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                  <text>-.

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ºXIX
Revista
de Historia

LIBERALISMO: REFORMA
Y CONTRARREFORMA
EN EL SIGLO XIX
(Chile, Perú, México, Venezuela,
España y Portug,d)
Año II, número 3
enero - junio de 1987

Facultad de
F ilosofla }'. Letras

U ni,·ersjdad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

,

,

·.

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica del
Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias de
la Información de la Universidad Complutense de

Madrid, España
Recibió asimismo la adhesión económica del Centro de
Estudios Latinoamericanos de la Unwersidad de California
en Berkeley, Estados Unidos

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGO RIA

Facuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTTI

Tipografía: Andrea González Corona
Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Impresión: Impresora Gralex
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $4.

�I

.AÑO

II

NUMERO

3

ENERO - JUNIO DE
$ 111!1

1987

!111

sigloXIX
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO

61!eO lffll ~Ji IIÍO
Nota del Editor• .•...•...·. . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . .

3

La Sociedad de la Igualdad: liberales y artesanos en la vida
política de Santiago de Chile . . . . . LUIS ALBERTO RoMERO

15

Progreso, inmigración y libertad de cultos e11 Perií
a mediados del s~lo XIX . . . . . . . . PILAR GARCIA JORDAN

37

El agrarismo liberal en México . . . LUIS GoNZALEZ Y GoNZALEZ

63

Liberalismo y problemas estructurales: el Noreste de México
a mediados del XIX. . . . . . . . . JosE RESENDI.Z BALDERAS

87

Sin fe. sin ley y sin caudillo. Cambio cultura~ liberalismo e
i11surgencias populares . . . . . . . . . . . . . . . . MIQUEL IZARD

113

Revueltas y revoluciones en España
(1766-1874) . . . . . . . . . . . . . . . . . ALBERTO GIL NOVALES

133

Colonialismo y absolutismo español: el contrapurito
balear del Dieciocho. . . . . . . . . . LLu1s RoURA I AULINAS

165

la Revolnción de 1820. Notas para &lt;'l e.~tudio del liberafümo
portugués y rle su correlación
pe 11i11sulnr . . . . • . . . . . . . . . . . . ISABFL NoB RE VARGUES

173

�4

Siglo XIX

Industrial no alcanzó a trastocar radicalmente, en el siglo pasado, todo el occidente europeo. Y la forma de proyectarse sobre
su periferia más cercana -España, Portugal, verbigracia- no parece haber sido excesivamente distinta a la que golpeó buena
parte del continente americano.

...

Cuando se abordan problemas o temas como la formación
del mercado .nacional, del surgimiento y desenvolvimiento de
núcleos burgueses, de la aparición de la producción capitalista,
de la vinculación creciente con el mercado mundial, de los brotes de industrialización, de la consolidación de un poder central
frente a las pugnas regionales, del tan condicionado triunfo del
liberalismo ante los recortes que a las reformas planteaban los
sectores conservadores, de la reconcentración que la propiedad
de la tierra tuvo pese a su laicización creciente, las historias
española y mexicana -por ejemplo- presentan un cuadro riquísimo para el cotejo, para el paralelismo y para una diferenciación enriquecedora. Tanta, que se puede dudar que resulte mis
provechoso, en este sentido, aproximar España con Inglaterra,
o México con Haití. Es que, como en Europa, esta Ammca no
sajona que dificultosamente fue generando la Latinoamérica
que hoy conocemos presentó situaciones tan distintas que, al
menos, obligan al historiador a matizar.
Con suma cautela pero con no menor fervor queremos señalar que los historiadores españoles, portugueses e italianos
quizás tenga mucho que decir sobre procesos y fenómenos que
apasionan a los latinoamericanos. De allí que uno de los objetivos de esta publicacion haya sido- y continuará siendo- reunir
materiales conjuntos, latinoamericanos y europeos, sobre el
siglo que nos preocupa.
Si existía un tema muy pertinente para iniciar este puente
de intercambio y comunicación, era seguramente el de las reformas liberales y de las respuestas contrarrefonnistas que suscitaron en el XIX.
El liberalismo. Bueno es acotar que hoy es centro de un re-

�Nota del editor

Noto del Editor

5

novado interés en Latinoamérica. La trágica actuación de recientes regímenes militares ha obligado a revalorar usos de la vida
cotidiana que, sin ninguna duda, estuvieron contenidos en el
liberalismo (como concepción del mundo) desde los grandes
combates del siglo pasado.

-

\l inaugurar su segundo año de vida, Siglo XIX. Revista de
Historia concreta otro de los objetivos por los que fue gestada:
incorporar a los debates y aportes sobre el siglo pasado estudi~s
dedicados a procesos acontecidos en países de la Europa meridional.
Una mirada atenta sobre este período -especialmente para
quienes lo trabajan con un enfoque concentrado en ámbitos regionales - sugiere lo fructífero que podna resultar el cotejo de
ciertos fenómenos y procesos españoles, portugueses y hasta
italianos con otros, acaecidos en nuestro continente.
Se trata de un planteamiento delicado. Para empezar, significa una fuerte fractura con la muy asentada concepción de
observar lo europeo como antagónico u opuesto a lo latinoamericano: visión sensiblemente alimentada por las nociones
dependentistas que tan fulminante éxito obtuvieron desde fines
de los años 60. Además, puede llevar no solo a una eventual
controversia entre historiadores lationamericanistas, sino con los
mismos colegas europeos o dedicados a la investigación sobre el
siglo XIX en Europa.
Pero, ¿cual Europa? ¿Sólo la de la Revolución Industrial?
¿1'10 hubo otra Europa, menos conmovida por dicha ruptura
histórica? ¿ Y España? ¿ Y Portugal? ¿ Y esa misma Italia tan
condicionada, atrapada por el feudalizado Sur? La Revolución

Las libertades de opinión, de prensa, de asociación, de selección y cambio de gobernantes por vía del sufragio universal y
secreto, de manifestacion abierta de tendencias políticas y profesionales no eran simples concesiones burguesas, o al servicio
de una burguesía inevitablemente maquiavélica. Por el contrario,
y como lo han sostenido europeos de la lucidez de Enrico Berlinguer, ese racimo de derechos fue producto de grandes luchas
y conquistas de los hombres en sociedad, y a lo que ninguna
excusa moral, pretexto ideológico o justificación teórica debe
obligar a renunciar. Su destrucción puede conducir -en Latinoamérica condujo -a que se vulneren y pisoteen derechos aún
más sustanciales ( si cabe): la integridad física y moral de los
individuos, la misma vida humana.
Encontramos una doble satisfacción, pues, en la presentacion de este dossier. El sumergirse en el estudio histórico de
una corriente que basó en buena medida sus propuestas de reforma en lo arriba indicado, no nos aleja en lo más mínimo dt
un presente urgido de esclarecimiento y, en algunos casos, de
definiciones. Esto probablemente tome menos académica a una
publicación que aspira a ser esencialmente académica. Pero,
realmente, no lo lamentamos. Entre otras cosas, porque ha dado
ocasión de reunir materiales sobre seis casos nacionales diferentes: Chile, Perú, México, Venezuela, España y Portugal.
El dossier se abre con un artículo sobre Chile, a cargo de
Luis Alberto Romero. Se analiza allí la situación que vivía el
liberalismo concentrado en Santiago a mediados de siglo, con
énfasis en el surgimiento de una de sus expresiones más radicales: la Sociedad de la Igualdad, que agrupaba en su seno a figuras significativas de las clases acomodadas y a representantes

�6

Siglo XIX

de los núcleos artesanales de la capital chilena.
Fue una experiencia organizativa que no excluyó sucesos
violentos, insertos a n1 vez "en una guerra _civil m_ás e:~ensa¡ y
en el cuadro de agitaciones que al promediar el Siglo sacu eron a muchas capitales hispanoamericanas y afectaron la estabilidad de los regímenes autoritarios".
Es en estos términos que Romero profundiza en el analisis
de la Sociedad de la Igualdad, cuya actuación se sitúa e°: la crisis política chilena que se prolongó desde 1849 a ~851 (~pactada por la sucesion presidencial) y en el contexto mternac1onal
dado por ola revolucionaria europea del 48.

Las fases socialista y liberal son también mencionadas como
momentos del devenir de la Sociedad, cuyos ímpetus serian
clausurados tras el motín de Santiago, en abril de 1851. ~omero
termina haciendo alusión a la aureola mítica que posteriormente envolvió estas jornadas, a las cuales procura ubicar en un contexto histórico más ajustado.
--Pilar García Jordán recuerda en su ensayo so~re Peru ~n~
de las grandes claves del liber~smo la~oamencano decimononico: el progreso, la inmigrac1on, la lib~rtad de cult~s. Pero a
diferencia de Romero no adopta como e1e de su estud10 una ~r. · , adscripta a esa corriente ideológica. Por el contrario,
gamzac1on
d e ,r ~
muestra las caractensticas de la llamada Socieda
ato ico- eruana cuva mision era oponerse, precisamente, a las_ reformas
que s; pr~pugnaban para la transformación de la sociedad vernácula.
La descripción es útil para conocer las características d~ los
planteamientos de innondores y conservad~res e~ el Peru de
mediados dt· siglo. y las limitaciones que al liberalismo l~cal le
impuso 110 sólo la t'ontrarreforma sino una estruc~ra soc10económit'a heredada desde la colonia y en la que hab1a -como en

Nota del Editor

7

México- un altísimo componente de desigualdad racial.
Libertad de cultos, inmigracion y progreso eran una misma
y simultánea propuesta para estos liberales, finalmente no
excesivamente distintos a correligionarios de otras latitudes.
Todo aquello era n_ecesario para abrir el camino al desarrollo
del capitalismo, muy particularmente en la agricultura, uno de
los objetivos troncales para estos cambios que se deseaban
implementar. Frente a ello, los católicos insistían que en Perú
la única religión debía ser la católica "con exclusión de otra
alguna".
Como en Mé~ico, la defensa ideológica conlleva en Perú la
proteccioo, también, de los intereses económicos de la Iglesia:
la cuesticn de la desamortización de sus bienes y del ataque a
otros derechos es aludida, con amplitud, en el trabajo de Garcia
Jordán.
Si hubo un contexto en el que las transformaciones propugnadas por el liberalismo- y los antagonismos que supuso- acercaron el proceso histórico a la revolución liberal que mencionan
con frecuencia los colegas europeos, fue el de México. Las reformas se fundieron aquí con una guerra civil que, además,
terminó con la invasión extranjera. ·
El caso mexicano es de una riqueza notable no sólo para la
comprensión de los grandes procesos liberales del XIX, sino
para intentar cotejos con situaciones como la española~ la arriba
citada cuestión de la desamortización de los bienes eclesiásticos
(y los municip'ales, menos estudiados en México, por cierto) es
un ejemplo de lo que afirmamos.
Luis González y González aborda en su trabajo un matiz interesantísimo: el radicalismo agrario. Al pretender erradicar ·
tradiciones que se consideraban obstáculos para la construcción de la modernidad anhelada, al intentar incorporar lo científico y una cultura sustentada en técnicas diferentes a las usua-

�8

SigloXIX
Noto del Editor

les, los liberales mexicanos- en su expresión más pertinaz- propugnaban modificaciones profundas en el ámbito rural.
En México tambiln se deseaba la inmigración dinamizadora
e inteligente, edificar nuevos far wests, ya en la sureña Yucatanía
ya en los desiertos norteños recorridos por apaches y comanches.
Además, había que transformar esa zona central en la que los
herederos de las culturas precolombinas pon Íl1l un componente
racial que no siempre agradaba a los pensadores reformistas.

Sin dejar de recordar los usos del ejército y los combates
contra la Iglesia, González alude principalmente a ese nuevo orden que se quería consolidar repitiendo o imitando el proceso
norteamericano: "El agrarismo liberal -destaca- se propuso
rehacer la vida del campo". Por ello procuró atraer el capital
extranjero, introducir cultivos, modernizar la labranza, suprimir las alcabalas, aumentar la población, construir ferrocarriles,
dividir los latifundios, liberar la fuerza de trabajo, repartir los
bienes comunales. Pero no todo finalizó como se anhelaba, y
el porfiriato dibujaría resultados muy diferentes a lo que se
planteaba en los épicos años de la Reforma.
Interesa remarcar que el artículo de González fue elaborado
varios lustros atrás. Ha sido incorporado a este dossier porque
prosigue siendo un instrumento eficaz para conocer aspectos del
liberalismo en México, sobre todo para colegas de otros países.
Ya hemos señalado que es una de las tareas primordiales de
Siglo XIX recuperar y redifundir en un marco distinto materiales con un reconocible nivel de calidad. Esta tesitura se ha
aplicado en número anteriores, y en el actual se extiende a los
aportes de Romero, Miquel Izard y Alberto Gil Novales.
José Reséndiz Balderas sitúa, por su lado, al liberalismo de
México entre cotas algo distintas a las de González: 1) ofrece
antecedentes que explican matices del estallido de 1855; 2)
pero agrega un análisis sustentado desde el punto de vista de
un espacio regional, el noreste.

9

Ej€rcito regular e Iglesia saturan con su presencia la estructura social y las disputas políticas en la primera mitad del XIX.
Son, para el autor, escollos fundamentales para modernizar la
sociedad mexicana, para hacerla avanzar hacia formas burguesas
y hasta para que se defina como Estado Nacional diferenciado.
Revisando este proceso casi desde la Independencia, Reséndiz describe cómo se manifestaron en una alejada área que se
transformaría imprevistamente en fronteriza tras la catastrófica guerra con Estados Unidos (1846-47). Es por eso que se
encuentran alusiones al liberalismo en los años 30 y a un personaje que tiende a convertirse en protagonista principal: el
general Antonio López de Santa Anna, expulsado en 1855
precisamente por una rebeldía generalizada.
En este devenir y en esa explosión del 55, las fuerzas regionales jugaron un papel cuya importancia no ha estado a la par
de las escasas investigaciones que se le han dedicado. En el
noreste, la cuestión liberal-conservadora quedaba entrecruzada
por problemas locales: no eran los menores la nueva relación
con Estados Unidos y el permanente trajinar frente a los grupos
indígenas no sometidos en esta área de frontera.
La aparición de un jefe militar y político como Santiago
Vidaurri, desde 1855, indicaba por un lado la pujanza de los
liberales en el norte oriental, pero por otro la clara autonomía
que respecto al poder central se intentaba defender con una
visión marcada por los dilemas locales. Vidaurri mostro que el
liberalismo, al menos en México, no tenía nada de homogeneo.
Uno de sus matices centrales residía, nítidamente, en los antagonismos regionales.
Si en Luis González se percibe cierta ironía en cuanto a lo
que fueron los anhelos de la gestión liberal, en Miquel lzard
aparece un juicio de contenidos críticos, por momentos ácido.
El énfasis recae en el tipo de sociedad que se edificó en la América de raíces coloniales, y en la modernidad y usos culturales
que trajo consigo el capitalismo.

�10

SigloXIX

Izard hace una referencia-final al caso venezolano, pero no
por ello deja de revisar con rápidez otras situaciones nacionales
y presenta un esbozo de mirada unificadora. Su acento está en
las insurgencias populares que acompañaron -aunque no siempre
en su favor- estos intentos de reformas o de transformaciones.
Insiste en que los protagonistas centrales del nuevo orden
liberal no dejaron de ser parte de una elite, cuyas ideas y proyectos no encajaban con frecuencia en el contexto en que
operaban. Para el autor, muchas veces las propuestas liberales
eran sélo una repetición excesivamente mecánica de las nacidas
en países centrales.
Al aludir al caso venezolano recuerda que, finalmente, liberales y conservadores decidieron pactar ante la generalización
de la insurgencia popular. Con ello, de paso, lzard muestra su
desacuerdo con corrientes historiográficas que hicieron de los
próceres del liberalismo figuras representativas de las clases
desposeídas. Eso no habría sido así, señala. Y una buena
manera de profundizar en el conocimiento de dichos procesos,
y terminar con las tendencias a mitificar, es intensificar las investigaciones regionales sobre el siglo XIX, además de llevar
adelante un cotejo más amplio y persistente entre diferentes
situaciones latinoamericanas y algunas europeas.
Postura ésta que, claro está, compartimos totalmente desde
Siglo XIX.

Con su reconocida erudición, Alberto Gil Novales practica
un minucioso recuento de. las revueltas y revoluciones que
atravesaron la España de finales del XVID y mas de la mitad del
XIX. Abre su recorrido con el motm de (contra) Esquilache, en
1766, y lo agota con los vaivenes que sucedieron a la g~oriosa
revolución de 1868.
La crisis del Antiguo Régimen, las luchas por la In.dependencia (la española, frente a Francia, por cierto), _el emerger del

Nota del Editor

11

fenómeno juntista, el contrarreformismo de Fernando VII, el
Trienio Liberal, el sinuoso camino hacia una monarquía parlamentaria tras la muerte del rey, el bienio progresista y el sexenio
qu~ sigue a 1868 serían algunos de los picos de esta amplia histona por transformar una España que dudaba en ingresar a la
modernidad.
Modernidad que, como en no pocos casos latinoamericanos,
tuvo que enfrentar a actores conocidos: los grandes terratenientes, la Iglesia Católica, un ejército que oscilaba entre el conservad~rismo y los arr~stos . liberales, las dificultades para que
surg¡era ~na burgues1a pupnte en el plano de la producción,
la ausencia de Revolución Industrial, la marginación sistemática
de enormes masas campesinas, la no integración del mercado
in_terior. Y, para insistir en lo comparable, las alianzas que
nucl~os burgueses y representantes del orden antiguo terminarían
configurando en la segunda parte del siglo.
Es asombrosa, sin duda, la actividad insurrecciona! española.
Que fue matizándose de visos anarquistas, utópicos, republicanos, en medio de batallas rurales y del amanecer, en urbes como Barcelona, del fervor obrero. Y por supuesto, hablando de
España, con claros elementos regionales, aspecto que ha continuado vigente en tiempos más contemporáneos.
La voluntad popular, dirá Gil Novales, fue sistemáticamente
dejada de lado. Y muchos conflictos irresueltos entrarían al siglo XX con un vigor tal que no puede sorprender -entonces- su
capacidad para hacer germinar algo tan dramático como la guerra
civil que detono en julio de 1936.
Aunque breve, el material que nos envió Lluis Roura i Aulinas constituye un aporte novedoso: está dirigido a tratar el caso
de las_ Baleares en. ~l contexto de la desarticulación del imperio
colomal y de la cns1S que azotaba al Antiguo Régimen. Además,
Roura lleva adelante una rápida comparacion con las situaciones
americanas: destaca allí la diferente respuesta que cupo a los
núcleos dirigentes frente al hecho posible de la Independencia.

�Nota del Editor

12

13

SigloXIX

El fenómeno del criollismo y el impacto del pensamiento
ilustrado liberal son dos aspectos que, según el autor, diferencian
nítidamente la situación americana de lo sucedido en estas islas
mediterráneas. Convertidas en refugio de muchos españoles
privilegiados -en el momento de la invasión napoleónica - quedará
reafirmada en las Baleares un sistema de dominación y de vinculación con la metrópoli que se traducira en resultados históricos
distintos.
La reacción absolutista establecerá aquí un verdadero bloqueo al liberalismo que se alimentaba en Cadiz, y sus posturas e
intereses se reafirmarán cuando Fernando VII restaure el viejo
orden.
Sólo vientos más modernos, mucho más contemporáneos,.
infiere el autor, readecuaron
este panorama para acentuar la
integración balear al funcionamiento peninsular.

Las páginas de este número 3 se cierran con el ensayo de
Isabel \obre Yargues, orientado a Portugal. Su exposición
conecta firmemente los procesos políticos que en 1820 se suscitaron en ambas partes de la península ibérica. "El proceso liberal
portugués- destaca- se puede correlacionar directa y principalmente con el español".
La elite intelectual y política venía preparando desde tiempo
atrás "el universo mental" que debía contribuir a las tranformaciones sociales que tendrían al liberalismo como fuerza motriz.
Como en España, las invasiones napoleónica precipitaron los
acontecimientos, condicionados también por la situación colonial y por el enorme peso que asume Brasil.
La república queda esbozada en 1820, pero genera resistencias contundentes. La "regeneración" y la Constitución que
aspira a reemplazar el anterior orden son puestos en marcha.
En todo el proceso se perfila el impacto de la revolución francesa y las conexiones con una España que vive el Trienio Liberal.

"Quien lee su texto (el de la Constitución portuguesa de 1822)
ve nítidamente la influencia de Constitución española de 1820",
recuerda Nobre.
Liberalismo equivale a subversión. Las logias y sectas proliferan, y no fue la península su escenario menor. Por momentos hay quienes sugieren la construcción de un único Estado
Nacional.
El trabajo termina con una referencia a la prensa y la funcién cumplida en tan críticos momentos históricos, en el extremo
occidente de una Europa que se mostraba impedida de acercarse a su revolución industrial, aunque caminara la revolución
liberal.
Clausuramos estas notas con un párrafo dedicado a los
apoyos institucionales receptados, y que han tornado más
factible no solo la aparición de este número de Siglo XIX sino
un mayor afiatamiento hacia el futuro. Esos respaldos fueron
de dos tipos: a) económico, generosa y espontáneamente brindado por el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berkeley, en California, Estados Unidos. Su ayuda
resultó decisiva ante los costos cada vez más elevados que en
materia de impresión soporta México; b) académico, gracias a
la inmediata y solidaria actividad de colegas de la Universidad
Complutense de Madrid, que remitieron los materiales referidos
a España y Portugal.
No nos cansaremos de insistir en el valor que guardan estas
contribuciones. Sin ellas buena parte del sentido por el que se
lanzó este proyecto carecería de sentido. Es que, finalmente,
Siglo XIX pretende cimentar un espacio que requiere ser llenado
por investigadores de diversas latitudes. Nuestra invitación
inaugural, por lo tanto, está más vigente que nunca.

Mario Cerutti
Monterrey, México, diciembre de 1986

�La Sociedad de la Igualdad:
liberales y artesanos en la vida política
de Santiago de Chile

Luis Alberto Romero*

-

L a creación de la Sociedad de la Igualdad, en Santiago de Chile en
1850, y la posterior participación de sus miembros en el "motín de Santiago" de ese año -episodio que a su vez se inscribe en una guerra civil más
extensa- es parte del cuadro de agitaciones que hacia mediados del siglo
pasado sacudieron a muchas capitales hispanoamericanas y afectaron la
estabilidad de los regímenes autoritarios constituidos en las décadas postrevolucionarias.
En la mayoría de los casos, los agitadores se identificaron con el liberalismo y tacharon de conservadores a sus adversarios (quienes, en ocasiones, asumieron tal calificación). Su existencia política tuvo que ver, a veces, con fracciones identificables dentro de un patriciado que se homogeneizaba lentamente: mineros norteños en Chile, comerciantes costeños en
Ecuador, financistas de paupérrimos estados en varias partes; pero generalmente su núcleo se componía de abogados, periodistas o simplemente políticos -la versión decimonónica de los antiguos letrados- sin ubicación en
un régimen administrativo dominado por militares o grandes propietarios.
Menos difusa que su raigambre social era su identificación política: el
liberalismo constituía una filosofía y un programa para emprender la reforma de la sociedad y sacarla de su atraso, más visible por la permanente
comparación con Europa. La inspiración era heterogénea: desde el utilitarismo de Bentham hasta el romanticismo social También variaban las propuestas políticas: los cañones se enfilaban alternativa o simultáneamente
contra la Iglesia, los militares o los grandes terratenientes.
*Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) y Consejo Nacional de Investigaciones Cientfücas y Técnicas (CONICET), Buenos Aucs,
Argentina. El texto se basa en un trabajo más amplio: La Sociedad de la Igualdad.
Lo, artuano, de Santiago de Chile y 1111 primero, experiencia, polítiau, 1820-1851,
Buenos Aires, Instituto Torcuato Di Tella, Serie Historia, 1978.

�L. A. Romero: Liberales y arte,anos en Santiago de Chile

16

SigloXIX

Pese a eso, el liberalismo ofrecía un conjunto de soluciones mucho
más coherente que las que aplicaban los adversarios, símplemente consagrados a defender pragmáticamente el orden establecido. Sobre todo, el programa liberal, cuando era predicado desde la oposición, reforzaba 1~ identidad de facciones lanzadas hacia el poder, aunque, una vez conseguido, hacían adecuaciones igualmente 1:'ragmáticas de sus principios.
De cualquier modo, una política programática, aunque inconsecuente,
ya era una novedad en la Hispanoamérica de mediados de siglo, como lo
eran otras formas nuevas o remozadas de hacerla. Fueron casi siempre los
liberales quienes percibieron los cambios que se estaban produciendo en
las principales sociedades urbanas y los aprovecharon con fines políticos.1
Aunque con lentitud, fos puertos y capitales crecieron y prosperaron
en las décadas posteriores' a la Independencia. SilS sociedades se diversificaron y sus elites se modernizaron en hábitos, costumbres y formas de consumo. Una población urbana acrecida, y sobre todo una elite exigente, impulsaron el desarrollo de una vasta capa de artesanos e hicieron la fortuna
de algunos, dueños de capacidades y conocimientos pocó frecuentes e11 un _
medio rústico. Prósperos y seguros de sí, respetables pero todavía marcados por el estigma que, en sociedades aun fuertemente hidalgas, representaba
el trabajo manual, estos artesanos tuvieron con las elites relaciones ambiguas,· signadas alternativamente por el deseo de incorporación, el rechazo o
la confrontación. Por otra parte, las diferencias que separaban a maestros
de oficiales, o las que dividían a las ramas prósperas y retrasadas de los artesanos, crearon conflictos y tensiones en el sector. Todos estos factores
seguramente estimularon distintos tipos de acciones de estos nuevos sectores y los convirtieron en potenciales protagonistas de una escena política que comenzaba a agitarse y complicarse.
No fue raro, entonces, que quienes eran sus protagonistas tradicionales aspiraran a aprovechar esta fuerza, movilizarla y encuadrarla. Lo hizo
Rosas en Buenos Aires, en un contexto autoritario y conservador; lo hizo
Belzú en Bolivia y también los liberales neogranadinos, que aprovecharon
las tensiones ocasionadas por la política librecambista; quizá también lo
hizo el caraqueño Antonio Leocadio Guzmán. La constitución de la Sociedad de la Igualdad, y el motín que le siguió, ocupan un lugar entre estos episodios: reveladores de una mayor diversidad de la escena política y
de la aparición, bien que tímida, de nuevos sectores, muestran el intento
de los grupos liberales de encontrar apoyos entre los sectores más respetables del pueblo, según la persistente tradición revolucionaria europea.
LOS ARTESANOS DE SANTIAGO
E.l crecimiento de la población de Santiago - señalaba El Progre-

17

so a fmes de 1842- es aún más rápido de un tiempo a esta parte,
dejándose percibir fácilmente en la acumulación espontánea de
casas, calles y barrios enteros, que antes no existían.

Esta precoz percepción, debida probablemente a Domingo Faustino
Sarmiento, es complementaria de otra, del economista liberal Marcial González:
al mismo tiempo que se ven extenderse las poblaciones, formarse
pueblos nuevos al lado de los antiguos, mejorarse las construcciones, levantarse la capital, y en las provincias templos y edificios
públicos. . . vemos la ebanistería, la carrocería, la ferretería, la
curtiduría y tantas otras artes cuyo ejercicio era poco conocido
contribuir con sus útiles y perfectas creaciones a la comodidad de
nuestras vidas y al progreso y embellecimiento de nuestras jóvenes ciudades.2

Efectivamente, en las tres décadas que siguieron a la Emancipación,
Santiago experinientó un crecimiento relativamente importante -mayor
que el de casi todas las capitales hispanoamericanas- que reflejaba la prosperidad económica y la estabilidad política del país, también excepcionales
en su época. Los hacendados del Valle Central, los mineros del Norte Chico
y los comerciantes de la ciudad o de Valparaiso, radicados en la capital, requirieron una variada gama de bienes y servicios. Mucha gente emigró por
entonces , la capital, cuya población creció considerablemente, hasta rondar los 90,000 habitantes a mediados de siglo. Entre la masa de rotos sin
profesión definida, que poblaban "las rancherías.,., que hay en todos los
suburbios", fue recortándose un sector artesanal de fisonomía cada vez
más precisa.
La mayoría eran zapateros, carpinteros, panaderos, herreros, dueños
de técnicas tradicionales y rudimentarias y limitados en sus posibilidades
por la escasa capacidad adquisitiva de sus compradores. Algunas profesiones inclusive se hallahan en franco retroceso, como la de los tradicionales
plateros o la de las tejedores, víctimas de la competencia de los textiles
importados.
Eme tipo de artesano se encontraba, en mayor Q menor medida, en
cualquier pueblo o ciudad de entonces, grande o pequeña. Pero en las
capitales, como Santiago y también Valparaiso, comenzó a emerger un
grupo singular: ebanistas, carroceros, boteros, joyeros, modistas, con&amp;tructores y decoradores, tipógrafos o litógrafos. . . es decir un conjunto
de profesiones vinculadas al consumo de las elites, que estaban adoptando los nuevos modos europeos. Su desarrollo estuvo ligado a la llegada de
artesanos extranjeros, principalmente franceses y alemanes, portadores de

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SigloXIX

técnicas novedosas y capaces de satisfacer unas exigencias que en ocasiones ellos mismos creaban.
Tan impreciso era el gusto y el juicio de las élites criollas, que carpinteros de ribera podían echar plaza de ebanistas. Tal era la diferencia de
conocimientos, que mediante un "terrible monopolio" estos artesanos podían cobrar "precios exorbitantes" y hacer fortuna con rápidez.3 Se dibujaron así dos sectores entre los artesanos. La división entre "dignos" e
"indignos" se combinaba, y a menudo se superponía, con la de extranjeros y criollos, y las tensiones que esto originó se sumaron a las que, en talleres de alguna envergadura, comenzaron a separar a patronos de oficiales.

Más allá de esas diferencias, el artesanado santiaguino comenzó a di&amp;tinguirse del resto de los sectores populares y a adquirir una fisonomía
propia. En distintos niveles de la sociedad comenzó a percibirse una cierta
movilidad, como lo muestra el desarrollo del sector que Blest Gana llamaba del medio pelo, nutrido de pequeños empleados, rentistas modestos, militares o gente de posición venida a menos.
Las nuevas posibilidades beneficiaron a los artesanos, sobre todo a los

más prósperos y a quienes, por ser extranjeros, afectaba menos la capitis
dimírwtio del trabajo manual. Según el norteamericano Gilliss, singular testigo del Santiago de los igualitarios, "cualquiera que a prende un arte mecánico llegará a ser independiente si se dedica a su vocación con esmero". Para Sarmiento -quien sin embargo consideraba vedados para los decentes
esos oficios manuales- "un hombre de pueblo, con economía, talento natural y constancia puede, ejercitándose en su oficio, llegar a la fortuna y
enrolarse en el número de los capitalistas''.4

La fortuna estaba íntimamente asociada con la respetabilidad. El buen
artesano no frecuentaba las chinganas sino el teatro popular o la Iglesia.
Algunos leían el periódico; otros vestían elegantemente.
Hay un deseo de aseo y orden en su vida doméstica. Pero en público, su pasión es la ropa refinada, y un extranjero difícilmente
sospechará que el hombre a quien encuentra con una capa de fina
tela, acompañando a una señora envuelta en joyas y pieles, ocupa en la escala social un rango no más alto que el de un hojalatero, carpintero o tendero.•.s

A los ojos de los decentes, los artesanos adquirieron una fisonomía

peculiar. Su presencia suscitó reacciones variadas, pero no fue ignorada, y
los "trabajadores" fueron cada vez más claramente diferenciados del
"populacho". Los problemas relacionados con ellos se convirtieron en acuciantes, sobre todo a la luz de las experiencias europeas contemporáneas.

L. A. Romera: Liberale, y arte.ano, en Santiago de Chile 19

Hubo quienes se preocuparon por su condición moral y procuraron inculcarles hábitos de ahorro o templanza. Otros se inquietaron por "las coaliciones. • . para hacer subir los salarios" y por la escasez de trabajadores calificados, que permitía a los más capaces cobrar salarios desmedidos. Algunos creyeron que era posible comprometer a los más respetables en la
conservación de un orden que temían amenazado, "ligándolos ya por medio de la propiedad, ya por medio de una pequeña fortuna". Hasta se
pensó que era importante autorizar la expresión de las inquietudes del sector y permitir el funcionamiento de las "válvulas de seguridad de las sociedades democráticas". Hubo quienes, finalmente, advirtieron en ellos una
fuerza capaz de ser volcada en la política.6
LAS FORMAS TRADICIONALES DE CONVOCATORIA POLITICA
Hasta mediados de la década de 1840 es difícil distinguir entre los artesanos una acción política diferente de la del conjunto tradicionalmente
denominado como "pueblo de Santiago". Este constituyó, desde los movimientos iniciales de 1810, una masa potencialmente utilizable en la lucha política, hacia la que ocasionalmente se dirigieron los distintos bandos
que se disputaban el poder; sin embargo, sólo lo hicieron en momento de
crisis, cuando su acción podía desequilibrar una situación irresoluta, y en
general los conflictos post Tevolucionarios se mantuvieron dentro del ámbito de la elite.
Ocasionalmente estos grupos participaron, en favor o en contra de los
españoles; luego apoyaron al partido carrerino y más tarde a pipiolos o
pelucones. Más que objetivos de largo plazo, los guiaba la perspectiva del
saqueo u otros beneficios inmediatos. "Pululaban como lobos en las calles,
en la expectativa del saqueo, cuando se ofrece alguna reyerta o revolución".7 Los pipiolos los usaron para montar una maquinaria electoral en la
que se combinaban la compra de votos con la "acción directa". Los pelucones, que incluyeron a los artesanos en cuerpos armados para respaldar el
orden, en la oposición utilizaron a los grupos más bajos para provocar desórdenes y socavar la autoridad del gobierno pipiolo.
Luego de la batalla de Lircay (1830), que inicia el largo predominio
conservador, estos grupos fueron naturalmente reprimidos y el gobierno
abandonó toda idea de movilización. Los artesanos fueron incluidos en la
Guardia Cívica, bajo el mando de oficiales del Ejército, y de allí en más
este tipo de iniciativas quedó exclusivamente en manos de los pipiolos.

En 1840, en vísperas de la renovación presidencial, hubo posibilidad
de una breve agitación. Estos episodios se repitieron en 1844, durante el
entierro del dirigente pipiolo José Miguel Infante, y poco después, cua'ldo

�ID

SigloXIX

fue juzgado Francisco Bilbao por su Sociabilidad chilena. También durante la campaña electoral de 1845, en el juicio al periodista opositor Pedro
Godoy. En los tumultos, "si bien. .. dominaban los jóvenes estudiantes,
se encontraban algunos caballeros de otras condiciones y muchos hombres del pueblo de la clase de artesanos".8
La capacidad de los pipiolos o liberales para ganar la calle era un elemento original en la escena poütica santiaguina. Otra novedad, más importante, era la incorporación a la oposición liberal de un grupo de intelectuales y universitarios, que se unían a los antiguos opositores profesionales e introducían algunos elementos ideológicos nuevos.
La vida intelectual santiaguina estaba cobrando por esos años una
gran intensidad. La acción de destacados maestros -como Bello o Mora-,
la del grupo de emigrados argentinos -Sarmiento, Alherdi, Gutiérrez,
López o Mitre- y sobre todo la intensificación de los contactos de todo
tipo con Europa despertaron nuevas inquietudes, que adquirieron forma orgánica cuando en 1842 se creó la Sociedad literaria. El influjo de las
nuevas ideas no se limitó a los círculos intelectuales; aunque simplificadas
y convertidas en apenas algo más que una moda, fueron recihidaa. por toda
la sociedad decente santiaguina.
El romanticismo había llegado a Santiago. No solamente el de Lamartine o Hugo, sino el de los pensadores sociales. Francisco Bilbao siguió a
Lamennais en su Sociabilidad chilena: pese a lo confuso de sus ideas, el
libro impresionó tanto a los santiaguinos que se ordenó su quema pública,
con lo que Bilbao terminó convirtiéndose en el mentor de todos los jóvenes con inquietudes. Uno de los componentes de esta nueva sensibilidad
romántica era la actitud de acercamiento al "pueblo", al que se debía instruir e interesar en la vida política. La apelaci'ln al pueblo de la década del
cuarenta -y sobre todo a su capa más ilustrada, los artesanos- fue en buena medida una consecuencia de esa actitud de filiación romántica.
Durante la elección presidencial de 1846 este tipo de apelación creció
y la agitación popular pareció incrementarse, al punto de preocupar a los
grupos adictos al gobierno que constituyeron una Sociedad del Orden (su
presidente, Ramón Errázuriz, sería paradójicamente el candidato presidencial liberal en 1850). La oposición liberal, por su parte, constituyó la
Sociedad Caupolicáo, que debió "atraer a su seno a la gente de la clase
obrera". La apelación al pueblo seguía siendo de estilo tradicional Se lo
convocaba para una coyuntura electoral, sin fines ulteriores, aunque sus
enunciados "filantrópicos", en los que se afirmaba la necesidad de sacar
"el sufragio popular de la afrentosa tutela que lo encadenaba y envilecía",
permitían adivinar la incipiente influencia del nue\"o pensamiento social.

J.. A. Romero: Liberale, y arte,ano, en Santiago de Chile 21

El resultado fue mediocre, pues apenas medio centenar de artesanos concurrieron a la Sociedad. De cualquier modo, resuelta la elección, la agitación desapareció totalmente.
A lo largo de los años que van desde la Independencia hasta 1846, los
distintos sectores políticos recurrieron, en lo más agudo de la confrontación, a los sectores populares. Lo hicieron generalmente quienes estaban
en la oposición y trataban así de equilibrar los recursos de que disponían
quienes gobernaban: la policía o las clientelas electorales formadas por
guardias cívicos o empleados públicos. Sin embargo, y pese a que no hubo
respuestas importantes de los artesanos, comenzaba a percibirse en esa apelación la presencia de otras motivaciones, inspiradas en el pensamiento social europeo. Esas son las tendencias que maduraron en el período siguiente.
LA CRISIS POLITICA(l849-1851)
Una sucesión presidencial muy compleja, una situación económica deteriorada como consecuencia de la crisis europea de 1847-48, y además las
repercusiones locales de la marea revolucionaria europea, crearon en Santiago, y en menor medida en otras ciudades, las condiciones para la emergencia de una situación política nueva en la que, por primera vez, los artesanos fueron llamados a desempeñar un papel importante.
En los años anteriores a 1851, el grupo que rodeaba al presidente Bulnes se enfrentó con motivo de su sucesión; la presencia de dirigentes liberales, fuerte en el próspero Norte Chico minero, agudizó una división que,
sin embargo, era interna al grupo dirigente. Desde 1846 era jefe del gabinete Manuel Camino Vial, quien organizó una suerte de clan político familiar, nutrido principalmente con jóvenes. Frente a éi Manuel Montt aspiraba también a la sucesión.
En las elecciones de 1849, aunque en general Vial pudo imponer sus
candidatos, sufrió derrotas en cuatro distritos importantes, a manos de candidatos liberales pero también conservadores (Francisco Tocomal triunfó
en Valparaiso, con el apoyo, siempre errático, de los artesanos). Bulnes
reemplazó a Vial por Montt y aquel pasó a la oposición, uniéndose a los
liberales en una activa campaña, parlamentaria y periodística. Edward Vives describió esta "fronda liberal" como el producto de la unión de los clanes Vial y Errázuriz. Se trataba realmente de una fronda aristocrática: el
Club de la Reforma, fundado a fines de 1849, languideció pronto, cuando
sus jefes marcharon a sus fundos a dirigir las tareas de la cosecha. La designación de Antonio Varas, mano derecha de Montt, como ministro de Inte-

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SigloXIX

rior, auguraba no solo el fin de la "fronda" sino la segura elección de
Montt.
No obstante, la división entre sectores oficialistas había sido mucho
más profunda que en ocasiones anteriores, y los grupos liberales, antiguos
o recientes, no se resignaron a ceder el terreno sin dar una batalla. La crisis económica que se vivía contribuía a crear un clima de intranquilidad
propicio para la propaganda electoral.
Por entonces, la economía chilena tenía con las metropolitanas vínculos comerciales lo suficientemente importantes como para que recibiera los
efectos de la crisis de 1847-48. Primero se sintió la disminución del comercio de tránsito, que alimentaba la actividad de V alparaiso; luego, la declinación de las exportaciones de cobre y trigo, aunque muy poco después la
apertura del mercado californiano restableció la prosperidad. Momentáneamente la preocupación era general y los periódicos dedicaban largos artículos a examinar las posibles repercusiones de la declinación del comercio de
tránsito sobre la economía interna. El principal de ellos fue la disminución de las rentas de Aduana y, consecuentemente, de los ingresos del Estado. Aunque es difícil precisar sobre quienes repercutió esta crisis, es indudable que el clima de intranquilidad que se generaba estuvo presente en
toda la coyuntura política de 1849.
Sin embargo, el factor más importante fue de otro tipo. " La revolución francesa de 1848 tuvo en Chile un eco poderoso". Estas palabras_, con
las que Vicuña Mackenna inicia su libro Los jirondinos chilenos, parecen
resumir la intensidad del ~pacto ideológico del proceso revolucionario
francés. Los demócratas republicanos que triunfaron en las jornadas de febrero tuvieron sus émulos en el Club de la Reforma:
Se ha dicho que en Chile no había patriotismo ni opinión y se ha
engañado - escribían en el número inicial de La R eforma- ; faltaba solamente una palanca que la removiese, un acontecimiento
grande y sublime que nos sacudiera, para presentarnos tan patriotas y republicanos como cualquier otro pueblo de la tierra. Los
últimos acontecimientos de la Francia. .. han dispuesto aquel entusiasmo ambiente, que se sintió en los grandes y gloriosos días
de nuestra revolución de Independencia.

L. A. Romero: Liberale1 y arte,am&gt;s en Santiago de Chile 23

~nservah:m todavía la confusión y ambigüedad que durante las ~tapas iniciales tuvieron para sus propios protagonistas, y legítimamente podían
ex~erse ~e los suces~ distintas consecuencias. Los sectores más jóvenes
del liberalismo,, y _especialmente los uniyersitarios, se sintieron atraídos por
la aureola romantica de los sucesos y recibieron, entremezclados todos los
mensajes de la revolución de febrera. De la Historia de los Girdndinos de
Lamartine, que llegó a Chile por entonces, se vendieron muchísimos ejem. OliZa&amp; cad a uno" , y sus tem~ estuvieron de moda durante
plares, " a selS
1849 Y 1850. Gustaban los jóvenes liberales de llamarse entre sí con los
nombres de los principales protagonistas de la Revolución Francesa: hubo
un D~nton, un Brissot, un Mirabeau; Eusebio Lillo, el poeta, fue Lamartine; Bilbao, el orador fogoso, fue V ergniaud; Santiago Arcos, Marat. Y así
co~o tomaron los nombres, repitieron sus actos y apelaron al pueblo, a
quien c~nvocaron, para ~e se i l ~ a primero y luego para que participara activamente en pohtica, resolviendo en favor de los jóvenes liberales
la lucha por el poder que entonces se estaba librando.
-Difícil sería exagerar la importancia de este impacto ideológico sobre
los jóvenes liberales. ·Santiago Arcos, uno de los fundadores del Club de la
Reforma, había estado en París hasta 1847. En febrero de 1850 volvió a
Santiago Francisco Bilbao, exiliado desde la condenación de su Sociabilidad Chile-na en 1844: no solo había convivido en Pana con Quinet, Michelet y Lamennais sino que había asistido activamente a las gloriosas jomanadas.de febrero y las más trágicas de junio. El ejemplo estaba demasiado
a la VlSta para que nó se sintiera tentado de buscar, en el apacible Santiago, al pueblo que debía educar y conducir y, sobre todo, a su parte más
culta, el artesanado.
También los moderados defensores del orden coincidían en atribuir
importancia a la experiencia francesa, y atacaban, con ironía mezclada con
preo_cupación, a "los que están viendo en todas partes jornadas de febrero,
barricadas, balazos, como la intención o el principio de una revolución. ..;
(los que) ~ he~ho alianza con la masa bruta del pueblo, enarbolando la
chaqueta roJa, súnholo del comunismo roto y también de la mashorca
de Rosas''_10
LA SOCIEDAD DE LA IGUALDAD LA FASE SOCIALISTA

Con moderación y aparente ingenuidad, el conseivador El Comercio
~e Valparaiso, redac~do por A!herdi, respondía que, aunque esos propósitos ~ran loables,, Chil? ya ~ab1a superado la etapa recién cumplida por la
Francia, pues hacia vanas decadas que tenía un gobierno republicano.9
No era solo hipocresía lo de El Comercio . .. Las noticias de Francia

(MARZO- JUNIO DE 1850)
El n~cleo inícial de la Sociedad de la Igualdad11 estuvo integrado por
Arcos, Bilbao, Recañarren, el poeta Eusebio Lillo y Benjamfu Vicuña
Mackenna, separados todos del Club de la Reforma. En las reuniones iniciales, de marzo de 1850, quedó definido el propósito básico: "atraerse al
pueblo, es decir a la clase ofüera. .. y esto por medio de sus más recomen-

�24

SwtoXIX

dables jefes de taller". El texto de Vicuña Mackenna sintetiza admirablemente el proceso intelectual seguido por un sector de la élite en su percepción del elemento popular; también define los medios seguidos por este
grupo de jóvenes intelectuales y políticos para acercarse a las clases laboriosas. Los maestros artesanos o jefes de taller, es decir la capa superior
de los trabajadores, aquellos que se distinguían por "su afición a la lectura
de diarios" o por "cierto tinte de ilustración"12 serían los convocados en
primer término, correspondiéndoles a ellos traducir las enseñamas recibidas al lenguaje más sencillo de los trabajadores comunes. Los jóvenes igualitarios contaban con capitalizar la organización del trabajo existente, y
también con aprovechar el ascendiente de los jefes de taller, ·pero al mismo
tiempo proyectaban aprovechar el otro ámbito donde los artesanos estaban
organizados, la Guardia Cívica, de la que muchos maestros eran sargentos.

En el núcleo fundador bahía "seis obreros, jefes de taller" (los términos eran considerados equivalentes), a los que agregaron otros cuando se
organizó la primera Junta Directiva. Entre estas diez personas (que constituyeron el grupo artesanal inicial de la Sociedad) bahía cuatro sastres, un
zapatero, un sombrerero, un talabartero, un carpintero, un tipógrafo y un
músico. En algunos casos, se aclaraba que eran jefes de taller, y en un caso
se especificaba que se trataba de un sargento de la Guardia Cívica. Con
excepción del tipógrafo, y en cierta medida del músico, todos los demás
pertenecían al artesanado tradicional y al conjunto de profesiones que, en
mayor o menor medida, se encontraban en cualquier ciudad chilena. Este
carácter tradicional del núcleo artesanal de los igualitarios está reforzado
por el hecho de que entre ellos no bahía ningún nombre extranjero. Podría agregarse que, posiblemente, no se tratara de artesanos muy prósperos, o por lo menos que hubieran realizado alguna de aquellas brillantes
carreras propias de los extranjeros especializados.
El resultado inicial de la convocatoria no fue muy exitoso. En la reunión inicial del grupo fundador, en el mes de marzo, se intercambiaron
noticias
acerca de la disposición en que se hallan los obreros de Santiago.
Solo oímos palabras desconsoladas -comenta Zapiola- que hubieran desalentado a los más entusiastas, pero no a nosotros, que
teníamos fe en nuestra obra.
Aunque la Sociedad creció mucho en los meses siguientes, nunca atrajo a un número considerable de artesanos ni logró dar a los pocos que concmrieron formas organizativas sólidas, capaces de resistir la represión gubernamental. A fines de 1850, uno de los dirigentes renegaba de la "soñolienta capital", donde con la excepción de veinte jefes de taller "no bahía prácticamente pueblo".

L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chüe

25

La misma convocatoria había sido limitada, pues los igualitarios recortaron claramente a su interlocutor dentro del conjunto de los sectores
populares santiaguinos, y en ningún momento pensaron en acudir a los
rotos; por el contrario, hay evidencias posteriores del deseo de evitar cuidadosamente su participación, especialmente durante el motín del 20 de
abril de 1851. Luego de su fracaso, Santiago Arcos, el más lúcido de los
dirigentes igualitarios, reconoció que "los que por entonces estuvieron en
contacto con usted (Bilbao) fueron muy pocos", aunque a diferencia de
los que participaron en otros movimientos en ese año se trataba de "pobres inteligentes".13
'
Santi~~, Arcos había sido precisamente quien inició el viraje de los
~pos m3&amp; JQvenes del Club de la Reforma hacia posiciones novedosas. Segun recuerda Zapiola, en una de las sesiones del Club a fines de 1849 manifestó ~e "nuestros trabajos no solo deben tener p;r objeto el trilUlfo de
un candidato_ progre~~,sino también sacar al pueblo de la vergonzosa tutela que lo tiene SUJeto . En febrero de 1850 regresó de Paris Francisco
Bilbao; su person:tlid~d vigoro~, el prestigio que le daba su emigración de
184.5 y ~ expenenci~ e~ las Jornadas de 1848 hicieron que sus vagas y
confusas ideas se convirtieran en el programa inicial de la Sociedad. El Estatuto que pr~paró incluía tres puntos lo suficientemente generales como
para que pudieran ser aceptados por cualquier liberal, y solo suscitaron roces en el aspecto religioso.
. ~l progr~~ ~e la Sociedad adquirió expresión más clara con la puhli~c10n del penodico El Amigo del Pueblo, dirigido por Eusebio Lillo·
Vicuña Mackenna lo definió como "más socialista que democrático m~
rev~lucionario ~e ~~ítico". En l?s editoriales de El Amigo del Pueblo se
adVIerte la comhmac10n de la antigua problemática política con la nueva
perspectiva social. El objetivo inmediato seguía siendo la reforma electoral
Y_l~ lucha por l~ libertad y la justicia; pero apartándose de la vieja tradición
pipiola, El Amigo_ del ~ueblo desechaba la vía electoral o golpista, se defima como revoluc10nano pero no violento y, reafirmando su fe en las ideas
Y, la. prop~anda, proponía "una revolución pacífica y santa, que nos dejara bienes m.mensos y con un horizonte político sereno y bien extendido".
Para lo~arlo, era necesario acceder a quien debía ser el agente de esa
transfonnacron: el pueblo, llevando hasta él aquellas ideas que en su sen?, hi:!'rí3!1 de fructificar. "Liguémonos al pueblo", proclamab~ el perió~co, ah~º?ºª p~ ~n nuestras ideas hasta el corazón del pueblo, deJ~do alli el ~~en vivificador _de los buenos principios. ..".14 Organizac1on y educacr~n eran los cammos para una reforma pacífica pero profund~ de la ~ciedad f p~a ello era necesario "ilustrar al pueblo, dándole
una IDStrucc10n gratuita; mculcar el principio del amor y la fraternidad".

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L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chile

'l:l

SigloXIX

Esa función docente se habria de cumplir en forma sistemática, por medio
de cursos, pero también a través de la convivencia entre los "caballeros" y
la "gente del pueblo", como lo expresaba con entusiasta ingenuidad el
mismo José Zapiola:
Los resultados (de la Sociedad) correspondieron a sus miras,
pues el hombre culto modelaba por e1 su porte, con tanta mejor
voluntad cuanto que era tratado con consideraciones que le eran
desconocidas hasta entonces .

Santiago Arcos expresó con más claridad que ninguno de sus compañeros los contenidos programáticos del grupo societario. En su Carta a
Francisco Bilbao, escrita en 1852, separó claramente a la Sociedad del viejo partido pipiolo, al afirmar que estos diferian de los pelucones solo en
matices. Es curioso sin embargo que, en el vasto programa de transformaciones del país que proponía, y que incluía el reparto de los latifundios y
la inmigración en gran escala, no se hiciera la menor mención a los arte~
nos y a sus eventuales intereses. Los artesanos, cuya voz apenas se 01a,
fueron convocados a apoyar un programa de objetivos generales, que no
incluía sus reivindicaciones específicas.
Los jóvenes igualitarios dieron a la organización de la Sociedad más
importancia que a las formulaciones programáticas. Sus reglas se establecieron con toda formalidad. El grupo inicial que integraban cinco intelectuales y seis artesanos, decidió adoptar una organización desceptralizada,
fomentando la constitución de distintos grupos barriales, donde se di..&lt;ieu•
tirian los problemas, aportando iniciativas que debía canalizar la Junta Directiva. Cada grupo podía tener un máximo de 24 miembros, procurando
así facilitar la participación de los integrantes; cada uno de ellos recibía del
secretario del grupo una credencial como socio, que le permitía concurrir
a las reuniones plenarias de toda la Sociedad, que se celebraban quincenalmente. Estas eran coordinadas por la Junta Directiva central y en ellas se
discutían las proposiciones elaboradas por los grupos.
Dos eran las tareas principales de la Sociedad y ninguna de ellas se relacionaba con la política práctica o con la lucha de partidos. La primera
consistía en discutir diversos proyectos que hacían a la reforma poüticao al
mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo. La segunda, en el dictado de cursos en los que cada uno de sus miembros aportaba sus conocimientos, sin distinciones ni jerarquías. Manuel Recabarren enseñaba economía política, Bilbao filosofía, Arcos tocaba temas políticos; junto con
ellos, Zapiola enseñaba música, el sastre Rojas costura y "un negro... Mr.
Moore, inglés a los ciudadanos de poncho".
Para los igualitarios estos cursos satisfacían varios objetivos. Además

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de cultivar a los artesanos y prepararlos para su misión trascendente, los
apartaban del vicio, del juego y la bebida. Finalmente, obreros y artesanos
instruidos no podrian ser captados por los partidos oficialistas u opositores mediante los tradicionales mecanismos del soborno o el alcohol. Esta
confianza en la pedagogía y en los resultados que se podían obtener a largo
plazo se acompañaba de un rechazo a la posibilidad de constituir un movimiento masivo, que pudiera obtener rápidos resultados electorales. Ambas
notas caracterizaron esta primera fase de la Sociedad, que podria calificarse de socialista.

LA SOCIEDAD DE LA IGUALDAD: LA FASE LIBERAL
(JULIO- NOVIEMBRE DE 1850)
En sus primeros meses de vida la Sociedad se mantuvo dentro de los
lineamientos trazados por sus fundadores y procuró mantenerse por encima de la lucha de partidos, que arreciaba a medida que se acercaba la elección. La Sociedad, que inicialmente había absorbido al Club de la Reforma, tenía cada día más miembros y adherentes, aunque entre los nuevos,
antes que los artesanos, predominaban los jóvenes de buena familia. Hacia
el mes de julio los concurrentes a las reuniones desbordaban el patio de la
casa que servía de sede y salían a la calle; entre los sectores adictos al gobierno crecía el temor de que la Sociedad, inicialmente no comprometida
en la lucha política inmediata, fuera absorbida por la oposición liberal.
La coyuntura política influyó en el cambio de orientación de la Sociedad. La designación de Varas en el ministerio de Interior y la ya segura
candidatura de Montt llevaron a Vial, los liberales y sus seguidores, a acercarse a la Sociedad, "único elemento de poder que le queda a la oposición". Esto desató conflictos entre los directivos originales de la Sociedad
y los nuevos adherentes liberales. Momentáneamente los primeros mantuvieron el control, gracias al apoyo de los artesanos, como se reveló en el.
cuestionamiento que los liberales hicieron a Bilbao por la publicación de
sus Boletines del Espíritu, en los que, siguiendo a Lamennais, atacaba algunos dogmas del catolicismo.
Sin embargo, no pudieron mantenerse fuera de la lucha política partidista. A principios de agosto los miembros de la Sociedad comenzaron a
concurrir en grupos a la Cámara. El 19 de agosto, un grupo policial, al que
se unió gente reclutada en los barrios bajos, asaltó la sede de la Sociedad,
donde había finalizado una de las reuniones plenarias " rompiendo algunos
huesos en la disputa que se produjo, magullando a unos cuantos y capturando a algunos para enviarlos a prisión". La noticia conmovió a la ciudad
y en pocos días la Sociedad triplicó sus adherentes, que pasaron de 600 a
2000. Fue necesario alquilar para las reuniones un local descubierto en la

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SigioXIX

calle Duarte, a pocos pasos de la Alameda. Buena parte de los nuevos adherentes provenía de la oposición liberal y de la fracción de origen conservador de Manuel Camilo Vial, que ingresaron masivamente en la sociedad.
Tal como lo dejó testimoniado Blest Gana en Martín Rivas, la politización
de la ciudad alcanzó un punto muy elevado, que no decrecería sino a m&amp;
diados de 1851.
Desde el mes de octubre la Sociedad apareció volcada definitivamente
a la lucha política. Apoyaron la candidatura presidencial de Ramón Errázuriz, figura difícilmente identificable con un programa progresista. En
octubre, el poeta Eusebio Lillo componía una marcha, La Igualitaria, al
estilo de las de la Francia revolucionaria, llamando al pueblo a la lucha. El
periódico La Barra, abandonando la prédica pacifista y reformista de los
primeros tiempos, desafiaba al gobierno con lenguaje encendido: "¿Qu&amp;
réis hacer fuego sobre el pueblo? ¡Cuidado! Porque el pueblo obrero os
cargará las víctimas de una cuenta terrible y sangrienta" .15

L. A. Romero: Liberalu y artesanos en Santú,go de Chile

29

que fueron excluidos algunos suboficiales que simpatizaban con lós Igualitarios, y reforzando la vigilancia. Como se vio, el 19 de agosto, un grupo organizado y protegido por oficiales de la policía había asaltado el local dela Sociedad. El ataque fracasó porque otra partida policial, que desoonocía el suceso, entró al edificio y arrestó a los asaltantes. La integración del grupo
asaltante muestra el intento del gobierno de movilizar a otros grupos populares, tanto de artesanos como del bajo mundo, para oponerse a los iguali·
talios. Habían en él gente de la calle de la Bandera (por,entonces una de las
zonas peligrosas de Santiago), y también dos zapateros, un carpintero y un
jornalero. Su jefe era Isidro Jara "El Chanchero", de variadas profesiones:
herrero en Valparaiso, bodeguero en Santiago, y luego agente electoral del
gobierno, "enganchador de reclutas mediante los garitos tolerad9s" y en
ese momento sargento de la Gu&lt;1Idia Cív,ica. El fracasado a.salto resultó contraproducente: aumentó las adhesiones a la Sociedad y despertó fuertes
críticas entre los sectores altos santiaguinos, sobre todo por Sil poca eficacia.17

A mediados de octubre, luego de una de las sesiones plenarias, se orga-

nizó un desfile por la Alameda hasta el Cuartel de Artillería, ubicado en el
extremo este del paseo; en respuesta el gobierno decidió prohibir las manifestaciones públicas. Un par de semanas después se realizó lo que sería la
última reunión pública de la Sociedad, a la que asistieron unas 1500 personas, "entre las cuales había no menos de 200 personas de distinción"; a
sn término hubo una nueva procesión por la Alameda, realizada por "200
personas decentes. .• y algunos artesanos", reclamando que el gobierno declarara formalmente que no auspiciaba la candidatura de Montt. Poco después se produjo el motín de San Felipe; llegado ese punto, el gobierno decidió declarar el estado de sitio y ordenó la disolución de la Sociedad.
El gobierno había demorado varios meses en decidirse a tomar esa m&amp;
dida, a lo largo de los cuales su preocupación fue en aumento, al igual que
la de los sectores altos de la sociedad santiaguina: "un buen pueblo debe
contentarse con el derecho de divertirse en las festividades públicas y no
meterse en lo que no entiende. Si cada artesano da su opinión en política,
no veo la utilidad de estudiar", dice uno de los personajes de Martín Rivas.
A los fantasmas de igualitarismo y el comunismo se unía el temor de una
sangrienta insurrección, que prepararían los jóvenes igualitarios "con apoyo de las masas, a las que darían los despojos del saqueo de las casas de los
ricos".16
En lvS primeros meses, el grupo político que ocupaba el gobierno pudo pensar en disputar la calle a los liberales e igualitarios, pero en ese terreno fue totalmente derrotado. Se preocupó en cambio por controlar los
aspectos más peligrosos de la situación, depurando la Guardia Cívica, de la

Luego del asalto fracasado el gohiemo se mantuvo a la expectativa,
limitándose a circunscribir las manifestaciones c,allejeras. Pero . el mitín
producido en la vecina capital departamental de San Felipe, donde participaron igualitarios y artesanos, lo llevó a declarar, el 7 de noviemhre, el
estado de sitio y la disolución de la Sociedad, detefliendo a muchos de sus
dingent~. Según el gobierno, los responsables de los desórdene~ eran los
políticos, in,telectuales y periodistas, culpables de "explotar la ignorancia y
mala$ pasiones de la clase acomodada",
La acción del gobie1110, muy rápida, evitó cualquier posible oposición,
perq la Sociedad tampoco fue capaz de ensayar resistencia ltlguna. Lamayoría de los dirigentes apresados fueron deportados, a Lima alguno.a, al
penal de Magallanes los menos afortunados. "Las prisiones de artesanos
continúan a destajo -anota Vicuña Mackenna en su Di.ario- y no pasa día
sin que tomen a diez o doce de estos infelices, de los cuales muchos han sid9 enviados a V alparaiso". Los que quedaron, v:ieron con amarga desilusión que la esperad¡¡ reacción popular no se producía y que, de los 5000
artesanos con que Bilbao declaraba poder contar, solo había algunos grupos pequeños, impotentes y faltos de organización.
.
Por unos días, imaginaron que era posible asaltar. el Cuartel de Artill&amp;
ría, "armar al pueblo, reunirlo to.c ando a rebato en el campanario, y generala, en los cuartel.es. .. y esperar al enemigo en la Alameda". Sin embargo,
las noticiaa. qu~. fy.eron llegando resultaron desalentador1113: las partidas,
mucho más reducidas que lo supuesto, optaban por disolverse por falta de
elementos para combatir, o habían sido delatadas a las fuerzas del gobierno. De, los.300 ~nos que, según se decía, estaban reunidos en San Mi-

�L. A. Romero: Liberalu y artuano, en Santitwo de Chile

30

31

SigtoXIX

dos eran escasamente doscientos.
goel (el sohurlrio del Sur), solo quedaban partidas sueltas, que se disol'rieron "por no tener annas, ni siquiera piedras con que hacer frente a los
granaderos y al (regimiento) Y ungay, que se acercaba a dispersarlos." Similares noticias llegaban de las parti1las que el sastre Rojas tenía (o debía
haber tenido) en el Tajamar, o de la de Melcbor Ugarte al sur de la Alameda.

A estas anotaciones de su Diario, Vicuña Macketma agregaría, aiios de&amp;pués, amargos oomentarlos sobre la capacidad y el valor de algunos dirigentes, que gastaron todo su talento en encontrar insólitos escondrijos
para eludir la detención. ba Sociedad, dueña basta entonces de- la calle,
fue rápidamente derrotada por un gobierno que, además, se benefició
con la llegada del verano y el fin del aiio político.

EL MOTIN DE SANTIAGO (20 DE ABRIL DE 1851)
Lentamente, a medida que el verano concluía, los dirigentes radicales
reanudaron la actmdad con la esperanza de una nueva confrontación con
el gobierno, La posibilidad de movilizar y organizar a los sectores populares que habían simpatizado con la Sociedad de la Igualdad no bahía sido
descartada; Vicuña Mackenna recorrió los talleres, hablando con los artesanos y repartiendo ejemplares de La Bon-a. Sin embargo, la mayoría se inclinaba por lograr el respaldo de alguna unidad militar e intentar un golpe
contra el gobierno, para lo cual consiguieron el apoyo del coronel Urriola,
jefe del regimiento Valdivia, la unidad militar más importante de Santiago,
a quien se comprometió la adhesión de "cinco mil igualitarios". Pese a que
se insistía en las ideas originarias de movilización del pueblo al estilo de las
jornadas parisinas, el apoyo a un golpe militar que, en definitiva, solo reclamaba la renuncia del ministerio y el retiro del apoyo a Montt, significó
empero un retroceso considerable respecto de los postulados iniciales de la
Sociedad.
En la madrugada del 20 de abril de 1851, el Regimiento Valdívia ocupó la Plaza de Armas; en ese momento el gobierno no disponía de una
fuena militar equivalente. Rápidamente se juntó en las inmediaciones una
enorme cantidad de gente; las esquinas "estaban atestadas de curiosos y de
paseantes, especialmente de sirvientes domésticos, que iban al recaudo del
aLasto". Urriola y los dirigentes igualitarios arengaron a la muchedumbre
pero C'&gt;n escaso éxito: la mayoría optó }l'&gt;r irse, aunque muchos se queda•
ron a presenciar un cspectáeúlo que prometía ser animado. Pn grupo reducido se incorporó al movimiento, pero entre ellos escaseaban los obreros y
artesanos 1fUÍCnes, según se supo dcspuéí!, en su mayon'a estaban en ese
momento acudiendo al llamado de los cuartele I de la Guardia; abundaba,
en caml,io, "el ¡10pulacho d,~ 1()1; arrabales". Par cnton~, los civiles arma-

Con lentitud, Urriola ocupó el Cuartel de Artillería, decisivo para el
triunfo de cualquier motín. Los civiles llegaban a cuatrocientos, aunque
muchos solo estáhan armados con adoquines. El motín comenzó a tomar
la apariencia de una jornada parisina, con barricadas cerrando la Alameda
y tiradores en los techos de las casas vecinas. Pero poco pudieron hacer
cuaildo dos regimientos gubernamentales, y coinpaiiías de la guardia Civil, asaltaron el cuartel
La derrota militar del levantamiento estaba de algún modo preannnciada por el fracaso en la movilización del artesanado. Muchos permanecieron indiferentes y otros, inclusive, acudieron a la convocatoria de los
regimientos de la Guardia Cívica y terminaron combatiendo contra los
igualitarios. Los jóvenes dirigentes, que soñaban con condncir al pueblo
al poder, se vieron así enfrentados con una realidad bien distinta. Un Ji.
beral puro, como José Victoriano Lastarria, con escasas veleidades populares, atribuía esta defección del puebló a "su imbecilidad" innata y a los
erróres de condncción. Vicufia Mackenna lo atribuyó, en cambio, a la falta
de convicciones ideológicas profundas de los obreros, tocados solo superficialmente por la prédica de la Sociedad. Esta había sido eficaz mientras
todo se limitara a escuchar conferencias o, inclusive, a ganar la calle, pero
no resultó lo suficientemente fuerte como para que tomaran las armas.
¡

Sólo le quedó a los igualitarios la adhesión de "cincuenta o cien hombres resueltos, la mayoría jefe de taller o aprendices". En cambio, los igualitarios descubrieron en la jornada de abril un aliado tan sorpresivo como
poco deseado.
En cuanto a la turbamulta que nos había venido siguiendo desde
los arrabales -escribe Vicuña Mackenna- esta solo pedía dinero;
pero al mismo tiempo pedía fusiles. Esta era la leva revolucio~
ria del motín, la carne de cañ6n de las batallas. Esos querían pelear.

El rechazo al "bajo pueblo", a los "rotos", es aquí bien explícito.
La represión que siguió al motín fue lo suficientemente intensa como
para que, en momentos en que la guerra civil agitaba todo el país, Santiago
no volviera a ser escenario de hechos de importancia. En mayo se proclamó en Concepción la candidatura del general Cruz, militar y conservado,r,
pero hombre del sur. Los liberales santiaguinos y los propios igualitarios
sobrevivientes la apoyaron, aunque muy poco del programa del general
tenía que ver con la tradición igualitaria. En Santiago las elecciones fu~
ron canónicas y triunfó Montt, con la colaboración de la maquinaria ele-o- .

�32

SipXIX
L. A. Romero: Liberale• y anuano• en Santiago de Chile

toral integrada por los habituales "apretadores", "discutidores", "compradores" y "banqueros".

A la oposición liberal solo le quedó realizar una manifestación frente
al periódico El Progreso, atrincherándose "detrás de las montañas de tierra
de un edificio en construcción, y combatir a pedradas con la policía", es
decir poco más o menos lo que había podido hacer en 1840 o 184.5. ~uego
del triunfo de Montt se inició en el norte y el sur el vasto levantamiento
que encabezó d general Cruz y que culminó con su derrota en Loncomilla.
Durante esos agitados días, nada ocurrió en Santiago, celosamente vigilada
por la policía, y muchos de los jefes igualitarios y liberales prefirieron trasladaJSe a otros lugares para desarrollar su acción. Así culminó esta experiencia, la primera de importancia, de convocatoria política del artesanado

santiaguino.

33

esta experiencia intelectual aumentó, a los ojos de los jóvenes igualitarios,
la visibilidad social y política de los artesanos.
La convocatoria de 1850 incluyó dos vetas diferentes, que acabaron
mezclándose. La primera se inspiraba en el pensamiento social europeo
de ~vanzada, aunque recogía motivos de la más tradicional Ilustración. A
través de la Sociedad se pensaba realizar una lenta y paciente tarea de
educación, en la que lo político era solo una de las dimensiones. La segunda se vinculaba con necesidades más inmediatas: encontrar apoyos para jaquear a una faccjón adversa que, con el monopolio del poder, estaba
asegurándose los beneficios de la sucesión. Esta segt&gt;.nda veta, que suponía una manipulación de la movilización popular, también reconocía precedentes europeos, como el reformismo británico de 1832 o la revolución
parisina de 1830.

CONCLUSIONES
Estos episodios pemúten sacar algunas conclusiones acerca de la vida
política de la capital chilena y la acción de los grupos liberales. También,
aunque en menor medida, sobre la historia de los sectores populares san-

tiaguinos.
La creación de la Sociedad de la Igualdad marca una separación entre
dos maneras de convocar a los sectores populares para dirimir conflictos
políticos en d seno de la élite. Tradicionalmente, en los momentos de crisis, alguno de los dos sectores convocaba al temido y despreciado populacho. Lo hacían generalmente quienes estaban en la oposición, y si tenían éxito se apresuraban a desprenderse de tan incómodos aliados. El
período 1849-51, cuando se decidió la sucesión del general Bulnes, tuvo
todos los ingredientes para estimular estas formas tradicionales de convocatoria.
Pero la apelación de 1850 fue distinta. En parte contribuyó a ello la
experiencia de quienes advirtieron el desarrollo del artesano santiaguino.
Objetivamente, los artesanos eran más numerosos, se los encontraba en
más lugares, suscitaban más comentarios y preocupaciones, mostraban más
aristas conflictivas. Pero taniliién influyó otra experiencia, de naturaleza
más ideológica: el impacto del proceso revolucionario europeo, en cuya
vanguardia siempre l10día encontrarse a los herederos de los míticos sans
culottcs. transfonnados en los más modernos trabajadores. Con él, la influencia de muchos escritora;: románticos, republicanos, demócratas, socialistas, utópicos, cuyas ideas, rara wz leídas de primera mano, podían sin
embargo cncontrars..· en la profu..--a literatura dt• dinilgarión qlll' circulaba
por las manos de cual11uier jown ilustrado. Es difícil saber hasta que punto

. Así, el proceso político de esos años transfonnó la naturaleza de la Sociedad, convirtiéndola en el ariete de la oposición liberal que se adueñó de
su dirección. A ella ingresaron todos los dirigentes opositores, quienes la
utilizaron para reeditar en Santiago una joumée paririna. Luego, el grupo
dirigente se apartó cada vez más de las líneas originarias: jugó sus cartas a
un "pronunciamiento" a la española, en el que la participación popular
fue escasa e inútil, y luego las depositó en manos de un general conservador.
Todo culminó en un fracaso inmediato pero dejó sus l\,uellas. La escena política se hizo más compleja que antes; por otra parte, y por caminos
diversos, el advenimientó de Montt inició una larga transiciÓJ\, {{lle dos
décadas después llevaría -a la presidencia a un liberal definido, Federico
Errázuriz, cualquiera que sea el significado que tal denominación política
tenga.
El episodio taniliién dice algo, si no mucho, sobre la historia de los
sectores populares santiaguinos. Los sucesos tienen un carácter menos
épico que lo que la tradición ha presentado hahitualniente. La Sociedad
no movilizó a demasiados artesanos. Aunque no lo sabemos con seguridad,
parece que quienes respondieron a la convocatoria se encontraban entre
los grupos más rezagados y menos beneficiados con las transformaciones
económicas generales, de modo que su participación pudo haber expresado algún tipo de disconformismo generado en esa situación. Pero no se manifestarón ní objetivos propios ni formas autónomas de organización. Más
aún, la Sociedad no pudo romper las formas tradicionales de encuadramiento: los artesanos respondieron en ,buena medida a la convocatoria a la
Guardia Nacional y participaron en la represipn de los igualitarios.
·

�34

L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chile

SigloXIX

Y sin embargo, este movimiento ocupa legítimamente un lugar en la
historia,. fragmentaria y discontínua, de unos sectores populares que medio
siglo después serían protagonistas principales de las luchas sociales y políticas de Santiago y de Chile. Algunos de los artesanos que hicieron sus primeras experiencias en la Sociedad aparecen, en las décadas siguientes, animando los movimientos mutualistas, antecesores de las formas más modernas de sindicalismo.
Pero sobre todo, la experiencia de la Sociedad pasó a convertirse en
algo así como la piedra inicial de una historia, más mítica que real, de estos
sectores. En ella, lo real se combinó con lo imaginado, aprovechando episodios realmente ocurridos con otros que forjaron a posteriori sus protagonistas y otros- proyectados por quienes se sentían sus sucesores. La validez
de estas tradiciones no tiene nect.Sariamente que ver con la opinión de los
especialistas acerca de su veracidad, pero establecer qué hay de cierto y
qué hay de mítico en ellas -como se trató de hacer en estas páginas-, ayuda a entender los aspectos más específicamente ideológicos a través de los
cuales los sectores populares van construyendo su identidad.

3.5

celo Segall, Ltu luchas de clases en las primeras décadas de la República de Chile,
1810-1846. Santiago, 1962.
9. Artículos del Comercio de Valparaiso a propósito de la Revolución Francesa de
1848, Valparaiso, 1848. La cita de La Reforma está tomada de Luis Vitale,
Interpretación marrista de la hútoria de Chile, Santiago, t. 11, 1971.

10. El Comercio de Valparaiso, 2-5-1849.
11. Los testimonios referidos a la Sociedad de la Igualdad son escasos. Una de las
fuentes principales es el folleto La Sociedad de la Igualdad y ,,u enemigos (Santiago, 1850), escrito por uno de sus miembros, el músico José Zapiola, quien
fümó con las iniciales E. A. La otra fuente importante es la Hútoria de la jornada del 20 de abril, de Vicuña Madcenna. La obra fue escrita en 1878 y el~
toriador y político liberal analiza los hechos, en los que participÓ, con una perspectiva influida por los casi treinta años tmnscunidos. Muchas de sus apreciaciones contrastan con las de su Diario, escrito entre 1850 y 1851, que sirvió de base
para su historia. Cf. "Diario de don Benjamín Vicuña Mackenna desde el 28 de
octubre de 1850 hasta el 15 de abril de 1851", Revúta Chilena de Hútoria y
Geografía, I, 2 a 4, Santiago, 1911. También tiene interés el "Diario de don
José Victorino Lastarria desde junio de 1849 hasta maizo de 1852", en Revista
Chilena, 1, 1 y 2, 1917/18.
12. Barros Arana, cit., l XV, p. 383. La cita recuerda el texto en el que Sanniento
se admiraba de que un artesano se hubiera suscripto a El ho(freso.

NOTAS
l. Sobre los cambios en las sociedades latinoamericanas y sos ideologías, véase:

José Luis Romero, Lotinoarnérica,

la, ciudades y la, ideas. México, Siglo Vein-

tiuno F.ditores, 1976.

2. "Santiago", en El Prope,o, Santiago de Chile, 19-12-1842. Marcial González,
"Situación económica", en Revista de Santiago, 1, 1848, p. 36.

13. Santiago Aloos, Carta a Francilco Bilbao (1852). Reproducida en Hemán Godoy UIZúa, Estructura social de Chile. Santiago, F.ditorial Universitaria, 1971,
p. 200 y ss.
14. Los textos de este periódico están tomados de Julio César Jobet, Santiago Arcos
Arlegui y la Sociedad de la Igualdad. Un socialista utopúta chileno. Santiago,
F.ditorial Cultura, 1942, p. 121. El artículo parece haber sido escrito por Arcos.
En todo el texto, el único sinónimo de "pueblo" que se emplea es "artesano".
15. Los textos de La Barra

están tomados de Vicuña Madcenna, Hútoria, cil

3. Domingo F. Sarmiento, "Las madezas", en Obru, t. X, Santiago, 1887, p. 190.
16. Gilliss, cit., p. 478.

4. James M. Gilliss, Tlie U.S. Astronomical Expedition to Southem Hemúphere
during the yean 1849 to 1852. Washington, 1855, t. 1, "Chih..,, p. 214. "Santiago". cit.

5. Gilliss, cit., p. 219.
6. Sarmiento, "El salario", en Obras, X, p. 232. "El crédito en manos del pueblo",
en El Comercio de Valparaiso, 12-1-1849. "Las válvuJas de seguridad", en El
Comercio de Valparairo, 19-2-49.
7. Richard Longevillc VoweU, Campa&amp;u y cruceros en. Venezuela y Nueva Granada
y en el Océano Pacíftco, de 1817 a 1830_ En J.T. Medina y G. Feliu Cruz, Viaje,
relativo.a Chile, IV, Santiago, 1962, p. 261.

8. Diego Bauo5 Arana, Un decenio de la liidoria de Chile, 184"-1851. En Obra,
Completa., XIV, Santiago. 1913, p. 99-100. Sobre estos episodios, véase: Mar-

17. Vicuña Madcenna, cit., p. 139. Véase: Abél Valdés A., "El asalto a la Sociedad
de la Igualdad en 1850", en Revilta Chilena de Hi6toria y Geografía, no. 116,
Santiago, 1950.

�Progreso, inmigración y libertad
de cultos en Perú a mediados
del siglo XIX
Pilar García Jordán*

-

Si á los prodigiosos esfuenos que hicimos para emanciparnos debemos nuestra existencia política, á los que empleemos para
atraer la inmigración deberemos nuestra prosperidad futura. .. La
intolerancia. ese funesto legado del coloniaje y de la ignorancia
de nuestros padres, es uno de los graves inconvenientes que tenemos que combatir para facilitar la inmigración europea, que es la
preferible en el estado de infancia de nuestra sociedad. Goze el
inmigrado de amplia seguridad y proteccion, desaparezca el esclusivismo que lo reduce á la condicion de peregrino ó mendigo,
respétese el santuario de su conciencia. y de su culto, y se purificará nuestro hermoso suelo del contajio venenoso que auyenta á las
poblaciones del antiguo mundo, y se llenarán de hombres nuestros grandes vacios territoriales, y cambiarán de aspecto los inmensos desiertos, en donde, por falta de recursos, no ha podido
aun la tienda del viajero desplegar su dosel hospitalario.1

Con estas palabras el ministro de Gobierno, Juan Manuel del Mar, propuso al Congreso, en 1849, la aprobación de un proyecto de le~, sobre inmigración extranjera; la tesis fundamental aducida fue la estrecha dependencia existente entre prosperidad, desarrollo eeonómico y entrada de inmigrantes - mejor si fuesen anglosajones- los cuales aportarían 1aano de
obra y/o capitales. Como he señalado en otros artículoi en 1845 se inició una progresiva adaptación del Pení al mercado exterior, cuando la explotación del guano generó los capitales suficientes para proceder a la
transformación de las estructuras existentes, proceso propugnado por los
sectores emergentes de la costa y algunos grupos terratenientes del interior, interesados en principio en la vertebración de un Estado moderno.
Este proyecto implicaba necesariamente la abolición de los fueros personales y corporativos y la desaparición de gravámenes o cargas existentes
sobre la tierra, tales como censos, diezmos, capellanías, vinculaciones, etc.,
*Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona

�38

P. Garcw Jordán: Progruo, inmisración y culto• en Perú

Si&amp;foXJX

privilegios de los cuales la Iglesia era sino la única, sí la princiral ~en~~
ciaria En consecuencia la influencia social de la que gozaba la ínstitucion
fue taniliién cuestionada, iniciándose un proceso secularizador de la vida
pública cuyas características son prácti~ente d~sconoc~d'.'51 aunque
foizosamente debió afectar en alguna medida la Vida cotidiana de los
peruanos.
No es de extrañar que la Iglesia ante esta "ofensiva liberal" planteara
una defensa a fondo tarito de sus bienes como de su ideología, o lo que es
lo mismo se esforzara en reivindicar cuán necesaria era la presencia de la
religión y de una institución e~esial fuerte ~n ,1a sociedad pei:uana Los mecanismos utilizados fueron varios pero aqui solo voy a refenrme a uno, la
organización de laicos que fueran capaces de presionar, a través de la pre~sa y mediante actos públicos, en la calle o e? el templo, S_?bre el poder Civil siempre que la influencia social de la Iglesia fuese cuestionada
El tema más conflictivo fue sin duda alguna la polémica alrededor de
la tolerancia de cultos, quebrando así fa tradicional unidad r~,ligiosa en
tomo a la religión católica De acuerdo con toda la documentacion consultada3 la posible aprobación por la Cámara Constituyente en 1867 _de la
libertad de cultos fue la causa inmediata del surgimiento de la Sociedad
Católico-Peruana - SCP-; como intentaré demostrar en este trabajo, aquélla es sólo una de las razones, no la más importante pero sí la más efectiva,
en aras a lograr una mayor movilización de las masas populares frente al
poder legislativo. De esta forma la defensa de la religió~ enmascara la defensa del status ideológico y socioeconómico de la IgleSia y de unos sectores sociales más vinculados al pasado que al futuro, en el período en que se
produjo el primer intento de vertebración del Estado moderno peruano.

"LA REIJGION DE LA REPUBIJCA DEL PERU ES, Y SERA SIEMPRE
LA-CATOUCA, APOSTOIJCA, ROMANA, UNICA VERDADERA CON
EXCLUSION DE OTRA ALGUNA"

4

El F.statuto Provisional dictado p0r San Martín con fecha 8 de octubre de 1821, primer documento constitu~i?~al de} !erú repuhli~3!!º, reconocía en su artículo primero que la religion catolica era la religion del
Estado el cual se encargaría de conservarla defenderla de cualquier ataque a sus dogmas o principios fundamenq¡).es .

¡

En consecuencia no debe extrañamos que cuando en 1823, la Comisión encargada de redactar las bases constitucionales del nuevo Estado
planteó la posibilidad de incluir entre las m~as. la tole~an~a de cult~s,
el hecho levantase un cierto malestar entre las fuerzas Vivas de la sociedad limeña que enviaron rápidamente una carta al Congreso. El texto de-

39

nunció la redacción "confusa" del artículo So. de las bases constitucionales, cuya formulación era susceptible de interpretaciones "siniestras",
esto es la tolerancia religiosa, reivindicando por el contrario la unidad religiosa permanente en el Pení, aunque ello supusiera "renunciar.. .a cuantas
ventajas temporales podría proporcionarles la mezcla con los heterodoxos',6
Por vez primera se relacionan directamente dos cuestiones que a lo largo
del siglo XIX aparecerán unidas -positiva o negativamente según quien
sea el personaje que lo haga- como son la libertad de cultos y el progreso
del país.

La Asamblea de 1823 se inclinó finalmente por la opción conservadora, con una mayoría de votos favorables a que la religión y la Iglesia estuvieran protegidas por el F.stado, el cual habría de velar y asegurar el mantenimiento de ambas. El hecho subrayaba aun más si cahe el significado de la
independencia, proclamada en el Pení como única alternativa que garantizaba la continuidad de las estructuras socioeconómicas vigentes hasta entonces, de las cuales la Iglesia era institución fundamental y la religión,
principal instrumento ideológico de los grupos dominantes. Además h1&gt;
mos de tener en cuenta que el papel de la religión nunca fue cuestionado
ni siquiera por los sectores progresistas que participaban de la idea utili~a de la misma y del clero secular que la propagaba Por ello todas las
constituciones que siguieron a la Carta de 1823, la llamada constitución
"vitalicia" del 26 con Bolívar de presidente,7 la aprobada en 1828 con
La Mar de presidente con claras connotaciones liberales,8 el texto de 1834
y la carta de Huancayo -que aprobada en 1839 estuvo vigente hasta la
"revolución liberal" promovida por Castilla en 1855- todas ellas mantu•
vieron prácticamente sin cambios los artículos relativos a la religión y la
institución eclesial.
Sólo de forma esporádica, a lo largo de las dos primeras décadas republicanas, se publicaron escritos atacando a la Iglesia como institución detentadora de privilegios seculares y bienes materiales considerables, la cual
era considerada al miSlno tiempo el principal obstáculo para el desarrollo
del país y el bienestar de sus habitantes. En esta línea de pensamiento se
incluyen por ejemplo un largo artículo de Vicente Albistur y algunos escritos de Tobías ~eón, todos fechados en 1825,9 donde a pesar de criticar
a la Iglesia como receptora de diezmos, capellanías, vinculaciones, etc., se
elogia la función de la religión:
Nosotros por fortuna profesamos la creencia mas segura de cuantas se predican sobre el Globo. La Religión Católica Apostólica
Romana, es la que se há jurado al frente de nuestra CONSTITUCION POLITICA y ojala que ella conservada en toda su pure-La
acompañe á nuestra Nacion hasta la segunda regeneracion de la
tierra lo

�40

P. Garc(a Jordán: Progruo, inmigración y cultos en Pero

SigloXlX

INMIGRACION, PROGRESO Y LIBERTAD DE CULTOS
La subida al poder del primer gabinete Castilla (184.5-1851) y con_ ~I,
el ascenso de los grupos socioeconómicos interesados en la vertebrac1on
de un nuevo Estado en el que desaparecieran los obstáculos existentes a la
vinculación del Pcní a la economía de lihrecamhio, tales como mayorazgos,
fueros personales y corporativos, esclavibld, tributo indígena, diezmos,
capellanías, etc., trajo UD deterioro creciente en las relaciones entre el
poder civil y la Iglesia. Investigaciones recientes han señalado la voluntad
política del general Castilla de desarrollar parte de la normativa liberal relativa al :igro peruano legislada por los gobiernos "libertadores" entre 1821
y 1828, 11 y cuya aplicación bahía sido mínima, por no decir nula, hasta
entonces.
Uno de los temas más frecuentes en los escritos de la época fue sin
duda algona la apremiante necesidad de la agricultura costeña de obtener
mano de obra para sus haciendas, coyunturalmente en expansión; a ello se
refería el ministro José Gregorio Paz Soldán, cuando en su Memoria al
Congreso Ordinario de 1847 subrayaba que:

l. La agricultura costera se encontraba en
decadencia".

UD

"estado lamentable de

2. La razón fundamental era el insuficiente número de brazos que trabajaban en las haciendas.
3. Los "hombres del interior", es decir los serranos, nunca se trasladarían a la costa, bien por la diferencia de clinta y forma de vida, bien porque el período del año en que más nec~ios eran los b_razos en _la c~sta
coincidía con los meses en que su traba10 era necesano en el mtenor.
4. La emigración espontánea procedente del extranjero no tenía suficientes alicientes en el Pení, fundamentalmente por las dificultades en que
se encontraban los posibles colonos para acceder a la posesión de tierras.

En consecuencia el Gobierno esperaba del legislativo la aprobación del
proyecto de ley presentado, relativo a la reglamentación de las empresas
particulares encargadas de encauzar hacia el Pení los colonos contratados,
poniendo especial énfasis en que los inmigrantes tendrían plenas gar:.ntías
12
sohrc d cumplimiento de los contratos estahlecidos.
El

III ismo

Paz Soldán, ahora en funciones de ministro de Relaciones

41

Exteriores, Justicia y Negocios Eclesiásticos, tras señalar el fortalecimiento de la religión en el Pení a lo largo del siglo XIX, "siglo de ilustración"
pero también "siglo creyente y religioso", se quejaba de la oposición que
hah ía encontrado el Gobierno en el ejercicio del patronato y de sus regalías, por parte de las jerarquías eclesiásticas a'las que sarcásticamente denomina
Cuerpos mas respetables de la sociedad; cueipos que llenos de
ilustracion sostienen sus fueros y prerrogativas con teson y constancia, que nunca ceden el terreno sino palmo a palmo, reputando sacrilegio y considerando agravio el que siquiera se ponga la
mano sobre la arca de sus fueros;13
el texto era suficientemente ilustrativo de la voluntad del poder civil de
ejercer un control de la Iglesia, reforzando la supremacía del Estado sobre
la misma14
Pero volvamos al tema central de nuestro trabajo de la mano del ministro Juan Manuel del Mar que en 1849 reclamaba de la Cámara legislativa
la aprobación de un proyecto de ley ~ue de ser sancionado, otorgaría a los
inmigrados europeos un trato de favor, viendo respetados sus conciencias
y cultos. Punto fundamental de la defensa la constituía el hecho que, de
no aprobarse la citada ley facilitando la entrada de mano de obra extranjera, se perdería definitivamente el tren del progreso pues:
Si nuestra arruinada agricultura clama imperiosamente por brazos
que la adelanten, si nuestros inagotables veneros de riqueza se
mantienen ocultos, y nuestra ilustración é industria se conservan
como estacionarias en el siglo de la electricidad y del vapor: si
cuanto depende, en fin, de nuestra situación interior, con respecto á la inmigración, no acreciese la necesidad de procurarla,
si todos estos elementos no eran suficientes, señalaba el ministro, debía
tomarse en consideración un nuevo acontecimiento que reclamaba urgentemente la aprobación de la citada ley: se refería a la posibilidad de transitar por el Istmo de Panamá que facilitaba la entrada de población extranjera hacia el Norte, es decir, hacia los Estados Unidos de Norteamérica15
El proyecto fue uno de los muchos intentos realizados, bien por el
Gobierno bien por algunos sectores de la Cámara, con el propósito de establecer las condiciones legales que posibilitaran la emergencia del capitalismo y la transformación de ciertas estructuras, proceso en el que obviamente debieron enfrentarse con aquellos grupos más vinculados al antiguo
régimen -entre los cuales se encontraba la Iglesia- que no a los nuevos
tiempos "liberales". Así a lo largo de 1849 se produjo lo que he denomi-

�42

SigloXIX

nado en varias ocasiones "ofensiva a gran escala" contra la institución
eclesial, cuando algunos diputados propusieron la supresión del fuero
eclesiástico, reducción de diezmos, cambios en la elección de prelados
regulares, etc.;16 cueBtiones que si momentáneamente no fueron aprobadas por las disensiones en el seno de los grupos hegemónicos, pr~figur-aban varias de las medidas discutidas y aprobadas en la Constitución de
1856.
Recordemos que tras el triunfo de La Palma, el mariscal Castilla se
apresuró a convocar una Convención Nacional -elegida por primera vez
por sufragio directo- que abrió sus sesiones el 14 de julio de 1854, siendo
violentamente disuelta por el coronel Arguedas el 2 de noviembre de
1857.17 Fue entonces cuando se aprobaron una serie de medidas encaminadas a acabar con los privilegios y bienes de los que la Iglesia hah ía gozado secularmente, cuya pervivencia no podía ser tolerada por un Estado que
pretendía el progreso del país.
Una de las cuestiones sino "la cuestión" por excelencia, que hizo correr ríos de tinta, fue la tolerancia de cultos, tema aparentemente poco
importante pero fundamental pues una vez rota la unidad religiosa la influencia social de la iglesia católica estaría gravemente amenazada. Esta es
la razón por la cual pocassemanasantes de la apertura de las sesiones constituyentes, el obispo José Sebastián de Goyeneche publicó una pastoral18
en la que ponía en guardia a los católicos ante los impresos que circulaban
contra la religión, publicados por los "enemigos de la verdad". Según el
prelado arequipeño estos "falsos apóstoles de la felicidad de los pueblos"
que defendían la aprobación de la libertad de cultos, considerada como de
conveniencia pública, en realidad pretendían acabar con los derechos de la
Iglesia, ignorar la autoridad del papa, e independizar todas las "iglesias
particulares", es decir nacionales, del Vaticano. Es uno de los primeros textos salidos de la iglesia institucional en que se mencionan y vinculan todos
los elementos presentes en el tímido proceso reformista liberal desarrollado entre 1845 y 1867 aproximadamente, razón por la cual no puede sorprendemos que Goyeneche proclamase la necesidad de que los católicos se
unieran en la defensa de la"causa de Dios"; si bien deberemos esperar algunos años a que esta llamada cause efecto, es el precedente inmediato de la
Sociedad Católico-Peruana, fundada en Lima en 1867.
En consecuencia a lo largo de 1855 y 1856 se sucedieron una serie de
escritos cuyo denominador común fue la defensa de la unidad religiosa en
torno al catolicismo y la protección de los privilegios y propiedades de la
iglesia secular y regular.
Los más interesantes son, sin duda alguna, la Exposicion del Capítulo

P. Garcrá]ordán: Progr~ inmigraciónyculto•enPerú

43

Metropolitano de Lima a la Convención Nacional, 19 el Ensayo sobre los
principios _de tolerancia expuestos por Julio Manuel del Portillo,31 el folll}to, de autor desconocido, El clero regular y sus bienes ante la leí política
y civuZl y el informe de Mariano Salcedo Sobre los proyectos de "ley de
supresión de diezmos y obvenciones parroquiales.22 No obstante sólo comentaremos los dos primeros porque por una parte sintetizan la totalidad
de las preocupaciones, objeciones y censuras de la iglesia institucional a los
proyectos liberales de la Asamblea del 56, y por otra parte vinculan claramente la libertad de cultos al proceso desamortizador y al progreso.23
El primer texto, enviado por el Capítulo metropolitano limeño al
Congreso con fecha 8 de agosto de 1855, se estructura en 3 apartados:

l. "Exclusión de los falsos cultos", donde se sostiene que la sociedad
pedecta es imposible fuera de la Iglesia católica - institución encargada de
velar por la unidad católica, creencia que mantiene unidos en una sola comunidad nacional a razas tan diferentes como las existentes en el Peníque ha formado y conservado la unidad de la patria. En consecuencia dl}nuncia las posiciones de aquellos que consideran la libertad de cultos el
medio imprescindible para asegurat el progreso del país y concluye:
Ni la religión, ni la razon, ni el ejemplo de las otras naciones de la
tierra, ...suministra apoyo á la declaracion de la libertad de cultos... al contrario, ella se opondria directamente á la ley de Dios,
y de la Iglesia, á la unidad social del Perú, al derecho, á la voluntad solemnemente declarada, y á la felicidad de los pueblos.34

2. "Libertad de la Iglesia", apartado que defiende la independencia de
la institudón eclesial respecto el poder civil Toda la argumentación constituye un ataque a la existencia del patronato que desde l!ll8 orígenes, se
afirma, redujo a la Iglesia a la "esclavitud", situación agravada tras el surgimiento del Pení republicano.
3. "Derecho de propiedad de la Iglesia", tema al que se dedica el mayor número de páginas, expresando bien cuáles eran las preocupaciones de
la institución. Tras unas consideraciones generales sobre los derechos históricos, divinos y canónicos que "asistían" a la Iglesia en la defensa de 808
bienes, percepción de diezmos, disfrute de capellanías, vinculaciones, etc.,
se atacaban los argumentos utilizados por los legisladores sobre la desamortización de bienes, proceso que de ninguna forma debía aplicarse a las propiedades eclesiásticas:
La Iglesia es soberana e independiente. Este es al mismo tiempo
un dogma de fé y un hecho palpable... Esta perentoria contestacion comprende a todo pensamiento de reforma de la Iglesia en

�44

Si61oXIX
cualquier materia por el poder secular y de intervenci~n ~e est~
en la administración de sus bienes: se extiende por consigwente a
la idea de que la Convención suprima el Diezmo y la primicia y
los derechos parroquiales y señale otro im~uesto, que sum~tr~
fondos al Gobierno, para que pueda asalariar el clero, y acudir a
los gastos del culto. lQué iría a ganar la Nacion con este atropellamiento y esta esclavitud de la Iglesia.25

El escrito finalizaba defendiendo la existencia de todos y cada uno de los
bienes poseídos por la Iglesia secular y regular, situación que decía, sólo
podía ser ignorada por los socialitas y comunistas de 1848 seguidores de
las filosoñas de Saint Simon y Proudhon.
El segundo de los textos citados se dedica íntegramente a criticar la
tolerancia de cultos, punto fundamental del programa propuesto por Julio
Manuel Portillo a sus conciudadanos limeños en la campaña para la elección de diputados a la Cámara del 56, donde se consideraba la aprobación
de la medida como ineludible en aras del progreso del país. El escrito lamenta los extravíos de una filosofía que
llama progreso social á la propagacion del error, luz civilizadora á
las tinieblas, ilustracion á la inmoralidad, tolerancia al despotismo intelectual, y derecho á_la licencia de costumbres... (lo cual)
es insultar al sentido comun, es la ironía del progreso, la civilización y el derech~,

tras lo cual se pregunta por el porvenir del Perú -país agonizante ya, por

el espíritu disolvente del partido liberal- en el caso de que llegara a rompCl'SC la unidad religiosa; la respuesta no puede ser más que una, catastrófica, la mina del país, ya que la tolerancia ele cultos permitiría la entrada
en el Peni de los panteístas modernos como Kant, Fichte, Schelling, Hegei
Cousin, los racionalistas, comunistas y socialistas como V oltaire, Robespierre, Leroux, Strauss, Weitting, Proudhon, y los chinos, musulmanes, etc.
En consecuencia el documento exhorta a los legisladores a respetar la unidad del culto -salvaguarda de las instituciones republicanas, de la independencia peruana y base de toda la comunidad nacional- que no puede ser
deshecha para facilitar la entrada de emigrantes, que por otra parte pueden
buscarse en naciones europeas católicas.27
El ana1isis de estos documentos permite afirmar que si bien la defensa de la religión fue importante, no lo fue menos la relativa a la propiedad eclesiástica, tema que figuró en todos ellos. El mismo obispo Goyeneche no dudó en enviar una carta, en agosto de 1856, al ministro de Gobier~
no, Justicia y Culto, en la que acabados todos los argumentos utilizados
hasta entonces por la jerarquía eclesiástica para impedir la supresión del

P. García Jordáo: Progre,.o, inmigración y culto, en Perú

45

fuero eclesiástico, vinculaciones, etc., solicitaba del poder civil que tratase
con la Santa Sede, única autorizada para negociar estos temas, y suplicaba
del presidente Castilla que "liberase" a la Iglesia peruana de todos los males que la amenazaban, de llevarse a la práctica todas las medidas aprobadas en la Cámara,28 entre las cuales destacan la abolición del fuero eclesiástico y la supresión de las vinculaciones y diezmos. No obstante la fórmula relativa a la libertad de cultos fue desestimada al ser mayoría los que
se pronunciaron contra la misma -46 contra 22-, por lo que la r~óo
continuó siendo protegida por el Estado, el cual como rezaba el articulo
cuarto, no permitiría el ejercicio público de otra alguna.29
La Constitución de 1856 apenas estuvo vigente unos meses pues el
levantamiento de Arequipa a fines de ese mismo afio, junto a la sublevación del coronel Arguedas un año más tarde -ambos movimientos de
claro signo conservador- permitieron a Castilla desprenderse de los elementos " ideológicamente" más radicales y poner en suspenso el texto
aprobado.~ No obstante el proceso reformista liberal iniciado en la década de 1840 no sufrió modificaciones substanciales pues todas las medidas
"anticlericales" sancionadas en 1856 subsistieron en la constitución reformista y conservadora de 1860 a pesar de que algunos de los participantes en la misma habían protestado entonces el que no se hubieran
guardado el respeto y los fueros a los "Ministros de la Religión".31
Hemos de llegar a 1867 para que las variables imrugración, progreso,
libertad de cultos, aparezcan claramente vinculadas en los distintos debates parlamentarios desarrollados en ese afio, ¿qué había sucedido? Bonilla afirma que a lo largo de la década de 1860 el grupo terratenient~omercial luchó por la utilización productiva de los recursos guaneros. Uno
de sus representantes más destacados, Manuel Pardo -primer presidente civil del Pení en 1872-, ministro de Hacienda ·del gabinete del coronel Mariano Ignacio Prado, pretendió hacer de la construcción de ferrocarriles el
arma que propiciara el desarrollo económico del país; el medio que posibilitaría el proyecto sería el capital extranjero obtenido con la garantía de la
hipoteca del guano. En consecuencia Pardo tomó una serie de medidas como disminución del aparato burocrático, reducción de salarios de los fun.
cionarios, imposición de tasas de exportación a la producción nacional y
sobre todo, el restablecimiento del progra_I!la trihutario.32 Este proceso
parecía necesitar de una nueva constitución.33
Diferentes analistas de los procesos constitucionales peruanos han afir.
mado que la Carta del 67 contenía la mayoría de los postulados de la
Constitución de 1856, con tonos más radicales. Señalan entre otras la aprobación de la total libertad de enseñanza, quebrando el monopolio ejercido hasta entonces por la Iglesia, la libertad de imprenta, el mantenimiento

�46

Siglo XIX

P. García Jordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

de la supresión de los privilegios hereditarios, fueros personales y vinculaciones, la restauración del sufragio directo; la religión católica continuó
siendo considerada creencia oficial del Estado el cual no pennitiría el ejercicio público de otra, aunque es evidente el avance de los partidarios de la
tolerancia que en 1867 sumaron 40 votos contra los 43 que se mostraron
contrarios, a diferencia de lo sucedido en 1856 cuando los primeros ascendieron a 22 contra 46 votos negativos.34
No puede sorprendemos que justo un día antes de que la Comisión
Constitucional presentara su proyecto en la Cámara, lo que sucedió el 8
de marzo de 1867, Juan Ambrosio Huerta, obispo de Puno, publicara una
pastoral señalando las reglas de conducta que debían observar sus diocesanos en aquellos momentos, documento que dirigió también a la Cámara
constituyente.35 El texto, tras una consideraciones generales atacando las
posiciones progresistas que hacían de la tolerancia de cultos condición
imprescindible para el bienestar y progreso social, encomiaba 1a labor de la
Iglesia en pro de la libertad de pensamiento a lo largo de la historia y fundamentalmente cuestionaba la permisividad religiosa a partir de varias pr&amp;
guntas:

l. ¿Las sociedades exigen la tolerancia religiosa para poder conseguir
sus objetivos?
2. ¿Es la tolerancia condición indispensable para el progreso del país?
3. ¿Los soberanos, el poder civil, pueden ordenar la tolerancia en sus
&amp;tados?
La respuesta era obviamente negativa y todas las razones aducidas por
el prelado puneño giraban en tomo al hecho de que la tolerancia de cultos
supondría la ruina material de la sociedad. En este contexto no resisto citar uno de los párrafos, a mi entender muy ilustrativo de la ideología eclesial del momento:
¿Le sería grato al Perú verse transformado en Nacion comercial
como Inglaterra, teniendo que presenciar al mismo tiempo el horrible espectáculo del pauperismo? Casi no hay pais protestante
que no se sienta trabajado por esta tremenda enfermedad desconocida antes de tres siglos.36
Era pues inadmisible según el prelado, que el progreso necesitase de la tol&amp;
rancia religiosa, de la misma fonna que los legisladores no estaban facultados para introducir la medida en la Constitución por mucho " ¡Qué.. .
nos hablen de la necesidad de inmigración!" .

47

A continuación el escrito defendía la capacidad de la Iglesia para poseer bienes adquiridos a lo largo de la historia, propiedades que el Estado
no podía desamortizar con el pretexto de que el erario nacional necesitaba
con urgencia de los mismos, operación que de aprobarse supondría una declaración de guerra al catolicismo y en realidad beneficiaría a unos pocos:
Mas, estos bienes que se usuzpan á la Iglesia, ¿se destinarán en
efecto para algo provechoso á la Nacion? iOh hijos carísimos,
antes de un año, dichos bienes habran ido á engrosar las arcas
de individuos particulares, sin que el tesoro público haya logrado
remediar la mas pequeña de sus necesidades. Que se pregunte á
la Francia, é Inglaterra, en donde está el caudal de que despojaron á sus iglesias respectivas: que conteste la España, que nos diga
lo que ha hecho, lo que ha ganado su erario con el brusco despojo
de los bienes de la Iglesia!.37
La pastoral finalizaba exhortando a los católicos a sostener el catolicismo;

parecía llegado el momento de organizar grupos de laicos capaces de ·ejercer presión sobre los poderes públicos. Permítaseme antes hacer un breve
comentario sobre este proceso desamortizador que "amenazaba" las propiedades eclesiásticas en 1867. Hasta la fecha me ha sido imposible consultar los debates parlamentarios alrededor del tema, pero me consta que
Femando Casós, representante por Trujillo, presentó un tímido proyecto
al respecto que fue sometido al juicio del Gobierno por las Comisiones de
Culto y Hacienda de la Cámara; el gabinete solicitó a todas las jerarquías
eclesiásticas un informe sobre el mismo que obviamente fue negativo. Todas las respuestas, informes, memoriales enviadas por los onispos al Ejecutivo presentaban la misma estructura: legitimidad de las propiedades
eclesiásticas y exenciones tributarias a lo largo de los síglos; consideración
de los fundos rústicos como productores de riqueza, negación de la denominación de bienes de mano muerta a las propiedades de las comunidades
religiosas y memorial de agravios recibidos por la Iglesia a lo largo de la
República.38
El proyecto desamortizador fue desestimado y la Constitución fue
promulgada el 29 de agosto de 1867, aunque su vigencia fue mínima pues
Arequipa - que se había negado a jurar el texto- se levantó nuevamente
contra el Gobierno lim~ño a fines de 1867, al tiempo que el coronel José
Balta se alzó en el Norte. El gabinete del coronel Prado cayó y Díez
Canseco, líder de la sublevación arequipeña, ascendió a la jefatura del Estado el 20 de enero de 1868, restableciendo tocos días después la constitución de 1860 vigente en el Perú hasta 1920.
Los acontecimientos posteriores se encargaron de mostrar cómo, en
palabras de Heraclio Bonilla:

�48

SisioXIX
La e1ite económica modemizante al no poder asumir por su propia cuenta la tarea de transformación integral del país, se limitará
a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX a participar en el proceso productivo en calidad de asociada de los capitalistas británicos, extrayendo de esta situación parte de sus beneficios. Además,
y es esto lo fundamental, los obstáculos institucionales... y la
persistencia de los rasgos señoriales en la mentalidad de esta nueva
clase, los hicieron reticentes a toda inversión productiva.40

SOCIEDAD CATOLICO-PERUANA, SURGIMIENTO
Y ORGANIZACION
La primera noticia que tenemos de la SCP sitúa su nacimiento en Lima
el 22 de mayo de 1867 -momento en que se debatía el proyecto constitucional en. la Asamblea Nacional- cuando una serie de personas "notables",
fuerzas V1Vas de la capital, se reunieron en la residencia del obispo de Huánuco, Manuel Teodoro del Valle, con el propósito de organizarse como
grupo de presión capaz de defender la re!it.ón y la iglesia de los ataques
que estaba recibiendo en los últimos años, procedentes del partido liberal. La Asociación pretendía ser:
No solo el sosten del catolicismo en el Perú, sino el apoyo de los
Gobiernos, el élemento sin el cual nada bueno se haga, y con el
que cuenten siempre como. base todos los mandatarios de la República.41
Aun cuando en un primer análisis el debate alrededor de la tolerancia
de cultos aparece como la causa inmediata y principal del surgimiento del
grupo, un estudio más profundo de todos los discursos pronunciados por
quienes participaron en las sesiones públicas organizadas por la SCP tan42
to en Lima como en sus filiales de Arequipa y Puno permite señalar como causas fundamentales:

l. El ataque a las inmunidades y privilegios seculares de las cuales ha
gozado la Iglesia.
2. La existencia del patronato, cuyo ejercicio por el poder civil se ha
ido radicalizando a lo largo del período republicano con el propósito de
lograr la total subordinación de la Iglesia al poder civil.
3. La supresión de conventos y monasterios y la enajenación de sus
bienes.
4. El recorte progresivo de todas las rentas percibidas por la iglesia
secular, que amenazaba con acabar con ella.

P. Gatera Jonláll: Progre.o, inm~n,. culto• m Pení

49

Los dirigentes, de la SCP seftalaron oomo responsables de todo este
proceso al partido liberal, cuya
Siniestra influencia se ha hecho sentir en difeientes ocasiones
con varias medidas que hieren de muerte-los intereses católicos.
No contento con haber despojado á la Iglesia de sus inmunidades y privilejios seculares: con haber estrechado el círculo de su.
accion, y sometídola al influjo de la potestad civil hasta en las
mas simples operaciones de su régimen anterior: con haberla privado de una gran parte de sus rentas, y rodeándola de numerosas
trabas en la administracion de su exiguo patrimonio: con haber
suprimido un gran número -de conventos y arrojado al viento sus
despojos; todavía se propone ir mas léjos, todavía pretende ~
tarle la direccion de sus obras piadosas, hasta de las cofradías,
arrebatarle el derecho de propiedad sobre sus bienes y enajenar estos en provecho del fisco nacional, dejando al clero sin medios de
subsistencia y al culto sin los recursos que la piedad de los fieles
le había dedicado desde los tiempos mas remot·:&gt;s. En una palabra,
se ha querido y quiere desnudar á la Iglesia. reducirla á la miseria,
para romper en seguida el vínculo sagrado de la alianza que la liga
con el Estado, proclamando tardíamente su separacion recíproca
bajo el pretesto de darle libertad.43
Todo este proceso, cuyos postulados esenciales se plantearon públicamente por vez primera en la Convención de 1855 como denunció la SCP,
se pretendió desarrollar con y en nombre del progreso, civilización y desarrollo del país. Esta transformación exigía como premisa básica la aprobación de la tolerancia religiosa que propiciaría la entrada de inmigrantes y
de capitales procedentes de los países anglosajones; esta es la razón por la
cual la unidad religiosa figuró siempre en ,tmner plano en todos los discursos y escritos de los dirigentes de la SCP, aunque es evidente después de
todo lo dicho hasta ahora que la "cuestión religiosa" iba mucho más allá
de la tolerancia y/o libertad de cultos y cuestionaba toda la in&amp;.encia social de la Iglesia en la sociedad peruana.
En consecuencia y a pesar de que tanto el Reglamento de la Sociedad
como destacados personajes de la misma proclamaron la no injeffllcia de
la SCP en asuntos políticos, desarrollando una labor ajena por completo
a la política,45 la afirmación no sólo era discutible sino decididamP.11te falsa
por cuanto los mismos dirigentes de la entidad señalaron que la misma no
podía mantenerse inactiva ante las medidas dictadas o susceptibles de ser
aprobadas por el poder civil, el cual debía legislar de acnerdo con las doctrinas y preceptos religiosos. Por otra parte está suficientemente demostrado
qu en todos los países de tradición católica, la entrada de los católicos
-como fuerza organizada- en la política, fue planteada cuando la t:ran.
fonnación socioeconómica operada desde fines del siglo XVIll y a lo largo
del siglo XIX, comportó una progresiva secularización de la vida pública y
privada y por lo tanto cuestionó la presencia social de la Iglesia.

�50

SigloXIX

P. García]ordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

51

46

He señalado en otros trabajos que la ideología católica tiene dos caracteres que le son propios, naturaleza totalizadora y carácter sagrado en
tanto única vía de acceso a lo desconocido, cuestiones que permiten a la
ideología religiosa realizar una acción perdurable y efectiva en las sociedades donde está presente, en las cuales configura unas determinadas concepciones políticas, sociales, económicas y en consecuencia un cuerpo de valores; así vemos cómo la Iglesia aduciendo su origen y fines trascendentales,
se adhiere o rechaza acontecimientos, personas e ideas políticas_ No es extraño que cuando la influencia social de la Iglesia sea cuestionada, la institución organice grupos capaces de ejercer presión sobre los poderes públicos, como en el &lt;:a$().que nos ocupa fue la SCP impulsada por el obispo de
Huánuco, Manuel Teodoro del Valle, quien dibujó también las líneas fundamentales del Reglamento de la Sociedad.47
El análisis de los 47 artículos y 5 disposiciones transitorias contenidos
en los Estatutos nos permite afirmar:
lo. La SCP perseguía la defensa del catolicismo y de sus derechos en
el Pení, la propagación de las doc~ católicas a partir de la enseñanza,
fundación y/o protección de periódicos y folletos, y el rechazo de todas
las medidas que "atentaren" contra la Iglesia y la sociedad católica. Esta
posición supuso una declaración de guerra a las tímidas reformas "liberales" proyectadas a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX.
2o. La organización de la entidad era rígidamente piramidal: de arriba
hacia ahajo contaba con el Consejo Central Permanente con sede en Lima,
órgano supremo de la Sociedad, del cual dependían los diferentes Consejos Departamentales que a su vez controlaban los Consejos Provinciales y
así sucesivamente hasta llegar a los puestos más bajos, legionarios, centurionea y decuriones; nótese el uso de terminología militar nada extraño en
una Sociedad que pretendía agrupar "soldados" en la defensa del reino de
Dios en la tierra
La falta de documentación me impide por el momento analizar el papel efectivo desarrollado por la SCP en los años posteriores. No obstante
es evidente que la entidad fue precursora de la Unión Católica, surgida tras
la Guerra del Pacífico, que a fines de siglo - coincidiendo (?) de nuevo con
una fuerte polémica en la calle y en el Parlamento sobre la libertad de cultos, matrimonio civil, cementerios laicos, etc., - organizó el Primer Congreso Católico del Pení en 1896.

REFLEXIONES FINALES

F.s evidente que la vinculación del Pení a la economía de librecambio a

partir de las explotaciones de guano, azúcar y algodón, comportó en el plano interno el intento del grupo terratenient~omercial por vertebrar un
Estado moderno, que posibilitara su consolidación como grupo hegemónico. El proceso implicaba la transformación -por tímida que esta fuese- de
las estructuras socioeconómicas existentes y la abolición de fueros personales y corporativos, la supresión de diezmos, vinculaciones, capellanías, en
suma de las situaciones de privilegio -de las cuales la Iglesia era sino la única sí la principal beneficiaria- que obstaculizaban el desarrollo del país.
Esta es la razón fundamental por la cual a partir de la década de 1840
asistimos a un enfrentamiento progresivo entre el poder civil y la institución eclesial, poco dispuesta a renunciar a la influencia ejercida hasta entonces. La oposición se acentuó en los períodos constituyentes cuando la
presencia social de la iglesia fue cuestionada, es decir, cuando surgieron los
primeros intentos de secularización de la vida pública y privada de los
peruanos, como sucedió en la Convención de 1856 y se repitió en la Asamblea de 1867.
Durante estos años las jerarquías eclesiásticas señalaron a los católicos
la necesidad de luchar contra las médidas "anticlericales", proclamas que
cristalizaron finalmente en 1867 con el surgimiento de la Sociedad CatólicerPeruana. El grupo, exclusivamente laico aunque formado a instancias y
bajo la supervisión de la iniciativa eclesiástica, tenía como objeto directo la
defensa de la unidad religiosa en tomo al catolicismo pero también la salvaguarda del orden social, de los bienes de la Iglesia, de los principios "verdaderos y eternos".
A lo largo del siglo XIX, fundamentalmente a partir de 1840, asistimos a la publicación de libros, folletos y artículos periodísticos favorables
o contrarios a la tolerancia de cultos. En opinión de sus partidarios la inclusión de la medida en los textos constitucionales posibilitaría el progreso de la agricultura e industria peruanas al facilitar la entrada de emigrantes
y capitales anglosajones; por el contrario sus detractores sostenían que la
tolerancia religiosa permitiría el ingreso de todas las teorías y doctrinas disolventes defendidas por el partido liberal, acabaría con el orden social y
arrojaría a la Iglesia y sus ministros a la mendicidad.
Aunque el crecimiento de los primeros fue constante a lo largo de los
años, la medida no fue aprobada hasta 1915. Hemos de considerar además
otros hechos como: a) la aprobación entre 1850 y 1867 de una serie de leyes y decretos de corte liberal tales como la supresión de diezmos, capellanías, vinculaciones, la abolición de fueros personales y corporativos, medidas que no impidieron la bancarrota del Estado peruano unos años más tarde, insalvable tras la Guerra del Pacífico; b) el fracaso del primer proyecto

�52

Siglo XIX

P. García Jordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

vertehrador de un Estado moderno.
Estos datos nos obligan a cuestionar si no la existencia sí la vastedad
del proyecto secularizador planteado por unos grupos, una clase, que al
tiempo que renunció a la transformación real del país, necesitó de la Iglesia
y de la religión para homogeneizar y someter a una población indígena que
le era extraña y desconocida. Por las mismas razones la actividad de la Sociedad Católico-Peruana se vería considerablemente reducida porque al fin
y al cabo, el león, es decir los liberales, no era tan fiero como parecía.

53

30, BN. D.11644 y de Tobías León en El Censor Ecle,iástico (Cuzco, 14 y
21 de abril de 1825), pp. 4 y 15 el cual pretendía "discurrir sobre la erogacion Y
administracion de los diezmos en su parte hlstórica teológica y económica: del
derecho de las obvenciones Parroquiales en su origen, p1ogresos y abusos: del
método con que ,e há manejado la piedad y devocion de los fieles; y en fin de
cuanto sea condueente á ilustrar la materia para el desengaño de la gente super~
ticiosa, para la satisfacción de los verdaderos creyentes, y sobre todo para establecer un nuevo método correspondiente á nuestra constitución Uberaf'.
10. Tobías León, El Censor Eclesiástico (Cuzco, 14 abril 1825), p. 2.

11. Jean Piei Capitalisme agraire au Pérou. París, Ed. Antlu:opos, 1975-83, 2V.; He-

NOTAS
l. Memoria del Ministro de Gobierno del Perú a la Legislatura Ordinaria de 1849.
Lima, Imp. Eusebio Aranda, 1849, p. 20. Todas las citas textuales que aparecen
a lo largo de este artículo (incluidos los apéndices) conservan la ortografía utilizada en las fuentes originales.
2. Pilar García Jordán,"¿Poder eclesiástico frente a poder civil? Algunas reflexiones
sobre la Iglesia peruana ante la formación del Estado moderno (1808-1860l'
Boleh'n Americanilta, Año XXVI, no. 34 (Barcelona, 1984), pp. 45-74; La
Iglesia peruana ante la fomiación del Estado moderno (1821-186 2). Histórica
-en prensa-.
3. Documentación localizada en el Archivo General de la Nación, -AGN- Bibli~
teca Nacional-BN- y Biblioteca Vargas Ugarte, -BVU- de Lima.
4. Afinnación contenida en la Repre.tentación suscrita por 11ecinos de Lima para
que se uclarezca el significado exacto de un decreto relativo a la profesión de la
religión católica por el Estado en función de otros credos. Lima, 30 de noviembre de 1822, en BN. D. 8596. El texto completo íigura en Apéndice 1.

5. Artículo primero de la Sección Primera del Estatuto Pro11isional dado por el protector de la libertad del Perú, para el mejor régimen de los departamentos, ínte·
rin se establece la Constitución permanente del Estado, con fecha 8 de octubre
de 1821, en José Pareja Paz Soldán. Las Constituciones del Perú. Madrid, Ed.
Cultura Hispánica, 1954, p. 415.

6. Representación suscrita. .. p. 2.
7. Constitución que en su artículo 147 sancionaba: "Quedan abolidos los empleos
y privilegios hereditarios y las vinculaciones; y son enajenables todas las propi&amp;dades, aunque pertenezcan a obras pías, a religiones o a otros objetos".J. Pareja
Paz Soldán, Ob. cit.,_p. 499.
8. La Asamblea estuvo presidida por el eclesiástico F. Javier Luna Pizarro, años
más tarde arzobispo de Lima El texto constitucional ratificó en su artículo 160
las disposiciones anteriores relativas a la supresión de vinculaciones y enajenación de propiedades eclesiásticas. J. Pareja Paz Soldán, Ob. cit., p. 536.
9. Artículos de Vicente A1bistur en Suplemento a la E,trella de A.)'OCucho, número

raclio Bonilla, Guano y burguesÚJ en el Perú. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1974; Ernesto Yepes del Castillo, Perú 1820-1920 ¿un siglo de desarrollo
capitalista?. Lima, Ed. Signo, 1981; P. García Jordán, Art. cit.
12. Memoria que el Ministro de E,tado en el De.tpacho de Gobierno, Instrucción Pública y Beneficencia de la República Peruana presenta al Cong,6$0 Ordinario de
1847. Lima, Imp. "El Comercio", 1847. En el mismo documento hay algunos
comentarios relativos a la buena disposición de Castilla para establecer los medios adecuados para que se enajenen las propiedades de interés público susceptibles de producir un "aumento del número de propietarios y contribuyentes, que
han cubierto la tierra antes eriasa y abandonada, de vejetales productivos de .riqueza, y que han mejorado las fincas con todas las novedades poSioles de com~
didad, aseo y ornato" p. 7.
13. Memoria que el Ministro de fatado en el Despacho de Relacione., Exteriores,
Justicia y Negocios Eclesiásticos del Perú, presenta á la Legislatura Ordinaria de
1847. Lima, Imp. "El Comercio", 1847, p. 62.
14. El siguiente párrafo es lo suficientemente explicativo: "Nuestro clero moderado
y pacífico no tiene pretensiones á influir y dominar, como en otras partes: sus
rentas no son bastantes para ese objeto: contraído á la predicacion evanjéUca y á
la administracion de los sacramentos, se:rá un apoyo del orden y de las instituci~
nes", lbid., p. 55.
15. Memoria del Ministro de Gobierno del Perú a la Legislatura Ordinaria de 1849.
Lima, Imp. Eusebio Aranda, 1849, pp. 19-21.
16. Cuestiones que f"¡guraron constantemente en el epistolario cruzado entre F. J.
Luna Pizarro, arzobispo de Lima, y J. S. Goyeneche y Barreda, obispo de Ar&amp;quipa entre 1849 y 1851. BN. D.8618.
17. En esta Asamblea destacaron entre los sectores moderados Pedro Gálvez, Manuel Tonoio Ureta, Juan Gualberto Valdivia, Santiago Távara, Juan Unánue,
el coronel Manuel Ignacio Prado, Monseñor Pedro José Tordoya, y entre los
progresistas Ignacio Escudero, Juan C. Cavero y José Gálvez, según J. Pareja
Paz Soldán, la f"igura más representativa del Congreso, ob. cit., pp. 215 y ss.
18. José Sebastián de Goyeneche y Barreda. Pastoral que con motivo de los impresos que circulan en la República contra la Religión, dirije al Yenemble Dean
y Cabildo, Clero Secular y Regular, y a todos los fiel&amp; de su Dióce.fis. Arequipa, Imp. F. lbáñez y Hnos, 1855, publicada también en Arequipa Católica
no. 9 (Arequipa, 11 de junio 1855). Días antes - 13 de mayo de 1855- apare-

�54

Sip,XIX
P. García Jordán: Pr&lt;&gt;sruo, inmwoot6n y culto• en Perú
cieron en Cuzco unas hojas volantes tituladas Rupecto de que por vario, papele, público• de lo capital ,e ataca la Religion Católú:a Apostólica Romana, y se
pretfflde la sancion de lo contrario a ella en la procsima Asamblea ,e hace la
npiente PREV-ENCJON y fumadas por el Fiscal de la Corte Superior de Justicia
Bonifacio Alvarez y una 1aiga lista de personas "notables" donde afümaban que
"en la nueva Constitución que ha de darse, no admitiran variacion alguna que
directa ni indirectamente altere la religion del Estado, que no es ni puede ser,
sino la Católica, Apostólica, Romana con esclusion de toda otra. Por lo que los
representantes de la Convencion prócsima tendran presente ser tal la voluntad de
este pueblo haciendolos responsables de los males que resuhen si obran en sentido contrario", BVU. 011210. Perú. Iglesia 39, No. 46. Algunas semanas más
wde aparecieron en Lima, Imp. "El Católico", hojas volantes bajo el título de
Cuemon trmc~ntal reirindicando que los diputados debían jurar sostener la
religión católica. BVU. 011185. Perú. Iglesia 1, No. 14. El texto iigura en Apéndice 2.

19. &amp;poáción del Capítulo Metropolitano de Lima a la Convención Nacional, ,obre
la e:xclunon de lo, faho•·culto1 y ,obre lo, derecho, de libertad y de propiedad
de 1a lgk,ia. Lima, Imp. Feo. Solís, 1855; texto fümado por José Manuel Pasquel y Lozada .-obispo Eretria-, Lucas Pellicer, Bartolomé Herrera, Carlos
OJbea, Manuel Antonio Urrismendi, Nicolás Garay, Pedro de Benavente, Pedro
José Tordoya, Pedro Pablo Rodrígues, Francisco M. de la Banda, Miguel de los
Santos Bennejo, Mateo Gomes, Joaquín Jordan, Manuel l. Menacho, Julian Enderica. José Cebrlan, Toribio Salcedo, Camilo José Garrido.

20. E11M1:yo sobre lo, principio, de tolerancia 1entodo1 por D. Julio Manuel del Portillo en m pr&lt;&gt;srama publicado en El Comercio del 13 del presente me&amp;. Lima,
Imp. J. M. Masias, 1855.
21. El ckro regular y m, bienes, ante la lei polítú:a y civil. Arequipa, Imp. Feo. lb~
ñez y Hmnos., 1855.
22. Mariano Salcedo.lnfonne que a solicitud de la Vú:aría de la lJiócesü de Arequipo emite fpánoco de Orurillo, sobre lo, proyectos de ley de ,up,emn de dieftmo, y obllffldona parroquialea.Lima, Imp.del "católico", 1856.

55

mosvisto hasta ahora", lbid.,pp.12 y ss.
28. José Sebastián de Goyeneche y Bmeda. Representación del obúpo de Arequipa al
Supremo Gobierno PrOllinonal de la República, aobre el fuero ecluirútico,
10$ diezmo1, primicia,, y derecho, parroquialea. Arequipa, lmp.Fco. lbáñez y
Hmnos, 1856 (24 de agosto).
29. Uno de los puntos más controvertidos de la Constitución de 1856 -texto no
aceptado por ningún obispo peruano alegando que los legisladores no habían
consultado las cuestiones referidas a la instituciÓn eclesial con la Santa Sed~
fue el relativo a los fueros personales; la jerarquía eclesiástica enrió un memorial
al Congreso oponiéndose a la supresión, texto que fue defendüo en la Cámara
por Pedro José Tordoya, aunque la redacclón final del artíruJo sexto, correspondiente al Título m sobre las Garantías Nacionales no reconoció pririlegios
hereditarios, fueros personales, empleos en propiedad ni vinculaciones y d~
claró que toda propiedad era enajenable en la founa en que lo determinara la
ley, en J. Pareja Paz Soklán. Ob. cit., p. 660.
30. Es significativo que el Gobierno su¡gido de los sucesos del 1857, hechos que
habían permitido a Castilla aislar a los elementos más radicales de la Cámara,
estaba dispuesto a ielanzar los planes de colonización, continuación de los
proyectos de 1853, relativos a la entrada de colonos alemanes en el Peni, pob.J.a.
ción que se consideraba beneficiosa para la apicultura e industria del país.
Memoria que pruenta al Congre.o Extraordinario de 1858 el Minútro de
Gobierno, Culto y Obra, Públicas. Lima, Tip.Nacional, 1858,pp.19-29 y 31-51.
31. En la Cámara de 1860, Bartolomé Herrera realizó una férrea defensa del fuero y
de la existencia de vinculaciones, basando su argumentación en los beneficios
que comportaban para la conservación de capitales y sustento de los sacerdotes,
procedentes de todas las clases sociales del país. Cf. todo lo relativo a los planteamientos de Herrera y su proyecto constitucional en J. Pareja Paz Soldán, Ob.
cit., pp. 239 y ss. y pp. 845-880. También en esta Asamblea se realizó un nuevo
intento, por parte del diputado Silva Santistevan, para excluir del artículo ~
lativo a la religión la fónnula "(La Nación) no pemúte el ejercicio público de
otra alguna", moción que fue derrotada por 79 votos contra 12.

23. Todas estas publicaciones nos proporcionan informaciones interesantes relativas
a aspectos económicos de la ig)esia, sobre los cuales no podemos detenernos en
este artículo.

32. Heraclio Bonilla.Guano y burguuía en el Perú.Lima, Instituto de Estudios
Peruanos, 1974, pp.55 y ss.

24. E,q,orici6n del Capítulo Metropolitano._, Ob. cit, p. 13; características similares al texto citado es el que afuma: "fue proclamada con refouna esencial á
los progresos materiales del pais, el establecimiento del cuho de la razon y de la
libertad. la aboticion de la moral y la confusion intrínseca de lo bueno y de lo
malo", en El clero regular y sw biene&amp;•., Ob. cit., p. 4.

33. La comisión que preparó el proyecto constitucional estaba formada por los repiesentantes del Norte: Pedro J. Saavedra, Juan Luna y Femando Casós; del
Centro: Manuel M. Rivas, Manuel Pérez y Francisco Lazo; del Sur: José M.
Quimper, Francisco García Calderón y Annando de la Fuente; en J. Pareja Paz
Soklán, Ob. cit., p. 261. Esta Comisión presentó su proyecto en la Cámara que
fue aprobado en sus líneas generales, el 8 de marzo de 1867.

25. &amp;poa:i6n del Capítulo Metropolitano.-,Ob.cit.,p.11.

26. Eruayo sobre l0$ principio, de tolenmcia.•., Ob. cit., p. 4.

'1:/. "¿Cómo se lab:raran nuestros campos si no admitimos ó llamamos la imnigraciÓn? ¡, y cómo vendrá esta de las naciones no católicas sin tolerancia de cultos ? Puede tzaeise de las naciones católicas europeas. La ley de intolerancia
no impide que vengan emigrados que no profesen nuestro cuho, como lo h~

34. A tal situaci6n había conducido probablemente tantos las transfounaciones
-por mínimas que fuesen- operadas en la sociedad peruana, oomo las publicaciones de personajes como Francisco de Paula González Vigil que en una de sus
obras decía: "El profundo convencimiento que tenemos de la suma utilidad,
por no llamarla necesidad, de atraer la concurrencia de t&gt;.stranjeros intelijentes
é industriosos á nuestras Repúblicas despobladas, nos ha movido á considerar el
punto de tolerancia y hl&gt;ertad de cultos bajo de diferentes formas en varios
opúsculos, y á fundarlo y defenderlo de los buenos y repetidos ataques de los
intolerantes", en De la Libertad civü de cultos, rin relijion del &amp;todo. Tacna.

�56

P. García Jordán; Progre.ro, inmwraci6n y culto, en Perú

57

SigloXJX

veneros de riqueza que yacen sepultados en el seno de nuestras inexploradas
montañas" en Anale, de la SCP, Arequipa, 1868, pp. 32-33.

Imp. "El Potvenir'', 1861, p. 3.
35. Juan Ambrosio Huerta.. Instrucción piutoral que obispo de Puno da a sus amado, diocesarnn, marcandole, la regla de conducta que deben observar en la ac•
tualidad. Puno, Imp. Popular, 1867 (7 de marzo).
36. Ibid., p. 14.
37. lbid., p. 34.
38. Manuel Teodoro del Valle. Expolición sobre la deaamorti:~ion de bienes
e(:k,iásticos dirigida al Soberano Consreso por el¡obupo. de Huánuco. Lima,
Imp. lose M. Noriega, 1867 -texto original en BN. D. 2569-; José Francisco
Ezequiel Moreyra. Al limo Sr. Dr. D. ]oaé Sebastiin de Goyeneche (Informe
sobre deaamorti:ación de biene.r ecle,iá,tico,). Ayacucho, 1867 -texto original en BN. D.2722; Pedro de la Flor. (Informe de vicario capitular de Arequipa,· ,obre deaamormación de biene, ecle.riómco,). Arequipa, 1867, BN. D.
2795; Francisco Orueta. &amp;policion que/obúpo de Trujillo, dirije al Ilmo.
S. D. D. Joaé Sebamán de Goyeneche. • •,obre el proyecto de lei de de,amortizacion de biene, eclu:iámco1. Trujillo, Imp. Francisco W. Rázuri, 1867.
39. No obstante el artículo relativo a la religiÓn católica fue reformado el 11 de
noviembre de 1915, cuando por la ley 2193 se mantuvo la religión católica c&lt;r
mo creencia oficial de la Naci6n pero se excluyó la fórmula "(El Estado) no
permite el ejercicio público de otra (religión alguna)" lo que equivalía a intr&lt;r
ducir la tolerancia de cultos.
40. Heraclio Bonilla, Ob. cit., p. 63.
41. Anale, de la Sociedad Católico-Peruana in,ialada en Lima en 22 de mayo de
1867. üma, Imp. José Masias, 1868, p. 5._
42. Analu de la Sociedad Católico-Peruana inaugurada en Arequipa el 19 de julio de 1868. s.p.i, Anale, del Con,ejo Departamental de la Sociedad CatólicoPeruana. Arequipa, Imp. Santiago Galdos, 1869, T. 11, Anale, de la Sociedad
Católico-Peruana inaugurada en Puno el 1 de noviembre de 1868. Puno, Imp.
"La Iglesia puneiía", 1868, Anale, de la Sociedad Católico-Peruana. • •Lima. •. ,
Lima, Imp. José Masías, 1868, y José Sebastián de Goyeneche y Barreda.
(Circular ,obre el ettablecimienw de la Sociedad Católico-Peruana), fechada
en Lima el 20 de IIlllIZO de 1868.
43. Analel de la SCP/Arequipa 1868, pp. 33-34. Los miembros de la SCP afirmaban que el "proceso revo~cionario" que los liberales pretendían imponer en
el Perú procedía de teorías y doctrinas swgidas en Europa, donde habían causado el mal de todas las naciones, filosofías tales como el panteismo, protestafr
tismo, deísmo, racionalismo, socialismo, comunismo, y todos los "ismos" p&lt;r
sibles.
44. En palabras de Pedro José Bustamante, Presidente de la SCP arequipeña, ni la
civilización ni el progreso estaban reñidas con la unidad religiosa pues: "El c&lt;r
mercio y la industria en general . . nada deben a la libertad de cultos, pues es
notoño que florecieron ántes que ella. Un país nuevo y despoblado como el
nuestro, nece.sita ciertamente de la afluencia de industriales estranjeros que
vengan á dar vida y animacion á nuestro inculto territorio, á explotar tantos

45. Según rezaba el artículo 4o. del Reglamento -cuyo extracto figura en Apéndice 3-- "La Sociedad no podrá ingerirse en manera alguna en asuntos políticos" en Analu de la SCP Lima 1867, p. 12. Sobre el mismo tema se pronunciaron varios de los dirigentes de la entidad en las respectivas inaugunciones públicas, entre ellos Pedro José Bustamante, Manuel M. Cornejo, José Ma.
La Jara, etc.

46. Pilar García Jordán. Et, ctrt6lic, catalanl i la Segona República, 1931-1936.
Barcelona, Publicacions de r Abadía de Montsenat, 1986. Cf. también
J. A Portero Molina. Púlpito e ideolop, en la E,palla del riglo XIX. Zaragoza, Pórtico, 1978, o J. Klaiber. Religi6n y revolución en el Perú, 182¼1976.
Lima, Universidad del Pacífico, 1980.
47. Analel de la SCP, Lima, 1867, p. 6.

APENDICES
l.

Representación suscrita por vecif!&lt;&gt;S d~ Lima para q~~ se esclarez~~ !l
significado exacto de un decreto relatwo a la profeswn de la relrgwn
católica por el Estado en funcwn de otros credos. Lima, 30 de noviembre de 1822.
El Pueblo Heroico de Lima, hace presente a Vuestra Soberanía, que
habiendo dado el 7 de Septiembre del año pasado las pruevas mas relevantes de amor al Patrio suelo con que Dios le favoreció, se halla resuelto á dar las mayores para conservar en su seno, sin ruga ni manS1lJa
la Religion Santa Catolica Apostolica y Romana, unica verdadera. Y
creyendo firmemente que el art. 5o. de bases en los tenninos que se há
sancionado, deja abierta la puerta á interpretaciones siniestras, distantes sin duda de la fé de todos los Sres. Diputados que se hán conformado con el, Suplica á Vuestra Soberania, el que se exclaresca sumente, de un modo difinitivo con la adiccion propuesta por el Sr. Larrea, a
saber, con exclusion de otra alguna. 1
Esta Sr., es la voluntad expresa de todo este Vecindario, y lo es igualmente de los Pueblos de su Departamento pues el Teniente Gobernador de Chilca don Juan Nepomuceno Manco, bá hecho saber á varios
Vecinos de esta Ciudad, el disgusto grande que se nota en los naturales
de dicho Pueblo, y en los de Conchucos, Yayos, y Huarochiri,2 por haber sabido que se trataba de alterar la Religion unico vinculo que los
liga á Vuestra Sobernia.
La misma decisión há manifestado el Sr. Larrea por el Departamento
de Huaylas y el Sr. Sanchez Carrion por el de Trujillo. De modo que
todos los Pueblos Libres del Perú declaman altamente contra la tolerancia Religiosa, y piden que se exprese claramente en el citado artículo la negativa á todo culto fuera del Catolico que profesan.
Y si algunos de los Sres. Diputados Suplentes de las Provincias ocupadas por el enemigo, tienen voluntad presunta de que los Pueblos que
representan quieren admitir la tolerancia, que aboguen enhorabuena

�58

SiBfoXJX
P. Carda Jordán: Progruo, inmigración y culto.en Perú

por ella. Mas este Pueblo Sr. que reconoce, y ama el divino don de la
fé, como la Joya mas preciosa que debe conservar, y transmitirá sus
hijos, y nietos de generacion en generacion, pura y sin mansilla como
la recibio de sus Padres, y Pastores, renuncia á la faz del mundo cuantas ventajas temporales podria proporcionarle la mescla con los heterodoxos, 3 y protexta el que ni ahora ni nunca se conformará ni admitirá
ninguna sancion en contrario.
L?s ~dadanos bo~dos que subscriven esta representacion, creén
dár a Vu~stra Soberarua, con ella, la mayor satisfaccion y consuelo,
por que siendo estos sentimientos los mismos que le animan, le será
m~y grata la resolucion que piden, tán conforme á la voluntad de los
mismos que los representan; cual es, el que la Religion de la Republica
del Perú es, y sera siempre la Catolica, Apostolica Ro ,na~ unica verdadera con exclusion de otra alguna.
Lima Noviembre 30 de 1822. Señor Pedro Tbadeo Bravo Zaval (rúbrica)5
2.

Cuestión trascendental. Lima, 13 de julio de 1855.
Una cuestión importante se ventila en estos dias en la Convencion Nado~ el juramento que su~ miemb;os deben prestar de sostener la
~e~on que profesamos, y d~ creeran los pueblos del Perú? ¿podrian
rmagmarse que en nuestro pais, y despues de sus protestas tan termi~tes, los Di~utados á la Convencion, pensarán hacer cuestionable, el
J~amento pedido de respetar y sostener la Religion Católica, Apostólica, Romana? pues ello es cierto, y si parece inconcebible una tal aberración, mas increíble será, que una gran parte de estos mismos con su
Preside!'~e al frente, esten elu~en?o de todos modos se apruebe esta
prop0S1c1on, y procuren reducir a la nulidad el tal proyecto con el
nombramiento de dos nuevos comisionados para ahogar el catolicismo, despues de haber sujetado á comision el concienzudo proyecto
que deb~ó aprobarse por unanimida? tan luego que se presentara, y qu;
aun debieran haber deseado se pusiese en planta esa proposicion para
hacer patente á los pueblos su decision de justicia dejando ver al mundo entero, que eran realmente Católicos, y no mazones ocultos con la
capa del catolicismo.
i~~eblos del P~ní! ~~stros representantes os venden, iDiputados Catolicos! ~aced unprrmtr los nombres de los enemigos del Catolicismo
que t~nets en vuestro seno, para qµe el pueblo conozca quienes son sus
enemigos y los q_ue p_or sus protestas no son realmente diputados,
puesto que en debido tiempo les retiraran sus poderes; y siendo el pueblo el soberano, segun su misma opinion, y desempeñando los convenci_onales el encargo de ese pu~bl_o su soberano y su juez, no pueden de
nmgun modo traspasar los hm1tes, que sus poderdantes les confiaran
pues es principio de derecho, que es nulo todo lo que obre un apode~
rado, mas allá de sus poderes respectivos. Por nuestra parte recordamos de nuevo sus deberes á los Sres. Portillo6 y Cortés, nuestros representantes en las Cámaras y les decimos también que si sus nombres
no estan entre los defensores de nuestra Santa Religion les retiran su
nombramiento.
Lima, á 13 de julio de 1855. Los Limeños.
Advertencia.- La nota del Sr. Ministro del Culto que se ha publicado
en "El Comercio" del Martes próximo pasado, está victoriosamente

59

destruida por el artículo á los Editores de ..El Comercio" que se rejistra en el número 11 de periódico Católico, y la publicidad de esa nota
tanto tiempo despues de pasada, demuestra á toda luz la intención
hostil del Ministerio para con los Editores de "El Católico".
3.

Extracto del Reglamento de la Sociedad Católico-Peruana. 7
Haciendo uso del derecho de asocíacion, cuyo inicio garantiza el artículo 17 de la Constitución de la República, se ha formado la "Sociedad Católico-Peruana", con el fin de defender el Catolicismo y sus
derechos en el Perú, de los ataques que directa ó indirectamente pudieran dirigírsele; de propagar las doctrinas católicas, procurando ademas la union y recíproco auxilio de sus miembros.
Los medios que empleará la Sociedad para conseguir (?) su fin serán
puramente pacíficos, protestando de palabra ó por escrito, de cualquier acto, discurso ó publicacion, que tienda a dañar la integridad de
la fé ó á destruir la unidad católica en el Perú, y haciendo publicaciones periódicas ó de cualquiera otra clase, con el objeto de defender ó
propagar el Catolicismo.
Como la Sociedad no se propone otra cosa que defender y propagar la
verdad católica, no tendrá injerencia alguna en asuntos poüticos, que
deberán serle completamente estraños.
Y debiendo obrar á la luz del di&amp;, no aceptará como miembros á los
que lo sean de alguna sociedad secreta.
Se consideran como socios, los 9ue libre y espontáneamente manifiesten su voluntad de pertenecer a la Sociedad. No serán admitidos en
ella los que á juicio de los respectivos consejos, observen una conducta
reprensible.
Son obligaciones de los socios: obedecer las ordenes de sus superiores
inmediatos; inscribirse en una decuria determinada; protejerse y socorrerse mutuamente, sin perjuicio de hacer estensiva la caridad á las personas estrañas á la Sociedad.
La Sociedad será rejida por un Consejo Central, residente en la Capital
de la República, y por Consejos Departamentales. Sus miembros se
distribuirán en secciones de á mil ó lejiones de á ciento ó centurias y
de á diez ó decurias. Cada una de estas secciones reconocerá un jefe
diverso. De una á diez decurias se formará una centuria y de una á diez
centurias una !ejión.
El Consejo Central se compondrá de doce vocales vitalicios. Para remplazarlos y ayudarlos en sus labores, se elejirán tambien doce vocales
honorarios, igualmente vitalicios.
El Consejero Central nombrará los cinco miembros de que deben
componerse los Consejos Departamentales, en cuyo cargo durarán dos
años, pudiendo ser reelejídos.
Los Consejos provinciales se compondrán de tres miembros elejidos,
por el Consejo Central á propuesta de los respectivos Departamentales.
La duracion de sus cargos tambien es de dos años.
Para remplazar y ayudar en sus labores á los miembros de los Consejos
departamentales y provinciales, nombrará el Consejo Central tantos
Consejeros honorarios, cuantos sean los propietarios que forman aquellos Consejos.
Para ser lejíonarío, centurion ó decurion, se necesita tener veinte y un
años de edad, la plena confianza del Consejo que los nombra, no haber

�60

SiBfoXIX

P. García Jordán: Progre.o, inmi,sración y cultcn en Perú

manifestado doctrinas y tendencias contrarias al espíritu de la Sociedad y no haber sido condenado por sentencia judicial á pena infamante.
Los deberes de los lejionarios son: velar sobre la conducta de los
centuriones y decuriones de su lejion, trascribir á los centuriones las
comunicaciones del Consejo de que depende, llevar un rejistro de los
asociados de su lejion, expresando el nombre, apellido, profesion y
estado de cada uno de ellos, esforzarse por tener completo el número
de centurias de su lejion, avivar el celo de sus centuriones, consultar
al Consejo las dificultades con que tropiece en el cumplimiento de
sus deberes, é informar trimestralmente al Consejo sobre el estado de
su lejion, evacuando además todos los informes que este le pidiere.
Los deberes de los centuriones son: vijilar sobre la conducta de los
decuriones, trascribir las órdenes que reciban de los lejionarios,
llevar como estos un registro de las personas que componen su ::entuña; esforzarse por tenerla completa, reunirla siempre que lo permitan
las circunstancias, para conservar vivo el espíritu de la Sociedad,
consultar con el lejionario las medidas que crea necesarias emplear
para conservar la disiplina de su centuria, é informarle mensualmente
sobre el estado de ella.
Los deberes de los decuriones son: estrechar cada vez mas sus relaciones con los asociados de su decuria, procurando captarse su confianza,
con afabilidad y modestia, y evitando toda manifestacion de superioridad, procurar la conciliacion en las cuestiones que se susciten entre
los asociados de su decuria, reunirlos para leerles las instrucciones
que les dirija el lejionario inmediato, avivar su celo, auxiliarlos y consolarlos en sus necesidades, manifestar á los centuriones las dificultades que encuentren en el cumplimiento de sus deberes, y llevar
como los lejionarios y centuriones, un rejístro de los miembros de su
decuria
Los miembros de la Sociedad erogarán diez centavos mensuales, para
la formacion de rentas de la Sociedad, pudiendo ser eximidos de esta
obligacion los, que, á juicio de los respectivos Consejos, no puedan
cumplirla La recaudación de esta renta correrá a cargo de los Tesoreros que nombren los diversos Consejos, ayudándolos en la recaudacion
los respectivos lejionarios, sin exijir ni unos ni otros retribucion alguna.

NOTAS APENDICES
l. Subiayado en el original

2- lbül
3. lbüJ.
4. lbül

S. ZavaJa es d primero de una laiga lista de nombres, todos ellos "fuerzas vivas''
de la sociedad limeña

61

6. Este pezsonaje es el mismo que í,gura en la nota 20 del texto.
7. El Reglamento completo íigu.ra en Anaie, de la Sociedad Cotólico-Püutalada en Lima en 22 de mayo de 1867. Lima. Imp. José Masías, 1868,
pp. 11-21. El extiacto del Reglamento enlbül, pp. 8-10.

�El agrarismo liberal
en México

Luis González y González*

L

El credo de la Reforma se define el mismo día en que los insw:gentes
de Ayuda se autonombran liberales y llaman consetvadores y "cangrejos"
a los paladines de la dictadura santárúca. Ese credo compartía, a la mexicana, las filias y las fobias del liberalismo europeo y del estadounidense:
la voluntad de enriquecimiento, libertad, orden, democracia y ciencia, y la
,ioluritad de tradición. Comportaba también un par de dogmas nacionales.
Uno, formulado por Miguel Lerdo en 1856, dice: " El suelo de México es
uno de los más fértiles del mundo." 1 El otro, con palabras de don José
María Vigil, afirma: "(los mexicanos no podemos) hacer física, material,
positivamente efectivos los dones de que se nos ha colmado".2 En la raíz
de la grandeza natural se entrevió la obra de la Providencia; en la pequeñez
humana, la labor &lt;le la Historia.
Según los reformadores, existía un indomable antagonismo entre los
antecedentes históricos de México y su engrandecimiento futuro. En vez
de considerarlos " como hase indispensable de cualquier cambio, como sucede en general en todos los pueblos", se bablaha de " removerlos radicalmente para lanzarse por una vía del todo nueva".3 "Queremos romper
-decía Julio Záratc- con las tradiciones que nos k-gara un pasado de inmensos errores y de imper&lt;lonahlu.- locuras" f y Francisco Zarco: " No somos como esos legisladores que capitulan cou el pasado. .. ; legislemos ¡,ara
el porvenir.''5 Ellos gravitan hacia un futuro CU}'OS principales ingredientes
eran la libertad, el saber científico}' el confort.
Componían la prl--visla Libertad nna media docena de libertades, apellidadas económica, tH&gt;líLica, intelectual, religiosa, pedagógica y de Lrc1liajo.
*El Colegio de Michoacán. Una versión previa de este trabajo se publicó en 1/istoria
M..xicana, 28, El Colegio de México. abril-junio de 1958.

�64

L. González y González: El agrarismo liberal en Méxie-0

SigloXIX

Este surtido laissez-faire presuponía la supresión del Tirano y la noble tiranía de la Ley, la cual, para mantenerse equidistante entre el despotismo
y el cao!&gt;, necesitaba de la democracia entendida como gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, siempre y cuando el pueblo fuera capaz de hacer buen uso de su razón. Nuestros reformadores temían que el
mexicano no llenara este requisito. " ¿Cómo se han de establecer y afirmar
las instituciones liberales -se preguntaba Castillo Velasco en el Congreso
Constituyente d~ 1856-:- si hay una mayoría de ciudadanos para quien la
libertad es una quimera y tal vez un ahsurdo?''6 La democracia mexicana,·
si quería prevalecer, debía educar.
La ciencia moderna, metódica, convincente, válida para la totalidad de
los hombres, capaz de descifrar todos los enigmas y vencer todas las resistencias (según se anunciaba la del siglo XIX), debía educar al mexicano para la democracia. El grupo que se arremolinó alrededor de J uárez no se
propuso que su patria colaborase a corto plazo en el desenvolvimiento del
espíritu científico; contentábase/con difundirlo, rápidamente, en su última
fase, en todos los ámbitos del pa~ y también, con igual premura, se empeñaba en obtener de sus derivaciones técrúcas una mejor explotación de los
recursos naturales y una economía mecanizada para sacar a México de la
pobreza (que "encierra en su seno lacerado el germen de todos los males")
y llevarlo a un estado de bienestar material.

La sed de enriquecimiento vino a ser actitud plausible. Si los promotores de la Reforma no se enriquecieron; no fue por falta de ganas rú de
oportunidades. Estimaron que su papel de apóstoles de la nueva doctrina
les imponía la obligación de introducir el bien en la casa ajena antes que en
la propia. También cometieron otra anomalía: en vez de perseguir la riqueza nacional por el camino de la industria, a la manera europea del siglo
X1X, la procura.ron por el rumbo de la agricultura, quizá por no apartarse
del modelo norteamericano que se habían impuesto, pero más presumiblemente por creer que el país contaba con recursos agrícolas potenciales
muy superiores a los entonces efectivos, creencia que no podían des-mentir las inexistentes estadísticas agrarias, y mucho menos la precaria
rusticidad de los reformistas.7
El hecho de que la Reforma haya nacido en el minúsculo caserío de
Ayutla, acaudillada por un hacendado, no debe hacemos creer que sus autores fueran rancheros. Los más se habían educado en la ciudad, y ejercían allí oficios de burócratas, médicos, ahogados, periodistas o poetas.
Eran personas de modestos recursos económicos, de clase media urbana,
que no desconocían del todo la vida campestre. En algunos, este conocimiento provenía de sus experiencias infantiles; en otros, de haber convivido transitoriamente con labriegos durante los rigores de la lucha civil.

65

Su saber acerca del campo les permitió darse cuenta de la mala situación
de los campesinos, pero no de la verdadera magnitud de los recursos agrícolas. Así pudo mantenerse la idea de un paraíso mexicano "donde no
sólo es eterna la primavera, sino eternos, si puede decirse, los elementos
de vida, de prosperidad y de progrcso".8

Las peculiaridades apuntadas no agotan los temas de la "actitud primaria" y la "cosmovisión" de los hombres de la Reforma. Pero bastan como introducción a tres rasgos de aquel partido: el rumbo agrícola_ que
tomó su concupiscencia económica, su imagen del p~blema agr31:10, y
( dentro de las timideces ~r~pias de la escuela) la_ a~dacia de_ su agransmo.
Mientras los gobiernos similares de Europa resist1an heroicamente a la
tentación de entrometerse en asuntos del campo, el nuestro se empeñó en
convertir las tierras vírgenes en madres fecundas, a los miserables sin tierra
en terraterúentes prósperos, a las víctimas del peonaje en seres libres, y a
los esclavos del mito en señores de la ciencia positiva.

IL
El problema agrario, para comenzar, fue descompuesto en sus partes
por la inteligencia reformista. En el orden técrúco se lamentó la escasez de
brazos para el cultivo de la tierra, el uso rudimentario del abono y el riego,
el atraso de la labranza, la tala de bosques, la carencia de capital y los raquíticos medios de comunicación y transporte; en el orden institucional,
la abundancia de terrenos baldíos, las comurúdades indígenas, las deprt&gt;
daciones de los "bárbaros", los diezmos, la mano muerta, ~l latifundio, el
peonaje, la discordia civil y la leva; en el orden intelectual, las co~cepciones mágicas y arúmistas, la religiosidad aunada al desapego cientifico, la
ignorancia del idioma español en unos y la falta de letras en todos.
La sociedad rural -escribe José María Vigil- "no guarda proporción
con su territorio"; su número está muy por debajo de "los infinitos elementos de riqueza que encierra el suelo que ocupa"'. Hacia 1857 había
ocho millones de mexicanos: menos de dos habitaban en ciudades: más
de seis eran campesinos que sólo labraban una mínima parte de la superficie del país, y no la mejor, que se mantenían en "estado de naturaleza".
Así en el inmenso Norte la península de Baja Califorrúa, el delta del Colorado, la mesopotamia sonorensc, la Sierra Madre Occidental, y lo más de
las llanuras de Chihuahua, Coahuila, Durango y Tamaulipas, tierras que
podían convertirse en un Far West mexicano. También en la región tran&amp;tehuana había fertilísimas zonas vírgenes: ciénegas de Tabasco, selvas del
sur de Yucatania y del noroeste de Qriapas, y la llanura costera del Soconusco. Aun la porción media del país, la más poblada y productiva, tenía
feraces reservas territoriales en ambas costas.

�66

SigloXIX

La exigua población-rústica se limitaba a cultivar el suelo que habían
amansaqo las sociedades precolombinas y los colonos españoles: el Anáhuac, la zona oriental del Válfe del Balsas, los vallecitos de la Sierra Madre
del Sur, el norte de Yucatania, el centro de Veracruz, e islotes rodeados de
desolación en lo restante del país. El estómago, que no el apetito de lucro,
decidía los cultivos: maíz, frijol, trigo y chile para las comidas; caña de
azúcar, café y tabaco para los postres del beau monde, y maguey para aperitivos y digestivos de la gran- masa del pueblo. La excepción a la regla la
ofrecen algunas haciendas de ganado, las fincas henequeneras de_ Y ucatá~
el cultivo del añil y la vainilla y las explotaciones forestales en las zonas
costeras de Veracruz, Tabasco y Campeche; las últimas, navajas de doble

filo.
Ya se veía en la tala caprichosa de los bosques rm factor adverso a la
agricultura. En su estudio sobre la propiedad territorial, dice Manuel
Payno:
En México, generahnente los indígenas que tienen bosques en
común y los propietarios que trafican en madera, han abusado de
una manera escandalosa de la tolerancia o descuido de las autori•
dades, y día tras día v~mos tornar frondosas selvas en eriazos y
descarnadas lomas que alejan la población, hacen tardía la estación de lluvias y acaban con todos los elementos de subsistencia y
vida.9
Con todo, los pronósticos de Payno no quitan el suefío a los taladores
de bosques, quienes, como todos los campesinos, permanecen fieles al imperio del hábito.
En rm folleto de 1848, atribuído a Mariano Otero, se dice lo que después se repetiría incansablemente:
Hasta ahora han sido vanos para los labradores de México todos
los descubrimientos y mejoras que se han hecho en otros países
de algunos años a esta parte para abreviar y hacer más económicas
las operaciones de la agricultura.10
Las herramientas y los sistemas de cultivo seguían siendo tan añejos
como ineficaces. Muy pocos agricultores regaban y abonaban sus tierras, y
ninguno conocía los modernos medios para procurarse agua y beneficiar
con abonos químicos sus sembradíos. Eran hombres del pasado, y aun a
los administradores de las haciendas les daban miedo las mejoras técnicas
introducidas por los norteamericanos en los métodos de producción.
Al misoneísmo &lt;le los labriegos se sumaba la carencia de capital: eran

L. Conza1ez y Conzález: El agrarismo liberal en México

67

desconocidos los bancos de crédito agrícola, y las tareas agropecuarias no
permitían la capitalización. Ni los pocos labradores adinerados obtenían
ganancias apreciables, salvo si después de un año fértil venían dos o tres
estériles, y si sus sementeras colindaban con alguna ciudad o puerto que
consumiera o diera salida a los productos. Generalmente cada comunidad,
rancho o hacienda producía ni más ni menos que lo necesario para satisfacer el consumo estrictamente local. Trasponer este punto era exponerse a
los riesgos de la superproducción, y no cultivar en cada sitio lo necesario
para vivir era signo premonitorio del hambre. "La falta de consumidores
-escribe Ignacio Ramírez- hace que el labrador sólo siembre lo muy
preciso." 11
Varios factores concurrían a esta desgracia. Uno era "la odiosísima
servidumbre del sistema de ruuilialas". Otro, lo disperso, escaso e indolente de la población nacional Y sobre todo, la ineficacia de los medios de
comunicación y transporte. Las recuas de mulas y las carretas de bueyes no
pennitían excesos en la agricultura, por ser transportes caros, lentos e insuficientes, que hacían incosteable el tránsito de mercancías de los centros
productores a los mercados del país, y aún más a los extranjeros.12 La fal.
ta de vías férreas, fluviales y marítimas era funesta, y el pésimo estado
de las pocas carreteras existentes ponía en el cuadro una última y sombría
pincelada.
Agréguense a la lista de factores adversos las instituciones rurales, rémoras de la economía y sobre todo de la libertad, la democracia y el orden. A esta especie pertenecían los terrenos baldíos, administrados oor F.spaña en la época de la dominación y por el gobierno mexicano a partir de
1821, de los que se sabía que ocupaban una gran parte del país, pero no su
exacta ubicación, extensión y calidad. Los más eran vírgenes; muy pocos
estaban cultivados por ocupantes indígenas sin título de propiedad, y una
porción mayor era frecuentada por la apachería, gente nómada que hacía
sumamente difícil la vida, la agricultura y el pastoreo en los estados de
Sonora, Chihuahua y Coahuila.
Los apaches, habilísimos en el manejo del caballo, la lanza, la flecha y
las armas de fuego, conocían el arte de la guerra y eran insuperables en la
caza. A la nútad del XIX, cuando los f arwesteros yanquis empezaron a disputarles la tierra, se enfurecieron hasta el punto de convertirse en el peor
azote de vidas y fortunas a uno y otro lado de la raya fronteriza. Conducidos por capitanes que añadían a su nombre el epíteto jaské, que significa
"valiente", iluminados por el "capitán del cielo", caían en grupos de diez,
quince o veinte individuos sobre caravanas, haciendas y pueblos. Eran aficionadísimos a asesinar varones y a convertir en botín las bestias, las mujeres y el cuero cabelludo de sus víctimas. Debido a su eficacia en el ejercí-

�68

SigloXIX

cio de la devastación se retardó el poblamiento del Norte y se despoblaron
velozmente las pocas zonas habitadas y en cultivo.
Los sonorindios (pimas, yaquis, mayas, tarahumaras, etc.) buscaban,
como los apaches, el abatimiento del blanco; pero, aparte de tener un delgado barniz de civilización occidental, practicaban la agricultura, aunque
(para su desdicha) en terrenos,que se presumían baldíos. Lo mejor del suelo sonorense, la mesopotamia situada entre el Yaqui y el Mayo, la poseían
ilegítimamente. En acatamiento a la ley, se procedió en 1825 a medirla y
evaluarla, lo cual no llegó a conseguirse porque sus ocupantes se declararon
en rebeldía. Desde entonces yaquis y mayos siguieron en pie de lucha contra los posibles invasores de sus tierras. En guerra e independientes los sorprendió el gobierno emanado de la revolución de Ayutla.
En el otro extremo del país, la creencia de que "los indios no oyen
sino por las n;tlgas", puesta en práctica por los terratenientes yucatecos,
hizo estallar en 1847 una guerra crudelísima. Durante tres años se mató,
se robó, se quemó sin tregua ni piedad. Al cabo de ese tiempo, se convino
tácitamente que los insurrectos ocuparan el sur de la Península, y los ru
tiguos amos, más los indios fieles, el norte. Los del Sur se organizaron en estados libres, se dieron una religión nueva, trabaron amistad con los angloheliceños, y con las armas que éstos les daban a cambio de madera invadían y devastaban periódicamente las haciendas de sus antiguos señores
quienes, por su parte, hacían también frecuentes incursiones a las guaridas
de sus ex siervos y a cuantos lograban pillar los vendían como esclavos a las
negreros de Cuba. Este ir y venir de unos y otros produjo un sinfín de males y una nueva actividad agrícola: la industria henequcnera.13

La mayor parte de los indios mansos (nahuas, otomíes, tarascos, zapotccas, mixtecas, totonacos, huaxtecos, etc.) se repartía en cinco mil pequeñas aldeas que, en vez de considerarse partes de un todo nacional, se sentían como mundos cerrados. Cada una era dueña de un territorio de escasa
superficie y generalmente de mala calidad, dividido en "fundo" (lugar donde se asentaba el caserío), "propios" (terrenos destinados a sostener el
ayuntamiento), "ejido" (para los usos comunes de la población) y "tierras de común repartimiento" , usufructuadas individualmente por los vecinos y poseídas en común. Cuando cesó la tutela sobre el indio en virtud de
la implantación del régimen de igualdad jurídica, las haciendas arrebataron a los pueblos parte de sus posesiones hasta el punto de hacerlas insuficientes para sostener al vecindario y obligar a los vecinos a engancharse
de jornaleros. Por su parte, un clero hostil al partido liberal y negligente en
la administración de los bienes celestiales por apego a los de la tierra, manejaba las comunas a su antojo y recibía de ellas diezmos y obvenciones
parroquiales.

L González y González: El agrarismo liberal en México

69

IIL

La riqueza estancada del clero, la célebre "mano muerta", comprendía bienes muebles e inmuebles, productivos e improductivos, rústicos y
umanos, destinados al beneficio de órdenes religiosas, sacerdotes seglares,
seminarios, cofradías e institutos de enseñanza. Según los cálculos de
don Miguel Lerdo de Tejada, que concuerdan con los de don Lucas Atamán, el valor de esos bienes ascendía, a mediados de siglo, a cerca de trescientos millones. El hecho de que no estuviesen a la venta se consideraba
nocivo para la hacienda pública y para la economía privada. Aquélla dejaba de ganar lo correspondiente a traslaciones de dominio, y ésta no podía invertir su dinero en la compra de unas propiedades entre las que se
contaban ochocientas o novecientas fincas rústicas arrendadas a particulares, quienes, además de no poder hacerlas suyas, las atendían indebidamente.14
Los terrenos de propiedad individual se llamaban, según su extensión,
ranchos o haciendas. Los ranchos (pequeñas propiedades) eran vistos con
simpatía por los prohombres del liberalismo; las haciendas, con superfi.
cíes de más de mil hectáreas y población de más de cien vecinos, fueron
mal vistas. En 1854 había 6,092 haciendas y un número sensiblemente
menor de hacendados. Las del Norte y de las costas eran tan vastas que,
para recorrerll\S de punta a punta, se caminaban días enteros. Ponciano
Arriaga, el orador de locución tarda y frase dura, se pronunció contra
ellas en el Congreso Constituyente:
La acumulación en una o pocas personas de grandes posesiones
territoriales, sin trabajo, sin cultivo, sin producción, perjudica el
bien común y es contrario a la índole del gobierno republicano
y democrático.15
Como es sabido, sólo una parte de las haciendas era explotada, ora
por cuenta exclusiva del propietario, ora, parcialmente, por cuenta de
los arrendadores, pero casi nunca bajo la vigilancia directa del dueño. Los
hacendados no solían vivir en sus haciendas por temor al bandolerismo y a
los pronunciamientos. Hacían sus veces los administradores que, según don
Luis de la Rosa, más que en los negocios del latifundio, se ocupaban "en
los placeres lícitos o ilícitos de la vida rústica: los coleaderos, los gallos,
las carreras de caballos y los amoríos con las jóvenes del lugar".16 De ellos
dependía toda la población de la hacienda: mayordomos, capitanes, vaqueros, caporales, peones libres y acasillados. Llamáhanse "peones libres"
los vecinos de los pueblos que trabajaban temporalmente en las haciendas,
y "acasillados" los adscritos de por vida al fundo.

�70

SigtoXIX
Me he convencido hasta la evidencia - prosigue don Luis de la
Rosa- que el sistema de cultivar las grandes propiedades territoriales por medio de jornaleros, a que se da el nombre de peones,
es funestísimo para la moralidad pública, y cada d{a ha de ser
más perjudicial para los intereses de los grandes propietarios.17

El jornalero, en especial el acasillado, era un pésimo labrador. El jornal apenas daba para mal comer, medio vestir y abrigarse en una choza de
varejones y zacate. Lo de menos era que una parte se les pagase en especie
y otra en vales canjeables en los tendajones de raya Lo verdaderamente antiliheral era la servidwnhre por deudas. Para cubrir gastos extraordinarios
(matrimonios, bautizos, borracheras y entierros) el peón se endeudaba
hasta el punto de quedar vendido al patrón, del que sólo podía clesprenderse mediante la fuga o porque otro amo pagara el monto de su deuda En el
primer caso era perseguido por las autoridades y, algunas veces, devuelto;
en el segundo, ¿qué podía ganar?
Dondequiera los administradores y mayordomos eran la misma cosa.

Las excepciones se cuentan con los dedos de la mano. Todos pagaban poco y pegaban mucho. A fuerza de látigo y puntapiés querían vencer la indeclinable pereza del peón, y a fuerza de entlapixcarlo, purgar sus pe&lt;[Ueños delitos, sobre todo el de embriagarse en lunes. Por más que las almas
liberales disculpaban al trabajador, p~es tenían la culpa el misérrimo salario, la servidwnhre por deudas, las agobiantes jornadas de sol a sol y los
castigos físicos, la casta de capataces insistía en su táctica y se negaba a ver
en d bandolerismo una secuela del maltrato, y en la tolerancia liberal un
buen remedio para la pereza y la sed de pulquc.1s

IV.
El peón, víctima del peonaje, era vengado por el bandolero, quien
nunca robaba a los pobres,
antes les daba dinero.

"Ladrón de caminos" le llamaron sus detractores, y "héroe del camino real", algunos liberales que reconocieron la justicia de su causa. Con
todo, nadie se atrevió a defenderlo abiertamente, pues no eran defendibles por moral alguna sus atentados a mano annada contra la vida, la hacienda y honor de propietarios y caminantes. Para asesinar y raptar se
agavillaba. Las gavillas, que se contaban por docenas en los Fstados centrales, no tenían bandera política aunque a veces buscaran el amparo de alguna con el fin de evitarse riesgos. Al frente de cada gavilla iba un capitán
"trigueño, robusto, curtido al sol y a la intemperie", hábil en el manejo
de caballos, sogas y armas. Durante uno de sus viajes entre Toluca y Méxi-

L. Gonzákz y Gonzála: El agrari,mo liberal en México

71

co, Ignacio Manuel Altamirano comprobó la destreza del capitán Roca, el
terror del Monte de las Cruces.19 Manuel Payno reveló los motivos, propósitos y fechorías de los bandidos de Río Frfo.3&gt; Perrohlillos, con menos
éxito, intentó hacer otro tanto con los plateados que caían sobre sus víctimas al grito de " ¡Viva l'hacha y santo filo!"21 Manuel Lozada y sus compañeros son todavía personajes en husca de autor.
Lozada fue el máximo bandido de su tiempo. Pobre e iletrado, en
1853, tras de ser peón en las Mojarras y huésped en la cárcel de la hacienda, inicia sus andanzas de bandolero al frente de una pequeña gavilla en la
que figuran indios coras. En menos de un lustro se convierte en amo y
señor del Séptimo Cantón de Jalisco. con capital en Tepie. Desconoce la
Constitución de 1857 y el gobierno de Juárez; devuelve a los indios de la
sierra de Alica la tierra de que habían sido despojados por los voraces
latifundistas; se señala como protector de los débiles y desvalidos; se pronuncia por el Segundo Imperio; Maximiliano lo condecora y el partido
liberal le planta el membrete de "Tigre de Aliea", nombre adecuado al
oficio de bandolero que tan heroicamente ejerció.22
No debe confundirse a un bandolero como Lozada con un jefe sedicioso o "pronunciado", incansable redentor del ejército en los cincuenta
primeros años de vida independiente. El "pronunciado" es militar experto, hombre de alguna educación, incapaz de alzarse en armas sin antes seducir a la tropa con promesas de grados, empleos y botín, y sin difundir
oportunamente, por medio de manifiestos y proclamas, los propósitos de
su "pronunciamiento": poner o quitar un gobernante odiado para sustituirlo con su persona Mientras lo consigue, se constituye en "árbitro y
dueño de todas las haciendas que recorre. Se apropia los mejores caballos,
mata los toros más finos, sus hombres desperdician las semillas y aniquilan los sembrados". Al conjunto de todos los pronunciamientos habidos
desde la consumación de la independencia hasta la victoria liberal, se da
el piadoso nombre de "lucha civil".23
Entre otros males, la "lucha civil" propició la leva que, aparte de
mancillar la libertad del hombre, robó sus mejores brazos a la agricultura.
Para hacerse de tropa -que oficiales y jefes los había en abundancia-, lo
mismo las partidas de sediciosos que el tirano en turno nunca prescindieron de la "comisión de leva" que caía en pueblos y haciendas, acorralaba
a los labrantines, seleccionaba a los más robustos y, seguida del llanto de
madres, viudas y huérfanos, los arreaba a un cuarte~ de donde, tras de
ejercitarse en el manejo de las armas, salían con rwnho "a todos los mataderos del país", a morir sin gloria, sin conocimiento de la "causa" por la
que peleaban y dejando una familia al garete.ai

�72

SigloXJX

V.

Hay todavía un tercer punto de la vida nística condenado enérgica•
mente por la Reforma: la supenivencia del mito. Las agrupaciones indígenas, sobre todo las más alejadas del centro, continuaban ~isas a_} imperio de una tradición mágica animista. El resto del campesinado, SI menos supersticioso, se aferraba a creencias y actitudes religiosas que, por lo
menos en parte, no se entendían con el progreso científico. La raza vernácula, por añadidura, desconocía el español y el arte de leer y escribir;
los otros labriegos se resignaban a sólo ser analfabetas; nadie en el campo
marchaba al compás de los ideales del siglo XIX, el siglo de la plenitud de
los tiempos.
El indio creía en un mundo donde todo era animado, regido unas veces por las reglas de la magia, y otras por 1a caprichosa voluntad de los
espíritus que habitaban en astros, cumbres, ríos, bestias y plantas. A esta
imagen del cosmos correspondía un ritual mágico y un culto, celosamente
cultivados por el pueblo y muy bien protegidos por un ejército de brujos.
Las creencias y las costumbres de apaches y sonorindios paraban en esto;
pero los demás indígenas injertaron en la magia y el animiSlno la religión
traída por la invasión española, y esto produjo, al decir de Guillermo Prieto, un "ponche" de "costumbres p6hlicas e íntimas dignas de la mayor
censura", toleradas por los párrocos católicos, ora por temor, ora por
descuido. 25

La superstición se conciliaba con la ignorancia del castellano. En vez
de idioma de los muchos, usábanse, entre indios, lenguas minoritarias y
pobres, tan opuestas a la unidad nacional como a la de los indígenas mismos. Cada etnia se entendía a su manera y había más de cien etnias aborígenes. Casi millón y medio de indios se expresaban en nahua; alrededor
de quinientos mil en otomí; un cuarto de millón, en maya; otra cifra igual
en idiomas zapotecas; poco menos, en mixteco; unos cien mil, en tarasco,
y grupos menores en alguna de las hablas restantes: totonaca, tzotzil,
tzeltal, huaxteca, popoloca, rarámuri, zoque, yaqui, chontal, etc.26 Ya
para entonces, ningún idioma de la vieja raza se escribía. "En vano buscaremos -afirma Ignacio Ramírez- quien componga en elegante azteca o
en sonoro tarasco", las dos lenguas de mayor tradición literaria.'Zl
Los demás labriegos, con ser hispanohablantes, no llenaban los requisitos de la modernidad. Su ideario religioso, aparte de no ser puramente
evangc'lico, de estar contaminado de superstición, amparaba actitudes intolerantes y misoneístas. Su saber profano era bien poco; su falta de letras,
total Y ni siquiera tenían oportunidades de instruirse. A las escuelas urha-

L. González y Gonuílez: El agrarismo liberal en Mmco

73

nas no iban los niños del campo, y en éste, teníase por cosa extraordinaria
la existencia de una escuela. Las empresas educativas de Alamán, Mora,
Alcocer, la Sociedad Lancasteriana y otras personas e instituciones de la
primera mitad del siglo XIX se señalan por su nobleza de propósitos y su
fracaso. Un censo de 1857 contó dos mil cuatrocientas veinticinco escuelas
que enseñaban a leer, escribir y rezar a unas ciento ochenta y cinco mil
criaturas, casi todas citadinas y decentes. Lupe Monroy escribe: "feliz podía considerarse el pueblo que tenía una escuela miserahle";lll y aquí, la
palabra "feliz" hay que tomarla como exageración retórica, pues ningún
pueblo lo fue por poseer una escuela donde un tirano impone su ciencia
apolillada a fuerza de chicote.

-

VI.

El agrarismo liberal se propuso rehacer la vida del campo. En lo que
mira a lo económico, trató de atraer capital extranjero, introducir nuevos
cultivos, modernizar la labranza, suprimir las alcabalas, y principalmente
aumentar la población, cultivar las zonas vírgenes con colonos de aquí y
de fuera, y construir ferrocarriles, canales, carreteras y telégrafos. En el
orden social, buscó el deslinde y la.venta de los baldíos, el reparto entre
sus condueños de las comunas indígenas, la desamortización de los bienes
eclesiásticos, la división de los latifundios, la libertad de trabajo y la guerra contra los apaches, los indios rebeldes, el bandidaje y la sedición. El
problema de orden intelectual quiso resolverlo con la laicización, difu.
sión y obligatoriedad de la escuela primaria y con un instituto de enseñanza agrícola. Algunos puntos de tan vasto programa ya habían sido intentados por las generaciones precedentes, en especial por la que en 1833 encabezó don Valentín Gómez Farías; otros son totalmente nuevos: sólo
quiero detenerme en los más importantes.
Escritos de Luis Robles, José María Iglesias, Sehastián Lerdo de Tejada, Francisco Zarco y Francisco Zamacona dejan traslucir una fe ciega en
la capacidad redentora y lucrativa de los ferrocarriles. Robles dijo:
La paz, el aumento de la población, el equilibrio entre las rentas
públicas y los gastos y la exportación de los varios frutos de
nuestro suelo, son las necesidades de México: todas el.las quedarán satisfechas cuando tengamos una red de ferrocarriles que
una nuestros distritos productores con las costas.29

Zamacona aseguró: "Los caminos de hierro resolverán todas las cuestiones
políticas, sociales y económicas que no han podido resolver la abnegación
y la sangre de dos generaciones." Como índice de la admiración y enbisiasmo que suscitaban los ferrocarriles, baste decir que el grupo porfirista denominó su vocero, en los años de 1867 a 1872, El Fe"ocnrril. 3&gt;

�74

L. Gonzo1ez y Gonza1ez: El ograri&amp;mo liberal en México

75

Sip,XIX

En 1856, la mayoría de los países europeos y los Estados Unidos disponían de una vasta red de caminos de hierro. México, en cambio, no había unido siquiera so capital con el mayor de sos puertos. La construcción
de ferrovías llegó a tomarse en serio cuando el partido liberal se hizo del
del poder. Siendo presidente de la República don Jwiacio Comonfort, se
otorgaron concesiones a varias compañías constructoras. La discordia
política y la inexperiencia de a1gunos concesionarios retardaron la tarea
Pasada la tempestad, se hacen nuevas concesiones y comienzan a entreverse los frutos de las antiguas. El 20 de diciembre de 1872 se unen en las
Cumbres de Maltrata los rieles que venían de V eracruz con los que iban de
México. El lo. de enero de 1873, el presidente Lerdo de Tejada inaugura
el camino por donde ingresarían, junto con un sinnúmero de bienes, los
anhelados extranjeros.
"La inmigración ha sido el sueño constante de nuestros gobiernos",
escribe Juvenal en 1871.31 Desde que México se hizo independiente llamó a inmigrantes agrícolas de los países más adelantados. En aquella edad
santánica vinieron muy pocos por temor al desorden y a la intolerancia religiosa de los mexicanos, según se dijo. El Constituyente de 1856, después
de acalorados debates, se decidió por la libertad de cultos. Y en el mani-

fiesto que desde V eracruz lanzan los prohombres del liberalismo, el 7 de
julio de 1859, se lee:
La inmigración de hombres activos e industriosos de otros países
es, sin duda, una de las primeras exigencias de la República, por•
que del aumento de su población depende ya no únicamente el
progresivo desarrollo de su riqueza y el consiguiente bienestar interior, $ino también la conservación de su nacionalidad. Por estas
razones el gobierno se propone trabajar muy empeñosamente en
hacerla efectiva, y para que ello se ejecute del modo que es conveniente. . ., cuidará de allanar las dificultades prácticas que se
oponen a su ingreso y a su permanencia en el país.32
El inmigrante acarrearía al país incalculables beneficios: mejoraría,
con el ejemplo, la situación moral de los mexicanos, y, sobre todo, haría
del nuestro "uno de los países agrícolas más ricos del mundo". Con él, se
convertía en tarea de años la colonización de las tierras vírgenes; sin él, en
obra de siglos. Por tanto, urgía apresurar su venida y establecer las primeras colonias. Comonfort sentó las bases: por ley de primero de afio de 1856
autorizó a los extranjeros a adquirir en la República toda clase de tierras;
en febrero ordenó el establecimiento de una colo,úa mixta de alemanes
en el estado de Nuevo León; en mayo dispuso la fundación de cuatro colonias agrícolas a los lados del camino de Veracruz. "En fin - escribe Anselmo
de la Portilla-, no perdonó medio de cuantos estaban en su mano para aumentar la !.)Oblación de la República."33

El presidente Juárez sigue por la ruta de su predecesor. En marzo de
1861 concede gracias a los extranjeros compradores de tierras mexicanas.34
En 1864 cede a una compañía estadounidense la mayor parte de la Baja
California, y otorga a sus colonos libertad de cultos, libre administración
municipal y exención de impuestos y contribuciones durante un decenio.'6
A cambio de tan manifiestas ventajas, la compañía se obliga a reservar
una parte de los terrenos a labriegos mexicanos, cumplir la Constitución y
las leyes de México, pagar cada sitio de ganado mayor a bajo precio, levantar planos de los pueblos que funde, asentar en la superficie concedida,
dentro de un plazo de cinco años, cuando menos, doscientas familias de
extranjeros, y repartir entre éstos, después de veinte años, lotes no mayores de tres leguas cuadradas.36 Hacia 1867 se inició el arribo de los colonos. A fines de 1871 ya habían llegado 480, quienes, en vez de labrar la
tierra, se dedicaron a rapar los campos de orchilla, liquen tintóreo muy
apreciado por la industria inglesa de casimires.37 Estos y otros abusos de la
compañía obligaron a nulificar la concesión. 38

VIL
A raíz de la derrota del Imperio, se dijo:
Cambiada _del todo la escena, el país en masa desea y busca la colonización. Y vendrá, porque en el extranjero se sabe ya perfectamente que el México de ahora es muy diverso al México de antes.39

Los años vuelan y los colonos no vienen; la opinión pública comienza a intranquilizarse y el Congreso lanza la ley de 31 de mayo de 1875, que confía la ejecución de la tarea colonizadora a la empresa privada y no sólo al
Estado; ofrece a los inmigrantes tierras a precios módicos y pagaderos a
largo plazo, facilidad para adquirir la ciudadanía mexicana y diversas ayudas económicas, así como notables privilegios. Para afrontar los primeros
gastos de la colonización, el Congreso aprueba una partida de doscientos
cincuenta mil pesos.40
Como coadyuvante del poblamiento y la colonización se propuso el
deslinde y la venta de terrenos baldíos. El 9 de junio de 1856, el presidente determinó los trámites a que debían sujetarse las solicitudes de tales
terrenos. El 20 de julio de 1863, cuando el gobierno republicano se hallaba en San Luis Potosí, se expidió una ley general de enajenación de baldíos que, a la vez que fomentara la colonización y la pequeña propiedad,
le diera a la República los fondos indispensables para proseguir la lucha
contra las huestes napoleónicas.

�76

L. González y Gonza'le:&amp;: El agrarumo liberal en México

SigloXIX

La ley de 1863 adolecía de los defectos naturales propios de los
tiempos en que fue dictada Contenía preceptos incompatibles
con el régimen constitucional .. ; otros invadían la soberanía y
lastimaban los derechos de los Estados. .. ; los había meramente
circunstanciales. .. ; y por último, perseguía fines cuyo logro iba a
resultar delicado, pues a más de facilitar los denuncios de los baldíos, y hacer más breve y sencilla su adquisición, tendría que reprimir las resistencias de los detentadores ilegítimos de ellas.41
Entre éstos se contaban algunos pueblos indígenas cuyos terrenos fuoron denunciados y adjudicados al denunciante. Pasado un lustro, el gobierno cayó en la cuenta de su error y quiso enmendarlo. El 30 de septiembre
de 1867 dispuso que los baldíos se adjudicaran sin perjuicio de tercero y
que se diera a los indios, tras previa denuncia, título de propiedad de los
que ocuparan.42 La política de baldíos, así reformada, no favoreció a los
indígenas, que nunca se enteraban de las leyes hechas a su favor. Tampoco
produjo pequeños propietarios; pero sí benefició a los grandes latifundistas, igual que las leyes desamortizadoras.

El 25 de junio de 1856, don Miguel Lerdo de Tejada mandó adjudicar las fincas nísticas de las corporaciones civiles y eclesiásticas a los arrendatarios o, en su defecto, a los denunciantes y a quienes las comprasen en
subasta pública. El artículo 8o. de esa- orden exceptuaba de la adjudicación
el fundo y los ejidos de los pueblos, pero abandonaba a su suerte los propios y las tierras de común repartimiento, en los que de hecho se perpetraron despojos. Para impedirlos en el futuro, se expidió el decreto de 9 de
octubre de 1856, y para repararlos, el 20 de diciembre se ordenó dividir
los bienes de cofradías entre los indios.43 Luego el artículo 27 de la Con&amp;
titución dispuso el reparto de los ejidos,44 y días después se mandó que se
tomase de ellos lo indispensable para panteones, rastros y otros institutos
públicos, y el resto se repartiera entre las cabezas de familia de cada pu&amp;
blo.45
Los indios se opusieron a todas estas medidas, tanto por carecer de
espíritu individualista, sq;ún se dijo, como por miedo a los abusos. El
Constitucional denuncia:
Multitud de terrenos que se llamaban de comunidad y que cultivaban los indios por su cuenta, han pasado a manos de denunciantes, quedándose aquéllos, de la noche a la mañana, sin un palmo
de tierra en que poner un pie, y expuestos a las arbitrariedades de
los nuevos dueños.46
Ignacio Ramírez pide en 1868 que se 8118penda la parcelación de la propiedad indígena, pues sobre "los bienes comunales la usurpación ha ostentado la variedad de sus recursos. •. , comprando jueces y obteniendo una fá-

77

cil complicidad en autoridades superiores".47
En los diez años de la República Restaurada sólo se consigue repartir
los bienes de algunos pueblos; otros, a duras penas, logran impedirlo.
Aquéllos, lo que no pierden en los trámites de la parcelación, suelen perderlo después. El indio, ya dueño de su parcela, se encuentra un día con
un cacique que lo amenaza con quitársela por no haber pagado contribuciones. El indio acude con un leguleyo que está de acuerdo con el cacique.
El leguleyo le aconseja vender el terreno antes de perderlo. El indio acepta
y se lo cede al cacique a cambio de cualquier cosa. Y ésta fue sólo una de
las múltiples formas en que se consumó el despojo.

VIlL
Con la primera ley de desamortización (la del 25 de junio de 1856) se
quiso, más que dividir las comunas indígenas, repartir la "mano muerta"
eclesiástica entre muchos y poner en circulación grandes riquezas estanca-

das,
y todo esto por una sabia.combinación en virtud de la cual no
sólo no quedaba perjudicado el clero sino más bien favorecido,
puesto que se le aseguraba el rédito de sus capitales, y se salvaba
su propiedad de atentados, haciéndola cambiar de forma.

Por añadidura, se conseguiría el aumento de los fondos de la hacienda
pública, y otros beneficios menores. Pero todos los obispos -que no los
curas del pueblo- protestaron contra la ley, lo que no dejó de influir en
su aplicación y resultado.48
En lo que toca al campo, los más de los arrendatarios de las fincas rusticas clericales y en general los pequeños agricultores, unos por falta de
dinero, otros por escnípulos de conciencia, no hicieron suya la propiedad
eclesiástica. Ningún pobre remedió su pobreza con la ley de Lerdo; pero
muchos terratenientes y comerciantes ricos aumentaron su fortuna sin
importarles un bledo las excomuniones lanzadas por los obispos, quienes,
dispuestos a matarse con cualquiera, fomentaron las guerras de Reforma.
Como respuesta a esa actitud belicosa, y para obtener un empréstito de los
Estados Unidos, Juárez dispuso la nacionalización de la mano muerta del
clero.49 Este, doblemente herido, siguió en pie de lucha, pero cuando fue
derrotado empezó a vender perdones a bajo precio a los que habían acrocentado su riqueza con la del templo.
Contrá el latifundio laico no se tomaron medidas enérgicas. La mayoría del Congreso Constituyente de 1856 se hizo sorda a las proposiciones
de Isidro Olvera, José María Castillo Velasco y Ponciano Amaga. Olvera

�78

Sip,XIX

L. Gonuílez y Gonzáles: El agrarismo liberal en México

propuso que a los terratenientes con fundos mayores de diez leguas cuadradas de labor, o veinte de dehesa, se les prohibiese adquirir más terreno.
Castillo V elasco pidió la compra oficial de tierras para el uso común de los
vecinos. Aniaga fue más lejos en 811 celebre voto: "Para que del actual sistema de la propiedad ilusoria, porque acuerda el derecho solamente a una
minoría, la humanidad pase al sistema de la propiedad real, que acordará
el fruto de sus obras a la mayoría hasta hoy explotada", pide que se di&amp;
tribuyan "nuestras tierras feraces y hoy incultas entre los hombres laboriosos de nuestro país"; propone, pues, entre otras medidas prácticas, el oh&amp;
gar a los dueños de fincas con una extensión mayor de quince leguas cuadradas a cercarlas y cultivarlas, so pena de perderlas; dar ejidos a los pueblos que carezcan de ellos, y repartir solares a censo enfitéutico entre el
vecindario, comprando con este fin terrenos a las haciendas colindantes.ro
Los García lcazhalceta, Octaviano Muiioz Ledo, Juan Gomar, Manuel
Escandón, Longinos Muriel y otros ochenta hacendados, todos "agenos a
los movimientos de la política" y poseedores de propiedades adquiridas
con el fruto de 811 trabajo, según reza la representación que hacen al Congreso Constituyente, se lamentan de las palabras oprobiosas emitidas por
los señores diputados Olvera, Castillo y Arriaga contra el sagrado derecho
de la propiedad, y estiman que por razones económicas, ya no sólo de justicia, deben echarse en saco roto.51 El Congreso, en fin de cuentas, los dejó tranquilos; pero J uárez, Ocampo, Ruiz y Miguel Lerdo volvieron a poner el dedo en la llaga en el manifiesto veracruzano de 7 de julio de 1859.
"Otra de las grandes necesidades de la República -se dijo allí- es la subdivisión de la propiedad territorial." 52 Con todo, fuera de confiscarse las fincas de algunos imperialistas y repartirse una de ellas entre setecientos gañanes, no se hizo nada para abatir el latifundio laico, nada para detener su ensanchamiento.

La aversión liberal al sistema de peonaje se traduce en algunas medidas de orden jurídico. Es fama que el presidente Juárez, al oír a un peón
lamentarse de los azotes que había recibido por habérsele roto una reja del
arado, dispuso la abolición de los castigos corpor:-!es. Por otra parte, el
artículo 5 de la Constitución de 1857 prohibe tácitamente la servidumbre
por dcudai-:. Agreguemos a estas disposiciones una del gobierno de Puebla
eucarninad:i a obtener el alza del salario rural, eximir a los sirvientes de l.as
deudas contraídas con el amo y limitar, en adelante, el monto de los présl.11110&lt;;; otra, 111• J8&lt;,H, del gobernador de la Baja California en favor de la
scrvidumlm· ..~.&lt;leudada y contra el uso "del cepo, prisión, grillos y demás
1:1pn:mios con 1¡uc se· ha et•mpclido hasta aquí a los trabajadores"; la del
;;ohforno tic Coahuita, simultánea y semejante a la anterior; la ley tamauli1'(,'Ca 1lr l H70 1¡11r r,,cfut·c la jornada de trabajo a "tas tres cuartas partes
,Jd ,ifo h.íhff.., 1¡11o· va rfosd,· la aurora hasta el ocaso; y otras del gobierno

79

de Veracraz que se omiten en gracia a la hrevedad.53

La leva, tan antiliheral como el peonaje o más aún, fue proscrista sin
entusiasmo por don Juan Alvarez.54 Después, cuando era ministro de Relaciones y Gobernación el donquijotesco León Guzmán, ordenó, por apego
a los principios constitucionales, y en plena lucha de tres afios, que se 8118pendiesen las levas. Según Justo Sierra, "todos los gobernadores, todos los
jefes políticos, todos los oficiales conminados por el ministro se apresuraron a no hacerle caso".55 Para algunos, la leva era un mal necesario; otros
le ne.;aron necesidad, y huho quien la llamó civilizadora, pues veía en el
acuartelamiento de los "enlevados" una manera de relacionarlos con el
mundo de la civilización; pero no vio que, para morir al día siguiente, no
era indispensable instruirse el anterior.

IX.

A otros P{ohlemas agrarios ee les atacó con la terapia del rifle. Leyes,
medidas policiales y campañas se enderezaron para abatir el bandolerismo.
Las leyes de 6 de diciembre de 1856, 5 de enero de 1857, 3 de junio de
1861, 25 de enero de 1862 y 13 de .abril de 1869, establecieron el modo
de juzgar y punir a los salteadores.56 Para llenar el requisito previo de
aprehenderlos, don Ignacio Comonfort creó una guardia de seguridad, y
don Benito Juárez, un lustro después, los cuerpos de rurales, o "acordada".
En 1861, con el nombre de "Resguardo del Comercio", empezó a batallar
el primer cuerpo y a él se sumaron cinco más en la década siguiente. Rancheros en su mayoría (algunos matones de oficio~ los rurales hicieron boquetes de consideración en las filas del bandidaje.

La campafia contra los indios rebeldes costó mucho. En 1858, Pe&amp;
queira somete a los yaqnis. En 1859, los yllquis y los mayos, a las órdenes
de Juan y Refugio Tánori, deponen a Pesqueira de la gnhematma de Sonora y le dan el gobierno a Gándara, general conservador. En 1866, Pe&amp;
queira recobra el mando. En 1867, Juárez concede a Ignacio Gómez del
Campo parte de las tierras que poseían los yaquis y los mayos para co''&gt;nizarlas. Los indios, que no entienden la colonización, se alzan y Pe&amp;
queira los somete; vuelven a sublevarse en 1368 y 8l1Íren nuev-a derrota. En
1875, José María Leyva Cajeme, alcalde mayor de los pueblos del Y aquí,
organiza un respetable ejército, hace una matanza de yoris (blancos), vence al gobernador, 8118trae del imperio de las autoridades legítimas a su alcaldía, y la organiza en Estado independiente con leyes e instituciones
propias.
En Yucatán, la guerra contra los mayas insurrectos sigue un curso
desigual En 1860, se envía un ejército de 3,000 hombres bien armados

�80

SigioXIX

contra Chan Santa Cruz, centro religioso y político de los cruzoob, los más
numerosos y aguerridos entre los rebeldes. En tres sucesivos encuentros el
ejército expedicionario queda fuera de combate; pierde 1,500 hombres,
2,500 fusiles y más de 500 mulas. En venganza, vuelven a venderse indios
prisioneros a Cuba. Enterado del infame comercio, el presidente "prohibe
la extracción para el extranjero de los indígenas de Yucatán, bajo cualquier
título o denominación que sea". Al restablecerse la República, las principa•
les poblaciones de Yucatán y Campeche estaban en serio peligro de caer en
manos de los cruzoob. El peligro se conjuró al poco tiempo. Tras una tregua de dos años, los indios arremeten otra vez contra los blancos; pero éstos se mantienen en su puesto y en él continuarán por lustros. A su sombra, la industria henequenera alcanza su culminación.
En el otro extremo del país, las incursiones apaches se recrudecían y
comenzaban las de los comanches. En Sonora, los generales Elías, Morales,
Urrea, Carrasco, Yáñez, Flores y Pesqueira combaten día y noche y sin
buen éxito contra la tribu apache de Cachise. En Chihuahua, Joaquín y
Luis Terrazas obtienen sonados triunfos, gracias a lo cual logran hacer de
su E.atado el imperio ganadero más grande del país. Coahuila y Nuevo
León, que contaban con el valiosísimo auxilio de los indios kikapus, destiemm a los comanches y aprenden a escamotear a los apaches. En 1868,
el gobierno del centro decide tomar cartas en el asunto. El Congreso ordena la fundación de tránta colonias militares en la zona amagada por los
bárhar-OS, con el doble fin de arrasar a éstos y cultivar el desierto. Cada
una se compondría de cien jinetes bien armados y provistos; una mitad
sería de miembros del ejército y la otra de voluntarios oriundos de las regiones depredadas. Los colonos iban a recibir un sueldo mensual, lotes, útiles de labranza y materiales de construcción; en cambio, debían observar
estrictamente la disciplina castrense, so pena de perder sus lotes y ser sometidos a trabajos forzados. Siete años después, en 1875, se erigieron las
primeras colonias, con colonos tan miopes que nunca distinguían el paso
de los apaches.58

X.

Una lucha de otro orden se emprende -contra la ignorancia y los hábitos viciosos de la población pacífica. José María Luis Mora había dicho:
"El elemento más necesario para la prosperidad de un pueblo es el buen
uso y ejercicio de su razón, que no se logra sino por la educación de las
masas".!9 Ignacio Manuel Altamirano dirá: "Lo que necesita México..• es
abrir escuelas de enseñanza primaria,· por todas partes, en todos los ámbitos del país, con profusión, con impaciencia, casi con exageración."8&gt; Justo Sierra atestigua que el mayor anhelo de Juárez fue la escuela, sobre todo
lo que debía sacar "a la familia indígena de su postración moral, la supers-

L. González y Gonzá/ez: El agrarismo liberal en México

81

tición; de la abyección mental, la ignorancia; de la abyección fisiológica, el
alcoholismo, a un estado mejor, aun cuando fuese lentamente mejor".6l.
La Carta Magna de 1857 dispuso: "la enseñanza es lihre".62 La ley de
15 de abril de 1861 ratificó la libertad de enseñanza e hizo gratuita la oficial. La ley Martínez de Castro, promulgada el 2 de diciembre de 1867,
aplicable al Distrito y territorios federales, fue más lejos al hacer obligatorio el aprendizaje de las primeras letras y dar a la enseñanza una orientación positiva, inspirada en las ideas de Augusto Comte, traídas a México
por don Gabino Barreda. La ley del 15 de mayo de 1869 redondeó la del 2
de diciembre y puso especial empeño en la reglamentación de la enseñanza
elemental Al ejemplo del Distrito acudió la mayoría de los Estados: se expidieron leyes que declaraban gratuita, cientista y obligatoria la primera
enseñanza y sancionaban a los padres de familia remisos.63
Tras las leyes venían las apasionadas discusiones sobre métodos pedagógicos, y se erigían escuelas. José Díaz Covarruhias, encargado de la in.strucción pública, infonnó en 1875 que había 8,103 escuelas primarias
(5,679 más que en 1857) y cerca de 350,000 educandos (164,000 más que
en 1857). Casi las tres cuartas partes de las escuelas apellidábanse oficiales.
Entre las sostenidas por la iniciativa particular sobresalen las de la Sociedad
Lancasteriana y ocupan un si~io poco decoroso las sostenidas por el clero,
escasas y conservadoras. Son éstas, sin embargo, las que monopolizan la
instrucción rural La nueva escuela se abstuvo, por razones económicas, de
ir al campo.64
Algunos campesinos (muy pocos) vinieron a la escuela capitalina de
Agricultura y Veterinaria. Dejémonos de antecedentes: el 4 de enero de
1856 se promulga la ley que la crea; el cinco de mayo su primer reglamento,85 y el último de diciembre Comonfort dispone: "En la Escuela Nacional de Agricultura se aumentarán las cátedras necesarias y los medios materiales de enseñanza, para que desde luego queden establecidas las carreras
de agricultor, de veterinario y de ingeniero." Dentro de la primera, cabían
las especializaciones de profesor, administrador y mayordomo; dentro de
la segunda, profesor y mariscal; dentro de la tercera, topógrafo, mecánico e
ingeniero de puentes y calzadas. Todas las carreras presuponían la instrucción elemental;66 pero años después se inventó una para los analfabetas,
la de peón. El interés puesto en la escuela nunca correspondió a los resultados. En 1867 se dijo: "El principal defecto de la Escuela de Agricultura
consiste en que los alumnos son muy pocos. .. Los ricos no quieren concurrir, a los pobres no encuentran porvenir".67 Ningún hacendado quería
súbditos instruídos.
Una mitad de la población rustica, la indígena, no alcanzó nada y perdió lo poco que tenía. Las misiones venían languideciendo desde 1821 y

�82

L. González y González: El Olf"aTismo liberal en México

SigloXIX

dejaron de existir a mediados de siglo. El régimen liberctl no pudo establecer escuelas para indios. A la de los hispanohablantes no podían asistir por·
que ignoraban el español, y era difícil encontrar dónde y con quién apren•
derlo. Ignacio Ramírez sugirió inútilmente, entre otras medidas prácticas,
que se enseñara a los indios en su propio idioma. Entre las razas vernáculas y la mexicana se abría el abismo de la lengua. El salvarlo era urgente y
poco menos que imposible. La gran generación liberal, encabezada por
don Benito Juárez, no lo salvó y, por ende, se abstuvo de cumplir el vehemente anhelo de transportar al indio de la remota cultura en que vivía al
presente liberal

83

la Revolución en la educación mexicana (México, 1956) y en Do&amp; etapa&amp; del
pensamiento en Hi&amp;panoamérica (El Colegio de México, 1949) analiza, a propósito de la introducción del positivismo en México, el espíritu científico y otros
muchos aspectos de la "cosmovisión" hoeral Eli de Gortari ha publicado La
ciencia en la Reforma (México, 1957). Que yo sepa, no hay casi nada escrito sobre la actitud reformista frente a la tradición, y nada acerca del rumbo agrícola
que tomó la concupiscencia económica de entonces; por lo que parece, hasta se
ignora el hecho, pues sólo así se explica la frecuencia con que se le cuelga el mote de "industriar' al liberalismo juarista

8. Cf. Luis González y González, "El hombre y la tierra" en Daniel Cosío Vlllegas
(ed.), Hi&amp;toria moderna de México. La República Re&amp;taurada: Vida &amp;ocial, p.
133.

La derrota del agrarismo reformista ha permitido a los historiadores de
derecha y de izquierda el placer de explicarla. Unos dicen: el plan agrario
de la Reforma no era para cumplirse en todas sus partes; fue una treta para
uncir la clase pobre al carro de la insaciable sed de gloria, confort y poder
de la clase burguesa. Otros, fanáticos de la disciplina, niegan a los gobiernos democrático-liherales la facultad creadora, que no la destructora. Miradas las cosas de cerca, entre el dicho y el hecho del agrarismo liberal, en
vez de mala fe o ineptitud, se ve la confabulación de distintas circunstancias adversas: la enemiga del clero, el ejército y los terratenientes, la intromisión napoleónica, la división del grupo liberal en puros y tímidos, la
apatía del pueblo, las escaseces de la hacienda pública, et caetera.

9. Manuel Payno, Tratado de la propiedad, bnprenta de L Cumplido, México,
1869, p. 203.
10. Comideracion&amp; sobre la situación política y social de la República Mexicana en
el afio de 1847, V aldés y Redondas, México, 1848, p. 11.
11. El Archivo Mexicano, tomo V (México, 1861), p. 449.
12. Luis Robles Pezuela, Apunte&amp; sobre la&amp; mejora&amp; materiale&amp; aplicable&amp; a la América Latioo, Brachet, París, 1869, p. 14; Comideracion&amp;, op. cit., p. 11.
13. Luis González y González, "fil subsuelo indígena", loe. cit.
14. Lucio Mendieta y Núñez, El problema agrario de Mé:icico, México, 1946, pp.
111-122; Porfirio Parra, Sociologi'a de la Reforma, México, 1948, pp. 7&amp;-92.
15. Zarco, op. cit., pp. 392-402.

NOTAS
l. Miguel Leido de Tejada, Cuadro &amp;inóptico de la República Mexicana, Imprenta
Cumplido, Méxioo, 1856, p. 32.

2 "fil poIVenir de México", en El Siglo XIX, 25 de diciembre, 1872.

3. Loe. cit.
4. El Sigfo XIX, 18 septiembre, 1867.
5. Fran&lt;isco Zaroo, Hutoria del Congruo Comtituyentc, 1856-1857, El Colegio de
México, 1956, p. 575.

5. lbúl., p. 362.

7. Investigaciones recientes han esclarecido varios de estos puntos. Daniel Cosío Villegas en su J/istoria m.:xlerna de México. /,a Rrp,íblica Restaurada: Vida
política (México, 1955), y Walter V. Scholcs en MPxican politics during the
)uárnz regime, 1855-1872 (Columbia, Missouri, 1957), definen la democracia, el
oroen y la libertad política por que lucharon Juárez y sus amigos. Leopoldo Zea
c.:n El po&amp;itivumo mexicano (El Colegio de México, 1943), en DPI liberalismo a

16. Cf. Francisco Pimentel, Obra&amp; completa&amp;, México, 1903, vol Ill, p. 224.
17. !bid., p. 226.
18. Luis González y González, "La escuela socjal'', loe. cit., pp. 340-346.
19. Ignacio Manuel Ahamirano, Pai&amp;aj&amp; y leyenda&amp;, tradicione&amp; y co&amp;tumbru de
México, México, 1949, pp. 241-242.
20. Manuel Payno, Lo&amp; bandido&amp; de Río Fr(o, Eds. México Moderno, México,
1919.
21. Perroblillos, Lo&amp; plateado&amp; de Tierra Caliente, Tipografía de Filomeno Mata,
México, 1891.
22 Luis González y González, "El subsuelo indígena", loe. cit., pp. 230-23L
23. Manuel Payno, op. cit., p. 209; Morales, El gallo pitag6rico, pp. 17-18.
24. Justo Sierra, Juárez. Su obra y &amp;u tiempo, México, 1948, p. 258; El Monitor
Republicano, 24 febrero, 1876; La llun:ración Potorina, 1869, art de J. T.
Cuéllar, pp. 217-219.

�84

SigloXIX
L. González y Gonza1e:r:: El agrarúmo liberal en México

25. "Fidef', Viaje, de orden suprema, Imprenta de Vicenta García Torres, México, 1857, pp. 189-190.

85

41. El Siglo XIX, 20 de noviembre, 1868.
26. Manuel Orozco y Berra, Geografía de ku lenguas y carta etoográfica de México, Méxicn, 1864.

48. Anselmo de la Portilla, op. cit., pp. 68-70; Walter V. Scholes. op. cit., p. 55.

27. El Monitor Republicano, 5 septiembre, 1867.

49. Mendieta y Núñez, op. cit., pp. 127-129.

28. Guadalupe Monroy, "Instrucción pública" en La República Re&amp;taurada: Vida
,ocia~ pp. 634-650.

50. Zarco, op. cit., pp. 690-697, 363-365, 387-404.

29. Luis Robles Pezuela, op. cit., pp. 11-12.
30. Francisco Calderón, en Cosío Villegas (ed.), Historia moderna de México. La
República Renaurada: Vida económica, pp. 610 y 612.

51. Repruentación que hacen al Congreso Comtituyente vario&amp; dueño&amp; de propredades territoriale&amp;. .. , Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1856.
52. Informes y manifiestos, vol II, p. 427.

31. El Monitor Republicano, 9 junio, 1871.

53. González y González, " La escala sociaf', loe. cit., pp. 347-350; Zarco op.
cit., p. 1345; Francisco Hemández y Hemández, Memoria pre,entada
Honorable Congre&amp;o del E&amp;tado de Veracru:r:. • . el día 13 de mano de 1869.

32. Informe, y manifie,tos de los podere, ejecutivo y legi&amp;lativo de 1821 a 1904,
Imprenta del Gobierno Federal, México, 1905, vol II, p. 427.

54. Archivo Mexicano, tomo 1, p. 97.

33. Anselmo de la Portilla, México en 1856 y 1857, Imprenta de S. Hallet, Nueva
York, 1858, pp. 272-273.

ai

55. Sierra, op. cit., p. 259.
56. Cosío Villegas, op. cit., pp. 237-250; De la Portilla, op. cit., p. 264.

34. Archivo Mexicano, tomo VI, pp. 591 y 594.

57. González y González, loe. cit., pp. 357-361.
35. Francisco de la Maza, Código de colonización y terrenos bald ÍO&amp; de la República
Mexicana, años 1451 a 1892, Tipografía de la Secretaría de Fomento, México,
1893, p. 69.
36. Femando Iglesias Calderón, La conce&amp;ión Leese, México, 1924; Luis González
y González, "El hombre y la tierra", loe. cit., pp. 21-25.

58. lbid., pp. 216-219, 294, 192-195.
59. José María Luis Mora, Obra, sueltas, Lfürería de Rosa,
229.

París, 1837, vol J. p.

60. Cf. Guadalupe Monroy, loe. cit., p. 654.
37. /bid., p. 140.
38. /bid., pp. 142-143.

61. J~~ Sierra, Evolnción política del pueblo mexicano, El Colegio de México,
Mexico, 1940, p. 423.

39. De la Maza, op. cit., pp. 633-634.

62. Zarco, op. cit., p. 1345.

40. Colección de leye, sobre tierra&amp; y dispo&amp;iciones sobre ejidos, Imprenta y Fototipia de la Secretaría de Fomento, México, 1910, pp. 5-11.

63. Guadalupe Monroy, loe. cit., pp. 662-674.
64. lbid., pp. 692-698.

41. Francisco Calderón, loe. cit., p. 63.
42. De la Maza, op. cit., p. 784.

65. Francisco González de Cosío, Hútoria de la tenencia y e:rplotaci6n del campo
de~~ la época precortuiana hasta ku leyes del 6 de enero de 1915, tomo L
Mexico, 1957, p. 169.

43. Moisés González Navarro, en Métodos y resultados de la política indigeni&amp;ta en
México, México, 1954, pp. 125-126.

66. Archivo Mexicano, vol 1, pp. 405-414; vol lI, pp. 577-580.

44. Zarco, op. cit., p. 1348.

67. Guadalupe Monroy, loe. cit., p. 732.

45. Colección de leyes, p. 17.
46. El Con&amp;tituciona~ 23 octubre, 1867.

�Liberalismo y problemas estructurales:
el noreste de México a
mediados del XIX
José Reséndiz Balderas*

-

l. PROBLEMAS DEL NUEVO TIPO DE ESTADO
La vida política posindependiente en el estado de Nuevo León -en el
norte oriental de México- emergió matizada por la incertidumbre, producto de las expectativas que se planteaban después de 300 años de colonización: los esfuerzos desplegados por la conformación de un nuevo tipo de
Estado no se apartan en lo fundamental de los que el grupo gobernante nacional realiza. El sentimiento nacionalista impreso por la dirigencia política, el atishamiento en el lenguaje de los gobernantes hacia el comportamiento de otras naciones (de manera especial de España) y el esfuerzo descollado en la organización y administración de la Nación, son elementos
que sobresalen también en la política local.
Los primeros gobernantes nuevoleoneses -José María Parás (18251826), Manuel Gómez de Castro (1827-1828) y Joaquín García (18291832)- ejercieron sus mandatos en estricto apego a los lineamientos y normas fijados por el gobierno central. Se mantuvieron fieles al jefe naeional
de turno, definiéndose abiertamento cuando las circunstancias lo exigieron.
&amp;Í, el 19 de diciembre de 1828 Manuel Gómez de Castro manifiesta su
apoyo incondicional al gobierno federal en su lucha contra Antonio López
de Santa Anna, levantado en armas en V eracruz contra el poder estahlecido. 1
Corresponde a ellos la responsabilidad de establecer las bases organi*

Facuhad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México). Ponencia presentada en el V Encuentro sobre "La formación del capitalismo en México. El enfoque regional", Zacatecas, noviembre de 1986.

�88

SígloXIX

zativas sobre las cuales habrá de regirse la vida institucional de Nuevo
León. Con sus particularidades distintivas, la etapa administrativa que
abarcan se conforma por una serie de acciones que no se apartan de la política nacional.
En esta dimensión se ubica la posición que adoptan contra el peligro
de la agresión española Confficto en el que el estado norteño no se limita a
ser simple espectador, sino que participa activamente: pone en movimiento, en mayo de 1830, 645 mulas y 84 caballos a fin de conducir los víveres, municiones, armamento, equipaje y demás implementos, rumho a
2
Tampico, con el fin de defepder al país de un posible ataque exterior.
También en junio de 1830, el gobernador Joaquín García dispone que un
grupo de reclutas sea conducido a Matamoros y entregado al comandante
Mier y Terán con el fin de que se integre a la lucha contra los españoles.:.
Responde a la misma inquietud nacional la organización de las milicias
y el monopolio estatal sobre la producción y venta del tabaco. La creación

de las milicias cívicas es una disposición federal que el gobierno de José
\1aría Parás concreta en noviembre de 1826. Por su orden se forma una milicia activa y otra permanente. La primera, formada con dos compañía de
100 plazas cada una; y la segunda, de i25 plazas.
La organización de estas fuerzas armadas es de vital importancia para
una época como la analizada, donde la guerra será una constante. Para el
estado de Nuevo León adquiere relevanci.a especial además por el acecho
cotidiano de los ataques indígenas. Precisamente la milicia permanente se
estableció en Punta de Lampazos por ser uno de los lugares más frecuentados por los indios.
Aunque Nuevo León no era un centro productor de tabaco, se mantuvieron vigentes, con bastante celo, todas las reglamentaciones gubernamentales de· carácter federal atinentes a su producción y mercantilización.
También se legisló con la mira de establecer jurídicamente las normas bajo
5
las cuales se orientaran las relaciones sociales de producción. Se fijaron
así las primeras bases sociales por las cuales se regirían los dos agentes principales de la producción agraria: peones y amos.
Otras dos medidas trascendentales en la evolución institucional de
Nuevo León son las dictadas por el gobernador Manuel Gómez de Castro
sobre los rubros de extracción de ganado y el registro de fierros. La primera de las dos leyes ya la había reglamentado José María Parás, y Gómez de

J. Ruénd~ El liberalinno en el norute de Mésico

89

Castro le dio el carácter de ley en marzo de 1827; en relación a la segunda, se decreta que el registro de los fierros se haga en la Tesorería del Estado en lugar de la intendencia de San Luis Potosí, como tradicionalmente
ocurría 6 Estas medidas son relevantes no sólo porque representan fuentes
importantes de captación de recursos, sino porque impulsan la creación de
dependencias que permiten atender con diligencia las nuevas necesidades
de la sociedad local.
Este panorama regional está inmerso en un contexto político nacional estigmatizado por la lucha, que en la mayoría de las veces se dirime
por medio de las armas, que sostienen los grupos políticos impulsados por
el control del poder. Las facciones en pugna son capitaneadas por caudillos que sobreviven a la guerra de !~dependencia (Vicente Guerrero y Nicolás Bravo, por citar algunos), y por generales que habían luchado al lado
de los realistas: Anastasio Bustamente es un ejemplo nítido.
La doctrina y el programa de las tendencias dominantes se identifican
plenamente con el proyecto de nacién que sustentan laa logias escocesa y
yorkina, ritos que en estos tiempos juegan el papel de verdaderos partidos
políticos y a quienes se deben las primeras experiencias de educación política 7 La tendencia que se agrupa en torno al rito escocés considera que la
mejor opción del país para enfrentar los problemas que plantea la naciente
vida independiente, es el establecimiento de una república central donde el
ejército y la iglesia jueguen un rol semejante al que desempeñaban en la
época de la colonia. La yorkina sostiene con plena convicción que la alternativa es la realización de una república popular federal, cuyo principio
motor sea la soberanía e independencia de los estados y la extirpación de
todo residuo colonial; la iglesia y el ejército deben estar subordinados a las
exigencias del poder civil, lo que implica que sus fueron y privilegios sean
reducidos en buena medida.
República Federal o República Central son las banderas que tremolan
las asonadas militares y las fricciones electorales, son las formas de gobierno que va experimentando el país según la tendencia que arriba al poder.
Entre estos dos tipos de experiencia de gobierno va evolucionando la vida
organizativa del país. El tránsito resulta demasiado costoso debido a que la
guerra intestina se convierte en la pesadilla del momento. Con excepción
de Guadalupe Victoria, que gobernó de 1825 a 1828, ninguno de los presidentes que le siguieron hasta 1833 terminó su períoJo, consecuencia de
golpes militares que provocaron sus caídas. Guerrero apenas duró un año

�90

J. Reséndiz: El liberalúmo en el norute de Mkico

Si,gio XIX

de los cuatro que debía ejercer, Bustamante permaneció dos de los cuatro
que le correspondían; Manuel Gómez Pedraza ejerce los tres meses para
los que fue electo, y su estancia sólo sirve de puente para que Antonio López de Santa Anna llegue a la presidencia de la República.

La inest.ahilidad política, traslucida en cambios bruscos de gobiernos,
dificultaha sobremanera la realización de los proyectos de los grupos dominantes y mantenía sumido al país en el pantano del atraso económico, al
tiempo que Inglaterra invadía el mercado mundial con sus mercancías, especialmente de algodón, hijas de la Revolución Industrial que desde el
último cuarto del siglo XVID había empezado a sacudir su estructura económica.
La revolución económica inglesa sorprendía a México con una deficiente planta productiva, sin la menor posibilidad de poder competir
eficientemente, en tanto que los gobiernos mexicanos apenas acertaban
a prohibir la introducción de artículos extranjeros en un afán por proteger
la incipiente producción nacional. A dicho propósito responde la prohibición de introducción, que decreta Guerrero el 22 de mayo de 1829, de
54 artículos extranjeros;8 con la misma intención, Guadalupe Victoria
decreta el 28 de febrero de 1828 que los tejidos de algodón, lana y seda
de fáhricación mexicana quedan lihrés de todo derecho en el Distrito Federal y territorios de la federación; 9 también encuadra dentro del mismo
objetivo la creación del Banco de Avío en 1831. 1 º

Empero, todos los esfueizos tendientes a proteger la industria contra
las manufacturas extranacionales, así como las encaminadas a modernizar
y transformar las técnicas de producción que hicieran factible que el país
arribara a niveles de competencia internacional, resultaron infructuosos.

Múltiples y variados factores se i::onjugan en el fracaso. Uno de ellos,
sin pretender establecer primacías, lo constituye la grave limitación de reCWSOII financieros, problema que agobia a México desde los primeros momentos de su vida independiente y lo obliga a recurrir al crédito extranjero, con las funestas consecuencias que ello implica.11 Simultáneamente,
uno de los más serios obstáculos se encasillaba en elementos estructurales:
los privilegios del clero y del ejército.
El clero había demostrado gran habilidad de mutación, adaptándose a
la transformación política de México sin menoscabo de sus fueros y privilegios: aprovechaba la coyuntura para crear un poder paralelo al civil.

9'1.

Concentró sus esfuerzos en la tentativa de depender directamente del poder papal, desconociendo el derecho de patronato eclesiástico al gobierno
mexicano. 12 Sus bienes eran cuantiosos y en su gran mayoría improductivos
a la vez que de origen bastante censurable. Sus privilegios, como los diez.
mos y demás, aparecían como serios valladares para cualquier programa
encaminado a transformar radicalmente el aparato productivo: ello llevaría ineluctahlemente a la afectación de sus intereses.
El ejército era una rémora colonial que lejos de convertirse en el garante del gobierno representaba el principal instrumento de su inseguridad.
Hacía de los asaltos militares la principal ocupación de su vida rutinaria.
En los levantamientos sus integrantes encontraban la manera más fácil de
obtener ascensos, prebendas, bienes materiales y puestos públicos. Sus cabecillas, lo primero que hacían era apoderarse de las arcas públicas utilizándolas a su antojo con el pretexto de sufragar los gastos de guerra; luego
obligaban a los particulares a otorgarles préstamos, sometiéndolos a toda
clase de vejaciones o desapareciéndolos en caso de negativa. Este mecanismo motivó que, de pronto, surgiesen militares de grado con enormes
fortunas cuyo origen se ignora. 13
Era el ejército una fuerza no controlada por el gobierno y, por lo m.i&amp;mo, uno de los principales responsables del caos reinante. Todo intento de
reforma en esta época implicaba enfrentarse con las fuerzas militar y clerical. Los gobiernos posindependientes, antes de 1833, prefirieron eludir
el choque, optando por actuar en acuerdo con las dos instituciones.
2.

EL LIBERALISMO DE LA DECADA DE LOS 30

En 1833 es electo presidente de la República el general Antonio López de Santa Anna, jefe de ideas conservadoras y de una ambición personal sin límites. La responsabilidad de la vicepresidencia recae en Valentín
Gómez Farías, hombre de ideas liberales, identificado plenamente con el
pensamiento progresista que empieza a pennear la esfera nacional. Es él el
artífice intelectual de la reforma de 1833-1834. Las medidas transformadoras abarcaban tres aspectos principales: educación, ejército y clero.
En el nivel educativo se pretendía minar el monopolio eclesiástico y
dar, así, el primer paso para que el Estado se convirtiera en rector de la
política educativa. Con esta intención se creó la Dirección de Instrucción
Pública y se suspendieron centros católicos importantes como el Colegio
Mayor de Santa María de Todos los Santos y la Universidad Pontificia.

�92

SigloXIX
La reforma eclesiástica iha encaminada a atenuar los privilegios de la

iglesia en d0$ frentes: el político y el económico. Los decretos reformadores así se interpretan. Los atinentes a educación contrarrestan grandemente su influencia en este renglón. Otros la subordinan al Estado, como
el que consigna el derecho de patronato al gobierno. En el mismo sentido
está el decreto que deroga las leyes civiles que hnponen· cualquier género
de coacción para el cumplimiento de los votos monásticos. 14 De esta ~
nea el gobierno pasaba a desempeñar el papel que antes ejercía tocante al
nomhramiento de las autoridades religiosas, es decir, las supeditaba a su
determinación. Asimismo invadía espacios de incumbencia de la iglesia,
pues normaba el derecho de los religiosos o a abandonar voluntariamente
los conventos y garantizaba protección ·a todos los que lo hicieran.

J. R&amp;éndi:: El liberalúmo en el norelte de México

Siendo De Llano diputado del Congreso local, el gobernador J oaquín García ordenó la renovación, mediante elecciones, de todos los representantes populares (diputados, senadores, etc.), según lo estipulado en
el artículo 3o. del Plan de Pacificación{*) . Esta disposición provocó una
enérgica protesta de siete diputados propietarios y un suplente, de los once
propietarios y cuatro suplentes que constituían el Congreso. AJ frente de
los inconformes se encuentra Manuel María de Llano. En su escrito, entre
otros conceptos, expresa:
Investidos los que suscriben de los poderes públicos del Estado
bajo las formas constitucionales, próximos a reemplazar esa honorable asamblea sin que haya objetado el más leve vicio ni defecto,
a la elección ni a sus personas, acaban de saber que las destituyen,
con desaire y deshonor del derecho justamente aquirido para representar este Estado, con notoria infracción de todas las formas
tutelares de las leyes fundamentales. y del Estado. 18

El poder económico religioso es atacado con leyes de desamortización
como la dictada el 17 de agosto de 1833, que ordenó
la secularización de los bienes de la misión de ambas Californias
y más tarde que cedía a los Estados la propiedad de las fincas que
habían pertenecido a los jesuitas y que se encontrasen en sus respectivos territorios. 15

Con igual significado está el decreto que dicta la suspensión del pago
civil del diezmo eclesiástico, reduciendo su obligatoriedad al aporte voluntario de cada individuo. 16

Al P-jército se pretendía restarle poder mediante la delimitación de
funciones y una reducción considerable de sus miembros. Su papel se limitaría a defender el país de cualquier ataque exterior y a conservar el orden interior: todo en estricto acatamiento de lo señalado por el Ejecutivo.
También se preveía la disolución de los cuerpos que se hubieran sublevado
contra las instituciones.
Las iniciativas progresistas de V alentín Gómez Farías encontraron
acogida entre la clase media liberal, a la que pertenecía y que, sobre todo
en el interior, había ganado presencia en la sociedad con sus ideas renovadoras sensiblemente influenciadas por la enciclopedia francesa. 1 7
En l\Jucvo León los airl's innovadores del pensamiento encamaron en

1,, pn:cmna d1· Mamwl '\1aría de Llano, un hombre de gran formación cul-

,1,· notal,lr

n.pninu-ia polítit·a y administrativa resultado de su del&lt;rrrtpr110 ,·01110 alt-ald,· pri111ero dl'I i\yunlamicnto de Monlcrrey y como
l,·:.-i--l.11lor.
l 111~,i,

93

Su inconformidad empero, sólo queda manifiesta de esta manera, sin
poder evitar que se realicen los comicios previstos, en los que de Llano es
ratificado como diputado local.
Pocos días después, febrero de 1833, se llevan a cabo elecciones para
gobernador y vicegobernador, recayendo la responsabilidad en Manuel
Gómez de Castro y Manuel María de Llano respectivamente. Debido a la
renuncia del primero, quien no tomó posesión del cargo, de Llano asciende
al Poder Ejecutivo en su calidad de vicegobernador. Es así como se le presenta la oportunidad de intentar concretizar su doctrina liberal, momento
coincidente con un gobierno central de identica tendencia.
La innegable influencia nacional de la corriente liberal reformadora
dio pábulo a que las fuerzas no coincidentes se inquietaran y organizaran
alzamientos militares contra el gobierno legítimamente constituído. De
manera especial, contra el vicepresidente.
En mayo de 1830 la guarnición de Morelia, al mando del coronel
Ignacio Escalada, ocupa el poder político del Estado por medio de la
fuerza. Protesta sostener a toda costa "la santa religión de Jesucristo, los
fueros y privilegios del clero y del ejército amenazados por las autoridades

•

El Plan de Pacificación o de Zavaleta, firmado en diciembre de 1832
por Santa Anna y Bustarnante, pone fin al movimiento armado en
contra de este último y reconoce corno presidente a Manuel

Gómez Pedraza.

�94

SigloXIX

intrusas". 19 Apoya incondicionalmente al presidente Santa Anna y se
declarl!- ~espetuoso de la seguridad individual y de las propiedades.

J. Ruéndiz: El liberali,,no en el norNte de Mésico

95

las medidas de julio de 1833 sino del conjunto que incidía en la merma de
prerrogativas. La administración de de Llano, pretendiendo ser congruente con la política nacional, no cejaba en su intento de cristalizar la
reforma eclesiástica tomando medidas que iban mostrando creciente radicalización. Así, el 20 de febrero de 1834, se propone al Congreso un proyecto de ley que pretende abolir los derechos parroquiales y demás que
por costumhre se salían cobrar por el servicio de los sacramentos. En el
artículo 2°. se dejaba en libertad a los particulares que quisieran una distinción especial en el servicio sacramental, y para que entraran en convenio
con los párrocos o vicarios respectivos, pero sujetándose siempre a las prevenciones del reglamento impuesto por el mismo gobiemo.24

BUS

Dicha asonada es paralela a un persistente cuestiona.miento del origen
de los bienes de la iglesia. El Congreso local se declara solidario con el
gobierno federal y se pronuncia contra los sublevados en una declaración
que remarca que, contra la iglesia, no se tiene la más leve intención de
actuar. El señalamiento de no pretender chocar con el clero es un rasgo
peculiar de las diversas manifestaciones partidarias del gobierno nacional.
Si bien el pronunciamiento de Escalada es secundado en varias partes
20
del país, para principios de julio prácticamente está controlado.
Inmediatamente después sigue un período de crítica del origen y monto de los
bienes del clero por parte de los liberales. A fines de 1833 se resiente más
la relación Estado - iglesia y los dictámenes civiles reformadores que aten21
tan contra el poder clerical se multiplican.
El gobierno nuevoleonés, debido al cobro arbitrario e irregular del
clero por los sacramentos, decreta el 23 de julio de 1833 el arancel común
para todas las parroquias y capillas en lo concerniente a bautismos, casamientod y entierros. Se establecen cobros topes y se eliminan costumbres que
sólo servían para encarecer estos servicios.
Por ejemplo, en una de las prevenciones se señala que sólo se cobrarán
dos reales, sin distinción, por entierro. También se elimina el uso de la
cruz alta de plata o cruz baja y de madera, hábitos que accionaban como
pretexto para encarecer el oficio (ver anexo 1).
Más tarde el gobierno del estado de Tamaulipas (vecino de Nuevo
León) expide un decreto donde se rebajan los derechos que cobran los
.
·
. enberros,
·
curas por b autismos,
matnmomos,
ete. 22
Disposiciones civiles como éstas provocan la reacción violenta del
clero en toda la nación. En Nuevo León, Belauzarán, Obispo de Monterrey,
aprueba en mayo de 1834 la posición de los curas encamjnada a cerrar
las parroquias a causa de la baja de los precios de los sacramentos. En
abril del mismo año, el Obispo de Puebla es acusado de ser el cabecilla de
la reacción católica y de invitar a Valentín Canalizo a acercarse a Puebla
con el fin de que encabezara un movimiento popular.23
La actitud del clero nuevoleonés era, en tanto, producto no sólo de

En mayo de 1834 se promulga un decreto donde se trasluce la inten•
ción de controlar las acciones del clero: su propósito era hacer respetar
la política del gobierno civil. En el documento se indica que toda disposición eclesiástica debe contar con la aprobación del Ejecutivo estatal
para que sea legítima y obligatoria. También se establecen sanciones para
los transgresores, religiosos o civiles, qne implican hasta expulsión del
estado por un tiempo determinado.
Para mayo de 1834 -justamente- la reacción conservadora, guarecida en
la iglesia y el ejército, había cobrado bastante importancia manifestándose
en distintos lugares del país. Los pronunciamientos con el lema Religión
y Fueros sé hicieron comunes. Santa Anna, traicionande a los liberales,
se pone al frente de los sublevados en Veracruz. Por otra parte, la clase
media liberal gobernante ante la presión del clero, del ejército y la actitud
de Santa Anna se ve obligada a abandonar el poder. Duefto absoluto de la
situación y con su investidura de presidente, Santa Amia dispuso de inmediato la disolución del Congreso de la Unión y preparó el camino para el
establecimiento de una república centralista.
El 10 de junio de 1834, el gobernante de Llano declara en Nuevo León
que desconocerá las medidas adoptadas por Santa Anna mientras éste no
reconozca y garantice el ejercicio del Congreso de la Unión.25 Sin embargo, el poder político de los liberales iba en franco retroceso. A su influencia reformadora sólo le quedaban días de existencia. Sin apoyo de los sectores humildes y sin garantía de fuerza armada a través de la milicia cívica,
dos meses después de 811 declaración Manuel María de Llano se ve obligado
a abandonar el Ejecutivo del Estado, dejándolo en manos del jefe de las
fuerzas de la guarnición, Domingo Ugartechea.

�96

SigloXIX

Toda la intención reformadora de la clase media liberal en Nuevo
León se había concentrado realmente en procurar reducir los fueros y privilegios del clero. La educación y el ejército fueron poco o nada tocados
aunque a de Llano se debe la creación en el estado de las dos primeras
escuelas oficiales, que vinieron a sustituir a las dos religiosas que el clero se
vio obligada a suspender. Igualmente hubo intentos de reformar la milicia
cívica.26
La limitacion, no la eliminación de los privilegios y fueros del clero
y del ejército, fue el rasgo distintivo de la primera reforma. No se planteó
la extirpación de las prerrogativas eclesiásticas y castrenses. Pero el dilema
de la reforma era que se pretendía realizarla en un momento en que los
dos elementos estructurales mencionados determinaban la directriz del
país. Si se suma a esto a la existencia de una sociedad marcadamente religiosa, resulta comprensible que sus alcances fueran reducidos, que su
proyecto difícilmente rebasara el nivel de un planteamiento romantico.
3.

LIBERALISMO, PODER CENTRAL Y PROBLEMAS REGIONALES
DE INTEGRACION

La caída de Valentín Gómez Farías no sólo representa el truncamiento de los ideales condensados en la primera reforma liberal sino que significa el inicio de una nueva forma de gobierno adoptada por el Estado: el
centralismo republicano, con Santa Anna como .actor principal. Es la tercera forma de gobierno que se experimenta desde el fin de la dominación
española y se mantiene hasta el triunfo de la revolución de Ayutla, en
1855 (movimiento acaudillado por J nan Alvarez y dirigido contra el
gobierno dictatorial de Santa Anna).
Santa Anna había encontrado su más sólido apoyo en las fuerzas
reaccionarias del clero y del ejército, remedos coloniales y parapetos
fundamentales de la corriente conservadora. En tal virtud, su caída debe
interpretarse, además, como la pérdida de la hegemonía política conservadora y el repunte decisivo del liberalismo que habrá de culminar en la
realización acabada de su doctrina.

•

Pero el tránsito que ha de recorrer el liberalismo sustentado por la
nueva generación de políticos - Alvarez, Juárez, Degollado, Guillermo
Prieto, Lerdo de Tejada- es sumamente escabroso. Tiene que hacer frente
a una guerra civil, enfrentar las amenazas sistemáticas e intentos de invasión norteamericanas y europeas, manejar una política que concilie y

J. Ruéndiz: El liberalúmo en el norene de México

97

enrole en la mecánica nacional a los diferentes poderes regionales con marcada tendencia autárquica, defender la seguridad y legitimidad de su gobierno ante el imperio de Maximiliano y la intervención francesa.
Corresponde a un momento histórico donde la sociedad mexicana
se haya parcelada por la ausencia de fuerzas cohesionadoras intrínsecas
de un desarrollo capitalista en ascenso, circunstancia que acicateaba la
presencia de autonomías regionales con inclinación caudillista. Las que,
a su vez. dificultaban la configuración de un gobierno central con la
fuerza política y económica indispensables para establecer su jefatura sobre
los grupos regionales e insertarlos en el compromiso de una política nacional. Así, pues, problemas estructurales derivados del escaso desarrollo
del país conspiran en la dispersión del poder político y económico.
Para el caso del norte de México se conjugan aditamentos estructurales que singularizan la problemática regional y que Santiago Vidaurri
sabe manejar como parte consustancial de su política. Este personaje
arriba a los primeros peldaños de Ja esfera política en mayo de 1855,
cuando toma Monterrey luego de declararse en rebeldía contra el gobierno
de Santa Anna. Desde 1855 hasta 1864 -desde Nuevo León- se convierte
en agente primordial de una política que, con respecto al gobierno del
centro, se desliza desde la oposición verbal y cautelosa hasta la armada
y frontal. Siempre - empero- manteniéndose en el marco del proyecto liberal.
Como gobernador y jefe principal de gruesos contingentes militares,
Vidaurri delineó- una política que se sustentaba en tres aristas vertebrales:
adhesión al plan de Ayutla e integración, en líneas generales,
a la causa y programa liberales.
manifestacion expresa de la autonomía del poder político (y
militar) estatal, a la que procuró ampliar con sus intentos de
unificación de Nuevo León con Coahuila (consumado efectivamente en febrero de 1856) y con Tamaulipas (nunca logrado, pese a ocasiones en que adquirió un dominio relativo).
sostenimiento de esa autonomía echando mano a recursos que
formalmente correspondía al gobierno federal. El más significativo y conflictivo sería el control de las aduanas fronterizas que
se habilitaron sobre el río Bravo, frente a los territorios que
desde 1848 pasaron a ser norteamericanos. 27
La inclinación hacia la autarquía del vidaurrismo se vio favorecida por
la debilidad política y económica del gobierno del centro, distraído en

�J. Reléndiz: El liberalwno en el noreste de México

98

99

Siglo XIX

repeler la agresión armada de los enemigos (además de la incidencia de elementos infraestructurales como los precarios medios de comunicación y de
transporte).
El motor de su expresa autonomía lo constituyen los recursos pecuniarios provenientes de las aduanas fronterizas, especialmente de Piedras

Negras.
El control de las aduanas le generaba indirectamente importantes
recursos financieros, pues esta prerrogativa le permitía maniobrar para
obtener cooperación económica de los comerciantes locales (préstamos,
por ejemplo). En recoprocidad los mercaderes recibían estímulos a sus
actividades mediante el cobro de aranceles prefereJ1ciales, además de brin2
darles toda clase de oportunidades a la importanción de mercancías. s
La captación de recursos por vía de estos mecanismos, así como
mediante el cobro de impuestos a metales preciosos que buscan salida
hacia el norte; le permitían mantener importantes contingenten militares
por todo el territorio bajo su autoridad. La justificación de los efectivos
militares la encontraba en su destacada participación en la lucha contra
los conservadores y los intervencionistas. También, en la necesidad inaplazable de contar con un contingente bien equipado en lucha contra el indio
rebelde, considerado por el gobernador norteño como uno de los problemas
más acuciantes por atender.30
Este problema se gestó a mediados del siglo XVI, cuando los españoles
colonizarón la región norte de México. La dinámica colonizadora trae
entre sus consecuencias la expulsión de la mayoría de los indios que habitaban la región, obligándolos a replegarse en una vasta área ubicada más
allá del río Bravo. Desde allí realizarán visitas sistemáticas a los poblados
norteños, a quienes hacen objeto de múltiples depredaciones. En vísperas
de la sublevacióu de los texanos -1836 - se multiplican los ataques de las
tribus nómadas (indios rebeldes), dejando tras de sí una estela de pesadumbre, desolación y muerte. Después del cambio de frontera suscitado
por la guerra de 1847, el problema adquiere proporciones mayores y complicaciones nuevas. En los tiempos en que más comunes se volvieron sus
incursiones, llegaron a realizarse en un área que abarcaba más de la mitad
del territorio ~acional. El teatro común de SU8 correrías lo constituían los
estados de Chihuahua, Nuevo León, Coahuila, Durango, Sonora, Zacatecas,
San Luis Potosí, y algunas veces Jalisco y Aguascalientes.

Con la nueva lfoea fronteriza (a partir de 1848) el problema indígena
involucró tanto al gobierno mexicano como al estadounidense en la búsqueda de mecanismos para enfrentarlo. En este contexto se origina el filibusterismo, lastre que junto con el contrabando, el .tráfico de caballada
y el bandolerismo, amén de las depredaciones indígenas, constituyen la
maraña de la problemática fronteriza. 31
Frente a tal estado de cosas resulta justificada la persistencia de Vi~urri por obtener asistencia financiera del gobierno del centro, el cual Siempre se mostró renuente a hacerlo en los términos planteados por el jefe
d~ Nuevo León. Las discrepancias entre ambos radicaba en el tipo de ayuda:
mientras uno ofrecía asistencijl militar, el otro, la exigía en moneda. Este
rejuego pone de manifiesto la tendencia caciquil de uno y el recelo y temor d~l otro._ La d4:5aveniencia subyacerá en la intransigencia que muestra
el gobierno vidaurnsta en cuanto a preservar el privilegio del control de
las aduanas aún en los momentos más críticos para el país*. Tal obcecación sería una de las causas fundamentales de su ruptura definitiva con
Benito Juárez, circunstancia que la llevaría finalmente a abandonar el
gobierno estatal e incorporarse luego a las fuerzas intervencionistas a las
que permanecerá fiel hasta su muerte Gulio de 1867).
'
4 . LA ESTRUCTURA AGRARIA Y LA POLITICA LIBERAL
A pesar de todas las dificultades vividas entre el gobierno central y
Vidaurri, éste, con su estilo muy personal representó en el norte oriental
de México lo más consistente del proyecto liberal. Todas sus acciones estuvieron normadas por el programa y la doctrina liberales, tanto en la actividad mercantil como en la agrícola. En el comercio puso en práctica medidas que repercutieron en el incremento sustancial de la circulación de
mercancías, objetivo identificado plenamente con la sociedad liberal.
En materia agraria se preocupó sobremanera por sentar las bases legales de la organización del uso del agua y de la tierra para facilitar una
explotación más racional desde la perspectiva del Estado. Con este fin puso

*

Hacia -?11es de 1863 con la intervención francesa había necesidad de
centralizll; los rec~rsos '! las fuerzas armadas. Así lo plantea el presidente Juarez a V1daum en su.peregrinar por el norte. Para entonces
los co~erv~dores e invasores tenían casí el control absoluto del resto
del temtono.

•

�]. Ruéndü:: El liberalwno en el noreste de México

101

l 00 Siglo XIX
en práctica un paquete legislativo que haría cimbrar de raíz la estructura
agraria prevaleciente: se hayaba conformada por la gran propiedad, representada por la hacienda, y por la pequeña propiedad, en sus modalidades
de ejidos, propios y accionistas particulares.
El contenido legislativo se enmarcó en lo contemplado en las leyes del
25 de junio de 1856, del 16 de octubre de 1857 y del 9 de marzo de 1858.
La primera fue sostén del golpe demoledor que los liberales asestaron a la
iglesia, propiciando con ello el inicio de la pérdida del poder económico
del clero; la segunda vino a cubrir el vacío dejado por la ausencia de una ley
agraria que regularse el problema,del agua y de la tierra: planteaba como
objetivo esencial la determinación, el arreglo y registro de las aguas y de las
caballerías mercedadas en el estado; la última, normó la enajenación de las
tierras de propios y ejidos.
Las tres leyes cuidaban de no propiciar, aunque no lograron evitarlo,
la concentración de los recursos naturales en cuestión. Esta intención la
encontramos plasmada en los artículos 30, 4° y 5° en la ley del 16 de oc32
tubre de 1857; en el artículo 12º de la del 9 de marzo de 1858; y en la
tercera prevención de las cuatro que ordenó Santiago Vidaurri, con aprobaacion del gobierno nacional, conforme a las cuales debía hacerse la enajenación de las corporaciones civiles en el estado unificado de Nuevo León
Coahuila.33
La realización de la política agraria vidaurrista inició la desaparición
paulatina de formas tradicionales de propiedad, pero también motivó la
transferencia y el acaparamiento en manos de flamantes propietarios, por
lo común identificados con los nuevos grupos sociales dominantes. Las
tierras de ejidos y de propios fueron objeto de compra-venta con bastante
regularidad, constituyéndose en fuente importante de los municipios, a
· de constantes conflictossoc1ºales.34
a 1a vez que en motivo
Lru¡ propiedades del clero serían también sometidas a un proceso de
enajenación que aparentó no ser tan violento debido, tal vez, al hecho de
que los bienes eclesiásticos no contaban la magnitud que en el centro del
país, donde el conflicto Iglesia-Estado adquirió tintes sumamente dramáticos. Empero, el gobierno vidaurrista no cedió a ninguna presión por
las leyes de desamortización, siendo inflexible y firme ante cualquier intento del clero de desoír los mandatos gubernamentales sobre la materia.

5.

LIBERALISMO Y PODER CLERICAL

La iglesia, confiada en su poder económico, se mostró arrogante y
prepotente ante el proyecto liberal, el cual pretendía acabar muy partí•
cularmente con los fueros y privilegios del clero. Antes de la segunda reforma encamaba al primer terrateniente y prestamista del país:
(. ..) tenía más ingresos anuales que el gobierno nacional. Las estimaciones del ingreso anual de la iglesia varían, pero era cuando
menos de 23 millones de pesos sino es que llegaba a una cifra tan
alta como 100 millones de pesos.3 5
En tales condiciones desafiar su poderío era para los liberales una
aventura sumamente riesgosa y que finalmente costó al país tres años de
una guerra intestina, más otros tres de sometimiento a un emperador ex•
tranjero.
El enfrentamiento tenía que ser a muerte debido a que en el proyecto
de nación de la Reforma el matrimonio entre la iglesia y el Estado debía
abolirse bajo el principio del establecimiento de la hegemonía política del
último. Su cristalización implicaba para el poder religioso la pérdida de
preferencias tradicionales, algunas de las cuales eras incumbencia de las
funciones del poder secular: estadísticas sobre bautismos, matrimonios,
defunciones, etcetera. La eliminación de tales prerrogativas era una condicion insoslayable para allanar el desarrollo de la sociedad en gestación.
El triunfo de los liberales en la guerra de Reformas hizo factible la
puesta en marcha de las leyes de desamortización, pero su impulso se vio
compelido por la inestabilidad institucional del gobierno liberal a partir de
1862, a causa de la ocupación del país por las fuerzas francesas. En el norte
de México siguió avanzando, aunque también en forma conflictiva, gracias
al aumento de la clase media liberal, a los intereses de los nuevos grupos sociales dominantes identificados sobre todo con la actividad mercantil, a
la toma de conciencia de la pléyade de liberales locales y la tardía llegada
de la guerra extranjera.
En Nuevo León, el gobierno vidaurrista abrazó con entusiasmo y decisión los postulados liberales y enfrentó abiertamente a la iglesia. Su política fue secundada por los sectores modernizadores que pugnaban por un
nuevo orden regido por los principios de la libre competencia, de la liberación de la fuerza de trabajo y de la libertad para la producción y la circulación. Precisamente la realización de la política liberal y el resquebraja-

�102 Siglo XIX
miento de las estructuras caducas se les ofrece como una coyuntura que
les permitiría acaparar los bienes desamortizados, tanto religiosos como
seculares.
Los nuevos propietarios accionan en la esfera de la circulación mercantil y de la política, están estrechamente vinculados a la pJutocracia. Entre otros muchos tenemos a Julián Quiroga, lndalecio Vidaurri, Gregorio
Zambrano, Manuel María de Llano, Patricio Milmo, Mariano Escobedo y
Jesús Dávila y Prieto.36 Julián Quiroga,junto con Zuazua, es el hombre de
confianza de Vidaurri; Indalecio Vidaurri es hennano del gobernador;
Gregorio Zwnhrano, reconocido político local y jefe de una familia de
connotndos comerciantes locales; Patricio f\.1ilmo, yerno de Vidaurri y uno
de los más destacados mercaderes de Monterrey; Mariano Escobedo, brazo
armado fundamental de los liberales en el norte y quien dirigiera las fuerzas liberales que tomaron prisionero a Maximiliano en Querétaro; Manuel
María de Llano, ex gobernador e impulsor local de la primera reforma;
Jesús Dávila y Prieto, hombre de vasta experiencia política y administrativa.
La venta de las tierras eclesiásticas contribuyó a sufragar los gastos
ocasionados por la guerra. El Estado es quien se convierte en subastador
de dichos bienes y establece que todo el producto derivado de sus ventas
sea depositado en la tesorería.
Debido a las exigencias de la guerra y a la escasez de recursos suele
disponer de dichos capitales en calidad de préstamo. Un ejemplo: en julio
de 1864, Ignacio Arizpe pide al gobierno del estado se le pague la cantidad
de tres mil quinientos sesenta y cuatro pesos y los intereses correspondientes, a partir de 1858, por la venta de la capellanía de San Pedro de los Nogales, que fue objeto de desamortización. Dicha cantidad ingresó a la
tesorería del estado en febrero de 1858 y fue utilizada para sostener los
gastos del Ejército del Norte, ocupado en la lucha contra los intervencionistas.37
Paralelamente a la realización del programa liberal el vidaurrismo movilizó las fuerzas sociales y productivas en función de la defensa de la soberanía nacional, basado en la aplicación de una virulenta legislación que
se manifiesta en medidas como las siguientes:
-

Establecimiento de contingentes extraordinarios a los municipios para
sufragar los gastos ocasionados por la guerra.

J. Re,éndiz: El liberalúmo en el nore,te de Mhico

-

103

Reducción temporal de salarios a los empleados civiles y militares.
Imposición de tasas de contribución sobre capitales muebles e inmuebles.
Obligatoriedad de todos los ciudadanos, que estén dentro de los requisitos exigidos, de enlistarse en la guardia nacional o en cualquier
organización armada dispuesta por el Estado.38

El avance de la reforma liberal iba aparejada a una profunda tirantez
de las relaciones entre el poder secular y el religioso. Si bien el conflicto en
Nuevo León no se manifiesta con la misma intensidad que en el centro, en
cambio la renuencia del clero es inobjetable en cuanto a acatar las leyes de
desamortización, las leyes sobre obvenciones parroquiales y el juramento
de obediencia a la Constitución de 1857.
Su obcecada posición en tomo a estos puntos conlleva a que el gobierno vidaurrista haga uso de todos los recursos con el fin de establecer
e imponer la autoridad civil y el acatamiento de sus lineamientos. Cuando
se hizo imprescindible hacer uso de la violencia no vaciló ni un instante.
Así, el 12 de julio de 1857 el párroco de la iglesia de Marín, Manuel Martínez, es red~cido a prisión por haber pretendido difundir una carta pastoral no sancionada por la autoridad civil.39 Acusados de conspirar contra
e! orden establecido e incitar a la sublevación al pueblo de la Villa de Santlag~ Y de Monterrey, en 1859 son sentenciados a 8 años de prisión, en el
C~tillo de_ S~ Juan de Ulúa, el Presbítero Lorenzo de León y Santiago
Suarez. AsIIDJSmo se condena a 6 años de trabajos forzosos, en el mismo
reclusorio, a Anastacio Casas, Félix Marroquín y Jesús Villalón.4 º
En el ~mo ab~co de justificaciones se ubica la expulsión del
estado del ohJSpo de Lmares Francisco de Paula, puesto que insiste
e?, su propósit~ de no recibir a las autoridades en la solemne func1on que esta CIUdad celebra hoy en honor de la patrona tutelar,y
q:,ie n~ pued e, porque en su concepto es pecado, derogar las prov1de~cias__que ha dictado para que no se cumpla la ley de desa~ort1zac1on, 1~ ~e. obvenciones parroquiales y algunas contingencias que a su Jwc10 estan en contraposición con los dogmas de
la Iglesia. .. 41
. La salida del obispo de Linares no significó el arrodillamiento del clero
m, ~ucho m~os_, su derrota final. La batalla se siguió dando a través del
Cabildo Ecles1astico de la Catedral. Pero la preeminencia de la autoridad

�104 Si¡j/o XIX

J. Relindi.r: El liberalúmo en el norute de México

civil sobre la clerical era cada vez más clara y se consolidaba en la medida
en que el tiempo transcurría.
Los primeros saldos favorables del enfrentamiento con la iglesia impulsa al gobierno liberal a no detenerse en su programa reformador. En
tal virtud, el 10 de agosto de 1859 se suspenden en todos los pueblos del
~tado el derecho de fábrica, y a partir de 1861 se hace más palpable la
severidad de la vigilancia para el cumplimiento de lo estipulado en la ley
del Registro Civil (ver anexo 3).
La marcha ascendente de los postulados liberales continúa hasta 1862,
año en que el gobierno se compromete en una guerra intervencionista
que llega a su fin en 1867 y, con ello, marca el triunfo definitivo del liberalismo.

105

bilidad de dirigir las fuerzas mexicanas. AGENL, Circulares, caja 8, 13 de junio
de 1830.
4. AGENL, Memorias de Gobernadores, Memoria de 1826 presentada por José
María Parás el 21 de febrero de 1827, hoja 10 frente y vuelta, y boja 11 frente.

S. El gobierno de José Mana Parás decreta el 29 de abril de 1826 un proyecto de
cinco artículos en los cuales se tipifican con claridad los derechos de los sirvientes y de los amos. AGENL, Circulares, caja 4,1826. En relacion al mismo
tópico, el gobernador Joaquín García, el 9 de mayo de 1831, promulga un de:
creto en el se establece que "los amos a quienes se les muera algún peón o sirviente deviéndoles cantidad de dinero, no están obligados a pagar el entierro de
aquel mozo. Exceptuándose en estos casos los derechos de fábrica como que
están destinados exclusivamente paralosgastos del culto divino ( ... ) AGENL,
Circulares, caja 9, 1831 - 1832.
6. El decreto contemplaba que por el registro de fierros se pagaría en adelante seis
pesos en lugar de los veinte que pagaban. Los de escasos recursos pagarán sólo
tres pesos. AGENL, Circulares, caja 4, decreto 21, 1827, 18 de febrero,

A manera de conclusión señalaremos que:
-

-

El movimiento liberal de mediados del siglo XIX se diferencia del de
los años treinta en que aquél se planteó la abolición de los fueros y
privilegios del clero en tanto que éste sólo quería limitarlos.
La lucha liberal de los cincuenta coincide con una clara transición
hacia renovadas estructuras económicas; con un momento en que la
iglesia es sumamente poderosa pero su aliado natural, la fuerza militar,
se haya disperso entre los ejércitos regionales y ya no constituye una
fuerza directriz a manera de los años treinta.
Al lograr el resquebrajamiento del poder de la iglesia y del ejército,
haciendo posible la transferencia de los bienes eclesiásticos, el movimiento liberal sentó las bases para futuras transformaciones estructurales en el país, que lo situaría en el sendero de una economía burguesa.

7. "Si bien escoceses y yorlcinos agitaron al país con sus disputas y luchas, no puede
desconocerse que además de constituir los primeros partidos en la vida nacional,
con su acción establecieron las bases .de nuestra educación política, y que, en el
caso de los segundos, proporcionaron los principios de una doctrina y un programa ltl&gt;eral y democrático, antecedentes de los ideales y planes de transfonnación social y política que habían de cubninar con el triunfo del partido del progreso, en el histórico año de 1867 ''. Agustín Cué Cánovas, Hútoria Social y
Económica de México. 1521 • 1854, editorial Trillas, México, 1976, p. 314.
8. La prolubición del decreto comprende entre otros los siguientes artículos:
"algodón en rama de cualquier procedencia extranjera, añiles, cinta de algodón
y lino ordinario, cobertores y sobrecamas hechas de lana y algodón, cartoncitos
de algodón, cuya calidad no llegue a la de la indiana inglesa fina, dulces, flecas
de algodón y lana, pañetes, o medios paños papel de colores, sorgas de lana,
quesos de todas clases, tajalos de algodón, tejidos o lienzos trigueños y blancos
de algodón cualesquiera que sean sus dimensiones y denominación, cuya calidad
no llegue a la del coco fino". AGENL, Ministeóo de Hacienda, 1829, 22 de
mayo de 1829.
9. AGENL, Ministerio de Hacienda, 1828, primero de febrero de 1828.

NOTAS
l. Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), Circulares, caja 6, 19 de
diciembre de 1828.
2. Los animales fueron aportados por los municipios del Estado. Pesquería Grande
contnl&gt;uyó con 100 mulas. AGENL, Circulares, caja 8, 26 de mayo de 1830.
3. Los generales Mier y Terán y Antonio López de Santa Anna tenían la responsa-

10. En el artículo 10° que crea el Banco de Avío, se asienta:" Se fomentarán de
manera preferencial los tejidos de algodón y lana, cría y elaboración de seda
Pero tambien se estimularán otros ramos tanto industriales como agrícolas
que sean de interés para la Nación. " AGENL, Circulares, caja 8, 1830 - 1831,
4 de noviembre de 1831.
11. En circular de 21 de noviembre de 1827, el gobierno de Nuevo León hace del
conocimiento de los nuevoleoneses que el gobierno federal fue autorizado para
rectl&gt;ir un crédito, en dinero, hasta de cuatro millones de pesos. AGENL, C ~
lares, caja 5, 1827. En relación al mismo asunto el ministro de Hacienda en funciones, José Ignacio Pavón, pide al gobierno de Nuevo León haga llegar cuanto
antes los mayores aportes posibles. Esta exigencia se debe a que hay una caren-

�106

J. Ruéndú: El liberalúrno en el no,,- de Múico

Sigk&gt;XlX

cia notable de recursos financieros, hasta para atender lo más indispensable.
Asimismo notifica que el préstamo de cuatro millones de pesos no se ha podido
conseguir. AGENL, Ministerio de Hacienda, 1828, 12 de enero de 1828.
12. En virtud del patronato eclesiástico, el verdadero jefe de la iglesia en las colonias
españolas era el monarca españoL Al independizarse México, dicho derecho debena derivar al Estado Mexicano y en consecuencia el clero convertirse en un
subordinado del gobierno civiL Ver Alfonso Toro, La Revolución de lndepen•
dencia y Múico lndependienUJ, Editorial Patria, México, 1963, pp. 310 y 311.
También consultar Agustín Cué cánovas, op. cit., p. 322.
13. Alfonso Toro, op. cit., pp. 314 y 315. Agustín Cué Cánovas, op. cit., p. 334.
14. AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 6 de noviembre de 1833.
1S. Agustín Cué Cánovas, op. cit. p. 323.
16. El artículo primero del decreto que signa la abolición del diezmo dice textualmente: "Cesa en toda la República la obligación civil de pagar el Diezmo Eclesiástico, dejándose a cada individuo en entera hoertad para obrar en esto con
arreglo a lo que su conciencia le dicte: AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 27
de octubre de 1833.
17. Charles A. Hale, El Liberalilmo Mexicano en época de Mora. 1821 · 1853, Siglo XXI, Editores, México, 1972, pp. 42 • 73.
18. Los diputados que fuman el escrito de protesta, y que en su mayoría han de
conformar el equipo político de Mánuel María de Llano, son Pedro TreYi:ño y
Pereyra, Francisco Tomás de Iglesias, Joaquín Caso, Camilo Gutiérrez, Antonio
Ayala y Bernardo Quiroz (suplente), además. del propio de Llano. AGENL,
Periódico Oficial, 8, 1833, 19 de enero de 1833.
19. AGENL, Periódico Oficial, 26 de mayo de 1833.
20. Ante las mínimas posibilidades de que su movimiento triunfará, Escalada pide
a principios de julio de 1833 el indulto al gobierno de Morelia y en septiembre
es hecho prisionero. AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 4 de julio y 23 de septiembre de 1833.
21. El 20 de noviembre de 1833, el gobierno del Estado comunica a todos los ha·
bitantes que con el 31 de octubre recibió del ministro de Justicia y Asuntos
Eclesiásticos una disposición que contempla entre otras cosas las síguientes prevenciones que "debo cumplir en mi territorio de mando":
1 Que vigile para que los eclesiásticos no toquen en el pulpito materias
políticas, ni para apoyar ni para secundar los principios de la administración
pública.
2°. Que si advirtiere algún exceso en esta materia use de los medios represivos propios de su autoridad, y dé aviso al supremo gobierno para los que fueren de su resorte.
3º. Que al respecto se tenga presente la ley 19, tít.
lib. 1°. de la Recopilación de Indias que a letra es como sigue: ..Encargam~! a los Pr~~os
seculares, que tengan mucho cuidado de amonestar a los clengos y religiosos
predicadores que no digan ni prediquen en púlpitos palabras escandalosas tocante al gobierno público y universal, ni de que se pueda seguir pasión o diferen-

°.

xn,

107

cía". AGENL, Periódico Oficial, 8, 14 de noviembre de 1833.
22. AGENL, Periódico Oficial, 9, 1834, 1 de mayo de 1834.
23. El citado obispo de Puebla, Francisco Pablo Vázquez, en flagrante violación a
la ley de votos eclesiásticos y en abierto reto al gobierno civil, en abril de 1834
excomulgó a una monja por abandonar la profesión monacal Ver AGENL,
Periódico Oficial, 9, 3 de abril, 24 de abril y 14 de mayo de 1834.
24. En lo referente al tiempo regular en el que deben realizarse los sacramentos el
gobierno establece uno de invierno y otro de verano. El primero comprende del
15 de septiembre al 1S de marzo, con una duración diaria de doce horas que
comenzarán a correr desde las seis de la mañana a las seis de la tarde para la celebración de los casamientos y bautismos; y el segundo, del 1S de marzo hasta el
15 de septiembre, en un horario que vaya desde las cinco de la mañana hasta las
siete de la tarde. Los entierros también estaban bien sujetos a las especificaciones
del reglamento. AGENL, Circulares, caja 10, 1832 - 184S.
25. AGENL, Circulares, caja 10, 1832 • 184S, 10 de junio de 1845.
26. ldem. 19 de diciembre de 1833.
27. Mario Cerutti, "Poder regional, gobierno central y periodismo liberal en México
en años de la Reforma. Santiago Vidpurri y los estados fronterizos del noreste
(18S5 - 1864)", en Alberto Gil Novales (ed.), La prerua en la Revolución LiberaL
E1pa11a, Portugal y América Latina, Madrid, Universidad Complutense, 1983,
p. 243.
28. los estímulos en materia aduana! conllevaron a que los comerciantes intensificaran
sus importaciones de producto europeos y norteamericanos ante las airadas protestas de los comerciantes del centro del país. El disgusto de éstos se explica si
consideramos que " ( ... ) Vidaurri tomaba decisiones en materia aduana! que
alteraban o modificaban las ordenanzas nacionales. Un ejemplo nítido fue su
rebaja de los derechos aduanales: por los puertos terrestres bajo su dominio, las
importaciones se hacían con rebajas que llegaban a más de un cincuenta por
ciento de lo fijado por la reglamentación de 1856, sancionada por Comonfort '.
Mario Cerutti, op. cit., p. 261
29. En 1862 el gobierno de Vidaurri decomisó un cargamento de plata en pasta, por
valor de 9824 pesos, perteneciente a la casa Uhde y Cª de Matamoros. Dicho cargamento procedía de San Luis Potosí y se dirigía a Matamoros. AGENL, Concluídos, caja 7, 1862.
30. Este tema lo trato más ampliamente en "La política de Vidaurri y la expulsión
de las tnous nómadas en el noreste de México", tesis que presenté en la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León con opción
al título de Licenciado en Historia.
31. Para una información más detallada acerca de los problemas de la frontera
méxico-estadounidense en el período de 1848-1870, ver Informe de la Comúión
Pe,qui,idora, facsímil publicado en junio de 1984 por el Archivo General del
Estado de Nuevo León.

�108 Siglo XIX

J. Ruindú: El liberulümo en el norufe de México

32. Este artículo textualmente dice: "Al prudente arbitrio de los alcaldes primeros,
se deja el repartimiento de los terrenos de ejidos y de propios, recomendándoseles muy especialmente la mayot post"ble subdivisión. En consecuencia, nadie
podrá tener más de cuatro fanegas de sembradura y los que por renta disfruten
de mayor cantidad, midiéndose toda, se les enagenará por el avalúo ó se adjudicará en subasta, según lo dispuesto en el artículo 3º". AGENL, Periódico Ofi·
cial, de enero uno de 1858 a septiembre 20 de 1859. Boletín Oficial, Monterrey,
mano 16 de 1858.
33. Se previene que las aguas y tierras sobrantes que no estén en arriendo sean divididas lo más posl"ble con el fin de que sea mayor el número de propietarios.
AGENL, Periódico Oficial, 3 de diciembre de 1857.
34. Este tema lo desarrollo más ampliamente en "La Propiedad del Agua Y de la
Tierra en Nuevo León (1855-1870)" presentado en el cuarto encuentro sobre
lA Formación del Capitalúmo en México, Jalapa, Veracruz en diciembre de 1985.
35. Parra, "Grandes Tendencias",p. LXXVII;C.Cumberland,México: 'TheStruggle
for Modernity (Nueva Yorlc, 1968), p 177, citados por T. G. Ppwell en El Liberolumo y el Camperinado en el Centro de Mérico {1850 a 1876), Sepsetentas,
122, México, 1974, p 28.
36. AGENL, Concluídoscaja 65, 1861. Ver también AGENL, Legajo no clasificado,
1857 -18S8.
37. AGENL, Concluídos, caja 19, 1864 · 1865, julio de 1864.

CASAMIENTOS
Art. 3
monios.

°. Bases para el cobro de derechos por celebración de matri-

ª·

1 Por la declaracion de los novios, o sea el ducho, se cobrará dos
pesos si el párroco va a la casa; en caso de que la distancia sea más de una
legua sin pasar de dos, se cobrará cuatro pesos; y si la distancia es mayor
de dos leguas entonces se convendrán párroco y pretensos.
2ª. Por las informaciones matrimoniales no se cobrará derecho
alguno, sino que se continuará pagando un real por el papel, y dos al escnbiente por cada declaración.
3ª. Se pagarán tres reales por cada una de las tres moniciones que preceden al matrimonio.
4ª. Dos pesos por el matrimoni~.
5ª. Un peso por velación o bendición nupcial.
6ª. Dos reales por desgaste de lás candelas que arden en el altar y las
que se entregan a los contrayentes.
7ª. Se continuarán pagando trece reales por las arras.

38. Ver trabajo señalado en nota 34, pp. 3 y 4.

8ª. Los que soliciten madrugada pagarán además de lo dicho en las
prevenciones anteriores, lo acostumbrado en cada pueblo, siempre que no
pase de tres pesos.

39. AGENL, Legajo no clasificado.
40. AGENL, Concluídos, caja 47, 1859.
41. AGENL, Legajo no clasificado. Ver también anexo 2.

ANEXO

109

9ª. Si los contrayentes pertenecen a parroquias diferentes pueden casarse en la iglesia que lo deseen. El cura que celebra el matrimonio y hace
la velacion, cobrará los derechos contenidos en estas prevenciones y al
del otro contrayente, solamente se le pagarán_Jos seis reales designados en
la tercera base de este arancel.

1

El gobierno del Estado decreta el establecimiento del arancel común
para todas las parroquias y capillas del Estado, tocante a bautismos, casamientos y entierros.
BAUTISMOS
Art. 1°. Se establece la cantidad de pago único de cuatro reales el
bautismo sin distinción de clase ni persona.
Art. 2°. Se prohiben los decretos de Capa, Cruz Alta, y Altares.

ENTIERROS
El cobro de los entierros se sujetará a las prevenciones siguientes.

°.

Art. 4 Queda prohibida para siempre en el Estado la desigualdad de
obvención que por la desigualdad y origen de clase y aún por la localidad y
sitios, en los campos santos y templos, se ha exigido a los fieles hasta
ahora por los curas por el entierro de un adulto o párvulo. En consecuencia sólo se cobrará dos reales por cada entierro sin distinción alguna. Cuatro reales por cada acompañado y dos reales por cada doble, cualquiera
que sea el número de las campanas que se toquen, y su duración.
1

ª· Queda igualmente abolida la distinción, de entierro mayor o m

�J. Ruéndiz: El liberalúmo en el nore,te de México

111

llO SigloXIX
nor, así como, la costumbre de cruz alta, de plata o baja y de madera.
2ª. ·para la fábrica se continuará pagando, sin distinción alguna, por
cada persona un peso por el entierro que se haga.
3ª. Se renuevan las reiteradas prohibiciones de enterrar a los cádaveres
de cualquier persona en los templos y capillas del Estado. La contravención de esta orden será objeto de un castigo consistente en el pago de cien
pesos.

de la iglesia de Nµevo León y Coahuila, que por su ministerio espiritual y
como pastor del rebaño de Jesucristo, debió dar á este ejemplos más saludables y más dignos de su alta misión.
COMPATRIOTAS: el boletín que se circula hoy os instruirá de los pormenores de este suceso. El Gobierno está resuelto á sostener íntegro el
sagrado depósito que le habeis confiado, la paz y el órden legal. Mientras
caminemos como hasta aquí, formando un cuerpo compuesto, nada hay
que temer aunque la reacción se presente bajo cualquier forma. Tal es el
norte de vuestro Gobernador y amigo.
Santiago Vidaurri.
Monterrey, Septiembre 9 de 1857.

4ª. Se prohiben las exhibiciones de los cádaveres descubiertos por las
calles y plazas públicas de los pueblos.
5ª. Queda prohibido para siempre el depósito de cádaveres en las capillas y parroquias para hacerles honras y funerales. La violación de esta
prevención se sancionará con cien pesos.

Fuente: AGENL, Legajo no clasificado relativo a la correspondencia entre
el gobierno de Nuevo León y la iglesia durante el año de 185 7.

6ª Sólo son permitidos los entierros en los templos en aquellos pueblos que carezcan de campo santo.

ANEXO

7ª. Lo no derogado expresamente en este arancel, queda vigente,
hasta la resolución del Honorable Congreso del Estado. Dado en Monterrey a 23 de julio de 1833.

Secretaria del Gobierno
del Estado Libre y Soberano de
Nuevo León y Coahuila

Y para que llegue a noticia de. todos, y se le de el debido cumplimiento, mando se imprima, publique y circule. Fecha ut supra.- Manuel M.
de Llano.- Ancelmo R. de Marichalar. Secretario.

Circular Núm. 27

Fuente. AGENL, Circulares, caja 10, 23 de junio de 1833.

ANEXO 2

Santiago Vidaurri,
a los Nuevoleo-Coahuilenses.
CONCIUDADANOS: ayer ha tenido lugar en esta capital un acontecimiento que debo dar cuenta al Estado, pues tal es su gravedad.
El Prelado diocesano creyendo que podía impunemente sobreponerse á
las leyes y á las autoridades, mandó que se hiciera un desaire público al
Ayuntamiento de esta capital, o más bien que se ejerciera una nueva
venganza en el templo de Dios. Despues de este atentado, la autoridad de,l
Gobierno habría sido un sarcasmo y objeto de burla: por su parte agoto
todos los medios de prudencia para evitarlo; y habiendo sido inútiles no
le quedó otro recurso que empicar su poder para reprimirlo y cortar de raíz
un mal que si se hubiera dejado cundir por mas tiempo, nos habría traído
muy funestas consecuencias. El trastorno de la paz, nultificando ante~ la
Ley y la potestad temporal, á esto tendía visiblemente la conducta del Jefe

3

El Exmo. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores y Gobernación, con
fecha 23 de próximo pasado Mayo dirigió al Exmo. Sr. Gobernador la
comunicación siguiente:
Exmo. Sr.
Habiendo consultado el Prefecto de Tulancingo á este Ministerio si los curas párrocos deben hacer los bautismos
antes ó despues que se haya verificado la inscripción que previene la ley de
Registro Civil, el Exmo. Sr. Presidente se ha servido resolver por punto
general que, sin ingerirse la autoridad civil en lo relativo á los actos eclesiásticos del bautismo, está en su derecho, y en la obligación, conforme á la
ley de obligar á los padres de familia á que inscriban en el referido Registro civil á sus hijos, lo cual deberán verificar dentro del tercero día de nacidos.- Y tengo el honor de comunicarlo á V. E. de orden suprema para su
conocimiento y efectos consiguientes.
Y de órden superior lo trascribo á V. para su inteligencia y cumplimiento.
Manuel G. Rejón.
Dios y Libertad. Monterrey,Junio 5 de 1861.
Fuente: AGENL Circulares, caja 10, circular 27, 1861.

�SIN FE, SIN LEY Y SIN CAUDILLO

Cambio cultural, liberalismo
e insurgencias populares

Miquel Izard*

Mientras la Historia oficial sigue repitiendo que sólo se podía comerciar con la Metrópoli y la Nueva España (lo que provocaba el malestar del
mantuanaje), que sólo se aceptaba la ideología impuesta por Madrid, que
el poder estaba en manos de la burocracia peninsular o que las prolúhici&lt;&gt;nes no sólo se acataban sino que además se cumplían; la realidad, descrita
por Ramón Aizpurua, tendería a mostrarnos el norte de la actual V enezuela convertido en una enorme plantación, con miles de esclavos, comercializando la mayoría de la producción (azúcar, tabaco, cacao o bienes pecuarios) a través de una vía sumergida o subterránea. Este norte de Venezuela
era una pieza importante de un ámbito mayor comunicado por una navegación circular, puesta en marcha por los curazoleños (en buena parte sefardíes), que llegaba también a Jamaica, Cuba, los puertos sureños de las
1
Trece Colonias, Santo Domingo, Puerto Rico y las Antillas menores.
Por este circuito llegaron a Venezuela no sólo alimentos, manufacturados y esclavos, sino también nuevas ideas, de las que quisiera destacar cuatro, dos americanas y dos europeas: la secesionista que culminó en la revuelta de las Trece Colonias, el rechazo a la esclavitud que desencadenó los
sucesos de Haití, la ilustración que provocó la revolución francesa, y el liberalismo que degeneró en el capitalismo. La primera y la tercera influyeron a Gual, España o Miranda, la última a Bolívar, y el rechazo a la esclavitud o a la moral capitalista pudieron esclarecer las insurgencias populares.
Los enfrentamientos convirtieron a la Tierra Firme en uno de los principales escenarios mundiales de la transición final de la sociedad autosuficiente
a la sociedad excedentaria.
*Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona. Este trabajo es, en par·
te, una reelabo.raeión de la ponencia "El hoeralismo y el federalismo como reconocimiento e intento de institucionalización de los poderes de hecho y del caudillismo", presentada en el Primer Congreso del Pensamiento Político, Caracas, 29 de junio al 2 de julio de 1983.

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115

114 Siglo XIX

Y el incremento de las insurgencias populares en el siglo XIX se debió esencialmente a que las guerras de la Independencia no supusieron
transformaciones estructurales, sino la consolidación de la primera etapa
de la revolución capitalista, acelerando las transformaciones que (gestándose en favor de la oligarquía desde, como mínimo, mediados del siglo
XVIll) perseguían en parte resquebrajar el entramado que permitía el funcionamiento de la sociedad autosuficiente, que había servido para alcanzar
todos los elementos que constituían su identidad, para satisfacer todos los
objetivos que cada grupo había escogido para existir, para defenderse de
los ataques desde el exterior.
Los futuros beneficiarios de las transformaciones, y 8118 apóstoles, proponían el paquete de medidas que podríamos calificar de programa liberal:
abolición de viejas trabas como monopolios o diezmos; algún tipo de desamortización, fingiendo que se vend(an los bienes de manos muertas (pero
por encima de todo los bienes comunales y los resguardos), terrenos de
donde cada comunidad obtenía buena parte de lo que necesitaba para subsistir y era por ello menos vulnerable; obviamente, la de$amortización favoreció, indirectamente, a la vieja oligarquía o creó una nueva burguesía,
agraria o urbana, que si no pertenecía ya a él se convertía al nuevo orden
para defender sus adquisiciones; un desarme arancelario frente a la invasión
de bienes industriales del exterior que acabarían arruinando, uno tras otro,
los restos de manufacturas y obrajes; o la construcción de redes de transporte para facilitar la depredación de los bienes del interior y la invasión de
los forasteros.
Pero, por encima de todo, debían imponer una nueva cultura, la suya,
sin lo que habría sido imposible e impensable el triunfo de la Buena Nueva~ un conjunto de creencias, esencialmente represivas, que, entre otras
cosas, debían servir para justificar los castigos y anatemas que recibirían
infractores y contestatarios; una nueva moral que hablaba de las excelencias del crecimiento, el triunfo y el éxito individual, de una sola idea válida
de progreso o de los beneficios de la laboriosidad y el ahorro; el engaño del
parlamentarismo, como única forma deseable de gobierno supuestamente
democrática; una forma distinta de organizar la producción, no para satisfacer necesidades, sino para producir más para vender más; una escuela peculiar, que tardaría mucho en extenderse suponiendo que llegara a hacerlo,
para transmitir unos conocimientos técnicos y para estabular a la chiquillería con la finalidad de rohotizarla, podarle su natural espíritu imaginativo,
inconformista y contestatario e inculcarle los nuevos códigos; el ocio convertido en una mercancía de consumo que serviría para rematar la tarea
estandarizadora iniciada en las escuelas.

Quizás lo que acabo de decir se clarificaría señalando, o recordando,

alguna de las diferencias entre la cultura de las sociedades autosuficientes y
la cultura liberal o capitalista. A nivel de las creencias, una especie de pan♦
teísmo protoecologista y una satisfacción con todos los placeres de los sentidos frente a una religión atolondradora y unas normativas victorianas que
lo que no tenían por maligno, lo tenían por pecaminoso; a nivel de la moral, la solidaridad, la reciprocidad y la cooperación ante el egoísmo; en
cuanto a la política, si antes debía lucharse contra la opresión, cuando la
hubo, ahora había que proseguir la misma lucha contra la opresión y además contra la alienación; la producción para satisfacer los objetivos que el
grupo había escogido para existir, ante una producción para conseguir excedentes a través del trabajo, pesado y no satisfactorio, presentándolo como una maldición bíblica (aunque se estaba gestando una maldición peor,
el paro, la carencia de trabajo); del aprendizaje por simple observación se
pretendía pasar a una escuela alienante y embrutecedora; a cambio de,un
ocio variado y participativo, se presentaba un ocio como bien de consumo
pasivo, controlable y manipulable desde el poder, formado por un corp~
único, estandar, centralizado y, por supuesto, escrito.
Los futuros beneficiarios y sus apóstoles no sólo debían imponer la
~ueva cultura: debían perpetrar los cambios mencionados a la vez que realizab~n una, tarea pedagógica compleja, comprometida e imprescindible;
no solo deb1an cantar las excelencias del nuevo proyecto, de la Tierra Prometida, sino que debían vituperar la cultura anterior. Demostrar, valiéndo~e de todos los ~djetivos necesarios, que puesto que estaba superada y era
nnprocedente e madecuada, no quedaba otra alternativa que prescindir de
ella. Y en las Indias no se trataba solamente de denigrar la cultura occidental anterior, ~o que, por ene~ de todo, era imprescindible desprestigiar
Y menospreciar la cultura ahongen y las que se habían ido creando desde
la invasión europea, la de los esclavos, mestizos o llaneros.

l.

LA CRISIS DEL CAMBIO DE SIGLO

Lo ocurrido en las décadas inmediatamente anteriores y posteriores a
1800 fue trascendental para todo el ámbito europeo y sus enclaves americanos. Se sucedieron y entrecruzaron una serie de acontecimientos de consecuencias irrevocables para toda el área hasta la actualidad.
En las Indias y en buena parte del Viejo Continente la transición final
de la sociedad autosuficiente a la excedentaria, provocó un sinfín de insurg_enci~ de las masas. En las ~días y el Caribe la revuelta podían protagomzarla. esclavos que no quenan serlo; mestizos o mulatos que protestaban, entre o~as c~sas, por una brutal segregación racial; indios que se negaban a traha!:11" mas a fin de ~o~eguir para los propietarios de los medios
de producc10n mayores rendimientos y por lo tanto mayores beneficios,

�M. lzard: Cambio cultural, liberalúmo e insurgencia. populares

116 Siglo XIX
pero no para ellos mismos; pequeños blancos que se revelaban dentro de
unos conflictos de intereses, contra la opresión ejercida por quienes aparecían calificados con el mismo apelativo étnico que ellos pero eran grandes·
propietarios de tierras, plantaciones o minas, o controlaban los intercambios y los mantenían a ellos. en una situación de subordinación; y en último lugar, pueblos libres de las fronteras, que habían conseguido defender
su tierra y sus peculiares formas de vida frente al acoso de la oligarquía
criolla (los llaneros del Apure pongo por caso), pueblos de frontera que
podían incrementar desmesuradamente su potencial desestabilizador si
acogían en su seno a las personas de los grupos anteriores que huían de la
zona controlada por los blancos en un desesperado intento de escapar, en
forma centrífuga, del acoso de quienes querían explotarlos.
Obviamente, el riesgo que existía en cada región indiana de que la
situación deviniera explosiva dependía de la cantidad y cualidad de cada
grupo insurgente y podía llegar a un límite, en Caracas o en Buenos Aires,
casos paradigmáticos donde la oligarquía debió enfrentarse a la exasperación sumada de negros, castas, indios, pequeños blancos y hombres de la
sabana.
Por añadidura, a partir de 1805, cuando tras la batalla de Trafalgar
Napoleón decretó el bloqueo contin':ntal y los británicos se vieron en la
necesidad de asegurarse al precio que fuese el mercado americano para la
ingente cantidad de bienes generados en la isla a partir del estallido de la
revolución industrial, a los grupos étnicos mencionados hasta este momento se fueron añadiendo, unas tras otras, las impresionantes avalanchas
de obreros de los obraies, arruinados definitivamente por la llegada de los
productos ine:leses ya que, de la noche a la mañana y en cantidades que
ya no cesarían de crecer, dejaban de ser obreros altamente cualificados
y remunerados más o menos en consonancia con su habilidad, para convertirse en un ejército de parados, de miserables, que ya nunca más se
reubicarían en la nueva sociedad resultante, no sólo privados de sus ingresos monetarios sino también de la actividad a través de la cual su vida
tenía sentido.

117

dirigidos por la oligarquía o por distintas facciones de las burguesías locales se reanudarían repetidamente desde entonces, pero los rechazos oligárquicos iniciados en 1810 tuvieron unos resultados inmediatos de consecuencias irreversibles: se desmoronó el imperio ultramarino de Castilla y
las Indias se fraccionaron en unas cuantas repúblicas que se constituyeron
como estados formalmente independientes.
Pienso que en región indiana alguna (premoniciones irrelevantes al
margen), las oligarquías locales deseaban ni habían previsto la secesión.
Los acontecimientos ocurridos en la Metrópoli, que provocaron sus actitudes de rechazo, las sorprendieron sin proyectos alternativos de ningún
tipo. ~omo la separación no llevaba tiempo preparándose no había grupos
o partidos que desde más o menos tiempo estuvieran madurando sus planteamientos y hubiesen ya escogido formas de recambio para cuando triunfasen sus intentos. Creo que esta hipótesis, caso de ser cierta, habría tenido
diversas consecuencias que ayudarían a comprender la temática de estas
notas.
En primer lugar -y por lo que !engo dicho- en cada región indiana
los beneficiarios políticos de la secesión debieron hacer frente, desde el
primer momento, a la continuada insurgencia popular, que ya no cesaría ni
un momento, insisto en ello, y que mayoritariamente iba dirigida contra la
oligarquía El resultado concreto de lo que acabo de mencionar es que una
de las múltiples características de las nuevas repúblicas fue una inestabilidad política y social perenne. La insurgencia de las masas de finales del período colonial y la de la actualidad es la misma y continuada. Si de algunos
momentos no tenemos noticias es debido a que los investigadores no han
buceado en los archivos en búsqueda de la información precisa, a que gobiernos más o menos dictatoriales pudieron controlar los medios de expresión escritos hasta el extremo de conseguir la apariencia de una tranquilidad casi total, o a que las revueltas populares no eran detectadas por los
observadores de otros grupos sociales y los protagonistas no sintieron la
necesidad de dar a conocer sus gestas o sus memoriales de agravios.

Por todas partes, a partir de 1810, estas insurgencias populares se entrecruzaron en un endiablado y complejo fenómeno todavía muy mal conocido y peor estudiado, pero bien enmascarado, con el rechazo de las oligarquías indianas (criollas y peninsulares) primero a la monarquía metropolitana de José Bonaparte y a partir de 1820 a la monarquía constitucional de Femando VII.

En segundo lugar, al fracasar los contados intentos de crear un solo estado plurinacional con todos los pueblos de las Indias, éstas se fraccionarían en un número -en un primer momento indefinido e indeciso- de repúhli~~ ~e no tenían u?os límites precisos. No existían unos precedentes histoncos, o qo se tuvieron en cuenta los precolombinos, sobre los cuales se pudiesen inv~ntar unos determinados límites fronterizos. Estos como
e~ to~as part~ ~ trazaron artificialmente, sin tener presente ni la geografia, m las nac10nalidades, ni la división administrativa virreinal.

Las insurgencias populares ya no cesarían, y han continuado, con mayor o menor virulencia, hasta la actualidad. Sus cruces con movimientos

De esta manera regiones naturales concretas, el Chaco para poner un

�118 SigloXIX
solo ejemplo, quedaron abruptamente repartidas entre estados limítrofes;
antiguas naciones, con una seilas de identidad muy anteriores a la invasión
europea, vieron a sus gentes convertidas en súbditos, que no ciudadanos,
de estados vecinos, frecuentemente enfrentados por absurdas rivalidades
(los Mayas sin ir más lejos, que si hasta 1821 habían padecido la opresión
de los virreyes ahora sufrirían la de los gobernantes de México, Guatemala
y Honduras); ilógicas pero más o menos consolidadas circunscripciones administrativas, levantadas en algunos casos hacía trescientos años, no fueron
tenidas en cuenta porque tampoco había razón para ello, pero el territorio
sin ninguna trabazón humana, geográfica, económica o política que se había llamado Charcas desde la llegada de los castellanos, que había formado
parte del virreinato del Perú y más tarde, por bien pocos años, del Río de
la Plata y por el cual se enfrentaron las oligarquías de ambas capitales a
partir de 1810, se convirtió desde 1825 en la actual Bolivia, que el Libertador quiso crear como estado modélico y ha conseguido alcanzar tristes y
notorios récords de inestabilidad, no porque las personas encerradas dentro
de sus fronteras sean especialmente ingobernables, sino por viejos problemas estructurales iniciados en 1535, y por no tan viejos problemas políticos que acabo de mencionar.
Todo lo que he venido señalando en este segundo apartado ha tenido
una serie de consecuencias sobradamente conocidas. Las artificiales fron-

teras perpetradas en los ailos veinte del siglo pasado no se han sostenido:
Bolivia, de nuevo un caso paradigmático, ha perdido más de la mitad del
territorio de 1825 en beneficio de sus vecinos, que han visto, en consecuencia, aumentado el suyo. Globalmente, esta cuestión ha degenerado en
el sinfín de pleitos de límites que son un motivo más de fricciones y malos
entendidos, de actitudes parafascistas y de enfrentamientos fratricidas tan
absurdos como cualquier guerra.
Contrariamente han sido también frecuentes los movimientos secesionistas de grupos regionales o comarcales que no se sentían excesivamente
vinculados a un determinado proyecto estatal o que pensaban solucionar
sus problemas concretos a través de la segregación o uniéndose al estado
vecino.
Una tercera consecuencia de lo impremeditado de la independencia
fue que las oligarquías que construyeron los nuevos estados en beneficio
propio, se vieron en la necesidad de organizar una parafernalia política
como simulacro institucional, sin tener, como ya he indicado, un concreto proyecto que hubieran estado madurando durante largo tiempo. La absurda actitud adoptada primero por la regencia de Cádiz y más tarde por el
necio Femando VII, supuso que debiera recurrirse sin entusiasmo alguno a
la organización republicana. Pero aquí -y ni siquiera en todos los casos-

M. lzard: Cambio cultural, liberalismo e insurgencias populares

119

se te~ó _el acuerdo. Por añadidura la inestabilidad política, sobre la que
ya he msJSti~o, y el atraso económico del que hablaré de inmediato, hacían
pensar a qtnenes creían en los poderes taumatúrgicos de determinadas alternativas, que todos los problemas dejarían de serlo tan pronto como se
adoptara una organización determinada, federal, centralista o la que fuere,
tan pronto como se recurriera al sufragio universal o se pidiera la intervención de un gendarme a todas luces innecesario.
Acabo de mencionar el atraso económico. La inesperada independencia de las Indias tuvo lugar, como ya he señalado, en el mismo momento
en que se producía la transición final y una de las múltiples consecuencias
de esta transición fue que el mundo quedó dividido, a partir de este momento, en países capitalistas centrales y países capitalistas periféricos, con
unos intercambios entre los mismos que a partir de ahora se harían en condiciones de desigualdad: los primeros serían cada vez más ricos materialmente a costa de los segundos, que cada vez serían más pobres. En todos
los estados _de la_ ~érica Latina, que se vieron inmersos en este segundo
grupo, pod1a atribuuse el subdesarrollo al pasado hispánico, a la composición, étnica o al cariz de la independencia, pero también en todas partes
pod1an aparecer quienes pensaran, o dijeran pensar, que bastaba con importar las formas de organización estatal susceptibles de ser presentadas
co!11o las causas del crecimiento económico, para que éste se produjera sin
mas.
De esta manera quizás sería más fácil entender las actitudes políticas
de los distintos grupos sociales, aunque debe realizarse una advertencia
previa: salvo casos tan excepcionales que no vale la pena mencionarlos,
desde un primer momento se decidió que intervenir, pensar o manipular
e~, la co8;" pública era potestad e~clusiva de quienes tuvieron la pigmentac1on cutánea de un color determmado y pertenecieran a una cultura bien
concreta, lo que pudo degenerar en que fueran consultados, y eso en el
mejor de los casos, sólo el uno por ciento de los súbditos.
De entre estos superdotados que personalmente se habían autoconcedido la cualidad de padres de la patria, habría que segregar a la inmensa
mayoría de la oligarquía (detentores de los latifundios, las mayores empresas comerciales, las pocas minas de plata o similares que se salvaron de las
guerras civiles), los cuales, por el monto de sus recursos, devenían casi automáticament-e en conservadores reaccionarios, enemigos de cualquier alternativa, temerosos de cualquier cambio, pacatos ante cualquier iniciativa,
contrarios a cualquier novedad.
El resto de la burguesía, mayoritariamente, se aferró cada vez que pudo a algo intangible e inconcreto que podríamos llamar saintsimonismo, in-

�M. Izord: Cambio cultura~ liberalismo e insurgenciM populares

121

120 Siglo XIX
tentó transplantar a sus países unas reformas tarde y mal inútadas de los
países capitalistas centrales con la esperanza de que miméticamente darían
los mismos resultados.
Algunas veces, lo veremos en las páginas próximas, se pensó que un liberalismo político de inspiración más o menos británica, podía dar excelentes resultados mezclado con el federalismo, forma de organización estatal a la que se podía atribuir la aparente expansión de los Estados Unidos.
Pero pudo ocurrir, y ocurrió, exactamente lo contrario, que los liberales no
fueran federalistas como en Venezuela, Nueva Granada o México, sino unitarios y centralistas como en la Argentina o incluso que quienes decían defender las propuestas más progresistas en lo económico o en lo social, se
mostraran partidarios, siguiendo más o menos el caso alemán, de un ejecutivo ilustrado, fuerte y despótico, bien porque así lo creyeran, bien porque como intelectuales orgánicos de algún caudillo estuvieran dispuestos a
hacer pensar que les parecía la solución más correcta.
Se ha escrito bastante sobre estas diferentes, y en algunos casos contradictorias, alternativas. Como veremos en los próximos epígrafes la cuestión no está clara en absoluto y serán necesarios todavía muchos trabajos
monográficos para que pueda empezarse a detectar alguna claridad. Dada
la cantidad y la calidad de los trabajos realizados basta el momento, descontando los análisis puramente deSGriptivos en que se mencionan exclusivamente cambios constituyentes, guerras civiles y pronunciamientos sin
que asome el más mínimo interrogante en un primer y tímido intento de
encontrarles respuestas a tantas cuestiones, y sobre todo, dado el ámbito
geográfico del Continente, sólo puedo aspirar en los próximos apartados a
mencionar algunas de las propuestas liberales y/o federales en algunos países concretos y centrarme, algo más monográficamente, en el caso venezc&gt;lano para denunciar las falacias del federalismo.3 Pero quizás valdría la pena, con todo el riesgo que comporta, intentar previamente una primera
aproximación, necesariamente muy general, al liberalismo ideológico latinoamericano.

2. LOS LIBERALES
Hay quien ha afirmado que proceden más o menos directamente de
los ilustrados del setecientos, y en varias de las nuevas repúblicas, dadas las
dificultades para organizarse en las primeras décadas de la independencia,
se agruparon en asociaciones más o menos secretas, más o menos masónicas, lo que quizás ayudaría a comprender su furibundo anticlericalismo militante, del que jamás llegarían a sanar. Creían ciegamente en la razón y el
progreso, lo que les hacía sumamente pragmáticos, y para alcanzarlo pensaban que era imprescindible el orden, y para conseguir ambos podían lle-

gar a justificar a un caudillo si garantizaba el orden que facilitaría el prc&gt;greso. Eran regeneracionistas y acérrimos defensores de lo urbano, lo que
les llevaba a veces a menospreciar lo rural y al campesinado que solían ver
como representante del atraso. Se creían parte de un movimiento internacional y panamericano, y protagonistas de un debate ideológico; decían querer romper con el aislamiento intelectual de sus países respecto de los que
consideraban los países adelantados, lo que les llevaba a deslumbrarse ante los Estados Unidos, admirar a héroes míticos como Garibaldi o inspirarse exclusivamente en pensadores europeos, de Proudhon a Comte, pasando por Considérant.
Este internacionalismo, esta dependencia tan marcada frente a pensadores foráneos (que contrasta con la escasez o irrelevancia de los pensadores autóctonos, las más de las veces meros traductores), está en notable
contradicción con las opiniones de quienes los tienen por forjadores de un
sentimiento nacional, por quienes rompiendo con la vieja sociedad jerárquica, con los anteriores vínculos, especialmente los religiosos, iniciaron el
culto a los libertadores o a los héroes de la independencia y fundaron la religión de la patria.4
Su programa político era en principio el de cualquier liberalismo: libertades básicas (de imprenta, de palabra, ete.), abolición de Ja esclavitud, secularización legal y moral, reforma del sistema judicial y del tributario, libertad de enseñanza. Pero también propui,iaban, lo que enmascaraba racismo y un deslumbramiento ante lo europeo, blanquear la población, intentando la atracción de inmigrantes del viejo continente ofreciéndoles tierras baldías. Al margen de este contraste entre liberalismo y racismo, obviamente los inmigrantes europeos empezaron a llegar en cantidades
estimables, no cuando fueron solicitados por los liberales latinoamericanos: sino cuando fueron expulsados de Europa, porque se alcanzó un cierto grado de desarrollo material que exigía la eliminación de personas que
ya no eran necesarias y, sin embargo, podían ofrecer al imperialismo mejores rendimientos trabajando en las tierras vírgenes de América.
El paquete de medidas económicas convertía a los liberales en abogados del capitalismo exterior, en correveydiles, conscientes o no, de los intereses forasteros, así el fomento de la navegación fluvial a vapor, el librecambio, o lo que el profesor Jordi Nadal ha llamado la desamortización del
subsuelo (la cesión de los yacimientos mineros a empresas extranjeras), y
favorecía la exportación de bienes primarios sin elaborar y la introducción
de bienes industriales que arrninaría las manufacturas aborígenes.5 Este desanne ante la oferta o la demanda exterior solía ir acompañado de la creencia en las virtudes taumatúrgicas que tendrían los capitales de los países
capitalistas centrales, se invirtieran en la construcción de una red ferrovia-

�M. 1 ~ Cambio cultura~ liberalúmo e in,urgenciaa popularu

122 Siglo XIX
ria o fueran simples préstamos para oxigenar haciendas siempre tambaleantes.
En otro orden de cosas, no cabe la menor duda de que d cuerpo doctrinal de los liberales, porque fuera el suyo o porque aparentaran que lo
era, fue el bagaje ideológico del que se sirvió uno de los dos bandos en muchos de los enfrentamientos que se sucedieron en los nuevos estados. Estos
enfrentamientos se dieron entre caudillos aglutinadores y los caciques regionales a los que pretendían someter (y no olvidemos que en muchos casos la historia del liberalismo fue esencialmente la historia de su personalidad dominante), entre oligarquías capitalinas enfrentadas por conflictos de
intereses y burguesías pro,-inciales, entre "progresistas" de la costa y conservadores del interior. En este último caso los primeros podían coincidir
con intereses de la capital o representarlos (Buenos Aires) frente a un interior "tradicionalista", o los del puerto abierto al exterior frente a uncentro cerrado sobre sí mismo (Guayaquil vs. Quito), pero en otras circunstancias los enfrentamientos podían oponer a grupos, clases o regiones de forma mucho más enmarañada y compleja, hasta el punto de que todavía hoy
no se han podido descifrar los códigos que nos permitirían deshilvanar el
ovillo, incluso en casos en que el antagonismo llegó a situaciones límite comola violencia colombiana de los años cincuenta.
Como he dicho, los liberales se vieron reiteradamente enfrentados con
las masas que podían pensar que sus enemigos y los causantes de sus problemas no era la "modernización" capitalista, sino quienes la preconizaban
y eran capaces de aparecer como sus responsables. Pero aunque no fueron
excesivamente frecuentes también hubo dirigentes liberales con carisma suficiente para, en lugar de enfrentarse a los desposeídos, ponerse, aparentemente, al frente de sus huestes. Sin embargo, en todos los casos encontramos los mismos obstáculos: si nuestros conocimientos sobre el liberalismo
son confusos, el papel de estos dirigentes está totalmente por esclarecer, lo
que pennite que cada quien los pueda mirar desde su óptica o los reivindique como caudillo propio. Nada sabemos del fascinante caudillo neogranadino Vicente Herrera; el chileno José Miguel Carrera sigue envuelto por
u.na impenetrable nebulosa. Hacia mediados del ochocientos los aborígenes del estado de Guerrero siguieron al general mestizo Juan Alvarez, el
"patriarca del sur", insurgente de la independencia, caudillo liberal y tambien, en principio contradictoriamente, defensor de los peones, de los humildes y de los indios, en fin de los desposeídos de la tierra, y más tarde
uno de los rebeldes frente a Maximiliano.6 Este, el emperador, resulta también enigmático: apoyado por el conservadurismo más reaccionario, no
hay duda alimna que también propugnaba una "modernización" tan ligada al capitalismo exterior como la del liberalismo de Benito J uárez. Y se
sentía a su vez inclinado hacia los indígenes, aunque de ello no sepamos

123

nada.
Más sorprendente, si cabe, fue el caso de Ezequiel Zamora, que consiguió armonizar las ideas y los intereses de los llaneros con las de las masas
de los valles del norte y con los de la oposición liberal al gobierno de Caracas, y fue capaz de pertrechar a los segundos (los primeros se bastaban con
sus armas herramientas) desatando la guerra federal en 1859. Fue asesinado un año más tarde, posiblemente por sus propios correligionarios atemorizados por el cariz que había adoptado la contienda, que muchos compararon con las guerras de la Independencia. Pienso que el resto de aquélla,
hasta abril de 1863, no fue sino un largo paréntesis que se prolongó el
tiempo que centralistas y federales tardaron en detener la revuelta social
que entre todos habían dejado desatarse, y en devolver las cosas a la situación anterior a la guerra.7
No cabe la menor duda de que el análisis de toda esta temática tiene
un extraordinario valor propedéutico: debería analizarse con mayor profundidad cada caso estatal, sin olvidar los imprescindibles cotejos con los
similares pero también discrepantes casos de las otras repúblicas latinoamericanas y con otros casos de la perireria capitalista, los de los estados del
sur de Europa pongo por caso. Sería altamente aconsejable que los historiadores españoles conocieran lo que se está investigando en América Latina y viceversa. Ya Francois Chevalier ha insistido al respecto, y Mario
Cerutti ha sugerido e iniciado en cierta forma una propuesta de comparación entre el País V asco, Cataluña y Monterrey, en México. 8
Y podríamos preguntarnos: ¿el liberalismo supuso, para América Latina o para España, el triunfo de la revolución burguesa? No voy aquí a entrar en una discusión que se ha enconado innecesariamente. Si entendemos
por revolución burguesa un despegue político, social y económico similar
al que bahía tenido lugar en los países capitalistas centrales, es evidente
que todavía no se ha producido, mientras que si por revolución burguesa
entendemos el ascenso de una burguesía local subordinada que realizó buenos beneficios pero, por encima de todo, facilitó el ensamblaje desfavorable de sus países al sistema económico mundial, la respuesta ha de ser afir.
mativa.9 Y podríamos añadir como colofón a este apartado que el liberalismo no significó en la América Latina la superación de viejos problemas
estructurales que se habían ido forjando a lo largo del período colonial: al
contrario, los agravó, desbrozando el camino que llevaba al subdesarrollo
y a la dependencia.

3. DE LOS MASONES A LOS CIENTIFICOS
Ciro Cardoso y sus colaboradores, que han llevado a cabo un intere-

�M. lzard: Cambio cultural., lil&gt;l'ralümo &lt;&gt; imu,gencias popularu

125

124 Siglo XIX
sante y estimulante intento de aproximación al ochocientos mexicano,
apuntan las que a su juicio serían las principales características económicas de la reforma liberal en su fase formativa, la que transcurrió entre
1854 y 1867. En primer lugar los reformadores, repr~entantes de la
fracción más progresista de la oligarquía dominante, debieron desarrollar
su programa pensando en responder a la creciente demanda mu~dial d~
bienes primarios, enfrentándose conflictivamente con los secto~es mmov1listas de la oligarquía virreinal En segundo lugar, la reforma liberal comportó una reordenación profunda de la estructuras materiales del país para adecuarlas al abastecimiento de la creciente demanda de bienes de exportación. Señalan en tercer lugar que la refonna liberal supuso también, a nivel interno, un proceso de acwnu.lación originaria en sus dos vertientes ineludibles: acwnulación de capital y medios de producción en manos de la burguesía (esencialmente a través de la desamortización), y separación entre los trabajadores y los medios de producción creando y/o ampliando el mercado de trabajo. En cuarto lugar, las reformas lib~rales no
supusieron -como tampoco ocurrió en España, por ejemplo- la libertad Y
la igualdad de derechos para los trabajadores. En último lugar, los autores mencionados llegan a la conclusión de que no existió una contradicción entre las intenciones de los líderes liberales y el resultado final de la
Reforma, que fue, no una expansión de la mediana propiedad, sino, con10
trariamente, el fortalecimiento del latifundismo.
Desde el punto de vista ideológico y político, Ciro Cardoso y ~s co~aboradores enfatizan los siguientes puntos. Siguiendo a D. A. Bradmg, msisten en que la ideología liberal -con las características generales que he
señalado en el apartado anterior- estaba formada por un conjunto de abstracciones importadas de los países capitalistas centrales, que podía ser
reivindicado por grupos sociales bien dispares, mientras que los conservadores no pretendían nada más que eso, conservar privilegios y ventajas
que se habían ido consiguiendo durante el período colonial Sin embargo,
unos y otros coincidían en algunos puntos: la exclusión de las masas populares del juego político (sobre lo que vol~eré de inmedia~), la p~eponderancia dada a las actividades agropecuanas sobre las demas actmdades
productivas y la total oposición téorica al intervencionismo estatal en lo
económico.
Por lo que acabo de señalar, la política estaba restringida a un grupo
bien limitado de súbditos, y se pueden distinguir dos etapas nítidamente
separadas: la que transcurrió desde la "independencia" hasta 1854 y, una
segunda, desde esta última fecha hasta la consolidación del porfiriato en
1884. La primera se habría caracterizado por la actuación a través de organizaciones protopolíticas -las logias masónicas principalmente- y por
la discusión de una problemática que podríamos calificar todavía de co-

lonial, ventilándose cuestiones que se había empezado a debatir en el período del reformismo borbónico. En la segunda ya se habían definido los
dos grupos opuestos, liberales vs. conservadores, que luchaban por planteamientos nítidamente diferentes.
También cabría insistir en que quizás México fue el único país latinoamericano donde en el enfrentamiento mencionado y en el resultado
final, jugó un papel bien importante la intervención militar extranjera y
la oposición a la misma de uno de los dos grupos, el liberal.
He mencionado la exclusión de las masas de la discusión política. Creo
que es necesario insistir sobre este punto -aunque serían necesarios muchos más trabajos monográficos para esclarecerlo al máximo- porque precisamen te una determinada historiografía, invirtiendo los términos, ha
querido atribuir un cariz popular a un movimiento que no lo tenía en absoluto. En todas las nuevas repúblicas latinoamericanas las masas fueron
explotadas y nadie pensó que pudieran ser consultadas para conocer su
parecer sobre la construcción nacional. Pero en el caso de México, y quizás en alguna otra república, las mas3!1 no sólo fueron marginadas: fueron
derrotadas a principios de siglo en las guerras que se siguen llamando de la
independencia, y a partir de este momento (tal fue el pánico producido
por la insurgencia de los de ahajo), los campesinos y el proletariado urbano serían no solamente tenidos como marginales sino también como
enemigos a los que se había vencido y a los que debía tenerse constantemente bajo vigilancia para poder sofocar antes de que se extendiera
cualquier nueva insurgencia.
4.

CIEN AAOS DE VIOLENCIA

En la Nueva Granada el liberalismo surgió, aparentemente, algo más
tarde que en México, pero igual -que en esta república representado por
grupos emergentes que acusaban a una oligarquía conservadora de continuar manteniendo al país, en todos los aspectos, como en el período colonial, lo que, todo sea dicho de paso, confirmaría una vez más que los
enfrentamientos desencadenados entre 1810 y 1830 no habían acarreado
transformaciones estructurales.
En 1848, fecha que algunos autores señalan como la del orto del
liberalismo, La América, periódico de esta tendencia, acusaba a los gobernantes de lo que acabo de señalar.11
Gerardo Molina; un buen especialista sobre el liberalismo neogranadino y al que he seguido en estas notas, hace un ponnenorizado recuento
de los grupos sociales burgueses contrarios a la oligatquía colonial, co-

�126 Siglo XIX
merciantes, mineros del oro que invertían sus beneficios en otras actividades, manufactureros, pequeños o medianos propietarios de tierras Y !os
arrendatarios de las rentas públicas. Pero si todos estos grupos se opoman
a la oligarquía no podían llegar a un acue~do a l~ hora de ?rop?ner reformas determinadas: los comerciantes ped1an el librecambio mientras los
manufactureros pedían proteccionismo y transformaciones social~ que
ampliaran la capacidad adquisitiva de sus paisanos, los radicales ped1an el
federalismo mientras otros más timoratos pensaban en un estado central
fuerte que pudiera garantizar el orden social, que fuera capaz de emprender costosas obras de infraestructura o que tuviera recursos para atraer
inmigrantes europeos.
Estas y otras cuestiones más doctrinales o ideológicas provocaron la
escisión del liberalismo en dos ramas, la liberal propiamente dicha y la
democrática, una inspirándose en los postulados franceses de 1789 y la
otra inspirándose en teóricos más radicales como Proudhon, por ejemplo.
Estas no podían ponerse de acuerdo en la forma de organizar la enseñanza,
en la manera de mam{mitir a los esclavos o en la actitud a adoptar frente
al monopolio del tabaco.
Florentino González, que en sus años mozos y en la época bolivariana había mostrado veleidades muy radicales, regresó convenientemente
moderado tras una larga estancia en l.íl Gran Bretaña, plausiblemente como
abogado de los intereses ingl~es, y durante la primera administración Mosquera llevó a la adopción del librecambismo o a dar facilidades para la navegación por el Magdalena.
Poco más tarde las dos fracciones liberales se conocieron como draconianos y gólgotas. Y la más radical, precisamente con este calificativo, dominó en Colombia entre 1863 y 1877, defendiendo las libertades más absolutas, el federalismo a ultranza, la total separación entre iglesia y estado,
0 minimizando el papel del gobierno. Pero los radicales, tremendamente
idealistas, moviéndose en las esferas intelectuales sin tocar de pies en el
suelo, pensando que sólo en las ciudades vivían gentes "civilizadas" o convencidos del poder taumatúrgico del federalismo, fueron incapaces de consolidar su programa y contrariamente y sin quererlo, beneficiaron a sus
máximos opositores; así, por citar un solo ejemplo, la vieja oligarquía virreinal fue la gran beneficiaria de la desamortización.
El programa radical no solamente no cuajó, por añadidura supuso el
ascenso al poder de un liberal tan peculiar y, valga la paradoja, tan poco
liberal como Rafael Núñez, que d~ r.adical devino mosquerista para acabar
fuIJdando do¡¡ partidos, el Independiente y _más tarde el Nacional, qu~ d~
generó tn autoritario, autocrático, aristocrático, de{ensor de la Iglesia, y

M. Izard: Cambio cultura~ liberalúmo e insurgencias populares

127

partidario de una democracia restringida al máximo, a la que él llamó
"democracia convenientemente dirigida". 12 Cabría insistir en que en Colombia fue, aparentemente, donde alcanzó mayor violencia el antagonismo entre liberales y conservadores.

5.

LOS OLIGARCAS QUE NO TEMBLARON

En los apartados anteriores he insistido sobre las limitaciones del liberalismo y del federalismo en México y Colombia. El caso argentino (sobre el que se empezó a trabajar a fondo hará unos quince años, tarea que
se vio entorpecida por condiciones políticas bien poco propicias), es aparentemente más complejo, ya que quizás en este caso hubo enfrentamiento entre liberalismo y federalismo, y no tengo la osadía ni siquiera de intentar pergeñar algunas generalidades.
Desafortunadamente tampoco es suficiente la información bibliográfica sobre el caso venezolano: también aquí serán necesarios muchos análisis monográficos para empezar a vislumbrar un poco de claridad.
Años después de 1830, el liberalismo venezolano fue escindiéndose:
mientras la facción moderada se sentía cada vez más próxima a los conservadores, la facción radical se iba separando rápidamente y llegó a crear un
partido nuevo, el federal, populista, con un desdibujado programa en el
que se exigían garantías formales pero no se planteaban las graves cuestiones estructurales heredadas del período colonial Así, se hablaba de una tenue vinculación con el programa bolivariano, se mencionaban taumatúrgicas virtudes de la organización descentralizada o se prometía una serie de
libertades formales, pero se olvidaban las relaciones de producción, la propiedad de la tierra o las reivindicaciones llaneras.
No tengo la menor pretensión de aportar ninguna novedad en una temática en la que recién me estoy adentrando, pero quisiera proporcionar,
como colofón, algunas muestras de los calificativos con que la oligarquía
conservadora obsequió a sus oponentes a lo largo de una cruenta guerra
civil que muchos consideraron como la continuación de la de la Independencia. Oponentes con los que, a pesar de estos calificativos, perpetraron el
contubernio de Coche precisamente porque el desarrollo de la contienda
había llegado a tal extremo y las masas populares y los llaneros del Apure
habían pensado que protagonizaban una verdadera revolución, lo que provocó que la burguesía federal prefiriera pactar con sus enemigos antes que
verse arrastrada por unos correligionarios que habían llegado a creerse sus
proclamas. Una vez más las masas y los llaneros perdieron la guerra cuando
tenían la victoria en sus manos. 13

�128 Siglo XIX
A finales de marzo de 1858, el general Castro escribía al licenciado
Rodríguez sobre el curso de la guerra y lamentándose de la lentitud de las
operaciones del ejército gubernamental, añadía que Sotillo, batido en
Oriente, se limitaba, huyendo siempre de sus oponentes, "a atacar las poblaciones indefensas, si bien cometiendo todo linaje de excesos, con el propósito de arrastrar prose1itos; pero su plan es inútil: el eco de la muerte sólo responde a sus gritos desenfrenados". El 7 de enero de 1860 era el Dr.
Pérez de V elasco quien escribía a Rodríguez: "Hoy la revolución ha degenerado en salteamientos de bandoleros. Batidos los revolucionarios por todas partes, ya no pretenden medirse en guerra regular con los sostenedores
del Gobierno y agrupados en partidas poco considerables, siembran el espanto dondequiera". En la Memoria de lo Interior y Justicia del mismo
1860, decía el Secretario: "Todas las facciones mencionadas (•..) tienen
un mismo carácter: manifiestan las más disociadoras tendencias, cometen
atentados de todo linaje contra la propiedad y la familia, y dejan por huella de su paso el incendio, el saqueo, el deshonor de las mujeres y la orfan•
dad de los niños". A mediados de este mismo año, el 7 de mayo, el licenciado Siso escribía a Rodríguez y le decía "asaltan y asesinan todos los
días, es decir, Cisneros multiplicado por diez". Esta comparación con el
guerrillero "realista" obedecía, plausiblemente, a un sentimiento de desesperación: a finales de enero de este año Pedro Gual le bahía escrito a
Rodríguez: "Mi esperanza, pues, no está ahora en los hombres sino en la
Providencia".
A mediados del año siguiente, el 19 de julio, en un decreto declarando en estado de asamblea a las provincias "acosadas por los facciosos", se
afirmaba: "la sociedad está amenazada en sus bases fundamentales; la fortuna pública y privada desaparece; la seguridad personal apenas existe en
las grandes ciudades; la anarquía todo lo invade, todo lo trastorna, todo lo
destruye, hasta los restos de la civilización cristiana que heredamos de
nuestros padres y que procuramos cultivar con esmero en los felices días
de la República". A finales de este mismo año Rodríguez, hablando de la
dictadura de Páez, decía que la sociedad venezolana quería "probar si por
este medio se le restituía el perdido tesoro de su sosiego y civilización, a la
vez que volvía a ejercer su ~perio e} olvidado ~espeto.ª la propiedad, que
había sido atropellado, y mas todavta escarnecido y p1SOteado por hordas
analfabetas y anárquicas a las que se les había hecho pérfidamente creer
que así era como se hacía patria".
En febrero de 1862 el Secretario del Interior oficiaba a todos los gobernadores y decía de los insurgentes que eran "hordas desalmadas, sin fe,
sin ley, sin religión y aún sin caudillo". El 20 de septiembre el gobernador de Aragua enviaba a los concejos municipales un curioso proyecto para acabar eon la revuelta, proponiendo, entre otras muchas cosas, oponer

M. lzard: Cambio cultural, liberalúmo e inmrgencio, populare1

129

"a sus pasiones y rencores la tolerancia en las opiniones y las ideas de concordia y de paz y a esa propaganda demagógica y socialista, que exalta el
ánimo de los ciudadanos incautos y les lanza a armar su brazo contra el
gobierno y contra la sociedad, doctrinas sanas que hagan renacer en ellos
el amor al trabajo y a las artes de la paz y medidas benéficas que sean capaces de producir este resultado".
El 25 de enero del 63 enviaban desde Calabozo documentos sobre el
asesinato del comandante Juan Vicente Alvarez y se hablaba de "la traición, instrumento ordinario de los bandidos que han declarado a la sociedad una guerra de exterminio". Añadían que Alvarez había sido "muerto
por aquellos bárbaros que no podían perdonarle su decidido amor al orden".1ª
Insisto en que sólo es una muestra de que, dado el nivel alcanzado por
los enfrentamientos, no debe extrañarnos que los dirigentes federales decidieran pactar con los conservadores cuando éstos tenían irremediablemente perdid:¡¡ la guerra. Tampoco deberíamos escandalizamos por las limitaciones programáticas de federales o liberales en los países latinoamericanos. Lo que no tiene justificación alguna, lo que es una falacia, es haberlos querido presentar como lo que no fueron, como dirigentes revolucionarios abjurando de sus vinculaciones de clase y misteriosamente dirigiendo unas revoluciones populares. Tales anacronismos y chapuzas han
sido perpetrados no por quienes están interesados en saber lo que ocurrió,
sino por quienes inventan un pasado para u.nos grupos actuales bien concretos.

NOTAS
l. "El contrabando de la provincia de Venezuela en tiempos de la Compañía Guipuzcoana. 1730-1784 (Curazao y la costa de Caracas)", tesis de doctorado
leída en la Universidad de Barcelona, septiembre de 1985.
2. Para facilitar la comprensión de lo que sigue es necesario que defina lo que e&amp;
tiendo por cultura: todo lo que los pueblos o naciones han imaginado, escogido,
6reado, aprendido o constru{do para adaptarse y vivir en un medio concreto (y

en unas condiciones históricas detenninadas) y para realcionarse entre ellos.
Agradezco la imprescindible colaboración de los profesores Caridad Martínez,
Marielsa López y Mariano Heuera que tanto me han ayudado a clarificar mis
confusas ideas al respecto.
3. Como un notable e¡jemplo de estos estudios puramente descriptivos puede citatse VV AA, Lo, riltema, federrdu del continente americano, México, 1972, FCE
yUNAM, 677.
4. Sobre esta temática ta bibliografía es todavía muy

escasa. pero existen ya ~

�M. lzard: Cambio cultural, liberalismo e insurgencias populares

130 Siglo XIX
nas obras excelentes: D. Brading, Los orígenes del nacionalúmo mexicano,
México, 1973, Sep-Setentas, 224; J. Lafaye, Quettalcóatl y Guadalupe. La formación de la conciencia nacional en México, México, 1977, 483; o G. Carrera
Damas, El culto a Bol(var, Caracas, 1969, UCV, 309.

5. Joroi Nadal, El fra,xuo de la revolución industrial en España, 1814-1913, Barcelona, 1975, Ariel, 315.
6. Existe alguna información, muy escasa, en Jean Meyer, Problemas campe,inos y
revueltas agrarw (1821-1910), México, 1973, Sep-,Setentas, 235.
7. He intentado una prúnera aproximación a esta temática en "Oligarcas temblad,
viva la hbertacl Los llaneros del Apure y la Guerra Federal", en Boletfn Americanúta, Universidad de Barcelona, 32 (1982), 78-134.
8. Chevalier, América Latina de la independencia a nuestros días, Barcelona,
1979, Labor, Nueva Clio 44, 271. Cerutti ha publicado ya una primera aproxi•
mación, "Burguesía regional, mercados y capitalismo. Apuntes metodológicos y
referencias sobre un caso latinoamericano. Monterrey (1850-191 O)", en Revista
Mexicana de Sociologfa, Universidad Nacional Autónoma de México, vol XLV,
1 (enero-marzo 1983), 129-148.

9. Véase un completo estado de la cuestión para el caso español en Carlos Martínez Sbaw, "Sobre el feudalismo taroío en España: algunas acotaciones a Bartolomé Clavero", en Teoría, Madrid, 4 (enero-marzo 1980), 163-186.
10. Ciro Cardoso (cooroinador), México en el siglo XIX (1821-1910). 1-listoria económica y de la estructura social, México, 1980, Nueva Imagen, passim. Todo el
libro es sumamente sugestivo, véase por ejemplo la desmitificación del nacionalismo reformista de Juárez en páginas 277-279. Puede encontrarse más bibliografía en el útil bbro de Enrique Florescano (coordinador), México en 500 libros, México, 1980, Nueva lmagPn, 187.
11. Sobre este tema también José M. Samper en su Ensayo sobre las revoluciones
políticas y la condición ,ocial de las repúblicas colombianas, Bogotá, sf, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, pauim.
12. Geraroo Molina ha escrito un útil resumen sobre el tema con una buena información bibliográfica: Las ideas liberales en Colombia. 1849-1914, I, Bogotá,
1978, Tercer Mundo, 339.
13. La bibliografía sobre el federalismo venezolano es escasa y muy desigual Existe
una obra clásica de Lisandro Alvarado, Historia de la revolución federal en
Venezuela, Caracas, 1956, Ministerio de Educación, 314 (la primera edici9n es
de 1909). Se pueden citar varios estudios más recientes F. Brito Figueroa, Tiempo de Ezequiel Zamora, Caracas, 1976, OCI, 529; Miquel Izard. "Oligarcas temblad", y "Tanto pelear para terminar conversando. El caudillismo en Venezuela", en Nova Americana. Torino, 2 (1979), 37-82; Adolfo Rodríguez, Exequiel
Zamora, Caracas, 1977, Ministerio de Educación, 356; y José León Tapia, Por
aquí pasó 7..amora, Caracas, 1976! Centauro, 293.
14.

José Santiago Rodríguez, Contribución al estudio de la guerra federal en V enezuela, Caracas, 1960, Imprenta Nacional, 1, 235 y 11, 41; Memoria de lo Interior
y Justicia, 1860, Caracas, 1860, Imprenta Zarzamend~ 7; Rodríguez, Contribu-

!I.

131

ción,
~~ Y 42-43; AGN, Interior y Justicia, DCXCIU, 9, 27-61; Rodríguez
Contnbuc10n, 11, 224-229; AGN, 1 y J, DCCV 20 50-56· DCCXXV 59 22i
226 y DCCXXXII, 5, 45-53.
'
'
'
'
'

�Revueltas y revoluciones en
España (1766-1874)

Alberto Gil Novales*

L

El título de este trabajo podría ser también Revueltas y revoluciones
en la formación de la España actual Ciertamente que todo el pasado de un
país contribuye a formar su estado presente, y en este sentido incluso las
investigaciones arqueológicas lo cobran para entender determinados rasgos,
persistentes o no, en nuestra historia. Y por supuesto que revueltas y revoluciones, alteraciones como se decía con palabra clásica, tuvieron lugar en
el solar de Hispania a todo lo largo de la existencia de sus pueblos. En la
España moderna, ¿cómo no mencionar a los comuneros de Castilla, los
agermanados de Valencia y Mallorca, las alteraciones de Aragón con motivo de la huida de Antonio Pérez, etc.?, movimientos que serán ampliamente recordados en el siglo XIX. ¿Cómo no recordar la crisis del siglo
XVII, con las sublevaciones de Cataluña, Portugal y Nápoles? -la famosa
crisis de la Monarquía Hispánica de los Felipes, en la que tanto insisten los
historiadores de hoy. ¿Cómo no hablar del carácter popular y multitudinario que tomó entre nosotros la Guerra de Sucesión?
Razones no faltan para recoger todos estos movimientos, y aun los
medievales e incluso de la Antigüedad, a la hora de trazar la historia revolucionaria o tumultuaria de la España actuai. No obstante, y sin perjuicio de hacer quizá alusiones rápidas a ese pasado, creo que no debemos
perdemos en el, sino que por el contrario debemos tomar como punto de
partida el que marca el comienzo del fin del Antiguo Régimen, es decir
1766. Las Comunidades de Castilla han sido definidas como una revolución burguesa temprana1 -y a ello deben su rabiosa actualidad en el siglo
XIX. Pero en ningún momento ese movimiento puso en peligro la existencia misma del Antiguo Régimen- como no sea que lo interpretemos como
un aviso a tres siglos vista
*Facultad de Ciencias de .la Información, Universidad Complutense de Madrid. Este
trabajo fue publicado previamente en Revista de História da&amp; /fkias, vol 7, Facultad
de Letras, Universidad de Co.irnbra (Portugal), 1985.

�A. Gil Nooole.,: Revueltas y revoluciones en fspaña

135

134 Siglo XIX
Decididamente mejor es partir de los llamados Motines de Esquilache
(es decir, contra Esquilache) en 1766, porque aunque tampoco con ellos
desaparece el Antiguo Régimen, sin embargo su naturaleza a !a vez arcaica
y modernísima, su incidencia geográfica, su dimensión -la&amp; más grandes
alteraciones sociales de Europa hasta la Francia de 1789, al decir de Pierre
Vital- confiere a estos motines el significado inequívoco de que con ellos
empieza a cuartearse la fábrica de nuestro Antiguo Régimen. Pierre Vilar y
Gonzalo Anes3 han insistido en que el motín madrileño contra Esquilache
es un motín de subsistencias, originado en la ordenanza de libre circulación
de los granos, es decir, algo muy semejante a la guerre des farines francesa.
Otros han visto sobre todo el aspecto político, de conjura aristocrática y
antiilustrada.4 La interpretación tradicional, presente ya al día siguiente de
los acontecimientos y en toda la tradición liberal, echó la culpa a los jesuitas; y de aquí la expulsión de éstos en 1767. Recientemente Giovanni
Stiffoni, al utilizar una fuente hasta ahora no empleada a este respecto, las
relaciones de los embajadores vénetos, ha venido a confirmar documental5
mente la tesis de Pierre Vilar.
Observemos que los motines de 1766 se extendieron no solamente a
Madrid, sino a Aragón, Castilla, Guipúzcoa - las machinadas vascas- Valencia y Murcia, llegando incluso a Andalucía, en donde asistimos al insólito espectáculo de la insubordinación de todo un regimiento en Sevilla; lo
cual tiene, por lo menos, carácter ptemonitorio del futuro papel del Ejér6

cito en España.

Después de la gran prueba que el año 1766 había planteado a la Monarquía., pareció entrar ésta en un período de normalidad con las grandes
reformas ilustradas de Carlos ID y su continuación bajo Carlos IV. La resistencia a las reformas, que de tan aguda manera conmocionará a la España del siglo XIX, no da lugar en esta época a graves alteraciones del orden,
aunque los intereses amenazados no dejan de hacer sentir su presencia,
presagiando acaso el futuro. El año 1776 tiene lugar la fulminante destitución de Olavide, con el proceso inquisitorial consiguiente -y naturalmente todo el equipo gobernante era o~eto de vigilancia, y aun quizá de
algo más grave: de momento, contenido.
De manera 1fUe la Ilustración encontraba su correctivo en la Inquisición, y aunque la caída de Olavide no significó el abandono total de la
política ilustrada,8 sin embargo indicaba bastante bien la función que en
la sociedad española empezaba a jugar la Iglesia. Actitud ya manifiesta en
la dramática representación del Obispo de Cuenca, D. Isidro de Carvajal
y Lancaster, tantbién de 1766, en la que el piadoso Prelado se quejaba de
"la persecución &lt;le la Iglesia, saqueada en sus bienes, ultrajada en sus Mirústros, y atropellada en su inmunidad", a la que contestó el gobierno con un

Memorial-ajustado.9

Esto pareció de momento disensiones originadas en el celo por el bien
de la Patria, ~. ciertamente el rei~~do de Carlos III no presentó ninguna
nueva revoluc,on o contrarrevoluc1on (en España; sí en América). Al año
de su muerte, 1788, estallaba la revolución francesa, que por miedo y rabia
va a lanzar a la más extrema reacción a algunos de los ilustrados de mayor
nombradía, a comenzar por FloridaJ&gt;lanca. 10 La guerra contra la República
francesa en 1793, con su emoción patriótica, fue aprovechada también por
las fuerzas reaccionarias para movilizar al pueblo, no sólo contra la Francia
regicida, sino contra las mismas ideas de la Ilustración monárquica española.11 Un título del famoso Fray Diego José de Cádiz indica muy bien el espíritu con el que la Iglesia, o un sector de ella - porque convendrá matizar- se dispone a encarar la llegada del mundo contemporáneo: El soldado
católico en guerra de religión, 1794.12
_ Sin emb~rgo una clase mu) diferente de alteraciones tenía lugar en Esp~a, las denvadas de la escasez de primera materia, típicas de toda econom,a de Antiguo Régimen; como los célebres motines de Barcelona del año
prec~ente_, 1789.13 Carentes de finalidad social o política a largo plazo'.
no dejaron sm embargo estos motines de preocupar a las autoridades. Sintomático parece el caso de los "albo~otadores de la UUoa", protesta antifi~al manipulada o aprovechada por la Iglesia: al grito de Viva el Rey:
L'IVa la Ulloa: muera la Unica (contribución) estos gallegos de la provincia
d~ Lugo llegaron a caer clamorosamente sobre Orense el 22 y 23 de noviembre de 1790, siendo apaciguados por la mediación eclesiástica.13a Mayor dimensión tuvieron los motines valencianos de 1793-1794y 1800-1801.
El primer motín, el de 1793, "año de precios altos", fue una conmoción
cont~a _los sacerdotes franceses España había entrado en guerra con la
República- en la que parece adivinarse una intriga del Capitán General,
Duque de la Roca, contra el Arzobispo. Al año siguiente, 1794, la orden
de formación de un cuerpo de Milicias, llamado de Voluntarios Honrados
confiado por el Capitán General a tres magistrados de la Audiencia, entr;
ellos el fiscal Don Juan Romero Afpuente, dio lugar a la protesta de éstos,
Yª. que el reclutamiento se hacía a expensas de los reclutados, gente humilde que no podían pagar elevadas cantidades. El Duque de la Roca metió en la cárcel a los magistrados, y de aquí se derivó un motín contra el
Capitán General y a favor de los magistrados, al que se sumó la nobleza
valenciana, lo que obligó a Godoy en 1795 a ordenar la liberación de los
tres magistrados, y en definitiva a dar marcha atrás. 14
El miedo a la Revolución francesa, unido a las dificultades econórrúcas
de buena parte de la población, explican estos desórdenes. Carácter diferente tiene la conspiración de Juan Picornell, llamada del "Cerrillo de San
~las", que buscaba proclamar la República, según la interpretación tradic10~, o por lo menos una Monarquía Constitucional. Aunque la conspirac,on lleve una fecha concreta, febrero de 1795, venía incubándose de

�A. Gil Novales: Revuelta.! y revoluciones en España

136 Siglo XIX
tiempo atrás: así lo demuestra el Catecismo político, de 1787, qu~ descubrió Iris M. Zavala. Pero la amplia represión provocada por esta inten14
tona se relaciona naturalmente con el miedo a la Revolución francesa. ª
La aparición en Galicia de una burguesía que plenamente podemos
llamar feudal, por usar con los campesinos de los peores métodos d~l
antiguo orden, explica que en esa región se den motines populares antJburgueses, como los que en 1797 y 1798 a~caron la_ empresa.~e Sargadelos, del famoso Don Antonio Raimundo Ihañez. La mtervenc10n -0e los
notables de la comarca en el motín, entre ellos muchos eclesiásticos, confiere a estos sucesos el aspecto de "ensayo general de la guerra civil que
apenas treinta años más tarde había de desgarrar el país", se~n h~_puesto luminosamente de relieve María Rosa Saurín de la Iglesia Ihanez no
14
llegó hasta la guerra civil: fue asesinado por sus vasallos en 1809. b
Por un problema semejante, pero con otro planteamiento inicial, en
diciembre de 1800 estalló en Valencia un motín contra el intendente, el
cual tuvo que escapar disfrazado; motín que se reprodujo, y se comunicó
a otros puntos además de la capital, con motivo de la ~~lut~ de las llamadas Milicias Provinciales, que violaba un supuesto pnV1leg10 foral, pero
que al mismo tiempo atentaba contra el carácter aristoc~tico de~ mand~.
En agosto y septiembre de 180leste motín se transformo en una¡acquene
campesina, que anuncia ya los intensos m~~miento de ~~~8, en la_ que
apareció un cabecilla, persona real, pero rap1damente mitificado baJo el
apelativo de Pep de l'Horta. En nombr~ del Rey y a las órdenes de Pep de
15
l'Horta, la revuelta adquirió clara connotación antifeudal.
La prepotencia de Godoy y la presión francesa iban muy pronto a
conducir a estallidos revolucionarios. En octubre de 1807 la famosa Causa
del Escorial -conspiración de Fernando contra su padre Carlos IV- indicaba que incluso en la cúspide monárquica del país la situación se iba deteriorando. Unos meses después, ya con media España ocupada por las tropas de Napoleón, se produjo el_ motín de Aranju~z -17-19 d~ marzo de
1808-- contra Godoy, que obligo a Carlos IV a abdicar._ Se ~ato de un_ motín popular, por el odio al valido todopoderoso, pero mstigado po~ cierto
sector aristocrático que políticamente tomaba la forma del partido fernandino. El nombre del Tío Pedro -Conde del Montijo- simboliza bastante bien la conjura para convertir España en dominación directa de la aristocracia, que estará presente en sus actuaciones durante la Guerra de la lndependencia.16
La cual, desde el punto de vista que aquí nos interesa, es ~~a extrao~dinaria concatenación de motines y revueltas. La artera ocupac,on del pa1s
por los franceses produce creciente descontento, que sabrán aprovechar para sus fines las fuerLas reaccionarias, que explotarán para ello la fibra de lo

137

patriótico. Pero la Guerra de la Independencia no se reduce a este aspecto,
sino que es también una formidable movilización popular, aparte de representar, por la presencia de tres ejércitos en nuestro suelo, una gran destrucción de la riqueza material de España, factor que va a retrasar durante largos aiioR el progreso nacional.

IL
La insurrección madrileña del Dos de Mayo de 1808 no es meramente
una conmoción popular contra el invasor, motivada por la salida de los últimos miembros de la familia real camino de Francia, sino que es, como
justamente se ha dicho muchas veces, un símbolo de toda la contienda.
Madrid empieza así a mostrar revolucionariamente rango de capital de Es1paña, que sabrá refrendar a lo largo de todo el siglo XIX, hasta 1936. Insurrección seguida de represión -los fusilamientos del 3 de mayo, inmortaizados por Goya- que no hace más que sembrar más indignación, y como retruque, más coraje nacional El pueblo, víctima pero protagonista,
ha hecho su aparición en la escena histórica.
De repente, todo se precipita en España. Movimientos, motines y
proclamaciones de Gijón y Oviedo -5 y 9 de mayo- con evidente emoción antifrancesa, y la aparición de una Junta que envía delegados a Inglaterra a negociar la inversión de las alianzas. La Corufta -29-30 de mayocon formación de Junta, origen de la Suprema de Galicia. Santiago de
Compostela, con movimiento de origen popular, pero que termina típicamente con su Junta presidida por el Arzobispo. Santander -27 de mayo-idéntico caso, Badajoz -30 de mayo- asesinato del Capitán General
Conde del Fresno. Sevilla -Z? de mayo- con proclamación de la titulada
Junta Suprema de Gobierno de España e Indias, con influjo inmediato sobre Córdoba, Jaén y Granada, y con envío también de representantes a Inglaterra. Cádiz -29 de mayo- asesinato del Capitán General Marqués del
Socorro, y formación de Junta.Cartagena, lo mismo (el asesinado se llamaba Don Francisco de Borja). En Murcia preside el viejo Conde de Floridablanca La violencia se ceba en Valencia, con la acción del canónigo Baltasar Calvo -asesinato del harón de Alhalat y de 300 franceses. Junta en
Palma de Mallorca -30 de mayo- presidida típicamente por el Capitán
General. En Lérida -finales de junio- se forma la Junta General del Principado de Cataluña, ya que Barcelona se halla ocupada por los franceses.
Juntas en Aragón, con la de Zaragoza el 26 de mayo. Destitución del Capitán General en Canarias, y formación de Junta presidida por el nuevo Capitán General.
Sobre el fenómeno que las Juntas representan en el orden militar y
político, ya muy estudiado17 -aunque nos falten datos de análisis concreto18- sólo insistiré en el hecho de que en todas ellas el movimiento

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en ¡.;,paño

139

138 Siglo XIX

La pérdida de la libertad fue fácil. Recobrarla no lo será tanto. Aparte
popular aparece controlado por las clases superiores, y que el recurso a
formar Juntas, típico de todo el siglo XIX, pasará del elemento feudal a
la burguesía, y servirá para burlar al pueblo protagonista los efectos buscados con su acción.
Pero de momento las Juntas son un poderoso elemento de encauzac
miento y movilización controlada del pueblo, y de soberanía desparramada por todo el país. Las necesidades de la guerra, y la conciencia de unidad nacional que se había ido forjando en la centuria anterior, lleva a es-tas Juntas a crear la Central -25 de septiembre de 1808. Esta medida determinó nada menos que la aparición del golpismo militar, que trataba de
impedirla, cuando el Capitán General de Castilla y León, Gregorio de la
Cuesta, manda detener por subversivos a los delegados de León en la Central. Mejor que ningún comentario, bastará reproducir un pJrrafo de la
carta que el también general Castaños le escribe a Cuesta para hacerle desistir de su acción:
....si los generales, a quienes está confiada la fuerza militar para
derrotar a nuestros enemigos, se han de hacer independientes y
aun superiores a la autoridad civil, procediendo por sí mismos
contra las personas en quienes reside, no se diga ya que los objetos para que se arman los pueblos y se crean los ejércitos son la
defensa de Fernando VII, la independencia y libertad de España,
ni la conservación de las leyes; sino que se trata de establecer
una anarquía militar, que desp)lés de derramar torrentes de sangre, nos ha de hacer caer en las manos de nuestros enemigos y nos
ha de precipitar en el despotismo y la esclavitud.19
Palabras que el tiempo se encargó de hacer proféticas.
No podemos seguir aquí todos los avatares de la Guerra de la Independencia, con la acción de las guerrillas y la reunión de las Cortes de Cádiz,
pero naturahnente habremos de tenerlos presentes para entender los acontecimientos posteriores. Las Cortes de Cádiz habían tratado de convertir
España en una monarquía constitucional Quedaba la incógnita de cuál sería la actitud de Femando VII, a su vuelta de Valencey, en 1814. La Constitución tenía muchos enemigos que deseaban volver sin más al Antiguo
Régimen. Y así el 17 de abril de 1814 el Capitán General Francisco Javier
Elío, en Valencia, se pronunció en favor del absolutismo, lo cual, unido al
Manifiesto de los Persas - 69 diputados de las Cortes ordinarias que invitaban al rey a lo mismo- permitió a Femando dar el célebre Decreto del
4 de mayo por el que se abolía la Constitución, mientras otro de la misma
fecha suprimía la libertad de expresión. El golpe de Estado del Rey fue
protegido por las tropas de Samuel Whittingham, general británico al servicio de España.

las tropas de Elío y del inglés, el resto de los militares habían estado pasivos, ~niéndose sólo a ohdecer _lo que resultase. Los aflos siguientes
c~ianan en gran manera esta actitud. Parece ser que contra el cumplinnento del Decreto se suscitó un motín en el Barrio de Santa María de Cádiz para forzar a la resistencia al gobernador militar de la plaza. La cosa no
pasó de intentona, y su principal autor tuvo que refugiarse en Gihraltar.20
~mediatamente comenzaron las conspiraciones. La primera fue la de
Franc1SC0 Espoz y Mina, antiguo guerrillero, que se alzó en Puente la
Reina el 25 de septiembre de 1814, pero fracasó ante Pamplona y tuvo que
re~arse en Francia. El carácter de Mina antes de esta fecha -se sahe que
hab1a ordenado el fusilamiento del libro de la Constitución- y en su actución posterior, arrojan muchas dudas sobre la naturaleza de esta acción.
Que Espoz y Mina no era un liberal convencido, su vida lo demostró; pero
en 1814, si quería tener éxito, su actuación sólo podía ser liberal. El marquesito Juan Díaz Portier logró fugarse del Castillo de San Antón, en donde e5!aba pres~ po~,liberal, y al f¡-e~te de la guarnición de la Coruña proclamo la Constituc1on el 19 de septiembre de 1815. Sólo en El Ferrol encontró e,co, y en consecuencia, derrotado y juzgado, fue ajusticiado a los
pocos d1as. En febrero de 1816 se descubrió la conspiración llamada del
~~ulo, cuyo agente principal era Vicente Ramón llichart, y cuyo propoSJto se dice que era matar al rey. Aparte su índole triangular, poco sabemos de esta conspiración y de sus pretendidas conexiones en las altas esferas, a pesar de haber sido publicada y analizada su causa dos veces.21
Mayor resonancia alcanzó la conspiración tramada por los generales
Don Luis Lacy y Don Francisco Milans del Bosch, quienes en abril de 1817
trataron en Barcelona y Gerona de restablecer la Constitución. En este movimiento encon~amos ya una importante participación burguesa. Habiendo fracasado Milans pudo escapar, mientras Lacy era hecho prisionero.
Una segunda conspiración, destinada a darle libertad, fracasó también y
Lacy fue ajusticiado en el castillo de Bellver, en Mallorca, por orden 'de
Castaños cu3?do todo el mundo esperaba el perdón. Castaños ganó así
ante sus coetáneos fama de general absolutista amigo de derramar la sangre
de sus compañeros de armas. En pocos años, el vencedor de Bailén, el increpante de Cuesta, se había transformado en un servil de nota. En estos
años difíciles, los acontecimientos parecían no tolerar medias tintas.
Nueva conjuración, la del coronel Vidal en Valencia a comienzos de

1819._ El propio capitán general Elfo apufl.aló a Vidal, que murió á consecuencia de las heridas; sus compañeros fueron ejecutados. Todas estas conjuraciones fueron seguidas de represión, con detenciones en cadena; y sin
embargo, como hemos visto, hubo casi una conjuración cada año, mientras

�140 SigloXIX
la Inquisición, los escándalos gubernativos y la falta de horizontes políticos desprestigiaban al régimen. Este llegó a preocuparse por su propia imagen en Europa, y acaso a esto se debió que cuando se descubre la siguiente
conspiración, la llamada del Palmar, 7 de julio de 1819, aunque hubo detenciones, no hubo muertes, y el gobierno mostró una extraña parsimonia.
Protagonista de la conjuración del Palmar había sido el cuerpo expedicionario reunido en tomo a Cádiz, para reconquistar Buenos Aires, llave de
la América del Sur. Los mismos elementos van a ser los autores de la Revolución de 1820, hasta el punto de que podemos considerar como uno solo
a los dos movimientos. Entre las tropas destinadas a Ultramar habían cundido las ideas liberales, en parte como consecuencia de la democratización
del ejército operada durante la Guerra de la Independencia: al querer volver el absolutismo al ejército aristocrático del Antiguo Régimen, paralizando la promoción de los oficiales de otra extracción, era lógico que éstos se
sintiesen dispuestos a la acción. Además hasta estas tropas llegan las noticias sobre las terribles condiciones de la guerra colonial, y también la propaganda, y a veces el dinero de los gobiernos insurrectos, y en consecuencia surge un sentimiento de solidaridad entre los combatientes por la Libertad a ambas orillas del Atlántico: para Riego y los suyos, la vuelta a la
Constitución resolverá los problemas tanto de América como de España.

m.
De este modo, con el pronunciamiento de Riego el lo. de enero de
1820 en Cabezas de San Juan (Sevilla) empieza el llamado Trienio liberal,
y podemos hablar por primera vez acaso de revolución. Pero conviene ver
en síntesis el desarrollo de los acontecimientos. El pronunciamiento de
Riego, seguido por su famosa marcha por Andalucía, aunque en sí mismo
no logró el triunfo, sirvió para que el movimiento repercutiese en otras
partes de España: La Coruña, 21 de febrero; Zaragoza, 5 de marzo; Barcelona, 13 de marzo; Pamplona, 11 de marzo; Cartagena y Murcia, Sevilla,
Granada, Valladolid y Madrid. En todas estas ciudades actuó el ejército en
sentido liberal, o acaso mejor sectores del mismo; hubo también alguna
colaboración civil, en ocasiones muy intensa, y en Barcelona se señala la
presencia de los gremios. Después de cada pronunci~ento generalmente
se forma una Junta. Femando VII se decidió a aceptar la Constitución de
Cádiz el 7 de marzo de 1820, pero un motín del día 9 entregó el poder a
una Junta Provisional, presidida por el Arzobispo de Toledo, que inmediatamente reclamó para sí la soberanía sobre toda España.
Este resultado, triunfo de la Constitución pero con el poder escamoteado a los revolucionarios, se había dado ya en algunas actuaciones locales, Zaragoza, Barcelona, Pamplona, etc., y llega a su madurez el 9 de

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

141

marzo con la Junta provisional. ¿Revolución? Sí, en lo formal, porque
vuelve a regir la Constitución gaditana, habrá elecciones y Cortes y vida
políti~ y esperanza de libertad. Por primera vez el pueblo, todas las clases sociales, empieza a vivir una vida política abierta, y hay lógicos enfrentamientos de intereses contrapuestos, y apasionamiento, escrito y oratorio,
por manifestar las opiniones. La Revolución amenaza con extenderse al
pueblo, y yo creo que esta amenaza es decisiva porque muchos interpretarán los sucesos nacionales, miméticamente, a la luz de lo sucedido en Francia en su gran revolución. La burguesía nacional, débil y mal cohesionada,
puede hacer avanzar en las Cortes su propio programa, dando origen a una
legislación que será fundamental para todo el siglo XIX; pero vivirá entre
dos temores, el del pueblo y el de la contrarrevolución realista. Desde el
punto de vista revolucionario -empleemos ya la expresión: de revolución
burguesa- los gobiernos liberales dejan insatisfechos a sus propios seguidores, actúan con recelo y con frecuencia contra el pueblo -el cual está
lejos de ser un pueblo unívoco, pues aparte la separación geográfica
(tradiciones, cultura)- entre unas regiones y otras- hay una separación
fundamental, difícilmente salvable, entre pueblo urbano y campesinado.
Todo esto explica la difícil vida política del Trienio liberal, la serie de
intentos contrarrevolucionarios y de otro cariz, que aparecen ya en 1820
pero se generalizan en 1821. En 1820 y 1821 aparecen las partidas absolu:
tistas, avanzadilla del carlismo -incluso el nombre de Don Carlos como
rey de España se propone por primera vez en 1821- expresión de la crisis campesina que la política liberal no sabrá remediar. Al no atreverse la
burguesía a acaudillar decididamente al campesinado en la lucha contra el
orden feudal, y contentarse de momento con soluciones intermedias sobre. el campesino cae _I? peor de los dos sistemas; que la timidez y falt~ de
honzontes en la soluc1on de los problemas de la Hacienda, no hará más que
agravar. La Iwesia reaccionaria sabrá aprovecharse de la coyuntura convirtiendo a los campesinos en feotas, o defensores de la fe.
'
El pueblo urbano, sobre todo, sinceramente liberal, atemorizado con
la posibilidad de la recaída en una situación semejante a la de 1814, reacciona contra las claudicaciones de los e;ohiernos, sobre todo el de 1821
promoviendo unos vastos movimientos de desobediencia cívica, con cen:
tro en Cádiz y Sevilla, que afectó junto a estas ciudades a Córdoba, Cuenca, La Coruña, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Cartagena, Murcia, Granada y Badajoz, movimientos populares urbanos, sobre los cuales ya Marx
llamó la atención.22
Cuando el movimiento popular decae, a comienzos de 1822, tiene lugar la represión oficialmente orquestada contra los patriotas, preparación
a su vez de la gran contrarrevolución de 30 de junio - 7 de julio de 1822;

�A. Gil Novales: Revuelta&amp; y revolucione, en &amp;paila

142

143

Siglo XIX

adelantada en algunos puntos, como Valencia, por impaciencia, a mayo
del mismo año. Este desequilibrio temporal y la ausencia de identidad de
miras entre los contrarrevolucionarios, ya que unos querían volver lisa y
llanamente al Antiguo Régimen, y otros se contentaban con implantar un
régimen de cámarm, explica la derrota de la contrarrevolución, en Madrid, el 7 de julio de 1822. Pero se hace necesario hablar también para entenderla de la movilización liberal de los barrios de la capital, la aparición de las guerrillas urbanas, el No pasarán y el heroísmo innominado
-todo tan moderno- de las clases bajas, sin más organización que la Milicia Nacional y el Ayuntamiento -frente al Rey y la familia real, los palaciegos, las tropas de élite Guardias de la Real Persona, el Gobierno, la Iglesia y la inactividad de la Diputación permanente de las Cortes. La victoria
popular del 7 &lt;!e julio hizo necesaria la intervención exterior, de la Santa
Alianza. Muchos liberales moderados se asustaron de las consecuencias
mismas del triunfo del liberalismo, y juzgaron que de Francia -país que en
definitiva se regía por una Carta- les vendría la ayuda necesaria para desembarazarse del pueblo, y no la terrible represión que inmediatamente se
desató y de la cual, los que no pudieron marchar al exilio, fueron las primeras víctimas. El ajusticiamiento de Riego el 7 de noviembre de 1823 es
el mejor símbolo de esta época aciagl!,-23

-

IV.
Los siguientes diez años del restablecido absolutismo, 1823-1833,
se parecen en algún sentido al período anterior 18141820, lo que explica los intentos repetidos de volver por la violencia al régimen liberal. Pero la pasada aceptación de la Constitución por el Rey, el no restablecimiento en esta etapa de la Inquisición y acaso cierta frustración teocrática explican que también los ultrarrealistas fragüen continuas conspiraciones para imponer su programa. Conjuras liberales y conjuras ultrarrealistas se suceden las unas a las otras hasta la muerte del rey en 1833.
Acaso la primera es la intentada por el coronel Francisco Valdés que, partiendo de Gibraltar, el 3 de agosto de 1824 se apoderó de Tarifa. Pensaba
Valdés llegar hasta la Serranía de Ronda, pero la impaciencia de Cristóbal
López Merino, quien al frente de unos paisanos proclamó la Constitución
en Jimena, le obligó a acudir a defenderlo: unos días después absolutistas
españoles y franceses le derrotaban. Valdés pudo escapar, pero el 24 de
agosto fueron fusilados en Algeciras treinta y uno de sus partidarios. Otros,
separándose de Valdés, se habían dirigido hacia Almería, siendo también
derrotados, con los consiguientes fusilamientos. Uno de ellos, el célebre
Pablo Iglesias - no confundirlo con el socialista- fue conducido a Madrid,
y ahorcado allí el 25 de agosto de 1825.
También en 1824 se descubrió en Cartagena una nueva conspiración,

esta vez para favorecer un _d~mbarco de emigrados. Las cosas no quedar~n muy dem~tra~as - ~ bien parece tratarse de una provocación ingeniada por el bngadier• realista Don Francisco Nebot pero los conjurados
fueron fusilados.

'

En septiembre de 1824, por el contrario se descubre la llamada Conjuración Caro~ o de la Ancora o de la Estr~lla,que trataba de proclamar
~ Carlos V,_ quitan?º a ~ernando VII, por haber indultado S.M. a algunos
liber~es (sic), C011Jurac1on que se extiende por la Mancha, acaso Madrid,
Arago~ Y on:os puntos, y que debe estar en relación con la de los generales
&lt;?-pape y Gnmarest en Zaragoza. (Aunque esta conjuración se llama Carolina, ya en ella consta la palabra carlista, que muy pronto prevalecerá).
Para el.
siguiente las J ~tas Apostólicas preparaban al parecer una insurrecc1on general, pero solo tuvo lugar la intentona de Bessieres. Fracasado éste ante Sigüenza, el Conde de España lo hizo prisionero el 25 de
~ o de 1825 y lo fusiló al día siguiente, quemando sus papeles, para encubnr acaso más altas responsabilidades.

:mº

En 1826 aparecía el Manifiesto de la Federación de Realist&lt;u Puros
y a la vez el desembarco de los herm·anos Femández Bazán en Guardamar'
cerca de Alicante, el 18 de febrero. Perdida la acción de Muchamiel el 22'
pocos días después fueron fusilados en Alicante y Orihuela. Los intento~
liberales tienen si_empre este air~ de impreparación, que sólo sirve aparentemente P~. obligar al ~soluhsmo a cubrirse de sangre, y por tanto para
~ desprestigio. A este genero pertenecen también la conspiración descub1~rta, o que se alegó haber descubierto, en Canillas de Aceituno, cerca de
Vel~ Málaga -enero de 1827- y la del coronel Don Miguel Nogueras, en
S~e~-ª (Huesca) el 2 de mayo de 1827: ambas terminadas en fracaso y
e1ecuc10n.

1827 es también la fecha de la llamada Guerra de los Agraviados
-els Malcontents- con dos fases: una primera en primavera, superficial
porque no fue seguida, pedía Inquisición, aplastamiento de los liberales
y cambio de Fernando por Carlos; la segunda, en el verano, con el mism~
programa, excepto en lo relativo al destronamiento de Femando Vll cobró enonne fuerza, con ~iudades importantes como Manresa, Vic, oiot y
Cervera en poder de los msurrectos, y con la formación en Manresa de una
Junta superior provisional de gobierno. Barcelona misma estaba amenaza~a.Jemando VII aplastó el movimiento, trasladándose él mismo a Cataluna.
La muerte de Juan VI de Portugal inau~ra la crisis constitucional &lt;le
este país -Don Miguel, reaccionario, contra Doña María de la Gloria, niña
de corta edad- despertando las esperanzas de los emigrados españoles, que

�144 Siglo XIX
en 1827 intentan sin éxito aprovecharse de la coyuntura portuguesa para
sus propósitos en España. Todavía mayor esperanza va a despertar la revolución francesa de 1830 y las europeas en general de este año. Para estas
fechas ya toda España se había cubierto otra vez de Juntas clandestinas
,
'
mas o menos _autónomas, en relación siempre y en dependencia muchas
veces mal consentida de los emigrados. Pero hay que advertir que revolucionarios del interior y del exterior se hallaban en todo momento con infiltrados absolutistas, que por otra parte dejaban correr rumores falsos, por
lo que era muy difícil para aquellos liberales saber quién era amigo y
quién enemigo. Así tiene lugar el intento de invasión de España por la
frontera de Navarra y Aragón -la expedición de Vera- en 1830. Fracasó,
lo mismo que los intentos de Cataluña y Galicia. En febrero de 1831 Torrijos desembarca cerca de Algeciras, teniendo que reembarcar inmediata~ente. Salvador M~anares pagó con su vida un intento semejante el propio año. En combmación con su acción llegó a darse una sublevación en
Cádiz, pero fue prontamente traicionada y vencida. Finalmente Torrijos
fue atraído a una auténtica emboscada desde Gibraltar a Málaga, y fusilado con sus compañeros sin proceso.
. , Todavía en marzo de 1831 un espía denunciaba la llamada conspirac1on de Marco-Artu, eco de las actividades de Espoz y Mina. En 1832 seguían los fusilamientos. Al afio siguiente murió el rey. Asombra en la
etapa femándina el número de conjuraciones e intentonas revolucionarias,
asombra también la división mortal de los liberales desde el principio has~ el fin, cómo después de cada fracaso -ahogado en sangre- siguen consprrando, para ser delatados una vez más por el supuesto amigo. Esto pare~e demost~ar que el absolutismo se mantiene por inercia, más que por pu1anza propia, pero la forma de hacerse el intento revolucionario a lo largo
de tantos años explica que a la muerte de Femando VIl el liberalismo no
implique una profunda revolución social25

v.
Mientras comienza la primera guerra carlista (1833-1839-40), un nuevo período revolucionario se abre en la España que sigue a la reina niña
Isahei y que por comodidad llamaremos liberal. El miedo al carlismo explica muchos de los sucesos de estos años, aunque no lo explica todo. El
sistema político llamado del despotismo ilustrado no contenta a nadie, por
lo que en abril de 1834 es sustituido por el Estatuto _R~ especie de carta
otorgada con dos cámaras. Bajo su vigencia ocunen en España sucesos muy
dramáticos, a través de los cuales la burguesía se hace con el poder.
La aparición del cólera morbo en Madrid -julio de 183426- hace correr la especie de que los frailes había envenenado las aguas, y de aquí la

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en lispaña

145

matanza de los mismos, típica estampa que todavía será recordada en
1931.27 Digamos de paso que la situación económica de muchos conventos, las deserciones debidas a la guerra y a los pasados disturbios y las
matanzas que empiezan en 1834 van a hacer posible la desamortización
realidad social antes que legal. Unos días después del degüello de los frai:
les se descubre la coaspiración llamada la Isabelina, en la que aparecen
comprometidos importantes personajes desde el general Palafox hasta el
anciano Romero Alpuente -a éste la prisión le costará la vida- pero en la
que no se sabe dónde acaba la verdad y donde empieza la suposición alarmista del Gobierno, acaso para desembarazarse de posibles críticos. J oaquín María López, procurador en las Cortes del Estatuto, se refirió a "esa
conspiración, que más bien puede llamarse ridícula farsa".28 Todo había
partido al parecer de Eugenio de Aviraneta, fundador de una sociedad
secret~
Los guardadores de la inocencia o Isabelinos, cuyos Estatutos 1mpnrruo. De acuerdo con Don Juan Olavarría y con otros liberales,
dirigió una Exposición a la reina madre, sugiriéndole la conveniencia de
cambiar el Estatuto Real por una Constitución inspirada en el modelo
belga de 1830, menos radical que la del 12, pero todavía con disposiciones altamente revolucionarias.

ti~ª?,ª

En su intención lo que se pedía era perfectamente legal Solamente
si la reina se negaba a seguir el consejo se recurriría a la sublevación con
transformación del Estamento de procuradores en Asamblea Nacio~al y
nombramiento de un gobierno. Después de esta agitación, todo quedó en
agua de borrajas. Pero de nuevo la revolución estalló en 1835 y 1836.
~s acontecimientos de 1835 recorren rápidamente toda España,
constituyendo la prolongación lógica de los movimientos de desobediencia cívica de 1821. Comienza con la acción del Ayudante Cardero c.:&gt;ntra la
Casa de Correos de Madrid, de la que se apodera -18 de enero- y de cuyas
resultas muere el general Canterac. Sigue un motín de subsistencia en
Huesca, seguido de un alboroto en Málaga por haberse querido prohibir
en la ciudad los cantos patrióticos. En abril asesinato de frailes en Zarago~a, y en_ Murcia, y enjulio más asesinatos de religiosos en Zaragoza, bajo la
mfluenc1a de la quema de conventos y matanza de frailes de Reus, de donde se corrió a Barcelona -asesinato del general Bassa el 5 de agosto, y
quema de conventos. En Barcelona la asonada adquiere un matiz luddita
con quema de la fábrica El V apor, lo que asustará a la burguesía. Nuevos
desórdenes en Valencia, Murcia y Zaragoza. El Gobierno declara el estado
de sitio en Madrid, y ordena la detención de varios procuradores. Entre
agostv y septiembre pronunciamiento de Cádiz, Tarifa, Algeciras, Huelva,
Málaga, Córdoba, Jaén, Granada, Sevilla, La Coruña y el Ferrol, Murcia,
Badajoz y Cáceres, Asturias y Santander. El 14 de septiembre de 1835 la
reina llamaba a formar gobierno a Mendizáhal, quien rápidamente fue Jo-

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en E,paña

146 Siglo XIX
grando la pacificación. Sólo en Valencia hubo todavía una nueva conm&lt;r
ción contra el jefe político, culpable de tibieza frente a la facción.

Más difícil se presentaba aparentemente la situación de Andalucía, en
donde las diferentes Juntas habían organizado una Central, llamada de
Andújar, por la plaza de su residencia, y un ejército que, al mand~ del Conde de las Navas, se dírigía contra Madrid. Pero la Junta de Andúpr fue un
órgano de corta duración -del 2 al 19 de octubre de 1835- tardío -ya
que se constituye después del decreto de 28 de septiembre de convocatoria de Cortes, que desarma al movimiento ciudadano, y finalmente entreguista, gracias a una negociación semisecreta en la que intervienen la Junta
de Barcelona, interesada en yugular el movimiento andaluz, para concentrarse todos en la lucha contra el carlismo, Mendizábal, Istúriz y por la
Junta de Andú_jar, Bartolomé Gutiérrez Acuña y Pedro Antonio de Acuña,
además del Conde de las Navas. Intervienen también Argüelles y Alcalá Galiano.29
El movimiento revolucionario resurge en 1836 como consecuencia de
que el 15 de mayo María Cristina sustituye a Men~záhal por Fran~isco
Javier Istúriz, antiguo exaltado súbitamente convertido al moder~tts~o
-al decir de los autores- pero a quien hemos visto en secreta combmac1on
con el propio Mendizáhal. Esta vez la insurrección comenzó en Málaga! se
corrió a toda Andalucía, siguió luego a Zaragoza y Barcelona, estallo en
Madrid el 3 de agosto y culminó en el llamado Motín de los sargentos d~
La Granja, quienes el 13 de agosto obligaron a S.M. a restablecer la Constitución de 1812.
Los movimientos de 1836 ofrecen agudas contradicciones, en las que
no entraré ahora.3&gt; Baste decir que de ellos salió la convocatoria de Cortes
constituyentes, que redactaron la Constitución de 1837; Constitución d~
rivada de un pacto entre progresistas y m~erados, que no r~~oge las asp1raciones populares, y desde el punto de vista de la rev?luc1on burguesa,
aunque equivale a la asunción del ~oder por burgues1~, ~o hace renunciando al mismo tiempo la burgues1a a acaudillar el movmuento popular,
y tolerando la perduración de muchos eleme~~os del pasado ~e~?al.
así esta Constitución pudo presentarse como un hecho de c1V1lizac1on

!ª

~'!!1

frente al carlismo.31
Típica del momento político que se vivía en España en vísperas de la
promulgación de la Constitución de 1837, fu~ la "soñada conspir~ción de
noviembre de 1836", tan parecida a la Isabelina: se habla de reumones de
elementos liberales, pero lo efectivo fue la detención de una serie de pr&lt;r
hombres que habían manifestado inclinaciones demócratas, como 32
Benito
Alejo Gaminde, Lorenzo Calvo de Rozas, José María Orense y otros.

147

.,Ü: lógico pensar_que Larra se suicidase (1837), awique algw10 de los
penodicos que mantienen la llama revolucionaria se lo censure 33 Desde
1837 hasta el final de la primera guerra carlista, 1839 en el fren~ vascongad? Y 1840 e~ el_ ~~án, no en~~n~os más movimientos -aparte los
carlistas- que md1Sc1p1!11a en el eJ~rc1to, duramente reprimida por Espar•
tero, Y la pugna entre este y Narvaez por el dominio militar-y político-en España.34 Los generales Luis Fernández de Córdoba y Narváez trataron. de ponerse en Sevilla al frente de una Junta contrarrevolucionaria,
noV1embr~ 1838, pero fracasados tuvieron que salir de España.35 Es interesante, sm embargo, señalar ya en esta época la presencia de intentos revoluci~narios de. tipo republicano, muy mal conocidos, como los de los
subternentes Doti y Guisasola en León, enero de 1838: ambos fueron
prontamente fusilados.36
En 1840 se produce la llamada revolución de este año triunfo de EsP~_rtero sobr~ María Cristina, con la marcha de ésta a Fran'cia y la exaltac1~n _de aquel a la _8:egencia. Frente a los proyectos retrógrados de María
~nsti_na -le~ m::rnc1~al, etc.- y frente a los hombres del llamado "partido Jove~anísta -nnemhros de la Sociedad jovellánica, continuadora de
la del ~~ se levantaron los liberales en septiembre de 1840, y le diero~ la VIctona a Espartero.37 Existe ya en esta época un intenso movimiento p~pular, del mejor estilo zurriaguesco de antaño, que es frenado
Y perseguido por el poder oficial, y tampoco prospera un movimiento de
Juntas pro~~iales y Junta Central, como el de 1808.38 Pero a pesar de
esta, '.11oderac1on del poder, empiezan en seguida la sublevaciones, que la
pohtica desacertada del Regente va a intensificar.
, Adu~iendo como pretexto que el partido moderado no reconocía
mas legalidad que la de María Cristina, se preparó una contrarrevolución
para 1841, a cargo de Diego de León y otros en Madrid, Leopoldo O'Donnell en Pamplona, Borso di Canninati en Zaragoza, Narváez en Andalucía,
~ Mont~ ~e Oca en las Provincias Vascongadas. De todos los comprometido~ el ur~co que tuvo cierto éxito fue O'Donnell. Los demás pagaron con
81_1 Vlda el m!ento, excepto Narváez, que no se movió de Gibraltar, es decir, no acudio a sublevar Andalucía.39
. Todo esto repercutió en Barcelona, donde comenzó a derribarse la
Cmdadela para evitar que se repitan en la Ciudad Condal las escenas de
Pamplona, con un muy notable matiz foralista, contra Felipe V, pero
donde come~aron a ser desarmados con cierta alarma estudiantes y jorna1:ros, des~amisados y anarquistas, partidarios todos ellos de Espartero el
ano antenor.40
En noviembre de 1842 Barcelona volvió a inflamarse contra el Regen-

�148 Siglo XIX
te con participación obrera y republicana, y cierto matiz anti-militar41 que
derivó en una Junta Popular Directiva, que contó con amplio apoyo social,
y que pedía descentralización, proteccionismo y reforma liberal del Estado.42 La torpeza de Espartero consistió en no haber encontrado otra r~
puesta que la de bombardear la ciudad. Se puede decir que éste fue el pnncipio del fin de su Regencia.
Al año siguiente, en efecto, moderados y progresistas catalanes ~
unen al movimiento generalizado en toda España contra Espartero, movimiento centralista, es decir, propugnador de una Junta Central a partir de
las Provinciales, al estilo de 1808, contra el progresismo anglófilo y centralizador del Regente. Aunque en la España de entonces había una gran variedad de pensamiento político radical -comuneros, isabelinos, federalistas, carhonarios, al decir de Tanski43- bastó la acción solidaria promovida
por el Eco del Comercio para defender la libertad de imprenta -25 de octubre de 1843- para congregar en la oposición al gobierno a moderados y
progresistas, y a que, mediante la victoria militar de Narváez, oportunamente desembarcado en Valencia, el glorioso movimiento nacio~al de
1843 se transformase en una fecha más de las que marcaron la contrarrevolución en España. A los progresistas, por apocados, se la jugaron los moderados. También es normal en nuestra Historia. En este rápido desarrollo
de los acontecimientos Zaragoza, Valencia y Sevilla ocupan, junto a Barcelona, un puesto esencial.44
Espartero perdió la Regencia, y la reina, inconstitucionalmente, fue
proclamada mayor de edad. Olózaga tuvo que huir de España. Mientras
tanto comenzaban las persecuciones. Doscientos republicanos sevillanos se
apoderaron de Morón, pero batidos en Benamejí, fueron pasados por las
armas. Lo mismo ocurrió con otros que se alzaron en La Carolina 45 Ya
con régimen oficialmente liberal comenzaba la larga queja de los hombres
sensibles, de los amantes de la Libertad, como en las mejores épocas absolutistas. La Guardia Civil se creó en 1844. Incluso las exhalaciones inocentemente poéticas se vieron perseguidas.46 Esta política moderada, con
exclusión total de los progresistas, determinará el destronamiento de Isabel II en 1868. Pero para llegar a esta fecha en algún sentido grande, todavía habrá que pasar por la revolución de 1854 y los diversos movimientos
que la prepararon.
Inspirándose en el levantamiento de septiembre de 1840 y contra la
ley de Ayuntamientos repuesta inmediatamente por el Gobierno reaccionario, se levantó Don Pantaleón Bonet en Alicante, seguido al poco de la
formación de una Junta en Cartagena.47 Pero fueron en seguida desbaratados. Bonet, ex-carlista pasado a t.:sparlero, pagó con su vida48 Esto no es
nuevo, pero sí lo fue que el ¡¡;ohierno cobró miedo, veía por todas partes

A Gil Nova/e,: Revuelta, y revoluciones en E.paila

149

partidari08 de la Junta Central, y de hecho, aunque no de derecho, pUS8
fuera de 1a ley al partido pro~ista, va que consideraba instigadores de
la revolución a Pascual Madoz y a su hermano Femando, Manuel Cortina,
Joaquín Garrido, Juan Antonio Garnica, Joaquín María López, M4,rucl
Ors y García, Joaquín Verdú y · Pérez, Mamés Benedicto, el Marque.,;¡ de
Tabuérniga, Ramón Calatrava, Becerra, Caballero, Velo,. etc_, v al obispo
electo de Jaén.49 A todos ellos se les formó proceso, y aunque fueron
absueltos, el efecto de considerar provisionalmente delincuente a
toda actitud política no moderada se había conseguido. Esto recuerda viejos procedimientos de 1820. Se diría que nada bahía cambiado en España.
Sin embargo 1a revolución era necesaria, y la conducta a diario del poder acrecentaba esta necesidad. Así lo comprendió el general Don Martín
Zurbano, quien en noviembre de 1844 se pronunció en Nájera en favor de
1a Constitución de- 1837: sólo le siguieron los pueblos de Hecho y Ansó,
en el Pirineo aragonés, por lo que fueron todos prontamente vencidos. La
ejecución de Zurbano se hizo celebre en los anales de España.50 Esta situación, más 1a aprobación en 1845 de 1a reforma tributaria de Mon, determinó el eatallido de la revolución gallega de 1846, llamada de "los márt:ites del Carral". por el d~o que tuvieron sus protagonistas: ser fusilados en el pueblecito de Carral Iniciada la sublevación en Lugo por el coronel Miguel Solís y Cuetos a los gritos de ¡Viva 1a libertad! ¡Viva la Reina
libre y constitucional! ¡Abajo la camarilla y el dictador Narváez! ¡Abajo el
sistema tributario!, se pronunciaron sucesivamente las ciudades de Santiago -con 8118 estudiante&amp;- Pontevedra y Vigo, fonnándose una- Junta Suprema del Reino de Galicia. Esta es la primera vez que empiezan a notarse
ciertas tendencias galleguistas, ejemplificadas en 1a persona de Antolín
Faraldo, director del periódico La revolución. Solís se comportó en su sublevación con una caballerosidad que recuerda 1a de Riego en 1820. El premio ya se ha dicho: sorprende en efecto la vesania con que 108 sublevados
de 1843 fusilan a los que contra su violación del derecho se sublevan posteriormente.51
Todavía en esta época se señala la existencia de motines del pan, como
el de Sevilla de 6 de mayo de 1847, motfu que dio lugar, como era sólito,
a que el jefe político resignase su poder en el capitán general, quien curándose en salud prohibe 1a salida antes de la hora acostumbrada de los ohrl}ros de la fábrica de tabacos.52 También en La Coruña, 20 y 25 de marzo de
1847: oposición al embarque de maíz; Granada, 4 de mayo de 1847, provocado por el precio del pan,53 etc. Esta situación explica la aparición de
partidas carlistas, autorizadas a la rebelión por el fracaso, público ya en
1845, de los planes matrimoniales entre Montemolín (Carlos VII) e Isabel
II. Las partidas aparecen en Cataluiia (Berga), y por lo menos La Mancha y
Andalucía. Fenómeno interesante es la colaboración entre carlistas y repu-

�A, Gil Nova/e,: Revueltas y revolucione, en España

150 Siglo XIX
blicanos, motivada a mi juicio por la guerra sin cuartel a ~e se entregr ~
fumas del orden, con frecuente utilización de la que mas tarde se amo
ley de fugas. Aun así no deja de ser políticam_ente sorprendente la formación de la llamada conspiración cario-republicana en tomo de Cabrera.
Aunque Montemolín ya el 12 de septiembre de 1846 dio un _manifiesto en el que dice que los resultados de la acción ~arlista no han sido como
se esperaba, y en consecuencia predica concordia entre los españoles, las
-de la insurrección la prolongan hasta enlazar con la revolu-_
causas de f ondo
l , ·
dir
Esp ción francesa de 1848. La vigilancia de Narváez ogro _unpe en
ana
una fuerte participación revolucionaria, pero aun as1 hubo conatos e?
l Ah d) Madrid y Sevilla, además de Cataluña. MontemohHuesca (Manue
ª '
·
y
final d 1848
nistas hubo también en Navarra y en el País asco, pero a . es ~.
· · to está terminando en todas partes. Algunos motines militares
el movmuen
. d
ha
un·1cado
- Sevilla, diciembre 1848- indican que la inquieto se
com
54
también a las fueraas armadas.

Lo e en 1848 no pudo lograrse, se realizará unos añ~s después, ya
que exiJ: en todo el país una sorda oposición al n:1oderanttsmo; h? u~
erenne actitud de expectativa, que busca el desquite. Conocem~ a eXt&amp;iencia de alguna Junta revolucionaria en, 1853, como l_a de C;~ª,
uesta de rogresistas avanzados y democratas repuhlicano8: . ero a ~
!olución v"! a comenzar bajo la fonna clásica de un pronunctam1ento militar, protagonizado por los generales O'D~mnel y Dulce.

tm•

-

151

hecho decisivo de la revolución hay que ponerlo en Madrid o en provincias.57

Lo que sí es evidente es la continuidad que esta serie de revoluciones
tienen con los momentos revolucionarios anteriores del pueblo español.
Es el espíritu de 1820 y de J 835-36, y de 1840-1848. Todavía el 7 de julio el ministro de la Guerra, Áuseh10 Blaser, para acabar con el alzamiento,
ofrecía el perdón de la Reina a los sublevados. Unos días después el pronunciamiento de la división que mandaba el propio Blaser dio al traste con
toda resistencia. Nada indica mejor el ánimo de la insurrección que el siguiente fragmento de carta de la Junta Popular de Gobierno de Pozoblanco:
Once años hace que día por día están anhelando los que tienen la
honra de componer esta Junta Popular, el triunfo de la libertad,
la libertad de la Patria y la reparación de sus inmensas pérdidas
desde el año del 43. Once años de esclavitud, de persecuciones, de
amargura y conflictos han desaparecido como en fugar meteoro...57a
ante el triunfo de Espartero y San Miguel Estos nombres, fantasmas del
pasado, como decía Marx,58 eran el producto de la revolución en provincias, especialmente en Aragón, y en Madrid. Interesante tema, que aquí no
podemos ni tocar, es ,.J de la conducta ante la revolución de la guardia civil, que sólo contaba diez años de vida.59 Llama la atención, entre los telegramas que envían las Juntas revolucionarias, la mención de que reina la
más completa tranquilidad, lo que parece indicar que los elementos de orden dominan y encauzan las fuerzas populares.60

VI.

La

l'tica
de los llamados ministros de Palacio, los proyectos de reví1
.,
nstituPº.ci·onal _ 1·nspirados en parte por el éxito de Napoleón ID en
s1on co
·
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las concesiones ferroviarias dieron lugar a una S1tuac1on e ~o1851- Y
·t-'!,.,__º y militares preteridos en las -preferencias
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56
l Conde de San Luis buscaron novelescamente el cammo para arsel.d
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or tanto una revue ta e
En un -primer momento la cosa no pas a e ser, P,
1' 28 d . . d
,rivile .ados. El -pronunciamiento de Leopoldo O Do°:°e. ~ 1umo e
1
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1!- d ""otarse en sí mismo ante la mdiferenc1a general
1854- coma pe~o e....,
'
. , d el famoLa conciencia de la situación en que se encontraba le obligo¿ ar. Cá
so Manifiesto de Manzanares -6 de julio-, redacta~o por
t~?1º novas del Castillo, el futuro cabecilla de la Restauracion. El Manifies~ _con,
d
aJid~d pública y buen gobierno y el restahlec1ID1ento
tema promesas e mor ..
,
l ., . B
de la Milicia Nacional. Por él la revuelta se transfonno_ en r~vo uc1on. arcelon Valencia, San Sebastián, Valladolid y en Madri~ nus_~o tuvo l~ar
la cél:,bre revolución de Julio. No voy a enlrar en la discuSion sobre SI el

Esto es justamente lo que pasó en Madrid, en donde la revuelta popular dio lugar a la formación de Juntas, como la llamada del Sur, con fuerte acento demócrata: frente a ella la Junta de Salvación, Armamento y
Defensa, constituida por San Miguel, no tenía más finalidad que salvar a la
Monarquía, evitando los aspectos más peligrosos de la revolución. La solución estaba en Espartero y O'Donnell a la vez. Pero es sintomático que
mientras O'Donnel camino de Madrid pregunta por telegrama el 24 de julio si ya ha llegado Espartero, éste informa el 28 desde Guadalajara que viene bastante fatigado, por lo que hasta el día siguiente no saldrá de Alca-

lá.61
Así dio comienzo el llamado Bienio progresista, que temina en 1856
con la eliminación de Espartero del Gobierno. Durante este tiempo todavía más abiertamente de como lo hiciera en épocas pasadas, el Trono conspira contra la revolución, se convocan unas Cortes constituyentes, redactoras de una Constitución que no llegará a regir, se promulga una nueva ley

�A. Gil Noooles: Revue/uu y reoolucionu en E,palla

152 Siglo XIX
desamortizadora, que dará lugar a conflictos con la Iglesia, se asiste a una
62
nueva rebelión carlista y hay una intensa agitación popular. Los problemas sociales dieron lugar en Barcelona a una gran actividad luddita, contra
las selfactina.s, a su prohibición y reposición alternativa por la autoridad, al
comienzo de una gran represión en la que se fusiló al líder obrero Josep
Barceló, y finalmente en julio de 1855, siempre en Barcelona, al desencadenamiento de la primera huelga general de España.63 Las ideas socialistas
utópicas cundían por el país.
En 1856 la situación social, incluso campesina, se agravó. Sequía y escasez dieron lugar a motines del hambre, pronto reprimidos. En este ambiente de "peligro rojo", un tanto exagerado, se produjo la sustitución de
Espartero por O'Donnell, es decir la contrarrevolución, frente a la cual la
resistencia que opusieron las clases populares en el mismo Madrid fue notable -Sixto Cámara se encontraba allí-.Hubo también alguna resistencia en
Galicia, y sobre todo en Andalucía, y una vez más en Barcelona, en donde
64
la situación llegó a ser muy seria, y otras ciudades de Cataluña. La represión fue durísima.615
Todavía intentó Sixto Cámara, escapado de Madrid, la resistencia en
Málaga, en noviembre de 1856, con Romualdo de Lafuente, Bernardo García y otros, y en Zaragoza, mediante la creación en abril de 1857 de la Junta Nacional Revolucionaria, en cuyo manifiesto dice no querer
abandonar al pueblo a la funesta dominación de los once años;
a aquella dominación que por abajo difundía el terror y la míseria y por arriba se fonnulaba en escándalos y orgías.Ei6
La citada Junta de Zaragoza formaba parte, probablemente, de la
Nueva Carbonaria, vasta conspiración revolucionaria dirigida desde Portugal por Eladio Manuel Guerra, quien suele firmar "Yo soy el que soy", y
Sixto Cámara, aunque éste no parece haber llevado los hilos de la trama.
De marzo a mayo de 1857 se extiende esta conspiración demócrata, con
aspectos muy arcaicos - la traducción como arma de lucha de un libro B&lt;r
bre Paralelo entre Jesucristo y los Papas, por ejemplo- con voluntad de
extemúnio de toda la familia real española y de todas las autoridades de
Madrid, pero también dando entrada en la conspiración a las organizaciones obreras, de hiladores y tejedores -al hablar de ellos, sin embargo, se
piensa en la Inglaterra de Carlos 1- y lo mismo que en las vísperas de 1848
se acepta la colaboración, como hermanos, de republicanos y carlistas. La
finalidad es la liberación del pueblo y la regeneración de toda la humanidad. En muchas cartas se repite la hase de que "la justicia nacional castigará a todos los traidores, a todos los tiranos del pueblo, a todos los opresores de la humanidad".

153

Se fijó el día de la ruptura en el 10 de mayo de 1857, pero como todos los documentos ultrasecretos -ingenuidad de los revoluóonarioshabían caído en manos del Gobierno, fue fácil desbaratarla. El resultado
fue un centenar de fusilamientos y un millar de deportaciones.67
Yo no sé si en este cómputo ehtra la represión de las gavillas aparecidas en Andalucía en el verano de 1857. Como decía un jefe de la Guardia Civil de Sevilla, "el partido republicano es aquí socialista". Circulan
proclamas impresas sobre la Milicia (Nacional), sobre libertad de imprenta. Se temen los ataques a la propiedad en la fonna de incendios y robos.
De hecho a finales de junio de 1857 apareció en Utrera, Pruna, Arahal,
Paradas, etc., una facción de 120 o 150 hombres, capitaneados por D. Manuel Caro, comandante expulsado del ejército por la reacción de 184.5, partida que difunde el grito de "Viva la República, mueran las quintas y los
consumos". Típico del movimiento es que a él se sumaron los obreros del
ferrocarril y los segadores de Puente Genil. Después se dijo que el motín
de Arahal era comunista.
La represión fue feroz. El ejército les pemiguió y derrotó, e incluso en
algún comunicado oficial se habla de que los habitantes de los pueblos colaboraron a la derrota de los revolucionarios; pero habría que saber de qué
clase de habitantes se trata. Los principales jefes, Manuel Caro, Gabriel
Lallave, Rafael Latorre, fueron inmediatamente fuailados, lo mismo que
Antonio Romero, alias "el Buñolero", y otros muchos. Las ejecuciones se
sucedieron desde el 8 de julio hasta el 15, en cuya fecha se dio la orden de
que siga en sus tareas la Comisión militar, pero que no se mate a nadie antes de consultar con S.M., por si tiene a bien ejercer la regia prerrogativa. A
esta orden tardía se había llegado como consecuencia de las peticiones de
indulto de Sevilla, del 13 de julio de 1857, que todavía hoy nos impresionan: imploran misericordia el pueblo sevillano (95 páginas de firmas), la
Asociación de Beneficencia Domiciliaria de la capital -vicepresidenta, la
Marquesa Viuda de la Motilla; secretaria general, la Marquesa del Moscoso- y el propio Ayuntamiento de Sevilla.
Además de las ejecuciones, hay que contar las deportaciones, muchos
enviados al Penal de Ceuta y al correccional de Badajoz "a fin de alejarlos
del trato y relaciones que pudieran tener con sus respectivas familias" (sic).
A algunos, como al capitán general de Andalucía Atanasio Aleson, no les
parece esto suficiente. Aleson solicita del Gobierno que, después de que se
haya cumplido la ley en todo su rigor, se le permita mandar al servicio de
las armas en Ultramar a los jóvenes de los pueblos que hubiese simpatizado
con la rebelión. El Gobierno lo pensó acaso mejor y sustituyó a Aleson por
Manuel Lassala y Solera, quien el 19 de julio dio un manifiesto en el que
decía que el ejército ha sido, y será, "la tahla salvadora del trono, de las

�154 SigloXIX
instituciones y del orden", y anunciando tamhiin que a partir de ese día
cesan las penas de muerte.li8
En mano y abril de 1860 tuvo lugar una intentona carlista, con el coronel Jaime Ortega en San Carlos de la Rápita. Fácilmente vencido, Ortega
fue ajusticiado, mientras el pretendiente Montemotín huía en tartana.69
Con las insurrecciones andaluzas de 1857 hemos enoontrado ya las famosas agitaciones de la región. Clásica fue la acaudillada en 1861 por Rafael Pérez del Alamo, el albéitar de Loja, quien había montado una conjus
ra con ramificaciones en varios pueblos, Alhama, Loja, Antequera, Mollina,
lznájar y otros; pero la acción se precipitó por un decreto judicial de prisión contra Pérez del Alamo, al que respondió el 28 de junio poniéndose a
la cabeza de 600 hombres, luego aumentados a varios miles con los que t°"
mó la villa de Iznájar y a continuación Loja, al grito de "Viva la Repúhlica
y muera la Reina".
En Loja se hizo fuerte, y resistió el asedio hasta el 4 de julio, en cuya
fecha salieron de la ciudad en todo orden, dispersándose y poniéndose otra
vez a trabajar en el campo. La ideología de Pérez del Alamo es republicana
y anticlerical, con fuerte acento social, aunque no sea del todo exacto llamarle socialista. Todo lo más se ha visto alguna diferencia entre la actitud
del líder y la de la masa que le sigue, -ésta más radical acaso en todo. La represión no fue tan sangrienta como en 1857. Pero el susto, incluso entre
los progresistas, n,.e enorme: Olózaga, en un famoso discurso del propio
año 1861, no dudaba del carácter socialista de los sucesos de Loja, y lo
que es peor, le parecía que toda Espafia lo era, hasta hacerle temblar: incluso a la sopa de los conventos la reputaba propagadora del socialismo.70
También en Aragón en 1861 se persigue a los carbonarios, sin que podamos precisar la exactitud de la acusación.71
El susto no logró, sin embargo, la reconciliación de los partidos pr°"
gresista y demócrata con la Monarquía. Isabel II corría hacia su destronamiento. En 1863 se produce el retraimiento de los progresistas, y la inútil apelación -aún es tiempo, Señora- de Carlos Rubio.72 El general Prim,
cuya historia no era precisamente la de un enamorado de la libertad, se
distanció también de la Corona y pasó al extranjero, dispuesto a conspirar,
tras haber brindado en Oviedo por la Virgen, por Don Pelayo y por el general Riego.73 Los afios siguientes son, en gran parte, los de sus intentos
revolucionarios, que culminarán en septiembre de 1868.

-

VIL
En 1864, puesto al habla Prim con los demócratas, pudo formarse un
directorio revolucionario y dos juntas, una progresista y otra demócrata.

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

155

Se trabaja activamente en lograr adhesiones militares, puesto que en los
planes de Prim y sus amigos el ejército lo era todo. La conspiración penetró
profundamente en los medios militares, pero no se encontraba nadie que se
atreviera a ser el primero, el tiempo pasaba entre la impaciencia de los conjurados. Aiií s~ llegó a la intentona del 6 de junio de 1864, que fue un fr~
caso, y despues a la del 5 de agosto del mismo afio, que fracasó también...
antes de nacer.74
Las dificultades en que se hallaba el Tesoro decidieron a Isabel II a autorizar la venta de una parte del Patrimonio Real, _750/o para la nación,
250/o para su presupuesto particular, lo que fue muy elogiado por toda la
pr_ensa moderada. Emilio Castelar replicó con su artículo "El rasgo", publicado en La Democracia, en el que satirizaba la supuesta generosidad de
la reina Narváez exigió al Rector de la Universidad de Madrid que lo expulsase de la cátedra, el Rector se negó, los estudiantes se manifestaron, la
Guardia Civil ocupó la Universidad: en la noche de San Danie~ 10 de abril
de 1865, hubo nueve estudiantes muertos y más de cien heridos.75
Más gravedad todavía revistieron los sucesos de 1866: sublevación en
Aranjuez y Ücaña de los regimientos de caballería de Bailén y Ocaña, 3 de
enero de 1866, que se pusieron a las órdenes de Prim, sublevaciones militares también en Avila y en Tarragona y en Béjar, aparición de una partida
en Alhama de Aragón. El 22 de junio tuvo lugar el acontecimiento más duradero por su fama posterior: la insurrección de los sargentos de artillería
del cuartel de San Gil, sin sus jefes y oficiales, pero a las órdenes del general Pierrad. Esta sublevación fue seguida el 23 d~ intentos en Cataluña, pero como el resto del país no se sublevó a la vez -cosa frecuente en los pr°"
nunciamientos- los sargentos fueron vencidos, y lo mismo Milans del
Bosch y sus amigos catalanes, que encontraron en Francia su salvación.
Durísima represión se ejerció sobre los sargentos.76
Ya era imposible aguantar por más tiempo a Isabel II. Los preparativos
se hacían febrilmente, la conspiración crecía. Una entrada por tierras de
~uesca en 1867 no dio todavía el resultado apetecido.71 Al final, en septiembre de 1868, la escuadra fondeada en Cádiz, de acuerdo con los militares y con los partidos, dio el grito de insurrección, que rápidamente fue
secundado en todo el país por las Juntas clandestinas o que inmediat~
mente se fundaron.
. De manera que la revolución de 1868, la gloriosa revolución de septiembre, fue un pronunciamiento militar de acuerdo con hombres civiles,
inmediatamente secundado por el pueblo. La narración de lo sucedido en
numerosos puntos de España adquiere tintes inconfundihlemente dem°"
cráticos. Pero nunca se mezclaron ambos elementos, el militar y el dem°"

�A. Gil Novales: Revueltas y revolucione, en E,paiia

157

156 Siglo XIX
crático. Las Juntas provinciales querían repetir el programa de 1808, tan
buscado a lo largo del siglo XIX, pei:o Prim impuso su criterio: Monarquía, aun con otra dinastía, sometimiento de las Juntas y de los Voluntarios de la Libertad, control del Ejecutivo. El instrumento para burlar la
revolución popular fue la Junta revolucionaria de Madrid, quien ahusando
de sus poderes, reconoció al Gobierno provisional, es decir a Prim y a los
generales.78
No es de este lugar detallar las diferentes candidaturas al trono. Sí, en
cambio, decir que el desencanto popular produjo los alzamientos republicanos de 1869, a cuya represión se aplicó el ejército.79 Como en ningún
momento en el curso del llamado Sexenio (1868-1874) hubo una profunda reforma de la Hacienda, la contrarrevolución vendrá por sí sola, por
agotamiento y conspiración, y los mismos hombres de la situación de
1868, con muy pocas excepciones, se incorporarán a la contrarrevolución
borbónica.

tividad, y aunque tendrá momentos de euforia, el pasado le pesa y siempre
la recaída es más dolorosa. Por lo menos la conflictividad nacional ha contribuido a desenmascarar a las fuerzas de la reacción, que ya no podrán
abroquelarse en palabras cándidas y generosas. Y otra consecuencia importante: a lo largo del siglo XIX, cualquiera que sean las ideologías proclamadas, la actitud, sincera o calculista, del revolucionario es lo esencial,
pues en esa centuria se irá dando un cambio paulatino de fuenas que pasarán de la revolución clásica decimonónica a la reacción ya en términos del
siglo XX. Esta inserción de ex-izquierdismo en las sucesivas reacciones, y
no sólo las actitudes políticas, sino las fuenas sociales representadas, contribuirá de manera eminente a la fuerza del franquismo, el fenómeno social
y político más importante de nuestra época en Espaiia. Pero desarrollar este tema no cabe en los límites del presente trabajo.

NOTAS

Antes de llegar a este resultado, las Cortes han aprobado la Constitución de 1869, la más avanzada del país, que vuelve a enlazar con la de
1812, y se ha proclamado rey de España a Amadeo I de Sahoya, y por abdicación de éste en 1873 las dos cámaras reunidas han proclamado la Primera República. No faltaron los conflictos: guerra de liberación en Cuba,
nueva guerra carlista en el Norte, insúrrección cantonal por impaciencia de
los federales y de sus aliados los internacionalistas, pues de 1868 las doctrinas de Bakunin, difundidas por Giuseppe Fanell~ se han adueñado de
gran parte del proletariado español.
Hay falta de entendimiento entre los republicanos antiguos y los nuevos, los ex-radicales que habían sido partidarios de Amadeo. Prohombres
radicales, como Martos, intentan repetidas veces el golpe de Estado. Frente a la triple subversión, carlista, cubana y cantonal, los gobernantes de la
República, no obstante con frecuencia su altura moral, no encuentran más
solución que el restablecimiento de la disciplina en el ejército puesto en
manos de generales monárquicos y contrarrevolucionarios. El golpe de Estado del general Pavía, que disuelve manumilitari las Cortes, es la consecuencia de esta política. La Restauración no se hace esperar: el 29 de diciembre de 1874el general Martínez Campos, a! frente de la brigada Dahán,
proclamaba a Alfonso XII en Sagunto.00
No termina con ello la historia revolucionaria de España. El siglo siguiente se iba a revelar igualmente conflictivo e igualmente insatisfactorio. España en este lapso se ha transformado: va siendo cada vez más un
país burgués, con resabios arcaicos y gran dependencia del exterior. El
pueblo, mientras tanto, ha buscado su liberación con una tesonera acome-

l. Cf. Manfred Kossok, "Comuneros und Gennanfas. Spanien an der Schwelle der
frühbürgerlichen Revolution", Zeit,chrift for Guchichte, Heft 1, 1979, pp.
46-65.
2. Cf. ~erre Vilar, "El 'motín de Esquilache' y las crisis del Antiguo Régimen",
Revista de Occidente, 107, febrero de 1972.

3. Vilar, ob. cit., y Gonzalo Anes, "Antecedentes próximos del motín contra ~
quilache", Moneda y Crédito, U8, maIZo de 1974, pp. 219-224.
4. Cf. Vicente Rodríguez Casado, "La 'revolución burguesa' del XVIIl españof',
Arbor 61, enero de 1951; y Laura Rodríguez Díaz, "The Spanisb Riots of
1766", Panand Pruent 59, mayo 1973, pp. 117-146.

5. Cf. Giovanni Stiffoni, "Diplomazia ed 'opinione pubblica' vene-ziane di fronte ad
una crisi dell'assolutismo rifonnatore: le rivolte di Madrid e provincie del 1766"

NU-OVa Rivista Storica, V-VI, 1982, pp. 511-546.

'

6. Remito a Alberto Gil Novales, Política y Sociedad, en Manuel Tuñón de Lara
(dir.), Hutoria de E,paila VII, Centralúmo, Ilustración y agoniá del Antiguo
Rigimen (1715-1833), Barcelona, Labor, 1980, 221-227 (en adelante Centralismo).
7. Cf. Marcelin Défoumeaux, Pablo de Olavide ou l'Afrancuado París, PUF 1959·
y del mismo: "Régalisme et lnquisition: une campagne co~tre Campo~anes"'
Me'lange, a la mémoire de I ean Sarraiih, París, lnstitut d'Etudes Hispaniques:
1966, l, pp. 299-310.

8. Cf. Franco Venturi, Settecento riformatore. IV. La caduta de0'Antico &amp;gime

q;;i-::.89),

Tomo I, I grandi stati dell'Occidente, Turin, Einaudi, 1984, p.

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

158 Siglo XIX
9. Cf. Memorial-ajustado hecho de orden del Consejo-Pleno, a instancia de los Señores FÍ8Cale&amp;, del e:rpediente consultivo vilto por remisión de Su Mag. a él. sobre el contenido, y e:rpresiones de diferentes Cartas del Rev. Obispo de Cuenca
D. Isidro de Carbajal y Lancaster. Con licencia Barcelona, Thomas Piferrer,
1768. El ejemplar de mi propiedad lleva al fmal una nota ms., en la que se da
cuenta de la muerte del obispo en 1771, y se ponderan sus virtudes ejemplares,
modelo para prelados y sacerdotes.

10. Cf. Alberto Gil Novales, ob. cit., pp. 251-252.
11. Cf. ob. cit., en n. ant., pp. 254-256.
12. Ecija, Imp. de D. Benito Daza, 1794. Palau registra otras eds. de 1794, 1795,
1813, 1814, 1815, 1840 y 1895.

13. Cf. Irene Castells, "Els rebomboris del pa de 1789

a Barcelona", Recerques I,

1970, pp. 51-82.
13a. Cf. Juan Manuel Bedoya: Retrato histórico del Emmo. Excmo. e Rmo. Señor
Don Pedro de Quevedo y Quintana, Madrid, Imp. que fue de Fuentenebro, 1835.
14. Cf. Manuel Aidit Lucas, Revolución liberal y revuelta campesina, Barcelona,
Arle), 1977, pp. 96-98; y mi Introducción a Juan Romero Alpuente, Hiltoria de
la revolución espaflola (en prensa).
14a. Cf. Iris M. Zavala: "Picomell y la revolución de San Blas: 1795", Historia Ibérica, 1, 1973, 35-58; la misma: "Cabarrús y Picornell: un documento desconocido", Cuadernos hispanoamericanos, ·Junio 1969, 774-782; M.ª Jesús Aguirrezábal y José Luis Comellas: "La Conspiración de Picomell", Revista de Historia
Contemponinea, Sevilla, 1, diciembre de 1982. 7-39; Giovanni Stíffoni: "Dal
'Motín' contro Esquilache al 'Motín' di Aranjuez: la transformazione di un
modello nella crisi dell' Antico Regime in Spagna", Annali di Ca' Foscari, XXI,
1-2, 1982, 200-204.
14b. Cf. María Rosa Saurín de la Iglesia: Reforma y reacción en la Galicia del siglo
XVffl (1764-1798), La Coruña, "La Voz de Galicia", 1983, pp. 135-165.
15. Cf. Ardit Lucas, ob. cit., pp. 9!Hl9.
16. Cf. A. Gil Novales, Centralismo, pp. 262-263, y Claude Morange: "El Conde del
Montijo durante la Guerra de la Independencia Apuntes para su biografía",
Trienio 2, de noviembre de 1983, pp. 3-40; del mismo, "El Conde del Montijo.
Reflexiones en tomo al 'partido' aristocrático de 1794 a 1814" Trienio 4
de noviembre de 1984, pp. 13-67.
'
' '
17. Cf. Jean-René Aymes, La Guerre d'lndépendance E,pagnole, París, Bordas,
1973, pp. 72-74; Alberto Gil Novales, "El problema de la revolución en el lfüeralismo español (1808--1868)", Estudios de Historia socia~ 22-23, julio-diciembre de 1982, pp. 12 y ss; del mismo Centralismo, 270.
18. Cf. Antonio Moliner Prada, &amp;tructura, funcionamiento y terminologú, de la,
Juntas suprema, provincialu en la guerro contra Napoleón. Los casos de Mallorca, Cataluña, A1turias y León, tesis doctoral inédita leída en la Universidad Autónoma de Barcelona en 1981.

159

19. Cf. Impugnación que hacen lo, individuos que compusieron la Suprema Junta
Central al Manifiesto del Capitán General Don Gregario de la Cuesta, Cádiz,
Imp. del Estado-Mayor-General, 1812, p. 6. de los Documento, puestos a modo
de Apéndice. La carta de Castaños está fechada en Madrid a 18 de septiembre de
1808.
20. Cf. Alberto Gil Novales, Las Sociedade, patrióticas, Madrid, Tecnos, 1975, p.
803 (entrada Diego Correa, quien habría sido el dirigente del motín). En adelante, Soc. Patr.
21. Cf. "Causa contra D. Vicente Ramón Richart, D. Baltasar Gutiérrez, D. Ramón
Calatrava, D. Juan Antonio Yandiola, D. Simón la Plaza y otros, formada en
1816 sobre conspiración contra la persona del Rey", en Colección de la, causas más célebres e interesantes de lo, mejores modelo, de alegatos, actuacione,
frscales, interrogatorios y la, más elocuentes de/ensa, en lo civil y criminal del
foro espaiio~ francés e inglés por una Sociedad de Jurisconsultos. Parte española. Madrid, Libr. de D. Leocadio López, 1863, VIII, pp. 77-291; y Ma. Pilar Ramos Rodríguez, La conspiración del triángulo, Univ. de Sevilla, 1970.

a

22. Cf. Karl Marx, "La intervenció
Espanya", presentado por Jaume Torras,
Recerques, 6, Barcelona, 1976, pp. 7-11 (fragmento de un texto de 1864, incorporado en alemán a las Marx Engel, Werke, Berlín, 1970).
23. Cf. para toda la época mis libros Céntrafümo, cit.; Soc. Patr.; y El Trienio libera~ Madrid, Siglo XXI, 1980.
24. Cf. Jaime Torras Elías, La guerra de los Agraviados, Univ. de Barcelona, 1967.
25.

et

sobre las conspiraciones de este periodo mis artículos "La contrarrevolución femandina (1814-1820 y 1823-1833)", Hiltoria 16, extra 111, junio de
1977, pp. 7-26, y "Repercusiones españolas de la Revolución de 1830'', Anales de Literatura española, Universidad de Alicante, n. 0 2, 1983, pp. 281-328.
Cf. también Irene Castells Oliván, "Torrijos y Málaga",]ábega, Málaga, 1982 El
contexto europeo en Clive H. Church: Europe in 1830, London, Geo¡ge Allen &amp;
Unwin, 1983. Del mismo: "Success and failure in 1830", Trienio, 2, de noviembre de 1983, pp. 41-72.

26. Cf. Francisco Javier Puerto y Carlos San Juan, " La epidemia de cólera en 1834
en Madrid", Estudios de Historia Socia4 15, octubre-diciembre de 1980, pp.
9-63.
27. Cf. Roberto Castrovido, La quema de conventos, en José M.a de la Chica, Cómo
se incendiaron los conventos de Madrid, Madrid, Edit. Castro, s. a. (1931),
pp. '.Vi.
28. Cf. Diario de la, sesiones de Cortes, No. 32, 6 de septiembre de 1834, p. 199.
29. Cf. mi art. " El movimiento juntero de 1835 en Andalucía", Cuaderno, de F11ología, Universidad de Valencia, III, 3, 1983, pp. 85-118.
30. CT. mi art. "El problema de la revolución en el h"beralismo español (1808-1868),
Estudios de Hiltoria Socia~ 22-23, julio-diciembre 1982, pp. 7-22.

�A. Gil Novales: Revueltiu y revoluciones en Lpaña

160 SigloXIX
31. Cf. el cap. V. "Liberalism and Carlisrn" de Raymond Can, Spain 1808-1939,
Oxford, Clarendon Press, 1966.
32. Cf. El Duende liberal, Madrid, No. 82, 19 de noviembre de 1836, y números siguientes hasta el 232, 13 de mayo de 1837. Y El Matamoscas, Madrid, cit. en
nota siguiente.
33. Cf. mi art, "Prensa satírica de la época de Larra: El Mawmos00$", en Albert
Dérozier (ed.), Revisión de Larra, París, Les Belles Lettres, 1983, pp. 133-140.
34. Cf. Luis Bordas, Historia de la revolución y guerra civil de España, Barcelona,
Imp. Hispana, 1847, p. 302 y ss..Ramón María Narváe.z, Manifiesto del Mamcal
de Campo• .. en contutación a las acU11aciones del Capitán General Conde de
Luchana, Madrid, Imp. Comp. Tipográfica, 1839.
35. Cf. Exposición de lo, sucesos de Sevilla en el mes de noviembre de 1838, Sevilla,
Imp. de D. J. H. Dávila, 1839.
36. Cf. Fray Gerundio, León, 4.0 Trimestre, 1838, pp. 72-94.
37. Cf. Reselfa histórica del glorioso alz-amiento de 1840, Madrid, Imp. de Vicente
de Lalama, 1840.
38. Cf. Enrique Rodríguez Solís, Historia del partido republicano españo~ Madrid,
Imp. de Fernando Cano y Domingo del Val, 1892-93, II, pp. 376-77; J. A. González Casanova, Federalume i autonomía a Catalunya, Barcelona, Curial, 1974.
39. Cf. Carlos Navarro y Rodrigo, O'Dormel y su tiempo, Madrid, Imp. de la Biblioteca Universal Económica, 1869, pp. 53-55.
40. Cf. Manifiesto de la Milicia Nacional armada de Barcelona. Barcelona, Imp. delConstitucional, 1841.
41. Cf. Manuel J. Risques, "La insurrecció de Barcelona pel novembre de 1842. La
seva dinámica sociar', Recerqu1!4, 10, 1980, pp. 93-112.
42. Cf. González Casanova, ob. cit.,
43. Cf. J. Tanoo, L'Espagne en 1843 et 1844, París, A René, 1844.
44. Cf. Joaquín María López, Exposición razonada de los principales ,ucesos polí-

ticos que tuvieron lugar en España durante el Ministerio del 9 de mayo de 1843,

ª

y después en el Gobierno provisiona~ Madrid, José M. Canalejas, s. a. Rayrnond
Carr, Spain 1808-1939, Oxford at the Clarendon Press, 1966, pp. 224-27.

José Amador de los Ríos, Alzamiento y defensa de Sevilla, Sevilla, Alvarez y

Cia, 1843.
45. Cf. Mario Méndez Bejarano: Idealismo jurídico-político e historia interna de la
Revolución de Septiembre de 1868, Madrid, Real Acad. de Jurisprudencia y
Legislación, 19192, p. 10.
46. Cf. José Ordás y Avecilla, Defensa verbal que el abogado. .. pronunció en el
Jurado celebrado el veinte y seis de junio del presente año, para calificar el folleto titulado Proscriptos y encarcelados, en Causas, cit., VI, pp. 345-37 6 (el

161

folleto comprendía los siguientes canw,: La noche,. de José Ferrer; La expatriación, de Julián Santín Quevedo; Recuerdo, de la Patria, de Amires Avelino
Benítez; La libertad perdida, de Alfonso García Tejero; La esperanza, de Luis
Díaz y Montes; Al 101 de la libertad, de Bmulio Antón Ramírez).
47. Cf. Evaristo Escalera y Manuel González Llana, La España del Siglo XIX, Madrid, J. J. Marfínez, 1865, III, pp. 370-372.

48. Cf. Tansk~ ob. cit.
49. Cf. Causa criminal. • .contra. • •D. Joaquín MarÚJ López y D. Manuel Cortina y
lo, leiiore, D. Pascual Madoz, D. Juan Antonio Gamica, D. Miguel On y García,
D. Joaqu{n Garrido, D. Joaquín Verdú y Pérez y D. Mamé, Benedicto por,ospechas de complicidad en el alzamiento de la ciudad de Alicante verificada en
28 de enero de 1844, en Caiuos, VII, 1863, pp. 5- 222.
50. Cf.. Eduardo Chao, Historia de la vida militar y política de Martín Zurbano, Madrid, Est. li-tip. de P. Madoz y L Sagasti, 1846. Femando Garrido, Historia del
reinado del último Borbón de Lpaña, Barcelona, S. Manero, 1868-69, 11, pp.
604-606.
51. Cf. Francisco Tettamancy Gastón, La revolución gallega de 1846, La Coruña,
Imp. y Fotograbado de Ferrer, 19092.
52. Cf. Diario de Sevilla de Comercio, Arte, y Literatura, 8 de mayo de 1847.
53. Cf. Archivo Militar General de Segovia, Sección 2.0 , Div. 4.0 , Leg. 197.
54. Id. id., leg. 196. Cf. también Teatro de la guerra: Cabrera, los montemolinistas
y ;epublicano, en Cataluña, Madrid, B. González, 1849, y Joan Carnps i Giró,
La guerra deis matiner, i el catalanilme polític (1846-1849), Barcelona, Curial,
1978.

55. Cf. Francisco Rispa y Perpiña, Cincuenta allos de conspirador, Barcelona, Librería Villela, 1932, pp. 7-8.
56. Cf. V.G. Kiernan, The Revolution of 1854 in Spani,h History, Oxford, At the
Clarendon Ptess, 1966. Angel Fernández de los Ríos, Estudio histórico de las luchas política, en la España del ,iglo XIX, Madrid, English y Gras, 1880, 2. a ed.,
II,p. 331 yss.
57. Cf. Mari.e-Claude Lecuyer, "Los pronunciamientos de 1854", Estudio, de Hiswria Socia4 18-19, julio-diciembre, 1981; id.: "La formación de las Juntas en la
revolución de 1854", id., pp. 22-23, julio-diciembre de 1982. José Ramón Urquijo y Goitía, La revolución de 1854 en Madrid, Madrid, CSIC, 1984.
57a. Archivo General Militar de Segovia, Sección 2.ª, Leg. 198. En adelante AGM
Segovia.
58. Cf. Karl Matx-Friedrich Engels, Revolución en E,paña, Caracu-Barcelona, Ariel,
1960 (trad. de Manuel Entenza), p. 37, en donde la frase "ilusiones del pasado"
se aplica a Espartero.

�A. Gil Novales: Revueltas y revolucione, en Espaifa

163

162 SigloXIX
59. Siempre al servicio del Gobierno, según Alfredo Pisso, La Guardia Civil y su
tiempo, Barcelona, s. a., I, p. 80.
60. Así p. ej. ta Junta de Cádiz comunica su instalación el 22 de julio en los siguientes ténninos: "Cádiz se ha adherido al alzamiento nacional Se ha constituído
una Junta. Ningún servicio público se ha interrumpido, y continúa reinando la
más completa tranquilidad" (AGM, Sección 2.ª, Leg. 198 ; estos legajos han
sido trasladados al Servicio histórico militar de Madrid, conservando las signaturas de Segovia).
61. Cf. AGM Segovia, Leg. 198.
62. Cf. Kieman, ób cit. Antonio Ignacio Cervera, La voluntad nacional Como el
pueblo espera que la interpreten la&amp; Corte, Constituyentes, Madrid, Imp. de Tomás Núñez Amor, 1854 (reproducido por Antonio Elorza en Estudios de Historia Socia4 10-11, julio-diciembre 1979, pp. 432-444).
63. Cf. Josep Beneti Casimir Mart4 Barcelona a mitjan segle XIX. El movimiento
obrer durant el bieniprogre,mta (1854-1856), Barcelona, Curial, 1976, dos vols.
64. Cf. Ramón Garrabou, "Un testimonio de la crisis de subsistencia de 1856-57:
el expediente de la Dirección General de Comercio", Agricultura y Sociedad,
14, enero-marzo 1980. Benet i Mart4 ob. cit.; Kieman, ob. cit..
65. Cf. Alberto Columbrí, Memorias de un presidiario político (1857), Barcelona,
lmp. Española de l. López, 1864. Rafael Pérez del Alamo: Apunte, sobre dos
revolucione, andaluzas.. Introducción de Antoruo María Calero, Madrid Zero
1971, p. 51 (desarme de la MN de Loja, la patria de Narváez y de Pé~ez dei

AJamo).
66. Cf. Sixto Cámara, La Junta Nacional Revolucionaria al Pueblo, Zaragoza y abril
de 1857 (hoja suelta, sin pie de imprenta, existente en la BN de París, Oc 1323);
Fernando Garrido, "Sixto Cámara", Obras escogidas, Barcelona, Salvador Manero 1859, I, pp. 389-420.
67. Cf. Pedro de Répide, "Un conspirador de ayer", en Los e,pejos de Clío Madrid, Edit. América, s. a., pp. 107-152. Y AGM de Segovia (ahora en Madrid)
Leg. 175. Pierre de Luz, Isabel JI reina de España, Barcelona, Juventud, 1937'.
p. 202.
68. Cf. Manuel LassaJa. Habitante, del Distrito Militar de Andalucía, Sevilla 19, de
julio de 1857 (bando impreso, en leg. 175 AGM Segovia). Maximiano García
Venero, Historia de la&amp; Internacionales en España, Madrid, Eds. del Movimiento,
1956, I, pp. 51-52.
69. Cf. Miguel Villalba Hervás, Recuerdos de cinco lustros,1843-1868 Madrid La
Guirnalda 1896, p. 197 ss.
'
'
70. Cf. Juan Díaz del Moral, Historia de la&amp; agitaciones campesinas andaluzas - Córdoba, Madrid, Alianza Edit., 1973, pp. 78-81. Rafael Pérez del Alamo, ob. cit.;
El discurso de Olózaga en La Iberia, Suplemento 19 de diciembre de 1861. A.
Gil Novales, "Las contradicciones de la revolución burguesa española", Coloquio Internacional de Lcipzing, noviembre de 1983 (en prensa).

71. Cf. (Eduardo Ruiz Pons), Historia de la causa formada en Zaragoza el año de
1861 contra el Ex-constituyente. •• y consorte&amp;. .•, Porto, Typographia de D.
Antonio Moldes, 1864, pp. 19, 44, 132 y 135.
72. Cf. Carlos Rubio, "Reverente carta que dirige a S. M. la Reina Da. Isabel If',
La Iberia, 12 de diciembre de 1863.
73. Cf. Rafael Olivar Bertrand, Prim, Madrid, Tebas, 1975. p. 385.
74. Cf. Rispa y Perpiña, ob. cit., p. 61 ss.
75. Cf. F. G. Bruguera, Histoire contemporaine d'&amp;pf18ne,1789-1950, París. Ophrys,
1953, pp. 246-247. Andrés Sánchez del Real, Emilio Gaste/ar, Barcelona, Manero, 1873, pp. 128-136.
76. Cf. Pérez del Alarno, ob. cit., pp. 94-98. Enrique Rodríguez Solís. Memorias,
Madrid, Plutarco, 1931, pp. 35-43. Es muy curiosa la novela de Vicente Mor~
no de la Tejera, La sangre de un héroe, Madrid, Robles y cía., s. a., que trae al
final la lista de todos los fusilados.
77. Cf. Juan Massanet y Ochando, Memoria sobre los sucesos de Aragón en agosto
de 1867. Madrid, Imp. de Tejado, 1868. Eugenio García Ruiz La Revolución en
España, París, Ch. Lahure, Octubre de 1867.
'
78. Cf. Manuel Ibo Alfaro, Historia de la interinidad e,paflola, 2 vols., Madrid. Alvarez, 1871 y 1876. Felipe Ducazcal, "Memorias de un empresario", Heraldo de
Madrid, de 4, 8, 12, 22 y 28 de noviembre y de 4 y 17 de diciembre de 1890.
Mario Méndez Bejarano, Idealismo jur{dico-político e historia interna de la Revolución de Septiembre de 1868, Madrid, Real Acad. de Jurisprudencia y Legislación, 1919 (l. a ed. 1889). MM. de Lara, El cronista de la revolución espafiola de 1868, Barcelona, Celestino Verdaguer, 1869. Alberto Gil Novales, La
Revolución de 1868 en el Alto Aragón, Zaragoza, Guara, 1980.
79. Cf. Romualdo Lafuente, Málaga y sus opresores; relato verídico de los últimos
suce,os de Málaga, Orán, 1869. Amalio Gimeno y Cabañas: El partido republicano de Valencia ante la Historia, Valencia, 1870.
80. Cf. Francisco Pi Y Margall Y Francisco Pi y Arsuaga, Historia de España en el
,iglo XIX, Barcelona, Miguel Segu4 1902. t. V.; C.A.M. Hennessy La República federal_ en EsJJ'!fa, Madrid, Aguilar, 1966. Nelly Clémessy, L'Espagne de
la Restaurafion, Pans, Bordas, 1973. Earl R. Beck, A Time of Triumph and of
Sorrow. Spanish Política during the reign of Alfonso XII. Southern Illinois Univ.
Press 1979. A. Houghton, Les origines de la Restauration de, Bourbons en
Espagne, París, Pion, 1890. Manuel Espadas Burgos, Alfonso XII y los orígenes
de la Rutm,ración, Madrid, CSIC, 1975.

�Colonialismo y absolutismo español:
el contrapunto balear del Dieciocho

Lluís Roura i Aulinas*

l.

El proceso de implantación de las monarquías absolutas europeas
viene a ser un "tour de force" permanente desde la Baja Edad Media hasta el final del Antiguo Régimen. Aque1 viene dado por la resistencia que
ofrecen la infinidad de poderes que, bajo una gran diversidad de formas,
se resisten a desapareer o a modificarse. Se trata del peso del "privilegio"
-estamental, local, territorial, dinástico...- en la sociedad feudal.
En el caso español, cuya monarquía deriva hacia la formación de un
imperio, la fragilidad de su carácter absolutista se patentiza especialmente
en la resistencia a la unión por parte de algunas de las coronas y territorios que la configuran (unión tardía, por ejemplo, de la Corona de Aragón
-cuya oposición no será superada con éxito prácticamente hasta finales
del siglo XVII-; o el abierto enfrentamiento de los Países Bajos - verdadera gangrena del principal requisito en la estabilidad del poder absoluto:
la salud de sus finanzas--).

En este marco, la organización del poder y la administración de los
territorios del "Nuevo Mundo" - en los que se impone tabla rasa del elemento indígena- aparece, teórica y formalmente, como tierra propicia
para el establecimiento del ideal absolutista de la corona.
Virreinatos, gobernaciones, capitanías, corregimientos, audiencias...
una estructura que aspira a garantizar la vinculación directa al ejercicio del
poder real. No parece exagerado decir que se pretendía establecer una
"Castilla ideal" en las Américas - al menos a efectos de la monarquía- . Su
fracaso, al que tanto contribuyó la lejanía de los nuevos territorios, pero
sobretodo su subordinación a las urgencias de Castilla y la Corona, no obs-

*Facultad de Letras, Universidad Autónoma de Barcelona

�166 Siglo XIX
ta para poner de manifiesto aquellas pretensiones ni para reconocer la voluntad de la monarquía de estructurar un nuevo modelo de Estado.

El cambio dinástico en el siglo XVIII no supuso un viraje sustancial
respecto de los planteamientos de los Austrias españoles: ni en cuanto a las
colonias (se aspira a mayor eficacia en la satisfacción de un móvil incuestionable: la apropiación de riquezas), ni mucho menos respecto de la aspiración de culminar el estado absolutista en España.
La consolidación en el trono de Felipe V, tras la Guerra de Sucesión
(1700-1714), va a permitir a este monarca ampliar las parcelas del absolutismo especialmente sobre aquellos territorios, peninsulares e insulares, que
aparecían derrotados (fundamentalmente los de la Corona de Aragón). La
reestructuración formal del poder y la administración supondrá, en primer
lugar, un barrido de las instituciones -consideradas puntales de la resistencia secular-. No es de extrañar que luego, en lo que se supone la nueva
planta institucional-absolutista, se tienda al modelo que se tiene a mano:
aquel que se había establecido en las colonias y en el cual se seguía confiando. Que su planteamiento responde a la aspiración de racionalidad absolutista, lo ratifica la reestructuración de la fiscalidad que acompaña a la
nueva planta administrativa.
11

En este marco, pues, creo que es útil, tanto epistemológica como metodológicamente, llamar la atención sobre el paralelismo y las divergencias
que se dan entre las realidades coloniales y la balear, en el marco del establecimiento de una misma monarquía absoluta. Resulta difícil considerar
meras coincidencias a determinados rasgos paralelos, así como aceptar que
obedecen a factores que no tengan en común más que la mera formalidad.
Por lo que se refiere a los dominios de la Corona de Aragón, se ha insistido mucho, tradicionalmente, en el cambio que supuso la implantación
de los decretos de Nueva Planta. Por ellos se suprimían, en el caso de Baleares (25 de noviemhre de 1715), sus instituciones propias y multiseculares ( el Gran i General Consell, los Jurats de Palma y del Reino, las Univer•
sitats. .. ). En su lugar se establecían la Audiencia, la Capitan(a Genera~ los
Regidores municipales, el Intendente. .., todos ellos dependientes, en última instancia, del Consejo de Castilla.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la situación bajo el reinado
de los Austrias estaba lejos de ser tan halagüeña como supone la historiografía romántica. Como ya hemos indicado, más bien hay que considerar
qu los decretos de Nueva Planta imponían, con la facilidád de la victoria
militar, lo que también había sido una vieja aspiración austriacista, y resolvían una dinámica de poderes enfrentados que venía siendo característica

L. Roura i Aulinas: Colonialismo y abaolutúmo espaliol

167

de los tiempos modernos, desde sus inicios.
Para los territ~~os peninsulares el planteamiento borbónico suponía
~le~er una pohtica claramente centralizadora. Sin embargo, para los
te~t?nos de fuera d~ la Península, y éste es el caso de las Baleares, aquella
P?htica se decantaria -dados los condicionamientos del momento, por
eJemplo en algo tan elemental como las comunicaciones- hacia un carácter
~u~h~ más propio al de su área de procedencia, institucionalizando una
dinánuca de dependencia equiparable a la que es propia de las relaciones
entre colonia y metrópoli.

Mallorca había tenido hasta el siglo XVIII una situación que derivaba
de una dependencia institucionalizada de hase feudal, respecto de la Penín.
sula -fundamentalmente respecto del Principado de Cataluña-· situación
establecida, fund~en~en~e, soh_re la hase de las rentas ~arias, por
~~e de una !!'an divel'Sldad Jerarqmzada de señores e instituciones. En el
siglo XVIII, sm embargo, se da el paso a una situación en la que la dependencia _respecto de la Península -ahora fundamentalmente Castilla- se
ª?°Yara en un esquema que podemos denominar de tipo colonial-absolu~ La fal~ de conci~~cia de esta situación en la sociedad balear no desVll'tú~ esta mterpretac1on. Como se sabe, el mismo fenómeno colonial
amencano nunca fue planteado y reconocido como tal por la monarquía
esp~ola, y hasta el siglo XVID tampoco parece que lo reconocieran O explicitaran así aquellos pueblos.
Sin embargo, no creo que pueda aplicarse de manera genuina el esquema colonial a_las ~as Baleares. Entre otras razones porque no representan
un ce~tro de mteres ~ara la explotación colonial No hay bienes de los que
aprop~ (en cu:i!quier caso la confiscación de las salinas de Ibiza confirma la mterpretac10n
que estamos dando)·, su "micultura
es defic1·tan·a,yel
.
~-comerci? ~e se es~erza_ en resurgir no atrae más que a ciertos sectores de
las r~op1as islas. El mteres estratégico -tanto a efectos económicos como
~hticos- P:U-ece ser, pu~, una de las razones de mayor peso en el empeno metropolitano -especialmente tras la situación internacional estahlecid? en Utrech~-:· No debe extrañar, pues, que se procure el control y dominio con e~ m1rumo cost~. Por ello, a nivel ~terno, la sociedad mallorquina
va a funcronar y evolucionar -tanto economica como socialmente- b ·
e~emalas " autar'qwcos
• " . Es d ecir:
· los propios de una sociedad agraria traªJº
dicion
ABí pues, el paso a una forma de dependencia colonial-absolutista en
l~ ~al~es -que se pone de manifiesto tanto en la dinámica política y admmIStra~a com? ~n las reformas tributarias y en el control sobre sus in~rcamhios econonncos, aunque tímidos-, va acompañado de la ersistencia de formas de dependencia
de tipo "feudal", que siune
~ , d
. .
"b- n enratZan ose
en la estructura tradicional de la sociedad isleña.

�168 SigloXIX
En esta situación, a lo largo del siglo XVID cristaliz~n o cobr:irán
impulso en Mallorca una serie de elementos y comportamientos sociales
y económicos que difícilmente pueden hacemos ol~dar los que s_e d_an en
gran parte de los ámbitos coloniales de la monarqu1a españo!~ Si ~1en su
razón de ser depende de una compleja red de factores, tamhien ,está claro
que resulta enormemente facilitada por una estructura que hahta establecido el marco propicio para ello.
Por un lado es evidente la importancia de las .clases urbanas como
grupo dirigente. Fundamentalmente propietarios, administrad?res, "hidalgos" ("ciutadans", en el caso de Palma), grandes arrendatarios y comerciantes.
Por otra parte la venalidad de títulos y/o cargos se presenta como un
medio eficaz para el rápido acceso a aquella categoría social, por parte de
los sectores que se encuentran en una situación de expansión económica
- tal es el caso, en Mallorca, de los más activos arrendatarios-.
En tercer lugar, la aristocracia terrateniente aparece como un pro~
gonista indiscutible, detentando el poder. Mientras la estructura colonial
permanece estable, ello se traduce ~n u~ declarado colaboracio~o. Las
modificaciones en el poder la llevaran, sm embargo, a las contranedades de
la adaptación: ya sea jugando un papel fundamental en el surgimiento del
criollismo (caso americano), ya sea sorteando las d~cultad~ de su P~ºf':
siva pérdida de protagonismo con escaramuzas de diversa mdole -dinásticas, funcionariales, caciquiles. ..- (caso mallorquín).
.
Los grupos sociales inmediatamente inferiores (pequeños comerciantes, artesanos. .. ) aparecen claramente subordinados. Pero la existe~cia de
sectores extraordinariamente oprimidos y/o marginados (indígenas, 'esclavos) estimula actitudes de superioridad y confoanismo que obstaculizan
la toma de conciencia de su propia situación real. En este sentido no debe
subestimarse, para el caso mallorquín, la importancia social y de mentalidad que supone la permanente marginación y desprecio de que son objeto
los "xuetes" (familias con los apellidos que se consideran exclusivos de los
descendientes de judeoconversos).
El eslabón social inferior se caracteriza, en fin, por la gran importancia de mano de obra en claras condiciones de sobreexplotación Gornaleros,
esclavos).
.
Por último, no podemos dejar de señalar la trascendencia, tanto cuantitativa como de prestigio, que caracteriza a los sectores "pasivos" en la
sociedad colonial (clero, funcionariado y ejérc~, princip~ente). Así como 1;10 debemos dejar de recordar la trascendencia de la venalidad, la corrupción, el agiotismo... como principales ejes de la movilidad social

La constatación del paralelismo que acabamos de reseguir nos advierte
al mismo tiempo de la fragilidad de los esquemas y periodizaciones " clási-

L. Roura i AulinM: Colonialumo y ab.alummo espaflQI

169

cas" aplicadas de forma genérica a las sociedades europeas. Ciertamente~ en
nuestr-0 caso, conceptos como "Antiguo Régimen" o "Revolución Burguesa" son definidores d~ fenómenos COD$tatahle11 en la sociedad mallorquina,
pero no puede olvidarse hasta qué punto vendrán condicionados por la dialéctica que se mantiene en una situación de duplicidad de poderes (195 que
se hasan en las rel~ciopes internas de la isla, y aquéllos que se derivan d~ la
v.inculació.n al poder y a las estructuras del Estado). Así se comprend~, por
ejemplo, que los cambios de la sociedad del Antiguo Régimen no lleguen a
ser, en un determinado contexto, más que fonnales, y que no comporten
n~amente su propia superación en coincidencia con las transformaciones que tienen lugar en la Península.

-

IlI.

La situación de los territorio.e coloniales en el siglo XVIIl, y su vinculación a la metrópoli, se encontraba, sin embargo, muy distante de los
esquemas en los que se movía la situación balear. Sería absurdo fonar el
paralelismo.
Pero, así como los factores concordantes pueden ayudarnos a dar luz
sobre ambas sociedades, los elementos y dinámicas discordantes pueden
semos, por lo menos, tan útiles como los primeros. Tal puede ser el caso
de poner en consideración tres factores decisivos en la última etapa colonial, que no sólo no coinciden sino que se contraponen· a la trayectoria
balear -a pesar de que "a priori" se habría podido presumir un cierto paralelismo-. Me refiero a la aparición e importancia del criollismo, a la difusión e influencia de los planteanúentos ílustrado$-liberales, y a la consecución de la independencia.
Un mismo contexto de crisis -el de la Guerra de la Independencia en
España- va a facilitar la culminación de resultados contrapuestos.
Aunque sin reduccionisrnos, hay que considerar lógico que la fuerza
del criollismo, apoyado en el racionalismo ilustrado-liberal, desemboque en
la independencia. De la misma manera, pues, la ausencia del primero y el
peso de la Reacción actuarán como elementos multiplicadores del integracionismo, v como lastre frente a cualquier asomo de despe~e.
Este último es el caso que registramos en la situación balear. El contexto excepcional que se configura en los años de la Guerra de la Independencia española resulta, en este marco, muy clarificador de la dinámica que
subyacía a la estructura colonial-absolutista.
De 1808 a 1814 las Baleares se mantendrán a salvo de la presencia napoleónica en España. La distancia de la Península convierte a Mallorca en
un resguardo seguro para los sectores privilegiados. Estos van a ser los primeros eu emigrar a una isla que llegaría a acoger cerca de unas 20.000 personas a lo largo de seis años -la mayor parte de las cuales en condiciones
mucho menos favorables de las que gozaron las jerarquías eclesiásticas, los

�L. Roura i Aulina,: C.OloniaJumo y abiolutumo e,palfol

170 Siglo XIX
grandes comerciantes o las dignidades llegadas en los primeros momentos-.
Mallorca se convierte así_ en un lugar de refugio y "privilegio"; aunque estas mismas condiciones desembocarán en el carácter limitado de ambas. Todo ello en una inevitable situación de provisionalidad.
Pero no sólo la llegada de refugiados va a sacudir a la sociedad mallorquina: la culminación de los principios liberales, en Cádiz, y la vinculación
a las necesidades de sostén de la guerra van a sumarse y entrelazarse con lo
primero.
Se pondrá de manifiesto, en estos aílos, la debilidad del sistema demográfico en Mallorca, así como las limitaciones de un abastecimiento endémicamente precario y de una economía de subsistencia cuyas consecuencias pueden llegar a ser trágicas.
En este conte¡cto, la estructura de dominación colonial-absolutista estimulará una respuesta institucional propia de los intereses de aquéllos sectores sociales que la detentan. La urgencia en los problemas de abastos, los
imperativos de la guerra y los apasionamientos ideológicos proporcionarán
argumentos más que suficientes para una actuación que interesa, fundamentalmente, por motivos difícilmente explicitados.
As~ en la tan frecuentemente proclamada identificación a la causa nacional-patriótica, subyace el recurso de los poderes locales a lo que se adivina como garantía de su status político y del afianzamiento de su peso social La coyuntura permite, precisamente, a estos sectores, ver potenciado
su distanciamiento de privilegio respécto del resto de la población -tanto
autóctona, como inmigrada-. Lo viene a corroborar el peso del carácter
formal en la identificación con la causa patriótica, frente a una realidad
bastante menos generosa -como lo demuestran los balances de su contribución económica y militar-.
También así se comprende mejor la trascendencia que en definitiva
adquirirá el debate ideológico -que no debe verse tan sólo como el eco de
una problemática exógena. Y conviene no olvidar que el protagonismo en
el debate ideológico registrado estos años en Mallorca será, a fin de cuentas, de la Reacción, tanto por la jerarquía de sus defensores, como por la
cantidad y características de sus medios de actuación.
De esta manera tenemos, por una parte, junto a la intrascendencia real
de la Ilustración, el peso del bloqueo que la Reacción establece en el momento decisivo del liberalismo gaditano. Y, por otro lado, la falta de conciencia de la situación de dependencia que establecía la estructura colonial-absolutista. Con razón no hallamos, pues, el menor asomo de criollismo (*). La falta de verdaderos motivos que pudieran hacer sentir el peso
No hay que olvidar dos puntales básicos en el criollismo americano: el propio
carácter de la emigración ttansoceánica, y el comportamiento de la nobleza local
Si no hace falta indicar la ausencia del primero, en Mallorca, tampoco se puede olvidar el carácter acomodaticio de la nobleza mallorquina en momentos clave para

{*)

ella, como lo fue el siglo XVIIL

171

de la explotación metropolitana debe entenderse como elemento fundamental de la "docilidad" de los terratenientes y comerciantes de la isla, así
como de una fácil canalización del malestar social.
,La r~taur~~ión absolutista de 1814 -y, claro está, de 1823- reafirmara el uunovilismo y la dependencia. Ambos factores, tanto a nivel estructural como mental, van a perdurar en las islas a lo largo del siglo XIX.
Y, probablement~, h~ta el momento en que la penetración de la banca, las
modernas comumcaciones y las nuevas fuentes de ingresos requerirán unas
formas de dependencia mucho más ágiles y eficaces, hasta desembocar en
una perfecta integración.
~n cualquier caso, los afios de la Guerra de la Independencia pueden
ser VIStos como la c~nstatación de ~a imposibilidad de dar un viraje a unas
formas ~e de~ndencia que, establecidas en el siglo XVIII, van a verse claramente distancllldas del proceso que van a seguir los genuinos territorios coloniales de la monarquía espafiola.
No creo que pueda hablarse, para Mallorca, de los aílos de la Guerra de
1~ Independencia, como de una "ocasión perdida". Sería no haber entendido nada del dieciocho balear y español. Sin embargo considero que estos
~os d~ el marchamo de la irreversibilidad al integracionisrno que había
ido culmmando a lo largo del setecieRtos.

IV.
Como balance, en fin, el ensayo comparativo que hemos venido realizando nos lleva a constatar cómo la estructuración e institucionalización
del poder monárquico, que facilita una estratificación social determinada
queda en segundo lugar frente a los intereses de las mismas clases social~
a 1~ que ha contribuido a _consolidar. Creo que la divergencia en la trayectona de estos sectores sociales en el marco de una .c,isma monarquía, tal
como lo consta~os. en la_ confrontación de los ámbitos colonial y balear,
puede haber contnhu1do a ilustrarlo satisfactoriamente.

NOTA BIBLIOGRAFICA
El lecto~ puede encontrar bibliografía complementaria sobre los aspectos tratados en
este articulo en las obras que recogemos en esta breve nota, todas ellas dotadas de
amplias referencias bibliográficas.
~~r _lo que se refiere al contexto global de la monarquía española en el siglo XVIII e
llll:1?s del XIX, puede verse el volumen VII de la Hútoria de E&amp;paña dirigida por M.
Tuñon de Laza: ~entralúm?, flu&amp;iración y agonía del Antiguo Régimen (1715-1833),
obra de E. Femandez d_e ~~º• A
Novales y A Derozier (Barcelona, 1980, ed.
Labor). Respect? a la sit~ac10n eco~nuca ~e España es fundamental la obra que r~
coge las aportaciones recientes de diversos historiadores, La economía e,pail-Ola al¡;.

?il.

�172 Siglo XIX
LA REVOLUCION DE 1820
nal del Antiguo Régimen (4 volúmenes coordinados por G. Anes, J. Fontana, P.

Notas para el estudio del liberalismo
portugués y de su correlación peninsular

Tedde y M. Artola; Madrid 1982, ed. Alianza-Banco de España). Un abanico de temas que interesan directamente el marco tratado en nuestro artículo, puede hallarse
en A. Gil Novales (ed.): Homenaje a Noel Solomon. Jhutración upaflola e independencia de América (Barcelona, 1979, ed. Universidad Autónoma de Barcelona).
Sobre el período de la guerra de la Independencia española, véase la síntesis -ya merecidamente clásica- de J. R. Aymes: La Gue"a de la Independencia en E1pafla
{1808-1814) (Madrid 1974, ed. Siglo XX[). Puede enmarcarse en el conjunto de la
problemática de la crisis del Antiguo Régimen en España con la útil guía para este
período de J. Fontana: La crim del Antiguo régimen, 1808-1833, (Barcelona, 1979,
ed. Crítica).
Respecto a la situación específica de las Islas Baleares y de Mallorca, me remito fundamentahnente a mi trabajo L'Antic R¾im a Mallorca. Aba,t de la commoció dela
any, 1808-1814 (Pahna de Mallorca, 1985, ed. Dirección General de Cultura del
Gobierno Balear). Sobre los aspectos socio-económicos del ámbito interno de Mallorca, véase L Moll-J.Suau: "Senyors i pagesos a Mallorca (1718-1860/70)" en &amp;tudú d'Hiatoria Agraria 2 (1979), pp. 94-170 (Barcelona, ed. Curial). Para un esbozo
en torno a la nobleza mallorquina en el siglo XVIU puede verse A. Le Senne-P.
Montaner: "Introducción al estudio de 'Ses Nou Cases"', en Bolletí de la Societat
Arqueoqica LuUiana, 35 (1977), 385-394 (Palma de Mallorca).
Por lo que se refiere al ámbito de las colonias americanas, me remito a alguna de las
excelentes visiones generales que existen, como pueden ser las obras de R. Konetzke
(América Latina. La época colonia~ Madrid 1971, ed. Siglo XX[); G. Cespedes del
Castillo (América Húpana, 1492-1898, Barcelona, 1983, ed. Labor); o la síntesis que,
de la mano de diversos especialistas, ofrecen los volúmenes XX y XXI de la Hi,toria
Univer,al Salvat (Barcelona, 1984, ed. Salvat). Me pennito recordar, sin embargo, re9pecto a la problemática tratada, obras como &amp;tructura ,ocial de la colonia. En,ayo
de Hútoria de América Latina, de S. Bagú (Buenos Aires, 1952); Spanuh .Colonial
Adminútrotion (1782-1810). The intendant 8)'lfem in the oiceroyalty of the Río de
la Plata. (Londres 1958); y La, revolucione, hi,panoamericana&amp;, 1808-1826 (Barcelona, 1976, ed. Ariel) de J. Lynch.

Isabel Nobre Vargues*

-

Son por demás conocidos los reflejos de la Revolución Francesa de
1789 en la Península. Y también es un lugar común afirmar que contribuyó en gran parte a la liquidación del Antiguo Regimen, tanto en Portugal como en España. Además de esto, hay que tener presente que en ambos países, antes del 89 y merced a coyunturas y realidades muy específicas, estaban en cul'SO mutaciones sociales que concurrirían con la influencia ideológica revolucionaria en· la explosión liberal de principios del
siglo XIX.
Nuestro propósito será intentar mostrar, a través de ejemplos extraídos
del momento político y de la opinión pública, cómo el proceso liberal
portugués se puede correlacionar directa y principalmente con el español,
sobre todo cuando la revolución liberal que ocurre en la Península solo
puede/debe ser comprendida en toda su extensión y complejidad si analizamos en conjunto los dos estados ibéricos. Esto es, teniendo siempre presente su situación política, diplomática y militar, la situación socio-económica y la cultural.
No podemos ignorar que además de las relaciones familiares de sus
monarquías hay otro tipo de problemas comunes en el siglo XIX, como
por ejemplo el de la cuestión colonial o el que resulta de su situación de
países "satélites" de Francia o de Inglaterra.

l.
Entre la e1ite intelectual y política portuguesa se preparaba hacía ya
algún tiempo el universo mental que contribuyó a la transformación social.
Los acontecimientos se suceden vertiginosamente en respuesta a esa nece*Universidad de Coimbra, Portugal. Traducción de Leticia Gámez.

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

174 Siglo XIX

sidad: las invasiones napoleónicas acentúan la situación caótica en que el
país estaba sumido desde 1801. La condición de colonia en que Portugal
se encontraba con relación a Brasil, el malestar sentido en el cuerpo militar, sobre todo con la falta de pago y con el comando entregado a los ingleses (Beresford era simultáneamente, jefe político y militar), una situación económica deficitaria en la que particularmente la agricultura denotaba una necesidad urgente de transformación, la crítica y propuesta de reforma dirigidas por los emigrados portugueses en sus periódicos publicados
en Londres y en París (entre ellos se destaca O Campeao Portugués, redactado en Londres por José Liberato F. de Carvalho), son algunos de los factores que explican uno de los momentos más significativos de la revolución liberal que ocurre en Portugal: merced no solo de esa especificidad, sino también del "fermento" revolucionario que estaba a la orden del día en
Europa.
Desde principios del siglo XIX circulan en Portugal escritos revolucionarios así como las obras de los Enciclopedistas y Filósofos, y esto a pesar
de su prohibición. Con las invasiones, el flujo político y cultural francés se
intensifica. Surge un nuevo elemento en la sociedad portuguesa: el grupo
de los "afrancesados" que luego, en 1810, será perseguido. Algo se iba
transformando.
A pesar que la Revolución de 1820 tuvo fundamentos propios, resultado de una coyuntura interna de crisis en varios niveles, no le fue extraña
una afinidad ideológica y política con el modelo inglés ( que no analizamos
aqm), con el francés y, aún, con el español. Se sabe que la formación de
los hombres que promovieron la revolución liberal en Portugal se bahía hecho, en gran parte, bajo el acervo mental que originó el 89. A ese propósito
recordemos la definición de la Revolución veintista practicada por Alexandre Herculano, en moldes aparentemente ingenuos pero no por eso menos
reveladores:
Fue un fuego cruzado de banquetes, procesiones, cohetes, discursos arcos de triunfo, revistas, Te Deum, elecciones, artículos de
periódicos y cañonazos. Cada día traía su fiesta nueva, la gente se
desenfrenaba. Era una lluvia fuerte de himnos, sonetos, canciones,
cortes de ropas, formas de zapatos liberales. Las logias masónicas
se multiplicaban. . . Las Cortes fueron convocadas. Se hizo una
Constitución más o menos republicana pero perfectamente inaplicable en el país.
Se repitió palabra por palabra, traducidos al portugués, los discursos más destacados del Choix des Rapports o las páginas más excéntricas de Rousseau y de Bentham; lo que se hacía con la probidad literaria más escrupulosa con respecto a las ideas omitiéndose solamente el nombre de los autores. El pueblo se sorprendía

175

de encontrarse tan grande, tan libre, tan rico en derecho teórico,
porque en lo que respecta a la realidad. ... eran muy pocas las
cosas que permanecían las mismas*.
Uno de los miembros de las Cortes veintistas, Xavier de Aráujo, decía
también en 1846, analizando la acción de sus compañeros diputados:
Había una predilección ciega y fanática en algunos por las doctrinas francesas de 1789... Si hay abusos se debe examinar primero si
al extirparlos se hará mayor daño a ese cuerpo que se pretende
mejorar... no se hizo esto en 1821 y fueron las teorías' bebidas
en el Choix des Rapports que nos llevaron más allá de lo justo
(Revela9oes e Memórias para a história da revolu9ao de 24 de
Agosto de 1820 e de 15 de Setembro do mesmo ano, por...,
Lisboa, T. Rollandiana, 1846).

-

I I.
Veamos el momento político.
En 1820 y en vísperas del pronunciamiento militar de Porto se notan
en Portugal (y también en el extra~jero) síntomas de efervescencia de la
opinión pública, acentuándose cada vez más las manifestaciones de descontento y deseo de cambio bajo la influencia directa del país vecino.
En su análisis sobre la revolución espafiola M. de Pradt, arzobispo de
Malines, sugiere que una de las consecuencias que los sucesos de España
pueden tener es su influencia directa en Portugal: en ese sentido acumula
varios ejemplos que lo comprueban.

También Lesseps, el encargado de negocios de Francia en Portugal,
lo refiere en oficio del 27 de marzo de 1820:
Los espíritus fermentan en Portugal bajo la influencia de los
acontecimientos de España, se habla más libremente que nunca,
se pide a voces un cambio próximo, pero Lisboa no es el punto de
donde partirá la primera explosión. Las provincias del Norte, cuya
opinión parece haber sido más fuertemente entusiasmada por el
ejemplo español, meditan secretamente en seguirla. ..

. Más tarde, en oficio del 22 de abril de 1820, el mismo Lesseps da
cuenta que la intervención directa de D. José María de Pando, el encargado
de negocios español en Lisboa, activa sustancialmente el proceso revolucio-

*

A. Herculano - "Mouzinho da Silveria ou La Révolution Portugaise,
1856", in Opusculos, Tomo Il, Lisboa, 1873, pp. 177 -178.

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

176 Siglo XIX
nario en Portugal. En efecto, Pando y el agregado
teniente coronel Barrero, probablemente actuando por cuenta propia y/o tal vez por orden expresa del gobierno español, no escondieron sus simpatías por los proyectos
de revolución que existían en ese momento en nuestro país. Esto es, no
ocultaron sus simpatías por la acción de los hombres que desde 1818 preparaban activamente la revolución en Portugal. En julio de 1820 negocian
apoyos con los sinedristas y entablan conversaciones particulares con el
principal representante de esa asociación cívica: Fernandes Tomás.
Además, durante su estancia en Portugal al frente de la diplomacia e1r
pañola (hasta 1822), Pando fue dando cuenta en sus oficios diplomáticos
de la realidad político-social portuguesa y sus visicitudes. Y fue tan nítida
su actuación en pro de la revolución portuguesa que la regencia (el gobierno) solicita su remoción a Madrid, así como la de Barrero, en septiembre
de 1820.
Ya antes (13 de abril de 1820), nuestro embajador en París, el Marqués de Marialva, mandaba un oficio a D. Miguel Pereira Forjaz exponiendo lo que era de su conocimiento sobre los intentos revolucionarios
relativos a Portugal. Pormenorizaba cómo la revolución española se forjaba
en asociaciones secretas. Cómo éstas eran accionadas por otras con sede en
París y compuestas por emigrados españoles. Relataba cómo se seducían
los ánimos de los militares prometiéndoles la posesión de tierras; cómo era
fuerte la vinculación entre las logias portuguesas y españolas. En fin, cómo
desde España se prometía que Lisboa sería la capital de la Península luego
que se hiciera la unión ibérica
Y de España, António de Saldanha de Gama, nuestro representante
diplomático, ~estacaba el papel secreto de Pando (6 de julio de 1820):
... una revuelta militar cuyas cabezas imponen al soberano una
constitución fundada en la soberanía del pueblo y en la cual el
poder ejecutivo es nulo, el principio de rebelión consagrado y los
jefes revoltosos premiados, son consideraciones que ofrece este
país en el actual estado de los acontecimientos a todos los gabinetes de Europa A esto se agrega la consideración de que todo es
manejado por las sociedades secretas... Los efectos de tal sistema y del espíritu de proselitismo son bastante manifiestos por los
éxitos de Nápoles. El mismo club que instituyó Mr_ de Oniz para
revolucionar el reino de Nápoles fué el que instituyó el señor Pando para revolucionar el reino de Portugal. .. La intención de este
país (España) es la intención actual de estos reformadores, dividirlo en siete repúblicas formando una confederación y siendo su
constitución análoga a la de Francia.
El 1 de agosto de 1820 Saldanha de Gama participaba que los liberales

177

españoles preten~ían constituirse en república, incluyendo Portugal en su
proyecto. Despues, el 4 de agosto (o sea, a 20 días del pronunoiamiento
porteño), es publicado en el periódico español de tendencia exaltada El
Conservador (no. 131) una proclama dirigida a los portugueses:
P~rtugu:ses: no seais los últimos en tomar una resolución que
afianzara vuestr~ dicha. No p~rdáis el momento favorable que
ofrece esta Espana, vuestra amiga que estrechará sus vínculos de
fraternidad para unir vuestros intereses a los suyos.
. ~ declaraciones nos prueban también que el movimiento de con1r
pi~acion ~~ era sorpr~ para el gobierno portugués. Era del dominio público el VIaJe de revolucionarios portugueses de Madrid con el fin de buscar_ a~yos, así como se sabía que en Lisboa un español llamado Villaroel
recib10 cerca de 200 ejemplares de la Constitución española y otros panfletos.. En Badaj~z, un_ port~és llamado Macedo hasta se ofreció para
traducrr del espanol e mtroducrr en Portugal todos los escritos revolucionari?s.que le enviaran. En Portugal se conocían los miembros de la logia
m~omca que en Madrid era el cent~o/sede de todos los planes revolucionan~s europeos. ~ ~ esta logia ~atriz pertenecían Pando y Barrero. El
P_rop10 Pando escrib1a para la logia de Madrid afirmando haber establecido en Lisboa un~ asociación compuesta por portugueses y españoles,
cuyo _fin er~ traba1ar para la "reg~neración e instrucción de Portugal".
En Lisboa circulaban entonces vanas proclamas de las sociedades secretas madrileñas.

. . . Consun:,ado el mo~~:ento de Porto del 24 de agosto de 1820, se daba
rmc~o a ~a r~generac1on . El 15 de septiembre, en Lisboa, el gobierno
adhiere ~m Pr,1~ ante la pasividad en el resto del país. Una de las primeras
referencias públicas a la Constitución española fue hecha en esa fecha
(15 de septiembre), cuando el pueblo lisboeta reunido en Ros.sio con los
cu~171os militares apla_udía y repetía incesantemente los "vivas" a la revoluc1on. Veamos el cunoso relato de un testigo:
En ci~rta. ?casión se oyó ~na voz que gritaba: - iQueremos una
Constttuc10_n!- Lo qu_e fue estruendosamente repetido por todos.
Entonces vmo al balcon el Conde de Sampaio (uno de los gobernadores) sombrero en mano y dijo: -Sí, señores, ha de hacerse,
ha de hacerse-. Estas palabras fueron aclamadas con grandes
aplausos. Luego, una voz gritando: - iQueremos una Constituc1on como la de España!- . A lo que el Conde respondió muy
amablemente: -_Ha de hacerse-... Y aparece otra voz, grit~do
fuertemente: -:: 1Queremos una Constitución mucho más liberal
que la de Espana!-. A esto el Conde no respondió nada, Jimitán-

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

179

178 Siglo XIX
dose apenas a menear el sombrero (Francisco José de Almeida,
Apontamentos da Vida de um homem obscuro, Lisboa, 1985, p.
69).
Y continúan surgiendo las apelaciones hasta diciembre de 1820 en el
sentido de que se convocasen las Cortes, que se eligieran los diputados que
trazarían una nueva ley constitucional. Se elaboraron instrucciones electorales, pero el 11 de noviembre un sector radical del ejército, apoyado por
la Casa de los 24 de Lisboa, se manifiesta contra éstas y contra el gobierno
que las presentaba declarando que "no estaban confonne las de España,
que todos los liberales portugueses sabían de memoria." Gaspar Texeira es
el militar que lidera ese movimiento de descontento, intimando a los gobernadores del reino para que se eligieran "unas cortes tan libremente escogidas como las de España y una Constitución no menos liberal que la de
Cádiz". El gobierno cedió prometiendo reformular las instrucciones electorales y proclamando la Constitución española.
Después de reunidas las Cortes, desde enero de 1821, y a propósito
de la discusión de las Bases Constitucionales y, luego, del proyecto de
Constitución,_ son varias las referencias al texto español. Hubo casos en
que algunos diputados pretendían aprobar sin alteraciones el articulado de
la Constitución española (actitud frecuente en Botges Carneiro), lo que
una vez llevó a la siguiente afirmación de nuestro "patriarca de la revolución", M. Fernandes Tomás, en la sesión del 13 de febrero de 1821: "La
Constitución española no es un evangelio. Soy portugués y estoy aquí para hacer una constitución portuguesa y no española".
La Constitución se hizo y fue aprobada en 1822. Quien lee su texto
ve nítidamente la influencia de la Constitución española de 1820 o de las
constituciones francesas de 1790 y 1791. Es que ya en 1820 se publicaba
en Portugal una Colleci;ao de Constituii;oes antigas e modernas com o
projecto d'outras seguidas de hum exame comparativo de todas ellas (Por
dois Hacharéis, Tomo I, Lisboa, T. Rollandiana, 1820), en la que, tal como
su título indica, se presentaban los textos constitucionales franceses (1789,
1790 y 1791) y español_ (de 1812), precedidos por las Leyes Fundamentales de Lamego. Así se beneficiaban nuestros políticos de otras experiencias, que ahora podían comparar con nuestra anterior vivencia de Cortes.
Recordemos su significativo epígrafe: "Aquí es el momento donde cada
ciudadano debe ofrecer a su país el tributo de sus reflexiones, someteir
sus pensamientos a aque11os a quienes los une un interés común con él"
(Condorcet, sobre las asambleas provinciales, primera parte, p. 5).

Otro ejemplo que no podemos omitir cuando se analiza la revolución

de 1820 reside en el tema de la unión ibérica, siempre tan debatido y siempre abierto.
Ya vimos que la revolución portuguesa de 1820 no fue ajena a la revuelta de Cádiz. Había simpatía española por el proceso portugués y también había acuerdos con respecto a eso.
Del lado español, ya en 1813, se pensaba hacer un solo reino de la
Península, tal como lo verificamos en el análisis del trienio liberal portugués, tendencioso pero sintomático, hecho por un representante del
pensamiento conservador: el Señor de Pancas, José Sehastiao Oliveira e
Daun. Nos dice:
En 1813 lo oí yo mismo en Cádiz y en Sevilla~ no solo en el Sa•
Ión de las Cortes sino en las sociedades, en los paseos y hasta en
el Real Alcázar de Sevilla a donde fuÍ invitado a cenar por el Intendente de aquel palacio, D. Alvaro Flores d' Estrada; allí oí establecer el principio de que era no solo necesario sino político abandonar las Colonias y hacer de la Península Española un solo reino
que con su población e islas y por su posición continuaría siendo
una de las potencias de primer orden en Europa: principio verdaderamente quijotesco y que considere como un mero sueño (Diorama de Portugal nos 33 mezes constitucionaes ou golpe de vista
sobre a revolurao de 1820 - a Constituifao de 1822- a restaurafªº de 1823, Lisboa, Impressao Régía, 1823).
Pero es en 1817 que las cuestiones en torno de una unión ibérica toman gran vigor. Lo prueban los innúmeros encuentros entre el brigadier español Cabanes y el general portugués Gomes Freire, realizados en Lisboa
En aquel tiempo nuestro representante en Madrid era D. José Luís de
Sousa. Fue para él que D. Miguel Pereira Forjaz (uno de los miembros del
gobierno portugués) mandó una ficha detallada de todos los pasos de
Cabanes durante su estancia entre nosotros.
E~, ~erismo tampoco era una corriente muy secreta en Portugal: en
el p_enod1c~ O Campeao Portugués -editado en Londres y redactado por
J ose L. Freire de Carvalho-, se publicó en 1820 un curioso artículo titulado "Destinos futuros de Portugal", que defendiendo el iberismo creía
defender el liberalismo peninsular. Allí se afirmaba:
E°: las actuales circunstancias Portugal solo puede ser considerado
baJo_ tres puntos ~e vista: como país independiente, como unido a
Brasil o como UD1d~ .ª Españ:i, El primer caso es inadmisible porque aun cuando qws1era realizar esa independencia, sería siempre

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

180 Siglo XIX
nominal, pues en su posición y fuerzas comparativamente pequeñas sería constantemente un muñeco, o en manos de un protector
0 de un rico rival. El segundo es el más propio y natural, cuando
Brasil, conociendo sus verdaderos intereses quisiera hacer cuanto
pueda y cuanto debe en favor de los portugueses de E~opa. El
tercero solo puede ser un último esfuerzo de desesperac1on cuando Brasil como ya dijimos no haga cuanto pueda y cuanto deba,
porque en última instancia es mejor_ formar PM:e de una grande,
vecina y libre nación, que ser colonia de otra distante, mal gobernada y que en vez de proteger es opresora. .. (s1;1brayado nuestro).
Y continúa:
...
. . .admitida la hipótesis de que Portugal no puede VIVIT mdepe~dientemente por sí solo, ninguna unión después de la de Brasil
le es más natural que la de España. En todos los tiempos Portu~al
fue considerado una parte de España. .. (O Campeao Portugues,
No. 27, vol 3o).
La doctrina iberista así expuesta por J. Liberato muestra que el liberalismo peninsular encontraba sus defensores en aquellos que lo c~locaban
arriba de los simples valores patrióticos. En iulio de 1820, en el nusmo periódico (No. 25), afirmaba:
Dijimos que era necesario confiar ciegamente en la supuesta antipatía de los portugueses coñtra los españoles; aI:~ra veremos que
tuvimos razón en hablar así cuando se nos participa que en Portugal se escribieron y distribuyeron los siguientes versos:
Es infeliz Portugal

Pois promete abrir-te a cova
Quem contigo se apelída
Antepondo Vila Nova

A tua sorte fatal
]!ura compaixao me mete
Es desgrar;ado con seis
Porque nao procuras sete?
(Mientras que en el primer cuarteto se ve la nítida alusión al ministro
Tomás Vila Nova Portugal, cuya actuación era contraria al proyecto de
unión, en la segunda también es clara la referencia a Juan VI y a Fernando

VII).
Líneas antes notamos que el encargado de negocios español, Pando,
era un agitador en Portugal. En algunas proclamaciones en Porto, en 1820,

181

se hablaba de tropas españolas colocadas en la frontera para intervenir en
cualquier momento en auxilio de la revolución portuguesa Sin embargo
nunca los revolucionarios de Porto adhirieron a la idea de una unión ibérica, mostrándose sí fieles a la dinastía de la Casa de Braganza Es esto lo
que nos confiesa uno de los hombres de 1820, el ya citado José María
Xavier de Araújo:
Esta fidelidad fue sujeta a una ruda prueba cuando el coronel español Barreto llegó a Porto en junio de 1820 con misión del encargado de negocios de España José María Pando para promover
una revolución en Portugal prometiendo, de parte del gobierno de
Madrid, todos los auxilios en gente y dinero con tal que Portugal
se uniera a España. El coronel Barreiros (sic) tuvo una conferencia
con Fernandes Tomás, Ferreira Borges y Francisco Gomes en un
jardín de la calle de Cedofeita a media noche. Las propuestas arriba citadas fueron hechas y oídas: Fernandes Tomás respondió
que la Revolución iba a hacerse; y solo Dios sabe lo que pasaría;
pero que unir Portugal a España era imposible de ejecutarse y hasta absurdo de intentar. Repitió muchas veces con vehemencia al
enviado: - iPerdemos nu!l6tra nacionalidad! Nunca, nunca-.
Barreiros no replicó (Revelar;oes e Memórias para a história de
revolur;ao de 24 de Agosto de 1820, cit.}.
A medida que la revolución y la contrarrevolución avanzaban en los
dos países comenzó a pensarse con mayores probabilidades en una alianza
peninsular, que tendría como fin coligar las fuerzas liberales en una lucha
común contra la Santa Alianza Nunca llegó a hacerse efectiva a pesar de
los contactos diplomáticos habidos en ese sentido hasta 1823, y a pesar de
su defensa en un sector de la prensa portuguesa.
Afirmaba O lndependente (No. 27, 27 de diciembre de 1821) -periódico redactado por Fernandes Tomás y Ferreira de Moura, dos de los
más activos "hombres de 1820"-: "En la política de los dos gobiernos todo
es peninsular... y ambos han tomado por divisa: Independencia y Unión".
Razones de política interna y externa que abordaremos solo superficialmente se oponían a la realización de un acuerdo luso-español Preguntaba Pierre Chapuis, un periodista francés y observador crítico de la escena
política liberal en los dos países:
lPor qué no existe un tratado de alianza entre España y Portugal?
lEs error del primero de estos gobiernos, o es el segundo? Es
error del ministerio portugués... Portugal y España deberían dai·
el ejemplo de una alianza parecida, Portugal se rehusó y esta es la

�L Nobre Vargue.: La Revoluci6n de 1820 en Portugal

182 Siglo XIX
consecuencia que deduzco de la persuasión íntima hasta donde
sigo los esfuerzos que ha hecho España por contraer un tratad~
con aquél . . ¿Quién se opone entonces, quien se opone todav1a
a tal unión? El ministerio portugués o mejor, el Sr. Silvestre
Pinheiro, primer ministro. Este diplomático de quien estoy lejos
de poner en duda el carácter, el_mérito y la finez,a. ..p?c_o acostumbrado al sistema representat:Ivo•.. se cree mas el m1D1Stro de
un rey déspota que el de un rey constitucional. Cree por ejem~lo
que Portugal no podría ser el aliado de España sin ser el ~nenugo
de potencias extranjeras: prefiere entonces aceptar o meJor mantener la alianza de Europa y rechazar la de España (Du Portugal
en 1822 :, por P. Chapuis, Lisboa, T. Patriotica, 1822).
Palabras violentas éstas y que con seguridad no pasaron desapercibidas a los diputados portugueses que se manifestaron desde temprano co~
tra el asilo político de Pierre Chaupies, acusándolo de que ya en Fr;mc1a
bahía cometido abusos de libertad de prensa En 1823 se cerraba, as1, una
página más de la cuestión ibérica; que no nació con el veint~o e irá rea~areciendo siempre en periódicos críticos, a lo largo del siglo
hasta nuestros días.

XIX. Y aun

-

I ll
V amos a finalizar señalando todavía algunos indicadores de una acción política común a Portugal y a Espafia en el trie~? ~e~~ que n~
tienen otro fin que el de probar que el proceso pohtico ihenco tema
apoyos internacionales que lo querían salvaguardar.
Es el caso de la llegada y ac~ación_, en Port~al y Esp~a, ~el g~neral
napolitano Giuseppe Pepe, del pU11Dontes J. Pech10, del militar ingles Robert Wilson y aún del francés Pierre Chapuis, entre otros.

El ya citado Oliveira y Daun afirmaba: "El conde Pechio Piamo_n!es
autor del folleto Mes quinze jours a Lisbonne y el general Pepe no vuueron en balde dos veces a Lisboa en 1822". Y más adelante:
El general Pepe Napolitano sien~o ~útil su r~sistencia _'.'1 ejércit~
austriaco... destruida la Constituoon napolitano-espanola huyo
y vino a Portugal, donde recibió hospedaje y una ayuda de diez
mil cruzados.
Se cree que el general Pepe fue re~nsahle en Portugal y España ~e la
instalación de la sociedad secreta conocida por el nombre de Carbonana. Y
es sabido también cuál fue el papel de esas sociedades secretas y patrióticas

183

en la revolución liberal ibérica*.
En e1 periódico portugués Gazeta de Lisboa, informándose en 1824 de
su congénere de Ma-drid; se indicaban las actividades.de las sociedades secretas en España. Dándoles así al conocimiento del público portugués, se
leía:
El Carbonarismo, proscripto en su país natal, vino á pagar su tributo al genio de la Revolución Española. Entre nosotros apenas
era concicido antes de la lleg¡ida de los italianos y piamonteses emigrados~ sin embargo estos tratarían de arraigarlos rápidamente,
comenzando por ~arcelona y otros puntos de Cataluña; siendo
sus primeros apóstoles Pacchiarotti y D. Atelly; llevándolo otros a
Valencia y Málaga y hasta probaron suerte en Madrid y para eso
trabajó bastante un tal Pechio...
Y continúa:
El general Pepe, fugitivo de Nápo1es llegó a Báiéelona .yluego presentó al Gran Oriente Liberal un plano de Conspiración para regenerar Europa. El Gran Oriente Liberal pareció aprobarlo en sus
bases. . . más temió comprometerse y abandonó a Pepe y su proyecto, -el cual sin esperanzás de conseguir en España lo que deseaba fue a tentar fortuna en otra parte y marchó para Lisboa y Londres {Gazeta·de Lisboa, No. 135, 8- de junio de 1824}.

Como se ve, la península era el refugio de los revolucionarios de todos
los países que se unían en defensa del ideal liberal.

El caso del general Robert Wilson es muy curioso: ya desde 1808 se
bahía colocado en defensa de la causa de la libertad, creando en Londres
*La sociedad secreta -de mayor influencia en aquel tiempo parecía ser la de- los
Carbonario!. Se cree que fue establecida en Portugal en el año de 1822, o en 1823,
habiendo venido a Lisboa para este fin el general italiano Pepe y su ayudante, el coronel Pizza. De las cartas que en 1823 cayeron en manos de los ministros despóticos o
del rey absoluto en Portugal, constó a punto de no poderse dudar de esto, que los
oficiales italianos dispersos por las dife1entes capitales de Europa eran los que procuraban revolucionar todo el medio día de EUiopa por medio de las sociedades secretas.
Pero les constó que las dichas sociedades eran de hecho las carbonadas; que éstas ex~
tían en Portugal, en España. en Inglaterra y en Francia. En Portugal se designaban como socios de ellas los siguientes individuos: Lobo de Moura, Jore da Silva Carvalho,
general Sepúlveda, Cristovao Ped.Io dé Moillis-Sarmento, apareciendo el general Joao
fleire de Andrade como canal para una comunicación de Francia para España. Los
socios en España eran D. Evaristo S. Miguel, general Riego, general B.allesteros, Luis
ijurtado de Mendoza, Onis, Galliano, Isturiz Bertran de lis, Moreno Guerra, José Armero, Vela.seo, Calatrava, Lopez Baños, Del Parque y Aguilar. En Inglaterra eran reconocidos también como socio~ Robert Wilson, Hutchinson y Bowring. ..". {Copia
de un extracto de los oficios del Conde de Porto Santo, en Luz Soriano, Historia da
Gue"a Civil e do &amp;tabelecimiento do Sistema parlamentar• .., 3a. época, tomo II,
parte 1, p. 181-182).

�184 Siglo XIX
l. Nobre Va'81Je1: La Revolución de 1820 en Portugal

la Leal Legión Lusitana, cuerpo militar para ayudar la resistencia en Portugal contra el invasor francés. Había tomado partido desde hacía tiempo
por la causa de los revolucionarios de todos los países, y en particular la de
los portugueses y españoles, de lo que son prueba las numerosas cartas y
proclamaciones que en ese sentido hiciera. A tal punto llegó su consideración en Portugal que el gobierno le otorgó el cargo de Comendador de la
Orden de la Torre y la Espada, honra que le sería retirada posteriormente
(ley del 11 de agosto de 1823).
Respecto a Pierre Chapuis y avanzando un poco más lejos de lo que ya
afirmamos, diremos que fue el redactor de un importante periódico, Le
Regulateur, que se publicó en Madrid y en Lisboa y, aunque por poco
tiempo, contribuyó fuertemente con sus editoriales para la agitación en la
Península.
En su prospecto Le Nouveau Regulateur, que mandó imprinúr en Lisboa, el lo. de febrero de 1822, hacia la siguiente profesión de fe:
...nos proponemos publicar en Lisboa un periódico francés desti•
nado a defender y propagar las ideas liberales... no pertenecemos
a ningún partido; ciudadanos del mundo, fieles súbditos de buenos reyes. . . creemos que los reyes se dejan cegar por sus consejeros, que las quejas de los pueblos quieren libertad, rechazamos
el libertinaje... seremos IMPARCIALES.

185

cos opiniones extraídas de los españoles El Universal (afrancesado), El
Conservador (exaltado), El Zurriago (satírico), entre otros.
Además, se sabe de la existencia de suscripciones a periódicos españoles en Portugal. Borges Carneiro, uno de nuestros diputados exaltados,
clasificó El Universal de "excelente periódico". El redactor de un polémico periódico publicado en 1822 (El Patriota Sandoval), fue en España el
responsable del Diario Guipozcoano.
Libros versados sobre contenidos constitucionales son ofrecidos también condicionantes internos muy específicos y sólo puede/debe ser analiDireito Publico Constituciona~ de Ramón Salas, que fue traducido por
Diogo Goes Lara de Andrade.
En fin, podríamos anotar muchos otros ejemplos pero no queremos
extendemos. Creemos haber conseguido mostrar que el proceso político
revolucionario, esto es, la revolución liberal que ocurre en la Península a
principios del siglo XIX, si tuvo modelos (el francés o el inglés), tuvo también condicionantes internos muy específicos y sólo puede/debe ser analízada en toda su complejidad teniendo presente el desarrollo histórico en
los dos países ibéricos.

IV
Y no queremos olvidar tampoco la contribución de la prensa periódica que informando y hasta tomando partido en algunos casos, como ya
vimos también, colocaba la revolución en el orden del día.
Desde 1808 circuJaban en nuestro país -asimismo- periódicos españoles, algunos traducidos (como es el caso del Semanario Patriótico 1808;
del Di.ario de Badajoz, 1809; del Diario do Governo da Corunha, 1808; El
Veddico, 1812). En estas fechas son también muy asiduos, los panfletos
y otros escritos que unen Portugal y España en el combate contra el invasor francés. Pero es durante el Trienio Liberal (1820-1823) que surge una
prensa de opinión política extremadamente fuerte.

En Portugal, como en España, los periódicos ofrecen en sus páginas
artículos dedicados a los proyectos de reforma en curso, y se citan mutuamente. Es común en casi todos los periódicos portugueses el extracto de
opiniones y de noticias de lo que pasa en España, mejor dicho, de lo que
pasa en el mundo. En efecto, frecuentemente se leen en nuestros periódi-

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              <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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