<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="14317" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/14317?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T06:49:05-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="12359">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/337/14317/PERSPECTIVAS_SOCIALES._1993._No._2._Abril._0002016251.ocr.pdf</src>
      <authentication>14d50de22cf04052ea6914fac198c52f</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="398320">
                  <text>PERSPECTIVAS SOCIALES

REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES

FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL
UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON

ABRIL DE 1993

�00253 ~~
FONDO
UNIVERSITARIO

�REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES DE LA
FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL, UANL
N~ 2

ABRIL DE 1993

�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON

Rector: Lic. Manuel Silos Martínez
FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL

Directora: Lic. Rosa María Cárdenas G. de Silva
PERSPECTIVAS SOCIALES

Revista de Ciencias Sociales
Director: Manuel Ribeiro Ferreira
Revisión de estilo: Ma. Eugenia Lobo
Consejo Editorial: Emma Adame, Rodolfo Garza, Ma. del
Carmen Elu, Luis Leñero, Víctor Zúñiga
Los artículos son responsabilidad exclusiva de los autores.
No se devuelven originales.Toda correspondencia deberá
dirigirse a:
Revista Perspectivas Sociales, Facultad de Trabajo Social,
Universidad Autónoma de Nuevo León, Ciudad Universitaria, C.P. 66450, Monterrey, N.L.

�INDICE

Manuel Ribeiro Ferreira
La promoción de los programas de salud y la participación
comunitaria / 9

Centro Internacional De Fecundidad Adolescente

"

''.A mi no me va a pasar''. Las enfermedades sexualmente
transmisibles y los adolescentes / 29

José Lorenzo Encinas Garza
Las pandillas jweniles a través del tiempo. Rostros diferentes:
un mismo significado / 37

Armando Villarreal y José Guadalupe Sánchez
Características socio-familiares del menor infractor en Nuevo
León / 69

Manuel Ribeiro Ferreira
Trabajo Femenino y Vida familiar. Estudio comparativo entre
Quebec y México / 81

�9

LA PROMOCION DE LOS PROGRAMAS DE SALUD Y LA
PARTICIPACION COMUNITARIA
Manuel Ribeiro Ferreira 1

Introducción.

La participación comunitaria en el proceso de desarrollo
económico, político y social, es no sólo una condición obligada
para que éste se produzca, sino la fuente misma de las estructuras
que lo sustentan. Por este motivo, es necesario que los planes de
desarrollo en general, corno los programas de salud en particular,
incorporen la participación de la comunidad como una estrategia
básica para alcanzar los objetivos de construir una sociedad más
igualitaria y mejorar las condiciones de vida de todos los sectores
de la población.
Con el objeto de impulsar las acciones de participación
comunitaria en salud, es necesario que los trabajadores institucionales, en todos los niveles de atención, se constituyan en
promotores-educadores para lograr a su vez sensibilizar a la
población a través de la relación cotidiana.
Para instrumentar el planteamiento anterior, y con el propósito de unificar los criterios, tanto conceptuales como operativos
de los promotores institucionales en su labor de fomentar la
participación comunitaria en los programas de salud, se presenta
este breve trabajo , que contempla los siguientes objetivos:
a) Orientar al promotor institucional para que defina los mecanismos que le permitan estalecer contacto con la comunidad.
b) Indicar al promotor institucional cuáles son las tareas que
le corresponden para motivar y fomentar la participación de
los miembros de la comunidad en las actividades relativas al
mejoramiento de las condiciones de salud, tanto al nivel individual como colectivo.

1 Profesor-Investigador de la Facultad de Trabajo Social de la UANL

�11

10

c) Brindar al promotor institucional los instrumentos necesarios para definir los programas de salud y asesorar constantemente a la comunidad en el desempeño de sus actividades.

Consideraciones en torno a la participacion comunitaria.

•••

..,
'I

.,

1

.,

'•

Creemos que es de vital importancia que el promotor institucional tome en cuenta algunas consideraciones de orden
general respecto a la participación comunitaria, ya que ello le
ayudará a comprender mejor sus funciones y a orientar sus
actividades.
En primer término, cuando hablamos de participación comunitaria, nos referimos implícitamente, lo queramos o no, al concepto de desarrollo de la comunidad. Cabe decir que dicho
concepto es hasta cierto punto ambiguo y que no existe actualmente una definición generalmente aceptada. Esto es sumamente
importante puesto que de la concepción que se tenga del desarrollo comunitario dependerán necesariamente todas las acciones
que se tomen en ese sentido.

es objeto del programa. Según Batten (1969), cualquier proyecto
que pretenda intervenir en el proceso de desarrollo de una comunidad, debe implicar acciones mediante los cuales los miembros
de la comunidad discutan y definan en primer término lo que
quieren, para luego planear y actuar conjuntamente con el objeto
de alcanzar los fines propuestos. Esta es la postura que corresponde a nuestro particular punto de vista.
Lo anterior no quiere decir que la institución promotora deba
quedar al margen de los proyectos de desarrollo, pero sí que debe
actuar en función de las necesidades sentidas por parte de los
integrantes de la comunidad y en estrecha colaboración con ellos
mismos .

En cuanto al desarrollo mismo, no cabe la menor duda de
que éste no puede quedar reducido a un mero equipamiento
material que eventualmente sólo sirva como mediatizador para
romper o aplastar las auténticas dinámicas de liberación que
parten del corazón de las masas populares. En este sentido
podemos decir que el desarrollo es un hecho dinámico; no puede
ser estático, ya que se refiere a un proceso, de algo que cambia
y se transforma. El desarrollo incluye el conflicto pero va más allá
de él. Su meta no puede ser ni metafísica ni la destrucción de un
sistema. sino la creación de un nuevo mundo dinámico en la
búsqueda de una dimensión humanizadora, liberadora y creadora
(Leñero, y Trueba, 1972).

En este sentido, vale la pena insistir en que los cambios no
pueden ser impuestos desde afuera, sin tomar en cuenta la
aceptación por parte de la gente. Cuando se hace una imposición
de esta naturaleza, en el mejor de los casos la medida resultará
ineficaz; en el peor de ellos, la imposición generará problemas
internos que pueden ir desde los leves hasta los graves. En nuestro
país hemos visto fracasar proyectos de vivienda popular, en los
cuales los individuos "beneficiados" por el proyecto abandonaron
sus nuevas casas para regresar a sus lugares de origen, debido a
que esta medida rompía los lazos de compadrazgo y de amistad
asentados en la comunidad vecinal. Hemos podido observar
también cómo algunos grupos de indígenas se han opuesto a la
penetración de la educación formal, porque sienten que la escuela
atenta contra la integridad cultural de sus hijos. También nos
hemos percatado de que algunas comunidades campesinas y
suburbanas han rechazado, incluso con manifestaciones violentas, muchas de las campañas de vacunación que forman parte de
los programas de medicina preventiva, ya que existen mitos
relativos a los efectos secundarios producidos por tales vacunas.

Por otra parte. el desarrollo debe ser autogenerado, no
impuesto. Cuando nos referimos al desarrollo de la comunidad
hemos visto como. de manera lamentable. en muchos países se
ha considerado que éste implica el conjunto de acciones que se
realizan para promover una vida mejor, aunque no exista participación activa ni iniciativa de los miembros de la comunidad que

De acuerdo con Batten (1969), cuando una organización
trata de promover un tipo de desarrollo que sea elegido y emprendido libremente por las comunidades, su tarea fundamental consiste en interesar a las comunidades y en despertar su actividad,
haciendo que se desarrollen a sí mismas, que encuentren o elijan
sus fines, que realicen y ejecuten sus planes. En este sentido la

�12

organización no debe tener fines prefijados y específicos propios,
y le importa menos enseñar e instruir a la gente que ayudarla a
aprender.
Desgraciadamente, con frecuencia la participación de la
comunidad en un proyecto de desarrollo significa lograr que esa
gente haga lo que nosotros decidamos. En vez de ayudar a los
miembros de las comunidades a ser más autosuficientes, muchos
programas de salud y desarrollo acaban por aumentar la dependencia de los pobres respecto de los servicios, de la ayuda y de
la autoridad exterior (Werner y Bowen, 1984).
No obstante, en la práctica, el desarrollo no siempre puede
ser autogestado. Aunque sabemos que las pequeñas comunidades pueden en ocasiones adaptarse por sí mismas al cambio y
mejorar las condiciones de vida sin la participación de agencias
externas, lo cierto es que en la actualidad la mayoría de las
comunidades requieren ayuda del exterior para poder ajustarse a
los violentos cambios que ocurren a su alrededor y para poder
integrar las innovaciones que pueden proporcionarles un mayor
bienestar. En estos casos se hace necesario un cambio dirigido,
el cual puede, de todas formas, rescatar los requerimientos de la
comunidad e integrarlos dentro de un proceso de desarrollo
participativo.
Es bien conocido el hecho de que muchas comunidades
marginadas viven aún en estrecha armonía con la tradición y no
son "progresitas" de acuerdo con las pautas modernas definidas
por las culturas metropolitanas. Otras, en cambio, están demasiado aisladas del mundo exterior, o simplemente están aferradas
a normas, valores y creencias y se resisten al cambio. De cualquier
manera, es indudable que cuando se diseña un programa de
desarrollo comunitario, de alguna forma existe un cierto grado de
intromisión en la vida cultural del grupo. Así, aunque las intenciones de las agencias promotoras del desarrollo sean buenas
-como generalmente lo son- provocan cambios que habitualmente generan nuevos problemas y perturban la forma tradicional
de vida de los pobladores. Las pautas de conducta tienden a
hacerse inciertas, el sentido de pertenencia se debilita y la comunidad tiende a segmentarse y desintegrarse. Los efectos de esto

13

pueden mostrarse de varias maneras; en un incremento de los
crímenes; en una resistencia a las formas tradicionales de autoridad; en una desintegración familiar y desorganización de la
familia; en un aumento de pleitos; en un movimiento migratorio
hacia las ciudades, e incluso perplejidad y apatía. La preponderancia de tales síntomas indeseables nos han hecho advertir que
fomentar el desarrollo material es abordar sólo una parte del
problema de la comunidad. Es igualmente importante asegurar
que el sentido o el espíritu de la comunidad no sea destruído
(Batten, 1969).
El gran riesgo consiste entonces en que la intervención de
una institución externa puede propiciar el desgarramiento cultural,
la desintegración, la anarquía y la apatía.
Sin embargo, no se puede dejar a las comunidades marginadas y no intervenir arguyendo que de esa manera se les
protege contra los peligros descitos anteriormente. De hecho,
cada vez más, en los países en vías de desarrollo, las diferentes
comunidades, aún las más aisladas, se ven amanazadas por el
inevitable contacto con el modernismo centralista e impersonal
de la metrópoli. Aunque no existan programas de intervención,
dichas comunidades se ven expuestas tarde o temprano al impacto brutal del modernismo y del progreso tecnológico. que si bien
es cierto que no siempre constituye la mejor alternativa para el
bienestar de la comunidad, sí tiene una poderosa fuerza de
atracción y de penetración que va envolviendo rápidamente a las
culturas locales, dislocando de esta manera sus patrones de
comportamiento sus normas y valores. Podemos entonces concluir que aquellos que se inclinan por no intervenir para así dejar
"intactas" las culturas de las diversas comunidades, se equivocan,
puesto que el contacto con el mundo urbano moderno es cada
vez más invevitable.
Sería absurdo pretender dejar de lado los diversos programas de salud pública, de educación, de irrigación. etc .. a pesar
de los riesgos antes descritos. Pero es importa nte. además de
contribuir a introducir nuevos métodos y conocimientos, ayudar
a adaptar su forma de vida a los nuevos cambios y planear dichos
cambios para que sean coherentes con lus necesidades y expcc-

�14

tativas de los integrantes de la comunidad. La acción de intervención debe consistir entonces en despertarem la población la
conciencia del desarrollo, para que comprenda la necesidad y la
posibilidad de mejorar sus condiciones de vida por su propia
iniciativa, su acción organizada y su participación activa en los
programas de desarrollo. Unicamente cuando se logra establecer
un acuerdo entre las metas de la lnstitUción y los fines de las
gentes de las comunidades se pueden esperar resultados exitosos.

15

El pudor, el temor al que dirán, al esposo, a los parientes, el
recelo de la libertad sexual que puede proporcionar la anticoncepción, son resistencias muy fuertes. Aunque a veces las personas parecen haber superado estos sentimientos, la verdad es
que en el fondo existe con frecuencia un sentimiento de culpa que
se transforma en complejo desintegrador del equilibrio interior
(Leñero, 1979).

A pesar de todo, podemos afirmar que el cambio no siempre
parece amenazador para la gente marginada. Pero aún en estos
casos pueden existir dificultades. En ocasiones, la gente puede
comprender los beneficios de un programa de desarrollo, pero el
beneficio logrado con frecuencia es excedido por desventajas que
la Institución no había previsto.

No podemos negar el hecho de que la gente de las comunidades, aún de aquellas que se encuentran más marginadas,
tienen mucho interés en su propio bienestar y son estrictamente
racionales dentro de los límites de su comprensión y de su
experiencia.. Cuando rechazan los cambios· sugeridos por las
agencias externas, es porque consideran sus propios problemas
desde un punto de vista diferente; y éste es el punto de vista que
debe considerar el promotor.

Por ejemplo, aunque la introducción de la educación formal
sea bien acogida en algunas comunidades rurales aisladas. con
frecuencia genera en los jóvenes afectados por la instrucción el
deseo de partir hacia las urbes en busca de trabajos asalariados,
lo cual propicia la desintegración comunitaria. Otro caso podría
ser la introducción de la electricidad y de los medios de comunicación de masas los cuales "corrompen" el modo tradicional de
vida, modificando los patrones de comportamiento y los valores,
contraponiendo las espectativas de vida tradicional a las aspiraciones de confort modernas.

Uno de los más importantes factores de resistencia al cambio
consiste en que las comunidades marginadas tienen miedo de
arriesgarse: carecen de reservas para superar el fracaso, sienten
amenazado su sentimiento de pertenencia, saben que sólo pueden vivir haciendo lo que hacen y necesitan estar muy seguros
antes de obrar de otra manera. Después de todo, son ellos quienes
sufrirán si la Institución sugiere algo erróneo. Por esta razón es
muy importante que la Institución promotora del desarrollo demuestre a la gente que el cambio sugerido es digno de confianza
y que no existen riesgos si se lleva a cabo.

En los Programas de planificación familiar, por ejemplo, a
pesar de que tradicionalmente muchas comunidades marginadas
han manifestado tener valores de carácter fundamentalmente
pronatalista, cada día es mayor el número de mujeres que han
decidido aceptar la contracepción. Ahora bien, la planificación
familiar tiene, para la población de clases populares, una ingerencia directa en los valores del sexo, y la gente siente que atenta
contra el equilibrio existente en la vida tradicional familiar y que
rompe o pone en peligro la integridad del proceso natural y de la
dependencia femenina (Leñero, 1979). De tal suerte. incluso para
la gente que ha decidido reducir y/o espaciar los nacimientos, la
planificación familiar no deja de tener un sentido conflictivo.

Uno de los principales problemas que enfrentan los organismos promotores del desarrollo, se refiere a que, por regla general,
sus esfuerzos están dirigidos por expertos, los cuales no siempre
están familiarizados con las culturas locales de los pueblos en los
que desempeñan su actividad. Además, dichos organismos pretenden alcanzar metas específicas en el menor tiempo posible, lo
cual frecuentemente se convierte en un obstáculo. En una conferencia sobre asistencia técnica a los países Asiáticos, todos los
representantes de la zona Suroeste, del territorio sentían:
... que buena parte de la asistencia técnica suministrada por
varias organizaciones durante los últimos años había sido,
por lo menos, ineficaz y, a menudo, positivamente dañina,

�17

16

e!

porque se basaba en la exportación, des~e
&lt;?este, de
material y técnicas destinadas a producir rap1damen!e
resultados mensurables y la dirigían "expertos" mas
familiarizados con las técnicas que sensibles a las
situaciones ... , expertos que conocían las respuestas antes
de darse cuenta de que allí no servían para nada. (Wilson,
citado por Batten, 1969).

.,'

Se hace pues indispensable que la gente que participa en los
programas de desarrollo comunitario se familiarice con la cultura
local para que logre detectar las sutilezas subyacentes de los
valores, pautas, normas, creencias e ideas que regulan la vida
cotidiana de la comunidad. Además es preciso ser paciente, pues
si se precipitan las acciones se incurre en graves riesgos que
pueden afectar no sólo al programa sino a la comunidad en su
conjunto. Aunque los procesos sean lentos y aunque en un
principio la Organización se enfrente a la dificultad de evaluar los
resultados concretos, se debe lograr el contacto con las comunidades, la aceptación de los promotores, la comprensión de la
gente respecto del programa, la evaluación de las necesidades
locales y la orientación hacia el cambio.
Una vez que existan las condiciones necesarias para la
participación comunitaria en el proceso de desarrollo, entonces
se hace preciso que existan acciones y respuestas rápidas, concretas y mensurables, con el fin de retroalimentar el entusiasmo
de la gente y su compromiso de participación voluntaria.
Ahora bien, para definir estrategias específicas relativas al
desarrollo de la comunidad y a la motivación para la participación
activa de sus miembros en el proyecto de desarrollo, es necesario
considerar diversos factores, sin los cuales todo esfuerzo será
improductivo.
Uno de estos factores se refiere al tipo de comunidad que es
objeto de un programa. Obviamente que las estrategias deberán
ser diferentes si se trata de una comunidad pequeña o de una
grande. También es importante saber si el programa en cuestión
está dirigido a comunidades rurales, urbanas o suburbanas. Además existe una gran diferencia si la comunidad está predominantemente compuesta de población indígena o si se trata de una

población mestizada. Por otra parte, entre las mismas comunidades indígenas o mestizas existen diferencias, según la región, la
raza, el grado de cohesión, la presencia de ciertos grupos de
poder, etc. Leñero (1977) ha propuesto una tipología de subculturas que puede ser muy útil para la formulación de programas de
participación comunitaria.
A este respecto, sabemos que existen comunidades con
diferentes grados de organización y cohesión interna. Podemos
suponer que las comunidades rurales más estables y asiladas
están más integradas y tienen un mayor sentimiento de pertenencia. Sin embargo, los acelerados procesos de urbanización y
modernización afectan a un número cada vez mayor de comunidades, con su impacto desintegrador. Las comunidads urbanas
crecen en un clima de vecindario que rara vez logra generar un
sentimiento de pertenencia, tan escencial para la participación y
colaboración vecinales. Por otra parte, se crean comunidades
suburbanas, muchas de las cuales no son sino zonas de transición
entre lo rural y lo urbano, en las cuales conviven gentes que
proceden de diversas regiones y que por lo mismo no tienen en
común muchos aspectos de vida cotidiana ni comparten tradiciones comunes.
En estas comunidades desorganizadas es mucho más difícil
lograr el desarrollo de proyectos que reclamen la participación
voluntaria de las gentes. Para lograr desarrollar proyectos exitosos, es necesario que se genere un cierto sentimiento comunitario, y quizá la forma más adecuada para esto consiste en
promover la formación de grupos de personas con intereses
afines, aunque dichos intereses no estén relacionados d irectamente con los programas específicos que se desea realizar.
Es importante añadir que cuando se pretende propiciar un
cambio dirigido en una comunidad, es de gran utilidad detectar a
los líderes, tanto formales como informales, así como a los grupos
ya existentes. En las primeras etapas de un proyecto, si se logra
convencer a los líderes acerca de los beneficios del programa, es
muy probable que ejerzan su influencia sobre la demás geI1te para
motivarlos a la participación. Por otra parte. los programas que
pretendan hacer participar a los miembros de una comunidad.

�19

18

deben trabajar con grupos, más que con individuos aislados o
multitudes desorganizadas.
En cuanto al programa mismo, sabemos que el contenido
de éste determina desde el principio un cierto grado de rechazo
o de aceptación, que exige para cada caso estrategias particulares de intervención. Es posible que un nuevo programa de
irrigación tenga a priori una mayor proporción de actitudes favorables que un programa de salud pública o que uno enfocado hacia
la participación social de las mujeres.
También se debe tomar en cuenta que no es prudente
estimular más proyectos que los que se puedan cumplir eficazmente, pues de otra manera el entusiasmo de la comunidad se
puede enfriar. Si no se cumplen los planes, ya sea porque estos
eran muy ambiciosos o por ineficacia de la institución, la gente de
la comunidad se sentirá defraudada y difícilmente volverá a cooperar en éste o cualquier otro proyecto que se desee implementar.
Es necesario considerar al mismo tiempo, que cuando los
proyectos de desarrollo se basan en dádivas, éstas no reemplazan
el tiempo de un trabajador hábil y entregado. Dice Batten (1969)
que en realidad estimulan un tipo de mendicidad de la comunidad
que puede destruir la valiosa característica de auto-ayuda. La
función más importante del trabajador de la institución consiste
en ayudar a las comunidades a sacar adelante sus proyectos en
la forma más pertinente a sus necesidades y recursos, lo cual
proporcionará la mayor satisfacción a la comunidad. Este es
esencialmente un proceso educativo; y tiempo, más que dinero,
es lo que se necesita para realizarlo.
Sobra decir que el éxito o el fracaso de una institución que
trata de implementar un programa de desarrollo dependerá fundamentalmente de la actitud favorable o desfavorable que la
comunidad tenga frente a la institución y al programa.

La gente tendrá tendencia a basar su opinión en su experiencia respecto a esta institución u otra similar. o en rumores que
provienen de otras comunidades. Si la opinión es d esfavorable. la
agencia tendrá mucha dificultad en promover el programa propuesto y en obtener la participación voluntaria de la gente.

Después, la comunidad confirmará su actitud original o la
modificará, de acuerdo con lo que haga la institución. De esta
manera todo dependerá de las estrategias de la organización y de
la personalidad, posición relativa y técnicas de los trabajadores
que llevan a cabo el proyecto. En ésto, los trabajadores foráneos
están en grave desventaja, puesto que pertenecen a una cultura
diferente y sus ideas y costumbres difieren de las de la gente entre
la cual trabajan. Tienen mucho que aprender antes de lograr
efectividad en su trabajo. Por esto es necesario que la organización seleccione y entrene cuidadosamente a sus trabajadores,
enseñándoles el cimentar contactos amistosos e informales antes
de iniciar cualquier trabajo específico (Batten-, 1969).
En realidad, sólo cuando la comunidad llega a ver a los
trabajadores como personas amistosas que trabajan en su interés
pueden éstas realmente comenzar a funcionar con éxito.
Tomando en cuenta todo lo hasta aquí presentado, podemos
afirmar que en un proyecto de desarrollo comunitario «la finalidad
no es tanto cumplir o realizar los proyectos comunales que
mejorarán las condiciones de vida de la gente. sino ayudarla a
aprender la manera de vivir y trabajar junta, lo cual debe aplicarse
en cualquier tiempo a cualquier problema que afecte su vida
comunal» (Batten, 1969; p. 61-62).

Estrategias.
Recopilación de información.
Antes de iniciar un programa de esta naturaleza, es necesario
contar con una cantidad suficiente de información acerca de las
características socioculturales, económicas e incluso geográficas
de la comunidad. Todo esto hace indispensable que exista un
proceso de investigación de campo. No obstante, no nos referimos aquí a una investigación formal ni demasiado técnica, sino
que se trata fundamentalmente de un acercamiento a la comunidad haciendo uso de la obseNación participativa, de charlas
informales, de convivencia cotidiana, para obtener información
que permita al promotor:

�20

21

a) Conocer las características de la región, es decir, conocer
el contexto situacional.
b) Elaborar un diagnóstico de la problemática de la comunidad
y de sus necesidades específicas en relación con el proyecto
que se pretende desarrollar.

- ¿cuáles son los elementos de la m~i~ina tradicio,:ial _q¡ue
pueden ser rescatados y cuáles son practicas que per¡ud1éan
su salud?
- ¿Existen hierberos, hueseras, curanderos y parteras empíricas?

c) Determinar si existe compatibilidad entre los objetivos del
programa y los de la comunidad.

- ¿Qué obras sanitarias son las más importantes de acuerdo a
la percepción de la comunidad?

d) Detectar a los grupos existentes, sean estos formales o
informales (grupos de padres, consejos municipales, grupos
de jóvenes, de amistad, etc.).

- ¿Cuáles son los problemas de salud que más inquietan a la
gente?

e) Detectar a los líderes de la comunidad (personas con mayor
prestigio o autoridad).

- ¿Qué opina la gente del control de _I~ na!~lidad ~ _en general
de los diversos aspectos de la plamf1cac10~ familiar: Jfecundidad de los adolescentes, valor e importancia de los h1¡os, los
hijos no deseados, etc.)?

f) Evaluar la motivación y la capacidad de cambio de las gentes
de la comunidad, así como las fuerzas que se oponen al
cambio.
Si bien puede argumentarse que de esta manera la información obtenida es poco sistemática y la evaluación un tanto subjetiva, lo que resulta verdaderamente importante es que el promotor
institucional se sensibilice ante la situación que lo rodea y que
"aprenda" de la comunidad para que su trabajo sea efectivo y
responda en lo fundamental a los requerimientos auténticos de la
gente.
Dentro de este contexto, aunque el volumen de información
que se debe captar es flexible y debe responder a circunstancias
específicas, se sugiere que el promotor ponga su atención en :
- ¿cuáles son las condiciones de higiene y los hábitos de la
gente?
- ¿Cuáles son las condiciones de nutrición en cuanto a hábitos,
información y disponibilidad real de consumo de alimentos?
- ¿cuáles son las enfermedades más frecuentes?
- ¿cuáles son las principales causas de mortalidad?
- ¿Qué hace la población para abordar los problemas de
salud?
- Si existen elementos de medicina tradicional, ¿cuál es la
actitud de la gente frente a éstos y en relación con la medicina
moderna?

- ¿Existe entre los pobladores realmente la necesidad de
reducir el tamaño de la familia?
_¿Qué piensa la gente de los servicios de salud?
- ¿Qué tanto se conoce la gente y qué tanto conviven entre los
vecinos?
- ¿Existe motivación para el trabajo cooperativo en beneficio
de la comunidad?
- ¿Existen grupos formales e informales en el seno de la
comunidad? lCuáles?
- ¿Quiénes son las personas a quienes se les reconoce ci_erta
autoridad o que al menos merecen el res~eto, aprecio y
admiración por parte de la gente de la comunidad?
- ¿Existen fuertes problemas de alcoholismo y_drogadicción?
Obviamente que esta lista no es exhaustiva, pero corresponde a cada promotor determinar cuáles son las cuestiones más
importantes sobre las que debe captar información para poder
iniciar y desarrollar su trabajo en la comunidad.
Es importante señalar que el aprendizaje que se obtiene de
la comunidad no se efectúa únicamente en esta primera etapa. De
hecho es un proceso continuo y el promotor aprende tod os los
días cosas nueva s acerca de la gente, de sus costumbres y de su
situación.

�23

22

Motivación.
Como dijimos anteriormente, si no existe en la gente la
motivación suficiente para que se implique de manera consciente
y voluntaria en los programas de desarrollo, cualquier esfuerzo
que se realice en este sentido será completamente improductivo.
En este sentido, la principal labor del promotor será la de fomentar
en la comunidad la motivación para la participación, el sentimiento
de auto-responsabilidad y el espíritu de cooperación comunitaria.
Aunque no es el objetivo del presente trabajo el abordar
técnicas específicas para lograr la motivación de grupos. creemos
que puede ser útil sugerir a los promotores que tomen en cuenta
algunos aspectos que pueden ayudarles:

- la gente debe tener interés en el proyecto. Por esto es que
hemos dicho que es muy importante que sean ellos quienes
definan sus inquietudes y lo que quieren. Poco a poco se
puede dar mayor información para que se vayan sensibilizando a otros aspectos de salud que en un principio no habían
sido tomados en cuenta.

·.l:¡:i
1
1

,1

!

::

- la gente debe sentir que los proyectos son realizables y que
tiene capacidad de hacerlo. El promotor puede contribuir a
desarrollar la confianza de la gente en ella misma y a que
sientan que lo que un individuo solo no puede hacer, un grupo
coordinado sí lo puede lograr. En este sentido el promotor
debe procurar que los proyectos no sean demasiado ambiciosos en un principio para que puedan existir resultados
tangibles que retroalimenten el entusiasmo. Si no es así. se
puede fomentar la frustración y la apatía.
- El promotor debe estar muy cerca de la gente. Debe ser visto
como amigo más que como instructor para que la comunidad
sienta un verdadero apoyo. Debe responder a las inquietudes
en el momento preciso y brindar su asesoría. Así, debe ser
aceptado por la gente como un miembro más de la comunidad, para lo cual sus actitudes deben ser compatibles con
las normas y valores predominantes. En algunas comunidades
la gente puede rechazar a jóvenes que utilicen el cabello muy
largo o a mujeres que usen pantalones y fumen. Es necesario
ser muy perceptivo y aprender de la comunidad para poder
integrarse a ella.
• Es preciso que el estímulo sea constante. Se debe mantener
informada a la comunidad sobre los avances del programa y
se debe reconocer públicamente a la gente que participe
activamente. Los miembros de la comunidad necesitan sentir

que su trabajo es útil para ellos mismos y para los demás y se
sienten estimulados si se les otorga el crédito de su labor.

Comités de salud, auxiliares y promotores voluntarios.
La estrategia más específica para hacer operativa la participación comunitaria en los problemas de salud, consiste en la
creación de Comités de Salud, los cuales están formados por
miembros de la comunidad elegidos libre y democráticamente
para que sean verdaderamente representativos. Estos comités
deben participar en todas las etapas del proyecto: planeación.
ejecución y evaluación de los programas esp•ecíficos.
Las funciones generales de estos comités pueden ser las
siguientes:
- Representar los intereses de la comunidad en materia de
salud y actuar como grupo de enlace entre la comunidad y sus
autoridades civiles.
-Analizar, conjuntamente con el personal de salud, los problemas y necesidades relacionados con la salud de la población
y sus posibles soluciones.
- Promover y gestionar la obtención de recursos, tanto de la
propia comunidad, como de organismos y dependencias oficiales y privadas, para la realización de obras y prestación de
servicios relacionados con la promoción, protección y recuperación de la salud de la población y que favorezcan el
desarrollo integral de la comunidad.
- Promover la participación activa y organizada de la comunidad en los programas y servicios de la salud y de mejoramiento de las condiciones de vida de la población.
El promotor institucional deberá fomentar la creación del
comité de salud, o en caso de que éste ya exista, darle su contínuo
apoyo y asesoría.
Como elemento estratégico para lograr la plena cobertura
de los servicios de salud estatales en el medio rural, se incluye la
participación de elementos voluntarios que, emanados de la propia comunidad y apoyados por el comité, desempeñen actividades de atención a la salud, simples y acordes a su nivel educativo,
en vinculación con el equipo de salud; estos recursos son los

�25

24

auxiliares de salud y los promotores sociales voluntarios, cuyos
perfiles y caracterización operativos se describen a continuación:

Auxiliar de salud: Constituye el elemento de vinculación
entre las localidades rurales sin médico y la unidad de salud. Debe
ser electo en asamblea general y recibir un curso de capacitación
sanitaria; generalmente, debe desarrolíar sus actividades en su
propio domicilio o en algún local prestado por la comunidad o en
la casa de salud existente y a través de visitas domiciliares.
Debe realizar las siguientes funciones:
- Participar en la elaboración del diagnóstico de salud, así
como en su programa local y en las acciones de vigilancia
epidemiológica y fomento sanitario.
- Promover los servicios de salud, las acciones de planificación
familiar, de educación para la salud, de orientación nutricional
y de saneamiento básico.
- Detectar y canalizar a las usuarias que requieran servicios de
salud a la unidad que les corresponda y manejar un botiquín
básico de carácter preventivo.
- Recibir asesoría y capacitación continua por parte del médico
de la unidad de salud que le corresponda, y del promotor de
salud jurisdiccional durante las visitas de este último a las
comunidades.

Promotor social voluntario: Es una persona residente en la
localidad, que depende funcionalmente del responsable de la
unidad de salud y de los auxiliares de salud. Controla familias
incluyendo a la propia.
Para la realización de sus actividades, debe recibir asesoría
del equipo de salud y sus funciones son las siguientes:
- Participar en el desarrollo de acciones específicas para el
diagnóstico de la salud.
- Promover la participación en actividades de acción comunitaria, en programas preventivos y de planificación familiar.
- Visitar periódicamente a las familias, derivando casos a la
unidad de salud correspondiente.

Recursos tradicionales de la comunidad: Paralelamente a
la integración de estos dos personajes, se prevée un proceso de

acercamiento y coordinación con los recursos de la medicina
tradicional. Para la funcionalidad de este sistema, debe utilizarse
la participación de estos recursos: parteras empíricas adiestradas
y no adiestradas, hueseras, curanderos y otros, aprovechando su
estrecha vinculación con la comunidad. En la medida de las
posibilidades, se tratará de que las parteras y los otros recursos
puedan fungir como auxiliares de salud o promotores voluntarios.

Lo que se espera de la comunidad.
En términos generales, se pretende que a través de su propia
organización y de los recursos humanos voluntarios, la comunidad pueda hacer:
- Un diagnóstico de la situación de la salud de la localidad y
de los problemas que les inquietan y les parecen más urgentes.

- La proposición de alternativas de solución a sus problemas
de salud.
- Un programa de acción concreta, apoyado por los miembros
del equipo de salud.
Si bien es cierto que es la comunidad la que debe definir sus
problemas y los mecanismos para enfrentarlos, los miembros del
equipo de salud pueden sugerir algunas acciones que tiendan a
propiciar la elevación del nivel de salud. Algunas de estas sugerencias podrían referirse a:
- El cuidado y protección de las fuentes de abastecimiento de
agua para consumo humano.

- La localización y reporte de deterioros en el sistema de
distribución de agua potable.

- La colaboración en la construcción y rehabilitación de fuentes
de abastecimiento de agua.
·
- La vigilancia de uso correcto de las instalaciones sanitarias.
- La introducción de drenaje.
- La construcción de letrinas y de fosas sépticas.
- La vigilancia del sistema local de recolección de basura.
· La localización de sitios para relleno sanitario.

�27

26
- La utilización de recipientes cubiertos para el depósito de
basura.

Leñero, L. {1977) Sociocuftura y población en México, México,
Edicol.

- El aseo, desinfección y conservación de las viviendas y

Leñero, L. (1979) Valores ideológicos y las políticas de población

edificios.

en México, México, Edicol.

- La vigilancia e identificación de deterioros en el sistema de
descarga de aguas negras.

Leñero, L. y J. Trueba (1972) Desarrollo social. La participación
del pueblo en el desarrollo, México, Instituto Mexicano de Estudios Sociales, A.C.

- La localización y el reporte de contaminación por desechos
industriales.
- La distribución de raciones alimenticias.
- Contribución a la atención de problemas de nutrición de los
niños, embarazadas y madres en períodos de lactancia.

Moreno, M. (1981) La organización política y social de los aztecas, México, Secretaría de la Reforma Agraria. Centro de Estudios- Históricos del Agrarismo en México.
Lippit, R., J. Watson y B. Westley (1958) La dinámica del cambio

- Asistencia, por lo menos una vez al año, al servicio de salud
para ta detección oportuna de enfermedades.

planificado, Buenos Aires, Amorrortu.

- Colaboración en el desarrollo de actividades de vacunación.

con el Estado Mexicano", Exposición en el local de la CNC el 29
de mayo de 1985, con motivo del 502 aniversario de la CNC.

- Identificación y reporte de enfermos a los servicios de salud,
primordialmente cuando se trate de padecimientos transmisibles.
- Participación en la localización y obtención de terrenos para
obras de beneficio social.
- Colaboración en la construcción, remodelación y mantenimiento de la unidad de salud.
- Colaboración y participación en la capacitación en aspectos
de educación para la salud.
- Detección y reporte a las autoridades de salud de personas
con problemas sociales, como huérfanos, minusválidos, alcohólicos, drogadictos, indigentes. enfermos mentales. etc.
- Colaboración en la rehabilitación y readaptación de las
personas con problemas médico sociales.
- Otras actividades que coadyuven a la elevación de su nivel
de salud.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Batten, T.R. {1969) Las comunidades y su desarrollo, México.
Fondo de cultura económica.

Salinas de Gortari, R. (1985) "La alianza revolucionaria de la CNC

Wilson, R. "Assenbly in Madras", Social Service, XXVI, 4. p. 168
(citado por Batten, T.R., op. cit., p. 31)

Werner, D. y B. Bowen (1984) Aprendiendo a promover la salud,
México, Centro de Estudios Educativos, A.C.

�29

«A Mí NO ME VA A PASAR». LAS ENFERMEDADES SE~UALMENTE TRANSMISIBLES Y LOS ADOLESCENTES
Centro Internacional de Fecundidad Adolescente
«No, muchachos, no son demasiado grandes para usar un condón. Hay marcas para todos. No es señal de que uno es fácil,
sino de que uno es inteligente».
-Miembro del Consejo de Adolescentes del CPO.

En los últimos 20 años la incidencia mundial de enfermedades de trasmisión sexual (ETS) entre los adolescentes ha aumentado considerablemente. Gonorrea, clamidia, sífilis, herpes,
verrugas genitales y VIH, el virus causante del SIDA, son las
enfermedades transmitidas sexualmente más frecuentes entre los
adolescentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa
que, mundialmente, todos los años uno de cada 20 adolescentes
contrae una enfermedad de este tipo. La OMS también informa
que un quinto de los que padecen de SIDA en el mundo tienen
alrededor de 20 años de edad, lo cual indica que, debido al largo
período de incubación, probablemente contrajeron el virus del
SIDA durante la adolescencia. Las estadísticas regionales revelan,
además, una alta incidencia de ETS entre los jóvenes:
* En Yurimanuas, Perú, 92 por ciento de los varones de escuelas
secundarias entrevistados han tenido relaciones sexuales, y 23
por ciento de estos jóvenes se han infectado con una ETS, según
un estudio realizado en 1989.

* Estudios realizados en Africa Central han revelado que en
algunas comunidades hasta un tercio de las mujeres en edad fértil
son estériles y que en 80 por ciento de los casos la esterilidad se
debe a ETS.
* En un dispensario de planificación familiar de Nueva Zelandia,
40 por ciento de las mujeres con infecciones de clamidia tenían

Tomado de: Reflexión juvenil, Vol. 11 n2 1, julio de 1991 , publicación del
Centro Internacional de Fecundidad adolescente, del Center for Population
Options.

�31

30

menos de 20 años de edad.

* Todos los años 2,5 millones de adolescente se infectan con una
ET$ en los Estados Unidos; este número representa aproximadamente uno de cada seis adolescentes sexualmel'lte activos y un
quinto de los casos de ETS en el ámbito nacional.
Pese a estas alarmantes estadísticas, existen varios obstáculos que impiden el control de estas enfermedades entre los
adolescentes. Algunos de estos obstáculos son: 1) los adolescentes se niegan a aceptar que pueden contraer una ETS y de allí que
continúen los tipos de comportamiento que entrañan alto riego;
2) el hecho de que algunas ETS son asintomáticas y que los
jóvenes por lo común no saben cómo reconocerlas cuando hay
síntomas. y 3) el temor de que los adultos les hagan reproches
suele ser causa de que los adolescentes no hagan preguntas ni
busquen ayuda.

lPor qué los jóvenes son especialmente vulnerables a las
ETS?
Ciertas prácticas culturales pueden contribuir a la alta incidencia de ETS, incluido el VIH, entre los adolescentes. En países
latinoamericanos como Guatemala y Ecuador, algunos muchachos corren mayor riesgo de contraer el VIH y otras infecciones
de ETS porque por lo común tienen la primera experiencia sexual
con una prostituta. Se considera que las jóvenes, a las que se insta
a ser sexualmente pasivas, son infieles si sugieren que el compañero use un condón.
En muchas partes de Africa la práctica de la circuncisión
femenina también contribuye al alto riesgo de infección por VIH
entre las jóvenes debido a la formación de tejido cicatriza! con
tendencia a sangrar durante el acto sexual, lo cual facilita la
infección por VIH. Según Faith Ekwempu, Jefa Auxiliar de Enfermería de la Universidad Ahmadu Bello. de Nigeria, las jóvenes de
esa parte del mundo también corren gran riesgo de infectarse con
ETS, pues es frecuente que tengan relaciones con hombres ya
maduros que suelen creer que una ETS puede curarse si tienen
relaciones sexuales con una muchacha joven o una virgen.

En países asiáticos como Indonesia las cuestiones sex_uales
no se discuten todavía abiertamente pese a que la sociedad
reconoce y acepta la práctica de la prostitución por los jóve~?s
de ambos sexos. Los grupos religiosos se oponen a la promoc_1on
de los condones para prevenir las ETS porque creen que as, se
promueve la "libertad sexual".
Las jóvenes son especialmente susceptibles a las ETS también por otras razones de diversa índole. Mundialmente, las encuestas han mostrado que las jóvenes están generalmente menos
informadas que los varongw acerca de las ETS Y de la f~~ma de
prevenirlas. La anatomía cervical en desarrollo de las ¡ovenes
también contribuye a hacerlas más vulnerables que sus compañeros a las ETS.
Además de las complicaciones físicas derivadas de las ETS.
las consecuencias emocionales son más comunes entre las jóvenes. La abrumadora mayoría de muchachas infectadas con VIH
no saben que están infectadas. En la mayoría de los casos el
diagnóstico se hace durante el embarazo o el parto. Semejante
descubrimiento las sobresalta, temen que el bebé esté infectado
y se sienten culpables y afligidas por ser las causantes ?e ~~a
situación. Las ETS tienen un elemento adicional de hum1llac1on
para las jóvenes pues se las considera im~uras. mientras q~e en
el caso de los hombres indicarían potencia sexual. Los tabues Y
el profundo silencio en torno de esta cuestión compromete gravemente la salud de las jóvenes.

¿cuáles son los obstáculos que se oponen a la educación de
los adolescentes en materia de ETS?
Al educar a los adolescentes acerca de las ETS, los agentes
de salud deben combatir la idea que tienen aquellos de que son
invulnerables -el síndrome de "a mí no me va a pasar". Esta actitud
está reflejada en el continuo comportamiento de alto riesgo.
especialmente entre los adolescentes que están bien informa~~s
acerca de la forma en que se trasmite el VIH. Como dijera una rnna
del Reino Unido: «Es como el hábito de fumar. Uno mira un
cigarrillo y no lo conecta con el cáncer de pulmón .. . (el SIDA) es

�33

32

casi lo mismo; yo no relaciono la actividad sexual con la enfermedad». Un joven británico añadió: «Los medios de difusión y el
gobierno tratan de hacerlo parecer paor de lo que es para conseguir que dejemos de tener relaciones sexuales». Según el Dr.
Agbarakwe Cyriacus, educador de la juventud de Nigeria, en ese
país algunos jóvenes son de esa misma opinión y para ellos AIDS
(siglas del SIDA en inglés) quiere decir: América Intenta Desalen-

queda de alimento y de alojamiento suelen hacerles ignorar los
peligros aparentemente más lejanos de las ETS, rehuir los condones y oponerse a la advertencia de tener relaciones sexuales
de menor riesgo. Algunos tienen la actitud de que lo mejor para
ellos es morir cuanto antes.

tar el Sexo.

lCuáles son los métodos actualmente empleados para educar
a los adolescentes?

Otra estrategia para negar la propia vulnerabilidad es la falsa
creencia de que el SIDA afecta solo a grupos con los que el joven
no se identifica. como los homosexuales, los drogadictos y los
que practican la promiscuidad sexual. Mientras estén entre "amigos conocidos" y "buenos" muchachos y chicas, los adolescentes
se sienten seguros.

«El SIDA no es so/o un virus- Es aislamiento, soledad, rabia. Sé
lo que digo porque yo tengo el SIDA».
-Educador brasileño de la juventud.

Una complicación más que afecta el diagnóstico, el tratamiento y el control de las ETS entre los adolescentes es que los
jóvenes no se deciden a que se les examine para determinar si
tienen el VIH u otras ETS. Esto se debe al temor que sienten de
que se les pregunte acerca de sus prácticas sexuales y el uso
indebido de drogas y también de que se les encuentre que están
infectados con el VIH y de que la familia y los amigos los dejen de
lado.
Otro motivo de preocupación es la discriminación. Un joven
de Zambia cuenta cómo, en un ómnibus, uno de los pasajeros se
refirió a él como "ese portador de SIDA", nadie quiso sentarse a
su lado y el conductor del ómnibus le cobró por su asiento y por
el asiento desocupado al lado suyo.
Muchos jóvenes que viven y trabajan en la calle suelen
dedicarse a las actividades sexuales para ganarse la vida como
reemplazo de la intimidad y calor que con frecuencia faltan en las
relaciones familiares. La falta de estimación de sí mismo, la desesperanza y ciertas necesidades más apremiantes como la bús-

Pese a los obstáculos (resistencia al uso de condones, falta
de apoyo político y escases de materiales) se están desarrollando
mundialmente una variedad de programas para educar a los
adolescentes acerca de los riesgos de las ETS, incluido el VIH.
Las intervenciones que han dado mejor resultado son aquellas en
las que los mismos jóvenes ed u_can a sus compañeros con progra.
mas en los que participan personas con SIDA.
.
Una reciente evaluación de los programas de enseñanza del
SIDA en los Estados Unidos reveló que los jóvenes que actúan de
consejeros de sus compañeros produjeron los mayores cambios
de actitud relacionada con la percepción de los adolescentes del
riesgo personal de infección por VIH, así como los mayores
cambios de comportamiento para ayudar a prevenir la trasmisión.
Estos jóvenes educadores pueden ser modelos ejemplares de lo
que es una conducta sana y permitirse al mismo tiempo la fran queza y familiaridad encontradas sólamente entre los mismos
jóvenes.

La gente tiende a sentirse más vulnerable a las ETS cuando
conoce a alguien que las ha padecido. Debido al largo período de
incubación del VIH, no es muy probable que los adolescentes
vean a compañeros con SIDA. Pero un método que está dando
resultados positivos es el de reunir gente joven con enfermos de
SIDA. Como muchos jóvenes creen que el SIDA es un monstruo
sin rostro y sin piedad, Robert Mugemana, de Kenya, viaja a través
de toda Africa para «darle al SIDA un rostro humano, una forma
con la que [los adolescentes] puedan relacionarse». Mugemana
explica que cuando está frente a un auditorio juvenil y les cuenta
que él es VIH-positivo, «puede oírse caer un alfiler». En Brasil, los

�35

34
programas en que intervienen personas con SIDA como Pela Vida
(por la vida), dirigidos a los jóvenes de la calle, deben emplear un
método holístico en el que se tiene en cuenta la realidad de que
el miedo que inspira el VIH rivaliza con otras preocupaciones
como la falta de hogar, el hambre, la violencia y las drogas.
Otros métodos eficaces para enseñar a prevenir las ETS son:

Development, 1990: 1.

Ruth Dixon Mueller y Judith Wasserheit (1991 ), The Culture of
Silence: Reproductive Tract lnfections Among in the Third World,
lnternational Women's Health Coalition.
WorldAIDS (1991) «PWAs Confront Teen Denial», marzo 1991.
«Street Kids and AIDS» (AAH Newsletter, septiembre de 1990).

* Dirigirse a los hombres- En Swazilandia, el Proyecto Man Talk

Journal of Adolescent Health, Vol. 12, No. 1, enero de 1991.

(conversación entre hombres) está dedicado a enseñar a los
jóvenes a distribuir condones entre los hombres en las fábricas,
bares, clubes y barrios. En los Países Bajos se han abierto dispensarios para hombre y al mismo tiempo se trata de conseguir que
figuras masculinas conocidas (como entrenadores deportivos)
actúen de educadores.

«AIDS and Organized Younth», Way lnformation, Sep./Oct. de
1990.

* Vehículos de educación no tradicionales-

Planned Parenthood in Europe, Vol. 19, No. 1, abril de 1990.

Organización Mundial de la Salud (1989) The Health of Younth.
Organización Mundial de la Salud (1989) ; «Facts for action:

Los videos con
consejos para la "supervivencia sexual" destinados a los chicos
de la calle en Brasil, los grupos teatrales en Malasia y los partidos
de fútbol con distribución de condones en Guinea representan
métodos innovadores para educar a los jóvenes separados de la
familia y de la escuela.

OPS/OMS (1990), Reunión regional sobre intervenciones en el
comportamiento para la prevención de las ETS y el VIH/SIDA,
Kingston, Jamaica, Informe Final.

* Programas de ofrecimiento de condones- Pese a la oposición

enfermedades de trasmisión sexual.

de los padres y de la iglesia, instituciones tales como las escuelas
públicas de la ciudad de Nueva York y el gobierno de España han
optado últimamente por entregar condones gratis a los adolescentes sin pedir el consentimiento de los padres.

youth and sexually transmitted diseases», marzo de 1989.

Center for Population Options (1990), Los adolescentes y las
Center for Population Options (1990), El embarazo adolescente
y las ETS en América Latina y Africa.
Center for Population Options (1990) Hojas de datos sobre las
jóvenes y el SIDA.

lCuál es la clave del éxito de estas estrategias? Las opiniones difieren, pero todos concuerdan en la filosofía básica que pone
el acento en un ambiente franco y seguro para discutir las ideas
y sentimientos de los adolescentes y en el respeto por las modalidades de comportamiento que ellos elijan. En todos estos
métodos, el comportamiento sexual sin riesgo no se promueve
como vehículo de cuestiones morales ocultas. Por el contrario, la
responsabilidad por la salud de los jóvenes se pone en las manos
de estos junto con los medios para ayudarlos a poner en claro sus
valores y la capacidad para optar por el comportamiento que les
parezca más apropiado.
Referencias:

Elisabeth Reid (1'990) «Young Women and the VIH Epidemic»,

�37
LAS PANDILLAS JUVENILES A TRAVES DEL TIEMPO.
ROSTROS DIFERENTES: UN MISMO SIGNIFICADO

José Lorenzo Encinas Garza 1

En el presente trabajo analizaremos las diversas manifestaciones de las bandas juveniles, partiendo de los ejes analíticos
fijados por tiempo y espacio, ejes que permiten conocer generalmente el flujo continuo de manifestaciones juveniles en el tiempo.
Considero acertado volver a citar una idea personal vertida
anteriormente (Encinas, 1989): en la diacronía de la sociedad, las
bandas juveniles cumplen la función de salvar a sus miembros de
esa diversidad despersonalizante de significaciones. De tal modo,
las bandas juveniles serían un reordenamiento juvenil que responde a condiciones marginalizantes en las que los jóvenes, lejos
de convertirse en una masa informe, se consolidan como una
fuerza social capaz de trascender más allá de lo asignado, como
si se tratase de un eje continuo de manifestaciones o modos de
vida (no debe entenderse como modas) portadoras de mensajes
exclusivamente juveniles.
Los ejes continuos giraban alrededor de diferentes contenidos significantes, que recreaban lo juvenil y desdeñaban todo
aquello que no entraba dentro de su armonía significativa. A lo
largo de este artículo trataremos de irrumpir brevemente en la
diacronía de la sociedad con la finalidad de arrancar las manifestaciones juveniles perdidas en el tiempo, dado que lo juvenil es a
todas luces una realidad eminentemente histórica.
En el devenir histórico, los jóvenes han protagonizado un
sinnúmero de comportamientos colectivos, que habitualmente
rompen y cuestionan el sistema de eventos imperantes en la
normalidad de los contenidos fácticos que rigen las costumbres

1 Estudiante de la Maestría en Trabajo Social de la UANL.

�39

38

en todas las épocas.

La juventud es una realidad histórica, dado que los jóvenes
han existido, pero lamentablemente la juventud (propiamente
dicha) no posee una slgnificación concreta, salvo a la significación
que de sí mismo tienen los jóvenes, quienes al manifestarse de
este modo generan la necesidad de una disciplina y un proceso
de capacitación para su integración plena en el sistema de producción. Aquí es donde la escuela, como institución social, adquirió una fundamental importancia para la continuidad de las formas
elementales de la vida social.
Puede decirse que los primeros movimientos de protesta
juvenil ocurrieron en el período comprendido hacia la Edad Media.
Existen registros de algunos motines estudiantiles, como el de
1225 en que los estudiantes parisinos tomaron el Palacio Episcopal. Otro movimiento estudiantil . parisino, el de los enragés,
culminó en 1453, cuando éstos apalearon al Rey.
Como se comprenderá, los movimientos estudiantiles son
tan antiguos como la educación misma; sin embargo, tal vez el
mayor movimiento juvenil de la Edad Media fue protagonizado por
jóvenes campesinos y artesanos en el período comprendido entre
los años de 1202 y 1204. La cuarta cruzada agrupó en sus
contingentes a jóvenes no estudiantes, que dejaron sus hogares
y se reunieron en bandas para emprender el camino hacia Tierra
Santa. A los participantes en dicha cruzada se le denominó los
Pastoreaux, y conformaron el movimiento juvenil más auténtico
de la Edad Media: trataron de convertir a los arabes al cristianismo
utilizando las armas del amor y la amistad {Alba, 1981: p. 97).
Los procesos de industrialización desmembraron, desde su
base misma las viejas pautas de trabajo y producción; hicieron
inoperantes muchos de los oficios tradicionales y disminuyeron la
esperanza de un mejor futuro de los individuos consagrados a
actividades como la agricultura y la artesanía. El proceso de
industrialización lanzó a un camino incierto a algunos sectores
sociales, exponiéndolos a los mecanismos derivados de los mercados laborales que crearon situaciones de desempleo y subempleo como problema constante de la consolidación industrial.

El progreso social replanteó continuamente la aparición de
una gran diversidad de formas nuevas. Estos procesos alteraron
principalmente las formas tradicionales de convivencia social,
provocando tensión y alineamiento entre las generaciones; también propició diversas formas de delincuencia, crimen y vagancia,
conductas que tendieron a desarrollarse paralelamente a la desorganización de las pautas sociales de comportamiento.
T-odos estos procesos no sólo originaron diversos focos de
desorganización, sino que también aumentaron la mutua
interdependencia y los choques de los grupos y estratos
mayores.
(...) a medida que la industrialización y urbanización aumentaron !nev-it9.bl~mente el campo de esos conflictos entre los
Gifel°entEj!S grupos y clases, la extensión de la participación
reunió en la arena política a muchos nuevos con intereses
potencialmente encontrados. (Eisenstadt, 1968: 22).
Las divergencias entre los comportamientos sociales y los
modelos penales vigentes marcaron la pauta para la consagración
de las prisiones como organismos "aislantes", cuyo comportamiento interior generaba espacios sociales, espacios manifestados en forma de signos o discursos represivos que garantizaban
la total represión del individuo delincuente.
Lo que queda comprometido en la emergencia de la prisión
es la institucionalización del poder de castigar; o más
precisamente: el poder de castigar (lleva implícito) el objet1vo estratégico que él mismo se ha atribuido a fines del
siglo XVIII: la reducción de los ilegalismos populares
(Foucault, 1981 : p. 135).
La función disciplinaria, de hecho, no ha permanecido estática, ya que desde su anterior ha sido objeto de una evolución
constante; pero su característica constante radica en estrechar la
vigilancia con el fin inmediato de acentuar aún más su funcionalidad para el desarrollo armónico del proceso social.
A medida que el aparato de producción se va haciendo más
importante y más complejo, a medida que aumenta el
número de obreros y la división del trabajo. las tareas de
control se hacen más necesarias y más difíciles; vigilar para

�40

41

ser entonces una función definida, pero que debe formar
parte integrante del proceso de producción; debe acompañarlo en toda su duración (Foucault, 1981 :179).

!1
!

!

:.
...g
o .'
,.

:i

1

'
1

La consolidación del poder disciplinario es una de las grandes invenciones del siglo XVIII, dado que su extensión debe su
importancia a las nuevas mecánicas que lleva consigo; de tal
modo, el poder disciplinario se constituyó como un sistema integrado, ligado en su esencia misma a la economía y la política.
Bajo esas circunstancias no poseer una significación social concreta, o no desempeñar una función social, llevan por añadidura
el encasillamiento con el rubro categórico de la antisociabilidad.
La gravedad jurídica de los delitos cometidos por los jóvenes
-escribe Michel Foucault- alcanzaban, en 1736, castigos más
condenables por la ley (incluso superiores a las sanciones impuestas a los adultos) ya que los consideraban rateros, libertinos y
perezosos. Al parecer, en esa época conferían una total importancia al rigor punitivo más que a la sanción legal correspondiente al
acto cometido. Foucault, al revisar los anales criminológicos del
siglo pasado, retoma un ejemplo que ilustra la anterior significación de la delincuencia juvenil, la cua_lcondenaba la inactividad
social como sinónimo de delincuencia legalmente sancionada, y
a la disciplina por castigo corporal; aquí es donde nace, según
Foucault, el sistema carcelario para los jóvenes, ejemplificando en
la apertura oficial de Mettray:
Los jefes y subt-efes de Mettray no deben ser del todo ni
jueces, ni profesores, ni contramaestres, ni suboficiales, ni
padres, sino un poco de todo esto y con -un modo de
intervención que es específico; son en cierta medida, técnicos del comportamiento: ingenieros de la conducta, ortopedistas de la individualidad (Foucault, 1981 : 301) .
Los primeros informes sobre manifestaciones de las bandas
juveniles nos remontan al siglo XVIII; Phillippe Robert proporciona
una detallada descripción de las pandillas de Lille, Francia:
En el Siglo XVIII se encuentran ya verdaderas bandas
infantiles...
No siempre se trata de niños abandonados. Muchos de
ellos tienen familia, y aun cuando se reclutan todos en la

clase más pobre de la población, tienen, sin embargo,
padres que se esfuerzan por alimentarlos, a pesar de su
pobreza. Son maestros carpinteros, maestros vidrieros,
tejedores .... Hacen que sus hijos aprendan un oficio y tratan
de impedir que se entreguen a la vagancia .... a pesar de lo
cual, las condiciones deplorables de vida y, sobre todo, de
vivienda, impiden a los padres ejercer una atenta vigilancia
sobre sus hijos y un gran número de veces los lanzan a la
calle. Cuando han abandonado su empleo dos o tres veces,
no se atreven a volver a él y entonces la calle se convierte
para ellos en un lugar de reunión. La mayoría no son todavía
ladrones, pero entran en contacto con otros chicos y forman parte de unos grupos cuyos miembros son ya ladrones
y les enseñan a robar...
·
Como es natural, estos niños, entregados a ellos mismos
se sienten seducidos por los placeres que ofrece la call~
(...). Para gozar de ellos necesitan dinero(...). Con el dinero
que sacan de sus hurtos, van a la confitería a comprar
pasteles o pas de cheval, bagatelas, según su propia
expresión, golosinas, o bien van a jugar al billar.
Tienen con frecuencia nombres de guerra por ellos se
conocen; los había muy expresivos: "Cabeza de Muerto"
"El Mar Rojo", "Radelot", "Montarde", "Grosse Penche"'
"Guéridon", "laverdousse", "Ronflant", "Jesusito"... (Robert:
1969: 15).

El origen de las bandas juveniles se relacionó íntimanete con
la vagancia y con ciertos cuadros tipológicos correspondientes a
familias completamente desintegradas.

La vida de estos niños es tan desordenada que pasan con
frecuencia, en el espacio de unos días, de un relativo
desahogo a la más absoluta indigencia.. Así, durante el
buen tiempo, cuando la indigencia se deja sentir, acostumbran dormir en los barcos, bajo los arcos de los puentes, en los mercados, en barracas, en sótanos, debajo de
los coches, en los hipódromos, en los hornos de yeso; en
~n~ palabra, dondequiera que encuentran un refugio; en
invierno se guarecen en los más ínfimos lugares (Robert,
1969: 19).
La expansión del sistema capitalista propició un marcado

�42

43

desfase entre los poseedores del capital y aquellos que no lo
tenían y, como consecuencia de que los ciudadanos excluidos de
la riqueza del capital fueran el contingente mayoritario de vagabundos, mendigos, delincuentes, etc.; para estas masas descla-·
sadas, su incorporación inmediata al sistema productivo
constituía una gran hazaña. Hacia mediados del siglo XIX, las
conductas marcaron la pauta para la_creación de una serie de
instituciones encargadas de la educación de los que Adolfo Blanqui denomina:.
1

1

1

•

1
1

T~

·~
t

~

~
11

Una clase intertermedia entre la infancia y la virilidad, que
no tiene ni la ingenuidad de una, ni la madurez de la otra y
que será durante mucho tiempo, si no se toman precauciones, la base de reclutamiento de todos los perturbadores
del orden social (cit. por Danzelot, 1979: 738).
Los comportamientos juvenile~ y los procesos originadores
han asumido diferentes formas o modalidades de acción a lo largo
del tiempo, todo ello íntimamente relacionado con sus necesidades y conflictos específicos.
Las raíces de lo que fenoménicamente se conoce como
delincuencia juvenil, las encontramos en la rebeldía juvenil (manifestación social de la juventud); pero la delincuencia como tal
apareció en el siglo XVIII como rubro encasillador de aquello que
se aleja de la colectividad social, que ya no repetía los patrones
de vida impuestos generación tras generación ya el avance tecnológico modificó sustancialmente el modelo de vida asignado a los
jóvenes, los que, previa mediatización de la ley, convertía a los
jóvenes rebeldes en delincuentes jóvenes, víctimas de su mismo
comportamiento.
El sistema de tribunales para menores llamó la atención (y
al hacerlo "inventó") hacia nuevas categorías de desviación
juvenil, en particular el modo de comportamiento en que el
actor era visto como su propia ''víctima" {Platt, 1982: 159).
El movimiento pro-salvación del niño constituyó el vehículo
mediante el cual la redención del menor delincuente consagraba
su dependencia de un sistema jurídico que en apariencia, cumplía
una función salvadora, que en realidad reprimía la indepe:idencia

precroz del adolescente, restringiendo la autonomía juvenil.
El movimiento redentor tuvo sus consecuencias más directas en los niños pobres urbanos. El hecho de que los
adolescentes "problema" fueran presentados como "enfermos" o "casos patológicos", los aprisionaran "por su propio
bien", les endilgaran un vocabulario paternalista y los exceptuaran de los procesos penales, no modificó las experiencias subjetivas de dominio, restricción y castigo(...).
La invención de la delincuencia consolidó el estatus social
inferior y de dependencia de los jóvenes de la clase baja

(Platt: 1982: 188).
Desde finales del siglo pasado, las políticas sociales en
materia de asistencia social en favor de ciertos grupo humanos,
en situaciones de pobreza o desviación social, han perdido mucho
de su eficacia para culminar completamente sus objetivos generales, dado que sobre esa dinámina social giraban aspectos como
el agotamiento del discurso oficial para justificar la presencia de
las mayorías desclasadas, la pérdida de empleos para una cantidad cava vez mayor de mano de obra, lista a la apertura de
nuevas fuentes de trabajo, etc.
Tal vez el segmento social que más resintió el cambio fueron
los jóvenes, pues sus demandas inmediatas, además de cuestionar permanencia de la gerontocracia en el poder, apuntaban
hacia la consolidación de un orden social. Las manifestaciones
juveniles en las primeras etapas de la modernización giraron
identificándose de dos maneras:
La primera fue que puede denominarse "problemas sociales" de la juventud, producidos por la urbanización, la
temprana industrialización, la emigración y los diferentes
conflictos de la dislocación de la comunidad urbana.
Los arrabales de las ciudades, la "Barra", la patota, se han
convertido en los principales símbolos de este tipo de
problemas sociales.
La segunda manifestación importante fue la de los diferentes movimientos juveniles y estudiantiles, y las organizaciones espontáneas de la juventud ...

�45

44

Esta participación de los diversos movimientos formaba
parte del fenómeno más amplio de la insatisfacción de la
inquietud de los jóvenes en su confrontación con los marcos culturales y políticos y con los símbolos que les presentaban las nuevas pautas de la sociedad en desarrollo
(Eisenstadt, 1968: 51-52).

1

i
:¡

11

...~, "P,
' 1

.1 : :

t

,,
J

..

'i"

~

§
fll

1

Estos movimientos del comportamiento dinámico de los
sectores juveniles lograron una significación que nunca antes
había tenido la juventud. Tal situación se comprueba en los
intentos que partidos políticos y sistemas en el poder hacen por
absorber y presentar como suyas, en sus estructuras y programas
inmediatos a las demandas juveniles.
Todos estos procesos produjeron un gran cambio en las
actitudes de la juventud hacia los símbolos comunes de la
sociedad, en la percepción de su propia participación, en
la estructura de ésta y en las relaciones entre las generaciones de una manera desconocida hasta entonces
(Eisenstadt, 1968: 58).
Aunque la existencia de las bandas juveniles se remota al
siglo XVII, justo es mencionar que ya _en la Guerra de los Cien
Años, en Francia, aparecieron los coquillards, bandas que provocaban miedo y respeto, compuestas por jóvenes y niños.
En 1917, en Rusia, aparecieron los besprízorni, niños abandonados que vivieron durante años vagabundeando y robando;
estos jóvenes representaron un serio problema para el poder
soviético, que al poco tiempo fue reducido a su mínima expresión.
En 1943, en la Francia ocupada, surgen los zaugous , agrupaciones juveniles que fueron y conformaron un grupo de resistencia
contra los invasores nazis.
Fue hasta la segunda mitad de este siglo que el fenómeno (a
estas alturas, no tanto) de las bandas juveniles estalló como si se
tratase de otra guerra mundial, una guerra entre viejas y nuevas
generaciones, un conflicto que todavía en nuestros d ías continúa
como uno de los signos característicos de la modernidad.
En el mundo moderno, desde el comienzo y consolidación
de la propiedad privada, siempre ha existido un estado de tensión

entre jóvenes y viejos. La severa ruptura entre las viejas y las
nuevas generaciones representó una consecuencia esperada,
que apuntaba hacia una nueva organización social en que los
comportamientos juveniles (previo análisis diacrónico) no sólamente las primicias, los indicios de esa organización que se ha
venido gestando a lo largo de la historia de la sociedad.
Para la juventud es inevitable el cambio, ya que su corta vida
está marcada por cierto comportamiento que rompe con lo tácticamente asignado.
Parece como si cada juventud tuviese que albergar sus
ilusiones y verlas después hundirse en . los escombros,
como si de verdad nadie pudiese ser heredero de nadie
(Reik, 1986: 629).
Es a partir de los años cincuenta cuando se consolidó el
establecimiento de un contacto a gran escala entre los grupos
juveniles, formando su propia sociedad. En esta época los grupos
juveniles denominados Beats irrumpieron con su específica significación social, con su estilo bohemio de vida, los clubs de jazz,
gérmenes de un sistema social todavía no estructurado entre los
jóvenes.
Por lo tanto, la situación de los jóvenes a un nivel de conciencia mínima, era semejante a los sistemas de vida de ciertas
poblaciones que recientemente habían tenido la experiencia de
una revolución popular; un sentimiento de libertad y de comprensión con las instituciones encargadas de vigilar el compcrtamiento.
El vestuario era el común denominador elemental. Básicamente, esta indumentaria consistía en ropas baratas, trenzas,
pantalones vaqueros, chaquetas de cuero, etc.; la apariencia
exterior revelaba categóricamente la marcada brecha entre lo
juvenil y el mundo de los adultos. Rivera Pérez define:
Una (de estas características) es la denominación con que
se les conoce dentro del lenguaje popular de cada país. En
Inglaterra, Teddy-Boys; en Francia se les conoce como
Blousons-noíres (chaquetones negros). En Norteamérica
como Beatníks (golpeados); Halbstarke (sernifuertes) e~

�47

46

Alemania; Hooligans (chulos) en Polonia; Styl/agy (estilistas, amigos del Jazz) en Rusia; Vitelloni en Italia; Anderumjer en Dinamarca; Nozem en Holanda; Raggare en Suecia;
Taizozoku en Japón; Tsotsis en Sudáfrica; Patateros y
Perdonavidas en Argentina; Pavitos en Venezuela, y Gamberros en España (Rivera, 1970: 22).
Durante un buen tiempo se identificó el joven pasando el rato
en las refresquerías, acompañado de sus amigos del barrio o de
la escuela, escuchando los discos de moda en una sinfonola a
todo volumen. Sin embargo, los tiempos estaban cambiando; la
juventud ya había roto sus esquemas explicativos, configurándose como sinónimo de delincuencia y rebeldía, pero no como
juventud.
En las cafeterías o en los bares, de los que los Teddy-boys
son asiduos, no se canta los sábados por la noch·e. Los
jóvenes se sientan por grupos, ·conscientes de sus complicados peinados, de sus pantalones cuidadosamente
planchados, se ríen de alguno de los del grupo escogido
como cabeza de turco (generalmente el peor vestido de la
reunión), y beben casi como si se tratase de un rito. Las
chicas se sientan juntas, esperando que alguien las requiera, pero tremendamente serias en su papel (Laurie,
1976: 38).
Las bandas juveniles de los años cincuenta nacieron en los
suburbios pobres de las grandes ciudades, donde las condiciones
de miseria impedían la incorporación completa de los sectores
juveniles a las esferas de participación social. Los jóvenes buscaban, en su vinculación con la pandilla, los medios protectores
contra un mundo que condenaba su ex istencia misma.
Pero lo verdadermante importante en relación con esas
bandas sociales no es su aparición, puesto que sólo agrupaban una proporción muy reducida de los jóvenes de la
población total. Lo realmente importante, desde el punto de
vista de la lucha de generaciones, fue que en poco tiempo
toda la juventud adoptó sus modas y sus formas. Lo que
en un principio fue asocial, delincuente y agresivo, pronto
se transformó en normal para toda la juventud. La extensión
de las costumbres de las bandas asociales llevó aparejada
la pérdida de su agresividad y, como compensación, su

interés por los ritmos modernos y las drogas. La agresión
a la sociedad de unos pocos concluyó en la evasión d e toda
la juventud (Nieto y Monedero, 1977: 224) .
Los jóvenes no han permanecido estáticos en cuanto a su
flujo y reflujo de producción cultural; las manifestacioones juveniles no los ubican al margen de lo establecido. Al contrario, su
conducta social salva a sus miembros de ese caos exterior (el
mundo de los adultos), reflejado por un marcado desfase entre
los poseedores del conocimiento y aquellos que, por su marginal
significación social, ocupan los sitios periféricos de la pirámide
· social. Así, el hippismo, los comportamientos Punk y una infinidad
de manifestaciones culturales protagonizadas por los jóvenes son
un reordenamiento ante una significación social que los ha ido
alejando de los modelos de vida fijados por la institucionalidad
(los adultos), y que al no encajar en los parámetros por ella
establecidos, son encajonados con el rubro categórico de la
rebeldía, en el mejor de los caso s, o bajo el rubro de la delincuencia, en el peor de los sentidos.

... la respuesta está en el viento ...
Venid,/':'ntaos todos los que por el mundo andáis vagand o,
y admitid que las aguas en torno a vosotros van creciendo
y no dudéis que pronto hasta los huesos os iréis empapan~
do, si vuestra vida vale para algo es mejor que vayáis
nadando, de lo contrario como una p iedra os iréis hundiefldo, p orque los tiempos están cambiando"
¿cuántos años pueden algunos pueblos existir sin que se
les permita ser libres?
Y ¿cuántas vec es puede un hombre volver su cabeza con
la pretensión orgullosa de que él nada ve?
Y ¿cuántos oídos debe uno tener para oír a la gente llorar
desesperadamente?
Y üuántas muertes tiene que haber para que nos demos
cuenta de que d emasiada gente ha muerto?
·
La respuesta, amig o mío, está soplando en el viento; la
respuesta está soplando en el viento

�48

49

Sólo tengo veintiún años y ya sé que ha habido demasiadas
guerras; los mayores de veintiún años deberían saberlo
mejor que yo ...
Pero hay tanta gente que no sabe lo que es el viento...
Canción de Bob Dylan.

1

__¡
i ..

La presencia de las bandas juveniles no es un fenómeno
exclusivo de los países desarrollados, ya que en América Latina
los procesos desiguales de crecimiento económico han propiciado que los jóvenes (generalmente carentes de una significación
social concreta) traduzcan ese algarete al futuro en la creación de
sus propios sistemas simbólicos de interacción social. En México
se les conoce como bandas, en Guatemala como Maras, en
Colombia Camines, en Brasil Pivetes y en Argentina Pasotas.

t lt
!.!

Las pandillas juveniles en México.

!o

t:. J,, •
1,
,.: 1

1

1,

..

1

~

'1

§

1

"

Durante la década de los cuarenta, tanto en México como en
los Estados Unidos, apareció un gran número de bandas juveniles
denominadas pachucos. Surgieron durante la Segunda Guerra
Mundial y la Guerra de Corea, como producto de la población
inmigrante mexicana en los Estados Unidos. Los pachucos adoptaron posturas en contra de la discriminación racial, reivindicando
su cultura propia mediante una serie de rasgos como el lenguaje
y vestimenta denominada "Zoot-Suit".
Tino Villanueva define al pachuco como: "un tipo de valentón
existencial cuya marginación e identidad cultural bilingue entraron
en crisis hacia los años treinta en una socieda racialmente discrimiatoria" (Villanueva, 1985: 19).
Con un punto de vista totalmente distinto del anterior, Octavio Paz considera que los pachucos representan uno de los
extremos a los que puede llegar el mexicano al ser miembro de
una minoría nacional que reacciona de una manera intuitiva y
distorsionada.
Cuando se habla con ellos, se advierte que su sensibilidad
se parece a la del péndulo, un péndulo que ha perdido la

razón y que oscila con violencia y sin compás. Este estado
de espíritu, o de ausencia de espíritu, ha engendrado lo que
se ha dado en llamar el pachuco (Paz, 1987: 13).

La reacción de los pachucos ante ese estado de insatisfacción los condujo a formar parte de pandillas juveniles, e incluso
algunos llegaron a perder la vida en las contiendas que sostenían
contra otras bandas juveniles.
Fue tanta la popularidad y la difusión del estilo Zoot-Suit, que
llegó a ser adoptado por la juventud de ambos lados de la frontera
y por algunos personajes cómicos del cine mexicano, que además
de imitarlo lo caricaturizaron adquiriendo una gran simpatía entre
la gente.
En cierta medida, el pachuco fue el precursor del movimiento
chicano y de los Cholos tan de moda en nuestos días.
Con el incremento de la población en las grandes ciudades,
hacen su aparición diversos tipos de comportamiento juvenil,
íntimamente relacionados con el proceso de industrialización en
México, generando diversos movimientos que rompían con lo
cotidiano, por lo que fueron estudiados bajo el marco normativo
de las Ciencias Sociales.
És así que a mediados de los años cuarenta se realizan en
México varios estudios sobre la delincuencia juvenil, en los que
se destacaba: «La delincuencia infantil, en efecto, se produce en
su gran mayoría entre los hijos que pertenecen a hogares disueltos o mal organizados para la educación» (Lavalle, 1948: 20).
Estos estudios, más que explicar conceptualmente los problemas, se limitaron solamente a realizar aproximaciones estadísticas enumerando las posibles causas de las conductas
desviadas; uno de estos ejemplos es el de Ceniceros y Garrido,
quienes después de analizar un grupo de tres mil menores que
habían incurrido en diversos delitos, advirtieron que un 10% vivían
en la vagancia; el 32% eran huérfanos de padre; el 11% eran
huérfanos de madre y el resto eran hijos ilegítimos (Ceniceros y
Garrido, 1936: 134-135).
Para estos autores, la delincuencia juvenil era consecuencia

�51

50

del medio familiar, y no como un producto directo de la marginalidad en la que se desenvolvían los jóvenes; éstos eran para
ellos delincuentes, simplemente porque el medio familiar no era
el adecuado. En fechas recientes, Francisco Gomezjara realizó
una de las primeras aproximaciones sociológicas acerca del
desarrollo evolutivo de las bandas juveniles en el Distrito Federal,
en la que, utilizando terminología propia de la sociología urbana,
considera que éstas se presentan en oleadas periódicas, con
características propias e identificables; la primera comprendía
desde 1952 a 1960, cuando las bandas se caracterizaron por ser:

1:

pandillas sedentarias dentro de sus barrios y calles. Conforman todavía el prototipo de lo que el sistema considera
buen mexicano pobre: paciente, consumidor, opresivo
consigo mismo, despolitizado. Constituyen el sector
lupumen que ha internalizado los patrones represivos sin
protestar políticamente, aceptando su destino aunque
agrediéndose a sí mismos y a su entorno más cercano;
pasan el tiempo en los jardines, calles y esquinas aledaños
a su domicilio. Juegan futbol en su cuadra, pero no se llevan
con los jóvenes de la siguiente; comen, duermen en sus
casas (Gomezjara, 1983: 130-131).

1 1

.1
1

..

\

"

§'
111

Estos grupos juveniles, producto del incremento de la población en el Distrito Federal, además de ver televisión, se agredían
entre ellos mismos, violaban mujeres, consumían grandes cantidades de cerveza, gustaban de las canciones mexicanas y eran
conformadas únicamente por varones.
Para Gomezjara, esta oleada pandilleril recibió un fuerte
impacto de los "rebeldes sin causa" norteamericanos.
Una de las pandillas típicas fueron los "Chicos Malos" de
Peralvillo, que lograban reunir hasta 200 miembros y que
disputaban el honor de las primeras páginas de la nota roja
a "Los Gatos", "Los Charros Negros" de la colonia Pensil,
"Los Feos" de la Anáhuac, "Los Caifanes de Tacuba, "Los
Rockets" de la Industrial y la Lindavista (Gomezjara, 1983:
131 ).
Estas pandillas fueron identificadas, en primera instancia,
como consecuencia de una moda imitada de los Estados Unidos,

siendo encasillados con el morbo y la incomprensión; lógicamente, reprimidas por la policía.
En las colonias, las pandillas, pequeñas tribus bárbaras,
saquean, hacen uso del derecho de pernada urbana, se
esmeran acatando códigos de valentía y llevan sus fantasías "rebeldes" hasta el sueño de una ciudad aterrorizada
al paso de sus moticicletas... pleitos de pandillas, interrupciones vandálicas en fiestas a las que no estaban invitados,
ceños de poca madre, revitalización del machismo, violaciones tumultuarias ("echar pira"), orgías en Acapulco,
drogas, tequila, desafío y burlas a los policías uniformados,
fe en James Dean y Elvis Presley (Monsiváis, 1986: 239).
De 1958 a 1964 se presenta la segunda oleada de pandillerismo en el D. F. (Gomezjara, 1983). Sobre las bandas juveniles se
han volcado todas las connotaciones negativas de la moral adulta,
que no asimila a la juventud como eso, lo que precisamente es.
En México, D. F., hacen su aparición un sinnúmero de
bandas juveniles que se convierten prácticamente en el azote de
la ciudad, en las que los sueños de fantasía y rebeldía propia de
los jóvenes adquieren tintes de realidad. Monsiváis opina sobre
estas pandillas:
El valiente vive hasta que el cobarde quiere. A las pandillas,
su propia velocidad las desvasta. Cito el caso de "Los Nazis"
de la Portales: uno muere de sobredosis, otros de riña
callejera, varios quedan semi-idiotizados por el alcohol y la
droga, otros se incorporan a la delincuencia profesional.
Atrás sus horas de gloria: el cine Las Américas, escenario
d e un motín en el estreno de una película de Elvis; el parque
México, feudo de pandillas que pelean días enteros; la
causa d el miedo de los vecinos, chamarras negras de
cuero, calaveras, cadenas y boxers.
Estos heréticos no destruyen cabalmente las imágenes de
la juventud como paraíso, los mensajes del día de San
Valentín y las cartas de amor en la arena; sólo aportan un
matiz: nos vamos haciendo compl ejos; al lado del bien
coexisten conductas aberrantes, pero... l quién no ha sido
rebelde a los 20 años? (Monsiváis, 1986: 239-240) .
En ese tiempo, las preferencias musicales juvenil es ya no

�52

53

eran los mambos ni los boleros; al contrario, el Rock and Rolli más
que una moda, se constituyó en un modo de conducta juvenil,
según diría Paraménides García Saldaña.
Los sonidos se hicieron palabras. El lenguaje de la Onda
vino de las fronteras de la ciudad de México, vino de los
subterráneos, de los maceguales, a los hijos de los siervos
y a los señores, es decir, de la ñeriza de la clase media
{García, 1972; p. 40).
Carlos Monsiváis ubica a la Onda como un fenómeno social
cuyos límites temporales abarcan de 1966 a 1972; este fenómeno,
en palabras del autor, se introduce primero en la ciudad de México
y en las ciudades del Noreste, para infestar el resto del país. Una
de las caracteerísticas que identificaron a este tipo de comportamiento juvenil, la nortemericanización cultural, la devoción por
el Rock y el gusto generacional por la marihuana. Lo que distinguía
a los participantes de la Onda de los demás jóvenes era un
rechazo a la moralidad imperante, crear una sociedad, una nación
dentro de la nación, un lenguaje a partir del lenguaje (Monsiváis,
1986: 227) .
Para ellos, la creación de la utopía redimirá y resumirá el
conjunto de experiencia. Tal es el común denominador de
los diversos movimientos y los variados espejismos que se
unifican bajo un nombre genérico: usemos el Rock y la
droga como punto de partida para la sociedad alternativa;
a la diversión agreguemos mística y protesta ... Estados de
ánimo, estilos de vida y {vagos) de sentimientos y plataformas ideológicas. La Onda es el primer movimiento del
México contemporáneo que rehúsa, desde posiciones no
políticas las concepciones institucionales y nos rev~la con
elocuencia la extinción una hegemonía cultural. Tal hegemonía se surte, en términos generales, en la visión gubernamental de la Revolución Mexicana y se concreta al
impulso nacionalista. Los pecados de concepción se pagan: el nacionalismo cultural que conocemos se impulsó
desde arriba, fue consigna de unificación, vínculo contraído
por decreto. Los lazos crecientes de dependencia lo han
trabajado y corroído, despojándolo de sus características
comuinitarias y reduciéndolo al rango de informe gubernamental o consuelo de los desposeídos (Monsivais, 1986:

235).
Dentro de este conglomerado de conceptos y definiciones,
Paraméides García proporciona una idea que nos hace retomar
el camino: «El Rock es el lazo definitivo entre la Onda mexicana
y la Onda norteamericana» {García, 1972: 63).
Después de la pesadilla de 1968, los movimientos masivos
de jóvenes culminan con el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, el 11 de septiembre de 1971; esta fue la culminación de la
masificación juvenil del Rock en México {Villafuerte, 1983: 59).
El problema suscitado en Avándaro no radicaba en el uso
desmedido de drogas y los actos vandálicos que se presentaron,
sino en la reunión de cerca de 250 mil jóvenes, que evidenciaba
lo que el Rock puede lograr con la juventud: un encuentro que no
podía ser realizado por ningún partido político {Villafuerte, 1983).
En su Nación de Avándaro, Carlos Monsiváis elabora la
siguiente afirmación:

La nación de Avándaro encaró la fantasía de rechazo a
México. congelada la nación de México" en un lugar común
de la sociedad tiránica de los adultos y la cultura del
abogado. El patriarcado y la sociedad responden: "reportajes a todo color, lQuién tiene la culpa? Padre de familia,
ite exhortamos!". Y la Onda arriba a la conciencia nacional,
o como se llame, entre reportajes y mesas redondas sobre
educación y adolescencia, discusiones prefabricadas, moralismo inmisericorde, escaramuzas políticas {Monsiváis,
1986: 25).
Para Gomezjara. la tercera oleada del pandillerismo culmina
en Avándaro, donde:
miles de miles de jóvenes saturados, molestos, agredidos
por el modelo de urbanización impuesta al país: "que el
uniforme", "que el pelo corto", "que respeta a tu padre
aunque esté borracho", "que si no eres señorita ya no vales
nada", "que como México no hay dos... " Todo esto atosiga
a los muchachos aunque sin saber a ciencia cierta su origen
y su razón de ser. Sin embargo, los jóvenes asistentes eran
conscientes de su rechazo a la sociedad a través de la

�55

54

,,
1

droga. Fumar marihuana implica un acto ilícito, sancionado
y penado por las leyes; una fumada de marihuana los
convierte en delincuentes, que por un acto voluntario se
alejan de la sociedad. El rock y el sexo son los elementos
que complementan el cuadro del festival. Los dos son, sin
embargo, más simbólicos que reales; con ello se materializa la doble manipulación de los jóvenes: se les orilla a
evadirse de la realidad para que no la transformen, y luego,
el escándalo, la ''vergüenza nacional", la corrupción de los
jóvenes, mostrada en todas las planas periodísticas y las
grisásceas pantallas del monopolio televisivo. El pandillerismo quedó cortado de sus filos subversivos al perder sus
contactos con otros sectores juveniles, su expansión y su
posible prestigio (Gomezjara, 1983: 133-134).
Después de Avándaro, muchos de sus actores ingresaron a
lo cotidiano de una vida sana y no.rmal, pero otros se fueron y
emprendieron un vuelo muy, muy alto. un viaje del cual ya no
regresaron.

'
,.11

,:., '
~

! 11

~.¡

j1

1

!

,; 1
1

Hay desocupación y tal vez necesario descender. Es preciso forjar un mito para hacer llevadero este paso. La
desocupación es exportada a los países colonizados y
también nuestros pequeños burgueses empezaron a descender. Al conectarse con el lumpumen, encuentran la
droga, mientras que los marginados son desposeídos de
ella y deberán recurrrir al thinner, el cemento y las "pastas"
(Marroquín, 1975: 34).
Mientras tanto, en Norteámerica, los estudios sobre la descripción de grupos sociales urbanos contribuyó de una manera
sustancial para desarrollo conceptual de la antropología urbana
en la actualidad. Spradley {1971) ha realizado estudios sobre la
vida de los vagabundos, a los que denominó "nómadas urbanos",
sosteniendo que la ciudad debe ser estudiada desde las diferentes
partes que la constituyen, además de considerar que los sectores
urbanos poseen diferentes estrategias de adaptacián a la ciudad,
expresadas en forma de mapas cognoscitivos. Estos mapas ordenan el mundo de la experiencia en un plan que permite predecir
los acontecimientos futuros. Este autor emplea varios métodos de
la etnociencia: comparación de grupos, entrevistas exhaustivas y
ordenamientos taxonómicos, para conocer los modelos cognos-

citivos de los vagabundos en la ciudad de Seattle. Estas categorías abarcan desde borrachos que viven de la caridad pública
hasta los vagos cuya residencia fija son los carros abandonados
de ferrocarril. Los atributos calificativos de estas taxonomías son
la clase de trabajo o el grado de movilidad por parte de la persona.
En México, muchos estudios han tenido como punto de
partida la metodología de Spradley. Los estudios concernientes a
la juventud se limitaban sólamente a una cuestión: analizar la
juventud desde el marco fáctico de la sociología, el "debe ser',
realizando investigaciones de campo sobre grupos de jóvenes
qu~ habitan en las zonas marginadas de las grandes ciudades, ya ·
que en ellas se presentan grandes problemas para la población
juvenil, como la farmacodependencia, uno de los problemas más
estudiados en los años setenta.
Uno de estos estudios es el realizado por Chávez, Salís,
Pacheco y Salinas (1983) en una zona marginada del D.F., lugar
donde la farmacodependencia juvenil era un comportamiento
muy difundido entre los jóvenes de esa comunidad. Los autores
proponen que el origen de este tipo _de conductas desviadas
obedece a un proceso multifactorial que se presenta en varios
niveles. citando la laxitud en los controles sociales (vigilancia
inadecuada) y familiares, estos últimos derivados de la movilidad
social o por el propio desajuste y frustración de aquellos que no
han podido ascender en la escala social (recordemos las posturas
de Miller y Cohen); estos autores, influenciados por la sociología
norteamericana, consideraron a la farmacodependencia juvenil
como una conducta patológica, producto de diversos factores
entre los que encontramos:
(muchos factores) han contribuido a su configuración actual. Su ambiente familiar, escolar y de amistades parece
haber sido poco propicio para el desarrollo de sus capacidades intelectuales y afectivas y ha llegado a limitar notablemente su gama de intereses, acHvidades y motivaciones. Su bajo nivel de escolaridad y preparación hace que
su rendimiento intelectual (en promedio) parezca menor
que la de otros jóvenes (Chávez, Salís, Pacheco y Salinas,
1983: 127-128).

�57

56

•11:

i. ¡
1

1

•

!:;

dad norteamericana, aunque debe mencionarse que las condiciones sociales del país incrementaron y fomentaron la
aparición de estas bandas. Dicho de otro modo, el cholismo arriba
al país encontrando factores favorables para su expansión y
propagación hacia lugares como Mazatlán, Tijuana, Juárez, Hermosillo, Culiacán, Michoacán, Guadalajara, Torreón, Guaymas e
incluso Monterrey. El nombre y los comportamientos del cholismo
son sólo un rasgo identificativo del Cholo, pero como una simple
etiqueta, porque la crisis que afectaba al país empujaba a los
jóvenes hacia la marginalidad social. Pero su posición no los
ubicaba al margen; el Cholo convivía y habitaba la marginalidad
Y le daba sentido a su vida, no por ostentar su estigma para
alejarse de lo establecido, sino por la firme convicción de ser ellos
mismos diferentes: Cholos. lAcaso el Cholo guarda ciertas semejanzas con los pachucos?

Esta situación hace permanecer a los jóvenes inmóviles, sin
posibilidades de obtener un trabajo o desarrollar cualquier actividad creativa. «A mayor marginalidad, mayor es la farmaco-dependencia, y a mayor inhalación más intensa es la respuesta de
la familia y de la comunidad con conductas represivas» (De la
Garza et al. 1986: 10).

El Cholo se caracterizaba por su estética, o mejor dicho, por
su indumentaria, una imagen que chocaba frontalmente con el
progreso social: Pantalones anchos, camisetas de llamativos colores, zapatos estilo bostoniano. Es el otro pachuco que ha
regresado de las penumbras del pasado, desequilibrando el progreso y el ascenso de los inmigrantes mexicanos en Estados
Unidos. Los Cholos son los invitados no deseados en la sociedad
más opulenta del planeta, reflejos del conflicto entre dos modelos
de vida totalmente distintos, el norteamericano y el mexicano. El
hecho de que los hijos de inmigrantes mexicanos se agrupen en
bandas responde a una conducta defensiva ante los embates
represivos y las ínfimas condiciones laborales imperantes en las
ciudades norteamericanas.

11:

t"' ,,
t

Otro estudio relacionado con el anterior es el de Fidel de la
Garza y sus colaboradores, quienes, partiendo de una base conceptual propia de la psiquiatría como rama del marco teórico de
la desviación social, introducen la noción de doble marginación
del adolescente como consecuencia de la hostilización de la
comunidad ·familiar hacia los jóvenes que cometen actos delictivos, haciéndolos ver como verdaderos delincuentes que ponen
en peligro a los jóvenes, porque existe la posibilidad de difundir
esta conducta en la comunidad; por este hecho son vistos como
chivos expiatorios y son expulsados del hogar y perseguidos por
las personas que se encargan del control social de esa comunidad. «Paradójicamente, los cinturonos de miseria son marginales a una sociedad ideal, y dentro de ese mundo se margina
al joven; a este fenómeno le llamamos "doble marginación del
adolescente"» (De la Garza et. al, 1986: 10).

· ::~
1

¡;,.
u11 1

La presente investigación parte del supuesto teórico de
considerar a la marginalidad como la ausencia de un rol económico·, motivada por la represión de la familia y de la comunidad.
El planteamiento conceptual de la noción teórica de la doble
marginación es cercana a las aproximaciones de la escuela
estructural-funcionalista y no a las corrientes latinoamericanas,
que consideran estas conductas juveniles como producto del
desarrollo desigual del sistema capitalista en América latina.

Los u!timos rostros: los Cholos.
Hacia mediados de los años setenta, aparecen en México
bandas juveniles denominadas "Cholos", asentadas principalmente en el noroeste de la frontera con los Estados Unidos para luego
expanderse paulatinamente hacia diversas zonas y ciudades del
país. El cholismo es una manifestación emanada desde la socie-

Dalia Barrera Bassols (1978) , al investigar la génesis del
cholismo en Tijuana, elude el escollo conceptual dejado por las
investigaciones que consideraron las conductas juveniles como
antisociales, desviadas y patológicas con el fin de desentrañar la
escencia misma del fenómeno. Barrera Bassols presenta un breve
panorama de las masas trabajadoras, y especialmente centra su
atencián en los cinturones de miseria, ya que los grupos estudiados generalmente provienen de capas poblacionales desocupadas o subempleadas, quizá el segmento poblacional más

�58

59

numeroso en la frontera norte. «Es en este contexto donde surgen
los grupos de adolescentes organizados para lograr su supervivencia, dentro del mundo de la "ilegalidad"» (Barrera, 1978: 59).
Lo interesante de la investigación (una de las primeras que
abordaron dicho fenómeno) radicaba en la vinculación del cholismo con el estilo de vida fronterizo, vigente en Tijuana; por consiguiente, el desempleo, alza de precios y prostitución llevaron a
los Cholos hacia la ilegalidad de un mundo subterráneo. Barrera
Bassols describe una conducta característica de las muchachas
integrantes de las pandillas de Cholos: ñasquear, es decir, prostituirse con hombres mayores para obtener dinero y contribuir un
poco a la economía recíproca de la pandilla. Los muchachos
Cholos hacen algo parecido, al ser ocupados por "coyotes", pues
éstos conocen bien la ciudad y "además ~onocen los caminos".
(Barrera, 1978).
Algunos autores, alarmados por el alto índice de violencia,
robos, prostitución, farmacodependencia y promiscuidad, salen
a la defensa de las buenas costumbres, la mexicanidad y la ley,
protegiendo a toda costa la moral, como todo buen mexicano
consciente de su papel ante la historia.

~

(

....~

t

~

s
...

.
1

1

~t,,, !
IUH J

Bandas de adolescentes, mujeres y hombres. Violencia
inaudita, sólida organización, cohesión perfecta. Pleitos,
robos, asaltos, asesinatos, prostitución y drogas.
Son los Cholos, hijos de campesinos, obreros, jornaleros
eventuales; diez a veinte años. Pantalón caqui, ca_
misola a
cuadros, zapatos tenis -desechos de guerra norteamericanos-. Las muchachas se lanzan a ñasquear por el cuarto, la comida y la droga -cemento, thinner-; ñasquear es
prostituirse a hombres viejos. Quince Cholos en un cuarto.
Las hembras son de todos. Mafia barro 13, Mafia del Mago,
Mafia rifa, por ejemplo. Y en las paredes, postes y camiones
de Tijuana, miles y miles de letreros, pintura blanca: el
nombre de la Mafia y del orgulloso zombie que se declara
miembro de ella, analfabetos y retrasados mentales. Drogarse es vida, vida es robar, vida es quemar a un buey,
culear es vida, la cárcel es vida. No hay futuro, bríncale ora,
el mañana qué o qué. (Garibay, 1979: 2).

La presencia chola en los Estados Unidos obedece a una
serie de condicionantes derivados de la posición del Cholo dentro
de la pirámide social, en la que los Cholos, por ser jóvenes y por
añadidura mexicanos, son relegados a los estratos más bajos en
la escala social.
En efecto: de alguna manera, los Cholos son, entre los
chicanos, lo que éstos son ante los anglos. Víctimas del más
desarrollado proceso capitalista en el mundo, no forman
parte integral de ese sector que empieza a adquirir identidad y características propias, tal cual es el caso de los
chicanos. Parte y disgresión de dicho grupo, constituyen la
escoria, la excrecencia social de dicho sector poblacional
(Villela y Castelum, 1981: 12).

.

La presencia chola en diferentes ciudades del país ·obedece
también a diversos factores macroestructurales ligados tanto a la
crisis socioeconómica como al estatus asignado a los jóvenes.
Considero que el cholismo arriba a una sociedad en la que ya se
intuía la llegada de los jóvenes al plano de las colectividades
desbordantes.
El Cholo llega, esparce a lo largo de su territorio el característico graffiti que lo identifica, relaja la pupila con lo exótico de
su indumentaria, usando también un lenguaje cifrado. Es el Cholo
inaugurador de nuevos esquemas y novedosos discursos. Si el
cholismo no hubiera ingresado al plano nacional , de todas maneras en las ciudades fronterizas hubieran aparecido bandas de
jóvenes con otms nombres, pero con los mismos factores coyunturales propicios para la difusión y aparición de estos grupos
juveniles; el cholismo es sólamente el rostro de un actor que ya
de antemano había memorizado el diálogo a seguir. No olvidemos
que las ínfimas condiciones laborales, los embates de la severa
crisis econónomica y la encarnizada vigilancia fronteriza, trajeron
como consecuencia la detención de jóvenes indocumentados
que posteriormente serían deportados de vuelta a nuestro país.
La deportación d e jóvenes ilegales, que anteriormente formaron
parte de bandas de Cholos, desencadenó una serie de sucesos
que culminan con la aparición de bandas de Cholos en el territorio
nacional.

�60

61

Podemos explicar la presencia de los Cholos en la trasmisión
cultural de los principales rasgos cholos en los jóvenes deportados, quienes en su estancia en las ciudades norteamericanas
fueron miembros de bandas cholas y trajeron consigo esos comportamientos.
El cholismo arriba a México cuando ya se presentaban las
condiciones favorables para la irrupción social de colectividades
desbordantes. La trasmisión cultural de los rasgos cholos se
asemeja bastante al proceso transcultural, el cual es entendido
por Melville Herskovits (1976) como "La transmisión cultural en
marcha".
Entonces el cholismo también llega a nuestro país mediante
el proceso transcultural favorecido por la migración. Transculturación, migración y crisis constituyen los causales para la propagación del cholismo en México.
1

t . ,.

s.... ,,,..,,,
:,;;

~

..,,

en la reproducción de patrones culturales, propios de las
bandas juveniles chicanas, entre las bandas juveniles de
Cholos en Culiacán, caso paradójico al provocar la transm isión cultural dsesde un grupo emanado de nuestro suelo
nacional : los chicanos (Villela y Castelum, 1981 : 15).

La transculturación del cholismo consiste, más bien, en un
proceso de retroalimentación en el que nuestros patrones conductuales son conservados y exaltados al máximo. Dicha retroalimentación es un raro mecanismo de adecuación de la
población mexicana al contexto social norteamericano. El otro
causal que favoreció la propagación del cholismo en México es la
transculturación. Gustavo López Castro (1984) , al estudiar las
bandas de Cholos en Michoacán. asevera que la tradición migratoria de los jóvenes michoacanos hacia los Estados Unidos es la
causa por la cual el cholismo hace acto de presencia en el estado.
Los jóvenes migrantes, al arribar a California, son recibidos hostil
y violentamente por los jóvenes de los barrios chicanos, porque
éstos parten del supuesto que esos nuevos habitantes les restarán
posibilidades de encontrar empleo. La manera de afrontar tal
situación es congregarse o formar bandas cholas con el fin de
defenderse de sus agresores y convertirse en perseguidores de
otros jóvenes inmigrantes que posteriormente arribarán a sus

terriotorios. Al regreso de los jóvenes cholos a su lugar de origen.
«traen consigo su nueva vestimenta, su nuevo lenguaje, su forma
de ver el mundo y la vida» (López Castro, 1984: 74).
Los Cholos, al regresar a su tierra, se desenvuelven de igual
modo que en California: pleitos callejeros, escaramuzas al final de
las fiestas, uso de inhalantes y marihuana, conductas anteriormente desconocidas para la mayoría de la gente. No todos los
jóvenes nativos de la zona rural michoacana han estado en
California, pero se unen a las banda con el fin de adquirir un
estatus, o para no ser blanco de burlas o agresiones por su no
filación en una banda chola. «Algunos se vuelven Cholos para
obtener un estatus dentro del ámbito juvenil, para sentirse apoyados, para ser alguien, para rifar, por lo menos en la banda»
(López Castro, 1984: 74).
Transladémonos a la ciudad de Los Angeles, a la que se
atribuye ser cuna del cholismo, para analizar las manifestaciones
socioculturales de las bandas Cholas. El Cholo, como tal, posee
dos subdivisiones regidas por su comportamiento y estética: los
Homeboys se caracterizan porque su vida pandilleril gira alrededor y transcurre en su barrio; es el clásico miembro de la pandilla
que trata a toda costa de sobresalir de las demás pandillas rivales,
plasmando su desventura en la férrea necesidad de poseer y ser
algo, consiguiéndolo mediante los placazos o pintas, el tatuaje, la
voz silenciosa de la pared: los graffitis. Así es como se identifican
comúnmente las pintas realizadas por los Cholos; abarcan desde
nombres comunes hasta complejos murales, algunos consagrados al culto de la Virgen de Guadalupe. Otro aspecto diferencia ble
de los Hernies (Homeboys) consiste en su alta propensión hacia
la delincuencia, las riñas y las drogas.
Los Lowrider, por su parte, son aquellos Cholos que han
salido de los límites territoriales de sus barrios por tener una
ocupación estable y se dan el lujo de adquirir un coche decorado
muy al estilo Cholo, al cual denominan "ranflita". El Lowrider,
aunque es un estilo derivado de una misma significación, guarda
diferencias respecto a los jóvenes Homeboys, pero éstas son sólo
de contenido, ya que la forma proviene de un mismo tronco
original.

�63

62
A mediados de la década de los setenta, en Monterrey
también aparecieron, como personajes no invitados a la hegemonía social, las bandas de Cholos, acompañadas de su peculiar
forma de vestir, sus característicos placazos y su lenguaje cifrado.
Los Cholos aparecen y se expanden rápidamente hacia Monterrey, San Nicolás y Apodaca. La presencia chola en Nuevo León
sigue los mismos patrones de origen que en otros estados, como
Sinaloa y Michoacán, donde el cholismo arribó mediante procesos migratorios y transculturales. Los Cholos regiomontanos
guardan ciertas semejanzas con otros grupos cholos del país,
pero también conservan diferencias con respecto a la idea original
del comportamiento Cholo en México.
Los Cholos regiomontanos, por largo tiempo, han sido perseguidos y encarcelados por el simple hecho de ser, de pertenecer a una banda chola o por se~ portador de la estética que
los identifica; la mayoría de esas detenciones son injustificadas,
puesto que los Cholos, sólo por serlo, no cometían ninguna
infracción.
11'-

,;'

r
i~

tl ~~
~

El cholismo encuentra su clímax y su espacio metropolitano
en 1983, cuando se hizo un recuento y se descubrieron más de
50 pandillas denominadas "Cholos".

,

t::. ·:=-

e: ,~!1

Hoy en dia, de las más de 50, sólo existen siete bandas y de
éstas destacan las asentadas en el sector Valle Verde, en el
norponiente de la ciudad (Encinas, 1987).

• 1t1

Los chavos banda.
Las actuales condiciones socioeconómicas del país son
completamente distintas a las que imperaban en las décadas de
los cincuenta y sesenta, ya que las bandas respondían al estado
social de cosas vigentes. Las pandillas de los ochenta se caracterizan por:
una composición mixta: hombres y mujeres; y algunas, sólo
de mujeres nómadas y efímeras, se forman y disuelvan
rápidamente, mantienen una gran movilidad espacial. La
ciudad es suya, más que su barrio; son la expresión de
grandes áreas urbanas: norte, sur, poniente, etc. { ...),
aparece una gran violencia interpandilleril, pero sobresalen

las actividades ilegales como un modus vivendi: robos,
asaltos, violación.
Es notable una reducción de las edades de los participantes: fluctuaban entre los 13 y los 15años (Gomezjara, 1983:
135-136)
En la anterior descripción, las bandas juveniles quedan comprendidas dentro de la quinta oleada pandilleril descrita por
Gomezjara. La zona poniente de la Ciudad de México es tal vez el
lugar más cracterfstico del cual surgieron algunas de las bandas
representativas de la capital. Sin temor a equivocarnos podemos
asegurar que "los Panchitos" son la banda más conocida de esa
zona, que abarca las colonias Tacubaya, Santa Fe, Mixcoac, etc.
La banda de "Los Panchitos" encamó fielmente la imagen juventud-banda-delincuencia, porque la existencia misma de la banda
fue motivo suficiente para la detención de cientos de jóvenes que
cometieron el delito de ser "Panchito". aunque en muchos casos
detuvieron a un buen número de jóvenes acusados de serlo sin
haberse comprobado.

Los Panchitos emergen en 1981 como un vómito de las
serias contradicciones sociales; surgieron de la miseria y fueron
los invitados no deseados a la fiesta llamada hegemonía social.
Actuaron en las colonias Observatorio, América y Santa Fe, ubicadas en los alrededores de la Central Camionera Poniente.
Los Panchitos no emergen sorpresivamente; surgen como
una consecuencia esperada ante la servera crisis económica. En
un principio se pensó que el origen de "Los Panchitos" obedecía
a las influencias de una moda extranjera.
El jefe de sector de la Secretaría General de Protección y
Vialidad indicó que fue en la zona de Santa Fe donde nació la
banda conocida como "Los Panchitos". Agregó que muchos otros
jóvenes siguen ese ejemplo y consideró que el origen de la
organización en bandas obedece a la penetración de culturas
extranjeras, principalmente a través del cine (La Jo rnada, 24 de
enero de 1986).
Otros, contrariamente a la visión anterior, consideran que la
vinculac ión de jóvenes en bandas constituye un recurso defensivo

�64

65

para repeler la marginación (Hernández1 1982). Si la sociedad no
muestra los caminos para llegar a consolidarse como todo un
buen ciudadano, lógico es que los jóvenes tengan que fabricarse
sus propios espacios participativos.

Temblamos de frío y de odio
Pero estamos juntos
y somos los mismos que todos temen
no queremos a nadie
nos duele nuestra vida y la de otros
mejor morir pronto. 2

Otra de las bandas juveniles del sector poniente de la Ciudad
de México es la denominada Bandas Unidas Kiss, mejor conocida
como "BUK", originaria de la colonia Campo Florido, pero
agrupaba a jóvenes de Santa Fe, Jalapa, América, Tacubaya, Los
Chachos de la Piloto y Los Titos de la Tolteca, entre muchas otras.

~

r,
:

1

t;,

,..~.~, ·¡
15

!.

Estas alianzas pañdilleriles tenían un fin, esto es, una especie
de unidad defensiva contra sus más acérrimos rivales: Los
Panchitos. Al igual que la "BUK", los Panchitos agrupaban a
muchas bandas como aliadas, entre ellas Los Salvajes de Sante
Fe, Los Musgos de Bellavista, Los FZ-5000, Los Ramones Barrio,
Los Pistols, Los Cabazorros, Los Lacras y otras más. Las bandas,
en la actualidad, se asemejan a los hijos no deseados; se cuestiona sólamente su presencia, pero se omiten ·1as causas por las
cuales aparecieron.
Las bandas de los años cincuenta y comienzos de los setenta
bien podrían denomimarse rebeldes sin causa y sin proceso de
acción hacia el futuro; en cambio, las bandas juveniles actuales
bien pueden denominarse, de acuerdo con su práctica cotidiana,
rebeldes con causa o, mejor dicho, rebeldes con proceso, visualizados sólo por su estética y no por su ética. Los discursos
teóricos vienen y van: unos encasillan y describen, mi entran otros
rebasan lo anecdótico al buscar nuevos enfoques teóricos para
su explicación. Sin embargo, atrás de la imagen desafiante propia
de las bandas juveniles se esconde una ética que va más allá de
la acción destructiva atribuida al comportamiento social de las
bandas: la banda elabora su propio discurso, grita a los cuatro
vientos su realidad plasmando su desventura en la pared:

BIBLIOGRAFIA

Alba, Víctor (1981) Historia social de la juventud, Barcelona,
Plaza y Janés.
Barrera Bassols, Dalia (1979) Los "cholos": notas sobre el desarrollo del pandillerismo juvenil, México, Proyectos Especiales de
Investigación, INAH.

Ceniceros, José Angel y Luis Garrido (1936) La delincuencia
infantil en México. México, Botas.

Chávez, Pacheco, Solís y Salinas (1983) Drogas y pobreza,
México, Trillas.
De la Garza, Fidel et al (1986), Adolescencia marginal e inhalantes, México, Trillas.

Danzelot, Jacques (1979) La policía de las familias, Valencia,
Pre-Textos.
Encinas, José Lorenzo (1987) Bandas juveniles del sector Valle
Verde (Un análisis etnográfico), mimeo, Monterrey.
Encinas, José Lorenzo (1989), XXXXXXXXXXXXXXX
Eisenstadt, S.F. (19 ) Modernización, movimientos de protesta
y cambio social, Buenos Aires, Amorrortu.
Foucault, Michel (1981) Vigilar y castigar, México, Siglo XXI.
García Saldaña (1972) Paraménides. En la ruta de la Onda ,

2 Escrito enviado por los Panchitos al Periódico Uno más Uno. diciembre e de
1981.

�67

66

Diógenes, México.

Garibay, Ricardo {1979) «La Drogadicción yla incurría para el hoy
sin mañana», en: Proceso , No. 159, México, noviembre 19 de
1979.

Gomezjara, Francisco (1983) «Una aproximación sociológica a
los movimientos juveniles y al pandillerismo en México», en:
Revista de estudios sobre la juventud, CREA, No. 8, 1983.
Herskovits, Melville (1976) El hombre y sus obras, México, Fondo
de Cultura Económica.

Hernández, Roberto (1982) «300 bandas con 4000 Muchachos
se aglutinan para repeler a la Marginación», en: Proceso, No. 37,
México, 20 de Septiembre de 1982.
Laurie, Peter (1976) La rebelión de la juventud, Barcelona, Fo ntanella.

Lavalle Urbina, María (1948), La delincuencia infantil, México,
Ediciones Jurídico Sociales.

López Castro, Gustavo (1984) «El Cholismo en Michoacán», en:
Revista de Estudios Sobre la Juventud, CREA, Nueva Epoca, No.
1 enero-marzo 1984.
Marroquín, Enrique (1975) La contracultura como protesta, México, Joaquín Mortiz.

Monsiváis, Carlos (1986),«La naturaleza de la Onda», en: Amor
perdido, Era-SEP., Col. Lecturas Mexicanas, No. 44, México,
1986.
Nieto, Alejandro y Carmelo Monedero (1977), Ideología y psicología del movimiento estudiantil, Barcelona, Ariel.
Paz, Octavio (1987) El laberinto de la soledad, México, Fondo de
Cultura Económica.
Platt, Antony (1982) Los salvadores del niño o la invención de la
delincuencia, México, Siglo XXI.
Reik, Theodor (1986) El malestar en la cultura, México, Siglo XXI.
Rivera Pérez, Luis ( 1970), La juventud malograda. Ensayos sobre
el gamberrismo, Madrid, Aguilar.
Robert, Philippe (1969) Las bandas de adolescentes. Madrid,
Studium. Citado por Danzelot (1979) .

Spradley, James ( ) Adaptative strategies of urban nomads,
Culture and cognition, Chandler, San Francisco.

Villafuerte, Fernando (1983),«Notas para documentar nuestra
rockmanía», en: Revista de Estudios sobre la Juventud, CREA,
año 3, No. 8, julio, 1983.

Villanueva, Tino (1985) Chicanos, México, F.C.E.- SEP. Col.
Lecturas Mexicanas, No. 89.

Villela, Samuel y Silvia Castelum (1981 ) Los C!7olos: transculturación de bandas juveniles en Sinaloa , Culiacan, UAS.

�69

CARACTERISTICAS SOCIO-FAMILIARES DEL MENOR INFRACTOR EN NUEVO LEON.

Armando Villarreal Zamora
José Gpe. Sánchez Hernández1
Introducción.
El niño y el joven necesitan, para su total desarrollo físico, el
cuidado y atención de los adultos, quienes normalmente les
proporcionan alimento, techo y vestido; pero también requieren
guía y consejo para alcanzar su maduración emocional. Muchos
padres de familia creen que los niños no necesitan apoyo, y
esperan a que sus hijos presenten algún problema para tratar de
iniciar el diálogo, situación que desgraciadamente se dificulta
cuando el menor llega a la adolescencia y enfrenta un cambio
físico y emocional determinante para su vida futura, siendo en ésta
etapa el entorno social un factor de influencia muy importante.
Como menciona Tocaven (1979), el clima social actúa sobre
el joven a través de su influjo sobre la vida familiar y luego
directamente cuando toma contacto con la sociedad. Esta representa para el joven un segundo universo, después del familiar, en
el que ha de vivir y del cual ha de recibir influencias para el cabal
desarrollo de su personaUdad. En él habrá de enfrentarse, chocar
y penetrar para convertirse en un ser productivo.
Por su parte, la sociedad desarrolla instituciones y procesos
a través de los cuales los jóvenes son dirigidos o socializados para
aprender y aceptar sus normas. Las violaciones a estas normas
se definen como conductas desviadas, y cuando éstas infringen
las leyes establecidas por la sociedad, se definen como conductas
delincuentes (Lydwing y Lydwing, 1985). En México cuando un
menor de edad comete alguna infracción a la Ley, cuando su

1 Departamento de Medicina Familiar. Hospital Universitario. Universidad
Autónoma de Nuevo León

�70

comportamiento pone en peligro su vida y su desarrollo, o cuando
se hace daño a sí mismo. es considerado como un infractor. Esta
situaciónción, emmanada de la legislación vigente, tiene como
propósito el de proteger al menor de edad, y de ofrecerle no un
castigo, sino un tratamiento que le adapte a la sociedad en la que
vive, para no se haga daño al usar sustancias que provoquen
algún grado de dependencia física o emocional (drogas), o al
participar de conductas que puedan poner en peligro su integridad o la de los demás. En otros países, es común que al
·m enor de edad, al igual que al adulto, se les considere delincuentes cuando infringen la ley.

...as:,
o:.

1i: t:1

,~
,t ?! 1
'{~:

,~~

~

'

t, ~

.

...!: "'
"

Entre de las condiciones que se consideran propiciadoras
de la delincuencia juvenil, se incluyen la pobreza, el alojamiento
inadecuado, la falta de espacios para jugar, la carencia de la figura
de apoyo (generalmente la paterna). según la cuál los niños se
pudieran moldear, las anormalidades físicas o mentales, los antecedentes familiares, el tipo de personalidad, el ambiente social
inadecuado y la relación general entre influencias del hogar, la
iglesia, la comunidad y el estado (Powel 1975).
El área metropolitana de Monterrey, es por escencia un lugar
en el que se reunen diversas de las condiciones mencionadas
anteriormente; podemos agregar que el proceso de migración de
otros estados, o de la zona rural de Nuevo León a dicha área
urbana, implica un complejo proceso de adaptación que no todos
pueden concluir satisfactoriamente. De hecho, las familias de la
mayoría de los jóvenes infractores de Monterrey proceden de los
estados de San Luis Potosí, Zacatecas y Tamaulipas, y viven en
la periferia de la zona urbana. Es de interés mencionar también
que, además de este proceso de trasculturación, el joven tiene
que adaptarse a su nueva vida de adulto, la cual viene acompañada por los cambios de la pubescencia, de actividad laboral
y , no en pocos casos, de una vida matrimonial temprana.

71

casos labore como recogedor de basura, cargador o pepenador,
siendo en ocasiones delincuente de poca monta (ratero), y que
subsista principalmente en las llamadas ciudades perdidas de la
periferia de las grandes ciudades. Dicho autor señala, además,
que uno de los problemas más peculiares es la falta de comunicación entre el padre y los hijos.
Otros autores como Aparicio y Ramponi (1984), mencionan
que la familia dentro de su contexto social se encuentra marginada
al igual que el menor en ella misma. Frecuentemente, la familia no
permite un proceso adecuado de socialización de valores y pautas; ello se debe, quizás, a que la familia -como ya se mencionóestá sujeta a un proceso de cambio y adaptación en donde su
forma de vida es diferente, el padre tendrá otro tipo de empleo, en
algunos casos la madre trabajará dentro o fuera de la casa, y las
formas de interacción comunitaria serán diferentes a las prevalecientes en su lugar de origen.
.
Santiago Ramírez (1977), asegura que los niños mexicanos,
una vez que pierden la protección que la madre le daba, se
encuentran totalmente desolados y desprotegidos contra todas
las inclemencias del exterior; su escuela es la calle y carecen de
la figura paterna, o bien ésta es eventual y transitoria.
Aunque idealmente, la familia debiera ser, como menciona
Tocaven (1979), una estructura y organización que brinde protección material, que funcione como educadora y tutelar, teniendo a
los padres como guías consejeros, como prototipos humanos a
quienes admirar e imitar y, sobre todo, como fuente de comprensión y cariño. Ellos representan para el niño y el joven, además
del modelo básico para su desarrollo y formación, la protección y
la seguridad emocional.

Objetivos y metodología.
Rodríguez Manzanera (1987), considera a la familia criminógena como aquella en la cual es casi imposible que el menor
no llegue a delinquir, ya que vive en absoluta promiscuidad e
impera en ella la miseria y el hambre. En tales familias es común
que el padre sea alcohólico o drogadicto, y que en el mejor de los

.
El presente es un trabajo retrospectivo, transversal y descriptivo que pretende identificar someramente los principales problemas socio-familiares del menor infractor en Monterrey Nuevo
León.
'

�72

Se analizaron 350 entrevistas familiares, partiendo de familias de menores infractores. Dichas entrevistas fueron efectuadas
en el período de enero a marzo de 1988. La encuesta fue diseñada
para identificar los problemas existentes en los diferentes subsistemas familiares como son: el conyugal, el parental y el fraterno,
elaborando además un listado de problemas en el ámbito sociocultural.
El menor infractor fué evaluado desde el punto de vista
psicólogico, pedagógico, social y médico; el consejero instructor
(algo semejante al juéz de los adultos), analizando los resultados
de las evaluaciones y la situación legal tomaba la determinación
pertinente en relación a la readaptación del infractor, ya sea la de
internar al joven, o dejarlo libre; en ambos casos era necesaria la
asesoría y orientación a los padres, quienes fueron entrevistados
por psicólogos que siguen y aplican el enfoque sistémico.

73

Como en todo sector marginado, el problema económico es
muy relevante, ya que el patrón social y cultural está marcado por
el ingreso económico. Este grupo de padres, que viven en zonas
periféricas ode bajo nivel socio-económico del área metropolitana
de Monterrey, generalmente ha emigrado de pueblos pequeños
o rancherías del mismo estado, o de los estados vecinos. Conservan dentro de su patrón de vida el que la mujer no trabaje, y que
el padre se dedique mayormente a actividades de la costrucción,
o bien a laborar como obreros en fábricas, ya que como acabamos de señalar, no tienen un nivel educacional adecuado que le
permita desempeñar una profesión calificada.

Resultados.

. De tas familias incluídas, la mayoría de los varones (72.1%)
y el total de las mujeres fueron entrevistados por primera vez en
el Consejo Tutelar para Menores. El 28.6% de los varones fueron
traídos por actos contra la salud; 20.5% por pandillerismo, 20%
por robo, y el restante 27.9% por otras infracciones menos frecuentes como son: lesiones, atentados al pudor, etc.; en las
mujeres, las causas fueron: fugarse del hogar, mala conducta,

Características socio-demográficas.

vagancia, etc.

En esta área se encontró que el 76.8% de las parejas viven
bajo el régimen del matrimonio; como era de esperarse dadas las
condiciones culturales de la población, un porcentaje alto, el 84%
de las mujeres, se dedican a las labores del hogar, 12% están
empleadas como trabajadoras domésticas y el 4 % restante se
dedica a diversas actividades como son: empleadas de oficina,
obreras en fábricas y recamareras en hoteles. Los padres se
desempeñan en un 90.3% como albañiles u obreros, y el 9. 7% a
actividades como cobrador, empleado de oficina y vendedor
ambulante.
Observamos el predominio de un bajo nivel de escolaridad
en la mayoría de los casos. 76.4% de los varones no completaron
la educación primaria; lo mismo puede decirse para el 85.9% de
las mujeres. Por otra parte, el 46% de los menores eran estudiantes, con un nivel educacional de primaria en el 43% de los casos
(véase la figura 1).

Dinámica familiar.
Esta sección puede subdividirse de acuerdo a los problemas
Identificados en el padre, la madre y los hijos.
En relación con los padres, encontramos en orden descendente los siguientes: problemas de comunicación, 39%; el ser
tolerante y que vigila poco la actividad de los hijos, 34%; de tipo
económico, 34%; falta de disciplina, 17%; irresponsabilidad, 16%;
falta de integración, 14%; alcoholismo, 12%; abandono o separación de la pareja, 11 %; ser agresivo y autoritario, 7% en ambos
casos (véase la figura 2).
En lo que respecta a las madres, se encontró lo siguiente: el
ser tolerante y dar poca vigilancia a la conducta de los hijos, 29%;
problemas de comunicación, 25%; problemas de tipo económico,
23%; falta de disciplina, 13%; falta de integración a la d inámica
familiar, 9%; irresponsabilidad, 5%; el ser autoritario 4% ; aban-

�75

74
dono o separación de la pareja, 3%; alcoholismo y agresividad,
6% en ambos casos (véase la figura 3).

Conclusiones.

Los puntos de relevancia que se encontraron muy semejantes en la problemática del padre y de la madre fueron: la deficiente
comunicación, poca vigilancia de las actividades de los hijos, falta
de disciplina y problemas económicos; existiendo diferencia marcada en: irresponsabilidad, autoritarismo, agresividad, abandono
y/o separación, falta de integración y alcoholismo (figura 4).

socioeconómico de la mayoría de estas familias, sino que se
convierte, frecuentemente, en un obstáculo mayor para el proceso
interno de educación familiar. En este sentido, coincidimos con lo
expuesto por Rodríguez Manzanera (1987), cuando afirma que «el
primer enemigo de los niños es la ignorancia de los padres».

En relación con los hijos, encontramos porcentajes similares
a los encontrados en los padres; la falta de comunicación en un
28%, la falta de integración en un 25%, así como otros problemas
relacionados a la edad como son: uso de drogas, 24%; participar
en una pandilla, 23%; problemas económicos, 23%; robo, 17%;
problemas de índole sexual desde el punto de vista legal, 11 %; el
no hacer nada, 3%; agresividad, 2%, y el salirse fuera de casa sin
un objetivo claro y preciso, 4% (véase la figura 5).
Cabe mencionar que éstos datos podrían repetirse en cada
individuo por lo que no son sumatorios entre sí.
Al analizar el subsistema conyugal, encontramos deficiencias en la comunicación en un 39%, problemas para la toma de
decisiones en un 30%, falta de apoyo del conyuge para tomar
decisiones y/o acciones concretas en un 31 % y roles y límites no
claros en un 25% (figura 6).
Interrogamos a los hijos sobre la relación con sus padres,
encontrándo deficiencias en la comunicación en un 42%, normas
y reglas no claras ni precisas en dicha relación en 27%, roles y
límites no claros en un 24% y falta de apoyo de los padres para la
toma de decisiones o acciones de sus hijos en un 20% (véase la
figura 7) .
A nivel del subsistema fraterno no se dispuso de suficiente
información, ya que los jóvenes no participaron de sus problemas;
el área en la que se detectó mayor problema fué en la comunicación, siendo deficiente entre los hermanos en un 19%.

La falta de una educación formal no sólo refleja el bajo nivel

Los padres participan en forma limitada en la dinámica
familiar y comunitaria, el principal problema es la carencia de una
adecuada comunicación con los hijos, además de que se nota en
términos generales la predominancia de una gran tolerancia y del
hecho de que los padres vigilan poco las actividades de los hijos
y no imponen disciplina en la familia, estos son hallazgos identificados en el 87% de los padres participantes. Paradójicamente,
encontramos un gran número de problemas relacionados con el
autoritarismo de los padres. Esto coincide con lo señalado Rodríguez Manzanera (1987), en cuanto a que el adolescente se revela
cuando el padre es irracional y autoritario.
Otro dato importante es el alcoholismo que influye en el
desarrollo familiar provocando miseria, pereza, inestabilidad profesional, malos tratos y hasta inmoralidad sexual, así como delincuencia y prisión.
Es menester mencionar que estas familias provienen generalmente del campo, y es ahi donde el machismo y la falta de
apego del padre a la familia es más marcado, como menciona
Díaz Guerrero (1988), el problema de la organización familiar en
México, «es la ausencia del padre y el exceso de madre...
Los problemas identificados por los hijos son el reflejo de
una familia que no les ofrece el apoyo, la asesoría ni la orientación
necesarias para hacer de ellos adolescentes adaptados a su
medio, y no convertidos en delincuentes en potencia.
En relación con los hijos, ellos reflejan la misma problemática
observada en los padres, aunque en menor escala. Como era de
esperarse, se repite en ellos el patrón que indica una deficiente
comunicación, así como una falta de integración y problemas de

�76

índole social, como son: drogadicción, pandillerismo, robo e
incluso problemas sexuales; generalmente estos patrones de
conducta son aprendidos al estar el joven con su grupo de amigos
en la comunidad.

FIGURA 1
. ESCOLARIDAD DEL MENOR (%)

Desde el punto de vista sistémico, el área que presenta el
mayor problema es la referente a la comunicación entre los
miembros de la unidad familiar, la cual es seguida por la falta de
apoyo mutuo, y el no ponerse de acuerdo en la toma de decisiones, así como la poca claridad en la definición de roles y la
ausencia de límites claros y flexibles.

-

íflB

~ SEC TER

0
E3

1.- Mejorar el nivel educativo de todos los miembros de la
familia, a través de la implementación de sistemas de educación
abierta, en aquellos lugares en los .que predomina una concentración de personas con nivel educacional bajo, estableciendo
escuelas nocturnas y de alfabetización, así como la creación de
sistemas de becas a menores de escasos recursos.

Todas éstas actividades dirigidas a la pareja y a la familia
deberán ser diseñadas con el propósito de mejorar la comunicación familiar. la disciplina, las normas y reglas intra-familiares
y fomentar cada vez más la participación del padre en la familia,
dado que la sociedad moderna lo exige, y puesto que si no se
logra dicha apaptación, se generará un mayor número de familias
con problemas como los ya expuestos.

PRIM TER

~ SECINC

Con base en las consideraciones previas sugerimos:

2.- Mejorar la dinámica familiar por medio de la formación
prematrimonial, enfatizando en las áreas del desarrollo de acuerdo al ciclo vital de la familia y ofreciendo, además, capacitación y
orientación continua a los padres que viven en sectores ma_rginados. Sugerimos asimismo el establecimiento de programas
de asesoría y readaptación orientados a padres de menores
infractores en zonas con mayor incidencia.

ANALFABETA

~ PRIMINC

TEC O PREPA INC
TEC O PREPA TER

[IIl] PROFESIONAL

.
FIGURA 2
PROBLEMAS COMUNES EN LOS PADRES

ALCOHOLISMO

6$

ECONOMICOS 18$

FALTA DISCIPLINA 9~
AUTORITARIO 4'l,
IRRESPONSABILIDAD 8$

AGRESIVIDAD 4$

FALTA DE INTEGRACION 7$

POCA VIGILANCIA 18$

�78

FIGURA 5
DEFICIENCIAS EN SUBSISTEMA CONYUGAL

· FIGURA 3
PROBLEMAS MAS COMUNES EN LAS MADRES

IRRESPONSABILIDAD 4$
FALTA DE DISCIPLINA 11%

AUTORITARIO 4%
PROB. COMUNICAOON 23

FALTA INTEGRACION 8%
ROLE S Y LIMITES 24%
AGRESIVIDAD 1%

ALCOHOLISMO 1$

~I

APOYO MUTUO 9%
POCA VIGILANCIA 26%
ABANDONO-SEPARACION 2$
TOMA DE DECISIONES 29%

~1 ,:
1

~\ .

FIGURA 6
. DEFICIENCIAS EN SUBSISTEMA PARENTAL
FIGURA 4
PROBLEMAS MAS COMUNES EN HIJOS

200 r--

-

-

-------------=-----~
AfllAI
• ••o o• v ■ 1c.1 0 ■

........... u •.--...
u - •ot. H ., LUUTt•
U •AIIIO'IO •tt•o

H50
USO DE DROGAS 15%

PANDILLEAISMO 14%

FALTA COMUNICACION 17

100

50
ROBO 10%
FALTA INTEGRACION 16$
$ALI DA DE CASA 2%
PROBLEMAS SEXUALES 7%

o
ECONOMICOS 14%

02

01

-

PADRE

03

fZ:3 HIJOS

04

�80

81

TRABAJO FEMENINO Y VIDA FAMILIAR. ESTu910 COMPARATIVO ENTRE QUEBEC Y MEXICO
BIBLIOGRAFIA

Arnulfo, M.C. y L. Matuk {1983), Bioestadfstica, México, Ed.
Francisco Méndez Cervantes
Aparicio, J.E. y A.M. Ramponi {1984), Delincuencia Juvenil
Urbana, Buenos Aires, Ed. Humanitas.
Díaz Guerrero, Rogelio {1988), Psicologfa del Mexicano, México,
Ed. Trillas, 4a. Edición.
Fayad Camel, V. {1974), Estadistica Médica y de Salud Pública,
México, Ed. Venigráfica, S. A.
Lydwing, Bernard y Cerda Lydwig (1985), Delincuencia en niños
y adolescentes, México, Ed. Roca. .
Moreno Altamirano, Fernando y Laura Cano Valle (1988), Epidemiología Clfnica, Monterrey, Ed. Universidad Autónoma de
Nuevo León.
Powel, Marvin {1975), Psicología de la Adolescencia, México,
Fondo de Cultura Económica.
Ramírez, Santiago {1977), El Mexicano, Psicología de sus Motivaciones, México, Ed. Grijalvo.
Rodríguez Manzanera, Luis {1987), Criminalidad de Menores,
México, Ed. Porrua.
Tocaven Roberto {1979), Elementos de criminologfa infantejuvenil, México, Ed. Edicol.

Manuel Ribeiro Ferreira2
Introducción.
Cuando estudiamos a la familia occidental moderna, no es
posible dejar de constatar que ésta ha sufrido transformaciones
radicales en el curso de las últimas cuatro décadas. Y sin temor
de equivocarnos, podemos asegurar que uno de los elementos
centrales de tales cambios familiares ha sido el acceso creciente
de las mujeres -particularmente de las mujeres casadas- al mercado de trabajo. El trabajo no doméstico3 de las mujeres ha tenido
tal impacto sobre la estructura y la organización de la familia, que
podemos afirmar que constituye uno de los factores más importantes para comprender el fenómeno de la familia actual.
La historia del trabajo femenino ha estado ligada, en gran
medida, con las condiciones estructurales de las sociedades que
favorecen u obstaculizan la inserción de las mujeres a los empleos
remunerados; pero sobra decir que dicha historia ha estado
también marcada por la condición social y familiar de las mujeres.
Refiriéndose a las mujeres quebequenses, Francine Barry {1977)
dice que toda la problemática del trabajo femenino parece estar
articulada alrededor de un eje dialéctico, cuyas coordenadas
serían la industrialización y las tradiciones familiares.

De hecho, podemos decir que la industrialización se acom-

Deseo Agradecer a la Dra. Renée Dandurand y a la Dra. Denise Lemieux del
lnstitut Ouébécois de Recherche sur la Culture. por sus valiosos consejos y
por su apoyo desinteresado.

2 Investigador de la Facultad de Trabajo Social de la UANL.

3 Por comodidad, utilizaremos frecuentemente términos tales como •trabajo
de la mujer• o "mujeres trabajadoras·, para referirnos a las mujeres que
realizan una actividad económica remunerada. Ello no quiere decir, sin
embargo, que el trabajo doméstico no sea un trabajo. Antes al contrario,
consideramos que la actividad doméstica es, en un sentido estricto. una
actividad económica (aún cuando no sea remunerada).

�82

pañó de importantes transformaciones sociales que de alguna ·
manera favorecieron la inserción laboral de las mujeres: urbanización, desarrollo del sector terciario (que es el sector que
ofrece mayores oportunidades de empleo para las mujeres),
secularización, consumo masivo, mejoramiento de la tecnología
doméstica, aumento del costo de la vida, desarrollo de una tecnología contraceptiva eficaz y accesible que permitió regular la
fecundidad, etc. Pero al mismo tiempo que estos cambios creaban
necesidades y oportunidades para que las mujeres penetraran al
mercado de empleos, otras condiciones sociales y familiares
presionaban en sentido opuesto, constituyendo obstáculos para
tal penetración: por un lado, la familia tradicional restringía a la
mujer al desempeño de su papel expresivo de madre-esposa y la
hacía responsable del sostén moral y afectivo de esta «célula
básica de la sociedad»; por otro lado, las ideologías sexistas
percibían en el trabajo extradoméstico de las mujeres una amenaza para el equilibrio social y familiar.
Estas observaciones, válidas en términos generales para las
sociedades occidentales modernas, nos parecen perfectamente
aplicables para ciertos países en vías de desarrollo que, como
México, están inmersos en un acelerado proceso de industrialización y de modernización. A partir de esta hipótesis, el objetivo
que perseguimos aquí es el de comparar someramente las principales características que han marcado la historia reciente de la
actividad económica de las mujeres en Ouebec y en México (con
particular énfasis en el caso específico del estado de Nuevo León).
Si bien sabemos que las condiciones de vida son bastante d iterentes en cada una de estas regiones, y que se distinguen por
premisas socioculturales particulares, nos ha parecido oportuno
de tratar de analizar cómo, la evolución en México de un estilo de
vida que no deja de "occidentalizarse", está provocando mutaciones sociales y familiares que siguen en sus grandes trazos las
tendencias que ya han sido observadas en Quebec y en otras
sociedades occidentales desde hace ya varias décadas.
Auque sabemos que en el proceso de evolución social cada
sociedad desarrolla razgos muy particulares. aspectos socioculturales que le son propios y que la distinguen de las otras socieda-

83

des, desde que la entrada a la era industrial se convirtió en una
realidad para los países de Occidente, cada vez es más fácil
descubrir similitudes, tanto en los modos de vida, como en las
relaciones sociales. Esto se debe al hecho de que el estilo de
desarrollo que ha sido elegido por estos países los coloca en una
vía muy próxima unos de otros, pero sobre todo, porque cada una
de estas culturas se vuelven más vulnerables frente a la introducción de la tecnología en la vida cotidiana y porque los modernos
medios de comunicación y el avance en el campo del transporte
debilitan las fronteras culturales.
Por su parte, los países no industrializados (o en vías de
desarrollo y de industrialización) presentan un panorama mucho
más diversificado, debido a que no entraron a la era moderna al
mismo tiempo ni al mismo ritmo, y porque la presencia de la
tecnología en la vida social tiene un peso mucho menos importante que en los países industrializados. En el caso de México,
podemos decir que hizo su entrada a la modernidad con mucho
retraso con relación a los países industriales de Europa y de
Norte-América, pero con adelanto respecto a la mayoría de los
países del Tercer Mundo. La industrialización de México, que
comenzó a definirse tímidamente desde principios del siglo veinte
y que adquirió mayor fuerza a partir de los años cuarenta, siguió
un proceso lento, que tuvo un efecto importante sobre la distribu4
ción de la población (urbanización ) así como sobre otras variables demográficas (particularmente la mortalidad y la natalidad5)
y familiares (composición, tamaño, distribución de roles sexuales,
etc.). Por otra parte, la cercanía geográfica de México con los
Estados Unidos lo ha hecho sumamente vulnerable a la penetración cultural, lo que se refleja en los estilos de vida de las

4

Hasta 1940, México se clasificaba como un país de urbanización "media baja',
pero a partir de esos años el ritmo de urbanización se intensificó para llegar,
en 1960 a un nivel de urbanización "medio alto• (Colmex 1970). Según los
datos censales, la población urbana de México pasó del 28.3% de la población total en 1900 al 71.3% en 1990.

5 Desde principios de este siglo, la mortalidad ha disminuido constantemente
en México para llegar en la actualidad a tasas similares a las de Occidente.
La natalidad, en cambio, se mantuvo constante hasta la década de 1970.

•

�85

84

grandes ciudades mexicanas.

del estado (INEGI, 1992a).

Ahora bien, la hipótesis de base que proponemos sugiere
que, aunque expresado en circunstancias y tiempos distintos, el
camino que sigue un país en desarrollo con las características de
México en lo económico (economía de mercado, industrialización
acelerada) así como en lo social (urbanización, secularización de
la vida cotidiana, cambios demográficos, cambios familiares),
provoca que las condiciones que rodean al fenómeno del trabajo
femenino y el impacto que éste tiene sobre la vida familiar sean
similares a las experimentadas por los países desarrollados, sobre
todo después de la segunda mitad de este siglo. Como dice
Leñero {1987:45) refiriéndose al caso mexicano: «el sistema capitalista, monetarista y consumista en el que estamos cada vez más
inmersos y del que somos cada vez más dependientes, afecta
necesariamente a la vida cotidiana vivida en el seno familiar». El
tema no deja de ser interesante, sobre todo si consideramos que
el reciente acuerdo de libre intercambio comercial (TLC) puede
acelerar el ritmo del proceso de modernización y de occidentalización de México, con todas las consecuencias que ello pueda
implicar al nivel de la vida cotidiana de las gentes y de sus familias.
La comparación con Quebec se antoja interesante si tomamos en
cuenta que en esta Provincia franco-canadiense estos cambios se
presentaron tardíamente6, y que se trata de una Provincia en la
que predomina la religión católica (igual que en el caso de México)
y en la que -al menos hasta hace algunos años- la religión ejercía
un fuerte influjo en la vida cotidiana de las personas y de sus
familias. Además, si en el caso mexicano hemos decidido hacer
una referencia más particular al estado de Nuevo León, ello se
justifica por que en este estado la modernidad está más acentuada
que en el resto del país; véamos algunos ejemplos:

b) La tasa de mortalidad de Nuevo Le~n es más baja q~e la del
país en su conjunto. En 1979, la mortalidad general habIa alcanzado una tasa bruta de 4.7 decesos por mil habitantes (garcía y
Falcón, 1986). La esperanza de vida al nacimiento era, en 1987,
de 73.5 años para el conjunto de la población (75.4 años para las
mujeres y 71 .6 años para los hombres) (COESPO, 1988).

a) En Nuevo León el porcentaje de población urbana es el más
elevado del país. En 1990, más del 90% de la población total era
urbana. Tan sólo en la región metropolitana de Monterrey -su
capital- se concentran más del 87% de los 3,086,500 habitantes

c) Por su parte, la fecundidad es también menor que la observada
en el país. Las mujeres de 12 años y más tenían, en 1990, un
promedio de 2.3 hijos (INEGI, 1992a).
d) En lo que se refiere a la educación, el censo de 1990 mostró:
que 92.7% de los jóvenes de 6 a 14 años de edad fr~_cuentaban 1~
escuela (en comparación con el 86% de los otros Jovenes ~exIcanos); que la proporción de población analfabeta de 15 a~os o
más del estado equivale a casi la tercera parte de la del paIs (en
Nuevo León es de 4.6%); y que 57.1% de la población de 15 años
y más posee algún grado de instrucción post-primaria.
e) En Nuevo León, la religión católica predomina (como sucede
en todo el país). Según los datos proporcionados por el Censo de
1990, el 89.7% de la población total del estado es católica.
f) Por último, es necesario agregar que Nuevo León colinda
geográficamente con los Estados Unidos, y que esta proximi~ad
ha facilitado la penetración socio-cultural. Este hecho ya ha sido
señalado por diversos autores, como Leñero (1983). En consecuencia, puede decirse que en Nuevo León el proceso de
occidentalización ha sido más marcado que en el país en general.
7

Evolución reciente de la actividad económica de las mujeres.

En Canadá, al igual que en los Estados Unidos, la llegada de
un gran contingente de mujeres a los empleos remunerados se
produjo desde los albores de la decada de 1940 como consecuencia, entre otras cosas, de la Segunda Guerra Mundial. La guerra

7 Utilizaremos aquí los términos •actividad femenina· o "trabajo de la mujer·
6 En comparación con el resto del Canadá y de los otros países occidentales.

para referirnos a las mujeres que se encuentran en el mercado de empleo~.
Esto no quiere decir que las mujeres que _no están en el mercado de trabaJO
o que no reciben remuneración no traba1an . En este sentido sabemos que
una actividad económica puede o no ser remunerada

..

�86

87

había estimulado la prosperidad económica en Amé!ica del Norte
poniendo término a la larga depresión d~ los anos 1930.n ~
industria de guerra provocó un aumento sin precedentes e
producción de las fábricas, a tal punto que los empleadores se
vieron en la necesidad de contratar a toda la mano de obra
disponible que no había sido movilizada por la ar~ada. Este
suceso contribuyó enormemente a la insersión masiva de las
mujeres en el mercado de trabajos (Vinet, 1982: 24).
Aún cuando el final de la guerra signtticó el regreso masivo
de las mujeres a sus hogaresª (Descarries-Bélanger, 19~0:47), la
coyuntura económica favorable d: la post_-gue~ra, asociada co~
el florecimiento del sector terciana contribuyo a .atraer nu~va
mente y a retener a las mujeres en los empl:?s (Vine~, 1982.25).
Otros factores económicos y sociales tamb1en con~nbuyeron al
mantenimiento de la actividad económica de las mu¡eres: la ~volución de la tecnología doméstica, el surgimiento de!ª~ ~or~1das
preparadas y de los vestidos de fibras artificiales de fa_c1I limpieza,
la reducción de la semana laboral y, un poc_o ma~ tarde, , la
disminución de los niveles de fecundidad y el amvo de ide9log1as
nuevas sobre la condición de ta mujer..
En México, por el contrario, el impacto de la guer~a fue
insignificante, porque la participaci~n militar _de este pa1s f~e
prácticamente marginal. Si para esta epoca hab1a ya una pequena
proporción de mujeres activas en el mercado lab~ral (e~ 1940 la~
mujeres representaban et 7.4% de la población a~tlva) (P1ck, 1989.
51), la incorporación de las mujeres a los traba¡os remunera?os
se produjo a un ritmo mucho más lento que en lo~ ~tros-~os pa1se~
norteamericanos. Así, en Canadá, la tasa de part1c1pac1on femeninag en el mercado de empleos pasó del 22.3% en 1941 al 40% en

!~

8 Rec~rdemos que de_spués deel~i~~r~: ~i~~~~i~i~ ~~i7~~c~~~i~;;~~
6
:~::~~~1~:n~~~~nr~~:ilr~~sta\ados en sus empleos y desplazaron a buena
parte de la mano de obra femenina.
1

9 La tasa de participación femenina es el porcentaje de la población femenina
de 15 anos y más que forma parte de la mano de obra.

1980, y en la Provincia de Ouebec, en el mismo período, pasó del
18.4% al 38.8% (Descarries-Bélanger, 1980: 44) (Cuadro 1). Para
1988, 53.1 % de las quebequenses y 58.9% de las canadienses de
14 años y más participaban en la mano de obra (Motard et Tardieu,
1990: 54). En México, según los datos Censales, en 1970 las
trabajadoras constituían el 20% de la población activa de 12 años
y más, y esta proporción se incrementó al 23.5% en 1990. En el
Estado de Nuevo León la proporción de mujeres en empleo es
apenas superior, ya que era del 21.8% en 1970, del 25% en 1980
y del 26.1% en 1990 (INEGI, 1992a) 10. Si comparamos los datos
de los cuadros I y 11, podemos constatar que la tasa de participación de las mujeres mexicanas en la mano de obra total en 1990
equivale, aproximadamente, a la observada para las mujeres
quebequenses en la mitad de los años 1960.
Es preciso reconocer que, au_nque hacemos alusión a la
evolución del trabajo económico femenino a partir del período de
la segunda gran guerra, en los hechos, la historia del trabajo de
las mujeres es mucho más antiguo. En todas las épocas, las
mujeres han contribuido directamente a la producción de bienes
y de servicios, aún cuando dicho fenómeno no siempre ha sido
reconocido socialmente. En las sociedades rurales, por ejemplo,
las mujeres han estado habitualmente implicadas en las tareas
agrícolas, pero casi siempre han sido excluidas de las estadísticas
oficiales y no han sido consideradas como parte de la población
económicamente activa (labrecque, 1986). Tradicionalmente, si
ciertos trabajos y servicios ejecutados por las mujeres no eran
completamente absorvidos por las familias, ellos eran frecuentemente benévolos y por lo mismo escapaban al cálculo estadístico
de la población activa (Barry, 1977: 1). Pero incluso si consideramos únicamente el trabajo remunerado fuera del hogar, es
un hecho evidente que una buena cantidad de mujeres hablan ya
incursionado en las fábricas desde los albores de la revolución
industrial.

1O las estadísticas proporcionadas por los Censos mexicanos a este respecto
se refieren a las mujeres de 12 años y más, y no a las de 14 años y más, como
en Canadá.

�88

89

Un aspecto importante de la evolución del trabajo femenino
es el que se refiere a su estado civil. En Quebec, por ejemplo, hasta
la década de 1960, la mano de obra femenina estaba compuesta
mayoritariamente por mujeres solteras (62.7% de todas las trabajadoras en 1961). Hacia finales de los años 1980, esta proporción
se invirtió, y las casadas constituían el mayor contingente de
empleadas (62.2% en 1987) (Paquette, 1989: 17). Ello se debe al
hecho de que a principios de los años 1960 las mujeres jóvenes
abandonaban sus empleos para casarse; en los años 1970 su
actitud comenzó a modificarse, pues ellas regresaban a sus
hogares sólamente después del nacimiento de su primer hijo; en
1980, la maternidad no era ya un obstáculo para una gran proporción de mujeres, lo que se refleja en el hecho de que en 1987 el
57% de las madres de niños pequeños eran trabajadoras asalariadas (Paquette, 1989: 16). Debemos señalar, sin embargo, que
en Quebec, todavía en la actualidad, el matrimonio hace disminuir
11
las posibilidades de las mujeres de ocupar un empleo . En el
cuadro III podemos observar que, en 1986, las tasas de participación en la mano de obra de las solteras y de las mujeres en unión
libre eran más elevadas que las de mujeres casadas, con o sin
hijos, y que el más bajo nivel de participación se encantaba entre
aquellas mujeres que estaban casadas legalmente y que no tenían
hijos
Esta situación es mucho más acentuada en México, y de
manera más específica en el estado de Nuevo León, ya que como
lo muestran los resultados de diversas investigaciones, la mayoría
de las mujeres abandonan el empleo en el momento de contraer
matrimonio o de unirse libremente (Leñero, 1968) (Ribeiro, 1989,
1992) (Ribeiro y otros 1991). Así por ejemplo, en la región metropolitana de Monterrey, nuestro estudio de la familia de 1989 nos
mostró que entre las 2007 mujeres casadas que fueron entrevistadas, 67.4% tenían un empleo antes de casarse, y que una vez
casadas, sólo el 15.7% conservaban un trabajo remunerado fuera

del hogar y 8.1% ejercían algún tipo de actividad remunerada
dentro de su casa. En el campo neo-leonés la situación no es muy
diferente, pues aún cuando se demostró que las mujeres campesinas enfrentan serias dificultades estructurales para encontrar
empleos extradomésticos, la mitad de ellas trabajaban en actividades extrafamiliares antes de unirse marital mente y sólamente
6.7% conservaban un empleo después de la unión (Ribeiro, 1992)
Un elemento de convergencia entre la situación de las mujeres de Ouebec y las mexicanas consiste en que los primeros
empleos accesibles para ellas les obligaban a reproducir en el
nivel social las tareas que tradicionalmente les habían sido asignadas en el plano doméstico: limpieza, preparación de alimentos,
cuidados a los niños, a los enfermos y a los viejos, fabricación y
mantenimiento de la ropa, etc. (Elu, 1975a: 73). Es fácil darnos
cuenta que, aún hoy, existe un doble mercado de trabajo fundado
sobre la división social de los sexos; y podemos afirmar que esto
es igualmente cierto para Quebec (cuadro IV) como para México
(cuadro V), ya que en ambos casos las mujeres se encuentran
concentradas en actividades tradicionalmente femeninas.
Además, como ya ha sido señalado por Catalina Wainerman

y Zulma Recchini (1981 ), el trabajo femenino ha estado caracterizado por una gran discontinuidad y por el hecho de que
frecuentemente es realizado a tiempo parcial 12. Una encuesta
sobre la familia quebequense, realizada en 1984, mostró que el
60% de las mujeres interrogadas habían conocido una o varias
interrupciones de al menos un año desde su entrada a la vida
activa, mientras que entre los hombres este porcentaje era de
apenas 16% (Kempeneers, 1987). En Quebec, el porcentaje de
mano de obra femenina que trabaja a tiempo parcial se ha incrementado del 14.4% en 1976 al 22.6% en 1987. Entre los

12 Incluso en los países en l?s que las ta~s de participación femenina son más
11 Le 9?urdais et Desrosiers (1988: 170), Tra¡ectoires démographiques et profess1onnelles: une analyse longitudina e des processus et des détermlnants, rapport de recherche, INRS-Urbanisation , cit por Oandurand (1992).

elev~das, como en Suec1!l, un gran numero de mujeres trabajan a tiempo
~ar~1al (cfr. Barrere-Maunsso~. 1992). Señalemos de paso que la discont1nu1dad e~ l~s carreras profe~1onales de las mujeres constituye un factor de
empobrec1m1ento, como ha sido demostrado en los países de la Comunidad
Económica Europea (Bawin-Legros, 1988: 180).

�91

90

hombres, en cambio, el trabajo a tiempo parcial es mucho menos
frecuente (6.8% en 1987) (Motard y Tardieu, 1990: ~4-75).
En México, de acuerdo con el censo de 1990, 87% de los
hombres y 60% de las mujeres trabajan 33 horas o más por
semana. Además, el empleo femenino, es comunmente interrumpido por el matrimonio -como ya lo hemos visto- pero también por
la llegada de los hijos, en un contexto de fecundidad aún muy
elevada.
El trabajo de las mujeres se desarrolló así, en condiciones
muy desfavorables, puesto que su acceso a los empleos se
limitaba a tan sólo algunas esferas de la economía, sus salarios
eran proporcionalmente más bajos que los de los hombres y, para
las madres de familia, la actividad económica significaba -en la
mayoría de los casos- la realización de una doble jornada de
trabajo. Sin embargo, el hecho mismo de trabajar en actividades
no domésticas marcó profundamente la historia de la vida de las
mujeres... y la de sus familias. Si bien es verdad que para la mayor
parte de las trabajadoras el empleo extrahogareño no significa la
búsqueda o la conquista de la autorrealización o del desarrollo
pers_onal, sino más bien responde a la exigencia de una necesidad
económica (igual que para los varones), no menos cierto es que,
a pesar de las poco alentadoras condiciones que acabamos de
describir, la mayoría de ellas afirman que seguirían trabajando aún
si no enfrentaran necesidad económica alguna; esto es al menos
lo que podemos concluir de las más recientes investigaciones
efectuadas en Nuevo León (Ribeiro, 1989, 1992).

Trabajo de la mujer, dominación masculina y hostilidad hacia
el empleo femenino
Partiendo de algunos ensayos e investigaciones efectuados
por feministas mexicanas, Labrecque (1986) trata de mostrar que
para las mexicanas el hecho de incorporarse al mercado de
empleos no pone término a la dominación masculina. Simultáneamente, esta autora hace una fuerte crítica a la muy desfavorable condición en la cual se encuentran estas mujeres. Partiendo
de algunos datos recolectados al principio de la década de 1980

en un sector rural del norte de México, ella asegura que: "· .. de
todas las situaciones familiares experimentadas por las mujeres
que reciben un salario, es cuando son jefes de familia, es decir en
ausencia del hombre, cuando disponen de mayor autonomía»13.
A este respecto, estamos de acuerdo en decir que el trabajo
remunerado no constituye directamente una fuente de liberación
de las mujeres frente a la dominación de los hombres 14 , y aceptamos igualmente que las condiciones que rodean el fenómeno
de la incursión femenina a las esferas económicas extrafamiliares
han sido muy poco ventajosas. No obstante, estamos obligados
a reconocer que tal situación no es monop9lio de las mujeres
mexicanas o de las latinoamericanas, sino que ella reproduce un
fenómeno que había sido observado en prácticamente todas las
sociedades industrializadas y que, por lo mismo, constituye un
elemento común de la historia moderna del trabajo femenino.
Si analizamos el caso de Quebec, podemos descubrir que
las feministas habían denunciado desde hace mucho tiempo las
condiciones difíciles y desiguales en las que el trabajo de las
mujeres franco-canadienses había evolucionado: reproducción
en el plano social de las tareas domésticas, salarios más bajos
que los de los hombres en circunstancias y actividades similares,
dificultad de acceso a los puestos de dirección, etc. Todavía en
1980, el promedio del salario femenino equivalía a tan sólo el 58%
del promedio del salario de los hombres, y ello se debía a que
estaban concentradas en un número limitado de empleos, los

13 Cit_a do por: Roldán,_I.M. (1981 : 11~). "Trabajo asalariad o y condición de la
muier rural en un cultivo de exportación: el caso de las trab ajadoras de tomate
en ~I estado de Sinaloa, México·, Seminario tripartito Regional para América
Latina sobre el Desarrollo Rural de la Mujer. Pátzcuaro. Michoacá n.

14

El pro_b!ema de la dominación masculina es muy complejo y no term ina ·
automatIcamente cuando la mujer empieza a trabajar. Como dice Vinet
(1982: 29): ' El conflicto que se delinea entre los hombres y las mujeres
sobrepasa netamente el cuadro estrecho de la participación de las mu¡eres
e~. el mercado de tra~ajo. las ide~s recibidas sobre la fam ilia, las resp onsab1hda_~ es de las pare¡as, las relaciones madre-hijo y pad re-h ijo, los hábitos
adqu,nd~s a través de muchas generaciones, en b reve el orden familiar
establecido está fundamentado sobre la aceptación de roles sociales d iferen•
tes para los hombres y para las mujeres"". (T. del A ).

�92

93

cuales estaban desvalorizados por que eran mujeres quienes los
ocupaban (David, 1986: 9). En 1985, de acuerdo a los datos
censales del Canadá, el ingreso medio de todas las trabajadoras
de la Provincia de Ouebec correspondía aún al 58.8% del de los
hombres, y entre las que trabajaban tiempo completo, la relación
de ingreso mujer/hombre era de 65% (Motard y Tardieu, 1990:
170-171).
La historia del trabajo femenino es la historia de una lucha,
de un combate aún no terminado para la emancipación y
la igualdad: derecho al trabajo prioritariamente, pero también igualdad de salarios y de oportunidades, lucha contra
la discriminación, contestación de la repartición de las
responsabilidades en la familia (Vinet, 1982) (T. del A.).
Aún cuando sabemos que el trabajo remunerado no libera
automáticamente a las mujeres de 1~ dominación de los varones,
parece evidente que la inserción de las mujeres en los empleos
asalariados, y el ingreso que ello implica, contribuyen en una larga
medida a modificar las relaciones entre las mujeres y los hombres
y las que se establecen entre las mujeres y la sociedad.
Entre los primeros obstáculos encontrados por las pioneras
de la actividad económica, uno de los principales fue la hostilidad
que hacia ellas manifestaba la sociedad tradicional, anclada en
una cultura masculina. Las ideas prevalecientes a este respecto
en casi todas las sociedades, se oponían firmemente a cualquier
modificación de los roles sexuales asignados a las mujeres. En
México, las investigaciones referentes a la familia y el trabajo de
la mujer (leñero, 1968; Elu, 1975a) han evidenciado el hecho de
que, para la cultura conservadora, el trabajo femenino pone en
peligro el equilibrio de la vida tradicional y el proceso de dependencia de la mujer. Particularmente entre las capas más desfavorecidas de la sociedad, es el hombre quien debe proveer y
satisfacer las necesidades de la familia; de no ser así, su virilidad
es cuestionada. Tal situación, muy común en América Latina, se
encuentra estrechamente vinculada con el fenómeno del "machismo". Partiendo de diversos estudios llevados a cabo en América
Latina sobre la condición femenina, Gissi (1975) concluye que el
hombre se opone al trabajo de la mujer porque «dejar que su mujer

trabaje es como reconocer públicamente que no es un hombre»,
y porque «la ñúnica manera de asegurarse de la fidelidad de una
mujer consiste en mantenerla económicamente dependiente».
Esta percepción de la virilidad, ligada al papel de proveedor, ha
sido descrita también en Ouebec: « ... el trabajo de la mujer sustrae
a ésta de la autoridad del marido (la hace independiente) al mismo
tiempo que le arrebata a éste la prueba más importante de su
15
masculinidad ...» . Entre las capas obreras de Ouebec, esta situación es descrita así por Alan Vinet (1982: 25):
Para el obrero, el lugar de la mujer está en el hogar. Sólo la
necesidad económica puede justificar el trabajo femenino
y aún así el hombre resiente una profunda humillación, un
sentimiento de fracaso... más allá de la ideología tradicional
de la madre en el hogar, guardiana de la lengua y de la fe,
la encrucijada del trabajo femenino reside también en la
imagen que el hombre se hace de su virilidad. (f. del A.).

A pesar de que cada vez más el trabajo externo de las
mexicanas es percibido como "normal", la oposición masculina
sigue constituyendo un obstáculo mayor en un buen número de
casos: en un estudio reciente realizado con hombres casados de
tres ciudades mexicanas (México, Monterrey y Querétaro), Leñero
( 1992) pudo observar la persistencia de actitudes machistas frente
al trabajo femenino. Los datos que recolectó en Monterrey muestran que 35.3% de los entrevistados afirmaron que nunca aceptarían que su esposa trabajase fuera de su casa, y 30.6%
respondieron que lo aceptarían, pero sólo en circunstancias especiales. Por otro lado, 41.2% del total de encuestados dijeron que
no aceptarían que la mujer ganase más dinero que el hombre. En
los medios rurales, la situación es en general más difícil para las
mujeres: una encuesta en medios rurales efectuada en la década
de 1980 permitió observar que, aún cuando el trabajo extra-

15 Fortín, Gérald

(1967: 64), "Aspects sociologiques du travail féminin", en: Le
travail féminln, Québec, Presses de l'Université Laval, citado por Oandurand
(1988: 27-28) (T. del A.).

�95

94

hogareño de la mujer era aceptado en forma individual por algunos de los esposos directamente involucrados, era en cambio
mal pe!cibido por la comunidad en su conjunto16.
Pero los varones de Monterrey no son los únicos que creen
que el lugar de la mujer está en el hogar y que ella no debería
comprometerse en un empleo. En general, la opinión de las
mujeres apunta en la misma dirección. Los datos de una investigación sobre la familia en el área metropolitana de Monterrey
(Aibeiro, 1989), revela claramente esta situación: cuando se les
preguntó a las esposas entrevistadas su opinión frente a la proposición: "si una mujer tiene resueltas sus necesidades económicas,
no debería trabajar fuera de su hogar'', 64% estuvieron de acuer17
do . Esta misma proporción de respuestas fue manifestada por
mujeres que se encontraban en proceso de divorcio y que opinaron sobre esta cuestión en 1990 (Ribeiro et al, 1991), porcentaje
que superaba al del 60% de los esposos de estas mujeres que
pensaban igual. Es preciso agregar que estas actitudes "conservadoras" son mucho más comunes entre las mujeres que tienen
un bajo nivel de escolaridad. En medios rurales de Nuevo León
pudimos observar una situación similar (Aibeiro, 1992). pero el
porcentaje de respuestas conservadoras era aún más elevado
(76%), situación que no nos sorprende dado el bajo nivel de
escolaridad y la predominancia de valores tradicionales que son
característicos de los medios rurales.
Sabemos bien que la cultura machista es reforzada por la
ideología católica que predomina en México. Tradicionalmente, la
Iglesia Católica se ha opuesto terminantemente al trabajo extradoméstico de las mujeres (particularmente de las mujeres casadas).
El discurso ideológico se apoya, en este sentido, en la creencia
de sentido común de que el proceso de "desintegración familiar''

16

f:..

Ma_rgolis
(19_82: 230), _El papel de la mujer en la agicultura de El Bajío,
Tesis de Licenciatura, Univ. A. Metropolitana, cit. por Labrecque {1986: 211).

17. Poc~

más de la t~rcera parte de estas esposas (generalmente las más
instru1~as) no estuvIe~o~ de acuerdo con esta proposición, lo que indica que
se perfila ya un cambio importante de actitudes sobre la norma tradicional).

y la crisis del matrimonio son consecuencias del hecho de que
cada dia es mayor el número de mujeres casadas que se encuentran en el mercado laboral. En ello encontrarnos una semejanza extraordinaria con la situación del Quebec de la post-guerra:
Sobre todo vehiculada por el clero y por una parte de la
pequeña burguesía, la ideología conservadora se opone
firmemente a todo cambio en el rol femenino susceptible
de transtornar el poder paternal en la familia y la división
rígida de tareas entre el hombre y la mujer. Esta visión de
la mujer, guardiana de la lengua, de la fe y de las tradiciones
forma parte integrante de una visión de un Canadá francés
18
católico... (T. del A.).
Para la Iglesia, como para la sociedad en su conjunto, la
mujer -sobre todo la mujer casada- tenía una función "natural" de
soporte emocional y moral de la unidad familiar. Es por este motivo
que, en nombre de los valores morales y familiares, la Iglesia
Católica denunciaba el trabajo femenino como un mecanismo que
desviaba a las mujeres de sus roles principales de procreadoras
y de educadoras, roles de hecho "asignados por Dios" (Barry,
1977: 44).

Esta visión religiosa de la familia y de los roles familiares
permanece igual en todos aquellos lugares en los que el catolicismo es la religión dominante. La familia es concebida como una
unidad natural, regida por un derecho también natural e incontestable, que nos llega directamente de Dios (cfr. Leclercq, 1967).
Pero es importante decir que la Iglesia no era la única institución
que se oponía al trabajo de las mujeres fuera de sus hogares: los
movimientos obreros, tales como la Confederación de Trabajadores Católicos del Canadá, la Juventud Obrera Católica o la
Liga Obrera Católica. al igual que las élites intelectuales y bur-

18

L.avigne, Marie (1977: 140), Les femmes dans la société québécoise,
Montreal, Boréal Éxpress, citado por Vinet (1982: 25) .

�96

97

guesas, se muestran abiertamente contra el acceso de las mujeres
al mercado de empleos.
Entre los obreros, los datos de una encuesta efectuada entre
familias del barrio St. Sauveur de Quebec19 durante los años 1960,
mostraron que aún prevalecen actitudes desfavorables hacia el
empleo de las mujeres. Las principales opiniones recogidas por
este estudio fueron las siguientes: el papel de la mujer consiste en
atender la casa y cuidar a los hijos; el trabajo le impide cumplir
esta función; el esposo debe ser el único proveedor económico
de la familia; el trabajo femenino es una de las causas del desempleo masculino; la independencia económica de las mujeres pone
en peligro a la pareja y a la unidad familiar; el trabajo de la mujer
al exterior aumenta las posibilidades de infidelidad de la mujer y
de incompatibilidades sexuales.

la actitud de la sociedad quebequense frente al trabajo
femenino durante el período de la guerra y de la postguerra
no tiene vuelta de hoja; se opone ferozmente y se le hace
responsable de la desintegración familiar y de los peores
desórdenes morales y sociales... (Barry, 1977: 49-50) (Trad.
del A.)
Todavía hacia finales de los años 1960, una comisión canadiense de investigación, la Comision Bird. afirmaba que la
necesidad económica era la única razon que justificaba plenamente el trabajo de las mujeres casadas, sobre todo si ellas tenían
hijos a cargo (Vinet, 1982: 27) (Barry, 1977: 54).
Resulta innecesario aclarar que la hostilidad frente al trabajo
de las mujeres ha disminuido enormemente en Quebec durante
las tres últimas décadas y que, incluso en México, se percibe
claramente un crecimiento en el número de opiniones favorables
al trabajo femenino. Por un lado, el estereotipo del hombre proveedor disminuye de manera constante a medida que la población
activa femenina se incrementa (Vinet, 1982: 32) y, por otro lado,

19 Valois, Jocelyne (S. F.), Communlcatlon et relatlons lnterpersonnelles
dans les 1amllles d'un quartler ouvrler, Departement de Sociologie et
d'Anthropologie, Université Laval, citado por Barry (1977: 54).

el proceso de modernización ha favorecido una cada vez mayor
laicización y secularización de la población, lo que ha restado
fuerza a la imagen cristiana de la mujer-en-el-hogar, y que simultáneamente ha permitido a las parejas aumentar su nivel de consumo y de confort (o al menos les ha ofrecido mejores posibilidades de sobrevivencia). Incluso si -como lo apuntamos para
el caso de México- un porcentaje importante de maridos se
oponen en principio al trabajo de sus esposas, la mayoría de ellos
deben finalmente aceptarlo, ya que tienen necesidad de un ingreso suplementario. En Canadá, después de 1975, el trabajo
femenino se ha convertido en una necesidad para numerosos
matrimonios, ya que el salario del esposo es cada vez menos un
salario familiar.

Trabajo femenino, estereotipos sexuales y coparticipación en
las responsabilidades domésticas.
Si la situación de empleo de las quebequenses es sin duda
mucho más favorable que la de las trabajadoras mexicanas, la
igualdad está aún lejos de ser una realidad. Más allá de la desigualdad de salarios y del acceso diferencial a los puestos de dirección,
el fenómeno del trabajo de las mujeres se inscribe en el contexto
más amplio de la condición femenina... y masculina. Si el estatuto
personal y social de las quebequenses se ha elevado constantemente a lo largo de los treinta últimos años, puede decirse que
aún es débil y dependiente si se le compara con el del hombre
(Lazure, 1990: 36). A pesar de que el movimiento feminista ha
logrado conquistas importantes y no obstante que ha sido posible
desarrollar una legislación que favorece la igualdad de las mujeres
en diversos campos del escenario social, los estereotipos sexuales siguen ejerciendo una influencia preponderante sobre la percepción de los roles sociales. La figura masculina continúa siendo
percibida como la_del proveedor principal, de la fuerza y de la
autoridad, mientras que la imagen de la mujer sigue caracterizándose por la afectividad, la ternura y el amor maternal. Todos
los medios de socialización están presentes para contribuir a
mantener esta visión estereotipada de la realidad de hombres y
mujeres: la educación parental (el rosa y el azul, el cochecito y la

�99

98

muñeca), la escuela (recordemos el estudio de Use Dunnigan en
1975 sobre los estereotipos sexuales vehiculados por los manuales escolares en Quebec), la televisión, etc. Es importante que
reconozcamos, sin embargo, que las figuras estereotipadas en los
medios de comunicación de masas comparten, cada vez más, su
lugar con otras imágenes que muestran una visión menos rígida
y más variada de los hombres y de las mujeres en la familia y en
la sociedad.
La condición femenina está determinada en gran medida por
lo imaginario, por la idea que las gentes se hacen de lo que debe
ser un hombre y una mujer. Y constatamos que todavía hoy existe
una predominancia de estereotipos que se fundamentan en los
"atributos naturales" de los dos sexos. Como decía Newcomb
(1967: 490) hace algunos años: «la mayoría de nosotros creemos
que los hombres están "hechos" de ~na manera y las mujeres de
otra, y que las diferencias de rol son consecuencia de estas
diferencias "innatas"». Aún cuando sabemos que los estereotipos
son generalizaciones no científicas que unos grupos formulan a
propósito de otros grupos, ellos contienen una parte de verdad
en la medida en que las características atribuidas a los miembros
de un grupo son el resultado de presiones sociales reales que son
puestas en evidencia20. O como lo señala Moreaux (1981 : 18), las
ideologías «... reflejan posiblemente menos la realidad que pretenden describir que la que contribuyen a instaurar» (T. del A.).
De tal suerte, incluso si entre las mujeres del Quebec contemporáneo el impacto más visible del trabajo femenino sobre la
familia concierne. por un lado, la transformación de los roles
matrimoniales (la díada proveedor-ama de casa ha sido
reemplazada poco a poco por la pareja de doble salario) (Dandu-

20 Combart de Lawe , Marie Josée (1963: 30), La femme dans la société: son

rand, 1992: 5) y, por otra parte la relativa disminución de la fuerza
de los estereotipos masculinos (de proveedor) y femeninos (de
doméstica). los esposos (varones) aún no se implican suficientemente en la vida del hogar21• situación que impone a las mujeres
una doble jornada laboral o un empleo a tiempo parcial. A pesar
de que cada vez son más los hombres que participan de alguna
manera en los trabajos de la casa. la ideología sexista dominante
continúa definiondo estos trabajos como femeninos. Refiriéndose
a este reparto de tareas domésticas. Anne Debarede (1988) dice
en un tono satírico:
Desde que el hombre metió la mano en la pasta, no ha
cesado de probar que los trabajos domésticos no existen.
Ellos son una visión del espíritu, una alucinación propia del
sexo femenino (...); Esto es lo que da sentido a las expresiones misteriosas: "yo te lavo TU vajilla" o "yo saco TU
bote de basura". (T. del A.).
Además de la retiscencia de los hombres a asumir su parte
de las cargas domésticas, las condiciones de trabajo de las
quebequenses no han alcanzado un nivel óptimo de igualdad con
respecto a las de los varones. Por una parte, si bien es verdad que
el porcentaje de madres de familia trabajadoras es mayoritario, no
menos cierto es que su ingreso es percibido -en la mayoría de los
casos- como un salario de apoyo (complementario), ya que -como
lo señalamos antes- éste es por regla general inferior en promedio
al de los hombres. Por otra parte, aún en Quebec muchos empleadores prefieren contratar hombres en vez de mujeres (Vinet, 1982).
Además, se sabe que las madres trabajadoras no cuentan con un
sistema accesible de guarderías infantiles que les permita comprometerse sin temor en empleos de tiempo completo. Finalmente, debemos añadir que las leyes, aún cuando han
evolucionado respecto a las que conoció dicha sociedad en los
años 1950, no han todavía logrado proporcionar a las mujeres y

lmage dans les différents milleux sociaux, París, CNRS, citado por Vinet

(1982: 30).

21

Le Bourdais et al (1987), "Le travail el l'ouvrage. Char~e et partage d~s !Aches
domestiques chez les couples iébécois•, en: Soc1olog1e et so~letes, XIX
(1), pp. 37-56, y Mercier, L. (1990 , 'Le quotidien et le partage des taches•. en:
Lemieux, D. (1990), citados por andurand (1992:6).

�101

100

a los hombres las mismas posibilidades de compartir igualmente
el "exterior" como el "interior''. En Suecia, por ejemplo, en donde
las tasas de actividad femenina son casi tan altas como las
masculinas (más del 80%), existe una incapacidad parental por el
nacimiento de los hijos a 90% del salario, aplicables tanto a las
mujeres como a los esposos, lo que eleva las posibilidades de
ambos cónyuges de ocuparse de los hijos (Barrere-Maurisson,
1992: 31).

En México, es preciso decirlo, la mayoría de los esposos
constituyen una figura periférica de la familia, y en general no se
ocupan de otra cosa que no sea el sostenimiento económico del
grupo. Si entre los mayormente instruidos la figura del "macho" se
presenta con menor intensidad que entre quienes tienen una
pobre E¿scolaridad, para todos ellos en general lo doméstico es
asunto de las mujeres. Si cada vez es más frecuente escuchar a
esposos de clase media decir "yo ayudo a mi mujer a lavar los
platos", la frase no esconde la idea subyacente de que la responsabilidad de lavar la vajilla corresponde siempre a la mujer, aún
en los casos en los que ellas -al igual que ellos- ocupen un empleo
de tiempo completo fuera del hogar. Las cifras de los estudios
realizados en Nuevo León muestran claramente esta situación,
tanto entre aquellas mujeres que ejercen una actividad remunerada como entre las que se dedican de manera exclusiva a las
tareas de la casa: en la región urbana de Monterrey, menos del
5% de los esposos colaboran en actividades domésticas (lavado
de ropa, limpieza, cocina, planchado, vajilla, camas, etc.); tres de
cada diez participan en el control del gasto familiar y cuatro de
cada diez en la compra de víveres (Ribeiro, 1989). En medio rural,
la participación de los maridos es aún más marginal (Ribeiro,
1992).

Efectos del trabajo femenino sobre la vida familiar.
Es de sobra evidente que el acceso de las mujeres a las
actividades económicas ha tenido un fuerte impacto sobre la vida
de las mujeres y de sus familias. De hecho podemos decir que la
actividad femenina constituye uno de los factores que han sido

referidos con mayor frecuencia para explicar las transformaciones
de la pareja y de la familia actual (Roussell, 1986) (Dandurand,
1988, 1991) (Vinet, 1982). Si la familia conyugal reposaba en buena
medida en la división del trabajo en función del sexo, no es
sorprendente constatar que la entrada de las mujeres al mercado
laboral transtornó completamente la organización familiar.
Vinet (1982), había ya hecho notar para Ouebec que el
porcentaje creciente de mujeres quebequenses con empleo había
contribuido a atenuar la fuerza de las imágenes sexuales
estereotipadas. Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos
hace dos décadas (Vogel et al, 1970) había mostrado que en las
familias en las que la mujer y el hombre trabajaban fuera de la
casa, los hijos desarrollaban una definición más amplia y menos
rígida de lo "masculino" y de lo "femenino". En el seno de di~hos
hogares, muchachos y muchachas se consideraban a sí mismos
con los atributos y cualidades de ambos sexos, mucho más que
entre aquellos cuyas madres estaban exclusivamente dedicadas
al mundo doméstico. Podemos deducir de ello que cuando una
madre de familia ocupa un empleo externo, ella se convierte en
un modelo de socialización alternativo para sus hijos y contribuye
a suavizar la percepción de las características que normalmente
son atribuidas a cada sexo, lo cual ayuda finalmente a desarrollar
una perspectiva menos estrecha de la distribución de los roles
sexuales.
En lo que se refiere al cambio de la estructura familiar,
sabemos que la entrada de las mujeres al mercado de trabajo
significa que el modelo conyugal empieza a transformarse de la
unidad "proveedor-ama de casa" al matrimonio de doble salario.
En Ouebec, podemos decir que las parejas en las que tanto el
hombre como la mujer ejercen un empleo es la norma actualmente (Dandurand, 1991) y que el modelo ama de casa-proveedor .
.
,
22
se hace cada d1a mas raro . A pesar de que para la gran mayoría
de los matrimonios el ingreso femenino no es tan grande como el

22 En 1981 , la pareja "ama de casa-proveedor" es una realidad para tan sólo el
16% de todas las parejas quebequenses (Dandurand, 1992: 16).

�102

103

masculino y que -como dijimos- es comunmente percibido como
un salario complementario, constituye en sí un elemento importante de negociación conyugal: si el hombre ya no es el único
proveedor, puede ver disminuida su capacidad para imponer su
autoridad. En un estudio realizado en Nuevo León (Ribeiro, 1989)
habíamos constatado que el trabajo de la mujer estaba relacionado significativamente con la autoridad familiar: de todas las
mujeres en unión entrevistadas, las asalariadas eran las que
compartían más el poder familiar.
En contraste con las parejas tradicionales, en las que las
cosas estaban definidas por la tradición, las parejas de doble
salario deben definir sus expectativas y sus objetivos; así, si los
objetivos del hombre y de la mujer son inconciliables, la autono·
mía creciente de las trabajadoras les permite expresar su desacuerdo, lo que puede conducirlos hacia un conflicto que, en
ciertos casos termina en la ruptura de los lazos conyugales; una
ruptura que más difícilmente sería contemplada por las mujeres
dependientes económicamente del marido.
23

Si bien el aumento sin precedentes de las tasas de divorcio
en los países occidentales ha sido en buena medida paralelo al
crecimiento de las tasas de participación económica de las mujeres, no podemos concluir inmediatamente que existe una relación
directa de causa a efecto entre el divorcio y el trabajo remunerado
femenino. En realidad han sido diversos y muy variados los
factores que han contribuido a este incremento en el número de
rupturas matrimoniales: desde hace veinticinco años, las socieda·
des occidentales han eliminado restricciones jurídicas, religiosas
y económicas que mantuvieron por mucho tiempo a una parte de
las parejas unidas a los ojos de la sociedad pero desunidas en el
seno del hogar (Dandurand, 1988). Pero de todas las restricciones
económicas, la más importante de todas era sin duda la dependencia femenina respecto del soporte económico del marido:
iqué podía hacer una mujer frente a las viscisitudes de la vida

23 En Ouebec, la tasa de divorcios pasó del 8% en 1968 al 45% en 1987
(Dandurand, 1991 : 27).

conyugal si ella no tenía ni profesión ni empleo?
En la familia tradicional la mujer no tenía elección y estaba
predeterminada por su condición (más de lo que está actualmente); incluso cuando su vida conyugal estuviese lejos de ser
. factona
. 24 . Ia mu1er
. estaba obligada a permanecer cerca de
sat 1s
su marido. Ahora bien, si sabemos que -teniendo en cuenta su
situación desfavorecida- son casi siempre las mujeres quienes
desean cambiar sus vidas, podemos concluir que son las que
trabajan y son menos dependientes quienes pueden hacerlo más
fácilmente.
... el trabajo de la mujer, que le da independencia económica, es a nuestro juicio uno de los agentes esenciales de
la desintegración de la pareja, puesto que con la independencia material la mujer adquiere simultáneamente el
desarraigo psicológico de su marido (Moreaux, 1982: 1415) (T. del A.).
No resulta entonces sorprendente constatar que entre las
parejas que se divorcian, son con mucha frecuencia las mujeres
quienes toman la iniciativa; y esto ha sido probado igualmente en
Europa (Bawin-Legros, 1988) como en Ouebec (Dandurand y
Saint-Jean, 1988).
En México, en el estado de Nuevo León, los datos del estudio
sobre el divorcio (Ribeiro y otros, 1991) mostraron que, entre las
379 mujeres entrevistadas que estaban en proceso de divorcio
voluntario, el 41 % tenía un empleo fuera del hogar desde antes de
tomar la decisión de divorciarse. Esta proporción de esposas
trabajadoras era, con mucho, más elevada que la que encon-

24

Aunque aludimo:i a la insatisfacción de las m ujeres, no queremos decir con ·
ello que necesariamente las relaciones conyugales son siempre más satisfac1onas para los varones. Lo que sucede es que los hombres -más que las
mu¡eres- t1en_en más fuentes alternativas de 1¡1ratificación (trabajo, deportes,
Qrupo de amigos, taber~a. etc.). En la vida cotidiana, los esposos pasan poco
tiempo en act1v1~ade_s vinculadas con su hogar y, por esta razón , aún cuando
suced~ que son mfehce~ en su relación matrimonial, ésta no ocupa sino una
pequena parte de ~us v~das. Pa~a las mujeres, sobre todo para las que no
tienen _er:npleo, la_s1tuac16n es diferen te. ya que dependen escencialmente
del cot1d1ano familiar.

�104

tramos en la investigación con mujeres casadas (Ribeiro, 1989),
en donde apenas el 15.7% ejercían alguna actividad remunerada
en el exterior del hogar. Estas cifras sugieren que la actividad
económica de las mujeres puede favorecer la ruptura al menos de
dos maneras distintas: a) por un lado, las mujeres adquieren cierto
grado de autonomía y de independencia, lo que puede ayudarles ·
a tomar la vía del divorcio cuando la -relación se vuelve insoportable; b) por otro lado, el ingreso que la mujer recibe puede
ayudarle a participar más activamente en los procesos decisionales de la vida conyugal, lo que en ocasiones puede traducirse
en desacuerdos y conflictos.
Otro aspecto fundamental del cambio familiar y que ha sido
ampliamente discutido es, sin duda, el significativo descenso en
los niveles de fecundidad 25. Y podemos observar que la actividad
económica de las mujeres ha constituido uno de los factores más
frecuentemente invocados para tratar de explicar este fenómeno.
En su revisión de las más importantes investigaciones realizadas
en los países desarrollados sobre los determinantes de la fecundidad, Andorka {1978) concluye que los datos relativos al vínculo
entre el trabajo extradoméstico femenino y la fecundidad sugieren
una relación casi universal. En Quebec, Henripin y Lapierre-Adamcyk (1974) habían encontrado, en el curso de una investigación
efectuada en 1971 con 1745 mujeres casadas, que incluso si el
trabajo de la mujer no era el único factor susceptible de explicar
el descenso de la fecundidad, éste -sobre todo cuando era permanente- estaba asociado a una fecundidad más baja. Resultados
similares han sido encontrados en México en general (Urbina et
al, 1984), en medio rural mexicano (Quilodrán, 1982) y en medio
urbano de Nuevo León (Aibeiro, 1989).

25 Entre las m ujeres de Ouebec, la fecundidad era m ás elevada que entre las
otras canadienses hasta 1960; después de esa fecha, las tasas de fecundidad
emp ezaron a decrecer para llegar en la actualidad a una m edia de 1.6 hijos
p or m ujer (Oandurand, 1991). En México, la natalidad no había sufrido
alteraciones imp ortantes desde principios del siglo y h asta mediados de los
ai\os 1970; a partir de esta época en la que el número medio de hijos de
m ujeres de 12 años y más era de 3.1, hemos sido testigos de una disminución
constante de la fecundidad, la c ual alcan zó un promedio de 2.5 hijos por
mujer en 1990 para el país en su conjunto y de 2.3 para Nuevo León.

105

No obstante, según algunos autores (Kempeneers y Lelievre,
1991) (Kempeneers, 1985) (Wainerman y Recchini, 1981), todo
parece indicar que ningún análisis ha podido proporcionar una
interpretación convincente de este lazo, ya que nadie ha podido
establecer satisfactoriamente si la disminución de la fecundidad
es una causa o una consecuencia de la actividad femenina.
Respecto a esta objeción, podríamos proponer hipótesis en las
dos direcciones: por un lado, las mujeres que trabajan tendrían
menos hijos porque realizan actividades extrafamiliares que
entran en conflicto con el tiempo y los cuidados que deben
proporcionárseles a los niños; por otro lado, las que quieren
trabajar tendrán pocos hijos con el propósito de disponer del
tiempo necesario para comprometerse en un empleo (Freedman,
1967). Por su parte, Sweet (1970) había encontrado para los
Estados Unidos que efectivamente la relación entre ambas variables se manifestaba en los dos sentidos, ya que por una parte la
decisión de Jasmujeres de buscar un empleo estaba influenciada
por el número de hijos (las que tenían mayor fecundidad tenían
menores oportunidades de comprometerse en un empleo), y por
otra parte, entre las trabajadoras se observaba un efecto restrictivo sobre la fecundidad. Kempeneers {1991) demostró para el
Canadá, que la presencia de hijos era un factor importante de la
discontinuidad profesional de las mujeres, incluso si su impacto
ha sido stempre relativo y si tiene tendencia a disminuir a través
de.las generaciones.

l:I probl.ema de la relación entre estas dos variables es, sin
embargo, mucho más complejo de lo que puede parecer a primera vista. No se puede llegar a explicaciones satisfactorias de esta
relación si no se consideran las relaciones sociales que influyen
tanto sobre la actividad de las mujeres como sobre su fecundidad
(cfr. Kempeneers, 1985). Lo que parece evidente es que todo
indica que el rol reproductivo entra en conflicto con su trabajo ·
asalariado fuera de la casa, y que ello es -en buena medida- la
consecuencia de una predisposición sexista dentro del mercado
de trabajo, como de una distribución inequitativa de los roles
sexuales en el interior de la familia. Incluso si este conflicto puede
ser atenuado por medidas gubernamentales, tales como la creación de guarderías infantiles, no queda la menor duda de que es

�107

106

revelador de desigualdades todavía presentes entre hombres y
mujeres, ya sea que hablemos de Quebec o de México.

********
La evolución del trabajo de la mujer en Quebec y en México
nos presenta fenómenos análogos en países muy diferentes uno
del otro. La situación del empleo de las mujeres mexicanas se
asemeja, en la actualidad, a la experimentada por las quebequenses de los años 1960. Si el porcentaje de mujeres activas económicamente no ha aumentado más rápidamente en México en el
curso de los últimos años, ello se debe a que las condiciones
estructurales del país no lo han permitido. Como ha sido señalado
por Armstrong26, más allá de la voluntad de las mujeres de
penetrar el mercado de trabajos o de la oposición ideológica de
diferentes grupos sociales, la participación femenina en la fuerza
de trabajo se inscribe dentro del . contexto del desarrollo de
demandas de la estructura polltica y económica. El incremento de
la mano de obra femenina se inscribe dentro de la intensa demanda de una mano de obra subcalificada y mal remunerada en
ciertos sectores de la economía, particularmente en los servicios.
Si en Quebec fue la guerra la que favoreció la inserción laboral de
las mujeres, en México han sido más bien las presiones inflacionistas y la extrema pobreza de una gran parte de la población las que
lo han hecho. Pero el crecimiento demográfico se ha convertido
en un obstáculo mayor en este sentido, ya que por una parte la
elevada fecundidad no ha facilitado a las mujeres su incursión en
empleos extradomésticos, y por otra parte la creación de nuevos
empleos no se acrecienta a un ritmo suficientemente grande como
para permitir a un volumen mayor de mujeres conseguir un
trabajo.
En este contexto, es muy posible que el Tratado de libre
intercambio comercial que acaba de ser firmado entre Canadá,

26 Armstrong, H. y P. Armstrong (1975), •The segregated participation ?f women

in the canadian labour force, 1941-1971' , en: La revue canad1enne de
sociologie et d'anthropologle, 12, n2 4 (primera parte), noviembre de 1975,
pp. 370-385, citado por Oescarries-Bélanger (1980: 46).

Estados Unidos y México (TLC) , aumente las posibilidades de
empleo para un buen número de mexicanas. Sin embargo, nos
inquieta la posibilidad de que tal situación se produzca sobre todo
en empresas maquiladoras (sobre todo en el área del textil), en
las que desde hace mucho tiempo las mujeres mexicanas han sido
ampliamente sobreexplotadas y subremuneradas.

CUADRO l. PRESENCIA DE MUJERES SOBRE EL MERCADO DE TRABAJO. TASA DE PARTICIPACION Y TASA DE
ACTIVIDAD. CANADA Y OUEBEC, 1941-1980
Tasa De Participación*

Tasa De Actividad*

-

--· -·

Canadá

--··•----

1941
1944
1950
1956
1962
1968
1971
1974
1 1980

L____

22.3
31 .0
2 1.8
23.2
27.3
30.9
32.4
34.4
40.0

------

Quebec
f----

l

18.4
26.9
22.2
21 .8
25.8
30.2
32.0
33 .1
38 .8

---

Canadá
- -24.7
33.5
23.7
25.1
29.9
35.1
37.0
39 .7
49.1

1

_L

-

.

1
1

-1-

i1

Quebec

---- - - 19.8
28.2
23.5
22.9
26.7
32.4
34.6
36.9
45.4

1

1
1

.
:

i

1- ----- -

!

'

1

i

-- - _J

FUENTE: Descarries-Bélanger (1980: 44)
•Tasa de participación de las m ujeres = porcentaje de la mano de obra femenina
en relación al conjunto de la població~ activa. Tasa de a~_tividad = porcentaje
de la mano de obra femenina de 14 anos y m ás en relac,on con la p oblación
femenina de la m isma edad .

CUADRO II TASA DE PARTICIPACION DE LAS MUJERES
DE 15 AÑOS Y MAS EN EL MERCADO DE TRABAJO MEXIQUE 1940-1980 (MILES)
PEA
19 40
1950
1960
19 70
1980

5,858
8,272
11 ,253
12.955
22,066

mujeres activas

1

432
1,12 7
2,0 18
2,466
6,141

1

% mujeres activas
7.4
13.6
17 .9
19 .0
27.8

FUENTE: Estadísticas históricas de Méxic o, 1985. Cit. Pick (1989: 261).

�108

109

CUADRO 111. TASA DE PARTICIPACION DE LAS MUJERES
EN LA MANO DE OBRA SEGUN EL ESTADO CIVIL Y LA
PRESENCIA DE HIJOS. QUEBEC, 1986.
SOLTERAS
CASADAS
ESPOSAS LEGALES CON NIÑOS
ESPOSAS LEGALES SIN NIÑOS
UNION LIBRE CON NIÑOS
UNION LIBRE SIN NIÑOS
SEPARADAS
VIUDAS
DIVORCIADAS

CUADRO V. TASA DE FEMINIDAD DE LAS PRINCIPALES
OCUPACIONES. MEXICO Y NUEVO LEON. 1990.
--oc~~~CIO~~~-~IP~ - . - -

TASA DE PARTICIPACION
59.3
52.8

- - - -----

-----

TOTAL
PROFESIONALES- - - - -

41 .1
66.8

83.5

.

54.L___j

13.3
59.7

1000:67-73).

CUADRO IV. TASA DE FEMINIDAD* SEGUN LA
PROFESION. QUEBEC, 1981-1986
r---·-------

l

! 1986
- ¡'· .30. 133.5
' 60.6
1 34.1
. 92.2
75.8
76.2
98.5
89.1
79.1
75.9
66.2
51 .6
39.7
87.6
80.6
98.3
6 1.6
261
15.8
14.6
91 .1
15.0
7.7
16.5
1 47.8

¡_
I

53.3

PROFESION
1981
DIAECCION, GERENCIA, ADMINISTRACION - · - - , - 22.9
CIENCIAS NATURALES, PURAS, SOCIALES, ARTES
30.4
ENSEÑANZA Y PERSONAL ASIMILADO
59.4
MEDICINA, DENTISTA Y OTRA ESPECIALIDAD
27.0
ENFERMERO AUTORIZADO DIPLOMADO
91 .2
ENFERMERO AUXILIAR
77.6
OTRO PERSONAL DE SALUD
78.1
MECANOGRAFIA Y DACTYLOGRAFIA
98.4
CAJERO
90.6
TENEDOR DE LIBROS, CONTABILIDAD
, 75.6
OPERACION MAQUINAS DE OFICINA Y MECANOG. 1 74.6
RECEPCIONISTA
64.9
OTRO EMPLEO DE OFICINA
48.8
TRABAJO ESPECIALIZADO EN VENTAS
36.0
DOMESTICA Y PERSONAL ASIMILADO
93.8
PELUQUERO, ESTILISTA
74.2
TRAS. ESPECIALIZADO EN CUIDADO DE MENORES
96.2
PAEPARACION DE ALIMENTOS Y BEBIDAS
61.7
1 27.4
OTRO TRABAJO ESPECIALIZADO EN SERVICIOS
AGRICULTURA, PESCA, BOSQUES, MINAS
12.5
INDUSTRIA DE TRANSFORMACION
' 13.9
SASTRE, COSTURERO
91 .6
OTROS TRAB. FABRIC.. MONTAJE, REPARACION
17.1
CONSTRUCCION, TRANSP., MANTENIMIENTO
7.5
NO CLASIFICADO
12.8
1 53.0
TRABAJADOR INEXPERTO

_

7

---II

FUENTE: Statistiques Ganada. Censos, en: Motard y T~rdieu {1990: 117).
• Tasa de feminidad de cada ocupación = porcentaj e del conjunto de personas
de esta misma ocupación que son de sexo femenino.

.

!
1

1

-

-!
MEXICO

J-----

·- - 2s:9

TECNICOS
TRABAJADORES DE LA EDUCACION
TRABAJADORES DEL ARTE
FUNCIONARIOS Y DIRECTORES
TRABAJADORES AGRICOLAS
INSPECTORES Y SUPERVISORES
ARTESANOS Y OBREROS
OPERADORES DE MAQUINARIA FIJA
AUXILIARES
OPERADORES DE TRANSPORTE
TRABAJADORES DE OFICINA
COMERCIANTES Y EMPLEADOS COM.
TRABAJADORES AMBULANTES
TRABAJADORES SERVICIO PUBLICO
TRABAJADORES DOMESTICOS
PROTECCION Y VIGILANCIA
NO ESPECIFICADO25.9

NUEVO LEON

.

23.6

-

-j

TASA DE FEMINIDAD*

44.5
60.3
18.1
19.4
3.6
15.6
10.5
30.2
11 .5
1.0
53.6
33.5
25.7
33.5
96.6
3.2
30.9

26.1
27.1
43.0
64.8
22.7
16.4
1.7
11.8

-- -

-

a.o
25.5
10.5
1.0
54.3
30.4
15.5
30.5
96.2
2.7
26.7

1

1

- - - - --- - - - - __ J
FUENTE: INEGI (1992a).

• La tasa de feminidad en cada ocupación es el porcentaie del conjunto de
personas de esta m isma ocupación que son de sexo femenino.

�110

111

BIBLIOGRAFIA

Andorka, Rudolph (1978), Determinants of fertility in advanced
societies, Londres, Methuen and Co. Ltd.
Balandier, Georges (1986), «Couple, famille, modernité», ~n:
· Coup/e, tamil/e et société, París, Association Nationale des Ass,stants de Service Social, Les Editions ESF.

Barrere-Maurisson, Marie-Agnes

(1992), «Maternit_~ et/ou
travail: une comparaison des liens entre str_uctures fam1hales et
marché de travail dans les pays développes», en: Dandurand,
Renée B. et Francine Descarries (Eds.) (1992) .

88, mars 1991.
Dandurand, Renée B. (1992), «la famille n'est pas une íle. Changements de société et parcours de vie famil iale», en: Daigle, G.

(Ed.)(1992).
Dandurand, Renée B. y Lise Saint-Jean (1988), Des méres sans
alliance. Monoparantalité et désunions conjugales, Ouébec, lnstitut Québécois de Recherche sur la Culture.
Dandurand, Renée B. y Francine Descarries (Eds.) (1992),
Meres et travailleuses. De l'exception a la regle, Ouébec, lnstitut
Québécois de Recherche sur la Culture.
David, Helene {1986) , Femmes et emploi: le défi de l'égalité,
Montréal, Presses de l'Université du Québec.

Barry, Francine (1977), Le travail de la femme a~ O':1éb~c;
L 'évolution de 1940 a 1970, Montréal, Les Presses de I Umvers1te
de Québec.

Bawin-Legros, Bernadette (1988), ·Familles, mariage, divorce,
Liege, Pierre Mardaga, Editeur.

Carisse, Colette (1974), La tamil/e: mythe et réalit~ qué-bécoise,
Québec, Conseil des Affaires Sociales et de la famtlle.

Debarede, Anne (1988), Les enfants, oui! L'eau ferrugineuse,
non!, París, Editions du Seuil.
Descaries-Bélanger, Francine (1980), L 'école rose ... et les cols
roses, Montréal, Les Editions Cooperatives Albert St. Martin.
Dunnigan, Lise (1975), Analyse des stéréotypes masculins et
féminins dans les manuels seo/aires au Ouébec, Ouébec,
L'éditeur Officiel du Québec.

COESPO (1988), Nuevo León demográfico, Monterrey, Consejo
Estatal de Población.

COLMEX (1970), Dinámica de la Población de México, México,
El Colegio de México.
Daigle, G. (Ed.)(1992), Perspectives sur le Québec _1960_-~990.
Tensions-enjeux-défis, Montréal , Presses de l'Univers1te de
Montréal.

Dandurand, Renée B. (1988) , Le mariage en Question, Ouébec,
lnstitut Québécois de Aecherche sur la Culture.

Dandurand Renée B. (1990a), «Un univers familia! en changement», Cahfe.rs de Recherche Sociologique , n9 14, printemps

0umont, Fernand (Ed.)(1990), La société québécoise apres
trente ans de changements, Québec, lnstitut Québécois de Recherche sur la Culture
Elu, María Del Carmen {1975a), El trabajo de la mujer en México,
México, Instituto Mexicano de Estudios Soc iales, A.C.
Elu, María Del Carmen (Ed.){1975b), La mujer en América Latina,
Tomo I, México, Ed. Sep-setentas.
García, E. y Z. Falcón (1986), Nuevo Atlas Porrúa de la Rep ública
Mexicana, México, Ed. Porrúa, 7ª édition.
Gissi, Jorge (1975) , «Mitolog ía sobre la mujer.., en: Elu (Ed.)

1990.

(1975b) .

Dandurand, Renée B. (1990b), «Le couple: les transformations

Henripin, Jacques y Evelyne Lapierre-adamcyk (1974), La fin
de la revanche des berc eaux: qu'en p ensent les Québécoises?,
Montréal, Les Presses de l'Université d e Montréal.

de la conjugalité», en: Lemieux, Denise (Ed.) (1990).

Dandurand, Renée B. {1990c), «Peut-on encore définir la
famille?», en: Dumont, Fernand (Ed.)(1990).
Dandurand, Renée B. (1991), «Transformation et diversifi_catio~
de la vie familiale au Québec entre 1940 et 1990», lnterventlon, n-

INEGI {1992a) XI Censo General d e Población y Vivienda 1990,
México, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.
Jean, Dominique (1989), «Le recul du travail des enfants au

.

�112

Québec entre 1940 et 1960: une explication des les conflits entre
les familles pauvres et l'Etat providence», Labour/Le Travail, Revue
d'Etudes Ouvrieres Canadiennes, nº 24, automne 1989.

Kempeneers, Marianne (1985), «Quand la démographie
s'intéresse au travail des femmes...», Cahiers québécois de
démographie, vol. 14, nº 2, octobre 1985.
Kempeneers, Marianne (1987), «Questions sur les femmes et le
travail: une lecture de la crise», Sociologie et sociétés, vol. XIX, nº
1, avril 1987.
Kempeneers, Marianne (1991), «Ladiscontinuité professionnelle
des femmes au Canada: permanence et changements», Population, 1, 1991.
Kempeneers, Marianne y Eva Lelievre (1991), Eurobarometre.
Famille et emploi dans l'Europe des douze, Bruxelles, Commission des Communautés Européenes

113

Newcomb, Theodore (1967), Manual de psicología social, T.I,
Buenos Aires, Ed. EUDEBA.
Paquette, L. (1989), La situation socioéconomique des temmes,
Ouébec, Les Publications du Ouébec.
Pick, James B. y otros (1989),Atlas otMexico, Boulder, Westview
Press.
Quilodrán, Julieta (1982), «Factores determinantes de la fecundidad», Memorias de la segunda reunión nacional sobre
investigación demográfica en México, 1980, México, CONACYT.
~ibeiro, ~anuel (1989), Familia y fecundidad, Monterrey, Universidad Autonoma de Nuevo León.
Ribeiro, Manuel y otros (1991 ), El divorcio en Monterrey, Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León.

Labrecque, Marie France {1986), «Femmes, travail et domination
masculine au Mexique», Anthropologie et sociétés, Vol. 10, nº 1.

Ribeiro, Manuel (1992), lnterrelación entre las principales variables de la organización familiar y la conducta reproductiva en
sectores rurales de Nuevo León, Reporte de investigación.

Lazure, Jacques (1990), «Mouvance des générations. condition
féminine et condition masculine», en: Dumont, Fernand (Ed.)
(1990).

Roussel, Louis (1986), «Evolution de la notion de couple en
Europe», Couple, tamil/e et société, París, Association Nationale
des Assistants de Service Social, Les éditions ESF.

Leclercq, Jacques (1967), La familia. Según el derecho natural,
Barcelona, Ed. Herder.

Sweet, J.A. {1970), «Family composition and labo r force activity
of american wives», Demography, 7(2), 1970.

Lemieux, Denise (Ed.) (1990), Familles d'aujourd'hui, Québec,
lnstitut Ouébécois de Recherche sur la Culture.

Urbi~_a, ~~nuel ~-otros (1984), «Fecundidad. anticoncepción y
plarnflcac1on fam1har», Reunión Nacional sobre fecundidad y
familia , México, CONAPO.

Leñero, Luis (1968), Investigación de la familia en México,
México, Instituto Mexicano de Estudios Sociales, A.C.
Leñero, Luis (1983), El fenómeno familiar en México. México,
Instituto Mexicano de Estudios Sociales, A.C.
Leñero, Luis (1987). El teatro de la reproducción familiar, México.
Ed. Mex-Fam.
Leñero, Luis (1992) . Varones, Neomachismo y planeación
familiar. México. Ed. Mex-Fam.
Moreaux, Colette (1981). La tamil/e occidentale, est-elle en
crise?, Ottawa, IVF.
Motard, Louise y Camille Tardieu (1990). Les temmes qa compte. Québec. Les Publications du Ouébec. 2e. édition.

Vinet, Alain y otros (1982), La condition féminine en milíeu
ouvrier. Une enquete, Ouébec, lnstitut Québécois de Recherche
sur la Culture.
Vogel, Susan y otros (1970), «Maternal employement and perception of sex roles among college students», Developmental
psychology, vol. 3, noviembre 1970.
Waine~man, Catalina H. y Zulma Recchini {1981), El trabajo
femenmo en el Banquillo de los acusados, México, Terra-Nova y
Population Council.

����</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="337">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3266">
                <text>Perspectivas Sociales = social perspectives</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479064">
                <text>Revista de Ciencias Sociales de la Facultad de Trabajo Social, publicada en la década de los noventa. Editada por Emma Adame W., Luis Leñero O, Ma. Del Carmen Elú, Víctor Zúñiga y Rodolfo Garza. Contiene artículos de investigación científica sobre educación, trabajo social, ciencias sociales, psicología, etcétera.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="396033">
            <text>Perspectivas Sociales = social perspectives</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="396035">
            <text>1993</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="396036">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="396037">
            <text> Abril</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="396038">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="396039">
            <text>Semestral</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="396056">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753308&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396034">
              <text>Perspectivas Sociales : Revista de Ciencias Sociales, 1993, No 2, Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396040">
              <text>Cárdenas G. de Silva, Rosa María</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396041">
              <text>Ciencias Sociales</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="396042">
              <text>Investigación</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="396043">
              <text>Trabajo social</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="396044">
              <text>Educación</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="396045">
              <text>Psicología social</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396046">
              <text>Revista de Ciencias Sociales de la Facultad de Trabajo Social, publicada en la década de los noventa. Editada por Emma Adame W., Luis Leñero O, Ma. Del Carmen Elú, Víctor Zúñiga y Rodolfo Garza. Contiene artículos de investigación científica sobre educación, trabajo social, ciencias sociales, psicología, etcétera. </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396047">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Trabajo Social</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396048">
              <text>Ribeiro Ferreira, Manuel, Director</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="396049">
              <text>Adame Welsh, Emma, Consejo Editorial</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396050">
              <text>01/04/1993</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396051">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396052">
              <text>tex/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396053">
              <text>2016251</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396054">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396055">
              <text>spa/eng</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396057">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396058">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="396059">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="27297">
      <name>Adolescentes</name>
    </tag>
    <tag tagId="31051">
      <name>Enfermedades sexuales</name>
    </tag>
    <tag tagId="31053">
      <name>Menor infractor</name>
    </tag>
    <tag tagId="31052">
      <name>Pandillas juveniles</name>
    </tag>
    <tag tagId="31050">
      <name>Participación ciudadana</name>
    </tag>
    <tag tagId="31049">
      <name>Programas de salud</name>
    </tag>
    <tag tagId="11079">
      <name>Trabajo femenino</name>
    </tag>
    <tag tagId="31054">
      <name>Vida familiar</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
