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ÍNDICE GENERAL

FONDO
UNlYERSlTA.Rro

Números 51-66 ✓ Enero de 1996-diciembre de 1999

ENSAYO
J. Literatura / Lingüística

Contreras Ramos, Manuel. Freudy Dalí, 51-52 (ene-jun 96), 39-43.
Covarrubias, Miguel. El surrealismo: espejo de nuestros días, 51-52 (ene-jun 96), 35-38.
-. Para recordar a don Alfredo, 53-56 (ju! 96-jun 97), 43-46.
- . Poesía de otro milenio, 57-58 (jul-dic 97), 46-49.
Esquinca, Jorge. Lorca, el duende, el Tamarit, 59-62 (ene-die 98), 25-26.
Flores, Clara Eugenia. Dificultades para comprender a Bertolt Brecht, 59-62 (ene-die 98), 52-55.
García Jambrina, Luis. Notas para un encuentro internacional de escritores, 59-62 (ene-die 98), 38-41.
García Verdecia, Manuel. Gastón Baquero: la magia de la invención, 53-56 (ju! 96-jun 97), 159-163.
Garza González, Eloy. Las enseñanzas de don Horacio, 53-56 (jul 96-jun 97), 57-60.
Guillén Coello, Manuel José. La poesía: sufancionabilidad comunicativa, 53-56 (jul 96-jun 97), 164-165.
Hernández, Primitivo. Palabras ante el mausoleo. Jean Genet, poeta y moralista, 59-62 (ene-die 98), 81-103.
Hoyos, Guadalupe de. Borges y las matemáticas, 57-58 (jul-dic 97), 83-90.
Lara Zavala, Hernán. Después del boom, qué, 59-62 (ene-die 98), 42-46.
Lugones, Néstor. El escritor, testigo metafórico, 57-58 (jul-dic 97), 42-45.
Marroquin Narváez, Jorge. El concepto de arte en la época prehispánica, 53-56 (jul·96-jun 97), 34-37.
Morejón, Nancy. El genio de Carlos Pellicer, 53-56 (jul 96-jun 97), 150-152.
Nolla, Oiga. Puerto Rico y sus muchas caras, 57-58 (jul-dic 97), 56-60.
Nuncio, Abraham. El escritor y su patria, 59-62 (ene-die 98), 47-49.
- . Visión de Monterrey, 53-56 (jul 96-jun 97), 82-90.
Pulido, Blanca Luz. Invitación al viaje: la traducción de poesía, 59-62 (ene-die 98), 56-58.
Ramos, Raymundo. Donde comienza el asado y la prosa de afina (reflexiones sobre los libros de José A/varado), 51-52 (ene-jun 96), 94-98.
Villalobos, Jorge. La música rock como agente cultural y social, 59-62 (ene-die 98), 65-72.
Villarreal, Homero. Elogio de la embriaguez de Luis Cardoza y Aragón, 59-62 (ene-die 98), 73-80.
Wong, Óscar. Del tiempo en la literatura, 53-56 (jul 96-jun 97), 109-121 .
2. Filosofia / Ciencias sociales

Contreras Ramos, Manuel. ¿Cuál es el lugar de la teoría psicoanalítica?, 53-56 (jul 96-jun 97), 18-32.
Málishev, Mijail. Immanuel Kant: fundamento moral de la teoría del estado de derecho, 51-52 (ene-jun 96), 79-91.
Martínez Cantú, Ricardo. La estética de Heidegger, 63-66 (ene-die 99), 7-18.
Mendirichaga, José Roberto. El estatuto de realidad en la historiografia de Michel de Certeau, 59-62 (ene-die
98), 27-35.

�-. El Porvenir, una empresa con vocación y destino social, 53-56 (jul 96-jun 97), 50-54.
-. las voces de ideología, 57-58 (jul-dic 97), 22-29.
Padilla, Hugo. Tiempo discreto y homogéneo en Descartes, 51-52 (ene-jun 96), 66-78.
Rojas González, Javier. Raúl Rangel Frías: filósofo de la historia y teórico de la cultura regional, 51-52 (ene-jun
96), 115-118.
Serna, Juan Antonio. La cultura popular como medio ideológico en la telenovela Mirada de mujer, 63-66 (enedic 99), 71-77.

CREACIÓN
l. Poesía
Arias, Mainor. La nostalgia es un sueño espinoso, 63-66 (ene-die 99), 146-147.
Bohórquez, Abigael. Poesida, 53-56 (jul 96-jun 97), 14-17.
Breton, André. Mujeres, mujeres, tr. de Miguel Covarrubias, 51-52 (ene-jun 96), 25-26.
Clariond, Jeannette L. Y no es que el árbol pierda su verdor, 57-58 (jul-dic 97), 20-21.
Coronado, Eligio. Espejismos, 59-62 (ene-die 98), 50-51.
García, Nelva Alicia. La gracia de vivir en la ciudad, 53-56 (jul 96-jun 97), 55-56.
García Rodríguez, Elmys. Huele a sangre en las esquinas, 57-58 (jul-dic 97), 81-82.
Garza, María Magdalena de la. Fotografia de un desnudo, 53-56 (jul 96-jun 97), 61-62.
Goethe, Johann Wolfgang von. El sepulcro de Anacreonte, tr. de Miguel Covarrubias, 63-66 (ene-die 99), 5-6.
González Herrero, Lourdes. Para Eliseo Diego, 53-56 (jul 96-jun 97), 153-158.
Gutiérrez Pedreiro, Daniel. Epitafio del sediento, 63-66 (ene-die 99), 69-70.
Guzmán Pardo, Lourdes. Háblame en el dialecto de la ausencia, 51-52 (ene-jun 96), 113-114.
Heine, Heinrich. Interludio lírico, tr. de Miguel Covarrubias, 57-58 (jul-dic 97), 5-6.
Herrera, Leticia. La dueña de la casa, 63-66 (ene-die 99), 37-39.
Herrera, Óscar Efraín. Canto a la hermandad del vaho, 57-58 (jul-dic 97), 30-31.
Horacio (Quinto Horacio Flaco). A Póstumo y a Delio, tr. de Enrique Puente Sánchez, 59-62 (ene-die 98), 19-24.
-. Tres odas, tr. de Enrique Puente Sánchez, 51-52 (ene-jun 96), 44-50.
Huerta, Andrés. Renetta, 59-62 (ene-die 98), 105.
Isassi, César. Séate leve, compañero, la partida, 51-52 (ene-jun 96), 93.
Ivo, Ledo. Los pobres no saben viajar ni vestirse, tr. de Margarito Cuéllar, 63-66 (ene-die 99), 29-31.
Julieta Renée. Recorrido, 51-52 (ene-jun 96), 132-133.
Kraus, Karl. Hora nocturna, tr. de Miguel Covarrubias, 59-62 (ene-die 98), 36.
Laforgue, Jules. Nocturno, tr. de Miguel Covarrubias, 63-66 (ene-die 99), 105.
Leyva, Waldo. Yo no pedí nacer, 53-56 (jul 96-jun 97), 147-149.
Lugo Mijares, Manuel. Metamorfosis, 57-58 (jul-dic 97), 91-92.
Marrón Casanova, Eugenio. El poeta enjaulado, 53-56 (jul 96-jun 97), 171.
Moreno del Toro, José Luis. Aguas del espejo, 53-56 (jul 96-jun 97), 166-167.
Pratt, Silvia. Cuatro soles, 63-66 (ene-die 99), 19-21.
Rosenlocher, Thomas. Ángel salvador, tr. de Miguel Covarrubias, 53-56 (jul 96-jun 97), 33.
Saint-Pol-Roux. La encantadora de serpientes, tr. de Miguel Covarrubias, 57-58 (jul-dic 97), 35-40.
Salazar Ortiz, Horado. El tren de Monterrey, 63-66 (ene-die 99), 113.
Schwitters, Kurt. Para Anna Blume, tr. de Miguel Covarrubias, 51-52 (ene-jun 96), 5-7.
Tardieu, Jean. la tumba de Holder/in, tr. de Miguel Covarrubias, 59-62 (ene-die 98), 5-7.
- . Testamento de un viviente, tr. de Miguel Covarrubias, 53-56 (ju! 96-jun 97), 5-6.
Treviño Elizondo, Francisco. Tres canciones de cuna, 51-52 (ene-jun 96), 16-18.
11

Villanueva, Tino. Empezando a saber, 59-62 (ene-die 98), 141-142.
Yépez, Lucía. Una mano escribe, 51-52 (ene-jun 96), 99.
2. Narración
Dávalos Pardo, Irma. la noche está llena de agua, 53-56 (ju! 96-jun 97), 47-49.
Kattán Zablah, Jorge. La gran fábula, 63-66 (ene-die 99), 78-80.
Lozano, Rogelio G. Nostalgia de ti, 51-52 (ene-jun 96), 119-120.
Palacios Chapa, Jaime. Pretextos penales, 51-52 (ene-jun 96), 62-64.
-. ¿ Tres infamias?, 53-56 (jul 96-jun 97), 66-69.
Pedraza Carlín, Rosalva. Muñeca sucia, 57-58 (jul-dic 97), 97-98.
Riveros, Gabriela. la casa de los leones, 53-56 (ju! 96-jun 97), 122-126.
Topete Lara, Hilario. Entrevista crepuscular, 59-62 (ene-die 98), 133-135.
3. Teatro

"' Leos Garza, Virgilio. La cruz de piedra. Farsa en un acto, 57-58 (jul-dic 97), 61-79.
CRÍTICA LITERARIA
Campuzano, Luisa. Últimos textos de una autora: crónicas y memorias de Dulce María loynaz, 53-56 (ju! 96-jun
97), 138-146.
Díaz Enciso, Adriana. Atisbo al alma de sor Juana, libre del cuerpo y de la corte, 53-56 (jul 96-jun 97), 127-131.
Díaz-Ortiz, Óscar A. Elena Poniatowska: la manipulación de la historia oficial y del discurso testimonial en La
noche de Tlatelolco, 51-52 (ene-jun 96), 51-61.
-. «Para subir al nopal»: el cuerpo visto como un instrumento en la carrera hacia el poder social y político en la
sociedad urbana, 53-56 (ju! 96-jun 97), 63-65.
-. Vicente leñero: la causa ausente de la clausura espacial de la pequeña burguesía dentro del espacio urbano
cerrado de La mudanza, 57-58 (jul-dic 97), 99-102.
González, Libertad. Amor, mujeres y poesía: el surrealismo vivo en André Breton, 51-52 (ene-jun 96), 27-34.
Hernández Martín del Campo, Leticia. José Emilio Pacheco, una voz profunda y lúcida, 63-66 (ene-die 99), 136138.
- . Poesía y surrealismo. Pasión de la tierra de Vicente Aleixandre, 59-62 (ene-die 98), 106-112.
Málishev, Mijail. Emergiendo del infierno, 57-58 (jul-dic 97), 7-19.
Martínez, José Guadalupe. los gallos en la obra de García Márquez, 63-66 (ene-die 99), 120-135.
Montes, Elizabeth. la construcción del ser y la novela en Las razones del lago de María Luisa Puga, 53-56 (jul
96-jun 97), 132-136.
Ortega, Roberto Diego. José A/varado, narrador, 63-66 (ene-die 99), 61-64.
Padilla, Hugo. A/varado y el tiempo: perspicacias literarias, 63-66 (ene-die 99), 65-68.
Puente Sánchez, Enrique. Noticia de Celedonio Junco de la Vega, 63-66 (ene-die 99), 139-145.
Quiñones Vega, Julia Soledad. La poesía como destino en Eliseo Diego, 53-56 (jul 96-jun 97), 168-170.
Serna, Juan Antonio. La búsqueda de una identidad y de un espacio en la novela neoleonesa regional (1990/995), 51-52 (ene-jun 96), 8-15.
-. La madre: el ejercicio del poder masculino en Cinco minutos con mi madre y en Una navidad perfecta de Eusebio Ruvalcaba, 59-62 (ene-die 98), 136-140.
Toruño, Rhina. Elena Garro, una de las tres grandes escritoras que México ha producido en todos los tiempos,
ha muerto, 59-62 (ene-die 98), 59-64.
111

�Treviño, Julieta. Temores resueltos y debilidades nunca vencidas: las pequeñas inquietudes de Augusto Monterroso, 59-62 (ene-die 98), 143-146.
ViUalobos, José P. Indeterminación, sujeto y memoria en Violeta-Pero de Luis Arturo Ramos, 53-56 Uul 96-jun
97), 75-80. .

CRÓNICA / ENTREVISTA / REPORTAJE
Covarrubias Mijares, Rosana y Juan Manuel Casas. Diálogo entre la ciudad y los arquitectos, 53-56 Uul 96-jun
97), 91-108.
Cuéllar, Margarito. Cuba en tres tiempos, 53-56 Uul 96-jun 97), 172-173.
Julieta Renée. El ser y la máscara: conversación con Jean-Marie Binoche, 53-56 Uul 96-jun 97), 7-13.
-. Entrevista a Gloria Correa, 63-66 (ene-die 99), 106-112.
-. Entrevista con el profesor Christopher Queen, 59-62 (ene-die 98), 8-18.
Mijares, Silvia. Entrevista con Andrés Huerta, 63-66 (ene-die 99), 41-51.

DIBUJO/ FOTOGRAFÍA/ ILUSTRACIÓN
Cerón, Juan José. Actos de fe, fotografías, 51-52 (ene-jun 96).
Clarke, Harry. Ilustraciones, 57-58 Uul-dic 97).
- . Ilustraciones, 59-62 (ene-die 98).
Fotografias de .la ciudad de Monterrey pertenecientes a diferentes épocas y colecciones, 53-56 Uul 96-jun 97).
Gutiérrez Pedreiro, Daniel. Ilustraciones, 63-66 (ene-die 99).

ECONOMÍA/ POLÍTICA/ EDUCACIÓN
Elizondo, Juan Manuel. José A/varado y los orígenes de la Universidad, 63-66 (ene-die 99), 53-60.
Garza Cavazos, Laura. Aprendizaje de un segundo idioma. Aspectos neurológi,cos y psicológicos del aprendizaje cognoscitivo, 63-66 (ene-die 99), 32-36.
Jandra, Leonardo da. México: política y cultura hacia fin de milenio, 57-58 Uul-dic 97), 50-55.
Marroquín Narváez, Jorge. Dos posiciones acerca del presidencialismo en México: Lorenzo Meyer y Jeffrey A.
Weldon, 57-58 Uul-dic 97), 32-34.
Medina, Carlos E. y Armando Hugo Ortiz. Tesis siglo XIX Primeros egresados de la Facultad de Medicina de
la UANL, 63-66 (ene-die 99), 81-103.
Morín Lam, Alhelí. Lectura de segundas lenguas: teoría e investigación, 59-62 (ene-die 98), 113-132.
- y Laura García. Modelos para la lectura de segundas lenguas, 63-66 (ene-die 99), 22-28.
Sepúlveda Garza, Manola. Las misiones culturales en México: /921-1938. Instituciones educativas para el cambio social, 51-52 (ene-jun 96), 121-131.
Sieglin, Veronika. La economía campesina en el sur de Nuevo León. Un análisis diagnóstico, 53-56 Uul 96-jun
97), 70-74.
Torre Gamboa, Miguel de la. La axiología educativa en el contexto de la modernidad, 51-52 (ene-jun 96), 100112.

SECCIONES FIJAS
J. Rescoldo

Borges, Jorge Luis y Madeleine Chapsal. Un poeta torpe, pero un poeta... espero, tr. de Miguel Covarrubias,
51-52 (ene-jun 96), 20-23.
Cantó de la Garza, Jorge. Testimonios, 59-62 (ene-die 98), 148-149.
González Quijano, José. Luis Barragán, arquitecto, 57-58 Uul-dic 97), 94-96.
Novo, Salvador. Jaime Flores y otros personajes de Monterrey, 63-66 (ene-die 99), 115-119.
Rangel Frías, Raúl. Águeda o de la pintura, 53-56 Uul 96-jun 97), 39-42.
2. Abanico*

Dedicado al Centenario del natalicio de André Breton, 51-52 (ene-jun 96), 24-43.
Dedicado a la Literatura cubana actual, 53-56 Uul 96-jun 97), 137-173.
Dedicado al Segundo encuentro internacional de escritores, Monterrey, 57-58 Uul-dic 97), 41-60.
Dedicado al Tercer encuentro internacional de escritores, Monterrey, 59-62 (ene-die 98), 37-49.
Dedicado al Vigésimo quinto aniversario del fallecimiento de José Alvarado, 63-66 (ene-die 99), 52-68.

3. Señas / Reseñas / Contraseñas
Alardín, Carmen. El ensayo: conciliador de mitos y realidades, 57-58 Uul-dic 97), 116-119.
Barahona, Rosaura. Julián: guerrero festivo, 63-66 (ene-die 99), 157-161.
Cantó Ortiz, Ludivina. La novela nuevoleonesa de los noventa J, 63-66 (ene-die 99), 162-163.
Clariond, Jeannette L. Unidad y presencia en la obra ensayística de Alfonso Rangel Guerra, 51-52 (ene-jun 96),
141-143.
Cordero, Sergio. Dos regiomontanos, 59-62 (ene-die 98), 153-155.
- . Panteras como metáforas, 63-66 (ene-die 99), 179.
Covarrubias, Miguel. Asalto a la dramaturgia, 59-62 (ene-die 98), 156-158.
Gómez del Campo, Cristina. Un crimen de Monterrey, 51-52 (ene-jun 96), 148-149.
González, Libertad. Comentarios sobre Deslinde, 57-58 Uul-dic 97), 128-129.
González Garza, Rubén, Virgilio Leos Garza, Fernando Esquivel Junco y Kahua Rocha. Dramas Nuevo
León presenta su Antología teatral, 59-62 (ene-die 98), 159-163.
Guzmán, Sergio Rommel Alfonso. Epigramísticos, 53-56 Uul 96-jun 97), 177.
Herrera, Leticia. Autores de Nuevo León, 57-58 Uul-dic 97), 123-125.
Herrera, Mario. Gloria Collado: significados «más allá del lente», 51-52 (ene-jun 96), 135-137.
Mario Anteo. Castillo editor, 57-58 Uul-dic 97), 104-107.
Malraux, André y Roger Stéphane. Un maestro de energía. Conversación, tr. de Miguel Covarrubias, 63-66
(ene-die 99), 149-151.
Mendirichaga, José Roberto. Historia y crónica de Reynosa, 63-66 (ene-die 99), 152-156.
Mijares, Silvia. Habitantes del villorrio, 59-62 (ene-die 98), 164-165.
-. La dureza de las imágenes, 51-52 (ene-jun 96), 146-147.
-. Saskia: gran pintora de nuestras montañas, 53-56 (ju! 96-jun 97), 175-176.
- . Soñar es natural porque todo es sueño, 57-58 Uul-dic 97), 108-109.
Pérez, María Inés. La creación en su dimensión subjetiva: ¿de qué corazones hablamos?, 57-58 Uul-dic 97), 110113.

Pratt, Silvia. Esplendorfelino, 63-66 (ene-die 99), 175-178.
Rangel, Alejandra. El rojo caballo de tu sonrisa, 57-58 Uul-dic 97), 126-127.
IV

�-. Kátharsis: homenaje a Jorge Cantú de la Garza, 59-62 (ene-die 98), 151-152.
Rodríguez Alfano, Lidia. La novela nuevoleonesa de los noventa 111, 63-66 (ene-die 99), 165-170.
Rojas Sandoval, Javier. Comentarios sobre Deslinde, 57-58 Uul-dic 97), 130-131.
Salazar, Humberto. Papelería en trámite de Miguel Covarrubias, 57-58 Uul-dic 97), 120-122.
Sepúlveda, Nazario. Se acerca la pantera, 63-66 (ene-die 99), 171-174.
Serna Servín, Juan Antonio. Un discurso hacia la sensibilización poética mediante el amor, el erotismo y el deseo en Los fantasmas de la pasión de José Javier Villarreal, 57-58 Uul-dic 97), 114-115.
Tijerina, Angélica. Brújula solar, orientación entre espacio y luz, 51-52 (ene-jun 96), 144-145.
Trujillo Muñoz, Gabriel. Dos escritores del norte de México, 51-52 (ene-jun 96), 138-140.
Valdés Manríquez, Hugo. la novela nuevoleonesa de los noventa 11, 63-66 (ene-die 99), 164.

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
RECTOR: Reyes S. Tamez Guerra
SECRETARIO GENERAL: Luis Galán Wong
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
DIRECTOR: Nicolás Duarte Ortega

4. Región

Elizondo Elizondo, Ricardo. Dos minucias regionales de la misma década: 1860-1870, 63-66 (ene-die 99), 181-188.
García Flores, Raúl. La tambora y el clarinete, 51-52 (ene-jun 96), 151-156.
Palacios, Lylia Isabel y Maricruz Flores. «Éramos una fiesta.» Testimonios de mujeres en huelga (1976), 59-62
(ene-die 98), 167-176.
Rivera Saldaña, Óscar. la verdadera historia del primer reparto de tierra de la revolución mexicana, 53-56 Uul
96-jun 97), 179-190.
Trujillo Muñoz, Gabriel. Héctor González: ensayista y traductor, 57-58 Uul-dic 97), 133-136.

REVISTA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

CUADERNO*

NÚMEROS 63-66 / VOLUMEN XVI/ ENERO-DICIEMBRE DE 1999

Dos filósofos clásicos: Descartes y Kant, 51-52 (ene-jun 96), 65-91.
Ensayo sobre Jean Genet, 59-62 (ene-die 98), 81-103.
Farsa teatral en un acto, 57-58 Uul-dic 97), 61-79.
Los cuatrocientos años de Monterrey, 53-56 Uul 96-jun 97), 81-108.
Tesis de los primeros médicos nuevoleoneses, 63-66 (ene-die 99), 81-103.

Benigno Benavides Martínez
Emilia León Rubenova N.
Eva Cárdenas Olivares
Irma Flores Alanís
Javier Rojas Sandoval
José Tito Cabriales Córdova
Ludivina Cantú Ortiz
Nora Mª· Berumen de los Santos

• Los trabajos correspondientes a esta sección aparecen clasificados según su género y tema.

CONSEJO EDITORIAL

DIRECTOR
Miguel Covarrubias

TIPOGRAFÍA Y FORMAC.IÓN
María Magdalena Viñas Berea

IMPRESIÓN
Grafo Print Editores, S.A.
Los artículos si~ finna ~on responsabilidad de la redaccción. No se devuelven originales.
Correspondencia y can1e: Facultad de Filosofía y Letras, UANL.
Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México.

Publicación trimestral

�SUMARIO

5

EL SEPULCRO DE ANACREONTE
J. W. Goethe Versión d.? Miguel Covam,bias

7

19

37

'

78

105

APRENDIZAJE DE UN SEGUNDO IDIOMA. ASPECTOS
NEUROLÓGICOS Y PSICOLÓGICOS DEL APRENDIZAJE
COGNOSCITIVO
Laura Garza Cavazos

106

NOCTURNO
Ju les Laforgue Versión de Miguel Cqvarn,bias

ENTREVISTA A GLORIA CORREA
Julieta Renée

113

EL TREN DE MONTERREY
Horacio Salazar Ortiz

120

LOS GALLOS EN LA OBRA DE GARCÍA MÁRQUEZ
José Guadalupe Martínez

LA DUEÑA DE LA CASA
Leticia Herrera

41

ENTREVISTA CON ANDRÉS HUERTA
Silvia Mijares

136

JOSÉ EMILIO PACHECO, UNA VOZ PROFUNDA Y LÚCIDA
Leticia Hemández Martín del Campo

139
146

69
2

LA GRAN FÁBULA
Jorge Kattán Zablah

MODELOS PARA LA LECTURA DE SEGUNDAS LENGUAS
Alhelí Morín Lam y Laura García

LOS POBRES NO SABEN VIAJAR NI VESTIRSE
Ledo lvo Versiones de Margarita Cuéllar

32
'

LA ESTÉTICA DE HEIDEGGER
Ricardo Martínez Cantú

LA CULTURA POPULAR COMO MEDIO IDEOLÓGICO EN
LA TELENOVELA MIRADA DE MUJER
Juan Antonio Serna

CUATRO SOLES
Silvia Pratt

22
29

71

NOTICIA DE CELEDONIO JUNCO DE LA VEGA
Enrique Puente Sánchez

LA NOSTALGIA ES UN SUEÑO ESPINOSO
Mainor Arias

EPITAFIO DEL SEDIENTO
Daniel Gutiérrez Pedreiro

3

�EL SEPULCRO DE ANACREONTE

J. W. Goethe

Versiones de Miguel Covarrubias

CERCANÍA
Como a mí, querida niña, con frecuencia
Extranjera te me apareces, nada sé.
Cuando en el humano enjambre vivimos,
Toda alegría rueda por los suelos.
Pero cuando oscuro y silencioso es todo en derredor,
En tus besos vuelvo a conocerte.

EL SEPULCRO DE ANACREONTE

181

DOS MINUCIAS REGIONALES DELA MISMA DÉCADA: 1860-1870

Ricardo Elizondo Elizondo

189
CUADERNO:

COLABORAN EN ESTE NÚMERO

Donde la rosa florece, donde la vid se trenza al laurel aquí
'
Donde la tórtola es atraída, donde el grillo se deleita. '
¿Qué sepulcro es éste, al que todos los dioses han dotado
De hermosa presencia? Es el refugio de Anacreonte.
De primavera y de verano y de otoño el dichoso poeta goza.
Finalmente, una colina lo protege del invierno.

Tesis de los primeros médicos nuevoleoneses

Ilustraciones de Daniel Gutiérrez Pedreiro

Nahe
Wie du mir oft, geliebtes Kind
Ich wei.13 nicht wie, so fremde bist,
Wenn wir im Schwann der vielen Menschen sind,
Das slagt mir alle Freude nieder.
Doch ja, wenn alles still und finster um uns ist,
Erkenn' ich dich an deinen KüJ3en wieder.

�LA ESTÉTICA DE HEIDEGGER

Anakreons Grab
Wo die Rose hier blüht, wo Reben um Lorbeer sich schlingen,
Wo das Turtelchen lockt, wo sich das Grillchen ergotz,
Welch ein Grab ist hier, das alle Gotter mit Leben
Schon bepflanzt und geziert? Es ist Anakreons Ruh'.
Frühling, Sommer und Herbst geno/3 der glückliche Dichter;
Vor dem Winter hat ihn endlich der Hügel geschützt.

[250 aniversario del natalicio de Johann Wolfgang von Goethe.]

Ricardo Martínez Cantú
Introducción
A continuación se hará una exposición y comentario del ensayo de
Martín Heidegger titulado «El origen de la obra de arte»; texto fundamental (sin duda alguna el más importante) para la comprensión de las
ideas estéticas de su autor. Concebido originalmente como una serie de
conferencias que fueron dictadas en
1936, fue posteriormente publicado
(en 1950) como parte del libro Sendas perdidas.
La estética de Heidegger es solamente una etapa dentro del proceso
de su metafisica, un tramo del camino que el filósofo recorre hacia la
determinación de la verdad del ente
y hacia el esclarecimiento de los
procedimientos a través de los cuales el hombre (el Dasein, el ek-sistente, el ser-en-el-mundo) la capta o
establece.
Por su parte, la metafisica de
Heidegger es una analítica existencial. En su pensamiento no hay ningún Ser absoluto, sólo el ser finito
del Dasein. Ser finito, pero también
el único ek-sistente, el único con la
cualidad de proyectarse fuera de sí
haciendo que los demás entes se
constituyan como tales, el único ca-

6

paz de cuestionarse sobre el ser del
ente en su totalidad y con el poder
para instaurar el orden en el caos
original.
Actualmente parece prevalecer la
tendencia a entender la estética en su
sentido etimológico: como teoría de
la sensibilidad. Sin embargo -y a pesar de lo que puede llamarse su pasión por la etimología y por el sentido originario de las palabras- Heidegger trabaja una estética de otro tipo, una estética que se orienta hacia
el análisis y la descripción de la obra
de arte, considerada como un lugar
especialmente privilegiado en cuanto sitio en donde el ente se abre y
manifiesta su verdad. En cambio y
con respecto a la sensibilidad, nuestro autor opina que el espectador que
se deja llevar por la vivencia estética, extasiándose en la percepción
sensible del objeto artístico, no tiene
una adecuada captación del mismo;
ya que reduce precisamente a un objeto lo que debe ser considerado como una obra. Y cosa parecida piensa
que ocurre con los intentos por comprender el arte histórica o científicamente.
En la exposición que se hará de
las ideas estéticas de Heidegger seguiremos de cerca el orden estable-

cido por él en «El origen de la obra
de arte», dado que sin los cuestionamientos (reales o retóricos) que
plantea su autor de tanto en tanto y
que permiten avanzar, retroceder,
dar una segunda vuelta sobre lo ya
expuesto, no podría captarse cabalmente el sentido de sus afirmaciones. El método fenomenológico seguido en estas reflexiones sobre el
arte (así sea una fenomenología no
aprobada por Husserl, el creador de
la misma) es esencial para captar las
ideas centrales de nuestro filósofo, y
consideramos que éstas perderían
mucho de su sentido (más del que ya
pierden primero con la traducción y
luego con la síntesis) si fueran retiradas de la estructura original en que
su autor las expuso.

El origen de la obra de arte
Al plantearse la cuestión de la procedencia de la esencia de la obra de arte, Heidegger nos introduce -como
es habitual en él- en un círculo: la
obra de arte tiene su origen en la actividad del artista, pero a su vez el
artista sólo llega a ser digno de tal
denominación al producir una auténtica obra de arte; por lo que puede
decirse que el artista tiene su propio
origen en la obra de arte que origina.
Este circulo a su vez conduce a otro,
7

�ya que ambos - obra de arte y artista- parecen, por su parte, tener su
origen en el propio arte. El cual, sin
embargo, en sí mismo no es nada, sino una generalización de las obras
de arte que lo concretan y de los artistas que las hacen posibles.
Este tipo de círculos no inquieta
a nuestro filósofo, que no parece tener mucho aprecio por el conocimiento que se produce con apego estricto a las reglas de la lógica. Nos
aclara que tal círculo no es una situación de emergencia ni un defecto,
y nos sugiere que nos movamos por
el mismo a fin de resolver la cuestión de la esencia del arte en que se
ha trasformado, al parecer por obra de
los mencionados círculos, la cuestión original del origen de la obra de
arte.

,,

Pero para encontrar tal esencia
del arte, Heidegger propone que interroguemos a las obras de arte mismas (con lo que volvemos a pasar
del arte en general a la obra de arte
en particular). Hay que ir, pues, a las
propias obras y preguntarles qué son
y cómo son; a pesar de que un momento antes se nos había dicho que
no podemos identificar una obra de
arte como tal, si primero no tenemos
ya una cierta idea de lo que el arte
sea. Y es que todo juicio, a fin de
cuentas, tiene que basarse en un prejuicio. «Toda cuestión exige absolu8

lamente una precomprensión de la
1
respuesta que le será dada.»
Interrogadas, pues, las obras de
arte (lo que todo el mundo reconoce
como tales), el filósofo descubre que
en todas ellas se da la situación de
ser cosas; si bien resultan cosas peculiares que rebasan su mera condición de cosa al dar a conocer o revelar otra cosa, circunstancia que parece constituir lo propiamente artístico: el ser alegoría o símbolo.
Sea como sea, esa alusión a otra
cosa - por la que la obra de arte es
tal- se da gracias al ser-cosa de dicha obra; y para entender ese ser-cosa de la obra (al parecer indispensable para entender después el ser-obra
de la obra), tenemos primero que saber con claridad lo que una cosa es.

La cosa y la obra
Aunque la palabra cosa, en términos
generales, hace referencia a todo lo
existente, a «todo cuanto no es absolutamente nada» ( 14),2 lo cierto es
que vacilamos cuando se trata de llamar con tal palabra a Dios, al hombre o a cualquier otro ser vivo, y por
ello es que Heidegger restringe el
término a los seres inanimados y,
aún aquí, se excluyen los seres inanimados del uso (cosas elaboradas
por el hombre, como el martillo, el
zapato, el hacha, el reloj) y se reser-

, • cosa a 1as «meras co- Respecto
a la primera interpretación,
va el termmo
.
.
•
·
d
d
¡
Heidegger
establece el paralelismo
sas» a los seres manima os e a
.
.,
' 1eza (una pie
• dra, un terron,
, un que existe entre esta concepc1on de
natura
•
trozo de madera) es decrr: a 1as co- la estructura de la. cosa
. y la estructu' da ,
ra de las propos1c10nes que hablan
sas qbue son cosa Yna ma~, puesdráes de la cosa: la cosa consta de sustancon ase en e11as como meJor po
.
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•
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.. ,
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propos1c1on se compone de SUJeto y
de la cosa.
pred'1cado. Este para1e1·1smo de amLo que ias cosas sean no es un has estructuras le parece, a Heideg-

.
,
prob1ema nuevo, smo acaso e1 mas
.
.
anttguo de la metafistca. No se trata,
pues, al parecer, de un problema que

ger sospechoso. ¿No sera que conceb'
f,
d
1mos .1a cosa .como orma a por
sustancia y accidentes porque nos
f, .
•d
re enmos a e 11a con enuncia os que
te~gamos ~~e reHso_ldver por nBosotrtaráos constan de sujeto y predicado, y no
mismos -u1ce et egger-. as
,
.
porque esta sea la verdadera estruccon que analicemos las respuestas ya
d
? s·
. . tura e 1a .cosa.
elaboradas a 1o 1argo de 1a h1stona
,
.m 11egar a reso1ver
.
esta
cuestion,
Heidegger
rechaza esde la fil
1 oso fi1a y que escoJamos 1a
, d
d
ta manera de entender la cosa arguque nos parezca mas a ecua ª·
mentando que se trata de una estrucEn este sentt'do He1'degger reducc tura que no es solamente. válida para
d d
las meras cosas. Cualquier ente puea tres las respueStas ª as ª 1ª cues- de ser visto o explicado como fortión de qué es realmente una cosa: mado por sustancia y accidentes Y,
,
al por lo tanto, no se trata de conceptos
1. La cosa como nuc1eo en torno que nos revelen la cosidad de la mecual se ~eúnen ~us propiedad~ ra cosa, que es lo que queremos y
(en térmmos latrnos -que He1- necesitamos.
degger considera como una mala
traducc~ó~ de los términos grieLa segunda interpretación se nos
gos o~gmales-: la _cosa como presenta como producto del propósisustancia con sus accidentes).
to de eliminar intermediarios intelec.
. tuales entre la cosa y nosotros, del
2. La cosa como umdad de la mul~ propósito de describir la cosa como
plicidad de lo dado en los sentt, se nos presenta a los sentidos. La vedos.
mos entonces como una serie de da.
tos sensibles (tamaño, forma, color.
3. La cosa como matena formada. consistencia, peso) que se integran
como síntesis de materia y forma.

en la unidad que es precisamente la
cosa. Heidegger objeta aquí que lo
dado en los sentidos no son datos
aislados que luego integremos en cosas, sino a la inversa: percibimos cosas completas y es un proceso posterior de análisis lo que nos lleva a
distinguir en ellas diversas sensaciones. Además, mientras que la primera consideración alejaba totalmente
a las cosas del cuerpo, ésta las aproxima demasiado a él.
Con respecto a la tercera interpretación, Heidegger considera que
al pensar la cosa como integrada por
materia y forma, como materia formada, la ponemos en relación con la
utilidad: cierta materia ha sido elegida y configurada de determinada
manera para que cumpla una función, para que sea útil. Al advertir
esto, el filósofo descubre que el par
de conceptos materia y forma no ha
tenido su origen en el pensamiento
que se refiere a la cosa, sino en el
pensamiento que intenta explicar el
ser-instrumental del instrumento, de
«lo confeccionado para su uso y
consumo» (21 ); y que debió ser a
partir de este campo que dichos conceptos se extendieron a explicar no
sólo la cosa y la obra, sino todos los
entes. Y si son aplicables a todo ente
(como lo eran los conceptos de sustancia y accidente) resultan igualmente inapropiados para explicar el
ser-cosa específico de la cosa. Sin

embargo, el análisis de los conceptos
de materia y forma ha permitido a
Heidegger darse cuenta de que el
instrumento es un ente intermedio
entre la cosa y la obra, un ente que
comparte semejanzas con una y la
otra: es algo producido por la mano
del hombre (como la obra), pero una
vez fabricado descansa en sí (como
la mera cosa).
Analizadas las tres explicaciones
propuestas, Heidegger concluye que
las tres constituyen un atropello al
ser-cosa de la cosa, ya que ninguna
de ellas explica dicho ser por sí mismo. Esto a su vez lo lleva a preguntarse si no será precisamente esa resistencia a revelar su ser, esa obstinación a sustraerse al pensamiento
que busca conocerla, lo que caracteriza y distingue a la mera cosa de todos los demás entes. El filósofo así
parece creerlo y ofrece, como prueba,
la misma historia fullida de su interpretación. Pero además, considerando la
preeminencia que en esa historia tienen los conceptos de materia y forma (que provienen -como vimosdel ser del instrumento), y considerando también la proximidad del
instrumento con respecto al hombre
(dado que de éste recibió su ser), y
finalmente tomando en cuenta la ya
mencionada posición intennedia del
instrumento con respecto a las cosas
y las obras, Heidegger modifica su
vía de aproximación al ser-obra de la
9

�obra de arte: habrá que precisar primero el ser-instrumental del instrumento para, a p:mir de aquí, intentar
descubrir tanto la cosidad de la cosa
como la operidad de la obra.
Debemos entonces, desechando
los conceptos filosóficos que se nos
han manifestado como sospechosos,
aproximarnos a un instrumento y
describirlo. No deja de ser sorprendente que el instrumento elegido por
Heidegger no sea tal en realidad,
porque si bien elige para describir un
par de botas de campesino, no es esto lo que efectivamente observa y
describe, sino que la observación y
descripción se llevan a cabo sobre el
cuadro de Van Gogh que representa
ese instrumento. Siguiendo este procedimiento, el filósofo descubre que
la utilidad propia del instrumento,
anterionnente mencionada, descansa
a su vez en la confianza (solidez o
seguridad) que el instrumento proporciona a quien lo usa y que se manifiesta tanto más cuanto más eficientemente cumple el instrumento
con su cometido y pennite a la persona que lo utiliza olvidarse de él.
Heidegger se pregunta ahora si,
al descubrir en la confianza el serinstrumental del instrumento, no habrá, «sin darse cuenta», descubierto
también algo sobre el ser-obra de la
obra, dado que el ser del instrumento
no fue hallado describiendo unas bo-

tas reales, ni presenciando el proceso
de su fabricación, ni observando el
empleo efectivo que el campesino
hace de ellas. El ser-instrumental del
par de botas se puso de manifiesto
en el cuadro de Van Gogh y sólo
gracias a él. En la obra, «ese ente
(que es el par de botas) sale a relucir
en la desnudez de su ser» (27). «En
la obra de arte, la verdad del ente se
ha puesto en obra ... se ha detenido.
Un ente... se detiene en la obra a la
luz de su ser.» (28) La esencia del arte
será, entonces, «el ponerse en obra
la verdad del ente» (28); la operidad
de la obra consiste en «la manifestación del ente en su ser, (consiste en)
el acaecer de la verdad.» (29)
Heidegger advierte que su descubrimiento es bastante peculiar, tomando en cuenta que a la verdad se
la relaciona habitualmente con la lógica, mientras que a la estética se la
conecta comúnmente con la belleza.
Además aclara que el cumplimiento
de la verdad en la obra de arte no debe ser entendido en el sentido de que
ésta reproduzca fielmente un determinado ente, ni tampoco se pretende
decir con ello que la obra manifieste
la esencia universal del ente representado.
Por otra parte, el descubrimiento
hecho acerca de la operidad de la
obra pone de manifiesto que ésta sólo puede determinarse en función de

lo que la obra tiene de obra, y que
pretender acceder a la obra -como sd
pretendió antes- a través de su base
de cosa es un error. Error imputable
al peso que la noción de herramienta
tiene en nuestro pensamiento y q~
nos lleva a juzgar como instrumentos a todos los entes, incluidas 1111
obras. Error que además está prese~
te en las interpretaciones tradicion~
les de la estética. Cuando se hablaba
de la obra de arte como una cosa qu~
remite a otra cosa, en realidad se ~
estaba viendo como un instrumen~
provisto de un valor estético añadí~
a manera de superestructura qu4
contiene lo artístico.
Lo que haya de cosa en la ob~
tendrá que ser determinado. Só~
que «el camino a la determinaci6de la realidad de la obra, no va de ~
cosa a la obra sino, por el contrariq
de la obra a la cosa.» (30)

La obra y la verdad
Los museos, las exposiciones, I•
colecciones, los críticos, los juecesl
la conservación, la restauración, d
comercio, la investigación; todo ~
ajetreo que rodea a la obra de arte ~
reduce a su ser-objeto, la aparta cM
su ser-obra y entorpece la captac~·
de su esencia. Para conocer la o
en tanto que obra, hay que devolv
la al ámbito que le es propio. Y

ámbito es el dominio que se revela
por la propia obra.
A fin de profundizar en el acaecer de la verdad que ocurre en la
obra y que fue revelado al analizar el
cuadro de Van Gogh, Heidegger
propone ahora examinar una obra no
representativa: un templo griego.
El examen de dicha obra arquitectónica manifiesta que la verdad
de lo existente se pone en obra en
tanto que la obra de arte instala 11n
m11ndo y elabora la Tierra.
la obra de arte instala 11n m1111do. «La instalación como tal es erigir en el sentido de dedicar y celebrar.» (34) Y el mundo instalado al
que Heidegger se refiere es una alusión a la situación histórico social de
la nación en la que surge la obra; es
el destino del pueblo al que pertenece el artista y, también, el clima intelectual, las creencias, anhelos, convicciones y aspiraciones de dicho
pueblo; lo que la antropología llama
la cultura que es propia y distintiva
de esa comunidad. La obra funda un
pueblo histórico, le otorga identidad.

La obra, además, es elaborada a
partir de un determinado material y,
en tanto que obra es esencialmente
elaboradora. La obra de arte elabora
la Tierra. Heidegger nos da una pista del sentido que da al concepto

Tierra al hablamos del peso de una
piedra y del brillo de un color. Esas
cualidades pueden ser reducidas (así
lo hace la ciencia) a un número, a
una fórmula o ecuación. Pero ese
número no es realmente el peso de la
piedra, ni esa ecuación nos revela la
esencia del brillo del color. Las cualidades de la materia son evasivas al
conocimiento intelectual. Se encierran en sí mismas, se obstinan en
mantenerse ocultas. La Tierra es precisamente lo inescrutable, lo que se
resiste a todo descubrimiento, lo que
permanece cerrado. Es la cosa de
que hablábamos al principio.

En el instrumento, el material de
que éste ha sido fabricado se esconde en la misma fabricación, y tanto
más pasa desapercibido cuanto más
el instrumento cumple cabalmente
con su cometido. En cambio, en la
obra, el material se hace patente. Pero
se hace patente precisamente como
lo que es: como lo que se mantiene
oculto. Se abre en tanto que cerrado.
Ahora bien, el mundo instalado
(que es lo abierto) y la Tierra elaborada (que es lo cerrado), como
opuestos que son, se contraponen y
se mantienen en lucha en la obra de
arte. Ese combate no es discordia, no
es trastorno o destrucción. Es una lucha esencial en la que «los contendientes se suplantan uno a otro en la
autoafirmación de su esencia», en la

que «cada uno lleva al otro más allá
de sí.» (39)
Gracias a ese combate la obra
tiene movimiento y ese movimiento
produce, paradójicamente, el supremo reposo que la caracteriza; pues
sólo lo que se mueve puede reposar
y la índole del reposo corresponde a
la del movimiento. «El ser-obra de
la obra consiste en sostener la lucha
entre mundo y Tierra.» (39) El sostenimiento de esta lucha opera la unidad de la obra y mantiene su movimiento y su reposo.
Establecido que la obra de arte es
la puesta en obra de la verdad, Heidegger pasa a precisar el sentido en
que debemos entender el concepto
de verdad. Esta significación es la
más antigua que la filosofia griega
otorgó a tal concepto, relegándola
después al olvido. Es el concepto
ontológico que concibe a la verdad
como aletheia, como des-cubrimiento
o revelación. El concepto lógico de la
verdad como correspondencia de la
proposición con su asunto (de la que
todas las demás concepciones de la
verdad son sólo modificaciones) está, por su parte, necesariamente subordinado a la concepción de la verdad como desnudez de lo existente,
porque ¿cómo podríamos saber que
el conocimiento concuerda con el
ente si éste primero no se hubiera
abierto a nuestra captación?

�En el centro del ente hay un claro
en el que el ente se ilumina y se
muestra, es ahí donde el hombre lo
percibe y le otorga el carácter de ente, es ahí donde el hombre tiene acceso al ser del ente que él no es, y al
existente que es él mismo. En lo iluminado, el ente se desnuda en medida variable. Descubrimiento y ocultación se dan juntos, en el claro, como parte de la verdad. La verdad no
sólo incluye el develamiento del ente sino también la posibilidad de una
doble ocultación: la negativa y la
desfiguración. «La verdad es en su
esencia no-verdad.» (43) El antagonismo entre el claro y la ocultación
es el antagonismo de la lucha originaria. La verdad es el combate entre
iluminación y ocultación.

,t ,,.

La obra de arte pertenece a ese
claro donde la verdad se muestra.
Mundo y Tierra son elementos contrapuestos que se complementan e
integran la verdad. En la obra de arte
acaece la verdad como el combate
primordial entre iluminación y ocul!ación. La obra es un modo de acaecer de la verdad. Al instalar un mundo y elaborar la Tierra, la obra dirime la «lucha en la que se conquista
la desnudez del ente en conjunto. la
verdad.» (44)
En la obra acaece la verdad no
porque en ella se reproduzca algo
con exactitud, sino porque la obra
12

conduce al ente en su totalidad a la
desnudez y lo mantiene en ella. La
belleza es el modo de estar presente
la verdad en la obra de arte.
Pero hay algo sobre el ser-obra
de la obra que no ha sido considerado y es su carácter de ser-creada. Habrá, pues, que precisar este
ser-creada diferenciándolo del serfabricado del instrumento, y poniéndolo en relación con la esencia más
íntima de la obra (es decir con la
esencia de la verdad) para apreciar
«hasta que punto este ser-creada determina el ser-obra de la obra.» (45)
Iniciaremos, entonces, una nueva
vuelta preguntándonos otra vez sobre la verdad y tratando ahora de determinar cómo es que la verdad puede, o incluso debe, acaecer en la
obra de arte.
La verdad y el arte
El ser-creada de la obra depende del
proceso de crear que ejecuta el artista y este crear es una forma de pro&lt;lucir, si bien considerado como producir no se diferencia del fabricar
que conduce al instrumento. Sin embargo, hay que tomar en cuenta también que la creación tiene una base
artesana que es muy estimada por
los artistas, por lo que «parece recomendable detenninar la esencia del
crear desde su aspecto artesano.» (47)

Los griegos utilizaban una sola
palabra para nombrar lo que nosotros distinguimos como arte y artesanía: techné, y esta palabra, más que
a un modo de hacer, aludía a un saber. Techné es ver, «percibir lo presente como tal». (48) El producir del
artesano y del artista conducen al ente producido de la oscuridad a la iluminación, de la ocultación a la desnudez.

la obra, o el tipo de verdad que se
pone de manifiesto con el crear. La
solución que a esta cuestión da Heidegger parece ser la siguiente: la
obra se instituye en lo desnudo. En
la obra se abre el ámbito de la lucha
entre iluminación y ocultación, pero
además esto abierto se instala como
tal y se mantiene. Es esta apertura
que hace referencia a la apertura como tal y esta permanencia de la
apertura lo que parece distinguir al
acaecer de la verdad en la obra de
arte. La obra no sólo muestra la verdad del ente, en la obra la verdad se
establece como ente y lo hace de
manera definitiva: aunque el pueblo
histórico que produjo tal verdad ya
no exista, el mundo que le fue propio sigue presente en la obra en Jucha contra el fondo y sobre el fondo
de la Tierra.

Hasta aquí, sin embargo, no hemos distinguido al crear del fabricar.
Para lograr esta distinción es necesario tomar en cuenta que -aunque el
crear sea anterior al ser-creada de la
obra- depende de dicho ser-creada,
y que ambos (crear y ser-creada) d
penden a su vez del ser-obra de
obra. Sólo será en relación con es
operidad que aquéllos podrán s
precisados. Tenemos, pues, que voµ,
Además la verdad no es algo que
ver sobre el ser-obra de la obra y
exista
previamente «en las estrellas»
comprenderla más esencialmente p~
(49)
y
que
baje de ahí a instalarse en
ra después, desde esa comprensió
la obra. La verdad que se muestra en la
retomar la cuestión del crear y
obra llega a ser verdad en el momenser-creada.
to en que se instituye como tal en el
ente
que es la obra y, por ello, «está
Si lo que distingue a la obra c
en
la
esencia de la verdad la tendenmo tal es que en ella acaece la verdad, el crear será el hacer patente l cia a la obra como destacada posiverdad en la obra. Pero hemos vist bilidad de la verdad de ser ente en
medio del ente mismo.» (50)
que la verdad se hace patente no s
lo en el crear, sino también en el fi
3
La verdad -ya se ha dicho- es
bricar. Lo que distingue, pues,
no-verdad,
es lucha de iluminación y
crear, deberá ser: o un modo partic
ocultación,
oposición de mundo y
lar de hacerse presente la verdad

Tierra. Lo abierto de la verdad en la
obra de arte se retira «a la gravedad
arrastradora de la piedra, a la muda
dureza de la madera, a la oscura incandescencia de los colores» (51-52);
se retira, pues, a la Tierra que se
abre como lo cerrado. Lo abierto del
mundo es conducido a lo cerrado de
la Tierra para fijarse en lo que Heidegger llama la escisión (rasgo o
rasgadura). En la escisión queda fijada la lucha de lo abierto con lo cerrado que emerge precisamente del
fondo de lo abierto, y ese quedar fijado es la figura. «El ser-creado de
la obra significa: estar fijada la verdad en la figura.» (52)
Además, así como la apertura se
muestra como tal en la obra, su condición de ser-creada también se hace
patente en ella (a diferencia del serfabricado del instrumento que se
pierde en su utilidad y en la confianza que proporciona). Sin embargo,
este manifestarse en ella del sercreada no significa que la obra deba
ser reconocida como creación de un
gran artista, al contrario: el verdadero artista, una vez creada la obra, se
hace a un lado para que ésta destaque por sí misma y sin obstáculos.
Ahora bien, el ser-creada de la
obra no sólo depende del crear del
artista, sino también del conservar
(o salvaguardar) del espectador. «El
hacer que la obra sea una obra es lo

que denominamos conservación (o
salvaguardia) de la obra. Para la
conservación es para lo que primero
se da la obra.» (54) La propia obra
establece cuál es su debida conservación; ésta no consiste en entregarnos a su deleite, ni en los intentos
históricos o científicos por conocerla. La conservación es un saber, pero
no un saber que signifique representarse algo, sino un salir de lo
usual para instalarse en lo abierto del
ente que acaece en la obra. La conservación es un saber que simultáneamente es un querer: «es el extático comprometerse del hombre existente en la desnudez del ser» (55). La
conservación no es el complacerse
en la vivencia que la forma de la
obra produce; la vivencia de la obra
no aísla a los hombres, sino que esta
vivencia funda el ser para otro y con
otro al compartir los hombres el destino histórico común del mundo que
en la obra se revela.
Volviendo a la cuestión que inquiría por el ser-cosa de la cosa, podemos ahora darnos cuenta de que
era una cuestión mal planteada porque se planteaba a partir de la consideración de la obra como objeto y
no como obra. En el contexto de la
obra como tal, la cosa se presenta
como lo que se cierra, como lo que
no está sujeto a nada, como perteneciente a la Tierra; la cual se manifiesta sólo gracias a la lucha que
lJ

�mantiene con el mundo que se incorpora en la obra; lucha que queda fi4
jada en la figura.
El problema que ahora se presenta es el de cómo es que la acertada
condición de la cosa llega hasta la
obra. Durero (citado por Heidegger)
afinna que el arte está en la naturaleza antes que en la obra de arte, y que
el artista es quien tiene la capacidad
para trasladarlo de una a la otra.
Hay, entonces, una concepción correcta de la cosa que es previa a la
creación de la obra. Pero ¿cómo
puede darse ese saber acertado de la
cosa, anterior a la creación de la
obra, si sólo a través de la obra puede saberse lo que la cosa es? La respuesta se encuentra en la concepción
que Heidegger tiene de la poesía.

"

Por Poesía Heidegger no sólo
entiende el arte cuya materia es la
palabra (o poesía en sentido estricto); sino que la Poesía (escrita con
mayúscula) es la cualidad del lenguaje que permite al hombre nombrar los entes y, al hacerlo, no sólo
conducir a éstos al claro del ser e
instituirlos en lo abierto. sino además instituirse a sí mismo como eksistente, como el único ente que se
cuestiona por el ser del ente en su totalidad, hecho gracias al cual los demás entes adquieren su condición de
tales.
14

En este sentido, la función primigenia del lenguaje no es la expresión
ni la comunicación, sino el llevar a
lo abierto el ente como ente. En este
sentido, todo arte es Poesía y el artista es aquél que restituye al lenguaje su función fundacional originaria.
El artista es quien habiendo - a través de la Poesía- conducido al ente
hasta lo abierto, lo fija luego en la figura de la obra de arte.
La Poesía echa los cimientos de
un pueblo histórico, le muestra a un
pueblo su misión, le plantea la opción «entre victoria y derrota, bendición y maldición, señorío y vasallaje.» (51) La Poesía es el impulso en
que la historia empieza o vuelve a
empezar. Y el arte, en que se concretiza esa función instituyente del lenguaje, «es historia en el sentido
esencial de que funda la historia»
(63)
Termina Heidegger su ensayo estableciendo, en el Epílogo del mismo, que el arte es un enigma y que
su intención no ha sido resolver el
enigma, sino contribuir a que lo veamos como tal. Se pregunta además si
«¿es todavía el arte un modo esencial y necesario en que se produce la
verdad decisiva para nuestra existencia histórica, o el arte ha dejado de
serlo ya?» (65)

Reflexiones finales
Heidegger afinna al final de su ensayo que su pretensión es la de hacernos ver al arte como un enigma. Su
propia estética, enigmáticamente
planteada, deja una serie de cuestionamientos abiertos a la reflexión del
lector.
Pareciera a primera vista, por
ejemplo, que la categoría de belleza
ha sido reducida a la categoría de
verdad o, cuando menos, que aquélla ha quedado subordinada a ésta.
Pero ¿es realmente así? ¿La belleza
de la obra de arte es sólo una consecuencia de la verdad que en ella se
manifiesta? Más bien parece que si
Heidegger subraya el conocimiento
de un mundo y de la Tierra que la
obra proporciona, es porque esto le
pennite avanzar en sus intereses metafisicos, y no porque tenga intenciones de establecer relaciones de subordinación entre la belleza y la verdad. Además, si la verdad fuera manejada por él como la categoría que
define al arte, entonces tendría que
concluir (cosa que no hace) que las
otras obras y ámbitos en los que ocurre la apertura del ente son artísticos
también.
Pero ¿no será entonces la belleza
de la obra de arte -considerada como la peculiar manera en que la verdad se hace patente en ella- un gan-

cho y, al mismo tiempo, una trampa?
Porque Heidegger afinna que el espectador que se complace en las sensaciones que la obra le produce sin
llegar más allá, no salvaguarda la
obra en la medida en que ésta exige
ser salvaguardada. Si esto es realmente así, entonces la belleza de la
obra de arte no parece tener valor
por sí misma, sino ser sólo un medio
agradable y atractivo de conducir al
espectador a la contemplación de la
verdad del ente. Y, en este caso,
quien se queda en el nivel de la mera
complacencia ante la belleza es un
espectador entrampado, un espectador que no llegó hasta la meta última
que la obra le propone.
La vivencia estética definitivamente no se agota en la belleza, en
eso estamos de acuerdo. Ni siquiera
necesitamos de la belleza para que
se produzca. De otra manera no podríamos entender las obras del arte
actual que, en muchas ocasiones,
manejan categorías diferentes: lo
feo, lo repugnante, lo grotesco, lo siniestro. Además, la vivencia estética
no es solamente cuestión de sentidos
y emoción. implica al hombre íntegro y, por tanto, involucra también y
necesariamente al intelecto. Pero esto mismo también significa, por otra
parte, que siempre estará presente en
toda obra, si no la belleza, sí alguna
otra categoría estética en sentido estricto, es decir: sensible; y que ésta

será tan esencial para el ser-obra de
la obra como puedan serlo los elementos emotivos e intelectuales; los
cuales, lejos de opacar lo sensible,
contribuyen a que dicho elemento
acceda, espiritualizándose, a un rango o nivel más alto.
No se trata, entonces, de cuál
elemento pueda o deba estar subordinado a cuál otro, sino de que toda
creación es una estructura compleja
de factores que deben ser integralmente considerados para tener una
adecuada apreciación de la misma.
En este sentido deben entenderse las
afirmaciones de Heidegger que establecen que la obra sólo puede ser cabalmente comprendida considerándola
como obra, es decir: en su totalidad.
Conclusión a la que el filósofo llega
después de intentar y rechazar el
procedimiento -común en el momento en que el ensayo fue escritoque establecía la necesidad de entender la obra a partir de su materialidad, de su carácter de ser-cosa.
Por otra parte, al entender Heidegger el ser-obra de la obra como
integrado por el ser-creada y el sersalvaguardada pone de manifiesto
que la obra de arte no alcanza su
cumplimiento mientras no despierta
en alguien más la reacción adecuada, mientras el espectador no la recrea, contemplándola e interpretándola. Y al destacarse también el he-

cho de que el artista debe ser indiferente, que debe anularse a sí mismo
para que surja la obra, se concuerda
con la posición - que parece manejarse en la teoría pero no siempre en
la práctica- que se opone a la divinización del artista, a considerarlo como un iluminado, casi podríamos
decir que un condenado a producir
obras de arte; posición generalmente
avalada por la institución: museos,
galerías, coleccionistas, críticos; de
quienes Heidegger nos dice que nunca logran captar a la obra en tanto
que obra, que nunca pasan de verla
como un objeto y que, por ende, no
pueden llegar a salvaguardarla o
apreciarla correctamente. Acordes
con esta opinión de Heidegger son
algunas de las críticas que se hacen
al arte institucionalizado desde el terreno de la propia producción; ya
que en este sentido de ataque contra
el hecho de que sea la institución
quien finalmente determine lo que
alcanza o no el nivel artístico, es que
deben entenderse -según creemosalgunas obras del arte contemporáneo, como los readymades de Duchamp. y como el arte efimero (al
menos si hemos de aceptar lo que dicen expresamente sus autores). También ocurre algo similar con algunas
vertientes del arte conceptual, si bien
aquí se elimina la intervención de la
institución (probablemente no del todo), eliminando, a veces, la propia
obra de arte.
15

�1

"

Ahora bien, en relación con el
empleo fundacional del lenguajepensamiento para instalar un mundo,
existen obras de la antigüedad que
parecen haber sido, incluso, elaboradas con ese preciso propósito. Nos
referimos a textos como la Biblia, el
Corán o los Vedas; a obras arquitectónicas como el Partenón, el Taj Mahal o las pirámides de la América
antigua. Se trata, por supuesto, de
obras cuyos orígenes están relacionados primordialmente con el comportamiento religioso del hombre,
pero que incuestionablemente tienen
también un enorme valor artístico. Y
ni Heidegger, ni ningún otro teórico
del arte o de su historia, han pretendido jamás que se considere como
arte únicamente aquello que haya sido producido con intenciones artísticas explícitas, ya que entonces tendríamos que empezar por eliminar
de su campo todo lo producido con
anterioridad al Renacimiento. En el
cual, por cierto, encontramos nuevamente la instalación de un mundo, si
tomamos ésta, no en el estricto sentido de la fundación de una nación, sino en el sentido en que toma Heidegger mismo el instalar cuando
afirma que «al fundar Holderlin de
nuevo la esencia de la poesía, comienza por hacer un nuevo y determinad~ tiempo.&gt;/ Las obras de arte
del Renacimiento significan la puesta en marcha de una nueva etapa histórica del hombre europeo, del hom-

11"

16

bre que quiere dejar, en todas sus
producciones, una muestra de las
posibilidades de conocimiento y de
dominio sobre el mundo de la razón
humana, posibilidades que él considera inagotables y en las que confia plenamente.
En el caso del arte hispanoamericano hay también toda una corriente
cuya intención más o menos explícita parece ser la de la búsqueda y establec:miento de una identidad alrededor de la cual podamos aglutinarnos. En cuanto a la pintura contamos
-ya en nuestro siglo y en México-con el ejemplo patente de la pintura
mural, y también con obras, como
las de Rufino Tamayo y Ricardo
Martínez, que tal vez sean ejemplos
menos obvios en este sentido, pero
que igualmente contribuyen a la formación de un imaginario propio,
fundado en la tradición iconográfica
de nuestro país, pero expresión también de los cambios que constantemente enfrenta en su devenir toda
nación. Porque hay que tomar en
cuenta que la cultura no es algo que
se establezca de una vez por todas,
sino algo que constantemente se está
replanteando; porque la historia de
los pueblos - al decir del propio Heidegger- es algo que siempre está
volviendo a empezar.
Intentos de definir quiénes somos los encontramos no solamente

en las artes plásticas y en el quehacer filosófico y ensayístico de Martí,
Vasconcelos, Ramos o Paz; sino
también en el trabajo de la creación
literaria propiamente dicha, de la
poesía y de la narrativa: La suave
patria, Canto general, El siglo de
las luces, Pedro Páramo, Conversación en la Catedral, Cien años de
soledad, Terra nostra. Nuestro verdadero ser latinoamericano está presente en éstas y otras muchas obras
en una medida en que no se encuentra en los textos históricos y mucho
menos en los discursos políticos.

Este cuadro nos revela un mundo: el mundo del campesino. No se
trata aquí de un mundo que pueda
identificarse uno a uno con una nación específica, ni con una sola época histórica. La comunidad de los
campesinos es de otro tipo, pero es
igualmente un grupo diferenciable.
Sin embargo, también ocurre que no
todos los hombres pertenecen a ese
mundo y, por tanto, no deja de ser
un mundo concreto. Es decir, Heidegger tiene razón al afirmar que la
verdad puesta en obra es siempre esta verdad y que no existe la verdad
universal. La mezcla de devoción y
erotismo irreverente que encontramos en la religiosidad herética de
López Velarde, su lúgubre concepción del amor siempre asociado con
la enfermedad y con la muerte, no
son experiencias humanas que únicamente él haya vivido, pero sí una
posición ante la vida que solamente
él ha sabido expresar.

Ahora bien, no todas las obras de
arte son del tipo de las mencionadas.
¿Qué pasa con el arte romántico o
expresionista, con el arte centrado en
la subjetividad del artista más que
orientado hacia los planteamientos
de tipo sociológico? Hemos mencionado La suave patria, pero ¿qué podríamos decir -desde el punto de
vista de la apertura de un mundodel resto de la poesía de López VePudiera parecer tal vez que estalarde, en la cual y según el decir de mos dando una interpretación demasu propio autor, se canta «de la ex- siado elástica a las palabras de Heiquisita partitura del íntimo decoro»? degger. Pero cuando se trata de esta¿En qué sentido podría afirmarse blecer un concepto de la obra de arte
que esta poesía inicia o reinicia la que abarque a la totalidad de las proexistencia de un pueblo histórico? ducciones humanas que se designan
En el mismo sentido -nos parece- con ese calificativo, el concepto tendrá
en que Heidegger lo afirma de las o que tener necesariamente una ambotas de campesino pintadas por plia significación o que dejar fuera
VanGogh.
gran parte de la producción artística.

Finalmente consideraremos la
afirmación de Heidegger de que en
la obra de arte se instala la Tierra.
La Tierra hace referencia, como hemos visto, al ser-cosa de la obra;
alude a la materialidad que la caracteriza. Pero esto se da en un primer
nivel de significación. La Tierra es
primordialmente lo que se cierra, lo
que se resiste a mostrarse y, por ello,
es que no puede reducirse a la materia del par de categorías materia forma. La Tierra es lo que hay de
misterioso o enigmático en toda obra
de arte, es esa ambigüedad que le es
propia y que la convierte en un signo
polivalente, en un signo de significados múltiples e inagotables, de significaciones que se van enriqueciendo
con cada lectura o - para decirlo con
palabras de Heidegger- con la salvaguardia que cada espectador hace de
ella. La salvaguardia añade a la obra
algo que ésta antes no poseía y es,
en ese sentido, que convierte al espectador en un creador, de manera
que el ser-salvaguardada se integra
al ser-creada y ambas constituyen,
con igual peso e importancia, el serobra de la obra de arte.
Notas
1

Martín Heidegger: Ser y liempo. Citado por A. de Waelhens: La filosojia
de Martin Heidegger, Universidad
Autónoma de Puebla, México, 1986,
p. 246.

2

3

Las referencias correspondientes a todas las citas del ensayo «El origen de
la obra de arte» aparecen como un
número entre paréntesis que indica la
página de donde la cita fue tomada.
La edición utilizada es la siguiente:
Martin Heidegger: Sendas perdidas
(Holzwege), traducción de José Rovira Annengol, Losada, Buenos Aires, 1960.

La verdad tiene diversas maneras de
llegar a ser, no sólo acaece en la obra
de arte. Dice Heidegger: «Otro modo
de presentarse la verdad es el hecho
de la fundación de Estado. Otro modo asimismo de cómo la verdad llega
a lucir, es la proximidad de lo que no
es simplemente un existente, sino lo
más existente de lo existente. Otro
modo también de cómo se funda la
verdad, es el sacrificio esencial. Otro
modo de llegar a ser la verdad, es el
preguntar del pensamiento que a título de pensar menciona a éste en su
interrogante. En cambio, la ciencia
no es un acaecer originario de la verdad, sino en cualquier momento la
elaboración de un terreno de verdad
ya abierto. (50) Waelhens explica esta
idea de Heidegger, en un lenguaje
más comprensible, en el siguiente
texto: «Además de la verdad artística
hay una verdad política, la del •forjador de Estado' . Éste también encarna
y pone frente a frente las fuerzas ciegas y brutas de la evolución de los
pueblos con una fonna inteligible,
que intenta imponerles. De este conflicto nace un Estado y una verdadera política, obra por la cual y en la

�CUATRO SOLES

A Viva/di

Silvia Pratt
cual se manifiestan y revelan como
un relámpago -y por el tiempo del
relámpago-- las fuerzas oscuras e indómitas de un pueblo o de una raza. /
Hay también otra verdad: la del pensador. El pensador crea un sistema o más modestamente un concepto-gracias al cual la ininteligibilidad de
la existencia bruta es captada, ordenada, iluminada por un instante y según una detem1inada perspectiva.
Por este sistema, lo que no era sino
caos llega a ser verdad y se hace patente. Algo es arrancado... al caos
original; pero sólo en un tiempo y
por un tiempo.» (A. de Waelhens,
op. cit., p. 252.)
4

18

Lo que en «El origen de la obra de arte» Heidegger llama la Tierra corresponde al ente-en-bruto de sus
primeros escritos, pero con la diferencia de que en aquéllos el filósofo
negaba toda posibilidad de conocimiento del mismo, mientras que, a
partir del ensayo «Hólderlin y la
esencia de la poesía» (1926) y sobre
todo en el ensayo que actualmente
nos ocupa, Heidegger admite la posibilidad de lograr al menos cierto conacimiento de tal ente-en-bruto, conacimiento que se logra precisamente en la obra de arte. Es en este sentido que decíamos que la estética de
Heidegger es una etapa en el proceso
de investigación filosófica heideggariana, y que la obra de arte sólo se
aborda como cuestión que contribuye a resolver la problemática que el
filósofo se ha planteado sobre la verdad.

5

Martín Heidegger: Holder/in y la
esencia de la poesía seguido de
Esencia del fundamento, traducción,
prólogo y notas de Juan David García Bacca, Editorial Séneca, México,
1944, p. 45.

Qué verdadero es el verde que surge
de lo blanco sin conocer la muerte,
antítesis de espacios invernales
la noche es menos noche en primavera.
Al porvenir que empieza las historias
el sol niño en la aurora abre sus manos
'
despabila la magia y los relojes,
trinos y cánticos al cielo eleva.
Alas, árboles, colores, aromas
desplegándose en forma de abanico
como lienzos que irrumpen en paisajes.
Alegría que impide entumecernos,
luz refulgiendo más que nuestra piel:
verdea el mar cual frescas aceitunas.
11

3

«&lt;--'.
,,1.
..,T

De vitalidad y pasiones pleno
e1pu'ber so1atrapa el mediodía;
sus brazos son el árbol del destino
fuego estival brotando de la tierra.'

19

�•

t¡

t

Entusiasmo de música en los campos.
Relámpagos agitan las alturas,
las lluvias son el germen de las nubes,
humedad que a la entraña vuelve fértil.

Ocre luna vestida de hoja seca,
ocre luz sin esencia de naranjas.
El mar bebe el color del azafrán.

Lágrimas que maduran pensamientos.
Al cuerpo embisten los candentes aires,
el pesado fruto el ramaje dobla.

lV

Cálida oscuridad cubre la piel,
el mar es luna ardiendo, una granada.
La savia de los árboles es sangre.

11 '

III

1'1'11 •• • ,

•

De la fe1tilidad y las jornadas
se canta en el otoño la agonía,
el rojo del crepúsculo se esconde,
horizonte infestado de silencios.
Respira el sol maduro la fragancia
del vendaval formando remolinos,
extiende sus tapices la hojarasca
en colores que brillan como el oro.

Se perciben los pasos del invierno,
con su rostro decrépito camina,
susurra el viejo sol himnos de paz
que entonan en silencio los paisajes.
Aparecen fantasmas inminentes,
auguran el final del laberinto,
las luces de luciérnagas nos guían.
Desciende la nevisca de la noche.
El mar una guanábana espumosa
absorbe la frialdad de los sepulcros,
la boca sabe a hiel, amargo hielo
anquilosado por la luz nueva.
Ningún color rapaz esconder puede
la soledad que con el viento bulle.

Existe más pa~ado quc futuro.
velas cncicnck h ,ncla nrnlw
Crepitand , , ll1 l,111, , '&gt;nmh, 1, '-• 1..,.

20

21

�MODELOS PARA LA LECTURA DE
SEGUNDAS LENGUAS

Alhelí Morín Lam y Laura García
La habilidad de leer y comprender
textos de diversos tipos es básica en
la formación de cualquier ser humano. Los psicólogos han observado
que el desarrollo lingüístico ocurre
de modo paralelo al cognoscitivo.
En este sentido, la lectura juega un
papel fundamental, en vista de que
los textos escritos son usualmente
mucho más complejos lingüística y
cognoscitivamente que los orales.
De lo anterior deriva el hecho de que
las personas que leen posean un horizonte cultural y cognoscitivo mucho más amplio que las que no lo
hacen.
1 • ...

En los últimos años, las autoras
nos hemos dedicado a la enseñanza,
y la elaboración de materiales curriculares para ser utilizados en cursos
de lectura y literatura en segunda
lengua. Durante este tiempo, hemos
aprendido y experimentado con diversos modelos propuestos, con grados variados de éxito y satisfacción.
En este artículo nos referiremos
en particular al modelo propuesto
por Swaffar y colaboradores (1991),
el cual está basado en conceptos hermenéuticos, lo cual implica que la
comprensión de lectura es definida
como la interpretación que un lector
en particular hace del texto leído,
como resultado de su interacción
con el mismo a diversos niveles.
22

El modelo propuesto por Swaffar, Arens y Byrnes para la lectura
en segundas lenguas busca desarrollar vínculos entre conductas lingüísticas, cognición y aprendizaje, variables afectivas, y contenido temático.
El modelo resultante, basado en la
comprensión, intenta desarrollar una
definición funcional del concepto
significado, aplicable tanto a estudiantes principiantes de lenguas como a avanzados. La premisa del modelo es que, una vez que el significado es comprendido sin ambigüedades por el estudiante, la exactitud en
el uso oral y escrito del idioma puede basarse en esta comprensión. En
tal sentido, la teoría desarrollada
busca explicar las etapas secuenciales en el input y el producto comprensible.
Swaffar y colaboradores implementaron un modelo centrado en el
alumno, en el que la gramática al nivel de oración queda subordinada a
la gramática del discurso en su conjunto, según fue sugerido por van
Dijk. Una gramática del texto y el
análisis del discurso contribuyen al
aprendizaje de lengua, especialmente porque enfatizan el papel que juegan los textos en la definición de la
gramática (Hopper). Desde esta
perspectiva, los teóricos del lenguaje
han propuesto que las reglas gramaticales deben concebirse como un re-

pertorio de estrategias para la creación de textos. (Ellis, van Patten).
Respecto a la contribución de la
lingüística al modelo desarrollado
por Swaffar y colaboradores para la
enseñanza de segundas lenguas,·d~
be recordarse que en la discusión
acerca de modelos de gramática universal queda implícito que son mál
efectivos los enfoques pedagógicos
y estrategias de aprendizaje que enfatizan un numero limitado de distinciones contrastivas, en lugar de
aprender las reglas completas que
regulan una segunda lengua.

memorización del idioma, en el caso
de los procesos interactivos asociados con la habilidad de leer, y el razonamiento sintético y analítico. De
lo anterior se deriva que los alumnos
de segundas lenguas se involucran
en la lectura con el fin de aprender
un idioma textual, además de aprender información y comprender tales
textos. Para esto, es necesario que
enfoquen su atención en diversos
planos: atención a la coherencia del
mensaje, a los marcadores de cohe-

En este modelo el papel del
maestro se define en términos de
cuatro tareas: 1) activar los esquemas cognoscitivos de los alumnos
lectores, 2) guiar a los alumnos para
observar la estructura del texto, 3)
auxiliarlos en el desarrollo de estrategias, y 4) promover la interacción
relajada entre los alumnos y el texto.

Además de las tareas señaladas arriba, el maestro tiene asimismo la función de seleccionar tareas según las
diversas características y competencias lingüísticas de sus alumnos.
Como modelo, la interacción de
los procedimientos de lectura de textos literarios basada en el texto y en
el lector se representa en la Tabla
que se incluye abajo:

Modelo propuesto para la lectura de textos liteanos

Dentro del modelo propuesto, se
sugiere asimismo que los exámenes
deben ser diseñados de tal fonna que
reflejen y estimulen la creatividad, y
las estrategias orientadas a la comunicación por parte de los alumnos.
Tal propuesta involucra el planteamiento de una teoría que sirva como
vínculo entre las teorías de la gramática actuales, la investigación centrada en el alumno, y la evaluación de
los logros en el salón de clases.

A.
Subsistemas
semánticos

Capas de Interacción entre el
lector y el texto

B. Sistemas

Capa 1

Asociaciones semánticas
predictivas por el
lector (cosas/ideas/actividades).

Capa 1

Asociaciones sintácticas predictorias por el
lector = una escala como peor a mejor, partes
a todo, cronología, y relaciones en el
sentido de super y subordinación.

Capa2

Realizaciones semánticas a
nivel de palabras
(principalmente sustantivos,
verbos, y adjetivos y adverbios
que modifican sustantivos y
verbos -el quién, qué, dónde y
cuándo).

Capa2

Realizaciones sintéticas a nivel
de palabra (relaciones de caso,
adverbios, adjetivos, frases
preposicionales, conectores).

Capa3

Coherencia cohesión
semántica a nivel de oraciones
e interoraciones = se relaciona
el contenido proporsicional
común.

Capa 3

Coherencia y cohesión
sintáctica a nivel de oración o
entre dos oraciones o
proposiciones = contenido
proposicional común es relacionado.

'-

El modelo que se discute subraya
la necesidad de que los alumnos
sean conscientes de que el conocimiento de una lengua y la lectura en
ese idioma son habilidades distintas,
si bien complementarias. En el caso
del procesamiento del lenguaje, los
procesos son el reconocimiento y

sión, a los rasgos redundantes, a las
claves morfológicas y sintácticas,
entre otros.

subsintácticos

Capas de Interacción entre el
lector y texto

�Conexiones
implícitas/explícitas a nivel de
párrafo o de episodio.

Capa4

Conexiones
implícitas/explícitas a nivel
interoración o episodio.

Capa 5

La relación entre el contexto y
la información en un capítulo o
artículo.

Capa 5

La relación entre la intención y
el uso del lenguaje en un
capítulo o artículo.

La relación entre campos de
palabras en el mundo real y el
vocabulario textual.

Capa6

Estructuras discursivas y
marcadores discursivos =
discurso plenamente
desarrollado en la extensión de un libro.

Capa 6

-

_! ,

Con respecto a la secuencia que deberán ocurrir los procesos de interacción entre el lector y el texto, se
señalan las siguientes etapas generales:
Etapa 1: En la que los alumnos
prevén la obra con el fin de establecer el contenido y la orientación lógica del mismo.
Etapa 2: Los alumnos identifican
la estructura episódica, o el nivel intermedio del texto.
Etapa J: Los alumnos leen para
identificar detalles, más allá de la
comprensión global, o de ideas principales.
Etapa 4: Comparación de la reconstrucción de información textual
en matrices, al nivel de palabras y
frases.
24

respuestas afectivas de los lectores
como un ingrediente importante en
la interpretación de textos literarios.

Capa4

.¡

Etapa 5: Reconstrucción a nivel
oración de la información textual.
Etapa 6: Construcción a nivel supra-oración de la opinión del lector
acerca de la información textual.

Durante el año 1997 trabajé en
una primera implementación del modelo referido en un curso de Literatura Americana que impartí a alumnos avanzados de Lingüística Aplicada. Esta experiencia me permitió
observar la forma ideal en que los
procesos tan cuidadosamente descritos por Swaffar ocurrían en la práctica. Si bien tal experiencia inicial fue
positiva (ver tesis doctoral), ésta me
permitió recibir sugerencias de los
alumnos participantes en tal implementación, respecto a que su expectativa era la de un método que permitiera un involucramiento más personal con los textos, lo cual implica-

- - -

En el año 1998, una de las autoras
trabajó en el desarrollo de un programa de Comprensión de Textos en Inglés para los alumnos del Área Básica Común de la Facultad de Filosofía y Letras. Desde el inicio del programa, se observó que tanto los
alumnos como los instructores involucrados respondieron positivamente
a un enfoque pedagógico que involucraba la lectura de textos de interés
personal para jóvenes, y en particular, el hecho de las actividades realizadas se centraran en la comprensión e interpretación del texto, más
bien que en aspectos lingüísticos aislados. La cualidad integradora de
significados de la propuesta planteada por Swaffar fue evidente.

ba permitir y estimular respuestas a
los textos literarios en términos mas
espontáneos. Tal sugerencia que fue
muy frecuente, señalaba asimismo la
necesidad de desenfatizar los procesos cognoscitivos, de tal forma qu,
éstos no representaran la material
prima principal de la interpretacióa
de textos literarios. Una relectura ~
la obra de Louise Rosenblatt, quiea
plantea una filosofia para la ensc,;
Posteriormente, se planteó la
ñanza de literatura cuya meta princj.
oportunidad
de que tal modelo fuera
pal es promover la exploración di
utilizado en grupos piloto para evatextos a partir de las respuestas afec-luar
la posibilidad de incluirlo en el
tivas de los lectores, fue especialr
rediseño
de los materiales curriculamente útil para comprender los re&lt;
res utilizados en las escuelas prepaciamos hechos por los alumnos par•
ratorias de la UANL. Con este fin se
ticipantes.
elaboraron dos planes de clase para
dos lecturas del texto de inglés móUna de las autoras decidió, ~ &lt;lulo VIII de preparatoria (Frida Ka/tanto, trabajar en futuras implemen4 ho, unidad I v The Moon: Luna Lantaciones del método tomando ~ den. unidad ,2). los que generalmencuenta la filosofía de Rosenblatt, 11 te plantean dilit:ultades &lt;le comprencual hace un mayor énfasis en Id ~1ón a los alumnos. bta-., uinsisten

en que el alumno no identifica información que le pem1ite interpretar el
propósito del autor y entender el tono del texto. El cuadro comparativo
que se incluye presenta el tratamiento de la lectura de Frida Kalho de
acuerdo a los materiales curriculares
y a la propuesta del modelo de
Swaffar (ver anexo A).
Una de las autoras, quien había
pa11icipado en anteriores proyectos
de diseño de materiales curriculares
en el nivel preparatoria, observó que
el modelo de Swaffar era particularmente útil, ya que apo,iaba una perspectiva más integradora al diseño de
lecciones de lectura. Los materiales
previamente diseñados habían tomado como base los enfoques interactivos presentados en Mackey (1977),
Grellet, Nutall, Carrel, Devine y Eskey (1988), los cuales consisten en la
interacción del lector con el texto, de
los diferentes niveles textuales entre
sí, así como de los niveles de conocimiento del lector tanto culturales
como de la segunda lengua. Estos
enfoques enfatizan la complementariedad, cor:trario a la exclusividad,
de las estrategias de lectura denominadas top-down, las cuales se refieren al conocimiento previo del lector
además del aspecto retórico del texto
y las botfom-up, que incluyen las habilidades gramaticales y de desarrollo del vocabulario.

El modelo de Swaffar no es ajeno a estos enfoques. Sin embargo,
lo que lo distingue de los anteriores
es su capacidad de síntesis de diferentes teorías: psicológica, psicolingüística, de análisis del discurso,
etc., en un modelo concreto que no
abandona nunca la lectura y propicia
tanto un input guiado y adecuado al
lector como una producción escrita
que le permite apropiarse de las estructuras gramaticales y léxicas revisadas para expresar su reacción escrita ante el texto. Cabe mencionar
que en el curriculum de inglés de las
preparatorias de la UANL el objetivo
general es la comprensión de textos,
y si bien se reconoce que la habilidad lectora es complementaria a la
de redacción, los materiales actuales
no desarrollan la escritura. Por lo anterior, la última fase del modelo no
se incluye en el presente estudio.
Los dos planes de clase para las
lecturas del texto de inglés se aplicaron a dos grupos diferentes de la
Preparatoria No. 23 unidad San Pedro, al poniente de la zona metropolitana. Éstos están conformados por
alumnos de cuarto semestre que demuestran conocimientos de inglés
heterogéneos, aunque la mayoría se
ubica en el nivel principiante, producto del módulo previo de inglés en
tercer semestre. Generalmente están
motivados a aprender. Hay un máximo de D alumnos por grupo. La cla-

�se se imparte de 7:00 a 8:40 de lunes a
viernes durante 8 semanas. Un grupo
ya tenninó el módulo correspondiente a febrero-abril, el otro recibe actualmente la instrucción correspondiente al módulo de abril-junio. El
primer grupo ha evidenciado desde
el primer semestre un nivel de desempeño académico superior al del
segundo, por lo cual se esperan los
resultados de este último para proporcionar datos no contaminados por
esta variable.

i'

1

·¡
1

1¡

l'

1

Para el estudio se compararán los
datos de los dos grupos piloto actuales, a los que se presentó el modelo
de Swaffar en las dos lecturas citadas, con los de los grupos de años
escolares pasados, quienes recibieron el plan de clase regular impartido por la misma maestra. Los datos
consisten en el registro de alumnos
que contestan de manera correcta los
ejercicios (predictivos) mencionados
que plantean dificultad de interpretación del propósito del autor; la reacción de los alumnos a la introducción de un modelo de comprensión
de textos que no habían experimentado, la reacción ante la diferencia
de respuestas al ejercicio predictivo
antes y después de la lectura siguiendo el modelo, y sus opiniones respecto a las causas por las cuales se
equivocaron en sus predicciones.
Posterionnente se realizará una evaluación de los niveles de aprovecha-

1'

26

miento, comparando resultados de
los exámenes.
Específicamente, se observó en
el primero de los grupos piloto que.
los alumnos contestaron el ejercicio
predictivo antes de la lectura del texto seleccionando mayoritariamente
la misma respuesta que los del grupo
del año próximo. Sin embargo, se
detectó una diferencia notable en las
respuestas al mismo ejercicio después de la lectura.
Los alumnos de años anteriores
corroboraban la respuesta previa del
ejercicio predictivo, que en general
era uno de los distractores, evidenciando una pobre comprensión del
texto. En estos grupos aproximadamente entre 5 y 7 alumnos seleccionaban desde el principio la opción
correcta y eran los mismos que la
corroboraban después. En el primer
grupo piloto 20 alumnos seleccionaron la opción correcta después de la
lectura siguiendo el modelo de
Swaffar, con lo cual se deduce que
este modelo incrementó de manera
notable el nivel de comprensión de
los alumnos.
La reacción de los alumnos fue
también diferente. En los grupos de
años anteriores los alumnos no siempre están en la tarea de lectura concentrados (buscan palabras en el diccionario, platican, dejan la vista en

un punto fijo en el texto), proba torio que ahora manejaban no sólo
hecho conexión con el de contrario
En conclusión, hasta el momento
blemente porque el texto no les R otro nivel de infonnación para justien su mente.
las observaciones del grupo piloto
sulta claro y sienten que la tarea eficar su respuesta, sino que participarecen indicar que los alumnos que
poco definida. Por el contrario, en e paron con más seguridad.
Por último, la evaluación de los
siguieron el modelo de Swaffar deprimer grupo piloto los estudian
niveles de aprovechamiento, compamuestran una mejor comprensión de
primero identificaron la estruc
En este punto es importante harando resultados de los exámenes se
la lectura; se muestran más interesaretórica de contraste (modelada ·en cer notar que una de las alumnas que
realizará cuando se reciban las calidos en la tarea probablemente por
pizarrón por el maestro) en los no identificó el propósito del autor
ficaciones de los exámenes indicatique la perciben más específica, conrrafos I y 2, y posteriormente lo después de la lectura, y preguntó en
vos. Asimismo, es necesario enfaticreta y guiada; incrementan su nivel
cieron en pares para los párrafos 3 qué parte de la lectura se había perzar que estos resultados deben conde atención a la lectura con el fin de
4. Dado que esta tarea requiere ua dido, al pedirle que revisara sus nosiderarse preliminares, dadas las caidentificar las estructuras que se selectura más atenta, pero está tambi4 tas y las de su compañera, quien sí
racterísticas mencionadas de los dos
ñalan; evidencian comprensión del
guiada por algo identificable, el IÍ identificó correctamente la opción
grupos piloto, particulannente las dinivel retórico y no sólo del nivel lémero de alumnos que se distrajo ÍI exclamó «Ah, ya entendí, es que en
ferencias en su historial académico.
xico o sintáctico.
sensiblemente menor y la mayod realidad son dos cosas contrarias en
Las observaciones en el segundo
desarrolló la tarea motu propio.
cada párrafo». Al parecer el concepgrupo piloto podrían no ser tan posito de contraste de la clase no había
tivas.
La reacción de los alumnos ad
la corroboración o rechazo de SI Anexo A
primeras respuestas al ejercicio pn
dictivo puede resultar significati1
PLAN DE CLASE para la lectura de Frida Kalho
también. En años anteriores, al pll
guntarles en qué habían basado I De acuerdo al libro de texto
decisión para corroborar o recha1J (Preparatoria UANL, modelo de Carrell)
Adaptando el modelo de Swaffar
sus predicciones los alumnos citam
palabras aisladas en el texto con 1. Activación del conocimiento previo: ejercicio predictivo
1. Activación del conocimiento previo: ejercicio predictivo
fuente de información. Generalma del libro de texto. (T.I p. 15)
del libro de texto. Ejercicio del libro de texto (T. 1 p. 15)
te éstas corroboraban sus predicci
nes, por lo que se puede deducir CJ 2. Estudiantes contestan preguntas de comprensión (T.2 p.
2. Lectura del texto para verificar respuestas al ejercicio
tenninado el ejercicio predicti\l
17).
predictivo.
buscaban aquello que reforzara 1
respuesta, en lugar de interpretar 3. Estudiantes verifican sus respuestas al ejercicio predicti3. Identificación de la estructura contrastiva al nivel retórique estaban leyendo. Los alumll vo.
co, gramatical y léxico.
del primer grupo piloto se refirierr
a las ideas mencionadas en el tei 4. Estudiantes completan ejercicios de estructuras gramati4. Estudiantes completan ejercicios sobre infonnación que
para corroborar o rechazar sus pi cales del libro de texto.
se puede inferir del texto.
dicciones. Si bien no todos eligiel'I
la respuesta adecuada (20/32), fue D
27

�LOS POBRES NO SABEN VIAJAR NI
VESTIRSE-

Ledo Ivo

Versiones de Margarita Cuéf/ar

LOS POBRES EN LA CENTRAL DE AUTOBUSES
Bibliografía
Ellis, R. 1985. U11dersta11di11g Second
languoge Acq11isitio11. Oxford: OlJP.
Lee, J. F., &amp; B. VanPatten. 1995. Maki11g
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1991. Readi11g far Mea11ing: In /111egrated Approach I language learning. Englewood Cl!ffi· Pre11tice
Hall.
Van Dijk, T. a., &amp; Kintsch, W. 1983.
Strategies of discourse comprehension. New York: Academic Press.

1 ,,

28

Los pobres viajan, en la central de autobuses
levantan los cuellos como gansos para mirar
los letreros del autobús. Sus miradas
son de quien teme perder alguna cosa:
la valija que guarda un radio de pilas y una chaqueta
que tiene el color del frío en un día sin sueños,
el sandwich de mortadela en el fondo de la bolsa,
y el sol del suburbio y polvo más allá de los viaductos.
Entre el rumor de los altoparlantes y el acelerar del autobús
temen perder su propio viaje
escondido en la niebla de los horarios.
Los que dormitan en los asientos despiertan asustados,
aunque las pesadillas sean un privilegio
de los que abastecen oídos y tedio de psicoanalistas
en consultorios asépticos como el algodón que tapa la nariz de los muertos.
En las filas los pobres asumen un aire grave
que une temor, impaciencia y sumisión.
¡Qué grotescos los pobres! ¡Y cómo sus olores
incomodan a pesar de la distancia!
No tienen noción de las conveniencias, no saben comportarse.
El dedo sucio de nicotina restriega el ojo irritado
que del sueño retuvo apenas la legaña.
Del seno caído y dilatado un hilillo de leche
escurre hacia la pequeña boca habituada al llanto.
En la plataforma van y vienen, corren y aseguran maletas y paquetes,
hacen preguntas inconvenientes en las ventanillas, susurran palabras misteriosas
Ycontemplan las portadas de las revistas con el aire de espanto
de quien no sabe el camino del salón de la vida.
¿Por qué ese ir y venir? Y esas ropas extravagantes,
esos amarillos de aceite de palmera que duelen a la vista delicada
29

�del viajante obligado a soportar tantos olores incómodos.
¿Y esos rojos contundentes de feria y parque de diversiones?
Los pobres no saben viajar ni vestirse.
Tampoco saben vivir: no tienen noción del bienestar
aunque algunos poseen hasta televisión.
La verdad es que los pobres no saben ni morir.
(Tienen casi siempre una muerte fea y poco elegante.)
En cualquier lugar del mundo incomodan,
viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares aunque vayamos sentados y ellos viajen de pie.

,,
,1'
1
111

1

1

ELPORTÓN
El portón se abre el día entero
pero en la noche yo mismo lo cierro.
No espero ningún visitante nocturno
a no ser el ladrón que salta el muro de los sueños.
La noche es tan silenciosa que me hace escuchar
el nacimiento de los manantiales en los bosques.
Mi cama blanca como la vía láctea
es breve para mí en la noche negra.
Ocupo todo el espacio del mundo. Mi mano desatenta
derriba una estrella y ahuyenta un murciélago.
El latir de mi corazón intriga a las lechuzas
que, en las ramas de los cedros, rumian el enigma
del día y de la noche paridos por las aguas.
En mi sueño de piedra quedo inmóvil y viajo.
Soy el viento que palpa las alcachofas
y enmohece los arreos colgados en el establo.
Soy la hormiga que, guiada por las estaciones,
respira los perfumes de la tierra y el océano.
Un hombre que sueña es todo lo que no es:

'

30

el mar que deterioran los navíos,
el silbo negro del tren entre hogueras,
la mancha que oscurece el tambor de queroseno.
Si antes de dormir cierro mi portón
en el sueño se abre. Quien no vino de día
pisando las hojas secas de los eucaliptos
viene de noche y conoce el camino, igual que los muertos
que aunque jamás verán, saben dónde estoy
-cubierto por una mortaja, como todos los que sueñan
y se agitan en la oscuridad, y gritan palabras que huyeron del diccionario y
respiran el aire de la noche que huele a jazmín
y a dulce estiércol fermentado.
Los visitantes indeseables atraviesan las puertas atrancadas
y las persianas que filtra el paisaje de la brisa y me rodean.
¡Oh misterio del mundo!, ningún candado cierra el portón de la noche.
En vano fue que al anochecer pensara en dormir
solo
protegido por el alambre de púas que cerca mis tierras
Y por mis perros que sueñan con los ojos abiertos.
En la noche, una simple brisa destruye los muros de los hombres.
Aunque mi portón amanece cerrado
sé que alguien lo abrió, en el silencio de la noche,
Y asistió en lo oscuro a mi sueño inquieto.

�ASPECTOS NEUROLÓGICOS Y
PSICOLÓGICOS DEL APRENDIZAJE
COGNOSCITIVO, ENFOCADOS AL
APRENDIZAJE DE UN SEGUNDO IDIOMA
Laura Garza Cavazos
Base anatómica del aprendizaje

La sede anatómica de la actividad
inteligente se encuentra en el sistema nervioso central (SNC), que está
formado por el encéfalo y la médula
espinal. Tanto en la corteza cerebral
como en la parte interna del cerebro,
se sitúan algunas áreas y estructuras
relacionadas con la memoria y el
aprendizaje.
Para poder afirmar lo anterior, se
requirió de más de un siglo de estudios basados en la observación y en
diversas investigaciones. Las primeras referencias que aparecen para
tratar de validar la participación del
SNC en la actividad intelectual, parten de pacientes con lesiones cerebrales, quienes después de la lesión
presentaban alguna deficiencia, especialmente en la comprensión y
producción del lenguaje. Se concluyó entonces que el área lesionada era
responsable del aprendizaje y la memoria de la función perdida o deteriorada. Así aparecieron los primeros registros sobre diferentes afasias.
Las modernas técnicas de imagen comprueban con bastante precisión y exactitud las áreas de la corteza cerebral que se activan ante diferentes estímulos y permiten conocer
las regiones especializadas en diferentes funciones.
El proceso del aprendizaje cognoscitivo está controlado por el fun32

cionamiento de las neuronas, formadas por el núcleo, el axón y varias
dendritas que se extienden a poca
distancia del núcleo y se ramifican
en forma profusa, de modo que muchas neuronas pueden relacionarse o
entrelazarse entre sí. El SNC está
compuesto de miles de millones de
neuronas que están entrelazadas sin
interrupción, para formar vías de
conducción de impulsos.
La neurona es el elemento procesador de información del sistema
nervioso central: la capta del entorno, la procesa y emite respuestas.
Las neuronas se especializan en diferentes funciones, sensoriales, somatosensoriales, motoras, así como
neuronas responsables del aprendizaje, la memoria y la conducta. Millones de ellas se activan selectivamente para efectuar sus funciones
específicas.
Las neuronas hacen contactos
funcionales llan1ados sinapsis. La
transmisión de impulsos ocurre en la
sinapsis. El mensaje transmitido
puede producir excitación o inhibición. Cuando una parte del cerebro
envía un mensaje, emplea 2 tipos de
energía: eléctrica y química. La corriente eléctrica que conduce el mensaje a través del axón se interrumpe
al pasarlo a un neurotransmisor que
lo transmite a la siguiente neurona
donde se pone en acción otra corriente eléctrica y así sucesivamente,
hasta que el mensaje llega a su desti-

no. Mediante este mecanismo de comunicación de las neuronas, se traduce el lenguaje eléctrico del axón 1
un lenguaje químico, mediante la )j. control abarca tanto el aspecto sensorial como el aspecto motor.
beración del neurotransmisor.
Cada uno de los hemisferios tieLas redes neuronales cubren b
estructura más grande del encéfalo: n_e s_us p_ropios talentos. El hemisfeel telencéfalo o cerebro propiamente no tzq~ierdo _muestra una clara sudicho, que ocupa casi toda la cavi- premacia debido al control que ejerdad craneal y está dividido en dcx ce en la. ~omprensión, a_dquisición y
partes llamadas hemisferios cerebra- produccwn del lenguaJe. En 1861,
les: el hemisferio izquierdo y el he- Paul _B~?ca, ~eur~cirujano francés,
misferio derecho. A su vez cada ho descnbio la hiStona de 2 pacientes
misferio se subdivide en ; lóbulos. casi imposibilitados para hablar y
que reciben su nombre según la quienes moSlraron en un examen
· braes
1 s1m1· ·
huesos que lo cubren: frontal, pario Post mortem dan-os ceie
tal, temporal y occipital. La superfi. l~res, loc,alizados en la parte postecie del cerebro está fonnada pci ~or ?el lobulo frontal del hemisferio
· ' denomma
· da a par0 , regio!1
substancia gris (de 2 a 4 mm de espe, 1zqu1erd
.
sor) y se conoce como palio córteJ ttr de entonces Area de Broca. Broca
o c~rteza cerebral. La palabr; corto ll~~ó ª la conclusión de que esta reza significa capas de cuerpos celult gwn eS taba implicada en la capacires de neuronas.
&lt;!3d de hablar. En la actualidad, el
Area de Broca está plenamente iden,
tificada como el centro b'10¡ · ·
En el hombre todos los organo
·b·¡·
ogico
.
que pos1 1 ita el habla
dobles comparten las mismas ful
·
ciones, a excepción de los hemisft
p
rios cerebrales que presentan un ft
or otra.parte, en 1874 el investí,
'•
. . , gador aleman Car) Wernicke ide fnomeno denominado lateraltzac10n1 ,
.,
n1
•
,
.
. . fico una reg1on en el hem1·s"en·o
1
1·zas1metna funcional. Esto 1mpha .
.
'
. . . .
qmerdo, situada en el lo'bulo tem
que tanto el hem1sfeno 1zqmerdo co
po. .
ral, cuya lesión produce en el
mo el hem1sfeno derecho los cualei .
.
pa'
ciente incapacidad para com
d
difieren ligeramente en forma y tJ
.
pren er
- d
- fu .
d"ft el lenguaJe hablado. Esta región se
mano, e~empenan nc10nes_ i . conoce como Área de Wernicke El
rentes. Mientras que el hem1sfelll Área d w . k
,
·
. .
.
e em1c e y el Area de Bro1zqmerdo controla la mitad derecll ca está'
d
. .
n conecta as entre sí por un
del cuerpo, el hem1sfeno derecll haz de fib
•
1 ras nerviosas
.
. .
llamado fascontrola la mitad 1zqu1erda. Esl cículo arqueado.

El input lingüístico se percibe en
el oído en el córtex auditivo primario, pero el lenguaje no puede entenderse hasta que la señal se ha procesado en el Área de Wemicke. Al hablar, el impulso nervioso se transmite desde el Área de Wemicke al
Área de Broca a través del fascículo
arqueado. Es entonces cuando el
córtex motor, situado en el lóbulo
parietal, activa los músculos de los
labios, de la lengua y de la faringe,
con el fin de producir el lenguaje hablado.
Además del dominio lingüístico,
el hemisferio izquierdo es responsable del pensamiento lógico, analítico, es realista y objetivo.
Por otra parte, el hemisferio derecho se especializa en la percepción
espacial, la apreciación musical y artística, la creatividad y la comprensión de los mensajes no verbales. A
diferencia del hemisferio izquierdo
que procesa el input lingüístico, el
hemisferio derecho percibe mejor y
procesa toda clase de sonidos, como
risa, tos, m~sica, etc.
Aún cuando el hemisferio izquierdo está reconocido como el hemisferio dominante en lo referente al
lenguaje, específicamente al uso del
idioma materno, la investigación en
neurolinguística sugiere que en el bilingüe, el hemisferio derecho tiene

una participación muy activa en la
comprensión del segundo idioma.
Hay evidencias que demuestran que
en el bilingüe e desarrollan áreas en
la corteza cerebral, mismas que permanecen inactivas en el monolingüe.
En estudios hechos a pacientes
adultos que han sufrido hemisferectomía (remoción total del hemisferio
izquierdo) y comisurotomía (escisión de ambos hemisferios), se han
podido establecer las funciones del
hemisferio derecho en lo relativo al
lenguaje.
Aparentemente, la totalidad de la
corteza cerebral está involucrada en
los diferentes procesos de aprendizaje. El aprendizaje cognoscitivo parece residir en los lóbulos frontales. La
función simbólica en el hemisferio
izquierdo y en las personas bilingües, en ambos hemisferios. Cuando
una región de la corteza se lesiona,
la función sensorial, motora o intelectual que comprende dicha región
se pierde y como consecuencia la
posibilidad de aprendizaje y la memoria de dicha función.
El aprendizaje cognoscitivo es
validado y apoyado mediante el depósito de la memoria, manifestado
por las huellas rnnémicas a nivel psicológico y las huellas neuronales a
nivel biológico.

�Memoria
El aprendizaje y la memoria son dos
procesos interdependientes. Mientras que el aprendizaje se nutre y se
refuerza con el conocimiento previo
almacenado en la memoria, ésta a su
vez se modifica y se enriquece con
el nuevo aprendizaje.

1

11

El concepto de memoria corresponde al registro, conservación y
evocación de información. Se le podría definir como «la conservación
de la información sobre una señal,
después de que se ha suspendido la
acción de la señal» (Solokov, 1969).

11

Para recordar una experiencia
tienen que darse tres procesos: primero, tiene que ser almacenada en la
memoria. Segundo, la información
almacenada tiene que ser codificada
u organizada de forma que tenga significado. Por último, dicha información debe ser recuperada.
La memoria consta de tres sistemas: memoria sensorial, memoria a
corto plazo (MCP) y memoria a largo
plazo (MLP).
La memoria sensorial se concibe
como una estación de relevo entre
los estímulos externos y la memoria
interna. Todos los estímulos provenientes del medio ambiente son captados por los órganos sensoriales: es-

34

tímulos de color, forma, distancia,
sonidos, voces, textura, sabores, aromas, expresiones faciales, movimientos corporales, etc., cientos de
estímulos que bombardean simultánea y constantemente al individuo
en estado de vigilia. La información
se percibe en la memoria sensorial
durante un breve periodo de tiempo,
que va de medio segundo a dos segundos. El sujeto atiende de manera
selectiva únicamente los estímulos
que le interesan y se ignora el resto.
La infom1ación seleccionada pasa entonces al segundo sistema, la
MCP, la cual tiene una duración de
hasta un minuto. La memoria sensorial capta la información del entorno
pero no la procesa. Para que la información pueda ser procesada debe de
ingresar a la MCP, cuya principal
función es organizar y analizar la información. Algunos investigadores
ubican aquí el pensamiento, La información se interpreta por su significado y luego se organiza en fonna
lógica.
La MCP ha sido llamada «memoria
operativa», término que sugiere un
proceso dinámico que es su característica central. La interpretación y organización de las experiencias implica
no sólo la representación física de un
evento en el registro sensorial, sino
también la utilización de información previa almacenada en la MLP.

La MCP procesa la informaci&lt;1
utilizando e intercambiando diferen
tes códigos: visual, auditivo, semán
tico, etc. Además hace uso de diver•
sas estrategias, que ayudan a recupo
rar la información en el momenlll
necesario.

Cuando la información ha sido
codificada en la MCP, ésta se encuen
tra lista para ingresar al siguiem
sistema, la MLP, la cual tiene capaci
dad para retener información duran•
toda la vida del sujeto. La informi
ción se almacena en diferentes formas:
imágenes, representaciones verbal~
auditivas, sensaciones, datos autobio
gráficos, habilidades y/o destrezas.
La MLP procesa la informaci&lt;i
mediante las enormes redes de data
que almacena. Uno de estos proef
sos es la elaboración. Si la persoll
está recibiendo una serie de datos,,
sea en forma verbal o visual, pued
inferir información que no se ha pro
porcionado en forma explícita. Otll
proceso es el de asociación, en fomi
simple o bien en forma compleja.
Para consolidar la informaci~
en la MLP a nivel biológico, intervii
nen varios procesos. Uno de ellos 91
refiere a la actividad eléctrica del Cf
rebro. Al procesar la información 91
activan miles de neuronas, presed
tándose un fenómeno llamado «rt
verberación». Esta actividad revef

berante pennanece durante un breve
periodo de tiempo después de la terminación del evento, funcionando
como un almacén temporal para que
el registro de la experiencia sea definitivo.

Por otra parte, en el aspecto biológico, una pequeña estructura situada en la parte interna del lóbulo temporal llamado hipocampo, está relacionado con los procesos de atención, aprendizaje y memoria. Lesiones en el hipocampo impiden el paso
de la información de la MCP a la
MLP; cualquier lesión en esta área
provoca la disrupción del proceso de
consolidación de la MLP. Otro elemento biológico involucrado en el
funcionamiento de la memoria es el
referente a las células de neuroglia,
que en forma de red, se encargan de
sostener a las neuronas. Durante mucho tiempo se pensó que ésta era la
única función de la neuroglia. Sin
embargo, recientemente se ha descubierto su participación activa en los
procesos de aprendizaje y memoria.
Esta hipótesis se ve fortalecida debido a la posición de las células de
glia, que es ideal para la codificación y registro de las experiencias.
Otro factor relacionado con la
memoria se refiere a los cambios
bioquímicos que se producen durante Y después del aprendizaje, manifestándose en alteraciones cuantitati-

vas y cualitativas del RNA. James y
Hebb (1949), sugirieron que probablemente la MCP se basa en la actividad
eléctrica del cerebro, mientras que la
MLP esté controlada por los cambios
químicos, propuesta que respalda el
papel preponderante del RNA.

surgir los primeros esquemas que
dan lugar a la fonnación de las estructuras psicológicas. También por
medio de la acción se empieza a
construir el conocimiento. Hacia el
final de este periodo se instal~ el
pensamiento en forma de imágenes.

Desarrollo de la estructura cognoscitiva

La segunda etapa comprende de
los 2 a los 7 años. El suceso más importante es la aparición de la función
simbólica. La característica constante en este periodo es el razonamiento
pre-lógico. La explicación de todos
los eventos y fenómenos que suceden en el medio ambiente se basa en
la percepción. El escenario está dominado por el egocentrismo que
contamina todas las actividades de
manera muy peculiar.

El estudio de las estructuras cognoscitivas que posibilitan la actividad
intelectual y por lo tanto la capacidad de aprendizaje en todas sus manifestaciones, comienza en las primeras décadas del siglo xx. Jean
Piaget (1896-1980) dedica toda su obra
a la observación e investigación de
estos procesos. El conocimiento de los
postulados teóricos de Piaget es indispensable para la comprensión de
los mecanismos psicológicos que se
activan durante el aprendizaje. Su
imperio teórico se funda en la interacción entre al herencia y los estímulos del medio ambiente.

La tercera etapa va de los siete a
los once años. El raz.onamiento es
ahora lógico. El sujeto es capaz de
resolver satisfactoriamente cualquier
problema, siempre y cuando se halle
en el presente inmediato.

De acuerdo a esta propuesta, el
desarrollo wgnoscitivo se presenta
en cuatro etapas. La primera abarca
los primeros dos años de vida. Durante esta etapa aparecen las dos formas básicas de aprendizaje que permanecerán durante toda la existencia
del sujeto: aprendizaje por ensayo y
error y aprendizaje por imitación. Es
a través de la acción que empiezan a

En la última etapa la estructura
cognoscitiva alcanza la madurez. El
pensamiento se vuelve abstracto, liberándose de las experiencias directas. Se desarrolla la capacidad para
hacer hipótesis, considerando no sólo lo real sino lo posible. Según Piaget, la diferencia entre un adolescente de 11 años y un adulto con respecto a la habilidad intelectual, reside
35

�LA DUEÑA DE LA CASA

Leticia Herrera
en el número de esquemas, es decir,
la diferencia es sólo cuantitativa. El
pensamiento formal comprende y
utiliza la lógica científica.

,]

,,

1

1

Se considera que el aprendizaje
de un segundo idioma implica un
ajuste radical de las estructuras cognoscitivas, ya que no existe una
equivalencia exacta entre dos idiomas. Las reglas gramaticales ajenas
a la lengua materna y las formas de
expresión distintas a la propia cultura, obligan a una reorganización total, a un proceso diferente de pensamiento.

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¡¡¡¡"
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11

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1

1,

,,

.. "•

LA VIDA
podría morinne en un ratito
tener un accidente vascular
quedanne vegetal a las dos treinta
de este jueves de junio
caer de cabeza en la alfombra
asustar al gato
podría callanne
mirar el muro que se desgaja
sacar mis conclusiones
VIVlf

morir
qué insipidez

La estructura cognoscitiva es un
constructo hipotético que se basa en la
función simbólica, misma que abarca
actividades como razonar, evaluar,
emitir juicios lógicos, hacer hipótesis, inferir, analizar, sintetizar, comprender, establecer relaciones causales, jerarquizar, clasificar, pensar,
aprender y recordar.

podría quitar a piazzola
o dejarlo que toque
tomarle al café o no
irme al otro cuarto
recostanne y saludar
al mono de peluche

En el aspecto psicológico, además del lenguaje, lo que permite que
todos estos procesos se activen es el
registro permanente de todos los
eventos y .experiencias, es decir, la
memoria.

odría cocinarme un
filete a la pimienta
eberme una botella de vino
ortanne las venas
icon desgano

La capacidad para simbolizar,
que permite la comunicación mediante el lenguaje, depende del funcionamiento neurológico y posibilita
36

nuevos aprendizajes. Además de enmarcar la adquisición del idioma
materno, todavía puede abarcar el
aprendizaje de uno o más idiomas
extranjeros.

oyun adulto

�DIFERENCIAS
un perro es un animal doméstico
por lo tanto yo no soy un perro
quise decir una perra
porque aúllo y muerdo
y persigo mi cola y miro con miedo
a las personas
y quiero que me acanc1en
la cabeza o el lomo
y pido que me quieran
aunque me pateen
y que me pongan un nombre propio
como a toda creatura
y me declaren propiedad
y me posean
pero no soy un perro
quise decir una perra
porque no soy una animala doméstica
sino la dueña de la casa

CAÓTICA
me apresuro me siento me levanto
corro siento aplasto el día entre dos dedos
deshielo el corazón lo pongo en baño maría
hervimos mi corazón y yo que soy su dueña
un pájaro voló inocente a la tragedia
vino a cantar en el dintel de la ventana

yo había dormido pocas horas
estaba templando la guitarra
cuando el tordillo puso tres notas rigurosas
en la esquina del recuerdo
me levanto me apresuro me siento
parte del tambor batiente del día
invento que soy feliz
como una chachalaca bajo la regadera
pero se me notan las cicatrices
oh dios cuánto cansancio
tener que vivir conmigo tanto tiempo
oh dios y la luz hiriendo los ojos
y la insolación de la fe
y los gritos destemplados de mi media sonrisa
no me merezco esto
tampoco me merezco a nadie
cierra la puerta imbécil
duérmete ya
y no bosteces
letic

a

PALABRAS
bonito es una palabra fácil
que dificilmente se le dice a un hombre
perrito está un poco mejor
papi y pendejaditas no se diga

�ENTREVISTA CON ANDRÉS HUERTA

Silvia Mij ares
como si fuera hijo o padre y no varón
el compañero
me hago bolas con las palabras
yo quiero decirte pelao
amor amor
no sé
alguna cosa despectiva
pero con mucho cariño
tú comprendes

40

-Andrés: la primera pregunta es
acerca de tu infancia. ¿Cuáles son
los hechos más relevantes de tu niñez?
-La primera impresión fue sentinne vivo en un pueblo que se llama
Doctor Arroyo, estado de Nuevo
León. Ahí nací hace 53 años, perdón,
hace 63 años, discúlpame, me estaba
quitando 10. Hay cosas que calan
tanto, tan importantes como la carencia de mi padre, la pobreza en
que vivimos mi madre, mis hermanas y yo; finalmente estas cosas no
eran para mí muy sobresalientes,
porque de alguna manera me alimentaba, ya fuese en casa de mis
primos, mis tías o en casa, con mi
madre. Ella trabajaba afanosamente
para conseguimos el pan de cada
día. A partir de allí viene la enseñanza religiosa. Fíjate, curiosamente la
religiosidad tiene mucho qué ver en
mi vida de niño. Pues allí nos enseñaron cosas muy determinantes para
fijar nuestra conducta; aprendí a hacer el bien, porque esa era una disciplina; independientemente de lo que
te estoy contando, quiero decirte que
fui un niño muy despierto, tan des(lierto que empecé a leer y a entenller a los cuatro años. Esto me lo en6eiió un sastre que se apellidaba Torres,
lm señor muy gentil, muy generoso
tonmigo. También con él aprendí el
Jilfabeto, es decir, las primeras letras.
Claro que había una cofradía en mi
pueblo, esto era muy característico,

se trataba de mujeres entregadas al
servicio de Jesucristo o de Dios o de
la iglesia. Eran las hijas de María.
Digo, ellas influyeron mucho en nosotros, en la formación de nuestra
conducta. Recuerdo bien esa edad:
iba al teatro a ver los espectáculos,
así como los circos que l1egaban al
pueblo. Yo me divertía mucho cuando tenía 5 o 6 años. En mi memoria
siempre estarán las ferias de mi pueblo. Ahora te diré que juzgo muy
importante la memoria, para mí es
signo vital, pues recordar es vivir las
cosas. Yo fui muy inquieto siempre,
al grado de que me la pasaba todo el
tiempo jugando en la escuela primaria.
Las maestras eran empíricas, pertenecían a una cierta clase social, gente de bien. Es así como se puede entender ahora a las gentes que manejan las comunidades. Pero en fin, el
sueño de mi vida -en aquel entonces- era venirme a Monterrey. Ni
modo, era mi sueño dorado, era la
Babilonia, era el lugar para venir a
realizarme.

-Ahora cuéntanos de los viajes
que hiciste a los pueblos cercanos a
Doctor Arroyo.
- Recuerdo que fui a Zaragoza ...
Sí... fue en la sierra, cuando un hombre me llevó hasta ese lugar y ahí
descubrí la crueldad humana, pues
ese señor me hizo caminar a pie
cuando yo sólo tenía 7 años. Yo esta-

ba debilucho y me cansaba y lloraba
y me preguntaba por qué me trataba
así. Él era muy testarudo, era quien
llevaba el correo de Doctor Arroyo a
Zaragoza. Se llamaba don Longino
Tejeda. Bueno, para no hacerte largo
el cuento, fuimos caminando hasta
llegar una tarde a ese pueblo. Y cuál
no seria mi sorpresa al descubrir
agua corriente, agua cristalina. Entonces le pregunté yo si se podía tomar de aquella agua. Me dijo que sí.
Me eché _agua en la cara, tomé y disfruté todo eso. Me acuerdo ahora
con detalle del paisaje tan hermoso
de aquel lugar.

-¿Había mucho contraste entre
los dos pueblos?
- Sí, pues la vegetación de uno y
otro es muy distinta. Doctor Arroyo
es muy árido, Zaragoza no. La plaza
de Zaragoza está llena de plantas,
nogales, y las casas llenas de naranjos, de árboles frutales, y luego las
acequias corriendo con agua. Total,
aquello era un vergel. No olvido que
conocí por allá a un amigo, un muchacho que se llamaba Bonifacio
Aguilar. Resulta que ese amigo, actualmente, es un médico extraordinario aquí en Monterrey. Nunca lo
he visto ni lo he saludado, pero en
fin, así son las cosas y así pasa el
tiempo.

�-Tu estancia en Zaragoza te hizo
aprender muchas cosas por ti mismo. Pero ¿no entraste a la escuela?
- No entré, pero ta persona con la
que yo estuve en Zaragoza tenía u~~
tienda él me daba clases, me enseno
las tablas de multiplicar; total, él
siempre me estaba auxiliando. Ou!ero advertirte una cosa: yo aprendt a
leer desde muy niño, por aquel entonces yo visitaba la casa de unos
amigos cuando vivía en D~t~r
Arroyo, allí se compraba el penóchco El Nacional. Me acuerdo de ese
periódico, así como del PepÍI, Y. el
Chamaco, yo tos leía con mucho interés. Todavía recuerdo esas historietas, y también las de Rutas de
Emoción, El Capitán Sangre, los
Supersabio.\·, en fin, todas las de
aquel tiempo. Cuando estuve en Zaragoza aprendí a pesar en la báscula,
a envolver mercancía, a acomodarla,
limpiar la tienda. Después fui «cu_idandero» de un niño. Poco despues
regresé a mi pueblo, pero extrañé a
las gentes, me gustó tanto el lugar
que tuve un sentimiento de pesar
porque iba a deJar un sitio que me
gustaba mucho, por el agua,. por lo
que tú quieras ... era un paraJe muy
lmdo. Ya en mt pueblo vuelvo a las
andadas. mi mamá me coloca con un
señor que tenía una tienda. Me pongo a barrer, a limpiar, a hacer mandados y a muchas otras cosas que
debía realizar. Un día, mamá de
42

pronto recibió una carta de Monterrey de mi madrina. Me manda «pedirn'. y para que me llevaran se valió
de un señor que se llamaba Jesús
Santoy, él me trajo. Para mí fue una
revelación conocer Matehuala, conocer el tren, qué cosa tan bella, conocer
Vanegas, que era un entronque de
trenes, conocí también los tre~es
americanos que venían con aire
acondicionado. Finalmente Monterrey fue el descubrimiento m~ grande de mi vida, ta ciudad de mis sueños. Ya aquí don Jesús Santoy me
hizo el favor de llevarme con un licenciado que era el hermano de mi
madrina. Con esa familia dormí esa
noche para después trasladarme a la
casa de mi madrina.
. ?
¿Cómo se llamaba tu madrma.
- Toñita de la Gana. Al hospedarme en esa casa me dijeron cuáles
eran mis deberes, es decir, todo lo
que yo tenía que cumplir. «Aquí se
te va a ayudar porque te traJimos para educarte. Eso sí, vas a ayudar en
tos quehaceres de la casa. Vas a barrer a hacer los mandados... Pero
ant~s tenemos que enseñarte la ciudad, para que la conozcas.» Y así
fue. Comenzaron a pasearme por la
ciudad y yo encantado de la vida.
Pero había algo... Cuando yo soñaba
en v·enirme para acá con mi padrino,
pensaba: «Mi madrina y mi padrino
deben ser gentes muy bien coloca-

das, gente adinerada, rica, v'.111 a ~
mi salvación. Me voy a sentrr meJor
porque voy a estar tranquilo, se van
a acabar mis carencias», pero no fue
así. Fíjate que estuve poco tiempo
con ellos porque no me adapté muy
bien. Porque enseguida empezaron
los regaños. Ellos eran muy católicos basta decirte que tenían un familiar que era sacerdote en Villa de
García. Pero sucedió que un buen
día se me pierde un libro, se me cayó accidentalmente en el Canalón,
en el agua, empecé a sufrir porque en
primer lugar no sabía qué decirles.
Recuerdo que cursaba el segundo
año. El libro era Poco a poco. Debo
decirte que mi padrino era un señor
muy severo, se llamaba don Eustacio. Cuando se enteró de la pérdida
del libro me advirtió: «Si no traes el
libro no vuelves más a esta casa.» Y
aunque en esa casa también había
personas maravillosas que m: trata:
ban muy bien, como Conch1ta, mi
madrina, ta misma Josefa (ella era
muy parca, pero era muy buena per·
sona). Casi todas ellas eran maestral.
Pero siguiendo con el tema, debo docirte que al no regresar con el libio
se me cerraron las puertas de esa casa. Tuve que refugiarme en casa de
otra familia, seguí estudiando, pasi
el tercer año y seguí en cuarto c&lt;9
ellos. Sólo que en esa casa obligadamente tenía que ganarme el pan haciendo trabajos de limpieza, yendo
una fabriquita de materiales de cont

trucción que tenía la familia. Yo regaba blocks, les ayudaba en todos
los quehaceres, no te imaginas cómo
me cansaba. Por esa razón mis manos estaban desechas por el sol y por
el agua. Recuerdo aquel viento de
marzo y de febrero, era muy duro.
Sufría mucho por la soledad, la marginación. Sin embargo, ellos querían
tratarme como de la familia pero yo
no era de esa familia. Todo eso me
causaba sufrimiento. Un buen día, la
señora Josefina - mamá Chepa- me
llevó a Estados Unidos, trabajamos
allá pizcando tomate, en las tiendas,
en la tortillería. Los señores de allá
eran muy ricos. Yo me la pasaba
limpiando lo que no te imaginas. Sólo que allá era muy bien pagado en
todos los sentidos, me daban de comer bien, me daban dinero, me daban ropa. Bueno, yo ya quería quedanne allá. En fin, nos regresamos
después de seis meses. Yo venía con
zapatos nuevos, y a los dos días les
dije que quería regresarme a mi pueblo pues ya tenía como cuatro años
de no ver a mi madre. De inmediato
el señor me agarró a golpes como no
tienes idea. El esposo de mamá Chepa era muy fuerte, así lo sentí yo.
Ese día dormí todo golpeado y a las
tres de la mañana huí. Me empalmé
toda la ropa para irme. Yo iba a la
central de autobuses, rumbo a Reynosa, cuando de pronto me «aluzaron» con linternas de mano. Oí la
voz de ella, me asusté. «Venga para

acá.» Me empezaron a «trasculcarn,
llevaba mi dinero y todo cuanto poseía, de pronto ella dijo: «Me robó
35 dólares» y me llevaron directamente a la estación de policía. Fue
una de las experiencias más duras de
mi vida, se agravó mi soledad, mi
angustia, me sentía solo. Sin embargo, la señora quería que yo regresara
a su casa. No acepté regresar por el
trato que me daban. Para ellos no era
un ser humano, un niño. Me trataban
como a un sinvergüenza, como lo
peor. Así tristemente fue. Me quedé
en la inspección de policía, en un lugar apartado de los presos mayores,
en un lugar destinado a los niños.
-¿Cómo fue tu experiencia, siendo niño, en esa cárcel?
- Me apresaron, me dejaron allí,
pero después salí libre por orden del
profesor Rodolfo Jiménez. Me permitieron dormir y comer en ese lugar. Es una historia triste en todo caso, porque me sentía muy inútil, sin
apoyo de mis hermanos que estaban
aquí en Monterrey, sin apoyo de nadie. Nadie fue a verme. Sin embargo
los hijos de mamá Chepa iban a verme, querían que volviera a su casa,
pero yo no acepté porque la golpeada que me dio el señor era para no
regresar. Los moretones en la espalda me los vieron en la inspección.
Me había pegado con una correa,
muy fuerte. Posteriormente empecé

a bolear, a limpiar botas, a juntar mi
dinerito y a pensar hacia donde podía volar, hasta que un buen día fui a
pedirle trabajo a una señora que se
llamaba doña María Luisa, en ese
tiempo de Mendoza porque se había
casado en segundas nupcias. Esa señora tenía una tamalería, la tamalería
Chiapas, que estaba a media cuadra
de la exposición ganadera. Gracias a
ella pude tener albergue, pude bañarme, me daba de comer bien y me enseñó el oficio de la cocina, en ese lugar estuve tres años. Por ese tiempo
yo tenía once años, podía montar
una olla de puchero, revolver la masa para los tamales y luego prepararlos. Ella me fue enseñando las cantidades que llevaba cada platillo. Fue
una gran maestra para mí, la que me
motivó a trabajar en la cocina. Yo le
correspondía ayudándole en todo,
podía trabajar en la cocina, lavar
trastes, poner mesas y hacer de todo,
con ella tenía el pan seguro. Era,
además, una buena persona... con su
carácter: era la que mandaba y se
acabó. Tenía dos hijos, Óscar y
Marthita; a veces los veo aquí en
Monterrey. Fue así como aprendí el
oficio. Luego enfilé hacia la frontera. Pero antes estuve trabajando en
una panadería. Me fui a Reynosa a
trabajar en cualquier cosa. Mi tirada
era pasarme al otro lado, y lo logré
porque me fui de «mojado» y llegué
hasta San Antonio, Texas, donde estuve trabajando en un restorán,
43

�aprendiendo cada día más cosas. Tenía 16 años. Aquel restorán era de
americanos. Me ocuparon porque
era muy trabajador, no vayas a pensar que porque hablaba buen inglés.
Empecé con mi rutina, a hacer limpieza, lavar loza, hacer ensaladas,
preparar alimentos. Afortunadamente había gente que hablaba español,
con ella me comunicaba. Por desgracia me echaron de vuelta y tuve que
regresar a mi pueblo. Fue por poco
tiempo ya que al rato me encontraba
de nuevo en Monterrey. Trabajé en
lo que me ofrecieran. Por azares del
destino, de pronto me encontré viviendo con doña Josefina y don José.
Ya era otro momento, ya estaba
grande y me recibieron muy bien. A
partir de entonces, ya nunca me pelee con ellos. Empecé a trabajar en
Sears, me corrieron porque tuve una
dificultad. Simplemente me dijeron
«pa'fuera, pa'fuera». Me fui a trabajar a una cantina, allí pude conocer
al profesor Francisco M. Zertuche, a
Pedro Garfias, al licenciado Raúl
Rangel Frías, al profesor Alfonso
Reyes Aurrecoechea. Así surgió una
amistad con ellos, al grado tal que
me invitaron a ir a escuchar a Pedro
Grafias decir su poesía en el Aula
Magna. Andaba por los 17 años. Un
día, sorpresivamente, ·fui a saludar a
mis amigos de Sears y me encontré
con Sarita Cavazos y cuál no sería
mi sorpresa que me dijo «Andrés,
¿qué anda haciendo?, ¿viene a pedir
44

trabajo? Le respondí que sí. «Entonces lléneme esta solicitud y véngase
a trabajar mañana.»

- Andrés, dicen que segundas
partes nunca fueron buenas, pero a
ti te han dado resultado. Regresaste
con la mamá Chepa y reanudaste
esa amistad. Y por segunda ocasión
lograste ingresar a Sears.
-Sí, yo regresé por segunda ocasión a trabajar y con dificultades me
dieron el trabajo. Duré cuatro años y
medio en Sears trabajando duro. Sin
embargo, yo siempre iba a visitar a
mamá, ya le mandaba más dinerito.
Lo que se me olvidaba decirte es que
un día robaron la tienda. Siempre
había vigilancia, dizque la hacía un
guardia. Éste me implicó a mí, me
llevaron a la inspección de policía,
pero como no tenían pruebas me dejaron libre. Regresé a la tienda y no
crees que este señor policía me cacheteó delante de toda la gente. Me
sentí muy avergonzado, tú sabes que
estos son incidentes penosos. Pero
he de confesarte que nunca pude
perdonar esa cachetada, a ese policía. Seguí trabajando, y al poco
tiempo agarraron a los muchachos
que realizaron el robo y el policía tuvo que salir. Lo corrieron por inculparme, por haberme agredido sin razón. Lo echaron a volar. En esos
cuatro años y medio mejoró mucho
mi situación personal. Traje a una

hermana, a la más chica, a vivir conmigo. Yo le hacía casa. Por ese
tiempo me toca en suerte conocer a
Jorge Cantú, yo tenía 22 años. Lo conocí en un bar, el Willy's, ubicado
en Allende y Zaragoza. Muchas gentes me ayudaron a acercarme a la
poesía. Recuerdo a un muchacho
que ya murió. Se llamaba Eleazar
Parás Cueva, licenciado, muy joven,
le gustaba la música y la poesía. Me
regaló un libro de poemas. Él declamaba a Pedro Garfias de memoria
Con el tiempo se fue creando un ambiente para que yo pudiera respinr
un poco la poesía conocida en esa
época. No debemos olvidar que uno
realiza cosas por imitación. Yo empecé a tenerle mucho cariño a
poesía por influjo de Jorge Cantú de
la Garza. Jorge, a pesar de su co
edad, era un muchacho reconocí
porque escribía bien, lo hacía seri
mente. Él representaba un desa
para mí, sobre todo el día que me
jo: «Andrés, si tú quieres escribii:
tienes que leer. Y si quieres escrib'
bien necesitas leer e ir aprendien
poco a poco lo que es la poesía.»
to que te estoy contando sucedió
ce casi cuarenta años.

- Qué bueno que le guardas
reconocimiento a Jorge Cantú. Cn
que es muy merecido porque te impulsó a ser el poeta que hoy eres.

-Sí, claro. Él tenía sus autores,
desde luego nada despreciables. Él
leía a Rimbaud, a Mallarmé, a SaintJohn Perse, también leía a Jaime Sabines. Fue un tiempo muy corto el
que pude relacionarme con Jorge
porque se fue becado de inmediato a
México, al Centro Mexicano de Escritores. Así pasaron no sé cuántos
años, no sé si veinte o más. Total, ya
nada más nos veíamos cuando él visitaba la ciudad, que era muy de vez
en cuando. Enseguida empecé a tener nuevas amistades, como Miguel
Covarrubias, Jesús Puente Leyva,
César Isassi, José Alfonso Elizondo.
Yo los buscaba para acercarme más
y más a la poesía.

-¿Publicaste en Khátarsis?
-No, no publiqué allí, porque
ellos eran un grupo, cómo te diré, no
lo vayas a tomar a mal, pero eran un
tanto elitistas; eso sí, tenían talento y
no permitían que publicara gente
que careciera de él. Esa es una razón, pero en cuanto empezó César
lsassi a manejar la revista Apolodionis, yo comencé a colaborar. Debo
decirte que de igual manera me acogió Miguel Covarrubias.

-¿En cuál revista publicaste por
primera vez?
-En Apolodionis, desde luego.
Aunque recuerdo que ya había pu-

blicado cuentos en otras partes, en
periódicos ... dos o tres cuentos. Pero
en Apolodionis fue donde me sentí
mejor acogido. Y la verdad es que
también el periódico El Porvenir, a
través de Jorge Villegas, incluyó en
sus páginas algunos poemas primerizos. Después, con la ayuda de Miguel y de Poncho Reyes pude publicar mi primer libro que se llamó Dificil tránsito. Apareció en 1967, pero
antes de que saliera el libro ya Luis
Martín había leído mis poemas en
Arte, A.C., de tal manera que todo
esto empezó a generar en mí un entusiasmo, no tanto porque me considerara buen escritor o buen poeta,
sino porque estaba en el camino.
Hasta la fecha dudo que sea buen
poeta. En fin, fue pasando el tiempo,
me fui recargando en las amistades.
Recuerdo muy bien cuando fui a dar
mi primera lectura en La Ciudadela,
se presentaba Dificil tránsito. Gracias a los muchachos de Artes Plásticas de la Universidad tuve unos cartelitos que pude distribuir en sitios
apropiados como cafés y librerías.
Recuerdo muy bien que el dueño de
la Iztaccíhuatl, cuando le pedí permiso de colocarlo en la vitrina, me
dijo: «póngalo ahí si quiere», como
diciendo «¿y éste quién es?» Tímidamente esbocé un «lo voy a poner
aquí, a ver si van; si no van, ni modo». Así fueron apareciendo mis libros, sucesivamente.

-Cuando publicaste Dificil tránsito, ¿todavía trabajabas en Sears?
- No, ya trabajaba en un laboratorio de México muy prestigiado, que
me obligó por lo menos a ser un
vendedor responsable de lo que vendía, y me fue bien.

-Es claro que tu nuevo trabajo te
dio más libertad, y pienso que le pudiste dedicar más tiempo a tu trabajo literario. ¿Es así?
-Sí, porque ya tuve la oportunidad de programar mi trabajo y dejar
un tiempo para reunirme con mis
amigos, como Miguel, Horacio, en
fin, con toda la «racita» que hacía
poesía en ese tiempo. Así estuvimos
leyendo el famoso Breve canto a la
aurora de Horacio Salazar Ortiz, los
cuentos de Miguel Covarrubias, y
tanta cosa, como los primeros poemas de Gloria Collado que a mí en
lo personal me dejaron atónito. No
olvido «Dos eterno», un poema hermosísimo suyo, actual, a pesar de
que han pasado más de 30 años de su
publicación en la revista del grupo.

- ¿Cuándo se presentó tu primer
libro en La Ciudadela estabas nervioso?
- Sí, muy nervioso, cómo no, era
mi primer libro, hubo gente... Las
personas encargadas de organizar la
45

�presentación prepararon un coctelito.
Miguel estuvo presente esa noche y
el libro te lo dediqué a ti. No lo has
olvidado ¿verdad?

- Claro que nunca lo olvidaré...
¿Cómo te cambió la vida con tu primogénito literario?¿ Te dio más seguridad, te entregaste más a la poesía?
- Creo que influyó de manera positiva. Fui teniendo más amigos escritores, incluso en ese mismo año
publicaron en El Gallo Ilustrado de
México toda una plana con mi poesía. Imagínate si no me va a dar gusto que de pronto viene un tipo y me
dice «mira», enseñándome la hoja
con los poemas: «yo creo que tú
mismo los mandaste». «No, no sé ni
de qué se trata.» Me sorprendió ver
la página llena de mis poemas, eso
me reconcilió conmigo mismo porque pude creer un poco en mí al grado que me puse a escribir la Elegía a
la vida de Pedro Garjias y otros
poemas. Después publiqué Hay un
tiempo para todo, libro que elogió
mucho Efraín Huerta, a través de un
telegrama que hasta la fecha guardo.
Este poeta habló algunas veces de
mis poemas aquí en el país y fuera
de él, como en Cuba. Habló de la joven poesía mexicana y_ allí me incluyó.
Creo que influyó en mí ese gesto.

-Qué curioso, hace un rato Saskia nos hablaba de ese telegrama,
46

dijo que se lo había encontrado por
allí... Pero dime, ¿quién te publicó
esos textos en El Gallo Ilustrado?
- No me acuerdo quién fue ... pero
me imagino que ha de haber sido Ernesto Rangel Domene. Pero déjame
aclararte que la Elegía a la vida de
Pedro Garjias y otros poemas me lo
pÚblicó Rodríguez Vizcarra en Poesía en el Mundo, con éste ya van tres
libros.

-¿En qué año se publicó?
- Ya no me acuerdo, pero sí sé
que estas publicaciones fueron muy
seguidas. Porque Miguel Covarrubias, cuando dirigía el Instituto de
Artes, me editó Colección de poemas. Ya vamos en el cuarto libro.
Esto me hace sentir contento, además el libro quedó muy bonito. Poco
después Abigael Bohórquez me pide
que le mande unos poemas inéditos,
se los envío y los publica en la Revista Iberoamericana, junto con
otros poetas. Después me invita a
que vaya a leer a México, porque él
estaba a cargo de un departamento
de cultura que dependía de Relaciones Exteriores. A esa lectura me
acompañó Miguel y... total, eso me
estimuló para seguir escribiendo. Al
poco tiempo sale otro libro, Entre
apagados muros. Me gusta mucho
ese libro. Miguél me ayudó a editarlo. Enseguida viene Avivando el fue-

go; ese libro tiene mucha importa
cia para mí porque es un libro de •
novación espiritual, es un canto de
amor, a la vida y a todo.
- Mientras estabas publicand,
esos libros, ¿a qué poetas leías?
- A Álvaro Mutis, a López Veis•
de. Porque López Velarde, cuando
yo lo empecé a leer se me hizo •
poco hermético, no tenía el auxilio
necesario para poderlo entender
bien. Lo tuve hasta que Octavio Paz
publicó Cuadrivio. Aquí encontR
una visión muy clara de López Volarde. Ya el poeta podía entrar ea
mis canales, sin estorbos. Así lo pu,
de sentir más que antes, lo comprendí con más claridad y, por supuesto,
ya nunca más dejé de leer poesía.
Siempre estuve cerca de ella, de
guna manera... Leí a los poetas e»
banos como Heberto Padilla, Fer•
nández Retamar, excelente poell.
Leía La Gaceta cubana, no te im
nas tantas cosas que leía yo en
tiempo. Después viene otro Ji
Estoy de paso; éste trae una señal
ficil porque se publicó tras los
infartos. Recuerda que ya antes
había dado un derrame cereb
Parece que todavía no hemos toe
fondo.

-Creo que este libro es muy iJt,
portante porque surge cuando tu wda está en peligro.

-Estoy de acuerdo. Mira, Silvia,
escucha lo que te voy a decir. En la
vida mi instinto me enseñó a sobrevivir, a luchar, yo nunca me di por
vencido. A tal grado, que después de
la crisis nació ese libro: Estoy de paso. Yo ya ni siquiera quería escribir,
por la operación de la cabeza. Sin
embargo, poco después me animé
tanto que ya no le tuve miedo a la
máquina, me restablecí. Empezaron
otra vez las fuentes de mi pensamiento a estar libres, comencé a recordar, a ser yo mismo de nuevo, a
escribir sin parar. Te lo digo por el
boro que acabamos de publicar hace
poco, No puedo borrar tu imagen.
Este libro está dedicado simbólicamente a la vida, porque nadie puede
borrar la imagen de la vida, sobre todo si se lleva esa vida adentro, mi
vida, la que vivimos nosotros emocionalmente, con sensibilidad, apreciando el color, ya sea el paisaje, las
ciudades o contemplando los mares... Siempre la vida es grandiosa.
No se lo dedico a nadie en especial,
sino a la vida, que quede muy claro.
En fechas recientes he escrito poemas sacudido por la emoción que me
ha provocado un nuevo comienzo de
mi vida. Pues a través de mis vicisibl(les, de todas las cosas que me han
PBSado, como por ejemplo, disculpa,
no sé si te irás a reír... Oye, Silvia,
fijate que se me murió un torito, un
periquito, después de 17 años de vivir en casa, alimentarlo, platicar con

él, y de repente un día se me muere.
Me llenó de tristeza. Luego después
me encuentro a un amigo muy querido, enfenno, en tal estado que no lo
puedo soportar. Esa emoción la llevamos dentro, es hacia adentro de
uno mismo. El dolor más grande que
se pueda llevar. Aunado a todo esto,
la situación del país, el fracaso económico en que hemos caído en esta
sociedad mexicana. Perdemos la esperanza, no creemos en nada ni en
nadie. Debemos creer que esto es
pasajero. Y estos poemas míos tienen mucho de eso. Aunque algunos
opinan que son muy nostálgicos, que
están llenos de una tristeza profunda.
Y yo les digo que así quiero que
sean, ultimadamente...

- Tú me has dicho cuáles son los
poetas que te han acompañado en tu
escritura, y de qué manera han influido tus amigos en tu interés por la
literatura. Ahora quisiera saber de
qué manera las mujeres te han estimulado en tu quehacer. Ya me has
dicho que tu madre te llenó de cariño, de cuidados, alimentó tu sensibilidad de manera especial, pero no
me has hablado de tu vida amorosa,
de tu matrimonio.
- En mi vida sentimental, en mi
trabajo organizado la situación ha sido un poco especial para mí. Mira,
Silvia, ¿cómo decirte?, nosotros no
tenemos un título profesional. Esto

nos hace sentir un poco desprotegidos en la vida y en el destino, porque de pronto alguien nos sale con
«oiga, usted no estudió nada, entonces ¿qué sabe hacer?» «Pues muchas
cosas.» «Eso no vale.» Lo que pasa
es que yo me he aficionado al trabajo, y hay un oficio muy grande en la
vida, el de vivir, el de amar, el de
comprender, el de no estar sin alguien. En mi vida, las mujeres ocupan un primer lugar. Claro, como dice Pablo Neruda, siempre se está anhelando un amor perdido. Pero también dice que eso es una mentira
pues nosotros debemos estar muy
contentos con la experiencia que nos
han dejado estos amores. Porque hay
que tener un amor presente, ese es el
válido, no el pasado ni tampoco el
futuro sino el amor que tenemos
frente a nosotros mismos. Cada mujer que te extiende la mano, que te
hace un cariño, que te ofrece de comer, que te lee una carta y te dice
«mira, aquí está esta correspondencia». Esto es la compañía, por eso
las mujeres para mí siempre han sido
mucho muy importantes en mi vida.
No solamente para realizar juegos
sexuales, no, la mujer tiene para mí
un significado que va más allá, como te he dicho, de lo meramente
sexual. A la mujer yo la empiezo a
comprender desde que te va a dar un
hijo, cuando te espera, cuando reclama el tiempo que no has estado con
ella, cuando se enoja porque cuando

�te acaba de hacer tu comida tú ni siquiera la miras. Todas estas cosas
son la convivencia cotidiana entre
un hombre y una mujer. Por otro lado, debo decirte que sí me gusta mucho y disfruto mucho la sexualidad.
Ésta está representada en todos los
actos de nuestra vida, en la cama, en
un sillón cómodo, en todo lo que miramos, en la mesa y en las frutas que
comemos. Deveras. Y claro, tenninaré por decirte que las mujeres son
sumamente importantes para mí, he
aprendido a darles un lugar. No te
voy a decir que siempre se merecen
ese lugar. Su lugar y se acabó ... Porque ellas son muy distintas a nosotros y en eso reside el respeto.

.,

-Entonces podemos decir que el
amor ha sido el motor de tu poesía.
- Sí, porque el amor es un elemento vital que promueve tu corazón, promueve tus sentimientos. Recuerda aquella frase que dice: «lo
único válido en el ser humano son
los sentimientos)). Yo tengo esos
sentimientos, me refiero a sentimientos superiores, como los de la
comprensión humana que llevan al
cariño, al amor y algunas veces hasta la pasión. ¿Por qué no decirlo... ?

- Andrés, ¿tú eres de los escritores que escriben inmediatamente
después de que surge el sentimiento
o escribes ya pasado algún tiempo?
48

-Dentro de nosotros hay un proceso muy interesante que se da en
nuestra conciencia. Y allí es donde
afloran estos sentimientos, para después expresarlos. Porque, Silvia, no
hay olvido de las cosas, por eso las
tenemos presentes y sobre todo, son
muy estimulantes las cosas del amor.
Porque el amor te hace vivir, vibrar
de emoción. Un sentimiento amoroso no es como la hora de sesenta minutos. Es más profundo que el tiempo que corre. Un instante de amor lo
puedes recordar toda la vida. Cuando tú dejas sembrados tus besos en
el cuerpo de una mujer o cuando tocas su cara o le haces una caricia,
dejas una huella indeleble. Por eso te
digo que la fuerza motora es el
amor. No hay otra. El odio no cuenta, porque quien odia no escribe poemas. ¿O habrá poemas de odio? No
se vale hacer esos poemas. La poesía
es muy generosa. La poesía es para
iluminar algo o para iluminar a alguien. Para iluminar nuestro propio
camino.

- Esto quiere decir que en tu escritura no admites falsedades.
-Sí, no hay de otra. Celebro mucho a los poetas buenos. Me refiero
a Jaime Sabines, a López Velarde, a
Álvaro Mutis el colombiano -ahora
mexicano-, a Octavio Paz. De los
poetas chiapanecos admiro a Rosario
Castellanos porque tiene unos poe-

mas muy lindos. También a Gloria
Collado, a Carmen Alardín, a Jorge
Cantú. Todos ellos son excelentes
poetas y sus poemas me llegan. Pero
yo no los copio, porque yo escribo
mis poemas con mi propia s~gre.

-¿Quieres decir que has encontrado tu propia voz, tu manera propia de expresarte?
-Sí, claro. Esto no quiere decir
que influyan las voces de otros poetas en mis poemas. Yo cito, por
ejemplo, a Othón: «mira el paisaje
desolado y triste, inmensamente triste», y le estoy dando su lugar. He tomado, por ejemplo, «ya probé mi soledad en el tumulto», de Jorge Cantú, porque me encanta. La cosa es
que son elementos válidos que yo
puedo utilizar sin que sea copia.
Otro ejemplo sería que de la prosa
de Octavio Paz saqué una cita para
un epígrafe que le envíe a alguien, y
eso es válido. En fin ...

-¿Tu poesía ha influido en tu
trabajo como restaurantero, mejor
dicho, como cocinero? ¿Crees que
se necesita la misma sensibilidad
para la poesía que para la cocina?
-Te voy a decir una cosa, me la
dijo Pedro Garfias en una plática.
Me estaba yo quejando de que nadie
me ayudaba con mis libros, no había
publicado porque nadie me guiaba

en esas cosas. Él me dijo: «no te
apures, Andrés. ¿Sabes? Se es poeta
a pesar de todo y en todo». Entonces
yo puedo hacer guisos, levantanne
temprano, tener mi fonda limpia,
mis trastes, todo. Además, debo decirte que soy «ético» para trabajar,
más en este trabajo en que se tiene
relación con la gente que va a comer. Pero eso no me quita mi sentimiento interno, sentimiento de vida,
de vida poética. Porque aunque no lo
creas, en el trabajo yo soy muy reflexivo también.
-Sin embargo, el trabajo que realizas en la cocina no es cualquier
trabajo. Allí, pienso, necesitas tener
cierta vocación y mucha sensibilidad. Por eso te preguntaba si la sensibilidad que mueve a tu poesía influye de alguna manera en tu cocina. Porque tú sabes que las dos actividades requieren de creación, invención, y así como tienes tu propia
voz poética, debes tener tu sello propio en la cocina.
-Sí, de alguna manera hay una
«ética» al preparar un platillo. Hay
algunas personas que me dicen:
«Andrés, quiero que me prepares un
cortadillo como el que nos hiciste la
semana pasada, estaba muy rico.»
Me aclaran que son seis personas y
que quieren una fuente acompañada
con salsa, tortillas, arroz y frijolitos
también. Tengo que pensar en cómo

voy a cortar la carne, qué sartén voy
a usar, en las tortillas, en todo lo que
complementa el plato principal, es
decir, el ensamble para servir la mesa. Servirla con prontitud, con lógica, para que disfruten y queden muy
bien servidos. Silvia, con esto me
siento muy contento, como cuando
hago un poema. Tengo que ver qué
tal está el poema, se lo doy a probar
a Saskia, a ver qué opina y lo mismo
hago con el guiso. Si me dice «le
falta una hoja de laurel o más crema», yo la escucho; o si me dice
«aquí repites dos veces una palabra
o te falta un acento», pues nomás está de arreglarlo. Lo mismo cuando
pones las cosas en la sartén: me fijo
en si el fuego está muy alto y de inmediato lo pongo medio, para que
no se reseque tanto. Siempre hay
que cuidar las cosas para que salgan
bien. El resultado del cortadillo es
inmediato porque es tangible. El
poema no. Es otra cosa. ¿Sabes qué?
El poema tiene que quedar bien para
mí mismo, sentir que está como yo
quise que quedara.

-Cuándo empezaste a tener contacto con la cocina, en la tamalería
Chiapas de doña María Luisa, ¿desde ese entonces empezó a generarse
el proyecto de tener un restorán?
- Mira, creo que lo puse por un
sentimiento gustoso por la cocina.
Nunca me imaginé que tendría un

negocio fabuloso, más bien estuve
pensando en todo lo que podía hacer
cocinando. Sí, era un sueño de mi
vida. Quería independizarme, porque ¿qué tal si yo hubiera seguido
vendiendo medicinas por 25 o 28
años, y luego échale 20 más? A ver,
¿cuántos tendría ahorita? Toda mi
vida hubiera sido una rutina. No, yo
quería romper con eso. Se me realizó ese sueño. Ahora las circunstancias económicas que tenemos en
México han cambiado mucho, ya
ves todo lo que nos ha ocurrido, por
eso el restarán va de bajada. Pero yo
no he perdido la fe, creo que podemos empezar otra vez. Surgir como
La Gran Fonda otra vez. Por lo menos que se sostenga haciendo ciertos
cambios en los platillos. Me gustaría
hacerlo. Pero si no se puede, me
quedará el consuelo de que hice todo
lo que estaba en mis manos hacer. Y
si no funciona, vendo la fonda con
todo y terreno y me compro un cajón
para dar grasa. Me pongo a bolear,
porque no sé hacer nada más.

-Andrés, en tu fonda no solamente te has dedicado a atender
clientes, sino que has sabido combinar en ella a la poesía y la cocina.
Convertiste a La Fonda de Andrés
en un centro cultural. Creo que mucho ha influido Saskia en este giro.
A tu negocio acude mucha gente distinguida en el terreno de las artes.
Ahora dime, ¿quiénes son los parroquianos que asisten con frecuencia?
49

�..
-Se pueden contar en este momento por cientos, aunque no lo
creas, pero así es. En los últimos
veinte años he visto crecer la poesía,
me llena de gusto decirlo. Recuerdo
cuando éramos un pequeño grupo y
nos reuníamos, tú sabes que nos
veíamos como hermanos, teníamos
intereses comunes. Pero ahora han
cambiado las cosas, hay muchos
grupos ... quizás no estén muy consolidados... hay mucha competencia,
es decir, un estira y afloja, a ver
quién es el mejor, el más bueno y todo eso. Así se estila. Ojalá que de
allí salgan - como dice Jorge Cantúbuenos poetas, además, ¡tienen que
salir buenos poetas! Conozco a un
muchacho que se llama Felipe Montes, muy destacado en literatura.
Editó un libro que tuve el honor de
presentarlo en mi fonda, La casa natal. Muchacho talentoso, si sigue escribiendo ese tipo de poesía que
ofrece en ese libro, él sale adelante.
También está José Eugenio Sánchez,
buen poeta; Margarita Ríos Farjat,
que también es articulista. La señora
Jeannette Clariond, buena poeta,
también escribe ensayos. Gloria Collado, que aunque no vaya a la fonda, siempre se le tiene en cuenta. Y
Carmen [Alardín]. Éstas dos poetas
son de mi generación. También están Humberto Salazar y Miguel Covarrubias. Todos están trabajando,
luchando, investigando, haciendo algo por su ciudad. No creo que lo es-

.,

so

tén haciendo para ellos mismos nada
más. No, están trabajando para que
la ciudad no sea amorfa en la poesía.
Los poetas van surgiendo, la gente
tiene que comprenderlos. Así como
te menciono a estas gentes, te puedo
enumerar muchas más que han ido a
la fonda en los 18 o 19 años que tenemos
allí. Por ejemplo, José Emilio Pache-co y José Agustín, también Alejandro Aura; son escritores muy reconocidos, van por amistad, ellos me
han apadrinado. Igualmente han estado allí Emilio Carballido, Vicente
Leñero, Carlos Monsiváis. Asimismo nos ha visitado también uno de
los grandes poetas de México, ahorita no me acuerdo del nombre, tengo
un libro suyo y además dedicado.

-Tras concentrar a las gentes del
área de la cultura, asiste otro sector
importante: el de los políticos. Háblanos de ellos.
-Cómo no. Imagínate que yo he
tenido el privilegio de atender a gente tan distinguida como el periodista
Manuel Buendía, al presidente del
PAN, el licenciado Coindreau, a la
senadora María Elena Chapa que alguna vez me inauguró una exposición. También ha estado Nacha Guevara, Paquita la del Barrio, Alberto
Cervantes, el compositor, Mario
Amaya, el bailarín español de flamenco. Luego las figuras de aquí:
maestras como Chayito Zambrano,

que siempre me distingue cuando
llega, es una mujer educada, muy
agradable. Delia Garda, la actriz.
Minerva Mena Peña, Julián Guajardo, Luis Martín y tanta gente más
del ámbito teatral. Perdón, estamos
hablando de políticos pero ya revolvimos un poco esta cuestión. Est.
mos hablando de las figuras no sólo
políticas que han ido a la fonda.
Agrega por favor a la señora Rosario
lbarra de Piedra, al licenciado Raúl
Rangel Frias, que siempre nos ha estimulado con sus palabras elocuentes. Y a don Alfredo Gracia Vicente,
que nos ha ofrecido conferencias sobre Pedro Garfias.

-Creo que toda la gente involucrada en el movimiento cultural de
Monterrey ha pisado la fonda. ¿No
es así?
- No me olvido de María Belmonte, del poeta [Xavier] Rodríguez
Araiza, de Héctor Alvarado y sus
«mancuspios», de los Gatos de Azotea, de los Grafógrafos. Todos estos
grupos y personas van allí. Y aunque
no lo creas, tuvieron la gentileza de
darme un premio simbólico, bueno,
no tan simbólico porque fueron testimonios por escrito, más de diez. Esto sucedió cuando la fonda cumplió
18 años. Pero más bien porque quisieron reconocer que este espacio tos
acogió sin requisitos de ninguna especie ni cartas de recomendación.

No sabes cuántas cosas se realizaron
allí.

-Creo que fue muy estimulante
para ti recibir ese reconocimiento
de los escritores Jóvenes, ¿o no?
-Claro. No te había dicho que todos acordaron, por unanimidad
nombrarme el escritor del año. Est~
fue por cariño, no porque yo sea el
gran escritor o, en todo caso, por la
labor de carácter social que desarrollamos en la fonda, una labor de apoyo a la cultura.

-Con tu actitud has contribuido
a que los artistas manifiesten su voz,
su forma de ver el mundo, porque tú
no les pones cortapisas: has creado
un ambiente de libertad que todo el
mundo te agradece.

Saltillo, a 20 de noviembre de 1996.

SI

�JOSÉ AL VARADO Y LOS ORÍGENES DE LA
UNIVERSIDAD

ABANICO
Con motivo de los 25 años de la desaparición
fisica de JOSÉ ALVARADO,
periodista y escritor nacido en Lampazos de Naranjo,
fueron leídos algunos textos
en el Antiguo Palacio Municipal de Monterrey
el 23 de septiembre de 1999.
Fue pues esta la ocasión propicia
para que se hablase del joven
universitario que llegaría a ser uno
de los cronistas más esclarecidos de su época
y también rector de su Alma Mater,

la Universidad de Nuevo León.
La Facultad de Filosofia y Letras,

1,

en fecha cercana a la muerte del ilustre
rector y hombre de letras,
honró su memoria llamando a su biblioteca
«JOSÉ ALVARADO».

Y este año ha publicado,
con ese mismo propósito, un valioso
volumen de Alvarado, reunido
por J. Guadalupe Martínez:

Tiempo guardado: cuentos y novelas
cortas.
Incluimos en esta entre
tres intervenciones dedicadas al narrador y al amigo.

52

Juan Manuel Elizondo
Creo necesario advertir a ustedes
que los hechos que voy a narrar ocurrieron hace más de setenta y cinco
años. Es lógico, pues, presentar mis
excusas por adelantado en lo que toca a los lapsus en que pueda incurrir
acerca de la sucesión o congruencia
de aquellos acontecimientos. Existe
una distancia considerable entre los
hechos que pretendo narrar y los
días actuales; pero también existe la
misma distancia en la memoria del
que habla. Una ligera bruma parece
extenderse sobre el tiempo transcurrido, una bruma que nos deja ver
solamente lo que tienen de esquemático las actividades juveniles-estudiantiles de los años 20, pero que
oculta la pasión, el ardor, la vocación casi religiosa con que aquellas
actividades fueron emprendidas.
El tema que se me ha asignado es
&lt;&lt;Alvarado y los orígenes de la Universidad». No se trata, y espero que
ustedes estén de acuerdo conmigo,
de que yo emprenda un relato lineal
de la decisiva participación de Alvarado en la creación de la Universidad de Nuevo León. Esto sería lo
más fácil; pero, a la vez, sería el modo más dificil de presentar las cosas,
puesto que, a cada momento, habría
que desentrañar a Pepe Alvarado de
las circunstancias familiares y sociales en que fonnó su personalidad, así
como hacer abstracción de sus relaciones con otros jóvenes a quienes,

inquietaban las mismas ideas y propósitos que al joven José Alvarado.
Y es que toda actividad intelectual
condicionada por los acontecimientos militares tardíos de la revolución
mexicana y, desde luego, por las tormentas sociales que consecuentemente se suscitaban en todo el país.
La década de los 20, en que se
desenvuelven las actividades estudiantiles para lograr la fonnación de
una universidad, fue, sin duda, por
lo menos aquí, en Monterrey el momento culminante de la lucha militar, ya elevada al plano político de la
revolución. Coahuila y Nuevo León
habían sido la cuna del ejército constitucionalista comandado por Venustiano Carranza y la gente de ambos
estados sentíase profundamente ligada a la aventura carrancista contra
Victoriano Huerta. Pero, en 1920, Carranza había sido asesinado en Tlaxcalantongo por fuerzas dependientes
del general Alvaro Obregón. La conmoción social que produjo este hecho en Nuevo León se tradujo en
constantes, casi diarios encuentros a
balazos entre los fieles al recuerdo
de Carranza y los militares partidiarios de Obregón. Para dar una idea
del encono entre los contendientes
basta saber que, sólo en esa década,
hubo veinte gobernadores en el estado, casi ninguno elegido legítimanente por el pueblo.

Pero no era esto sólo. En la lucha
estaba implicada la iglesia católica
que, con su extensa influencia en la
población creyente, pretendía recuperar los privilegios de que había sido despojada por la Constitución de
1917. En 1926, la iglesia había desatado la revolución cristera, que envolvió en llamas a toda la región del
Bajío. Los recursos para sostener esa
rebelión fluían de todos los lugares
de la nación, pero en mayor abundancia de las manos de la feligresía
de Monterrey. La iglesia era enemiga de Obregón y, de ahí, que la lucha social y política en Nuevo León
fuese, por tanto, violenta y confusa.
Monterrey era, en ese tiempo,
una típica ciudad fronteriza de principios de siglo. Contaba con algo
más de ochenta mil habitantes, muchos de los cuales eran inmigrantes
que venían a la ciudad en busca de
trabajo.
Un historiador de Monterrey describe así a la ciudad: «Urbanísticamente, la ciudad era poco atractiva:
la mayoría de las calles céntricas se
encontraban sin pavimentar. Al norte de Arramberri, correspondiendo
sus alas oriente y poniente, presentaban un horrible hacinamiento de jacales, tejabanes y corrales bardeados
de ramas, alambres de púas y desechos de latería; los más elegantes estaban cercados de cuartones de si53

�llan&gt;. Sin embargo, Monterrey contaba con hoteles, bancos, hospitales
y un periódico diario. Pero no había
bibliotecas ni librerías. Las librerías
existentes se ocupaban de la venta
de material escolar para educación
primaria. Existían cuatro centros de
educación superior: el Colegio Civil
del Estado, con una población escolar de ciento cincuenta a doscientos
alumnos; la Escuela de Leyes con 20
alumnos; la Escuela de Medicina,
con 16 alumnos; la Escuela Normal
de Profesores, con 44 alumnos; Y
además la Escuela Femenil Pablo
Livas.

..,

Por otro lado, el incipiente desarrollo alcanzado por México al iniciarse la revolución, había sido gravísimamente afectado por los avatares de la lucha armada y el desempleo y la pobreza constituían el sustrato de los trágicos acontecimientos
superficiales. De las tres fábricas
principales que existían en la ciudad,
ninguna trabajaba a plena capacidad,
dado el desorden que, en todos los
aspectos, prevalecía en la nación. La
Fundidora de Fierro y Acero de
Monterrey, industria matriz productora de insumos básicos, laboraba intermitentemente por falta de mercado para su producción; la Ladrillera
de Monterrey, padecía igualmente la
falta de mercado y, a la Cervecería
Cuauhtemoc, le ocurría exactamente
54

lo mismo. Ésta era, en términos muy
generales, nuestra ciudad.
No recuerdo con precisión en
qué momento de los años 26 o 27
Raúl Rangel, José Alvarado y el que
esto escribe, lograron establecer una
amistad que fue profundizándose en
el curso de los años. A pesar de que
nuestros temperamentos y vocaciones individuales eran distintos, nos
unía, sin embargo, una afinidad de
ideas y opiniones que resultó indestructible. José Alvarado escribía ya
cuentos en periódicos estudiantiles Y
era evidente su afición a la literatura.
Su padre, el profesor José Alvarado,
había formado grupo durante su paso por la Escuela Normal, con Pablo
Livas, después eminente maestro y
escritor, y con Antonio l. Villarreal,
que tan destacadamente participó en
el proceso de la revolución mexicana. El profesor Alvarado era maestro
en historia de México y seguía apasionadamente todos los sucesos que
ocurrían en el país, militares y políticos. Recibía, diariamente, los periódicos de la ciudad de México y sabía, por tanto, lo que decían y escribían los intelectuales a propósito de
la revolución y de sus consecuencias. Por supuesto, Pepe Alvarado se
beneficiaba ampliamente de la sabiduría de su padre.
Raúl Rangel era entonces un jovencito inquieto, perteneciente a una

distinguida familia culta, en el seno
de la cual se discutían ordinariamente temas relativos a la política de
esos días, con la particularidad de
que ahí se hablaba con entera liber•
tad, en tanto que sus hermanos mayores habían sido educados en escuelas militares y sabían de lo que
hablaban.
Por compra directa o por subscripciones llegaban a la casa de Rangel libros y periódicos con las últimas novedades de su tiempo. Raúl
era un estudiante talentoso y serio
que empezaba a destacar entre sus
compañeros por su modo atrevido de
pensar y discutir.
Por lo que a mí toca, yo venía de
una familia de militares. Todos 1~
Elizondo de Higueras, N. L., y algunos de Coahuila, hermanos, tíos, primos y sobrinos se levantaron en ar•
mas en 1913, con Venustiano Carra&amp;
za. Hubo dos generales de división,
Teodoro y Alfredo Elizondo, dos ge,
nerales de brigada y otros con distintos grados. Dos años después del
asesinato de Carranza, Obregón llamó a la unificación militar para for•
mar un solo ejército nacional. Tod~
aceptaron, con excepción de mi pt
dre y del general José Elizondo, SI
primo hermano, que no quisieron subordinarse a quien acusaban de set
el asesino de Carranza. Así perdió
mi familia, la mía, los «beneficios,

de la revolución. No obstante y por
razones obvias, todo lo que se refería a la revolución, hechos, periódicos y libros, atraían desde luego mi
interés.
Alvarado, Rangel y yo nos reuníamos, ocasionalmente, de día, en
el Colegio civil y, algunas veces, al
principio no tan frecuentes, en la
trastienda de una cantina situada en
la calle de Juárez, entre Washington
y Aramberri. La cantina de Juan
Cruz. Inicialmente nuestras conversaciones giraban en tomo a las aficiones literarias de algunos estudiantes, a los cuentos de Alvarado y a los
versos de otros jóvenes que no eran
estudiantes. Pronto llegamos a los
hechos que estaban ocurriendo en el
país, donde la revolución no acababa
de afianzarse ni política ni socialmente. Hablamos de Vasconcelos,
de Luis Cabrera, de Carlos Pereyra,
de Madero, de los Vázquez Gómez y
de otros. Pensábamos que todos los
impulsos aparentemente contradictorios de la revolución, quedaban conjugados en la espléndida obra cultural de Vasconcelos, sobre todo en lo
que toca a la exaltación de todo lo
mexicano, el mestizaje, la educación, el arte mural con temas mexicanos, y, sobre todo, su concepción
bolivariana de América Latina; Alvarado hablaba del Ateneo de la Juventud, de Antonio Caso, de Alfonso Reyes, de la generación de 1915,

de Gómez Morín y Lombardo Toledano. Lamentábamos que en Monterrey no hubiese medios, bibliotecas
y libros nuevos, modernos, para alimentar nuestro aprendizaje, ni maestros que nos guiaran en la selección
y orden de los conocimientos extraescolares adquiridos.
Muy pronto se agregaron a nuestras reuniones otros compañeros a
disfrutar la conversación de Alvarado. Llegó el momento en que al propio Alvarado se le ocurrió formalizar esas reuniones constituyendo un
grupo permanente de estudios y conferencias.
Se formó ese grupo, que pusimos
bajo el patrocinio de Alfonso Reyes,
quien se encontraba entonces desempeñando las funciones de embajador
de México en Brasil. Fueron varias
las reuniones las que realizó el grupo. Ahí se comentó, con interés, la
mediocridad de la educación oficial
que estábamos recibiendo en Monterrey, especialmente en el Colegio
Civil. Intercambiamos libros y se
despertó el interés por el estudio más
amplio de las cuestiones referidas a
la educación. Publicamos un pequeño periódico, Rumbo, donde expresábamos nuestras opiniones.
Por ese tiempo empezaron a llegar a Monterrey libros de editoriales
argentinas y chilenas, así como

ejemplares de la Biblioteca Universal que editaba en España José Ortega y Gasset. Con esos libros llegaba,
también, la Revista de Occidente.
No sabría decir por cuáles canales
Alvarado y Rangel recibían esta literatura, pero sí puedo decir que yo tenía acceso a ella por la gracia del
doctor Carlos Leal Isla, aficionado
solitario a la gran literatura. De este
modo, se abrieron ventanas al mundo cultural moderno y, con los nuevos aires, se acentuó en nosotros la
voluntad de cambiar el deprimente
ambiente en que vivíamos.
En 1929 entramos en contacto con
los estudiantes de la Universidad
Nacional, aquéllos que merecieron
el honor de pasar a la historia con el
título de Generación de 1929. En ese
tiempo México estaba en plena campaña electoral para elegir a un nuevo
presidente de la República. Los estudiantes del país nos habíamos afiliado a la candidatura de José Vasconcelos. Nosotros, en Monterrey, conocíamos la grandiosa obra realizada
por Vasconcelos durante su paso por
la secretaría de Educación Pública.
Habíamos leído ya los libros publicados por Vasconcelos y nos habían
impresionado, sobre todo, la lndología y la raza cósmica, por tratar temas por completo distintos a los puramente especulativos como los que
entonces se presentaban como nueva
literatura. El proyecto desarrollado

�por Vasconcelos en el ámbito cultural, era el modelo de desarrollo que
nosotros adoptamos por su carácter
nacional y profundamente mexicano.
Nos visitaron, como activistas de
la campaña, Mauricio Magdaleno y
Salvador Azuela y, un poco después
de ellos, Manuel Moreno Sánchez.
Moreno Sánchez estuvo con nosotros más de treinta días, como delegado personal de José Vasconcelos.
Luchamos todos juntos al lado de
Vasconcelos por cambiar un régimen de la revolución que se había
vuelto corrupto; nuestro propósito
era cambiar a los hombres del gobierno por otros hombres limpios e
ilustrados, como habíamos aprendido de Platón. Los problemas políticos que visualizábamos eran problemas de hombres, referidos a hombres. En cambio, los jóvenes de la
universidad de México luchaban no
sólo por estos mismos cambios, sino
por implantar en México un sistema
democrático de acuerdo a los principios teóricos de Montesquieu y de
Rousseau. Fue entonces cuando notamos la profunda y extensa diferencia que existía entre la enseñanza adquirida por los jóvenes de México en
la Universidad Nacional y la que recibíamos nosotros en la única institución cultural existente en el estado,
el Colegio Civil. Era claro que los
estudiantes de Monterrey estábamos.
56

por lo menos, con medio siglo de retraso en nuestros conocimientos históricos y políticos respecto de los jóvenes que estudiaban en la universidad de México.
La estancia en Monterrey de Moreno Sánchez fue definitiva para la
formación política y cultural de los
jóvenes que, día a día y en prolongadas veladas, nos reuníamos a conversar con él. Acababa de concluir la
gran huelga mediante la cual los estudiantes obtuvieron el reconocimiento, del Estado, de la autonomía
de la Universidad. Aquella huelga se
había implicado en la campaña política que los estudiantes sostenían a
favor de José Vasconcelos. En cierto
sentido, algunos de los motivos de la
huelga tenían algo que ver con la
teoría del Estado que propugnaban
Vasconcelos y sus jóvenes partidarios. Porque antes de esa huelga, la
universidad, como dependencia del
aparato gubernamental, recibía programas de estudio y personal administrativo del propio gobierno. Con
esto, la universidad estaba impedida
de abrir sus propias antenas receptoras a todos los vientos del mundo y
quedaba frustrada en cuanto a su capacidad de propio y auténtico desarrollo.
Con Moreno Sánchez aprendimos que los problemas políticos,
económicos y sociales de nuestro

país, sólo podían ser resueltos de
modo legítimo con la aportación inmaculada de los jóvenes y, especialmente, de los jóvenes estudiantes.
Sin embargo, no era suficiente Di
conveniente que los jóvenes se comprometieran en aventuras trascendentales sin antes saber con precisión los fines que se proponían. Ea
por eso que los jóvenes debían prepararse metódicamente para encam
el porvenir que les esperaba; pero no
una preparación fiía, al estilo de la
que propugnaba en esos días Manuel
Gómez Morín. Ciertamente, los jóvenes deberían adquirir esa educación que Gómez Morín llamaba
«técnica»; pero era necesario que los
jóvenes tuviesen, además, una ver•
dadera pasión y una ardiente voluntad para emprender las inevitables
luchas políticas y sociales que se
avecinaban. Técnica, pasión y voluntad, regidas por una ética capaz
de conducir hasta el sacrificio. No
una ética de comportamientos sociales que, en ténninos generales, es
despreciable por su recóndita hipo,
cresía, sino una ética entendida como la exacta correspondencia enl1'
los valores que se predican y las acciones que se practican. La ética po,
lítica no es más que la autenticidad
de la conducta política.

Y dejó en nosotros, también, la convicción de que sin preparación intelectual adecuada cualquier propósito
político, sin importar la nobleza de
su concepción, resultaría frustráneo
en el enfrentamiento con realidades
sociales hostiles. Esta fue nuestra
experiencia de la campaña vasconcelista.

J~sé Alvarado y Raúl Rangel
asumieron desde luego la jefatura in~electual, que era, por otra parte, una
J~fatura política, del grupo estudiantil que habíamos fonnado con anterioridad. El pequeño periódico Rumbo enviaba mensajes idóneos a los
es~iantes. Y, en conferencias y
artículos periodísticos, Alvarado y
Rangel (es imposible separar estos
nombres en la historia estudiantil de
aquellos años) emprendieron la crítica a fondo de los programas y métodos pedagógicos vigentes en el Colegio Civil.

En general, estos programas eran
los mismos de la Escuela Nacional
Preparatoria que existió antes de
191
º• programas que Justo Sierra
cambió cuando incorporó esa escuel~ a la Universidad Nacional de México, que él mismo creó. La crítica
de Alvarado Y Rangel fue dirigida
contra el fundamento filosófico de
Terminó la campaña electorat t~ 1~ estructura programática y pepero dejó en nosotros la decisión
dagogica del Colegio Civil. El carácser fieles a nuestra verdad política. ter de la educación impartida en el

colegio era puramente utilitario, como correspondía a la filosofia positivista que la sostenía.
La apariencia urbana de Monterrey empezaba a cambiar, modernizándose. El maestro Antonio Moreno abrió una librería actualizada y
ahí encontramos, entonces, con la
Revista de Occidente, los libros editados bajo el rubro de la misma revista. Conocimos los libros de la Colección Universal dirigida por Ortega Y Gasset, así como las obras de
este mismo autor. Ahora mismo en
estos días, quien dirija la vista h;cia
aquellos años, se dará cuenta de la
g~n _revolución cultural que produjo
Mexico, Yen América Latina, la editorial Revista de Occidente. Pudo
afinnarse que lo mejor de la cultura
europea fue trasmitida a América
por esa editorial. Los hechos culturales Y políticos del mundo quedaron
al alcance de cualquiera que quisiere
enterarse de ellos.
Entonces supimos, por ejemplo,
que la lógica de Porfirio Parra, que
era la clave maestra de todo el programa educativo del Colegio Civil
era considerada generalmente com~
obsoleta porque predicaba las virtudes del silogismo aristotélico estimado ya como tautológico e inútil.
Igualmente resultaba obsoleta Ja ense~anza de la historia de México, y
uruversal, en tanto que sus materias

se exponían de modo lineal y atendiendo únicamente a los hechos militares Y políticos sobresalientes en
cada época; la literatura era expositiva Y aún se enseñaban las reglas de
la preceptiva, que habían sido descartadas desde finales del siglo pasado por el modernismo. En fisica, se
gastaba el tiempo en hacer experimentos para demostrar la Ley de la
expansión de los gases, de Mariotte.
Ahora sabíamos que, en Inglaterra Y Estados Unidos, la materia había sido desintegrada y se conocían
nítidamente los átomos de que estaba compuesta; y sabíamos que ya se
?ªcían esfuerzos por desintegrar el
atomo para conocer su universo interior. Nada de esto se mencionaba en
la cátedra correspondiente, la que seguía empeñada en demostrar que Jos
gases se expanden cuando se les
aplica un poco de calor. Las leccion~s de psicología se limitaban a predicar que todo lo que existe en la
mente es producto de sensaciones
ocasionadas por objetos externos y,
de esta proposición fundamental se
deducían otras secundarias, que 'expresaban banalidades conocidas. La
planta magisterial del Colegio, de
acuerdo con los programas oficiales
ignoraba que; desde años atrás ha~
bíase producido una verdadera ;evolución en esta materia, provocada
por las investigaciones de Freud relacionadas con el funcionamiento

�del cerebro; del mismo modo, ignoraba los trabajos de Pavlov para descubrir el complejo de los reflejos
condicionados. Por lo mismo, nadie,
de esa planta magisterial, estaba en
condiciones de prever que muy
pronto, uno de su alumnos, Arturo
Rosenblueth, por sus propios medios, iba a iniciar la investigación de
los mecanismos neurológicos que le
harían merecedor de amplísima fama
mundial. Todas estas novedades
aparecían en libros y revistas de difusión cultural y su conocimiento
era universal, no estaba limitado a
los medios estrictamente científicos.
Obviamente, la educación que se
impartía en el Colegio Civil era, para usar una palabra suave, un engaño
para los estudiantes y, por lo mismo,
no podía seguir tolerándose como
educación oficial. La crítica al sistema fue dura, constante y, a veces,
atrevida. Quienes más activamente
pugnaban por el cambio del modelo
eran, por supuesto, Alvarado y Rangel.
En 1930 se reunió en Monterrey
el Primer Congreso Nacional de Estudiantes convocado por los jóvenes
vasconcelistas que habían logrado el
año anterior la autonomía de la Universidad Nacional. El congreso lo
presidió Alejandro Gómez Arias. En
esa reunión se puso de manifiesto el
disgusto del sector estudiantil de
México por el tipo de enseñanza que
58

el gobierno proporcionaba a la juventud, en toda la república. Esta enseñanza era más o menos igual a la
que se proporcionaba en Nuevo
León. Al segundo congreso nacional
de estudiantes, celebrado en Toluca,
Estado de México, concurrieron, con
la representación de la Federación
de Estudiantes de Nuevo León, José
Alvarado, Raúl Rangel y Juan Manuel Elizondo. Llevaban un propósito definido: solicitar el apoyo del
congreso para fundar una Universidad en Monterrey. Después de recordar que la idea de fundar una universidad en el norte del país había sido
expuesta por José Vasconcelos desde la secretaría de Educación Publica, se logró la aprobación y el apoyo
del congreso para que la universidad
del norte fuese edificada en Monterrey. Esta era la solución para nuestro problema educativo, una universidad moderna.
Un año después se presentó en
Monterrey el doctor Pedro de Alba,
comisionado por la secretaría de
Educación para iniciar los trabajos
encaminados a la formación de la
universidad. El doctor de Alba era
maestro universitario culto y afable
y muy pronto logramos su amistad.
Conversamos largamente sobre el
proyecto universitario y sobre las
ilusiones que nos habíamos forjado
con la creación de la universidad.

El doctor de Alba integró un comité organizador de la universidad
con gentes que, a pesar de su representatividad social, ignoraban todo
lo concerniente a una universidad.
Alvarado, Rangel, y los otros miembros de nuestro grupo Alfonso Reyes,
no fueron invitados a formar parte
de este comité. Y esto dio origen a
las primeras fricciones con el doctor
de Alba. Y todo porque, aparte de la
construcción del Aula Magna y de la
remodelación de la fachada del Ce&gt;
legio Civil, no veíamos indicio alguno que nos permitiera pensar que, en
realidad, se estaba organizando una
universidad. Por el contrario, se dejó
entrever por el doctor de Alba que la
universidad proyectada quedaría integrada por los mismos centros de
educación que existían en Monterrey, que no eran otros que el Cologio Civil, la Escuela de Leyes y la
Escuela de Medicina. Se agregarían,
además, la Escuela Industrial Álvaro
Obregón y la Femenil Pablo Livas.
Esta sería la nueva Universidad del
Norte adornada con un rector y el
personal administrativo correspondiente. Su funcionamiento sería pagado por los estudiantes. Ni una palabra se dijo, ni por el Comité Organizador ni por don Pedro de Alba,
acerca del cambio del sistema de
educación. Y, al final, este fue el tipo de universidad que se construyó
en Monterrey.

Como es lógico, no podíamos
admitir semejante prestidigitación
del proyecto de la universidad. La
crítica de Alvarado y de Rangel se
volvió más áspera y, en alguno de
sus escritos, Rangel afirmó que esa
universidad era tan inútil para Monterrey como lo era una flor en la solapa de un saco de vestir: un simple
adorno para la ciudad.
Nosotros pretendíamos, antes
que otra cosa, la formación de una
escuela de altos estudios para sistematizar la cultura de los universitarios. Deseábamos, entonces, tener
una imagen global de la cultura humana y pensábamos que sólo la podíamos obtener en esa escuela. Por
otra parte, pensábamos que, por ser
Monterrey una ciudad industrial, requería una escuela de contadores,
otra de economía y otra de ciencias
administrativas.
Nada de eso obtuvimos. El modelo decimonónico siguió siendo el
mismo.

La nación estaba de nuevo en
plena campaña electoral para designar al presidente de la república. El
candidato oficial era el general Lázaro Cárdenas, postulado por el Partido Nacional Revolucionario. Este
partido había elaborado un programa
de gobierno para los seis años siguientes. En ese programa se esta-

blecía que, en materia de educación,
la enseñanza pública nacional se
sustentaría en la doctrina socialista,
la doctrina del socialismo científico.
Se fundamentaba la idea con diversos argumentos sociológicos y científicos de carácter general. Sin embargo, el puro anuncio de que la
educación pública fuese regida por
principios socialistas despertó una
intensa oposición de la iglesia y las
clases media y alta de la sociedad.
Se acusó al gobierno y a su partido
político de conducir al país hacia un
régimen comunista. Se acusaba, por
lo mismo, al gobierno, de pretender
suprimir, con tal doctrina, las libertades cívicas y hasta los derechos
naturales del hombre.
Los líderes del partido oficial
provocaban mayor violencia de la
oposición pronunciando discursos
que pretendían orientar al pueblo sobre las virtudes del socialismo, pero
que terminaban siempre con insultos
a la iglesia y a la oposición.
.Con el debido respeto a los estudiantes y maestros que sostuvieron
en aquel tiempo la viabilidad de un
sistema educativo socialista en México, debo decir que nosotros fuimos
enemigos, desde el principio, de semejante concepto. No viene al caso
exponer las razones en que nos apoyamos; pero sí quiero destacar una
sola: nosotros los estudiantes revolu-

cionarios, veíamos claramente que
una educación dogmática impediría
el ejercicio de nuestras propias
ideas, que no eran las mismas del
gobierno, en las aulas universitarias.
La amenaza contra la libertad de cátedra estaba dirigida, de hecho, contra nuestras ideas políticas y no contra las de los sectores conservadores.
El tiempo se encargó de demostrar
que la razón estaba de nuestra parte.
La agitación nacional en torno al
proyecto educativo del gobierno llegó a las universidades. La recién
inaugurada Universidad de Nuevo
León había iniciado sus cursos en
septiembre de 1933. El año 1934
transcurrió en paz desde el punto de
vista administrativo, pero la crítica
al modelo educativo propio de la
universidad, estimulada ahora con la
crítica al proyecto general de educación propuesto por el gobierno, adquirió un tono virulento. Los problemas puramente universitarios se habían involucrado en problemas políticos más amplios porque todos estos problemas estaban referidos a la
educación. ¿Educación socialista,
con un programa pedagógico fundado en la filosofía positivista?
Fue así como en septiembre de
ese mismo año 1934. al inaugurarse
los cursos del año lectivo de 1935, estalló la carga de resentimiento acumulada en los estudiantes. La cere¡ s9

�JOSÉ ALVARADO, NARRADOR

Roberto Diego Ortega
monia de inauguración se realizó en
el antiguo Teatro Independencia, de
esta ciudad. El teatro, el más grande
de Monterrey, estaba lleno de estudiantes. En el foro aparecían el rector y los miembros del Consejo Universitario, todos en actitud de rígida
solemnidad. Pero apenas empezó su
discurso el estudiante, miembro del
Consejo, un joven que habíase declarado ya partidario de la educación
socialista, se produjo un infernal griterío de los estudiantes como protesta generalizada contra la indebida
presencia en el foro de ese joven y
contra su falsa representación estudiantil. Los gritos se acompañaron
de insultos y multitud de objetos
fuernn lanzados contra las personas
que ocupaban el foro. La situación
se volvió caótica y peligrosa. Los estudiantes, de pie, no cesaban sus gritos ni sus injurias.
En cierto momento de la trifulca,
un joven se puso en pie en el palco
que ocupaba. Todos lo reconocieron.
Era Raúl Rangel. Rangel empezó a
hablar y, a sus primeras palabras, se
produjo un total silencio en la sala.
Habló Rangel de la universidad, de
su naturaleza y de sus fines. Habló
de la falsificación de que había sido
objeto el proyecto universitario original y denunció con duros conceptos la nueva falsificación que pretendía el gobierno al limitar la libertad
de pensamiento en las universidades

con su doctrina que, ni siquiera el
mismo gobierno, había podido definir. Tenninó Rangel su discurso . y
abandonó la sala, seguido de la totalidad de los estudiantes asistentes.

de Livas y, después, de la de Rangel,
esta institución se modernizó p(I
completo, adquirió un elevado prestigio en la República y llegó a ser...
lo que es hoy.

Al día siguiente, los estudiantes
se declararon en huelga general.

José Alvarado y Raúl Rangel,
con sus obras y con sus vidas, dej•
ron un mensaje a los jóvenes estudiantes de hoy y de mañana:

El Congreso del Estado respondió a la actitud de los universitarios
emitiendo un decreto por el cual se
declaraba disuelta la universidad, al
mismo tiempo que creaba un Consejo de Cultura Superior que continuara las labores de la desaparecida institución. Todo se vino abajo. Para
inscribirse en el Consejo de Cultura
y continuar sus estudios, los estudiantes tuvieron antes que inscribirse, como miembros activos, en la
Federación de Estudiantes Socialistas, creada ex profeso. Ahora todos
eran socialistas. Quienes no admitieron esta condición tuvieron que emigrar a México o a otras universidades. Otros, simplemente, abandonaron sus estudios.
Cambió el gobierno y llegó a la
rectoría del Consejo Enrique Livas,
y, más tarde, se incorporó Raúl Rangel, terminados sus estudios de abogado en la Universidad Nacional. Y
empezó el cambio que tanto se esperaba y se requería. Cuando, algún
tiempo después, la universidad fue
restituida, primero bajo la dirección

Tener plena conciencia de qlll
son jóvenes y de que gozan de entera libertad para expresarse y para
actuar según su pensamiento.
Estudiar siempre para ser mejores y, con esta autoridad, juzgar IM
hechos de la Universidad, de México
y del mundo.
Tener conciencia de que son me,
xicanos y de que la Patria les pertt,
nece, lo mismo que a sus mayores,]
que este hecho les crea iguales ret
ponsabilidades.
Despreciar la mediocridad,
falsedad y la simulación en los as
tos públicos, ya sean universitari
o nacionales.
Ser siempre fieles a sí mismos.

La obra de José Alvarado ( 1911-1974)
es una herencia fundamental en la
cultura del siglo XX mexicano. Testigo y crítico de la sociedad posrevolucionaria, en su trabajo periodístico
documenta las manifestaciones de la
injusticia, del México profundo y
bronco; y aunque dedica su atención
a los desheredados, no se complace
en la amargura, pues su generosidad,
calidez, sabiduría, lo apartan de la
conmiseración. Entre sus rasgos distintivos cuenta además el humor y
una ironía afectuosa, como los nervios que descubren el revés de la
nostalgia, la sonrisa desarma al candor y la inocencia. Todo ello matizado por la observación sutil, la delicada agudeza, el tono de intimismo.

Con idéntica solvencia, su pluma
se detuvo en temas de historia, filosofia, literatura, artes plásticas, cine,
teatro; cuestiones culturales, sociales
Ypolíticas, como la autonomía y el
papel de la Universidad, el movimiento vasconcelista, los desafíos
del campo y las ciudades. Nos presenta, además, atmósferas de la cultura popular y magia cotidiana. Sin
cancelar su vena de narrador, su vocación de periodista concentró, en
numerosos artículos dispersos en
diarios y revistas (urge un rescate
hemerográfico), su amplísimo conocimiento, inteligencia y sensibilidad.

«Brigadier» de la llamada División Panzer -donde también militaron Renato Leduc y Vicente Ortega
Colunga-, es decir, el grupo de amigos de la prensa que animó algunas
fiestas en el caserón de Catipoato de
María Félix, durante la época dorada
de La Doña; hombre de letras que
denunció los abusos del poder, Pepe
Alvarado es figura estelar de una generación extraordinaria del periodismo nacional, consolidada en tomo a
la fundación del semanario Siempre!
y su director José Pagés Llergo. Con
su dominio prodigioso del idioma,
José Alvarado diluyó la falsa división que separaba al periodismo de
la literatura: su estilo hizo desaparecer esa frontera y el periodismo ya
no fue más el hermano menor o bastardo de la Matrona de las Bellas Letras.

*
Había nacido en Lampazos, Nuevo
León, en septiembre de 1911. Muy
pronto su impulso de escritor y su
curiosidad intelectual -que lo dotó
de un sólido bagaje de lecturas por
zonas diversas de la filosofía, la historia y la literatura- pudo expresarse
en el periodismo. De 1926 a 1931 -es
decir, de los 15 a los 19 años de
edad- Alvarado publicó sus primeras colaboraciones en revistas estudiantiles de Monterrey, durante su
paso por el Colegio Civil donde cur-

só la preparatoria. El rescate de esos
textos dio forma a la recopilación
que El Nacional publicó en 1992 bajo
el título de A/varado, el joven.
Ahora, con motivo de los 25 años
del deceso del autor, la publicación
de este libro, Tiempo guardado:
cuentos y novelas cortas, es a la vez
un rescate y una oportuna invitación
a confirmar lo inevitable: la certeza
de que la obra de Alvarado sigue vigente, y que la necesidad de su presencia la hará perdurar en ediciones
sucesivas. (El antecedente de este
volumen, por cierto, se publicó bajo
el sello de la UNAM en 1977 y se titula, simplemente, Cuentos).
En la baraja de José Alvarado el
narrador destaca su sentido de lo entrañable en la fugacidad, es decir el
hallazgo que al parecer se desvanece
entre lo transitorio, pero que sin embargo permanece en la memoria y el
afecto de sus personajes, en el trasfondo vital y emocional de sus experiencias singulares. Alvarado fue entre otras cosas un cronista citadino
de primera línea - y también lo es en
su narrativa-, a partir de una sensibilidad muy afinada para desentrañar y
desde luego disfrutar los tipos, usos
y costumbres de la Ciudad de México, durante un lapso que abarca desde 1930 - luego de la derrota del vasconcelismo- hasta sus últimos escritos de 1974.
61

�,.,

En sus cuentos, el escenario capitalino puede variar: su relato «Memorias de un espejo», por ejemplo,
se ubica en la provincia, durante la
época de la revolución. Por su parte,
en «El personaje» delinea la figura
de un protagonista «escapado de una
novela», o bien del posible habitante
de «una novela todavía no escrita o
de alguna que se perdió inédita entre
los papeles incinerados de un escritor sin fortuna». Lo cierto es que este personaje encuentra su razón de
ser en el relato de Alvarado. Comienza con un viaje en tren que lo
conduce a una estación «desierta» y
luego a un pueblo fantasmal, donde
él mismo desaparece .

·~...,

Entre el realismo y los senderos
de la fantasía, sus cuentos y novelas
nos permiten vislumbrar la visión
dostoyevskiana de la degradación y
la derrota como destino inapelable
-punto de referencia donde coincide
con su amigo José Revueltas. Vale
recordar que uno de los muchos escritores que Alvarado conoció en
profundidad fue precisamente Dostoyevsky. Una leyenda o anécdota
me recuerda cierta noche en que Pepe Alvarado, tomando copas con
amigos err algún lugar, abordó el tema de Dostoyevsky y dilapidó casi
la noche entera en una charla sobre
el autor de Crimen y castigo que
más bien parecía una cátedra improvisada a deshoras en un salón excén62

trico. Al parecer, nada faltaba en el
abanico de su erudición, a varios
años luz del gran título de su colurona, «Memorias con amnesia», y un
toque irónico se puede adivinar al
recordar al personaje que Alvarado
bautizó con un pleonasmo formidable: me refiero a esa habitante de sus
escritos periodísticos llamada Esperanza Hope.
En sus relatos destaca, asimismo,
la profusión, la precisión de los detalles, la intensidad descriptiva de un
entorno físico: en la mayoría de los
casos, se trata de la arquitectura citadina, sus calles y «rincones de la noche», sus vecindades y tabernas, como ocurre en «El retrato de Lupe».
También se advierte de modo ineludible su celebrada y magistral capaciclad para emplear y renovar los adjetivos, esa categoría desprestigiada
por algunos «puristas» que la reducen al rango de la decoración. Con
Alvarado jamás sucede así: sus adjetivos nunca son ornamentales, sino
que nos transmiten su mejor aptitud
literaria: son quintaesencias y definíciones, logradas mediante los recursos de la paradoja, la sorpresa, la
imaginación, la originalidad, el color, la frescura, el humor:
Todas las calles del barrio muestran
muros vetustos y la sombra nocturna
los baña con recuerdos indefinibles.
Un poco atrás queda la Universidad

y en el otro extremo, hacia el oriente,
está el mercado de la Merced... f.a
muchas esquinas hay braseros COI
una olla humeante encima, llena de
.café, de té de canela o de hojas de
naranjo. Allí se congregan obreros y
vagabundos a defenderse del fríó to,
mando la bebida caliente con WI
dosis de alcohol. Voltea uno hacia
las casas y descubre balcones cuyas
puertas no se han abierto en muchos
años o, a través de las vidrieras, muros interiores cuajados de retratos o
roperos inmensos que dejan ver sus
solemnes comisas...
A través de la escritura, José A).
varado reinventa a su ciudad adoptativa, la Ciudad de México, duranle
una época precisa -de la década de
los treinta a la de los setenta- de la
cual nos entrega un registro camhiante y múltiple, plagado de recuer•
dos, indicios y manifestaciones de
vida plena, tanto en su intensidad
como en su desdicha.
Al mismo tiempo, si el desamparo es la condición profunda de graa
pare de sus personajes, su foco de
atención suele centrarse en el llamado medio pelo urbano: no le interosan las clases pudientes ni los triunfadores, sino la inmensa mayoría de
empleados y dependientas que sobreviven al asedio de la escasez, la
desolación y la aureola del fracaso
(como sucede en «El retrato muer·

to»), con los tacones de los zapatos
«destruidos», la ropa maltrecha y
«caspa en la solapa» del saco («El
retrato inútil»).
La pérdida y el desarraigo son
constantes en la diversidad de su
paisaje humano. Pero si la ciudad es
el espacio colectivo que propicia y
desvanece los encuentros, también
es cierto que todo se conjuga bajo el
principio exacto del azar y la casualidad: en otras palabras, todo parece
fortuito, abierto a soluciones inesperadas. En las calles nerviosas resuena el estruendo y el ajetreo de las
bocinas, los autobuses, los tranvías:
una vez más, como quiso Buñuel, la
ilusión viaja en tranvía.

En el cuento «Plácido sin reloj»
el tiempo marcha en sentido inverso:
transcurre del presente hacia el pasado (un recurso que comparte con el
Carpentier de Guerra del tiempo).
Una mañana, el personaje se dirige
al trabajo cotidiano, pero en vez de
ello encuentra un mundo transformado en un ámbito desconocido, donde
la realidad se trastoca, se transfigura,
pues «un día como cualquier otro»
guarda siempre una promesa de lo
desconocido. Lo cotidiano adquiere
un aire de extrañamiento, una carta
de naturalidad para lo insólito que
detennina al fin una cancelación de
la costumbre. «¿Qué será todo esto?», se pregunta a propósito el per-

sonaje de «Plácido sin reloj» desde
la soledad de una taberna.

no común de la hostilidad y la amargura.

Si recorrer la ciudad es conocerla, la fórmula ideal es visitar sus recovecos, descubrir sus secretos y extravagancias, y desde luego sus personajes, sus olores, sus sabores. La
errancia es la llave del hallazgo, el
territorio propicio de lo imposible,
de la revelación. De modo que el
aparente realismo de la narrativa de
Alvarado suele verse invadido o matizado por una densa irrealidad, con
un manto de extrañeza en sus atmósforas nocturnas que hace del orden
cotidiano una maraña de interrogaciones, puntos de fuga y situaciones
impensadas, «en los minutos -como
escribe Alvarado en «La taberna de
los músicos ciegos»- en que nada
parece oírse y todo semeja haberse
detenido.»

Pero de pronto el escenario cambia y en el Ágora ateniense de «Los
dioses tristes» -único relato de este
libro que se remonta del medio siglo
mexicano a la antigüedad griega-,
ante el prospecto de destruir el mundo porque todo ha sido ya inventado
y por lo tanto no hay futuro, Aristón
proclama, en un ejemplo de la sutileza y calidad del estilo de Alvarado
(cuya resonancia bien puede aleanzar a los ultras de la actual huelga
universitaria):

*

El retrato es un motivo recurrente en
los cuentos de José Alvarado. Puede
ser obviamente un fetiche, un amuleto para compensar la adversidad, una
salida imaginaria a la crueldad de
cada día, hasta erigirse en un símbolo casi sagrado. En el caso de «El retrato inútil» predomina el hartazgo
de una pareja ligada por la memoria
de un hijo muerto y su retrato, único
lazo que une a los padres en el desti-

Es fácil conseguir columnas abatidas
y teoremas rotos, estrofas aniquiladas y derrumbe de pórticos; árboles
asesinados y esculturas mancas; el
incendio de imágenes y textos; el secuestro de la verdad y la abolición de
la belleza. Es fácil entregarse al desastre y dejar el caos sobre los jardines arrasados. Pero cuando haya terminado la faena inicua, nosotros
también estaremos destruidos y seremos una especie mutilada, incapaz
de comenzar de nuevo.
El espejo es otro de sus motivos
preferidos. El más singular en su ficción («Memorias de un espejo») resulta ser un personaje -más que un
objeto-, dotado de memoria y, por lo
tanto, de sentido del tiempo. No es
el espejo a la manera de Lewis Ca63

�ALVARADO Y EL TIEMPO:
PERSPICACIAS LITERARIAS

Hugo Padilla
rroll -como la puerta que conduce
hacia una realidad alterna- sino como una consciencia, es decir, un objeto devenido en sujeto, investido de
cualidades humanas: de hecho, la
narración es el monólogo de un espejo que hace el recuento de sus
años, de su existencia errante, de un
dueño a otro, de una familia a otra,
itinerario que lo dota de una experiencia, una memoria, al permitirle
«ver gente y saber de novedades».

*
A manera de balance provisional, tenemos la crónica de la incipiente
modernidad urbana luego de la revolución, con sus novedades y desdichas, más las calles de la noche con
sus tugurios y mariposas más o menos tristes. Hallamos siempre un
trasfondo de vida misteriosa, reconocible y a la vez imprevisible, en la
rotunda calidad humana de sus personajes, inscritos en un medio a la
vez amargo y cálido, dificil y entrañable, ante el cual no hay opción
pues se caracteriza, a fin de cuentas,
por el signo de la fatalidad: el único
destino en verdad compartido, una
fatalidad que es condición universal
-o la certeza de vivir, como sucede
con Eusebio, el personaje de «El retrato inútil», una vida «desbaratada»
en donde el odio es también una forma de «amor triste».

'•

64

En Alvarado encontramos a un
prosista que es heredero directo de
Manuel Gutiérrez Nájera -por la calidez, la gracia, el gran estilo, en fin,
que ambos desarrollaron en infinidad de artículos. Pero también es un
temperamento afín a las reivindicaciones que desde el siglo XIX enarbolaron escritores liberales como Riva Palacio o Zarco, aunque - a diferencia de éstos- Alvarado no combinó el periodismo con la acción política. La acción política y la tribuna,
como lo dijo en su momento, se integraron a su periodismo -al lado de
las causas populares-, así como su
vocación de escritor perfiló sus narraciones y ensayos literarios.
Hacia el final de siglo, el suyo es
además un tono, un escenario de
época donde reúne los signos vitales
de un mundo que su escritura ha rescatado con talento y generosidad.
Genio y figura, José Alvarado nos
regala, por último, su ejemplo del arte de vivir - disciplina en la que también fue un gran maestro- y «una
lección viva, viviente» -en palabras
de Alejandro Gómez Arias- : «Escribir con diamantes. Actuar como diamante. Nada menos».

..
l

Promediaba la década de los sos.
cuando un grupo de amigos conocimos a José Alvarado en Monterrey.
Éramos entusiastas lectores de sus
artículos periodísticos; pero esa vez
lo vimos al término de una obra de
teatro en el Aula Magna y nos le
apersonamos. Creo que fue Homero
Garza quien le preguntó: «¿es usted
José Alvarado?» Sonrió y dijo simplemente «sí». Lo invitamos a tomar
un café y él aceptó. Cuando íbamos
cruzando la plaza del Colegio Civil,
nos preguntó: «¿no prefieren mejor
una cerveza?» Le contestarnos que
por supuesto preferíamos eso. Nos
dirigimos, entonces, hacia el Fornos,
que estaba por la calle Zaragoza, enfrente del cine Rex. Ni el Rex ni el
Fornos existen ahora: se los llevó la
macroplaza. Nos instalamos en el dichoso Fornos, y se nos pasó la noche hablando de muchos temas,
principalmente de literatura. Dedicamos varias horas a comentar En busca del tiempo perdido, de Proust,
que entonces nosotros acabábamos
de leer y que Alvarado recordaba
con portentosa claridad. No oímos
cantar a los gallos porque cerca no
había ninguno; pero sí oímos pasar
los camiones que, en el Monterrey de
ese tiempo - no sé ahora-, empezaban
a circular un poco antes de las cinco
de la mañana.
Es una gozosa coincidencia que
en aquella vieja plática nos hayamos

ocupado del tiempo perdido proustiano, y ahora nos reúna este Tiempo
guardado. En estas narraciones de
Alvarado hay huellas del tiempo,
pistas que permiten ubicar los relatos, y una obsesión por el tiempo en
sus tres formas posibles: la pasada,
la futura y la de un presente que a
veces se le quedaba congelado en los
retratos.
Tan pronto como se abre el libro,
las acotaciones temporales salen al
paso del lector. Juan Manuel Elizondo nos advierte: «Todos los cuentos
de José Alvarado fueron escritos antes de 1950». Quizá un lector, guiado
por esta advertencia y empapado por
la curiosidad, se vea tentado a buscar datos que permitan ubicar las narraciones en una fecha posterior; no
va a encontrarlos: todo confirma el
aserto de Juan Manuel. Las referencias muestran un tiempo siempre anterior a los años 50s. No sólo se trata
de algunas alusiones a los días de la
revolución, sino otras menciones
más, ninguna de ellas ubicable en
años posteriores a la fecha citada.
Hay una excepción: un relato en
donde Alvarado inventa un tiempo
futuro que, curiosamente y por carambola, remite a los años de la vieja Grecia.
El cuento que ahora se recoge
con el nombre de «El retrato de Lupe» -cuya versión definitiva y varios

borradores son eruditamente comentados por el editor, José Guadalupe
Martínez- contiene esta referencia:
«aquella gringa sucia y vieja» que
intervino en el tejido final y sombrío
de la vida de Lupe, «era la madre de
un tal míster-no-sé-cuántos gerente
de la Soconusco Petroleum Company». Esto permite colocar la narración con anterioridad a la expropiación del petróleo. Si este dato es significativo y remite a un contexto
real, entonces es dubitable, aunque
no imposible, que esta Lupe pueda
ser la que el editor supone como conocida también por Carlos Fuentes.
¿Se tratará de dos Lupes distintas y un
solo relato verdadero? No hay que
olvidar que las Lupes en el país destacan por su abundancia y variedad.
Hay algo que más importa para
el manejo del tiempo en este cuento.
Un retrato, siempre en presente, finca las coordenadas desde donde se
describe, hasta su decadencia, la trayectoria de la vida de Lupe: «es un
retrato a colores, de aquellos que hace años quién sabe cómo hacían en
algunas fotografías». Además de su
función de atalaya fija, de témpano
del tiempo, el retrato con la técnica
de acuarela para darle color, reconfüma la ubicación temporal del
cuento: con seguridad antes de los
años 50s. El retrato remite a una Lupe adolescente en el acto de morder
un durazno. Petrifica el instante en
65

�que Lupe fingió una leve sonrisa y
aparentó morder un durazno. Cuando el narrador la conoció, Lupe «ya
no mordía duraznos con aquella sonrisa». Fue mucho tiempo después de
que el narrador conociera a Lupe
que ésta, en un declive último, llegó
a una condición miserable: «pero si
viera usted qué bello retrato el que
Lupe conserva el fondo de su baúl»,
dice Alvarado ya casi para cerrar el
relato. El tiempo joven y bello, detenido en la fotografia, pennite describir, por contraste, lo sórdido y lo sucio: la decadencia de una vida que
sólo fue pringada por salpicaduras,
muy pequeñas, de gozo o de alegría.
No será la única ocasión en que Alvarado utilice el recurso de los retratos como un ojo de cerradura para
espiar la vida de sus personajes.
Una de las ficciones más atadas
al tiempo es, desde su propio título,
«Plácido sin reloj». El actor sale de
su casa a las 7 55; a más tardar ha de
llegar a su trabajo a las 810, hora límite para marcar su tarjeta de entrada. Muchos de los pasajeros son habituales en el camión que pasa a esa
hora. En esta ocasión, Plácido no reconoce a ninguno. Tres muchachas
desconocidas van hablando &lt;&lt;en voz
alta de bailes o de sombreros». Estas
muchachas son sin duda del tiempo
en que tenía impacto el lema radiofónico de la sombrerería Tardán: «de
Sonora a Yucatán, se usan sombre-

ros Tardán». Porque después de los
50s. fue imperando el «sin sombrerismo», y actualmente sólo en las
áreas rurales, los mariachis, La tigresa, las damas de las bodas, Vicente
Fox, y alguno que otro excéntrico o
trasnochado usan ese adminículo.
Aquellos eran otros tiempos: ¡se hacían quince minutos de la casa al trabajo! El camión se detiene porque la
calle está congestionada de coches,
pero un pasajero gordo no se preocupa por el tiempo. «Seguramente es
jefe de alguna parte(...) lleva un hermoso reloj de pulsera(...) un reloj de
novecientos pesos», dice el narrador.
Después de los 50s., los jefes sólo
usan Rolex que jamás han costado
novecientos pesos- , siguen sin preocuparse por el tiempo y nunca viajan
en camiones. «Ahora sube una hermosa rubia de blusa azul( ... ) Plácido
se distrae con el lindo, suave cabello
de la rubia y no advierte que el camión vuelve a detenerse». Después
sí advierte que la rubia tiene «unos
ojos claros y limpios de color indefinible»; más tarde reflexiona: «se veria bonita er el jardín con su blusa
azul y sus ojos claros». Esta rubia de
OJOS claros, ¿no será el gennen de lo
que, posterionnente, en los ensayos
y en las notas periodísticas de Alvarado, será la rubia que tiene los ojos
velardianos de sulfato de cobre o no
será una Esperanza Hope aún desdibujada'? Hemos dicho con respecto a
Plácido: «después advierte» o «más

tarde reflexiona». No es cierto: no
hay «después» ni «más tarde» para
Plácido. Su tiempo ha empezado a
caminar al revés. En lugar de llega
a tiempo a su trabajo, los relojes lo
conducen a una noche anterior. Quizá no a la noche perfecta de su aljaba, como &lt;liria Gorostiza, sino a una
noche rutinaria y sabida del cenbO
de la ciudad de México, en donde
los gendannes, tal vez acosados pCI'
las moscas como en las caricatura
de Quezada, se dedican a beber
aguardiente. El tiempo de Plácido
camina para atrás, ¿hasta dónde
gará? La respuesta a esta pregunta la
dejó Alvarado en estado borroso. De
todos modos, «qué hennoso debe ser
corregir el pasado». Y tennina el rolato diciendo, después «como en las
historias comenzó a llover». ¿~
pués? ¿No será antes?

l•

En «La taberna de los ciegos»,
ficción alucinante a la manera de IOI
relatos esperpénticos, hay mucho de
nostalgia y de recuerdo. Los escenarios remiten al antiguo centro de la
ciudad de México: paredes rojizas.
añejos muros de tezontle. En la taberna sólo los dos cantineros, el dependiente y el narrador, tienen 101
ojos sanos. Los demás parroquianOI
son músicos ciegos y defonnes que
ocasionalmente ejecutan un vals.
Cuando hacen esto, el narrador dice:
«aquello era aceite para la llama ck
mi nostalgia». Uno de los ciegos k

platica a otro de un individuo que
poseía unos anteojos prodigiosos:
«con ellos podía verse la duración de
la vicia». Cuando este individuo se
ponía los anteojos «lograba saber
cuántos años, cuántos meses o cuántos días tenía la vida de un hombre».
También había adquirido una costumbre pervertida: «prefería amar a
las mozas con las horas contadas».
La atmósfera increíble de este cuento se evidencia al percatamos de que
los ciegos hablan de anteojos y que
éstos penniten ver (no conocer) el
tiempo hacia adelante. Hay que imaginarlo: ¡los ciegos hablando de anteojos temporales!
Nada hay peor para un insomne
que el tic tac de los relojes. Este tic
tac puede servir también como patrón para medir el tiempo real en un
relato, mientras que el narrador se
solaza en repasar historias. Es el caso de «El acta de defunción». Sobre
una mesa rinconera, un «reloj de buró marca las once y cuarto y desprende ese discreto tic tac que sólo
percibimos en la oscuridad de una
noche de insomnio», escribe Alvarado. Así empieza la historia de don
Federico, un hombre «terriblemente
feo». Este personaje, fabricante de
minúsculos animales de vidrio, es
despreciado por todos y «en su juventud tuvo un amor que le duró poco». Pero don Federico pensó que la
mujer huida «daría a luz un fruto su-

yo» y que seria una niña con pelo
negro, cara blanca y ojos oscuros.
Cuando el reloj de buró marca las
once y cuarto, comienza el velorio
de la hija que recuperó tardíamente
don Federico. «Mire usted que encontrar a su muchacha a última hora», comenta la portera a una vecina.
El tiempo real que fluye del reloj no
impide que la imaginación del narrador vuele sobre otros tiempos: el del
pasado de don Federico, el de la vida
de otros habitantes de la vecindad y
su atmósfera de tugurio, el del taller
en donde las habilidades se despliegan para hacer, con vidrio y soplete,
«esbeltas jirafas azules» o «caballitos morados con ojos de sirena». Y
cuando el reloj de buró señala las
ocho y treinta y cinco del día siguiente, después de una noche de
vela, el mundo de don Federico se
derrumba: el agente de la funeraria
se niega a proseguir con los rituales
del sepelio y pregunta airado: «a
quién se le ocurre hacer el sepelio de
una figura de cera?». Sí, a quién se
le ocurre, aunque la figura sea la de
una linda mcchacha con pelo negro,
cara blanca y ojos oscuros.
Hubo una vez un retrato que se
llamó Juanita y, «algunas veces, con
cierta ternura» sólo se llamó Juana.
Era un retrato «inmóvil y sepia», dice Alvarado. ¿Cuándo dejaron de
hacerse los retratos de color café
desvanecido en México? Mucho an-

tes de los 50s. Por ahí corrió el tiempo en que se gestaron las vicisitudes
y la muerte de Juanita. Y otra vez
los sombreros, como en el cuento
«Plácido sin reloj», ayudan a ubicar
el relato en años anteriores al «sin
sombrerismo»: Hortensia, la media
hennana de Juanita, en cierto momento de su vida se dedicó a diseñar
sombreros, oficio poco probable
después de la mitad del siglo. Quien
llama Juanita al retrato es Hipólito,
su novio. Cinco años después de la
desdichada muerte de Juanita, Hipólito, a las cuatro y media de la tarde,
rompe el retrato: «todavía quedó entre sus dedos un pedazo con un ojo
de Juanita, un ojo sepia con un fragmento de ceja encima», escribió Alvarado. Como en «El retrato de Lupe», aquí también una foto «inmóvil», en un presente perpetuo, es testigo de las mudanzas y las calamidades de la gente.
Así como hay retratos muertos,
también hay retratos inútiles. En la
narración «El retrato inútil», las fotos cumplen años: «el pequeño Eusebio cumplió siete años y su retrato
uno», dice Alvarado. Pasa el tiempo
mientras un extraño aborrecimiento
anida en los padres de Eusebio. Este
paso del tiempo lo señala Alvarado
con los años que cumplen Eusebio y
su retrato, dice: «hace once años ya
que nació el pequeño Eusebio y su
retrato cumple exactamente cinco».
67

�EPITAFIO DEL SEDIENTO

Daniel Gutiérrez Pedreiro
Y tennina: «El pequeño Eusebio
murió hace un año y cuatro meses,
nació condenado». Dos obsesiones de
Alvarado: el tiempo y los retratos.
Ya sólo me referiré a «Los dioses tristes», cuento dedicado, posterionnente a su escritura, a la memoria de Rodol fo Dorantes, El negro
para sus amigos de entonces. Este
relato es contrapunto temporal y
exacto del llamado «Plácido sin reloj». En el último, la flecha del tiempo apunta hacia atrás; en éste apunta
hacia adelante. Examio de Mileto
«camina por el tiempo y la distancia
y llega a una ciudad desconocida y
futura&gt;). ¡,Qué hay en ese futuro? Alvarado lo piensa como un futuro perfecto «en donde ha sido pensado todo pensamiento». En un sitio en
donde todo ha sido hecho y pensado,
lo único nuevo puede ser la inconfonn idad. El relato de Alvarado es
una alegoría de la inconfonnidad y
de sus eternos contrincantes: la incomprensión, el odio, el ataque y la
infamia. Al leer la nairnción deben
acudir a la mente del lector, al menos: la injusticia con Sócrates, la heroica muerte de Giodamo Bruno, el
acoso al viejo Galileo, las amenazas
a un Kant casi desvencijado, y los
perros puritanos y reaccionarios que
le ladraron a Bertrand Russell en el
Nueva York de los sos. ¿,Y no podrá
ser también una visión anticipativa
del propin Alvarado cuando fue ob-

,. ....,

68

jeto de la infamación y el odio en el
Monterrey de los 60s.?
Tenninamos: este nuevo Tiempo
guardado, no es como el de Proust. .
Es tiempo ganado y recobrado.

LA MORDIDA DEL CAMALEÓN
A Silvia Patricia Plata Orduño

En el exilio de tu cuerpo
mi sangre es un agónico pájaro azul,
un río de soles que decapitados derrama su luz sobre la Tierra,
· una oscura barca naufragada en la herida,
en la profunda herida que una ígnea espada abrió sobre mis ojos.
En la carne desgarrada siento
la fría mordida de un lagarto,
la sangre que florece mi suicidio,
la quebrada mirada de un disparo,
la quemante mariposa de esta muerte
que boga silenciosa entre mis huesos .

ODA AL SILENCIO

Brilla en la noche
como un puñal
el ojo amarillo de un segundo.
Sobre la ardiente soledad del hielo
un sol de sangre
abre su corola de ojos
buscando la luz de un cometa.
En la garganta sideral de un abecedario
crecen amarillas amapolas de sangre.
Un pájaro y una espada.
Un árbol de ojos.
Una mariposa de luz en la garganta de un reloj.
69

�LA CULTURA POPULAR COMO MEDIO
IDEOLÓGICO EN LA TELENOVELA
MIRADA DE MUJER
En contraste, tenemos la reacción optimista del integrado. Dado que la televisión, los periódicos, la radio, el cine, las historias, la novela popular y el Reader's Digest pone hoy en
día los bienes culturales a disposición de todos( ..) estamos vivie11do una época de ampliació11 del campo cultural, en que se realiza finalmente a 1111 nivel extenso, con el concurso de
los mejores. la circulación de 1111 arte y una cultura popular.
Umberto Eco, 28

Juan Antonio Serna
Un caballo de fuego navegando la cresta de una estrella.
Una barca con cabeza de ángel.
Una estrella azul en un vaso.
Y el silencio sereno en la noche
acaricia los ojos de un huérfano piano.

EPITAFIO DEL SEDIENTO
Amarillo potro del cuerpo:
navaja que me desgarra la garganta:
ferrocarril de afilados ojos
arrastrando la sangre y los planetas.
El aliento me quema,
soy el ángel azul de la mirada triste,
el solitario desollado que ha soñado ser eterno,
el agotado circulo de sangre en la palabra muerto.

70

La cultura popular, la cultura ligera
y la cultura de masas son términos

que de una u otra forma tienden a
generar polémica. Asimismo representa la idiosincrasia de cierta clase
social y su grado de «integración» a
la sociedad. Philip Swanson en The
New Novel in latin America: Politics and Popular Culture after the
Boom explica que la inmersión de la
cultura popular y la cultura de masas
en la nueva narrativa latinoamericana presenta una disyuntiva. Es decir,
que por un lado, en el nivel literario
enriquece y amplía la venta de los
textos; mientras que, en el nivel
ideológico abre una fisura inmensa
que conduce al texto a un colapso
artístico.
Por su parte, Eric Greene en Planet of the Apes as American Myth:
Race, Po/itics, and Popular Culture,
menciona que en los últimos años ha
surgido un gran interés en cuanto a la
relación entre la cultura popular y
la sociedad, y analiza cómo la cultura
popular tiene una gran influencia en la
sociedad anglosajona. Además Greene en su estudio incluye ciertos programas americanos de televisión y
se pregunta lo siguiente: &lt;&lt;what it is
about the relationship between popular culture and other parts of our national life that gives a television
show or movie enough significance
to be considered 'controversia!'»
(XIII). Por lo tanto, no se puede negar

la influencia ideológica positiva y/o
negativa de la cultura popular dentro
de la literatura, la sociedad y la cultura en general. Ambos autores resaltan el valor de dicha cultura y el
interés que ésta ha generado en las
últimas décadas. Así que un ejemplo
de cultura popular «controversia(»
dentro de la televisión mexicana es
la polémica y exitosa telenovela mexicana Mirada de mujer. Por ello, el
objetivo de este ensayo es analizar
principalmente el texto de Mirada y
la ideología que éste conlleva. La
ideología de Mirada se percibe en
dos planos: el discurso femenino
maduro (representado por Maria
Inés y Paulina) y el discurso del desafio al monopolio telenovelero en
México y Latinoamérica (Televisa).
El concepto de cultura popular
en este ensayo se basa en la definición que maneja Mario Margu!is.
Para Margulis, la cultura popular auténtica consiste en el sistema de respuestas solidarias fabricadas por los
grupos oprimidos, frente a las necesidades de liberación. Además según
el autor, la cultura popular se muestra reacia a la ideología del sistema y
tiene como finalidad guiar a la toma
de conciencia. Asimismo cuenta con
un potencial desideologizante (44-46).
Así que aplicando la definición de
Margulis a la telenovela, se puede
decir entonces que tanto TV Azteca
como Mirada intentan crear una

conciencia colectiva distinta, fresca
y desafiante con respecto al tema, a
la técnica, al trabajo actoral, y particulannente a la toma de conciencia
del teleauditorio para desideologizarlo de las telenovelas típicas de
Televisa.

Mirada de mujer escrita por Bernardo Romero y Mónica Agudelo,
producida por Argos y Epigmenio
!barra, narra la historia de una mujer
- María Inés- madre de familia, ama
de casa, y su crisis existencial al llegar a los cincuenta años de edad.
Además presenta a una familia católica burguesa de clase alta de la ciudad de México. A través de la familia Santillán, sus parientes y sus amigos, Mirada retrata sus problemas y
sus conflictos cotidianos, tales como
la abuela autoritaria, las dependencias, la inseguridad, la brecha generacional, la falta de comunicación,
la lucha de géneros, el sida, el machismo, el supuesto ocaso femenino,
el aborto, el cáncer, el amor otoñal,
la violación, el divorcio, el rol de la
mujer, la educación femenina, el discurso político, la doble moral, la corrupción, el abuso doméstico, el discurso del deber, el discurso de la
edad, el acoso sexual, el amor y la
ruptura femenina del statu quo en la
década de los noventa. En suma, Mirada a través de sus personajes plasma la ideología representativa de la
clase en el poder cuya transición le
71

�conduce a aceptar las transformaciones de los valores, del discurso femenino, de la religión católica, de la
ética, de la familia, de la clase, de la
idiosincrasia nacional y en sí el de
todo un sistema moral e ideológico
obsoleto que ha dejado de funcionar
y de regir los parámetros dentro de
la sociedad mexicana.
El primer plano se obseiva mediante el discurso femenino maduro
personificado por dos conspiradoras
(ténnino de Jean Franco): María
Inés y Paulina. Ambas desafian a los
discursos matriarcal y patriarcal
(personificados por MamáElena e
Ignacio San Millán) al llevar a cabo
actos prohibidos por la sociedad. En
el caso de María Inés su «pecado)}
radica en enamorarse de un hombre
17 años menor que ella (Alejandro
Salas), mientras que en el caso de
Paulina estriba en «satisfacer plenamente sus necesidades sexuales)} y
en proclamar su independencia absoluta. Jean Franco en Las conspiradoras sostiene que «Las conspiradoras
es la lucha de la mujer por el poder
de interpretarn {11 ). De ahí que la lucha de María Inés y Paulina en Mirada representa ese deseo de poder
interpretar no sólo su posición frente
al discurso patriarcal sino además el
interpretarse a sí mismas como mujeres y como individuos.

La ideología de María Inés se
percibe en la novela mediante el discurso de la edad, el amor, la sexualidad y el ser mujer. Es interesante
enfatizar que el discurso de la edad
abre el texto y presenta a una mujer
a punto de iniciar una crisis existencial al llegar al medio siglo de vida.
Esto se obseiva así: «Cincuenta
años ... experimentó una tristeza muy
dulce... Finalmente logró lo que deseaba: se convirtió en una esposa
impecable, una madre ejemplar, una
hija cumplida, una amiga incondicional y una excelente anfitriona»
(9). Desde el inicio el lector descodifica el rol de Maria Inés (esposa,
madre, hija, amiga y anfitriona), la
educación femenina y el caos interno. Si bien ella alcanza las metas impuestas por la sociedad patriarcal,
por otra parte, el peso de la edad y la
dulce tristeza que vive la tornan vulnerable e incomprendida ante los
ojos de su marido y de sus hijos. El
despertar de ese cumpleaños «fatal»
la obliga a enfrentar una realidad
que creía distante, ya que a partir de
esa fecha la vida de María Inés sufrirá cambios drásticos. Dichos cambios empiezan cuando Ignacio su
marido, decide abandonarla por una
mujer joven y exitosa. Precisamente
a partir del abandono Maria Inés se
cuestiona y se atormenta al pensar
que fue ella la que falló al terminar
su matrimonio de 30 años. Conviene
subrayar que el sentimiento de culpa

que Maria Inés experimenta es producto de una educación que le ha inculcado que si el matrimonio fracasa
es por la falla que las mujeres han
cometido y esto se lo hace saber su
madre MamáElena quien es el personaje femenino cuya labor consiste
en preseivar tanto el matriarcado como el patriarcado en la sociedad mexicana.

vez más la voz masculina se encarga
de recordarle a la voz femenina que
los deseos sexuales no van ad hoc a
su edad. Sin embargo, la connotación que Ignacio le otorga a la edad
constituye una mera excusa, porque
él anhela empezar una nueva vida al
lado de otra mujer más joven que le
haga vibrar y que le reconstruya su
sexualidad adormilada frente al
cuerpo de su esposa.

Si la edad la desencanta, la sexualidad tiene a María Inés en un estado de forzada cuaresma y/o abstinencia. Ya que su marido le recuerda y le marca que ella por sus SO
años no debe pensar en el placer
sexual. Esto se percibe en la siguiente cita: «I: Mira Maria, ya no somos
unos jovencitos ni estamos recién
casados como para andar discutiendo eso ... María: Entonces el sexo es
exclusivo de la gente joven y de los
recién casados. ¿Es eso?» (31). Ignacio cumple una función temporal
con respecto a la edad y se da a la tarea de controlar la sexualidad de su
esposa. Por consecuencia, es él
quien toma la decisión de cómo y
cuándo se deben satisfacer las necesidades sexuales de la voz femenina.
Así que Maria al verse rechazada y
sentirse marchita cuestiona los deseos de Ignacio. Esto se obseiva ast
«I: Maria Inés ¡no me digas que a t1I
edad aún sientes deseos! María: ¡Pero por supuesto que sí! ¿Qué tú ya
no sientes nada, Ignacio?» (32). Una

A pesar de su medio siglo de vida, María logra encontrar el amor de
un hombre joven quien a diferencia
de Ignacio no le molesta «la edad» y
por el contrario sabe cómo despertar
en ella la necesidad de amar nuevamente Y los deseos eróticos. El amor
renace en María Inés con Alejandro.
ESto se nota en la novela así: &lt;&lt;Alejandro: [... ] Ah, Y mi memoria no se
la debo a mi edad, sino al respeto
~ue me inspiras Y no por la edad que
llenes, sino por el profundo amor
q.ue has despertado en mí» (259). Mana: Inés consciente del amor y el
respeto que Alejandro siente por
ella, se deja guiar hacia algo totalmente desconocido para ella. Ade~ás ~ebido a su previa y mala expenencia matrimonial con Ignacio ya
se había olvidado de los detalles del
e_namorado Y de la confusión al senllr el sentimiento de la identidad
tra~tocada. Esto se obseiva en el siguiente ejemplo: «Maria: Que no
soy joven para ti ... Antes de cono-

cert~ sabía quién era yo ... Ahora vivo pendiente del teléfono. A cada
momento quiero saber de ti, me angustia pensa1 que algún día no me
vuelvas a llamar» (261 ). Aunque María se sabe feliz y deseada, aún así
experimenta el miedo y la incertidumbre del enamorado que se angustia ante el poivenir cuando existen barreras socio-ideológicas que
pueden matar ese amor. Por otro lado, las necesidades sexuales que
María tenía/tiene son plenamente satisfechas cuando ella decide entregar
su cuerpo a Alejandro. Ello se nota
en el siguiente ejemplo: «María:
Paulina, Alejandro y yo ... Paulina:
¿Qué...ya? ... María: Sí, anoche» (26768). Ahora sí, María ha logrado desconstruir su sexualidad, su vida, su
amor, su autoestima y sobre todo su
deseo de ser mujer ante los ojos del
otro.
Ahora bien, a María Inés el redescubrimiento de ser mujer Je viene
con la separación matrimonial. Tal
hecho le permite encontrarse consigo misma Y después de una serie de
metamorfosis ella logra darse cuenta
de que realmente no se requiere al
otro para sentirse mujer. Una vez
q~e ella asimila su ruptura con Ignac10 se da a la tarea de encontrar su
propia voz, su identidad, su espacio,
su soledad y su independencia. Ella
le explica a Daniela su rival de la siguiente manera:

D: No debe ser fácil quedarse de un
momento a otro sola, después de tanto tiempo, y con tres hijos, y además
sabiendo que la razón de su vida se
fue a buscar otra oportunidad.
María: Eso es lo que hace que nos
demos cuenta de que hay otra persona más importante que ellos: nosotras mismas, y que la vida no tennina
cuando el marido se va ... (331)

O sea, que María Inés acepta la
n.ueva etapa de su vida y ya no expenmenta esa angustia de sentirse sola
Y sin marido. Más bien, es ella quien
toma las riendas de su sino, de su familia Y de su noviazgo con Alejandro. Después de un tiempo, la relación entre María Inés y Alejandro
vuelve a la normalidad (después de
una serie de conflictos y rechazos
por parte de la familia de Maria) y
cuando ya están en vísperas de ir al
altar, ella repentinamente cambia de
opinión al respecto. María Inés decide terminar su relación con Alejandro P?r razones personales y porque
ella siente que él tiene un futuro prometedor en el extranjero (Italia); no
anhela atarlo a ella sino que por el
contrario le promete amarlo y devolverle la libertad y la independencia
que ella ha adquirido durante su relación con él. Ella se lo explica así:
María: Te parece que un barco nuevo, recién pintado y listo para hacer-

�...
se a la mar ¿merece que le pongan
un ancla que lo amarre'! Navega,
Alejandro, sin anclas que te impidan
descubrir todos los mares. Te lo mereces. A mí me queda mucho por
descubrir de aquí en adelante. Lo
primero, si soy capaz de sobrevivir...
descubrir quién soy yo misma (458).

Es decir, que María gracias al
otro (Ignacio/Alejandro) ha aprendido y se ha visto en la necesidad de
estar sola, con ella misma para desconstruir su identidad y probar si
realmente ella puede sobrevivir sin
miedos ni fantasmas del pasado
frente a la vida. De ahí que el discurso ideológico de María Inés no consista solamente en haberse enamorado de un joven, sino en haber aceptado el reto que las implicaciones Y
las consecuencias que dicho hecho
representan en sí ante una sociedad
opresora. La lucha de María como
conspiradora va más allá de una simple lucha de géneros con Ignacio o
Daniela, de una lucha en contra de
su familia (especialmente con su
madre y su hijas Mónica y Adriana)
y con la sociedad en general; más
bien su lucha consiste en interpretarse y reinterpretarse a sí misma primero frente· al otro y posteriormente
frente a sí misma. Franco explica
que las novelas semanales tenían un
fin didáctico, ofreciendo una moraleja cuyo objetivo consistía en la
propagación de unas relaciones hu-

manas más modernas, ad hoc con la
incorporación de las mujeres a la
fuerza del trabajo (Las conspiradoras, 223). Mirada como parte de la
cultura popular presenta el personaje
de María Inés quien también encierra un fin didáctico y una moraleja
que consiste en defender los derechos de la colectividad femenina
madura y en la desconstrucción de la
incorporación de la voz femenina a
la fuerza del trabajo, ya que ella de
ser una mera ama de casa de primera
clase se convierte en una sorpresiva
mujer de negocios gracias a su invernadero. Asimismo el personaje
de María Inés logra traspasar las
fronteras de la televisión. Ello le permitió a la actriz Angélica Aragón,
ser la portadora de una ideología femenina que está consciente de su labor social como actriz y como mujer
en la vida socio-política-económica
de su país. De ahí que Aragón haya
tenido la oportunidad de participar
en foros sociales para extemar su
punto de vista con respecto al rol
tradicional de la mujer mexicana.
Ella argumenta lo siguiente: &lt;&lt;... mt
punto de vista va a ser tomado en
cuenta en situaciones íntimas, dramáticas, dolorosas. No soy terapeuta
ni psicóloga... el poder de las mujeres está en el hogar. Dentro de la casa, la mujer tiene el poder de decisión, es la que controla el dinero, la
que organiza los bienes... con los
hombres hay que ser muy inteligen-

tes y hay que sacarles la vuelta» (53)
Así que María Inés al desempolvar
los prejuicios en contra de las mujores maduras, recatadas, buenas madres, esposas, hijas, anfitrionas, reprimidas y de buenas costumbres
llega a romper todos los parámetros
que MamáElena e Ignacio como modios representativos del poder le habían asignado. Al mismo tiempo, al
rebelarse en contra de ellos Y al dosafiarlos, ella cuestiona a todo UD
sistema en donde las reglas del juego
son hechas por ellos mas no por
ellas. María Inés ha ayudado a crear
nuevos espacios femeninos no sólo
en la cultura popular -vía las telenovelas- sino también en los movimientos sociales en pro de los derechos de la mujer.
Paulina al igual que Maria Inés
también establece una lucha de géneros. Sin embargo, ella recurre a SI
cuerpo y a su sexualidad para d~
fiar al discurso patriarcal. Si al pnncipio para María Inés la edad re~
sentaba un obstáculo, para Pauhlll
en cambio era sinónimo de experieDcia y sabiduría. Ella ejerce control
sobre su vida y para ello utiliza d
culto al cuerpo y la belleza. Esto se
observa en el texto así: «... sin ~
Paulina parara de hablar sobre la ú&amp;
portancia de trabajar cada uno de l~
músculos de manera armónica Ysi
percibir que a Rosario le hacía I1111'
cha gracia su actitud tan profesioni

respecto al cuerpo» (73). La actitud
de Paulina encierra su preocupación
por mantener~e joven y atractiva
frente a sí misma y frente al otro.
También ella resalta la importancia
de ejercitar el c1.1erpo por el bienestar
de su salud física sin reparar para
ello en la edad.
Ahora bien, en cuanto a su sexualidad, Paulina siempre sorprende
a sus amigas Maria Inés y Rosario
con su lista de amantes y con su afán
de conquistar y seducir al sexo
opuesto. Para Paulina el ejercicio del
poder estriba en el sexo. Esto se percibe en el texto así: «Siempre había
sorprendido a Rosario la naturalidad
con la que Paulina hablaba de haberse llevado a la cama a Fulano o dejado de ver a Zutano» (33). O sea que
Paulina reinvierte los roles, ya que
es ella quien toma y deja a los hombres a su antojo. El discurso hegemónico pauliniano va muy ad hoc
con el análisis que sobre el poder de
la mujer presenta Ofelia Medina (actriz y activista social mexicana). Medina lo explica así: «.. .la fuerza femenina está en su sexo... Su fuerza
está alú, en el conocimiento y el poder que da el amor, el erotismo... Lo
que digo es que la fuerza de la vida,
la fuerza de Eros, está en la vagina
de las mujeres» (52). Así que Paulina
consciente de su fuerza y de su poder utiliza al hombre solamente para
satisfacer sus necesidades eróticas.

Ello se nota en el siguiente ejemplo:
«P: Ay no seas boba. ¿Quién puede
enamorarse de un cuerpo macizo y
un cerebro blando?» (20-21). Una vez
más Paulina no sólo ridiculiza a la
voz masculina, sino que además presenta la versión «bimbo masculino»,
buen cuerpo pero cero inteligencia.
Esto se compagina con el análisis
light de Paz Flores quien asevera así:
que en los noventa surge toda una
ideología de culto al cuerpo. Según
Paz dicha ideología funciona así:
«Por eso Yo Diet Coke y Body Cult
al máximo; el cuerpo ante todo, aeróbics, músculos ... » (24). O sea, que
a quien se parodia es a la voz masculina mediante el personaje de Marcos el instructor de aeróbics de Paulina que se preocupa más que nada
por preservar sus músculos mas no
su intelectualidad.
Si bien el desafio de María Inés
sorprende sobremanera tanto al lector/telespectador, el de Paulina representa un choque cultural, sexual,
ideológico, religioso y social. Asimismo ella parece ser la menos engañada o quizás la más consciente
con respecto al rol de la mujer mexicana. Ella lo externa de la siguiente
manera: «Nos engañaron, María
Inés. Nos enseñaron miles de detalles para ese sueño ... Yo desperté hace mucho, María Inés acaba de despertar y probablemente Rosario nunca lo haga...» (274). Paulina personi-

fica a la voz femenina cuya ideología radica primero en demostrar su
capacidad física e intelectual frente
al varón y segundo en concienciar a
la voz femenina colectiva con respecto a la libertad vía su cuerpo y a
su sexualidad.
A pesar de que el personaje de
Paulina es muy rico en muchos aspectos y si bien logra dignificar a la
mujer en cuanto al discurso de la libertad, sin embargo, el escritor y/o
director le otorga dos cualidades que
pudieran prestarse a representar una
dicotomía dentro de su ideología.
Paulina adquiere sida y su amante el
instructor de aeróbics la maltrata fisicamente Es decir, que ambos aspectos representan en una lectura literal una especie de castigo por burlarse del otro y una especie de vulnerabilidad. Pero en una lectura alegórica tal vez aquí radique el mensaje del autor/director y la función dialéctica de la cultura popular y su
moraleja. Germán Dehesa al llevar a
cabo un análisis de Paulina presenta
esta idea de la siguiente manera.
«Creo que Kipling tenía razón y que
la moraleja implícita en la enfermedad de Paulina, la mujer que con
mayor libertad se ha desempeñado a
lo largo de la trama, implica una moraleja que algo tiene de reaccionaria
y tramposa» (8). Se puede deducir
entonces que sí, que Paulina es reaccionaria porque a pesar de que ad75

�quiere el sida no se arrepiente de haber satisfecho plenamente su sexualidad y al mismo tiempo es tramposa
porque ella fallece de un ataque al
corazón y no por el virus. Pero principalmente es reaccionaria y tramposa porque Paulina al igual que Maria
lnés aprende a interpretarse a sí misma y por ende, su mensaje llega a la
colectividad femenina.
El segundo plano de la ideología
de Mirada lo personifica el discurso
del desafio al monopolio televisivo
en México y Latinoamérica: - Televisa-. Dicho desafio se debe a dos
razones. La primera porque el telespectador ya estaba hastiado de las típicas historias y su ideología manipulada en favor del partido oficial.
La segunda porque TV Azteca surge
como un discurso alternativo cuyo
reto consiste en retratar realidades e
idiosincrasias auténticamente mexicanas y en denunciar los problemas sociales, políticos, económicos, ideológicos e históricos que aquejan a la
sociedad mexicana de los noventa.
El monopolio inicia su ocaso a partir
de 1996, año en que TV Azteca introduce la tv novela Nada personal,
siendo la primera producción que
aborda el tema de la política, la corrupción y los asesinatos en el país.
En 1997 produce Al norte del cora=ón. cuya temática presenta los problemas del norte de México, los indocumentados y sus peripecias para
76

entrar al coloso del norte. También
aparece Demasiado cora=ón, cuyo
contenido comprende el mundo de
las drogas (Quiñones, 44). Sam Quiñones destaca la labor y el éxito de
las producciones de Televisión Azteca y el reto que esto significó para
Televisa. Según Quiñones: «Toe
energy Azteca threw into its productions was a kick in the pants ofTelevisa. The network began improving
production, hiring known actors and
movie directors, and allowing writers
like Villeli more liberty&gt;&gt;(44-45). Definitivamente TV Azteca logró desafiar a Televisa, no sólo por el contenido ideológico de sus producciones
sino también por la frescura e introducción de técnicas cinematográficas en sus telenovelas.
Es importante señalar que en la
actualidad las metamorfosis que
México ha vivido, han llevado al público y al pueblo a buscar otras alternativas telenoveleras. Dichas alternativas por el momento le son ofrecidas
al teleauditorio por una televisora
cuya labor ideológica presume de no
haber sido corrompida ni silenciada
por el partido oficial. Esto se compagina con el concepto de libertad de
expresión que maneja Flores. Para
ella: «La libertad de expresión deja
de serlo cuando se utiliza sólo un
método y una sola perspectiva para
presentar la realidad, porque estamos siendo absolutos y totalitarios.

La libertad de expresión implica una

visión plural de la realidad» (La cultura, 44). Así que el surgimiento de
TV Azteca y su postura disidente
muestran que México avanza hacia
un proceso de democratización y
que las puertas se han abierto hacia
nuevos espacios y puntos de vista
que ayudan a contemplar la realidad
desde diversos ángulos. Por ello, T~
levisa y el PRI han aceptado la distribución del poder pennitiendo que la
sociedad cuente con diferentes opciones y elija la que mejor se adapte
a sus creencias y a sus necesidades.
En conclusión, Mirada, como
producto de la cultura popular soberana y disidente logra envolver al teleauditorio «integrado» a través de
la ideología conspiradora femenina
madura. Si bien fue una novela controversia!, no se puede negar el reto
que representó tanto para la sociedad
en general como para el ex monopolio telenovelero (Televisa). Asimitmo mediante los personajes femeninos -Mamá Elena, Maria lnés, Paulina, Rosario, Adriana, Mónica, Dtniela, Consuelo, Marcela, Marina y
Felisa- se plantea todo un discurso
femenino ideológico mediante el que
se lleva a cabo una intepretación del
rol de la mujer mexicana en los noventa y el proceso dialéctico entre el
Eros y el Tánatos. Mirada en sí ropresenta a la novela atípica desde el
tema de la canción «Dime qué es lo

que está pasando», la protagonista,
el contenido, el trabajo actoral, el
humor, la parodia, el título y hasta la
moraleja didáctica que encierra. y
por consecuencia, todo ello logra como resultado que la voz masculina
se sensibilice y se concientice de que
el mundo Y la realidad mexicana
sean vistos con mirada de mujer.

Greene, Eric. Planet ofthe Apes as American Myths: Race, Politics, and Popular Culture. Londres: Wesleyan
University Press, 1998.
Margulis, Mario. «La cultura popular.»
En la cultura popular. Ed by Adolfo
Colombres. México, D.F.: Diálogo
Abierto, 1997: 41-65.
Quiñones, Sam. «Telenovelas: Sexy
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Georgia Southern University

Bibliografía
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D.F.: Editorial Nuestro Tiempo, 1985.
Agu_ilar, Gabriela. «Las 12 mujeres más
influyentes.» Milenio 46 (1998): 42-53.

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77

�LA GRAN FÁBULA

Jorge Kattán Zablah
Varios representantes de las diferentes especies aladas habían formado
en aquella oportunidad un círculo alrededor de la monstruosidad que
acababan de encontrar. El círculo incluía aves de toda índole: trepadoras,
rapaces, prensoras, zancudas y hasta
palmípedas y gallináceas. Estaban
atónitas y aterrorizadas, y lo demostraban con sus incesantes chirridos,
gorjeos, graznidos y parloteos. Todo
parecía indicar que la aberración que
contemplaban con sus incrédulos
ojos era -quisiéranlo o no- pariente
suyo. Y así tenía que ser, pues estaba
dotada de alas, como todas las aves
allí congregadas. Pero he aquí -desgracia de desgracias-, que el pájaro
de marras, o lo que fuese, exhibía
desvergonzadamente todas las partes
de su cuerpo sin hacer el menor esfuerzo por esconder las regiones más
pudendas, porque, la verdad sea dicha, no poseía ni siquiera una miserable pluma que le ayudase a esconder sus aborrecibles membranas.
Y en este punto las aves, alucinadas por aquella visión, empezaron a
hacer sus propias conjeturas sobre el
particular:
-No hay duda de que con este
pajarraco Dios nos está mandando
un mensaje cifrado -indicó temerosa
la sabia lechuza.

78

- No anda usted tan descaminada
con esa insinuación -señaló el cenzontle, al paso que con acusado nerviosismo se rascaba el pecho con
una pata. Y agregó: «Por su remoto
parecido con nosotras, cualquiera
podría aseverar que es hermana consanguínea nuestra o, por lo menos,
prima putativa.»
-No saben ustedes la profunda
pena que me da contemplar aquí, en
Cojontepeque, a este membranudo
pariente - terció muy conpungido el
talapo.
-Hermanas mías, estamos en
presencia de una Rara Avis -dijo tajantemente el quetzal, pájaro que por
sus legendarias virtudes y su colorido plumaje era muy respetado entre
los miembros de la comunidad alada. Y no conformándose con aquel
lacónico latinajo, prosiguió: «No es
la primera vez que Dios se equivoca.
Ahí tienen ustedes, por ejemplo, al
famoso ornitorrinco, animal que es
tres veces animal, pues tiene pico de
pato, cuerpo de nutria y cola de castor, y lo más desconcertante es que
pone huevos, como nosotras. ¿Y qué
me dicen de la cebra, que no es otra
cosa que un burro en pijamas? Y para qué hablar de la infortunada jirafa
que no parece sino un caballo visto a
través de los deformantes lentes de
la perversidad. Y podría agregar
también algunos de los generosos

ejemplos que consulta la muy verídica mitología universal, tales como el
Centauro, espantosa mezcla de hombre y de equino, o el mismo Pegaso,
indomable caballo alado a quien
Dios creó con la sangre derramada
por Medusa al ser decapitada p&lt;r
Perseo.» Y aquí alzó la voz: «En vista y considerando lo que de mi pico
han oído, este pobre adefesio que tenemos enfrente debe de ser ni más ni
menos que uno de los múltiples e~
res divinos que, aunque han sido cometidos con toda la buena intención
del mundo, no por eso dejan de
constituir una equivocación grosm
y de mal gusto.»
Tan conmovedoras resultaron
aquellas atinadas palabras del quet7.al
que de pronto se produjo una especie
de acuerdo tácito entre la concurrencia, en virtud del cual cada una de
las aves allí reunidas queria hacer algo para ennoblecer de alguna manera la triste e inverosímil figura del
implume animal. No se quedó nadi
sin expresar su opinión porque alli
hablaron todas, desde la ruidosa Y
ofensiva guacalchía y el bullangue!O
torogós hasta el presumido papagt
llo y su hija ilegítima, la cacatúa, pt
sando por una gama interminable de
aves porque, como ya quedó establt
cido, en aquel insólito coloquio habló toda la concurrencia.

Por fin se oyó de nuevo la voz
apagada del quetzal:
-Propongo, queridas hermanas,
que cada una de nosotras le obsequie
a nuestra pariente la mejor de nuestras plumas. De este modo, dejará de
semejar un ángel desprendido de las
más oscuras e incandescentes interioridades del averno para semejarse
un tanto más a nosotras, salvando las
distancias, claro está.
Hubo un breve y profundo silencio, el cual fue reemplazado inmediatamente por ruidos que denotaban
una aplastante aprobación.
Acto seguido se procedió a llevar
a cabo lo que con gran emoción acababa de proponer el quetzal. Y así
fue cómo, en cuestión de minutos
aquel animal desnudo y repelente s~
vio trocado en el pájaro más bello y
atractivo de la creación.
. Al verse adornada con tan precioso y envidiable plumaje, la ex rara avis, se contempló asimisma durante interminables horas con acusado narcisismo. No sabía a ciencia
cierta si soñaba o estaba despierta.
Al percatarse de que no se trataba de
un cruel engaño, sino de la mera realidad, se deshizo en zalemas para
agradecerles ad infinitum a sus congéneres por aquel gesto digno de figurar con caracteres diamantinos en

la eterna roca de la historia. Y luego
de besarle las dos patas y la cola a
cada una de sus caritativas amigas,
extendió sus largas alas, las batió
por unos instantes y, con un impulso
elegante y distinguido, remontó el
vuelo ante las estupefactas miradas
de las aves circunstantes.
Durante algún tiempo este nuevo
espécimen de la fauna alada exhibió
a los cuatro vientos una humildad
sin par y en todos sus actos había genuinas muestras de gratitud por el
inmenso favor de que había sido objeto. Mas a los ocho meses de operado aquel verdadero milagro, todas
las aves empezaron a notar en la
nueva hermana una conducta que no
estaba en consonancia con el favor
recibido porque, con el andar de
esos pocos meses, se había vuelto
tan altanera, engreída y vanidosa que
hasta había empezado a mirar de
menos a sus caritativas congéneres
que la habían sacado del fango en
que la encontraron; esto, en sentido
figurado, se entiende.
Esta conducta de censurable desagradecimiento no pasó desapercibida ante la mirada divina y, en un
arrebato de obcecación, Dios Padre
hizo venir a su corte celestial a la ingrata y olvidadiza bribona de siete
suelas con el propósito de amonestarla severamente.

-Lo que has hecho -le dijo, señalándola con su índice acusador- no
tiene perdón de nadie... Ni de Dios
Padre, que soy yo mismo. Tu altanería, tu vanidad, y tu engreimiento
son tremendamente deplorables y
has caído de bruces en el insondable
abismo de la perdición. He llorado
mares y ríos al ver tu reprochable
conducta. Y sin darle tiempo a que
dijera ni tus ni mus, prosiguió: «Te
adornaste con plumas ajenas y tu
aparente belleza se te subió a la cabeza. Por eso, y como escarnio para
cualquier otro ser del universo que
tenga la osadía y desfachatez de
comportarse como lo has hecho tú,
te condeno a vivir patas arriba durante el día y a volar interminablemente durante la noche. Te condeno
también a comer insectos nocivos y
fruta podrida y a que todo el mundo
te tenga por ciego sin serlo, a que
pertenezcas a la infame familia de
los mamíferos y a que chupes sangre
de otros mamíferos. Y para coronar
mi riguroso veredicto, además de
que tendrás cuerpo de rata, te bautizaré para siempre con el fatídico
nombre de murciélago, palabra que
declaro cabalística por ser el único
término de la lengua castellana que
contiene las cinco vocales, para que
alrededor de ti se tejan las más espantosas leyendas draculescas, las
cuales colgarán de tus pellejos como
eternos San Benitos.»
79

�( 11dd(T!lo,

de la n.Ti., ta

DESLINDE }.;

MONTERREY / ENERO-DICIEMBRE / 1999

Y en ese instante quedó tan desplumada el ave malagradecida y despreciativa como cuando la encontraron sus antiguas hermanas.
Hay que dejar constancia que en
esta dificil coyuntura Dios Padre tuvo
que hacer un celestial esfuerzo por
reprimir el furor que lo ahogaba y por
contener sus impulsos homicidas.
Dice la fábula que el vuelo irregular y errático que observamos hasta el día de hoy en el murciélago se
debe a que todavía anda en busca de
la plumas imaginarias que perdió a
raíz de su altanería, vanidad, engreimiento e ingratitud y suele aseverarse en Cojontepeque que el murciélago jamás se detiene en su vuelo nocturno para que nadie repare en su
fealdad y en sus esperpénticas facciones.

[Ignacio Martfnez)

Tesis siglo \1\
PRIMEROS EGRESADOS DE LA FACULTAD DE MEDICINA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

�La vida de todos los hombres constituye una historia que representa la naturaleza
de los tiempos que fueron; y por la observación de esta historia un hombre puede
vaticinar casi con certeza, las cosas probables que están todavía por nacer y que
reposan envueltas en sus semillas y en sus débiles orígenes.
William Shakespere

Carlos E. Medina y Armando Hugo 9rtiz
INTRODUCCIÓN
La Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma
de Nuevo León tiene su origen en la Escuela de Medicina y Fannacia, que inició el 30 de octubre de 1859,
anexa al Colegio Civil.
Su nacimiento se debe al doctor José Eleuterio
González Mendoza, forjador de las instituciones médicas del siglo XIX en Nuevo León.
El archivo histórico de la Facultad resguarda entre
sus acervos más antiguos los documentos, manuscritos
en su totalidad, con los exámenes profesionales de los
primeros alumnos titulados, cuya edad promedio en
ese momento era de 25 años.
Estos documentos fueron recogidos por la Facultad, presumiblemente al momento de su separación del
Colegio Civil en 1877, cuando pasa a la tutela del Consejo de Salubridad. Se guardaron años más tarde en 8
legajos que incluyen hasta el año de 1898. Integran el
núcleo inicial de su archivo escolar.
De esta etapa existen 52 expedientes de Medicina,
que abarcan de 1857 a 1878, y 23 de Farmacia desde
1862 hasta 1878. Hay 45 tesis manuscritas de Medicina
y 23 de Farmacia, carreras impartidas en su inicio.
En nuestra investigación planteamos como objetivo
valorar la calidad de la enseñanza de nuestra Facultad,
en su etapa inicial 1859-1878, basándose en las 45 disertaciones médicas, y con ello ampliar la visión histórica
de unos de los aspectos fundamentales de la Ciencia
Médica local: la enseñanza. Pese a la abundante histo82

riografia existente sobre el Colegio Civil, el Hospital
Civil y la Escuela de Medicina, no se ha profundizado
en dicho aspecto.
El trabajo requirió las siguientes etapas:
-Transcripción mecanográfica de las tesis, que
arrojó un total de 258 cuartillas de Medicina.
-Revisar la bibliografia existente sobre Historia local, en particular de la medicina.
-Análisis del contexto de la enseñanza médica en
el siglo XIX en México.
-Rastreo de los autores e investigadores médicos
citados en las 45 disertaciones.
La valoración se dio tomando como elemento de
referencia específico la Escuela Nacional de Medicina
en cuanto a programas y libros de textos, ya que en
cantidad de egresados hay una diferencia abismal; el
catálogo de tesis del siglo XIX de la Facultad de Medicina de la UNAM, de 1862 a 1878 incluye un total de 343
disertaciones manuscritas e impresas.
A más del objetivo científico de ampliar el conocimiento histórico de la época, nos motivó el rendir un
homenaje a nuestra Institución y Alma Mater por sus
140 años de existencia, y a todos los hombres y mujeres que en el pasado y el presente lo han hecho posible.

ANTECEDENTES
l. Contexto político de Nuevo León
Los primeros diecinueve años de la Escuela de Medicina de Nuevo León, como parte del Colegio Civil,
transcurrieron entre guerras civiles, invasiones y asonadas.
El sustento jurídico de su creación se da durante el
apogeo del caudillo Santiago Vidaurri, gobernador del
estado de Nuevo León-Coahuila, hombre fuerte del
noreste de México durante la Guerra de Reforma. En
noviembre de 1857 decreta la fonnación de un Colegio
Civil, un mes después de que Nuevo León había promulgado su constitución liberal en octubre de ese año.
Lo de «Civil» tal vez enfatizaba el liberalismo radical
de Vidaurri, que poco antes había desterrado al Obispo
Verea por oponerse a la Constitución Mexicana del 5
de febrero y a la estatal de octubre.
El proyecto del Colegio no tuvo continuidad inmediata porque el 17 de diciembre inicia la Guerra de los
Tres Años - 1857-1859- con el golpe de estado de Comonfort. Vidaurri acaudilló el Ejército Liberal del
Norte. Sin embargo, a juicio de Israel Cavazos: «Llama la atención el hecho de que en medio de esta lucha
fratricida Vidaurri no se dio punto de reposo para disponer la iniciación de las obras del Colegio Civil». 1
Concluida la Guerra.de Reforma, el polémico personaje se enfrascó en luchas para salvaguardar su cacicazgo regional, 1859-1864, primero de manera soterrada
Yluego frontal contra Benito Juárez.

La ruptura definitiva con el presidente de la república se da en 1864, cuando Vidaurri intenta un plebiscito
para que la ciudadanía de Nuevo León-Coahuila deci~a si acepta la invitación de anexarse al Imperio. Desde Saltillo Coahuila, Juárez ordena tomar Monterrey y
Vidaurri abandona la ciudad en febrero de 1864; con
ello termina su hegemonía regional.
De abril a agosto de dicho año el gobierno republicano de Juárez residió en Monterrey, antes de iniciar
su etapa trashumante.
El 24 de agosto de 1864 toma Monterrey el general
Castagny, al mando de las tropas francesas. Sin nunca
asentarse en definitiva, las tropas invasoras son expulsadas por Mariano Escobedo en 1866. Él mismo ocupa
la gubernatura militar por unos meses, antes de desplazarse al centro de la república para aniquilar la aventura del imperialismo francés.
De 1868 en adelante el grupo fonnado en tomo a
Escobedo: Lázaro Garza Ayala, Francisco Naranjo, Jerónimo Treviño, será el encargado de administrar el
quehacer público del estado, sin cesar las perturbaciones políticas y rencillas internas.
En la primera rebelión antijuarista Jerónimo Treviño apoya a Porfirio Díaz y su Plan de la Noria en 1871
sofocado con facilidad. Lo vuelve a respaldar en ei
Plan de Tuxtepec contra Sebastián Lerdo de Tejada en
1876, ahora sí triunfante.
Posterionnente se dan los intentos de Jerónimo
Treviño y Francisco Naranjo por entronizarse como
83

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I

Esta etapa finaliza con el arribo de Bernardo Reyes
a Monterrey en 1885.

cruce de las calles Cuauhtémoc y 15 de Mayo, desde
su apertura en 1860.
En rigor, si a Vidaurri le fue imposible estar muy al
tanto del Colegio Civil, al menos no interfirió en sus
actividades y ayudó en la medida de sus posibilidades
hasta el fin de su cacicazgo en_1864.

2. El Colegio Civil, inicio de la instrucción laica
3. La escuela de Medicina
Como ya se dijo, en 1857 Vidaurri decretó erigir con la
mayor brevedad un Colegio Civil de instrucción pública, sin aludir a una escuela de medicina. En la confusión política su enemigo, José Silvestre Aramberri, durante su efimera gubernatura ordena el inicio fonnal
de las clases el 30 de octubre de 1859, ya con un programa de instrucción preparatoria y las facultades de
Jurisprudencia y Medicina como enseñanza superior.

Inicio. Se matricularon 15 alumnos, de los cuales 8 obtuvieron su título profesional. Para 1865 había 21 alumnos inscritos y al momento de su separación del Colegio Civil en 1877, llegó a 77; sostuvo por varios aña.
una existencia promedio de 50 estudiantes hasta 1883,
cuando empieza a declinar la matrícula.

Hasta cierto punto el Colegio Civil nació como medida emergente, ante la clausura de la cátedra de Jurisprudencia del Seminario en Mayo de 1859, y la negativa de su rector a reabrirla. Todo ello en el contexto del
rechazo clerical a las Leyes de Refonna, según describe Israel Cavazos. 2

Como estudiantes destacados en disertaciones pú·
blicas y premios durante la etapa de referencia, men•
cionaremos aparte de Martínez Echartea y Jean Mears,
a Cayetano Quintanilla, Manuel Garza Cantú, Jesús
María Argaeta, Alberto Quitoz, Bernardo Sepúlveda,
Jesús Lozano, Jacobo Jiménez, Donaciano Zambrano,
Jesús María Lozano, Jesús Ma. Sepúlveda, Evaristo
Sepúlveda y Antonio Fernández

A su retorno al poder en 1860, Vidaurri convalida la
apertura de clases ordenada por Aramberri, y hasta hace la primera entrega de premios a los mejores alumnos en 1861: l_os estudiantes de medicina Jean Mears y
Domingo Martínez Echartea, y el estudiante de Jurisprudencia Hermenegildo Dávila.
El Colegio Civil se instaló en la Casa episcopal de
la ciudad, a un lado de la Catedral, pero las clases de
medicina se impartieron en el Hospital Civil, en actual

Planta Docente. La escuela de Medicina sobrevivió
sus primeros años gracias al doctor José Eleuterio
González y sus colegas: Carlos Ayala, Ygnacio Gana
García, Manuel Garza García, Esteban Tamez y el far·
macéutico Emilio Lafon, compañeros desde que se in·
tegró el Consejo de Salubridad en 1851. Entre ellos se
reparten las cátedras a medida que se hace necesario.
luego fungen como sinodales en los exámenes profesionales desde 1863. A la planta original se fueron inte-

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caciques sucesores de Vidaurri, en recompensa por sus
méritos en la campaña antiimperialista y el apoyo a las
insurrecciones porfiristas.

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�grando algunos egresados: Juan de Dios Treviño, Tomás Hinojosa, Domingo Martínez Echartea, José María Lozano, entre otros.

&lt;lucido con robusta mano nuestra desmantelada barquilla, hasta ponerla en un puerto salvador, donde es4
tuviese a cubierto de los huracanes de la vida».

De acuerdo al doctor Hemán Salinas Cantú, los
maestros sólo recibían una gratificación al final del ciclo escolar por su cátedra.

No localizamos documento que señale títulos de libros de texto al abrirse la escuela, pero superados los
tiempos dificiles, se mencionan los nombres·de Grisollé, Andral, Bouchardat y Souberain, autores de que
hablaremos más delante.

Libros de texto y otros recursos didácticos. En el
libro Los Gobernantes de Nuevo León, se menciona
que al principiar los años 60, gracias a Vidaurri: «La
prosperidad y auge se extendieron a Coahuila y Nuevo
León y comenzaron a formarse las grandes fortunas
que favorecieron el despegue de la economía fronteriza». 3
Sin embargo la enseñanza médica no gozó de esta
bonanza. Y gnacio Martínez, primer alumno de la escuela que se tituló, describe en su disertación: «Soy
uno de los jóvenes con quienes se ha abierto, por primera vez la clase de estudios médicos en esta ciudad.
Que por consiguiente hemos tenido que luchar con toda clase de inconvenientes. La escasez de obras de
texto, pues ha habido ocasiones en que toda la cátedra
hayamos tenido que estudiar en un solo ejemplar y
otras que hemos tenido que escribir lo que después debíamos aprender. La falta de instrumentos para los
principales análisis de operaciones, lo poco variado de
las enfermedades que se presentan en un hospital tan
pequeño como el nuestro y por fin, las tempestades de
la revolución que con tanta frecuencia hemos visto estallar, han sido causas más que suficientes para que
hubiésemos naufragado si la bondad generosa y desinteresada de nuestros catedráticos, si el cuidado y filantropía con que vieron nuestro porvenir no hubiese con86

Pese a las dificultades iniciales, en 1863 se imprime
en Monterrey el primer libro del doctor González pan
la enseñanza médica: Tratado elemental de anatomía,
que se utilizó como texto para esta materia.
A nuestro conocimiento, es también el primer libro
de medicina editado en Nuevo León.

,El Benemérito nacido en 1813 en Guadalajara emigro a Monterr~y a los veinte años de edad en 1833, con
a~gunos estud10s de medicina. Ocupó el puesto de médico en el Hospital del Rosario, único en la ciudad y
d_esde 1834 fue su director por 19 años. En 1842 presento examen para obtener su licencia profesional.
Desde 18~1, José Eleuterio González tuvo el proyecto de abnr una escuela de medicina en Mont~rrey,
frustrado con la clausura del Hospital del Rosario en
1_853,.~onde contemplaba impartir la clínica. La cristalizacion de su anhelo se consolidó por etapas.
El Vidaur~iato. Cuando Vidaurri asume el poder en
1855, ~onzahtos era vice-presidente del Consejo de
Salubndad y ya había implementado algunas medidas
co~trolar el ejercicio de la medicina en Nuevo
n e_ I?tentos para abrir al menos una cátedra de
Obstetncia. En 1859, gracias a la estima de que gozaba
entre todas las cla~es sociales, pudo agenciar ayuda
para sus obras capitales: el Hospital y Colegio Civil
con su escuela de medicina.
'

r:

De 1870 a 1888 se publican sus obras posteriores,
también utilizadas como texto: Introducción a la clínica (1870), Lecciones de clínica (1870), Lecciones dt
anatomía topográfica (1875), Lecciones orales de moral médica (1878), Un discurso y un catálogo de plmt
~orno se dijo líneas arriba, Vidaurri apoyó en lo
tas clasificadas (1881 ), Lecciones orales de materia
P?s1_ble la obra del Colegio Civil, aunque en lo pecumédica y terapéutica ( 1888).
ruano no fue tan espléndido.
4. José Eleuterio González
La Intervención Francesa. La Intervención FranceDe acuerdo a su biógrafo Dávila: «Debemos decir (111 : en Monterrey fue en dos lapsos, el primero, de
64_a abril de 65 y el segundo de julio de ese
el mismo Dr. González fue el autor de todas las leyes
Juruo del 66, cuando se da la retirada definitiva.
dadas hasta esta época -1888-, relativas al Colegio Civil, así como su reglamento y el de la Escuela de me5
. La ocupación de nuestra ciudad puede considerarse
dicina y del Consejo de Salubridad».
mocua·
·
fi de ' los franceses estuvieron
más ocupados en deen rse del hostigamiento de la tropa y guerrilla repu-

Jo~e.

blicanas que en fiscalizar a la población civil, particularmente la enseñanza.
La orden de Maximiliano de clausurar los centros
de enseñanza superior no tuvo efectividad completa en
el Colegio Civil. Al respecto se afinna en el libro Gobernantes de Nuevo León: «~in embargo, en Monterrey esto solamente significó la clausura de los planteles ~scolar~s, ya que catedráticos y maestros continuaron imfart1endo sus enseñanzas en domicilios particulares».
. ~e:111enegildo_Dávila apunta: «Dichas cátedras (de
Me~1cma) no tuVIeron que sufrir nada absolutamente
Y m tampoco sufiieron la malhadada invasión france~
puesto que las cátedras se impartían en el Hospital Civil».7
Nada de esto fue fortuito o buena voluntad del invasor,
en ello
estuvo el Dr. José Eleuterio Gonza'lez,
.
., d
qmen asum10 ~ ~acto la Dirección del Colegio Civil,
de acuerdo a Davlla, ante el desconcierto de los alumnos el primer día de clases en octubre de 1864, que encontraron la escuela sin maestros y transformada e
cuartel. 8
n
Tal -~ez el mejor argumento de la inocuidad de la
ocupa~1on francesa en Monterrey sea el que los primeros examenes profesionales a los alumnos de medicina:_ de y gnacio Martínez, Juan de Dios Treviño y Epita~10 Ancira, José Guadalupe Martínez y Ramón G.
Perez, entre, agosto
. , y diciembre de 1865, se ap1·1can
cuando esta rec1en llegado a Monterrey Jeannigros,
coma?dante de la segu~da ocupación francesa. Aparte
los pnmeros de Farmacia en diciembre ese mismo año
para José María Lazcano y Tomás Hinojosa.
'
87

�Rafael Garza Cantú refiere que Gonzalitos, aun en
esa etapa, «provocaba fiestas de beneficencia para ar9
bitrar fondos al Hospital Civil».
Además, en febrero de 1865, según el periódico La
Tertulia, No. 12, en plena ocupación francesa se integra la Sociedad Médico Farmacéutica de Monterrey
con José Eleuterio González como presidente. En la
sesión del 3 de marzo de ese año leyó la disertación
«La Mosca Hominívara».
Puede decirse que los franceses soslayaron el decreto de clausurar la enseñanza superior, específicamente de Medicina. Tal vez haya influido en mucho la
amistad que el doctor González estableció con el Conde Liverman, médico francés que llega a Monterrey en
1865, con las tropas invasoras al mando de Jeannigros.
Según se dijo: «Había venido en la expedición por paseo y por vía de estudio y que era un experimentado
profesorn. 10 Liverman no sólo fue amigo de Gonzalitos, sino admirador de su obra y personalidad. Este
médico gestionó el otorgamiento de la Medalla de la
Orden de Guadalupe a Gonzalitos. Ya en Francia intercambió correspondencia científica durante varios
años con el Benemérito.
Las clases en el Colegio Civil se suspendieron más
por la guerra en sí que por órdenes y decretos. En 1867
Gonzalitos apuntaba: «La centralización de las rentas
dejó al Colegio ( 1864 a 1866), absolutamente sin fondos ... Estas calamidades junto a la guerra, que mantenían a esta ciudad en una constante alarma, hicieron
que la mayoría de los alumnos desalentados y medrosos creyendo toda esperanza perdida, abandonaran el
estudio y se retiraran a sus hogares, pero una treintena

de jóvenes, dotados de espíritu fuerte, de una viva fe y
de un ardiente deseo de saber, permanecieron firmes y
resueltos a no abandonar sus literarios trabajos, mientras no le fuera de todo punto imposible continuarlos.
Con esto y con algunos profesores, desinteresados
amantes de la juventud, que siguieron dando en sus casas las necesarias lecciones, pudo subsistir, aunque diseminado y oculto, en medio de tan universal trastorno
este Colegio Civil, para eterno timbre de gloria de la
11
juventud de Nuevo León».

La República restaurada. Una vez desalojados los
franceses se reanudan las clases dentro del Colegio Civil en agosto de 1866, al tercer día que arribó a Monterrey Mariano Escobedo. Ese año no se titula nadie, pero en 1867 se examinan dos, de ahí en adelante se reali·
za al menos un examen por año, de egresados del Colegio o para revalidar títulos extranjeros, salvo 1870 Y
74 en que no se aplicó ninguno.
En septiembre de 1867, se inauguran las soleras del
Colegio Civil en su domicilio actual, Colegio Civil Y
Washington, y se concluye su edificación en 1870.
Luego de la restauración de la República en 1867
puede considerarse que José Eleuterio González está
en la plenitud de vida profesional a los 54_años. Em·
pieza a recibir reconocimiento por sus múltiples apor·
taciones, es declarado benemérito del estado y direct&lt;i
oficial del Colegio Civil, además de que ya lo era del
Hospital Civil, vice-presidente del Consejo de Salubridad y director de la escuela de Medicina, más otrOI
cargos culturales.

Animado por el reconocimiento popular, nace en
Gonzalitos la inquietud por incursionar en la política
local desde 1869, pero queda desencantado. En 1875 declina su candidatura a gobernador, dedicándose de lleno a la historia, la cátedra y el ejercicio de la medicina.

S. Enseñanza médica en México y Monterrey al inicio del siglo XIX

Entre sus logros dentro del quehacer político directo están: el primer reglamento del Hospital y del Colegio Civil, en 1869, y la regularización del sostenimiento
económico de éste.

De acuerdo al Dr. Fernando Martínez Cortés: «Medicina moderna es la fincada ·en el método y razonamiento experimentales, la cual empezó siendo una medicina cuidadosamente observacional, interesada en
conocer la enfermedad como lesión anatomopatológica y en enlazar dicha lesión con sus causas, por una
parte, con sus síntomas y signos clínicos, por la
otra». 1

El deterioro de la salud del Benemérito inicia a sus
63 años de edad, llega un momento en que tal vez cumplía sus compromisos más por fuerza de voluntad. En
1876 enferma de un ojo y dos años después empieza el
problema en el otro, hasta que en 1881 queda ciego por
completo.
Para entonces ya había gestionado en 1877 que la
Escuela de Medicina dependiera directamente del
Consejo de Salubridad y de sus cuotas internas, más
otros arbitrios. En ese año egresa la mayor cantidad
anual de titulados en medicina, trece, aun como parte
del Colegio Civil. Sin embargo es de aclarar que la Escuela no disponía de edificio propio.
El manejo de la escuela y del Hospital ya estaba en
manos de sus discípulos; en 1873 Manuel de la Garza
García firma constancias como director del Hospital.
Desde 1877 Juan de Dios Treviño dirigió de hecho el
Hospital y la Escuela, con Gonzalitos de director formal, luego de recuperar éste su visión en 1883. Juan de
Dios Treviño asume la dirección formal de la escuela
en 1888, al fallecimiento de su fundador.

Se considera que las bases de la medicina moderna mundial se dan a fines del siglo XVIII y principios del XIX.

1

Sobre este tema afirma el historiador italiano Castigliani: «El pensamiento médico quiere ahora apoyarse
sólo en los hechos verificados por los experimentos y
no admite más verdades que las comparadas en los laboratorios. Éste llega a ser el centro de la actividad
me'dica». 13
Después de la Independencia de México, en la capital del país se dan esfuerzos particulares para modernizar la enseñanza. Destaca el de Manuel Carpio en
1823. Diez años después se consolidan con la fundación del Establecimiento de Ciencias Médicas, durante
la presidencia de Valentín Gómez Farias, definiendo
las siguientes materias: 1) Anatomía, 2) Fisiología, 3)
Patología, 4) Clínica, 6) Operaciones y Obstetricia, 7)
Medicina Legal, 8) Farmacia.
Sobre el respecto opina el médico historiador Manuel Barquín: «El Establecimiento de Ciencias Médicas toma el ideal de las escuelas médicas francesas· así
'

89

�la enseñanza médica siguió al pie de la letra la distribución de cátedras a la manera como se l? propuso la
refonna de la enseñanza médica en Francia durante el
. l
14
s1g o XVIII».
, .
, .
Los avances de la enseñanza medica en Mex1co en
el siglo XIX fueron, de acuerdo a Martínez Cortés:
Integración de una sola carrera de la medicina y
cirugía
.
2. Enseñanza de la Fisiología tipo Magemde, que
introduce la observación y experimentación en _el estudio de los fenómenos vitales, aplicando la física y la
química en dicho estudio
,
3. Enseñanza de la Clínica con el metodo anatomo
clínico
4 _Enseñanza de la Anatomía Patológica
5 . Introducción de la Química
6 . Enseñanza de la Bacteriología
7. Enseñanza de la Cirugía ~rada en los nuevos
conocimientos y nuevos recursos
1.

Cirugía
1. Nosografía quirúrgica
2_Cirugía operatoria y clínica quirúrgica
3. Obstetricia

Costanza señala como libros de texto los que ~e _llevan
en la capital. De acuerdo a Gonzalitos, este_ m~1co sólo alcanzó a impartir a sus alumnos la C1enc1a de la
Craneología consistente en los nombres de los ocho
'
16
huesos del cráneo.
Gonzalitos relata que durante los cursos de medi~ina que él impartió de 1842 a 1848, a títul~ pers?~al, ID·
cluyó las siguientes materias: 1) Anatomia 2) Fis1?l?gfa
3) Higiene 4) Patología 5) Terapéutica 6) Obstetnc1a 7)
Medicina Legal.
El Plan de Estudios para la carrera de medicina ea
1859, como parte del Colegio Civil, constaba de:

En el primer intento por establece_r en M~nterrey una
escuela de Medicina en 1829, previo al ambo de Gonzalitos el médico italiano Pascual Costanza propone
impartir la carrera en siete. a~os, di:idi~ndo las cátedras fundamentales de Med1cma y C1rug1a, en un arreglo con influencia del siglo XVIII.
Medicina
1.

Anatomía y Fisiología

2_y geología, Patología, Nosología
3. Clínica Médica 1
4. Clínica Médica 11

Botánica, Idioma inglés
2. Anatomía y Farmacia
3_ Fisiología e Higiene; Anatomía General Y Descriptiva, Patología General y Externa, Clínic~ Ext~~a
4. Patología Interna, Medicina Operatona, Chruca
Externa
.
5. Patología Interna, Materia Médica y Terapéutica,
Clínica Externa
6 _Medicina Legal, Obstetricia y Clínica Interna

Nuestra Facultad siguió con este programa hasta
1869, cuando el nuevo reglamento ajusta el orden de al-

gunas materias; substituye la Medicina Operatoria por
Operaciones, vendajes y aparatos; independiza Higiene Pública de la Fisiología y desaparece la clase de
idioma inglés.
Mientras, en la Escuela Nacional de Medicina para
dicho año ya no aparecían las materias de Física, Química e Historia Natural.
Hasta 1877 se agrega al Plan de Estudios de nuestra
Facultad el Análisis Químico, Enfennedades de Niños
y Moral Médica, incluidas en la escuela de México
desde años antes.
Puede resumirse que en nuestra Facultad se impartieron las mismas materias que en la Capital, ambas
sintonizadas con las nuevas corrientes que se daban en
Europa, especialmente Francia, salvo las diferencias
dichas y la materia de Teratología, que se incluyó por
un tiempo en la de Monterrey.

1_Física y Química;

Eran las mismas materias que marcaba el pro~a de
la Escuela Nacional de Medicina en esa etapa, mclu•
yendo el inglés.

Sin embargo, en 1888 había aquí conciencia de las
limitaciones de una escuela de provincia como lo confiesa José María Lozano, a la sazón secretario de la
Escuela: «Apenas si podía proporcionar los conocimientos más absolutamente indispensables para el Médico, y no de ninguna manera completos, como lo reclamaba la ciencia de Esculapio». 17

PRIMEROS EGRESADOS
l. Fuentes históricas
Sobre la relación cronológica de los primeros egresados localizamos las siguientes listas:
-La de José Eleuterio González, redactada en 1881,
dentro del manuscrito «Los Médicos y las Enfermedades en Monterrey», localizado por Francisco Guerra
en el Wellcome Historical Medica! Library, de Londres Inglaterra
-Lista manuscrita de médicos, farmacéuticos y parteras, hecha por el Superior Consejo de Salubridad en
1887, existente en el Archivo General del Estado de
Nuevo León
-La del doctor José María Lozano, incluida en la
«Reseña Histórica de la Instrucción Pública en Nuevo
León», sección enseñanza médica en 1894, de donde la
retoma el doctor Eduardo Aguirre Pequeño para su libro Apuntes para la Historia de la Escuela de Medicina (1944).

Estas tres listas coinciden en su mayor parte con los
legajos existentes en la Facultad de Medicina, por lo
que debe considerarse como fuente primaria el acervo
documental histórico de la Facultad, organizado bajo
la supervisión del doctor González, probablemente entre 1878 y 1880, pues lo utilizó para su reseña «Los Médicos y las Enfennedades en Monterrey», en 1881. Sin
embargo los legajos se compaginaron hasta 1898, como
dijimos en principio.

�En el libro Nuevo León, Novela de Costumbres
/896-1903, el doctor Encarnación Brondo White apunta
que en 1902 él consultó en la biblioteca de la Facultad
las tesis de los egresados, para redactar la suya. Inferimos que se trata del acervo de nuestro estudio.
El examen más antiguo, fechado en 1857 y en idioma inglés, no corresponde a un egresado de la escuela,
fue para revalidar el título del médico norteamericano
Tomás Keamy. El primero de Farmacia, 1862, corresponde a Sóstenes de la Fuente, quien cursó la carrera en
la capital de la república y se titula aquí en Monterrey.
En sus primeros 19 años la Escuela examinó a cinco médicos extranjeros para revalidar sus títulos.
Del lapso 1879 a 1892 no hay -en la Facultad- expedientes de exámenes profesionales de 86 egresados en
esa etapa, cuyos nombres aparecen en una lista anexa
que redactó el Dr. Juan de Dios Treviño, para la Historia de la Enseñanza Médica en Nuevo León, del doctor
José María Lozano en 1894. Paradójicamente no existe
en la Facultad constancia del examen profesional del
doctor Juan de Dios Treviño, efectuado según las listas
diversas, el 12 de agosto de 1865.
De diciembre de 1892 en adelante ya existen en el
archivo escolar de la Facultad los libros de actas de
examen recepcional de todos los egresados de la Institución hasta la actualidad. Del 92 al 98 no hubo tesis,
sólo un cuestionario que el aspirante debía contestar
en un plazo de 4 horas.

92

2. El examen profesional
El decreto de 1851, que crea el Consejo de Salubridad,
estableció dentr,o de sus atribuciones: «Examinar a los
que teniendo las calidades que señala esta ley, pretendan egercer la medicina, a cuyo efecto les determinará
dos días antes, el punto sobre el que han de formar di.
18
sertac1ones».
Un decreto de titulación de diciembre de 1873 estipuló, además del derecho a examen profesional para
los egresados del Colegio Civil de Nuevo León, u otra
entidad nacional presentando certificado de estudios,
un examen de conocimientos para quienes carecieran
de constancia alguna, y una vez aprobado presentar el
examen profesional.

e) Constancia de práctica de Clínica en el Hospital
Civil, o en alguna botica, si fuera de Farmacia. Como
director del Hospital firmó José Eleuterio González de
1862 a 1868; Manuel de la Garza García en 1873, y Juan
de Dios Treviño como director y catedrático de Clínica desde 1877.
d) Recibo de pago de cuarenta pesos por derecho a
examen profesional.
e) Disertación manuscrita.
Como se dijo antes, hay 45 expedientes que incluyen la disertación, 6 sin ella y un solicitante que inició
el trámite, pero no lo prosiguió.
El examen profesional se desarrollaba en dos días:

Cada expediente se integraba de:
a) Solicitud de examen en papel sellado, dirigida al
Superior Consejo de Salubridad. En ella misma se le
contestaba la aceptación, fecha del examen, miembros
del Jurado, tema de disertación -con un plazo de 48
horas para redactarl~ y el resultado del examen, con
la rúbrica del doctor José Eleuterio González. A partir
de la década de los 70' aparece por separado el acta de
examen.
b) Certificado de seis años cursados de medicina, o
tres de farmacia, expedida por el Colegio Civil. En al·
gunos casos es el acta aprobatoria del examen general
de conocimientos.

en el primero por la tarde de cuatro a seis, lectura de la
disertación e interrogatorio; en el segundo de siete a
nueve de la mañana, revisión de tres o cuatro enfermos
en el Hospital Civil y posterior interrogatorio sobre el
diagnóstico, pronóstico y tratamiento respectivo. Todo
sustentante debía ser aprobado por unanimidad en votación secreta.

3. Las tesis
El análisis médico-histórico de las primeras tesis recepcionales presentadas en la Escuela de Medicina de
Nuevo León necesariamente comprende una evalua~ión cualitativa individual y un seguimiento comparativo-evolutivo del total de los escritos. Las tesis, como
documentos históricos, reflejan conocimientos, tendencias y creencias de la época. Es evidente que estos
factores de interpretación y análisis incluyen no sólo

aquello relacionados puramente con la medicina, sino
también a los aspectos socio-culturales.

Extensión y redacción. La mayoría de las disertaciones fue escrita en pliegos tamaño oficio, salvo algunos que se cortaron a la mitad y hasta un cuarto del tamaño oficio, escritas con tinta o lápiz de tinta. La extensión promedio es de 12 hojas. El trabajo era hecho
por un escribano, por el mismo sustentante y, según se
deduce por las diferentes caligrafías, por parientes o
compañeros de estudio. Este ultimo punto podría abrir
una interrogante acerca de la posibilidad de influencia
externa en el contenido factual y conceptual de la tesis,
sin embargo no existe evidencia que permita inferir tal
eventualidad.
La mayoría de las disertaciones inicia con una breve introducción en la que se muestra un protocolo repetitivo de disculpas por los errores presentes en el escrito, se explica la pobreza del trabajo siempre autoatribuida a la falta de capacidad del sustentante, ocasionalmente a la escasez de libros de texto y referencia. Al respecto, otros califican su disertación como
una simple serie de citas de aquellos autores localizados en el tiempo disponible. Esto, en muchos casos, no
era un simple formulismo de disculpa, sino una descripción de la realidad circunstancial del sustentante.
La redacción es más o menos aceptable, pese al
manejo poco ortodoxo de las puntuación, con párrafos
de hoja completa, estilo de entonces. La ortografia sí
presenta deficiencias graves, aun de acuerdo a las reglas y usos de la época.

93

�Fuentes bibliográficas consultadas. Este es un punto de particular importancia en el análisis de las disertaciones, pues refleja fielmente la influencia y el momentum académico de la Escuela de Medicina de Nuevo León. Los libros utilizados como consulta para elaborar las disertaciones eran de la colección personal de
los maestros, en particular la del doctor González.

Como hemos ya señalado, las fuentes de información consultadas corresponden al periodo moderno de
la medicina y derivan de la escolástica francesa, convertida en piedra angular de la medicina mexicana decimonónica. En las tesis, algunos disertantes mencionan explícitamente a los autores consultados, mientras
que otros los lanzan al texto sin previo aviso.
Entre los autores de cabecera encontramos al internista Grisollé (Traité de Pathologie Interne), al hematólogo Gabriel Andral (Clinique Medica/e), al cirujano
militar Charles Sédillot y al cirujano ortopedista Joseph-Fran9ois Malgaigne (Manuel de Médecine Operatoire). Las obras principales de estos autores se publicaron entre 1825-1 850 y tenían la virtud de la amplitud temática dentro de los dos grandes ramales clínicos: la incipiente medicina interna y la cirugía. Autores clásicos de la generación inmediata anterior (17701820) como el internista René Laennec y el cirujano
Guillaume Dupuytren llegan a ser influencia de los disertantes, si bien aparecen citados sólo hasta 1873. Después de 1875, aparecen citas a los todavía contemporáneos Eugene Bouchut y Armand Trosseau, cuyas
obras principales fueron publicadas en 1860 (Du nervosisme) y 1861 (C/inique Médica/e) respectivamente.
Louis Pasteur aparece en una sola tesis de Farmacia, la
94

de Felipe González en 1867, mencionando una de sus
investigaciones sobre la quina . .
La primera cita a revistas médicas es hecha por el
disertante Pedro A. Elizondo en 1876, al referirse a la
Gazzetta de París y la Lanzeta sobre artículos publicados en 1866, haciendo igualmente citas textuales entrecomilladas del año 1870 y mencionando autores. En la
tesis de Darlo F. Serna (1877) se citan por vez primera
autores mexicanos: Miguel Jiménez, Reyes y Navarro,
de la Escuela Nacional de Medicina y cita asimismo el
Diario de medicina de Lyon sin precisar fecha.
Martín González hace referencia en ese año al mexicano Muñoz, y a la tesis inaugural del Dr. José Mar•
tínez Ancira, regimontano titulado en México.
En general los sustentantes poco a poco disponen
de una bibliografía más abundante, variada y fresca,
tomando en cuenta que los avances publicados se da·
ban principalmente en Francia y tardaban años en llegar a Monterrey, cuyo medio de comunicación mm
veloz era la diligencia, pues el ferrocarril se inauguró
hasta 1882.
Clasificación por temas. Las disertaciones podemos agruparlas en estos temas de interés:
1. Patología Interna, o Medicina Interna, 17
2. Cirugía, 8
3. Gineco Obstetricia, 7
4. Venereología, 5
5. Terapéutica, 4
6. Enfermedades nerviosas, 4

La anterior estadística refleja los temas que interesa-

ban a los catedráticos, en particular a Gonzalitos, que
era quien indicaba el tema para cada aspirante.

Contenido. Cada tesis es una combinación única de
la infonnación disponible al sustentante, su habilidad,
experiencia, capacidad de expresión y síntesis. Algunas disertaciones muestran características singulares
en cuanto a su manejo o a las aportaciones sobresalientes que hacen. De entre ellas, destacamos algunas
por su originalidad, relevancia o solidez conceptual.

La primera disertación, presentada en 1857 a título
de suficiencia por el médico norteamericano Thomas
Keamy, es una elegante exposición sobre la temática,
entonces muy controversia!, de la fiebre tifoidea. Esta
tesis nos muestra la familiaridad del sustentante con
las opciones terapéuticas conocidas en la primera mitad del siglo XIX y su confianza en las mismas como
fruto de la experiencia.
Ygnacio Martínez en 1865, al ser cuestionado sobre
la existencia de las fiebres esenciales, analiza la Medicina fisiológica de Broussais y la manifestación febril
como proceso fundamental de toda enfermedad. Martínez se muestra en desacuerdo con dicho concepto y refleja el consenso vigente de rechazo a esta teoría, que
tuvo su apogeo a principios del siglo XIX. Manuel Fernández -que cursó sus estudios en la Escuela Nacional- escribe en 1867 su tesis sobre el origen de los
miasmas. Aunque en pleno momentum europeo de la
génesis bacteriana de la enfermedad, el concepto del
miasma como causa y vehículo de la misma estaba aún
vigente y esta tesis, llena de sentido común y bien fundamentada (aun sin nombrar referencia), representa un

documento de la época acorde por completo con el estado del arte.
En particular sobre las tesis relacionadas con enfermedades infecciosas, tal vez algún observador actual
minimice su aportación, pues no consideraron a los
microorganismos causales de enfermedad. Sin embargo debemos siempre recordar que el origen bacteriano
de la enfermedad no se estableció como una doctrina
concluyente y de aceptación general sino hasta la década de 1870. En este sentido de vigencia actual, las tesis relacionadas con temas quirúrgicos conservan mucho de su carácter práctico y algunas de las recomendaciones encontradas en ellas son todavía válidas.
Siguiendo con las tesis, en 1872 Cayetano Quintanilla, basándose en el cirujano y venereólogo Ricord
( 1800-1889), deduce correctamente la presencia del
chancro sifilítico como efecto y no causa de la sífilis,
dejando sin embargo pendiente de descubrir la verdadera causa de esta última, lo cual sucedería 28 años
después. En 1872, Domingo Martínez aseguraba la superioridad de la ligadura de vasos arteriales sobre la
torsión, dando consejos al respecto, que serían aplicables hoy en día.
La oportunidad para hacer comparaciones objetivas
entre las tesis se presenta con el tema «Diagnóstico diferencial de las enfermedades del corazón», encomendado a tres sustentantes: Justo Lozano en noviembre
de 1872, José Cortázar en septiembre de 1873 y Bernardo Sepúlveda en 1875. El primero aborda directamente
el tema, exponiendo las particularidades de las diferentes afecciones cardiacas así como la exploración física pertinente a cada caso. Cortázar estructura su es95

�crito en tres partes para su mejor comprensión: anatomía, fisiología y diagnóstico diferencial propiamente
dicho. En este último explica los procedimientos clínicos de palpación y auscultación pertinentes y reconoce
las limitaciones de los mismos. Sepúlveda inicia con
generalidades anatómicas y pasa a la semiología con
una amplia descripción de los procedimientos de auscultación, mencionando con detalle el uso del estetoscopio y el esfigmógrafo, puesto en práctica por Marey
en Francia en 1860, para la valoración del pulso. Estas
tres disertaciones, si bien semejantes en los conceptos
expresados, muestran mejoría progresiva en la forma
del plantear y estructurar el tema, conocimiento y experiencia personal de los futuros médicos.
Una problemática dificil fue encomendada a Jesús
María Lozano en 1875 con el tema «Fiebres en general,
división y diagnóstico»; la resuelve de manera correcta
al manejar la disertación de acuerdo al conocimiento
de la época, y recomienda el uso del entonces novedoso termómetro clínico, popularizado en Europa desde
1868 por Wunderlich, para mejor diagnóstico; así como
el examen sanguíneo de la concentración de fibrina propuesto por Andral en 1843- para diferenciar las llamadas fiebres «esenciales» de las «sintomáticas», tema ya tratado en 1865 por Ygnacio Martínez.
En 1875 se citan por primera vez casos locales para
apoyar un aserto teórico: una zona geográfica del municipio de General Terán que produce cáncer, y la extirpación en el Hospital Civil de un tumor canceroso
de seno por el Dr. Tomás Hinojosa, la amputación del
mismo 20 días después practicada por el Dr. Juan de
Dios Treviño, que resultó inútil pues la paciente falleció a las pocas semanas. En 1877 se cita un caso de

neurosis presuntamente contagiosa en varias pacientes
del doctor José E. González.
En nuestra opinión, una de las tesis más interesantes y mejor lograda es original de Darlo F. Serna a
1877: «¿La linfa vacunal puede ser medio de propagación de la sífilis?» El disertante enumera las opiniones
en pro y contra de la teoría de la propagación infecciosa y muestra no sólo conocimiento del tema, sumamente abstracto para la época, sino además un contundente sentido común y capacidad de juicio, lo cual ea
toda época del ejercicio médico será bienvenido y celebrado.
Evaristo Guerra presenta en su tesis en 1878 un recurso gráfico novedoso, una tabla sinóptica con la clasificación de las diarreas, según afirma de su autoría.
Ese año a Jacobo Jiménez le corresponde disertar ~
bre un tema de higiene local. El aspirante recon(l(X
que no hay bibliografía sobre el tema.
Otro tema inédito, la estadística aplicada a la medicina, le tocó ese 1878 a Mauricio García, quien igualmente reconoce la dificultad para localizar fuentes yr.
percibe que formuló su mera opinión personal, sin dejar de recomendar el valor de esta ciencia auxiliar 1k
la Medicina.
Al analizar el corpus de disertaciones desde un
foque global, se observa un mejoramiento general
los aspectos básicos, desde la pulcritud material,
dacción y manejo de un escrito médico. En nu
propósito de valorar la calidad de la enseñanza de
Institución, se constata que las tesis se ubican en el
ve! de conocimientos y consensos médicos vigentes

la primera parte del siglo XIX - fundamentalmente dominado por la Medicina Francesa- recordando lo ya
dicho sobre los medios de comunicación en Monterrey
en ese momento. Si bien nuestra Escuela se fundó
cuando tomaba fuerza la Medicina Alemana (18501900), la inercia médico científica continuó con la doctrina francesa.
Dos adelantos sumamente importantes en la medicina y cirugía del siglo XIX, la anestesia (Morton y
Wells 1847-1850), y la antisepsia (Senmelweis y Lister
1847-1 867), no se manejan en los manuscritos de estudio. Lo consideramos una ausencia notoria, cuya causa
no podemos inferir con certeza a partir de nuestra infonnación. Sin embargo cabe señalar que la tesis de
Fannacia de Mauricio García (1877), trata del Chloral y
otros anestésicos.
Pese a estas deficiencias y limitaciones, el conjunto
de tesis de los primeros egresados de la Escuela de
Medicina de Nuevo León constituyen, después de la
obra de José Eleuterio González, la primera literatura
científica generada por la Institución pionera de enseñanza médica en nuestra entidad, y en general de la
enseñanza superior.
Seguimiento profesional de los primeros egresa-

dos. De los 45 médicos titulados en la etapa de referencia, 24 se asentaron en Nuevo León. Una lista de 1895,
publicada en la memoria de gobierno de Bernardo Reyes
los ubica en los municipios de Santiago, Apodaca, Salinas Victoria, Mina, Cadereyta, Montemorelos, Linares, Villaldama, Sabinas Hidalgo, García y Monterrey.

Para ese año de 1895 habían fallecido: Ygnacio
Martínez, Tomás Hinojosa, Francisco Gómez, Cayetano Quintanilla, Bernardo Sepúlveda, Manuel Garza
Cantú y Jesús María Lozano Garza .
Ygnacio Martínez fue primer alumno que cursó la
carrera completa en el Colegio Civil y se examinó el 8
y 9 de agosto de 1865. Se incorporó de inmediato a las
tropas republicanas y desde entonces participó activamente en la milicia y la política nacional, primero a favor y después contra Porfirio Díaz, hasta su asesinato
en febrero de 1891, en Laredo Texas. Entre otros cargos fue gobernador y comandante militar de San Luis
Potosí. También fue un escritor de estilo mordaz.
Algunos egresados fueron catedráticos de la Facultad y del Colegio Civil. Otros incursionan en la política o en cargos públicos dentro del Consejo de Salubridad de Nuevo León. José María Lozano, aunque cursó
la carrera en la ciudad de México se tituló aquí en 1863,
catedrático de la Facultad y director del Colegio Civil.
Su obra principal es la Historia de la enseñanza de las
ciencias médicas en 1894, publicó también Apuntes sobre la Geografia médica y la higiene de Monterrey ,
1889. Juan de Dios Treviño, sucesor de Gonzalitos en
la dirección de la Facultad de 1888 a 191 8, también fue
senador y diputado; Domingo Martínez Echartea, alcalde de Monterrey en 1877; José María Argueta, alcalde del municipio de Villaldama, que cursó la especialidad de cirugía en Filadelfia y emigró a la ciudad de
México. Eduardo Zambrano, asumió la alcaldía de Villaldama de 1903 a 1905. El fannacéutico y médico Pedro Martínez fue alcalde de Monterrey.

�CONCLUSIONES
1. Los expedientes

de los primeros egresados de la Facultad de Medicina de la UANL representan una fuente
histórica inédita, que ilumina uno de los puntos fundamentales de la Ciencia Médica en Nuevo León, la calidad de su enseñanza.
Las tesis son más que nada un ejercicio teórico
de jóvenes no mayores de 25 años de edad, redactados
en un plazo máximo de 48 horas y con una bibliografla
elemental. Pese a ello la calidad de los escritos mejora
notablemente una vez superadas las dificultades iniciales de la escuela.
2.

men, sembraron para la posteridad la búsqueda de la
excelencia, legado de su fundador, José Eleuterio González Mendoza.

12 Castañeda, Cannen y otros /Catálogo de Tesis de Medicina del
Siglo XIX I (Prólogo de Fernando Martínez Cortés). Departamento de Historia y Filosotia de la Medicina/ Centro de Estudios sobre la Universidad. UNAM,1988.

CITAS BIBLIOGRAFICAS

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Barcelona 1941.

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Centenario del Colegio Civil, 1957, Monterrey, Nuevo León.
2 Cavazos Garza, Israel. !bid.
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1990, México.
4 Martínez, Ygnacio /Tesis recepcional manuscrita inédita I Agosto 1865, Fac. de Medicina UANL.

3. El nivel de conocimientos manejados correspon-

de a los autores franceses de la primera mitad del siglo
XIX, nivel aceptable para una escuela mexicana de
provincia, cuyo mejor medio de comunicación fue la
diligencia, ya que el ferrocarril llegó a Monterrey hasta 1882.

5

Dávila, Hennenegildo /Biografia del Doctor José Eleuterio Goitzález./ Gobierno de Nuevo León. 1888 / Edición facsimilar,
1975. Ediciones «al voleo», Monterrey, Nuevo León.

Junto a la obra editorial del doctor José Eleuterio
González, este acervo constituye la primera literatura
científica generada por la institución pionera de enseñanza médica en la entidad, hoy parte de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

8 Dávila, Hennenegildo. /bid.
9 Garza Cantú, Rafael. /Algunos apuntes acerca de las letras y la
cultura en Nuevo león Jll/0-/910 / Septiembre 1910 Monterrey,
Ed. facsimilar 1995. CONACULTA-GOBIERNO DEL ESTADO DE
NUEVO LEÓN.

5. La escuela de Medicina cumplió su función social durante el siglo XIX, pues la mayoría de sus egre-

IO

sados ejerció en Nuevo León.

11 González, José Eleuterio !Colección de Discursos sobre lnstrut·

Maestros y alumnos de la Escuela de Medicina tuvieron conciencia de las limitaciones de su Alma Mater, pero el asumir con seriedad el protocolo del exa-

Dávila, Hennenegildo. /bid.

ción Publica I Periodico Oficial. Imprenta del Gobierno de
Nuevo León, 1885.

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1896-1903 / Editorial Lumen, México D.F., 1927.
Cavazos Garza, Israel /Diccionario Biográfico de Nuevo león /
Grafo Print Editores, Monterrey, 1996.
Cavazos Garza, Israel /Escritores de Nuevo león. Diccionario
Bibliográfico I UANL, Monterrey, N.L., 1996.

15 Castañeda, Cannen y otros. !bid.
16 González, José Eleuterio /los Médicos y las Enfermedades en
Monterrey 111111/Wellcome Historical Medica! Library. Londres
Inglaterra. 1968.
17 El Escolar Médico (Escuela de Medicina, 1888 Tomo 1 num.1,
marzo 15) / Edición Facsimilar de la UANL, Monterrey, N.L.,
1982.
18 Periódico Oficial. /Colección de Leyes y Decretos del Gobierno
del Estado de Nuevo León/ 1895.

6 Fortson, James R. y otros. /bid.
7 Dávila, Hennenegildo. /bid.

4.

14 Barquín, Manuel C. /Historia de la Medicina y su problemática
actual Imprenta Francisco Méndez 7a. Edición. México 1989.

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Tapia Méndcz, Aureliano José Ele111eno Gon::ález. Be11eménto de
Nuevo León/ Ed. Libros de México, D.F., 1976.
Tesis de exámenes profesio11ales de Farmacia de la Escuela de
Medicina de Nuevo León J/161-11177 (manuscritos inéditos) Archivo Histórico de la Facultad de Medicina de la UANL.

APÉNDICE
Relación de expedientes para exámenes profesionales de medicina 1857-1878
1

8 Agapito Cantú/ 19 enero /1867/ ¿Cuáles son las calenturas perniciosas? Cuáles son sus causas. sílllomas y cuál su tratamiento.
9 Manuel Femández 16 de febrero, 1867/ Las miasmas que pro&lt;ÍM•
ce11 el cólera epidémico, la pes/e, la fiebre amarilla y calenlll•
ras i11termite11tes: ¿Son o 110 co11oc1das, .1011 o 110 congénem1
e11 qué circunstancias se producen? (Cursó sus estudios en la
ciudad de México).

°

1 Federico Foose/ 7 de enero 1868. (Revalidación de título del e~
lcgio de Jefferson Filadelfia) No existe la tesis.
11 N. W. Brown 120 de marzo, 1868/ Aplicaciones del calor y eljÑ
en el tratamiento de las enfermedades. (Revalidación de título
extranjero).
12 Aaron Answell/11 de abril 1868/ Diag11ós11co difere11cial entre!,
enteralgia aguda y la invaginación intestinal. (Revalidación
de título extranjero).

Tomas Kcamy 119 de agosto, 1857/ The causes and treatment of
Thyphoid Fever. (Revalidación de título extranjero, escrita en
idioma inglés).

13 Francisco Gómez Rodríguez/ 7 de octubre 18681 Reblandeamiento del cerebro (No existe la tesis).

2 José María Lozano/ Jo de julio 1863 (Cursó la carrera en México)
No existe la tesis.

14 Ramón Dávila /30, 31 de julio, 1869/ ¿Qué método es preferiblt
para las amp11tacio11es del antebrazo?

3 Luis Nohol/ 12 de septiembre 1863 (Revalidación del título Universidad de Berlín en Prussia) No existe la tesis.

15 Domingo Martínez Echartea /18, 19 de agosto, 1871/ ParalelisfllO
entre torción y ligad11ra de arterias.

4 Ygnacio Martínez /7. 8, de agosto, 18651 ¿Hay ó no fiebres escenc1ales?
5

Epitacio Ancira /18. 19 de agosto, 1865, ¿Cuál es la naturaleza de
la Hipocondrio y cuál es el tratamiento que conviene?

6 José Guadalupe Martínez '6, 7 de septiembre, 18651 ¿Cuándo debe promoverse el parto prematuro?
7 Ramón G. Pére,Jdiciembre 1865/ Amplllaciones.

19

16 Cayetano Quintanilla 12, 3 de septiembre, 1872, El Chancro, ¿o
ca11sa o efecto de la Sífilis coristilllciona/? ¿Cuáles son sus C/1'
racteres? ¿Qué indicaciones s11ministra11? ¿Cómo se satisfo,
ce11?
17 Bernardo García '4, 5 de septiembre, 1872/ La gangrena espo,,..
nea, seca o senil. ¿Q11é es? ¿Cuál es su historia y tratamiento?
18 Justo Lo,.ano /22, 23 de noviembre, 18721 ¿Cuál es el diagnóslitl
diferencial de las enfermedades del corazón?

20

Jesus
.. Man.a' s·anc.he7 123 de noviembre 1872/ (.·Cuál es el diagnos//co difer.:nc,al de las enfermedades de las 1•ias urinarias
(No existe la tesis).

32 J • M . E G '
ose ~na . on~,alez 116 de septiembre, 1875/ Diagnóstico diferencwl y tratamiento de la hernia inguinal y entra/.
33

.
Santos G~rza/n ?e septiembre de 1875/ Las diferencias que hay
entre la 11ifecc1on 1· el contagio (No existe la tesis).

Alberto Quirós 12, J de octubre, 1871/ Diagnosis y tratamiento de
las enfermedades del Hígado.

nJ . M . A

34 Franc1sco
.
G
on,.a'Iez y González / 18, 19 de septiembre, 1876' la
b~el-'edad natural o accidental del cordón umbilical. ¿ Puede
d,agnosllcarse durante la fi111c1ó11 del parto? ·Puede deten
la/1111ción? Medios de comballr/o.
t
er

23

35 Macedonio García Pérez /10, 11 de septiembre, 1876/ Sífilis v su
tratamiento.
•

21 J

. p _ ,

.

oaqum ena 25 de septiembre, 187J/ Tuberculosis en grneral 1,
en parllcular del pulmón.

·

esus , ana rgueta 120 de septiembre, 18731 Diagnóstico di{erenc,al de las enfermedades del pulmón.
·

JoséC.
ortazar / JO de septiembre, 1873/ Diagnóstico diferencial de
las enfermedades del cora::ón.

24

Manuel Gar,a Cantú /Jo, 11 de octubre, 1x73/ Diagnóstico diferencial de la.1· enfermedades del útero y su tratamiento.
25 T . fil
eo I o de

la Gar,a /9,
estreche: de w·t.'lra.

36 Pedro Atanasio Eli,ondo /13, 14 de octubre, 1876/ . En qué caso
. d. d
1,
s
esta "'. tea a la r~sec~ión de 1111 hueso y cuáles son preferibles?" las ord111anas o s11bperiostática.1?
37

IO

de octubre, 1873/ Cálculo.1· urmario., 1,
·

26 E

.
.
P•~enio Elizondo /13. 14 de octubre, 1873' Diagnóshco diferencial de las enfermedades del cerebro y su tratamiento.

27

Bernardo Sepúlvcda '28 de febrero, 187~' Diagnósticodiferencía/
de las enfermedade.1· del corazón.

Abraham Buentello /13, 14 de septiembre, 1877/ ¿Puede diagnosltcarse durante el trabajo de parto el excesfro ~·olumen del feto? ':Qué co11ducta debe obserl-'ar el partero en 1111 caso de este genero?

38 Albino G. Martínez /20, 21 de julio, 1877/ ¿Qué valor tienen como elemento de diagnóstico de la sífilis /as ~·egetaciones en
general?
39 A

28
&amp;!mundo F. _Rodríguez. (Sólo c.xisle su solici1ud de examen y
las constancias de l-'Studio y práctica clínica. del 14 de octubre
de 1875. No hay respuesta del Consejo de Salubridad).
iq J

•

csus
· 110,
•
. . •María Lo1an li 12s, • 29 de•JU
v1s1on ydiag11&lt;Í.1tico.

1~75 ¡

·
F1cbrn
en general. di'

JO J •

t . M ' F
nonio
ana emández 127, 28 de septiembre, 1877/ ¿la fiebre
debe com,derarse como un.fenómeno purame111e nen,wso?

40 A .1
11 ano Guerra 121, 22 de noviembre, 18771 ¿Puede siempre pre1-'erse y co11 segundad eritarse la desgarradura del permeo
durante el trabajo del parto?
41

csus_Lozano Garza 110 de sep!lem
• · bre, 187~¡ El cancer
·
1· su tratamiento.
·

31 M'•guel C D' ·1 ¡ d d. ·
.
· 3\1 a 3, 4 e 1c1embre, 18751 Inflamaciones del pulmon Y s11s complicaciones.

Eduardo Seratin Zambrano /13, 14 de junio, 1877/ ¿las neurosis
pueden ser contagiosas?

42
E_usebio Rod~guez 15, 16 de octubre, 1877/ La expectación,
tPUede considerarse como medio terapéutico 1, qué servicios
puede dar al médico en el tratam1e1110 de las enfermedades?

�43

44

45

Evaristo Sepúlveda /20, 21 de septiembre, 1877/ La sifilización
¿tiene algún valor terapéutico e11 el tratamiento de la si.filis?
Darío F. Serna /20, 21 de junio, 18771 ¿La linfa vacuna/ puede
ser un medio de propagación de la sífilis? ¿Puede con seguridad evitarse esta propagación?
Donaciano Zambrano 112, 13 de octubre, 1877/ ¿Qué valor terapéutico tiene la sangría como tratamiento de las hemorragias
cerebrales?

46

47

Francisco Garza Cantú /1. 2 de octubre, 1877/ ¿Puede diagno,,,.
carse durante el trabajo de parto la rotura del cordón umbilical? ¿Qué ataque hace a la vida del feto y de la madre? ¿Cwles son los medios para combatirla?
Francisco Sepúlveda /24, 25 de septiembre, 1877/ ¿Qué es la,,.
q11eotomía? ¿Cuáles son las indicaciones y contraindicaciones?

41

Jesús María Sepúlveda /18, 19 de septiembre, 1877¡ ¿Qué ataque
s~ hace a la vida del feto y de la madre con /a aplicación del

forceps?
49

Martín González /lo, 11 de septiembre, 1877/ ¿El vinis vacuno es
susceptible de degenerar?

so Evaristo ~uerra /~6, 27 de julio, 1878/ ¿En qué se distinguen ycóm~ _se d1ag11os11ca11 las diarreas escenciales, simomáticas v
en/leas?
·
51 Jacobo Jiménc1 /4 de julio, 1878/ La fiebre remiteflle ictérica.

52M .. G ,
aunc10 a_re1a / 10, 11

de julio, 1878/ ¿Qué u11l,dades puede sacar la med1cma de la estadística? ¿Qué co11d1cio11es ha de tener? ¿Qué valor tiene como medio de pronós//co?

Estadística de titulados en la Escuela de Medicina
1857-1878

Año

Medicina

Fannacia

1

o

1857
1862
1863
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878

7
3
13
3

2
2

Total

52

21

o

1

2
4

o
2

o

o

2
4
1

4

o
1
4
7

o

1

o
o
o
2
2
5

o

Monterrey, Nuevo León, diciembre de 1998 _

Ignacio Martínez y su familia.

�NOCTURNO

Mineroa Margarita Villarreal

Adaniar

Jules Laforgue

Versión de Miguel Covam,bias

Agonizante un día, en el viejo sol pienso.
Mi sien oprime el dedo: siento miedo, jadeo.
Sin embozo platican, frente a mí, tres muchachas.
Bordan bajo la suave claridad de la lámpara.
Noctume
Je songe au vieux Soleil un jour agonisant,

Je halete.j'ai peur, pressant du doigt ma tempe,

En face. pourtant trois jeunes filies, causant,
Brodent ala clarté paisible de la lampe.

,.,
~f.

u..n......

104

Novembre 1880.

VERDEHALAG

105

�ENTREVISTA A GLORIA CORREA

Julieta Renée
Delicado, tenue velo flotando en la
atmósfera de la vida.

Sentí los beneficios espirituales del
arte al que muchos de los promotores culturales actualmente le dan
mucha publicidad, porque son valores espirituales que hacen que la vida del hombre se enaltezca y no solamente se enaltezca, sino que te
ayuda muchísimo a vivir toda la serie de contrastes que tiene tu propia
humanidad.
Semillas, tierra fértil desde donde
nace el deseo de ser.

Si llamamos trayectoria el tiempo de trabajo, a la serie de intervenciones culturales, te puedo decir que
de 1967 a 68 realicé mi primera exposición individual y ahorita en 1998
tengo 45 exposiciones individuales
en la república mexicana, incluyendo 7 en el extranjero, individuales.
Eso como trayectoria. Y en cuanto al
inicio, recuerdo que me influyó ... la
escuela primaria que tuve en el lugar
donde yo nací, donde te enseñaban a
pintar al óleo los trabajos manuales,
los mapas de la república. Y entonces sentí una gran facilidad, incluso
en la botánica, para dibujar las raíces
y la serie de plantas: los tubérculos,
las trepadoras. Sentí que tenía una
gran facilidad y me recreaba.

106

1
Detrás, a un lado, enfrente, alrededor: emociones emanan; gota, charco, laguna, ríofluyendo...

Yo pienso que lo más beneficioso para mí ha sido el ejercicio del arte
figurativo. Y a través del constante
ejercicio llegué a disfrutar el abstracto y he eliminado poco a poco,
en algunas colecciones, lo figurativo.
Refulgente reflejo de lo profundo, inmediatez.

Pienso que todos creemos en el
momento en que nos están haciendo
una encuesta que es el mejor momento de nuestra vida. Yo pienso
que «el mejor momento de nuestra
vida» la mayoría lo contesta así, porque el presente es el más importante.
Y yo te puedo decir que estoy llena
de planes, estoy floreciendo nuevamente después de etapas de la vida
que has tenido que pasar y que te
permiten contar con todo tu tiempo
para dedicarlos a la producción del
arte.
Sumergida en el azul, asomada a la
primavera, oliendo el aroma de flores encontradas en el camino...

Tuve algunos maestros, pero recuerdo que muchos de ellos no me
dieron lo que yo esperaba. La educación cultural en México no tenía el
pulimento que actualmente existe y

se unía a eso una serie de egoísm06
que yo detectaba cuando tenía algún
problema; siento que no me lo solucionaba, entonces, yo no puedo decir
cosas muy buenas de los maestros.
Aprendí de observar. Aprendí de la
confrontación. Aprendí de estar en
lugares donde se cultiva el arte y visualmente me enseñé a captar mi
propio aprendizaje. Sin embargo recuerdo algo muy bueno que recibí de
un maestro que tuve en Arte, A.C., el
maestro Antonio López Oliver, en
el sentido de cómo me enseñó a limpiar una paleta. Ese es el mejor recuerdo que tengo de un maestro.
Apegadas las olas que se van regresan a besar la arena...

Me parece muy auténtico porque
es instintivo y ·muchas veces no resuelven las cosas a través de cánones
sino a través de sentimientos.
Devenir rítmico, blanca luna de rayos extendidos, dibujándose en cada
ola de la noche negra...

El arte de los indios es muy bueno para realizar obras donde hay
muchos elementos o que son muy
repetitivos... las imágenes las llevan... en serie y eso les da un efecto
que los pintores que manejan un solo
elemento no tienen. En cuanto a la
española que es tan amplísuna.
aprendí mucho de ella sobre... el co-

lor. Esa influencia ... esa influencia es
muy importante... pienso que para todos es muy importante.
Una y otra vez el pincel se moja en
el rojo, azul, amarillo que permanecen siempre en espera.

Refiriéndome a la cultura de los
indios artesanalmente. Ésos les pueden enseñar a muchos de los que se
sienten artistas a tener una disciplina,
a tener una constante práctica que es
lo que les da destreza y maestría.
Brisa sopla al oído cantos de jilgueros buscando refugio.

Sí. Incluso influyó muchísimo en
mí; en el Lago de Pátzcuaro vi cómo
pintaban los alhajeros, las bateas con
una perfección a la que solamente se
llega a través de la práctica constante.
En el lienzo se adivinan impulsos,
determinaciones, desalientos, vigor,
ternura... mezclándose con púrpuras, esmeraldas y anaranjados tonos.

No, un hombre y una mujer no
Pintan de maneras similares. ¡De
ninguna manera! Ya que nuestra naturaleza es diferente. La sensibilidad
es otra, los criterios son diferentes.
Los valores nos distinguen muchísimo.

Formas, texturas, sombreados... van
poco a poco entrelazándose, sin sentirse, en la tela en blanco del mundo ... expresando arte a través de gotas lentas, espesas lágrimas o...

Hay mujeres mucho más profundas, mucho más fuertes espiritualmente. El hombre es más vulnerable
a los vicios, a ser más humano que
espiritual. Es una diferencia muy
grande. Hay una fijación tremenda
en la obra de algunos pintores sobre
la sexualidad. Muchas mujeres la
manejan en forma sutil y poética y el
hombre lo plasma en forma, hablando del arte primitivo, un poco primitiva. ¡Y esa es la gran diferencia que
existe! Olvidamos que nuestra vida
es transitoria y nos enfocamos nada
más al deleite de ... de la sensibilidad
humana.
Repetidos ecos regresan de montañas en donde chocan palabras que
se entres;ruzan, palpitan, siguen
nuestros pasos, nos alcanzan...

Empezando por Frida Kahlo, a
mí me parece que después de que
murió aproximadamente en 1954 -puedes checar la fecha- , no se le cono- .
cía en la forma que actualmente se le
conoce. La influencia es producto de
la comercialización del arte. Y su influencia es respuesta también a esas
propagandas. Yo creo que si a cualquier artista «x» se le da la difusión,

la importancia y la oportunidad que
después de muerta se le dio a Frida
Kahlo, hubiera muchos mitos Kahlos en México. En cuanto a Remedios Varo, influye muchísimo a personas que tienen una tendencia surrealista. El surrealismo... ha tenido
también una promoción no tan importante como la que tiene actualmente Frida Kahlo; sin embargo, el
beneficio que se recibe, repito, es el
producto de la publicidad y que al
mismo tiempo }pllede interesar a
quien tiene inquietudes artísticas.
Bella la piel dorada de sol, se estremece con el viento... igual que se
mueven estremeciéndose las plumas
ligeras de los pájaros.

Sí cómo no. Cuando yo visité
Monte Albán me impresionó muchísimo nuestra cultura. Y entonces era
como un reto, ya que yo vengo de
una familia extremadamente recatada y fue coqio un desafio inconsciente. A mí no me dejaban andar
con manga corta y ... que disimulara
mi anatomía. Me eduqué con monjas, entonces como que fue una especie de sacudida y creo que inclusive pude haber escandalizado un poco en una exposición que hice en la
Casa de la Cultura de Michoacán...
que se preguntaban: ¿y por qué figuras desnudas? Inconscientemente yo
pienso que ese era el derecho natural
a ser normal que me impedían con
107

�ciertos atavismos que... en alguna
fonna todavía los tengo. Después algunas personas también decían...
que no aceptaban mucho el desnudo,
me hicieron cambiarlas y empecé a
vestirlas. Entonces en otra exposición que hice aquí en la Casa de la
Cultura de Monterrey, escuché que
decían... ¿y ahora por qué las viste?
¡Que no las vista! Entonces es imposible complacer a toda la sociedad.
Por un lado hay el escándalo, por
otro lado hay quienes disfrutan la figura humana a través de la concepción hennosa de la naturaleza. Pero
¡para adivinar! Realmente no podemos nosotros los pintores ir complaciendo a la gente, sino ser tú misma.
Si en un momento dado dijiste «ya
no quiero pintar eso», pues no lo
pintas y sigues siendo tú. En ese momento probablemente era yo y sigo
siendo yo en las otras cosas. Pero
para la crítica cultural tienes que tener un esquema: o ser de una fonna
o ser de otra. Y entonces a eso yo le
llamo etapas. Etapas en la fonnación
de una persona que nace artista y
que tal vez muera artista.
Emanando paz... armonizando pensamientos, pasando tiempo en la
contemplación de todo lo existente.

Sí, soy profundamente religiosa.
Si ser profundamente religiosa se le
llama a tener principios, a tener ética, a tratar de conservar valores en la
108

familia, en la sociedad, en la moralidad, sí lo soy. Y creo que eso se demuestra en muchos aspectos de mi
vida.
Una onda de sonido/otra de silencio, se
siguen paralelas, se permutan a veces:
el silencio/el sonido se tornan intermitentes; parte de lo desconocido...

Yo entiendo muy profundamente
que hay otra vida diferente en el más
allá, que nuestro paso aquí es transitorio y creo en que si hacemos el
bien o tratamos de vivir con valores
espirituales y morales, vamos a tener
una vida mejor, más allá. Tengo mucho temor de Dios y creo firmemente en esos valores.
Estrella brilla entre otras, generando sin egoísmos, luz...

Me nace, me nace hacerlo, me
nace darle un homenaje a la madre
del Creador por el que vemos la luz
del día que es tan maravillosa. Hay
personas que disfrutamos la naturaleza, que disfrutamos todas esas
fuerzas a las que le ha rendido culto
la humanidad, como la fuerza del
viento, del fuego, del agua. Creo que
ese es un pequeño homenaje también que me nace hacerle ya que
cuando la persona se encuentra abatida, me he dado cuenta, se reconforta pensando en que hay una fuerza

superior que te puede ayudar a
guir adelante con tus problemas.

~

Fértil la tierra da zumos de frutos,
vitalidad, alegría...

Yo todavía no espero... yo todavía no espero dejar a los demás. Quisiera tener más vida para poder dejar
algo que no sea transitorio. Siempre
siento que estoy construyendo, que
puedo hacer algo mucho mejor, que
mi tiempo todavía es ... es corto.
Aunque parece que es largo, creo
que... ¡me siento tan bien con la
práctica del arte!, que pienso que
voy a tener mucha vida para poder
realmente dejar algo. Algo a la medida de mis deseos.
Niñas asoman, niños miran desdt
los hombros del padre, brazos de la
madre... seguros, firmes, contentoJ;
horizontes siempre nuevos...

Pues la inmortalidad de una obra,
de las obras... ¡Que sean valoriz.adas! Que sean realmente apreciadas
en su magnitud. Si le dedicas toda tu
vida, tiene que llegar, espero, eso sí,
espero, esperaría que llegara el momento del reconocimiento.
Verdes hojas húmedas goteadas de
rocío, cielo azul turquesa, color de
oscura arena ennegrecida.

Quisiera que descubrieran en mí
la sinceridad. Que descubrieran en
mí la autenticidad. Yo soy una persona que si digo es blanco, es blanco, y si digo es negro, es negro. Y
que así lo sientan y lo crean. Entonces, eso también puede ser algo que
yo esperaría.
Cuadros de sueño, ensueño, irrealidad...
Pues quizás la de Leonora Carrington, sí la admiro, y entre comillas porque su obra, creo, fue muy limitada, a no ser que la esté confundiendo porque... tuvo alrededor de
cien cuadros. Entonces su obra no
fue muy extensa. Su contraste, cosa
onírica... puede ser que todos los
pintores en el fondo seamos ¡oníricos! En México se le conoce mucho
más a una persona que se le hace difusión. Sin embargo, digo, cien
obras no es una obra... prolífica. Si ...
Conjunto, armonización, unión de
voluntades, vida, metas, proyecciones, placeres espirituales...
Pertenecí un poquito al Instituto
de Cultura Hispánica de Nueva
York, con el que tuve algunas relaciones. Posterionnente... bueno, pertenecí también a la de Monterrey... a
la APNAC (Asociación de la Plástica
Nuevoleonesa), fui fundadora, socia
fundadora. También fui delegada de

FOMART durante muchos años aquí
en Monterrey, que es la sociedad autora! nacional.

Estructura contactos rompiendo soledades, lenguaje, color.
Casual... por casualidades nada
más, por los esfuerzos del Consejo
para la Cultura y las Artes. Pero no
hay una integración fuerte entre nosotros mismos. A mí me falta también. Sería muy bueno si... si nuestra
estructura fuera diferente. Pero por
eso se distingue el arte pictórico,
porque somos individualistas y no,
no hay una relación estrecha de unos
con otros. Son convencionalismos
nada más, o por eventos, o si alguien
aparenta que vas a recibir algo de un
evento, entonces es cuando hay
unión. Colectivamente sí haría falta,
eso es todo.
Enlace de suspiros, espiral de pensamientos, distancias repiten ritmos,
acercamientos:
En primera línea mis cuatro hijos. Dos hombres y dos mujeres. La
segunda línea, los hijos de mis hijos,
me han hecho sentir que tengo una
familia. ¿Cuántos son ellos? Son dos
niñas.
Juntos en el devenir, oleadas de
tiempo mojan, sonrisas, gestos conjuntos, refrescándolos ...

Las necesarias nada más. Me refiero, cuento como amistades a...
mis familiares por parte de mis padres y socialmente a un grupo que
me hace sentirme bien.
El cuerpo y el espíritu se alimentan
de belleza, se nutren por sus sentidos, jugando a ser.
Alimentándome bien. Me alimento bien, hago un poco de cultura
física y selecciono mis alimentos.
No como azúcares, no como harinas.
Casi peso lo que tenía cuando contraje matrimonio y yo pienso que
también eso es parte de mi ... de mi
personalidad; aunque nunca fui
gruesa. Sí creo que es bueno, sobre
todo para sentirse uno bien, estar sana y sentirse bien. Y sí, estar activa.
¡Mmm!
¿Del mundo? Me gusta mucho
Salvador Dalí, me gusta su unión de
lo material con lo espiritual. Y sobre
todo, el que nos encanta a la mayoría: el autor de la Capilla Sixtina. Me
gusta... el colorido de Tamayo. No
me gusta para nada el que han convertido en mito aquí en Monterrey:
Morales. Es un pintor indígena. Sus
alebrijes y sus cosas yo pienso que
ni él mismo las entiende.
Racimos de cielo claro colgados entre árboles; talento grabado en la ro109

�ca, el tronco, el moaré de las olas:
naturaleza.

Conocí a una pintora canadiense,
Lizet, de la que conservo unos grabados extraordinarios. Y ... es la tristeza de ver que en México hay muchos valores desconocidos. Y volvemos a lo mismo... el talento debe estar unido ¡a la promoción y a la difusión!
No es la fama la mejor creación
de una obra. Es producto de la publicidad. Muchos pintores nacionales,
si se les diera la oportunidad... ¡podríamos ver en museos obras de mucha mayor calidad! ... no, desde luego que no. Y tenemos un caso en
México; es comprometedor que yo
señale firmas muy conocidas que
son productos de la publicidad. A
eso le podríamos llamar talento de
mercadotecnia pero no talento artístico. Rodolfo Morales: han hecho de
él un mito tremendo aquí en Monterrey, ¿verdad? Si a cualquier artista
nos dieran una oportunidad... Yo los
llamaría... diría que son los consentidos
del arte que reciben un mimo social
y los hacen grandes. Por eso hay muchos pintores buenos y... resentidos.
Y muchos pintores también malos, resentidos. Porque probablemente muchos creemos que estamos consagrados o que nos pueden
consagrar y en realidad nuestra obra
110

no vale. Actualmente... no es que estemos engañados, es que creemos
que... ¡hay mucho charlatán del arte! ... y creen que su trabajo vale mucho. Y también esperamos... pero no
tenemos derecho a quejamos si nosotros no nos acercamos lo suficiente. Hay muchos factores. Muchas
veces el factor tiempo, el factor personal, social de cada quien, que te
anima a andar besando... lo que
sea ... para sobresalir. Y esa es la situación. La situación real del arte en
México. Tampoco los pintores vamos a esperar a que nos encuentren.
Nosotros tenemos que decir ¡aquí
estamos!
Yo tuve muchas exposiciones de
nivel nacional y viajaba a los estados, ofrecía mi obra y siempre tuve
una respuesta y siempre tuve éxito.
Entonces también depende mucho
de n&lt;?sotros. Sí hay oportunidades en
México. Tampoco es justo que todo
se lo carguemos a los organismos
culturales, ¿verdad?

he vendido a buenos precios algunas
obras. Y es lamentable que uno lo
tenga que decir, porque tambim
comprendo que si tú eres sincera y
lo reconoces, dices pues no, vamos a
esperar un poco más. Pero no viene
siendo un negocio. Viene a ser un
modus vivendi muy bueno y con muchas perspectivas todavía.
Locura... querer compartir: el sentir,
tocar, soñar... ausentarse, perderse
para siempre. Aquello que se crea, se
destruye... lo que conforma.

No tendría sentido mi vida, tampoco, como cultivo del arte pictórico. Las cosas que uno realiza tienen
que tener también ¡un sentido! Que
tengan un valor, porque no tendría
sentido que estés haciendo cosas que
no sean útiles, que no sirvan, que no
interesen... Es muy triste, es muy
triste que muchos artistas estén es¡»
rando que después de muertos... El
caso de Van Gogh es un fenómeno
de la historia ¡que puede repetirse!

acuerdo con la violencia. Pero si la
violencia es destrucción, no estoy de
acuerdo con ella. Y mi posición pacifista como artista se nota en una
serie de obras en que manejo la paloma. Es un sueño, es un anhelo de
todo ser humano vivir en paz y poder realizarte en cualquier profesión,
con todas las necesidades propias
del ser humano. Entonces en mi obra
se nota muchísimo, tuve una época
en que siempre estaba haciéndole
homenajes a la paz: la diosa de la
paz, los niños de la paz, la madona
de la paz... inclusive en parte de mi
obra religiosa. Pinté una madona que
según tengo entendido compró un
coleccionista de aqui, de Monterrey,
para una capilla, para una de sus capillas. Entonces esa obra también
habla de la paz ... es parte de mi intervención como artista. ¡Mrnm!
Placentero quehacer: copiar, reproducir, recrear sedosas líneas de nubes, piel rugosa de flores, temblores
de tormenta... a través de pensamientos.

Cantar.con suaves tonos ondulantes,
voz pictórica de esbozo, camino trazándose... con nuevos pasos cada
instante.

No, pero en mi caso no es un negocio. En mi caso podría decirse que
es una inversión todavía. ¡Es una cosa seriesísima! Desde luego que no
está solucionado mi modus vivendi;

Deseo prolongado de existir... de ex·
presarse, de ser... humano.

Desde luego, no estoy de acuer·
do -me considero pacifista- con la
violencia. Ahora, si la violencia se
interpreta como un medio de defensa, me parece muy bien. En la vida
hay que tener carácter. Y a veces, si
el defenderse es violencia, estoy de

Trabajar mucho. Me encanta trabajar ~n lo que sea. Y hacerlo cada
día mejor. Recuerdo que como parte
de mi educación se me inculcó que
lo que alguien hiciera, lo hiciera
bien. Si amas, debes amar con todos
los sentidos. Si ríes, debes reír con
todas tus cuerdas vocales. Y si vas a
Pintar, vas a pintar lo mejor que tú

puedas. Eso es lo que quiero hacer.
¡Jajaja!
Otro momento, irrealidad, ¿cómo
fue? Este momento, esta realidad,
¿cómo es?

Mira, yo veo, como el resto de la
sociedad, que hay un desajuste entre
la emoción y el virtuosismo y entre
el valor para vivir y el valor para el
atrevimiento. En ese sentido, me reservo el nombre de una artista que
actualmente están tratando de convertir en un mito como Frida Kahlo,
cuyos méritos fueron... después de
haber sido casada y en su vida personal haber tenido otro tipo de relaciones, tener el atrevimiento de hacer a principios de siglo una exposición de sus desnudos, convocando
para ello a toda la prensa nacional.
En este momento, hace aproximadamente diez años, Bellas Artes la está
intentando hacer un mito, pienso yo
que con el objeto de que en un futuro sus obras... se coticen alto. ¿Qué
mérito le encuentro yo o qué no le
encuentro? Yo creo que el mérito,
entre otras cosas, estriba en haber
sido amante del Dr. Atl. Su obra es,
fue raquítica, pocas obras ... lucraba
con sus escenas sexuales y vivió en
la miseria. ¿Tú consideras que eso es
talento en un artista? Que tenga que
andar en albergues para poder subsistir, después de haber sido casada
con un embajador o un ministro, yo

pienso ... que tuvo a su alcance el hecho de haber nacido en una situación
privilegiada, no como Gauguin, que
dejó su vida porque no podía socialmente con ella mantener a su esposa
y dedicarse a su arte. ¿Tú conside'.'18
que eso es talento en una persona?
¿Para que ahora se le haga un mito,
se intente convertirla en un mito? ¿O
es comercialización del arte?
Fecunda creación de amanecer a
anochecer... pasando por momentos
de intensa brillantez de sol.

Los elementos característicos en
mi obra: creo que siempre tengo una
armonía en sus colores, los cálidos
complementados por uno frío. Esa es
la armonía que es característica...
siempre sigo esa gama. Me gusta,
me complace, la disfruto al manejarla. También... mis homenajes que
hago pensando en las cosas positivas
de la vida: el amor, la paz, la abundancia, la fertilidad.
Refleja imágenes, agua...ojos recogen ondulaciones de multicolores líquidas corrientes...

Sí, uno tiene que tomar una decisión fría. La experiencia en una exposición de Guadalajara fue la siguiente: que una mujer o una persona no tiene que dar evidencias de si
es buena madre; lo que interesa es
que seas buena artista. O sea que la

�EL TREN DE MONTERREY

Horacio Salazar Ortiz
vida personal de una artista viene
siendo algo secundario.

EL TREN DE MONTERREY
Mientras avanza el tren bajo la lluvia rumbo a Monterrey...
Aunque no estás conmigo, puedo sentir tu imagen perdida en la distancia.
Oscurecen el cielo las últimas nubes del verano
Mientras el tren del destino se desliza rumbo a Monterrey.

Olor de almendras, limas, toronjas ...
frutero encontrado en huertas extendidas al deseo de vivir y de algún
día... al morir, llegar a ser fruto y
aroma.

1991

Pues referente a mis gustos... a
mis gustos en cuanto a lo que nutre
mi vida, es... al abrir los ojos, ver la
luz del día -¡me gusta muchísimo la
naturaleza!- , las plantas, las flores,
ver el jugo de las frutas. lncluso parece prosaico pero romanticón... como decía Cervantes ... escuchar, ¡escuchar las fuentes y el muI1J1ullo de
los pájaros!

EN SILENCIO
Mejor así, muchacha, sin palabras
Déjame despertar tu piel dormida.
Penníteme oficiar la ceremonia
Ami modo, sin prisas.
No me hables del amor. Tus movimientos
Son de más calidad que tus mentiras.
1990

Creo que también una cosa principal para sentirte bien en tu quehacer cotidiano es tener buena salud.
¡Tener buena salud!

EL SARAMPIÓN

Tener buena salud y tener vitalidad.
Estoy contenta porque he vendido
algunas obras en la Isla del Padre ... y
eso pues es un estímulo. Ya tienes
más por qué seguir trabajando en algo que te gusta a ti, que es tu medio
de vida. No, muchas gracias a ti.

Don Isaías Alday era un señor sano, robusto y bien plantado,
Pero aún así se lo cargó un sarampión itinerante.
Cuando iba camino al camposanto, aunque no por su propio pie,
Todos decían, sotto voce: ¿cómo es posible que muriera de sarampión?
1991

6/oov/93

112

113

�JAIME FLORES Y OTROS PERSONAJES
DE MONTERREY

RESCOLDO
Salvador Novo
Aunque es indiscutible el poder
que tiene el tiempo para convertir
en ceniza cualquier página,
es el hombre quien fuera llamado
a descubrir una y otra VQ.
el rescoldo:
guiño luminoso que nos dirige
nuestro semejante desde el ayer.
Salvador Novo fue el más extraordinario
cronista de la primera mitad de la actual
centuria mexicana. Sin menoscabo de su tarea
como cronista oficial de la ciudad capital,
a Monterrey le dedicó numerosas visitas.
De su libro La vida en México en el periodo

presidencial de Adolfo López Mateos
extraemos un día (9 de enero
de 1960) dedicado a la pintura y al teatro
regiomontanos. Por lo tanto, aquí
aparecerán los nombres de Jaime y Pablo
Flores, y los de Roger Pompa
y Rogelio Quiroga, personajes ya desaparecidos.
Igual serán mencionados - y descritos- sitios
del Monterrey de ayer y hoy:
el Aula Magna universitaria, Arte, A. C., el restaurante
Luisiana, el Condominio Acero, un bar sito
en la calle de Zaragoza llamado El Caracol...

1960

2deenero
(...]
Concluida la visita, nos fuimos a comer. Humberto [Robles Arenas] había invitado por teléfono al doctor
Alfonso Garza, y lo citó en el Luisiana en la creencia de que ya estaría
funcionando después de sus reformas, pues la víspera había cenado
ahí. Pero no había aún servicio. Este
lujoso restaurante del hermano de
Dalmau Costa, acaba de ser redecorado y ampliado, pero aunque trabajan a toda máquina, no estará en servicio sino hasta el domingo. Comimos, pues, en el Ancira, donde también hay obra, como siempre. Monterrey, como todo México, se renueva constantemente. Y aunque la navidad y el invierno, con este calor,
no pasen de ser una entelequia, también aquí se adornan las calles con
foquitos de colores y se instalan árboles de celofán.

Anoche trabajó un grupo de Zacatecas. Hizo La danza que sueña la
tonuga, de Carballido. Pero yo me
sentía tan mal, que me abstuve de
fraternizar con ellos ni con nadie.
Me vine a agonizar en privado en el
hotel, de donde hoy no he salido sino para bajar a comer en la amable
compañía de un joven pintor, Jaime
Flores, que luce unas barbas existencialistas, y quien ya no debe tardar

en pasar por mí para que visitemos
su estudio y me muestre sus cuadros.

9 de enero
A Jaime lo conocí en México. Él recuerda qué obra fue a ver al Caballito -Tres en jaque- y que luego fuimos a la 5 de Diciembre, donde también había yo dirigido El marido, la
mujer y la muerte. Al día siguiente,
él y sus amigos de Monterrey comieron conmigo en la Capilla. En consecuencia, hace cuatro años. Él tenía
entonces dieciséis.
Ahora ha cumplido veinte, y usa
una negrísima barba. Ha encontrado
que su vocación es la pintura, y a
ella se dedica en cuerpo y alma. Vino por mi al hotel para llevarme a
que en su estudio escogiera algún dibujo o cuadro que me gustara.
Vive, evidentemente, con su familia; pero no había nadie en su casa
cuando llegamos y él abrió la puerta
que comunica directamente la calle
con una sala, primera habitación de
una serie de ellas - recámaras, comedor, cocina- que recorrimos hasta
llegar al patio largo a cuyo fondo se
encuentra su estudio de pintor. Una
casa mágica, absolutamente llena de
cosas: muebles, cuadros, objetos, como si se jugara a llenar con algo todos los huecos, a no dejar ninguno.

En el caballete hay un desnudo
en proceso. Me mostró Jaime una
serie de dibujos en negro y blanco,
hechos sobre papel negro con guauche blanco. Estudios, que más tarde
vierte al color, como esas calabazas
que me gustaron y escogí para llevarme de recuerdo. Insistió en que
escogiera otro dibujo: esta maceta
con dos flores de nochebuena, en negro y blanco. Va a rifar un óleo. Le
tomé diez boletos. Ojalá me toque.
Me gustaría tener ese cuadro.
Volvimos al centro, a un café en
el cual siguió hablándome de sus
proyectos de trabajo. Yo le escuchaba como a una persona distinta a la
que conocí; copto a su hermano mayor. Y en consecuencia de este cam-.
bio en él, yo también me impuse la
máscara: es decir, me la impuse yo,
para hallarme a tono con la nueva, la
irremediable madurez de este joven
artista que se formula planes, se
plantea problemas técnicos y estéticos, y lo que acaso en él comenzó
por ser un juego, ha acabado por
atraparlo como una vocación obsesiva y excluyente. Quiero ir a México,
exponer sus cuadros, incorporarse en
la pintura mexicana. Sabe que a sus
veinte años, bien puede trabajar duro
cinco más en hacer academia, perfeccionar técnicas, trabajar, trabajar.
Acaso, antes, le encarguen un fresco
en una iglesia de aquí. Le apasiona
afrontar ese problema.
115

�Luego, pronto fue la noche del
sábado, en una ciudad sana, alegre y
llena de muchachos ansiosos de divertirse. Mientras algunos de los
concurrentes a la función de teatro
de la fecha cumplían el rito de ir al
«coctel» que todas las noches sirven
en la casa de huéspedes en que se
alojan los actores en tránsito, otros
amigos se brindaron a hacenne conocer la vida nocturna del Monterrey sabatino: los sitios «de ambiente», como dicen, aquí donde no los
cierran a la una.

'

Si usted ha estado en Monterrey,
ya sabrá que como en todas las ciudades turísticas, los choferes de sitio
-aquí en la Plaza Hidalgo- se ofrecen a llevar al pasaje donde hay muchachas guapas, y aun alternativas
de la diversión que suponen que el
pasaje apetezca. Los residentes, sin
embargo, saben más y mejor. Comenzaron por llevarme a un bar llamado El Caracol. Un tuguric5 largo,
con una larga barra y mortecina luz
de neón amarillo. Todas las mesas,
como la barra, estaban llenas de
obreros que hablaban con la fuerte,
cadenciosa voz de los norteños,
mientras . bebían cervezas o rones
con refrescos -sodas, como ellos dicen-, y charlaban. Cerca de nosotros, rodeaban una mesa cuatro enormes, morenos, electricistas, supongo, o trabajadores de la fundidora.
Se divertían en apostar cuál de ellos

..

116

resistiría un minuto el choque eléctrico del alambre del neón, y soltabao estruendosas imprecaciones al
comunicarse la corriente, tocándose.
Mientras tanto, una especie de
mesero adicional recorría el salón
para colocar entre los clientes los
números, a tres pesos, de una rifa
que reiteradamente efectuaban: en
cuanto el sujeto acababa de colocar
los diez o doce números que vendía:
una gallina, que su ganador pudiera,
a elección, comerse ahí mismo o llevársela a su casa. Uno ponía su nombre, o sus iniciales, como hice yo, en
la línea del número que elegía, y el
lotero iba (no llegué a ver por cuál
procedimiento de eliminación) gritando: «¡Fulano! ¡Fuera por K.O.!»
Al final anunciaban al vencedor.
Pronto se extinguió el atractivo
de husmear, en aquel sitio, las peculiaridades fonéticas que sobre todo
asaltaban los oídos. No sé mucho de
eso, porque no voy nunca a tabernas
en México: pero creo que los mexicanos del centro, en general, acentúan en ellas la voz baja que nos distingue como rasgo indígena general;
en tanto que aquí la gente, ya por sí
gritona, alza aún más la voz cuando,
aparte reunirse y arrebatarse la palabra, el alcohol enciende su verborrea
y sube su diapasón.

Mi amable Virgilio accedió a
conducinne, desde este que tomaba
por el infierno, al purgatorio de otro
bar redoutable: el Venecia. A su fa.
chada misteriosa: a la puerta, se haliaba cuando llegamos un jeep policiaco, y mi cicerone prefirió bajarse
del coche, quitarse la corbata y entrar a investigar si no sería demasíado peligrosa nuestra visita al antro.
La presencia en él de ·muchos de los
muchachos del teatro: de estudiantes
y jóvenes honorables de la localidad,
le tranquilizó y entramos.
En realidad, el sitio era también
bastante inocente. Cuartetos o sextotos de muchachos bebían a mesas, y
conversaban, menos estentóreameote que en El Caracol, a la luz mucho
más escasa de un local más cerrado
y mucho más grande. Varios muchachos fueron a saludanne. Los meseros surtían las mesas con pequeñas
quesadillas famosas ahí, y con cacahuates y recortes fritos de tortilla.
Eran ya más de las dos y media de la
mañana, y supliqué a mis cicerones
que me llevaran al hotel.
Leía los periódicos, ya dispuesto
a acostarme, cuando sonó el teléfono. Me invitaban a acompañarles a
conocer un lugar verdaderamente
único. Pasarían por mí enseguida.
Sin muchas ganas, bajé sin embargo,
Si ya había visitado el inocente infiemo, y me había asomado al pur·

gatorio, bien valía la pena obtener
un rápido destello del paraíso.

abrí la puerta y respiré el aire fresco
de la calle absolutamente apacible,
segura y solitaria.

Allá fuimos, bastante lejos, ignoro absolutamente por qué rumbo.

Nuestro copioso arribo suspendió
por un momento el baile. Pero al rato, en cuanto nos acodamos a una
mesa que venía a ser como un palco
desde el cual presenciar el espectáculo sin participar en él, renació la
confianza y las parejas reanudaron la
danza: la danza que sueña la tortuga,
precisamente.
Entraban de vez en cuando, o salían dando tumbos y grandes zancadas, tipos feroces de los que uno tenía la impresión de que lo ahorcarían
ala salida por aquella calle solitaria
Y sin pavimento. Puesto que yo no
bebía, el alcohol no anestesiaba mi
nerviosidad al hallarme tan lejos de
mi apacible, solitaria, recatada costumbre. Ya no se podía ver más de
lo que se había visto, a menos (lo que
no es probable) que la danza -desPués de todo tan ingenua- culminara
en una orgía, alcanzara un clímax o
desembocara en una riña colectiva o
en un sensacional asesinato, o en la
llegada de una «julia» que viniera
arbitrariamente a clausurar el local.
Volví a echarles a perder la noche a
mis cicerones con rogarles que me
llevaran al hotel, y sólo recuperé la
tranquilidad, y medí la magnitud de
mi injustificada cobardía, cuando

«Tan cerca de mis ojos, tan lejos
de mi vida.» Me asaltaba el recuerdo
de este verso de Tablada. Y este
otro, de Eliot: «You go on wishing
that you could desire -what desire
has left behind.» Left -forever- behind.
Jaime pasó por mí cerca de las doce
para llevarme a la exposición de pintura que se inauguraba en las Galerías Arte A.C., en la calle de Padre
Mier. Es una exposición sobre el tema de la navidad, y Jaime-y su hermano Pablo, también pintor- expone
en ella tres cuadros muy bonitos.
Arte A.C. se aloja en una hermosa
casa vieja, que dicen que fue de un
gobernador: con las habitaciones en
torno de un patio con arcadas, en
que suelen hacer teatro en redondo.
Me saludó su directora, la guapa
Terry. Buena parte de la intelligentsia
regiomontana asistió al vernissage
de mediodía, y admiraba y comentaba los cuadros. Me senté a charlar
en los corredores de la arcada, con'
Roger Pompa. Roger, que escribe en
El Porvenir la crónica de teatro, me
ha abandonado un poco estos días,
porque aparte su quehacer en la Universidad; donde da clases, está aquí
de paso un amigo suyo de Chihua-

hua a quien acompaña en su visita,
más breve que la mía, a Monterrey.
Logré sin embargo que me acompañara a comer. Repuse con una siesta
la desvelada un poco absurda del sábado, y aguardé a que a las seis y
media pasara por mí Rogelio Qub-oga para llevarme a conocer su Teatro
del Globo.
Estaba lleno en la única función
de las seis y media. Es un teatro de
cien butacas, con un foro de cinco y
medio de boca y de fondo, buen
equipo de iluminación, buenos camerinos. Todos estos muchachos le
agradecen a Lola Bravo y a Serret el
impulso que le dieron al teatro cuando estuvieron aquí. Rogelio es su
más caro discípulo, y es un buen director, y un chico muy simpático.
Daban Arsénico y encajes, y el público se divertía muchísimo. Como
faltó un actor, Rogelio tuvo que entrar a maquillarse para hacer su pape!, en el último acto. Sospecho que
lo hizo con mucho gusto. Entré a saludar y a felicitar a los actores en sus
camerinos, y nos fuimos al aula
magna de la Universidad a ver la
obra en twno del concurso o festival
nacional.
Cuatro he visto hasta ahora: La
culta dama, el jueves que llegué; La
danza que sueña la tortuga, el viernes, con el grupo (de profesores) de
Zacatecas; el sábado, Antonia de Ra117

�fael Bernal, con los de Tepic, que
trajo el delegado allá, Alfredo Castilla. Y anoche, Pescadores, con el
grupo Teatro de Avanzada al Pueblo
de Villa Úrsulo Galván, Veracruz una obra de Jesús López Florencio,
dirigida por Jesús López Florencio,
y cuyo protagonista desempeña también Jesús López Florencio.
Lo que anoche pasó con esta
obra fue muy interesante. Los grupos anteriores -los que yo alcancé a
ver, al menos- eran de gente más o
menos urbana, aunque provinciana.
Su repertorio era citadino y en cierto
modo ambicioso, de obras ya vistas
con mejores actores. Y su común denominador era la inaudibilidad. Los
acentos locales por una parte, y por
otra la general ignorancia entre los
aficionados de cómo resonar su voz,
hacía que muchos parlamentos se
perdieran, y que el interés se quebrantara.
Pero estos jarochos reservaban
una sorpresa. Eran, en primer lugar,
personas absolutamente humildes y
auténticas: pescadores de veras, muy
morenos, esbeltos, fuertes, y las muchachas_hermosas, casi negras, pero
de muy finas facciones. Los de Querétaro, que vinieron antes que yo, me
cuentan que eran apretados: que se
rehusaron a alojarse en la casa de
huéspedes y se vinieron por su cuenta al Ancira. Éstos de Villa Úrsulo

•·

118

Galván eran dignos y humildes. Vestirían en escena la misma ropa tropical con que llegaron a Monterrey,
acarreados en camiones desde Veracruz.
Y apenas empezaron a hablar,
con aquella voz rotunda, clara, sonora; apenas aparecieron sus recias figuras morenas, el público se sintió
cautivado. Poco importa que su naturalidad, desde el punto de vista
teatral, fuera un tanto infrartística.
Atraía, cautivaba, a pesar de la elemental construcción de su historia.
Las palabrotas resonaban como balazos, pero con una oportunidad, y una
naturalidad, que no ofendía sino que
ayudaba a caracterizar el momento o
los personajes. Los telones, además,
fueron excelentes de timing y de
fuerza. Y el público se volcó en
aplausos, y subió al escenario dispuesto a palpar, a comprobar, a
aquellos jarochos que sonreían con
tudos sus dientes, blanquísimos dentro de su cara morena, asombrados y
felices de su triunfo.
De ahí deben haberse ido al coctel en que fraternizan. Me habría
gustado acompañarles. Pero desde
en la tarde me empecé a sentir mal
otra vez. Era preferible encerranne
en el hotel, tomar Hepatona, dormir.
Es curioso. La noche que me asomé
a esa vida de prostitución y horror
que a nada bueno conduce, me sentí

estupendamente todo el tiempo. Yel
domingo, que no hice más que visitas artísticas - la exposición, el Teatro del Globo, el aula magna-, otra
vez me enfermé. Es uno llevado de
por mal, no cabe duda. Pero no está
en la mano de uno otra cosa que mimar su neurosis, y darse a sí mismo
como pretexto para la abstención, el
de que se debe cuidar porque anda
enfenno; quedarse toda la mañana
en el cuarto, como lo he hecho ahora, en vez de salir a la calle, sobre la
coartada de que es mejor permanecer
cerca de las medicinas y del baño.
Así, por lo menos, me doy el
gusto de compartir con usted, epistolarmente, esta experiencia testimonial, pasiva, de un viaje que resulta
más alrededor de mi cuarto que en
tomo de Monterrey. Ya anticipaba
yo que diez, o siete, iban a ser demasiados días aquí. Pensé dedicar dos o
tres de ellos a Saltillo, pero bien sabía, en el fondo, que sería incapaz
del esfuerzo. Ni siquiera he ido a hacer la reservación para el regreso, Y
quizá convenga hacerla a tiempo. No
he ido tampoco a comprar dulces o
cosas que llevar - nueces, que hay
tan buenas, y piloncillos. No he comido cabrito, ni agujas. Siempre, a
última hora, aquí mismo: el desayuno, como en mi casa, en la recámafl.
Y la comida en el hotel. La cena O&gt;
me preocupa. Lo que me horroriza
es esta costumbre yanqui del cafe

aguado con crema de lata a todas horas, que le invitan a uno, y que congrega sin embargo las conversaciones en locales limpios y agradables
por la calle Zaragoza.
Quizás ya usted lo sepa o lo haya
visto. El edificio de muchos pisos de
la Fundidora ya se yergue orgulloso
frente a la Plaza Zaragoza. La última
vez que vine apenas empezaban a cimentarlo. Quedó muy bonito. Abajo
hay una buena tienda de ropa, y en
la cima, me dicen que don Carlos
Prieto se ha reservado un hennoso
penthouse que debe tener una vista
magnífica.
Claro está que le dieron en la tom: al Palacio Municipal, que quedó
humillado y enano frente al altivo
edificio: pero la Plaza Zaragoza,
aunque se transfonnó al ampliarse,
recuperó una bonita proporción y no
la afea aquello. No he visto si sigue
habiendo en ella el paseo familiar
por las noches. Supongo que ya no.
La ciudad es más grande, más cosmopolita, menos provinciana. En
muchas partes surgen, ya terminados
oen proceso, grandes edificios como
los condominios de México. Y no la
he visitado; pero también están
construyendo su Ciudad Universitaria -con paredes de vidrio y ventanas de piedra, naturalmente.

Ahora aguardo a que, a las dos,
me hable Chapa y venga a acompañarme a comer. Chapa es un chico
de acá que estudia teatro en México
-mi alumno el año pasado. Hizo en
Los signos del zodiaco el Sabino.
Está de vacaciones en su tierra y me
llamó esta mañana. Le induciré a llevarme a algún sitio en que se pueda
descansar de las minutas para turista
yanqui a que se subordinan los comedores de los hoteles.

�LOS GALLOS EN LA OBRA DE GARCÍA
MÁRQUEZ

A María Inés Mier

José Guadalupe Martínez
La obra literaria y periodística del
escritor colombiano Gabriel García
Márquez, ha sido estudiada con seriedad y profundidad por grandes
pensadores: Mario Vargas Llosa erigiéndole un monumento con su estudio: García Márquez, historia de un
deicidio, monumento, cuya deuda
según tengo entendido está todaví_a
en suspenso. Carlos Fuentes dedicándole esclarecedoras páginas en su
libro La novela hispanoamericana.
Osear Collazos, Plinio Apuleyo
Mendoza, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, Alvaro Mutis, Mario Benedetti, Emanuel Carballo,
Miguel Covarrubias, Ramiro Estrada
y, tantos y tantos escritores que con
certeros análisis de toda su producción literaria, 0 de cada una de sus
novelas o con entrevistas que forman libros O con artículos periodísticos han cincelado la corona de fantasía y de magia que ciñe este costeño
de fábula nacido en Aracataca.
Nada escapa a la curiosidad de
sus admiradores: su infancia, sus primeros estudios, sus primeras lecturas
y sus primeros escritos; la influencia
de su familia, de la historia de su
país, de los escritores leídos Y meditados; la formación de sus gustos, de
su estilo literario, de su ideología fi.
losófica y política. Toda su obra literaria ha sido fraccionada en partículas elementales: el tiempo, el espacio, la historia real, el realismo má120

gico, los personajes, las mujeres, los
niños, el lenguaje exhuberante Y la
magia de su creatividad para contrastar cualidades e inventar exageraciones. En fin, todo ha sido explorado, incluyendo la flora y la fauna,
y los ruidos más persistentes en cada
una de sus ficciones.
Para evitar ser encasillado como
producto faulkneriano -etiqueta que
fijaron a las primeras obras de Juan
Carlos Onetti, El pozo, 1939 Y de Jo.
sé Revueltas El luto humano, 1943ha confesado en repetidas ocasiones
que la mayor de sus influencia~ la
recibió de sus abuelos matemos. Es
comprensible su desdén por las etiquetas, porque al manifestarlo, po~dera en toda su grandeza a la tradición literaria española e hispanoamericana y reafinna la idea de que la
literatura universal, con todos sus
desarrollos técnicos, no sólo es comprendida y asimilada por los hispanos, sino que también, puede ser corregida y remozada a grado tal ~ue
resulta camino y orientación obligados.
García Márquez reconoce sus influencias y las enumera por su importancia. Su pasión por los croni~tas de la antigüedad, y a los de America hispana tanto como a los escritores del Siglo de Oro español, a los
grandes de cada país: franceses, alemanes, ingleses, norteamencanos Y

desde luego, a los mejores de los que
escriben en lengua española. Cada
lector podrá sentir, porque será eso,
una sensación, la coincidencia o cercanía con pensadores de su nación.
Un argentino Jo sentirá emparentado
con Borges, con Sábato o con Cortázar. Un mexicano encontrará la misma soledad y el mismo abandono en
pueblos que antes fueron florecientes, la carta que no llega -aunque esta carta sea similar a la que espera
un combatiente en la guerra de seco,
sión norteamericana, en el libro Mi
vida de negro de Richard Wriaht,
idéntica a la que espera un oficinisll
en el cuento Verde es el color de la
esperanza de Revueltas-, la intromisión gringa, la violencia y la co~
ción en todos los niveles de la sociodad. Las semejanzas históricas de
nuestros pueblos nos dejan la impro,
sión de ver influencias donde sólo
hay coincidencias. Estas son notorias en El luto humano 1943, de J.
Revueltas, en Pedro Páramo de Juan
Rulfo, escrita en 1955 y, en una novo:
Jita llena de magia escrita por Jase
Alvarado en 1955 y titulada El personaje. Un cubano recibirá resonancia5
musicales y poéticas saboreadas 81'
tes en las novelas de Alejo Carpeatier y en los poemas de José LezaJDI
Lima. Los norteamericanos lo defi.
nirán como el producto resultante ele
influencia de Faulkner, HemingwaJ
y Virginia Woolf. Un alemán seiialt
rá Ja cercanía de Crónica de 11111

muerte anunciada con El honor perdido de Katharina Blum de H. 8611 o
con las novelas de G. Grass. E incluso, un colombiano respetable, dirá
que por algún tiempo García Márquez caminó en estrecha relación temática con Manuel Mejía Vallejo,
autor de El día señalado. Miradas
diferentes encontrarán tonos y colores diferentes. Los ensayistas de cada país sentirán a sus grandes novelistas como precursores de la obra de
García Márquez. Pero, en ninguno
de los escritores laureados con el
premio nobel, cantan tantos gallos,
ni aparecen tantas alusiones lingüísticas, ni tantas comparaciones, ni en
tomo a estas aves se forjan tantos
presagios y símbolos, como en las
escritas por el autor de Cien años de
soledad. Los cantos de los gallos
fonnan en las ficciones de este escritor, la música de fondo que alcanza
su mayor altura, casi en éxtasis en
Crónica de una muerte anunciada
para ir diluyéndose en sus novelas
posteriores.
*

Si a &amp;randes saltos damos una vista a
la historia de la literatura, nos daremos cuenta que hay autores que
mencionan a los gallos como animales sagrados criados para ofrenda de
los dioses, como folclor en las riñas
de gallos y, como símbolo de violencia al compararlos con el hombre.

Como sabemos, la religión era en
sus orígenes cosa familiar, en las ermitas construidas en cada propiedad,
se tenía la costumbre de sacrificar a
los gallos -junto con otros animales- y rociar la sangre sobre las tumbas. En algunos pueblos estaba prohibido comer su carne, eran tótems
sagrados, criados sólo para ofrenda
de los dioses: el carácter apotrópeo
que tenía en los pueblos primitivos
hizo que con el tiempo se le considerara un animal octoniano, protector de las almas en su camino al
otro mundo y en este sentido se le
asocia con Hermes y Perséfona. 2
Recordemos que Sócrates, después de tomar la cicuta y ya moribundo, destapa su rostro para decir a
uno de sus discípulos ... y estas fueron sus últimas palabras: Gritón,
debemos un gallo a Asc/epio; no te
olvides de pagar esta deuda y era
Diopeites el sacerdote encargado de
degollarlos, justo por debajo de la
airosa y turgente cresta, con toda la
crueldad del eunuco que se venga
del mundo de los sexos. 3 En la mitología griega son varios los dioses y
las diosas -Minerva, Marte, Mercurio y otros menores- representados
llevando como símbolo de vigilancia
a un gallo.
Salomón Reinach, en su obra:
Orfeo: historia de las religiones señala que el carácter sagrado delga-

/lo, de la gallina y del pollo están
atestiguados, en la Ga/ia y en Italia,
por muchos.usos: recuérdese los pollo sagrados de los augures romanos, los gallos de nuestros campanarios, de donde se cree ahuyentan el
4
rayo. Este uso, de colocar gallos en
las torres anteriores o posteriores de
Iglesias y monasterios, forma parte
de la arquitectura en la época medieval, porque suponían que: El gallo
despierta a los que duermen, y de
igual modo, el sacerdote, gallo de
Dios, tiene por misión despertar a
los durmientes por las mañanas con
5
la campana. Las creencias referidas
a los gallos, apotrópeas y octanianas,
pasaron con los griegos y los romanos a España y de España a todas
sus posesiones en América y perduran todavía en los países más atrasados y en los cordones de miseria de
las grandes ciudades.
*

En el misterioso oriente se sitúa el
origen de estas aves, «gallos persas»
los llamaron los griegos, porque fueron traídas como trofeos, por su belleza y su arrogancia, por los generales que sirvieron en las guerras de
expansión de Alejandro Magno.
Los cronistas griegos y los estudiosos de la edad de oro ateniense,
mencionan en varias ocasiones a los
gallos de riña. Esta costumbre de pe-

�lear gallos estaba muy arraigada entre los jóvenes atenienses; perdían su
tiempo en casas fatales, donde se

para fonnar parte del folclor de cada
uno de nuestros países.

dan al juego, o hay combates de gallos, que ocasionan de continuo
grandes apuestas.6 Los combates de

*

gallos eran uno, entre la totalidad de
los juegos, que constituyen el folclor
griego. Resulta parte del folclor
mencionar que Sócrates avivó el áni-

mo de Eficrates, capitán de la República, mostrándole unos gallos del
barbero Midas que reñían con los de
Calías1 o que su joven y alocado
discípulo, Alcibíades, criaba a sus
animales para las riñas de gallos... 8
o que se mencione: Los tanagras como los demás pueblos de Grecia,
son muy aficionados a los combates
de gallos. Estos animales son allí de
tamaño y hermosura incomparables,
pero parece que están más bien destinados a destruir su especie que a
propagar/a, porque no respiran más
que guerra; los llevan a muchas ciudades, los hacen luchar unos con
otros y para ser más mortífera su
ira, les arman los espolones con
9
puntas de metal. Entre los romanos,
Petronio, uno de sus cronistas, los
menciona en dos ocasiones: una como parte del folclor y otra para compararlos con los gladiadores romanos.'º El gusto por criar gallos de
combate y reñirlos pasó del oriente a
Grecia y de Grecia a Roma y de estos dos imperios a España y de España a todo el mundo de habla hispana,
122

ta al amanecer, corren al trabajo y
se calzan en la obscuridad, todos los
herreros, alfareros, curtidores, zapateros, bañeros, panaderos y fabricantes de escudos y de liras. 11 Se
confieren al gallo facultades huma,

Otra de las formas, donde los gallos
están presentes, es donde se le equipara con el hombre. Éste es transformado en Horno gallus, guerrero por
naturaleza, sin dar ni pedir cuartel a
nadie empeñado más que en propagar, en destruir su especie. Lo demuestran las numerosas guerras entre griegos y persas y las tenidas entre los mismos griegos, Esparta contra Atenas. En las guerras de conquista realizadas por los romanos,
por los musulmanes, por los españoles, los alemanes y ahora la imposición bárbara del imperio gringo sobre los pueblos débiles y atrasados
en su desarrollo.

Cuando Alcibíades saca de enlle
su capote a un gallo y lo arroja en
medio de la Asamblea con airado
desprecio, está retando a sus intograntes, llamándolos cobardes, incapaces de enfrentarse con la verdad,
de ahí el tremendo alboroto causado
por este desplante. 12 Diógenes el cf.
nico, despreocupado filósofo, completa la definición dada por Platón,
referida al hombre como: animal di
dos pies sin plumas, esta definiciim
le agradó y tomó Diógenes un gallo,

Aristófanes, genial comediante,
es uno de los primeros en utilizar al
gallo, como símbolo de poder: Hay

quitó/e las plumas y lo echó en la escuela de Platón, diciendo: Este es ti
hombre de Platón. Y así se añadióa
. . , con unas
- anchas. 13
1a defim1c1on,

infinitas pruebas de que las aves, y
no los dioses, reinaron sobre los
hombres en la más remota antigüedad. Principiaré por citaros al gallo,
que fue rey y mandó a los persas antes que todos sus monarcas, antes
que Darío y Megabises y en otro
fragmento el mismo personaje, Pistítero, reafinna: Fue tan grande supo-

der y tan respetada su autoridad,
que hoy mismo como un vestigio de
su dignidad antigua, en cuanto can-

nas, manda y ordena, y se pone todo
en movimiento al sonido de su canto.

Luciano humaniza al gallo, lo
dota de agudo razonamiento, y al
contar éste su historia refiere las metamorfosis por las que ha pasado, de
ser humano encarna luego en dife.
rentes animales e incluso en una 1111"
jer, Aspesia. Micilo le dice Ea cuéA-

tame cómo de Eutorbo, te transfa,maste en Pitágoras y lo que haytl
sido hasta parar en gallo. Se sienl
orgulloso de haber encamado en vt

rios animales y establece la superioridad de éstos porque entre ellos,

en efecto, no verás un caballo hacendista, una rana delatora, un grajo sofista, un mosquito cocinero, un
gallo bardaje, y demás miserias humanas.14 El hecho de ir encontrando
cualidades y poderes mágicos -con
los lambrequines de su cola, el gallo
de Luciano se vuelve invisible, él y
su acompañante--- en los gallos, y en
los humanos características galleriles, permiten pensar o al menos intuir que el hombre es el gallo del
hombre, esta idea la reafmna la historia de sus guerras y el hecho de estar siempre, los gallos, asociados a
los hombres que tienen el poder, ya
sea este religioso, económico o político.

*
Como folclor es observado y descrito por numerosos cronistas y visitantes de nuestra América. Sólo en México podemos mencionar a los cronistas de mayor renombre: José Ma.
Marroquí, Antonio García Cubas,
Luis González Obregón, Artemio
del Valle Arizpe y Salvador Novo.
Sin olvidar el informe de Fabián de
Fonseca y Carlos de Unutia en His-

toria General de la Real Hacienda
donde se da un pormenor de las pla~

zas Yde los ingresos proporcionados
Por la renta del Estanco de gallos;
esta obra es la fuente donde abreva-

ron por necesidad los cronistas mencionados. Entre los visitantes que le
dedican algunas páginas se encuentran Salvador Landívar, Robert S.
Poinsett, Madame Calderón de la
Barca, Claudio Linati, Kirch Ergon
y Graham Greene. (Este último, por
cierto, descubrió en un palenque de
gallos, por qué odiaba tanto a los
mexicanos)

caso de Alfonso Reyes, cuya referencia es de carácter filológico, y
utiliza una cita de «Chantecler» para
demostrar la forma cómo las lenguas
vulgares van enriqueciendo al idioma.
Nos dice en su ensayo «De la lengua
vulgarn esto se debe a que Oímos,

los de habla española, que los gallos
cantan -como elemento fundamental
al menos, y aparte de ciertas variaciones dialectales- algo semejante a:

*

-Quí-quí.rí.quí...
En numerosas novelas se toma en
cuenta al juego de gallos porque forma parte de las costumbres populares. Este juego se incluye como parte de la idiosincrasia de cada una de
las naciones que forman a Hispanoamérica, estigma universal, injertado
entre nosotros por los españoles, como algunas otras creencias y costumbres tan lamentables como la del
juego. En las novelas se le incluye
como parte del folclor. Con este sentido están presentes en El pecado del
siglo, La resurección de los ídolos,
El gallo de oro y en la novela reciente de Eduardo Lizalde: Siglo de
un día. En novelas de otros países
mencionaré sólo a tres: Don Segundo Sombra, Don Judas Romero y la
Casa de los espíritus. En todas estas
obras los gallos son puro folclor.
Hay en cambio, otros escritores que
los incluyen, aunque su inclusión nada tenga que ver con lo religioso, lo
folclórico, o lo simbólico. Tal es el

Los franceses oyen:

-Co-co-rí-có...
Aunque un gallo de Rostand fuera partidario del: -¡Cock -a- doole doó! ... Lo cuál es más propio de la
India Inglesa, o de Inglaterra, según
consta por la canción de Ariel en La

tempestad.
Los gallos turcos cantan:

-Cú-cú rú-cú...

15

Este ejemplo fonético lo utiliza
para explicar los cambios y las variaciones en el lenguaje vulgar, y es
aquí, por las variaciones auditivas,
donde aparece el ingenio y la creatividad para enriquecer al lenguaje.
Otro caso distinto es el que se encuentra en la novela Campos roturados del premio nobel Mijail Sholo123

�jov, quien dedica un capítulo al canto de los gallos. Uno de sus personajes, Malear Nagúlnov, estudioso del
idioma inglés, se aficiona tanto al
canto de los gallos encontrando entre ellos jerarquías y disciplinas que
se cumplen para mantener la armonía de los cantos. Los gallos de Gremiachi Log eran excepcionales, dejaban a uno pasmado con la diversidad de sus voces. A partir de la media noche, iniciaba los Kikirikís el
gallo de los Liubishkin, el más madmgador de todos, cantaba alegre
con voz atenorada y gorjean/e, como
un jefe de compañía, joven y cumpl~dor en el servicio; grave, con abantonado timbre de coronel, le respondía el gallo del corral de Agafón
Dubtsov; luego, durante unos cinco
minutos, sobre el caserío se expandía compacto y continuo el canto de
todos ellos, y por último, rezongando soñoliento y aleteando con fuena
en el palo, el orondo y rojizo gallo
de los Maidánnikov, el más viejo del
caserío, dejaba oír su bronca voz de
general, tomada, enronquecida df
mando, que resonaba atronadora.
Una noche descubrió -estando
acompañado por el abuelo Schucara un sietemesino que desentonaba en
horrible fo~a. Al amanecer fue a
buscarlo y se lo cambió a la dueña
por otro, para sacrificarlo y evitar
que siguiera rompiendo la annonía
de los cantos. Llegó al extremo de
encontrar un sentido político en el

i

124

canto de los gallos. La mención de
Alfonso Reyes es puramente filológica, mientras que la de Sholojov se
relaciona cort el hombre, con sus jerarquías militares y con sus creencias políticas.
*
El espacio donde García Márquez
observa las inquietudes vivenciales
de sus personajes, que después irá
develando, se localiza -como han
apuntado sus críticos y él mismo ha
confesado- en pueblos de la costa
atlántica colombiana. De uno de estos pueblos la familia Buendía-Iguarán, por los sucesos de la gallera, se
verá arrojada por caminos inciertos
para llegar finalmente a la tierra
que nadie les había prometido.
Lo cotidiano en estos pueblos es-

tá fonnado por los pequeños detalles, que por suceder en fonna tan
natural, para la mayoría son insign_ificantes, porque no alteran en lo mas
mínimo el ritmo de la sociedad. Sólo
la mi.rada atenta del cronista, al magnificar unos acontecimientos sobre
otros, pone de relieve los móviles
que impulsan a sus habitantes a
realizar sus proyectos.
El diseño y el atraso de los pueblos corresponde a los fundados Y
poblados en la época de la Colonia:
una plaza central, y en torno a ella la

Iglesia y frente a ésta la Comandancia Municipal; a los costados la venta de alcoholes con billares y, frente
a éstos, la tienda del rico del pueblo.
Los cambios apenas perceptibles,
que otros no ven, son los que va_~
gistrando el cronista; y es, precutmente, al señalar estos cambios CCII
trazo escueto y dolorosa caricatura
que García Márquez va dej_~
aquí y allá, muestras de su sap1~
como historiador, cronista, folclon1ta y estudioso de las manifestaciones
de poder y las fonnas de violencia
que genera el ser humano.
Si para conocer a la Edad Media,
Johan Huizinga recomienda estudw
a sus cronistas, lo mismo parece sugerirnos García Márquez si q~
mos conocer la historia y el desanollo de los pueblos de Hispanoamérica. Por haber recorrido este camim.
el fabulador, al narrar los infortuniol
de sus pobladores descubre uno de
los hilos conductores de energía eD
las grandes creaciones literarias, ~
resulta ser -además de un conoct
miento profundo de la historia- el de
inyectar cierta dosis de exageracill
a sus personajes, porque en la exago,
ración se ve el fondo de verdad. ¿~
rá cierta la afinnación del autor de
Horno Ludens? Es posible. Al me!O
así lo deja entrever el creador de
Macondo al aumentar o magnifd
los sucesos reales y pennitir con esll
que veamos con mayor facilidad el

fondo de verdad en todos los pueblos de nuestra América. Pero, nos
damos cuenta, gracias a los cronistas
que, las exageraciones no son exageraciones y que las metáforas mismas
-bellísimas creaciones poéticas- respiran realidad. Esto es así, porque el
autor de Cien años de soledad es un
estudioso de los cronistas de todas
las épocas. Esto origina que encontremos afirmaciones como:
-..las botas se hundían en pozos de
aceites humea111es y los machetes
destrozaban linos sangrientos y salamandras doradas ... alumbrados
apenas por una tenue reverberación
de insectos luminosos.
-... se comía medio lechón en el almuerzo y cuyas ventosidades marchitaban las flores.
-Llo~·ió cuatro años, once meses y
dos días.
-... Pnidencio Aguilar iba dos veces
al día a conversar con él (José Arcadio Buendía). Hablaban de gallos.
Se prometían establecer 1111 criadero
de animales magníficos, 110 tanto para dis/nllar de unas victorias que
entonces no les harían falta, sino para tener algo con qué distraerse en
los tediosos domingos de la muerte.
-Diremos que lo encontramos .flotando en la canastilla- sonrió.

-No se lo creerá nadie- dijo la monja.
Si se lo creyeron a las sagradas escrituras replicó Fernando-, no veo
'
Io a m1.' 17
por que. no han de creerme

Estas exageraciones -anotamos sólo
muestras- hacen referencia: al espacio fisico, la flora, la fauna, las apariciones de seres conocidos como de
otros que desafian al tiempo y a la
historia, a la ingenuidad religiosa y a
los milagros consumados en su nombre, a los desmedidos encuentros
sexuales lo mismo que a las aberraciones bárbaras cometidas para mantenerse en el poder. ¿Podemos acaso
afirmar o siquiera suponer que la totalidad de estos hechos son meras invenciones? ¡Claro que no! Son tan
reales que han sucedido y siguen sucediendo a diario en los distintos
pueblos y en las pequeñas ciudades
de América Hispana.
Los datos históricos aportados
por los cronistas van dando a los
cuentos y a las novelas el soporte de
realidad que requieren sus personajes para vivir y soñar en un mundo
verdadero. Las insinuaciones que va
desgranando nos permiten ir imaginando la época donde suceden sus
ficciones. Así es como nos enteramos que la muerte de Melquiades
fue el primer entierro y el más concurrido _que se vio en el pueblo, superado apenas un siglo después por

el carnaval funerario de la Mamá
18
Grande. Esta afirmación nos permite unir cabos para situar el desarrollo de Cien años de soledad y entrar con esto, al juego de suposiciones que nos plantea el autor. Si seguimos el juego -no es nuestro objetivo- encontramos en La mala hora
que la viuda de Montiel vivía sola en
la sombría casa de nueve cuartos
donde murió la Mamá Grande, y
que José Montiel había comprado
sin suponer que su viuda tendría que
sobrellevar su soledad hasta la
muerte. 19
¿Cuántos años hay entre el primer acontecimiento y el segundo?
¿Cuántos entre el segundo y el tercero? No podemos precisarlo y además, sería inútil y carente de interés~
lo que sí podemos hacer sin temor a
equivocarnos es afirmar que los
cambios estructurales se cumplen en
grandes espacios temporales, originando visiones de conjunto como la
expresada en «Los funerales de Mamá Grande» donde se generaliza el
status social, al afinnar que aquella
visión medieval pertenecía entonces
no sólo al pasado de la ~milia, sino
al pasado de la nación. 0 Esta mirada al pasado, a sus orígenes, lleva la
finalidad de medir el desarrollo de
su país o cuando menos determinar
los movimientos dialécticos que se
van dando en el terreno social. En
este espacio es donde viven, se re-

�producen -con aprobación de su deicida-, sufren y aprenden a jugar sus
personajes arrojados del paraíso. Es
también a este espacio al que se refiere León XII, tío de Florentino Ariza, al afirmar abrumado con la desesperanza: voy a cumplir cien años,
y he visto cambiar todo, hasta laposición de los astros en el universo,
pero todavía no he visto cambiar nada en este país -decía-. Aquí se hacen nuevas constituciones, nuevas
leyes, nuevas guerras cada tres me.
. 21
ses, pero seguimos
en 1a Co1oma.
Estas generalizaciones históricas
señalan el atraso e indican el lento
desarrollo de los distintos departamentos colombianos, extensivos a
toda lndoamérica. Todas las insinuaciones de espacio y de tiempo las
utiliza para dar un toque de realidad
a sus ficciones.

*
Otro elemento que sirve de enlace
entre lo real y lo ficticio es el canto
de los gallos. Gracias al canto de estas aves o a su presencia, los personajes se integran a la realidad. El padre Antonio Isabel descubre en el
cuento «Un día después del sábado»
que el cuidado de las gallinas fue su
primer contacto con la realidad. 22 Y
en su ancianidad, después de los golpes recibidos por la caída advierte
que ...cuando recobró el conoci126

miento ya no sentía dolor ni espanto. Vio la raya lívida debajo de la
puerta; oyó, remoto y triste, el clamor de los gallos y se dio cuenta de
que estaba vivo y de que recordaba
perfectamente las palabras del sermón.23 Lo mismo le ocurre al Coronel, quien al primer canto del gallo
tropezó con la realidad pero volvió
a hundirse en un sueño denso, segu24 El
. remord.1m1entos.
·
ro, sm
canto de
los gallos, además de enfrentarlos
con la insegura realidad, también los
pone -como sucedía en la antigüedad- en movimiento. Pone en movimiento al convento que se había paralizado por el eclipse. Con la algazara de los gallos despiertan y se separan los amantes.
Debemos aunar a los elementos
mencionados el uso frecuente de expresiones adverbiales, comparaciones e imágenes referidas a los gallos.
El canto de estas gallináceas es utilizado como el ruido recurrente de
ambientación musical, que llega, como habíamos mencionado, al éxtasis
en Crónica de una muerte anunciada, para ir atenuándose en las novelas que le siguieron, hasta llegar en
la más reciente a juguetear con un
sietemesino que canta siempre fuera
de tiempo. Entre las expresiones adverbiales más frecuentes podemos
anotar:

-antes de que empezaran a canzar
los gallos
-el cuento del gallo capón
-creí que estaban mamando gallo
-los amigos de las patas de gallo
-empezaron a cantar los gallos del
amanecer
-en el tumulto de la misa del gallo
-oía los gritos de la gallera
-el desorden de los gallos en el
viento del mar
- les mamaba gallo en latín2 5

Entre las comparaciones sobresalen
las referidas a la forma rápida de
consumar el acto sexual, sin manifestación de pasiones, si acaso sólo
un grito de sorpresa como signo de
aprobación, como quien recibe la
dosis requerida de esperma para engendrar sietemesinos. Otras comparaciones hacen referenciu a c ~
risticas de semejanza entre los gallol
y los hombres. Las más notorias de
dichas comparaciones son las st
guientes:
- Y entonces mi abuelo se vuelve. ¡,,.
cía el rincón, agitado y con el cutli
hinchado y cárdeno, como el de•
gallo de pelea. 26
-Pero llévense/a para adentro f/11
nos van a convertir la casa en ""
gallera.

dormitorios de los guerreros. como
se les soltaban gallinas a los gallos
finos. -'7

movimiento al pronunciarlas; así tenemos que:

-Llegó a Macando Mr. Herbert con
ojos de topacio y pellejo de gallo fi-

-(El Patriarca) ...se despertaba a
saltos imprevistos, pastoreaba el in• ...32
somn10,

,,0_211

-... acechaba la ocasión de encontrarse con una sola para hacer amores de gallo detrás de las puertas.
-... Autorizó el regreso de todos los
desterrados salvo los hombres de letras, por supuesto, esos nunca, dijo,
tienen fiebre en los caiiones como
los gallos finos. 19
-... era más el trabajo de quitarse la
ropa Y volver a ponérsela, que el
placer de 1111 amor de gallo.
-Apenas diez a,10.1 antes había asaltado a una de sus criadas detrás de
la escalera principal de la casa, veslida Y de pie, Y en menos tiempo que
un gallo filipino la dejó en estado de
gracia. 30
-Por desgracia, no es más que una
riña de gallos. 11

f\tE rigera Yondulante prosa, García
arquez va deslizando como se
d~rizan los cristales de rocío
' en las

~ºJ_as modificadas, por saturación,
-con los primeros gallos
-con los últimos gallos

-Úrsula ignoraba entonces la Cllt
lumbre de mandar doncellas a /11

unagenes preciosas que adquieren

-(Jacobo Urbino y F. Daza) ... ambos se asustaron con la comprobación desoladora de que tantos años
de lidia conyugal y 110 habían hecho
más que pastorear rencores
-(Florentino Ariza) ... pastoreando
la soledad con su recuerdo, ...
- ... le sobraba tanto amor por dentro
que no sabía qué hacer con él, y se lo
regalaba a los enamorados implumes escribiendo para ellos cartas de
amor gratuitas en el portal de los escribanos. 33

*

Como apuntamos en un párrafo anterior, la costumbre de jugar gallos
fue un gusto injertado por los españoles y desarrollado por los criollos
Y todas las castas formadas postenormente. Esta costumbre es considerada parte del folclor. Éste, fue
incluido en el cine, a tal grado que
fue creando estereotipos grotescos y
originando el desprestigio del cine y
del juego, que jamás lo tuvo. Este
juicio se hizo extensivo después a la
literatura, principalmente al cuento y

a la novela. El escritor nacionalizado
español Vargas Llosa condena - para
mí en forma exagerada- la inclusión
de las peleas de gallos, cuando dice:
el famoso gallo de lidia que atraviesa, rumboso y encrespado, la peor
literatura latinoaméricana como
apoteosis folklórica ... 34 Este fragmento de la cita nos sugiere Ja pregunta: ¿Cuál será esa peor literatura
latinoamericana? ¿Cuáles las obras
que podemos enlistar como peores?
La respuesta resulta complicada.
Porque, no podemos creer que por el
solo hecho de mencionar la costumbre de jugar gallos, las obras literarias pierdan todo su valor estético.
Este fragmento se torna discutible
cuando el mismo García Márquez
los inserta en la mayoría de sus
obras como parte orgánica de las
costumbres populares, es decir, como folclor.
De seguro recuerdan todo el ritual que se va gestando en tono al
gallo de la venganza. Desde su alimentación, entrenamiento, corte de
cresta Ybarbas, inyección de vitaminas -como a su compadre don Sabás
de insulina, esta sustancia insinúa 0
da una pista para situar la fecha de la
historia contada- aplicadas al gallo,
para mantenerlo en forma. Todo este
ritual tiene raíces folclóricas que no
pueden ser negadas. (El coronel espera, con el triunfo del gallo, pagar
la cuenta al médico, la compostura

�del reloj, ganar mucha plata, les dará
para comer tres años)
Las ferias que realizó la Mamá
Grande cuando cumplió los 70 años
ofrecían todo tipo de chucherías, baratijas y cacharros, fseleas de gal:os
y juegos de lotería. s E~ Cien an~s
de soledad José Arcadio Buend1a
durante el día él pastoreaba sus gallos de pelea y su hijo José Arcadio
Segundo Llegó en pocos meses, a_ser
tan ducho en martingalas teo/og1cas
para confundir al demonio, como
diestro en las trampas de la gallera.
Gracias a estas trampas que le aprendiera al padre Antonio Isabel ganó
dinero suficiente para mejorar sus
crías y procurarse satisfacciones de
hombre. Todos los aurelianos resultaron ser, también, duchos en componendas de galleras y conocedores
de trampas, por ¡0 que descubrieron
al primer golpe de vista las triquiñuelas del padre Antonio Isabel. Las
referencias podrían ampliarse apuntando que José Arcadio Segundo
volvió a hundirse en la rutina de los
gallos para luego rematarlos al_mejor postor para volver, al poco tiempo, a formar de nuevo su gallera y
de nueva cuenta volver a rematar sus
estupendos gallos de pelea para, finalmente, tenninar criando gallos en
, recasa de Pilar Ternera.36 Tamb'ien
cuerdan de seguro, en la novela El
amor e; tiempos del cólera, el viaje
realizado por Lorenzo Daza y su hija
128

Fermina, con la intención de alejarla
de Florentino Ariza; los poblados
por los que pasaban eran por la tarde
tranquilos, pero al amanecer parecían ferias por el alboroto de los gallos de pelea. Cuando por fin llegaron a Villadupar descubrieron que
era una población alegre donde había peleas de gallos en los patio~,
música de acordeones en las esquinas, jinetes en caballos de 3~uena
sangre, cohetes y campanas. Todas las alusiones hechas son de carácter folclórico, y sin embargo, éstas, por sí mismas, en nada restan ~ogros estéticos a las obras que los incluyen.
En la parte complementaria de la
cita de Vargas Llosa señala -y es
uno de los primeros en apuntarlo-refiriéndose al gallo de pelea que éste ... cruza metafóricamente las páginas que describen la agoní~ mor~/
del coronel que aguarda la impasible cesantía, ... 38 El gallo de pelea,
utilizado como símbolo, está presente en varias novelas de García Márquez. Es símbolo de venganz~ en El
coronel no tiene quien le escriba, de
poder político y econó~ico, de v~olencia y de malos augunos en: Cien
años de soledad y El otoño del patriarca.
*

Pero antes de acercarme a estos te,.
mas,' quiero volver la mirada .ª .11
presencia de los gallos en lo rehg»
so. Un aspecto iconográfico, que
manifiesta la influencia de la España
Medieval en Hispanoamérica, es la
de colocar en las torres de Iglesias Y
conventos, gallos de madera como
símbolo de vigilancia para alertar de
la presencia de malos espíritus Yde
protección contra las descargas eléotricas. Esta costumbre se extiende
luego a otros edificios y el gallo a
posteriormente de me~! con_ la tu.
ción de indicar la onentac16n del
viento. En el cuento «La viuda de
Montiel» se menciona, refiriéndole
a lo que suponemos sea la iglesia,•
un edificio de cal con una to"e Y•
, 'de.3•&amp;
gallo de madera en la cusp1
otro apartado alude a la ev~luca
que siguieron las casas de_ JUCgot,
naipes y dados, a las que se meo~
ró después por ser bastante luc~
y a petición de los asentistas, el~
go de gallos. El doctor Juvenal Urbt
no en la novela El amor en tiemptl
dei cólera, logró lo que había part,
cido imposible durante un siglo; I,
restauración del Teatro de la con,,
dia convertido en gallera y criadllf40
'
. &amp;
de gallos desde de la Colonia..
México el proceso evolutivo sigail
un camino inverso, es decir que, •
las galleras por las numerosas prolt
biciones, sus dueños se vieron olf
gados a presentar espectáculos tct
trales, pero para que asistiera sufi.

ciente público, se anunciaban en los
intermedios peleas de gallos y hasta
corridas de toros, sucediendo en ocasiones que la segunda parte de la
obra quedara sin ser representada.
Las galleras se transformaron en teatros en los últimos años de la Colonia. En La mala hora hay una referencia que apunta en este sentido,
donde el espacio fisico de la gallera
se utiliza para presentar diversos
espectáculos, uno de ellos es el que
1101 comenta el cronista cuando dice:
En aquel tiempo, una bailarina rusa
ofreció en la gallera un espectáculo
sólo para hombres y al final vendió
en pública subasta todo lo que lleva41 La . 1 .
,._
.
""encima.
1g es1a se ha encargado de prohibir las peleas de gallos,
los toros de lidia y el teatro de revista, pero a pesar de estas condenas la
vida sigue su camino sujeta a las leyes humanas. Llegó al ridículo de
insinuar que los gallos estaban malditos porque se habían prestado para que a Cristo lo negaran tres veces.42 Pero mientras unas personas
de la iglesia lanzan condenas, otros
l'Cpresentantes de Dios, se confunden con la gente, disfrutan sus juegos y sus gustos. Como seres humanos que son los curas han sido aficionados, desde los tiempos más antiguos, a los juegos de interés y en
Plnicular al juego de gallos. En las
Primeras décadas de la Colonia esto
era más frecuente, porque no se re~ títulos académicos y en nu-

merosos casos ni siquiera conocer el
alfabeto, bastaba tener el dinero suficiente para comprar el nombramiento. Este era uno de los motivos, la
cándida ignorancia, la que los orillaba a las pasiones que despierta el
juego. En sus obras Alfonso Reyes
nombra a un cura tahúr, y sabemos
por los historiadores que el libertador de México, el cura Miguel Hidalgo, asistía a las peleas de gallos.
Deben ser incontables los casos de
religiosos aficionados a este deporte
de los gallos. García Márquez estudioso de los historiadores y de los
cronistas de su país, encontró de seguro casos singulares, utilizados
después como modelos en sus obras.
El padre Antonio Isabel le enseñó a
José Arcadio Segundo -además del
catecismo- todas las trampas de la
gallera. También el cura que investigaba la santidad de Bendición Alvarado, Monseñor Demetrio Aldous,
resultó ser un tipo extremadamente
humano; ... le encantaban las peleas
de gallos, el humor de las mulatas,
la cumbia, como a nosotros mi general, la misma vaina.43 Es sabido por
todos que el atraso económico y político de una nación genera la miseria y con ésta el aumento del espectro religioso. Las dictaduras o gorilatos muy prolongados dividen a la sociedad en dos clases sociales, los ricos sin mesura y la mayoría de pobres con trabajos eventuales. La miseria lleva consigo a la ignorancia y

ésta a la ingenuidad religiosa. En El
otoño del patriarca se pinta con ironía la ingenuidad de los argumentos
del Patriarca al crear la mitología de
la Santidad de Bendición Alvarado:
- ... a quien los textos escolares atribuían el prodigio de haber concebido
sin concurso de varón...
- ... la nombró patrona de la nación,
curadora de enfennos y maestra de
los pájaros... De él mismo decía que:
-... por tres días que iba a estar
muerto no valía la pena llevarlo hasta Jerusalén para enterrarlo en el
Santo Sepulcro, ...

Este paralelismo con la mitología
cristiana condena la formación de
autoritarismos dogmáticos e irracionales que sólo conducen a la miseria
y a la ignorancia. Resulta patético el
gusto del obispo, en Crónica de una
muerte anunciada por la sopa de
crestas de gallo, porque la sopa de
crestas era su plato predilecto. El paso de este representante de la iglesia
y el conocimiento de una de sus aficiones culinarias, reunió la mayor
cantidad de gallos crestones nunca
antes vista, y fue tal el alboroto que
lo más recordado de aquel funesto
día sería el canto de los gallos. Sólo
hubo una persona -Angela Vicario-que no quiso ser bendecida por un
hombre que sólo cortaba las crestas
129

�para la sopa y botaba en la basura
el resto del gallo. 44 Este sacrificio
inútil y pagano, tanto como el efectuado entre los griegos por el sacerdote Diopeites, o el realizado por los
negros para calmar a sus dioses; pero, nunca equiparable a la práctica
del Santo Oficio que se complace
descuartizando inocentes en el potro
o asándolos vivos en espectáculo
público.45 Estos hechos, unos paganos y otros propios de fanáticos, se
fundieron a las tradiciones religiosas
y fueron conformando el catolicismo
que hoy conocemos. Entre los rituales paganos que mucha gente sigue
practicando a pesar de sus creencias
religiosas, encontramos a los conjuros, encantamientos y procesiones;
éstas, incorporadas ya al catolicismo
desde hace muchos años. Los conjuros son de origen precolombino,
trasmitidos por tradición oral, y utilizados, como único recurso conocido,
para aliviar algunos males lo mismo
de seres humanos como de animales
entre los pueblos que viven muy
apartados. Recordemos que, Aureliano !guarán padre de Ursula, ... había inventado una oración para que
se achicharraran y se cayeran los
gusanos de las vacas.46 El mismo recurso utiliza el Patriarca para curar
el toro de Juan Prieto, al que trató
con oraciones de peste para que se
le cayeran los gusanos de las oreJas .41 El mundo mágico viviendo
hasta nuestros días, entre conjuros y
130

I
encantamientos, nacidos como lo
confirman los estudiosos, desde antes de la Colonia. A este mundo mágico pertenecen también los presagios que no son otra cosa más que
un pronóstico formado supersticiosamente por señales o accidentes sin
fundamento. 48 Como los presentidos
por el Patriarca desde que se registraron los sucesos de la gallera.
¿Cuáles son estos sucesos? Antes
debemos recordar que José Arcadio
Buendía para aquietar sus sueños y
tranquilizar los de Ursula, habló con
Prudencio Águilar - después de
muerto- y le prometió irse del pueblo. Antes de partir, José Arcadio
Buendía enterró la lanza en el patio
y degolló uno tras otro sus magníficos gallos de pelea, confiando que
en esa forma le daba un poco de paz
a Prudencia Aguilar.49 Estos actos,
en cierta forma conjuro de un maleficio, le dieron buenos resultados, el
muerto no volvió a aparecérsele; y si
lo hizo, fue en forma amistosa en su
vejez, para hacerle compañía cuando
estaba amarrado a la soledad de sus
recuerdos. Entonces, hacían proyectos de gallos y de galleras, para no
aburrirse en los tediosos domingos
de la muerte.

*
En cambio, el Patriarca advierte en
la gallera de un páramo remoto el
mal presagio cuando un gallo carni-

cero le arrancó la cabeza al adversario y se la comió a picotazos. Sintió aquel desenlace de la pelea de
gallos como una advertencia y para
eludir o evadir el mal presagio, ore»
nó el arresto de uno de los músicos,
quien, supuestamente atentaría contra su vida. Con este hecho dio principio la cadena de asesinatos, primero entre los militares de mayor rango, y cuando terminó con todos, s~
guió con su doble, a quien con la.,
mismas concubinas le nacían también sietemesinos, con Patricio Ar&gt;
gonés al que se había aferrado desde que padeció el presagio de la ga,
llera. A éste que llegó a mandar tanto como el General mismo, lo mandó envenenar y cuando estaba COII
las urgencias de la muerte, lo fue a
visitar y fue entonces que Patricio
Aragonés le dijo -esperando se cumplieran los presagios de la gallera ... nos vamos a ver muy pronto en
los profundos infiernos, yo más tor·
cido que un lebranche con este ventno y usted con la cabeza en la mano
buscando donde ponerla. 50 Este presagio se ha venido cumpliendo en la
historia de nuestros pueblos, geneft
les dando golpes de estado y luc,,
asesinados por otros generales 1P
terminan por derrumbarse en f()IDII
violenta también. Tal vez por esto,
es que García Márquez incluye en la
biografía novelada de Simón Bolívar, una lidia de gallos a la que asit
te el libertador y que narra de la St

guiente manera: La segunda pelea
fue atroz. Un gallo colorado le vació
los ojos a su adversario con un par
de espuelazos certeros. Pero el gallo
ciego no se rindió. Se encarnizó en
el otro, hasta que logró arrancarle
la cabeza y se la comió a picota· este suceso -en
zos.s, El autor repite
espacios y tiempos diferentes y con
ligeras variantes en dos o tres ocasiones. ¿Será porque el autor de El
general en su laberinto mira a la historia de la humanidad como un jueg~ bárbaro, donde el avance de posic10nes Y de la ganancia -cuando
existen- se miden por el riesgo de la
apuesta? Esto es probable. Pero es
en la realidad real donde se cumplen
los malos presagios y es en ella en la
que, el dictador en tumo, guiado por
sus instintos y con el miedo de perder el poder, tiñe de sangre a todo un
pueblo. La fascinación sentida por el
poder sólo puede ser medida por las
barbaridades cometidas para evadir
la caída.
Los dictadores de todos los tiempos se han sentido atraídos por los
gallos de pelea. Es tanta la afición
SCDlida por estas aves que algunos
han suspendido acuerdos de ministros para atender a sus gallos predilectos -Antonio López de Santa Anna con su gallo Cola de plata- ; estos
desplantes son porque equiparan su
ser machos con la bravura de estos
gladiadores Y porque encuentran en

estos príncipes emplumados, la gallardía y la elegancia de la cual adolecen.
En El otoño del patriarca, el dictador guiado por los malos presagios
de la gallera, se da cuenta que para
mantenerse en el poder debe eliminar a quienes pretenden arrebatárselo, en este caso, la sospecha recae en
sus generales más cercanos. Nombra
para darle seguridad -como indicamos en un párrafo anterior- a Patricio Aragonés, y a partir de su nombramiento, en accidentes sucesivos
los generales de mayor presenci~
van encontrándose con la muerte.
Los políticos al servicio de las
dictaduras son los encargados de encontrar las argucias legales y de vigilar la buena marcha de los sistemas de represión y de engaño. La represión y la tortura la llevan a la
práctica criminales confesos, liberados de las cárceles para este fin - serán de mayor utilidad los más feroces y sanguinarios, los que pueden
acumular mayor número de muertos
en su conciencia-. Los diputados,
con sus técnicas discursivas, serán
los encargados de adonnecer al pueblo con promesas y utilería de teatro.
Para los disidentes es la cárcel, la
tortura y la muerte. Porque lo único
que funciona a la perfección en regímenes dictatoriales son sus comandos de asalto, equipados con la tec-

nología más moderna, por mucho
tiempo añorada en los centros de
e~ucación superior. Para los guardianes de lo establecido son los anchos presupuestos, los premios gordos y los sueldos de fantasía.
El rostro oculto del estado es la
violencia y siempre será ejercida
contra la oposición, sea religiosa,
económica o política. Los que tienen
el poder mandan y son sus achichincles los encargados de cumplir sus
órdenes y de adivinar sus deseos.
Los gallos de riña se comparan
con el hombre porque ambos respiran violencia y más que preservar su
especie pretenden destruirla. En algunos fragmentos de las obras de
García Márquez la violencia humana
se gesta en lugares donde se ejercita
la violencia de los gallos. En la
muerte de Prudencio Aguilar, de un
músico de la banda, en el suicidio de
Dionisio !guarán y por culpa de los
malos presagios -cuando un gallo
carnicero le arrancó la cabeza a otro
Yse la comió a picotazos- de la gallera: la muerte de Jesucristo Sánchez, Lotario Sereno, Narciso López
y como regalo de cumpleaños, para
tranquilizar sus sueños, la muerte de
los seis generales restantes.

*

131

�García Márquez no es el primero en
presentar cohesionados en sus narraciones a los gallos de pelea con el
poder y la vioiencia. Ni tampoco fue
el primero en compararlos con el
hombre, esto viene repitiéndose desde la antigüedad. En nuestro medio
contamos con un antecedente que
desciende de clásico linaje, El gallo
pitagórico escrito por Juan Bautista
Morales a fines de la primera mitad
del siglo XIX. Es el gallo -según
contó Luciano- que había encamado
en Pitágoras, y busca entre los mexicanos un ser de virtud para habitarlo.
No lo consigue por encontrar a todos
los estratos sociales penetrados por
la corrupción. Eran los tiempos de El
quince uñas.
Casi un siglo después, Luis Cabrera en su libro Veinte años después señala los errores de la Revolución mexicana. A quienes se disgustan por sus cóticas les contesta -no
sin antes pedir permiso a Chantecler- identificándolos con alguna variedad de gallos. (Barómetros, de pico,
de pelea, de pluma, zurdos, rusos, pollas garzomas y de leche). Los hombres son gallos con ideas políticas.
Pero es, ·sin duda, José Vasconcelos quien mejor trata y se adelanta
a la visión del autor de El coronel no
tiene quien le escriba con su cuento
«El gallo giro» donde nos relata el
motivo del encarcelamiento de dos

de sus personajes: el Doctor, preso
político; y el de Matías Sifuentes por
órdenes de su rival en juego de gallos. Resulta que Matías enfrentó su
gallo contra uno del comisario ejidal
y le ganó limpiamente. Esto bastó
para que perdiera la libertad y a su
mujer. Tres años después, cuando
llegó el día de la venganza recordó
que su gallo pegaba para matar justo
en la nuca, por eso sujetó a su contrario con la mano izquierda y con la
otra mano buscó la nuca y enterró el
puñal - '!gua/ que mi gallo pensó
Matías '. 52
¿Será este el motivo que lleva a
García Márquez a decir, refiriéndose
a una novela de Rómulo Gallegos:
en Canairna hay una descripción de
un gallo que está muy bien? Cuando se sabe que el único gallo que está muy bien es Marcos Vargas. Esto
lo lleva a comparar la violencia galleril con la violencia humana, ve a
los hombres como gallos y a la sociedad como una enorme gallera.
Cuando García Márquez utiliza a
los gallos como símbolo, equipara la
soledad del gallo en el combate con
la soledad del hombre, su mirada
abarca mayores horizontes, se refiere a un pueblo que pacientemente va
puliendo su venganza. A la soledad
de un continente que deja escapar de
la gigantesca gallera gritos de angustia. Esta visión totalizadora es la que

viene a romper las trabas regionalistas, si el sueño bolivariano no se ha
cumplido en la realidad, en las ficciones adquirimos conciencia de
nuestra identidad y el mismo retrato
tiene validez para cada uno de los
países de América.
Después de García Márquez, o
coincidiendo con él, al utilizar a los
gallos como símbolo de violencia, se
encuentra otro colombiano: Manuel
Mejía Vallejo, con el cuento La venganza 1960, que después ampliaría
para dar forma a la novela El día señalado, 1963. Años después Pedro
Orgambide publicaría su cuento Elegía para una yunta brava, 1979. La
historia literaria de los gallos es de
rebeldía, lo mismo nos dice la historia de los hombres.
Los primeros escritos del creador
de Macondo son crónicas y reportajes. Ejercicio que afiló su ingenio
para escribir las obras maestras que
hoy disfrutamos. La crónica nunca la
abandonó del todo a pesar de sus
enormes éxitos literarios. Pero es a
partir de su obra -guión cinematográfico- El secuestro donde toma
distancia de lo mágico para tratar tomas de candente actualidad y de extrema violencia como queda demottrado en su obra más reciente: Noticia de un secuestro. En ésta la displlta es regional -con presiones del exterior- con los capos de la droga. lJ

rebelión por dinero no es comparable, en ningún sentido, con la rebelión
para humanizar al hombre.
Meses después de la publicación
de Cien años de soledad apareció en
la libreóas mexicanas La rebelión
humana de Juan Miguel de Mora
quien, al contar la vida de los grandes rebeldes que registra la historia
parece decimos que no son sólo cien
años de soledad los transitados por
el hombre sino que se cuentan ya
por milenios. Y, en otra novela más
reciente del mismo autor que pudo
titular El secuestro, porque de eso se
trata, pero optó por El gallo rojo lleva un epígrafe que reza:
Gallo negro, te lo advierto,
no se rinde un gallo rojo
sino cuando está ya muerto.

Los gallos adquieren tintes políticos
Ymanifiestan abiertamente su ideología. Se convierten en metáfora que
va implícita en las luchas partidistas.
Los gallos estudian marxismo -como
afirma distinguido poeta mexicano.

Es cierto, no es el primero en cohesionar a los gallos, la violencia y
al hombre. Tampoco, si quieren, en
usar ciertas técnicas literarias. Pero,
es el único entre los premiados con
el Nobel en Hispanoamérica en utilizar -jugando y gozando con su descubrimiento- todos los giros idiomá-

2

ticos referidos a estos póncipes emplumados. El cúmulo de expresiones
adverbiales, de comparaciones y de
imágenes referidas a estas aves, borraron de un espuelazo, toda sospecha de influencias no requeridas, y
lograron hacer - al unirse con la totalidad de las historias- más evidente
su ingenio, su creatividad y sobre todo su originalidad.

Diccionario Universal Ilustrado, España, Espasa-Calpe, Tomo 25, p, 614.
Cfr. Serra_ Planells, Juan, Deporte
Gallístico, 2a ed., Valencia, España,
Talleres Tipográficos Bello, 1955, p, 53.

3

4

Es también el primero en advertimos que como a Chantecler - preocupado sólo en hacer nacer la luzcualquier gallo de combate puede
vapulearlo y oscurecer toda esperanza. Con las notas acumuladas sólo
pretendo indicar que en las obras de
García Márquez cantan muchos gallos, los cantos dan realidad a las ficciones y pinceladas de ficción a lo
real, funcionan como música de fondo, en ocasiones suave y esperanzada, y en otras arrebatada y violenta.
Notas

5

6

7

1

Vargas Llosa, Mario, García Márquez: Historia de un deicidio, La
Paz, Difusión Ltda, 1971, pp, 21-25.
Cfr. Gabriel García Márquez: Conversaciones con Plinio Apuleyo
Mendoza, Colombia, La oveja negra,
1982, p, 53-54. Cfr. Collazos, Óscar,
García Márquez: La soledad y la
gloria (su vida y su obra}, España,
Plaza Janés, 1983, pp, 11-15.

8

Platón, Obras completas, Tr. Patricio
de Azcárate, CECSA, 1957, Tomo 11, p,
440. Cfr. Kraus, René, La vida pública y privada de Sócrates, Edil. Continental, 1955, p, 501.

Reinach, Salomón, Orfeo: Historia de
las religiones, Tr. Domingo Vaca,
Madrid, Daniel Jorro, 1910, p, 140.

Arte Medieval 11 : Romano y Gótico,
Ed. a cargo de Joaquín Yarza, et al,
Barcelona, España, Gustavo Gili,
1982, pp, 28, 69 y 214.
Barthelemy, Juan Jacobo, Viaje del
joven Anacarsis a la Grecia a mediados del siglo cuarto antes de la
era vulgar, París, Librería Lecointe,
1845, Tomo 11, p, 9.

l.aercio, Diógenes, Vidas de los filosófos más ilustres, 2a ed, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1950, Tomo 1, p,
74.

Kraus, Rene,' op. el/.,
· pp, 294.

9Barthelemy, Juan Jacobo, op. ctt.,
. Tomo 11, pp, 265-66.
IO Petronio, Obras completas, Tr. Tomas

Meabe, París, 1923, p, 141.

�11 Aristófanes, Comedias, Tr. R. Martínez la Fuente, México, Ed. Nacional,
1967, Tomo 111, p. 80.
12 Kraus, Rene,, op. cit.,
. p, 293.
13 Laerc10
. o··
· Torno 11, p,
1ogenes, op. cit.,
82. Cfr. Barthelemy, Juan Jacobo, op.
cit., Tomo 1, p, 312.
14 Luciano, Obras completas, Tr. y notas
por D. Federico Barraibar y Zumárraca, Madrid, España, Librería de la
viuda de Hemando, 1889, p, 252.
15 Reyes, Alfonso, Obras completas,
FCE, 1980, Tomo 111, p, 147.
16 Sholojov, Mijail, Campos roturados,
Moscú, Ed. Progreso, Tomo 11, pp,
44-45.

17 Garc1a
' M'arquez, Gab.
ne1, c·,en anos
de soledad, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, pp, 17, 87, 274, 127, 260.
18 Ibídem, p, 11.
19 García Márquez, Gabriel, la mala ho-

ra, Diana, 1987, p, 90.
2º García Márquez, Gabriel, los funera-

les de la Mamá Grande, Buenos Aires, Sudamericana, 1971, p, 133.

134

23 Ibídem, pp, 101-108.
24 García Márquez, Gabriel, El coronel
no tiene quien le escriba, Buenos Aires, Sudamericana, 1972, p, 88.
25 Estas expresiones
.
. desde sus
se repiten
primeras obras hasta las más recientes y van matizándose en numerosas
variables.

35 García Márquez, Gabriel, los funerales de la Mamá Grande, Buenos Aires, Sudamericana, 1971, p,132.

ca, Barcelona, España, Plaza Janés,
1979, p, 140.

36 Garc1a
' Marquez,
'
Gabne
. 1, e·,en anos
•
de soledad, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, pp, 25, 166, 112, 173, 191,
222,229.

García Márquez, Gabriel, los funerales de la Mamá Grande, Buenos Aires, Sudamericana, 1971, p, 70.

37 García Márquez, Gabriel, El amor e•
tiempos del cólera, Diana, s/f, pp, 118
y 119.

26 García Márquez, Gabriel, la hojaras-

27

34 Vargas Llosa, Mario, El Amadis 1111
América. En recopilación de textm
sobre Gabriel García Márquez, La
Habana, Cuba, Casa de las Américas, 1969, p, 114.

28 Garc1a
' M'arquez, Gabne
. 1, c·,en anos
•
de soledad, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, pp, 136 y 198.

38 Vargas Llosa, Mario, García Márquez: historia de un deicidio, p, 114.

29 García Márquez, Gabriel, El otoño del

les de la Mamá Grande, Buenos Aires, Sudamericana, 1971, p, 109.

Patriarca, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, pp, 22 y 108.
30 García Márquez, Gabriel, El amor en
tiempos del cólera, Diana, s/f, pp, 326
y 431.
31 García Márquez, Gabriel, El coronel
en su laberinto, Diana, 1989, p, 165.
32 García Márquez, Gabriel, El otoño del

21 García Márquez, Gabriel, El amor en
tiempos del cólera, Diana, s/f, p, 365.

Patriarca, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, p, 253.

22 García Márquez, Gabriel, los funerales de la Mamá Grande, Buenos Aires, Sudamericana, 1971, p, 105.

33 García Márquez, Gabriel, El amor en
tiempos del cólera, Diana, s/f, pp, 45,
194y235.

39 García Márquez, Gabriel, los funera-

40 García Márquez, Gabriel, El amor tll
tiempos del cólera, Diana, s/f, p, 65.
41 García Márquez, Gabriel, la mala hora, Alfaguara, 1979, p, 49. Cfr. Doct
cuentos peregrinos, Diana, 1992, P,
31.

44 García Márquez, Gabriel, Crónica de
una muerte anunciada, Colombia,
La oveja negra, 1981, p, 53.
45 G

. Marquez,
'
Gb'
arcia
a nel, Del amor y
otros demonios, Diana, 1994, p, 101.

46

García Márquez, Gabriel, Cien años
de soledad, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, p, 296.

47Garcta
. M'arquez, Gabnel,
. El otoño del
Patriarca, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, p, 91.
48

Alonso, Martín, Enciclopedia del
idioma, Aguilar, 1991, Tomo 1, p, 179.

49

Garcta
, M'arquez, Gabriel, Cien aiios
de soledad, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, p, 27.

Gabriel, El otoño del
Patriarca, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, pp, 23 y 21.

lO García Márquez,

SI Garc1a
, M'arquez,

Gabriel, El coronel
en su laberinto, Diana, 1989, p, 166.

52

Vasconcelos, José, Páginas escogidas, Selec. y pról., de Antonio Castro Leal, Botas, 1940, pp, 147 a 153.

42 García Márquez, Gabriel, El amor tll
tiempos del cólera, Diana, s/f, p, 35.
43 García Márquez, Gabriel, El otoño del

Patriarca, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, p, 147.
135

�JOSÉ EMILIO PA, CHECO, UNA VOZ
PROFUNDA Y LUCIDA

Leticia Hernández Martín del Campo
Es uno de esos fenómenos que surgen en el espacio de la literatura mexicana, capaz de abarcar diferentes
disciplinas y brillar en todas. Antólogo, investigador, crítico, conferenciante, traductor, cuentista y demás,
José Emilio Pacheco se gana en este
fin de siglo, un lugar muy respetable
en el ámbito cultural de nuestro país.
Convertido en un auténtico hombre
de letras, muchas de sus variadas actividades parecen ocupar más la
atención de los medios informativos
y distraer el interés por el trabajo íntimo y reposado de su poesía. No
es su personalidad como poeta una
sorpresa más, sino aquélla que mejor
lo define como escritor. Contemporáneo de grandes poetas, ha sabido descubrir su propia voz cristalina y mesurada, en contraste con el convulsivo
México que le ha tocado vivir.

lt

El largo paseo por sus libros nos
demuestra que la calidad de un poeta
no se mide por los grandes hallazgos
retóricos, ni por la abundancia u originalidad de sus metáforas, sino por
los resultados. Escribir un poema -decía Borges- es ensayar una magia
menor. El instrumento de esa magia,
el lenguaje, es asaz misterioso. Pues
bien, la poesía de Pacheco es el resultado de convertir las palabras en
elementos vivientes a través de ese
toque mágico que es el hecho estético. ¿Cómo lo logra? Con una pulcritud envidiable. Lo mismo en un poe136

ma de corte tradicional o en verso Ji.
bre, un pequeño epigrama o una pieza de mayor extensión, Pacheco conjunta la claridad, la precisión y el rigor, con la emoción, la ficción y la
ironía.
En el camino por Los elementos
de la noche, la idea de lo que es poesía empieza a cobrar fuerza y trascendencia. Pacheco, desde éste, su
primer libro, parece reconciliar los
excesos en los que se han desbordado muchos de los poetas de este siglo. La primera observación crítica
frente a esta obra, parece ser esa preeminencia que el escritor otorga a la
poesía como arte. En gran parte de
sus poemas se pone de manifiesto la
búsqueda de un lenguaje tradicionalmente estético. Existe una voluntad
por resaltar los valores plásticos y
sonoros de la lengua, para luego
traspasar su naturaleza primaria y
convertirla, al mismo tiempo, en
imagen y significado. Por momentos
parece extasiarse en la belleza de
nuestro idioma:
Una paloma gris que se deshace
pule en el aire su desnudo vuelo.
En ese instante de la luz que nace
brilla perfecto el desmedido cielo:
nube y paloma que en su vago enlace
son un mismo dibujo en este suelo.
Así en la sombra o en algún espejo
eres tú mi contorno y mi reflejo.

(Estancias)

Un hecho tan cotidiano como el
vuelo de un ave puede convertirse,
gracias al poeta, en unos endecasílabos perfectos; su recreación no sólo
ha tomado en cuenta la selección,
disposición, medida y acento de cada una de las palabras, sino que a~
más su significado atrapa ese momento tan maravillosamente íntimo
cuyo efecto proyecta una emoción
que podría, sin duda, calificarse de
estética.
Si bien Los elementos de la noche nos revela a Pacheco como un
artista, también refleja una de sus
más serias preocupaciones: el tiempo, ese elemento inasible que se nos
escapa segundo a segundo burlonamente. Su obsesión es la misma que
ha torturado a muchos de los grandes poetas de nuestro tiempo, qui~
nes dejan en sus versos una constancia de la inútil y pesarosa batalla intelectual contra lo inexorable.
El ahora ha sido siempre el tiem·
po preferido de los poetas, pero el
ahora -explica Pacheco- ya no existe. En El silencio de la luna, uno de
sus mas recientes poemarios, encontramos patente este miedo:
La Sombra

De lo perdido ¿qué aparece?
La sombra

en la imaginación que desfigura el
recuerdo.
Sólo tenemos este ahora...
Ya no está aquí:
se hundió en la boca del insaciable
pasado.

La angustia que se refleja en estos últimos dos versos es precisamente el entender que el presente es
el fruto en el que la vida y la muerte
se funden. Esto hace recordar lo que
dice Octavio Paz en uno de sus magníficos ensayos: El instante es el
tiempo del placer pero también el
tiempo de la muerte, el tiempo de los
sentidos, el tiempo de la revelación
del más allá.
A través de la ficción lírica, Pacbeco nos enfrenta al tiempo como
la invisible máquina de restar vida.
El rey David (El silencio de la luna)
es un poema que duele porque nada
amortigua, nada disimula la verdad:

Mi boca ya no muerde.
La abandonaron los dientes.
Todo mi cuerpo es descenso
huida, caída
hacia la tumba que me está acechando.

Tanto en Islas a la deriva como
en El reposo del fuego está presente
el pesimismo y la ironía del mestizo

marcado para siempre por la actitud
de nuestros antepasados indígenas y
el proceder de los conquistadores:
Bajo el suelo de México verdean
espesamente pútridas las aguas
que lavaron la sangre conquistada.
Nuestra contradicción - agua y aceite-pennanece a la orilla y aún divide,
como un segundo dios, todas las cosas:
lo que deseamos ser y lo que somos.

Dijo el virrey: Los hombres de esta
tierra
son seres para siempre condenados
a eterna oscuridad y abatimiento.
Para callar y obedecer nacieron.

La voz lírica nos enfrenta al espejo de nuestra historia, lo que no
queremos ver ni oír porque hemos
sido incapaces de borrar el miedo y
la vergüenza de los dominados. Prevalece el sentimiento de impotencia
por descifrar este enredo/ llamado
México.
En contraste, Islas a la deriva, en
su segunda parte nos ofrece un puñado de poemas escritos en Canadá
donde la mirada extranjera y atenta
describe la maravilla del paisaje encarnado y amarillo del otoño, el silencio de la nieve y el estruendo sordo e impresionante de las cataratas.
Vuelven a cohabitar la naturaleza y

el pulcro lenguaje en la intimidad y
la brevedad del verso.
Así mismo y en contraste, José
Emilio Pacheco, como buen poeta
del siglo XX, se une a otras voces para manifestar su repudio contra la
tecnología de las megaciudades que
va en detrimento de la naturaleza y
la civilización. Pacheco pretende denunciar su autodestrucción. La tierra
baldía de Eliot no ha sido ni será el
único poema que convierta en un infierno a las ciudades modernas.
La poesía canta lo que está pasando o por lo menos ésta ha sido su
función más antigua. ¡Qué legítimo
tormento el de Pacheco, que como
Casandra en la legendaria Troya,
anuncia la destrucción de su ciudad!
Si el poeta no es profeta o vidente, si
es quien más derecho tiene de proteger la naturaleza, nutrimento de la
poe~ía de todos los tiempos. Será ese
ser solitario, ese observador agudo e
incansable que es capaz de inspeccionar el comportamiento de un
mosquito, el desarrollo de la enredadera, la metamorfosis de una hoja en
el otoño o la mirada asustadiza del
gorrión, quien se vuelva su más ferviente y apasionado defensor.

Esta fue la ciudad de las montañas.
Desde cualquier esquina se veían las
montañas.
137

�NOTICIA DE CELEDONIO JUNCO
DELA VEGA

Enrique Puente Sánchez
Tan visibles se hallaban que era
muy raro
fijarse en ellas. Verdaderamente
nos dimos cuenta de que existían las
montañas
cuando el polvo del lago muerto,
los desechos fabriles, la cruel
ponzoña
de incesantes millones de vehículos,
la mierda de átomos
de muchos más millones de
explotados,
bajaron el telón irrespirable
y ya no hubo montañas.
(Ma/país)
Los trabajos del mar

Una de las preferencias que sobresalen en la obra de Pacheco es
«ponerse en el lugar de» a través de
la ficción poética. Este proceso de
recreación imaginativa prevalece en
forma muy acertada en El silencio
de la luna. El poeta nos va relatando
desde la prehistoria, la génesis de la
civilización humana. A través de una
primera persona utilizada sólo como
vehículo, nos demuestra que los siglos en el devenir histórico son testigos de un problema que sobrevivirá
junto con el hombre: el drama d~ los
vencedores y los vencidos. La historia de todos los tiranos está magníficamente representada en el breve
poema La derrota:
El que piensa por todos prohibió
pensar.
138

Su palabra es la única palabra.
El dice todo sobre todas las cosas.
Sólo existe algo que él no puede
prohibir:
los sueños.
oche tras noche
la gente sueña en acabar con el que
piensa por todos.

En una veintena de palabras, lo
mismo que en un determinado número de versos, Pacheco pone al
descubierto sus verdades: algunas
muy subjetivas, otras incomprensibles y algunas veces, fantásticas; pero entre ellas surgen las verdades dolorosas que se vuelven una propia Y
real verdad: Hay que darse valor para hacer esto -dice el poeta- . No se
puede callar...

Las oscuridades, el erotismo, así
como el poema confesional y la sensiblería, han quedado fuera de la temática de Pacheco. No cabe en su
obra ni la desmesura del arrebato romántico ni las extravagancias vanguardistas. Desde sus inicios, su voz
equilibrada y serena fue identificada
por Octavio Paz con el lago que contempla, recibe y reflexiona. Sabemos
que toda posición estética implica un
riesgo y, en este caso, el lago corre
el peligro del estancamiento. No
obstante, José Emilio Pacheco se

apoya confiado en su impecable dominio de iluminar el lenguaje.

Creo con muchísima certidumbre
que aún ahora podemos repetir las
siguientes palabras de Alfonso Junco, hijo de Celedonio: «Este humorista, este prosador, este poeta, es
ahora prácticamente desconocido».
Mi opinión es que las palabras anteriores se podrían decir de muchos
escritores regiomontanos, tanto de
prosa como de verso. Y aún más,
también opino que mutatis mutandis,
se podrían aplicar inclusive a héroes
y gobernantes, tanto de todo Nuevo
León como de nuestra ciudad de
Monterrey en particular.
Celedonio Junco de la Vega nació en el puerto de Matamoros el 23
de octubre de 1863, de padre asturiano y de madre neoleonesa. El clásico
nombre griego, cuya traducción es
«golondrina», le fue impuesto en
memoria del abuelo paterno. En Malamoros realizó sus estudios y como
quedó huérfano de padre a los trece
años, desde entonces se dedicó al
trabajo; éste lo ejerció en bancos,
tiendas y periódicos, pero además en
la vocación literaria a la que se dedicó prácticamente toda su vida.
De su fecundidad literaria brotó
una inmensa cantidad de artículos y
otra tanta de versos, todo esto suelto
Ydesperdigado en varios periódicos;
El Cronista de Matamoros y El Esf)ectador neoleonés se cuentan entre
los más antiguos, pero también El

Sol y El Porvenir de Monterrey; éste
último fundado por Ricardo Arenales o Porfirio Barba-Jacob. En cuanto a la poesía, cultivó de manera especial el soneto y el epigrama, de los
que aporto ejemplos más adelante.
Escribió también algunas obras teatrales, entre ellas El retrato de papá
y Dar de beber al sediento, estrenada ésta en 1909 aquí en Monterrey
por doña Prudencia Grifell. Participó
en certámenes poéticos y triunfó en
varios de ellos, cortó la flor natural
en los Juegos del Centenario de
1910, ingresó en 1917 a la Academia
Mexicana de la Lengua propuesto
por José López Portillo y Rojas, Enrique González Martínez y Fernández Granados.
De sus obras quedan también
Versos, publicada en 1895; Sonetos,
en 1904 y Musa provinciana, en
1911. En cuanto a seudónimos fue
prolífico firmando como Y Griega,
Martín de San Martín, Ramiro Ramírez, Annando Camorra, Quintín
Quintana, Modesto Rincón, Silverio,
Rubén Rubín y Pepito Oria.
Se avecindó en Monterrey hacia
1888 y contrajo matrimonio en esta
ciudad, en la que celebró sus Bodas
de Oro rodeado de hijos y de nietos.
Uno de sus hijos, Alfonso Junco, lo
superó literariamente en todos los
sentidos y fue también miembro de
la Academia Mexicana de la Len-

gua Celedonio Junco de la Vega falleció en la Sultana del Norte el 3 de
febrero de 1948 a los ochenta y cuatro años.

Musa provinciana
He seleccionado para comentarlo su
libro Musa provinciana y, además,
algunos poemas sueltos que cita su
hijo Alfonso Junco en el libro Un
poeta de casa. Este último contiene
el discurso con que Junco, el hijo,
ingresó a la Academia Mexicana de
la Lengua y la respuesta que le dio
José Vasconcelos. Musa provinciana
contiene sesenta y cinco poemas, cuya temática es muy variada. Principia con un Canto a Monterrey, tiene
poemas filosóficos acerca de la vida
en general y de la particular del autor; hay algunos poemas dedicados a
los amigos, principalmente poetas;
por ejemplo, tiene dos dedicados a
Othón, el poeta de San Luis Potosí.
Aparecen también bastantes poemas
con tema mitológico, que descubren
la cultura clásica de Celedonio.
Otros se refieren a héroes mexicanos
como Benito Juárez, Miguel Hidalgo
y Mariano Escobedo.
En lo que toca a la versificación,
Celedonio luce sus conocimientos de
la métrica tradicional española. Lo
más abundante es el soneto, siempre
sin estrambote; pero aparecen con
facilidad décimas o espinelas, quin139

�tetos y silvas. También encontramos
pareados, cuartetos nonnales y cuartetos serventesios, cuartetas normales y redondil1as. No deja Celedonio
de usar el romance, el terceto, la
quintilla, la sextina y hasta las hermosas liras, pequeñas estrofas aconsonantadas de heptasílabos y endecasílabos.
Así como entre los españoles podemos recomendar al fabulista neoclásico Tomás de Iriarte para el que
desee conocer prácticamente la métrica española, lo mismo podemos
hacer entre los mexicanos, proponiendo a Celedonio Junco de la Vega. Su rica y variada versificación
constituye toda una escuela en esa
ardua disciplina.

«A la ciudad de Monterrey»
De Musa provinciana comento varios poemas en seguida, y es el primero el que también es primero del
libro. Me refiero al que el autor titula simplemente «A la ciudad de
Monterrey», pero al que yo titularía,
creo que con mayor propiedad,
«Canto a Monterrey». Consta de 21 2
versos distribuidos en diez estrofas o
estancias. Las estancias son combinaciones de endecasílabos y heptasílabos, estructura que corresponde a
las silvas pero con rima consonante.
Digo esto porque la rima usada por
Celedonio es asonante, por lo que
140

estrictamente estas estrofas no pueden recibir el título de silvas. Lo que
sí es un mérito es que a través de todos los 212 versos mantiene la asonancia «i-a», inclusive con versos
esdrújulos.
Este Canto fue compuesto por
Celedonio con motivo del trecentésimo décimo cuarto aniversario de la
fundación de Monterrey, y para participar en los Juegos Florales organizados por el Centro Español. Lo declamó el 23 de septiembre de 1910
en el Teatro Independencia y obtuvo
con él la Flor Natural. Su contenido
es el siguiente:

La primera estancia nos presenta
los motivos de la composición del
poema. El primero fue el certamen
poético organizado por el Centro Español, para celebrar el aniversario de
la fundación de Monterrey en 1910. Y
el segundo, concomitante con el primero, la elección de la reina y su cortejo para las correspondientes fiestas.
La segunda estancia nos habla de
la situación geográfica de Monterrey, colocada en un valle al que rodean montañas casi por todos lados.
Afirma que son inolvidables las albas sobre el Cerro de la Silla, y que
son una gloria viva las puestas de sol.
Las claras noches del verano -diceson una gala para los ojos del contemplador del paisaje.

La tercera estancia comenta el
nombre de la ciudad y establece que
no sólo la Providencia la ha favorecido, sino también el brioso trabajo de
sus hijos en fábricas, torres y fraguas.
En la cuarta estancia, una de las
más cortas, la nota importante son
los cambios que el trabajo del hombre con la barra y la piqueta va gestando en el Monterrey de 191 O.
Los motivos poéticos de la ciudad son el tema de la quinta. Enumero los siguientes: raudales rumorosos, el parque con su fronda umbría,
sus pájaros y flores; el ágil y garboso
ciervo y además el cisne, gallaroo
bogador.
La sexta estancia nos recuerda
las entonces modernas calzadas y las
legendarias quintas de la ciudad. Las
primeras son presentadas como ar!&amp;
rías colosales del cuerpo citadino;
las segundas como doseles de verdura por donde apenas filtra el sol SUS
tembladores rayos.
La séptima, la más corta de (diez versos), se dedica también a
los crepúsculos regiomontanos.
La octava se consagra a la mujer
regiomontana, tesoro inagotable de
amor y de alegrías.

La novena y penúltima hace referencia a la fundación de Monterrey
y al Certamen Floral, motivos del
poema. Ambos invitan no a la liza
sangrienta, sino a la liza de los espíritus, en los que «vibra el pensamiento como espada flamígera».
Y la décima y última es un himno a la vida, la vida de talleres, fábricas, industrias y comercio de
Monterrey. Y hasta a la «vida suprema del amor a la santa poesía».
Ese es el contenido. Pero espigando en la lectura, nos sorprende la
imagen de estos dos versos de la segunda estancia: «En amplio y fértil
valle te dilatas / al rumor de las ondas cristalinas». ¿De cuáles ondas
cristalinas habla Celedonio, si hoy
no las vemos por ningún lado? Recordémoslas, algunas conocidas para
todos, otras no para todos: las corrientes de la Huasteca, los ojos de
agua de Santa Lucía, los ojos de
agua de la Loma Larga, los frecuentes derrames del Tanque Guadalupe
que bajaban entre los caseríos hasta
el río Santa Catarina, y el Río la Silla. En la misma estancia se presenta
la orografia de Monterrey y los puntos cardinales son nombrados como
Sur y Norte, Orto y Ocaso. El Cerro
de la Silla es presentado como «titán
inmoble» y «coloso oriental»; el de
las Mitras, como «vigilante erguido
hacia el Ocaso» y la Sierra Madre,

como «regio murallón de vasta serranía».
Celedonio es parco en figuras literarias; la imagen abunda, pero no
se encuentran sinestesias. Quizás
aún no las manejaban los poetas como en la actualidad, pero podían
surgir naturalmente. Virgilio en la
primera égloga (Títiro y Melibeo)
escribe «frigus captabis opacum»,
«tomarás el fresco oscuro». En la
Eneida afirma que los guerreros
«ibant obscuri per noctem», «iban
obscuros por la noche».
Puedo citar tres metáforas: «Las
esmeraldas de la fronda umbría»,
«Minúsculo mar de perlas líquidas»
y «Doseles de verdura / por donde
apenas filtra / sus tembladores rayos
/ el luminar del día». La siguiente es
una bella imagen y, según el criterio
de cada uno, habrá o no una prosopopeya: «Pinta el sol en tus
crepúsculos el cuadro múltiple». La
siguiente, salvo mejor parecer, la califico de metonimia: hablando de las
calzadas de Monterrey, dice que son
«como arterias colosales que la celeste lumbre tonifica». Por último
dos polisíndeton: «No fue sólo la
Mano Providente / que en cielo y
tierra y mar vierte prolífica»; «También el hombre vence; / también crea
y fecunda y edifica».

Los poemas mitológicos
Seis poemas mitológicos comento de
esta obra de ·Celedonio y son una
buena muestra de sus conocimientos
clásicos. Están dedicados a Argos,
Hércules y Anteo, Dido, Cupido, Píramo y Tisbe, Minerva. Todos ello~
están escritos en sonetos; «Píramo y
Tisbe» constan de tres sonetos y todos los demás de uno solo; ningún
soneto tiene estrambote, pero su estructura es impecable. En cuanto a la
métrica, «Hércules y Anteo» es de
versos alejandrinos; «Cupido» es de
octosílabos y todos los demás son el
soneto clásico de endecasílabos.

•••

...

En cuando al tema mitológico, el
título «Argos» nos puede hacer dudar, pues cualquiera sabe que era la
región donde estaba Micenas, ciudad
reino de Agamenón. Algunos hemos
tenido la oportunidad de recorrerlas
la región y la ciudad. Creo que nadi~
ignora que «Argos» se llamaba también el perro de Ulises, que muere
ya decrépito al ver al héroe griego a
su regreso de Troya. Y «Argos» se
llamaba el monstruo de cien ojos al
que Hera la celosa ordenó vigilar
constantemente a la doncella lo.
¿Cuál de ellos es el tema de este soneto? Por la lectura sabemos que es
el último que he citado. Además, de
todos estos temas podemos leer bastante en Las metamo,fosis de Ovidio.
141

�leyenda de Hércules y Anteo,
además de Ovidio, la cuenta Apoloro en su Biblioteca en el libro segundo. Es muy conocida, pues es uno de
los doce trabajos realizados por Hércules. El gigante Anteo era hijo de
Gea y por ello recobraba todo su vigor, cuando en la lucha con el héroe
tocaba la tierra. Hércules descubrió
el secreto, lo mantuvo en alto y le
quitó la vida.
La

La tragedia de Dido, reina fundadora de Cartago, no necesito repetirla a personas conocedoras de la literatura, porque no conocer a Virgilio
es grave pecado para toda persona
culta. Pero si es alguien dedicado a
la literatura, no merece perdón. Sólo
diré dos cosas. La primera es que siguen y seguirán existiendo los defensores de Eneas ante el hecho de
haber abandonado a Dido. Y también hay aún y seguirá habiendo
quienes lo vituperen por el mismo
hecho. La segunda es que una de las
partes más hermosas de la Eneida es
este tremendo drama de Dido, narrado por el mantuano en los libros segundo y tercero de su epopeya. Y no
sólo esto, sino que a pesar de corresponder a la visita que Ulises hace a los
feacios en la Odisea, ésta que Eneas
hace a los cartagineses es totalmente
original y está narrada con los más
hermosos hexámetros latinos.

142

En cuanto a Cupido no diré mucho pues es muy conocido y existe
abundante bibliografia. Recordaré,
por ejemplo, que la palabra «cupido» es un sustantivo latino de la tercera declinación, cuyo significado es
«pasión» e incluye casi siempre el
deseo sensual. El nombre griego
«Eros» no se corresponde precisamente con este vocablo latino;
«Eros» es el amor y por esto, muchos prefieren llamar a este dios
«Amor» y no «Cupido». Un detalle
que muchos olvidan, citado por Celedonio, es que no sólo tiene flechas
para enamorar, sino también para olvidar el amor: las de enamorar son
de oro y las de olvidar son de fierro.
Por último, recuerdo que quizás el
más famoso de los cuentos acerca de
este dios, es el de «Psique y Eros»;
aparece en la hermosa novela lírica
El asno de oro de Apuleyo. Quien
no la ha leído no sabe lo que se ha
perdido. Las esculturas, pinturas, cerámicas, labrados, etc., acerca de este cuento, aparecen por toda Europa.
La leyenda de los adolescentes
babilonios Píramo y Tisbe es presentada por Celedonio en tres sonetos.
Esta es una leyenda celebérrima. Por
supuesto que aparece en Las metamorfosis de Ovidio en el libro cuarto. Los comentarios y las alusiones a
ella son abundantísimos y hay una
ópera con este tema.

Los tres sonetos de Celedonio no
la abarcan completa, pero son suficientes para conocerla. El primero
incluye la llegada de Tisbe a la cita
nocturna con Píramo, la aparición de
la leona con el hocico ensangrentado, la huida de Tisbe con el abandono del manto y las sacudidas de éste
por la fiera que lo ensangrienta todo.
El segundo soneto abarca la llegada
de Píramo, el espectáculo del manto
ensangrentado, nuevamente la ~
sencia de la leona, la convicción de
que Tisbe ha sido devorada y el doloroso suicidio del desesperado joven. En el tercer soneto se narra el
regreso de la joven, el encuentro con
el cadáver del amado, el suicidio de
la enamorada y la mitología de la
mora: en lugar del fruto blanco, ahora el púrpura oscuro, porque a su
tronco llegó la sangre de los dos jóvenes amantes.
Bien la extensión y bien la estructura que dio Celedonio a la r&amp;
producción de esta leyenda. Los sonetos, como todos los demás, magDÍficos. Y deja buen sabor de l:,oca,
aunque faltan los emotivos antecedentes narrados por Ovidio, como la
plática de los jóvenes a través de la
grieta de la pared medianera, como
la alusión a Semíramis, reina de la
ciudad de los ladrillos cocidos.

Por último, el soneto dedicado a
Minerva. No me complace. Por supuesto que está bien elaborado y
ofrece los rasgos fundamentales de
la diosa, pero es muy poco para una
divinidad tan importante del Olimpo. Todavía más, no me place que
haya usado el nombre latino y no
porque sea feo el nombre Minerva.
Es que para esta diosa yo prefiero el
nombre griego Palas Atenea, 0 dicho
con la contracción griega Athená.
Ella es la virgen griega, la sabia, la
filósofa, la pensadora, la pacífica,
aunque lleve la lanza, el casco la
égida Y el escudo; es la diosa de'los
ojos de lechuza, como la nombra
Homero en la Odisea.

Minerva no, digo, porque es el
nombre romano. Y el romano, en general, es el burdo soldado, el rudo
conquistador, el guerrero. No es, en
general, ni el sabio, ni el filósofo ni
el amante exquisito del arte. M;jor
Panhénos Athená, como dice la roca
frente a la puerta de nuestra Capilla
Alfonsina (aunque esté mal escrito),
porque conocerla simplemente en la
epopeya de Ulises, es enamorarse de
ella. Y contemplar los templos y las
estatuas que los helenos le dedicaron
~ comprender cuánto la amaban. La
ciudad de Atenas, que lleva su nombre, Yel Partenón o templo de la virgen (parthénos) bastan para comprobar mi aserto. Su templo en Delfos
debe haber sido hermosísimo; las

ruinas que nos quedan son todavía
hermosas y yo sería capaz de postrarme ante ellas, contemplándolas
junto con el majestuoso monte Parnaso que se encuentra enfrente.

Poemas humorísticos e ingeniosos
Fue Junco de la Vega un versificador amante del humorismo, de la sátira Y del ingenio para vencer dificultades en la elaboración de poemas. No rehuía hablar de sus propias
deficiencias, en su caso fisicas, pues
era extraordinariamente bajo de estatura. Además, el nombre heredado
del abuelo paterno le pesaba como
una losa sobre la espalda.
A propósito de estos dos detalles
escribía:
'
Dos cosas, para tortura,
me salieron del demonio:
tener tan corta estatura
Y llamanne Celedonio.

Adiós, insigne gigante,
que te me paras delante
con ese rostro tan feo.

Era un experto en la improvisación. A la cantina de don Francisco
Somohano, periodista que escribía
en El Espectador, acudían especi~lmente hombres de letras. El licenciado Francisco de P. Morales retó a
Junco de la Vega, en una noche de
l 898, a improvisar un soneto dialogado. El que titubeara O fallase pagaría las copas para todos los contertulios. Todos hicieron rueda para seguir puntual Y atentamente el certamen, que tocó comenzar a Junco de
la Vega Yfue de la siguiente manera:
JUNCO:

El negro porvenir está cercano
'
Y no quiero tomar ya más veneno.
MORALES:

No tienes tú razón, porque es muy
bueno
el líquido que vende aquí Somohano.
JUNCO:

Sobre el tema de su baja estatura,
cuenta también que a vuelta de esquina se encontró con un amigo bromista, quien lo saludó diciéndole:

Yo me debo marchar; tu empeño es
vano,
que de este vino blanco ya estoy
lleno.
MORALES:

Adiós, ilustre pigmeo.

A esto Celedonio contestó inmediatamente:

Yo, que bebo mezcal, estoy sereno;
¡si no achispa jamás vino paisano!
JUNCO:

Si yo sigo bebiendo pierdo el tino.
MORALES:

Y si yo te acompaño salgo mono.
143

�JUNCO:

Eso no es raro en ti, tú eres un tuno.
MORALES:

Has errado en tus bromas el camino.

¿Será preciso que al gentil Nazario
le dirija un soneto escrito en serio,
para que pueda yo en mi cautiverio
recibir el pedido numerario?

JUNCO:

Tú ya te emborrachaste, y te
abandono.
MORALES:

Eres poco hombre tú como ninguno.
Ninguno de los dos improvisadores había fallado, ante el azoro y la
admiración de todos los oyentes. Somohano, emocionado, tuvo la gentileza de obsequiar las copas.
Ya octogenario, recibió en cierta
ocasión el recibo del teléfono con
una cuenta de ocho pesos, cincuenta
centavos. Pero había una huelga telefónica y el servicio no se había recibido. Ni tardo ni perezoso, exclamó don Celedonio:
Es un contraste que no concibo,
pero que ahora claro se ostenta:
por un servicio que no recibo
pago un recibo de ocho cincuenta
En otra ocasión se encontraba recluido en casa por alguna enfermedad y esperaba que le llevaran el
sueldo del periódico donde escribía.
Se encargaba de esto un joven llamado Nazario, que esta vez se había
retrasado en cumplir tal obligación.
Celedonio no sabía esperar mucho y
dirigió al joven este soneto:

Que vivo de los frutos del salario
no lo puedo tomar como dicterio;
pues nunca para nadie fue misterio
que no soy opulento propietario.
No me atrevo a clamar a San Portirio,
porque fuera pecado bien notorio;
mas clamo a San Honorio y San
Saturio,
por ver si así, calmado mi martirio
manda, por San Saturio o San Honorio,
Naz.ario el numerario a mi tugurio.
Fue fértil también en el epigrama
Celedonio. En el periódico y en la
vida particular lució sus habilidades
en tal género. El siguiente es un primer ejemplo:
Sé de un ciego y una ciega
que pronto se casarán:
¿será porque hayan sabido
lo de «cásate y verás»?
No dejó de dirigirlos a otros lite.
ratos de su confianza, como el que
sigue:
Te quejas de la impresión
de tu libro, buen Severo:
¡pues qué dirán los lectores
de la que ellos recibieron!

Las alas
son galas
del viento.

Este otro se lo dedicó a un supuesto dramaturgo de su época:
Yo no sé por qué tu drama
lleva por título Insomnio,
cuando en el acto primero
nos dormimos casi todos.
Pero la versificación en que era
feliz y se movía a todo su placer Celedonio, era el soneto. Ya vimos que
dejó un libro con el título Sonetos.
Era pasmosa su facilidad para construirlos; ya vimos el que improvisó
junto con el licenciado Morales en la
cantina de Somohano. Pero no era
sólo eso, la facilidad, sino el encanto
que sentía en vencer las dificultades
que él mismo se ponía al elaborarlos. Por ejemplo, se propuso escnbir
uno con versos trisílabos; por supuesto que la rima, como es de regla
en el soneto, tenía que ser perfecta.
Helo aquí:
Canoro:
te alejas
de rejas
de oro.
Y al coro
le dejas
las quejas
y el lloro.
Que vibre
ya libre
tu acento.

No sólo es soneto, sino que también es poesía. Pero había que seguir
adelante y plantearse más dificultades. Entonces se propuso escribir un
soneto «Sin A», otro «Sin E», uno
más «Sin I» y los «Sin O» y «Sin
U». He aquí el «Sin U»:
Soneto me pedís en donde omita
la postrera vocal del alfabeto,
Yen dos por tres pergeñaré el soneto
si no se llega a enmarañar la pita.
Nadie para tal obra necesita
estar de ingenio y de saber repleto;
basta paciencia y sale del aprieto
toda persona en el rimar perita.
«¡Vanidoso!» exclamáis, ante el
sentido
del octavo renglón; mas yo no paso
por mote, ami entender, inmerecido.
Vanidad, si la tengo, será acaso
en haberme de sobra conocido
para no pedir sitio en el Parnaso.
Y vinieron posteriormente los
cuatro sin las respectivas vocaes, puesto que el «Sin U» fue el primero. Ya esto era suficiente para obtener un título de «Gran Versificador». Pero faltaba lo inimaginable
loqu
· ,
.
,
'
e qu12as nad1e habia discurrido

tºs

ni soñado que pasara por su mente.
En cierto certamen con otros amigos
literatos, Junco de la Vega se comprometió a escribir un soneto en que
todas las palabras comenzaran con
«e». i Y lo escribió ! He aquí el
CANTO A CANUTA
¡Canuta celestial ! ¡Cuán caprichoso
catoniano certamen cohibitivo!
Comenzando con «C» cuanto concibo
¿cómo cantar con canto cadencioso?'
Cada concepto, ¡cielos!, cuán costoso.
Cadenas cargaré como cautivo.
Contémplame ceñudo convulsivo
'
'
ciñéndome cilicio congojoso.
Cuando cada concepto, como claro
cristal corriera cadenciosamente
'
¿cogiera consonantes cual «Calcuta»?
¡Condenado certamen! ¡Cuesta caro!
Comenzando con «C» constantemente,
¿cómo cantarte, celestial Canuta?

Final
«Dos cosas, para tortura, ¡ me salieron del demonio: / tener tan corta estatura I Y llamarme Celedonio.» Esta
cuarteta de Junco de la Vega nos da
ya la pauta de su sereno vivir de su
vida tranquila, de su grato pa:ar: sabía reconocer sus limitaciones él
mismo citaba y comentaba sus deficiencias. En el poema «A un curio-

so» hace esto mismo con bastante
extensión. y respecto a su capacidad
intelectual y a su valor como poeta,
tampoco era vanidoso; no le interesaba la alabanza ni buscaba ser famoso. Escribió para sí mismo y para
los suyos, para sus amigos.
En el soneto «Sin U» afüma enfáticamente:
Vanidad, si la tengo, será acaso
en haberme de sobra conocido
para no pedir sitio en el Parnaso.
Aquí está una parte de la respuesta a la pregunta de por qué no es
suficientemente conocido. No lo
quiso, como no lo quisieron otros
muchos. Y no fue porque tuviera temor de que lo leyeran y lo criticaran
pues él estaba seguro de ser versifi~
cador y poeta.
Ya vimos, sin embargo, que no
escapó totalmente a la celebridad
p~es de cualquier manera se le men~
c10na con suficiente crédito en libros
de autores y se le incluye en antologías poéticas. Además fue miembro
de la Academia Mexicana de la Lengua, lo que muchos otros, citados e
incluidos en tales obras, no lograron
ni lo obtienen actualmente. No es el
gran poeta ni el famoso escritor, pero se le lee y nos hace pasar un buen
rato dedicado a la literatura.

144
145

�LA NOSTALGIA ES UN SUEÑO
ESPINOSO

Mainor Arias
ORACIÓN
Cuando la casa se hunde
y un aire amargo recorre las paredes.
Cuando las serpientes se revuelcan en tu cuello
y una noche alacranosa se cuelga en tus ojos,
siempre hay un rincón,
un espacio inmune para abrirnos al cielo:
es la oración.

Cuando muera,
guardaré sus ojos en mi guitarra
.
'
pmtaré sus manos en mis tambores.
Al Caribe
donaré sus vestigios,
vaciaré sus ritmos.
La vieja lo sabe,
sonríe
Ymueve las caderas.

Sostenedora de casas,
ahuyentadora de alimañas.
Palabra fina
cargada de luz.

LA VIEJA NO QUIERE LUTO
Mi abuela es un roble con abismos de caoba,
se viste de maracas en las tardes lluviosas.
Con un rosario de pájaros
acompaña la noche por las calles.
Cuando canta sus plegarias
las estrellas se desprenden
y le recuerdan
que es hija de los timbales.

146

147

�UN MAESTRO DE ENERGÍA
CONVERSACIÓN

SEÑAS/ RESEÑAS
/ CONTRASENAS
André Malraux y Roger Stéphane
La condición sobrehumana

Se había previsto - ¿por Malraux?que el año de 1969, bicentenario del
natalicio de Napoleón, estaría consagrado al Emperador. Naturalmente,
sin los grandes desfiles imaginados
-¿por Jack Lang?- veinte años más
tarde para conmemorar a la Revolución. Malraux debía pronunciar un
discurso, el 15 de agosto, en Ajaccio.
Valido de mis privilegiadas relaciones personales fui, en marzo, a interrogarlo sobre Napoleón. Yo era uno
de los escasos conocedores del Napoleón por él mismo que Malraux
había publicado anónimamente en
1930. El referéndum de abril de 1969
implicó la cancelación de los discursos previstos. Y la televisión no
transmitirá la entrevista de la que tomo los extractos que vienen a continuación. Gallimard reedita hoy el libro, atribuyéndolo, explícita y justamente, a su autor. Se compone de
frases lapidarias extraídas de la correspondencia o de las órdenes del
día. Un sabio epílogo de Philippe
Delpuech menciona las fuentes y
rectifica algunas frases imperfectamente citadas. Como casi toda la
obra de Malraux anterior a la guerra,
este montaje de raro poderío es esencialmente una lección de energía, de
esa energía que tanto apreciaba Malraux en Napoleón. Y contribuye a
mostrar la inteligencia del Emperador al igual que la de Malraux.
148

-Napoleón ha dejado a Francia desangrada, más empequeñecida de cómo la había encontrado, vencida... Pero él permanece, en el imaginario de los franceses, como uno de los más grandes
hombres de nuestra historia. ¿Cómo
puede usted explicar/o?
ROGER STÉPHANE.

ANDRÉ MALRAUX. - Después de Santa Helena, la gloria es inmensa, y de
una manera muy extraña. ¿Francia
desangrada? Stendhal observa que
en sólo una generación Francia había «ganado» diez millones de habitantes, una cifra enorme. En consecuencia, el país fue probablemente
menos vulnerado que como se ha estado afirmando.

La polémica dura desde la muerte del Emperador [...], ¿qué significa
esto? Esencialmente se trata de analizar a Napoleón poniendo en primer
lugar a la psicología de Napoleón
Bonaparte. Ahora bien, yo no creo
del todo que la psicología sea esencial en este asunto. Los libros sobre
los amores de Napoleón se venderán
siempre espléndidamente, pero esta
suerte de psicología no nos lleva
muy lejos. Se entiende bien que los
planes de Austerlitz no se sustentan
en los amores de Napoleón.

- Stendha/, que es jacobino, que
se define como tal, escribe: «Napa-

león es el único hombre que he admirado toda mi vida.»
-Pienso que el fondo del problema es que Napoleón realizó la Revolución... Naturalmente, la gloria imperial nos deja suponer que, en gran
medida, él la ha abandonado o, por
así decirlo, traicionado ...

- Asfixiado...
- Asfixiado en todo caso, pero yo
no creo que eso sea verdad en lo
esencial... Cuando él se encuentra
frente a reyes, representa los Derechos del hombre a la perfección. Y
cuando él desaparece, lo que queda
en Europa es producto de la Revolución. Realizar la Revolución, ¿qué
era eso? Era asegurar el poder del
Tercer estado. Y lo que él ha hecho,
por otra parte, es crear el individualismo. Ahora bien, el individualismo
iba a cubrir a Europa y, no hay duda,
Napoleón es su creador, no solamente según Stendhal sino según la historia misma. Cuando los franceses
entran en Berlín, Napoleón pregunta: «¿dónde están los judíos?» Los
saca del ghetto y los convierte en
ciudadanos alemanes ... Cuando Napoleón entra en España, ordena abolir la Inquisición, los derechos feudales.

-La guerra de España no es sin
embargo lo mejor que él hizo...
149

�-Yo creo que no previó todo lo
que iba a suceder. Él entró a España
como una especie de libertador.
Quiero decir, se ha concebido a sí
mismo como una especie de libertador. La igualdad civil es cosa de una
importancia extraordinaria. En suma, para resumir la obra de Napoleón deberíamos decir que él ha borrado el origen. Eso exige matices,
pero, al principio, todo es igual. Borrar el origen era, entiéndase bien,
un acto de gobierno. Era también
una cosa de otra naturaleza, una cosa
extraordinariamente profunda, porque al fin la humanidad vivía la seguridad del origen y él, Napoleón,
nos entrega la igualdad civil como
una conquista. Cuando los periodistas aseguraban que él descendía de
Julio César, dijo: «¡Deben desmentir
a esas gacetas! Mi familia se remonta al 18 brumario.»

-Pero él crea una aristocracia,
es decir, un nuevo origen...
-¿De verdad estableció una especie de monarquía? No lo creo. Napoleón no es el fundador de una dinastía. Él es, en la memoria de los franceses, y en la de algunos otros, el
subteniente de artillería convertido
en jefe de Estado. Ciertamente hay
que insistir en esto: no existia el Estado francés después de un largo
tiempo, no existe eso y, de repente,
esta república que era a la vez ma150

nantial de exaltación extraordinaria
y que al mismo tiempo estaba terriblemente amenazada, esta república
adelanta la campaña de ltalia, luego
es reemplazada por el consulado, es
decir, una de las formas de gobierno
que ha conservado el mayor prestigio en la memoria de los franceses.

- Después de la primera campaña de Italia, Napoleón parte hacia
Egipto. Menos para provocar a Inglaterra que para seguir los pasos
de Alejandro...
- Es algo curioso de observar, en
el Memorial de Santa Helena, cómo
él conocía bien a César y cómo conocía mal a Alejandro. Sin embargo,
la idea de Alejandro lo «tocaba» seguramente. Yo pienso que él tuvo en
Egipto un sentimiento muy turbio.
Usted sabe que dijo más tarde: «Todos mis sueños de juventud han
muerto con Santa Juana de Arco ...»

-¿Sus sueños de juventud son los
sueños de un gran conquistador?
-Este es el sueño que cumplirá
en los campos de batalla, porque,
después de todo, es la primera vez
que los franceses se descubrirán
vencedores en Viena, en Berlín, en
Moscú. Él no es, propiamente hablando, un gran capitán, él es más
bien un conquistador, un fundador
del Imperio. El fundador del Imperio

puede muy bien soportar la derrota,
porque hay una cosa que no debemos olvidar jamás, y es que los imperios no han durado jamás. La duración no es asunto de los imperios
sino de las naciones. ¿Qué es el Imperio británico al lado de Inglatena?
Y el Imperio macedonio, probablemente el más importante del
mundo, finalizaba ocho días -¡ocho
días!- después de la muerte de A»
jandro. [... ] En el fondo, todos sabemos que un imperio es algo que está
condenado a muerte, a diferencia de
una nación que es algo que se desarrolla con la fuerza de un organismo.
Una nación es como un árbol, y un
imperio es como un rayo ...

-Los revolucionarios están obsesionados con Roma y conocen bit11
la historia. ¿Cómo no prevén queSM
república acabará en manos de 1111
general victorioso?
- Porque el mito es más poderoSO
que la verdad, y usted puede ver el
mismo fenómeno en Napoleón. Indiscutiblemente, de hecho, él ha
construido el Imperio... pero, en la
memoria, realizó la revolución... Se
puede decir que creó las naciones
europeas. En ese momento, cuanik&gt;
todo comienza, él no se enfrenta sino a una verdadera nación, Ingialerra. El resto es otra cosa.

-¿Prusia?

-Prusia en rigor, pero seguramente no Alemania, no es ella... Todo esto va a disolverse en los combates, y usted advertirá que al princi~io no se dijo España sino las Espanas. Bonaparte combate a los ejércitos monárquicos Y, al fin, Napoleón
es aplastado por los ejércitos nacionales. Este hombre, partidario de
una «Internacional revolucionaria»
crea las naciones europeas. De l~
~ma manera, este hombre partidano de una noción revolucionaria que
lo conducía a César, lleva por toda
Europa la voluntad de igualdad ante
la ley. Le dio aJ campesinado francés la conciencia de su coraje y de
su valor...

-¿ Y la democracia?
-Indudablemente, él no era un
demócrata. Pero yo creo que existe
en lo que nosotros llamamos «democracia» la mezcla de dos cosas
asombrosas. Por una parte, un modo
de gobierno que se distingue perfec~ente de otros, pero que es un gobierno. Y, también, una parte de quiDlera. Ahora bien, esta quimera es
combatida siempre por el viejo elelllento jacobino. Eso que los demócra~. le deben a Napoleón, es el jacobinismo que aún vivía en el Eml&gt;Crador. Viéndolo bien, lo que nosotros le debemos lo podíamos haber
heredado de Saint-Just.

-Saint-Just, a quien consagró un
estudio. Lo que usted compara, ¿son
dos voluntades?
-Se trata en efecto de dos caras
de la juventud, el destino, la extraordinaria energía, porque aJ fin, cuando Stendhal dijo que Napoleón era
maestro de energía, no lo era más
que Saint-Just. Pero Napoleón es un
~rsona~e de una naturaleza excepcional. El dijo que era un hombre del
destino -¡enviado por el destino para
cumplir estrictamente Jo que él mismo decide realizar! ¡y su relación
tan extraña con el cosmos! El sol
que se posa en el eje del Arco del
Triunfo para el aniversario. ¡Y el regreso de las cenizas! Lo que se conocía era el relato, prodigioso por
otra parte, de Víctor Hugo. Tennina
en el momento cuando el ataúd entra
a los Inválidos. Víctor Hugo estaba
en la t_ribuna, no es ... En otro tiempo,
por eJemplo en Tilsit, el trato era
que, en las ceremonias, se hiciera
entrar a los reyes anunciándolos con
sus títulos ... «Su Majestad el rey de
Prusia», puerta abierta de una sola
hoja. Cuando todo el mundo había
en_trado, se abrían las dos hojas y se
gntaba: «¡El Emperador!» Cuando
el ataúd llega a los Inválidos, uno de
los sobrevivientes de Wagram abre
la puerta de dos hojas y grita en la
cripta: «¡El Emperador!» Los franceses habían exigido, en Santa Helena, grabar sobre el ataúd únicamente

«_Napoleón», Y los ingleses se opus~eron; Ellos preferían «Bonaparte»
sm mas. Lo que pasó fue que no se
grabó nada. Y cuando en la cripta de
los Inválidos la puerta se abre tras el
grito «¡El Emperador!», entra un féretro sin nombre.

Tomado del 'Express, Paris, No. 2106.

Traducción de Miguel Covarrubias

151

�HISTORIA Y CRÓNICA DE REYNOSA

José Roberto Mendirichaga
Visión histórica de Reynosa
Con este título ha aparecido a finales
de 1998 un libro del historiador y cronista Octavio Herrera, bajo los auspicios del R. Ayuntamiento de Reynosa.
La ciudad de Reynosa, Tamaulipas, ha cumplido 250 años de haberse
fundado y, por tal motivo, la citada
edición constituye una venturosa
forma de celebrarlo, de tal manera
que sus actuales habitantes mantengan las raíces hacia su terruño, el
que ha transitado por tantas vicisitudes y se ha felizmente desarrollado
para situarse entre una de las principales ciudades fronterizas, con mucho empuje y futuro.

Visión histórica de Reynosa es
un libro que incluye la presentación
del gobernador de la entidad, Manuel Cavazos Lerma, quien alude a
ese «plebiscito cotidiano de lealtad a la
patria mexicana» que ejercen Tamaulipas y el Noreste frente a la cultura norteamericana. Igualmente, el
alcalde de Reynosa, Óscar Luebbert
Gutiérrez, escribe sobre este histórico
aniversario de la ciudad, felicitando
a quienes con las páginas de este libro «alientan el sentido de arraigo».
Octavio Herrera, historiador de
academia, divide su obra en tres
grandes apartados: los orígenes, el
152

definitorio siglo XIX, y los tiempos
modernos. Vayamos a una breve
descripción del contenido, debiendo
detenemos, página tras página, en
las estupendas ilustraciones, muchas
de ellas a todo color, que resultan ser
descansos visuales a la lectura y el
texto.
l. Orígenes. El autor inicia este
capítulo al situar a Reynosa en la
geografía de México y la región; al
mencionar sus especies vegetales, la
hidrografía y la orografía. La prehistoria (de la cual hay vestigios) se sitúa
entre los 10 mil y los 20 mil años de
nuestra era. Y se mencionan las naciones indígenas prehispánicas de los
katuhano, bobola, carrizos, borrados,
tejones, sacatiles, comecrudos ...

La fundación del pueblo Tamaholipa («lugar donde se reza mucho»), en el siglo XVI, gracias al esfuerzo de fray Andrés de Olmos y la
evangelización de la Huasteca, es el
origen de la conquista espiritual de
la región. Ya en el siglo xv111, ante
la amenaza de Francia e Inglaterra,
principalmente, la Nueva España entenderá que es preciso poblar y atender mejor el Norte, para lo cual se
envía a José de Escandón y Helguera, quien desde el Nuevo Reino de
León sale con gente y soldados a
fundar la Nueva Santander, hoy Tamaulipas. Las poblaciones de Llera,
Güemes, Padilla, Santander, Burgos

y Camargo habrán de ser decisivas;
luego vendrán Reynosa, Revilla (antigua Ciudad Guerrero), Mier y Laredo (Texas).
A orillas del río Bravo se funda
el 14 de marzo de 1749 la villa de
Reynosa. Reunía en total a 223 personas, entre peninsulares, criollos,
mestizos e indios pacificados. El
convento-iglesia, dedicado a la advocación de la Virgen de Guadalupe,
estaba bajo el cuidado de los frailes
franciscanos de Guadalupe Zacatecas. El nombre de Reynosa se le impuso a la villa, en razón de que el virrey de la Nueva España era a la sazón don Juan Francisco de Güemes
y Horcasitas, oriundo de Reinosa,
actual Cantabria, y población que se
ha hermanado con su homóloga mexicana.
Con las reformas borbónicas, se
asignan las tierras a los primeros pobladores e inicia el gran negocio de
la mesta, actividad que distinguirá a
Reynosa en el tiempo, hasta la fecha.
La Misión de San Joaquín del Monte
atenderá a una exigua población natural indígena y el obispado de Monterrey administrará las parroquias.
En lo político, la creación de la diputación de las Provincias Internas de
Oriente (1814) activa lo que luego se
definirán como las nuevas entidades
federativas, una vez consumada la
independencia. Pero hay un suceso

al cual el historiador Herrera da la
debida importancia: la inundación
de 1802, que prácticamente borra la
antigua villa y hace que ésta se traslade a las Lomas de San Antonio, su
actual ubicación. Para Herrera la
extensión de vecinos de Camar~o y
Reynosa hacia el mar, con miras a
tener mejores tierras de agostadero
para el ganado mayor y menor hará
que surja la congregación del Refugio, que luego se convertirá en Matamoros.
II. El definitorio siglo xx. Ganadería, caleras y salinas seguirán siendo actividades primarias para el reynosense en el siglo decimonono. A
partir de 1824, Tamaulipas será Estado Libre Y Soberano, dentro del Estado Federal .bl"acional. De Padilla
(primera capital) pasará muy pronto
la sede política a Aguayo (Ciudad
Victoria). Para 1837, Reynosa cuenta
con 5,346 habitantes, posee 30 caleras, 60 ranchos y 550 sitios de agostadero.

~s indios de las praderías, proveruentes del norte - apaches y comanches- mantienen la villa en permanente estado de autodefensa, a Jo
que luego se suma la independencia
de Texas, en 1835, dándose posterior~ente, de 1836 a 1846, una frontera
indefinida, con los consiguientes
lrastornos Y reclamaciones mutuas.
Samuel Houston llega a ordenar una

expedición punitiva que penetra hasta Mier en 1842, pero el general Pedro de Ampudia (luego derrotado
por el general Zacarías Taylor en
Monterrey) le inflige una ejemplar
derrota.

el historiador Herrera, San Miguel
de las Cuevas (hoy Ciudad Díaz Ordaz,
a partir de 1968) tiene su origen en la
Misión de San Joaquín del Monte y,
de alguna manera, se liga con Reynosa Y su jurisdicción antigua.

Cuatro años después, el ejército
norteamericano llega a Reynosa y
toma la plaza. El fin de la guerra se
fonnaliza con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, por el que tuvimos
que ceder a Estados Unidos más de
la mitad del territorio. Edinburg pasa
a ser la población importante del Alto Valle. Reynosa será víctima de
constantes abusos de parte de los
nuevo amos (los nombres de N. P.
Norton y Richard King son aportados por Herrera como ejemplos de
ello). La guerra civil contra la dictadura santannista afectará negativamente a Reynosa; en cambio, el establecimiento de la zona libre de comercio a raíz de la guerra de secesión
americana, impulsará su comercio.

~arte de Reynosa, igualmente, es
Antigua Reynosa, la que no quedó
totalmente despoblada luego de la
inun~ación de 1802. y caso aparte,
por cierto muy bien analizado por el
autor de Visión histórica de Reynosa, son los bancos de arena del Bravo, que hubieron de definirse a mediados del siglo pasado entre Texas
Y Tamaulipas. Ya restaurada la República, Matamoros dejará de ser «la
plaza mercantil fronteriza preponderante» Y el eje de intereses comerciales, a causa de la construcción del
ferrocanil, serán los dos Laredo.

Será parte de Reynosa, desde
la hacienda La Sauteña (de Antonio de Urízar y sus herederos, los
Conde). L~ego pasará la propiedad y
negocio a Iñigo Noriega y al Banco
Nacional de México. La Sauteña y
su población se convertirán en 1961
' Bra-'
en municipio autónomo de Río
vo. En cambio, Charco Escondido o
Congregación Garza ha permanecido bajo la misma jurisdicción. Para
1781,

III. Tiempos modernos. El nuevo
siglo inicia con un decremento en la
población. Reynosa resiente la Revolución y en 1915 es testigo del Plan
de San Diego, donde Estados Unidos
descubre en McAllen un movimiento multirracial independentista al
mando del cual estaba Bacilio Ra~os, quien es aprehendido y, como
cientos más, asesinado luego en Texas. En tanto, en el Valle del Río
Grande otras poblaciones surgirán,
como Harlingen, Mercedes, Pharr,
San Juan, Donna y Mission. Los
problemas derivados del agua del

�Bravo (dos terceras partes de la cual
provenían de los ríos Conchos y San
Juan) quedan zanjados con el Tratado de Distribución de Aguas Internacionales, firmado entre México y
Estados Unidos en 1944.
A raíz de la Ley Volstead o restricción en la fabricación, transporte
y venta de vinos y cerveza, en 1918,
Reynosa se convierte en un puerto
de contrabando y de diversión para
muchos norteamericanos. Paralelamente, surgen el relajamiento moral
y el crimen organizado. Es el tiempo
de la XED, el barrio de «Las Mujeres» y la proliferación de cantinas y
casinos clandestinos.
En 1936, el presidente Lázaro
Cárdenas autoriza la construcción de
la presa derivadora El Remata!. Luego vendrán las presas El Azúcar y
Falcón, hasta llegar en este decenio
a la construcción de la presa El Cuchillo y la autopista Monterrey-Reynosa. El inicio de toda esta actividad
hidráulica moderna se debe al tamaulipeco Marte R. Gómez, quien
fuera director de la Escuela de Chapingo y ministro de Agricultura y
Ganadería.
Asienta el autor de Visión histórica de Reynosa la importancia del
petróleo y sus derivados en la zona,
particularmente a partir de 1944. Perforaciones, refinería y actividad pe-

troquímica se deben a la empresa
Petróleos Mexicanos, que resultó ser
la chispa del nuevo desarrollo reynosense. No menos importante parece
ser la industria maquiladora, la que
en 1997 registraba 90 plantas, que dan
empleo a cerca de 44 mil operarios y
aperarías, jefes de familia la mayoría.
El libro de Octavio Herrera cierra señalando los últimos avances de
la ciudad: el puente Pharr-Reynosa,
el crecimiento poblacional (entre
1930 y 1980 la población se multiplica
cuarenta veces) que el autor estima
para el 2000 en 400 mil habitantes, y
el impulso que la zona ha recibido
con la firma del Tratado de Libre
Comercio, lo que se ve potenciado al
«colindar con la economía más desarrollada del planeta».
En síntesis, se trata de una obra
que mucho aporta a la historiografia
norestense y clave para futuros trabajos que amplíen lo aquí esbozado.
Si hubiera una segunda edición, sería conveniente incluir bibliografiahemerografia consultadas (aunque,
de alguna manera, se da en la sección de notas iconográficas), y agregarle índices correspondientes.
Mérito no menor de los editores
de esta obra es haber logrado la generosa ayuda de Impresora Donneco
Internacional, que auspició la publicación de alto tiraje en la que la

coordinación editorial estuvo a cargo
de Elsa S. de Gutiérrez, el diseño fue
de Bernardo Villar y la fotografia la
realizó Enrique Ibarra.
Octavio Herrera: Visión histórica de
Reynosa, R. Ayuntamiento de Reynosa,
Reynosa, 1998, 94 p.

Recuento de imágenes
César Isassi nos había entregado hace ya diez años un texto sobre su
ciudad natal, que tituló Reynosa, cuna y destino (Valdés y Estrada, Reynosa, 1989). Fueron escritos original·
mente publicados en el diario El Mañana, la mayor parte de ellos en base
a entrevistas con los viejos testigos
de la población fronteriza que es ya
importante enclave regional.
Ahora, en una segunda obra sobre el mismo tema y con la perspec·
tiva que dan los años acumulados, el
autor logra un bello libro de crónicas, ilustrado con elocuentes fotos
que dan cuenta del progreso de esta
ciudad que se resiste a perder su original identidad, frente a una cultura
exterior o nueva que amenaza con
invadirlo todo.
Mediante seis capítulos, preced~
dos de una introducción del alcalde
Óscar Luebbert Gutiérrez en la que

el munícipe habla de «recuperar la
memoria común», «conocer el pasado» y «evitar repetir los errores»
Isassi nos da una visión muy amen;
y fresca de lo que Reynosa fue y cómo llegó a las dimensiones de la ciudad que ahora es.
En «Páginas del pasado» (1), Isassi
inicia recordando el adagio de que
«No todo tiempo pasado fue mejor»;
Ydescribe lo que sería la gran pradera reynosense, donde «se sufrían las
invasiones de los chichimecas y después de las hordas tejanas .... », hasta
llegar a la «señora Reynosa».
«Recuperando memorias» (11)
arranca con un pasaje poético a la
memoria de un personaje de la entraña citadina: ~A dónde vas, don
Juan Granados? ¿Qué sendas vuelan
tus pensamientos? ¿Qué caminos pasean tus pies? ¿Qué paisajes diferentes de girasoles y amapolas del campo ven las cuencas sin ojos de tu rostro?» El viejo testigo alcanzó los noventa Ydos años. En el mismo capítulo, la memoria dirigida hacia Andrés Granados Quevedo -el obligado
maestro de ceremonias, el locutorhace que ésta se extienda a una serie
de personajes populares, de tal manera que por el relato -salpicado de
anécdotas de buen humor- desfilan
Vicente Cantú, Margarito Magallán,
el Profe «Ponido», Pepe Sáenz, «El
Tuerto» Manuel González, Carlos

Medrano, Alfredo Ramírez «Juan
Llantas», «Mamá Chicha»... '
También en el mismo capítulo, el
autor de Recuento de imágenes habla de don Arturo Hemández García
quien recuerda sus primeras letras e~
la Escuela Hidalgo, cómo era la administración pública, y los diversos
oficios que recorrió para ganarse la
vida (vendedor de La Prensa, de San
Antonio, y El Porvenir, de Monterrey, empleado gasolinero y mecánico, constructor, fletero, chofer, sindicalista y comerciante...), al igual
que sus aficiones, como bailador y
deportista. Y cierra esta segunda
parte del libro dando testimonios de
gente que vino de fuera y se aquerenció en Reynosa, como el abogado
Jorge Barragán, el aduana! Luis Gómez, la señora María Benita T. de
Aguirre, el capitán Jorge Rojas, el
cronista Ernesto Garza Sáenz o el
vendedor Anastasio Ortiz.
«Caminos de agua» (111) habla de
las crecidas del Río Bravo o Grande
ya desde el siglo XVIII; del comerci~
organizado (Antonio Nassar, Nicolás
Longoria, Catarino Benavides, Leobardo Garza, Martín Anzaldúa Trinidad L. Isassi, Pedro Palacios... ,
apellidos todos de gran arraigo en
Reynosa); y de los establecimientos
de Tomás Ham, Celia Jenkins, Marco Borowski, José Kalifa, Eduardo y
Edmundo Garza, José Salazar...
/

154

«Pintar una raya en el aire» (IV)
intenta fijar una época desaparecida:
la misa de ocho de niños y luego la
dominical matinée del «Gutiérrez»·
las noches de aficionados en ei
«Brasil» Y el «Kelio»; el cinematógrafo de las terrazas «Juárez» e «lrlo»
Y los cines «Colonial», «Diana»,
«Latino», «Rex»; la arena «México»·
los cines y terrazas de barrio, con lo~
n_ombres de «Rodríguez», «lmpeno», «Doris», «Roma», «Encanto»,
«Tropical», «Rey», «Obrero»... , diversiones públicas que, de alguna
manera, la televisión y el video privados liquidaron.
Otro elemento ausente, al menos
como transporte pasajero, fue el ferrocarril. El autor, César Isassi, nos
narra con nostalgia cómo en febrero
de 1997 la máquina I0025 de Ferrocarriles Nacionales de México (también desaparecidos como empresa
paraestatal) «pitó varias veces como
en señal de duelo...»
«Temprano, lista de presente» (V)
sigue dando cuenta «de sucedidos
nombres y apodos de los de Reyno~
sa». ~on Agustín M. Rodríguez, de
la botJ.ca «Cruz Roja»; Gabino Ponce, tablajero; Jacobo Kalife, comerciante; Exiquio González, restaurantero; Salvador Estrada, impresor...
Por el capítulo, circulan también
simpáticas anécdotas de doña Consuelo D. de Castillo, don Gennán
155

�JULIÁN: GUERRERO FESTIVO

Rosaura Barahona
García, don Maximiliano Rodríguez,
Francisco Garza...
Y en «Las lecciones del pasado»
(VI), la crónica cierra con la evocación a sitios como los desaparecidos
café «Fénix», la tienda «La EstreHa», el teatro «Juárew, el hotel
«América», la vieja Aduana, el kiosco de la plaza «Hidalgo», la parroquia cercenada, el cine «Gutiérrez»,
el salón «Azteca» ... , además de hacia los viejos infonnantes, como
Francisco L. Guerra «Chicón», Donato Palacios, Andrés Guerra, Ramiro Rodríguez, Antonio Hemández,
Carlos González, Rodolfo Garza
Cantú ...
En síntesis, se trata de un bello
libro de crónicas reynosenses, de altísimo valor para el habitante del lugar y de mucho aprecio para quienes
amamos el pasado norestense.

César Isassi: Recuento de imágenes.
Crónica, R. Ayuntamiento de Reynosa,
Reynosa, 1998, 223 p.

1S6

Cada vez que asisto al homenaje de
un artista y veo a tantas personas
reunidas para agradecer su existencia, su presencia, su insistencia, su
persistencia y su resistencia, pienso
que alguna manera debe haber de
obligar a esta sociedad obsesionada
con la utilidad y con la practicidad a
reconocer el papel fundamental que
sus artistas juegan, han Jugado y jugarán en ella, aunque sean un auténtico desastre de acuerdo a los estándares establecidos por los rigores
tradicionales: no tienen horarios fijos, se acuestan y se levantan tarde,
leen mucho, discuten, les encanta la
grilla, se emborrachan y, a menudo,
no sólo controlan su sensualidad sino la afinan, la agudizan y la perfeccionan para que cada uno de sus sentidos, anémonas mágicas que perciben cosas que los simples mortales
pasamos de largo, se agudice aún
más. Eso les permite, a veces, traspasar las apariencias, ver tras los espejos, leer el viento y adivinar lo no
adivinabl~ es decir, ser artistas.
¿Pero cómo convencer a una sociedad como la nuestra que la libertad y la vida no tradicional de sus artistas son necesarias, cuando cree
que en la rigidez de sus estructuras
conservadoras tiene la garantía de su
seguridad? Quien tiene una libertad
limitada tiembla ante la sola idea de
la libertad desbocada en cualquier
sentido. ¿Cómo criticar sin ciernen-

cia a esta ciudad que nos ha dado
tanto, porque fija sus tapetes con todo lo que puede para que nadie se
los mueva? No es fácil y no lo es,
particularmente, cuando un grupo
social -el dominante o, por lo menos, el que se hace escuchar sin dificultad- , tiene, defiende y lucha por
conservar uno de sus valores fundamentales: la apariencia (que termina
casi siempre por llevar a la doble
moral). Y, sin embargo, algunos
creemos que dentro del corazón de
esta sociedad -quizás demasiado
dentro-, ella sabe que no podría ser
la misma sin sus artistas.
Hoy nos hemos reunido para
abrazar de manera especial a Julián,
quien de tanto que es ya ni apellido
necesita, aunque su pasaporte y su
credencial de elector digan Guajardo. Y el abrazo es largo y fuerte porque lo hemos nutrido con los recuerdos acumulados a lo largo de un número de años que puede decirse pero
que no deja de ser arbitrario porque
el arte, como el amor, no se somete a
las medidas tradicionales.
Podemos contar el número de
obras montadas por Julián pero no
dejaría de ser una cifra abstracta; podríamos hablar de los autores revisados, conocidos, desechados, temidos, analizados pero no estaríamos
smo ante una larga lista de nombres.
La esencia de ese número y de esos

nombres está en las cosas no contables: los desvelos, las dudas, las horas sin tiempo, la rabia de no lograr
lo que se desea, los días sin noches y
las noches sin amaneceres, los gritos, los arrepentimientos -tardíos o
inútiles pero arrepentimientos a] fin
y al cabe&gt;-, la lucha con las palabras,
por las palabras, desde las palabras, a
raíz de las palabras, en contra de las
palabras; y después, la lucha con las
imágenes, por las imágenes, desde
las imágenes, a raíz de las imágenes
y en contra de las imágenes; el sutil
y arriesgado equilibrio cuando camina por el filo de la navaja con los
pies descalzos (similar al de un trapecista sin red); los anhelos de oídos
que escuchen, de ojos que vean, de
corazones que latan y de manos que
aplaudan el resultado de su lucha
sintetizado en una puesta en escena
que cabe en un puño pero sacude la
médula de los espectadores y los
obhga a ser otros. Y, sin embargo, a
menudo es sólo el silencio. No con
frecuencia pero a menudo.
Julián leyendo, Julián pensando,
Julián revisando, Julián imaginando,
Julián modificando todavía sobre la
materia inasible y, a la vez, ineludible de la imaginación; Julián revolcándose en el insomnio y arrullándose en la incertidumbre, en las ganas
de hacer, de cambiar, de gritar, de
meter el universo en una nuez disfrazada de teatro, en unas cuantas vo157

�ces que cuestionen las añejas dudas
y tiemblen ante la certeza absoluta
de los otros, los seguros, los que nacieron para sí saber, para andar alegres por los caminos debidos perfectamente trazados; para repetir lo que
se necesita decir día tras día, año tras
año y generación tras generación para conservar todo como se debe.
«¿El artista nace o se hace?» es
la pregunta más socorrida cuando se
discute el origen de quienes insisten
en poner el mundo patasarriba con
tal de entender, de buscar, de inventar algunas respuestas que nos ayuden a penetrar un poco más todo lo
que nos rodea. La verdad, no irnporta mucho. Siempre alteran el orden.
Por eso los artistas como Julián son
amenazantes para una sociedad conservadora y son subversivos ante los
paradigmas acartonados: insisten en
asirse sólo de lo fugaz y en seguir
jugando. La inocencia es un elemento fundamental en sus vidas porque
gracias a ella perciben el mundo con
la frescura de la primera visión aunque después la cultiven y la mezclen
con dulzura, crueldad, perversidad o
desesperanza porque así se los ordena algo interno, algo que tampoco
entienden pero que tratan de entender al traducir las voces del cosmos
en puestas teatrales.
Esta ciudad compleja, llena de
lecturas crípticas para muchos de no1S8

sotros, no sería lo mismo sin la presencia de Julián y de otros artistas.
En esta ciudad de comerciantes y negociantes, de obreros y amas de casa,
de estudiantes y maestros, de jóvenes y decrépitos, de ciegos y visionarios, de clasemedieros, miserables
y millonarios; de castos y desenfrenados, de conservadores y osados,
de generosos y egoístas, de innovadores y agotados, Julián se ha atrevído a negociar entre el cielo y el infiemo. Julián rastrea sus sueños a
veces con el rayo láser de su faro de
comercio particular pero cuando no
tiene acceso a él recurre a un farol, a
una lámpara de mano o a unos cerillos húmedos que apenas procuran
un tibio resplandor para engañar la
oscuridad con tal de salirse con la suya Pero siempre, como tantos otros,
lucha contra las tinieblas de la mente
y el espíritu.
Esta ciudad, dificil para quienes
creemos en la libertad como la mayor forma de intimidad posible, no
ha aplaudido todo lo que se merece
al Julián actor, desaparecido tras los
rostros y los modos de personajes
que nos han hecho partícipes de sus
dolores, sus pasiones y sus dudas;
tampoco ha aplaudido al Julián director, que nos ha dejado ver sobre
el escenario la experiencia poética,
siempre en contra de las actividades
que reducen el universo al tamaño
de los hombres y las mujeres medio-

eres; menos han aplaudido al Julián
teatrista, inventor de personajes irnaginados a partir de algunas palabras
escritas por alguien más, hace poco
o mucho tiempo.
La vida de Julián se ha topado
con muchas cosas: la época, el país,
la ciudad, las humanas limitaciones
(que, por supuesto, él también~
mo todos-, tiene) y, de manera particular con los actores y actrices: los
muy verdes, los verdes, los maduros,
los muy maduros, los malos, los
buenos, los incontrolables y los así
así. Con ellos, por ellos y para ellos
ahonda en el lenguaje verbal y no
verbal y exige desentrañar el matiz,
el ritmo, la melodía, la fuerza del
contenido y el significado escondido
del símbolo o de la metáfora ilegible
y de los sueños enterrados.

Pero la lucha de Julián ha sido,
sobre todo, contra él mismo. Basta
verlo desesperar cuando lo que sucede frente a sus ojos, a pesar de sus
indicaciones, explicaciones, ilustraciones y gritos no tiene nada que
ver, nada, con lo que imaginó y con
lo que trae en la cabeza, en la sangre
o en cualquier recoveco en donde se
esconden su intuición y sus obsesiones, elusivas siempre pero también,
casi siempre, certeras.
Conocí a Julián, como a tantos
otros artistas locales, de rebote, por

Roberto Escamilla. Y cuando digo
conocí me refiero a verlo de carne y
hueso porque ya lo había visto en
Calígula y sabía de él, como tantos
otros regiomontanos, porque la ciudad era tan pequeña como El Globo
y todos estábamos al tanto de lo que
sucedía en cualquier escenario. Años
después, Julián grabó, gratis por supuesto, la voz del poema que «El
Gallo» Leyva escribió a la muerte
prematura de un pintor, Manuel Durón, y que fonna parte de la pista sonora del documental que un grupo
de amigos hizo sobre el pintor.
Julián ya era importante a esas
alturas pero asistió a cuanto sitio fue
convocado para leer el poema. Y
fueron varios, porque ninguna de las
mamás de los involucrados en ese
proyecto terminado con las uñas (Jiteral y metafóricamente), quería en
la sala de su casa el montón de cables y aparatos (eran las épocas heroicas de las grabaciones en carretes
estorbosos). Pero tampoco en la recámara, ni en eycomedor, ni en la
cochera. Llegaba Julián ya listo para
leer y recibía un: «Tenemos que buscar otro lugar, aquí ya no nos dejan.» No recuerdo cuántas posadas
pidieron y cuántas les fueron negadas. Sí recuerdo que Julián leyó y releyó el poema liasta memorizarlo y
decirlo como se lo pidieran: por
fragmentos, acelerado, con toda la
lentitud posible, lleno de dolor, con

alegría... Hace poco lo oí de nuevo y
escuché su bella e inconfundible voz
pero también escuché el rumor de
muchos recuerdos adormecidos que
despertaron con ella.
Después de esa grabación, Julián, como no pocas de nuestras
amistades, se convirtió en una presencia importante pero esporádica en
nuestras vidas. Muchos no nos atrevimos a ser artistas (¿no pudimos, no
quisimos, no teníamos con qué?) y
debimos trabajar en cosas de a de
veras -de ésas que quitan más tiempo del que debíamos dedicarle-, porque hemos de recordar que, por fortuna, el teatro y el resto de las artes
son cosas de a mentiras, lo que explica que sólo ellas puedan acceder a
la verdad con tal fuerza.
Julián es muchos Julianes pero
yo no puedo hablar del Julián de los
demás. Yo sólo puedo hablar del
mío que es cercano e indudable,
aunque más distante de lo que me
gustaría.
Alguna vez con el arquitecto Rodríguez Vizcarra, Luis Astey y Ramiro Guerra se orquestó un espectáculo en el que a mí me tocaba leer
algunos poemas contemporáneos y,
después, cantar como parte de un coro el Sponsus del siglo XII, traducido
por Astey. No sé por qué (¿perdería
toda esperanza de hacer algo con no-

sotros?), pero nunca durante los ensayos, nos gritó. Cuando he contado
esa anécdota a algunos teatristas me
piden que haga memoria para ver si
no estoy confundida. Pero no lo estoy. Julián nos dirigió sin gritar y
creo (aunque tal vez mi memoria me
engaña), que todo salió muy bien.
Otra vez descubrí su rostro al
abrir un periódico y seguí un impulso: le envié una nota que corría el
riesgo de ser arrojada a la basura por
cursi. No era una declaración de
amor, aunque pensándolo bien, sí, sí
lo era: le decía lo mucho que me había alegrado (pero no sorprendido)
uno de sus tantos triunfos y que me
sentía muy contenta de ser su amiga.
Hoy de alguna forma repito esa nota
aunque con más palabras y confirmo
que me da gusto que seamos amigos
y que me siento orgullosa de conocera uno de los hombres más talentosos que ha dado esta ciudad. A uno
que, necio y gritón, a menudo se ha
salido con la suya y ha logrado, sobre los escenarios regiomontanos,
montajes que hubieran sido aplaudídos en cualquier parte del mundo.
Son muchos para mencionarlos todos pero de esos todos, mi favorito
es - y creo que seguirá siendo por un
buen tiempo- La muerte de un via}ante.
La obra que Miller escribió en
1948 cuenta la tragedia de un hom1S9

�bre que vendió su espíritu por aleanzar el sueño americano. Una variación a la venta del alma al diablo.
No importa que la obra sea norteamericana y menos que hable de las
cosas que suceden específicamente
en un país que no es el nuestro. Coroo todas las grandes obras, rebasa el
tiempo y el espacio y desnuda frente
a nosotros al hombre del siglo XX
cuando se descubre solo y fracasado
y se ve obligado a aceptar que ha pasado toda la vida mintiéndose a sí
mismo y mintiendo a los demás, sobre todo a su familia.
Willy Loman, el personaje central y uno de los grandes personajes
del teatro occidental de este siglo,
evade la realidad refugiándose en un
pasado idílico que, por supuesto, no
existió. La obra de Miller está escrita con un profundo dolor y sin concesiones. Julián así lo entendió y en
su puesta en escena se atrevió a desaparecer como actor para dejar su
sitio a Loman, a quien seguimos por
todos los vericuetos que toma con tal
de no confrontar la verdad hasta que
frente a nosotros aparece un ser reconocible y cercano con toda su cobardía y todos sus miedos a cuestas.
Ese ser humano vulnerable, falso y
egoísta habla de nosotros y expone
nuestra vulnerabilidad descarnadamente para no permitimos más engaños.
160

Por razones que no viene al caso
explicar, yo estoy más cerca del cine
que del teatro. El cine, como producto final e irreal, es más fácil de aceptar que el teatro. El cine está hecho
de seres de luz, gigantescos, cuya
belleza, fealdad, sufrimiento o alegria nos apabulla desde una pantalla
superior a nosotros. En cambio el
teatro nos exige entrar en el juego
evidente y nos pone, a la altura de
los ojos, a seres de carne y hueso
disfrazados y nos exige que los creamos príncipes y princesas de reinos
lejanos cuando nosotros sabemos
que viven a la vuelta de la casa, comen tacos en el puesto de la esquina
y en el intermedio beberán un refresco.
No, el teatro actual no es sencillo. Por eso se necesita un enonne
talento para seducir a los espectadores hasta hacerlos creer lo que hayan
decidido el autor, el director, los actores, iluminadores, escenógrafos,
maquillistas y todos los que intervienen en un montaje. Una mala película, por muy mala que sea, es sólo un
fracaso de celuloide. Una mala puesta en escena, es una catástrofe de tinta,
sudor, gritos, esperanzas y lágrimas.
De ahí gran parte de la admiración por Julián que ha querido, sabido y podido arriesgarse con obras y
autores difíciles, aunque también ha
debido entrar al circuito del teatro no
muy teatro para sobrevivir en un

país en donde muy pocos artistas se
dan el lujo de vivir, solamente, de su
obra creativa.
Julián en esta ciudad ha logrado
muchas cosas pero quizás la más importante es que convirtió el teatro en
una fiesta, con el sentido de fiesta
que Caillois da en Guerra y fiesta:
«Cada individuo está encerrado en
su profesión, en su hogar, sus costumbres, su ocio. La guerra destruye
brutalmente el círculo de libertad
que respeta a su vecino y que pennite a cada uno, cuidar su alrededor
para su placer. La guerra interrumpe
la felicidad y las querellas de los
amantes, la intriga del ambicioso y
la obra proseguida en silencio por el
artista, el erudito, el inventor. Arruina indistintamente la quietud y la
placidez, no subsiste nada privado,
ni creación, ni gozo, ni siquiera angustia. La similitud de la guerra con
la fiesta es, pues, en esto, absoluta;
ambas inauguran un periodo de fuerte socialización, de integral puesta
en común de los instrumentos, de los
recursos, de las fuerzas; ambas rompen el tiempo en que los individuos
se afanan, cada uno por su lado en
multitud de ocupaciones diferentes
para integrarse en algo único que
transforma a los participantes (oficiantes y espectadores) al parecer
momentáneamente pero que termina
por transformarlos de manera defini-

tiva aunque no se den cuenta inmediatamente de ello.»
Gracias, pues, Julián por todas
las fiestas que nos has regalado; gracias por tu alegría y tu dolor; por tu
talento, por tu seguir al pie del telón
por tus frustraciones y tus sueños'
por tus canas y tu menuda figura qu;
nos topamos por todos sitios a veces
de verdad y a veces en evocación.
Muchos de nosotros no seríamos los
mismos sin ti. Y gran parte de esta
ciudad, tampoco. Por eso te abrazamos y te aplaudimos al mismo tiempo. Mucho y fuerte.

Texto leído por su autora el viernes 13 de
agosto, en el Teatro de la Ciudad, durante el homenaje que se le brindó a Julián
Guajardo.

�LA NOVELA NUEVOLEONESA DE LOS
NOVENTA!
El crítico es sobre todo 1111 mediador que tiene la tarea de orientar al público, ta/1/o con
su juicio como también con sus interpretaciones. Nos .familiariza con la obra, introduciéndonos a una lectura más consciente, guiada por puntos de referencia significativos.
Brioschi, /11trod11cció11 al estudio de la literatura

Ludivina Cantó Ortiz
La crítica literaria se hace indispensable a medida que la literatura se
ejerce y se produce, y adquiere una
categoría institucional; es decir, conocida y compartida por la colectividad. Sin embargo, la crítica literaria
no se limita a ofrecernos análisis e
interpretaciones de los textos literarios, sino que intenta persuadimos
para que los leamos (Brioschi y Girolamo). Esto es, en parte, lo que
Juan Antonio Serna se propone en su
texto El subalterno en la escritura
masculina regiomontana: la novela
de los noventa, cuando decide analizar 15 novelas regiomontanas (y no
defeñas); éstas son:
1990

Xibalbá de Carlos H. Cantú.
El desterrado de José G. Guzmán.
El hombre de la dicha perenne de

Eligio Coronado.
The Monterrey News de Hugo Yaldés
Manríquez.
1991

El reino en celo de Mario Anteo.
En el bárbaro norte y otros relatos

de Maria Eugenia Rangel Domene.
El pasado soñar de Gerardo Cuéllar.
Los mismos grados más lejos del
centro de Gabriel Gonz.ález Meléooez.

162

1992

Días de nadie de Hugo Valdés

Manríquez.
Las bicicletas de David Toscana.
1994

El crimen de la calle Aramberri de

Hugo Yaldés Manríquez.
Setenta veces siete de Ricardo

Elizondo Elizondo.
1995

b) el ideologema que simboliza una
serie de filosofías y de creencias
falsas que producen una lucha de
clases entre el opresor y el subalterno.
c) la ideología de /a forma que ayuda a comprender el texto desde
dos perspectivas: a través de los
valores que el texto pennite extrapolar, y a través de los valores
que el texto esconde.
Juan Antonio parte de la siguiente tesis:

Narcedalia Piedrotas de Ricardo

Elizondo Elizondo.
Estación Tu/a de David Toscana.
El libro del bnljo de José María
Mendiola.
Este es el corpus al que Juan Antonio Serna aplicó la teoría del inconsciente político de Fredric Jameson, la cual posee tres vertientes:
a) el marco histórico, que según el
autor, coadyuva a visualizar el
texto desde una perspectiva política subalterna, esto es, como un
acto simbólico social, cuya ideología se materializa en la lucha
por el poder entre el subalterno y
el opresor, el cuestionamiento a
la historia oficial, la búsqueda de la
identidad y el acceso a un espacio dentro de la sociedad mexicana.

La literatura regional de Monterrey,
Nuevo León,[...] ha sido confinada a
un espacio marginal, ya que el centralismo en las producciones culturales y literarias de la sociedad mexicana tiene su foco de operaciones en
la capital. De ahí que el escritor del
norte se haya visto en la necesidad
de aportar recursos económicos, laborales y promocionales para dar a
conocer su producción literaria.
Aunque existen casas editoriales, revistas de creación, revistas de crítica.
centro de escritores auspiciados por
el gobierno de los estados, espacios
culturales en los periódicos de las localidades, aún asi, la proyección y la
circulación de las obras de provincia
no logran llegar a la capital del país.
Este hecho coadyuva a que la producción literaria sea desconocida en

el resto de la nación y, por ende, no
sea valorada como debiera. (p. 28).

e) la historia vs. el presente;

bién lo es el hecho de que no es conocida.

t) el regiomontano vs. el capitalino.

Aquí se inicia la dialéctica que
estará presente a lo largo de todo el
texto, una dialéctica a través de la
cual se hace una hennenéutica de los
textos narrativos nuevoleoneses. Así
tenemos, tomando como base la cita
anterior, que el CENTRALISMO aparece como oposición de la LITERATURA REGIONAL Y SUS CREADORES, oposición que provoca la marginación de estos últimos.
Juan Antonio Serna se recrea y
recrea la literatura nuevoleonesa a
partir de la dialéctica entre el SUBALTERNO (la literatura regional,
los creadores regionales, la mujer, el
judío, la clase baja y la popular, el
elemento (que él llama) homoerótico, y el OPRESOR (el centro, el varón, la sociedad patriarcal regiomontana). O bien, en las dicotomías que
según Serna aparecen en The Monterrey News de Hugo VaJdés, pero que
están presentes siempre en la ciudad:

a) los de arriba vs. los de abajo;
b) el discurso heterosexual vs. el

discurso homosexual;
la historia oficial vs. la historia
no oficial;

A través de esta dialéctica, el autor viene y va, utilizando la teoría de
Jameson, entre los vericuetos que
ofrece la narrativa nuevoleonesa de
los noventa.
Lo que Serna propone es un estudio de la literatura regiomontana como un elemento cultural que, poco a
poco, ha ido levantando su voz para
dejarse oír en diversos ámbitos, no
sólo en la periferia sino en toda la
nación y por qué no, también en el
extranjero.
La literatura regiomontana surge co-

mo una voz que inicia la génesis de
rebeldía dejando atrás su estado de
subalterna y utilizando como recursos literarios los elementos regionales y nacionales para inscribirse dentro de lo latinoamericano, es decir, lo
internacional (p. 33).

Desde esta perspectiva, lo que
hace Juan Antonio Serna en este texto representa un paso más para que
la literatura regional deje de ser eso,
regional, y pase a ser parte de la literatura mexicana, para que se conozca, para que se lea, puesto que al fin
y al cabo esto último es uno de los
fines de la crítica literaria.
En este sentido debe rescatarse la
propuesta que hace Serna con respecto a la literatura nuevoleonesa, y
rescatar también sus juicios y conclusiones sobre dicha literatura, con
el fin de acercamos a ella con una
nueva visión y desde una nueva
perspectiva.

Surge este estudio, que a mí me
parece muy acertado, claro en sus
propuestas y coherente en cuanto a
su estructura, cuando la narrativa
nuevoleonesa ha retomado nuevos
bríos, aunque se siga enfrentando a
su gran problema, la falta de difusión; porque si bien es cierto que la
literatura regional es valiosa, tam-

d) el varón vs. la mujer;
163

�LA NOVELA NUEVOLEONESA DE LOS
NOVENTAII

LA NOVELA NUEVOLEONESA DE LOS
NOVENTAIII

Hugo Valdés Manríquez

Lidia Rodríguez Alfano

Juan Antonio Serna se propuso la escritura de un libro que habla sobre
los diversos lioros que han hablado
sobre Monterrey y el noreste en los
últimos 10 años: El subalterno en la
escritura masculina regiomontana:
la novela de los noventa.
Entre la necesidad y la realidad,
marginales, periféricos, regionales
regionalistas, centrífugos y, si se
quiere, hasta heterodoxos, los creadores de la novela regiomontana, según el estudio de Juan Antonio Serna, han emprendido, iluminados por
la conciencia geográfica, una auténtica cruzada para aportar a la literatura mexicana y latinoamericana «la
representación de la región en las letras nacionales mediante sus obras
que plasman la lucha por descentralizar el poder patriarcal y literario de
la urbe, el redescubrimiento de una
identidad más ad hoc a las necesidades impuestas por la posmodernidad,
la transformación del espacio que
permita a la escritura regiomontana
el acceso a un mayor público, y la
transgresión de la periferia frente a
la metrópoli».
El modelo de análisis o interpretación coincide con los novelistas en
su voluntad de dar un «informe idóneo respecto al misterio esencial del
pasado cultural». Tanto el marco
histórico como el ideologema y la
ideología de la forma revelan, para

nuestra sorpresa, una literatura que
vive en constante pie de guerra, en
una guerra viva que libran los opuestos que la forman, saltando, reaccionando inevitablemente contra el programa metropolitano que ha querido
ver en la cultura central o capitalina
la cultura nacional.
Literatura de subalternos, no subalterna, porque en ellos localizamos a la condición humana en su
versión regional. ¿Qué dijimos todos
inconscientemente, sin estrategias,
en el afán de revelar el misterio
esencial del pasado literario? ¿Dimos ya un paso importante en lo que
toca a bocetar al menos nuestra identidad colectiva?
Sobre este punto el poeta e investigador sonorense Miguel Manríquez apuntó en el Encuentro Internacional de Escritores celebrado en
1997 en esta ciudad: «actualmente,
debemos asumir la existencia de diversas culturas norteñas, diferentes
identidades regionales que generan
un discurso literario y estético que
nos estigmatiza y distingue al mismo
tiempo. Tal afirmación, como es de
suponerse, contraviene la idea - bastante difundida y cultivada- de la
homogeneidad cultural regional que
presenta a un norteño único con cualidades extrapoladas: tradicional, rural/urbano, fuerte, pistiador, fachoso
y fijado, entre otros atributos».

Gracias a un libro como el de José Antonio, hemos podido ver cómo
en Monterrey el discurso literario y
estético ha evolucionado a lo largo
de la década de los noventa presentando temáticas y personajes cuyos
creadores los han «secularizado»,
por decirlo así, exorcizándolos del
consabido lastre regional, para presentarlos en encrucijadas existenciales a las que estarían expuestos
todas las mujeres y todos los hombres de este mundo.
El hallazgo o, mejor, cualquier
vislumbre de nuestra identidad no
debiera separarnos de los demás grupos que forman el país. El decir «soy
regiomontano» es a veces un peligroso sobreentendido: no se refiere a
la variante regional del país al cual
pertenecemos, sino a una particularidad profunda, de algún modo irreductible, que carga el riesgo del más
chato de los provincianismos.

Mi intervención para presentar el libro de Juan Antonio Serna comprende tres apartados: el análisis de los
presupuestos en que se basa el estudio que el autor realiza en tomo a la
novelística nuevoleonesa de los noventa, una reseña de sus contenidos,
y mi opinión general sobre esta obra.
Presupuestos básicos, objeto de estudio y planteamiento teórico
Serna sustenta su estudio en el presupuesto de que la novela regiomontana en los noventa corresponde al
género de lo regional, con lo cual se
contrapone a la opinión de Rangel
Guerra acerca de que la novela de
Nuevo León no puede catalogarse en
una corriente literaria específica. Es
regional, dice Serna: «Primero, porque plantea la idiosincracia, la filosofía, la ideología, las costumbres,
los valores, la música, la comida, los
mitos y los estereotipos del individuo regiomontano. Segundo, porque
retrata sus relaciones con los Estados Unidos. Tercero, porque se perciben en ella los tres rasgos distintivos de la literatura regional: el lenguaje hablado, la geografía (el espacio) y la actividad laboral realizada
por el ser norteño» (p. 30).
Otro presupuesto básico se refiere a que «la literatura regional regiomontana plasma los conflictos de la
entidad considerando, al igual que la

defeña, las relaciones de poder entre
el 'subalterno' y el 'opresor'. Éste se
representa en el texto de las novelas
analizadas como «la sociedad patriarcal regiomontana», y como el
D.F., espacios sociales y políticos
desde donde se ejerce el poder central
establecido; en tanto que el subalterno se personifica por los indígenas,
la clase baja, la mujer, el homosexual, y los elementos judío y popular, así como Monterrey en cuanto
ciudad de provincia o periferia.
El objeto de estudio de Juan Antonio Serna está confonnado por 15
novelas escritas por autores regiomontanos en los noventa, y el planteamiento de la «nueva hennenéutica» con base en el cual estructura su
tesis-ensayo crítico corresponde a la
propuesta de Fredric Jameson (1981)
sobre «el inconsciente político», que
pennite descifrar lo evocado en el
texto narrativo como una forma más
de manifestarse la memoria colectiva. El objetivo del análisis de las novelas es, desde esta postura, «forjar
un nuevo metacomentario» capaz de
resolver el problema de la historización de los textos (pp. 38-40), ya que
se consideran como «actos simbólicos sociales» que contienen una
ideología transcodificada en tres dimensiones u «horizontes»: el marco
histórico, el ideologema y la ideología de la fonna.

Reseña de los contenidos del libro
Enseguida reseño lo expuesto por
Serna apegándome a las tres dimensiones analíticas consideradas en su
estudio.

A. Primer horizonte: el marco histórico
En esta dimensión, Serna encuentra
que los inconscientes políticos develados por las novelas comprenden
dos niveles: uno interno, en el que
Monterrey aparece en sus relaciones
con el resto del Estado o bien las de
Nuevo León con otros estados, y
otro externo, que muestra la relación
de Nuevo León respecto al país y a
los Estados Unidos.
Las novelas estudiadas por Serna
en esta dimensión son seis: El reino
en celo (1991), de Mario Anteo, El
pasado soñar (1991), de Gerardo
Cuéllar, The Monterrey News (1990)
y El crimen de la calle de Arambe"i
( 1991), de Hugo Valdés Manríquez,
70 veces 7 (1994), de Ricardo Elizondo Elizondo, y Estación Tu/a (1995),
de David Toscana.

El marco histórico analizado en
estas obras se ubica en seis periodos:
1. La fundación de Monterrey.

�2. El periodo de la Independencia
del país, que refleja la participación de Monterrey y del Estado
en este proceso.

1. El planteamiento de «la problemática económica, social, cultural, religiosa e ideológica de la
periferia norteña» (p. 91)

3. La guerra con los Estados Unidos y la administración de Santiago Vidaurri (1855-1867), cuando
surge el patriarcado hegemónico
norteño.

2. La identidad del regiomontano
como mexicano del norte, más
cercano a los Estados Unidos que
al D.F.
3. El empeño por preservar los ras-

4. El desarrollo industrial marcado
alrededor de 1936.
5. El paso de ciudad pueblo a ciudad moderna.

6. Consolidación de las relaciones
del norte mexicano con los Estados Unidos.
Serna muestra cómo los narradores recurren frecuentemente al recurso literario de partir del presente para replantear el pasado y forjar «un
metacomentario que permite al lector detectar el cuestionamiento de la
historia oficial, el proceso de la
transculturación, la ruptura de los
mitos con respecto a los héroes prefabricados, el papel del subalterno
(el indígena, la mujer, Vidaurri, el
espacio ·norteño), la reconstrucción
del pasado, la búsqueda de identidad
y la preservación de la identidad regional» (p. 95).
Así, el estudio devela:
166

gos regionales de la cultura manifiestos en el arte culinario, los
remedios caseros y los ritos.
4. La apertura de Monterrey hacia
la modernidad y sus consecuencias, cambios de costumbres e
«incremento de la violencia» (p.
86); y en cuanto al género.
5. Al mismo tiempo que tiende a
preservarse el discurso de la
masculinidad, una transformación del papel de la mujer.
De acuerdo con Serna, Mario
Anteo y Hugo Valdés Manríquez en
sus novelas refuerzan la búsqueda de
la identidad y el afán de institucionalizar un espacio hegemónico regional versus el centro defeño. El primero de estos autores, en El reino en
celo, expone una imagen más humanizada o una versión opuesta a la
oficial sobre los fundadores de Monterrey; y el segundo, en The Monterrey News, cuestiona la historia na-

cional de distintas épocas y, en referencia al desarrollo industrial de
1936, «refleja la manipulación a los
ciudadanos, la explotación de los
obreros y el discurso cardenista» (p.
80), lo que contraviene la versión difundida en forma oficial. En tanto
que Ricardo Elizondo en 70 veces 7
representa al narrador de acuerdo
con el estereotipo del mexicano exiliado, por una parte, en Estados Unidos: «trabajador, exitoso, emprendedor, dispuesto a asimilarse a la cultura anglosajona»; y por otra, dota de
mayor fuerza al elemento femenino
en cuanto da existencia a un matriarcado gracias al cual es «la mujer
quien lleva las riendas del hogar, la
familia y la comunidad» (p. 87).

La forja de estos metacomentarios se consigue, según el análisis de
Serna, mediante el tratamiento novelesco de ciertas constantes: la búsqueda de identidad, las transformaciones sufridas por el espacio geográfico, el discurso de clase, la representación del juego del poder Y
de la mujer como objeto sexual, o
bien la explotación de recursos estético-narrativos y retóricos, como la
adjetivación, la reconstrucción del
árbol genealógico y la taxonomil.ación. Serna identifica en el texto de
The Monterrey News el empleo de
los dos últimos recursos, cuando el
autor plantea la taxonomización de
Juárez, el opresor «Hombre del V•

lle», versus Vidaurri, el oprimido
«Hombre de las Montañas», y recurre a la reconstrucción del árbol genealógico al introducir algunos apellidos de los empresarios que conforman aún hoy la élite económica regiomontana.
En resumen, «la historia o el pasado cultural funciona como un medio para comprender que (... ) la lucha por el espacio subalterno norteño refleja la pugna entre la metrópoli, el Distrito Federal, y la periferia
norteña» (p. 95).
B. 8_egundo horizonte: el ideologema

Para el estudio de esta dimensión
analítica Serna selecciona nueve novelas más: El hombre de la dicha
perenne (1990), de Eligio Coronado,
El desterrado (1990), de José G. Guzmán, Las bicicletas (1992), de David
Toscana, Narcedalia Piedrotas
(1993), de Ricardo Elizondo Elizondo, En el bárbaro norte y otros relatos (1991 ), de Ma. Eugenia Rangel
Domene, El libro del brujo (1995), de
José Ma. Mendiola, Xibalbá (1990),
de Carlos H. Cantú, Los mismos grados más lejos del centro ( 1991), de
Gabriel González Meléndez, y Días
de nadie (1991), de Hugo Valdés
Manríquez.
Serna retoma el concepto de
«ideologema» que Jameson (1981)

define como la unidad mínima del
discurso colectivo que, en las distintas clases sociales, es fundamentalmente antagónico (p. 40); y señala,
como ideologemas que se reflejan en
las novelas seleccionadas:
l. La lucha de clases, que «se percibe en El hombre de la dicha perenne, a través de tres elementos:
la marginación, la castración
ideológica y la utopía del espacio» (p. 101), y en El desterrado,
mediante la voz del personaje
central que permea lo que lo ha
llevado al exilio: «las luchas sociales, los patrones colectivos y,
específicamente, la pugna contra
el sistema político» (p. 1os).
2. La lucha de géneros, que Serna
identifica en Las bicicletas, y En
el bárbaro norte y otros relatos,
en tres modalidades del constructo de masculinidad: «la voz masculina que habla por otros, la
opresión de los sentimientos, y la
búsqueda de una identidad y de
un espacio» (p. 110).
3. La lucha de géneros desde la

perspectiva femenina, que Serna
describe en tres personajes de
Narcedalia Piedrotas: Narcedalia, quien logra subyugar al varón al desenvolverse en un mundo masculino; Guadalupe, quien
desenvolviéndose en un mundo

femenino, el convento, destaca
por su habilidad para las matemáticas y la contabilidad; y Juana, quien ·personifica la satisfacción plena de la sexualidad femenina rural, pues no la centra
dentro del matrimonio. Esta últ.ima es la mujer libre y emancipada que no se somete al hombre
para satisfacer su erotismo, y no
siente culpabilidad ni responde a
las criticas de las representantes
de la moral cristiana.

4. La lucha espacial norte/sur, reflejada según Serna en El libro del
brujo, donde se presentan dos
mundos opuestos para plasmar
las diferencias culturales, de
creencia, costumbre y tradición,
y donde el discurso de clase y el
de la otredad reafirman «la identidad regional y la idiosincracia
sureña frente a la norteña» (p.
127).

5. La disidencia sexual como discurso contestatario que, de acuerdo con el estudio de Serna, en
Xibalbá presenta a su vez tres
modalidades: el erotismo femenino y el hombre como objeto
sexual, el bisexualismo y el celo
del elemento masculino, y el lesbianismo y la desconstrucción
del poder patriarcal.

167

�6. El tratamiento de la relación sexualidad-género en Los mismos
grados más lejos del centro, donde Serna afirma que adquiere doble funcionalidad: la desconstrucción sexual y social del género, y la búsqueda de un nuevo esquema sociosexual más ad hoc
con el nuevo siglo; esto es, de un
modelo de género «virgen», no
contaminado por los conductos
sociosexuales e ideológicos de la
sociedad patriarcal (p. 138).
7. La cultura popular, que en Días
de nadie es utilizada, según Serna, en referencia a «la coca-cola,
los cigarros faros, el cancionero
Picot, la XEW, la música de Javier Solís y el box», «para plasmar la idiosincracia y la marginalidad de las masas», o bien para denunciar una doble manifestación de la ideología, la referente a la enajenación o «manipulación de la clase popular por parte
de la clase opresora» y la posibilidad de «forjar un discurso
contestatorio frente a la cultura
burguesa culta» (p. 139).
C. Tercer horizonte: la ideología de
laforma ·

Siguiendo de nuevo a Jameson
Serna define «ideología de la
forma» como los mensajes simbólicos transmitidos mediante la coexis-

(1981),

168

tencia, en el texto, de varios sistemas
de signos que constituyen rastros o
pistas del sistema de producción.
Como horizonte analítico, el enfoque en la ideología permite a Serna
interpretar cuatro rasgos característicos de las 15 novelas estudiadas (las
seis y las nuevas seleccionadas para
los dos «horizontes» anteriores):
1. La relación entre los modos de
producción y las etapas correspondientes a las diversas formaciones sociales. Esta relación es
identificada por Serna cuando
observa que, al incorporar a los
textos de la novela de los noventa la historia, los autores la perciben al mismo tiempo: en una
perspectiva diacrónica, como secuencia de los modos de producción dentro del paradigma patriarcal de la clase hegemónica, y
en un enfoque sincrónico, como
conflicto entre los modos de producción delineados por la clase
capitalista para someter a la marginada socialmente (p. 148). Los
mensajes simbólicos transmitidos son también binarios y resultan: de la representación de momentos de la historia de Nuevo
León y del norte que se relacionan con la identidad regional; y
del cuestionamiento de la historia oficial que ha creado mitos
mediante los cuales difunde la

ideología de la clase hegemónica. Así, en los seis textos estudiados en el horizonte del marco
histórico, el enfoque de los sucesos referidos permite, según Serna, «detectar cómo el Estado y
los modos de producción han
marginado socialmente y utilizado al elemento subalterno, estableciendo un sistema económico,
sociopolítico e ideológico, mediante el cual han mantenido regulado el orden social y la raxonomización del poder» (p. 149).
Mientras que en los nueve que
develan los ideologemas (segundo horizonte), los mensajes simbólicos transmitidos reflejan las
distintas luchas y conflictos entre
el subalterno y la clase dominante,
que derivan hacia la búsqueda de
un espacio y de una voz, y «retratan el discurso del desafio soci~
lítico/sexual/ideológico del subalterno frente al opresor» (p. 151).
2. Los valores que el texto de la novela permite extrapolar, entre los
que Serna anota: la búsqueda de
identidad, la conservación de la
identidad regional, la reestructuración (del) y la nostalgia por el
pasado, el proceso de transculturación, las costumbres mexicanas
del norte/sur, las dos caras de la
ciudad, la brecha generacional, la
era posmoderna, la hibridación
de dos mundos, la emigración Y

el exilio, la corrupción, la formación de caciques, la lucha por el
poder, la explotación del individuo, la alineación, la lucha de
clases, la marginación social, el
espacio rural, la crítica social a la
iglesia, el rol del subalterno, el
elemento popular, el espacio interior y el espacio exterior, el
amor, la cotidianeidad de la pareja, la ambición y el cuestionamiento a la masculinidad, el papel de la mujer, el derecho de Ja
mujer como ente pensante y profesional, el matriarcado, el uso
del cuerpo del hombre y de la
mujer, la asexualidad, la satisfacción de necesidades sexuales de
la mujer, la sexualidad de Jas
pueblerinas, el lesbianismo, los
mitos, la tradición oral, la oposición ideológica y la búsqueda de
un espacio, la transgresión a las
figuras míticas, el discurso de
clase y la desmitificación del discurso oficial (pp. 152-154).

3. Los valores sociales del inconsciente político que intentan ser
disimulados en el texto y entre
los cuales Serna incluye: «la lucha de clases y la de géneros, como mecanismos que conllevan a
la apertura del sistema económico Y a la redefinición ideológica
del poder y la resemantización
socio-sexual del género como un
medio para asimilar y aceptar di-

ferentes alternativas de vida (el
lesbianismo) y para concientizar
a la mujer sobre el uso de su
cuerpo a través del erotismo y de
la satisfacción de su sexualidad»
(p. 154).
4. Los artefactos literarios, que en

la novelística nuevoleonesa de
los noventa se caracterizan por la
búsqueda de la novela y la apertura hacia nuevas temáticas, introducidas por los autores para
disimular la práctica ideológica
que corresponde a la novela, Jo
mismo que se envuelve en los
códigos empleados en todo proceso artístico. Los rasgos de la
escritura y de la idelogía que
Serna evidencia corresponden,
entonces, al regionalismo y a la
nueva narrativa. En cuanto al regionalismo, presenta la dicotomía entre la capital y la provincia, y rescata el elemento subalterno y establece una «identidad
norteña» mediante un manejo del
espacio y una ambientación que
incleyen la geografia y la autenticidad de esta región del país; y
en lo referente a la nueva narrativa, Serna identifica, como otros
recursos literarios de este nuevo
estilo narrativo, los siguientes:
«la intertextualidad, el flash
back, el humor, la ironía, la oralidad, la ruptura del espacio, el
sarcasmo, el pleno binario narra-

tivo, el viaje, el lenguaje poético,
los mitos, el elemento onírico, el
surrealismo, el simbolismo, y el
habla regional» (p. 157).
La propuesta general de Serna se re-

sume en sus conclusiones y consiste
en que la perspectiva del escritor de
los noventa y de los empresarios
norteños coincide en su afán por encontrar «nuevas alternativas dentro
del sistema económico e ideológico
mexicano» (...). La actitud de subalternidad en ambos representa «la
conquista del exterior (el centro) por
parte del interior (el norte) (...), a través
de la participación activa en los modos de producción y en la literatura
nacional (...) implica que la descentralización (...) empiece a adoptar la
cultura norteña como paradigma alternativo que (... ) refleja una realidad
social más auténtica» (pp. 165_166).
Mi opinión sobre la obra

Respecto al libro de Serna creo que,
pese a algunos puntos en los que podamos no coincidir del todo, y a algunas reiteraciones a veces literales
de P~fos enteros, su estudio logra
los s1gu1entes méritos:
I. Ocuparse de la literatura regional
regiomontana Yno de novelas reconocidas por la critica defeña
como la única expresión válida
de la literatura mexicana.

�SE ACERCA LA PANTERA

Nazario Sepúlveda
2. Aplicar a la creación literaria regional una metodología que, aun
cuando se centra en las propuestas de Jameson (1981 ), articula
planteamientos diversos: de Eco
y sus explicaciones sobre la cultura de masas (p. 139}, de Gramsci en su definición de hegemonía
(149), de Foucault y sus concepciones sobre la represión sexual
y la transgresión a la misma (p.
69) y del poder de la resistencia
(p. 151), de las concepciones culturales en la construcción del género explicadas por Teresa de
Lauretis (p. 135-6), de Hutcheon
en sus consideraciones sobre una
«poética del modernismo» (p.
152), y de Oppenheimer y su propuesta sobre los tres países que
conforman México (p. 158), entre
otros. Esta articulación teóricometodológica permite a Serna visualizar con mayor amplitud los
horizontes de la literatura que
analiza; de este modo va más allá
de la clasificación en movimientos y el señalamiento del valor
estético, sin reducir el estudio a
un análisis de contenidos que dejara de lado la consideración de
la forma y de los recursos literarios de las obras estudiadas.
3. Señalar el valor de la novela regiomontana de los noventa no
sólo como muestra de literatura
regional, que la ubicaría como
170

subalterna con respecto a la del
D.F., sino también como portavoz
de una expresión que inicia su
rebeldía «dejando atrás su grado
de subalterna y, utilizando como
recursos literarios los elementos
regionales y nacionales», llega a
«inscribirse dentro de lo latinoamericano, es decir, lo internacional» (p. 33).
¡Felicidades al autor y a sus editores!

-Se encuentra hoy con nosotros un
poeta y traductor, un ensayista,
maestro de la Facultad de Filosofia
y Letrav, muy conocido en el mundo
de las actividades culturales y artísticas de la ciudad, sobre todo en lo
relacionado con el arte de escribir.
Miguel Covarrubias, ¿cómo estás?

-Muy bien, muchas gracias.
-Qué bueno que has venido, es
la segunda vez que estás en este programa. Estuviste aquí y hablaste de
otro texto que habías publicado.

Junio 15 de 1999.

-Pues ... creo que sí, aunque a lo
mejor fue a través del mismo escrito.
-No, no... estuviste aquí.

-Estuve pues aquí en alma y
cuerpo y espíritu.
-En todo... Ahora vienes con este
nuevo texto que está editado en consorcio por el Consejo para la Cultura de Nuevo León, Ediciones Castillo y la Universidad Autónoma de
Nuevo León, que se llama Sombra
de pantera. Este texto viene con pasta rígida muy elegante, como ya no
se acostumbra editar en la actualidad, qué bueno. Trae la ilustración
de una mujer que está aquí con un
gesto muy especial y es una ilustración sacada de las acuarelas que
hacía el artista austriaco de princi-

pios de este siglo o finales del siglo
pasado, que se llamaba Egon Schiele y que pintaba unas mujeres muy
especiales, muy agresivas, muy eróticas, muy singulares. ¿Tú escogiste
la portada?

- Sí, efectivamente. Porque en un
primer intento se pensó en lo obvio,
en que apareciera la pantera, la imagen de una pantera. Pero por una razón o por otra no lograba satisfacernos a los que estábamos discutiendo
cuál sería la portada apropiada, hasta
que me acordé de Schiele y, «bueno,
vamos a ver si ahí encontramos algo
que nos sirva para este propósito».
Me pareció que así era y llegué muy
decidido con los editores, con la
gente encargada del diseño, y les dije: «creo que ahora sí encontramos
la portada». Por cierto, ésta no contiene propiamente a la pantera, pero
por la colocación, por el sombreado
del título ...
- Hay una zona negra que pudiera atribuirse a eso y además está la
mujer que también es asociada con
este animal.

-Exacto. Me pareció que eso era
lo que buscábamos.
-Precisamente, por no ser tan
directo era lo más indicado. ¿Cómo
surgió la idea de este texto, Miguel?

-La idea original no incluía reunir materiales como para un libro y
editarlo así como lo tienes ahora en
las manos, sino que motivado por diversas causas escribí un primer texto
y luego otro más, lo que me hizo ver
que con un poco de esfuerzo, no demasiado, podría reunir cuatro panteras. Las cuatro panteras que en un
principio pensé que se llamarían elementales porque son las panteras de
viento, de fuego, de aire y de tierra.
-Este animal ha fascinado mucho a los escritores desde la antigüedad, porque desde los griegos ya
se ocupaban de ella. Posteriormente
aparece dentro de los animales mitológicos, aunque también luego habrá un animal africano que sí será
muy real y que hasta la fecha existe
y que sigue siendo eso, una representación especial; sin embargo se
le da otra connotación, otra figura,
y además otro significado. ¿A qué
atribuyes tú esa fascinación por este
animal?

-Yo lo atribuyo a que la pantera
es el prototipo de la fiereza. Yo me
llevé una sorpresa cuando quise profundizar un tanto en el conocimiento
de esta bestia y me di cuenta que todos los grandes felinos llevan en su
nombre científico el término panthera. Incluso el león... su nombre es
panthera leo, y así los demás. Entonces el sustantivo pantera, de
171

�acuerdo con el señalamiento de Joan
Corominas, quiere decir, en resumidas cuentas, «todo fiereza»; es el
animal fiera por excelencia...

- O sea, mantener nuestra fiereza
individual.

-Y además su color negro, negro
azabache...

- Aquí viene un poema de José
María Lugo; dice:

- El color por supuesto, y todo lo
que uno va escuchando o leyendo.
aquella afinnación de un poeta amigo nuestro, José María Lugo, nicaragüense, del que consignamos algunas líneas de un poema suyo dedicado a la pantera, un epígrafe. Él nos
decía en una ocasión -a Silvia y a
mí- que había visto que la pantera
era efectivamente el animal indomable, que era posible dominar a otros
felinos, llegar hasta eso que no deja
de ser triste y causar cierto dolor: ver
animales tan majestuosos como lo es
el león, pasar por un aro en un circo
y cosas así. La pantera -aseguraba
Lugo-- es el animal absolutamente
indomable. De ahí que hayamos pasado a considerar a la pantera como
un símbolo de la fiereza, de lo indomable, de lo que hay en el ser humano más suyo y que al mismo tiempo
es la negación de esto que ahora tanto alabamos, la civilización nuestra,
el vemos dominados por nosotros
mismos... Sin embargo, aún queremos mantener aquellos impulsos,
aquella naturaleza que no nos deja
transigir con lo que no debe ser motivo de «arreglo».
172

- Algo así.

En una jaula enonne
la fiera mirada infernal de relámpago
negro,
el salto elástico de hule como fuctazo
que elimina su peso,
el rugido como el chasquido eléctrico
del martillo en el yunque.

¿Cuánto tiempo te llevó hacer este
texto, formado por textos tuyos y
textos que has traducido?
- Primero surgió un poema que si no
recuerdo mal era «Pantera de agua»,
y luego otro, «Pantera de viento», y
ya logrado un conjunto de cuatro
poemas, tuve la idea de hacer una
edición especial con ese material escaso. Incluso pensé en un libro objeto en un libro de arte como les lla'
man algunos, un libro totalmente artesanal. Luego descubrí que tenía
otras dos panteras, que podría agregarlas en una especie de complemento, como textos que podrían darle un poco más de cuerpo a ese pequeño volumen; pero luego vinieron
otros y luego recordé que tenía ya
una versión de la pantera de Rilke.
Se me había olvidado que tenía otra

de una poeta alemana, Paula Ludwig. Recordé que había una pantera
que me había impresionado mucho,
la de Bukowski; este autor de origen
alemán es realmente un autor norteamericano, personaje de la mitología
literaria de nuestros días. En fin, recordé lo de Cherna Lugo, es decir, vi
de nuevo su poema, y fueron surgiendo los textos de tal manera que
me dije: «bueno, esto va creciendo y
hay que hacer un libro de otra naturaleza, no un libro artesanal, no un
libro hecho a mano totalmente sino
un libro más fonnal», y luego pensé
que no tenía una pantera francesa,
sólo en inglés, en alemán, pero no en
francés. Fue toda una pesquisa. Involucré a algunas amistades que hasta la fecha se encuentran en la ciudad de París. Con un bestiario francés pude obtener la pantera de Leconte de Lisie que yo no conocía, no
tenía idea de ella, me agradó mucho,
me metió en serios problemas para
traducirlo, pero ahí está, a ver que
dicen ahora los lectores.
-Entonces ese libro empezó a
germinar en ti desde que empezaste
a traducir sobre panteras...
-Sí, ahora descubro que sí; por
allá por 1993 surge «La pantera» de
Rilke, es decir, la traducción que yo
hice de esa fiera, y mi primera pantera, la «Pantera de agua»; luego vino lo demás.

- Y deahífue tomando.forma... Y
respecto a los ilustradores Gerardo
Cantú, Guillermo Ceniceros. Benito
Estrada, Fernando Flores Sánchez y
Saskia Juárez, ¿tú les pediste que
colaboraran, que contribuyeran... ?
-Sí, son artistas muy reconocidos
y además tengo la fortuna de que
son mis amigos. Yo los quise invitar,
ellos aceptaron de inmediato y me
hicieron el regalo de darme sus interpretaciones de la pantera.
- Sus imágenes para este libro ...
Tenemos aquí un libro de arte que
no es muy grande, que no es muy voluminoso, que se puede leer a ratos,
sobre todo porque tiene poemas en
prosa y poemas en verso y tiene explicaciones de distintos escritores
acerca de cómo se ha visto la pantera durante muchos siglos, muchas
épocas, pero en todas hay un común
denominador: la .fascinación por este animal, y también la fascinación
tuya. ¿Cuándo se va a presentar este
libro?
-Tengo entendido que se presentará dentro de un mes. Se va a considerar su presentación dentro del
Festival Alfonso Reyes que organíza
la Universidad y el Consejo para la
Cultura de Nuevo León. Y como estas instituciones editan el libro junto
con Castillo, ahí se va a presentar.

-Aquí están las colaboraciones
involuntarias de Robert Giraud, de
Marce/ Aymé, de un Anónimo, de
Charles Bukowski, de la alemana
Paula Ludwig y del checo pero de
habla alemana Rainer Maria Rilke,
también la del francés Leconte de
Lisie y además los escritos del mismo Covarrubias; además, otros epígr~(es. Por ejemplo éste que dice:
En el bestiario anglosajón del Códice
de Exeter. la pantera es un animal
solitario y suave, de melodiosa voz y
aliento fragante. Hace su habitación
en las montañas, en un lugar secreto.
No tiene otro enemigo que el dragón,
con el que sin tregua combate. Duerme tres noches y, cuando se despierta cantando, multitudes de hombres
y animales acuden a su cueva, desde
los campos, los castillos y las ciudades, atraídos por la fragancia y la
música.

Esto es una prosa, pero es completamente poética y su autor es Jorge
Luis Borges. Es un texto de El libro
de los seres imaginarios y del Manual de zoología fantástica, pequeño
volumen incluido en el primero.
Borges no podía faltar aquí, y también está Eduardo Liza/di, Federico
García Lorca, Luis Cernuda -el hispano-mexicano-, está Alí Chumacero, José María Lugo y además el
mismo autor y recopilador de este
culto a la pantera. Y cómo te sientes

ahora que ya está publicado, ¿satisfecho? ¿O crees que podría habérsele agregado más?
-No. Pienso que hay un equilibrio entre lo que signífica mi interés,
lo que yo he escrito sobre esta fiera,
y lo que involuntariamente como tú
decías aportan los autores extranjeros casi todos fallecidos. Yo pienso
que existe ese equilibrio, pero desde
luego la mejor opinión es la tuya y la
de los lectores que podrán ver que el
libro tiene -insisto- una variedad
que no distorsiona la unidad.
-Este libro se llama Sombra de
pantera y creo que el primer sitio
donde se va a vender es -obviamente- la Librería Castillo, la Librería
Universitaria y en el Consejo para
la Cultura de Nuevo León. Entonces
aquí tenemos un libro de arte, empastado, con ilustraciones que a veces son ilustrativas, otras no tanto,
pero todas tratan de dar una imagen
de todo lo que se está hablando.
Aquí verán ustedes las firmas de los
artistas, verán también aquí el talento no sólo como escritor de Miguel
sino también como traductor, porque se ha dedicado desde hace tiempo a traducir sobre todo del alemán
y del francés, una actividad muy rara en estos rumbos. Realmente pocos traducen esos dos idiomas y sobre todo tratándose de literatura, no
de cosas técnicas.
173

�ESPLENDOR FELINO

Silvia Pratt
-Así es. Efectivamente es algo
extraño, pero por otro lado también
explicable. Vivimos en un centro fabril, financiero y comercial, y hay un
gran interés por las lenguas extranjeras... pero para aplicarlas en la ciencia y demás zonas afines. Aunque
también es necesario que ese interés
se canalice hacia el arte, hacia la
poesía.

-Qué bueno que te has inclinado
a traducir cosas del arte y la cultura, para que así podamos gozar las
imágenes que se han creado sobre
este animal, que ese era el pretexto
o punto de partida, y también para
que vean tu creación última con la
poesía, tanto en verso como en prosa. Algo más que quieras decir, Miguel.
-Agradezco mucho esta oportunidad de conversar contigo y dar a
conocer la aparición de este libro
que significa, entre otras cosas, mi
regreso como poeta, porque estoy
publicando un libro de poesía tras
doce años de no hacerlo, de silencio
en este género. En los últimos años
me han editado libros de otros géneros: ensayo, conversaciones, crítica
literaria, otro tipo de escritos. Pero
poesía hace doce años que no publicaba.

-Pues buen retorno, bienvenido
otra vez a la escritura poética y
174

cuando se vaya a presentar este libro espero que otra vez estés aquí
para recordárselo a nuestros oyentes. Ojalá que entonces puedan asistir al Festival Alfonsino.
- Muchas gracias.

Conversación transmitida por Radio
ue\'O León el 29 de mayo de 1999.

Halo ensombrecido, mirada depredadora, mullidas huellas. En taciturnas
andanzas, acechos enconados y arteras emboscadas, la silenciosa ferocidad de la bestia se vislumbra en
Sombra de pantera de Miguel Covarrubias. Fulgor felino, presencia que
es una constante en este poemario.

les; en el simbolismo chino el tigre
puede detectar la bondad de los
hombres por el resplandor que se observa sobre sus cabezas; en la mitología griega la hidra representa los
vicios; en la mitología maya las fauces de un cocodrilo devoran al sol
del crepúsculo.

En todos los tiempos, el ser humano se ha identificado con la naturaleza y con lo que habita en ella.
Sorprendido por las maravillas de su
entorno, el hombre ha infundido
cualidades humanas y divinas a seres animados e inanimados, de ahí la
calidad antropomórfica, el animismo
y las tendencias hilozoístas, así como
la transmigración o metempsicosis y
el propio totemismo; se han creado
mitos, leyendas, superst1c1ones,
cuentos, aforismos y un pensamiento
mágico que han trascendido a través
de los siglos y se han plasmado en
las manifestaciones artísticas.

En la fuente antes mencionada
leemos que el arte chino en los monumentos funerarios cuenta con una
gran cantidad de animales fantásticos; estos animales también resguardan ambos lados de la entrada de los
templos shintoístas y simbolizan el
principio y el fin, el alfa y el omega;
entre los pueblos turcos, los guerreros debían tener cualidades de animales y, por otra parte, Filón determina ciertas analogías entre algunos
animales y el hombre, las cuales
también se observan en el arte cristiano.

Como bien lo sabe el autor de este libro, los animales son arquetipos,
símbolos de energías cósmicas, de
fuerzas fisicas y espirituales. Están
presentes en el arte y las religiones
de diversas culturas. Son mnumerables los ejemplos que podríamos utilizar, por lo cual sólo citaré algunos
que aparecen en el Diccionario de
los símbolos de Jean Chevalier y
Alain Gheerbrant: entre los egipcios,
los dioses portan cabezas de anima-

Entre la gran gama de especies
del mundo animal, el poeta Miguel
Covarrubias eligió la pantera negra,
leopardo que concentra en su pelaje
la negrura en virtud del fenómeno
del melanismo. Como muchos otros
animales, el leopardo o pantera tiene
una carga alegórica y ha aparecido
en numerosos textos de la literatura
universal.
Chevalier y Gheerbrant mencionan que los sacerdortes egipcios se

cubrían con una piel de leopardo al
oficiar los ritos fúnebres. Revestirse
con ella significaba haber vencido al
dios del mal, Seth, enemigo de los
hombres y dioses, y portar el testimonio y la virtud mágica del sacrificio; así, los espíritus malvados no
podían acercarse a los difuntos.
Creencias similares se observan entre los chamanes de Asia y en las civilizaciones amerindias. Entre los
chinos, el leopardo es hibemante y
representa el ritmo de la naturaleza;
además -afirman-, se considera un
animal lunar. Así mismo aparece en
el Libro de Daniel cuando el profeta,
al referirse a su visión apocalíptica,
habla de cuatro bestias que salieron
del mar y una de ellas era como un
leopardo. Por otro lado, dicho animal simboliza el orgullo, la ferocidad, la fuerza y la habilidad, y también es simbolo de casta real y guerrera. Al identificarse con la pantera,
Miguel Covarrubias asume de algún
modo los dones y cualidades mencionados y los plasma en su escritura.

Sombra de pantera, esplendor felino. El libro está estructurado como
si fuera un animal, de la cabeza a la
cola. Desde los epígrafes de Federico García Lorca, Jorge Luis Borges,
Eduardo Lizalde, Luis Cemuda, Alí
Chumacero y José María Lugo, hasta los textos finales: el de Marce!
Aymé, un texto anónimo y el de Robert Giraud, tomados de un bestiario

�que se publicó en París. Poco a poco, se va delineando la figura de la
bestia hasta que vislumbramos su
sombra voraz y temeraria. Sombra y
pantera nos acechan y cautivan.
Sombra y pantera se funden en una
entidad poética, en una dualidad sacralizada, en un ritual que emerge de
la palabra. La sombra se despliega
ante nosotros y, a su vez, se expande
al universo y al tiempo infinito. La
pantera es muerte, es noche, es silencio, es mar, es mujer.

176

éstas son capaces de sufrir una transmutación o metamorfosis: son cuatro
y una a la vez.

Sobre la pantera tenemos noticia
de que es una obra maestra de la naturaleza, conocemos la fuerza de sus
garras velludas y blandas, la voz poco sonora que de cuando en cuando
deja escuchar, o los tres o cuatro gritos estridentes que en forma sucesiva
emite en ocasiones; la belleza y armonía de sus formas, la ligereza de
sus movimientos y la mirada amarillo verdosa capaz de traspasar la oscuridad con sus pupilas dilatadas.

Covarrubias nos presenta su bestia primigenia, de manera que la
Pantera de agua, enigmática ...ahonda, profandiza en las aguas del mar.
Sus poderosas zarpas no se amilanan ante la eternidad de las aguas
insondables. Y la de viento, ejemplar sin igual, ...antes silenciosa admitió un fuelle, un ardoroso instrumento d~ viento. Cuando dormita,
una música incomprensible o un órgano antiguo estalla en sonidos guturales a veces y a veces agrede con
cánticos de tiple sin rostro. Y la de
fuego, rojinegra, con su Elegante silueta avanza. Al abrirse camino va
oscureciendo las hojas de un verde
tierno, primaveral. Y la de tierra,
que amedrenta al bien y al mal, indomable, es Fiera de puro polvo oscuro, ornado de ojos o gemas quemantes.

Covarrubias nos ofrece otra pantera, todo se transfigura Y es sagrado canta Octavio Paz. Al principio
del poemario, el autor nos remite al
origen del mundo, a la Creación, a
los elementos primigenios. Hay que
recordar que en el Timeo, Platón
aduce que éstos pueden transformarse entre sí y que proceden unos de
otros. En un acto genésico el poeta
Covarrubias nombra a sus fieras y

Cuando la bestia mueve la cola,
lo hace como expresión de su estado
de ánimo -los movimientos laterales
revelan la tensión que experimenta
en un momento dado y los verticales
0 latigazos indican su disposición
para atacar- pero en Covarrubias
simboliza la transitoriedad de la
existencia: La pantera aún no abre
sus fauces. Sólo su larga cola muestra cuál es la dimensión de su tiem-

po. El negro y largo tiempo de nuestro tiempo. La piel de la fiera es espesa, brillante, con reflejos azules;
en Covarrubias adquiere la condición del mar, un espacio donde se
ahogan los sueños de infancia:
Mientras tanto, la pantera se ha
convertido en el universo más negro,
más húmedo y salitroso, más ríspido
y agresivo, más animal de agua importunando mis sueños de infante...
Y así, una sombra atrapa y envuelve. Quizás hasta devora. También advertimos una fuerte carga
alegórica en ella: En el pensamiento
chino la luz es yang y la sombra yin.
En La rama dorada, James George
Frazer asevera que los griegos llevaban a cabo los sacrificios a los muertos durante el mediodía, a «la hora
sin sombra». Covarrubias descubre
la terrible dualidad: Una fiera que
no suspira por la sombra -ella misma es su propia, imperdible s~mbra.
En la sección titulada «Y la pantera cierra sus ojos de oro», las zarpas dejan huellas en la piel y en la
plástica de los poemas.
Sigilosamente, en su rastreo poético, Covarrubias recrea en la sec·
ción «Panther, panthere, panther»
poemas de Leconte de Lisie, Rainer
Maria Rilke, Paula Ludwig Y Charles
Bukowski, autores cuyos guiños per·
cibe y con quienes se reconoce. Co-

varrubias nos ofrece en el poemario
panteras de ascendencia francesa,
alemana e inglesa, como él mismo
las llama, pero expresadas en español.
Así es como se despliega una
sombra más: la traducción. En este
sentido, invoco las palabras que Miguel Covarrubias escribe en el prólogo de El traidor: Borges habló del
placer superior que le deparaba escribir un libro en colaboración.
¿Qué decir entonces del placer obtenido mientras escribimos a la sombra de otro o de otra sus mismos
breves sueños o sus largos pensamientos? Agreguemos o corrijamos:
en otra lengua, con d[ferentes giros,
ritmos y sonidos. Nos hemos instalado pues en el terreno de la traducción literaria. Y a partir de ese momento, ya nada será igual pero al
mismo tiempo obtendremos un idéntico producto - espiritualmente hablando.
Covarrubias, consciente de la importancia del sentido más que de las
palabras, nos brinda en sus traducciones la riqueza de los textos originales. San Jerónimo, «Patrono de los
traductores», en el prólogo a su versión del Libro de Ester plasma la
imagen de la idea capturada cuando
expresa: Como a un grupo de prisioneros, llevó el sentido justo a su propia
lengua por derecho de conquista.

Sabemos que un traductor de la
Biblia fue quemado en la hoguera
por tergiversar, supuestamente, la
palabra de Dios; por tal motivo, se
hacían meras traducciones literales
aunque no se vertiera todo el sentido
del texto. Incluso en la época de la
Inquisición, algunos fueron juzgados
como fray Luis de León, a quien se
castigó con cinco años de cárcel por
su versión del Cantar de los cantare-S
y por defender la traducción de la
Biblia que realizó Francisco Vatablo.
Hoy en día no se castiga con la
hoguera o la prisión pero se podría,
según sugiere Covarrubias, recusar
al traductor o denunciarlo ante las
autoridades competentes como reo
de alta traición literaria. Este no es
su caso. No puede acusársele de traidor porque además de respetar el
sentido general y las sutilezas del
significado, conserva la propiedad,
la fuerza, la gracia, el sabor y la eufonía del original, y las peculiaridades de su estilo; normas que se aplican a la traducción literaria, según
ilustra Valentín García Y ebra en su
obra En torno a la traducción.
La polisemia, la ambigüedad y la
carga emotiva del lenguaje literario
hacen que la traducción sea un dificil arte. Autores y traductores de todas las épocas así lo han manifestado. García Yebra, en la obra referida, comenta sobre Arturo Capdevila,

Miembro de número de la Academia
Argentina de Letras y Correspondiente de las similares de España y
América: No tenía Capdevila fe total, pero sí deseosa creencia, en una
musa de la traducción. Habitaría el
Parnaso con las otras nueve, compañeras doctísimas de Apolo. Y así
como éstas velaban cada una por
una actividad artística, científica o
intelectual, ella protegería e inspiraría a los traductores. Si los griegos
no la invocaron o incluso la desconocieron, fae porque, en sus buenos
tiempos, no practicaron el arte de
traducir. Pero ella estaría entre sus
hermanas, y aguardaría su hora. No
sería menos necesaria que las otras,
pues como dice Capdevila, «verter
prosa o verso de una lengua en otra
siempre fue singularísima gracia».
Claro está que por «verter» ha de
entenderse «verter bien», de suerte
que la versión sea obra de arte, no
chapuza; que ésta no requiere ni
merece ayuda de una hija de Zeus y
Mnemosine.

Sombra de pantera es creación y
recreación poéticas, destello felino.
La pantera de García Lorca es sombra; en Borges se viste de rival contra el dragón; en Lizalde luce la piel
de la muerte; en Cemuda se identifica con la noche; en Chumacero revela la cólera dormida; en Lugo refleja la gran jaula; en De Lisie simboliza la caza; en Rilke representa el

�PANTERAS COMO METÁFORAS

Sergio Cordero
cautiverio; en Ludwig personifica la
soledad; en Bukowski encarna a la
mujer erótica. En Covarrubias vuelve a ser sombra. Universo simbólico,
poético, estilístico, tonal: Sombra de
pantera.
Miguel Covarrubias nos brinda
una obra en la que se adivina la luz,
poeta y lector viven una revelación
en la hierática sombra, vislumbran
un soplo luminoso en la negrura. Escuchamos la voz lírica del autor en
el verso libre, pero la despliega en
los poemas en prosa donde se perciben silencios, pausas, cesuras. Ritmo, aliento y tono ponen de mantfiesto una fuerte carga existencial y
emotiva.
La vida de la bestia transcurre
entre rituales y su guarida es un santuario; Miguel Covarrubias oficia el
ritual de la Palabra y se refugia en
ella. Así como bajo la capa oscura
de la pantera pueden entreverse las
manchas características de la especie, en la negrura de la tinta se hace
palpable la poesía.
Y la fiera, dice el poeta, quiere
...padecer el zumbido loco del universo. También, gorosticianamente,
la criatura regresa al origen, a su
fuego. Es un Felino sin fin. Y el poeta nos cuestiona y nos responde:
¿Buscaban la prístina clonación de
una bestia marcada para siempre

por la noche más oscura? Sombra
de pantera fue lo que encontraron.
Y nosotros la encontramos.

Covarrubias, Miguel, Sombra de pantera.
Consejo para la Cultura de Nuevo León,
Universidad Autónoma de Nuevo León y
Ediciones Castillo, Monterrey, 1999, 134 pp.

El tigre fue la obsesión de Jorge Luis
Borges. La de Miguel Covarrubias
es la pantera.
El argentino se dio a la tarea de
reunir un hermoso zoológico de seres fantásticos. El regiomontano se
puso a coleccionar metáforas propias
y ajenas. Porque la pantera de Covarrubias es, a diferencia del tigre de
Borges, la que sí está en el verso. No
se refiere al felino salvaje real, alude
a esa transmutación verbal que convierte a la pantera en metáfora de
otras entidades.
En su libro Sombra de pantera,
Covarrubias hace felinos con los
cuatro elementos, con los colores
azul y negro, con la sombra y el sueño. Pero los hallazgos de Covarrubias no surgen sólo de su creación
poética, también proceden de sus habilidades de traductor. Traslada al
idioma español panteras del francés
(«La Panthere noire» de Leconte de
Lisie), del alemán («Der Panthern de
Rainer Maria Rilke) y del inglés
(«have you ever kissed a panther?»
de Charles Bukowski).
Covarrubias advierte, en la «Noticia» (p. 15), que algunas de estas
fieras ya habían paseado antes en
otros libros suyos, como esta «Pantera» que proviene de su libro Pandara:

Me miraste pantera
De tus fauces colgaba ei'hilo
Por el que ascendí hasta allá
Hasta tu ojo amarillo
Que todo lo escudriña
Tus zarpas al hendir
Aquella piel que fuera humana
Pronto supieron la respuesta
De la otra pantera
Que tú supiste inventar.

O esta otra, criada por Rilke y que
estaba cautiva en el libro El traidor:
Su mirada, cansada de tanto pasar
frente a las rejas, ya no puede más.
Le parece que hubiera mil rejas
y detrás de esas rejas ningún mundo.
La suave marcha de sus poderosos
y flexibles pasos
da vuelta en círculos pequeñísimos
Es como una danza de fuerza
alrededor de un centro
donde una gran voluntad se
detuviera aturdida.

car, que van desde el artículo tomado
de un bestiario anónimo hasta la cita, pasando. por la fábula. No puedo
resistir la tentación de citar un fragmento de «El perfume de la pantera».
Después de haberse saciado, la pantera se agazapa en su cubil y desciende hasta un profundo sueño.
Tres días después se despierta, produce un gran rugido y de su boca se
escapa un dulcísimo perfume que enlaza todos los perfumes. Y las otras
bestias tenninan por escuchar su grito, oler su dulce perfume y acompañarla a todas partes. Sólo el dragón
se pone a temblar de miedo y corre a
esconderse en su antro subterráneo;
incapaz de soportar el perfume de la
pantera, se hunde y arrulla en su propio entorpecimiento y se queda así
en su hoyo, inerte, como si estuviera
muerto.

Por último, no olvidemos lo que
dice Borges acerca de la Biblia griega de los Setenta, la cual «usa la palabra pantera en un lugar que puede
referirse a Jesús (Oseas 5:14)». *

Sólo a veces, silencioso, se alza el
velo
de las pupilas. Luego penetra una
imagen
a través de los miembros: con una
intensa tranquilidad
llega al corazón y ahí se detiene.

Miguel Covarrubias, Sombra de pantera.
CONARTFJUANI./Ediciones Castillo, Monterrey, 1999.

Para crear este volumen monotemático, Covarrubias incluye una selección de textos difíciles de clasifi-

* Jorge Luis Borges, Manual de zoología
fantástica. Fondo de Cultura Económica,
México, 1957 (Breviarios 125), p. 116.

�DOS MINUCIAS REGIONALES DE LA
MISMA DÉCADA: 1860-1870
LECTURA HERMENÉUTICA EN LA CORRESPONDENCIA PERSONAL

REGIÓN

Ricardo Elizondo Elizondo
l. «La gran Babilonia»
Dos meses antes de la Batalla del 5
de Mayo de 1862 - una de las cumbres de la extensa montaña del imaginario nacional-, Jesús Femández
García, nativo de Pesquería Grande 1
y por ese entonces Coronel de los
«Rifleros a Caballo»,2 tropa acampada en un punto a mitad del camino
entre Ciudad Victoria y Tampico, le
escribe a su esposa para informarle
sobre el envío de dinero, además:
«Buentello te entregará un anillo que
te mando».3 Poco antes la esposa,
Juanita Fernández, le había puesto
otra carta donde le daba cuenta de
un sirviente que ya no quería estar
con ella, y le pregunta que si le puede dar la «cuenta», «el papel de
cuentas», y ver en ~ué forma se puede recuperar algo. Días después el
Coronel recibe una misiva de su padre, don Antonio Fernández Arizpe
--quien por entonces tenía 60 años y
vivía en García-, en la cual, entre
otras cosas, con tono declamatorio
se declara patrióticamente contra la
«guerra estrangera» y le dice estar
muy alegre por «recibir la tuya desde Tampico, y [saber que] en esa
ciudad te hallabas bueno, fuera de la
gran Babilonia [la ciudad de México]».5 Mientras tanto, el Coronel le
pone una cartita a su hija Lupe, casi
quinceañera, respondiendo afirmativamente al pedimento de la muchacha de estudiar «el útil idioma in-

180

glés, por haber en esa un profesor de
dicho idioma»,6 y aprovecha la ocasión para componer un paternal sermón que dibuja muy bien su pensamiento con respecto a las mujeres y
su cometido en la sociedad - la sociedad en sentido de grupo frívolo y
la sociedad como ente general humano: «...no sólo debes manejarte
tal cual corresponde a tu sexo, sino
que debes también darles a tus hermanas un ejemplo de virtud, ¡comprende bien esta palabra! Virtud
[subrayado y negrita en el original],
ella es la base fundamental del bien,
no sólo de las familias sino de la sociedad en general [...] Concluyo
pues, haciéndote la recomendación
del exacto cumplimiento de mis con7
sejos.» El destacamento que comandaba el Coronel Femández, los
«Rifleros a Caballo», dependía por
entonces del General Silvestre
8
Aramberri, quien los tenía comisionados para vigilar la parte sur de la
Laguna Madre, en la costa tamaulipeca. Al tiempo que envía cartas a la
familia, el Coronel también escribe
para sus asuntos milicianos. A una
carta dirigida a un compañero de armas localizado en Santa Bárbara, al
sur de Victoria, en la que le pide 100
mulas para mover pertrechos, el camarada le responde que «los arrieros
tienen◊ pero hay que embargarlas ...» Esta síntesis de algunas acciones que no son sino secciones de
cartas personales escritas en el no-

reste de México en el corto intervalo
de tres meses --de mediados de enero
a principios de abril de 1862- encierra datos y problemas interesantes:
1.

Un primer problema, de carácter
metodológico, es con respecto al
trabajo de investigación histórica
con cartas, las cuales, usualmente, se encuentran clasificadas
cronológicamente, bajo la premisa de que así, al menos, guardan
un orden. Y así es, salvo que ese
orden no debe engañarnos; si
caemos en su juego es probable
que obtengamos conclusiones
erróneas. Me explico. Las cartas
recibidas y las enviadas casi nunca guardan una relación coincidente de una a una, no llevan un
orden alterno en el que por cada
carta enviada haya una recibida.
Si así fuera resultaría que para la
carta de enero tendríamos la respuesta en la de febrero, para la
de marzo la respuesta en la de
abril, etcétera, pero la realidad no
es así, al menos no en el noreste
de México y no para los archivos
revisados. Las cartas a veces tardaban meses en llegar, acumulándose en las postas hasta que
un día aparecían varias a un
tiempo -con el sofoco consabido,
imaginamos. Así, mientras las
cartas que uno enviaba podían
guardar una voluntad calendárica, y ser escritas cumplidamente

�digamos una cada mes, eso no
significaba que el destinatario final fuera recibiendo mensualmente una a una las cartas, ni
tampoco que uno recibiera después de cada carta enviada la respuesta correspondiente. Una carta podía alcanzar su destino mucho tiempo después de escrita,
incluso después de que otras fechadas posteriormente habían
llegado ya. De ahí que los asuntos y las respuestas que aparecen
en las correspondencias personales acomodadas calendáricamente, muchas veces quedan truncos,
no tienen continuidad, aún tratándose de cosas sumamente importantes, lo cual no indica desinterés, o egoísmo, o cualquier
otra cosa, lo único que indica es
que quizá el tiempo ya se había
encargado de resolver el asunto.
Al investigar en correspondencia
no se puede pasar por alto la
inestabilidad del correo, ajena a
los escribidores, pero que, curiosamente, afectaba tanto algunos
planes, algunos sentimientos, algunos sufrimientos. [Por semanas se podía seguir enviando cartas a la amada esposa, sin sospechar que una «calentura cerebral» - léase meningitis- se la había llevado en medio de dolores
suicidas; también se podía vivir
con el susidio de un hijo que se
dejó enfermo, cuando oportuna182

mente alguien había enviado la
nueva de su total recuperación].
2.

Otro problema, también metodológico, de las correspondencias
personales, es que por lo regular
de la persona que menos se encuentran cartas es del dueño de
la correspondencia, y esto es razonable, porque, a menos que el
sujeto llevara y conservara un
copiador de cartas, las que él envió se quedaron en otros lugares.
Este principio, una vez establecido, más que un problema se
vuelve una ventaja, porque creemos que una de las riquezas infom1ativas de las correspondencias personales es precisamente
el universo de personas que aparecen como remitentes, de otra
forma, la investigación resultante
sería más bien una biografia.

3. Volviendo al cuerpo de la pequeña armazón histórica redactada al
principio, un primer dato que
aparece, enigma más bien, es
cuál y cómo era el trato general
con los «sirvientes», enigma que
quizá pueda resolverse a través
de la lectura de la correspondencia privada. Tenemos la impresión de que los sirvientes, en el
noreste de México, tenían un lugar especial, un nicho a donde no
llegaban las urgencias nacionales, ni otras urgencias. Sabemos,

por ejemplo, que una persona al
ser llamada a armas podía ser
disculpada del servicio si en su
lugar mandaba un sirviente, IO en
el caso de no ser un sirviente
propio antes tenía que pagar al
amo original la cantidad que éste
adeudara y, fuese o no propio,
pagarle una cantidad al gobierno
por el reemplazo. ¿Qué significa
esto? ¿Que los sirvientes no eran
llamados a defender la patria?
Porque si fuesen llamados entonces ellos también tendrían que
cumplir con la obligación de t&lt;r
mar las armas, con lo que les resultaría imposible substituir a
otro. Como al parecer no eran
llamados, entonces sí tenían un
nicho especial, lo que además
implica una especial relación de
los «amos» con respecto a los
sirvientes, mozos o criados, quienes, por otro lado, sólo aparecen
en los documentos públicos por
ausencia, es decir, sabemos que
están y existen porque alguien
tiene que ejecutar las órdenes
que se dan, o lo que a fuerza alguien tiene que hacer -cortar
pastura, lavar platos, acarrear
agua-, aunque los ejecutores pocas veces se mencionen directamente. Sin embargo, la especial
característica de la correspondencia privada o personal hace que
en ella sí se abunde en una u otra
forma sobre los sirvientes, tanto

masculinos como femeninos.
Hay quejas, muchísimas, pero
también halagos, alabanzas, cariños, agradecimientos. Los sirvientes son parte de la casa sin
ser de la familia, son personajes
centrales en la vida cotidiana
puertas adentro y, muchas veces,
constituyen el puente de unión
entre el afuera y el adentro. Los
sirvientes también contribuyen al
curso de la historia, aunque hasta
ahora no se les haya hecho justicia. En el párrafo que analizamos, Buentello es un «propio»
del Coronel Femández; no es un
empleado del ejército, porque en
cartas muy posteriores, cuando el
Coronel vive ya retirado de las
armas, sigue apareciendo Buentello. Buentello se encarga o
realiza trabajos desde los más comunes hasta los más peligrosos.
En el ejemplo aquí mencionado
él es el encargado de llevar dinero y un anillo para la amada esposa y, de regreso, vuelve con la
ternura en un dulce de duraz11
no; aunque en parte alguna se
menciona, de hecho Buentello va
y viene por terreno enemigo o
por descampados tiestos de bandoleros. Buentello se arriesga por
el Coronel más que sus hijos, o
que sus subalternos, pero es solamente un sirviente, igual que
Mauricia, de quien se dispone sin
consultarla siquiera. 12

4.

Siguiendo con el mismo párrafo,
el padre del Coronel Jesús, don
Antonio Fernández, aparenta haber salido poco de su pueblo, Villagarcía, como él lo escribe,
aunque lo más probable es que
cuando joven, y como comerciante y tratante de ganados que
es, haya recorrido el mundo del
noreste, incluso que haya llegado
hasta sus confines: Sombrerete,
Fresnillo, Zacatecas, Mapimí,
San Luis Potosí, Real de Catorce,
quizá hasta más allá del Río Bravo y hasta Durango. Sin embargo, en su imaginación de sesenta
años, conformada por cualquier
cantidad de información recibida
durante su vida, la Ciudad de
México era «la gran Babilonia».
¿Qué tan lejos o qué tan cerca estaba, para el norestense medio, la
Ciudad de México? ¿Qué pensaba de la ciudad central? ¿Sería
acaso una forma de comparación, negativa para la ciudad de
México pero feliz para él, para
poder acomodarse a su propia, limitada existencia? ¿Creían ellos
que la suya era una limitada existencia? ¿Cómo la valoraban? ¿Se
creerían viviendo en una suerte
de edén, muy ajeno a la pecadora
«gran Babilonia»? Los habitantes de entonces tenían contactos
indirectos con la ciudad de México: el Periódico Oficial, el Diario de la nación, la política, la

moneda, algunos objetos, algunos viajeros, algunos vecinos que
la habían conocido, todo eso
traía la presencia, pero ¿era suficiente? Algunas de las cosas que
quisiéramos saber, entre otras
muchas, es hasta dónde sentían
que la «gran Babilonia» era la
capital de todos los mexicanos,
para luego pasar a la relación de
los norestenses consigo mismos,
con su soledad, su aislamiento,
su refugiarse en la familia, su ser
de «fueras», sus diferencias con
el resto.
5.

Los renglones que citamos de la
carta del Coronel a su hija Lupe,
descubren primeramente que el
poblado de Villa de García tenía
un desarrollo fraccionado, desigual. Por otras cartas sabemos
que no tenia médico, sin embargo sí tenía escuelas primana y
secundaria y maestros de músi. 1·es. Este desarrollo
ca 13 y de mg
desigual tiene, por los mismos
años, su correspondiente en
Monterrey, en el que igualmente
encontramos amplia evolución
en algunos sectores y total retraso en otros, y al decir sectores no
sólo pensamos en los consabidos
de urbanismo y economía, sino
también en horizontes como las
diversiones - teatro, ópera, conciertos, bailes, mascaradas, toros,
ferias, juego- que las había en
183

�cantidad suficiente, los servicios
al viajero - hotel, restaurantes,
tiendas, botica- que también los
había, o agua corriente, baños calientes públicos o cultos religiosos diversos, que no existían. Estamos seguros que esas desigualdades afectaban la vida inmediata de sus habitantes y su intimidad. En la corta cita del discurso
del padre a la hija, el Coronel
piensa que las mujeres deben
«manejarse como corresponde a
su sexo», lo que implica que hay
una conducta ftjada y conocida
para mujeres y otra igual para
hombres, que aún nos falta por
detectar y luego definir. El discurso da a entender que parte de
ese manejo, para la mujer, es
moverse dentro de la «virtud,
que es la base fundamental del
bien» y por tanto lo más importante para «la sociedad y la familia». Si por virtud entendemos
sólo castidad, se reduciría, creemos, el alcance de los consejos
del Coronel, consejos que, ya lo
dice él mismo, deben ser «exactamente cumplidos», con lo cual
ya no aparecen como consejos,
sino como órdenes. Por otra parte, la virtud de Guadalupe será
imitada por sus hermanas menores, con lo cual, lo más importante de la sociedad sigue reproduciéndose.
184

6. En los últimos renglones del tex-

to inicial se menciona el pedido
que hace el Coronel de cien mulas. Resulta interesante enterarse
de que a mitad de una guerra de
defensa nacional en la que intervino gran parte del país, y en un
hecho detectado en la región por
donde precisamente podía llegar
el invasor - a eso se debía que los
«Rifleros a Caballo», famosos
por sus corceles, vigilaran la
franja costera tamaulipeca- , en
medio de la refriega hubiera comercio, comercio de mula y
14
arriero. La correspondencia de
ese año y los siguientes contiene
abundantes citas con respecto a la
fluidez de la línea comercial, línea que al parecer nunca se detuvo.
La operación de rutas comerciales indica la existencia de comerciantes, dependientes, arrieros,
burreros, carretoneros, capataces,
vigilantes, cargadores, palafreneros, herreros, puestos de refresco,
mesones, personal en los mesones y vendedores de forraje para
15
los animales, y todos ellos tenían vida, vida personal que no
se interrumpía con la situación
de guerra por la que se pasaba y
que incluso, quizá hasta fuera
poco afectada. Una buena pregunta es hasta qué punto la esfera de la «vida pública», en un caso extremo como es el de una
guerra que amenaza el espacio

nacional, anula o reduce la «vida
privada». A lo mejor poco la interesa, como dicen los cirujanos
al mencionar a los órganos adjuntos al directamente intervenido. Creemos que hay partes de la
vida puertas adentro que siempre
están activas y que siguen su curso independientemente al afuera.

11. «Despachamos el mundo con
un carrero»
Corría el año de 1862, León vivía en
Monterrey y estaba casado con Ignacia Palomera, nativa de Durango y
lugar donde residía por ese año,
atendiendo la vertiente occidental de
los negocios de la pareja, es decir, el
tráfico de mercancías, plata y letras
de cambio entre Mazatlán y Durango, para de ahí continuar a San P&amp;dro de las Colonias, Parras, Saltillo,
Monterrey, -que en alguna forma
era la base-, y seguir con los poblados del Río Bravo, de ambos lados,
hasta Matamoros y Brownsville,
puertos por donde recibían cantidad
de artículos europeos y norteamericanos, sobre todo ropa ya confeccionada, quizá la primera que llegaba a
la ciudad, pero también telas finas,
artículos de tocador, objetos de lujo,
vajillas, bonetería y mercería. León
recibía muchísima correspondencia,
de colegas, amigos y familiares, en
dichas cartas, entre otros asuntos, le
piden encargos como casimires in-

gleses, paños de holanda, pañuelos
finos, «bejucos de oro» para reloj de
leontina, relojes, chamarras, a las
que llaman «zamarras», carteras,
16
guantes. En noviembre del año anterior Ignacia le había escrito a una
amiga contándole de su salida para
Durango, entre otras frases le dice:
«para llevar menos bromas hoy despachamos el mundo con un carrero y
una cama de hierro que compra17
mos», además le adelanta que le
lleva la franela encargada. A principios de febrero, ya de 1862, Carmen
Molina, otra amiga de Ignacia - a
quien todo mundo llama «Nacha», y
cuando escriben su nombre lo hacen
con «y»: Ygnacia-, le escribe a Durango diciéndole que «la rifa de tu
sombrero de montar no se hizo», se
disculpa además de no haber enviado carta por no encontrar papel fino
y le cuenta que «dicen que ha muerto Benito en Zacatecas a consecuencia de haberse envenenado». 18
El mismo mes de febrero León,
en Monterrey, recibió carta de París,
de Antonio Sánchez, donde entre
otras cosas relativas a inversiones en
construcción de caminos y sobre el
préstamo turco, le inquiere sobre si
es cierto que «los extranjeros se portaban [en México] petulantes y prepotentes», y que sabía que el General Tapia dio de bofetadas a un alemán en el teatro, porque este se puso
un letrero desafiante en la casaca

que decía alemán. 19 León vivía en la
casa de don Valentín Rivero, en el
centro de la ciudad, y tenía su tienda
y bodega por la Plaza de Armas. Su
mujer rentaba una casa en Durango,
donde tenía expendio de tónicos,
jaulas y telas, además de ejercer el
espionaje comercial que le pedía su
marido, información que enviaba en
clave. 20
1.

2.

El cuidado personal, la vanidad,
el trabajar para darse un gusto,
estaban en todas las capas de la
sociedad norestense de principios
de la década de los sesentas del
siglo pasado. En la carta que citamos, los pedidos giran, como
ahí mismo se aclara, en torno a la
presunción. El firmante pide casimires, chamarra, reloj y cartera,
lo que indica que, al vestirse para
presumir, usaba de todos esos
elementos. El susodicho no pregunta el precio, lo más probable
es que no le preocupara; si dejamos de lado el hecho de que para
la vanidad no hay artículo costoso, él, en todo caso, seguramente
pertenecía a quienes se podían
pagar lo que deseaban.

El mismo personaje que firma la
carta, a quien conocemos por
otras muchas suyas enviadas a
León, nos permite meditar sobre
los límites de lo urbano y lo rural. Por lo que sabemos él vivió

siempre alejado de la ciudad -sus
cartas son enviadas de remotos
lugares perdidos en la sierra o en
el desierto, porque ejercía el comercio ambulante pero también
era buscador de oro, comprador
de ganados, e inversionista en
cuanto negocio veía apetitoso-,
sin embargo, pese a sus muchos
años de vida silvestre, sus gustos
y opíniones son «citadínas».
¿Hasta dónde hay una homogeneización de lo urbano dentro de
la ciudad, y de lo rural en el ancho campo?, es decir, ¿hasta
dónde están perfectamente delimitadas las conductas de ciudad
para la ciudad y las campiranas
en el campo? ¿Existían conductas rurales permanentes dentro de
la ciudad y al contrario? ¿Qué
cambios se operaban en la vida
privada, o en lo íntimo, si se vivía en la ciudad o se vivía en el
campo? Todo esto resulta pertinente al estudiar un siglo en el
que empezaban a crearse diferencias entre ciudades y pueblos, villas o aldeas.
3. Antes de la llegada del ferrocarril

al noreste, algunos comerciantes,
entre ellos León y Nacha, habían
abierto un camino mercantil
transversal que luego desaparecería o, al menos, sería un tanto
borrado por la posterior preeminencia de la Ciudad de México

�como centro de toda comunicación. Dicho camino, que era mulero, unía a Mazatlán, en el Pacífico, con Matamoros, en el Golfo. Para los norestenses, mientras
duró ese tránsito diagonal duró
también una mayor comunicación y trato con Europa que con
Estados Unidos. Los ferrocarriles, las vías de ferrocarril, si bien
trajeron una necesaria y expedita
comunicación y transporte, también trajeron la hegemonía de la
Ciudad de México en todo el territorio del norte de la República.
Las vías férreas, quiérase que no,
eran conducidas finalmente desde la frontera con rumbo a la
Ciudad de México y, sólo en poquísimas ocasiones, permitieron
un crecimiento diagonal o tangencial,21 tal el caso de las vías
instaladas desde el norte de Coahuila hasta Matamoros y Tampico. Junto con este dominio del
centro, y debido a que el ferrocarril llegaba desde Estados Unidos, se potencializó en la vida
cotidiana norteña un predominio
también del vecino país del norte. No quiere decir esto que
Monterrey sólo tuvo trenes a la
frontera norte, como ya dijimos
también existió el llamado Ferrocarril del Golfo -cuyo destino estaba en Tampico y Matamoros,
los dos puertos de donde los norestenses recibieron siempre «lo

europeo»- , sin embargo su misma existencia, representada por
el General Jerónimo Treviño,
prohombre nuevoleonés del momento y en alguna forma rebelde
al régimen de Díaz, indica con
eso mismo hasta dónde el noreste, por varias décadas del siglo
XIX, tuvo más nexos con Europa
que con Estados Unidos. León,
lgnacia y otros comerciantes
más, reflejan esto en su vida de
todos los días: vacacionan cuando pueden en Europa;22 allá hacen o tienen negocios, sobre todo
23
de venta de plata, aunque, como dice más adelante el propio
texto, también en inversiones como la construcción de caminos o
los empréstitos a repúblicas lejanas manejados desde París o
Londres; algunos mantienen parte de la familia allá y hacia allá
.. a estud.1ar;24 consuvan 1os hIJOS
men regularmente una dieta con
productos europeos y hasta mandan traer, a precio de oro y embotellada15 la mirifica agua de
Lourdes.
4.

La vida de lgnacia Palomera, esposa de León, con sus cambios
de domicilio según conviniera a
los negocios, llevándose «el
"'26
.
mundo» y, por s1 acaso «una
cama de hierro», refleja en alguna forma la inexistencia, al menos para efectos prácticos, de di-

ficultades infranqueables para los
viajes dentro del territorio norestense. Aun en momentos como el
que relatamos, con guerrillas y
asaltantes de caminos, con indios
al acecho y en viajes a través de
largas distancias que se recorrían
en «ambulancias» o diligencias,
los norteños del siglo XIX iban y
venían a lo ancho y lo largo. Junto con ellos se movían las ideas,
las costumbres, los hábitos, las
dietas, las noticias, la mentalidad
en una palabra. El noreste, en
contra de lo que se ha repetido
mucho, no estaba aislado, no vivía encastillado, no era un «extremo confin», o al menos ya no
lo era la última mitad del siglo
XIX.

s. Con las comodidades actuales
hemos olvidado ya el real significado de una cama conveniente y
confortable, la frase de Ignacia
diciendo que «lleva una cama de
hierro», nos recuerda el tiempo
en que la comodidad nocturna no
era cosa fácil. En general, la correspondencia personal de los siglos pasados, fechada durante los
meses cálidos, casi nunca deja de
mencionar el tormento nocturno
de los mosquitos y las chinches.
Para los zancudos aparece la llamada «manta de cielo&gt;), con la
que se confeccionaban los pabellones, tan útiles -¿valiosos?-

que siempre son registrados en
los inventarios. Para las segundas, las chinches, antes de la revolución alemana en la química
de los insecticidas el único paliativo era evitar las camas de madera y los colchones de lana o
pluma, para eso nada mejor que
una «cama de hierro», con su
tambor de resortes y la facilidad
que tenía de armarse y desarmarse y así poder ser llevada al sol
con alguna frecuencia, o lavada
con agua hirviente y flor de azufre o sulfato de cobre. 27
6.

En otras líneas nos enteramos
que el «sombrero de montar» de
Ignacia no pudo rifarse, que por
la intervención francesa algunos
artículos empezaban a escasear,
entre ellos el «papel fino» para
escribir, y que la correspondencia particular era un medio importante para la transmisión de
noticias, como esa de que «Benito murió en Zacatecas, envenenado». El dato de «rifar el sombrero de montar», indica varias
cosas: a) Se rifan los objetos valiosos pero dificiles de vender·
entonces el dicho sombrero no'
era una prenda común o, si lo
era, estaba confeccionado de manera especial. b) Aún cuando en
Monterrey había damas muy ricas, no hubo una que quisiese el
sombrero, ni por compra, ni por

rifa; una de tres: o eran sumamente escrupulosas en el uso de
prendas, o no eran amazonas con
presunción, o simplemente no
había amazonas entre ellas. La
mención del envenenamiento de
Benito conlleva un cierto tono
jubiloso, probablemente los comerciantes amigos de León y
Nacha eran más imperialistas
que republicanos. Las tres notas
fueron tomadas específicamente
de una carta femenina, con destinatario femenino también, probablemente de ahí lo simpático y
despreocupado del tono, que con
igual jerarquía menciona la rifa
del sombrero, la falta de papel y
el asesinato del Presidente de la
República. Pero no toda la correspondencia femenina era así
la de Ignacia a su marido, po;
ejemplo, en muchas ocasiones
fue vital para los negocios y las
inversiones, por lo ajustado de
los juicios y lo pertinente de la
infom1ación.28

glo XIX ya se llamaba Villa de García, nombre que aún conserva, sin
embargo, sus habitantes manejaban
los dos nombres, hasta que finalmente se relegó el primero.
2

3

4

5

6

1

Notas
1

8

San Juan Bautista de la Pesquería
Grande, poblado fundado en el siglo
xvn, está situado estratégicamente
en el antiguo camino entre Monterrey y Saltillo, era por entonces un
próspero pueblo con agricultura de
frutales y verduras, y comercio de
ganado. Para la última mitad del si-

9

10

División del ejército compuesta por
norestenses y cuya organización era
parte de la respuesta civil a los conflictos armados del país a mitad del
siglo XIX.
ITESM. Correspondencia Femández,
carta 18/01/1862. [ Las correspondencias personales de Jesús Femández
León Ortigosa y Valentín Rivera:
usadas como fuentes para este artículo, se encuentran en la Biblioteca
Miguel de Cervantes del Tecnológico de Monterrey, abreviado ITESM).

ITESM. Correspondencia Femández,
carta 14/01/1861.
ITESM. Correspondencia Femández,
carta 7/02/1862.
ITESM. Correspondencia Femández,
carta 20í02/ I862.

Ibídem.
ITESM. Correspondencia Femández,
carta 23/1 O/ 1862.
ITESM. Correspondencia Femández,
carta 8/04/1 862.
ITESM. Correspondencia
carta 711 Od 866.

Femández,
1

187

�COLABORAN EN ESTE NÚMERO

11

ITESM.

Correspondencia Femández,

19

carta 14/9/1863.
12

ITESM.

Correspondencia Femández,

20

carta 17/0211871.
13

14

15

16

Correspondencia Femández,
carta 20/10/1867.

lTESM.

De los puertos de Tampico y Matamoros, aunque más de este último, procedía, o salía, gran parte de la mercancía traficada por Monterrey.
De hecho, el único limitante serio que
hemos encontrado para el comercio,
antes del arribo del ferrocarril, es la
falta de pastura para los animales. Ni
el mal tiempo, ni las pestes o enfermedades, ni el ataque de los indios,
ni las dificultades de extensos trechos solitarios y sin aguajes, ni lo
desprotegido de los caminos y la
abundancia de bandoleros, nada de
eso detenía a los comerciantes. Sin
embargo, si el comerciante o el arriero
sabían que encontrarían dificultad en
el renglón de las pasturas, dejaban el
viaje para luego. lTESM. Correspondencia Ortigosa, carta 13/09/1863.
ITESM.

Correspondencia Ortigosa, car-

21

22

23

ta 8/4/1862.
17

lTESM.

Correspondencia Ortigosa, car-

24

ta 7/ 11/1861.
18

ITESM.

Correspondencia Ortigosa, car-

ta 2/02/1862.

188

25

ITESM. Correspondencia Ortigosa, carta 211211862.

Correspondencia Ortigosa, carta 22/6 '1862. Hay cartas que son verdaderos criptogramas. Esto es muy
notable en la correspondencia personal de Evaristo Madero, donde los
signos gráficos han sido cambiados
por dibujos y por signos ajenos al
abecedario. En dichas cartas primero
hay que trabajar en busca de la clave,
porque directamente no puede entenderse cosa alguna.

26

Un amplio y fuerte baúl de viaje con
muchas divisiones. Se le llamaba
«mundo» porque todo le cabía.

ITESM.

Estas afirmaciones ocupan de mayor
explicación, sin embargo, para el
presente trabajo bastan. Sólo habría
que agregar, como complemento,
que Monterrey y el Bajío, unidos por
comercio de al menos dos siglos, no
quedaron nunca comunicados por
tren de una manera desahogada. Lo
mismo pasó con Mazatlán. Algunas
de esas veredas poco a poco se olvidarían, incluso para la memoria popular.
Correspondencia Ortigosa Y
Correspondencia Rivero.

ITESM.

ITESM. Correspondencia Ortigosa, carta 13/06/1862.

Correspondencia Rivero, carta,
Londres 26/0411813.

ITESM.

ITESM. Correspondencia
8/2/1876.

Rivero, carta

27

28

Periódico Oficial, 17/4/1863.
Desplegado de la Botica El León.

AGENL.

ITESM. Correspondencia Ortigosa.
Cartas de lgnacia Palomera a León
Ortigosa.

Alhelí Morín Lam. Montemorelos,
1961. Maestra y doctora en educación
en lenguas extranjeras por la Universidad de Texas (Austin). Profesora
del Colegio de Lingüística Aplicada y
coordinadora del programa de com prensión de textos en inglés (UANL).
André Malraux (1901-1976). Escritor
francés que practicó además la arqueología, la política, la crítica de
arte. Luchó en su patria con las armas para exp~lsar al nazismo y antes
fue testigo de la revolución china y
de la guerra civil española. Ministro
de cultura en el segundo gobierno
del general Charles de Gaulle. Autor
de novelas que enaltecen la «fraternidad viril»: la tentación de Occidente, los conquistadores, la vía
real, la condición humana, etcétera.
Andrés Huerta. Doctor Arroyo,
Nuevo León (1933). Sus primeros
ocho libros de poemas fueron recogidos en el volumen Poesía, 19671989, editados por el Gobierno de
Nuevo León en 1993. Cómo borrar tu
imagen lo imprimió Señal del Tiempo de Monterrey en 1996. llorar a
solas (1999) es el título de su décimo
libro de poemas. Obtuvo la Medalla
al Mérito Cívico (literatura y arte) de
manos del gobernador de Nuevo
León en 1994. Durante casi veinte
años mantuvo abierto un centro gastronómico y cultural denominado La
Fonda de Andrés.

Armando Hugo Ortiz Guerrero
(Monterrey, 1947). Egresado de la
Escuela Nonnal Miguel F. Martínez.
Cronista y cuentista que ha obtenido
algunos premios regionales. Autor
de Vida y muerte en la frontera.
Cancionero del corrido norestense
( 1992) y de Fuera de lugar (cuento,
1993).

Carlos E. Medína. Médico cirujano
partero. Catedrático de la Facultad
de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Daniel Gutiérrez Pedreiro. La Paz,
Baja California Sur, 1964. Poeta, narrador, dibujante, fotógrafo. Ha publicado en numerosas revistas y suplementos culturales de Argentina,
Chile, España, Francia e Italia. Ha
montado exposiciones de sus dibujos
a tinta china y de fotografía en su
Estado natal y en Holguín (Cuba).
Entre 1993 y el año actual, publica algunos libros y plaquettes de poesía:
Ángel de una sola noche, Danza de
los lagartos, Ícaro triste, Sombra
bajo la piel, Canto sediento y otros.
Enrique Puente Sánchez. Licenciado y maestro en letras españolas;
profesor de lenguas y literaturas clásicas en la Facultad de Filosofía y
Letras (UANL). Traductor de Horacio
y otros autores latinos.

Gloria Correa. Nació en Zitácuaro
(Michoacán) pero reside en Garza
García (Nuevo León). Estudió en la
Academia Nacional de San Marcos
y en Arte, A.C. Desde 1980 docente
del Centro de Educación Artística
del fNBA en Monterrey. Ha participado en más de 100 exposiciones colectivas y en más de 50 individuales
dentro y fuera del país. Ha obtenido
premios y distinciones en Monterrey, Querétaro, París...
Horacio Salazar Ortiz. Tlalchapa,
Guerrero, 1933. Licenciado en derecho por la UANL. Durante 30 años
enseñó en la Escuela Preparatoria
No. 1; fue subdirector de esta dependencia y secretario general del sindicato de trabajadores universitarios
hace más de tres décadas. Narrador
y poeta. Su bibliografía es muy amplia. Sus últimos títulos: la canción
que cantamos (1990), Río de aguas
azules (1992), Ritual de animales
(1997) y Paisajes y canciones (1999).
Rugo Padilla (Monterrey, 1935). Licenciado en filosofia por la Universidad de Nuevo León. Dirigió las revistas Katharsis y Armas y Letras en
los años sesenta. Vive en la capital
desde hace más de 30 años. Fue secretario general de la Facultad de Filosofía y Letras y en la actualidad
desempeña la cátedra de tiempo
completo (UNAM). Colaborador de
revistas regiomontanas y capitalinas.

91
189

�Autor del poemario Los días deslwbitados ( 1993).

Hugo Valdé:i Manríquez. Monterrey, 1963. Licenciado en letras españolas por la Universidad Regiomontana. Dos veces becario del Centro
de Escritores de Nuevo León. Becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (novela). Premiado
en el Quinto Certamen Nacional de
Literatura «Alfonso Reyes» (1994 ).
Algunos de sus títulos: The Monterrey News, Días de nadie, El crimen
de la calle Aramberri, El laberinto
cuentístico de Sergio Pito/ y La vocación insular (Ediciones Castillo,
1999)
Johann Wolfgang von Goethe.
Poeta, dramaturgo, novelista, pensador, investigador científico (Frankfurt
del Main 1749-Weimar 1832). Consejero en Weimar hasta la muerte del
duque Carlos Augusto, su mecenas.
El conocimiento de Italia tuvo una
gran importancia en su vida y obra.
Sus primeros dramas se inscriben
dentro del «Sturm und Drang». Su
célebre novela Los cuitas del joven
Werther sirvió para arraigar al romanticismo, su ímpetu juvenil. En
sentido opuesto siguió desarrollándose
el arte y el pensamiento goethiano:
Fausto,· que le significara 60 años de
trabajo, lo pudo concluir un poco antes de morir.

Jorge Kattán Zablah. Quetzaltepeque (El Salvador, 1939). Narrador y
ensayista. Licenciado en derecho
(Chile); estudios de posgrado en la
Escuela Oficial de Diplomáticos
(Santa Bárbara, USA). Desde hace
más de trece años es director del Departamento de Español en el Defense Language Institute (Monterey,
California, USA). Ha colaborado con
publicaciones literarias de España y
de varios países latinoamericanos.
Cuenta en su haber con tres libros de
cuentos y uno de ensayo: Don Juan:
de Tirso de Molino a José Zorrilla
(El Salvador, 1972).
José Guadalupe Martínez. Monterrey, 1942. Egresado de la Escuela
Nonnal Miguel F. Martínez. Bibliotecario de la Facultad de Filosofia y
Letras (UANL). Se ha aplicado con
especial empeño a leer, estudiar y
editar la obra de dos amigos, escritores y rectores: Alvarado y Rangel
Frías. De éste publicó Raúl Rangel
Frías. Escritos juveniles (1993); de
aquél, A/varado, el joven (1992), Deferencias para José A/varado (1994)
y Tiempo guardado. Cuentos y novelas cortas (1999).
José Roberto Mendirichaga (Monterrey, 1944). Licenciado en filosofía,
maestro en letras españolas y candidato al doctorado en historia. Profesor universitario, editorialista, publicista. Funcionario de la Universidad

de Monterrey. En la Facultad de Filosofía y Letras (UANL) fue profesor
y director de Deslinde. Autor de La
letra y la tinta (1981 ), La estética de
José Vasconcelos (1986), Macario
Pérez, maestro siempre (1994), Aproximación a la critica literaria (1998).

Julieta Renée [Pérez-Díaz]. Monterrey, 1941. Licenciada en comunicación por la Universidad de Alabama,
USA. Directora teatral y consultora
independiente. Escribe poesía, teatro
y cuento. Radica en Boston, USA.
Autora de Poemas ( 1977).

Juan Antonio Serna Servío. Licenciatura en letras españolas por la
UANL; doctorado por la Arizona State University. Su tesis de grado acaba de aparecer bajo este título: El subalterno en la escritura masculina
regiomontana: la novela de los noventa (Facultad de Filosofía y Letras, UANL, 1999). Publica constantemente artículos y estudios de tema
literario en revistas especializadas de
los Estados Unidos, país en el que
radica actualmente.

Laura García. Profesora del Colegio de Lingüística Aplicada, Facultad de Filosofia y Letras (UANL).

Juan Manuel Etizondo. San Buenaventura, Coahuila, 1910. Hizo estudios de derecho en la UNAM. Fundador de la Federación de Estudiantes
Revolucionarios en 1933. Ha tenido
una larga carrera como dirigente
obrero y político destacado: fue senador de la república en 1964. Ha escrito constantemente en la prensa
nacional acerca de asuntos históricos
e ideológicos. De historia y de política es un libro suyo editado por la
Facultad de Filosofía y Letras
(UANL, 1994).

Laura Garza Cavazos. Profesora
del Colegio de Lingüística Aplicada,
Facultad de Filosofía y Letras
(UANL).

Ledo Ivo, poeta y ensayista brasileño (1924). Estudió derecho y ha ejercido el periodismo. En 1944 publica
su primer libro de poemas, As imaginar;oes. Ha recibido importantes premios que culminan con el concedido
por la Academia Brasileira de Letras
al conjunto de su obra: Premio Mário Andrade (1982). Algunos de sus
libros de poesía: Cdntico, Linguagem, Finisterra, Curra/ de peixe; de
ensayo: Ladrao de flor, A república
da desilusao. En México la Universidad Autónoma Metropolitana editó
Las islas inacabadas (versión de
Maricela Terán, 1997).
Leticia Hernández Martín del
Campo. Licenciada en letras españolas; concluyó sus estudios de
maestría en la UANL. Profesora por

casi 25 años en la Escuela Preparatoria No. 16 de la misma universidad.
Colaboradora de las revistas Deslinde y Entorno Universitario.

Leticia Herrera. Monterrey, 1960.
Licenciada en sociología por la
UANL. Actualmente es editorialista
del Diario de Monterrey. Figura en
varias antologías de poesía escrita en
Nuevo León. Autora de Pago por
ver, Canto del águila, Poemas para
llorar y Caracol de tierra.
Lidia Rodríguez Alfano. Linares,
1941. Doctora en lingüística hispánica por la UNAM. Maestra e investigadora de la Facultad de Filosofía y
Letras (UANL). Pertenece a varias
asociaciones profesionales y de estudios lingüísticos. Participó en las investigaciones «Un estudio del léxico
infantil en 100 niños regiomontanos»
y «El habla de Monterrey». Coautora del libro De mujeres y otros cuentos (1989).
Ludivína Cantú Ortiz. Egresada
del Colegio de Letras. Maestra de su
especialidad en la Facultad de Filosofía y Letras. Coordinadora de la
carrera de letras españolas (UANL).
Mainor Arias Uva. Costa Rica,
1971. Egresado de la licenciatura en
ciencias de la comunicación (Universidad Regiomontana). Acaba de
concluir su primer libro de poemas:

Canción de lunas para un ermitaño...

Miguel Covarrubias. Monterrey,
1940. Desde 1970, profesor en la licenciatura y más tarde en el posgrado de letras españolas (UANL). Ha
editado más de quince libros en diferentes géneros (poesía, prosa, relato,
ensayo, crítica literaria, entrevista,
traducción y compilación). Ha obtenido premios y reconocimientos de
la UANL, el Gobierno de Nuevo
León y el INBA. En 1985 fue nombrado director de Deslinde. En la década de los 90 ha publicado: Desde el
Cerro de la Silla, El traidor, Junto a
una taza de café, Papelería en trámite, El rojo caballo de tu sonrisa y
Sombra de pantera.
Nazario Sepúlveda. Cirujano dentista por la UANL y licenciado en letras por el ITESM. Crítico de cine.
Productor y conductor de programas
culturales en Radio Nuevo León y
en el Canal 28 de televisión.
Ricardo Elizondo Etizondo. Monterrey, 1950. Director de la Biblioteca
Cervantina del Tecnológico de Monterrey. Autor de variados títulos
acerca de historia, geografia e instituciones educativas del noreste de
México; también es uno de los más
reconocidos narradores mexicanos.
Algunos de sus libros: Relatos de
mar, desierto y muerte, 70 veces 7,

��En este número
J. W. Goethe: Como a mí, querida niña, con frecuencia/ Ex,tranjera te me apareces, nada
sé. / Cuando en el humano enjambre vivimos, / Toda alegría rueda por los suelos. / Pero
cuando oscuro y silencioso es todo en derredor./ En tus besos vuelvo a conocerte.
Roberto Diego Ortega: La obra de José Alvarado (... ] es una herencia fundamental en la
cultura del siglo XX mexicano. Testigo crítico de la sociedad posrevolucionaria, en su trabajo periodístico documenta las manifestaciones de la injusticia, del México profundo y bronco; y aunque dedica su atención a los desheredados, no se complace en la amargura, pues su
generosidad, calidez, sabiduría. lo apartan de la conmiseración.
Juan Antonio Serna: Germán Dehesa[:] «Creo que Kipling tenía razón y que la moraleja
implícita en la enfermedad de Paulina, la mujer que con mayor libertad se ha desempeñado
a lo largo de la trama, implica una moraleja que algo tiene de reaccionaria y tramposa.» Se
puede deducir entonces que sí, que Paulina es reaccionaria porque a pesar de que adquiere
el sida no se arrepiente de haber satisfecho plenamente su sexualidad y al mismo tiempo es
tramposa porque ella fallece de un ataque al corazón y no por el virus.
Salvador Novo: Anoche trabajó un grupo de Zacatecas. Hizo La danza que sue,ia la tortuga, de Carballido. Pero yo me sentía tan mal, que me abstuve de fraternizar con ellos ni con
nadie. Me vine a agonizar en privado en el hotel, de donde hoy no he salido sino para bajar
a comer en la amable compañía de un joven pintor, Jaime Flores, que luce unas barbas existencialistas, y quien ya no debe tardar en pasar por mí para que visitemos su estudio y me
muestre sus cuadros.
André Malraux: ¿Qué es el Imperio británico al lado de Inglaterra? Y el Imperio macedonio, probablemente el más importante del mundo, finalizaba ocho días -¡ocho días!- después de la muerte de Alejandro. [... ] En el fondo, todos sabemos que un imperio es algo que
está condenado a muerte. a diferencia de una nación que es algo que se desarrolla con la
fuerza de un organismo. Una nación es como un árbol, y un imperio es como un rayo ...
Rosaura Barahona: ¡_Pero cómo convencer a una sociedad como la nuestra que la libertad
y la vida no tradicional de sus aitistas son necesarias, cuando cree que en la rigidez de sus
estructuras conservadoras tiene la garantía de su seguridad? Quien tiene una libertad limitada tiembla ante la sola idea de la libertad desbocada en cualquier sentido.
Ricardo Elizondo Elizondo: Tenemos la impresión de que los sirvientes, en el noreste de
México, tenían un lugar especial, un nicho a donde no llegaban las urgencias nacionales, ni
otras urgencias. Sabernos, por ejemplo, que una persona al ser llamada a armas podía ser
disculpada del servicio si en su lugar mandaba un sirviente ...
,1

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              <text>Deslinde, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 1999, Vol. 16, No 63-66, Enero-Diciembre</text>
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              <text>Mendirichaga, José Roberto, 1944-, Coordinador Editorial</text>
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              <text>Nuncio, Abraham, 1941-, Director</text>
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              <text>Revista de literatura de la Facultad de Filosofía y Letras. Contiene poesía, narrativa, ensayo, traducción, reseña, y otros géneros literarios. Fundada en 1982. </text>
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              <text>Covarrubias, Miguel, 1940-, Director</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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