruz, Bécquer, Hans Christian Andersen, José
Martí, Rubén Darío, Dickens, Fedor
Dostoievski, Franz Kafka, entre otros
muchos.
lrOS

Esta mañana me deslumbra la sorpresa de hallar en una sola el secreto de
cierto poema de Bécquer cuya desolación me ha acompañado siempre.8
El Libro de quizás y de quién sabe se nos presenta como un gran tejido. el cual va tomando forma según
la lectura del receptor, quien es el encargado de ir descubriendo y dosificando historias extraordinarias, recuerdos de la infancia, historias aparentemente cotidianas, poemas, huellas indelebles y llenas de nostalgia.
Negra, precisa, delicada, allí quedó la
hormiga presa en el ámbar y, a la
vuelta de veinte millones de años, está aquí ahora como un trocito congelado de qué tiempo increiblemente remoto.9
La recurrencia a las cosas abandonadas y que casi nadie quiere, o más
bien pocos conocemos realmente porque son del pasado, viejas o antiguas;
ese estado de las cosas Elíseo Diego

lo utiliza para recrear sus historias y
hasta para volverlas protagonistas como en «La casa del perro»:
En el solar yermo, la casita arruinada

del perro que está dónde.
Quién se la fabricó con esmero, cuándo.
Toda la fiesta aún por delante mientras
la brocha esparce el último retoque
blanco. ¿Y un niño quizás abrai.ando al
perro, los dos impacientes, los dos risueños?10
Dice Ernesto Sábato que «un
buen escritor expresa cosas con pequeñas palabras; ... ya que la sencillez produce la im~resión de que no
1
ha costado nada... » Elíseo Diego es
uno de esos escritores, juega con el
lector mostrándole una serie de textos
o fragmentos con la aparente intensión de que no se pierda, y hasta utiliza como herramienta los títulos de los
mismos; pero conforme avanza la
lectura y el libro -casi- llega al final,
el lector se siente emocionado, nervioso y lleno de reflexiones. Siente
que se encuentra frente a una poética
de la vida y de la poesía.
Si la Poesía es como esta doncella de
poca edad, será porque ella es tal cual
es, en el perfecto, impenetrable misterio del juego del aire con sus cabellos
-allá tras la transparencia de la palabra.12

La presencia de personajes de la
literatura universal, no podían quedar
fuera del Libro de quizás y de quién
sabe de Eliseo Diego. A manera de
ejemplos o modelos a seguir y admirar -aún más- desfila Holmes, Macbeth, Hamlet, Caperucita Roja, La
Trotaconventos, el buen Don Quijote
de la Mancha y sólo en una cita aparece la voz de Sancho Panza. El autor
permite al lector como en una función de cine, disfrutar de escenas en
movimiento con personajes ya conocidos pero vistos desde la pantalla de
Elíseo Diego.
¿Qué sucede con esos personajes a
los que uno ama o detesta como jamás lo ha hecho con las criaturas que
llamamos de carne y de hueso?
Pero, ¡qué poco duran la carne y el
hueso! Y, aunque el hueso se aferre
un rato más a sí mismo, ¡qué patética
su impúdica terquedad, cuando ha volado ya el velo aquel que amábamos o
detestábamos! 13
El artista Diego nunca se olvida
de su tierra Cuba, ama su origen, su
historia, sus amigos, la revolución y
su familia. Y ese amor por su Cuba,
lo lleva a dedicarle uno de sus escritos de su Libro de quizás y de quién
sabe, bajo el título de «Los ojos del
almirante»:
169

�EL POETA ENJAULADO

Eugenio Marrón Casanova
Casi quinientos años más tarde, es curioso que sea justamente en Cuba
donde comienza a despuntar una nueva visión de la América -una visión
libre de torvos recovecos, de reojos
impuros, de bajezas. 14
La concepción del tiempo en la
obra de Eliseo Diego nos remite
siempre a un lugar o espacio que formó parte de su pasado; qtfizás eso sea
lo más valioso de sus historias: su infancia, los lugares que habitó, la vieja
Habana, las lecturas que de niño y
adolescente leyó ya que éstas fueron
una influencia importante para la realización de sus libros.
También maneja los elementos de
la naturaleza como personajes de sus
historias en alusión a lo eterno, fusionándolos con elementos transitorios
de la vida como objetos inanimados,
recuerdos, sueños, una muñeca, una
letra, las palabras, etcétera.
He trabajado con palabras de toda mi
vida, y no me pesa ni avergüenza,
porque las palabras qué son sino una
materia como la madera o el hierro, y
con palabras, madera o hierro es posible servir al hombre y enriquecer la
belleza del mundo. 15
El escritor maduro, el hombre de
letras que da consejos a las nuevas
170

generaciones y se permite todo a la
hora de escribir, eso y más es 'nuestro' Eliseo Diego. El poeta del destino. El escritor que como lo dice Alvaro Mutis «sabe tratarse de tú a tú
con el manejo de las palabras»: 16 Éliseo Diego.

1

Sábalo, Ernesto. El escritor y sus f antasmas. Ed. Aguilar, Buenos Aires,
Argentina, 1963, p. 210.

2

Elíseo Diego. Libro de quizás y de
quién sabe. UNAM, México, 1993, p. 21.
Periódico Unomásuno, suplemento
'Sábado', artículo: «Estar vivo en grado sumo», de José Francisco Conde
Ortega, 28 de agosto de 1993, p. 10.

4

Elíseo Diego. Op cit. p. 36.

5

Op. cit. p. 28.

6

Op. cit. p. 66.

1

Op. cit. p. 49.

8

Op. cit. p. 21.

9

Op. cit. p 7.

10 Op.

Sábalo, Ernesto. Op. cit. p. 213.

12

Elíseo Diego. Op. cit. p. 110.

A Alfredo Saínz
Aunque yo esti rodeado de mis e"ores y mis ruinas.

EzraPound

13 Op.

cit. p. 9.

14 Op.

cit. p. 12.

15 Op.

cit. p. 113.

16

Citas

3

11

Periódico Unomásuno, suplemento
'Sábado', artículo: «Eliseo Diego habla de tú a tú con las palabras: Alvaro
Mutis», de Jorge Luis Espinosa, 9 de
septiembre de 1993, p. 12.

Le quebraron el alma y las entendederas,
lo dejaron bajo la noche del universo
fría y solitaria como una caldera
'
hace mucho abandonada entre harapos y restos
de la última cena robada por los verdugos.
Le dejaron en el muladar:
allí tuvo su cama y su pedazo de pan y
el premio a la hora de la venganza,
gritando como un desesperado los cantos de la eternidad.

Bibliografía
Elíseo Diego. Libro de quizás y de quién
sabe. UNAM. México, 1993.
Sábato, Ernesto. El escritor y sus fantasmas. Ed. ~guilar. Buenos Aires, Argentina, t 963.
Periódico Unomásuno, suplemento 'Sábalo', artículo: «Estar vivo en grado sumo», de José Francisco Conde Ortega, 28 de agosto de 1993.
Periódico Unomásuno, suplemento 'Sábalo', artículo: «Eliseo Diego habla de
tú a tú con las palabras: Alvaro Mutis», de Jorge Luis Espinosa, 9 de septiembre de 1993, p. 12.

cit. p. 13.
171

�CUBA EN TRES TIEMPOS

Margarito Cuéllar
l. Noticia de La Habana
La Habana es ahora una ciudad de
viejos y amarillos edificios. Su cielo
es transparente y no hay basura en
sus calles. Una larga fila de cubanos
hace fila para comprar nieve. La Habana Vieja es deprimente. Altas casas
despintadas y en deterioro constante.
Cazaturistas: jóvenes, niños, ancianos, mujeres. Piden utas monedas
(de preferencia dólares), ofrecen .café,
tabaco y ron a bajo costo. Rostros duros, suplicantes, amargos. Pero este
cuadro es apenas una particularidad,
un pequeño espejo del mosaico cubano. Ya Femando Delgadillo lo había
advertido en su canción: «No vayas
para La Habana / porque te bajan tu
lana».
Por las noches, desde el malecón, la
vida en La Habana es diversión, baile,
golpeteo de olas: la blanquísima espuma se eleva a más de diez metros sobre
el ir y venir de los autos. Autos viejos,
modelos de los años cincuenta reparados a base de ingenio y de autos más
deteriorados dada la carencia de refacciones. La mayor parte de los carros que
circulan en La Habana son rusos. La
falta de gasolina ha hecho que a las cabinas de los trailers. se les adapten dos
autobuses y den vida a los llamados
«camellos», que funcionan a base de
diesel.
172

En el malecón y La Habana Vieja
la prostitución se enseñorea como un
mal necesario. Jovencitas de 16 a 20
años son ofrecidas por sus «amigos»
al turismo internacional a cambio de
unos dólares. También funciona el
trueque: mujeres por jabones, cosméticos, medias y chocolates. Tabaco y
ron por ropa. El mercado negro en su
magnitud creciente. La economía informal y clandestina; la cultura dolararizada. Pero Cuba es más. El discurso de Fidel Castro en la ONU despierta nuevas expectativas para la
economía cubana.
Los edificios no son elevados,
más bien horizontales y en aparente
descuido. Impresionante el Capitolio
y el Museo de la Revolución. Son
frecuentes las imágene~ del Che y José Martí en los edificios. En calles y
paredes, en vez de anuncios comerciales, frases de Nicolás Guillén, Ernesto Che Guevara y José Martí; consignas que hablan del avance social,
la unidad y la dignidad humana.
.La Habana es ocre. La zona de la
antigua burguesía batistiana todavía luce su esplendor. Al a~decer, desde el
malecón, el mar desprende destellos luminosos, verdeoscuro, azulfuerte.

La Bodeguita de Enmedio también sufre los embates del deterioro.

Los viejos ·escalones que llevan a la
planta alta rechinan lastimeros. En las
paredes fotos y autógrafos; el más
ilustre es el de Ernest Hemingway.
En las discotecas 1830 los turistas, sobre todo franceses e italianos, hacen
el ridículo intentando bailar al ritmo
mágico de las cubanas.
El Cocoloco está vacío; la Chusmita llena. La salsa es la reina de la
noche. Desde Alamar la brisa del
océano se deja sentir. Los edificios
parecen infonavits. La zona 13 es tierra de Raúl, taxista de peso completo,
de Andrés Rodríguez, que tiene la
!lllra puesta en Chicago y Natacha
Boudet Serrasent, bella entre las bellas de la selva departamental.

2. Holguín: la Atenas de Cuba
A dos horas en avión y doce en autobús verdea Holguín. La Fiesta de la
Cultura Iberoamericana reúne la última semana de octubre a artistas e intelectuales de México, Cuba y Puerto
Rico. Las calles de Holguín llenas de
bicicletas, se atiborran de extranjeros
participantes en los diversos talleres,
encuentros, foros, conferencias, conciertos, exposiciones, lecturas, desfiles de modas y presentaciones de libros. De Monterrey, México: Abraham Nuncio, Martha Flores, Gerardo
Cantú, Marinés Mederos, Andrés

Huerta, Saskia Juárez, Arturo Meza,
Felipe lbarra, Arnulfo Vigil, Cristina
Zorrilla, Miguel Covarrubias, Silvia
Mijares y el firmante.
Características del Festival: desorganización total. Por si las dudas
Mario Nieves, guía intelectual de la
delegación mexica avisa que se hará
ojo de hormiga. Doce meses sin ver a
su mujer se le hacen una eternidad y
se siente obligado a cumplir la «tarea». Prevaleció el desorden y hasta
cierta apatía hacia el trabajo de los artistas visitantes. El pueblo de Holguín
es de una riqueza cultural digna de
admirarse. En la Plaza Iberoamericana. un viernes a las 10 de la mañana,
la banda municipal interpreta Fantasía africana, original del director,
quien sin despeinarse saluda con brevedad a los mexican curios porque
tiene que ir a ensayar una zarzuela.
Los holguineros les dan a los mexicanos trato de señores. Apenas se
abre el día la música empieza a recorrer las calles de Holguín y no cesa
de oírse sino hasta entrada la madrugada. La amistad de Sonia Téllez Pérez y de Idalberto Betancourt hicieron
olvidar por momentos lo desorganizado de la fiesta.
La desbandada no se hizo esperar.
Algunos se fueron a los cañaverales

en busca de musas idílicas. Otros subieron al Cerro de la Cruz. Unos tuvimos la suerte de conocer la imprenta
de linotipos en que se imprimen las
ediciones de Holguín. Otros se entregaron a las arenas y al sol de Guardalavaca. Unos registraron las voces de
los inconformes con el régimen.
Otros le tupieron macizo a la cerveza
y al ron cubanos. Unos desafiaron la
prohibición de comer carne de tortuga. Otros simplemente se dejaron
guiar por la incierta mano de la noche. Sólo Felipe Ibarra se entregó, en
cuerpo y alma, al Taller de Grabado.

3. Santiago para turistas
En una de esas desbandadas algunos
terminamos en Santiago de Cuba. El
mejor regalo: el asombro ante la Sierra Maestra y las canciones de Silvia
Mijares. Ni un tramo de tierra: todo
el verdor del mundo lo tiene el paisaje de Holguín a Santiago. El Cuartel
Moneada, aún con los agujeros de las
balas, ahora es una escuela. Hoteles
cinco estrellas y la vida maravillosa
desde El Morro. Ahí el Museo de la
Piratería nos remite, en voz de la
guía, a historias de corsarios, piratas,
armas de fuego de viejo cuño; a tiempo guardado en los altos muros del
Fuerte, construido por los españoles
en el siglo XVII.

El Tropicana, el Museo Bacardí, los
cazaturistas y las jineteras también son
parte de la fisonomía santiagueña. Calles cerradas: al fondo la balúa.

4. Regreso a casa
La reunión con Roberto Femández
Retamar y Abel Prieto en El Castillito, ya en La Habana, no se realizó.
Arnulfo extraña los ojos de Afina.
Pensaba traerlos a que le emborracharan de luz las calles de Monterrey.
El regreso coincide con el aniversario de Camilo Cienfuegos. Ese día,
los cubanos arrojan flores al mar.
Flashazo final: Uno quisiera que
la poesía registrara las cosas más cotidianas, que cronicara el vivir diario
y diera noticia de los seres ordinarios.
Eso espera un viajante de esta Noticia: «un marinero cubano, atravesada
la cabeza por un arpón, nadó cuarenta
metros, salió a la carretera, abordó un
taxi al hospital y vive todavía para
contarlo.» Eliseo Diego decide hacer
su testamento: «Es / éste: les dejo / el
tiempo, todo el tiempo».

173

�SASKIA: GRAN PINTORA DE NUESTRAS
MONTANAS

Silvia Mijares
SEÑAS/RESEÑAS/
CONTRASEÑAS

¿Qué puedo decir de Saskia que todos ustedes no sepan? Sin embargo
cada circunstancia en la evolución arústica de nuestra pintora es diferente.
Saskia en este momento está en la
cúspide de su madurez. Como artista
tiene rasgos inconfundibles que identifican su trabajo; pero no se conforma, ella se aventura en una búsqueda
continua, experimentando con el dibujo, el óleo, la acualela, la serigraffa, el grabado. En cada exposición
nos ofrece una novedad, como ahora,
cuando Saskia se arriesga presentando sus paisajes al carbón: grandes estandartes de nuestra ciudad como resultado de una nueva concepción
dentro de la línea paisajista.
Saskia Juárez es una pintora victoriosa, reconocida en el país, en nuestro
Estado, y aún más entre los universitarios, pues bien sabemos que fue alumna del antiguo Taller de Artes.Plásticas; posteriormente, a través de una
beca que le concedió el rector Jósé AIvarado, tuvo la oportunidad de acudir
a la Academia de San Carlos en la ciudad de México para completar su formación. En la actualidad es maestra de
la Facultad de Artes Visuales, y además su trabajo ha merecido el reconocimiento de la Universidad Autónoma
de Nuevo León pues la ha distinguido
con la más alta presea con que honra a
sus más notables artistas.

Ahora podríamos decir que Saskia
es heredera de esta grandiosa tradición de pintores paisajistas mexicanos que se inicia en el siglo pasado
con el maestro italiano Eugenio Landesio. Con él se empieza a formar un
pie de cría de pintores paisajistas como José María Velasco; después vendrían el Dr. Atl, O'Gorman y otros.
Los pinceles de Saskia se arraigan en
esta tierra y sus ojos captan la cercanía de las montañas en la región. José
María Velasco pintaba sus magníficos paisajes montañosos desde la lejanía: tienen una profundidad impresionante, desde su perspectiva nos
transporta al infinito. Para Saskia, como para todos los regiomontanos, las
masas montañosas están a la mano,
vivimos en ellas. y con ellas. Vivimos
en y con el Cerro d·el Obispado, las
Mitras, Topo Chico, Chipinque, la Silla, etcétera. Esta situación nos permite solazamos con la majestad de
nuestras serranías. En la mayoría de
las obras de Saskia ellas son sus protagonistas. De· 1a misma manera han
influido, bien se sabe y de sobra, en
nuestro carácter.
Nuestra pintora conoce palmo a
palmo nuestro Estado, sus ríos, arroyos, montañas, basta los pueblos
abandonados donde hay muros destruidos, como en Los Guerra; pero
Saskia los conoce y los encuentra con

facilidad, los reconoce como si estuvieran en el patio de su casa. Es decir, con su mirada descubre y nos hace partícipes de la belleza, nos muestra la limpidez del aire, el atrevimiento de la luz, el tizne industrial y la vida. Pienso que su felicidad como artista son los instantes cuando su mirada se impone con tanta fuerza que logra trasladarla al lienzo. Ya sabemos
que el «paisaje es de quien lo mira,
todo lo decide la mirada Se mira lo
deseado, se desea mirando, mirar es
desear porque en la mirada hay exploración y reconocimiento». Así, los
ojos de Saskia son abismos de la noche evocando la ofrenda clara de la
luz. Se apropia de trozos de la vida,
de la claridad y la penumbra. Esta tierra es de Saskia como Saskia es de
esta tierra: se apega al Cerro de la Silla con sus cañadas, elevaciones escarpadas, a su vegetación; a La Huasteca, con sus precipicios y declives,
sus cimas y barrancas; al Cerro de las
Mitras donde hay testimonios de la
violación que los hombres han infringido a esas elevaciones gigantescas
que vigilan y custodian la ciudad, así
como al Cerro del Topo Chico. Igual
le sucede con los hermosos cielos de
la aurora y del atardecer, y todo el entorno natural de montañas. Las ha
pintado, las ha dibujado con entusiasmo, gusto y minucia, todas ellas con
finura y luminosidad. Capta su carác-

�EPIGRAMÍSTICOS

Sergio Rommel Alfonso Guzmán
ter, el color y el clima de manera
amorosa y veraz. Va persiguiendo
continuamente nuevas formas de ver
en cada realización artística, Sintetiza
el paisaje y nos muestra su imagen
poética; con su afán incansable conjuga magistralmente la luminosidad y
la sombra, los follajes, los muros, las

distancias que al final armonizan en
tonalidades verdes, azules y ocres.
Quiero finalizar afirmando que
nuestra sensible y distinguida pi~tora
ha ofrendado un verdadero y único
universo a través de sus ojos y su pincel: un tríptico que engalana la Biblioteca Alfonsina y ahora, en este

bello espacio creado por Legorreta,
vuelve Saskia a izar sus pendones,
sus estandartes, para decirnos que si
Diego de Montemayor fundó esta
ciudad, ella se la apropió porque la ha
hecho suya con su mirada y su arte.
Biblioteca Magna Universitaria, a 2 de
septiembre de 1996.

Si bien, en sentido estrictamente etimológico un epigrama es una inscripción, con el paso del tiempo el término ha evolucionado hasta nombrar a
un poema que tiene en la agudeza, la
brevedad y la soltura de estilo sus características definitorias.

lizó brillantemente para legarnos
parte de la literatura erótica más significativa de todos los tiempos. De
estos autores se ha alimentado profusamente la vena poética de la escritora neolense Minerva Margarita
Vill arrea!.

De acuerdo al tomo XX de la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana «el concepto moderno del epigrama es el de un poema de
corta extensión, que de tfn modo rápido e interesante expone un pensamiento festivo o satírico, pero siempre ingenioso».

Epigramísticos (1995) es la continuación natural de Dama infiel al
sueño, libro en el cual Villarreal asume plenamente el oficio poético, logrando una voz personalfsima que encuentra en el tema erótico sus tonos
más precisos.

[...] «es una de las formas literarias que se presta mejor a casi todos
los pensamientos y sentimientos, puede ser una elegía, una sátira, un pensamiento amoroso en miniatura, una
incorporación de la sabiduría de las
edades y una agudeza envuelta en
cuatro versos».
El maestro del género fue sin lugar a dudas Marcial, a un lado suyo
Safo, Hiparco y Catulo, quien lo uti-

En Epigramfsticos Minerva Margarita libera el lenguaje de todas las
convenciones. Bien sabe que no se
trata de poseer la palabra sino de consagrarse y consumirse en ella, como
quería María Zambrano. Sus textos
son contundentes. Golpes bajos de
humor y ternura disfrazados de violencia. Abultados en «palabras prohibidas» que es necesario pronunciar,
porque toda crítica al poder y a la sociedad debe ser precedida por una
crítica al lenguaje. Villarreal quiere

-al igual que Marcial- condimentar
con sal romana sus libelos a fin de
que Roma se regocije con su propio
retrato (Menéndez y Pelayo).
La poética de Minerva Margarita
Villarreal es una apuesta a la exhibición cachonda y oportuna de las prácticas eróticas-sexuales que la moralina de la burguesía occidental ha mantenido ocultas.
En este sentido, Epigramísticos
constituye un anti-manual de buenas
costumbres o un libro prohibido para niñas bien a quienes les «hace falta sentir por el culo» y dejar de leer
las babosadas de Cuauhtémoc Sán.chez.
Libro feliz y afortunado, para recuperar en este gris fin de siglo y de
milenio los placeres de la cópula y la
lectura, como únicas vías inmaginables a la felicidad posible.
Minerva Margarita VillarreaJ, Epigramísticos, CNCA, México, 1995, 56p.

�LA VERDADERA HISTORIA DEL
PRIMER REPARTO DE TIERRA DE LA
REVOLUCIÓN MEXICANA

Osear Rivera Saldaña
,

REGION

Se reconoce hoy día que el primer reparto de tierras de la
Revolución Mexicana fue el que hizo Lucio Blanco en Matamoros, Tamaulipas, en 1913; sin embargo, lo que no sabemos es que tales dotaciones pasados algunos años fueron
desconocidas por el gobierno federal, quedando algunos de
los dotados como aparceros, y que hubieron de transcurrir
veinticinco años para que los gobiernos de la Revolución
Mexicana le reconocieran importancia; terminando por presentar a la dotación hecha por Lucio Blanco como el primer
ejido que existió en México.
Sí, las tierras que repartieron en propiedad privada
Lucio Blanco y Francisco J. Múgica en Matamoros el 30
de agosto de 1913 fueron dotadas como ejido hasta el JO de
abril de 1939, según lo manifiesta el Diario Oficial de la
Federación. El presidente Lázaro Cárdenas fue quien reconoció tal suceso, llevado a cabo en un municipio fronterizo, de primordiales actividades agropecuarias, que ese
sexenio solucionó dos de sus problemas fundamentales, el
deslinde de la tenencia de la tierra, problema heredado de
la colonia, y su infraestructura hidráulica, además de
crearse cincuenta y cuatro de las ochenta comunidades
ejidales habidas en Matamoros. Y, pues, quiso Cárdenas
completar su obra en Matamoros enalteciendo el reparto
que había hecho Lucio Blanco en Matamoros, presentando al ejido «Lucio Blanco» o «Los Borregos» de Matamoros como el primer ejido que existió en México, tomando como peccata minuta pasar por alto que los ejidos
existieron hasta la expedición de la ley del 6 de enero de
1915 y que el reparto hecho por Lucio Blanco había sido
en 1913. Por ello es que, dado que no hay investigaciones
serias del caso, las publicaciones oficialistas que del tema
se han ocupado no abordan tanto el concepto agrario en el
que se apoyaron Múgica y Blanco para hacer las dotaciones como la particular historia del ejido «Lucio Blanco»;
por su parte, los ejidatarios de Matamoros .-Je hoy día, que

tienen como baluarte al ejido «Lucio Blanco», por supuesto rechazan a quien les diga que dicha comunidad no
es el primer ejido de México; temiendo, tal vez, que con
ello se les quiera evidenciar la tenencia de sus tierras y la
historia ejidal de Matamoros. A continuación ensayaremos una interpretación de este suceso histórico.
Matamoros, Tamaulipas, es el municipio límite del
noreste de México, ya que por el norte tiene el río Bravo,
frontera con los Estados Unidos, y al este tiene litorales
con el Golfo de México; sus tierras, planas y bajas, de
arroyos y esteros, pertenecen a la provincia fisiográfica
llamada Llanura Costera del Golfo Norte. La extensión
territorial del municipio hoy día es de 3 944 km 2• A la hora
de la Revolución Mexicana, Matamoros tenía una economía deprimida, con todo y que como puerto marítimo y
frontera había jugado un papel importante en la conformación económica del noreste mexicano; esto, durante
los primeros cincuenta años de la vida del México independiente, hasta antes de que se definieran y ubicaran
geopolíticamente los principales focos de desarrollo económico de su radio de influencia: el sureste norteamericano y el noreste de México. Sí, luego de fijarse el río Bravo como frontera con los Estados Unidos, con lo que se
dificultó su operación como puerto marítimo, y que se
montaron los medios de comunicación terrestres (carretera y trenes) de la región, resultando que la frontera de
Nuevo Laredo tenía mejor ubicación geográfica entre
Monterrey, principal polo de desarrollo económico del
noreste mexicano, y los centros de desarrollo económico
texanos, Matamoros se vino abajo. Por eso es que cuando
Lucio Blanco, primer jefe de las fuerzas constitucionalistas de los estados do Nuevo León y Tamaulipas, toma la
ciudad de Matamoros el 3 de junio de 1913, este pueblo tenía alrededor de veinte mil habitantes, siendo que en 1865
lo habían habitado arriba de cuarenta mil personas.

�norte más cerca del centro y sureste del país, comenzaron a
salir grandes cargamentos de annas y municiones con destino a las fuerzas comandadas por don Venustiano Carranza. Don Eliseo Paredes Manzano, primer cronista de Matamoros, me contaba que gustaba el general Lucio Blanco de
acompañarse de músicos tocando cuando encabezaba en
una carcachita la importación del convoy de camiones con
armas por el puente viejo internacional.
Ya instalado en Matamoros Lucio Blanco, puso su
cuartel en el edificio del Instituto literario «Juan José de
la Garza», y comisionó a los oficiales de su estado mayor,
Francisco J. Múgica, Manuel Urquidi y Guillermo Castillo Tapia, en el hoy desaparecido edificio de la aduana,
para que se abocaran al estudio del problema agrario de
Matamoros.
Esta decisión del, para ese tiempo, teniente coronel Lucio Blanco así nos la explica Annando de María y Campos:
«Múgica, que espiaba la oportunidad de poner en práctica
sus ideas sobre reivindicación de la tierra, convenció a
Blanco de que la Revolución tenía una oportunidad sin precedente para hacer justicia con la tierra, y le propuso la repartición de la hacienda que Félix Dfaz tenía en Matamoros
-tierras que había comprado el sobrino de Porfirio Díaz en
1908-. Blanco, intuitivo y patriota, aceptó». 1
El general Lucio Blanco, nacido en Nadadores, Coahuila, primer
jefe de las fuerzas constitucionalistas de Nuevo León y Tamaulipas. Repartió tierras a campesinos naturales de Matamoros el 30 de
agosto de 1913.
Matamoros fue la primera frontera importante tomada
por los constitucionalistas, suceso trascendente en el proceso armado de la Revolución Mexicana; de este punto de la
nación, como tantas otras veces en la historia de los principales movimientos annados de México, por ser la frontera
180

Con todo y que Múgica contara en Matamoros con las
oficinas del Registro Público de la Propiedad (hoy dfa
ubicadas en la capital del estado), el problema de la tenencia de la tierra en Matamoros venía desde la colonia y
no era de fácil solución; resultaba que los primeros catorce ranchos aquí establecidos -fechados sus títulos en
1785-, todos con cabecera al Bravo, que empezaban en
los límites con el municipio de Reynosa y que daban hasta las tierras arenosas cercanas al mar, que comprenden

las mejores tierras del municipio, mismas que delinearon
la dimensión geográfica que finalmente tomó el municipio de Matamoros, siempre estuvieron a nombre de los
propietarios originales; a la hora de las herencias no se
deslindaban los predios en los que se habían ido dividiendo los primeros ranchos; los heredados aparecían en los
documentos como descendientes del propietario original,
o como proindivisos con derechos de posesión, únicamente; circunstancia que más se complicaba en la compra-venta.
Es decir, llevaría mucho tiempo y tramitación -cosa que
no era posible habiendo un levantamiento annado en el
país-. solucionar el problema agrario en Matamoros. Fue
por ello que Lucio Blanco optó por la salida política; sí, si
no era posible ofrecer una solución al problema agrario de
Matamoros, se expropiarían las tierras que en este municipio tenía el sobrino de Porfirio Díaz, quien por esos días se
había destapado en París como candidato a la presidencia
de la República, y se dotarían a campesinos y soldados
constitucionalistas; buscando proyección política y publicidad, además de descalificar la figura de su enemigo.
El día seis de agosto, Lucio Blanco se reunió con su estado mayor en el cuartel general, con el propósito de que la
comisión agraria presentara un resumen de sus estudios y
propuestas. Múgica, Urquidi y Castillo Tapia expusieron
sus planes y proclamas, terminando por firmarse un documento donde se concluía que «para la realización práctica,
segura e inmediata de la distribución de terrenos» se procedería contra las tierras de Félix Díaz.
Aquí es importante detenemos a mencionar a los oficiales
que integraban el estado mayor del general Blanco, pues se trataba de personajes, muchos de ellos figuras importantes de la
Revolución Mexicana que, sin duda, fortalecieron e intervin.ie-

El general Lucio Blanco y su Estado Mayor, con quienes decidió
llevar a cabo la dotación de tierras.
ron en la decisión del general Blanco. Ellos eran: Vicente Segura (torero, en 1911 se une al maderismo; con Carranza alcanzó el grado de general; en 1921 vuelve a los ruedos), Andrés
Saucedo, Erniliano P. Nafarrete (tamaulipeco, maderista, participó en las luchas de la decena trágica; se adhiere a Lucio
Blanco en la toma de Matamoros, donde fue comandante militar en 1915; diputado al Congreso Constituyente), Jesús Garza
M. (nació en 1882 en Monterrey, Nuevo León, profesor normalista, se incorpora al constitucionalismo en mayo de 1913, participa en las campañas de Nuevo León y Tamaulipas, general
brigadier en 1914, participa en la Convención de Aguascalientes, se adhiere al Plan de Agua Prieta), Samuel G. Rebollo, P.
M. Hermosillo, Gustavo Elizondo (nacido en Múz.quiz, Coahuila; con los carrancistas alcanzó el grado de general, jefe de
operaciones en Puebla y Tiaxcala), Abelardo Menchaca, fede,.
rico González Garza (abogado nacido en Saltillo, Coahuila;
maderista, había sido Subsecretario de Gobernación con Madero, senador y ministro de la Suprema Cocte de Justicia), Zeferino Muñoz, L. Discuirt, Silvino M. García, Carlos B. Bringas,

�Alfredo Rodriguez, Juan Barragán Rodriguez (nacido en Río
Verde, San Luis Potosí; siendo estudiante se incorpora a la Revolución; jefe del estado mayor de Venustiano Carranza; gobernador de San Luis Potosí; fundador del Partido Auténtico de
la Revolución Mexicana, diputado federal y escritor), Joaquín
Martí, Erequiel Pérez, Arturo Lazo de la Vega, Fortunato Zuazua (nacido en Lampazos, Nuevo León, se incorpora al maderismo en 1910; combatió al orozquismo, a la división del norte
en el bajío y a los zapatistas; comandante de la ciudad de México en 1920, siendo ya general), León Castro Serio, Alberto
Fuentes Dávila (nacido etf' Saltillo, Coahuila, gobernador de
Aguascalientes de 1911 a 1913; lo obligan a renunciar y se incorpora al constitucionalismo; volviendo a la gubematura de
Aguascalientes en 1914, y organiza la f~osa convención), Luis
G. Malváez, Daniel Ríos l.ertuche, Gregorio Morales Sánchez
(nació en Salinas Victoria, Nuevo León en 1885, profesor, en el
constitucionalismo alcanzó el grado de general brigadier, diputado al congreso constituyente, gobernador provisional de Nuevo León de octubre de 1935 a abril de 1936, general de brigada
en 1940, comandante núlitar en Baja California, muere en la
Ciudad de México en 1962), Francisco J. Múgica (nacido en
Tinguindín, Michoacán; estuvo con Oroz.co en la toma de Ciudad Juárez, gobernador de Tabasco, diputado constituyente por
Michoacán, gobernador de Michoacán, Secretario de Economía y de Obras Públicas en Lázaro Cárdenas, precandidato a la
Presidencia de la República, partidario de la candidatura de Enríquez Guzmán), Ramón Puente (médico y escritor, nacido en
Nieves, Zacatecas; tuvo a su cargo la campaña presidencial de
don Francisco l. Madero; se adhiere al villismo en ·1914), Heriberto Jara (nacido en Orizaba, Veracruz); magonista, diputado
aI'Congreso Constituyente, gobernador de Veracruz y el Distrito Federal, presidente del hoy PRJ y jefe del Departamento de
Marina), Mauro Rodriguez, Alfonso Gómez Morentín, José T.
Cruz, Federico Sánchez Correa, Atanasio C. Pérez, Librado
Peña González, Federico Sada, Alejo G. González, Manuel Urquidi, Eleuterio Reyna García (nació en La Lajilla, municipio
182

de Doctor Coss, Nuevo León, el 21 de febrero de 1885, empleado del ferrocarril al incorporarse al constitucionalismo, obtuvo
el grado de coronel, murió en M~oros, Tamaulipas en 1966),
J. Alvarez E., Jesús G. Hermosillo, José M. Sánchez Valdés,
Juan Francisco Gutiérrez, Armando E. Landois, Fausto Garibay, José R. López, L. Alcaraz, Alejo Gómez, Federico E. Lozano, Alfonso M. Parías, Carlos Campero, Gabriel Gavira,
Víctor Blanco, José María Ayala, Guillermo Castillo Tapia
(nativo de Nuevo León, periodista, de 1914 a 1917 publica el periódico «La Raza» en Monterrey, Nuevo León), P. Elizondo y
Salvador Femández Treviño. El general Lucio Blanco nació en
Nadadores, Coahuila; aparece en la Revolución como maderista; es uno de los firmantes del «Plan de Guadalupe», de donde
aparece primeramente como comandante del primer regimiento de «Libres del Norte», para luego ser el jefe de las fuerzas
constitucionalistas que toma Matamoros en 1913; Carranza lo
saca de Matamoros luego del reparto y lo envía al occidente
con Alvaro Obregón, con quien disiente y termina por adherirse al villismo; del gobierno emanado de la Convención de
Aguascalientes es Ministro de.Guerra; muere en 1922 en Nuevo
Laredo, Tamaulipas.

La invitación que se repartió con este motivo traía el siguiente aviso: «Habiendo tenninado la comisión agraria los
trabajos que sobre repartimiento de tierras le encomendara
el C. general Lucio Blanco, jefe de las armas en este estado
y en el de Nuevo León, se pone en conocimiento de los vecinos de este lugar que se ha resuelto proceder a la repartición de una parte de la hacienda de Los Borregos conocida
con el nombre de «San Vicente del Chiquihuite» y «La Canasta», entre aquellos individuos que no tengan terrenos o
hayan sido despojados de ellos y deseen dedicarse a la agricultura a cuyo efecto los interesados deberán acudir a la
Oficina de Fraccionamiento y Reivindicaciones, situada en
el edificio de la Aduana, con el fin de llenar los requisitos
establecidos&gt;&gt;. 2
El que la Oficina de Fraccionamiento y Reivindicaciones haya anunciado el reparto de las tierras que Félix Díaz
tenía en dos de los primeros catorce ranchos habidos en
Matamoros, «La Canasta» y «San Vicente Chiquihuite», si-

El acto en el que se haría el reparto de tierras se llevó a
cabo en el predio expropiado el 30 de agosto de 1913 a las
cuatro de la tarde; se trataba de un evento improvisado pero
montado buscando darle seriedad y trascendencia al suceso,
que tuvo el siguiente programa:
1. La Marsellesa. 2. Discurso oficial.a cargo del doctor Ramón Puente. 3. Marcha «Viva Madero». 4. Lectura del manifiesto agrario del jefe de las fuerzas constitucionalistas de los
estados de Nuevo León y Tamaulipas. 5. Entrega de títulos de
propiedad a los campesinos beneficiados. 6. Marcha constitucionalista 7. Discurso del jefe del Estado Mayor, mayor Francisco J. Múgica. 8. Demarcación de los linderos de algunas de
las parcelas a repartir. 9. Himno Nacional.

tuados al oriente de la ciudad de Matamoros, motivó que El
Heraldo de Brownsville, edición del 29 de agosto, 3 publicara una nota de la que se desprende interesante infonnación.
La dotación «era el primer acto de reparto de tierras entre
el pueblo de la república»; lo hacían apoyados en el «Plan
de San Luis» de don Francisco l. Madero (y no en el «Plan
de Guadalupe» por el que se habían levantado en armas; esto, seguramente, por el hecho de que el «Plan de Guadalupe» -1913- no toca el tema agrario, lo que sí sucede con el
«Plan de San Luis» -1910-); Lucio Blanco y Francisco J.
Múgica decidieron dotar en propiedad privada las tierras de
Díaz (2926 hectáreas) «confiscadas por los constitucionalistas», en predios que iban de quince hasta trescientas hectáreas, según la situación económica del solicitante, dándoles
un plazo de pago de veinte años, empezando a pagar al final del primer año de la dotación. Precisamente atendiendo
esta cuestión se mandó imprimir una lista de preguntas que
se aplicarían a los solicitantes, por medio de las cuales se
pretendía conocer sus generalidades, sus antecedentes y experiencia como campesinos y soldados de la revolución.
Aquí es importante señalar que Blanco y Múgica no tomaron en cuenta la «Ley ejecutiva agraria para el reparto
de tierras» emitido el 4 de marzo de 1913 por el profesor Alberto Carrera Torres, en las serranías de Tamaulipas y San
Luis Potosí, a pesar de la identidad revolucionaria y sus
considerables aportaciones en materia agraria (como el no
cobrar por la tierra dotada, concebir las dotaciones con una
extensión de diez hectáreas y su intención de desaparecer
las haciendas, cosa que los gobiernos emanados de la revolución no hicieron hasta Lázaro Cárdenas). De dicha ley
vale la pena citar algunos artículos:

Al doctor Ramón Puente, nacido en Nieves, Zacatecas, quien había dirigido la campaña presidencial de don Francisco l. Madero,
le tocó iniciar el improvisado acto por el que se repartieron tierras
en Matamoros, Tamaulipas.

Art. 40. Quedan expropiados para siempre de sus bienes tanto
rústicos como urbanos y monetarios de Porfirio y Félix Díaz,
Victoriano Huerta y todos los partidarios de éstos en general.

183

�Art. 80. Todas las haciendas que vayan cayendo en. poder de
los jefes de la revolución constitucionalista, serán repartidas
inmediatamente en porciones de 100,000 metros cuadrados.

El evento se llevó a cabo el sábado 30 de agosto de 1913
a las cuatro de la tarde como estaba programado; se había
colocado una tribuna, una mesa para la directiva, asientos
para los principales jefes y frente a ellos, a regular distancia. la multitud de los trabajadores del campo, «que asistían
por primera vez en su vida, a un espectáculo desconocido
para ellos».

Art. 11. El poseedor de los lotes o porciones de terrenos, tendrá obligación de ayudar de cualquier manera a la revolución
constitucionalista, por no costarle, ni un centavo, la porción de
tierra citada.

Aquello parecía un teatro al aire libre: al frente una amplia
mesa sobre la que se puso un zarape de Saltillo, a manera de
cubierta y en ella plumas, papel y tinta. A un lado, el montón
de títulos.

Art. 18. En ningún tiempo tendrá derecho el poseedor del lote
de terreno de vender o tfüajenar el que la revolución constitucionalista y la Nación le han regalado. 4

184

La comisión agraria de Múgica también había mandado
imprimir los «Títulos de propiedad», documento que ~unciaba haber sido «hecho por mandato del pueblo» y e1ecutado por el general Lucio Blanco, jefe de las fuerzas constitucionalistas; dicho documento nos advierte que los títulos
son provisionales y sujetos a las restricciones que fijen las
leyes que se decretarán al respecto luego que triun!e el movimiento constitucionalista por el que luchaban; dice en su
artículo cuarto: «(el solicitante) declara de un modo expreso que se sujetará en todo lo que respecta al derecho de
propiedad, posesión, admini~tración, cultivo y explotación
de estas tierras, que le otorga este título, a las leyes que so.bre el repartimiento de las mismas decretare el gobierno
que se constituya, emanado de la Revolución». 5

con fuerza el movimiento agrarista que había despertado en la
entidad dicha medida revolucionaria. Fue este el motivo, -nos
dice el ingeniero Marte R. Gómez en su trabajo las Comisiones Agrarias del Sur, por el que do~ Venustiano Carr~ envió a Tamaulipas a Adolfo de la Huerta El reparto de tlerras en
Tamaulipas, a diferencia de muchos estados del país, empezó
ya tarde, en febrero de 1925, al asumir el poder en el estado
Emilio Portes Gil.

y sí, los gobiernos emanados de la Revolución reconocieron las dotaciones hechas por revolucionarios antes de decretarse la Constitución de 1917, como fue el caso de las colonias
militares de los hermanos Carrera Torres en el suroeste de Tamaulipas, pero no fue lo mismo con los dotados en la_ ll~ada
«hacienda Los Borregos», ya que luego que los cons1Ituc10nalistas tomaron el poder en Tamaulipas se desconoció el reparto
de tierras hecho por Lucio Blanco en Matamoros Yse reprimió

Por documentos existentes en el Archivo Municipal de
Matamoros sabemos de la importancia que tuvo para el general Lucio Blanco el evento en el que se iba a llevar a cabo la entrega de las tierras, pues él personalmente se hizo
cargo de tramitar la consecución en Nuevo Laredo de la
banda de música que iba a participar en el acto, dado qµe
en Matamoros no había en esos tiempos el grupo musical
requerido.

Luego varias hileras de sillas y bancas de madera donde tomaron asiento los concurrentes, quedando frente a la mesa el general Lucio Blanco; ... a la izquierda de Lucio Blanco el general Gabriel Gavira presidía también y junto a ellos el de igual
grado Alejandro McKinney. Junto a éste, de pie, vestido de
blanco, el mayor Samuel Vázquez y tras de la presidencia de
la mesa, de pie también, el capitán Francisco J. Múgica, anotando en su registro los nombres de los favorecidos. Allí había
otros que después se significaron en la revolución entre ellos
Alfonso Gómez Morentín, el licenciado Jesús G. Hermosillo,
el mayor Cantú, el ingeniero Castillo y Tapia, Alfonso Torres,
el hermano de Lucio y otros más ... 6
Haciendo uso de la palabra el doctor Ramón Puente leyó el manifiesto expedido por el general Lucio Blanco; documento del que transcribiremos algunos párrafos. Empieza así:
Por fin. después de muchos esfuerzos, de tres años de lucha y
sacrificios, la Revolución comienza a orientarse en la manera
de resolver uno de los grandes problemas que constituirá, sin
duda alguna, el eje principal de la prosperidad de nuestra patria: la repartición equitativa de la tierra...

Nuestro territorio está en manos de unos cuantos terratenientes... sin fijarse ni considerar que, día a día, han mermado la
riqueza patria y matado el impulso de los humildes en la gran
obra del trabajo libre, productivo y fecundo ...
El que pretenda o esté resuelto a dedicarse a la agricultura,
puede contar con un título de propiedad que, bajo las más liberales condiciones, le asegurará un risueño porvenir económico... este título no será transferible, ni negociable; pero en
cambio, podrá ser legado por herencia a la familia o a la persona que designe el soldado...
La Revolución, justa en sus propósitos, quiere también proteger a los que queden desamparados por las vicisitudes de la
guerra y devolver al país, en vez de combatientes, hombres de
empresa, propietarios de un lote de labranza...
Para empezar a cumplir tan altos fines, se ha designado un terreno en las márgenes del río Bravo... , cuyas lindes se fijarán
muy pronto y donde podrá establecerse una verdadera colonia
militar, que organice y proteja a los pequeños propietarios...
Parece que el programa que venía en las invitaciones
del acto de entrega de tierras sufrió modificaciones, ya que
no estaba programado lo del monumento del que nos habla
el reportero de El Heraldo de Brownsville, y el mismo J.
Múgica adelantó su intervención, pues nos dice Armando
de María y Campos: «Antes del reparto ocupó la tribuna el
mayor Múgica y pronunció una arena llena de patriotismo
y de buenas ideas con esa fogosidad y ese ímpetu tan propios en él. Aquellos campesinos que oyeron por primera
vez, que tenían derecho a ser dueños de las tierras que venían cultivando desde los tiempos de sus mayores, aplaudían delirantemente al primer orador agrarista de la revolución del norte». 7
185

�moros. donde hizo pública su política exterior y «ratificó el
primer reparto de tierras que nosotros realizamos el 30 de
agosto de 1913», 1~ nos dice el general Juan Barragán.

El general Lucio Blanco, por su parte, fue qui.en firmó
los títulos «que iba entregando de pie y a su derecha el ingeniero Urquidi, al campesino, que se desprendía del grupo
de los suyos, atravesaba ceremonioso el espacio que lo separaba de la mesa directiva y daba las gracias al recibir el
título». R
Fueron un total de once los campesinos beneficiados; el
primero que recibió su título de propiedad fue Octaviano
Govea, quien tenía dieciséis años en el rancho «Los Borregos», y vivía al lado de su mujer y cuatro hijos; a él se le
9
dotaron ss hectáreas.
Los diez campesinos restantes, según el profesor Graciano Sánchez (quien estuvo en Matamoros en diciembre
de 1934), fueron: Ventura Govea, Apolinar Govea, Higinio
Gámez, Pedro Vega, José Izaguirre, Florentino lzaguirre,
Francisco Hemández, Juan Campos, José García y Esteban
Reyna. 10
«El evento finalizó con ceremonia junto al monumento
de concreto, levantado cerca de la entrada a 'Los Borregos'. En el interior del monumento se dejó, revestido de cemento, una copia del manifiesto agrarista, ejemplares de los
periódicos El Progreso de Laredo, The San Antonio ~ews,
The Brownsville Herald y de El Paso Herald, una copia de
un título de tierra, una copia de la lista de preguntas hechas
a los solicitantes de tierras y una copia del acuerdo entre los
principales oficiales de las fuerzas constitucionalistas adop•
11
tando el Plan Agrano».
El acto de entrega de tierras tuvo relevancia, despertando simpatía y" comentarios favorables en el México revolucionario y el extranjero. Carranza, primer jefe del «Plan de
Guadalupe» y de Lucio Blanco, «no nulifi.có el acto -nos
dice el general Juan Barragán- pero sí le hizo saber a Blan-

"Antes del reparto ocupó la tribuna el mayor Francisco J. Múgica
y pronunció una arenga llena de patriotismo y de buenas ideas con
esa fogosidad y ese ímpe~ tan propios en él...".
co que no estaba en sus atribuciones abrogarse facultades
.
M . t
,2
que sólo eran del resorte de la Pnmera ag1stra ura»;
auflque el mismo Barragán ubicara tal evento desde la perspectiva carrancista, al decir: «acto de carácter agrario, que
, dec1a
, que se
violaba el Plan de Guadalupe...». 13 Barragan
violaba el «Plan de Guadalupe» porque el acuerdo entre los
firmantes de este plan era que de lo primero que se trataba
era de tirar al gobierno de Huerta, luego ya vendría lo de
los cambios sociales requeridos. Sin embargo, la indisposición de Carranza ante Blanco y sus oficiales se diluyó para
éstos, luego del discurso del Primer Jefe en Hermosillo, Sonora, el 24 de septiembre de ese mismo año, donde habló de
los cambios sociales perseguidos por el movimiento revolucionario que encabezaba. Eso sí, una vez superada la novedad, Lucio -Blanco, sin su ejército, fue integrad_o en Hermosillo a la División del Noroeste del general Alvaro Obregón, donde llegó a ser Jefe de la Caballería del Cuerpo del
Ejército del Noroeste. Dos años después, del 27 al 30 de noviembre de 1915, don Venustiano Carranza estuvo en Mata-

No sabemos con precisión desde cuándo la Oficina Federal
de Hacienda de Matamoros se apoderó de las tierras dotadas
por Lucio Blanco en 1913, para que de nuevo las rentaran los
campesinos que por corto tiempo las creyeron suyas, sólo que
ahora subarrendando las tierras, pues el jefe de la Oficina Federal de Hacienda se las concesionaba a un particular; y éste, a su
vez. las rentaba por ochocientos pesos anuales a los campesinos que las trabajaban desde hacía tiempo. Lo que sí sabemos
es que esta situación se complicó a partir de que el Periódico
Oficial del Gobierno del Estado publicó el 26 de noviembre de
1932 la solicitud de tierras por parte del llamado inicialmente
«ejido Los Borregos»; resultó que a quien la Oficina Federal de
Hacienda le concesionó la renta de las tierras del rancho &lt;d.os
Borregos» para el año de 1933, el señor Alfonso Zolezzi, se
opuso a subarrendársela a José García, quien, junto con algunos otros tenía apenas dos años de trabajar la tierra de «Los
Borregos» y había sido presidente del Comité Ejidal solicitante
de dichas tierras. Este problema terminó al excluirse a José
García como arrendatario de «Los Borregos». 15
Se había complicado también la situación de los campesinos dotados por Lucio Blanco, por el hecho de que para
principios de los años treinta ya quedaban muy pocos de
los que habían sido beneficiados aquel 30 de agosto de 1913.
Dejemos que esto nos lo explique el distinguido profesor
Graciano Sánchez, quien llegó a Matamoros el 18 de diciembre de 1934 como Jefe de la Oficina General de Quejas
del Departamento Agrario, acompañado de una brigada de
ingenieros, con el propósito de arreglar -por instrucciones del presidente Lázaro Cárdenas- las múltiples invasiones existentes y, en general, darle salida a los problemas
agrarios de esta frontera. De «Los Borregos», Graciano

Sánchez dice en el informe que de su visita a Matamoros le
rinde el presidente de la República: «En la visita que practicamos al rancho de 'Los Borregos', nos encontramos con
que las tierras han sido trabajadas en la siguiente forma;
por Florentino lzaguirre, José Izaguirre y Pedro Vega, quienes pertenecen al grupo de adjudicatarios beneficiados por
el acuerdo del general Blanco, y por los CC. Francisco Izaguirre, Martín lzaguirre, Jesús Izaguirre, Amado Juárez,
Juan Vega, Jerónimo Vázquez, Juan Flores, Epifanio Vega
y Manuel Campos, que no tienen el carácter de adjudicatarios de la revolución». 16
Dos problemas arregló Graciano Sánchez en «Los Borregos»; uno, hizo, pensando ya que esas tierras estaban en trámites para ser ejido, que Pedro Vega, dotado por el general Blanco, cediera la porción que él explotaba en «Los Borregos», dado que en otra parte tenía en propiedad privada una cantidad
regular de tierras, para que la usufructwul el viejo José Izaguirre y Juan Aores, aparcero de las referidas tierras de Vega; y
dos, ordenó al señor José Avila, quien pai:a ese 1934 era a quien
la Oficina Federal de Hacienda le rentaba el rancho «Los Borregos», «se abstuviera de llevar otros agricultores al rancho de
'Los Borregos', por considerar que los que venían cultivando
personalmente esas tierras, ya tengan títulos o no, deben ser los
verdaderos usufructuarios de ellas, opinión que me permito someter a la recta consideración de Usted para que de acuerdo
con su escrito, reciba su aprobación, ordenando a la referida
Secretaría de Haciendo y Crédito Público rescinda el contrato
que había celebrado con el mencionado señcr Avila, reconociendo como únicos arrendatarios a los que figuran en la lista
que doy a continuación, para quienes respetuosamente pido se
confirme la posesión militar dada por el general Lucio Blanco,
17
en los términos que señala la legislación agraria en vigor».
No sabemos cuándo la Oficina Federal de Hacienda de
Matamoros rescindió el contrato de arrendamiento del rancho

3

187

�«Los Borregos» al señor José Ávila, pero de que fue un hecho
es cierto, pues para 1935 los campesinos que mencionó Graciano Sánchez en el informe referido eran a quienes la Oficina Federal de Hacienda les rentaba las tierras de «Los Borregos», en
un contrato que tenía con ellos por cinco años.
Ahora bien, la tramitación del ejido «Los Borregos» fue
tardada, sí, pero ese fue el caso de casi todos los ejidos de
Matamoros por el irregular estado jurídico que guardaban
la mayor parte de los predios rurales de este municipio; lo
cierto es que el cardenismo, desde sus inicios, reintegró a la
historia la obra de Lucio Blanco. Esto, lo vimos en su mejor momento en el gobierno del ingeniero Marte R. Gómez,
gobernador de Tamaulipas de 1937 a i941, a la hora de la
ejecución del mandamiento gubernamental en favor del ejido «Los Borregos», el 31 de julio de 1938. Vale la pena citar

el dictamen que con este motivo la Comisión Agraria Mixta hizo en su sexto considerando: «Que los documentos históricos que obran en el expediente y que datan del año de
1913; manifiestos del general Lucio Blanco, títulos de propiedad que e~pidió y fotografías de aquella época nos obligan a legalizar por medio de una resolución dotatoria, como coronamiento de los esfuerzos del general Lucio Blanco en aquel entonces, la situación injusta e irregular en que
han venido viviendo los campesinos del poblado 'Los Borregos'
«En efecto ~ontinúa este honroso considerando-, es un
contrasentido que siendo el reparto de la hacienda 'Los Borregos' el primero que se llevó a cabo en la República Mexicana, esté en poder del Gobierno Federal la propia finis
ca... »
El gobernador Marte R. Gómez visitó «Los Borregos»
el 31 de julio de 1938. Fue a «Los Borregos» este distinguido tamaulipeco al acto por el que se les dio posesión provisional de 152 hectáreas a 21 miembros de dicha comunidad
ejidal, veinticinco años después de haberse solicitado esas
tierras, cuando ya sólo vivía don Florentino lzaguirre, dotado de tierras por el general Lucio Blanco. 19

Libros

Rivera Saldafta, Osear, Frontera heroica, Matamoros, Tamaulipas, 1994.

Campos. Armando de María y, Francisco J. Múgica, Cuadernos
Mexicanos/ SEP, núm. 83.

Zorrilla, Juan Fidel y Carlos González Salas, Diccionario biográfico de Tamaulipas, Ciudad Victoria, Tamaulipas, 11184.

Cavazos Garza, Israel, Diccionario Biográfico de Nuevo Ltón,
UANL, Monterrey, Nuevo León, 1984.

Notas

Cerutli, Mario y Miguel A. González Quiroga, Frontera e historia
económica, Instituto Mora y Universidad Autónoma Metropolitana, Méxko, 1993.

1

Flores, Marco Antonio, Primer repano de tie"as tkl constitucionalismo. Lucio Blanco, Centro de Estudios Históricos del
Agrarismo en México, México, 1982.

2

García García, Raúl, Profesor y general Albeno Ca"era To"es.
Pionero del agrarismo en México, edición especial del G~
biemo del Estado, 1987.

3

Garibay K., Ángel María, Diccionario Porrúa de historia, biografía y geograf(a tk México, Editorial Porrúa, México, D.F.,

4

1964.

Gómez, Mane R., Las Comisiones Agrarias del Sur, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana,
México, D.F., 1982.

188

El general Lucio Blanco firmando los füulos de las tierras dotadas.
A la izquierda de Lucio Blanco el general Gabriel Gavira presidía
también y junto a ellos el de igual grado Alejandro McKinney.
Junto a éste, de pie, vestido de blanco, el mayor Samuel Vázquez
y tras de la presidencia de la mesa, de pie también, el capitán Francisco J. Múgica, anotando en su registro los nombres de los favorecidos.

-, Historia de la Comisión Nacional Agraria, Secretaría de Agricultura y Ganadería, México, 197S.

Manfnez Assad, Carlos, Los rebeldes vencidos, Fondo de CUitura
Económica y UNAM, México, 1990.

Hemeroteca de la biblioteca A""'1fo L Oliveira del Texas
Southmost College-Univcrsity of Texas, de Brownsville, Texas.
García, Raúl García, Profesor y general Alberto Carrera Torres. Pionero del agrarismo en Múico, Comisión Estatal para

5

AGEN (Archivo General de la Nación), galería 7, colección de
documentos de Lucio Blanco, folio 12 A.

6

Campos, Armando de María y, Francisco J. Mllgica, CUIJdernos Mexicanos/ SEP, mímcro 83, pp. 30-31.
lbitkm.

1

Archivo General de la Nación.

Flores, Marco Antonio (coordinador editorial), Primer rq,ano
de tie"as tkl constitucionalismo. Lucio Blanco, Centro de Estudios Históricos del Agrarismo eh M~xico, 1982, pp. 30-31.

la conmemoración del natalicio del general Alberto Carrera
Torres, Tampico, Tamaulipas, 1987.

Bibliografía
Archivos

Campos, Armando de María y, «Francisco J. Mllgica», Cuadernos Mexicanos/ SEP, núm. 83, p. 30.

8

lbitkm.

Archivo de la Comisión Agraria Mixta de Tamaulipas.
Biblioteca «Amulfo L. Oliveira», Brownsville, Texas.

Musacchio, Humberto, Diccionario enciclopédico de México, Andrés León Editor, México, 1989.

9

Hemeroteca de la biblioteca «Amulfo L. Oliveira», Texas
Southmost College-University ofTexas, colección El Heraldo
tk Brownsville, edición de septiembre 1 de 1913.

119

�~

COLABORAN EN ESTE NUMERO

10 AGEN, galería 3, Presidente Lázaro Cárdenas, exp. 404. 1 / 206.
11

Hemeroteca de la biblioteca «Amulfo L. Kliveira», Texas
Southmost College-University ofTexas, colección El Heraldo
de Brownsville, edición de septiembre I de 1913.

12

Flores, Marco Antonio, Op. cit., p. 13.

13

Jbidem.

14

Jbidem.

15 cAM (Comisión Agraria Mixta de Tamaulipas), exp. 271, folio
23.
16 AGEN, galería 3, Presidente Lázaro Cárdenas, exp. 404. 1 / 206.

17 Jbidem.

(Archivo de la Comisión Agraria Mixta de Tamaulipas),
exp. 271, foja 149.

18 CAM

19 CAM, exp. 271, foja 166.

Abigael Bohórquez. Poeta, dramaturgo y ensayista sonorense (1937-1995).
En los años sesenta dirigió el Organismo Promotor Internacional de Cultura
(OPIC) dependiente de la Secretaría de
Relaciones Exteriores. Antes de fallecer, obtuvo por su libro Poesida el premio internacional de poesía CONASIDA, Organización Panamericana de la
Salud, UNAM. Autor de numerosos
poemarios; entre ellos se encuentran
Las amarras terrestres, Digo lo que
amo, Desierto mayor, Heredad, Abigaeles, Poesía en limpio.
Abraham Nuncio (Texcoco, 1941). Licenciado en derecho por la UAC, hizo
estudios de filosofía y letras en la
UNAM y la UANL. Profesor universitario, periodista, editor e investigador de
ciencias sociales. Ha colaborado, en
diversas épocas, en publicaciones como La cultura en México, Excélsior,
Nexos, La Jornada, El Buscón, El Por\'enir (de Monterrey) y otras. Ha publicado En blanco y negro (poesía), Recetas para nada (prosa poética), El
grnpo Monterrey (investigación), Gilberto, la huella del huracán en Nuevo
León (crónica), Fábulas del poder (narración), etcétera. Con su ens1,1yo Visión de Monterrey ganó el premio de
los 400 años de Monterrey convocado
por el Ayuntamiento.
Adriana Díaz Enciso. Narradora. El
año pasado obtuvo una distinción en la
editorial Tusquets, que pronto publica-

190

rá la obra con que fue reconocida;
también es letrista del grupo Santa Sabina y se especializa en vampirología.

Elizabeth Montes. Narradora colombiana. Es doctora en literatura por la
Universidad de Kansas en Lawrence.
Se especializa en la narrativa de su
país natal y actualmente radica en El
Paso, Texas.
Eloy Garza González. Ha colaborado en periódicos de la localidad y es
promotor del activismo político entre
la juventud. Actualmente labora en
las oficinas del Partido Revolucionario Institucional estatal.
Eugenio Marrón Casanova, (Baracoa, Cuba, 1953). Reportero y crítico
literario en el periódico ¡Ahora!, de
Holguín. Es miembro de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba. Autor
del poemario Los pedidos de la lluvia
[premio de poesía, 1987).
Gabriela Riveros. (Monterrey, 1973).
Cursó y aprobó dos licenciaturas: letras españolas en el ITESM y piano en
la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey. Coordinó el programa cultural juvenil IMPULSARTE. Becaria del Centro de Escritores de
Nuevo León. Obtuvo un premio de
cuento en Alemania (1995). Galardonada con la Medalla al Mérito Cívico
en 1995. Autora de Tiempos de arcilla

Irma Dávalos Pardo. Licenciada en
filosofía. Maestra de letras españolas
por la Universidad Autónoma de Nuevo León; obtuvo este grado con la tesis
Una puerta tras otra puerta: pesimismo y escritura en Félix Dauajare. Publicó un volumen de narraciones breves el año pasado.
Jaime H. Palacios Chapa (Monterrey, 1962). Licenciado en ciencias de
la comunicación (ITESM, 1983), licenciado en piscología (Universidad Regiomontana, 1988), pasante de la
maestría _de letras españolas (UANL,
1991). Editor-fundador de la revista
interuniversitaria Nave. Realiza trabajos de creatividad para agencias de
publicidad.
Jean Tardieu, poeta francés nacido
en Saint-Germain-de-Joux (1903). Sus
padres: un pintor, una concertista. Estudió el bachillerato en el Liceo Condorcet y letras en la Sorbona. Publica
sus primeros poemas en la Nouvelle
Revue Fra71faise (1927). Trabajó para
la Editorial Hachette (1939) y participó en las publicaciones clandestinas
de la Resistencia. Más tarde labora en
la Radiodifusora Francesa. Tradujo la
poesía de Holderlin al francés. Algunos de sus libros: Le fleuve caché (El
río escondido), Accents (Acentos),
Monseiur Monsieur (Señor Señor),
Une voix sans personne (Una voz sin
persona), Histoires obscures (Histo-

(1994).

191

�rias oscuras), Poemes
mas para ver).

a voir (Poe-

Jorge Marroquín Narváez. Hizo un
diplomado en El Colegio de México
y actualmente está por concluir la
mestría en letras españolas en la Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL.

José Luis Moreno del Toro. Médico
y poeta cubano (Holguín, 1943). Ha
publicado Carta (1983); Va ... pue...
poemas casi nicaragüenses (1986);
Sonata a la ciudad (1983); Beber de la
lluvia (antología, 1988). Trabajos suyos de narrativa han aparecido en diversas publicaciones cubanas y extranjeras.
José P. Villalobos. Es doctor en literatura y su tema de interés es la narrativa
mexicana contemporánea. Actualmente labora en Jrvine University.
José Roberto Mendiricbaga. Licenciado en filosofía y maestro en letras
españolas. Profesor universitario, editorialista, publicista. Funcionario de
la Universidad de Monterrey. Fue
profesor de nuestra facultad_y director de Deslinde. Autor de los libros
la letra y la tinta (1981), la estética
de José Vasconcelos (1986) y Macario
Pérez, maestro de siempre ( 1994).
Juan Manuel Casas García (Ciudad
de México, 1972). Pasante de arqui-

lectura por la UANL. Ha colaborado
con artículos sobre temas de arquitectura y urbanismo en publicaciones especializadas. Desde 1994, miembro
organizador de Espacio Común, grupo de libre discusión arquitectónica
con sede en Monterrey.

Julia Soledad Quiñones Vega. Licenciada en letras españolas por la
Universidad Autónoma de Nuevo
León, cursa la maestría correspondiente en la misma institución. Profesora del Colegio de Letras (UANL).
Julieta Renée [Pérez-Díaz] (Monterrey, 1941). Licenciada en comunicación por la Universidad de Alabama
(EUA). Directora teatral y consultora
independiente. Escribe poesía, teatro
y cuento. Autora de Poemas (Monterrey, 1977).
Lourdes González Herrero (Holguín, Cuba, 1952). Trabaja como editora en Ediciones Holguín. Es miembro de la UNEAC. Ha publicado los
poemarios: Tenaces como el fuego
(1986), la semejante costumbre que
nos une (1988), Una libertad real
(1991) y la desmemoria (1993). Tiene
un libro inédito: En la orilla derecha
del Nilo.

Luisa Campuzano (La Habana, Cuba, 1943). Doctora en filología por la
Universidad de Bucarest. Labora como profesora en la Universidad de La

Habana (Facultad de Artes y Letras)
y en la Casa de las Américas (Centro
de Investigaciones Literarias). Profesora huésped de nuestra facultad en
varias ocasiones. Autora de -entre
otros títulos- Breve esbozo de poética
preplat6nica (con antología de fragmentos y testimonios), las ideas en el
Satyricon (tesis de doctorado; premio
de la crítica), Quirón o del ensayo.
Manuel Contreras Ramos (Ciudad
Victoria, 1947). Psicoanalista de origen médico. Catedrático en la División de Estudios de Postgrado de la
Facultad de Psicología de la UANL.
Colaborador de El Porvenir y de
Deslinde.
Manuel García Verdecia. Escritor
cubano radicado en Holguín.
Manuel José Guillén Coello. Poeta
cubano. Vive en una isla cercana a la
ciudad de Holguín.
Margarito Cuéllar (San Luis Potosí,
1956). Estudios de periodismo en la
UANL. Ha obtenido varios premios de
poesía, incluido el Premio a las Artes
de nuestra universidad. Director del
Archivo Histórico de Santa Catarina.
Editó dos antologías de poesía nuevoleonesa: Veinte años de poesía en
Monterrey, 1962-1982 (en colaboración
con Humberto Salazar) y Alforja de
poetas (tres volúmenes). Algunos de
sus últimos títulos: Tambores para

empezar la fiesta {1993), Árbol de lluvia (1994), Árbol de luces (1996).
Miguel Covarnbias (Monterrey,
1940). Profesor del Colegio de Letras
y la División de Estudios Superiores
de nuestra facultad. Ha publicado
más de doce títulos de diversos géneros (poesía, prosa, cuento, ensayo
crítico, entrevistas, traducción, compilación). En 1992 coordinó y editó
el volumen Desde el Cerro de la Silla. Arte y Letras de Nuevo Le6n. Ha
obtenido el Premio a las Artes
(UANL. 1989) en literatura y el Pr&amp;mio Nacional de Traducción que
otorga Bellas Artes, en 1994, por su
volumen de traducciones poéticas El
traidor. Desde 1985 es director de
Deslinde. Ediciones Castillo y nuestra facultad publican Papelería en
trámite, obra que reúne ensayos y
críticas de sus últimos 30 años de escritor.
Nancy Morejón. Poeta cubana que
ha visitado Monterrey y ha publicado
en la capital mexicana. Sus libros de
poesía: Mutismo, Amor, ciudad atribuida, Richard trajo su flauta y otros
argumentos, Parajes de una época,
Octubre imprescindible, Piedra pulida, Poemas, Cuaderno de Granada.
Sus libros de investigación y ensayo:
Recopilaci6n de textos sobre Nicolás
Guillén (1974), Naci6n y mestizaje en
Nicolás Guillén (1982) y Fundaci6n
de la imagen.

Nelva Alicia García. Fotógrafa profesional. Egresada del colegio de periodismo de la Facultad de Ciencias
de la Comunización de la UANL. Estudió letras españolas en la Universidad Regiomontana. Fue coordinadora
editorial de Monterrey Magazine.
Óscar A. Díaz-Ortiz. Realizó estudios de letras. Actualmente cursa el
doctorado en literatura de la Universidad Estatal de Arizona.
Óscar Wong. (Tonalá, Chiapas,
1948). Poeta y ensayista. Estudió letras hispánicas en la UNAM. Ganador
del Premio de Poesía Ramón López
Velarde (1988). Ha publicado, entre
otros, los siguientes poemarios: Si te
das al viento, Fragmentaciones, Yo
soy el mar, Enrarecida luz.
Raúl Rangel Frías. (Monterrey, 19311993). Escritor, historiador, abogado,
político, maestro universitario, conferencista y orador elocuente. Fue rector de la Universidad de Nuevo León
y gobernador del Estado. Fundó la
Facultad de Filosofía y Letras y construyó la Ciudad Universitaria; impulsó la Escuela de Verano y la revista
Armas y Letras de nuestra casa de estudios. Benemérito de Nuevo León
por acuerdo del Congreso del Estado.
Autor de numerosas obras, entre las
que destacan: Gerónimo Treviño, Cosas nuestras, Testimonios, El Reyno,
Alma Mater, Kato, Escritos, etcétera.

Rosana Covarrubias Mijares. Concluyó sus estudios de arquitectura en
la Universidad Autónoma de Nuevo
León. Ha colaborado en periódicos y
revistas con artículos sobre su especialidad, y ha dado a conocer el producto de sus investigaciones histórico-arquitectónicas en diversos foros.
Se integró al grupo Espacio Común
desde hace tres años.
Sergio Rommel Alfonso Guzmán.
Es codirector de la Revista de Literatura de la Universidad Autónoma de
Baja California y jefe de extensión de
dicha casa de estudios en la ciudad de
Tecate. Se ha dedicado a la crítica y a
la poesía.
Silvia Mijares (Chihuahua, Chih.).
Cirujano dentista y licenciada en filosofía por la UANL, donde también
concluyó la maestría en filosofía.
Profesora de esta casa de estudios
desde 1965. Ha colaborado en publicaciones regiomontanas como El volantín, Aquí vamos, Deslinde, Humanitas, Movimiento actual. Es autora de la filosofía de Vasconcelos
como filosofía latinoamericana y
coautora de Desde el Cerro de la Silla, Artes y Letras de Nuevo Le6n
( 1992).

Thomas Rosenlocher, poeta alemán,
publicó en Leipzig (1988) su libro de
poemas Schneebier (Cerveza de nieve).

193

�Veronika Sieglin. Profesora de historia en nuestra facultad. Coautora de
Monterrey, Nuevo León, el Noreste.
Siete estlldios históricos (1987). Obtuvo en 1992 su doctorado en la Universidad de Marburgo con la tesis
Wasser, Land und Kapital. Die Entwicklung einer liindlichen Region im
Nordosten Mexikos, 1820-1970.
Waldo Leyva (Cuba, 1941). Licenciado en letras. Ha sido profesor de ~stética y literatura cubana en la Universidad de Oriente. En diferentes ocasiones ha sustentado conferencias y
recitales en nuestra facultad. Autor de
Con mucha piel de gente y De la ciudad y sus héroes.

��En este número
Jean Tardieu: ¡Pero es en vano! La crueldad se incuba en el corazón del olvido. Resplandecen amenazas. La superficie se abrasa, a ella misma se dirige reproches ensordecedores. ¡Rayos imperiosos! ¡Órdenes venidas desde muy lejos! El suelo tiembla. Un
frío líquido recorrido por llamas violentas engulle nuestro endeble horizonte. ¡Aullidos!
¿Qué crimen he cometido? ¿Quién me ha condenado? ¿Qué suplicios me aguardan?...
José Roberto Mendirichaga: Parte de este estilo empresarial queda plasmado en el testimonio del ilustre profesor don Pablo Livas, quien siendo muy joven había laborado en
«El Porvenir» . Él menciona[ ... ] cómo, gracias a la empresa, Villa de Santiago se anticipó a Monterrey en lo que se refiere a fuerza motriz, luz incandescente y teléfono.
Jean-Marie Binoche: Es mi tarea ¡levantar un teatro de máscara que sea contundente,
bello y fuerte! Yo diría que a un violín Stradivarius de la más alta calidad nunca nadie lo
va a tirar al suelo después de haberlo tocado, ¡lo va a cuidar! Yo pienso dar a la máscara
el mismo tipo de valor, es decir, de respetar esa herramienta como se respeta a un violín.
Eduardo Padilla: Yo vine [de Guadalajara] y la primera noche que pasé en Monterrey
la pasé en un hotelíto que era uno de los internados del Tecnológico arriba del cine Rex,
y al día siguiente en la mañana lo primero que vi a través de la ventana fue prostitutas,
[... ] ahí estaba El Patio que era un antro de tejabanes [...]. ¿Qué tiene de tradición eso?
Raúl Rangel Frías: El mundo está vivo. No obstante estar lleno de engranes, de piedras, de palancas, de poleas y tuercas. Pero todavía hay mujeres en el mundo, todavía
hay amor en el mundo. Por eso he venido a dar testimonio del alma que empuja en la
fronda las voces del espíritu y de la vida. Las imágenes y las palabras.
Veronika Sieglin: Si bien la situación de los campesinos del sur nunca ha sido halagadora, a partir de la década de los 80, la ctisis económica que sacude al país y las políticas
económicas de corte neoliberal adoptadas por el Estado han intensificado la pobreza en
esta zona. El hambre, las enfermedades y, en consecuencia, la muerte, son ahora fieles
acompañantes de las familias campesinas.
Margarito Cuéllar: El pueblo de Holguín [Cuba] es de una rqiueza cultural digna de
admirarse. En la plaza Iberoamericana, un viernes a las 10 de la mañana, la banda municipal interpreta Fantasía africana, original del director, quien sin despeinarse saluda con
brevedad a los mexican curios porque tiene que irse a ensayar una zarzuela.

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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751773&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Deslinde, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 1996-1997, Vol. 13, No 53-56, Junio-Julio</text>
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              <text>Mendirichaga, José Roberto, 1944-, Coordinador Editorial</text>
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              <text>Nuncio, Abraham, 1941-, Director</text>
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              <text>Revista de literatura de la Facultad de Filosofía y Letras. Contiene poesía, narrativa, ensayo, traducción, reseña, y otros géneros literarios. Fundada en 1982. </text>
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              <text>Covarrubias, Miguel, 1940-, Director</text>
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              <text>González, Libertad, 1959-, Secretario de Redacción</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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