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                  <text>ISSN 1405-1133

1 PERSPECTIVAS SOCIALES

1

REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES

FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON

Nª 4

ENERO-JULIO OE 1995

�FONDO

UNIVERSITARIO.

�PERSPECTIVAS SOCIALES
REVISTA·DE CIENCIAS SOCIALES

FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL
UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON

Nº4

Enero-julio 1995

�PERSPECTIVAS SOCIALES
Editor/Director
Manuel Ribeiro Ferreira
Universidad Autónoma de Nuevo León

Editor adjunto
Raúl Eduardo lópez Estrada
Universidad Autónoma de Nuevo León

Consejo Editorial
Emma Adame Welsh
Universidad Autónoma de Nuevo León
David M. Austin
The University of Texas at Austin
Renée B. Oandurand
lnstitut National de la Recherche Scientifique, Montreal
Germain Oulac
McGill University
María del Carmen Elu
Instituto Mexicano de Estudios Sociales
Fernando Galán
Texas Pan-American University
Elia González
Asociación Mexicana de Población
Luis Leñero O.
Instituto Mexicano de Estudios Sociales
Romeo Madrigal H.
Consejo Estatal de Población, N.L.
Francoise Romaine Ouellette
lnstitut National de la Aecherche Scientifique, M ontreal
Yolanda Padilla
The University of Texas at Austin
Roberto Rebolloso
Universidad de Monterrey
Víctor Zúi'liga G.
Colegio de la Frontera Norte

�La revista Perspectivas Sociales (ISSN 1405-1133) es una publicación semestral de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Desde su aparición en 1991, la
revista ha publicado artfculos teóricos y reportes de investigación
en los campos de la sociologfa, la antropologfa, la psicologfa, la
psicología social y el trabajo social. Su vocación no se circunscribe únicamente a la problemática social de México. sino que
está también abierta a trabajos de envergadura internacional

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Normas de edición.
Los artlculos deberán enviarse en dos ejemplares y en general
no deben exeder de 30 páginas a doble espacio Los trabajos
escritos en un procesador de palabras deberán acompañarse del
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Editorial, quienes dictaminarán si el texto es aceptado, rechazado
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La revista está en disposición de recibir artículos escritos en un
idioma diferente al español (particularmente en inglés o francés).
y su traducción será asumida por la propia revista siempre y
cuando el texto haya sido aceptado por los revisores del Consejo
Editorial

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adjunto (siguiente página), incluyendo un cheque o giro a nombre
de la Facultad de Trabajo Social, UANL. Las cuotas de subscripción por un ano (dos números) son las siguientes:

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�UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
Rector: Lic. Manuel Silos Martfnez

TABLA DE CONTENIDO

FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL
Directora: Lic. Ma. Irene Cantú Reyna

Manuel Ribeiro Ferreira
Papel de las políticas sociales sobre la infancia en
Mex,co
Los artículos son responsabilidad exclusiva de los autores. N«.
se devuelven los originales. Toda correspondencia debera
dirigirse a:

Raúl Eduardo López Estrada
Contribµción conceptual para et estt,tdio de uriidades aomest1cas urbanas en s1tuac1ón de pobreza

Manuel Ribeiro Ferreira
Revista Perspectivas Sociales
Facultad de Trabajo Social
Universidad Autó noma de Nuevo Leó n
Ciudad Universitaria
C.P. 66450. Monterrey, N.l.

ISSN: 1405-1133

Impreso en Monterrey, N.L., México

27

Oiga Olivia Carranza Navarro
Conducta sexu~I v .VIH-sida: el caso del área
metropolitana ele Monterrey

47

Antonio Salgado Gómez
La habitación: una aproximación

Tiraje de está edición: 500 ejemplares

9

71

�PAPEL DE LAS POLÍTICAS SOCIALES SOBRE LA
INFANCIA EN MÉXICO
Manuel Ribeiro-Ferreira

1

Desde la Revolución Mexicana de 1 91 O, cuando el "nuevo
Estado" se convirtió en el principal agente de la transformación
social (Paz, 1 970), el gobierno mexicano ha manifestado una
seria preocupación por el bienestar de la infancia. En 1921 se
celebró en la Ciudad de México el "Primer Congreso Mexicano
del Niño" (AIM-México, 1979:21) y desde entonces México ha
suscrito prácticamente todos los convenios internacionales
sobre los derechos de los niños y sobre protección a la infancia.
Recientemente, en 1989, México se suscribió a la Convención
Internacional de los Derechos del Niño, y en 1991 el Presidente
Salinas envió al Congreso un Decreto por medio del cual se
integraban a la legislación mexicana todas las disposiciones de
la Convención (Gobierno de México, 1991 ).
Sin embargo, y a pesar de que para 1993 el país había duplicado el gasto público por niño con respecto a 1988 (UNICEF,
1994), los indicadores sociodemográficos muestran que persisten problemas básicos en la situación general de los niños
mexicanos que aún no han podido ser resueltos. Así, por no
citar más que unos cuantos ejemplos podemos observar que:
Las principales causas de morbi-mortalidad infantil de
menores de 5 años siguen siendo las infecciones (principalmente las gastrointestinalesl (INEGI, 1991 );
La tasa de mortalidad infantil en niños de O a 5 años es
todavía de 33 defunciones por cada 1000 niños (UNICEF,

19941;
La desnutrición infantil continúa siendo uno de los principales problemas de salud; para 1988 se observaban niveles
de desnutrición moderada y severa entre los menores de
cinco años, cuya proporción variaba entre 1O. 7 % y 20.9 %
según la región del país (SSA, 19881;

1 Profesor de la Facultad de Trabajo Social de l a Universidad Autónoma de
Nuevo León.

�11

10

Aunque desde hace varias décadas la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos señala que la educación
primaria debe ser gratuita y obligatoria (Gobierno de México, 1990), y que desde 1992 se incluyó en esta norma la
educación secundaria, en 1990 el 14.2 % de los niños entre
6 y 14 años no asistían a la escuela (INEGI, 1993);
Aunque la legislación mexicana señala la prohibición del
trabajo infantil, en la práctica muchos niños ejercen actividades económicas, muchos de ellos en circunstancias poco
favorables para su desarrollo y sin las garantías que normalmente ofrece la ley a los trabajadores. Dadas las características en las que se desarrolla el trabajo infantil, es muy
difícil precisar la magnitud del fenómeno; sin embargo, el
Colectivo Mexicano de Ayuda a la Niñez estima que por lo
menos cinco millones de niños se encuentran actualmente
en el mercado de trabajo (COMEXAMI, 1993).
Todas estas características están relacionadas con la situación
de extrema pobreza que afecta a una gran proporción de ~milias mexicanas. De acuerdo con datos de la CEPAL-INEGI • en
1993 había 13:6 millones de mexicanos en la extrema pobreza
y 23.6 millones más que apenas alcanzaban a cubrir sus necesidades bisicas; esta cantidad representa al 44 .3 % de la población total y -dada la estructura de edades de los grupos más
pobres y marginados- incluye a la mitad de todos los niños y
jóvenes del país.
Algunas de estas cifras pueden no parecer muy dramáticas,
sobre todo si las comparamos con las de algunos países africanos, asiáticos o sudamericanos (UNICEF, 1994). No obstante, parece paradójico que persistan este tipo de situaciones en
un país que apenas hace dos años aspiraba a formar parte del
primer mundo y que de acuerdo con las cifras de la OCDE se
había colocado como la treceava potencia económica mundial
llarre, 1992).
Ante tales circunstancias podríamos preguntarnos ¿porqué la
promesa del gobierno de ayudar al desarrollo integral de la
infancia no ha conducido a resultados satisfactorios? la respuesta a esta pregunta es evidentemente muy compleja y
existen diversos argumentos para tratar de responderla.

Algunos sugieren que el problema real consiste en la disponibilidad de recursos económicos. Si bien es cierto que la escasez
de dinero siempre constituye un obstáculo para la atención de
las necesidades básicas de la población, no menos cierto es
que ni aún la prosperidad económica de un país puede garantizar la expansión de los programas sociales (Baker, 1994;
Ward, 1989). Asl, si tomamos como ejemplo el auge que tuvo
la economía mexicana al final de la década de 1970, cuando
se alcanzaron tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto
cercanas al 8% anual, podemos observar que en esa misma
época se redujo la prioridad asignada al bienestar social, lo que
indicaba aparentemente que el pleno empleo y el alza de salarios h~clan menos urgente la necesidad de invertir en desarrollo
social (Ward, 1989: 11 ). De tal suerte, hay quienes estiman
que se trata más bien de una cuestión de prioridades y de
visibilidad política que de disponibilidad de dinero, y acusan al
gobierno de haber optado por un modelo de ajuste estructural
y de globalización económica, en donde las prioridades fueron
las de lograr el saneamiento de la economía y el incremento de
la productividad a través del adelgazamiento del gasto público
y del sacrificio de las necesidades básicas de los sectores
mayoritarios de la población (COMEXAMI, 1993).
Otros afirman que la problemática se relaciona más estrechamente con la ausencia de una democracia real y con la enorme
corrupción que se ha desarrollado durante los 65 años de régimen unipartidista. En este sentido, se argumenta que la lucha
por la permanencia en el poder ha generado, en materia de
políticas sociales y de combate a la pobreza, que el gobierno
haya optado por un modelo cuantitativo según el cual lo importante es la cantidad de acciones realizadas y no la eficacia de
tales acciones (COMEXAMI. 1993), estableciendo así sus
estrategias electorales, ya que como señala Segal (1981 ), los
pobres constituyen una reserva electoral de enorme magnitud.
Además de estos factores políticos y económicos que tratan
de explicar el fracaso de los programas sociales del gobierno
mexicano, existen otros, vinculados con el papel del Estado
como rector de las políticas sociales, que nos interesa destacar
aquí. Para ello, establecemos 3 premisas básicas:

2 Citado por COMEXAMI 11993).

ntimaba que la población total del p8's era de 86,613,285
habitantes IINEGI, 1994a).

3 En 1993 se

4 El gasto en desarrollo social ha dimnuido paulatinamente an M6xico desde
et iricio de le d6c8de de los 70'•• pasando del 23% del gato total en 197 2
el 10% en 1988 (W«d, 1989:29).

�12

1 El Estado no ha podido desarrollar una capacidad de adaptación a un contexto social dinámico en continua transformación.
2 No hay una correspondencia entre los marcos jurídicos y la
realidad social que pretende ser regulada.
3 En s~ P.apel_de rectorí~. el Est~do mexicano no ha sido capaz
de distinguir la pluralidad y diversidad de modos de vida y
de culturas, lo cual ha abierto una brecha entre el nivel del
discurso ideológico y la realidad.
11 El Estado no ha podido desarrollar una capacidad de adaptación a un contexto social dinámico en continua transformación .
La legislación mexicana ha manifestado una cierta reticencia a
aceptar que la sociedad y la familia han cambiado. El Estado
conti_núa fundamentandose en una "moral tradicional" y sigue
considerando que la familia es una institución. "natural" y
"célula básica de la sociedad". De tal suerte, las leyes favorecen una visión tradicional de la mujer, de la familia y del menor,
y no evolucionan al mismo ritmo que las otras instituciones
sociales.
Muchas de las normas establecidas en el Código Civil de 1927
están todavía vigentes y no han registrado las modificaciones
necesarias para adecuarse a las nuevas realidades. De manera
específica, tratándose de las cuestiones que regulan y norman
la situación de los niños y de las familias, la legislación en
México ha sido hasta ahora incapaz de asimilar las nuevas
condiciones familiares, provocando una inadecuación de la ley
a la realidad cambiante. Si la transformación de la familia en
~éxico se ha presentado con distintas modalidades y a ritmos
d!ferentes de los o~servados en Norteamérica o en Europa, lo
cierto es que el impacto de la rápida urbanización, de la
industrialización y de la modernización han marcado profundame_nte a grandes sectores de población (Ribeiro y López, 1995;
Lenero, 1994).
Un~ de los temas que reflejan esta inadecuación de la ley a la
r?ahdad, es el de la filiación . En México los Códigos Civiles
siguen distinguiendo la filiación legítima de la filiación natural.
Si bien esta distinción no tiene efectos en cuanto a los derechos
de los individuos, sí puede tener repercusiones para los niños
que nac~n en tales condiciones de dos maneras : a) porque en
una sociedad en la que aún se conserva una moral basada en
premisas tradicionales, el niño es estigmatizado socialmente
(es un bastardo), y b) porque no es sujeto a la herencia del
padr~, pues no se ha establecido filiación . Los hijos son
legítimos cuando nacen del matrimonio, cuando son reconocí-

13

dos voluntariamente o cuando existe una imputación de paternidad por sentencia (Montero, 1985; Rojina. 1970). Sin
embargo. a menos que alguno de estas dos últimas condiciones
se presente, los hijos nacidos de una unión libre no son legítimos sino naturales. De tal suerte la legislación parece no tomar
en cuenta que en México, de acuerdo con los datos del censo
de 1990, el 14% de todas las uniones son libres (INEGI. 19921

Por otra parte, existe un vacío legal muy grande en lo que se
refiere a la determinación de la filiación y de la paternidad en
situaciones de fertilización asistida, así como a sus consecuencias jurídicas. Aunque en la actualidad las nuevas tecnologías
de reproducción se presentan como una alternativa real para
que muchas parejas mexicanas resuelvan sus problemas de
procreación, ni la legislación civil ni la penal han establecido
reglamentos a este respecto (Flores, 1991 1
En otro orden de ideas, es posible observar que las cifras de
divorcio en México han venido aumentando desde hace tres o
cuatro décadas (INEGI, 1994b, López y Ribeiro. 19941. y cada
día son más las personas que viven en familias reconstituidas
Pero la ley no contempla específicamente estas situaciones y
no establece con claridad cuáles son los vínculos legales que
se establecen entre los hijos v el cónyuge de su padre o madre
biológico
2)No hay una correspondencia entre los marcos jurídicos y la
realidad social que pretende ser regulada.
Además de la inercia que registran las leyes en México, es
posible observar que la legislación frecuentemente no se aplica,
situación que ha conducido a algunos a estimar que los marcos
jurídicos han fracasado (COMEXAMI, 1993). En lo que se
refiere a la infancia , esto puede ser ejemplificado por las leyes
sobre la educación y sobre el trabajo de los niños.
En el artículo tercero de la Constitución Mexicana se establece
que la educación que imparte el Estado debe ser gratuita y
obligatoria Como señalamos al principio de este trabajo. la
obligatoriedad que hasta hace tres años abarcaba únicamente
el nivel de pnmana se ha extendido hasta el de secundaria
Sin embargo en la práctica encontramos que algunos niños
nunca ingresan a la escuela y que muchos otros la abandonan
antes de completar el ciclo elemental De acuerdo con los datos
nacionales. el 15.5 % de los niños entre 6 y 14 años no tienen
instrucción (INEGI, 19931, y se estima que el 46% de los niños
no terminará la educación primaria (COMEXAMI, 1993). Evidentemente, cabría preguntarse cómo es que el gobierno no
pone en práctica los mecanismos coercitivos para forzar a los
padres a enviar a sus hijos a la escuela. La respuesta es muy

�14

sencilla: la legislación mexicana no establece sanciones para
los padres que negligen esta responsabilidad y no existe un
proceso judicial que favorezca el cumplimiento de la ley. De tal
suerte, la norma constitucional no va más allá de un "buen
deseo", y en realidad deja en libe,:tad a las familias _Para .q~e
ellas decidan si envían o no a sus hijos a la escuela. S1 trad1c10nalmente el gobierno no hace cumplir la ley, creemos que ello
se debe, al menos en parte, a la incapacidad que han manifestado las propias instituciones públicas para atender las
necesidades educacionales de una población en crecimiento.
La mayoría de los niños que no asisten a la escuela pertenecen
a sectores de Población en extrema pobreza, tanto de los
medios rurales como de los urbanos. En los medios rurales Y
en las zonas indígenas, la elevada deserción escolar y la baja
eficiencia del sistema se explican -al menos parcialmente- por
la enorme dispersión geográfica de la Población (lo que dificulta
el acceso a la escuela); por el escaso recurso de profesores, lo
que frecuentemente obliga a que un solo maestro atienda
simultáneamente a varios grupos de diversos niveles; a que los
contenidos curriculares están desvinculados de las características propias de la economía rural, y a que la organización escolar
es similar a la de los centros urbanos, y no se toman en cuenta
las necesidades estacionales de ocupación propias de la actividad agrícola (Bensunsan, 1980).
Pero et problema de la educación y sus vínculos con la pobreza
no sólo se refieren a la cantidad de niños que asisten a la
escuela o a la deserción escolar, sino también a la calidad de
los servicios educativos y al impacto que estos tienen sobre la
población. De hecho, la intención gubernamental de proporcionar una educación universal presupone, en el fondo, un
espíritu de búsqueda de equidad social y de ofrecer instrumentos para aumentar las oportunidades de desarrollo y de participación social. Pero habitualmente, las políticas de educación,
más que contribuir a un desarrollo equitativo, parecen favorecer el crecimiento de la distancia social. Los niños que nacen
en zonas geográficamente desfavorecidas (indígenas, rurales
y urbano-marginadas) se encuentran en circunstancias de
desigualdad que el sistema educativo es incapaz de corregir y
que, en cambio, frecuentemente contribuye a acentuar. Estos
niños asisten a un modelo de escuela que responde más bien
a las condiciones de la clase media urbana, a partir de la cual
se gesta y se expande el sistema escolar, con instalaciones y
equipamientos deficientes (Santos, 1993). Esto ocurre precisamente en las zonas en las que los padres de familia no
cuentan con las condiciones necesarias para suplir el deficiente
funcionamiento del sistema educativo ni con los mecanismos
de presión para exigir que se mejore y se adecúe a su contexto
socioeconómico.

15

Existe evidentemente un rezago en materia de oferta de
educación, y el país está lejos aún de lograr el propósito de
universalización de la instrucción primaria. En el período comprendido entre 1986 y 1992, el gobierno central destinó, . en
promedio, el 14 % de su presupuesto anual a la educación
(UNICEF, 1994). Esta proporción, si bien no es desdeñable,
representa una importante reducción con respecto al gasto
registrado en la década de 1970, en donde este porcentaje
llegó a constituir el 38.7% del gasto total del gobierno central
en 1975 (Guzmán y Rodríguez, 1977:4). En parte, la reducción
relativa en el gasto para la educación puede entenderse por la
disminución en las tasas de crecimiento demográfico de la
población infantil, pues mientras que en el período de 1950 a
1970 ésta era de 3. 7% anual, entre 1970 y 1990 se redujo
hasta el 1. 7% anual (INEGI, 1993). Pero dado que el rezago
todavía existe, y que la reducción se produjo en un momento
en el que la economía mexicana había registrado una fuerte
recuperación y tasas importantes de crecimiento, ello indica
que la reducción en el gasto público en materia de educación
respondió más bien a una redefinición de las prioridades
políticas.
El hecho es que el análisis de los indicadores de la educación
en los últifnos diez años, muestra que ha existido un deterioro
en la calidad de la oferta en la educación en aquellos municipios
y regiones que en 1 984 se encontraban en situación crítica,
mientras que lo contrario se observa en las regiones y municipios que en esa época registraban una situación más
favorable (Santos, 1993). La tendencia centralista del gobierno
federal y de los gobiemos estatales han así aumentado la
brecha que separa a las regiones, modernizando lo que era más
fácilmente modernizable, y sacrificando a las zonas menos
pobladas, de población más dispersa y marginada.
Por otra parte, los datos nacionales muestran que alrededor de
uno de cada tres niños ingresa a la primaria sin haber cursado
al menos un año de educación preescolar (Santos, 1993); los
niños que se encuentran en esta situación son generalmente
aquellos en cuyos hogares difícilmente se les pueden ofrecer
los estímulos necesarios para su desarrollo cognoscitivo y
psicomotor que este nivel supuestamente trata de proporcionar, con lo que se refuerza la desigualdad de oportunidades
educativas.
En lo que se refiere al trabajo de los menores, tanto el artículo
123 de la Constitución Política de México (Gobierno de México,
1990) como la "Nueva• Ley Federal del Trabajo de 1970, en
su Título quinto (Gobierno de México, 1992), establecen las
normas y condiciones que regulan el trabajo de los menores.
Se estipula que los menores de 14 años no podrán desempeftar

�16

17

ningún oficio, y se delimitan las actividades y las jornadas de
quienes tienen entre 14 y 16 años, quienes no pueden laborar
en actividades insalubres o peligrosas o que afecten su desa·
rroflo físico o moral, y sus jornadas no pueden ser mayores de
6 horas y nunca después de las diez de la noche. Pero del dicho
al hecho hay mucho trecho, pues la realidad nos muestra que
el trabajo infantil es un fenómeno ampliamente difundido en
México.
¿Oué magnitudes alcanza el fenómeno del trabajo infantil? Es
difícil de decir, ya que existe una carencia de estadísticas a
este respecto. Oe acuerdo con los datos del censo de 1990,
un total de 436, 132 niños de entre 12 y 14 años forman parte
de la población económicamente activa, lo que representa al
11 .6% de todos los niños de estas edades (INEGI, 1993). Pero
esta cifra corresponde a tan sólo la tercera parte de la que
arroja la Encuesta Nacional de empleo de 1993 (INEGI, 1994a),
según la cual el número de niños de entre 1 2 y 14 años que
forman parte de la población económicamente activa es de
1,268,892, es decir un 19.6% de todos los niños de estas
edades. No obstante, es preciso decir que tanto el censo mexicano como la Encuesta Nacional de Empleo incluyen únicamente datos de la población económicamente activa de 12 años y
más, por lo que excluye a los más jóvenes y no contempla a
muchos otros adolescentes de entre 1 2 y 14 años cfue laboran
por su cuenta o en actividades ilegales. Así, el informe del
Colectivo Mexicano de apoyo a la niñez concluye que:
... no es posible indicar de manera certera el número de
niños trabajadores en la República Mexicana, ya que las
cifras varían de un millón a siete u ocho millones; sin
embargo, consideramos que una aproximación se ubica
probablemente alrededor de 5 millones (COMEXAMI,
1993: 139-140).
Se supone que el trabajo infantil ha sido abolido en el sector
estructurado de la economía, es decir en el de las grandes
empresas mecanizadas, y que en consecuencia sólo se desarrolla en los sectores informales, lo cual explica, al menos en
parte, que el control del gobierno no sea completamente eficaz.
sin embargo, el propio censo de 1990 muestra que 35.3% de
los jóvenes de entre 1 2 y 14 años que forman parte de la PEA
están ocupados como o_breros y empleados (INEGI, 1993). y
por lo tanto participan en el sector formal de la economía, el
cual se encuentra sujeto a una inspección del trabajo, por lo
que resulta difícil entender la tolerancia gubernamental.
Además, en todas las grandes tiendas de autoservicio de
México, los empaquetadores son siempre niños; ninguna de
las grandes empresas comerciales contrata a adultos para
realizar esta labor. En todos los casos, los niños trabajan sin

sueldo y sin prestaciones sociales y su única remuneración la
constituyen las propinas que reciben de los clientes. Esta
situación no está encubierta, ya que las empresas exigen una
carta a los padres de estos niños en la que manifiestan su
acuerdo para que los niños presten tal servicio, y además
proporcionan a los niños un uniforme y un muy breve entrenamiento sobre la forma adecuada de empaquetar los alimentos; en ninguna circunstancia tienen un contrato de trabajo, y
por todas esas razones resulta más que evidente que la ley no
se está cumpliendo. Otro tipo de trabajo infantil que está
estrechamente relacionado con el sector formal, es el de
quienes venden periódicos en las calles; estos niños también
trabajan sin sueldos y sin contratos y reciben una comisión
según el número de ejemplares vendidos.
Las cifras oficiales muestran que poco más de la mitad de los
niños que trabajan lo hacen en la agricultura (INEGI, 1994a),
ya sea en las granjas de sus propias familias o vendiendo sus
servicios a otras personas. Pero dado que -como señalamos
anteriormente· los datos sobre el número de niños que ejercen
alguna actividad económica están ampliamente subestimados
es posible plantear hipótesis en el sentido de que la mayorí~
de los menores trabajadores lo hacen por su cuenta, en actividades que por su naturaleza escapan al cálculo estadístico
Esta situación agrava aún más la incapacidad del gobierno para
intervenir, ya que por un lado la legislación laboral no es
aplicable a los trabajadores por cuenta propia (y consecuentemente no existen normas sobre sus condiciones de trabajo)
(Bensusan, 19801, y por otra parte el trabajo callejero e informal
no está sujeto a una vigilancia por parte de las autoridades.
Otro aspE:cto importante relacionado con el trabajo infantil y
Que también escapa a la reglamentación jurídica es el que se
refiere al trabajo doméstico. Esta cuestión afecta principalmente a las mujeres. pero también a los niños (y de manera
más específica a las niñas) . La Encuesta Nacional de Empleo
señalaba en 1993 que entre la población inactiva del país, había
605,553 personas de la 12 a 14 años dedicadas a quehaceres
domésticos y que no asistían a la escuela De estas, 37 02 7
eran varones v 568.526 mujeres (INEGI 1994) Aunque no
todos estos menores laboran corno empleados domésticos.
pues el dato también mcluye a aquellos que trabajan en sus
propias familias, en ambos casos la actividad que desarrollan
pueden no sólo ser consideradas como un "trabajo" . sino
incluso como una actividad económica, pues contribuye a la
reproducción de la familia (Meillassoux, 1977).
Dad? que el trabajo doméstico se realiza en condiciones muy
particulares que escapan a la legislación, y que dicha actividad
no queda registrada ante las autoridades laborales, hacendarias

�19

18

ni de seguridad social, constituye una de las alternativas
impor- tantes de trabajo para los menores, especialmente para
las niñas.

adecuadamente sus funciones, por lo que la ley prevé sanciones que pueden llegar incluso a arrebatar a los padres la tutela
de los hijos.

Estas situaciones muestran de alguna manera que los marcos
jurídicos en el país no han tenido éxito, al menos no co!11pletamente. Ello podría inducirnos a pensar que la tolerancia del
gobierno se debe precisamente a su incapacidad para reducir
los márgenes de pobreza y que por ende tolera el trab~jo
infantil, pues reconoce que forma parte de las estrat~g,as
familiares de subsistencia de los sectores más desfavorecidos.

Sin embargo, es preciso considerar que la cuestión del trabajo
infantil es mucho más compleja de lo que puede parecer a
primera vista. Es evidente que muchos niños que trabajan han
sido con frecuencia víctimas de la explotación y no gozan de
las garantías que normalmente ofrecen las leyes a los trabajadores. El estudio de Staelens (1993), por ejemplo, pone de
manifiesto que en la agricultura los niños trabajan frecuentemente como jornaleros y que sus condiciones de empleo son
por demás difíciles y ajenas a toda reglamentación legal. La
investigación de este autor muestra que en el norte de México,
los niños de entre 8 y 12 años trabajan igual número de horas
que los adultos, en actividades frecuentemente peligrosas y
ganando salarios inferiores, en ocasiones hasta de un tercio del
salario mínimo previsto por la ley. Además, como su trabajo
es ilegal, no están registrados, por lo que no tienen derecho a
prestaciones de salud ni a ninguno de los derechos que marca
la Ley Federal del Trabajo.

3)En su papel de rectoría, el Estado mexicano no ha sido capaz
de distinguir la pluralidad y diversidad de modos de vida y de
culturas, abriendo asf una brecha entre el nivel del discurso
ideológico y la realidad.
En occidente, la transición desde un modelo económico en el
que la mayoría de las familias constituían unidades de producción hacia otro en el que las familias se convirtieron mayoritariamente en unidades de consumo, tuvo como consecuencia
un cambio importante en la valoración de los niños y en las
funciones que éstos desempeñan al interior de la familia. Los
cambios sociales favorecieron el desarrollo de una imagen
sacralizada del niño (Ouellette, 1994).
En México. el discurso oficial en torno a la infancia se aproxima
mucho a esta visión occidental. La niñez adquiere un valor por
sí misma, es sacralizada y no se pone en duda ninguno de los
principios establecidos en la Carta de los Derechos del Niño.
Sin.embargo, en la práctica, el valor y la representación que
los niños tienen dentro de su contexto sociofamiliar varía
enormemente de un grupo social a otro. Es por ello que nos
atrevemos a afirmar que la distancia entre el nivel del discurso
político y la realidad social pone de manifiesto la incapacidad
del gobierno para integrar en sus políticas y en sus marcos
jurídicos la enorme pluralidad cultural que caracteriza al país.
Podemos observar lo anterior a través de la situación del trabajo
infantil.
Hemos señalado que tanto la Ley Federal del Trabajo como la
Reforma Constitucional de 1962, establecieron un marco
jurfdico de prohibición del trabajo infantil y de protección a los
jóvenes trabajadores, el cual es compatible con las principales
disposiciones contenidas en los convenios internacionales. En
base a ello, y a una ideología de protección a la infancia
investida de una trascendencia simbólica, el trabajo de los
menores ha sido "satanizado", y tanto la sociedad civil como
las autoridades públicas consideran que una familia que permite
que sus niños ejerzan alguna actividad económica no cumple

Al hacer referencia a los menores que trabajan, existe una
tendencia a pensar en estos menores explotados. Pero al
parecer no se toma en cuenta que este fenómeno no puede ser
circunscrito exclusivamente dentro del marco de la explotación. Aparentemente, la consideración de que el trabajo
infantil es un problema social surge cuando el trabajo de los
niños se convierte en asalariado, es decir, cuando los niños
empiezan a trabajar para empleadores ajenos a sus familias
(Mendelievich, 1980:3).
Tradicionalmente, en muchas familias mexicanas -particularmente en los sectores rurales, aunque también en los urbanoslos hijos han jugado un papel importante como parte de las
estrategias de sobrevivencia económica (Selby y otros, 1994).
Evidentemente que tal situación no es exclusiva de las familias
mexicanas, pues como lo señala un informe de la OIT:
... en todas las sociedades los niños han participado y
participan, en mayor o menor grado, en los procesos de
producción, intercambio y servicios que son necesarios
para la supervivencia del grupo al que pertenecen (Mendelievich, 1980).
Aún hoy, poco más de la cuarta parte de la población mexicana
es rural, y un buen número de hogares constituyen todavía
unidades productivas, en donde los menores, como las muieres, participan activamente en la producción, aunque su
trabajo no sea reconocido oficialmente. El fenómeno se ve
particularmente acentuado, dado que muchos trabajadores

�20

adultos son expulsados de las áreas rurales como resultado del
deterioro del sector agropecuario (Unikel, 1976) y porque en
el campo mexicano las tasas de fecundidad registran niveles
que casi duplican a las urbanas (Ribeiro, 1995; Zúñiga, 1990;
Zavala, 1989), por lo que la población infantil es proporcionalmente mayor en el campo que en las áreas urbanas.
En los medios urbanos, particularmente entre los más pobres,
los niños también representan una mano de obra familiar importante, especialmente en los hogares monoparentales encabezados por mujeres, los cuales manifiestan niveles de vida
muy bajos (Lomnitz, 1985: 76) . En este sentido, la realidad de
la pobreza urbana en México rompe el esquema según el cual
los niños forman parte de las estrategias económicas de las
familias cuando éstas son unidades de producción, y dejan de
hacerlo cuando se convierten en unidades de consumo.
Mientras Que en algunos grupos la llegada de un hijo representa
un costo mayor, pues implica un consumo suplementario de
bienes y servicios, para otros representa un beneficio, dado
que implica fuerza de trabajo suplementaria (Margulis, 1 989),
un bastón para la vejez (Ribeiro, 1993), un refuerzo de los lazos
de solidaridad grupal (Leñero, 1979). y un valor de identidad
sexual (Ribeiro, 1995)
En tanto que en las clases medias y en los estratos económicamente más favorecidos los menores prácticamente no ínter·
vienen en la actividad económica de la familia, en los sectores
marginados los niños son llamados a participar intensamente
desde la edad de 8 años (Selby, 1995). En este sentido,
constituyen un importante recurso de la pobreza. Las familias
pobres de medios urbanos, particularmente las muy pobres que
se encuentran en el sector informal de la economía, deben
responder al carácter relativamente escaso de los empleos y a
la carencia total de garantías exógenas para su reproducción,
mediante la maximización de la fuerza de trabajo de que
disponen. Entran aquí en juego dos elementos: al el número de
personas en condiciones de trabajar, y bl la maximización de
su uso como productores de ingreso (Margulis, 1989). Para el
primero, la unidad doméstica sólo puede actuar aumentando
su tamaño (por extensión o por fecundidad); para el segundo,
se deben tomar decisiones respecto a la edad a la que los hijos
comienzan a trabajar , a la posibilidad de que los hijos estudien
o no, y a las actitudes respecto del trabajo femenino (Margulis,
1989).
Resulta entonces que en un contexto de pobreza extrema, la
unidad doméstica tiene que ser entendida como una unidad
económica que envía personal al mercado de trabajo para
recibir un salario, y mantiene además personal en el hogar para
que realice actividades esenciales para la subsistencia y se

21

dedique a producir artículos en ·industrias domésticas• (González de la Rocha, 1986).
Además del importante papel que juegan los niños en la produc-

ción de y para la familia, también es importante su participación
en la reproducción de la unidad doméstica, entendiendo por
reproducción la estrategia compartida y solidaria de sus miembros con el propósito de lograr la continuidad de la familia
(Margulis. 1989). Aquí es donde las niñas participan más que
los niños, ya que los menores no escapan al esquema de división del trabajo doméstico que caracteriza al modelo predominante de estructura familiar en México (Sel by y otros, 1991 ) .
Podemos agregar que en una sociedad en la que prevalece una
acentuada estratificación social, los grupos social y económicamente marginados no sólo necesitan el trabajo de los niños
para sobrevivir, sino que perciben en él una función socializadora . Y en ello puede entenderse que el valor que los padres
dan a sus hijos no es meramente utilitario y funcional, sino que
también denota una preocupación por el porvenir de los hijos:
para defenderse en la vida, ellos deben aprender a trabajar y
ser responsables, pues en pocos años serán llamados a hacerse
cargo de sus propia vidas y deberán fundar sus propias familias
Aunque en este sentido sobra decir que dicha función socializadora implica limitaciones para el desarollo de los niños v
contribuye a la reproducción de la estratificación social. ya que
el tipo de actividades desarrolladas _por estos niños y por sus
familias son las de menor productividad y las peor remuneradas; dado que la actividad económica influye sobre la deserción
escolar (Bensusan, 19801, los niños que abandonan la escuela
corren el riesgo de pasar varios años de su vida dedicados al
mismo oficio, sin que con el paso del tiempo se encuentren en
una mejor posición para obtener empleos más ventajosos.
Evidentemente el gobierno mexicano no tiene una tarea fácil
para regular los aspectos del trabajo de los menores, ya que
por una parte, el trabajo infantil está legalmente prohibido,
pero por la otra la sociedad mexicana no está en condiciones
de asegurar para todos los niños (nt para todas las familias) los
medios mínimos de subsistencia Si el gobierno se apega
estnctamente a las disposiciones del Convenio 1 38 de la OIT
y aplica firmemente la legislación vigente en el país. priva a un
gran porcentaje de familias mexicanas de la función del apoyo
de los niños como parte de sus estrategias de sobrevivencia
económica; pero si al contrario, se vuelve tolerante y no se
entromete en esos asuntos que "conciernen principalmente a
las propias familias", como de hecho sucede, entonces deja
una puerta abierta para que la barata mano de obra infantil
pueda ser explotada, v que quede al margen de las conquistas
laborales de los adultos (sindicatos, garantías de empleo,

�23

22

garantías de indemnización, seguros contra enfermedad y accidentes, vacaciones, salarios legales, etc.).
El problema está estrechamente relacionado con las condiciones de extrema pobreza en la que subsiste una gran proporción
de la población. Mientras tales condiciones persistan, será casi
imposible modificar la situación actual, pues las familias seguirán necesitando el trabajo de los niños para poder sobrevivir,
ya sea al interior mismo de sus unidades domésticas o enviándolos fuera para conseguir un salario de apoyo. De hecho, entre
las recomendaciones de la OIT para facilitar la aplicación de los
principios del Convenio 138, se estipula que se deberán adoptar medidas para lograr el pleno empleo de los adultos (Mendelievich, 19801.
No existen -a nuestro juicio- estudios que muestren que el pleno
empleo de los adultos favorece la abolición del trabajo infantil.
Pero aún suponiendo que así fuese, en el panorama actual de
México tal meta parece casi imposible de alcanzar. Al tomar el
poder el Presidente Zedillo en diciembre de 1994 se comprometió a generar un millón de empleos por año para disminuir
el rezago en materia de empleos. Sin embargo, a tan sólo 6
meses del inicio de su gestión, lejos de generar nuevos empleos
se habían perdido varios cientos de miles debido a la crisis
económica. La proyecciones gubernamentales más recientes
en materia económica sugieren que durante el período 1995·
2000, la PEA tendrá un incremento anual promedio cercano a
un millón de personas (Gobierno de México, 19951. De tal
suerte, aún cuando fuese posible alcanzar las metas propuestas
por el actual gobieno ·lo cual parece sumamente difícil· no sería
posible disminuir el rezago en materia laboral, pues la gen·
eración de nuevos empleos apenas si alcanzaría para cubrir las
necesidades de los jóvenes que ingresan anualmente a la
población económicamente activa.

***********
El panorama que presenta actualmente la situación de los niños 1
en México deja todavía mucho que desear. Ni la orientación
populista del gobierno hasta la década de 1970, ni el giro hacia
el neoliberalismo a partir de 1980 han podido reducir significa·
tivamente muchos de los problemas que aquejan a la infancia.
Las tendencias económicas observadas actualmente no ofre·
cen un panorama muy alentador, ya que los recursos gubernamentales se destinan principalmente a actividades que tratan
de reforzar la productividad interna y la competitividad en los
mercados, restándole importancia a los programas de bienestar
social. la coyuntura económica parece exigir que cada vez más

se le otorgue un papel preponderante a la eficacia, al rendimiento y a la participación de los particulares en el financiamiento
de los programas gubernamentales. Existe así una tendencia
de reducir el crecimiento de las finanzas públicas respecto del
crecimiento de las necesidades sociales.
Es cierto que el país ha entrado desde hace algunos años en
un proceso de modernización, aunque -debemos decirlo- se
trata de una modernización inacabada y desigual, ya que
además de alcanzar sólo a algunos sectores de la población, la
asimilación de nuevas tecnologías y estilos de vida no van de
la mano con modificaciones en los marcos jurídicos. Además,
podríamos preguntarnos qué significado tiene esta modernización para los sectores mayoritarios de la población. Hemos
dicho que la mitad de los niños mexicanos se encuentran en la
pobreza, y hasta ahora, los planes de desarrollo de los gobiernos postrevolucionarios no han podido modificar tal situación.
Uno de los problemas serios es que los planes y políticas
gubernamentales no reconocen la diversidad cultural. La políti·
ca está diseñada de manera centralista, para responder a
necesidades urbanas y de estratos medios y superiores. Se
observa, además, un desarrollo desigual que ha favorecido a
las regiones más urbanizadas {como Nuevo León donde cerca
del 95% de la población es urbana) y ha discriminado a otras
más rurales (como Chiapas y Oaxaca, en donde la mayor parte
de la población es rural y de grupos étnicos diferentes).
Tenemos así un país que constituye un mosaico de gran
diversidad étnica, lingüística, socioeconómica y geográfica, en
donde existen enormes variaciones en el grado de urbanización
y disponibilidad de servicios y en el cual convive una multiplicidad de formas de organización de unidades domésticas. Lo
que es coherente para unos grupos sociales no lo es para otros.
El enfoque es integracionista y hay una sola política educativa,
una sola de salud, una sola demográfica. Hay una sola concepción de lo que es y debe ser la familia. Todo ésto resta eficacia
a los planes y proyectos sociales, entre ellos a aquellos destinados a atender las necesidades de los niños.

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Este artículo se inscribe dentro de la tradición de los estudios
urbanos de sociología iniciada desde -los años veinte, cuando
los intereses de investigadores sociales de las escuelas de
Chicago y Manchester, se orientaron hacia trabajos que tuvieron como objeto la ciudad y sus conglomerados humanos.
Muchas investigaciones fueron realizadas, y se hicieron intentos ~or definir la cultura urbana en comparación con el mundo
rural . Esto los condujo a interrogarse sobre la dinámica de los
barrios pobres.
En el caso de la antropología, la orientación hacia los estudios
en ciudades fue tardía, surgió hacia mediados de los sesenta
y se consolidó como subcampo disciplinario hasta los setenta.
Este nuevo interés, tuvo como contexto la aceleración en el
desplazamiento de poblaciones rurales hacia centros urbanos,
situación que se ha presentado en muchos países, particularmente en los latinoamericanos. Así, los antropológos tuvieron
que mudarse siguiendo a su objeto de estudio (Fox, 1977: 14).
En esta situación, los estudios realizados por los antropológos
requirieron una redefinición de sus enfoques, de sus instrumentos de investigación y la aplicación de técnicas modificadas.
Mucho tiempo ha pasado desde esta época; ya está lejos
también la etapa de adolescencia de la sociología y de la
antropología, que se cuestionaron frecuentemente sobre los
límites y perspectivas de los estudios urbanos IHannertz,
1983; Ribouleau, 1982). Se pasó a una etapa en la que importa el examen de organizaciones sociales particulares, más que
las interrogaciones acerca de la pertinencia del objeto de
estudio. Así, el interés por este tema ha aumentado y las
investigaciones se han multiplicado aportando nuevos cono-

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1 Profesor-Investigador de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad

Autónoma de Nuevo León
2 Este enfoque fue desarrollado más tarde utilizando la construcción bipolar
de Redfield (1953, 1955).

�28

cimientos acerca de grupos sociales con una dinámica de crecí·
miento rápido y con rasgos específicos. los paradigmas de las
ciencias sociales en el estudio de ciudades pasó de los enfoques propuestos por Maine, Ourkheim y Tonnies, a aquellos
basados en la nociones de ecosistema, de redes (networks),
así como también a los que se basaron en análisis económicos
e ~istóricos, en do51de la ciudad es examinada como un todo
(R1bouleau, 1982) . Esto indudablemente sirvió como base
para planificadores urbanos y para un mejor conocimiento de
los grupos sociales de las ciudades.
Hoy día, al interior de los numerosos estudios sobre las
ciudades, encontramos en México un renovado interés por la
dinámica de las unidades domésticas. sobre todo por estudi·
osos que han destacado el papel que juegan las mujeres
(Massolo. 1992), y también por el contexto social de crisis
económicas recurrentes (Selby, 1994). De ahí que esta situa·
ción requiera enfoques e instrumentos específicos que nos
permitan averiguar de Que manera los miembros de unidades
domésticas lográn satisfacer sus necesidades básicas. Con
esta intención, abordaremos algunos conceptos teóricos que
están implícitos en el examen de la dinámica de sectores de
bajos ingresos y aquellas en pobreza extrema en zonas ur
banas, con el objetivo de contribuir a la construcción eventual
de un marco conceptual y una base analítica útil para su
examen.
El tema de la pobreza ha sjdo abordado desde diferentes
perspectivas. De hecho. una gran parte de la literatura en
c!encias sociales, -ha mostrado un vivo interés en la compren·
s1ón de este fenómeno y en explicaciones que han ido desde
aspectos macroestructurales hasta la descripción microsocial
de la familia. Podríamos argumentar después de esta asevera·
ción que el tema es sugestivo; existe y ha existido una preocu·
pación por la pobreza que engloba una multiplicidad de estudios
en la historia de las ciencias sociales. En ellos los enfoques se
han multiplicado a través del tiempo, incluyendo en muchas
ocasiones análisis de un mismo fenómeno con etiquetas diferentes.
Sin la pretensión de abordar la trayectoria de este largo camino
en la historia de las ciencias sociales, valga afirmar que a pesar

3 El e s tudio de ciudades tuvo gran aceptación en el mundo académico; com o
mues tra podemos cons ultar tes extensas bibliograffes de fllenton 11976) y
de Gutkind (1973).

29

de la exaustividad con que han sido tratados algunos aspectos
relativos a esta preocupación, existe todavía lugar para abordar
el tema de la pobreza. No obstante los serios intentos para
comprenderla y para erradicarla, todavía estamos lejos de
conseguir una explicación consensual de su naturaleza y de los
mecanismos que le son inherentes. Esta situación justifica el
continuar abordando este fenómeno que caracteriza a una
sociedad cambiante.

Pobreza urbana y unidades dom6sticas
El tema de las unidades domésticas en situación de pobreza
presenta un interés que coincide con orientaciones de algunos
investigadores sociales mexicanos en las últimas décadas. Sin
embargo, una constatación que se desprende del examen de
la literatura. es que globalmente estos estudios todavía no
presentan un corpus epistemológico que satisfaga la elabora·
ción de una teoría explicativa con alcances más amplios. Esta
tarea, sin duda, es una de las más importantes que deben
emprenderse en los próximos años, si queremos contribuí, en
el mejoramiento de la situación de los pobres en este país.
4

Por otra parte. en Jos últimos años han aparecido los estudios
sobre unidades familiares en situación de pobreza; algunos se
han relacionado con temas que buscan explicar la insersión de
la mano de obra en el mercado de trabajo (García, Muñoz v De
Oliveira. 1982). Otros han buscado explicaciones relativas al
rol de la mujer en contextos dominados por una tradición
masculina (Massolo, 1992); el rol de las unidades domésticas
como recurso de la pobreza (González de la Rocha. 1986); las
estrategias de sobrevivencia de los marginados (Adler de
Lornnitz. 1975); migración y pobreza (Browning, H.L. y Feindt,
W .• 1973; Balan, Browning y Jelín , 1977); en fin, tenemos una
gama amplia de cuestiones que se han propuesto dilucidar los
investigadores sociales interesados en desglosar y desmenuzar
las características de conglomerados familiares en México.
Mucho se ha avanzado en las investigaciones realizadas.
Tenemos elementos que nos permiten concluir acerca de
ciertos aspectos relativos al funcionamiento de unidades fami·
liares en situaciones de pobreza, aunque todavía no tenemos
en muchos casos, la suficiente evidencia empírica para estable·

4 Aunque actualmente e xiste un interés renovado por este tema, ya desde
la dé&lt;:ada de los sesentas se produjo une amplia literatura. Como ejemplo
véanse los trabajos de Osear lewis .

�30
cer generalizaciones sobre los mecanismos implícitos en la
dinámica familiar. Esto se debe principalmente a que ha habido
problemas para estudiar este fenómeno: diferentes objetivos,
métodos, e información segmentada. No obstante esta constatación, los trabajos realizados han demostrado -y ésta es una
de las grandes aportaciones- que el enfoque de los estudios
sobre unidades domésticas constituye todavía un tema con
amplias posibilidades para la investigación, además de ser
importante como concepto heurístico (García, Muñoz y De
Oliveira, 1982).
Conceptualmente la unidad doméstica incluye personas que
viven bajo el mismo techo, organizan sus recursos colectivamente y ponen en acción estrategias de generación de ingresos
y actividades de consumo. Además, "El concepto incluye a los
miembros que pueden o no ser parientes. Desde este punto de
vista, la unidad doméstica es un grupo social y no simplemente
una colección de individuos". En este sentido, puede argumentarse que las unidades domésticas constituyen unidades sociales (González de la Rocha, 1986: 16).
Asimismo, este concepto refiere al ámbito donde se organiza
en parte la vida cotidiana de los individuos. Su utilización
durante los últimos años ha adquirido un lugar analítico preponderante para el estudio de fenómenos específicos, ya que
permite entender mejor algunos de los mecanismos sociales
relativos a la operación del mercado de trabajo, en especial
aquellos referidos a los factores que actúan sobre la formación
de la oferta de mano de obra. No obstante, el concepto adquiere una connotación económica cuando consideramos que el
pertenecer a un hogar significa compartir los beneficios o
desventajas derivados de las condiciones económicas de los
demás miembros, compartir un presupuesto común y utilizar
una infraestructura (incluido el trabajo doméstico) también
común para la satisfacción de las necesidades materiales
(García; Muñoz y De Oliveira, 19821.
En estas condiciones, la unidad doméstica ofrece la oportunidad de entender mejor el impacto de los procesos extradomésticos, o más generales sobre la vida familiar. Asimismo, se pueden entender las fuerzas internas que afectan la organización
y la economía familiares y los procesos decisionales que se
desarrollan en su interior. Desde esta perspectiva, la unidad
doméstica no juega únicamente un papel pasivo y no es de
interés simplemente por su capacidad de reflejar fenómenos
extradomésticos. Por el contrario, es un receptor de fuerzas
externas que condicionan, o al menos influyen, en lo que sucede a nivel interno, pero a su vez genera fuerzas internas que
son también importantes para la organización doméstica social
y económica (González de la Rocha, 1986).

La retención de la unidad doméstica como concepto heurístico,
requiere de un examen de la composición de parentesco, el
tamaño, los ciclos vitales de los hogares y la estructura por
edad y sexo. Estos están vinculados y nos proporcionan las
características del grupo familiar y la información sobre la
participación económica de los integrantes. la comprensión de
la unidad doméstica nos permitirá abordar otros fenómenos
más generales, relacionados con las maneras a las que se
recurre para allegarse los recursos económicos necesarios para
la reproducción de la fuerza de trabajo en el interior de las
unidades domésticas. En los hogares se toman decisiones
sobre dónde y cómo se participa en el mercado de trabajo y
sobre el consumo. Otros elementos importantes que debemos
considerar en relación con las unidades domésticas, se refieren
a la ideología, ya que
en su interior se transmiten los valores culturales y otros
elementos del «equipaje ideológico» ... todos ellos constituyen elementos importantes para la comprensión de
la persistencia de una estructura económica y social
(González de la Rocha, 1986: 12).
Dinámica de la U!lidad doméstica y ciclos vitales.
A pesar de que la perspectiva precedente nos permite obtener
información rica en los análisis sociales, es necesario considerar que las unidades domésticas.tienen un sentido dinámico.
Ellas deben analizarse diacrónicamente si se pretende comprender su naturaleza de cambio. Esto nos indica ·Ia necesidad de
a~rdar a las unidades domésticas a través de la influencia que
reciben de las transformaciones del ciclo vital o dom\Stico. En
estudios realizados durante los años sesenta, Fortes ya consideraba al grupo doméstico como el taller de la reproducción
social y a éste como un proceso cíclico. Para Fortes, varios
tipos domésticos eran considerados como "fases en el ciclo de
desarrollo de una sola forma general para cada sociedad". las
conclusiones de González de la Rocha (19861, en relación con
las unidades domésticas "nucleares" y "extensas", indican que
ellas no constituyen dos grupos diferentes. los diversos tipos
~ estructura pueden hallarse en una sola unidad doméstica en
d1f~rentes momentos del ciclo familiar. Asimismo que "una sola
unidad doméstica presenta niveles diferentes de ingreso y

5 Citado por González de la Rocha (1986:21-22).

�32

33

bienestar en sus diferentes etapas. los niveles de pobreza v
bienestar están fuertemente influidos por el ciclo doméstico•.

Asf, podemos considerar que en cieneral la unidad doméstica
es una entidad social dinámica y que se encuentra fuertemente
influida por el ciclo vital.
Esta posición teórica es relevante y tiene implicaciones signifj.
cativas dentro de 1a investigación social acerca de la unidades
domésticas. Generalmente, en muchos estudios se presentan
diferentes tipos de familias y se dan cifras estáticas que repre·
sentan momentos temporales específicos de éstas. También,
encontramos análisis que reportan cifras obtenidas de censos
o encuestas; incluso, observamos construcciones diagramáti·
caso tipologías de la familia. Sin embargo, el sentido diacrónico
y dinámico de las unidades domésticas requiere de un examen
que refleje el proceso de cambio y la transformación.
Una de las opciones interesantes que se desprenden de investigaciones rncientes .para mostrar el sentido diacrónico de las
unidades domésticas, refiere a la utilización del concepto de
ciclo doméstico. En éste, se observa el proceso de cambio de
las unidades domésticas debido a las transformaciones en su
composición y estructura, participación de sus miembros en el
mercado de trabajo v estrategias de sobrevivencia. la idea del
ciclo doméstico, refiere básicamente a cómo-los grupos familiares atraviesan por «estadios» vitales que van desde el matrimonio, el nacimiento de los hijos, el lanzamiento de los hijos hacia
sus respectivos matrimonios, el estadio post-hijos, y ta disolu·
ción de la familia por la muerte de uno de tos cónyuges.
Para cada estadio el tamaño y ta composición sufren
transformaciones que tienen amplios efectos sociales y
económicos en áreas como ta vivienda y los patrones de
consumo y ahorro, la actividad económica femenina y el
bienestar social, que requier8n ajustes por parte de los
individuos (Kono, 1977:356 ).
Para García, Muñoz y De Oliveira (1982), esta forma de
conceptualizar el ciclo doméstico, operacionalizado por Glick
(1947) y G1ick y Parke Jr. (1965), tiene limitaciones que fueron
señaladas por Kono (1977:358-359}. El plantea que esta .forma
de considerar a la unidad doméstica implica:
a la existencia de grupos nucleares que excluyen a las famitias
extendidas;

6

Citado por Garcla, Muñoz yOe Oliveira (1982).

b que todas las familias completan la totalidad del ciclo antes
de morir uno de tos cónyuges (se olvida la pasibilidad de
divorcio o muerte antes de ese momento), y
e subraya el supuesto de la familia con hijos por oposición a
las ·parejas que no desean o no pueden tenerlos, las cuales
l!egan a constituir un número importante en algunos países
(como en el caso del Japón en 1970,). Asimismo, deja de
lado la posibilidad de hogares con jefes sin cónyuge y sin
hijos.
Aunque estos supuestos deben ser consideraciones que deben
tomarse en cuenta cuando abordamos el sentido diacrónico de
las unidades domésticas, el concepto de ciclo doméstico es
releva9te, ya que nos permite ubicarlas en una realidad cambiante . Esta situación es importante: ·Los ciclos domésticos
no son necesariamente unilineales, ni las fases se hallan perfecta y claramente separadas entre si" (González de la Rocha,
1986: 18). Siguiendo a esta última autora, quien se apoya a su
vez en Fortes, podemos delimitar con fines prácticos las fases
que lo caracterizan:
La etapa de expansión en ésta la unidad doméstica crece.
comienza cuando la pareja se une y termina aproximadamente cuando la mujer cumple cuarenta años y finaliza su
edad ·fértil. Se trata de una fase en donde los miembros de
los hogares aumentan y están en desequilibrio ya que la
relación trabajadores- consumidores es muy desigual. Este
tipo de hogares se halla bajo una mayor presión económica
que en la siguiente fase.
2 Etapa de consolidación o equilibrio: esta etapa puede con-

7 A pesar de su pertinencia como concepto analítico. exi sten dific ultades p ara
diferenciar a las familias por ciclo vital, sobre todo en países que no
necesariamente se caracterizan por un predominio casi absoluto de familias
nucleares y que no cuentan con estadísticas detalladas. Se recurre entonces
a le edad del jefe de familia c omo una aproximación (García. Muñoz y De
Oliveira. 1982:531 Estos autores afirman que hay diversos enfoques pera
operacionahzar el concepto entre ellos le edad de la medre. le cual es
utilizada frec uentemente en investigaciones -antropológic as A veces s e
recurre a le edad de los hijos más pequeños ~Recchini. 19791; en ocasiones
combinada con la edad del jefe del h ogar (Schmink. 19791. No obstante.
ni aún los mejores indicadores parecen captar bien la realidad de les
unidades no nucleares, limitación que puede estar presente en el propio
concepto de ciclo vital. Por esta razón, los autores parten del indicador
menos refinado: la edad del jefe del hogar.

�35

34

tinuar cuando la segunda ha comenzado en su sentido
económico. Los hijos, o al menos algunos de ellos, trabajan
y participan en la economía doméstica, no sólo como
consumidores, sino también como generadores de ingresos.
En esta fase, la frontera es muy difusa respecto a la primera.
Su rasgo más importante es la capacidad de la unidad
doméstica de volverse económicamente más equilibrada en
relación al ingreso y al consumo.
3 La etapa de dispersión: se presenta cuando los miembros
de la unidad doméstica empiezan a separarse de su unidad
de origen para formar y organizar nuevas unidades. Igual
que en las etapas anteriores los límites son difusos.
El reconocimiento de estas fases del ciclo y el sentido dinámico
de las unidades domésticas ha sido utilizado recientemente en
investigaciones; entre ellas destaca el estudio de Dandurand
( 1992), para ilustrar
complejidad de la familia canadiense.
Otras investigaciones se han interesado en el ciclo doméstico,
tal es el caso de Tamara Hareven cuyo trabajo está centrado
en temas históricos empíricos en Inglaterra y que analiza a la
familia como un proceso temporal más que como una unidad
estática. Por su parte, Adler de Lomnitz ( 1975), reconoce la
importancia del ciclo doméstico como proceso dinámico. Desa·
fortunadamente sólo sugiere que el ciclo doméstico es el motor
de tal dinamismo y circunscribe sus efectos al problema de la
vivienda. "El ciclo doméstico ha sido utilizado asimismo para
analizar la movilidad residencial Turner lo ligó con las necesida·
des cambiantes de vivienda dependientes del ciclo" (González
de la Rocha, 1986:24).

Jr

las estrategias de sobrevivencia
Las líneas anteriores nos indican la gran importancia que
revisten los ciclos domésticos en el examen de las unidades
familiares. No obstante, este instrumento metodológico no ha
sido utilizado frecuentemente y se ha omitido su carácter
heurístico para conocer aspectos esenciales que sirvan en la
intervención para el desarrollo de las unidades domésticas de
bajos ingresos y en extrema pobreza. En esta situación los
ciclos do~ésticos tienen un valor innegable en las estrat~gias
que los miembros de hogares emprenden para solucionar sus
problemas. "La etapa en el ciclo vital de la familia comprende

8 Citadas por González de la Rocha (1986:24).

una serie de variables que caracterizan a la familia como un
todo y que influyen sobre la naturaleza de las estrategias de
sobrevivencia diseñadas a nivel familiar" (Chalita, 1992:283).
Podríamos asegurar que los cambios en el ciclo doméstico,
están íntimamente relacionados con el nivel de bienestar de las
unidades domésticas. "Se encontró que las unidades domésticas en expansión son más vulnerables a la pobreza debido a
su mayor incapacidad de mandar más miembros al mercado de
trabajo" (González de la Rocha, 1988:218). Además, existen
numerosos aspectos de los ciclos que pueden vincularse con
algunas actitudes de los miembros de la unidad doméstica. La
posibilidad para crear nuevas estrategias de sobrevivencia
puede ser cada vez más difícil,
Sin embargo ella se apoya en hijos mayores, nueras y
yernos. Por tanto invertir en la educación y matrimonio
de los hijos es una estrategia de sobrevivencia ventajosa
en las «etapas tardías de los ciclos» (Chalita, 1992:2832841
Los datos sociodemográficos de los grupos domésticos, nos
indican que las unidades domésticas examinadas en una perspectiva dinámica, presentan características diferentes en relación con la fase del ciclo doméstico en el que se encuentran.
Es indudable que los miembros de los hogares experimentan
rasgos distintos dependiendo de la estructura interna familiar
que es determinada por la edad, el sexo, la posición en el
trabajo, la educación, entre otros. Los estudios realizados bajo
esta perspectiva, subrayan la existencia de necesidades, ingresos y consumo diferente en las diversas fases del ciclo doméstico; así como roles específicos de cada uno de los miembros,
una presión diferente para cumplirlos y diversas posibilidades
de ascenso social.
Es precisamente en este sentido Que la validez del concepto

de ciclo doméstico adquiere toda su riqueza heurística para el
conocimiento del papel que desempeñan las unidades domésti·
casen el proceso de desarrollo. El ciclo doméstico está íntimamente relacionado con las actitudes que se adoptan en los
hogares para solucionar los problemas económicos y de espectativas de las familias. Podríamos resumir lo anterior afirmando
que a cada fase del ciclo doméstico corresponden, de una
manera general, estrategias específicas.
Podemos afirmar que la mayor parte de nuestros actos en la
cotidianidad son estrategias que adoptamos consciente o inconscientemente para solucionar problemas. Esta aseveración
incluye no sólo aquellas acciones directamente relacionadas
con la toma de decisiones para la sobrevivencia material, sino
también las que se vinculan con actividades que realizamos

�37

36

indirectamente para satisfacer necesidades. Esta primera aproximación al concepto de estrategia como proceso, debe afinarse para aplicarla al examen de fenómenos sociales. Chalita
(1992:278), siguiendo a Wolf (1988). afirma que el concepto
de estrategia
. . . sugiere el camino por medio del cual se consiguen y
combinan diferentes recursos urbanos a fin de asegurar
la reproducción material de las familias; ésta es definida
como la suma total de comportamientos a nivel familiar".
Se trata de una secuencia de acontecimientos planeados
con más o menos lógica, con mayor o menor éxito, cuyo
objetivo es el bienestar de las personas que las realizan
(González de la Rocha, 1986:16).
Podría afirmarse que las estrategias refieren a un proceso de
planificación en donde
El grado y el ritmo de adaptación familiar a las condiciones cambiantes están relacionadas con el éxito que la
familia pueda tener en la optimización de sus recursos
materiales y con la efectividad de su planeación a largo
plazo" (Brambila, 1985:16)
Esta delimitación del concepto de estrategia es válida en
términos generales para explicar comportamientos sociales
relacionados con la reproducción material, el bienestar y la planificación que se adopta para adaptarse a situaciones de cambio. No obstante es necesario especificar su función en términos temporales. En el corto plazo, a las estrategias organizativas que se asumen para abordar carencias previstas e imprevistas de la vida diaria se les denomina estrategias de sobrevivencia, y varían según el tipo de familia y la etapa de su ciclo
doméstico, así como de acuerdo al contexto urbano. A estas
se le denomina frecuentemente estrategias particulares (González de la Rocha : 1986: 16). Por otra parte, las estrategias
generales a largo plazo, son respuestas colectivas al interior de
las unidades domésticas e involucran a varios de sus miembros.
Son múltiples: incluyen los ingresos de más de un
miembro de la familia y porque las respaldan diferentes
tipos de ocupaciones en las que las actividades remuneradas son únicamente una de tantas otras; éstas
últimas abarcan la producción doméstica, el trabajo
hogareño el trabajo en redes sociales (Wallerstein y
otros, 198~ Portes, 1978; Moser, 1982; Long y Richarson, 1978) .
Dado que nuestro interés se basa en el examen de unidades
domésticas de bajos ingresos y en extrema pobreza, el concepto de estrategias de sobrevivencia particulares y a corto

plazo es el que podría adaptarse mejor para explicar los
comportamientos relacionados con la reproducción material,
con el bienestar y con la planificación en situaciones de cambio.
Debemos recordar que el análisis diacrónico vinculado con los
ciclos domésticos, constituye la orientación que permite entender cómo los grupos domésticos plantean la solución a sus
problemas inmediatos. Esto es importante: las unidades domésticas en situaciones de bajos ingresos y en pobreza extrema actúan en general a corto plazo.
Sin embargo, a pesar de lo apropiado del concepto y de su
aceptación en investigaciones sociales, en nuestra opinión
debemos mencionar las limitaciones implícitas para su operacionalización, los «presupuestos ocultos» . Veamos algunos de
ellos según Chalita (1992):
1. Implica un comportamiento racional . El término engloba
desde un conjunto de fines colectivos a largo plazo hasta una
serie de respuestas reactivas no dirigidas (Schmink, 1984:95)
2. Este término se enfoca sobre los resultados, más que sobre
el proceso; en esta situación se omiten las decisiones que
anteceden a un resultado, o bien se considera que éstas a nivel
familiar no son conflictivas (Folbre: 1988) Respecto a ésto
último, existen evidencias que demuestran que dentro de la
familia no se comparten los mismos fines (Beneira y Roldán .
1987; Moser, 1987; Wolf. 1988). Esto se relaciona directamente con un comportamiento familiar, producto de una unión
entre estrategias individuales y las luchas al interior de las
unidades domésticas, en donde existe una estructura de poder
y obligaciones entre los miembros {Chalita, 1992:278). Podemos considerar que la toma de decisiones es un proceso
conflictivo entre las jerarquías de edad y el género; la unidad
doméstica no es un núcleo homogéneo, es una unidad contradictoria, una estructura jerárquica (González de la Rocha,
1986:26).
A esta crítica se puede agregar aquella aportada por Selby
(1994). en donde la generalidad del concepto. la existencia de
actores racionales. la toma de decisiones, el número de alter
nativas, o por el hecho dudoso de que la familia está en
situación de sobrevivencia. la hacen inoperante. A continuación abordaremos algunos aspectos de las estrategias de
sobrevivencia que pueden aplicarse como orientaciones metodológicas en algunas investigaciones.

9 Citados por Gonzélez de la Rocha (1986: 17).

�39

38 -

Son numerosas las maneras como se manifiestan las estrategias de sobrevivencia urbana. Las investigacio~es reci~ntes
han señalado diversos aspectos que es necesario considerar
en un análisis que pretenda discernir sus implicaciones para el
desarrollo de unidades domésticas en situación de bajos ingresos y de pobreza extrema. En algunos est~dios so~re este
tema, se ha puntualizado y acentuado la necesidad de incorporar los condicionantes macroestructurales en las estrategias.
Esta situación ha hecho más complejos los análisis, obligando
a incorporar muchas variables (inclusión del salario real, nivel
de empleo, cambios en la canasta familiar, gasto público en
infraestructura urbana), asimismo el análisis se hace más
complicado cuando incluimos factores de cambio rápido en
situación de crisis económica. Dada esta situación, se ha
optado por examinar un sólo aspecto del fenómeno (redes de
intercambio, trabajo doméstico, presupuesto de tiempo, división del trabajo entre los miembros del hogar, comportamiento reproductivo, educación, vivienda, entre otros); algunos trabajos han privilegiado "la interrelación entre una serie
de aspectos" utilizando entrevistas profundas (García, Muñoz
y De Oliveira, 1982:23).
En este contexto, uno de los temas privilegiados en investigaciones refiere a procesos al interior del hogar, relacionados con
la organización familiar, tales como el comportamiento reproductivo, la división del trabajo por edad y sexo, y la organización del consumo. Con esta orientación, se construyeron
tipologías familiares para explicar la relación entre las estrategias de sobrevivencia y la fecundidad. Otros trabajos fueron
realizados en Chile; ahí se afirma que la participación de los
hijos y de la esposa en la actividad económica, el nivel de
ingreso y consumo familiar, el número de hijos y las actividades
respecto al tamaño de la familia, están condicionados por la
estrategia de sobrevivencia económica que impone la inserción
del jefe de hogar en la estructura productiva (García, Muñoz y
De Oliveira, 1982:20). Esta perspectiva no fue bien aceptada;
no obstante constituyó un enfoque inicial importante en los
estudios sobre el tema.
Además de los temas descritos, se ha abordado el papel de los
hijos en las estrategias de sobrevivencia. En este aspecto,
González de la Rocha (1986) aborda las decisiones de los
pobres urbanos de retener a los hijos casados en la unidad
doméstica hasta que otro miembro en edad productiva tome
su lugar como generador de ingresos. Por otra parte, relaciona
la mano de obra infantil con las fases de consolidación Y
expansión del ciclo doméstico. En esta misma linea de inves·
tigación, en Brasil se enfatizaron las funciones económicas de
las unidades domésticas, destacando la combinación de es·

cuela-trabajo, el comportamiento reproductivo y la modificación de las características de las unidad doméstica a través de
la superposición de los ciclos domésticos de expansión y de
dispersión. Este estudio fue interesante, abrió una linea de
análisis que "vincula la división del trabajo entre los miembros
del hogar con la división social del trabajo en el nivel estructural· (García, Muñoz y De Oliveira, 1982: 21 ) .
La actividad económica asalariada ha constituido también un
tema de investigación. Con esta perspectiva se encontró una
compatibilidad entre trabajo doméstico y actividad económica
a.salariada; ésta se ha apoyado en estrategias de sobrevivencia,
tales como redes de relaciones vecinales y familiares y uso de
guarderías; estrategias enfocadas principalmente al cuidado de
los hijos pequeños. Esta situación podría definirse como • maximización del uso del tiempo y trabajo de la mujer. Es decir, se
compatibilizan y complementan las estrategias de trabajo
doméstico con la actividad asalariada en base de esa maximización" (Estrada y Sheridan, 1988: 158). Este último trabajo
se acerca a los estudios de estrategias y la reproducción de la
fuerza de trabajo. Se afirma que a partir de las unidades
domésticas se ponen de manifiesto los mecanismos para la
manutención; además se investiga si la mano de obra de
hogares también vende su fuerza de trabajo al igual que el jefe
de familia (García, Muñoz y De Oliveira, 1982:23).
Indudablemente la generación de ingresos (monetarios y no
monetarios) para las unidades domésticas constituye un tema
central entre las ,itrategias. En un estudio efectuado en Brasil,
Schmink (1979) , nos refiere a una situación en donde la
capacidad para generar ingresos depende de la disponibilidad
de los trabajadores que se sumen a los que ya participan en la
actividad, del tiempo que emplean y del trabajo para generar
ingresos suplementarios, además de incorporar mecanismos
extradomésticos. Estos últimos ya estaban presentes desde los
llrimeros análisis realizados en la antropología urbana. El caso
deAdler de Lomnitz (1975), es un ejemplo en donde se destaca
su importancia.

Se incluyen también como estrategias clásicas, la venta desde
el hogar de productos de belleza, de abarrotes o bien de
servicios que puede realizar en su hogar la mujer, tales como
la cocina, costura y lavado de ropa, entre otros. Estas actividades se consideran como extensiones del trabajo doméstico.

IOCitado por García, Muñoz y De Oliveire (1982:21).

�40

Igualmente, encontramos casos de trabajadoras o bien jefas de
familia que realizan hasta tres actividades diarias: trabajo asalariado, industrial o de servicios, trabajo a domicilio (maquila) y
trabajo doméstico (Estrada y Sheridan, 1988). Es frecuente
asimismo la participación de las mujeres en el mercado informal
(González de la Rocha, 1986).
Este tema ha sido de gran relevancia para muchas investigadoras con perspectivas de género y ha dado lugar a la producción
de muchos trabajos. En estos estudios, la unidad doméstica
aparece como el elemento central en torno del cual se elabora
la estrategia de la reproducción física y social. Esta logra
"combinar la procreación con la socialización, el trabajo asalariado con el trabajo en el hogar y la educación, todos ellos
elementos indispensables para la reproducción social y física"
(González de la Rocha, 1986:26). Según esta autora, "Ninguna
otra institución social ha podido hasta ahora combinar exitosamente todos estos elementos y remplazar a la unidad doméstica en la reproducción" .
Al interior de estos análisis hemos encontrado puntos de vista
opuestos en relación a la situación de las mujeres jefas de
hogar. Autoras como Chant ( 1 988). consideran que el bienestar las familias encabezadas por mujeres y que son dueñas
de sus viviendas es mejor. y que este tipo de familias frecuen·
temente resultan de la propia decisión de las mujeres. Su
estudio demuestra que ellas tienen muchos elementos positivos en la lucha por la sobrevivencia. En contraposición al punto
de vista anterior, González de la Rocha ( 1988) afirma que las
unidades domésticas encabezadas por mujeres presentan niveles más bajos de bienestar que sus contrapartidas. En general,
podemos afirmar que existe una gran diferencia en estrategias
de sobrevivencia entre hogares con cabeza masculina y aquellos encabezados por mujeres y que actualmente existe un gran
interés en estudios urbanos sobre la situación de la mujer, sobre
todo aquellos que abordan los movimientos populares en donde
hay, una gran participación femenina.
las redes de intercambio recíproco.
La importancia de las redes de intercambio recíproco a llevado
frecuentemente a cuestionarse acerca de si la unidad doméstica funciona como eje de la organización de las diversas
actividades necesarias para el mantenimiento cotidiano de sus
miembros. "Esto es, no se acepta a priori que la pertenencia a
un hogar suponga el surgimiento de estrategias de supervivencia que impliquen responsabilidades compartidas de manutención" (García, Muñoz y De Oliveira, 1982 :22). Esta orientación
cuestionó los supuestos de armonía, cooperación y racionali-

41

dad que están presentes en varios estudios que toman al hogar
como unidad de toma de decisiones.
En las estrategias de sobrevivencia urbana las redes de intercambio recíproco constituyen un elemento sobresaliente. Para
obtener bienes y servicios básicos, los pobres urbanos establecen relaciones sociales entre parientes y vecinos, con el fin de
procurarse toda una gama de bienes y servicios que hacen
posible su reproducción. Estas estrategias de sobrevivencia,
basadas en gran parte en redes de ayuda mutua, son tomadas
precisamente por los grupos sociales de bajos ingresos y
marginales, dado que tienen pocas oportunidades para satisfacer necesidades. Estas redes se basan en el parentesco, la
vecindad, las relaciones sociales determinadas por el compadrazgo y el cuatismo. En ellas el elemento central es la distancia
f/sica en la vecindad y el nivel de confianza entre los pobladores
(Adler de Lomnitz, 1975). Así, encontramos que ellas se
fundamentan en la reciprocidad y la confianza. Sin embargo,
las redes pierden importancia frente a otros factores cuando
se tiende al individualismo, tal y como lo plantea la teoría de
la modernización (González de la Rocha, 1986:30-31) .
Las redes de intercambio recíproco tienen un sentido dinámico;
éstas y el parentesco son armas importantes que la familia tiene
para adaptarse a las condiciones cambiantes del sistema . Ellas
se modifican ante situaciones nuevas o recurrentes, tales como
las crisis económicas en México; se rompen o cambian en situaciones que así lo requieren, o bien se crean nuevas cuando surgen necesidades. De una manera general, se puede afirmar que
éstas constituyen un recurso importante para las clases desfavorecidas incluyendo a la clase obrera (Niembro: 1988: 175)
De la misma manera que existen diversas estrategias de sobrevivencia encontramos una multiplicidad de redes de ayuda
mutua . Una persona en el medio urbano tiene muchos tipos de
relaciones sociales con diversos propósitos. Las redes son
vehículos a través de las cuales se obtiene ingreso familiar
(monetario y no monetario) y la ayuda.para obtener un empleo
así como la circulación en efectivo. Otros aspectos incluyen la
colaboración de parientes, vecinos o compañeros de trabajo,
para conseguir préstamos y otras transacciones en efectivo y
en especie; asimismo, a través de ellas se consigue auxilio para
cuidado de niños y para lograr préstamos e información sobre
empleo potencial (Chalita, 1992).
·
Además de estas consideraciones podemos mencionar que las
unidades domésticas no están aisladas, ellas tiene un contacto
estrecho con otras entidades sociales. Dos tipos de relaciones
las vinculan con la sociedad externa: a) relaciones verticales y
asimétricas que la unen con el capital y el Estado. En éstas, la
unidad d.Qméstica está subordinada y no puede modificar la

�43

42

relación, y b) la relaciones horizontales y simétricas que se
establecen entre iguales, es decir entre parientes, amigos y
vecinos. Este segundo tipo de relaciones, es la que interesa en
el caso de los grupos de bajos ingresos y en pobreza extrema,
ya que las redes de reciprocidad se dan de manera horizontal.
Es preciso señalar que este último tipo de relaciones en las que
se basan las redes de intercambio recíproco, no son formas de
organización social que pueden explicarse como meros residuos de etapas anteriores del proceso de cambio social.
• Estas instituciones llevan la huella de la sociedad en la que
funcionan• (González de la Rocha, 1986:29).
Se pueden agregar otros aspectos relativos a las redes, entre
ellos destacan los diferentes roles conyugales que desempeñan
los hombres y la mujeres en las unidades domésticas y las
distintas relaciones que ellos establecen al exterior, las contradicciones en las familias donde hay disidencias y al mismo
tiempo reciprocidad. las relaciones extra-domésticas en donde
se participa en estrategias colectivas de sobrevivencia para
adquirir tierra, vivienda o servicios públicos. En este mismo
sentido, uno de los aspectos interesantes que apuntan González de la Rocha (1986) y Adler de lomnitz (1975), refiere al
esfuerzo y al tiempo que dedican las unidades domésticas para
crear y mantener redes de relaciones sociales, es decir en el
afianzamiento de relaciones simétricas y recíprocas.
Conclusiones.
las páginas que preceden han tratado de ubicar al lector en
algunos conceptos que podrían ser adecuados para guiar
investigaciones acerca de la unidades domésticas en sectores
urbanos. Se ha tratado de presentar una base teórica para el
análisis de las unidades domésticas de bajos ingresos y aquellas
en pobreza extrema de áreas urbanas.
En el estudio de la pobreza urbana y de las unidades domésticas, constatamos que los exámenes aún no presentan un
corpus epistemológico que satisfaga la elaboración de una
teoría explicativa con alcances más amplios. Todavía no podemos establecer generalizaciones sobre los mecanismos implícitos en la dinámica familiar, debido principalmente a que ha
habido problemas para estudiar este fenómeno: diferentes
objetivos, métodos e información segmentada. No obstante el
enfoque de los estudios sobre unidades domésticas constituyen todavía un tema con amplias posibilidades para la investigación, además de ser pertinente como concepto heurístico.
la perspectiva propuesta anteriormente requiere considerar
que las unidades domésticas tienen un sentido dinámico. Ellas
deben analizarse diacrónicamente si se pretende comprender

su naturaleza de cambio. Esto nos indica la necesidad de
abordar a las unidades domésticas a través de los ciclos vitales
o domésticos. Esta importancia del concepto de ciclo doméstico en el examen de las unidades familiares no ha tenido una
contrapartida como instrumento metodológico; el concepto no
ha sido utilizado frecuentemente y no se ha explotado en
muchos estudios su importancia heurística para conocer aspectos importantes que sirvan en la intervención para el
desarrollo de las unidades domésticas de bajos ingresos y
marginales. Esto podría constituir una pista interesante: los
ciclos domésticos tienen una importancia innegable en las
estrategias que los miembros de hogares emprenden para
solucionar sus problemas. De tal manera que éstos están
íntimamente relacionados con el nivel de bienestar de las
unidades domésticas. De una manera resumida, podemos
afirmar que a cada fase det ciclo doméstico corresponden, de
una manera general, una serie de estrategias específicas.
Por lo que respecta a las redes de intercambio recíproco, éstas
también tienen un sentido dinámico para adaptarse a las condiciones cambiantes del sistema. Se modifican ante situaciones
nuevas o recurrentes, se rompen o cambian en situaciones que
así lo requieren, o bien se crean nuevas cuando surgen necesidades. De una manera general, se puede afirmar que éstas
constituyen un recurso importante para las clases desfavorecidas. De la misma forma que existen diversos tipos de unidades domésticas, ciclos vitales y estrategias de sobrevivencia,
observamos una multiplicidad de redes de ayuda mutua.
No hemos pretendimos presentar en este breve artículo conceptos nuevos, ni tampoco abordar toda su implicación teórica.
Tratamos de sistematizar un marco de análisis que pueda ser
útil en el examen de algunos casos de unidades domésticas
pobres en las ciudades. Esperamos que la identificación de
estos elementos clave de la dinámica social permitan actualizar
nuestro conocimiento acerca del tema.

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�CONDUCTA SEXUAL Y VIH-SIDA: El CASO DEL
ÁREA METROPOLITANA DE MONTERREY, N. l.
1

Oiga Olivla Carranza Navarro

Introducción.
«El SIDA es un problema que está considerado no sólo como
una cuestión médica y de salud pública, sino también como un
asunto social, que concierne al individuo, familia, grupos
específicos y al Estado; como los responsables para conducir
su atención». (Soberón, 1989:3). Hasta la fecha no se ha
logrado encontrar una cura a esta enfermedad y tampoco existe
una vacuna que pueda evitar la infección del virus, «se nos ha
repetido un sin fin de veces que la única medida preventiva
que se tiene es la educación de la población, para que evite
conductas riesgosas en el aspecto de su sexualidad» (Castro,
1989:417).
Desde el inició de la epidemia del SIDA, el VIH ha infectado a
una población que oscila entre 9 y 11 millones de adultos y 1
millón de niños en el mundo. Actualmente existen un millón
quinientos mil casos de SIDA en la población adulta v 500 mil
casos en los niños. Para el año 2000, se estima que las cifras
ascenderán a entre 30 y 40 millones de infectados entre
hombres, mujeres y niños. Los casos declarados de SIDA serán
de entre 12 y 18 millones, y 2 millones de estas personas serán
niños (Hurtado, 1993a:4).
Con estas cifras alarmantes -que han sido manejadas oficialmente a nivel mundial- constatamos la gravedad del problema;
sobre todo al saber que está afectando a las personas que se
encuentran en edad productiva, tanto desde el punto de vista
dé la economía, como del de la fertilidad. Esta situación traerá
consecuencias muy graves. «El SIDA puede convertirse en la
más costosa y catastrófica plaga en la historia» (Platas,
1992:8).
Hasta fines de 1992, los Estados Unidos era el país, en el
continente ameñcano, que reportaba más casos de SIDA; el

1 Egresada de la Maestría en Trabajo Social de la Universidad Autónoma de
Nuevo Le6n.

�48

segundo lugar lo ocupaba Brasil; el tercero, México, \Jbicado
actualmente en 10° lugar, a nivel mundial. (Hurtado, 1993d:3).
En el estado de Jalisco -que en México ocupa el segundo lugar
de casos de SIDA· los datos muestran que por cada 5 hombres
hay dos mujeres infectadas. Guadalajara es la ciudad con más
personas infectadas, a nivel nacional. En ésta, existen 487
casos por cada millón de habitantes (Hurtado, 1993d:3).
Nuevo León ocupa el quinto lugar, después del DF, Jalisco,
México Y Puebla. Hasta 1994, existían en este Estado 641
casos; los municipios que ocupan los tres primeros lugares son:
Monterrey, San Nicolás y Guadalupe (Sepúlveda, 1994).
En los centros de atención y control del SIDA, la mayoría de
la gente que acude a recibir atención son homosexuales y
bisexu~les ':'~sculinos, drogadictos y prostitutas. Estos grupos
están 1dent1f1cados -desde que apareció esta enfermedad en
nuestro país- como los que tienen más prácticas sexuales de
alto riesgo al VIH-SIDA (Rico, 1989:255) . Sin embargo, si
atendemos lo que señala la Organización Mundial de la Salud
descubrimos que en el mundo existen 9. 2 millones de persona;
heterosexuales que están infectadas por el VIH-SIDA, mientras
que entre los homosexuales la ~ifra no llega sino a 1. 9 millones
de casos (CONASIDA: 1992a) . Así, a pesar de estas cifras,
constatamos que a más de 12 años de incidencia del SIDA en
nuestro país, la población heterosexual aún no se siente
concernida por este problema . Ante la actitud de la población
heteros~xual, surgen las dudas: ¿en realidad no tienen prácticas de nesgo, o no están conscientes de ello?; ¿acaso muchos
de ellos no han sido, o son, compañeros sexuales de personas
que tienen un comportamiento de alto riesgo al VIH?
Una situación que se deriva de este problema, es la de muchas
mujeres infectadas por el virus. La información a nivel mundial
puede apreciarse en el cuadro 1.
En México, debemos destacar que al inicio de esta epidemia
los varones eran los más afectados. En 1985, por cada 25
hombres infectados con el virus, había una mujer infectada;
sin embargo, entre 1988 y 1993, la proporción entre hombres
Y mujeres se modificó: actualmente por cada 6 hombres
infectados hay una mujer infectada. En Nuevo León esta
proporción es de 10 a 1 (CONASIDA, 1993).

2

México es uno de los pafses de occidente en donde cada vez se observan
més casos de SIDA entre la población heterOf&amp;xual. Asl lo indican las cifras
estadísticas enojadas por el CONASIDA y por los COESIDAS estatales.

49

Cuadro 1
Total de personas infectadas de VIH·SIDA en el mundo, por
sexo, hasta 1992.
Personas infectadas

Millones de casos

Porcentaje

l:fombres Adultos

7 .1

55.0

Mujeres Adultas

4 .7

36.5

Niños

1.1

8.5

Total

12.9

100.0

Fuente: CONASIDA (1992c) .

Bromfman (1991 :13), dice que hasta el momento, en México,
3
se ha realizado poca investigación social sobre SIDA . En las
áreas socio-culturales sólo se han limitado a hacer estudios
descriptivos de la situación. En lo particular, se tiene la creencia
de que una investigación social que hable del SIDA sin relacionarlo con el comportamiento sexual de las personas, no
estaría abordando correctamente el problema, ya que nos
desviaría de la realidad; y la verdad es que la principal forma
de infección que causa esta enfermedad ·entre los adultos- es
por vía sexual. Situación que se presenta peligrosa para los
seres humanos debido a su necesidad de intimidad física.
Valdespino (1989:281 ), admite que no se han realizado estudios acerca de las prácticas sexuales de la población masculina
-no identificada socialmente como homosexual·, por lo que
para estimar el porcentaje de homosexualidad en los varones,
se ha tenido que recurrir a los resultados arrojados por los
estudios de Kinsey. Sin embargo, es probable que en nuestro
país no sean de mucha utilidad los informes de Kinsey, de
Masters y Johnson y de otros investigadores extranjeros. Ante
tal situación, consideramos que la problemática mexicana debe
ser analizada desde una perspectiva más propia a nuestra

3 En releción con ésto, habrfa que conocer la razón por la cual no se investiga
en esta área. Ya hemos optado por dejer el problema a las disciplinas
químicas y m6dicas. ¿Acaso se piensa en el SIDA como un problema da
salud, que no es, de mayor grado. asunto para la Sociología, la Antropología
o para el Trabajo Social "/

�50

cultura, ya que sólo así podemos obtener ~oluciones ~oncre~a.s
adecuadas a nuestra realidad. En estas c1rcunstancIas, quIsImos realizar una investigación en la que el objeto de estudio
fuese la conducta sexual de las personas identificadas socialmente como heterosexuales. El interés por abordar a esta
población se debió a la preocupación por el incremento -cada
vez más acelerado- de la infección del VIH de este grupo que
incluye hombres, mujeres y niños; quienes n!' son con~idera~os
de un modo directo y claro como grupo de nesgo a la infección
del VIH-SIDA.
En nuestro estudio4, la .finalidad fue conocer cómo un grupo
de personas heterosexuales en el área metropolitana de Monterrey, N. L. está viviendo su sexualidad. considerando que
existe el riesgo de contraer el SIDA. Específicamente, nos
interesó obtener información acerca de la influencia que tienen
algunos factores socio-psico-culturales (edad, sexo, estado
civil, escolaridad, ocupación, religión, conocimientos en sexualidad y transmisión sexual del VIH-SIDA, uso de alcohol, uso
de pornografía, prostitución, promiscuidad, enfermedades y
práctica sexual) en su comportamiento sexual; y en base a
estos conocimientos realizar un análisis descriptivo-comparativo, entre hombres y mujeres, en relación con su situación de
riesgo por contacto sexual al VIH .
Para desarrollar este objetivo de investigación, realizamos el
estudio en el Hospital Metropolitano "Dr. Bernardo Sepúlveda ~,
de la Subsecretaría Estatal de Salud. Tomamos una muestra
combinada no probabilística, intencional por cuotas, compuesta por 270 personas (135 hombres y 135 mujeres), en edades
de 18 a 50 años, residentes de los municipios de Monterrey,
Guadalupe y San Nicolás de los Garza, N. l. Aplicamos una
cédula de entrevista estructurada y utilizamos como técnica
de apoyo la observación sistemática.
Veamos los resultados más sobresalientes de este estudio.
1. Perfil sociodemográfico y educación sexual.
Edad. El 36.3% de los entrevistados tiene entre 18 y 25 años,
el 43.3% entre 26 y 35 y el 20.4% entre 36 y 50 años.

4 la investigación en cuestión fue realizada por la autora durante 1993 V
1994, como parte de su proyecto de Maestría en Trabajo Social. La Tesis
producto de este trabajo se encuentra disponible en la Biblioteca de la
Facultad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Nuevo león
(nota del Editorl.

51

Estado civil. la mayoría de los entrevistados (73%) son casados, 17.4% solteros y 9.6% están separados, viodos o divorciados.
Escolaridad. El 21.5% tiene estudios primarios, el 45.6%
escolaridad media incompleta y el 33.0% tiene al menos
instrucción secundaria completa.
Ocupación. la mayoría de las mujeres (77.8%) se dedican ~
trabajos del hogar; el 80.7% de hombres y el 20.7~ de
mujeres, tienen un empleo eventual; sólo un 1. 5 % de muJeres
y el 17.0% de hombres cuentan con un empleo fijo. los oficios
más comunes que se encontraron fueron: empleados de empresas de servicios como gasolineras, hospitales, restaurantes,
cantinas, gobierno, mercados, tiendas, centros de video, veterinaria, ferreterías, mensajerías, radio, trabajadoras domésticas, guardias de seguridad, almacenes, mueblerías, farmacias
y vendedores ambulantes (de tacos, nopales, periódicos, libros, seguros de vida, paletas, sexo, etc.). También se nos
presentaron obreros y ayudantes de la construcción como albañiles, ayudantes electricistas, torneros, macheteros, carpinteros, pintores, plomeros, costureras, electricistas, soldadores,
técnicos electricistas-automotrices, mecánicos, ingenieros de
sistemas y electricistas, etc.
Religión. El 81 .5%de los entrevistados profesa la religión
católica.
Educación sexual. la educación sexual es un factor que influye
en la exposición al riesgo del VIH, pero debido a la complejidad
que resulta la medición de la influencia de esta variable,
optamos por manejar sólo algunos indicadores que se refieran
a la información que tienen las personas sobre sexualidad
humana, ya que esta es parte del proceso educativo. la
información que las personas tienen sobre sexualidad se presenta como una condición necesaria -aunque no suficientepara que puedan ser capaces de vivir su sexualidad de un modo
apropiado para evitar el riesgo a adquirir una enfermedad sexual
-como el SIDA- ya que una persona que tiene conocimientos
en el aspecto sexual puede saber sobre lo que son las relaciones
sexuales, los métodos anticonceptivos, los embarazos, las
enfermedades venéreas, etc.

Uno de los resultados de nuestra investigación, fue que en esta
población existe una patente falta de información en aspectos
de sexualidad. la falta de una adecuada educación sexual en
la escuela, familia, amigos y otras instituciones, ha influido
para que estas personas -desde muy temprana edad- vivan una
sexualidad sin responsabilidad, en relación al riesgo de adquirir
enfermedades de transmisión sexual, entre ellas el VIH. En otro

�52

indicador observamos un número considerable de personas que
creen que la familia es la institución responsable de brindar
instrucción sexual; coinciden en que la escuela es la menos
indicada para cumplir con esta tarea formativa. Encontramos
que ambas instituciones tienen una participación muy deficiente en esta labor educativa.
Es evidente que la mayoría de la población (77.4%) está de
acuerdo en que los padres deben hablar a sus hijos sobre
aspectos de sexualidad. El 73.0% acepta que se les debe hablar
de métodos anticonceptivos y enfermedades venéreas; poco
más de la mitad de la población está de acuerdo en que se
manejen temas de sexualidad en la escuela. La experiencia en
nuestro campo profesional -trabajo social- nos dice que, aunque sabemos que los padres tienen un papel muy importante
en la educación sexual de los hijos, sucede que éstos tienen
que buscar respuesta a sus dudas sexuales en medios alejados
a la familia: libros, revistas, películas, amigos, etc., y frecuentemente las respuestas que encuentran están alejadas de la
realidad.
Otros hallazgos fueron: 4 7 .4%de las mujeres y 31 .1 % de los
hombres dicen no tener información sobre las enfermedades
de transmisión sexual; entre las mujeres que sí están informadas, tenemos un 28.8% que se han instruido en unidades hospitalarias, libros, o medios de comunicación; un 5.2% ~i~e
haber sido informada en la escuela y un 3.0% en la fam,ha.
Mientras que entre los hombres, 43.0% recibió información
con los amigos, 5 .9% en la escuela y 2.2% en la familia.
2. Conocimientos sobre transmisión sexual del VIH-SIDA y uso
de bebidas alcohólicas.

Conocimientos sobre la transmisión del VIH. En relación a los
conocimientos que tiene la población acerca de las formas en
que el virus del SIDA se puede adquirir, solamente manejamos
indicadores referentes a la transmisión sexual, por ser este el
tema que nos ocupa. La información que buscamos con esta
variable es en relación a los conocimientos de síntomas del
SIDA, maneras de riesgo de contagio, medid.a s preventivas a
la infección, interés de las personas en mantenerse informados,
percepción de sí mismos como candidatos a la infección, etc.
Pensamos de esta manera poder determinar si la información
existente sobre la transmisión del VIH significa que la población
tenga un comportamiento sexual conveniente para evitar la
infección.
En esta parte de la investigación, encontramos que un 49.2%
del total de entrevistados percibe a la población homosexual
masculina con riesgo de infección. B resto respondió que toda
persona promiscua tiene el riesgo de infectarse. Cabe recordar

53

a Mann (1990), quien dice que la discriminación y prejuicios,
también son •factores de riesgo• a la infección. Aquí observamos que la población heterosexual se siente ajena al VIH. No
obstante la realidad nos dice que el SIDA está afectando a
hombres: mujeres y niños, sin importar su preferencia sexual.
Lo mismo pueden infectarse homosexuales, heterosexuales o
adolescentes que inician su vida sexual, hasta amas de casa
fieles a la única pareja sexual en su vida.

La mayoría de esta población no se percibe a sí misma como
sujetos en riesgo a adquirir el VIH. Es muy probable que éstas
personas no hayan recibido los men5:3jes del •~agic•_Joh"!~n
-conocido basquetbolista norteamencano- quien se 1dent1f1ca
como heterosexual, sano, sin vicios de alcohol ni de droga,
pero que sí recuerda haberse involucrado sexualment~ con 60
mujeres. El dice: «uno no puede optar por correr el nesgo de
tener un contacto sexual no protegido con una persona ocasional, pues esto puede resultar un error fatal»; agrega: «cualesquiera que sean sus prefere'fias sexuales, no puede darse el
lujo de creerse invulnerable» .
En otro indicador, tenemos que un 80.4% de la población tiene
conocimiento -a modo general- de que la infección del VIH se
transmite sexualmente. Así, observamos que un 55.5% de
esta gente (sumando respuestas falso y no sabe) desconoce
las maneras específicas de contagio del VIH; ya que igr:ioran
que se puede transmitir a través del semen y de las secreciones
vaginales, donde el virus se encuentra en muy alta .c~ncentración. Es evidente la considerable falta de conocImIentos
acerca de la transmisión sexual del virus del SIDA; sin embargo,
existe desinterés por buscar infonnación. Tal vez sea por el
hecho de que no se sienten involucrados por el problema ..La
inquietud que aquí se nos presenta es con el grupo que dice
conocer las formas específicas de infección por vía sexual: ¿ el
conocer la forma de evitar la infección VIH, significa no tener
una conducta de riesgo?
Uso de Alcohol. En este estudio sobre el comportamiento
sexual no deja de ser interesante indagar sobre los efectos del
alcohoÍ en la conducta de ·Ios entrevistados. Consideramos
importante manejar esta variable, ya que en el estudio explo·
ratorio fue muy común que la gente hablara de su comportamiento de riesgo, incluyendo la frase "andaba con unas
copas• . Miller (1989:47), dice: «se debería evitar la ingestión

5 Citado p or Annstrong (199 1).

�54

excesiva de alcohol o drogas antes y durante las relaciones
sex~ales, ya Que el alcohol puede hacer Que el sexo sea más
relaJa':'te Y agrada~le.: ~ro afectan el juicio, incluyendo ta
capacidad para decir no ¡cortés y firmemente!» .
El alcohol tiene mayor influencia entre los varones para tener
sexo ~on p~rsonas casua(es; sin embargo, la mayoría de éstos
Y casi la mitad de las muJeres no han necesitado estar bajo el
efecto de bebi~as alcohólicas para tener, por lo menos una vez,
un compo!1am1_ento sexual de riesgo a la transmisión del VIH.
A~te tal s1tuac1ón, observam~s que el uso del alcohol -por sí
mismo- no es un fa_c tor determinante, aunque sí contribuyente,
para Que la po~lac,ón tenga una conducta riesgosa, ya que es
notable la ca~1t1dad de personas -ambos sexos- que no necesitan ~ndar baJo el efecto de bebidas embriagantes, para tener
relaciones sexuales con personas desconocidas. En otro indicador sobre la !nfluencia del alcohol para tener una relación con
pers~nas ocas1on~les, tenemos que 57.7% de los hombres y
17.8_¼ de la~ muJeres han estado motivados a tener a sexo
ocasional, baJo el efecto de copas.
Se observa una t~ndencia entre el 75.9% de los entrevistados,
a t_ener un~ relación sexual con una persona ocasional, aún sin
la 1nfl~enc1~ ~el alcohol. Los hombres -un 92.6%- son los que
más d1sp_os1c1ón manifiestan frente al sexo ocasional, ya Que
no necesitan toi:nar copas para sentirse motivados. Las mujeres
-en un porc~ntaJ~ menor que los hombres (59.3%), manifiestan
estar ta~b1én dispuestas al sexo ocasional sin necesidad de
~star estimuladas por el alcohol. Esta situación no deja de ser
1mport_ante, por las cuestiones culturales acerca de la situación
~emenma en nuestro país (respuesta tal vez influenciada por ta
hbe'!~d que ha alc~nzado la_m_ujer en el aspecto sexual. ya Que
m~n1f1esta no sentirse reprimida para vivir su sexualidad con
quié':1 sea_, Y cuando le plazca; es decir, no necesita vivir en
matnmorno para realizar su vida sexual). Esta •tibertad" sexual
nos lleva a cuestior:-amos si aumentará el número de caso;
VIH-~IDA en las m~Jere~. Desde el punto de vista psicológico
se d1~a que esta s1tuac1ón es saludable, ya que la mujer no
necesita del alcohol para ser estimulada sexualmente; pero
de~E: _el punto de vista de la salud física, nos habla de ta
posib1hdad ~n la que se encuentra el sexo femenino para
ponerse en nesgo de adquirir enfermedades infecciosas 'incluyendo por supuesto el SIDA.
•
3 _ Uso de pornograffa y relaciones sexuales con pareias múlti·
ples.
~
Po~nografla._ Utilizamos esta variable conscientes de que no es
fácd_ determinar la manera en la que el recurso de materiales
er~t!cos repercute en 1~ conducta del individuo. Sin embargo
qu1s1mos obtener nociones acerca del grado en que esta;

55

personas se encuentran en situaciones de riesg~ al VIH,
teniendo contactos sexuales con personas desconocidas. Masters y Johnson (1987:652), argumentan que cuando se confronta a la gente con materiales de tipo erótico, algunos individuos ven estimulado el impulso masturbatorio y coital; en muy
pocos casos el impulso puede disminuir, pero en la mayoría
no se encuentran manifestaciones de alteración en sus modelos
de conducta. Agregan que al igual que las fantasías, el material
pornográfico dispara la imaginación y hace que las personas
puedan encontrar -sin perder el dominio de la situación- las
zonas inquietantes de su cuerpo. Aquí observamos que el
material más utilizado es: películas de video, 51.9%; revistas,
24.4% y cine, 4 .8% . El 80.4% opina que la pornografía ayuda
a exteriorizar los deseos sexuales reprimidos; 80.4% , que
motiva a tener relaciones sexuales ocasionales; el 68.1 % está
de acuerdo en que motiva a realizar experiencias sexuales
"novedosas" . Por otro lado. 25.2% acostumbra ver pornografía en compañía de su pareja estable. 34.4 % con amigos o
parejas ocasionales y 21 . 1% solos.
Sumando los resultados de las personas que "siempre" evitan
tener sexo ocasional, y las que •no usan" pornografía, captamos un 83% de mujeres que no han tenido un comportamiento
sexual de riesgo, aún cuando han usado material pornográfico;
este porcentaje es considerable. ya que en nuestro país se tiene
la idea de que la mujer no demanda este tipo de material, por
cuestiones culturales. Sin embargo, nuestros datos nos muestran que también ellas se interesan y se excitan con la
pornografía . Sólo un 46 .7% de los hombres se han visto en
está situación. Esto nos indica que son los hombres quienes
se han visto más influenciados por el uso de la pornografía,
para tener un comportamiento sexual de riesgo al VIH, relacionándose con personas totalmente desconocidas, sin conocer
el aspecto de salud de sus compañeros sexuales. Aunque las
mujeres también hacen uso de material erótico, controlan más
sus impulsos sexuales y han evitado caer en conducta riesgosa
al VIH, al menos no influenciadas por dicho material.
Prostitución . La práctica de la prostitución es considerada
como una de las más riesgosas al VIH, ya que existen contactos
sexuales con múltiples personas. Por ello, decidimos incluir
este aspecto en nuestro análisis. Quienes practican la prostitución se encuentran más expuestos, pues tienen muchos compañeros sexuales; y es muy probable que -con frecuenciaadquieran otras enfermedades de transmisión sexual, situación
Que les duplica su riesgo a adquirir el VIH. En la población
prostituta masculina, los riesgos son mayores cuando sus
clientes son hombres, ya que el tipo de prácticas que se tienen
en las relaciones homosexuales masculinas -sexo anal- significan mayor peligro para la infección .

�56

Reibstein y Richards (1993:25), aseguran que para la mujer
anglosajona, el descubrir que su marido tiene una aventura
secreta de una noche puede ser más desestabilizador para el
status-quo del matrimonio, que el descubrir que visita a una
prostituta, ya que en esta relación se maneja dinero y no
sentimientos. Es de suponerse que a la mujer mexicana le pasa
igual, ya que parece no preocuparle tanto el que su compañero
visite a una prostituta: piensa que son encuentros que no llegan
ni a aventuras; por lo tanto, se sienten seguras de que su
matrimonio no está en peligro. Tal vez en términos emocionales
así sea, pero en el aspecto de salud, la seguridad de la familia
está en duda.
El 61 . 5 % de los hombres han tenido contactos de alto riesgo
a la infección del VIH, ya que han tenido sexo con una o más
prostitutas. Sólo 12.6% de ellos se relacionaron una ocasión
en la compra de sexo (aunque el grado es menor, este no deja
de ser riesgoso). Uno de los datos que causa más sorpresa es
el de la población femenina que también se ha relacionado con
personas prostitutas: 3.7% sólo con una pareja y 9.7% con
dos o más parejas (en este rubro están incluidas las mujeres
que han pagado por servicios sexuales a otra persona, y aquellas que han tenido parejas que se dedican a la prostitución) .
En este estudio partimos de la suposición de que nuestra
muestra estaba compuesta por personas que no pertenecían a
los grupos de riesgo mencionados en las campañas preventi·
vas: quienes se dedican a la prostitución. Ya que tomamos
población abierta -heterosexual-, de comportamiento sexual
aparentemente normal, nos causó sorpresa encontrar señoras
y señores que se dedican -o se han dedicado alguna vez en su
vida- a este oficio. Así, encontramos que 15.3% de las mujeres
y 21 .2% de los hombres han ofrecido sus servicios sexuales.
Cabe observar que en este estudio son más los hombres que
las mujeres -aunque en una muy reducida diferencia- quienes
se prostituyen. Esta situación nos sorprende, ya que en las
estadísticas nacionales es más común encontrar mujeres prostitutas. Algunos entrevistados dijeron prostituirse con mujeres
(o sea que no sólo son los hombres quienes les demandan sus
favores sexuales) .

57

se puede decir lo mismo de las mujeres, ya que 28. 1 % de ellas
no tienen seguridad, pues sus compañeros sí se han involucrado en este tipo de prácticas. Además, tenemos un alto porcentaje de mujeres que aceptan desconocer la conducta sexual de
sus cónyuges en relación con la prostitución. En nuestra
cultura, las respuestas de estas mujeres -quienes dicen no
saber- no son de extrañar, pero sí causan sorpresa los hombres
que aseguran desconocer la conducta sexual de sus parejas,
ya que los valores machistas que predominan en nuestro país
nos hacen suponer que no es fácil para ellos aceptar que
desconocen el comportamiento sexual de sus compañeras. Es
probable que esta población viva una situación riesgosa al VIH,
ya que no conocen el historial acerca de la vida sexual de sus
parejas. Para conocer la opinión acerca del acuerdo o desacuerdo que tienen sobre el hecho de que los hombres acudan con
personas que ejercen la prostitución, encontramos que el
39.3% de las mujeres está de acuerdo (algunas casadas
comentaron que ellas estaban de acuerdo, ya que a veces no
están •con ganas• de tener relaciones sexuales; entonces es
bueno que los maridos acudan con quienes pueden acceder a
sus deseos).
El 10.3% de las mujeres, alguna vez se han visto influenciadas
por el alcohol para tener una relación de prostitución (ya sea
buscar un servicio sexual, o bien, vender sus favores sexuales) .
los hombres (60.7%) son quienes presentan más alto riesgo
al VIH, por el comportamiento que presentan al buscar personas prostitutas estando alcoholizados.

Existe una marcada diferencia, entre ambos sexos, de ponerse
en una situación de riesgo directo al VIH relacionándose con
personas prostitutas: mientras que el 97 .8% de mujeres no ha
recurrido una sola vez a comprar servicios sexuales, el 70.6%
de varones si lo ha hecho, al menos una vez.

En relación a la tendencia de la población a involucrarse en
situaciones riesgosas al VIH por medio de personas prostitutas,
tenemos 88.1 % de las mujeres que dijeron preferir la abstención; el 37% de los hombres aceptaron inclinarse más por
quedarse con los deseos sexuales sin satisfacer, que acudir a
los servicios sexuales comprados (esta población manifiesta la
tendencia de no querer involucrarse en estas situaciones de
riesgo). Un grupo de 63% de hombres es el que sí presenta
mayor tendencia a ponerse en alto riesgo al VIH por no estar
dispuestos a abstenerse sexualmente cuando hay deseo sexual. Ellos prefieren la opción de acudir con personas prostitutas. En otro indicador, 90.3% expresa tener temor de adquirir
una infección al relacionarse con personas que trabajan en la
prostitución. Sin embargo, hemos observado el porcentaje de
población masculina que si acude con este tipo de personas.
Esto nos señala que, aún con todo el riesgo que este comportamiento conlleva, no dejan de acudir a ellas.

Los hombres manifiestan mayor seguridad acerca de la fidelidad de sus parejas, ya que 52.6% de ellos aseguraron que
éstas no se han involucrado en prácticas de prostitución. No

Parejas múltiples. En relación al problema del SIDA, el comportamiento sexual promiscuo es considerado como uno de los de
más alto riesgo a la infección del VIH, ya que es peligrosa toda

�58

aquella relación sexual que se tiene con un desconocido o con
una pareja ocasional, sin tomar alguna precaución de protección. Richardson (1988: 14), comenta que el SIDA está relacionado con la promiscuidad; pero sabemos que también se ha
presentado en personas que rara vez tienen relaciones casuales. Aunque predomina la idea de que todos aquellos que han
sido infectados, o padecen el SIDA, es porque son "promiscuos", existen personas que refieren haberse infectado en un
sólo encuentro sexual, con una persona ocasional.
Hemos dicho que en nuestro país predomina una cultura
machista, caracterizada por la costumbre que permite al hombre tener un comportamiento sexual de libertad para involucrarse con otras parejas sexuales. En cambio, a la mujer se le
exige fidelidad. Se juzga de un modo diferente el adulterio de
los hombres al de las mujeres: «en nuestra sociedad, la gente
asume públicamente que no es promiscua, aunque en privado
lo sea, es decir, la gente se dice ser fiel (de día), aunque (de
noche) no lo puedan sostener. Esto es lo que llamaríamos
moralidad diurna, con altas dosis de inmoralidad "nocturna"»
(Almaguer, 1993b:12). De lo anterior, Ouiroga (1993: 1O) toma
algunas palabras para expresar que los jóvenes gays y heterosexuales, son los grupos de más alto riesgo al VIH en la década
de los 90's. Dice que la sumisión de la mujer es también un
riesgo; así como el machismo dado en el aspecto psicosocial
del varón, la doble moral -ya que en el día se proclama
abstinencia o fidelidad y por la noche se vive con gran dosis
de promiscuidad- y considera a la bisexualidad -no manifestada
socialmente- como una conducta de alto riesgo a la infección
VIH. Ante tal situación, sabemos que cualquier persona que se
exponga a las formas de transmisión sexual, puede adquirir el
VIH; es por ello que creemos que es importante investigar la
historia sexual de las personas con quienes se piensa involucrar
sexualmente. Aunque sobra decir que ésto no es una medida
suficiente, ya que está la posibilidad de que tales personas no
digan la verdad.
Et riesgo al VIH en et comportamiento sexual con varias
personas, radica en la dificultad de poder identificar si la
persona con quien se relaciona es portadora o no del VIH. Como
en el caso de las personas seropositivas, la mayoría de las
veces ni ellas mismas conocen su estado de salud.
Las medidas preventivas para evitar la infección del VIH de
acuerdo con la Dirección Nacional de Epidemiología de la Subsecretaría de Salud ( 1990: 51 ) son: abstinencia sexual, fidelidad mutua y uso de condón. Otra medida preventiva puede ser
que las personas se den tiempo suficiente para conocer bien a
su pareja antes de llegar a una relación sexual plena. Sólo así
se tendrá la seguridad de no estar en riesgo de contagio. Es

59

importante no confiar en la impresión de la apariencia de buena
salud, ya que se puede estar frente a un portador sano del VIH.
Ante la cuestión de preferir la abstinencia a tener una relación
sexual ocasional, los datos nos indican que los hombres
presentan ta tendencia más alta a situaciones ~iesgosas,_ya q~e
ocho de cada diez respondieron no preferir la abst1nenc1a
sexual; prefieren una relación sexual ocasional. Entre las mujeres -aunque no es tan alta la tendencia- no deja de ser
significativo que poco más de la tercera parte prefieran tener
sexo ocasional a mantenerse en abstinencia. En otro indicador,
tenemos que la mitad de las entrevistadas asegura desconocer
si su pareja tiene relaciones sexuales sólo con ellas. No hay
que olvidar que ésta es ya una situación riesgosa, por el hecho
de desconocer el comportamiento sexual de sus compañeros.
Se puede decir que el 53.3% de los varones no están en
situación de riesgo a través de sus compañeras, ya que afirman
estar seguros del comportamiento fiel de ellas; sólo el 20.0%
de las mujeres están en la misma situación de seguridad con
sus parejas masculinas.
El 58.4 % de los hombres manifiesta un comportamiento sexual
de muy alto riesgo al VIH, por buscar y encontrar a sus
compañeros sexuales en la calle (donde es muy probable que
se involucren con personas prostitutas y/o promiscuas) . Aunque en menos cantidad, también encontramos que 2 de cada
diez mujeres se han relacionado con personas que "conocen"
en la calle. La mayoría de la población femenina es la que no
está en situación de riesgo, ya que un 53 .3% dijo no haber
buscado, ni encontrado, compañeros sexuales ocasiónales
"callejeros" .
58.5 % de los hombres han tenido de seis a más parejas
sexuales, mientras que sólo 17 .1 % de las mujeres se encuentran en tal situación . No hay que olvidar que las posibilidades
de adquirir el VIH aumentan con la exposición repetida, pero
es posible tener un solo coito sin protección para ·a dquirir el
virus; ésto significa que al aumentar o multiplicar las relaciones
sexuales con diferentes personas, el riesgo al VIH crece, ya
que toda pareja sexual representa un riesgo posible. Por otro
lado, cuando preguntamos: ¿es fácil para usted tener sólo una
pareja sexual? 85.2% de las mujeres respondieron que sí les
parecía fácil; mientras que sólo 41 .5% de los hombres contestaron afirmativamente. la mitad de los varones respondió que
les parecía difícil involucrarse sólo con una compañía sexual.
Sólo se encontró una minoría (2 .6%), en edades de 18 a 20
años, que hasta el momento de la entrevista estaba ajena a
todo riesgo -directo o indirecto- de adquirir la infección del VIH
por transmisión sexual, ya que no habían tenido ningún tipo de
contacto sexual con otras personas.

�60

Los hombres se presentan en una situación menos riesgosa al
VIH a través de sus compañeras, ya que el 40. 7% de ellos
dicen ser la primer pareja sexual en la vida de sus compañeras;
mientras que de la mayoría de las mujeres no se puede decir
lo mismo, ya que sólo un 10.4% de ellas han sido las primeras
parejas sexuales de sus compañeros. 79.2% de mujeres refieren que sus parejas han tenido 4 o más compañeras sexuales
antes de ellas. Esta situación las pone en alto riesgo al VIH, de
un modo indirecto, es decir, a través de sus compañeros
actuales; de quienes se puede decir que han sido promiscuos,
por presentar una historia sexual con varias personas.
Encontramos otro dato interesante en la pregunta: ¿ cuántas
parejas estables ha tenido durante los últimos seis meses? El
4.4% de las mujeres han mantenido de dos a tres relaciones
estables. Esta sit.uación va contra los valores establecidos en
nuestro país, ya que se supone que sólo los hombres tienen
este comportamiento; sin embargo, los resultados nos señalan
que también algunas de ellas son capaces de tener este tipo
de conducta. Cabe hacer el comentario de tres hombres en
ed~d adulta, que expresaron tener dos relaciones más -que no
deJan de ser estables- aparte de la •oficial•. En sus comenta·
rios, mencionaron los consejos que dan a sus hijos: «en vez de
andar con prostitutas y/o mujeres de la calle, mejor busquen
una mujer casada, porque éstas son más "seguras" de no andar
sueltas». Lo que nos preguntamos es si esta opción de matri·
monio en grupo es una estrategia más en la prevención del
SIDA. Es probable que por la cultura machista que predomina
en nuestro país ·donde el comportamiento de los hombres se
caracteriza por no mantener relaciones sexuales con una sola
persona- sería la medida ereventiva que tendría más preferencia
entre el sexo masculino .
En los últimos seis meses, el 86. 7% de las mujeres no ha tenido
un comportamiento de riesgo al VIH, por no haber tenido sexo
ocasionar; un 54 % de los hombres se han encontrado en igual
situación. El grupo que sí ha estado en situación riesgosa es el
conformado por el 45.2% de los hombres, quienes se han visto
involucrados sexualmente durante los últimos seis meses, una
o más veces, con parejas ocasionales.
Bisexualidad. Un dato que nos parece particularmente intere·
sante, es que 37% de los hombres dicen haber tenido relacio-

6 Aunque, evidentemente, le mujer casada también puede estar en riesgo por
le conducta sexual de su marido.

61

nes sexuales tanto con hombres -de una a más veces: como
con mujeres. No hay que olvidar que esta c~nducta b~sexual
es una de las más peligrosas para la población femenina, ya
que representa un canal para que la infección pase a las mujeres
y a los niños. Los hombres se involucran sexualmente -de modo
indiscriminado- con personas de quienes no conocen su estado
de salud, arriesgándose de esta manera a adquirir infecciones
y transmitírselas a sus compañeras. No disc~timos este comportamiento bisexual desde el punto de vista moral, pero
creemos que es de considerable importancia desde el punto de
vista de la salud, ya que en la relaciones sexuales entre
hombres, la practica más común es el sexo anal, comportamiento de mayor riesgo al VIH. Relacionada con esta pregunta
se cuestionó: ¿ha tenido parejas de su mismo ~xo? sólo pa~a
confirmar las respuestas que el sector masculino nos ofreció
en este presente cuadro. En este indicador captamos _las
mismas respuestas de los hombres que alguna vez han tenido
un comportamiento bisexual; además encontramos un 3% de
varones que dijeron tener relaciones sexuales sólo con hombres. En total, 40% de población masculina se ha involucrado
sexualmente, una o más veces, con parejas de su mismo sexo.
Fidelidad conyugal. En nuestra cultura sexista predomina una
"doble moral", en la que juzgamos la conducta sexu~I de los
hombres y de las mujeres de una manera muy diferente.
Mientras que a las mujeres se les exige llegar vírgenes al
matrimonio y ser fieles al compañero; los hombres, cuando se
casan lo hacen frecuentemente "bien experimentados" sexualment~. Y aún casados, muchos continúan "adquiriendo más
experiencia" teniendo relaciones sexuales con personas ocasionales. Así, el 69.6% de los hombres y el 21.4% de las
mujeres reconocen haber sido infieles a sus parejas estables .
Esta situación nos indica que la mayoría de los hombres, aparte
de ponerse en una situación de riesg~ directo al VIH, t~mbién
arriesgan indirectamente a sus compa,:-eras. Este gru_po incluye
a la población que actualmente no tiene una pareJa es~able:
viudos, separados y divorciados; pero qu_e cuando la tuvieron,
también fueron infieles. Como comentano, podemos recordar
las palabras de una persona seropositiva: «Si llegara a_vence~
el SIDA. te lo juro, haría una vida normal. le sería ftel a m1
esposa, como lo soy ahora» (Macras, 1992).
4. Enfermedades de transmisión sexual y práctica sexual.

Es importante hablar de la relación existente entre el SIDA Y
otras enfermedades sexuales, ya que toda persona que es
susceptible de cualquiera de éstas -como la gonor~ea, herpes
o sífilis también está en alto riesgo de contraer el virus mortal.
«la pr~sencia de lesiones o chancros en la vagina, pene, recto
o boca, etc. -que muchas veces son lesiones poco visibles·

�62
aumenta el riesgo de infectarse con el virus de inmunodeficiencia humana» (AIDSCOM, 1991 : 12).
Aquí tenemos que las mujeres presentan más infecciones que
podríamos catalogar como más comunes en el sexo femenino.
como son: ardor al orinar (59 .3%) y flujo blanco o amarillo
(70.4%) ; aunque notamos que también los hombres han presentado estos padecimientos (ardor al orinar, 45 .2% y flujo
blanco y amarillo. 43 .7%). Los varones -en mayor porcentaje
que las mujeres- manifestaron haber padecido enfermedades
como sífilis, condilomas, ladillas, herpes genital. úlceras genitales, etc., las cuales son comunes en las personas que se
relacionan de una manera promiscua.
Un 24.4% de la población ha estado en alto riesgo de infección
al VIH, a través de relaciones sexuales con personas que han
tenido alguna enfermedad de transmisión sexual; ya mencionábamos que estas enfermedades son también factores de
riesgo al virus del SIDA.
La relación sexual no segura 'representa la forma más frecuente
de contagio del virus del SIDA en el mundo. Desgraciadamente,
es la más difícil de detener, por involucrar hábitos y conductas
que están profundamente arraigadas al aspecto más íntimo del
ser humano. como es su sexualidad. La práctica sexual es la
que manejamos como variable dependiente, ya que para que
se presente el riesgo de la infección al VIH por transmisión
sexual, depende mucho del tipo de contacto que se tenga.
Cuando describimos las variables -prostitución y promiscuidadhablábamos de los comportamientos de riesgo, a través de las
relaciones sexuales ocasionales; pero no profundizamos en el
tipo de prácticas que tienen las personas. al inmiscuirse con
una persona prostituta y/o promiscua. Cabe mencionar que una
relación sexual no implica necesariamente una relación con
coito, por lo que pensamos en la posibilidad de que quienes
tienen relaciones ocasionales, con dos o más personas desconocidas, tal vez lo hagan teniendo prácticas sexuales seguras
a la no infección del VIH-SIDA . Aquí vamos a referirnos a las
prácticas más comunes en las relaciones sexuales de las
personas que interrogamos y trataremos de determinar si
efectivamente se está cayendo en una situación de riesgo a la
infección del VIH-SIOA.
El riesgo de contagio por contacto sexual, se da cuando existe
u!" inter~ambio de líquidos corp~rales -semen, sangre, secreción vaginal- entre una persona infectada y una persona sana.
Ya mencionamos lo difícil que es identificar a una persona
seropositiva; y aunque se considera que el riesgo aumenta de
una manera proporcional al número de coitos con personas
infectadas, no hay que olvidar que también se puede dar la

63

infección al tener un sólo coito. El contagio depende de la
concentración del virus en los fluidos corporales, de su volumen y del tipo de práctica sexual que se tenga (Aridjis, 1990).
La Dirección Nacional Epidemiológica (1990: 12) señala que
existen casos documentados de transmisión sexual de hombre
a hombre, de hombre a mujer. de mujer a hombre, y excepcionalmente de mujer a mujer. aunque se ha podido demostrar
que la eficiencia de transmisión no es igual en todos los casos.
Aridjis (1990:4) dice que la práctica anal es considerada como
la de más alto riesgo, ya que al introducir el pene en la cavidad
rectal, se pueden producir laceraciones en el ano de la persona
que es penetrada y en el pene de la persona que penetra; de
tal forma las secreciones sexuales de las personas involucradas
en la relación, pueden quedar en contacto con las partes lesionadas, permitiendo la entrada del virus al contacto directo con
la sangre. Esta situación explica por qué son los homosexuales
masculinos quienes han sido más afectados (ya que el sexo
anal es una de sus prácticas más comunes y preferidas). Las
personas heterosexuales que tienen esta práctica, también
están incurriendo en una situación de muy alto riesgo; Koop,
dice: «la posibilidad de estar en peligro por infectarse con el
~irus del SIDA. no tiene que ver con quien es usted, lo que
importa es lo que usted hace» (Koop, 1992:2).
Aunque el coito vaginal es menos riesgoso que el coito anal
para el contagio del VIH, ya que la mucosa vaginal es más
gruesa y flexible, se ha encontrado que este tipo de contacto
sexual constituye una forma de transmisión muy eficiente en
n_ue~t~o J;laís, y~ que está aumentando en una forma muy
s1gntf1cat1va el numero de personas infectadas a través de este
medio. El riesgo de contagio para el hombre, aumenta durante
la menstruación de una mujer infectada, porque existe un
mayor acceso al torrente sanguíneo de esta; y la mujer que
est~ menstruando, también entra en riesgo, por los tejidos
vaginales que, durante su período. están abiertos.
Siendo la abstinencia sexual la práctica más segura para no
c_aer en riesgo de infección, es de suponerse que entre más
tiempo tarde ~na persona en tener relaciones sexuales, mayor
será la segunda~ ~e evitar s~r contagiado por alguna enfermedad de transm1s1ón sexual, incluyendo el v irus del SIDA. Los
resultados aquí obtenidos nos dicen que la población masculina
es la que inicia su vida sexual a más temprana edad. El 70.3%
de ellos y el 57% de las mujeres tienen su primera actividad
sexual entre los 4 y los 17 años (niñez-pubertad). El 2.2%de
los hombres se in!cian en la vida sexual en la edad adulta, entre
los 25 Y l~s 36 an_?s. Solamente un 5.2% de la población total
no ha tenido relaciones sexuales con penetración· por lo tanto
~on los q~e tie~en mayor seguridad de no haber estado e~
nesgo de 1nfecc1ón del virus por contacto sexual. Esta es una

�64

población joven, que está entre los 18 y 20 años (sólo se
encontró una mujer en edad de 36 años que no ha tenido
práctica de sexo, porque se está preparando para tomar los
hábitos religiosos).
En la información que obtuvimos, observamos que la mayoría
de la población (97%) tiene, en sus relaciones sexuales, prácticas de alto riesgo. Sólo el 2.2% del total -hasta ahora- no a
incurrido en ningún riesgo de transmisión sexual del virus del
SIDA, por practicar la abstinencia sexual. En una pregunta
relacionada con el número de coitos anales en un encuentro
sexual, encontramos que: el 58.2% de la población respondió
no tener ninguno; el 30.4% sólo uno, y el 11.5% de dos a tres
coitos anales. Sumando las respuestas "uno" y "dos a tres",
encontramos que el 41.9% del total ha practicado este tipo de
coito. Encontramos que la práctica anal es más común de lo
que pensábamos, ya que más bien tendemos a ubicarla entre
varones homosexuales. Esta práctica es de la preferencia de
un considerable grupo de varones, aunque es rechazada por la
mayoría de las mujeres.
Otro indicador señala que el 96.3% de la población practica el
sexo vaginal, el cual también se considera de muy alto riesgo,
si se hace sin condón y con personas ocasionales. La mayoría
de la población se resiste a un comportamiento sexual seguro,
ya que rechazan las prácticas preventivas, como son la fidelidad mutua, el sexo seguro (uso de condón y sexo sin penetración), así como la abstinencia sexual.
Poco más de la mitad de los hombres dice disfrutar las
relaciones con personas casuales; esta situación los ubica entre
los que pueden tener un comportamiento sexual de más alto
riesgo a la infección del VIH .
5. El sexo seguro.

Esta es una de las prácticas sexuales que más se recomiendan
para evitar el riesgo del contagio de infecciones de transmisión
sexual, incluyendo el VIH. Esta práctica proporciona diversas
alternativas para realizar el acto sexual y los juegos sexuales
entre las personas homosexuales y heterosexuales, donde no
se expone ni se arriesga a la pareja sexual. Ante la situación
de los comportamientos sexuales de riesgo -como los contactos ocasionales- se considera que la promoción de las prácticas
d~ sexo seguro (el sexo protegido), es la única opción realista
para la mayoría de la población. Para aquellas personas que no
pueden prescindir de los contactos sexuales ocasionales -ni del
sexo sin penetración- la única medida preventiva es el sexo
con el uso del condón, usado de una forma correcta, ya que
este también implica riesgo cuando no se sabe utilizar.

65

Aquí observamos que las mujeres - en un 60%- nunca ha usado
un condón, por lo que se ubican en la p·oblación que menos ha
practicado el sexo seguro. El 49.6% de los varones tampoco
lo ha utilizado, aunque sea sólo una vez. En la pregunta que se
les hizo acerca del conocimiento del condón, 8 de cada diez
respondieron que sí lo conocen (77% de mujeres y 83% de
hombres).
Nueve de cada diez personas entrevistadas no proponen a sus
parejas el uso del condón (las mujeres en un 92% V los hombres
en un 86.6%). Ya observamos algunos resultados en la variable
anterior, en la que se destaca la poca aceptación que tiene esta
medida preventiva. En la pregunta: ¿se disfruta el sexo ocasional sin protección? el 72.6% de las mujeres respondieron
negativamente, mientras que 52.6%de los hombres aceptó
que sí disfrutaba de estas relaciones peligrosas sin protección.
Por ser el sexo anal una de las prácticas de más riesgo al VIH,
se les preguntó si pensaban que el condón debe usarse cuando
se realizan contactos anales. Aunque no la mayoría, un considerable grupo de entrevistados (45.9%) dijo no creer necesario que deba usarse el condón en este tipo de práctica. Hubo
comentarios como: «¿para qué usarlo si no hay peligro de
embarazo?». Esto nos muestra que la población asimila más el
condón como técnica anticonceptiva y no como medida de
protección contra las infecciones de transmisión sexual.
85.2% de las mujeres no tiene relaciones riesgosas por no usar
condón con personas prostitutas, ya que no acuden con estas.
El grupo que está en más alto riesgo es el de los hombres, ya
que el 71 .1 % respondió que, en sus visitas con las personas
que se dedican a la prostitución, nunca han usado condón. Sólo
el 6.6% de los hombres que han comprado sexo han hecho
uso de este material profiláctico en raras ocasione¿&gt;. El 67. 7%
de la población general (45.1 % de las mujeres y 90.3% de los
hombres) sí ha tenido prácticas de alto riesgo -de una a más
veces- por involucrarse sexualmente con personas ocasionales
sin usar el condón.
Sólo el 12.2% de la población, en los últimos seis meses no
ha tenido prácticas de riesgo. El 71 % de la población femenina
y el 42.2% de los varones, es probable que, en los últimos seis
meses, sólo hayan tenido sexo sin condón con su pareja
estable. En este caso, si ambos miembros de cada pareja son
fieles, no existe riesgo de infección; pero si uno de ellos no lo
es, entonces están cayendo en una práctica de alto riesgo, por
tener sexo con una persona que se involucra con otra(s), tal
vez desconocida(s). Sólo el 14.1% de las mujeres y ei 47 .3%
de los hombres tuvieron practicas riesgosas al V~H por tener
relaciones sexuales sin el uso del condón, con dos o más

�66

personas -muchas de ellas desconocidas en el aspecto de
salud- en los últimos seis meses.
Casi ocho de cada diez de e,tas personas han estado en una
situación de probable riesgo • al relacionarse con una o dos
personas, practicando sexo vaginal sin condón en los últimos
seis meses (82.2% de las mujeres y 72.6% de los hombres).
Sólo 7.8% se ha visto alejado de una situación riesgosa a la
transmisión del VIH durante los últimos seis meses. por no
tener este tipo de involucramiento. El 14. 7% de la población
se ha expuesto a muy alto riesgo, al tener sexo vaginal
-ocasional- sin condón, con tres o más personas durante el
último semestre.
Un 39.3% de los entrevistados ha practicado el sexo anal sin
usar condón en los últimos seis meses (34 % de las mujeres y
44.4% de los hombres). Cabe recordar que el riesgo aumenta
cuando se realiza esta práctica con personas ocasionales,
promiscuas y/o prostitutas, completamente desconocidas en
cuanto a su estado de salud acerca del VIH.
Comentarios finales.

La información precedente nos indica que en el estado de
Nuevo León urge tomar medidas estratégicas -con acciones
educativas- dirigidas a esta población heterosexual, ya que no
ha tomado conciencia del riesgo en que se encuentra de
adquirir la enfermedad del SIDA. En general podemos decir que
la mayoría de las personas se siente invulnerable al VIH, y por
lo tanto no toma ninguna medida preventiva para protegerse
de esta infección.
La educación sobre el SIDA debe buscar lograr una modificación de las conductas que conllevan al riesgo de infección del
VIH. Esta tarea es muy compleja por todo el contenido cultural
y social que trae consigo y por la dificultad de su evaluación.
Ello se debe a que se trata de cambiar prácticas que son
habituales en las personas y que se interrelacionan con múltiples aspectos de la subjetividad del ser humano. Por tal motivo,
es muy importante apoyamos en programas educativos que
surjan de los trabajos de campo, donde se investigue a profundidad para poder realizar acciones bien planeadas. Ante la
cuestión indudable de que urge un cambio de actitudes y

7 La probabilidad se da si algún miembro de la pareja se ha relacionado con
personas ocasionales.

67

conductas en la población en general (Homosexuales, bisexuales, heterosexuales, hombres y mujeres promiscuos, jóvenes
y adultos), consideramos que es necesario promover campañas
educativas fuertes. claras y directas. en las que se ofrezca
información de los datos epidemiológicos. Tal vez así las
personas adquieran consciencia sobre la situación real del SIDA
y pongan más empeño en evitar comportamientos de riesgo.
Otra sugerencia se relaciona con la implantación de programas
de educación sexual en las aulas escolares -de preferencia en
los niveles de primaria y de secundaria- donde los individuos
están en proceso de formación de la personalidad; dirigidos no
sólo a los estudiantes. sino también a padres y/o a otros
familiares. Y que en el desarrollo de estos cursos educativos
puedan participar -en su elaboración y ejecución- personas
capacitadas en aspectos de sexualidad. Además, consideramos que, ofreciendo educación sexual por parte de personal
capacitado en esta tarea, se puede llegar a disminuir otros
problemas sociales como son los embarazos no deseados en
jóvenes adolescentes, así como la transmisión de otras enfermedades sexuales. Existen además otras instituciones que, en
nuestra opinión, representan puntos estratégicos para trabajar
en acciones preventivas al problema del VIH-SIDA, como son
las unidades de salud, los centros de trabajo. los centros de
estudios universitarios. etc., donde se requiere dar un tiempo
y espacio para la educación sexual.
Por otra parte, es preciso dar más importancia a la investigación
social -otorgándole apoyo económico- al igual que se hace con
las áreas clínicas y de laboratorio, para que se puedan hacer
estudios sociales bien planeados y poder así obtener resultados
válidos y confiables que conduzcan a la planeación de acciones
estratégicas, viables y adecuadas a cada realidad concreta.
Sólo así se tendría la seguridad de actuar para el logro de una
verdadera educación-prevención contra el SIDA.
Otra propuesta es la de apoyarnos en los recursos humanos
existentes, particularmente en los trabajadores sociales, ya que
consideramos -sin disminuir la importancia de los expertos de
otras áreas disciplinarias- que éste cubre el perfil idóneo para
trabajar en la prevención de este problema social, pues en su
formación profesional se le brindan las herramientas teóricoprácticas para funcionar como educador social. Desde los
inicios de su preparación recibe el conocimiento -no sólo
teórico, sino también, práctico- que se puede utilizar en acciones encaminadas al logro del cambio de actitudes y de conductas humanas; está capacitado para hacer trabajo de campo,
orientado hacia el conocimiento de las realidades existentes;
puede realizar la planeación de acciones estratégicas adecuadas a problemáticas reales y concretas; está habilitado para

�68

69

llegar a las conciencias de las gentes; además de que tiene el
dominio de técnicas para el manejo de grupos, as{ como
capacidad de liderazgo, etc. Esta profesión -al igual que todas
las demás que están dentro de las ramas soci~·ps}co:culturalestiene un gran compromiso en la luc'1a por d1sminu1r la expansión acelerada de esta enfermedad.
Tornando en cuenta que hasta ahora no existe cura y que la
única arma que tenemos para defendernos de este problema
es la educación, pensamos que el trabajador social, junto con
las profesiones de las áreas humanísticas y sociales como son
la psicología, antropología; sociología, etc. pueden lograr esta
tarea, la cual se presenta difícil, pero no imposible.

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La habitación, la casa, nuestra casa, significa mucho más que
un techo encima de nuestra cabeza. La habitación se ubica en
los primeros lugares de las preocupaciones del ser humano; la
vivienda es un elemento considerado como indispensable y que
es necesario, en consecuencia, dotarse de ella. Alimento,
vestido y habitación: he aquí las necesidades vitales del ser
humano. Si el alimento y las ropas pueden y deben ser
renovadas, la habitación es un hecho estable; la casa es un
elemento importante del entorno humano que posee un carácter más marcado y más permanente.
Fuera de la casa, el ser humano debe afrontar los peligros, debe
hacer frente a .los rigores del clima, debe protegerse de sus
semejantes y de las bestias salvajes. En la casa, en el interior
de la vivienda habita el ser humano. En el interior de su
alojamiento el ser humano está protegido por el piso. los muros.
el techo, las puertas, las ventanas. En el interior el hombre
encuentra la paz. la protección y la seguridad; la casa significa
para él su refugio. su "cascarón". su universo. su cosmos. Y
es debido a que el ser humano ha querido protegerse que ha
creado el espacio de su habitación. su casa; su instinto de
conservación le conduce entonces a abrigarse en un lugar
cerrado en el cual puede descansar, en donde pueda escapar
de las intemperie y de sus enemigos naturales; pero al mismo
tiempo. un lugar para sus sueños, sus ilusiones, sus anhelos y
sus deseos. Ese lugar es ni más ni menos la casa. su casa.
La h"abitación en el hecho a la vez más antiguo y el más
permanente de las manifestaciones humanas. Nacida en las
épocas neolíticas, la casa sigue siendo una de las principales
preocupaciones de la Humanidad. En el neolítico, el ser humano
se sedentarizó y empezó a construir viviendas permanentes y
a adquirir hábitos regulares de vida que favorecieron el desarrollo de una cultura nueva. Gracias a la habitación, la tierra,
los hijos, los campos limitados, los animales y los cultivos, la
continuidad de sus vida fue asegurada por la transmisión de la
suma de conocimientos y de preceptos de los ancianos a los

1

Profesor-Investigador del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de
Monterrey, campus Querétaro.

�73

72
jóvenes (Mumford, 1974:41 ). La vida del ser h_umano co_menzó
a adquirir una continuidad evidente en el espacio y en el tiempo,
misma que !e había faltado hasta entonces.
De tal suerte, la casa se convierte, en cierta forma, en la r:r1arca
típica del ser humano a través del tiempo Y del e~p~~io..La
habitación es el reflejo de una cultura o de una c1vd1zac1ón
particular, ya que la casa está ligada indisolublemente a la
imagen de la sociedad que la produce.
No se puede entonces consider~r la_ casa C';)mo. un simple
abrigo· se puede decir que la hab1tac1ón está ,mphcada en el
proce~o dinámico de la adaptación. del _ser ~u!'lano_~ . su
entorno. La casa no puede ser concebid~ sin definir la c1v1hzación en la cual viven sus ocupantes m el entorno. natural Y
construido en el cual se inscribe.
La casa -el espacio construido c~n una for"'!a. física
particular- es la adaptación espacial de las act1v1dad~s
específicas del ser humano en interac~ión c~n su medio
ambiente en la búsqueda de la sat1sfacc1ón . de sus
necesidades y deseos (Diamandopoulos, 1973:1) .
La casa es el resultado de toda una serie de. intencione_s
complejas más allá de una simple estructura física. la habitación es' mucho más que un abrigo, mucho .más que un
concepto material o utilitario. Amos Rapoport afirma:
Si proveer de u_n abrigo es la ~unción pasiva de la casa,
su objetivo activo es la crea&lt;:•ón de un entorno mucho
mejor adaptado al modo de vida de un pu~blo -en otros
términos, una unidad social del espacio (Rapoport,
1972: 64).
Es por ésto que la casa no puede ser sepa~ada del r:r1arco
material de vida de una sociedad en el espacio, .es decir, del
hábitat humano. En sus relaciones con el hábitat Y _con el
conjunto de las estructuras sociales, la habitación exige ser
estudiada en función de los aspectos que la rodean Y que la
condicionan.
La habitación expresa la concepción de un individuo .º de una
familia en una sociedad, al mismo tie'!'po que refleJa, ~n su
forma y en su disposición, sus relaciones Y sus func!ones
internas. La necesidad de una persona o de l!n grupo s~•~I de
alojarse nos conduce primeramente al estudio Y al an~hsis de
esa necesidad: en qué consiste exactamente la necesidad, es
decir, cuáles son las necesidades para vivir en el mundo ~&lt;?tual.
Ahora bien, el estudio de las necesidades nos lleva ~ef1mr p_or
cada aspecto ciertos tipos de elementos. q_ue. ~e~m1ten satisfacerlas; pero lo más importan~e e~ de definir, 1mc1almente, la_s
necesidades relativas a la hab1tac1ón humana.

En ese sentido, creemos que esas necesidades son principalmente fisiológicas, psicológicas y culturales. Dichas necesidades han sido expresadas por Chombart de Lauwe de la
siguiente manera:
Una familia no puede vivir sin un alojamiento que le
permita abrigarse; en ese alojamiento cada miembro
debe encontrar el medio de relajarse desde todos los
puntos de vista, desde el reposo físico hasta las actividades culturales; sin embargo, el alojamiento debe también responder a ciertas aspiraciones, ya sean éstas de
extensión de la familia, de mejoramiento. material, de
desarrollo intelectual o bien de plenitud afectiva y espiritual (Chombart de Lauwe, 1959:17)
Las características y aspectos de la habitación han sido estudiados por una multitud de disciplinas, pero quizás los estudios
más importantes han sido aquellos realizados principalmente
por arquitectos, geógrafos, sociólogos, antropólogos, filósofos
v etnólogos. De esos trabajos, se han identificado dos grandes
tendencias.
En la primera de esas tendencias, los estudios incluyen generalmente descripciones muy detalladas de la tipología y de la
morfología general, así como de cada elemento de la habitación, sus relaciones con el medio geográfico, las técnicas
económicas y los materiales empleados. De igual manera,
existen también algunos análisis de los elementos estéticos
de la habitación, tales como el orden y la armonía en la
composición del conjunto, la clasificación estilística del edificio; etc. Se trata aquí de estudios que encontramos en la
mayoría de las grandes monografías y en los estudios tipológicos y morfológicos de la arquitectura.
De acuerdo con la segunda tendencia, la habitación, analizada
desde un punto de vista simbólico, es estudiada en sus relaciones con el pensamiento religioso, cultural o filosófico de la
sociedad, o bien con los deseos y aspiraciones de un individuo
o de un grupo en particular. El conjunto de la habitación y cada
elemento son así interpretados y no sometidos a un análisis
directo; se trata de estudios emprendidos desde una óptica
antropológica, sociológica, psicológica, filosófica o poética.
Los estudios antes mencionados se sitúan habitualmente al
interior de una disciplina aislada, sin tomar en cuenta el
conjunto de factores que hacen de la habitación una entidad
multidimensional compleja, lo Que obligaría a abordarla desde
un~ posición multidisciplinaria globaJ. Desgraciadamente, raros
son los estudios de la habitación que se sitúan en esta perspectiva. Sería importante entonces considerar, en los estudios Que

�75

74

se reálicen sobre la habitación, las múltiples interacciones que
existen entre los aspectos humanos y los aspectos físicos,
entre el ocupante y la casa, entre la familia y la habitación. las
relaciones que el ser humano establece con su habitación
deben ser sujeto de estudios globales más profundos.
Existen varios aspectos que se relacionan con las necesidades
de los individuos en lo que se refiere a la habitación; de esos
aspectos sobresalen los siguientes:

tiene como objetivo el de mejorar la calidad de vida y el bienestar de la población. Por "calidad de vida" entendemos el
mejoramiento de una serie de elementos tales como la alimentación, el vestido, las condiciones de habitación, la salud, la
educación, el empleo, las posibilidades de interacción social,
la cohesión de las colectividades y la participación social y
política. Esos elementos de la calidad de vida constituyen, para
la población, necesidades que hay que satisfacer.

Cuadro 1

Según la Organización de las Naciones Unidas, las necesidades
la población se pueden clasificar de la siguiente manera:

Seis aspectos de la habitación

Cuadro 2

El aspecto físico

La casa como el resultado de los
elementos materiales francos

El aspecto social

La casa como el lu~ar da desarrollo
de las relaciones in erpersonales

El aspecto antropológico

La casa como el reflejo de la cultura
del ser humano

El aspecto filosófico

Las necesidades de la población
Necesidades biológicas de base

La casa como el lugar da ensueño,
la CBSII onlrica

El aspecto psicológico

La casa como sitio privilegiado an el
desarrollo del ser humano

El aspecto económico

La casa como bien da consumo

rn

Necesidades económicas
.

Necesidades sociales

Atiment.ación conveni11nta, abrigo y
protecctón contra las intemperies,
protección contra
enfarmadades, protecci n contra la
contaminación, et_c.
Posibilidad de enJllao, posibilidad
de ejercer las actividades
•
económicas cotidianas, acceso a
los servicios da infraestructura, etc .
Seffl!ridad g.arsonal, posibilidad da
P.ª ·cipaci na interacción social,
oe vida colectiva y de comunicación, estabilidad y afecto, ate.

Fuente: ONU 11978:81.

Éstos aspectos no representan la totalidad de los puntos de
vista _bajo los cuales se puede observar la habitación, pero sr
probablemente los más importantes; ellos nos muestran una
imagen bastante clara de la significación y de la importancia
de la habitación en la vida del ser humano. Nuestra reflexión
sobre estos aspectos de la habitación es el fruto de una visión
que pretende observar la vivienda desde una óptica humana,
de manera a sensibilizar a los posibles lectores sobre algunos
aspectos que desgraciadamente son olvidados con frecuencia.
Por lo tanto, en las páginas siguientes pretendemos realizar un
bosquejo de los seis aspectos mencionados, no sin advertir que
nuestra reflexión es parcial, fragmentaria, tal vez superficial y
sobre todo personal.
El aspecto ffsico de la habitación.

i..a habitación, una necesidad de base.

La habitación en tanto que cobijo es una necesidad fundamen·
tal que debe satisfacerse. El cumplimiento de esa necesidad

Toda necesidad no satisfecha engendra un sentIm1ento de
irritación y de frustración que es seguido por el contento
cuando ella se satisface. Dicha satisfacción puede tomar
diferentes formas: puede ser de orden material, biológica,
psicológica o emocional. Se debe tratar de satisfacer las
necesidades ubicándolas en orden jerárquico, es decir, comenzando por aquellas que son fundamentales para la sobrevivencia misma del ser humano y de la sociedad. Asf, se debe
comenzar por las necesidades biológicas o primarias, tales
como la alimentación, el vestido y la habitación; una vez
satisfechas tales ·necesidades, ellas pueden ceder su lugar a
otras menos primarias.
la habitación es una necesidad de vital importancia en el
desarrollo económico, social y cultural de cualquier población.
En la Declaración de Vancouver sobre los Asentamientos
Humanos se afinna:
La vivienda y los servicios adecuados constituyen un
derecho humano básico que impone a los gobiernos la

�77

76
obligación de asegurar su obtención por todos los habitantes, comenzando por la asistencia directa de las
clases más distinguidas mediante la orientación de programas y de acción comunitaria (SAHOP, 1978: 15).
Es por ello que es importante dotar de un abrigo conveniente
a toda la población. Entendemos por "abrigo conveniente"
aquel que responde a las necesidades de los habitantes y que
no está por debajo de ciertos criterios materiales respecto a su
construcción y sus instalaciones; esos criterios permiten a los
habitantes poseer un abrigo sano. Así, en su concepto más
general, la vivienda es una bien esencial que debe ofrecer la
posibilidad de protección, de privacía, de descanso, de convivencia y de higjene.
La habitación como respuesta al medio ffsico.

Es generalmente aceptado que la función primordial de la
habitación es de dotar de un abrigo a1 ser humano, y que la
satisfacción de esa necesidad fundamental y universal debe
ser cumplida de una manera o de otra. La segunda función de
la habitación es la servir de marco principal a la de la vida
familiar; el alojamiento debe poseer el espacio suficiente para
que la familia pueda realizar sus actividades de una manera
adecuada. La calidad del alojamiento ejerce una influencia
directa sobre la productividad de los trabajadores y sobre la
estabilidad de las familias, ya que la habitación es un factor
básico para la organización y desarrollo de la existencia familiar. La habitación determina en gran medida la vida cotidiana
de las personas, debido a que en ella reposan un infinidad de
actividades que rigen la actitud y el comportamiento de los
seres humanos.
Confrontado a ese carácter de necesidad fundamental y universal que posee la habitación, el ser humano busca satisfacer
sus funciones vitales al abrigo de las intemperies, de los
animales salvajes y al margen de otros seres humanos. Desde
el punto de vista físico, existen tres aspectos importantes que
permiten al ser humano protegerse y aislarse: los materiales
con que va construir su habitación, el clima y el sitio.
En primer lugar y gracias al empleo de materiales proporcionados por el entorno, el ser humano puede asegurar"Su protección
contra ese mismo entorno. Ya sea sólida y construida para
durar, o ligera y conforme a la precaridad de la vida, la casa ha
sido casi siempre construida con los materiales que el ser
humano tiene a la mano. Esos materiales son para él los más
familiares: en los bosques, el ser humano construye su casa
con madera; en las regiones rocosas, la edifica con piedra; en
donde no existe ni la madera ni la piedra, el hombre construye
su casa con tierra, haciendo ladrillos de barro. La utilización de

los materiales regionales en la construcción de las habitaciones
es una importante causa de la permanencia de los caracteres
arquitectónicos y de la tipología particular de cada región. Sin
embargo, si la utilización de los materiales de construcción es
un importante aspecto de la definición de los caracteres de las
habitaciones, éstos deben ser considerados como "factores
modificadores", más que como "aspectos determinantes", ya
que ellos facilitan ciertas decisiones en cuanto a la elección ,
sin pretender fijar o determinar la forma (Rapoport, 1972:26) .
El clima es otro factor físico muy importante que actúa también
sobre la fisonomía de las casas. El ser humano construye su
casa para protegerse de los riesgos del clima y de ciertos
fenómenos meteorológicos, como la lluvia, la humedad, el
asoleamiento, el viento y la nieve, que tienen una gran influencia sobre el aspecto y el funcionamiento de la casa. La
causalidad del clima es ampliamente aceptada por su papel
determinante sobre la forma de las casas; a pesar de ello, la
observación de soluciones arquitectónicas diversas en condiciones climáticas similares nos hace pensar que deben existir
otros aspectos que juegan un papel igual de importante que el
clima, lo que nos impide creer que existe un determinismo
riguroso en la concepción de la habitación.
Finalmente, la naturaleza física del suelo y su topografía -lo que
llamamos comúnmente "el sitio"- juegan un cierto papel en la
persistenc.ia de las formas arquitectónicas de las casas. Con
frecuencia, las casas construidas sobre terrenos que tienen una
pendiente poseen una forma característica diferente a aquellas
construidas sobre terrenos planos; no obstante, este hecho no
es constante, ya que los terrenos con particulares similares
pueden también producir form~s de casas muy diferentes, y lo
contrario, formas similares de casas pueden estar construidas
sobre terrenos muy diferentes. El sitio tiene una influencia
sobre la casa, pero no determina su forma de una manera
absoluta. El geógrafo Vidal de la Blanche afirmaba que «la
naturaleza prepara el sitio y el hombre lo orpaniza de manera
a satisfacer sus deseos y sus necesidades» .
Como vemos, estos aspectos influyen en la configuración física
de las habitaciones; sin embargo, existe una importante cantidad de factores que hay que considerar antes de ver la casa
únicamente bajo la óptica del determinismo físico. Según
Rapoport, sería oportuno constatar «la gran variedad de con-

2

Citado en: Rapopo rt (1976:S8).

�78

secuencias que pueden resultar de causas apa~entemente
similares y los resultados similares que parecen sal,r de causas
totalmente diferentes» (Rapoport, 1972:42).
En cuanto al punto de vista de la geografía humana en general,
ésta se ha alejado del determinismo físico y prefiere tomar ~~a
posición "posibilista", ya que insiste en el hecho de que el sItI0
geográfico sólo ofrece posibilidades, y que es el ser ~u~ano
-y no los materiales, el clima y el sitio- quien debe dec1d1r.
El aspecto social de la habitación.
La habitación constituye, sin lugar a dudas, un hecho humano
mayor en la evolución de la Humanidad, como lo es de igual
manera el descubrimiento del fuego. La casa aparece sobre la
Tierra cuando el ser humano deja atrás su nomadismo para
comenzar a recoger los frutos del campo y de la crianza del
ganado. La casa se convierte entonces en su refugio, en el
lugar de descanso, en el sitio de la alimentación, en su punto
de partida pero también en su punto de reencuentro.
Con el fuego, el ser humano cocina, se proporciona calor y se
ilumina en las tinieblas de la noche; al mismo tiempo, el fuego
le proporciona un ámbito de seguridad, ya que aleja a los
animales salvajes y a los malhechores. El fuego significa para
el ser humano un elemento de protección y de sobrevivencia;
para preservar ese fuego de las borrasca_s, . el hombre _coloca
unas piedras alrededor, de manera a dehm1tarlo y a c~rc~~scribirlo. Es protegido por ese fuego que el hombre primItIvo
realiza sus primeras actividades sociales: se reúne alrededor
para cocinar, para comer, para conversar, para descansar, para
protegerse; más tarde, ese mismo fuego le servirá de vigía
cuando llegue la hora de dormir.
Pero el ser humano, una vez establecido en un lugar fijo,
comienza a preocuparse por proporcionarse mayor protección,
ya que al aire libre, el fuego sólo le proteg~ del frío. De esa
manera, el ser humano busca dotarse de unlugar más estable,
en el cual puede también protegerse del clima. los hombres Y
las mujeres pñmitivos comienzan a construir sus refugios utili·
zando los materiales naturales que encuentran a su alcance:
piedra, ramas, troncos, pieles de animales, barro, etc. Esos
refugios serán construidos alrededor de un elemento principal:
el fuego, que una vez delimitado y protegido con piedras
adquiere el nombre de "hogar". Así más o menos debió haberse
iniciado el proceso de construcción de ,a habitación humana,
de la necesidad de ais1arse y de protegerse. preservando al
mismo tiempo el fuego que permitía sobrevivir.
Es por esto que a lo largo de la historia, el fuego ha estado

79

íntimamente ligado a la vida del ser humano. El fuego cobra
una importancia capital de la vida de la humanidad, hasta el
punto que para muchas civilizaciones es un ser vivo que posee
un carácter sagrado, mágico y místico. Por ahora, nos concretaremos a su función en la vida social del ser humano.
Si bien el fuego permitió al ser humano sobrevivir durante
largos siglos de tinieblas, ya sea como elemento fundamental
para la preparación de los alimentos o bien para proporcionar
el calor al interior de los refugios, es su poder de atracción, de
concentración, lo que permitió la formación y la evolución de
los grupos sociales, a partir de las tribus, los clanes y hasta
llegar a las familias.
Al. regresar a sus refugios, los hombres, las mujeres y los niños
se disponían en torno al hogar para calentarse, reposar, cocinar
y comer. Estas actividades se desarrollaban en familia, en clan;
de ahí que la imagen del fuego, del hogar, va a perdurar entre
las familias a lo largo de los siglos. El refugio se convierte
entonces en sinónimo de hogar, de fuego protector; de ahora
en adelante casa y hogar son una misma idea y engloban un
mismo simbolismo.
Regresar a al casa significaba reunirse con los miembros de la
familia; quería decir también calentarse, cocinar, comer, descansar, convivir y conversar en familia. La casa-hogar adquiere
el carácter de íntima protección familiar, de elemento importante en las interacciones del grupo familiar, de escenario del
desarrollo físico, psicológico, social, intelectual y cultural de
los miembros de la familia.
Durante milenios, la superficie de la casa-hogar reservada para
cocinar, comer, descansar, convivir, conversar cubría casi todo
el espacio disponible en el interior y era sin duda el lugar privilegiado de la familia. Más adelante, el ser humano comenzó a
separar los espacios de la habitación en función de las actividades que se desarrollan en ellos: de ahí nacen los espacios de
día y los espacios de noche.
Sin embargo, y a pesar de esta primera separación de los
espacios de la habitación, el hogar-fuego sigue siendo el punto
principal de la casa. Los espacios de noche están reservados
casi exclusivamente para las actividades de reproducción y de
descanso, mientras que los de día están destinados para las
actividades cocinar-comer-descansar-convivir-conversar.
Con el tiempo, la especificidad de las actividades obligó a
subdividir una vez más los espacios, lo que propició la aparición
de los "cuartos de agua", los "cuartos de servicios•, las •piezas
de vida". Pero la importancia del hogar-fuego se mantuvo casi
constante, ya que la cocina siguió reuniendo entre sus muros

�80
a los miembros de la familia. Entretanto, en las casas burguesas
comienzó a aislarse el espacio de comer, para dejar la función
de cocinar al espacio llamado "cocina" (lugar en donde se
preparan los alimentos), al mismo tiempo que se multiplicaron
en dichas casa las "piezas de vida" o cuartos de estar.
Pero grandes cambios vinieron a transformar radicalmente
nuestras habitaciones contemporáneas; ninguna época había
aportado tantos cambios en tan poco tiempo como los que se
han vivido en el presente siglo. la utilización intensiva de la
electricidad y la aparición de los combustibles derivados del
petróleo trajeron consigo todo un cambio en los modos de vida
y en los valores de la sociedad. El hogar-fuego desapareció
para dar paso a las estufas y a los calentadores alimentados
por gas o por energía eléctrica.
La especialización cada vez mayor de los espacios de la habitación en función de las actividades que se realizan en ellos,
hacen que las casas cuenten con un número muy importante
de piezas. Las cocinas son cada vez más pequeñas y los lugares
de comer han sido ubicados en otro espacio especializado para
ello; de esa manera, el sentido tradicional de la convivencia,
del calor del hogar-fuego tiende a desaparecer.
Nuestra sociedad contemporánea ha transformado radicalmente la casa-hogar; en la gran mayoría de las habitaciones no
existe la chimenea que nos recuerde "el buen fuego de antaño" .
El nombre "hogar" está totalmente desposeído de su connotación tradicional: ahora decimos hogar como sinónimo de
casa, en el sentido _físico y viceversa.
En ciertas cocinas actuales no cabe más que una persona y los
cuartos de estar de numerosas casas se han transformado en
salas de televisión; nos dirigimos cada vez más hacia la
formación de una sociedad individualist~ y de consumo, y
somos ya testigos de la desaparición radical de las principales
actividades familiares; ya no hay tiempo para cocinar juntos,
para comer juntos, para convivir y conversar juntos.
En nuestras casas de hoy realizamos un mayor número de funciones individuales en espacios diferentes, pero utilizando la
menor cantidad de superficie posible. Obviamente que ésto no
favorece el establecimiento y el desarrollo de las relaciones
familiares y sociales tradicionales. Desde este punto de vista,
estamos viviendo una fuerte crisis de sociedad, ya que nuestras
casas no son más las sedes de las actividades familiares, sino
el lugar al cual acudimos para realizar actividades individuales.
La casa compartimentada actual es el lugar en donde "vive" la
familia atomizada y desintegrada de hoy.
Desde esta perspectiva, la casa responde bien al principio que

81

indica que la habitación está ligada indisolublemente a la
imagen de la sociedad. La imagen de la habitación en la cual
se llevan a cabo las diferentes funciones debe estar en relación
directa con la estructura de la familia que la habita; si nuestra
sodedad -incluida la familia- está atomizada; nuestra casa
también lo está .
Sin embargo, una de las más importantes funciones de la
habitación es la de ayudar a sus habitantes a integrarse
adecuadamente al medio social al que pertenecen; la habitación
adquiere de tal suerte la calidad de marco de referencia de la
familia, ya que la casa intenta ser la imagen de la estructura
familiar. Los espacios de la casa corresponden directamente a
las funciones específicas que la familia o cada miembro de ella
le han concedido; es por esto que cada familia o cada miembro
del grupo familiar utiliza el espacio de una manera particular.
De ahí la importancia de concebir la habitación familiar de
manera específica, ya que cada individuo o grupo social hace
uso del espacio de acuerdo a sus necesidades, a sus vivencias
o bien a sus deseos y aspiraciones. La habitación debe seguir
siendo, y de lejos, el lugar privilegiado de la vida familiar. La
casa debe ofrecer a cada miembro de la familia la posibilidad
de relacionarse libremente con los demás, al mismo tiempo que
debe permitirle aislarse cuando así lo desee. La disposición
interior de la casa tiene una importancia capital en la comunicación social de tos miembros de la familia.
Como se ha dicho, la calidad, la disposición y las condiciones
ambientales de la habitación poseen una singular importancia
en la organización y en el desarrollo de la vida familiar, ya que
en su interior se llevan a cabo una infinidad de actividades que
rigen la actitud y el comportamiento del individuo o del grupo
social. Es por ello que nos parece primordial que la habitación
sea observada tomando en cuenta las necesidades de la vida
actual y el interior de una sociedad determinada.
Durante largos siglos, los seres humanos habían tenido la
destreza de dotarse de habitaciones que mostraban una disposición adecuada para las relaciones entre la naturaleza y la
sociedad; entre el entorno y el hombre. Será necesario por lo
tanto que las habitaciones contemporáneas tomen en cuenta
este principio y que ellas responda·n a las aspiraciones mínimas
de los miles de hombres y mujeres que las habitan.
El aspecto antropológico de la habitación.
La casa es un arquetipo de nuestra cultura. La habitación regula
las relaciones entre los seres humanos por un lado, y la sociedad por el otro. La casa posee una fuerza de evocación; ella

�82

83

nos permite comprender el sentido original y esencial de toda
construcción en el espacio y en . el tiempo: la casa es una
expresión de la cultura de una civilización.
En esa óptica, la casa posee todo en fondo religioso, ritual y
folklórico. El carácter sagrado de la habitación es innegable en
numerosas civilizaciones. Ritos, símbolos, creencias han sido
transmitidas de generación en generación acerca de la casa.
Ese carácter sagrado, místico de la casa, ese aspecto religioso
ha existido siempre en la historia de la humanidad. Cicerón, en
Pro Domo, decía:
¿Hay algo más sagrado, más respetable a los ojos de la
religión que la casa de un ciudadano? Ahí están los
altares de los hogares sagrados; ahí se realizan los
sacrificios, los actos religiosos, las ceremonias. Es un
asilo inviolable para todos ~ de donde no se puede
arrancar a nadie sin impiedad .
El mito constituye un lenguaje particular del sei: humano, ya
que es la expresión de una realidad, de una totalidad percibida
intuitivamente por el hombre frente al cosmos. El mito es una
realidad cultural compleja; es una justificación de la acción
humana y un regulador de la existencia colectiva (Meslin,
1973:581. Para G. Gurdorf,
. . .el mito es una manera de verdad que no es establecida
en razón, sino más bien reconocida como una adhesión
en la cual se 2escubre una espontaneidad original del ser
en el mundo.
Ya hemos señalado que en el neolítico, el hombre se estableció
en un lugar fijo y construyó su casa alrededor del fuego. En el
momento de la sedentarización humana, el fuego adquirió un
lugar preponderante, ya que se volvió el compañero imprescindible, un elemento de sobrevivencia. El hombre era el único ser
viviente que sabía qué hacer con el fuego, de ahí que el fuego
es una de las características principales del ser humano: «Hay
hombre cuando hay fuego» (Oeffontaines, 1972:96). Para el
hombre primitivo, el fuego era símbolo de vida, elemento de
protección, pero también, y de manera muy importante, el
fuego era sagrado, elemento ritual y de culto. Para los hombres
y mujeres primitivos el fuego era un ser vivo que se encontraba

3 Citado en : Rou x (1976:24).
4

Citado en: Meslin (1976:72).

ligado estrechamente al hombre: el ser humano era una prolongación del fuego. El fuego, al extinguirse, se convierte en
cenizas de igual manera que el ser humano al morir; hombre y
fuego tienen como destino común el de verse transformados
en cenizas.
El lugar más importante de la habitación primitiva era el
hogar-fuego; ahí se realizaban los cultos religiosos ya que el
hogar tenía el carácter de altar. El fuego era percibido sin duda
alguna como un elemento sagrado, inclusive antes de ser
concebido como elemento utilitario de calefacción o de protección física . El carácter ritual de la casa se debía en gran parte
al fuego, al hogar: la casa era el templo y el hogar era el altar
en donde se celebran los rituales religiosos.
Los hombres y mujeres primitivos comenzaron a construir sus
casas unas al lado de otras, hasta formar un conglomerado de
familias viviendo en pueblos. La primera marca de la civilización
fue entonces el conglomerado de grandes masas de séres
humanos y de una continuidad asegurada de abstracciones
simbólicas de esas comunidades. El núcleo social de esos
pueblos reposaba sobre la familia y el hogar de la casa era su
altar. Por la simple importancia numérica, la civilización procuraba a sus miembros nuevas ventajas sociales, rituales e
intelectuales.
A ese nivel de civilización, la casa comenzó a ser la manifestación de la cultura de cada pueblo, en función de unas
actividades específicas y teniendo como marc:o la casa-hogar
construida con los materiales que el entorno natural le proporcionaba. A las formas físicas de la habitación vinieron a
adherise las formas mentales; éstas participan a la vez de lo
funcional, de lo estético, de lo simbólico y de lo social. Las
formas mentales tienen una repercusión profunda sobre las
formas físicas de la habitación; ellas van a ser el reflejo de las
costumbres y tradiciones de una cultura en particular.
Las costumbres y las tradiciones se trasmiten de generación
en generación. Los hijos van a adquirir los hábitos propios de
sus padres y de sus ancestros, es decir, las costumbres. A esas
costumbres van a juntarse las creencias, y éstas también van
a transmitirse de padres a hijos, de lo cual nacen las tradiciones.
Esos elementos -costumbres y tradiciones- son esenciales para
la formación de una imagen de «la casa ideal» que el ser
humano se hace conforme a un gusto y a un tipo de vida
singularmente definidos por sus antecedentes. Es por eso que
las costumbres y las tradiciones son causas importantes en la
persistencia de los caracteres particulares de la habitación.
Para Amos Rapoport, la concepción de la casa se acompaña
de una opción de símbolos, y es por eso que la religión -los

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85

mitos y los ritos- afectan de manera directa la forma, la
disposición, la organización espacial y la orientación de la
casa. Este autor afirma que antes de ser un creador de útiles
o de ser un especialista de los aspectos materiales de la cultura,
el ser humano es un creador de símbolos, un especialista del
mito, de la religión y de los ritos (Rapoport, 1972:75) . Es
probablemente por esa razón que el ser humano ha puesto con
frecuencia su energía en las formas simbólicas más que en las
formas utilitarias.

una entidad aislada, sino de su papel con relación a los otros
miembros de la familia. De la satisfacción de ese funcionamiento afectivo depende una buena parte de la armonía de las
relaciones interhumanas.
Pero, ¿cómo satisfacer ese funcionamiento afectivo, ese aspecto connotativo de la casa? Será necesario primeramente
encontrar el sentido espiritual de la habitación, sentido que se
está perdiendo a causa de la rápida evolución de los modos de
habitar, de la escasez de los recursos económicos, de la
evolución de las técnicas de construcción y de las características materiales de la habitación. Tal parece que es muy importante para el individuo descubrir la adecuación de ser con el
entorno interior de su casa. Es necesario encontrar la adaptación de la habitación con la poesía, lo que Heideijger interpreta de los versos 30 a 33 del poema de Hólderlin .

La gran variedad de formas de las casas nos han conducido a
creer que no son los aspectos físicos los únicos que determinan
esas formas. Sin embargo, sería falso también aceptar que la
persistencia de las formas de las habitaciones ha sido determinada solamente por factores culturales; será fundamental
reconocer entonces el concurso del conjunto de varios factores, antes de elaborar una hipótesis al respecto.

... Est-,J manifeste comme le cíe/? C'est la plutót
Ce que je crois. Te/le est la mesure de /'homme.
Plein de mérites, mais en poete, l'homme
Habite sur cette terre ... 6

El aspecto filosófico de la habitación.
La habitación -la casa - es la residencia del ser humano sobre
la tierra. ·Para Martin Heidegger, «la condición humana r.eside
en la habi(ación, en el sentido de la estancia de los mortales
sobre la tierra" (Heidegger, 1958:223) . Las relaciones que el
ser humano mantiené con los lugares -y gracias a esos lugares
con el espacio- residen en la habitación. Las relaciones entre
el ser humano y el espacio se conéretizan en la casa; ésta es
entonces la materialización de las relaciones ser humano-espacio. La casa es la imagen del espacio -el espacio del habitarrodeado de los actos y de las emociones vividas en ese lugar.
En el interior de la casa el ser humano encuentra la paz, la
protección y la seguridad; es en el interior de la casa que el ser
humano desea encontrarse "en su rincón" , para soñar, para
estar en paz ... «Hay una vivencia del rincón que está hecha de
sHencio. Nos retiramos a nuestro rincón, como en una isla
desierta,, (Ragon, 1991 :30).
Ekambi-Schmidt define la casa como «el abrigo de los actos y
los gestos cotidianos de la vida doméstica,, (Ekambi-Schmidt,
1972: 1731. Para ella, nuestra identificación, nuestra manera
de vivir y de ser, nuestra toma de consciencia de nosotros
mismos están profundamente inscritos en el territorio inmóvil
que constituye la habitación, la casa del ser humano. No es
suficiente con poseer un funcionamiento práctico en el interior
de la casa, sino más bien un funcionamiento afectivo, lo que
Ekambi-Schmidt llama «el aspecto connotativo del hábitat»
(Ekambi-Schmmidt, 1972 : 175). Dicho aspecto connotativo le
permitirá al individuo vivir de manera armoniosa, teniendo en
cuenta no solamente su función al interior de la casa, como

Par~ Heidegger, el verso « .. .l'homme habite en poete... » quiere
decir que es la poesía lo que hace de la habitación una habitación; la poesía es la verdadera "hacer habitar" . Heidegger dice:
La habitación de manera poética sobrevuela lo real en el
cielo de la fantasía. Es la poesía que primeramente
conduce al hombre sobre la tierra, a la tierra, y que lo
conduce de esa manera a la habitación (Heidegger
1958:22 7) .
'
Esta concep~ión de la habitación la ubica en un espacio ideal,
en un espacio Que no podemos tocar, ya que se trata de un
concepto poético, más que de un elemento material o físico.
La concepción heideggeriana de la habitación ideal, de la habitación poética nos coloca frente a una confrontación de ideas,
ya que para él
el verdadero habitar tiene lugar en donde se encuentran
los poetas: en donde se encuentran los hombres que

5 Citado en: He idegger (1 9 58:227).
6

« •.. Es manifiesto como el cielol Es lo que yo creo. Tal es la medida del
homb re. Pl,mo de méritos, pero como poeta, el ho mbre h abita sobre esta
tierra».

�87

86

· toman la medida de la arquitectónica, de la estructura
de la habitación (Heidegger, 1958:228). ·
Para Heidegger, una habitación es poética si ella posee "la
medida adecuada·, ni más ni menos, ya que si tiene una
carencia o bien un exceso, la habitación no será poética:
...Será posible entonces que nuestra habitación, desposeída de poesía, sea incapaz de obtener la adecuada
medida debido a un extraño exceso, a un furor de medida
y de cálculo (Heidegger, 1958:228).
Pero. ¿cómo podemos saber si nuestra casa, nuestra habitación
es poética? ¿ cómo podemos evaluar el carácter poético de
nuestra habitación? Heidegger mismo se cuestiona al respecto
y al mismo tiempo aporta la respuesta: «¿Habitamos y cómo,
de manera no-poética? No podemos, en ningún caso, aprenderlo por la experiencia que sí sabemos qué es la poesfa»
(Heidegger, 1958:229).
Evidentemente podríamos interpretar el discurso heideggeriano
como una excusa retórica para no tratar directamente acerca
de la habitación como una entidad física. como un hecho real,
como una configuración llena de seres y de cosas. Sin embargo, en lugar de detenernos en ciertos problemas de descripción
propios de los análisis de componentes arquitectónicos, preferimos dejarnos llevar por la interpretación de la habitación
poética y de la poesía:
...Tanto como dure esta llegada de buenas gracias, será
con alegría que el hombre se medirá con la Divinidad.
Cuando una tal medida tiene lugar, el hombre es poeta
a partir del ser mismo de la poesía. Cuando la poesía
aparece, entonces el hombre habita sobre la tierra en
hombre ... (Heidegger, 1958:229).
Para Heidegger, la poesía es el poder fundamental de la.habitación humana. Para que la poesía sea verdadera, es necesario
que el hombre en sí mismo ame al hombre. Una vez ese hecho
cumplido, el ser humano puede acceder a medirse con la Divinidad, y por medio de esta medida, er hombre se convierte en
hombre: toma consciencia de su ser y de su esencia sobre la
tierra. «Es la poesla que conduce al hombre sobre la tierra, a
la tierra, y que le conduce de esa manera en la habitación»
(Heidegger, 1958:230).
Dicha poesía de la habitación hace que el ser humano pueda
tomar consciencia de las virtudes primordiales de su «rincón
del mundo» que representa para él su casa. Esas virtudes son
todas las imágenes concentradas alrededor de la casa: imágenes de intimidad, de sueños, de deseos, de recuerdos...

Gaston Bachelard, el gran soñador de casas, representa esas
imágenes de la manera siguiente:
La casa, como el fuego, como el agua, nos permitirá
evocar fulgores de ensueño que aclaran la síntesis de lo
inmemorial y del recuerdo (. .. J. Así, la casa no se vive
solamente día a día. so~re el filo de una historia, en el
relato de nuestra historia. Por los sueños, las diversas
moradas de nuestra vida se compenetran y guardan los
tesoros de los días pasados. los recuerdos exteriores no
tendrán jamás la mismá tonalidad que los recuerdos de
la casa ... (Bachelard, 1957:40).
Según Bachelard, la imagen que nos hacemos de la casa se
conserva en lo imaginario y en los sueños. Esa idea de la casa
no tiene realmente una forma geométrica; al contrario está muy
lejos de toda referencia a las simples formas geométricas.
Interpretando la casa dsde el punto de vista de Bachelard,
podremos decir Que ésta es un espacio cerrado, un espacio de
intimidad; es una "célula" y al mismo tiempo es el mundo
entero; es "lo de adentro", el interior. la protección, la síntesis
de lo íntimo, el refugio; el retiro ...
Para Bachelard, el valor más preciado de la habitación es la
_cualidad que tiene de abrigar el sueño, de proteger al soñador
de permitir soñar en paz, de poseer valores de ensueño. Par~
él, esa casa es la casa de los sueños, nuestra casa onírica.
La casa onírica es la única en donde se pueden vivir en toda
su variedad los sueños de intimidad.
En la casa onírica podemos albergar nuestros recuerdos,
de acuerdo con los símbolos de intimidad que la vida real
no tiene siempre la posibilidad de arraigar (Bachelard
1986:102).
'
La habitación es un abrigo que nos proporciona ciertos valores
de protección; pero además de esos valores, la casa es fundamentalmente una imagen de valores inconscientes, de sueños
de intimidad. El mundo de la casa es diferente del mundo
exterior, del mundo "real".
B aspecto psicológico de la habitación.
Si bien es cierto que la casa es un escenario importante en el
desa,:rollo de las actividades de la vida diaria, es muy cierto
también que el hombre valoriza su habitación como el marco
privilegiado de los actos mayores de la existencia humana.
Para John F. C. Turner:
la importancia de la habitación no es lo que ella es, sino

�88

89
lo que ella hace en la vida de las personas, en otras
palabras, que la satisfacción del ocupante no está necesariamente en relación con las normas asignadas a su
alojamiento (Tumer, 1977:29).

Se puede decir que la casa es el lugar en el cual se lleva a cabo
la vida cotidiana,' y ésta representa la continuidad de la existencia y por consecuencia, nos lleva en sí misma como algo
familiar. La casa no considera solamente las cualidades atmosféricas del medio ambiente, sino que debe también expresar el
carácter de las actividades que tienen lugar en su interior.
El espacio construido y la forma física de la habitación son la
adaptación espacial de las actividades específicas del hombre
en interacción ton su medio ambiente, en la búsqueda de la
satisfacción de sus necesidades, aspiraciones y deseos. Desde
un punto de vista funcional, esta definición parece totalmente
satisfactoria. Ahora bien, una vez que se introduce el dinamismo, las contradicciones y la complejidad de las actividades
específicas ligadas al comportamiento humano, la definición
del espacio habitado parece menos evidente.
En general. la definición de las necesidades biológicas vitales
del ser humano presenta mucho menos dificultad que la definición de sus necesidades psicológicas; esa dificultad está evidentemente ligada a la variedad del comportamiento humano.
Aparentemente, la forma rígida ignora deliberadamente esta
variabilidad del comportamiento del hombre. Las necesidades
de relajamiento, de diversión, de reflexión, de bienestar espiritual, de afecto, de amor, de odio, etc ., pertenecen a la categoría
de necesidades subjetivamente variables indispensables al
bienestar emocional de las personas y dependen de cada ser
en particular. Es por esta razón que la elaboración de una
definición objetiva de estas necesidades resulta una tarea
extremadamente difícil de realizar.
Lamentablemente, gran parte de los problemas ligados con la
producción de la habitación son precisamente los conflictos
entre el espacio construido "real" y el espacio habitable "ideal",
lo que algunos autores llaman el "espacio existencial" (Diamandopoulos, 1973:25). Así, al mismo tiempo que se deben buscar
soluciones en función de las necesidades físicas de los habitantes, será necesario encontrar ciertas unidades o conjuntos
del comportamiento en la experiencia de las situaciones humanas y en las actividades de la vida cotidiana que puedan
ayudarnos a determinar el espacio habitable, ya que el concepto de las necesidades psicológicas humanas es un concepto
relativo, analítico, que no tiene una significación operativa en
la adaptación del comportamiento espacial de los usuarios.
Más allá de algunos límites funcionales y dimensionales del

espacio propuesto para la habitación, las soluciones que se
presentan al problema de la habitación se basan en la capacidad
del ser humano para adaptarse con relativa facilidad a las
formas y a los espacios propuestos. No obstante, los verdaderos problemas se presentan más bien desde el punto de vista
del límite de adaptación psicológico del ser humano con respecto al espacio construido "real", que no representa necesariamente los mismo que el espacio habitable "ideal".
A pesar de la gran capacidad humana a la adaptación a
diferentes medios y a diferentes condiciones, es un hecho
observable la dificultad del ser humano a adaptarse a una
habitación que no logra satisfacer sus necesidades psicológicas. la armonía y el equilibrio entre el espacio construido real
y el espacio habitable ideal es cada vez más raro en nuestras
sociedades contemporáneas. Así, los problemas en materia de
habitación pueden ser vistos como los conflictos entre las
necesidades afectivas del ser humano y la rigidez formal del
espacio construido.
la casa es en parte una organización de elementos francos y
netos de control entre el exterior y el interior: los muros, el
piso, el techo, las puertas, las ventanas, etc., y en parte una
organización de elementos funcionales fijos: la cocina los
dormitorios, las salas de baño, las circulaciones, etc. Entre 'esas
dos organizaciones debe existir un código de reglas y de
hábit~s de operación dependiendo de las experiencias y de las
necesidades de cada uno de los habitantes, dentro de la
dinámica de la vida cotidiana. Dichas organizaciones, que
r~presentan el espa~io construido real, condicionan la adaptación o la no adaptación del ser humano al interior de su habitación, de manera a transformarlo en el espacio habitable ideal.
Es necesario Que todas las casas porten en sí mismas, inscritas
en sus formas y definidas en sus funciones, los valores
culturales, estéticos, espaciales y técnicos del individuo o del
grupo social, y que por este mismo hecho, sean capaces de
transmitirlos en permanencia a sus ocupantes.
L~s v~lores son el producto del comportamiento y de las
vIvencIas del_ ser humano en un medio específico; dichos
valores constituyen una superestructura basada en las necesidades elementales de la vida del hombre. El comportamiento
humano condiciona y es condicionado por el medio.
la casa es una entidad estable que transforma un sitio en un
lugar de habitación. Por medio de la casa, nos apropiamos del
soporte existencial necesario para la acción del mundo exterior.
En_el interior de la casa nos encontramos con las cosas y los
obJetos que nos pertenecen, que nos son propios, que aportamos del exterior. Y esas cosas "exterioresft, una vez en el

�90
interior de la casa, nos permiten hacer el nexo entrf!l el interior
y exterior, entre el adentro y el afuera. Por medio ?e e~os
objetos acercamos el mundo exterior a nuestro mundo interior.
La vida que desarrollamos en el interior de_la casa _no_n?s lleva
necesariamente al aislamiento, sino más bien a la 1nt1m1dad. El
interior de la casa posee en consecuencia la cualidad de la
intimidad; cuando esta intimidad es alcanzada, entonces nos
sentimos "en paz".
Desgraciadamente, en el curso de las últimas décadas, estas
características de intimidad y de paz se han difícilmente alcanzado, en razón de la reducción constante del espaci_o con~agrado a la habitación y a la utilización pol!valente e intensiva
de las piezas. Esta disminución del espacio de las casas Y la
multifuncionalidad de las piezas de ella es ciertamente uno de
los más grandes cambios de la vida cotidiana de nuestra época .
Esta tendencia, es justo decirlo, se ha visto reforzada ~or
aspectos tales como el aumento en los costos de construcción
y la carencia cada vez más marcada del suelo urbano.

91

sociedades contemporáneas su producción ocupa un lugar
relevante dentro de la actividad económica y constituye, al
mismo tiempo, un importante indicador del nivel de desarrollo
socioeconómico alcanzado (Garza y Schteingart, 1974: 1 ).
Según Gustavo Garza y Martha Schteingart, en las sociedades
capitalistas la habitación cumple en general una doble función :
«por una parte constituye un elemento fundamental en la
reproducción de la fuerza de trabajo, y por otra, un medio para
la producción de plusvalía y acumulación de capital» (Garza y
Schteingart, 1974:59). Desde este punto de vista, la habitación es considerada como una mercancía producida a través
de un ciclo de reproducción de capital.
Salvo en esta visión mercantilista, la vivienda se convierte en
un producto de muy alto costo y que por lo mismo no es
accesible a toda la población. Por otro lado, su elaboración en
los países en vías de desarrollo es un proceso muy largo, debido
principalmente a la utilización de materiales no elaborados, así
como a la poca estandarización y mecanización en la mano de
obra, por lo que conserva durante mucho tiempo la forma de
producto semielaborado (Castells, 1974: 184).

Si bien es cierto que las casas actuales contribuyen indudablemente a una sensible mejoría de las condiciones de vida de la
población que las habita, también es cierto que ellas no responden plenamente a las necesidades psicológicas de los h~bitantes de las viviendas privadas. La casa moderna es práctica
y sana desde el punto de vista funcional, p~ro ella dej~ m~~ho
que desear desde el punto de vista de las •~~genes s1gn_1f1c_a_tivas y de la intimidad . Cuando hablamos de imágenes s,gn,f,cativas" no nos referimos solamente a las imágenes visuales,
sino más bien a las serie de imágenes que son recogidas por
nuestro entorno íntimo que representa la casa, nuestra casa .

Otros dos factores importantes son, por un lado el alto costo
de la vivienda. y por otro su durabilidad. Con respecto al alto
costo de vivienda, éste la convierte en una mercancía difícil de
adquirir por un gran sector de la población. Las principales
causas de esa imposibilidad son los raquíticos -ingresos de la
mayor parte de los asalariados, así como la inestabilidad y la
inseguridad en el trabajo. Estos factores imposibilitan el acceso
a mecanismos de financiamiento de la vivienda de una proporción importante de la población.

La habitación es la vez suma y síntesis de muchos elementos
recogidos a través de los años y las épocas. Deseando preservar sus costumbres, sus tradiciones y su privacidad, el hombre
se refugia en su hogar. La casa es un espacio propic_io para_la
interiorización y el desarrollo personal, para la reflexión, quietud e intimidad del mundo interior. En el interior de su hogar,
el hombre se siente apacible, estable. seguro, perdurable.

En cuanto al segundo factor, la larga durabilidad de la vivienda
impide que este bien se renueve con cierta frecuencia, por lo
Que no se puede pensar que un trabajador o una persona, una
vez que ha adquirido una habitación, va a pretender comprar
otra o cambiar la actual al corto plazo. Los dos aspectos
mencionados hacen de la vivienda un bien de consumo con un
largo período de circulación.

Es indispensable reconocer el carácter dinámico de los problemas de toda índole en materia de habitación; no obstante, es
evidente que la variabilidad del comportamiento humano debe
ser un aspecto constante en la consideración de los problemas
y en la formulación de las soluciones.

Un tercer factor, éste de carácter extrínseco, es el de la
necesidad de tierra para construir una casa. En efecto, la tierra
-la superficie de terreno en donde se construirá la casa- es un
elemento de soporte de primer orden para concretizar y materializar el bien de consumo que representa la vivienda; este
aspecto es de vital importancia principalmente en el medio
urbano, en donde existe cada vez más una fuerte especulación
del suelo urbano.

El aspecto económico de la habitación.
La vivienda ha constituido en todas las sociedades uno de los
bienes de consumo fundamentales para el hombre; en las

Los factores anteriormente mencionados hacen de ta vivienda

�92

93

un bien de consumo familiar de alto costo, por lo que una gran
proporción de la población de los países en vías de desarrollo
no pueden dotarse de él. Este hecho ha dado por resultado que
se establezcan diferentes mecanismos de financiamiento, mismos que permiten a un mayor número de personas el acceso
a dicho bien. Pero desgraciadamente los inversionistas pretenden aumentar cada vez más las ganancias de sus inversiones
en los procesos de producción de vivienda, lo que da por resultado que nuevamente un contingente muy importante de la
población no tenga acceso a financiamientos suficientes.
Dado que los trabajadores deben contemplar el pago de diversos medios de subsistencia para ellos y para sus familias, como
lo son la alimentación, el vestido, la educación, el transporte,
etc ., ello les impide destinar una parte importante de su ingreso
para pagar su alojamiento, lo que anula sus posibilidades de
acceso a los financiamientos para la adquisición de habitación.
Así una proporción considerable de la población queda completamente al margen de la posibilidad de dotarse de una unidad
de habitación, ya sea por su alto costo o bien por la nula
oportunidad de acceder a los programas de financiamiento del
sector privado en materia de vivienda . Por otro lado, las
limitaciones económicas del Estado, así como la carencia de
verdaderos programas sociales de creación y de promoción de
vivienda popular hacen que la intervención gubernamental sea
poco significativa en los programas de habitación .
Además de jugar un papel importante como reguladores de los
procesos productivos y de circulación de habitaciones, los
gobiernos de las naciones deberán, si desean impactar realmente en los tremendos déficits de viviendas que existen en
sus países, participar activamente en la implementación de
programas más acordes a la realidad actual, a las necesidades
reales de las personas y a las posibilidades económicas y
financieras de los habitantes, de manera a responder a las
expectativas de la población en materia de vivienda.

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OTRAS PUBLICACIONES DE LA FACULTAD DE TRABAJO
SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
(En venta en el Departamento de Audiovisual de la Facultad de
Trabajo Social de la U.A.N.L.)

Familia y fecundidad (en dos municipios del área metropolitana
de Monterrey). Reporte de investigación. 1989.

·N$25.00
Autor: Manuel Ribeiro F.

Deserción escolar en preparatorias de la Universidad Autónoma
de Nuevo León. Reporte de investigación. 1990.

N$25.00
Autores: Ma. lren-e Cantú R. y Rosina Nava R.

Investigación diagnóstica de la situación social de los damnificados del Hurac6n Gilberto. Reporte de investigación. 1990.

N$25.00
Autor: Bertha Rodríguez R.

El divorcio en Monterrey. Reporte de investigación. 1991.

N$25.00
Autores: Manuel Ribeiro F. y Rosalinda Cepeda

Perspectivas y prospectivas de la familia en América del Norte.
Nueve estudios. 1994.

N$25.00
Autores: Manuel Ribeiro F. y Raul Eduardo López E. (comps.l

Organización familiar y conducta reproductiva en sectores
rurales de Nuevo León. reporte de investigación. 1995.

N$25.00
Autor: Manuel Ribeiro F.

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                <text>Revista de Ciencias Sociales de la Facultad de Trabajo Social, publicada en la década de los noventa. Editada por Emma Adame W., Luis Leñero O, Ma. Del Carmen Elú, Víctor Zúñiga y Rodolfo Garza. Contiene artículos de investigación científica sobre educación, trabajo social, ciencias sociales, psicología, etcétera.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753308&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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      <name>Dublin Core</name>
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              <text>Perspectivas Sociales : Revista de Ciencias Sociales, 1995, No 4, Enero-Julio</text>
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              <text>Revista de Ciencias Sociales de la Facultad de Trabajo Social, publicada en la década de los noventa. Editada por Emma Adame W., Luis Leñero O, Ma. Del Carmen Elú, Víctor Zúñiga y Rodolfo Garza. Contiene artículos de investigación científica sobre educación, trabajo social, ciencias sociales, psicología, etcétera. </text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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