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                  <text>REVISTA DE CIEN(?IAS SOCIAL!ES

• '
1 • •

•

1
•

�FONDO UNIVERSITARIO

PERSPECTIVAS SOCIALES
REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES

FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL
UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON

J11I io..-diciembre de 1994

�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
Rector: Lic. Manuel Silos Martinez
FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL
Directora: Lic. Ma. Irene Cantú Reyna

Los artículos son responsabilidad exclusiva de los autores. No
se devuelven los originales. Toda correspondencia deberá
dirigirse a :
Dr. Manuel Ribeiro Ferreira
Revista Perspectivas Sociales
Facultad de Trabajo Social
Universidad Autónoma de Nuevo León
Ciudad Universitaria
C.P. 66450, Monterrey, Nuevo León, México

Tiraje de esta edición: 1000 ejemplares.

ISSN: 1405-1133

Impreso en Monterrey, N.L., México

�PERSPECTIVAS SOCIALES
Editor/Director
Manuel Ribeiro F.
Universidad A de Nuevo León
Editor adjunto
Raúl Eduardo López E.
Universidad A de Nuevo León
Consfijo Editorial
David M. Austin
The University of Texas at Austin
Renée B. Dandurand
lnstttut Québecois de Recherche sur la Culture
Germain Dulac
McGill University
María del Carmen Elu
Instituto Mexicano de Estudios Sociales
Femando Galán
Texas Pan-American University
Elia González
Asociación Mexicana de Población, A.C.
José Ma. Infante
Universidad A de Nuevo León
Luis Leñero O.
Instituto Mexicano de Estudios Sociales
Romeo Madrigal
Consejo Estatal de Población, N.L.
Fran~ois Romaine Ouellette
lnstitut Québecois de R09herche sur la Culture
Yolanda Padilla
The University of Texas at Austin
Roberto Rebolloso
Universidad de Monterrey
Víctor Zúñiga G.
Colegio de la Frontera Norte

�La revista Perspectivas Sociales (ISSN 1405-1133) es una publicación semestral de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Desde su aparición en 1991, la
revista ha publicado artículos teóricos y reportes de investigación
en los campos de la sociología, la antropología, la psicología, la
psicología social y el trabajo social. Su vocación no se circunscribe únicamente a la problemática social de México, sino que
está también abierta a trabajos de envergadura internacional.
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País._ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __

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Revista Perspectivas Sociales
Facultad de Trabajo Social
Universidad Autónoma de Nuevo León
Cd. Universitaria, C.P. 66450
Monterrev, N.L., México

�TABLA DE CONTENIDO

Víctor Zúñiga
Drogas, frontera norte y espacio doméstico: drogadicción
en mujeres de Tamau/ipas .. ........................ ........ .. ................ ...9

María del Carmen Elu
Perspectivas en salud reproductiva de la mujer: el caso
del estado de Nuevo León ...... ...... ......................... ................... 21

Manuel Ribeiro
Actitudes femeninas frente al papel sociofamiliar de la
mujer y su relación con la fecundidad..................................... .51

José Guillermo Zúñiga
La práctica del Trabajo Social..................................................83

José Lorenzo Encinas
La pandilla juvenil: participación o alejamiento ......................109

Raúl Eduardo López Estrada
Indígenas e indigenismo en la cuenca amazónica de
Ecuador y de Colombia ............................................. .............121

�DROGAS, FRONTERA NORTE Y ESPACIO
DOMESTICO: DROGADICCION EN MUJERES DE
TAMAULIPAS
Víctor Zúñiga1

lntrod ucción.
Durante 1988 y 1989, a solicitud de las autoridades del DIFTAMAULIPAS, coordinamos una encuesta sobre el consumo de
drogas, en siete de las más importantes ciudades del estado:
Nuevo Laredo, Reynosa, Rio Bravo, Matamoros, Victoria, Mante
y Tampico. Este estudio arroja valiosos datos que permiten no
sólo medir las dimensiones del problema del consumo de drogas
en Tamaulipas, sino también, descubrir los fenómenos que están
asociados a él. Esta comunicación se centra en uno de estos
fenómenos que pudieron ser nítidamente observados a lo largo
de la encuesta: el consumo femenino de drogas.
No es tarea de esta breve comunicación, ni quizás de su autor,
el definir lo que habrá de entenderse por "condición femenina" en
México. Nos basta con mencionar que, en buena medida, la
condición de mujer en nuestro país está definida por el espacio
doméstico. Es en y para esta esfera espacial que la mujer es
socialmente definida y ha sido paulatinamente (desde la infancia)
mold~ada: trabajos del hogar, madre, esposa, enfermera , guardiana , etc. Es decir, el espacio del núcleo familiar y la cotidianidad que ahí se desarrolla, no es solamente el ámbito femenino
por excelencia (vistas las cosas desde la definición que actual1

Investigador del Colegio de la Frontera Norte. Oficina en Monterrey

2 De Beauvoir (1975) da cuenta detallada de este proceso mediante el cual la mujer va
moldéandose en función del espacio doméstico

�10

11

mente domina), sino que es precisamente el ámbito que la mujer
administra. La casa es el "lugar de la mujer", en el doble sentido
de que es el lugar en el que debe de estar y es el lugar que ella
gobierna, que es de su propiedad y de su exclusiva incumbencia.

tuviera algún sustento empírico, entonces, sería inevitable provocar incertidumbres relacionadas con el modo como se viene definiendo la drogadicción y la lucha contra la drogadicción. Incertidumbres que nos obligarían a revisar esas tesis superficiales sobre las cuales hemos estado basando las acciones preventivas.

3

El espacio doméstico es el lugar de la reproducción : de la fuerza
de trabajo, de las fuerzas perdidas durante la jornada de trabajo,
de las pautas legítimas de comportamiento, de las estructuras
morales plausibles, del lenguaje, de las identidades sociales y de
tantas otras cosas que la historia, las sociedades y las clases
sociales dirigentes, exigen sean reproducidas. Es el espacio de
la reproducción; fuera de él se lleva a cabo la producción social,
cultural y económica. Debido a ésto, en este espacio se sufre un
cierto tipo de desgaste, del que poco se ha hablado, pero que
habrá de inferirse de los datos que poseemos, para el caso
específico de Tamaulipas.
Igualmente; el espacio doméstico es el ámbito de lo privado, de
lo íntimo, de las relaciones cara a cara, de los códigos familiares.
Hogar es precisamente lo contrario de "lugar público", " mujer
hogareña" es lo opuesto a "mujer pública". Y, como tal, como
reverso de lo público, el hogar es el mundo de lo subjetivo, de lo
personal, de la afectividad.
Ambos elementos de la definición de lo doméstico (la reproducción , lo privado), tienden a ser identificados, según una eficiente
versión de la ideología de la maternidad y del hogar, con fuentes
de felicidad , salud, salvación y realización humana. Ese mundo
p rivado, íntimo que es la familia , "la vida en familia" -se dice- es
la raíz de la verdadera felicidad.
Esto último justamente tiene en relación muy estrecha con el tema
que nos ocupa : el consumo de drogas. Se oye constantemente,
desde los discursos oficiales y no oficiales, que la verdadera
c ausa de la farmacodependencia es la "desintegración familiar",
es decir, la desestructuración del espacio doméstico. Se sostiene
que si el espacio doméstico, el espacio a cargo de la mujer,
espacio femenino por definición, funciona correctamente, entonces no habrá ya más problemas de toxicomanía en nuestra
sociedad, ni en ninguna otra .
Pero,¿ qué se pensaría si se descubriese que el espacio doméstico, las relaciones domésticas, la sociedad doméstica como tal
(y no sólo su desestructuración), así como la definición de mujer
que se construye en función de este espacio, estimulan por si
mismos el consumo de drogas? Si esto no fuese falso, si esto

3

Véase MeIllasoux ( 1977) La autora, al final del capitulo, profund12a fas d1mens1ones
pollt1cas de las funciones reproductI11as de la fam ilia

Consumo femenino de drogas.
Sigamos un recorrido inducRvo. Empecemos por la información
proveniente de la encuesta . Obsérvese en el cuadro 1, la presencia de cuatro tipos de droga. El primero, constituído por las
drogas socialmente aceptadas, cuyo consumo no solamente es
legítimo, sino estimulado. Drogas cuya utilización están fuertemente asociadas con la defgiición social de sociabilidad, de
tiempo lúdico y de celebración . Esto, en el sentido de que no hay
convivencia sin brindis, boda sin cerveza, ni fiesta .s in cigarrillos
Y alcohol. El alcohol y, en menor medida el tabaco, forman partes
constitutivas de nuestras nociones contemporáneas de fiesta de
intercambio humano y de vida pública. En este primer tipo' de
fármacos, el consumo masculino es considerablemente superior
al consumo femenino. El tabaco y el alcohol, se diría, son "cosas
de hombres". Y, viceversa, una mujer que bPbP alcohol y consume tabaco, posee dos características que, según la definición
social de lo femenino, no son propias de su sexo.
Por otro lado, encontramos las drogas socialmente reprobadas,
se~ moralmente (inhalables) o jurídicamente (mariguana, cocama). El consumo de estas s ustancias trae consigo un durable
descrédito social que el consumidor debe soportar, creando grupos de usuarios, semejantes en mayor o menor grado a las sociedades de estigmatizados. Por esa razón podemos afirmar que el
consumo de estas drogas es, a la manera del alcohol, un consumo colectivo, social, compartido por aquellos que forman los
grupos de usuarios. El uso de estas drogas es también predomin~ntemente masculino, pero no con la nitidez con la que observabamos esto en relación al tabaco y al alcohol. Las diferencias
no son tan tajantes y, en el caso de la cocaína, son inexistentes.
Una situación completamente diferente se presenta en relación
al cuarto tipo de sustancias. Estamos en presencia de las drogas
farmacéuticas cuyo uso no está socialmente penado, pe ro que

4

Los datos q ue se presentan aqul son las tasas de consumo de droga o pre11alencIa actual
del consum o de drogas en el Tamaulipas urbano.

5

Mené ndez (1985) muestra como el alcohol, en ciertas regiones de México, ha sIdocons1derado no só lo como e lemento de celebraciones colectivas, sino como alimento y sustancia
curativa. Asl, dicha droga forma parte de las relaciones familia res y de losrijuales curativos

�13

12

está suj eto a reglamentaciones médicas específicas. Debido a
ésto, su consumo no lleva a consideraciones éticas o jurídicas
relativas al usuario. En todo caso, la responsabilidad recaería
sobre quien lo prescribe, fomenta o facilita.
Este último tipo de drogas, las sustancias farmacéuticas, a diferencia de todas las anteriores son las drogas eminentemente
individuales, solitarias, personales, es decir, perfeétamente adecuadas a la vida doméstica. Por esa razón, tal y como los datos
nos lo dicen, son las drogas femeninas por excelencia.

Cuadro 1
Prevalencia actual de consumo de drogas6 segun sexo.
(tot. consumidores/tot. de individuos áe 7 y mas años).
MUJERES

HOMBRES

(N=5277)

(N=5021 )

TABACO

9 .2%

28.7%

ALCOHOL

6.3%

33.2%

ALCOHOLISMO

0 .5%

3.9%

INHALABLES

0 .1%

0 .4%

MARIGUANA

0 .3%

1.3%

COCAINA

0.3%

0 .3%

ANFETAMINAS

1.6%

0 .5%

TRANQUILIZANTES

4.1%

1.2%

SEDANTES

1.6%

0 .7%

Condición femenina y drogas.
Hasta aquí hemos logrado identificar un grupo de drogas que por
las razones anteriormente descritas y por los datos aportados,
pueden ser consideradas drogas femeninas y, por el hecho de
ser tales, son las drogas de uso doméstico. Lo que conviene
ahora es observar al grupo de mujeres que hacen uso de anfetaminas, tranquilizantes, sedantes y otra drogas. De esta manera
será posible definir aquellas variables que propician en ta· población femenina el consumo de éstas y otras sustancias. Mediante
este procedimiento nos será posible determinar algunos de los
elementos que se dice definen la "condición de mujer" y que, a
su vez, inducen al uso de este tipo de fármacos. En otros
términos, de lo que se trata ahora, es conducir la observación al
grupo de mujeres que consumen drogas, con el objeto de definir
sus características distintivas; de este modo, podremos precisar
en qué medida el consumo de cierto tipo de drogas se debe a las
condiciones que definen a la muj er en nuestra sociedad.
Utilicemos con estos propósitos cuatro tipo de variables utilizadas
en la encuesta: la edad de la mujer, su actividad predominante,
su posición en el hogar y la composición familiar. Los resultados
son elocuentes:

-

a) Las menores de edad (7 a 17 años; n=1564) utilizan las
drogas en propociones muy bajas comparadas con cualquier
otro grupo de edad. Inclusive el uso de drogas de consumo
femenino, se presenta en tasas cercanas a cero. Se puede
decir, de manera contundente, que ser niña o adolescente, en
Tamaulipas, es estar practicamente vacunado contra el uso
de cualquier tipo de narcótico: sólo una de cada cien usa
tabaco y bebe alcohol ; menos de una de cada mil presenta
problemas de alcoholismo; tres de cada mil usa mariguana. Y
así para lo que se refiere a los otros tipos de droga. Esto es
también válido para los niños y adolescentes del sexo masculino, quienes en general presentan tasas bajas de consumo
Qigeramente superiores a las de las menores de edad). La
infancia y la adolescencia en Tamaulipas no está afectada por
ésto que se ha denominado el "mal del fin del siglo XX".
b) La situación es muy diferente para las mujeres entre 18 y

45 años de edad (n=2,768), que en adelante denominaremos,
6

la prevalencia actual del uso de droga es definida en función de la droga a que se refiera.
Tabaco y alcohol: uso en la semana anterior a la encu esta. Alcoholismo: presencia de
problemas familiares, económicos, laborales o de salud producidos por el alcohol. Mari•
guana y cocalna: uso durante los treinta dias anteriores a la encuesta. Anfetaminas,
tranquilizantes y sedantes: uso durante los treinta días anteriores a la encuesta, con o
sin prescñpción médica.

por comodidad, "jóvenes adultas". Aquí aparecen tasas "preocupantes" de uso de anfetaminas (2.4%) y de tranquilizantes
(3.7%). Comparadas con las menores de edad, las mujeres
de este grupo consumen 6 veces más anfetaminas y nueve
veces más tranquilizantes. El 40% de las mujeres jóvenesadultas, trabaja; el 50% está dedicado exclusivamente a las

�15

14

actividades del hogar; y el 12% restante se distribuye de la
siguiente forma: 9% que estudian y 3% inactivas. ¿Qué efectos tiene en este grupo de edad, la actividad que desarrollada
por las mujeres? El impacto de la actividad desempeñad~ por
la mujer, en el consumo de drogas, es verdaderamente mtido.
La mujer que trabaja tiende a reproducir los patrones '!1asculinos; es decir, tiene más probabilidades que .convertirse ~n
usuaria de tabaco y, en menor medida de alcohol. Contranamente a lo que con frecuencia se piensa de las estudiantes
(se les cree consumidoras de estimulantes y/o de mariguana),
la mujer que está estudiando, presenta.bajos porcentajes de
consumo en todos los tipos de drogas. Esto es el producto de
que, en Tamaulipas como en muchos otros estados del_país,
la estudiante continúa bajo la tutela de sus padres y suJeta a
estructuras de control que dificultan la aparición de prácticas
que socialmente se reprueban en la mujer. A diferencia de la
estudiaAte, la mujer inactiva, a esta edad, constituye el caso
más fuertemente impactado por el consumo de las drogas. En
ella encontramos 2.2% de alcohólicas, 4.3% de usadoras de
mariguana y 2% de inhaladoras.
Las anfetaminas, los sedantes y los tranquilizantes son los
fármacos característicos de las mujeres que permanecen en
el hogar. Dentro del subgrupo de amas de casa, entre 18 y 45
años (n=1330), encontramos que 5 de cada cien usa tranquilizantes, 3 de cada cien anfetaminas y 2 de cada cien sedantes
(contra sólo el 1% de las mujeres que trabajan).
c) El grupo de mujeres mayores de 45 años (n=894) nos
muestra dos tendencias muy claras: por un lado, el hecho de
que conforme la mujer va avanzando en edad, mucho más
propensa es a usar tranquilizantes y sedantes ( esto no sucede
con el alcohol, ni con el tabaco); pero, por otro lado, es
bastante menos proclive a usar anfetaminas. Dentro de este
grupo hay sin embargo diferencias muy grandes dependiendo
de la actividad que realizan: en las mujeres -con 46 años o
más- que trabajan se observa un agravamiento del uso de
tabaco y de alcohol, al tiempo que presentan un elevado índice
de alcoholismo (3%); además, es en las mujeres que trabajan
que encontramos la mayor prevalencia de consumo de anfetaminas y de cocaína; las mujeres inactivas, la mayoría de las
cuales son señoras de avanzada edad, no se distinguen por
el uso de drogas; todo parece indicar que sólo el tabaco toca
a las abuelitas. Ahora bien, la gran mayoría de las mujeres
mayores de 45 años, no son abuelitas ni mujeres que trabajan,
sino amas de casa, mujeres restringidas al ámbito doméstico;
dentro de este grupo de edad, está el problema epidemiológico
más severo de consumo de tranquilizantes (12.6%) y sedantes (5.2%).

¿Qué es lo que nos vienen diciendo estos datos? Uno, que al
alcohol y el tabaco, drogas comunitarias y socialmente admitidas
y propiciadas, habrán de acceder sobre todo las mujeres que
trabajan. La entrada al mundo del trabajo no doméstico, es decir
a la esfera pública, propicia el uso de estas drogas. Dos, que las
anfetaminas parecen tener este doble uso que está asociado a
ellas: el uso estético (bajar de peso) en las mujeres adultasjóvenes que permanecen en el hogar y, el uso laboral (largas
jornadas de trabajo) en las mujeres mayores de 45 años que
trabajan. Tres, que los sedantes y los tranquilizantes, son drogas
eminentemente domésticas orientadas al control de la· ansiedad,
los conflictos, las dificultades para conciliar el sueño, las angustias, la agresión, en fin, las condiciones familiares que engendran
estados neuróticos; las mujeres hogareñas, sobre todo las que
ya han superado los 45 años, están llamadas a hacer uso de estos
fármacos en proporciones muy superiores a todos los demás
subgrupos tanto masculinos como femeninos. Por último, las
mujeres jóvenes (entre 18 y 45 años) e inactivas constituyen un
grupo fuertemente afectado por el consumo de distintos tipos de
drogas, entre las cuales se distinguen aquellas que son más
fuertemente reprobadas por la sociedad.
Veamos ahora el caso de las madres (independientemente de la
edad) y de las mujeres (madres e hijas) que viven en hogares en
donde ha tenido lugar un abandono temporal o definitivo por parte
del padre y no ha sido reemplazado por ninguna otra figura.
La posición de madre es de gran interés, puesto que se supondría, por un lado, que ser madre es un preventivo para uso de
narcóticos, y , por el otro, que cumple un papel importantísimo en
_la socialización de los hijos. La descomposición de los vínculos
matrimoniales y familiares es también de mucho interés por que
habría muchos motivos para suponer que este factor sería un
factor estimulante del consumo de drogas tanto en la esposa
abandonada como en sus hijos.
En las madres (véase el cuadro 2) es en donde se observa con
mayor claridad la tendencia al uso de las drogas farmacéuticas.
La madre por lo general no participa del uso de sustancias
asociadas a la utilización del tiempo libre, dentro de la esfera del
hogar o fuera de ella. A cambio de eso, al abrigo del mundo
Privado e intimo del hogar, la madre se droga con sustancias cuyo
uso también es privado e íntimo. La madre joven, estimulándose
para controlar su aspecto físico; la madre adulta y vieja, auto-provocándose (con o sin prescripción médica) artificialmente un poco
de tranquilidad.
Las mujeres que viven en familias en donde se ha efectuado un
abandono por parte del padre se distinguen por un mayor consumo de tabaco y una mayor presencia de alcoholismo . Las

�17

16

mujeres que viven en familias en donde el padre y/o la madre han
muerto presentan notable aumento en la prevalencia de consumo
de alcohol. Pero nada parece relacionar el consumo de las drogas
farmacéuticas con la muerte de alguno de los progenitores o la
ausencia del padre debido al abandono.
Cuadro 2
Prevalencia actual de consumo de drogas en las madres
segun edad y en los padres (numero efe madres usadoras/subtotal de madres del grupo de edad).
MADRES 18-45
'

MADRES 46 MAS PADRES 18 MAS

(N=1453)

(N=752)

(N=1951)

TABACO

13.8%

13.4%

48.9%

ALCOHOL

7.1%

8.0%

59.3%

ALCOHOLISMO

0.3%

0.5%

7.3%

INHALA BLES

0.1%

0.0%

0 .2%

MA RIGUANA

0.1%

0.0%

1.1%

COCAINA

0.3%

0.8%

0 .3%

A NFETAMINAS

3.6%

1.1%

0 .8%

TRANQUILIZANT

6.2%

12.9%

2.4%

SEDANTES

2.5%

5.1%

1.3%

Todo indica que el uso de estimulantes, tranquilizantes y sedantes está fuertemente asociado a la función de madre y de esposa.
Todo nos conduce a confirmar nuestras afirmaciones r~specto a
los vínculos existentes entre vida doméstica y consumo de cierto
tjpo de drogas. De suerte que, así como el mundo masculino del
trabajo induce al individuo a hacer uso del tabaco y el alcohol, así
como el desempleo, la ruptura de los lazos familiares fundamentales conducen al consumo de drogas socialmente penadas, así
mismo, la vida doméstica, la llamada "vida en familia", vida que
define buena parte de la condición femenina en nuestro país,

propicia un cierto tipo de farmacodependencia, que no por realizarse en el hogar, es menos indeseable o menos perjudicial para
la salud.
La situación fronteriza.

Los datos que hemos venidó presentando y analizando representan la situación de las ciudades más importantes de Tamaulipas (con excepción de Madero y Mante). Las conclusiones a las
que nos condujo el análisis, valen para el conjunto de ciudades
como para cada una de las ciudades individualmente consideradas. En todas, desde Nuevo Laredo hasta Tampico, el patrón de
consumo femenino de drogas es aproximádamente el mismo.
Sin embargo conviene hacer dos precisiones al respecto que
habrán de ser distintivas de las ciudades fronterizas consideradas
en su conjunto: Nuevo Laredo, Reynosa, Rio Bravo y Matamoros.
Por un lado, recordemos que la proporción de habitantes de estas
ciudades que han realizado actividades económicas en Estados
Unidos es muy SUP¡erior a la que se observa en ciudades como
Tampico o Victoria , En el conjunto de las ciudades fronterizas,
1 de cada diez individuos con 7 y más afios, ha trabajado alguna
vez en el país vecino. De este 10%, una proporción no despreciable, está constituido por mujeres. Entre los habitantes de las ciudades fronterizas que han trabajado en Estados Unidos (n=649),
un poco más de la tercera parte (35%) pertenecen al sexo
femenino.
Por otro lado, recordemos que la sociedad estadounidense se
caracteriza, hoy día, por ser la sociedad con mayores niveles de
consumo en el mundo en casi todos los tipos de drogas. Las
comparaciones con México al respecto son prácticamente innecesarias.
Estas dos consideraciones explican la presencia, en algunos
casos, de índices de consumo de tabaco, alcohol y mariguana
relativos a la población femenina de las ciudades fronterizas (en
particular el caso de Matamoros), superiores a los encontrados
en las• ciudades no fronterizas (véase cuadro 3).
Si a esto añadimos que la mujer de las ciudades fronterizas tiende
a participar con mayor frecuencia en actividades económicas
7

Del total de población con 7 anos y más de las cuatro ciudades fronterizas de Tamaulipas,
casi el 10% ha trabajado alguna vez en los Estados Unidos. Esta es una caracterfstica
común de las ciudades fronterizas.Los porcentajes varfan poco de una localidad a otra·
11% en Nuevo Laredo, 9.9% en Reynosa, 11.1% en Rio Bravo y 8.1 % en Matamoros. La
proporción desciende drásticamente en las ciudades no fronterizas: en Victoria, la muestra
reporta sólamente el 2.6%; en Tampico, el porcentaje es aún menor (1.8%).

�19

18

fuera del hogar (y que esta tendencia no es reciente) no nos
extrañará por tanto, que en ciertas comparaciones del consumo
de tabaco y alcohol, la población femenina fronteriza supere a la
población femenina radicada en ciudades no fronterizas.
Sin embargo, no significa esto que la población de mujeres en las
ciudades fronterizas presenta niveles superiores de consumo de
drogas al resto de las ciudades de Tamaulipas. En todas las
ciudades los patrones de consumo femenino presentan aproximadamente el mismo perfil: la actividad económica fuera del
hogar en la mujer, y sobre todo si esta actividad se realiza en
Estados Unidos, va asociada a un aumento de las tasas de
consumo de drogas, tradicionalmente consideradas como masculinas.

Cuadro 3
Prevalencia actual de uso de drogas en la P.Oblacion del
sexo femenino (7 y mas años) en cinco ciudades de
·
tamaulipas.
TABACO

ALCOHOL

MATAMOR

9.6%

6.7%

0.2%

0 .5%

5.5%

2.6%

N. LAREOO

11.1%

6.7%

0.5%

0 .1%

1.2%

0.5%

REYNOSA

10.0%

4.2%

1.1%

0 .3%

4.7%

3.0%

VICTORIA

6.4%

2.6%

0 .0%

0 .0%

2.0%

0 .4%

TAMPICO

9.2%

10.2%

0.7%

0.5%

6.1%

1.6%

os

ALCOHOUS. MARIGUANA TRANQUILIZ ANFETAMIN
Mo

BIBLIOGRAFÍA
De Beauvoir, Simone
(1975) El segundo sexo (T. 11), Buenos Aires, Ed. Siglo Veinte.

Meillasoux, Claude •
(1977) Mujeres, Graneros y capitales, México, Ed. Siglo XXI.

Menéndez, E.
(1985) «Saber médico y saber popular», en: Estudios sociológi-

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Zúñiga, Víctor
(1990) Epidemjología d_el consumo de drogas en Tamaulipas ,

Matamoros, 01f-Tamauhpas.

�PERSPECTIVAS EN SALUD REPRODUCTIVA DE
LA MUJER: EL CASO DEL ESTADO DE NUEVO
LEON. ·
María del Carmen Elu

1

Introducción
La salud de una población y por ende, de las mujeres, depende
de muchos factores entre los que destacan las condiciones de
vida, y los atributos culturales adjudicados socialmente a las
personas, conforme hayan nacido de un0 •1 otro sexo.
Las condiciones de vida marcan a las personas de múltiples
maneras, desde la infancia hasta la vejez. De ellas va a derivarse
que los individuos tengan acceso a los satisfactores básicos que
producen y protegen la salud, tales como alimentación, vivienda,
vestido, educación, etc. Todo ello va a repercutir, a su vez, en la
manera en que se incorporen posteriormente al mercado de
trabajo, las modalidades con que lo hagan y los recursos que ello
les pueda proporcionar. A este respecto se ha señalado, con
razón, que los ricos y los pobres no se enferman ni mueren de lo
mismo.
También existen diferencias entre los hombres y las mujeres.
Estas diferencias no sólamente provienen de su diversa constitución biológica, sino que, en gran medida, son el producto de las
pautas culturales vigentes en la sociedad en que se desenvuelven, las cuales definen las actitudes, formas de comportamiento,
expectativas, quehaceres cotidianos, familiares y_ sociales; en

1 Investigadora del Instituto Mexicano de Estudios Sociales, A .C.

�22

una p~labra, los atributos que conforman la identidad femenina o
masculina y la manera en que debe expresarse dicha identidad.
Conforme a los intereses de la sociedad, les han sido adjudicados
diferentes atributos, supuestamente basados en sus características biológicas, pero que van mucho más allá de lo que dichas
diferencias pudieran predeterminar. Este proceso ha sido tan
sistemática y permanentemente reforzado, que se ha llegado a
considerar que determinadas aptitudes o comportamientos son
inherentes a la naturaleza femenina , cuando en realidad son el
producto de valores culturales, transmitidos de generación en
generación .
Esta transmisión se hace, en primer lugar, a través de la familia

y es reforzada por otras instituciones sociales como la escuela,
las organizaciones religiosas y políticas y los medios de comunicación masiva .
Mediante múltiples e intrincados mecanismos, a los niños y a las
niñas se les educa para ser diferentes, y se les transmite la
supremacía de un sexo sobre el otro. Desde el momento del
embarazo, se desea en primer lugar un hijo varón . La niña es
bienvenida cuando ya hay uno o varios hijos varones. Esto se
manifiesta de muchas maneras, incluso en el orgullo con que se
notifica a las amistades del nacimiento de un nuevo hijo. A pesar
de que se se sabe que el sexo de un hijo no depende de la madre,
sino del padre, todavía la mujer se considera subvaluada si el
sexo del nuevo hijo no corresponde a las expectativas. Desde su
tierna infancia, a los niños se les dice, en la mayoría de los casos
sin necesidad de palabras, lo que la sociedad espera de ellos,
cuáles son las actitudes y comportamientos adecuados o no, y
también se les enseña que si sus conductas no corresponden a
dichos patrones ideales van a ser castigados en diferentes formas.
Los ejemplos están a la vista. Si una niña llora, no se le regaña,
si lo hace un niño se le dice que "sea hombrecito", que "los
hombres no lloran". Y algo similar sucede cuando una niña
prefiere jugar futbol que entretenerse con sus muñecas o cuando
un niño manifiesta su deseo de ser bailarín o una joven de estudiar
ingeniería. Y esto sucede porque culturalmente el llorar, jugar
futbol o a las muñecas, así como muchas otras conductas y
actitudes, han sido definidos como características que deben
formar parte de la identidad de uno u otro sexo, aunque no tengan
nada que ver con sus condiciones biológicas o con sus capacidades personales. Y estos son solamente algunos ejemplos; hay
muchos otros mecanismos que son más difíciles de identificar
pero que no por ello actúan con menos fuerza.
Un aspecto esencial de este proces o diferencial de socialización
lo constituye el manejo de la sexualidad. Para todos son claras la

23

duales y contradictorias actitudes y conductas que se les inculcan
a los muchachos y a las muchachas. Como en muchos otros
aspectos de la vida, a ellos se les orienta hacia la adquisición de
experiencias sexuales, como parte del aprendizaje de su rol
masculino, mientras que de ellas se espera que pospongan la
actividad sexual hasta que se considere conveniente. Mientras
que por muchas generaciones la virginidad de la mujer ha sido
un criterio para su valoración, la de los varones ha sido todo lo
contrario. La joven que la pierde, se devalúa; el jóven que la
pierde, adquiere estatus.
Las normas diferenciales en el manejo de la sexualidad, unidas
a otros rasgos inbuidos a los hombres y a las mujeres, se ven
después reflejadas de muchas maneras en su actuación en la
vida, sin descartar agresiones y violación.
Es decir, lo que caracteriza a las mujeres, lo que perfila su
identidad, no es el sexo con el que nacieron, sino los atributos del
género al que pertenecen; género que es construido en una
determinada cultura , y que de hecho, como se ha demostrado ,
puede variar en sociedades distintas, o en una misma, a través
del tiempo.
En nuestra cultura, heredera y producto de los valores judeo-cristianos, el eje sobre el que se ha basado la identidad femenina ha
sido la capacidad reproductiva de las mujeres. El que así sea tiene
repercusiones en todos los aspectos y ámbitos en que se desenvuelve su vida: en la forma en que se relaciona con la sociedad
en su conjunto, con los hombres, con sus familias, y lo que es
más importante y sustenta todo lo anterior, en la manera en que
ella se conceptualiza a sí misma, sus aspiraciones permitidas, su
fuente de satisfacciones y frustraciones; en síntesis, en su forma
de verse como persona, y dentro de ello, el papel que adopta su
sexualidad.
La práctica médica ha jugado un papel muy importante en el
reforzamiento de los atributos culturales que configuran la identidad femenina y de su subvaloración ante la masculina. Y lo ha
hecho a partir del poder que tiene el incursionar, descubrir,
calificar e intervenir en el reducto más íntimo del ser humano:su
propio cuerpo.
~a medicina heredó de la religión el rol de guardián de una
ideología sexista, es decir, de mantener la idea de la supremacía
del sexo masculino frente al femenino. En su práctica, ha colaborado al reforzamiento de una imagen femenina débil e inestable
emocionalmente, y por ende, incapaz de tareas que exijan serenidad Ycontrol de las emociones. Esto derivó incluso en un sexismo
~entro del mismo ejercicio de la medicina : hasta hace muy poco
tiempo las mujeres estuvieron excluidas de las escuelas de
medicina, y aún actualmente su acceso a la cirugía es limitado.

�25

24

Desde su situación de poder, la medicina define lo que es sano y
lo que es enfermo. Por ello ha jugado un papel clave en la
codificación de determinados estados de ánimo de las mujeres,
o de determinadas conductas, como patologicas. Es muy indicativo que el término de histeria, provenga de la misma raíz etimológica que útero. Refiriéndose a la histeria, el Diccionario Enciclopédico University de Términos Médicos dice· que todas sus
manifestaciones «carecen de base orgánica demostrable», lo que
confirma que es un producto cultural y social.
Es muy indicativo también que, cuando una mujer expresa su
insatisfacción de una manera que culturalmente no se CO)lSidera
adecuada, se le diga despectivamente que está menopaúsica.
Hay estudios que muestran que muchas mujeres que fueron
declaradas como "locas", y que fueron internadas en establecimientos psiquiátricos, lo que en realidad habían hecho, fue
transgredir normas sociales que atentaban contra los intereses
familiares o sociales.
_La relación de las mujeres con la medicina siempre ha sido de
dependencia. Esto se ha reflejado también en la manera en que
se conceptualizan los procesos relacionados con la capacidad
reproductiva como la menstruación, el embarazo, el parto y la
menopausia, a los que se catalogan como enfermedades.
Hay muchos aspectos en los cuales las mujeres necesitan de la
ciencia médica, en sus múltiples especialidades, entre los que se
incluyen los relacionados con los procesos reproductivos y la
anticoncepción. El planteamiento no es pues, de ninguna manera,
prescindir de ella ni negar sus posibles beneficios. Lo que se
cuestiona es la forma en que el sistema médico considera a las
mujeres, el manejo inadecuado de terapeúticas (incluyendo los
medicamentos), la calidad de los servicios que presta; en s1ñtesis,
el ejercicio de poder que establece y su posible complicidad en
el reforzamiento de las pautas culturales que no favorecen la
salud de la mujer.
Si la identidad de las mujeres se ha construido principalmente
alrededor de sus capacidades reproductivas, la salud reproductiva no puede conceptualizarse, como generalmente se hace,
simplemente como la superación de los riesgos fisiológicos que
involucran los procesos de embarazo y parto, o como la provisión
de métodos anticonceptivos para el control de la fecundidad. Se
requiere analizarla en todo el contexto sociocultural, en donde la
práctica médica, bien orientada, puede jugar un papel de importancia indiscutible, pero que su resolución, la sobrepasa.

Algunas reflexiones sobre la salud reproductiva.
Todo lo anterior nos lleva a plantearnos múltiples cuestionamientos para su reflexión colectiva. Entre otros muchos posibles, están
los siguientes:
- ¿Qué papel real juega la maternidad y la capacidad reproductiva
en la vida de las mujeres y en su relación con la de los hombres?
¿Es realmente una fuente de poder y de estatus para ellas? y de
ser así, ¿responde a sus expectativas?
·
- ¿A quién pertenece dicha capacidad? ¿A las mujeres mismas,
a su pareja o a la sociedad? Y si es a esta última, ¿cómo responde
a la responsabilidad que siempre debe ser concomitante con tal
derecho?
- ¿Cuáles son las repercusiones de una identidad y socialización
femenina basada en la maternidad? ¿Cuáles son las contradicciones a las que la enfrenta? ¿Cómo se explica y pue~ encararse
lo que se ha denominado el síndrome del nido vacío ?
- ¿Cómo consideran a la mujer las políticas de población y los
programas para su instrumentación? ¿Importan su salud física y
mental, o su objetivo principal es únicamente de darácter demográfico? Si fuera esto último, ¿no nos encontraríamos entonces
ante una nueva maniobra de la sociedad para manejar la capacidad reproductora de las mujeres?
- ¿Cómo puede explicarse que una sociedad donde se venera en
abstracto a la maternidad, dé tan poca importancra y-se dediquen
tan pocos recursos a favorecer que los procesos directamente
reproductivos de las mujeres 11eguen a un final satisfactorio?
- Y en el mismo sentido, ¿cómo es posible que para obtener un
empleo, se exija cada vez a un mayor número de mujeres,
permanecer solteras y mostrar un certificado de no embarazo?
¿Es o no es importante la maternidad?
- ¿~s realmente la capacidad reproductora lo que debe gobernar
la v1~a de las mujeres? La esperanza de vida de las mujeres
mexicanas supera los 70 al\os y la de las neoleonesas los 75. Si
tomamos a los 12 años como promedio de la menarca (primera
menstruación) y los 48 años como el de la menopausia, nos

2

El "slndrome del nido vaclo" se refiere al sentimiento de soledad y de inutilida d que acosa
a las mujeres c uando sus hijos abandonan la casa para seguir su vida independiente.

�27
26

encontramos que durante más de la mitad de su vida, las mujeres
no tienen esa capacidad. Entonces ¿qué pasa con su identidad?

A) Contexto demográfico, instrucción y ocupación.

¿Y cori su sexualidad? ¿Dejan de ser mujeres?
- ¿Y qué sucede con aquellas que por diferentes circunstancias
no han podido tener hijos o no han querido tenerlos?
- ¿Qué pasa con el aborto? ¿Por qué se produce en un país donde
supuestamente la mayoría de la población tiene acceso fácil y
barato a los métodos anticonceptivos? ¿En qué términos se
podría definir dicho acceso? ¿Cómo prevenirlo?

Cuadro 1
Población por grupos de edad y sexo. Nuevo León, 1990
Grupos de edad

TOTAL%

HOMBRES %

MUJERES%

0-4

10.7

10 .9

10.7

5-9

11.3

11 .5

11.1

10-14

11.9

12.1

11 .8

15-19

12.5

12.6

12.4

20-24

10.9

10.9

10.9

25-29

8 .6

8.5

8.7

30-34

7 .4

7.2

7.4

35-39

5 .8

5.7

5 .9

40-44

4.7

4.6

4.7

A continuación presentamos una serie de datos que, aunque

45-49

3 .9

3.9

3 .9

incompletos para manifestar su realidad, de alguna manera bosquejan el contexto en el que viven las mujeres, así como algunas
de las consecuencias que sus estilos de vida tienen en su salud.

50-54

3 .2

3.2

3 .2

55-59

2.4

2.4

2.4

60-64

2.0

1.9

2.1

65 y más

4.0

3.8

4.3

No especificado

0 .5

0.5

0 .5

TOTAL %

100 .0

100.0

100.0

TOTALABS.

3 ,098,736

1,542 ,664

1,556,072

- ¿Hasta que punto la violencia sexual es el resultado de una
inadecuada construcción cultural de los géneros?
La Organización Mundial de la Salud define a ésta como el estado
de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente
como la ausencia de enfermedades, y cuyo logro constituye un
derecho fundamental del ser humano.
En este contexto, las anteriores reflexiones, para ser productivas,
nos tienen que llevar a identificar acciones concretas que se
puedan instrumentar para mejorar la salud reproductiva de las
mujeres y con ello, el conjunto de su vida.
Una mirada a los indicadores formales de salud.

Una de las características de la vida de las mujeres, en los
diferentes ámbitos en que se desenvuelve, ha sido su escasa
visibilidad en las estadísticas.

Los datos se presentan agrupados en tres incisos:
A) Contexto demográfico, instrucción y ocupación.
B) Estado civil, fecundidad y anticoncepción
C) Mortalidad general. Mortalidad materna. Sida.
Al final de cada uno de los incisos se ofrecen algunos comentarios
que de ninguna manera pretenden ser exhaustivos, sino simplemente proporcionar un primer acercamiento a su lectura: en base
a su relación con el tema que nos ocupa.

Fuente: INEGI (1992)

�29

28
Cuadro 2

Cuadro 4

Población económicamente inactiva por sexo y según el
tipo de inactividad (números absolutos)

Población económicamente activa por sexo y por sector
de actividad. Nuevo León, 1990

Jubilados

Hogar

Estudiantes

Incapacitad
permanente

otros
SECTOR ACTIVIDAD

HOMBRES
MUJERES

190,464

41,337

6,319

203,856

8,092

624,579

10,143

67,714

3,555

22,427

HOMBRES

MUJERES

60,550

1,285

Minería

2,161

133

Extracción de petróleo y
gas

4756

755

239,524

61 ,077

6,130

1,055

Construcción

87,405

2,775

Comercio

102,033

45,532

43,665

4,348

Agricultura, ganadería,
caza, pesca

Fuente: INEGI (1992).

Cuadro 3
Población de 12 años y más por sexo y gruP-oS de edad
según condición de actividad. Nuevo León, 1990.
Grupos de
edad

Pob. económicamente activa

Pob. economic. inactiva

Industria manufacturera
Electricidad y agua

HOMBRES

MUJERES

HOMBRES

MUJERES

12-14

0.8

1.1

30.0

12.1

15-19

11.8

19.3

29.9

15.9

yomunicaciones
ransportes

20-24

17.2

25.8

10.4

11 .3

Servicios financieros

13,475

8,458

25-29

15.8

16.8

2.9

10.4

~dfinistración pública y
e ensa

22,319

9,356

30-34

13.6

12.4

1.7

9.5

9.0

7.8

Servicios comunales y
sociales

58,556

10.9

1.3

37,203

35-39
40-44

8 .6

5.9

1.4

6.7

fecn,cos
erv_icios profesionales y

18,041

7,724

45-49

7.1

3.9

1.7

5.8

sirvicios de restaurantes
Y aleles

19,966

10,044

50-54

5.3

2.4

2.4

5.1

3.6

1.3

2.7

3.9

Servicios personales
mantenimiento y otros '

68,397

40,352

55-59
60-64

2.2

0.8

3.7

3.5

No especificado

20,275

12,234

65-69

2.5

0.9

11 .2

7.3

TOTAL

73.96

26.04

27.94

7205

Fuente: INEGI (1992).

Fuente: INEGI (1992).

y

�31

30
Comentarios.

Cuadro 5
Población económicamente activa por sexo y ocupación
principal. Nuevo León, 1990.
HOMBRES

MUJERES

PROFESIONALES

26,521

9,873

TÉCNICOS

22,398

16,886

TRABAJADORES DE LA
EDUCACION

13,187

24,224

TRAB. DEL ARTE

6,872

2,018

y

33,093

6,500

TRABAJADORES
AGROPECUARIOS

57,277

1,015

INSPECTORES
SUPERVISORES

y

28,048

3,766

ARTESANOS
OBREROS

y

164,997

14,415

DE

63,269

21 ,699

AYUDANTES Y SIMILAR

56,159

6,611

DE

56,324

584

57,105

67,795

68,754

29,968

AMBULANTES

16,813

3,075

SERV. PÚBLICOS

35,453

15,555

TRAB. DOMÉSTICOS

1,355

33,885

PROTEC. Y VIGILANCIA

24,097

657

NO ESPECIFICADO

14,178

5,153

OCUPACION PPAL.

FUNCIONARIOS
DIRECTIVOS

OPERADORES
MAQUINARIA FIJA

OPERADORES
TRANSPORTE
OFICINISTAS
COMERCIANTES
DEPENDIENTES

Fuente: INEGI (1992).

y

• Según el Censo General de Población llevado a cabo en 1990,
la entidad poseía 3'098,736 habitantes, de los cuales el 49.8%
eran hombres y el 50.2% mujeres. Es decir, existía una distribución equitativa entre ambos sexos.
• La estructura de la población en el estado manifiesta la tendencia, existente en todo el país, hacia un decremento en la presencia
de la población más joven. Esto es la consecuencia de una
reducción en las tasas de natalidad. Al mismo tiempo se observa
un incremento en los grupos de mayor edad. El aumento en
personas de edad avanzada tiene serias repercusiones en la
estructura y dinámica familiares, que deben proveer de medios
de subsistencia y de cuidados físicos y emocionales a los miembros más añosos de la familia; cuidados que en la mayoría de los
casos recaen en las mujeres.
• El incremento de personas en edad avanzada en una sociedad
donde los padres no tienen capacidad de ahorro para su vejez, y
donde se expande un tipo de familia nuclear, deriva en una
pauperización de las personas en los últimos años de su vida.

.

• Se hace visible una disparidad en la composición por sexo, a
favor de la femenina, principalmente en las edades superiores a
los 50 años, que se agudiza en la población mayor de 60. Ello es
producto de la más alta esperanza de vida de las mujeres con
relación a la de los hombres.
• El hecho de tener una esperanza de vida superior, que podría
considerarse a primera vista como un indicador benéfico a favor
de las mujeres, también tiene sus repercusiones negativas. De
acuerdo a las estadísticas, las mujeres tienen más probabilidades
de pasar solas, sin su compañero, los últimos años de su vida,
con la carga que ello conlleva de soledad, a la que muchas veces
se añade la carencia de medios de subsistencia.
• El hecho de que el trabajo en el hogar no sea considerado como
tal por las leyes, hace que la mayoría de las mujeres en edad
avanzada carezcan de cualquier tipo de jubilación, por lo que su
subsistencia pasa a depender de la generosidad de los hijos;
generosidad que muchas veces éstos no pueden o no quieren
asumir.
" Entre su población mayor de 15 años, el estado de Nuevo León
contabilizó 94,385 personas analfabetas de las cuales casi el 60%
son mujeres. En todos los grupos de edad, el analfabetismo
femenino supera al masculino. Aún cuando se pueda considerar
que el saber leer y escribir no tiene nada que ver con la sabiduría
de las personas, es claro que constituye un impedimento para

�33
32

moverse y establecer relaciones de diferente tipo, incluyendo el
comercial, en nuestra sociedad.
* Si bien la distribución en el nivel primario de instrucción es
equitativa, conforme el nivel de estudios aumenta se produce una
diferenciación, en detrimento de las mujeres.
* Está constatado el hecho de que cuando las familias tienen

recursos limitados -y en nuestro país ese es el caso de la mayoríalas jóvenes se les fomenta hacia el estudio de carreras cortas.
Dos son las principales razones aducidas: una, que no merece la
pena dedicar esfuerzos a estudios superiores que posteriormente
se van a abandonar por el matrimonio; otra, que de esta manera
pueden incorporarse pronto al mercado de trabajo. Lo contrario
sucede con los hijos varones. Es así, como muchas mujeres se
convierten, de hecho, en patrocinadoras de los estudios de sus
hermanos, al permitir, con su aportación al ingreso familiar, que
ellos puedan proseguir su formación.

ª

* Resulta un buen indicador de los procesos diferenciales de
socialización entre los hombres y las mujeres, el hecho de que
sean pocas las mujeres ocupando puestos de funcionarios o
directivos.
* El gran porcentaje de mujeres trabajadoras en la educación nos
recuerda que ellas son las que están más en contacto con los
niños y las niñas durante los af\os en que éstos adquieren los
valores que posteriormente van a normar sus vidas y sus expec- ·
tativas como personas, lo cual las convierte en corresponsables
de la reproducción de las pautas culturales que desfavorecen a
las mujeres.

B) Estado civil, fecundidad y anticoncepción.

* Los datos censales respecto a la codificación de las actividades

económicas de las mujeres son quizás uno de los mecanismos
más eficientes para ocultar su verdadera participación económica.
* El trabajo doméstico, actividad que pocas mujeres pueden eludir
y que constituye uno de los menesteres que desgastan su tiempo,
energía y salud, no está considerado como económicamente
activo. Ello es desconocer toda la producción que en ese ámbito
se hace de bienes y de servicios. Y nuevamente nos encontramos
con que la reproducción de la mano de obra y su mantenimiento
no adquiere ningún estatus como aportación económica.

Cuadro 6
Estado civil de la población de 12 años de edad por sexo.
Nuevo León, 1990.
ESTADO CIVIL

HOMBRES

MUJERES

SOLTERO

498,576

446,738

CASADO

557,474

576,372

UNIÓN LIBRE

26,724

29,223

SEPARADO

6,087

15,570

DIVORCIADO

5,061

12,480

rurales y observe la cantidad de trabajo que las mujeres hacen,
el que las estadísticas consideren a tan pocas mujeres como
económicamente activas dentro del sector primario de la economía, es decir: agricultura, caza y pesca.

VIUDO

14,821

56,010

NO ESPECIFICADO

5,955

5,554

* La distribución de las mujeres dentro de las ocupaciones es un

TOTAL

1 ,114,698

1,141 ,947

* Entre las actividades femeninas consideradas como productivas

económicamente, encontramos que la mayoría se concentra en
el rubro de servicios, que incluye los trabajos peor pagados y de
menor estatus social.
* Resulta absurdo, para cualquiera que haya visitado las zonas

claro reflejo de los roles que les son atribuidos culturalmente Y
para los que se les orienta durante su preparación educacional.
El mayor rubro está constituido por oficinistas.
* El gran porcentaje de mujeres dedicadas al trabajo doméstico

es la consecuenci~ de que éste involucra actividades para las que
no tuvieron que recibir estudios especiales, puesto que las aprendieron a realizar en el propio hogar.

• Incluye matrimonio civil, religioso y civil y religioso.
Fuente: INEGI (1992).

�35

34
Cuadro 7

Cuadro 9

Evolucion de la natalidad en la población derechohabiente
del IMSS. Nuevo León, 1990

Porcentajes de usuarias activas por método anticonceptivo. Nuevo León, 1989

-

AÑO

TASA.

AÑO

Pastillas

DIU

1973

45.7

1983

60.0

8.3

13.1

10.2

1978

35.8

1984

62.4

6.7

16.3

1984

27.4

1985

59.5

8.2

1990

24.0
1986

51.5

1987
1988

Otros

Total

8.0

0.2

48050

10.2

4.1

0.2

52082

18.6

10.3

3.1

0.2

58351

10.9

24.9

9 .9

2.5

0.2

51739

45.9

11 .2

30.1

8.8

1.8

0.1

51167

42.6

10.1

36.4

9 .0

1.7

0.2

51795

33.3

12.2

43.2

8 .5

2.5

0.3

48427

Quirúrgic Condón lnyectab.

• Tasa por 1000 derechohabientes adscritos
Fuente: Coordinación Delegacional de Planificación Familiar del I.M.S.S.

.

1989

Cuadro 8

• Datos hasta junio de 1989.

Mujeres activas en el programa de planificación familiar
&lt;tel I.M.S.S., según méfodo. Enero 1990-junio 1991
MÉTODO ANTICONCEPTIVO

Fuente: Sistema de información de D.G.P.F.

Nº DE MUJERES ACTIVAS

PASTILLAS

1831

DISPOSITIVO INTRAUTERINO
(CONSULTA)

5,989

DISPOSITIVO INTRAUTERINO
(POSTPARTO Y ABORTO)

7,284

QUIRÚRGICO

4,116

TOTAL

22,037

TOTAL MUJERES EDAD FÉRTIL

493,387

Cuadro 10
Derechohabientes aceptantes del método quirú_r_gico
desde enero de 1990 hasta junio de 1991 en el l.~S.S.
MÉT0°DO QUIRÚRGICO

Nº de aceptantes

Porcentaje

158

4.9

SALPINGOCLASIA

3,062

95.1

TOTAL

3220

100.0

VASECTOMÍA

Fuente: Coordinación Delegacional de Planificación Familiar del !.M.S .S.
% COBERTURA ANTICONCEPTIVA

44.6%

• Mujeres en edad fértil= 15 a 49 años.
Fuente: Coordinación Delegacional de Planificación Familiar del 1.M.S.S .

�37

36
Cuadro 11
Tasa de partos en mujeres adscritas al I.M.S.S.
AÑO

TASA

1973

46.0

1978

36.0

1984

27.6

1990

19.7

Comentarios.
• Si hay una cifra que tendría que coincidir en los censos, es el
de casados-casadas. En el de Nuevo León, al igual que ocurre
en la mayoría de las entidades del país, no es así.
• Los censos recaban información sin exigir ningún tipo de documento comprobatorio. Independientemente de lo acertado o no
de dicha disposición, lo cierto es que, sumando los que se dijeron
casados o en unión libre, nos encontramos con una diferencia de
21,397 mujeres cuyos maridos están siendo, de alguna manera ,
compartido con otras, o que se declaran a sí mismos como
solteros.

• Tasapor 1000 mujeres adscritas al !.M.S.S .
Fuente: Coordinación Delegacional de Planificación Familiar del !.M.S .S.

Cuadro 12
Embarazos, partos,(fBiB':1\~Wbortos en el I.M.S.S.

.

1990

1991

EMBARAZOS

48,394

23,050

PARTOS

44,676

20,956

15,131 (33.9%)

7,771 (37.1%)

3,718

2,094

CESÁREAS
ABORTOS
• Primer semestre de 1991 .

Fuente: Coord inación Delegacional de Planificación Familiar del !.M.S .S.•

Cuadro 13
Abortos en mujeres en edad fértil adscritas al I.M.S.S.
AÑO

TASA POR 1000 ADSCRITAS

1973

119.6

1978

90.6

1984

60.5

1990

83.5

Fuente: Coord inación Delegacional de Planificación Familiar del !.M.S .S.

I'

• Otro rubro donde es notoria la diferencia por sexo es en el de
viudos. Hay 41 ,189 más viudas que viudos. En parte esto es
producido por la mayor esperanza de vida femenina, pero también por la norma cultural que considera como normal que las
mujeres contraigan matrimonio con hombres de mayor edad. Por
ese motivo, es más fácil que un viudo vuelva a establecer una
unión marital a que lo haga una viuda. Un hombre puede casarse
con una mujer 10 ó 15 años más joven que él , sin que sea "mal
visto", cosa que no ocurre en el caso de las mujeres .
* la mayor facilidad de los hombres para constituir nuevas parejas
maritales se evidencia igualmente en la menor cantidad que hay
de divorciados y separados.

• Si tomamos en cuenta todas las situaciones acumuladas, nos
encontramos con alrededor 80,000 mujeres, de las cuales probablemente muchas funjan como jefas del hogar.
• ~lama la atención el número de mujeres, menores de 20 años,
e incluso de 15, que manifiestan llevar vida marital. Es entre ellas
donde la proporción de uniones libres, en relación al total de
casadas, es la más alta. Cabe preguntarse respecto a la estabilidad de dichas uniones y las repercusiones que tienen en una
etapa en donde las mujeres tendrían que estar en un proceso de
preparación física y profesional, para encararse posteriormente,
en condiciones menos desventajosas, con la vida.
• Igualmente, el hecho de que mujeres menores de 15 años se
e_
ncuentren viviendo maritalmente, indica lo inadecuado de constderar, para diferentes propósitos, incluyendo las encuestas de
fecundidad, que la edad fértil de la mujer se inicia a los 15 años.
• La disminución de las tasas de natalidad en el estado se hacen
evidentes en la población derechohabiente del I .M .S.S. La cifra
dada para 1990 es ligeramente inferior a la tasa estatal de 25.3
~r 1,000 habitantes, pero, de cualquier manera, corrobora la
lllsma tendencia.

�38

39

relación con otros medios cuyo ámbito de aplicación es el cuerpo
de la mujer.

• El promedio de hijos nacidos vivos por mujer en Nuevo León,
según información proporcionada por el Consejo Estatal de Población, fue de 2.3. Un análisis de lo que ocurre en las diversas
localidades de la entidad, que supera los objetivos del presente
artículo, posiblemente haría visibles las diferencias en los comportamientos respecto a la fecundidad, en los ámbitos rur~les y
urbanos, diferencias que los promedios siempre esconden .

• Dentro del tema que nos ocupa, resulta una cuestión clave el
re~_exionar so~re quién toma la decisión sobre los medios que
utilizan las muJeres para el c~mtrol de su fecundidad, y hasta qué
punto ellas están realmente involucradas dentro de la misma, tal
y como es su derecho conforme a la Constitución.

• Uno de los mecanismos para la reducción de la natalidad es el
uso de anticonceptivos. Los datos revelan que las usuarias de
algún método se incrementaron al doble entre 1983 y 1989.

• Congru~nte con la disminución de la tasa de natalidad, los partos
de las mujeres derechohabientes del IMSS también han disminuido en los últimos años.

• Es interesante observar la variación ocurrida en cuanto al uso
de los diferentes métodos. Las pastillas, que en 1983 constituían
el método utilizado por el 60% de las mujeres usuarias, fueron
disminuyendo paulatinamente a través de los años hasta llegar a
ser el 33% en 1989. Lo contrario ocurrió con el dispositivo
intrauterino, y con más fuerza aún, con los métodos quirúrgicos
de esterilización definitiva. Cabe preguntarse si esta distribución
corresponde a un cambio en las preferencias de las mujeres, o
se debe más bien a su disponibilidad de oferta. Mientras que unas
pastillas se pueden obtener libremente en cualquier farmacia, la
inserción de un dispositivo intrauterino y con más razón aún, la
esterilización, requieren de personal médico especializado.

• La_ ~tenció!1 de a_bortos hospitalarios parece ir en aumento en
los ult1mos ~neo anos; Estudios ~ea!izados en diferentes hospitales de la e:ap1tal del pa1s parecen indicar que, ante la imposibilidad
, de re~urnr a un aborto legal, muchas mujeres que desean interrumpir el embarazo lo hacen por los medios que encuentran a
su alc~nc~ y que posteriormente, ante la presencia de las lógicas
comphcac1one~, acuden a solicitar atención, aduciendo que el
aborto fue ~ccidental o espontáneo. Este punto ameritaría múltiples reflexiones; entre ellas, el preguntarse qué sucede con
aquellas que_por diversas razones nunca llegan a un hospital o
no ll~_gan a tiempo. Lamentablemente, no disponemos de informac1on en cuanto a la situación prevaleciente en el estado.

• Un argumento que inclina a pensar que es la disponibilidad
institucional lo que pesa en el método anticonceptivo, lo da la
diferente distribución de usuarias a nivel general y al interior del
I.M.S.S ., cuyo porcentaje de métodos quirúrgicos es más alto,
situación que el estado comparte con la que se produce a nivel
nacional.

• Lo que también se ha incrementado en los últimos años ha sido
la propor~ión de partos por cesárea . Este es un aspecto particularment~ importante dentro del tema de la salud reproductiva. Es
recono_c1do que el poder recurrir a una cesárea ha salvado muchas vida~ de m~dres e hijos .. Lo que no parece muy explicable
es por que su numero se ha incrementado tanto en los últimos
años.

• La distribución por sexo de los métodos quirúrgicos definitivos
muestra cómo la mujer asume casi totalmente la responsabilidad
de la capacidad reproductiva de la pareja. A pesar de su disponibilidad y de la sencillez de su procedimiento, los hombres
siguen remisos a recurrir a la vasectomia. La explicación de esta
renuencia puede encontrarse en los patrones transmitidos culturalmente respecto a la masculinidad.

• La Org~_nización Mundial de la Salud ha llamado repetidamente

!a ate_nc1on sobre las consecuencias desfavorables que el uso

• Y lo mismo podría decirse del uso del preservativo, que a pesar
de la propaganda y legitimidad que ha recibido como medio de
prevenir el sida, es usado en un porcentaje todavía muy bajo en

mdeb1_do del procedimiento tiene para la salud de las mujeres.
E_ste incremento no parece responder a un aumento en las
dificultades de los partos, sino a otras razones, entre las que no
se descart~n las de í~d_ole económica . Ampliar la posibilidad de
que los residentes med1cos aprendan a hacerla ha sido mencionado como uno de los motivos de su aumento en las instituciones
de salud pública y de seguridad social.

3

• Una de las más dramáticas consecuencias del aumento de las
cesáreas "innecesarias" ha sido el riesgo a la adquisión del sida
a que fueron sometidas las mujeres al serles transfundida sangre
cuando aún no existía el actual control sobre ella.

Véanse a este respecto los estudios de Manuel R1beiro (1989) (1992) sobre fecundidad
en Nuevo León.

�40

41

Cuadro 15

C) Mortalidad y morbilidad. Mortalidad materna. Sida.

Principales causas de mortalidad materna. México 1983 y
Nuevo León 1990.

.

Cuadro 14

MÉXICO 1983

CAUSAS

Mortalidad por causa y por sexo. Nuevo León, 1990
CAUSA

HOMBRES

MUJERES

TOTAL

1,235

1,133

2,368

930

928

1,858

Diabetes mellitus

482

590

1,072

Accidentes

724

205

929

Enfermedades del corazón
Tumores malignos

Toxemia del embarazo

18.4

16.5

Hemorragia del embarazo y del parto

16.3

1.4

Complicaciones del puerperio

7.6

8.3

Causas obstétricas indirectas

2.6

4.1

Aborto

83

1.4

..
0.53

0.3

Total
Enfermedades cerebro vasculares

467

456

923

Cie_rtas af~cciones originadas en el
periodo pennatal

263

187

450

Anomalías congénitas

183

197

380

~irglliS ~ otras enfermedades crónicas
e 1ga o

255

77

332

Neumonía e influenza

172

138

310

Nefritis, síndrome nefrítico y netrosis

129

127

256

Enfermedades infecciosas intestinales

120

113

233

Tuberculosis

147

69

216

Bronquitis, enticema y asma

91

66

157

Deficiencias de la nutrición

59

85

144

..

N. LEÓN 1990

..

• Tasa por 100,000 nacidos vivos registrados.
•• Tasa por 1,000 nacidos vivos registrados.
Fuente: A) Para México: tabulaciones 6 y 8 de la SPP, México, 1983. B) Para
Nuevo León: Secretaría Estatal de Salud, Oir. de Planeación, N.L., 1990.

Cuadro 16

Otras del aparato circulatorio
Oisritmia cardiaca
Signos mal definidos

62

52
61

69

CAUSA

1990

1991

Toxemia

13

2

Hemorragia post-parto

3

-

Sepsis

3

-

Embolia Pulmonar

2

1

Hipertensión arterial crónica

-

1

otras causas

4

2

Total

25

6

'

114
130

32

47

79

Las demás causas

1,050

789

1,839

TOTAL

6,470

5,320

11,790

Fuente: Secretaria Estatal de Salud (datos preliminares).

Principales causas de mortalidad materna en derechohabientes del I.M.S.S. Nuevo León

.

• Hasta el mes de jun io.
Fuente: Coordinación 0elegacional de Planificación Familiar del I.M .S.S.

�43

42
Cuadro 19

Cuadro 17
Tasas de mortalidad materna para derechohabientes del
I.M.S.S., N.L. (tasas por 100,000 nacidos vivos)

AÑO

TASA

1984

48.7

1985

28.7

1986

Porcentaje de casos de SIDA por categoría de transmisión
según sexo. Nacional y Nuevo León tiasta 31 de mayo de
1991
Categoría de transmisión
(Casos documentados)

ESTATAL

NACIONAL
Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Homosexual

41 .2

-

47.5

-

16.1

Bisexual

27.7

-

29.8

-

1987

37.0

Heterosex ual

16.0

28.9

17.7

69.2

1988

34.6

Transfusión

7.6

63.2

2.2

23.1

1989

28.4

Donador remunerado

2.6

1.8

-

-

1990

56.1

Hemofílico

2.3

-

1.5

-

Horno. Drog. Intravenoso

1.0

-

0.8

-

Drogadicto intravenoso

0.6

0.5

-

-

Exposición ocupacional

0.02

0.1

-

-

0.9

5.5

0.4

7.7

5,249

910

261

17

Fuente : Coordinación Delegacional de Planificación Familiar del !.M.S.S .

Cuadro 18
Casos de SIDA registrados en el estado de Nuevo León
por grupos de edad y sexo, desde 1985 hasta mayo de 1991

HOMBRES

.

MUJERES

TOTAL

.

Trasplacentario
TOTAL

.

Fuente: A) Para México: Boletín mensual SIDA/ETS, año 5, Nº 6, junio de 1991,
editado por el Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos. B)
Para Nuevo León: Departamento de Epidemiología y Medicina Preventiva, Secretaría Estatal de Salud.

N

%

N

%

N

o/o

0-14

2

0.7

1

0.4

3

1.1

15-24

34

12.2

o

O.O

34

12.2

25-44

198

71.2

13

4.7

211

75.9

Comentarios.

45-64

26

9.4

3

1.1

29

10.4

1

0.4

o

O.O

1

0.4

261

93.7

17

6.3

278

100.0

"Aún con todas las limitaciones inherentes a su clasificación, las
causas de muertes en el estado muestran las dualidades de los
sistemas de vida de sus habitantes. Mientras que siguen prevaleciendo las llamadas "enfermedades de la pobreza", como las
infecciones intestinales, las respiratorias y la tuberculosis, ya han
hecho su aparición -y siguen incrementándose- padecimientos y
causas de muertes que son más característicos de procesos de
desarrollo, tal como los accidentes, las enfermedades del corazón
V los tumores maliqnos.

65 y más
Total

• Porcentajes con respecto al total de casos de ambos sexos.
Fuente : Secretaría Estatal de Salud. Departamento de Epidemiolog ía y Medicina
Preventiva.

�44

* En todos los grupos de edades, y por ende, en la suma total, las
muertes masculinas son más abundantes que las femeninas.
* La~ causas de muerte también, de alguna manera, nos reflejan
las diferentes pautas de comportamiento y atributos adjudicados
a cada uno de los géneros. La Organización Mundial de la Salud
con~idera que la ~ayo~ incidencia de muertes masculinas por
accidentes .y por c1rros1~, se asocia directamente con pautas
culturales ~1gentes que onentan, o cuando menos permiten en los
varones, ciertas conductas que son reprobadas en las mujeres.
La conducción de vehículos automotores (muchas veces a exceso de velocidad) y el consumo de alcohol son prácticas asociadas con la masculinidad.

* L&lt;?s tumores ma_ligr:ios están notoriamente más presentes en las
muJeres.: Es la pn~c,pal causa de muertes femeninas a partir de
los 25 anos. Los canceres de mama y del cuello o cuerpo del útero
son los más abundantes. Y nuevamente nos encontramos con
.que esas m_uertes no se producen por destino, sino que pudieran
~aberse evitado si las mujeres hubiésemos aprendido a valorar
nuestra salud y a relacionarnos diferentemente con nuestro cuerpo, puesto que ya hay medios para identificarlos en etapas que
son manejables para prevenir un desenlace fatal.
* En Nuevo León, la mortalidad materna, es decir, aquellas
muertes causadas por embarazos, abortos, partos y pospartos
es más baja que la media nacional.
'

* Al igual que sucede al nivel del país en su conjunto, hay razones
p~r~ suponer que exi~te en el estado cierto grado de subregistro,
ongmado por el deficiente llenado de los certificados de defunción, principalmente de las muertes ocurridas por aborto.
* Una de las más dramáticas características de las muertes
maternas es que, conforme asienta la Organización Mundial de
1~ Salud, serían en su gran mayoría evitables si las mujeres accedieran realmente a servicios de calidad durante sus procesos
reproductivos.
,
* El hecho de que en el estado exista una tendencia generalizada
a q_ue los partos sean atendidos por personal médico o en instituciones de salud podría ser un factor de la baja tasa de mortalidad matern~. Si~ embargo hay 9ue tomar en cuenta que los
partos hosp1talanos tampoco estan exentos de riesgos. Entre
ellos podemos referir el ya mencionado incremento de las cesáreas y la yatrogenia. Esta última es definida por el Diccionario
Enciclopédico University de Términos Médicos como el «estado
a~orma_l provocado por el médico, por negligencia, por tratamiento inadecuado o por prueba diagnóstica o terapeútica».

45

* Mientras que en otros paises los Comités de Mortalidad Materna
en los Hospitales surgen con el siglo, en el nuestro tienen escasos
20 ó 25 años, y no es posible conocer la eficacia de su funcionamiento, porque lo que sucede en su interior forma parte de
los secretos del sistema médico.

• En 1987, el Dr. Halfdan Mahler, entonces Director General de
la Organización Mundial de la Salud, señalaba que las muertes
maternas tan abundantes (alrededor de 500,000 anuales en el
mundo) habían recibido tan poca atención porque las personas
que morían eran pobres y, sobretodo, porque eran mujeres, lo
que las ubica directamente en el centro de las reflexiones que nos
ocupan.
• Aún cuando las cifras del estado aparezcan relativamente bajas
respecto al resto del pais, las muertes maternas no pueden dejar
de ser preocupantes ¿Quiénes son las mujeres que mueren?
¿Por qué no fueron evitadas esas muertes?
• Si es difícil adentrarse en el conocimiento de la mortalidad
femenina, el hacerlo de su morbilidad (estado o condición de
enfermedad) es prácticamente imposible. Las causas de consulta
y razones de egresos hospitalarios podrían dar, de ser accesible
la información, un acercamiento. Pero ese no es el caso. Hay
áreas, como las de enfermedades mentales y ocupacionales, en
donde prácticamente la información disponible es mínima e incompleta, y por ende, sin mucha capacidad para manifestar la
realidad.
• La producción de información y divulgación de estadísticas está
relacionada con la prioridad que el sistema otorga a la resolución
de los problemas, por lo que es importante sacarlos a la luz
pública. Con este razonamiento, por ejemplo, la imposibilidad de
conocer cifras confiables sobre la verdadera mortalidad materna,
o sobre muchos otros aspectos que conforman la morbilidad
femenina, obliga a cuestionar la voluntad política para resolver
los problemas que dichas situaciones presentan o manifiestan.
No sucede lo mismo con el sida, es decir, el Síndrome de lnmunoDeficiencia Adquirida.
• El número de casos acumulados de sida en el estado, hasta
!TIªYº de 1991, fue de 278, lo que corresponde al 4% de los casos
identificados hasta la misma fecha al nivel nacional.
* Al inicio de la aparición de esta enfermedad, se consideró que
era un mal que no atacaba a las mujeres. Pronto se comprobó la
falacia de esta suposición, y se incrementó paulativamente la
proporción de mujeres entre los infectados.

�47

46

* En Nuevo León, la presencia femenina, resulta inferior, significativamente, a las cifras nacionales (6.3% y 14.3% respectivamente).
* Lo que resalta más de la relación de las mujeres con el sida,
tanto a nivel nacional como estatal, es el mecanismo de adquisición del mal.
* En ambos casos, los mayores responsables son las transfusiones sanguíneas y las relaciones heterosexuales. Ambas agrupan
más del 90% de los casos. No sucede lo mismo en el caso de los
hombres, donde sumados ambos -factores no sobrepasan el 25%
de los casos. Este panorama es el resultado de un comportamiento claramente diferencial entre los hombres y las mujeres,
cuyo origen nuevamente lo tenemos que buscar en pautas culturales, a veces explícitas, y otras ocultas, pero igualmente funcionantes.
* Aún cuando se dispusiera de un completo y sofisticado sistema
de estadísticas, del cual evidentemente estamos muy lejos, es
muy posible que la información obtenida tampoco fuera suficiente
para explicar por qué se enferman las mujeres.

* Si tomamos en cuenta la definición de salud que hace la
Organización Mundial de la Salud, es claro que las mujeres no
podrán gozar de ella mientras la sociedad y la cultura las enfrenten a tan profundas contradicciones y no se produzca una integración satisfactoria de todos los complejos aspectos que constituyen su identidad. Hasta entonces, muchas mujeres seguirán
sintiéndose mal, independientemente de la manera en que la
clasificación internacional de las enfermedades, clasifique sus
malestares.

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Introducción.
La salud reproductiva de la mujer empieza ahí mismo, en el hecho
de ser mujer, en el hecho de que su participación en las distintas
esferas de lo social está en buena parte determinada por su sexo.
Las mujeres -al igual que los varones- nacen siendo dependientes. Pero a diferencia de éstos, a la mayoría de las mujeres no se
les estimula para que logren la propia independencia; muy por el
contrario, persiste en nuestra sociedad una tendencia paternalista
que procura siempre "proteger'' a la mujer, pues se le considera
"frágil" y "débil". Es de sobra evidente que la sociedad coloca a
1~ mujer en una situación desfavorable con respecto al varón,
situación que se prolonga más allá de la familia de origen y que
es perpetuada por la cultura y las leyes. Citemos como ejemplo
un párrafo de la Epístola de Melchor Ocampo:
La mujer, cuyas principales dotes son la abnegación,
la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura,
debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándolo siempre con la
veneración que se debe a la persona que nos apoya y
defiende...

Profesor e Investigador de la Facuttad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de
Nuevo León.

�53

52

A este respecto dice Sheehy (1983: 187), que los hombres,
después de los veinte años de edad, deben canalizar sus energías para abrirse camino independiente en el mundo. Entre los
veinte y los cuarenta, deben hacer todo su esfuerzo para obtener
las recompensas de la sociedad. Para lograr el éxito, deben ser
fieles e infinítamente atentos con su auténtica amada: su profesión. «Las mujeres en cambio, no tienen que encontrar su
independencia en.ese período de sus vidas. T1enen otras alternativas: pueden unirse a personas más fuertes, pueden transformarse en hacedoras de bebés y amasadoras de panecillos, en
portadoras del sueño de sus maridos». Aunque este es un discurso aplicable de manera más particular a las personas de
estratos medios y altos, lo cierto es que de alguna forma refleja
la situación estereotipada sobre la condición sociofamiliar de la
mujer.
Si como hemos dicho en otra parte (Elú y Ribeiro, 1992), hombres
y mujeres no se enferman de lo mismo, ello no se debe necesariamente a las diferencias biológicas que caracterizan a cada uno
de los sexos. Evidentemente que existen características de origen biológico que distinguen a hombres y mujeres, pero estamos
convencidos de que las diferencias de morbilidad entre ambos
sexos, al igual que las que se observan entre los diversos estratos
socioeconómicos, están en buena medida condicionadas por los
atributos culturales y las asignaciones sociales que caracterizan
a machos y hembras.
Es de sobra evidente que uno de los aspectos centrales del tema
de salud reproductiva de la mujer es el relacionado con la fecundidad. Y decimos esto no sólamente porque en la medida en que
la fecundidad sea más elevada incrementa los riesgos reales para
su salud; tampoco lo decimos exclusivamente porque las prácticas comunes de atención médica no sean siempre las más
adecuadas para atender a la mujer (por ejemplo la posición en el
parto, el número de cesáreas, etc.). Lo decimos porque las
evidencias indican que es precisamente este fenómeno, el de la
reproducción humana, el que ha sido el más determinante en la
definición de la condición social de la mujer. De tal suerte, ambas
variables están íntimamente entrelazadas, y ambas forman parte
del tema central que aquí nos ocupa: la salud reproductiva de la
mujer. Bajo este tenor, en este trabajo pretendemos analizar
algunos aspectos relacionados con la emancipación femenina y
con la manera en que esta variable se relaciona con la fecundidad. Para ello, nos basaremos en un reciente estudio que se llevó
a cabo con poco más de 2000 mujeres casadas que viven en dos
municipios del área metropolitana de Monterrey (Ribeiro, 1989).
Pero antes veamos rápidamente el panorama que nos presenta
la condición social de la mujer.

La mujer: una condición diferenciada por su sexo.
Müller-Lyer (1930), señala que la actual situación de dependencia
de la mujer es resultado de una herencia cultural cuyas bases se
encuentran entre los pueblos primitivos de las más remotas
épocas. En las sociedades arcaicas de cazadores, en las que la
actividad fundamental de la tribu se orientaba hacia la sobrevivencia, las características biológicas de los varones proporcionaban
a éstos cierta supremacía sobre las mujeres. Efectivamente, su
mayor fuerza muscular les permitía desarrollar actividades guerreras y luchar contra los grandes mamíferos para obtener el
alimento necesario para la sobrevivencia de la tribu. Por su parte,
las hembras estaban atadas a sus hogares debido a sus funciones biológicas (embarazo, gestación, parto, lactancia, etc).
~e tal suerte, estas diferencias físicas entre hombres y mujeres
dieron lugar a la primera forma conocida de división social del
trabajo, la cual se manifestó en el seno de las primitivas formas
de organización familiar. Es más, algunos consideran que dicha
~ivisión existía ya antes de que se completara el proceso evolutivo de la humanidad. En su relato sobre la evolución que sufrieron
los primates hasta convertirse en seres humanos, Desmond
Morris (1971 :34) afirma que debido a la larga duración del período
de dependencia de los jóvenes y a las tremendas exigencias de
éstos, las hembras tuvieron que confinarse de manera casi perpetua en el hogar, y así, en comparación con los otros carnívoros,
el papel de los sexos tuvo que diferenciarse más.
Con el transcurrir del tiempo, y a medida que el ser humano iba
conquistando la naturaleza, el papel y la situación de la mujer
permanecían sin cambios verdaderamente significativos. La historia de la humanidad -dice Simone De Beauvoir (1972)- es la
historia de la opresión de un sexo por el otro, y hombres y mujeres
nunca han compartido el mundo en partes iguales. En casi todas
las épocas y lugares, la mujer ha tenido que desempeñar roles
expresivos, vinculados a lo que los sociólogos de la familia en
Francia llaman "le dedans" (el interior), en contraposición con los
roles instrumentales de los hombres, a quienes corresponde el
mundo del exterior ('le dehors'). Estos roles interiores, son generalmente adscritos (es decir asignados) a las mujeres, mientras
que los papeles relacionados con el exterior frecuentemente
pueden ser adquiridos por los varones. La estructura de la familia
en la mayor parte de los grupos sociales, ha estado definida por
la diferenciación de los roles sexuales y por la división sexual del
trabajo.
Sin embargo, todo parece indicar que, exceptuando la especialización biológica de las mujeres en la producción de hijos, esta
división del trabajo entre hombres y mujeres no puede ser expli-

�55

54

cada por razones biológicas. En la opinió~ de Claude Lé~iStrauss (1984:31), la división sexual del trabajo es consec~enc1a
de consideraciones sociales y culturales más que de consideraciones naturales. Y aunque esa diferencia biológica de la mujer
en la reproducción de los hijos está vinculada con su confinamiento en el hogar doméstico, podemos observar que en la
mayoría de las sociedades, la mujer ha tenido las capacjdades
necesarias para desempeñar casi todo tipo de tareas. Según
Mitchell (1985:25), la debilidad físi_ca de la muje~ jamás IE: ha
impedido el desempeño del trabajo como tal, smo sólo ~1pos
específicos de trabajos en sociedades específi~ª:&gt;· Asi, la situación de la mujer aparece vinculada con su actividad laboral: la
subordinación de la mujer está en relación inversa con el papel
que ésta desempeña en la producción, ya q~e al parecer las
mujeres disfrutan de mayor poder cuando contnbuyen de manera
importante en la producción, y por el contrario, están más subordinadas cuando se confinan en el hogar doméstico (Gough; 1984:
142-143). Marx había anticipado hace ya más de cien años la
importancia del trabajo femenino co~o mecanisn:io para 9u~ la
mujer pudiera alcanzar una mayor independencia econom1c~,
posibilitándola de esta manera para obtener un . ~stat~!º m~s
igualitario en relación con el hof1bre y una participacton mas
activa en la toma de decisiones . Pero la historia nos muestra
claramente que la mujer no ha tenido la oportunidad de participar
activamente en la producción de bienes y servicios . El mundo
gobernado por los hombres la ~a .confinado -en casi to_dos los
grupos sociales- al hogar domestico, en donde ha tenido que
desempeñar las labores consideradas socialmente como "menos
honoríficas".

tipo de actividades. Desde Platón y Aristóteles hasta Freud y otros
cientificos del siglo veinte se ha definido a la mujer como un ser
cuya diferencia con el varón es conceptualizada en términos de
inferioridad. «"La hembra es hembra en virtud de cierta falta de
cualidades", decia Aristóteles. "Debemos considerar que el carácter de las mujeres padece de un defecto natural". Y después
de él, Santo Tomás decreta que la mujer es un "hombre frustrado", un ser "ocasional"» (De Beauvoir, 1972:12). En la época
actual, estas ideas yo han sido todavía completamente desterradas. Anthony Storr , por ejemplo, ve la naturaleza biológica de
los hombres y mujeres ejemplificada por el esperma activo apresurándose en forma agresiva hacia el óvulo pasivo y receptivo.
Este autor considera que las mujeres que se interesan más en
una carrera profesional que en el cuidado de un niño, están
psicológicamente enfermas.
No obstante, existe evidencia de sobra para demostrar lo equivocado de tales tesis. El mismo Freud, quien cayó muchas veces
en la trampa de atribuir diferencias innatas al carácter de la mujer
y del hombre, escribió en 1930:
... aunque la anatomía puede señalar las características de la masculinidad y de la feminidad, la psicologia
no puede hacerlo. Para la psicología, el contraste entre
ambos sexos se convierte en un contraste entre actividad y pasividad, en el que con demasiada facilidad
identificamos la actividad con lo masculino y la pasividad con lo femenino, punto de vista que en modo
alguno queda universalmente confirmado en el reino
animal (Freud, 1968).

Una de las cuestiones que nos interesa señalar, es que partiendo
de las verdaderas diferencias biológicas entre los sexos, las
diversas sociedades, en todas las épocas, han construido representaciones estereotipadas sobre los atributos sexuales, y que
tales imágenes pocas veces se ajustan a la realidad. Como
señala Newcomb (1967:490) : «la mayoría de nosotros sentimos
que los hombres están "hechos" de una manera y las mujeres de
otra, y que las distinciones de rol son consecuencia de estas
diferencias innatas».

Es posible argumentar que una disposición en la cual hombres y
mujeres tengan definidos distintos roles, puede ser tan exitosa
~orno una en la que las diferencias sean minimizadas o incluso
inexistentes (Kirby y Radford, 1983), ya que gracias a un buen
n~mero de investigaciones se ha demostrado que no existen
d1fer_encias innatas.flUe justifiquen la división del trabajo y de las
funciones sexuales . Diversos estudios realizados en los Estados
Unidos sobre la influencia hormonal en las diferencias de temperamento entre los sexos sugieren un apoyo muy limitado de la
part!cipación
hormonal sobre el desarrollo del rol del comporPero no sólo el sentido común atribuye a la naturaleza biológica
tamiento
sexual.
Por otra parte, tales estudios demostraron q ue
de los hombres y mujeres la explicación de la separación de roles:
muchos pensadores, intelectuales y científicos han insistido en
una "inferioridad" de la mujer que la incapacita para ejercer cierto
3 sto rr, A. (1968) Human agression, Harmondsworth, Penguin, citado por 800th, T , (1982)

2

Véase: Brechen (1976: 161).

4 Véanse a este respecto Mead (1972, 1982), Fromm (1970), Lévi-Strauss (1984), Wilson
(1970) y Kirby y Radford ( 1983) entre muchos otros.

�56

la identidad sexual (sexo con el que se identifica una persona),
estaba ún~mente determinada por la forma en que los niños son
educados . Podemos concluir diciendo que los rasgos que para 1
una sociedad cualquiera constituyen lo "masculino" y lo "femenino", están determinados fundamentalmente por los factores culturales. Independientemente de las verdaderas diferencias biológicas que distinguen a uno y otro sexo, no cabe la menor duda
que las diferencias de temperamento y carácter que sirven de
base para separar los roles de hombres y mujeres están más
influenciados por los valores y costumbres que por las características innatas. Esto ha sido demostrado por los estudios de la
antropóloga norteamericana Margaret Mead (1982), efectuados
en tres pueblos primitivos de Nueva Guinea. Esta autora señala
que muchos, si no todos los rasgos de la personalidad que hemos
dado en llamar "masculinos" y "femeninos", están tan superficialmente ligados a la personalidad como la ropa, los modelos y los
peinados que una sociedad, en un momento dado, asigna a
cualesquiera de los sexos (Mead, 1972).
Aún en la actualidad sigue existiendo una mitología acerca de las
características de uno y otro sexo. A pesar de que la situación de
la mujer ha cambiado significativamente en el transcurso de este
siglo, particularmente en los países occidentales, todavla persiste
el peso de una cultura machista en la que la familia mantiene su
estructura de división de roles sexuales, y en donde una gran
cantidad de individuos siguen concibiendo a los dos sexos con
atributos funcionales muy dife-renciados. Así por ejemplo, de
acuerdo a los esposos O'Neill (1974), los valores de la cultura
norteamericana determinan que ser femenino (o esposa) implican
atributos tales como ser pasiva, dócil, emocional, temperamental,
amorosa, mansa, receptora y maternal. En cambio, ser masculino
significa ser duro, competitivo, valiente, sereno, firme, fuerte y
dominante. Agrega que cuando conocemos a hombres blandengues o a mujeres duras, sospechamos que no son normales.
A pesar de las condiciones culturales que distinguen a México y
al resto de Latinoamérica de los Estados Unidos, es sorprendente
darse cuenta de la similitud de los estereotipos sexuales. Casi
podríamos decir que las características que erróneamente atribuimos a los sexos han alcanzado un carácter universal. El esquema
1representa lo que Jorge Gissi (1975) denomina "mitología" sobre
las características de las mujeres y de los hombres. De hecho,
consiste en una generalización acerca de los estereotipos más
comunes sobre uno y otro sexo.

57
ESQUEMA!
Caracterfsticas estereotipadas.fmitologla) de la feminidad
y de la vm 1dad.
DE LA FEMINEIDAD
Suave, dulce
Sentimental

Duro, rudo
Frío

Afectiva

Intelectual

Intuitiva

Racional

Superficial

Profundo

Atolondrada, impulsiva, imprevisora

Frágil (sexo débil)
Sumisa
Dependiente
Tfm ida
Cobarde (Protegida)
Recatada, prudente

Planificado
Fuerte
Dominante, autoritario
Independiente
Agresivo
Valiente (protector)
Audaz

Maternal

¿Paternal?

Coqueta

Sobrio

Voluble, inconstante
Seductora (conquistada)
Bonita
Puede llorar
Insegura
Sacrificada , abnegada, envidiosa

Pasiva
Monógama
Virgen
Fiel
De la casa

5 Véase: Booth (1982).

DE LA VIRILIDAD

Masoquista
Histérica

Estable
Conquistador
¿Feo?
Hombres no lloran
Seguro
Cómodo
Activo
Polígamo
Experto
Infiel
Del mundo
Sádico
Obsesivo

�58

59

En el caso de México, sabemos bien que somos herederos de
una tradición judea-cristiana, que implica valores muy específicos
en relación con la distribución de roles sexuales. Es más, nos
atreveríamos a decir que, en este sentido, el fenómeno religioso
en nuestro país ha sido uno de los principales factores que han
intervenido para mantener una ideología machista en detrimento
de una participación femenina igualitaria, ya que continúa fomentando la separación de roles sexuales y acentuando el papel
sumiso de la mujer como esposa y como madre. En su obra sobre
la familia de carácter eminentemente religiosa, González Rios
(1968; p. 146) afirma: «La mujer está or~enada par~ ser es~osa
y madre, haciendo posible en la conquista de tal ideal la integración de la maternidad y la virginidad ....Si el va~?" debe dar
seguridad al hogar, ella debe dar afecto y comprens1on». Aunque
este autor habla de la "promoción de la mujer", al usar tal término
se refiere a que hay que ayudar a la mujer a ser "maternal" y
"virginal".
Por su parte, el sacerdote católico Jacques Leclerq (1967) , catedrático de la Universidad de Lovaina, escribe que todos los seres
humanos son iguales, aunque dice que la igualdad fundamental
se combina con una desigualdad accidental, Al referirse a las
diferencias sexuales, asegura que hombres y mujeres deben
ocupar el sitio que les corresponde según su capacidad; afirma
que toda doctrina que equipara a la mujer con el hombre es falsa.
Al igual que todos los tratados de este género, la obra de Leclercq
caracteriza a la mujer como sensible, apasionada, menos racional, extremada, refinada en su perversidad y amorosa. De
hecho, este amor constituye para estos autores su principal virtud,
por lo que se le asigna la función expresiva de la familia.
Para el hombre, al contrario, ( ....) el amor no es sino un
accidente, la satisfacción de una pasión episódica. Lo
escencial de su vida radica en otra parte, en su trabajo,
su profesión, su carrera, su obra. Subordinar su vida al
amor le parece una debilidad, mientras que para la
mujer no existe otro fin. Amará a la mujer, la rodeará
de un cariño profundo y noble en la medida en que
encuentre en ella un apoyo para su obra de hombre,
obra en la que ella no participa, pero a la que colabora
indirectamente al asegurarle a él, hombre, las condiciones de vida, de paz, de tranquilidad, de expansión,
de felicidad que le permitan realizarla (Leclercq, 1967:

279).
En esta breve cita se define claramente una ideología extremadamente conservadora , que sigue exigiendo a la mujer el sacrificio
eterno, dejando al hombre el lugar para crear, desarrollar, realizar. Al hombre, se le exige que le brinde amor y protección, pero
sólo en la medida en que éste reciba de aquella todo el apoyo

que necesita para cumplir con su misión. Ella, en cambio, debe
ser incondicional.
Con frecuencia se repiten en la filosofia cristiana los argumentos
que refuerzan la separación de roles sexuales, concebidos en
términos de un supuesto "orden natural":
Que nadie se escandalice ni se rebele, que nadie lo
declare injusto. No se conseguirá nada: la naturaleza
lo ha hecho así. Al querer emancipar a la mujer del
amor, al querer masculinizarla, sólo se logra convertirla
en un hombre incompleto (Leclercq, 1967:281).
El concepto de emancipación se convierte aquí en sinónimo de
masculinización. Pareciera que en la búsqueda de una situación
más equitativa entre los sexos, no hubiere otra alternativa para la
mujer que no fuese la de convertirse en una imitación del varón;
pareciera como si al luchar por una condición equitativa, las
mujeres debiesen necesariamente perder sus virtudes y su capacidad de amor. ¿Quiere esto decir entonces que el hombre, por
pertenecer al género masculino se ha emancipado del amor? En
realidad estos son argumentos que no tienen sustento de ninguna
clase; no son otra cosa más que el producto de una ideología
machista que se niega a perder los privilegios que hasta ahora le
ha proporcionado la diferenciación social que hemos construido
y que hemos justificado a partir de las diferencias biológicas.
Obviamente que cuando hablamos aquí de igualdad de oportunidades no nos referimos a la masculinización de la mujer, ni
negamos la existencia de diferencias biológicas; quien así lo
entiende no ha comprendido nada acerca de la condición social
de la mujer.
Los argumentos sexistas tratan de reafirmar la frase aquella de
que "detrás de todo gran hombre, existe una gran mujer", pero
niegan a la mujer misma el derecho de llegar a ser grande. La
situación social de la mujer se convierte así en una cuestión de
falta de oportunidades, ya que el mundo construido por los
hombres la circunscribe exclusivamente a dimensiones relacionadas con su hogar y con su familia. Se trata de justificar el
discurso sexista en nombre del "bienestar emocional del grupo
doméstico", bienestar que, en última instancia constituye una
responsabilidad casi exclusiva para la mujer, dejando para el
marido "jefe del hogar", la responsabilidad del bienestar económico. Se trata de convencer a la mujer que su lugar esta ahí, en
el hogar, pues ella constituye la espina dorsal de la familia (Anson
y Roa, 1966), y sólo ahí puede realizarse como mujer. Como dijo
el Padre Fraise en un discurso ante mujeres profesionistas en la
Universidad de Lovaina:
... cuanto siento tener que decir ante las mujeres universitarias que me escuchan, que las madres de familia

�60

61

que he visto más felices, más concientes de sí mismas,
con una personalidad más equilibrada, son aquellas
que lavaban los platos, que cosían la ropa de su familia,
que ponían todos los días las cosas en su sitio y que
afrontaban todos los problemas, profesionales, económicos, familiares, de amistades, desde el centro de su
hogar y ese centro les permitía adentrarse y lanzarse
a las aventuras más apasionantes de la vida sin perder
nada de su personalidad, nada de su feminidad ....
(Fraise, 1965).
Pero la realidad parece mostrarnos lo contrario. En una investigación longitudinal llevada a cabo por el Instituto de Desarrollo
Humano de la Universidad de California en Berkeley, cuyos
resultados fueron analizados en 1969 por Block y Haan (1971),
se estudiaron las historias de vida de 171 personas de ambos
sexos que habían sufrido una movilidad social ascendente superior a la común; se encontraron los siguientes rasgos:
- Entre los hombres, en los años transcurridos desde el principio
de la escuela secundaria hasta que cumplieron treinta años, su
confianza personal aumentó uniformemente; adquirieron mayor
control y seguridad; se volvieron más serios, productivos y enérgicos, valorando cada vez más su independencia. Tenían conciencia de su capacidad social y sexual y se sentían satisfechos
consigo mismos. No obstante, habían alcanzado su control con
una pérdida importante de su ternura y su expresividad.
- En contraste, las mujeres se mostraron menos seguras de sí
mismas que cuando eran adolescentes. Se habían vuelto sumisas, temerosas, excesivamente controladas y hostiles. Sus únicos logros eran los relacionados con sus tareas de esposas y
madres. Eran más protectoras, introspectivas y comprensivas. Su
placer sexual había declinado y se sentían menos excitantes y
atractivas; sólo se sentían seguras en un rol: el de madres.
Podríamos decir entonces que si las mujeres contaran con "esposas" que les atendieran la casa, que se quedaran en el hogar, que
cuidaran a sus hijos, que manejaran las finanzas domésticas, que
escucharan los problemas de todos y cuidasen a los enfermos,
que remendaran la ropa y prepararan los alimentos, entonces
podríamos imaginar las posibilidades de expansión que tendrían:
la cantidad de libros que escribirían, las empresas que crearían,
los cargos políticos que ocuparían ... las mujeres que han logrado
algo así -en su mayoría- o nunca se casaron ni tuvieron hijos, o
han contado con personal doméstico que ha tomado a cargo
buena parte de estas tareas. Es más, podríamos aventurar la
hipótesis de que· mucha·s de las mujeres más exitosas que sí
tuvieron hijos, han tenido que soportar un sentimiento de culpabilidad, porque predominan todavia los valores sociales que
señalan que la obligación de cuidar y atender a los hijos recae de

manera casi exclusiva en la madre, excusando al padre de tales
tareas, puesto que su función primordial es la de proveer los
bienes materiales que sirven de sustento a la unidad familiar.
Y sin embargo, en la sociedad moderna, particularmente en los
países más desarrollados, se percibe una clara tendencia hacia
una mayor participación de la mujer en las distintas esferas de lo
social. Hablar de la situación social de la mujer implica referirnos
a una situación de transición. En la cual, al igual que en cualquier
otro proceso de cambio social, se establece una lucha entre los
factores que propician el cambio y otros que se oponen a él. El
cambio de situación de la mujer está relacionado por una parte
con las circunstancias sociales que pueden alentar o favorecer
una mayor participación, y por otra parte, se relaciona con los
factores culturales que dictan, en función de la tradición y de la
costumbre, normas y valores que evolucionan muy lentamente.
Asi por ejemplo, la llegada de la revolución industrial marcó un
primer momento en el cambio de situación de las mujeres europeas, pues muchas de ellas se incorporaron a empleos extradomésticos. Pero como señala Elú (1975a), fueron las dos guerras mu~diales las que real,:nent~ tuvieron un mayor impacto en
el ?amb10 general de la situación femenina , ya que muchas
muJeres fueron llamadas a ocupar los lugares que los hombres
habían dejado en el mundo laboral. Esta síbita apertura del
mercado de empleos confrontó a multitud de esposas y amas de
casa a circunstancias distintas a las que hasta entonces estaban
acostumbradas, y abrió un camino que marcó históricamente la
estructura de la familia. Desde entonces, año con año crece el
número de mujeres que incursionan en el mercado de empleos .
De hecho, no es sorprendente que en el análisis de la evolución
de la familia durante la segunda mitad de este siglo, diversos
autores señalalen que una de las variables más significativas del
cambio socio-familiar sea precisamente el cambio relativo de los
papeles sexuales y el ingreso cada vez ~ayor de mujeres a las
actividades económicas extradomésticas .
Sobre el concepto de emancipación femenina.

Hasta ahora, hemos hecho alusión al concepto de "condición
social de la mujer", pero no hemos todavía hablado de la "emancipación femenina" ni de su relación con la fecundidad . El concepto de emancipación, en un sentido literal, quiere decir "liberar'',
por lo que no debe extrañarnos que los movimientos feministas

6 Véase: Burgess (1973).

�62

63

hayan usado con frecuencia ambos términos para caracterizar
sus objetivos. No es nuestra intención, sin embargo, entrar aquí
a discutir a fondo la definición de tales conceptos, y mucho menos
abordar los debates ideológicos que éstos han generado. Par_tiendo de lo que hasta este momento hemos dicho, bástenos con
señalar que por emancipación femenina entendemos la actitud
de las mujeres tendiente a alcanzar una posición social igualitaria
con respecto a los varones, que implica la igualdad de oportunidades y se fundamenta en el rechazo de la imagen tradicional de
sumisión, ~bnegación, dependencia e inferioridad que normalmente se tiene de ellas. Así, cuando nos referimos a la emancipación femenina, estamos empleando un concepto que es utilizado con frecuencia para referirse al cambio relativo de la situación de la mujer en un grupo social determinado. Aunque se trata
de un concepto útil, particularmente desde una perspectiva histórica y macrosocial, en el caso que nos preocupa puede resultar
más práctico hablar de "actitudes emancipatorias", término con
el cual trataríamos de caracterizar la imagen que las mujeres se
hacen de lo que es (o debiera ser) el papel social y familiar que
le corresponde a la mujer.

cas tipológicas de cada uno de estos modelos, aunque conservamos la misma división en dos categorías.

La m~todologia de los tipos (o tipologías) es útil en cuanto nos
p~rmIte _contar con un instrumento analítico para diferenciar las
onentacIones conductuales relacionadas con un determinado rol
yP?r lo misn:10 nos proporciona una base adecuada para construí;
indices clas1ficatonos de la población que se pretende estudiar.
Cabe ~~ñal~.r que ~uan~o hablamos de tipologías, nos referimos
a la utihzac1on de tipos ideales, en el sentido maxweberiano del
término. Esto es, que un tipo ideal es una construcción racional
conseguida por la integración de las características más frecuen~
tes y sobresalientes del fenómeno que se intenta medir en
nuestro caso la orie~tación val_oral del rol de la mujer. Así, no
todas las car~cteríst1cas descntas por un tipo (modelo) deben
estar neces~r!amente pre~entes en un caso dado, aunque sí una
alta proporcI0~ de las mismas. De tal suerte, se distingue el
concepto de tipo con el de estereotipo, ya que este último se
refiere a u~a imagen o idea que es generalmente aceptada por
una po~laaón, pero que está cargada de emoción y se basa en
el sentid_o com?n y_no en bases científicas, lo que conduce a
Dado que nuestro objetivo en este trabajo es el de analizar la concepcIon~s s1mphficadas y las más de las veces equivocadas
relación entre est~ variable y la fecundidad, el problema que se sobre los at~butos de una persona o de una categoría. (Rochenno~ presenta consiste en establecer una conceptualización ope- blave-Spenle, 1964).
rativa que nos permita circunscribir el fenómeno de la emancipación femenina -o como hemos dicho, de las actitudes emanci- Para lle~ar _a la contrucción de un modelo tipificado, ha sido
patorias de la mujer- a dimensiones manejables en términos de ~ecesano, sin embargo, hacer referencia a las imágenes estereomedición empírica . Aunque ya hemos mencionado algunos ras- tipadas de los role~ femeninos y masculinos , esto es, la opinión
go~ que desde el punto de vista del sentido comón distinguen los con ~ase en el sentido común que tienen las mujeres con respecto
atnbutos de uno y otro sexo, no creemos que tal caracterización a cual deb~ ser el papel desempeñado por la mujer en la familia
s;a suficie~~e para diferenciar las actitudes de las mujeres entre y en la sociedad.
sI, en relacIon con la manera en que conciben el papel social y A con!inuación presentaremos la lista de características que
familiar de la mujer.
seleccionamos para la contrucción de los modelos:
En otro trabajo (Ribeiro, 1978), habíamos desarrollado un modelo
tipo~ógico relacionado con la orientación del rol de la mujer, es
del.rQI femenino segun su orientación
decir, con la manera en que las mujeres perciben la naturaleza Modelo tipol6gicotrad1c1ona1-moderna.
del papel femenino en la sociedad. Dicha tipología se refería a
una dicotomía en la que habían sido polarizadas las actitudes de
MODELO TRADICIONAL
MODELO MODERNO
1~~ muje~e~ con el objeto de clasificarlas de acuerdo a su concepcI~n tra~Ic1o~_a l o modei;na del_rol femenino. Posteriormente, en ¡ la mujer desempefla un rol expresivo . La mujer desempeña un rol tradicional.
la mvestigacIon de 1989 , ampliamos ligeramente las característi- l la
.
ºd
.

m_u¡er es cons1 erada como centro No ~xiste exclusividad de la función
afectivo del núcleo familiar y ella es la afectiva (todos la com parten). El am• 1¡¡n&lt;;:argada de hacer armoniosas las re- bJente de vida familiar debe ser establecrones ~miliares. Debe ser una bue- cr&lt;jo por todos los miembros de la fana c 9m~anera. gue loff re establecer un milla.
amb1en e de vida fam, iar satisfactorio .

7

Nos referimos aqul a la investigación sobre familia y fecundidad (Ribeiro, 1989), cuyos
datos han servido de base para la elaboración de este trabaj o.

EJ.rol de la muj~r es asignado. Su fun- El rol de la mujer es adguirido. Ella
cwn es &lt;!etermrnada por la tradición y puede escoger sus altemal1vas.
~/ se a¡usta a las normas de lo que
ebe ser una mujer''.

�65

64

El trabajo femenino fuera de la casa no La mujer puede trabajar fuera del hogar.
es bien visto al menos durante el perio- La búsqueda de desarrqllo y d.e r!laíizado de educación de los hijos. Siena Ira- ción tiene al menos el mismo significado
baja lo hace por obligación y por que para los varones.
nece'sidad economica. t.o se pone el
acento sobre su desarrollo personal ni
sobre su realización. Su trabajo es en el
hogar.
Las tareas domésticas son exclusividad Las tareas dom!?sticas son compartidas
de la mujer.
con los hombres.
El objetivo principal de la n;iuier es obte- El pri_nc;ipal objetivo de la mujer es ,ob_
tener exito en el plano domestico.
ner exito tanto .en el plano domestico
como en el social.
La mujeres dependiente (sobre todo de La mujer es independiente.
su esposo).
Lamujeressum1sayabnegada . Acepta No existe sumisión. La autoridad es
la voluntad y autoridad deímarido.
compartida entre la mujer y el hombre.
La mujer puede tomar solamente deci- En general todas las de9isiones imporsiones vinculadas con la gestión do- tanfes son tomadas conjuntamente por
méstica y la criariza de los Fíijos.
la mujer y el hombre.
La mujer cree gue el hombre tiene ma- La mujer cree que ambos sexos son
yores habilidades y capacidades.
igualmente capaces y hábiles.

La mujer.es la "rei¡,a .del hogar". Consti- Ambos cónyuges son responsables de
luye. el vinculo 1mncIpal de las relac10- los aspectos internos y de los externos
nes internas de la familia, mientras que de la familia.
el hombre es el lazo de la familia con el
mundo exterior.
Para la muje_r !lS .normal que exista una
mayor perm1sIb11idad para los varones
en el plano sexual_. Los hombres d!)ben
ensenar a _las mu¡eres lo necesario en
esta materia.

La mujer considera que no existen razones para que el hombre goce de mayor
libertad sexual. Hombres y mujeres son
ante todo seres iguales que comparten
las mismas potencia lidades.

Los P.rincipales ¡!Jributos de la . !f1Ujer La mayoría de los atributos de las person: la al:inega_c;Ion la con:ipasIon, la sonas no están repartidos en función
ternu_ra_1_ la frag1h_da~, J¡i delicadeza, la del sexo. La mayoria de las diferencias
sensIbI1¡dad, la mtu1c1on y la entrega entre los hombres y las mujeres han
total, mientras q1,1e los del hombre. sqn: sido construidas socialmente.
Ia fuerza, el coraje, el valor, la dec1s1on,
la inteligencja_, la racionalidad y la fortaleza de espImu.
La mujer considera que el principal res- La responsabilidad de mantener a la
pqn~able de procur,ir el sustento eco- familia debe ser compartida .
nomIco para ra fam1ha es el hombre.
La mujer ~ree que los impulsos se_
xua- La mujer sabe que los impulsos sexuales son mas poéterosos e incontenibles les no son más fácilmente reprim ibles
entre los varones.
en las mujeres que en los hombres.

La mujer busca la realiz¡¡ición_de sus La_ITJUjer busca la. realización ge s4s
objetivos a través del matnmonio (de su ob¡ellvos por ella. misma. El matnmonio
marido) y la maternidad.
no es el lfn principal.
La mujer adquiere su status a través de La_ mujer adquiere su status por ella
su esposo.
misma.
La mujer espera obtener su principal La mujer puede obtener tanta satisfacfuente de satisfacción en la vida fami- ción en su familia como en su ocupación
liar.
y en su carrera.
La mujer se desarrolla a través de la
entrega total de sí misma a su esposo
e hijos. Ella debe sacrificarse por el
bienestar de los suyos.

El desarrollo femenino no se concibe
sólo_ en función del hogar. Ella puede
re.ahzarse t¡i_nto fuera como dentro del
nucleo familiar.

Preponderancia del rol maternal.

El rol maternal puede ser importante,
pero la.. mujer tiene el derectio de no
tener hijos.

La educación y el cuidado de los hijos Las responsabilidades con los hijos son
son funciones exclusivas de la mujer. compartidas por el hombre y la mujer.
La instrucción formal para las niñas es
considerada como un medio para tener
una educación general. No se le da la
misma importancia a la instrucción de la
mujer como a la del varón.

La instrucción formal para las niñas es
considerada un medio para desarrollarse. La educación, en todos los niveles,
es tan importante para las mujeres como para los hombres.

La mujer estima que es el hombre quien La función de liderazgo es compartida.
debe fener el liderazgo de la familia . La Se deben considerar ras características
mujer debe siempre seguir al esposo. y circunstancias particulares.

La lista ~e características arriba ennumeradas está lejos de ser
exhaustiva, pero da. una imagen de los principales rasgos de lo
que puede ser considerado un modelo tradicional en oposición a
uno moderno o emancipado en cuanto a la orientación del rol
femenino se refiere. A partir de tales aspectos, fue posible elaborar ~lgunas pregun!as que permitieron construir un índice para
clasificar a las muJeres de acuerdo a su posición frente a la
concepción del rol social de la mujer. He aquí, en forma abreviada,
las preguntas planteadas en la encuesta y las respuestas obtenidas:

Cuadro1
¿Qué tan de acuerdQ o en desacuerdo está usted con las
opm1ones s1gu1entes?
Acuerdo

Desacuerdo

Si una mujer tiene resuettas sus necesidades
económicas, no debería trabajar fuera del hogar

63.6

35.4

Es normal que sea el esposo el que mande en
el hogar

50.8

47.7

�66

67

La mujer está mejor ca~acitªda que elhombre
para cuidar y atender a os h1Jos

76.5

22.7

Las mujeres deberían ser más independientes
de sus maridos

60.8

36.6

Los hombres deberían ocuparse también de los
quehaceres de la casa

78.1

20.8

Es más aceptable que el hombre tenga aventu
ras sexuales, a que sea la mujer quien las tenga

77.7

21 .1

La educación universitaria es má~ importante
para los hombres que para las muieres

22.5

75.2

El esposo debe ser siempre el principal responsable de sostener a la familia

82.9

16.4

Cuando una familia no tiene recurl¡os económi
cos suficientes debe favorecer__mas la educación de los hijos que la de las h1Jas

28.4

69.8

La principal sati.~facción de la mujer debe ser su
esposo y sus h1Jos

94.9

4.8

Las mujeres deberían iEarticipaf. más en las
decisiones importantes e la fám1ha

83.6

14.6

La educación y el cuidado de los hijos en el
hopar es más una obligación de la madre que
de padre

47.4

50.3

Es más importante para la_muj~r conservar su
virginidad antes del matrimonio que para el
hombre

87.9

10.7

Los hombres saben enfrentar mejor los problemas dirciles que las mujeres

45.7

52.5

La principal obligación de _toda mujer es ser
buena ama de casa, campanera y madre de sus
hijos

93.5

6 .1

Las mujeres deben estar siempre dispuestas
ante los deseos sexuales de sus esposos

54.5

44.1

La responsabilidad . de manten~r a la familia
debería ser compartida por la muJery el hombre

92.7

6 .6

Lo~ hombres son mejores choferes que las
muieres

46.5

48.8

La m~er debe siempre obedecer y aceptar la
autori ad del esposo

52.9

45.9

El deseo sexual es más fuerte en el hombre que
en la mujer

65.3

27.1

Las mujeres deben seguir a su esposo a donde
vaya, aunque a ellas no les guste

58.1

40.9

Para las mujeres el matrimonio es mas impor!ante que para los hombres

54.0

41 .6

El hombre debe tener experiencias sexuales
antes de casarse para enseñar a la mujer

52.9

38.9

La abnegación es una de las principales virtudes de la mujer

72.7

26.1

Las mujeres deberían tener la misma libertad
sexual que los hombres

15.1

83.4

La mujer es la primera responsable de mantener la armonía en las relaciones familiares

80.2

18.7

*El hecho de que la suma de cada renglón no totalice 100% se debe a que algunas
de las entrevistadas no estuvieron ni de acuerdo ni en desacuerdo con las
proposiciones.

Las respuestas que obtuvimos en la encuesta nos permiten
descubrir que, en términos generales, aún predominan entre las
mujeres muchos de los valores tradicionales con respecto a su
posición social. No obstante podemos observar que algunos de
los items muestran tendencias muy diferentes a las que hubiésemos esperado encontrar en un modelo típico basado en los
estereotipos tradicionales. Esta aparente ambigüedad constituye
en si una de las características del cambio que se está gestando.
Pero la tendencia general sigue siendo, a pesar de todo, más
próxima a un modelo tradicionalista del papel femenino. Ésta
puede ser más fácilmente apreciada si en vez de considerar cada
una de estas preguntas en forma separada, las utilizamos para
construir un Indice aditivo. Para hacerlo, empJeamos el método
de escalamiento propuesto por Rensis Lickert .
El fndice que finalmente obtuvimos, utilizó 19 de los 26 items
originales, ya que fueron los que mostraron mayor congruencia
interna después de las pruebas de validez. El valor mínimo de
dicha escala fue de 19 (para las mujeres más tradicionalistas) y
el máximo de 95 (para las más emancipadas). Con fines prácticos, reagrupamos los valores de la escala en tres categorías,
quedando representadas de la siguiente manera:

8 Para una descripción detallada de los procedimientos que utilizamos en la construcción
de esta escala, véase: Ribeiro (1989).

�68

69
Cuadro 2
Valores de la escala de emancipación femenina

VALORES DEL INDICE

Frecuencias Absolutas

Porcentajes

Tradicional (de 19 a 42)

680

33.9

Intermedia (de 43 a 67)

1187

59.2

138

6.9

Emancipada (de 68 a 95)

La tendencia generalizada de las respuestas nos indica que son
muy pocas las mujeres que pueden ser catalogadas como "emancipadas"; sólo el 7% del total quedaron en esta categoría. Sin
embargo podemos notar que la mayor proporción de mujeres
(60%) se orienta hacia lo que pudiésemos llamar una posición
"intermedia" con respecto al papel social y familiar de la mujer, lo
que nos indica que el grueso de la población femenina no se
ajusta ya a los estereotipos tradicionales y que muchas de sus
actitudes no corresponden a la imagen estereotipada de abnegación, dependencia y obediencia con respecto a los varones,
situación esta última en que se encuentra la tercera parte de las
entrevistadas (33.9%).
Actitudes emancipatorias de la mujer y fecundidad.
Muchos autores (cfr. Andorka, 1978) han tratado de llamar la
atención acerca de la importancia de esta variable para explicar
la disminución en las tasas de fecundidad y de natalidad. Esto no
es de extrañar, puesto que si tomamos en cuenta el tipo de
estructura familiar preponderante en la mayoría de las sociedades y los antecedentes históricos sobre la participación femenina en las diferentes esferas de la actividad económica y social,
resulta plausible considerar que en la medida en que una mujer
se separe más de una concepción tradicionalista del rol femenino,
tendrá tendencia a reducir su fecundidad.
Esto puede ser consecuencia de diversos factores. Uno de ellos
se refiere al vínculo que presumiblemente existe entre las actitudes emancipatorias por un lado y el trabajo extradoméstico de
las mujeres por el otro. Aunque en otra parte (Ribeiro y Rebolloso,
1989) hemos mencionado que el análisis del trabajo de la mujer
en su relación con la fecundidad debe ser contemplado en una
dimensión distinta que aquel que se refiere a la emancipación
femenina, es posible considerar la hipótesis de que el efecto
restrictivo del trabajo de la mujer sobre la fecundidad resulta,
hasta un determinado punto, de las actitudes emancipatorias de

la mujer, ya que en tales circunstancias el interés de la mujer se
concentra más en actividades que no necesariamente se encuentran vinculadas con la familia. La maternidad representa para la
mujer, en un sentido estricto, una atadura a la imagen tradicional
que se tiene del rol femenino en la sociedad. Esto no significa que
u_na m~jer ~ue pueda considE:rarse emancipada no tendrá hijos,
sino ma~ bien que una fecundidad menos elevada puede permitir
~ la mujer concentrarse más en las actividades de su propio
interés, aumentando sus posibilidades de realizar metas extrafamil\ares. También es posible pensar que las mujeres cuyas
actitudes sean menos tradicionalistas retardarán más la llegada
de su primer hijo, con el objeto de disponer de mayor tiempo para
dedicarlo a su personal desarrollo, antes de comprometerse en
roles relacionados con la maternidad .
E~ México, podemos decir que, de manera general, la mujer es
aun_~uy dependien!~ de s~ yida familiar. Ongay (1979:9) dice,
refinendose a la fam1ha mexicana, que !a mujer es generalmente
co~siderada co_mo la "mujer de su esposo". Sin embargo, como
mujer ella no tiene mucha importancia. Aunque su esposo se
refiere a ella diciendo "mi mujer", ella juega menos el papel de
esp?sa que el de_madre. En realidad lo que el hombre quiere
decir, y que es socialmente aceptado, es que la mujeres la "madre
de s~s .hijos". Al_go similar fue obsei:vado por Fromm (1973), en
su clas1co estudio sobre una comunidad rural mexicana.
Dado que la mayoría de las mujeres se quedan en la casa su
participac_
ió~ en la vida económica y política es muy reducida .
Ellas se hm1tan fundamentalmente a sus funciones familiares y
c?nsagran la mayor parte de sus atenciones a los hijos, satisfaaendo de esta manera sus necesidades afectivas (Ongay, 1979).
De hecho, la Investigación de la Familia en México realizada en
1967, mostró que los hijos constituían la principal satisfacción del
~atri~oni?, para 47% de las mujeres (Leñero, 1968). En otra
inve~tIgac1on efectuada unos años más tarde, esta proporción se
elevo al 53.5% de los casos (Elu, 1973), y en la investigación que
aquí nos ocupa este porcentaje fue del 78% .
P_or su parte, el hombre constituye una figura periférica. Está más
aislado de la vida familiar y se concentra fundamentalmente en
su rol de prov~edor_de recursos ._ ~ientras gue el hombre puede
encontrar gratificaciones en actividades ajenas a la familia la
~ujer no tiene más que a sus hijos para obtener satisfacción .' La
Vida familiar es percibida de tal suerte de manera distinta por cada
un'? de los cónyuges: el hombre está, por regla general, más
satisfecho que la mujer en su vida familiar. Los resultados de la
Investigación de la Familia en México son concluyentes a este
respecto: 93% de los hombres estaban totalmente de acuerdo
con la proposición "rec!be afecto y cariño de su cónyuge", mientras que entre las mujeres solamente 2% opinaban lo mismo

�70

(Leñero, 1968). Por otro lado, en la misma investigación, 4!º/o de
las mujeres calificaron su vida matrimonial como una ''vida de
sufrimientos" 27% como una "vida de trabajo" y 8% como una
"vida de rutin~"; solamente 17% afirmaron que habían encontrado
satisfacción o felicidad en su matrimonio.
Así, cuando una mujer tiene hijos, debe consagrar una buena
parte de su vida, "sus mejores años", _a ~stos. Su "carrert com~
madre de familia representa su rol pnnc1pal y su valorac1on casi
total. En tales condiciones, el nacimiento de su último hijo se
convierte en causa de ansiedad, ya que el crecimiento y eventual
separación e independencia de éste constituyen el final de su
carrera materna, y en consecuencia la pérdida fundamen~a~ del
significado de su existencia (Ongay, 1979). Y el discurso religioso
refuerza contínuamente esta imagen: "Si se busca -escribió San
Agustín- por qué Dios ha creado a la mujer, no se encuentra sino
una razón probable: la procreación de los hijos".
Además de que la mujer concentra su vida alrededor de sus hijos
y de que ella obtiene de éstos su definición y su justificación
existencial, la maternidad le confiere simultáneamente su prestigio en el medio social. Bell afirma: «La mujer que desea y que
tiene hijos es fuertemente aprobada entre las clases bajas, porque el hecho de ten~r hijos es considerado como la principal razón
de ser de la mujer» . Los ejemplos relativos al status que proporciona el rol de madre son innumerables en nuestro país: la
suprema adoración de la Virgen de Guadalupe "madre de los
mexicanos"; las festividades relacionadas con el día de la madre;
los monumentos erigidos en honor de la madre, etc.
Si aceptamos la idea de que la madre mexicana obtiene, en
términos generales, su más importante gratificación social en la
imagen de sus hijos, podemos concluir que resulta lógico que
ella desee tener una gran fecundidad. En la Investigación de la
Familia en México se encontrá que a pesar de que el número
promedio de hijos nacidos vivos por mujer era bastante elevado
(5.3 hijos por mujer), 61 % de las entrevistadas respondieron que
tenían la cantidad de hijos que deseaban, y 20% afirmaron qu~
deseaban tener aún más. Por otro lado, cuando se les pregunto
si pensaban tener otro hijo, 49% de las mujeres respondieron
afirmativamente (Leñero, 1968).
En el análisis de los datos de la encuesta sobre familia y fecundidad , pudimos corroborar que efectivamente se notaba el im-

9

Bell, R (1963) Marriage and fam1/y mteract10n. Homewood, 111 , Dorsey Press. Citado por
Gourgues, J (1973).

71

pacto restrictivo de la orientación valora! del rol de la mujer sobre
su comportamiento reproductivo. Asi, la correlación que obtuvimos fue de -0.331, significativa al 0.001 . Si bien este valor es
consistente, puede parecer a primera vista menos importante de
lo que en realidad es. Si dividimos a la población de acuerdo al
puntaje obtenido en la escala de actitudes emancipatorias, y
obtenemos el promedio de hijos para cada subgrupo, la relación
se vuelve mucho más clara: Mientras que para las mujeres cuya
orientación del rol es más tradicionalista el promedio de hijos
nacidos vivos es de 6, para las más emancipadas esta cifra es de
apenas 2.8 hijos por mujer, lo que hace una diferencia de más de
3 hijos por mujer en promedio (véase cuadro 3).

Cuadro 3
Promedio de hijos nacidos vivos de mujeres unidas,
según sus actitudes frente al rol de la mujer.
ORIENTACION DEL ROL

Promedio de hijos

Total absoluto

Tradicional

6.0

677

Intermedia

4.2

1187

Moderna

2.8

138

Al dividir a esta población en subgrupos de acuerdo a la duración
de su unión marital, nos damos cuenta que la relación sigue
siendo muy clara: las mujeres más tradicionales tienen en todos
los grupos más hijos que las de orientación moderna.

Cuadro4
Promedio de hijos vivos de mujeres unidas, según actitudes frente al rol femenino y según duración de la unión.
BURACIÓN DE LA
NION

10 Años o
menos

De 11 a 20 años 24 años y más

Tradiciona 1

2.3

4.5

7.7

Intermedia

2.0

3.9

6.5

Moderna

1.9

3.0

5.6

�72

73

En el cuadro 4 podemos apreciar una diferencia constante entre
las mujeres tradicionales y modernas en lo que respecta a su
fecundidad. Observamos que el diferencial se incrementa -como
es lógico- a medida que aumenta el tiempo de unión marital de la
mujer. Asl, entre las mujeres que están unidas desde hace por lo
menos 20 años, las que tienen una concepción más tradicional
del papel femenino en la familia tienen un promedio de 7 .7 hijos,
mientras que las que tienen actitudes más emancipadas sólo
tienen 5.6 hijos, es decir, una diferencia de -2.1 hijos por mujer.
Como podemos ver, esta diferencia de 2 hijos es bastante menor
que la que observamos para la población en su conjunto, ya que
como dijimos, sin tomar en cuenta los años de unión, las más
tradicionales tienen en promedio 3.2 hijos más que las más
emancipadas. Esta disminución puede explicarse por la edad de
las entrevi~tadas, que como es fácil suponer, las más emancipadas son en general más jóvenes que las menos emancipadas,
y por lo mismo, tienen en promedio menos años de vivir en unión
Gonyugal (véase cuadro 5).

contribuyen a la promoción de la mujer y a su participación más
activa en todas las esferas de la sociedad. La consecuencia
previsible será una reducción aún mayor de los niveles de fecun-

didad.
Paralelamente, también consideramos que uno de estos factores
que ayudan a promover una imagen más liberal del papel femenino es el incremento de la instrucción formal y la cada vez maypr
participación de la mujer en niveles de educación superior. En
otra obra (Ribeiro, 1982) hemos adelantado algunas reflexiones
sobre el impacto restrictivo que tiene la educación formal sobre
el comportamiento reproductivo. Y creemos que simultáneamente existe una asociación entre la escolaridad de la mujer y su
orientación respecto a su rol social.

Cuadro 6
Escolaridad de la muler segun su orientacion frente al rol
social dela mujer(%).

Cuadro 5
Promedio de edad de las mujeres y P.romedio de duración
de la unión, segúnconcepción del rol femenino.
Edad

Duración de la unión

Tradic ional

46.1

24.3

Intermedia

38.9

17.2

Moderna

33 .7

12.1

Efectivamente, los datos reflejan esta relación entre la edad y las
actitudes de la mujer frente a su rol. Entre las de orientación
moderna y las de orientación tradicional hay una diferencia de
edad de más de 12 años, y las primeras son en promedio 5 años
más jóvenes que las de orientación intermedia. Es fácil entender
esta situación: las mujeres más jóvenes han resentido con mayor
intensidad la enorme ola de cambios sociales y culturales y se
vuelven más receptivas con respecto a los nuevos valores modernizantes. De hecho, estamos convencidos de que las nuevas
generaciones tendrán aún una orientación mucho más moderna
y liberal acerca del papel social y familiar de la mujer, puesto que
son cada vez más persistentes los factores estructurales que ·

Menos de 3
años de primaria

De 4 a 6 años
de primaria

Secundaria o
más

Tradicional

43.1

41.9

15.0

Intermedia

20.0

36.1

44.0

5.1

18.1

76.8

Moderna

En el cuadro 6 podemos observar muy claramente esta relación :
la mayoría de las mujeres que tienen una imagen moderna del
p~pel de la mujer tienen estudios superiores a la primaria (76.8%)
mientras que sólo 44% de las que tienen una orientación intermedia han realizado estudios de postprimaria, y apenas 15% de las
tradicionales han llegado a este nivel de escolaridad. O al contrario, entre las de orientación moderna sólo una minoría (5.1%)
está muy poco escolarizada, contra 20% de las intermedias y
43.1% de las tradicionales. Estos datos arrojan un valor de
asociación (medido por la V de Cramer) de 0.27, con un nivel de
confianza superior al 99.9% . Dado que como ha sido ampliamente demostrado (cfr. Ribeiro, 1989), la escolaridad femenina
e~ una de las variables más significativas para explicar la reducci~n del nivel de fecundidad, esta asociación contribuye a explicar
el impacto que sobre la fecundidad ocasiona la orientación del rol
de la mujer.

�74

75

Por otra parte, tenemos razones para pensar que parte del
impacto que tiene la orientación del rol de la mujer sobre la
fecundidad puede explicarse también por ta edad a la unión y por
el uso de anticonceptivos.

se observa una varianza reducida (el promedio de edad a la unión
es en esta población de 20.2 años, con una varianza de 17.318).
Si comparamos el promedio de edad a la unión en los 3 grupos
de mujeres según sus actitudes frente al papel de la mujer,
descubrimos que las de orientación moderna se casan, en promedio, un año y cuatro meses más tarde que las tradicionales.

Hasta ahora hemos podido dejar en claro que las mujeres de
orientación moderna tienen en promedio menos hijos que las
demás, y que al mismo tiempo tienen mayores niveles de escolaridad. Podemos suponer que estas mujeres también tendrán
tendencia a retardar su nupcialidad, pues si efectivamente desarrollan objetivos de superación personal y metas extrafamiliares,
no estarán tan apresuradas en contraer matrimonio como aquellas que definen a la mujer por sus roles adscritos y por su función
reproductora.
·

Cuadro 8
Edad promedio a la primera unión marital de las mujeres,
según la orientación del rol femenino
EDAD A LA UNIÓN

Al cruzar la información de estas dos variables, descubrimos que
efectivamente existe una tendencia entre las mujeres modernas
a retardar su unión, pero que esta tendencia no es tan importante
como podíamos suponer.

Cuadro 7

Tradicional

20.0 años

Intermedia

20.4 años

Moderna

21 .3 años

Edad a la primera unión de la mujer{ según la orientación
del rol femenino %).
Finalmente, en lo que respecta al conocimiento y utilización de
métodos contraceptivos, los datos revelan que existe una evidente relación entre estas dos variables y la orientación del rol
femenino .

EDAD A LA UNIÓN
17 o antes

entre 18 y 22

23 o después

Tradicional

34.1

43.3

22.6

Intermedio

26.2

47.0

26.9

Cuadro 9

Moderno

15.2

46.4

38.4

Conocimiento y utilización de al menos un método anticonceptivo poco eficaz*, según la orientacion del rol(%)
..

CONOCE
SI

Estos porcentajes muestran claramente esta tendencia a casarse
tempranamente entre las mujeres más tradicionales, aunque
también podemos apreciar que las diferencias porcentuales no
son tan importantes: 15.2% de las mujeres modernas contra
34.1% de las tradicionales tienen una nupcialidad precoz, y en
cambio 38.4% de las modernas se casan después de los 22 años
y sólo 22.6% de las tradicionales se unen tardíamente.
Estas diferencias poco impresionantes se deben a la tendencia
generalizada de la población a casarse a corta edad y en la cual

l

HA UTILIZADO
NO

SI

.1

NO

Tradicional

40.0

60.0

14.6

85.4

Intermedia

60.0

40.0

29.9

70.1

Moderna

83.3

16.7

40.6

59.4

* Ritmo , billings, preservativo, óvulos, espumas, jaleas, retiro. diafragma, lavado

'

�76

77

El cuadro 9 muestra que el 83% de las mujeres de orientación
moderna conocen al menos un método anticonceptivo de los que
hemos calificado como poco eficaces, y que sólo el 40% de las
mujeres de orientación tradicional conoce alguno de estos métodos. En cuanto a la utilización, observamos que la proporción de
usuarias de este tipo de anticonceptivos es mucho más baja que
la proporción de mujeres que los conocen; de cualquier manera
se nota la tendencia entre las mujeres de orientación moderna a
hacer uso de estas técnicas en mayor porcentaje que las tradicionales: 40.6% contra 14.6%.
Dado que en esta investigación se pudo establecer que existe
una fecundidad más baja entre las usuarias de los métodos
anticonceptivos no eficaces que entre las no usuarias, encontramos aquí otro punto de explicación de la fecundidad más reducida
de las mujeres de actitudes más emancipadas.
Si ahora nos referimos a los métodos anticonceptivos más eficaces (píldoras, inyecciones, dispositivos intrauterinos) (y hemos
incluido la esterilización voluntaria), nos damos cuenta que tanto
la proporción de usuarias como la de personas que los conocen
es mayor que para los otros métodos.

de orientación moderna a hacer uso de ellos. Entre estas mujeres
de opiniones más emancipadas 92.8% conocen y 73. 7% utilizan
o han utilizado alguno de estos métodos, contra 65.1% y 48.1%
respectivamente entre las más tradicionales.
Cabe señalar que este último dato es significativo en cuanto
podemos inferir de él la "voluntad" de las mujeres menos tradicionales para reducir su fecundidad, pero no podemos concluir
que ello conlleve en sí mismo a una reducción importante en el
número de hijos, puesto que ya vimos que el empleo de esta
técnicas no está asociado -de acuerdo con nuestros datos- con
una disminución importante en el tamaño de la familia.
Para completar este capítulo, nos ha parecido oportuno agregar
aqul, de manera breve, los diferenciales que la orientación del rol
femenino provocan sobre la fecundidad ideal, así como sobre la
fecundidad proyectada (que se refiere a los hijos que piensan
tener en el futuro).

Cuadro11
N~_mero ideal de hijos de mujeres unidas, según su orientac,on del rol femenino, por categorías de duración de unión

Cuadro 10
DURACIÓN DE LA UNIÓN

Conocimiento;( utilización de al menos un método anticonceptivo eficaz según la orientacion del rol femenino(%).

1

1

de 11 a 20

1

21 y más

HA UTILIZADO

Tradicional

3.0

3.1

3.1

NO

SI

NO

Intermedia

2.8

3.1

3.0

Moderna

2.7

3.0

3.1

CONOCE
SI

10 o menos

1

Tradicional

65.1

34.9

48.1

51 .9

Inte rmedia

81 .7

18.3

62.8

37.2

Moderna

92.8

7.2

73.7

26.3

• Píldora , 0 .1.U., inyección, esterilización.

Esto no es sorprendente, ya que la promoción que las autoridades
del sector de salud en nuestro país han hecho sobre estas
técnicas es mucho más amplia que la realizada para implementar
el uso de cualquiera de las demás.
Pero independientemente que la utilización y el conocimiento que
se tiene de estos métodos está más repandido en la población,
se sigue observando una tendencia mayoritaria entre las mujeres

Resulta incuestionable que no existen diferencias en cuanto a lo
q_~e se considera el número ideal de hijos, ni debido a la orientaaon del rol, como tampoco a los años que ha durado la unión
conyugal. Se -~omparte la idea de qu_e el número ideal de hijos
para una familia es de 3 en promedio. Este dato nos invita a
pensar que cada vez es más universal en nuestro país la imagen
de la familia de pocos hijos, y que culturalmente se está asimilando_ la ide~ de que "la familia pequeña vive mejor". No obstante,
los_ d1ferenc1ales encontrados en el número real de hijos nos
senalan qu~ algunos grupos logran más que otros aproximarse a
los ~~lores 1de~les, y que en este caso son las mujeres menos
trad1c1onales quienes han logrado acercar más su fecundidad real
a la que declaran como ideal.

�78

79

En lo que toca a tener o no más hijos, los datos pueden parecer
sorprendentes. La proporción de mujeres modernas q~e quiere~
tener más hijos es ligeramente superior que la de muJeres tradicionales e intermedias.

Cuadro 12
Número de hijos proyectados por mujeres unida;i,, según
su orientación respecto del rol femenino (°to)
No quiere más

1

1 hijo más

i 2 ó 3 hijos más

Tradicional

91 .1

5.9

3.0

Intermedia

82.0

11.3

6.7

Moderna

75.0

15.9

9.1

.

• 12 casos.

Aunque estas diferencias no son demasiado grandes, pueden ser
explicadas por la menor edad de las que tienen una orientación
moderna, ya que como vimos son en promedio 12 años más
jóvenes que las tradicionales y 5 años más jóvenes que las
intermedias. Esto es completamente coherente con los datos que
presentamos en un principio, ya que para la población en su
conjunto notamos un diferencial de 3.2 hijos por mujer según su
orientación del rol, pero al analizar los datos de las de mayor edad,
esta diferencia se redujo a 2 hijos por mujer en promedio.
Podemos deducir que las mujeres modernas tienen una diferencia importante de hijos nacidos vivos cuando las comparamos con
las demás mujeres, pero que esta diferencia tiende a reducirse
-sin dejar de ser importante- hacia el final de su vida reproductiva.
Para terminar, únicamente deseamos apuntar que es de sobra
evidente que la elevada fecundidad constituye un factor de riesgo
para la salud de la mujer. Pero también, y sobre todo, puede
constituir un obstáculo para su desarrollo social y familiar. No
queremos decir con esto que las mujeres no deban tener hijos o
que necesariamente deban tener pocos. La cuestión es que
existen diversos aspectos sociales y culturales que han determinado su situación como persona y que han limitado su participación en las distintas esferas de lo social, reduciéndola fundamentalmente a funciones de reproducción y de atención del hogar
doméstico.

No cabe la menor duda de que actualmente se está produciendo
un cambio importante en eso que llamamos la "condición social
de la mujer, y que ese cambio en su papel sociofamiliar es -al
mismo tiempo- un factor de considerable importancia en el proceso de transición demográfica en nuestro país. Por una parte,
es notorio el incremento de la matrícula femenina en todos los
niveles educativos; por no citar más que un ejemplo, en la
Universidad Autónoma de Nuevo León, de los 52,648 estudiantes
de nivel superior registrados en el segundo semestre de 1990, el
40% eran mujeres, y de los 35,401 que estudiaban en escuelas
preparatorias, el 44% correspondían al sexo femenino (UANL
1991). Estas cifras, si bien todavía no reflejan una igualdad total,
sí manifiestan la tendencia hacia una mayor involucración de las
mujeres en los sistemas de educación formal. Y aunque puede
decirse que aún se nota una división en las áreas profesionales
en las que se inscriben estas estudiantes, también es notorio un
cambio en este sentido, que puede ejemplificarse con carreras
como las de ingeniería, en las cuales el porcentaje de mujeres
inscritas se aproxima ya al 30%, modificando poco a poco la
imagen tradicional de sectores que correspondían de manera casi
exclusiva a los varones.
Por otra parte, también se nota un incremento en el número de
mujeres que desempeñan actividades económicas extradomésticas, lo que sin lugar a dudas incide de manera importante sobre
su situación y sobre la manera en que ellas mismas perciben su
papel social y familiar. Además, el hecho mismo de tener un
empleo, influye de manera determinante en la percepción que las
nuevas generaciones, tanto hombres como mujeres, tienen sobre
lo que significa ser mujer. Así por ejemplo, en un estudio realizado
po.r;_ Susan Vogel y colaboradores (1970), se pudo observar que
en las familias en las cuales tanto el esposo como la esposa
trabajaban fuera de la casa, se fomentaba en los niños el desarrollo de una definición más amplia y menos rígida de lo masculino
Y lo femenino. En el seno de esos hogares, niños y niñas se
consideraban a sí mismos con los atributos y cualidades de
ambos sexos, mucho más que aquellos cuyas madres se dedicaban exclusivamente a labores domésticas. Así, el hecho de que
la madre tenga un empleo constituye un modelo socializador que
contribuye a hacer menos rígida la percepción de las características sexuales que normalmente se atribuyen a cada uno de los
sexos, y en consecuencia se genera una perspectiva menos
rígida de la distribución de roles entre hombres y mujeres.
En los tiempos modernos, las diferencias sexuales de origen
biológico no son motivo suficiente para delimitar las diferencias
sociales. Y aunque no es posible negar que los factores biológicos
que distinguen a ambos sexos están presentes en todas las
sociedades, sí podemos afirmar que las diferencias entre hom-

�81

80

bres y mujeres no pueden establecerse en términos de "calidad'
como han pretendido algunos autores freudianos ortodoxos. Los
hombres y las mujeres son ante todo seres humanos que comparten las mismas potencialidades.

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1

El concepto de "práctica" ha sido entendido de diferentes maneras, y tales concepciones han originado labores profesionales
cuyo propósito es diferente, dependiendo de la conceptualización
abrazada. La evolución de los modelos de conceptualización
social, deben esperar todavía su inclusión dentro del modelo de
paradigma científico de Khun (1971), debido a que, como se verá
más adelante, los modelos de intervención de la práctica han
respondido a conceptualizaciones que, o considera~que la práctica está fundada en una concepción metateórica basada en
fundamentaciones filosóficas, o son una serie de formas de
intervención prácticas cuya solidez científica tiene que legitimarse
mediante la elaboración de teoría a través de investigaciones
científicas.
En las disciplinas sociales, y debido al tipo de problemas que
tratan, las influencias más poderosas han sido de carácter deductivo metateórico, ya que usualmente primero existe una conceptualización filosófica del hombre o de la sociedad, y luego ello
repercute dentro de la práctica profesional de disciplinas tales
como la sociología, la psicología social y el trabajo social. En la
actualidad, en los países latinoamericanos existe, en apariencia ,
una situación de transición de la influencia del modelo materialista

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/1970) «Vers une nouvelle définition des róles masculins et
féminins», en Michel, A (comp.)(1970).

1 Maestro de la Facultad de Traba¡o Social de la Llnivers1dad Autónoma de Nuevo León

2

Una metateorla se refiere a una explicación o conceptualización que engloba a otras
teortas Por e¡emplo, el materialismo dialéctico buscó explicar no sólo el devenir h1stóroco
de las sociedades, sino también la act1v1dad c,entlfica y los procesos económicos Es una
teorta que explica a otras teorlas existentes. incluso campos especifico; es decir es una
metateorta

�84

85

dialéctico sobre el proceso de intervención del trabajo social,
hacia un modelo fincado en las aportaciones de la ciencia natural.

lecerse temporalmente mediante la popularidad dialécti ca ('&lt;olteniuk, 1976; Mocquad, 1973).

Un camino algo diferente puede encontrarse en el desarrollo de
los modelos de intervención en el trabajo social que se practica
en los países denominados desarrollados. En ellos la práctica de
intervención se realiza , en apariencia, dentro de lineamientos
institucionales, que siguen modelos diversos que impiden o limitan la práctica de la labor de intervención en contacto directo con
la gente de las comunidades, tal como se realiza en Latinoamérica .

Para los profesionistas del campo teórico y práctico, fue irnportante estar dentro de los principios materialistas dialécticos, puc5to que era el modelo fuera del cual no sólo era objetable existir,
sino que quien no se apegaba o buscaba un nicho dentro del cual
pudiera encajar dentro de esta concepción filosófica de la sociedad, estaba sujeto al rechazo y estigmatización de la comunidad
profesional antagónica.

Como se explicará más adelante, ambas formas diferentes de
realizar la práctica de intervención de la profesión, han conducido
a una utilización limitada del método cientifico aplicado a los
asuntos humanos. En el caso de los países en desarrollo, esto se
originó por el rechazo al denominado positivismo, peyorativamente relacionado con la ciencia y la tecnología; en el caso de
los países desarrollados, el rechazo ha sido producido por una
burocratización y asistencialismo permanentes, desarrollados en
una sociedad con capacidad de sostenimiento de un sistema de
bienestar social (welfare state).
En los párrafos que siguen, se analizarán estas dos tendencias
de desarrollo de los modelos de intervención, y se proporcionará
una alternativa de conceptualización de la práctica.

1. Influencias sobre la práctica latinoamericana.
La concepción usual de práctica dentro de los modelos de intervención del trabajo social, refleja claramente la influencia de la
conceptualización filosófica imperante en una sociedad determinada. La práctica está influenciada, entonces, por concepciones
metateóricas que rigen la actividad que el profesionista va a
efectuar.
Puede observarse que los curricula universitarios de trabajo
social latinoamericanos, recibieron la influencia del materiaffsmo
dialécti co. Esta influe ncia filosófica macroexplicativa, enlazó sus
tesis fundamentales tales como la lucha de clases o la acumulación del capital, con sugerencias prácticas que hicieron que los
profesionistas dirigieran sus esfuerzos hacia procesos de liberación y emancipación de las personas.
La influencia materialista dialéctica fue tan poderosa y generalizada , que incluso la teoría freudiana , fuertemente rechazada por
el materialismo dialéctico "oficial", (ACURSS, 1975a) buscó, y
felizmente encontró de manera muy curiosa, un nicho sustentador
a los principios propuestos por Freud dentro del materialismo
dialéctico, de tal manera que e l freudismo pudo subsistir y torta-

Este elemento fue un presionador natural para la forma en que
se ejerció la práctíca profesional que, aunado a las carencias de
nuestros países, al expansionismo norteamericano ejemplificado
en la desmedida explotación de los recursos naturales de los
países latinoamericanos, produjo una tarea liberalizadora del
hombre. La naturaleza de la práctica era por tanto regida por
concepción de sociedad y del hombre vigentes en este período .

!f

1.1. La influencia del materialismo dialéctico en el trabajo
social.
Uno de los modelos de intervención más populares en el trabajo
social, que ofrece más sugerencias explícitas con respecto a
cómo realizar una práctica de intervención, ha sido el de Angélica
Gallardo (1972). Esta autora propone un esquema de práctica
basado en acciones directas de intervención, lo cual parece
b_astante prometedor con respecto al mejoramiento de las condiaones generales de vida de los miembros de la comunidad. Por
ejemplo, ella asevera, con respecto al papel del trabajo social en
cuanto a la práctica que:
Al trabajador social le corresponde actuar para transformar. Tiene que hacer cosas y demostrar que las
hace bien, de ahí la importancia de que el conocimiento
acerca de la realidad, surja prioritariamente a través de
la propia actividad práctica, del propio acontecer diario ... (Gallardo, 1973:6).

3 Aún cuando la literatura utilizada tenla la influencia materialista dialéctica. la actividad
Práctica, ya en el proceso de intervención o de investigación. empleaba también formas y
técnicas de intervención "funcionalistas," que no buscaban necesariamente un proceso
liberador (Véase: Tecla y Garza (1980), para un ejemplo de un basamento teórico
materialista dialéctico por un lado, y una serie de modelos de intervención con una clara
influencia funcionalista).

�87

86

Hacer las cosas y hacerlas bien, son aseveraciones que reflejan
una direccié:i hacia intervenciones efectivas con las personas o
con sus condiciones de vida . No obstante, dicha práctica, aún
siendo tan popular, también buscó ajustarse y de hecho recibió
la influencia del materialismo dialéctico. Es decir, la naturaleza de
la práctica es concebida realmente dentro de un marco rector
metateórico materialista dialéctico, el cual, como es sabido, siempre colocó a la ciencia y sus métodos como algo subordinado a
dicho enfoque (ACURSS, 1975b), como algo fácilmente ideologizable que hay que tratar y controlar. En esta perspectiva no sólo
se cuestiona la existencia misma del servicio social, sino que se
ponen en entredicho incluso los principios del método científico
(Hill, 1982).
Es decir que, en cuanto a la práctica, aún cuando se sugiere la
actividad directa experiencia! del profesionista, la naturaleza científica de dicha tarea consiste en que la actividad sea regida por
metateorías, en este caso por el materialismo dialéctico como
principio rector. Al respecto ella afirma en seguida:
...[la actividad práctica] es la mejor manera de irnos
explicando el mundo físico y humano que nos corresponde enfrentar y no, en cambio, a través de explicaciones por vía indirecta, a no ser que ellas nos constituyan , o principios directrices ... o marcos referencia/es
generales para nuestra acción (Gallardo, 1973:6) [las
cursivas son mías].
Además de eliminar la conceptualización de la teoría como un
edificio rector del proceso de investigación, e independiente de
concepciones metateóricas demasiado generales, este análisis
nos hace comprender en parte por qué la aplicación de la metodología de investigación científica, ha demorado su establecimiento como una forma de comprensión de la naturaleza de la
interacción social en las disciplinas que abordan la intervención
en grupos de personas.
Se debe a que fue costumbre concebir a la "práctica" como un
proceso de cambio social mediante la liberación de las personas
(principios originados en el materialismo dialéctico), y no una
tarea a la que se le aplique el método científico sin la influencia
metateórica dialéctica. Lo científico aludía al apropiamiento por
parte del profesionista, de una concepción materialista dialéctica
sobre la realidad, y no al cumplimiento de los pasos del método
científico, tal como se propone en los documentos "occidentales"
de metodología de investigación (por ejemplo: Whitney, 1976).
De una manera mucho más evidente, acerca de la influencia del
materialismo dialéctico sobre el método de intervención social de
Angélica Gallardo, ella comenta:

La práctica será científica en tanto supere el ideologismo, el empirismo o practicismo, el compartamentalismo o atomismo, y proceda de manera racional y dialéctica (interrelación teoría-práctica), a provocar transformaciones en la realidad por vía del Método Científico. En este sentido, el "Método Materialista Dialéctico" es el método general... (Gallardo, 1973:7).
Como se puede observar en la cita anterior, es claramente
evidente que el método general materialista dialéctico va a deterninar también el método de intervención práctico. Así, es claro
que las sugerencias de intervención de Gallardo recibieron la
influencia del materialismo dialéctico, también es evidente que la
conceptualización de lo que es científico no se refiere a posiciones empiristas o atomistas (es decir, parcializadas), como estrategias de escrutinio o conocimiento de la realidad. Evidentemente, las posiciones empiristas o atomistas son las de la ciencia
positivista, aquella que conceptualiza a la teoría como un conjunto
de principios generales de una disciplina, como directivos de la
actividad de investigación .
Además de crear esta demora hacia la posibilidad de aplicar el
método científico de una manera más directa a los asuntos
sociales, esta situación posiblemente provocó un desencanto y
conflicto, que de hecho se presentaron, en aquellos profesionistas del campo social aplicado (trabajadores sociales, sociólogos
y psicólogos sociales), que no eran ideólogos o partidarios del
materialismo dialéctico, ya que al mismo tiempo que no tenían
medios "positivistas" para enfrentar la realidad, tuvieron a la mano
solamente medios revolucionarios de intervención, que no iban
de acuerdo a los requerimientos y necesidades de la sociedad en
que intervenían.
Quienes no aceptaron el enfoque materialista dialéctico, posiblemente tuvieron además fuertes presiones por no abrazar estas
concepciones que tanto estuvieron en boga. Realmente no se
puede dimensionar cabalmente el alcance de los efectos de la
perspectiva metateórica materialista dialéctica como directriz de
la actividad de intervención práctica (métodos y técnicas de
intervención), y sobre el avance o estancamiento de la investigación científica en términos de teorías, paradigmas y modelos
dentro del campo de los asuntos sociales (Yurén , 1981).
Aunque Gallardo incorpora de hecho la utilización de técnicas,
éstas no son concebidas sin estar dirigidas por el trabajador social
al proceso de liberación « ... al servicio de las clases dominadas»
(Gallardo, 1973:41 ). Aunque la auttora admite que la técnica es
neutra en su contenido, considera que no lo es en su aplicaci ón
o en su utilización.

�88

89

Por otra parte, Ander Egg (1982a}, otro importante metodólogo
de la práctica del trabajo social, también abrazó el punto de vista
de que no es posible realizar una práctica social sin ideología, al
menos en el momento actual de desarrollo de la ciencia. El libro
Formas de Alienación en la Sociedad Burguesa (Ander Egg,
1983), refleja cla¡amente en su propio título, la influencia materialista dialéctica . Otros autores como Diego Palma (1978) también recibieron la misma influencia.

tales como "concientización" o "liberación," tienen su origen en
esta conceptualización de tarea profesional y, aún cuando esto
ya no se propone como un quehacer, la influencia todavía perdura: libros, metodologías, formas de hacer las cosas. La práctica, en síntesis, aún es considerada en los hechos, como un
actuar del profesionista dirigido al descubrimiento, por parte del
poblador, de aquellas ataduras i~eológicas que le impiden liberarse. A este respecto Villegas (1991) comenta:

Sin embargo, el cambio en la ciencia· necesario para dar la
posibilidad de aplicarla a la práctica profesional en la sociedad,
tal como lo sugiere Ander Egg, ni siquiera tuvo que darse, primero
se dio el desencanto en el sistema socialista (prueba práctica del
materialismo dialéctico) y la ciencia, aún continúa. Esta aseveración no es gratuita, ya que desde 1949 se anticipaban inconsistencias del materialismo dialéctico en sus repercusiones prácticas sobre la concepción de la sociedad. Al respecto MacKenzie
(1969) comenta,'sobre el hecho de que muchos cambios sociales
no siguieron ni cumplieron los pasos o características del modelo
socialista propuesto por Marx y Engels que:

...Nosotros como profesionales enfocados en el área
social, ... tenemos ideológicamente clara nuestra función y responsabilidad de contribuir, desde nuestra
propia y particular esfera de acción, a clarificar los
niveles de conciencia y buscar, con una visión crítica y
equilibrada, el desarrollo del ser humano y el paso a un
nuevo orden social (Villegas, 1991 :32).

... Se hizo dificilísima la pregunta de para qué sirve
tratar de encajar todos los complejos acontecimientos
de la posguerra en un marco conceptual tan difuso y
poco científico que apenas entraña valor práctico alguno como no sea, si acaso, el de ser un vago símbolo
para provocar resonancias emocionales (MacKenzie ,
1969:194-195).
Como se puede ver, ya desde entonces se anticipaban las
incongruencias del modelo socialista propuesto, con las formas
y condiciones bajo las cuales los pueblos realizaron cambios
sociales. Uno de los ingredientes que todavía repercuten sobre
la práctica profesional latinoamericana, son las "resonancias
emocionales" que menciona MacKenzie en su texto, ya que aún
en la actualidad las prácticas de intervención social reflejan un
compromiso con el cambio social liberador, y no con el cambio
social dirigido al bienestar del hombre en su sociedad.
La caída del socialismo ha dejado sin justificación a muchas
~cciones de práctica social profesional emancipatorias, que anteriormente eran obligatorias en las ciencias sociales. Términos

4

Parece ser que se ha dado un vora¡e en la concepción teórica de Ander Egg. Sin embargo, /
la literatura d1sponibie y por tanto la que ha e¡erc1do pnnc1pal influencia, conserva su apego
a la tendencia ongmal

Esto sucede aún cuando el profesionista perciba que dicha tarea
no encaja con las necesidades y problemas que le pide la sociedad ayude a comprender y solucionar. Entonces el profesionista debe forzar su actuación profesional involucrándose en una
situación ambivalente. Villegas misma comenta al respecto que
la trabajadora social « ... para seguir estando dentro [de una empresa], debe "adecuar" su participación a esos objetivos [de
dirigentes y propietarios]» (Villegas, 1991 :30). En el estudio de
Zúñiga (1993), se encontró que las egresadas de una generación
de una escuela de trabajo social, mostraban un nivel alto de
ambigüedad de rol, lo cual proporciona bases para la existencia
de al menos algún tipo de indefinición del rol profesional en la
práctica.
El rechazo al asistencialismo benefactor, también fue un aspecto
que produjo la aceptación de un enfoque macroscópico con
respecto a la naturaleza de la práctica social. Esto es, el trabajo
asistencialista, conceptualizado como una forma de sometimiento del pueblo a las clases en el poder, se convirtió en un quehacer
bien justificado: la reivindicación y liberación de las clases proletarias (Sierra, 1987). Paradójicamente, de ejercer una práctica
sumamente técnica y asistencialista, muchos profesionistas de
las ciencias sociales pasaron a ejercer una práctica demasiado
general y difusa, y sólo hasta hace poco se comienza a encontrar,
aparentemente, un punto medio más adecuado: la aplicación del
método científico natural para la comprensión de nuestros problemas sociales, a fin de contribuir a su solución.

1.2. La práctica como aplicación del método científico.
El término "práctica" tiene otras concepciones distintas a las
propuestas por la influencia metateórica del materialismo dialéctico. Se propone, en esta concepción diferente de lo que es la

�90

prácbca, realizar tareas dirigidas al conocimiento de la realidad
social mediante el método científico (Bunge, 1975). En este
esquema se concibe que la tarea del profesionista, es contribuir
al bienestar de las personas, aplicando el método científico al
conocimiento de los fenómenos sociales (McGuigan, 1990), de
tal manera que se desarrollen herramientas de intervención y
evaluación que permitan, tanto la eficiencia como la eficacia,
dentro de los esfuerzos de cambio social (Siegel, 1983).
La práctica no es concebida fuera de un contexto de evaluación,
es decir, de la obtención de información dirigida a determinar el
nivel de mejoramiento de la condición del usuario, así como de la
capacidad de las técnicas utilizadas, independientemente de la
naturaleza del problema. La evaluación a su vez es mejorada
mediante la creación de instrumentos que tienen origen en la
investigación de tipo microscópica e inductiva.
El método científico no se refiere en esta perspectiva a la aplicación de un enfoque filosófico macroscópico rector de algún tipo,
tal como se concebía usualmente en los modelos de intervención
del trabajo social latinoamericano, sino a la aplicación de lo que
se ha llamado la "ciencia natural" (Bayés, 1974; Khun, 1971). La
ciencia natural ha originado paradigmas duraderos guiadores de
líneas de investigación. Consiste en la aplicación de los pasos del
método científico originado en campos con una tradición más
antigua, como los de las ciencias médicas o el de la física y
química (Bernal, 1968). Tal como sucedió en estos campos, la
aplicación del método científico busca contribuir al conocimiento
de la naturaleza , en nuestro caso naturaleza social, a fin de
contribuir a la solución de los problemas de fas personas en
sociedad.
La teoría se refiere a la construcción de esquemas conceptuales
rectores denominados paradigmas, que han sido construidos
mediante la realización de investigación científica inductiva y de
nivel macroscópico, y no a la construcción de metateorías filosóficas, que luego pueden producir una influencia irreversible sobre
las prácticas de los profesionistas individuales.
La naturaleza social en cuanto a sus diferentes manifestaciones
(cultura, comunicación, procesos grupales), ha de ser estudiada
en base al método científico, a fin de contribuir al logro de procedimientos que permitan optimar los procesos de intervención
profesional en la comunidad y en las instituciones.
En el campo mismo del trabajo social latinoamericano, han existido proposiciones con respecto a la necesidad de elaborar teoría
dentro de nuestros contextos culturales propios. Por ejemplo,
Boris Lima llega a proponer « ...la necesidad de producir teorías
propias en base a experiencias realizadas dentro de nuestros

91

contextos ... » (Lima, 1989:85), lo cual revela la aparente importancia de realizar investigación en nuestros contextos culturales.
Pero líneas antes el mismo autor habla acerca de la naturaleza
de la etapa científica del trabajo social, estableciéndola como el
resultado de una influencia macroexplicativa rectora cuando dice
que «Romper con el estudio sectorizado de los fenómenos para
considerarlos en la globalidad estructural, significa proceder científicamente» (Lima,1989:84).
La propuesta de Lima de crear teorías propias en nuestros
contextos, se realiza por el rechazo a la dependencia estructura!
y teórica latinoamericana «de los países del capitalismo mundial»
(Lima, 1989:85), y no a una convicción de construcción teórica
científica mediante la investigación de la ciencia natural.
Es muy importante dar respuesta a la manera en que las disciplinas han de construir los basamentos teóricos que sustenten la
práctica profesional a realizar. Tal como se puede ver hasta este
punto, existe una disyuntiva no resuelta entre construir teoría en
base a macroteorías por un lado, y a construir teoría a partir del
estudio intensivo en nuestros contextos. La tendencia se ha
dirigido al reconocimiento de la importancia de construir teoría
propia, pero no se desligó de la necesidad de ubicarla en un
enfoque macroexplicativo (en este caso el materialista dialéctico) .
Más adelante se hará una proposición específica de actuación
con respecto a este problema.
1.3. Situación actual de la transición en Latinoamérica

Un aspecto sumamente interesante, es el hecho de que aún
cuando actualmente se ha reconocido ya en Latinoamérica la
importancia de la investigación científica, en la realización de una
tarea profesional más objetiva, la naturaleza de la investigación
permanece siendo una mezcla que es el resultado de las raíces
filosóficas metateóricas materialistas dialécticas por un lado, y de
la necesidad de aplicar el método científico originado en el modelo
de la ciencia natural. Es decir, la resultante es que sí se aplica el
método científico, pero únicamente a problemas macroscópicos,
esto es, a macrofenómenos o macrovariables . En otras palabras,
el método científico ahora utilizad.o es más pragmático, pero el
tipo de problema al que se aplica, sigue teniendo los criterios de
exigencia de la tradición filosófica omniexplicativa (macroproblemas de investigación).
Es por e!lo que si bien el concepto de lo científico ha dejado de
ser considerado como aquello que utiliza el materialismo dialéctico como principio explicatorio, y en su lugar ahora se entiende
la aplicación "técnica" de los pasos del método científico, los tipos
de problema que se considera legítimo abordar, aún son de

�93

92

naturaleza global, macroscópica, tal como las máximas del enfoque metateórico.
Es como si viéramos nuestra realidad y, aún así, no deseáramos
comprometemos realizando estudios en el microcosmos social
debido a las criticas que se pueden hacer, por parte de versados
y legos, con respecto a tratar los asuntos humanos más directamente, es decir, más orientados hacia la comprensión de las
dificultades y aspectos determinantes del actuar del hombre en
su entorno social. Es decir, se ha buscado hacer indagación que
evite, al mismo tiempo, tanto ser criticada de estar dirigida a un
activismo, a un cientificismo, como también ser acusada de no
aplicar el método científico y la cuantificación estadística. Esta
situaci9n es un ejemplo más de cómo las buenas intenciones
metateóricas pueden hacer más mal que bien cuando se aplican
a los asuntos humanos.

2. la práctica social en Norteamérica.
La posibilidad de intervenir dentro del campo directo comunitario
tal como se practica en México, es difícil de efectuar en países
desarrollados como en los EUA, por ejemplo. Lo que el trabajo
social latinoamericano tiene en abundancia, en los países desarrollados es improbable que se efectúe. En estos países desarrollados, el profesionista de los asuntos sociales lucha porque le
den la libertad de trabajar en contacto directo con los pobladores,
fuera de lineamientos burocráticos asistencialistas. Es paradójico
cómo en esos contextos sociales, la "revolución" se circunscribe
a liberarse de la burocracia y del asistencialismo, ya que los
profesionistas conscientes de la necesidad de tal liberación,
elogian la libertad de acción comunita~a que se tiene en países
como México (comunicación personal) .
Al mismo tiempo que en los países latinoamericanos se ha dado
una amplia experiencia de intervención directa con las personas
de las comunidades, aunque haya sido basada en el materialismo
dialéctico, en los países desarrollados apenas se reconoce que
trabajar directamente en el ambiente social es importante. Por
ejemplo, en el Informe Británico Barkley (1984), documento emitido por el gobierno británico, cuyas repercusiones son extrapoladas por Harrison y Hoshino al trabajo social norteamericano, se
asienta lo siguiente:

5 Reunión de mtercamb,o de contenidos académicos con alumnos y maestros de Austin y
Kingsville. Texas. el 31 de Octubre de 1992

La recomendación de realizar un compromiso fortalecido coll'Servicios basados en la comunidad, y de métodos nuevos para asegurar servicios de calidad ... fueron
fuente de debate (Harrison y Hoshino, 1984:214).
Además de que estas sugerencias se hicieron recientemente,
debe observarse que todavía han sido fuente de debate, es decir,
que existe resistencia hacia la desburocratización y asistenciaismo oficiales del trabajo social en ese contexto. Es notoria
también la falta de conciencia con respecto a abordar los problemas sociales no con un criterio asistencialista, sino de intervención directa dentro de las comunidades.
Un aspecto evidente en el desarrollo del trabajo social en los EUA,
es el hecho de que la disciplina ha mostrado un proceso de
ciclicidad. Por ejemplo, en el Cuadro 1 puede observarse un
resumen de las etapas por las que ha pasado el trabajo social en
los EUA, al menos en la actividad del proceso práctico de intervención (Goldstein, 1990). Al leer detenidamente, puede verse
cómo la disciplina ha ido cumpliendo una serie de ciclos repetidos
que se realizan en un mismo nivel de repetición. Como se puede
observar, la práctica del trabajo social en ese país, ha pasado por
una serie de vaivenes en cierta manera similares. Se podrían
identificar los siguientes puntos dentro de cada ciclo:
(1) primero, la disciplina es un campo en el que se da importancia al punto de vista humanista, se utiliza la comprensión y
entendimiento del ser humano, un respeto hacia el individuo;
(2) luego, esto conduce a la realización de un activismo, ya
que debido a que se busca el bienestar del ser humano, se
efectúan tareas que no tienen el propósito de hacer objetivo
el proceso de intervención , ya que no se sacrifica el humanismo por el tecnicismo;
(3) se pone en tela de duda la labor activista por no tener
sustento en teoría científica;

(4) se busca un nicho que aloje la práctica s-o-cial, de tal manera
que tenga un sustento científico, existen influencias de teorías,
técnicas y metodologías de otras disciplinas;
(5) se cuestiona el cientificismo y se retoma al humanismo;
(6) comienza un ciclo nuevo.
Tal como se menciona en el Cuadro 1, los caminos entre el
humanismo y la ciencia en el trabajo social de los EUA rara vez
se cruzan. Es decir, no se ha realizado una propuesta en la que
se incorporen los principios del humanismo con los principios de
la ciencia tales como los pasos del método científico, o las
características de la ciencia fáctica como lo son la comunicabili-

�95
94

dad, veníicabilidad, sistematicidad, etc., del conocimiento científico (Bunge, 1977). ¿Qué características tendría el modelo de
intervención y de investigación si se diera en un punto de cruzamiento? Esto será abordado más adelante, por ahora sólo es
necesario comentarlo aquí, para denotar la forma en que la
disciplina se ha desarrollado en un país prototipo de los países
desarrollados.
En los países latinoamericanos, el fenómeno de la ciclicidad del
trabajo social descrito anteriormente, no se ha dado tal como se
ha presentado en los EUA. Es posible que uno de los principales
elementos para esto, sea que la cantidad y naturaleza de los
factores implicados en el desarrollo de la disciplina en los países
latinoamericanos, es más abigarrada que en los EUA. Posiblemente en los países como México o Uruguay (Gerpe de Bellini y
otros, 1980), el trabajo social apenas esté en la fase de un ciclo
que apenas va a cerrarse.
De acuerdo con Alayón (1970), el trabajo social latinoamericano
pasó, en términos de intervención, de una etapa basada en la
filantropía y en la beneficencia (etapa de ajuste o de la asistencia
sociaQ , a una etapa funcionalista basada en el grupo y en la
comunidad, así como en el metodologismo ascéptico (etapa de
reforma y ajuste o del servicio social) y, finalmente, a una etapa
de transformación social (etapa del auténtico trabajo sociaQ.
Alayón, al igual que otros autores importantes del trabajo social,
también da importancia a un proceso social liberador.
* Extractado de Goldstein (1990): The Knowledge Base Of Social
Work Practica: Theory, Wisdom, Analogue, or Art?.

Actualmente parece ser que el trabajo social se dirige a la
aplicación del método científico como herramienta fundamental
para el con~cimiento de los fenómenos sociales. Las etapas se
han extendido tanto en su duración, que difícilmente se puede
encontrar el inicio de un ciclo nuevo. Es decir, las etapas aún no
han comenzado a repetirse, y quizá nunca se repitan.
3. La práctica social latinoamericana y norteamericana: una
comparación.

En este apartado se harán algunos comentarios breves sobre
~lgunas ~i!eren~ias, fortalezas y debilidades, de los enfoques de
mt~rvenct~n social del trabajo social que se practica en los países
latmoamencanos, y el que se realiza en Norteamérica. Estos
comenta~?~• evi&lt;:1e!1temente, no pretenden ser exhaustivos; pretenden drngrrse urncamente a los aspectos importantes relacionados con la naturaleza de la práctica, principal objetivo del
presente trabajo.

Uno de los aspectos más positivos del trabajo social en los países
latinoamericanos, es la posibilidad siempre presente de hacer
práctica social directa. Esto es, usualmente el estudiante y el
profesional pueden y se les estimula, a entrar en contacto con los
pobladores a fin de fomentar el mejoramiento de su condición
personal, familiar o comunitaria.
En este sentido, las influencias dirigidas hacia la liberación de los
pueblos, que sí se pudieron poner en práctica en los países
latinoamericanos, realizaron verdaderamente una buena contribución a la práctica del trabajo social. A pesar de que el enfoque
fiberador proponía una tarea de concientización, el profesionista
se enfrentaba a realidades diferentes a las descritas por los
principios filosóficos rectores plasmados en los modelos de intervención como el de Angélica Gallardo o el de Ezequiel Ander Egg.
Esta diferencia entre un quehacer propuesto teóricamente, y
aquello que realmente se realiza en la práctica , también se ha
presentado en la práctica del trabajo social en los EUA (véase
Cuadro 1).
De esta manera fue como se realizó una excelente tarea de
relación con la gente, en la que la habilidad y el don de gentes
del profesionista, contribuía enormemente a la obtención de los
logros. Sin embargo, comprensiblemente, el compromiso personal del profesionista de tener que encuadrar dentro de una
tarea emancipadora, ocultó mucha de la experiencia práctica
realizada, de tal manera que las aportaciones experienciales con
repercusiones técnicas y sus implicaciones al desarrollo de una
teoría de intervención, se perdieron en su gran parte. Si tales
experiencias se hubieran detallado en términos del quehacer
realizado, y de los logros obtenidos, tal como se hace en la
actualidad mediante la recopilación más sistemática de la experiencia de práctica mediante memorias, se pudiera contar con un
gran acervo de conocimientos de la práctica de intervención .
La forma de intervenir dirigiéndose directamente hacia un proceso de adentramiento dentro de la comunidad, es algo que es
rnuy natural para el profesionista latinoamericano de trabajo
social. Lo que es más, no se concibe la intervención sin un
contacto con la persona, aún cuando el profesionista esté desempeñándose en un ambiente intramuros (hospital, industria, etc .).
Tal posibilidad es simplemente una quimera para los trabajadores
sociales de Norteamérica, que llegan a darse cuenta de la
necesidad de hacer intervención más directa en los ambientes
comunitarios, rurales o urbanos, fuera de lineamientos institucionales controlados por la política gubernamental.
Otro elemento positivo es que el trabajo social latinoamericano
no busca resolver los problemas materiales o de infraestructura
de las personas, «...sino conseguir la participación de la comuni-

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96

dad para que ésta sea capaz de afrontarlos y, dentro de sus posibilidades, de resolverlos... » (Ander Egg, 1982b:213). Es decir, la
tendencia del trabajador social en el trabajo comunitario, no se
dirige al otorgamiento de satisfactores que puedan llenar la
necesidad, sino que busca capacitar al poblador para que se
organize y logre, mediante habilidades propias, resolver sus
necesidades.
Un aspecto curioso que es importante volver a mencionar, es que
tanto la sustentación de una posición materialista dialéctica, como
el envolvimiento de la actividad profesional dentro de un burocratismo asistencial, han conducido, por diferentes razones, a la no
aplicación de los métodos inductivos de investigación en las
personas o grupos pequeños, dentro del marco de los estudios
experimentales o preexperimentales en el terreno social. En el
primer caso fue el rechazo al positivismo científico, en el segundo,
fue por las dificultades que tienen aún actualmente los prácticos
sociales, al intervenir directamente con las personas dentro de su
ambiente natural.
La medición y el énfasis dado a la evaluación, así como la
utilización de procedimientos estadísticos y diseños de investigación objetivos, ha sido una de las grandes contribuciones de
los profesionistas del trabajo social norteamericano. Esta tradición puede observarse en las revistas especializadas tales
como "Social Work" o "Journal of Education for Social Worl&lt;'', en
las que se puede constatar que se le da una gran importancia al
análisis estadístico, al diseño de investigación, al control y validación de las herramientas de obtención de datos, y a muchos
aspectos de la investigación científica.
Si nos preguntáramos en qué situación es mejor estar, es decir
si nos preguntáramos si es mejor estar bajo una situación de
alejamiento de la comunidad, pero se tuviera un fuerte proceso
evaluativo como ha sucedido en el trabajo social norteamericano
por un lado, o tener un acercamiento comunitario lleno de grandes
experiencias de interacción humana pero coa poca tradición
evaluativa como en el c aso del trabajo social latinoamericano,
podría decirse que es mejor estar en la segunda situación que en
la primera.
Es decir, es posiblemente más fácil que la vasta experiencia de
intervención desarrollada en los países latinoamericanos se en·
marque (algo que ya está sucediendo), dentro del método cien·
tífico con sus concomitantes técnicos de evaluación , control etc.,
que liberarse de la burocratización y asistencialismo de los países
desarrollados.
En el primer c aso no sólo se llevará tiempo "liberarse", meta
realmente difícil, sino que apenas se comenzaría a comprender
la naturaleza d e la intervención social en su propio contexto. El

sistema de bienestar social de los países desarrollados tiene
grandes virtudes, pero la dependencia e individualismo concomitantes en su implementación, son aspectos difícilmente deseables.
Las ventajas que tiene la intervención social efectuada en los
países latinoamericanos, debe reconocerse, es el resultado, en
gran parte, del ímpetu inyectado por el mismo materialismo
dialéctico. Sus principios metateóricos originaron prácticas que
hicieron obligado el acercamiento del profesional a los individuos
de las comunidades, posibilitando no sólo el acercamiento, sino
la elaboración de estrategias prácticas de intervención que buscaron ser siempre más efectivas .
Es por ello que tampoco debe caerse en un cientificismo exagerado al tratar de aplicar el método científico al estudio del ser
humano en comunidad . La máxima del trabajo social «la principal
herramienta del trabajador social es su propia persona» (Johnson, 1983:103), sigue siendo no sólo válida, sino muy importante
para lograr una intervención científica y humana al mismo tiempo.
Debe siempre anteponerse la meta de una intervención basada
en el humanismo social (Staats, 1979), pero no debe olvidarse
que el humanismo social sin conocimiento científico resulta contraproducente: los extremos nunca son buenos.

4. La Conceptualización de Motivación y de Ciencia.
Conceptualización de Motivación. La influencia materialista dialéctica sobre la práctica del trabajo social en Latinoamérica, dió
lugar a una forma final de proceso ~e intervención entre un
profesionista y un usuario o poblador. Esta consistió en dirigirse
a evocar en la persona un proceso de concientización. En un
principio se buscó deliberadamente lograr la "conciencia social"
en el sentido de que la persona se diera cuenta de los procesos
de explotación que le estaban acaeciendo. La "liberación", la
"concientización," la "abstracción de lo concreto", fueron términos
muy usualmente manejados en el proceso de emancipación.

Esta forma de apelación al fuero interno de las personas (concientización) , ya no ha seguido el mismo lineamiento liberador.
Pero, no obstante que el objetivo del proceso de intervención no
es ya el cambio social radical como sucedió en un inicio, la forma
de persuadir a los usuarios para el logro de metas más "estructuralistas," continúa siendo la misma: apelar al fuero interno de
los pobladores y usuarios.
Es decir, se continúa con la tendencia de lograr la participación
de las personas en las comunidades o grupos pequeños, mediante la apelación al convencimiento y toma de decisiones en base
al fuero interno del individuo. Se sigue considerando que el

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98

elementc más importante áel proceso de motivación para el logro
de metas, es hacer que la persona se convenza y tome la decisión
internamen~P., de tal manera que decida participar en las acciones
que logren objetivos grupales.
Esta tendencia hacia la evocación de los procesos volitivos
internos de la persona, no es privativa de los contextos latinoamericanos. La concepción democrática norteamericana también fortalece esta perspectiva. Por ejemplo, en la "Definición
Operativa de la Práctica del Trabajo Social" (Working Definition
of Social Work Pradice) , se establece que los atributos esenciales de una sociedad democrática son " .. .la realización del potencial total de cada individuo y la suposición de su responsabilidad
social mediante la participación activa en su sociedad." (1958:6).
[cursivas mías] .
Curiosamente y en ambos casos, por tanto, la forma actual de
motivación apelando al convencimiento y fuero interno a través
de la persuasión mediante la palabra, sigue siendo la estrategia
básica del proceso motivacional en los esfuerzos de intervención
social, no sólo en el contexto latinoamericano influenciado por las
corrientes liberadoras, sino dentro de la perspectiva democrática
del trabajo social norteamericano. Evidentemente, esto parte de
una conceptualización de lo que se cree motiva a los individuos
y, como ya se vio antes, parte de su origen está en los procesos
de emancipación social en la práctica del trabajo social latinoamericano, y en la libertad originada en la democracia en el caso de
los EE. UU.
Como se trató en la ciclicidad de corrientes en el caso del trabajo
social norteamericano, y de manera más específica con respecto
a las técnicas de intervención, la conceptualización de motivación
de las personas como individuos o grupos, ha dependido también
de la influencia de corrientes psicológicas o filosóficas que han
entrado en boga en el campo del trabajo social.
Tal como se vio anteriormente, el trabajo social en Norteamérica,
ha extrapolado los conocimientos originados en otras disciplinas.
Se ha utilizado el psicoanálisis, la gestalt, el humanismo, el
existencialismo, el análisis transaccional y el conductismo clásico
mecanicista y el radical, e incluso se ha desarrollado un método
generalista que incluye una gran parte de vertientes, algunas
propias del trabajo social y otras originadas en otros campos.
Sin embargo, la apelación al fuero interno del individuo, a su
voluntad y decisión personales evitando el empleo de técnicas
más persuasivas, ha sido la estrategia angular tanto en la tradición democrática como en la influencia anterior del materialismo
dialéctico. Esto ha sido así, independientemente de la influencia
de los modelos psicológicos o sociales.

Conceptualización de Ciencia y de Tecnología. Ya se comentó
que el trabajo social como disciplina científica no debe seguir
como piedra angular de su quehacer, el proceso de aceptación
cíclica de los conocimientos originados en otras disciplinas . Pero
existen autores que no piensan de este modo. La cita siguiente
de Morales y Sheafor (1977) es un ejemplo de ello.

El trabajo social es una ciencia aplicada. Aunque los
trabajadores sociales generan buena cantidad de conocimientos sobre las personas y sobre los diversos
grupos sociales e instituciones, su actividad principal
no es el avance de este conocimiento. Tienden a tomar
prestado su conocimiento básico de otras disciplinas
tales como la antropología cultural, la economía, la
ciencia política, la psicología, la fisiología humana y la
sociología. Seleccionando cuidadosamente entre el
trabajo importante de éstas y de otras disciplinas, los
trabajadores sociales traducen estos conocimientos en
acción o en servicios que beneficiarán a sus usuarios
y a las instituciones de la sociedad (Morales y Sheafor,
1977:10).
Quien esto escribe, considera que la disciplina de trabajo social
necesita resolver su posición con respecto al punto de vista
sostenido en la cita anterior. Por un lado los autores afirman en
la primera línea , que el trabajo social es una ciencia aplicada, pero
en seguida afirman que no es tarea fundamental de la disciplina
la generación de conocimientos nuevos. Esto resulta paradójico,
en el sentido de que la tarea de la ciencia es generar conocimiento
nuevo. Ya que el trabajo social es una disciplina científica, como
se afirma, debe buscar generar conocimiento nuevo, y no sólo
aceptar los conocimientos generados por otras disciplinas.
Autores como Oean H. Hepworth y Jo Ann Larsen (1990) proponen, por otro lado, criterios de selección de una teoría o de una
técnica antes de ser incorporada al trabajo social, con el fin de
hacer elecciones apropiadas. En primera instancia y como más
importante criterio de selección, sugieren el grado en que una
teoría o técnica dada ha sido apoyada por la investigación empírica; en segundo mencionan a la intervención que produzca
resultados con el gasto menor de tiempo, dinero y esfuerzo; en
tercer lugar mencionan el grado en que las intervenciones y
técnicas derivadas de la teoría están delimitadas; en cuarto lugar
proponen a las implicaciones éticas y, finalmente en quinto lugar,
mencionan el dominio y conocimiento del profesionista con respecto a las intervenciones.
Este separatismo entre la ciencia y la tecnología , deja al trabajo
social únicamente como una tecnología. Como Angélica Gallardo

�100

101

comenta, en relación a si ta ciencia es preponderante a la tecnología o viceversa

« ... entre ellas existen vínculos irrompibles, a raíz de los
cuales se establece un ininterrumpido intercambio de
aportes conceptuales, técnicos, operativos que inducen a(...) nuevas investigaciones» (Gallardo, 1976:2).
Como se puede apreciar, el punto de vísta de con~nuidad entre
la ciencia y la tecnología de Gallardo es más ampho y avanzado
que la concepción receptiva del trabajo social como tarea tecnológica.
Debe recordarse que en todas las disciplinas existen profesionales que se dirigen unos a la indagación "práctica" de problemas
sociales, y otros a la indagación "científica" gener~dora de conocimiento nuevo media_ntE: 1~ investigac\ón. E~t~ b1e~ puede ta_ryibién ser el caso de la d1sc1phna de trabajo social . Existen tamb1en
científicos que realizan procesos reflexivos teó~cos sobre las
tendencias en una disciplina, o sobre problemas importantes de
tipo epistemológico que deben resolverse.
Es cierto que el conocimiento científico es universal _Y Qe~eralizable y que los conocimientos originados en una d1sc1phna son,
pu~den y deben ser extrapolables para la solución de los problemas enfrentados por otras disciplinas . Sin embargo, la extrapolación directa o modificada de técnicas o métodos de una o varias
disciplinas hacia otra disciplina: 1) al extrapolarse tienen que
originarse de un contexto teórico cien~ífi?o de 1~ discipl!na que las
origina y que las ubique como conoc1m1ent~ s1stematlco_ y ~r~enado; 2) debe existir una base teórica consolidada de la d1sc1phna
receptora, de tal manera ~UE: ésta !1º "acepte" irrE:str_ict_amente
cualquier conocimiento o tecrnca derivada de otras d1sc1phnas, de
tal modo que pueda existir un mecanismo natural de selección,
que impida la llegada de posiciones extremas. o que exija más
pruebas científicas bajo los lineamientos ya existentes en la
disciplina receptora.
Lo anterior reafirma que la disciplina de trabajo social no debe
moverse de acuerdo a la presión natural de la existencia de
nuevos métodos o técnicas de intervención originados en otros
campos. El trabajo social debe crear también su propio campo
teórico obtenido mediante el estudio macroscópico y microscó-

6

A l menos en el contexto de la Facultad de Traba¡o Soe1al de la UANL, esta es precisamente
la s1tuac1ón

pico de sus problemas de intervención en la com~ni~a~ y en la
institución. Debe recordarse que el campo de la d1sc1phna científica del trabajo social es sui generis, en el sentido ~e q~e ~n ella
se estudian procesos que involucran personas, mst1tuc1ones,
actitudes, políticas gubernamentales, es decir, procesos personales y sociales que le son muy propios (Zúñiga, 1991).
Por tanto, investigar sobre sus propios problemas y crear un
basamento teórico que dé cabida y sirva de proceso de sopesación de los conocimientos (métodos, técnicas y principios)
originados en otras disciplinas, es uno de los aspectos clave del
desarrollo del trabajo social como disciplina científica. Posiblemente aquí radique una de las paradojas que han ocasio~ado la
disyuntiva de si se busca generar o no modelos propios de
intervención en el trabajo social.
El trabajo social es una disciplina científica que debe ~ener~r su
propio campo de conocimiento en su camp~ de e~tu?10 multifactorial. Al mismo tiempo, puede aceptar y aplicar tecrncas y conocimientos derivados de otras disciplinas. Pero los conocimientos
de otras disciplinas deben adecuarse a lineamientos teóricos
generados en buena parte por la disciplina propia de trabajo
social, a través de la investigación efectuada ~•iPcipal!lJentE: por
profesionistas de la disciplina dedicados a la tarea de investigar.
S. Una Propuesta de Intervención e Investigación.

Cuando se abordaba la ciclicidad del trabajo social en los EUA,
se observaba que pasaba, básicamente, de un humanismo a un
cientificismo y luego se repetía el ciclo. Se hacía notar que era
inusual encontrar una conjunción entre estos dos elementos. Aun
cuando en el trabajo social latinoamericano no se ha dado esta
ciclicidad, existen de cualquier manera problemas relacionados
con los mismos elementos: la pugna entre lo técnico y lo humano.
Seguramente existen partidarios tal vez recalcitrantes de uno y
otro punto de vista.
Sin embargo, y con el propósito de evitar una circularidad, es
importante mencionar que una combinación es lo aparentemente
mejor. Esto es, debe darse una conjunción de ambas perspectivas: (1) conocimientos técnicos obtenidos mediante el método
científico con respecto a los asuntos humanos y (2), la apropiación permanente en intervención e investigación, de una perspectiva humanista. Algunas de las características de dicha conjunción podrían ser:

1) El profesionista ejercería un rol humanista en su relación de
intervención en el ambiente social;

�102

2) Se auxiliaría de los conocimientos por él mismo producidos
mediante el método científico a nivel microscópico y macroscópico, a través de estudios realizados en la realidad de las personas;
3) El campo del trabajo social sería un campo donde confluyen
(es decir, que ocurren procesos cualitativamente diferentes) factores sociales, económicos, políticos, etc., pero no un campo
formado por factores de esa índole (situación de simple receptividad o combinación);
(4) Las técnicas de intervención serían el resultado tanto de la
práctica misma validada mediante los requerimientos científicos,
como de investigación con propósitos específicos de creación de
conocimiento nuevo.
El campo de intervención e investigación propio y único, cuya
naturaleza no puede ser explicada por cada una de las disciplinas
rela~ionadas con el trabajo social por separado, reafirma la
noción del trabajo social como disciplina científica: una disciplina
con un campo sui generís de intervención y de investigación,
mediante la utilización del método científico, pero con una actitud
humanista en el proceso de intervención y de investigac~ón.
La lección que deja la ciclicidad del trabajo social en los EUA, a
veces llevada por un tecnicismo de intervención demasiado vasto, y la naturaleza de la práctica en el trabajo social latinoamericano, es que debe evitarse la apropiación tanto de objetos de
estudio como de técnicas de una manera directa e irrestricta
proporcionadas por otras disciplinas mediante sus conceptualizacio_nes teóricas o prácticas. Es decir, el trabajo social en nuestros
pa1ses, ~ebe mantenerse alejado de la influencia circular que se
h_a seguido en los EUA: en vez de ser parte de la tendencia
circular, debemos buscar en las virtudes y fortalezas de la práctica
comunitaria que ya se poseen y dentro de nuestras culturas.
También se desprende que debe establecerse, ya que potencialmente sí existe, un campo propio de intervención-4nvestigación
con técnicas también propias, aplicadas a intervenir e investigar
en la realidad social que nos compete. De esta manera se
r~afi_
rmará a la d!s~iplina no sólo por derecho propio, sino con
te~_mcas y conoc1m1entos que eventualmente no sólo van a ser
ut1hzados por la disciplina misma, sino que pueden ser utilizados
por otras disciplinas para conocer mejor sus problemas de intervención y de investigación.
Si se ac~pta ~l pu_~to ~~ yista anterior, entonces es primordial
efectuar 1nvest1gac1on ding1da a la exploración y conocimiento de
las fue~zas culturales y personales de individuos y grupos de la
comunidad . Al conocer mejor la naturaleza de las fuerzas motivacionales y culturales tan típicas de nuestro entorno social,
podremos des arrollar mejores formas (más eficientes y eficaces),

103

de realizar la función profesional. Esto se lograría mediante la
investigación directa en grupos pequeños tales como familias,
casos individuales o grupos de habitantes. Esta investigación
microscópica se retroalimentaría con la investigación a nivel
macroscópico, es decir investigación descriptiva o explicativa que
utiliza técnicas tales como el muestreo.
En ningún caso debe olvidarse que el humanismo es la piedra
angular de la intervención profesional del trabajo social. Se posee
un campo propio de actuación resultado de una confluencia de
factores que no se manejan en ninguna disciplina hermana por
separado; se posee un humanismo al investigar e intervenir, que
permite evitar la frialdad en que algunas profesiones suelen caer;
se tiene el método científico que brinda apoyo para el conocimiento de la realidad.
Con estos tres elementos puede evitarse tanto la ciclicidad de
influencias técnicas, como la apropiación de herramientas temporalmente en boga de disciplinas hermanas del trabajo social. Se
evitaría imitar modelos y ser influenciado por novedades técnicas
que en ocasiones son de escritorio. Con una identidad propia más
firme y delimitada, la disciplina puede tomar con más solidez
rumbos propios y firmes, en su búsqueda para beneficiar a las
personas de nuestra sociedad.

A fin de buscar resolver, delimitar y definir los problemas aquí
abordados en cuanto al análisis del campo científico del trabajo
social, se sugiere que es necesario analizar o tomar decisiones
en los siguientes aspectos:

1. Contenidos académicos: si los libros de texto usualmente
utilizados como "modelos de intervención ," no corresponden a las
~ctiyid~des prácticas que se efectúan en el campo comunitario o
institucional, ya que los primeros poseen contenidos filosóficos
fundados en el materialismo dialéctico, mientras que las segundas siguen objetivos más funcionaJistas, es importante tomar
decisiones en cuanto a lo adecuado de los contenidos de los
modelos teóricos con respecto a las actividades prácticas en el
campo de acción. Lo que aquí se sugiere es que se abandone de
una buena vez la influencia filosófica, y se aborden los problemas
del objeto de estudio bajo una perspectiva de la ciencia natural.
2. El campo de estudio: ¿es el campo de estudio del trabajo social
un campo propio, o es el resultado de la suma de partes que
estudi~n otros campos como la sociología o la psicología? Aquí
se sugiere que el campo de estudio del trabajo social es un campo
propio, en el sentido de que no es producto de la suma de
elementos, sino del estudio cualitativamente distinto de la c ombinación de esos elementos.

�105

104

3. Generación de teoría, modelos y técnicas o simple aceptación:
¿la tarea de la disciplina consiste principalemnte en la aceptación
de técnicas de otras disciplinas hermanas, o debe generar sus
propias técnicas? La sugerencia es que el trabajo social genere
su propio basamento teórico, de modelos y técnicas para que
éstas sirvan, junto con una serie de criterios de aceptación, como
elementos de evaluación de las técnicas de disciplinas hermanas,
a fin de incorporarlas y utilizarlas, siempre que contribuyan a
resolver los problemas teóricos o de intervención que se enfrentan en la disciplina de trabajo social.

4.- Naturaleza de la motivación. ¿la participación de las personas
es resultado de su voluntad y proceso decisorio personal, o el
profesionista de trabajo social debe emplear y estudiar alternativas más directivas, que sin embargo siempre estén basadas en
el humanismo? Lo que se sugiere, es que no podemos dejar
únicamente a la voluntad y procesos decisiorio de la persona, la
fuerza de un programa de intervención. Deben existir herramientas más persuasivas, que sin embargo respeten los principios del
humanismo de la autodeterminación personal.

6 . Corolario.
Los profesionistas del campo social (trabajadores sociales, psicólogos o sociólogos), tienen que tomar una decisión con respecto
a su quehacer en los asuntos humanos, y entre más pronto mejor.
Ante las necesidades de la sociedad, una sociedad que cree en
el profesionista , éste tiene un compromiso no sólo práctico sino
emocional, ya que la sociedad espera de un profesionista no sólo
su estatus, sino su habilidad y humanismo conjuntados en él
como persona.
La sociedad es paciente, y lo fue aún más con aquellos que
realizaron prácticas emancipatorias que la sociedad, basada
simplemente en el sentido común, sabía que estaban exageradas, a pesar de la elaboración y pasión de los argumentos. Por
ello no reaccionó a las exigencias movilizadoras del ímpetu de
cambio social caótico. Por ello, y a pesar de la incomprensión por
su no participación, fue paciente, comprensiva y todavía apoyadora .
Nuestros pueblos merecen que nos decidamos a participar real·
mente, aplicando lo mejor de nuestro esfuerzo y conocimiento
científicos, a la comprensión, solución y mejoramiento de las
condiciones de vida personales y comunitarias. Se debe buscar
dar respuesta a las esperanzas que siempre han puesto en los
profesionistas, sin importar la rama a la que se pertenece, espe·
ranzas que existen, y que en ocasiones hemos demorado responder.

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�LA PANDILLA JUVENIL: PARTICIPACIÓN O
ALEJAMIENTO
José Lorenzo Encinas Garza

En América Latina, el término "población marginal" generalmente
es aplicado para denominar a los habitantes de los conglomerados urbanos pobres. Es bien sabido que esta población, en buena
medida, constituye un producto directo de la marginación de los
habitantes del campo que migran hacia las ciudades, causada
por el desequilibrio ecónomico que resta oportunidades de desarrollo a las comunidades rurales y concentra la riqueza en las
zonas urbanas. De tal suerte, el comportamiento de estos pobladores también es señalado y etiquetado frecuentemente como
marginal.
En otra parte (Encinas, 1994) hemos hecho mención a la manera
en que eran conceptualizadas algunas formas de comportamiento juvenil por la escuela estructural funcionalista, en la que a
menudo solían emplearse términos tales como: disidencia , separatistas, etc., explicándolos bajo el marco de la desviación social
y enca-sillándo a los jóvenes como delincuentes, locos, inadaptados, etc.
En los años sesenta hace su aparición la cultura underground, a
la par de la expansión de la música de Rock. Por lógica, las
bandas juveniles de ese tiempo adoptaron tipos de comportamiento, influenciados por esos movimientos tan de moda en la
época, cuestionando a la moral imperante y al sistema capitalista;
al mismo tiempo, pregonaron la paz en el mundo mediante
posturas ideológicas que muchas veces chocaban frontalmente
contra la de quienes ejercían el poder.
Para designar a estos grupos de jóvenes, se empleó el término
de subculturas, entendidas como:
... una subdivisión de la cultura nacional que resulta de
la combinación de factores o situaciones sociales tales
como la clase social, la procedencia étnica, la residencia regional, rural o urbana de los miembros, la afilia-

�111

110

ción religiosa, y todo ello formando, gracias a su combinación, una unidad funcional que repercute integramente en el individuo miembro (Wolfang y Ferracuti,
1971 :116).
Ahora bien, la subcultura, desde el punto de vista estructural
funcionalista, no es más que un componente del sistema social
en su totalidad, pero la subcultura juvenil es caracterizada por:
«un status y formas de comportamiento distintos a la de los
adultos, donde se permite, hasta cierto punto, la experimentación
tran-sitoria con nuevos valores y estilos de vida» (Villafuerte,
1985:57).
Este estatus asignado a los jóvenes es determinado por los
adultos, que son en cierta medida los encargados de etiquetar y
encasillar a la juventud en todos los aspectos de la vida social en
que los jóvenes pueden tener cierta participacion. Para Luz María
Guillén, la preocupación de los adultos sobre los jóvenes gira
alrededor de dos ejes: 1tformación y el control
En primera instancia, para el adulto es indispensable y
fundamental que el joven se prepare y adquiera una
especialización suficiente para incrementar el suficiente nivel de vida y el progreso ( el papel predeterminado
de la juventud como fuente de progreso); el mismo
tiempo, procura que el joven se identifique con los
objetivos de la sociedad, es decir, "cuida" que no se
aleje de los límites de la socialización al orden social
(Guillén, 1985:39).
Lamentablemente, los jóvenes viven en un mundo donde las
reglas que se aplican a toda la sociedad son elaboradas por los
adultos. Para Howard Becker, se trata de algo normal y lo justifica
afirmando que «Esto se considera legítimo, ya que se cree que
los adolescentes no son lo sufucientemente sensatos ni responsables para crear reglas adecuadas para si mismos» (Becker,
1975:153-154).
Con la asignación de roles y estatus para el desenvolvimiento de
los jóvenes en sociedad, de antemano presuponemos que éstos
no son capaces o, mejor dicho, no pueden autogestionarse, y la
función que les sea asignada dentro de la sociedad será determinada por los adultos. Esta situación se manifiesta en casi todos
los aspectos sociales participativos de la juventud, entre los que
se pueden encontrar:
En el aspecto laboral, a los jóvenes les toca desempeñar trabajos que requieren menos calificación, menos
responsabilidad; son los despreciados por los adultos,
y, por lo tanto, los menos remunerados. En el plano
legal, se reglamenta el límite de la participación juvenil

para trabajar, votar, contraer matrimonio, etcétera. En
la vida cotidiana, tiene casi en exclusiva el ocio, el
ridículo, la experimentación la flexibilidad sobre ciertas
normas, el enamoramiento y quizás hasta la locura (el
relajamiento de ciertas normas) (Guillén, 1985:42-43).
Los jóvenes, al ser encasillados y etiquetados en todas sus
esferas de participación social, viven en una especie de jaula
cerrada donde no pueden salir al exterior; y si acaso llegaran a
salir, debe ser por los caminos que los adultos o la sociedad
señalan. (Educación y trabajo; pero para los que no tienen acceso
a estos conductos, o están lejos de una incorporación inmediata,
? qué realidad, qué problemática les espera?) En cambio, los
adultos sí pueden mirar y hasta entrar a esa jaula sin que los
jóvenes puedan incomodarse por la invasión de su corto espacio
social predeterminado. Es por ello que, ante esta situación frustrante, los jóvenes tienen que refugiarse en cualquier tipo de
conductas alternativas para desenvolverse y actuar de acuerdo
a sus propias reglas y no a las impuestas por los que ejercen el
poder.
Milton Yinger recopiló algunos de los artículos que empleaban el
término subcultura. Luego de examinarlos muy a fondo, introdujo
otro concepto: el de contracultura.
Y ya he apuntado que el vocablo "subcultura" se emplea para desigar las normas tradicionales de una
subsociedad, así como las que vienen a generarse
debido a una situación conflictiva y frustadora. Mi ponencia hacía ver que existen diferenciaciones entre las
normas tradicionales y las de la nueva generación, por
cuanto el origen de unas y otras, su función y su
perpetuación; asimismo, hago ver que podría beneficiar al análisis sociológico el empleo del concepto
"contracultura" para denominar a las normas generadas por la presión conflictiva que mencionábamos
(Wolfang y Ferracuti, 1971 :118).
Es necesario confrontar el término subcultura al de contracultura,
debido a que el primero considera a la subcultura como un
producto de la movilidad social horizontal y no tiene ninguna
participación en otras esferas de actividad, solamente en las que
se generan en su interior; también a menudo es considerada
como una parte activa dentro de la estructura social. El t érmino
contracultura es el que más se aproxima a la realidad de las
bandas juveniles, ya que se presupone una conciencia de la
situación social vigente, lo que tiene como consecuencia un
estado de inconformidad que se reflejará en actos y movimientos
contestarios en contra del sistema imperante en la sociedad. Para
desgracia de los jóvenes, ellos mismos son los más afectados por
estos movimientos contestatarios. Desafortunadamente, al crear

�113

112

sus propias formas de expresión en las que pueden desenvolverse libremente por ejemplo, la banda juvenil resulta una regresión o un estancamiento dentro de las expectativas de vida
impuestas por el sistema social.
Las bandas juveniles se manifiestan de distintas maneras dentro
de la sociedad, ya sea inmediatamente en íntima relación con el
medio en que se desarrollan, o conformándose como movimientos contestatorios Quchas feministas, estudiantiles, ecologistas,
obreras, etc.). Los chavos banda se manifiestan en lo inmediato
como una respuesta del medio social, si bien podrán constituirse
como una alternativa juvenil, no podrán conformarse como una
práctica que plantee nuevas alternativas en su coexistencia con
otros sectores de la sociedad. Estos jóvenes son esclavos de la
moda, de la televisión; ni siquiera llegan a comprender el motivo
y la significación de su imagen, imitada, por supuesto. Estos
jóvenes portan una máscara , con un rostro rebelde y temido; pero
lamentablemente, esa fisonomía , esa forma de ser, es regida por
la ley de la oferta y la demanda que convierta las manifestaciones
juveniles en mercancía y la probable rebeldía en conformismo,
restando la posibilidad de lucha en contra de aquellos que los
tienen sumergidos en esa situación. Pero eso sí, luchan encontra
de los mismos chavos banda reflejan su misma imagen y se hallan
sumidos en la misma condición; los rechazan, los niegan, porque
se tiene pensado que pueden restar competitividad (robar
cámara) entre los jóvenes de su misma condición. Recordemos
que estos chavos forman parte y están sujetos a la ley de la oferta
y lademanda, viviendo , por lógica, en una sociedad en la que lo
cotidiana es eso: competencia. Estos chavos banda prefieren la
destrucción que la construcción, lo inmediato que lo planeado, lo
mío en vez de lo nuestro. Contraponiendose a esta manifestación
del chavo banda, están aquellos que no conformes con rebasar
los límites de la tolerancia moral, se enfrentan y luchan en contra
del desempleo y de la hostilidad represiva . estos chavos banda
no viven para consumir; al contrario, consumen para vivir; sus
prácticas inmediatas son diferentes y por eso han constituido
movimientos con verdaderas alternativas juveniles (los hippies,
la generación beat, etc.) que a la vez sirven de apoyo a otros
movimientos juveniles. Estos rebeldes con causa y la imagen
proyectada por ellos es consecuencia dirtecta de las condiciones
sociales que las originan y al mismo tiempo las difunden.
Estos chavos banda serán calificados como verdaderos sujetos
peligrosos y encasillados bajo conductas delictivas por el simple
hecho de ser diferentes a los demás jóvenes en la sociedad. La
manera como serán controlados estos chavos banda será el
aislamiento total, ya sea en la cárcel o en reformatorios, y a
menudo servirán como argumento novelero y moralista para el
"cómo no deben comportarse los jóvenes " en la actualidad. Estos
chavos banda construyen en vez de destruir, piensan antes de

actuar, consideran que la unión es mejor que la división. Los
chavos banda entran en la anterior conceptualización, puede
afirmarse que son jóvenes cuya actitud contestataria va dirigida
más allá de lo cotidiano, y podrán llegar a conformarse como una
opción más para escribir su propia historia.
Herbert Marcuse, en Cultura y Sociedad, emplea el término
"cultura afirmativa" para designar aquel tipo de comportamiento
que oculta las condiciones sociales de vida, enfocando lo gratuito
y lo bello, desdeñando lo útil y lo necesario (Marcuse, 1970). Esta
cultura se contrapone al mundo de la utilidad social y los fines
mediatos. Con las debidas reservas, hemos de considerar la
protesta juvenil como una forma de conducta afirmativa, pues
...es una respuesta de afirmación en una sociedad que
define la crítica de la juventud radical como psicopatológica, en lugar de considerarla como una manifestación de elevada conciencia y de salud intelectual
(Cabañas, 1981 :51).
La protesta juvenil cumple una función muy importante y primordial en la sociedad, debido a que manifestarse abiertamente en
contra de las formas de dominación y represión abre la posibilidad
de constituirse como una nueva manifestación cotidiana de la
juventud ante situaciones adversas, y porqué no decirlo configurarse, si la coyontura es favorable , como gérmenes de un posible
movimiento social.
Las formas de protesta juvenil han planteado, a lo largo del
tiempo, la búsqueda de nuevas opciones y mecanismos para
afrontar su problemática. Pero se ha demostrado que los jóvenes,
además de la propia, frecuentemente enarbolan la bandera de
otros grupos sociales reprimidos. Al respecto, Edgar Montiel
sostiene :
La protesta juvenil (ha venido así a) cumplir una verdadera función social en particular, aunque solamente
frente a los sistemas políticos estacionarios, no participativos, formados por estructuras graníticas propias de
las oligarquías. El activismo, sus ímpetus, su imaginación organizacional, jugaron un papel detonante, de
"disuasión" de las conductas intolerantes que rigen la
sociedad, y en cierta forma se constituirán como gérmenes del contrapoder (Montiel, 1984).
Estas formas de comportamiento juvenil han logrado consolidarse, poco a poco, como verdaderos movimientos alternativos
con capacidad de trascender más allá que otros. Algunas bandas
juveniles han adoptado una actitud frontal y política en contra de
aquellas situaciones que forman parte de la lógica marginal del
chavo banda; han conformado organizaciones de lucha en contra

�114

115

del empleo, la represión policiaca, las paupérrimas condi~io!1es
de vida, etc. Gradualmente, las bandas han logrado_const1tuirse
como verdaderos movimientos sociales. Alan Tourame propone
que deben presentarse dos condiciones para el desenvolvimiento
pleno, y la transformación de las manifestac!ones contraculturales en movimientos sociales propiamente dichos:
La primera es que exista un _espacio autónomo, o sea,
un conjunto de instituciones qu~ permitan la expresi?n,
al mismo tiempo que el tratamiento, al menos parcial,
de los conflictos sociales. La segunda es que exista
una sociedad considerada como una capacidad de
definir los conflictos centrales (Touraine, 1982:692).
Si la coyuntura es favorable, las bandas juveniles se co~vi~rten
en verdaderos movimientos sociales. Entonces, por mov1m1ento
social debemos entender «una acción colectiva organizada entablada contra un adversario social y por la gestión de medios a
través de los cuales una sociedad actúa sobre s í misma y sobre
sus relaciones con el entorno». (Touraine, 1982:689).
Hay muchos tipos de movimientos sociales; por citar algunos, lo:&gt;
ecologistas, feministas, obreros, homosexuales, etc. Estos movimientos si bien han sido ridiculizados o satanizados por la
ideologí~ dominante, han constituido verdaderas alternativa~ de
reivindicación para los grupos no conformes con su encasillamiento y sumision a la sociedad. Mayda Alvarez, siguiendo la
conceptualización de Touraine, considera que un movimiento
juvenil se presenta
... si un cierto grupo de jóvenes, definidos en términos
sociales ( y no biológicos y/o legales}, tomara conciencia de actor colectivo enfrentado a un adversario (que
no debe limitarse a la idea de gobierno, sino a un
concepto más amplio de relaciones de poder) ambos
trataran de dirigir o apropiarse de recursos culturales
considerados de gran importancia (Alvarez, 1985:53).
La problemática del movimiento juvenil, además de la marginación impresa por el hecho de ser generada por los jóvenes,
radica en que no son visualizados como lo que pretenden llegara
ser; al contrario, son desconozidos y satanizados con el fin de
controlarlos e impedir que se constituyan como verdaderas alternativas al desenvolvimiento pleno y libre de las inquietudes
juveniles.
Las reacciones de las sociedades ante tales movimientos persiguen un mismo objetivo:
...Odentificar) la subersión (juvenil) con intereses meramente juveniles y por lo tanto temporales ('son jóvenes, ya se les pasará"), habiéndole quitado el carácter

totalizador de la propuesta (Rueda y Maza Pesqueira,

1985:115).
Jean Monod ha observado este proceso en varias naciones
europeas, en las que la subordinacion ideológica de los jó_venes
hacia el sistema social imperante tiene como consecuenc~a que
todas las concepciones sociales sobre la juventud convel)an en
un solo aspecto:
.. .fabricar adultos según el modelo moderno, socializar
las masas, perpetuar la estructura de clases y convertir
a la juventud en un simple perio~o de transición hacia
la realización de ese modelo; al igual que, de manera
general, la idea que ~nima a los_hered1=:r?~ d~ , la
civilización industrial es imponer su tipo de c1v1hzac1on,
su tipo de hombre, su ideología, por todo el planeta
(Monod, 1980:374).
Franco Rositi, en Historia y teoría de la cultura de las masas,
considera que en las sociedades capitalistas contemporáneas la
cultura de las masas ha llegado a convertirse en un discurso que,
además de la influencia de las instituciones socializadoras, convierte el mensaje de les medios masivos de comunicación en
contenidos sistemáticos dirigidos a la población juvenil.
La asimilación de este discurso por parte de los jóvenes presenta
dos tipos de consecuencias:
En condiciones de marginalidad social que exalta las
capacidades de percepción analítica del ambiente, los
adolescentes y los jóvenes son expuestos al sistema
de valores cuya lógica está dirigida permanentemente
a amalgamar tendencias contradictorias, o al menos,
potencialmente divergentes. La típica reacción a este
contacto es la de reforzar una propia identidad juvenil,
favorecida por otra parte con el aislamiento institucional de los jóvenes en la escuela y la derealizar una
decisión simplista, al optar consiguientemente por uno
de los dos componentes resultantes de la ruptura de la
síntesis cultural existente (Rositi, 1980:219).
Diversos movimientos han llegado a conformarse como tales,
favoreciendo la identidad juvenil; por ejemplo, las bandas juveniles, que constituyen verdaderas alternativas de desarrollo para
las manifestaciones y sentimientos de inquietud propias de sus
integrantes, los que en su mayoría presentan altas tasas de
desempleo y una farmacodependen cia andémica, que se agudiza
cada vez más en ciudades como México, Guadalajara, Monterrey, etc. Estos jóvenes integrantes de pandillas han ll~~ado ~
construir verdaderos movimientos en contra de la repres1on poh-

�117,

116

ciaca y las pocas oportunidades de desarrollo que el sistema
brinda.

avanzan a pesar de la intransigencia de los sectores conservadores.

La reacción de la sociedad ante movimientos contestatorios llava a cabo un proceso de control y les impide
constituirse en movimientos más estrictamente politicos (...) si no hacen desaparecer el movimiento, lo
controlan en un espacio de marginalidad, quitándole
así toda posibilidad de generalización (Rueda y Maza
Pesqueira, 1985:115)

Los chavos banda y sus organizaciones también sufren la intransigencia de los sectores moralistas y conservadores que los
consideran como organizaciones satánicas, cuyo único objetivo
es robar, violar, drogarse; en pocas palabras, los consideran
enfermos sociales, y el antídoto a esta enfermedad sería una
buena dosis de represión, acompañada de la reclusión en una
institución reintegradora (cárcel) para que los chavos banda no
brinquen de su corto a nulo espacio social predeterminado.

Otra manera de restar potencial a los movimientos juveniles,
además del control que les impide erigirse en políticos, es la
represión canalización, que, en palabras de Franco Rositi, obstruye las posibilidades de difusión de los contenidos así como los
potenciales de acción de esos movimientos.
(Que todo) lo relacionado con los procesos de asimilación y refuncionalización está encargado, en buena
medida, a la industria cultural generada en las modernas sociedades de masas; éstas se apropian de los
mensajes, contenidos, formas y expresiones juveniles
culturales, para retraducirlos de acuerdo con patrones
comerciales (Rositi, 1980:219)
Esto tiene como consecuencia que
...la integración de la cultura juvenil al mercado cultural
de masas, simplificándola, reduciéndola y estandarizándola a los cartabones del consumo en serie que se
reproduce gracias a los medios de difusión masiva
privados o estatales y muchas veces transnacionales
(Rositi, 1980:219).
El proceso de incorporación de las formas y expresiones culturales juveniles al sistema de comunicación masiva, y por lógica
a la sociedad en general, es realizado por los adultos y por las
clases en el poder.
En la actualidad se han conformado verdaderos movimientos
sociales alternativos de aquellos sectores de la población que
sufren una marginación de tipo político-cultural; citemos, por
ejemplo, a las mujeres que, además de vivir en una sociedad en
la que el machismo se ha considerado a lo largo del tiempo como
la forma de conducta dominante de la población masculina en
todos los espacios de participación social, sufren un reconocimiento única y exclusivamente como objetos de placer fabricantes de hijos; sólo eso nada más. Los sectores femeninos, ante
esta situación, handebido "fabricarse" un espacio político para
repeler las agresiones de la estructura social machista. Afortunadamente, los movimientos feministas, aunque poc o a poco,

Estos chavos banda crean un mundo propio e ideado por ellos
mismos en el que sólo pueden vivir aquellos jovenes que, por
determinadas razones muchas veces creadas por elementos
ajenos a ellos, deben formularse, aunque de una manera limitada,
concepciones e ideales aplicables solamente a los chavos banda
o a los sectores políticamente marginados.
Es por eso que la banda juvenil es más que un simple grupo
social : es un espejo de reciprocidades, donde las carencias de
los jóvenes componentes son satisfechas de inmediato, no por la
solidez de la banda corno grupo social.sino por la condición de
marginales que requieren un espacio en el cual puedan desenvolverse con libertad de acción plena. Es esta solidaridad la que
mantiene unida la banda juvenil. También es ésta la que permite
su visualización como tal, al robar, al consumir drogas, al reñir
con otras pandillas; todo realizado como grupo. Esta característica, con las debidas reservas, es lo que Lomnitz denomina
"las redes de intercambio reciproco" (Lomnitz; 1984:27) que
aplicó a las barriadas pobres para señalar los mecanismos de
supervivencia creados por los habitantes para superar las condiciones imperantes en esos núcleos poblacionales.

A menudo se piensa que los integrantes de las pandillas ni
siquiera tienen la capacidad de crear; solamente destruyen, y si
acaso, por iniciativa propia, llegasen a crear algo, será con el
único fin de proporcionar mayor armonía y acercarse más a su
condición de chavo banda. Pero detrás de todo lo que se drga o
escriba sobre las formas de expresión de los miembros de las
bandas juveniles, debemos pensar que «las prácticas y símbolos
de la banda constituyen tanto la respuesta a las condiciones
sociales del medio como una máscara que les permite ocultarse»
(Lagree. 1985:62).
Por lo tanto, la acción crestiva de las bandas juveniles rechaza ,
transforma, reacciona y, además,
..responde a las estimulaciones que le vienen de las
clases dominantes. Por el juego de la relación de
diferentes instancias entre ellas, y de la lucha de

�118

119

clases, que intervienen sobre estos sectores sociales
específicos, es que los grupos reaccionan activamente
en la producción de su propio dominio cultural {Lagree,
1985:62-63).
Los creadores de estas formas de conducta alternativa juvenil no
son producto de la casualidad; atrás de ellos hay un sinnúmero
de factores que han tenido como consecuencia la creación de
diversas formas de comportamiento y actividad cotidiana entre
los jóvenes.
Los chavos Banda, como parte del subproletariado responden
activamente ante la crisis, producen un sinnúmero de formas de
expresión juveniles; en palabras de Lidia Menepace, ésta es la
única producción permitida a quienes no tienen la esperanza de
encontrar un trabajo (Menepace, 1979:48)
Por último, señalaremos que ideñtiticar a la pandilla juvenil como
un alejamiento de los jóvenes con respecto a las instituciones
sociales, y considerar esto como postulado válido y universal es
muy cuestionables, dado que la pandilla es un intento eminentemente juvenil por poseer sus propios espacios de participación
social, la cual se halla al margen de las normas impuestas, y tal
vez por esta razón se le identifique como un alejamiento. Pero
debemos también tomar en cuenta que una forma de participación juvenil es la pandilla misma, una agrupación que se
configura como lo nunca poseído por los jóvenes: una cultura
propia.

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�INDIGENAS E INDIGENISMO EN LA CUENCA
AMAZÓNICA DE ECUADOR Y COLOMBIA
Raúl Eduardo López Estrada1

Las poblaciones indígenas.

Los indígenas de Colombia y de Ecuador fueron los primeros
pobladores del área. Datos compilados en fuentes históricas
demuestran que el actual territorio de los dos países estuvo
poblado por numerosas étnias que, después de la intervención
colonial, fueron expulsadas hacia regiones aisladas y cada vez
menos productivas debido a los procesos de explotación de los
recursos naturales (Costales y Costales, 1983:34-48).
Esta situación histórica no difiere de lo sucedido en muchos
países de América Latina, en donde los procesos de colonización
y de construcción nacional afectaron a las poblaciones de indios,
modificaron su habitat y los sistemas tradicionales de reproducción sociaL Se trata de poblaciones que actualmente viven un
proceso de integración social al sistema nacional y que están en
vías de una campesinización creciente motivada por la expansión
de la economía nacional.
Este proceso histórico de los sistemas rurales en los que se
insertan las comunidades indígenas se ha acelerado en los
últimos tiempos. En el caso de la región de la cuenca amazónica
de los rios San Miguel y Putumayo, zona que comparten Colombia y Ecuador, el desarrollo reciente de la explotación petrolera,
la colonización, los fenómenos sociales ligados a cultivos ilega-

1

1 Profesor e investigador de la Facultad de TrabaJO Social de la Universidad Autónoma de
Nuevo L eón.

�123

122

les, los movimientos sociales de guerrilla y la presencia de las
fuerzas armadas, han motivado impactos sociales que afectan a
la población indígena.
En el proceso histórico de exacción de recursos naturales, los
indígenas fueron la población más afectada por la explotación del
caucho, la madera y el oro, y más recientemente por la expansión
del sistema dominante a través del proceso de colonización. En
e~ecto, después del descubrimiento del petróleo en Orito, Colombia, durante 1962 y en 1968 en Lago Agno en Ecuador, las poblaciones indígenas han vivido los efectos derivados de esta actividad que fomentó una expansión de la colonización, vía la apertura
de nuevas rutas para la explotación petrolera, así como de una
intensificación de problemas ligados al cultivo de productos ilegales, la guerrilla y la presencia de las fuerzas armadas en el caso
de Colombia. Sin atribuir a estas situaciones el origen de toda la
problemática actual de la región, es necesario afirmar que su
presencia ha intensificado una situación conflictual en la que las
poblaciones indígenas han llevado la peor parte por el impacto
ecológico y social derivados de las actividades mencionadas.
En la actualidad, existen en el área de influencia del Plan Binacional de Ordenamiento y Manejo de l&amp;s Cuencas de los Rios San
Miguel y Putumayo nueve etnias que agrupan aproximadamente
a 73,138 indígenas. En el caso de Ecuador, existen cuatro grupos
étnicos nativos que dan a la región una gran diversidad cultural y
social. Su población total se estima en unos 61 ,800 habitantes
(Uquillas, 1988:101). En Colombia , la población indígena es
menor, aunque no por ello menos importante si consideramos que
constituyen el 12% de la población del actual departamento del
Putumayo (Sarmiento, 1991 :2). Actualmente existen siete etnias
que agrupan aproximadamente a 11 ,338 personas.
Las cifras en este caso son ilustrativas de los pueblos nativos que
habitan esta región; sin embargo, la población indígena es mayor
si consi~eramos a los indígenas que emigraron de la sierra y que
se han instalado como colonos. No obstante la importancia de
este !enómeno, ~o s~ _dispone de_información demográfica que
permita su cuantificac1on. Esto es importante si se considera que
del tota\ de colonos en la amazonía ecuatoriana, el 70% proviene
de la sierra, en donde el grupo étnico es predominantemente
Quechua . En la zona colombiana este fenómeno es ilustrado en
forma similar por las migraciones de los Embera-Chami Paeces
y Awa-Kwaiquer.
'
~d~más de los ~:3mbios inducidos por el exterior, las poblaciones
md1genas tambIen han manifestado transformaciones sustanciales y han experimentado una serie de conflictos sociales a nivel
de grupo: entre generaciones, entre tendencias modemizantes,
generalmente auspiciadas por gente jóven en proceso de aculturación y tendencias tradicionales representadas por los viejos

yen muchos casos por las mujeres. Igualmente se ha destacado
que para algunos autores, «la rapidez de ciertos cambios ha producido una desorientación o formas de anomia» (PRONAREG0RSTROM-ILDIS , 1980:75)2. Sin embargo, a pesar de esta
tendencia, las nuevas generaciones han sentido la necesidad de
organizar a su pueblo y crear conciencia de su cultura y de la
necesidad de luchar por sus derechos a la tierra, a la autogestión
ya la autodeterminación. Como consecuencia, desde la década
de los 60s se han formado varias organizaciones a nivel de
comunidades y aún a nivel de federación, agrupando a las diferentes asociaciones de la provincias.
Relaciones interétnicas.
Las relaciones interétnicas en la región constituyen un fenómeno
que data de la época prehispánica, aunque el conflicto bélico fue
la regla del pasado. Sin embargo, las fuentes históricas mencionan los intercambios comerciales entre etnias pobladoras de
la gran sabana amazónica y aquellos de la región andina. Actualmente, el contacto e intercambio es todavía frecuente e incluso
de colaboración, sobretodo en aspectos políticos; tal fue el caso
del paro indígena en el Ecuador en 1990.
No obstante, esta situación no ha estado desprovista de una
asimetría en cuanto al poder económico y político que posee cada
étnia_debido al peso demográfico y a la capacidad de negociación
que tiene. Un buen ejemplo de ésto son las relaciones interétnicas
a través de las organizaciones indígenas. Son ellas las que
establecen contactos con las sociedades nacionales y con otros
grupos aborígenes. En la región de esta cuenca del Amazonas
se encuentran tres tipos principales de organizaciones: las de
primer grado que son las organizaciones locales; las de segundo
grado que son de tipo regional y agrupan las organizaciones
locales, y las de tercer grado aglutinan a las regionales. Véamos
las primeras.
Por una parte se tiene a los cabildos, que es una organización
que data del tiempo de la colonia española. Hoy día es considerada como la organización tradicional por la que se rigen las
comunidades indígenas. Por otro lado existen las Juntas de
Acción Comunal que representan la política nacional. En los dos
casos son organizaciones locales que únicamente agrupan a la
población de las comunidades .

2 Citado por Uquillas (1988 105)

�125

124

En relación al segundo tipo de organizaciones, se tiene que en
esta región existen siete organizaciones de segundo grado que
agrupan a comunidades por etnia en el caso del Ecuador y una
que aglutina a los diferentes grupos del Putumayo. En el primer
caso, se trata de las organizaciones Quechuas: FCUNAE, FOlSE,
FOIN, FOCIN; éstas representan a la mayoria de la población
indígena en este país y es el grupo étnico más agresivo en su
desarrollo y expansión territorial y político, pues a la fecha ha
captado gran parte de los territorios que ancestralmente fueran
tierra de los Cofanes, Sionas, Secoyas, Huaoranis, Tetetes (extinguidos) , y de los Záparos, Omaguas y Quijos (estos tres últimos
grupos asimilados por los Quechuas). Asimismo, tenemos a la
ACOINCO, que representa a las comunidades Cofanes; la OISSE
a los Sionas-Secoyas, y la ONHAE para los Huaoranis. En
Colombia sólo existe la OZIP que reune a todas las etnias de la
zona.
Las organizaciones de tercer grado agrupan a todas las étnias de
sus propios países; por lo tanto tienen ingerencia en la región que
nos ocupa . En el cas o del Ecuador, tenemos a la Confederación
de Nacionales Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana (CONFENIAE), que a s u vez es miembro de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE), y en Colombia a la
Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).
Relaciones colono-indígena.
Si las relaciones entre indígenas y colonos datan del período
colonial, no ha sido sino en las tres últimas décadas cuando se
ha acelerado el contacto entre ellos, enmarcándose en un contexto de imposición relativamente rápido y violento de una cultura
dominante hacia otra dominada. Así, mientras los indígenas han
sido la población pasiva, los colonos han impuesto sus valores y
sus formas de comportamiento, provocando una situación de
desigualdad. Una explicación de este proceso es que la gente
mestiza de la sierra, al llegar a la amazonia, entra en zonas que
no cuentan con representantes de la categoría blancos (clase
alta) y al, parecer se atribuyen membresía en la categoría de
blancos. Esto significa que hay la tendencia a replicar relaciones
de desigualdad, características de los andes ecuatorianos, en las
que . los nativos ayiazónicos son de la clase baja, e_xplotada
(Wh1tten, 1975:59) .

3

Citado por Uqu1llas ( 1988 122)

No obstante esta situación asimétrica, el problema es mucho más
complejo. En la actualidad, en la región de la cuenca del San
Miguel y Putumayo (PSP) se encuentran muchos colonos que en
su lugar de origen eran indígenas y que en su migración eliminaron su pertenencia a una étnia para asentarse como "paisas"
(colonos). No fue sino hasta hace poco tiempo, que estas poblaciones migrantes han reivindicado su carácter de indígenas para
tener derecho a la posesión territorial; tal es el caso de algunas
poblaciones Quechuas en el Ecuador y de los Awa-Kwaiker, los
Embera-Chami y los Paeces en Colombia.
Politica indígenista.
En cuanto a la política indigenista, sabemos que es dispersa y
variada. No existe un equilibrio en los datos que se disponen para
cada país. Así por ejemplo, mientras que en el Ecuador la información es poca y dispersa, en el lado colombiano es detallada
acerca de los procesos actuales que se reflejan en recientes
modificaciones constitucionales favorables a los indígenas.
Sin embargo, a pesar de ello, en Colombia hay una excesiva y
repetitiva política indigenista que cuenta con tantas definiciones
como instituciones gubernamentales actuantes hay en la región.
Cada organización define sus propios objetivos, sus estrategias,
sus políticas, sus metodologías y su selección de programas para
la ejecución de planes de inversión.
Así, esta situación refleja una asimetría en cuanto a la disponibilidad de la información en las dos áreas que incluye el plan
binacional. Por una parte, es observable que la cuestión de su
disponibilidad acerca de la estructura básica de los servicios para
las comunidades indigenas no existe en el caso ecuatoriano. Por
otra parte, se tiene un inventario de proyectos en las provincias
amazónicas de Napo y Sucumbíos y un programa de desarrollo
y favorecimiento institucional para el sector público de las provincias amazónicas que incluye las instituciones y políticas nacionales de intervención para el desarrollo, pero que se caracteriza
por la falta de información específica para las comunidades
indígenas.
Esta situación es el resultado de diferentes políticas nacionales
indigenistas en los dos países . A pesar de que el Ecuador cuenta
con una población indígena numerosa, el gobierno nacional ha
evadido la definición de la problemática y de su solución. Por
ejemplo, no se menciona en las estadísticas oficiales la presencia
de los indígenas; asimismo, las políticas de población elaboradas
por el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE) no mencionan
la palabra indígena, nativo, selvícola , etc., evadiendo la cuestión
de una realidad multiétnica. Probablemente el problema tiene su

�126

origen en el artículo primero de la Constitución Política de este
país que considera a todos los habitantes del Ecuador como un
grupo homogéneo.
De tal suerte, podemos decir que no existe en el Ecuador una
política indigenista definida, sino acciones parciales adoptadas
en relación al problema de la tenencia de la tierra de los grupos
nativos, así como planes de salud y de educación bilingüe.
Muchos ministerios y dependencias tocan de alguna manera el
problema; sin embargo no existe una política clara en relación a
la población indígena, ni tampoco una institución que trate realmente de solucionarla.
Esta falta de definición, en relación a la problemática indígena
ecuatoriana, se ha reflejado en un movimiento de lucha social
intensa por parte de los grupos organizados nativos que tuvo
como corolario el paro nacional indígena en 1990, en el que se
hicieron presentes las demandas de los indígenas, el análisis de
su contenido político y las implicaciones de su lucha (para la
ilustración de este fenómeno véase la síntesis hecha por el ILDIS
en 1991).
La situación es diferente en el caso de Colombia, donde se ha
definido claramente una política nacional indigenista y en donde
el Ministerio de Gobierno incluye un Departamento de Asuntos
Indígenas para solucionar los problemas más apremiantes de los
grupos étnicos. Actualmente, además de fomentar una participación activa de los indígenas en la política nacional con la
creación de dos curules en el senado para los indígenas (como
lo establece la nueva constitución de 1991), ya se cuenta con
bases para la actuación en una política oficial.
La intervención del Estado.
A partir de la década de los años 60, se aceleró la integración en
las políticas nacionales a la región del PSP por medio de la
explotación de los recursos naturales no renovables y renovables,
lo que provocó la consecuente concesión de extensos territorios
a las transnacionales petroleras, dado el supuesto que los territorios eran considerados baldíos.
Del mismo modo, la apertura de carreteras de penetración y
trochas de explotación en el bosque amazónico, en el caso
ecuatoriano, produjo un nuevo fenómeno migratorio hacia la
región, primeramente por la utilización de mano de obra no
calificada por parte de las empresas petroleras para la construcción de trochas, campamentos y helipuertos que luego se convertirían en colonias.
También, como producto de las políticas de colonización aplicadas por el Estado, y como una forma de desahogo de la gran

127

cantidad de fuerza de trabajo desalojada en el agro serrano, se
produjo un proceso gradual de colonización, apoyado por el
Estado por medio de sus instituciones de desarrollo regional. En
este proceso de colonización, se legitimaron títulos de propiedad
a poblaciones que acudían a la región, a causa del deterioro de
sus zonas por efecto de la degradación de los suelos, el clima, el
medio ambiente y que el Estado trataría de solucionar con la
ampliación de la frontera agrícola .
Las instituciones asentadas en la región no estuvieron preparadas para el reto de enfrentar un escenario de tanta diversidad y
no lograron incorporar las variables necesarias para entender la
problemática amazónica y su proceso histórico, pues no consideraron aspectos como: las nacionalidades indígenas, la biodiversidad, la fragilidad del ecosistema, las sociedades antiguas de
colonias.
Así también, no se ha tomado en cuenta la complejidad de esta
región, lo cual ha llevado a cometer errores y a tratar el problema
como un todo monolítico, o a lo mucho darle un punto de vista
sectorial que para el caso es insuficiente. Asimismo, en su quehacer cotidiano y público, estas instituciones se han constituido
en organismos de legitimación de la tenencia de las tierras
colonizadas y de apoyo asistencialista indiscriminado a las necesidades de estos asentamientos. Esto lo han hecho a través de
un discurso desarrollista, sin considerar los aspectos señalados
anteriormente y sin realizar evaluaciones de los resultados del
impacto sobre los diversos actores sociales involucrados, ni de
las consecuencias sociales, económicas y culturales de la colonización y de la degradación del frágil equilibrio ecológico.
Los procesos de desarrollo regional están asociados a actividades dirigidas desde el exterior de la región, sin responder a las
decisiones de las sociedades locales, que se encuentran poco
desarrolladas debido al reciente proceso colonizador. Las instituciones públicas regionales se muestran débiles frente al peso
de las agencias centrales, que imponen los objetivos extraregionales y la extracción indiscriminada y acelerada de recursos, a la
cual no pueden oponerse las instituciones locales que tienen poca
jerarquía, escasos recursos y bajo nivel político y técnico.
La falta de una autoridad clara a nivel regional ha impedido que
se inicie y mantenga un proceso de coordinación de las actividades regionales que evite la duplicación de esfuerzos, las acciones contradictorias y el desperdicio de recursos. Por otro lado, el
cuerpo legal que rige los procesos de desarrollo, de colonización
y de aprovechamiento de los recursos naturales, no presenta la
necesaria coherencia y claridad para dirigir y controlar la evolución ordenada de la región. Sin embargo, se debe destacar la
creación de una mayor conciencia y comprensión general de los
problemas de la región, como producto de las acciones de los

�128

organismos nacionales creados para encargarse de los problemas ambientales! as( como por los esfuerzos desplegados por
las _ONGs (o~garnzac1ones no gubernamentales) de orientación
social y ambiental, para movilizar a la sociedad hacia objetivos
de desarrollo económico y social.
L~s· acti~jdades productiv~s regionales tienen un bajo nivel de
re1nversIon de s~s beneficios en el desarrollo regional. Los ingresos petroleros _sirven_para financiár el presupuesto general de los
Estado~? la remversIon en el sector, dedicando sólo una pequeña
pr~porcI'!~ para ot~as actividades de la región. Sus altos niveles
de mversIon s_eded1can casi exclusivamente a proyectos específicos, que func1o~an como enclaves, con muy limitada generación
de empleos regionales, poco establecimiento de infraestructura
de servicios públicos y casi ninguna obra de desarrollo social.
Anali~~n~o las relacio_nes interregionales, podemos observar que
la regIon tiene mucha importancia a nivel binacional. La presencia
de grandes reservas nacionales de hidrocarburos de ambos
países, su contribución al presupuesto nacional su ubicación
CO!"JlO ár~a fro~teriza, la importancia de la población indígena, la
ex1st~ncIa de areas aptas para producción agropecuaria en Colombia, son algunos de los factores importantes que deben ser
tomados en consideración.
~in . e~bargo, a pesar de esta importancia, las políticas de las
msbtuc1on~s del s~ctor público realizan un trabajo descentraliz~do Y unilateral sm que exista la mínima coordinación, defendiendo a ultranza cada uno su pequeña parcela de poder. Con
el!o ~e provoca un cierto rechazo por parte de la población y la
p~rd_1da de confianza y credibilidad en la gestión del sector
pubhc~. L&lt;? q~e vendría a describir en resumen la presencia del
sector institucional en los siguientes términos:
Duplicación de acciones.
Inexistencia de mecanismos de comunicación
Desperdicio de recursos
Desequilibrada asignación de recursos presupuestarios
Falta de impacto social de las acciones
Deficiente uso de información.

Situación que está produciendo como efecto un funcionamiento
deficie~te 'f un~ pér~id~ de_credibilidad en el aparato estatal; falta
de conti~uidad mten~st1tuaonal; empeoramiento de las condiciones sociales y ambientales; distracción de recursos en gastos

129

burocráticos; mantenimiento de políticas anacrónicas y ajenas al
medio; proyectos truncos y/o intrascendentes; reducción de la
capacidad de gestión, e inercia de las instituciones.
Este contexto de la política nacional de los dos países en los que
se encuentra la región, es un parámetro importante que define las
características de la intervención pública a través de los planes y
proyectos de desarrollo. Destaca en este sentido la intervención
que ha realizado el gobierno ecuatoriano en los últimos años: por
una parte observamos, según el análisis que ha realizado la
únidad técnica del Plan de Ordenamiento y Manejo de las Cuencas de los Ríos San Miguel y Putumayo de este país, que la
orientación de la política nacional ha sido el reforzamiento de una
estructura productiva en la explotación petrolera. Paralelamente
a ésta, también observamos que la infraestructura, particularmente la realizada por el INECEL, constituye otro de los renglones
fuertes, ya que conjuntamente con PETROECUADOR realiza el
95.0% de la inversión nacional en Napo y Sucumbios (Romero,
1991a:2). Esta situación de alguna manera refleja una orientación
clara de la política ecuatoriana hacia los aspectos productivos,
pero que omite o deja casi de lado las inversiones en sectores
que deberían ser prioritarios
... en otros sectores se puede apreciar que la inversión
realizada es mínima. Así por ejemplo, en el sector
científico y tecnológico, junto al sector de conservación
del medio ambiente se destina únicamente el 0.92% de
la inversión total de 1990. Esto significa que, en realidad, en la zona amazónica ecuatoriana, la presencia
del Estado con proyectos de investigación científica,
desarrollo tecnológico y lo que es más de conservación
del medio ambiente es muy puntual, limitada y no
planificada; por lo que a diario se pueden observar en
áreas cercanas a las actividades petrolera, maderera,
agroindustrial y pisícola, la degradación permante de
su ecología (Romero, 1991a:14).

A ésto deberá agregarse otra de las situaciones patéticas de la
intervención del Estado en la zona ecuatoriana y que refiere a una
inversión en proyectos para servicio social, en donde se incluyen
servicios a la educación y salud, en el cual se destinan no más
del 0.03% de la inversión global (Romero, 1991 a:14).
No obstante este impacto mitigado de la inversión estatal ecuatoriana en los sectores sociales y del medio ambiente, en la zona
existe una estructura institucional conformada por 42 organismos
o dependencias del sector público para el sector agropecuario,
de infraestructura física, de infraestructura social, de desarrollo
social comunitario y de servicios financieros. Además, se han
identificado 54 organismos no gubernamentales que actúan en la
región, 12 gobiernos locales, 2 consejos provinciales y 9 organis-

�131

130

mos internacionales. Para el caso del sector institucional, se ha
podido identificar la existencia de siete grandes bloques institucionales: 1) organismos encargados del desarrollo agropecuario; 2) infraestructura física; 3) desarrollo social; 4) desarrollo
secciona!; 5) seguridad y soberanía nacional; 6) desarrollo financiero, y 7) organismos no gubernamentales.
....instituciones que no cuentan con organismos base
o de soporte para coordinar y ejecutar actividades
sectoriales en la zona y lo que es más cuentan con
escasos recursos financieros, técnicos y logísticos, lo
que hace necesario optimizarlos, lo cual será posible
únicamente fortaleciendo los mecanismos de coordinación interinstitucional a todo nivel, desde el secciona!
hasta el binacional (Romero, 1991b:2).
En el inventario de proyectos realizado por la unidad técnica
ecuatoriana del PSP entre mayo y junio de 1990, se identificó que
las entidades más representativas en la generación de proyectos
en la zona fueron: PETROECUADOR, INECEL, Ministerio de
Obras Públicas, Instituto Ecuatoriano de Obras Sanitarias OEOS),
Ministerio de Salud, Ministerio de Educación y Cultura, Instituto
de Colonización de la Región Amazónica (INCRAE), Subsecretaría de Recursos Naturales no Renovables (SURENAR), Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP), Consejos Provinciales de Napo y Sucumbíos y municipalidades de Tena
y Lago Agrio.
De un total de 279 proyectos en ejecución, 147 son de infrestructura social (construcción de aulas escolares, letrinas, alcantarillado, baterías sanitarias, puestos de salud y dotación de agua). De
estos 147 proyectos que se están ejecutando, 108 representan
el 38.8% con una inversión de 1,887,195 dólares, que equivale al
1 o/o de la inversión total.
/
Caso contrario, la mayor parte de la inversión en proyectos en ejecución se realiza en el sector de infraestructura física con una inversión total superior a 112
millones de dólares, de los cuales el aporte de INECEL
es el más importante con 106 millones de dolares
comparado con las inversiones del Ministerio de Obras
Públicas que en la zona está invirtiendo 4,484,929
dólares (Romero, 1991 b:8).
De esta manera, el balance de la situación refleja problemas
estructurales complejos que requieren una atención rápida si se
pretende realmente actuar y evitar «la dispersión y variabilidad de
actividades que ha convertido a la región en un verdadero caos,
(Romero, 1991 b:3). Se trata entonces de un problema complejo
que requiere abordar el reto de emprender acciones de crecimiento económico que incluyan la construcción de infraestructura

y responder a las demandas de servicios sociales para la población, tomando en cuenta la conservación del medio ambiente.
En el caso de Colombia, se debe reconocer que no se pueden
extraer indiscriminadamente los recursos naturales de la zona si
no se establecen los mecanismos de control y no se asignan los
recursos necesarios para satisfacer las necesidades sociales
mínimas. Así como también, si no se establecen los adecuados
incentivos para el ecodesarrollo, se producirán daños irreversibles para el ecosistema acelerando los conflictos sociales.
Es necesario realizar un gran esfuerzo para dejar de estimular la
colonización y ocupación indiscriminada del espacio regional,
regulando principalmente la explotación petrolera y la construcción de nuevas vías de penetración así como ir resolviendo los
problemas sociales de otras regiones del país para que la región
deje de ser una gran receptora de los flujos poblacionales internos
y para no seguir aumentando desmedidamente la presión sobre
sus ecosistemas.

La intervención en comunidades indígenas.
La intervención actual en las comunidades indígenas por parte
del Estado, de la iglesia y de las ONGs, se relaciona estrechamente con las nuevas formas de pertenencia y de participación de este sector respecto de la sociedad nacional y con la
manera en que estas formas adquieren su concreción particular
en la región del PSP. Es evidente que este nuevo papel de los
pueblos indios ha sido producto de todo un proceso histórico, que
ha tenido como punto culminante el fortalecimiento de los vínculos de integración socio culturales entre las diversas etnias que
habitan la región, y que ha llevado a que el movimiento indígena
se convierta en una fuerza social protagónica, con capacidad para
identificar con claridad sus intereses y demandas al Estado.
Reivindicaciones concretas en una nueva dimensión y perspectiva, lo que ha provocado un gran debate a nivel nacional en los
dos países.
Esta nueva dimensión de las demandas indígenas se expresa en
varios problemas. Primero, en la indefinición del debate sobre el
carácter plurinacional y multicultural del Estado ecuatoriano. Este
problema afecta no sólo a las comunidades orientales, sino que
involucra a todos los actores sociales y políticos del país en la
medida que se reclama la necesidad de consolidar la identidad
nacional. Esta situación ha sido definida por los pueblos indígenas como un problema prioritario en su plataforma reivindicativa,
en la medida que garantizaría la plenitud de su desarrollo socioeconómico, de su participación política y del fortalecimiento de su
cultura. Este carácter prioritario del problema, ha sido incluso
recogido por el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social

�132

1989-1992, como un problema central a ser resuelto y también
existe un proyecto de ley para el debate parlamentario. En el caso
de Cc!ombia la situación es diferente; la plurinacionalidad es
aceptada, al menos en teoría y actualmente se consolidan algunas reivindicaciones en la nueva constitución de 1991.
El caso común entre los dos países de la región del PSP es sin
lugar a dudas el de la falta de una delimitación clara de los
territorios indígenas. Este prob)ema no sólo hace referencia a la
delimitación territorial, sino a todo el andamiaje legal e institucional que garantice el respeto a tal delimitación.
En un breve examen de la situación actual de las comunidades,
es fácilmente observable el arrinconamiento progresivo del que
han sido objeto las comunidades indígenas, llegando incluso al
etnocidio. Caso de los Huaoranis, Cofanes y Sionas Secoyas.
En lo que se refiere a la política estatal ecuatoriana, la adjudicación de tierras a las necesidades indígenas ha tenido dos momentos importantes: el primero comprendido entre el período 1980-84
y en especial el año 1983-84 en que se realizó la adjudicación a
jefes de familia indígena, superando el otorgamiento a familias
colonas. Este proceso fue invertido entre 1984-88, para alcanzar
su punto más importante en el período 88-91 en que se entregaron 1,243,355.17 has. que beneficiaron a.3,600 familias indígenas. En estas adjudicaciones destacan las 679,130 has. otorgadas a los huaoranis, y 40,391.47 has. a los Sionas-Secoyas.
Sin embargo toda esta política estatal de linderación territorial de
los pueblos indígenas orientales no ha sido coherente, al no estar
complementada por políticas de manejo integral de estos territorios que busquen la supervivencia y desarrollo de estas comunidades así como el mantenimiento de su cultura.
Así por ejemplo, como efecto de la presión social para delimitar
zonas de preservación ecológica, éstas lo han sido sólo en cuanto
significó el desplazamiento de los pueblos indígenas de sus
asentamientos nativos, como en el caso de la Reserva Ecológica
Cuyambe-Coca, área ocupada tradicionalmente por el pueblo
cofán, y el del Parque Yasuní, territorio del pueblo huaorani. Estos
territorios asignados con el criterio de preservación, no fueron
respaldados por la voluntad político-administrativa para contrarrestar los intereses de la explotación petrolera como agroindustriales, como es el caso de la Reserva del Cuyabeno, que es el
lugar de explotación de la Empresa Occidental CEPCO. En el
caso de territorios que iban a ser asignados a comunidades afectadas, como el caso de la Reserva Siona-Secoya de San Pablo,
a último momento fue adjudicado a empresas agroindustriales
dedicadas a la explotación de la palma africana.

133

Asimismo, bajo la modalidad de colonización "espontánea" se ha
propiciado el asentamiento de poblaciones colonas en las zonas
aledañas a los ejes viales complementarios a la explotación petrolera, provocando serios conflictos con las poblaciones indígenas.
En este caso la intervención del IERAC ha tenido siempre abierta
parcialización hacia los colonos, estableciendo mecanismos de
clientelismo político. Esta ofensiva colonizadora ha provocado el
desplazamiento de los pueblos indígenas hacia áreas no habitadas por los ejes viales.
Igualmente, respecto a la modalidad de las concesiones, el
Estado ecuatoriano ha otorgado grandes extensiones de tierra
omitiendo objetivos nacionales, subordinándolos a los intereses
de las empresas usufructuarias. A ésto hay que sumar la ausencia
de instrumentos de control e intervención en las aétividades de
las empresas petroleras y agroindustriales, lo que ha permitido
que las prácticas de explotación sean depredadoras y contaminadoras, incidiendo fuertemente en el despojo y deterioro de las
posesiones comunitarias. Este es el caso también de las compañías madereras , que han estimulado los conflictos por invasiones de tierras, impulsando formas mercantilistas de circulación
de recursos explotados en las propiedades indígenas.
Las concesiones por actividad agroindustrial crearon en estas
empresas la necesidad de control de las mejores tierras para el
desarrollo del sistema de plantaciones y ha provocado el despojo
de tierras comunitarias. Esto ha sido claro en los conflictos
provocados por la empresa "Palmaoriente" con cooperativas de
colonos y comunidades quechuas en el sector de Payamino y el
conflicto antes mencionado de la Reserva .de San Pablo, que
originó el despojo de la comunidad Siona-Secoya.
En el área colombiana, la situación es similar. Las prioridades de
la política nacional no se han estructurado en torno a la titulación
de tierras. Además de esto, es necesario mencionar que existe
en este caso una dimensión a considerar, y que se refiere a la
producción de cultivos ilegales. Sin poder cuantificar esta situación, es necesario afirmar que su impacto ha tenido repercusiones tanto en la invasión de tierras indígenas, como por sus efectos
en el medio ambiente .
Estos problemas, sin embargo, no sólo involucran al Estado, sino
también tienen que ver con la progresiva escisión en las organizaciones indígenas, que debido a la gran diversidad de intereses
sociales, políticos y económicos, llegan a un alto grado de deterioro. Este tipo de disputas se han concentrado al interior de la
CONFENIAE y en la OZIP, donde no sólo se ha producido una
dispersión orgánica sino considerables escisiones internas, en
las cuales las contradicciones han generado la no participación

�135

134

de la base social en la toma de decisiones de las organizaciones
indígenas.

Costales, P.

Una característica importante que se destaca en la información
disponible, constituye la existencia de un aparato estatal pesado,
constituido por numerosas instituciones, además de la existencia
de ONGs que intervienen regionalmente. En este contexto de
acciones institucionales repetitivas y anárquicas, además caracterizadas por su poca disponibilidad de recursos financieros
observamos una débil orientación y manejo de la zona. En efecto,
se dispone de pocos recursos financieros, que puedan activar la
economía regional imprimiéndole una dinámica para la creación
de la infrestructura y de los servicios para una población que ha
mantenido tasas de crecimiento aceleradas desde hace dos
décadas.

ILOIS

Esta situación que caracteriza a la región, se refleja con mayor
intensidad en relación a los indígenas. Se trata de la población
que probablemente ha sido más afectada por el impacto de un
crecimiento económico acelerado y por una falta de planeación
en relación a los procesos de colonización y manejo del medio
ambiente. En este contexto, los agentes más activos en la región
han sido las comunidades religiosas, las agencias internacionales
de desarrollo y de protección del medio ambiente y las organizaciones indígenas que buscan solucionar sobretodo problemas
relacionados con la tenencia de la tierra.

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              <text>Ribeiro Ferreira, Manuel, Director</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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