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                  <text>C!ENCI/\S, /\!HES. f'OESl/1, TEIITRO, NOVEL/\,
HlSTORl/1 Y CRITIC/1.
DIRECTOR,

Lic. Vlf\GILIO Cf\RZf\.

SUMARIO

Elogio de la Ciudad, por RICARDO ARENALES.
Lamentación Bucólica, por ALFONSO REYES.
Discurso de M. Mauricio Donnay, traducción de
VIRGILIO GARZA.
Ofélidas, por MANUEL S. PICHARDO.
Recuerdo de una Tarde de Verano, por JUAN
MARAGALL.
Oda !Il de Horacio, por RAFAEL GARZA CANTU.
Romance de Amor, por F. LOZANO.
Poesía Pura, por MIGUEL DE UNAMUNO.
Sol de Domingo, por M. A. CARVAJAL.
Psicopatía, por JOSE ASUNCION SILVA
Phinees, por BMILIO CUERVO MARQUEZ.
Nocturno, por EUGENIO DE CAs:I'RO.
Libros recientes, por RICARDO ARENALES.
REVISTA DE REVISTAS; Los Abogados de
Sócrates, por VICTOR M. LONDOÑO:-Ensayo
de una clasificación social; traducido libremente por V!RGILIO GARZA.-EI asesinato de
Lincoln; Notas de actualidad, traducción de
HECTOR GONZALEZ.
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Ycngo á rcconorcr una vez más, con íntima. romplac-ern.;i;1, 1n gran virtud de la pa!nhra, que en tus labios adquiere un seutielo pro!nnelo, y se torna eficaz y expliea ele fon hermos:i y singular manera las l&lt;-,-es de este
FniYerso ........ .
Tú eres amigo mío un hombre snpc1·ior. ..\ tu edad poros jóvenes realizan clara y distintamente su propia represent,wión ele la ~ida, el amor,
el dolor y la muerte. Y ttí discurres con respecto :i esas cosas dif[ciles el,·
un modo tal , que oyéndote piensa uno si has encontrado el nnmclo claro y
tliáfano,y si has encontrado que la vida v,1.lc la p'.~na. de ririr.1c á. tru~que
de estar en comunión sencilla con la :Naturaleza.
Pero ¿cómo has llegaclo á concebir la virtud de la sencillez? Me lo pregunté descle anoehe á raíz de nuestra phítica y euando te oí derramar generosamente la energía ele tu espíritu y 1a elocuencia de tn cliHC'Ur8(,. Entiendes que no es posible go1,ar de la Naturaleza, en su sentido m,is inefable y secreto, sino á distancia de la ciudad, en medio &lt;le los trigales frutec-idos, al amparo de la selva imponente, junto :\ los ríos ó ,li p;é de la,
monta:ña:;; ahruptas ....... Yo también pensaba de esa manera;mn!-- ·el tiempo no ha transcurrido en vano sobre mi ju,;cntnd, y hoy me parc,·c que e_-;t,¡ mal eso de hacer limitaciones y de señalar predios ,·uamlo se trata ,lei
amor en ah5tracto. Mucho m,í.s en el caso ele tí mismo, ,¡ quien deleita
el espectáculo múltiple y enorme de hl creación renornda .
La más admirahle sabiduría está en encontrar una bonda&lt;l en carla c·osn.1 de manera qnc no haya vez en que no se regale íntimamente el espíritu
con nuevos descubrimientos. Los sabios y los poetas ~enlacleros no son sino los que han aleanzaclo tan extraordinai·üt perfección del amor. Y éstn,
se dan ln mano con los místic:os á través &lt;le los tiempo:;. Hnn Fnmcit-:li'()
ele Asis se echaba sobre el polvo , abiertos los hrnzos rasi deslnllcéidos hajn
&lt;'l silencio ondulante de las estrellas, y traeltwía. la vastn emoe·ión de su espíritu con aquellas paln bras: ''i Dios nzfo y todas las cosas/ ¡ Dios nzfo y todas
lascosas/,i
Tóma de n.quí e1 ejemplo, porque es necesario, para akanz:u esa t-11"tucl de tn ensueño,abrir el corazón y arrojarle con humildad sohre la hoguera
encendida, de 1a C'nal es una brasa todo l'Uanto ene bajo nuestro conoeimiento y cuanto hay mús allá ele nowtros. Cada ,cz resuena la hora de
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APARTADO 229,

1

�62

fü,VI STA Cmm:,tPORÁNEA
REl'ISTA Cm&lt;'rE"PORÁNEA

crucificarnos en el amor. Tú no lo harías en vano, pues tienes la ccl'tcza
de que todas las formas creadas son templo ele la divinidad .. .. .
Pero mientras llega el día generoso, hay en tí nn egoísmo incalificable.
Aun más, creo que no eres ya suficientemente honrado. Verdad que amasia
hennosura del Universo, pero est.is oconomizando el amo!' y no te entregas todo entero en catla uno de las cosas. Y por eso hay en tu representación del bien y el mal una lamenta ble estrechez, y las parcelas de tu
odio son exageradamente precisas.
Y por eso, también, clamas contra la vida civil y contra las cosas que
la embellecen de continuo- y que tienen razón &lt;le sel', por lo menos tanta como tú y como yo. El jardincillo recortado y ridículo según tu creencia,
de lushias que crecen sobre jarrones de porcelana, tiene una significación
tan vasta como la más imponente de las estrellas ..... i Y tú no lo reconoces I Y yo me explico tu ceguedad porque estoy cierto de que algunas veces, como enseñaba Plotino, la inteligencia concede su atención á los objetos rodeados tle luz, pero no ve claramente el principio que los alumbra.
Por eso te ví ayer sereno y !río cuando, tle pié sobre los farallones que
demoran al occidente, contemplábamos el paisaje de la ciudad extentlirla
ante nuestros ojos. A mí me conmovió hasta lo m,ís íntimo: creo que el
alma tumultuosa y delirante que llena las calles alxnninadas por tí, subió
en ondas basta mi corazón. Y tú, mientras tanto, clamabas contra la tiranía del instinto social que se concentra y forma esos grandes núcleos vitales denominados París, Roma, Buenos Aires, Xucva York, ó Stokolmo .....
Y cuando se encendieron simultáneamente los mil arcos eléctricos y el horizonte pareció dilatarse á la manera de un gran palacio que se abre, tú
preferías, como una cosa de mayor pureza y dignidad, el hogar que débilmente clarea en un repliegue de la montaña .. ....
Ese hogar campesino que yo hube cantado en mis poemas de la primera juventud; la música de los pájaros libres; la brega del viento filtrándose por entre las ramas apretadas; el vaho de los setos; el silenrio musical
que hay en la siesta bajo los tamarindos; y la paz del crepúsculo en la hereJad dilatada, donde no alumbra sino la candela que nuestras manos
encendieron- todo eso tiene un perfume dulce y puro, todo es ánfora de espiritual deleite y amoroso contentamiento. A tí se te cierran los ojos cuand&lt;&gt; hablas del campo .... .. La paz virgiliana es tu ideal en la vida; y al paso que vas, dulce pastor de la égloga nona, entiendo que no haces caso de
mi pleito para llevarlo adelante, porque has oído graznar de noche la cor
neja de l\Ieris ......
Y sabiamente citas al Maestro que además de haber sido virgiliano,
supo también abrir su corazón á la gran sabiduría de la tierra:

El aire el huerto orea,
Y ofrece mil olores al sentido,
Los árboles menea
Con un manso ruido

Que del oro y del cetro pone olvido ... ..

63

Es casi deplorable que Fray Luis no hubiese llegado á espaciar su alrn,i en la belleza ele la ciudad; porque la ciudad es una obra imponente de
creación, más llena de espíritu que un valle y una montafia, y donde resplandece la armonía ele la vida y se está cumpliendo en cada minuto, á través de los siglos,un nuevo milagro de las fuerzas desconocidas y eternas.-Pero
no hay que culpará nuestros anteccsores,-por otra parte bastnnte retirados
- y menos al dulce poeta de la Nac!ie Serena. El ha pasado con sus mí meros latinos y hebreos, con su cautiverio y su parorosa visión de la Reforma ..
En cuanto á nosotros, nos corresponde forjar los nuevos valores. Los hombres de hoy, con más amplia y provechosa libertad del espípitu, con más
valeucro caudal de experiencia y más poder de creación, estamos obligados á comprender mejor la vida, que es inexhausta, clara, virginal y adorable; á penetrar en el corazón de la Tierra, todavía sin descubrir, y á extender algunas millas la amplitud de los horiwntes mentales. Y esto, aunque pese á tu ceguera rural, podemos realizarlo santamente, por virtud del,
amor, en comunión mística de una sacramental pureza con todo lo que ha
sido creado ...... 1Que bello ensanchamiento de aquel gran imperio del espíritu, loado por Carlyle; qué vasta •obra de libertad edificada como un
castillo de almenas que no han de rendirse á la dureza del tiempo!
No me atrevo á decir que comprendo mejor que tú la armonía general é inmortal de la vida; sólo afirnrp que está mi corazón abierto al aire
y á la luz y á los aromas y al poder !le la música, vengan de donde vinieren. Y si voy al campo me embriagaré con su alma rústica y odorante; y
en las praderas dilatadas, en la cumbre de nie\'e, sobre los grun1osque el
sol matinal hace resplandecer, dondequiera sé hallar la &amp;'ti de la vida; y aquí mismo, en esta colmena rumorosa que tú abominas puritanamente, me

embriago y deleito con una fuerte sensación que tú no has experimentado.

La ciudad se estremece como si un acontecimiento extraordinario llamara hoy á sus puertas. Con todo, en esta dulce mafiana de invierno el
aire es puro, los nifios juegan tranquila y bulliciosamente bajo los árboles,
y el sol con la santa sencillez cotidiana derrama su luz á lo largo de las calles, todavía húmedas por la llovizna del amanecer. Ningún signo exterior advierte á los ojos indiferentes la inminencia de un gran suceso. Las
colegialas regresan taconeando con fuerza, orgullosas de su traje dominical.
No es la primera vez que el inmenso temblor de la vida me engaña de
esta dulce y momentánea manera, si es que el revelárseme con tal claridad
es tm engaño . Aun más, algunas noches he creído que arde ante mis ojos
la zarza de Moisés, ó que mis manos florecen lirios campestres y azucenas
de la ciudad.- Realizo dentro de mí mismo una creación de donde brota el
agua de mi poesía, que á tí he dado á beber y tan admirable la encuentras
de intensidad y de pureza; quiero decir que estoy en medio de las cosas,
cuya virtud trascendental penetra en mi corazón y luégo mi corazón la devuelve generosamente.

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RR\'ISTA CO::"iTK\IPOR.{NEA

R.E\'IST.-\. Co:,;'fEMPOHÁNF. A

Y cu~rndo he creído engafü1rrne, salgo ,i vngar por las cnlles con gannR
&lt;le vivir en la realidad, libre de :1lucinacioncs. iPero la reali&lt;lad es má.s
intens1i que el ensueño !-He aquí las casas relucientes, el ir y venir bajo los

grandes focc18 clédricos, las &lt;:himeneas que rcsplandceen, el molino de 'Viento que se alza oobre la casa del Inspector, los carruajes que huyen ó se acercan, el anton16vi.l cien ,eres allmirable, las palabra:::; que no tienen correspomlencia unas con otras, y {t lo lejos un grnpo ,]e espectadores ávidos que
se han dctcni&lt;lo ante el pórtico del teatro ..... Y en letras de fuego, en carteles que rompen graYernente la blancur,c cercana y el gris y el azul pálido, por to,las partes ven los ojos el trágico anuncio que parece llamear.
iCorri&lt;la de toros! Y el puel;lo cstrnjánclose, con una inquietud que se difunde smvcmente baj,, el silencio oloroso de la noche.

•

••
•

•

Cada uno &lt;le los pequefios dctt,llcs en los que no rep,uamos casi nunca, reprcscnt&gt;L-uomo se ha ditho-un caudal de pensamiento acumulado
;í tmvés de los siglos. Ver&lt;lad que esto acontece de la mism1i manera en

los campos; sin embargo, aquí se hace miís objetivo y sensible; aquí ese gran
milagro se rea.liza multiplicadc.i y permanentemente. Lo admiramos en l:1s
pcqueíias columnas estriadas que se agrupan ,i b entrada del capitolio, y
en !ns tornisas que engalanfl.n el ~·en tan a], y en la pi11tura de los c&lt;lifitios,
y en el tamaño de las cerraduras, y en los asientos Lle los carros eléctricos,
y en la cabeza sencilln y att-ayentc de los periódicos .... Suprimid uno á uno
esos cletalles, por un acto de abstracción mental, y el efecto desconcertador
de la ciudad afea&lt;la os robará la necesaria paz del espíritu. Luego existe una
grande y poderosa armonía, hij:1 del e,fuerzo individu.il y el esfuerzo comtín.
Por dondequiera que se ob,ervc, nuestra ciudad es realmente magnífica. -Ese hombre que atraviesa lii calle va con seguri,lad ,¡ su propio destino, absorto en la rcalizaeión de su pensamiento, eneaJenado ,i las cosas

menos trq.scen&lt;lcntnlcs que hubo jam¡is, viviendo su propia vitla. interior;
pasa. egoístamente dentro de sí mismo. Y sin embargo, en sus pasos en
tillti palabras, en todos sus mene8terns; hay una.. virtud inmanente y fecunda . Y esa virtud, con la mía, con la &lt;le! panadero, y la del conductor, y
1

la del sastre, y la del poeta, y la del arquitecto, y la del colegi:tl, forma la
gran virtud colec-tim, y es parte esencial &lt;le la virtud ecuménica superior

la muerte, que se dilata. en grandes círculos concéntricos, en un movimiento inmortal y _perenne ....

._t

El espíritu preside aquí las cosas gmn&lt;lcs y las cosas pequcíias-si es
que debemos hacer to,bvía ese distingo innecesario. Nuestras calles, nues-

tros paseos, el interioT de nuostra8 casas, los teatros en que nos divertin10s,
han si&lt;lo dispuetitos ron sujeción r-i un orden admirable, ni más ni menos
que las celdas exagonales en la intimidad maravillosa ele una colmena.
La sucesión del tiempo se encargará de enseñarnos el alma que se formó con el acoplamiento de cien mil :inquietudes, y cien mil alegrías, y cien
mil esfuerzos-ya frustra,los ó útiles-dentro de tm radio que se prolonga
l'l1&amp;'tnchándose; y con un puco de atención circunspecta hemos de ver

c·ómo re,;alta, en el orden imperecedero de la Xatnraleza, este gran corazón
facetado tomo un diamante Yivo.
Hay &lt;lias en que parece que se remansa el afán de la lucha. Difún
&lt;lcse un salud1tble rumor, y la tranquilidad, como un soplo de los campos
geórgicos, se derrama sobre todns lns cosas. Y hace sol.. .. ó hace luna!
La fuente Ye caer su madejón que resplandece con la gloria del prisma en
un silencio espiritual. ~fas hondo, en el santuario inexplorado, vigila en
paz el instinto. Dcc-id una palabra poderosa y l:i veréis caer, encenderse,
llamear .... Su influjo traspasará los dinteles, y la vibración sub-oída se pondrá de manifiesto en la superfieie. Y entonces veréis que este corazón poderoso no había cesauo de palpitar ....
¿Qué imponente vocería sube hoy en la pmcz,c de la mmiana .... ? Ban&lt;lcras &lt;le triunfo se han levantado, y el horizonte se agranda, y todo adquiere la plcnitucl misteriosa que sucede á los grandes milagros ereadores.
El aire anda á batir los paramentos de júbilo y riega el eco ele las cornetas
broncíneas, y viene á desfallecer en los festones amorosamente. La púr-'
pura se magnifica. en el gran misterio de la luz. IDía de gloria! Los héroes resucitan al conjuro de la ciu&lt;la&lt;l y, otrn vez, al amor fué mis poderoso que la muerte. El grito de los triunfos lejanos resuena bajo el templo. E~ un&lt;1 repercusión de la vida inmortal. El presente se hace con~ciencia . La enorme voluntad de l:i raza, bajo el árbol fecundo, realiza un
acto de la justicia inmanente.
Otras veces, diríase que la ciudad se desnuda. y arroja el manto de su
egoísmo á la, manera. de un desecho inútil. Viene aquí el dolor de una
tragedi,1, lejana. Se han abierto las grandes fauces &lt;le la muerte, y más
allá del mar lué arrasada la c:impiña por quién sabe cuál secreto rencor de
los dioses.... Ahora va á derramarse sin economía fa pieda&lt;l oculta de

este corazón generoso!

••
'.

O al caer ele la tarde se oye un golpe sordo y breve . Un hombre rueda
por tierra, y su sangre corre sobre el asfalto luminoso y salpica los muros.
La ciudad ine&lt;lenta se yergue ante nuestros ojos .... Uealmente, la obra fatal de la vida es la que se nos manifiesta. Pero habrá, ele segmo, un estremecimiento emocionado y expiatorio, _y una palidez redentora b,1jo el
azul impasible &lt;le la noche!
Dondeq,1icra que se acercan los holnbres bajo el instinto que tú llamas innecesario y cobarde, hay encendido un fuego santo que resplandece
como las estrellas.-La ciudad religiosa, la. ciudad 1mírtir, la ciudad justiciera, la ciudad fraternal, realiza en cada minuto la plenitud de su vida;
tiembla, bulle, florece, se deprime, se ensancha .. .. .Su corazón está templado en llama pura; es como el corazón salvaje de un monte y como el
grave corazón de una floresta.; pero es superior, por cuanto se ha hecho

consciente.
Los detalles se mudan; lo transitorio desaparece con los siglos: la certidmnbre de lo real subsiste bajo todos los cielos. De Sur á ~orte, frente
nl Océano clamoroso, en el trópico terrible y magnífico, sobre la nieve hiperbórea, en el azul de las serranías, en la llanura feraz, á orillas del de-

�REVISTA CONTEMPOR.'\SJ•:A

6G

HE\"ISTA CONTEMPORÁ~EA

sicrto, allí está la ciudad generosamente abierta· viviendo de sí misma·
'
'
creando, magnificada por el amor y el dolor ;- labra su poesía, que es la
esencia pura ele su voluntad; labrn su sabiduría; labra su historia;-florcce en inquietud, en grnnder.a, en amor; se baña en la misericordia de las
lunas de Enero; reluce entre las redes del sol; clava sus ojos en la celeste
trage&lt;lif de los crepúsculos . . .. .No pide: crea; no solicita: forja; no muere:
8e renueva.
Y qué decir de la obra que ha realizado la ciudad y que realiza todavía, y que hoy nos separa infinitamente de las noches en el fondo de las
cavernas, de los días errantes á lo largo de la llanura y al trote de las cabras; y de la gran voluntad aherrojada, que se consumió al pié de los templos, en nombre de dioses nunca vistos; y de las acometidas brutales, á la
luz de la luna, bajo los muros del castillo, qué decir ele esa obra! Ciertamente la ciudad no sólo se hti redimido y espera redimirse, sino que ha de
redimirá toda la especie. Y el gran milagro de fuerza que se consumara
desde las cavernas hasta hoy, es la mejor garantía de que la ciudad realizará las grandes cosas que duermen ahora en el corazón de los tiempos.
Aquí, entre las casas simétricas, al otro lado ele los parques que ,í tí te
parecen, corno jardines de papel, una falsificación de la Naturaler.a, una
falsificación lamentable; y en los palacios imponentes ó en los cuartos
humildes, y entre las fábricas atronantes, llenas de bumo y de gases,
aquí está la humanidad nobilísima que sueña y que trabaja, y est:í
frente á la lucha, mirando hacia el siglo futuro. Los héroes cuyo nombre
no ha de recoger la historia tal vez. Acércate á ellos . Son generosos ó
egoístas cuando se trata de ellos ó se trata de tí, pero su virtud es tal, y es
tal la fuerza de ella, que florece por sobre los detalles y ecuménicarnente se
derrama en el seno del mundo .. ..
iLos héroes! Nadie les recordará cuando hayan pasado cincuenta ó
cien años. No habrá razón para recordarles,.dirá alguien. Realir.aron tan
pequeñas cosas. Uno estableció el correo urbano sobre base insegura; fué
necesario el tiempo y el esfuerzo de otro horn bre para mejorar la condición
del servicio. Aquel trazó en un pliego, con rayas encarnadas, una red
vasta y compleja, otro la hizo de metal y un tercero la extendió subterráneamente por todas las calles, hasta que el agua llegó así, por secretos caminos, á todas las habitaciones ....
El proceso se repite cada día, pero no veremos la renovación sino á
distancia. El Hospital, el cuerpo de bomberos, la Universidad, las pequeüas escuelas, los pequeños periódicos, las grandes bibliotecas, todo lo que
perfecciona la vida y la realza se cumple dentro de la ciudad. i La ciudad
se redime y ha de redimirá la especie! Los más graves problemas, cuya
solución parece tardar demasiado, en nombre de los cuales se derrama
sangre y se siembra el pavor cada día, se van dulcificando, se hacen accesibles, pierden su asperer.a y llegan al campo de la posibilidad y la justicia
objetiva. La ciuclad futura se incuba de este modo.

.. ,.
.. .

G7

Con cierta precipitación incoherente y aun disculpable, te he dicho
mi pensamiento en lo que atañe á la grancle armonía de este vigoroso organismo. Piensa por tu cuenta en la gran voluntad de vivir, de triunfar y
ele ennoblecerse que representa el acoplamiento de los esfuerzos entre los
muros de Paris ó de México . Repara en los detalles; por ejemplo, en Ju
significación de una estatua expuesta libremente á la mitad de la calzada ó
en el pórtico da un palacio ... .He allí en forma exterior el culto al heroísmo: es decir, una manifestación del espíritu; y ta.n significativa, que si
meditamos en ella, de pronto nos parecerá que un hálito de inmortalidad

nos envuelve.
Frente al crimen, óal amor, ó ,í la noche-ilrente al siglo futuro! la ciudad está de continuo realizando graneles cosas . Mientras el campo
duerme, la ciudad piensa y trabaja. l\Iientras el c,impo está contenido en
los límites del minuto que pasa, la eiuclad extiende sus raíces en el pretérito y alarga sus manos laboriosas y ávidas hacia el porvenir. L:i ciudad que forja su historia y enciende su~ espernnzas, eslabona realmente los
siglos.
Lástima que los poetas no hayan auscultado este corazón formidable
con la necesaria pureza de espíritu; ó que si lo han hecho, nos tengan esperando el día de la revelación. Cierto que uno ha glorificado á su ciudad fecunda; y otro exultó la enorme fuerza que arranca del hombre ciudadano, en aquellas odas bárbaras é inmortales; y otro encomia las virtudes proceras de una ciudad lejana y silenciosa:

A ti los reldmpagos ciñ"n radial c?rona

A tf {r,.s tempestades rinden sus espadas de oro

••
1

••

i oh Popayán !- Pero es necesario que alguien condense de una vez
el pensamiento de la ciudad abstracta, y diga de una vez los maravillosos
secretos que esconde el alma urbana, llena de inquietud y de amor: esperanza y tumulto; sol y gloria.

Déjate al fin en paz, y que el Señor te guarde en clh . Me parece que
habrás comprendido mi resentimiento por tus palabras de ayer, y al mismo tiempo, el amor mío hacia la ciudad-y hasta cierto punto, hacia la
ciudad en que vivo, asentada en los confines del Norte, en el límite de la
«América ingenua,» y que bien puede ser hi ciudad-símholo y, ante todo,
la ciudad del poeta .... Es deplorable que el espacio y el tiempo no me per·• rnitan escribir más en desagravio y en loor de la vida. Pero acaso sea suficiente. Suple tú las ideas intermedias entre la emoción y la lógica. En
mi nombre agrega, al leer, el gran temblor de mis manos y la inquietud de
mi espíritu. Y piensa, recorriendo los desiguales renglones, que cada uno
de ellos es ,ivo testimonio de mi nobleza espiritual, y flor de mi energía,
y energía de mi juventud, y juventud de mi alma. Y piensa que mientras
torna la carta su camino por uno de los buzones que la ciudad ha puesto á

�(,8

mi servicio con aelmirable solic·itud, me quedaré snspiranclo por d ¡~,eta
del porvenir-Cristóbal Colón 6 heraldo que clesrnbra y prebsme h nucrn
verdad de la vida.... Y convirtiendo mi espirito httcin esa niel)la elcs,anecida y luminosa que ,·irnos ayer elesle los famllone.; elcl OCl'ielcntc, y que

¡,;e extiende ahora ante niis ojoa cmoeionadns, rompo á dc(•ir, con tmla. la fe
de mi a.lrnn., lns versos más fragante:; que en la memoria. consen·o, y la:.s
palal,rru; más nutridas de sinceri&lt;lad y de mú.sie•a ....
iQu;~ dc~cn.r para. tí, gran ciu&lt;la1l 1 sino que te descubras li tí misma,
y te Ievnntes aun m~is que tus dci-nmlas montafias, -:,· te lingas uniYcr::-al1 y
te hagas eterna! Tus ojos pueden desgarrar In neblin" del tiempo. Es
hora. Fíjalos desde hoy en el gran esplendor de la P,üri.1 Futura. Oy,·
la voz de tu poeta, si es que le tienes, porque d poda es la consdcncia del
l:ni,·erso. Embriágate con el \'Íno de tu propia energía y prosigue hacia
el horizonte. Ya. me parece que veo, en medio &lt;le mi noche, la aurora LlP
eternidad que circunde tus sienes. Oigo el ritmo de tu corazón. Y un
poco de tu propi:i virtud, clilunclicla en mi eangre, me hace presentir las
dianas del triunfo. Adelante!
Siempre adelante, luerrs&gt; vim, milagro ele clari,bd, atal:iya ele! almalatina, que resistir puedes l:1~ m:ís duras l.irrnseas del Xortc. iOh, mi
cimlad-símbolo! Yo, que he de pa~ar, me extasío en ti, que permanecerás. iYo, extranjero en toda la amplitwl ele la Tierra, que he venido áeoñar en tí, pasajeramente, y á sentir en tus calles el hondo temblor de la
Yida! ....
RICARDO

•
LAMENTACION BUCOLICA
Rústica, distraída,
siempre al acaso,
me seduce la vida
de Garcilaso.
iOh, mi dolor!
Ni adoro á una zagala
ni soy pastor!
Taimado intento volver
á las edades de oro;
y si no lo llego á hacer,
sólo es porque el medio ignoro
que para ello he menester.

AREX ALEH.

)[onterrcy, Enero-190\l.

•

••

Yo no sé e6mo no luí
algún pastor de la Arcadia,
y e6mo es que no nací
bajo aquel cielo, que irradia
tantas dichas Iay de mí!
Amo el acento de las
dulces trovas que Diouysos
cantara en tiempos atrás,
mientr!l-'l los chivos sumisos
iban danzando á compás.
Me place la ingenuidacl
de 188 canciones aiíejas
que dicen: !Por caridad,
oh Dioses, á mis ovejas
trigos y pastos les dad I
1Y cuánto adoro y bendigo
al viejo sátiro amigo 1

�70

REVISTA CONTE.llPORÁNEA

Y sueño que tornaré
,í la que caUS&amp; mi empcno,

edad que de gracias fué,
y ved aquí lo que sueño
y que siempre soñaré :
sueño que voy á volver
al rebaño y las campiñas,
y á Baco voy á ofrecer

DISCURSO DE M. MAURICIO DONNAY ANTE
EL INSTITUTO

que cuando crezcan mis vifias
vendrá conmigo á beber;
,llaurice Dom,ay 110 es ya ti far/a de LYSISTBATA. Pero 110 ha revestido
toda la sendad peculiar á u11 docto y sesudo Académico, el u11iformc
de su car;go honorífico y en verdad bien 111t'reci.do. De vez en cuaudo echa (l
·volar su faulasfa por los campos de un humorismo co11te11ido y discreto. Sin
ser una rdevante muestra de su ü1ge11io, que lo tiene para dar y prestar-no
deja sin embargo de efrccer iulerés psico/6gico el esfuerzo far doblegar el
impulso imagi11alit•o á la necesidad de uua literatura o.fida/, tal y como se
rez.rtla en el discurso que ·va á coutinuaaó1t, inserto en el 'Journa/ Officie/.''
Ante el lnslilulo reu11ido, Al. Mamicio Dom,ay loma la palabra:

sueño que, la pompa real
huyendo por las cahaiias,
cura mi pena y mi mal
,·on soplar las siete cañae
del camarillo rural.

alÍll, CO/l

1Y cuánto adoro y bendigo
al viejo sátiro amigo!
Y á lo que pide mi amor
ningún capricho se iguala:
que es mi deseo mayor
cortejar á una zagala
eiendo yo pastor . ...
Rústica, distraída,

siempre al acaso,
me seduce la vida
de Garcilaso.
iOh, mi dolor!
Ni adoro á una zagala
ni soy pastor 1

ALFONW

o
REYES.

•

En un hermoso día de verano, se celebraba la distribución ele premios en los liceos de París. Dalxrn las doce en el reloj de la Sorbona y
después de la ceremonia, los jóvenes escolares con sus familias se esparcían
,·n el Boulevard de Samt !lfichd. Había niños que se sentían abrumados
l,ajo el peso de sus libros, llevando al brazo las coronas de laurel, dorado ó
1•erde, conque poco antes los profesores, los generales ó los ministros habían ceñido sus frentes infantiles con una indiferencia conmovedora.
Otros, en mayor número, caminaban con menos ligero paso, aunque sin
lle,·,,r nada; en medio de una reunión de transeúntes peroraha un cochero
,¡ue se había rehusado á conducir, hasta una estación lejana, á un nifio csturlioso y ,¡ sus padres, so pretexto de que cargaba libros en gran cantidad.
Y yo me di,ertia con la escena, cuando creí reconocer entre los curiosos á
mi antiguo compafiero Bouvard. 1Qué cambiado! Pero era el mismo
Bouvard que fué condiscípulo mío en el Liceo Miraheau, hoy Liceo Gaml&gt;ctta y antes Liceo Luis Felipe, todo igual, por lo demás.
Desde que terminaron nuestros estudios no había vuelto ,í ver á mi Rmigo. Cambiamos los cumplimientos y preguntas de costumbre, y como lo vi
aeompafiado de un jovencito, le pregunté:
-Es hijo . rnestro?
-Sí, es mi hijo; un alumno de nuestro viejo liceo y por tanto un jo.
Yen eompañcro. Hoy fué la distribución de premios.
-Ah!, y qué tal?
-Pues bien, no ha obtenido nada, dijo Bouvard, como con orgullo.
Ni un premio; ni un accésit. No es el renombrado Bouvarcl, sino el nun-

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73

REVISTA CONTEMPORÁNEA

REVISTA CONTEMPORÁNEA

ca nombrarlo Bouvard, es el débil en tema, es en ffn, mi hijo.-Wómo
puede regocijarse Bouvard de semejante calamidad,? pensaba yo. Realmente su actitud chocaba contra todas mis ideas acerca de las recompensas escolares . Hasta Uegué :i suponer que la pena lo había vuelto loco .
Bouvard adivinó admirablemente mis pensamientos .
-A dónde íbais? preguntóme.
-A mi casa.
-Os acompaño . Y luego: Mi hijo uo es una águila-me dijo; pero
tompoco es un zote. Había cincuenta en su departamento y ha sido calificado el i•igésimo tercero. ¿voy á reprocharle yo esto? ¿Voy á preguntarle con insistencia: por qué eres tú el vigésimo tercero en la clasificación?
No podría responderme. Se pueden dar las razones de ser el primero, ó
de ser el tíltimo, y aun de ser el segm1do ó el penúltimo; pero ¿ge pueden
dar las razones de ser el vigésimo tercero? Nó, esto escapa al análisis.
No se llega á vigésimo tercero sino que se nace para serlo. Además él hereda de mí esa particularidad. Sí, yo reconozco en él todas las cualidades
moderadas de un vigésimo tercero, su inteligencia no es muy despierta ni
está dormida, su comprensión no es ni lenta ni pronta como el rayo, no os
de esos nifios que aprenden rápidamente y olvidan lo mismo, así como no
es de los que aprenden con dificultad y no olvidan nunca. No, aprende
con mediana facilidad y de la misma manera olvida.
No discute las enseñanzas de sus maestros. Sabe, sin duda, que la diferencia entre Racine y Corneille es que el primero pinta á los hombres
como son y el segm1do como debieran ser. No espera encontrar política
fija en los príncipes merovingios. Así, no le amargaré sus vacaciones con
reproches injustos.
Ah! me acuerdo que cuando estaba en el liceo veía con angustia, con
espanto, esta época de vacaciones, porque, bien lo sabéis, en ninguna de
mis clases era yo de los escogidos. Mis padres se apenaban y atribuían á
mala voluntad, á pereza y hasta á malos instintos, lo que sin duda no era
otra cosa que predestinación, determinismo, quizá herencia, qué se yo?
Me hacían recriminaciones desoladoras, predicciones siniestras. Pero el
año en que no pude obtener mi bachillerato, mis vacaciones fueron verdaderamente patéticas.
¿Habéis observado que las distribuciones de premios coinciden casi
siempre con los grandes procesos judiciales y que la Sorbcna pronuncia sus
veredictos al mismo tiempo que la Corte de Assises? Ese afio se debla
juzgar á dos jóvenes bandidos, culpables de un horriblecrimen y cuyo proceso hacía mucho ruido. Mis padres se entregaban entonces á la
teoría edificante de los paralelismos; y á vuelta de ciertas alusiones poco
alabanciosas, tenía yo que oír lo de que me estaba por mí mismo preparan
do un fin semejante al de esos tristes deracinés de la clase media, que hahiendo recibido una cierta instrucción abandonan su rincón de Provincia,
vienen á París, asesinan á una frutera y suben al cadalso. En la noche,
sofiaba yo que el verdugo venía á despertarme: tenía la apariencia del provisor, con los labios desbordantes de breves cita.~ latinas, igual que los ta-

piceros tienen la beca llena de tachuelas. Me clecÍá sonriendo: Dura /ex,
sed lfx, nors 11/hma radio, y cuando yo le preguntaba si padecería mucho:
Fo/ capita quo/ seusus, me contestaba. Me llevó á una plaza muy grande
en donde cien mil jovencitos, todos ellos bachilleres, me miraban burlándose, en tanto que un padre decía á su hijo: Ya ves tú, los inconvenientes de
la pereza.
Conmovido con estos recuerdos, Bouvard se inclinó hacia su hijo: i Oh,
mi querido •vigésimo tercero,• te prometo vacaciones encantadoras!
Pues bien-siguió, dirigiéndose á mí,-para mí la vida ha sido UM
eontinuación del colegio. Cada aiÍo y en la misma época, comienzan de
nuevo mis angustias y mi suplicio con las distríbuciones de premios, ó de
&lt;:intas violetas, rojas ó verdes; se reparten coronas, palmas ó cruces. Sí,
es el colegio que continúa, y como antafio mis padres, es ahora mi mujer
quien me humilla comparándome con compafieros ó colegas mejor dotados
ó más hábiles. I~'1 noticia de que Fulano ha sido nombrado Caballero de
la Legión de Honor me llega acompafiada de comentarios denigrantes para
mí, y con poco amable frase se me participa que Zutano ha logrado adelantar en su carrera. Inútil es deciros que soy empleado público.
Bien que me avergüence ó que me recrimine, lo peor de todo es que
le causo lástima. Ahora mismo recelo entrará mi casa. Va á quejarse
de que mi hijo sigue mis pasos; va á citarme padres que se han hecho famosos por sus hijos; y esta noche á la hora de la comida, envídiará la suerte de los felices hogares en que se estará brindando por la salud de los premiados y en que la madre de familia contempla en torno suyo á sus hijos
coronanos de laurel, mira á su esposo, y ambos sonríen recordando las frases del sacerdote que unió sus destinos:«Serán vuestros hijos, al rededor de

••

••

•msotros, como olivos jóvenes.•
Porque mi" mujer tiene ambición. Instigado por ella me he dedicado
yo á la literatura, á la política y hasta he jugado en la Bolsa. En nada
he tenido buen éxito. Yo no soy nada: yo no formo parte de ninguna
agrupación, de ningún banquete, ni de la sociedad de la sopa de coles, ni
de la Manzana ni de la Pera.-Es triste! Así, todo es para mí origen de
vejación. No podéis imaginaros el perjuicio que me causan los periodistas con sus encuestas y sus intenti.ews. También es generalmente en la époc.'1
de las vacaciones, cuando se viene á preguntar á las personalidades de víso
en la política, las letras, las ciencias ó las artes, su opinión acerca de los
grandes problemas que nos preocupan y dividen: la condecoración de los
cómicos, el desarme, el nombramiento de un príncipe de los poetas, de un
Rey de la crítica ó de un general del ejército del vicio .-Ah! recalca mi
esposa con cierta animosidad,-no eres tú de aquellos cuya opinión se consulta, nadie procura conocer dónde pasas tus vacaciones, si te agrada el
mar ó la montafia; nadie se inquieta por saber cómo trabajas, si sentado,
acostado ó de pié. A los demás sí se les pregunta.
Y con tanto citarme á los demás y demostrarme el pináculo á donde
Uegan, se me ha echado á perder mi vida. Yo nací -vigésimo tercero; mas
desde nifio se me viene diciendo que el único objeto y fin de la existencia

�74

REVISTA CONTEMPORÁNE.'1

ltEV!STA CONTE~lPORÁNEA

es colocarse entre los primeros, con lo que, y á fuerzra de pretender sobresalir de los demás, no he llegado á la altura de mí mismo. No he gozado
de mi suerte modesta y con la fuerza de esa levadura fermentaba mi mediocridad, causa de sufrimiento.
De encuestas os hablaba hace peco: preci~amente en estos días se inicia una con propósito de las recompensas escolares. Se ha recogido dictamen de los más notables escritores, y la diversidad de contestaciones demuestra, una vez más, cómo están separadas y aisladas las más preclaras
inteligencias de nuestro tiempc, y en nuestro país, en toda clase de asuntos. El uno cree que la justa emulación es, para los jóvenes que comienzan,
una incitación al trabajo, sobre todo en Francia donde se aspira á la gloria y á los honores. El otro niega que la emulación sea un buen procedimiento educativo. Este recuerda que sus condiscípulos más frecuentemente recompensados en el Colegio siguen hoy ocnpando sitio pl'Ominente entre los hombres notables del país. Aquel afirma, en contrario, que el
triunfo en las aulas nada prueba ni es indicador del buen éxito futuro.
Qué difícil es formarse una convicción y hasta una duda! En resumen
de cuentas, se echa de ver que los pensadores eminentes se dividen en doe
partidos: los amigos de la tradición, que piden se mantengan las distribuciones de premios; y los ll,unados «hombres de progreso», que solicitan la supresión. Pero ninguno S&lt;l' ha cuidado de consultar á los mismos interesados
es decir, á los jóvenes educandos, sobre la subsistencia ó supresión de la~
crnces, medallas, condecoraciones y títulos conque tan complacientemente
se adornan las personas crecidas. Los «hombres de progreso» cuando se
dirigen á los nifios diciéndoles: «la emulación y la vanidad no son para vosotros» parece que les dicen: «No debéis fumar, sino cuando seáis grandes.&gt;
En cuanto á mí, con mucho gusto habría dado mi opinión; pero no
se me ha preguntado.
-Es claro,-inferí yo-que os habríais pronunciado pcr la supresión?
-Al contrario, repuso Bouvard, por la subsistencia. No me habiés
comprendido. Yo no soy un pretendido hombre de p,ogreso, ni un revolucionario, ni un envidioso. Simplemente tengo sentido común. Estoy
pcrque el trabajo y la inteligencia sean recompensados, y esto de una manera solemne y aparatosa. No se concibe que un escolar venga á buscar
su premio al ventanillo de un dispensario como se pide una limosna. No
debe crearse el laureado vergonzante. Soy partidario de las suntuosas dist,ribuciones de premios y he traído á mi hijo hoy á la de nuestro antiguo
liceo pcr más que tenía la seguridad de que no obtendría ni un último
accésit.
Yo quisiera que esta ceremonia hubiese desarrollado en su egpíritu el
sentido psicológico de la desigualdad; pcrque la desigualdad es una de las
condiciones de la vida, haciendo ésta posible y quizá hermosa, con su variedad infinita. Se la encuentra pcr dondequiera y en todo, hasta en lru,
piedras. El hombre debe aceptarla so pena de no ser feliz nunca, puesto
que, y contrayéndonos sólo al terreno físico y moral, habrá siempre fuertes y débiles, grandes y pequeños, buenos y malos, inteligentes y 'simples.

..

••

75

Por eso he querido que mi hijo contemplase, durante tres horas, á sus con
discípulos subir al estrado y descender coronados; en tanto que él permanecía sentado en su humilde banco. Tomé instantáneas de este espectáculo simbólico; con ellas formaré un bonito álbum que repasará él durante
las vacaciones sin un falso sentimiento de vergüenza y sin fanfarronadas,
como sin desprecio. No, yo no pido la supresión de las recompensas ni
para los nifios ni para los hombres; pero que no se convierta ni para mí
ni para mi hijo, en motivo de desprecio, el hecho de no haberlas alcanza'.
do; que se nos deje tranquilos, por Dios, en nuestra medianía, que se reconozca pcr el humilde sitio que ocupamos, la necesidad social que hay de
los vigésimos tn·ceros: que se respete en nuestras personas la ley magnífica
de la desigualdad. Mi ideal no es ni un proletariado de super-hombres
ni una oligarqtúa de rudimentarios. Yo quiero que mi hijo se acostumbre
Y se resigne á la idea de que el trabajo no es suficiente sin las facultades,
ni las facultades sin la buena suerte y que el mayor de los saberes no servirá tal vez de nada para el que lo pesee sin la gracia, no la gracia según
San Agustín ó San Bernardo ó Malebranche, sino cierta gracia, casi física
Y que no podré yo definir sino trayendo á cuenta un hecho de que fuí testigo: -Esto pasó cuando la última Exposición universal: un caballero y
una señora se paseaban en la plataforma andante, (trottoir roulant) y él
decía á su compafiera: ¿Sabes tú en cuántos movimientos participamos
en el momento actual?-Por los datos que conozco, son seis-¿Cómo, tantoe así?-Sin duda: desde luego marchamos sobre esta plataforma: uno;
la plataforma camina también, como su nombre lo indica: dos; la tierra
gira al rededor de su eje: tres; describe tma órbita elíptica al rededor del
sol: cuatro; todo nuestro sistema planetario es arrastrado hacia una estrella de la constelación de Hércules: cinco; pcr último, todo junto camina
con ru~bo desconocido: seis.-La joven abrfa mucho los ojos; pero porque nuraba á un transeunte bien parecido. Cuando llegal'On al sitio en
que deberían apearse, la mujer bajó con presteza; pero el hombre de los
movimientos no pudo coordinar el movimiento de descender con los otros
seis, Y cayó al suelo de una manera ridícula. El tenía la ciencia; pero
ella era quien tenía la gracia.
En estas pláticas llegábamos á la puerta de su casa.
Hasta luego ;-dije á Bouvard estrechándole la mano-y gracias: 1,,
que me habéis dicho me hace pensar.
-Sin duda he sido prolijo, me respondió mi amigo; pero no tengo
frecuentemente oportunidad de externar yo también mis opiniones, pues
nunca se me preguntan. No obstante, tened la seguridad de que no es
despreciable la opinión de nosotros, los vigésimo-terceros. Quién sabe si
nuestra legión sin prestigio, no sea, como la infantería, la reina de las
batallas!

(Traducción de V. G.)

�REVISTA CONTE"PORÁNEA

i Si me pudiera aislar

11/1

y encerrado vivir 1
Para no ser amado; porque os hago sufrir;
para no amará nadie; por que me hacéis llorar!

Simbolizáis, agua y fuego,
las redenciones posibles:
i cuántas veces he querido

OFELIDAS.

ser, como vosotros, libre,
gota para evaporarme

Voy sintiendo en mi espíritu el espíritu yerto
del que pierde energías en alguna Bizancio,
fatigado de activo y enervado de experto.
iDulce Sirena Negra: te prefiero al cansancio,
que es algo que aún alienta con algo que se ha muerto!. .. ..

ó llama para extinguirme!

Cuando á mi sueño el despertar desviste
y el alma en cada desazón c:oncentro,
me digo si estaré, jugando al triste,
empeñado en hallar lo que no encuentro
ó empeñado en hallar lo que no existe ... . .. .

Las emociones que infuudi6 el poeta,
del hombre separarlas he sabido:
cuántas veces, al paso, una mirada
bes6 la mía, y continué el camino ..... .
i Qué hermoso es inspirar ese amor casto
que no ha de ser jamás correspondido 1

MANUEL

En el temor de la pasión callada
que estremece de duda el alma mía,
alentadora llega tu mirada,
como un vigor en una. cobardía.

Tengo un mal camarada, un indiscreto amigo
que refrenar no puedo ni corregir consigo,
que me traiciona al día y que duerme conmigo;
soy e2e camarada, !con qué pesar lo digo!

Tu juventud y tu brío
se irán con la primavera,
y será tu angustia fiera,
en noches de sombra y frío,
cuando halles tu hogar vacío
lllII lumbre y sin compañera.

9

s. PICHARDO.

77

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

RECUERDO DE UNA TARDE DE VERANO
Como fantasmas traídos por la meda de las estaciones, cada afio, al
acercarse el verano se me representan unas cuantas escenas, unos cuantos
paisajes, que, entre tantos que cayeron en el caos del olvido, permanecen
vivos en mi memoria, pero sólo se animan al brillo de aqnella misma luz
en que me aparecieron.
Así habréis observado que en todo vasto panorama que os dé la Naturaleza hay tal Jugar, tal monte, tal pueblecillo lejano, que está como oculto y disimulado todo el dfa en el conjunto de la extensa perspectiva; todo
el día, menos una hora en que, por darle el sol de cierta manera, ó serenarse, no sé cómo, el aire en torno suyo, se destaca y brilla y os aparece,
por algunos instantes, como si sólo en ellos viviera; y así nace y muere
para vosotros cada día.
Pues así mismo veo yo todos los afias por este tiempo tal escena, tal
paisaje, en el panorama de mi memoria.
Pero entre estos recuerdos hay uno que se me presenta con singular
claridad y con vida más intensa. En un valle estrecho y verde, entre
montafias muy altas, fajadas de obscuros boscajes y con las cimas desnudas y salpicadas de nieve muy blanca-en aquel valle oloroso fuertemente
del heno recién segado, y lleno de rumor de aguas-veo una multitud vestida de alegres colores cubriendo un prado, bajo unos árboles muy grandes,
ante una Joma también verde, que sirve de teatro á una tragedia antigua.
Muévense allí exóticas las figuras de los actores vestidos á la griega, diminutos en aquel escenario natural demasiado ancho, y sus voces suenan
mates y lejanas, como perdiéndose mucho de ellas en la libertad de los
aires. J¡;l verso decae de su majestad desvanecida en la simple grandeza
de aquellos lugares; la pomposa declamación de los alejandrinos franceses
resulta pobre y lastimoso artificio, extrafio á aquel ambiente, donde sólo
suelen vibrar los rumores de las aguas y del viento, la rústica flauta del
pastor y el sonoro mugir de los rebafios.
La tarde es húmeda, y nublado el cielo altísimo; las inmóviles eorifeas tiemblan en sus carnes lánguidas bajo los polvos de arroz y las sutiles
clámides de blanco lino movidas por el aire frío; el elegante público de
balneario despliega chales y abrigos, arropándose frioleras las mujeres,
levantando sobriamente los hombres los cuellos de sus gabanes; á las frecuentes lloviznas ábrense vergonzosamente algunos paraguas; pero toda
1

•

79

aquella gente sufre en silencio y calla, esforzándose en comprender Jo que
apenas oye, ávida de la emoción artística esperada de aquella combinación
de elementos, que se quiere sea sublime sólo porque es desproporcionada.
Sin embargo ..... .
Sin embargo, de vez en cuando pasa una ráfaga de pasión, y no siempre es por el frío del aire que el público se estremece. Edipo es un gran
actor, un gran actor viejo, y en su voz de oro, aunque ya cascada, vibra
aún de cuando en cuando la pasión trágic&lt;t, y el público se estremece silencioso; algunas mejillas palidecen, algunos ojos cobran un leve y repentino
fulgor y buscan otros ojos ...... Como quiera que sea, al paso de la vaga procesión de los alejandrinos difusa en el aire, asoma y se destaca alguna vez,
con terrible momentáneo brillo en sus ojos, la máscara trágica.
Pero en seguida desaparece, y la representación se esfuma otra vez,
las voces se atenúan y se alejan en una vaga cantilena, y las figuritas de
los actores bracean allá como nzario,zettes en el escenario demasiado grande
de la verde colina, de las augustas montañas que la rodean, del cielo altísimo y nublado que manda indiferente su fría llovizna sobre las corifeas,
que vuelven á temblar en sus carnes lánguidas; sobre el público elegante,
que requiere otra vez los abrigos á las espaldas y aprieta los cuellos de los
gabanes á las gargantas enfermizas .
Sólo hacia el fin la representación avanza otra vez sobre el público,
echándosele encima, agigantada como un cuadro disolvente en su crecimiento luminoso . De 1:1 barraca de madera que figura el palacio del Rey
tebano sale un aullido de bestia lastimada, y en seguida aparece Edipo
tambaleándose, con los braws extendidos, la faz levantada al cielo, dos
grandes huecos sanguinolentos en las cuencas vacías de sus ojos, ensangrentados también la túnica y el manto, revolviéndose como una fiern herida,
y precipitándose clamoroso hasta el primer término de la escena, en medio
del agitado semicírculo del coro que Je rodea horrorizado. También el público se agita y más fuertemente se estremece; algunos vuelven la cabeza
para no ver; la.s mujeres se tapan el rostro¡ muchos no quisieran mirar,
pero sus ojos, fascinados, no pueden cerrarse ni ser apartados de la horrible escena .
Después la tragedia se suaviza y enternece. Edipo quiere despedirse
de sus hijos y busca á tientas las cabecitas rubias, y las coge llorando entre sus manos ..... Al fin empuña tristemente el báculo, y con la mano
puesta en la espalda de la hija, de Antígena piados&lt;t que le guía, se aleja
allá de la verde colina; lentamente se van alejando las figuritas como empujadas por la fatalidad hacia Jo desconocido. El coro queda agrupado en
actitudes de consternación. El público, embebecido, llora ....
Pero he aquí que mientras tanto el cielo se ha ennegrecido sobre el
valle, retumba el trueno entre las montañas y una ráfaga de huracán se
precipita, cargada de espesa lluvia y de granizo, sobre la muehelumbre del
teatro y el público desprevenido. Despavorida la gente, se arremolina y
se dispersa y huye en todas direxiones . Las vallas son saltadas primero,
despuás rotas; caen sillas y bancos y tablones, y á los pocos momentos

�80

REVISTA CoNTEMPORÁ~EA

RE'\"ISTA CONETMPORÁNEA

queda el prado desierto y como sembrado de ruina, entre sus aguas que
bajan furiosas y aumentadas, el ruido del viento y la lluvia en los ramajes
convulsos de los grandes árboles, el lívido resphi.ndor de los relámpagos, el
estrépito de los truenos que reinan clamorosos, y el fragor de la tempestad
que llena todo el valle .

aquella súbita palidez del amigo adolescente y el fulgor sentimental de
aqnellos ojos ávidos .....
Aquí vivirá todo esto latente y escondido, quizás por muchos años,
hasta el día en que, revolviendo distraídamente papeles viejos, una mano
cogerá este, amarilleado ya por el tiempo, y unos ojos se posarán al azar
sobre estas líneas, y el corazón de quien está aún por nacer volverá á latir
al compás de aquellos que en aquella tarde latieron, y entonces habrán cesado de latir ya desde mucho tiempo .
¿Qué importa el tiempo? Cuando el remoto Edipo gimió bajo su trá¡;ico destino, ¿dónde estaba todavía Sófocles? Y Sófocles ¿qué sabía de Ja
tarde ele Agosto pirenaico ni de nuestra emoción ante su obra? ¿Ni qué
saben estas líneas, que por ella se han formado, del corazón que harán latir
más apresuradamente un día? Y, sin embargo, para que este corazón se
conmueva de un cierto modo,fué preciso el parricidio y el incesto y la expiación de un obscuro Rey de Tebas, el genio de Sófocles que lo resucitara, y
una tarde &lt;le pasión de los Pirineos, con millares de años entrn estas cosas
que vivirán en él juntas y confundidas en un instante de emoción fortuita.
No hay lugar, no hay momento ni ser diverso; nada valen tiempo ni
distancias; sólo el espíritu vive y resplandece, y todo lo demás es sombra.

iBella cornna para una tragedia al aire libre de las montañas! llfcjor
no pudo desearla el genio secular de aquel Sófocles tan presente y Jan lejano; ni á aquel público elegante convenía otro fin de fiesta más suave para
sellar el gran recuerdo de aquella tarde memorable.

1

¡

•

Así, cuando recogida en el hotel la frágil turba jadeante y conmovida,
toda amontonada en el peristilo, contemplando entre aterrorizada y jubilosa la tempestad aún en !uria, pregunté al frívolo grupo de damas por las
molestias sufridas, hubo alguna que con toda su alnm pudo responder:
-¿Qué impm-ta?
Después he vuelto ha ver aquellos prados desiertos en un mediodía
nsoleaclo; he paseado solitario por aquellos lugares ele verdor, animados solamente por la suv.vidacl del viento y el rumor tranquilo ele las aguas; pero
ya no he encontrado en ellos la pura paz de los campos, sino que me ha
parecido haber quedado allí cerniéndose el sacro terror de la tragedia antigua, y los he sentido invisiblemente poblados por las gentes que una vez
contuvieron congregadas, dispersas después sobre lit tierra .. ... y debajo de
ellit. En la desierta colina se me han aparecido otra vez las órbitas de
Edipo ensangrentadas; el tub'Ído ele 1'1 pasión ha quedado inmanente y difuso en aquel aire, y el público de las almas ha vuelt0 ,\ estremecerse en
torno mío al acento desgarrador de aquella voz áurea y cascada, al grito
de pasíón de un actor viejo, que ya debe de estar muerto . . ..

JUAN

Bajo este árbol palicleció de emotión el adolescente enfermizo que fué
mi amigo tres semanas; arrimado á esta rústica valla el noble anciano ru~
mió bajo su recio abrigo lo imprudenc-ia de haberse expuesto al caprichoso
rigor ele una tarde de Agosto pirenai&lt;-o; allí el grupo de elegancia que formaron las señoras, se agita aún frívolamente entre la lluvia y la tragedia;
,¡ la sombra de aquel roble centenario, la única entre ellas levantó el brillo
&lt;le sus grandes ojos pardos, áviclos de sentimiento, bajo los rizos de su ca:
heza pensativa .... _¿Dónde están ...... ?
¿Dónde está todo esto? En mí está, al menos, que vago solitario
por el prado desierto, evocando el alma de aquella tarde inolvidable, tarde
de pasión, tarde romántica de Agosto, que no podrá morir mientras yo
Yiva.

En mí está todavía ahora, tan lejos del tiempo y del lugar, que brillan,
sin embargo, en mi recuerdo, y siempre con nuevos resplandores. Y aquí
quedarán aún después de mí, en estas letras que les consagro. Aquí vivirá la tarde de Agosto pirenaica; la tragedia antigua menguando y creciendo sobre la verde loma, bajo el cielo gris y la tempestad inminente; la
multitud elegante sobre el praclo, bajo los grandes árboles, con su frivolidad,
su inquietud y sus estremecimientos de frío y de emoción momentánea, y

ti

•

81

MARAGALL.

�REVISTA CONTEMPOR.(NEA

Débil el hombre con ignaros males
La lenta muerte ya apresura el paso:
Que, cual castigos de la humana especie,
Tétricos vienen.
Dédalo ensaya por el aire vago
Hender con alas la azulada esfera;
Hércules pasa el Aquer6n temido:
Nada le arredra 1

A LA NAVE QUE CONDUCE A VIRGILIO
(ODA IlI DE HORACIO, LIBRO

i Que intenta el hombre con soberbia planta
Hollar del cielo las mansiones claras;
Mas le detiene ... de la etérea bóveda
Lumbre de Jove!

r.)

Diosa de Chipre y rutilantes astros,
De Helena hermanos ... ; de los vientos dueño,
La nave guíen que les fué confiada .. .
Guiénla al puerto.

RAFAEL

Todos los vientos contened veloces
Fuera del Yápix, que á Virgilio lleve
(fo os lo suplico), hasta la costa salvo,
De Atica riente .
De triple bronce formaría el rudo
Inclito pecho del que en frágil barca
De tosca encina, se lanzó el primero
Sobre las ondas.
Ni Africo ardiente ni aquilones recios
Le intimidaran, ni funestas Hyadas;
Y ni del Adria tempestuoso noto
Que olas levanta.
¿Qué le intimida cuando ve sereno
Monstruos que surcan los profundos mares,
Y las rompientes de los litorales
Acroceraunos?
Dioses prudentes ... ! Su intención fué v,ma.
Tierras que el agua separó, anchurosas,
Pronto las salva sin respeto alguno
Nave ligera.
Culpas que tienen por origen crimen:
Que audaz el hijo de Iapeti al cielo
Su lumbre roba. Desde entonces llueven
Crueles las penas.

• o

GARZA CANTU

83

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

o o
ROMANCE DE AMOR
I.
i Qué exagerados son estos poetas, pensaba Mimí un tanto complacida,
mientras al espejo-clara luna graciosamente engarzada en arabescos dorados-componíase con delicadeza, casi con mimo, su profusa cabellera de
Berenice. No de tma Berenice blonda, siuo un poco baja de color, algo
menuda, mas no por eso menos grácil, ni menos armoniosa, ni quizá meno~ espiritual que aquella virgen que en la vehemencia de sus votos, supo
brmdar á los dioses el oro de su vellón incomparable.
Mimí, aunque á menudo tachaba de exagerado á su amante, sabía ser
consecuente con él. Ante el limpio óvalo de cristal, como ninfa perpleja
sobre el terso muaré de las aguas, se pasaba á veces las horas mirándose y
remirándose. Entonces era cuaudo las loas del ardoroso galán alcanzaban
su triunfo; por que en verdad, ella, la amada, poseía todos los perturbadores atractivos que el poeta sabía enaltecer admirablemente con sus palabras ó con su pluma, en sus momentos de vivo entusiasmo, que no fueron
pocos, puesto que no acabaron sino cuando, desengafiado por su ingrata
llfimí, vió, como él mismo decía con resignada tristeza, muerta ya su últirna esperanza.
Ciertamente, enorgullecíase en repetir Mimí, esta suave y perfumada
cabellera, más bien obscura que castaña, prominentemente levantada en
adorable cerco de guedejas sedefias; esta frente amplia, y tersa, y comba
como una patena; estos ojos profundos, abismales y casi enigmáticos; estas mejillas en que parece que la sangre va á brotará flor de piel; esta boca de labios cremesinos, hecha para nidal de besos; este cuello rotundo y
firme, en redor del cual las perlas cautarían muy bien su canción de palideces impecables; este cuerpo delgado y cimbreante; todo, en fin, todo
conspira á formar el portento de las bellezas orientales, que con tan amoroso empeño quiso encontrar en mí ese poeta en quien mis desdenes en
vez de apagar, sublevaron su imaginación de poseído .
Después de todo, seguía .Mimí monologando, no debí haberle despedi do tan cruelmente como Jo hice, nada más que por asegurar cuanto antes
á ese pulcro sefior que hoy se rinde á mis hechizos. Nada poeta, sí; pero
que con sus recursos puede hacerme dichosa. Se plegará, estoy segura de

85

llo, á todos mis caprichos, atenderá á todos mis gustos, me proporcionará
todas las cosas que yo quiero, todas esas mil y una chucherías de la suprema elegancia tan necesarias para poner de relieve los encantos conque suele
dotar á sus hijas Nuestra Señora la Belleza. Sin embargo, no dejaré de
agradecer á ese cantor enloquecido la propicia condic:ión en que me puso
con la lluvia de sus alabanzas. Por ellas, 1rus amigas, que muchas veces
glosaron las iuspiradas estrofas del poeta, han convenido en que soy una
beldad interesante, rara, exótica-y por lo tanto, en que soy digna también de la más envidiable suerte. Y todas esas cosas y todos esos elogios
consagrados y ennoblecidos por la lira de mi ardiente adorador, han formado como un halo de admiración á mi belleza, como un nimbo mágico de
cuya refulgencia un rayo ha ido, sin duda, á herir los ojos duros y torpes
de quien hoy se viene á mí, cautivándome con las promesas de una felicidad positiva, de una felicidad que no se traducirá en entusiasmos líricos,
sino en brillantes, en perlas, en seda.s, en brocados, en rubíes y en qué sé
yo qué otras cosas más .......

II.

• •o

En el ambiente del estrado, cuyos rincones van invadiendo poco á poco las sombra.s de la tarde, parece que resuenan aún las últimas palabras.
Mimí no ha estado para oír con resignación todas esas naderías que en las
visitas de etiqueta suelen ser el deleite de las sefiora11 respetables y de los
varones circunspectos. Mimí está triste, sobre su corazón ha venido filtrándose hilo á hilo, una sutil melancolía, dolorosamente recrudecida hoy,
gracias á ciertas indiscreciones burdamente enhebradas en la urdimbre de
una conversación, de la conversación impertinente y zafia que la futura
mamá se ha empefiado en sostener con lujo de detalles en casa de la prometida.
.Mimí ha llegado á entender, algo tarde para su infortunio, que al ludo
de su nuevo amante, no será todo vida y dulzura. Así Jo ha comprendido. No dispondrá, como imaginaba locamente, de cuanto llegue á las arcas de quien será á la vez que su esposo, su duefio y señor; porque-se ha
sostenido en la fastidiosa conversación- las muchas comodidades y los lujos superfluos acaban con las mejores haciendas. Habrá, pues, á pesar de
la abundancia, necesidad de ser medida, estricta, quizá demasiado estricta
en las cuentas domésticas.
No ha sido esto una sorpresa para Mimí; ha tiempo esperaba la dura y triste lección. El aburguesado tenorio, una vez seguro de su triunfo,
cuidóse muy poco de lo que su amada pudiera trascender en cuanto á mltnejos ulteriores.
Verdaderamente, comenzó á discurrir ll!inú en alta voz, no sé qué me
da tener que enlazar mis destiuos con ese extraño sefior que no ha tenido
todavía para mí una delicadeza, una deferencia, un mimo; algo en fin, que

�86

REVISTA CONT.EMPOR.(:,iiE.\

halagara &lt;le algún modo mi vanidad ele hermosa, algo que atizara el luego
casi extinto ele mi fantasía, que me exaltara, que sacudiera mi tedio, que
me hiciese ver en luminosa y riente perspectiva el porvenir que me espera.
¡Y sus cartas! i Esas cartas breves y frias como documentos comerciales,
escritas i horror! en papel con membrete ele la casa y en tres ó cinco renglones ele la flamante Reinington, han puesto en tortura mi espíritu que obligado á esos prosaimos, se siente cada vez menos sensible á los encantos
del Arte IDios mio, no sé que será &lt;le mí! i Que vuelva, que vuelva el poeta.! Aquel si que era incorregible, casi un furioso . iQué misin1s las suyas,
qué frases, qué galanteos! Cuánto gozaba descifrando sus airosas caligrafías, en las cuales podían adivinarse todas las nerviosidades, todos los transportes, todas las exaltaciones, to,los los ímpetus de aquella alma inquieta
y apasionada hasta el delirio. He llegado ,t pensar que la mujer hermosa,
como los dioses, ha menester de incienso, y como incienso á mi hermosura creo que nada me cuadraría mejor que los versos del poeta. i Dios mío,
si se atreviera de nuevo! Pero no, no; es&lt;l es casi imposible 1 Sería necesario ............ ... .
Mimí, algo repuesta de la fatiga espil'itual, parece haber encontrado
un medio decisivo. Enciende las bombillas eléctricas que hasta entonces
había olvidado por entregarse á sus divagaciones amorosas. Toma pluma,
tinta, recado de escribir. Después, un presuroso mensajero confunde su
silueta con las negruras de la noche.

o

•

•

FORTUNATO

LOZANO.

LECTOR:

Nosotros no somos románticos, ni siquiera srntimentales, ni modernistas, ni decadentes, ni nada. Buscamos la. emoción pura y la mayor pu-

reza en todas las páginas que llegan á esta ciudad de Monterrey, bastante
despreocupada, pern, en cambio, c:acla vez más resonante &lt;le ferrocarriles

III .
Pasaron algunos meses &lt;le silenc·io. Despechada Mimí, quiso apresu
rar sus esponsales: hoy es el último día. Con todo, la pobre entristecida
se complace en creer que aún es tiempo . Por eso á favor de las sombras ha
querido esperar á su antiguo amante por última vez, apoya&lt;la sobre aquel
balconcito, donde en épocas mejores fueron, él un audaz trovador, y ella
una gentil y noble castellana. Pero la noche avanza. Mimí cae entonces en
la cuenta de que no es ya del todo libre, que su presencia allí á esas. horas
le comprometería inútilmente, y arrancándose de pronto de aquel sitio tan
lleno de recuerdos, se precipita en el salón, y su cuerpecito adorable y lamentable de prihcesa contrariada, se desploma corno flor desecha sobre el
muelle diván, sollozando con desgarradora amargurn: 1Dios mío, Dios
mío, qué exagerados son estos poetas 1

POESIA PURA

••
o •

y de fábricas .
...... ... .... y aquí, en este amorosoapnrtamiento donde nos ha tocado afanar la rueca de la Yida, en el limite extremo del nuevo mundo
latino, á veces nos sorprende una música espiritual intensa y trémula, que
no es bailable romo los versos de ningún idilio y que parece fluir del propio corazón de ln. rrierra encen&lt;li&lt;la.
Y cuando estamos gustándola sin percatsr si es complicada, 6 clásica,
ó simplemente antigua, ó muy moderna, querríamos llegará tu lado, y enseñarte nuestra emoción, y decirte que todavía, muy á pesar de las escue•
las, y de este modernismo flamante, y de los profesores pseudo-clásicos,
suele desplegar el espíritu sus alas divinas, y exhalarse con toda serenidad,
bajo la misericordia del cielo, como un perfume de las praderas en silencio .. .. .... .
Ojalá quisieras, en esta dulce noche de invierno, á favor de la luna,
emprender con noi:,otros una excursión regresiva, camino del espíritu pu-

ro ... ...... Porque á éste le han encantado, y se halla preso entre las redes de
la literatura, y nadie se atreve á libertarle .... iya no hay caballeros a.ndantes!-Alguien dice que no le encantaron, sino que le falsifican, ni más
ni menos que se falsifican las drogas del norte ó los vinos de Bmdeos ..... .
Y sea de ello lo que fuere, vamos á emprender la jornada, oh lectores!
Llegará un día en que vosotros descubráis el tesoro.-Trátase de un rico
y fácil cofre del oro más puro, en el cual están los poemas que se irisan con
la divina luz, al modo que se irisan los diamantes bajo los agasajos voluptuosos del sol.
Haréis una adquisición provechosa, de inestimable valor. Sin du&lt;la
muchos de vosotros conocéis la poesía cotidiana, esa que encomia sin emoción y sin virtud los labios de las mozas, ó que finge tristezas, 6 que hace
alarde inútilmente de ir trajeada como lo prescribieron las modas . Pero
no habéis comprendido , tal vez, por falta de oportunidad, que hay o-

�88

REVISTA CONTEMPORÁNEA

tra poesía, la más alta, la más pura, que no necesita de las cosas exteriore~
porque el espíritu que os la da se hubo nutrido á tiempo, y guardó la impresión y la acrisola y magnifica por modo inexplicable, y al devolverla, ella
es la poesía que sabe á salmo, y á esencias, y á son de flauta bajo la pllz
de las estrellas de Marzo ....
Aquí han de quedar, en estas páginas que deseáramos convertir en
palacio, las perlas de solitario valor, tesoro del espíritu, porque nosotros
las tomaremos cada vez como riqueza de la común heredad ....
Oíd la primera palabra. No aprestéis los dedos para contar las sílabas, ni refresquéis vuestro conocimiento de la ret6rica, porque entonces
malograréis la virtud de esta comunión. Por otra parte, este salmo de
amor no tiene nombre. Y si os produce una emoción íntima., casi un arrobamiento, ó mucho menos; pero, en todo caso, si no os hace encoger de
hombros, agradecedlo al autor, cuyo nombre hallaréis al pié de los versos:

Horas son de rebase de la vida;
no sabe uno qué decir, y piensa
miles de cosas;
y va cayendo dentro la energía,
y dentro posa.
Aumenta el peso del recuerdo y suben
en la balanza,
como rosadas~nubes,
las esperanzas.
Horas son de rebase de la vida,
son horas de silencio, horas de calma.
Entonces HOS sustenta el universo,
y cual dosel protege nuestras frentes
El firmamento.
Es la infinita idea
que á encarnar baja humilde á nuestra mente.
Soportamos el peso de lo eterno
en estas horas de pensar sin nombres,
de pensamiento puro.
Y cuando ellas se van,"'queda en el alma
el trémolo del mundo ....

MIGUEL

DE UNAMUNO

""

o o
SOL DE DOMINGO
Se me ocurre á veces hablarte de nuestra querida ciudad, pero, qué te
voy á decir? No ha cambiado desde que la dejaste. Nosotros no hemo~
cambiado tampoco. Mi cuarto, el más agradable rinconcito de la tierra,
está lo mismo de desarreglo: libros, papeles á medio escribir, periódicos;
papeles sobre la cama; cuellos, corbatas, sombreros sobre la mesa, cabos
de cigarillos y sonetos desheredados por el suelo. Todo en un adorable deBorden, todo carifioso para mi pobre alma cansada. A veces pienso cómo
es que aquel espectáculo cotidiano no me fatiga; abandono la comenzada lectura y me echo á la calle. No sé lo que voy á hacer, tal vez á tomar aire, tal
vez á refrescar el cerebro, cuyo funcionamiento se va haciendo tardo como
el de las aspas de un molino de viento.
La ciudad está tranquila; el sol cae soñoliento sobre las calles solitarias. Pasa una vieja pordiosera y me pide una limosna, que no le doy
porque la situación está difícil y aun más el dinero. La miro alejarse á lo
largo de la desierta ciudad, con la cabeza cubierta con un manto verdoso
y desgarrado que fué acaso de una sefiora caritativa de las que regalan el

o

desperdicio.
Llego á la plaza, y al desembocar en la esquina bostezo yo no sá si de
luitud de alma ó física. La plaza abierta al sol, bosteza también: todos
nos imitamos. Los árboles están melancólicamente enhilados por las avenidas del parque. El bochorno les pone una actitud grave y cansada.
Es.domingo. Los hombres reposan ó duermen. El tiempo parece haber
detenido su marcha. O será que este rebafio humano, como una inmensa
caravana, paró á deponer su fatiga á la sombra de un oasis de paz y de pe-

(J

·reza?
Pasa junto á mí, tambaleándose sobre un viejo caballo rucio, un hombre borracho, la camisa desabotonada mostrando el velludo pecho, la rua·
na al pombro, y las zamarras desgarradas por un par de espuelas enormes
que van tintineando en el silencio. A un balcón elegante se asoma una
muchacha en traje azul desvanecido, tiende en todas direcciones sus pupillls sobre la soledad ambiente, y desaparece tras el rojo cortinaje ceñido
con un grueso torzal de lana amarilla en cuyo extremo hay una borla que
juguetea con la brisa. De un portal anticuado sale una vieja más anticuada todavía, mira hacia el parque, se detiene un momento, y luégo se encamina despacio, en perfecta armonía con las cosas, á la iglesia vecina.

�90

•

REVISTA CONTEMPORÁNEA

La muchacha en traje azul asoma de nuevo su carita adorable al balcón y
~e demora algunos minutos. Hace contraste singular su frescura de rosa
delante de la somnolencia del paisaje. Yo la miro y me parece que ella
encamina también sus ojos suaves hacia los míos que se abstraen. Después
vuelve á ondear el cortinaje, y desaparece. Nada más real y nada más de
visión que aquello. Sobre la pared de enfrente, el sol muestra algunos
descarachados en la ea! amarillenta. Pasan dos caballeros de tiros largos
con sendas flores en el ojal. Yo correspondo al cortés saludo que me dispensan, y por h~cer algo enciendo un cigarrillo.
El domingo es un paréntesis á la vida : tiene la voluptuosa pereza de
gato y el encanto de las cosas inútiles .
Sale la vieja de la iglesia y se mete otra vez, como un escarabajo, por
el portal anticuado . La muchacha del balcón se hace esperar. Viene un
soplo de brisa á refrescar mis orejas, y cuando se aleja, la música lenta de
un pasillo estremece el cortinaje, y corro tras ella en su alcance. Pero
hay notas que se detienen pensativas en el ambiente de la plaza, y se van
muriendo con la somnolencia de una perspectiva. Otras se van de prisa,
yo no se á dónde, rozando en las hojas adormiladas de los árboles. Las

••
PSICOPATIA
El parque se despierta, ríe y canta
en la frescura matinal.. .. La niebla
donde saltan aéreos surtidores,
de arco-iris se puebla
y en luminosos velos se levanta.
Su olor esparcen entreabiertas floressuena en las ramas verdes el pío pío
de alados huéspedes cantores, brilla en el césped hámedo el rocío ....
Azul el cielo, azul 1. . . . Y la suave
brisa que pasa dice:
reíd! eantad ! amad I la vida es fiesta,

últimas son tenues, imprecisas, parecen quejarse, parecen suspirar, y yo

las recojo dentro de mi corazón como aves enfermas, para darles el calor
de mi juventud y los amorosos carifios de mi tristeza. Pasa otra vez el
hombre borracho y ahoga con un grito salvaje el silencio apacible de la
pla,.a y los últimos sollozos del piano.
Vuelve al balcón la muchacha en traje azul desvanecido, me mira con
ojos suaves, y casi me atrevo á creer que ha sonreído con una sonrisa que
sólo mi alma vió, porque era tan vagá como la de las personas que aeaban
de despertarse de un suefio muy largo. Su mano izquierda tiene un desmayo amoroso sobre la barandilla de hierro. ¿suefia tal vez una aria que
diga las cosas del corazón, las cosas imprecisas afines de los perfumes y de
la agonía crepuscular? La mano blanca sueña ... .
La plaza bosteza de pereza y de paz. Pasa una mujer vestida de blanco sesgando el bochorno del parque. Pasa otra mujer en traje azul desvanecido sobre el cansancio de mi alma. Pasa otra allá lejos. Pasan como
todas y como todo.
M. A.

CARVAJAL.

es calor, es pasión, es movimiento!

••

Y forjando en las ramas una orquesta
con voz grave lo mismo dice el viento;
y por entre el sutil encantamiento
de la mafiana sonrosada y fresea,
de la luz, de las yerbas y las flores,
pálido, descuidado, sofioliento,
sin tener eu la boca una sonrisa
y de negro vestido
un filósofo joven se pasea,
olvida luz y olor primaverales,
é impertérrito sigue en su tarea
de pensar en la muerte, en la conciencia
y en las causas finales!
Lo sacuden las ramas de azalea
dándole al aire el aromado aliento
de las rosadas flores, lo llaman unos pájaros del nido
do cantan sus amores,
y los eantos risueños
van por entre el follaje estremecido
á suscitar voluptuosos sueños,
y él sigue su camino, triste serio,

�92

pensando en Fitche, en Kant, en Vogt, en Hegel,
y del yo complicado en el misterio!
La chicuela del médico que pasa,
una rubia adorable cuyos ojos
arden como una brasa,
abre los labios húmedos y rojos
y le pregunta al padre, enternecida:
- Aquel señor, papá, de qué está enfermo?
qué tristeza le anubla así la vida?
cuando va á casa á verle á usted, 1ne duermo;
tan silencioso y triste .. .,¿qué mal sufre?
.. .. Una sonrisa el profesor contiene,
mira luego una flor color de azufre,
oye el canto de un pájaro que viene,
y comienza de pronto, con descaro:
- Ese señor padece un mal muy raro,
que ataca rara vez á las mujeres
y pocas á los hombres, hija mía;
sufre este mal : pensar.... esa es la causa
de su grave y sutil melancolía.
El profesor después hace 1ma pausa,
y sigue :
- En las edades
de bárbaras naciones
serias autoridades
curaban ese mal dando cicuta,
encerrando al enfermo en las prisione~
ó quemándolo vivo : buen remedio,
curación decisiva y absoluta
que cortaba de lleno la disputa
y sanaba al paciente .... mira el medio ....
la profilaxia en fin .... antes; ahora
el mal reviste tantas formas graves,
la invasión se dilata aterradora
y no lo curan polvos ni jarabes.
En vez de prevenirlo los gobiernos
lo riegan y estimulan,
tomos gruesos, revistas y cuadernos
revuelan y circulan
y dispersan el germen homicida ....
El mal, gracias á Dios, no es contagioso

93

REVISTA CONTEl\IPORÁNEA

REVISTA ÜONTEMPORÁNEA

o

Y lo adquieren muy pocos; en mi vida
sólo he curado á dos ... .les elije:
- Mozo,
váyase usted á trabajar de lleno,
en una fragua negra y encendida
ó en nn bosque espesísimo y sereno;
machaque hierro hasta anancarle chispas,
ó tumbe viejos troncos seculares
y logre que lo piquen las avispas;si lo prefiere usted cruce los mares
de grumete en un buque, duerma, coma,
muévase, grite, forcejée, sude,
mire la tempestad cuando se asoma
y los cables de popa ate y anude
'
hasta hacerse diez callos en las manos
y limpiarse de ideas el cerebro! Ellos lo hicieron y volvieron sanos ... .
-Estoy tan bien, doctor ..-Pues lo celebro.Pero el joven aquel es caso grave
como conozco pocos;
más que cuantos nacieron piensa y E-abe;
irá .á pasar diez años con los locos,
y no se curará sino hasta el día
en que duerma á sus anchas
en una angosta sepultura fría,
lejos del mundo y de la vida loca,
entre un negro ataúd de cuatro planchas,
con nn montón de tierra entre la boca!
.JOSÉ ASl'NCJó,.-

SITX A.

�REY!STA CONTEllPORÁNEA

mos, búcaros de Nola en vidrio colorendo, relieves en marfil procedentes
de Atenas, ibis tallados en feldespato verde y que un tiempo fueron adorados en los templos egipcios: objetos todos ellos adquiridos por Phinees durante sus viajes en Italia, en Egipto y en Grecia, y conservados ahora cariiiosamente como lazos que lo unieron al pasado distante.
La luz, al invadir el aposento, iluminó también á la mujer que acaba
de descorrer las colgaduras. Era una joven de cabellos negros recogidos en
la nuca, de pendientes de oro en la.s orejas, vestida con ligera túnica que le
eeñía el apretado seno y que resbalando por la línea de las caderas le caía
hasta el tobillo, dejando ver los pies finos y pequeños calzados con sandalias de fibras trenzadas de papiro, y que se anudaban con cintas de colores .
Era morena; su boca como de niña y carnosa.; y sus ojos aparecían casi
negros sombreados por largas pestaiiag de seda. Su delicado perfil denun-

PHINEES

•
He aqu( el primer capUulo de una novela inédita que aparecerá próximamente. Se trata de reconstru(r la /erusalem Romana contemporánea de

ciaba. su oringen egipcio, armonioso como el de Ysis.
Phinees se incorporó en el lecho, y desgranando el racimo de uvas.
-Orpha-dijo-¿sabes si Sura, el perfumista, me ha enviado la e-

Jesús. Es natural que nos inspire cierta desconfianza el empeño: á partir de
Haubert, pasando por Lewis Wallace, por el miS11w Anatole Frarue, hasta el
gran Eca de Queiroz, el número de obras j¡reconstructoras" ha venido multi-

sencia de iris?
-Yo misma la.recibí, sefior.
-Ordena que se me prepare el baño.
La esclava se dirigió hacia la puerta, pero Phinees la llamó de nuevo.
-Olvidaba decirte que Saulo llegó ayer de Cesarea . Almorzará hoy
conmigo. Prepara la mesa en la galería.
-¿Samuel vendrá también?
-Hoy es día de ayuno-dijo Phinees sonriendo-Pero si vimere, apostaría mi márnol de Scopas á que se tomará un vaso de vino. Y á propósito, ¿sabes que el rabí pretende que debes casarte'?
-¿Yo? ..... esclamó la esclava sorprendida.
-¿Te asustas? ..... Mejor fuera rcfr.
El rabí esperaba ver aumentar
el número de los soldados de Israel. También busca para mí la Raquel
&lt;le que nacerá el libertador hebreo ......
La joven había quedatlo pensativa.
-Y dime, Orpha-continuó Phinees-es verdad que no has pensado en matrimonio? La vida sin amor es como el nido sin el calor de la

plicándose, aunque pocas veces liaya que recordaf' un éxito siquiera mediano. Por lo demás, el nombre del señor Cuervo Márquez es una garantfa . Su libro

II

Tierras Lejanas' 1 nos le revel6 como un estilista, un sensitivo y un ob-

servador. Hoy está en posesi6n de preciosos documentos, recogidos en su último viaie por Siria, sobre el asunto que motiva su novela. El argumento de
ésta, s,gún se dice, es de una origü1alidad sorprendente. De la belleza de estilo, ju,garán los lectores por el capitulo que publicamos á continuación:

El sol baiiaba en luz las blancas azoteas de Jerusalén cuando Phinees
despertó en su villa de Xistos. Una sombra de mujer, pisando sin ruido
la gruesa alfombra tendida sobre las losas exagonales blancas y negras que
pavimentaban la estancia, se acercó y colocó al lado del lecbo una fuente
con naranjas y racimoe de uva. Luégo descorrió la colgadura que cubría
una de las ventanas, que caía sobre el jardín. El sol, como lluvia de oro,
invadió el dormitorio, trayendo consigo perfumes de naranjos en flor, y acarició los detalles primorosos de ornamentación y mobiliario de aquella
rica estancia que, mejor que la alcoba de un noble judío, se hubiera dicho
el santuario de una cortesana de Roma. Sobre el lecho ee veía una copia
de]uno y las ninfas, de Zeuxis, cuadro para el cual los agrigentinos mostraron sus hijas desnudas á las miradas del pintor; el mobilario, incrustado
en marfil y tapizado en viejas telas de seda, se recostaba contra los muros,
decorados al estilo griego con frescos que hubieran escandalizado á un fariseo;
una lámpara colgaba del cielo raso, incrustado de maderas labradas: sobre
el tapiz, á un lado del lecho, una piel de tigre semejaba una mancha de
sol en tanto que en vasares y aparadores se veían voluptuosas estatuitas en
bronce, ánforas de tierra cocida, en que Baco aparecía coronado de raci--

95

o

pollada.
-Yo soy vuestra esclava., señor.
-No,-dijo Phinees amigablemente.-Tú, bien lo sabes, eres casi mi
hermana. Eres la alegría de la villa. El día en que te enamores se han\
según tu gusto.
Los ojos de la joven se nublaron, é inclinando la cabeza, salió.
Phínees se incorporó todavía. Recostado en el lecho, la mirada perdida en el rayo oblicuo del sol en que danzaban átomos de oro, evocaba al
mismo tiempo las elegantes rimas de Catulo, el poeta á la moda, cuyos versos, llegados en la víspera de Roma, yacían al alcance de su mano, y los
detalles de su apasionada entrevista de la noche anterior con la hermosa exranjera á quien amaba, y los que contaría dentro de corto tiempo á su a-

�96

HEVI::i'rA CO~TEMPOR.{~EA

migo Saulo, el calavera á quien Lucrecio había enseñado IÍ reír de los dioses y de los hombres.
Luégo, el desnudo cuerpo envuelto en un abrigo de blanco algodón,
los pies dentro de las z.~patillas de paja de Italia, se dirigió al bnño. Lo esperaba aquel día la piscina, situada al aire lihre, circundada do naranjos cucuyas blnncas flores, al cner, flotaban sobre la sábana de agua trasparente. El agua veni&lt;la &lt;lesde larg¡t distancia por un conducto subterráneo,
siempre fresen, aun durante los calores del estío, se derramaba en la piscina desde una concha que sobre la cabeza levantaba una ninfa de mármol.
Era el mes de las flores y de los ciclos radiosos. El inmorta I y el heliotropo embalsamabnn los jardines de Judea. Por todas partes los rosales
escalando las hardas de los huertos, descolgaban sus racimos de flores, ora
rojas como el cinabrio ó pálidas como los botones del seno de las vírgenes.
Los olivares cubrían &lt;le verde y plateado follaje las vertientes de las montañas, desde Hebrón hasta las fuentes del Jordán, y las palmas recortaban
sus agudas hojas metálicas contra el cielo azul, libre de nubes y saturado
do éter.
Phinees, despojado de su abrigo, se inclinó sobre el agua, que en su
espejo copió sus formas elegantes y viriles, como las de las estatuas que el
conquistador trasportara desde los Propyleos á Roma. Aquel judío, enamorado de la belleza como un griego, gozaba en contemplar la imagen de
su triunfal juventud en el agua inmóvil que mejor que el espejo de bronce,
reproducía las curms ondulantes de su cuerpo, su cabez.~ varonil, la barba
sedosa como la de los ismaelitas nobles, partida en dos y de color más claro que el del cabello; sus carnes apretadas y morenas, sanas como las de
un niño y suaves como las de una mujer hermosa, bajo las cuales se veía
correr la sangre por la red de las venas azules.
Terminado el baño, Phinees pasó á un pequeño aposento pavimentado
en mármol, el tepydarium de los romanos, en donde un joven bitynio friccionó sus carnes con un guante de piel de camello, y perfumolas luego,
así como sus cabellos recortados á la moda romana, con aguas y aceites
olorosos.
De esta manera refrescadas sus carnes, sintiendo entre el calor de
aquella mañana de primavera que la sangre, á flor de piel, corría más libremente en sus arterias, vistióse una túnica color de jacinto con franjas
de hilo de oro, ciñó el cinturón, sabiamente bordado por Orpha, se hiw
calzar las sandalias que con cintas de seda se anudaron á los tobillos, peinó
cuidadosamente los cabellos y barba contemplándose en el espejo metálico
enmarcado en turquesas que en un tiempo pertenecieran á una célebre
bailarina chipriota, y luego, tomando de nuevo los versos del poeta de Verona, se tendió en un lecho de cojines, en la galería, en espera de su amígo
Saulo. Al alcance de la mano hiw colocar una palangana con racimos de
uva. Era su fruta predilecta: las blancas se le imaginaban pequeñas bola$
de luz, las moradas dijes de cornalina, las negras ojos de mujeres hermosa~
que entre su boca desleían el almíbar de una mirada lánguida.
Era la galería el sitio preferido por Phinees durante los meses caluro-

REVISTA CONTKHPORÁNEA

97

sos. Consistía en un amplio corredor, pavimentado, como el dormitorio,
de losas multicolores artísticamente distribuídas, sobre las que se veían
tendidos pieles y tapetes. Dábale luz una continuada arquería en piedra
labrada, con vista sobre el frondoso jardín, y en cuyas columnatas se recogían cortinajes á rayas blancas y rojas que evitaban, en la tarde, los rayos
oblicuos ele! sol. Al frente de la arquería se abrían las puertas de los departamentos. En los muros, pendientes ele cornamentas de toro y de
ciervo, lucían diferentes panoplias, guerreras y artísticas. Aquí se veían
las espadas cortas, las redes y los tridentes de los gladiadores, junto á maros de combate, á escudos ele piel de osos galos, á pesados lanzones y jabalinas de aguzada punta, á puñales retorcidos y á coraz.~ en cuyas escamas
de cobre bruñido In. luz ponía puntos luminosos. En aquellas otrasse mirnl,an, al lado de largos abanicos etiopes de plumas de avestruz, variados
instrumentos musicales: el nable ó salterión de doce cuerdas que resonaba
armoniosamente en el Templo; el nepher egipcio, las cítaras de figura
triangular que se tocaban con el plectrum, las liras, queridas de las hijas
de Sión, trompetas de plata, flautas syrinx compuestas de dos camarillos
de los cuales uno modulaba las notas agudas y las graves el otro, cistros,
cimbales y panderos campestres.
Del techo pendían lámparas de bronce, y sobre el pavimento se vefan
diseminados aquí y allá pebeteros en trípode y mullidos cojines que convidaban al descanso.
La mesa había sido dispuesta. Sobre el blanco mantel, al lado del
ánfora con el vino, lucían las copas cinceladas y el búcaro cargado de rosas.
Entre la bajilla se habían dispuesto pequeñas fuentes con higos secos,
aceitunas, dátiles y almendras. Un joven esclavo, al lado de los triclinios,
vestido con una túnica que le caía hasta las rodillas, de largos cabellos que
le cubrían los hombros, esperaba, inmóvil, las órdenes de su amo.
Las colg¡1duras que cubrían la puerta de entrada se levantaron, r entre sus pliegues apareció un joven de ojos vivos y oscuros, de labios sensuales, de negra barba recortada en punta, la cabeza cubierta con un man
to de blancura inmaculada que, sujeto á la frente por un cordón de seda
amarillo, caía sohre la túnica violeta en fáciles pliegues. Pendiente de
una cadenilla llevaba sobre el pecho un sello de oro. En el anular de su
mano izquierda brillaba una sortija de esmeralda.
-Bien venido seas! exclamó Phinees yendo, los brazos abiertos, al encuentro de su amigo. \'eo que no has perdido en Cesárea la costumbre de
hacerte esperar.
-¿Lo crees así? dijo Saulo despoj,indose de su manto y mostrando,
al sonreír la blanca dentadura. Luégo, estrechando á su amigo: /.Sabes'?
dijo. Es el tiempo lo que se pierde en Cesárea. Noventa días para entrar en posesión de mis olivares de Capharnaún ! Líbreme el Señor de
entenderme segunda vez con escribas! Pero, en fin, todo se ha arreglado,
y aquí me tienes. A propósito: el Tetrarca se informó de tí. Salomé
tampoco te ha olvidado ....
-¿Qué es de ella? preguntó Phinees con indiferencia.

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REVISTA COXTEMPOR.{Nl'iA

REVISTA COXTEMPORÁNEA

-Lo que tú conociste: una mozuela consentida que hace las delicias
de la Corte de Galilea con sus danzas extravagantes. Antipas la adora.
Vendrán á Jerusalén para las próximas fiestas en honor del César. Pero

dime: ¿y tú? .....
-Muchas cosas tengo que contarle . Yen. El almuerzo nos espera .
Después de levantado el primer servicio, Saulo interrogó ,¡ su amigo
en ,oz baja .
-Y, cuéntame: lla has visto? .....
-Anoche, justamente, en sus jardines.

-Es decir, que Phinees ha sido capaz de amar durante tres meses!
Cosa increíble!
Te confieso que pensaba que el recuerdo de la hija del
Procurador se habría borrado de tu n,emoria, con,o se borró el de Aglae.
-No confundas; son cosas distintas. Aglae fué una cmbriagez de los
sentidos, bajo el cielo de Grecia, entre la decc,ración del mar azul, en una
isla encantada del Archipiélago. Fué un amor gentílico, como lo sería el
de un Centauro por una Ninfa. lloy me consume un amor invencible y
profundo, como el de Jacob por Raquel. Esta joven romann, esta extranjera,
á quien hace seis meses no conocía, ocupa hoy toda mi vida: ella se ha
arm,tdo de una fascinación á la &lt;:ual no puedo resistir. Hacia ella me
anastrn ese instinto profundo que gira en torno de las más soberbias apariciones de la vida .....
-Te escucho y te envidio. Contimía.
-Anoche, por primera vez, penetré furtiYamente en los jardines de
su palacio. Xo pod1fa explicarte lo que sentí al encontrarme en el parque
solitario, dentro de sus dominios, ahora, cuando todo llormía. En el
ambiente creí respirar eflmios de su alcoba perfumada. Los bosquecillos
de almendros se me aparecieron como complacientes encubridores de mi
pas1on. Las fuentes murmuraban dulcemente, como si se aprestasen á
disimular el rumor de nuestras palabras 6 quizás de nuestros besos. Esa
mujer envidiada y poderosa, á quien ayer no más consideraba como un
imposible, me "bría hoy secretamente una puerta para llegar hasta elb
á beber su aliento y á mirarme en el fondo de sus ojos . De pronto, un,i
sombra de mujer cruzó una oscura alameda y llegó á mi lado: era Cornelia.
¿ Qué siguió después? ..... No sabría decírtelo: no se recuerdan los detalles
de un sueño feliz. Sólo sé que la amo!
-¿Y ella? .....
-Ella .... . Al abrirme la portezuela de la muralla, recibió un beso
casto en la frente y, «Hasta mañana, amor mío!", dijo
Phinces y Saulo apuraron sus copas. El esclavo escanció ele nuevo el
vino.
-Y Caius ¿ se resigna á ser vencido?
-No lo sé. Pero pienso, á juzgar por las terribles mimclas conque
me regala cuando nuestras literas se cruzan en la calle ó nos encontramos
en casa de Sura, que medita su venganza. El me oclia, lo que demuestra
que es imbécil. Odiar es sufrir, y yo quiero dejar el sufrimiento parn

•' •

99

mis enemigos. Las iras de Caius me inspiran desprecio, así como sus planes de venganza.
-Pero has pensado en casarte con Cornelia?
Phinees no respondió y quedó pensativo .
-¿Por qué no? .... continuó Saulo . Tú la amas y eres correspondido.
Eres joven, noble y rico como un patricio romano. El César mismo, que
ama la paz universal para que no se le incomode en su retiro de Caprea,
vería en este matrimonio algo como una alianza entre'las dos razas y los
dos pueblos .....
Las palabras de Saulo hicieron honda impresión en su amigo. Quizá por primera vez el joven judío comprendía que era feliz, y por vez primera· en su vida cruzó su espíritu, como estrella errante ele la noche, un vago
terror á la desgracia. lA cuál?.... Un suspiro ensanchó su pecho.
Existen algunas veces dentro de nosotros pensamientos latentes, que nos
asaltaban ele pronto, porque su horn es venida y suben á pasos sordos de las
sombras del sueño á la luz de la vida.
-No sá, quizás ..... elijo Phinecs. Y luégo, después de largo intervalo de silencio durante el cual se oyó el rumor de la fuente en el jardín,pensaba, continuó, en que nuestra. raza es bien infortunada. Los hijos de
Israel sólo tienen hoy una carrera que seguir y un derecho que ejercer:
amar lo bello .....
-Cierto es. Casi ni aun el derecho de practicar su religión se le reconoce al pueblo; y para conservar una sombra de libertad, ya vez cuánta
sangre se ha derramado! ¿Qué carrera que seguir podrían hoy indicarnos nuestros padres? ¿Las armas? .... Pasaron para no volver los tiempos
de los I\Iacabeos. ¿Las leyes? Pompeyo lo dijo: "No aleguéis leyes á
quien ciñe una espada." ¿Las. artes? ..... El legislador las prohibe porque
no las comprende. Queda el Sanhedrin y la Sinagoga, antros que aborrezco, en donde se confunde la I\Iassora con la Cábala y la tortuosa interpretación de la Ley con la administración de justicia. Nuestras sectas,
por otra parte, se han encargado de terminar con toda la noción de patriotismo, sin que la sangre vertida ni la conquista extranjera haya logrado
revivirlo. Cierto es: abandonados del Dios de Abraham y de todos los
dioses del Olimpo; no confiando en vida futura, debemos exprimir el racimo de la presente y beber su jugo, gota á gota, como hacemos con este delicioso vino de Chipre.
Y llevó la copa,¡ los labios. En seguida de haberlo saboreado dirigió
una mirada hacia el jardín y á las curiosidades de la galería, y dijo:
-Sabes que sobre tu puerta podría grabarse el dístico de Séneca cuando
aparecía en los jardines de Epicuro? "Pasajero: éntra y repósate. Lavoluptuosidad dicta aquí sus leyes."
-¿Lo crees así? ..... Es lo cierto que al regresar á mi patria experimenté, tú lo sabes, indecible hastío . Fué mi propósito arreglar mis negocios y emigrar para siempre. Pero conocí el amor: hé aquí la verdadera
voluptuosidad.
-Sin dudarlo, pienso de los placeres lo que Máximo de Tiro de los

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REVISTA CON'fEMPORÁNEA

dioses: Hesíodo creía que el número de las divinidades podría calcularse
en treinta mil, pero Máximo encuentra que mejor es reconocer que su número es infinito .......
En este momento apareció entre las colgaduras de la puerta de entrada uu viejo flaco y de color de pergamino, barba blanca, ojillos grises y labios sonrientes .
- Que el dios de Abraham, de Isaac y de Jacob sea con vosotros!
Y, apoyándose en su báculo, avanzó al encuentro de los jóvenes .

EMILIO

CUERVO MÁRQUEZ .

•

NOCTURNO
(TRADUCC[Ó'.'I DE GUILLE1"IO VALE'1CH.)

Je suis ce/tui att coeur vestu de noir.
CH. D' ÜRLEANS.

En la viudez de la alameda
por el árido suelo
pasan hojas secas danzando .......
Paisaje vago como al través de una sedn, ......
Eriales que el crepúsculo mulle de terciopelo .

•
1
1

1

Como Princesas despojadas
en la selva por los ladrones,
las encinas acongojadas
que repelan los aquilones,
lloran en coro de aflicciones,
yertas, medrosas, erizadas ..... .

Todo en redor es ceniciento,
es c,niciento .. ... .
Unas fuentes llaman á otras .....
Como lanzas hostiles, al viento
tiemblan las cañas del cañaveral;
y unas fuentes llaman á otras
corno ciegas perdidas entre un pina];
cual esbeltas Emperatrices
bárbaramente destronadas,
las encinas acongojadas
rígidas lloran y erizadas ......

Se desmoronan sus raíces,
sus almas hieren siete espadas,
reinas que el ábrego cobija,
pobres reinas de herido pecho,
¿de cuál de vosotras será hecho

-

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REVISTA CONTEMPORÁNEA

el lecho angosto de mi hi;a?
Surge la luna de cabellos blancos .....
A su fulgor los montes ciñen doradas fajas .... .
Y se ponen los muertos á secar sus mortajas .. .. .
La luna riega sus cabellos blancos.
Por las desiertas avenidas
largas, tristísimas, profundas,
las encinas adoloridas
son como santas moribundas.
-Árboles negros cuyo són
viene á espinar mi corazón :
¿cuál con tierna solicitud
servirá para mi ataúd?

•
0 1•

Calló el viento ..... del éter fluye dorado río ..... .
Como una afable, tímida enfermera,
inclínase la luna sobre la cabecera
de las aguas dolientes de un pantano sombrío ..... .
Muerto, cansado de sus giros,
huyó el viento á la soledad;
las encinas acongojadas
ya no lloran, sólo suspiros
dan á la yerta claridad .
-Oh sedientas de la mañana 1
oh sedientas de luz radiosa!
¿dónde vivirá vuestra hermana,
la que verdecerá en mi fosa?
Euo}:N10

DE CAS'rRo

t

LIBROS RECIENTES
I
Grecia, crónicas de viaje, por ENRIQUE GóMEz CARRILLO.-Imprenta
Artística de José Blass y Cía. Madrid.
En una crónica reciente ha dicho Blasco Ibáfiez que este es el mejor libro de Gómez Carrillo. Es fácil admitir que la teoría de los valores absolutos va desusándose con marcada precipitación como sistema de análisis
crítico, al menos en cuanto se trata de productos mentales que merecen
aprecio. Entre una obra de tal poeta ó novelista en la que resplandece la
serenidad como un chtro día de verano, y otra, emocional ó intensa, donde
el autor nos ha dado á gustar la inquietud de su espíritu, y todavía otra~ más,
ya se distingan por lo proporcionadas y armoniosas, ora por su originalidad, ó bien por su fuerza de evocación ¿cu,íl sería la que mereciera ese adjetivo rotundo que parece imponer la preferencirt incontrovertible?
No hrty inconveniente ninguno, sin embru-go, en aceptru- que el nuevo
libro del cronista centroamericano es el más fuerte, el más sereno y el más
«clásico» de todos los suyos. Esto explica, á mi parece1·, el entusiasta elogio
que le consagrara el señor Blasco Ibáñez. En realidad de verdad, Grecia
es obra que acusa un talento en su plenitud. Para componerla lué necesa. río, evidentemente, un proceso espiritual sostenido en pos de una comprensión cada vez más diáfana, más luminosa y más concreta. Por otra parte,
nos encontramos aquí con una obra homogénea, un poco trascendental, y
aun documentada sabiamente, lo que implica desde luégo un orden estricto
en la aplicación de los tesoros mentales. Este es un Gómez Carrillo circunspecto, á veces grave, pero de una gravedad que no pone obstáculos á la
fluidez del discurso. Aun podríamos afirmar que el estilo llega hoy á su
más alta virtud plástica. Quizás el viajero ha recordado que «la belleza
no se realiza por adición sino por sustracción», y en el menor n lÍmero de
palabras nos da el mayor número de ideas. Al revés de lo que viene sucediendo con muchos artistas contemporáneos, cuyo espíritu se diluye cada
vez más lamentablemente dentro de una literatura indisciplinada y presuntuosa.
He dicho antes que el libro está documentado con sabiduría. En
efecto, Gómez Carrillo demuestra un gran conocimiento de cuanto se ha
escrito en lenguas modernas-en francés particularmente-acerca del sagrado Archipiélago. Apoya sus afirmaciones en textos de Reclns, Taine,

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RJ.:VIS'fA CON'rEMPORÁNEA

REVISTA CO~'!}Jrl\IPORÁNEA

Chateaubriand, Emerson, Deschamps, About, \'illcumin .... .sin olvidar al
arbitrario Maurire Barrés, y menos aúu á }Ioréas, que tan delicad;i y sutil
mente ha prologado la obra.

teologia, su poesía, su colosal arquitectura, sn historia militar, el génesis
de sus mil dolorosas transformaciones, y ann mucho más, se halla hoy debnte de nosotros. Y sin embargo, estamos tan lejos de la India- espiritualmente-como lo estaban nuestros abuelos del siglo XYI, porejemplo.
Ei probable que un día los sabios alemanes lleguen á reconstruir en
cierto modo la historia de Persia. Por lo pronto ya nos han revelado sus
grandes monumentos arquitectónicos, y aun su incomparable poesía- realizados unos y otra para inspirar el máximllll de la fuerza en el espíritu de
his pueblos. Y sin emlxirgo, estamos todavfa, y permaneceremos siempre,
en una independencia mental absoluta con respect.-0 al gran pueblo de Zoroastro. Coincidimos hasta cierto punto en algunas actitudes del sentimiento. Evocad la sombra de Jerjes en las llanuras de Armenia, temblando por la emoción, ante un árbol tan vigoroso y tan claro, que el rey
quiere ceñirle de brazaletes y suspender adornos entre sus mil brazos retorcidos . Siguiendo paso á pas0 las huellas del esphitu persa y del espíritu egipcio- para no re1aeionarnos sino con dos civilizaciones poderosashallaremos actitudes análogas sin duda á las nuestras. Pero entran necesari:unente en el número de los cletalles ,üslados y que no alcanzan á abrir
ante nuestros ojos una gran ventana de la vida.
En tanto, Grecia se ha filtrado hasta el munclo occidental, y á partir
del Renacimiento su influjo no podrá extinguirse de ningún modo. Su
iuerza germinadora viene multiplicando y facetando el alma de nuestro siglo; su poder esencial es uno de los secretos más enérgicos que hay en notros .
~o ha de sorprendernos, por tanto, la gran sugestión que se apodera
de Gómez Carrillo en las islas sagradas. El quiere encontrar aquí el alma
helénica. Compara, estudia, combina con una avidez insaciable. Y acaba por refugiarse en un optimismo sonriente que se conforma con su bella
ilusión .. ... .
Y en efecto: estas proezas de hogaño restauran la gloria pasada. En
sus parlaruentos, los héroes de hoy parecen discurrir con la fe inquebrantable y llena de claridad conque habló un día Teleutias á los marinerosY
acaso al recorrer las campiñas sea fácil reconstruir escenas de Teócrito.,, ..
Sin embargo , esto no es más que una complacencia ilusionada. No
transcurren vanamente dos decenas de siglos, casi tres. El mllUdo que se
conociera en tiempos de Hcrodoto, qne iba desde las tierras de Lipoxais,
desde las tierras de los Arimaspos, desde quince leguas jornadas allá de la
lagi.uHl de Meotis, se ha hecho esférico, penetrable, fácil. Los modernos atenienses pueden viajar sin temer que la saña implacable del Minotanro les
devore al regreso.
Por esto, y por el imperio de Roma, y por el grito que lllla vez partió
de Galilea, y por las armas bizantinas, y por Mahomet II, y por el Rey
Jorge, la grande alma helénica no vive sino en los museos y en los libros.
Y al leer estas crónicas de viaje, sonríe uno ante la ilusión dolorosamente .. .. A lo menos, yo he sonreído .
De todas maneras, preciso es reconocer la sorprendente belleza artísti-

No es fácil creer que este viajero con0zca ·sólo por libros de hoy el secreto de la grau fuerza hcléaica, Los poetas que liemos tenido que leer á los
clásicos en traducciones más ó meuos desacertadas (alguna&amp; hechas cou llll
criterio católico, y aun artodoxo, que impone la mutilaeión irrespetuosa)
llegamos á sorprendernos un poco en la intimidad de estas páginas .. . .Pero
¿e1 señor Gómez Carrillo sabe griego?- Reeuérdesc que el más insigne poeta venezolano, Don Andrés Bello, no apremlió hi lengm de Píndaro sino
en edad marlurn.- Por mi parte, no temlría óbice en afirmar, si fuera necesario, que efectivamente, quien ha escrito semejantes crónicas está en
camino de ser un gran helenista. Porque hallo aquí una fuerza comprensiva de los más sutiles aspectos y aun do los detalles menos sospechados.
En virtud de esta fumw, Gómez Carrillo, á semejanza do otros viajeros
ilustres, ha intentado una reconstrucción de la vida clásica. bajo el cielo de
Grecia. Una reconstrncción mente~! por lo menos aproximada ....
Ahora bien : lla Grecia antigua existe fuera de los museos y de los libros? ¿Qué hay de verdad en este concepto de la raza eterna'? El alma
de la Grecia del Rey Jorge y el alma de la Grecia que ilustró Pericles
lguardan realmente llU parentesco cercano? Qué, ¿son estos caballeros
que ahora platican en francés á propósito de Dreyfus ó de la anarquía y el
colectivismo, ó no son, los hi jos del prudente y reposado Ulises? Hay en
los bulevares de b Atenas contemporánea un poco, al menos, de la enorme alma antigua?

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11

Estos grnves problemas- que se1·ía posible sintetizar en uno solo- dan
al libro de Gómez Carrillo nn interés extraordinario. Por eso afirmé hace un momento que se trata aquí de una obra trascendental. Grecia es
algo más que un país interesante y pintoresco- y también algo más que la
patria de maravillosos creadores. De aquel suelo florido y halagüeiio llega,
cada voz más, nn grande hálito vital é inmortal que se insufla en nuestra
civilimción . Goethe fué llU verdadero pagano, y desde la Germanía se nutrió con el aire de la Hélade . Nietzsche ha dicho que aquel soplo es lo necesario para volver á apreciar exactamente los valores morales. Aplicadas á
Platón, el mismo Emerson encuentra justas las frases acerca del libro árabe: •Quemad les bibliotecas, porque su valor está en este libro .» José Enrique Rodó nos ha presentado como ejemplo la concepción ateniense de la
vida .... Es fácil multiplicar las citas del más alto precio. Pero más útil
resultaría una con!rontación de los hechos CU!llplidos en el seno del tiempo ..... lHemos llegado á comprender en todo su valor el influjo trascendente del pensamiento griego en la conformación del espídtu humano?
Sería un poco aventurado responder. Conste, eso si, que toda nueva exégesis á este respecto es oporttma, y que tod,i nueva controversia sobre el
tópico será siempre de actualid,id palpitante.
Ha sido posible penetrar en el misterioso corazón de la India. Hemos sentido el alma trémula de aquella civilización desconcertadora. Su

•

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REVISTA CONTEMPORÁi~EA

ca de la obra. Quizá su mismo espíritu ele ilusión reconforta. Por otra
parte, no sería f,ícil &gt;1travesar indiferentemente las páginas aladas é incomparables en que se nos ensefia -por ejemplo-el encanto de las mujeres Je
Atenas, contemporáneas ele Mademoisille Anie Perrey.
Cuando hayan pasado varios siglos, la juventud erudita vendrá á s:iborear inefablemente este libro de Gómcz Carrillo, un gran escritor clásico, americano de origen, francés ele pensamiento, que viajó por las más remotas
naciones, y qué residió en París, allá en los comienzos de la, era nietzscheana .....

t

II
Letras y Letrados de Hispa110-A111érica por

R.

BLANCO Fo,rnOKA.-Li-

brería P. O!lenclorff.-París, 1908.
El autor ha reunido apresmadamente una gran parte de artículos sobre crítica literaria, filosófica é histórica-publicados en diversos países y
en ocasiones más diversas aún-y nos ofrece un volumen ele trescientas y
tantas páginas. Yo no sabría decir si la sinceridad del libro es tan eficaz
para producir en mí una impresión agradable, como lo es su extrema rudeza para deseonccrtarme.-Revelan estas páginas un gran vigor mental,
una elegancia fácil, á veces la concisión oportuna, y siempre un espíritu
independiente, acerbo, acre. "La crítica literaria suelo llenarla de sangre;
-dice el señor Blanco Fomboua-y á ocasiones se miran sobre la arena,
después de h justa, no adjetivos ni adverbios, ui sonetos patas arriba, sino
dentaduras &lt;le malsines y costillas quebrantadas de fraudadores' '-Se comprenderá que no es posible ballar en quien se expresa de esta manera, la
serenidad de un José Enrique Roció, de un Sanín Cano-para no referirme sino á dos eminentes escritores del Sur. Habla un venezolano-habla un
/la11ero·intelectual, indisciplinado, casi bravío. Nótese que estas observaciones no envuelven censura. Creo indispensable la actividad combativa
dentro de todo movimiento revolucionario; y si de esa actividad no resultare la obra de arte puro, en cambio se desprenderá una fuerte dosis de renovadora energía. -Se me ocurre decir, pasajeramente, que estamos necesitando con urgencia muchos campeones como el señor Blanco Fombona.
¿o es que tendrá que desaparecer nuestra generación para que desaparezcan con ella los conservadores incorregibles, según los cuales culmina todo
el pensamiento espafiol en Don Gaspar Núñez de Arce?
Por lo demás, ni el autor quiso que buscáramos en el libro, ni nosotros hemos venido á buscar, graneles emociones artísticas. El alma de
Jllanco Fombona está en algunos de sus versos; versos también rudos, pero
impregnados de un fuerte y penetrante aroma, cálidos, llenos de verdad
intuitiva.
Aquí hay, esto sí, entre las frases desaliñadas, ó redundantes, ó agresivas, varias ideas saludables acerca de la literatura y de la vida:
"Respecto á la solidaridad americana, por lo menos, iay! en las letras, el sentimiento impera gracias al egoísmo" (lntroducci6n, pág. IV) .

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REYISTA

CONTEMPORÁNEA

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"Un poeta es un homb1·e que no sólo trata de embellecer su vida, como tocio el mundo: como la muchacha que pone un tiesto de flores en el
balcón en donde cose; como el obrero que sale á respirar el campo, el domingo, de brazo con su novia; como el piloto que admira la melancolía del
azul y canta una canción á las estrellas, mientras dirige el barco; sino
también, vosotros lo sabéis, que llcrn en sí un excedente de bcnnosw-a
que echa del alma en cantos; y esos cantos embellecen la ,ida de todos los
hombres, como los mares azules, como los cielos de oro, como los campos
floridos." (Pág. 35.)
"Comprender vale tanto como producir. La admiración es una escuela: á la suprema admiración de una obra suprema no se llega sino por
grados. El tiempo que empleamos en bordar nuestras b,1ratijas propias:pintnrillas de mala muerte, chilindrinas musicales, flacas literaturas,nos lo robamos á nosotros mismos, ,í la educación del temperamento, al
cultivo del gusto" (pág. 201.)
'' Aunque 110 h&gt;ty nada nuevo debajo del sol, ideas é imágenes nacen algunas veces en vuestra alma; imágnes é ideas que, si por desgracia no externáis, quedan sepultadas en el alma y hacen allí, de cuando en cuando,
sus resurrecciones. Y como la costumbre mata el amor, termináis por desamoraros de vuestras ideas, por imaginar que son lugares comm1es,
cuando no lo son, ó cuando lo son, apeuas, en vuestra cabeza'' \pág. 304.)
"Dicen de uno: 'Pertenece á tal escuela'; dela cual tmo jamás se preocupó. O bien. 'Es discípulo de Fulano y Zutano' ;-á quienes quizás no
ha leído uno.
"Pero no se piensa que un autor tenga el orgullo y la ingenuidad de ser
él mismo. Nadie nace por generación espontánea; pero no se es discípulo ele Fulano y Zutano, sino sucesor de esos y de otros autores: heredero
de todos los hombres que hau pensado hasta hoy; gozador inteligente del
patrimonio común de la humanidad" (pág. 309 .)
Hay en el libro tm interesante artículo acerca del estado actual de la
literatura en Venezuela: breve noticia del movimiento artístico desarrollado en aquel país y que cuenta, entre sus caudillos más prominentes, á
Manuel Díaz Rodríguez, Luis López Ménclez, Cjsar Zumeta, Rafael Bolívar, Alejandro Fernández García, Pedro César Dominici, Jesús Semprum,
Pedro Emilio Coll y Andrés Mata.
Finalmente, me complazco en referirme al estudio crítico sobre el Libertador y con motivo de un artículo de Unamnno; así como á las rectificaciones hechas á Manuel Ugarte, por haber afirmado éste que los hombres de la independencia suramericana no persiguieron, en resolución, más
que una simple emancipación económica.
Es deplorable no tener espacio para citar aspectos interesantes en la
mentalidad de Blanco Fombona; para glosar algunas de sus ideas y hacer
la síntesis de ellas, y aun para anotar desigualdades que alean el conjunto
del libro .... (Hay aquí unas páginas valbnenescas á propósito de un Don
Amenodoro Urdaneta, que no debieran recogerse dentro de un volumen:
por pudor y aun por gallardía.)

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Rl!:VIS'fA CO;'i'TE'.\fPORÁ.NEA

REV1STA CONTEMPORÁNEA

ITI

¿Qué pondrá ante tus plantas el porvenir incierto.'
¿ Un carmen de ilusiones? ¿ Un páramo desierto?

Nicaragua, veintena de sonetos, por JuAN B. DELGADO. Tipograffa
Alemam1 de Carlos HeulJerger, Managua.
Delgado es un poeta elegante, pulcro, un poco parnasiano, aunque á
veces deje filtnir su emoción sentimental con alguna franqueza. Se comprende, sin embargo, que no es un sensitivo y, menos todavía., un neur6~·
tico.----Darece ele originalidad y atrevimiento. Es !foil advertir en sus
yersos, con demasiada frecuencia, ideas cuyo génesis podemos señalar desde luego (véanse los sonetos Aquilino y Momotombo: el primero evoca á
Chor,ano; el segundo, á Da río).
En un poema &lt;le simbolismo bastante obscuro·-Di,í!ogo extravai{ante
-nos ch el iLUtor la más bella muestra de su mentalidacl y aun de su técnka:
-¿Quién eres que á la siesta, cabe dormido estero,
rejréscate el ventalle del bosque so1101oso?
- ;, Con su sarta de frutos de ltquido sabroso,
110 ves al multicéfalo gigante cocotero?

¿Será la lucha fácil?

Q

g

109

¿Será el combate rudof

¡O!, blondo niño, rayo de luz de alba s,rena,
Di.os bendiga tu suerte; y al entrar en la arena,

que te presten tus padres lanza, yelmo y escudo!
No hay en el señor Delgado una gran elasticidad mental, ni uu temperamento poderoso y renovador. Su visión poética, su visión de la Naturaleza, carece de amplitud. Pero, á pesar de esto, hace obra muy apreciable; persigue una gran pureza de expresión y realiza el milagro de ser
enteramente clásico, por ciertos aspectos, dentro de las tendencias modernistas.
R. A.

Yo soy el de l,i triste Figura, el Caballero
Andante: amojamado, ridhulo, tembloso.
;Son las que audaz levanto con aire jubiloso,

testas hidrocefálicas que crrcenó mi acero!
-¿Son cabezas de tontos?
-Sí, son varias cabezas
de chorlito. No cuento ¡pardiez! en ,nis proezas
otra mejor. De imbéciles el mundo se depura.

- ¿ Y cuándo lo libertas también de los pedantes?
-Cuand(' el eximio manco don Miguel de Cer-van!ts
me otorgue venia para lanzarme á esa aventura.

He nquí, en el soneto Anfbal, no al herediano que se revela en otras
rrenciones, sino al poeta de la inquietud, un poco sorprendido, que escruta
los tiempos:
Aun eres tau pequeño que al caminar vacilas,

-ave implume afanosa por desplegar el ala;y ostentas dos jirones de azur en las pupilas.
y tu risa recorre la musical escala.

'Tus balbucientes frases son gotas que destilas
del panal de tu bora que tanta miel regala.
Y tu vida es

Wl

cisne: en haz de aguas tranquilas

interroga el futuro con

Sil

cuello, y resbala ......

1

�REVISTA CONTE)IPOR.{XEA

••

REVISTA DE REVISTAS

••

LOS ABOGADOS DE SOCRATES

De "El Nuevo Tiempo Literario,'' Bofofá.

Un distinguido escritor ele Alpha revis.s ahor,, en Medcllín el proceso de
Sócrates, con tan buen suc"eso, que 1( un tiempo mismo nos pone delante
de los ojos la iniquidad cid pueblo ateniense y la incomprensión ó antes la
mala causa del historiador Gomperz, autor de Lns Pensadores Griegos.
Para lograr cstu victoria fundamental, lcha bastado al crítico de Atpha
emplear un mctoclo históciro que ¡x,.Jríamos llamar de perspectiva anacrónica, consistente en uplice!r á stu-c~os muy lejanos el criterio moderno y las
ideas cotidinnas. ~létodo fdiz entre todos, porque merced á él puede uno
ganar batallas á los primeros disparos y convem·er ele ininteligencia ó mala
fe,\ los historiadores cuyo juicio rontrarfa nuestras predilecciones ó nuestra
actividnd crítica.
Quizá para otorgamos un fácil dc.squite en lo que se refiere á la incontinencia para emitir opiniones, el e:,critor de Alpha, que parece conocer la
obra de Gomperz por la sola información de Trofeos, condena al histori&amp;dor, al libro y á los inocentes traductores de unas páginas, con serenidad
que le envidiaría el mismo Gompcrz y ron precipitación que no desearía-

mos para nosotros.
¿I,e choca á Ud. que hablemos de h, originalidad de Gomperz? E•
un punto que no vamos á discutir.
Confesamos que no sabemos con certidumbre en qué consiste la originalidad de los historiadores; hast,, ignoramos si constituye un mérito para
ellos; Michelet parece haber sido bastante original, y esto no le salva. Ferrero viene á aumentar nuestra perplejidad en e.se punto. Hablando hace
poco con un historiador francés, le decia estas palabras· •Yo no he renovado la historia romana, como lo creen muchos de mis admiradores. Al
contrario, podrfa en cierto modo decir que la he pedido ,i los antiguos. He
vuelto á tomar el punto de vista de Tito Li,~o; como Tito Livio he recogido los hechos de la historia de Roma en torno á aquel fenómeno que lo~
antiguos llamaron "la corrupción de las costumbres." Novedad vieja de
veinte siglos.•

•

111

Desistimos, pues, de afirmar la originalidad de Gomperz, sin prestarle gran fe á la de otros historiadores que puedan oponérsele.
Comprender las acciones humanas es en alguna manera justificarlas;
es, ante todo,. darle un sentido á la historia. ¿Ko convendría, de vez en
cuando, exammar la causa de los •justos y los buenos•, aunque sólo fuera
para prevenir á los malos? ¿Xo llegaríamos, como quiere el filósofo inmisericorde, á descul,rir en la actitud del sabio y del m,lrtir que mueren por
la verdad, algo del agitador y del comediante?
El caso de un gran pueblo inteligente, noble, dispuesto á los impulsos
generosos, amante del arte y la filosofía, que condena á uno de sus hijos
en qmen resplandecen todas las cualidades de la raza y todas las exceleneias del hombre, tiene que despertar la curiosidad y el celo de un historiador que no posca el gusto funesto ele lo absoluto. Es más fácil ser injusto
ton un pueblo que con un indivicluo. Gomperz, sin duda, ha tenido presente ese peli¡;rn . No es él un historiador aparatoso y parcial como Taine ·
estudia las épo,·as antiguns con el amplio criterio de Fuste! de Coulangcs',
qmcn estampó estas sabias advertencias en la introducción á La citl anh·
que:
•Si queremos conocer las verdades antiguas en lo que se refiere á Greeia y Roma, es prudente estucliarlas sin pensar en nosotros, como si esos
pueblos nos fueran completnmente extrafios, con el mismo desinterés y con
el mismo libre espíritu conque pudiéramos estudiar la India antigua ó la
Arabia.
La historia griega y romana es un ejemplo de la estrecha relación que
existe entre la inteligencia y el estado social de un pueblo . Penetrad las
instituciones ele los antiguos sin pensar en sus creencias, y las encontraréis
oscuras, revesadas, inexplicables.•
Fuste! de Coulanges no faltó á su promesa; el libro de La citl antiq11e
es la síntesis, reconstruída á la luz de remotas y abolidas creencias de la
vida y el pensamiento griegos y romanos en los comienzos de la hi;toria.
Yerdaderas ó falsas las opiniones de Sócrates, éste no debía morir por
mano de la ley. Tal debe ser el legítimo razonamiento de un hombre que
piensa con las ideas de nuestro tiempo; toda discusión sobre la exactitud
de la doctrina de aquél es inconducente . Para comprender hasta qué pun
to la condenación de Sócrates impresiona á un ciudadano acostumbrado á
repetir la bella cantilena de los Derechos del l,ombre, basta pensar en el estupor, en la indignación del mundo civilizado si maiiana nos sorprendiera
la noticia de que el Gobierno ruso acababa de cortarle la cabeza al gran
Tolstoi.
Gomperz, lamentando el conflicto que tuvo por desenlace la muerte
de Sócrates, quiere penetrar en el alma de los atenienses, sorprender sus
desconfianzas, sus resentimientos, su odio mortal contra el filósofo. Ycamos si ha logrado reconstruír un instante de la vida ateniense y darle un
sentido al trágico acontecimiento:
.
•Paréceme escuch~r la palabra sombría de un viejo ateniense que topa
mopmadamente en el agora con un amigo extranjero :- ¿Reconoces á Atenas

�113

REVISTA CONTE)fPORÁNEA

112

1

RE\'ISTA CO)fTEMPORÁNEA.

en estas calles desiertas, en este puerto abandonado? Te asombras acaso? l'íues
tras derrotas, la pérdida de nuestros bajeles, de nuestras colonias, de nuestros
tributos nos han convertido en un pueblo miserable á quien nada le queda,
ni siquiera la esperanza. Si quieres ver rostros alegres encamínate á Esparta. Pero no obstante su victoria, podrás ver á nuestra orgullosa rival inclinarse respetuosa ante los númenes que rigen nuestros destinos y acatar
sus decretos sagrados. Qué düerencia entre nosotros! Nuestra juventud
se ha tornado insolente, y hasta qué punto! Todo respeto religiow dc&amp;'tpareció hace largo tiempo . Y los autores, los responsables de todo son los
maestros de sabiduría á la nueva usanza. Anaxágoras, es verdad, fué acusado, Ya para treinta afios, del delito de ateísmo, y tuvo que abandonar el
país. Suerte igual corrió Protágoras; pero el más nocivo entre tocios permanece en Atenas; el viejo Sócrates continúa en sus antiguas maquinaciones, aun cuando el noble Aristófanes le quitase la máscara desde hace
veinte afias. Si al menos se ocupase únicamente en nonadas, en contar,
por ejemplo, cuántas veces sobrepuja su propia longitud la pulga cuando
salta de las cejas espesas de su digno amigo Querofón, apellidado el Murciélago, á su t:;.-áneo pelado; pero su labor es menos inocente. El ha probado á los jóvenes que tienen derecho á maltratará sus padres •insensatos•,
él ha atacado la creencia en los dioses inmortales. Habla con el bastardo
Antístenes ó con Aristipo de Cirene y te dirán que para ellos Atenea, el
genio protector de nuestra ciudad, es un nombre vano. ¿Quién nos dice
si la paciencia conque hemos tolerado este crimen no es la rausa que ha
inflamado la cólera de nuestra protectora y ocasionado nuestros desastres?
¿Dudas ele que un simple declamador pueda ocasionar tanto dafio? Nada
más comprensible, sin embargo. Sus discusiones sutiles atraen las jóvenes inteligencias con mayor poder que la piedra de Lidia las partículas de
hierro. El convierte á nuestros adolescentes en enemigos de la religión,
en enemigos del Estado. ¿Imaginas que exagero? Escucha á los hechos
antes que á mí. ¿Nos ha sobrevenido, durante esta larga guerra, una calamidad más grande que la ambición de tomar á Siracusa y conquistar la
Sicilia? ¿Quién es el responsable de tan insigne locura, que hemos pagado con la pérdida de miles de uuestros mejores conciudadanos? ¿Ha sido
otro que •el elegante hijo ele Clinias», como se complace en llamarlo su fanático Sócrates, Alcibíades, el discípulo favorito, quien tomó parte en la
mutilación de los Hermes y en el ultraje de los misterios, y quien, por último, ha marchado á Esparta á urdir intrigas contra su patria?"(l}
El Sócrates teologiza.nte, alumno de Bossuet, á quien hace dialogar el
escritor de A!pha, guarda poca analogía con el razonador cauteloso que
por afirmar su propia ignorancia e.stu,o á punto de crear la duda universal. Ello no implica desconocimiento del método sócratico, porque en otro
lugar de A!pha el mismo escritor propone uno de esos interrogatorios arrogantes que parecen ordenar la humilde respuesta:-Todo lo ignoramos,
señor; y lo propone con una fogosidad que verdaderamente intimida:

''¿Tenéis ideas, ideas propias, coherentes ó bien asimiladas? ¿Sois capaces ele algún acto de mluntad reflexiva? ¿Habéis examinado con un
criterio definido vuestra razón de ser, la razón de ser de la sociedad, de
las leyes y de las costumbres? ¿Escribís cosa que valga? ¿Busca algún
pueblo del mundo la clave 6 la norma &lt;le sus emociones y sus inquietudes
ó la orientación de sus pensamientos en vuestra prosa ó en vuestros ,ersos? .... " (2)
¿Sabéis lo divino y lo humano•

Gompen:. I.os PENSADORES, tomo 11.

¿Tenéis

derecho á la existencia? . .... .. .
Sócrates, es verdad, aparece menos apremiante y severo cuando para
mistificar á la bella y cándida Theodote, la amiga de Aleibíades, le preguntaba:-¿Poseéis campos, rentas, servidores? y en sczuida le aconsejal\'t
que atrapase ,í sus amantes con un poco de astucia y habilidad.
Salvo el respeto que nos inspiran Sócrates, Gomperz y el competente
crítico de Alpka, vamos á intentar uno como diálogo, sin otro fin que el
ele ensayarnos en el género:
-Afirmas ioh Gomperzl dijo Sócrates, que mis jueces obraron con rectitud y sentaron un precedente saludable al condenarme como disociador.
-Perdóname !oh Sócrates! respondió entonces Gomperz. Me confundes con tus compatriotas y con tus jueces, cuando yo no soy más que un
esparciata del Rhin que acompañó á sus hermanos hasta las puertas de
No/re-Dame. Pero mi orgullo, mi alegría de vencedor no me han hecho
ciego á la miseria de una gran ciudad, digna, como Atenas, de ceñirse una
guirnalda de violetas. Mientras sonaban victoriosos los clarines germánicos, yo meditaba en las causas que abaten á los pueblos. Entre los mármoles, las rosas y los surtidores de V ersalles evocaba la suerte de Atenas
hajo el yugo de Esparta. Ahora comprenderás mi repugnancia por una
filosofía que debilita la energía de las Naciones.
-Se.an cuales fueren tus repugnancias, no podrás negarme que mi
causa es la causa ele los pensadores de la tierra.
-Acepto tu fórmula pomposa á condición de que admitas un pequeño
reparo: tus jueces representan la C&lt;'tUS.'t de la existencia social; es un conflicto en el tú encarnas la mitad nada más del orden humano. La demorracia ateniense se defiende contra tu doctrina, como en el porvenir se defenderán el Imperio Romano contra el cristianismo y la Europa cinlizadn
contra la anarquía.
-¿No crees acaso que los dioses están en posesión de la más alta y
completa s.&lt;tbiduría?
-Tú lo dices, y como la ley es santa y emana de la sabidurí11 de los
dioses, la ley te condena á beber la cicuta. No sé cómo pueda escapar ,í
tu prudencia Ioh Sócrates! que es muy peligroso mezclará los dioses en nuestras pequefias disputas humanas.
VICTOR )l.

(:t)
[1}

¿Sois el centro del mundo?

ALPDA, ndmero IS, pi¡;na 7-'9·

LONDOÑO.

•

�114

REVISTA CONTEllPORÁNEA

RE\'ISTA CO~TE'.\fPOR.{~E.\

EXSAYO DE UNA CLASIFICACIOX SOCIAL

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El humorismo yanqui- tan sencillo, casi infantil y á veces cruel, como
la vida misma que la verba crítica de los humoristas quiere y busca mimetizar-se da rienda suelta en la imaginación de los no escasos cultivadores conque cuenta en los Estados Unidos de América esa gimnasia intelectual cara al maestro llfark Twaim.
La más reciente producción en ese género literario nos la trae un ingenioso periodista de Nueva York, Mr. Gellett Burgess. Consiste en un
nuevo ensayo de clasificación social, substítulo que buenamente se considera desprovisto de pretensiones, tanta es así la magnitud del intento.
Tomamos de un artículo de Albert Schiuz, profesor de Brun fifawr College, los lineamientos generales del maravilloso sistema.
Se han hecho-dice Mr. Burgess- mil y pico de clasificaciones de
las mentalidades humanas: algunas de tales clasilicaciones son pedantescas, tal es la distinción entre radicales y conservadores, optimistas y pesimistas, civilizados y bárbaros, clásicos y románticos, etc. Otras son paradojales, como cuando se pretende establecer una línea de separación infranqneable entre gentes que beben agua y las que beben vino; personas
que se hañan todos los días, y personas que no se bañan; individnos que
gustan de las aceitunas y otros que no aprecian debidamente esa oleaginosa fruta . Algunas dan muestra de un exagerado individualismo, como
el enamorado aquel que dividía todo el mundo femenino en dos categorías:
Julia y "las otras." Un sólo principio de clasificación resiste al examen;
sin excluír á nadie contiene virtualmente cualquier otro criterio: es aquel
que divide á la humanidad en dos campos : bromidos y mljitos.
En química se designa con el nombre de bromidos ciertas snbstancias
que no son precisamente de un gusto desagradable, sino neutras, insípidas
y aun ligeramente dulzonas. Sus contrarias son las substancias m/jfticas,
que lejos de ser indiferentes ó desabridas, son, al contrario, ácidas, picantes
y aún mordientes (en otra acepción, mordaf'es ó satíricas.) Estos términos, tomados en uu sentido figurado, designan pJr modo admirable á los
representantes de los dos grandes grupos en que se divide absoluta y fundamentalmente la especie humana..
La idea primera del sistema- porque en cierto modo es un sistema ele
moral- nos dice su vulgarizador, se debe á una mujer. Fué una elegante
castellana de una plantación de azúcar de Luisiana, quien descubrió, en
uno de esos instantes de iluminación súbita propios del genio, que las
gentes todas podían clasificarse de ese modo. La revelación era. convincente, apodíctica; cambiaba la concepción de la vida; hacía. casi plausible
la sociedad mism,t, De hecho, el descubrimiento era más fecundo en consecuencias que lo que la propia autora había pensado, pues que, habiéndole sometido á la prueba del análisis filosófico y experimentando su aplicación práctica, se reveló un principio de interpretación indiscutible de los
misterios de la naturaleza humana .
Desde el punto de vista abstracto no tiene objeto establecer la dile-

•

o

••

tf

115

renciación entre las inteligencias bromfdicas y las suljíticas, puesto que son
rontrarias en todos sus puntos, y por tanto, definida una de las especies lll
otra lo quedará también por sí misma. Pero en concreto la cosa varfa.
El bromido, como de esencia inlerior, no comprenderá al sulfito, aunque
lo intente; pero el sulfito sí comprenderá, y muy bien, al brornido, y podrá describirlo y estudiarlo. De aquí resulta que un tratado sobre el bromidismo y el sulfitismo será neces,iriamente h obra de un sulfito y nó de
un bromido . Además, aunque el sulfito sea más interesante que el bromido es éste, sin embargo, quien constituirá el objeto del tratado, porque
el autor siendo un sulfito y no teniendo por tanto necesidad de estudiarse
,í sí mismo para conocerse, en caso de estudiará alguno será el bramido
quien reciba tal honor. El sullito lo estudiará sin una rna.nifiest:i simpatía, pero sin cncono:-qué sería de su superioridad si odiase á su inferior?- lo estudiará como á unn. especie de animal raro, experimentando la
satislación de conocer una especie diferente ele fa suya, y un placer de vanidad no perdiendo ni un momento la concienciii de su propia superioridad .
La psicología del bromido no es difícil de establecer: el carácter ese1r
cial del bromido consiste en una acción psicológica refleja ele su cerebro
bromfdico, que se manifiesta en la creencia hromidiana de que tocios y cada
uno de los actos ordinarios de la vida deben necesariamente ir aeompafia·
dos, ( acotados diría un ,wtor dramático) de un comentario ú opinión particular'. Y ese comentario ú opinión es el resultado de una asociación de
ideas que se han establecido en el decurso de los tiempos y que se han reforzado, en cada generación sucesiva, por la coloboración constante de ciertos grupos de células cerebrales siempre idénticas. Ha venido á ser para el
bromiilo, no sólo inútil, sino casi imposible pen&amp;~r: tanto así han sido continuamente explorados los caminos del pensamiento. IJJs processus intelectuales son automáticos, la serie de sus ideas no puede nunca desviarse.
El análisis ne un solo ejemplo será suficiente. Habrás oído, lector, decir con frecuencia- y peor para tí si tú también lo has dicho- "Hermosa puesta de sol! Si la viera uno reproducida fielmente en la tela por un
pintor, no la creería. real y verdadera." Es necesario, ahora, darse cuenta
úe que no es s61o porque el comentario ú opinión sea vulgar, por lo que es
bromídico, sino también porque el brornido es inevitable. Se espera de
él, nunca falta. Además, el bromido nos la sirve como cosa meditada, original, profunda, y buena. de decir . Cree realmente y sin duda alguna que
es nueva, pues espera que se le aplauda. La. nota ó comentario sigue al
slimulus, físico ó mental, invariablemente, corno !anoche sigue al día.. El
bromido es desde entonces incapaz de tener ninguna otra impulsión difeferente. La originalidad ha sido abolida en él desde el tiempo de su tatarabuelo. El hábito es en él ya inveterado.
·
Como en tiempo de La Rochefoucauld se coleccionaban máximas, hoy
se coleccionan bromidiomas. Es un bromido el que volviendo mojado por
la lluvia á su casa dice: Naturalmente, basta dejarse rl paraguas"' casa paque llueva, 6 todavía con más ingenio: Estaba ammciadobuen tiempo, era
11ecesario que lloviera. Es otro bromido el que viendo á dos muchados pe-

'ª

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REYISTA

le:m;e en la calle exclame: Lo de siempre: cuando neresita Ud. 1111 policía,
110 lo c11cue11tra 11i á 1ma legua de distancia.
Es otro el que mandó poner
eu su casa un aparato telefónico y comenta con gran satisfacción: Des-

pués de todo, si alguien lmbiera dicho hace algunos años que se podfa hablar
de una ciudad á otra por un hilo de alambre, se le habrfa tomado por un loco.

1

1

i

1

Hay bromi&lt;lomas espedales á cada clase social, :í cada profesión, y
har;ta los hay nacionales. Así en Améril'a (Estados Unidos del Xorte,)
un najero bromidiano, &lt;le vuelta de Europa, i::e dejaní hacer pedaws antes &lt;le priva~e ele decir: Pero ya sabe Ud , en Europa se puede 11ivir mejor y más barato que eu nuestro pafs-en tanto que el interlocutor, igualmente bromidiano, pero que no ha eruznclo el Athíntieo, responderá invaria mente : Yo por 111 i parle, creo firmemmte que es necesario conocer su propio país antes de viajar por el extraujero.
"Gn estado ele n\rna bromídi&lt;'o explica, según el autor, el fenémeno
com;istente en que las amerieanas,-pues los amerieanos son poco aficionados á la conver:;ación-pare(•en deliciosamente ingeniosas 1í. los europeos, y
viceveri;a, las nmericanns se extasían con frecuencia, ante los peores bromiclos de pr&lt;wcdencia emopea qm' uno de tantos dfas desembarran en XueYa
York, Brn;ton ó Ba\timnre. Todo es cuestión de bromi&lt;liomas nacionale!:1
i-implementl', scrvi&lt;\os t•on toda eficacia y á propósito, á gentes que no conociéndolos, :--encillamentc los toman por elegantes explosiones sulfíticas.
En re:--umcn : el hromido (•s un individuo para quien todo lo que es e,·identc apareC'c como nuern, siempre y perpetuamente pintore:;co; un gran
inventor &lt;le vu\¡;ariclades que se entusiasma sosteniendo que dos y dos son
('untro J que dcfie:11\c ~us ocurrern:ias con una lógica indefendible y elocuente; un platiea&lt;lor, que :-ucna con la precisión y seguri&lt;la&lt;l &lt;le un d~perta&lt;lor, tan pronto eomo se le prl'senta la oca::;ión de rolocar alguna de f:1U veumiblc:s jrau~. Los bromidos piensan por un método de sindicato, siguen
lo:- eamino:- frecuentado:,;, marchan con la multitud, obedeciendo á las leyes ele \ns mcdi,mías. Ke puede predecir su opinión sobre un ru;unto determinado. Son intelectualmente como otros tantm; garbanzos en el plat-0 &lt;le
las palabras y &lt;le los pensamientos deconventión, prosaicos, viven ronforme á la regla y á la rutina, van á la barbería á intervalos regularmente
exactos y su ingenio tiene horas de oficina. Se conforman de antemano á
todo lo que cst,í sancionado por la mayoría, tienen el culto del dogma y se
puede c:-t:u perfectamente seguro de que serán siempre vulgares, sosos y
cansados.
Y ahora, oh lector!, una última recomendación de Mr. Schuiz. Si por
('11..,,;uulidad dudas y vacilas antes de responder á la pregunta que hace el folleto de Mr. Burgcss: ¿Es Ud. un b1omido'?, te voy á señalar un criterio
para que te guíes ~n esa delicada conjetura: Si después de haber leído atentamente el Tratado bromí&lt;lico, ó simplemente lo que va C..'&lt;crit-0, dices pam tu coleto: No, yo no diré nuncn, "hasta !!alir sin paraguas, para que
lluem," ó si te hace.~ el propósito de no admirar ya nunca una hermosa
pueista. de sol, ó en s11ma, si est.-is &lt;ll.-cidido á ha&lt;"er e:--fuerzos heoicos para no
parecer bromidiano, entonces, eres bromido, irremediablemente lo eres. Pe-

..

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RE\'ISTA CO~TE~[PORÁ1"'"EA

co~•fE~lPORÁNEA

ro si después ele esta ledura no te sientes turbado, si est:ís cierto &lt;le que tu
corazón no ha latido más aprisa que ,le ordinario, si t•:4:is pronto para dedicarte á tus cuotidianas ocupa('iones corno si no se te hubiera hecho ninguna revelación desagradable, entonce~ ....... enton&lt;"c.s es que no ~e ha perdido por completo la eispcranza.

Y. G.

EL &amp;iESIX.\.TO DE LIXCOLX

(1)

(Del Me Clure' s Magazine)
Un poco después de cenar, e\ Capittin Gatc-h y su hermano dejaron el
hotel y se dirigieron al teatro.
El Capitán compró dos boletos, para asientos no numerados, &lt;le anfiteatro; y, aunque llegaron temprano, hallaron ya. ocupados los mejores lugares, &lt;lel centro. Tuvieron que contcntan;c con quedar un poco atrás, á
la derecha, easi al fin &lt;le h hilera, cerca rle un palco hcrmo!:1amente decorado. Xo sabían que era el destinado al Presidente.
'' De donde estábamos-&lt;lice el Capitán Gatch-po&lt;líamos ver el fondo
&lt;lel palco, no el frente. El pasillo que conducía á él queda ha á nuestra derecha, y hubiéramm; podido, alzándonos algo, tocar al centinela apostado

allí.
"Ya había c·omenzado la come&lt;li:i cuando oí rumores &lt;le aclamación, que romenzaron al fonde del edificio, y casi al instante, vimos que
la eomitit'a presidencial entraba: primero el Presidente, seguido de la Sra.
Linco\n; luégo la füita. Harris, y, al último, el Mayor Rathbonc. El Gral.
Grant y su cspo:;.'l. no formaban parte &lt;lel grupo, como se había anunciado. Lineoln andaba despacio, su gran cuerpo doblado hacia adelante, encorvados sus hombros. Llevaba la chistera en la mano izquierda, con la
eopa hacia abajo. Su sonrisa era triste, muy triste para quien era objeto
&lt;le una ovación delirante. Entró al palco seguido de cerca por sus acompañantes. El centinela cerró \a puerta y no vimos más. Como la ovación
continuara, el Presidente se a1lelantó á la barandilla y correspondió á lo:aplausos con inclinaciones de eabeza y sonrisas. Se sentó y la representación hubo de continuar.
"Durante un silencio en la escena nos pusimos en pié para dc::;can~ar
y mi hermano llamó mi atención hacia un joven que estaba. cerca de la
(1) Abraham Lincoln fué asesinado la noche del 14 ele Abril del año de 1865,
por John Wilkes Booth, en el teatro FoR de Washington, durante la representación
de OuR AMERICAN Cousrn, obra de Tom Taylor. En la averiguación con aquel motivo levantada se omitió examinar A dos testigos, el Dr. Charles D. Gatch y su hermano el Capitán Oliver C. Gatch, de Ohio, que estuvieron en Washington, de paso,
los días 14 y 15 de Abril. [Nota del traductor.)

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REVISTA CONTEMPORÁNEA

REVISTA CONTEMPORÁNEA

entrada del palco del presidente y que parecía mirar al foro . Era de porte altivo, y su cara manifestaba tanta calma que era imposible sospecharlo
autor de propósitos horribles. Noté, sí, que sus ojos relampagueaban . Lo
ví dirigirse al palco, atravesar el pasillo y cerrar la puerta. Casi instantáneamente un disparo de pisto!« estremeció el edificio . La gente se levantó,
sorprendida; pero volvió á sentarse á las voces &lt;le "Siéntense" "Siéntense" "Miren al frente" que salían de varias partes. Los de la orquesta,
mejor informados, miraban, perplejos, á todos lados; y lo mismo hacía el
único actor que estaba en la escena. Luégo un humo azuloso brotó del
palco del Presidente; un grito desgarrador de mujer se clavó en todos los
oídos; y el joven &lt;le porte altivo saltó del palco al foro, donde cayó pesadamente sobre su costado il.quierdo, por haberse enredado en las banderas que adornaban el frente del palco . Rápido corno un relámpago, se
puso en pié y atmvesó el foro: bh&lt;ndía una daga y gritaba con acento melodramático: Sic semper tyramtis. El p1íblico se enloqueció. Pasmado
primero, despertó gritando con fiereza: "Colgadlo" "Colgadlo." Hube
una tormenta de gritos histéricos . . .. .
"Alguien me dijo que llevara un doctor. Contesté que mi hermano
era cirujano, y un hombre nos arrastró al palco, donde el Presidente herido descansaba en un:i silla, desmayado, la cabeza caída sobre el pecho. La
Srita . Harris y el Mayor Rathbone abrían el cuello de Lincoln y le examinaban el pecho buscando la herida. Mi hermano levantó la cabeza del
Presidente y, al hacerlo, el índice de su mano izquierda tropezó con un
agujero, en la parte posterior, cerca del oído, por donde escurría materia
cerebral.
"Mientras que mi hermano y yo poníamos al Presidente en el piso y
liábamos la herida con un pañuelo, el Mayor Rathbcne envió por el Cirujano General Barnes. Nadie parecía saber qué hacer. Rathbcne e~taba
herido. La actriz Laura Keene y la Srita. Harris atendían á la pobre
Sra. Lincoln . En medio del tumulto general nuestro grupo parecía paralizado.
"l\Ii hermano indicó nl l\Iayor Rathbone que era conveniente llevar á
Lincoln á alguna cusa particular en espera de su muerte, que era segura.
l\Ii hermano y yo, en compafiía de otras dos personas, levantamos al Presidente y lo sacamos del Teatro. Por donde pasábamos el silencio se hacfa, y, como íbamos despacio, el único ruido que coreaba los sollozos del
pueblo, era el de las pisadas de los caballos de la tropa que se acercaba á
guardar la calle.
"Un hombre que estaba parado á la puerta de una casa nos dijo que
podíamos entrar y nos indicó el camino de su pequeilo cuarto, en el primer piso, donde pusimos al Presidente en la cama. Ese hombre se llamaba William T. Clark.
''Pronto se reunió una junta de notabilidades médicas y comenzó l!lla
lucha sin esperanza contra la muerte.
"Los prohombres de la nación comenzaron á congregarse al derredor
del lecho ,le! agonizante. Mi hermano y yo nos retiramos á las ventanas

de la habitación, donde permanecimos en silencio t-0da la noche. La Sra.
Lincoln casi no se separó de ahí, y el Capitán Roberto Lincoln y otros iban
y venían .
Stanton, Secretario de Guerra, llegó y gastó la noche en remover las
entrañas de la tragedia interrogándonos á todos los que sabíamos algo ele
ella. ,¾nmió el cargo de todo, en ausencia del Sr. Seward, herido mortalmente, según pensaba Payne, cómplice de Booth.
"Como dos horas antes de salir el sol, am;nciaron los doctores que el
fin se aproximaba. Los quejidos que nos habían atormentado t-Oda la noche fueron debilitándose. Y después el silencio cayó sobre nosotros. Um
lluvia triste comenzó á descender del cielo.
"Dos horas después, á las 7 y 20 minutos, Lincoln murió. Pusimos
su cuerpo en el ataúd . Cuando el cortejo fúnebre se alejó por la calle, mi
hermano y yo volvimos al teatro; todo allí era confusión; subimos al foro
y medimos la altura del salto de Booth; era de catorce pies.
"Mi hermano y yo dejamos Washington. Pensamos que el Secretario Stanton sabía nuestros nombres y nos llamaría; quizá nos recordó. Es
más probable que nos haya olvidado. Nunca pensamos que nuestro testimonio fuera de valor. Sólo hoy, que han pasado los años , y que los testigoa de la tragedia van desapareciendo, me he resuelto, á instancias de mis
amigos, á hablar de ella."

.,

UN "SALON" AMERICANO.- UN LIBRO INTERESANTE.- LEY
SOBRE EL TRABAJO DE LOS NIÑOS
(De "The Ottllook ")
Acaba de inaugurarse en la Corcoran Gallery, de Washington, una exposición de pintura y escultura. Mr. Roosevelt, siguiendo la costumbre
del Preside~te de Francia, asistió á la sesión inaugural.
Los lienzos exhibidos en Washington dan idea perfecta de los diferentes aspectos del arte pictórico americano; pero lo más notable de la exposición, lo que atrae y cautiva á los dilettantes de la Unión Americana, es
la exhibición conmemorativa de las obras del gran Augustus Saint-Gaudens
Amplios cortinajes blancos y altos cedros la dan fondo y luz perfectamente
apropiados. Y en medio de tal marco sencillo y hermoso, se han dispuesto admirablemente casi todas las obras de genial escultor-muchas de ellas
en yeso-: desde los dii:iinutos camafeos, característicos de sus esfuerzos
tempranos, y de las monedas que modeló casi al final de su vida, hasta el
pórtico de la Albrighl Gallery, de Buffalo, sostenido por sus magníficas
cariátides; cabezas de medallones; bustos; estudios en yeso; estatuas-entre ellas la de Lincoln y la espléndida Vidoria que precede á la de Sherman,
en el conocido monumento de New York. Todo está allí. Si el gobierno
"mericano hace que semejantes reproducciones, fiel y bellamente hechas,

�LIBROS RECIBIDOS
120

REVISTA CO~'J'EMORÁNEA

queden para siempre en la capital de la gran República; haní un bien grandísimo á los artistas de todos los tiempos.

Hace pocos días apareció en New York un libro de Mr . Martin Hume:
'· Two English Quee11s and Pltilip." Revela el historiador en su libro
intimidades de l\Iaría y &lt;le Isabel de Inglaterra y de Felipe II ele España.
Habla de los esfuerzos de éste para hacer de Inglaterra un país católico, esfuerzos que comenzaron con su juventud- cuando su casamiento con la
Reina l\Iaría, ya de edad madura-y que no acabaron nunca, pues cuando su esposa mw-ió pretendió insistentemente casarse con Isabel.
Mr. Hume asegura que Felipe II habrfa sido tan buen esposo de Isabel como lo fuera de María; dice que Felipe fué un amador fiel, honrado, ''mártir durante toda su vida ele lo que creyó su deber; hombre bueno, laborioso y blando; bnen hijo: buen esposo; buen padre; indulgente Y
bonclacloso con sus criados; paciente en la adversidad y humilde en el éxito
-aunque, cegado por su celo religioso, pensó que podría hacer trabajo de
Dios con armas del Diablo."

Louisiana cuenta con una magnífica ley sobre trabajo de los nifios . En
ella se fija como edad-límite la de doce años para las jóvenes y la de catorce para hombres y mujeres en f::íbricas, alma.cenes, minas, casas empacadoras y trasmisión &lt;le mensajes mercantiles. El certificado de edad es
expedido por el Inspector de Almacenes. Prohibe el trabajo nocturno á
los jóvenes menores de clieciseis años y á las jóvenes menores de dieciocho.
Además prescribe medidas conducentes á asegurar la limpieza y buen
estado de los lugares de trabajo y la fundación de fondos destinados al socorro de empleados víctimas de accidentes.

H. G.

a

•

Nos proponemos publicar cada vez algo á manera de reseña sobre las
últimas obras del pensamiento moderno, en beneficio de los lectores, que
tendrán en las páginas de la revista una fuente de información, y en beneficio de los editores, que por medio de nosotros, y sin otra erogación que
un ejemplar de cada volumen, tendrán un anuncio oportuno y seguramente fructuoso. Nosotros nos reservamos el derecho de dar noticia crítica
más ó menos extensa de las obras que se nos envíen y que, á nuestro juicio, merezcan estudio especial, ya sea por sus méritos literarios ó científicos, ya por la actualidad de los asuntos que traten. En todo caso, creemos contribuír de esta manera á la difusión de la cultura general.
He aqtú 'llgunos de los libros recibidos recientemente con destino á la
Biblioteca de la REVISTA CoNTE:IIPOR.(NEA:
ESPAÑOLES
Causa de Fernando ~Iaximiliano de Hapsburgo y de sus Generales
Miguel Miramón y Tomás l\Iejía. - Angel Pola, Editor. l\Iéxico, 1907.
Prosas de Combate, por Juan Pablo Echagiie-F. Sempere y Cía., Valencia, 1908.
Nicaragua, por Juan B. Delga&lt;lo.- Tipografía Alemana, Managua .
Bosquejo de una historia del intelecto Español desde el siglo V hasta
mediados del XIX, por Enrique Buckle.-Traducción de Juan José Morato.-F. Sempere y Cía . Valencia, 1908.
Sangre de Primavera, Poemas en prosa, por Tulio M. Cestero .-Librería de Pueyo, Madrid.
Las Nuevas Tendencias Literarias, por Manuel Ugarte.- F . Sempere
y Cía., Valencia, 1908.
FRANCESES
Saint Simon: Les plus helles pages de Saint Simon.-Notice por
Etlmond Barthélemy et portrait d' apres Vauloo.-Edition du Mercvre
de France.-Rue de Condé 26, París .
Les Principales Théories de la Logique Contcmporanie, par P. Hermant
et A Van de Waele-(Recompensé par l' lnstitut)-Felix Alean, Editeur108 Boulevard St. Germain, París (VIc)
Pragmatismeet Modernisme par J. Bourdeau.-FelixeAlcan, Editeur.
Errew-s sociales et maladies morales, parle Dr. Ch. Fiessinger-Perrin,
Editeur, París.
Sur Mérimée.-Notes Bibliograpbiques et Critiques, par Lucien Pinvert,
-Leclerc.-París.
Le l\Iariage et le Divorce de Demain, par Henry Coulon et René de
Chavagnes.-Librairic Flammarion, París.

�SUPLEMENTO

''L'A REINERJI''
Sucs. de Hernández Hnos.
ESTABLECIDOS EN 1855.

•

El querido maestro y amigo Dr.
Garza Cantú, rt.'ptwsto de la~ cloh.:n('ias fí~i&lt;.'as que le afligieran, no~ lia
dado parn las páginas de la l'&lt;l:STE.\ll'ORA:--E.\ uns trmlueción ,l,
la Oda TU de Horacio.-])&lt;"ntro de la
modernidad de nue~lra puhlil':H'iú11
('abe muy hit.•n l'l gr:irc pt'Tl!--ami1..~ntu
del cl:hüro latino, t.'XPl'l'~Hlo tn h,1
hla española por el intt-lig,•nt&lt;· pn··
l'Cptor de litn;1tnra :í qui&lt;·H tnnto l-l'
admira y qttit.•ni 1•11 l'~ln rimlad 1 y
tnyo nomhrc ha \'t•nillo ii ~er,
hnJ--ta ('ierto punto, i1uli!--penM\Jh• ('11
toda obra clP &lt;·ullura en nuc~tra n•gión: honH•naj1• 1h• l'nrii10 muy juRto por otra parll'i ~· qtw :i nn~tro~
JlO!- l'tHnpl:.wc altamc·ntc.
Al tnulm·ir ,í Honwio, l'i Dr. Uarza Cantú ha tenido ,,1 deS&lt;eO de ser
útil á la jmcntud presentándole una
obra que eompll'te su, lecciones d,•
literatura pr,•reptirn, de texto hoy

en nuestroR ~tablPt·imiento!- de ensefianza. La oda irn~erta fonm1 parte del libro "Quinti Horatii Fine•

ci"- 11 Carminan, que el maestro
prepara en la actualidad y que ve1

'

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Exportadores de Productos

rá la luz pública &lt;lentro de poco
tiempo. Trátase de unu traducción
fiel, con un erudito Apéndice y mu-

l'hísima!- notnf.; explicativas, bastante útiles para los principiantes. ~:.
fácil ad\'ertir-y el mismo Dr. Garza Cnntú ssí lo dedara-que él no

APARTADO 15.

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OFICINA 669.
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{ ALMACEN I018.

pensó ' 1 en romponer una obra de
inspir:wión poétil'a en que ~ tome
como pretexto el asunto de cada una
de las 12:{ composiciones del gran
Jíril·n, para de!&lt;et1voh·erlo en imitadones máR 6 nwno~ enga1anada~ con
)oH te~orm, &lt;ll' bellrr,a, pompa y armonía que enl"iena el habla ca.stellanu, dpsahogando así el propio numen en nhraH 111aef:itrai-i de (Ii'cción

pulcrn y eh•gantr," sino en '\lnr unft
,·1"rsi611 fiel ,le! p¡&gt;nsamiento de Horat"Ío, st•ñalando en ella belleza, profl11,dithul, n1anen1s y procc&lt;lin1ientot-1
&lt;ld célrhrc latino, y dando de paso razi'm ~r.1111.tlk,11 y likrarin de lo!-l gir11:-; qut· 1•11 l':Sa mi~mn Yl'l':O-ión ~r-empl1:.1.11 ·-~it•uipt'l' c·on t:!1 propó:-ito &lt;ll'
:-:v1Tir ;Í \u:- j/1\"t'lH';"' 1·dm·:111do:~.
p,,r t·:--ta~ pal:iln-:1s 1•1iJ11prt•1J•IPrán
lo:-- kdon·~ 1·\ :-ano pen:-:rn1il'11to ron
Qllt' ht•1n,1'- puhli&lt;·:.Hlo la oda, a:-1 &lt;'0IIIO tmuhih1 t'1 :-1•rYil·io qrn.• l'l &lt;lol'tor pn-,tani &lt;·on :-u próximo libro á,
laR ld r;i:i,, ~· g('fialadnnwnh.• ii In~ pt.'
tlagugo:- fronterizo~.

lfocientcrnente ha siclo estrenada
en el Teatro Progreso, por la Compañía de Paco )Iurtínez y la sefiora
Urifell, una eonwdia del Kr. C. ,Junco de la \'ega. He llama "El Retrato de Papá.' '-He aqui una síntesis rlel argummto:
Don Lesmcs, alx,gado noble y rico, que :mda ya sobre 10:.- i,;ctcnta,
tiene una nictccilla traviesa, pícara,
un poco inoeente y otro poro marrulera. Es el encanto de la casa.
Respond,· al nom hre de Consuelo y,
ron BU charlar continuo y su im:.aeiablr !'mpefio de salwrlo todo, no
deja en paz al abuelo que ,lesPn trabajar, que empieza apt•na!'- á ent«•nder sus exJ)&lt;'dientcs eu:mdo ,,, ve

interrumpirlo .... El sonrh~ muy nmah!rm('llte.-

De pa¡,i.o anotaremoi-- qm• en l:1 l'Xl&gt;O~ición de e~te asunto tran~curre
toda la primera s,ecna, demasiado
larga I un poco monótona., y en In.
cual se nos da una fabulilla que,

sobre ~rr romántiea, rcRulta muy
11
de J)(.'ifl.'' por el empefio de hacer

�literatura qne pan•&lt;'l' n'rclar~e l'H t'l
autor.-.\ rnto:-: d &lt;liálogn l':-&gt; fá&lt;·il,
vivo, ch~ un ln1111or &lt;kll'itahle.
YolvÍl'lldn nl nrgm11Pnto: C'on:--Ul'lo tic1w un ¡m,fl•:--or ile pinturaRohúrti1-gn,1p11 y jon'n 1 (llll'M'l'J\&lt;lmorn el,• :--\1 clif-1·ipnla y l':-:. 1·11rr1..'."'POlldiclo. En ·&lt;·t1:111to ln:-- do~ Sl' quedan
Folo:-,, d,rn pri1wipi11 ti lo:-- di:--,·n•t('os
amoro:-;n:-:, y pn pblil·11r :'l' ll':-; pi1:--a
d 'tiempo, de m"dv qt11• al l'aho ,k
nHioR mc. . ,•s dt• l'Jllpt.·z:11lo no (·on.duyt&gt;n lo,laría &lt;'1 r,·t:·ato ,lt· papá ....
Dofli1 Uerarda, m,Hll'l' &lt;k Hol&gt;t•rto
rl pintor, Yil•ja li:1hlador:1 1 nmhirin~a y de idea~ pr:i.1•tü·a:-., in:--tiga ti
su hijo para qu,· se le dedan• á l,1
1rn1rh:wha formah11,•nl&lt;': al fin ,,, ri1..·a, hl'l'Dl!Nl y única hl'l'l'dcr:1. i\la:-:
nnk:-- de que el mozo lo lrnga, don
Ll'llll'S ¡.;orprcndc 1·1 tina} de una l'Sc:enn de ,1nior, &lt;·on lo que entra l'll
malicia y n•such-r kn&lt;h•r un arilid ....
Pn('O rlrnspués 1 l'S ~ahcdor de toda lu
n•nlad. So11rÍt' patl'rnalml'llll', (\;\
MI :1prohadón 1i lo:-; amorc:-- y :i un
proyt•t'to &lt;ll' matrimonio; p('ro:--eña•
l:t un plazo: In trrmin:wión del rctrah
A~í d1..• ~cndlln Cl'.i el argmrn.•nÜ&gt;.
En lo que podríamos llamar In segunda parte hay .má:-: animal'ión, el
düilogo es alado, f:ítil,oportuno; hay
también h,1•ta tres situaciones c-ómicas del m~jor efec·to.-En ,·mnto á
los caracterc:-;, esUin hien e:-1tudiaclo.~
el de don L•smes y el de Doña Oerardn. El ele Consuelo un tnnto equínl&lt;'o. El &lt;ll' Rnherto apenas ~¡
H' dü•tingm• en el C'nnjunto de la ol1rn.
La. eome&lt;lia rctiulta una obra delirada, sutil, no pant el gnlt',o ptíblico. En todo caso, r, digna ele
aplamlir~l' 1 es agradahlt• 1 l't!Veln ¡.;upl'l'ion\s t'apatidadcH para la rreación de obra, teatral,·s. El público
aguarda que el señor Junc" de la
11

1

'

nwr 111ímern .• \. pitrtir 11&lt;'1 :-:rgnrnlo,
podl'1no:--: Sl'ITir :-;u•wrip&lt;'inIH'~ 1 ciando
:í los nurYos. Í:IY(•l'l'!'t'dor1':-- la Reguridad 111· qth' :!.~J"t•nartin·mo:-; la pntrt"ga anfrrior, qw• ,,:::tamo:-- e&lt;litrndn
du 11Ul'\'0 1 a1;tr:,: 1k t·,m1ph•Llr:--1• t'l
primer t,Hno &lt;h• In llL•,·i:-.t.t.

\'cga e.-;niha C'llll mayor frt'l'.lll'lH'in.
Ojnhí t•n l.t próxima O&lt;'aRi6n nns clé
una ohm més rnst:1, m:í:-: compleja,
doJHk• ~e ponl,. . . :1 1lc rdievc t11d1.\:-1
~u~ rualidndt':--: y st':\ po:--ihk (•:o-tndiar
los: 1ld1•1·tn:-- dr ql:l' de\11.• t'otTrgir:-:c.

L:1 Rfí..1isla ,lladcr11a dt Jlféxico ha
enrn'~Il4111(lid11 gala1;te11:entr nuc~tro
&lt;•nnje. 'i\&lt;1~otro:-: lt1 ;.1g1 adC'C't•mo:-: ton
torl;l :--inn ridncl. En los númcrn!-i
qw· nn:-- llt·gan lH'mnR enconlraclo
pot•:--íai- (ip \'ak'nZtll'ln, R.afoél Lópt•z,
Parra, ~larqninn, ( :on;,Ji.l&lt;.•z Blanco,
l:on,;íkz ~la1tí,wz ;· [,&lt;•opolrlo Lugo1H':--; ;lsÍ &lt;'omo ]11:-: :11tíl'ulo!-- rh•I cminrnk PPdro H1..•nri~1ucz Lirefla.
Estnin1pli&lt;-,1 un,1 sélt..'l·t·ión c:::.crupulo¡.;a y una tirmr ,·11lunta&lt;l de cxduírhasta do1uh• •:-: po~ihle-los produeto:-; lll('lltak:,: de rqt1ÍY01·a pr1&gt;Ce&lt;len-

Oporhmun11·11k n•p;1rtir:i la Empn•:--a Editora! portada (' índitt·
co1-rt.':--pondil'nlt s :\ nula volunwn d1•
la lh:r 1:-.TA ( 'oyri-:~1 POIL\:,; E.\, &lt;·on \'l
objl'lo dl' Qlll' 11u1•:-.tro:-. fanH'Ctl·dore~ ptll'llan 1•mp,1:-.tnr l:1:-- l·ol(~tTÍlllll'-"
C'omµlda:--: pn la l'orn1a qm 1 m:i:-i. h•:-1

1

eonvinit'l'l'.

El día 17 ~e n rifkó en la vet·ina
ciudad ,le Cad!'n•;-tn .Jiménez, el
ma,trimonio &lt;h-1 Hr ..Je.~ú~ (~. (;arza
con kL¡;.cfiorita Concepdón .Jri.urcgui.
-~iguiói-e una fiesta t1lcgante, · ('Ollcurri1..la, por toda la ari:--tocral'ia; los
dei,;po:--aclo:-: n•cil,ieron n:-;í una rnani,fei--tación simp:itit:t muy ju;..;ta, :í
la cual :i:--ociamo~ ahora nue:--tro:,; roto:- parti('ulares rnáR cxpre!-Ívoi- y
halngiirño:,;,
1

trn.

Sl' aprox.in1a t'l &lt;·onciertu de Josef
Hofmann: el &lt;lía 26 ele este mes lrndrá wrifieatiro en el Teatro Jmírez,
l'\lnforme ,í los programas repartido,
desde hace algunos días. Entendemos que á la hom prescnle se han
colocado easi loclns las lol'aliclacles, á
.pl'&amp;U de que lüti precios son, relativamente, demasiado alto:--.
La noehe del concierto hará época
el\ lps_analcsde Monterrey; en t·ierlo. m,.i&lt;Ío, en los anales del Korte.
pues según sahemos, de muchos pueblo~ l'Crl'anos los amaleurs del arle
lírico rentlrán ,l oír al célchn• diseíptÍlo ele Rnhinst,•in.

Sou muy frecuentes y ntm1crosa~
las solicitudes de nuestra Revista
que n&lt;! hemos podido satisfacer por
haberse agotado íntegramente el pri-

OPI'.'(lO~ES

tt

--

"La ~l'ril•1b1l qtw rr,·i:-;fr, C'l gu:-i.to qur rcv,,\a, honmn ii In lit1•n1tura.
nwxk:ma, y :--u:-- p.ígina:-i. 1kja11 (·ompn·rnkr qm' ha~· 1•n 1•1 e;..;píritn de
.,u, rNl.wt1,n•:--:, gran,lt•~ e:-p&lt;•rc.m;,..;\s y
n·nlad1•m ilu:-.tr:wión.
1
'Muy pronto,ha:--an(lo nuc..-tm~ apr1..1cm1·i1nH· . . , ,·:,nin:-; :i n•pm1lm·ir algún artkulo di' los qtw apan•,•1•n 1•11
t•:--n n·,·i:-.ta, para que s1• 1•1)tnprP111la.
qul' (•\la !--alc d\' la rutinería fa:--titlioi--a y lh•n:1 ch~ untuo:-;,1~ fr:1s1•s atlul:1tori:1:-1 y IH'&lt;'ia:-.. REYlsT.\ ('o~TE::-.J'&gt;(lHÁ'XE.\ nos l"l't'llt'l'dil la l:1 ht1r dl' otra, por 1it-:lg:rnt'ia &lt;k:-:-:1pan'l'ill,1 1 .1unqnc 1k tli:-ilinto gf1wro: aquella l'l\
qm· tonrnron parlt• din•l'la el Lit·.
.Julio Gtwrn•ro y otrn. . que, por 11(-.-;.
gnu·ia ;,d.1a111l1111aron t•I 1·,rn1pn.
'']J¡l&lt;•&lt;•n falta en el estadío de la
pn•n~,'t rl'Yi:-;t:u:. i--crias del trnor ele
Th:n:--T,\ ('o);"nrn1'íHiÁ);"E.\. Y no:-:otro~. al n·rla ap:Hl'('Cl', cnYiamos
á tiUH rf•(hwtol'&lt;'S y editor cordial
parahién.
"La luz, ron ¡,,er tan conocida,no
~e i-ahl&gt; Uti&lt;.U bien, s tuando fulgP t!n
m:moK lle hombres inteligentes, hrilla l'llll todo su rspknclor.
" i ( 1nwia:-:; por el &lt;•1wío y rnud10
éxito!,,
(El Correo de Jalisco, Guadalaja-

He aquí algunas frases de la prcn;
Ha con motivo d,~ nuestra obra:

ra.)

"No noRhahíamos cquirocado ('OHsideranclo que era tle aplaudir la aparición &lt;le la revista iml icadn. Su
primer número no:-- ha llcnaclo de
siltIB[acción, pues en i-us páginaR hemos·imcontrado 'el ~ahor dt•l talrnto' y el tino de la selección.
"No qurrcmm; llerar nUe!óilro aplauso á las personas, porque eYitamos herir modestias: pt'l'O e~tamos
en· la obligaeión ele decir que esa revista. es la mejor que se produce en
la Repúhlita.

"No h,we mud10 que desde las
&lt;'nlumnas &lt;le rstc trisemanal anunciábamos la próxima aparición &lt;le
una reyi¡;.ta rnciclopédira que i--e redactaría en Monterrey y que llevaría
por título el qtw ¡•ncabcm estas líneas. Ahora tenemos la satisfacción
de annntiar que Ri.:nsTA CosTEMroR,{::,.;E ..\1 ha risitado nuestra lll("Sa
de rl'claceión y que no desmerece del
concepto que presupusimos en ella,
pues vieiw á :;er de verdarl el órgHno
puhlii-itlad que hace tiempo e~pe-

d,·

�viene

para lo cual euenta ya con la eol aboración de · Rubén Darío, Gómez
Canilla, Ugarte, Londoño y lltros.

formando un volumen de cerca de
70 páginas corrednme~te impresas,
en forma dr holetín y I ontenicndo
al frente un lltradi·w ~mnario, en el
que desc-uellan las fir111:1s de l\lau-

zadas firma s españolas, y se propone llevar á SUR l'Olumnas el mayor
contingente literario.
11
Va ya nuestro cordial saludo á

rábamos &lt;lel publicismo de los Estados .
REYIS'f.A

CONTEMPORÁNEA

rieio 1\lflt.&gt;tcrlínk,

Asunción 8ilva,

1\faría :E nriqul'fa 1 Enrique González
Martínrz, .Jurn·o de la \'ega y la de
varioi::, literatos fronkrizos á cuyo
frente se hal la el erndito Director tJ,,
1a Revista, Dn. \'irgilio Garza.

"La puhlirRción clL' rcfercnt·ia :,e
propone &lt;lar á conocer 111u('hü de la
presente literat11rn lntino-an1t~1·icana

"Cnenta también con caracteri-

¿Vil Ud. a
Mtxico?

RE\'ISTA Co:'-iTEMPOH.{XEA y nnestro
sincero aplauso al e8fuerzo dC' sn
animoso cuC'rpo de redacción qne ha
sabido imponerse ante las dificulta&lt;le~ y dar al periodismo nacional nn
órgano máR ele qtw puetl;1 enorgnlle-

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quincenal, deben hacer sus pedidos por conducto de nuestros
agentes antorizados en las distintas localidades del país.
Los pedidos que Se hagan directamente á esta Adminis•
tración, de los lugares donde tenernos agencias, serán agregados á las listas del caso, para que los cobros sean hechos por
los señores agentes.
De los Iugares donde no tiene agencias hasta ahora la
REVISTA, atenderemos pedidos directos, siempre que los domicilios vengan bien determinados.
Los ejemplares para los suscritores foráneos los remitire-.
mos en un solo paquete á nuestros agentes respectivos, para
que éstos se encarguen de hacer la distribución, en la forma
que juzguen más prudente.
Cualquiera reclamación relativa al servicio de esta REVISTA, deberá hacerse al agente á quien corresponda atenilerla, y sólo en el caso de que no fuere debidamente oída podrán
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