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                  <text>Revista
de Historia

ELSIGLOXIX Y
LAS IDEAS
(Argentina, Colombia, Cuba,
México y Perúl
Allo 1, número 2
julio-diciembre de 1986

Facultad de
Filosofia y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica
del Centro Coordinador y Difusor de Estudios
Latinoamericanos (CCYDEL) de la Universidad Nacional
Autónoma de México y de la Sección de Historia de las
Ideas de la Sociedad Latinoamericana de Historia de las
Ciencias y de la Tecnología.

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTII

Diseño: Eduardo Leyva S.
Tipografía: Andrea Conzález Corona
Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Impresión: Impresora Gralex
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $4.

�AÑO

JULIO - DICIEMBRE DE 1986

l NuMERO 2

sigloXIX_
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO
Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . · · · · · · · · · · · • · · ~

-UIMYIMt~

Presentación. •.. . . . . . . . . . . HORACIO CERUTII GULDBERG

7

Tres figuras para la historia de las ideas en la
Argentina decimonónica. . CELINA A. LERTORA MENDOZA

13

Imagen de Bolívar en Rusia y en la URSS. la biograf1á de
Boli'var por Lavretski ...... GUSTAVO VARGAS MARTINEZ

27

Significación de la obra de Enrique José Varona
en la filosofía cubana . .. PABLO GUADARRAMA GüNZALEZ

39

Notas para una historia de las ideas en Cuba
(siglo XIX) . . . . . . . . . GUSTAVO ESCOBAR VALENZUELA

69

Una previsión ideológica de la independencia de México:
Fray Servando Teresa de Mier, entre la utopú1 y la
profeda. . . . . . . . . . . . . . . . . . JAIME B. VILCHIS REYES

99

Valladolid, el mundo deMorelos ....... ABELARDO VILLEGAS

111

Las ideas en el Perú. Ilustración y romanticismo
(1780-1826) .. . .... MARIA LUISA RlVARA DE TUFSTA

119

La función social de las mujeres entre los liberales
latinoamericanos . ........ ALBERTO SALADINO GARCIA

175

Sugerencias para el tratamiento del tema utópico en el siglo
XIX latinoamericano . ... HORACIO CERUTTI GuLDBERG

189

�Nota del Editor

-

Con este número 2, Siglo XIX inicia la cobertura de otro
de los objetivos por los que fue creada esta Revista de Historia:
poner sus páginas a disposición no sólo de estudiosos del siglo
pasado en Latinoamérica, sino -a la vez- abrirlas como un espacio para centros de investigación o especialistas que, por su
adecuado conocimiento de áreas determinadas, sean capaces de
reunir con eficacia y rapidez un dossier específico.
\ o debe extrañar, entonces, que en este caso el compilador
de los materiales que se incluyen no sea estrictamente el Editor.
Aunque no nos despojamos de responsabilidades, hemos preferido que la selección de los trabajos la practicara un colega ducho
y atento al punto común sobre el que giran los diversos artículos: el siglo XIX y los ideas. La tarea fue cumplida por lloracio
Cerutti Guldberg*, integrante del Centro Coordinador y Difusor
de Estudios Latinoamericanos que dirige desde la Universidad
~acional Autónoma de \léxico el doctor Leopoldo Zea, y coordinador de la sección de Historia de las Ideas de la Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecnología.

* Horacio

Cerutti Guldberg es doctor en Filosofía por la Urúversidad de Cuenca
(Ecuador), codirector de Prometeo. Revista Latinoamericana de Filo,ofia Y
autor de Penmmiento ideali&amp;ta ecuatoriano (Quito, 1981) y Filo,of(a de la /i.
beración latinoamericana (México, 1983).

�4

Cerutti Gultlherg nos facilitó ensayos sobre Argentina, Colombia, Cuba, México y Perú, jurito a un par de trabajos dedicados a aspectos de dimensión continental. Y además de efectuar la Presentación, brindó a Siglo XIX la posibilidad de acoger
frutos recientes en el plano de la historia .Je las ideas: una parcela del estudio lústórico que por el avance tan intenso suscitado &lt;'n los últimos lustros en torno a lo económico_, lo socioeconómico o lo sociopo/,'tico había quedado relativamente desbordada. La apertura de Siglo XIX a dicha temática no es sino
parte de la propuesta inaugural planteada gracias a la entrevista
que se efectuó a Enrique Florescano: es absolutamente imprescindible recuperar una mirada integradora de las realidades históricas que se estudian para, así, lograr abordarlas con niveles
más adecuados de interpretación.
Interesa insistir en la diversidad de situaciones nacionales
que se analiza en este volumen. De manera análoga al 1, ha resultado factible obtener una respuesta inmediata de colegas de
diversos países, o de especialistas que trabajan sobre distintos
casos latinoamericanos. Esta intención de ofrecer cada semestre
el tratamiento compartido de lDl tema común, parece tener
muchas posibilidades de proseguir concretándose: para los números de 1987 se están ya reuniendo los materiales con idéntica frrmeza, y con la novedad de incorporar trabajos remitidos
desde países del sur europeo (otro de los objetivos de Siglo
XIX, ante lo que se considera urgente necesidad de cotejar ciertos procesos del viejo continente con algunos desenvueltos en
América).
El esfuerzo de poner en marcha este proyecto desde la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de
~uevo León (en Monterrey, México), ha sido valorado generosamente por numerosos colegas e instituciones de México, de
otros países del continente y europeos. Aún antes de conocerse la revista, y tan sólo sobre la base de una circular restringida

5

que se distribuyó, la respuesta había florecido auspiciosamente.
Ahora, al sacar de imprenta el número 2, queremos dejar
constancia de nuestro agradecimiento a toda la gente que nos
ayudó y alienta. Desde quienes contestaron a la aparición de
Siglo XIX con solicitudes de suscripción -frecuentes por parte de investigadores y bibliotecas de Estados Unidos-, hasta
quienes ofrecieron de inmediato su colaboración para números
futuros. A eso hay que agregar específicos apoyos institucionales: la Universidad Autónoma de Yucatán, la _Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Complutense de Madrid la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de
'
Barcelona, se cuentan entre las casas de las que provienen -de
una u otra manera- dicho respaldo y apoyo.
Esta es una referencia importantísima: permite suponer que
este proyecto puede estabilizarse. Cada respuesta que recibimos
indica que Siglo XIX quizás alcance a cubrir una necesidad, un
hueco. De ser así, sus posibilidades de mantenerse se reafirman.

Mario Cerutti
Monterrey, México,junio de 1986

�Presentación
Horacio Cerutti Guldberg*

-

L a cordial invitación del Editor de Siglo XIX, proponiendo dedicar
este segundo número de la revista a la hi&lt;.toria de las ideas, ha merecido
una acogida entusiasta por parte de numerosos colegas que en el país y
fuera de el se dedican acuciosatnente a su cultivo. Investigadores de larga
trayectoria como Arturo Ardao y Guillermo Francovich, entre otros, se
vieron obligados a declinar su participación por compromisos previamente
contraída;, al tiempo que elogiaban este proyecto.
Nos propusimos inicialmente realizar una evaluación preliminar del
estado de los estudios de historia de las ideas en diferentes regiones de
nuestra Améric.a. El objetivo era revisar la historia de la historiografía de
las ideas con d fin de rastrear metodologías, temas, enfoques, supuestos
y aspectos insuficientemente considerada; que reclamaran nuestra atención. De alguna manera, los trabaja; que integran este volumen - referidos
a Argentina, Colombia, Cuba, México, Perú y el Subcontinente- satisfacen estas expectativas en una primera aproicimación que deberemos seguir profundizando. De hecho hemos li&gt;grado una muestra bastante representativa del estado en que se encuentran los estudios de historia de las
ideas en relación con el siglo XIX y quizá sus características sean generalizables en medida no despreciable a la mayor parte de los esmdios sobre
historia de las ideas en relación con América latina en cualquier etapa de
su historia.
¿Cuáles son algunas de estas características más evidentes?

* Los

procedimie~tos y métodos utilizados o sugeridos son sumamente heterogéneos. Por lo general no superamos niveles descrip-

• Facultad de fUosofía y Letras/Centro Coordinador y Difusor de Estudios

Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México.

�8

Presentación

SigloXIX

tivos y la necesidad misma de ~a superación es discutida. Deberíamos enrique-cer esta discusión.

* Los trabajos abordan

ideas de detenninados autores, temas en regiones circunscritas, aspectos más generales en relación con toda
Latinoamérica. Probablemente esta diversidad revela desacuerdos
sobre el objeto mismo de la historia de las ideas y su relevancia.

* Los límites de la disciplina aparecen difuso-. A veces cabe confundirla con la historia de la filosofía, la historia de las ideologías, la
arqueología del saber, la sociología del conocimiento, etcétera.

* Se podría

decir que estamos frente a una disciplina no normalizada, si por tal se entiende aquella práctica científica que trabaja
sobre carriles perfectamente delimitados.

Estas características, y otras que podrían mencionarse, reclaman mayor trabajo y reflexión de nuestra parte. Quizá exponer una obsesión personal no sea más que expresar una demanda generalizada y sentida por la
mayor parte de los especialistas. Requerimos de una historia de la historiografía de las ideas en nuestra Aménca que nos describa y explique ( combino los términos con toda intención) cómo hacemos y hemos hecho his
toria de las ideas, por qué la hemos efectuado así y no de otza manera, cÓmo podríamos, deberíamos o, mejor, daiearíamos hacerla. Creo que estamos en un momento_privilegiado para redefinir todo un programa de trabajo y realizarlo. No aspiro a una normalización de la historia de las ideas, si
por tal se entiende uniformidad de métodos, procedimientos, objeto, pun·
tos di' partida, supuestos, enfoques. Más bien, considero que debemos fo.
mentar el debate y dejarnos fecundar por la polémica, explorar más y mejor temas y problemas, insistir con renovados instrumentos conceptuales
en resolver la tensión tan típica entze las ideas y lo ex1raideológico: tensión que ha caracterizado siemrre el cultivo de esta disciplina entre nosotros.
Deberíamos también organizamos para ser más eficaces en la comunicación, el rescate de patrimonios y tradiciones comunes, archivos, documentos, visiones, anhelos...

En este volumen de Siglo XIX, la historia de las ideas en la Argentina
del siglo XJX es examinada por Celina A. Lértora Mend~a tomando tres
núcleos: ideológico, romántico y positivo, situados alrededor de los años
1815, 1840 y 1880. Con los nomlres de generación de rnayo,generación
del 37 y gcn"rt1ción tlel fin de siglo han sido reconocidos estos momentos
por la historiografía posterior. La autora considera a tres autores, uno para

9

cada momento, elegidos entre aquellos menos tratad
la . .
,
de las ideas: Manuel M
J
M ,
.,
os por histonograna
La
. oreno, uan aria Gullerrez y Carlos Octavio Bun~~ro puesta se_ cierra con un llamado a repensar la historia de I id
;;:r:~:rr:~ i:7:~e=c~:a~~s entendidos que diversas tradicio~ . :
Gustavo Vargas Martín
.,
pr:f ciua RSdelSpdensamien to ;~1:C:c:~:~e~: :r:!;::rat:a'~;;~~itJ
ª
e nuestros d1as. La figu d Bol ,
.
.
""
Y
discusión en relación con
ra e
ivar Sigue siendo tema de
un momento vertebral de nu tr ·g1 XJX
Vargas Martínez
es o SIoho
.
, . reclama ' como en otras de sus d ocumentadas
acceso aulenbcamente marxista a la lústoria del 1·
. ra5: un
lucha de clases, sin eludir el necesario análisi . d 1, i~rtador, s~ eludir la
bate y la t ensión incesante del rnomen
~ I ( : ?gic~
en m~dio del comt
n ·valoración dr la figtira b . .
!ºY.
e hiS onografia ulterior. La
o1wanana se mscnbe dentro de I I h . d 1 , .
ca ?esatada dentro de la tnL$ma historio!!raÍÍa La rcctifica:óu c a _1,b?º OdgJI·
opusculo ,le Marx a arti d 1 . " , .
n sovie ca e
VargJs \lartírn•z, d ca1:niu: p:ra ªu~1:.~t1:e de Lavretski abr~, como dice
•¡uicra \larx r1•spelÍl en su o ,ÍI . 1 íY .
cn~oquf' ''.1arx1sta_ qu_c ni sinurstra historiografía de las i~le::• o. rs1.uS1011 ahwrta e unpresctndible en

-~º

El interés por el estuflio de la historia de las ideas en Cuba
.
acrcc1·11tado por la significación e la . I
., .
se ha VISlo
cultural d.-1 r1·slo dt&gt; nuestra \ "?.
GIS a y su revoluc1on tienen en la vida
' menea 7Ustavo Escoba V 1
1 ·
un~ r1·visió11 de ,~a lúi-Loria en el sialo .XJX
,
. r a enzu~ ~ mtenta
la 1l11~lraeió11 las ideas reformis•~~" . ·. Y_ as1 examma el movumento de
el J ,
'
~, anexionistas y separatista I I d
,. os,· de la Luz y Caballero Fél' V I E .
, s, os ega os
\lartí. Escobar Valenzucla se 'reoc: are a, nnque Jose Varona y José
dos por la larga labor histori p áfi pda porbadestacar los aportes ya realiza.
.
ogr ca e cu nos e investi d
d
regiones mteresados por Cuba.
•
ga ores e o Iras
También en relación con Cub P hl G d
c_entral del desarrollo ideoló ·co-fil~ó~c: cuua arrama. analiza _una figura
nque José Varona (1849-19,3) Guadarra hano y labn~amencano: Ensobre el ateísmo y sobre la
: d d N ma revalora las ideas de Varona
soc1e a
os muestra el mod ,
d
eIa b orar. und historia de las ideas fil oso
. 'fi cas d esd e prenIISas
. o como
t dse Ipue
' . e
mente
insertas en un marco de referenc1as
. d e bpo
. marx 18
.,
· ta me
De od o og¡ca-.
s1on., marxista de la historia d e 1as I.deas en Cuha se hace
•
s e esta v1·bt
rac1on del pensamiento
.
d V
POSI e una recupe&lt;lel filosofar latinoameri!:º!es~t:a e ar_olla, u?o de los "Fundadores"
co Romero.
segun Iª termmologia propuesta por FrancisRetornando novedosamente el controvertid
.
Fray S(•rvando Teresa de Micr J .
V'I h. . o te~ del pensamiento de
, a1me I c IS mtenta Situar su pensamiento

�10

Siglo XIX

dentro de la tensión entre utopía y profecía. Fray Servando aparece, a ojos
de la interpretación construida por Vilchls, como un propiciador del sustrato u tópico de la revolución de independencia y, además, como el representante de un profetismo "ec-tópico", entendiendoy?r tal_un es~~ ~era
de la r-.1zón tópica y una clara intencionalidad escatologica. Sm per.,utc10 &lt;le
es tas caracterizaciones, fue también Mier un visionario apocalíptico Y_ambiguamente milenarista. Con esta propu~ta, ~ilchls _r~nueva la neces!dad
de una reflexión sistemática sobre las complejas temabcas de la utop1a, el
profetismo, el apocalipticismo y el milenarismo mesiánico.
Abelardo Villegas ve en el siglo XIX todo un microcosmos que echa
luz sobre las paradojas del ser nacional mexicano. Su afirmación quizá
sería extensible también a todo el resto de nuestra América. Toma el caso
de José María l\forelos y la ciudad de VaJladolid para ubicar el pensamienLo de este guerrero muy especial de la independencia de México, en el contexto de una compleja sociedad de castas. .\lor&lt;•los aspiraba al aseen?º social y luchaba sistemáticamente por lograrlo. Villegas se apoya en la mvcstigación muy valiosa de Ernesto Lemoine: .ll~rclos y la rcvolució11 1P.. 18/ O.
para recuperar una versión del patriota punficada de toda una palma hcroificante, que dificulta grandemente la comprensón de su acción y d~ 5'.I
pensamiento político. Queda así lanzado el reto de rdecr a nuestros '·h1·roes" patrios en contextos críticos.
María Luisa Rivara de Tuesta, discípula del filósofo e historiador dr
las ideas peruano Augusto Salazar Bondy, aborda dos momentos centrales
de la historia de las ideas en el Pení: la ilustración y el romanticismo
(1780-1826). De inicio esto nos revela la plasticidad con que se debe to~_ar
la cronología del agio XIX. Rivara de Tuesta parle de la constatac10n
-compartida en la mayon'a de los estudios de nuestra historia de _las id;~sde que la filosofía actúa entre nosotros vertebra~do el mundo 1~~ologic?
y como una ideología en el sentido de pensamiento para la acc10n. As1,
Rivara de Tuesta pasa revista al movimiento ilustrado peruano y al romanticismo. La importancia y adaptación de ideas es una de sus preocupaciones centrales. La subversión de Túpac Amaru ocupa en su análisis un lugar
de privilegio, como antecedente de la lucha emancipadora de los Bolívar y
San Martín.
El utopismo del siglo XIX es un tema tan vasto como complejo yapasionante. En la breve comunicación de mi autoría, que se incluye en este
volumen, apunto algunos de lo, lineamientos que se deberían considerar
para el estudio del utopismo del siglo XIX. Estas sugerencias me fueron solicitadas por el doctor Leopoldo Zea para un encuentro de expertos en
Historia de las Ideas que se reunieron en Quito en 1982 para planificar un
volumen de próxima aparición. En lo fundamental, mi comunicación

Pre.sen tac ión

ll

apunta la importancia de estudiar, dentro de la amplia gama del utopismo,
el género utópico específicamente. Sus modalidades liberales y anarquistas son de gran importancia para entender una buena parte del pensamiento filosófico político del siglo.
El tema de la mujer es de vital importancia para un estudio acabado del
universo ideológico del siglo que nos ocupa. Alberto Saladino García ha
retomado la función social asignada a la mujer por los liberales latinoamericanos. Hubo toda una institucionalfaación de la educación femenina ~n
el siglo XIX como modo de intemalizar valores y pautas de conducta subordinados. La mujer aparece en una función claramente apendicular que
le impide toda manifestación no reprimida de su ser. La ideología patriarcalista se enseñorea en el siglo, aunque también, qufaá por ese motivo entre otros, al surgimiento del feminismo se ~ace sentir con toda fuerza. El
machismo aparece ya claramente definido con rasgos que hoy sohrevivcn
y el sojuzgamiento de la mujer adquiere carácter institucional. El aporte
de Saladino García es que esta candente cuestión queda puesta sobre la
mesa, reclamando más investigación.
Sea este volumen de Siglo XIX un eslabón más en las varias décadas
de esfuerzos por consolidar, no tanto la disciplina, sino lo, enfoques y
respuestas que pretende procurar. La historia de las ideas es una disciplina
abierta, cuyo cultivo y reformulación viene exigida por largas décadas de
trabajo infatigable entre nosotro,. Nos toca reelaborar métodos y marcos
referenciales de trabajo para hacerla cada día más fecunda, más enraizada
en el contexto de la labor de la historia y de las ciencias sociales. La meta
es procurar un acercamiento a la historia total de nuestra América, en este
caso del siglo XIX.

Antes de concluir estos párrafos unas líneas para exponer el criterio
en que se presentan los materiales. Establecimos secciones por orden
alfabético de los países considerados y los trabajos referidos a Latinoamérica en totalidad se presentan al final.

�Tres figuras para la historia de las ideas
en la Argentina decimonónica
Celina A. Lértora Mendoza *

LA HISTORIA DE LAS

IDEAS EN ARGENTINA
Desde ·1os albores del siglo, y coincidiendo c911 los movimientos liberlarios, los intelectuales de la naciente Argentina se ocuparon de la histo.
ria de las ideas, aunque sin darle ese nombre, como elemento explicativo
lle la historia política y como catalizador a la vez lle las propuestas sociales, culrurales, económicas o educativas que foonulahan desde la praxis.
Casi no hemos tenido en esa época lo que hoy denominamos el intelectual puro (si es que alguna vez lo hubo); casi todos fueron hombres de
acción -en alguna medida- y comprometidos poüticamente con su
tiempo. Por eso ats elaboraciones no tienen la (a veces pretendida) asepsia
de los investigadores modernos. Eso no les quita un doble valor: por una
parte, como testimonio del pensamiento generacional y epocal; por otra,
por el mérito intrínseco de sus ideas, que aún hoy en buena medida merecen ser tomadas en consideración.
Las disquisiciones teóricas no fueron pacíficas ni homogéneas, quizá
como reacción al monolitismo ideológico general imperante durante la
colonia, al menos tal como era percibido por sus sucesores. Casi todas las
teorías deben ser entendidas desde el marco de la polémica en cuyo seno
nacían y se desarrollaban. A la vez, deben comprenderse en función de la
doble visual~ación de sus autores: en efecto, ellos miraban al pasado comparándolo con el presente y medían un camino recorrido, pero a la vez mi:
raban al fururo y medían el camino por recorrer. En esa doble intersección, ideológica y epocal, ratica el punto de ajuste e inseraón de estos
pensadores. Desgajados de su contorno teórico y de su época, es imposible una comprensión squ.iera aproximada de su interés, su mérito y hasta
su in.fluencia.

• Concejo Nacional de lnvestigacion~ Oentíficas y Técnicas {CONICE'I) Buenos
Air~. Argentina.
'

�14

Siglo XIX

Fijar parámetro; temporales que dividan en período; nuestra histo. ria de las ideas en el si¡Jo XIX es poco a1inado, me parece. No sólo porque
la historia de las ideas no se constituyó como tal por entonces, sino y sobre
todo porque la historia de las ideas es una parte de la historia general Y sigue aproximadamente sus meandros. Y en cuanto es parte de las ideas de
un grupo en un tiempo determinado, participa de los caracteres generales
del "espíritu de su tiempo". Esos dos factores sí determinan, conjugadamentc, los rasgos diferenciales de algunos subperíodos. Por eso es válido
a~mitir que quienes pensaron sobre la historia de las ideas (general o argentina) entre nosotros en el siglo pasado, respondían a los tres grandes
período; culturales (filosóficos y a la vez políticos) que se sucedieron entre
J 810 y el centenario: el iluminismo con la ideología, el romanticismo político y literario, y el positivismo científico y· -filosófico. No pretendo justificar aquí una tal división histórica, sino señalar como un hecho la existencia de núcleos característicos del pensar ideológico, romántico o positivista, alrededor de ciertos Mtos temporales que estarían aproximadamente en 1815, 1840 y 1880. Hay varios nombre célebres que corporalizan
las llamadas generación de mayo, generación del 37 y generación de fin de
siglo. Pensadores como Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo, Crisóstomo Lafinur, Bemardino Rivadavia -para la primera-, Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Domingo Faustino Sarmiento, José Mármol.
-para la segunda-, José Ingenieros, Pedro Scalahrini, José M. Ramos
!\'lejía, Alfredo Ferreira, Juan B. Justo -para la tercera-, han ocupado
con preferencia la atención de los estudiosos de la historia de las ideas
puesto que la resonancia de su acción y sus obras sin duda lo justifica. Pero
l'Sta preferencia ha dejado en la sombra, involuntariamente, a otros intelectuales cuya obra, quizá más silenciosa, es sin embargo un aporte significativo al período histórico que les tocó vivir, e incluso han servido de fuente
-a veces innominada- a los logros posteriores de quienes los estu &lt;liaron
con más profundidad de lo que suele reconocérseles.

Fs precisamente en esta línea de rescate de figuras de interés y poco
estudiadas, que presento aquí tres pensadores que representan en cierto
modo, en sus líneas generales, a las tres generaciones mencionadas: Manuel
Moreno, Juan Macía Gutiérrez y Carlos Octavio Bunge.
MANUEL MORENO
Su figura ha quedado a la sombra de su hermano, Mariano Moreno, el
famoso Secretario de la Primera Junta de Gobierno Patrio. En realidad no
fue, como Mariano, un político, sino más bien un intelectual dedicado a
los estudios ñscos, químicos y naturales. Vicente Fidd López1 lo presentó como un earacter tenaz y apasionado, pero también antipático y
difícilmente tratable, hasta el punto de que sus enemigos (los de la prensa
unitaria) lo llamaban "don Oxide".

C. A- Lértoru Mendoza: Tre, figuro, en la Argentina decimonónica

15

Además de interesarse por las ciencias experimentales, tenía Manuel
Moreno un profundo sentido de la historia. Inclusive puede considerárselo
el primero entre nosotros en enseñar historia de la ciencia, pues incluyó
un capítulo sobre este tema en el Curso de Química dictado en 1820. El
otro gran interé.s de nuestro pensador fue la historia y teoría institucional,
especialmente de los nuevos países, como Estados Unidos. Según López
era quien más sabía en su tiempo acerca de este aspecto de la teoría polí. 2
tiea.
Pero aquí vamos a recordarlo por un aspecto muy especial de su pensamiento: su visión histórico-crítica de la cultura colonial. Un resumen de
sus ideas al respecto se halla en su obra sobre la vida de su hermano.3 Refiriéndose en especial al Colegio de San Carlos en Buenos Aires, donde se
formó buena parte de los patriotas de la Revolución, se lamentaba del bajo
nivel de la enseñanza allí impartida. La comparaba con los College de
Oxford y Edinburgo, que conocía, encontrándola limitada y hueca. Lo interesante de sus juicios es el nexo que en ellos se avizora entre las directivas políticas, retrógradas y centralizadoras por una parte, la cerrada jerarquía eclesiástica (suerte de super-clase omnipresente) por otra, y la paralización dd ingenio y la creatividad no sólo en Ja enseñanza, sino también
en el cultivo de las ciencias, las artes y el pensamiento. Para ilustrar este
punto trascribiré tres de estos juicios: sobre la enseñanza y sus fines, sobre"
el atraso teórico y sobre la preeminencia eclesiástica.
Para Manuel Moreno el fin de la educación es esencial al sistema. Si
las miras educativas no son adecuadas a la sociedad y a los tiempos que
corran, la enseñan.t.a será totalmente estéril. Justamente la educación
colonial falló porque conservaba fines e ideales educativos más bien medievales que modernos, ya que se ocupaba de cuestiones ah,tractas con
poco efectividad. Según Moreno, la enseñanza colonial se reducía a formar
teólogos intolerantes que gastan su tiempo en agitar y defender
cuestiones abstractas sobre la divinidad, los angeles, etcétera, y
consumen su vida en averiguar las opiniones de autores antiguos que han establecido sistema extravagantes y arbitrarios sobre puntoS que nadie es capaz de conocer.
Naturalmente el Colegio Carolingio no tenía por objeto específico la
enseñanza teológica, puesto que en realidad era una especie de segunda enseñanza, en que el trienio de Artes (Filosofía) era previo a la teología e
incluía Lógica (junto con Etica), Física y Metafísica. No obstante, estima
Moreno que el aprendizaje de talés materias no es útil porque
e1;1 este ~o se advierte el escolas~cismo en todo su rigor, y que
aun se defienden con calor las teSis que han sido abandonadas

�16

SigloXIX

en Europa hace cincuenta años, o se ignoran los descubrimientos
hechos por los modernos en esta parte tan provechosa de los conocimientos hwnanos.4
Nótese que se refiere aquí sin duda especialmen~ a la Física, y que al
mentar g1:néricamente a "Europa" tiene en vista más bien Francia e Inglat.erra, donde de hecho se había abandonado totalmente el peripatestismo o
el sistema ticónico, que alguno de los profesores todavía enseñaba.

La razón de este atraso, según Moreno, es que en el magisterio predominaban los clérigos cuyos intereses no eran científicos ni intelectuales, sino predominantemente ideológicos (religiosos); en esto tenemos una apreciación muy clara:
como sus miras (las de los clérigos) son los asuntos de religión,
no cuidan de instruirse en las ciencias naturales, y así mal pueden
comunicar a sus discípulos unos conocimientos que ellos no poseen.5
Los juicios de Moreno sobre la enseñanza y la cultura colonial son la
contapartida de las críticas que su hermano y otros patriotas, como Belgrano y Monteagudo, elevaron acerca de la vida política colonial bajo
los reyes españoles. Ambas apreciaciones se coimplican, porque es evidente que el centralismo y el absolutismo real en política se traduce en la intolerancia y el atraso que veían en la cultura y el mundo de las ideas. Miraudo a la Europa moderna (representada especialmente por Francia e Inglaterra) no podía Moreno sino lamentar la falta casi absoluta de manifestaciones culturales y científicas avanzadas. Quizá no tenía en cuenta no
sólo que el Colegio Carolingio no era una universidad ni un College en sentido inglés, sino que ni siquiera la Universidad de Córdoba, con sus precarios medios, podía acercarse no sólo a las universidades francesas o inglesas, sino ni aún a las españolas. Pero creo que, más que en la falta de resultados satisfactorios como consecuencia de la escasez de medios, lo que
Moreno quiere poner en evidencia es la esterilidad de la educación libresca,
abstracta, formal y clerical que imperó en los tiempos coloniales.
Este juicio ha tenido una gran repercusión histórica entre nosotros.
Repetido como verdad inconcusa por las generaciones posteriores, fue
retomado casi sin crítica por los primeros historiadores sístemáticos, casi
a fin de siglo, de donde ha pasado a nuestras apreciaciones habituales, a pesar de la intensa prédica en contrario que han hecho autores e investigadores recientes como Guillermo Furlong6 o Juan Carlos Zuretti. 7 Sin duda el
juicio de Moreno es demasiado lapidario para ser totalmente verdadero.
Tampoco puede decirse que sea estrictamente falso. Ocurre que al valorar la vida cultural y las ideas trasmitidas por el aparato docente colonial,
podemos colocamos en dos perspectivas distintas y hasta, si se quiere,

C. A. Lértora Mendoza:

Tru figuras en la Argentina decimonónica

l7

opuestas: la óptica de los revolucionarios que reaccionaron contra el pensamiento colonial hispánico, y la de un historiador que trata de visualizar
los acontecimientos dentro del marco espacio temporal que los contiene.
Si distinguimos estos dos puntos de vista, podemos comprender y dar razón tanto a las apreciaciones de Furlong, por ejemplo, como a las de Moreno. Porque sin duda la enseñanza colonial no estuvo muy a la zaga de la
hispánica, y hasta en algunos momentos privilegiados parecía ponerse a la
altura y aún superar a la francesa (por ejemplo hacia 1760 en Córdoba se
enseñaban, aunque muy superficialmente, la teorías newtonianas, cuando
en Francia todavía se lo rechazaba). Pero en su conjunto tal tipo de cultura ya desde fines del siglo XVIII quedó retrasada con respecto a los nuevo movimientos ideológicos europeos, y ésto es lo que Moreno veía con
claridad. En efecto, la enseñanza abstracta y fonnal, que había desembocado en el ergotismo8 estéril de las disput.as escolásticas, daba paso a un
aprendizaje basado en la repetición escolar de las experiencias y comprobaciones experimentales científicas, de modo que el alumno tuviera conciencia de los pasos y avances de la investigación que conducían a la formulación y comprobación de hipótesis. Las ciencias naturales y físicoquímicas tomaron el primer puesto en las universidades, relegando a la filosofía abstracta (así se consideraba a la metañsica) y a la teología sistemática.
Moreno vivió los primeros esfuerzos de la naciente república por darse
una cultura más acorde con el modelo de nación que est.aba gestándose y
que se separaba netamente del hispánico (y también del absolutismo mQnárquico del Congreso de Viena y la Restauración). Por eso fustigó los resabios de aquello que quería ver superado, quizá cargando demasiado las
tintas sobre nuestros académicos. Hoy, si miramos la historia de las ideas
en su posterior desarrollo, apreciamos a Moreno y quienes pensaban como
él, en cuanto han sido el hiato necesario con el pasado, el rompimiento definitivo de un cordón umbilical cuya función se había cumplido. Al despojar a la cultura tradicional de la dudosa venerabilidad con que la presentaban los sostenedores (ideológicos y políticos) del statu quo, preparaban el
camino a las nuevas ideas, las que füvadavia y el grupo de los primeros ilustrados intentaron plasmar en las instituciones nacidas con el gobierno patrio: la Univerr,idad de Buenos Aires (1821), los gabinetes y laboratorios
experimentales (1824), la reestructuración de las carreras de la Univers.dad
de Córdoba (1814) y del Colegio Carolingio (1816, cuando se denominó
Colegio de la Unión dd Sur). Moreno fue testigo y actor de esas reformas,
y hacia 1820 lo encontramos enseñando las ciencias mico-naturales, su
especialidad, y dándoles la orientación que él había proclamado como útil
y fecunda, al oponerse a la escolástica. El es pues un claro representante de
estos primeros y valorables esfuerz;os por crear una cultura propia, calcada
quizá de los modelos foráneos (porque por el momento no había otros, y
porque ellos, sinceramente, creían en su valor) pero con un auténtico inte-

�18

Siglo XIX

rés de asimilarlos y hacerlos propios.

C. A. Lértoro Mendoza: Tre, figuras en la Argentina decimonónica

19

de equilibrio práctico entre la tendencia al mantenimiento in tocado de las
tradiciones y el progresismo destructivo de las mismas.

JUAN MARIA GUTIERREZ
La vida de este pensador transcurre durante los años cruciales del
siglo XIX: 1809-1878. Vive pues el intento iluminista rivadaviano, la crisis
política de 1820 y la anarquía, los movimientos caudillescos y la tiranía de
Rosas. Partícipe activo de la Organización Nacional, ocupó diversos cargos:
fue congresal constituyente, ministro de Relaciones Exteriores d~ la ~nf~
deración, rector de la Universidad, fundador de la Facultad de Ciencias F1sicas y Matemáticas de Buenos Aires... Es coetáneo de otros dos grandes
humanistas americanos: Bello y CueIVo, y su influencia puede compararse
a la de ellos en sus respectivos paISes. Desde muy joven se interesó por la
cultura argentina (idioma, historia, ideología, idiosincracia). Quizá por iniciativa o apoyo suyo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires d~pone - por un decreto de 1872- la formación de un archivo de copias autenticadas de las obras y documentos literarios e históricos referentes al país y
que estuviesen en manos de pa_rticul~. Esta tarea fue encargada a Juan
María Gutiérrez, Bartolomé Mitre y Vicente G. Quesada. Fruto de sus propias investigaciones es su obra Noticias' históricas sobre el origen y desarrollo de la instrucción pública superior en Buenos Aires (1887) donde presenta la historia de las instituciones bonaerenses con gran acopio documental, conseIVado y ordenado gracias a él.
Como señala Marta E. Pena,9 en Gutiérrez "se daban armónicamente
combinados los afanes del investigador minucioso y las inquietudes estéticas". Perteneciente a la llamada generación del 37, compartió con Sastre,
Echeverría, Alberdi, y otros, las acaloradas tertulias en que se discutía la
fisonomía a dar a la nación argentina cuando pudiera reorganizarse. Exiliados todos por su oposición al gobierno de Rosas, el monolitismo ad
extra contra el caudillo se disolvía internamente en las distintas posturas
individuales. El Salón Literario inaugurado en ese año inició la polémica
acerca del conflicto entr~ los ideales de originalidad (búsqueda de la propia idiosincracia) y de progreso ( que exigía una inútación de las naciones
adelantadas). Naturalmente el progreso se identificaba con la cultura europea y el oscurantismo y el atraso con lo hispánico. Pero al mismo tiempo
se reconocía que las costumbres, la lengua, las tradiciones heredadas, son
parte de la realidad. En una postura extrema, los progresistas a ultranza
querÍan eliminar estos obstáculo. para avamar inútativamente hacia la meta soñada: parecemos a Europa. Por el otro lado, se sostenía que el progreso debería consistir en el desarrollo auténtico de la fisonomía propia de
cada pueblo, lo que obviamente depende en gran parte de sus tradiciones y
de su historia. El prejuicio antiespañol jugaba en tres figuras importantes
del momento: Sastre, Echeverría y Gutiérrez, y sobre todo en este último.
Con todo, debemos reconocer que teóricamente representa una posición

En realidad, Gutiérrez tenía razones más bien políticas que estrictamente teóricas para oponerse a España. La identificaba con la tiranía y
el oscurantismo que también rechazaba en el gobierno rosista del Río de
la Plata. Es decir, establecía un paralelo entre el avance o progreso de un
pueblo y el grado de desarrollo de su ciencia y su arte. Y en primer lugar,
consideraba de apremiante necesidad la reflexión teórica sobre nuestra historia, como lo evidencia un párrafo de la carta enviada a EcheverrÍa desde
Valparaíso, en enero de 1847, al recibir algunos ejemplar~ de El Dogma
S ociolú ta:

No tengo ocasión ni voluntad de decirle extensamente mi opinión
sobre su libro. Diré sí que le hallo el mérito de establecer con claridad y con sistema los antecedentes históricos de nuestra política
y que abre un camino claro, práctico, palpable a los deseos vagos,
a las esperanzas errantes que tienen en su mejor poivenir los hijos
dispersos de la gran familia.10
Años antes, en el Salón Literario había adelantado su idea de que las
naciones progresan en la medida en que desarrollan sus propias tradiciones
y toman conciencia como pueblos. Toda literatura auténtica, sostiene Gutiérrez, debe ser "localista ", nutrirse de sus propios temas, no puede ser, en
ese sentido, cosmopolita como la ciencia. No obstante, en un planteo general, admitía una suerte de rectoría por parte de Francia, que vendría así a
reemplazar a la caduca España, cuyas carencias no le permitían volcarse ni
en provecho propio ni en el de la humanidad. Su postura equilibrada se
manifiesta en su apreciación de que buscar inspiración en Europa no significa copiar servilmente modelos foráneos, pues la adaptación requiere tener
en cuenta las propias particularidades. Le cabe también el mérito de haber
sido uno de lo; pocos de su generación que valoró el pensamiento y las instituciones indígenas, quizá incluso como recurso jurídico para responder
a los argumentos lúspanistas sobre la legitimidad de la conquista de los
"bárbaros" americanos.
En suma, Gutiérrez es un fiel representante del movimiento romántico que no sólo soñó una nación sino que dió elementos teóricos y reflexivos sobre historia política y filosofía social. Valoró negativamente el pasado hispánico, como casi todoo sus contemporáneos, en parte por la misma
incipiente tradición revolucionaria iniciada con la generación de Mayo a la
que perteneció Moreno, y en parte también porque ese pasado debía ser
negado, en una 1Uerte de momento dialéctico, como hispánico (colonial,
dependiente) para ser asumido como tradición del pueblo a desarrollarse
hasta formar la Argentina del poIVenir.

�20

Siglo XIX

CARLOS OCTAVIO BUNGE
Su bm·e vida (1875-1918) fue compensada con la in~e~sidad y ~a_p~ecocidad de su producción. Cuando Bunge estuvo en condiciones de 1ruciar
su aport~ ideológico, hacia 189~, el paiS suf?'a grandes transf??"ªci~ne_s.
La clase política dirigente hab1a sido sacudida por la revoluc1~ de JUiio
de ese año y á bien se rehizo, perdió irrecuperablemente su umdad.u Al
mismo tiempo, se generaban diversos prollemas de identidad nacional_ y
cultural, debido al enonne movimiento inmigratorio, entre cuyos trabajadores se expandían las doctrinas socialistas y anárquicas de los sindicatos
europeos, sobre todo italianos. Bunge intentó un análisis ~óri~o _de Ia_historia social y cultural que representa uno de los aportes mas Sigruficativct
del pensamiento positivista argentino en el tema.
Al analizar, en forma sintética, las ideas centrales de su pensamiento,
debemos poner en primer lugar la concepción de la sociedad y los fenómenos sociales. Bunge adhiere sin reservas a la concepción psicologista, y
desde sus primeros trabajos, siendo muy joven, busca la explicación de los
fenómenos sociales y culturales en su génesis psicológica, entendida a su
vP.z en forma darwiniana, es decir, como un mecanismo de adaptación
biopsíquico, mediante el instrumento del instinto. Así, todo acto humano está inicialmente guiado por el instinto de supervivencia y adaptación,
que luego se clarifica como conciencia y voluntad; de allí que la necesidad biológica esté en la base de todo proceso psíquico, incluídas las más
elevadas manifestaciones culturales e intelectuales.
Desde este evolucionismo psicológico de hase, desarrollo Bunge su
teoría de la sociedad: ésta nace del instinto de conservación individual y
específico, de donde surgen motivaciones y sentiinientos gregarios, como
la ámpatía social, el sentido de unión y solidarid~d, etcétera. ~ allí
que la "génesis psicológica" sea el modo más cientifico de estudi31: l~
comportamientos humanos sociales, e_ individuales12 porque "lo. p~1qwco, como forma humana de lo hiologaco, es la base dd desenvolv1m1ento
individual y social''.13
De acuerdo con estas ideas, la psicología soci~ no es un~ ciencia d!vcrsa de la individual (porque sólo los individuos benen propiamente p~quis, la sociedad sólo la tiene en sentido metafórico), si~o ~a de ~s,a~licaciones que comprendería tres momentos; la Soc10l?gia fis10logaca
(etnografía, antropología), la Sociología naci?nal (estudio del alma _colectiva) y la Sociología trascendental ( que ~naliza desde esta~ _bases ps1c~
lógicas di&lt;.ciplinas tradicionalmente "filosoficas" como la, etica, la estetica y la metafísica). De allí que propon~ una Met?dologia de las Hu~nidades cuyo principio fundamental es ir de lo !Imple a lo complejo,
comenzando por tan to a esrudiar el hombre en sí y luego loS pueblos. Los

C. A. Lértora Mendoza: Tre, figura, en la Argentina decimonónica

21

estudios sociales se relacionan con otros: geografía, historia, ética, estética,
política, economía, derecho, educación. Estas relaciones pueden ser indirectas ( de las ciencias preliminares con las sociales, pasando por la psicología) y directas.14 F.stas últimas nos interesan especialmente porque
aclaran y fundamentan las teorías específicas de Bunge sobre el desarrollo de la cultura y las ideas. La psicologa'a social se relaciona directamente
por una parte con la filosofía y la historia, por otra, con la biología y la
antropología. De modo que esa disciplina es una especie de nudo donde
convergen los aportes teóricos y experimentales de los otros puntos de
vista.
Ahora bien, con todos estos elementos Bunge puede &lt;;laborar por una
parte una t.eori'a sobre el desarrollo de las ideas y por otra una tcon'a sobre América (y Argentina), su desarrollo histórico y cultural y su prospectiva.
Me ocuparé ahora de la primera_ Bunge relaciona el desarrollo cultural de un pueblo con la forma y finalidad de la educación que imparte
a sus componentes; así justifica al comienzo de su Tratado CP11&lt;'ral de Pedagog{a15 el enfoque histórico (entendido en forma evolucionista) del lema:
No podemos conocer el presente sino por el pasado. Para comprender las grandes cuestiones pedagógicas actuales es indispensable estudiar la evolución de la enseñanza a tra,·és de las edades
y de los pueblos. Pero una historia minuciosa de la educación
sen'a una historia completa de la humanidad ...
Y es de notar que, por ser la evolución de los sistemas educativos
consecuencia de la evolución de la moral y la política, esta síntesis involucraría, aunque por modo harto vago y genérico, toda
una genealogía de la moral y de la política.
Vemos pues, cuál es la función de la historia en esta tarea de comprensión de la sociedad. Pero la tarea concreta de historiar supone algo
más que la historiografía (colección de datos): debe buscar los elementos
comunes, los raFgos característicos, sin perder su hase empírica. En otros
términos, debe poder formular una teoría:
Los nechos humanos y los fenómenos sociales son complejos, por
cierto, y simplificarlos excesivamente podría ser desnaturalizarlos... Ah1' se revela el verdadero conocimiento de la historia y la
aptitud dialéctica del historiador, cuya tarea estriba fundamentalmente en sintetizar sin falsear. Por varios y difusos que sean los
casos y datos, siempre podrán condensarse en sus rasgos generales y comunes, es decir, refiriéndolos a las ideas madres.16
En la explicación del caracter de estas ''ideas madres" se nota toda la

�22

SigloXIX

concepción evolucionista y p1foologista de Bunge a que hicimos referencia
en nuestro párrafo anterior: las bases materiales y empíricas derivan de los
hechos psicológicos, económicos, etcétera, que siguen determinadas leyes
establecidas por la ciencia psicoló~ca y sociológica. Estas leyes son semejantes, en su estructura, a las que rigen el comportamiento de los seres físicos. De allí la comparación con el método de Stuart Mill: 17
La producción de las ideas madres se explica por antecedentes
económicos y psicológicos, por leyes psicológicas y sociológicas.
La aspiración humana obra generalmente provocando reacciones
por contraste• .. La comprobación de la existencia de las grandes
ideas madres puede hacerse analítica e inductivamente, comparando entre sí los fenómenos de la historia, para hallar sus concordancias. .. Aplicándose el método de la concordancia a la sociología, tómese un gran grupo de fenómenos -institutos, autores, sistemas, palabras- analícense, búsquense en ellos las ideas comunes; tradúzcanse estas ideas comunes en ideas fuerzas sociales; estúdiense luego comparativamente esas ideas fuerzas reduciéndolas
a su expresión m1nima y se hallará la idea madre que se busca.18
Estas "ideas madre" así reconstrui'das teóricamente, no son -para
Bunge- una ficción del intelectual investigador, sino que operan efectivamente en la realidad, de donde han sido tomados los datos esenciales que
prnnil•m reconstruirlas sistemáticamente, al modo de una ley física. Cada
época se gui'a por ciertos principios de acción, sus ideas madres encarnadas,
y sigue, aún sin saberlo, esas leyes generales aún ruando los individuos
crt&gt;an obrar por impulsos y motivaciones personales. Por ejemplo, Bunge
visualiza la lucha entre indios y españoles como un choque cultural donde
necesariamente los menos evolucionados serían vencidos y su cultura aniquilada. [so no es sino el cumplimiento de una ley histórico-social, más
allá dr las admoniciones y lo; esfuenos de algunos individuos, como el
padre Las Casas, cuyo mérito Bunge reconoce. Pero Las Casas no podía
tener éxito y la relación entre indios y españoles no sena sino de vasallaje:
"los indios nunca senan tratados como hermanos por los cristianos invasores, (JUe no podi'an desobedecer a la inercia de la historia! (...) Eran leyes
históricas fatales que se cumplían!" 19
Un ejemplo de la ley de reacción a que hicimos referencia lo encuentra
Bunge en el viraje ideol~co pronuneiadamente anti-hispano que siguió
nuestra política y sobre todo nuestra cultura desde 1810:
La a_iltu~a español!' _del coloniaje 1'!1vo_un_ señaladísimo espíritu
monarqu1co y teologico. Todas sus msUtuc1ones y actividades lle-

varon el doble sello de la religión y de la monarquía. En cambio
la cultura argentina, en violenta reacción contra la precedente'
manifestó desde sus albores la tendencia individualista y democrá~
tica de la filosofía del siglo XVIII :JJ

C. A. Lértora Mendoza: Tres figuras en la Argentina decimonónica

2.:$

Vemoo pues que Bunge da un fundamento teórico a las actitudes que
ochenta años antes hahi'a tenido la generación de Mayo, a uno de cuyos
representantes, Manuel Moreno, nos hemos referido en primer término.
La reflexión ha sucedido a la acción, y la generación del 80 ya puede
tomar la necesaria distancia y valorar el pasado a la luz de los principios
generales de la historia social y política que se habían elaborado teniendo
en vista la historia universal.
Pero por otra parte, la psicología social permite también la formulación de una teon'a sobre América, no ya en el aspecto del desarrollo de su
cultura o ideas, sino lomada como unidad socio-cu! tura!, resultado de la
interacción histórica de los églos de coloniaje. En esta teoría se habla de
la América presente y - quizá- de la futura, en cuanto pueda admitirse
que los hombres, tomando conciencia de las leyes históricas, logren, más
que modificar su curso, adaptarse a las constantes que ellas determinan y
obtener un provecho para sí mismos del devenir social universal. En su libro Nuestra América intenta una descripción del caracter psicológico de
los hispanoamericana;, centrado en tres notas: pereza total (síntesis de la
in~olencia española, la incu?a ~ativa y la apatía mulata), la tristeza (comun a los españoles y a los mchgenas pampeanos) y la arrogancia (típicamente española). Estas notas nos sitúan en el polo opuesto con respecto a
otra; pueblos nuevos, como el norteamericano, que manticnt&gt; su carácter
esencialmente europeo pues ha logrado mantener la pureza dr sangre. Para
Bunge la Argentina se acerca a ellos debido a la gran inmigración y al muy
bajo porcentaje de inrugenas en su población.
No todos los hombres de su generación coincidían con estos pcnsamien tos. Ingenieros fue uno de los primeros críticos, pu1•s cicrla1111·nt1·
B~ge generaliza imprudentemente algunos matices reales de españoles y
cnollos, pero que de por sí son insuficientes para formular una auténtica
psicologi'a social americana. Consecuentemente con estas ideas publicÍ&gt;
en 1904 el artículo "La evolución del derecho y la política", donde expone una tesis que luego desarrollan'a más ampliamente acerca del proceso
d~- diferenciación étnica, producido en la prehistoria por la diversa adaptac1on humana a loo ambientes. La división del trabajo produjo la entrada
del ~omhe en la historia y la distinción de clases, que a su vez constituye
el ongen del estado, de la legislación y de las religiones.

A travá. de la larga serie de conquistas y fracasos, de imperios que se
hacen y deshacen, incluyendo a nuestra América, llegamos a la época que
~u~ge vivfa: el Buenos Aires de fin de siglo, a¡,;tado por huelgas de la incipiente clase obrera, con una élite dirigente fraccionada y escéptica y una
juv~ntud aristocrática superficial y anodina. Bunge no creía en el igualitan~o que_ ~~pugnaba el socialismo, pues a su parecer la ciencia (la concepc1on poSitiVJSta acerca de las desigualdades raciales, hioló~eas y psico-

�24

C. A. Lértom Mendoza: Tres figuro, en la Argentina decimonónica 25

Siglo XIX

lógicas que determinaron el curso de la historia) demos~ha lo contrario
de lo que el socialismo proponía como idea o plan pohtico, desenmascarando así, según el, su caracter utópico.
Sin duda estos pensamientos inspiraron, directa o -~directamente,,ª
una buena parte de la reacción antisocialista en la po_htica Y_ la filos?º~
política argentinas. Pero no todos los exceso~ de esos mco~scientes discipulo, de Bunge son producto de su pensamiento. E? r~lidad,_ ~ersonalmente, fue tolerante y abierto. Quizás su fe en la ciencia positiva y los
principios evolucionistas a que adhería le impidieron considera,r las cuestiones desde una perspectiva más amplia. Pero no puede negarsele_ que,
dentro de la generación así llamada del ochenta, represenb un seno esfuerzo por elaborar una teoría sobre la evolución de l~ cul~ra y
las
ideas que, con todas sus innegables limitaciones~ ten_ia vanos ment~.
En primer lugar, el esfuerzo por superar tanto el lustonografi~o anecdotico como el utopismo romántico de sus predecesores. Ademas, dar una
visión global del desarrollo hlstórico, de modo que l?5_ proceso, locales
puedan ser considerados en el conjunto en forma armo~ca, logr~ndo que
nuestra historia "marginal" tenga su "lugar" en el concierto uruversal. Y
por último, intentó seriamente una prospectiva pragmáti~ d~ base -al
menos pretendidamente- científica, superando las vagas aspiracrones plasmadas por otros en obras literarias o discursos político, los ~uales, más
allá del valor estético o retórico (respectivamente), poco podian aportar,
como tales, a la implementación de las reformas deseadas.

?~

La obra de Bunge fue un llamado de atención a su ge~eración; quizá
no fue bien escuchado. Desde luego sus detractores postenores, tan cerradamente antipositivistas como cerradamente positivista_s fu~ron los _criticados Jo escucharon mal y lo tergiversaron. Nuestra histona de las ideas
(sohn: todo la de este siglo) está llena de esa; malos-entendidos_ ~e ahora,
casi al filo de otro milenio, deberíamos al menos tratar de disipar. Pero
esa es otra historia...

NOTAS

l. lbnoramo, y retro tos hi&amp;tórico,, prologo de Joaquín V. González, WM. Jakson,
2o. ed-, 1944, p. 223.
2. !bid. p. 224.
3. Vida y memorias del Dr. D. Mariano Moreno (publicada inicialmente en Londres, 1812), en Memorias y Autobiogrof1ás, 11, Buenos Aires, Museo Histórico
Nacional, 191 O, p.18 ~

4. !bid. p. 18.

5. !bid_ p. 20.
6. Nacimiento y Desarrollo de la Fílosofiá en el Río de la /tata, l 536-181 O, Bu()noS Aires, ed. Kraft, 1952, Introducción. Toda la obra de Furlong, ingente y
valiosísima como aporte documental, es un desesperado esfuerzo por reivindicar el valor de la cultura colonial e hispánica, desde su postura marcadamente
escolástica. Es natural pues, que rechace como "mala filosofía" casi todo el
movimiento ecléctico, las "desviaciones" materialistas, psicologistas, empiristas,
de la filosofía inglesa y francesa de los siglos XVll y XVIU y desde luego a todos
los historiadores que se han hecho eco de juicios como los de Moreno. Pero tampoco Furlong parece mesurado en sus propias apreciaciones. Según él, loS historiadores que critica "Lejas de ponerse a estudiar los códices, tesis y conclusio•
nes, existentes en archivos y bibliotecas, han preferido fantasear sobre la base de
que no pudo haber en aquellos tiempos coloniales, ni filósofos, ni filosofías"
(p. 18) Por eso, según él, Kom tuvo la "audacia" de escribir sobre una escolástica que desconocía; Raúl A. Or~, un "pedisecuo de Barreda Laos", es un "mal
latinista" (él por lo menos sí tuvo en sus manos códices de la época) y deforma
el sentido de las tesis que estudia (p. 20); Delfina Varela Domínguez "se ha h1&gt;
cho eco de todos los errores, tan crasos y tan infundados, como se leen en los textoS o manuales de Historia Patria, referentes a la cultura colonial" (p. 21). Es
evidente, por lo que vemos, el desacuerdo básico entre quienes rechazaban la
filasofía escolástica como primer paso, y luego, secundaria y subsidiariamen te,
criticaban la cultura colonial como un derivado (caso de Moreno) y quienes (como Furlong) le hallan suficientes méritas como para ser denominados propiamente filósofos quienes la cultivaron y enseñaron, tanto en España como en
América. La cuestión sigue abierta.
7. Se ha ocupado preferentemente de la segunda mitad del XVIII en diversos artículos, dopde evidencia su simpatía por los esfuerzos de nuestros profesores
coloniales. Por ejemplo, "Algunas corrientes filosóficas en Argentina durante el
período hispánico: la llamada Filosofía Moderna", Actas del 1o. Congreso
Nacional de Fi1osof1á, III, Mendoza, 1949, pp. 2122-2128; "La crisis de la Filosofía en el s. XVID y los autores conocidos en la Universidad de Córdoba",
Estudios, Buenos Aires, 1947, 128-134; "Tesis sobre Filosofía y Ciencias defendidas en 1792 en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires", Rev. de la
Univ. de Buenos Aires, octubre/noviembre, 1948, 516-533; "La orientación de
los estudios de filosofía entre los franciscanos en el Rlo de la Plata", Irinerarium, 4 (1947), n. 10, 199-207. Pero es sobre todo en su Nueva hútoria ecle•iámca argentina (Buenos Aires, ltinerariwn, 1972) donde intenta una revalo-

�26

Siglo XIX

Imagen de Bolívar en Rusia y en la URSS.
La biografía de Bolívar por Lavretski

ración de la cultura impartida por las órdenes religiosas y el clero secular colonial.
8. Denominase así el atuso del deductivismo fonnal, palabra derivada del latín
"ergo" (luego).

Gustavo Vargas Martínez*

9. Romanticismo y Política, Ed. CINAE ed. Docencia, Buenos Aires, 1985, p.182,

1 O. Archivo del Doctor luan Mar(a Gutié"ez, Epütolario, T. 11, Buenos Aires, Biblioteca del Congreso de la Nación, 1981, p. 89.
11.

C!·

E. Cárdenas y C. Payá "Carlos Octavio Bunge", en FJ mwimiento po1iti1111ta argentina, compilado por H. E. Biagini, Buenos Aires Ed. n..tarano 1985
p.520.
'
'
'

12. CT. C.O. Bunge, "Los dominios de la psicología", Rev. de Filo1of(a, enero 1915 .
p.46.

14. Cf.

e.o.

Bunge, Psicolog{a Individual

-

1. LA IMAGEN DE BOLIVAR EN RUSIA EN EL SIGLO XIX

13. /bid. p. 47

y Social, Madrid, Jorro, 1928, p. 18 ss.

15. La Eduooción (Tratado General de Pet/agr,gtá), Libro l. E11oluci6n de la educación, 60. ed. con Introducáón de Carlos Saavedra Lamas, Buenos Aires Vaccaro, 1920, p. 35.
•

16. lbid. p. 36, el subrayado es del autor.
17. El mismo Bunge cita, en este párrafo, el Traité de Logique lnductive (en traducción francesa) de Mili, y pone el ejemplo que trae esta obra sobre el método de
las concordancias, concluyendo: "Tal es lá aplicación que, con un ejemplo físico, ~ ha dado al método de las concordancias, cuya regla fundamental es: 8 ¡ dos
o mas casos del fenómeno en cuestión no tienen más que una circunstancia en
común, esta circunstancia es una cau.!IJ o efecto" (p. 37, el subrayado es del
autor).

La célebre biografía de Catalina II, de W. Tooke1 , publicada a fines
del siglo XVill, traía ya algunas noticias de las actividades de Francisco
de Miranda cerca de la corte rusa: aparece allí como fugitivo de La Habana que desde Estados Unidos y Canadá había llegado hasta San Petersburgo bajo la protección del príncipe Potemkin y en compañía del francés Leroux, pero que encuentra, al parecer, la ayuda que deseaba. Sólo
desde 1810 aparecen noticias fragmentarias en la prensa rosa sobre las
guerras de liberación de las colonias españolas en América, explicable
porque Rusia, Francia, Austria y España, sgnat.arias de la cuádruple
Alianza, no tenían mayor interés en este tipo de noticias revolucionarias.
Sin embargo, hacia 1818 es frecuente encontrar informaciones regulares
y completas: así el Noticiero de San Petersburgo (Sankt-Petersburkie
védomosti) narró las batallas de Valencia, Carabobo, Apure y Barinas.2

18. /bid. p. 37, subrayado del autor.
19. /bid. p. 175.
20

/bid. p. 190.

Entre 1818 y 1825 dos revistas compiten en informar sobre las aotividades revolucionarias de Bolívar: el Bolet{n de Europa (Vestnik
Evropi) El Telégrafo de Moscú (Moskovski Télegraf). El primero se refirió posteriormente a todos los períodos de la vida del Libertador ''teniendo en alta estima su actividad política y militar",3 y El Telégro.fo de
Moscú, portavoz de los liberales decembristas, defiende abiertamente la
lucha bolivariana y se compromete con sus proyectos políticos. Su editor,
Nicolai A. Pólovoi, comentaba con simpatía el papel de Bolívar en la independencia de la América meridional, la fundación de la Gran Colombia y los proyectos del Congreso Anfictiónico de Panamá. La historiadora
Vera Kuteischikova reseña que la fama de Bolívar en Rusia constituye tema aparte. Fue realmente asombrosa y nosotros hemos sabido siempre

y

* Escuela Nacional de An,tropología e Historia (ENAH), México.

�28

C. Varsas Marh'nez: Imagen de BoUvar en la UR SS

Siglo XIX

desde pequeños que se reflejó incluso en la moda de entonces. Recordemos: el primer capítulo de Eugenio Oneguin fué escrito en 1823 y por lo
tanto los dandy librepensadores peterburgueses ya llevaban, lo mismo
qqe Eugenio, "bolívares anchos". Esta palabra la comenta el mismo
Pushkin: "sombrero a la Bolívar". Así pues, Pushkin corrocía este nombre,
y no solo de oídas, sino porque frecuentaba el círculo de N.A. Pólevoi
y S. D. Poltoratski, ambos apasionados admiradores de Bolívar. " 'Hombre
superior a lo humano', así llamaba Pólevoi a su ídolo ".4 l' na muestra del
entusiasmo que despertó Bolívar entre los decembrist.as rusos es el siguiente aparte de un artículo de Pólevoi publicado en El Telégrafo de Moscú
en 1828:
Las incre1bles marchas interminables desde las áridas y tórridas
orillas de Cartagena hasta los límites de la Guayana desierta,
pantanosa y torturada por los calores; de Guayana a Nueva Granada a través de la inmensa y alti'sima cordillera que las separa;
de Bogotá hasta las fronteras de ~nezuela, en las orillas del Orinoco, lejos al otro lado de la capital del Perú, cruzando charcos
infecciosos, encaramándose por abruptos peñascos, entre nubes
de insectos y los inevitables reptiles, con soldados a menudo sin
pan, sin ropa, sin calzado. ¿Quién no reconoce que son campañas
más memorables que las victorias y no admite comparación con
las batallas ganadas según las reglas de la táctica común?. Cada
una de estas hazañas es una victoria sorprendente. Atraverse a estas proezas, asumirlas personalmente, ir a la cabeza de unos soldados nuevos, nacidos y educados en Colombia, sin queja llevarlos
tras de sí y, ya en el lugar de destino, desbaratar con ellos al numeroso ejército español y obligarlo a rendirse en el lugar que hab1'a elegido Bolívar para derrotar a su adversario, ¿no son bastante milagrosos para merecer el título de héroe? .s
Tan fervorosas alabanzas solo pueden ser escritas por quienes estaban
compenetrados de los ideales democráticos y republicanos de Bolívar, querían la caída del imperio ruso y encontraban en el ejemplo sudamericano
una experiencia inédita digna de seguirse.

El Telégrafo ~ Moscú mismo mostraba "ostensible simpatía por los
patriotas y se acentuaba el afán de Bolívar por crear un estado poderoso,
centralizado y con un alto grado de civilización".6 No en vano Pólevoi
publicaba corresponsalías de AJexandr Turguénev y de Yákov Tolstoi
desde Francia, quienes a su vez las recibían de los liberales Benjamín
Constant y del Abate Dominique du Pradt, por razones distintas dos de las
más decididas plumas europeas en defensa de la obra bolivariana. Así los
decemhristas estaban al tanto de las luchas políticas y militares de América
Latina con tanta efusión, que otros republicanos progresistas de Rusia,
además de Pólevoi y Poltoratski, como Piestel, Bestúzhev, Zavalishin,
llegaron a proponer "la creación en Rusia de una república federativa,

29

remitiéndose al Congreso de Panamá convocado por Simón Bolívar". 7
El historiador soviético N. Lávrov, en un ensayo conmemorativo del
sesquicentenario de nuestra independencia, nos explica la razón del entusiasmo de los decembristas por la revolución hispanoamericana:
La primera generación de revolucionarios, los decembristas, contemporáneos de esa guerra, siguieron atentamente el desarrollo de
la misma. En los patriotas latinoamericanos veían compañeros de
lucha contra la opresión y la tiranía. Los decembristas estudiaron
c on atención no solo la experiencia de la lucha de los pueblos de
América Latina por la libertad y la independencia, sino también
los regímenes políticos y sociales de los nuevos estados que se formaban. Piestel y Bestúzhev, jefes del movimiento decembrista,
estudiaron cuidadosamente la constitución de las nuevas repúblicas, a fin de aprovechar los mejores modelos de su legislación y estructura estatal en la Rusia republicana del porvenir, en nombre
de la cual los revolucionarios rusos se alzaron en diciembre de
182 5 justamente cuando la victoria coronaba la guerra de los pueblos de América Latina por su independencia. 8
Aunque en sn patria y en el extranjero Bolívar recibía arteros ataques
de sus enemigoo, que lo tildaban desde inepto en lo militar y ambicioso
en lo político hasta de querer erigirse en monarca de las naciones que él
mismo fundaba, hubo escritores rusos que defendieron a su contempo ráneo de esas acusaciones, como el artículo de E. Belov que recoge la Enciclopedia de ciencias militnres y mari'timas, donde se explican las acciones
de salvación tomadas por Bolívar ante las urgencias del tiempo y que habían servido para acusarlo de ambicioso y monarquista. 9 No faltaron, por
supuesto, documentos insidiosos sobre Bolívar, con la misma cantilena,
basándose en publicaciones de exoficiales personalmente enemistados con
el Libertador y que se difundieron profusamente en Europa en las dos décadas posteriores a su muerte. K. Krai es uno de ellos.1°
Pero solamente se han encontrado escritos sobre el Libertador en las
dos revist.as reseñadas, el Bolet(n de Europa ) El Telégrafo de Moscú.
También El Hijo de la Patria (Synotiéchestva) de San Petersburgo publicó en 1826 una sumaria biografía de Bolívar en donde afirma que
su ambición es de carácter noble y sublime; él repudia la adquisición de fortuna cualquiera que sea y desea morir con la fama del
hombre que estableció y afianzó la tranquilidad en América del
Sur.

También allí se puede leer una crí tica raramente temprana a las aspiraciones separatistas ( de Páez, Santander, etcétera) que dañaban la unidad
del Estado recién creado, la república centralizada de Colombia.11

�30

SigloXIX

Cuando Bolívar murió, el Noticiero de San Petersburgo (3 de mano
de 1831) publicó una nota necrológica que ponía el acento en "su papel
excepcional de organizador de la guerra Je independencia ' '12 y El Telégrafo de .lfoscú llamó a Bolívar, en ese mismo año, "sagrado para todas
las per»onas progresistas' ~l3
En la segunda mitad del siglo XIX desaparece Bolívar del interés de
los historiadores rusos, a la par que se precipita la expansión territorial
imperialista con la conquista de Crimea , la guerra del Cáucaso, la ocupación de Siberia y la agresión zarista a China.

2.

LA IMAGEN DE BOLIVAREN LA UNIO~ SOVIETICA

Salvo algunas biografías breves publicadas en Rusia con motivo del
Centenario del nacimiento de Bolívar ( L883), como PI qu e insl'rl.t el
Boletín de Historia 1(lstorichevski véstnik)1 4 encomiando el papel de
Bolívar en la guerra de independencia, el ensayo de V. Suvórova y el de
Iván Franko, estos dos publicados al filo del si¡¡;lo. en l 903 } 1904 rf'spectivamente, no se conocen en la Rusia pre-revolucionaria estudios significativos sobre la independencia latinoamericana. ::iuvórova en su biografía analiza con objetividad la situación colonial a comienzos cld siglo
XIX y las causas de las guerras y sigue de cerca las incidencias en la vida
del Libertador, fundamentándose en autores latinoamericanos, en los informes del viajero ruso N. Klark y se deja llevar de la idealización del
héroe, al decir de Mijail Fainshtein.15
Franko escribió para sus coetáneos, los campesinos ucranianos, y ciertamente no deja de llamar la atención que redactara un ensayo con pretensiones populares. Pero después aparece un gran vacío en la historiograña
rusa de comienzos del siglo.
Cuando después de la victoria de la Revolución de Octubre la nueva
Unión Soviética inició la publicación de las obras completas de Carlos
Marx y Federico Engels, muchos de sus artículos políticos fueron integrados sin comentarios marginales ni no tas ex plicativas que calificaran, de
alguna manera, los asertos escritos por los máximos fundadores del materilismo histórico.
Se prohijó de tal suerte el dogmatismo a la palabra escrita y se impidió no solo la crítica y la ponderación , que hiciera ecuménico el l egado
revolucionario de Marx y Engels, sino el desarrollo conceptual y creador
de una nueva generación de marxistas. Fue el caso ele! opúsculo de Marx
sobre Bolívar, escrito en 1858 para la Nueva Enciclopedia A mericana, que
editaban en Nueva York los señores Charles A. Dana y George Ripley, y

C. Varga, Martínez: Imagen de Boli'var en la URSS 31

que prácticamente desconocido durante casi ochenta años,. se incluyó en
la primera edición rusa de las Obras de Marx y Engels p_ubhcada en 1934.
De esta manera durante muchos años no se pudo apreciar el papel de revolucionario clasista , enemigo del modelo burgués y profundamente antimperialista que tuvo la vida, obra y pensamiento de Bolívar. Por el contrario, la breve biografía de Marx sobre Bolívar sirvió para &lt;I?e la izquierda
rehusara el estudio de su legado y para que la derecha fortificara su apreciación tradicionalista del héroe. Como en dos ocasiones he escrito ya al
respecto, remito al lector interesado a esa bibliografía.16
Ahora nos interesa saber que los historiadores soviéticos de la década
de los cuarenta, V. M. Miroshevski,17 F . Marshal y B. Kreyn, 18 S. N.
Rostoroki y B. K. Rudtzov, quienes en 1940 publicaron una Nueva Historia de los paises coloniales y dependientes, 19 se identificaron casi mecánicamente con la letra y el espíritu del opúsculo de Marx al tratar de Bolívar.
Resaltan el origen aristocrático del Libertador, el ambiente frívolo de su
juventud en Europa, su llegada tardía al proceso revolucionario de Venezuela, la pérdida de Puerto Cabello, la entrega de Miranda para "deshacerse de un rival peligroso y abrirse camino para subir"; se hace énfasis en
que era Bolívar el típico representante de los terratenientes separatistas
criollos, distinguido por su inteligencia, visión política, conocimiento de la
situación internacional y ...su capacidad de maniobrar.Y aunque separatista, "jamás fu e demócrata" . Artificioso, efectista, ambicioso, grosero
demagogo, en verdad era desconfiado y odiaba al pueblo. Militar de escasos talentos, al primer fracaso perdía la cabeza y abandonaba a su ejércit o. Y repiten la conocida diatriba de Marx: "es enojoso leer cómo a este
cobarde, vil y miserable canalla lo glorifican como a Napoleón 1".
i\,1uchos otros episodios en la vida del Libertador aparecen tan tergiversados que es difícil identificarlos. La entrevista de Guayaquil es vista
como expresión fehaciente de la ambición de Bolívar que así actuaba para
crear un vasto estado unido bajo su gobierno; el Congreso de Panamá se
habría c onvocado para igual fin, y la Confederación de los Andes habría
sido un tercer esfuerzo fallido, fracasos que a la postre lo llevaron a renunciar.
Las opiniones de Miroshevski son casi idénticas a las que en 1950 publicó la Gran Enciclopedia Soviética. Adolecen las dos de unilateralidad,
seguidismo acrítico al esquema de Marx y, ya lo hema, dicho, ausencia de
espíritu marxista en el estudio de la historia, porque no se hacen ni esfuerzos mínimos por encontrar las obvias contradicciones de clase entre ese
"terrateniente típico" y el hecho de su empobrecimiento, ni entre él y la
burguesía comercial ascendente, su enemiga, ni entre su obra inconclusa y
la de los que le sucedieron para fundar el estado oligárquico. Se le ha di&amp;-

�32

C. Var¡¡os Martínez: Imagen de Bollvar en la URSS 33

SigloXIX

culpado so pret.exto de la época dogmática y obscurantista en que vivió Y
en la ausencia de fuentes bibliográficas. Miroshevski, 1()3 redactores de _la
GES y otros sí tenían en los años 40 las fue~t.es que ~o lnvo Ma~; pudieron corregirlo pero o no quisie~n ~ ~o pud1ero~, m~ntras repeban toneladas de libros sobre el papel del mdiv1duo en la historia.
En 1956, M.S. Alperovich,20 Ermolaev, Semiónov y otros publicaron
un ensayo histórico rectificatorio, el primero de un~ _seri~ no~le por~e
se reconocieron las fuentes erróneas de Marx y se dio as1 cabida amplia a
una discusión tan objetiva como plural sobre las caract.erísticas de la independencia latinoamericana y el papel de sus_ héroes er,ó~~os. En_ 19~\J~sé Grigulevich Lavretski publico por vez primera su S1mon Bobvar '2 SJ:
multáneament.e a un valeroso artículo en Problemas de la Historia (YoproSJ
Istorii) "sobre la lucha libertadora de las colonias españolas en ~érica_"
escrito por los historiadores referidos. Allí refutan a la Gran Enciclopedlll
Soviética iniciándose con ello una severa autocrítica, que tiene su culminación en la nueva versión de la palabra "Bolívar" en la edición de 1970 de
la GES en ruso y de 1973 en inglés. Pero con las nuevas ob~as de rema
livariano publicada en la URSS, particularment.e con los escntos d_e Anatoh
Shulgovski, 22 las propias rectificaciones de la GE_S_ quedan _anucuadas y
parecen remiendos irnprovisad!)S. El Proyecto polit1co del Liberta~or~ es:crito por Shulgovski en 1983, es tan radicalmente nuevo que podrías~
ficar, al fin, el análisis de la vida y obra del Libertador a la luz del mate":1lismo histórico. Su ensayo Una vida en aras del_futuro 23 sobre el '."e~~Je
inconcluso y la vigencia revolucionaria de Bohvar representa el Vll'llJe mdispensable que hacía falta para poner de ~ue,o al _Libertador a la cabeza
de la nueva insurgencia; porque1 como e1 mJSmo dec1a,

bo:

libertador o muerto mereceré siempre el honor que me habéis
hecho sin que haya potestad humana sobre la tierra que detenga
el cur~o que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a
libertaros.24
1

3.

A PROPOSITO DEL BOIJVAR DE LAVRETSKI

Entre los historiadores contemporáneos de la Unión Soviética desta•
ca José Grigulévich Lavretski, doctor en Cienci~s Hi~óricas, correspo?diente de la Academia de Ciencias de la URSS, v1cepreS1dente del ConseJO
de Redacción de "Ciencias Sociales Contemporáneas", miembro de honor
de la Sociedad de Escritores de Colombia, del Instituto Mirandino de Caracas y de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela. Es autor de
numerosos ensayos históricos sobre Bolívar (1958, 1960, 1966, 1982),
Miranda (1965), Guevara (1975), Salvador Allende (1978), y de_ es~dios
sobre Rusia y la lucha por la Independencia Española (1976), Htstona de
la inquisición (1980), La Iglesia y la Sociedad en América Latina (1982),

entre otros. Su Simón Bol(var (1958) ha sido muy celebrado y goza de
excelente reputación como introducción al análisis marxista de la vida,
obra y pensamiento del Libertador. Se le ha publicado varias veces25 en
Moscú y en Caracas. De este libro dice Mijail Fainsht.ein que
narra en forma viva y amena la vida del ardiente revolucionario
y disipa leyendas sobre Bolívar creadas por los falsificadores burgueses de la historia.26
Lavretski contribuyó, con su obra bolivariana, a modificar sensiblemente la idea que se t.enía en la Unión Soviética sobre el Libertador. Y
con ésta y sus escritos mirandinos, sentó pautas avanzadas y creativas para
juzgar las revoluciones latinoamericanas. Su biografía de Bolívar tiene
aciertos destacados: introduce el análisis de las contradicciones de clase en
la bibliografía bolivariana -su mayor mérito- y subrayó el esfuerzo del
Libertador por lograr alianzas de clase en lo nacional y en el ext.erior
(pg. 179); mostró la prudencia de Bolívar cuando supo ceder en la discusión sobre el presidencialismo (pg. 164) y cuando no cedió frente a las
coaliciones de aristócratas y burgueses criollos por apoderarse de los frutos de la emancipación (pg. 168).
Sin embargo, Lavretski reit.era viejas acusaciones que le lanzaron en su
tiempo los demoliberales recalcitrant.es, justament.e los más caracterizados
representantes de la oligarquía naciente, particularmente .e n el lustro final
de su vida, descrita siempre como la más sombría y retrógrada en la vida de
Bolívar y que ahora empezamos a rescatar como la más lúcida, difícil y revolucionaria. No comprender el caráct.er de enfrentamiento de clases antagónicas que rodeó la vida del Libertador desde 1826 hasta su muerte conduce a reiterar la síntesis intencionada que repetían hasta la saciedad los demagogos de su época: Bolívar fue guerrero y nada más; la independencia
fue su mejor obra; al final, por no dejar hacer a IQ3 magistrados, apoyarse
en el clero y en los militares venezolanos e instaurar la dictadura bonapartista, frenó el desarrollo de libertad de la democracia institucional. El escritor tradicionalista colombiano Germán Arciniegas, fiel representante de ese
conservadurismo a ultranza que se arropa con fraseología liberal, lo dice
sin ambages:
hubo tiempos mejores, cuando al guerrero que hizo la campaña
desde el Orinoco hasta Ayacucho no había entrado en el período
de deterioro que marchitó su mente en el último lustro de su vida.27 Bolívar había ganado las batallas más difíciles de la guerra
y comenzó a perder las de la paz.28
·
Otro epígono de aquellos demagogos de antaño, el escritor liberal
que se cubre con ropaje socialista Gerardo Molina, reitera el infundio:

�34

C. VaT(JJI Martínez: Imagen de &amp;l(var en la URSS

SigloXIX

En ese año desgraciado, 1826, Bolívar rompió con su pasado. Su
gloria realmente llegó hasta entonces. De allí en adelante todo
fué deplorable: la aceptación de las actas de la dictadura que le
ofrecían sus tenientes en el viaje de Lima a Santa Fé, la ruptura
definitiva con Santander, la Absolución de Páez, las veleidades
monárquicas y en favor de un protectorado inglés, sus actos y
omisiones después de la conspiración del 25 de septiembre; todo
eso destruyó la leyenda elaborada en los años de la guerra y de la
construcción de repúhlicas.29
Por eso es necesario saber a fondo por qué subsiste, aún entre escritores de vanguardia, ideas conservadoras respecto al último lustro de vida dd
Libertador y, por supuesto, si ciertamente Bolívar claudicó en su lucha revolucionaria que para entonces solo podía ser antioligárquica, antihegemónica, an timperialista.
La ideología política que se manejó durante los años de la independencia de nuestra América es rica en directrices y matices, pero frecuentemente se halla impregnada de personalismos que la disimulan. Se puede conocer mejor estudiando las contradicciones sociales y políticas entre los actores de la guerra. Gracias así a los enfrentamientos entre Bolívar y sus
aliados, de una parte, y los partidarios de Santander, Páez, y otros, se
puede evaluar, siglo y medio después, la estructura de clase y pensamiento
de los contendientes. Sin proponérselo, Santander, el más sobresaliente político neogranadino de entonces, nos ha dejado el testimonio de la conducta y el pensamiento burgués triunfante hacia 1830 y por contraste, del fracaso transitorio de Bolívar.
Lavretski, al analizar las causas de este fracaso, dice que
Bolívar temía una guerra de ilotas y no quería pelear contra ellos.
Comprendía que un pueblo sublevado en lucha por sus derechos
es una fuerza enorme y todopoderosa. La tragedia de Bolívar consistía en que no quiso encabezar esa fuerza y, con ayuda de ella,
llevar a la práctica las reformas planeadas. A esta fuerza él la temía, temía verse aislado y aplastado por ella (pg. 160).
Entonces, como rehusó el apoyo del pueblo, se acogió al sostén de la
reacción:
reconocía que en las revoluciones se puede triunfar apoyándose
solo en el pueblo revolucionario, pero también pensaba que los
frutos de la victoria solo podían mantenerse con ayuda de elementos conservadores: el clero, los grandes hacendados y los ricos, como había hecho Napoleón (pg. 160).
Por ese apoyo debía pagar un alto precio: restablecer estructuras coloniales.

35

Siguiendo a los clérigos, empezaron a asediar a Bolívar los adversarios de las innovaciones republicanas, todos los que soñaban con
restablece; su antigua influencia, su poder y sus riquezas; entre
ellos hab1a muchos que en tiempos pasados fueron partidarios
abiertos o solapados de los españoles (pg. 164).
En suma, Bolívar habría traicionado así sus más caros ideales revolucionarios.
Pero, ¿cómo no ver una desembozada lucha de clases en medio de las
aparentes disputas personales entre dirigentes del estado recién emancipado? ¿Cómo no considerar que cuando el Congreso granadino destituía a
Bolívar antes de Ayacucho y le regateaba apoyo logístico, la burguesía
emasculaba el proyecto libertador porque no le importaba ni la independecia, ni las soluciones sociales, ni la unidad antimperialista de América?
¿Y ~n fin, cómo explicar que, dictador a pesar suyo, usó el poder para garanbzar la "nación de repúblicas" como un freno a las ambiciones particulares de los emisarios regionales y representantes del nacionalismo estrecho?

4.

POR QUE SUBSISTE UNA IMAGEN REACCIONARIA DE
BOLIVAR

Porque aún no se ha estudiado a plenitud el Bolívar inmerso en la lucha de clases, porque aún quedan rescoldos de las acusaciones demagógico-burguesas, porque no se aprecia a Bolívar más que como paladfu de su
clase original y no de un proceso de ruptura que iría más allá de la independencia y porque a ese esquema ha contrihuído cierta ''izquierda" masónica, tradicionalista, temerosa en reconocer que nunca fué más radical
Bolívar que cuando debió enfrentar a las oligarquías criollas, a las aristocracias coF1Spiradoras y al imperialismo intromisor, todo eso justamente
al final de su vida.

.• Es_ paradójico: las ideas reaccionarias de la oligarquía santanereña, el
mili~rtilmo de casta de oficiales venezolanos, el revam:hismo enconado de

la ~ocraci~ peruana, la campaña de desprestigio concebida por los monro1s~s amencanos, todos ellos empeñados en hacer morir los planes que
~!•var trabajó desde 1826, han persistido en no pocos historiadóres y po!•tólogos avanzados de nuestra época que no. se atreven a asumir el legado
mconcluso y espectante deJ Libertador.
Después de Ayacucho, que parece ser la línea divisoria entre los que
declararon que derrotados los españoles no había más revolución y los que
pe?831'on que entonces ~mpezaba el gran cambio, aparecen los proyectos
mas perdurables de Bohvar: los planes continentalistas, que van desde la

�C. VarSos Mart{nez: Imagen de Bol(var en la URSS

ej~oli~~!.~rtca~

37

Colo~~ia la r~d~, pasando p~r la Confederación de
lÓSi
la remuon anfictiomca de Panama; los grandes esfuerzos
J).Qf-r,m~tai, ~ 'j&gt;ases de una constitucionalidad original y propia para los
americanos liberados después de los trescientos años coloniales; y el denodado lúncapié en la unidad política de América Meridional para sobrevivir,
mi¡_PélJl..®,íil su vez un equilibrio universal que permitiera la pluralidad de
sistemas y un cierto tipo de coexistencia. Todo eso -su obra trascendente- es inspiración de los últimos año;.

diosos e invtStigadores, pero también en manos del pueblo para que cuando
decida, retome el lúlo conductor de una revolución latente e impostergable, propia y legítima, enraizada en la médula de la nacionalidad que ansía
nueva democracia, porque, lo dijo él, "los pueblos que no hacen revoluciones no merecen la libertad''. JO

:A .pesar del permanente atasco a la gestión bolivariana en las cámaras
-y flR la prensa -libre a pesar de todo-, no desmayó Bolívar en prepararse
1!ª'1'3 la defensa militar del continente, ora proponiendo la alian~a con
¾ixico, ora purgando por la liberación de Cuba y Puerto Rico, yen&lt;losc
hasta elaborar planes para liberar Brasil y de ser factible, limpiando de monarquistas a la propia España.

NOTAS

Ma~~. lista

Frente a las vallas de la reacción entronizada en el Congreso colombiano, persistió Bolívar en ofrecer una alternativa revolucionaria ª'.1!c la
expansión imperialista que e1 había vislumbrado con prematura lll ti&lt;lcz
tiempo atrás. Así, su lucha antihegemónica se inscrihe con perfiles de precursora, y cubre desde 1818,en que protesta por el falso neutralismo norteamericano cuando el asunto de las goletas Tigre y Libertad, hasta 1829,
en que vivió entristecido al confirmar la efectiva campaña de desprestigio
que se articulaba desde Estados Unido,.
Las muchas leyes sociales que hoy le son tan reconocidas como avanzadas aún para su época -libertad de esclavos, reparto de tierras, programas de asentamientos urbanos, defensa ecológica, desarrollo de la minería,
etcétera- solo sirvieron, en su momento, para aumentar la saña contra el
Libertador que desmontaba, así, el aparato colonial que la burguesía ansiaba seguir usufructuando. No es sino releer las actas de los congresos d,·
entonces para constatar con qué acrimonia los delfines del capitalismo usurero se incomodaban ante los decretos bolivarianos. Algunos aprobados a
sabiendas de que jamás serían cumplidos, los abogados de la burguesía
cumplieron bien su papel de clase: lograron desalentar al Libertador y sumirlo en depresión mortal.
Cuando reflexionamos sobre el fracaso del proyecto bolivariano, evadimos las cuestiones cruciales con subterfugios pena;os: era demasiado avanzado, era utopista, era loco. Menospreciamos la capacidad de intriga y
aislamiento que le impuso su clase enemiga, y el que Bolívar ciertamente
no pudo llevar a la práctica su ideario por carencia de tiempo lústórico para hacerlo, nunca por retrogradación imposible, jamás por traición. Pero lo
hemos dicho muchas veces: su obra discontinua está ahí, a la vista de estu-

-

l. Tooke, W.: The Life of Catharine Il, Empress of Russia. 5a. ed., Tomo III,
Dublin, 1800, pgs. 115-116.
2. Fainshtein, Mijail: Revista de América Latina, Moscú, 1982,pg. 45.
3. id.,pg.45.
4. Cit. por Vera Kuteischlkova en "Veinte horas de Angostura", Revista de Amén
ca Latina, Moscú, 1982, pg. 42.
5. Moskovski Télegraf (1828), cit. por Lavretsky, l. G.: Simón Bol(var, Editorial
Progreso (traducción del ruso por P. Boyko), Mo_scú, 1982, pg. 178. Las citas
hacen referencia a esta edición.
6. id., parte 2, pgs. 177-180 (1826), cit. por Fainshtein, pg. 45.
7. cit. por J. Grigulevich: Ruia y la lucha por la independencia de América Española, pg. 7.

8.- Lavrov, N.: El/ SO aniversario de la guerra de independencia, en Cultura y Vida,
Moscú, 8 (1960), pg;. 10-13.
9. Enciclopedia de. •., S. Petersburgo, Tomo 1, pg. 470 (cit. por Fainshtein, pg.
49).
l O. Diccionario Enciclopédico, S. Petersburgo, Tomo 2 (18"9), pgs. 394-97.
11. El hijo de la patria, S. Petersburgo, 110 (1826).
12. Noticieros de S. Petersburgo (3 de marzo de 1831), cit. por Fainshtein.
13. Moskovski Télegraf, parte 4 (1831), pgs. 579-80.
14. Bolet(n de Historia, S. Petersburgo, 1883; O. Suvórova: Uh Washington sudamericano (1903); Ivan Franko: Bol(var, Lvov, 1904.
15. Cfr. Suvórova.
16. Vargas Martínez, Gustavo: Bolívar y Marx: otro debate sobre la ideologú, del
Libertador, México, 1983; Reflexiones sobre el sueño bolivariano de la Patria
Grande, México, 1985.

�38

Significación de la obra
de Enrique José Varona
en la filosofía cubana

Siglo XIX

17. Miroshevsk~ V.M., et al: Nueva historia de los pa1'ses coloniales y dependien.
tes, Ed. Problemas, Argentina, 1941.
18. Miroshevski, V. M. et al: El movimiento libertador en las colonias americanas de
España, I 792- I 81 O, Tomo 1.

Pablo Guadarrama González *

19. íd., pg. 370.
20. Alperovich, M. S., et al: Acerca de la guerra de la liberoción de las colonias
españolas en América, I 81 O- I 826 (Voprosi istorií).
21. Lavrets4 lsidor: Simón Boli'var, Ed. Económic~social, M0saí, 1958.

-

22. Shulgovski, A.: El proyecto poUlico del Libertador Ediciones Ceis Bogotá,
1983.
'
'
23. Shulgovski, A.: "Una vida en aras del futuro",El D,á, México,julio de 1983.
24. Bolívar, Simón: Obras completas, Proclama de Campano, 7.9., 1814. Edit.
Lex, La Habana, 1950.
25. Lavretsk~ l., citado.

26. Fainshtein, pg. 51.
27. Arciniegas, Germán, prólogo a La constitución de la Quimera (de H. ValenciaVilla, Bogotá, 1982, pg, 9).
28. i'd.,pg.9.
29. Molina, Gera.rdo: "El militarismo en la época de la Independencia" revista
Boffvar, SI, Vol. XI, 1959, pg. 484.
'
30. CTr. Mariano Sánchez Roca, Espíritu del Libertador, en Bolívar: Obras Com.
pletas, ep11ogo, Tomo 111, pgs. 853 y ss.

Los años de fecundidad filosófica de Enrique José Varona (1849-1933)
se enmarcan entre la octava y la novena década del siglo pasado, hecho
est.e que se puso de manifiesto no solo por los resultados de sus significativas conferencias filosóficas que sobre lógica, psicología y moral pronunciara entre 1880 y 1933, sino por el dedicado empeño autodidáctico de
situarse al tanto del desarrollo del pensamiento filosófico mundial. V arona fue, y parece que tomó conciencia de ello, el digno heredero rle la tradición filosófica cubana que había partida de José Agustín Caballero, Félix Varela y José de la Luz y Caballero hasta llegar a su destacada labor
filosófica, que le hizo convertirse en la figura finisecular más relevante en
el pensamiento filosófico cubano, que entroncaba con el restante movimiento positivista que por esos años predominaba en Latinoamérica. El
filósofo cubano, si no el mayor, puede ser considerado junto a José Ingenieros (1877-1925), uno de los dos máximos representantes de esta corriente del pensamiento en nuestro continente, dada la profundidad y originalidad de sus ideas.
Varona tuvo ante sí la disywitiva que se les presentaba a todos aquellos que en nuestras tierras se identificaron con el positivismo, esto es, o
defender las dogmáticas ideas de Comte -como lo había hecho el cubano
Andrés Poey-, o tomar la otra §enda, la que presentaba el positivismo in-

gl~.
El deseo de c0nocer todos los adherentes de la doctrina que profesaba me llevó a estudiar a algunos filósofos ingleses designados
en Francia como positivistas. Me encontré en un mundo nuevo.
La escuela inglesa era sin duda positivista, pero sin haber pasado
porComte.1

* Universidad Cenual de Las Villas, 01.ba. Ponencia presentada en el XI Congreso Interamericano de Filosofía, Guadalajara (México), noviembre de 1985.

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SigloXIX

Esto no significó que Varona echase porla bo,rda todaslasideas del filó.
sdo francés. Ahora bien, lo primero que censuro Varona ,en Co'.11 te fu_e el
no haberse mantenido, como al inicio de su obra, fiel al metodo mducbvo,
método que según nuestro pensador era el resultado consecuente del desarrollo de las ciencias naturales y la filosofía. Esto, sin duda, se~~a_ba a
Varona del fundador del positivismo -pero no lo separaba del pos1bv1S1no
mismo-, quien ya había desarrollado con Mili el método inducti~o, recha•
zaba el carácter dogmático, autoritario del comtismo, y en especial su pr~•
tensión religiosa. Pensaba que la Jlamada ley de los tres esf:3dos no hab1a
sido más que el producto de una observación imper~e~ta ~, mconse~uente.
La aguda pluma de Varona se dirigió contra la claSJ~1cac10n com tlana de
las ciencias, la cual, partiendo del punto de referencia del, ~ado de gene•
ralidad de cada ciencia, situaba en la cúspide a las matemabcas, argume•,•·
to que eJ filósofo cubano, acorde con el criterio :.penceriano, no acepto,
ubicando en su lugar a la lógica.
En relación con Spencer, Varona pensaba que había co~?nu~do ~'.1ª·
mente la ohr-1 de Comte, en especial, mediante la elahorac10n sstemabca
de la sociología. De Spencer, Varona tomó su evolucionismo, su teoría d~I
equilibrio, su seudodialéctica de lo homogéneo inde~inido ~ _lo hetero~eneo definido las ideas fundamentales de sus concepciones ebcas y sociológicas, su e~tremado fisiologismo y hi~logismo, su ~~~vinismo social,
su liberalismo y su individualismo. Admiro la gran erudic1011 d_el _pensador
inglés y tomó conciencia de la necesidad de un vasto conoc1m1ento del
mundo para poseer una concepción lo más ac~rta~a de él. ~n ~p~ncer,
Varona encontró respuesta a muchas de sus mqu1etudes ps1cologicas Y
pedagógicas.

AJ igual que Stuart Mili, Var?~ª• otorgó esp~cial atención ª. ,'ª ló~&lt;:3
inductiva que le conducía al emptnsmo. La premisa de que partio_el_ f1Jo.
sofo cubano para aceptar y desarrollar estos criterios fue el reconoc1m1ento
de la uniformidad de la naturaleza, es decir, más que preocuparle el proble•
ma de objetividad de los fenómtnos naturales f sociales -de la _cual no
tenía dudas-, partió de que estos estuviesen regidos por leyes uniformes.
Siguiendo el postulado positiv~ta, Varona tomó como_ ~u?to ~~ /ar·
tida giioseológico los hechos: "recopmos hechos para adqmnr ideas , re•
comendaba aunque conocía que "los hechos lo prueban todo. Los hechos
no prueban nada. Según te rompas las narices contra el obje_to o te enc~r~
mes en el Pico Turquíno";3 poniendo de esa forma de manifiesto las hm1taciones propias del empirismo era el agiiostic~o del que Varona no_ se
pudo librar, aun cuando afloran en s~ ~oseo!ogia algunos rasgos~~ bien
pudieran identificarlo como un agnosbco. Sm embargo, ~ _confianza en
que el hombre dominaría las fuerzas de la naturaleza le hicieron superar

P. Guada"ama González: Joré Varona en la filorof(a cubana

41

este rasgo propio del positivismo. Sus profundos análisis sobre las reta.
ciones psicofisiológicas, problema este aún no resuelto por la ciencia de su
época, le indujeron a dejar atrás los marcos de la gnoseología positivista.
Varona estaba convencido de que la toma de conciencia de nuestra limitación temporal en el proceso del conocimiento no debe menguar nuestros esfuerzos en la búsqueda de la verdad, la cual nos reafirma en las múltiples actividades de este mundo. De aquí la satisfacción que se siente
cuando sin humildad ni arrogancia podemos afirmar que se entrevé algo,
que se sabe.

l.
La obra filosófica de Varona encierra en última instancia una postura
materialista frente al problema fundamental de la filosofía y esto se puede apreciar sobremanera en algo que lo diferenció notablemente del positivismo: su ateísmo. Muchos de los diri¡rentes de nuestro proceso de liberación nacional se percataron del extraordinario papel que representaba la
Iglesia para el dominio español y consecuentemente lanzaron sus ataques
directamente sobre esta milenaria institución. Entre ellos cabe destacar al
máximo exponente de nuestras guerras por la independencia, José Martí,
quien puso de manifiesto en todo momento su marcado anticlericalismo.
Si bien es cierto que la postura anticlerical fue elemento común no sólo de las personalidades políticas sino también entre las intelectuales de
fines del siglo pasado en nuestro país, no sucede así con las ideas ateístas,
ya que es común encontrar figuras que se declararon abiertamente anticlericales sin que por ello renunciaran a sus creencias religiosas. Esto conduce a pensar que resulta mucho más meritoria la valoración de aquella
personalidad en la que se conjugan amb~ factores. Tal es el caso de Varona quien, desde que irrumpe en la vida nacional a través de su labor filosófica y científica, junto al anticlericalismo dejó siempre impreso el sello
de su convencido ateísmo.
No cabe duda de que, al igual que en la AJemania de la cuarta y quinta década del siglo XIX, como señaló Engels,4 la lucha contra la religión
era una batalla política en la Cuba de fines de este siglo, cuando se em.
prendía el proceso de emancipación naciona~ el enfrentamiento con la
religión y la Iglesia también tenía una profunda significación política.
Mayor valor tendrían esos ataques cuando iban dirigidos no solo contra
el aparato institucional de las religiones si.no contra la esencia, raíces y
función de la concepción religiosa del mundo.
La sigiiificación de la labor ateísta y anticlerical de Varona no ha sido

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Siglo XIX

valorada suficientemente por cuanto la historia burguesa ha querido intencionalmente ocultar o subestimar este importante aspecto de la filosofía
varoniana, ya que, como señala con acierto Carlos Rafael Rodríguez,5 en
este sentido a Varona no se le puede combatir con las mismas armas que a
los marxistas y la mejor forma que han encontrado ha sido pasar por alto
estas ideas.
Varona duran te su infancia recibió la correspondiente educación religiosa en las escuelas Pías de Camagüey, su ciudad natal. Lógicamente, la
influencia de esta formación se evidencia en sus años juveniles, cuando publica sus primeros artículos periodísticos en el rotativo de esa ciudad: El
Fanal. Pero durante el período de la guerra de los 10 años se somete a una
intensa vida de estudios en fonna autodidacta en la que se pone en contacto con los clásicos de la literatura y la filosofía universal, y, lo más importante, con los últimos adelantos de las ciencias naturales, en especial con
la teoría de la evolución de Darwin. El resultado de esta labor fue la ruptura con sus creencias religiosas.
Tenninada la guerra se incorpora activamente a la vida política y cultural del país y ya en 1879 deja sentada claramente su posición ateísta
cuando publica uno de sus primeros trabajos de carácter filosófico : "La
evolución psicológica". En él expresaba que " hoy sabemos cuán deficiente
es ese presunto creador de orbes, en cuyo leer ya ha quemado tanto incienso la humanidad endiosada ".6 Ya aquí expresaba por vez primera su profunda concepción ateísta del mundo y entraba a analizar el problema
como un objeto especial de la investigación científica.
En definitiva una posición ateísta en cierta medida implica una concepción no solo materialista, sino también dialéctica, ya que supone no
admitir una fuerza exterior en el devenir del mundo, sino concebirlo en su
unidad material y en autodesarrollo. Este hecho diferencia notablemente a
Varona de los fundadores del positivismo. Si bien Com te había criticado el
cristianismo y otras religiones por considerarlas sistemas especulativos, no es
menos cierto que erróneamente concibió la religión como la fase primaria
de la evolución de la humanidad en correspondencia con su falsa teoría de
los tres estadios de la evolución de la humanidad y como etapa necesaria
de proceso del conocimiento humano. Por otro lado, Comte rechazó las
religiones creando una nueva religión no menos reaccionaria que las demás
que estimulaban en las masas el espíritu de sumisión y conformidad.
Por otra parte, Spencer aspiraba a dar punto final a la irreconciliable contradicción que existe entre la ciencia } la religión. Pero su solución
eran tan útil como imposible porque consistía en apoyar la fe religiosa sobre la base de los adelantos científicos. Se¡!,Ún el filósofo inglés ·cuan do el

P. Guadarrama Gon~ált%: José Varona en la filosof1'a cubana 43

c~e~tífico se enfrenta a los misterios de la naturaleza, ante lo cognoscible,
dinge sus pasos hacia la religión. El agnosticismo hizo que Spencer aban~~nara el terreno de la_ ciencia y pasara al de la religión. No es esta la posic1on de Varona El filosofo cubano tuvo siempre una extraordinaria confianza en los avances de la ciencia.
La concepción de Varona es radicalmente nueva en este aspecto respecto tanto a Comte y a Spencer, como a los representantes del positivisn:'~ en su segundo e~pa, los empiriocriticistas y pragmatistas, quienes en
!og¡ca. c?rrespon~~n~ia con_el retomo bu_rgués a la religión en la época
imperialista concilianon sus ideas con el mas vulgar clericalismo.
Marx y Engels establecieron que el ateísmo es una manifestación típica de las clases progresistas y en particular esto se aprecia en fonna más
agu.da en la época de ascenso de la burguesía cuando, junto a las banderas
ª.nbf~u~es de liberta? e igualdad, esta clase enarbola las consignas del anticlencalJSmo y el ateismo. En nuestra situación este hecho está ligado a
nuestro proceso de liberación nacional y a las aspiraciones de los ideólogos burgueses, como Varona, de dar libre paso a las relaciones capitalistas
de producción.
La rurguesía europea de fines del siglo pasado había ya demostrado su
carácter reaccionario desde su traición durante las revoluciones de 18481849 y la clase obrera internacional había puesto de manifiesto su pujanza con la difusión de las ideas del socialismo científico, la fundación
de la I Internacional y la máxima expresión de las luchas de las masas
populares en ese período: la Comuna de París. Esta burguesía no podía
continuar estimulando el ateísmo y el anticlericalismo como antes lo
había hecho porque estos eran un anna que se volvía ahora contra ella
mis~a. Pero no era esta la situación de la rurguesía latinoamericana y en
particular de la cubana en la segunda mitad de este siglo. Los pueblos latinoamericanos no hacía mucho que se habían emancipado del colonialismo español y portugués, las relaciones feudales de producción deform~das por formas esclavistas aún predominantes en la mayoría de los
pa1ses y la lucha por alcanzar el predominio de las relaciones capitalistas
~e producción_ en esas ~?ndiciones era una labor progresiva por cuanto
s1g111ficaban la implantac1on de una fonna superior de producción.
~ En el caso, específico de nuestro país, donde el colonialicmo español
aun ~ mantema, esta empresa tenía una mayor significacióu, y las manifestacion~ ateístas y :rnticleri~es de los ideólogos de nuestra burguesía
Y en particular de Ennque Jose Varona, eran expresión elocuente de la
lucha por el progreso social.

Rasgo común del ateísmo ha sido siempre revelar solamente las raíces

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SigloXIX

gnoseológicas de la religión, ya que la posición de clases de los filósofos
burgueses les impide revelar sus raíces sociológicas. Solo la filosofía
marxista-leninista ha dado respuesta acertada al problema del origen y la
esencia de la religión al descubrir los dos lados del problema
Si bien algunos filó,ofos burgueses han adoptado una postura materialista frente a la religión, haciendo depender las ideas religiosas de la vida
material, al concebir la religión solo como producto de la impotencia humana ante las fuerzas desconocidas, cuando han llevado su análisis al plano
social caen en el idealismo al otorgarles a las ideas religiosas una posición
que en realidad no poseen en la vida social. Algunos como Feuerbach y
Comte llegaron a considerar la religión como especie de motor de la historia, no fueron capa·ces de comprender que las ideas religiosas desempeñan un papel secundario en la sociedad y que si en determinados momentos de la historia de la humanidad han desempeñado un papel más activo,
ha sido siempre como reflejo tergiversado de las relaciones materiales y en
especial de las relaciones económicas, que son, en última instancia, las determinantes en el desarrollo social. Estos filósofos no revelan el carácter
clasista de la religión, no pueden indicar cómo esta ha sido un valioso instrumento de las clases dominantes para perpetuar su poder sobre las masas
popuJares embrutecidas.
¿Cuál fue la posición de Enrique José Varona ante esta problemática
En primer lugar, el filósofo cubano siempre recalcó el hecho de que las
ideas religiosas han surgido y se regeneran cuando la humanidad padece del
terrible mal de la ignorancia. Por eso escribe:
El hombre, débil y limitado ante lo objetivo, que lo sacude y lo
aterra con fuerza irresistible, se siente poseído de una especie
particular de terror que se ha llamado religioso y que tiene tantas
formas como grados hay en la escala de la civilización. 7
Pero donde mejor aparecen sus ideas sobre el origen de la religión es
en sus conferencias filosóficas sobre moral, dictadas en 1882:
El hombre de las primitivas edades ignorantes y débil, por su inexperiencia se encontraba amenazado de tan tremendos y desconocidos peligros, tan incierto de la hora próxima, tan pequeño ante
las fuerzas de la naturaleza, que no podía dejar de sentirse anonadado. Todo lo que se le presentaba como una revolución de
aquel inmenso poder desconocido, todo lo que a su imaginación
sobreexcitada parecía el éxito de cualquier empresa, de aumentar
sus fuerzas de cualquier manera y por cualquier medio, sombra,
sueño, animal poderoso, o extraño, objeto brillante, desconocido,
espíritu de un muerto, etcétera, se apoderaba de su ánimo con incontrastable imperio, ya le servía de aguijón de impulso. Ese mismo sentimiento de sumi;ión y admiración que lo llevaba a obede-

P. Guodarrama Gonsákz: Jo,é Varona en lafilo.ofía cubana

45

cer ciegamente al caudillo fuerte y sagaz que proporcionaba a la
tribu bienestar y seguridad, ese mismo temor que no lo dejaba
pens~ siquiera en volverse contra sus castigos, mezclados y confundidos con todo lo que tiene de depresiva para el espíritu la
presencia o la idea de lo desconocido, dominaban por completo
el ánimo del hombre primitivo en sus relaciones con el mundo objetivo que se le presentaba, por parte o en conjunto como una
inmensa personalidad,8
'
Se aprecia en estas palabras cómo Varona plantea el proceso de enajenación que da lugar a la aparición de la concepción religiosa del mundo
en el hombre primitivo. Incluso en este proceso no se le escapa el factor
social, pero tergiversa su esencia presentando como "sentimiento de sumisión" lo que fue la dura imposición de los primeros explotadores del hombre. Sin embargo, llama la atención el hecho de que el filósofo cubano se
percata de la necesidad de considerar el elemento social a la hora de analizar el origen y la esencia de la ideas religiosas. Precisó que desde el fetichismo más grosero hasta el deísmo más depurado, todas las relaciones entre
el hombre y sus dioses están vaciadas en el molde sociaJ.9
Ahora bien, lo que resulta realmente valioso es su apreciación sobre
los vínculos de las ideas religiosas con los intereses de las diferentes clases
sociales:
Cada clase o cada casta, según las condiciones en que se encuentran colocadas, favorable en grado muy desigual para los progresos ulteriores, irá formándose sus opiniones y les irá dando cuerpo
en costumbres especiales; conservará con mayor o menor tenacidad las supersticiones primitivas, les dará o no una forma más racional, modificará en fin la creencia religiosa al parecer común·
concebirá_ la ley y la obligación civil y polític~ de diversa manera,'
pues de diversa manera obra sobre cada una y como consecuencia
de todo esto su manera de educar y trasmitir las nociones adquiridas por la educación ha de variar de una a otra; y así llegan las
que coexisten en un mismo grupo a diferenciarse en su manera de
vivir, de hablar y aun de gustar los placeres estéticos.10
Aquí se pone de manifiesto la aguda sensibilidad científica de Varona,
que le sirve para captar la esencia que se esconde tras el fenómeno. Al plantear este problema, a nuestro juicio el pensador cubano se sitúa en un plano superior al del ateísmo burgués en este aspecto, pues reconoce abiertamente en qué medida la clase dominante de una sociedad dada acomoda
las ideas religiosas a sus intereses de clases. Como es apreciable, no solamente se refiere aquí a las ideas religiosas sino a ideas jurídicas, las ideas
políticas, etcétera.
Así_ vemos co'??,la posición de Varona frente al problema del origen
Y esencia de la religion revela rasgos específicos en relación con otros re-

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Siglo XIX

presentantes del ateísmo rurgués que le hacen ocupar un lugar superior al
presentar la función social de las ideas religiosas y el uso que a estas le da
la clase dominante de cada sociedad. Pero no por esto podemos pensar que
Varona adopta una posición consecuentemente materialista en el plano
social, ya que comete el mismo error que los demás ateístas burgueses al
darle a la religión un papel que no ha desempeñado en la historia de la
humanidad. Al concluir su análisis sobre la religión. Varona señalaba: "ya
hemos visto el gran elemento social que daba tono a ese sentimiento poderoso y tenso. Sea o no ilusorio, poco importa. Esta ilusiéln ha movido al
mundo. . . 'P Esta es una prueba de que la concepción de Varona en el
estudio de la sociedad no rebasaba los marcos del idealismo filosófico a P"·
sar de sus inconsecuencias que aparecerían con frecuencia en los rasgos
materialistas.
Por otro lado, Varona percibió la estrecha relación que existe entn·
la religión y el idealismo filosófico. Por esos sus ataques contra los sistemas morales dogmáticos van dirigidos también contra la filosofía idealista.
En más de una ocasión reveló el estrecho vínculo existente entre los sistemas filosóficos idealistas-a los que, siguiendo el cri tcrio positivista llamaba
metafísicos- y las ideas religiosas. "Los teólogos muerden a los metafísicos. Pero la teología y la metafísica son dos mellizas acostadas en la misma
cuna y cubiertas rnn los mismos pañales. "12
Pero Varona diferenciaba claramente los fundamentos de ambas
concepciones, porque, como es conocido, la religión, aun cuando mantiene
un estrecho vínculo con el idealismo filosófico, no se identifica totalmente
con él puesto que sus bases no son racionales sino 6deistas.
Los creyentes -escribe en 1923- colocan sus fantasmas luminosos en una gran región escondida que llaman a fe. Sus raíces se
afianzan en el corazón, no en la inteligencia. Dulces quimeras, pero quimeras incliscu tibies, como irreales. 13
La crítica de Varona al carácter insostenible de las ideas religiosas está
presente en toda su obra filosófica. Para él, "toda la teología es un chapoteo de lo absurdo".1 4 Considera que "las grandes religiones y las sectas
que pululan en torno suyo disputan furiosamente por los centímetros de
absurdidad, en más o menos, que cada uno contiene".1 5 En verdad, el elemento de ilogicidad es típico de todas las religiones y ha sido reconocido,
incluso, por los propios teólogos, como es el caso de uno de los representantes del cristiarúsmo primitivo, 'fertuliano, cuya máxima "creo porque
es absurdo" es clásica en la historia de esta religión.
Una crítica de esta índole contra la religión como forma específica de
la conciencia social no nos debe conducir a una suhvaloración de las ideas

P. Guadanuma González: Jo1é Varona en la filo1of(a cubana 47

religiosas, ni de su fundamento filosófico en la historia del pensamiento
universal. En este aspecto es necesario recordar la profunda valoración
lcninist.a que indica:
Y el oscurantismo clerical (idealismo filosófico), por supuesto,
tiene raíces epistemológicas, no carece de fundamento, es, sin
duda, una flor estéril, pero una flor que crece en el árbol vivo del
conocimiento humano, vivo, fértil, auténtico, poderoso, omnipotente, objetivo, absoluto_l6
D1·hcmos señalar que las ideas religiosas dialécticamente, a la vez que
nan constituido un obstáculo al verdadero desarrollo de la cienci?, pueden considerarse pasos de avance en el proceso de desarrollo del pensamiento abstracto del hombre primitivo y, en especial, esto lo vemos al
analizar cómo la aparición del monoteísmo sigrúficó el paso a un proceso
dt&gt; síntesis superior de las abstracciones. El elemento negativo de este
proceso radica en el divorcio que llega a establecerse entre esas abstracciones y la realidad y en el hecho de que ellas no reflejan acertadamente las
relaciones existentes entre el hombre y la naturale-za y entre los propios
hombrl'S.
El resultado de este distanciamiento es que la religión se aleja siempre y cada vez más de la verdad objetiva y de la ciencia. Varona comprendió esto cabal111e11te, estaba convencido de que rúnguna de las religiones
puede conducir al hombre al camino de la verdad, a la correcta correspondencia de sus idf'.,as con la realidad. Por eso afirmó: "El cristianismo ¿es
la verdad? No, ni el mahometanismo, ni el mosaísmo, ni el rudismo.
Pero resulta que en materia de religión, la verdad no tiene voz en el capítulo. Quien habla y dogmatiza y ordena con mero y mixto imperio es el
Sf'ntimiento. "1 7 El filósofo cubano comprendía que las ideas religiosas
constituyen una imagen deformada del mundo objetivo y que precisamente una de las formas de cambiarla es propagando la verdad científica. La
labor de Varona en este sentido fue muy sigrúficativa, ya que propagandizó a través de múltiples vías los últimos adelantos de la ciencia de su
eí1oca. Entre estas vías se destacan su labor publicista en la Revista de Cuba y la Revista Cubana y su trabajo docente en la Universidad de la Habana. En el terreno de la psicología no solo propagó sino que contribuyó con
originalidad al desarrollo de esta joven ciencia. Su sólida cultura y sus amplias fuentes de información le permitían estar al tanto de los últimos adelantos de las ciencias naturales, en especial de la física, la química, labiología y la astronomía.
Cada conferencia, cada libro, cada artículo periodístico de Varona iba
cargado no solo de profundo saber científico, sino también de una esclarecida concepción ateísta, que podía ser fácilmente reconocida por sus

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SigloXIX

P. Guadarrama González: José Varona en la filo1of(a cubana

lectores. No podemos conjeturar sobre la posible influencia de estas ideas
varonianas sobre los que se ponían en contacto con su concepción del
mundo, pero al menos tendremo, que aceptar que una figura de~ alto
pri&gt;stigio en el ambiente cultural cubano y latinoamericano de esa epoca
lógicaml'lltc haría sentir su influencia, especialmente sobre la juventud que
lo admiraba tanto y que estudiaba su pensamiento.

11.
Otro aspeclo sobre el cual fijó su atención Varona fue el espíritu de
sumisiim que inculca la religión a los hom hres. Este elemento es significativo porqur denota hasta que punto fue capaz el filósofo cubano de percatarse de las nocivas consecuencias de la religión sobre las masas popularrs. \1 analizar Pste aspecto en 1923, escribía: "El cristianismo, condenado al suicidio somete al hombre a la más cruel esclavitud, la de una vida
intolnable. "J.~ Plantea claramente cómo el hombre bajo el velo místico
de la rdi¡óón no in ten ta salir de su status y se mantiene pasivamente en este mundo para tener derecho a recibir los beneficios de un imaginario
mundo Cl'lestial. Los fundadores del marxismo llamaron la atención sobre
rsla conSl'eul'ncia de la influencia de la religión, pues las clases dominantes
ele la l&gt;oci1•1lad donde ha prevalecido la explotación del hombre por el hombre han 1·stimulado siempre las ideas religiosas para obtener resultados
satisfactorios en el plano ideológico, manteniendo a las masas populares
a111l'tlrl'ntaclas y sometidas, lo que se revierte consecuentemente después en
el plano económico.
Las religiones siempre han situado al hombre en una incómoda posición escéptica ante su futuro inmediato. Ellas pretenden dar solución a los
males que afli¡ren al hombre mediante el escape hacia la espiritualidad. Nin¡ru na rl'ligión ha mantenido como fundamento teórico el optimismo con
relación al poivenir inmediato de este mundo. Todas ellas han explotado la
i&lt;111orancia ele las masas embrutecidas para estimular la desconfianza y el
¡~csimismo, los cuales tienen sus causas no en el pensamiento humano sino
en las condiciones materiales de existencia a que se ve obligado el hombre
rn las sociedades de clases. La inseguridad económica y social constituye
un favorable terreno de cultivo para introducir las ideas religiosas con sus
pretendidas esperanzas de "salvación". En esencia, las religiones se asientan
sicm pre sobre los pilares del escepticismo y el pesimismo, y Enrique José
Varona fue capaz de percatarse de esta significativa característica, al expresar en 1917 que "la base de toda religión es pesimista ".19 Tal vez
pensarse si existe alguna relación entre este factor y los rasgos escepbcos
y pesimistas que son frecuentes en el pensamiento varoniano durante este
período. En rigor puede plantearse que tienen en última instancia causas
similares que descansan en la hase económica de la sociedad y en particu-

?º?Tía

49

lar en la situación de inestabilidad que se presenta en la sociedad burguesa
en ese período y que se aguóza con el inicio de la crisis general del capitalismo. Pero las soluciones que brinda la religión y las de Varona son muy
diferentes: él sabía que la solución a los problemas sociales no se encontraba en lo "celestial" sino en lo terrenal, y en un inicio su pos tura refonnista
lo hizo proponer solucionar los problemas sin alterar en esencia el régimen
capitalista, aunque al final de su vida percibió que tal solución era tan
irreal como imposible.
Por otra parte Varona se percataba de que junto a las falscdadl's so;tenidas por las religiones estaba el veneno político. R&lt;--velaba la inconsistencia de los dogmas éticos tanto del cristianismo como de otras reli¡rioncs e
indicaba cómo estos podían ser interpretados en un sentido o 1'11 otro s1•gún los intereses de cada una de ellas. Ejemplo de esto es su objc1:ión al
aforismo cristiano que expresa: "paz en la tierra a los hombres de bu1:na
voluntad" al que responde: "Ay, ¿por qué este mensaje divino ha 1le l1·111·r
una pierna más larga que la otra? A los de buena voluntad, y a los que sc.•au
o me parezcan o se me antojen de mala. "20
Así ponía de manifiesto el hecho evidente de que cada máxima rrli~iosa puede ser entendida de acuerdo con el punto de vista subjetivo, a prsar
del carácter dogmático y absoluto de los sistemas ético-políticos d1• la religión y en especial del cristianismo.
Como acertadamente precisó Raúl Roa: "su énfasis en el i111¡1crio
omnipotente de la ciencia y su destierro de Dios en la interpretación 01• la
realidad humana, natural y social, trasunta, obviamente, su ideario político ".21 Su posición ateísta y anticlerical estaba conscientemente vinculada a su ideología política, a su defensa del proceso de liberación nacional
de nuestro país. De aquí que prestara atención particular al enfrentamiento contra el clero católico, el cual inculcaba en los cubanos la idea de la
aceptación del poder colonial español. Refiriéndose a ello Varona indicaba:
El clero católico der.ende de un soberano, es en todo sentido, monárquico; todo en el, en su mentalidad, en sus costumbres, en la
práctica de su vida, está sometido a un poder despótico, el más
despótico del mundo occidental, y asp.ira a moldear tanto su cerebro como sus hábitos exteriores.22
Las ideas independentistas estaban en abierta contradicción con las
mantenidas por el clero, puesto que este era en su totalidad español. Incluso una vez lograda la independencia de España, el clero mantuvo su poder
tanto en la vida econ6mica como en el plano ideológico. Varona había
saludado lo que consideró una de las conquistas más importantes de la guerra de independencia, la total separación de la Iglesia del Estado; pero

�50

Siglo XIX

comprendía que mientras el clero mantuviese sus privilegios así como sus
nexos con los poderosos perúnsulares, que mantenían el control de varios
sectores de la economía cubana, y su predominio ideológico sobre la mayor parte de la población cubana, la lucha sería dificil. Varona se opuso
al control que mantenía la Iglesia sobre los cementerios, a que los funcionarios civiles asistieran a la iglesia durante los matrimorúos y se lamentó
del poder que ejercía esta situación sobre nuestro pueblo, fundamentalmente sobre las mujeres. Al proceso de ofensiva ideológica desatado por el
clero católico en Cuba una vez establecida la república mediatizada, Varona lo denominó "la reconquista•: genuina expresión del real objetivo de
los intereses económicos de España.
Al filósofo cubano le preocupaba extraordinariamente el daño que
causaba la Iglesia al pueblo cubano. Su aspiración era una sociedad en la
que el hombre se sintiese liberado de los prepicios religiosos y alcanzase
confianza en sus propias fuerzas. Esto no lo podía asegurar una sociedad
en la que la Iglesia disfrutaba aún de un poder casi similar al de los tiempos medievales y en la que se estimulaba el oscurantismo. "En lasiglesias
abren enormes ventanales-expresaba el pensador cubano- y los tapan herméticamente con vidrieras espléndidas. Símbolo transparente. Gran apariencia de aire y luz, gran realidad de confinamiento y sombras. "23 Sólo
eso puede asegurar cualquier religión, estimular la ignorancia,, la inseguridad y el pesimismo ante el futuro humano. Si bien la solución brindada
por Varona a través de la difusión de la ciencia y la cultura en general·era
insuficiente por cuanto la verdadera forma de combatir las ideas religiosas
consiste en transformar revolucionariamente la sociedad que las engendra,
es decir, erradicar los males sociales que sirven de mareo propio para la penetración de las ideas religiosas, no es menos cierto que en las condiciones
de Cuba -tanto durante la época colonial, como durante las primeras d~
cadas del presente siglo-, la labor ateísta del filósofo cubano, amt cuando
estuvo enmarcado dentro de los parámetros del atéísmo burgués, resultaba
muy meritoria.

111.
Si bien Varona no escribió muchos trabajos dedicados específicamente
a los problemas sociológicos -los de mayor !ignificación fueron "El bandolerismo" (1888) y ''El imperialismo a la luz de la sociología"(l905)en toda su obra filosófica, literaria, docente y política se expresan sus criterios sociológicos. Su labor como profesor de sociología de la Univer!idad
de La Habana le hicieron abordar múltiples problemas en este terreno, que
desgraciadamente no fueron recogidos para su publicación. A pesar de que
no escribió un texto sobre esta materia y para la docencia empleó la obra
del norteamericano Franklin Giddings, Fundamentos de sociología, no

P. Guadarrama Gonzólez: José Varona en la filo1of(a cubana 49

lar en la situación de inestabilidad que se presenta en la sociedad burguesa
en ese período y que se aguc!faa con el irúcio de la crisis general del capitalismo. Pero las soluciones que brinda la religión y las de Varona son muy
diferentes: él sabía que la solución a los problemas sociales no se encontraba en lo "celestial" sino en lo terrenal, y en un inicio su postura refonnista
lo hizo proponer solucionar los problemas sin alterar en esencia el régimen
capitalista, aunque al final de su vida percibió que tal solución era tau
irreal como imposible.
Por otra parte Varona se percataba de que junto a las falscdadt&gt;s sostenidas por las religiones estaba el veneno político. Revelaba la inconsistencia de los dogmas éticos tanto del cristianismo como de otras reli¡rioucs e
indicaba cómo estos podían ser interpretados en un sentido o 1•11 otro si·gún los intereses de cada una de ellas. Ejemplo de esto es su objeción al
aforismo cristiano que expresa: "paz en la tierra a los hombres de bul'na
voluntad" al que responde: "Ay, ¿por qué este mensajf! divino ha 1lti tt·,wr
una pierna más larga que la otra? A los de buena voluntad, y a los 11uc sc:au
o me parezcan o se me antojen de mala. "20
Así ponía de manifiesto el hecho evidente de 1¡ue cada máxima rrli¡riosa puede ser entendida de acuerdo con el punto de vista su l,jctivo, a ¡11·sar
del carácter dogmático y absoluto de los sistemas ético-políticos dt• la religión y en especial del cristianismo.
Como acertadamente precisó Raúl Roa: "su énfasis en el imperio
omrúpotente de la ciencia y su destierro de Dios en la interpretación &lt;lr la
realidad humana, natural y social, trasunta, obviamente, su idl'ario político ".21 Su posición ateísta y anticlerical estaba conscientemente vinculada a su ideología política, a su defensa del proceso de liberación nacional
de nuestro país. De aquí que prestara atención particular al enfren tamiento contra el clero católico, el cual inculcaba en los cubanos la idea de la
aceptación del poder colorúal español. Refiriéndose a ello Varona indicaba:
El clero católico der.ende de un soberano, es en todo sentido, monárquico; todo en el, en su mentalidad. en sus costumbres, en la
. práctica de su vida, está sometido a un poder despótico, el más
despótico del mundo occidental, y aspira a moldear tanto su cerebro como sus hábitos exteriores.2~
Las ideas independentistas estaban en abierta contradicción con las
mantenidas por el clero, puesto que este era en su totalidad español. Incluso una vez lograda la independencia de España, el clero mantuvo su poder
tanto en la vida econ6mica como en el plano ideológico. Varona había
saludado lo que consideró una de las conquistas más importantes de la guerra de independencia, la total separación de la Iglesia del Estado; pero

�50

SigloXIX

P. Guadarrama González: ]Olé Varona en lafil01of(a cubana

53

comprendía que mientras el clero mantuviese sus ~rivilegios así como ~e
nexos con los poderosos peninsulares, que manteruan el control de vanos
sectores de la economía cubana, y su predominio ideológico sobre la mayor parte de la población cubana, la lucha sería difícil. Varona se opu_so
al control que mantenía la Iglesia sobre los cemente~os, ~ que los func1°;'
narios civiles asistieran a la iglesia durante los matnmoruos y se lamento
del poder que ejercía esta situación sobre nuestro pueblo, fundamentalmente sobre las mujeres. Al proceso de ofensiva ideológica desatado por el
clero católico en Cuba una vez establecida la república mediatizada, Varona lo denominó ''la reconquista", genuina expresión del real objetivo de
los intereses económicos de España.

la concepción materialista de la historia no exagera de ninguna manera el
papel del factor económico al considerarlo como el determinante en última instancia en la compleja red de las relaciones sociales. El análisis de la
situación socioeconómica de nuestro país en esa época condujo a Varona
a considerar la significación especial de tal factor; por eso en otra ocasión
expresaba:

AJ filósofo cubano le preocupaba extraordinariamente el daño que
causaba la Iglesia al pueblo cubano. Su aspiración era una sociedad en la
que el hombre se sintiese liberado de los prejuici_?S religiosos y alc~zase
confianza en sus propias fuerzas. Esto no lo podía asegurar una soc1~dad
en la que la Iglesia disfrutaba aún de un poder casi s~milar,f de l~ tle~pos medievales y en la que se estimulaba el oscuranbsmo. En las 1gles1as
abren enormes ventanales-expresaba el pensador cubano- y los tapan herméticamente con vidrieras espléndidas. Símbolo transparente. Gran apariencia de aire y luz, gran realidad de confinamiento y so~bras. ~'23 Sól?
eso puede asegurar cualquier religión, estimular la ignorancia,.. la msegundad y el pesimismo ante el futuro humano. Si bien la solución brindada
por Varona a través de la difusión de la ciencia y la c~ltura_ en gene_~-era
insuficiente por cuanto la verdadera fonna de combatlr las ideas religiosas
consiste en transformar revolucionariamente la sociedad que las engendra,
es decir erradicar los males sociales que sirven de marco propio para la penetración de las ideas religiosas, no es menos cierto que en las condicion«:5
de Cuba -tanto durante la época colonial, como durante las primeras decadas del presente siglo-, la labor ateísta del filósofo cubano, aun cuando
estuvo enmarcado dentro de los parámetros del atéísmo bmgués, resultaba
muy meritoria.

Resulta claro que cuando él se refiere a la estructura económica de la
sociedad no indica explícitamente hacia las relaciones de producción, pero
¿a qué otra cosa se refería cuando realizal)a sus brillantes análisis económicos sobre las causas de nuestras justas guerras por la independencia,
sino como él mismo indicaba a la forma en que estaba distribuida la propiedad, a la silllación desesperada de la mayoría de la población, etcétera?
Este criterio alejaba al filósofo cubano de la sociología positivista en la medida en que lo acercaba a la concepción materialista de la lústoria.

a mis ojos la causa más eficaz de la inestabilidad que presenta
nuestro pueblo desde hace casi un siglo, ha de buscarse en su estructura económica; en los cambios que ha sufrido y en la repercJsiÓn de ese hecho capital en los elementos de nuestra vida colectiva.36

DI.

Esto no significa que Varona mantuviese una consecuente posición
material respecto a la vida social, ya que evidentemente se deslizaba hacia el idealismo cuando no comprendía el papel de la lucha de clases como
motor del desarrollo en las sociedades clasistas y la suplantaba por la teoría
positivista del progreso social, así como cuando consideraba modificar la
sociedad a partir de un mejoramiento de la educación y de los sentimientos
humanos. Su concepción respecto al desarrollo social en los momentos en
que entroncaba con el materialismo, eraen su forma contemplativa, ya que
aun cuando reconocía el papel esencial de las condiciones objetivas materiales de la sociedad en cualquiera de sus esferas, no se planteaba la acción
práctico-revolucionaria del hombre en la transformación de ellas, sino que
se mantenía en las posiciones de un evolucionismo extrapolado que lo hizo
adoptar una actitud reformista en la vida política.

Si bien Varona no escribió muchos trabajos dedicados específicamente
a los problemas sociológicos -los de mayor significación fueron "El bandolerismo" (1888) y "El imperialismo a la luz de la sociología" (1905&gt;-:"
en toda so obra filosófica, literaria, docente y política se expresan sus cnterios sociológicos. Su labor como profesor de sociología de la Universidad
de La Habana le hicieron abordar múltiples problemas en este terreno, que
desgraciadamente no fueron recogidos para su publicació~. A pes3!" de que
no escribió un texto sobre esta materia y para la docencia empleo la obra
del norteamericano Franklin Giddings, Fundamentos de sociolog,'a, no

El predominio de una concepción evolucionista hizo que Varona no
pudiera resolver adecuadamente la correlación entre lo social y lo biológico
en el hombre y lo lle"Vase a compartir en det:erminados momentos de desarrollo de su pensamiento filosófico algunos criterios del darwinismo social
Había partido del supuesto que "en el crecimiento de un grupo humano no
vemos leyes distintas a las que presiden el crecimiento de un organismo individual, lo que cambia es la esfera de la acción más amplia y los resultados
infinitamente superiores•~ 3 7 Esto significaba que por entonces no comprendía cabalmente la especificidad del movimiento social, al reducir ai

-

�54

·1

Siglo XIX

complejidad a una interpretación biologizante; por eso aseguraba que "la
sociedad es un organismo, la correlación que existe entre sus partes comp0nentes no permiten que estén dañadas las entrañas sin que se resistan las
extremidades".38 Los elementos de darwinismo social, que podían apreciarse en sus palabras, constituían una reducción de una forma superior del
movimiento de la materia a la que la precede. En esto radicaba su principal
defecto, pero en definitiva esta concepción partía del reconocimiento de la
objetividad de ambas formas de movimiento lo que puede ser considerada
como una forma de materialismo metafísico, ya que simplifica esas relaci0nes y no comprende dialécticamente la riqueza de la multifacética interacción dd hombre y la naturaleza. Por otro lado se debe apuntar que esta
concepción constib.iye un intento de análisis sistemático del desarrollo social, que en el caso de Varona se expresa al considerar la existencia de una
conexión orgánica entre cada una de las partes y su significación en la conformación del todo por lo que no podremos negar tampoco la existencia
de algunos elementos dialécticos en su concepción, condicionados por el
propio evolucionismo.
Toda concepción socialdarwinista encierra en esencia una postura
reaccionaria porque siive como instrumento justificatorio de la desigualdad social y de la dominación de unos hombres sobre otros por medio de
la aceptación de la lucha por la existencia. Varona en cierta forma llegó a
compartir estos criterios cuando afirmaba que
el contacto y la vecindad de dos organismos sociales produce entre ellos reacciones ineludibles. Cuando un organismo más débil
-y todo orgarúsmo que empieza, por lo mismo que comienza a
surgir, es débil, más débil que uno que ya empezó y que está
adaptado a las condiciones que le ha permitido su vida- entra en
contacto con otro superior, las relaciones que se establecen entre
ellos pueden ser provechosas o dañinas al nuevo organismo, según
la vitalidad que tenga y desarrolle; esto no obedece a ningún plan
político, depende de la acción de contacto entre los organismos
sociales.39
Partiendo de esta opinión debía arribar a la conclusión según la cual
en el desarrollo social todo depende de la lucha natural y lo social quedaría en un segundo plano. Todo parece indicar que hubo ocasiones en la trayectoria ascendente de su pensamiento que zigzagueó y afloraron estos elementos biologizantes, como cuando señalaba:
La naturaleza es horrible en su indiferencia, lo mismo pulveriza la
flor espléndida y el insecto nacarado, que al águila caudal y al
hombre, coronado de presunción, horno sapiens. En el presente
y misterioso combate que libran la creación y la destrucción, la
victoria es siempre del más fuerte. Todo organismo para vivir necesita destruir a otro organismo.40

P. Cuadarrama Gonziiez: Jo,é Varona en la filo,oft'a cubano

55

Está demostrado el carácter anticientífico de esta concepc10n, que en
última instancia pretende tergiversar la aguda lucha de clases que se libra
en la sociedad capitalista. Engels al respecto expresaba que
por sí sola, la concepción de la historia como una serie de luchas
de clases es mucho más rica en contenido y más profunda que la
simple reducción a las diferentes fases, poco variadas entre sí, de
la lucha por la existencia.41
Esto no significa que Varona dej~e de reconocer la existencia de las
clases sociales y de su lucha, pero en ocasiones las diluyó en este combate
"natural", en e1 que de acuerdo con dicha concepción la sociedad se autodepura al eliminar a los menos resistentes. Con el objetivo también de alcanzar un mejoramiento social llegó a sostener . :.alsa teoría de los caracteres adquiridos por medio de la herencia que pennitiría un perfeccionamiento de las nuevas generaciones y un progreso en la moral 42 El filósofo cubano llegó a valorar ese proceso de selección social como el fundamento sobre el cual descansa la evolución social Según él, la ley fundamental que rige la vida de las sociedades así como la de todos los organismos en general es una evolución incesante, o sea, una adaptación continuada a las circunstancias externas, merced a la transmisión hereditaria de
los carácteres útiles, adquiridos por variaciones y modificaciones lentas en
el curso de la existencia individual y colectiva.43 A partir de este principio
Varona deriva un conjunto de leyes particulares que también coincidían
en gran medida con la sociología spenceriana.
Consideraba necesario conocer el funcionamiento de esas leyes a fin
de poder dirigir científicamente la sociedad, por lo que recomienda especialmente a los gobernantes su dominio a fin de dirigir armónicamente el
desarrollo social: según él, el desconocimiento de las leyes que presidían
la evolución social era una de las causas del malestar reinante en toda
época.44 · conformidad con Spencer, Varona consideró que en todas
partes se produce "una evolución constante de lo simple a lo compuesto,
de lo homogéneo a lo heterogéneo, de lo indefinido a lo definido y organizado "45 , y piensa que la "manera de funcionar de cualquier organismo es
la sucesiva diferenciación y subordinación de partes, sistemas y órganos". 46 Es innegable que estas tesis no carecen de ingenio y pueden indicar algunos aspectos del desarrollo pero no expresan su esencia, no señalan sus leyes fundamentales. Estos conceptos resultan imprecisos y no permiten efectuar un verdadero análisis científico de la sociedad, pues como
indicaba Lenin "...El propio concepto de 'diferenciación', 'heterogeneidad', etcétera, adquiere distintos significados según a qué ambiente social
se aplique.. .'~ 47 En verdad esta concepción desvía su atención del elemento esencial que define el desarrollo social, es decir, el grado de correspondencia existente entre las fuerzas productivas y las relaciones de pr0-

�56

SigloXIX

ducción de una formación económico-social históricamente determinada.

1

'

La teoría de la diferenciación social sirvió a la sociología positivista
para presentar la desigualdad entre las clases como al~o natural._ Este _argumento de la ide~logía burguesa que pretende eternizar, la exis~enc1a de
las clases se reveló en Varona en la ocasión en que busco sus or1¡?;cnes en
la distinción progresiva de los órganof que se llaman clafes soc~les que van definiéndose y acrecentandose cada vez mas, adqu1rie~do mayor suma de fuerza y obligándose recíprocamen~e a
concertar sus acciones para que r~1;11ten eficaces, es _su cu~hdad
característica, su regla, la cooperac10.!1; la depe~dencia re~tproca
de las partes, que asegura la au tonom1a de las unidades s?c_1~es; la
importancia creciente ~~l individuo en_ el ~stado, la div1S10_n de
los poderes y la formaoon de una conciencia y voluntad nacionales.48
De esta forma pretendía argumentar la n_ecesidad de_ una armonía entre las clases y evitar todo conflicto que pudiera conducir a la lucha entre
ellas y a la revolución social.
Varona consideró durante el primer período del desarrollo de su pensamiento filosófico que en la sociedad burguesa se rroducía un proc'.~º de
heterogenización que iba diferenciando cada vez •~ás a las clases sociales ,Y
automatizando en lo individual las relaciones socrales. En verdad ocurna
todo lo contrario, ya que como demostraron científicamente Marx Y
Engels:
Nuestra época, la época de la bur~es~a, se distingue, sin embar~o,
por haber simplificado las contra~cc1ones de clase. Toda la soc,~dad va dividiéndose, cada vez mas, en dos gra1;1des campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.49
Y a pesar del carácter velado que en ocasione.:' adopta la explot~ción
del hombre por el hombre en esa sociedad, escudandose tras las consignas
de igualdad, libertad, derechos humanos, etcétera, el r~~en capitalista ~s
tan antihumano como las anteriores formaciones econom1co-sociales claSIStas y queda excluida cualquier posibilidad de. armonía entre las clases.
El filósofo cubano consideró en aquellos momentos que las clases sociales a las que denominaba órganos del organismo social ne~esariamente
tienen que interdepender, cooperar y sobrellevarse a fin de evitar los gr~ndes conflictos sociales: las revoluciones. Su ideología burguesa lo llevo a
concebir múltiples fónnulas irrealizables para tra~r de me~orar_ ª'!°_ella
sociedad, por la vía pacífica y moderna, pero las c1rcunstancias h1ston~as
lo empujaron hacia una mejor comprensión del papel de fas transformac10-

P. Guodarroma González: Jo,é JIarona en la filo1of(o cubano 57

nes revolucionarias. Cuando Varona analizó las causas que motivaban las
necesarias guerras por nuestra independencia las encontraba en las excesivas cargas fiscales, en la enonne deuda exterior, en la diñcil situación de
los ~roductores de az~~r, de los sembradores de caña, en la falta de capital e1rculante y de creditos para la producción y como lógica consecuencia
de todo esto el incremento de braceros desocupados. Este estado de cosas
lo condujo a la conclusión de que "la revolución era solo cuestión de tiem.
po en Cuba ". 50 Y resulta significativo que su espíritu de moderación no se
convirtió en un obstáculo para comprender el carácter de aquella guerra.
Así, al ofrecer una valoración justificatoria de ella, llegó a afirmar:
La guerra es una triste necesidad. Pero cuando un pueblo ha agotado to~o~ los medios h1;Ullanos de persuasión para recabar de un
opresor mJUsto el remedio de sus males; si apela en último extremo a_ la fuerz~ co? el fin de repeler la agresión permanente que
constituye la tlrama, ese pueblo hace uso del legítimo derecho de
defensa y se encuentra justificado ante su conciencia y ante el
tribunal de las naciones.SI
De es~e modo, V_arona se fue convirtiendo en uno de los más grandes
propagandIStas de la Justeza de nuestra lucha desde las columnas de Patria,
al co~npren~cr que sus i~s liberales n°?ca podrían realizarse bajo la hege~001a espanol~, como ilusamente hab1a pensado durante su anterior periodo autonomista y en este aspecto también su actitud lo llevaba a romper con algunos de los principios de su concepción evolucionista sobre el
desarrollo social.
En definitiva a él nunca se le había escapado por completo el hecho de
que el desarrollo de la sociedad era mucho más complejo que el de la naturaleza, de alú que insistiese en que el hombre debía emanciparse de los mecanismos que pudieran acercarlo al animal. Ya desde sus célebres conferencias filosóficas había dejado esclarecido su criterio respecto a la evolución
sociológica como
La más compleja y vasta de todas, en que los individuos son tribus, razas, pueblos, grandes naciones, donde los períodos son las
edades históricas, y cuyo apogeo estará en esa cumbre tal vez
ideal y por lo mismo no imposible, a donde acudirán los' pueblos
a hacer patente el secreto de su común solidaridad, donde se romperá el pacto táctico de la eliminación por la guerra, y se redactará el código de la paz universal.52
. Pudiera parecer que existe una contradicción polar entre las ideas biologi~tes sobre el desarrollo soci~ de V~ona por un lado y la actitud que
asum10 ante nuestro proceso de liheracion nacional, pero en realidad se
trata de que aquellas ideas son aceptadas tomando en cuenta su supuesta

�58

Siglo XIX

P. Guotlorromo Go,míla: Jo,é Varona en la JD-qffi, culiwnc 59

base científica sobre la que se presentan, pero en la medida que transcurre el proceso histórico nacional el pensador cubano se percató de la propia
esencia reaccionaria de esas ideas y de la función ideológica que desempeñaban en el contexto lústórico en el que habían sido engendradas, al justificar la dominación colonial de unos pueblos sobre otros. Este factor hizo
que paulatinamente se debilitara la tendencia social darwinista en su enfoque sociológico.

la necesidad histórica de aquel proceso emancipador y propag¡¡ba sus ideas
convenciendo con cifras y con hechos que el podei español sobre Cuba estaba condenado a &lt;ie{laparecer y al pueblo le correspondía la misión de derribarlo. Haciendo una valoración de aquellas cÍrCUlllltancias Va,:ona escribía:
Martí desembarcó en Cuba con el JCDeral Gómcz y cuatro compañeros más. Antonio Maceo invadio a Baracoa con 20 homlrcs.
S~ audacia habn'a sido demencia pura y simple, si no hubieran sabido que los aguardaba un pueblo entero, dispuesto a seguirlos a
la victoria o la muerte. La historia no presenta ejemplo igual. El
valor, de_ es~ hom_bres n~ tiene paralelo. Pero su acción política
habna Sido mcxphcable sm un hecho capital (..•) El pueblo de
Cuba op~do, vejado, burlado, arruinado y desesperado estaba
resuelto a mtentar un supremo esfuerzo por derrocar el poder que
lo oprimía y solo anhelaba jefes que le marcaran el ca.mino.SS

Al analizar esa complejidad y especificidad del desarrollo social, Varona observó la existencia de mecanismos muy superiores a los existentes en
la naturaleza, y por esa vía llegó a una acertada comprensión del problema
del papel de las masas populares en la historia y su correlación con las
grandes personalidades. En este aspecto dejó atrás su darwinisrno social )'
los obstáculos que interpone la ideología burguesa a la concepción científica de la historia. Así Varona expuso objetivamente la dialéctica interacción que se produce entre los grandes hombrt&gt;S, los dirigentes de los procesos sociales y las masas populares. El criterio varoniano tuvo que enfrentarse a las teorías de Carlyle y Emerson, quienes sobrestimaban el papel
de las personalidades y omitían el de las masas, en tatlto que para el pendor cubano esos individuos eminentes eran realmente producto, antes de
ser causa del progreso social. 53 La verdadera fuerza motriz del proceso
histórico Varona la encontraba en las masas populares, por eso escribía:
"hoy los grandes actores en el drama de la historia no son los principales
de los pueblos, sino los pueblos mismos". 54 Lógicamente se percataba
de la necesidad de los grandes hombres, de su papel en determinadas circunstancias históricas, pero comprendía que en última instancia lo determinante era la participación de las masas populares:

De esta manera, Varona exponía su concepción sobre la forma en que
se revela la necesidad histórica con la casual aparición de las grandes personalidades. La lucha por la independencia era imprescindible, podría
demorarse años más o menos en dependencia de múltiples circunstancias,
entre las que figuraban la aparición de sus dirigentes, pero era un hecho
inevitable. El lugar de lo casual quedaba para él explicado al señalar que
en t~o momcnt~ histórico hay siempre algo accidental, que no
convJCne codfundir con lo permanente. Lo accidental son los
hombres que representan una situación. Lo permanente son las
ideas que conforman un estado social.59
Esas ideas las concibe como un reflejo del mundo, que se co.rresponde con las exigencias objetivas de 1a sociedad y toman fo.rma en la conciencia de los hombres encargados de transformar la realidad.

los hombres superiores son útiles -expresaba en 1886-, pero no
incmpensables. Los pueblos no deben esperar milenarios ni mesías, deben saber que el trabajo continuado de los pequeños es el
que realiza las obras colosales que luego se atribuyen a los grandes.SS

Y en 1905 insistía en el hecho de que "los pueblos son los que se labran su propio destino";56 sin embargo Varona no dejaba de reconocer
que las personalidades eran expresión también de la necesidad histórica
y no son solamente resultado de lo casual. Por eso en plena campaña ideológica durante la guerra del 95 señalaba: "ningún hombre es indispensable, pero en ciertos momentos hay hombres que encarnan grandes fuerzas
políticas o sociales, las que se menguan con su pérdida ".57 Esa era la real
situación que se produjo en aquellos momentos de la lucha del pueblo cubano tras la caída de su máximo dirigent,., José Martí. Sin embargo, aun
en tales circunstancias, al efectuar el análisis sociológico de aquellos momentos de nuestra historia, Varona se c::-ecía al ofrecer una comprensión de

•

Esta concepción de Varona no sólo se plasmó en el terreno de la acción poütica sino tamlién en otras manifestaciones de la vida material e
intelectual de la sociedad, en el arte, en la ciencia, etcétera, cuan~ planteaba:
los sabios profundos, los grandes maestros, los ingenios eximios
no se producen espontáneamente, si.no que: son ammcjados y prometidos por una gran cultura científica, artística o literaria. Es
decir, que donde llegan a señalarse vigorosamente esas individualidades, van dejando debajo de sí otras muchas menos caracterizadas que le sirven de base y sustento.
Tal comprensión descansaba en el presupuesto enunciado pOI." él de
que "en 1a sociedad todo es colectivo".61 De ahí que resulte extraordina-

�P. Guadanuma Gonzcílez: ]o!é Varona en la filosofía cubana

60

11

61

SigloXIX

ya que abarca solo un corto período de su vida y no caracteriza la totalidad de su pensamiento. En verdad, mientras Varona sostenía una concepción definitivamente determinista se alejaba más del pesimismo, pues confiaba en las posibilidades humanas de transformar la realidad natural y social y ponerla al servicio del hombre al conocer éste las leyes que la rigen.
De igual modo, resulta errónea la interpretación que atribuye al determinismo de Varona la negación de la libertad, como asegura Vitier, 65 ya que
por el contrario, Varona piensa que el hombre actúa con libertad, con conocimiento de causa y transfonna continuamente la desconocida necesidad
en necesidad consciente, en libertad. Precisamente en este aspecto se revela
su comprensión dialéctica de esta correlación que expuso por primera vez
aJ afirmar:

riamente valiaio que .haya podido elaborar una co~~,l&gt;ción ~pecto a esta
problemática que la distanciaba no solo del pantivtsmo smo del -~nsamiento filosófico y sociológico burgués en ·general que se_ ha, ~actenzado
por ignorar -el papel de las masas y pres~~tar los hechos histoncos como el
pr&lt;,.lucto de voluntades aisladas o dec1S1ones personales de, los hombres
"superiores". Es indudable que en este aspecto Varon~·_5l:,3c~rcó a,l~ concepción •materialista de l,ll historia: sin embargo, su pos1C1on 1deologic~_le
impedía realmente coincidir p,lenamente ,con _la 'verdadera comprens10?
científica del problema de. la dialéctica interrelación en~re las personalidades y lás masas en la lústoria. En primer lugar, porque el co~cepto de
masas y de pueblo que tyvo Varona, se infiere de sus planteam1e~tos, era
muy amplio y abstracto e i~lu~a prácticamen!e ~ todos !os m1em~r.os
de la sociedad. Resulta comprens1hle que tar criterio estuviese condic1&lt;:
nado por las ciréunstancias especifi~s de nuestro pa_ís, en el, que la domf- . ,
nación colonial inducia a agropa,t en un todo comun. al pueblo cuhan~,
para enfrentarla factor este que incidió junto a su arraigada ideologia
bur~esa en el hec~o de que el pen5:1dor _cubano no ef-ectuara un análisis
mucho más objetivo y por tanto daS1sta sobre las masas populares Ysu pa·
pel ·en la historia.·
'

el hombre no puede por tanto sustraerse al determinismo, pero sí
puede en cierto modo educarlo y guiarlo, que es aquí vencerlo.
No es un autómata; mas para no serlo se necesita cultivar tanto la
inteligencia como el sentimiento: la educación es su verdadera redentora.66

Esto demuestra el carácter insostenible de las tesis que pretenden alejar a Varona de la verdadera concepción científica. En realidad Varona en
vez de alejarse del detenninismo se aproxima a él en tanto que se alejó del
fatalismo y de la doctrina del libre albedrío, pues como señaló Lenin la

IV.
Todo el análisis sociológi.co de Varona _partía de una con·cepción profundamedte detenninista del 11mndo, que en lucha tinto contra el volunta- . ·
·rismo como contra el fatalismo encerraba profundos elementos dialécticos Y
materialistas. Su ·cr,i'terio detenninista partía del planteam~nto de la causalidad como ley fundamental que rige el desarrollo de todos los fen?'"enos de la realidad. "El prjncipio de causalida~d -afirmaba en sus Nociones
de Lógica-; niega 'fe los fen?menos se sucedan _unos a ?tros sin regla Y
por puro capricho. 1;2 Este mtsmo punto de parbda hab1a tomado en su
agu_da polémica con Teófilo Martínez en la.Universi~d de La Haba~a,- en
la que expuso sus ideas contra las llamadas causas pnmeras y,defendío una.
firme posic_ión detenninista fi;ente a la t~oría del.libre.albedrío. En aquella
ocasión señalaba: "la causalidad implica el determinismo (...) En el pun-_
to a: que han llegado nuestros conociinientos, una fuerza libres _es el ma_yor ,
dE- los ahsurdos".63 Varona sabía muy bi~n que una p~ció11·que negase
él detenninismo justificaba de hecho la intervención de una fueria•sobrenatural de Dios en el desenvolvimiento de los fenómenos, y ·argumeptó su •
concepción sobre la base de su arraigado ateísmo.
El problema di\ la -coQCepción deterininista de Varona, al igqal que su
"ateísmo ha sido tergfyersadQ po!- la historiografí~ ~rguesa ~bre su pensamiento. Se ha tratado de presentar sil determuusmo como una consecuencia del pesimismo de sus últiptos afios, 64 1o cual resulta insos/teni1?_1e,

'

..

. ..

idea del determinismo, que establece la necesidad de los actos del hombre
y rechaza la absurda leyenda del libre albedrío
. \

...no niega en un ápice la inteligencia ni la conciencia del hombre, como tampoco la valoración de sus acciones. Muy por el contrario solo la concepción determinista permite valorar rigurosa y
acertadamente, sin imputar todo lo imaginable al libre albe-

drío ...67

Así el deterininismo varoniano afianzado en el papel del conocimiento
humano, en su función desmistificadora de la realidad, rechazaba de plano
el fatalismo.
La necesidad es objetiva y, por tanto, existe con independencia del
hombre; sin embargo, éste no se somete a ella como obediente cordero, el
hombre la conoce y transforma en la práctica social de lo cual Varona se
percata. Por eso expresaba: "el hombre no es libre, pero se hace libre.
Empieza por obedecer, acaba por escoger pero no escoge por capricho,
escoge detenninándose " 6 8 Al propagar esa concepción cuya esencia era
dialéctica y materialista, Varona difundía la idea entre nuestro pueblo de
que éste podría transfonnar aquella sociedad colonial. Esto significa que
su labor filosófica no solo poseía un profundo contenido teórico, sino que
constituía un instrumento que coadyuvaba al proceso de maduración de la

�62

SigloXIX

conciencia para la necesaria lucha por la independencia. De modo sutil, al
enjuiciar filosóficamente d papel de la actuación libre del hombre, criticaba a los indecisos y escépticos dd período de la tregua fecunda cuando
decía en 1888:
como por lo general nos sentimos meras unidades, elementos
más o menos coherentes de un vasto agregado, nos dejamos fácilmente arrastrar por el Ímpetu de los acontecimientos, nos sometemos sin luchar a las influencias externas, o nos consideramos
simples espectadores de los hechos que se desarrollan sin participación nuestra; antes que estimamos como fuerzas autónomas,
capaces de exteriorizar o apreciar todas las fases de lo objetivo,
de oponerle resistencia llegado el caso, y modificar al cabo y
aunque sea en pequeña parte, la dirección de su continuo proceso.69

Esta era una de las formas en que las ideas filosóficas del pensador cubano trataban de convertirse en arma material instando a participar activamente en la batalla pOI' la independencia que ya se avecinaba.
Incluso en el momento de la crisis de su pensamiento en que poso de
manífiesto algunos rasgos pesimistas, mantuvo Varona so concepción sobre
las libres posibilidades humanas de acción en el cauce de la necesidad. De
ese período es este pequeño diálogo en que plantea:
- La sociedad nos pone una camisa de fuerza.
-Cierto. Pero quítatela y verás. Ni Polifemo con su ojo sano.70

Esto demuestra que Varona toda su vida confió en la capacidad del
hombre para actuar con libertad en la medida que conoce las foenas naturales y sociales, en la medida que domina las leyes que rigen la realidad objetiva y actúan en correspondencia con ellas. Tales criterios de Varona se
fundamentaban en la extraordinaria corúianza que siempre mantuvo en el
progreso humano. Si bien su concepción del progreso había estado limitada por el evolucionismo positivista unilateral, ella le sirvió para difundir la
seguridad en la necesaria transfonnación de la sociedad cubana de entonces, que en primer lugar requería emanciparse del colonialismo español para exigir una sociedad democrática.
El análisis sociológico varoniano se realizó desde una óptica liheraJ.
borgnesa; por esta razón sus juicios no podían ser nunca genuinamente
científicos, no obstante sus aciertos, ya que la ideología burguesa invierte las relaciones reales que se producen en la sociedad y las acomoda a su
antojo a fin de justificar el statns existente. Sin embargo, el filósofo cubano no siempre fue consecuente con su posición de clase. En muchas ocasiones- se situó por encima de las posibilidades reales de desarroUo de la

P. Cuadarramá Gonzále:z: JoúJ Varona en la filowfú1 cubana

63

burguesía cubana de su época, la cual no fue capaz dt&gt; po11erSI' al nivel de
las aspiraciones de este representante de la ilustraciún. \ la ,,ar si&gt; situaba
también fuera del marco de los intereses de(':;¡¡ cla"" cuando as¡1iraba a mojorar las condiciones d" vida de obreros } campesinos y d,, otros S('Ctores
discriminados y explotados, cuando dcferulía los drrcchos cid negro y de
la mujer y, especialmente, este alejamic1110 se apreóa mucho más l'Uando
en sus últimos años reconoce que la sociedad capitalista está rondcnada a
desaparecer y sus sueños demoliheralcs se •,-eían aplastados con la aparición del imperialismo. Estas oscilaciones e11 su postura de ,.(ase se reflejaron en sus ideas sociológicas, que 94&gt; alejaban dt: la verdad objetiva en la
m~ma medida que se mantenían en el estrecho marco del pensamiento
burgués y alcanzaban mayor objetividad y carácter rientífico cuando intentaba superar esos parámetros y reconocía la rt·¡!;lllaridad objetiva del desarrollo social, al plantear la significación del factor ( conóm iro 1·11 éste, al
confiar en el horn bre y en sus infinitas pO!-ibili da des d, perfrccio11anúento.
al valorar el papel de las masas populares t·11 su interaeóón &lt;'011 las grandes
personalidades en la historia, al expr!'Sar la dial,;ctica eorr('lación entre la
necesidad y la causalidad, entre la neceüdail y la libt·rtad )' al a:,egurar, por
último el continuado progreso de la sociedad, más allá &lt;lel horizonte burgués. De ahí que resulten plenam('nte iálidas las idra~ ,le \nnando Hart
al afinnar que "la evolución de las ide.as d.., \ arona , a In lar¡?:o el,· su vida,
nos revela que alcanzó mayor rigor intt·lcctual ~ riq111•7a ,·ultural alü donde se acercó al movimiento popular'~ 7 1 De i~al marwra \ 'arona ,-(' destaca
respecto a sus contemporáneos latinoamericanos que S(' ltahían id1·ntificado con la filosofía positivista tanto por el valor d(' su análisis l&lt;'Óri,·o corno
por las proyecciones de su orientación ideológica.
La objetividad del análisis sociológirn varonianu :,,1• acrecentó en la
misma medida en que se desembarazaba dr- la idPoio11ía hur¡!:lll'sa y en proporción directa con el reconocimiento de la frustración ,le sus id,~les. Por
eso sus últimos juicios sobre el problema social PStán caracfrrizaclos por la
sostenida idea de que la sociedad progresa, pPro 110 hacia los rumbos que él
anteriormente había pronosticado, sino hada el socialismo. Realmente el
porvenir de la humanidad significaba la negm:ión de ~us a11 tt'riores aspiraciones, pero con honestidad insuperable expresaba f'n sus últimos años:
quienes como yo se hab1an nutrido de la savia del individualismo, ven cómo crece y se hincha la ola gigantesca del socialismo.
Y un verdadero desgarramiento se produce en nuestro espíritu.
La organización económica de esta sociedad está podrida 72

Y más tarde sentenciaba "vamos, sin qu&lt;'r&lt;·rlo o 11u1·rii·ndolo. hac:ia el
socialismo". 73

�64

Siglo XJX

P. Cuadarrama González: )&lt; .,é Varona en la füosof1'a cubana

Esto significaba el nivel más alto a que podía llegar el prnsador cubano en su análisis sociológico y en su ideología política. El período final de
su vida resulta muy valioso y esclarecedor para la comprensión de toda su
obra filosófica y sociológica, porque significaba la neg.ición dialéctica de
muchas de sus ideas anteriores. Aunque en esta época solo escribió aforismos, artículos cortos, ya en algunas cartas abiertas es apreciable su parcial
dejación de muchas de las cat~orías sociológicas que en sus años de madurez habría empleado. Esto no implica que hubiese roto del todo con toda
su anterior concepción sobre el desarrollo social, enraizada por tantos
años de meditación, pero es evidente que las transformaciones sustanciales
que operaron en su pensamiento en este último periodo, condicionadas
por los avances de la sociedad contemporánea con el advenimiento de la
época del socialismo tras la gran revolución de Octubre, dieron lu1!3r a qur
no aceptase ya como válidos muchos de sus anteriores criterios socioló¡ticos y políticos. Incluso sus referencias a Comte, Spencer y a otros n·1m·sentantes de la sociología positivista, desaparecieron prácticanwnlr.
En definitiva, Varona nunca se había visto atado por complt·Lo al
positivismo. Si bien se había nutrido de él y había acPptado all!l-1110.,; df!
sus principios fundamentales, fue siempre capaz de anali;r,ar los proLl,·mas sociales con la suficiente originalidad que le propiriaha su vasta rnltura y la agudeza de su talento. La realidad cubana } la latinoanwricana,
así como sus estancias en España y los Estados Unidos, Ir hahían s.-rviclo
de fuente directa de infonnación y objeto de análisis para el rnfoqur so•
ciológico con una óptica propia.
No cabP- duda que las ideas filosóficas de Varona constituyP.11 una ele
las más altas expresiones del pensamiento filosófico y sociológico burgui:s
latinoamericano de fines del siglo XIX e inicios del XX, el«· profundo sentido progresista y significativo para nuestra herencia cultural. El estudio
de su pensamiento confirma plenamente las sustanciales orientaciones que
nos ofreció Juan Marinello, al indicarnos que "el balance final fue favorable': 74 Las huellas que dejó la polifacética labor de Varona en distintas
esferas de la cultura y la vida social de nuestro país le hacen ocupar un lugar de honor como una de las más valiosas figuras de nuestra filosofía, al
constituir un eslabón más en la transición de los objetivos de liberación
nacional de nuestro pueblo hacia la emancipación social.

-

65

NOTAS

1. E.J. Varona: "El positivismo". Revista de Cuba. La Habana, 1878, t. 111, p.
175.
2. E.J. Varona: Fundamentos de la moral. E~torial Appleton, New York, 1914,
p.42.

3. E. J. Varona: "Libreta de pensamientos", 11 (manuscritos de su biblioteca personal), p. 29.
4. Véase C. Marx. y F. Engels: Obras escogidas. Editorial de Lenguas Ext:ranjeras,
Moscú, 1955, t.11, p. 386.
5. Véase C. R. Rodríguez: 1-imdam&lt;'ntos. La Habana, 1949, p. 408.
6. E. J. Varona: Estudios literarios y filosóficos. Imprenta la nueva principal, La
Habana, 1883, p.196.

7. L J. Varona: Curso de psico/og1Íl. Imprenta La moderna poesía, La Habana,
1905, p. 485.
8. 1·. J. Varona: Co11/PrP11cns filo.&lt;óficas (Serie moral). Establecimiento tipográfico O'Rcilly, 1888, pp. 149-150.
9. E. J. Varona: Co11feren&lt;'Ías sobre los fundamentos de la moral. Editorial Appleton, Ncw York, 1918, p.182.
1O. 1. J. Varona : Co11f&lt;•re11ciasfilosóficas, citado, pp. 161-162.
11. l,J.,m, p. 153.
12. 1-.. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XXXIl, 127, Año XI, La Habana, 1923.
13. ldem, p. 193.
14. E. J. Varona: "Libreta de pensamientos" (manuscritosde&amp;1 biblioteca personal), p. 76.
15. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XIX, 76, Año Vll, La Habana, 1919,p.
146.
16. V J. Lenin: Obras completas.
17. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t.XlX, 76, Año VII, La Habana, 1919, p.
355.
18. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XXXIJ, 27m Año XI La Habana 1923
p. 33.
'
'
'
19. E. J. Varona: Cuba rlrtútica. La Habana, 1917.
20. E. J. Varona: "Con el eslabón" (manuscritos de la Biblioteca Nacional. Colección

�66

P. Guadarramo González: Jo,é Varona en lafilosof(a cubana ú7

Siglo XIX

cubana), p. 9.

40. E. J. Varona: "Días después". Desde mi beluedere, Imprenta Rambla, Bouza y
Cía, La Habana, 1907, p. 77.

21. R. Roa: "Palabras del doctor Raúl Roa Gama en su investidura como profesor
de mérito de la Universidad de La Habana". Crenmo, 25 de abril de 1977, p. 3.

41. F. Engels: Dialéctica dela naturaleza. Editorial Grijalbo, México, 1961, p. 266.

22. E. J. Vuona: Cubo Contemporáneo, tJ(IX, 76, Año VD, La Habana 1919, p. 35

42. Véase P. Guadarrama: "Las ideas éticas de E. J. Varona" .Islas, No. 55-56,
setiembre de 1976, pp. 171-205.

23. E. J. Vuona: "Ubreta de pensamientos" (manuscritos de su bilbioteca personal), p. 87.
24. C.R. Rodríguez: ''Varona y la trayectoria del pensanúento cubano", (Homenaje a Enrique José Varona). Municipio de La Habana, 1949, p. XXV.

25. R. Agramonte: D peRHmientQ filo,ófico de Varona. Editado por la Universidad de La Habana, 1935, p. 83.
26. E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América". Estudios
y conferencta$. Edición oficial de las obras de Enrique José Varona. La Habana,
1936, p. 86.
27. E. J. Varona: KE} imperialismo a la luz de la ,ociología". Antimperiolismo y república. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1970, p.112.
28. ldem, p.128.

43. E. J. Varona: Fundamentos de la moral, Editorial Appleton, New York, 1903, p.
175.
44. Véase E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América".
Estudios y confe,rencias, citado, p. 82.
45. E. J. Varona: Conferencias filosófiros (Serie lógica). Editorial Miguel de Villa,
La Habana, 1880, p. 1 7.
46. E. J. Varona: Curso de psicologfo, citado, p. 43.
47. V. l. Lenin: "Contenido económico del popularismo". Ob. Cit., t. l, p. 431.
48. E. J. Varona: "Discurso pronunciado en el teatro La Caridad de Santa Clara
el 15 de julio de 1889". De la colonia a la república, citado, p. 29.
49. C. Marx y F. Engels: "Manifiesto del partido comunista", Ob. cit., t. 1, p. 22.

29. l. S. Kon: Der PolitÍtlumus in derScniologie. Benin, 1968,p.105.

50. E. J. Varona: "En la Habana".Patria, 253, 3 de junio de 1896,NewYork,p.l.

30. Véase E. J. Varona: "Para UJIOs abogados". Cuba Contemporáneo, t. XXI, 84,
Año VD, La Habana, 1919, pp. 329-332.

51. E. J. Varona: D,, la colonia a la república, citado, r,. 39.
52. E. J. Varona: Conferencias filosóficas (Serie lógica), citado, p.17.

31. M. Vitier: l.As ideas y la filosof1á en Cuba. Edítorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1970, p. 422.
32. E. J. Varona: "Cavete cónsules, violetas y ortigas". Edición oficial de las obras
de Enrique José Varona. La Habana, 1938, p. 238.
33. E. J. Varona: "El bandolerumo". Reui,ta Cubana. La Habana,junio de 1888, t.
vn, p.482.

53. L J. Varona: "Emerson". Revisw de Cuba. La Habana, 1886, t. IV, p. 87.

55. ldem.
56. E. J. Varona: "El imperialismo a la luz de la sociología". AnlimpPrialismo y
república, citado, p.131.

34. F. Engels: "Carta a Bloch". C. Marx y F. Engels: Ob. cit., t. 11, p . 520.

57. E. J. Varona: "Cánovas". Patria, 377, año V, 11 de agosto de 1897, New York,
p. l.

35. E. J. Varona: "Abrimos los ojos". Art(culos. Publicaciones del Ministerio de
Educación, La Habana, 1951, p. 257.

58. E. J. Varona: "luz que ofust2". Patria, 217,año V, 29 de enero de 1896,New

36. ldem.
37. E. J. Varona: "El imperialismo a la luz de la sociología". Antimperialismo y república, citado, p. 113.
38. E. J. Varona: "El fracaso colonial de España". De 1a colonia a la repúbliro. Editorial Cuba contemporánea, La Habana, 1919, p.124.
39. E. J. Varona: "Sobre el sufragi.o universal". Por Cuba. Imprenta El Siglo XX, La
Habana, 1918, pp. 158-159.

York,p. l.
59. E. J. Varona: "Jamás Cuba fue servil". Artú:ulos, publicaciones del Ministerio
de Educación, La Habana, 1959, p. 295.
60. E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América". Estudios
y conferencias, citado, p. 85.
61. E. J. Varona: "Los grandes", Revi,ta Cubana. La Habana, 1886, t. IV, p. 86.
62. E. J. Varona: Nociones de lógica. Imprenta La Moderna poesía. La Habana,

�68

Siglo XIX

Notas para una Historia de las Ideas
en Cuba (siglo XIX)

1902,p. 78.
63. E. J. Varona: "La metafísica en la Uruversidad de La Habana".Estudio, literario, foo,óficos, citado.

Gustavo Escobar Valenzuela*

64. R. Agramoote: Varona el filósofo del escepticismo creador. Editorial Jesús Montero. La Habana, 1949, p. 160.
65. M. Vitier: Varona maestro de juventudes. Editorial Trópico. La Habana, 1937,
p.189.

Para mi amigo cubano Luis Toledo Sande

66. E. J. Varona: Conferencias fí}.os6ficas (Serie psicologÍa). Imprenta El retiro, La
Habana, 1888, p. 140.

Es cubano todo americano de nuestra América y en Cuba no
peleamos por la libertad humana solamente; ni por el bienestar
imposible bajo un gobierno de conquista y un servicio de sobornos, ni por el bien exclusivo de la isla idolatrada, que nos ilumina
y fortalece con su simple nombre: peleamos en Cuba para asegurar, con la nuestra, la independencia hispanoamericana .

67. V. l. Lenin: "¿Qiiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los
socialdemócratas". Ob. cit., t. I, p.172.
68. E. J. Varona: Conferencia, filosóficas, citado, p. 411.
69. E. J. Varona: "Elogio del doctor Antoruo Mestre". Revista Cubana. La Habana,
1888, t. vm, p. 16.

José Martf

70. E. J. Varona: "Con el eslabón" (manuscritos de la Biblioteca Nacional, Colección Cubana), p. 3.
71. A. Hart: "Palabras pronunciadas con motivo del 70 cumpleaños del doctor
Raúl Roa", Granma, 28 de abril de 1977, p. 2.
72. E. J. Varona: "Balance" .Arti'aJlos, citado, p. 301.
73. E. J. Varona: "Declaraciones a El País". Documentos para la historia de Cuba
(Recopilación de Hortensia Pichardo). Editorial de Ciencias Sociales. La Habana,
t. JII, p. 446.
74. J. Marinello: " Respuesta a un ruestionario presentado al doctor Juan Marinello
por Pablo Guadarrama",lslu, 47, p. 110.

-

L a Historia 111· las lrlras rqm·srnla una importanh- disciplina co11 nolablr tradición en nueslra hisloria intelectual. Como a11tr1·cd1·11tcs ,;r han rr¡ristrado, por ejem¡.,lo, las olir-JS dr E¡¡;uiara ~ l•:¡,irf'II. ,1,, \lanriro ~ lo~
otros jesuitas del siglo \VIII: cnsa)OS rlaborados rn el siilo \l'\ rnmo la
Filo.wf(a en el Brasil, de Silv io l{omero (18,6), La Filosofta c11 la Yuern
f:spaña. dr -\ gustín Rivera (18%), Apu11taciones históricas de la filoso(ü,
en .\fé.rico, de Emeterio Valvrrd1· TPllez, en 1898, f:11sa_vo sobre la historia
del positi1,ismo en México, dr \gugtÍn Aragón (1898). El Pemamiento de
1mérica, drl argentino Luis Berisso, rn tre otras,l hasta llr¡¡;ar a obra::, fundam(•ntales ri&gt;alizadas en los últimos tiempos por autores 1·01110 Lropoldo
Zea, Francisco 1'1iró Quesada, Arturo Andri-s Roiµ;, \rturo \rdao, Luis
Villoro, Abclardo Villegas, Horacio Cerutti, ~lar¡i.arita V era. Ignacio ~oha
}, particulanncnte en relación con el tema que aquí abonlaremoti. los estudios de los escritores cubanos Medardo y Cintio Viticr, autom, "" o bras
esclarecedoras sobre el proceso &lt;le la historia dr las irlras e n Cuba.
La Historia de las ldi&gt;,as en Latinoamérica ha rt&gt;vf's tido a través dr su
desarrollo diversas modalidades que ya han sido estudiadas por \rluro \.
Roig. Ha estado ligada a una preocupación nacional, a un afán dr alcanzar
una caracterización de determinado pueblo latinoam&lt;'ricano ((•11 nul'stro
• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México.

�70

C. Escobar Valenzuela: La, idea, en Cuba en el 1iglo XIX

SigloXIX

caso el cubano), otras veces ha asumido la forma de una filosofía de la historia de América (recordemos aquí los valiosos trabajos de Leopoldo Zea),
de una ñlosofía de la cultura o de una filosofía del discurso filosófico. Sin
embargo, piensa Roig, mas.allá de las formas o de estos modos diversificados que ha adoptado la Historia de las Ideas, podríamos decir que ésta se
ha constituido como una forma de saber de América o de Latinoamérica.-.2
Sin desembocar en un regionalismo estrecho o en un chauuinismo, esta
forma de saber deberá entroncar en una búsqueda de lo propio, en ''un
intento de determinación de un perfil cultural y señaladamente de un destino social". Tales caracteristicas hacen qué la Historia de las Ideas rebase
los marcos puramente teóricos de la filosofía. "La historia de las ideas
-nos dice Roig- no es un campo de trabajo intelectual de esos que se los
define reduciéndolos a una fundamentación de posibilidad de tipo epi&amp;
temológico, obsesiÓfl típica de neokantianos y de hussedianos. ".3 Se trata antes que todo de un "saber de compromiso", de una vía plausible para reelaborar un saber historiográfico-filosófico, no sólo de los desarrollos
y planteamientos del pensamiento latinoamericano, sino también y necesariamente del pensamiento europeo que ha ido y va siempre involucrado
en nuestro pensamiento.
Por otra parte, la Historia de las Ideas, a juzgar por las modalidades que le
atribuye Andrés Roig, se presenta como una disciplina abarcadora en la
medida en que contempla aspectos políticos, sociales, culturales, de la vida
de nuestros pueblos. Para José Gaos, por ejemplo, la Historia de las Ideas
comprende tanto la historia de la füosofía como la historia del pensamiento. Por su parte, el mismo Andrés Roig entiende por Historia de las Ideas
un estudio de la función social de las ideas en el contexto de un
sistema de conexiones dado para cada momento histórico. No se
trata de rastrear las influencias dentro de un desarrollo inmanente
de las ideas filosóficas, no se trata tampoco de ubicar originalidades o de detectar retrasos de las oleadas de influencias. Se trata de
producir una ampliaci6n de la historia para dar cabida en ella tanto al pensamiento académico cuanto al pensamiento popular.
Tanto a las ideologías dominantes, cuanto a las ideologías de liberación de los oprimidos. El discurso filosófico no puede ser
leído con independencia de sus relaciones con el discurso político
y este último tiene formas de dominación y formas de liberación
que pueden caracterizarse formal y semióticamente.4
En un artículo denominado "Sobre el estudio de Ja filosofía latinoamericana", 5 Abelardo Villegas expJica el caracter interdisciplinario que
entraña la Historia de las Ideas, al ser auxiliada por disciplinas como la
sociología, la geografía, la filosofía y la literatura, pues "la novela y el
cuento pueden llegar a tener una transparencia ideológica muy grande"
Los vínculos entre literatura e Historia de las Ideas se advierten en obras
como El matadero de Esteban Echeverría que "plantea en la acción el

71

dilema de la civilización o barbarie que aguijonéo la conciencia de los
intelectuales ari¡entinos dd siglo XIX".6
Sin embargo la intervención del pensamiento popular en la Historia
de las Ideas ha sido poco estudiado. La obra de Juan Meyer, La Cristiada,
podría ser un ejemplo de lo que puede lograrse en este sentido.
No podemos soslayar el hecho de que los pueblos latinoamericanos
son tributarios, en la historia de sus ideas, de la cultura europea desde el
siglo XVI; sólo desde este siglo, afirma Augusto Salazar Bondy, "podemos
encontrar productos culturales definida mente filosóficos" ( esto si nos atenemos al registro de lo meramente filosófico). Pese a la influencia europea,
los filósofos y pensadores del siglo pasado en Latinoamérica no se dedicaron a reflejar en forma pasiva esta cultura, sino que le imprimieron, a la
luz de su realidad, su propio sello. Esto se puede advertir en el caso del
pensamiento cubano del siglo XIX que aquí apenas esbozarfmos.

l.
Según el historiador cubano Julio Le Riverend, en sus inicios Cuba fue
una colonia de escaso desarrollo: casi despoblada y carente de recursos fi.
nancieros, no tuvo una vida cultural de cierto valor hasta la segunda mitad
del siglo XVID 7 • Esta vida cultural se desarrolló dentro de los marcos de la
llustración, es decir, de la ideología que exaltaba el progreso y la razón como desideratas de la historia. Hacia finales del siglo XVID surgen personajes como Francisco Arango y Parreño (1765-1837), ideólogo de la burguesía que defendía la explotación de los esclavos y que consideraba que era
necesario divulgar los conocimientos necesarios para producir mejor y en
mayores proporciones el azúcar, el café y otros productos del agro. "Era
partidario de un comercio más libre, particularmente con Estados Unidos,
así como de la promulgación de leyes que abolieran una serie de prohibiciones e impedimentos económicos en cuanto a la propiedad de la tierra,
la crianza del ganado y el monopolio del tabaco"8 • También refiere Julio
Le Riverend, ~n su Breue Historia de Cuba, la importante labor científica
que por este tiempo llevó a cabo el médico cu han o Tomás Romay ( 1764
1849) al contribuir al perfeccionamiento de la enseñanza de la ciencia y al
librar al país de la viruela, enfermedad mortal en aquellos años, con la
aplicación de una vacuna 9 • Además de estas importantes manifestaciones de
la ilustración cubana, comenzaron a implementarse otras actividades de
carácter cultura~ tales como la publicación de un periódico, El Papel Periódico de La Habana, y la creación de la Sociedad Económica de Amigos
del País, fenómeno típicamente ilustrado, que a su vez impulsó la ciencia
y la cultura en general: por ejemplo, organizó la primera biblioteca pública del país. De esta manera, corno señala Le Riverend, "el aumento de

�72

SisioXJ.X
C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el siglo XIX

la producción (a finales del siglo XVIII) y del comercio vino acompañado
del desarrollo de la ciencia y de la cultura general "_10 Refirámonos brevemente a estos factores que contribuyeron al desarrollo de la ilustración
cubana, o sea, a todo un movimiento que va posibilitando cambios políticos y sociales significativos y que a su vez va conformando la nacionalidad cubana.
La Sociedad Económica de Amigos del País fue fundada en 1793
Y tiene larga y fecunda vida. Fue un instituto similar a las sociedades de
Amigos del País que aparecieron en la segunda mitad del siglo XVID
como parte de la poütica y acción educativa alentada por Carlos ID. Una
vez establecida, tuvo como primer presidente a Luis de las Casas. Las
primeras actividades que atendieron fueron las de la agricultura y la instrucción pública. En sus estatutos de 1846 se establecieron tres secciones
o áreas de interés que marcan las preocupaciones, que fueron mas bien
prácticas, de la época: agricultura y estadística, comercio e industria popular, e historia. Esta Sociedad fundó, conforme también a las preocupaciones de la época, una cátedra de economía política, instalada el 14 de
octubre de 1818, en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio,
siendo su primer catedrático Justo Vélez quien, en sus lecciones, seguía
de cerca el pensamiento del economista liberal J. Bautista Say, y trataba
de aplicar estas ideas a la realidad económica cubana. Justo Vélez logró,
en hase a sus propias lecciones, escribir un texto que "refleja un individualismo sistemático propio de la época. Alli lo que preocupa es el capital ;
para el trabajo, para et lado social y humano del problema económico, casi
nada. "11
A pesar de que Vélez escribió su libro en 1819, cuando ya Europa sentía las corrientes socialistas, teóricamente desenvueltas, prevalece, en su
obra, el individualismo burgués. De esta manera, escribe Medardo Vitier,
" se enseñaba, se escribía para un sociedad conservadora, de ideario (más
implícito que declarado) individualista. Más todavía: era una sociedad
minada por la nefanda institución de la esclavitud doméstica. ''12
La cátedra de economía política, después de que estuvo vacante dorate algún tiempo, fue ocupada por otro intelectual cubano: Antonio
Bachiller y Morales (1812-1889), que ha sido concebido como "americano apasionado, cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso,
filósofo asiduo, ahogado justo, maestro amable, literato diligente. ''13
La obra más importante de Bachiller es, sin duda alguna, la que
con el _modest~ títtJ!o _de Apun~es para la historia de_las Letras y
de la mstruccion publica en la isla de Cuba, comenzo a publicar
en el J:aro -/ndustr~l y en la Revista de España, de Indias y del
extran1ero, de Madrid, y que al cabo recogiera en tres vólumenes,

73

en esta ciudad: el primero publicado en la impren ta de P. Massana,
calle de O'Reilly número 11 O en 1859, los otros dos, en ta imprenta del Tiempo, calle de Cuba Número 37, en 1860 y 1861.4
El enfoqu e que Bachiller le dá a esta f.amosa e histórica cátedra de
economfa política es diferente al de su antecesor: es menos in dividualista,
más orientado al problema humano y ético. A juicio de Bachiller la economía política no debe enseñarse "en vista sólo del libre jue{!;O dr los farlores materiales, es decir, tierras, medios de producción, caµital, labor huma•
na, mercados, oferta, demanda, etc., sino que el economista ha d1· incluir
la valoración ética entre esos hechos; ha de orientar la economía hacia la
justicia ". 15 De este m odo Bachiller tencüa convertir la economía política,
de ciencia meramente descrip tiva, a ciencia nonnativa. A propósito tlr este
cambio de enfoque que ex perimentó la e nseñanza de esta clisriplina en
aqu élla época, Me dardo Vitier recoge este repr&lt;·scnta tivo tex lo de Bachiller :
Vosotros oiréis que la economi'a p olítica es una ciencia enemiga
del hombre porque sólo atiende al poder mecánico que representa; es decir, que vale cuanto se aprecia una 1_náquina, y la parte
racional, el valor del hom bre como tal, se olvida enteramen te...
Recordaremos que su fin es la felicidad del hombre, que no puede existir sin justicia.16
Pero la Sociedad Económ ica fu n dó además de la cát1·dra de ceonomía polí tica, a la cual ya nos hemos referido, dive rsas cátedras y rscurlas,
entre las que se pueden destacar la aca demia de dibujo, cn·ada en L818, la
cátedra de contabilidad mercantil en 1845, la escurla d1• 111a11uinaria 1·11
1846, un c urso de dicado a parteras que se establrciú 1·11 ,.1 ll ospital d,·
Paula en 1831. La tónica o espíritu que se adv iertr r n todas estas cr,.aciones y actividades impulsadas por esta Sociedad, se traduce 1'11 una 1·s1wci1·
de realismo orientado hacia fi nes prácticos al mismo ti1·111 po que tra:..lu1·1·11
los ideales de la corriente ilustra da del siglo &gt;..'VIII. Pero ca bl' preguntar 1·11
qu é forma la Ilustració n europea se manifestó e n el contexto histó rico que
se pretende estu diar.
R ecordemos que la Ilustración presentó varias vertientes: a) una dirección filosófica que centra su interés en aspectos psicológicos y cognoscitivos y revisa la vieja concepción de la naturaleza humana. Bajo esta din·cción se enfren tan dos teorías centrales: el racionalismo que en el siglo
XVII había entronizado con Descartes, y el sensualismo difundido por filósofos como Hume, Condillac y Loc ke; h) una segu nda dirección es la r C'VOlucionaria que " busca cam bios positivos, alteración de las instituciones; el
derecho natural, la en ciclope dia, qu e culminaron en la declaración de los
derechos del hom hre. ' 'l 7

�C. E,cobor V alenzuela: Las idea, en Cuba en el 1iglo XIX

74

Pero ninguna de est.as direcciones de pensamiento tuvieron mayor resonancia en España, sin olvidar el movimiento liberal de las Cortes de
Cádiz y su Constitución. Mas bien la vertiente que predominó en España
y que penetró en sus colonias fue la filantrópica, huma~i~ria, de p!ogreso
nacional. La razón, la ilustración, el progreso eran las diVlSélS de la epoca y
acorde con estas se pugnó por una mejor sociedad, libre de trabas y selVidumbre. Signos visibles de este empeño lo fueron la Sociedad Económica
de los Amigos del País y publicacionefJ como El Papel Periódico de La Habana antes mencionado.
Este periódico comenzó a circular el 31 de octubre de 1790. Fue una
de las primeras realizaciones de la Sociedad Económica. Publicaba el arancel de precios al por mayor, infonnaba sobre compras y vent.as, la entr~da
y salida de los barcos, esclav,os, etcétera. lnserta~a d~, vez en ~~ando art1culos sobre educación y poesias. En 1805 la pubhcacion cambio de nombre:
se tituló Aviso hasta 1810, en que ya aparecía todos los días bajo el nombre de Diario.
Dentro de este marco, las exigencias tlustradas cobraron expresión en
el pensamiento del padre José Agustín Caballero -~1762-1835~1cuyas id~s
fueron un baluarte de modernidad y transformacion: combabo la filosofia
escolástica decaden-te y los anticuados métodos de enseñanza impuestos
por las jerarquías tradicionales de la Iglesia Católica. Para Medardo Vitier,
quien estudió con detenimiento la Historia de las Ideas en.Cuba dur~ te el
siglo XIX, el pensamiento del padre Caballero ( que por cierto fue ti,o del
ilustre Luz y Caballero) representa un notable antecedente de ~a epoca
crítica y de importantes cambios como los que se operaron en el siglo x_IX.
En efecto, pensadores como Caballero inician una tendencia progresista
dentto del pensamiento cubano y que se manifiesta en la defensa del
saber científico como medio valedero de conocimiento y el rechazo de los
métodos escolásticos. Esta tendencia va a tener continuadores destacados
como Varela Loz y Caballero y José Martí. Según Medardo Vitier las
solas ideas p~líticas, filosóficas, educativas, no explican por sí mismas las
causas profundas de esta crisis, pues

-

75

SigloXlA

toda sociedad lleva en su seno elementos suscitadores de cambio,
entre ellos, por supuesto, las doctrinas ~e una minoría; pero ést~s
deben apreciarse como factor conc_onntante, que aclara y preve,
no como raíz revolucionaria. La ratz se hunde en los soportes sociales, económicos,,espjrituales de la sociedad.18

I I.

Al reseñar las principalr.s ideas dt:sarrolladas en Cuba durante el siglo
pasado, es necesario tomar en cuenta para la ubicación de ims exponentes,

además de la Ilustración propiamente dicha, otras formas de pensamiento
que se derivan de aquella: el liberalismo, el positivismo y lo que estudiosos
del pensamiento cubano durante el siglo XIX, como Medardo Vitier, han
denominado realismo, el cual se manifiesta predominantemente en concepciones políticas y sociales.
Además, dentro de un ámbito esencialmente poütico, habría que
considerar las siguientes direcciones: el reformismo, el autonomismo, el
anexionismo y el separatismv. Destacados pensadores entroncaron con el
reformismo, como José de la Luz y Caballero, Antonio Bachiller y Morales, José Antonio Saco y otros. Hacia finales del siglo va a surgir, con José
Martí, una tendencia revolucionaria radicalmente separatista y antimperialista, que considera como improcedentes el reformismo y el anexionismo para cancelar la opresión española. Lo que Martí escribió contra el
autonomismo y contra la anexión, dice Marinello, podría recogerse en dos
gruesos volúmenes. No obstante, se vislumbra toda una continuidad histórica que ha. destacado muy bien el escritor cubano Cintio Vitier en su
obra Ese Sol del Muncro Moral, para una historia de la eticidad cubana,
cuyo título se inspira en una frase expresada por Luz y Caballero en una
histórica conferencia.
Ant.es que Cintio Vitier, Medardo Vitier, en su obra La Filosofía en
Cuba (1948), hacía notar al lado de la preocupación política que caracteriza al siglo XIX cubano, "de la emoción de la patria, ya velada, ya palpitante ( que) colora los temas de la ansiedad cubana", una tendencia metodológica y otra axiológica. La primera es expresión del pensamiento moderno (Descartes y Bacon, su preocupación por el método) mientras que la
segunda entraña "un fuerte eticismo de raíz cristiana, sin que falten reflexiones muy sugestivas, como aquella de Luz sobre el principio de utilidad:
'útil es un ferrocarril; pero más útil es la justicia" 18 (sentencia que emite
este pensador cubano en una de las polémicas filosóficas que se han consignado).
Por otra parte, en hase a este eticismo, Cintio Vitier traza los perfiles del pensamiento cubano aclarando que dicho eticismo no es privativo
de este pensamiento (puede hablarse de un eticismo mexicano, por ejemplo).
La eticidad cubana, para Cintio Vitier, se hace patente en "la captación
de un proceso espiritual concreto, el de la progresiva concepción de la
justicia, y las batallas por su realización, en la historia cubana".
Ahora bien, la eticidad cubana no se da en forma aislada y autónoma:
esa realidad es, en cada momento, el fruto de una interacción o
interpenetración de fuerzas. Se sobreentiende entonces que cuando aludimos a la posibilidad de una 'historia de la eticidad cuba-

�76

Siglo XIX.

C. Escobar Valenzuela: La, idea, en Cuba en el siglo XIX 77

na', no se trata de la historia de una sustancia autónoma, separable del acontecer económico, político y social, sino de una manifestación de éste, como cuando se hace la historia de la literatura
o de la economía; soro que esta manifestación es aquella en que se
clarifican los móviles y fines más generosos y creadores de la conducta. 20

latinoamericanos. Las conspiraciones fueron descubiertas y reprimidos sus participantes con graves condenas por las autoridades
coloniales. Uno de los comprometidos en esos proyectos fue el
gran poeta José María Heredia (1803-1839), cuya obra manifiesta por primera vez en la cultura cubana los valores y la inspiración patrióticas. 22 ·

A continuación caractericemos sumariamente las tendencias políticas
antes mencionadas como un mero recurso expositivo, pues no podemos
desligarlas de sus implicaciones filosóficas. Posteriormente revisaremos el
pensamiento de los principales filósofo; de esta época.

A principios del siglo XIX se manifiestan una serie de inquietudes políticas como resultado del grado de madurez lograda por la colectividad y
que va configurando gradualmente la nacionalidad cubana. Las ideas de reforma política atraviesan el siglo entero. "Ningún país hispanoamericano
registra un período tan largo y batallador como el de Cuba en sus demandas, pacíficas o armadas, por la libertad. ''23 Como sabemos el cubano
es el último de los pueblos hispanoamericanos en adquirir su independencia: ello Pxplica lo prolongado de sus demandas y luchas.

-

I II.

Remontándonos al siglo XVI, observamos en Cuba un sistema de
explotación e injusticia, un pequeño grupo de colonizadores, verdadera
oligarquía, se adueñó de las riquezas y también del poder político. Los
gobernadores tenían entre sus responsabilidades el aspecto militar y represivo de la colonia, supervisaban la actividad de los ayuntamientos. Generalmente se aliaban a los colonos españoles o a los nativos de Cuba que
terúan latifundios o grandes negocios comerciales, es decir, gobernaban de
acuerdo con los intereses de los poderosos.
A esta situación hay que agregar el fenómeno de la esclavitud que
desde diversos puntos de vista llamó la atención de los pensadores cubanos (por ejemplo Saco y Martí).
La vida de los esclavos era muy dura. Los que trabajaban en las
minas y en la agricultura realizaban jornadas de labor de catorce,
dieciséis o más horas; no les daban descanso y sólo les suministraban un poco de alimento y casi no les daban ropa; además no
tenían oportunidad de instruirse.2 1
En 1789 comenzó en Francia la revolución. Después de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa se inició en todo el
mundo un período de movimiento de rebeldía de los pueblos contra la
opresión y el abuso de las clases dominantes. Esto también ocurrió en Cuba. No sólo la; esclavos iniciaban sus protestas y se rebelaban sino también
los hombres libres emprendían el mismo camino pues comprendieron que
la política del gobierno de España perjudicaba a la población cubana.
Antes del movimiento de 1868 se dieron una serie de conspiraciones.
Algunas fueron muy importantes:
una llamada de los Soles y Rayos de Bolívar y otra, conocida como Gran Legión del Aguila Negra. Ambas tenían apoyo en países

Aunque José Antonio Saco (1797-1879), pensador destacado de la
época y sucesor del padre Vareta en el Real Colegio Seminario de San
Carlos y San Ambrosio, se caracterizó por sus ideas anti-anexionistas y su
r1·chazo a la esclavitud imperante, no devino en revolucionario sino en refonnista. Según Medardo Vitier, la obra de Saco Voto Particular (1867)
- donde se empeñó en dema;trar que una legislatura colonial no podía,
no dPbía inspirar temores de emancipación a los gobiernos y prohombres
de la metrópoli- reprPsenta un documento clave para comprender la posición del autor en los problemas cubanos de su tiempo. Las medidas o bases
que propugnaba en este documento eran típicamente reformistas. Algunas
dr ellas fueron: separación completa del poder militar y del poder civil;
hacer una justa división territorial en municipios y provincias; proteger
la inmigración blanca (que fue una de sus grandes preocupaciones); aumentar el número de ayuntamientos; suprimir toda censura en materia de
imprenta y establecer una ley que, con libertad y prudencia, permita el uso
111· tan importante institución, pues sin ella no puede haber libertad; realzar
la religión y el culto, aumentando el número de parroquias, sobre todo en
los campos, procuran,lo que el clero no sea lo que es hoy en general, sino
ministros dignos de las altas funciones a que están llamada;.
Acorde con su refonnismo, Saco pensaba que la revolución entrañaba
grandioso idl'.al, asequible tan sólo por una lenta pero segura evolución.
Consideraba que la independencia, como resultado de la revolución, era
hasta "ñsicamente imposible":
la muy escasa población de la colonia, los heterogéneos elementos
de que se compone, la únposibilidad de conciliarlos y reunirlos
para acometer empresa tan aventurada, las grandes fuenas mar:timas y terrestres que dominan toda la Isla, y lo que todavía es
más importante, el espíritu conservador de un pueblo rico aue

�78

r

SigloXJX

conociendo sus intereses, sabe que la revolución es. )'U muerte, ~ocio esto presenta obstáculos tan insuperables a la mdependencia,
que aun los mismos que de ella hablan, o no conocen a Cuba, o no
dicen lo que sienten.24
Las ideas de Saco, de inspiración liberal, tuvieron ciert.a influencia.
Por ejemplo el periódico El Siglo propagaba el ideario del pensador
hayamés. Es~ periódico fue fwidado por José Quintín, Suzarte y colaboraron en sus páginas autores como Miguel Aldama,Jose Manuel Mestre,
José Valdés Faule y José Morales Lemus. También figuró como director Y
animador de este diario el Conde de Pozos Dulces.
De 1865 a 1861S fue este periódico el vocero de la opinión liberal
cubana. Inspirábase en los planes autonómic?s de Var~la_ y Saco.
Se ha dicho, con verdad, que aquello fue mas un movmuento reformista que un partido.25
Cabe preguntar sobre los resultados obtenidos por la tendencia reformista en el siglo XIX. Al respecto dice Medardo Vitier:
ni El Siglo, ni el partirl;o. refonnis_ta ni la influencia de, Saco con~guieron el cambio poht1co crie mcesantemente pe~an. La actitud del gobierno español haoa la Junta de Infont}ac1on fue !~_nota definitiva: nada había que esperar. Los metodos pac,ficos
cedían sitio a la Revolución de 1686.26
Pero al término de la Revolución de 1 ~8, las ideas reformistas se manifiestan nuevamente. Así, una tendencia autonomist.a se observa en el
folleto de Alfredo Zayas Cuba autonómica (1889), que retoma en gran
parte ideas de Saco. El propósito de éste autor es demostrar que el r~•
men colonial de Cuba practicó la autonomía en el siglo XVI, por lo c~,
lejos de ser ésta extraña a las tradiciones hispánicas, se halla en los habitos gubemament.ales de los colonizadores. En esta forma acudía al pasado,
a los orígenes, para fundamentar su posición reformista.
En realidad el autonomismo era una posición tradicional y hasta
reaccionaria:
aspiraba a fundar la nacionalidad cubana, por medios pac,'ficos
(de ahí su reformismo), utilizando los cauces legales y el, convencimiento de la metrópoli. Se aspiraba a una autonom1a del
tipo realizada por Inglaterra con sus colonias. 27
Señala M. Vitier que el autonomismo encontró ~ difusión _en diarios como El Triunfo y El País, y comenta que El Tn.unfo, por e1emp~o,
fue un periódico famoso en los anales del periodismo cubano. Este diario propagó la ideología liberal orientando la opinión pública y, desde

G. E,cobar Valenzuela: Lo, ideas en Cuba en el siglo XIX

79

luego, no fue del agrado de los elementos conseivadores.
Al evaluar los logros y conquistas del autonomismo Medardo Vitier
concluye:
por espacio de unos diecisiete años, los oradores del partido autonomista expusieron desde la tribuna las necesidades del país y
adoctrinaron al pueblo cubano en los caminos de la ciudadanía.
Se familiariza al individuo con los problemas de la cosa pública.
Se siembra la inconformidad y se hace común la aspiración al
cambio. Se educa al pueblo mediante actos frecuentes que fomentan la cohesión en lo social y en lo político.
Los partidarios del autonomismo no eran separatistas, pero de
algún modo facilitaron la prédica revolucionaria, al preparar la
opinión con ideas liberales.
Lo autonomistas
sentían, percibían la distancia entre el largo batallar y la limitada
realización. En 1895, en marcha la revolución, el partido continuaba, no se rendía. no sabía disolverse a tiempo, según la frase
de Merchán {Rafael María Merchán, 1844-1905, literato y cn'tico
eminente). Ya, con todo, decredan sus fuerzas. Los más avisados
en la vision prác tica del momento comprendían que el sentido del
autonomismo se agotaba, que pasaba a cosa histórica. La tardía
implantación del régimen autonómico no vivificó al partido que
ineluctablemente debía ceder el lugar a otros métodos. Las' p ostreras agitaciones de su oleaje moribundo confudíanse con el
estruendo marcial de la acción que desató Martí, en su voluntad
de profeta y maestro.28
Entre los autores autonomistas figuran Montoro, Cortina, Galvez. El
primero de ellos, Rafael Montoro (1852-1933) tuvo una destacada participación en la vida poütica. Fue brillante orador, " el orador - dice M. Vitier - ha eclipsado un tanto al pensador". Como pensador no es sistemático. Fue un hombre de preocupaciones filosóficas en su juventud y un
verdadero pensador político durante toda su vida.
El pensamiento autonomista de Montoro se desarrolla cuando regresa de España, donde vivió su juventud, después de la guerra de independencia que duró diez años y se inicia en 1~9.
La revolución ha sido vencida. Desde 1878 a 1892 la isla tiene
una relativa autonomi'a que le ha sido concedida por España.
Los revolucionarios,sin embargo, no descansan,continúan luchando, aunque casi sin esperanza. En esta lucha se destaca la figura
máxima de José Marh. Esta es la Cuba que encuentra Montoro
a su regreso. 29

�80

SigloXlX

Montoro se opone a la separación violenta y espera que la independencia se alcance mediante una pacífica evolución. Las ideas filosóficas
que subyacen en el pensamiento político de este autonomista han sido estudiadas por Leopoldo Zea en su obra El Pensamiento Latinoamericano
(1976, tercera edición). Se manifiesta, en ese pensamiento, la influencia
de Hegel:
Montoro, dice Zea, sabe de los grandes errores cometidos por España, de sus nefastas consecuencias en la colonia, pero, fiel al
filósofo alemán (es decir, Hegel), cree en la superación de los
mismos, en su negación dialéctica. El viraje histórico vendrá, tarde o temprano habrá de venir; es esta ley ineludible de la historia. Sólo hay que saber esperar y preparar su llegada. Nada podrá
la impaciencia para apresurarlo: la dialéctica marchará por sí
sola, y lo que ha de ser será. 30
Tales ideas eran el fundamento de un verdadero reformismo opuesto
a un separatismo radical y revolucionario, que Cuba requería en esos momentos.

-

C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el siglo XIX 81

fisonomía nacional, en caso de ser anexada Cuba a la. Estados Unidos.
Medardo Vitier, tantas veces citado en este trabajo, recoge este testimonio
antianexionista perteneciente a Saco, donde se alcanzan a percibir sus
preocupaciones:
En cuanto a mí, a pesar de que conozco las inmensas ventajas
que obtendría Cuba con esa incorporación pacífica, debo confesar, con un reparo, un sentimiento secreto por la pérdida de la
nacionalidad, de la nacionalidad cubana. 32
Saco temía, por una parte, la idea de que la comunidad cubana perdiera su fisonomía (que identificaba con la nación blanca) al incorporarse
a los Estados Unidos; pero, por otra, consideraba como último recurso la
anexión, la revolución no llegó a alentarlo. Por ello su posición antianexionista no era radical. Pese a esto el mismo escribió su epitafio con estas palabras: "Aquí yace José Antonio Saco, que no fue anexionista, porque
fue más cubana que todos los anexionistas."
Según M. Vitier, los orígenes del anexionismo se remontan hacia mediados del siglo XIX y sus posibles causas fueron:

IV.

El anexionismo fue otra posición esgrimida durante el siglo. Fue la
tendencia más criticada y repudiada por los cubanos de mentalidad avanzada. José Martí lo combatirá de una manera tenaz y resuelta:
y aún hay otro peligro mayor, mayor tal vez que todos los demás
peligros. En Cuba ha habido siempre un grupo importante de
hombres cautelosos, bastante soberbios para abominar la dominación española pero bastante tímidos para no exponer su bienestar personal en combatirla. Esta clase de hombres, ayudados por
los que quisieran gozar de los beneficios de la libertad sin pagarlos
en su sangriento precio, favorecen vehementemente la anexión de
Cuba a los Estados Unidos. Todos los tímidos, todos los irresolutos, todos los observadores ligeros, todos los apegados a la riqueza,
tienen tentaciones marcadas de apoyar esta solución, que cr~en
poco costosa y fácil. Así halagan su conciencia de patriotas, y su
miedo de serlo verdaderamente. Pero como esa es la naturaleza
humana, no hemos de ver con desdén estoico sus tentaciones sino
de atajarlas. 31
Jose Antonio Saco, autor que ya ha sido mencionado, se pronuncia
también contra el anexionismo. Saco no quería la anexión, ni el régimen
existente, ni -a diferencia de Martí- la revolución. Su pensamiento era
mas bien reformista. Contempló el problema de la anexión desde el punto
de vista de la nacionalidad. Como ya hema. visto, a Saco le preocupaba
la población blanca cubana (y esto marca otro profundo contraste con
Martí); consideraba que ésta era bastante raquítica para conseIVar la

la proximidad de Cuba a los Estados Unidos, ·1a institución de la
esclavitud, existente aquí como allá, la gravitación de nuestra
economía hacia el mercado norteamericano y el pertinaz despotismo que oprimía al país (...) Pueden enumerarse otras razones. Los cubanos no veían la posibilidad de un cambio político
aceptable. El año 183 7 había dejado terrible señal. La democracia norteamericana marchaba a su auge. El imperialismo de la
gran nación daba muestras de avance.33
El anexionismo, al igual que el separatismo, suscitó no solamente importantes alegatos y encedidas críticas como las de Martí, sino también
alentó varias conspiraciones. Así, desde 1848 se organizaron conspiraciones de carácter anexionista. Entre las de mayor relevancia figura la
capitaneada por el general del ejército español Narciso López (17981851), que desembarcó en Cuba con dos expediciones durante los años
de 1850 y 1851; su caudillo cayó prisionero de los españoles y fue condenado a muerte y ejecutado en la Habana.

-

V.

Además de estas posturas políticas que fueron el refonnismo, el
anexionismo y el separatismo, dirección que llevó a la lucha a varios
patriotas cubanOS- Carlos Manuel de Céspedes (1818-1874), Francisco
Vicente Aguilera (1821-1877), Pedro Figueredo (1819-1870), Ignacio
Agramonte (1841-1873) y otrOS- y más tarde, en 1895, a José Martí

�82

SigloXIX

a emprender lo que él llamó la "guerra necesaria•~ (acontecimiento de
gran trascendencia para la historia de Cuba), es menester referirnos a
otras ideas que conformaron el pensamiento cubano del siglo XIX. Es
claro que las ideas filosófitas no se pueden deslindar de las tendencias
políticas. Hemos vislumbrado por ejemplo, el hegelianismo que informa
el pensamiento de Rafael Montoro en sus empeños autonómicos, etcétera.
En una Historia de las Ideas el registro del pensamiento filosófico es
decisivo: a través de él se iluminan las ideas políticas, económicas y s~
ciales. Casi es inútil preguntarse fi hubo filósofos en Cuba durante la
época que nos ocupa y si fue "auténtica" su filosofía. Autores como
Medardo Vitier, Cintio Vitier, Piñera Llera, Leopoldo Zea, nos muestran a través de sus obras dedicadas al estudio de este pensamiento, los
logros alcanzados por esta filosofía y su autenticidad a juzgar por la aplicación que hicieron sus exponentes de los filosofemas europeos en la
solución de los problemas que su situación les demandaba.

José Gaos hizo notar en una importante obra de Historia de las Ideas,
el carácter pedagógico, político y estético que reviste el pensamiento
lúspanoamericano, particularmente del siglo XIX.
Leopoldo Zea ha reparado en el ideal educativo que está presente en
los románticos o liberales del siglo XIX. Se refiere a la emancipación mental como exigencia primordial de estos pensadores en su momento histórico. En Cuba, esta emancipación mental se realizaba, por razones históricas, circunstanciales, en una forma diferente:
mientras el resto de Hispanoamérica se debatía luchando por su
emancipación mental y trataba de encontrar una doctrina que
sustituyese a la que la había dominado, Cuba, siguiendo el camino inverso, ya señalado, se preparaba, una vez educada la generación que había de realizarla, a alcanzar su emancipación
p olítica de España.34
En este camino de preparación antes aludido, vamos a encontrar una
gran riqueza de pensamientos y literatura consignados por Medardo
Vitier en sendos estudios: revistas, conseivadas en numerosos volúmenes,
periódicos, folletos políticos dedicados al análisis de la realidad cubana.
Resulta interesante el mensaje que escribe Vitier al final de su prólogo a
Las Ideas en Cuba (1938): "deseo que los centenares de trabajos, libros,
folletos, artículos que cito, despierten en la juventud estudiosa la curi~
siad por conocerlos"- Es este un deseo legítimo que las nuevas generaci~
nes de investigadores, en el campo de la Historia de las Ideas, deben realizar en forma apremiante: redescubrir, rescatar, valorar todo este cúmulo
de textos.

G. E,cobar Valenzuela: Las ideos en Cuba en el nglo XIX 8.3

El punto de partida del pensamiento cubano del siglo XIX lo encontramos en las postrimerías del siglo XVID en la vida y obra del padre
José Agustín Caballero (1762-18.35) quien se sigrúficó como educador e
innovador. Durante el siglo XVIII y comienzos del XIX la educación impartida en la universidad cubana se aferraba a las doctrinas tradicionales
(aristotélicas y escolásticas), sin lograr abrirse del todo a las innovaciones
de la modernidad. En los planes de la vieja universidad figuraban materias
como teología, leyes, cánones, medicina, artes, matemáticas, sagradas
escrituras, retórica y gramática. La denominación de" Artes" correspondía
a filosofía. La enseñan:,.a teológica la impartían los dominicos mientras
que la de las otras materias estaban a cargo de seculares. La enseñanza de
las ciencias era insuficiente, la medicina se impartía a través de las teorías
de Avicena, la cirugía se basaba en Galeno y las matemáticas se guiaba
en los textos de Euclides.
Por otro lado, los autores que servían de hase para esta en~ñanza
eran repetidos y comentados en fonna superficial y dogmática ya que el
escolasticismo había sustituido al afán creador. Esta tradicional enseñanza
suscita la crítica del padre José Agustín Caballero, quién se pregunta:
"¿Qué recurso le queda a un maestro, por iluminado que sea, a quien se le
manda enseñar la latinidad por un escrito del siglo de hierro?"
Además de educador ilustre, José Agustín Caballero se distinguió
como reformador político. En 1811 redacta un proyecto de reforma para
el régimen español. La doctrina que defiende en sus reformas era de caracter liberal, sus antecedentes están en las corrientes europeas del siglo
XVfil; además su proyecto se ubica en el ambiente constitucional que
reina en las Cortes de Cádiz que cristalizó en la famosa Constitución de
1812.
A juicio de M. Vitier, José Agustín Caballero es una figura de transición. Se advierten en su obra rasgos escolásticos y tradicionales, pero en
aspectos filosóficos logra desprenderse de esos criterios.
El padre Caballero representa bien el tipo de mentalidad fronteriza. Sus criterios de pensador tienen altibajos. Los estudios eclesiásticos -que en él no fueron superficiales- le dieron una visión del mundo y de la vida, difícil de conciliar con el espíritu de
la filosofía moderna. Su información filosófica, por otra parte,
y la lucidez de su intelecto, conducíanle a difundir nociones de
la hora, así en el método como en la doctrina.35
Las reformas emprendidas por Caballero fueron consolidadas y apoyadas por su discípulo, el padre Félix Varela (1787-1853), quién rechazó
en forma contundente el criterio escolástico de autoridad, implantando la

�84

SigloXIX

filosofía moderna de Descartes a Condillac y la enseñanza científica experimental de la física y la química, así como la adopción del español en lugar del latín tanto en la cátedra como en las publicaciones.
El padre Varela enseñó filosofía en el Seminario de San Carlos, desde
1811 a 1820, donde efectuó decisivas reformas apoyado por el obispo
Juan José Diaz de Espada, "aquel obispo español - dijo Martí- que llevamos en el corazón todos los cubanos".
En 1921 se inauguró una cátedra denominada de "Constitución" como resultado del movimiento liberal efectuado en España en 1820, mismo
que restableció la Constitución que había sido adoptada en 1812. Varela
fue nombrado para impartir esta cátedra que despertó el interés público,
rebasando el caracter meramente académico ya que
desde las puertas y ventanas escuchaba mucha gente, pues el profesor el asunto y el momento histórico avivaron en extremo la
sensibilidad pública. 'Lecciones de poli'tica', decían en la calle.
Así era, en efecto, y subrayadas por los criterios liberales del catedrático.
Algo parecido eran las cátedras de Antonio Caso en otra situación y
momento.
¿Cuáles eran las ideas que el padre Varela comunicaba a su auditorio
y que llamaban tanto la atención? Un resumen de las mismas nos las ofrece
Cintio Vi tier en su ya mencionada obra:
Los puntos fundamentales defendidos por Varela en las Observaciones sobre la Constitución pol{tica de la monarquiá española
que escribió para dicha cátedra, son los siguientes: l. La soberanía y la autoridad residen en el pueblo, no en los reyes. El rey es
(según San Pablo) ministro de Dios, únicamente en cuanto cumple la justicia; 2. Es preciso distinguir entre la autoridad real y la
persona real o los individuos que gobiernan en una república; 3.
Lo que obliga al hombre libre en una sociedad justa no es el gobierno sino la ley: 'El hombre no manda a otro hombre, la ley
los manda a todos; 4. De las tres clases de igualdad, la natural, la
social y la legal, esta última es la única que no va acompañada de
desigualdad en las operaciones, pues lo mismo debe decidirse el
derecho de un pobre que el de un rico, el de un sabio que el de un
ignorante, supuesto que no depende de la opinión que se tiene de
las personas, ni de lo que éstas pueden prometer, sino de la naturaleza de los derechos sobre que se juzga.
Como reformador político Varela presentó una Memoria para la abolición de la esclavitud y un Proyecto de gobierno autonómico, del que
había sido precursor el redactado por su maestro, el padre José Agustín

C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el ,iglo XIX

85

Caballero en 1811; según Cintio Vitier la primera es de mayor interés porque esboza ya la radical actitud anticolonialista que desarrollará más tarde
José Martí.
Merced a sus ideas avanzadas y al disolverse por Femando VII las
Cortes de Cádiz, el padre Varela se vio en la necesidad de abandonar su patria para exiliarse en los Estados Unidos donde siguió defendiendo, con la
pluma, desde el periódico clandestino El Habanero (1824-1826), sus más
caros ideales. Profunda huella deja el pensamiento y la vida de este pensador cubano.José de la Luz y Caballero, otro notable autor de la época, dice que Varela fue "el primero que nos enseñó a pensar': Y, ante su tum ha,
en la pequeña ciudad de San Agustín de la Florida, otro ilustre cubano,
José Martí, expresó:
Allí están en la capilla a medio caerse, los resto de aquel patrio ta
entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el
carácter y las necesidades criollas, dejo sin miedo lo que vio,
y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo...
El carácter pedagógico del pensamiento hispanoamericano, a1 que ya
hemos aludido, cobra singular expresión en otra figura clave del pensamiento decimonónico cubano: José de la Luz y Caballero (1800-1002).
Estudió en la Real y Pontificia Universidad y en el Colegio Seminario de
San Carlos, donde se operaron sustanciales reformas en sus programas o
elencos. Entre el sacerdocio, el derecho y la enseñanza se decidió por la
última. Al evocar su memoria José Martí - que acostumbra valorar lo más
positivo de los héroes de su patria- destaca su apostolado en esta noble
tarea:
... fue maestro y convirtió en una sola generación un pueblo educado para la esclavitud en un pueblo de héroes, trabajadores y
hombres libres. Pudo ser abogado, con respetuosa y rica clientela,
y su patria fue su único cliente. Pudo lucir en las academias sin
esfuerzo su ciencia copiosa y sólo mostró lo que sabía de la verdad, cuando era indispensable defenderla. Pudo escribir en obras
-para su patria al menos- inmortales, lo que ayudando la soberanía de su entendimiento con la piedad de su corazón, aprendió
en los libros y en la naturaleza, sobre la música de lo creado y el
sentido del mundo, y no escribió en los libros, que recompensan,
sino en las almas que suelen olvidar. Supo cuanto se sabía en su
época; pero no para enseñar lo que sabía, sino para transmitirlo.
Sembró hombres.
Así pues, la enseñanza, la educación, fue una de las grandes preocupaciones de Luz y Caballero. Enseñó filosofía en el Colegio de Carraguao,
en el Convento de San Francisco ( de 1839 a 1843) y fundó un Colegio en
su propia casa, el Colegio de El Salvador, que cubría prácticamente la en-

�86

G. Escobar Valenruela: l.As idea, en Cuba en el siglo XIX

Siglo XIX

señanza elemental, la secundaria, el baclúllerato y detenninadas materias
superiores. Era, además, Luz y Caballero un poügrafo notable poseedor
de una vasta cultura. Viajero incansable recorrió varios lugares de Italia
y otros países de Europa como Inglaterra, Suiza, Bélgica y Holanda, siempre con afán de estudio y &lt;&gt;bservación. A pesar de que abandonó los hábitos cléricales coexistía con su vocación científica un espíritu religioso.
Sus biógrafos hablan de una "cátedra" que impartía fuera de todo programa: la "plática de los sábados" donde hacía interpretaciones y reflexiones profundas del Nuevo Test.amento.!
El tema religioso, que no ha de estar desligado de las realidades
humanas, iba vertiéndose en alusiones, o mejor, en sugestiones,
hacia las circunstancias abominables de su tierra, y parece que el
ardiente predicador (eso era en aquéllas pláticas) producía indecible impresión en la concurrencia. No podi'an evitar que la gente
de la calle formara multitud reverente en las puertas del Colegio
(su propio Colegio)".36

Medardo Vitier observa una especie de dualismo en la personalidad
de José de la Luz. Sus estudios teológicos y filosóficos, su vocación pedagógica, su intelecto y su sensibilidad lo revisten de una espiritualidad
singular, pero al lado de esto figura su formación científica, su positivismo
y su realismo. "El sesgo positivista de su filosofía cede espacio a la vena
emocional del creyente para quien el mundo de los valores espirituales
era tan real como el de la materia. ''3 7 Su pensamiento se inclinará por
el método inductivo rechazando todo dato que no cuente con la base
positiva de lo demostrable, pero dejando a salvo como fuga del espíritu la fe en un mundo suprasensible. Luz y Caballero muestra la influencia de filósofos empiristas como Locke y Hume, rehuye lo que el
primero llamó "la aventura metaffsica ". Rechaza toda noción a priori
para fundar el saber. Incluso oponiéndose a Kant sostiene que el espacio
y el tiempo no existen a priori en el sujeto como formas puras de la sensibilidad, sino que son, genéticamente hablando, meros productos de la
experiencia.

87

Caballero consideró que la doctrina de Cousin era perniciosa para la
juventud cubana: su "optimismo histórico" que tendía a justificar la realidad política existente, venía a aceptar resignadamente la servidumbre y
mala situación que por entonces imperaba en la Isla. Con respecto a esta
importante impugnación de Luz y Caballero, Medardo Vitier opina que
"nunca, en Cuba, las ideas filosóficas han bajado así, a tocar el mundo
real, como en el caso de Cousin y la impugnación. Era una doctrina enjuiciada por una realidad."
Por otra parte, esta impugnación ejemplifica lo que ha sostenido Gaos
sobre la naturaleza del pensamiento hispanoamericano. La importación de
filosofías europeas plantea el problema de su inserción en la realidad nacional. Se pregunta Gaos:
¿es posible que la importación de filosofías sea un hecho histórico tan puramente receptivo, tan pasivo, que no implique ninguna
actividad algo más que receptiva por poco que lo sea, y que por
ende pueda considerarse como aportativa, siquiera en grado mínimo? _38

Como podríamos constatar, lejos de ser pasiva la actitud de Luz y Caballero con respecto al pensamiento europeo, resulta ser eminentemente
activa, selectiva y comprometida.

-

VI.

En lo relativo a la idea de Dios piensa que no se le conoce por intuición sino por raz.onamiento. Esto nos recuerda su famoso aforismo:
"las ciencias son los ríos que nos llevar al mar insondable de la divinidad". También creía que nuestras ideas sobre la causa primera cambian
a medida que lo hacen nuestras ideas científicas acerca de la constitución
del universo.

Podema; decir que el realismo de Luz y Caballero no es un fenómeno
aislado en la historia de las ideas en Cuba durante el siglo XIX. Se obselVa
que esta tendencia, consistente en centrar el interés en el entorno social
para ocuparse de las necesidades concretas del país, es una preocupación
que está presente en otros pensadores: por ejemplo en José A. Saco, en
Arango y Parreño, en "El Lugareño", civilizador de Camagüey, en Francisco de Farías (Conde de Pozos Dulces), en José de la Luz y Caballero,
en Enrique José Varona, en José Martí (recuérdese, por ejemplo, entre
muchísimos textos más, su notable ensayo Nuestra América donde analiza
la realidad americana valorando sus ineludibles virtudes al tiempo que rechaza modelos extraños; donde habla también de una universidad americana que haga partir sus humanidades de las experiencias que le son propias,
la de sus hombres, la de sus indios, las de los que sufren y han sufrido dominaciones pero que, insistentemente, luchan por arrancárselas).

Manifestación del pensamiento realista de Luz y Caballero, o sea de
sus preocupaciones prácticas con respecto a las necesidades cubanas, es la
crítica que le formuló a la filosofía del francés Víctor Cousin, que había
alcanzado resonancia en la intelectualidad cubana de su tiempo. Luz y

Pero este realismo se manifiesta bajo diversas formas. En José Antonio
Saco -autor que escribe una Historia de la Esclavitud donde estudió, con
erudición y método angulares, la esclavitud en la antigüedad y en los países europeos hasta los tiempos modernos (en Rusia, hasta l&amp;&gt;l)- el realis-

�88

SigloXIX

C. Escobar Valenzuela: Las idea, en Cuba en el 1iglo XIX 89

Los cubanos -dice- han apelado a la fuerza, desesperados, no iracundos. Para defender su derecho y sacar triunfante un principio
eterno, sin el cual peligran las sociedades más robustas en apariencia, el de la justicia No hay derecho para oprimir. España nos
oprime. Al rebelarnos contra la opresión, defendemos el derecho.
ASÍ servimos a la causa de la humanidad, sirviendo nuestra propia
causa.

mo adquiere la forma de un "pragmatismo público" de interés sociológico. Saco, dice M. Vitier,
no escribía ni clamaba, envuelto en aureola de novísima fe civil o
poseído de profético aliento, sino armado de cifras, datos, de
pruebas, que hacían irrefragable su dialéctica.39
Saco estudió toda la estructura de la Colonia. Le vio sus antros, se
espantó ante sus abismos. Rastreó en los pueblos de la antigüedad los orígenes de la esclavitud, la institución que demoraba la
unidad cubana y disolvía en cierne la aignidad del hombre. Leyó, visitó bibliotecas europeas, consultó autoridades y fuentes.
Meditó, con sus materiales allegados a la vista, y dio al mundo la
Historia de la esclavitud, suficiente para inmortalizarlo.40

Las ideas filosóficas de Varona no deben buscarse exclusivamente en
sus trabajos orgánicos, también se localizan en articulos, conferencias y
pensamientos sueltos. Por ejemplo, es sintomático para reconstruir, un poco, su concepción del mundo, su libro titulado Con el eslabón, compuesto
de sentencias, reflexiones y diálogos breves, que traslucen cierto escepticismo. Algunos ejemplos:

A diferencia de Saco, el realismo de Luz y Caballero esta encuadrado
dentro de una dimensión filosófica.

Toda revolución política se esteriliza, como no abra el camino a
una revolución social.
Hemos levantado el edificio social sobre una base inquebrantable.
El egoísmo forma el cimiento y la mentira el cemento.
Teocracia, aristocracia, mesocracia, democracia, anallocracia, y
todas las cracias que se inventan no son sino bordones que repican nuestra radical incapacidad de gobernar, de gobernarnGs y
de ser gobernados.
El buenazo de Spencer pensaba que la conducta moral llegaría a
sernos tan espontánea como beberse un vaso de agua el sediento.
iAy! no vemos todavía indicios de que se haya iniciado, bosquejado siquiera, esa feliz evolución.

Hay hombres de extensa cultura que carecen de dimensión para lo
filosófico. No ven, no sienten, los problemas del ente, de los valores, del devenir, del sentido de la existencia, de la validez delconocir.tiento. . . Resbalan por sobre esas cuestiones. A Saco, por
caso, no parecen haberle interesado, al menos directamente. Su
intelecto tendía a los hechos y en esos dominios sirvió como nadie a Cuba. Ahora bien, los problemas filosóficos son también
hechos. Para verlos y penetrarlos se ha menester alguna dimensión
sicológica. En Luz era extraordinaria.41
Otro notable pensador de este período fue Enrique José Varona

( 18-1-9-1933) que ha acaparado la atención de varios estudiosos. El propio
\ ledardo V itier le dedica tres libros y varios auto res analizan diversos aspl'etos ele su obra: José M. Chacón y Calvo, Roberto Agramonte, Elías
Entral¡?:o, José Antonio Femández de Castro, Carlos Trellez, Fermín Peraza, José Gaos, Lcopoldo Zea, entre otros.
En Varona también se advierte el realismo antes visto.
Varona - dice M. Vitier- de mentalidad realista, no enseña ni
predica sin convocar antes a los hechos, en su vasta variedad.
Leyes, instituciones, partidos, impuestos, judicatura, pedagogía,
elecciones, libertad. . . Desgobierno, frenesí de riquezas, dictaduras... , todo cuanto puede salvar o perder la nación cae bajo la
escrutadora mirada de Varona.42
Sus preocupaciones por la realidad cubana se observan en obras como

El bandolerismo (1888), El Imperialismo a la luz de In Sociología (1905) y
el discurso "Cuba contra España" (1895), donde hace recuento de la herencia colonial impuesta por España y de la necesidad de la guerra para
que el pueblo cubano alcance su plena libertad.

Es necesario señalar que estos pensamientos de Varona no fueron
punto de partida de su prolongado magisterio. Lejos de inculcar y propagar un escepticismo, alentó a propiciar el cambio social. Creyó en sus íntimas reflexiones pero estaba convencido, como él mismo lo había expresado en una célebre conferencia, que la acción salva.
Al igual que su maestro José de la Luz y Caballero y acorde con su
postura realista, Varona no aceptará filosofías que vengan a justificar la
dominación o conducir a la depe· .dencia. Adopta el positivismo y lo ve como instrumento de liberación y no de conformismo. Rechaza el positivismo de Comte eligiendo, en parte, el de Spencer. Es evolucionista, pero sin
lo que de metafísica y de sistema hay en la filosofía de Spencer. Acepta el
positivismo de Spencer porque era el que más se acercaba al ideal de
emancipación mental que era necesario para alcanzar la independencia
política.

-vn.

La tendencia separatista que ya hemos mencionado encuentra una ma-

�90

Siglo XIX

nifestación clara y decidida en el pensamiento y acción de José Martí
(185.3-1895).
La guerra de liberación nacional emprendida en 1~8 culminó en
1878. El diez de febrero de ese año un grupo de jefes revolucionarios firmó, de acuerdo con las autoridades militares españolas, el llamado Pacto
de Zanjón. En este convenio se prometían al pueblo cubano algunas reformas; sin embargo muchos revolucionarios no las aceptaron. Mediante la
Protesta de Baragúa, Antonio Maceo y otros patriotas se opusieron al
Pacto de Zanjón. Meses después, Maceo decidió marchar hacia el extranjero a solicitar la ayuda de los emigrados cubanos sin obtener resultado.
Como en esos momentos no había posibilidades de seguir la guerra, Maceo
pennaneció en el extranjero pero manteniendo su llamado a continuar la
lucha: y, efectivamente, la lucha se reanudó bajo la organización previsora
y ordenada de José Martí.
Propiamente la praxis reevolucionaria de Martí se inicia desde su adolescencia. Recibe las enseñanzas de Rafael María Mendive, de ideas separatistas y revolucionarias. Apenas cumplía 17 años cuando es condenado a
sris años de trabajos foraados acusado de infidencia. Las autoridades españolas habían descubierto una carta firmada por él y su amigo Fermín
Valdés Domínguez en la que acusaba a un condiscípulo de apóstata por
haberse unido al ejército español.
Exiliado desde 1871, vivió en España (1871-1874) donde estudia, de
manera irregular, el resto de su bachillerato, derecho, y filosoña y letras en
las universidades de Madrid y Zaragoza. En España se familiariza con los
dásicos españoles, con sus pintores, místicos y estoicos.
Postcrionnente recorre varios países de América Latina: México ( donde conoce a su entrañable amigo Manuel Mercado), Guatemala y Venezuela ; a través de ellos recoge valiosas experiencias que le permiten conocer a
fondo la problemática social, política y económica de "Nuestra América".
Visita fugazmente su patria en dos ocasiones, en l877 y 1878; interviene en actividades conspirativas y es deportado a España en 1879. Aquí
permanece unos meses y despu~ se traslada a Nueva York (1881). En los
Estados Unidos permanecerá hasta 1895: en este país se entrega completamente a la actividad revolucionaria, a preparar la "Guerra necesaria" sacrificando hasta su propio hogar (su mujer, la cubana Carmen Zayas Bazán
y su hijo pequeño, se separan de él). En los Estados Unidos se familiarizará con la "América Europea" (la otra América). Sin dejar de reconocer al
principio sus virtudes, pronto descubre sus vicios y lacras ("Viví en el
monstruo, y le conozco las entrañas').

G. Eicobar Valenzuela: La, ideo, en Cuba en el ,iglo XIX 91

Marü -dice Roberto Femández Retam.ir- vive en los Estados
Unidos en el momento en que la nación pasa, de su capitalismo
premonopolis.a, al capitalismo monopolista e imperialista que lo
llevará inexorablemente a arrojarse sobre el mundo: en primer
lugar sobre la América Latina y el Caribe, y en particular sobre
Cuba El hecho de· ~e su patria permanezca como colonia ostensible, agudiza dramaticamente su sensibilidad, y su comprensión
de estos problemas, haciéndolo el primer antimperialista cabal del
continente.43
Siendo hasta el final consecuente con su ideario, Martí pierde la vida
luchando por la independencia de su patria, en el combate de Dos Ríos,
el 19 de mayo de 1895.
Martí rebasa el liberalismo del siglo XIX. Noel Salomon lo llama

idealista práctico, porque en lo relativo a la política supo expresar para su
tiempo, a través de un lenguaje idealista, un programa liberador y progresista. Para F-ernández Retamar, Martí es un demócrata revolucionario
que vivió en el límite extremo de las posibilidades de su circunstancia, y previó incluso no pocas de aquellas tareas que, según
comprendió con claridad, no le correspondían en ese momento.
Por su parte, Oleg Ternovi, historiador soviético, considera qur
la evolución hacia el matenalismo es el rasgo principal de la concepción martiana del mundo, su filosofi'a materialista por sus
tendencias, se va transformando en materialista en cuanto a sus
fundamentos.
Otro estudioso de Martí, el escritor cubano Juan Marinello (18981977), se preocupa por situar en sus justos términos la figura de Mar tí.
Subraya y reconoce ampliamente su pensamiento antimperialista. "Sacar
&amp; Martí de su tiempo sería gran despropósito; como lo sería igualmente
declarar que sus conceptos y criterios revolucionarios han dejado de tenn
vigencia entre nosotros. 'lW
Pero también la obra revolucionaria de Martí ha sido encubierta o sosláyada, desviada de sus cauces de avanzada social y política_ Por ello un
autor éomo Julio Antonio Mella ve la imperiosa necesidad de escribir un
libro que rescate a Martí de los intereses de la burguesía retardataria.
El pensamiento de José Martí es sumamente amplio y complejo para
poderlo reseñar en tan breve espacio. Sus escritos ( discursos, cartas, artículos, manifiestos, ensayos, poesías) comenzaron a ser recopilados por su
discípulo y amigo Gonzalo de Quesada. Hoy se cuentan con 27 tomos,
donde aparecen numerosas ideas filosóficas, políticas, religiosas, estéticas,

�92

Siglo XIX
G. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el 1iglo XIX

-

educativas, y que se pueden organizar en ideas políticas y revolucionarias,
latinoamericanistas, sobre los Estados Unidos, sobre Europa, obra poética,
teatro, novela.
La gran riqueza de este pensamiento martiano ha generado una serie
de obras sobre el pensamiento y la vicia del notable cubano que sería imposible enumerar aquí. Desde la biografía de Jorge Mañach Mar ti', el apóstol, el ensayo de Félix Lizaso Posibilidades filosóficas en M.ar tl' (catalogado como básico por Meclardo Vitier en Las Ideas en Cuba), el Mart( eclitado por Mauricio Magdaleno (México, 1942), José Mar ti' de Augusto Arias
(Quito, 1954), hasta los estudios de Marinello, de Roberto Fernández Retamar, de Cintio Vitier, de Ernesto Mejía Sánchez (recientemente fallecido), de Jaime Lahastida (JoséMartí, Textos. Mi tiempo: un mundo nuevo.
Una antolog{a General. México, 1982).
En Cuba los estudios sobre la obra martiana han sido numerosos y decisivos para la comprensión e interpretación de este pensamiento. Cabe
señalar que el 19 de julio de 1977 se fundó en la Habana el Centro de Estudios Martianos cuyo compromiso es, según las palabras de Armando Hart
Dávalos en la inauguración de este importante centro, "estudiar las relaciones entre el pensamiento de José Martí y las tareas de la revolución socialista".

93

NOTAS

1. Cfr. con Ardao, Arturo. "La historia de la historiografía de las ideas en latinoamérica". Anuario de Estudios Latinoamericanos, 1 O, 1977.
2. Roig, Andrés. "De la historia de las ideas a la filosofía de la liberación". Anuario
de Estudios Latinoamericanos, 1977.

3. lbídem,p.48.
4. Cfr. con Horacio Cerutti G. Historia de la ideas en América Latina. Cuadernos
Críticos de la Universidad Pedagógica Nacional.

5. Cfr. sobre los estudios de la filosofía en latinoamérica en: Balance y perspectiuas de los estudios latinoomericanos. UNAM, México, 1985.
6. Op. cit., p. 96.

7. Le Riverend, Julio. Breve historia de Cuba. La Habana, 1981.
8. lb(dem.
9. lbi'dem.
10. lbi'dem.

El Centro de Estudios Martianos ha publicado, a la fecha, aportativos
estudios y obras sobre los diversos aspectos del ideario de José Martí, que
sería prolijo citar. Un poco al azar mencionemos tan solo unos cuantos:
" En tomo al idealismo de José Martí", de Noel Salomon; "La democracia en el Partido Revolucionario Cubano", de Salvador Morales; "Anticlericalismo, idealismo, religiosidad y práctica revolucionaria en José Martí"
de Luis Toledo Sande; "El democratismo revolucionario de José Martí"
de U. l. Shishkina; "El historicismo martiano en la idea del equilibrio del
mundo", de Julio Le Riverend; "Heredia en Martí: la pasión inextinguible
por la libertid" de Emilio de Armas.

11.

Medardo Vitier. Las ideas en Cuba, p. 41.

12. Op. Cit., p. 42.

13. Citado por José Manuel Pérez Cabrera en: Historiograf(a de Cuba, p. 298.
14. Ibídem.

15. Medardo Vitier, op. cit.., p. 44.

16. lbi'dem, p. 45 (el subrayado es nuestro).
17. Ibídem.
18. Op,cit., p.52.
19. Op. cit., p. 21.
20. Cintio Vitier. Ese sol del mundo moral, para una historia de la eticidad cubana
pp. 8-9,
'
21. Le Riverend, Julio. op. cit.., p. 21.
22. Op. cit., p. 51.
23. Medardo Vitier, op, cit., p.111.

�94

SigloXIX

C. E,cobar Valenzuela: La, idMI en Cuba en el ,ilifo XIX

24. lbídem.

95

BIBLIOGRAFIA

25. Op. cit., p. 25.
26. lbi'dem, p. 120.

AnuarÍQ.f del Centro de Estudios Martiano,: No. 1 (1978), No. 2 (1979); No. 3
(1980); No. 4 (1981). No. 5 (1982); No. 6 (1983), No . 7 (1984), No. 8 (1985).
Centro de Estudios Martianos, La Habana, Cuba.

27. Zea, Leopoldo. El pe11.$(1Íniento Latinoamericano. p. 37 5.
28. Medardo Vitier. op. cit.. p. 157.

Ardao, Arturo. "La Historia de la Historiografía de las ideas en Latinoamérica".
Latínoamérioa. Anuario de Estudios Latinoamericanos, 10, UNAM, México,
1977.

29. Zea, Leopo1do. op. cit., p. 375
30. lb{dem, p. 379.
31. Martí, José en Obras Completas. Tomo 1, p.170.
32. Medardo Vitier. op. cit., p. 99.
33. lbídem, p. 98.
34. Zea, Leopoldo, op. cit., p. 365.
35. Medardo Vitier, La fdosofía en Cuba. Fondo de Cultura Económica, México,
p. 53.
36. Medardo Vitier. Las ideas en Cuba. La Habana,'p. 36.
37. lbiclrm.
38. Gaos, José. Filoso/fo mexicana de nuestr0$ días. Imprenta Universitaria, México,
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39. Medardo Vitier, Las ideas en Cubo, p. 94.

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41. Ibídem, p. 213.

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42. Medardo Vitier, La filosofía en Cuba, p. 142.
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�UNA PREVISION IDEOLOGICA DE LA
[NDEPENDEN CIA DE MEXICO

Fray Servando Teresa de Mier,
entre la utopía y la profecía
Jaime B. Vilchis Reyes*

INTRO.DUCCION

-

El texto que a continuación presentamos como ensayo provisional
tiene la exclutiva intención de probar en la obra/vida dd que sin duda
fué el primer historiador de nuestra independencia y 811 más singular visionario, la óp1ica del pensamiento utópico y profético por ti nos descubre un modo más integral de comprender a tan contradictorio y proteico
personaje. A lo mejor sus contradicciones no son más que aparentes para la
mirada miope y/o ricamente complementarias si con la libertad de la reflexión ''intrahistórica" (Unamwio), inseparable de la "razón poética", tratamos a quien por encima de todo fue un hombre libre. Circunstancialmente libre para con Sil palabra y pensamiento, para con su orden y estado
clerical, para con su imaginación y sabiduría•.• para con la historia de
México. El ver cómo Don Teresa de Mier siempre a caballo -como el
"loco estrafalario"- entre su patriotismo criollo y con-pasión sincréúco
indigenista, entre 811 celda de monje y la cárcel de hereje, ensoñádorametlte entretejió la urdimbre de ideas y creencias que propició la emancipación de la copiosa casta hispanoindia, resulta altamente lignificativo
no sólo para la indagación historiográfica de nuestro iiglo XIX, sino también, así lo creemos, como ejemplo de nuestra peculiar historia de nuestras pasadas y futuras emancipaciones.
Estas páginas, porque provisionales .abiertas dd todo al diálogo, se
afanan en el hueso y carne del hombre contradictorio y pluridimensional
que fue dentro de un contexto hiitórico fracturado y decadente el padre
Mier. Detener la prisa entomóloga que a fuerza de clasificar con alfileres
deja bellamente muertas a las mariposas debe ser un imperativo a la hora
de pensar la obra radicalmente católica -que por celo universahle va sumando sincréticamente los más disparatados elementos en su espíritu festivo- que como la de José Guerra (seudónimo de Mier) no es de una sola
• Qaustro de Sor Juana, México.

�J. B. Vi1chi, Reye.: Padre Mier, entre la utopía y la profecfa 101

100 Siglo XIX
pieza. Es preciso, como lo hace O'Gonnan en su insuperable y pionero
estudio, seguirle el rastro a Mier en su debatirse "entre los dos fuegos de
unas convicciones que le eran inmensamente caras y de unos hechos que
las socavaban con la exijencia de su inohjetahilidad". Ese sutil "entre" es
el que queremos captar como coartada idiosincrática que caracteriza el
pensamiento del padre Mier y de todos los que en Iberoamérica desde el
siglo XVI han pensado desde la utopía y/o profecía como refutación de lo
violento en la demiurgia clááca occidenta~ que tan amplio desarrdlo ha
tenido en el viejo mundo.
Con todo, como lúcidamente observa Brading, el padre Mier era mucho mas consistente y tenaz en sus opiniones y creencias de lo que algunos comentaristas han sugerido. Sobre todo si hacemos el esfuerzo de
comprenderle como el culmen de la riquísima tradición guadalupana que
un día genialmente creara/inventara en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco el profesor indígena Valeriano y Alva Ixtlixóchitl, tradujera (O'
Gorman), y viéramos en este complejo ramillete de creencias el eje tradicional - devoción generatriz- sobre el que han rodado nuestras mas caras expresiones culturales y dramáticos atentados por ingresar a la Historia.
Ya nomás, para terminar con estos preliminares, aclaramos que debido
al carácter ensayÚ;tico de este texto nos hemoo permitido la liberta~ de
citar sólo entre paréntesis y al final ofrecemos un listado bibliográfico.

-

l. UTOPIA RACIONAL EN LA PREVISION DEL PADRE MIER

Por mas que su Orden religiosa tuviera a Santo Tomás de Aquino como máxima gloria intelectual, es claro que a nuestro criollo domirúco ya
no le fuera significativo ni siquiera como inspirador de una nueva escol~
tica al estilo Jaime Balmes o de cualquier jesuita antigalicano. Su talante
inquieto, ambicio;amen te abierto a la altura de su tiempo, le dotó de un
recelo perspicaz hacia lo conservador, hacia lo que tercamente se resiste
al cambio aunque sea mas cómodo y seguro, Con tal madera de revolucionario el padre Mier ni siquiera fue paulatinamente sorprendiendo a la
comunidad intelectual de su época, sino que de modo precipitado, inmaduro aún, se agenció de una vez para siempre (con su sermón del 12 de diciembre de 1974, donde rompía con la tradición oficial de Guadalupe) el
estigma imborrable de hereje y un largo destierro a las cárceles de España.
No es el momento de recordar el contenido de tan audaz sermón donde
deslegitimizaba nada menos que los derechos de conquista de España, pues
su evangelización llovió sobre mojado dado que las culturas precortesianas
desde el siglo I habían sido evangelizadas por el apóstol incrédulo Santo

Tomás. Con más detenimiento glosaremos este sermón en la segunda parte
de esta reflexión. Ahora, lo que nos preocupa es repasar los motivos, que
para nosotros componen el lado utópico-racional de nuestro genio, porlos
que urdió la poemática creencia de un cristianismo indígena apostólico que
implícita y gravemente contenía la conjura contra la Metrópoli (Villoro,

1984).
Evidentemente, el padre Mier confonne al tiempo y las circunstancias
fue descubriendo toda la motivación utópica que entrañaba como proyecto histórico mexicano su tesis central de un cristianismo apostólico en la
región del Collao y en Anahuac, según le ensefiara la crónica del agustino
Antonio de la Ca.lancha. Incluso esta misma tesis, que siempre fue el nervio
fiel de su criollismo rebelde, sufrió con el tiempo algunas matizaciones.
Los puntos que a continuación siguen, pues, Fray Servando no los comprendió de una sola vez, sino que los fue visualizando como anticipaciones prácticas para una República Mexicana Independiente.
a) En buena medida el mérito del dom.iico, como criollo que padece
en carne propia la decadencia del régimen borbónico invadido por Napoleón, fue precisamente el no haberse quedado en el resentimiento atragantado lino que con su mirar en tomo de la independencia de Norteamérica
y de la revolución Francesa, analíticamente ve factible la coyuntura oportuna para sacudirse el yugo, cada vez más apretado, de la tutela peninsular.
De este modo, alimentándose de la racionalidad de Clavijero, Boturini y el
abogado Borunda, que un agio después se hacían eco de los apologistas
del siglo XVII -Matteo Ricci y Louis Lecomte- que vieron que el confucianismo chino coincidía con d cristianismo, el padre Mier crea con fines
nacionalistas su patriotismo criollo (Gerbi).
Con su carísima tesis de una evangelización prehispánica tenema; en
Fray Servando un sólido y pintoresco valladar que en plenas Cortes de Cádiz
(1811), cuando el portavoz del Consulado de México pedía la limitación de
la representación novohispana, le acusó de en realidad ser portavoz de las
calumnias antiamericanistas del prusiano De Pauw, que tan usadas fueron
por el colonialismo europeo para justificar la sujeción de los americanos.
b) Como muy bien observa Brading en su inteligente y cálido ensayo
sobre los orígenes del nacionalismo mexicano, es en su exilio español donde el domirúco Mier concibe el modo en que México debiera ejercer su
estado de emancipación. Al abrigo de la amistad de Jovellanos, de la del
poeta Meléndez Valdés, y de Blanco White, todos ellos ilustres por su
ilustración, y con el enfoque histórico y constitucionalista que de ellos
misma¡ aprende, Mier combina el indigenismo histórico con los derechos
ancestrales criollos heredados de la conquista para llegar a la concluiión,
no tan de perogrullo como se podría pensar, y que por otra parte Rousseau

�102 Siglo XIX
ya bahía visto, de que el catolicismo debe ser propagador de la democracia
y antimonárquico.
No deja de ser irónico el que el archienernigo de los españoles encontrara en la misma madre patria, en la gaditana y liberal, la soberanía constitucionalista como arma idónea para que la hija por fin se hiciera patria
independiente. Pero tal soberanía bien merece otro inciso.
'
c) Es en Francia hacia 1801 donde en calidad de prófugo el padre
Mier comienza a ver en el sstema corutitucionaliJta republicano d mejor
modo político de hacer vigente la paz en la nueva nación mexicana. Sin
duda que fueron las buenas relaciones que mantuvo con Simón Rodríguez
-tutor de Simón Bolívar- y con el obispo jansenista Henri Gregoire, que
apoyó la constitución civil, las que le condicionaron decisivamente para
que sus convicciones católicas, aunque heterodoxas, no se violentaran con
un régimen de soberanía republicana que en Francia apoyaban tanto los
deístas estatales de Rohespierre como los anticristianos jacobinos. Por d
contrario, d obispo de Blois que de joven militó como presbiteriano para
luego ser el üder del clero constitucionalista, le enseñó a combinar las
libertades dd clero galicano y pistoyanense con las de la voluntad general representada soberanamente en el parlamento.
Si bien es cierto que en un primer momento el modelo visigótico de
"cortes" y "concilios" que d aristócrata asturiano Gaspar Melchor de
Jovellanos proponía como alternativa al absolutismo monárquico, influyera en Fray Servando para despreciar como inválidos los modelos de repú.
hlicas de Norteamérica y Francia, en un segundo momento mira hacia Inglaterra atento a su "centralismo bicameral" para injertarlo corno buen comienzo en la naciente patria mexicana. Pero ojo, sólo como buen comienzo, ya que luego, para la madurez de la nación, aconsejaba sin lugar a dudas la república federal. TaJ sensibilidad para el avance procesual del pueblo en sus reivindicaciones insurgentes es probablemente el aspecto más
razonable que la parte utópica de su mentalidad poseyera. En 1823 Mier,
en su famosa alocución "Profecía sobre la federación", y denunciando
la "nortemanía", dpcía:
encorvados trecientos años bajo el yugo de un monarca absoluto,
apenas acertamos a dar un paso sin tropiezo en el estado desconocido de la libertad. Somos como niños a quienes poco ha se han
quita.do las fajas, como esclavos que acabamos de largar cadenas
inveteradas.

En estas palabras ve el maestro Luis Villoro en su Proceso ideológico
de la Revolución de Independencia una lúcida crítica del padre Mier a la
tendencia "jacobina" que pretende poner en ejercicio principios, si se

]. B. Vilchi1 Reye1: Padre Mier, entre la utopi'a y la profecía

103

quiere, metafísicamente verdaderos, pero inaplicables en la práctica, porque consideran al hombre en abstracto y tal hombre no existe en la sociedad.

d) Por último, y sin tener la ilusión de haber agotado todos los elementos utópicos en la obra de Fray Servando, es muy interesante repensar lo que O'Gorman denomina la ''victoria pírrica" de nuestro monje
cuando, en 1799, el académico ilustrado Traggia, en contra de los censores Uribe y Omaña y el fiscal Nicolás Larragoiti, sale en su defensa con un
dictamen favorable desde la historia cri'tica ilustrada.
A raíz de esta defensa el padre Mier queda profundamente interpelado por la historia crítica, y ya que el padre Traggia deliberadamente supuso en su dictamen que Mier nunca creyó en el eslampamiento sobrenatural de la imagen de Guadalupe en la capa de Santo Tomás, aprovechó
para dudar de tal creencia y terminar convencido en su "Apología" de que
mas bien fué fruto de un burdo pincel indígena, aún cuando esta tesis
no dejara de tener graves escollos. En este punto y en el de la identifica
ción de Quetzalcoatl primero con Santo Tomás y luego con un misionero
oriental u occidental del Siglo VI, su antijesuitismo no fue tan eficaz, por
más que era sentimentalmente radical, a la hora de aplicarse tan obsesivamente pero sin éxito en los métodos de la historia crítica.
Si con tal empeño alcanzó o no la verdad histórica que a Halperín
Donghi tanto le preocupa, no creemos que sea la cuestión decisiva en un
patriota cuya fundamental preocupación era la emancipación de su pueblo desde sus más caras e idiosincráticas devociones.
Dentro de esta milma "malograda" proclividad por la ciencia histórica ilustrada hubo un aspecto del pensamiento político de Mier que no
ha tenido aún una mas atenta reflexión y donde su sensibilidad histórica
no sólo no es "malograda", sino que sabia y profundamente hinca su visión utópica en el momento generatriz de nuestro indigenismo histórico.
Nos estamos refiriendo al hecho de que cuando Fray Servando imagina anticipadamente una "carta Magna" para un México independiente, así como Jovellanos y sobre todo el erudito historiador legista Francisco Martínez Marina que, buscando un modelo para España, se inspiran en el pasado
visigótico con sus instituciones representativas que limitaban el poder
monárquico (Brading), el padre Mier se inspira en la tradición utópica
y profética de los primeros misioneros del agio XVI (Sala). Precisamente en
estas tradiciones, que en el siguiente apartado discerniremos, Fray Servando en el libro XVI de su Historia de la Revolución de Nueva España fundamenta la legitimidad de los criollos insurgentes: son ellos los verdaderos
herederos espirituales de los primeros misioneros que con gran celo apos-

�J. B. Vi/chis Reyes: Padre Mier, entre la utopía y la profecía l 05

104 Siglo XIX
tólico defendieron al iridígena de la encomienda del conquistador. Para él,
en estos misioneros estaba la clave de un verdadero "pacto social" que pusiera en vigencia la paz entre los mexicanos del siglo XIX, y no en el "contrato antisocial" de los jacobinos afrancesados.
Nacionalismo criollo, Democracia y antimonarqu,a, Constitución republicana y Previsión histórica, serían los cuatro elementos utópicos que
por ahora podemos ofrecer del pensamiento eminentemente "teurgico"
(Ortega) del padre Mier. Estos elementos serían los componentes de su
dimensión racional, práxica e lústórica (Gutiérrez) que le posibilitaron
verear lavigencia,aunque frustránea, de nuestra liberación nacional. Pero en
Fray Servando no sólo se da una utópica vigencia de la Paz sino que, como
hombre profundamente religioso que fué, tuvo una visión profética de la
paz en la que la vigencia utópica no sólo se imbrica sino que autónomamente se genera. Sin duda que entre una y otra media el salto de la libertad histórica, pero no creemos que, al menos en el drama humanístico de
Mier, se dé la contradicción. Pasemos, pues, al mostramiento de los temas
que componen la esperanza profética, que como imperativo de liberación/
consumación de la historia, tuvo nuestro visionario.

2. PROFETISMO EC-TOPICO EN LA VISION DEL PADRE MIER
Así como Fray Jerónimo de Mendieta, el último franciscano apocalíptico que conoció a los primeros doce (Phelan ), representa la consumación de un período y de una gran tradición que reivindicó al indio como
protagonista dd Nuevo Mundo, para nosotros Fray Servando Teresa de
Mier bien puede representar con su original guadalupanismo la conswna•
ción del criollismo y el resurgimiento del indio, si no como protagonista,
sí como antagonista que tiene todo por reivindicar. El indígena legitimador de América como Nuevo Mundo será el motivo principal de esta segunda parte. La extraordinaria "virtualidad metafórico-poética" de Guadalupe, no sólo le confiere el poder de ser la creencia indígena por excelencia, sino también el poder_heurístico de representamos los paradigmas mas
significativos -y hasta anti-paradigmas- de una posible historia de la teología (Kling) de la liberación mexicana. Pemútasenos decir: "María-Guadalupe como reina del cielo es la reina de los mestizos llamados a construir
la raza universal sobre la tierra (en nombre del Señor de la historia, su hl. )...•
"
JO
Creemos válida la nominación de "profetismo" aplicada a la visión
histórico-teológica del padre Mier, pues aparte de encontrar en ella los
principales elementos que se han sistematizado como propios de la tradición profética judeo-cristiana (Neher; Tresmontant; Sch6kel), también ve-

mos en su "talante" y genio religioso, acentuado por sus amigos jansenistas españoles y franceses, un visionario de marcado carácter apocalíptico,
aunque ambiguamente milenarista.
Lo de "ec-tópico" no queremos que sea un huero alarde etimológico.
Mas bien responde a la necesidad doble de por una parte denotar un "estar
fuera críticamente de la razón tópica", de la cual aunque irrelevante Mier
tampoco estuvo exento, y por otra la de connotar y conectar con una realidad última y definitiva -escatológica- que la tradición judeo-cristiana ha
poetizado históricamente en sus principales textos sagrados (Vilchis).
Si la palabra grandilocuente de Fray Servando, a pesar suyo, reivindica al indio como antagonista potencial tanto de los criollos como de los
peninsulares, el verbo de Juan Larrea de esencial estro poético y un siglo
mas tarde va dirigido a la anábasis del indio hispanoaméricano como agonista del Espíritu. Resulta altamente significativo, y no sólo para el álgebra astral y cabalística, que los dos sean desterrados y heterodoxos, apasionados buscadores de Viracocha e irredentos guadalupanistas. Lo que
uno reclama en el siglo XIX, el otro lo rinde humilde y generoso en el XX.
"Reclamo y rendición" por fin se redimensionan una vez mas, quizás como
última oportunidad, en el ahora de lberoamérica sobre el tálamo de lapalabra mestiza para concebir el nuevo Espíritu liberador.
Veamos entonces tales elementos proféticos:
a) Desde una promesa de liberación el padre Mier le toma el pulso a su
opresor y decadente presente; dictaminándolo como inviable se lanza a
buscar con selección y recuerdo en el pasado de las tradiciones mexicanas
para reactualizar creativamente la posibilidad lústórica de la Independencia. En esencia hace el mismo movimiento histórico-profético que Judas
Macabeo bajo los Seleucidas, que Daniel bajo Nabucodonosor o San Juan
bajo el imperio romano. En tan peculiar "tensión esencial" que genera el
cambio social, los tres tiempos del vivir histórico quedan recreados culturalmente desde la palabra generatriz del Exodo (Pixley).
... a los americanos a quienes se dió por norma y amparo una arca
mas misteriosa copiada al ejemplar de los designios de Dios sobre
el monte de la' nueva ley, arca que apareciendo en fjgura de nube
a los españoles en Tiaxcala ?~!:&gt;eló al idólatra Caanan y l_os intr?;
dujo en esta tierra de promfüon; arca que llevada a Mex1co abno
las aguas de su mayor inundación, como las del Jordán; arca también cautiva entre los filisteos, escondida por otro Jeremi'as en
un lugar incógnito cuando fa irrupción de los Caldeos, descubierta
después que el pueblo escogido salió de la escll\vitud de Babilonia,
llevada a la casa de Obededón, al alcázar de Sión, y últimamente
trasladada a su propio lugar, templo y santuario que se mandó fa-

�106 Siglo XIX
bricar, con una dedicación semejante a la del templo de Salomón
(sermón).
Tildar a Fray SeIVando de "inventor de mitos" desde esta perspectiva
nos parece del todo arbitrario. Lo que a hace es recrear creencias populares desde la profec(a histórica. El mito no se recrea, sólo se repite a pesar
de los acontecimientos históricos (Neher). Guadalupe no es un mito como
el de Tiresias, por mas que sea sugerentísimo relacionarla con él: es una
profecía. No poder distinguir ésto me parece una grave pobreza para quien
quiera entender algo de la historia de la américa hispanoindia.
Mier, mas que inventar, recoge y recrea el material que algunos cronistas del siglo XVI y XVII - Betanzos, Cieza de León, Sarmiento de Gamboa, Calancha, Sigüenza y Góngora, Gregorio García ...- ofrecen como
indicios del paso de un apóstol por Am.érica y por el Pero (Duviols). En su
sermón del 12 de diciembre de 1794 se convierte en piedra de escándalo
ante alcabaleros, centuriones y sepultureros por afirmar que "mil setecientos cincuenta años antes del presente la imágen de nuestra Señora de
Guadalupe ya era muy célebre, y adorada por los indios ya cristianos en la
cima plana de esta tierra de Tenanyuca donde la erigió templo y colocó
Santo Tomás".
Hasta su muerte obsesivamente perseguido por esta convicción, no sin
reeleaboraciones tercas en Quet:zalcoatl, d padre Mier finca sobre ella
como sólida y angular piedra escrita la nueva ciudad mexicana desposada
con la emancipación nacional. Si algún apóstol del siglo I o VI, Santo Tomás o San Brendano, oriental u occidental, siempre Quet:zalcoatl o Viracocha, cristianizó a los indios antes que Colón y Cortés, la opresora colonia de los españoles no solamente es injusta en lo humano, sino ilegítima
en lo divino. Luego, la rebelión insurgente, como imperativo ético-profético, es una tarea inescamoteable - metafísicamente (Miranda)- a organizar en el presente.
b) Ahora bien, si con la tesis de un cristianismo apost-0lico en América
le hubiera bastado para sus propósitos insurgentes ¿por qué Guadalupe como transparente columna y torre de señales?
No nos escapa que esta pregunta en Mier sólo tiene respuesta rotunda
en las últimas habitaciones de su sangre. Pero algo podemos decir si reflexionamos desde lo que Guadalupe tradicionalmente ha significado y significa para el indio y mestizo mesoamericano. Qué duda cabe que como fina construcción de la imaginación poética de nuestro pueblo, Guadalupe es
el símbolo que desde nuestra mas profunda orfandad ha logrado con su
azulenca morenez darnos una identidiad eminentemente sincrética. En ella
el indígena se mestiza y virtualmente acepta a su matria herida y renace a

J. B. Vilchis Reyes: Padre Mier, entre la utopia y la profeda 107
la posibilidad de una patria redimida. Sin Guadalupe, a lo mejor a los mexicanos no nos queda como alternativa mas que imitlr a los jacobinos y/ o
ser unos hijos de la chingada (Paz) ...
Leonardo Boff tiene en su valiente libro prohibido (por los rnismos
alcabaleros centuriones y sepultureros que Mier otrpra escandalizara)
unas palabras que salvando las distancias hasta parece que las cscri~ió
para estos borrones; y ya ~ e el libro libre no c!rcula'. vale la pena co~~ar
el siguiente texto de su capitulo "En favor del smcrebsmo: la elaborac1on
de la catolicidad del catolicismo":
(El sincretismo como refundición) Se trata de un largo proceso de
producción religiosa que es casi imperceptible. La religión se abre
a las diferentes expresiones religiosas, asimilándolas, reinterpretándolas y refundiéndolas desde los criterios de su pr?pia iden tidad. No se trata de un mero asumir, sino de un refundir y un convertir que a veces supone crisis, momentos de indefinición e indeterminación, no sabiéndose a ciencia cierta si la identidad ha quedado preservada o diluida. El proceso histórico constituye un factor decisivo que permite que el ethos básico de la religión dominante consiga "digerir" los elementos adventicios y hacerlos suyos.
Podemos decir que todas las grandes religiones que han tenido un
desarrollo sistemático han resultado de un inmenso proceso de
sincretización.
(El cristianismo es un grandioso sin~re~smo) El sincretismo, p~r
tanto, no constituye un mal necesario ru representa una patolog1a
de la religión pura. Por el contrario: representa su "normalidad",
como momento de encamación, expresión y objetivación de una
fe o experiencia religiosa. Naturalmente que puede, como veremos, presentar patologfas, _pe~o fundamentalment~_surge _c?mo
fenómeno universal constltu avo de toda expres1on religiosa.
Si el pensamiento del padre Mier es universalizable es precisamente
por haber calado hondo en el alma de nuestro pueblo y en el drama de
nuestra historia de la que el símbolo de Guadalupe es inseparable.
Escuchémosle una vez mas:
El color moreno del rostro de nuestra Señora significa la encarnación y pasión de nuestro Señor, pues en mexicano se dice poyauac
una cosa matizada de flores como la primavera, y advirtiendo su
sinónimo camilectic "que fue en pie o viviente al tiempo de pintar la fruta'', alude el rostro de nuestra Señora a la estación en que
se obraron aquellos altos misterios (... ) Pero si San Juan a1 verla vestida del sol y calzada de la luna sólo exclamó arrebatado que
veía un prodigio grande, signum magnum ¿cómo he de proseguir

�108

J. B. Vilchis Reyes: Padre Mier, entre la utopi'a y la profecía

Siglo XIX

yo a descifrar, sobre lo que aquello contiene en el Apocalipsis, lo
que cifra en los frasismos de los indios a quienes se dió por norma
de su creencia Omomachiotinextiquis? (sermón).

109

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Boff, Leonardo, iglesia: Carisma y Poder, 1981.

De este ya largo inciso sólo nos queda recordar que al fin y al cabo el
símbolo y la imágen de Guadalupe son ensoñadamente vistos y elaborados
en el primer colegio de América "Santa Cruz de Tlaltelolco", institución
fundamental para el despliegue de la inmensa obra misional, apoca]iptica
y inilenarista, de los primeros doce franciscanos del siglo XVI (VilchisSala). Fueron los indios - Valeriano, Alva y Cipac- los que maravillosa e
inspiradamente la encuentran, se les desvela como la mítica Kalypsos...
como la "mujer vestida de sol" que en el siglo XVII ~ligue! Sánchez descifra en ella (De la Maza).
Para nosotros es claro que Fray Servando descontinuadamentc continúa esta tradición, adecuando y refundiendo, como buen profeta, el sincretismo universal de Guadalupe a la coyuntura lústórica que le interpela
como palabra de Dios. El reactualiza la profecía guadalupana porque quiere ser fiel a su pueblo y a su lústoria; respetando en todo momento su estructura de liberación inmanente a su entrañable sentido apocalíptico
(Gorgulho-Anderson).
Aún podrían repensarse desde este punto &lt;lt' vista dos t&lt;&gt;mas más 1¡uc
también son de relevancia en el pensamiento teológico del dominico, pero que necesitamos mas elementos de juicio que en este momento aún no
disponemos. Tales temas sen'an: 1) su jansenismo político y eclesiástico
que le hacía sentir la necesidad de una profunda reforma de la Iglesia
católica teniendo como modelo la comunidad cristiana primitiva; y 2) su
ambiguo interés que muestra en sus memorias por el milenarismo del &lt;'Xjesuita heterodoxo Manuel Lacunza.
... rasgadme el pecho de la sombra
y dad mi sangre al sol. ..

Ganarás la Luz
León Felipe.

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�Valladolid, el mundo de Morelos

110 Siglo XIX
de Unam\Ulo, Miguel, En torno al Castici,mo, 1, DI, {1895) Ensayos, Madrid,
1945, t. l, pp. 40-49.

Abelardo Villegas*

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Vilchis, Jaime-Sala, José, "Apocalipsis e historiografía en los primeros franciscanos de Nueva España", Prometeo, Universidad de Guadalajara, en prensa.
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Chata, México, 1984, pp.137-145.

-

A tendiendo al título del Simposio, "El mundo de los libertadores,,,
me propongo tratar de elucidar cómo el análisis de algunos aspectos de
uno de ellos, José María Morelos, puede servir como factor explicativo
no sólo de su acción personal sino de la independencia en general. Varios
de los caudillos de la independencia lúspanoamericana eran criollos, lo
cual significa en general que descendían de padres españoles. sin mezcla
de las castas o indios americanos. O, al menos, eso creían ellos. Esto nos
avisa, en primer término, que las diferencias clasistas o de grupo en la sociedad colonial eran también, y en fuerte medida, diferencias raciales. La
sociedad colonial era una sociedad racista con criterios explícitamente ra-.
cistas que sólo en parte han sido superados en la época actual. Bolívar mismo, que era criollo, tuvo que ser defendido así por su maestro Simón Rodríguez:
¿qué dirán las naciones europeas cuando lleguen a saber que Bolívar es zambo? - iQué dirán los rubios de Inglaterra, los de Escocia, los de Francia y sobre todo los de... Andaluda? iun Zambo
mandando indios en el Perú!. .. iqué impropiedad i-Y ¿qué
dirán las gentes de juicio, si el autor de esta defensa emprendiese
probar, con papeles o con opiniones, que Bolívar es blanco de
primera, de segunda o de trigésima extracción? -noble de primera
o de centésima jerarqui'a: -Bolívar y su defensor son ZAMBOS;
pero ninguno de los dos es NECIO.!

En cambio Morelos, mestizo aindiado, probablemente con un poco de
sangre negra, interrogad.o por la Inquisición se declara "español". Estaba
acostumbrado a hacerlo porque los mestizos y castas carecían de privilegios y de oportunidades. La ordenanza del Seminario Tridentino de Valla-

* Facultad

de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Ponencia presentada en el coloquio sobre GEl mundo de los h'bertadores. Sentido
y proyección de la gesta emancipadora", Ciudad de México, octubre de 1982.

�A. Villegas: Valladolid, el mundo de Morelo,

ll3

ll2 Siglo XIX
dolid donde él estudió indicaba que se aceptaría al aspirante sólo si "es
español o indio puro, fin mezcla de otra mala generación de judíos, moros, chinos, mulatos o semejantes ".2 A esas alturas, último tercio del siglo XVIII, estas ordenanzas ya no se cumplían al pie de la letra, pero sí
indican cuáles eran los criterios de prestigio social que iban aunados a los
p~estos salientes de la sociedad colonial. Sensibles a estos criterios d~riminativos muchos de los próceres de Hispanoamérica abolieron la esclavitud. En concreto, Hidalgo y Morelos, además, abolieron los impuestos que
pesaban sobre las castas por el puro hecho de serlo. Esto no puede considerarse como una perspectiva puramente criolla; los criollos admiraban a
veces las civilizaciones indígenas del pasado remoto pero despreciaban al
indígena del presente aunque en la letra la'S leyes lo protegieran. Pero si
frente al indio tenían esta actitud ambivalente, su desprecio por los negros
era infinito. Los criollos fabricaron una serie de teorías indigenistas pero
ninguna negrista que yo sepa. La protección a los mestizos y a las castas es
una ruptura del punto de vista racista de los criollos y españoles.
En ~1orelos se da siempre un ímpetu de ascenso social. Abandonado
por su padre, su madre, su abuelo y sus parientes le costearon el aprendizaje de las primeras letras pero no pudieron pagarle la beca para sus estudios de seminario. Entonces, a los catorce años se empleó en el ranebo de
Tahuejo, donde permaneció alrededor de once años -1779-1790-. El
profesor Lemoine nos informa que este rancho era uno de los siete que
pertenecían al latifundio hacienda de San lldefonso Tarentan, propiedad
de la familia Iturbide en la zona caliente del estado de Michoacán. Pero no
se empleó en calidad de arriero como al parecer inventó Carlos María de
Bustamente, sino como "labrador", según declaró a la propia Inquisición.
Lemoine nos aclara lo que entonces significaba esta palabra. Labradores
eran, según una de las representaciones de Abad y Queipo, que fue obispo
balín de Michoacán, aunque gran intelectual, la gente ligada a la agricultura, desde los propietarios hasta los administradores y contralores, pero
no los peones. Morelos no era peón sino una especie de contralor ayudante del administrador el cual, a su vez, no era más que ayudante dd administrador de San Ildefonso, en tan to que la familia Iturbide residía en Valladolid. Y es que Morelos sabía leer, escribir y hacer cuentas. En ese rancho aprendió a manejar cuadrillas de peones y a administrar, cualidad esta
última que se refleja tanto en su vida privada como en el manejo del movimiento insurgente.
Estaba, pues, muy familiarizado con los probl~mas del a~o en una de
las zonas más ricas de México. lrúcialmente la prospera hacienda de San
Ildefonso Taretan había pertenecido a los agustinos, quienes la extendieron a costa de los terrenos de los pueblos de indios y luego tuvieron que
venderla en virtud de las medidas secularizadoras de los Borbones. El

proceso por el cual las haciendas se extendieron a costa de los pueblos de
indios se inicia desde los primeros años de la conquista hasta el porfirismo.
En sendos decretos Hidalgo y Morelos expresaron sus deseos de que las
comunidades indígenas gozaran íntegramente de las tierras que les pertenecían. El decreto de Hidalgo es famoso:
...mando a los jueces y justicias. .. que inmediatamente procedan
a la recaudación de las rentas vencidas hasta el dfa, por los arrendatarios de las tierras pertenecientes a las comunidades de los naturales, para que enterándolas en la Caja Nacional se entreguen a
los referidos naturales las tierras para su cultivo, sin que para lo
sucesivo puedan arrendarse, pues es mi voluntad que su goce sea
únicamente de los naturales de sus respectivos pueblos.3
Morelos expidió decretos parecidos pero en el sitio de Cuautla quedaron abandonados unos papeles no escritos por Morelos, pero sí autorizados
por él, que van más allá aunque en un contexto vago y muy vinculado a las
peculiaridades de la lucha:
Deben -se dice en esos papeles- inutilizarse tocias las haciendas
grandes, cuyos terrenos laboríos pasen de dos leguas cuando mucho, porque el beneficio positivo de la agricultura consiste en que
muchos se dediquen con separación a beneficiar un corto terreno
que puedan asistir con su trabajo e industria, y no que un sólo
particular tenga muchas extensiones de tierras infructíferas, esclavizando millares de gentes para que las cultiven por fuerza en la
clase de gañanes o esclavos, cuando pueden hacerlo como propietarios dc;_un terreno limitado, con libertad y beneficio suyo y del
público.4
A estas medidas se añadían medidas concretas de reparto de semillas,
dinero, ganado, de manera "que nadie enriquezca en lo particular, y todos
queden socorridos en lo general" en los territorios que iban ocupando los
insurgentes.
Sin embargo, en los once años transcurridos en Tahuejo Morelos no da
señas de que algo de esto se le haya ocurrido ni de prepararse para una actividad redentorista. Ahorra para sostener a su familia y para reunir el dinero
de la beca de estudios. Lemoine señala con razón que en Morelos hay una
vocación urbana. No le iba tan mal en Tahuejo y hasta hubiera podido ascender a administrador, pero prefirió regresar a Valladolid, la ciudad obispal y señorial. La prosperidad de Valladolid no se debía ni a su situación,
ni a su comercio ni a su agricultura, sino justamente a ser la sede del obispado. El obispado se había iniciado en Pátzcuaro, pero las intrigas contra
Vasco de Quiroga condujeron a que se produjera la mudanza. Era, pues,
Valladolid, una ciudad clerical, pero también administrativa porque era
la receptoría de rentas, impuestos y donaciones eclesiásticas, en donde la

�114 Siglo XIX

A. Villegus: Valladolid, el mundo de More/os

115

autoridad civil estaba de hecho subordinada a la influencia del obispo entre otras razones porque el obispo era mucho más rico. No es extraño que
Morelos, en su ímpetu ascencional, quisiera pertenecer a esa corporación,
aunque fuera en sus estratos más bajos.

1815, a la vista del desastre, lo envió a estudiar a los Estados Unidos. Almonte efectuó ocho años de estudios y luego regresó para incorporarse al
cuerpo diplomático y al partido Conservador desempeñando el papel que
todos conocemos.

Efectúa, pues, seis añ0$ de estudios sacerdotales, de 1790 a 1796, primero en el colegio de San Nicolás, cuyo rector era Miguel Hidalgo; luego
en el Seminario. Morelos había nacido en 1765, tenía, pues 24 años cuando inició sus estudios en ese Colegio, estudios cronológicamente equivalentes a lo que serían hoy los secundarios, once años mayor que el resto de
sus condiscípulos. Dichos estudios consisti'an principalmente en gramática,
retórica, filosofía, teología y dos años de latín, nada excepcional y sí al
parecer de baja calidad. Un poco antes de terminar, fue a México, hizo el
examen de bachillerato en artes en la Real y Pontificia Universidad y en
veinte días regresó para tomar los hábitos. Inmediatamente pidió una colocación y fue destinado auxiliar del cura de Uruapan, parroquia muy rica
que proporcionaba fuerte influencia local. Según una Inspección ocular,
citada por Lemoine, Uruapan es

La carrera de Juán Nepomuceno Almonte era el corolario lógico de la
trayectoria social de Morelos. Localizado éste en el seno de las clases medias bajas iba ascendiendo en virtud de su profesión, que como tal se puede concebir el sacerdocio. No era extraño, pues, que llegara a tener un hijo caballero y además conservador y monárquico. En Morelos hay una
quiebra; antes de 1810 no es ningún rebelde ni se prepara para la Revolución, su carrera es la de un sacerdote un tanto administrativo, un poquito
comerciante y nada místico puesto que para él, como para muchos otros,
el celibato era letra muerta. Y de pronto todo lo abandona para seguir a
Hidalgo.

curato de tasación y pagan estos naturales a su cura, de las festividades anuales, 1164 pesos, 32 reales. Ademá,s, 2 pesos por cada
difunto. Costean una arroba de cera de Castilla y Je dan todos los
días sal, chile, atole, tortillas y tamales al medio día y a la noche,
y leche los días de vigilia. Cada ocho días un peso de carne y 38
pesos anuales para verduras y terneras, el sebo para el gasto de su
casa, el zacate, agua, leña, ocote, carbón y huevos que consume; y
luego, los sitvientes, llamados pazaris, mita tes, caballerangos y petapes sin contar los cantores, sacristanes y campaneros, que dan
estos indios por separado para el servicio de la iglesia. ~ecibe también el cura de estos naturales 28 manteles y 30 pollos.5
Comenta el historiador que por eso los curas, a medida que discurría
su labor, se iban poniendo gordos y lucios como gatos de sacristía.
Algo de esto debe haberle tocado a Morelos. Sin embargo, él pidió
una parroquia propia. Pero como no tenía influencias le dieron un curato
miserable en tierra caliente, Churumuco, y luego otro más o menos igual,
el de Carácuaro. Pero sus talentos administrativos lo sacaron de pobre, en-.
tre otras razones porque era inflexible en el cobro de sus servicios e impuestos; además, compraba quincalla de Valladolid y la vendía en Carácuaro así como enviaba al mercado de Valladolid los frutos de tierra caliente y a veces fungía como contratista de obras. De acuerdo con su vocación urbana logró comprarse una casa en esa ciudad, a sólo tres cuadras de
la calle Real, donde vivían las familias más distinguidas. Ante la Inquisición confesó haber tenido tres hijos, pero a quien más quería era a Juan
Nepomuceno Almonte, quién lo acompañó en todas sus campañas; y ya en

Fijémenos un poco en la cuestión religiosa. Sin duda detrás de la fa.
chada del cura negociante había algo, como un estrato profundo del sentimiento religioso, porque ni él ni Hidalgo conciben a la constitución de la
nación mexicana sin el catolicismo. En los Sentimientos de la nación, al
lado dr la idea de que la soberanía dimana del pueblo, de que se proclama
ya la idea de la independencia de América, de que se debe distribuir la riqueza para moderar la opulencia y la indigencia establece "que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra" y que "todos sus ministros se sustenten de todos y sólo los diezmos y primicias y el pueblo no
tenga que pagar más obv~nciones que las de su devoción y ofrenda". Se
trata de un catolicismo acendrado que no se considera incompatible con
la independencia y lo que hoy llamaríamos justicia social. Un ascendiente
del catolicismo que cien años después acompañaría al zapatismo.
Hidalgo es de la misma opinión; cuando se defendió de las acusaciones de herejía dijo que
jamás me he apartado ni en un ápice de la creencia de la San ta
Iglesia Católica: jamás he dudado de ninguna de sus verdades:
siempre he estado convencido de la infalibilidad de sus dogmas
y estoy pronto a derramar mi sangre en defensa de todos y cada
uno de ellos.
Esto lo afirmó en un manifiesto a los mexicanos, y agregó:
abrid los ojos americanos, no os dejéis seducir de nuestros enemigos: ellos no son católicos, sino por política; su Dios es el dinero. .. ¿Creéis acaso que no puede ser verdadero católico el que no
está sujeto al déspota español?.6

�116 Siglo XIX
En su libro sobre la ideología de La Revolución de Independencia Luis
Villoro dice que, en un cierto momento, los españoles son los acusados de
herejía por afrancesados, por contaminados de la ideología napoleónica.
También observa que mientras Hidalgo es un caudillo ilustrado atraído por
las causas populares, Morelos es un caudillo propular atraído por la ilustración. Bueno, pues este su carácter popular es lo que explica su catolicimo no fingido y sí muy acendrado y también explica que ellos mismos
puedan distinguir que el catolicismo puede ponerse al servicio de la explotación, la esclavitud y el coloniaje así como al servicio de la independencia
y de las reivindicaciones raciales y económicas. En el caso de Hidalgo, como se ha visto en este simposio, aunaba ciertas corrientes progresistas de la
teología con las tesis de la Ilustración,

La generación que hizo la independencia fue anterior a la división maniquea que se abrió entre liberales y conservadores. De hecho es la que origina a estos dos grupos, cuando menos en México. En realidad fue la historiografía liberal la que hizo una interpretación liberal de la independencia
así como los conservadores la denostaron. Los liberales, por ejemplo, tratan de soslayar el monarquismo inicial de los insurgentes. No se trataba de
un simple disfraz, para los insurgentes criollos y mestizos había una distinción entre d rey Fernando, es decir, la corona 1 y los españoles. El Reino de
la Nueva España era un Reino Federado a la corona, pero no dependiente
de los españoles. Para Hidalgo no había ninguna contradicción entre matar
gachupines y proclamar su adhesión a Fernando. Cuando falta la corona
por obra de los manejos de Napoleón, los criollos se sienten con el mismo
derecho que los españoles y por eso el licenciado Rayón funda una junta
que debería desempeñar el mismo papel que desempeñaban las diferentes
jintas españolas. 7
La alternativa ilustrada a este monarquismo era la idea de un congreso_ Fray Servando Teresa de Mier lo diría muy elocuentemente: "congreso, congreso, congreso, luego, luego luego". Pero ya en la concepción
monárquica y católica de Hidalgo se introduce la idea de congreso. Y Morelos es el que la lleva a su primera realización; en realidad Morelos opone
la idea de congreso a la junta de Rayón. La idea de independencia, es decir,
de la disolución del vínculo federal con la corona, se va abriendo paso poco a poco en la mente de Hidalgo y sobre todo en la de Morelos, no sin
dificultades. Y desde luego, nada o casi nada, la de una presidencia republicana. También cabe recordar que, cancelado el aspecto social, los criollos consuman la independencia instaurando una monarquía que nada
más era parlamentaria de dientes para afuera, como lo demostraron los
acontecimientos.

En México la idea monárquica fue muy persistente. Tuvimos el impe-

A. Vr1lega8: Valladolid, el mundo de Morelo, 117

rio de lturbide y el de Maximiliano y algún nebuloso intento de Santa
Anna. Por eso con razón ha dicho el historiador Edrnundo O'Gorman que
en cuestiones de política, México osciló entre tener un emperador presidente o tener un presidente emperador, Este último es Porfirio Díaz que
tantas herencias dejó a la Revolución. (a fuerza y el centrismo del presidente mexicano eon un trasunto del viejo monarquismo. Así también puede explicarse en parte la debilidad del congreso mexicano
Ahora bien, el almácigo de la Revolución de Independencia fue la
ciudad obispal de Valladolid, ciudad monástica, administrativa y señorial,
muy característicamente colonial. De allí eran las figuras más radicales,
alü pasó Hidalgo sus mejores años hasta que lo desterraron a Colima, en
sus goteras nació Morelos; de allí fueron sus principales enemigos: Abad y
Queipo fue su obispo, Riaño fue su intendente. Allí nació, de opulenta
familia, Agustín de lturbide, que combatió a los insurgentes y luego consumó la independencia traicionando en realidad los ideales radicales de
sus iniciadores.
Aparentemente ultramontana, allí se impulsaron para el México independiente los ideales de monarquía y religión católica oficial. Pero también allí surgió la idea del reparto agrario, de la abolición de la esclavitud y
de la discriminación de las castas, de la eliminación de los múltiples impuestos con los que se agobiaba a las clases humildes. De allí nació la idea
de congreso, de la separación de poderes y de la soberanía nacional.
Valladolid, hov Morelia (al fin se abría de consumar la aspiración
urbanística del cura de Carácuaro), es el símbolo de la unidad original. Un
magma en donde se mezclan en forma proteica tendencias que de pronto
se combatirán furiosamente y de pronto se conciliarán amigablemente.
Ciudad que le formó al cura administrativo una doble naturaleza, simbólica
también de su propio país. Unidad original anterior al doblez maniqueísta
con que nos han acostumbrado a ver al siglo XIX, es todo un microcosmos que revela las paradojas de nuestro ser nacional.

�118 Siglo XIX

-

Las Ideas en el Perú.
Ilustración y romanticismo (1780-1826)

NOTAS

Citado en Leopoldo zea y Abelardo Villegas, Antolog¡á ~el pensamiento social
l. y pd(tico de América Latina. Unión Panamericana, Washington, 1964, p. 206.

María Luisa Rivara de Tuesta*

2. Véase el magnífico libro de Ernesto Lemoin~, -~el dculalGobb~ve mdeuclh:tada¿osd:
ideas, Morelos y la revolución de I 81 O. Ed1C1on e
o 1emo
s
Michoacán, México, 1979, p. 32 Y ss.
3. Antolog¡á, p. 99.

4. Ernesto de la Torre Villar y otros, Historia documental de México, Universidad
Nacional Autónoma de México, México, 1964, p. 87.

5. Lemoine, Morelos, p. 126.
6. Antología, p.100 YSS.
1

Véase de Luis Villoro, La revolución de independencia. Universid3:d N~cio~
• Autónoma de MéKico México, 1953; y el mío, La filosofía en la historia pol1tica de México. Editorial Ponnaca, MéKico, 1966.

-

La historia de las ideas en Latinoamérica y en el Perú está intrínsecamente unida a nuestro desenvolvimiento filosófico. F.s más, es un producto
de él. Si bien es cierto que nuestra "Filosofía", en sentido estricto, es decir, referida a la construcción de grandes iástemas filosóficos y al hecho de
que no haya tenido un carácter eminentemente creativo y más bien sí imitativo, ha seivido de fundamento a los pensadores, que inspirados por
esos sistemas o por determinado filósofo, procuraron hacer válidas esas
filosofías aplicándolas reflexivamente a determinadas realidades coyunturales históricas a fin de superarlas. La filosofía !irvió así, desde su vertiente práctica, como guía de la conducta del hombre americano, proporcionándole determinados filosofemas o principios racionales que al conjugarlos con nuestra realidad sirvieron, en primer lugar, para patentizar una situación defectiva que obligaba a efectuar modificaciones en la estructura
en vigencia y, en segundo lugar, condujeron a la modificación, reforma o
cambio de esa situación coyuntural.
El trabajo que hemos realizado sobre historia de las ideas en el Pení
en el siglo XIX obliga a examinar, en primer lugar, las influencias filosóficas -Ilustrada y Romántica- y en segundo lugar, su aplicabilidad a la
realidad coyuntural que atravesábamos y está por eso ligado intrínsecamente al proceso histórico de nuestra nación y al de América del Sur. Podn'amos, por las temáticas que hemos desarrollado hasta la tercera década
del siglo XIX, asegurar que un horizonte ideológico proveniente, primero
del pensamiento austrado que llega, aproximadamente, hasta 1816 es el
que produce sus efectos sobre los hechos históricos que tienen lugar en
nuestro país, luego se observa la penetración del pensamiento romántico
social, que es a la postre, el que influye con más fuerza en las decisiones
adoptadas, no solamente en el Perú, sino en América del Sur.
• Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de San Marcos, Pení.

�120

Siglo XIX

En lo que respecta a las temáticas desarrolladas están vinculadas al
proceso histórico y referidas a la penetración de nuevas ideas dirigidas a
criticar al listema impuesto por España en sus colonias. Se apoyan estas
críticas en la filosofía ilustrada y conducen al primer movimiento subversivo: La rebelión de Túpac Amaru; a este movimiento han de sucederle
otros a nivel continental que van desintegrando, paulatinamente, al réfi.men político realista. La entrevista de Guayaquil, en la que San Martín y
Bolívar intercambian ideas sobre las acciones a tomar a fin de arrojar definitivamente a los españoles de nuestro territorio, así como nuestra decisión de adoptar la fórmula republicana y establecer las bases de un gobierno democrático, están enmarcadas en nuevas concepciones ideoló@cas ·de
corte romántico social y conducen a sellar en las pampas de Junín y Ayacucho la independencia americana.
Establecida la república y logrado el propósito fundamenta~ la liberación política de España, el Pero, en lo que queda del siglo XIX, lapso que
no hemos desarrollado en este artículo, ha de debatirse desde la perspectiva política en una alternancia entre democracia y dictadura, respaldada
ideológicamente por las luchas entre liberales y conservadores.
Las últimas décadas del eiglo XIX están caracterizadas por la sustitnción del pensamiento romántico por concepciones filosóficas positivistas
y spenceristas que constituye una ideología de recuperación nacional después de la derrota sufrida por el Perú frente a Chile.

l. LA PENETRACION DE NUEVAS IDEAS Y LAS CRITICAS AL
SISTEMA COLONIAL
1) La Conciencia tk Depentkncia Cultural y Poli'tica

Producida la conquista, España procura formar en los vasallos de ultramar una conciencia de dependencia cultural y política asentada, si bien es
cierto en doctrinas imperantes en Europa, en principios autoritarios que limitaban la capacidad racional del hombre americano, impidiéndole una
verdadera toma de conciencia de sus posibilidades de realizacion.
Pero el siglo XVIll desarrolla una forma de pensamiento, el ilustrado,
que alcanzará no sólo a la multitud europea sino también a la americana.

M. L. Rimra De Tuula: Ru,tracilm y romanticúmo en el Perú 121
ti~dad ment;tl que estaban condenadas a ser reemplazadas por la razón. La
actitud filosofi~ o r~cional es la que ~ehía primar en la vida del hombre y

la que se deh1a aplicar a todos los ordenes del conocimiento humano.
_Aceptado es~ principio se examina la historia humana desde la perspectiva de la razon y se le encuentra irracional, se examina el presente y se
le encuentra igualmente irracional.
• Pero, si era cierto que ~I hombre había venido actuando ciega e irrac1o~ente, no por eso de,iaba de ser capaz de convertirse en algo racional Si su pasado demostraba que un juego de fuerzas irracionales lo habían
conducido, podía mrar con optimismo hacia adelante: los esfuerzos del
presente lo conducirían a realizar una edad de oro donde se vería actuar
solamente a la razón.

La felicidad unida a la prosperidad sería común a la humanidad Pero
antes ~, necesario reconstruir todo a la luz de la razón: los ruisofos
descuhnnan, d plan ~ l~ naturaleza, instituirían una nueva política que
transformana a los Sihditos y esclavos en ciudadanos un nuevo derecho
que, p~rmitiría acabar con las injusticias, una nueva reÚgión más natural y
autentica y un nuevo orden social y económico donde reinaría la libertad y
la pr0:iperidad.
La penetración de las ideas de la ilustración se produce en América a
lo lar~o del siglo XVIll y principios del XIX y constituyó la doctrina más
apropiada para crear una nueva conciencia en el hombre americano: con~ª en el poder de 81 razón y en la posibilidad de reorganizar a fondo la
sociedad colonial a hase de principios racionales.
3) El Despotismo flustrado de Carlos III

El despotismo il~strado de Carlos ID permitió una mayor libertad intelectual a nuestros cnollos y a la manera española se inicia la fundación de
Socie~des, Aca~emias, Escuelas y Periódicos: instituciones que permitirán
Y dar~ ?portunidad a los nuevos intelectuales americanos de expresar sus
conocimientos que se habían visto enriquecidos por el contacto con expediciones científicas y viajeros como Alexander Von Humboldt.
4) Rechazo a la Escolástica

2) La Razón, Punto de Partida de la Crítica

La teoría filosófica en que se sustentaba el movimiento i~~trado consistía en pensar que d hombre había desarrollado formas primitivas de ac-

Conforme avanzaba el siglo el rechazo a la escolástica considerada co. ~o _do_ctrina que er~ ~ causa de la ruina de los ingenios, y '1a acogida de las
disciplinas que permitieran el conocimiento de las ciencias de la naturaleza
se acentuaba. &amp;ta disposición hacia el conocimiento científico es permití~

�122 Siglo XIX
da por las autoridades españolas en vista de que podría permitir una mejor
explotación y aprovechamiento de las riquezas naturales.
5) El Progreso Cient(fico y las Reformas de los Estudios

Los estudios científicos, lin aparente relación en el proceso de desintegración de la estructura colonial, constituyen su punto de partida y su
génesis ya que permitirían apreciar al criollo que las virtudes de su razón
eran semejantes a las de la, europeos y que estaban capacitados, por lo
tanto, para penetrar en el conocimiento de la propia naturaleza; y para,
a través de los estudios de la naturaleza, aparentemente inofensivos para
el sistema político y social colonial, crear conciencia de patria y valoraci ón de las riquezas naturales del suelo americano.
El progreso científico y las reformas de los estudios (que se origina
con la expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles por real
cédula de Carlos III del año de 1767), inician el proceso de desintegración de la estructura tradicional colonial. Paralelamente ee produce un
interés de divulgación de los temas científicos que realizan las instituciones que agrupaban a los nuevos núcleos intelectuales y que adquieren
luego un carácter particular referido fundamentalmente al conocimiento
de nuestra naturaleza, nuestra geografía y nuestra historia.
El examen de estas cuestiones hace evidentes las fallas del sistema en
lo que concierne a política, derecho, religión, sociedad y economía y crea
en el criollo americano la necesidad de un camhio trascendental.
Hasta quí podríamos hablar de penetración de nuevas ideas, planteamientos teóricos, críticas al sistema, sugerencias de cambios y reclamos
que invocan la razón y la justicia, pero en el Perú a partir de 1780 se evidencia que la estructura de dominación ·debe desaparecer.

II. EL PRIMER MOVIMIENTO SUBVERSIVO: LA REBELION DE
TUPAC AMARU.
El 4 de noviembre de 1780 se produce la rebelión de Túpac Amaru.
Este movimiento considerado como "anticolonialista, reivindicador y precursor de justicia social e independencia política más importante que haya
tenido el Perú" fue "anterior a la revolución francesa( ..•) y acaeció cuando todavía la revolución separatista estadounidense estaba en plena pugna''.1 Pidió, entre otras cosas, que el gobierno estuviese en manos de un
virrey descendiente de la familia imperial incaica y fue en verdad, pese a
toda su motivación indigenista, un esfuerzo por unir a todas las castas del

M. L. Rivora De Tueda: Jlu,traci611 y roma11tici.mo en el l'eni 123

Perú: decretó_~ libertad del e~clavo negro, contó con mestizos y habló
en tono conciliador para los cnollos que aceptaeen su movimiento y hasta para los peninsulares que lo siguiesen.2
1) Significado de este Movimiento: No es posible hablar de Reuolución
Americana sin con,O, con el Movimiento Peruano.

Lo más sigoifica~vo d~I movimiento de Túpac Amaru estaría dado por
el hecho de haber evidenc1ado la necesidad de la violencia y de la rehelión
para lograr un cambio efectivo en la estructura colonia~. Por otro lado no
solas_aente c-ontó con la patticipa.cíón de los grupos sociales más expl~tadai smo &lt;p1e estuvo apoyado por la intelectualidad criolla.
. _Juan Pablo Vizcardo ,Y Guz_mán (Pampacol~ 1748 . Londres 1798),
,eswta expulsado del Peru, escnhe al 30 de setiembre de 1781 al cónsul
inglés en Livomo solicitando ayuda para la rebefión de Túpac Amaru. Lt•
m~ifiesta en ~a comuni~ción que el conocimiento que tiene del país y
las ideas adqumdas a traves de este conocimiento le })('rmitcn afirmar qu••
las vejaciones hechas a aquellos pueblos no han hecho sino acelerar una revolución, que indudablemente habn'a acaecido de inmediato si por cualquier motivo se hubiera perdido el equilibrio entre las diferentes razas que componen la población del Peni cuya
recíproca .d~confianza suspendía los efectos del desconte~ to y
del resent1m1ento que en cada una existía contra el gobierno
(... ).3

Los vínculos se han fortificado y los ánimos se han reunido "en un
mismo propósito de sacudirse el yugo por todos ahorrecido". 4
Sus reflexiones le penniten esbozar lo que sucederá como consecuencia de la revolución del caudillo indio.
Toda América. m~di~:m~J se desprend~rá del dominio español;
todas la~ provincias_ lim1trofes del Pe!11 tienen taJ dependencia
que, teniendo las mJSmas razones de disgusto deben ser impulsa~s por su ejemplo. Si se provee a estos pueblos con armas sufic!entes y ?uen&lt;!s ofic~es, ~? tienen que temer al poderi'o borbó-ruco; la distancia y Ja S1tuac1on de los lugares. así como el número
y bravura de los sublevados, garantizan mi aserto.5
La revolución de Túpac Amaru, como hecho concreto de manifestación de rebeldía frente al sistema, y las consideraciones ideológicas que
sustenta Vizcardo y Guzmán, certifican un acuerdo general de ataque y
rechazo de la estructura imperante.

�M. L. Rivaro De Tuata: Rumoción y romantici,mo en el Pení

124 Siglo XL'&lt;
Por otro lado las ideas sustentadas por Vizcardo y Guzmán no sólo
a firman la causa de la revolución de Túpac Amaro sino que inician una
línea ideológica claramente separatista: predica Vizcardo que el Perú se
dcspren derá dd dominio español y que todas las provincias limítrofes lo
imitarán por la dependencia en que se encuentran con respecto al Perú.
Se adquiere desde ese momento la clara idea de que todo movimiento
libertario debe culminarse en el Perú y que no es posible hablar de revolución americana sin contar con el movimiento peruano.

2)

Los Criollos y la Independencia.

Reprimido el movimiento de Túpac Amaru en forma cruel, los excesos
del dt•spotismo español se acentúan con lo cual sólo se consigue avivar la
conciencia separatista. Por eso ante las noticias de la patria lejana Vizcardo
v Guzmán no cesó en su afán de difundir su pensamiento libertario y así
;1ació la redacción de su famosa Carta a los españoles americanos, que terminó en 1792. Esta Carta es el primer documento que propone la independencia como la única solución posible a los problemas políticos, jurídicos,
sociales v económicos de América. Fue difundida por Francisco Miranda
(Caracas.1752 - Cádiz 1816) e influyó poderosamente en los ideales libertarios americanos.

\parte del contenido separatista y de los conceptos filosóficos pr?pios
di' la Ilustración usados por Vizcardo, es importante destacar aqu1 que
nm-slro autor se remonta a la génesis misma de la problemática separatista.
Los primeros conquistadores al implantarse el regimen virreinal se consideraron injustamente atropellados por la Corona española y es pues un criollo rlesccndientc de conquistadores, el que después de tres siglos de pacic~1lc tSpera hahla por sus antepasados y redama para los criollos la direceiím de los asuntos político-económicos de las tierras que conquistaron sus
progl'llitorcs.
Heitt•r..1

1·11

dicha Carta, una vez mas, que

bajo cualqui~r aspecto que sea mirada nuestra d~pendencia ?e España, se vera que todos nuestros deberes nos obligan a terrnmarl~.
Debemos hacerlo por gratitud a nuestros mayores que nos prodigaron su sangre y sus sudores para que el teatro de su gloria.º de
sus trabajos se convirtiese en el de nuestra miserable esclavitud.
Debérnoslo a nosotros mismos por la obligación indispensable de
conservar los derechos naturales, recibidos de nuestro Creador,
derechos preciosos que no somos dueños de enagenar y que no
pueden semos quitados sin injusticia. majo cualquier pretexto que
sea el hombre puede renunciar a su razón o puede serle ésta
arrancada por fuerza? La libertad personal no le pertenece menos

125

esencialmente que la razón. El libre uso de estos derechos, es la
herencia inestimable que debemos dejar a nuestra posteridad.6
Señala así Vizcardo que el esfuerzo de los conquistadores de América
les daba un derecho para apropiarse del fruto de su valor y de sus trabajos;
pero al intervenir &amp;paña estableciendo y dirigiendo las instituciones poüticas les había arrebatado injustamente sus más sagrados derechos naturales: razón y libertad..

Los descendientes de estos conquistadores y los de otros españoles
que sucesivamente han pasado a la América han sacrificado riquezas infinitas, su sudor y su sangre guiados por un entusiasmo ciego hacia &amp;paña,
un país extranjero a quien nada se le debía y de quien no se dependía. Esto era en buena cuenta una crud traición contra el país donde se había
nacido y suministraba las fuentes necesarias para la vida. Concluye:
Todo lo que hemos prodigado a E~aña ha sido pues usurpado
sobre nosotros y nuestros hijos; siendo tanta nuestra simpleza,
que nos hemos dejado encadenar con unos yerros que si no rompemos a tiempo, no nos queda otro recurso que el de soportar
esta ignominiosa esclavitud.7
Como es posible observar por el tenor de las reflexiones de Vizcardo,
.\mérica ya no pertenece a la oriunda población indígena, América pertenece a los descendientes de los conquistadores, a los que han nacido en las
tierras americanas, tierras que les suministran las fuentes necesarias para
la vida.
Así tenemos ideológicamente fundamentados dos principios que ope•
rarán tanto en las luchas de la independencia como en nuestra vida republicana: el primero, que América pertenecía a los criollos; y el segundo,
consecuencia del primero, que la idea de patria o país se vincularía a las
regiones donde detenninados núcleos de cridlos se habían establecido para
aprovechar las riquezas dd suelo nativo y d trabajo de los naturales o de
los esclavos traídos a América.
Hasta aquí tenemos bosquejada una primera etapa: la de penetración
de ideas del Siglo Ilustrado que los americanos convierten en un instrumento teórico que les permite evaluar su condición de dependencia; de
esta toma de conciencia surgen los intereses por el estudio de la historia,
la geografía y la naturaleza americanas que generan la idea de patria, como
fuente de riqueza cuyos beneficios no fuesen disfrutados por &amp;paña.
El elemento indígena, con el acuerdo de los otros grupos sociales o
castas que en diferentes grados sentían su situación de dependencia, es el

�126

Siglo XIX

primero que temerariamente intenta la revolución. Fracasada ésta el grupo
criollo evidencia la necesidad de continuar la propaganda ideológica, al
mismo tiempo que asunúr la dirección de la obra revolucionaria.

ID. ETAPA REVOLUCIONARIA (1792-1816)
La independencia de los Estados Unidos de Norte América y luego la
Revolución Francesa habían de afianzar los reclamos de las colonias americanas en sus dos tendencias: lograr un mayor liberalismo político o la separación definitiva de España.
1)

M. L. Rivara De Tuesta: Ru3tración y romanticÍlmo en el Perú

127

tituyente, es decir, legisladora dd estatu~? fundamental.
2) La Constitución Liberal de 1812

Y efectivamente logran decretar la Constitución Liberal de 1812
después de una labor fecunda e intensa, que establece un regimen de igual:
dad y cooperación de las colonias ultramarinas y de los pueblos perúnsulares.
Indiscutiblemente, la representación americana actuó ideoló~camente
en forma brillante y fue, en gran medida, la que le dió vida y sentido a través de sus magníficas inteivenciones.

Los Acontecimientos Históricos en España y América

Los acontecimientos históricos que se producen en España con la inva&amp;Ón napoleónica (1808-1814) coadyuvarán a formar un nuevo concepto
de la libertad o liberalismo político tanto en España como en América,
pues en la lucha contra los ejércitos invasores se líquida institucionalmente
al antiguo régimen absolutista incorporando a la mentalidad española la
corriente política liberal al mismo tiempo que toma cuerpo la autodeterminación de los pueblos.
Prisioneros de los franceses Carlos IV y Femando VIl, se produce una
reacción nacionalista en la metrópoli. En las colonias se rechaza a los enviados napoleónicos, se forman en cada provincia Juntas con fórmulas propias que inician la resistencia y acentúan, al mismo tiempo, el nacionalismo
y la conciencia de autogobemación. En España se nombra una Regenc ia
que gobernaría a nombre de Femando VII y que efectúa la convocatoria
a Cortes Constituyentes (1810) , un llamado a los representantes de las diversas regiones españolas y americanas, y que en el fondo no era sino un
anhelo de reformar 8 los estatutos fundamentales de la vida política española por la vía legal, organizando una España nueva, desde el punto de vista político , para cuando vol.viese Femando VII.
Las Cortes se instalaron el 25 de setiembre de 1810 e iniciaron su ac- '
tuación declarando la soberanía nacional de las Cortes y la invalidez de la
abdicación a favor de José I , hermano de Napoleón, a qu e había sido sometido Femando VII por los franceses en Bayona.
Frente a la instalación de las Cortes, la Regencia actuó como un cuerpo conseivador, y haciendo patente su distanciamiento se orienta al sostenimiento del poder real sin limitación alguna y dentro de los moldes tradicionales. En cambio las Cortes, integradas por americanos y españoles, representan el cuerpo liberal e innovador que se propone actuar como cons-

Bajo el respaldo de la razón y la ley actuaron en las Cortes nuestros
representantes. Procuraron, siguiendo sus propósitos de lograr un mayor
liberalismo político, la unión entre España y América dentro de los términos de igualdad política y social, pero desgraciadamente el regreso de
Femando VII (1814) representó una vuelta al absolutismo y una buda de
la monarquía española a los sagrados derechos que los americanos habían
defendido en las Cortes:
Su mayor conato ha sido - dice la comisión de Constitución en

su

Proyecto de Constitución Poli'tica de la Monarquiá Española- re-

coger con toda diligencia( ...) de entre todas las leyes del Código
Godo y de las demás que se publicaron desde la restauración hasta la decadencia de nuestra libertad, los principios fundamentales
.de una monarquía moderada(... ).9
La Constitución Política de la monarquía española fue promulgada el
19 de marzo de 1812. De espíritu liberal, decretada "para el buen gobierno y recta administración del Estado" señala en su artículo primero que
"la nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios" y eu su artículo tercero "Que la soberanía reside esencialmente en
la Nación y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de
establecer sus]eyes fundamental~ ".10
El artículo catorce limitaba el poder absoluto del monarca estableciendo que "El gobierno de la Nación española es una Monarquía moderada
hereditaria" y en el artículo quin~e se decía que "la potestad de hacer las
leyes reside en las Cortes con el rey ".11 Los artículos veintisiete y veintiocho estaban referidos a la representación: Art. 27, "Las Cortes son la
reunión de todos los Diputados que representan la nación, nombrados por
los ciudadanos";12 Art. 28, ''La base para la representación nacional es la
misma en ambos hemisferios''.~3

�128 Sigk&gt;XIX
A través de estos artículos asi como los del capítulo Unico, artículo
trescientos setenta y uno, que señala: "Todos los españoles tienen libertad
de escribir sin revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo
las restricciones y responsabilidad que establescan las leyes",14 se evidencia la transfonnación de los principios discriminatorios que había venido
operando en principios únicos de tipo liberal y que estaban referidos a reconocer la igualdad de los españoles nacidos en dos hemisferios, la soberanía de la nación, la igualdad de españoles y americanos para la representación en las Cortes y por último la libertad de expresión de sus ideas políticas.

3) Fracaso de la Tendencia Ilustrada Liberal y l.a Vuelt.a al Absolutismo
Bajo el amparo de la Constitución la tendencia ilustrada liberal, llamada comunmente fidelista, parece haber logrado un triunfo definitivo en
sus luchas a través de la razón y la justicia. La pluma del ilustrado discurre optimista y se acrecientan las publicaciones referidas a planes, programas, proyectos integrales, proyectos regionales, obras que permiten apreciar las necesidades de reforma más apremiantes del momento en las colonias americanas. Como es lógico suponer, el liberalismo político de que
gozaron los americanos y luego la represión impuesta al regreso del monarca español Femando VIl determina una acentuación de la tendencia
que pretendía la separación definitiva de España, es decir, la línea separatista que, a partir de estos acontecimientos, se acrecentará en forma indeclinable.
J)

Acentuación de la Tendencia Separatista

Esta tendencia separatista no había, por supuesto, permanecido inactiva durante todo el proceso. Mientras los amantes de la razón y la justicia1 de tendencia ilustrada liberal, esperaban el nombramiento por parte
de España de un monarca criollo y confiaban en gestiones de tipo diplomático para obtener la realización de los cambios y refonnas que habían
programado, los partidarios de la tesis de que nada era posible sin una definitiva ruptura con la península habían venido utilizando la rebeldía y la
violencia, a fin de lograr sus propósitos.
Constituían un grupo de ideología romántica social, contrario a la idea
de que la fonna de gobierno que convenía a América era la monárquica,
aún cuando fuese moderada, y pensaban, más bien, que a través del sistema
republicano podrían obtener la destrucción definitiva de la estructura colonial.

M. L. Rivaro De Tuesta: Ru&amp;tración y romanticismo en el Perú 129

5) A bascal, Opositor de los Avances de la Revolución Americana
El gran opositor de los avances de la revolución americana fue el virrey
del Perú Fernando de Abascal (Oviedo 1743 - Madrid 1821). Su fidelismo
a la monarquía española y su sagaz inteligencia político-militar fueron la
causa del retardo de fa culminación del proceso libertario.
A) La Formación de un Ejército Regular.- Llegado al Pení en 1806,
una de sus múltiples preocupaciones por reorganizar el país fue la de constituir las milicias y realizar el alistamiento de reclutas con el fin de repeler
el posible ataque de los ingleses que por entonces se encontraban en guerra
con España. Esta medida habría de ser de suma importancia cuando tuvo
que emprender la lucha con los americanos que adoptaron la decisión de
rebelarse de la dominación española, pues había logrado formar un ejército regular que reforzado con los contingentes que arribarían de la península, no solo consiguió detener los avances de los ejércitos patriotas sino
que salió victorioso en muchas batallas por su disciplina y preparación técnica para el combate.
Abascal tuvo noticia de la abdicación de Carlos IV y de la unanimidad
con que en España se había jurado fidelidad a Femando VIl. Hizo lo propio en Lima el 13 de octubre de 1808. Las ciudades de Huamanga, Cuzco
y Arequipa mostraron igualmente sus sentimientos de adhesión al nuevo
monarca reiterando así el país su espíritu fidelista. Con estas medidas no
fue posible que se constituyesen Juntas en el territorio del virreinato peruano tal como se había hecho en España y se haría en otros lugares de
América.
Muy pronto las provincias del Alto Pení inician la insurrección. En
1809 y con extraordinaria rapidez se levantan Chuquisaca, el 25 de mayo,
La Paz, el 16 de julio, y Quito, el 10 de agosto. Constituyeron movimientos que no contaron con el apoyo de la multitud y fue fácil al virrey restituir las provincias sublevadas al orden habitual.

Los insurgentes de la Paz, sin embargo, delinean propósitos claramente separatistas en su proclama del 27 de julio, en la que manifiestan:
Ya es tiempo, de sacudir el yugo tan funesto a nuestra felicidad
como favorable al orgullo nacional del español. Ya es tiempo de
organizar un sistema nuevo de gobierno, fundado en los intereses
de nuestra patria, altamente deprimida por la bastarda política de
Madrid. Ya es tiempo, en fin, de levantar d estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título
y conservadas con la mayor injusticia y tiranía.15

�130 Siglo XIX
Poco tiempo después, el 19 de abril de 1810, el capitán general Vicente Emparán es depuesto en Caracas constituyéndose una Junta Suprema que, aduciendo sujeción al monarca, inicia .y fomenta el espíri~ ~
rebelión en las provincias: convoca un Congreso General de las provmc1as
que proclama la independencia de Venezu_ela el ~ de ju~io ~~ 1811. El 2~
de niayo 1:a1cede algo similar- en Buenos Aires: baJO la direcc1on de Castelli
los patriotas solicitan al virrey Cisneros la creación de una junta que él debía presidir. Organizada ésta, se le obliga a renunciar y se p_rocede a ins~
lar otra formada por Saavedra, Castelli, Belgrano, Azcuenaga, Alberb,
Maltheu y Larrea, teniendo como secretario de la misma a ~~ano Moreno director espiritual de los trabajos que inmediatamente 1ruc1a la Junta
G~bemati.va, la cual proclama el libre desenvolvimiento de la econon;iía Y
dd comercio y el gobierno representativo de origen popul31:. ~n su afan de
asegurar su autonomía y contribuir a la extensión del movuruen':° ~volucionario, la Junta decide enviar expediciones núlitares a las, provincias d«;
pendientes de su virreinato: al Alto Pení, al mando de Balcarcel Y Castelli;
al Paraguay, de Belgrano, y al Uruguay, d~ ~ondeau. El ~o~ern~ establecido por la Junta de Buenos Aires fue el unico que consiguio, asi, mantenerse definitivamente alejado del poderío borbónico.
El cambio se produjo sin derramanúento de sangre tanto en Caracas Y
Buenos Aires como en Nueva Granada, México y Chile: las autoridades
españolas al frente de los respectivos gobiernos ac~ptaron sin may~r oposición la realidad del nuevo orden que se estallec1a adoptando la formula
política de "Juntas".
En el Perú con Ahascal al frente del gobierno las cosas no podían hacerse tan fácilmente. El centro de la oposición y el despotismo pasaría
así a constituirse, paradójicamente y contra la volunta~,del grupo libe~,
en centro fidelista de América. Los conatos de revoluc10n que se pro&lt;bJeron en Lima (mediados de 1809) recibidas las notici~ de los disturbios de
La Paz y Quito, así como de la invasión del Alto Peru ~r las tropas argentinas fueron inmediatamente controlados por las autondades. Pese a esto,
con ia llegada de José de la Riva Agüero y Sánchez _Bo~ete (Lima ~ 7831858), quien había abrazado las nuevas ideas r~voluCionanas establecien,do
contactos en Europa con los americanos de ideas avanzadat1i comenzo a
tomar cuerpo la tendencia primigenia separatista de Túpac Amaro y Viz.
cardo y Guzmán que comenzaría a actuar a partir de ese momento.
Se producen a continuación las in~rrecciones de Ta~ en los añ_os

18ll y 1813. La primera y la segunda guardan ~trecha relacion con la~ mvasiones de Castelli y de Belgrano al Alto Peru. La derrota de Castelli en
los campo, de Huaquí significó el fracaso de la primera. En cuanto a la se-

M. L. Rívoro De TuatJ: Iluwación y romantici,mo en el Perú 131

gunda, d revés de Belgrano en Vilcapuquio disipó toda esperanza de continuarla.
En provincias distantes de Tacna, Huamanga y Huánuco, lo mismo
que en la capital, continúan las conspiraciones. En 1812 se produce un levantamiento de indígenas en Huánuco exasperados por el maltrato y extorsiones de los subdelegados que habían reemplazado a los corregidores;
por otro lado, las po,ibles prohibiciones de beneficio y siembra de tabaco
exasperaron aún más a indios y criollos que habían sido influenciados por
las proclamas revolucionarias de Castelli. Abascal tan pronto tuvo noticia
de las alteraciones de Huánuco envió tropas que tin mayor esfuerzo cODSÍ·
guieron controlar la rebelión: se produjo la dispersión de indios y la sanción respectiva a los que habían formado una Junta Gubernativa Provisoria.
Simultáneamente en Huamanga, teniendo conocimiento de los avances

de los patriotas de Río de la Plata en el Alto Perú, se comenzaron a ~tar
los ánimos a través de propaganda de tipo subversiva. Una denuncia sobre
el día en que se daría el golpe puso en aviso a Abasca~ quien controló de
inmediato todo conato de insurrección.
El Cuzco volvió a agitarse a partir de noviembre de 1812 con motivo
de la elección de Diputados a Cortes. Se formaron dos bandos, el de la
Audiencia y el de los constitucionales encabezados por Rafael Ramírez de
Arellano; posteriormente, y llegado al Cuzco el texto de la Constitución
española, se exigió su publicación en un documento que firmó el indicado
Ramírez de Arellano, lo que motivó su detención. Los constitucionales
lograron introducir a sus representantes en la elección de cabildante, libe,.
rara su líder y constituirse en un ayuntamiento opuesto a los dictámenes
y resoluciones del gobierno.
Durante 1813 el movimiento se incrementó alentado con las noticias
de las victorias de Tucumán y Salta y la retirada del ejército realista del Alto Perú. En agosto de 1814, se da el golpe reduciendo a prisión a las autoridades y formando una Junta de tres sujetos que aparentando fidelidad
al monarca inició relaciones con los patriotas argentinos del Alto Pení;
pero el virrey notificado de los acontecimientos envió una Proclama a los
habitantes del Cuzco en la que les invitaba a deponer las annas advirtiéndoles que tropas dispuestas al rigor de la guerra eran enviado, en esa dirección. Y efectivamente, las fuerzas que se destinaron a controlar el movimiento fueron de tal magnitud que al final de la batalla había unos mil
cadáveres en el campo, en tanto que las tropas realistas solo tuvieron siete
muertos y seis ahogado, en el paso del río Halli.

�132 Siglo XIX
Estos movinúentos y otros muchos de menor trascendencia fueron hábilmente controlada; por el virrey Ahascal quién no escatimaba esfuerzo
alguno por convertir al Perú en el centro del fidelismo americano. Con los
recursos del rico virreinato peruano combatió a los ejércitos revolucionari~ en el Alto Pení, Quito, Chile y pudo contener el avance dela revolución argentina por la zona de Charcas. Balcárcel, Belgrano y Rondeau
fueron vencida; sucesivamente en 1811 en Huaqui, en 1813 en Vilcapuquio y Ayohwna y en 1815,en Viluma o Sipi-Sipe. ~on ~stasv~ctorias l_os
argentinos perdieron la region de Charcas que quedo baJo la cucunscnpción del Virrey del Perú. Los chilenos patriotas fueron derrotados en la
batalla de Rancagua en 1814.
En cuanto a la Junta de Quito, la hizo sucumbir en 1809. El segundo
levantamiento de Quito, en 1810, fue controlado por Abascal y el presidente de la Audiencia. Logrado este propósito, la ofensiva realista se prolongó al sur de Nueva Granada hasta la región de Pasto.
Hasta 1816 en que se retira Abascal del vi"einato del Perú, pudo
jactarse de haber pacificado el Perú y mantenido bajo control muchas secciones del continente. Impuso para esto sacrificios de hombres y de dinero
a las provincias bajo su dependencia, pero advirtiendo que sus esfuernos a
la postre resultarían estériles pidió aJ rey le permitiese retirarse del territorio peruano (1816).

En la lucha contra la revolución americana y peruana, AbascaJ había
logrado establecer un centro de operaciones militares sumamente s~lido
en el Perú. Unida a la condición de centro operacional se daba la calidad
del ejército que en su disciplina y estrategia siguió los lineamientos del virrey y, más aún, se vió constantemente enriquecido con los contingentes
enviados desde España integrados por veteranos de la guerra contra Napoleón; y por último la experiencia adquirida en las batallas tanto locales
como americanas les permitía un conocimiento cabal del territorio donde
se libraban las luchas. Todo esto explica, en parte, las dificultades y vicisitudes de los ejércitos patriotas para penetrar en el territorio peruano
y dar la batalla decisiva que consiguiese definitivamente arrojarlos del
suelo americano.
AbascaJ comprendió que el centro fidelista debía cimentarse en el
Perú no solamente concentrando en ese territorio el fuerte del ejército,
sino también emprendiendo una campaña de propagación de ideas favorables a la causa fidelista y tendiente a desacreditar la causa revolucionaria americana.
Conviene aquí referirnos a esta doble preocupación del virrey Abascal

M. L. Rivara De Tuesta; llustmción y romanticilmo en el Perú

133

porque ambas cuestiones, por haber sido sólidamente establecidas, por haberlas afianzado sobre bases cuidadosamente pensadas, pasarán a constituir problemas fundamentales a resolver en el proceso libertario americano.
No queremos extendernos en lo tocante a la necesidad de liquidar el
poder realista en una batalla en los campos peruanos. Simplemente reiteraremos que no era posible considerar el movimiento libertario terminado
si los ejércitos españoles no habían sido vencidos y arrojados del virreinato peruano.
B) La Formación de una Conciencia Antirrevolucionaria.- En lo que
concierne al fomento de las ideas contrarias a la revolución americana es
necesario señalar que el virrey Abascal emprendió aquí otra batalla. Aparte
de controlar los movimientos ideológico-libertarios, se dedicó a crear un
órgano antirrevolucionario y al servicio de la autoridad virreinal, la Caceta
del Gobierno de Lima (1810-1821).

Se trataba de dar noticias hábilmente controladas con el fin de crear
una conciencia de respaldo y afianzamiento al régimen que él representaba, y de rechazo, temor y angustia frente a la nueva ideología.
Creemos conveniente aquí presentar algunas versiones del proc~so
libertario vistas desde el ángulo antirrevolucionario por dos razones. La
primera, demostrar que se usó un órgano periodístico con el fin de controlar ideológicamente el movimiento y la segunda, para conocer con
cierto detalle cuáles eran las razones o argumentos que respaldaban el
pensamiento de los partidarios del continuismo colonial.
Como contestación a la proclama de los comandantes de la expedición militar de Buenos Aires, que seguramente era conocida en el Perú,
se dice que el desorden y la anarquía marchitan las antiguas glorias de la
capital del Río de la Plata, que las pasiones y los odios son las que animan
a los demás delincuentes y que el temor y el engaño es el que seduce a los
débiles y por último que el pueblo se decide por la novedad y la codicia.
Una obscura asamblea de hombres nuevos y turbulentos, profanando sin pudor el sagrado nombre de la patria y del rey, enarbola el sedicioso estandarte y amenaza a los pueblos que la rodean
con la forzosa alternativa de la traición o el estrago iPueblos seducidos, que de atentados no abortan los delirios de una imaginación exaltada( ... ) Estos caudillos revolucionarios son los mismos
que poco antes eran el desprecio de la sociedad y perseguidos por
las leyes no podían subsistir sin trastornarlas. No es vuestra seguridad sino el propio interés que los anima; no es la Patria, ni su
inmu:Udad. ni sus derechos que pretenden vengar: son sus ruino-

�M. L. Rivara JJe Tueata: Dustroci6n y romantici1mo en el Perú 135

134 Siglo XIX
sas fortunas y privados resentimientos que atizan la sanguinaria
tea de la discordia. 16
Más adelante se dirige el articulista a los incautos que ~reen en re~&lt;:
luciones diciéndoles que las más podersoa~ siem~re ~an temdo muy debiles 'pñncipios y han sido fomentadas por 1de~s lL5onJeras, pero que sobreviene a ellas la desorganización del orden soc1al, lo que conduce al h?mb_re
de abismo en abismo hasta llegar a la anarquía y por último a la brama.
La invocación última está dirigida a los españoles americanos Y al pueblo de Lima:
Si el honor y la generosidad no os animan: si la gr~~~d Y la ~speranza no os reunen a la sombre del majestuoso edif1c10 de l.a mt~ridad del gobierno hispano-americano: vuestro v~rdadero mteres
~s habla, el reclama por el seguro de vuestras prop1e.dades, vu~~ra
existencia civil y vuestra gloria. Separados por una mmens: . e
desiertos menesterosos aun en el medio de la misma abun n_c1a,
oprimid¿s por enemigos domésticos, codiciad?s por los ex~anos,
sin representación ni relaciones, vu~stra segu1:dad sflo es~1ba:~
la subordinación, la hermandad y la concordia. A a s&lt;?m ra e
magistrado prospera aquella libertad de que es susce~tible
den social: más allá está el horrible caos de la anarqm a fnb on /
el hombre solo hace alarde de su razón para exce~e!se en ª. ruta 1dad de las fieras. Deslumbre la seducción a los debiles y agite a los
delincuentes: que Lima entretanto que hace resp_etar el ~on?r nacional y su propia seguridad, reposa so!&gt;~e la r~ctitud de as intenciones de un jefe activo popular y benefico. F1Tme como un escollo ve romperse a sus pies las fur~osas olas, )'. en la calma .e~p.era
con dignidad el éxito de la gran hd, el premio de sus sacrif1c1os,
y el fruto de su lealtad y cordura.17

¡1 o¡-

Refiriéndose a la formación de la Junta de Caracas se dice:
Nada es más imprudente que la proclama de C~cas: tejido a,bsurdo de falsedades, de principios torpemente apl~:idos, Y de p~rfidas protestas. ¿Es ya España víctima de la opre_s1on? Eso qu1~1eran sus enemigos. ¿Han cesado por eso las c~nex1ones qu_e hab1an
hecho en Caracas compañera de su suerte? tlnfie!es y viles_ ,comañeros los que en la angustia rompen los lazos! &lt;.L~ opres1on de
ks aña está consumada? iDescarados embusteros! &lt;.Vrrtu~•.m°;
p "
f raterm'dad, unión y generosidad
son1avuestras divISas.
d erac1on,
• d'
¡ Os habéis mostrado incapaces de tanta v1r1:11 •
Se señala a Francia como promotra de los trastornos en América:
N O bastaban -dice el editor- las traiciones que _PUSO en prác~ca
1
de España· era menester en su SJStema revoluc10paral
sol"}?~esa es pan· olas.( ....
) Con este objeto envía emisarios
nar asa amencas

a Indias que cual otros comisionados de vacuna vienen a comunicarnos su pus, su lue y sus humores, que en efecto pegaron en las
partes en que no se precavieron.
Así por efecto de efervescencia se originó la fiebre y de repente
delira Buenos Aires, cae en convulsión Caracas, y el reino a que
pertenece; Quito pierde el equilibrio, Chile se desentona, México
no está de acuerdo, y el cuerpo político de ..\.mérica se parece a un
enfermo de accidentes complicados.
Exáltanse las pasiones, férmentanse los odios, la ambición toma el
ascendente y empiezan los hombres a matarse sin saber porqué,
ni como. Encendida una vez la llama de la discordia ya no es menester soplarla, ella misma hace progresos con el ambiente más leve ¿que será cuando sobran hombres perdidos, fanáticos, o belicosos que atizan la hoguera aunque el mundo se consuma, con tal
que ellos se lisonjeen de que van a figurar?
Este es el estado a que se han reducido nuestras Américas con sentimiento de todos los buenos; pero por fortuna Lima y su distrito
en medio de ta!ltos desórdenes, y de unos ejemplos tan contagiosos se ha mantenido tranquila porque la han hecho cantar los peligros ajenos (.. ,) no es menester muchos cálculos, para conocer
la mano diestra que ha conducido esta nave por en medio de las
borrascas del dulce puerto de la paz, que al presente disfruta. E9peremos continúe aun el piloto, a quien no separaran de sus planes las agitaciones de unos pequeños inquietos.19

La noticia de la liberación española alienta la esperanza de paz en el
continente. Se confía en el imperio de la razón que actuará a través del
Congreso para extender los monumentos de las ciencias y la prosperidad
pública a las regiones del continente, al mismo tiempo qu.e se vinculan ambos acontecimientos con elogiosas frases al virrey:
Las veleras naves traen a nuestras dilatadas orillas las nuevas de
las derrotas, y expulsión de las falanges enemigas de la Madre
Patria, al mismo tiempo que el acelerado correo del Alto Peni
publica las victorias que han acabado de reducir este imperio a
una dulce paz, desde el Ecuador hasta el trópico de Capricornio,
y desde las márgenes del Océano Pacífico hasta los dilatados llanos del Amazonas.
Estos fueron sus antiguos límites, y estos son los mismos en que
los presenta íntegros y quietos al genio prodigioso del Virrey del
Peni. i Qué dulce satisfacción reunir en un mismo tiempo los sentimientos que hacen de la patria libertada de un enemigo feroz, y
los de ver coronados sus cuidados, disgustos y afanes con la salvación total, no solamente de los países que se le habían confiado,
sino de otros muchos más, sumamente interesantes)D
Como es posible apreciar por el tenor de los artículos presentados anterionnente, el cuadro que se pinta de América es de caos y de desorden.
Los lugares donde ha prendido la insurrección es pasto de ambiciosos que
sólo pretenden el poder y riquezas, se trata de descarados embusteros que
no miran el bien de la patria sino el de sus propios intereses. Por otro lado

�M. L. R.ivara De Tue,ta; Rustración y romanticismo en el Perú

137

136 Siglo XIX
.
del Perú es asignado como el hombre que ha controlado estos m&lt;:
el virrey
. h
d la paz en el ternvimientos subversivos y quien con su gemo a conseiva o
.
torio peruano.

IV. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA
(1817-1818)
P
a los esfuerzos de Abascal por controlar los movimientos re~olu.
-:se tanto en los límites del territorio como en sus efectos en el _mtecJOnanos,
l
A , · estaba perdida y
. d I ís, vislumbró que la causa españo a en menea
:~~:cit: ~trey ser reemplazado por el generalJ_oaquín de laPezuela (17611830 España) vencedor de los ejércitos argentinos de Belgrano y Rondca~
y qui~n conti~uando los linea~ientos establecidos por su antecesor estana
al frente del virreinato del Pero hasta 1821.

nato y d pillaje: que todas sus teoría y proyectos no han traído a
estos pueblos otras ventajas que la desolación y la ruina: que se
han destruido entre sí mismos sin cesar: sin que hasta ahora hayan podido venir a conciliarse los intereses opuestos del indio, del
negro de las castas y del español (...) ; qúe todos ~-us caudillos se
han dirigido siempre por las pasiones más torpes y violentas; y
finalmente que desde que injusta y neciamente derrocaron la base
del orden sobre que reposaba este cuerpo social lo han conducido
ciega y precipitadamente a su extenuación y agonía( ... ).
Cesa ya la ilusión: convénzasr todo hombre de bien de que la rebelión es el mayor de los crímenes, y todo rebelde el mayor de nuestros enemigos; que en esta materia no hay venalidades; que es preciso arrancar de raíz esta semilla malvada que ha cundido tanto
entre nosotros y que es el origen de todos nuestros males: que
nuestro verdadero interés: nuestro sosiego, nuestro bien, nuestra
prosperidad consisten en ser fieles al rey en mantener el orden y
las autoridades legítimas, y en hacerlas obedecer y respetar corno
antes se obedeci'an y respetaban (... ) y la América entera disfrutará la misma paz y la misma abundancia en que poco ha la veíarnos (...) .2l

1) América en el año 1817
El virreinato del Perú al iniciarse el año 1817 se enco,ntraha e_n apar.-nte calma. Chile había sido tranquilizado. En el Alto Peru se hab1a controlado el avance de Buenos Aires. Quito se encontra~a en potr: ~s a~t:
idades es añolas. Morillo se imponía en Vene~ue a 'f :n . an
e.
:bsolutis:o de Femando Vil parecía ser la medida mas mdic~da
controlar la insubordinación a que había dado luga~ el_ desarr~ o e pe~samiento liberal y por lo tanto era mejor a sus des1gmos a~lrr la Co_n~~tu.,
bl
l I
. . . , y enviar tropas que termmasen def1m bv ac1on resta ecer a nqu1S1c1on
men~e con todo vestigio de rebelión Pn América.

:rª

2) La Gaceta del Gobierno de Lima y la Propaganda Ideológica Antirevolucionaria de Pezuela.
.
d
ta total y el editor de la
Todo parecía presagiar una pronta erro . .
.
Gaceta del Gobierno de Lima al iniciar las pubhcac10nes de 1817 mamfiesta:
Reflexionando en el año anterior sobre el _cur~o de nuestros ne.
habíamos llegado a concebir la hsonJera esperanza de
goc1os
.
,
al dar a luz nuestro primer
numero
en este ano , no. tenqu; o a ue hablar de revolución; ni que recordar el o~moso
sd! cdmenes, de debi~dades, de errores y de_de~gra~~sctua~

:::o

hS:J:t:;~~c;:::i:~t~

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~~~B3:e~os:ire~;
0 ;f~j~:a
a convencerlos de que todos sus esfuerzos a_la_m~ep~n en~1_a
y par serán siem re ineficaces; no pudiendo existir Jan:1;l8 ~ol_itlson y
. l ~ón de la metrópoli: en cuya protecc,1on umc~t;u:e: hallar una salvaguarda contra la anarqma, el ases1-

=~:

Pese a todo el alega to en favor de las autoridades legítimas y el orden
t¡uc ellas proporcionan, se evidencia a través del artículo que la situación
que se vive en esos momentos es de mera apariencia y que la causa revolucionaria está en el corazón del propietario, el empleado, el eclesiástico o
cualquier otro miembro de la comunidad, pues hace esta última invocación:
pero si así no fuese; si por una parte se destruye lo que por otra
se edifica; si la mala fe y la infidelidad prevalecen siempre en el
corazón, si el propietario, si el empleado, si el eclesiástico, aun
qué se yo que mas, se empeñan en servir a un tiempo a dos amos:
a pedir al rey el honor y la subsistencia y a desear interiormente y
fomentar la revolución, en una palabra a complacer a Dios y el
demonio: sepan todos que hallarán siempre como todos los que
siguen este camino su desengaño y su ruina: y por de pronto muchos y continuados sacrificios para sostener una fuerza armada y
proporcionada a la obstinación de nuestros enemigos, al inmenso
territorio que este país ocupa y a la mayor inmunidad que exige
la desconfianza (...) 22
El artículo en su tono final, amenazante, parece mostrar la impotencia de las autoridades para contener el movimiento subversivo que lo amenazaba desde lo que había considerado como su más seguro baluarte.

3) José de la Riva Agüero, Lúler del Grupo Separatista Peruano
•♦

Y efectivamente los peruanos que en términos generales había propiciado las gestiones a través de la razón y la ley, confiado en las Cortes,
procurado la reforma sin evidenciar un rompimiento definí tivo con España, a partir de 1816 convencidos por el restablecimiento del despotismo

�138

M. L. Rnma De Tue&amp;ta: Ilustración y romantici,mo en el Perú

Siglo XIX

monárquico que sus gestiones y sus esfuerzos han sido vanos, cambian de
métodos y ven necesario, entonces, el afianzamiento de la corriente ideológica separatista. Línea separatista que vió claramente desde el grito revolucionario de Túpac Amaro la necesidad de la violencia para conseguir
la liberación de España.

sante "Memoria sobre la pacificación de la América Meridional" dirigida a
Fernando VIl, certifica que solo el disimulo estudiado debido al temor es
lo que puede darse pero no lealtad al monarca. En dicha memoria se hace
patente la desesperación del.ilustrado liberal que confió en la justicia y la
razón. Urge al monarca a rectificar los sistemas dictados por la tiranía, el
furor y la torpeza preguntándole:

En Lima, "centro de la opresión y del despotismo", escribe en 1816
José de la Riva Agüero (Lima 1783-1858) "Las 28 causas de la Revolución Americana". Folleto de corte ilustrado que plantea definitivamente la
necesidad de salir del despotismo por medio de las bayonetas:
El deseo de la felicidad común es un precepto divino, que está
gravado en el corazón de todo ser virtuoso. Este deseo inherente
a la justicia y engendrado por la naturaleza, se manifiesta claramente cuando los hombres cansados de sufrir el grave peso de las
injusticias, conocen hasta donde llega el insoportable imperio del
despotismo. Entonces armándose los ciudadanos deponen las humildes súplicas y apelan solamente a lograr la victoria por medio
de las bayonetas: y he aquí la verdadera causa de casi todas las
revoluciones del mundo, y la única que ha impulsado la América,
conocida por colonia española o patrimonio de los españoles.23
Más adelante Riva Agüero sostiene:
La actual guerra intestina de la América en que van corridos más
de seis años, se hubieran evitado seguramente si los mandatarios
del antiguo gobierno hubieran depuesto algo de su ferocidad, insaciable codicia, y extremado amor a mandar sin respeto a las leyes,
o si hubieran tenido un mejor conocimiento de política.
Dejando ·os primeros tiempos de la conquista de América y los
lastimosos sucesos de ella, por ser tan sabidos, solamente asePtaremos que el origen de la discordia en estos países es tan antigua
como la conquista misma.24
Hay en esta última observación de Riva Agüero una evidente conexión
ideológica con Juan Pablo Vizcardo y Guzmán al remontarse a la génesis
de la causa separatista. Sin embargo consideramos que el precursor jesuita
estuvo más cerca de la evidencia histórico al considerar que la revolución
debía hacerse con la colaboración de las diferentes razas que poblaban el
Perú y considerando como elemento básico el aporte indígena. En cambio
Riva Agüero advierte que no tiene origen ni la menor relación con los' indios,25 lo que hace evidente la mentalidad del criollo en esta etapa del proceso libertario, mentalidad a la que hicimos referencia en páginas anteriores.
4)

Vidaurre y la Verdadera Situación Americana

En 1817 Manuel de Vidaurre (Lima 1773-1841), al escribir su intere-

139

¿Creerá V.M. que los maericanos han de ser fieles continuando esta política? Es muy grande el talento de V.M. para que se persuada de un sistema que reprueba la más vulgar razón. Podrá lograrse
que algunos pueblos desarmados callen sus sentimientos por algún tiempo que estudien el disimulo, que se cautelan de aquellas
mismas personas, cuya confianza es inspirada por la naturaleza;
pero en su interior renuevan diariamente sus votos: sus ruegos a
la deidad, tienen por objeto la independencia y esperan la ocasión
favorable en que realizarla.26
5)

La Acometida Final a la Estructura Pol{tica Española

Pese a la calma aparente se inicia en el año 1817 la acometida final a la
estructura política española. Los esfuerzos realizados por el virrey del Perú, Pezuela, se verán sin efecto, tanto en el terreno de la lucha revolucionaria como en la campaña ideológica. El torrente avasallador de la rebelión
americana, así como el acuerdo de la multitud expresado en su afán de
desprenderse para siempre del yugo español, son incontrolables.
6)

Derrotn del Ejército Español en Chacabuco

El 19 de marzo de 1817 se conoce en Lima la derrota del ejército español en Chacabuco el 12 de febrero. El plan de San Martín (Buenos Aires, 1778-Francia, 1850) concretado en la idea de que eltriunfo de la revolución sólo se obtendría por el paso de los Andes hacia el sur, libertando a
Chile para de ahí pasar al Pení, y abandonando la primera idea de avanzar
a través del Alto Pení, había sido coronado por el éxito.
7) Inquietud en Lima frente a los Avances de la Revolución

Dos años después el órgano oficialista no puede menos que transparentar la inquietud reinante por el avance de la revolución:
Los insurgentes del Río de la Plata -dice- rompieron al fin unos
vínculos tan sagrados, y los apóstatas de su libertad mal entendida de la sinceridad y buena fe de aquellos habitantes que obedecían por el hábito, y no por principios, se han impresionado con
unas ideas surgidas con el artificio, que al paso que lisongean sus
pasiones irritadas con d fatal origen de su destrucción y ruina
(...) y no satisfechos con haber arruinado su propio suelo, des-

�140 Siglo XIX
truyendo las minas, la industria y la agricultura quieren llevar la
tea de la insurrección a los lugares más remotos y envolverlos en
su ruina,
El reino de Chile ha sido la presa de esos sanguinarios, que no
obedeciendo otra ley que la de su capricho, se oponen a cada paso a estos mismos principios con que han querido cimentar su sistema revolucionario. Ellos se han servido de esta conquista como
de un medio para prepararse a otras, y sus criminales deseos de
avanzar hasta las riveras del Rímac. iTe-merarios! Vosotros pagaréis bien caro el arrojo con que intentáis turbar el orden y la obediencia que hacen el carácter de sus afortunados habitantes(...) 27
Se evidencia asi la proximidad del avance patriota a Lima y se intenta
todavía hacer campaña ideológica contra la fuerza de las annas buscando
el respaldo de los letrados de la capital.
No es la gloriosa carrera de las armas lo que únicamente sostiene
los inviolables derechos del rey y del Estado. También las letras
tienen a su vez un especial influjo sobre los reinos, turbados por la
discordia inducida por el fanatismo de una opinión engañosa y
mal fundada. Dócil el hombre a la primera insinuación de la naturaleza, luego se convence de la necesidad en que se halla de
obrar bien; y deduciendo unas verdades de otras, fácilmente se
persuade de la en que está de vivir en sociedad y sujetarse a las leyes fundamentales que la han constituido, y cuyo trastorno, si
quedase al arbitrio de los súbditos, sería más pernicioso que el
mismo mal que intentan evitar".28
El propósito del virrey era formar un cuerpo de juristas y letrados que
luchasen contra los enemigos del orden en el país, hombres que al amparo
de las leyes siguieran respaldando los inviolables derechos del amado monarca. Si bien es cierto que la institución formada por el virrey cumplió su
cometido temporalmente, pronto y paradojalmente se vería convertida en
un centro de oposición a muchos de los designios de los precursores de la
independencia americana, llegando en última instancia a decidir la fórmula
política que convenía al Perú y más aún decidir, mediante campañas ideológicas emprendidas a través de la prensa, sobre las actividades y decisiones del pueblo peruano.

8) La Proclama de San Martín a los Limeños y Habitantes de todo el Perú
Lima continúa así como aparente centro fidelista tanto militar como
ideológicamente, pero en verdad todo está convulsionado. Nadie ignora
las conexiones dd grupo separatista con los ejércitos revolucionarios que
preparan su ingreso al territorio peruano. La Gaceta publica la proclama de
San Martín del 13 de noviembre de 1818 y si bien es cierto al hacerlo al
texto está lleno de anotaciones que pretenden refutarle, lo que se persgue

M. L. Rivara De Tue,ta: Ru,tración y romanticilmo en el PenS 141

es informar a la opinión pública del avance del ejército patriota y de la proximidad de los acontecimientos que, todos saben, pronto han de producirse.
No nos es posible insertar aquí la proclama completa de San Martín

("A los limeños y habitantes de todo el Pení '}. Procuraremos sin embargo
presentarla en sus aspectos más significativos frente al proceso libertario
americano, al mismo tiempo que evidenciar el ideario que se propuso el
héroe de Chacat.lco.
Establece en primer lugar la necesidad de entrar al territorio peruano
para defender la causa de la libertad americana ya que
el virrey del Pení se esforzó a persuadir que había sido capaz de
aniquilar en los habitantes de Lima y sus dependencias hasta el
alma misma para sentir el peso e ignominia de sus grillos (..•)
La guerra siguió incendiando este inocente país; pero a pesar de
todas las convinaciones del despotismo, el evangelio de los derechos del hombre se propagaba en medio de las contradicciones
(...); mas la opinión fortificada por nobles pasiones, hacía sentir siempre su triunfo. Y así el tiempo regenerador de las sociedades poli'ticas acabó de preparar el gran momento que va a decidir lá suerte de la América del Sur.29
Ofrece luego la emancipación política al Perú, y se anuncia no como
conquistador que trata de sistemar una nueva esclavitud sino como el instrumento accidental de la justicia y agente del destino: "Sensible a los horrores con que la guerra aflige a la humanidad, siempre he procurado llenar mis fines del modo mas conciliable con los intereses y con mayor bien
de los peruanos". Por eso agrega que propuso al virrey se convocase al ilustre vecindario de Lima para que se oyese la exposición de sus quejas y derechos "y que se permitiese a los pueblos adoptar libreménte la forma de
que creyesen conveniente, cuya deliberación espontánea sería la ley supréma de mis operaciones". La respuesta a tal proposición liberal fue el insulto y las amenazas de las autoridades virreinales.
y así el orden de la justicia tanto como la seguridad común me
precisan a adoptar el último de los recursos de la razón, el uso de
la fuerza( •.. ), el resultado de la victoria hará que la capital del
Perú vea por la primera vez reunidos sus hijos eligiendo libremente su gobierno, y apareciendo a la faz del globo entre el rango de
las naciones. 30
Se refiere a los éxitos de la jornada de Chacabuco y a sus ideas de federación en los términos siguientes: "El ejército español fue enteramente
derrotado, Chile se hizo un Estado independiente, y sus habitantes empezaron a gozar de la seguridad de sus propiedades y de los frutos de su li-

�142 SiBlo XIX
bertad ". Buenos Aires, Chlle y luego el Pení unidos fonnarán tres estados
independientes lo que
acabará de inspirar a la España al sentimiento de su impotencia
y a los demás poderes el de la estim~ción .Y del ,r~speto. Afianzados los primeros pasos de vuestra ex1stenc1a pohtlca, un congreso
central compuesto de los representantes de los tres estados dará
a su respectiva organi,zación una n~eva estabilida~~ y la Cofstitu•
ción de cada uno as1 como su alianza y federac1on perpetua se
establecerán en medio de las luces, de la concordia y de la espe•
ranza universal. Los anales del mundo no recuerdan revolución
más santa en su fin, más necesaria a los hombres, ni más augusta
por la reunión de tantas voluntades y brazos.31
Aborda también la problemática del nuevo orden que ha de establecerse conseguida la libertad política, y manifiesta:
Bajo el imperio de nuevas leyes y de poderes nuevos, la misma actividad de la revolución se convertirá en el más saludable empeño
para emprender todo género de trabajos que mantienen y multi•
plican las creaciones y del orden, esos mismos escombros que ha
sembrado la gran convulsión política de este continente serán como las lavas de volcanes que se convierten en principios de fecundidad de los mismos campos que han asolado. Asi' vuestras cam•
pañas se cubrirán de todas las riquezas de la naturaleza, las duda·
des multiplicadas se decorarán con el esplendor dt: las ciencias, y
la magnificiencia de las artes; y el comercio extenderá libremente
su movimiento en ese inmenso espacio que nos ha señalado la naturaleza.32
Así tenemos programada en admirable síntesis la inmediata tart&gt;,a que
correspondía realizar: el uso de las armas para libertar al Perú y por ende
a América; dar a los pueblos una forma de gobierno conciliable con los intereses y el bien de los pueblos y adoptarla libremente; fonnar una gran
confederación integrada por Buenos Aires, Chile y el Perú; y crear de los
escombros de la estructura colonial en vías de desaparecer un nuevo orden bajo el imperio de nuevas leyes y poderes.

V. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA
(1819-1820)
1)

El Ejército Libertador y la Pretendida Esclavitud de Lima

El 3 de abril de 1819 anuncia la Gaceta la retirada de la escuadra que
bloqueaba el puerto del Callao. Pezuela aprovecha la ocasión para asegurar que Buenos Aires y Chile están exhaustos ya, y que los monstruos insaciables que las han destruido son los que dirigen ahora sus ambiciosas
miras a Lima.

M. L. Rivara De Tuuta: llultración y romantici1mo en el Perú

143

La que ora poco fue señora de todo el continente, y centro de
sus riquezas, vendría ser i que ignominia! esclava de sus provincias
(... ).
Limeños, vuestra fidelidad pasará por proverbio de generación en
generación, y de siglo en siglo. Muchos son los sacrificios que habéis hecho en diez años. Habéis auxiliado a la Peni'nsula, a los rei·
nos.de Quito y Chile y Santa Fé: y hasta el mismo Buenos Aires
que hoy trata de esclavizaros, debió a los socorros vuestros haberse podido libertar del yugo de la Inglaterra. El mundo ha visto
con asombro los inagotables recursos de la capital del Perú. Pero
aun restan sacrificios que hacer, y que serán las últimas acaso. Sin
estos, serían inútiles todos los pasados( ... )
Si continúan vuestros auxilios, como espero, no dudo en punto
triunfo de los enemigos de vuestro reposo. Vengan de nuevo, y
saldrán de nuevo confundidos (...) _33
Como es posible apreciar por el tenor de la exposición del virrey Pe.
zuela, un gran peligro acecha al Perú: su esclavitud. Dadas sus ingentes riquezas así ~orno el haberse constituido en centro y baluarte del fidelismo,
sosteniendó con sus enormes recursos económicos las campañas de represión en las provincias sublevadas-, es ahora mirado por Chile y Buenos Aires
como el lugar donde les será posible resarcirse de las pérdidas sufridas. El
Perú y Lima serían así devastadas por un nuevo conquistador y después de
haber sido el centro colonial de mayor importancia económica y política
pasaría a constituirse en zona dependiente de los chilenos y bonarenses.
Se sostiene en otro artículo:
El oro de vuestras minas es quien ha traido a vuestras costas a esos
hombres desmoralizados que abandonaron Europa para venir a
proteger la tiranía y el despotismo en la América. Y los persuadiréis por ventura que unos hombres que no han podido vivir bajo
del orden que hace felices a los pueblos; vengan de buena fe a
predicaros y a daros el ejemplo de lo que ellos mi'lmos no conocen ni quieren conocer? No: ellos vienen a privaros de la tranquilidad y el reposo, a llevarse vuestros bienes, a violar a vuestras
vírgenes, a profanar vuestros templos, y a desfigurar enteramente
la religión de vuestros padres.34
Se dirige a los ministros de la religión, a los varones esclarecidos a, los
comerciantes beneméritos, a los artistas de todas clases y por último a los
hombres ilustres pintándoles la situación que les espera por los cambios de
la estructura social que ha de presentarse.
A los hombres ilustres les manifiesta:
De nada os servirían vuestros estudios entonces; pues todo se
mudaría, ideas y palabras y sistemas. El ciego charlatanismo ven•

�144

M. L. Rivara De Tuuta: flu1tración y roman lici,mo en el Perú

145

Siglo XIX

dría a suceder a la verdadera filosofía: todas las ciencias se verían
reemplazadas por la ignorancia y la barbarie.
Los males que acabo de pintaros, y que serían consiguientes al
restablecimiento del orden, son bienes verdaderos en cotejo de
aquellos que deberían predecirle. Entonces; contribuciones enormes, prisiones, cadalsos, insultos, fuego, cuchillo, saqueo, y cuanto pueda imaginarse de horroroso!
Tal es el cuadro de los males que el enemigo os tiene preparados
en castigo del valor, la fidelidad y la constancia que os honran
tanto a vosotros, y que han desconcertado y destruido sus miras y
sus planes.35
Con esta política se procura crear un nuevo factor de resistencia frente al avance de los ejércitos patriotas. Y en verdad los documentos de la
época muestran la desconfianza surgida en el Perú en lo concenúente a este delicado tema y las providencias que se tomaron para evitar que el territorio peruano se convirtiese en un lugar de saqueo y devastación. Pero
quedó siempre en pie la problemática de qué Jugar le correspondería ocupar al Perú dentro de los planes de federación o confederación americana.
Dado el lugar que había venido ocupando el virreinato peruano, tanto
por sus riquezas como por haber sido el centro político más importante en
Sudamérica, pasará este punto a constituir una de las cuestiones más delicadas que habrían de decidirse trastornando los planes federativos programados para el continente.

2) La I deologi'a Antidemocrática y Antiliberal
La ideología revolucionaria se verá enriquecida aún más por las publicaciones de documentos que teorizaban sobre sistemas políticos o temas
filosóficos propios del pensamiento ilustrado liberal. Las publicaciones oficiales abordan esas cuestiones en un intento de controlar el avance de dos
ideas fundamentales a través de las cuales se atacaba el sistema colonial: las
ideas de democracia y libertad. ·

A) La Defema de la Monarquía.- Nos reíerimos en primer lugar a la
defensa del sistema monárquico y a los peligros de la democracia. Sostiene
el articulista que es una verdad incontestable que no existe forma de gobierno que no presente defectos. Pero que después de haber consultado la
histl'ria de los pueblos y la experiencia de los siglos, los políticos han tenido que concluir a favor de la monarquía, cuando ésta es moderada por leyes dictadas según el carácter y genio de los pueblos, así como teniendo en
consideración su situación geográfica, clima, población, producciones y extensión del territorio.
En cambie la democracia exige terrenos de poca extensión y bastante

poblados, que estén al abrigo de las invasiones y que se hallen favorecidos
por un clima que les permita producir lo suficiente para sostener todas las
necesidades de sus habitantes, a fin de que no se vean precisados por su miseria a mantener inquietos a sus vecinos, ni excitar con su abuñdancia su
codicia y sus celos.
Si falta alguna de las circunstancias descritas el edificio de la sociedad
se desploma y se arruina, por sólido y consistente que hayan parecido sus
principios de establecimiento.

El caso de Francia ejemplifica -dice el autor- esta verdad indiscutible:
Empeñado en perseguir la sombra alhagueña de la libertad e independencia derribó a la monarquía y se víó luego cargada de hierros por Napoleón que sedujo a sus soldados con promesas de
pillaje, licensiocidad y desenfreno. Y esto sucedió porque Francia
quiso dar a su gobierno una forma absolutamente inadaptable a
las cifcunstancias de su suelo, lo que la obligó a someterse a un
nuevo rey. 36
A renglón seguido motiva a la reflexión manüestando:
Juzgad vosotros, peruanos, si con la posición geográfica de vuestro país, con sus riquezas, con la grande extensión de su terreno,
y con su corta población, puede acomodarse por ventura ese nuevo sistema de que os hablan y con que intentan seduciros los enemigos vuestros.
Si queréis aseguraros completamente de la falsedad de sus promesas, volved la cara a los chilenos, a los desgraciados habitantes de
ese Estado llamado soberano; y los veréis gemir bajo el peso de las
cadenas más duras, y servir de instrumento a la ambición y a los
caprichos de los déspotas del otro lado de los Andes que tienen
ahora fijas sus miradas sobre las riquezas de vuestro suelo; y que
en su loco frenesí las cuentan suyas.37
Se inicia así a través de la propaganda ideológica anti-revolucionaria la
reflexión sobre la forma de gobierno que más conviene al Perú, al mismo
tiempo que se alienta la formación de una conciencia antifederativa sobre
la base de las formas económicas y recursos naturales delimitados dentro
de las antiguas estructuras coloniales.

B) El Terna de Mayor Polémica: La Libertad.- Artículos de índole fi.
losófica se dan de contínuo, utilizando los temas de mayor polémica. Tenemos por ejemplo el trato de la libertad, que es planteado en los siguientes términos:
Es la libertad el a tribu to más precioso de la criatura racional. Y

�146 Sislo XIX
aquella admirable propensión que nos arrastra a su disfrute con
una fuerza irresistible; y que jamás nos abandona desde la cuna
hasta el sepulcro; es la árbitra del hombre, y la rcyna absoluta de
todas sus pasiones (. . .) .
Pero esta libertad len qué consiste? lQué es? lAdonde se halla?
lLe conocen todos los que pelean por ella? lSaben todos cual es
este ídolo famoso. a quien dobla la rodilla el universo entero? La
libertad hablando filosóficamente, es la facultad de obrar o de no
obrar, y de hacer esto o aquello, con tal que ninguno esté prohibido por la ley (...). No hay libertad en un pueblo en que no se
respeta la virtud: y la virtud no puede respetarse en donde no hay
un freno con que se contengan los delitos (.. .) Es preciso vivir
bajo un gobierno; porque sin él, no hay orden, no hay seguridad
individual, no hay virtudes ni propiedades ni derechos.
Hay además, empero, una falsa libertad cuyo_exterior brillante se•
duce y arrebata; y que no viene a ser, en el fondo, sino el despotismo y la tiranía disfrazados con el traje y los atavíos de la líber•
tad (. . . ) Libertad pronunciada por cuatro sediciosos. Y lCuál ha
sido hasta aquí el fruto de sus esfuerzos?. .. Empobrecerse, des•
poblarse, y hacer efectivo un yugo que era imaginario. Buenos Aires y Chile y los otros pueblos sublevados lson más libres hoy
día que cuando estaban sujetos a la dominación española? (. .•)
iAh! Si fuesen preguntados por ventura en uno de esos momentos en que, calmado las pasiones, se deja oír la voz de la razón y
quisiesen ellos hablar de buena fe: contestarían que no; y ~e,
tiempo hace, están arrepentidos de haber cometido tantos críme•
nes, y de haber inmolado tantas víctimas en los terribles altares
de la insaciable libertad. iO libertad, hija primogénita del cielo!
Mejor no hubieras jamás bajado sobre la tierra, si habías de servir
a los tiranos para deslumbrar a los pueblos, y conducirlos a su
ruina.38
Creemos que no es necesario excederse en comentarios sobre el texto
anterior. La libertad, como motivo de reflexión, es una de las cuestiones
básicas que se replantean los ilustrados, pero fundamentalmente desde la
perspectiva política.

3) Primeros Intento, de Entrada a Lima de los Ejércitos Pa"triotns.
Pese a toda la acción desplegada por el virrey en septiembre de 1819
se hace evidente que la entrada de los ejércitos patriotas está próxima a
llevarse a cabo. En la Caceta del Gobierno de Lima se inserta la proclama
del director de Chile a los pueblos, esta vez con una nota editorial muy
breve que manifestaba:
Los esfuerzos importan tes del Director O'Higgins ( 17 76-184 2
Chile) para animar a los chilenos a venir contra el Perú, son nacidos de la desesperación y del miedo que se han apo.derado así de
él como de los demás jefes insurgentes al saber que se hallan próximas a Buenos Aires y a Lima las expediciones de España que
no creyeron hasta ahora llegasen a realizarse.3 9

M. L. Rfoara De Tuuta: Ilustración y romantici,mo en el Perú 147

El ~ext_o de la_ proclama _dirigida a ~os ciudadanos chilenos y signada en
el palacio directonal de Santiago de Chile el lo. de septiembre de 1819, sin
embargo, se publica sin anotación alguna lo que revela la infiltración del
grupo patriota en el órgano oficialista así como hasta qué punto se encuentra desorgani:iada la censura periodística del hasta hacía poco férreo control colonial.

4) La Pr1Jclama de O'Higgins
Hemos llegc1:do - dice O'Higgins- al período del último sacrificio,
y es necesano arrostrarlo: o el premio inalterable de los trabajos o
el aniquilamiento de la patria.
'
La empresa urgente de dar al Pení su independencia y todo el esfuerzo de la España para acabarnos, forman este contraste tan glorioso como terrible. Nada ha conseguido Chile arrojando de su seno a los enemigos, si no asegura su tranquilidad destruyendo a
los opresores de Lima, y ~anquéandose aquellas relaciones capa•
ces de recompensar sus fatigas. Todo lo hemos perdido, y los tiranos lo han ganado todo, si logran la victoria del golpe fuerte que
nos amaga.
(...) para vosotros suena el grito de un segundo interés. Chile se
consume en sí m i;ma si no emprende la expedición al Pení en circunstancias que la España se propone acabar con la de 'todo el
Sud( ...) Vamos pues a vencerlos. Vamos a imponer silencio a todos los derechos mientras se asegura el de la conservación de la
patria y su inalterable felicidad, vamos a mostrar todo su poder
~ontra el _de los tirll!1os(. . .) Probemos estar penetrados de que es
mcompaoble que ahente la libertad y vivan sus verdugos. Hemos
jurado sostenerla.
Los encarnizados enemigos nos cobran la palabra con el puñal.
Arrebatémoslo de su mano sangrienta, y no tendrán más contra
los que saben cumplir con su honor, y buscan la vida en los campos de la muerte antes que esperarla tranquilos en el fn'o cadalso(...)40

5) El Tratado entre los Estados de Buenos Aires y Chile para asegurar
la Independencia del Perú
Se hacía asi cada día más inminente el ingreso del ejército libertador al
territorio peruano y la opinión pública es informada, transcribiendo el
Corrier de Londres del lo. de junio de 1819, del tratado especial entre los
estados de Buenos Aires y Chile, firmado en la ciudad de Buenos Aires el
5 de febrero de 1819, para procurar a los habitantes del Pení una fuerza
annada para expeler al gobierno español y establecer otro que fuera análogo a su constitución física y moral.
Establece el tratado en su fundamentación que
El excmo. Director Supremo del Estado de Chile en uso de los po-

�148 Siglo XIX
deres que le están conferidos por la Constitución provisional de
los Estados respectivos; deseando poner fin a la dominación tiránica del gobierno español en el Perú, y procurar a sus habitantes
la libertad e independencia de que se hallan tan injustamente privados, y a efecto de. dispensar el auxilio que los habitantes de Lima han solicitado de ambos Estados contratantes, han resuelto
concluir el presente tratado.41
Se trataba así de responder al llamado del propio pueblo peruano y
por tal razón el ejército combinado de las Provincias Unidas y de Chile, se
comprometía, según lo estipulado en el artículo 11, a dirigir sus acciones
contra las autoridades actuales de Lima, y a la ayuda de aquellos
habitantes, cesará de permanecer en aquel país desde el momento que haya establecido un gobierno conforme a la libre voluntad de los habitante, a no ser que pida este gobierno y convenga a
las circunstancias así de las dos partes, como a los tres Estados de
Chile, Provincias Unidas y Lima, que este ejército subsista sobre
aquel territorio por cierto tiempo.42
E igualmente en el artículo IV se estipulaba que "Las dos partes contratantes ~ranti2:an mutuamente la independencia del Estado que se forma en el Perú, cuando la capital estuviere libre".43
Quedaba así clarificado el objetivo primordial de la expedición patriota al territorio peruano, al mismo tiempo que se garantizaba la existencia
de un gobierno independiente y conforme a la libre voluntad de sus hahi•
tantes. Pero esto no era todo. A fin de borrar la impresión dejada por lo
tantas veces repetido por la prensa oficilista en el sentido de que el interés
de la expedición era esclavizar y aprovechar las riquezas del Perú, se estipulaba en el artículo lli:
A fin de evitar toda causa de discordia entre los dos Estados contratantes, y el nuevo gobierno que se forma en el Perú, respecto
al pago de los gastos de la expedición liberatriz, y deseando remover para lo futuro todo pretexto que pudieran alegar los enemigos de la América para atribuir a esta expedición algunos motivos interesados que se hallan muy ajenos de ella, las dos partes
contratantes se convienen en no tratar del reintegro de sus expensas hasta que puedan arreglarse con el gobierno independiente
de Lima. El ejército combinado observará hasta entonces y después una conducta conforme a su objeto, que es de proteger, y no
de obrar hostilmente contra los habitantes, y respecto a todos estos puntos, los gobiernos darán órdenes expresas a sus generales
respectivos.44
Es necesario reconocer la importancia de los efectos de esta publicación en el ánimo de la población limeña que vivía en esos momentos las
más angustiosas expectativas. Para acrecentar aún más su conflicto y para

M. L. Rivaro De Tuetta: llunración y romanticilmo en el Pení 149
que medite acerca de la de~erminación que esÍá a punto de tomar, se prepara de inmediato un suplemento de la Gaceta a fin de dar una idea política del estado del Perú en el año 1819.

6) La Importancia Estratégica de Lima
Se dice allí entre otras cosas:
Lima colocada en el corazón de América Meridional es el punto
céntrico para su conservación y defensa; es como un escollo situado en el medio de una mar borrascosa, á cuyo pie vendrá
siempre á romperse de todas partes la furia de las olas revolucionarias. Mientras &lt;)Ue Lima subsista, mientras que se conserve la integridad del Peru, serán siempre vanos los esfuerzos más bien
combinados de los rebeldes para su independencia. Si Lima hubiese sucumbido, si no hubiese sido el depósito de la fidelidad
más constante, se hubiera ya decidido la suerte de este continente, ya habría perdido acaso para siempre la España esta vasta porción de sus dominios. De aquí como de un centro vuelan en todas direcciones con la rapidez necesaria los auxilios; desde aqui'
se ahogan en su misma cuna las maquinaciones más ocultas de la
malicia, y se frustran sus planes. Lima en fin, dividiendo las fuerzas enemigas impide e impedirá siempre la decantada unión continental: rica por naturaleza extiende a todas partes su benéfico
influjo, y aunque a veces pueda escasear de recursos, no los verá
jamás agotados.
Conocieron estas verdades los insurgentes mismos: conocieron la
importancia de este suelo para llevar a cabo sus planes, y ya por
su situación geográfica, ya por sus auxilios, cuando estamparon en
sus proclamas que era preciso clavar el puñal en el corazón de
América.45
Parece haber llegado así para el Perú el momento de su decisión final.
Ambos extremos dialécticos le requieren y reconocen su importancia estratégica para decidir la victoria de la causa realista o de la causa revolucionaria.

7) Lima y la Cau-sa Revolucionaria
No sería justo afirmar que en ese momento elige o se decide a abrazar
la causa revolucionaria. Podríamos afinnar más bien que el proceso ha sido
largo, que a través de interminables pasos, después de un lento proc~o de
incorporación de nuevas ideas, intentos de rebelión, gestiones a traves de
la razón y la justicia, luchas internas -motivadas por haberse constituido
en el baluarte realista, tanto en el aspecto militar como ideológic~, proceso ascendente de aceptación como único camino posible para obtener
la liberación de España, está preparada y ha asumido su compromiso frente a la coyuntura histórica en que se encuentra América.

�150 S;p, XIX
Acepta así unirse a la causa de sus hermanos americanos y desde ese
momento 1U participación en el proceso revolucionario contribuirá en mucho al logro de los fines inmediatos que se ha propuesto el mCNimiento libertorio. De otro lado su inserción en el proceso, aparentemente tardío,
le permite estar idológicamente preparada para el debate y el examen
racional de las problemáticas que se plantearían en la conformación de la
nueva estructura de gobierno para América.

8) Instrucciones que debe observar el Ejército Libertador del Perú.
Las instrucciones que debía observar el ejército libertador del Pení
le son dadas el 23 de junio de 1820 en la ciudad de Santiago de Chile.46
Su propósito fundamental quedaba establecido al indicarse que el espíritu
que lo animaba era sacar de la esclavitud y de la dominación del rey de
España a los habitantes de las vastas provincias peruanas, uniformar el sistema de la libertad civil y nacional en toda la América Meridional, acabar con los serviles partidarios de Fernando VII que refugiados en el
Pení sostenían obstinadamente una guerra destructora, y constituir unos
nuevos Estados independientes, que unidos para la defensa de la causa común con los que ya habían conseguido su libertad se hicieran impenetrables a los nuevos ataques que pudiera planear el gobierno español.
El ejército libertador debía actuar ciñéndose inviolablemente a las instrucciones estipuladas a través de veinticinco artículos que en síntesis señalaban que no debía usarse de la fuerza con los pueblos, haciéndoles entender más bien que el sistema de la libertad civil tenía como objetivo
primordial el espíritu de beneficencia y amor a la humanidad. Producida
la entrada en algún pueblo debía procederse a reunir las corporaciones
y vecinos principales a fin de efectuar la elección de las nueva.~ autoridades y a las cuales el ejército solicitaría hospitalidad. En caso de tener.que
recurrir a la fuerla para tomar un pueblo, había de evitarse en cuanto
fuera posible los saqueos, violencias y excesos. En la capital del Pení
debía procederse a elegir un Director o Junta Suprema y a esta ~pre_~ª
autoridad se le solicitaría la elaboración de un proyecto de Consbtuc1on
provisoria. Para la formación de la Constitución se o~rv~~ un r~peto
prudencial de las antiguas costumbres ya que su exbrpac1on, deb1a ~r
obra de la prudencia y el tiempo, y por lo tanto no se efectnanan modificaciones en lo que respecta a orden jerárquico de los nobles, caballeros,
cruzados, títulos, a quienes se les trataría con las distinciones establecidas
por su rango. No se producirían secuestros de bien~. La iglesia f sus bi~nes se declaraban inviolables, igualmente se apoyana y respetana la religión católica. A españoles e indios que no ofreciesen r~i~encia al n~f'~O
sistema se les aceptaría benignamente. En cuanto a los mdios se les ahviaría en cuanto fuera posible de las pesadas pensiones que les exigía el go-

M. L. Rivara De Tuutu: llu,tración y romanticismo en el Perú 151

biemo español; a los negros y mulatos se les aceptaría en el ejército, sin
libertarlos; y en principío debía respetarse el derecho de propiedad de los
amos.
Por el tenor del texto es posible concluir, en primer lugar, que las autoridades chilenas tomaroñ todas las precauciones posibles para no arriesgar una posible resistencia en su penetración al territorio peruano. En segundo lugar, se tomaba el poder mediante la creación de un nuevo cuerpo
político y separando de sus cargos sólo a las autoridades que continuaran
siendo fieles a la causa realista. Y por último se procuraba que la estructura
colonial no fuera modificada en sus aspectos fundamentales, excepto en lo
político.
VI. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA

(1820-1821)

La Entrada del Ejército Libertador al Perú
El 18 de agosto de 1820 se en con traba ya el ejército en Valparaiso
dispuesto a embarcarse en dieciséis transp~rte~. ~120 zary&gt;~r?n :rrnbando a
las costas del Pisco el 7 de septiembre, al día S1gu1ente se 1ruc1ana el desembarco en la Bahía de Paracas. Horas más tarde era ocupado el pueblo de
I)

Pisco sin que las fuerlas realistas ofreciesen resistencia.
El Cuartel General fue establecido en la ciudad de Pisco, desde donde
de inmediato San Martín, general en jefe del Ejército Libertador, dirige a
los habitantes del Perú una proclama.47
Mientras se encontraba en viaje al Perú la expedición libertadora, Pezuela había recibido instrucciones desde España de jurar la Constitución
&lt;le 1812 y proceder a la abolición del Tribunal dd Santo Oficio.
2)

La nueva Jura de la Constitución de I 812 y la Proclama de San Mart{n

San Martín es enterado de este nuevo giro de la política de Fernando
VII después de su salida de Valparaiso f _temeroso de los posibles_ e!~ctos
que esta novedad pudiera causar en el animo de los peruanos, decidiendolos a abrazar nuevamente la causa fidelista, se apresura a expresarles lo que
piensa de esta nueva actitud del monarca:

El rey juró la Constitucion, P'?rque no le quedaba otro arbitrio
para salvar su trono, que seguir la tendenaa de la voluntad general: el virrey ha imitado la conducta de su ~º• con _la esperanza de oponer una barrera al voto de la Amenca y evitar que

�M. L. Rivara De Tue,ta: Bu,tración y romanticúmo en el Peni

153

152 Siglo XIX
coopereis a su emancipación. Sólo los conflictos en que se halla
pueden excusar la injusticia que ha hecho a vuestro discernimiento, persuadiéndose que la Constitución de las Cortes sea capaz
de aletargar vuestra energía y de engañar a vuestros deseos: él
ignora que este cn·t&gt;r es un nuevo escollo con_tra sus desi~io~ p&lt;;&gt;rque es pasado ya el tiempo en que los amencanos vean sm indignación los planes impostores de la política española para pernubar. sus dominios sobre un vasto continente, que tiene la voluntad
y el poder de gobernarse por sus propias le~es .. ,
.
La América no puede contemplar la Consbtuc1on de las Cortes sino como un medio fraudulento de mantener en ella el sistema colonial, que es imposible conservar más tiempo por la fuerza.48
Recuerda San Martín a los peruanos que en esta ocasión el virrey Pezuela obra por iguales principios que su antecesor Abascal cuando en 1813
se valió del prestigio de las Cortes para deslumbrar a los intelectuales de
Lima con la idea de que una reforma era lo más conveniente para verificar
cambios ventajosos para el Perú y América. Por eso les dice:
Vosotros conoceis por experiencia la verdad de lo que os digo:
yo apelo a los hechos, y someto a vuestro juicio el examen de la
sinceridad de los españoles. El último virrey del Perú hace esfuerzos para prolongar su decrépita autoridad, alhagando vuestras esperanzas con una Constitución extranjera, que os defrauda el derecho representativo en que ella misma se funda, y que no tiene la
menor analogía con nuestros intereses. El tiempo de la impostura
y del engaño, de la opinión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros; y solo existe en la historia de !~~calamidades pasadas.( . . )
Fiad en mi palabra, y en la resoluc1on de los bravos que me Siguen, asi como yo fio en los sentimientos y energía del pueblo
peruano.49
El tenor de la proclama pesó en el ánimo de los peruanos y el bando
no separatista, es decir el núcleo amante de la razón y la justicia, procuró
entonces llegar al poder logrando la instauración de la monarquía constitucional.
3)

La Tendencia Monárquica

Esta tendencia consideraba que la continuidad histórica exigiría que el
nuevo ré~men a instaurarse fuera la monarquía moderada. Veía en ella la
forma de gobierno más adecuada para las nuevas naciones americanas. Pensaba este !!IUpo que instaurar un sistema democrático sería inoperante ya
que sus principios constitutivos eran demasiado novedosos y c?ntradictorios con el sistema que había venido operando a través de tres siglos de gobierno español.
Procuran así formar opinión favorable a la instauración de un sistema

monárquico en el Perú. Cuentan para esto con recoger los frutos de la campaña ideoló~ca antirrevolucionaria y continúan publicando artículos que
contribuyen a cimentar esta concepción.
A fines de 1820 se editorializa sobre "política" en los términos siguientes:
La idea más sublime de cuantas ha producido el adelanto de las
ciencias poüticas, el más noble resultado de la perfección que se
ha dado a las instimciones sociales, es el carácter tan respetable
como benigno de que se halla revestido el mortal venturoso a
quien la Providencia coloca en un trono constimcional. Puesto en
la dichosa imposibilidad de hacer daño, depositario de una autoridad cuyos inconvenientes recaen solo en sus agentes subalternos,
exento de todo cargo, de toda responsabilidad, sus acciones no
pueden producir mas que bien, sus labios solo pronuncian palabras de paz y perdón, su presencia no enuncia sino respeto, ternura, y aquella sumisión racional que se apoya en la que se debe
a la ley. Un rey constitucional no ofrece ninguna de aquellas
ideas que hacen aborrecible al poder, sospechoso su ejercicio y
humillante su aparato.50
Se procura así conformar una conciencia general favorable aJ sistema
monárquico que actuaría en el momento en que la nueva nación americana debiera decidir su forma más conveniente de gobierno, la cual hasta el momento no estaba formulada en forma categórica. En las regiones
donde la experiencia revolucionaria había sido temprana no había sido
nada fácil establ~r on orden político estable, y el caos y el desorden habían imperado. tíconocimiento de esta cuestión constituía una evidencia
explotable por los monarquistas para ganar adeptos a su causa.
La corriente monarquista en el Perú era heredera de la corriente ilustrada liberal que había cifrado sus esperanzas de construir una nueva estructura colonial bajo el amparo de la razón y la justicia. Pensaban y confiaban en que mediante un nuevo cuerpo constitucional seria posible llegar a un nuevo orden de cosas en América. Su participación en el logro de
la Constitución Liberal de 1812 los hacia pensar qoe podía ser aplicada en
América eliminando, por supuesto, a Femando VII, y substituyéndolo por
un monarca criollo o un príncipe extranjero. Pero d tiempo transcurrido
entre la dación de la Constitución mencionada y el avance de las nuevas
tendencias románticas, que confiaban en la soberanía del pueblo, determinarían un giro muy distinto de la cuestión.
La problemática sobre la forma de gobierno que debía adoptar el Perú
pasa de la simple presentación de argumentos al debate ideológico en la
etapa del Protectorado, y constituye una resolución a adoptar impostergablcmente en los momentos en que San Martín viaja a Guayaquil.

�154 Sigb XIX
VII.LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL
Iniciado el año de 1822 la perspecliva americana se nos present.a ttatando de solucionar sus más urgentes problemas. Guayaquil no ha decidido
aún su incorporación a una de las dos grandes repúblicas americanas. El
Peru se debate en problemas de organización política y primea, y en este
sentido t.ampoco ha decidido si adopt.ará la forma monárquica o republicana. Tanto la república de Colombia como el Perú no han culminado aún
su empeño de arrojar definitivamente a los ejércitos realist.as del suelo americano. Todos estos problemas por resolver obligan a un acuerdo americano
fonnal, a través del cual se recogerá lo que la realidad misma eviden~iaba:
la necesidad de trabajar unidos, sin separaciones del norte y sur amencano,
para poder finalizar exitosamente las guerras que conmovían al continente.
De est.a necesidad histórica ha de surgir el ideal de una confederación americana, no como el sueño de un visionario o de un ambicioso sino como
una necesidad vital propia al equilibrio y normal desenvolvimiento de
América hispana.

M. L. Rivara De Tuesta: llustración y romantícismoen el Peni

155

Tanto los temas tratados en la entrevista, referidos a las más importantes problemáticas a resolver en ese momento, así como los acontecimientos que se suceden posteriormente, nos prueban que San Martín y
Bolívar, verdaderos conoee9ores de la realidad sur y norte de nuestro continente, intercambiaron ideas. No es posible afirmar por lo tanto, "que en
la entrevista loe personajes decidieron sobre esas cuestiones" sino que " la
entrevista les sirvió para clarificar sus conceptos presentes y su quehacer
futuro", lo que en última instancia da significado lústórico a la reunión
y explica el interés que ha suscitado y suscitará entre los historiadores.
Es decir que el hecho del encuentro y la conversación sostenida entre
San Martín y Bolívar les sirvió para acelerar sus decisiones, no llegar al enfrentamiento personal y escoger entre las posibilidades de reali1.ación la
más acorde con las circunstancias históricas que enfrentaban. En suma, la
idea de su encuentro fue un acierto político y producido éste se observarán
sus efectos favorables en la causa general americana.

Guayaquil: 26 y 27 de julio de 1822
La primera mit.ad de ese año muestra decisiones import.antes en punto
a estos urgentes problemas. En lo que respecta a la documen~ción qu~
ofrece información sobre la entrevista que sostuvieron San Martln y Bohvar, tendríamos que aceptar que efectivamente, y pese a todo lo que se
pueda especular sobre los detalles de la entrevista, los puntos
que trataron no se dieron al azar ni por casualidad: eran más bien consecuencias del
proceso histórico que vivía América. Dado que San Martín y Bolívar eran
en ese momento los dos grandes personajes que dirigían las cuestiones de
América, es lógico y hasta natural que en la coyuntura histórica en que los
colocaban los propios acontecimientos sintieran la urgente necesidad de intercambiar ideas y conocerse personalmente. No fue tampoco, en nuestra
opinión, d hecho de la entrevist.a lo que determinara a San Martín a aball•
donar el Perú.
En cuanto al lugar de la entrevista tendríamos que decir que ambos
apreciaban en Guayaquil una zona estratégica importante para el avance de
sus efectivos, ya que a ambos les quedaba por terminar campañas en los territorios en que actuaban los ejércitos bajo su mando; pero el que alguno
de ellos lograse decidir la opinión pública a favor dd núcleo que representaba era en realidad un avance no solo estratégico si.no político. La guerra a-si, prácticamente ganada -ya que los españoles no poseían reductos
de la import.aneia de Lima o Guayaquil-, pasaba a ocupar un segundo plano. Incluso podía ser alargada temporalmente sin mayor riesgo de pér,ü_da
y más bien con logros a travé.s de una táctica por agotamiento y eansan•!l?·
Esto explica en última instancia lo que podríamos llamar "la carrera hacia
Guayaquil de los personajes de la entrevista".

La documentación que consideramos como básica, y que, justa1111·nt&lt;',
ex.presa las problemáticas que abordaron está referida a las siguient!'s f1wntes: "La relación enviada al gobierno de Bo¡rotá ":51 "La relación enviada
al intendente de Quito, general A. J. de Suere ", 52 ambas firmados por PI
secretario de Bolívar, J. G. Pérez; la carta dirigida aJ Vieeprl'si1lente Santander sobre la conferencia de Guayaquil53 firmada por el propio Bolívar:
y la Relación del primer Edecán de San Martín, Rufino Guido.54
Prescindiendo de los detalles externos y apreciaciones personales sohrc•
la misma entrevista, los puntos más importantes que fueron tratados son
los siguientes: la forma de gobierno más conveniente a América, la organización política de las repúblicas, la colaboración f'll la lucha rontra los
realistas, el estado de Guayaquil y la necesidad de la confederación amnieana.
Nos remitiremos a las propias palabras de Bolívar a Santandrr cuando
le manifiesta haber logrado cosas bien importantes en la entrevista:
primera, la libertad del sur; segunda, la incorporación a Colombia de Guayaquil, Quito y las otras provincias; tercera, la amistad
de San Martín y del Perú para Colombia; y cuarta, salir del ejército aliado que va a damos en el Perú gloria y gratitud por aquellas
partes. Todos quedan agradecidos, porque a todos he servido, y
todos nos respetan, porque a nadie he cedido. Los españoles mismos van llenos de respeto y de reconocimiento al gobierno de
Colombia.
Ya no me falta más, mi querido amigo, si no es poner a salvo el

�156

Siglo XIX

tesoro de mis prosperidad, escondiéndome en un retiro profundo,
para que nadie me lo pueda robar, quiero decir que no me falta
más que retirarme y morir. Por Dios, que no quiero más: es por la
primera vez que no tengo nada que desear y que estoy contento
con la fortuna.55
Para nosotros los resultados de la entrevista fueron los siguientes:
1) Bolívar pudo comprobar lo que se venía diciendo de San Martín en
punto a sus ideas monárquicas; pero que él no pretendía ser monarca y que
sus planes consistían más bien en hacer venir de Europa a un principe.
2) Bolívar supo la determinación de San Martín de dejar el Perú después de asegurar al triunfo patriota y dejar bien establecidas las bases del
{!Obiemo.
3) Se acuerda la federación de los ejércitos del Perú y Colombia,
cuestión que San Martín consideraba fundamental para la continuación de
la guerra y al momento Bolívar embarca los auxilios.
4) San Martín no tuvo otro cosa que hacer, por el momento, que aceptar que Guayaquil estuviese ocupada por fuertas colombianas.

5) San Martín estuvo de acuerdo con la existencia de una Federación
americana.
Aparte de estas consideraciones sobre los resultados de la entrevista
queremos insistir en lo que atañe a la situación coyuntural americana
pues, después de la entrevista, se observará que las problemáticas abordadas adquil'ren un sesgo definido y comienzan a resolverse en forma más
adecuada.
En lo que respecta al Perú, éste ha de convertirse en el campo de la
lucha contra los realistas ya que el baluarte espa.t1ol había logrado ci.tnentarse en nuestro territorio y, a través del debate ideológico, ha de decidir
desechar la fórmula monárquica y adoptar la republicana.

vm.
1)

¿MONARQUIA O REPUBLICA? (1821-1822)

La lucha entre Monarquistas y Republicanos

El plan de monarquizar al Perú fue acordado el 24 de diciembre de
1821 por el Consejo de Estado bajo la presidencia del Protector del Pení.56
El acta señalaba las bases de las negociaciones que entablarían ante los
altos poderes de Europa los enviados Juan García del Río y Diego Pareissien.

M. L. Rivara De Tuesta: llustración y romanticilmo en el Perú

157

La primera consideración decía que para conservar el orden interior y
a fin de que el Estado peruano pudiera adquirir la respetabilidad exterior
convenía el establecimiento de la independencia, y la alianza o protección
de una de las potencias de primer orden en Europa. La Gran Bretaña y Rusia aparecían como las naciones más indicadas para proporcionar un príncipe que pasaría a coronarse como emperador del Pení.
Despachada esta misión se procede a fundar la Sociedad Patriótica 57
el 20 de enero de 1822. El Ministro de Gobierno Bernardo Monteagudo, su
presidente, esperaba reunir a los académicos del país a fin rlt&gt; discutir todas las cuestiones que tuvieran influjo directo o indirecto sobre el bien
público.
El 22 de febrero se propone como asunto de discusión ¿Cuál es la
forma de gobiemo más adaptable al Estado peruano, según su rx trnsión,
población, costumbres y grado que ocupa en la escala de la civilización?
El lro. de marzo de 1822, se abre el debate. El grupo liberal que integraba la academia quiso aludir a la discusión de este tf'ma dadas las manifiestas tendencias monárquicas de Monteagudo y concluyó diciendo qu"
se discutiese la cuestión, pero que se hiciese entender que la decisión sería
meramente académica, ya que
las secciones que la viesen discrepar del sistema que han abrazado
temerosas de que engrandecido tratase de privarlas de su libertad,
se estarían pasivas, y no le auxiliarían contra el invasor y se expondría por consiguiente a fracasar la libertad peruana.58
Luego de esta aclaración paso a presentar su exposición rl miembro de
la Sociedad José Ignacio Moreno, defensor de la monarquía y vocero del
gobierno, quién después de haber indicado en términos genrrales los abusos a inconvenientes de las diversas formas de gobierno, ohsl'rvÓ qui' era
"el mayor de todos los males la oclocracia y tras ésta la anarquía Pn qu"
suele degenerar la democracia".59
Dado el grado de ilustración y civilización que tenía el Perú no era
susceptible de otra forma de gobiemo que la monarquía. El país debido a
la dominación española se encontraba en su infancia de su ser político.
Empezaba recién a abrir los ojos a la luz y esta no podía comunicarSI' t·n
un momento a todas las clases de sus ciudadanos ya que por el mom1·nto
era sólo atributo de un corto número de hombres ilustrados.
El resto del país, su gran masa, se encontraba en las tinieblas dr la ignorancia y por consiguiente no se hallaba en estado de conocer bien y calcular por sí mismo sus propios intereses, ni de caminar siempre a un mismo
fin, y esto solo lo conseguiría poniéndose

�158 Siglo XIX
en manos de uno solo que ayudado de las luces de los sabios Y
moderado bajo el imperio de las leyes fundamentales que establezca el Congreso Nacional lo gobierne y conduzca el alto ~unto de grandeza, prosperidad y gloria ~ que pued~ ~ ?ebe asRirar.
La autoridad del Monarca; constitwda as1, rec1b1ra tamb1en el
carácter de suavidad que comunica el clima benigno del Perú
aun a las costumb'res ásperas y genios feroces que naturaleza formó al otro lado del Océano bajo de un cielo distinto y menos
apacible,60
Agregó como inconveniente al sistema democrático la heterogeneidad
de los elementos que formaban la población del Perú, los variad~ usos,
costumbres y opiniones de sus pueblos. Por otro lado la democracia o el
poder difundido entre todos los ciudadanos solo era aplicable a los pueblos de corta extensión territorial.
¿cómo pues -terminó preguntando- podría constituirse un _gobierno popular o democrático en el Perú que, cuando la suerte
formidable de las armas le permita hacer un solo todo con nosotros debería extenderse por lo menos desde Guayaquil o Tumbes,' hasta el Desaguader~, y desde las costas del Mar Pacífico hasta encontrar con las enmarañadas selvas que forman lo que se llama Montaña Real de los Andes, comprendiendo en su seno tantas y tan dilatadas provincias, diferentes en genio_s,. como en climas? ¿cómo sería posible que una tierra tan prodigiosa que (...)
derrama sus tesoros a medida del deseo de los que la habitan,
se sujete a la pobreza y austeras costumbres, únicas virtudes que
pueden conservar por mucho tiempo la igualdad y libertad republicanas?
,
No es adaptable pues -concluye- la _f?1:11ª _';1emocráti&lt;:~ al Peru,
visto de una parte el estado de su c1Vihzac1on, poblaoon Y cos· . 61
tumbres y considerada de otra la grandeza de su temtono.
Como se trataba de un debate público, con fecha lo. de marzo de
1822 y bajo el seudónimo de "El solitario de Sayán" escribe Faustino Sánchez Carrión "Sobre la inadaptabilidad del gobierno Monárquico al estado
libre del Perú", manifestando:

..

No nos deslumbremos por el sacro amor que nos merece lapatria con instituciones pomposas. Restablezcamos en todo su explendor la dignidad de hombres propiamente tales ( . ..) . No olvidemos, de que la mano regia es de~asiado poderosa, y que
quien llega a sentirla en toda su, exteI?~on,_ no tiene per~na, no
conoce propiedad, no siente en s1 el magico rmpulso de la libertad.
Estas prerrogativas solo se conservan por los que están habituados
a defenderlas, y de hecho las defien~en per~nnemente con las eficacia de su carácter, librado en las mst1tuc1ones popular~s (. _. .)
Asi que, la oportunidad de oprimir solo depende de la mepntud
de resistir; y a la manera que en el estado natural, ella_ c_ons~st~ en
la debilidad física, en el social nace de la flaqueza cIVil. .:Como

M. L. Rioora De Tueda: llustraci6n y romanticilmo en el Perú

159

n.~ defenderíamos de la real opresión, si poco diestros en el ejerc~c1O de nuestros derechos, no hemos sabido más que obedecer
c1egan_:iente? Un trono en el Pe~ serí~ acaso más despótico que
en ASia, y asentada la paz, se disputanan los mandatarios la palma de la tiranía.62
Se agitó la prensa de Lima con diversas publicaciones del grupo liberal y en el interior de la Sociedad Patriótica el 28 de marzo continuando
los debates expuso su pensamiento Manuel Pérez de Tudela. Dijo que el
Perú "que es pueblo libre, soberano e independiente debía elegir de propia voluntad el gobierno que exijan sus necesidades y facultades combinadas con sus circunstancias". 63
Expuso que "la maxima invariable de los tiranos era dividir para
mandar, que debíamos unirnos todos los pueblos dt&gt; América... " y
concluyó que "era preciso fonnar todos un cuerpo contra el Déspota para
conservar nuestra libertad ".64

Para contestar a Moreno pidió la palabra Mariano José di; Arce y dijo
que el discurso le había parecido digno de Bossuet y del siglo ele Luis
XIV, y además mucho más a propósito para afianr.ar el trono y el altar qut&gt;
una forma de gobierno.
Sobre el principio sos-tem-do por Moreno de que un gobirrno republicano solo puede mantenerse en un territorio pequeño, y que uno dilatado
solo puede gobernarse bajo la monarquía, aseguró que rse aserto era mirado como erróeno, después de haberse descubierto el sistema. representativo, el cual era adaptable desde el más pequeño hasta el más grande territorio. Concluyó que "los argumentos del señor Moreno no le convencían,
tal vez por ser idénticos a los que muchas veces oyó hacer para sostener el
cetro de Fernando".65
San Martín consideraba que la forma de gobierno que convenía al Perú_ ~ América era la monarquía, pero hasta que el Congreso Constituyente
eligiera la fonna de gobierno que considerase más conforme a nuestras costumbres y más acorde a las circunstancias políticas, económicas y sociales
en que nos encontrábamos, no pretendió imponer su voluntad. Preparaba
c~n estas ~scusiones San Martín el ambiente sin violentar la orinión. Con
miras a afianzar las ideas monárquicas estableció la Orden del Sol y declaró suh!istentes, como hemo. visto en el Estatuto, los títulos de nobleza.
Su ministro Monteagudo participaba de las mismas ideas, pero su plan
consistía en restringir las ideas liberales y democráticas y actuaba con métodos muy diferent.es al Protector.

�160 Siglo XIX
La idea de establecer un sistema monárquico no era privilegio solo del
Pero. Los desastres y convulsiones en que se agitaban las antiguas provincias hispano-americanas hacía pensar en muchas secciones de América en la
conveniencia del establecimiento de monarquías.
En los momentos más álgidos del debate es que San Martín emprende
viaje al norte. Asi pues sienao esta cuestión una de las grandes problemáticas a resolver es posible afirmar que el asunto fue tratado en la entrevista de Guayaquil tal como lo señalan las fuentes que hemos mencionado.
Lo que queda por aclarar sería lo siguiente: no se decidió en Guayaquil, el
sistema republicano; los acontecimientos que se suceden a la vuelta del
Protector, así como la opinión general a favor de la República, que San
Martín sabía respetar, son los que deciden la forma de gobierno para el
Perú.
2)

La deposición de Monteagudo y el Triunfo del Partido Liberal Peruano

Según Alberto Tauro del Pino se esperaba una ocasión propicia para
deshacerse del ministro Monteagudo y ésta se presentó justamente cuando
San ,1artín emprendió viaje a Guayaquil. La violencia de la tensión pudo
manifestarse cuando el ministro infirió vejámenes a ciudadanos prestigiosos que en alguna forma habían desaprobado sus medidas antiliherales. El
procrclimiento subversivo fue improvisado por el ciudadano Mariano Tramarria desde la tienda de venta de tabacos y papeles impresos que poseía.
Buscó ami¡!oS para protestar por el atropello que implicaba también la
deportación de esas ilustres personas, preparó una reclamación en que
constauan hechos de su autoritarismo y pedía su inmediato retiro del gobierno. Apoyado por Riva Agüero, Francisco Javier de Luna Pizarro, Francisco Javier i\fariátequi, José Faustino Sánchez Carrión y otros patriotas,
la reclamación se convirtió en un memorial respaldado por centenares de
finnas y una Comisión a la municipalidad de Lima la sometió a la consideración del Supremo Delegado, José Bernardo de Tagle. El Consejo de
Estado discutió sobre el asunto. El ejército intervino para controlar la agitación callejera y al final Bernardo Monteagu do optó por renunciar el 25
de julio de 1822. Como no se calmaron los ánimos fue necesario protegerlo de posibles atentados. Se pidió, incluso, un juicio de residencia y para
contener la agitación que este asunto seguía suscitando se decidió que
abandonara la ciudad. Monteagudo fue conducido al Callao y embarcado
sigilosamente con destino a Panamá.66

La deposición de Monteagudo significó el primer triunfo del partido
liberal peruano y publicaciones como las de la Abeja Republicana fueron
consecuencia de la agitación popular de esos momentos. Contribuyeron
esas publicaciones en mucho a conducir la opinión pública a favor del
sistema republicano.

M. L. Rivara De Tuesta: Dustración y romanticismo en el P,m,

161

. Para San Martín la deposición de Monteagudo fuc- una seria contraneda~ Y al reasumir el poder p~ocuró insistentemente reunir al Congreso
Constltuyente lo que se efectuana el 20 de septiembre de 1822.
Ante los representantes al Congreso entregó la handa bicolor insignia
de su autoridad, y manifestó:
'
Al depon~r la insign_ia que caracteriza al Jefe Supremo del Estado

n? hag~ smo ~umphr con mis deberes y con los votos de mi cora-

zon. S1 algo tlenen que a~adece_rme los peruanos es el ejercicio
del supremo poder que el nnpeno da las circunstancias me hizo
obtener. Hoy que felizmente lo ~ito, yo pido al Ser Supremo
que conceda a es!e. Congreso el acierto, luces y tino que necesita
para hacer la fehc1dad de sus representados. Peruanos ! !!Desde
este momento queda instalado el Congreso Soberano, el pueblo
reasume el poder supremo en todas su partes. 67
.. Saliendo ~el Congreso se retiró a su residencia para allí preparar 91
viaJe. ~¡ presidente, ?,el Congreso recién instalado, Francisco Javier de
Luna Piza~o de~l~ro hallarse_ solemnemente instalado ti Congreso y que
la Soheran1a resuba en la Nación y su ejercicio en el Congreso que legítimamente la representa ".68
Se embarca esa misma noche dirigiendo a los peruanos la siguiente
proclama:
'
Presencié la declaración de la independencia de los estados de
Chile y el ~ero.; existe ~n mi poder el estandarte que trajo Pizarro
p~ra _esclavizar al, Impeno de los Incas, y he dejado de ser hombre
publico: he aqu1 recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra est~ cumplidas; ~acer su independencia, dejar a su
voluntad la elecc1on de sus gobiernos. La presencia de un militar
afortunado, por mas desprendimiento que tenga, es temible a los
E~tados qu~ de n~evo se co~stituyen: por otra parte ya estoy abur~1do de ou ~ec1r que qwero hacerme soberano. Sin embargo,
siempre estare pronto a hacer el último sacrificio por la libertad
del país, pero en clase de simple particular y no mas. En cuanto a
mi conducta pública, mis compatriotas como en lo general de los
más divich'rán sus opiniones, los hijos de estos darán el verdadero
fallo.
i i iPeruanos: os dejo establecida la Representación Nacional; si
depositais en ella una entera confianza, cantad el triunfo, sinó, la
anarquía os va a devorar. Que el asierto presida vuestros destinos
y que estos os colmen de felicidad y paz.69
'
Quedaba así cerrado el debate sobre la forma de gobierno que más
convenía al Perú: la Republica.

�162 Siglo XIX

IX. EL ESTABLECIMIENTO DE LAS BASES DEL GOBIERNO
1) Coruideración Previa
Frente a las luchas de la independencia se daba el hecho de la desnucción de la estructura colonial. N-0 podía considerarse que destruido el
poder político español representado en la institución del virrey estuviese
todo logrado porque se habría tratado simplemente de un golpe de Estado
y de la sustitúción de una estructura de poder por otra. Las ideas que habían sustentando el movimiento revolucionario portaban principios liberales que obligaban a crear una estructura opuesta en su esencia a la que se
estaba rechazando, pero si nos ubicamos en la verdadera perspectiva histórica comprenderemos que esta era la tarea más delicada por realizar. No era
posible que un continente que había vivido dominado durante tres siglos
por un sistema autoritarista, un continente sin experiencia histórica en las
prácticas y métodos utilizados para ejercer la soberanía popular pudiera
crear conciencia inmediata sobre estas cuestiones. No se 'trataba de un acto
simplista de reemplazar un virrey por un pr~idente y que este actuara bajo
la etiquet.l de la democracia pero tal como lo hubiese hecho la autoridad
colonial Se trataba justamente de tomar el poder para desde todas las esferas actuar dentro de las normas liberales: el derecho, la religión, la economía, la sociedad, la cultura, en fin todo, debía ser modificado.
Esta fue en verdad una aspiración imposible de realizar en forma efectiva, más aún teniendo en consideración que se actuaba bajo la presión de
la inseguridad total en la victoria: que los gobernantes eran al mismo tiempo los lideres de la lucha emancipatoria; que las pasiones e intereses más
bajos afloraban de contínuo en la conciencia de los hombres que no quE&gt;
rían correr el riesgo de un cambio y que no podían después de tres siglos
de esclavitud estar capacitados para aceptar y asimilar el verdadero mensaje
del movimiento emancipatorio.
Así pues mucho se planeó y poco se podía realizar a este respecto.
Nos hem&lt;S detenido un tanto en esta consideración porque pensamos
que es justo emitir un juicio de reconocimiento a la labor y esfueraos que
en este sentido realizaron nuestros llamados héroes de la emancipación y
comprender todos los obstáculos que se presentarían a sus proyectos de
implantación de una verdadera estructura liberal.
Procuraron pese a todo crearla, ya hemos visto antes los esfuerzos de
San Martín al crear el Reglamento de Huaura y el Estatuto Provisorio, y
luego tratarán de afianzarla. Pero cada medida que se logró tomar significó
constantes oposiciones, en algunos casos discusiones estériles y retardatrices, y en algunos puntos más se retrocedía que se avanzaba.

M. L. Rivara De Tuesta: Ilustración y romanticismo en el Perú

163

Y es qur, en verdad, los problemas de establecer las bases de un gobiemo que procura cambios es realmente significativo para la movilización
y los logros de los intereses humanos. Es donde se ohlerva, casi siempre,
que mucho se planea y poco.se consigue en la realidad. Asi pues, mirada
desde esta perspectiva la emancipación y considerando la hora prrsrntr dr
nuestro compromiso frente a todo lo que queda por hacer en nuestra \rnérica, es que podemos apreciar que mucho de lo que trataron o programaron nos queda aún por realizar y constituye así nuc,,tra urgente tarea para
el futuro.
:!)

La .llemoria de llonteagudo

El 15 di' julio de 1822, mientras que San .\lartín emprendía \'iaj&lt;- al
norte rumbo a la entrevista con Bolívar, su ministro de Estado y Relaciones Exteriores Bernardo l\1onteagudo presentaba al Consejo de Estado una
memoria de las tareas administrativas70 que el gobierno había realizado.
Drspués de la entrada del Ejército Libertador -diceLa situación de esta capital exigía bien los miramientos con que
fue tratada, no solo por las ideas de justicia que animaban los libertadores, sino por el derecho que le daba su deplorada decadencia. El país estaba oprimido por el exceso de las con tribuciones,, y aún _más agobi~do por el peso enorme del desprecio que
hac1an sentir los espanoles, no solo en los actos de administración, sino en los más indiferentes de la sociedad y hasta en el
se~o mismo de las más estrechas relaciones. El c~mercio gemi'a
baJo el yugo del monopolio más injusto y de las trabas más ridi'culas, que han podido inventarse por los gobiernos que ignoran la
ciencia económica. La administración de rentas era un caos que
n~ con,venía desenredar por_que de él resultaba la ventaja de oprimrr _mas al pue_b!o .Y de hab1,tuarlo a no pensar en su prosperidad.
El Sistema Judic1ar10 se hab1a convertido en un plan de agresión
con~ra todos los der~chos; ya no eran inexorables las leyes, sino
los Jueces que las aplicaban, y que solo mantenían aquel carácter
contra los que habi'an tenido la suerte de ser americanos. En fin, a
mas de estas calamidades que exisu'an tiempo ha, diez años de
guerra sostenida casi en todo el continente por el gobierno de Lima, a expensas de la sangre y recursos de sus habitantes, y diez
meses de hostilidad y atrevidos amages del libenador para aislar
al enemigo de todo recurso, habi'an puesto a esta capital en el
colm_o ~e la angustia y de la necesidad, participando las demás
provmc1as de los males afectos a esta incomunicación; todo presentaba un cuadro de ~olor, de aniquilación y de desorden, hasta
que evacuado esta capital por las tropas del fey, cam bió su destmo, y la mano de la libertad empezó a curar las heridas de que
estaba cubierto el cuerpo político del Estado_71

Presenta Monteagudo un cuadro veraz de la situación porque atravc-

�164

Siglo XIX

saba _el gobiemo de Lima al tomar las riendas de éste el general San Martín.
Su smtesis apreciativa nos permite considerar la urgente tarea que se debía
efectuar para poder asentar las bases de un verdadero gobierno liberal.
La voluntad universal quedó cumplida en el acto de la independencia
pero para sostenerla
e~ preci~ que apare~ies.e una auto~idad que restituyese el movim1ent~ a es~ gran maquina, preparandola a recibir nuevas formas
Y modi~cac1ones (...). Se n~cesitaba un grado de corage que no
es c.omu!1 ~ 1~ 9Ue no ~an VlSto los co~bates, y una abstracción
de mteres mdiv1dual, digna del que hab1a dirigido esta empresa,
para ~ncargarse del mando y presidir a la administración de un
vast? territorio que al pasar de la servidumbre a la libertad debía
sufnr tremendos sacudimientos. 72.
•
Apenas existió el gobierno se empezó según Monteagudo a reedificar
el templo de la libertad, del que al fin de tres siglos no había quedado ni
aun escombros, y se hicieron ensayos para regularizar la administración
del Perú en todos sus ramos.
Luego enumera todos los cambios estructurales que se efectuaron
come~•.zando. por et de dividir al territorio libre en cinco departamentos,
se deJo sancionado el reglamento provisional de Huaura y se decretó la
erección de la Alta Cámara de Justicia que sustituyó a la ~udiencia.
Se dictaron providencias para prohibir el aUanamiento de las casas y
evitar los riesgos de que la revolución se convirtiese en desbordamiento
pasional, se trató en ~to -dice- de respetar la seguridad individual. El
sistema de rentas comenzaba a sentar en preliminares de su nueva administración mediante relaciones exactas sobre el estado de los fondos públicos. Se dió la abolición del tributo y de todo servicio personal a que estaban sometidos los indígenas.
Al ponerse las primeras bases de reforma y organización el gobierno
fue detenido en su marcha, y precisado a convertir toda su energía hacia
la preocupación primordial de salvar la tierra. Con esto se tuvo que hacer
un paréntesis al giro regular que e&amp;taban siguiendo los negocios ya que
"todos los esfuerzos del pueblo no tenían ni podían tener más fin que rechazar la agresión de un enemigo, que venía repleto de sentimientos éspañoles ". 73 Cuando el ejército español se retiró se restableció la calma de
la administración y en el mes de octubre se reiniciaron las tareas administrativas en los departamentos del Gobierno y Relaciones Exteriores, Guerra y Marina, y Hacienda.
En lo que se refiere al primer departamento, se sancionó el Estatuto
Provisorio.

M. L. Rivara De Tuala: Ilustración y romanticwno en el Perú

165

Si el pueblo no entró a gozar de la plenitud de sus derechos, se
empezó a poseer los más inapreciables. El poder de aplicar las leyes se separó desde aquel día (... ) esta es la suprema garantía
de las prerrogativas civiles, y todo es quimérico Sdl ellas. 74
El tribunal de justicia_ debía aparecer bajo una forma análoga a las
circunstancias. Su reforma para ser completa debía extenderse a todos los
códigos, pero
mientras la sabidurt'a de nuestros legisladores destruye las tablas
góticas en que están escritas las antiguas leyes, no ha sido obra de
poco momento establecer la Alta Cámara de Justicia bajo los
principios que el día de su instalación se le recomendaron (...)
en el se han abolido errores y sostenido máximas así en lo civil
como en lo criminal que al menos producirán el gran efecto de dejar trazada la marcha que deben seguir las ideas y hacer que el
pueblo piense lo que tiene derecho a esperar por lo que ya ha otr
tenido. 75
La instrucción ¡xíblica que durante el gobierno español consistía en
"saber lo que podía entretener y confundir la razón de los americanos".
se encaminaba ahora a "alzar el velo que les ocultaba las realidades que
existen en el mundo, abrir la puerta a los grandes pensamientos de qu e es
incapaz el hombrP mientras vive en entredicho con su razón, porque no
se atreve a consultarla, y terne que su luz lo precipite ".76 Para su realización demanda tiempo y recursos de hombres que en las circunstancias de
la guerra Pra imposible lll'var a cabo. Pero la Sociedad Patriótica de Lima y
la Biblioteca 'lacional que ponían al alcance de todos los conocimientos
útiles prestaría a la juventud peruana medios sobreabundantes para enriquecer su inteligencia y dar rxpansión a su sensibilidad.
Se había procurado difundir en las varias clases del pueblo sus derechos y la necesidad de sostenerlos. "La opinión de patriota es hoy el bien
mas estimable que todos ambicionan y disputan(... ) ". n
Se da cuenta luego de diversas misiones al extranjero enviadas con el
fin de entablar negociaciones de interés común y de acordar cuanto convenga a la independencia y prosperidad del país.
En lo que respecta al departamento de Guerra y Marina relata tod:ts
las operaciones militares realizadas y la tarea de
organizar la milicia en todos los departamentos, aumentar el
ejército, buscar arbitrios para surtirlos y equiparlo con menos gravamen del pueblo, repasar su argumento y activar los trabajos
del parque y maestrapza, metodizar la contabilidad en el ramo
de guerra, establecer y clasüicar las graduaciones militares, y ane-

�M. L. Rivara De Tuesta: Ilustración y romantici1mo en el Perú

166 Siglo XIX

167

glar en fin otros pormenores, que no contribuyen menos a la actividad y al acierto de las empresas ( ...) . 78

nos aguarda, si marchamos con firmeza al objeto de nuestros sacrificios. 83

El ramo de hacienda que fué encontrado en el mayor desorden fue dirigido a "destruir el antiguo edificio para levantar otro nuevo: la reforma
era imposible de otro modo ".7 9

Prescindiendo de la consideración que todo mensaje político lleva en
su mismo ser -el engrandecimiento de la obra realizada- lo que nos parece
interesante a nuestro propósito del examen de esta fuente, es la constante
preocupación por crear básicamente una nueva estructura en oposición a
la anterior y sobre principios ideológicos realmente renovadores propios de
un verdadero tecnócrata.

Mientras se reunía información que pudiera seivir de base al orden de
la tesorería se ordenó a la Cámara de Comercio que formase una comisión
para que presentase un nuevo plan de derechos equitativos. Pasad_~ los
conflictos del mes de setiembre pudo publicarse el reglamento prov!Slonal
de comercio que bajo los principios de una sana economía trató de _reg~amentar el comercio interno y externo; en lo tocante a las mercadenas mgresadas del exterior trató de controlarse el contrabando.

No podía Monteagudo dejar de mencionar en su mensaje la problemática existente sobre la forma de gobierno que debía decidir el Perú y considerando que ese asunto sería solucionado muy pronto, apenas se llevase
a cabo la planificada campaña a puertos intermedios, dice:
Tenemos fuerzas para combatir y opinión para triunfar: al hablar
de la opinión, es necesario hacer saber al enemigo, que ella es uniforme y general en todas las clases del pueblo iDesgraciado el que
imagina lo contrario! Ya no hay sino un solo sentimiento acerca
de la independencia de América y en prueba de su universalidad,
la única cuestión que ocupa a los que piensan, es acerca de la
forma de gobierno que convenga adoptar: el nombre de rey, se
ha hecho odioso a los que aman la libertad: el sistema republicano
inspira confianza a los que temen la esclavitud: este gran problema será resuelto en el próximo Congreso: la voluntad general dará
la ley y ella será respaldada y sostenida. 84

Considerando que el ramo de Minería debía proporcionar a la Ha~i~nda sus principales ingresos, fue reorg.inizado mccliantc Banco~ de hab1~1tación a cargo de su director del ramo y que consultase sus rneJoras a geologos hábiles, y propusiese los medios de realizarlas. 80
Profundas medidas de organización variaron igualmente e~ _régimen
económico de las oficinas de Hacienda y el sistema de contab1hdad. Se
creó la dirección de censos y obras pías y el Banco auxiliar de papel mone-

da. SI
Refiriéndose luego a la situación del país y los medios que PO t&gt;l nuevo
orden de cosas se le ofrecían para su prosperidad dice
a nadie parecerá exagerado el concepto de los grandes _pr~gre_sos
que ha hecho a la sombra de la 1ibertad. Aunque se h_an ~!mmu1do
los capitales por los consumos de la guerra y la emigrac1~n que es
consiguiente a ella, la suma de los que han queda~o, nnde hoy
más productos que antes( ...) sin las trabas d~l a~ngu_o monopolio y porque en fuerza de nuestras nuevas 1nst1tuc1ones se ha
pu~sto en el mercado un gran número de capitales que estab~
sustraidos a la circulación (...) Subdivididas las fo!tunas, hoy VI·
ve con decencia una porción considerable de amencanos, que _no
ha mucho tiempo tenían que mendigar al amparo de los espanoles (... ) 82

Terminada la exposición referida a las tareas realizadas por el gobierno
en cada departamento de la administración dice:
aquí es necesario volver a recordar el pu~to de donde hei:no.s partido: pensar cual era la situación del pa1s en el mes de JUhO del
año anterior, y cuáles los adelantamientos en que hoy se _halla:
comparar lo pasado con lo presente, para calcular el porverur que

Estaba pues aceptada por '.\1onteagudo y por San Martín la decisión
del pueblo peruano que a través de los debates y confrontamientos de opiniones se había manifestado. Se trataba de gobernar escuchando la opinión
de los pueblos, superando los criterios y opiniones personales y esto era
sentar las bases de un buen gobierno. El Congreso afianzaría la adopción y
sobre principios sólidamente establecidos emprendería su vida la naciente
república peruana.
3)

El restablecimiento de las Bases del Gobierno al regresar San Martín
de Guayaquil

Es posible ahora comprender el profundo desaliento que se apoderó
de San Martín al enterarse de la deposición de su ministro y colaborador.
Su- propósito ya anunciado en la entrevista de dejar el Perú tan pronto pudiera asegurar el triunfo patriota }' dejar bien establecidas las bases del
gobierno se reafirmó profundamente en su ánimo a tal punto que solo
pensó en retirarse aún sin cumplir con el compromiso de llevar personalmente a la victoria a los ejércitos peruanos; pero en punto a esta cuestión,
habiendo planificado cuidadosamenle su campaña por puertos interme-

�168 Siglo XIX
dios, consideró que el éxito era seguro y que su presencia personal en este
aspecto tampoco era indispensable.
En síntesis pues, la conversación entre Bolívar y San Martín acerca del
establecimiento de las bases del gobierno peruano y el propósito del Protector de abandonar el país se cumplieron de acuerdo con el curso que había seguido el debate ideológico romántico y liberalista. Por otro lado el
hecho del encuentro no fue un factor detenninante ni al establecimiento
de bases republicanas en el Perú, que Monteagudo anuncia en su mensaje,
ni a la-salida de San Martín del país, ya que en todo caso habría sido un
factor de mayor fuena el hecho de la deposición de Monteagudo, pero en
verdad la determinación ya había sido tomada hacía mucho tiempo por el
Protector.
4) Bol{var en el Perú

Hasta el momento no había sido posible arrojar de nuestro territorio
a los ejércitos realistas, y Sucre desde su llegada, con hábiles maniobras diplomáticas, había logrado crear un ambiente favorable a la venida de Bolívar.
Mientras tanto el jefe realista Canterac desde la Sierra Central se puso
en marcha sobre Lima a principios de junio de 1823. El 18 de ese mes ya
estaba en la ciudad obligando a las autoridades a retirarse al puerto del
Callao. Permanecería en ella algún tiempo para luego retirarse.
Viendo crecer las posibilidades de éxito del ejército realista, el Congreso decidió crear un Poder Militar que encargó a Sucre y acordó invitar a
Bolívar para que pusiera fin a la guerra emancipadora en territorio peruano.
El lro. de setiembre de 1823 Bolívar se encontraba en territorio peruano. El 10 de setiembre asumía por decreto del Congreso la suprema
autoridad militar en toda la república; sin emmrgo, en el mes de enero
de 1824 la situación se tomaba crítica frente a los españoles. El 5 de fe.
brero una sublevación en las fortalezas del Callao vuelve a colocar en manos de realistas tan importante fuerte·militar; y conocedor de la ayuda que
Canterac envía a los sublevados, Bolívar ordena evacuar la capital. Se
echan a pique los barcos que no pueden ser evacuados del Callao y el Congreso que luego se declara en receso, decreta el 10 de febrero la entrega de
la plenitud de los poderes al Libertador Bolívar.
5) La lucha con/Ta los Realistas. La última Campaña

Al abandonar Lima, Bolívar ordena replegar sus tropas sobre PativiÍco. Desde este lugar inicia la reorganización de guerrillas en la costa y

M. L. Rivara De Tue&amp;ta: llu1traci6n y romanticí,mo en el Perú 169

en la sierra estableciendo al mismo tiempo una férrea disciplina en la tropa. Se trasladó luego a Trujillo donde establecería su cuartel general y la
sede de su gobierno. Se preocupó de disciplinar y equipar las tropas que
estaban en las zonas de Cajamarca y Huaraz, hasta lograr contratar con un
ejército eficiente.
Sucre actuaba, mientras tanto, en la sierra preparándose para la acometida final contra los ejércitos realistas. Las tropas patriotas wiidas estaban constituídas por unos 10,000 hombres que resultaban todavía insuficientes frente a los ejércitos realistas que contaban con unos 18,000.
En el Alto Perú Olañeta con 4,000 hombres se subleva y el virrey se
ve obligado a enviar a Valdéz con las fuerzas que tenía en Puno a reducirlo. Aprovechó esta magnífica oportunidad Bolívar para iniciar la campaña y acomete contra el ejército de Canterac que se encontraba entre
Jauja y Huancayo. Para los efectos concentró su ejército en el valle de
Huaraz y a principios de julio ordena emprender la marcha hacia las
zonas de Huánuco y Cerro de Paseo.
Con unos 8,000 hombres se encuentra el 2 de agosto cerca de Paseo.
Sorprendido Canterac decidió salirle al encuentro, movilizándose desde
Jauja hacia Paseo con igual número de hombres. Después de varios movimientos estratégicos ambos ejércitos convergen a la pampa de Junfo el
6 de agosto de 1824. La victoria fue de los independientes y los realistas fueron obligados a huir en dirección a Tarma. Bolívar que se encontraba muy cerca del lugar es informado por Miller del triunfo alcanzado.
De Tarma se dirige Canterac hacia el Cuzco y Bolívar hacia Chalhuanca donde establece su cuartel general, de alú después de dar órdenes a
Sucre, vuelve a Pativilca donde continúa sus esfuenos para incrementar
reservas.
Habiendo concentrado todos sus e1erc1tos en el Cuzco el virrey se
propone entrar en campaña. Con unos 10,000 hombres sale del Cuzco a
fines de 0&lt;¡tubre en busca de Sucre. Después de varias maniobras los
ejércitos se ¡encuentran cerca de la ciudad de Ayacucho el 8 de diciembre de 1824. Se trataba del último enfrentamiento que se produciría en
suelo americano entre independientes y realistas. Al amanecer del 9 de
diciembre todo estaba listo para dar la batalla final por la independencia americana: el triunfo fué de los patriotas, el virrey la Serna fue hecho
prisionero y los realistas pidieron la capitulación. Esta fue firmada en el
campo de batalla por Canterac y Sucre, estipulándose que el territorio que
cuidaban las tropas españolas en el Per.í, hasta el Desaguadero, con todos
sus elementos militares, serían entregados al ejército libertador. La plaza

�170 Siglo XIX
M. L. Rivara De Tueata: llustraci6n y romanticismo en el Perú

del Callao sería desocupada. En cuanto a los pnSioneros de guerra, todos
quedaban en libertad. Se respetarían las propiedades de los españoles en
el Perú y se comprometía al gobierno peruano, después de consultar al
Congreso, a reconocer la deuda contraída por el gobierno español

171

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

l. Valcarcel, Daniel. La Rebelión de Túpac Amaru. MéKico, Fondo de Oiltura
Económica, 1965, pág. 234.

En cuanto a las fortalezas del Callo fueron entregadas el 22 de enero
de 1825, por capitulación que firmó el general español José Ramón Rodil.
Quedaba así terminado en el Perú el poderío político español y sellada para la América su independencia. Se había cerrado con esto el ciclo
de una de las grandes problemáticas del continente, tal vez la más importante y capital de todas porque con su solución se podría atender con más
propiedad a otras cuestiones que aún no habían podido ser superadas.
De:.de una perspectiva integracionista es importante concluir que,
asimismo, se había llevado a feliz término la inquietud que San Martín
y Bolívar habían mostrado por unir a los ejércitos americanos para terminar a la brevedad posible con los últimos baluartes del poder realista.

2. Ob. Cit., págs. 235-236.
3. Vizcardo y Guzmán, Juan Pablo. "Propuesta al Cónsul Inglés en Llvomo para
que ayude a 1Üpac Amaru". En Raúl Ferrero, El Liberalúmo Peruano. Urna,
Tipografía Peruana, 1958, pág. 74.
4. Art. Cit., pág. 75.

5. Art. Cit., pág. 77.
6. "Carta dirigida a los españoles americanos''. En Rubén Vargas Ugarte, La carta
a los españoles americano&amp;. 2a. ed., Lima. Edit. Librería e Imprenta Gil, S. A.,
1964, pág.157.
7. Art. Cit., págs. 128-129
8. Hombres como Jovellanos y Campomanes habían introducido planes y reformas
que se dirigían a limitar el poder real y a acentuar los derechos del pueblo.
9. Proyecto de la Constitución Pol{tica de la Monarquía Española. Cádlz, lmprentz
Real, 1811. Parte Relativa al Gobierno Interior de las Provincias, etcétera, pág.
12.
1 O. Constitución Política de la Monarqu(a Española. lima, Imprenta de los Huérfanos, 1812,págs. 1-2.
11. ldem, Título 11, Cap.111, pág. 4.
12. ldem, Título III, Cap. 1, pág. 5.
13. ldem, Títulolll,Cap.I,pág.6.
14. ldem, Título IX, Capi'tulo Unico, pág. 46.
15. Vargas Ugarte, Rubén. llútorii General del Perú. Barcelona, Editorial Carlos
Milla Batres, 1966, Tomo V, pág. 196.
16. "El verdadero interés del Pe!Ú". En Gaceta del Gobierno de Lima, No. 2, octubre 20 de 1810, pá~. 19-20.
17. Art. Cit•• pá~. 20-22.
18. "Poütica". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 73, junio 28 de 1811, pág.
608.
19. "Félix quem facient aliena pericula cautum". En Caceta del Gobierno de Lima,
No. 1, enero 3 de 1812, pá~. 1-3.

�M. L. Rivara De Tuesta: Rustración y romanticí,mo en el Perú

172 Siglo XIX
20. "Introducción". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 1, enero l de 1814. págs.
1-3.
21. "Introducción". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 1, enero 4 de 1817,
págs. 1-3.

1 73

41. "Tratado especial entre los estados de Buenos Aires y Chile". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 88, noviembre 27 de 1819, pág. 890.
42. Art. Cit., pág. 891.
43. Loe. Cit.

22. Art. Cit., págs. 3-4.

44. Loe. Cit.

23. Riva Agüero, José de la. "Las 28 causas de la revolución de América". En Boletín del Museo Bolivariano. (Lima), año 11, No. 17, enero y mano de 1930,
pág. 61.

45. "Idea política del Estado del Pení en el año de 1819". Suplemento a la Gaceta
del Gobierno de Lima. No. 88, noviembre 27 de 1819, pág. 5.

24. Loe. Cit,

25. Art. Cit., pág. 59.
26. Vidaurre, Manuel de. "Memoria sobre la pacificación de América Meridional".
En Boletín del Museo Bolivariano, (Lima), año ll, No. 13, noviembre y diciembre de 1928, pág. 16.
27. "El Editor". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 11, febrero 13 de 1819, págs.
83-84.
28. Art. Cit., pág. 83.
29. "Proclama de D. José de San Martín". Gaceta Extraordinaria del Gobierno de
Lima. marzo 11 de 1819, pág. 142.
30. Art. Cit., págs. 142-144.
31. Art. Cit., pág. 144.
32. Art. Cit., pág. 144-145.
33. "El virrey del Perú a los habitantes de Lima". Gaceta del Gobierno de Lima.
No. 22, abril 3 de 1819, págs. 209-211.
34. "El verdadero amigo de los hombres". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 23,
abril 7 de 1 ~19, pág. 220.
35. Art. Cit., págs. 221-222.
36. Art. Cit., págs. 218-219.
37. "El verdadero amigo de los hombres". Art. Cit., pág. 219.
38. J. L. "Artículo remitido". Gaceta del Gobierno de Lima. No . 48, agosto 12 de
1820, págs. 397-402.
39. "El Editor". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 73. septiembre 29 de 1819,
pág. 768.

46. "Instrucciones que debe observar el Ejército Libertador del Perú". En Mariano
Santos de Quiróz. Colección de leyes, decretos y órdenes desde su independencia. Tomo 1, Lima, Imprenta José Masías, 1831, págs. 1-4.
47. San Martín, José de. "El geneial en jefe del Ejército Libertador, a los habitantes del Perú". En Manuel Odriozola, Documentos Históricos del /&gt;eni. Tomo
IV. Lima, 1873, págs. 32-34.
48. Art. Cit., pág. 33.
49. Art. Cit., págs. 33-34.
50. "Política". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 71, noviembre de 1820, pág.
601.
51. Pérez, J. G. "Relación enviada al gobierno de Bogotá". En Vicente Lecuna. La
Entrevista de Guayaquil. 4a. ed., Tomo l. Caracas. Ed. ltalgráfica, 1962, págs.
237-241.
52. "Relación enviada al Intendente de Quito, general A. J. de Sucre". Ob. Cit.,
págs. 242-245.
53. Bolívar, Simón. "Carta dirigida al Vice-presidente Santander". Ob. Cit., págs.
246-248.
54. Guido, Rufü10. "Relación del primer edecán". Ob. Cit., págs. 248-253.

55. Bolívar, Simón. ''Carta dirigida al Vice--presidente Santander". Ob. Cit~ pág.
247-248.
56. Odriozola, Manuel de. Documentos Literarios. "Documentos notables", Tomo
XI, Lima, 1877, pág~ 415-416.
57. "Acta de la Sociedad Patriótica". En Ob. Cit., págs. 417-495.
58. Act. Cit., pág. 422.
59. Act. Cit., pág. 423.
60. Act. Cit., págs. 424-425.

40. O'Higgins, Bernardo. "Proclama del Director de Chile a los pueblos". Gaceta
del Gobierno de Lima. No. 73, septiembre 29 de 1819, págs. 765-768.

61. Act. Cit., págs. 427-428.

�La función social de las mujeres

174 Siglo XIX
62.

...
1

entre los liberales latinoamericanos

Sánchez Canión, Faustino. "Sobre la inadaptabilidad del gobie~o mo~árquico
al Estado libre del Perú". En Bolet(n del Museo Bolivariano (Urna), ano l, No.
3, noviembre de 1928,págs. 33-34.

53. Odn·ozola, Manuel de. "Actas de la Sociedad Patriótica" En Ob. Cit., pág. 430.

Alberto Saladino García*

64. Act. Cit., pág. 431.

65. Act. Cit., pág. 432.
66. Tauro del Pino, Alberto. "Prólogo y Notas". En Lo Aveja Republicana. Lima,
Ediciones Copé, 1971, págs. XIV-XV.
67. Paz Soldan Mariano Felipe. Historia del Perú Independiente. Primer Peri'odo ,
pá~. 343-344.
.
68. Ob. Cit., pág. 344.
69. Ob. Cit., pág. 346.
70. Monteagudo, Bernardo. "Memoria". En Vicente Lecuna, Ob. Cit., págs. 206-230.
71. Mem. Cit., págs;. 208-209.
72. .\1em. Cit., pág. 209.
73. Mem. Cit., pág. 211.
74. ,\ fem. Cit., pág. 213.

75. .l1em. Cit., págs. 213-214.

76. Mem. Cit., pág. 216.

77. Mem. Cit., pág. 217.
78. Mem. Cit., pág. 221.
79. Jfem. Cit., pág. 224.
80. Mem. Cit., págs. 225-226.
81. Mem. Cit., págs. 227.
82. Mem. Cit., pág. 228.
83. Mem. Cit., pág. 229.
84. Mem. Cit., pág. 229

-

PRESENTACION

La interpretación liberal acerca del desenvolvimiento de la sociedad
señala el mejoramiento paulatino e ilimitado de ésta. Empero, en la realidad no acontece así. El mejoramiento de las condiciones de vida de casi todas las sociedades ha partido de transformaciones revolucionarias que han
abarcado tanto los factores estructurales como los superestructurales.
En los cambios introducidos por elementos de una sociedad determinada se evidencian aspectos benéficos que intentan alcanzar a una mayor
cantidad de personas. Al menos esto es lo que justifican las ideologías de
esos cambios: el capitalismo es un sistema superior al feudalismo, así como
el socialismo respecto de aquél. Eso lo sostiene en el primer caso el liberalismo y en el segundo el marxismo. No oootante los fundamentos racionales de ambas idrologías, han dado pie para cuestionar las relaciones sociales que pregonan. Este ha sido el caso del feminismo, por cuanto es conceptuado como la teoría y práctica de la lucha de la mujer por participar en
condiciones de igualdad frente al hombre en la sociedad civil y política. Ve
a las mencionadas ideologías como propias del patriarcado.

De ahí que no sea gratuito el surgimiento y fortalecimiento del feminismo a partir del siglo XIX y su creciente expansión hasta nuestros días,
pues corresponde con el enfrentamiento más agudo de las ideologías y sistemas que hoy dividen al mundo en bloques de poder. En el largo, lento,
pero sólido desarrollo del feminismo pueden destacarse dos fases reales y
necesarias: primero, la etapa de autoconciencia ele las mujeres sobre su
condición y la lucha por modestas pero necesarias reivindicaciones para
mejorar su situación social; y, segundo, la propiamente feminista donde la
claridad política de sus demandas por la emancipación del patriarcado y la
intención de coadyuvar al establecimiento de relaciones de igualdad humana entre los sexos es lo determinante.

* Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma del estado de México.

�176 Siglo XIX
Ambas fases son detectables en el estudio de la evolución del feminismo en los países europeos, pero ¿cuál ha sido su situación en América
Latina? &amp;te planteamiento exige una respuesta sustentada en el reconocimiento de lo que realmente ha representado la participación de la mujer
en la historia de Latinoamérica para evitar reproducir explicaciones mecanicistas.
La comprensión del problema mencionado es lo que orilló a enfocar
al presente tema como la determinación histórica que desempeñó este sector social en los proyectos nacionales de los políticos que guiaron la infancia de nuestros países. Por tal motivo daré cuenta de los lineamientos del
liberalismo, ideología en la cual orientaron sus deseos, el proyecto de nación, la forma como se educó a la mujer así como la práctica y concepción
que sobre ella tuvieron. Debido a la ausencia de escritos sistemáticos que
pudieran conformar una teoría sobre la mujer, ejemplificaré con datos de
diferentes liberales latinoamericanos.
CATEGORIAS DEL LIBERALISMO
Como sa hemos, el liberalismo no constituyó propiamente una determinada filosofía, ni un programa político o económico homogéneo, aunque aportaron elementos que hoy lo definen tanto filósofos, políticos como economistas. El liberalismo desbordó todo encajonamiento de sus más
ilustres representados: ha sido una ideología en permanente renovación. Es
ideología porque surgió como respuesta a las exigencias históricos de la
burguesía: "El capitalismo hizo del liberalismo su expresión más acabada,
su peculiar concepción del mundo, de la sociedad y del hombre ". 1 Es tanto una doctrina como un modo de ver. 2 El liberalismo, que nació como la
ideología de una clase social, se universalizó al convertirse en una concepción de toda una época histórica del hombre, la del capitalismo.
El liberalismo se convirtió en la ideología que mejor respondió a las
necesidades de la burguesía, ya que ha tratado de proteger al individuo
que, dentro de su cuadro social, es siempre libre para comprar su libertad.3
Entre los principales rasgos que lo caracterizan tenemos, además, a los siguientes: sostiene que por medio de la riqueza es aún más fácil alcanzar ~l
bienestar social concediendo al individuo la mayor libertad para sus inic.iativas; es una teoría individualista y racionalista; emancipó al hombre de
la conciencia teológica; conformó la teoría democrática del gobierno al dividir en tres órganos el poder (legislativo, ejecutivo y judicial); justificó el
nacimiento de los estados nacionales al unificar las ciudades, independientes durante el feudalismo; aportó la teoría de los derechos naturales o inalienables de todo hombre: libertad, igualdad, fraternidad, respeto a la propiedad privada; redujo la función dd gobierno a posibilitar la iniciativa pri-

A. Saladíno Carda: La mujer y 108 liberales latinoamericano,

177

v~d_a en el aspect~ económico y a la creación, para los propietarios, de con~i~10nes de _se~?dad: de esta forma el buen ciudadano (el que adquiere
exito) es el _mdividuo -~e logra la_ prosperidad económica; planteó el lucro
como esencia de la actividad economica.
~n la conformació? _de esos y otros rasgos del liberalismo, contribuyer~n mtele~tu~les que viv1~r~n en diferentes siglos y países, pero con relaciones capitalistas hegemorucas, pues expresaron sus exigencias. Por ello
P.ueden aglutinarse como teóricos dd liberalismo a Maquiavelo, Hohbes
Hooker, _Burke, ~ocke, Hume, Smith, Grocio, Milton, Calerdge, James'.
Stuart Mill, Ausbn, Bentham, Diderot, Voltaire, Montesquieu, Rousseau
Constant, Toqueville, Franklin, Hamilton, Jefferson, etcétera.
PROYECTO NACIONAL
. La bjst?ria de ~mérica Latina exhibe como rasgo común la dependencia econom1ca, pohtica y cultural. Las raíces de esta situación obviamente, ~011 l~st_ó_ri?as. Se originó ~011 la conquista ibérica. El coloniaje hispánico -~~?51bilito un desenvolvimiento autónomo. Para superar el coloniaje
se uu_c10 la lucha por la independencia, a la cual -hay que subrayarloco?tnbuyeron mu1eres, ahora consideradas heroínas: Josefa Ortiz de Dommguez, Leona Vicario, Manuela Taboada, Manuela Saénz, entre otras.
Al tri~fo de 1~ independencia, los libertadores pretendieron convertir
a los nov1S1mos paises en progresistas y modernos, a imagen y semejanza
d~ los modelos europeos (Inglaterra, Francia) y de &amp;tados Unidos. Quenan ~~cerios "Los Estados Unidos de América del Sur". Para intentar sus
p_r?pos1tos adoptaron la doctrina liberal como, básicamente, programa p0l1tico, y la adaptaron a las circunstancias latinoamericanas. Del liberalismo
tomaron d°'; ideas fundamentales a través de las cuales quisieron acercar a
nuestros pa1ses a ese prototipo de naciones libres y modernas mencionadas:
el sistema jurídico que decretaba, de una vez por todas, la igualdad cm~&lt;l:t~ª ante la ley4 ; 2) asignar a la educación la tarea suprema de
formar mdw1duos capaces que respondieran satisfactoriamente a las exig~ncias de la conformación de las naciones latinoamericanas. Sobre estos
p1lar~s es como pensaron erigir repúblicas de pequeños propietarios con la
finalidad de desterrar las relaciones precapitalistas dominantes.

9

Los políticos independientes y postindependentistas del siglo XIX encontraron en el liberalismo la ideología capaz de ,;atisfacer las demandas
Y propósitos de la etapa de afianzamiento de la independencia mediante
la conversi?n e~ _ciuda?an,o~ a los hombres habitantes de esta ;e~ón, decreta~do _d1SpOS1C1ones JUndicas y educativas. Creyeron que con garantizar
constitucionalmente la participación política de los individuos y con la

�•
A, Saladino Gardo: La mufer y los liberales latinoamericanos 179

178 Siglo XIX
expansión de la educación quedaría superada toda reminiscencia colonial.
Las mujeres no fueron consideradas como ciudadanas, estuvieron excluidas
de toda participación en el poder; sin embargo se les adscribieron funciones a partir de la propia concepción. de los liberales para transformar a los
países latinoamericanos.
EDUCACION ESCOLAR PARA LAS MUJERES
Consideraron a la educación como un instrumento de cambio o progreso inevitable para C!itas naciones. Encontraron en ella el elemento primordial para crear la mentalidad anticolonial y por tanto nacional. Así
José María Luis Mora, el liberal más destacado de los primeros años del
México independiente, sostuvo que al gobierno le corresponde la obligación de impartir la edueación porque sin ésta es difícil que el sistema republicano subsista e, igualmente, mediante ella el sstema político puede
generar la mayor suma de bienes para su gobernantes al servir de freno a las
pasiones e impulsar el amor a la libertad.5
Por tal motivo, a partir del mismo año de 1824 se iniciaron las acciones tendientes a sentar las bases del ideal de país. De ahí que en el campo
de la educación inmediatamente se hayan dictado los ordenamientos que
la regularían y orientarían. Si bien la atención se dirigió a la instrucción de
los niños, la hubo también, aunque en menor medida, para las niñas.
Educación pal'{l las niñas sólo se impartió en poblaciones grandes donde se localizaban los centros conocidos como "Amigas", que surgieron
desde el siglo XVID. En este caso, a diferencia de las instituciones donde
los niños recibían instrucción que eran públicas, casi siempre estuvieron
sostenidas por particulares:
Las niñas que asistían a estos centros eran enseñadas a leer, escribir cantar recitar el catecismo religioso y a realizar labores femenin'as com~ costura y bordado, dando más preferencia a éstas últimas actividades que las primeras.6
Hay que aclarar que la poca atención gubernamental prestada a la educación de las mujeres no fue sólo típico de México. En uno como en otro
país lo que sucede es que reproduce las relaciones de desigualdad social del
modo de producción capitalista, fomentadas por los propios "padres de las
naciones latinoamericanas", quienes consideraron al sexo femenino débil
y, por tanto, subalterno frente al masculino.
En las mencionadas escuelas, fueron pocas las mujeres de la clase dominante las que asistieron. Por ejemplo, en el estado de México sólo las
hubo en Toluca, a partir de 1828 anexa al Instituto Literario, y en el inte-

rior se ~ndaron en 1831_ las de Tulancingo, Tula, Pachuca, Taxco (estas
cua~ ci~_dades pertenec1an en ese entonces a esta entidad, pero con la
co~tituCion del estado de Guerrero en 1849, Taxco pasó a formar parte
de este, y las otras tres ciudades de Hidalgo, cuando se eri~ó en 1869), Temascaltepec, El Oro y Sultepec.7 Otro rasgo de este tipo de escuelas se
evidencia en las percepciones económicas que recibían como salario las
directoras y en general las empleadas, que fueron siempre inferiores a los
asignados a loa hombres con semejantes responsabilidades.
Esta visión de la necesidad de instrucción sobre las mujeres fue reproducida y en algún sentido completada por el Libertador Simón Bolívar. De
los diferentes documentos que suscribió, tomo como base el decreto titulado "Estableciendo wi colegio y academia de niñas" dado en la ciudad de
Caracas el 27 de junio de 1827. Allí justifica en tres considerandos la razón
de ser de esta institución y enwicia, luego, las medidas para su funcionamiento:
1 o)

~e el importante objeto de la educación pública quedaría
imperfecto no mejorando la de las niñas;

2o)

Que no hay en esta ciudad establecimiento alguno en que
ésta s~a adecuada a su fin; y

3o)

Que l?uede conseguirse tan inapreciable bien mejorando el
Colegio General, llamado de Niñas Educandas, en uso de las
facultades extraordinarias que ejerzo,
Decreto.
Artículo lo. A las rentas de que goza el Colegio de Niñas
Educandas acrecerán dos mil pesos anuales que le dará de
sus rentas la Universidad de Caracas; y acrecerán también
los réditos caídos, y los frutos o réditos, o arrendamiento
de la hacienda de Cumanibare... 8

El reconocimiento de la importancia de la instrucción de la mujer lo
hace El Libertador no como el planteamiento de la necesaria igualdad entre hombres y mujeres lino como exigencia de las condiciones y proyectos
que impulsa: la educación de la mujer es necesaria para el complemento de
la tarea histórica de los hombres. Esto es, no puede entenderse el cumplimiento cabal de la responsabilidad de los ciudadanos en tanto no cuenten
con el apoyo de compañeras capaces de impulsarlos en su misión. A las
mujeres ha de instruírseles para ese propósito.
Una cuestión reveladora de la escasa libertad con que contaban las mujeres para concretar proyectos en los centros que les permitían dirigir lo

�180 Siglo XIX

A. Saladino Carda: La mujer y los liberales latinoamericanos

era el hecho de que iiempre estaban supeditados a los lineamientos y organismos de los hombres. En el decreto que comentamos, Simón Bolívar
especifica que:
Artículo 3o. Habrá una Junta Inspectora de la educación de las
niñas, compuesta del intendente del departamento, del ordinario
de este arzobispado, del presidente de la Corte Superior de Justicia, del rector de la Universidad, y el del seminario de esta ciudad.
Artículo 4o. Las atribuciones de esta junta serán:

2.

Proponer al gobierno la planta que se deba dar a este establecimiento en cuanto a su régimen doméstico y de educación; y
aprobada, nombrar los maestros de los diversos ramos de educación que se vayan estableciendo.
3.
Proponer las reformas y mejoras que en adelante estime
convenientes.
4.

Nombrar rectora cuando vaque este encargo.,

9.

Nombrar administrador.9

Los transcrito nos revela que tal Junta era quien dirigía la institución,
tanto la cuestión académica como la determinación del personal docente y
administrativo. Todos sus integrantes eran hombres. A la rectora se le adscribieron tareas exclusivamente de administración escolar.
Con hase en lo señalado se hace conveniente cuestionar ¿cuál fue la
principal razón de impartir una educación escolar tan limitada a las mujeres? La respuesta puede obtenerse analizando la concepción y práctica social que sobre ellas se estableció durante el iiglo XIX en Latinoamérica. En
d ámbito escolar, como se ha demostrado, la función que les fue impuesta
por parte de nuestros liberales consistió en instruirlas para que auxiliaran
a los ciudadanos en la edificación de nuevas relaciones políticas para la
concreción de sus ideales de nación. Las mujeres fueron concebidas como
auxiliar complementario de la acción de los hombres. Esto lo patentiza la
educación escolar. Pero veamos brevemente lo propio de la educación fa.
miliar de aquella época.

LARAZoN DE SER DE LAS MUJERES: SERVIR AL HOMBRE
Si ha si.do definido el patriarcado como el poder de los hombres para
explotar el trabajo de las mujeres, esta práctica logra su correspondencia
ideal en la fonna como se educaba en el hogar -en cierta forma continúa
presente en nuestros días- a la mujer del siglo XIX. No &amp;bstante que existe
en tal centuria una gran cantidad de periódicos, vari08 de los cuales difun-

181

den cuadros de la vida familiar de las mujeres es difícil reconstruir sucotidianidad. Afortunadamente el profesor Hor:.cio Cerutti me hizo llegar
un insólito documento que ahora tomo como hase para dar cuenta sobre
el fin de la educación familiar entre las mujeres.
El señor Mariano Ospina Rodríguez dirigió el 21 de octubre de 1864
una carta a su hija María Josefa Ospina Barrientos con motivo de su mat~o~o- en Guatemala, con José Mariano Roma y Batres. En esta ilustrativa JlllSlVa le plantea un conjunto de consejos que evidencian la vercladera
fun~ión de la educación familiar y los cánones dominantes para el comportamiento de las mujeres en su relación con los ciudadanos. De en trada le
advierte:
1 Querida hija mía:

Mañan~ va Ud_. a entrar en una nueva carrera de la vida, que es

necesano continuar hasta la muerte. En cada nueva existencia a
que Dios la llama, su felicidad dependerá principalmente de su
conducta, hasta en los actos más insignificantes.1º
, Como padre, Mariano Ospina, desea a su ruja felicidad. Toda vez que
esta, se ha transcrito, dependerá de la conducta que sepa guardar María
Josefa, es conveniente indicar cuáles son las cualidades que deberían normar su comportamiento. En la misma carta se estipulan:
la fe~cidad depende... de la práctica sincera y constante de estas virtud~, modestas: la h~ildad, la paciencia, la resignación,
la abnegac1on, y ... de la bienandanza de nuestras relaciones domésticas que dependen de esas mismas virtudes cristianas.U
La moral cristiana, que en ningún momento discute el liberalismo
pues m~ bien busca adaptarla a nuevos contextos, no estuvo ausente e~
las relaciones sociales y familiares del siglo ''laico": continúo siendo la
rect~1: de ellas. Tal significado de la felicidad sólo pocha concretarse en la
relac10n con el esposo, una relación de supeditación total. Bajo estos criterios le recomienda:
De hoy e_n adel~te, la primera persona para Ud., la más interesante, el obJeto prunero de todas sus atenciones de todos sus cuidados, de todas sus inquietudes, es su marido .. .'
Su_ esposo es su am3:11~e, es su primer amigo, su protector, su companero ~rante el viaje de la vida, y estas consideraciones, producen relaciones y deberes cuya práctica ocupara todos los instantes
de la existencia de Ud.12

':'1

~n
lógica, es obvio que la recompensa de la entrega &lt;le la mujer se
ve cristalizada en tener consigo a su protector, el encargado de prodigarle

�182

Siglo XIX

toda seguridad. La imagen de debilidad propalada sobre el sexo femenino
es un producto genuino de la moral cristiana. El recoginúento con el hombre y la supeditación que reconoce ante él es una consecuencia nonnal de
su educación. Esa es, por tanto, su naturaleza, la que los liberales latinoamericanos cultivaron.
Con base en semejante concepción de la función de la mujec, como
esposa, sigue aconsejando Mariano Ospina a su hija:
Una de las primeras atenciones de Ud., será estudiar las inclinaciones, los hábitos y los gustos de su esposo, para no contrariarlos. No pretenda Ud. imponer su voluntad; ni siquiera el sacrificio de aquellos hábitos y gustos por insignificantes que le parezcan; por el contrario, haga Ud. de manera que él pueda seguirlos
sin estorbo.
Frecuentemente sucederá que haya entre los dos, hábitos y gustos
opuestos; no vacile Ud. un instante en sacrüicar los suyos propios;
antici'pese siempre a hacerlo.13
La mujer latinoamericana del siglo XIX era moddada tanto por la educación Í&lt;'rmal como, sobre todo, por la familiar para cumplir la misión de
apoyar las acciones del ser más importantes de nuestros países: el individuo, el ciudadano, el encargado de los asuntos públicos. La importancia
adscrita implícita o explícitamente al sexo femenino estribaba en actuar
conforme las necesidades y deseos de los hombres. Por tales motivos no
había razón de que otro tipo de consejos o habilidades se le enseñaran.
El "alma del hogar" sabía que su paso por el mundo estaba circunscrito a ser madre y ama de casa. El éxito de su misión consistía en realizar
adecuadamente esas funciones. Su "felicidad" la conseguía acoplándose a
las exigencias de su hombre. Para esto la preparaba. Las advertencias de
cómo debía proceder en el matrimonio respondía a los lineanúentos de la
moral dominante.
He aquí las últimas citas de esta carta que no resisto la tentación de
transcribir por ser tan ilustrativas:
. . .No hable Ud. con palabras cuando se sienta ofendida, retírese
de la escena si es posible, y pocos minutos después, sentirá Ud.
el contento y la satisfacción de haberse dominado y de haber
evitado una disputa, un disgusto, quizá un largo sentimiento que
amargara su corazón y el de personas queridas que es tan doloroso haber ofendido. No dispute Ud. jamás por ningún motivo con
su esposo...
...si es Ud. la enojada, calle también. Cuando sienta Ud. que estalla el fuego de la ira, grande o pequeña, acuérdese de su padre;
figúrese que esté delante de Ud., con el corazón lleno de doloro-

A. Saladino Garcfa: La mujer y l01 liberales latinoamericano&amp;

183

sos recuerdos, impasible el rostro, y que con el dedo sobre los labios, le dice "silencio".14
Las "tiernas" palabras de un padre que dice que así lo ha practicado y
de lo que en todo el texto~ expresa es la viva experiencia de la manera
como se educó a la mujer; radiografía el verdadero papd que a ésta le adsc?bió la sociedad decimonónica de nuestras naciones: la razón y existencia de la mujer fue el hombre. 'La mujer para d hombre, no para sí, fue la
conducta que le imprimió tanto la educación escolar como la familiar. Esta función la reforzó la concepción e imagen de la mujer prototipo entre
los políticos liberales latinoamericanos.
ELMACHISMO
Los cuadros y retratos femeninos contenidos en las obras de nuestros liberales decimonónicos reflejan fielmente como cualidades de la mujer la resignación, debilidad, humildad, paciencia, abnegaci~n. Todas istas frente a1 hombre. De ahí que el ideal de mujer era aquélla que mos•
traba esas cualidades, porque sólo así contribuía a la empresa de los ciudadanos, lograba erigirse en heroína. Es este d sentido del retrato de "Doña
Manuela Taboada de Ahaso]o" escrito por José María Luis Mora: la considera ''heroína mexicana" por los rasgos femeninos de su decidida intervención en la defensa de la vida de su esposo Mariano Ahasolo. En un pasaje donde describe las cualidades de su acción afirmó:
. . .Madame t-basol~, luego que su marido fue preso, se rev~tió
de una fnerg¡a supeno~ a su edad, a su delicadeza y a su sexo, se
presento a los que deb1an condenarlo, y sus reclamaciones apoyadas de sus lágrimas y de las protestas de justificar los servicios de
su marido a muchos españoles, le hicieron obtener una especie de
promesa... en todas partes rogó, suplicó, interesó a cuantos pudo a. f~vo~ de su marido. Después de haber sufrido mil desaires,
mort1f1cac1ones y escaceses, de haber atravesado el virreinato dos
veces y corrido de la manera más incómoda cerca de setecientas
leguas, logró, por recomendaciones y empeños, salvar la vida de
Abasolo, y se resolvió a acompañarlo en su deportación a Espa- ...15
na
Como puede oh.ervarse, Mora destaca los aspectos "más femeninos"
como los esenciales para describir la hazaña de esta mujer. Lo que está
revelando en realidad, es la manera propia de los liberales de idealizar y
prac1icar las relaciones con el sexo femenino. En forma semejante escribe
Joaquín Femández de Lizardi, periodista mexicano que interpreta magistralmente la situación nacional. De los muchos pasajes donde hace intervenir a personajes femeninos, 6;tos desempeñan el papel ideado por la
sociedad. Sentimientos de conmiseración y resignación son los más fre-

�184

A. Soladino García: La mujer y lo, liberalu latinoamericanos

183

Siglo XIX

cuentes en los cuadros de El Pemador Mexicano que retratan las actitudes
de las mujeres.16

En una posición extrema, en las descripciones de Domingo Faustino
Sarmiento se manifiestan en forma nítida los aspectos aparentemente
inexistentes del machismQ. En su Facundo, el personaje principal encama
todas esas actitudes. Desde provocar, por su trato, verdadero terror entre
las mujeres hasta pasar por alto las más duras atingencias de sus "seres
queridos", como en aquella ocasión en que enfenna su esposa y su madre,
sale en busca de un médico, pero en camino se le atraviesa un avestruz al
cual persigue olvidando la situación en que ~e encuen~an. sus enfermas. 17
En esta época de vida bronca, la fuerza se enge en el pnnc1pal rasgo de dominio del hombre sobre la mujer.
Facundo Quiroga es el prototipo de hombre capaz de hacer enten~~
a la mujer su función mediante la fuerza, el encargado de revelar su delihdad y supeditación total al hombre. Dice Sarmiento:
Quedaban en la Rioja, no obstante la orden de F_acun_do, una niña
y un sacerdote: la Severa y el padre Colina. La historia de la Seve-

ra Villafañe es un romance lastimero, es un cuento de hadas en
que la más hermosa princesa de su tiempo andaba errante :y fugitiva disfrazada de pastora unas veces, mendigando un asilo y un pe~o de pan otras, para escapar a las acechanzas de algún gi~te
espantoso, de algún sanguinari~ Barba Azul._ La Severa ha ten~do
la desgracia de exitar la concup1scenda del a.rano, y no hay qu_ien
le valga para librarse de sus feroces halagos... La Severa _resiste
años enteros. Una vez escapa de ser envenenada por su tigre _en
una pasa de higo; otra, el mismo Quiroga, despechado toma _opio,
para quitarse la vida. Un día se escapa de las manos de los aSIStentes del general, que van a extenderla de pies y manos en una m~ralla por alarmar su pudor; otro, Quiroga la sorprende en el pano
de ~ casa, la agarra de un br8;Zo, la baña en san~e y bofetadas, la
arroja por tierra y con el tacon de su vota le _quiebra la cabeza....
La Severa huye al fin a Catamarca, y se encierra en un beatario.
Dos años después pasaba por allí Facundo y manda que se abra
el asilo y la superiora traiga a su pr~sen~~ a las. reclu5a;5. Una ~ubo que dió un grito al verla y quedo exarume. tNo es este un hndo romance? iEra la Severa!.lS
Semejante "romance" demuestra de manera cruda pero real la fonna
como llegaba a ser tratada la mujer si intentaba resistir la omnipresencia
del hombre. Seguramente ese conjunto de elementos descritos hayan refonado el enjuiciamiento sintetizado en el refranero popular: "el qu~ te
pega te quiere" El sujeto de este reveladora frase es el sexo masculino.
Domingo Faustino Sarmiento escribe en Facundo varios pasajes donde
se vislumbran las actitudes sociales frente a la mujer. Y estos retra~ pue-

den ser obtenidos de toda la literatura generada por los liberales latino.
americanos, lo cual pennitiría ampliar considerablemente este texto. Sin
embargo, con lo transcrito creo es suficiente para comprender la institucionalización que se hizo de la supeditación de la mujer ante el hombre.

INSTITUCIONALIZACION DEL SOJUZGAMIENTO
El jacobinismo de los liberales latinoamericanos posibilitó que tomaran
conciencia de que el Estado debía encargarse de testificar el matrimonio.
En México, Melchor Ocampo, quien contribuyó a erradicar las ataduras coloniales fortaleciendo al Estado, fue el liberal más radical de la generación
encabezada por Benito Juárez. A él se le adjudica la autoría dela "Exhortación" que desde el siglo pasado se lee a los novios en la ceremonia del
matimonio civil. Confonne lo que nos ocupa, es conveniente aclarar que
tal texto no surgió por la mera inspiración de un liberal eminente. El valor
de su autor consistió en haber expresado magistralmente la ideología y
práctica social dominante. Con ese escrito se institucionalizó la subordinación de la mujer frente al hombre. A éste le otorgó una función específica
en los siguientes términos:
...El hombre, cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y
la fuerza, debe dar y dará a la mujer, protección, alimento y dirección, tratándola siempre con la parte más delicada, sensible y
FINA de sí mismo y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil, esencialmente cuando este DEBIL
se entrega a él y cuando por la sociedad se le ha confiado.
Como es factible confrontar, la claridad de ~te texto no deja dudas
sobre la obligación social del hombre: dar seguridad a la mujer, porque su
naturaleza así lo exige. A ésta, la sociedad patriarcal le impuso, para corresponder a la protección que le garantiza, las siguientes fonnas de conducta, explicitadas en tal "Exhortación" matrimonial:
. .. La mujer, cuyas principales dotes sexuales son la abnegación,
la belleza, la perspicacia y la ternura, debe dar y dará al marido
obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándole
siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya
y defiende.

O sea, lo que este documento resume es la práctica de las relaciones
sociales entre hombres y mujeres propugnada por los políticos más progresistas de la pasada centuria.
CONSIDERACIONES FINALES
Para los liberales latinoamericanos del siglo XIX la mujer tuvo como

�186 Siglo XIX
función social ser madre o esposa de los ciudadanos. La mujer ideal, entonces, fue aquella que debía esmerarse en cumplir con esas exigencias. Sus
cualidades quedaron circunscritas a la resignación, entrega total, humildad,
paciencia, abnegación, comprensión ante los deseos, propósitos y actitudes
de los hombres.
La formación de ese tipo de mujer corrió a cargo de dos instituciones:
la escuela y la familia. La sociedad de esa época concibió como normal tal
situación de la mujer, porque el hábito, la práctica de tratarlas así se convirtió en lo natural. La costumbre se transformó en ley. El "exhorto matrimonial" fue la expresión institucional más genuina de las relaciones sociales imperantes.
En realidad, ni la independencia ni los liberales transformaron la relación de supedítaciqn de la mujer ante el hombre. Su principal logro consistió en legislarla. Pero esta medida tampoco resolvió la permanente lucha,
aún no organizada, de las mujeres para superar tal subordinación. De todas maneras introdujo la posibilidad de autoconciencia para mejorar sus
condiciones de vida al grado de que continuaron practicando el derecho
a decidir el destino de sus vidas manteniéndose solas como viudas, divorciadas, separadas, abandonadas, "escapadas" o enclaustradas.

A. Saladino Carda: La mujer y los libera/e&amp; latinoamericano•

REFERENOAS BIBLIOGRAFICAS

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2. Harold J. Laski, El liberalismo europeo, México, Fondo de Cultura Económia,
1974-, p. 15.
3. lbid-., p. 53.
4. Alexis de Tocqueville, La democracia en América, México, Fondo de Cultura
Económica, 1973, p-. 70.

5. Cfr. José María Luis Mora, En1ayo&amp;, ideo, y retrato., México, UNAM, 1964,

w.77-85.
6. Comisión de Estudios Históricos, 150 ailo, de Educación en el Es111do de México, Toluca, Dirección General de Edlrcación PuNica, 1974, p. 54.
7. lbid., P: 54.
8. Miguel Acosta Saignes, Antología dé Simón Bolí11ar, México, UNAM, 1981, pp.
241-242.

9. l~id., pp. 242-243

Con la conversión del capitalismo en modo de producción dominante a fines del siglo pasado en Latinoamérica, se presentó la necesidad
de contar con personas más capacitadas ténicamen te. A la mujer, como
nunca ha estado al margen de la producción, también le alcanzó esta exigencia. Entonces, en pleno siglo XIX se crearon las primeras instituciones de capacitación para ellas como las escuelas de artes y oficios, las escuelas normales y las escuelas de enfermería. Lo que no comprendieron los
liberales fue el carácter revolucionario de estas medidas pues al profesionalizar a las mujeres, se les estaban otorgando las armas para desarrollar y
demostrar Slls capacidades, iguales a las de los hombres: así, fueron colocadas en condiciones para ya no nada más luchar por mejorar sus condiciones en la relación con los hombres, sino para pugnar por su emancipación. Esta lucha encontró sus gérmenes en pleno siglo XIX.
Por consiguiente, la posibilidad de liberación de la mujer se la permitió el mismo desarrollo capitalista, con lo cual es factible corroborar lo que
Marx sentenció sobre el capitalismo, pero ahora en otro sentido: éste engendra su propia destrucción. Esto es, si entendemos el feminismo como la
revolución de la vida cotidiana en aras de relaciones sociales más humanas
y de completa igualdad, su propósito es desterrarlo como sistema de vida.
Contribuye a superarlo.

187

I

1 O. Academia Colombiana de Historia, Boletin de Hi&amp;toria y Ant~üedaáes, Vol.
LXXU, Bogotá, 1985, p. 241.

11. lbid., p. 242.
12. lbid., p. l4 3.
13. lbid., p. 244.
14. lbid., p. 249.

J.5. José María Luis Mora, ()p. tít., p.150.
16. Joaquín Famánde;z de Lizardi, Et l'enscdo• .We:\ irono, ~téxioo, UNAM, 1979,
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17. Domingo Faustino Sannier.to, facundo o cfoili:m:ión y barbarie, México, Ed~
tora Nacional; 1972, p. 212.

18. lbid., p. 145.

�~l &lt;;ERL \Cf..\

El tratamiento del tema utópico
en el siglo XIX latinoamericano
Horacio Cerutti Guldberg*

-

C ompartida por la mayoría de los especialÍ'lt.as la importancia de la temática utópica en relación con nuestra América, actualmente se renueva la
exigencia de mayores y más acabados tra t.amientos de la misma . .\fe permito realizar algunas sugerencias en relación a la consderación de esta temática en nuestro siglo XIX, con vistas a la programación del volumen para lo
cual estamos reunido; aqui'.

A pesar de la presencia reiterativa del lenp,uaje en &amp;i uso cotidiano, es
obvio que el tratamiento de lo que de un modo mu~ amplio y general denomino el tema utópico, reclarna un sentido de ·'u topía ,. diferente al de
mera quimera o rótulo de imposibilidad... Instalándonos en otro nivel
de consideraciones, el de las virtualidades filosófi co-po líticas de la utopía
y del utopizar, por lo t.anto en el plano renovador y rrmovedor del pensamiento y de la práctica que ejercen los utópicos, vale ronsignar dos precauciones metodoló¡;cas. Por un lado, la utopi'a e,, un /!P-nero con características cspeci'ficas que nos permiten reconocer como integrantes del mismoa obras como Peregrinac ión de Luz del D10 del argentino Juan Bautista
Alberdi o La -lrmon1a del Universo del mexicano Juan '\epomuccno
Adorno (ob~s de 1887 y 1882 respectivamente). Pero, por otro lado, hay
un horizonte utópico en todo discurso poli'lico, hay una dimensión utópica del proyecto en toda prác tica polt'tica. Esta &lt;limrnsión e;, quizá más dificil de identificar, pero incluye todo lo alternativo a la insli tu cionalidad vigente - inclui'dos sus valores- en un momento his tórico detrrminado; alternativas que se proponen como lo a.xiológicammte drseaLle, como lo
nuevo, d cambio, la transformación ineludible. En este sentido, es daro
que si bien Bolívar no escribió una utopía al estilo de \loro, laboró in• Facultad de Filosofía y Letras/Centro Coordinador y Difusor de Estudios
Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de '.\féxico. Comunicación
enviada a la Reunión de Consulta sobre 1-listoria de las Ideas, Quito, noviembre de 1982.

�190 Siglo XIX
cansahlemente por una utopía mucho más maravillosa y deseable: la urúdad de nuestra América. Magna utopía en cuya búsqueda tantos lo acompañaron y acompañan. Con esto quiero indicar que no sólo es posible
sino deseable un tratamiento·no peyorativo de la temática utópica. En ella
late la fuerza de los sueños acumulados e irreal~ados (o parcialmente irrealizados) de la humarúdad y, muy especialmente, de las clases subalternas.

H. Cerutti C.: ITatJmiento del tema utópico en el Siglo XIX 191

desarrollada en Estados Unidos a partir de la tradición de la sociología del
conocimiento de Scheller-Mannheim y desarrollada inicialmente por
Merton.Sorokin es muy importante. Conviene tomar en cuenta estos aportes que intentan rigorizar el tratamiento sociológico de la utopía.Inclusive
presentan la posibilidad de analizar las contrautopías. En nuestro caso se•
ría interesante examinar por qué el pensamiento conservador, principal
generador de antiutopías según la consideración teórica a que nos referí.
mos, coincide, sin embargo, con el utopismo de la versión bolivariana. El
cuencano Benigno Malo constituye un ejemplo ilustre de este fenómeno
con su Nuevo Mapa de América (1866).

Dada la brevedad que requiere este texto, no me voy a detener aquí
demasiado en el segundo aspecto que he mencionado, porque en relación
a Bolívar ha sido abundantemente estudiado y .no creo que pueda estar
ausente del volumen que programamos. Más bien, quisiera aprovechar la
ocasión para destacar el género utópico, porque generalmente se desvalori•
za su estudio o se lo deja como mero pasatiempo para husmeadores de ra•
rezas. El tratamiento del género utópico, no enfocándolo como mero deva.
neo de autores ingeniosos, sino tratándolo con el desarrollo vertebral de las
temáticas ideológicas de nuestros pensadores y filosófos, puede albergar
sorpresas muy interesantes. Pero, además, este género ha solido ser parte
de una práctica u tópica de colonización y urbanización no ajenas a tradiciones religiosas y de lucha social dignas de ser recuperadas integralmente
por nuestra memoria histórica.

Las relaciones con España han sido señaladas varias veces en lo que al
erasmismo se refiere. Convendría, sin embargo, reconocer otras líneas de
desarrollos como, por ejemplo, las manifestaciones utópicas de la ilustración. De,cripción de la Sinapia, pen(nsula en la tierra austral es un ejemplo
importante de Antitopía. Anti- la topía de la España existente. Pro la España por la que luchaban los Aranda, Floridablanca y Campomanes. Pro.
hable obra de un "jansenista" hispano, tiene muy poco de "utópico" en el
sentido peyorativo de lo irrealizable, si uno la compara con la obra de la
ilustración española y de la dinastía borbónica.

No se s nuestro sglo XIX podría ser calificado con justicia de, más
corto o más largo que otros siglos XIXs. En todo caso, la cro~ologia ~o
puede primar sobre los contenidos y, ~n ese sentido, me atreve~1.a ~ _cons1g•
nar tres amplias etapas del género utopico que merecen, a ffll JWCIO, una
consideración más detallada y que coinciden, no seguramente por azar,
con tres momentos importantes de la evolución de nuestra conciencia.
Todavía en el siglo XVIII, pero con una problemática que ya anu~cia ~uestr~ siglo XIX, se utopiza desde la ilustració~. En el siglo XIX el lfberal~mo
culmina uno de sus ciclos intelectuales mas fecundos en utop1a. El agio
se cierra con los primeros pasos de, la or~iz~ción del movimiento obrero Y
ahí reaparece con toda fuerza el genero utop1co.

Gran importancia histórico.social revestiría el rastrear las manifesta•
ciones de la utopía indígena y/o campesina, que de algún modo continúa
y relanu la utopía magna de Túpac-Amaru. También los mesianismos in•
cluyen marúfestaciones utópicas entremezcladas en la compleja trama
político.religiosa que los caracteriza. La demanda por la tierra y por una
refonna de la propiedad que realizaban los campesinos vendrá a coincidir
con las posiciones sustentadas por ilustres exiliados socialistas utópicos,
que recalan en México despu&amp;; del 48 y difunden las ideas de Víctor
Considérant. Habrá que esperar hasta la revolución mexicana de 191 Opara
que estos reclamos comiencen a satisfacerse.

Por su parte, parece de suma importancia atender a las relaciones ~tre
el utopismo en los Estados Unidos de Norte América y nuestra~ expenen•
cías utópicas. Como parte del movimiento colonizador y urbanizador, como instrumento del avance de una cierta "civilización", los experimentos
utópicos también han abundado. Baste señalar la mezcla entre tradiciones
religiosas y reivindicaciones sociales en las colo~as "c~erativas" ~
Owen en Sinaloa (México). FJ arraigo y procedencia de esas ideas en mon
mientos norteamericanos que remontan, inclmive, al ~raower, ~ ~uy
fuerte y ha sido ya señalada su relación con el movimiento founensta
(Oneida) norteamericano.
En otro orden, cabe señalar que la teorización acerca de la utopía

Hasta donde llegan mis informaciones, no contamos con trabajos que
aborden suficientemente estos aspectos aquí sugeridos para nuestro siglo
XIX. Por ello, propongo que se los tome en cuenta en el volumen cuya
programación nos reune.

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