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                  <text>�UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
~CTOR: Reyes S. Tamez Guerra
SECRETARIO GENERAL: Luis Galán Wong
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
DIRECTOR: Nicolás Duarte Ortega

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
NÚMEROS 57-58 / VOLUMEN XIV/ JULIO - DICIEMBRE DE 1997
CONSEJO EDITORIAL
Irma Flores Alanís
Eduardo Carmona Rodríguez
César A. Reza Rodríguez
Benigno Benavides Martínez
Libertad González Hemández
Jesús Contreras Bazaldúa
Femando Flores García
Javier Rojas Sandoval

DIRECTOR
Miguel Covarrubias

SECRETARIA DE REDACCIÓN
Libertad González
TIPOGRAFÍA Y FORMACIÓN
Rosa Guadalupe Vázquez Carrillo
IMPRESIÓN
Grafo Print Editores, S.A.
Los artículos sin firma son responsabilidad de la redacción. No se devuelven originales.
Correspondencia y ~anje: Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México.

Publicación trimestral

�SUMARIO

5

LASVOCESDEIDEOLOGÍA

DOS POSICIONES ACERCA DEL
PRESIDENCIALISMO EN MÉXICO: LORENZO
MEYER Y JEFFREY A. WELDON
Jorge Marroquín Narváez

LA ENCANTADORA DE SERPIENTES
Saint-Pol-Roux

42
46

EL ESCRrrOR. TBS'ftGO MBTAJIÓll(J()
Néstor Lugones

POESÍA DE OTRO MILENIO
Miguel Covmubias

104

~
MarioAnreo

SOÑAR ES NA1URAL PORQUE TODO ES SUEÑO
Silvia Mijares

110

LA CREACIÓN EN SU DIMENSIÓN SUBJE11VA:¿

Qlffi CORAZONES HABLAMOS?
María Inés P6rez

UN DISCURSO HACIA LA SBNSmllJZACIÓN POlmCA
MEDIANTE EL AMOR, EL EROTISMO Y EL DESEO BN WS
FANTASMAS DE 1A PASIÓN DE JOSÉ JAV1ER V1LLARREAL
Juan Antonio Serna Servín

116

=~

CONCILIADOR DB MITOS y

MÉXICO: POLtnCA Y CULTURA HACIA FIN DE
MILENIO

PAPELERIA ENTRÁMITEDB MIGUEL COVARRUBIAS

Leonardo da Jandra

Humberto Sabmr

PUERTO RICO Y SUS MUCHAS CARAS
OlpNolla

61
2

99

VICENTE LEÑERO: LA CAUSA AUSENTE DE LA CLAUSURA
ESPACIAL DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA DENTRO DEL ESPACIO
URBANO CERRADO DE LA MUDANZA
Óscar A. Díaz-Ortiz

Carmen Alardín

50

81

97

MUÑECA SUCIA
Rosalva Pedraza Carlfn

José Roberto Mendirichaga

CANTO A LA HERMANDAD DEL VAHO
Óscar Efraín Herrera

32

35

EMERGIENDO DEL INFIERNO
Mijail Málishev

Y NO ES QUE EL ÁRBOL PIERDA SU VERDOR
Jeannette L. Clariond

22

30

91

METAMORFOSIS
Manuel Lugo Mijares

INTERLUDIO LÍRICO
Heinrich Reine

7
20

83

BORGES Y LAS MATEMÁTICAS
Guadalupe de Hoyos

LA CRUZ DE PIEDRA. FARSA EN UN ACTO
Virgilio Leos

HUELE A SANGRE EN LAS ESQUINAS
Elmys García Rodríguez

123

AtITORES DE NUEVO LEÓN
Leticiaffemra

EL ROJO CABALLO DE TU SONRISA
Alejandra Rangcl

COMENTARIOS SOBRE DESLINDE
3

�~ - ~ - -• .,..... ..,...,,..- ~

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1

INTERLUDIO LÍRICO

,

•
or'

.

133
137

,

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•

.

HÉCTOR GONZÁLEZ: ENSAYISTA Y TRADUCTOR
Gabriel Trujillo Muñoz

COLABORAN EN ESTE NÚMERO

CUADERNO: La cruz de piedra. Farsa en un acto
Ilustraciones de Harry Clarke, tomadas del libro Tales of Mystery and imagination,
de Edgar Allan Poe, London, 1919.

Heinrich Heine

Versiones de Miguel Covarrubias

Cuando en tus ojos me miro,
Se apagan todos mis gemidos.
Pero cuando tus labios beso,
Sano enteramente me siento.
Cuando me apoyo en tu pecho,
Llega hasta mí un gozo del Cielo.
Pero cuando me dices «Te amo» ...
Sé que tendré un llanto amargo.

LYRISCHES INTERMEZZO

IV
Wenn ich in deine Augen seh,
So schwindet ali mein Leid und Weh;
Doch wenn ich küsse deinen Mund,
So werd ich ganz und gar gesund.
Wenn ich mich lehn an deine Brust,
Kornmt's über mich wie Himmelslust;
Doch wenn du sprichst: »Ich liebe dich!«
So rnu8 ich winen bitterlich.

2

4

s

�EMERGIENDO DEL INFIERNO

Mijail Málishev
Al norte un pino se levanta
Solo en la cumbre abandonada.
Bajo capa de armiño duerme:
Lo cubre el hielo, la nieve.
Y sueña con una distante
Palmera que hacia el Levante
Luto en silencio guarda, sola,
Sobre ardiente muro de roca.

XXXIII
Ein Fichtenbaum steht einsam
Im Norden auf kahler Héih.
Ihn schlafert; mit weiBer Decke
Umhüllen ihn Eis und Schnee.
Er traumt von einer Palme,
Die, fern im Morgenland,
Einsam und schweigend trauert
Auf brennender Felsenwand.

Varlam Shalamov (1907-1982) ocupa
un lugar especial en el martirologio
de la literatura rusa no sólo porque
durante veinte años vivió en un campo de concentración y en su prosa concisa y lacónica- logró expresar
las terribles verdades sobre el experimento infernal del totalitarismo sino, también, porque reveló los límites antropológicos que separan el ser
humano del inhumano.
La prosa de Shalamov es un viaje a través de los círculos del infierno vivido en los campos de concentración stalinista. Pero a diferencia
del infierno de Dante, que es una
construcción puramente mental y
fruto de su poderosa fantasía poética, en los Cuentos de Kolimá hay
pocas metáforas, alegorías o referencias a un sentido esotérico. La prosa
de Shalamov es una especie de memorías que reproduce, con una evidencia de protocolo, los hechos reales y nada más. Pero estos hechos
son tan crueles, tan terribles que en
la mente del lector involuntariamente surge la duda si en efecto fueron
reales.
Alexandr Soljenitsin (cronista e
iracundo narrador de los crímenes de
los organizadores del archipiélago

2

6

GULAG) reconoce que a Shalamov le
tocó peor suerte que a él, pues aquél
llegó al fondo del embrutecimiento y
la desesperación por el que podría
pasarse en un campo de concentración. Como ningún otro artista contemporáneo, Shalamov es un escritor
de «crueldades», pero es «crue}»
porque la misma vida en un campo
de concentración, que es el objeto de
su narración, es una carne despellejada desprovista de los atavíos o
aderezos que son propios de la existencia humana en condiciones normales. Novecientos cuentos de Kolimá es una obra en que es mínima la
distancia entre el hecho y su transformación narrativa, en donde el
tnismo· hecho, tomado en su cruda
realidad, despojado de todo lo que
no es, se convierte en un símbolo terrible que posee una enorme fuerza
reveladora.

En una ocasión Dostoievski expresó: «Sólo temo una cosa: no ser
digno de mis propios sufrimientos».
En las condiciones inhumanas de
Kolimá, Shalamov logró conservar
su dignidad y consiguió los méritos
que le brindaron sus sufrimientos.
Pero sus cuentos también nos testimonian que la lucha diaria por el sobrevivir y los enormes sufrimientos

conducen a la tergiversación del alma y a irreversibles péi;didas morales. A pesar de que el autor de los
Cuentos de Kolimá tenía un carácter
firme, nunca cayó en la tentación de
considerarse héroe que pudiera superar los suplicios del iñfiemo y no
perder la osadía del espúitu. Si un
encarcelado lograba sobrevivir y
conservar sus cualidades humanas,
era en virtud de una coincidencia de
circunstancias y no sólo por sus capacidades extraordinarias. Cualquier
que haya pasado por un campo de
concentración, podría quebrarse.
En condiciones normales, la moral suele determinar lo humano en el
hombre. La conciencia moral no es
sólo una capacidad calculadora determinada por la prudencia racional,
sino una irreflexión rebelde que tiene mucho que ver con el carácter categórico de nuestros juicios basados
en la percepción. Si, por ejemplo,
vemos que la mesa es redonda es
muy difícil que nos obliguen a reconocer que es cuadrada. El peligro
que pudiera amenazar nuestro bienestar o nuestra vida, pudiera hacernos suspender nuestro juicio, pero la
fuerza de la evidencia va a convencernos obstinadamente de esta verdad. Algo semejante ocurre respecto
7

�a los actos morales: por ejemplo, las
escenas de violencia inmotivada o
de humillación sádica, suelen engendrar, en nosotros, una actitud de protesta y de odio que es irrevocable
como lo es un dolor de muelas o una
náusea. El rechazo a la violencia y al
escarnio, a veces supera nuestra voluntad y se adelanta a cualquier reflexión, puesto que ningunas razones
que nos dicta el instinto de autoconservación son capaces de eliminar la
conciencia de indignación y de una
acción basada en este sentimiento.
Esta emoción no se desprende de los
instintos de nuestro cuerpo, de nuestra organización vital, sino de profundos motivos morales que radican
en nuestro ser.

2

8

La experiencia de Shalamov nos
convence que los rebeldes que intentaron defender su dignidad (y que
fueron implacablemente aplastados
por los carceleros) poseían algunas
fuerzas físicas y anímicas capaces de
provocar la desobediencia y la protesta espontánea contra la iniquidad
y voluntariedad reinante en el campo
de concentración. En este sentido, el
odio es el último refugio de la vida
moral. Según Cioran: «El odio conserva: en él, en su química, reside el
'misterio' de la vida. Por algo es el
mejor tónico nunca encontrado, tole-

rado además por cualquier organis.
mo, por débil que sea». 1 Es cierto
que el odio, a veces, representa el último baluarte que preserva la personalidad de la definitiva descomposición moral. Pero existen límites tanto en el odio como en la dignidad del
hombre. El encarcelado, que arrastra
una e~stencia lamentable, pronto
llega a una especie de muerte emocional. Los sufrimientos, la agonía y
la muerte de sus compañeros llegan
a ser cosas tan comunes que no le
conmueven en lo absoluto. La indiferencia total lleva a que el instinto
de autoconservación desplace cualquier actitud de protesta espontánea
que es propia a la conciencia moral
irreflexiva. La atrofia emocional
abarca no sólo la pérdida de compasión por los sufrimientos de los
otros, sino también, anula los sentimientos de odio hacia los verdugos.
El hombre extenuado hasta el último
grado, llega a ser impasible a los sufrimientos de su propio cuerpo. Escribe Shalamov: «Hace mucho tiempo me prometí que si me golpearan
sería el fin de mi vida, pues asestaría
otro golpe y me fusilarían. Pero fui
un ingenuo. Cuando me debilité, se
debilitó también mi voluntad y mi
razón. Fácilmente me persuadí para
soportar y no encontré en mí la fuerza anímica ni para el golpe defensi-

vo ni para el suicidio ni para la protesta. Fui un débil ordinario y viví
según la ley de la mentalidad de los
débiles».2 El dolor da al encarcelado
una amarga conciencia de sentirse
vivo: le humillan, le golpean, pero él
agradece a su suerte que todavía sigue con vida. El único consuelo para
la víctima de la crueldad total es la
conciencia de que, quizás, hay alguien más débil y desdichado que él.
En un campo de concentración,
donde la muerte es un fenómeno trivial, éste se incorpora en la existencia de cada encarcelado. Al momento en que se entra ahí uno no puede
permitirse situarla en un futuro lejano. Como un moribundo, el preso se
identifica con la muerte Y no se empeña en arrojarla. El poder morir, en
cualquier inStante, es el fundamento
de su actividad, d_e_ sus pe_ns~ientos
y efectos. No utihza arttficws para
liberarse de esa posibilid~d. No ~iente la necesidad de ~esp~Jarla Y sigue
viviendo hoy y, quizá, si tendrá suerte, mañana: mirar más adelante es u
lujo que podría ser peligroso. En e
momento en que el encarcelado perc1'be su muerte como un futuro, más
o menos lejano, surge la esperanza
que ilumina toda la miseria de s
existencia en el presente Y de eSte
modo podría provocar graves pertur·

baciones en su alma. Pues nada hace
presa de la muerte salvo el deseo
apresurado de evitarla. El sentimiento de esperanza es como una terapia
intensiva aplicada a un moribundo
que frecuentemente sólo prolonga la
agonía más que la vida. En este sentido, existir en un campo de concentración se parece a una agonía que
está más allá de toda esperanza. En
Kolimá el sufrimiento no le dice al
encarcelado: esperad y tómadme con
paciencia, en tanto que hay alguna
posibilidad de sobrevivir, no todo
está irremediablemente perdido. Cada día se percibe como un presente
interminable, mientras que el mañana es un enigma que no se puede
comprender. Quien mantuviera la
costumbre de confiar en su buena
suerte y se esforzaba en adivinar el
mañana frecuentemente caía en la
desespe~ación. Pero qui;n dejaba la
esperanza y supeditaba su conciencia
a la vida en el presente lograba obtener una especie de firmeza estoica.
El perdón es un valor moral, una
virtud que complementa la justicia,
una reconciliación de los espíritus
exasperados. Según un autor contemporáneo, cada quien necesita dar
y recibir el perdón. «Necesitarnos
comprendernos como seres que perdonan y a los quése les perdona. Y

existen circunstancias en las que el
perdón desciende si no como ángel
salvador sí como una mano tendida
que agarra, con fuerza y con ternura».3 Shalamov nos muestra que
existen circunstancias en las que el
perdón significaría un sacrilegio,
una traición a los sufrimientos y a
las vidas destrozadas en vano. En
aras de la justicia superior, a nombre
de la memoria santa de las víctimas
inocentes, que no simplemente fueron privadas de sus vidas sino sometidas a suplicios inhumanos, hay que
luchar contra cualquier veleidad de
falso humanismo, hay que resistir a
la inclinación de perdonar a los que
nunca, en ningunas circunstancias
merecen condescendencia. Al responder. al desafío del humanismo
que se inclina al perdón, Shalamov
declara: «El principio de mi siglo, el
resumen de mi vida, la deducción de
mi experiencia personal y la regla en
que se encarnó esta experiencia puede expresarse así: en primer lugar,
hay que regresar las bofetadas y sólo
en segundo lugar, la gracia. Es necesario recordar el mal antes que el
bien. Hay que guardar en la memoria todo lo bueno cien años y todo lo
malo doscientos años».4
Las facultades humanas de tolerancia y perdón son incompatible~

con la realidad brutal de los crímenes de Kolimá y de Dajau. Quien pasó a través de estos infiernos terrenales, nunca olvidará el monstruoso
mal del sistema totalitario, nunca
perdonará a sus inspiradores ideológicos y a sus verdugos. En esto, el
escritor no tiene ningunas dudas. Pero los que no vivimos esta terrible
experiencia, tampoco debemos echar
al olvido los horribles sufrimientos
de las víctimas inocentes. Sólo en
esto Shalamov vio su vocación como escritor: no permitir olvidar lo
que sucedió, no dejar que se esfume
en la neblina suavizante del tiempo,
no atenuar los dó1ores infernales de
sus protagonistas y no ablandar los
corazones de sus lectores.

***
Varlam Tíjonovich Shalamov nació
en la ciudad de Vologda, en una familia de un sacerdote ortodoxo. Sus
años escolares coincidieron con el
periodo crítico de la revolución y de
la guerra civil de 1917 a 1924. De los
reveses de la fortuna, al futuro escritor le salvaba la pasión por la lectura
de la literatura artística. A pesar de
que su padre fue sacerdote, el carácter del joven Shalamov se formaba,
en muchos aspectos, contrariamente
a la influencia de su progenitor. En

9

�10

su novela autobiográfica La cuarta
Vologda escribe: «Yo pensaba: voy
a vivir de otra manera de la que vives tú, viviré contrariamente a tus
consejos. Tú crees en Dios, pero yo
no, no creo desde hace mucho tiempo y nunca volveré a creer. Te gusta
la actividad social en la cual no participaré y si participara sería de otra
fonna. Tú valoras el éxito, la carrera,
yo no voy a hacer una carrera ... »5 En
1924 Shalamov se fue a Moscú, ingresó a la fábrica para zambullirse
en el medio ambiente obrero y recibir un documento de pertenencia social (testimonio proletario) que en
aquel entonces significaba mucho,
por lo menos, abría el camino para el
ingreso a la Universidad. Muchos jóvenes, que no tenían la suerte de nacer en una familia obrera, trabajaban
en las fábricas durante un tiempo para recibir la constancia salvífica. Según el propio escritor, él trabajaba
no sólo para recibir la constancia sino para «sentir aquello nuevo y precioso en que tanto creyeron y de que
tanto esperaron». Pronto entendió
. que perdía el tiempo y en 1926 ingresó a la Universidad de Moscú en la
facultad de derecho. El joven Shalamov participaba en la vida social de
aquel periodo: colaboraba en diferentes círculos literarios, publicaba
sus primeros versos, visitaba las dis-

putas públicas, tomaba parte en la liquidación del analfabetismo.
Al principio de 1929 fue arrestado
por divulgar el «testamento» de Lenin en donde se criticaba a Stalin y
se recomendaba su substitución. Se
le acusó de ser un «elemento socialmente peligroso» y fue condenado a
tres añ~s de prisión en un campo de
concentración en Montes Urales de
Norte. Al regresar a Moscú continuó
colaborando en diferentes revistas literarias en las que le publicaban versos y cuentos. En 1937 fue arrestado
por segunda vez y condenado a cinco años en el campo de Kolimá. En
1942, la reclusión se alargó hasta el
fin de la guerra y en 1943, fue condenado a diez años más acusándole de
«agitación antisoviética». En 1951
fue liberado, pero dos apos más trabajó en Kolimá como empleado libre y regresó al centro del país en
1953. En 1956 Shalamov fue rehabilitado y, por fin, pudo entregarse a la
creatividad literaria. Pero por las
condiciones políticas de aquella época nadie quiso publicar sus cuentos
de Kolimá que había empezado a escribir después de su liberación. Sus
versos se publicaban de vez en cuando y en vida, le editaron varias pequeñas colecciones de poesía sometidas a una severa censura. Se elimi-

naba todo lo que hacía alusión a la
«temática prohibida». Los tres últimos años de su vida Shalamov ya
ciego y sordo, los pasó en un asilo
para inválidos y ancianos.
En Occidente la prosa de Shalamov empezó a publicarse en 1967,
desde aquel entonces, se dieron a conocer algunos de sus Cuentos de Kolimá. En Rusia el primer tomo de su
prosa sobre el campo de concentración se publicó sólo en 1989. La mayor parte de Cuentos de Kolimá fueron traducidos al inglés, alemán,
francés e italiano. Por lo que sabemos, la obra de este gran escritor todavía es desconocida por el lector
hispanoparlante. Para familiarizarle
con la prosa de Shalamov, hemos seleccionado tres de sus relatos que
traducimos de la edición rusa: Varlam Shalamov. Cuentos de Kolimá.
Sovremennik, Moscú, 1991.

Notas
1

2

Ciaran, E. M. El aciago demiurgo. Taurus, Madrid, 1979, p. 99.
Shalamov, Varlam. Cuentos de Kolimá. Sovremennik, Moscú, 1991, p.
194 (en ruso).

1
· Sádaha,

Javier. El perdón. Paidós, Bar-

celona,

1995,

p. 16.

4 Shalamov. Varlam. Op. cil., p. 377.
5 Shalamov, Varlam. La cuarta Vo/08tla. Grifon. Vologda, 199.4, p. 167 (en

se desvanecía en la boca del otro.
Glebov tragó saliva, y en el mismo
instante Bagretsov dirigió su mirada
al horizonte y empezó a ver una gran
luna anaranjada que ascendía en el
cielo.

ruso).

-Ya es hora -dijo Bagretsov.

VARLAM SHALAMOV
Por la noche

La cena terminó. Glebov lcnlamenle lamicí su plato y recogicí de la
mesa, en la palma de su mano izquierda. las migajas de pan llevándoselas luegoia la boca y cuidadosamente. lamió su palma. S_in tragar. sentía cómo la saliva envolvía
cspesamenlc lps pedacillos de pan.
No podría decir si son sabrosos o
no. El sabor es algo distinto. demasiado pobre en comparación con la
sensación apasionada y placentera
que le brinda!-,a la comida . Glebov
no se apresuraba en tragársela: el
pan se diluía en su boca espont.í·neamentc.
Con los ojos hundidos y brillantes de hambre, Bagretsov miraba
fijamente la boca de Glebov. No
había ninguna fuerza que le hiciera
apartar su mirada de la comida que

En silencio, se encaminaron por
la vereda hacia la roca y subieron a
una pequeña terraza que le daba
vuelta a la colina. Hace poco tiempo que el sol se escondió tras el
horizonte; hace poco tiempo las
piedr;is calientes, que por el día
traspasaban las chanclas de hule y
quemaban las plantas de los pies
desnudos, ahora estaban frías. Glebov se abrochó su chaquetón acolchonado ya que su propio andar no
le calentaba.
- ¡.Es lejos aún? - preguntó Glebov en voz baja.
- Sí. es lejos -murmuró Bagretsov.
Se sentaron para descansar. No ·
había nada de qué hablar ni qué pen sar: todo era claro y sencillo. Al final de la terraza había un montón de
piedras dispersas y de musgo extraído y seco.

-Yo pudiera hacer esto solo -se
sonrió con desgano Bagretsov-, pero
entre los dos es más divertido. Además, es un favor para un viejo amigo ...
Les han traído en el mismo barco
el año pasado.
Bagretsov se detuvo.
-Hay que agacharnos, pues podrían vernos.
Ellos se echaron al suelo y empezaron a quitar las piedras. No eran
tan grandes que no pudieran levantarlas y trasladarlas entre los dos; ya
que quienes las pusieron por la mañana, no eran más fuertes que Glebov.
Bagretsov maldijo en voz baja,
por haberse rasguñado el dedo y
estar sangrando; espolvoreó arena
en su herida y de su chaquetón
arrancó un pedazo de algodón y lo
apretó al dedo. Pero la sangre no se
detenía.
-Tienes mala coagulación -le dijo Glebov con indiferencia.
- ¿Eres médico? - le preguntó Bagretsov chupando su herida.

11

�Glebov no contestó. El tiempo en
que fue médico le parecía muy lejano, dudaba si aquel entonces había
sido real. Aquel mundo detrás de las
montañas y mares frecuentemente le
parecía un sueño, una ficción. Lo
real era el minuto, la hora, el día
desde el toque de diana hasta el del
silencio. Más allá del presente no
pensaba ni tenía fuerza para hacerlo.
Como todos los demás.
1 1

Glebov no conocía el pasado de la
gente que le rodeaba y no le interesaba
saberlo. Si mañana Bagretsov le dijera
que había sido doctor en filosofía o
mariscal de aviación, Glebov le creería sin dudarlo. ¿Alguna vez fue médico? Se había perdido no sólo el automarismo del juicio sino también, el de
la curiosidad. Glebov veía como Bagretsov chupaba la sangre de su dedo
sucio, pero no le dijo nada. Esto sólo
rozó su conciencia, no pudo encontrar
la voluntad para responderle ni se esforzaba para encontrarla. Aquella conciencia que todavía tenía y que, probablemente, ya no era humana, tenía pocas facetas y ahora estaba encaminada
sólo a un fin: quitar las piedras lo más
rápido posible.

1

12
2

-Cuando ellos se detuvieron para
descansar Glebov preguntó: ¿es profunda?

-¿Por qué tendría que ser profunda?-respondió Bagretsov. Y Glebov
se dio cuenta que su pregunta era absurda y que la fosa no tendría por
qué ser profunda.
-Aquí está-dijo Bagretsov.
Él había tocado un dedo humano.
El dedo gordo del pie se asomaba de
entre las piedras y a la luz de la luna
se veía perfectamente. El dedo no se
parecía a los de Glebov ni a los de
Bagretsov, pero no porque estuviera
sin vida y rígido, en esto había poca
diferencia, sino porque las uñas habían sido cortadas y el mismo dedo
era más grueso y suave que el de
Glebov. Ellos rápidamente quitaron
las piedras que quedaban sobre el
cuerpo.
-Era muy joven -dijo Bagretsov.
Entre los dos, con dificultad sacaron el cadáver jalándolo de las
piernas.
-¡Qué grandote! -dijo Glebov,
sofocado.
-Si_no hubiera sid9 tan grande dijo Bagretsov- le hubiera enterrado
como nos entierran a nosotros y no
hubiera sido necesario venir aquí.

Ellos enderezaron los brazos del
muerto y le quitaron la camisa.
-El calzón largo es nuevo -con
satisfacción dijo Bagretsov.
También le quitaron el calzón
largo. Glebov guardó la bola de ropa
dentro de su chaquetón.
-Mejor póntela -le dijo Bagretsov.

Bagretsov se sonrió. Mañana
venderán la ropa, la cambiarán por
pan y quizás, además, obtendrán un
poco de tabaco ...

Frutas silvestres

Faadeev dijo:
-Espera, yo mismo hablaré con
él - se acercó a mí y puso la culata
del fusil cerca de mi cabeza.

-No, no quiero- murmuró Glebov.
Pusieron el cadáver otra vez en
su tumba y lo cubrieron con las
piedras.
La luz azul de la luna alta se reflejaba en las piedras y en el bosque
ralo iluminando cada roca y cada árbol con un espectro peculiar. Todo
parecía real, pero no como en el día.
Esto era como un segundo semblante del mundo nocturno.
La ropa del cadáver se calentó
bajo el brazo de Glebov y ya no le
parecía ajena.
-¡Cómo se me antoja fumar! fantaseaba Glebov.
-Mañana fumarás.

Y o estaba sobre la nieve, abrazándome del tronco que se me cayó
y que no podía levantar para_ocupar
mi lugar en la fila de los presos que
bajaban de la montaña; cada uno llevaba en su hombro un tronco para
leños, algunos más grandes, otros
más pequeños. Todos se apuraban:
el convoy y los encarcelados; todo el
mundo quería comer y dormir, a cada uno le aburrió el día infinito de
invierno. Pero yo yacía en la nieve.

Fadeev siempre se refería a los
encarcelados con el «usted».

el enemigo, usted le pone obstáculos.

-Entendí -le dije escupiendo la
saliva salada y sangrienta.

-No soy fascista -dije-, soy un
hombre enfermo y hambriento, tú
eres el fascista. ¿Leiste en los periódicos como los fascistas matan a los
ancianos? Piensa que le vas a contar a tu novia lo que hiciste en Kolimá.

Arrastré el tronco acompañado
de gritos, injurias y ululaciones de
mis compañeros que se congelaban
mientras me golpeaban.

Me daba todo igual. No soportaba a los hombres de mejillas rosadas, robustos, bien alimentados y
bien vestidos; perdí el miedo. Me
encorvé defendiendo el estómago,
pero este gesto era más bien instintivo y espontáneo; no temía a los golpes. Fadeev me golpeó en la espalda
con su bota. Sentí de repente un calor, pero no dolor. Si me muriera sería mejor.
-Escucha -dijo Fadeev, cuando
me volteó de cara al cielo con la
punta de su bota-, usted no es el primero. Durante mi trabajo he visto
muchos como a usted.
- Vino otro convoy, Seroshapka.

-Escuche, viejo, nadie creerá que
un fortachón como usted no pueda
llevar un leño, un palito. Usted finge. Usted es un fascista. En el tiempo en que nuestra patria lucha contra

-Déjame verte para recordarte
mejor. Qué perverso y feo eres. Te
mataré yo mismo mañana. ¿Me entendiste?

En la mañana del día siguiente,
Seroshapka nos llevó a trabajar al
bosque, ya desforestado, para recoger todo lo que se pudiera quemar en
las estufas de hierro durante el invierno. Los árboles los habían cortado en el invierno pasado, por eso
ahora quedaban troncos altos. Los
excavábamos de la tierra con nuestros pies usados como palancas y los
serruchábamos y apilábamos.
En algunos árboles que aún se
conservaban alrededor del lugar de
nuestro trabajo, Seroshapka colgó
trenzas de hierba seca de color gris
amarillento para indicar zona prohibida.
El jefe de la brigada en un montículo encendió una hoguera para Seroshapka (la hoguera estaba perrnitida en el trabajo sólo para el convoy)
y le llevó leñas de reserva.
Las primeras nieves empezaron a
caer hace poco tiempo pero se ha-

13

�bían dispersado por el viento. La
hierbá congelada y escarchada se
deslizaba y al tocarla cambiaba su
color. Sobre los terrones crecía el
escaramujo de montañas, sus pequeñas frutas de color lila obscuro
tenían un sabor exquisito. Todavía
nuís sabroso que el escaramujo era
la airela gris azulada, aunque pasada y un poco congelada... Sobre las
ramitas cortas colgaban bayas de
vaccinio de color azul claro, arrugadas como si fueran un monedero
de piel vado pero que todavía
guardaban el jugo azul obscuro de
un sabor estupendo.
Las frutas silvestres de esta temporada, tocadas por el frío, no se parecen a las bayas maduras y jugosas.
Su sabor es aún más refinado.
Ribakov, mi compañero, recolectaba las frutillas en una lata durante
el descanso y en aquellos minutos
cuando Seroshapka miraba hacia
otro lado. Si Ribakov llenara la lata,
.el cocinero del convoy le dará un
pan. De esta manera, la recolección
adquiría importancia.

14

Yo no tenía tales ofertas y por
eso, comía con avidez y cuidado
presionando con mi lengua cada frutilla en el paladar. Su jugo dulce y

aromático me aturdía por algunos
instantes.
No pensaba ayudarle a Ribakov
en su recolección, además él no lo
requería ya que se vería obligado a
dividir el pan.
La tacita de Ribakov se llenaba
lentamente; las frutillas se encontraban cada vez menos y, sin observarlo,
trabajando y recolectando bayas, nos
acercábamos a las fronteras de la zona
prohibida. Los hitos colgaban por encima de nuestras cabezas.

-Mira, los hitos, vamos a regresar -le dije a Ribakov.
Pero más allá habían terrones
con frutas de escaramujo, airela y
vaccinio... Hemos visto estos terrones ya hace tiempo. El árbol con la
señal de prohibición debería estar
dos metros más lejos.
Ribakov me mostró su lata todavía
incompleta y el sol que apenas se inclinaba al horizonte y comenzó a acercarse hacia las bayas hechizadas.
De repente, estalló el tiro seco y
Ribakov cayó cara abajo entre los terrones. Seroshapka gritaba agitando
el fusil:

-¡Quédense en sus lugares, no se
acerquen!
Seroshapka movió el cerrojo y
disparó otra vez. Sabíamos el significado de este segundo disparo. Lo
sabía también Seroshapka. Debía haber dos disparos, el primero tenía
que haber sido preventivo.
Ribakov yacía entre los terrones
y de repente se vio pequeño. El cielo, las montañas y el río eran tan
enormes que quién sabe cuántos podrían estar abatidos en estas montañas, en esas veredas de entre los terrones.
La tacita de Ribakov rodó lejos,
logré recogerla y esconderla en mi
bolsillo. Quizás, me darán el pan a
cambio de estas frutitas. Sabía para
quien las recolectaba Ribakov.
Seroshapka tranquilamente enfiló nuestro pequeño destacamento,
nos contó, ordenó la marcha y nos
llevó a la casa.
Con la punta de su fusil tocó mi
hombro, yo voltié.
- Era para ti -dijo Seroshapka-,
¡pero no te metiste, canalla!

El silencio
Todos los de nuestra brigada con
asombro, desconfianza y temor nos
sentamos ante las mesas del comedor
en que comíamos siempre, pero ahora
estaban sucias y pegajosas. ¿Por qué?
¡,Quizás, alguien derramó su sopa?
Pem es extraño, pues cualquiera sería
capaz de llevar la cuchara a su boca y,
además, no era posible derramarla
puesto que no había cucharas. Si la sopa se hubiera derramado, la habrían
recogido con las manos o, simplemente, la hubieran lamido.
Nuestra brigada estaba designada
a trabajar en el tumo nocturno, quizá,
para ocultamos de algunos ojos ¡si es
que existieron tales! Nuestro colectivo
se integraba por los más débiles y
hambrientos. Éramos desechos humanos y sin embargo, nos alimentaban
no sólo con los restos de la comida;
para nosotros se destinaban también
algunos granos, grasa y, lo que es más
importante, el pan que por su calidad
.era igual al que recibían las mejores
brigadas cuyos miembros aún conservaban fuerzas y podía cumplir con el
plan, produciendo el elemento principal, el oro...
Aunque nos alimentaban, siempre lo hacían al final de todos, no

importaba si eran del turno diurno o
nocturno.
Y esta noche también hemos sido
los últimos.
Vivíamos en el mismo barracón
y en la misma sección. A algunos
de estos semicadáveres les había
conocido antes en la cárcel de instrucción o en la prisión de distribución. Diariamente me movía junto
con estos miserables vestidos con
chaquetones jironeados y gorros de
tela que sólo se quitaban de baño
en baño, calzados con botas de
fieltro guateado y pantalones rotos,
semiquemados en las hogueras. De
entre ellos, con dificultad reconocí
a un tal Mutalov, quien era un tártaro de cara roja y el único habitante de Chimként que poseía una
casa de dos pisos cubierta con hierro, y a otro tal Efremov, quien fue
primer secretario del comité del
partido de Chimként y en el año
treinta le expropiaba a Mutalov como enemigo de clase.
Estaba también Oksman, quien·
fue comisario de una sección política de división y a quien el mariscal
Timoschenko, aún no siendo mariscal, lo expulsó de su división por ser
judío.

También encontré a Lupilov,
quien fue adjunto del productor general de la URSS, ayudante de Vischinski; Zavoronkov, que había sido
maquinista del depósito de locomotoras de Saviolovo. Estaba también
un jefe de la policía secreta de la
ciudad de Gorki, quien en la prisión
de distribución entabló una disputa
con una de sus víctimas:
-¿Te golpearon? ¿Y qué? Si firmaste, esto significa que eres enemigo, engañaste al poder soviético y
nos impediste trabajar. Por culpa de
canallas como tú, recibí quince años
de cárcel.
Intervine:
-Te escucho y ¿no sé qué hacer?... reir o escupir a tu jeta...
En esta brigada de los «débiles»
trabajaban diferentes personas y entre
ellos, había un religioso de la secta
«Dios sabe». Quizás la secta se llamaba de otro modo, pero se le conocía
así, porque el secretario siempre respondía con esta frase a todas las preguntas que le hacían las autoridades.
El apellido del secretario, por supuesto, se quedó en mi memoria:
Dmitriev, aunque él nunca respondía

15

�por su nombre. Los compañeros y el
jefe de la brigada lo conducían colocándole en la fila y en su lugar de
trabajo.
El convoy cambiaba frecuentemente y cada nuevo guardián, durante la salida para el así llamado trabajo, trataba de entender el por qué, al
pasar lista, algunos no contestaban al
grito amenazante: «¡responded!»
El jefe de la brigada explicaba
brevemente la causa del silencio y el
alegre guardián continuaba pasando
lista.
El sectario importunaba a todos
los del barracón. En las noches, no
dormíamos por el frío, nos calentábamos cerca de la estufa de hierro
abrazándola, tratando de atrapar el
calor desvanecido del hierro tibio
acercando también nuestros rostros
al hierro.

2

16

Por supuesto que obstruíamos el
escaso calor a los otros del barracón
que estaban acostados en los lejanos
rincones escarchados y, como nosotros, permanecían despiertos por el
hambre. De esos rincones lejanos y
obscuros, de vez en cuando saltaba
alguien que se tomaba el derecho de
gritar o golpear a los otros y corría

de la estufa a los débiles con injurias
o puntapiés.
Uno podía encontrarse cerca de
la estufa y legalmente tostar un
pan, pero nadie tenía pan para tostarlo ... ¿y cuánto tiempo habría que
esperar para tostar un pedacito de
pan?
Odiábamos a las autoridades, nos
odiábamos unos a otros, pero sobre
todo, odiábamos al sectario por sus
canciones, himnos y salmos ...
Todos estábamos en silencio
abrazando la estufa. Sólo el sectario
cantaba con una voz baja, ronca y
resfriada sus himnos y salmos que
nos parecían interminables.
Yo trabajaba en pareja con él.
Los otros habitantes de la sección,
durante el trabajo descansaban de
los himnos, salmos y del propio sectario, pero yo no tenía este alivio.
- «Cállate!»
-Me hubiera muerto hace mucho
sin estas canciones. Me hubiera ido
al frío. · No tengo fuerzas. Si hubiera
tenido un poco más de fuerzas ... No
le pido a Dios la muerte, Él ve todo.

En la brigada había más gente
envuelta en traperíos, hambrientos y
sucios con el mismo brillo en los
ojos. ¿Quiénes eran? ¿Generales?
¿Héroes de la guerra en España?
¿Escritores rusos? ¿Coljozianos de
Volokolamsk?
Estábamos sentados en el comedor sin entender ¿por qué no nos dan
a comer? ¿Qué esperan? ¿Qué noticias quieren anunciar? Para nosotros
cualquier noticia sólo podría ser
buena. Hay un límite después del
cual, todo lo que le sucede al hombre, le presagia felicidad. La novedad no puede ser peor. Esto lo entendíamos todos más con el cuerpo que
con nuestra mente.
Se abrió la ventanilla de distribución de comida y nos empezaron a
llevar: ¡sopa caliente! ¡Papilla caliente! ¡Y ponche -tercer plato- casi
frío! A cada quien nos dieron una
cuchara y el jefe de brigada advirtió
que deberíamos devolverla. Desde
luego que la devolveríamos. ¿Para
qué podrían servirnos las cucharas?
¿Quizás para cambiarlas por tabaco
en otro barracón? Por supuesto, regresaremos las cucharas. ¿Para qué
nos sirven? Hace mucho tiempo que
nos acostumbramos a comer a través
del borde del plato. ¿Para qué usar la

cuchara? Lo que queda en el fondo
se le puede empujar al borde de salida con los dedos...
¿Qué pensar? Ante nosotros estaba la comida, el alimento. Nos dieron el pan en las manos: doscientos
gramos de pan.
-La cantidad de pan, según la
norma -solemnemente anunció el jefe de la brigada- y el resto, hasta saciarse.
Y comimos hasta saciarnos. Cada sopa se compone de dos partes:
asiento y líquido. Nos dieron líquido hasta saciarnos. En cambio, la
papilla, el segundo plato, era verdadera, sin engaño. El tercer plato,
el ponche, era agua tibia con ligero
sabor de almidón y algunas huellas
de azúcar.
Los estómagos de los encarcelados no son crudos, sus capacidades
de detectar el sabor no estaban embotados por el hambre ni la comida
burda. Al contrario, la sensibilidad
de un estómago hambriento es estupenda. La reacción cualitativa en el
estómago del preso, por su finura, se
podría comparar con cualquier laboratorio de un país de la segunda mitad del siglo veinte.

Ningún estómago de un hombre
libre hubiera encontrado la presencia
del azúcar en aquel ponche que hemos comido. Es decir, en esta noche
nos hemos saboreado en la mina de
«Partizan».
A nosotros el ponche nos pareció
dulce, muy dulce, casi un milagro, y
cada cual recordó que todavía existe
el azúcar en el mundo e, incluso, llega a la caldera de los encarcelados.
¿Quién es este hechicero?...
El hechicero estaba cerca. Le hemos encontrado después del primer
plato de la segunda comida.
-El pan según la ración- dijo el
jefe de la brigada- y el resto, hasta
saciarse. -Y miró al hechicero.
-Sí, sí -dijo el hechicero.
Era un hombrecito fresquecito,
morenito, limpiecito con una cara todavía no congelada.
Nuestros jefes -capataces, conductores de obras, directores de presidios y guardianes- y todos quienes
experimentaban Kolimá, tenían en
sus rostros huellas y estigmas de ésta. Kolimá eliminaba las arrugas excedentes y ponía por siempre las.

manchas de helamiento. ¡Una marca
imborrable, un sello indeleble!
En el rostro limpio del hombrecito moreno todavía no había ni una
mancha, ni un estigma.
Era un nuevo educador en nuestro campo que acaba de llegar del
continente y realizaba un experimento.
El educador se puso de acuerdo
con el director e incluso insistió para
cambiar una costumbre de Kolimá:
el resto de sopa y de papilla, según
una vieja tradición secular, siempre
se llevaba de la cocina al barracón
de delincuentes o se distribuía entre
las mejores brigadas, y de esta forma
se apoyaba a los menos hambrientos
y no a los más débiles, para sacar el
máximo provecho en la realización
del plan y convertir todo en oro: las
almas y los cuerpos de los jefes,
guardianes y encarcelados.
Aquellas mejores brigadas -y las
de los delincuentes- ya se habían
acostumbrado a contar con estos restos y por lo tanto, la perversión ya
estaba asimilada.
Pero el nuevo educador no concordó con esta costumbre e insistió

17

�para que el resto de la comida se distribuyera entre los más débiles y
hambrientos: de esta manera, suponía que en ellos se despertaría mayor
conciencia.
-En lugar de conciencia tienen
un cuerno -le contradecía el capataz.
Pero el educador era firme y le autorizaron el experimento.
Para realizarlo fue elegida nuestra brigada, la más hambrienta.
-Estoy seguro que el hombre que
coma bien y mejor trabajará con gratitud para el Estado. ¿Cómo se les
puede exigir un buen trabajo a estos
flacos? ¿«Flacos»? ¿Así los llaman?
Flacos es la primera palabra de argot
que aprendí en Kolimá. ¿Es correcto
lo que digo?

' '

18
2

Algo cambió en sus cráneos por
siempre. Son escorias, desechos. Para lograr eficacia productiva, es mejor darles más alimento a los que todavía trabajan y no a estos holgazanes.

-Trabajaremos, ciudadano jefe,
dijo con aplomo el ex-adjunto del
procurador general de la URSS, sujetando su capote con la sucia toalla y
soplando en los guantes su respiración caliente.

Cerca de la ventanilla de la cocina empezaron a gritar y discutir. El
educador · hablaba acaloradamente.
El director de zona escuchaba a disgusto, pero cuando fue pronunciado
el nombre de Makarenko se apartó
desdeñosamente.

La puerta se abrió, el vapor blanco
nos envolvió y hemos salido casi a gatas y con lentitud. Quien lograra sobrevivir recordaría por siempre esta
dicha. El frío nos parecía menos recio,
no tan fuerte. Pero esta sensación duró
poco tiempo. El frío era demasiado severo para salirse con la suya

Nosotros rezábamos a nuestro
Dios y el sectario, al suyo. Hemos
implorado para que la ventanilla no
se cierre y que el educador venza.
La voluntad de dos decenas de presos. se esforzó y el educador venció.

-Correcto -dijo el director de zona, un viejo habitante de Kolimá, expreso quien envió a la tumba a muchos miles de hombres en estas minas. Él llegó a observar el experimento.

Hemos continuado comiendo sin
querer apartarnos del milagro.

-"A ellos, a estos holgazanes, a
estos simuladores hace falta alimentarles un mes con carne y chocolate sin obligarles a trabajar. Y
aún en este caso, no van a trabajar.

Así que, trabajadores -dijo el
nuevo educador una palabra inútil-,
hice todo lo que pude. Ahora ustedes
tienen que responder con el trabajo,
con un buen trabajo.

El director de zona sacó su reloj,
pero la sirena ya sonaba, su sonido
nos llamaba al trabajo.

.

Llegamos a la galería y, esperando al jefe de la brigada, nos sentábamos en un lugar en donde hace tiempo habíamos encendido una hoguera
y nos habíamos calentado soplando
en la llama dorada en la que habíamos quemado nuestros guantes, gorras, pantalones, capotes y botas tratando de conseguir calor y en vano,
salvarnos del frío. Pero la hoguera
estuvo hace mucho tiempo, parece
que el año pasado. Este invierno, a
los trabajadores no se les permitía
prender hogueras; esto podía hacerlo
sólo el guardián. Nuestro guardián
unió leña para su hoguera y atizó la
llama; arrebujó su abrigo de piel, se
sentó en un tronco y se quitó su fusil

La neblina blanca cubría la galería que estaba iluminada sólo por las
llamas de la hoguera. El sectario,
que se sentaba junto conmigo, se levantó y pasó cerca del guardián en la
neblina, en el cielo...
-¡Alto! ¡Alto!
El guardián era un buen muchacho, pero también conocía bien el
fusil.

tan sus manos para calentarse y nosotros en esas manos les ponemos
picos y palas -no importa con que se
froten- colocamos carretillas, cajas,
carros y la mina cumple el plan. Suministra el oro. Ahora están satisfechos y no van a trabajar. Hasta que
no sientan el frío, no van a agitar las
palas. Es inútil alimentarlos. Hiciste
una tontería, buey, con esa comida.
Por ser la primera vez, te disculpo.
Todos nosotros fuimos bueyes, corno tú.

-¡Alto!
Luego estalló un disparo, un tiro
seco de fusil; el sectario todavía se
veía en la neblina. Después, le siguió
el segundo disparo...
-Mira, buey -le dijo en argot el
director de zona al educador mayor
cuando llegaron a la galería. El
educador no se atrevió a asombrarse del asesinato y el director de zona no sabía sorprenderse de tales
actos.
- He aquí tu experimento. Estos
perros empezaron a trabajar aún
peor. Una comida abundante implica
más fuerzas para luchar contra el
frío. Recuerda esto, buey, sólo el
frío les hace trabajar. Ni tu comida,
ni mis golpes, sólo el frío. Ellos agi-

-No había sospechado hasta qué
grado son canallas -&lt;lijo el mayor
educador.
-En otra ocasión vas a creerles a
los mayores. A un holgazán mataron
hoy. Casi medio año comió en vano
la ración estatal. Repite: holgazán.
-Holgazán -repitió el educador.
Presencié esta conversación y los
superiores no se sintieron cohibidos.
Tenía un buen motivo para esperar:
el jefe de la brigada debía traerme
un nuevo compañero de trabajo.
El jefe designó a Lupjlov, ex-adjunto del procurador general de la
Unión Soviética. Y empezábamos a
llenar las cajas con piedras estalla,

das haciendo el trabajo que antes realizábamos con el sectario.
Regresamos por el camino conocido, como siempre sin cumplir la
norma y sin preocuparnos por ella.
Pero parece que habíamos sentido menos fríos que de costumbre.
Habíamos tratado de trabajar pero nuestra actividad estaba muy distante de lo que podría expresarse en
cifras, en carretillas o porcentaje del
plan. Las cifras habían sido sacrílegas. Pero en alguna hora, en algún
momento, nuestras fuerzas -físicas y
espirituales- se fortalecían después
de esta comida nocturna.
Y con escalofrío, entendí que esta comida nocturna le dio fuerzas al
sectario para suicidarse. Fue aquella
porción de papilla la que le faltaba a
mi compañero para decidirse a morir; a veces el hombre necesita darse
prisa para no perder su voluntad de
morir.
Como siempre, nos abrazamos
de la estufa. Pero ahora, nadie cantaba mmnos. Y tal vez, incluso, estaba
contento del silencio.
19

�Y NO ES QUE EL ÁRBOL PIERDA SU
VERDOR

Jeannette L. Clariond
1

1

f

FRAGATA

GARZA

Mira a lo lejos
y se mira a sí misma

Bajo el sabino abreva
nítida blancura.

Honda
en la partida
FLORESTA
LEJANÍA

i

Como un astro la memoria
se desvanece
en medio de la niebla.
1

Ramas de sol
escapan
como peces blancos.

SANTO DOMINGO

,1

PATIO
Sobre la ropa tendida
la lentitud del alba.

En el atrio
faisanes
iluminan charcas.

ESTÍO
SANTA ISABEL
Y no es que el árbol pierda su verdor
Los niños en el río
miden el fondo
de la transparencia.

es el alma que anula su follaje.
Poemas del libro Desierta memoria, Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta, 1996.

20

21

�LAS VOCES DE IDEOLOGÍA
ÚJ f onna literaria correctamente comprendida

no abarca un contenido ya preparado y encontrado, sino que permite por primera vez encontrar y ver este contenido.
Mijaíl M. Bajtfn

José Roberto Mendirichaga
Con la caída del socialismo real y el
fin del comunismo, ¿podremos hablar también de el fin de las ideologías?
En verdad ¿caminamos uniformemente hacia la instauración del
mercado sin estado? ¿Es que el capitalismo se ha instalado como el
único y definitivo sistema socioeconómico y político, y cuanto no
vaya en su misma dirección está
fatal e irremediablemente encaminado al fracaso?

...

1

Mucho nos tememos que la cuestión es más compleja de lo que a primera vista aparece. El regreso en la
Europa del Este a «un socialismo
con rostro humano» -que asegure
empleo, seguridad social, educación
gratuita, etc.- pese al inicial descubrimiento de un «capitalismo salvaje» que busca a toda costa reducir
las vías alternativas a un solo camino: el del mercado, es parte de esta
nueva realidad. Se niega y reniega
del autoritarismo de partido único,
policía secreta y planeación económica coercitiva, pero se añora in·conscientemente una cierta protección estatal que velaba por los ancianos, los débiles y los física o síquicamente impedidos.

1

Y otro tanto parece suceder en la
misma América Latina, la que se re22

siste a una generalizada globalización que, en los últimos años, ha ensanchado más la brecha entre ricos y
pobres, polarizando la riqueza en
unas cuantas manos y ensanchando
la pobreza en millones de personas
que oh.servan con tristeza su descapitalización familiar y ven alejarse
aun la misma posibilidad de un empleo seguro. 1
Lo anterior conviene mencionarlo porque, indudablemente, el término de ideología es de cuño marxista
y parecería que hoy trata de evitarse
cualquier cercanía con esta filosofía
política y esta cosmovisión del materialismo histórico, pese a su innegable aportación a las ciencias sociales y a la misma ciencia de la literatura, en su vinculación con lo social.
Trataremos en este capítulo de
listar las diferentes voces de ideología, a fin de intentar caminar hacia
un análisis de la obra poética y narrativo-crítica del escritor Ramón
López Velarde.
Lo qué suele entenderse por ideología

«Tratado o estudio de las ideas», esto es etimológicamente ideología. Es
la ciencia de las ideas; la que hace
de ellas abstracción metafísica; la
que las agrupa y clasifica.

Acerca de los precursores del
concepto de ideología, podemos dejarnos guiar por Cassígoli y Villagrán, quienes de Bacon a Destutt de
Tracy nos dan una magnífica síntesis
de las diversas voces de este completo y multívoco término:
a) Francis Bacon (1561-1626), en
el Novum organum, describe cómo
opera el entendimiento humano y
equipara la ideología, sin llamarla
por este nombre, con los idola (ídolos) que empañan la realidad y son
producto del medio social.
b) Claude Adrien Helvetius
(1715-1771), en su obra De l'esprit,
manifiesta que las falsas ideas provienen de la ignorancia y de las pasiones, las que a su vez tienen un carácter social.
c) Paul Henri Diestrich (17231789), en diversos ensayos, señala
que «la verdad es una y necesaria
para el hombre» pero que los pe~juicios impiden llegar a ella.
d) Finalmente en el avance de esta caracterización de ideas, Antonie
Louis Claude Destutt de Tracy
( 1754-1836), enciclopedista francés,
escribe Elementos de ideología, obra
que establece el examen de sensibilidad, memoria, juicio y voluntad como elementos constantes del pensa-

miento. Para este último la ideología
es, así, base para la expresión y el
.
.
2
pensamiento mismo».
En 1820, Pasquale Gallupi (17701846) escribe sus Elementos de filosofía y para él la ideología será «la
ciencia del origen y de la generación
de las ideas». Cassígoli y Villagrán
dirán que Jaime Balmes (1810-1848),
en su Filosofía fundamental, así la
empleará.3 Y que mucho antes, en
Inglaterra, los empiristas Hume,
Locke, Berkeley y Bentham coincidirían en esta forma de concebir la
4
lógica y la epistemología.
Para estos dos citados tratadistas
de la ideología -Cassígoli y Villagrán-, quienes la han rastreado y
clasificado en múltiples textos modernos y contemporáneos, el asunto
está en que 110 hay una sola ideología sino varias. Y además, todo lo
anterior «replantea nada menos que
los problemas del conocimiento y su
relación con la realidad ... ». Se trata,
por tanto, de una neoepistemología o
neoteoría del conocimiento.5
No podemos, por otra parte, soslayar los esfuerzos de lingüistas, hermeneutas, semánticos y semiólogos
que estudian y desarrollan una teoría
del logos a partir de la idea de sí, pero fundada en la realidad. En este esfuerzo quedarían incluidos especialistas como Bertrand Rusell, Adam

Schaff, Ludwig Wittgenstein y mu6
chos otros.
Igualmente lo que Abbagnano
denomina como «una doctrina más o
menos privada de validez objetiva,
pero mantenida por los intereses evidentes o escondidos de los que la
utilizan». Dentro de una connotación
marxista -agrega el filósofo- por
ideología se entiende «el conjunto
de esas creencias, en cuanto no tienen otra validez que la de expresar
una determinada fase de las relaciones económicas y, por lo tanto, de
servir a la defensa de los intereses
que prevalecen en cada fase de estas
relaciones». En un sentido general,
ideología es «la total visión del mundo de un grupo humano, una frase
7
social, por ejemplo».
La ideología marxista clásica

Pero Carlos Marx (1818-1883) viene a
revolucionar este concepto de «ideología». Para él habrá de ser mucho
más que la teoría de las ideas y sobre
las ideas.
Al intentar realizar una cosmovisión, al buscar una perspectiva del
hombre total y al ser testigo y víctima de una industrialización que olvidaba al individuo para entronizar
al capital y al Estado, dará con un
concepto nuevo sobre la ideología
8
que hará revolucionar el término.

Para Marx (Manuscritos econ6mico-filos6ficos de 1844), existe
una contraposición entre algunas
ideas y la realidad. El riesgo del
idealismo es que nos aparta de lo
real y sublima lo que puede darse
en nuestra mente pero no en la realidad. De ahí su ruptura con Kant y
el idealismo alemán y su adhesión
a las tesis hegelianas que, aunque
idealistas en muchos aspectos, incluyen el elemento de lo real a través de la dialéctica y la lucha de
contrarios, para llegar finalmente a
la síntesis.9
En La ideología alemana
( 1846), Marx aborda el tema-problema de la ideología, cuando señala que «las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes
de cada época; en otras palabras, la
clase que ejerce el poder material
dominante en la sociedad es, al
mismo tiempo, el poder espiritual
que en ella domina ...». Se da aquí
una clara definición del concepto
de ideología por parte de Marx, si
bien este mismo concepto es completado en otros escritos posteriores y no pueden considerarse aquí
.
como estrictamente
abso1uto. ,o
Se trata, por tanto, de una crítica al modelo económico-industrial
imperante y fundante, al tiempo
que lo que Marx exige es la humanización de los procesos, el valor

23

�del trabajo humano, un pago más
justo ~el mismo so riesgo de hablar
de «apropiación», y la conciencia de
que sin este trabajo nada puede hacer el capital por sí solo. Aún más:
que la ganancia lograda por este capital, la plusvalía, debe compartirse
con el trabajo, ya que de otra manera
se estaría hablando de una expoliación.

1

11

No hay hombres aislados; los
hay sólo en sociedad (Tesis sobre
Feuerbacl,, 1846), por lo que hay
que cambiar las circunstancias de
dominación que provocan el que
unas personas dominen y otras sean
dominadas y oprimidas, situación
que sólo se rompe mediante la filosof"ía de la praxis. 11

1

I,, '"

Para Marx, la ideología va a ser
el conjunto de «formas jurídicas,
políticas, religiosas, artísticas o filosóficas», que refuerce la estructura económica de la sociedad y
que la reproduzca. Estructura y superestructura serán, a su vez, ideología.12

24

Pero existe algo más en todo esto: «Para Marx, toda ideología es
práctica» (Ludovico Silva). «La llamada tucha ideológica no es otra cosa que la lucha política o, si se quiere, la discusión teórica y práctica sobre el problema político» (CassígoliVillagrán).13

Re~iones de la ideología marxista
El pensamiento de Marx no ha permanecido estático. Ha sufrido transformaciones e interpretaciones, salvada su esencia. Se habla de un proceso, más que de un término.
Conviene en este punto recordar al lector que todo este esfuerzo
de análisis-síntesis va encaminado
al estudio ideológico e integral de
la obra de Ramón López Velarde,
en un intento por deslindar lo literario de lo extraliterario y para valorar o revalorar su obra, sin perder
de vista la totalidad de la creación
literaria.

portadora de su propia ideología»,
por lo que habrá una «ideología reaccionaria de la burguesía» y una
«ideología revolucionaria del proletariado». 14

Adorno
Theodor W. Adorno (1903- ) sostiene que la forma más explícita y
clara de esta ideología, como dominación o reacción de clase, se
traduce mediante el lenguaje. Hay
un sublenguaje y un supralenguaje.
Se requiere de la filosofía existencial, para que dé rumbo a la vida
humana. Y no es lo mismo la palabra (expresión humana) que lajerga (expresión ideologizada). 15

Lenin
Barthes
Vladimir Ilich Ulianov (1870-1924),
Lenin, inspirado en Marx, realiza la
Revolución Rusa en 1917 y funda el
Estado Soviético.
Cassígoli y Villagrán encuentran
en Lenin dos acepciones diferentes
sobre ideología·
a) En sentido amplio, «abarcaría
todas las gamas del conocimiento
social de los hombres; sus ideas filosóficas, religiosas, políticas, jurídicas, etcétera».
b) En sentido valorativo, «en toda sociedad de clases, cada clase es

Roland Barthes (1915-1980), por su
parte, establece que «el placer del
texto es ese momento en que mi
cuerpo comienza a seguir sus propias ideas ... » y esta gratuidad de la
escritura puede ser silenciada· por
«la represión ideológica» (muchas
veces autogenerada por el escritor
a través de su propio lenguaje). La
escritura va a ser «un modo de
pensar la literatura», pero a causa
de la ideología burguesa, esta escritura se puede convertir en única
y cerrada, cuando su vocación y
destino la constituyen en universal
y abierta.

El efecto negativo de la ideología, así entendida, va a ser que el
escritor abdique de su función de
ser «testigo universal» para convertirse en simple reproductor de
esquemas e ideas: en un amanuense, agregamos nosotros. Es cuando
se da la escritura «neutra» o «el
grado cero de la escritura», en ex., de B arthes. 16
pres1on

Ruff'melli
Jorge Ruffinelli ( 1943- ), en un estudio ideológico-literario sobre el
primer Mariano Azuela, establece
que a principios del siglo, en México, «hay en nuestro país una ideología (dominante) de clase, y que las
obras literarias reflejan y son expresivas de esa ideología que pasa por
el tamiz de la ideología del autor&gt;&gt;.

Reboul
Olivier Reboul, en su texto lenguaje e ideología, establece que no
existe una sola ideología, sino varias; que «una ideología determina
no sólo nuestra manera de hablar,
sino también el sentido de nuestras
palabras»; que la ideología es un
pensamiento partidista, colectivo,
disimulador, seudoracional y al
servicio del poder; que «la función
referencial en la ideología resulta
ser siempre una función de justificación»; que la ideología «constituye un subcódigo» lingüístico
donde hay una mutación sintáctica;
y que al hablar de ideologías, se
impone discernir entre aquellas
que utilizan a la persona humana y
las que respetan ~u racionalidad y
libertad, conclu)1endo que «una
ideología es acept~ble en la medida
en que uno pued~ impugnarla sin
. 1a, y stn
. destru1rse».
.
17
destruu

Ruffinelli advierte -en consonancia con un autor que muy pronto
comentaremos, Luis Villoro- de qué
manera logra Azuela liberarse de lo
que aparece como fatalmente dado y
cómo defiende sus propias convicciones, convirtiéndose así en un autocrítico de su propio sector social,
el de« ... las familias decentes que se
vieron desplazadas por la tormenta
revolucionaria... »18

Jitrik
Noé Jitrik (1928- ) es otro ensayista que aborda también el tema de la
ideología en varias de sus obras. En
Producción literaria y producción
social, el citado crítico sostiene que
la literatura es un trabajo transformativo y lo que se haga con él «puede actuar sobre el trabajo social en
curso y luchar contra su ideología»,
lo que se constituye en un acto político. Para él, una de las contradicciones del modernismo es, por ejemplo,.

que carece de la reproducción de nú19
cleos ideológicos comprometidos.

El pensamiento de Luis Villoro
El filósofo e historiador Luis Villoro
) nos interesa particularmente, por ser este tratadista un intelectual hispano-mexicano que se ha
distinguido tanto en la investigación
como en la docencia, al igual que
por ser fundamental su estudio sobre
el tema.
(1922-

Villoro, en su obra El concepto
de ideología y otros ensayos, establece que ideología son las creencias
compartidas por un grupo social que
«no están suficientemente justificadas», «cumplen la función social de
promover el poder político de ese
grupo»; y están «condicionadas por
la situación social del grupo, determinada en último término por su lugar en las relaciones de produc.,
20
c1on».
Ademas, para Villoro «los conceptos puramente noseológico y puramente sociológico de ideología
son insuficientes», por lo que se impone «un concepto interdisciplinario», que incluya el uso social del
lenguaje «como procedimiento de
mistificación».21
Pide Villoro se atienda al concepto de superestructura en Marx,

25

�planteado en El 18 Brumario de Luis
Bonaparte ( 1852) y en Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía
clásica alemana, a saber: conjunto
de «sensibilidades, ilusiones, modos
de pensar y concepciones de vida diversas y configuradas de un modo
particular». Hay, por tanto, de acuerdo a Villoro, un sentido más amplio
en Marx para la palabra ideología,
que parece referirse a todas las formas intelectuales de una sociedad». 22
El problema surge, de acuerdo a
Vi lloro, cuando se ideologiza el pensamiento de Marx, a partir de Lenin
y del marxismo posterior, y se concibe «la crítica a la ideología como
una lucha de ideas, que se dirime en
las conciencias: la lucha entre una
concepción filosófica revolucionaria
y 01ras reaccionarias o burguesas».
Y lo que era crítica liberadora, en
manos por ejemplo del socialismo
burocrálico soviético (el texto es anlerior a la Rlasnost, perestroika y
caída de la URSS), se convierte en
«apara10 ideológico» e «instrumento
de dominio». al utilizarse por el nuevo Estado. ~-1

26

2

Para Villoro no cxis1e una sola
n:laci&lt;Ín Iinca) entre hase y supcn:,truclura: existe lamhién una accitín de las creencias sobre olras
crccnc1.1,. y sobre la hase malerial ». « .. La analogía s1ílo puede dar

cuenta de las creencias más generales que constituyen una ideología».
Por lo anterior, lo que éste propone
es una ideología susceptible de ser
confirmada «... por métodos probados de investigación empírica. El
concepto de actitud -agrega-, en su
relación con los conceptos de necesidad y creencia, podría servir para
este propósito». 24
Por último, digamos con Villoro
que « ... en cualquier situación de dominio puede darse también un pensamiento que busca romper o modificar ese orden. Frente a las creencias ideológicas, está la actitud racional que las pone en cuestión;
frente a un planteamiento reiterativo
de las convenciones existentes, un
planteamiento disruptivo». «El marxismo -establece nuestro autor- es
uno de los ejemplos más claros de
cómo un planteamiento libertario y
crítico, al convertirse en doctrina, se
vuelve ideológico». «Las ideologías
-concluye- corresponden a creencias insuficientemente justificadas».25
Hacia un método de análisis literario que incluya lo ideológico

Ahora bien. empie1.a a aparecer que
la propuesta que más nos convence
es la de Luis Vil loro. Porque no echa
ahajo el válido pensamiento marxista de la importancia de lo económico

y lo social sobre lo artístico y literario, pero lo sitúa en su justa dimensión; no absolutiza estructura y superestructura.
Aún más, Villoro plantea en su
obra que «al tratar de la autenticidad
de la cultura, incidimos expresamente en un tema de nuestra circunstancia latinoamericana», que tiene que
ver con el «intento de romper nuestra enajenación en formas de pensamiento prestadas y logra la autonomía que nunca hemos alcanzado». 26
No es válido, por tanto, plantear
el tema ideológico como una absoluta disyunción entre la opción burguesa y la opción revolucionaria. Se
impone el respeto de cada escritor a
su vocación y a su estilo. Un buen
émulo de esta línea es el propio López Velarde, como más adelante veremos. Pero, además, está el ejemplo
de Dostoievski quien, con su novela
polifónica, como ha escri10 Bajtín.
permite que la conciencia del héroe
no se vuelva objetual, cerrada, ni
ide~~ógica en el sentido tradicional.
Lópe1. Velarde, en buena parte
de sus lemas y contenidos, reproduce las tesis sociales que le tocó vivir
en su hogar, en el Seminario, en la
Universidad, en el mundo literario y
periodístico en que se movió. Pero
1ambién allí, como veremos, se hace

presente un pensamiento disruptivo
y crítico, a la búsqueda y en consonancia con el propio estilo.

grán apuntan, párrafos más adelante,
que «el empirismo baconiano y el racionalismo cartesiano, por otra parte,
fueron las dos escuelas de pensamiento que, conjugadas, expresan las
necesidades de la burguesía en ascenso que necesitó de una nueva metodología para cimentar su expansión. Ambos fueron parte de un
mismo proceso de lucha antiescolástica, de repudio a la metodología característica del feudalismo. Bacon
encama esa ciencia empírica que finalmente desembocó en la revolución industrial de fines del siglo venidero». /bid., pp. 25-26.

tarse la inesperada enfermedad y
prematura muerte.

Notas
Esto último debe tomarse como
autenticidad. RLV, lo hemos ido advirtiendo en lo que de él hemos analizado y lo constataremos en los dos
siguientes capítulos, que constituyen
el análisis propiamente dicho de su
obra, es un escritor auténtico. Que
intenta ser congruente con la voz de
su conciencia. Con fallas y confusiones en lo que se refiere a tomar estado definitivo, por ejemplo, pero lúcido y valiente a la hora de pronunciarse por su fe religiosa, por la patria, por los pobres, por los débiles...
y muy claro al manifestar la verdad,
aun a costa de su propia tranquilidad.
Vamos a avanzar, pues, en esta
ruta de búsqueda sobre las creencias
y actitudes del escritor zacatecano,
las que corren paralelas a una expresión bellamente manifestada en la
prosa y en el verso, matizada o reforzada, según sea el caso, por imágenes y figuras literarias que corresponden a un determinado momento
histórico, pero que llevan el inconfundible sello del autor, donde parte
es fruto de la formación y del ambiente colegial y familiar, pero el
resto es ya resultado de su estilo personal y del oficio cuajado, producción que se vio truncada al presen-

1 En este sentido, léase el soberbio trabajo de Robert Fossaert titulado El
mundo del siglo XXI, donde destaca
luces y sombras de este proceso globalizador. Ver especialmente pp. 257,
265, 448 y 449-455. No todos coinciden
en lo aquí manifestado. Jaime Sánchez Susarrey, por ejemplo, sostiene:
«La quiebra del socialismo real obliga a repensar el concepto mismo del
socialismo. Sólo los dogmáticos pueden afirmar que el derrumbe del comunismo deja incólume a la doctrina
marxista...» y «entre los intelectuales
latinoamericanos predominan los
hombres de fe (...). Sus convicciones
no se quebrantan con el paso del
tiempo ni a la luz de la experiencia.
Incluso ahora, después de las revoluciones de 1989, más de alguno mantiene su credo». En El debate político e inlelectual en México, Grijalbo,
México, 1993, pp. 13 y 15.
2 Cfr.: La ideología en sus textos, de
Armando Cassígoli y Carlos Villagrán (Prólogo de Ludovico Silva,
Col. Ciencias Sociales 1, Marcha
Editores, México, 1982), pp. 23-62.
3
4

/bid. , p. 25.

Los ya mencionados autores citan a
Bentham, considerado por muchos
como el padre del enligh1men1 o «siglo de las luces». Cassígoli y Villa-

5

/bid., p. 1.

6

Atiéndase igualmente a los trabajos
lingüísticos, semánticos y semióticos
de Karl Vossler, Leo Spitzer, Eugenio Coseriu, Stephan Ullmann, Bernard Pottier, Pierre Giraud, Francisco Rodríguez Adrados, etc.
Igualmente, a los de los estructuralistas Jacques Lacan, Louis Althusser,
Michael Foucault, Claude UviStrauss, Roland Barthes, Roman Jackobson, Philippe Sollers, Julia Kristeva... , de la década de los sesenta.
En castellano, están también los esfuerzos de reunir en diccionario estos aspectos lingüístico, semántico y
semiótico, en un todo orgánico, como son los monumentales trabajos
de Emilio Martínez Amador, Vicente
García de Diego, María Moliner,
Martín Alonso, Joan Corominas...
incluido el Diccionario ideológico
de la lengua española, de Julio Ca-

27

�sares (Segunda edición, Gustavo Gili, Barcelona, 1989), el que es una clasificación ideológica del léxico donde «al conjuro de la idea, se apegan
en tropel las voces, seguidas del utilísimo cortejo de sinonimias, analogías, antítesis y referencias ... » (viii).
Véase cómo está última interpretación del término ideología dista mucho del que utilizamos en nuestra invesligación.
7

11'
11Mt1

28

Cfr.: Diccionario de filosofía, de Nicolás Abhagnano, Segunda edición,
FCE, México, 1974, pp. 632-634.
Es interesante analizar en perspectiva los conceptos que sobre literatura
e ideología se vertieron en un coloquio organizado por la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad
Autónoma de Nuevo León al inicio
de la década de los ochenta. Allí Nadía M. de Ventura y Valentina P. de
Mickey, analizando un texto de Revueltas, listaban las diferentes acepciones que se han dado al concepto
de ideología, definiendo a ésta como
«conjunto de ideas que los hombres
tienen acerca de la realidad», concluyendo que la ideología del autor de
Dormir en tierra es la de la solidaridad. Por otra parte, Yvette Jiménez
de Báez, en un texto titulado «Una
alternativa crítica para una sociología de la literatura», advierte que todii obra literaria « ... se interrelaciona
con el contexto sociocultural de manera intrínseca y múltiple», dejando
claro con Kosik que esta misma obra
es reflejo o expresión de la realidad
pero, al mismo tiempo, «crea la rea-

lidad, una realidad que no existe fuera de la obra o antes de la obra, sino
precisamente sólo en La obra» (subrayado nuestro). Para la crítica de
El Colegio de México, «el trabajo
textual pone de manifiesto la visión
del mundo», ideología que funciona
a la vez como medición entre el contexto histórico-social y el texto literario. Todo texto literario muestra las
contradicciones ideológicas del contexto y la función del análisis textual
es superar y organizar estas contradicciones. A partir del análisis inmanente y de la diacronía intertextual,
se procede a «explicar las interrelaciones entre esta peculiar visión del
mundo concretizada en el texto y el
contexto sociohistórico y cultural».
En ponencias del Coloquio de Literatura e Ideología, Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, mayo de

10
11
12
13
14

15

16

1981.
8

9

Ludovico Silva, en el prólogo a la
obra de Cassígoli y Villagrán, hablará del esfuerzo del doctor García
Bacca, y de él mismo, por realizar en
la Universidad Central de Venezuela
«... una gran antología de textos de
Marx y de Engels sobre el problema de la ideología»; y mantiene que
«... el núcleo conflictivo de toda teoría de la ideología se encuentra en la
teoría de Marx». Op. cit., pp. 10-11.
Cfr.: Lo que verdaderamente dijo
Marx, de Ernest Fischer, Tr. de José
Díaz García y Wenceslao Roces, Segunda edición en español, Aguilar,
México, 1973, p. 21.

17

!bid., p. 76.
!bid., pp. 1sS-161.

18

merito, se siente, cuando no ha cedído todo el terreno al sistema social
que triunfa en él asimilándolo, el responsable metafísicamente de toda la
injusticia social. Y ya se sabe qué
valor moral puede tener ese sentímiento»-

Jorge Ruffinelli, en Literatura e ideología: el primer Mariano Azuela
//1196-/9/IIJ, La Red de Jonás, Premiá
Editora, México, 1982, pp. 7-10.

Cassígoli y Villagrán, op. cit., p. 69.
/bid., pp. 71-72.
!bid., p. 139. Cassígoli y Villagrán
analizan en su obra, además, el pensamiento de Georg Luckács, Antonio
Gramsci y Karl Korsch. Y Silva, en
el prefacio, menciona el trabajo de
Karl Mannheim sobre el tema.
Cfr.: Theodor W. Adorno, La ideo/ogía como lenguaje, Tr. de Justo Pérez Corral, 78, Taurus, Madrid, 1971,
pp. 30, 39, 45, 51 et passim.
Barthes, en El placer del texto (Tr. de
Nicolás Rosa, Quinta edición, Siglo
XXI Editores, México, 1989), pp. 29 y
56-57. También, considerar lo que dice este autor en la citada obra, cuando establece: «Se dice corrientemente: ideología dominante. Esta
expresión es incongruente, ¿pues qué
es la ideología? Es precisamente la
idea cuando domina; la ideología no
puede ser sino dominante... ». !bid.,
p. 53. Ver, igualmente, a Barthes, en
El grado de la escritura... (Tr. de Nicolás Rosa, Primera edición en español, Siglo XXI Editores, México,
1973). pp. 12 y 15.

Cfr.: Olivier Reboul, en Lenguaje e
ideología (Col. Lengua y Estudios
Literarios, FCE, México, 1986), pp. 9,
11, 18-22, 103,227 y 229-234.

19 Cfr.: Noé Jitrik en Producció11 Literaria y prod11cció11 social (Editorial
Sudamericana, Buenos Aires, 1975, p.
64) y Las co11tradicciones del modernismo (Jornadas 85, El Colegio de
México, México 1978, pp. 3 y 123128).

20 Cfr.: Luis Villoro, en El co11eepto de
ideología y otros e11Sayos, Cuadernos de la Gaceta 14, FCE, México,
1985, pp. 28-29.
21 /bid., pp. 39-40
22 /bid.. pp. 77-9-1, passim.
23 /bid., pp. 94-97.
24 !bid., pp. 99.110 y 133.
25 /bid., pp. 7. 8 y 10.
26 /bid., p. 11. Noé Jitrik, en Las co11-

1radiccio11es del modemismo, al cierre de la obra (ed, cit., p. 128), parece
coincidir en esto con Villoro, cuando
asienta: «Sin ánimo de sacar grandes
consecuencias de hechos bien conocidos. quisiéramos decir, por lo menos, que la ecuación que aquí funciona se instala en el subconscientt'
cultural latinoamericano: poeta enemigo del burgués; responsabilidad
social de la poesía y responsabilidad
del iluminado que, desde ese mo-

27

«Dostoievski, igual que el Prometeo
de Goethe, no crea esclavos carentes
de voz propia (como lo hace Zeus},
sino personas libres, capaces de enfrentarse a su creador, de no estar de
acuerdo con él y hasta de oponérsele». «Por eso la palabra del héroe no
se agota en absoluto por su función
caracterológica y pragmático-argumental común, aunque tampoco representa la expresión de la propia
posición ideológica del autor (como
por ejemplo, en Byron). La conciencía del héroe aparece como otra, como una conciencia ajena, pero al
mismo tiempo tampoco se vuelve
objetual, no se cierra, no viene a ser
el simple objeto de la del autor. En
este sentido, en Dostoievski la imagen del héroe no es la imagen objetual normal de la novela tradicional»
(Miguel M. Bajtín, en Problemas de
la poética de Dostoievski, Traducción de Tatiana Bubnova, Breviarios
417, FCE, México, 1986, pp. 15-69,passim). Acerca de esta reserva de atrihuir al Estado poderes en la esfera de
la creación artística, Octavio Paz resulta ser contundente, cuando afirma: «El poder político es estéril,
porque su creencia consiste en la
dominación de los hombres, cualquiera que sea la ideología (desta-

cado nuestro) que la enmascara». «...
El estilo oficial es la negación de la
oportunidad creadora: los grandes
imperios tienden a uniformar el rostro cambiante del hombre y a convertirlo en una máscara indefinidamente repetida» (En: El arco y la
lira, Col. Lengua y Estudios Literarios, Primera reimpresión, FCE, México, 1970, p. 287).

29

�CANTO A LA HERMANDAD DEL VAHO

~

Osear Efraín Herrera
si conozco a mis vecinos,
y a veces me fía los cigarros.

Busco los mediodías de breve sombra,
la tristeza de los pájaros sedientos
y la prisa de las parejas de novios
en los lugares donde no estaré.

No digo más, no puedo ofrecer
el descontrol de más palabras.

Olvido sin escrúpulos
las acciones que nadie me permite
y que domino como un experto.

1

IÍ
1

Amo la lluvia, la hermandad del vaho
que me permite andar en la calle sin ser visto.
Amo las plazas de cansados prados,
contemplar el alfarero canto
de los niños cuando hacen con el lodo
efímeras vasijas al patear un balón.

1

Voy a mi encierro voluntario, claustro
buscado sólo por mis enemigos,
antiguos compañeros.
Vengo de los pobres lugares donde la urea
es el perfume y el ollín el maquillaje,
de muladares donde sólo sobreviven
los fuertes y los débiles,
los de enmedio son expulsados a media noche.
Saludo a los carteros que me traen cuentas por pagar
y no me reconocen, pero esperan su propina.
30

Al tendero que siempre me pregunta si soy maestro,

Admiro la mansa culpa de mi perro,
su rabioso cariño, su pereza.
Admiro lo que no soy, lo que no fui, lo que pudiera ser.

�DOS POSICIONES ACERCA DEL
PRESIDENCIALISMO EN MÉXICO:
LORENZO MEYER Y JEFFREY A. WELDON

Jorge Marroquín Narváez
Los dos autores tienen el mismo fin
de explicar el presidencialismo en
México, su evolución y los puntos
relevantes de esta manifestación, pero desde puntos de vista diferentes,
pero que coinciden también en muchos aspectos. Las fuentes de investigación determinan uno y otro trabajo.
La diferencia sobre la bibliografía
consultada, explica la posición y el énfasis de cada autor acerca del tema, la
nacionalidad también tiene que ver
para la interpretación de un sistema
político diferente del que se tiene,
pues el comportamiento humano y su
idiosincrasia imprimen una forma de
gobernar especial en cada país.

¡I
1

El trabajo de Weldon, maneja el
término 'caudillo' como sinónimo
de presidente con un poder centralista (1995: 1). Sin embargo, lo ve desde
una perspectiva muy generalizada.
Ser presidcnle en México es como la
continuación del caudillismo. Meyer
no necesariamente maneja el término ·caudillo· para explicar el presidencialismo, aunque coincide con
Weldon en que es la Constitución
Mexicana la que le otorga facultades
muy amplias al presidente para hacer y deshacer y que además éste en
ocasiones rebasa esos poderes (Manuscrito, 1993: 5).
Weldon en su estudio. fuertemente respaldado por bibliografía de
2

32

numerosos autores, desglosa la historia y los pormenores de lo que él
considera que ha determinado el sistema del presidencialismo en México, iniciado prácticamente desde la
convención de Querétaro. Pero hay
que señalar que Weldon clarifica
que con esta revisión histórica pretende demostrar que no siempre los
presidentes mexicanos fueron hyperpresidential (1995:3). De esta manera,
se crea un precedente muy arraigado
de este sistema como una forma de
fortalecer a la presidencia surgida de
la revolución de principios de este
siglo. Se entiende como una forma
de invulnerabilidad hacia una sola
figura, con el propósito de que no
sea tan fácilmente atacado. De esta
manera Weldon concluye que es en
1917 cuando se establece la «doctrina
legal» del presidencialismo (1995: 2).
Tanto este autor como Meyer
coinciden en que para existir el
presidencialismo, necesariamente
tuvo que nacer del sistema de gobierno presidencial, emanado de la
constitución de 1917. Es un sistema
en que el poder ejecutivo no surge
del legislativo (como en el caso del
parlamentario). ¡;iho que es elegido_
por el pueblo y que su raíz se remonta a los lineamientos surgidos
de la independencia de Estados
Unidos cuando Jefferson apoya al
poder legislativo y a los estados de

la federación. Sin embargo, en América Latina, siendo países enteramente diferentes en todos aspectos,
simplemente copiaron este sistema
del norteamericano, y lo adaptaron a
su manera latina con poca experiencia y arrastrando infinidad de traumas como país conquistado. Los países de América Latina con este sistema lo que hicieron fue que el presidente llegara a tener un carácter unipersonal, como la fuente principal de
iniciativas, como el jefe máximo de
las fuerzas armadas y el eje de la política internacional (Meyer, 1993: 1.
2). De ahí la inestabilidad de los
sistemas latinoamericanos convertidos en gobiernos autoritarios,
pues no supieron utilizar una buena
opción más democrática y adecuada a estos países nacientes como lo
pudiera haber sido un sistema parlamentario ( 1993: 4).
Por otro lado, Weldon marca
ciertas condiciones o clasifica las características que posee un sis.tema
sustentado en el presidencialismo
que son: 1) el presidencialismo basado enteramente en la Constitución
que lo favorece, 2) un gobierno unificado, que sería que un mismo partido controla a la presidencia, al gobierno y al congreso, 3) una disciplina rígida dentro del partido, y 4) el
presidente debe ser el líder de su
partido, y si alguno de estos factores

fallara, entonces el presidencialismo
caería.
El llamado maximato, es uno
de los mejores ejemplos de un poder extremo de una persona sobre
otras, en este caso sobre tres presidentes sujetos a los mandatos del
jefe máximo: Plutarco Elías Calles,
quien lidereaba a unos presidentes
que de alguna manera eran débiles,
por la simple razón de que estos
presidentes nunca fueron líderes de
su partido, sino estaban bajo el
mando del líder de su partido con
Calles (Weldon, 1995: 7). Este punto
difiere con la apreciación de Meyer
en el sentido de que siendo Calles
el líder del Partido Nacional Revolucionario mangoneaba a los presidentes desde su partido. Es decir,
Weldon se inclina por la visión estrecha entre presidencialismo y
partido como inseparable y Meyer
no hace esta liga. Él ve al presidencialismo como algo aislado e independiente del partido al que pertenece el presidente en turno.
Por lo tanto, con el actual régimen zedillista está ocurriendo una
serie de modificaciones que le están
reduciendo el poder que los anteriores presidentes priístas tenían casi
intocable, de ahí los comentarios de
si lasactitudes de Zedillo se deben a
la caída de este sistema o a su personalidad. Sin embargo, esta diferencia

no es significativa, ya qúe como dice
Molinar, esta diferencia es mayor
entre Lázaro Cárdenas y Miguel de
la Madrid o entre Adolfo Ruiz Cortines y José López Portillo: «y todos
ellos gozaron del esplendor presidencialista» (1996: 9).
Lorenzo Meyer expresa que fue
desde 1929 cuando inicia el PRI su
gobierno y por ende inicia el presidencialismo formal en México
(1993:7). Sin embargo, argumenta
que fue el movimiento revolucionario el que perfeccionó al presidencialismo nacido primeramente de
don Benito Juárez y posteriormente
arraigado con Porfirio Díaz y su dictadura de 30 años (42). Y fue Lázaro
Cárdenas el presidente que dotó a
este sistema de una característica
fundamental: la autonomía sexenal
(43). Por ello, el presidencialismo
con ese antiguo precedente, donde
la figura presidencial es la que designa a su sucesor, a los gobernadores, a los del congreso federal y
que en esta permanencia del partido hegemónico en México por 64
años, es únicamente en nuestra
época y a partir de 1988, cuando el
PRI deja que tres gubernaturas sean
de otro partido, mostrando una
«apariencia de pluralismo». Igualmente, el presidencialismo está rebasando los límites legales, esto
con el fin de no perder ese liderazgo, llegando así al fraude abierto .

mediante la alteración de los resultados electorales y mediante la utilización de la represión también. (Meyer, 1993: 8-9).
Con lo anterior, podemos decir
que ciertamente como decía Vernon en el sentido de que el presidencialismo es un espejismo, que
realmente el presidente con este
sistema es un ser débil, ya que se
vale de todas estas facultades para
no verse vulnerable, pero al caérsele estos poderes, es fácilmente atacado, cosa que ocurre en la presidencia de Ernesto Zedillo Ponce de
León, pues, aunque él fuera de
«otro carácter más fuerte», es el
sistema el que va cayendo. Incluso
con Salinas que comenzó con una
presidencia ganada dudosamente y
que a como diera lugar había que
legitimarla, lo que efectuó fueron
acciones que le merecieron el
aplauso y el apoyo de la ciudadanía con sus programas como el de
Solidaridad manejado por PRONASOL, aumentando así su imagen infalible y la de su partido (Meyer,
1993: 40), cosa que no ha podido hacer Ernesto Zedillo, quien es tal
vez un continuista, que viendo el
estado en que se encuentra su partido y la situación política y económica del país, no sabe qué hacer y
sólo gobierna según transcurren los
acontecimientos sin un plan concreto a futuro.

33

�LA ENCANTADORA DE SERPIENTES

Saint-Pol-Roux
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34

La aseveración de Meyer en el
sentido de que el presidencialismo
es ef sistema «presidencial» llevado
a sus límites, no expresa en toda su
dimensión esta conclusión, es decir,
no es del todo claro en esos límites,
porque pueden existii: regímenes
muy autoritarios o que utilicen el
presidencialismo como lo fue México y el PRI en su época clásica, y
sin emhargo, esos límites existieron pero no se veían, pues la población en esa etapa del priísmo estaha contenta, no había muchos problemas económicos y por lo tanto,
mientras la pvblación· esté contenta, que le paguen bien o de plano
que la mayoría no tenga reproches
fuertes contra su forma de vida,
por ende, el régimen de gobierno
es hueno para los ciudadanos independientemente del tipo de política
que sea. Lo interesante es ver cómo la pobreza y las injusticias llevadas a sus límites, sí pueden hacer
caer un régimen cualquiera que se
trate. tal vez hoy el presidencialismo ya no funciona por estos factores y por otros. Al final de cuentas,
lo que la ciudadanía quiere es vivir
· en paz, con justicia, que la tomen
en cuenta, contar con empleo, con
comida, estar contentos con su vida cotidiana. independientemente
del régimen de gobierno que se encuentre en tumo. Realmente no interesa si el presidencialismo mexicano sea el sistema «presidencial»

llevado a sus límites, siempre y
cuando los gobernados estén conformes con esa forma de gobierno y
que no les interfiera en su progreso y
en su calidad de vida

Bibliograíaa
Meyer Cosío, Lorenzo (1993). «El presideooialismo mexicano. Del populismo al neoliberalismo» (manuscrito).
Molinar Horcasitas, Juan (1996). «Los
poderes del presidencialismo» en
Enfoque, suplemento del periódico Reforma, 28 de julio de 1996.
pp. 9 y 10.
Weldon, Jeffrey A. (1995). «The logic
of Presidencialismo in Mexico» en
Scott Mainwaring y Matthew Shugart. (eds). Presidencia/ism and
Democracy in Latin America (en
prensa).

Versiones de Miguel Covarrubias

LA ENCANTADORA DE SERPIENTES
A Alfred Jarry

Sobre un dedo del pie, senos de proa, pública, se arquea totalmente desnuda: diadema a sus pies, desenvolviéndose la impronta de su gesto, lascivamente marchan hacia los ojos de rocío las serpientes hace
poco adormecidas, y la doncella luego se abandona en el brasero de espirales que la muchedumbre sospecha de rubí bajo la concha, mientras Satán husmea, dueño del circo, el festín en preparación al fondo
de la crápula, pues ya los reptiles han invadido la carne cincelada de flechas peje y van a consumir el alma del ídolo que desfallece, simbólico en su maligno frenesí de revoluciones, con un silbato de víbora
entre sus labios de cereza.

LA CHARMEUSE DE SERPENTS
A Alfred Jarry
Sur I' orteil, nichons de proue, publique, elle se cambre, a poils: diademe a ses pieds, se délovant au déclic de son geste, lascivement jaillissent vers les yeux d'aiguail les serpents tout a l'heure assoupis, et la filie aussitot s'abandonne au brasier de spirales que la foule pressent de rubis sous l'écaille, cependant que Satan, maitre du cirque, renifle le festín en apprets au fond
de la crapule, car déjales reptiles ont envahi la chair ciselée de fleches vives et vont consumer l'ame de l'idole qui se pame,
symbolique, en sa maligne apothéose de révolutions, un sifflet de vipere entre ses Ievres de cerise.
Foire de Montmartre,

1890.

35

�Confundido, estrujaba el portaplumas ...

TOQUE Y SE LE ABRIRÁ
A Fran~ois Coulon

i

Durante el invierno, una cadena de tempestades dejaron al pueblo ante la imposibilidad de abastecerse por mar desde Brest, y nosotros debimos comer del Emperador de Austria.
Un montículo de arroz fue, ay, su peñón de Santa Elena.
Mientras los invitados platicaban acerca de sus incomparables huevos pasados por agua y de sus
omelettes sin igual, yo recordaba su lección suprema sin dejar de saborear sus finos sesos.
¡Viva el Emperador!

1

Caminaba, henchido de Ella.
¿Su nombre?
¡Lo sabía!
La desconocida.
¿Sólo existía ella?
Ella nomás.
Caminaba...

Confus, je saisis le port-plume...

Me detenía frente a una puerta, la puerta de una habitación, en una choza, en un pueblo, aunque
yo no supiera encontrar ni el pueblo ni la habitación ni la puerta.
Au cours de l'hiver, une série de tempetes ayant mis le village dans l'impossibilité de s'approvisionner par nier a
-La habitación está vacía y nadie vivió allí jamás.

Brest, nous dumes manger l'Empereur d' Autriche.
Me dijo, en el primer peldaño de la escalera, un enano tan pequeño como ciego era el breve insUn monticule de riz fut son rocher de Saint-Hélene, hélas!
Tandis que les convives devisaient de ses incomparables reufs ala coque et de ses omelettes sans rivales, moi je me tante de su frase.
rcmémorais sa haute le~on tout en savourant sa fine cervelle.
Vive l'Empereur!
Toco.
Roscanvel, 1899.
Toe...

1 1

¡Nada!
Toe toe ...
¡Nada otra vez!
Insisto.
Siempre el silencio.
Sin embargo, ella debe estar allí; protesto, porque yo he venido.
Si no hubiera venido, ¿iría a ninguna parte?
Estoy seguro de que ella está detrás de esa puerta.
¿Entonces... ?
Ella... ¡siquiera una vez!
36

37

�Mi espera al fin y al cabo me parece exagerada.
Me ensaño.
Toe toe toe ...
Se arma un alboroto como si despertáramos a la nada.
Toe toe toe toe ...
Impaciente, miro por el ombligo de hierro de la puerta.
En medio de la habitación, una joven ...
Completamente desnuda ...
¿Es necesario el tiempo de nacer?
Cometí la equivocación de irritarme.
Espío de nuevo.
Entre una mirada y otra mirada aparece la señorita.
¿Era necesario el tiempo de crecer?
Siempre desnuda,,¡qué linda!
Si no temiera abusar, tocaría discretamente.
¿Era necesario el tiempo de vestirse?
Aguardamos aún el espacio de una ojeada.
Una camisa, blanca como un pañal, la cubré ahora.
Arriesgamos una llamada tímida.
Toe...
¡Le damos tiempo libre para acurrucarse en el tulipán de un vestido!
¡Al fin!
¡Dios, la hermosa dama!
El momento es propicio.
Toe toe ...
La puerta se abre.
Entro.

FRAPPEZ ET L'ON VOUS OUVRIRA
J'allais, plein d'Elle.
Son nom?
Le sais-je!
L'inconnue.
Existait-elle seulement?
Elle, sans plus.
J'allais...

A Franc;ois Coulor1

Je m'arretai devant une porte, la porte d'une chambre, dans un logis, en une ville, que je ne saurais retrouver, ni la ville, ni le logis, ni la chambre, ni la porte.
-La chambre est vide, et personne jamais n'y demeura.
phrase_

M'avait dit, a la premiere marche de l'esealier, un nain si parvule que j'étais comme aveugle le bref instant de sa

Je frappe.
Toe...
Rien!
Toe toe ...
Rien encore !
J'insiste.
Toujours le silenee.
Elle doit etre la pourtant, protestai-je, puisque je suis venu.
Sinon serais-je venu, moi qui ne vais nulle part?
Je suis certain qu'elle est derriere cette porte.
Qui done?
Elle, encore une fois!
Mon attente me paraí't exorbitante a la fin.
Je m'acharne.
Toe toe toe ...
Cela fait un vacanne a réveillcr le néant.
Toe toe toe toe ...

�ABANICO
Impatient, je regarde par le nombril de fer de la porte.
Au milieu de la ehambre, une petite filie ...
Toute nue...
Lui fallut-il pas le temps de naitre?
J'eus tort de m'irriter.
J'espionne dereehef.
D'un regard a l'autre la voiei demoiselle déja.
Lui fallait-il pas le temps de grandir?
Toute nue toujours, et que jolie!
Si je n'appréhendais d'abuser, diseretementje frapperais.
Mais lui faut-il pas le temps de se vetir?
Auendons eneore l'espaee d' un eoup d'reil.
Une chemise, blanehe eomme un tange, a présent la eouvre.
Risquons un appel timide.
Toe ...
1

1

Eh laissons-lui le loisir de se blottir en la tulipe d'une robe!
En fin!
Dieu, la belle dame!
Le moment est propiee.
Toe toe ...
La porte s'ouvre.
J'entre.

1

,.,•.., ••'

1

1

Durante la tercera semana del
mes de septiembre de 1997,
se celebró el SEGUNDO ENCUENTRO
INTERNACIONAL DE ESCRITORES

organizado por el Consejo para la Cultura de
Nuevo León.
El contenido de las disertaciones
giró en torno del fin del segundo milenio
de la era cristiana.
Ofrecemos una breve
selección de lo que en su momento fuera
leído por sus autores en el auditorio
del Museo de Historia Mexicana.

París, 1889

40

41

�EL ESCRITOR, TESTIGO METAFÓRICO

Néstor Lugones
Agobiadas de pesadumbre nos dejó
Daría sus ya casi centenarias «Reflexiones del año nuevo parisiense». Se
asomaba al nuevo siglo y su comparación con el anterior no podía ser
menos propicia. El decimonónico se
había iniciado con los ideales, las
miras, las decisiones, el entusiasmo
que alentaban al soplo de la todavía
vigente Enciclopedia. Con desazón
frente al onkulo de los tiempos que
corrían el gran nicaragüense se preguntaba «¡,En qué vientre de madre
iní a aparecer el año entrante la preñe7. que dé al mundo un nuevo Víctor Hugo'!»
Lo rodeaban el engañoso hori1.onte de la decadencia, el endiosamien10 de la mujer, objeto sexual de
lujo. como máquina de goces carnales. el histrionismo, el desmoronamiento de la familia, los sentimientos sociales. si no desaparecidos.
bastardeados. y el dinero, sempiterno déspota pertinaz, más que nunca
enquistado en todo.
Dejó constancia de su aprensión
clarividente:
« ...creo que ciertos sucedidos ...
son vagas señas que hacen los guardatrenes invisibles a esta locomotora

42

que va con una presión de todos los
diablos a estrellarse en no sé qué paredón de la Historia y a caer en no sé
qué abismo de la eternidad.»
Al final ya de este siglo de -ismos y de siglas, nos encontramos a
desgano hablando de esta globalización a la mode que es un modo de
disfrazar la descarnada realidad con
nombres nuevos para viejas cosas,
vicio del que en su tiempo Quevedo
se burlaba acerbamente.
Postmodernista, postindustrial y
postcapitalista acaso oculten o más
bien preanuncien el único epíteto
que tal vez cuadre a nuestro siglo:
póstumo. Póstumo, porque a las viejas lacras de la pobreza, del desamparo, de la enfermedad y del crimen
ha sumado, frívolo, la ya irreversible
hecatombe ecológica.
Este siglo no nos ha dejado ni la
nostálgica reverencia por el de las
Luces que al menos confortó a Darío. Ya no podremos ver en la Eloísa
de Rousseau el preanuncio de la modernidad ni la Ilustración será ya
más para nosotros sino una mera alternativa para el feudalismo y en ello
reside sin duda su gran fracaso ante
la Historia que no rigió el racionalis-

mo cartesiano -mera engañifa ideo- do Gulliver, un libro para chicos. Es
lógica-, sino la mano invisible del decir: el libro vivió, pero no con el
propósito del autor».
empirismo inglés.

lle Inclán en una entrevista celebrada en 1920, cuando define el arte en
estos términos:

Hasta dónde Kipling y Borges,
son artífices o partícipes del retaceo
ideológico al que la posteridad sometió al gran satírico irlandés es algo que escapa a nuestros propósitos
de este momento. Lo que sí nos im-

«El arte es un juego, el supremo
juego, y sus normas están dictadas
por numérico capricho, en el cual reside su gracia peculiar. Catorce versos dicen que es soneto. El arte es,
pues, forma.»

No la ideología ilustrada del progreso de la humanidad, sino de la
propiedad, la ética de la productividad y de la ganancia, la del vallado y
del despojo, la del tecnocentrismo y
la degradación ecológica serán las
que en última instancia habrán regído nuestro destino; el destino de la
subordinación de todos los valores
humanos a la productividad y a la
ganancia. En sus tumbas se regodean
William Petty y John Locke.
Ante esto, el poeta se conformará
con su papel de mero testigo metafórico. Como testigo, la voz poética
denuncia y protesta, clama e invoca
pero, finalmente, se resigna ante esa
dura certidumbre y se refugia en su
mundo.
Borges dice, en un memorable
diálogo con Sábato: «Hay una frase
de Kipling que escribió al final de su
vida: 'A un escritor puede estarle
permitido inventar una fábula pero
no la moraleja'. El ejemplo que eligió para sostener su teoría fue el de
Swift que intentó un alegato contra
el género humano y ahora ha queda-

porta ahora son las pautas a las que
el escritor debe ceñirse dentro del

acotado territorio de la creación estética. La antítesis entrañada entre su
manifiesta y su latente visión del
mundo cuya real significación formulara Engcls tan claramente en un
par de cartas antológicas cuando
propone que el propósito del autor
debe hacerse manifiesto a partir de
la situación y de la acción mismas,
sin ser expresamente señalado y que
no debe servirse en bandeja al lector
la futura resolución histórica de los
conflictos sociales que describe. Para
la obra de arte mejor será cuando más
pem1anezcan O\:ultas las opiniones del
autor. Su honestidad de artista enfrentado a su rtalidad y a sus contradicciones hará que ejerza sobre su época una
influencia ilustrativa y liberadora.
Los tiempos impusieron otras
exigencias al artista y a estas nuevas
exigencias responde Ramón del Va-

Pero luego, cuando le preguntaron qué debemos hacer, respondjó
sin titubear:
«Arte no. No debemos hacer arte
ahora, porque jugar en los tiempos
que corren es inmoral, es una canallada. Hay que lograr primero la justicia social.»
Pero al nihilismo literario de Valle se contrapone pocos años después la propuesta de Roberto Arlt en
el prólogo a su magistral novela Los
/a11:alla111as:
«Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela. que como las de
Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos ... ! Más hoy, entre los
ruidos de un edificio social que se
desmorona inevitablemente. no es
posible pensar en bordados.

Crearemos nuestra literatura, no
conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa
soledad libros que encierran la violencia de un 'cross' a la mandíbula.
Sí, un libro tras otro, y que los eunucos bufen.»
Pero volvamos ahora al motivo
principal de esta convocatoria regiomontana:
«Los centenarios tienen la ventaja de recordarnos que las obras
maestras tienen una fecha». De este
modo inicia Pierre Vitar su magistral
trabajo «El tiempo del Quijote».
Frente a quienes «hacen hoy de
la historia del pensamiento 'una serie discontinua de totalidades singulares'», Vilar nos recuerda que «el
Quijote este libro 'universal', este libro 'eterno' sigue siendo antes que
nada 1111 libro español de 16()5, que
no cobra todo su sentido más que en
el corazón de la historia». Y todo su
sentido va más allá de la mera parodia literaria de sonrisa bobalicona
con que se ha querido tantas veces
disfrazar y desvirtuar la saga del triste héroe de la Mancha, naufragio de
un mundo en que «la crisis no fue
menos aguda en la conciencia que
en los hechos» y que el historiador

43

�calibra desde la advertencia de Cervantes hasta la denuncia de Chaplin;
en ambos casos la risa bonachona
no termina de ocultar la crudeza con
que ambos genios desenmascaran
de sus mitos engañosos la cruel realidad del quehacer humano.
No podemos menos que consignar en su totalidad los párrafos finales del gran historiador francés:
«He dicho 1605-1615, Cervantes,
don Quijote, la armadura y el almete. Igual hubiera podido decir 19291939, Charlie Chaplin, Charlot, la
chaqueta negra, el bombín y el bastón. Nunca dos obras han estado tan
emparentadas. Las dos grandes etapas de la historia moderna están en
ellas captadas del mismo modo. Y
admiraríamos menos a Cervantes si
no fuésemos hombres de la época de
Charlie Chaplin.

44

bía que los tiempos transformarían
virtualmente a Chaplin en uno de los
grandes exiliados de nuestro siglo.
Los hechos confirmaron los temores
del historiador y aún superaron sus
más pesimistas pronósticos.
Por los mismos años que Chaplin,
exactamente en 1931, al otro lado del
continente otra voz, esta vez la de
Roberto Arlt, genial primigenio, con
una ciclópea mueca expresionista y
desgarrada, escudado como Cervantes
en la locura de sus personajes, asomado a la crisis de la que ya no saldríamos, nos grita el drama alucinante
del hombre de nuestro siglo, que
deambula perdido en

Pero no insistamos demasiado en
ello. No sea que persuadamos a algún ministro que Chaplin y Cervantes, esos «bufones», esos pintores de
«carácter» son también unos «novelistas sociales». Tal vez los considerarían peligrosos.»

« ... una ciudad negra y distante,
con graneros cilíndricos de cemento
armado, vitrinas de cristales gruesos
y, aunque quiere detenerse no puede.
Se desmorona vertiginosamente hacia una supercivilización espantosa:
ciudades tremendas en cuyas terrazas cae el polvo de las estrellas, y en
cuyos subsuelos, triples redes de ferrocarriles subterráneos superpuestos
arrastran una humanidad pálida hacia un infinito progreso de mecanismos inútiles.»

Cuando Vilar publicaba «Le
temps du Quichotte» en 1956, no sa-

Nada nos queda por hacer, sólo
la angustia de esta tensa espera.

Los que probaron su sordera ante
la grita de la injusticia social menos
pueden oír el rumor anticipado de la
gran hecatombe ecológica y seguirán
tratando por ignorancia, por estupidez o por simple deshonestidad de
no hacernos pensar en las inminentes consecuencias. Calibán -crisohedonista perverso polimorfo- que ya
devoró a Ariel, ahora se devora a sí
mismo ...

tos de Carlitas .Chaplin, aquellos con
que sació su hambre en La Quimera
del oro nutriendo nuestros inocentes
sueños infantiles.
The University of Texas-Pan American.

Los precarios campesinos griegos recogiendo las ruinas dispersas
de la civilización cretomicénica destruida por la misteriosa y feroz gente
del mar que ni siquiera puso su atención en ellos, formularon las leyendas pobladas de héroes mitológicos
que fueron la cuna de nuestra civilización.
¿Qué harán el cauteloso aymara
que se asome desde el fondo tropical
de los yungas bolivianos, el remoto
esquimal que deje su derretido iglú.
el místico poblador de las altas me·
setas tibetanas cuando se enfrenten a
un paisaje calcinado donde se amontonen las ruinas de derruidas plantas
nucleares libradas a su propia autodestrucción inapelable?

Con suerte, en algún basural
abandonado cavilarán ante los zapa-

45

�POESÍA DE OTRO MILENIO

Miguel Covarrubias
Mientras que a Carlos Pellicer le
hastó el suave latido de las flores
para que se le distendieran alas y
pulmones, a nosotros no parece
colmarnos el ojo la poesía diáfana
y directa: esa voz del mundo hecha
para mis oídos elementales. Aquí
110 sucede11 cosas / de mayor trascell(/e11cia que las rosas. Me quiero complicar la vida, prefiero aplicarle una torcedura siniestra a las
articulaciones del brazo que me
ofrece mi propio cerebro.
Y todo porque a alguien (a muchos) se le (se les) ocurrió pregonar
el fin de un milenio. Suprema arbitrariedad. Orgullo tensado hasta la
soherhia. Se trata de unos números
que s(Ílo han sabido contar los cristianos. Porque para judíos o mulsumanes -o mayas o chinos- no vale
lo mismo esa contabilidad.

Eso para empc1.ar.
Luego. el apresuramiento. Porque hasta lógico nos ha parecido el
acto de adelantarnos. Corno si la
compulsiva manía anglosajona de
alterar los relojes -times is moneyen pos de veranos cortilargos o de
inviernos microextensos. nos arrojara a la altura de las enormes maneci !las del rdoj espectacular -ya
no simple Reloj del Siglo sino Reloj del Milenio. Y nos frotamos
46

con fuerza las manos y nos enajenamos con ese número 2 que habrá de
presidir todas y cada una de las fechas anuales. Hasta las computadoras -o sus programadores- se andaban perdiendo en la maraña de ese
número -el 2, quién lo dijera- posesionado del primer sitio. Pensándolo bien, la alteración podría ser
un antojo de los subversivos: ahora
el 2 será el número uno de los dígitos. Quién lo dijera. ¿Hemos repetido la frase? No importa. Una bagatela más, ¿a quién puede importarle?
Pero andamos comiendo ansias.
Dentro de tres años, se dice una y
otra vez, arribaremos al segundo milenio: año 2000. Pero no es así. Fue
Amado Nervo quien en su libro significativamente titulado Fuegos fatuos, hace un siglo, divagaba y polemizaba con no me acuerdo quiénes,
sobre la fruslería que a nosotros nos
toca ahora revivir.
Sin caer en audacias podríamos
establecer una clara analogía entre el
final de un siglo y el final de un milenio. La década culmina el 31 de diciembre de un año que topa en cero.
Igual le sucede al centenario o siglo.
¿_Por qué habría de escaparse a esta
manera de contar el milenio -aunque
éste sea el primero según la cristiandad?

de milenio hundidos en el desconDel miedo. Hablemos del miedo.
cierto, agobiados por salvajes epideDe ese miedo que tanto nos gusta
mias, desorbitados los ojos a causa
convocar. Como niños que en el cine
de visiones apocalípticas. Pero ellos
se divierten torturándose con las feno vivieron así el fin de una época
rocidades perpretadas por hombres
tan arbitraria como la suya -y como
lobo, cadáveres vivientes, vampiros
la nuestra.
sin estanca en el centro del corazón.
En el único arte nacido en esta cen«Los terrores del año mil son una
turia, perduran antiguos mitos, antileyenda romántica. Los historiadores
guos monstruos alimentados con ledel siglo XIX imaginaron que la inche de pueblos crédulos, antiguos
minencia del milenio suscitó una esestremecimientos que nos torturan
pecie de pánico colectivo, que la
como a los cómplices de un crimen
gente moría de miedo, que regalaba
su cobardía o su cretinismo en frantodas sus posesiones. Es falso.» Esco desarrollo.
tas líneas corresponden a la respuesta que le dio Georges Duby a su inY vamos de un extremo al otro.
terrogador en el libro Año 1000, a,io
Los relegamos al mundo precientífi2000. u, huella de nuestros miedos.
co y al mismo tiempo los modelaEn esta obra se contrastan las miramos como ancestros fidedignos, codas que hombres y mujeres arrojan
mo espejos creíbles de nuestros tesobre sus acotados reinos. Porque
mores e inseguridades. En las págihombres y mujeres viven con razonas de periódico, y en las pantallas
nable inquietud el final de un peride televisión, conviven algunos heplo. es bueno entonces ahondar en la
rederos del saber esotérico con los
endeblez de las estructuras cronolómás sesudos y postmodernos analisgicas -y en las semejanzas y diferentas. Envueltos en capas, lazos y turcias entre milenarios (ellos) y bi111ibantes, invocan a los astros y al fulle11arios (nosotros).
gor de las piedras preciosas. Muchos
no ponen el pie en la calle si el dicPara no dilatar este asunto innetamen de los magos o el de sus pocesariamente, sólo ofreceremos alderes provenientes de oscuras caverguna muestra. Los milenarios eran
nas rugosas les dicen -les adviertengregarios: desconocían la soledad de
que la Fortuna ha decidido darles la
los modernos. El abandono, el tedio
espalda. Y aún así, engolando la voz
y la n.íusea de índole cxistcncialista
pero ingenuos en el fondo, imagina- hemos recurrido a un mal ejemplo,
mos a nuestros colegas del otro fin
lo re1.:onm:cmos- ni siquiera se insi-

nuaban para fungir, cualquiera de
ellos, como incómoda pareja. En
cambio, en el siglo XX... La era thatcheriana y reaganiana que por desgracia aún no se extingue ha barrido
con lo que pudo acentuar nuestra semejanza con esos parientes nuestros.
No deja de ser grotesco, por otra
parte, que en cierto lugar del mundo se haya querido cubrir ese frenesí individualista, despiadado,
economicista, tecnocrático, egoísta
hasta el hartazgo, con un taparrabos al que cínicamente bautizaron
como Solidaridad. Tras el despojo,
encima de nuestros huesos, la paletada socarrona y un salivazo manchado de tabaco.
Una acentuación sobre el tiempo
actual. Sin duda, y sobre todo en el
mundo occidental nuestro, las mejorías que conciernen al campo de lo
externo son irrefutables y sorprendentes. No es necesario intentar en
este espacio el repaso de algunas de
ellas. En cambio, unas palabras para
reforzar la crítica de lo que estamos
viviendo en el terreno conceptual se
vuelven, ésas sí, imperativas. Porque
los objetos son fuertes: los usamos y
son eficaces. De eso no tenemos la
menor duda. Pero en el terreno de
las ideas, cuando intentamos la justificación de lo que hacemos y decimos, cuando queremos tranquilizar a
nuestro pequeño dios interno, no
siempre logramos cuajar las ideas.

Me serviré de dos autores muy distantes y disímbolos. Uno, venezolano; el otro, ruso.
Juan Nuño, más pensador que
profeta, describe al individuo que
nada a sus anchas en las aguas del
llamado postmodernismo. Ése, el
que cree vivir su vida bien vivida,
simplemente se deja arrastrar por la
corriente, nunca analiza. «Se limita a
disfrutar: las pulsiones sustituyen a
los pensamientos.» No cabe duda,
rota la solidaridad que caracterizó a
las sociedades de fines del primer
milenio, ubicado el Divino y Libre
Mercado en el altar mayor, canonizada la mercancía, lo demás son
«tortas y pan pintado». Se nos dice:
no basta ser moderno, eso ya es anticuado. Debemos ser postmodernos,
ésa es la condición propia del hombre y de la mujer actuales que abandonan los trebejos del milenio agonizante para aceptar enseguida lo
que no puede resistirse: la integración en la sociedad del segundo milenio. Podemos insertarnos en el futuro viviendo este presente que se
derrama igualitario por todo el mundo, siempre bajo la égida del país
dueño de un poderosísimo ejército
(integrado por, entre otros, el general McDonald's, el coronel Sanders
y los oficiales Batman, Robín, Pluto
y Robocop). Pero esta manera de
concebir el mundo y su desarrollo es
una regresión. En verdad, el postmo-

47

�dernismo «es una falsa revolución».
No es posible dar un paso adelante
cuando todo se condiciona «al gusto
mayoritariamente imperante, buscando la máxima comercialización
de los productos y, sobre todo, porque su relativismo y aun anarquismo
estéticos [...] dejan intacto el mundo
de los valores ya establecido». Y el
remate: «El posmodernismo es la filosofía del consumismo.»

11
1

1

"''1

~

11

1

Desde otra perspectiva, desde
una postura que podría ser tildada de
mesiánica o propia de un visionario,
el autor del Archipiélago Gulag proclama: «Ha llegado el momento
apremiante de limitar nuestros deseos. [...] No debemos esperar hasta
que acontecimientos externos nos
presionen o incluso nos derriben.»
Es que «conforme las comod.idades
continúan mejorando para la persona
promedio, así también el desarrollo
espiritual se va estancando. El exceso trae consigo una insistente tristeza del corazón, al percibir que el torbellino de placeres no brinda satisfacción, y que no pasará mucho para
que llegue a sofocarnos».

1
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1 11
it1'1lt¡11111l11 1

48

· La libertad (o más bien: la ausencia de una ideología rígida y fatigosamente construida) nos ha llevado
hacia un eclecticismo de goma, blandengue por los cuatro costados - para
que mejor se entienda. Pero no es
cierto que todo valga. Y menos que

todo valga igual, «pues ello obligaría
a estar saltando de una moda a otn1».
Debemos tener en mente, sin falta, la
advertencia de Marcel Duchamp.
Porque la apertura que él denuncia,
su espejismo, equivale a la frase que
se repite hasta la saciedad: laissez
/aire, laissez passer. El pensamiento
de moda nos ofrece nada más y nada
menos que una «libertad para ser indiferentes». Caer en esa apatía o en
un hedonismo elemental, adherir al
solipsismo o pintar la raya para volverla círculo y quedar adentro, solo,
desterrado del mundo, nos conduce a
la derrota más vil. Lo dijo un filósofo: «Si una personalidad no se orienta a valores más elevados que su
propio ser, inevitablemente tomarán
el mando la corrupción y la decadencia» (Nikolai Lossky).
J,,lamemos a los escritores a escena. Después de todo, es a ellos a
quienes deseamos convidar a la reflexión . En primer lugar -por cierto
y sin exclusivismos. Así pues, no
nos desentendemos de esa especie
de «conquistas laborales» que significan para el gremio la dotación de
más y mejores instrumentos para la
escritura. A lo largo de los siglos
empleamos las tablillas, el papiro y
el papel; la tinta y el tintero, el teclado y la pantalla; el stilo, la pluma de
ave, el tajo y el mango, la pluma
fuente y el lápiz, el bolígrafo y el lapicero, la máquina de escribir, la

máquina eléctrica, la máquina electrónica, el composer, el procesada
de palabras, la computadoras y la
pluma electrónica... -más los adelantos que los genios de la ciencia
hayan consolidado este último fin de
semana. Como en tantos otros órdenes de la vida, una generación -que
bien pudiera ser la mía, entre otrasse benefició -se sigue beneficiandocon la mayoría de estos prodigios. FJ
hábito no hace al monje pero le ayuda -dicen. Dicho de otro modo: no
estamos a la altura de las circunstancias porque hemos adquirido «el ú~
timo grito de la moda» en materia de
escritura -entendida ésta como III
ejercicio pulidamente ejecutado. No.
Tendremos que «dar el ancho» expresando «el sentido oculto de las
cosas y los hombres», burlando «las
ineptitudes de la inepta culturllll.
Porque resulta que somos -queramosto o no- hombres y mujeres formados en el pasado, con el compromiso de autoeducarse para poder lograr la comprensión del presente que
cada vez más y mejor quiere igu~arse a su futuro.
Porque mientras la realidad supera a la imaginación con el desarrollo
de barrocos episodios (bombas inte·
ligentes, minas antipersonales, del~
rantes crímenes de Estado o edificación de capillas a narcosantos verdaderamente milagrosos), el escrit&lt;i
tiene no sólo que adquirir conoá

mientas a cuál más inconcebible y
arduo: tiene que arrojar lastre. ¿De
dónde sacó tanta inutilidad? De todas partes y de ninguna. Pero lo que
nos queda claro es que en él está. Y
tiene que sacudírsela. Insisto: la tarea es enorme y se tiene que realizar
ahora y ya. So pena de -por escrúpulos morales o incompetencia adquirida- arribar al caso extremo de
Jean-Paul Sartre. Éste renuncia a
escribir relatos novelescos porque
1) un libro no sacia el hambre de
los niños africanos y 2) ¿cómo se
puede expresar el mundo contemporáneo si no se sabe qué es viajar
en avión? Bien pudiera sucedemos
a nosotros mismos con ... (Por cierto, hablando en confianza, ¿no me
estará sucediendo esa calamidad a
mí ahora, precisamente ahora, frente
al respetable público? Lo dice la
canción, lástima que yo no sepa entonarla: Sabrá Dios, uno no sabe
111111ca nada ... )

Segundo Encuentro Internacional de Escritores. Museo de Historia Mexicana.
Monterrey. 20, septiembre, 1997.

49

�MÉXICO: POLÍTICA Y CULTURA HACIA
FIN DE MILENIO

Leonardo da Jandra
I El contexto
1

j1

Mantener a como dé lugar la concepción de un doble México -el
preoccidental y el occidentalizadono sólo parece justo sino necesario.
De Occidente hemos recibido casi
todo: discurso y método, razón e historia, política y religión, modernidad
y ciencia ... , y digo casi todo porque
apenas quedó fuera (y relativamente)
la magia y lo rural, indeclinables en
su terca fidelidad a la naturaleza aún
no profanada por la técnica y el progreso. A partir de la Conquista nuestro destino quedó unido, para bien o
para mal. al de Europa, y de allá nos
llegaron mapas e instrumentos, junto
con las órdenes precisas y los modos
cómo cumplirlas. Por eso imitamos
mucho y mal. y si no logramos la
eficacia de los asiáticos no fue por
no poder. sino por el choque violento de la modernidad malimitada con
nuestros mitos, costumbres y tradiciones. Ahora, que Europa toda se
encuentra abrumada por los extravíos de la razón, la cultura mexicana
tiene necesariamente que hacer examen radical de conciencia.

'

México no ha tenido ni una filosofía ni una ciencia propias; en economía fuimos trastienda de los caprichos exóticos de Occidente. y en
política, después de tantos sexenios
de unipartidismo de garra y colmillo,
2

so

apenas estamos dando los primeros
pasos tanteantes. Sólo la cultura, con
niveles de excepción en literatura y
artes plásticas, nos ha pennitido
mantener la mirada en alto. Es obvio
-otra lacra más de la asistematicidad
hispana- que llegamos tarde a la
modernidad por carecer de crítica; y
por ello es que durante casi dos siglos la historia nos ha estado pasando el recibo con sobradura de intereses. De crisis en crisis -en esencia la
misma, en porfiada renovación cíclica- llegamos siempre tarde a los repartos de novedades, con la consiguiente condena a repetir errores
que, de ser más críticos, se hubieran
evitado fácilmente.
Desde siempre, nuestro modo de
ser ha estado más próximo a ritos y
fiestas que a la fría pragmasis de la
técnica; nos cautiva más la creencia
religiosa y la creación artística que
la facticidad tecnolátrica. Se entiende entonces, que la modernidad occidental nos llegue a plenitud justo
en el momento de su ocaso, cuando
la suma del racionalismo y del subjetivismo a ultranza tienen a Europa
en pleno delirio de identidad.
Claro está que la angustia de la
grandeza perdida no debe entenderse
como caída irremediable. El devenir
histórico, a pesar de las manías finalistas (fin de la historia, fin de las

ideologías, fin de las utopías, etc.),
no es unidireccional ni circular sino
más bien espiral y cuasi cíclico. De
ahí que la debacle de la Europa actual, más que un finalizar sea un
agotamiento transicional: la consumación de un proceso que inició con
el Renacimiento, se potenció con las
Luces y se abismó con los autoritarismos de todo signo.
«El espíritu sólo conquista su
verdad cuando se encuentra a sí mismo en el absoluto desgarramiento».
Con esta frase de la Fenomenología
del espíritu se nos muestra de manera
incontrovertible que, para la conquista
de su verdad, Europa no necesita de
nosotros... , y nosotros no necesitamos
ya de ella. Y cuando digo nosotros no
me refiero sólo a México sino a la
América toda. Sin la amenaza de la
Unión Soviética, los Estados Unidos
comprendieron de pronto que la obsesión de Alemania por las hordas del
Este, el deseo sadomasoquista de
Francia de unirse con Alemania para
formar la Gran Europa y_el reaccionarismo xenófobo de la Europa mediterránea ante el empuje del Maghreb, ya
le eran completamente ajenos. Con
África arrasada y Asia en hervor rugiente, los Estados Unidos no tienen
más opción que consumar el sueño de
la Gran América. ¿Y nosotros? Querásmolo o no, ya estamos bajo la tutela
del Imperio.

Pero puntualicemos para evitar
exabruptos gratuitos: reconocer que
el racionalismo absolutizador y eurocéntrico llegó a su fin, no significa
que tengamos que regresar a las plumas y a los cascabeles, ni que tengamos que realizar sacrificios humanos
para recuperar las raíces sagradas.
La tarea es mucho más elemental, y
quizá por ello más difícil -porque no
olvidemos que la elementalidad plena sólo se alcanza de regreso, jamás
de ida-; se trata, en pocas palabras,
de acometer un proyecto de cultura y
de nación que nos evite repetir los
errores que hoy tienen a Europa de
rodillas.
Se podría objetar a esta visión
escéptica, que no pesimista, la razón
de peso de una España abierta a los
cambios e indisolublemente ligada a
nosotros por lazos de sangre y cultura; pero la España de hoy, al igual
que la Italia de los jueces jupiterinos
y de los plebiscitos televisivos, a duras penas logra sobrevivir la salida
de cauce de los regionalismos (el
ejemplo más reciente lo puso el alcalde de Milán al proponer un seudoregreso a las ciudades-Estado renacentistas). En todo caso, es a España a quien corresponde despertar
de la ilusicín curocéntrica y emparejar su futuro con el de Latinoamérica: de no hacerlo estará irrcmediahlcmcntc rnndcnad-a a repetir el
error del siglo XVII.

Todo agotamiento histórico,
cuando no lleva en su propia dinámica un nuevo soplo de vida, posibilita
el resurgimiento de arcaísmos y escapismos que se disfrazan de autenticidades redentoristas. Nacionalismos, integrismos, tribalismos, ecolog1smos, hedonismos... , los modos
del desorden son múltiples, pero la
raíz de la descomposición es la misma: el fracaso de la racionalidad occidental frente a la vida. El cambio
pues, y muy a pesar de los dictados
neohistoricistas, no habrá de venir
de una liberalización económico-política, sino que tendrá que partir de
una transfonnación radical de las
cosmovisiones actuales.
Desde la escuela de · Francfort
hasta Foucault y Habennas -que es
lo poco que acaso debe rescatar del
«pensamiento de la caída»-, Occidente no ha hecho más que asfixiar a
la vivencia en una crítica logorreica
que se regodea en su propia ineficacia. Imposible no ver en la crítica total de Horkheimer y Adorno a la sociedad moderna, la impronta desgarradora de los campos de concentración hitlerianos y estalinistas. Pero
sostener que contra el pensamiento
autoritario -que auna la racionalidad tetnocrática con la cultura de
masas- no hay más alternativa que
una vuelta hacia la objetividad ordenadora del mundo, es negarse a
reconocer que fue precisamente el

delirio absolutizador de la razón el
que produjo el derrumbe del filosofar eurocéntrico.
El agotamiento de la idea de modernidad es irreversible, como muy
bien lo vio Foucault desde su locura
lúcida; por eso el intento recuperador de Habennas, aunque loable en
su desesperación antipesimista, no
puede más que despertarnos un escepticismo lúdico, porque ¿cómo hacerles entender a los tecnócratas que
el mercado no es un estado superior
de la naturaleza sino el resultado de
una racionalización absolutizadora y
opresiva?
Estamos ante dos opciones extremas que al contraponerse se nulifican: de un lado la racionalidad tecnocrática, que al convertir al sujeto
en objeto niega toda posibilidad a
una individuación plena; del otro un
culturalismo diversificador, que al
potenciar identidades conduce fácilmente a tribalismos sin destino. ¿Cómo lograr en este contexto una universalidad cultural (el Lebenswelt de
Habennas) que sea resultado de experiencias particulares plenamente
vividas, sin caer en la dinámica deshumanizadora de las masas?
Tiempo de pérdidas y límites el
nuestro, de imperfecciones y desconfianzas; de ahí la necesidad de
aprender a vivir con la idea de que la

SI

�justicia y la democracia plenas son
irrealizables, y de que ninguna forma de sociedad dará jamás satisfacción a las necesidades de las mayorías. Debemos ya comprender y
aceptar que libertad y opresión, mercado y potlach, lo tecnoeconómico y
lo sociocultural, poder central y democracia activa, lo sagrado y lo profano, son partes fatalmente indisociablcs de un mismo todo. Soluciones globales no las hay ni las habrá;
sólo nos queda la astucia de intentar
potenciar nuestra libertad y nuestra
superacilÍn en contra de la dinámica
enajenante.

2

52

Absorta por completo durante siglos en su arrogancia universalizadora, Europa ni siquiera se preocupó
por la opinión que de ella se iban
formando las otras culturas que venían atrás imitándola en todo y mal.
Hoy. para México y la América toda. el pasado de Europa ya no sirve
a fuerza de haberlo sometido a una
rumia obsesiva y delirante; y del
presente no cabe rescatar más que
la lección que nos evite sucumbir a
los mismos espejeos universalizantes. Arrancamos así el nuevo milenio como debimos hacerlo hace
doscientos años: potenciando nuestra diversidad -bronca, decididamente imperfecta, pero propia- en
un contexto global donde el Pacífico, y no el Atlántico, desempeña
ya el papel determinante.

11 Las determinaciones
a) Lo global
Sería inútil tratar de encontrarle un
sentido más y sumarle más carga innecesaria a la ya entrópica condición
del término. Pero para los mexicanos, para todos los latinoamericanos,
la palabra tiene dos resonancias inevitables: la colonización hispana y la
doctrina Monroe. Cuando apenas comenzábamos a resarcimos, con la
grandeza del exilio republicano, de
los desatinos de la primera, la segunda nos puso afrentosamente de rodillas. Por supuesto que hay que distinguir entre gobiernos y sociedades
civiles, pero lo cierto, dramáticamente inevitable, es que toda Latinoamérica está siendo sacrificada
para que el bienestar del hombre occidental no sufra un drástico menoscabo. Se entiende entonces, que hablar de cultura nacional sea hablar
de destino; y un país -un Estado y
una sociedad civil- que no sea dueño de sus decisiones económicas y
políticas, carece de destino. Esta es
la verdad que no deberían ocultarnos
nuestros políticos, la única y desesperada certeza que tenemos en medio de la euforia globalizadora.
Decía Eliot que cultura es lo que
crece, civilización lo que se fabrica:
pues bien, civilizar y globalizar son
en última instancia lo mismo: uni-

formar, cuantificar, imponer un modelo único aniquilador de diversidades. En rigor, la globalización no
busca la destrucción de lo diverso,
sino más propiamente una subordinación total de los modelos periféricos al centro hegemónico donde se
toman las decisiones. Globalizar es,
en síntesis, neocolonizar. Para México el sueño globalizador norteamericano es una pesadilla: ritos, costumbres y tradiciones son desprestigiados como atraso y barbarie, y en su
lugar se difunden sucedáneos sintéticos que garantizan el.mercado de las
trasnacionales y perpetúan el delirio
hegemónico &lt;lel modelo norteamericano.
Sin poder de decisión a nivel
económico, político y militar, ¿qué
podemos esperar del desempeño cultural? En una sociedad que no puede
garantizar el derecho al trabajo, a la
salud, vivienda digna y pensiones
justas, ¿qué educación y cultura puede haber? Al aceptar los dictados
neoliberales hipotecamos irremediablemente nuestro destino: los intereses de la economía global determinan la cultura global.
Pasamos de la revolución agraria
a la revolución industrial, y de ésta a
la revolución informática con una
clara e inmistificable sensación de
despojo. La premisa clásica y sagrada tierra-trabajo fue desplazada por

la relación profana mercado-información. Sin embargo, la degradación del espacio vital, la opresión y
deshumanización del hombre, lejos
de disminuir se han multiplicado.
Nos hablan con burocrático entusiasmo de eficiencia económica, libertad
de mercado y flujo de capitales. Y la
pregunta estalla encorajada: ¿libertad para quién? Casi el cien por ciento del capital financiero se usa especulativamente, produciendo grandes ganancias con mínimo crecimiento
económico, bajos salarios y sin pagar impuestos. En los Estados subordinados al centro hegemónico, los
gastos sociales, educativos y culturales son desviados hacia el pago puntual de los intereses de la deuda,
pues de lo contrario el Imperio, con
sobradas artimañas, se encargará de
lan,ar el anatema y sembrar la inestabilidad (no en balde, a pesar del fin
de la guerra fría, las inversiones militares en USA continúan siendo prioritarias).
Una y otra vez, en sus informes
autoculpables, el Banco Mundial
apunta que la insuficiencia en la formación de capital humano es la causa de la falta de progreso y democracia en Latinoamérica. La solución
peca de obviedad: invertir más dinero en educación. Y aquí, una vez
1mb. nos topamos con pared. Ni las
élite\ subordinadas ni las élites hegemónicas tienen interés en romper

el esquema clásico que ha demostrado su implacable efectividad: ignorancia=control.
Japón, con una tecnoplanificación estatal bien consolidada, destina el 3.1% de su PIB a la investigación. México, con más de la mitad
de su población en estado precario,
destina al mismo rubro menos del
0.5%. Sería absurdo, en las condiciones de vasallaje a que nos obliga la
deuda, pensar siquiera en que nos
pennitieran alcanzar un 1% providencial. Y lo más drástico no es la
parquedad del presupuesto destinado
a la investigación, sino que ésta, en
casi su totalidad, está subordinada a
las exigencias de un mercado controlado por las trasnacionales. En el
papel que la economía global depara
a Latinoamérica, no está el producir
innovaciones tecnológicas sino materias primas y mano de obra reprimida y barata. De ahí el analfabetismo brutal, el desempleo galopante,
la delincuencia sin control y los brotes de violencia salvaje. Cualquier
político de mediano rango -de izquierda, centro o derecha- sabe perfectamente que mientras sigamos sometidos al yugo de la deuda y a los
caprichos hegemónicos del Imperio
global, seguiremos hundiéndonos en
el abismo que nos separa de los países tecnológicamente avanzados. Y
los políticos no hacen nada porque
están maniatados: si le apostaran a la

Justicia y la verdad, inevitablemente
perderían el puesto. Esta perspectiva, aunada a una clase empresarial
sometida a una rumia adaptativa,
que no invierte en investigación y
cultura por carecer de espíritu emprendedor y de proyectos, nos arroja
de bruces en una realidad trágica: no
somos dueños de nuestro destino.
Cabe, no obstante, y en beneficio
de futuras generaciones, intentar
buscarle una salida al laberinto. Un
primer intento, lógica e históricamente posible aunque muy distante,
sería la comunicación del pueblo bolivariano, con una Unidad Latinoamericana semejante a la de la Comunidad Europea. El segundo intento
es más ficción que ensayo, pero no
deja de tener sus argumentaciones
sociológicas: corregir los destinos
del Imperio global desde adentro. Si,
como está sobremanera comprobado, los imperios se desmoronan desde adentro, cabría darle mayor importancia política, económica y, sobre todo, educativa y cultural a la indetenible volkerwanderung de latinoamericanos hacia el seno del Imperio. Con una mayoría hispana más
educada y culta, y por ello más consciente de su pasado y su destino, con
programas inteligentes que potenciaran el crecer de un orgullo hispano,
con el consiguiente aumento en la
toma de decisiones globales, las minorías encumbradas que hoy sangran

53

�despiadadamente a Latinoamérica
perderían poco a poco sus prebendas
coloniales. Tarea de titanes; como se
ve; pero sin una rebelión hemisférica
y hermanan te contra el Zeus globalizador que nos subyuga, jamás saldremos del infierno.
h) Lo intrahist&lt;Írico

2

54

La pregunta ohligada es: ¡,en qué invertir lo poco que nos permite el pago de la deuda? Por supuesto que en
generar empleos, bienestar social,
salud. vivienda ... Pero hagamos caso
omiso de lo arriha expuesto y supongamos que somos una naci&lt;Ín, un Estado libre y soherano que puede de&lt;.:idir qué ha&lt;.:er con un ra;,,onablc
presupuesto educativo y &lt;.:ultural. El
primer reto dehc ser necesariamente
mejorar la cdu&lt;.:aci&lt;Ín hüsi&lt;.:a. Y el
primer escollo surge insalvahlc: ¡,y
&lt;.:&lt;Ímo dejar lihre al magisterio na&lt;.:ional de las garras del sindi&lt;.:alismo &lt;.:avernario'? Un segundo intento habría
que hacerlo con la participación a&lt;.:tiva de universidades y medios masivos. tanto privados &lt;.:01110 del Estado.
Aquí el riesgo a superar es por un lado el peligro de una pedagocracia
cultural que pondría injustificadamente -de he&lt;.:110 ya est,í sucediendo-- a los pn_ifcsorcs por cn&lt;.:ima de
los creadores: y por el otro la monopolización escandalosa de los medios. que se han convertido en la
más eficaz dinámi&lt;.:a de convencí-

miento social. No tiene caso por tanto, intentar una cultura que, para
protegerse de la marea masiva, se
aísle en claustros universitarios y
centros gerenciales. Si queremos una
cultura plural, tolerante y duradera
tenemos que empezar por los municipios y poner olores, colores, sabores y saberes por encima de la pretensión uniformadora que nos llega
siempre desde el centro hegemónico.
En México, con las tres cuartas
partes de su población menor de
veinticinco años, la juventud no lee;
y es claro que un país donde los jóvenes crecen sin amor al libro, está
condenado al servilismo. Habría que
desarrollar un programa intenso y
extenso de bibliotecas en el país, y
destinar un mínimo del presupuesto
actual, así como del tiempo que le
corresponde al Estado en los medios,
a la promoción de la lectura. El Estado no debe competir en el mercado
editorial. sino señalar direcciones y
suplir carencias. Y es en este sentido
que cabe &lt;.:onvencer a nuestros industriales y a las &lt;.:cntrales obreras de
que un mínimo porcentual del salario les sea otorgado a los trabajadores en bo11ilibros, lo que permitiría el
gran tiraje de una selección de obras
claves de nuestra cultura.
Sin embargo. t..! mayor problema
continúa siendo la torpe política de
subsidios con que la tecnocracia

neoliberal trata de amansar a los intelectuales. Habituados a la oferta fi.
lantrópica y a las dádivas generosas
del poder, nuestros intelectuales ni
-siquiera cuestionan la razón de ser
de las becas, pues arguyen que es
mejor gastar parte del presupuesto
e.n financiar el desarrollo cultural
que en mil corruptelas dispendiosas.
El énfasis tendría que ponerse entonces en la justicia con que se otorgan
las becas, y no en la razón de ser de
las mismas.
Convengamos en que en el dominio de la educación básica y la investigación científica las becas son
indispensables, aunque habría que
encauzar los programas hacia una
cultura de lo diverso y no hacia una
globalización suicida. Pero en el ámbito estricto de la literatura el desacuerdo es inevitable: el Estado no
debe financiar la producción literaria, sino el acceso a los libros. Además de las consabidas envidias, resentimientos y frustraciones de los
que quedan fuera del reparto -que
siempre son la mayoría- los elegidos
tienden a habituarse a las comodidades de la dádiva y quedan prácticamente incapacitados para sobrevivir
con independencia en un medio que
es de los más competitivos y caníbales.
Me parece justo y necesario que
el Estado premie con una pensión ra-

zonable los últimos años de vida de
los grandes hacedores de cultura;
claro está, a condición de que se regresen a su lugar de origen y transmitan directamente su experiencia a
las nuevas generaciones. Lo que no
tiene justificación alguna, ni es en
absoluto necesario, es que se otorguen becas a escritores de cincuenta
años para abajo. El que no pueda escribir con sus propios medios, el escritor que no puede pagar las comodidades que se autoexige para crear,
aquél que no sienta la escritura como
una pulsión incurable que se engrandece ante la adversidad, que se dedique de plano a otra cosa; porque no
lo olvidemos: sólo en la adversidad
se forja la grandeza.

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�PUERTO RICO Y SUS MUCHAS CARAS·

Oiga Nolla
No hace mucho me contaron que en
Bélgica, país industrializado que dista mucho de pertenecer al llamado
«tercer mundo» -nomenclatura que
hahría. por otra parte, que revisarcoexisten dos culturas: los flamencos l'undadore~ de los emporios comerciales medievales de Brujas y
Gante. que hahlan flamenco o neerlandés. y los walones (de Bruselas y
alrededores) que hablan francés.
Ambos sectores. me dijeron. se
odian a muerte. Así ha sido por más
de c,rn1 aiios. Aunque Bélgica es una
nación dividida en .i regiones lin!!ÜÍslicas (llamcnco. francés. alemán
~ la región de Bruselas. que es oficialmcnlc hilingüc. los que hablan
flamenco no hahlan francés y los
que hahlan francés no hablan flamenco. Se considera una ofensa hahlarlc en francés a un llamenco. Yo
me prcgunlo entonces (ignoro ese
detalle) si para comunicarse entre sí
recurren al inglés.
En l'in. que cuando me contaron
esta historia (una puertorriqueña que
vivió quince aiios en Bruselas) -recordé un viaje que hice a Yugoslavia
en el 19~6. Al visitar Sarajevo se nos
hahló de la maravillosa y ejemplar
rnexistencia pacífica entre croatas
ca16licos. musulmanes y serbios pcr1cneócntes a la iglesia ortodoxa
griega. Sarajcvo tenía grandes templos dcdicad(1s a cada una de estas
2

56

creencias y aunque había sectores de
la ciudad donde predominaban unos
u otros, parecían interactuar con bastante, al menos suficiente, fluidez y
armonía. Recuerdo un espacio donde
salíamos de una iglesia católica y al
cruzar la calle estaba la mezquita. A
escasamente una cuadra de distancia
se alzaba una cúpula de la Iglesia
Ortodoxa Griega. Pocos años después, Sarajevo explotó. Aquella armonía había sido sólo aparente. Debajo de su fluidez y suavidad se habían acumulado siglos de roces, conflictos, aristas y resquebrajaduras;
resentimientos sin límite. La.coexistencia no había generado conciencia
del otro y comprensión sino todo lo
contrario: odio, antagonismo y agresión. Algunos crímenes cometidos
durante esa guerra han sido comparados con crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Me he referido a un caso más reciente, pero ¿,cómo olvidar la ciudad
de Toledo en el siglo 12? La coexistencia entre judíos, moros y cristianos supuestamente generó la riqueza
intelectual y artística que caracterizó
esa ciudad medieval. En La realidad
histórica de Espmia. dice don Américo Castro y cito: «Desde el siglo X
las poblaciones cristianas estuvieron
entremezcladas con moros y judíos»
Y añade: «Sin el trenzado previo de
dichas tres castas y casticismos y su

tensión y desgarro entre el 1492 y
1609, ni lA Celestina ni El Quijote
existirían, ni El Imperio se hubiera
estructurado de aquella forma ...» Estas realidades históricas nos golpean
como balas de cañón. Pero ¿cómo
olvidar que en enero de 1492, al caer
Granada, una de las primeras proclamas de los reyes Femando e Isabel
fue expulsar de España a todo el que
no fuera cristiano? Naturalmente que
su objetivo primordial era la unidad
política y para ellos no podía existir
sin la hegemonía religiosa. Así era
hace quinientos años, se comprende,
cuando la religión y la política eran
el lado derecho y el lado izquierdo
de un mismo rostro. La multiplicidad cultural era vista negativamente,
como algo a remediarse, aunque tuviera efectos enriquecedores. Pero
luego hace pocos años sucede lo de
Sarajevo y uno se pregunta si el
mundo habrá cambiado en verdad, si
no habrá una homogeneidad imprescindible al grupo para que ésta defina su identidad y funcione como
unidad política y económica.
El caso específico de la multiplicidad cultural puertorriqueña es
complejo. Puerto Rico es la más pe·
queña de las Antillas más grandes Y
las Antillas fueron, desde los comienzos de la colonización europea.
un área fronteriza por excelencia.
Fue el primer territorio americano

colonizado por los europeos, ya que
los veleros eran impulsados por los
vientos que pasan por Islas Canarias
y cruzan el Atlántico; las embarcaciones arribaban fácilmente a las
costas caribeñas. En estas islas paradisíacas los recién llegados establecieron una economía de plantación
para suplir la demanda de azúcar,
café y tabaco de los mercados europeos y con ese propósito importaron
esclavos africanos. En su extraordinario libro, el cubano Antonio Benítez Rojo ha llamado al Caribe La isla q11e se repite.
Se repite una estructura económica, pero los ingredientes son múltiples y variados. A un mestizaje básico de amerindios aruacos, europeos y africanos se añade la diversidad de lenguas europeas -español,
francés. inglés y holandés, el creóle
haitiano, el papiamento de Aruba y
Curar;ao y el inglés jamaiquino.
Además. a las últimas colonias españolas en América, a Cuba y Puerto
Rico. llegan en el siglo 19 gran variedad de inmigrantes europeos: catalane~. gallegos, canarios y mallorquines. franceses huyendo de Haití.
A Puerto Rico llegan también corsos. alemanes y holandeses de las islas. En el 1898, cuando Puerto Rico
pasa a ser territorio de Estados Unidos. ya nuestro mosaico cultural era
ah,garrado. Las tradiciones hispanas
intentaban dar coherencia a una di-

versidad cultural vibrante, cuando
llegaron los norteamericanos y lo viraron todo al revés.
Exagero, pero quizás no. Nos
convertimos en frontera entre la
América anglosajona y la América
hispana. Al apoderarse de la isla, impusieron un gobernador norteamericano y un Secretario de Educación
norteamericano. Toda la educación
en las escuelas, desde el primer grado, pasó a ser en inglés, con libros
de texto en inglés. Así fue durante
más de treinta años; hasta que el
Partido Popular Democrático, de enfoque liberal y nacionalista, ganó las
elecciones en el 1940 y pasó una ley
para que las clases en las escuelas
del estado se impartieran en español.
La medida tenía por objeto la recuperación de nuestro patrimonio y la
definición de la nacionalidad puertorriqueña. Sólo que las clases sociales
adineradas no lo entendieron así. Pusieron el grito en el cielo, protestaron y trasladaron a sus hijos a escuelas privadas donde se continuó enseñando en inglés. Desde la perspectiva de un amplio sector de la clase
adinerada, aprender inglés era indispensable para la sobrevivencia y
mucho más importante que recuperar y definir la nacionalidad puertorriqueña. A pesar de esto, sin embargo, hoy día aún hablamos español y
la lengua constituye el principal escollo a la incorporación de Puerto

Rico como estado federado de Estados Unidos. La mayoría de los puertorriqueños que apoyan la opción
política de la estadidad no está de
acuerdo con que se hable solamente
inglés en Puerto Rico. Algunos norteamericanos lo exigen. Los puertorriqueños no quieren dejar de ser ciudadanos de Estados Unidos y tampoco
desean renunciar a la nacionalidad
puertorriqueña. Es como si ser ciudadanos estadounidenses ya fuera parte
de nuestra puertorriqueñidad.
Es difícil precisar el alcance de
la influencia cultural norteamericana
en Puerto Rico porque no se debe
únicamente a nuestra circunstancia
política. La influencia del cine y sus
mitos sobre la juventud es mundial y
Puerto Rico no es una excepción.
Además, la economía norteamericana es tan poderosa que tiende a absorber todo lo que la rodea -como
que se chupa lo que toca. Pero muchos adolescentes nuestros que se
han criado en los Estados Unidos
porque sus abuelos y padres emigraron en las décadas del 1940, 50 y 60 y
han regresado son:
1.

más rápidos y agresivos;

2. piensan que E. u. es el principio y fin de todas las cosas (este es
un mal característico al norteamericano común y corriente que no pertenece a minorías étnicas) y

57

�3. participan de la mentalidad
que nqsotros llamamos «upward mohility» que quiere decir movilidad de
clase, esfuerzo por subir de clase social, ambición de lograrlo.

Puerto Rico como área fronteriza.
Me refiero al desarrollo industrial
que ha conocido la isla durante los
últimos 57 años, desde la década de
1940 hasta el presente.

La mentalidad de «upward mobility». que tan dramáticamente caracteriza a los inmigrantes europeos del
área de Nueva York, es inseparable
del progreso y la modernidad. Según
el gran mito norteamericano, todo el
que trabaje mucho puede ser rico.
«Querer es poder» es el lema.

En mi temprana infancia Puerto
Rico era, al igual que Cuba y Santo
Domingo, una isla de cañaverales,
centrales azucareras, carretas de
bueyes y cortadores de caña. Había
más de 70 centrales azucareras. Hoy
por hoy, en el 1997, quedan dos centrales funcionando y no hay ni una
sola carreta de bueyes y ni un solo
cortador de caña -en los pocos cañaverales que quedan se corta la caña
con máquinas. La clase trabajadora
está empleada en fábricas de medicinas (farmacéuticas), bolsas plásticas,
ropa, comidas enlatadas y servicios
(centros comerciales, burocracia gubernamental y comunicaciones).

Aclaro:
Los adolescentes puertorriqueños
que se han criado en Estados Unidos
tienen esta mentalidad más definida,
pero muchos adolescentes y jóvenes
puertorriqueños que nunca han salido de la isla también participan de
ella. Al formar parte de su economía. si bien marginalmentc. la nacicín norteamericana nos ha inyectado en la sangre algunos rasgos culturales como
1. «upward mobility»

~-el valor de la eficiencia y la organización y. por supuesto.
J. el valor del trabajo.

2

58

Lo cual nos lleva al tercer ángulo
desde el cual podemos considerar a

En mi muy temprana infancia
los trabajadores puertorriqueños
vivían en casas de madera con piso
de tierra y techo de planchas de
zinc o paja, los niños andaban desnudos y descalzos y sus vientres
estaban hinchados de lombrices:
tenían piojos en el pelo. Hoy por
hoy los trabajadores puertorriqueños viven en apartamentos en residenciales públicos de cemento
construidos por el gobierno. los
más pobres. y los más prósperos
viven en urbanizaciones de casas

de cemento cada una con un peque- deros y falsos, lo que quiere decir
ño patio alrededor. Sus niños estáJ permanentes o lavables.
limpios, sanos, con zapatos y asisEstas modas de Iaj uventud proten a la escuela.
vienen de Estados Unidos, claro
Ha habido una dramática tram está, de la cultura de los rockeros
formación social. Más dramátia (música rock) y los raperos (músiquizás porque corno somos un paú ca rap) y de las subculturas de las
tan pequeño -3 millones 782,000 ha!» minorías étnicas, principalmente
tantes, y nos extendemos sólo 111 negros e hispanos. Y .me dirán, quizás, ¿por qué zona fronteriza entre
millas por 35, se nota más.
el subdesarrollo y el desarrollo si
Una familia puertorriqueña tí~ más bien Puerto Rico parece defica, paseando un sábado en la noct. nirse como una minoría étnica denpor el paseo La Princesa en la zo111 tro de Estados Unidos?
histórica de San Juan, consiste di
Así parece, pero no. La transforuna abuelita campesina, padres em
pleados del gobierno e hijos univer- mación es tan reciente que el pasado
sitarios y raperos (música rap). La está vivo aún. Y no sólo en las abueadolescentes varones calzarán tenis litas. Hay pueblos en las montañas
llevarán un recorte bien corto, cas de Puerto Rico que nos transportan
pelado, hasta sobre las orejas, lleva al 1940, y barriadas de la capital y
rán un arete en el lóbulo izquierdo,&lt; otras ciudades también. Se produce
dos aretes, uno en cada lóbulo, o tre entonces una circunstancia muy eso cuatro aretes en una sola oreja pecífica (quizás transitoria), una reavestirán camiseta holgada encima d lidad donde coexisten varios tiempos
pantalones anchos hasta la rodilla) Y que considero un privilegio poder
caminarán como jugadores de bálot vivir. La experiencia de un domingo
en la ciudad de Mayagüez, por ejemcesto. con ese «swing».
plo. me llevó a escribir este poema:
Las muchachas llevarán la barri
ga al aire con un argolla en el ombli Clubes de domingo
go y vaqueros ajustados. El estilo d
cabello puede variar y la cantidad d Eran casi dieciocho o tal vez eran
aretes en las orejas también. AmbOl quince.
varones y hembras, usarán tatuajes· Eran yips CJ cinco sin capota.
en el cuello, en la espalda, en lo de ludo~ los colores imaginables
brazos y manos. Son tatuajes venia e imaginados

con grandes gomas anchas como
si fueran troks
y una hilera de focos en el cristal de
enfrente.
Los guiaban hombres con botas,
hombres en mahones
con sombreros de gauchos y vaque
ros,
algunos con chaquetas negras y
anaranjadas.
Los vi pasar y quise detenerlos.
Iban paseando frente al mar
en un día domingo de un enero
opaco y silencioso.
Eran azules y eran rojos, eran
verdes y negros, plata y oro, grises
y llevaban leones y águilas y tigres
pintados en el bonete.
Los quise detener para decirles
que esa hilera de focos se había
diseñado
para explorar la selva en medio de
la noche.
¿Cómo se atrevían a usarla sin un
propósito definido,
como si se colgaran un arete en la
oreja?
¿Quién les había dado
semejante permiso?
Toda mi furia se esfumó al mirarlos
guiar los yip igual que si montaran
los más briosos corceles.
Se iban pavoneando como machos
de barrio
y el volumen del rap y del merengue
que salía de sus radios
golpeaba el aire como un gran
martillo.

Aunque hubiera podido regañarlos
no me hubieran oído.
Bien se ve estaban ciegos y sordos a
la vida;
únicamente vivos en sus sueños
de niños aventureros.
Los vi alejarse en fila,
uno detrás del otro cual si fueran
a comprar un jamberger.
Más adelante, en el Parque Suau,
vi un grupo de motoras y sus
dueños.
Se pavoneaban igual que los
señores de los yips.
Eran doce quizás, o tal vez trece,
y algo más tarde, arriba en la
montaña,
camino al Rosario y otros pueblos,
vi unos quince caballos ensillados
mientras sus dueños se bebían un
trago
en el colmado de las esquina al
fondo.
Con gusto y con disgusto tuve al fin
que admitir
los clubes domingueros de
Mayagüez
se habían escapado de la cárcel de
mis fantasías.
Debo ordenar al guardia que dispare
si intentan escaparse nuevamente.
Parece que acostumbran colarse por
las rejas
cada domingo.
Los varones practican sus rituales de iniciación en la virilidad -un
gesto prehistórico- con caballos,

59

�Cuadernos de la revista

DESLINDE

MONTERREY/ JULIO-DICIE1\.1BRE / 1997

motocicletas y yips. Un yip y un caballo significan lo mismo, cumplen
una misma función, pero esto sólo
puede verse claro y vivirse en un área
fronteriz.a donde el pasado interactúa
dinámicamente con el presente.
Resumo:
Puerto Rico es tres veces fronteriza. Primeramente, en los siglos 16,
17. IX y 19 es frontera entre Europa,
América y África. Luego en 189&amp; es
frontera entre la América anglosajona y la América hispana y más
recientemente es frontera entre el
desarrollo industrial y el subdesarrollo tercermundista. Lo puertorriqueño se define en la tensión y
desgarre entre nuestra hispanidad y
caribeñidad fundamentales y las
estructuras económicas y culturales
norteamericanas.

1

j
1

,.. . . 1111h1a1

Añado:

60

A principios de los sesenta este
mosaico abigarrado recibe un grupo
numeroso de cxilados políticos cuhanos y en las décadas de los 70. 80 y
1)() un grupo más numeroso aún de
trabajadores dominicanos. Ambos
han reforzado nuestra caribeñidad.
Muchos puertorriqueños. al retirarse
y recibir Seguro Social Federal y
pensiones. se mudan a La Florida o
al Mid-Wcst. a urbanizaciones de
paisajes manicurados porque la vida

allá es más tranquila, dicen. Ciertamente, la vida en Puerto Rico es muchas cosas, pero tranquila NO ES.
Para mí, nuestro mosaico multicultural es riqueza. No lo veo negativamente, como algo a superarse, algo que se debe remediar. La homogeneidad no me parece imprescindible al funcionamiento de Puerto Rico como unidad política y cultural.
Por el contrario, pienso que la coexistencia e interacción entre culturas
nos enriquece en la conciencia del
otro, nos empuja a asumir la verdad
como algo relativo, nos obliga a entender la transformación y el cambio
como verdad estructural.

7.

habichuelitas tiernas; berenjen
lechuga

8.

tomates

9. aceite de oliva

to. agua
De esta lista de compras destaco su
secuencia
y muy en especial las prioridades.
Que sea un texto tan íntimo
no me sorprende mucho.
Me sorprende lo poco que es
indispensable
para soñar la vida.

Nueva oración para rezar a diari
Para cerrar, y como ejemplo de
la mirada que el trasiego de tiempos
y culturas promueve, les leeré dos
textos breves:

Lista de compras
t. papel inodoro Channin
2. Stay-free para

mí

3. Easy-off para el horno
4.

bolsas de zafacón

5. churrasco

6.

del país

helado de vainilla

Viva la máquina que lava ropa,
la que mueve turbinas industriales,
la que se moviliza sobre ruedas
y remonta los aires con sus alas.
Viva su fuerza y su poder de damos
un tiempo sin esclavos.
Su belleza moral no tiene límites.
Sin pecado sin duda concebida..
Viva la máquina.

20

�A mi padre, amado amigo.
Yo 110 quiero más luz que la que exhala tu cuerpo
Miguel Hemández

Personajes:

paja, las imágenes en procesión y es, además,
transporte funeral.

Fray Jacinto viejo.
Fray Jacinto joven.

Prólogo

Cmifesor.

Se esparce por la llanura del convento un réquiem en canto gregoriano; salmodian las ranas
y trovan los grillos, la noche amurallada por la
niebla, desfigura todos los objetos; por el pórtico del templo huye una luz ambarina, una vela
en un claustro dibuja a un fraile en oración y en
el cementerio, la claridad de una lámpara de
aceite delinea la cruz de una fosa abierta. Una
blanca pareja de siluetas juveniles danza como
tejiéndolo todo. De vez en vez, el lejano aullar
de las jaurías mordisquea el nocturno diapasón.

Carmelita joven.
Carmelita anciana.
Hilarián o La voz de los parajes.
Coro de.fi-ailes.

La accián transrnrre en la época virreinal dentro de 1111 convento. La atmósfera es siena y ocre.

Primer episodio

JACINTO V. La sujeción no mata a la libertad.

JACINTO V.

Ave María, hermano.

CONFESOR

CONFESOR

Sin pecado concebida, fray Jacinto.

JACINTO V. Estos queman.

JACINTO V. A hablarte, vengo.
CONFESOR

JACINTO V.

La carreta es 1111 versátil elemento ambiental,
que se usa en las diarias labores: traslada, tanto
los cántaros de la ordeíia, como los del agua, la
2

62

Surge de la penumbra del templo un cortejo
fúnebre, los frailes arrastran sus oraciones y
una carreta hacia el cementerio; iluminan su
piadoso andar con rosario y quinqué. Las si·
fueras entre la bruma cuando el séquito se de·
tiene frente al claustro del fraile; de las pajas
de la carreta se alza fray Jacinto el viejo, de
barba y cabellera, así de largas como blan·
cas; entra el claustro y el cortejo se pierde en
la sombra del camino al cementerio. Arrecian
las voces de la noche.

Ambas cosas has sido a lo largo
de mi vida. Hoy, en ésta, mi noche, decídelo tú.

CONFESOR

¿Qué te aflige, Jacinto?

JACINTO V.

Algunos recuerdos, petrificados
ya por la frialdad de los años, se
han vuelto lava en el pedregal del
olvido.

CONFESOR

Remembranzas incendiarias.

JACINTO V.

Del volcán de mis deseos.

CONFESOR

Si de volcán vienen, serán si no
infernales, mundanos.

Párodos
La distribución de las áreas de acción: templo, coro, capilla abierta, claustros, arcadas,
pasillos, planicies, sembradíos, patíbulo y cementerio; ya sea en 1111 escenario convencional o
en cualquier otro espacio, están a merced de la
creatil•iclad del director, pero deben estar vestihuladas por 1111 atrio con 1111a cruz de piedra al
centro.

¿Hablarás con tu amigo hermano
o con tu confesor?

CONFESOR

Los recuerdos del deseo son audaces.

Como los vientos que retozan por
los valles ...

JACINTO V. Hermano, han incendiado mi expiatorio.
CONFESOR

Y te abrasan el corazón... Tu
opresión me acongoja, fray Jacinto y a ello presto atención (besa v
se coloca la estola).
·

JACINTO V. Yo pecador me confieso ... (Su voz
se vuelve cuchicheo mientras que
de la oscuridad, por detrás de la
cruz de piedra, viene rumbo al templo una anciana de porte elegante;
viste de raso negro y cubre su rostro con el mantón. Ya en el templo
se arrodilla frente al confesionario). ¿De qué nos habla una voz
emocionada si no es del mundo y
sus misterios?
CONFESOR

Enhebras acertijos.

JACINTO V.

Me bastó escuchar su voz para reconocerla.

JACINTO V. Acaso solamente cautivos.
CONFESOR

En ruinoso presidio.

63

�CONFESOR

¿Reconocerla... ?

JACINTO V. Y desbastar mi olvido.
CONFESOR

¿Cómo pudo lograr eso la sencilla
remembranza de una voz?

JACINTO V. Ella vino a confesarse... (Se escucha la voz de la anciana que $e
vuelve cuchicheo).
ANCIANA

CONFESOR
1
,,....... ltilii

Me confieso ante Dios todopoderoso ...
¿Y ... ?

JACINTO V. Una esencia no conocida abrumó
mi cubil.

11

CONFESOR

¿Una esencia?

JACINTO V. Una fragancia ...
CONFESOR

Hay fragancias que socavan fortalezas.

JACINTO V. Fortaleza... En el mar de los deseos, ¿de qué le puede servir ese
mástil de bergantín a una vieja nave a la deriva?
CONFESOR
2

64

A encerrar con mil candados los
recuerdos. (Se escucha la voz de
la anciana).

A los ángeles, a los santos y a us- JACINTO V. Como calores en el cuerpo.
ted, padre para que intercedan por
CONFESOR Insensato, la crueldad de tu demí ante Dios, nuestro Señor.
crepitud no solamente resquebraja tu entendimiento y fortaleJACINTO V. Al escucharla, el postigo del cubil
za sino también tu prudencia excernió su voz sobre el olvido...
travía.
CONFESOR l·Y....?
JACINTO V. Caras virtudes ...
JACINTO V. Y se abrieron los lirios de las reCONFESOR Bastiones de la gracia.
membranzas.
ANCIANA

Ya se me acercan a la memoria JACINTO V.
aquellos, tus lejanos, desasosiegos. ¡Ah vejez, que añorando juventud, hurgas el pasado! Hábla- CONFESOR
me de esa desconocida fragancia.
JACINTO V.
JACINTO V. Tal vez fue del albear de sus linos ...
CONFESOR
CONFESOR Tal vez hechizos ...
JACINTO V.
JACINTO V. En vano buscaba entendimiento al
susurro de sus penas, pues medraban, en mi memoria, imágenes in- CONFESOR
ciertas.

CONFESOR

CONFESOR

¿Monstruosas?

JACINTO V. Pretéritas, sensuales.
CONFESOR

Como fósiles feroces al acecho.

Las virtudes se van osificando en
la cabeza.
¡Las virtudes son eternas!
Valores que anidan en el pensamiento.

JACINTO V.

Son biznagas espinosas, ruedas
de molino eternamente triturando a la memoria, resecando los
sentidos .. y de lo más yermo del
bagazo, renuevos de espinas florecen.

CONFESOR

¿Me escuchas o divagas, Jacinto?

JACINTO V. De valores eternos, de eso hablabas.
CONFESOR

Hablo de mortificaciones.

JACINTO V. Este cuerpo, hermano, ya no tiene
sangre tributaria.
CONFESOR

Para ahuyentar de tu alma los alaridos del pecado, alguna habrá de
quedarle.

¡Yen la voluntad!
(Pausa). Los recuerdos son criaturas de otra substancia.

JACINTO V. Indulgencia, hermano. Clamo piedad por la voz de mis recuerdos.
La voz que me bulle y que me
duele.

¡A los altivos, las mortificaciones
les imponen vasallaje!

CONFESOR

Balbuceos de vileza.

JACINTO V. Son fragmentos de eternidad,
como las piedras de estos páramos.

JACINTO V. En las ansias no hay vileza.

CONFESOR

JACINTO V. ¿Habrá justicia en eso?

Vagabundas son tus ideas.

CONFESOR

Ansias que te niega el celibato.
65

�CONFESOR

¡Fray Jacinto, otro habla en ti!
Esa voz debió ser encantamiento
del maligno.

CONFESOR

JACINTO V . El demonio no entra al templo.
CONFESOR

Se esconde en lo más frágil de
las almas y con ellas va por doquier.

JACINTO V.

También yo sé de almas ... Es.ella,
no h_ay duda.

CONFESOR

Si es mujer, misericordia buscó
para apagar los ardores de sus
culpas.

f

. ......
JACINTO V.

JACINTO V. Entonces ... Hágase tu voluntad,
hermano, habré de golpear en
los recuerdos, hasta demoler mi
cuerpo, pues ¿cómo podré exigirle templanza, prudencia y fortaleza a los humores del entendimiento? Si en la sociedad, se
ahondan las ausencias y la naturaleza brama.

Y encendió mi hoguera.

CONFESOR
CONFESOR

Casto soy ...

CONFESOR

¡No de pensamiento, ni palabra!

JACINTO V.

No lo sé.
¡Soberbio! ¡Arrepiéntete!

JACINTO V. Señor, humildemente te pido: sana mi afrenta para que tu gracia
ilumine el final de mi camino.
2

66

¡Bramido de las bestias!

Necio ... desanda ya esas veredas.

JACINTO V.

CONFESOR

Macerarás con vigor tu espalda
que las virtudes le exigen sumisión a los deseos. Habrás de hacerlo hasta sepultar esas reminiscencias. Recuérdalo anciano:
la constancia es hija de la disciplina.

JACINTO V. Si mi alma no es camal, ¿cómo
puede condenarla la carnalidad de
mi cuerpo?
CONFESOR

Respondo. ¿Qué le falta a la duda
para ser virtuosa?

CONFESOR

¡Arrodíllate!

JACINTO V.

Ayúdame Altísimo a comprender
las palabras del Santo: «Más vale
inclinarse a la incertidumbre que
a la certeza, en las cosas difíciles
de probar y peligrosas de creer.» 1

¿Dudas de su justicia, insensato?

hombre al que el Señor no arguye
de culpa, y en cuyo espíritu no
hay superchería... Bienaventurado
aquel cuyo crimen es perdonado y
cuyo pecado es cubierto. Bienaventurado el hombre al que el Señor no arguye de culpa, y en cuyo
espíritu no hay superchería.&gt;&gt; 2
LOS DOS

Estásimo primero

«Bienaventurado aquel cuyo crimen es perdonado y cuyo pecado
es cubierto. Bienaventurado el
hombre al que el Señor no arguye
de culpa, y en cuyo espíritu no
hay S4.lperchería.» (El jO\'en lo rnhre y el viejo le besa en la nwjilla).

Los _fi-ailes cantan en los escabeles del órgano,
111ie111ras _ti-ay Jacinto abandona el claustro y
m·an~o hocio sus recuerdos: camino al templo,
se e11rne11tra con _ft-ay
Jacillfo el joven; desnuda
,,
Sil es¡wlda y se arrodilla.fi·ente a él.

Segundo episodio

JACINTO V.

Tras la niehla, la a/horada. Jacinto el jore11 ,·a o

Las hogueras de la Santa Inquisición ya se han encendido en Amé.1..\Cl:--.:To J.
rica.

JACINTO V. ¿Podrá ser eso justo a los ojos de
Dios?
CONFESOR

JACINTO V.

Doblo mis rodillas ... Ha tiempo
que a la férrea altivez de mi cuerpo la ha vencido el embalaje de
lu'.-.tros en mi espalda.

las lahores y el 1•iejo al cm!fesi01wrio.

JACINTO Y.

En el nombre del Padre ... Abre
corazón y tu conciencia ...

ANCIANA

Acúsome de pecar con el pensamiento.

JACINTO Y.

¿,De qué naturaleza son tus pensamientos?

tu

Y a la claridad de la memoria.
(Trne lo disciplina por crmlán y

con ello lo 111orti/irn).

.1.-\Cl:--.:To V . «Biena\'\.:nturado aquel cuyo crimen e:-- perdonado y cuyo pecado
e:-, cubierto. Bícna\'cnturado el

67

�ANCIANA

Los estimo banales, padre.

ANCIANA

No.

JACINTO Y.

¿Y tus pecados?

JACINTO V.

¿Has tenido noticias de mí?

JACINTO V.

¿Qué te hizo regresar a la Nueva
España?

ANCIANA

Criolla soy y allá era indiana; aquí
está lo que de nacimiento es mío.

JACINTO V.

Retomas por un poder terrenal.

ANCIANA

La Iglesia también los posee.

Veniales, juzgue usted.

ANCIANA

No.

JACINTO V.

¿Vienes de lejos?

JACINTO V.

¿Cuál es tu aflicción?

JACINTO V.

Así que estos soles calcinaron tu
cuna.

JACINTO V.

ANCIANA

Lo dice mi voz.

ANCIANA

Me apesadumbra lo que ronda en
mi cabeza.

Vienes con ideas luteranas de ultramar.

ANCIANA

La templaron los de Salvatierra.

ANCIANA

JACINTO Y.

En la cabeza siempre hay rondas.

JACINTO V.

Muchas leguas hay de por medio.

ANCIANA

Desdichadas son éstas...

ANCIANA

JACINTO V.

JACINTO V.

Dime lo que bulle en tu cabeza y
contrista tu corazón?... Te escucho.

Mi padre fue ganadero. Las pra&lt;leras de estos valles eran el cabo
norte de sus pastoreos. Yo sólo
pasé por aquí.

Acá, hay devotos que por su codicia, antes de que los indios rindan
su cuerpo al Creador, piadosamente los bautizan.
Los hay. Y tú, ¿qué pretendes?

ANCIANA

Valerme de lo que es mío. Por sacramento fui su esposa y le respeté.

JACINTO V.

Amorosamente.

ANCIANA

¿Quién ama lo que no elige? (Un

·I
1 ....
---....,
1

ANCIANA

La voz es un minero, penetra
hasta lo más profundo de nuestro ser y acarrea desde allí, desde las entrañas: lo mismo escoria que diamantes .. . ¿Quién es tu
confesor?
En Madrid: fray Guilebaldo ...

JACINTO V.
JACINTO Y.
ANCIANA

¿Y en estos parajes?

ANCIANA

JACINTO Y. ¿Por qué yo?
ANCIANA

No lo sé.

JACINTO Y.

¿Me conoces?

ANCIA A
JACINTO Y.

Viuda soy y al desamparo de mis
ANCIANA
hijos.

Habrá de serlo usted.
JACINTO V.

68

Y una hacienda, también.

ANCIANA

JACINTO Y.

2

ANCIANA

ANCIANA

Será lo único que el tiempo no ha ANCIANA
resecado.

Varios veranos hice la ruta, hasta
ser entregada.
Y desposada te fuiste ...

JACINTO V. La voz que viene de la floresta.

siempre trae lozanía...
ANCIA A

ANCIANA

silencio penetra como oblea por
la obscuridad del postigo).

A Castilla, mi esposo era español.

JACINTO V. En paz descanse.

o ... no lo sé.
¿Dudas?

Tienes muy fresca la voz para
JACINTO V.
esas desgracias.

Siendo una niña...

Ahora .. despojada vengo.

Yerma estará la mía con el rastri· JACINTO V. Tienes a Dios.
llo de los años.

Estásimo segundo
Los nogales del atrio filtran la luz de la luna y la
noche se curva entre las arcadas. Por el cañón
del corredor, fray Jacinto el joven, da oídos al
69

�sordo rebote de sus pies; el viejo desde su confesiÓnario observa la acción.

1

1

JACINTO J.

1

JACINTO V.

«Los cielos narran la gloria de
Dios: y la obra de sus manos
anuncia el firmamento. Un día a
otro día transmite la palabra...

alegre, cual campeón, a recorrer el JACINTO J.
camino. De un extremo de los cielos en su salida y hasta el límite
de ellos su recorrido...
LOS DOS
JACINTO V. Y nada hay que se sustraiga a su
calor.» 3
·
JACINTO J.

Y una noche a otra noche indica

lo que sabe.

Tercer episodio

,,

JACINTO J.

1
1

1'

2

70

No es palabra, no es lenguaje cuya
voz no puede ser oída: por toda la
tierra ha salido su sonido y hasta el
cabo del mundo sus palabras... »
(Entra a acostarse en el camastro
de su celda). Señor, el bochorno de
mi insomnio te lo ofrezco en sacrificio. (Pausa; sobre la obscuridad
cabalga la bóveda celeste; se escuchan maitines; por entre los sembradíos regresan las carretas con
la primera ordeña y los labriegos
cantan camino a su labor). Con el
nombre de Dios me levanto. (Al salir al atrio, la resolana turba la impavidez de su rostro: rumbo al potrero, por la explanada del templo,
toma el atajo de la cruz de piedra).
«El día que ha puesto en los cielos
una tienda para el sol y éste, como
esposo que sale de su tálamo, salta

JACINTO V.

Al fondo del camino, al pasar por la capilla
abierta, una luz blanca le obliga a reparar en
una jovencita, casi un ángel, que absorta admira
el altar. Va hacia ella sin ser percibida, al tiempo que el viejo se acerca a la acción.
JACINTO J.

JACINTO V.

Lo clásico contempla a lo barroco... (La criatura lo mira sor·
prendida y corre hacia el cam·
po). Extrañas son las vísperas de
Nuestra Señora del Carmen con
tan tierna visión ... Si esta criatura
es del mundo, debe llamarse Car·
melita... He sentido el trepidar de
su pulso, de su aliento; ha dejado
en mí su última mirada puberta...

VOZ DE ...

Acosada por su primera emoción
adolescente ... (Los dos Jacintos se
ven y hablan al unísono).
Algo escucho dentro de mí, que
no descifro su enigma...
Señor: si es tu voluntad enviarme
este dulce cilicio, haz que mi
mortificación sea peregrina.
Hágase Señor tu voluntad ... (el joven sigue su camino, mientras se
oye el arreo a las mulas y cantar
que se acerca de la voz de los parajes; los cántaros de su carreta
vienen chapeando el sendero desde el arroyo).
El agua está fresca y en el arroyo,
mejor.

JACINTO J.

A buen cobijo de los sabinos.

VOZ DE ...

Bebamos un poco, Jacinto.

JACINTO J.

Y allá va, huyendo ligera tras la

Bebamos. (La vo.:: de los parajes
sirve un jarrita con agua; Jacinto bebe y el resto se lo vierte en
el cabello).

cruz de piedra... sin saber de qué
VOZ DE ...
ni de quién.

En la madrugada sentí tu desvelo.

JACINTO J.

Hacía calor.

VOZ DE...

La Virgen del Carmen, nos traerá
la canícula con el sol.

JACINTO J.

Mañana.

VOZ DE...

Mañana

JACINTO J.

Celestiales maitines para nuestro
jubileo.

VOZ DE...

Anoche ayunamos el sueño.

JACINTO J.

Y hoy el refrigerio.

VOZ DE...

Hoy todos el refrigerio.

JACINTO J.

¿Meditabas?

VOZ DE...

No, algunas noches, cuando arrecia
el silencio, me despierto.¿ Y tú?

JACINTO J.

Contemplaba la Creación.

VOZ DE...

¿Vas a la huerta?

JACINTO J.

Voy al potrero.

VOZ DE...

Me pareció ver a la cervatilla...

JACINTO J.

Es época de crianza; irías tras su
madre.

71

�VOZ DE...

JACINTO V.

Salió del ramaje de la cruz de piedra. Era blanca como la luna.
Blanca como una estrella.

JACINTO J.

¿Sería una visión?

VOZ DE...

Paso frente a mis mulas; llevaba
el alma en un hilo.

JACINTO J.

Entonces, huía de su infancia.

JACINTO V.

Ya la alcanzaba su juventud.

VOZ DE ...

Ha de andar en el solaz de las
planicies.

JACINTO J.

Así de ligera se fue.

VOZ DE...

Nos veremos en las vísperas; que
Dios te acompañe, Jacinto.

JACINTO J.

¡Comprímanse los tiempos y las
edades en este pequeño espacio
dilatado! ¡Una sola mirada esculpió en mi espíritu el asombro de
tus ojos! ¿Por cuánto habré de gozar el éxtasis del rostro que descubría las volutas, los acantos y las
parras labrados en la piedra de este altar? ¡Vuelen ángeles y querubines, despójense de su pétrea hechura y atiendan sólo el etéreo espíritu que les dio su escultor! ¡Vayan tras ella! ¡Vayan tras ella que
se ha llevado... que se ha llevado... no sé que se ha llevado de
mi! ... ¿Acaso virgen niña, seas
una advocación mariana?... (Se
arrodilla en oración).

JACINTO J.

Aquieta mi alma, Señor.

voz de los parajes reanuda su canto
y cada cual se va a su destino).

JACINTO J.

(La evocación de la niña ahora
viste de tono y talle sensuales: llega hasta él, mete las manos entre
su cabellera y le besa el rostro: él
se levanta). El miedo de tu incer·
tidumbre te hizo correr (desliza su
mano del rostro al seno: ella inte·
rrumpe el trayecto y se la pone en
el corazón).

Transcurren las rutinarias faenas del día: la
oracián, la meditación, el estlldio, el abasto, la
72

JACINTO J.

Y se queda contigo Hilarión. (La

Estásimo tercero

2

labranza, el pastoreo, la cocina... Fray Jácinto
el joven, regresa a la capilla abierta.

JACINTO V.

Aquieta mi alma, Señor.

JACINTO V.

Amorosamente.

JACINTO J.

¡Tus rubores incendiarán las serranías (la sigue mientras ella

ANCIANA

¿Quién ama lo que no elige?

sonríe y lentamente desaparece
en ·el horizonte)... y de entre

JACINTO J.

No recuerdo qué me trajo hasta
aqu~, sól~ sé que al pasar por la
capilla abierta del" rincón derecho
detrás de esta cruz de piedra, po;
el rabillo del ojo me hirió una
centella. Pese a la mudez de nuestras planicies por donde se platican a placer los ecos sus historias
una hermosa criatura, absorta e~
la contemplación, no echó de ver
cuando llegué frente a su rostro.
Era la víspera del jubileo de
Nuestra Señora.

CONFESOR

¿Eso fue todo?

JACINTO V.

Eso fue suficiente.

CONFESOR

Explícate.

JACINTO J.

Manjares de miel y hiel llegan
por la noche a la obscuridad de
mi claustro (el erotismo y el do-

ellas, esa línea obscura de tus lab_ios entreabiertos irradiará por
siempre en estas llanuras tu sonrisa! ¡Señor si es tu voluntad enviarme este dulce cilicio... !
JACINTO V.

Haz que mi mortificación sea peregrina ... (va a su claustro).

Cuarto episodio
La luz guarda silencio y se esconde ante las
s~mbras. Jacinto el viejo descubre su dorso y se
flende en el suelo: durante la acción latiga su
espalda hasta arrancar 1111 vaho de muerte a la
sangre esparcida entre la tierra. El joven va a la
cruz de piedra, el confesor inicia la acción desde
su claustro y e11tra e11 las zonas de los demás v
l
.
.
a ancwna habla desde el confesionario. Los
~·ánticos del coro se mezclan con el espasmódico
~adeo Y su volumen, desde lo bajo crece con la
mtensidad de la escena.
ANCIANA

Por sacramento fui su esposa y le
respeté.

lor aumentan el jadear del viejo
en su claustro. La jovencita
aparece frente a él y durante la
acción va desgarrando su vestido para enjugar el sudor y la
sangre, hasta quedar desnuda).
73

�CONFESOR

Esos trasgos tornan su apariencia
en hechuras infinitas y algunas seductoras.

Lejos están de aquí, las encrucijadas de los caminos.

JACINTO J.

Más parecía una estampa angelical.

JACINTO V.

Señor, ten misericordia de nosotros.

CONFESOR

¿Oíste voces, risas, cantinelas?

CONFESOR

Hay tiempos en que cualquier lugar es propiciatorio para los festines hechiceros.

JACINTO J.

Sólo en mi conciencia.

JACINTO J.

¿Cuáles son esos tiempos?

JACINTO V.

Los tiempos son inescrutables.

CONFESOR

La humanidad entera vive en
ellos.

JACINTO V.

(Recostado en los brazos de la joven desnuda). Ten misericordia
de este pobre viejo.
Por eso vagan entre ella las huestes infernales.

CONFESOR

Tantos hay en tu sensibilidad, que
han roto el cántaro de la templanza.

ANCIANA

(Casi imperceptible). Por mi
culpa, por m1 culpa, por m1
grandísima culpa; por eso ruego ...

JACINTO V.

Escucha... oye cómo el cántaro
de su garganta vierte sobre los
años el aguaviva de mi mocedad
(corre risueño el cuerpo desnudo
de la jovencita: rasga la niebla,
se encuentra al joven en la capilla abierta, se abrazan y sale entre el ramaje de la cruz de piedra: él va al pie del altar y se inca en un reclinatorio frente a un
sillón).

JACINTO V. Con ellas voy y vengo por mis

días.
CONFESOR

¿Y por tus noches?

JACINTO J.

¿Por las noches? Manjares de
miel y hiel invaden mi celda, des- JACINTO J.
de que despiertan entre los matorrales las estrellas con inquietos
parpadeos, hasta cuando se alzan
·CONFESOR
y ya firmes en la bóveda celeste,
cierran sus ojos con el aliento de
la aurora ...

Los de flaquezas (la intensidad
crece).

JACINTO J.

CONFESOR

74

Lo que vi en la capilla no fue engendro.

CONFESOR

JACINTO J.

2

Tapia tus oídos y las ventanas de
tu celda cierra, por minúscula que
sea, cualquier rendija es suficiente
para que el aquelarre de los maléficos se deslice hacia ti.

JACINTO J.

CONFESOR

¿Y después?

JACINTO J.

Disciplina y sumisión hasta que
los años pusieron lápida al de·
seo...

Estásimo cuarto
JACINTO V.

(Se encamina al templo; amanece). Algo escucho dentro de
mí, que no descifro su enigma...
No son palabras que hilan pensamientos; son turbaciones, sudoraciones, humores que engendran figuraciones encarnadas ...
En vano pongo oídos a sus penas. El cuchicheo cintila en mi
escondrijo y retumba su voz en
los acantilados de mis pensamientos.

ANCIANA

(Casi imperceptible). Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa; por eso ruego...

JACINTO V.

Su voz: cántaro o manantía hacinando imágenes en esta noria seca ... (Entra al cubil).

ANCIANA

Valerme de lo que es mío. Por
sacramento fui su esposa y le
respeté.

JACINTO V.

Amorosamente.

ANCIANA

¿Quién ama lo que no elige?

Señor: si es tu voluntad enviarme
este dulce cilicio, haz que mi
mortificación sea peregrina.
¡Cuidado con las herejías, Jacinto! ( Un flamaw en el patíbulo
proyecta sombras martirizantes
sobre las que destaca el esplendor del desnudo juvenil, al tiempo que Jacinto el viejo grita y
desfallece sobre las tinieblas).

JACINTO V. ¿Quién? Si no el deber y la obe-

diencia ...

75

�ANCIANA

¿Será esa la esencia del amor?
¿Tentación y sacrificio?

JACINTO V.

Acaso, en los tiempos que anduviste por aquí, ¿a otro llamado tu
espíritu escuchó?

ANCIANA

JACINTO V.
1

ANCIANA

No lo sé... a las ovejas del recuerdo, el tiempo les quita a su pastor.

Son faenas de hombres.

ANCIANA

No me arredran.

JACINTO V. Medran los bárbaros sin piedad.

2

76

JACINTO V. Por tus luces, aprecio que tienes letras.
ANCIANA

Ya les hice frente en las caravanas
de mi padre.

ANCIANA

ANCIANA

Jacinto joven duerme sentado en el sillón y el
viejo narra y presencia la acción.

Las necesarias para defenderme.
JACINTO V.

Su voz fue lanza en mi costado.

lo que estimas tuyo.

CONFESOR

Fue brasa del infierno.

La incidía es mi viudez, padre.

JACINTO V. Sortilegio del pasado ... Dos pas-

zar tu desierto.
No me intimida la soledad, padre,
su agria leche me amamantó por
esos parajes. Es el vacío, la oquedad de las ausencias, lo que doblega la entereza de mis sacrificios.

JACINTO V. El vacío, socavones que labra el

cautiverio, oquedades donde cae el
griterío que no se oye, pero late, la·
te, late. ¡En vano buscan remanso
los pensamientos! ¡La naturaleza
siempre le grita su rebeldía al cauti·
verio! ¡Demonio, carne y mundo,
festinan en mi cubil! (Sale del con·

Un ligero temblor invadió rru
cuerpo (se pone de pie).
trarse frente a mí. Al tiempo que
tiznaba mis dedos alzó su mantilla;
oí el aletear de los·ángeles tallados
en los muros del convento; fue tal
mi desasosiego que se intrincaron
cuerpo y alma al balbucear...

Quinto episodio

Pudiera ser. .. yo, entonces, era casi una niña.

Ahora esta anciana exige respeto
a la heredad y a lo que de suyo le
es legítimo.

JACINTO J.

JACINTO V. Ella estremeció su silencio al pos-

Así lo dispuso Dios.

JACINTO V. De la mano del Señor podrás cru-

JACINTO V.

ANCIANA

ANCIANA

JACINTO V. Incidía podría haber en contra de

grima el asombro.
ANCIANA

ventud.

Algunas nacen con querencia,
se agazapan, ahondan y de tan
sólo escuchar una voz emergen, regresan.

JACINTO V . Que pendía de sus ojos como lá-

fesionario). ¡¿Qué soy?! ¡¿Director
espiritual o taumaturgo?!

JACINTO V. No tienes la fuerza de aquella ju-

cuas se fueron desde aquellas
vísperas y aún poseía su púber
encanto. La segunda y última
vez que la vi, fue la primera en
que escuché su voz; disipaba en
mi poltrona la fatiga de recordarle uno a uno, la fugacidad de
la vida a la criollería de estas
planicies. ¡Terrible sanción dictada por Dios a Adán y su descendencia! El silencio de la tarde empezaba a acariciarme el
sueño, de pronto, la reverberación de unos paso en el vano de
la nave revelaron la imagen de
una criatura que avanzaba recortando la luz del pórtico; era
sombra y mujer.

JACINTO J.

Memento, horno, quia pulvis est,
et in pulverem reverteris... Carmelita...

JACINTO V. Jamás había puesto en duda esa

verdad incuestionable, pero aquel
rostro que junto al placer de una
sonrisa volvió a descansar en mi
asombro de su mirada, hizo trizas
los axiomas.
JACINTO J.

¿Cómo te llamas... ?

JOVEN

María del Carmen...

JACINTO J.

Sabrás Carmelita que Carmen es
un vergel... como un paraíso en
este desierto ...

JACINTO V.

Cubrió su sonrojo bajo la mantilla y como en aquel día, tras la
cruz de piedra, partieron sombra
y mujer.

77

��HUELE A SANGRE EN LAS ESQUINAS

Elmys García Rodríguez
MUJER QUE SE DESNUDA FRENTE A LA VENTANA

..............,

Todos se han puesto de acuerdo
para decirle que No
los minutos y las horas le parecen siglos.
Estira el cuello como las bailarinas
al percibir que el tiempo le consume las pupilas.
No cesa de preguntar por los amigos
por aquél que siempre le pedía que anudara su corbata
cuando los pájaros del miedo
dominaban la casa.
Él sonreía como los hombres que vuelven de la guerra
pretendían ocultarle que esta ciudad agobia.
Una mujer escucha el insistente llamado de las bestias
y te has quedado sorprendido
al ver cómo se desnuda frente a tu ventana.

LLUVIA QUE MOJAS EL CENTRO DE MI CUERPO
Lluvia que mojas el centro de mi cuerpo
todo el tiempo es poco
para borrar las huellas que dejan sobre la tierra
tus menudos pasos.
Lluvia hazlo volver como aquella noche
cuando amaneció entre mis piernas.
Tú cabes toda en el hueco de mis manos
hilos de luz que el tiempo se encarga
de lanzar contra mi rostro.

�BORGES Y LAS MATEMÁTICAS

Guadalupe de Hoyos
NO TENGO DESEOS DE SALIR A LA CALLE
O será que no hay calles para exhibir mis deseos.
Si todo fuera sencillo como trenzar palomas
en el patio de la casa
o recibir una carta con una clave dentro.
El mundo era azul
ahora está negro.
Nadie se atreve a abrir de golpe las ventanas
y escapar al vacío
a un vacío inmenso, inevitable.
Es difícil vivir apretando las palabras
al borde de los dientes
y tengo que saber que por mucho que extienda los brazos
jamás tendré quince dedos.
Hoy todo se complica
el espacio. los misterios, las tribunas.
Esto muy bien pudiera ser un poema
pero huele a sangre en las esquinas.

2

!U

Introducción
Borges algunas veces matematiza.
La frase no es mía y me hubiera gustado encontrar el libro que la lleva
por título. Porque es cierto, Borges
utiliza las matemáticas para exponer
sus abstracciones; para explicar ese
mundo que ahora llamamos borgiano. Es difícil decidir si el autor se representaba el mundo matemáticamente o si ésta era más bien sólo la
manera de expresarlo. Mi opción es
la primera; sin embargo, la cuestión
es demasiado subjetiva como para
tomarla por tesis. Es mejor analizar
las expresiones matemáticas en la
obra de Borges.
Pero antes hay que decir que si
Borges no es matemático, tampoco
es posible hacer un análisis meramente matemático. Explico esto con
un ejemplo. En La filosofía de Borges, hay un artículo dedicado a dos
ensayos que, a primera vista, parece
que pueden ser estudiados desde el
punto de vista de las matemáticas.
Út perpetua carrera de Aquiles y la
tortuga y, por otra parte, Avalares de
la tortuga. 1 Sin embargo, esto es imposible ya que, en dicho ensayo,
«[Borges] comienza con buen pie;
en vez de apoyarse en las argumentaciones matemáticas (series conver-

gentes, concepto de límite, concepto
de infinito), elige a Stuart Mill, que
tuvo el· acierto de comenzar su crítica al argumento (... ) con el análisis
semántico del término 'forever'
(... )» (Nuño, 78). Así que, si Nuño
encuentra fallas y aciertos en el argumento, éstos no pueden ser matemáticas porque el autor no basó su
argumentación en el manejo de los
números sino en el del lenguaje y los
conceptos.
El análisis que sigue gira alrededor de aquellas proposiciones en
tautología, en las que Borges parte
de las matemáticas para extrapolar
realidades. Cualquier pasaje en el
que las matemáticas hayan contribuido a enriquecer el mundo borgiano nos interesa. Pero hay que recordar que así como éste no es un análisis meramente matemático, tampoco
es un análisis filosófico. Mejor dicho, es un intento por entender ese
pensamiento borgiano, el cual, no es
ni matemático ni filosófico sino más
bien una expresión muy intelectualizada del mundo de un artista.2
Partiendo de El Inmortal...

En El Inmortal hay tres frases que
me interesan:

Si existe un río que dé la inmortalidad, debe también haber uno
que la borre. (El Aleph, 23).
l.

n. Así como en juegos de azar las
cifras pares y las cifras impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estolidez... (El Aleph, 21).
111. Homero compuso La Odisea,
postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, ni siquiera una
vez, La Odisea. (El Aleph, 22).

Las primeras dos frases representan una. Yo agrego una tercera
frase: Todo A tiene su inverso A, tal
que A y -A se anulan y se complementan mutuamente. Esta proposición es cierta en un mundo donde el
hombre y el tiempo son infinitos. Si
el hombre no es inmortal su situación es ésta:
La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos
conmueven por su condición de fantasmas, cada acto que ejecutan puede
ser el último (...) Todo, entre los
mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso (...) (El
Aleph, 23).
83

�,...............,

2

84

Así que, entre los mortales, un
acto A puede nunca toparse con su
correspo~diente -A. Además, si el
tiempo es finito, -A puede ni siquiera existir. Pero si se trata de inmortales, todo (acto, pensamiento) tiene
su debida correspondencia.

parece a estos versos de Whitman:
«Lo que me atribuyo también quiero
que os lo atribuyáis. / Pues cada átomo mío también puede ser de vosotros, y lo será.» (95)3

La tercera frase merece ser considerada aparte. Lo que afinna está
también sujeto a un plazo infinito y
a una inmortalidad. Esta última condicionante no la veamos ya como
una restricción sino como la ocasión
de extrapolar, de interpretar lo dicho
más ampliamente. Para hacerlo hay
que considerar la siguiente frase (tomada literalmente de La forma de la
espada, pero que es tema recurrente
en Borges): «cualquier hombre es
todos los hombres» (Ficciones, 123).
Siendo así, todo lo que puede suceder le sucederá a ese hombre inmortal que es todos los hombres (i.e., le
sucederá a algún hombre). Y por lo
mismo (no olvidando lo del plazo infinito, claro), todo lo creable será
creado, todo lo decible será dictlo,
todo lo imaginable será imaginado ...

El 5 de diciembre de 1934, Borges
publicó un artículo titulado La cuarta dimensión. En este escrito hablaba
de quienes, como él, le han dedicado
algunas -o muchas- líneas a este tema. Su conclusión (la apun·to en seguida) demuestra la fe que tuvo el
autor en estas cavilaciones. «Queda
un hecho innegable. Rehusar la cuarta dimensión es limitar el mundo;
afirmarla es enriquecerlo.» (Borges
en Revista Multicolor, 29) Borges se
dedicó a enriquecer el mundo afirmando otras dimensiones; explorando, a partir de las matemáticas, otras
realidades.

Si la humanidad fuera infinita, y
si el tiempo tamhién, entonces todo
y nada es do:; veces. Lo del ticmpv
infinilo lo explico más adelante. Por
olra parle. la humanidad infinita se

Algunas geometrías

El hecho de que en el mundo real
nada hay de una, dos o cuatro dimensiones es entendible. Un aparente punto, por más diminuto que sea,
siempre ocupará un lugar en la intersección de tres ejes, así se hable de
una partícula subatómica o de un
grano de arena o de la piedra más
grande del río. Un aparente plano, la
capa de pintura sobre una pared, si

se quiere, siempre tendrá largo, ancho y espesor, por más despreciable
que este último sea (Ídem, 30). Y «Si
es verdad que seres desconocidos
pueden arrojar objetos materiales en
habitaciones cerradas, indudablemente necesitan una cuarta dimensión para hacerlo.» (Titchmarsh, 69).
Sólo los volúmenes son reales, o mejor dicho, tangibles. 4 Tanto el plano,
como la línea, como la cuarta dimensión son sólo abstracciones; lo
único que existe en el mundo es lo
tridimensional.
Borges se entretuvo varias veces
pensando (y escribiendo) acerca de
estas limitaciones de correspondencia entre dos mundos: tangible y
abstracto. Así creó un objeto plano,
el de El disco.
El disco de Odín «Tiene un solo
lado. En la tierra no hay otra cosa
que tenga un solo lado.» (El libro tÍl
arena, 91). El disco la traía aquel
viejo que llamó a la puerta del leñador y es un objeto bidimensional,
único en cuanto a que, hasta antes de
saber de su existencia, contábamos
con que en el mundo real sólo existen los volúmenes.
El disco no tiene espesor y puede
apreciarse a través de los sólidos. El

leñador lo vio en la palma de la mano d~I viejo aun cuando éste tenía la
mano cerrada. ¿ Veía a través de él y
a la vez lo podía ver y a la vez lo podía ver a través de otros objetos? Yo
no sé y no puedo decir más acerca
de esto de la misma manera en que
no puedo decir mucho acerca de la
cuarta dimensión.
El lihro de arena, por oro lado,
empieza de esta manera: «La línea
consta de un número infinito de
puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un
número infinito de planos; el hipervolurnen, de un número infinito de
volúmenes ... » (El libro de arena,
95) Tal vez el autor empezó _con esta aclaración geométrica para sugerir que el Libro de Arena se compone de un número infinito de páginas. (Y esto no es una deducción
sino lo que, palabras más, palabras
menos. se dice, más delante, en el
cuento.)
La fuente está indicada en La
cuana dimensión. Se trata de un
manual de 15 lecciones titulado ABC
de la cuarta dimensión y que Borges
tradujo e incluyó íntegramente en el
artículo. Yo copio, también íntegramente, del artículo de Borges.

ABC de L_1 4a. Dimensión
LA LINEA : FICiUR,\ DE USA DIME°'Sln~ PR()OUCIDA POH LA TRASLACIÓ~
DE w; PU:'-Ttl. ui:-,.;TIENE UN NUMElh l l!'.FJNITO DE PUNTOS Y Lr.. LJMÍ-

o

TAN 2

'

EL &lt;llAl)RAOO · FIGURA DE DOS D1Mf.!\'SIONES. PROOLJC:IDA POR LA TRAS1.M :ION DE llt--A LINEA EN UNA DIRECCf():-; PERPENDICULAR A LA MISMA. A
ll~,\ l)(STANCIA l(;lJAL A SU LONGI.
:1:uo CO:'-iTIE1'&lt;E UN !\UMERO INFINI,
10 DE LINEAS Y LO LIMITAN i Ll='-EAS
Y 1 PUNTOS

EL CUBO FIGURA DE TRES DIMENSIONES. PRODUCIDA POR LA TRASLACIO:,..; DE Uf'- CUADRADO EN UNA 01RECClü:O. PERPENDICULAR A SU PROPIO PLANO. A UNA DISTANCIA IGUAL A
SU LADO. CO~TIENf. llN NUMERO INFINITO Df. CUADRADOS Y LO LIMITAN
~ SUPERFICIES. 12 ARISTAS Y g PU!'IT0S.
EL TETRAHIPERCUBO: FIGURA DE
C: U A T RO DIMBN~IONES, PRODUCID~
POR LA TRASLACION DE llN CUBO EN
LA DIRECCION ¡PARA NOSOTROS l\'i'"l
IMAGINABLE) DE UNA CUARTA OJ:,w. -SION. f.SB MOVIMIENTO SE EXTli'.\'';=-!
A UNA DIST,\NCIA IGUAL A UNA AHISTA DEL CUBO Y SU DIRBCCION ES
PERPF.NDICULAR A LAS OTRAS TRES D1MENSIO~ES l:OMO CADA UNA DE ESAS
1 ílES F.S PERPENDICULAR A LAS OTRAS
ons EL TEnAHIPERC:UBO CONTIF.NE
U!'/ :-;UMERO lt,;FINITO DF CUBOS '\' LO
LIMITAN 8 CUBOS. M CUADRADOS. 32
ARISTAS Y lb PUNTC'S.

CLAUDE

BRAGDON

85

�No me queda mucho que agregar. Sólo digo -aunque ya parezca
demasiado obvio- que fueron las
matemáticas las que sugirieron a
Borges un Libro de Arena o un Disco bidimensional.

1A es/era de Pascal
Pensemos ahora sólo en volúmenes.
Hablemos de esa esfera cuyo centro
está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna. Esta es la esfera
de Pascal a la que Borges le dedica
un artículo completo (el artículo se
llama igual: la esfera de Pascal
(Ficcionario, 305).
La esfera ha sido símbolo de perfección y ha servido al hombre para
hablar metafóricamente de realidades o de seres perfectos. El fin de
Borges en el mencionado artículo es
el de «Bosquejar un capítulo de esa
historia.» (Ficcionario, 305) La historia a través de metáforas y, más
precisamente, de las metáforas que
se relacionan con la esfera de Pascal.

86

La perfección de la esfera radica
en que todos los puntos de su superficie se encuentran a la misma distancia del centro. También hay que
considerar que una esfera carece de
aristas, i.e., de imperfecciones. Apa-

rentemente no fue esto sólo lo que
llamó la atención de Borges. Sería
mejor decir que él se interesó en las
esferas más bien por lo que históricamente se ha dicho de ellas o a partir de ellas. El punto máximo de estas metáforas, parece decir Borges,
es la esfera de Pascal.

Se puede, mediante la metáfora,
hablar de un dios: «en el XVI, el último capítulo del libro de Pantagruel se
refirió a 'esa esfera intelectual cuyo
centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna, que llamamos
Dios'.» (Ficcionario, 3~) También se
puede representar la naturaleza. «La naturaleza es una esfera infinita, cuyo
centro (...)» (307). Y también, para el
propio Pascal, el espacio absoluto era
esa «esfera espantosa, cuyo centro está
en todas partes y cuya circunferencia en
ninguna.» (307).
Y luego, en El Aleph, la esfera
otra vez, en este caso como forma de
designar la divinidad (El Aleph, 169).
Pero como aquí no se dice mucho
acerca ·de la esfera, es nuestro turno
recreárnosla.
Concentrémonos en dos puntos
elegidos arbitrariamente. Yo elegí
uno situado en el centro de mi corazón y el otro en la nube más cercana

al cenit. Pretendamos que estos puntos son centros de la esfera de Pascal. Ahora pensemos en cada uno
por separado. Es fácil sentirnos centro del universo, es decir, sentir el
primer punto. Pero luego, al sentir el
segundo, resulta angustiante pensar
que el centro no somos nosotros
(después consuela el hecho de saber
que ambos son, al mismo tiempo.
ese centro). Pero el experimento no
termina aquí: todavía falta imaginar el
infinito número de circunferencias que
se pueden trazar alrededor de los puntos. Al hacerlo sabemos que todas las
circunferencias pertenecen a la esfera
y que, sin embargo, ninguna representa el límite del volumen. Al tratar
el primer punto nos sentimos dueños
del universo; el segundo nos crea la
sensación de estar siendo invadidos.
El resultado del experimento es
el sentimiento de lo infinito, de
«eso» que lo abarca todo y que sin
embargo está, de manera puntual,
presente en todo. A estas abstracciones llegó Borges a través de la geometría (y de la historia) y a ellas llegamos nosotros a través de Borges.
Infinito

Aunque el concepto de infinito es en
buena parte filosófico, no se puede

dar por terminado este trabajo sin
dedicarle un capítulo completo. Para
empezar hay que entender lo que
significa ser infinito.
Según el Diccionario Enciclopédico Quillet, lo infinito se ha definido (matemáticamente) como actual
Y como potencial. Es fácil explicar
(y creer) que lo infinito actual no
existe porque no es posible concebir
«como ya dada una serie que, por su
misma definición, es inagotable»
(164). Pero sí pensamos en aquellas
series de las cuales siempre podemos conocer un ténnino más, entonces estaríamos hablando de una serie
infinita del tipo potencial.
Aristóteles es más poético que
el diccionario y dice lo que el infinito es Y lo que no es de esta manera: «Not that beyond which there is
no-thing, but that of which there is
al_ways beyond ( ... )» (Thomas, 427)
Si comparamos esta definición con
1~ anterior, Aristóteles estaría sugiriendo la idea de un infinito potencial Y negando la posibilidad de
uno actual.
¿Pero qué pasa con Borges? Borges habla de un infinito potencial,
definitivamente. Pero, por otra parte,
es difícil decir con seguridad si el in-

finito actual existe o no en el mundo
borgiano.
Ejemplos del infinito potencial
en Borges abundan. Yo menciono
sólo algunos para demostrar su existencia.
Recordemos las ruinas circulares. En este cuento, un hombre se
crea un hijo, a su imagen y semejanza, pero en sueños. El acto es intencionado y sólo lo logra después de
mucho trabajo y sufrimiento. Más
tarde, cuando el hijo creado ya está
listo para el mundo, el padre sufre
pensando en lo que sería de su hijo
si él o los demás supieran que es un
sueño: «No ser un hombre, ser la
proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable,
qué vértigo!» (Ficciones, 55). No importa luego lo que pasa con el hijo,
lo importante es lo que sucede con el
padre. Éste, al final, se reconoce a sí
mismo como producto de la mente
de otro que lo estaba soñando.
Este cuento es potencialmente
infinito. Ese otro que estaba soñando
al padre puede a su vez ser soñado
por un abuelo que fue soñado por un
bisabuelo. Y así podemos continuar
indefinidamente hacia atrás, o incluso hacia adelante. Pero no hay que

sorprendemos tanto, en un lapso infinito, ¿acaso no somos también nosotros potencialmente infinitos?
Ahora otra pregunta, ¿qué pasa
con el sistema numérico que intenta Funes el Memorioso? ¿Será potencialmente infinito? Es fácil responder a esta pregunta si asumimos un tiempo infinito y un Funes
infinito. Así, podemos afinnar que
el mencionado sistema siempre podrá crecer, no importan las muchas
o pocas limitantes que éste tenga,
siempre será posible agregar un
número más a la serie. y si lo del
Funes infinito parece algo muy difícil, creo que tengo que aclarar
que no lo es tanto. La humanidad
es infinita en el sentido de que
siempre hay nuevas generaciones
que reemplazan a las viejas; análogamente, no es imposible que
siempre haya alguna mente deseosa de comprender, utilizar y ampliar un sistema numérico como el
de Funes. El sistema numérico
mencionado, por lo tanto, es una
serie infinita (potencialmente hablando) en el mismo sentido que
nuestro sistema numérico base diez
lo es.
En la nota número dos de este
trabajo se menciona que Borges con87

�funde («según las necesidades literarias») lo infinito con lo indefinido. Si
lo hace intencionalmente o no es de
poca importancia. Lo que sí es importante es que quede claro que el
autor efectivamente estaba consciente de la diferencia. En La doctrina
de los ciclos, por ejemplo, dice:
(...) Si los primogénitos de todas las
casas de Egipto fueron matados por
el Ángel, salvo los que habitaban en
casa que tenía en la puerta una señal
roja, es evidente que tantos se salvaron como señales rojas había, sin que
esto importe enumerar cuántos fueron. Aquí es indefinida la cantidad;
otras agrupaciones hay en que es infinita. (Ficcionario, 88).

88

Luego agrega que el conjunto de
los números naturales es infinito. Para probarlo demuestra que siempre
habrá tantos pares como impares haya (si digo 1, el 2; si digo 3, el 4; si
digo 20459, el 20460); o que siempre
habrá tantos múltiplos de un número
x como números haya (para 1, x; paf
ra 2, 2x; para 545, 545X). Ambos casos se pueden representar a manera
de series potencialmente infinitas.
La serie no es infinita en el sentido
de que ya existe como tal, sino en el
sentido de siempre se le puede agregar un mie111bro más.

Esto es suficiente acerca de la
existencia y presencia de lo infinito
potencial. Ahora llego a la parte más
interesante: la del infinito actual.
La idea de que «la ausencia de
evidencia no es evidencia de la ausencia» me hizo n? perder rápidamente la esperanza de hallar algo de
infinito actual en Borges. Fue cuando estaba buscando algún contraejemplo para desechar la hipótesis
de que lo infinito sólo es potencial
cuando recordé haber leído, en La
Biblioteca de Babel, esta frase:
«La Biblioteca existe ab eterno.»
(Ficciones, 77). Esto me hizo pensar que, en el mundo borgiano, el
infinito actual sí existe; sin embargo, más tarde tuve que desechar esta afirmación y terminar, como
Borges, dejándole la puerta abierta
a la imaginación.
La Biblioteca de Babel es eterna
más no inagotable. Lo de eterna no
la hace infinita (en el sentido actual)
porque en realidad sólo garantiza
que en un lapso infinito seguiría
existiendo. Por otra parte, todos los
libros que se pueden escribir y los
que se han escrito están en esta biblioteca pero su número -aunque inmensamente grande- no es infinito:
«Si un eterno vi~jero la atravesara en

cualquier dirección, comprobaría
al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el
mismo desorden (que, repetida, sería un orden: el Orden).» (Ficciones, 85)
El hecho de que quitar o agregar volúmenes de la Biblioteca no
afecta en nada su magnitud, fue
otra de las pistas que me hicieron
creer la de Borges una biblioteca
actualmente infinita. Esa característica también está presente en las
series infinitas; en la Encyclopaedia Brittannica se lee: «Futhermore, adding or deleting a finite number of terms from a [infinite) series
never affects whether or no the series converges.» (308) Sin embargo,
nada hay que diga que estas series
son actualmente infinitas y aún no
se puede afirmar nada.
Borges concluye diciendo que la
Biblioteca es ilimitada y periódica.
Aunque asegura que es absurdo afir·
mar que los corredores y escaleras y
l)exágonos tienen un fin, no se atreve a decir que es infinita; cuando
mucho, dice esto: «no es ilógico
pensar en un mundo infinito» (Ficciones, 85). Es por eso que digo que
Borges deja las puertas abiertas a la
imaginación.

El mundo borgiano es infinito
porque es ilimitado, porque en él
existe la posibilidad de imaginar indefinidamente y de siempre ampliar
el límite de la imaginación. No todo
está dado; lo ya dado es lo ya creado, dicho, imaginado, recreado.
Siempre se puede hacer más pero
hay que hacerlo. la Biblioteca de Bahel podría ser una excepción a esta
regla en el sentido de que todo lo
que pudo O pueda ser escrito en un
futuro está ahí; fuera de eso, ya no
se puede escribir más. Pero luego no
satiemos con certeza si se trata de un
número inmensamente grande -humanamente inconmensurable- o de
un infinito, y Borges no nos deja
afirmar esto último.
Así, no pudimos afirmar la existencia de un infinito actual en Borges. El infinito potencial, ahora ya lo
~mos, es fácil de encontrar e
identificar en su obra.

Conclusión
Matemáticamente, Borges es divertí~º· Juega con los conceptos y a partir de ellos crea nuevos mundos,
nu~vas realidades que amplían la ya
exi stente. El infinito lo atrae inevitablemente Yde este concepto parecen
desprenderse muchos otros que lue-

go comprenden la obra borgiana. La
inmortalidad, el tiempo, el espacio
aparecen como variaciones de este
mismo tema.

jugar una carrera de velocidad.
Aquiles le da a la Tortuga unos metros de ventaja y ambos se preparan
para salir al mismo tiempo. En la
carrera, Aquiles nunca alcanza a la
tortuga: cuando aquél recorre los
metros que le dejó de ventaja a la
tortuga, la tortuga ya avanzó cierta
distancia (independientemente de la
magnitud), Ycuando Aquiles vuelve ª avanzar, la tortuga también
~vanza; Yesta situación puede continuar infinitamente(?).

No siempre es posible llegar a
una conclusión a partir de la filosofía de Jorge Luis Borges: no podemos estructurar matemáticamente
sus lucubraciones. Más bien parece
que su interés no es tanto el de dar
respuestas sino el de hacer preguntas; Ytodo con el fin de acercarse un
poco a la verdad.

2

Finalmente, el mundo de Borges
es en realidad mucho más matemático de lo que yo pensaba. Este trabajo
no agota las expresiones matemáticas de este mundo aunque sí explora
algunas de relativa importancia: las
relacionadas con la inmortalidad
con las geometrías y con lo infinito:
Ninguno de estos temas excluye a
los demás, al contrario, las ideas parecen estar constantemente en la atmósfera de cualquiera de ellos.
J

Notas
Recordemos la paradoja de Aquiles y
la Tortuga que, en resumidas cuent~s, dice así: Aquiles -el de los pies
ligeros- Yla tortuga se disponen a

4

Al respecto, una nota de Juan Niño:
«En el punto de las 'confusiones'
de Borges, Sábato no ahorra la crítica: 'Cet éclectisme [...] est aidé par
son imparfaite connaissance, lui fa.
saint confondre -selon les nécessités littéraires- le déterminsime avec
le finalisme, l'infini avec le indéfini, le subjectivisme avec l'idéalisme, le plan logique avec le plan antologique. 11 parcourt le monde de
la pensée comme un amateur la
boutique d'un antiquaire; et ses pieces littéraires sont mueblées avec le
meme goíit exquis mais aussi avec
1~. me_me mélange hétérodite que
1 mténeur de ce diletante.'»
En la versión original: «And what I
assume you shall asume, ¡ For
every atom belonging to me as
good belongs to you.» (IS)
Me~o~ es decir tangible. Los puntos
umd1mensionales, los planos y la
cuana dimensión son reales mas no
tangibles. Nuestras abstracciones
89

�METAMORFOSIS

Manuel Lugo Mijares
son reales, aunque existan en el
mundo de las ideas o de la imaginación. Sin embargo, dejo «real» y
utilizo el término por comodidad.

Bibliografía
Borges. Jorge Luis. El Aleph, México:
Alianza, 1991
- Borges en Revista Multicolor. Argentina: Atlántida, 1995.
- Ficcionario. México: FCE. 1985.
- Ficciones. Argentina: Emecé, 1985.
- El libro de arena. México: Alianza,
l'.196.

-

Ohras Completas. Argentina: Emecé. 1974.

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E11crclopaedia Brittannica, Tomo 5.
EUA:
Encyclopaedia Brittannica
Pres~. 1992.

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!TE. 19~7

lvor. Greek Mathematical
Works. Gran Bretaña: William Hcinemann LTO. l'.151.

Thoma~.

Titchm:mh. E.C. Esquema de la matemá-

tirn acrual. México: FCE, 1966.

\Vhitn,an. Walt. Hojas de Hierba. México: Fontamara. 1993.
Selected Poemas. EUA: Gramercy,
llJ92

Misticismos a flor de piel
que renacen con el recuerdo
de vetustos amores
que fueron de fuego ...
Tantas hiedras crecieron
dentro de mí
que el maligno verdor
;:ibortó mi corazón
aún latente de pasión.
Masa antropomorfa
cubierta por el velo roído de la vida,
que dejó escapar por entre sus hoyuelos
todas mis esperanzas...
Roca labrada en rostro humano
y cabellos de llanto
que se proyectan hacia el universo,
huyen del olvido,
de mí,
de mi tristeza.
El humo asfixiante
de la soledad
me adormece;
espectros que danzan sobre mí
se alejan
Ymi tristeza se va con ellos...

�RESCOLDO

Montaña hueca con brazos y piernas;
abrazo el aire y escapa de mí.
Mi pensamiento se evaporó
y sólo quedó el recuerdo
de un cristal frío,
los residuos putrefactos
de los sueños que se hundieron
en una rebanada de cielo...
Nada hay
más que una roca húmeda
en la cima de una montaña fría,
cristalizada:
la masa amorfa de mi locura.

Aunque es indiscutible el poder
que tiene el tiempo para
convertir en ceniza cualquier
página, es el hombre quien
fuera llamado a descubrir una y
otra vez el rescoldo: guiño
luminoso que nos dirige nuestro
semejante desde el ayer.
Apareció el texto «Luis
Barragán, arquitecto», en el
suplemento cultural Aquí Vamos
del periódico El Porvenir. Su
autor había sido invitado por
Jorge Cantú de la Garza,
director de ese suplemento, con
el fin de ofrecerles a sus lectores
reseñas y artículos sobre las
artes visuales.
Del número 185 -editado hace
una docena de años- hemos
obtenido la reflexión que a un
joven crítico le provocara el arte
de uno de los más sobresalientes
arquitectos mexicanos.

�LUIS BARRAGÁN, ARQUITECTO

José González Quijano
La arquitectura ha sido siempre una
de las preocupaciones fundamentales del ser humano, tanto por sus características de habitación y protección de las inclemencias del tiempo
como por ser vehículo en la creación
de espacios que contienen eso tan inmaterial y huidizo que llamamos belleza.
Es la arquitectura una de las bellas artes y ha sido cultivada desde
la antigüedad con sumo cuidado;
pero en los tiempos que corren se
ha perdido aquella calma y esmero
para planear las cosas con cuidado
y construirlas de igual manera. Se
ha caído en la edificación en serie
de insulsos y repetidos cajones habitacionales que más que servir al
hombre de morada, se han convertido en cárceles irredentas donde
languidecen lentamente las aspiraciones espirituales más elementales
e inmediatas.
No mejor suerte han corrido las
viviendas unifamiliares y los edificios, comerciales, de oficinas u
otros, realizados por_arquitectos cuyos escrúpulos de conciencia no son
excesivos, y se comportan como
mercaderes contando con los dedos
de la mano -cuánto invierto, cuánto
voy a ganar- y esperan que el dinero
se multiplique prodigiosamente, como si su tacto tuviera aquel mágico
94

poder del rey Midas, transmutando
el barroblock y los ladrillos en brillantes lingotes de oro.
Precisamente en el extremo
opuesto se encuentra Luis Barragán,
arquitecto mexicano de extraordinaria sensibilidad, poeta de los espacios interiores y exteriores, creador
magnífico de ambientes que invitan
a la reflexión, a la serenidad y al recogimiento. Hay .en su arquitectura
el goce intenso de lo sencillo y late
por todas partes el eco de un profundo misticismo. Acaba de inaugurarse
una exposición de sus obras, un homenaje a su creación, en el Museo
Rufino Tamayo de la ciudad de México.
Transcribo las palabras de presentación al inicio de la muestra, y
que fueron pronunciadas cuando a
Barragán se le entregó el premio
Pritzker en 1980: Celebramos a Luis
Barragán por su dedicación a la arquitectura como acto sublime de
imaginación poética. Sus fuentes,
jardines y plazas de inmarcesible
belleza, son paisajes metafísicos para la meditación y la convivencia.
La obra de Barragán rezuma la estoica aceptación de la soledad del
hombre. Una soledad cósmica, en la
que México es la pasajera residencia aceptada con anwr. Para mayor
gloria de este amor terrenal, Barra-

gán ha creado jardines donde el
hombre puede conciliarse consigo
mismo, y capillas donde sus pasiones y deseos pueden ser perdonados
y donde puede proclamar su fe. El
jardín es el símbolo del Principio.
La capilla el del Final. Para Luis
Barragán, la arquitectura es la forma que el hombre da a su vida entre
ambos extremos.
La exposición se encuentra articulada de la siguiente manera: en la
primera sala la capilla para las monjas sacramentarias en Tlalpan, y en
las subsiguientes el proyecto para
Lomas Verdes, sala con audiovisual,
la famosísima fuente de los caballos,
casa anterior y actual de Luis Barragán, Torres de Satélite, jardines de
lava en el Pedregal de San Ángel. En
el segundo nivel está la maqueta en
plata de una escultura para Monterrey, «Torre de Fuego», que nunca
llegó a realizarse, un campanariomonumento y detalles de fraccionamiento deportivo en el sur de California, presentaciones de varias casas unifamiliares y una magnifica
fotografía del gigantesco monolito
anaranjado, rayo celeste lanzado por
mano poderosa que se levanta, airoso, en el corazón mismo de nuestra
industriosa ciudad.

Ahora veamos algunos detalles.
En la primera saJa·están una fotogra-

fías de la capilla de Tlalpan y se inst~ló _una celosía de madera natural,
pintandose las paredes del recinto en
color naranja. Además de las fotografías Y como elementos que complementen el espacio, hay dos casu~las en ~elas de algodón y una pequena mesita con dos cirios.
La preocupación de Barragán en
c_uanto al sentido de la religión y los
ntos católicos se hace presente en
esta obra. Hay' aun en las fotograf~as, una atmósfera de paz y meditación que casi puede ser palpada. y
no son otra cosa que los recuerdos
de antiguos patios de conventos visitados en su niñez y la impresión ante
1~ au_st~ra severidad de Jas obras preh1s~an1cas, mudos testigos de las relaciones existentes entre los dioses y
los hombres en el México antiguo.
Tod~ esto conjuga Barragán en
el maneJo del espacio habitable y logra una síntesis de altos muros rugosos y texturados pintados en blanco
celosías que dejan filtrar una suav;
luz amarillenta. la delgada cruz en
tono rosa, bancas de iglesia de la línea más sencilla, sobria mesa de altar apenas adornada con velas de cera. ~~ta es la gran arquitectura, expresión con casi nada, efecto magnífico logrado con economía de elementos. En este sentido su arquitect~~a es clásica, encontrándose en un
d1ametro opuesto a los movimientos

gótico y barroco, que son en sí mismo una huída de la realidad, un escape -no por ello menos maravilloso- a otros ámbitos.
Barragán es en realidad. Barragán hace en la realidad, y su arquitectura está construida con muros
que cierran el espacio, que son aislante~ y separadores de un mundo
exterior agresivo y hostil. Sus obras
s?n remansos de paz, de contemplac~ón, de goce vital, y en esta dirección se aproxima paralelamente a
aquellos jardines japoneses zen
donde cada composición de rocas ;
arena, montículos de azaleas y juncos que evocan misterio, forman la
suma y compendio del universo natural.
La arquitectura no es sólo la satisfacción de las necesidades inmediatas del hombre, sino que debe recrear también al espíritu. tender a
que el hombre sea más hombre como ser completo, integral, en medio
de la jungla de asfalto y contaminación en que hemos convertido nuestras ciudades modernas.

Por ello sorprende esta cita de
Barrag~n, también poeta de la palabra: M, arquitectura es autobiográfica... Es la memoria del rancho de mi
padre, donde viví /a infancia y la
adolescencia. Siempre traté· de
adaptar las necesidades de la vida

"!°derna con la magia de aquellos
llempos de nostalgia lejana. De la
arquitectura sin pretensiones de las
aldeas y las ciudades de provincia,
amé las paredes encaladas, la paz
de los patios y de los huertos frutales, las calles rebosantes de color: la
humilde majestad de las plazas ;irc_undadas por la sombra de los pórticos.
La fuente de los caballos, en Las
Arboledas de la ciudad de México
es una de sus obras más conocidas ;
fotografiadas. El caballo es un animal mítico, y cuando nada en un río
estanque se asemeja al cisne. Poes1a y músculos en movimiento la
manada equina ha sido encuad~da
por. Barragán en una piscina cuyo
pavimento está formado por miles
de pequeñas piedras bola unidas con
cemento, formando un suave declive
hasta llegar al agua. Severos muros
gra~des Y alargados en colores na~
ranJa y rosa, cierran el espacio articulándose con un acueducto que
descarga su catarata de agua en el
centr?, mismo de la fuente. Aquí
tamb1en, con nada prácticamente el
arquitecto sensible realiza una obra
memorable.

º,

. Sus conceptos sobre fuentes son
dignos de ser escuchados: Una fuente nos trae paz, alegría y apacible
sensualidad y alcanza la perfección
de su razón de ser cuando por el he-

9S

�MUNECA
SUCIA

Rosalva Pedraza Carlín
chizo de su embrujo nos transporta,
por así decirlo, fuera de este mundo.
En la vigilia y en sueño me ha acompañado a lo largo de mi vida, el dulce recuerdo de fuentes maravillosas,
las que marcaron para siempre mi
niñez: los derramaderos de agua sobrante de las presas, los aljibes de
las haciendas, los brocales en los
poios de los patios conventuales, las
acequias por donde corre alegremente el agua, los pequeños manantiales que reflejan las copas de árboles milenarios, y los acueductos
que desde lejos traen el agua de las
haciendas con el estruendo de una
catarata. La arquitectura, aparte de
ser espacial, es musical. Es una música que se toca con agua.
No resta más que felicitar al Museo Tamayo por la sobria museografía y el cuidado y atención con que
elaboraron este digno homenaje al
arquitecto Luis Barragán.

96

Tic-tac. Tic-tac. Clara sentía que el
tiempo no pasaría jamás. Hacía hora
y media que su padre le había impuesto una tarea: hacer tres planas
de la siguiente frase: NO OLVIDARÉ
HACER LA TAREA NUNCA MÁS. Se
había tardado pues le parecía muy
monótono repetir él mismo y lo mismo, y sólo deseaba que su padre le
pennitiera salir del estudio y jugar
en su cuarto. Especialmente, había
una muñeca que era de gran interés
para ella: Paty. Así la había bautizado Clara. Era una muñeca rubia de
piel clara, vestido y zapatos blancos.
Pero cuando llegó a la sala, él no estaba. Lala, su nana, le salió al paso
cuando iba a su cuarto. «Mi niña
Clara, ¿ya tenninaste?» «Sí, pero ni
para qué, él no está.» «Pues es que él
pensaba que ibas a tardar menos y te
esperó, pero tuvo algo que hacer. Tu
mami se fue con él». Lala se fue a la
cocina. La niña volvió a su cuarto y
tomó su muñeca, la abrazó y se durmió. Cuando despertó, ya estaba
amaneciendo. Su papá entró. «Hijita,
ya vi tu trabajo. Me gustó. De premio, hoy que es sábado, te voy a llevar al parque de diversiones que tanto te gusta». Se abrazaron. Más tarde, después de desayunar, salieron.
La niña no quiso dejar a su muñeca
Paty. Se divirtieron mucho. La niña
estaba feliz. Al salir a la calle, una
gran multitud llegó hasta el parque.
Protestaban con pancartas que de-

cían: «LIBEREN A JOSÉ LEDEZMA»,
entre otros mensajes. El padre de
Clara, angustiado, tomó a la niña de
la mano para llevársela a casa, entonces a la niña se le cayó la muñeca. Iban hacia el carro, cuando ella
gritó: «¡Paty, Paty ... » y se soltó de
su mano para buscar la muñeca. La
encontró en la banqueta y la recogió.
Tenía un poco de tierra, pero logró
quitarle lo suficiente para que no se
le notara. Pero para cuando buscó a
su padre, ya no lo encontró. Unos
soldados que pasaban por ahí iban
diciendo: «Vámonos, total, éstos
nunca nos van a hacer caso». Vieron
a la niña, quien estaba muy asustada.
«Miren, pobrecita, ¿cuánto tendrá?»
-preguntó uno. «Nueve... quizás
unos diez años». Se miraron uno a
otro y rieron. Luego, se acercaron a
ella. «¿Cómo te llamas?» La niña no
respondió, sólo abrazó a su muñeca.
Había tanta gente que Raúl, el padre de Clara, la buscó y la buscó. Pero
al no encontrarla, pidió ayuda a unos
oficiales. «Vaya a la delegación -le
dijeron-. Ahorita estamos muy ocupados. ¿Qué no ve la turba?» Efectivamente, se formó una batahola tremenda, los soldados trataban de detener a
los manifestantes con gases lacrimógenos. Decidió dirigirse a la delegación, mas el tráfico se intensificó debido a la manifestación. «Dios mío -se
dijo- ¿dónde está?, ¿dónde?»

En ese momento, la niña era conducida, supuestamente, a la delegación. Había escogido una ruta a la
que sólo los militares tenían acceso.
Los soldados empezaron a bromear
con la niña. «Ya verás, m' hijita, este
juego te va a encantar». Llegaron a
una casa abandonada. Bajaron a la
niña, quien ya estaba bastante espantada. Ahí, la cargaron. Uno de ellos
le cubrió la boca para que no gritara.
La muñeca le fue arrebatada por el
otro. «Bah, el juego que te vamos a
enseñar es más divertido» -dijo, al
tiempo que botaba la muñeca hacia
un rincón. La acorralaron hacia otro
rincón y le levantaron su vestidito.
La niña sintió que sus fuerzas iban
minándose mientras uno de los soldados le apretaba el estómago. Después todo le dio vueltas al oler algo
muy extraño. Perdió el sentido y no
supo más hasta que despertó en una
cama de hospital.
Su padre la observaba. La niña
quería hablar, quería contarlo todo,
pero no pudo. Su voz no pudo llegar
hasta su padre. «Mi niña, todo va a
estar bien, ya lo verás.» En eso, uno
de los doctores entró. «Quiero hablar
con usted, señor Elizondo». Raúl
acarició la frente de la niña y le dio
un beso. Luego, en el consultorio del
doctor. .. «Lo siento, la niña presenta
un cuadro de... ultraje». Las palabras
retumbaron en los oídos de Raúl.

�VICENTE LEÑERO: LA CAlTSA AUSENTE
DE LA CLAUSURA ESPACIAL DE LA
PEQUEÑA BURGUESÍA DENTRO DEL
ESPACIO URBANO CERRADO DE
LA MUDANZA
.,

Osear A. Díaz-Ortiz
«¿Qué?» -se levantó-. «Eso no puede ser... mi niña... mi niña.» Golpeó
el escritorio con un puño. El doctor
se incorporó y trató de consolarlo.
«Señor Elizondo, es necesario encontrar a ese hombre. Ya verá que
sí». Raúl se dirigió hacia la puerta.
Miró al doctor y dijo: «Claro que lo
encontraré, pero ni con la vida reparará el daño que le ha provocado a
mi hija». Días después, la niña regresó a su casa. Se sentía tan extraña. No hahló en tres meses. Al tercer
mes, empezó a repetir insistentemente: «La muñeca... está sucia». La
madre se aproximó una de esas veces y le dijo: «Aquí está, mi amor».
Después se dirigió a su esposo: «No
he podido quitarle esa mancha». El
padre tomó una decisión: «Si es necesario. la llevaremos a ese lugar...»
El padre hizo una llamada. Quince
minutos después, una ambulancia
llegó. Al ver a los hombres vestidos
de hlanco, la niña se negó a ir, pero
la madre le tomó la mano. «Estaremos contigo. siempre». Al llegar al
hospital. la madre la abrazó. Ella no
la dejaría por las noches. La niña seguía repitiendo: «Mi muñeca ... está
sucia -decía temblando-, sucia».

La geme [... ] que nos quisieron aventar del maldito pedazo de tierra porque Les estorbába-

mos para el negocio de la ge/lle de afuera y de los mismos cabrones de allí vendidos trafiqueros; les ensuciábamos su basura y les enlodábamos su pinche tiradero de porquerías y
les ocupábamos sus terrenos que de nadie son porque nadie antes de nadie agarró lugar
hasta que nosotros los llenamos de nosotros que es con lo único que podemos llenar ese
cacho de pozo que nos tocó mirar antes de venir aquellos desgraciados.
Vicente Leñero, La mudanza 110-11.

La hurgucsía en su construcción hegcmcínica del poder, pretende silenciar una clase que representa un peligro en su control del poder - la clase
media o pequeña burguesía. Esta
clase día a día con sus pretensiones
burguesas procura acercarse más al
grupo hegemónico en aras de una renegociacicín de su participación por
el control del poder. Obviamente nos
encontramos ante un fenómeno que
en términos del poder representa un
peligro y una amenaza constante para esta hurguesía ya establecida que
no quiere compartir la cúspide del
poder y la estabilidad ya alcanzadas.
Este parece ser el caso de la obra de
teatro. Lt, 11111da11w (1976), del escritor mexicano Vicente Leñero ( 1933).
Este escritor en su discurso teatral
nos presenta una pareja de clase media. Jorge y Sara, enclaustrados en la
cotidianidad de sus relaciones matrimoniales ante un hecho muy natural
como lo es un cambio de casa. Es
una mudanza que muestra a una sociedad en problemas, destinada a criticar al materialismo de la clase pe-

queñoburguesa y su egoísmo sexual,
etc. (Nigro 58) La pequeña burguesía
que Leñero presenta en su obra es
una clase media urbana, dividida según el orden económico y social que
ocupan sus protagonistas, siguiendo
el discurso burgués. Jorge y Sara representan una clase media baja con
tendencias a escalar a una clase media en su afán por alcanzar cierta estabilidad económica que les garantice su supervivencia dentro de esta
clase.
La clase media es una antesala
de preparación a ciertos individuos
de la pequeña burguesía que la ven
como un trampolín a sus realizaciones materiales burguesas. Por esta
razón, Leñero nos transporta a una
realidad urbana de la capital mexicana -el Distrito Federal, que según
señala Marsal es «la clase beneficiaria, según la definición oficial de desarrollo económiw del régimen»
(2.51). para mostrar cómo la hegemonía pretende crear un conflicto de
clases, enfrentándolas entre sí. para

exterminar una clase que ha logrado
la materialización de ciertas aspiraciones, pero que aún no cumple con
todas las expectativas trazadas. Es
así como el doble asesinato de Sara
y Jorge está destinado a mostrar el
exterminio de esta pequeña burguesía a través de un ideologema conflictivo, mostrando un enfrentamiento de clases con la reunión de varios
elementos que desde el comienzo de
la obra establecen esta lucha interna
en varios niveles entre sus protagonistas. Primeramente, está la lucha
de la pequeña burguesía entre sí, Sara y Jorge. Su vida en pareja representa la cotidianidad conflictiva de
la sociedad moderna. En un segundo
lugar, están los conflictos de esta
clase pequeñoburguesa con los cargadores -el proletariado- y en tercer
lugar, está la lucha del lumpenproletariado -los Miserables en contra de
la pequeña burguesía. En el mundo
escénico, Leñero va introduciendo
elementos u objetos materiales de
mucho valor como las joyas, los
muebles que auguran una confronta-

�ción entre las partes i.nvolucradas;
así como también va estrechando
más el círculo en que se mueven sus
protagonistas al cerrar la única conexión de estos con el mundo exterior
-el portón principal. Estos elementos contribuyen a pronosticar un final dramático, como lo corrobora
Nigro: «La combinación de conflicto
de clases sociales, las pistas detectivescas y la acumulación en escenas
de objetos tan codiciables (joyas, un
televisor, aparatos eléctricos, muebles, cristalería) ayuda a sugerir la
posibilidad de que el código de la
acción pueda culminar en un acto
criminal» (62). Otro factor que contribuye a este enfrentamiento son las
imágenes extremas dentro del realismo escénico, es decir la pobreza
exagerada de los Miserables, comparado con las comodidades del matrimonio, sin duda este factor llevará a
una lucha inevitable de los Miserables con Sara y Jorge por la posesión
de los bienes de la pareja.

100

La ruptura intempestiva del ideologema que la cotidianidad conyugal
representa, en &lt;!I momento de aparición del Miserable-parlante, produce
un desconcierto total en los lectores
que motiva a éstos a establecer varios interrogantes relacionados con
el límite entre la realidad, la representación de esta realidad y la metainterpretación hermenéutica del texto. Por esta razón, el encerramiento

de sus protagonistas muestra unas
barreras infranqueables dentro del
espacio marginal destinado a sus
protagonistas en la obra -la casa. A
pesar de que la mudanza pudiera significar un triunfo, en el sentido de
cambiar de un departamento a una
casa con más «espacio» cedida por
sus antiguos ocupantes. Leñero con
la delimitación de la casa como espacio de interacción y las clausuras
de otros espacios dentro de éste, pretende mostrar una pequeña burguesía constreñida dentro de los límites
de la sala de estar, obligada a enfrentarse con el lumpenproletariado -los
Miserables. Esto lo logra a trav~s de
un marco histórico que recurre a la
memoria colectiva para mostrar los
fenómenos sociopolíticos por los
que pasaba México durante el mandato de Díaz Ordaz (1964-70) y el sexenio gubernamental de Luis Echeverría (1970-76).
Los seis años de gobierno de
Echeverría se conocieron, junto al
gobierno de su sucesor Luis López
Portillo, (1976-82) como «los dos sexenios populistas». López Cámara
en su libro Clase media en la era del
populismo, hace un estudio exhaustivo de este periodo, mostrando cómo
durante el gobierno de este presidente hubo un intento de reconciliación
con la clase media mexicana después de los sangrientos sucesos de
Tlatelolco de 1968 y como coletazo

de éste, en el año de 1971, el surgimiento del movimiento guerrillero
urbano de Genaro Vázquez Rojas
que generó la llamada «Liga 23 de
septiembre», la cual se dedicó a los
secuestros y extorsiones de personalidades capitalinas (Agustín 35). Todos estos fenómenos auguraban una
década de grandes conflictos sociales y políticos entre la hegemonía en
el poder y la clase media. Esto no
sucedió y fue así como Eheverría
maniobró inteligentemente a la pequeña burguesía enardecida, llamando a ciertos elementos de esta clase
a compartir el poder como una válvula de escape para una clase media
rebelde y conflictiva que representaba un grave problema a la burguesía mexicana. Por esta razón, algunos de estos elementos de la pequeña burguesía, lograron infiltrarse
en las altas esferas del PRI, pero al final de su sexenio, Echeverría comenzó a modificar un poco está política, respondiendo a las presiones
de la burguesía mexicana que excluyó totalmente a la clase mexicana
bajo el gobierno de López Portillo,
bajo el lema priísta «¡Afuera la clase
media!» López Cámara señala que:
«El repudio a la clase media era en
el fondo una nueva versión del antiintelectualismo afiebrado que parecía ser recurrente en el bien nutrido
gremio de los políticos 'profesionales'» (11). Y añade a este respecto
que:

Cerrarles las puertas del partido oficial a importantes sectores de la clase media tenía el oscuro propósito de
enterrarlos políticamente. Por lo menos así se lo proponían los nuevos
dirigentes del partido, que se sentían
ya los grandes ujieres priístas de la
hurguesía 'militante'. Los dos homhres 1mís importantes del nuevo gobierno, José López Portillo y Jesús
Reyes Hernies, uno presidente de la
República y el otro su secretario de
Gohernacicín, no parecían acordarse
ya de sus vihrantes discursos sobre
las clases medias mexicanas, pronunciados apenas el año anterior
( 1975), en las postrimerías del régimen cchcverrista. En aquel momento
parecían comprender con particular
lucidez la significación política de la
c:lase media, y ambos preconizaron
la conveniencia de incorporarla orgánicamente, ideológicamente al PRI, lo
que en realidad era expresión, en un
elevado nivel político e intelectual
de la asumida por el presidente
Echevcrría desde el principio de su
mandato. ( 11)
la 11111da11::.a es una representación de estos sucesos que tuvieron una honda y marcada importancia dentro del proceso histórico, social y político de México durante la
década del 70. El texto dramático se
centra en un espacio social urbano
cerrado -la casa a la que se mudan
Jorge y Sara. Esta casa es un mundo
de espacios más amplios que supo-

nen más libertad. Esta «holgura espacial» de movimientos, aparentemente, es la apreciación que los espectadores pueden captar desde
afuera como parte del realismo escénico del drama doméstico; sin embargo, todo lo contrario está sucediendo dentro de la casa. Este recinto representa un espacio ampliado
con una subdivisión en una serie de
espacios prohibidos que pretenden
constreñir a Sara y a Jorge. De ahí la
razón por la que éstos no pueden
disfrutar del goce de contar con una
totalidad espacial dentro de su casa,
y que existan ciertos lugares a donde
no pueden entrar. Este aspecto lo podemos considerar como la representación de los logros alcanzados
con la aparente reivindicación de la
pequeña burguesía hecha por Echeverría que logra mudarse a un nuevo
espacio social de clases, pero que no
obstante, aún tiene las prohibiciones
e impedimentos para moverse libremente.
El asesinato de la pareja a manos
de los Miserables es la culminación
de la negación de este espacio. Sara
y Jorge son muertos en representación de una clase que debe desaparecer por constituir una amenaza
a la burguesía dirigente. La burguesía ve el avance de éstos, representado en la mudanza a su antigua
morada y sus aspiraciones de independencia económica. como una cla-

se arribista que le acecha su control
del poder hegemónico; ante este hecho, la única alternativa de la hegemonía es eliminarla. Sin embargo la
burguesía no participa abierta y directamente en el asesinato de la clase media, pero crea los mecanismos
necesarios para lograr una confrontación de la pequeña burguesía con
el lumpenproletariado para que éstos
lleven a cabo la misión que les ha sido encomendada, creando un conflicto entre esta clase del que sólo la
burguesía saldrá beneficiada.
Vicente Leñero en su obra la
mudanza ha utilizado el discurso
teatral para plasmar como causa ausente una realidad histórica que representa la realidad de las condiciones económicas, sociales y políticas
del individuo en sus relaciones sociales con su entorno. Esta universalidad social en la. mudanza, a pesar
de representar el espacio urbano del
D.F, permite que los espectadores o
lectores no sólo apliquen esta .realidad al entorno social de un México
de los años 70, sino que hace también que éste se identifique con una
realidad velada latente dentro de la
sociedad burguesa que es el temor
de ceder parte de sus logros a una
pequeña clase burguesa que ve con
muy buenos ojos para sí misma los
éxitos alcanzados por esta clase burguesa en su control del poder.

�Bibliografía
Agustín, José. Tragicomedia mexicana 2:
La vida en México de 1970 a 1990.
México, D.F: Colección espejo de
México, 1900.

SEÑAS/RESEÑAS/
CONTRASEÑAS

Foster, David William. Estudios sobre
teatro mexicano contemporáneo.
New York: Peter Lang, 1984.
Jameson, Fredric. The Political Unconcious; Narrative as a Social Symbolic Act. lthaca: Cornell UP, 1991.
López Cámara, Francisco. La clase media en. la era del populismo. México,
D.F: Porrúa, 1988.
Marsa!. Juan F. «Los intelectuales mexicanos, el PRI y la masacre de Tlatelolco». La sombra del Poder. Madrid: Edicusa, 1"975: 231 -55.
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Ed. Terrcll Carver. London: Cambridge UP, 1992.
Nigro. Kirstcn F. «La mudanza de La
11111da11::.a de Vicente Leñero». Rel'isw cmwdiense de estudio.,· his¡,á11ico.1·
12.1 ( l9X7): 57-69.

l02

103

�CASTILLO EDITOR

MarioAnteo
Hace algunos años, durante una visita de Fernando del Paso a Monterrey, un colega se quejaba de que el
novelista condescendiera con lo que
llamó el «mercantilismo» del señor
Castillo. Se refería a la promoción
de Noticias del Imperio, aparecida
por entonces bajo el sello Diana, y el
rnlcga no vaciló en tildar de «humillante» la apretada agenda del novelista, supuestamente elaborada por
Castillo. Recuerdo que le pregunté si
acaso no le parecían más «humillantes» los tirajes institucionales, cuyo
destino, al menos por aquel entonces, era el polvo de las bodegas o
devenir un obsequio que nadie aprecia, un regalo cuyo costo corre a
cuenta de nuestros impuestos.
Conste que sucedió antes de que
me publicara Castillo, y aún sostengo lo dicho. El colega hablaba de la
comercialización de la literatura como un delito de lesa majestad, como
si nuestra pluma, sin respeto por la
memoria de Shakespeare y Cervantes. se revolcara en el fango de la ignominia y la abyección, cada vez
que nuestros libros aparecen en los
Sanborns o en una feria como la que
nos reúne ahora. Tal criterio obtuso
que afortunadamente con el tiempo
ha ido apareciendo, es el culpable de
que la literatura aún no pueda convertirse en una mercancía al alcance
de la mano. De aquí que en lo abso104

luto considero un agravio el que la
literatura local se venda en los supermercados. Al contrario, me parece un triunfo de nuestros artistas en
la lid de la libre competencia. Pero
no se hable más de quienes creen
que basta decidirlo para que se les
publique y vendan millones de ejemplares.
Mejor hablemos de la editorial
Castillo. Me parece que es la única
opción para los autores norteños que
por equis razones no han engrosado
la silenciosa peregrinación al DF, los
muchachos que, con el original bajo
el brazo, jalando aire se envalentonan antes de llamar a la puerta de los
descendientes de don Joaquín. También es la sola opción para los que,
evitando la meca defeña, intentan en
vano comunicarse vía e. mail con
Carlos Barral o los herederos de
Sylvia Beach y Michel Gallimard.
Al contrario de estos grandes escritores que tuvieron la fortuna de
trabajar cerca de una amplia capa de
consumidores que ya estaba ahí, en
estos áridos lares el señor Castillo
debió primero crear el gusto por la
lectura, lo cual es labor titánica e-n
un medio donde todavía hay gente
orgullosa de tener dinero sin haber
jamás abierto un libro, y hogares
donde el único libro es el directorio
telefónico. Así pues, no cabe duda

que la labor de Castillo ha contribuido, siquiera con su granito de arena,
al nacimiento de ciertos grupos que
gustan de la lectura y la instrucción,
y que representan la posibilidad de
que se cumpla ya la profecía de Reyes cuando dijo que, tarde o temprano, en Monterrey se realizarían los
esponsales del industrioso Mercurio
y la culta Minerva.
Ediciones Castillo ha demostrado
que la literatura no está reñida con la
mercadotecnia, y que precisamente
la publicidad y los anchos canales de
distribución serán quienes apronten
lectores y hagan de Monterrey un
centro editorial al que arriben originales de todo el mundo. De momento ya sucedió lo que otrora era simplemente imposible, esto es, que
prestigiadas plumas del exterior encuentren en una editorial de provincia una valiosa opción para sus obras
inéditas.
Y para mostrar el amplio espectro de ediciones Castillo, permítase
una anécdota. Hace unos días por
e.mail me pedían de Harvard una
nota biográfica, a fin de anexarla a
una ponencia que escribí. La envié y
a vuelta de correo electrónico me decían que ambas obras que escribí bajo el sello Castillo estaban en la biblioteca de la universidad, y que serían leídas con mucho gusto. Lo cual

me parece imposible en_ el caso de
una edición subsidiada, pues está
visto que la mayoría de las veces las
dependencias encargadas del trabajo
editorial, quizá a causa de los cambios de administración, reducen su
labor a la mera impresión, dejando
la obra al garete. El caso es que no
basta morder el presupuesto a fin de
publicar una obra que aparecerá en
el reporte de actividades; se necesita
además una estrategia de distribución y venta. Como quien dice, no
basta arrojar niños al mundo, hay
que educarlos y darles de comer.
El carácter no lucrativo de las
ediciones subsidiadas permite que la
edición se lleve a cabo sin contrato
alguno ni atención a la cuestión de
los derechos de autor y las regalías.
Tal carencia impide que los autores
cobren conciencia de su profesión y
adquieran en verdad el status de escritor en una sociedad cuyo motor es
precisamente el mercado de la libre
competencia. Con Castillo el autor
de inmediato es colocado en su área
profesional: se le ofrece un contrato,
se registra el copyright, se le pagan
regalías. Y a fin de que se sienta parte de la Casa, se le agasaja a fin de
año con una cena durante la cual se
le informa del crecimiento anual de
la editorial. Así el autor inscribe su
profesión en la sociedad ganando el
pari con el sudor de la frente y sa-

biendo que su trabajo es tan digno y
útil como cualquier otro.
Es triste que en Monterrey el
destino de nuestras obras, independientemente de su calidad, sea el criminal silencio que pega duro en el
amor propio de quien se desveló escribiendo. Por eso no debe sorprendemos que, superado el duelo, los
ahora exiliados aguarden el éxito para lamentarse entre velos de su ingrata tierra natal. Y lo peor es que
los avala la razón de Alfonso Reyes.
Afortunadamente, la editorial Castillo ha oreado la opresiva atmósfera
que condenaba a los autores de provincia al tiraje privado y las ediciones subsidiadas. En una ciudad como la nuestra, carente de espacios
para la crítica literaria y donde un
solo periódico representa nuestra
oportunidad de ser voceados, será la
publicidad y la distribución de una
editorial moderna quienes rompan el
oprobioso silencio que padecen tantos escritores que no han publicado
en el exterior.
No obstante su lejana procedencia, el señor Castillo es el mejor paradigma del hombre norteño, si es
que existe fundamento para atribuirnos como don innato la empresa y el
tesón. Seguramente muchos recordamos un hombre bajito que trabajaba
en una librería que, no bien la abandonó para establecerse por cuenta

propia, la administración cayó en un
profundo marasmo. Castillo detectó
el momento propicio y se estableció
ahí junto por la calle Morelos, en un
local pequeño si lo comparamos con
la librería lztla o la Cosmos de entonces.
A partir de entonces Castillo subió como la espuma, tanto que la
Cosmos y la Iztla, incluso la Cristal
con todo y sus computadoras, cobraron un aspecto vetusto como de coto
para cazadores de antigüedades. Ahí
íbamos a buscar los libros de Monte
Ávila, la colecciones de Formentor y
Biblioteca Breve, las reliquias de
Sopena y Gredos, las ediciones Destino tan bien encuadernadas. Castillo
se distinguía por las novedades, las
últimas ediciones corregidas y aumentadas, los modernos diseños de
portada, los flamantes libros de consulta. De esta manera Castillo se
mostraba de acuerdo con Reyes
cuando defendiendo los planos de la
Purísima y observando nuestro escaso legado colonial, dijo que la tradición de Monterrey estaba en el futuro.
Vivaz y divertido, activo y astuto, el señor Castillo parece eternamente pendiente del último grito
editorial. Su inquietud de avispa es
tal que, no obstante los éxitos cosechados, jamás se duerme en sus laureles sino que permanece alerta y vi-

lOS

�gilante, moviendo libros de aquí para allá, abriendo y cerrando oficinas,
lanzando nuevas colecciones, asistiendo a todas las ferias del mundo.
Pagado de sí y confundiendo a la
gente con su complicado sentido del
humor, parece como si no le temiera
ni al diablo, como si poseyera no sé
qué fórmula mágica contra el fracaso y el desaliento.
Se trata de la antítesis de una librería que visité en Durango, donde
el tiempo se detuvo en los cincuenta,
de suerte que admiré un corte longitudinal de las novedades del momento. El lugar había sido presa del
enemigo número uno de los libreros,
que es el polvo si descontamos la
termita. Castillo es lo contrario, él
semeja un ama de casa que nunca
está a gusto con la limpieza y disposición de los muebles. Siempre está
ideando cambios, nuevos proyectos,
relacionándose con los colegas y los
autores, empeñado en la vanguardia
del ramo y en ensanchar su negocio.
Quizá por eso, porque nunca le comen el mandado y permanece atento
a la temperatura política e intelectual, levanta suspicacias en los colegas idealistas que aún creen que la
calidad se impone por sí misma sin
necesidad de otros medios.

106

Y qué bueno que ediciones Castillo no se atiene a la literatura y publica de todo, incluyendo el sospe-

choso género de la superación personal. Increíble que estas cándidas
obras, con su insistente querer es poder, sean la causa de que la colección «Más allá» se sostenga económicamente y crezca a un ritmo fabuloso. Muchas editoriales hacen lo
mismo y enhorabuena, pues entonces la literatura podrá aprovecharse
de la publicidad de estas colecciones
que son las que en verdad circulan.
Y aquellos que por pruritos morales
consideren de mal gusto que la literatura se mezcle con la ralea, les digo que cualquier forma de publicidad es válida si tiene como fin incrementar los lectores.
Allá en tiempos de las ferias en
el viejo palacio municipal, cuando
decir libro significaba señor Gracia,
los libreros aprovechaban la ocasión
para botar al dos por uno las antiguallas que durante años dormían en
los estantes de sus librerías. Nosotros nos «papeábamos» con los finos
bocados, y era un auténtico hallazgo
arqueológico cuando dábamos con
alguna joya de Losada, Anagrama,
Alianza Tres o Fabril en barata. Luego, cuando las ferias se mudaron a la
entonces recién peatonal calle de
Morelos y a la plaza Hidalgo, ya no
encontramos más el viejo magma.
Deduje el agotamiento del sabroso
sedimento de las viejas ediciones
que son un mito para las actuales generaciones de Letras. Me parece que

Ediciones Castillo llegó a la madurez precisamente en esta época,
cuando todas las libreáas se desempolvaron acaso siguiendo el ejemplo
de ese bajito librero que había llegado para quedarse, y que no tenía ningún reparo para pregonar su mercancía a viva voz en la entrada de su librería.
Supe que los tiempos habían
cambiado cuando el señor Arévalo
me dijo que un libro empeñado en
permanecer en el escaparate causa
pérdidas ·al negocio. Por cierto que
habría que estudiar por qué el señor
Arévalo, con todo y su mercadotecnia tan semejante a la de Castillo,
sucumbió en el camino. Ambos preferían sostener varios locales en vez
de uno grandote como el señor Fon!,
ambos se vieron libres de Hermes,
ambos denotaban una vocación profunda por el oficio, y a menos que el
señor Arévalo haya triunfado en
otros lares, el único sobreviviente en
esta dura competencia fue Casüllo.
Mejor que nadie sé que las comparaciones son odiosas, pero permítanme hablar un poco del señor Gracia. Lo hago porque Castillo es un
parteaguas que corre parejo con la
modernidad que se resiente en la
ciudad. Forma parte del espíritu del
túnel de la Loma Larga, el Metro,
Infosel, el triunfo del Pan y la nueva
empresa. El señor Gracia era un ar-

lista y Castillo un editor moderno; el
señor Gracia, enamorado de Lorca,
Picasso y la juventud, jamás se vio
como un próspero librero. Castillo
sí, Castillo tiene claro su objetivo,
sabe que no importa la aridez del
medio cuando la diana es nítida, sabe que venderá libros lo mismo que
otros cervezas o cigarros. Todo depende de la fuerza de voluntad, del
intenso trabajo diario y la terquedad
norteña.
El riesgo son las erratas que medran cuando hay tanta prisa, cuando
hay tantos libros por publicar y se
carece de un departamento de correctores dedicados a la literatura.
Pero es tiempo de crecer y crecer, ya
luego con tiempo puliremos los detalles. Hay otro riesgo, quizá más
preocupante, que corre Castillo
abriendo tanto su mira: la posibilidad de que se le escape un Kafka.
Pero está visto que Castillo nació para correr riesgos. Gracias.
Monterrey, Feria Internacional del Libro,
12 de octubre de 1997.

107

�SOÑARES NATURAL PORQUE
TODO ES UN SUEÑO

Silvia Mijares
No sé si llamarla Kahua Rocha o
Blanca Laura Uribe de Rocha, pero
sí sé que puedo decir que ha estado
ligada a nombres entrañables de esta
ciudad, como el de Rubén González
Garza, Julián Guajardo, Virgilio
Leos, Fernando Esquive!, Jorge Lozano y Hernán Galindo, entre otros.
Gente de teatro: dramaturgos, actores, escenógrafos, iluminadores. Todos ellos han contribuido con su actividad a despertar el gusto por la actuación en la escena, convencidos de
que es un medio que les sirve para
expresar sus ideas, además de motivar la imaginación siempre a través
de la atmósfera escénica. Seguros de
que por medio de las representaciones teatrales tomamos conciencia de nuestra realidad.
La trayectoria de Kahua Rocha
en estos menesteres es larga. Primero, fue alumna del maestro Rubén
González Garza, más tarde incursionó como actriz, después fue maestra
de teatro. Esta última actividad la
llevó a escribir pequeños ejercicios
teatrales para trabajar en el taller con
sus alumnos. Posterionnente estos
ejercicios se transfonnaron en obras
de teatro: Soy profesor, Juego incompleto, Las virtuosas, Cinco formas de amor, Necesito tiempo, La
casa de la paz, Amor filial, Cómo
pudiste. Así como Soñar es natural
-una obra para niños-, y Todo es 1111

108

sueño que ahora me voy a permitir

presentar.
Este libro consta de las siguientes obras: La niña girasol, La increfble araña, El globo mágico,
Día de campo, Un paseo distinto,
Tal vez sucedió así, Así era antes.

En todas estas obritas de teatro hay
un invariable propósito: divertir a
los niños a través de la fantasía,
pero planteando problemas que
preocupan tanto a los niños como a
los adultos. Por ejemplo, el respeto
a los seres vivos está muy bien esbozado en Día de campo, cuando
el Chapulín al momento de hablar
con los niños les explica: «Esto pasa siempre que juzgamos por lo
que vemos a simple vista, sin detenernos a ver cómo son en realidad,
en su interior, las personas ... o en
este caso, los animales como nosotros.» Otro problema que nos atañe
a todos sería la justicia, que en La
increíble araña es tratado con delicadeza y humor; además nos muestra la relatividad de este valor que
ya desde los albores de la cultura
griega era tema de reflexión. Por
aquellos tiempos Heráclito establecía: «A la manera como la araña
desde el centro de su tela siente
apenas una mosca está destruyendo
alguno de los hilos de ella, y hacia
allá corre velozmente cual si le doliera lo que al hilo le pasa, de pare-

cida manera el alma del hombre fluye apresurada hacia aquella parte del
cuerpo que haya sido herida, cual si
no pudiera soportar semejante lesión
en un cuerpo con el que tan firme y
proporcionalmente se haya unida.»
Kahua se interesa también en
estos animalitos y nos hace ver que
las telas que tan minuciosamente
tejen estos arácnidos y que es su
habitat, debe ser tan respetado como todos los objetos que crea el
hombre, sean casas, rebozos o microscopios. En primer lugar, porque no somos los únicos habitantes
de este planeta: bien sabemos que
hay miles y todos merecen, en justicia, ser considerados y respetados
como seres vivos. Sin embargo, en
La increíble araña, Lila señala:
«Mi hermana no lo sabe y se desespera porque dice que a papá le gusta ver la casa muy limpia, tal como
estaba cuando vivía mamá; así que
cada rato tiene que quitar tu tela, la
que tú tejes.» De esa misma manera se talan los árboles que conforman el santuario donde las mariposas monarcas se multiplican, se extinguen especies como la de los lobos porque los seres humanos desconocen cuál es su función y enarbolando leyendas falsas provocan
un desequilibrio que no los afecta
sólo a ellos sino a la cadena biológica de nuestro universo.

En El globo mágico .enciende la
imaginación de los niños para hacerles sentir que sin ilusiones la fuerza
humana se estanca. Sin ideas, sin
fantasías, sin proyectos -repito- el
ser humano se paraliza. La imaginación es un plano, un proyecto de lo
posible. Por lo tanto, es fundamental
interesarse en que los niños desarrollen su inteligencia y su sensibilidad
para poder disfrutar de nuestro mundo. Les confesaré que yo no he olvidado los cuentos que siendo niña oí
en boca de mi madre. Como ocurrió
con La fuente que canta, El pájaro
que habla y Las manzanas de oro,
Aladi110 y la lámpara maravillosa,
Blanca Nieves y los siete enanos, en-

tre una serie intenninable de cuentos
que redundaron en un conocimiento
de la condición humana, un conocimiento para vivir. Son joyas hechas
especialmente para transmitir a los
niños cosas esenciales que nos han
dado fortaleza para cortar las siete
cabezas del dragón (todas las dificultades humanas), para que el amor
venza el hechizo mortal de la manLana envenenada y logre entonces la
compañía y la felicidad en la vida,
así como para frotar diaria y pacientemente la lámpara de la inteligencia
que facilitará la aparición del genio
de la sabiduría accesible a todo ser
humano. sin importar la clase o raza
a que se rcrtcnczca. La única rccomendacidn es que se cultive: con
dio descubrirá un relativo equilibrio

en el mundo y en nuestras vidas. Kahua tiene esa inclinación legítima y
ancestral ya que se ocupa tanto de
los niños como de los viejos. Considera que los extremos se tocan como
la serpiente que se muerde la cola y
cierra su círculo. Piensa que en estos
polos está el receptáculo de la inocencia, del asombro, de la disposición hacia lo maravilloso. Creo que
este anhelo ha estado siempre presente en nuestra escritora y que lo
fantástico es la llave mágica que
ella utiliza para entrar en los ámbitos de lo humano, incluyendo lo religioso y dejándonos un sabor
agradable y delicado en la boca,
pues bien lo sabemos: quien cultiva la imaginación ejercita la vocación para la libertad, el conocimiento. Recordemos la opinión de
Elena Garro al respecto: «la imaginación es el poder del hombre para
proyectar la verdad y salir de este
mundo de sombras y de actos incompletos». Así mismo tenemos
que reparar en las cancioncitas que
apoyan los textos de las pequeñas
obras. Nos recuerdan la tonada con
que se arrulla a los recién nacidos,
con la que aprendimos las tablas de
multiplicar, las primeras rondas
cuando jugamos a María Blanca, a
Hilitos, hilitos de oro y a la Víbora, víbora de la mar. La música y
su ritmo tienen el encanto de fijar
ideas y atmósferas que facilitan el
conocimiento y la memorización.

Tanto en La increfble araña como en Día de campo y en Tal vez
sucedió as{, se atisba la paradoja
cuando se dota artificialmente de
significado el quehacer del hombre y
se le niega este derecho a otros seres
vivos como la araña, el árbol o el cocodrilo. Preguntémonos: ¿quién ataca a quién? ¿El cocodrilo que responde instintivamente cuando lo
agreden en defensa de su vida, cuando es violentado en su medio, cuando el hombre conscientemente lo inmola para utilizar su piel y hacer zapatos, bolsos o cinturones? ¿Tiene el
hombre derecho a destruir lo que se
le venga en gana? Leamos Todo es
un sueño y veremos quién tiene la
razón y en qué bases se sustenta la
paradoja. Este tipo de juegos problemáticos despiertan la curiosidad y el
asombro de los niños: les enseña que
la vida puede ser fascinante al mismo tiempo que descubrimos nuestra
propia verdad.

Blanca Laura Uribe de Rocha, Todo es
un sueño. La niña girasol y otras obras.
Teatro infantil, prólogo de José Emilio
Amores, 1• ed., Ediciones Castillo, Monterrey, 1997. 120 p.

�LA CREACIÓN EN SU,, DIMENSIÓN
SUBJETIVA: ¿DE QUE CORAZONES
HABLAMOS?

María Inés Pérez
En la contraportada del libro que
hoy nos ocupa podemos leer lo siguiente:
«Insondable, la poesía es tu Desconocida. Nunca te pertenece, tú te
perteneces. Eres su territorio, eres un
préstamo, por tu voz expandirá sus
voces, pasará por ti, por ti exigirá los
oídos del hombre. Obedecer es tu talento, buscar la sabiduría de la piedra. el amor que acaricia pensamientos de sangre. Llegarás con las manos vacías al encuentro. Más poderosa que el deseo, condensa al deseo
y a su par, la muerte. La poesía es
vida que pasa y busca un corazón
donde arraigarse, busca el corazón
nuís secreto, ansía la lectura de un
otro• la penumbra de su ~genialidad
1
para que el milagro se cumpla».
Esto escribe Minerva Margarita
Villarreal.
El nombre de autor, dirá Michel
2
Foucault. es un hombre de función.
En una conferencia que ofreció en
1969 bajo el título de «¿Qué es un autor?» y en la que se tomó como exergo la frase de Beckett: «¿Qué importa quién habla?. Foucault desarrolla
un profundo cuestionamiento a la
noción tradicional de autor en relación a la escritura. La indiferencia
que se desprende de la pregunta
¡_qué importa quién habla? afirma el
110

principio ético fundamental de la escritura contemporánea. La desaparición del autor, tal como se plantea
este concepto desde la perspectiva
individualista o desde la errónea
creencia en la propiedad intelectual,
esa desaparición no nos dispensa de
tratar de ubicar, como lugar vacío,
los sitios en donde se ejerce su función.

muy claro), el que firma o rubrica un
escrito delata por medio del nombre
propio la posibilidad de la existencia
de un sujeto.
Pero se trata, una vez más, no de
pensar en un sujeto originario ni en
un sujeto trascendente, sino más
bien de pensar el sujeto como una
función variable y compleja del discurso. Dice Foucault: «El autor -o lo
que intenté describir como la función autor- no es sin duda sino una
de las especificaciones posibles de la
función sujeto».

Pensar en términos de función de
autor en lugar de concepto de autor
tradicional nos lleva a cuestionar la
relación de apropiación entre quien
escribe y su obra, ya que el autor no
es exactamente ni el propietario ni ei
responsable de sus textos, no es su
productor ni su inventor. Igualmente, manejarnos con el concepto de
función de autor nos implicará cuestionar la relación de atribución al autor, dado que éste es a quien se le
puede atribuir lo escrito, pero esta situación es el resultado de operaciones complejas que nos remiten a la
incertidumbre del «opus», de la
obra.

Instalados en la dimensión subjetiva, podemos regresar a las palabras introductorias de Minerva
Margarita Villarreal y ocuparnos
de ellas después de este rodeo. Ella
dice entonces: «La poesía es tu
Desconocida. Nunca te pertenece,
tú le perteneces. Eres su territorio,
eres un préstamo, por tu voz expandirá tus voces, pasará por ti,
por ti exigirá los oídos del' hombre» (Op. cit.).

Sin embargo, hay alguien que
firma un escrito o que lee una obra
que ha escrito y que firma como suya. El que firma se apoya en un
nombre propio y aunque el de un autor no es un nombre propio común
(pensemos en el caso de Pessoa y
sus heterónimos como un ejemplo

¿Dónde comienza la posesión?
¿Dónde termina la apropiación?
¿Dónde está lo original? ¿Dónde se
encuentra lo auténtico? ¿Qué es lo
que viene de uno, del uno o del otro?
Estamos entonces ante una creación
desposeída, ante una escritura desapropiada.

Desde sus orígenes el psicoanálisis vislumbra con claridad que hay
un tipo de saber, el saber del inconsciente, que dominan y poseen los artistas y los poetas. Así lo afirma
Freud ante la lectura del Hamlet de
Shakespeare, de allí deduce que el
poeta ya lo sabía: hay método en la
locura. Ese conocimiento, como tantos otros fundamentales pertenecía al
arcano de la literatura antes que el
psicoanálisis despuntara con el siglo
veinte y los poetas se conformaran
en maestros de Freud, caso a la par
que las histéricas q.ue le obligaron G
oír el lenguaje de los síntomas, el
lenguaje de las formaciones del inconsciente.
Aunque está claro que un acto,
en este caso en particular, un acto de
creación no podría ser nunca totalmente explicado, totalmente entendido y aunque también se nos haga
claro que no es su «sentido» lo que
lo sostiene como producción estética
(a pesar de las frecuentes extrapolaciones de que aparecen en las así llamadas interpretaciones psicoanalíticas de la obra de arte), es evidente
que sí es posible que nos interroguemos en relación a la función que
cumple el acto de la creación para
un sujeto.
De ese modo podemos plantearnos preguntas tales como si es posible encontrar una coherencia entre la

vida y la obra de un autor (o de
quien sostiene la función de autor),
cuestionarnos sobre cuál sería la
función de la escritura, la pintura o
la escultura para el artista, o cómo es
que tratándose de un asunto irreductiblemente particular, la obra de arte
expresa algo del orden de lo general
en el ser humano, y, finalmente, cuál
podría ser -si lo hay- el punto de articulación entre el arte y el psicoanálisis en la medida en que ambas son
prácticas que apuntan a lo subjetivante.
Si el sujeto es una construcción
posible, si el sujeto no está garantizado cada vez que nace un individuo, su existencia podrá darse sólo
en la compleja matriz de la relación
con los otros. Existencia sujeta al
doble juego de la alienación y de la
separación (reconocerse necesariamente como yo allí donde se reconoce el deseo del otro y desconocer al
otro, para poder afirmar el deseo
propio).
Si el sujeto se ha constituido
atravesado por su radical alteridad y
por su condición de ser dividido que
lo sitúa ante sí mismo como el ser
más conocido y, al mismo tiempo,
como aquél del que casi nada sabe
gracias a la instancia del inconsciente, también podremos preguntarnos
cuál podría ser la función de la sublimación en el proceso de la crea-

ción y cómo entenderla. Para ello
podemos partir del planteo freudiano
inicial. Este concepto gira alrededor
de la pulsión, desexualizada o despojada de la agresividad, pero que
mantiene al objeto de la pulsión en
su finalidad según Freud, hasta llegar a la propuesta lacaniana por la
que la sublimación aparece como
aquello que permite al sujeto saber
algo sobre su deseo.
El sino marginal del psicoanálisis es condición de su existencia, en
tanto que opone al saber y a la fe, un
saber otro y el deseo como irreductible. El saber analítico no es tanto un
saber sobre el inconsciente, como un
saber del inconsciente, es decir, un
saber donde el inconsciente tiene su
parte y cumple su función.
La sublimación caracterizaría
así al sujeto en estado de tensión,
de falta, podemos inferir que se
trataría aquí de un sujeto deseante
y la sublimación será aquello que
permitirá al sujeto saber algo sobre
este deseo.
En un reportaje periodístico reciente3, el pintor Arturo Rivera enfrentado a la pregunta sobre si él experimentaba placer (sic) al diseccionar al ser humano y entrar a sus partes oscuras, responde literalmente:
«Dicen que todos los médicos son
sádicos que subliman el sadismo con

111

�la medicina. En cierta forma, lo médico que yo tengo es exactamente lo
mismo: el sadismo que yo podría tener lo sublimo con la pintura&gt;&gt;. Y
más adelante continúa: «El arte, en
general, es una enfermedad que tienes que sacar, es una fuerza creativa
que tiene que salir porque si no explot_a la olla». La olla donde se cuece
el deseo, diría yo. También la olla
que contiene el caldo de la locura.
Deseo y locura. Deseo y muerte
en las palabras de Minerva. Dos polos de tensión entre los que se anuda
la escritura.

112

y de una cifra indefinida de posibilidades sintácticas».
Continúa: «Al cabo de los años
he observado que la belleza como la
felicidad, es frecuente. No pasa un
día en que no estemos, un instante,
en el paraíso. No hay poeta, por mediocre que sea, que no haya escrito
el mejor verso de la literatura, pero
también los más desdichados. La belleza no es privilegio de unos cuantos hombres ilustres».4

Ella dirá así «... el amor que
acaricia pensamientos de sangre.
Llegarás con las manos vacías al
encuentro ... Más poderosa que el
deseo (refiriéndose a la poesía),
condensa al deseo y a su par, la
muerte.» ( Op. cit.) Yo me pregunto
en este punto: ¿ Cómo romper las
cadenas asociativas de la reminiscencia? ¿Cómo desanudar las ataduras de la memoria?

Si la escritura es lo que sostiene
al poeta como tal, no habrá manera
para él de apoyarse en las promesas
de los dioses, ya sean la fama, el reconocimiento editorü\i, económico o
de la élite cultural de su época. No
habrá manera tampoco de apoyarse
en su propio yo, aunque sea «grande» o «brillante». Si entonces, la escritura es su único soporte habrá un
solo punto de reconocimiento posible y éste se delimitará alrededor de
aquéllos que ejerzan la función de
lector.

Decía Borges, al final de su vida,
al ocuparse de los conjurados: «Escribir un poema es ensayar una magia menor. El instrumento de esa
magia, el lenguaje, es asaz misterioso. Nada sabemos de su origen. Sólo
sabemos que se ramifica en idiomas
y que cada uno de ellos consta de un
indefinido y cambiante vocabulario

Si los lectores, muchos o pocos,
no importa si contemporáneos o no
de quien escribe, quedan situados
como voyeurs de las imágenes desplegadas por el poeta, si permanecen
como escuchas de las voces susurradas o vociferadas en un grito de
amor, dolor, angustia o placer, si se
apuntan para descifradores de . los

enigmas o metáforas poéticas, entonces sí serán los que sostendrán la
existencia del poeta.

Con estas reflexiones que se derivan ·de la presentación que hace la
autora sobre lo que es la poesía para
ella, es que yo los invito a que lean
el resto del libro y juzguen por sí
mismos desde el suyo, su corazón
más secreto.

La sublimación, dice Lacan, es la
posibilidad de dar una forma bella a
un deseo prohibido.
Si hay algo del orden de la sublimación en la escritura de la poesía,
aquéllos que estamos en posición de
lectores no hacemos sino sancionar
la audacia de los poetas, la capacidad de transgresión de los poetas.
Dice Minerva: «La poesía es vida
que pasa y busca un corazón donde
arraigarse, busca el corazón más secreto; ansía la lectura de un otro, la penumbra de su genialidad para que el
milagro se cumpla». (Op. cit.).
Cuando Joyce desliza el equívoco que va de a letter a a litter, de
una letra a una basura, apunta al hecho que la genialidad también se encuentra en la basura, o acaso ¿no es
también basura lo que se escribe?
¿No lo es en la medida en que,' como
todo Jo humano, podrá tener de alguna manera destino de desecho?
Finahnente, ¿de qué corazones hablamos? Solamente de corazones humanos, no de corazones divinos. Sólo
aspiramos y nada menos, que a hablar
de corazones humanos, llenos de genialidad y en el fondo, pura basura.

Notas
Yillarreal, Minerva Margarita: El comzó11 más secrelo. Ed. Aldus / Universidad de Ciencias y Artes del Estado de Chiapas, México, t996.
Foucault. Michel. «¿Qué es un autor?», en Co11Jetural No. 4, Buenos
Aires, 1983.
3

4

El Norte, 22 de junio de 1997. Monterrey, Nuevo León, México.

Borges, Jorge Luis. los conjurados,
Alianza Tres, México, 1986.

�UN DISCURSO HACIA LA
SENSIBILIZACIÓN POÉTICA MEDIANTE
EL AMOR' EL EROTISMO Y EL
DESEO EN
~
~
LOS.FANTASMAS DE LA PASIONDE JOSE
JAVIER VILLARREAL
Juan Antonio Serna Servín
José Javier Villarreal (Tecate, Baja
California Norte 1959), nos presenta
un texto interesante de análisis-tour
de la poesía mexicana. Villarreal recurre al método eclítico para llevar a
cabo su ensayo-crítico. El texto está
dividido en dos partes. En la primera
parte el autor ofrece al receptor un
tour por la poesía, subrayando la relación que predomina entre la poesía
y la sociedad. Asimismo el autor
cuestiona por un lado, el papel de la
poesía y por otro, enfatiza su marginación en calidad de subalterna. En
la segunda parte, el análisis está taxonomizado en 11 apartados titulados. Es importante señalar que al final de cada apartado Villarreal utiliza una cita o un comentario que va
muy ad hoc con su interpretación.
A través de su ensayo percibimos
la voz de un poeta que ha experimentado la marginación de la poesía
en carne propia, así como también la
lucha por lograr el reconocimiento
que la poesía debiera alcanzar dentro
de la sociedad regiomontana y por
ende, en la mexicana. El texto representa una reflexión y un desdoblamiento que invitan al lector a involucrarse con el amor, el erotismo y el
deseo, elementos que en ocasiones
son reprimidos por la estructura pa114

triarcal y que el poeta-crítico intenta
desempolvar para dar rienda suelta a
sus propias represiones y externar a
través de ellas su amor por la poesía
y su erotismo silenciado.
De ahí que la primera parte del
texto nos conduzca a revalorar la
poesía y su función, no solamente
gracias a la crítica, sino también a la
labor incansabe del poeta mismo.
Esto nos lleva a pensar en Alexis
Gómez -poeta dominicano- quien
en su poema «El arte poética» refleja
el rol de la poesía. Gomez lo expresa
de la siguiente manera:
Tras un cambio de cabeza de raíz soy de
otra sesera
Proyección del espacio el tiempo sin
ideas
Conduce la palabra la esencia
propósito

del

cuerpo del poema que un vocablo
perpetúa
La poesía es real

la realidad es otra

cosa
escritura

el verbo descamado

Admite esta página en blanco mundos
demoniacos

el fin sin principio
Ley del movimiento oral geometría de
un gesto ego
espejos

el movimiento

Surca siglos coléricos
ilustrados

y mapas

sangrientos
el cataplún de la rima
Deslirizada
desacralizada retórica
sorpréndeme el poema
Robusto como un sol
verano

caído del

Así que en la segunda parte vemos como ese poema robusto se desdobla en Sor Juana Inés de la Cruz,
Manuel Gutiérrez Nájera, Julio Torri, Ramón López Velarde, Salvador
Novo, Alí Chumacero, Ramón Xirau, Gerardo Deniz, Francisco Cervantes, José Emilio Pacheco y José
Luis Rivas. Es precisamente en esta
sección en la que el poeta-crítico
destaca como constantes el amor, el
erotismo y el deseo en los poetas

analizados. Tales constantes nos llevan a utilizar la conceptualización
que de dichos elementos presenta
Nomeí Quezada en Sexualidad,
amor y erotismo -México prehispánico y México colonial- retomando
para ello a Malinowski,
Es apasionante conocer el proceso de
los sentimientos, las emociones y las
sensaciones ligadas a la sexualidad y
al cuerpo que, formuladas como
conceptos, forman categorías explicativas dentro de un complejo de
signos y símbolos que conforman
un ciídigo cultural determinado y
permiten. no sólo el conocimiento
del comportamiento co1idiano de
hombres y mujeres, sino también su
ubicación en el Cosmos y su relación
con los dioses. (8~)
Así de que esos sentimientos,
esas emociones, esas sensaciones relacionadas con el cuerpo y la sexualidad reprimidas son subrayadas por
Villarreal en su interpretación de los
poetas. El estudio del autor nos permite clasificar a los autores precisamente en esos leitmotiv, el amor, el
erotismo y el deseo. Villarreal subraya el tema del amor en Sor Juana
Inés de la Cruz, en Julio Torri, Salvador Novo y Ramón Xirau, mientras que el erotismo lo destaca en

Ramón López Velarde, y el deseo lo
rescata en Manuel Gutiérrez Nájera,
Ramón López Velarde, Alí Chumacero, Ramón Xirau, Gerardo Deniz,
Francisco Cervantes, José Emilio
Pacheco y José Luis Rivas.
Ahora bien, aunque Villarreal
analiza y destaca los tres elementos, el
receptor percibe la idea de que es el
deseo el leitmotiv que el poeta-crítico
decide explorar más a fondo. Entonces
el lector se pregunta si es el deseo reprimido de los poetas o es el deseo villarrealiano que opaca a los otros dos
elementos. Sin embargo, pudiese ser
que es verdaderamente el deseo del
poeta-crítico el que opacaría en realidad el otro deseo. O bien se puede
pensar que emplea como mecanismo
de defensa el discurso del deseo del
otro para reafirmar o reprimir sus propios deseos y fantasías eróticas. De
ahí que sea el deseo de la pasión el eje
que nos invite a observar la represión
sexual, la marginación del individuo,
los usos del cuerpo, el rechazo a las
necesidades homoeróticas y la subaltemidad de la mujer -ya sea como
madre o como el amor ideal- dentr-o
de una sociedad castrante y asfixiante
y que en su momento hayan conducido al poeta-crítico a retomar a los poetas mexicanos para presentar un discurso contestatario poético que más

que ajeno pudiese representar el entorno propio.
En suma el texto de Villarreal
por un lado, representa un discurso
de sensiblización y de desmarginalización del poeta y su producción literaria, por otro, denuncia el ejercicio del poder por parte de la hegemonía patriarcal a través de la represión sexual, ideológica y emocional.
A pesar de que Los fantasmas de la
pasió_n es un buen texto, sin embargo, el estudio de Villarreal carece de
un análisis equilibrado -el de Novo
es muy breve, el de Xirau da la impresión de estar fragmentado y el de
Deniz extenso- y de la inclusión de
una conclusión que retomase el objetivo y la hipótesis de investigación
del autor. Asimismo hacen faltas algunas referencias biográficas de algunos autores como Deniz, Novo y
Francisco Cervantes.

115

�EL ENSAYO: CONCILIADOR DE MITOS Y
REALIDADES

Carmen Alardín
Ensayamos desde que. llegamos al
mundo. Ensaya el niño a hablar, a
conocer el alfabeto para leer, ensaya
a vivir a través del teatro, del cine,
de los libros, o simplemente imitando a sus padres.
Pero el ensayo como género se
perfecciona cada día más. Sobre todo desde que descubrimos que mediante él se pueden unir los mitos y
la realidad para hacer tanto a unos,
como a la otra, más consistentes y
perdurables.
Tenemos ante nosotros un libro
de Miguel Covarrubias llamado Papelería en trámite, que reúne ensayos y crítica. El libro debería imponerse como texto obligatorio desde
las preparatorias, para que los alumnos aprendan a leer con provecho y
a la vez con placer.
Empecemos por preguntar si de
verdad sabemos leer: leer no es resumir un tema, ni buscar el hilo conductor de una historia. Muchos llamados erróneamente críticos han
preguntado que si nuestros poemas
tratan del amor, olvidando que el
amor o el odio no son un tema. sino
un móvil. El odio o el amor o amhos
!\entimientos son el m!Ívil para que
116

Electra mate a Clitemnestra su madre, pero el tema es y será siempre:
LA CULPA.

Abocados ya en este análisis, nos
percatamos que tenemos que aprender
a leer, y lo mejor para ese aprendizaje
lo ha venido trazando con maestría el
escritor Miguel Covarrubias en los
años que lleva ejerciendo el oficio de
escribir y enseñar a la vez.
Pero Miguel ha ido más allá: no
sólo ha enseñado a leer, sino que nos
ha enseñado a encontrar a nuestra
ciudad, a reconocerla y amarla dentro y fuera de nosotros, a reconocer
nuestra ciudad en las ajenas y lejanas ciudades también. ¿Que cómo en
este libro lleva esta enseñanza? Porque nos conecta con personajes
esencialmente citadinos, como Albert Camus y con su obra maestra El
extranjero. Porque nos lleva mensajes de una novela ejemplar: a ese
gran argentino que a pesar de ser un
gaucho es citadino de corazón. Borges, citadino de todas las ciudades
porque no sólo es de Buenos Aires
sino de Londres. Berlín. París. de todas partes. Y to&lt;h~ las ciudades que
recon-e lll conducen a amar mejor a
Buen\lS Aires. a fundir la ciudad externa con su ciudad interna. como lo ha-

ce Miguel al regalarnos o espero que
vendernos esta Papelería que es más
bien un pasaporte para viajar a todas
las épocas y al interior de todos los
personajes de casi todos los tiempos.
Es costumbre en los fines del milenio echar mano de los recuentos. Y
el autor hace aquí un recuento de sus
críticas, de sus ensayos, de sus materias que imparte con esa dedicación
admirable día con día. Y aunque eso
del fin del milenio sea muy relativo
porque nadie se ha puesto de acuerdo sobre la edad exacta del mundo,
de todos modos estos finales nos
conducen a ordenar nuestras obras,
nuestras vidas, nuestros pensamientos, nuestros móviles y también
nuestros inmóviles, o sean los días
de contemplación o expectación en
donde aparentemente no hay movimiento pero las aguas libran una
gran batalla por lo bajo, donde nadie
se asoma y todo se desploma.
¿Qué ensaya el autor de estos ensayos? Todo lo que de vivible tiene
un libro. Lo sintetiza, lo vuelve persona, y lo entrega a sus lectores para
que comulguen con él o lo rechacen.
Miguel se atreve a una labor más
peligrosa que la del ensayista co-

mún: hacer crítica de la crítica, y aún
en esa hazaña pasa con buena calificación su tendencia creativa.
Esto conduce a una pregunta:
¿podní ser más creativo un ensayista
que el creador mismo? Es como
cuestionarse quién es más importante: si el que nos muestra el tesoro y
lo dona al país y sus museos, o aquel
viejo sabio que condujo al buscador
de tesoros hasta la puerta de la cueva. e incluso le proporcionó el Abracadabra para penetrar en el oculto
recinto y apoderarse de dichos tesoros.
Nosotros presentamos a Miguel
esta noche como un rastreador de
orígenes, un localizador de mitos, y
así como los franceses sugieren
«cherchez la femme», el autor de estos ensayos recomienda: «cherchez
le mythe».
Descubrimos también en este libro al proclamador de libertades.
Identificamos a Miguel con su Orestes sartrida, ya que, lejos de buscar
el favor de los dioses, se inventa su
propia divinidad, el derecho a la libertad.
Pero así como señala lo medular
de Sartre, de Camus, de Olavide, de

Marx, nos muestra a una figura que
ha sido para muchos escritores decisiva: Miguel, al hablar de los ensayos de Octavio Paz, no nos hace ver
solamente el rostro trifonne de este
escritor, «sino el mago que encarna
el verbo y lo muestra por un lado y
por otro de su moneda.»
Creo que en esto de estudiar tanto el derecho como el revés de las situaciones, Octavio y Elena sí coinciden, claro, por algo en un tiempo lejano se quisieron y estuvieron casados. Pero aquí no se trata de la vida
privada, y lo pertinente es reconocer
la maestría con que Miguel traza la
personalidad y el pensamiento de
Paz en unas cuantas líneas. Y nos
enseña también la manera en que
nuestro Premio Nobel combina los
contrarios: mundo interior, mundo
exterior, orientalismo y cultura occidental, para fundir genialmente el
surrealismo mexicano con el surrealismo europeo, y tendremos que reconocer que en esto los mexicanos
les llevamos una triste ventaja, porque no sabemos si algún día encontraremos el hilo de Ariadna para salir por fin del surrealismo.
Otra novedad con que pueden
encontrarse los lectores de este libro,
es que Miguel, a diferencia de mu-

chos escritores actuales, no tiene nada de misógino. Al analizar el amor
cortés se descubre como un gran defensor de la mujer. Como no queriendo decirlo, pero claramente expresándolo, protesta contra aquellos
hombres medievales que trataban de
convertirnos en un espejo opaco. Citamos:
«La mujer es el espejo de las debilidades del hombre. Un objeto que
gracias al persistente vaho viril, se
vuelve un consolador espejo opaco».
Seguimos escudriñando el libro:
le reclamamos a Miguel que, aunque
es muy acertada su visión de Pedro
Garfias, este poeta merece de él un
estudio aparte, porque el mismo autor aquí presente y algunos testigos
que se encuentran en esta sala, recuerdan que en el Seminario de tesis
de Posgrado, nos prometió un estudio exhaustivo del Pedro tradicional
y el poeta ultraísta, aunque no haya\
persistido en este movimiento.
Al estudiante de Letras le descubre de pronto el insospechado valor
de la prosa de López Velarde, ya que
la inclinación del que comienza en
este oficio es insistir en las excelencias verbales de la poesía velardiana,
pasando un poco frívolamente por la

117

�prosa, y Miguel muy a tiempo insiste en que Ramón el jerezano no escribió para que sus páginas tuvieran
una vida corta, sino que «trabaja sus
escritos en su carácter de artista y no
de escritor de ocasionales».
En la diversidad de estos ensayos, críticas, comentarios, reseñas,
buscamos la unidad, ya que unidad y
diversidad siempre se dan cita y se
complementan como vasos comunicantes, pero algunos textos nos brincan como queriendo salirse de estas
páginas, a pesar de que son buenos
textos, bien trabajados y con una visión amplia y original. Uno de estos
textos es el de «Villaurrutia cercado
por la estilística». Quisiera comentarle a Miguel que a un poeta no se
le puede cercar con, por ejemplo, el
Cerco de Numancia. A un poeta se
le puede citar, capotear, hacerle pases mágicos con un ensayo en donde
invites a tu público a meterse en sus
poemas, y hasta ganarte rabo y oreja,
cuando todos han reconocido que
extrajiste lo medular de dicho poeta.
Pero aunque el texto es muy acertado, el análisis también, a Xavier no
le hubiera gustado que lo cercaran.

118

Pero tranquilo, Miguel, no se trata de hacerte un juicio sumario como
el del General Felipe Ángeles. El

público que esta noche acude a manifestarte su devoción, conoce, como
todos nosotros, algunos de tus trabajos. Algunos los leyeron en la primera Papelería, otros en la Nueva papelería, y los lectores más recientes
en esta Papelería en trámite. Sólo
protesto porque en algunos textos le
quitaste el crédito a tu revista Deslinde y de paso también a nuestra
publicación Armas y Letras, en donde han aparecido algunos artículos
tuyos, entre ellos el de Orson Escamilfa, que es uno de los mejores exvotos.
Demos gracias a Miguel porque
además de hacer crítica de la crítica,
es a la vez crítico y nos enseña de
paso la forma de ejercer una crítica
constructiva. Sabemos a ciencia cierta
que incluso es buen crítico de sí mismo, ya que es exigente con sus trabajos de creación y recreación. Creo que
muy pocos ensayistas han llegado tan
al fondo de la mente de Kafka como
Miguel cuando señala...:
«Como artista, Kafka hace nacer de su pantano una extraña pero
bella flor. Por eso el aroma que
percibimos en las narraciones del
escritor checo es un aroma fuerte,
penetrante, salvaje y al mismo
tiempo cultivado. Si cedemos ante

el arte de Kafka, es porque éste logra
organizar -valga la paradoja- lo disperso, lo difuso de su realidad».
Asimismo nos gustaría que Miguel hubiera seguido más ante sus
propias ideas, ante sus acertadas intuiciones, y no acudiera a tantas citas, porque a veces nos quedamos
con las ganas de continuar leyendo
lo que Miguel opina y él nos corta
ese placer con las comillas.
Las semblanzas de Octavio Paz,
sus apreciaciones de la obra de
Elena Garro, todo lo que aquí se
reúne y nos reúne, nos confirma en
el amor a la libertad, al arte y en la
reincidencia de los mitos. Pero todo podría haber sido escrito por
Miguel sin el pretexto de tantos autores citados, aunque ya sabemos
que en este país así es el juego: la
gente no nos cree, mientras no estemos a la sombra de una figura
importante.
Todo lo que está en esta obra,
eso del Borges y el otro Borges, que
nos parece tan gozoso, lo contaba
Miguel en la cantina cuando era un
muchacho bachiller, cuando amábamos más a nuestras propias ideas, y
no necesitábamos tanta gente importante en quien apoyarnos.

Pero regresemos esta noche al
bachillerato, porque quien escribe
tanto, quien publica este libro -no
grande por su tamaño sino por su
contenido ideológico-, merece renacer muchas veces, y sobre todo renacer en cada uno de los que van a
comprar su libro.

�PAPELERÍA EN TRÁMITE DE MIGUEL
COVARRUBIAS

Humberto Salazar
Tres partes integran este macizo volumen de uno de los indiscutibles
maestros de la literatura nuevoleonesa y mexicana. La primera de ellas,
Papelería, se publicó cuando su joven autor, ya de corbata pero aún sin
barba, contaba en su haber 30 años.
La segunda, Nueva papelería, se publicó en 1978, año 38 del poeta, narrador y ensayista, quien ya para entonces sumaba 8 libros y dos hijas.
Veintitantos años después de su
debut en el género, con 57 años y experiencia acumulada, 14 libros, dos hijas y un nieto, Miguel Covarrubias recoge los retoños tempraneros (tempraneros en un género de la madurez como es el ensayo), y los acoge en este
volumen que nos recuerda un poco las
ediciones hispanogermanas de su releído Elías Canetti.
Quiero aclarar de entrada, aunque pueda estar de más, que desde
hace muchos años soy amigo y fui
discípulo del escritor y maestro Miguel Covarrubias. Por ello difícilmente mis opiniones sobre su obra
pueden deslindarse de la amistad, el
discipulado, la cofradía del café y
hasta la complicidad en varias batallas contra molinos burocráticos o tigres de papel. Me limitaré, pues, a
externar algunas consideraciones
muy generales, impresiones de lectura y reflexiones personales.
120

La primera de ellas es que hay,
por lo menos, dos tipos de ensayos
en este libro de 415 páginas. Por lo
general, el primer tipo es el de los
primeros libros recogidos, el de los
primeros años de ejercicio literario.
Podríamos llamarlo ensayo de tipo
académico, escolar. Lleva las consabidas notas al pie, abundancia de citas textuales in extenso y tratamiento
monográfico de los asuntos. Lleva
también la impronta de lo juvenil:
apasionamiento y posicionan:úento
ideológico, incitaciones a la polémica, afán de revisión sobre temas o
asuntos tratados por otros de una
forma inadecuada, etc. El segundo
tipo es de los años de la madurez y
se ha despojado un poco de arrebatos y grandilocuencia en la expresión, para ganar en el calado de las
ideas, serenidad expresiva, mesura
en el acarreo de lo ajeno, equilibrio
de la sintaxis que se aprieta hasta encontrarse a sí misma vuelta estilo
personal.

espesura de un periodo libresco y
conceptuoso. No es solamente el
aprendizaje y suscripción de la sabia
sentencia de que lo bueno, si es breve, es dos veces bueno. Es también
la convicción de que la palabra precisa nos vuelve cabalmente humanos, y de que el arte es fundamentalmente un proceso de clarificación, lo
que inscribe su propuesta literaria en
la vertiente que acerca ética y estética, camino transitado de Platón a
Kundera, de Cicerón a Jean-Paul
Sartre. En el origen de ese estilo libresco, cien por ciento intelectual, y
de la actitud moral ante la escritura
literaria, creo que podría señalarse el
hecho de que este escritor tuvo como
padre y primer maestro a un gran
historiador mexicano, Ricardo Covarrubias, entre cuya biblioteca y pláticas nuestro autor preparaba, quizá
sin saberlo, al futuro hombre de libros, al mismo tiempo que al hombre preocupado por sus semejantes y
la vida pública.

Hay maneras de ir reconociendo
este estilo de prosa «a la Covarrubias», este estilo covarrubiano. No
es solamente el buen decir del estilista que aprendió en Borges y en
Reyes, en Arreola y Monterroso por mencionar a algunos autores cercanos. Hay también la repentina y
felizmente usada expresión popular,
dejada caer como al desgaire entre la

Asistí a la primera publicación
de muchas de estas páginas en la revista Deslinde. Otras, las he leído
por primera vez en esta agradable
reunión. Me considero, ufanamente,
instigador de algunas de ellas, sobre
todo las referentes a autores nuevoleoneses, que no ocupaban mucho la
atención del joven Covarrubias pero
desde hace algunos años reclaman

un lugar en su librero. Como lector,
agradezco que haya incluido alguno
como el «Epistolario de reclamos
pero con gracia», o el enjambre de
textos brevísimos sobre autores y artistas nuestros.
Debo decir ahora, en abundancia
de lo anterior, que Covarrubias, y muchos escritores de su generación, no se
ocupaban de comentar la producción
regional hasta hace pocos años, si descontamos lo que escribían unos de
otros en solapas y cuartas de forros.
Creo que formaba parte de un cierto
paradigma, de un cierto horizonte de
recepción en el que lo propio no parecía digno de atención, y creo también
que en el cambio producido tuvieron
mucho que ver los escritores de mi generación, que se lanzaron con entusiasmo a hurgar entre la dispareja y
dispersa producción literaria regiomontana del último siglo y medio. En
apoyo de esta impresión está el hecho
de que en las primeras 240 páginas, anteriores a 1976, no hay referencia a escritores locales, mientras que de ahí en
adelante abundan las páginas sobre
Rangel Frías, Andrés Huerta y Salazar
Ortiz, Gloria Collado y Pedro Garfias.
Todavía más: el cambio de perspectiva que significó el reconocimiento de
esta producción cercana, más su generosidad de maestro, hicieron que Covarrubias sea prácticamente el único,
entre los de su camada, que ha escrito
páginas de apoyo y comentarios sobre

la obra de autores más jóvenes, como Genaro Huacal, Leticia Herrera,
Jeannette Clariond o Margarita Ríos
Farjat.
Con la publicación de esta Papelería aumentada, Covarrubias aparece una vez más como el adelantado
de su generación, repitiendo lo que
antes hizo con su obra El traidor.
Como en otros ámbitos, aquí también muchos lo intentamos para que
finalmente alguno llegue. Su triunfo
es para celebrarlo todos porque sube
el nivel general de la conversación
que llamamos nuestra literatura.
Después de esta Papelería, no se vale, no debería valerse, regresar a estadios anteriores del ensayo entre
nosotros. Ojalá que aprendamos la
lección.
Desde hace un par de años el autor
de estas páginas acompaña sus ires y
venires con un atractivo bastón de madera cuya empuñadura es una mujer
negra, de rasgos pronunciados. Podría
ser sólo un indicio del paso de los
años, o una coquetería de parte de su
dueño. Es también, queremos verlo
así, emblemático de la madurez a la
que ha llegado el maestro como escritor, como hombre de letras en toda la
extensión de la palabra.
Tengo como un orgullo que en
alguna ocasión, por invitación mía,
el maestro Miguel y su servidor ha-

yamos escrito un texto al alimón sobre Elías Canetti. Y ahora me envanece que ese texto esté incluido en
estas páginas. Supongo que hubo razones para hacerlo, aunque el lector
distinguirá fácilmente lo que pertenece al autor maduro de lo escrito
por un aprendiz. No lo traigo aquí a
colación para adornarme con esa
contigüidad literaria, sino para llamar la atención sobre la idea que está detrás de esta inclusión.
Podríamos resumirla en la expresión de Lautréamont: «La literatura
debe ser hecha por todos, no por
uno», o bien en la de Alfonso Reyes:
«Todo lo sabemos entre todos». Pero
más allá de estos paralelismos, implica que su autor piensa en la literatura como una conversación espontánea y cordial entre los hombres y
mujeres buscadores del saber y la
cultura, como una convivialidad, en
la que nos toca en ratos hablar y en
ratos escuchar. El único requisito para participar en este intercambio de
sueños -diría Covarrubias-, es el de
poseer un interés auténtico, el de no
impostar la voz o elevarla para acallar la de los semejantes.
El libro de Covarrubias es una
atenta y elegante invitación a ese encuentro con el pensamiento que se
interroga sobre los asuntos fundamentales de la vida en las obras literarias. Más que una valoración críti-

121

�~

AUTORESDENUEVOLEON

Leticia Herrera
ca, una ponderación cuantitativa,
una exégesis conducente al juicio, su
acercamiento a libros y autores es
ensayístico, en el sentido en que el
ensayo es una inquisición sobre lo
humano.
En Papelería en trámite hay varios motivos para celebrar. Reconozcamos la tenacidad del autor que ha
ido ganando textos y autores para
nuestra cultura literaria mexicana de
fin de siglo; aplaudamos al autor que
con los años y las lenguas fue enriqueciendo una voz y una actitud que
nos recuerda aquella del intelectual
como guardián de las metamorfosis;
celebremos al escritor que supo despojarse de lo adventicio para fraguarse un estilo personal; destaquemos, en fin, al maestro que nos sigue
enseñando como debe hacerse: con
el ejemplo; al joven abuelo que quiso querer y pudo poder lo mucho
que prometía el joven que cambió
las leyes por las letras; al que supo
utilizar provechosamente los talentos recibidos y que pasados los años
encuentra su hacienda literaria venturosamente enriquecida, para bien
de sí propio y de quienes nos contamos entre sus amigos y lectores.

Gloria Collado en muchos tonos
Uno de los más recientes aciertos
editoriales del señor Alfonso Castillo, en coedición con el Consejo
para la Cultura de Nuevo León y la
Universidad Autónoma de Nuevo
León es la publicación del libro del
escritor Miguel Covarrubias, El rojo caballo de tu sonrisa, libro que
nos acerca a la obra de la poeta
Gloria Collado a través de una tan
extensa como sabrosa entrevista,
así como la inclusión de una selección de poemas, prosas, jirones de
diario, textos sueltos, una cronología, bibliografía y opiniones que
diversos escritores han vertido sobre el trabajo literario de la poeta
tamaulipeca pero de vivencia regiomontana.
La primera parte del libro, por
supuesto la más valiosa en algún
sentido, nos entrega en bandeja de
plata, rasgos de la personalidad de
Gloria Collado, una de las poetas de
más reconocida trayectoria en nuestro estado, y cuyo aliento escritura!
escapa a toda convención de voz
«femenina» sojuzgada o cursi, pues
la reflexión de Collado, permanente,
rebasa con mucho los asuntos domésticos y la identidad femenina; y
también por la solidez de su obra, y
la multiplicidad de recursos que incorpora, sobre todo la influencia de

su trabajo plástico, así como la temporalidad y los elementos del cine,
del que es adicta convencida.
Si usted ha leído con anterioridad
poemas de Gloria, le recomiendo
ampliamente este libro, pues a través
de la entrevista que le hace Miguel,
nos enteramos, en sabrosa confidencia, de algunas de sus pulsiones y
manías más acendradas, así como
constantes de su personalidad poética, plástica y existencial.
Y como si esto fuera poco, el hallazgo del elemento visual, en la parte iconográfica, con una buena selección de fotos de Gloria desde bebé
hasta la fecha de edición de este suplemento, casi.
Si no conoce, por el contrario, el
trabajo poético de Gloria Collado, le
recomiendo que busque, dentro de
las mismas colecciones de Ediciones
Castillo, su libro de poemas Zumo,
editado en 1995 en la colección La
eterna Eva.
Pero volviendo al tema, El rojo
caballo de tu sonrisa, es un doble
acierto, en lo que respecta al tipo de
obra que recoge la creación literaria
local, pues Miguel Covarrubias es a
la vez uno de los escritores nuevoleoneses más conocidos, y cuya agi-

lidad y habilidad con la literatura está ampliamente probada.
Además, la amistad que lo une a
Gloria Collado, hace que la entrevista transcurra sin tropiezos, y signada
por un absoluto conocimiento de entrevistada a entrevistador.
Es bueno que a nivel local se
consiga editar este tipo de libros,
porque aparte de que dejan constancia del trabajo de nuestros escritores,
hasta sirven a nivel didáctico, para
orientar al futuro lector de poesía, en
este caso.
Además El rojo caballo incorpora una selección de poemas de Gloria Collado, rescatados de ediciones
perdidas como Apolodionis, Falsario, Punto y coma, Juego de dos, etc.
Pero mejor le trascribo unas líneas robadas al diario reflexionar de
Gloria Collado, que podrían convencerlo de adquirir este atractivo libro:
« ... algunos ratos siento que no
quepo en ninguna parte, me aturden
las obligaciones rutinarias, me obsesiono por tenerlo todo en perfecto
orden -como ahora precisamente en
mi casa, limpia, con cada cosa en su
lugar, libre de ruidos y de polvo-,
quisiera no comer, no atacar mi organismo, castrarlo, ayunar por tiem-

�po indefinido, sólo beber y beber jugos, agua, alcohol, sentir que me lavo por dentro, que me diluyo entera,
que vuelvo a mi origen de agua... me
tallo los ojos, me muerdo las uñas,
me levant-0, me siento, sueño, despierto, enciendo la luz, grito, no respondo más. cuánto me quedará de
vida? por cuánto tiempo más seguiré
arando y arando el camino? no sé
hasta qué punto me guste vivir, no
sé... tal vez viviría tranquilamente si
un día me enterase de cuándo sería
el último de todos.» (pp. 179-180).

Visión de Monterrey

A un año de que celebramos, como
buenos y adictos regiomonta·nos que
somos, los cuatrocientos años de
nuestra ingrata, difícil e injundiosa
ciudad, bien vale la pena deteñerse
un rato, en las páginas de un librito
aparecido hace apenas algunos meses, producto del escritor Abraham
Nuncio, prolijo productor de análisis
sobre tópicos tan serios como el
PAN, el movimiento obrero, y algunas que otras páginas sueltas de prosa tan cuidada como precisa.

124

Visión de Monterrey, es una panorámica de la ciudad, desde sus orígenes, en ia que el lector podrá encontrar, resumidos de buena manera,
los libros y documentos que de tan
difícil adquisición resultan, y que

nos penniten tener una memoria histórica, aunque bastante fragmentada,
de Monterrey y su vida cuatricentenaria.
En una coedición del Fondo de
Cultura Económica y la Universidad
Autónoma de Nuevo León, Visión
de Monterrey puede fácilmente convertirse en documento obligado de
toda casa regia, porque es como un
resumen muy bien hecho, de la peripecias y hechos a partir de los cuales
Monterrey llegó a convertirse en lo
que ahora es, a la vez que ofrece algunas líneas, aunque sea leves, de
asuntos en los que hace falta profundizar a fin de ir llenando lagunas sobre periodos detenninados, como
por ejemplo el relativo al carácter de
los indígenas que habitaron la región
hasta ser extenninados, y cuya presencia, cultura y valores quedaron
inscritos en los petroglifos, en un
material hasta ahora insuficientemente estudiado.
Y justo a partir de este origen negado, ausente, es que se va conformando la identidad de la ciudad, ajena a sí misma, y contaminada de la
visión de los dominadores, los con:
quistadores, los recién llegados.
El carácter nómada de las tribus
que solieron habitar por nuestros lares, así como la falta de signos de
«civilización», desarrollo de ciuda-

des, una organización en tomo a las
actividades económicas, guiada por
el gobierno, fueron los «signos» para
que los europeos se adjudicaran el
derecho de adoctrinar, sojuzgar, eliminar a los rebeldes indios.
La pobreza de la ciudad, al grado
de que Martín de Zavala, cuando la
gobernó, le inyectara recursos de su
propio peculio, es parte de esa historia que después quedaría enterrada,
como parte de la precivilización.
Y para conjurar la falta de actividades económicas redituables,
empiezan a hacerse las introducciones masivas de ganado, que acabarían por crear grandes haciendas,
con lo que sólo se agravaron los
problemas originales de la ciudad:
el sojuzgamiento de los indígenas
para explotarlos en las haciendas, y
la concentración de la riqueza que
empezó a crearse, en poquísimas
manos, de ganaderos que nunca vivieron aquí.
Y poco a poco, con la creación
del Obispado y el Real y Tridentino
Seminario Conciliar de Monterrey,
la faz de la ciudad empezará a cambiar. Los trabajos de Rafael José
Verger, segundo obispo de Monterrey, con la introducción de canales
de riego que servirían para fomentar
el cultivo de huertas, introduciría
importantes cambios en la hasta en-

tonces paupérrima economía de los
habitantes de la ciudad.
El Seminario sería también una
institución importante, en cuyo seno
florecerían importantes talentos, como el de fray Servando Teresa de
Mier.
En fin, es imposible hacer el recuento de esa obrita, que llega prácticamente a bucear en la historia regiomontana hasta nuestros años más
recientes. Búsquela, leáJa, consérvela. Es una visión global de Monterrey, donde todos podemos sentirnos
identificados.

Tomado de ¡Bravo!, suplemento de El
Diario de Momerrey, domingo 23, noviembre, y domingo 7, diciembre, 1997, p.
27.

�EL ROJO CABALLO DE TU SONRISA

Alejandra Rangel
Como conversacwn larga, plácida,
como oportunidad diferida se produce el encuentro de Miguel Covarruhias, Silvia Mijares y Gloria Collado. Rodeados de poemas, fotografías, catálogos, instalan la paleta de
los recuerdos y el autor de El rojo
rnhal/o de 111 sonrisa empieza a bocelar el dihujo de la artista, el libro
antolúgico de la escritora. Sus mejores poemas, su prosa, sus ideas, su
intimidad. «El hlanco dibujo de un
espíritu moderno y pugnaz», dirá
Miguel Covarrubias.
Los poetas comienzan con el recucnlo de los años, de las publicaciones y de los sueños. Gloria Collado en el tiovivo de la mentira
nos dice. ,,todo el tiempo estoy girando en derredor de esos elemenlos: me encuentro entre el amor y
la lihcrtad.» Es un girar que nos remilc al 1iovivo, a ese juguete del
arte popular que obsesiona a la artista, al talismán que la acompaña
como espejo de identidad. Movimientos que de acuerdo con Covarrubias distinguen sus creaciones:
«verso libre y prosa poética o poema en prosa, asociaciones inesperadas, aliteraciones, repeticiones,
circularidad. giros idiomáticos populares convertidos en 'elegancias
a la Collado.·» Un tiovivo que al
dar vueltas produce espirales, ritmos, poesía.

El autor nos descubre a la artista
de varios matices, a la pintora, poeta, fotógrafa de múltiples visiones y
pasiones. «Tú eres, quizás», le dice
Miguel Covarrubias, «la principal
exponente del vanguardismo literario en nuestro medio. Además esa
fuerte adhesión a lo nuevo se manifiesta en tu actividad como pintora y
fotógrafa. Se advierte incluso en la
marcada cinefilia que te distingue.»
A lo que ella contesta: «por una razón que desconozco, me ha preocupado siempre la actualidad y me han
atraído los artistas del momento»,
para después agregar, «mi tendencia
va hacia descubrir algo nuevo: yo
debo encontrar otra cosa. Tal vez
soy muy pretenciosa. El arte como
recreación no me interesa. El arte,
para mí, es un constante descubrir.»
Así nos encontramos inmersos
en el tiovivo de los poetas: Miguel y
Gloria donde uno interroga, pregunta y otro responde para volverse a
preguntar. En la lectura todo parece
girar, todo converge en miradas de
creación. Representaciones, verdades, sentencias, «el arte», dice Gloria, «te da la magia para poder vivir.»
Miguel Covarrubias ha realizado
un trabajo diáfano, transparente, restaurando la memoria, una memoria
de sí mismo y del otro, donde maní-

fiesta el reconocimiento del lenguaje
de la vida. El rojo caballo de tu sonrisa brinda la oportunidad de recrear
a Gloria Collado, descubrirla, colorearla, fijándola para siempre a través de sus poemas, de sus fotografías. Ahora sabemos cuáles son sus
inquietudes, sus búsquedas, sus soledades. Ahora sabemos que su universo es interior porque la cárcel es
exterior y está representada por la
multitud. Que Wonder woman ha sido uno de sus personajes favoritos
porque al girar alrededor de ella la
transforma.
«Pensándolo bien, más.tranquilamente», nos dice la artista, «creo que
la gente no puede vivir tanto para lo
externo. Los demás te pueden devorar. Tienes que mantenerte atado a ti
mismo para poder ser, para poder
decir, para poder expresarte. Porque
si todo el tiempo estás en constante
comunicación... te devoran sin piedad.»
El autor ha revelado las manifestaciones del decir, la urgencia de la
potencia expresiva del espíritu, el
testimonio más allá de la ausencia y
el olvido. Revela la pluralidad de los
horizontes creativos de la artista
donde aparece la exigencia de la verdad por ser representada, la tensión
de los lenguajes, la ensoñación profunda.

. Miguel Covarrubias ha logrado
acercamos al universo poético, a la
reflexión artística, evoca las m~táforas sin ceremonias, sin ornamentos,
descubre al otro y al descubrirlo nos
muestra la esencia de lo humano. La
selección de poemas de Gloria Collado acierta en su laberinto y ofrece
como po~ible, la libertad.
Noviembre 12, 1997.

�COMENTARIOS SOBRE DESLINDE

Libertad González
Cuando era estudiante de Letras,
aquí en esta facultad, uno de mis
maestros me pidió escribir algo sobre un taller literario que tenía apenas unos meses de haberse formado.
Más allá de la dificultad de poner en
práctica mis bastante incipientes dotes de crítica literaria frente a unos
textos de escritores también incipientes, más allá de esa dificultad
estaba el reto de saber que mi maestro pensaba publicar ese texto. Como
pude, salí del paso y mi tímido ensayo crítico se publicó en la nueva revista de la facultad. Sobra decirles
que aquel taller literario se llamaba
«Fruta verde», el maestro era Miguel
Covarrubias y la revista, Deslinde.
De entonces a la fecha, y no quiero
decir cuántos años hace -porque soy
mala para ese tipo de precisiones- ,
muchos caminos se han cruzado y
uno de ellos me ha traído aquí, ante
ustedes, para hablarles de esta revista de la cual ahora soy secretaria de
redacción.
Para hablar de este volumen 53-56,
quiero recordar junto con aquellos que
ya conocen la revista o presentar para
quienes todavía no están familiarizados con ella, las distintas partes que
actualmente la conforman. Deslinde
cuenta con cinco secciones fijas:
128

a) «Rescoldo» es el nombre de la
sección dedicada a recuperar las palabras que si bien han sido dichas en el
pasado, tienen vigencia el día de hoy.
Es una sección en la que se busca que
aquéllos de allá y entonces vengan a
dialogar con nosotros aquí y ahora. En
este volumen, por ejemplo, se publica
un ensayo inédito que Raúl Rangel
Frías escribió a propósito de una pintora regiomontana.
b) La sección llamada "Abanico"
como su nombre lo indica, es un
muestrario de textos que guardan
cierta unidad temática. En este caso,
las páginas del ~&lt;Abanico» cuentan
con la colaboración de escritores y
críticos cubanos.
c) Debido a que Deslinde, como
toda revista, tiene límites en la extensión de los textos se pensó crear
una sección que pudiera incluir escritos de mayor alcance, ,esa es la
idea del «Cuaderno», que en esta
ocasión reúne textos dedicados a
Monterrey, uno de carácter histórico
y otro que recoge la opinión de especialistas sobre la conformación urbana y arquitectónica de la ciudad.
d) Para dar lugar a la investigación histórica, la revista cuenta con

la parte llamada «Región» en la cual
esta vez se ha incluido un estudio
sobre el reparto de la tierra eri el norte de México.
e) No podía faltar una sección
dedicada al comentario sobre autores
y libros. Esa es la intención de «Señas, reseñas y contraseñas».
Junto a estas secciones fijas que
de número a número buscan alternar
tópicos y temas filosóficos, históricos, socioiógicos, lingüísticos, y de
educación, Deslinde incluye siempre
entre· sus páginas la creación literaria: poesía, cuento, ensayos, fragmentos de novela, crónica, así como
entrevistas y semblanzas.
Para sólo citar a unos cuantos me
gustaría mencionar los textos del
poeta sonorense fallecido .en 1995,
Abigael Bohórquez, de quien se incluyen algunos poemas de su libro
Poesida, así como el cuento de la regiomontana Gabri~a Riveros, quien
en su narración evoca una casa del
Monterrey viejo.
De los ensayos no literarios conviene traer a colación el trabajo· de
M_anuel Contreras Ramos quien mediante una reflexión crítica intenta

definir cmíl es el lugar que la teoría
psicoanalítica tiene actualmente.
De este número yo les recomiendo especialmente la conversación
que Julieia Renée sostiene con el
francés Jean Marie Binoche, quien
aparre de hablar de sus hijas, una de
ellas la actriz Juliette Binoche, realiza interesantes juicios sobre la función del artista en la sociedad contemporánea así como sobre el teatro
de müscaras tan poco reconocido
hoy en día.
Habría que decir también que
Deslinde ha buscado promover autores de otras latitudes, de ahí que casi
de manera sistemática se guarde un
espacio para la traducción de algún
autor de lengua extranjera (inglés,
alemán. francés, italiano, etc); aunque también se reserva un lugar para
autore~ clásicos, especialmente latinos. En el volumen que aquí presentamos Miguel Covarrubias traduce
del francés a Jean Tardieu y del alemán a Thomas Rosenlocher.
En cuanto a lo visual, a menudo
\e invita a un artista de la plástica,
del dihujo o de la fotografía para que
ilustre cada número. Por ser nuestra
ciudad uno de los temas importantes

del volumen, las imágenes que este
número incluye corresponden a fotografías del Monterrey de distintas
épocas.
Como se han podido dar cuenta
la lista -de colaboradores de Deslinde
es muy amplia; solamente en este
número encontramos 37 nombres diferentes entre autores locales, nacionales e internacionales.
Para cerrar esta mínima presentación me gustaría volver a la anécdota que contaba al principio. Imagínense a una joven que de manera insegura buscaba cómo armar su pequeño texto y contrasten esta imagen
con la de esa misma joven viendo
con nerviosismo, pero también con
orgullo, su nombre escrito en una revista. Debo confesarles que la inseguridad nunca se me quitó pero descubrí lo que era comunicarse por escrito. Así como entonces una estudiante de letras hizo suya la revista,
yo los invito ahora a que ustedes hagan lo mismo y los reto, sin límite de
tiempo, a enviar una colaboración.
Facultad de Filosofía y Letras
Octubre 9 de 1997.

129

�COMENTARIOS SOBRE DESLINDE

Javier Rojas Sandoval
Quiero referirme a dos colaboraciones de la revista Deslinde (53-56) que
aluden a temas relacionados con los
cuatro siglos de la fundación de
Monterrey y los símbolos de su historia cultural: las comunidades indígenas prehispánicas y la industria.
1. El tema de la industria corresponde al maestro y amigo José
Roberto Mendirichaga, titulado: El
Porvenir, una empresa con vocación
y destino social, la que se puede leer
en las páginas 50-54.

Antes debo mencionar que el
maestro Mendirichaga es licenciado
en filosofía y maestro en letras españolas. Fue profesor de nuestra facultad y el segundo director de la revista Deslinde, de enero a diciembre de
1983. Actualmente se desempeña como funcionario de la Universidad de
Monterrey. Es autor de los siguientes libros: La letra y la tinta (1981).
la estética de José Vasconcelos
(1986) y Macario Pérez, maestro de
siempre (1984).
La colaboración del maestro
Mendirichaga se refiere a la historia
de la empresa textil El Porvenir localizada en El Cercado del municipio de Santiago, Nuevo León. Origi130

nalmente el escrito fue presentado
como ponencia en el encuentro: «La
fábrica, patrimonio cultural de Nuevo León», celebrado los días 9 al 13
de septiembre de 1996, convocado
por el Consejo para la Cultura de
Nuevo León y la Capilla Alfonsina
de la Universidad Autónoma de
Nuevo León.
Fundada e;n 1871, El Porvenir es
una de las tres empresas pioneras de
la industrialización de Nuevo León,
precisamente ~a segunda planta textil. Basado en información del texto
titulado: El inmigrante, vida y obra
de Valentín Rivera, de Tomás y Rodrigo Mendirichaga Cueva, editado
en 1989 y otras fuentes de primera
mano como el Libro Auxiliar de
Contabilidad No. 3, del propio fundador de la empresa Valentín Rivero, el maestro Mendirichaga inicia
puntualizando los factores que sentaron las bases de la economía regional _desde los tiempos del Nuevo
Reino de León: primero la agricultura, luego la ganadería, y el comercio
que desempeñó funciones de banca,
hasta la constitución del Banco de
Nuevo León y Banco Mercantil de
Monterrey. Finalmente la primera
industrialización, con el establecimiento de las plantas textiles: Fábri-

ca de Hilados y Tejidos de La Fama
(1854), Fábrica de Hilados y Tejidos
El Porvenir (1871) y La Leona (1874).
Resulta interesante la propuesta
del maestro Mendirichaga de considerar la industria no solamente como
centros productores de bienes comercializables, sino también como
centros generadores de tradiciones
culturales, lo que podría denominarse cultura fabril industrial. Por ello
el autor advierte que el objetivo del
trabajo es analizar el aspecto humano y, particularmente, «el sentido
social que desde su nacimiento tuvo
la empresa.» Una segunda prnpuesta
del escrito es considerar la fábrica El
Porveni( como parte del patrimonio
cultural de Nuevo León. Lo que supone una revaloración del papel de
la industria como símbolo de la cultura industrial regiomontana, lo que
permite entender la industria como
parte fundamental del patrimonio
cultural de Nuevo León.
El segundo escrito es de Abraharn Nuncio, quien hace quince años
fuera el primer director de la revista
Deslinde.
2.

Abraham Nuncio es licenciado
en derecho de la Universidad Autó-

noma de Coahuila, realizó estudios
de filosofía y letras en la UNAM y la
UANL. Se desempeñó como maestro
de nuestra facultad. Además es periodista, editor, e investigador de
ciencias sociales. Ha colaborado en
publicaciones nacionales como Nexos y La Cultura en México, entre
otras. Ha publicado varios libros, entre ellos: El Grupo Monterrey, Gilberto, la huella del huracán en Nuevo León y Fábulas del poder.
La colaboración de Nuncio se
encuentra en el número 19 de los
Cuadernos de la revista Deslinde. Es
una reproducción de dos de los capítulos del texto Visión de Monterrey,
publicado con motivo de los 400
años y premiado por el Ayuntamiento de Monterrey.
El escrito de Nuncio hace notar
la negación de la sociedad regiomontana a reconocer su pasado indígena, con el argumento de que las
comunidades cuachichilas no dejaron vestigios materiales de su cultura. A pesar de la existencia de testimonios escritos sobre sus costumbres y tradiciones, relatadas por el
hispano Alonso de León. Se trata de
rescatar la memoria de las culturas
indígenas que resistieron la invasión
de los bárbaros europeos, para con

ello evitar justificar el exterminio de
que fueron víctimas durante el proceso de colonización.
Como dice Nuncio en su texto:
«Al celebrarse los 400 años de la fundación, no sólo la visión, sino la memoria de esos hombres se halla ausente».

Lo cual plantea la actualidad e
importancia de las investigaciones
sobre antropología física y cultural
en nuestra facultad.
Facultad de Filosofía y Letras
Octubre 9 de 1997.

�HÉCTOR GONZÁLEZ: ENSAYISTA
Y TRADUCTOR

Gabriel Trujillo Muñoz
REGIÓN

Si Pedro N. Ulloa es nuestro primer
polígrafo bajacaliforniano, el escritor que responde a todas las necesidades culturales y bohemias de la
Ensenada de principios del siglo XX,
Héctor González representa lo mismo para el Mexicali de la segunda
década de esta misma centuria. Su
entrada en la sociedad bacaliforniana. como se decía entonces, no pudo
tener mejores augurios: en 1915, el
coronel Esteban Cantú tomó posesión. en una época de gran anarquía
e incertidumbre política, del gobierno del Distrito Norte de la Baja Californ ia. Como la situación en la frontera era la más tensa y la población
emergente -o de paso- se acumulaba en ella, Cantú cambió la capital a
Mexicali, dándole preeminencia política y económica a este poblado.
Cantú era un militar inteligente,
que no daba paso en falso. Mientras
la revolución mexicana conmocionaba al país entero y ponía en cortocircuito la vida nacional, Cantú prefirió
volver a la máxima porfirista de mucha admmistración y poca política.
Pero para llevar con éxito su plan
necesitaba un grupo eficiente de administradores y abogados expertos
en asuntos públicos. Como el coronel había nacido en Linares, Nuevo
León, en 1880, decidió confiar en los
jóvenes p'rofesionistas de su estado
natal. Entre los que acudieron a su

132

llamado estaban José F. Guajardo,
Ignacio Roel y Héctor González. Es
decir: la crema y nata de la nueva intelectualidad regiomontana.
Héctor González nació en la capital de Nuevo León en 1882. Para
1899, con apenas 17 años cumplidos y
aún estudiando en el Colegio Civil,
fundó, junto con Nemesio García
Naranjo, Santiago Roe! y Fortunato
Lozano, la sociedad científica y literaria «José Eleuterio González»,
donde dio a conocer sus primeras inquietudes literarias. Como Alfonso
Rangel Guerra lo ha señalado: «esta
sociedad llevó una vida muy activa y
logró congregar en su seno a docenas de estudiantes que ansiaban sobresalir y distinguirse, bien en estudios de carácter científico, bien por
sus aficiones a la literatura. Fue, por
ello, el campo en que se ejercitaron
para actividades más serias la mayoría de los que en época posterior, en
una u otra forma, se han distinguido
en la vida intelectual regiomontana».
Aquí fue donde Héctor González
descubrió que si su profesión iba a
ser la de un abogado litigante de las
causas perdidas, su verdadera vocación era la literatura: no la creación
literaria, sino el ensayo y la crítica.
Rangel añade: «esta sociedad tenía
reuniones semanarias en que nunca
dejaron de hacerse trabajos de disertación y de crítica, que dieron lugar

a espirituales e interesantes polémicas en tomo de las diversas cuestiones que entonces agitaban al mundo
intelectual, siendo tal vez la principal de ellas el llamado &lt;modernismo&gt; de las letras castellanas, que fue
de actualidad por muchos años».
En 1901, Héctor González ingresó
a la escuela de leyes. Ese mismo año
comenzó sus colaboraciones literarias en la revista quincenal El pobre
Va/buena, a las que seguirían trabajos ensayísticos y reflexivos en otras
revistas y periódicos locales, como
El Noticiero y El Porvenir. Como
abogado y periodista estuvo atento
al desarrollo del movimiento revolucionario maderista, pero permaneció
fiel al statu quo porfirista, vía primero el general Bernardo Reyes y luego el general José María Mier. Incluso, en 1910, fue director del diario
semioficial 1A opinión, lo que provocó que, en 1914, al triunfo de la revolución de los bárbaros del norte
(Carranza, Villa y Obregón), Héctor
González tuviera, según Ricardo Covarrubias, que salir de Monterrey. Al
principio, como muchos otros exiliados regiomontanos, se instaló en San
Antonio Texas, con su madre, su esposa y su hijo. Allí recibió la invitación de unirse al gobierno del coronel Cantú como juez de primera instancia. Quien lo invitaba a participar
en esta encomienda en el otro extre-

�•

mo de la frontera México-Estados
Unidos, era un compañero suyo de
generación: el licenciado José F.
Guajardo, que entonces desempeñaba el cargo de secretario de gobierno. Ni tardo ni perezoso, González
se trasladó a Mexicali con toda su
familia. La capital de la Baja California sería, por los cinco años siguientes, su campo de operaciones
jurídicas y literarias.
En cuanto a su labor profesional,
además del trabajo judicial que le
fue encomendado, pronto ingresó a
la política local apoyando al doctor
Ignacio Roel y fundando, en 1917, el
club político «Benito Juárez» que,
como dice el historiador Celso Aguirre, fue «la primera organización de
carácter político constituida en la
municipalidad de Mexicali» y que
logró que su planilla resultara triunfante ese año y los sigu'ientes. Para
1918. don Héctor ya era regidor del
ayuntamiento de Mexicali junto con
el propio Ignacio Roe!. Más tarde,
fue nombrado abogado consultor del
mismo ayuntamiento e intervino para que el puerto de San Felipe fuera
elevado a la categoría de delegación
municipal.

134

En ese mismo año de 1918, Héctor González formó parte, como secretario de la comisión reguladora
de precios, ya que por el estado de
guerra en que vivían los Estados

Unidos se había provocado un clima especulativo en la franja fronteriza, lo que afectaba a los bajacalifornianos. Para 1920 participó en
otra comisión para ampliar las vialidades de Mexicali y aprobó la
creación de un escudo de la ciudad,
proyecto que no llegó a realizarse
ante el colapso del régimen cantuista. En lo que don Héctor sí participó activamente -y fue la causa
de que tuviera que salir, exiliado,
por segunda ocasión, del país- fue
en la 9efensa jurídica del coronel
Esteban Cantú, quien no se sumó
al golpe militar del grupo sonorense (Obregón, Calles, Rodríguez)
contra Venustiano Carranza. En un
exordio enviado, en forma de telegrama, por el ayuntamiento de Mexicali y en cuya redacción participó González, se pedía al general
Alvaro Obregón que se mantuviera
a Cantú «con el cargo que actualmente desempeña de gobernador
de este Distrito Norte, teniendo en
cuenta que un cambio en el gobierno de este Distrito Norte no es necesario puesto que su actual mandatario ha proporcionado a todos
sus habitantes amplias garantías a
sus vidas e intereses dentro de la
ley y ha desarrollado de una manera asombrosa en esta región del
país ideas todas de acuerdo con el
patriótico programa que se propone
desarrollar nuestro gobierno provisional».

Más no todo fue política en el
paso de Héctor González por Mexicali. En la plenitud de sus facultades,
joven aún y con grandes proyectos
de toda índole, nuestro abogado dedicó buena parte de su tiempo y esfuerzo al periodismo. En buena medida porque el periodismo era una
extensión más de la política. Pero su
aportación a la prensa bajacaliforniana marca un hito en la historia de este medio de comunicación. Recuérdese que el mismo año en que González llega a Mexicali, en 1915, apareció el primer periódico, El noticioso del Distrito, una simple hoja publicada en la vecina ciudad norteamericana de Calexico. Un año después, circuló Tricolor, una revista de
anuncios comerciales. 1917 sería el
año clave. Como lo señala Armando
l. Lelevier en su Historia del periodismo y la imprenta en el territorio
norte de la Baja California {1943):
El primer periódico serio, con arraigo y una amplia ejecutoria en el
campo del periodismo mexicalense
fue la vanguardia, que alentada por
el gobernador, coronel Esteban Cantú, se fundó el 20 de octubre de 1917,
importándose para imprimirse, la
primera imprenta a Mexicali, la que
contaba con una prensa plana, un linotipo y demás maquinaria para remiendos, estableciéndose en la entonces avenida Porfirio Díaz, hoy
Francisco l. Madero, donde se levanta el edificio conocido por «El teco-

l~le», siendo su director el doctor Ignacio Rocl y jefe de redacción Héctor González. la vanguardia continu6 saliendo regularmente hasta pocos días después de haber entregado
el gohicrno el coronel Cantú, a fines
del rncs de agosto de 1920, pues en
scp1iembrc de ese año dejó de aparecer; la imprenta pasó a Calexico, California, entregándose parte del malcrial por los adeudos que se tenían,
rnnsliluyéndose con el resto la lmprcnla Imperial.

La 11&lt;111g11ardia, como lo afirma
A~fon~~&gt; Rangel, «fue la primera pu~l1cac1on aparecida en lengua espanola en el territorio de Baja California. Este periódico lo fundó con dos
sonorcnscs, coronel Esteban Cantú y
el doctor Roel, también de Nuevo
León. Después fundó El monitor
que se imprimía en las prensas de ~
,·w,guardia Y donde escribió los primeros editoriales». Pero Héctor
González no se consideraba a sí mismo sólo un periodista. Sus aspiraciones intelectuales iban más allá de la
escritura de un acta municipal O un
artículo de opinión. Su cultura era
más vasta y más profunda. y era, sobre todo, una cultura literaria de índole cosmopolita, universal.
Ya en 1911, a los 29 años de edad,
~onzález había publicado su primer
ltbro. Estudios literarios, que revelaba a un lector acucioso y a un histo-

riador precoz. En su estancia en Mexic~li, nuestro periodista-abogadoreg1dor publicó dos obras más: El
negrito poeta mexicano. Su vida
anécdotas y versos en 1918, un libr~
en homenaje a ese cantor popular y
El cuervo (The raven), un cuaderno
que inaugura el género de la traducción en Baja California, lo mismo
que El negrito poeta mexicano lo hab~a _h~cho. con respecto al ensayo
h1stonco-b1ográfico-literario. Alfonso Rangel declara que El cuervo
(The raven) se publicó en 1920 en
la imprenta mundial, en Calexico,
California, contando con 24 páginas, donde se incluía no sólo su
propia traducción del famoso poema de Edgar Allan Poe, sino dos
más: la de Bonalde y la de Ricardo
Gómez Robledo, además de noticias Y apuntes críticos del propio
~~-nzález sobre este poema y sus
dift~ultades de traducción. Rangel
sugiere que, en buena medida, la
publicación de estas obras era una
forma de mantener el contacto con
el grupo cultural regiomontano,
con la generación intelectual a la
que González pertenecía. El rnervo
Y El negrito poeta mexicano eran
una especie de postales, enviadas·
desde Mexicali, para tener tema de
conversación con los amigos de
Monterrey que, aunque estaban
distantes, eran el público real al
que iban dedicadas publicaciones
semejantes:

En las líneas iniciales, Héctor González dedica este trabajo «a mis antiguos amigos de Monterrey• la
amada patria chica que nunca olvido, en donde me eduqué, y en donde empecé a soñar y a emprender»,
Se refiere a Joel Rocha, Fortunato
Lozano, Jesús de la Garza, Federico de Lachica, Federico Gómez
Celedonio Junco de Ja Vega, Enri~
que Fernández Ledesma, Eusebio
de la Cueva, Carlos Roe!, y concluye: «La mayor parte de ellos creo
que conservan vivo Jo mismo que
yo, al través de sus andanzas, el recuerdo de aquellos hermosos días
en que luchábamos por Jos fueros
de la libertad en el pensamiento y
en el Arte en los periódicos y en
los cenáculos de la ciudad más industriosa, más inquieta y más culta
del norte de la República Mexicana».
Por eso mismo, tal vez la caída
del régimen de Cantú fue una bendición para Héctor González. En 1920
pudo regresar a su ciudad natal y obtener el cargo de procurador de justicia del estado de Nuevo León. Su labor periodística y literaria tampoco
se detuvo: fue editorialista de El
Porvenir en los años veinte y fundador, en 1937, de la revista Mundo
nuevo. Continuó practicando el ensayo hiStórico Y la crítica literaria.
En_tre sus obras más conocidas, postenores a su periodo bajacaliforniano, e5tán su Curso breve de literatu135

�COLABORAN EN ESTE NÚMERO

ra ( 1927), Historia general de la literatura. Ap1111ter (1931) y Siglo y medio de c11lt11ra m1evoleo11esa (1948).
A su labor como maestro emérito,
debe añadírsele su nombramiento,
en 1933, como primer rector de la
Universidad de Nuevo León. Más
tarde llegó a ser miembro del Ateneo
Nacional y del PEN Club.
Su experiencia fronteriza, sin
embargo, dejó su huella en Héctor
González. Su propio hijo, Esteban
González, hablando del carácter de
su padre, lo describió como un «escritor ameno y buen conversador»,
como «una persona de vasta-cultura»
que «tenía el don de saber tratar con
deferencia a los poderosos y a los
humildes. Tan le agradaba platicar
con un maestro de literatura como
con el más humilde labriego». Esta
actitud abierta, sin barreras, la
aprendió muy lejos de su tierra: en
los campos agrícolas del valle .de
Mexicali, «surco en donde la semilla
/ florece al sol y al viento», y nos leoó en relación a la literatura bajaca"liforniana,
'
la aportación fundame~ta1
de la traducción / tradición literana y
del análisis crítico del texto, u~
«nunca más» graznado línea por linea, verso a verso, hasta el día de su
muerte, en 1948.

136

Sólo entonces su cuervo guardó
silencio. Pero son sus dos publicaciones mexicalenses, obras repre-

sentativas de una literatura en ciernes, de un compromiso con el lenguaje, raro en estos lares y años,, las
que prueban que Héctor Gonza_lez
fue un verdadero pionero de la literatura en la frontera norte de México; un pionero que supo escoger el
camino más difícil: el de trasladar a
nuestro idioma la fuerza vital de un
poema en sombras, y el de hacerlo
en medio de una tremenda desolación cultural, sin que nadie lo haya
obligado a comportarse y actuar como un consumado traductor, como
un hombre altruista que respondió al
vacío intelectual de su comunidad de
adopción con el ejercicio vita_l del
pensamiento. Gracias a él: la literatura fronteriza dio comienzo: un
puente de palabras al servicio del
gozo personal, un conjunto de versos
indocumentados que lograron pasarse a nuestro lado y profetizar lo que
vendría más tarde: las traducciones
de Anábasis de Saint-John Perse por
parte de Juan Martínez en Tijuana y
de Las flores del mal de Charles
Baudelaire por intermediación d_e
Hécfor Benjamín Trujillo en ~ex'.cali. Pero todo esto ocurrió medio siglo después de que Héctor González
diera a la luz pública las negras alas
de ese cuervo tenaz y ambicioso, de
ese pájaro vigilante y transgresor,
cuyo aleteo llega hasta nosotros-en
las traducciones, ya en los anos
ochenta y noventa del siglo XX, de
Roberto Castillo a Charles Bukows-

ki y Robert Jones; de Tomás Di~ella
a Harry Polkinhorn y Emily Hicks;
de Alfonso René Gutiérrez a T. S.
Eliot y Ezra Pound. O parafraseando
el viejo adagio: cría cuervos y te sacarán traducciones.

Alejandra Rangel Hinojosa.
Monterrey, 1946. Ensayista y narradora. Cursó la licenciatura en
filosofía (UDEM) y la maestría en
metodología de las ciencias
(UANL). Profesora de la Facultad
de Filosofía y Letras de nuestra
universidad. Actual presidenta
del Consejo para la Cultura de
Nuevo León. Coautora de los libros De mujeres y otros cuentos
(1989), la marginación urbana
en Monterrey (1990) y las mujeres en la ciudad (1991). Autora de

un libro de relatos: Desde la pe(Ediciones Castillo,

numbra
1996).

Carmen AJardín. Tampico,
1933. Poeta y ensayista. Estudió
en la UNAM la licenciatura en letras alemanas y la maestría en letras mexicanas. Integrante de las
revistas Kátharsis y Apolodionis
de Monterrey (años cincuenta y
sesenta). Ha publicado diez libros
de poesía en el intervalo que va
de 1950 (El canto frágil) a 1992
(la libertad inútil y algunas noches). Obtuvo el Premio Xavier

Villaurrutia (1982) y la Medalla al
Mérito Cívico de Nuevo León
(1990). Directora de la revista Armas y Letras.

Elmys García Rodríguez. Poeta
y narradora cubana. Radica en
Holguín.
Gabriel Trujillo Muñoz (Mexicali, 1958). Poeta, ensayista, narrador y profesor de literatura. Ha
publicado como autor y compilador más de sesenta libros: Percepciones, Moridero, Mandrágora, Atisbos, A plena luz, Don de
lenguas, Parvada, laberinto, Señas y reseñas, Los signos de la
arena, Puntos cardinales, etcé-

tera. Textos suyos se han traducido al inglés. Editor de la revista
Semillero de la UABC.

Guadalupe de Hoyos. Egresada
de la Facultad de Ciencias FísicoMatemáticas (UANL), cursa actualmente estudios de maestría en
la Facultad de Filosofía y Letras
de la misma universidad.
Heinrich Heine. (1797-1856). Su
familia: comerciantes judíos de
Düsseldorf (Alemania). Estudia
derecho y obtiene el doctorado en
Gottingen (1825). En Bonn asiste
a las cátedras de A. W. Schlegel.
Se convirtió al protestantismo.
Antes de marcharse a París, en
1831, imprime sus obras más co-

nocidas: Libro de canciones
( 1827) y Cuadros de viaje (18261831 ). Al año siguiente se decreta

la prohibición general de sus
obras en Alemania. Una temprana enfermedad de los nervios se
le agudizó paralizándolo en la cama desde 1948.

Humberto Salazar (Monterrey,
1959). Licenciado en sociología
por la UANL. Editor de libros y
revistas. Fue secretario de redacción de Deslinde. Autor de cuatro
poemarios, tres antologías de
poetas de Nuevo León, un volumen antológico de Raúl Rangel
Frías, y coautor del libro Desde
el Cerro de la Silla (1992). Ha recibido varios premios y becas. En
1995 obtuvo el Premio a las Artes
UANL en literatura y publicó Nuevo León. Cincuenta años de cultura (1945-1995) y la crítica literaria en Monterrey, 1880-1980. Ti-

tular de la Secretaría de Extensión y Cultura (UANL).

Javier Rojas Sandoval (León,
Guanajuato, 1943). Docente-investigador en nuestra facultad.
Trabaja actualmente en un proyecto sobre derechos obreros y
desarrollo industrial en Monte137

�rrey (1917-1929). Ha publicado en
Aquí ,•amos, en Siglo XXI y en
Desli11de. Coautor de Monterrey,
siete estudios contemporáneos
(1988). Autor de Monterrey: poder político. obreros y empresarios e11 la coyuntura revolucionaria ( 1992).

Jeannette L. Clariond. Monterrey. 19-l9. Maestra en letras por
la UA L. Publicó Mujer dando la
espalda (Editorial Castillo, 1995).
Obtuvo con el poemario titulado
Desierta memoria, en 1996, el
Premio Nacional de Poesía
Efraín Huerta.
Jorge Marroquín Narváez. Hizo un diplomado en El Colegio
de México y actualmente está por
concluir la maestría en letras españolas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

138

José González Quijano. Monterrey, 1954-1991. Arquitecto por el
ITES~. estudió crítica de arte en
Florencia (Italia, 1980-1982). En
1984 publicó su libro Manuel Felguércz en Monterrey. Colaboró
durante años en los diarios regiomontanos El Porvenir y El Norte
y en El Universal de la ciudad de
México. Coautor de Desde el Ce-

rro de la Silla, libro de investigación sobre el arte y la cultura de
Nuevo León (1992).

José Roberto Mendirichaga.
Licenciado en filosofía y maestro
en letras españolas. Profesor universitario, editorialista, publicista. Funcionario de la Universidad
de Monterrey. Fue profesor de
nuestra facultad y director de
Deslinde. Autor de los libros La
-- Letra y la tinta (1981 ), La estética
de José Vasconcelos (1986) y Macario Pérez, maestro de siempre
(1994).

Juan Antonio Serna. Licenciado en letras españolas, egresado
de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Concluyó el
doctorado de su especialidad en
la Arizona State University con
la tesis El subalterno en la escritura masculina regiomontana: la novela de los noventa. Ha
publicado estudios de tema literario en revistas especializadas
de los Estados Unidos.
Leticia Herrera (Monterrey,
1960). Licenciada en sociología
por la UANL. Ha trabajado, desde
hace más de JO años, como periodista cultural en El Nacional, ABC

y El Diario de Monterrey, en este
último coordina las páginas editoriales. Fue becaria del Centro de
Escritores de Nuevo León (1990) y
del Consejo Estatal de Cultura
(1994). Es autora de tres libros de
poesía y numerosos trabajos (ensayos, entrevistas, reseñas, prosas de
creación) dispersos en publicaciones regiomontanas.

Leonardo da Jandra. Pichucalco, Chiapas, 1951: Autor de la novela Entrecruzamientos (1987) y
sus continuaciones, Entrecruzamientos JI y Entrecruzamientos 111;
también de Huatulqueños (1981) y
los caprichos de la piel (1996).

en relaciones exteriores (ITESM).
Ha participado en diversas obras
del teatro estudiantil mexicano
(escenarios de Culiacán y Monterrey). Bajo la dirección de Luis
Martín actuó en Fotografía en la
playa, pieza de Emilio Carballido
estrenada en el Teatro Monterrey
del Seguro Social (1996).

María Inés Pérez Lubrina
(Córdoba, Argentina, 1948). Cursó la l_icen~iatura en psicología en
la Universidad Nacional de Córdoba; tiene una especialización
en psicoanálisis y una maestría
en enseñanza superior por la Universidad Regiomontana. Junto a
su familia, radica desde hace muchos años en Monterrey.

Libertad GonzáJez (Monterrey,
1961). Hizo estudios de letras en la
UANL, la Universidad de Málaga y
el Colegio de México (donde es
candidata al doctorado en literatura
hispánica). Ha publicado ensayos
de crítica literaria, así como traducciones del francés e italiano.
Actualmente colabora en la revista
Annas y Letras, coordina la carrera de letras en la Facultad de Filosofía y Letras, y es secretaria de
redacción de Deslinde.

Mario Anteo. Narrador. Fue becario del Centro de Escritores de
~uevo León. Entre sus publicaciones se encuentra EL reino en
celo (Fondo Editorial Nuevo
León), que fue luego reeditada
por Castillo. Se hizo merecedor de
una de las becas que otorga el
Centro Cultural Guadalupe de San
Antonio, Texas. Editorialista del
periódico El Norte de Monterrey.

Manuel Lugo Mijares. Monterrey, I977. Estudia la licenciatura

Mijail Málishev. Nacionalidad
rusa, doctor en filosofía de la

Un_iversidad de los Orales (Ekaten_nbur~, Rusia). Trabajó en la
Un1vers1dad de los Urales 22
años. Fue profesor-asesor en las
Uni~ersidades de La Habana y d~
Santiago de Cuba e investigador
en la UNAM. Actualmente es profesor-investigador de la Facultad
d~ Humanidades de la UAEM y
miembro del SNI. Ha escrito diversos trabajos sobre filosofía rusa Y europea que han sido publicados tanto en Rusia como en
México.

Miguel Covarrubias (Monterrey, l940). Profesor del Colegio
de Letras Y la División de Estudios Superiores de nuestra facultad. Ha publicado una docena de
t~tulos de diversos géneros (poes1a, prosa, cuento, ensayo crítico
e~trevistas, traducción, compila~
ción). En 1992 coordinó y editó el
volumen Desde el Cerro de la Silla. Artes Y Letras de Nuevo
León. Ha obtenido el Premio a
las Artes (UANL, 1989) en literatura Y el Premio nacional de Traducción que otorga Bellas Artes
en 1994, por su volumen de tra~
ducciones poéticas El traidor.
Ese mismo año Editorial Castillo
editó su libro de entrevistas Junto
ª una taza de café. Desde 1985 es

di~ector de Deslinde. Acaba de publicar dos libros: Papelería en Trámite (ensayos) y El rojo caballo de
tu .wmri.\·a (conversaciones).

Néstor Lugones. Participó como
ponente en el Segundo Encuentro
Internacional de Escritores celebrado en Monterrey, México
(se~tiembre de 1997). La organización de esta reunión corrió a
cargo del Consejo para la Cultura
de Nuevo León.
Oiga Nolla. Escritora portorriqueña. Intervino como ponente en el
Segu ndo Encuentro Internacional
de Escritores realizado en Monterrey, México, septiembre de 1997
bajo el auspicio del Consejo par~
la Cultura de Nuevo León.
Óscar A. Díaz Ortiz. Realizó estudios de letras. Actualmente cursa el doctorado en literatura de la
Universidad Estatal de Arizona.
Óscar Efraín Herrera. Monterrey, Nuevo León, 1962. Ha publicado la ganancia y La pérdida
El_ ala del tigre, UNAM, 1992 y Ca~
mt~o hacia mis huesos, Fondo
Editorial para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 1997_ Fue becario del INBA y del FONCA. Es
139

�secretario de redacción de la revista Armas,. Letras.

Rosalva Pedraza Carlín. Egresada de la licenciatura en lingüística aplicada, cursa actualmente
la maestría en letras españolas en
la Facultad de Filosofía y Letras
(UANL).

140

Saint-Pol-Roux. Nació en Marsella (Francia) en 1861; muere en
Brest en 1940. Estudios iniciales
•· en Lyon y más tarde los profesionales de derecho en París (1882).
Se relaciona con Mallarmé, Villiers de l'Isle-Adam y Maeterlink. En 1885 funda la revista La
Pléiade. En 1895 se va a pasar
dos años a las Ardenas, donde escribe su drama La Dame a la
faux, que obtuvo en París una
respuesta desfavorable. En 1903
publica A11cie1111etés y en 1923
André Breton lo declara «el único. auténtico precursor del movimiento surrealista». Algunos de
sus libros: Lazare, 1886; Epilogue
des saisons hwnaines, 1893; los
tres volúmenes de Les Reposoirs
de la procession: La Rose et les
épines du chemin 1885-1900, 1901;
De la colombe au corbeau par le
/}(WJI /885-1904. 1904; Les Féeries
i11térie11res 1885-1906, 1907.

Silvia Mijares (Chihuahua.
Chih.). Cirujano dentista y licenciada en filosofía por la UANL.
donde también concluyó la maestría en filosofía. Profesora de esta
casa de estudios desde 1965. Ha
colaborado en publicaciones regiomontanas como El volantín.
Aquí vamos, Deslinde, Movimiento actual. Es autora de La filosofía de Vasconcelos como filosofía latinoamericana y coautora
de Desde el Cerro de la Silla, Artes y Letras de Nuevo Leó11
( 1992).

Virgilio Leos Garza. Monterrey,
1939. Egresado de la UNAM y profesor de la misma institución entre 1967 y 1975. Desde 1976 forma
parte del cuerpo docente de la
UANL. Como dramaturgo y como
director teatral ha recibido varias
distinciones nacionales e intema-cionales. En su calidad de escenógrafo fue premiado por la Asociación de Críticos de México.
Autor de más de una veintena de
piezas. El delfín en la ventana,
una de las más recientes, formará
parte de la Antología teatral editada por Dramas Nuevo León en
coordinación con el Consejo para
la Cultura de Nuevo León y el
CONACULTA.

��r

En este número
Heinrich Heine: Al norte un pino se levanta / Solo en la cumbre abandonada. / Bajo capa
de armiño duerme: / Lo cubren el hielo, la nieve. // Y sueña con una distante / Palmera que
hacia el Levante / Luto en silencio guarda, sola, / Sobre ardiente muro de roca.
Leonardo da Jandra: Globalizar es, en síntesis, neocolonizar. Para México el sueño globalizador norteamericano es una pesadilla: ritos, costumbres y tradiciones son desprestigiados
como atraso y barbarie, y en su lugar se difunden sucedáneos sintéticos que garantizan el
mercado de las trasnacionales y perpetúan el delirio hegemónico del modelo norteamericano.
Gabriel Trujillo Muñoz: Incluso, en 1910, fue director del diario semioficial La Opinión, lo
que provocó que, en 1914, al triunfo de la revolución de los bárbaros del norte (Carranza,
Villa y Obregón), Héctor González tuviera, según Ricardo Covarrubias, que salir de Monterrey. Al principio, como muchos otros exiliados regiomontanos, se instaló en San Antonio
Texas, con su madre, su esposa y su hijo.
José Roberto Mendirichaga: En verdad ¿caminamos hacia la instauración del mercado sin
estado? ¿Es que el capitalismo se ha instalado como el único y definitivo sistema socioeconómico y político, y cuanto no vaya en su misma dirección está fatal e irremediablemente
encaminado al fracaso?// Mucho nos tememos que la cuestión es más compleja de lo que a
primera vista aparece. El regreso en la Europa del Este a un «socialismo con rostro humano» -que asegure empleo, seguridad social, educación gratuita, etc,- pese al inicial descubrimiento de un «capitalismo salvaje» que busca a toda costa reducir las vías alternativas a
un solo camino: el del mercado, es parte de esta nueva realidad.
Alejandra Rangel: El rojo caballo de tu sonrisa brinda la oportunidad de recrear a Gloria
Collado, descubrirla, colorearla, fijándola para siempre a través de sus poemas, de sus fotografías. Ahora sabemos cuáles son sus inquietudes, sus búsquedas, sus soledades. Ahora sabemos que su universo es interior porque la cárcel es exterior y está representada por la multitud.
Mijail Málishev: En condiciones normales, la moral suele determinar lo humano en el
hombre. La conciencia moral no es sólo una capacidad calculadora determinada por la prudencia racional, sino una reflexión rebelde que tiene mucho que ver con el carácter categórico de nuestros juicios basados en la percepción. Si, por ejemplo, vemos que la mesa es redonda es muy difícil que nos obliguen a reconocer que es cuadrada.

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              <text>Deslinde, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 1997, Vol. 14, No 57-58, Julio-Diciembre</text>
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              <text>Revista de literatura de la Facultad de Filosofía y Letras. Contiene poesía, narrativa, ensayo, traducción, reseña, y otros géneros literarios. Fundada en 1982. </text>
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              <text>Grafo Print, Editores S.A.</text>
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              <text>Covarrubias, Miguel, 1940-, Director</text>
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              <text>González, Libertad, 1959-, Secretario de Redacción</text>
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              <text>Vázquez Carrillo, Rosa Gpe., Tipografía y Formación</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Muñeca sucia</name>
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      <name>Puerto Rico</name>
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      <name>Vicente Leñero</name>
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