<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="14410" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/14410?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T02:46:47-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="12464">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/366/14410/SIGLO_XIX_REVISTA_DE_HISTORIA._1987._Vol._2._No._4._Jul.-Dic._0002016607.ocr.pdf</src>
      <authentication>3795183efae6df834ea7ed29bbaaffa3</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="399933">
                  <text>��.AÑO

Il

NUMERO

4

JULIO -DICIEMBRE DE

1987

SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

sigloXIX __El&gt;ª ~
REVISTA DE HISTORIA

·Al·~~ñ~~--·

1¡~

SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . • · · · · • · • · · · · · · · · · · · · ~

-Ll~iJWITJ&gt;6'IJ3
0

De Veracruz a Durango: un análisis regional de la Nueva España
borbónica . . . . • • . . . . . . . . JUAN CARLOS GARAVAGLIA
JUAN CARLOS (;Rosso

9

El gran norte oriental y la formación del mercado nacional en
México a finales del siglo XIX . . . . . . . . . . '1ARIO CERUTTI

53

Mercado de mercancías, mercado monetario y mercado de capitales
en el Litoral argentino de la f1rimera mitad del XIX: el caso de
Corrientes . . . • . . . . • . • . . . .)OSE CARLOS CHIARAMONTE

81

ltafma: comercio y frontera en el Paraguay del doctor Francia.
Algunas consideraciones . . . . . . • . . • . . . NIDIA ll MECES

Editor Responsable

NORA E. BoUVET

l 1:1

lúpacios coloniales y economías nacionales: Bolivia y el norte
argentino (1810-1930) .. . . . . . . . . . . . l•:RICK 1). I.ANGER

1:1:,

MARIO CERUTI'I

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Silvia Eloísa Morán y Diana Correa.
Tipografía: Andrea González Corona
Impresión: Editora El Sol
Aparición semestral
Para envios al exterior, U. S. A. $7.

La formación del mercado interior en condiciones coloniales. Inmigración y comercio catalán en las Antillas españolas durante el
sigloXIX .••. · ·· · · •· · • · JORDI MALUQUER DE MoTES

161

f,;l impacto de la guerra de Independencia en la economía
catalana . . . . • . . . . . . . . . . . . ANTONIO MOLINER l'RADA

ta:!

La formación del mercado interior en la España del
siglo XIX . l{AMON (;ARRABOU y J1-:sus SANZ FERNANDEZ

199

�Nota del Editor

En este número 4 de Siglo XIX se agrupa una masa de información y un conjunto de pautas interpretativas que, muy probablemente, resultarán útiles para avanzar en el conocimiento histórico de la cuestión de los mercados en América Latina y España, esas dos significativas periferias de la Revolución Industrial.
Como otras relevantes aristas del devenir decimonónico latinoamericano (la configuración del Estado-nación, la consolidación de un poder centralizante), o latinoamericano y español -los brotes de producción bajo dominio del capital, la aparición y desenvolvimiento de franjas burguesas, la modernización paulatina de porciones considerables del sistema productivo-, el funcionamiento de los mercados estuvo ampliamente
condicionado por mecanismos de dimensión regional. Y fueron
tan vigorosos y persistentes esos mecanismos que la aparición
de un mercado de rasgos nacionales - tanto en ciertas sociedades de nuestro continente como en España- no puede ser vista
corno una característica del siglo XIX sino como uno de sus resultados.

�4

SigloX/X

Si de América Latina hablamos, es evidente que uno de los
datos medulares a tener en cuenta es el peso que, en ciertos casos, mantuvieron las estructuras edificadas durante la colonia.
Por ello es oportuna la descripción que Juan Carlos Garavaglia
y Juan Carlos Grosso practican de la Nueva España borbónica,
de aspectos centrales de la producción y circulación que se observó -justamente- en determinados y discriminables espacios regionales. Apoyándose en fuentes derivadas de la percepción de
alcabalas, recorren con minuciosidad y destacan las diferencias
que mostraba el mapa del México pre independiente. Esas distinciones íntimas no dejarán de golpear por décadas los posteriores proyectos unificadores de una sociedad que sólo a fines
del XIX (tras perder la mitad del territorio heredado de España)
quedó realmente constituída como Estado nacional y nutrida
por un mercado de sesgos nacionales.

En el otro extremo del continente, el virreinato del Río de
la Plata también fue sometido a fuerzas centrífugas tras la ruptura con la metrópoli. Pero si en el plano político se caminó hacia la desarticulación, en el económico insistían en perdurar muchos de los antiguos lazos mercantiles y sus fuentes de dinamismo.

!I

Frente a este último fenómeno se encuentra coincidencia
en lo planteado por Nidia Areces-Nora Bouvet y Erick Langer,
al analizar las situaciones de Paraguay y el Alto Perú. Los autores recalcan que para la primera mitad del XIX, tan tumultuosa, es poco fértil adoptar áreas de estudio recortadas por las
muy recientes y aún inestables fronteras políticas. Si Paraguay
necesitaba respirar por los viejos circuitos de intercambio, la
flamante Bolivia se empeñó en sostener su influencia sobre el
ámbito en que alguna vez -en tiempos más prósperos- reinó la
plata potosina.

Nota del Editor

5

En el caso paraguayo, Areces-Bouvet detallan también el
rigor y precauciones que impuso al comercio -al abrirse la etapa independiente- ese Estado dirigido por el doctor José Gaspar R. Francia: de tal magnitud que, por momentos, dificultaba una más fluida vinculación con las provincias argentinas y
con el mismo mercado mundial. Desde el Alto Perú, en cambio,
las fuerzas económicas más poderosas arrastraban a la reintegración con el nuevo noroeste argentino. Para Langer, este hecho
fue tan contundente -y tan duradero- que perturbó la construcción de una efectiva economía nacional. Por ello, concluye
señalando que, para Bolivia, no podría hablarse de un mercado
de características nacionales hasta muy avanzado el siglo actual.
Las décadas inmediatamente posteriores a la Independencia
es el tiempo elegido por José Carlos Chiaramonte -asimismopara revisar lo acaecido en una provincia argentina citada con
asiduidad en el trabajo de Areces-Bouvet: Corrientes. Su objetivo es perfilar las distintas vertientes que alimentan la configuración de un mercado (producción, tierra, moneda, capitales) y
evaluar su peso en la economía de la entonces pujante Corrientes. Una pujanza que, advierte Chiaramonte, nunca logró
desbordar los límites precapitalistas -lo que denuncian, entre
otras cosas, los usos comerciales-, y que fue en muchas ocasiones sometida a mecanismos no muy reñidos con el mercantilismo. Las pugnas regionales -Corrientes versus Buenos Aires- matizaron claramente estos procesos: indicaban, simultáneamente, cuán alejada se hallaba Argentina de poder articularse
sobre un sistema económico de dimensión nacional.
Si fuesen necesarios más datos sobre el peso de las estructuras coloniales en el XIX, Jordi Maluquer de Motes los aporta al
reseñar el panorama de Cuba y, en menor medida, Puerto Rico.
Ultimos fragmentos del imperio que comenzó a montarse en el
siglo XV, se asentaban a mediados de la centuria pasada sobre
una economía que no por colonial descartaba el funcionamiento

�6

Siglo XIX

de un mercado interior. Hacia este punto dirige Maluquer su
análisis, mientras destaca el impacto global de un sistema productivo orientado a la monoproducción y los inconvenientes
que planteaba para alimentar un mercado nacional. Simultáneamente, informa con amplitud en torno a la participación que tenían los catalanes en el comercio con Cuba y Puerto Rico, en
las décadas previas al más tardío ciclo independentista hispanoamencano.

Pero América Latina no gozaba de exclusividad alguna al enfrentar un siglo XIX tumultuoso y complejo. España, vecina inmediata del área donde se desató la Revolución Industrial pero
históricamente ubicada en similar posición periférica, inauguró
el período no sólo con el derrumbe colonial: a la par de ello, vivió su propia guerra de Independencia. Abriría entonces un ciclo de intervenciones, conflictos, pugnas civiles y militares e
inestabilidad que no diferenciaron excesivamente el proceso hispano de los transcurridos en sus antiguas posesiones. Antonio
Moliner Prada estudia el impacto de esa guerra (contra las huestes napoleónicas) sobre el funcionamiento productivo y comercial peninsular. Adopta como marco uno de los espacios que
más activamente se habían desenvuelto durante el XVIII: Cataluña. Y menciona cómo se trastocó un ritmo de crecimiento
sumamente llamativo en el contexto español, además de acentuarse en una escala más global las desconexiones de la escasamente vinculada economía nacional.
Tras la lectura de este artículo, el aporte de Ramón Garrabou y Jesús Sanz Femández podrá ser mejor precisado. Porque esboza el elevado grado de invertebración que presentaba
España en la mitad inicial del XIX. Sin embargo, tanto España
como al,gunas sociedades latinoamericanas lograrían reformular -al amparo de las reformas liberales y durante la segunda
mitad del siglo- tan perturbado funcionamiento.

Nota del Editor

7

Es en este sentido que el artículo a mi cargo -dedicado a
México y a su norte oriental- coincide con el de GarrahouSanz Fernández respecto a visualizar un proceso sustancial: la
configuración, en ambos casos y a finales del XIX, de un mercado que tiende a ser nacional. Lo regional no era ya necesariamente un coto que dificultaba la integración de un mercado
de dimensiones mayores y globalizantes, sino asiento de dinamismos que, con frecuencia, exigían su unificación (en un mismo movimiento con la exigencia de ligarse al intercambio internacional).
Lo que según Maluquer no podía protagonizarse en Cuba
por la dependencia colonial, lo que Langer puntualiza que se
retardó de manera marcada en Bolivia, en España y México empieza a materializarse como consecuencia de las transformaciones que propugna el liberalismo (y sus aspiraciones de edificar
una sociedad burguesa), con las políticas de apertura al capital
extranjero, con el tendido de los ferrocarriles y la expansión de
los medios de comunicación (telégrafos, correos, teléfonos), la
especialización creciente de la producción -tanto en términos
empresariales como regionales-, la legislación modemizante del
poder central, los brotes cada vez más generalizados de producción bajo dominio del capital y capitalista, la aparición de mecanismos unificadores de los precios (sobre los que se atarean ampliamente Garrabou-Sanz Femández), el crecimiento de sectores
burgueses interesados en transferir capitales a la producción y lo
que Edward J. Nell ha llamado "el desarrollo de las instituciones
r,apitalistas "(* ).

*Nell, "Población, revolución de los precios y acumulación primitiva", en Histuria
y teoría ecun6mica, Barcelona, Editorial Crítica, 1984, p. 143.
El fortalecimiento de estas instituciones, en Jo cual el Estado juega un papel smgular,
sería un dato central en los procesos de acumulación originaria: es decir, en ese período histórico en que se gestan las condiciones para la aparición generalizada de las
formas capitalistas de producción.

�8

SígloXIX

Mientras Garrabou-Sanz Fernández adoptaron como uno de
los ejes de su trabajo la producción cerealera y su circulación
entre 1830 y los tramos finales del siglo, en mi caso procuré
poner atención en el impacto que el norte oriental de México
habría tenido en la constitución del mercado nacional (debido
al notorio dinamismo que lo caract~rizó, y a la enorme influencia de la próspera frontera estadounidense).

De esta forma, el cuerpo de materiales nucleados en este
número 4 ofrece referencias suficientes como para observar distinciones y similitudes en dos niveles: a) entre lo que fue la primera mitad del siglo XIX y lo que representó su parte final en
América Latina y España; b) entre diversos casos latinoamericanos, y entre algunos de ellos y España.
Aunque sería apresurado procurar obtener excesivas conclusiones a partir de estos contenidos, abrigamos la esperanza
de que lo aquí informado y planteado revitalice las discusiones en lo que atañe al problema de los mercados en América Latina (en forma análoga, sería esperable, a lo ya sucedido en el
contexto de la rica historiografía española, apoyada -dicho sea
de paso- en exhaustivas investigaciones regionales). Si algo de
esto ocurre, el esfuerzo de sostener Siglo XIX. Revista de Historia continuará satisfaciendo el propósito por el que fue puesto
en marcha, dos años atrás.

Mario Cerutti

Monterrey, México, julio de 1987

De Veracruz a Durango: un Análisis
Regional de la Nueva España Borbónica

Juan Carlos Garavaglia*
Juan Carlos Grosso**

l.

NOTASINTRODUCTORIAS

En un estudio anterior hemos realizado un ensayo de regionalización económica de la Nueva España a fines del período colonial a partir de dos tipos de indicadores: alca.balas y datos demográficos.1 Aquí nos proponemos avanzar en esta línea, penetrando en el análisis deJ comportamiento
de algunas áreas de las regiones que se han caracterizado por su mayor dinamismo, realizando un trabajo similar al que hemos efectuado con los datos poblanos en otro artículo reciente. 2

EJ concepto de "región" ha sido muy utilizado por Jos historiadores,
pero, salvo contadas excepciones, la reflexión teórica acerca del mismo por
3
parte de éstos ha sido escasa. Nuestro análisis se halla condicionado por
las restricciones que presenta la fuente, en cuanto a que las diversas "regiones" coinciden en realidad con los límites administrativos de las jurisdicciones alcahalatorias.
*Ex profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa y ex investigador Nacional/SEP (México). Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (fandil, Argentina).
•~entro de Investigaciones Históricas y Sociales de la Universidad Autónoma de Puebla (México) y Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (fandil. Argentina).
Los autores agradecen la inestimable colaboración del ingeniero Francisco Javier Castro Godoy en todo el proceso de elaboración de los datos de las alcabalas. También
debemos mencionar la generosidad de Alejandra Moreno Toscano y Leonor Ortiz Monasterio quienes, desde su posición de directoras del Archivo General de la Nación de
México, nos dieron todas las facilidades para trabajar esta documentación que se halla
aun en vías de clasificación. Por supuesto que este agradecimiento se debe hacer extensible a todos los empleados de ese archivo, cuya ayuda para localizar e iniciar la
ldasificación de este enorme fondo documental fue invalorable.

�10

SigloXIX

Metodología de la fuente

La alcabala es una figura fiscal muy antigua en el regimen hacendístico hispano. Los primeros vestigios de ella en los reinos castellanos datan del siglo
XIV y su vigencia llegó hasta mediados del siglo XIX en el marco del regimen fiscal español. Se instaura desde temprano en América y si bien era
un impuesto que gravaba las transacciones mercantiles de bienes muebles,
inmuebles y semovientes, funcionó en realidad como un impuesto a la
circulación: su pago debía efectuarse en el momento de introducir los efectos en la jurisdicción alcabalatoria. Tanto en la metrópoli como en la Nueva España, la Real Hacienda recurrió a tres sistemas para el cobro de las
alcabalas: la administración directa por parte de funcionarios reales, su
arrendamiento a particulares y el encabezamiento realizado por determinadas instituciones como los ayuntamientos y los consulados de comercio.4
Los datos en los que se basa el trabajo surgen fundamentalmente -si
bien no exclusivamente- de los "resúmenes anuales" de la reacaudación de
las alcabalas que cada una de las receptorías encargadas de su cobro debía
hacer llegar a la Dirección General del ramo una vez al año. Este organismo fue creado en 1776 como consecuencia de la instauración del sistema
de recaudación directa por parte de la Real Hacienda, pero no contamos
con información regularizada sino desde 1778 en adelante. De ahí que
nuestro análisis d~ la fuente se inicie en ese año; se cierra en 1809 porque
los cambios que se suceden desde entonces en los mecanismos de presión
fiscal, unidos a los problemas ocasionados por la guerra insurgente, hacen
que la continuidad de las series se interrumpa a la par que se multiplican
las dificultades en la interpretación de los datos.
El territorio de la Nueva España fue dividido en 12 Administraciones
Foráneas de Alcabalas que se correspondían grosso modo, pero no completamente, con las jurisdicciones de las Intendencias borbónicas recientemente creadas. 5 Cada una de estas administraciones tenía un número variable
de receptorías y, a su vez, cada una de estas poseía una cierta cantidad de
suhreceptorías y de pueblos aún de menor jerarquía.
Por supuesto hay que recordar que esta fuente presenta algunos
problemas metodológicos importantes: hay excepciones de personas (indios, eclesiásticos) y de cosas (maíz, insumos mineros, etc.) que limitan en
cierto sentido su representatividad. No insistiremos aquí en ello pues lo hemos analizado en algunos trabajos a los que una vez más remitimos al paciente lector.6
Ahora bien, hay que señalar que la tasa sobre la cual se calculaba la alcabala, sufrió variaciones durante el lapso de estudio (6 °/o entre 1776 y

Garavaglia-Grouo: Análiris regional de la Nueva E,paña borbónica

11

1780; 8°/o entre esa fecha y 1791 y nuevamente se redujo al 6% entre
1791 y 1810). Además, por razones de política de promoción fiscal, la
administración colonial había decidido otore;ar exenciones mediante tasas
menores a ciertas regiones. 7 Por lo tanto, la única forma de hacer compatible y comparable a los distintos períodos y a la totalidad de las receptorías
es convertir a las sumas recaudadas en montos {{lobales, mediante una simple multiplicación que de cuenta de los diversos porcentajes.
Los montos asi obtenidos, nos han permitido efectuar un análisis comparativo y mostrar cual era la regionalización del grado de actividad económica en la Nueva España de fines del siglo XVIII. Con estas palabras queremos decir que la alcabala novohispana expresa una serie compleja de variables (consumo, producción y circulación) que la hace totalmente apta para
los fines que estamos persiguiendo.
2.

LAS ADMINISTRACIONES FORANEAS Y LAS GRANDES REGIONES NOVOHISPANAS

Para profundizar en el tema que nos interesa, hemos reagrupado a las diferentes administraciones en cinco grandes regiones. El Norte, donde se hallan Sonora, Durango, San Luis Potosí y Zacatecas (las áreas que están todavía más al norte se hallan bajo un régimen fiscal especial y escapan a nuestra fuente). El Occidente, compuesto por las administraciones de Guadalajara y de Valladolid. El Cent,·o, donde se encuentran las de Guanajuato y
México. El Oriente, con Puebla y Veracruz. Y, finalmente, el Sur, donde
se hallan Oaxaca y Tabasco, en Yucatán.
Esta reagrupación, que tiene sentido en tanto estos conjuntos tuvieron
en muchos casos estrechos vínculos económicos y vivieron una historia común, podría haber sido diferente. Por ejemplo, el lector interesado en una
historia de la minería novohispana estaría mucho más dispuesto a agrupar
las Administraciones que incluyen los grandes centros mineros eu una sola
categoría. En el caso de la minería hay que recordar de todos modos que la
falta de pago de la alcabala de los insumos mineros siempre va a dificultar
un conocimiento realista de esa problemática a partir de estos datos. Otros,
más preocupados por los grandes centros de producción agrícola orientados hacia el mercado interno, tendrían una opción distinta. Y así sucesivamente. Las cifras desagregadas del apéndice le dan al lector interesado esa
posibilidad (ver apéndice, cuadro 1).

Asi definida nuestra opción, veamos ahora el gráfico l.

�12

Siglo XIX

Garavaglia-Grosso: Análi.tis regional de la Nueva España borbónica

w
¡...

Cll

w

z

o

~
~

w
¡...

~

z

z

µl

Q

8
o

o

&gt;ti

¡...

¡...

z
w

u

o

~

zw

-

~

~

:&gt;

Cll

c3 1111 11 IZl [.']

i°'
.....
o:&gt;
t-t-.....

.....
o

{/)

~

&lt;
~
o~

~
ta;.

~

w

~

0

{/)

o

,,

E-&lt;

z

o

:E

13

Podemos comprobar algo evidente: salvo el caso del Sur (pero, el hecho de que la grana no pague la alcabala en Oaxaca8 y que los datos yucatecos se refieran en realidad sólo a Tabasco,9 hace del caso del Sur, una situación bastante peculiar), existe una enorme paridad entre las cuatro
grandes agrupaciones. Más hay algo que merece señalarse: hay un desnivel
notorio entre el eje Centro/Norte y el eje Centro/Sur. Desnivel que no cottesponde con lo que sabemos de otros indicadores, como es el de la pobla.' (e1 Norte novohispano es tradic1on
· al mente un area
'
" vac1a
, " . . ..
) 10
c10n
Veamos ahora que ocurre cuando nos volcamos a estudiar nuestro
problema desde el punto de vista diacrónico. Para ello, hemos dividido al
período 1778-1809 en cuatro suhperíodos, homogéneos y lo suficientemente amplios como para evitar -dentro de lo posible- que las alteraciones coyunturales influyan excesivamente en la interpretación de los resultados. Seguidamente, hemos calculado el porcentaje de crecimiento entre
el primero (1778-1785) y el último (1802/1809) de los suhperíodos elegidos.
Los resultados que se refieren a las grandes regiones, se pueden ver
en el gráfico 2. Allí es posible comprobar, nuevamente, que el Norte y el
Occidente se comportan "mejor" que el resto. Aquí la buena performance
de Veracruz no puede evitar que el Oriente también descienda.
Este mayor dinamismo del Norte y del Occidente se ve considerablemente reforzado por otros indicadores (relación positiva entre alcabalas y
población; bajo porcentaje de participación de las mercancías importadas
en el total de la recaudación, etc.) tal como lo hemos mostrado en un trabajo anterior. Debemos recordar, además, que en el Norte se acumulan las
receptorías que cuentan con un status privilegiado; en algunas de estas
existen exenciones totales y en otras la producción local escapa totalmente
11
al pago de la alcabala. Una razón más para destacar la peculiar performance del Norte. Por el contrario, el Centro, el Oriente y el Sur presentan
un panorama totalmente distinto. Aunque, por supuesto, hay que matizar
esta afirmación, pues tanto Zacatecas en el Norte, como Veracruz en el
Oriente son ejemplos opuestos y que hablan de comportamientos absolutamente diversos.
En este esquema, además, sobresalen tres Administraciones Foráneas
(con el posible acompañamiento de otras dos, que serían la de Guadalajara y la de México) que son San Luis Potosí, Veracruz y VaUadolid, en ese
orden, en las cuaJes todos los indicadores -equilibrio entre los diversos polos económicos internos, mayores índices de actividad económica, alto
consumo de productos de la tierra y porcentaJCS de crecimiento superiores
a la media- nos hablan de la existencia de zonas económicamente muy

�14

SigloXIX

V)

Garavaglia-Grouo: Análisis regional de la Nueva España borbónica

dinámicas.

O\

00
o
....
00
....
....
00
N
.... --o
........ 00
....

Nos ocuparemos en el acápite siguiente de Veracruz. Sólo quisiéramos
aquí hacer algunos brevísimos comentarios sobre Valladolid y San Luis
Potosí.

■□
O\

~
1

1

.....

w

r-r-.....

µl

f-&lt;

z

&lt;:O

-o
~

en

w

z

o
.....
C!)

w
~

C'I

o

~
~
~

~

o

en

¡::,:

oz
~
C!)

µl
C)

w

~

en

&lt;:
w

~

1
1

1

w

~

o

µl

o

Q

E-t
zw

,¡,;

ü

g

.....
:E
u.....
~
u

~

i:i::

o

z

o

o

""

15

~

.,,

N

o

o

N

~
.,,
....

~

....

o

.,,~

o

Tradicionalmente se ha considerado a Valladolid como un área muy
dinámica a fines del período colonial: no hay dudas de ellos. De todos modos, hay diferencias internas notables. Mientras algunas zonas, como la llamada "Media Luna tropical" efectivamente tuvo un crecimiento destaca12
do en sus alcabalas, en otros lugares como Zamora, las cosas se presentan en forma más contradictoria y no sólo porque de esta receptoría se
irán desprendiendo muchas suhreceptorías menores, sino porque hay notables discrepancias entre las cifras de esta fuente y la de los diezmos. 13
Pero, además, hay que llamar la atención ~bre algunas afirmaciones que se
han hecho sobre el comportamiento de las alcabalas michoacanas y que están basadas en una interpretación errónea de la fuente. 14 De todos modos, la impresión de un comportamiento muy dinámico de algunos sectores regionales sigue siendo una realidad, remarcándose, en especial, un mayor desarrollo de las receptorías menores de la Administración frente a las
tres dominantes en los inicios de la serie. 15
Finalmente, para terminar estas notas generales, no hay que olvidar,
respecto a la peculiar performance de San Luis Potosí, el boom minero
que sacude a esta jurisdicción desde mediados del siglo XVIIL En efecto,
después de los años de bonanza de 1690/1709 (con promedios anuales que
superan ampliamente los 150 000 pesos de recaudación en impuestos relacionados con la actividad minera), San Luis Potosí había caído a un promedio bajísimo que no llegaba a los 60 000 pesos durante el largo período 1710/1749. De allí en más, el boom no hace sino crecer hasta fines
del período analizado, con 143 000 pesos en las tres décadas que van de
1750 a 1779, alcanzándose finalmente la suma de 326 000 pesos de pro16
medio en los años 1780/1809. En resumen, si a mediados del XVIII era
la séptima caja novohispana -siempre hablando de impuestos relacionados
con la actividad minera- se convertirá en los primeros años del siglo XIX
en la tercera, detrás de la caja de México y de la esplendorosa Guanajuato
de la Valenciana... No olvidemos por otra parte que Catorce - uno de los
reales de minas más importantes de esa época- está ubicado en San Luis
Potosí. 17
3.

ANALISIS DE ALGUNOS CASOS REGIONALES

o
Veracruz
Comenzamos este estudio pormenorizado de algunas regiones novohis-

�16

Siglo XIX

Garavaglia-Grouo: Análi8is regional de la /!{ueoa España borbónica

17

panas por aquélla que representa uno de los comportamientos más originales a fines del siglo XVIlI y que, salvo escasas excepciones, no parece
haber llamado en demasía la atención de los estudiosos.

más, como ya lo dijimos en el acápite precedente, se trata de la única administración alcabalatoria situada en las regiones surorientales que tiene un
comportamiento tan dinámico.

En primer lugar, hay que señalar que la Administración Foránea de
Alcabalas de Veracruz comprende las siguientes receptorías: Acayucan,
Antigua, Córdoba, Cosarnaloapan, Orizaba, Tampico, Tuxtla y Xalapa. Es
decir que aquí, como ocurre en otros casos, no hay coincidencia entre los
límites administrativos de la Intendencia veracruzana y los de la Administración Foránea correspondiente, pues, por ejemplo, Papantla, pese a formar parte de esta Intendencia, esta bajo la jursidicción de la receptoría
poblana de Zacatlán para el cobro de las alcabalas.

Son varios los indicadores que coadyuvan a este dinamismo veracruzano: alto porcentaje de crecimiento en todo el período; marcada diferencia
entre la participación porcentual de las alcabalas respecto a la población;
incremento de su participación poreentual relativa respecto al total de la
Nueva F.spaña entre 1778/85 y 1802/09, como podemos ver en el cuadro
siguiente:

Por lo demás, los resúmenes localizados y los Libros Reales de Alcabalas no incluyen ningún dato para las alcabalas del puerto de Veracruz,
dado que éste depende -desde época muy temprana- de la Dirección de
Aduanas de la Capital. Ello quiere decir que si bien los efectos del Libre
ComeL"Cio se harán sentir en forma de multiplicación de la demanda de
bastimentos y alimentación para un número cada vez mayor de naves y
de la expansión en la demanda de algunos productos tropicales, como el
azúcar, nuestros datos no están directamente ligados a la coyuntura mercantil del puerto.

CUADRO 1

De todos mo.dos, la información trabajada es altamente representativa del movimiento que experimentó el intercambio y la actividad económica en el ámbito de la intendencia, ya que incluye al grueso de esa región
y a sus polos económicos más importantes: Orizaba, Córdoba y Xalapa.
Ya en la época, algunos escritores poblanos, como el agudo Fernández
de Echeverría y Veytia, habían comprendido el caracter dinámico de esta
región y no dejaron de señalarlo en algunos de sus escritos con amargura
18
-pues a sus ojos contrastaba más con la decadencia de Puebla. Y es interesante recordar que este cronista escribe antes de la liberalización comercial borbónica y antes del inicio de las series que estamos analizando;
ello nos muestra que esta situación de bonanza tiene raíces bastante profundas.
Veamos unos primeros datos alcahalatorios. Vista desde las alcabalas,
las receptorías de Veracruz conforman una de las áreas más dinámicas
durante todo el período 1778-1809. El movimiento del monto global
creció un 56.11 °/o, porcentaje superior al general de la Nueva España y
sólo superado por el de la Adnúnistración Foránea de San Luis Potosí
(el caso de Sonora que también posee un porcentaje superior, es bastante
especial, como explicaremos más adelante al estudiar esta región). Ade-

VERACRUZ Y NUEVA ESPA/1/A: CRECIMIENTO Y POSICION
RELATIVA SEGUN MONTOS GLOBALES
Nueva España
0
/o de cree.

°lo de cree.

porcentaje de Veracruz
respecto al total de NE

-4.68
25.10
8.62

-8.96
45.96
17.48

6.7
6.4
7.5
8.1

1778/1785
1786/1793
1794/1801
1802/1809

Veracruz

1778-1809
1778/85 - 1802/09

7.2
29.53

56.11

Y finalmente, uno de los indicadores más relevantes en este sentido:
Veracruz es la primera de las doce Administraciones Foráneas en cuanto al
peso del rubro de efectos de la tierra en el total de la recaudación de alcabalas para el año 1796 con un 67.47°/o; y además, comparte con la Administración de México el último lugar (con un porcentaje del 16.76º/o) en
cuanto a la participación de los productos importados.
Otros datos cuantitativos a nuestra disposición, como son los diezmos,
reafirman de modo evidente este comportamiento regional y demuestran,
una vez más, el carácter plenamente confiable de la fuente de alcabala para

�18

19

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

Siglo XIX

medir en un área determinada lo que hemos llamado en otros estudios
"grado de actividad económica".
Según documentación del archivo de Sevilla y de México -parcialmente confirmada por los datos publicados por Medina Rubio en su libro,
pese a ciertos problemas que sus cifras presentan para el siglo XVIII~ los
diezmos veracruzanos, desagregados de la masa del obispado de Puebla a
la que pertenecían, crecieron en forma acentuada desde 1775, con 42 362
pesos para ese año, 61,881 para 1783 y una suma de 98 546 para 1790.

1

'

en

&lt;
2

Esto también e.s distinto a lo que ocurre en otras Administraciones
foráneas. Aquí, al revés de lo que sucede en la de Puebla o en la de Guadalajara, no existe una ciudad que funcione como polo aplastante y que determine en forma unilateral el comportamiento de toda una región. En Veracruz son tres las áreas que tendrán influencia decisiva en ese desarrollo.

:&gt;&lt;:

...

E3

[I)

111

[Z]

u

¡:¡¡

i:i::

if)

w

u

o

.,

+'
(1)

E-&lt;

z
z&lt;

-o
~

o

if)

::;

1Z

o

~
~

~
~

o
E-&lt;
0-.
w
u
w

1Z
(f)

w

1Z

_¿

E-&lt;

Más, sí bien son ocho las receptorías que componen la Administración
Foránea veracruzana, tres de ellas concentran el 83.79°/o del total del
monto global durante el lapso 1778-1809: Orizaha, Córdoba y Xalapa.

&lt;
p.,
&lt;
,_¡
&lt;

~

CY')

Volviendo a las alcabalas, veamos ahora qué ocurre al interior de la
Administración Foránea. Podemos advertir ciertas diferencias en la dinámica de las distintas áreas representadas por sus respectivas receptorías.
Pero, pese a ello -y dejando de lado los altibajos sufridos por algunas receptorías en determinados períodos- ninguna de ellas tuvo un comportamiento negativo si comparamos las cifras de 1778/85 con las de 1802/09.
Como veremos, esto marca una diferencia significativa respecto a otras
Administraciones foráneas de alcabalas.

&lt;
,xi
o
~
o

¡:¡¡

Este incremento, muy superior al del total de la masa poblana, hace
que la participación porcentual de los predios decimales de Veracruz pase
del 15.03°/o en 1775, al 20. 11 °/o en 1783 y finalice con casi el 26°fo en
1790.20 Y hay que subrayar, pues resulta de particular importancia a la
luz de los datos de las alcabalas, que este crecimiento de los diezmos veracruzanos se debe casi exclusivamente al boom de un solo predio decimal: Orizaba/Córdoba, que pasa de 35 715 pesos en 1775 a 84 771 en
1790, convirtiéndose (y de lejos) en el predio decimal más destacado de
todo el obispado de Puebla. 21
Es decir, estamos ante un crecimiento de la producción -siempre que
aceptemos que los diezmos son un buen indicador indirecto de ese movimiento- que es mayor que el aumento de la población y que el incremento de los precios.22

&lt;
,xi
&lt;
N
2
o

r

(f)

&lt;
~

~

..

.

N

;:i

1Z

u

&lt;

1Z
w

:&gt;

,

&lt;

&lt;

e{-

-

%~
ff#; __
0

·;...._
"'

'
'

.
..

·~

o
o

---

N
°'
IU

L•

�a-l

SigloXIX

Garavaglia-Grosso: Análim regional de la Nueva Espafia borbónica

En este sentido, el notable dinamismo de Orizaba, se verá contrabalanceado por la fluctuante evolución de Córdoba.

CUADRO 3

CUADRO 2

COMPOSICION DE LAS ALCABALAS DE ORIZABA
1782 Y 1806

PARTICIPACION RELATIVA DE LAS TRES RECEPTORIAS
PRINCIPALES: 1778-1809

" t.

21

1778185

1802109

ºlo

ºlo

Orizaba
Córdoba
Xalapa

34.99
30.34
17.39

43.29
24.53
17.83

Totales

82.72

85.65

Orizaba no sólo es la que presenta un mayor dinamismo. Además, es
la única receptoría que mantuvo un crecimiento sosterúdo durante todo el
período. Este hecho debería relacionarse en gran parte, según creemos, con
el auge del cultivo del tabaco, principal producción local. Ya un trabajo de
Susan Deans nos ha mostrado de qué forma el cultivo de esta planta en
Orizaba dio como resultado la proliferación de sectores productivos bastante diferenciados, entre los que abun8an los pequeños y medianos pro23
ductores.
Es bien sabido que el tabaco es un tipo de cultivo que exige
grandes cuidados: ello favorece, obviamente, la explotación intensiva y no
extensiva.
Hay que recordar que no sólo el tabaco paga alcabala: por otra parte,
los adelantos que realiza la Renta de Tabacos entre los cosecheros, inyectan ingentes cantidades de dinero fresco en los diversos circuitos mercantiles de la región. Un sondeo realizado en los Libros Reales de Alcabalas de
la receptoría de Orizaba nos muestra claramente este hecho y la expansión
del tabaco:

castilla*

1782
1806

tierra

viento

ºlo

ºlo

ºlo

15.27
8.67

68.06
72.78

16.68
18.55

* Incluye las cortas partidas de efectos de la China.

Fuentes: Libros Reales de Alcabalas de Orizaba, años 1782 y 1806,
en AGNM-Indif. RH.

En una palabra: mientras el total del monto global de la receptoría
creciQ.,en un 19.31°/o entre las dos fechas consideradas, el monto referido
a lo recaudado en concepto de tierra y viento lo hizo en un 28.59º/o.
Además esta actividad tuvo otros efectos multiplicadores a través de la instalación en la ciudad de la Fábrica de Tabaco. Por otra parte, Orizaba fue
siempre -y esta especialidad debió acentuarse después del Libre Comercio- una ciudad/estación, donde la arriería daba ocupación y ganancias a
. ' 24
un sector .tmportante de supoblac1on.
Xalapa, que entre 1778 y 1809 experimentó un crecimiento elevado,
se vio afectada sin embargo por una marcada caída en el lapso 1786/1793;
en el período siguiente la receptoría recupera sus rúveles anteriores.
En cuanto a Córdoba, la segunda receptoría, contrasta con Orizaba
por sus altibajos y por un porcentaje de crecimiento muy inferior al de las
dos receptorías más dinámicas y al del total registrado por la entera Administración veracruzana: ello se expresa en la marcada disminución de su
participación relativa en el conjunto de esa urúdad administrativa. Llama
también la atención el comportamiento de Cosamaloapan, tierra de producción algodonera y la más destacada de las receptorías menores. Sus

�22

Siglo XIX

flu??1aciones coinci~en bastante con las de Córdoba, pese a que su recuperac1~n _es mucho mas finne, como se puede advertir por el porcentaje de
crecuniento alcanzado entre 1778/85 y 1802/09 (ver cuadro 2 del apéndice).
Hay dos hechos de particular relevancia, más alJá del ya referido al establecimiento de la Renta de Tabacos, que explican el comportamiento de
es_ta región: 1~ _cercanía del puerto de Veracruz, con el excepcionaJ crecirruento del trafico mercantil, ocurrido en los últimos dos decenios del siglo
XVID - los datos de las cajas reales veracruzanas, tal como nos los muestra
el excelente artículo de Herbert Klein, 25 son una prueba fehaciente de
ell~; Y estrechamente relacionado con esto, la enorme expansión que expe~mentaron los productos tropicales a fines del siglo XVlll. AJ respecto
es interesante verificar cómo este dinamismo caracteriza también a otras
áre,'!8 de tierra calien!e, como el c~ que vimos de la "Media Luna tropical en la Intendencia de Valladolid, o el territorio representado por la
receptoría poblana de Yzúcar.

Una de las producciones tropicales &lt;¡ue parece haber tenido gran expansión es la caña de azúcar. Hacia 1788, las cosechas de los obispados de
México, Valiado! id y Puebla apenas llegaban a las 800 000 arrobas. 26 Según un informe del Consulado de México, las causas del escaso desarrollo
lo~do hasta et1tonces por la producción azucarera radicaban en la competencia de las Islas de Barlovento y en la reiterada prohibición de fabricar el
27
aguardiente "de la tierra". Según el sabio alemán, la in tendencia de Vera~ruz será una de las principales regiones responsables de la expansión del
azucar:
Desde que el consumo del azúcar ha tenido un aumento considerable, y que el comercio del Nuevo Continente proporciona a la
Eu!opa muchos productos que en otros tiempos se sacaban de
A~1a Y A~ica, las tierras cali~ntes no hay dudas que presentan
mas ~tr_act1vos para el establecimiento de colonias; por esto se han
multJphcado en la provincia de Veracruz las plantaciones de caña
Y de algodonales, principalmente desde los funestos sucesos de
Santo Domingo, que ~fl dado un gran impulso a la industria en
las colonias españolas.
También ~oreno Fraginals, en su obra clásica sobre el ingenio cubano, subraya especialmente este aspecto de la coyuntura internacional como uno
de los pilares en los que se asienta el auge que desde ese momento experimentó el azúcar de la isla. 29
~n el caso d~ la I\Jueva España, si bien el crecimiento general de la producc1on estuvo ligado principalmente a la expansión de la demanda interior, el azúcar también alcanzó a inicios del sigfo XfX un lugar destacado

Garavaglia-Gro$$o: An6/í$i., regional de la Nueva España borbónica

23

en sus exportaciones agrícolas: en 1802 salieron para España 431667
arrobas por un valor de 1 454 240 pesos, y en el año 1803 fueron 483 944
arrobas con un valor en pesos de 1495056 (en este último año, la grana,
el principaJ producto agrícola de exportación novohispano, alcanzó un
vaJor de 2 191 399 pesos). 30
Y hay que recordar que Veracruz tenía una ventaja comparativa muy
grande respecto a ot-ras zonas de Tierra Caliente: se haUaba casi en la boca
del puerto... En la Intendencia, los principales plantíos de caña estaban
localizados en las jurisdicciones de Córdoba, Orizaba y Xalapa. Pero, al
parecer, desde mediados del XVIII se estaba produciendo una redistribución de los ingenios en perjuicio de Córdoba.
Si esta hipótesis se confirmara, tendríamos un elemento explicativo
para entender en parce el errático comportamiento que caracterizó a las
alcabalas de esta jurisdicción en el período que eslanlos considerando. En
efecto, hacia la mitad del siglo XVIII, había en Córdoba 33 ingenios y
trapiches y un número no precisado en XaJapa, Orizaba, Tuxtla y otras localidades menores. 31 En 1804, las "haciendas de fabricar azúcar" de Córdoba se redujeron a 23, en tanto que Xalapa contaba con 11 trapiches e
ingenios y Orizaba con un número no aclarado de "grandes ingenios".32
No hay que olvidar, por otra parte, que las villas de Orizaba, Córdoba
Y Xalapa - al igual que el hasta ese entonces humilde pueblo de Perote- se
convierten en esta época en localidad que fueron centro de importantes
acantonamientos de tropas. El documentado trabajo de Christon Archer
muestra los efectos económicos multiplicadores que tuvo el estacionamien•
lo de las tropas en todo el área sobre la estructura productiva local y el
mercado regional.33
En Orizaba, por ejemplo, tanto el tabaco, como el azúcar y la nueva
presencia de las tropas acantonadas en la ciudad, dieron como :resuJtado el
incremento de las actividades artesanales y manufactureras. En 1803 la viUa cuenta, además de sus ingenios y de la Fábrica de puros y cigarros, con
''...tres molinos de pan moler, tres sombrererías, como treinta telares de ha•
cer manta, tres curtidurías de vaquetas, seis gamuzerías y nueve ladrille•
ras y tejerías... ,,34 Con una población que alcanzaba casi los 10 000 habitantes (en 1791 se habían empadronado unas 7 074 personas), Orizaba
era también sede de un " . . .crecido número de comerciantes. . . ,,35

Sonora y Durango
Sonora

Si tenemos en cuenta el monto de las aJcabaJas recaudadas en el período

�21

SigloXIX
Garavagtia-Crouo: Análi,i, regional de la Nueva España borbónica

1778-1809, la Administración Foránea de Sonora es una de las menos importantes de la \iueva España: su participación en el monto global total es
apenas del 2.4 °/o, ocupando el anteúltimo lugar entre las 12 Administraciones Foráneas de Alcabalas.
Pese a elJo, su caso presenta especial interés por ser la jurisdicción que
en ese mismo período presentó un mayor índice de crecimiento (con un
pon-enlaje superior al 500°/o... ), seguido de muy lejos por San Luis Potosí, con un 70°/o, y Veracruz con el 56°/o.
Sin duda este porcrntaje está sobrevaluando la expansión de los intercambios mercantiles ya que, por ser un área hasta entonces exenta del
pago de la alcabala, la recaudación en los primeros años de la aplicación del
sistrma de administración dirrcta por parle de la Real llaricnda, no abarcó la totalidad de las actividades gravables ni todo el territorio; tanto unas
como el otro se fueron incorporando gradualmente a la captación fiscal. 36
Ütas regiones no fueron las únicas qur gozaron dr un status privilegiado y
de una situac-ión mu} peculiar, favorrcidas por la política de promoción
fiscal de la corona.37
Volviendo a Sonora hay que subrayar que, pese a lo dicho, si comparamos los monlos globales en el segundo de los períodos considerados
(1786/1793), cuando ya la administración de las alcabalas se había extendido a gran parte de la jurisdicción, con el último de ellos (1802/1809), el
porcentaje de crecimiento sigue siendo muy elevado y es superior al 100°/o.
Creemos que este caso, como el de Durango, son especialmente representativos del dinamismo que experimentó el norte minero en la última década
de la época colonial. Los dalos decimales confirman plenamente lo que se
ve a través de la fuente de alcabalas.

lt

1

La región del noroeste, con una tradicional actividad minera que se
remonta a la segunda mitad del siglo XVII, gracias al descubrimiento en
1655 de la primera veta de plata en el Real de Minas de Nuestra Señora del
Rosario, experimentó un notable crecimiento económico en las áltimas
décadas del período colonial: debido, en buena parte, a la incorporación
de nuevos territorios y a la reactivación de las áreas ya ocupadas y explotadas. Ello posibilitaría la expansión de la frontera y del gradual sometimiento de las poblaciones indígenas hostiles.
Este proceso se había iniciado con la visita de don José de Gálvez a
los pueblos y "presidios" del norte en la década de 1760; esa visita impulsó
una reorganización total del sistema defensivo español y se concretó en un
avance de los presidios al norte del río Bravo, rn campañas prrmanentes
contra los indígenas hostiles, en alianzas con otros y en una fortificación
de la frontera con los apaches. Todo ello dio como rrsultado finalmente
que, hacia 1780, Sonora y el norte de Sinaloa pudieran go?..ar de una situación de relativa paz.38
Esta vigorosa intervención de las autoridadrs españolas en el norte se
completó con diversas medidas tendientes a reorganizar y fortalecer la administración civil y eclesiástica: en 1776 Sonora y Sinaloa quedaron sujetas a la jurisdicción de las recientemente creadas Provincias Internas y en
1786 conformaron la Intendencia de Arizpe. Desde 1780 estos territorios
constituyeron además el obispado de Sonora, cuyos vicarios residieron primero en Rosario y luego en CuJiacán, a pesar de ser Arizpe la sede oficial
de la silJa episcopal.

El distrito de Sonora comprendía aproximada'Tlente el territorio que
en 1786 conformó la Intendencia de Arizpe y que con anterioridad com·spond ía a las provincias de Sinaloa y Sonora. Inicialmente, en los años
1778/1785, contó con :mio tres suelos alcabalatorios: Alamos, Arizpe y
Rosario. Estos constituyen en toda la época estudiada las principales receptorías y son responsables de un 66º/o del total del monto recaudado
entre 1778 y 1809.

Entre tanto, la expulsión de los jrsuítas (1767) y la secularización de
las misiones del sur del valJe del Yaqui, favorecieron el avance colonizador
de españoles y mestizos y la movilización de la población indígena como
fuerza de trabajo para minas y haciendas. En 1773, en el Real de San Ildefonso de la Cienaguilla, cuyos placeres de oro habían sido descubiertos dos
años antes, residían 786 españoles y unos 1 500 indios. Las haciendas y
ranchos fueron extendiéndose gradualmente en áreas hasta ese entonces
despobladas } en las mismas tierras de las misiones; las rancherías } pueblos abandonados facilitaron el proceso legal de la "denuncia", que se sumó a la creciente usurpación de tierras mdígcnas. 39

A fines de la década de los ochenta e inicioi. de la siguiente se crearon
cuatro nuevas receptorías: San Antonio de la Huerta (l 789), Sinaloa
(l 790), C.Ulia&lt;'án (1791) y Cosalá (1792); posteriormente se establecieron
receptorías en Horcasitas (1801) y CienaguilJa (1804). Esta misma expansión de la red de captación fiscal t•s un claro indicador del crecimiento de
las actividades económi('as objeto del gravamen.

Hacia 1780, Sonora y Sinaloa contaban con 30 reales de minas, 7
villas, 106 pueblos, 35 misiones y 6 presidios. En p0&lt;·0 más de una década la población de los centros más importantes y estables creció notablemente: entre 1777/1780 y 1791/1794 la poblafión de Arizpe se elevó de
1 540 a 9 000 habitantes; la de Los Atamos de 5 000 a 9 000; la de Rosario de 3 600 a 7 200 almas; y para 1793, Culiacan tenía 13 800 habitantes.40

25

�26

Siglo XIX

l&lt;:l sector de población flotante, que se trasladaba de un distrito minero a otro siguiendo los diversos momentos de auge y decadencia de sus vetas, creció con el aporte de nuevos contingentes de españoles y mestizos y
con el de la población indígena que había abandonado sus tradicionales
lugares de residencia. Así Cienaguilla, en su época de mayor bonanza, hacia 1805, llegó a concentrar cerca de 5 000 pobladores; el antiguo presidio
de San Miguel de Horcasitas, en Sonora, se transformó en pocos años en
próspero mercado de un distrito agrícola en crecimiento que atrajo a los
indígenas de las cercanas misiones y a inmigrantes españoles.41
El desarrollo de la actividad minera fue el principal motor del crecimiento demográfico y económico del noroeste. Gálvez había otorgado en
su visita gran importancia a la minería de la región. Posteriormente ideó un
ambicioso plan para la promoción de las actividades productivas que, en
gran parte, no llegó a implementarse por falta de recursos.
De todos modos, los yacimientos de Sonora y Sinaloa se vieron favorecidos por las medidas generales adoptadas por la Corona en las décadas
subsiguientes a la visita de Gálvez (reducción del precio del azogue y de la
sal, beneficios fiscales, etc.) y por otras disposiciones más específicas como
el establecimiento de las Cajas Reales en Alamos y en Rosario. Este hecho
no sólo redujo los riesgos y los costos de los cargamentos de minerales que
hasta ese entonces deh ían llevarse hasta Guadalajara: también, acortó el
tiempo que debían esperar los mineros para el reintegro en moneda de los
envíos en minerales; las Cajas fueron provistas de un fondo revolvente en
efectivo -aún cuando fue siempre insuficiente, a juicio de los mineroscon el cual se compraba a éstos el mineral. El establecimiento de las Cajas
también aligeró la crónica escasez de azogue que afectaba, sobre todo en
los momentos de bonanzas, la producción minera.42
Este conjunto de medidas estimuló el desarrollo de los distritos mineros en especial, de aquéllos situados en las áreas de influencia de AJamos y
Ro~rio: vivieron una época de gran prosperidad en las décadas de los
ochenta y noventa, hecho que no dejó de manifestarse en los montos de las
alcabalas en ambas receptorías (si consideramos los promedios anuales de
los períodos 1778/85 y 1794/01, la recaudación en las dos receptorías
creció en un 31 °/o y un 175°/o respectivamente). Y no hay que olvidar
que esta fuente tiene en este aspecto un sesgo marcadamente negativo y
que tiende a subvaluar el peso de la actividad económica real: todos los
medios de producción destinados en forma directa a la minería no pagan
la alcabala y por lo tanto, dada la cantidad de distritos de minas que existen en estas receptorías, los montos deberían ser mucho mayores.
Ahora bien, hay que señalar que el incremento de la actividad minera

Caravaglia-Gros.to: Análisis regional de la Nueva España borbónica

27

no se limitó a esas dos jurisdicciones nombradas. Se descubrieron placeres
de oro en el noroeste de Sonora; se abrieron nuevas minas de plata en el
noreste, en las regiones de Opata y Ostimuri y en la región central de Sinaloa, a los pies de las montañas de la Sierra Madre. El crecimiento de Arizpe
no sólo se debió a sus nuevas funciones administrativas sino también al desarrollo de su distrito minero (la recaudación se incrementó entre 1786/93
y 1794/01 en un 60%). Una década más tarde, el área minera de Cienaguilla atravesó su momento de mayor auge: en 1803 se descubrió en sus
inmediaciones un rico yacimiento a flor de tierra, San Francisco de Asís,
que en pocos meses concentró más de 3 000 pobladores. En el mismo real
de Cienaguilla fueron descubiertos nuevos placeres de oro que reanimaron
la producción y la vida económica de la villa: en 1802 tenía 42 tiendas de
vivanderos, 71 de rescates y 21 de comercio. No es casual que para entonces se estableciera allí una nueva receptoría de alcabalas que -durante el
período 1802/1809- captó casi el 10°/o del monto total de toda la Administración Foránea sonorense, pese a haber ini&lt;;iado sus actividades en
1804.43
El crecimiento económico del noroeste no se debió exclusivamente a
la minería. Como ya ha sido destacado reiteradamente por la historiografía, alrededor de los centros mineros se formó un complejo económico que
integró la producción minera con la agrícola y ganadera a escala regional.
El cuadro 4 permite apreciar cual fue el crecimiento de la ganadería
de la región entre 1783 y 1805, especialmente, en el caso del ganado vacuno y caballar. Obviamente, ello se tradujo en una reducción del precio del
ganado: por (ljemplo, las reses vieron descender sus precios en forma considerable, con lo que fue posible que se constituyera un mercado mucho más
estable de abastecimientos·para las áreas mineras. 44
En los alrededores de Culiacáo se desarrolló un importante distrito
agrícola tributario de una amplia zona desde los yacimientos ubicados en
las cercanías de la Sierra Madre hasta AJamos. En 1802 existían en la juridiscción cuatro haciendas y 126 ranchos; en el territorio del suelo alcabalatorio de Sinaloa se localizaban 82 ranchos dedicados a. siembra de maíz
y a la cría de ganado vacuno. Ya hemos mencionado el desarrollo de una
importante área agrícola en el fértil valle del río Dolores, en las inmediaciones de San Miguel Horcasitas. En San Antonio, según el administrador
de alcabalas, había tres haciendas y varios ranchos que producían
" . . .abundante maíz, cría de ganado vacuno, cría de caballada... ". La producción triguera de la región daba lugar ocasionalmente a modestos envíos
de harinas, por tierra y por mar, a California, San Bias y Acapulco. Según
un informe de 1805 se ex;portaron a Acapulco 500 cargas de hanna desde
Sonora.45

�28

SigloXIX

Garavaglw-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

CUADRO 4

RIQUEZA PECUARIA DE SINALOA Y SONORA: 1783-1805

ganado

vacuno
lanar
caballar
mular
asnal

número de cabezas
1783

1805

120 000
31 500
18 400
17 000
2 000

272 723
35 550
62 794
19 907
4 228

Fuentes: 1783 -Navarro García, L., Don José Gálvez. . ., cit., p. 417.
1805 - "Resultado general de las noticias que pide el Real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", en Florescano, E. y
Gil Sánchez, l. (comps.), Descripciones. . .provincias del
Norte, cit., p. 146

i,

1,

Indudablemente, esta actividad agrícola y ganadera debió ser responsable de una parte no despreciable de los intercambios captados por los registros alcabalatorios, de modo tal que aquéllos no pueden ser reducidos tan
sólo al consumo de efectos de ultramar y de la tierra provenientes de otras
regiones.
Sin embargo, la participación de los efectos de Castilla en el comercio
regional parece haber sido mucho mayor que en otros distritos alcabalatorios. Según los datos reunidos para el Consulado de Veracruz en 1805, el
valor de los efectos de Castilla y de la China comercializados en la Intendencia se habría elevado a la suma de 770 800 pesos; de acuerdo a nuestras cifras, el promedio anual del valor de intercambio captado por la
fuente para el período 1802/1809 es de unos 1 358.00 pesos, con lo cual
podríamos deducir que la participación de los efectos de ultramar sería de
alrededor del 50º/o; del restante 50% serían responsables los diversos
efectos de la tierra comercializados en el distrito, parte de los cuales -como es el caso de los textiles- provenían del occidente y del centro del virreinato. 46

29

Esta presencia de los efectos importados muy superior al promedio de
la Nueva España v que también es claramente perceptible en el caso de
otra receptoría y distrito de clara vocación minera de la región norteña,
Durango, merece algunas líneas. Es probable que el tipo de explotación
minera muchas veces superficial y de "placeres" diera lugar a inesperados
booms, seguidos pocos años después de un rápido agotamiento (como hemos visto que ocurrió en Cienaguilla en 1803). Ello impediría la formación
en determinadas ocasiones -que habría que estudiar en forma pormenorizada- de los clásicos "cinturones" de abastecimiento: en especial, en el rubro de bienes duraderos como textiles y otros, para los cuales es indispensable una cierta estabilidad y arraigo de la población.

Esto quiere decir que, para esta Administración Foránea, como para
el caso de la receptoría de Durango en la Administración homónima, podría ser válida la observación que nos han hecho algunos colegas de que la
fuente de alcabalas mediría en esta circunstancia particular más el consumo que lo que hemos llamado en otros estudios "grado de actividad económica". Mas dejemos para el final, cuando hablaremos brevemente del
caso duranguense, una nueva discusión sobre este problema que es tan decisivo para evaluar los lúnites concretos de la fuente que estamos utilizando.
t

Culiacán y Rosario fueron los centros más relevantes del comercio regional, cuyo crecimiento acompañó al desarrollo minero y agropecuario.
En 1755 en toda la gobernación de Sonora y Sinaloa había 15 establecimientos mercantiles. En 1806 tan sólo en Cienaguilla había 27 casas de comercio y 41 tiendas de vivanderos. Culiacán se vio favorecida por su localización en el cruce del camino procedente de México y Durango por la
ruta de la Sierra y que desde allí continuaba hacia Sonora y California, en
tanto que se hallaba comunicada con Guadalajara -el gran centro mercantil y productivo del Occidente- por el camino de la costa. Por su parte,
Rosario controlaba gran parte del comercio de un vasto territorio que se
extendía por el sur de SinaJoa y parte del territorio del actual estado de
Nayarit: ya hacia fines de la década de los setenta y contaba con algunos
mercaderes que manejaban caudales de regular importancia.47
El lento y oneroso transporte terrestre de las mercancías desde el centro o desde el puerto d-e Veracruz, determinó que el abastecimiento de la
región fuera irregular y que e_l precio de los artículos fuese excesivamente
alto (se decía que una casulla de damasco comprada en México a 30 pesos
podía costar 60 en la Pimería... ). Es obvio que esta estructura de "mercado imperfecto", que man1enía siempre a la oferta muy por debajo de la

�30

Siglo X1X

demanda, era alentada por los propios comerciantes de México, Guadalajara, Veracruz y Puebla y por sus representantes locales que dominaban en
el ámbito mercantil regional: ello les daba la posibilidad de grandes ganancias.48 También era evidente que este permanente suhabastecimiento terminaría favoreciendo la práctica del contrabando, que en estas regiones adquirió un desarrollo mucho mayor que en otras áreas del virreinato. Desde
la década de 1790 -probablemente como consecuencia de una creciente
presión de la demanda- la presencia de buques ingieses y n,orteamericanos
en las costas del Pacífico septentrional se hizo cada vez mas frecuente, resultando inútiles los esfuerzos desplegados por las autoridades virreinales
para controlar el contrabando practicado a lo largo de un extenso litoral
imposible de vigilar.

Un caso muy llamativo en este sentido es el de la fragata nort~ericana Dromo que atracó durante varios meses en Guaymas y Mazatlán ( desde
septiembre de 1808 hasta enero de 1809), vendiendo mercaderías por un
valor superior a los 180 000 pesos con la autorización expresa de _las autoridades locales. El estudio realizado por Vidargas del Moral permite apreciar el fuerte impacto que tuvieron las ventas del Dromo en el peculiar sistema mercantil del noroeste. Mientras algunos mercaderes locales -respaldados ·como era de suponer por sus habilitadores de M~xico- proteslBhan por el daño que experimentaría el comercio establecido, otros acudieron desde diversas localidades de la Intendencia e incluso desde Durango
para aprovisionarse por lare:o tiemvo de artículos de baio precio _V buena
calidad. 49 El propio comandante de las Provinci~ Internas, Nemes1? Salcedo, justificaba el hecho argumentando que debido al es~do de _mdefensión de las extensas costas y a la carestía de las mercanc1as proVIstas mediante el tráfico regular, era imposible controlar ~I ~omerci? il~ci!&lt;&gt;_, V
que todas las medidas que se adoptaren para repnmrrlo senan mutil~
" ... porque siempre las harán ilusorias la facilidad del contrabando y la utilidad del contrabandista... ". 50
A pesar de que en este caso los compradores presentaron sus facturas y guías en las aduanas respectivas, y p~aron 1~ alcab~a correspondiente, es evidente que no siempre suced1a lo mlSlllo. S1 t~n~mos e~
cuenta el volumen que alcanzó el comercio ilícito en las dos '."tunas decadas del período colonial, es notorio que la actividad mercantil de Sonora y Sinaloa debió haber alcanzado valores ~?.n mayores que los expre~dos a través de nuestra fuente. Pero, parado11camente, este hecho -le1os
de contradecir nuestro análisis- se suma a la serie de indicadores que atestiguan el notable crecimiento económico del Noroeste en los últimos decenios del siglo XVIII.

Caravaglia-Crosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

31

A propósito de la discusión "consumo" versus "actividad económica": una
apostilla sobre el caso de Durango.

La Administración ForaIÍea de Alcabalas de Durango tiene sólo dos receptorías, la de Chihuahua Qa más importante y que cubre el 66.8% del monto global totaJ durante el período 1778-1809) y la homónima de Durango (ver apéndice, cuadro 5).
Esta región norteña fue siempre un área donde la minería tuvo un
desarrollo excepcional. Tanto los distritos mineros de primer orden como
los secundarios se cuentan por decenas. Destacan los de Parral, Chihuahua,
Yndé, Cuencamé, Batopilas, Cosiguriachi y Santa Eulalia, en la jurisdicción chihuahuense. Y sobre todo en el caso de Durango, los mineraJes de
Guarisamey, Mapimí y otros menores tuvieron también relevante actividad
a fines del período colonial.
No debe extrañarnos entonces que la minería se refleje en la importancia creciente que tendrán estas dos jurisdicciones en el marco de los
impuestos relacionados con esa actividad en las Cajas Reales de la Nueva
España Pasando de un 4.8°/o del total novohispano en el decenio 17801789 a un 5.9°/o en el siguiente y cuando finaliza la serie publicada por
Klein en el oeríodo 1800-1809, alcanzan ya un porcentaje del 8.7% sobre
51
el total del reino. Y en los años 1806-1809, el 74.5% de la recaudación
de alcabalas de la receptoría de Chihuahua proviene de distritos mineros
(véase ap~ndice, cuadro 6).
Pero también nos hallamos en Chihuahua, y en menor medida en Durango, con los clásicos cinturones de abastecimiento que rodean a las minas
con sus haciendas, estancias de ganado mayor y ranchos anexos: San Bartolomé, un valle célebre por sus recursos agrícolas, Santiago Papasquiaro,
Nombre de Dios y San Juan del Río son los más destacados. 52
Ahora bien, si comparamos la evolución de las alcabalas de estas dos
receptorías con la de sus diezmos, comprobamos algo bastante llamativo:
mientras que en Oiihuahua la marcha de los diezmos es bastante armónica
en relación a la de las alcabalas, en Durango es posible percibir un salto en
el lapso 1794/1801, seguido de un retroceso bien marcado en el período
1802/1809 (ver cuadros 5 y 9 del apéndice). El gráfico 4 nos muestra en
fonna más evidente ese disímil comportamiento entre diezmos y alcabalas
del que estamos hablando.
¿Cómo explicar este hecho contradictorio? Durango es la Administración Foránea de alcabalas donde en 1796 es mayor la participación de los
efectos importados respecto al total novohispanos, con un 4-0.07º/o

�w
N)

GRAFIC04
en

(!¡¡'

DIEZMOS
100

o

■

Chihuahua

□

Durango

~

90
80
70
60
50
40
30
20
10

o
1760/ 1764

1796/1800

1774/1781

1806/1812

GRAFIC04

ALCABALAS
20.0

■
□

17 .5

Chihuahua

f
1
is·

Durango

~

1
s,:i...

a-:
.,
~
s·

¡;·

15.0

12.5

!

10.0

"'IS"

7.5

8

Q.

~

l:t'l
~
;:,,

....
g-

5.0

g:

2.5

o.o

;:,

2·

1778/1785

1 786/ 1793

1794/ 1801

1802/1809

w
w

�34

Siglo XIX

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

(siendo el 28.7°/o el promedio para toda la Nueva &amp;paña (ver cuadro 7
del apéndice). Además, ello se debe fundamentalmente a las cifras relativas a la receptoría de Durango, pues en Chihuahua las cosas son diversas
como se puede ver en el siguiente cuadro:

CUADRO 5

COMPOSICION DE LAS ALCABALAS DE CHilIUAHUA
Y DURANGO, EN PESOS: 1796

castilla
Durango
Chihuahua

41 453
11 789

china
821
1 048

tierra

viento

igualas

12 901
28 258

14 615
2 096

3 855
2 757

35

evolución de la relación diezmos/alcabalas, podríamos justamente reafirmar aún más el carácter de esta última fuente como documento privilegiado para estudiar las relaciones entre consumo, producción y circulación.
En este caso específico y donde la participación de los efectos importados es casi exactamente el doble que la del promedio general novohispano, esta contradicción entre los diezmos y las alcabalas, es decir, esa serie de alcabalas que parece tener independencia respecto a los datos contemporáneos sobre la evolución de la producción, nos está mostrando claramente uno de los límites de la fuente. O dicho de otra forma y llegando
a una conclusión que a esta altura será obvia para el lector: cuanto más alta sea la participación de los efectos importados, menos representatividad
tendrá la fuente para medir lo que hemos llamado el "grado de actividad
económica"...

4.

CONCLUSIONES.

¿Cuáles son las conclusiones más relevantes a lo que hemos llegado gracias
al análisis de estos casos regionales mediante la fuente de las alcabalas?

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

Y no solo ello es así, sino que este comportamiento de la receptoría
de Durango, con un 57 .4°lo de la recaudación referida a los efectos importados, se destaca incluso entre las 66 receptorías de la Nueva España para las cuales poseemos datos al respecto en ese período (se trata de las receptorías más importantes del "reino" y que suman más del 85% del total de lo recaudado en concepto de alcabalas durante ese año)53 . Sólo la
receptoria de Sierra de Pinos la supera entre las diez primeras receptorías
novohispanas donde los efectos importados ocupan un lugar destacado
(ver el cuadro 8 del apéndice).
Y como se puede ver consultando la lista, no sería lícito llegar a la
conclusión, un tanto apresurada, de que esta característica tiene que ver
sólo con la condición de asiento de minas que tenga una receptoría, pues
de las diez sólo se destacan tres jurisdicción netamente mineras: Sierra
de Pinos, Duran¡¡;o y Zacatecas. En otros casos -esa sería probablemente la
situación de Tehuacán y Oaxaca- esta dominancia de los efectos importados debe ligarse con la persistencia de los repartos como sistema de mercantilización forzosa. Y para Saltillo y Coahuila la explicación debe remitimos al peculiar comportamiento de ciertos mercados norteños de frontera.
Volviendo al caso de Durango, si conectamos este hecho con la disímil

Ante todo, una reafirmación: la alcabala novohispana, tal corno fun.
cionaba desde 1776 en adelante, es un instrumento privilegiado para estudiar las complejas relaciones entre producción, circulación y consumo en
un espacio y un momento determinado. En especial, si controlamos a esta
fuente con el auxilio de otros indicadores, como los diezmos o la población. Sea que hablemos de Veracruz y su variada vocación económica en
tierra caliente, orientada tanto al consumo interno como al mercado exterior (tabaco, algodón, arriería, azúcar, etc.), como de aquellas regiones norteñas de Sonora y Sinaloa con una dinámica frontera minero/agraria donde
la minería aparece como la actividad productiva dominante, la alcabala resulta ser un fiel indicador de esa vida económica tan rica y diversa.
Pero, además (y los casos que hemos mencionado de Zamora y Durango son ejemplos claros en este sentido), es necesario poner mucha atención en el uso que se hace de este tipo de material estadístico. A veces
-cambios administrativos en el caso zamorano y enorme peso de los efectos importados en Durango- los datos esconden serios problemas y una
evaluación superficial puede llevarnos a conclusiones completamente equivocadas.

E?.r~idad, este tip,o de trabajo sólo puede damos las Iíneas generales
de anáhSJs y, como dec1amos arriba, es indispensable acudir a otros indicado~es que s~an de "control" para verificar las coincidencias o explicar
las dISCr~panc1as. Y Fr supuesto, el único camino finalmente válido para
profundIZar el estudio en este sentido es trabajar con la información de los

�36

GaravaglP-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

SigloXIX

Libros Reales, donde la enorme riqueza del material aporta siempre las
respuestas a casi todas las preguntas que surgen de las series.

REFERENCIAS DE REPOSITORIOS DOCUMENTALES

AGI
AGNM
AGNM-Indif. RH

Archivo General de Indias, Sevilla
Archivo General de la Nación, México
Archivo General de la Nación, México, Indiferente de Real Hacienda en proceso de clasificación.

-

NOTAS

l. Véase "las regiones novohispanas en la época borbónica: un análisis cuantitativo
(1778-1809)", a ser publicado próximamente en la Rivista Storica Italiana..
2. "La evolución económica de la región poblana (1778-1809). Una visión a través de la fuente de l!lcabalas", en Anuario.segunda época, vol. 12, Facultad de
Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario (Argentina, en prensa).
3. Ver en este sentido, las reflexiones de E. Van Young, en "Doing Regional History: Methodological and Theoretical Considerations", mimeo, 1985.
4. Véase el estudio preliminar a nuestro libro Las alcabalas novohispanas (17761821), Archivo General de la Nación, México (en prensa).

5. Es decir, el principio general es el de la correspondencia entre los límites de la
Intendencia y los de las Administraciones Foráneas, pero hay algunos casos que
no concuerdan totalmente con esta norma general. Las doce Administraciones
Foráneas fueron: Durango, Guadalajara, Guanajuato, México, Oaxaca, Puebla,
San Luis Potosí, Sonora, Valladolid, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. Las alcabalas del casco de la ciudad de México y sus receptorías subalternas dependían de
la aduana capitalina.
6. Ver las alcabalas• .., citado.
7. Para más detalles sobre este aspecto de la política fiscal borbónica, véase nuestro
trabajo: "Estado borbónico y presión fiscal en la Nueva España, 1750-1821",
presentado en el VIl Congreso de AHILA, Florencia, 1985.
8. La grana, una de las producciones mercantiles más importantes de Oaxaca no paga alcabala, pero sí lo hacen todas las mercancías que se siguen repartiendo entre
las comunidades para el laboreo de la grana. .. De todos modos, es obvio que
este hecho da como resultado una subrepresentación de Oaxaca, pues según las
cifras que apoota ..Biian Hamnett el valor de la grana registrada en la capital de

37

la Intendencia durante los años del período 1778-1807 sería de alrededor de 35
millones de pesos; ello elevaría considerablemente el monto global de la Administración Foránea de Oaxaca. Ver: Hamnett, B .. Politics and trade in southern
México, 1750-1821, Cambridge University Press, 1971, p. 171.
9. Respecto a Yucatán, hay que señalar que no hemos hallado, pese a repetidos
intentos, datos sobre las alcabalas de Mérida y es muy probable que la villa yucateca y gran parte de la península tuvieran un status especial en este ramo; la
única receptoría que se incluye en la Administración Foránea de Alcabalas de
Yucatán es la de Tabasco. Los autores, que han usado la documentación de alcabalas del año 1792, tampoco han podido hallar datos para Mérida. Ver Moreno Toscano, A., "Economía regional y urbanización: tres ejemplos de relación
entre ciudades y regiones en Nueva España a finales del siglo XVIII", en AAVV,
Ensayos sobre el desarrollo urbano de México, SEP/Setentas, México, 1974,
pp. 95-130 e Izard, M., "Metropolitanos, criollos y reformistas. La Nueva España de Revillagigedo (1789-1794)", Boletín americanista, Universidad de Barcelona, Facultad de Geografía e Historia, año (XXII), 30, 1980, pp. 180-222. Esto
hace que la posición de Yucatán aparezca como muchísimo más subalterna respecto al total de la Nueva España de lo que debió ser en realidad por la sencrna
razón de que Tabasco -única región efectivamente representada por los datos
que se esconden detrás del nombre de la Administración Foránea yucatecaposee a fines del siglo XVIII sólo el 10 °/o del total de la población de la península. Ver: Cook, S. F., y Borah, W., "La población de Yucatán, 1517-1960",
en Ensayos sobre historia de la población: México y el Caribe, Siglo XXI, México, 1978, tomo II y "Descripción de la provincia de Tabasco, pedida por el
excmo. virrey de este reyno, conde de Revilla Gigedo y formada por su actual
gobernador don Miguel Castro y Araoz" (1794), en Florescano, E. y Gil Sánchez, L, De.scripciones económicas regionales de la Nueva España.. Provincias del
centro sud11$te y sur, I 766-1827, INAH, México, 1976, pp. 276-283.
10. Según los datos de Fernando Navarro y N oriega, el Norte contaba con 770 550
habitantes, es decir sólo el 14.2°/o del total de la población vivía en esta región.
Ver los datos en Navarro y Noriega, F., "Memoria sobre la población del Reino
de la Nueva España", en Catálogo de los curatos y misiones de la Nueva España,
seguido de la memoria. .•, México, Instituto de Investigaciones HistóricasJurídicas, 1943, citado por Victoria Lerner "Consideraciones sobre la población de la Nueva España, 1793-1810. Según Humboldt y Navarro Noriega",
Historia Mexicana, 17 (3), enero-marzo de 1968, pp. 327-348.
11. Los reales de minas de Catorce, en San Luis Potosí y de Guarisarney, en Chihuahua, tuvieron durante una época exención total de la alcabala; en Nuevo Santander, también de la administración foránea potosina y en el Nuevo Reyno de
León y en Chihuahua, hay importantes exenciones parciales referidas a toda la
producción local agraria, artesanal y manufacturera. Para más detalles. véase
nuestro trabajo "Estado borbónico y presión fiscal .. ", cit Y los comentarios
que hacemos en la sección referida a Sonora y Durango en este mismo artículo.
12. Nos referimos a las receptorías de tierra caliente de Apatzingán, Ario Y Huetamo
cuyos territorios se extendían por una vasta depresión en forma de media luna
encerrada entre montañas. Si hacemos el cálculo de crecimiento de los montos
globales de estas tres receptorías entre 1786-1793 y 1802-1809 (donde la incidencia de los cambios administrativos de que hablaremos en la nota siguiente
tuvo mucho menos peso), comprobamos altos porcentajes de crecimiento:
Ario 124º/o; Apatzingán 84°/o y Huetamo 67°/o.

�38

SigloXIX

Garavagló-Gro$$O: Análisis regional de la Nueva España borbónica

13. Las tres receptorías más importantes de la Administración Foránea de Valladolid son las siguientes:
Participación relativa de las tres receptorías principales: 1778-1809
1778/85

1802/09

Valladolid
Zamora
Pátzcuaro

35.60°/o
32.86°/o
16.65°,b

33.71°,b
15.27°/o
14.07°/o

resto

14.89°/o

36.95º/o

Como se puede apreciar, hay un incremento del papel de las receptorías menores, Y la caída de Zamora parece enonne, pero una parte no despreciable de esa
ca1da se debe a los desprendimientos administrativos que sufre la receptoría
cuando en 1784/1785 se separan algunos territorios hasta ese entonces sometidos a Zamora como Apatzingán, Ario y Huetamo; en 1796 se incorporaron a éstas tres otras 12 subreceptorías, también segregadas de Zamora. En 1795 lar~
caudación de Zamora fue de 44 719 pesos y en 1796 se redujo a 26 645 pesos
(AGNM-Indif. RH, Resúmenes Anuales, año 1796 y Libro Real de Alcabalas de
Zamora). Pero, hay que señalar que al hecho administrativo se habrían sumado
otros de diversa índole. Luis González subraya la crisis de la ganadería mayor
zamorana en esos años (González y G., L., Zamora, Monografías Municipales
del Estado de Michoacán, Gobierno del Estado de Michoacán, 1978, p. 63) y si
bien la producción agraria, según el indicador decimal gozaba de un momento
excepcional precisamente en la década del noventa, ello no incluía a la caña
de azúcar que se estaba desplazando hacia tierra caliente (González, L., op. cit.
Y Morin, C., Michoacán en la Nueva E$paña del Siglo XVDL Crecúniento y de$igualdad en una economía colonial, FCE, México, 1979, pp. 120-121).
14. Claude Morin en su excelente lfüro Michoacán en la Nueva España. •• , transcribe una serie sobre el "rendimiento de las alcabalas de Michoacán" que tiene un
serio error: mientras que para los primeros años de la serie maneja cifras correspondientes a la cabecera de la Intendencia, para los últimos años los datos ser~
fieren a toda la administración foránea. .. y entonces el autor af"rrma que " ... el
valor de los intercambios de Michoacán se triplica entre 1794 y 1809... "(ver
op. cit., pp. 150-151). Como hemos dicho en repetidas ocasiones, la utilidad de
esta fuente es enorme, pero debe usarse con un máximo de cuidado pues la casuística es realmente interminable.
15. No se puede dudar que Valladolid tuvo un desempeño particularmente destacable hasta fines del período que estamos analizando. La prueba más evidente de
ello son sus diezmos, comparados con los de los restantes obispados. El obispado
de Michoacán y el de Durango fueron los obispados que más crecieron entre
1771 Y 1810. En el caso de Durango, incluso,elcrecimientodebióhabersido mayor, pues desde los años ochenta se Je restan las cabeceras decimales que formarían el obispado de Sonora. También hay crecimiento sostenido en Puebla
(aquí habría que '·culpar" por ello a las cabeceras decimales veracruzanas, como
veremos mas adelante) y en Oaxaca. México y Guadalajara, después de un p~
ríodo de gran crecimiento entre 1771/76 y 1784/89 se estancan en los años
1806/10. Por supuesto que un tipo de indicador corno este debe ser usado con
muchísimo cuidado por las casi infinitas variantes regionales y locales que enci1&gt;
rran cada uno de los territorios cubiertos por los diversos obispados. De todos

39

modos creemos que la impresión sobre el crecimiento de Valladolid sigue siendo
válida. El cuadro 10 del apéndice nos da los datos sobre los promedios anuales
de los diezmos de los seis obispados más importantes de Nueva España para tres
períodos plurianuales entre 1771 y 1810.
16. Klein, H. S. "La economía de la Nueva España, 1680-1809: un análisis a partir
de las Cajas Reales", Historia Mexicana (en prensa),
17. El Real de Catorce está esperando un trabajo que Je haga justicia; algunas referencias en Brading. D. A., Mineros y comerciantes en el México Borbónico
(1763-1810), FCE,México, 1975, pp. 265-268.
18. Dice Fernández de Echeverría, hablando de las ferias de Xalapa instituidas desde
los años veinte del siglo XVID: " ... aq~i (en Puebla) se hacia la provision que
hay el día de hoy en los territorios de Orizaba,_ Jalapa y otros mas inmediatos
a la costa... ". Ver: Historia de la Fundación de la ciudad de Puebla de los Angeles, Ediciones Altiplano, Puebla, 1962, I, p. 297.
19. El libro de A. Medina Rubio La Iglesia y la producción agrícola en Puebla, 15401795, El Colegio de México, 1983, es bastante confiable en los datos para los
siglos XVI y XVII, pero lamentablemente su serie para los años 1749-1795,
en pp. 164-170, posee muchos problemas (estos son particularmente notables en
las series de Atlixco y Cercanías de Puebla que son casi inservibles en el estado
que el autor las presenta). De todos modos, en términos generales y pese a que
Medina Rubio no discrimina en su serie entre Córdoba/Orizaba y el resto de los
predios decimales veracruzanos, sus datos confirman los nuestros, pues del quinquenio 1769/1773 Córdoba pasa del 10.5°/o del total poblano al 40.4°/o en
1779/1783 y alcanza el 25°/o en 1789/1793.
20. Las cifras de 1775 y 1783 en AGI-México 2576 y la que corresponde al año
1790 en AGNM-RH, Diezmos 20.
21. En efecto, en 1775, los primeros tres predios decimales eran Tepeaca con
53 178 pesos, Orizaba-Córdoba con 35 715 y Cholula con 35 565. En 1785
Orizaba ya ha pasado al primer lugar con una suma de 48 861 pesos, Tepeaca
cuenta con 48 280 y Tuxcala es el tercero con 38 756. En 1790 Orizaba tiene
84 771 pesos, Tepeaca 54 145 y Tlaxcala 42 630 (la serie de Cholula está incompleta, pues Je falta para este año nada menos que el rubro de los trigos).
22. Sobre el problema del incremento de los precios a fines del XVIII, véase Garner,
R., "Price Trends in Eighteenth-Century México", Hispanic American Historical
Review, 65 (2), 1985, pp. 279-325. Este autor confirma en líneas generales lo
que ya sabíamos acerca de este problema del incremento de los precios en esta
época gracias al estudio clásico de Enrique Florescano, Precios del maíz y crisis
agrícola$ en México {1708-1810), El Colegio de México, pp. 180-181 y el más
reciente de Eric Van Young Hacienda and market in eighteenth- century Mexico.
The rural economy of the Guadalajara región, 1675-1820, University ofCalifornia Press, Berkeley-Los Angeles, 1981, pp. 81-82.
23. Deans, S., "The Money Plant. The Royal Tobacco Monopoly of New Spain,
1765-1821", mimeo, 1982.

�40

Siglo XIX

Caravaglia-Crouo: Análisis regional de la Nueva Espaíía borbónica

24. Moreno Toscano, A., "Economía regional... ", cit.

1776-1780

ºto

25. Klein, H. S., "La economía de la Nueva España. .. ", cit

26. Chávez Orozco, L. y Aorescano, E., Agricultura e industria textil de Veracruz,
Universidad Veracruzana, Xalapa, 1965, p. 49.
17. Cuadro de la situación económica novohispana en 1788, Recopilación Y adver-

tencia de L. Chávez Orozco, Publicaciones de la Secretaría de la Economía
Nacional, México, 1934, p. 61 y ss.
28. Humboldt, A. de, Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España, Porrúa,
México, 1980, p. 284.

'•

19. Moreno Praginals, M., El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar,
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, I, pp. 39-62.
30. Humboldt, A. de, Ensayo político.•. , pp. 177,285 y 472480.
31. Chávez Orozc-0, L., y F1orescano, E., Agricultura••. , cit. p. 49.
32. Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones.• • provincias del centro.. • , cit.,
pp. 76-83.
33.- Archer, Ch., El ejército en el México Borbónico, 1760-1810, FCE, México,
1983; ver en especial, el capítulo V, pp. 141-176.
34. Chávez Orozco, L., y Florescano, E., Agricultura. . ., cit. p. 57.
35. Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones. • . provincias del centro. .•, cit.,
p. 83.
36. Los comerciantes de Sinaloa y Sonora habían logrado exitosamente oponerse a
la actitud de los arrendatarios de las alcabalas de Guadalajara que en diversas
oportunidades habían pretendido gravar los cargamentos que se dirigían a esas
provincias. Cuando en 1780 T. de Croix se hizo cargo de la Comandancia de las
Provincias Internas se puso en marcha una nueva política de impulso hacendístico tendiente a lograr de Sonora y de la Nueva Vizcaya los recursos suficientes
con que sostener las milicias provinciales. De acuerdo a esta política, Croix ordenó el cobro de las alcabalas adeudadas desde el 15 de agosto de 1777 y de allí
en más se hizo efectivo su cobro regular; en la zona meridional de Sinaloa, donde su cobro ya había sido introducido, elJ,orcentaje sería del 6°to; en los lugares
donde se la exigía por primera vez, el 4 /o y en aouellos territorios que aún padecían hostilidades el 2°/o. Sólo quedan exentos del pago de las alcabalas los
presidios y los lugares situados en un radio de diez leguas alrededor de estos. Cf.
Navarro García, L., Don José de Cálvez y la comandancia general de las provincias internas del norte de la Nueva España, Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1964, pp. 127-128 y 363-364.

Alamos (Sonora)
Arispe (Sonora)
Chihuahua (Durango)
Cienaguilla (Sonora)
Coahuila (SL PotosO
Cosalá (Sonora)
Culiacán (Sonora)
Horcasitas (Sonora)
Mazapil (Zacatecas)
Monterrey (SL PotosO
Saltillo (SL PotosO
San Antonio H. (Sonora)
Santander (SL PotosO
Sinaloa (Sonora)

41

1781-1790

1791-1809

ºto

ºto

4
2
2
2
2
4
4
4
4
2
2
4

4

4
4

5.33
4

4
2
2.33
2
2
4
4
4

5
2.33
2

4
2
2
2
2

4
4
4
4
2
2
4
2.66
4

Para más detalles sobre este aspecto de la política fiscal borbónica, véase nuestro
trabajo: "Estado borbónico y presión fiscal .. ", cit.
38.- Navarro García, l., Don José de Gálvez• .. , cit., pp. 205-212. Florescano, E.,
"Colonización, ocupación del suelo y 'frontera' en el norte de la Nueva España, 1521-1750", en Tierras nuevas, México, El Colegio de México, 1973, pp.
48-51; Voss, S. F., On the periphery of nineteenth century México. Sonora
and Sina/oa 1810-1877, The University of Arizona Press, Tucson, Arizona,
1982, pp. 19-20.
39. Radding de Murrieta, C., "The function of the market in changing economic
structures in the mission communities of Pimería Alta, 1768-1821 ., The Ame•
ricas, vol XXXIV (2), 1977, pp. 161-169; Voss, S. F., On the periphery. .. ,
cit., pp. 20-22; Navarro García, L., Don José de Gálvez.• •, cit., pp. 406-407.
40. Navarro García, L., Don José de Cá/vez. .. , cit, p. 417; Voss, S. F., On the
periphery. •. , cit., pp. 28-29; Humboldt, A. de, "Tablas geográficas del reino
de Nueva España. .. ", en Florescano, E. y Gil, l., Descripciones económicas ge•
nerales de la Nueva España, 1784-1817, INAH, México, 1973, p. 156.
41. Navarro García, L., Las provincias internas en el Siglo XIX, Escuela de Estudios
Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1965, p. 6 y Voss, S. F., 0n the periphe•
ry. .., cit., p. 28.
42. Navarro García, L., Don José Gálvez.. •, cit., pp. 153-157 ; Voss, S. F., On the
periphery. •• , cit., p. 23 y Brading. D. A., Mineros y Comerciantes. •• cit., pp.
197-198.
43. Navarro García, L., Las provincia&amp; .., cit, pp. 4--9; Voss, S. F., On the periphe•
ry• ••• cit., pp. 23-29 y Brading, D. A., MinPJos y comerciantes. •., cit., p ..268;
Stagg, A., The Almadas and A/amos, 1783-1867, Tucson, 1978.
44. Navarro García, L., Las provincias. .. , cit., p. 11.

37 .- Las siguientes receptorías (entre paréntesis la Administración Foránea correspondiente) gozaron de porcentajes diferenciales:

45. Florescano E., "Colonización..., cit., pp. 55-56 y 67-72; Nakayama, A., Culia•
cán, Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, 1981, p. 24; Navarro García,

�42

SwloXIX

L., Las provincias• .., cit., pp. 10-11; el documento "Resultado general de las
noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", publicado en
Florescano, E. y Gil Sánchez, I., Descripcionu económicM regionales de la Nueva España. Provincias del Norte, 1790-1814, INAH, México, 1976, p. 146 Y
Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-lndif. RH.
46. "Resultado general de las noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz...", en Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones económicas regionales. .. provincias del norte... , cit., pp. 145-146.

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva Espaiia borbónica

43

ticipación de productos importados relevante). De este modo, los datos del
cuadro expresan, como decimos en el texto, un 85.6º/o del total recaudado en
ese año y es por ello que, pese a las falencias de la fuente, afinnam os que estas
cifras son muy representativas; ver Resumen de Alcabalas, en AGNM-Indif.
RH. Por supuesto que todas estas cifras no toman en cuenta a los datos del casco de la capital y sus receptorías subalternas; a partir de los datos promedios de
los ~os 1791 y 1792 para la ciudad de México, podríamos calcular en un
35.5 1/o el porcentaje total de los efectos importados tomando en cuenta a las
alcabalas de la capital

47. Viveros, G., "Introducción" a J. Rafael GaJlardo Informe sobre Sinaloa y Sonora. Año de 1750, México, Archivo General de la Nación-Archivo Histórico de
Hacienda, 1975, pp. XX-XXVill; Navarro García, L., Las provincias. .., cit.,
p. 6 y Don /osé de Gálvez. .•, cit., pp. 112/129; Nakayama, A., Culíacán, cit.,
pp. 4-10 y del mismo autor Documentos para la historia de El Ro80Tio, Culiacán, Editorial Sinaloa, s/f, p. 8.

APF;NDICES

48. Viveros, G., "Introduoción", cit., p. XXVI.
49. Vidargas del Moral, J. D., "Un caso de contrabando en Sonora y su repercusión
en los Consulados de comercio deNueva España", en VII Simposio de Historia
de Sonora, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad de Sonora, Hermosillo, 1982, pp. 147-163. En su infonne, ya citado, "Resultado general de las
noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", Alejo Gaxcía
Conde anotó: "Contrabandos... En estos últimos años pueden haber sido considerables, porque los puertos están despoblados, abiertos y sin defensa, no hay
guardacosta y los ingleses y angloamericanos se han presentado varias veces en
ellos, siendo imposfüle el remediar que abran comercio clandestino con los habitantes de estas provincias no obstante que sobre el particular se han tomado muchas providencias y se ha contenido el exceso en lo posible, pero aquellos extranjeros como no ven la oposición de un sólo canon entran y salen con desverguenza", op. cit., p. 146.
50. Navarro García, L., Las provincias.. •, cit., p. 12.
51. Klein, H. S., "La economía de la Nueva España. .. ", cit.
52. Consultar, entre otros estudios y fuentes: Hadley, P. L.. Minerfa y Sociedad
en el centro minero de Santa Eulalia, Chihuahua (1709-1750), FCE, México,
1979; Alatriste, O., Desarrollo de la Industria Minera de Hidalgo del Parral durante la segunda mitad del #glo XVOI (1765-1810), UNAM, México, 1983.
Cano fuentes, véanse: el informe de los administradores de alcabalas de las
receptorías de Durango y Chihuahua de 1788, en AGNM-Alcabalas, volumen
617; "Lista o noticia de las jurisdicciones o partidos de la compresión de la
provincia de Nueva Vizcaya. .. ", de Bernardo Bonavía (1803), Florescano,
E. y Gil Sánchez. l., Descripciones económicas regionales. .. provincias del
norte•.., cit., pp. 85-96; Humboldt, A. de, Eruayo político. .., cit., pp. 186190 y Ward, G. H.,México en 1827, FCE, México, 1981, pp. 624-643.
53. Hay que aclarar el procedimiento utilizado. Tenemos datos para 81 receptorías
sobre un total de 94 existentes en toda la Nueva España ese año. La recaudación
de estas 81 receptorías representan un 90.3°/o del total novohispano, pero, hemos preferido restar las cifras de las receptorías donde los rubros de viento e
igualas son dominantes (aquí las igualas pueden esconder un porcentaje de par-

CUADRO I

MONTOS GLOBALES PARA LAS 12 ADMINISTRACIONES
FORANEAS: 1778-1809

Guadalajara
Puebla
México
Guanajuato
SL Potosí
Veracruz
Valladolid
Durango
Zacatecas
Oaxaca
Sonora
Yucatán

1778-1785

1786-1793

1794-1801

1802-1809

37 501 958
41102 820
35 247 712
31 266 741
19 125 960
16 692 612
16 628 425
14 388 987
16 312 834
16 429 008
1772062
2 610 287

38 722 350
35 858 733
31398208
26 555 308
20 215 005
15 196 241
19 261 808
16 634 002
12 890 012
13 709 542
5 278 779
1702217

40 887 249
45 169 415
40 641 165
30 179 499
26 422 487
22 180 782
22 600 232
22 872 256
18 497 066
17 086 749
8 614 533
1 868 705

53 824 764
43 509 132
41358432
33 494 399
32 556 924
26 060 016
23 682 432
21 120 700
18 045 408
16 807 249
10867250
1 324 383

Fuentes: Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-Indif.

�:t

CUADRO 2

(,:)

di:i'

o

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
VERACRUZ 1778-1809

Acayucán
Antigua*
Córdoba
Cosamaloapan
Orizaba
Tampico
Tuxtla
Xalapa
Totales

1778/1785

1786/1793

825 590

571 432

5 065 726
864 015
5 841 798
844 405
347 750
2 903 339
16 692 612

1794/1801

1802/1809

~

1778/1809

4435576
782 680
6 564 482
823 897
444 893
1 573 293

735 267
98 883
7 220 418
1430033
8 169 818
916 450
555 900
3 054 017

948 268
122 367
6 394 450
1 223 133
11 283 800
891 432
549 650
4 646 919

3 080 557
221 250
23 116 170
4 299 861
31 859 898
3 476 184
1 898 193
12 177 565

15 196 241

22 180 782

26 060 016

80 129 678

*Se abre como receptoría en 1 794.
Fuentes: Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-lndif. RH

CUADRO 3

•

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
SONORA: 1778-1809
1778-1785
Alamos (1)
Arizpe (2)
Cienaguilla (3)
Cosalá (4)
Culiacán (5)
Rosario
SA Huerta (6)
SM Horcasitas (7)
Sinaloa (8)

822 550
57 400

892 112

~

{ª
is·

1786/1793

1794/1801

1 734 750
835 000

1 723 475
1334400

176 625
424 150
1441105
513 224
153 925

1 030 125
1 046 800
2 457 133
573 850
59 975
388 775

2 188 825
1 410 400
878 200
718 775
1 075 700
2 731 200
942 800
605 625
315 725

5 278 779

8 614 533

10 867 250

1802/1809

1778/1809
6 469 600
3 637 200
878 200
1 925 525
2 546 650
7 521 550
2 029 874
665 600
858 425

r
:i:..
::,

C&gt;,

e:
¡;¡·

i.
ª-

~

s-

~

"'
E

C&gt;'J

Totales
1)
2)
3)
4)

1 772 062

Se abre como receptoría en 1781
ldem en 1785
idem en 1804
ídem en 1792

5)
6)
7)
8)

Idem en 1791
idem en 1789
idem en 1801
ídem en 1790

26 532 625

~
e,

::,,
e,

~
8:
::,
g·
Fuentes: AGNM~ Indif. RH

.¡::..
&lt;:J\

�f

~

CUADRO 4

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
VALLADOLID: 1778-1809
1778/1785

1802/1809

418 480
933 750
286 947
1 690 654
2 474 223
881 210
6 319 557
657 709
5 599 278

632 933
1 771 365
475 183
2 906 683
3 365 184
755 034
7 157 833
1 138 300
4 397 716

772 252
2 093 999
480 416
3 197 017
3 333 265
911 000
7 985 500
1290517
3 618 466

1 868 928
4 922 489
1 301 058
9 074 487
11 941 859
3 350 252
27 383 403
3 250 126
19 080 294

16 628 425

19 261 808

22 600 232

23 682 432

82 172 898

1)
2)
3)
4)

~

1778/1809

Apatzingan (1) ,
45 263
Ario (2)
123 375
Huetamo (3)
58 512
1280133
Marav/Zitac (4)
Pátzcuaro
2 769 187
Tlalpujahua
803 008
Valladolid
5 920 513
Xiquilpan (5)
163 600
5 464 834
Zamora
Totales

•

1794/1801

1786/1793

en
~-s-

siderando a la dupla Maravatío/Zitácuaro como

Se abre como receptoría en 1785
ídem en 1785
idem en 1784
Maravatío se desprende en 1806 y se constituye en
receptoría independiente, pese a lo cual seguimos con-

una s6la receptoría.
5) Se abre como receptoría en 1784

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

CUADRO 5

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
DURANGO: 1778-1809

f

&lt;!!..
is·

~

~

::i,..

is,

Chihuahua
Durango
Totales

~

1778/1785

1786/1793

1794/1801

1802/1809

1778/1809

!.;•

10 653 357
3 735 630

12 715 698
3 918 304

14 849 650
8 022 600

15 894 600
5 226 100

54 113 305
20 902 634

i-a

14 388 987

16 634 002

22 872 250

21 120 700

.,

~

s-75 015 939

~

2

r

~·

~
8:
::,

g·

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

'.!:i

�48

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nu eva España borbónica

Siglo XIX

CUADRO 6

CUADRO 7

ALCABALAS DE LA RECEPTORJA DE CHIHUAHUA
1806/1809

NUEVA ESPARA: COMPOSICION DE LAS ALCABALAS
DE LAS 12 ADMINISTRACIONES.l 796

monto recaudado en ps.

...

Cabecera*
Parral*
Valle de San Bartolomé
Yndé del Oro*
Santiago Papasquiaro
Cuencamé*
Batopilas*
San Juan del Rt'o
Cosiguriachi*
Ciénaga de los Olivos
Santa Eulalia*
Basuchil
Valle de Carretas
Babonoyava
Santa Isabel
Cajurichi

56 339
24 467
17 059
14 777
14 275
13 978
9 903
9 182
7 167
2 318
658
317
310
63
36
28

porcentajes
33
14.3
10
8.6
8.4
8.2
5.8
5.4
4.2
1.3
0.4

castilla
º/o

china
º/o

tierra
º/o

viento
º/o

igualas
º/o

Guadalajara
Puebla
México
Guanajuato
SL Potosí
Veracruz
Valladolid
Durango
Zacatecas
Oaxaca
Sonora
Yucatán

32.32
29.72
15.09
26.28
22.99
16.58
21.86
44.51
27.87
35.73
s/d
34.08

1.93
0.47
1.35
2.06
2.15
0.16
0.58
1.56
8.67
0.39
s/d
0.00

24.62
17.27
29.54
30.88
22.83
67.46
14.35
34.41
25. 71
49.77
s/d
59.76

28.55
41.56
31.69
32.72
48.04
15.00
37.25
13.97
29.33
10.11
s/d
3.66

12.55
10.94
21. 75
8.03
3.74
0.80
25.93
5.52
8.39
3.97
s/d
2.46

Totales

26.74

1.95

30.22

30.59

10.40

Fuentes: Resúmen de Alcabalas, año 1 796, en AGNM-Indif. RH
,;

1

Total

170 877

*reales de minas

127 289

Fuentes: AGNM- Indif. RH

100

74.5

49

�50

...

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

SigloXIX

51

CUADRO 8

CUADRO 9

NUEVA ESPAAA: PARTICIPACION PORCENTUAL DE LOS
EFECTOS IMPORTADOS POR RECEPTORIAS 1796

DIEZMOS DE LAS CABECERAS DECIMALES CORRESPONDIENTES
A LAS JURISDICCIONES ALCABALATORJ.AS DE LA
ADMINISTRACION FORANEA DE DURANGO: 1760-1812
(PROMEDIOS ANUALES EN PESOS)

Sierra de Pinos (Zacatecas)
Durango (Durango)
Saltillo (SL Potos11
Tehuacán (Puebla)
Tepic (Guadalajara)
Monterrey (SL Potosi)
Tuxtla (Veracruz)
Zacatecas (Zacatecas)
Coahuila (SL Potosí)
Oaxaca (Oaxaca)

Fuentes: AGNM-Indif. RH

67.79
57.40
56.94
47.87
47.17
39.39
39.24
39.10
38.54
38.51

1774/1781

1796/1800

1806/1812

CHIHUAHUA
San Bartolomé
10 200
7 713
Chihuahua
Yndé del Oro
4 992
3 743
Cuencamé
San juan del Río
1 660
Santiago Papasquiaro
798
Batopilas

8 121
2 305
10 461
5 570
1 978
1 560

15 848
7 600
15 885
9 630
5 700
3 070
277

19 666
14123
22 756
16 241
7 811
3 808
313

Totales

29 106

29 995

58 010

84 718

10 158
7 815

7 961
10 853

15 383
14 641
125

27 289
22 756
198
1 680

18 033

18 814

30 149

51 923

1760/1764

DURANGO
Durango
Villa Nombre Dios
Gurisamey
Mezquital
Totales

Nota bene: hemos reagrupado a las cabeceras decimales de acuerdo a los
diversos suelos alcabalatorios de las dos receptorías duranguenses y es obvio
que éstas no son todas las cabeceras del obispado.

Fuentes: AGI-Guadalajara 549.

�52

SigloXIX

El Gran Norte Oriental y la Formación
del Mercado Nacional en México a finales
del Siglo XIX

CUADRO 10

NUEVA ESPA~A: PROMEDIOS ANUALES EN PESOS DE LOS
DlEZMOS DE LOS SEIS OBISPADOS MAS IMPORTANTES (1771-1810)

México
Puebla
Valladolid
Guadalajara
Durango
Oaxaca

1771/76

1784/89

1806/10

346 297
287 317
269 600
171 833
93 514
70 236

731 583
354 298
319 300
270 238
105 986
84 315

582 601
432 391
485 037
192 142
175 214
102517

Fuentes: Los datos de 1771/76 y 1784/89 fueron publicados por Enrique
Florescano en Origen y desarrollo de los problemas agrarios de México.
1500-1821, Era, México, 1981, p. 69; los de los años 1806/10 los hemos
tomado de la Memoria sobre el estado de la agricultura e industria de la
Repú,blica, que la Dirección General de estos ramos presenta al Gobierno
Supremo en cumplimiento del artículo 26 del Decreto Orgánico de 2 de
diciembre de 1842, México, Imprenta de J. M. Lara, 1843.

Mario Cerutti*

l.- Las últimas décadas del siglo X1X y los años inmediatamente anteriores a la Revolución ofrecieron en México -de manera paralela a su integración a una economía munilial hegemonizada por los países de gran avance
industrial- un triple y simultáneo fenómeno: a) la articulación y expansión de un mercado de características tendencialmente nacionales; b) el
rápido crecimiento de amplios núcleos burgueses que, con su inserción y
dominio ascendentes en el manejo de la producción, se estructuraban como una clase social diferenciada; c) la consolidación del estado nacional.
En este apretado trabajo se brindará una referencia sobre el primer
punto, con explícita mención al impacto que tuvo en el desenvolvimiento
del mercado nacional -y, a la vez, en la de grupos burguese&amp;- lo que hemos convenido en denominar el sistema del norte. Se conformaba, este
último, con un vasto territorio escasamente poblado que abarcaba siete
estados ubicados en el norte central y en el nort!' oriental: un extf'nso
ámbito económico regional que incluía porciones considerables de San
Luis Potosí, Zacatecas, Durango y Chihuahua, además de los estados de
Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
La atalaya que nos permitió visualizar el funcionamiento de este espacio económico -más allá de barreras geográficas o de límites jurisdiccionale&amp;- y separarlo en el análisis del resto del país, fue el comportamiento y actividades de los segmentos burgueses que operaban desde
Monterrey. Una ciudad que lenta pero firmemente comenzó a convertirse -desde los años en que el cambio de la línea fronteriza y las políticas
de Santiago Vidaurri le otorgaron un status diferente- en uno de los centros fundamentales (si no al principal) de est!' ámbito regional. Asumiría

"'Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México).
Una versión previa de este trabajo fue publicada en Deslinde, 7, Universidad Autónoma de Nuevo León, enero-abril de 1984.

�54

Siglo XIX

entonces un papel que quedaría visiblemente ratificado desde 1890, al
arrancar su proceso de industrialización y al perfilarse como un nudo de
comunicaciones ferroviarias de la mayor importancia, tanto en el marco
del sistema del norte como a nivel nacional. 1

...

La perspectiva alcanzada, fincada en buena medida en lo que contienen documentos revisados en archivos locales, muestra que en este ancho
~pacio norteño se entretejió un movimiento económico global que emergio como uno de los fragmentos vertebrales del mercado nacional. Casi
nos atreveríamos a afirmar que el mercado interno que a finales de siglo
se encuentra en estructuración -aunque con limitaciones- no podría haber asumido características nítidas sin la concurrencia, vigorosa y múltiple, del sistema del norte. Su significación en el nacimiento y desarrollo
del capitalismo en México, empero, no parece haber sido evaluada aún con
toda precisión.
2.- Es menester aclarar desde ya que la noción de mercado que aquí instrumentamos no se restringe a señalar el consumo de la población que ingresa en los circuitos monetizados (visión que ha sido frecuente en estudios latinoamericanos hasta años recientes).
Atañe no sólo a que más mercancías recorran con mayor velocidad
espacios más extensos con la creciente intensificación de los intercambios. También supone la aparición de flujos masivos de fuerza de trabajo,
que en el período analizado se robustecieron con la quiebra parcial de los
mecanismos de rete.nción que los nuevos asalariados soportaban en las
zonas rurales y con el tendido de los ferrocarriles. Simultáneamente, y
esto fue muy perceptible desde la Reforma, tiende a incluir la mercantilización de la tierra: ya fuere la que se encontraba amortizada (en manos de
la iglesia, de comunidades indígenas o de municipios), o que era baldía o
bajo el control formal del Estado. Habrá que sumar, a lo mencionado, una
más compleja bifurcación de los capitales acumulados durante los tumultuosos años que precedieron a la afirmación de Porfirio Díaz en el poder:
su circulación, es decir la construcción pausada pero concreta de un mercado de capitales, fue dinamizada en primer lugar por casas mercantiles y
-hacia fines de siglo y sin que lo anterior quedase suprimido- se tomaria más efectiva por el establecimiento de una red bancaria que, al menos
en términos regionales, logró funcionar.
El fortalecimiento del poder central y su legislación modernizante,
así como la generosa red ferroviaria y de comunicaciones (telégrafos,
correos, teléfonos), implementados al terminar el siglo jugaron un rol
decisivo en la articulación del mercado nacional. Coadyuvaban a la VP.Z a

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

55

posibilitar cierta unificación relativa de los precios, aspecto que marchaba
a la par del crecimiento de la producción en gran escala y a su rápida diseminación más allá de límites comarcales, zonales e incluso regionales.
Y si, siguiendo esta línea, nos detenemos en la circulación estricta de
productos convertidos en mercancías, notamos que el mercado tendencialmente nacional que se va configurando desde mediados de la centuria se
fue ampliando horizontalmente por el aumento de la población integrada
a una economía en la que se aceleraban los intercambios. Se multiplicaron
los consumos de carácter masivo y no directamente productivo: vestidos,
alimentación y bebidas, artículos para higiene, elementos dedicados a la
construcción de viviendas, entre otros. Era un fenómeno que se percibía
con claridad en las áreas urbanas y en regiones o comarcas que tendían a
especializarse en producciones mercantiles, las que denotaban una firme
expansión demográfica alimentada principalmente por el arribo de trabajadores procedentes de otros puntos del país.
Pero es imprescindible recalcar que se incrementó, con mucho vigor,
otro tipo de consumo, cuya importancia era central en la confonnación y
-sobre todo- expansión del mercado interior: se trataba de un consumo
en profundidad, gestado por los innumerables abastecimientos que requería el propio proceso productivo, ya fuere -éste- capitalista o no totalmente capitalista. El intercambio, las compras y ventas entre productores,
entre empresas, la circulación de bienes destinados a ser insumidos en la
producción enriquecía notoriamenle el tráfico mercantil: hecho ligado, es
obvio, a la especialización y división social del trabajo, tanto entre unidades productivas como en el caso de comarcas o regiones. El algodón de La
Laguna, el carbón que se extraía en Coabuila, los metales -especialmente
hierro y acero- que lanzaban las grandes fundiciones asentadas en Monterrey (para citar casos insertos en el sistema del norte) son algunos ejemplos
del estímulo que el mercado receptaba por el intercambio ascendente entre
2
productores, entre empresas.
3.- La expansión de un mercado de dimensiones que apuntaba a lo nacional durante la segunda fracción del siglo XIX debe vincularse, inevitablemente, a procesos de acumulación originaria y de concentración de fortunas y bienes acaecidos en es~s tiempos, y que tuvieron como protagonistas
principales a los núcleos burgucs&lt;'.s en constitución.
De ambos movimientos surgirían con nítidez en los últimos veinte
años los mecanismos capitalistas de producción, o, en O&lt;) pocos casos, la
evidente sujeción al capital de importantes segmentos de la producción.
Un ejemplo contundente de la aparición acelerada del capitalismo como

�56

SigloXJ_X

sistema•productivo se dio en Monterrey, hacia 1890, tras varias décadas de
actividad burguesa destinada a la concentración de bienes y a la formación
de fortunas., Una muestra de las formidables transformaciones que arrastró
el dominio del capital sobre la producción, aun cuando las relaciones sociales no resultasen estrictamente capitalistas, fue Yucatán: territorio que,
desde la década de los setenta, se convirtió en una gigantesca plantación
henequenera.3
En términos de una geografía de los mercados, estas transformaciones
se vincularon a demandas gestadas en un doble contexto: por un lado, en
el espacio nacional, el que rigurosamente se definía por el funcionamiento
de ámbitos regionales de notorio dinamismo -como el sistema del norteunidos por el ferrocarril; por otro, en la economía mundial, en especial las
derivadas del desarrollo capitalistas de las naciones avanzadas. Y ucatán, sin
duda, creció estructuralmente conectado a mercados externos a México.
La zona lagunera, por su parte, fue u_n caso de desenvolvimiento exclusivamente orientado a demandas nacionales, provocadas por la industria textil.
Monterrey y sus plantas fabriles, a su vez, sería un ejemplo de crecimiento
ligado tanto al mercado interior como al internacional.

4.- El caso de Yucatán nos recuerda con contundencia cómo México -como la mayoría de los países latinoamericanoir se convirtió en un productor especializado de materias primas: respuesta a la división del trabajo que
desde el último tercio del siglo plantearon las economías de mayor desarrollo industrial.
Diversas zonas del territorio mexicano -y franjas del norte estuvieron
decididamente entre ellair iniciaron o incrementaron actividades de visible prosperidad para los grupos propietarios, en un movimiento que acompañó y pennitió la famosa estabilidad.porfiriana. De esta incorporación
regular y necesaria al mercado mundial, según diría Bujarin, devino la significación espectacular de la nueva minería (y su anexo inmediato, la metalurgia básica), del ya citado henequén, del café, del ixtle, de la expansión
en la cría de ganado y del aprovechamiento de sus pieles, así como la intensificación de la explotación maderera, la aparición de la producción
petrolífera y de ciertos frutos tropicales y semitropicalcs. Además, claro
está, de llevarse a escalas inusuales la antigua producción de minerales y
metales preciosos.
El cuadro del comercio exterior mexicano verifica el auge que se suscita a partir de los años 80. Sin olvidar la tendencia a la devaluación que
registraba la moneda nacional, no deja de ser impactante observar que los
valores en pesos de las exportaciones se duplican entre 1877 y 1888, se

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

57

vuelven a duplicar para 1897 y se aproximan a una nueva duplicación hacia 1906, en vísperas de una crisis que se sintió con vigor económica y socialmente (índice evidente, por lo tanto, de la significación acentuada que
las exportaciones mantenía en los ritmos internos).
Pero lo que interesa remarcar por ahora es que la especialización productiva que -por dicho auge exportador- tuvieron que asumir ciertos espacios de la geografía nacional, resultó decisiva en la configuración, integración y expansión del mercado interior.
Esas comarcas, zonas y regiones requerían para su propio y cotidiano
funcionamiento un conjunto de elementos: fuerza de trabajo, capitales,
tierras libremente abiertas a su utilización, un subsuelo sin trabas para su
apovechamiento rentable, insumos variados y masivos para nutrir los procesos productivos, ahasteómiento sistemático de las necesidades vitales de
sus trabajadores, una infraestructura de transportes y comunicaciones suficientemente densa.
Con ritmos de intensidad ascendente, una mercantilización en espiral
y demandas incrementadas, la especialización de esas áreas obligó a ,otras
especializaciones, las tornó rentables. Pero, ahora, vinculadas al propio
mercado interno. Y que llegaron, en no pocos casos, a provocar sensibles
transformaciones tanto en las relaciones sociales como en la organización
del trabajo y en los instrumentos y medios de producción. La elaboración
del azúcar en Morelos, las alteraciones y fortalecimiento de la manufactura textil en estados del Centro, las industrias liviana e intermedia que en
Monterrey prosperan desde 1890 (sumándose al tronco fundfil.[lental que
fue la industria pesada), el desenvolvimiento de las ya mencionadas producciones de algodón y carbón, las maderas de Chihuahua y Nuevo León;
el tabaco veracruzano, los cereales de El Bajío y Jaliseo, el pulque de los
estados de México e Hidalgo, las carnes y cueros provenientes del mismo
Jalisco y de la árida geografía norteña son datos que,cntre otros, tienen qui'
agregarse a este movimiento acelerado de espeeialización derivado de la
ampliación de las demandas internas~
5.- Se ha señalado oon frecuencia, y atinadamente, cuánta significación alcanzó en este proceso la red ferroviaria. El porfiriato se inaugura con poco más de 600 kilómetros de vías bajo concesión federal, y se despide con
casi 20 000.
En fuerte medida - y es lo que importa indicar aquí- esta teleraña de
rieles apuntó hacia el norte. Si en un momento inicial México pareció intentar las experiencias de otras naciones latinoamericanas, y llevó hacia su
puerto atlántico el primer camino de fierro (paso inevitable, en tanto el

�/

58

Siglo XIX

comercio exterior miraba preponderantemente hacia Europa), desde los 80
la proyección sería muy distinta. Es que sus expecta?vas ~e _comer~io_ exterior ofrecían una variante única en el continente: solo Mex1co tema Junto a alguna de sus fronteras a una de las más grandes ec_onomías ~el mundo
industrializado. La mirada hacia el extremo septentrional, hacia Estados
Unidos, no puede asombrar.
El sistema del norte se vería entonces rápida y febrilmente atravesado
por los ferrocarriles. Con tres llamativas consecuencias: una inter~te comunicación en su seno, una ligazón adecuada con el mercado nac10nal y
-muy particularmente- una conexión eficaz con el mercado norteamericano. Las dos grandes líneas -el Central y el Nacional- cruzaron este inmenso espacio en .su búsqueda de Estados Unidos. Otras dos destacadas
empresas se instalaron en el interior del sistema: el Internacional, que descendía desde Piedras Negras hacia Torreón -y se prolongaba hasta Durango- tras acercarse a Monterrey; y el Ferrocarril de Monterrey al Golfo, que
unificaba el Nacional con el Internacional y marchaba desde Monterrey
hacia el principal puerto marítimo del área, Tampico.
Un superficial vistazo al mapa ferroviario de principios de este siglo
destaca dos cosas: a) el sistema del norte absorbió una parte sustancial de
la red de transportes y -más importante aún- le permitió tener a su alcance el mercado de una de las más dinámicas potencias del mundo capitalista;
b) Monterrey, urbe que nos permitiremos recordar repetidamente en este
trabajo, era el punto de mayor concentración de vías en el sistema (y probablemente uno de los principales del país). Sólo Torreón se le acercaba en
este sentido, lo cual no hacía sino robustecer el peso de Monterrey en el
ancho mundo del norte: las relaciones entre las casas mercantiles y _los capitales regiomontanos con la comarca: lagunera ya eran más que múltiples
antes de que el ferrocarril llegase por esos rumbos y uniera (por varias líneas) a ambas ciudades.
La red se bifurcaba desde los caminos troncales y enlazaba las zonas
de mayor capacidad productiva y los centros urbanos preponderantes:
Chihuahua con Torreón; Torreón con Durango, Zacatecas y Monterrey;
Monterrey con Ciudad Victoria, San Luis Potosí y Tampico; San Luis con
Tampico. En fin: las zonas productoras de minerales, de carbón, de algo·
dón, de madera, trigo e ixtle, las ganaderas, se vieron atravesadas, entrecruzadas o tocadas por el camino de fierro. El arribo del ferrocarril provocó alteraciones fundamentales en no pocos lugares: sin dejar de recordar el
caso excepcional de Torreón, bueno es mencionar también el de la comarca citrícola de Nuevo León, que desde mediados de los 90 comenzó a abastecer d mercado del sur norteamericano mientras quedaban desplaiados
en tomo a Montemorelos y Linares cultivos más tradicionales (caña de
azúcar, maíz).

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

59

El sistema del norte se integraba por este medio a Estados Unidos a
través de cuatro puntos: El Paso, Piedras Negras, Nuevo Laredo y Matamoros. Tres de estos polos fronterizos tenían conexión directa con Monten-ey, que también podía unirse al cuarto (El Paso) vía Torreón.

6.- Como señaló y sistematizó hace tiempo Jorge Espinosa de los Reyes,
Estados Unidos pasó a jugar un papel preponderante en el conjunto del
comercio exterior mexicano hacia 1880: desplazó, con firmeza y nítidez
desde entonces, a los países europeos. De acuerdo con lo que indica Espinosa de los Reyes, en 1872-73 fluía hacia Estados Unidos el 36.1 % de
las exportaciones, mientras que Inglaterra y Francia recibían el 54.2%.
Para 1909-10, Estados Unidos absorbía el 75.7%, en tanto que los citados
estados del viejo continente adquirían el 15.7°/o. 6
Según los Anuarios Estad(sticos coordinados por el doctor Antonio
Peñafiel correspondientes a los años 1898-1901, ese panorama queda totalmente ratificado. En 1898, verhigracja,. Estados Unidos compró el
71.2% de los productos mexicanos exportados, y en 1901 rebasó el
80%. Muy atrás quedaba, ya, Inglaterra, que en 1901 no pasó del 9%.6
Si se alude a varios de los artículos que encabezaban o se situaban en
un rango muy significativo en el conjunto de las exportaciones, es factible
confeccionar el cuadro siguiente para 1898:

CUADRO I
0

artículo

café
henequén
mineral de plata
plata en pasta
plomo
cobre
ganado vacuno
ganado menor
pieles de chivo
pieles de res
ixtle en rama

/o exportado a

EEUU del total
72.5
98.9
89.9
81.8
83 .7
63.5
66.4
93.3
99.8
94.9
35.9

(FUENTE: Anuario estadístico de la República Mexicana. 1898, México,
Ministerio de Fomento, 1899).

�60

M. Cerotti: La formación del mercado nacional en México

SigloXIX

Y si se revisan las cifras que los anuarios de Peñafiel detallan para el
lapso que corrió entre mediados de 1887, en algunos casos, o mediados de
1888, en otros, hasta la mitad de 1894, se tendrá una idea precisa del giro
que ya venían protagonizando las exportaciones de México:

CUADROII

artículo
café
henequén en rama
mineral de plata
plata en pasta
plomo
cobre
ganado vacuno
ganado menor
pieles de chivo
pieles de res
ixtle en rama

º/o exportado a
EEUU del total
92.9
92.2
80.9
72.7
97.4
8.1
90.7
97.9
98.9
88.1
71.5

(FUENTE: Anuario estadístico de la República Mexicana, 1896, México,
Ministerio de Fomento, 1897).

7.- Vinculado con eficacia por los grandes troncos ferroviarios, ubicado en
la inme_diata trastienda de las franjas más vigorosas del mercado estadounidense de la época (las que iban desde el pujante Texas hasta los grandes lagos y Nueva Inglaterra), dotado de una variada gama de recursos naturales
y partero de ávidos grupos burgueses que habían acumulado enormes for-

tunas y bienes durante las difíciles e inestables décadas previas a 1880
-Monte~re!, con toda seguridad, es uno de los ejemplos más verificables
de esto ult1mo-, no puede sorprender que el sistema del norte se convirtiera en u~o de_los grandes proveedores de la vecina potencia. Posibilidad que
se ~ntia estimulada por el arribo del capital extranjero, por las políticas
que implementaba el poder central y por la identificación creciente que se
daba en~e los gobernadores - delegados que dirigían los estados y los grupos dommantes. El general Bernardo Reyes, que tuvo a su cargo el ejecutivo en Nue~o León c:15i rermanentemente entre 1885 y 1909, aparece
como una figura paradigmatica en este sentido.

61

Así como la historia del desenvolvimiento que transitó Sonora por estos años no puede entenderse sin tener en cuenta la costa occidental de
Estados Unidos (según lo comprueban investigaciones recientes), el análisis del desarrollo y de las transformaciones económicas del sistema del
norte resultaría absolutamente incompleto si no se dibuja el enorme peso
que asumieron las relaciones con aquel país: se emplazó como una inmensa área adherida al mercado de más espectacular crecimiento en el mundo
capitalista.
En primer término, la minería. Pero sólo en primer término, porque el
impacto fue más generoso. y, sin duda, dinamizó múltiples actividades que
a su vez -y reiteramos esto- generaron un amplio movimiento ligado al
mercado interior.

CUADRO III

estado
1.- Chihuahua

2.- Durango
3.4.5.6.7 .8.9.10.-

Sonora
Sinaloa
Zacatecas
Hidalgo
Coahuila
Guanajuato
San Luis Potosí
Baja California

valor de la producción minera
(1897-1900)
$ 42 723 406

38947909
26 441 398
24 876 783
23 007 077
22 089 652
19 805 374
18 665 219
15 492 843
13 898 693

Total 10 estados más importantes

245 948 354

Total de producción nª-cional

279 998 227

Estados del sistema del norte

139 976 609

(FUENTE: Anuarios, de Antonio Peñafiel, años 1898 a 1901).
Como se observa en el cuadro ID, con datos de los años 1897 a 1900,
los principales estados mineros del sistema del norte (se exrluyen TamauJipas y Nuevo León) ~neraron al 50°/o de los valores de esta rama a nivel
nacional, y casi el 57% de lo que computaron los diez estados de vanguardia en la actividad.

�62

Siglo XIX

Sólo ~ntre Chihua~ua y Duran&amp;º' que se encon_trahan ~ la ~aheza en
los años citados, produ1eron el 30 1/o del total nacional. Si reVISalllos el
Anuario de 1901, por ejemplo, encontramos esto:

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

salía más de un tercio del plomo mexicano, además que estaban -largamente- a la cabeza en la producción de plata y sulfuro de plata.

*Durango fue el primer productor de minerales con contenidos de
oro-plata-plomo (casi el 70°/o del país).

WADROW

*Zacatecas y Chihuahua eran los principales en minerales de plata:
rebasaron conjuntamente el 51°lo del total.

valores de los metales
beneficiados (1897-1900)

estado.

*Zacatecas encabezó las cifras en minerales de plata-cobre.
*Cinco estados del sistema (Durango, Zacatecas, Coahuila, Chihuahua
y Nuevo León, en ese orden) generaban cerca del 90% de la producción
de minerales con plata-plomo.
*Nuevo León fue el más fuerte productor de minerales con plomo:
más del 960/o.
*Y junto con Coahuila, ese estado registró más del 92°/o en minerales
con plomo-fierro-plata.

8.- La existencia de ricos yacimientos -entre los que no debe olvidarse los
de carbón, requerido en grandes proporciones como combustible por tocemotoras y plantas de fundición-, el tendido de líneas troncales y com~mentarias de ferrocarril , las necesidades del mercado estadounidense (a las
que se sumarían con énfasis las demandas internas) y la sanción de leyes
.que protegían a la minería norteamericana, permitirían -en el sistema
del norte- el surgimiento de establecimientos dedicados a la fundición de
los minerales, a su transformaclpn en metales. Algunos de ellos, como sucedió en Monterrey, de dimensiones que estaban muy por arriba de lo que
se vefa en otras ramas de la industria fabril.
El cuadro IV destaca la gravitación de la gran metalurgia de Nuevo
León y de la que funcionaba en San Luis, y puntualiza que Durango y
Chihuahua y Zacatecas también mantenían una actividad remarcahle. Estos cinco estados, con Nuevo León-Monterrey al frente, registraron entre
1897 y 1900 más del 51 O/o de lo producido en México.
Estos números dicen que los estados del sistema del norte allí mencionados cubrían el 57°/o de la producción de los diez principales del país,
que Nuevo León. brindaba el 23°/o del total nacional, y que junto con San
Luis alcanzaba el 31.6 °/o. De las grandes plantas fundidoras de Monterrey

63

1.-

Nuevo León

$ 68 948 271

2.- Aguascalien tes
3.4.5.6.-

7.8.9.10.-

30 000 862
25 503 284
23 022 454
21 435 647
20 554 406
20 073 877
19 200 405
18 969 882
18 961 405

San Luis Potosí
Sonora
Hidalgo
Baja California
Durango
Sinaloa
Chihuahua
Zacatecas

Total 10 estados más importantes

266 670 493

Total producción nacional

298 225 978

Estados del sistema del norte

152 456 719

(FUENTE: Anuario, de Antonio Peñafiel, de 1898 a 1901).

9.- El estar a la cabeza de las producciones de minerales y metales, tan solo, deja constancia de la significación global de este espacio del territorio
mexicano. Retener ese dato coadyuva, sin duda, a esclarecer el inipacto
que sobre el conjunto de la economía nacional mantuvo el sistema a finales de siglo.
La preeminencia global de las actividades minero-metalúrgicas se desen el cuadro que sigue, en el que se sintetizan las exportaciones
registradas entre 1887 y 1897, con exclusión de la plata acuñada. Están
incluidos todos los rubros que en ese lapso superaron los diez millones de
pesos.

tac:1

1

1

�64

SigloXIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

CUADRÓ V
artículo
1.- plata en pasta

2.3.4.5.6.7 .8.9.10.11.12.-

minerales de plata
café
henequén en rama
plomo argentífero
oro en pasta
cobre
pieles de chivo
plomo
maderas tintóreas
sulfuro de plata
plata mixta (con oro)

exportaciones (1887-1897)
$ 119 270 077

91 765 186
73 936 599
71 201 054
18 859 404
18276961
18 193 617
12 485 342
12 445 140
11605 409
10 799 020
10 538 916

(FUENTE: Anuario estadútico de la República Mexicana. 1897, México,
Ministerio de Fomento, 1898).

Pero en el gran norte-oriental había otras cosas para exportar. Al margen de las pieles de. chivo, que figuran en el octavo lugar del cuadro que se
acaba de ver, en la tabla de comercio exterior encontramos artículos de
evidente importancia: entre 1887 y 1897 se vendió ganado vacuno por valor de 8 849 868 de pesos; pieles de res por 6 933 191; ixtle en rama por
más de seis millones. Como ya se ha mencionado, de todos estos productos
el principal comprador era Estados Unidos.
El impacto que desde estas actividades se dio sobre el conjunto de la
economía nacional no resulta difícil de imaginar. De la multiplicación de
demandas que se crearon surgieron nuevas producciones, o se ampliaron algunas que ya existían: el sistema del norte participó, con amplitud, en esta
alimentación interior.
10.- Aunque la producción destinada a la exportación resultó un elemento
fundamental en el desarrollo del capital y del capitalismo durante el porfiriato, de ninguna manera puede sostenerse que el resto del funcionamiento
de la estructura económica era marginal, apenas complementario.
El dinamismo, los entrelazamientos y mutuos incentivos que generaban el acentuamiento de los procesos de acumulación originaria, la apari-

65

ción y veloz crecimiento de numerosos núcleos burgueses, el rápido y hábil traslado de fortunas y bienes a la producción subsumida al capital o
abiertamente capitalista, el arribo sistemático del capital extranjero, el tendido de los ferrocarriles y de otros medios de comunicación y las modificaciones jurídicas que desde el aparato estatal acompañaban todos estos
fenómenos, propiciaron en el México finisecular una serie de vigorosas demandas internas. La producción para el mercado interior, así, recibió buena parte de los esfuer.ws empresariales, debió absorber una posición significativa de los capitales invertidos y seguramente generó ganancias suficientes para quienes proyectaban hacia este tipo de demandas sus labores productivas.
El nivel de estas demandas es constatahle por las cifras que recogieron

las estadísticas de la época. Aunque es muy probable que contengan ciertas imprecisiones, no dejan de mostrar tendencias nítidas.
El cuadro VI, centrado en productos agrícolas, evidencia cómo uno
de los rubros volcados en forma prácticamente total en el consumo interior
-el trigo-, marchaba a la par del henequén, que destacaba con amplitud,
por su lado, entre las exportaciones que no incluían la plata.
El algodón, a su vez, no parece quedar demasiado atrás del café, y
algo similar oourría con el azúcar. Significa esto que producciones exclusiva o preponderantemente volcadas al mercado interno (azúcar, algodón,
trigo), a un mercado que se iba articulando sobre la hase de la unificación
de diterentes ámbitos regionales antes no vinculados con la fluidez que trajo el ferrocarril, asumieron un peso no desdeñable en la economía mexicana de finalr,s de siglo. Esta conclusión es suficiente par-a justificar la profundización de las investigaciones sobre la formación, articulación y expansión del mercado nacional en el México decimonónico. Y muy particularmente en las décadas previas a la Revolución.

ll.- Parece visible que el sistema del norte participó con amplitud en este
movimiento interior, tanto como área generadora de mercancías como en
lo que atañe a la generación de demandas.
Con respecto a lo primero, bueno es recordar ejemplos como el del algodón. Su consumo creció verticalmente con la expansión que la renovada
industria textil tuvo desde los años 80. Hacia 1895 pasaba las 20 000 toneladas anuales, y para 1900 subía ya a 30 000. La zona lagunera (en Coahuila-Durango) comenzó a tultivar algodón en forma sistemática en los 70,
gracias -en buena medida- a las habilitaciones que los grandes comerciantes de Monterrey realizaban a los agricultores. En pocos años la Laguna
proveería casi las tres cuartas partes de toda la producción nacional, como

�66

Siglo XIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en Méxiro

C(")C(")O'),-.,j0-4f'C,.,~'"""""'""""a-,

...........

,:j&lt;l"-...,OON...,O'IO'lt--0.....,0....,...,&lt;0
O'I 00 tO N O'I O'I 00 0 00 00 N N e&lt;') &lt;O t-e&lt;') N s:!' t-- tO r-- &lt;O O'I O'I t-- t-- e&lt;') t-- 00 ...,
&lt;Ot0&lt;000000c&lt;')e&lt;')0...,NOt--t--OO
...... &lt;O ,:j&lt; .... O'I .... o
,:j&lt; o
&lt;O &lt;O .... o
O'I tO
,...&lt;OtONs:!'NC'le&lt;')...,,:totO&lt;Oc&lt;')&lt;O

67

puede verae en el cuadro VII.

CUADRO VII
PRODUCCION DE ALGODON (en kilogramos)

Qc&lt;')O'IOOOOOt--O'IOOO'ltONOOOO
,:j&lt;t--,...O'IC(')OOtOOt--0.....,000000'I
tO O'I tO &lt;O o
&lt;O &lt;O tO ...... O'I tO ,:j&lt; tO tO ,:j&lt;
&lt;Ot--tOO'INOt000e&lt;')c&lt;')0'&lt;!'t--&lt;OO
e&lt;')0&lt;0t0000&lt;0,:j&lt;c&lt;')...,,:j&lt;N00c&lt;')O'I
tOO'ltO&lt;ON&lt;OOOr--r--,:j&lt;.,¡,Oe&lt;')O'I
,... O'I ..., t-- 00 ,:j&lt; ..., &lt;O 00 00 ..., e&lt;') tO tO O'I
.....

,....¡

..... t00c&lt;')O'l0
ONtOOOt--t-l'c&lt;')OtO&lt;Ot-0&lt;0&lt;0t0c&lt;')C'I
s:!' 00 r-- O'I O r-c&lt;')c&lt;')...,000000
Ns:!'Ot--N&lt;O

....

....

.........................

00e&lt;')00t0c&lt;')t--00t0
Nt--OOONCNtOt--0
&lt;Ot--OOO'l&lt;Oe&lt;')OC'IN
O'I 00 t-- &lt;O ..., tO 00 O'I 0
t--s:!'s:!'N...,tOtO...,...,
&lt;O...,s:!'OO'IO'l&lt;OOOO
s:!'&lt;O&lt;OO'lt--tOc&lt;')OO...,
'""""e&lt;')

...-4

año
1893
1894
1895
1896
1897
1898
1899
1900
1901

total nacional

Coa.huila

Durango

Coah/Dgo

8 905 693 5 916 510 1 048 665 6 965 175
16 609 823 5 211 572 4 454 335 9 665 907
35612531 14935947 10724965 25660912
29 185 522 9 167 845 12 178 000 21 345 845
32 915 394 17 968 187 5 533 043 23 501 230
45 525 767 9 620 825 25 978 043 35 598 868
22487517 8601327 4847453 13448780
21 795 895 6 067 743 9 744 493 15 812 236
22 364 092 6 984 845 9 311 500 16 296 345

º/o del total
78.21
58.19
72.05
73.14
71.40
78.19
59.80
72.55
72.87

,-j

(FUENTES: Anuarios, de Antonio Peñafiel, 1893-1902).

*

... ~~~~:;~~:;;g;~~~:g;;
&lt;O O'I O'I tO tO O'I
&lt;O o
e&lt;')
"'"" 0,:j&lt;c&lt;')&lt;0&lt;0
.... c&lt;')&lt;0e&lt;')00 .... 0 0 1 N t 0 e&lt;')

-=13

....

......

e&lt;')

e&lt;')

&lt;0 .... 00 .......... 0'IOO ........ O .... s : ! ' 0 0 ~
,...tONIN...,t--C'le&lt;')c&lt;')O'l,...,...e&lt;')t-00 00 0 N O'I O e&lt;') tO ,... N N &lt;O &lt;O t-.--4

_.¡

.....

.....

,....,....¡c-.,,-4,-4(!\l..-4

~::::~~:::;~~~~~~g~~~

O'I N O O'I tO IN N t-- 00 00 00 &lt;O O'I
00 e&lt;') ,:j&lt; t-- s:!' ..., t-- N ,... t-- 00 t-- ,...
O'I O'I O r-- O'I tO CS1 &lt;O s:!' e&lt;') 00 O'I 00
tO e&lt;') ,... e&lt;') e&lt;') e&lt;') CSI IN O O'I O O'I ,...

00 N
O ,-(
CSI e&lt;')

s:!' 00

c&lt;'),:j&lt;,:j&lt;CSlt--tOC&lt;')OON&lt;O,...,...,...&lt;OC(')
e,¡
,...e&lt;'),...C'l,...,:j&lt;c&lt;')C'l,...N

O'&gt;

0

bf)

...

·e

a,

O'&gt;

,...s:!'0
tO ,... t-t--a,c&lt;')
s:!' &lt;O r-.
r-. e&lt;') e,¡
tOtOe&lt;')
_..

..........

,n tO .,¡, &lt;O CSI 00 c:&lt;'l ,... O'I ,... 00
t--c&lt;')C,,tOCSINNs:!'&lt;Os:!'N
,:j&lt; r-- O'I O ,... t-- CSI e&lt;') 00 ,... s:!'
oc:nr---ooooc&lt;')N&lt;0r---s:!'
,:::-oo O O r-. O 00,... 00 CSI O'I s:!'
-&lt;O tO &lt;O r-- 00..., N,... e&lt;') 00 O
OO&lt;Or--CSlc&lt;')&lt;O,-&lt;QtOCSIOO

1""'"4,--.t,....C,..,C'-fC-...C\fC\fC\fC(")C\f

c&lt;')s:!'t0&lt;0r---ooa,o .... Nc&lt;')-sl't0&lt;0r-c:na,c:nc:n0&gt;c:nc:noooooooo
00 00 00 00 00 00 00 O'I O'I OI O'I O'I O'I O'I O\
...............

_..

,-j

..........

,...

..............................

.....

De este espacio norteño se extraería también el carbón ( con Coahuila
a la cabeza, que para 1905, según el gobtlrnador del Estado, generaba diez
mil toneladas diarias), cuya demanda fue sensiblemente multiplicada por
las locomotoras y los establecimientos de fundición. Su rentabilidad en
función del mercado interno supo ser captada por los grupos empresariales, entre los que no podían faltar los de Monterrey: en 1902 se fundó en
la capital nuevoleonesa la "Compañía Carbonífera de Monterrey SA", con
una inversión inicial de un millón de pesos (casi medio millón de dólares).
Su significación puede inferirse por los accionistas que tuvo, entre los que
no sólo había individuos, sino empresas: la "Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey"; la "Compañía Minera, Fundidora y Afinadora
Monterrey SA "; la "Cervecería Cuauhtémoc "; la "Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey" ; la "Ladrillera Unión", entre otras. En su conformación fusionó a la "Compañía Mexicana de Carbón de Piedra", que tenía entre sus principales miembros a Enrique C. Creel; componente poderosísimo del grupo Terrazas, de Chihuahua, gobernador de este Estado y
ministro de Porfirio Díaz en los años iniciales del siglo XX. 7
Del amplio ámbito norte-oriental que aquí analizamos muy brevemente salían volúmenes destacables de ganados vacuno y menor, pieles,
una fracción no desdeñable de trigo ( de la misma comarca lagunera) y manufacturas textiles ( de Coahuila, Durango y Nuevo León). Un insumo clave para las más diversas actividades era la madera. Pues bien: las cifras de
finales de siglo verifican la significación de Nuevo León en las maderas de

�68

SigloXJX

álamo, nogal y mezquite; de Coahuila con el huizache; de Chihuahua con
el cedro. Nuevo León, en tanlo, encabezaba los valores en corteza para
curtir, y siempre figuraba entre los primeros en piloncillo.
No puede cerrarse esta síntesis sin detallar que fue en estos años en
que comenzó el primer auge de la industria liviana asentada en Monterrey,
totalmente vinculada a las demandas del mercado interior: textiles de diferentes clases, sombreros, calzados y otros artículos de cuero, almidón, pan
y galletas, pastas alimenticias, harinas, vinagres y aceites, mantequilla, cerveza, licores varios, aguas gaseosas, hielo, chocolates y derivados, dulces,
cerillos, velas, jabones y cosméticos de diversa índole, perfumes, cigarros,
escobas, baúles, artefactos de cobre y hojalata para el hogar, camas y catres, libros y demá&lt;s impresos, materiales escolares, muebles caseros y para
oficina, mosaicos, cal y afines, carnes conservadas. E inclusive una industria de mayor complejidad, que también realizaba sus mercancías en el
mercado nacional: tubería de plomo, válvulas de bronce, ladrillos y piedras artificiales, productos refractarios, glicerina y antiselenitas, hormas y
artefactos de madera, carruajes, cortinas y persianas, aguarrás y alcoholes,
niquelado y dorado de metales, alambres y otros derivados del lúerro, cartuchos y armas, accesorios de cartón, cemento, botellas y derivados del
vidrio. 8
Pero el sistema del norte era, simultáneamente, un gran consumidor,
un notorio generador de demandas. Todo este conjunto productivo requería a su vez una alimentación constante: desde los trabajadores que fluían
de regiones de menor desarrollo relativo y se convertían en asalariados en
las minas y fábricas norteñas, hasta los centros mineros y agropecuarios
que necesitaban una serie de insumos para la propia producción, pasando
por las gigantescas solicitudes del sistema ferroviario (tan vastas que permitirían surgir, a principios de siglo, la más grande planta fundidora de fierro
y acero que por décadas existió en Latinoamérica, y que se instaló justamente en Monterr!!y).
Precisamente la industria pesada que se alzó en Monterrey sirve de
ejemplo en este punto: el desenvolvimiento del capitalismo y el ascenso del
donúnio del capital sobre la producción provocarían múltiples demandas
en el mercado nacional. En un trabajo anterior, en este sentido, hemos
puntualizado:
Los grandes establecimientos fundidores que se levantaban en
Monterrey coadyuvaron abiertamente a reactivar la producción
minera nacional, sobre todo en el norte de México. Las demandas
que gestaron incitaron a los más destacados componentes de la
burguesía local a trasladar fuertes capitales a este sector de la
producción, en un mismo movimiento con las persistentes inver-

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

69

siones que arribaban desde los países avanzados(... ). La "American Smelting" era propietaria y arrendataria de una densa cadena
de fundos (y) a mediados de la deéada primera del presente siglo
beneficiaba minerales auríferos, argentíferos, cobrllos y plomosos procedentes de casi todos los estados del país. En un año tan
temprano como 1896, la entonces "Gran Fundición Nacional"
informaba que en su planta de Monterrey había utilizado minerales por un valor superior a los tres millones de dólares. La "Compañía Minera, Fundidora y Afinadora", en 1896, realizó compras
por casi dos millones de dólares: la materia prima se había traído
de Coahuila, Nuevo León, San Luis y Durango.9
Una intensificada división del trabajo social se registraba en el norte-oriental de \itéxico, cimentando una de las claves para la formación y expansión
del mercado interior. Su minucioso estudio puede resultar fundamental para explicar aspectos importantes de la consolidación de los grupos burgueses, del capitalismo y del propio estado nacional.
12.- Los estados del extremo norte del país, junto con la península de Yucatán, fueron los más conmovidos por ese gigantesco movimiento de privatización de tierras que se tejió durante el porfiriato. Extensiones enormes
de terrenos públicos pasaron a manos de compañías e individuos, fueron
lanzados a la circulación mercantil y -en no pocos casos- comenzaron a
ser puestos en producción: la causa fue la vigencia efectiva de las leyes de
colonización.
En el sistema del norte este proceso afectó con vigor a Chihuahua,
Coahuila y Durango, mientras que en Tamaulipas, San Luis y Nuevo León
tuvo una repercusión menor.
Si se toman las cifras atinentes a los terrenos baldíos adjudicados por
denuncios ("conforme a las leyes del 22 de julio de 1863 y del 26 de marzo de 1894") se puede estructurar el cuadro VID, entre los años 1880 y
1899.

&amp; detecta que en esle lapso - las dos Meadas finales del siglo XXmás de la tercera parte de las tierras cedidas por denuncios (a precios bajísimos y en forma masiva) fue traspasada en los estados del sistema. En los
m?mentos ~n que la repercusión de esta política alcanzó uno de sus picos
mas soberbios -los años del presidente Manuel González- se llegó a comp~tar en el espaci~ nor:re-oriental del país casi el 70°/o de las tierras adjudicadas por esta via. Solo entre Coahuila y Chihuahua, en 1884 sumaron
casi 800 mil hectáreas.
'

Poc otro lado, de todas las tierras enajenadas entre 1877 y 1910, en

�70

Siglo XIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

-e

lf)

o.....
u

z
;:J
z
::;i;;¡
o

...

l:t::

o

o..
lf)

o
.....

o,...;¡
&lt;
0:l

q

s:
o

~
;§
CJ

lf)

o

z
w

l:t::
l:t::

w
E-&lt;
w

o
&lt;
~
u
.....
o;:J
lf)

]
~

lf)

u

w

::i::

CN

-;

r-- 00 CN r-- &lt;O 00 CN O&gt; 'SI' 'SI' 00 r-- &lt;O 10 C(') ,_.
r-- C(') 'SI' ,... &lt;O r-- 00 ,_. O C(') 10 ,... CN C(') C(') r-CN CN 00 ,... 'SI' 'SI' 00 &lt;O 'SI' 10 00 ,_. r-- 'SI' O C(')

r-O&gt;
C(')

ºi

c,,l-4r-,..C(")r---f-....l'....C CN 10 00 10 CN r-- """ r-'SI' &lt;O r-- &lt;O 00 O&gt; 10 10 ........ &lt;Or--'Sl'r--010
C(')&lt;:1'1010.-r--1010 &lt;O'Sl'C(')e&lt;lCNCNCN&lt;I'

O&gt;

=
0
=
Q)

t:
j" 0

=

"' 43
·;¡

-=
&lt;.i

"

N

,,J

a.

i

·s"'
en
"=
0
=
Q)

~

Q

....

CN CN C(') r-- &lt;O O&gt; 10 r-- '""' ,... C(') CN 'SI' r-- 10 CN
.-..-.&lt;OC(')0&lt;00&gt;'&lt;1'&lt;1'&lt;1'0&gt;0&gt;r--CNr--&lt;0
00 r-- ,... C(') r-- O 10 &lt;O r-- 'SI' &lt;I' 10 00 0&gt; CN &lt;O
O &lt;O 00 &lt;O O '"" 00 00 'SI' e&lt;l CN 00 'SI' ,... &lt;O 00
&lt;OO&gt;O&gt;&lt;l'CN00,...0&gt;0&gt;\0C(')lOr--10&lt;0
"""00&lt;:l'C'fCN,...

....

....

1 1 1
1 1 1
1 1 1

00

1 1 1 1

o 1 1 11 1
C(')

10

1 1 1 1 1 1
1 1 1
1 1
1 1 1 1 1 1

r--

u

....

1 1

1 1
1 1

o

10

1 1 1 'SI'

o

1 1 1
1 1 1

10
N

1 1 1 1
1 1 1 1
1 1 1 1

10
10
r--

&lt;O

1 1 1 1 1 1 1 1 1
1 1 1 1 1 1 1 1 1
1 1 1 1 1 1 1 1 1
&lt;O

1 1 1
1 1 l
1 1 1

c&lt;')

CN,....,
(Ne&lt;)
r-- r--

1
1
1

o.... ....
r--

........

CN

&lt;O

1 1
1 1
1 1

&lt;C

N
N

....

&lt;I' O&gt; ,...., O r-- e&lt;l 00 CN t-- O&gt; O O 'SI' O 00 &lt;O
Ol&lt;O&lt;OOO,...e&lt;lr--OOr--OCNC\1&lt;0"""'""
r-- ,...., &lt;O 10 r-- O&gt; r-- r-- 'SI' N 10 r-- 10 'SI' r-- CN
N CN Ol r-- e&lt;l CN
'""&lt;l'&lt;OCNOOCNO&gt;"""
CN e&lt;l ,...
.... &lt;l' .... 10
e&lt;l CN

....

e&lt;l O """ ,... 00 r-- O
r--e&lt;lCN,...OOOe&lt;l&lt;OCNOCNOOr--0,...C(')
O&gt; 'SI' 10 O 00 O&gt; O&gt; '&lt;I' r-- &lt;O &lt;O O&gt; O 'SI' CN Ol
'""&lt;l'e&lt;lO'""r--&lt;0&lt;0&lt;1'&lt;0,...&lt;0000IO&gt;lO
10 r-- 00 'SI' 10 'SI' r-- e&lt;l lO &lt;I' CN e&lt;l ,... ,...
&lt;O

1

1
1

OOOlOCNO&lt;l''&lt;l'CNlOr-000010,....&lt;000,...0&gt;,....,0&gt;
O O 00 r-- r-- 'SI' 00 N """ 10
CN 10 ,...., &lt;O r-- 'SI' e&lt;l 00 &lt;!' 10 &lt;O
(N(NC(')-&lt;0

ll')

º""' o
-

0

1

CN
O&gt;
00
CN

'SI' ....

....

1

1

&lt;OC(') c&lt;')
O 00,...
&lt;O &lt;O Ol

....

co co
1 c&lt;')
'SI'

g:

O ,...., CN CO 'SI' 10 &lt;O r-- 00 O&gt; O ,... CN e&lt;l 'SI'
00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 O&gt; O&gt; O&gt; O&gt; O&gt; ..._
00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 lO
,..... ..... ,..... ..... ....e ..... _.. ,.... ..... f"'"'f ..........

.,..-4

.....

,-t O")

Para que se observe cómo esta tarea colonizadora implicó no sólo la
transferencia a manos privadas de terrenos antes usufructuados por las trirus indígenas que corrían por el desierto, sino también el arranque de una
tarea concreta dirigida a la producción -plasmada en muchos casos- sintetizamos a continuación algunos párrafos del informe que el doctor
Chas Gresswel efectuó en 1891, tras una inspección de los terrenos "El
Burro" y "San José de las Piedras", de los qui' era dueño Naranjo. Gresswel, que había cumplido esta labor "a ruego y expensas de la 'Denver
London lnvestment y Trading Co. ' , de Colorado", resumía:

o

O&gt;

C(")C'I....C f""""I

i0

o
o

10

000\&lt;l'OOOe&lt;lO&gt;&lt;l'OO&lt;l'OOe&lt;lr--O
'SI' ,... r-- e&lt;l O 'SI' CN CN 10 10 10 00 O 10 10 O&gt;
O &lt;O &lt;I' 'SI' 10 10 10 O O O&gt; CN ,... ,... &lt;I' &lt;O CN
r-- 10
CN CN CN &lt;O r-- C(') &lt;I' e&lt;l
r-- ,... Ol 'SI'
10

00 e&lt;l C(') 10 O&gt; 'SI' CN 00 O

-

00
O&gt;
r--

O&gt;
r--

c&lt;')

1 'SI'

Nos atrevemos a recordar aquí, brevemente, que en el lapso en que
Manuel González fue mandatario se integró una compañía deslindadora
que contaba entre sus accionistas más destacados a dos jefes militares y
políticos de primer rango en el norte: los generales Gerónimo Treviñ.o y
Francisco Naranjo, ambos muy vinculados -incluso en cuestión de negocios- al presidente. De esta actividad empresarial -que se intensificó en
los 90, especialmente en el caso de Treviñ.o-, los dos hombres de armas
obtendrían centenares de miles de hect.áreas en el norte, sobre todo en el
occidente septentrional de Coahuila.

C(')

'SI'

1 1

estos estados se llegó a poco menos del 32°/o (6 629 448 hectáreas), y
entre Coahuila y Chihuahua -con 5 835 821- alcanzaron el 880/o del
sistema. 10

o

&lt;O

l:t::

&lt;
E-&lt;

'°

r-: o 10 ai o r-: ai ,..; c-,i c.o c.o c--i 10 r-: c.o
,...CN,...CN\OlOC(')C(')c&lt;')CN,...C(')CNCNCNC(')

,-,

~
&lt;
w

r--r--0&gt;0&gt;,...0&gt;0&gt;&lt;:l'OO&gt;&lt;l'lO'""INO&gt;OO
r--o,o,o,,...CNc&lt;')&lt;000&lt;:1'0&gt;0&gt;&lt;00&gt;0&gt;00

71

o....

00
CN

....

10

'SI'

....

C(')

....
'SI'

00
O&gt;
N

00
10

....

r-O&gt;
CN
CN
O&gt;
&lt;O
10

co

&lt;I'

....
....
CN

C(')

r-O&gt;
O&gt;

~

s::,

en

,..!.

......
o

....

O&gt;

"'

*El suelo (en áreas de Coahuila, MC) es muy fértil, y produce grandes cosechas de cereales, algodón y uva. La irrigación es necesaria
(en la mayoría de las) partes y los medios para tener el agua á las
tierras son faciles en muchos distritos. El pasto para los caballos,
reses, borregos y cabras es bueno. Las industrias á que se dedican
los habitantes son: cría de ganado vacuno, caballar, lanar y de pelo; agricultura, manufactura de efectos de lana y algodón; elaboración de vinos de uva, y últimamente á explotar el carbón.
*La calidad de la tierra en ambos lotes (los de Naranjo, MC) á propósito para ganado vacuno y caballar es la que está comprendida en
los valles de 'Salada Grande', de 'San Vicente' y de 'San José', en
el lote de San José de las Piedras, y en los valles de 'Guasalobo',
'Zorra' y 'el Burro', en el lote del Burro(... ) Haciendo un cálculo brusco hay como 350 leguas cuadradas ó sean 1 540 000 acres
(616 000 hectáreas, MC) de pasto para ganado vacuno y como
USO leguas ó 5 72 000 acres (casi 230 000 hectáreas) de pasto para
lanar y pelo ( . ..) El clima es todo lo que puede desearse y en
ninguna parte he visto lugar más á propósito para la cría de ganados.
*En la actualidad la demanda (de ganado vacuno) es considerable y

�72

SigloXIX

conforme el presente desarrollo de la industria ganadera en los Estados Unidos, es de esperarse que la demanda de ganado mexicano en la América crezca.
*Estimo que los productos de este negocio, después de deducir el
5 por ciento anual para mejoramiento de sus tierras y aguas... y
a la vuelta de cinco años, debe(n) calcularse en su mas baja estima en un 60 ó 75ºto al año del capital invertido en ganados. Este
es el cálculo que se hace también en el norte de México en esta
línea de negocios; pero con frecuencia resultan mayores ganancias cuando (hay) un buen manejo.
*Apenas es necesario aludir al gran valor que tiene el carbón de
piedra en México ...y a la cantidad comparativamente tan pequeña que se extrae en este País; y siendo notorio el hecho de que
México está obligado á importar de 4 á 5 millones de toneladas
anualmente, de Estados Unidos e Inglaterra, habla por sí mismo.
La demanda en el Norte de México crece por (el) establecimiento
de fundiciones, especialmente en Monterrey.
Gresswel estimaba que en el lote "San José de las Piedras" existían extensiones enormes con carbón de piedra. Sus indicaciones principales estaban
"en La Salada Grande y Salada Chica". Y más adelante recordaba la propiedad del general Treviño:
La Babia es el establecimiento central de la enorme propiedad del
Gral. Treviño y se compoQ.e de una buena residencia v numerosas
cas~ para los trabajadores y maquinaria. Como 200 hombres trabajan aquí para la mejora de esta propiedad, (lo) que se hace con
rapidez. Para establecer el lugar y fomentar la agricultura, se han
hecho trabajos de irrigación (y) presas... para pastos. También
hay cría de caballos y últimamente se explora el carbón. A 50 millas de esta propiedad están los terrenos del Gral. Naranjo. 11
La transferencia masiva de tierras formalmente del Estado a manos privadas contribuyó claramente a la estructuración de un mercado de tierras.
Este proceso coronó las políticas de desamortización que se venían cumpliendo sobre todo desde la reforma liberal, y que hahían afectado aterrenos eclesiásticos, de comunidades y municipales. En el extremo norte, de
baja densidad de población, limitada influencia de la iglesia y sin grupos
indígenas sedentarios, el impacto se dio con la transferencia de tierras
nacionales, que en no pocos casos comenzaron a generar productos destinados al mercado interior o al norteamericano.
13. En este movimiento global -tanto a nivel nacional como en el espacio
que estamos considerando- habrá que incluir someramente el de la pobla-

M. Cerotti: La fonnación del mercado nacional en México

73

ción.
Con excepción de San Luis Potosí y Zacatecas, en los que la sociedad
colonial había tenido gran arraigo, el resto de los estados del sistema llega
al siglo XIX con muy escasa densidad demográfica.
Cuando a finales de la centuria dehe ponerse en marcha todo el mecanismo productivo del que se han dado atgunos matices en este resumen, la
cuestión de la fuerza de trabajo será fundamental. Resultó obviamente importante, aquí, el papel del ferr~arril. Junto a salarios que solían ser más
altos que en otras zonas del país -lo que se observa con nítidez en Monterrey y, menos fuertemente, en los centros mineros del extremo septentrional- este medio de transporte facilitó claramente las migraciones internas.
L~ trahajadores podían llegar desde estados ajenos al sistema, o bien fluir
internamente desde las áreas de menor dinamismo y hacia las más activas:
la ciudad de Monterrey, por ejemplo, recibiría en estos años un fuerte volumen de migrantes provenientes de San Luis Potosí, Zacatecas, Tamaulipas y Coahuila, pero también de Guanajuato, Jalisco y Aguascalientcs. 12
Se conoce con bastante precisión de qué manera se intensificó la circulación de personas con el advenimiento del ferrocarril. Los de concesión
federal movían a fines de los 70, en México, unos 800 mil pasajeros. Pero en 1906 la cifra desbordó los 16 millones (es un incremento que, asimismo, se verifica en la carga transportada: recién en 1880 se pasó las
200 mil toneladas anuales; en 1905, en cambio los ferrocarriles federales
fletaron casi 15 millones de toneladas).13
Esto modificaría el cuadro demográfico nacional. Y dentro de los
ámbitos regionales efectivamente incentivados por la expansión de la producción, el comercio y los servicios, las diferencias internas quedarían definidas por el mayor o menor dinamismo de ciertas ciudades o comarcas.

Globalmente, el sistema del norte acompañó con cierta ventaja el crecimiento nacional. Pero, como se enumera en el cuadro IX, hubo estados
que saltaron dramáticamente en términos porcentuales entre la instalación
porfirista y la Revolución.
De acuerdo con estas cifras, la población mexicanan habría aumentado en un 59.9°/o entre 1877 y 1910, en tanto que la del sistema lo hizo en
un 70.3°/o. Pero internamente existieron fuertes diferencias, que mostrarían las dispares necesidades de flujo demográfico planteadas a finales de
siglo y en los albores de la caída de Díaz. Así, Coahuila elevó su población
en un 248°/o entre 1877 y 1910; Chihuahua la vio ascender en un 124%;

�74

Siglo XIX

M. Cerutti: La formaciim del mercado nacional en México

O&gt;
\O

~

,...,

Q\

C(')

o

....
tO
....

\O

....
....
....
r--

(N

O&gt;

(N

O&gt;

o

(N

&lt;ll
C(')

r-r--

o

tO

tO
&lt;ll

(N

e&lt;')

&lt;ll

o
o

si'

....

tO

o
o

00

r--

....
si'

&lt;ll

O&gt;

si'

(N

\O
tO
tO

r-r--

si'

tO

r--

....

e&lt;)

00

si'

o,·

6

Durango en un 153°/o; y Nuevo León, más moderadamente, en un
92.5°/o. Por el contr.u-io, para Zacatecas el incremento resultó mínimo
(15.5°/o), muy por debajo no sólo del sistema sino del nacional; y situación similar transitó San Luis Potosí: subió en un 19.5°/o.

"')V

o,~
...., V

..; "O

c:,"'

;:'-

"'~
" ......

(N

·)(
- V

Si se examina la cantidad de habitantes de las capitales estatales, las
que se hallaban con :frecuencia entre los puntos de más alta concentración
relativa, se detectarán ciertos rasgos significativos:

"'&lt;.)

~~

... o

e:,

~ &lt;.)

(N

8
Q\

,...,

&lt;ll

00

r--

C(')

C(')

(N

tO

O&gt;

00
""'
r--

C(')

r--

(N
C(')

O&gt;

si'

00

o

(N

si'

r--

O&gt;

&lt;ll

O&gt;

r--

r--

tO

(N

(N

r--

O&gt;
00

\O

tO

(N

e&lt;')

C(')

tO

(N

....

(N

o

e&lt;')

r--

....

O&gt;
....
&lt;ll

""'

r--

·¡;;
"i&lt;
::;¡ ,v

r--

~&lt;::,

C(')

.....
... o,

o
C(')
o

... ~

c:,

CUADRO X

-

"'........

POBLACION DE LAS CIUDADES CAPITALES (1895-1910)

~·

t,.
... t,.

~ oO

"' .....

tO

,....._

o
,...,
,...,
°'

=S
o

~
¿§
'-'

(N

ti')

Q\

00

....

""'

(N
C(')

\O

....

(N

t-t--

....

00
&lt;ll
l(')
C(')
C(')

(N

&lt;ll
(N

o

....

""'

(N

....

(N

O&gt;

l(')

(N

O&gt;

si'
""'
00

r-r--

&lt;ll
(N

(N

o

C(')

&lt;ll
l(')

~º..

(N

00

l(')

l(')

....

o

&lt;ll

o
(N

r--

C(')

o

(N

l(')

l(')

O&gt;

""'

(N

--

....... "'
"'~
ti .l,?
--

;: "
~~

z

&lt;X)

l(')

O&gt;

&lt;ll
\O
\O
00
O\

&lt;

ti')

C(')

IX)

00

O&gt;

oQ..

.. c:,

~~

;!

,,_..,

..,:¡

Sal tillo
ChihuahuaMonterrey
San Luis
Victoria
Zacatecas
Durango

8-l:?
-~-~
,... 'f,

-~ ~

co
,...,

o
.....
u

....
CIO

r--

00

o
....

....

si'
O&gt;

l(')

si'
""'
....

.....
·~

.... "'

\O

o(N
r-....
(N

(N

00
""'
(N

si'

(N

\O
\O
C(')

""'
""'
l(')

(N

C(')

(N

tO
tO

(N

o

....

O&gt;
&lt;ll

....

O&gt;

00

r--

C(')

C(')

""'

(N

,...,

00

""'

O&gt;

o

r-....
si'
si'

r--

....

.....

00

e&lt;')

tO

....
si'
o....

r--

o

....

00

r--

o
....
....

O&gt;
00

(N

(N
(N

....

l(')
l(')

o
o
o
o

....
""'

C(')

\O

00

....

O\

o

C(')

""'

si'

o

....

26 801
18 279
45 695
69 050
14 774
39 912
26 425

23 996
30405
62 266
61 019
10 086
32 866
31 092

35 414
39 706
78 528
68 022
12 103
25 900
31 763

C(')"'

O&gt; ..

Si bien el crecimiento porcentual más elevado corresponde a Chihuahua (117°/o) en estos años -que constituyen buena parte de los de mayor
auge del porfiriato- , es Monterrey la urbe capitalina que aparece, con claridad, con un peso tendencialmente preponderante. No sólo porque se
incrementa con vigor el número de sus residentes (72%), porque es un foco permanente de atracción de fuerza de trabajo y porque deja atrás a
San Luis en 1900, sino porque pasa a ser la cuarta ciudad del país en 1910.
Además, Monterrey presenta otra particularidad: se toma hase casi exclusiva de la expansión demográfica de Nuevo León, cosa que no sucede tan
abiertamente con las restantes capitales en sus respectivos estados.

00 ...

..... ~

-i~

\O

1910

O&gt; ...

V

\O
....
....
00

1900

,..... ,;1

•C '-'

O&gt;

1895

(FUENTE: ver cuadro anterior)

o-~

.... C
....
o
es!.,..

tt-

75

csS

c:i.z
o "'

-~r¡:~
Bo

C C
&lt;(O
&lt;.)

V~

"O~
.;"V

-~ "O

ti;! ,_
"'
;:

...."'1-e:,

;:

o

&lt;.)

·x

'V

2

'º
V
...,:¡

-;

::s
:5

o

·a...,:¡"'

=§

u

u

::s
z

§
(/)

~

"'::s
=-=

•::?

o

..."'

~

::s
"'

"'~

ti)

C

~
~

ii

o..

s"'

;

~E-=-.. u
&lt;ll

fil V t0

U)

..."'~

"'
&lt;.)

"'

N

~
C

...

"'::s
A

W cna&gt;

¡....

....

~2

g

zo.;
~.;::, ....
;:q~ s

El otro gran centro de veloz aglutinamiento humano en el sistema,
curiosamente, no era capital: Torreón. Su ascenso en este plano parece explicar los altibajos de Saltillo , urbe que quedó situada un poco al margen
de las comarcas de mayor dinamism·o en Coahuila, agrícolas y mineras.
Mientras que en los inicios del porfiriato vivían en tomo al rancho del
Torreón un par de cientos de personas, en 1900 había ya 13 845, y para
1910 estaba casi a la altura de Saltillo. Como la proyección no se frenó,
pese a la Revolución y sus efectos, en 1921 Torreón contaba con 50 902

�76

SigloXlX

habitantes, es decir 10 000 más que Saltillo. Fue sin duda el caso más espectacular, y a la vez el más mostrativo, de las modificaciones demográficas operadas en el sistema del norte. Sus causas estuvieron en la transformación de Torreón en un nudo ferroviario de primer orden, en que en su
derredor inmediato prosperaron las producciones de algodón y trigo, y en
las vinculaciones que brotaron con las áreas mineras próximas, en medio
de un espacio que no era fácilmente abastecido por otras ciudades. Podría
decirse que Torreón simbolizó la expansión de la propia comarca lagunera:
un dato que ayuda a recordar que el norte no era sólo minería y grandes
extensiones rurales inexplotadas o mal utilizadas. 14
Pero es indudablemente cierto que la minería ocupaba un papel vertebral en todo este dinamismo. Por ello fue que en muchos casos las ciudades capitales no acompañaron el ribno de expansión poblacional que se
daba a nivel de los estados. Así, mientras que Coahuila aumentó su población entre 1895 y 1910 en un 50°/o, Saltillo lo hizo en un 32%. Mientras
que la del estado de Durango se incrementó en un 64°/o en esos años, su
ciudad capital lo hizo en un 20%. La ciudad de San Luis bajó en población, en tanto el estado aumentaba. Lo mismo sucedía con la ciudad de
Zacatecas y su entorno. Sólo Chihuahua y Monterrey presentaron una
tendencia distinta, que resultó mucho más marcada en la capital nuevoleonesa (tanto en términos absolutos como relativos). Fenómeno, este último, que se explica por el inicial auge de la industria fabril en la urbe regiomontana.
La minería y su prolongación, la gran metalurgia, concentrarían una
porción importante de la fuen:a de trabajo que arribaba al norte. Destacarían, inclusive, en el contexto nacional.

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

77

CUADRO XI
TRABAJADORES OCUPADOS EN LA MINERIA (1898-1900)
estado

1898

B, California
Coahuila
Chihuahua
Durango
Guanajuato
Hidalgo
N.León
San Luis
Sinaloa
Sonora
Zacatecas

2 400
2 843
4 852
7 652
13 000
3 434
3 483
3 989
3 210
4 982
8 090

sistema norte(*)
total nacional
0

/o sistema norte

1899

1900

1901

17 818

2 903
3 885
6 350
7 048
17 683
9 406
3 520
7 646
4411
4104
9 850

2 777
2 869
6 357
8 478
8 053
8 759
3 310
10 768
4 572
3 577
21 862

30 909

56 254

38 299

53 644

89 072

106 536

95 523

98 196

52.8

40.1

54.7

34.7

7 361
9 692
8 310
11 886
9 158
3 915

(FUENTE: Anuarios, de Antonio Peñafiel, 1898-1901)

*sin Tamaulipas

El cuadro XI enumera los trabajadores ocupados a fines de siglo en

la minería: se contabilizan los estados de más alta producción y se agrega Nuevo León, de mediana envergadura. Las estadísticas parecen mostrar debilidades (como las tan perceptibles o&amp;:ilaciones que aparecen en
casos determinados), pero de todos modos ayudan a detectar ciertos rasgos vertebrales.
Con estas advertencias, cl cuadro muestra que la fuen:a de trabajo
ocupada en el sistema del norte (en el que se.excluye Tamaulipas) rondaba
el cincuenta por ciento del total nacional. Si se suman esos cuatro años y
se extrae el porcentaje global se tendrá que en el norte se ocupó el 46 %
de la mano de obra empleada en la minería. Esta importante atracción de
brazos se percibió también en la metalurgia básica. En 1898, los estados
del sistema (con exclusión de Coahuila y Tamaulipas) requirieron el
35.5°/o de la fuen:a de trabajo del sector; en 1899 el Índice suhió a
42.1%, y en 1900 la demanda llegó al 34%.

ta

Pese a mostrar enormes zonas vacías, el norte-oriental evidenció en esfase del siglo XIX una notoria agilidad demográfica. Estudios que hemos

reaJizado sobre Monterrey verificarían que en este ámbito la circulación de
trabajadores jugó un papel clave en ese dinamismo, fenómeno que, por
otro lado, solía ser multiplicado por la constante migración de mexicanos
a Estados Unidos. El sistema del norte, muy probablemente, resultó uno
de los espacios en los que con mayor eficacia se plasmó un mercado de trabajadores libres, dato central para la construcción del mercado interno y
para el establecimiento del capitalismo como mecanismo productivo.

14.- Si se recuerda que a finales de siglo aparece en México un sistema bancario moderno, y se detalla que para esos años Chihuahua contaba con dos
bancos, el Minero (instalado en 1888) y el Comercial (1890); que en Monterrey funcionaban otros dos, el de Nuevo León (1892) y el Mercantil

�78

Siglo XIX

(1899); y que también habían surgido estas casas en Zacatecas (1891),
San Luis Potosí (1897), Durango (1891) y Coahuila (1897), habrá que enumerar cntrt\ otros aspectos la neta in&lt;;orporación del norte oriental al
movimiento de capitales que estas instituciones permitían.15
De un total de 19 bancos que funcionaban en el país en 1899, 8 estaban en el área que nos ocupa (es decir, el 42°1o). Debe agregarse a ello
que el Banco Nacional dt&gt; México tenía sucul'Sales en Chihuahua, Durango, Monterrey, San Luis, Zacatecas y Tampico (6 sobre 14 a nivel nacional). Y que el Banco de Londres y México abrió para entonces filiales en
Lerdo, Monterrey y San Luis (3 de 10). Por otra parte, los bancos locales
se bifurcaron con rápidez. Un ejemplo contundente lo protagonizaron los
dos bancos con asiento en Montl'rrcy: con indiscutible eficaci.a montaron
una densa red de agencias, sucursales y corresponsales por todo el noreste,
además de establecer vínculos con otras áreas de México y con el exterior.
15.- Esta más que suscinta descripción -dado el amplísimo margen que
puede permitir una investigación de mayor minuciosidad- quizás resulte
suficiente para cubrir el objetivo básico de este trabajo: llamar la atención
sobre el impacto que debió tener en la constitución del mercado interno
este conjunto de estados que hemos agrupado bajo la denominación de
sistema del norte.

El dinamismo que ofreció estuvo conectado a las demandas del mercado norteamericano, por un lado; pero, también, a las necesidades, movimientos y transformaciones del propio mercado nacional.
El hecho -irrepetible en Latinoamérica- de encontarse en la puerta
de Estados Unidos significó un motor vertebral para ese dinamismo. La
frontera del norte emerge como un dato clave para entender el surgimiento y consolidación del capitalismo en el sistema y en México en general.
El mapa Ít·rroviario, la produc&lt;"iún minera, la nwtalurgia básica, la ganadPría r«'novada y m mayor 1'-Scala, la,; inversiones rstadounid«•ns«•s )' rrgional,•s:
todo ello comprueba con persistencia la importancia de este contacto.
Todo esto, empero, sería enmarcado y, simultáneamente, coadyuvaría
a las claras transformaciones que se operaban en México a finales de siglo.
La estructuración de un mercado nacional, con demandas propias, no fue
una de las menores, como tampoco es desdeñable el nacimiento y crecimiento de sectores burgueses tan relevantes como los que se instalaron en
Monl«·rr«·y. Aunqu«' las «·sladísti«·as 11lifü:adas no si«•mprr n·sullan ,·onfiabl«•s, no purdl' dudarsr t¡ur pn•sc•ntan l1•nrlN1cias llamativas, las q111· ~in
corroboradas, por otra parte, por los estudios que hemos realizado sobre la
aparición del empresariado en Monterrey.

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

79

Un empleo más a fondo de fuentes directas, sobre todo regionales,
seguramente tenninará de esclarecer matices básicos de estos procesos forjadores del capitalismo y, en fuerte medida, del estado nacional mexicanos.

-

NOTAS

1.- Parte de la visión alcanzada en nuestras investigaciones desde Monterrey puede
encontrarse en Burguesw y capitalismo en Monterrey {1850-1910), México,

Claves Latinoamericanas, 1983.
2.- Un avance sobre el surgimiento de la industria pesada en Monterrey y la dinamización de un mercado multirregional lo hemos realizado en "División capitalista
de la producción, industrias y mercado interior. Un estudio regional: Monterrey
(1890-1910)", incluido en El siglo XIX en México: cinco procesos regionales,
México, Claves Latinoamericanas, 1985.
3.- Sobre el funcionamiento económico de Yucatán desde mediados de siglo y el
significado económico y social que asumió la producción de henequén, véase
Alejandra García Q., "La formación de la estructura económica de Yucatán,
1850-1915", infonne final, Mérida, 1983.
4.- Trabajos que brindan una idea enriquecedora sobre estos procesos son -entre

otros- los de Manuel Plana, respecto a la comarca lagunera; Mario Aldana Rendón, relativos a Jalisco; Domenico Sindico, en torno a Morelos; Héctor DíazPolanco, que se refiere al Bajío; Juan Felipe Leal y Mario Huacuja Rountree,
sobre las haciendas pulgueras de los estados de México e Hidalgo; Alejandra García Q., en Yucatán. Deben sumarse asimismo los que se desenvuelven en el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Puebla, en el
Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Veracruzana, los que
realizamos desde la Facultad de Fílosofía y Letras de la Universidad Autónoma
de Nuevo León, en Monterrey, y los de Mario Ramírez Rancaño sobre la industria textil. Una más amplia referencia biblio~ráfica ouede encontrarse en Cerutti,
"Contribuciones recientes y relevancia de la investigación regional sobre la segunda parte del siglo XIX en México", de próxima publicación.

5.- Jorge Espinosa de los Reyes, Relaciones económicas entre México y Estados
Unidos. 1870-1910, México, Nacional Financiera, 1951, p. 53.
6.- Anuario estadístico de la República Mexicana. 1898, México, Ministerio de Fomento, 1899. También, los Anuarios, de Antonio Peñafiel (así serán denominados en adelante) de 1899, I 900 y 1901.
7 .• La referencia a la producción carbonífera en Coahuila está en el Informe del
gobernador de ese estado, 15 de noviembre de I 905, p. 3. La escritura de constitución de la "Compañía Carbonífera de Monterrey, SA" en Archivo General
del Estado de Nuevo León (AGENL), protocolo de Francisco Pérez, diciembre
de 1902, fs. 191-214.
8.- Isidro Vizcaya Canales, Lus orígenes de la industrialización en Monterrey
(1867-1920), Monterrey, Librería Tecnológico SA. J971, pp. 74-87; Cerutti,
Burguesía y capitalismo, cit., pp. 107-130, y "División capitalista de la producción .. .'\ cit.

�80

EL CASO DE CORRIENTES

SJgloXIX

Mercado de Mercancías, Mercado
Monetario y Mercado de Capitales
en el Litoral Argentino de la primera
mitad del XIX 1

9.- Cerutti, "División capitalista de la producción... ", citado.
10.- Estadúticas Socialll$ del porfiriato, 1877-1910, México, Secretaría de E:conomía, 1956, p. 42, ofrece las cifras sobre las que se practicaron estos cálculos.
11.- AGENL, Documentación del general Francisco Naranjo, "Informe que rinde el
Dr. Chas Gresswel" tras una inspección hecha en mayo y junio de 1891 (traducido del inglés por Leopoldo Naranjo).

José Carlos Chiaramonte*

12.- Cerutti, Burgues(a y capitalismo, citado, pp. 137-169.
13.- Anuario Estadístico de los &amp;tados Unidos Mexicanos. 1939, México, Secretaría de la Economía Nacional. 1941, p. 516.
14.- Sobre La Laguna consúltese Manuel Plana, "El algodón y el riego en La Laguna:
la formación de la propiedad agraria en una región económica del norte de México durante el Porfiriato, 1877-1910", Nooo Americana, 4, 1981; y Plana, 11
regno del cotone in Messico. La strottura asroria de La Laguna (1855-1910),
Milán, Franco Angeli Editore, 1984. Las cifras demográficas sobre Torreón y
Saltillo de 1900, 1910 y 1921, en Anuario Estadístico, citado, p. 43, basadas en
los censos respectivos.
15.- Anuario. 1899, de Antonio Peñafiel, p. 63, brinda la referencia a los bancos existentes en ese momento.

Durante la mayor parte del período comprendido entre la crisis de 1820 y
la caída de Juan Manuel de Rosas, la provincia de Corrientes desempeñó
un destacado papel en los conflictos surgidos en tomo a las nuevas iniciativas de organización nacional, y sobresalió por su enconada oposición a la
política de la de Buenos Aires. Ciertos aspectos de su programa políticoeconómico dieron lugar a presumir un grado de desarrollo económico cercano, en alguna medida, al capitalismo.
Sin embargo, las características de esa economía provincial eran todavía sustancialmente tradicionales, rasgo que se observa tanto en su comercio interior y exterior como en las formas de movilizar recursos para actividades productivas: un limitado desarrollo de relaciones mercantiles y la
inexistencia de un sistema moderno de banca y crédito, son algunas de sus
principales características. En las páginas que siguen considerarnos ciertos
aspectos de su comercio y producción que corresponden a lo apuntado.

l.

COMERCIO INTERIOR Y EXTERIOR DE LA PROVINCIA

Agricultura y ganadería en pequeña escala, caza y pesca, en una región natural como la correspondiente a Corrientes, facilitaban la subsistencia de
gran parte de la población, con escasa necesidad de transacciones mercantiles. El cultivo doméstico de maíz, batata, mandioca, zapallos, cítricos y
otros vegetales, contribuía, junto a la leche de algunos vacunos, la pesca
en el amplio sistema hidrográfico provincial, la abundante caza de diver*Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Buenos
Aires, Argentina. Este trabajo fue elaborado cuando el autor pertenecía al Instituto
de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue presentado como ponencia en las Vll Jornadas de Historia Económica Argentina (Rosario, octubre de 1985). Publicado previamente en Anuario, 12, Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, 1986.

�82

Siglo XIX

sas especies de aves y mamíferos, a resolver, en distinto grado, el problema de la alimentación en buena parte de la población rural. Los ovinos,
abundantes en la provincia, proporcionaban la lana que, como el algodón,
se utilizaba ampliamente en la producción doméstica textil. Recursos a los
que se sumaba la fácil provisión de cuero característica de la época.
La facilidad de la reproducción de ganado mayor y menor en la provincia era notable, al punto que, por ejemplo, a fines del período colonial,
el bajo precio de los equinos había impulsado a los hacendados a sacrifi•
carios sin utilización lucrativa. 2 Otro testimonio, de 1822, permite también inferir la relativa facilidad de la posesión de ganado, en este caso v-acuno:
Estas campañas -escribía el Alcalde provincial- principalmente
la de entre el Batel y Río Corrientes, se hallan llenas de tristes albergues y miserables tugurios cuyos moradores no alcanzo a concebir cómo pueden mantenerse, si no es del robo, y del pillaje.
Muchos no tienen una lechera y la mayor parte no alcanzan a
poseer díez.3
Como el alimento, también la vestimenta era por lo común de producción
doméstica: todos los tejidos, incluso ponchos, se hacen en las campañas,
escribe D'Orbigny, en telares de una sencillez difícil de creer. Cada familia
posee el suyo, en el que tejen mujeres e hijas. 4
El comercio interior

Las actividades mercantiles tenían, por lo tanto, persistentes línútes que
provenían de esa amplia vigencia de la producción doméstica. En la medida en que ellas fuesen necesarias, el trueque persistía como el recurso más
generalizado, tal como admirara en la misma capital provincial a uno de los
Robertson hacia 1815:
. . .no dejó de sorprenderme el oir los curiosos pregones de una
cantidad de rapazuelos congregados en mi puerta... Sal por velas,
gritaba uno. Tabaco por pan, chillaba otro. Yerba por huevos,
vociferaba un tercero. Tomates por azúcar, aullaba el cuarto. De
tal suerte, una docena de rapaces - varones y mujeres- ofrecían:
papas en cambio de almidón, leña en cambio de harina, cigarros
por jabón, verduras por azul de lavar, manteca por pimienta, chorizos por aceite, leche por vinagre y en este quid pro quo, cantidad de provisiones caseras culinarias en que pueden competir correntinos y correntinas para satisfacción de sus necesidades por
medio del trueque.5

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 83
Sin embargo, ciertas necesidades monetarias eran insalvables. Exigencias de
la vida social, como los servicios religiosos o el juego, y algunas compras
que no pudiese efectuarse por trueque, demandaban el uso de moneda en
6
cierta escala. Así, las cuentas de peones de un establecimiento rural, registran, junto a mercaderías de diversa naturaleza, la entrega de cortas cantidades de reales. 7
El mismo testimonio de los Robertson agrega a continuación del párrafo recién citado: "Debo decir que a tales gritos se añadían otros, proferidos por un mayor número de muchachos que anunciaban también variedad de artículos pero todos por 'plata ' ". La circulación monetaria era ló
gicamente mayor en la ciudad capital, pero la escasez de moneda de plata, que más adelante comentamos, afectaba las transacciones.
En este medio de crónica escasez monetaria, el trueque no era sólo un
recurso de los consumidores, pues también lo empleaban comerciantes y
productores para negocios de mayor monto, tales como ventas de ganado a
cambio de tabaco, o de mercancías importadas a cambio de productos ganaderos.8
Como especialización, el comercio era manejado por dos clases de
mercaderes. Una de ellas, la de los comerciantes legalmente autorizados de
la capital, villas y pueblos del interior de la provincia, quienes solían auxiliarse con el empleo de corredores, a los que proveían de mercaderías para
~tercambiar por los productos de especial demanda, tales como tabaco o
cueros. La otra, la de los propietarios rurales que comerciaban no sólo sus
productos, sino también los de su región, y reunían, entonces, las dos condiciones de productores y comerciantes.
Por prescripción constitucional estaban excluidos del comercio en el
interior de la provincia los extranjeros que no fuesen domiciliados -esto
es, los que ingresaran la suma de cuatro núl pesos como mÍnimo, o tuviesen un oficio o profesión útil y supiesen leer y escribir. Se les prohibía expresamente recorrer el interior y se les fijaba como único lugar de residencia la ciudad de Goya; autorización ampliada, en 1830, a los puertos de Bella Vista y Esquina. Se exceptuaban también los dueños de establecimientos agrarios que, según las reformas constitucionales de 1824, superasen un
valor mínimo de 2 000 pesos fuertes. 9
El comercio por medio de corredores, reglamentado por el estado provincial, poseía características comunes a las de toda Hispanoamérica colonial y post-colonial. Para el caso correntino, fueron descritas por los Robertson (1815) y por D'Orbigny (1826/27). La forma de comerciar en Corrientes - dicen los súbditos británicos- es la de habilitar a los productores

�84

SigloXJX

rurales con dinero o mercancías, entregadas a cuenta de futuros acopios de
frutos del país. Los rie~gos de una operación -que denominan "habilitaciones o créditos"- fundada en un convenio verbal obligaban, añaden, a
fijar precios muy por encima de los reales a las mercancías entregadas al
productor rural y pagar muy bajo las suyas. Este debía entregar luego al
comerciante, al precio previamente convenido, los frutos acopiados. Operaciones mercantiles que comprobaremos al describir las actividades de un
establecimiento rural.
Por su parte, D'Orbigny describe similares procedimientos en la producción de tabaco. ''Multitud de pequeños comerciantes recorren el campo, cuando se aproxima la temporada, ofreciendo sus mercaderías a los
agricultores". Estos las compran a crédito, debiendo pagarlas más adelante
con el tabaco. Los comerciantes venden sus mercaderías asegurándose
''un beneficio mínimo del ciento por ciento'' y las adelantan a los compradores según el mayor rendimiento que estimen de la futura cosecha.
"Varias veces - recuerda- asistí a tales transacciones sin moneda". El
comercian le
empieza por doblar el precio de su mercadería y conviene recibir
antes de que se haya establecido el precio de la cosecha del año,
por ejemplo, cada mazo de venta -es decir, de un calibre conocido en el país- a razón de un peso, o sea cinco francos, seguro de ganar bastante sobre el precio, pues vi comerciantes de esos que
vendían tabaco a doce reales, vale decir, siete francos con cincuenta el mazo, en el momento más favorable del mercado.
El tabaco se lleva luego a Corrientes en carretas y allá se vende a comerciantes mayoristas que lo expiden a Buenos Aircs. 10
Esta forma de vender hacía depender a los productores de los comerciantes, tanto respecto del precio de esos productos, como del de las mercancías que recibían en calidad de pago o anticipo. La succión del capital
comercial está presente en todos los niveles, hasta en el salario en especie
de los peones, como veremos enseguida. Sólo escapaban a esta situación de
usufructo de las actividades productivas por el capital comercial, aquellos
productores que por su disponibilidad de recursos y experiencia mercantil
podían establecer contacto directo con el ~ercado. Pero, en tal caso, el
productor era sobre todo un mercader, para el que la actividad de hacendado o agricultor consLiluÍa un complemento desu más decisiva función comercial.
La informaci~.l} más detallada que poseemos al respecto data de los
años 1838 y 1839. Es la contenida en la citada contabilidad de León

J.C. Chü:uamonte: Mercados en el Litoral argentino

85

Spalding, propietario de dos establecimientos rurales y de una tienda. Se
trata de las cuentas de dos propiedades cercanas al río Santa Lucía, no distantes de San Roque, y de una tienda en sociedad con un comerciante, en
la población de Bella Vista. Ellas indican un grado de desarrollo de actividades mercantiles mayor que el mostrado por otros casos en los que el productor rural realiza una función intermediaria entre los comerciantes que
los habilitan con mercancías y los consumidores residentes en su propiedad
y zonas vecinas -a la vez que pagan esas mercancías tanto con productos
suyos como con otros acopiados. Casos, éstos, como los descritos por los
Robertson: he visto con frecuencia, recuerda uno de ellos, a propietarios
rurales
...salir con seis u ocho mulas cargadas con nuestra mercancía en
dirección a sus estancias donde vendían al menudeo a peones y
vecinos, prendas de vestir, para volver después al frente de sus
carretas cargadas con cueros, a pagarnos con esos productos las
, comprad as. u
mercanc1as
Según los asientos de la contabilidad de Spalding, éste realizaba actividades
ganaderas y, aparentemente, también agrícolas (aunque no surge con claridad de sus cuentas, en el segundo caso, si lo vendido es cosecha suya o
fué acopiado). En cambio, la condición de acopiador es clara para parte de
esas ventas, tanto de productos ganaderos como agrícolas (maíz, batatas,
rrúel de caña, tabaco), mercancías que se transportaban por el río Santa
Lucía hasta Goya, y en ocasiones hasta Buenos Aires, en un lanchón de
su propiedad. Consta asimismo que en julio de 1833 se asoció en compañia
con un comerciante de Bella Vista, que le proveía de mercancías para vender a sus trabajadores y a pobladores del lugar. Amplió luego sus actividades mediante la compra de otra tienda, esta vez en Goya, en 1838, tienda
de una firma con la que tenía trato comercial anterior. La compañía con el
comerciante de Bella Vista estaba convenida "al partir por mitad de utilidades" al concluirse el negocio; negocio que tenía por objeto la venta de
un conjunto limitado de mercancías, inventariadas por un valor total de
1 252 pesos fuertes; sin perjuicio de su renovación, legal o de hecho, como
en este caso en que se vuelven a registrar otros envíos de mercancías posteriores a la primitiva fecha de extinción de la compañ fa_ Spalding paga a su
socio ya sea mediante remesas de metálico, ya de productos como ganado
en pie, tabaco o crin.
·
El com piejo de actividades mercantiles de Spalding incluía otras operaciones, menudas o grandes, características de la actividad del capital comercial en economías como la correntina. Por ejemplo, entrega de mercancías a un hermano, aparentemente estanciero, y recibo de ganado como
parle de pago (aunque también podría describirse la transacción como adelanto, en mercancías, de una parte del precio del ganado)- Adelanto, tam-

�86

Siglo XIX

bién, de mercancías o de pequeñas cantidades de metálico, tanto a peones
como a pobladores del establecimiento, y contabilización, como parte del
pago de la deuda, de cortas cantidades de maíz, batata u otros productos,
posteriormente inclutdos en alguna operación de venta de acopios.
Pero una de las operaciones más notables de esta contabilidad es un
pequeño y transitorio contrato con un vendedor "al partir por mitad de
utilidades". Este recibe de Spalding miel y huevos por valor de 89 pesos,
para vender -aparentemente correteando por la zona rural cercana, dado
que en los gastos figura el alquiler de bueyes y carro-, y entrega como devolución del capital, más utilidades, la suma de 253 pesos. Cantidad que,
restados 28 pesos de gastos, significó una utilidad a repartir de 136 pesos
fuertes. Para Spalding se trató de una inversión de 89 pesos y una utilidad
de 68;esto es, una ganancia del 76.4°/o.
Pero como esta operación deriva de otra, efectuada un mes antes, la
utilidad es en realidad mucho más notable: unos treinta días antes, al partir también de utilidades, Spalding había entregado a otra persona cuarenta
y un cabezas de ganado vacuno para ser vendidas a dos pesos cada una, y
con la condición de invertirse de inmediato el importe de esa venta en la
compra de tabaco y de miel, al precio fijado anticipadamente en el contrato, de 3 y 5 pesos por arroba, respectivamente. Como esta transacción es
inmediata anterior a la de miel y huevos, y fué asentada en el folio inmediato posterior, es claro que la miel comprada con la suma obtenida por la
venta del ganado fué la que se vendió luego a través del corredor. Esto permite una mayor aproximación a la utilidad real obtenida por Spalding,
dado que ha comprado la miel a 5 pesos la arroba, la entregó al socio-corredor a 7 pesos -precio que determina su integración del "capital" asentado en su libro-, quien la vendió luego con una nueva utilidad que hace
ascender el precio final de la miel --sumando los 7 pesos por arroba a lo
qw• resulta de lo ganado por Spalding- a 12,34 pesos por árroba. La difer!'ncia entn~ el precio pagado inicialmente -5 pesos por arroba- y el de
la venta final -12,34 pesos- significa un 1470/o de utilidad. Esto es, un
margen d,· ganancia enorme qui', en economías precapitalistas, es propio
di' la posición monopolista del mercado, y de su consiguiente dominio sobre la producción, qui' caracteriza al capital comercial. Esos márgenl's de
ganancia fueron conocidos por los Robertson en sus operaciones en Corrientes hacia 1815 y los observaría D'Orbigny una Meada más tarde.
Ellos denuncian los rasgos arcaicos de la economía correntina que volveremos a comprobar en las páginas que siguen.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 87
hierno provincial reglamentó la profesión de corredor entre otros motivos
por algo que ya había preocupado en tiempos coloniales: la necesidad de
reprimir actividades mercantiles clandestinas, calificadas de vagancia. Por
decreto de octubre de 1829, cuyos considerandos refieren los perjuicios
causados a los productores rurales por sujetos de dudosas condiciones que
actuaban como corredores, declara el cese de todos los existentes hasta el
momento. Y dispone que, de allí en adelante, los comerciantes que quisieran emplear corredores debían presentarlos a los jueces de policía y otorgarles una fianza. El funcionario, a su vez, proveería de un distintivo especial a dichos sujetos para ser utilizado durante sus operaciones. En los artículos finales del decreto se describen las actividades consideradas ilícitas
en relación a la compra-venta de cueros y crin, y las penas correspondientes. Pocos años después, la persistencia de los mismos problemas es alegada en los considerandos de otro decreto que prohibía el corretaje en la
campaña y centralizaba en las villas las operaciones mercantiles: el único
mercado de cada departamento será "su plaza respectiva ".13 No sabemos
si el decreto fué cumplido, pero la práctica de las habilitaciones continuó
y datos dispersos indican que los corredores continuaron en actividad.
En cuanto respecta al comercio urbano, observemos que, además del
ocasional en la ya descrita forma del trueque y de los vendedores ambulantes, existían negocios minoristas y mayoristas, de las tres variedades entonces habituales: pulperías -de "menudeo" exclusivamente-, tiendas y
almacenes. La reglamentación del impuesto de patentes las describe con
mayor precisión, al clasificarlas a los efectos che aplicarles la escala del impuesto. Las tiendas eran de tres clases; las que reunían en sí solas " .. .la
venta de efectos secos, caldos por mayor y menor, con comestibles u
otros artículos''; las que sólo vendían " ...efectos secos, caldos, por mayor,
armas, etc."; y las que solo vendían efectos secos. Los almacenes, de
una sola categoría impositiva, vendían caldos u otros efectos, por mayor
y menor, o so'l o por mayor. 14

Los registros del impuesto de patentes y los papeles de escribanías permiten comprobar que gran parte de los comercios minoristas y mayoristas
de las ciudades estaban en manos de los comerciantes que ejercían, también, el comercio exterior de la provincia. Pues, en realidad, las tiendas y
almacenes solían no ser otra cosa que locales, muchas veces transitorios,
en los que el comerciante introductor daba salida a sus mercancías.

El comercio exterior de la provincia

Las habilitaciones a los productores y el empleo de corredores no eran
exclusivos de la producción tabacalera y pecuaria. Se utilizaban para la
captación de todos los frutos del país de importancia mcrcantiJ12. El go-

La ubicación geográfica de la provincia había favorecido el desarrollo de
sus actividades mercantiles. Situada su capital sobre el Paraná, práctica-

�88

SigloXJX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

89

mente frente a la confluencia con el río Paraguay, unió a las posibilidades
que podía ofrecerle su zona de control político, las ventajas de su vecindad con el Paraguay y las buenas cualidades de su puerto para el calado de
las embarcaciones de la época. Asimismo, la red fluvial del interior de la
provincia, especialmente los ríos Corrientes -con sus afluentes Batel y
Batelito- y Santa Lucía, contribuyó a facilitar la salida de los "frutos del
país" hacia sus puertos exportadores.

el aguardiente cuyano- en el consumo de los habitantes de Corrientes. Las
mercaderías importadas, comentaba D'Orbigny

La ley de aduanas de enero de 1825 habilitó los puertos de Goya y
Esquina, además del de Corrientes, para el comercio exterior. El de Goya,
próximo a la desembocadura del Santa Lucía; y el de Esquina, junto a la
del río Corrienles. Unos meses después, en mayo del mismo año, se añadió
el puerto de la recientemente fundada población de Bella Vista, al norte
de Goya. 15

CUADRO l

El comercio por el río Uruguay, con los vecinos estados del Brasil y

el Uruguay, fué de casi imposible regulación dada la falta de control político de la provincia sobre su despoblada franja oriental, en la que sólo
existían los restoi; de algunos ex pueblos guaraníes que habían sido parte
de las misiones jesuíticas Recién en 1830 se efectuó un intento de controlar el tráfico por aquella zona mediante el establecimiento de dos rutas
obligatorias: una, por el paso de Itaquí y el camino a Curuzú Cuatiá. La
otra, por el paso de Los Higos y su respectivo camino a la misma ciudad
del sur correntino, en la que se había establecido una receptoría de renta
en 1821. Y en diciembre de 1830 se habilitaba el paso de Santa Ana, sobre
el Uruguay, para el comercio con las misiones orientales.16
Luego de los efectos destructivos de las luchas civiles que culminaron
en 1820, el comercio exterior de la provincia se habría de recuperar, aunque no en la medida que deseaban los correntinos. Para una evaluación de
ese comercio en el período que nos ocupa, sólo tenemos cifras a partir de
1825 (véase el cuadro 1). En una primer lectura, lo más llamativo de ese
cuadro es el continuo déficit de la balanza comercial, que constituyó una
de las raíces de los conflictos de Corrientes con Buenos Aires y de su política global del período. La expansión del comercio libre había penetrado también su economía al punto que las importaciones ultramarinas compon :an ya parte del consumo popular.
Los registros comerciales no permiten distinguir el origen, fuese rioplatense o ultramarino, de las mercancías importadas, como para lograr
una estimación discriminada de esas importaciones. Textiles ingleses y
franceses, y ferretería inglesa, sobre todo, así como artículos suntuarios de
diverso origen, figuraban junto a productos sudamericanos y de otras provincias rioplatenses - como el tabaco brasileño, los ponchos cordobeses o

consisten principalmente en paños ingleses y franceses, sobre todo
de estos últimos porque son muy baratos; en franelas de todos
colores, que sirven para hacer o forrar los ponchos o para fabricar
chiripás; en indianas, y particularmente en vestidos de muselina,
en bordados verdes o rojos, de producción inglesa; en sombreros
de lana, etc... 17

COMERCIO EXTERIOR DE LA PROVINCIA DE COlUUENTES
1825 - 1841 ( en pesos plata)
Año

hnportaciones

Exportaciones

1825
1826
1827
1828
1829
1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1841

357 624
391 074
385 411
196 801
626 448
462 934
349 008
426 243
407 147
394 953
540 279
399 967
502 511
308 640
96 779
387 991
397 076

172 232
258 322
286 879
206 550
411 203
241 967
322 287
332 325
374 832
334 733
455 809
435 387
350 183
213 088
64 221
202 987
314 175

Balanza
185 392
132 752
98 532
9 749
215 245
220 967
26 721
93 918
32 315
60 220
84470
35 420
152 328
95 552
32 558
185 004
82 901

FUENTES: años de 1827 y 1828, Registro Oficial de la Provincia de Corrientes (ROPC), II, págs. 219 y 333. El resto de los años, Archivo General
de la Provincia de Corrientes (APC), E. A. (se trata de planillas sueltas, con
el título "Estado General que manifiesta las entradas y salidas que ha habido en la Caja General y Receptorías de la Provincia, con distinción de ramos, capitales de importación y exportación en todo el año de... ", título que, con variantes de detalles, se mantiene a lo largo del período; las
planillas de cada año se encuentran intercaladas generalmente entre los expedientes administrativos de los primeros meses del año siguiente).

tf

�90

Siglo XIX

El consumo de las importaciones textiles era abundante hasta en las capas
populares. Así lo muestran las listas de mercancías enviadas desde los puertos a lugares del interior y aún las mismas cuentas de peones de los Q}encionados establecimientos tie Spalding: lienzo, bramantes, hilo, sarasa, hachas,
bayetas, pañuelos casimir, pañuelos de seda, chales casimir, figuran -las
cuatro mencionadas en primer término con frecuencia- en las cuentas de
sus peones, junto a tabaco, sal y otros productos de posible origen correntino y rioplatense. Importaciones ultramarinas, por ejemplo, enviadas de
Buenos Aires a Goya en 1833, incluían tijeras, cuchillos, estribos de metal,
agua de colonia, peines de marfil, papel té, peinetas, jabón americano, aceite, arroz, vinagre, vino Cartón, Málaga, fideos, muselinas, crisoles, limas y
alambres para plateros... 18
Sin llegar, entonces, a la situación subrayada por Parish para Buenos
Aires donde, según el diplomático inglés, salvo las bolas de potro y las boleadoras, el resto de lo que utilizaba el gaucho en su vida cotidiana era de
origen europeo, el consumo de productos importados estaba bastante extendido en la provincia de Corrientes. Contribuía a ello no sólo la falta o la
insuficiencia de la producción local, sino también el menor precio de algunas importaciones textiles con respecto a las producidas en la provincia:
. . .debe decirse -recuerda Mackinnon- que los vestidos, casi todos de fabricación regional, aunque comparativamente toscos, estaban hechos a mano muy acabadamente y, por lo tanto, eran
mucho más caros que las ropas femeninas europeas de la misma
calidad.19
En ese consumo de importaciones existen, evidentemente, productos que
podemos considerar de lujo, lujo modesto y esporádico, pero al que no
eran reacios los pobladores del Río de la Plata cuando disponían de algún
recurso. Aunque también en esto primaba la ventaja de la baratura de algunos productos importados. 20
En cuanto a las exportaciones, los rubros principales los constituían
los productos ganaderos -sobre todo los cueros sin curtir-, las maderas
y el tabaco. Y, asimismo, productos de similar origen que los anteriores
pero con cierto proceso de industrialización, como maderas trabajadas,
suelas y cigarros. Poseían también cierta consideración las exportaciones
de pieles de nutria, de troncos de palmera y cañas bambú, y de cítricos.
Los cuadros 2 y 3 ofrecen una aproximación al volumen de lo exportado por el puerto de la ciudad de Corrientes -que constituía alrededor de
un 60°/o del total del valor de las exportaciones de la provincia. Por las
características de la fuente utilizada -según se explica en las observaciones
de los cuadros-, carecemos de datos sobre la exportación de carretas y em-

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

91

barcaciones, así como de textiles u otros productos. 21
Sólo para una aproximación al valor de las exportaciones de cueros,
así como del conjunto de las exportaciones pecuarias, nos son útiles las
series elaboradas por Julio Broide, indicadoras de la tendencia general de
los precios de las exportaciones pecuarias de Buenos Aires. La gráfica l,
CUADRO 2

ADUANA DE LA CIUDAD DE CORRIENTES-EXPORTACIONES,
PRINCIPALES PRODUCTOS 1826 - 1841
PRODUCTOS VARIOS - CANTIDADES
Medidas: pieles de nutria en docenas, el resto en unidades.
Cueros Cueros
Cueros
vacunos equinos vacunos
Años Suelas curtidos curtidos (sin curtir)

1826
1827
1828
1829
1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1841

3 122
4626
5 594
4249
1 914
5 498
4480
4 901
6 098
9 104
5 934
3 423
2 225
1 725
2 679
6 707

326
267
137
129
328
459
400
174
211
416
484
223
64
567
640

722
365
804
1 211
90
484
473
54
412
519
101
806
1 058
769
859
524

4 819
18
4 164
17 203
9 208
21 703
22 238
18 924
22 115
22 931
34 183
32 824
11 617
55
21 962
26 697

Astas
11 060
5 400
6 425
5 143
11300
34 830
48 221
48 057
56 261
54 010
40 923
36 131
6 928
6 900

Pieles de
Nutrias

42
6 975
4 108
266
58
1 947
16 850
20 502
12 912
6 186
4 394
19 500
1 080

Naranjas

462 200
184 500
245 000
193 500
301 300
650 300
1 166 300
1 114 100
460 500
242 000
987 800
361 000
72 000
33 000
39 000

Observaciones: En las cantidades de cueros vacunos sin curtir hemos incluido una parte de las cantidades de cueros anotadas en los registros
de gtt"Ías sin especificación. Para ello, dividirnos esas cantidades en dos partes proporcionales a las cantidades de cueros vacunos y equinos de cada
año. . . En varias de las columnas se omiten pequeñas partidas de cueros
anotadas "en fardos".
FUENTES: Archivo General.de la Provincia de Corrientes, Toma de Razón
de Guías.

,,

�92 SigioXJX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

tomada de la serie de precios pecuarios en pesos oro de Broide, nos muestra la fuerte caída iniciada en 1835 y acentuada desde 1837.

O&gt; ll"l r-- r-- ll"l ,.., IO ll"l &lt;N C\I
....,,;t&lt;C\l....,C\IC\10,..,C'lO
C\I
............ C\I
....e

~8~~~~~:g~~~~~~I

...¡
,::fo

1

10 C\I t-- IO ...., O C'l 10 10 ll"l 10 &lt;N ll"l ,;t&lt;
c&lt;'lO&lt;N
c&lt;'lc&lt;')&lt;N,..,&lt;N,..,,..,

ce
.....

.....

~

ce
.....

""
""

(N

....

93

"" C\I

Contamos también con información relativa a los precios del cuero
rioplatense en el exterior, en Londres y en Hamburgo -de estos últimos
hemos calculado números índices (véanse cuadro 4 y gráfica 2). Ellos
muestran una tendencia declinante desde mediados de los años 1821-30,
cosa que constituye un trasfondo probablemente tanto o más decisivo
para los problemas de la economía correntina que los efeclos de la políLica bonaerense (es posible que la discordancia con la serie de Broide en
1838-40, se deba a la escasez del producto en Europa derivada del conflicto de Buenos Aires con Francia y el bloqueo francés del Río de la Pla-

ta). 22

"'

"'
.!:!
~

1 g~g 1 1 1 1 1 1 1

o

e o....
"'
ll"l

O&lt;NO
(N
C\I

'i"'

Las informaciones de diversas fuentes respecto del carácter lucrativo de la
producción agropecuaria, así como los cálculos respecto del valor de las
propiedades y de sus ganancias, no significan que existiese en Corrientes

u

C\IOOIO,..,C\10&gt;,...IOll"lCl&gt;Oll"l,...,..,C'l
&lt;N00&lt;010000C\IC'lOll"l,..,,..,IO&lt;Nt--O
,;t&lt;&lt;N,..,IO,..,c&lt;'lll"lOOC\l,;t&lt;O&gt;,;j&lt;OOOOc&lt;'l
C\ft--C\I
C\f,;t&lt;,;t&lt;c&lt;i,;t&lt;O&gt;&lt;OCl&gt;IO
,..,

"'

"'
:E

"'
E-

~~~~~~~~~~~~~~
1~
....

O,,;j&lt;U")c&lt;')C\fC\I............

........

e&lt;')

,;t&lt;,;t&lt;,;j&lt;Ot--c&lt;'l,;j&lt;,..,O&gt;O,,;j&lt;C\IOO&gt;,;j&lt;,;j&lt;
C('),;t&lt;,n&lt;No,n,..,oor--&lt;000&gt;r--,..,mo
OOO&gt;l'&gt;ll"l\000
,..,
C\f,..,,;j&lt;
C\f,..,

........
"'"'N

"'
:;:

C\I O ,;j&lt; 00,.., OC(') O,.., ,;j&lt; C\f C\lll") O,.., ,;j&lt;
on 00 O&gt; O&gt; O&gt; 10 ,;j&lt; O t-- C\f t-- C(') C\f C\I ,;j&lt;
ll"lC\l,...IOC\l,;t&lt;,..,c&lt;')C(')C\f
C\I

o,,noor--r--mr--oc&lt;'lO&gt;ll"l&lt;Ot-1"&gt;,...ll"l&lt;O&lt;NC'lO&gt;&lt;NOOOOOO,;j&lt;
,..,,..,,....0000
oooomr--

....

2. MERCADO Y PRODUCCION

,..,o
00
c&lt;)c&lt;'l

C\I

IO t-- 00 O&gt; O ,.., &lt;N C'l ,;j&lt; ll"l 10 t-- 00 O&gt; O ,..,
C\I C\I C\I C\I c&lt;') e&lt;') c&lt;') c&lt;') e&lt;') c&lt;') c&lt;') e&lt;') c&lt;') C(') "" ""
00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00 00
.....t....C'"""4....C....C....-4.....t....CP""ot,-.C....Cf"""1 ...... ...-C...--4,--,I

OBSERVACIONES A LOS CUADROS 2 Y 3
Los cuadros de las exportaciones de la Aduana de Corrientes son sólo una lejana
aproximación a este aspecto del comercio exterior correntino por sus varias limitaciones. Una. la que deriva de ser sólo lo exportado por el puerto de la capital -del
que sabemos, empero, que representaba aproximadamente el 60°/o del total de las
exportaciones de la provincia. Otra. que proviene del hecho de constituir el cómputo
de solamente las salidas por vía fluvial, debido a que las guías terrestres consignan como destino poblados tales como Gaya o Curuzú Cuatiá y dejan sin definir si se trata
de destino final o lugares de reexpedición para fuera de la provincia. Quedan así sin
registro productos que, como ganado en pie o carretas, tenían salida casi exclusivamente terrestre. Tampoco reflejan los cuadros la posib)e exportación de mercancías
exentas de derechos de aduanas; tales como los tejidos, mencionados como componentes de las exportaciones correntinas, cuya real magnitud hubiese sido útil conocer
por ser uno de los productos más afectados por la competencia no sólo ultramarina sino también rioplatense. Por último, los cuadros informan sólo de la cantidad de productos exportados y no del valor de los mismos.
Hay otros productos (sobre todo tabaco y cigarros, pero también sebo, grasa.
crin, yerba mate...) cuya variedad de unidades de medida - la mayoría de las cuales
no nos es posible convertir a alguna de las otras- no hace posible incluirlas en los cuadros; sobre todo porque muy pocas de esas medidas tienen registro constante. Por
ejemplo, las del tabaco son las siguientes: bolsa, bolsita, bulto, bultito, bocoy, cajón,
saco, barrica. arroba. petacón, barril, sobornal, petaca, rollo, fardito, petaconcito,
saquito. No hay, tampoco, alguna medida que predomine en forma tal que pudiera
hacer posible prescindir de las otras siquiera a manera de ilustración.

�t

~

GRAFICO No. 1

en

cfii•

i5"

NUMl•:ROS INDICES DEL NIVEL GENERAL DE PRECIOS
DE PRODUCTOS PECUARIOS EN ORO, EN BUENOS AIRl•'.S

~
&gt;e:

1833-1850

100 t-- - - - - -.PC!..- ....:::::_\-,L:.~~- - - - - - - - - - - - - - - -- - -- -....:..---- - - - - --

i0

;o
1833

'34

1835 '36

'37

' 38

O1/Sr:R !'Al'f(}S: I.SC,\ L.\ LOG.\IUnlIC.\ : 1833

'39 1840

'4 1

'42

'43

'44 184 5

'46

'4 7

'4 8

' 49 1850

'5 1

100

¡:t'fi,\ ..I I : .JU.10 IIROWI, 1.. 1 /·. VOI.UCJON l&gt;F. L OS PR I:.'CIOS PECUA R IOS AR(;ENi/NOS EN EL PERI ODO 1830-1850,

lll'l.:'\OS ,\ IIU .S, l:'\STITUTO DE F.CONOMIA, FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMIC.\$, UNIVI. RSIDAD UF.
BCl.:'\OS \ IIU .S, 1951.

CUADR04
PRECIOS DEL CUERO "DE BUENOS AlRES" EN HAMBURGO, 1814-1845
Mios

1814
1815
1816
1817
1818
1819
1820
1821
1822
1823
1824
1825
1826
1827
1828
1829

Precios
(marcos)

Núm. índice

0.88
0.89
1.01
0.89
0.90
1.00
1.10
1.08
1.08
1.10
1.00
1.13
1.05
1.00
1.00
0.99

104.8
105.9
120.2
105.9
107.1
119.0
130.9
128.6
128.6
130.9
119.0
134.5
125.0
119.0
119.0
117.9

Afios
1

1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1941
1842
1843
1844
1845

Precios
(marcos)
0.94
0.92
0.87
0.84
0.80
0.78
0.74
0.78
0.78
0.80
0.86
0.76
0.71
0.68
0.71
0.72

Núm. índice

119.8
109.5
103.6
100.0
95.2
92.9
88.1
92.9
92.9
95.2
102.4
90.5
84.5
80.9
84.5
85. 7

FUENTE: Jacobs, Alfred und Richter, Hans, Die Grosshandelpreise in Deustchland von 1792 bis 1934,
Berlín Hanseatische Verlaganstalt, Hamburgo, 1935, pág. 68.
Observación: En la serie de números índice, 1833 = 100.

:-,
0
C'"')

:,-

~-

Q

;3
0

::,

~

f
&lt;&gt;

l

~

"::,

\?.

t--

§-'

l

~

"...::,

f

c.n
'°

�96

un mercado de tierras generalizado. 23 Las noticias dispersas que se encuentran sobre el particular, más bien indican que la tierra entraba en circulación dentro de condiciones limitadas. En primer lugar, como es lógico, las
tierras con cierto mínimo de extensión, una adecuada ubicación respecto
de las posibilidades de transporte de los productos, y ciertas características
de aptitud para la explotación agropecuaria -terrenos no anegadizos, buenos pastos, zonas no expuestas a riesgos de bandidos o de incursiones de
indígenas-, entre otras.
Pero, junto a los testimonios de ventas de campos para explotación
pecuaria, agrícola o mixta, que se encuentran en los registros de escribanos y otras fuentes, consta la habitual ocupación de tierras sin operación
mercantil ni título legítimo. La abundancia de tierras públicas, por una
parte, y la de tierras de propiedad privada con explotación extensiva, unida
a las situaciones tradicionales semejantes al colonato, por otra, facilitaba
el asentamiento de la población sin título alguno. Los esfuerzos del gobierno para lograr la regularizacion de estos tipos de tenencia, aún llegando al
extremo de ofrecerla con bajos canones enfitéuticos y, en cierto momento,
gratuitamente sin otra obligación que los trámites administrativos para la
obtención de los títulos, fueron infructuosos. 24

V)

st

00
....

..,.
"'
M

v
o
v
U)

p::

°'
"'

&lt;:

,-

w

-

if)

"'
\O

o

z

w

"'

:::&gt;
i:o

v

w

o
~

o

"'

tr.)

tj&lt;
M

p::~

C\I

o

Así, la facilidad con que se reproducían la producción doméstica para

:e:-:.

autoconsumo y la pequeña producción mercantil conspiraba contra el
desarrollo del mercado de·tierras, como también del mercado de mano de
obra. Ambos mercados eran hipotéticamente libres. La tierra no estaba
vinculada a privilegio alguno, y la mano de obra -a excepción del corto
número de esclavos cuya participación en actividades productivas iba en
acelerado declive- carecía de lazos de sujeción personal.

~

o

~
""(

~
~

w·
:::&gt; ;:!:
uco
.....
..,:¡

"'
o

"'

wo
o~
oix:

°'M

-o
U¡:¡:¡

,-

~~
:I:

M

Q.,

..,:¡

wz

.....

M

U)

v

11

ro
ro

M

~

co
.....

o

~

C'I
M

o:I
(J

·s....

U)

o
p::

o

w

('I

::;;
:::&gt;
z

00

00

o

z
...o
'U
o:I

';::

o:I
bO

2

o:I

-¡;¡
(J

;:! "'
u w

....
..,.

\O

-

00

La tendencia fue a constreñir a la población al trabajo productivo,
especialmente en producciones mercantiles, y a facilitar un acceso a la

g

V)

QW

w

En cuanto respecta a la tierra, el estado correntino iniciaría y llevaría adelante con tenacidad una política de afianzamiento de esa libertad e
igualdad de derechos -que establecía el reglamento constitucional de la
provincia-, por medio de una abundante legislación. Diversas leyes o decretos tendieron a facilitar los trámites administrativos y pagos necesarios
para la regularización de los títulos de propiedad, la legalización de la
ocupación productiva de tierras públicas, y el acceso de familias de escasos recursos, ya fuera a la propiedad, ya al usufructo en enfiteusis de la tierra pública. Mientras que, en cambio, respecto de la población trabajadora -o potencialmente tal-, desarrollaba una firme política de restricción
de su libertad de movimientos y de su posibilidad de subsistencia al margen de las formas legalizadas por el estado provincial.

97

J.C: Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

SigloXIX

-

oV) ..,.
o o

"'

o

C'I

o

....
....

o o
o

-

°'

o

00

V

"'
o:I

-v

io

&gt;.. t3
~
~~

&lt;~
f.tl

~

:;j~

t...O

�98

Siglo XIX

tierra legalmente ordenado -cosa que, entre otros aspectos-- significaba
que todo lo que se hiciera fuese capaz de rendir ingresos al fisco.
Con respecto a la propiedad de la tierra, la respuesta de buena parte
de la población que debía haber estado interesada en regularizar su situación o en aprovechar las facilidades concedidas para convertirse en propietaria, muestra que, o bien juzgaba innecesarios tales procedimientos
dada la facilidad con que se podían ocupar gratis terrenos públicos o privados, o bien carecía del mínimo de recursos necesarios para llevarlos a

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

3.15°/o con respecto al lapso 1825-1830, mientras el promedio anual de
las exportaciones subió un 34°/o. El déficit de la balanza cayó entonces
un 54.6 °/o con respecto al primero de esos lapsos. Es claro que, pese a
todo, un promedio anual de déficit de alrededor de 63 763 pesos plata era
todavía un problema no despreciable, sobre todo si se tienen en cuenta
que el conjunto del comercio exterior, estimado por la suma de sus exportaciones e importaciones, subió apenas un 15.3°/o entre los dos lapsos
(véase cuadro 5).

cabo.

..

,

Dadas las reiteraciones de los ofrecimientos gubernamentales y las
sucesivas ampliaciones de los plazos establecidos, es posible partir del
juicio vertido en uno de esos documentos públicos, en el que se califica
esa actitud como ''apática e indiferente" respecto de una tal posibilidad
de asegurarse la propiedad de la tierra poseída. Y reintrepretar este texto
en el sentido de la primera de las dos hipótesis recién anotadas. Esto es, de
la falta de interés, sobre todo de quienes no eran productores mercantiles,
en el esfuerzo necesario para garantizar la propiedad de un bien relativamente abundante y cuyo usufructo era prácticamente gratuito.
Las limitaciones de los mercados de tierra y mano de obra se correspondían con las del mercado de dinero. Las dificultades de la economía
provincial y del fisco vinculadas a la creciente escasez de metálico contribuían a ello pues, como en todo el Río de la Plata, los tiempos posteriores a la independencia habían conocido un continuo flujo del metálico hacia el exterior.
El déficit de la balanza comercial y el problema monetario
La balanza comercial de Corrientes entre los años 1825 y 1838 sintetiza el
conjunto de problemas que condicionaron su política económica antes y

después del tratado de 1831. En primer lugar, si los datos de Mantilla para
alrededor de 1815 fuesen representativos del comercio exterior regular, las
importaciones y exportaciones de la provincia habrían descendido de
750 000 y 500 000 pesos plata, respectivamente, " antes de trastornar la
provincia el caudillo oriental", a lo que muestra nuestro cuadro 1. 25 En
segundo lugar, la magnitud del déficit daba a los correntinos una med~d~
de su pérdida de riquezas, identificada por ellos con la penuria de metalico que lo acompañaba.
Pero, al mismo tiempo, los años posteriores a 1830 muestran que esa
política económica había tenido efectos bastante destacados. Entre 1831
y 1838, las importaciones anuales aumentaron, en promedio, apenas un

99

CUADRO 5

BALANZA COMERCIAL, 1825-1841; PROMEDIOS ANUALES
a. Cifras de los promedios anuales

Período hnportaciones Exportaciones
1825-30
18!11-38

403 382
416 093

262 859
352 330

Suma hnportaciones
y Exportaciones
666 241
768 424

Balanza
140 523
63 763

b. Porcentajes de aumento o disminución del período 1831-38
con respecto a 1825-30.

+ 3.15°/o

+ 34.03°/o

+ 15.34°/o

-· 54.62º/o

FUENTES: Véase Cuadro l.

No estará de más agregar aqu~ como dato comparativo interesante,
que un cuadro del couiercio exterior de Mendoza, publicado en Buenos
Aires en 1835, muestra una situación inversa a la de Corrientes en los tres
años -1828, 1833 y 1834- que contiene esa infonnación. Importaciones
y exportaciones, que fueron en el primero de esos años de 590 389 y
227 740 pesos plata, respectivamente, habían descendido a 245 389 y
36 500 en 1833, y a 244 490 y 50 438 pesos plata, respectivamente en
1834. El déficit fue de 362 649, 209 395 y 194 052 en cada uno de esos
años. Déficit elevado, pese a la reducción conseguida, especialmente, merced a la disminución de las importaciones desde Chile.26
En cuanto a Corrientes, la disminución del déficit de la balanza es llamativa y podría haber sido un argumento de peso contra la observación
que El Lucero efectuara en 1831, si las cosas no hubiesen llegado a otro ni27
vel de exasperación. Además, aunque el déficit había disminuido notablemente, esto no satisfacía las expectativas que los hombres de negocios
correntinos y sus líderes políticos cultivaban respecto de las posibilidades
de la economía provincial. Por otra parte, a la lista de agravios de Buenos
Aires podían añadir las pérdidas sufridas en la venta de sus productos de

�100 Siglo XIX

exportación derivadas de Ja f.alta de contacto directo con el mercado exte. 28
nor.
Si el lento desarrollo de la economía de Corrientes limitaba el crecimiento de las rentas públicas, eJ casi permanente déficit de la balanza comercial añadía un grave problema: la escasez monetaria derivada de la
práctica habitual del comercio de cubrir con metálico el exceso de las importaciones sobre las exportaciones. Las disposiciones fiscales tendientes a
combatirla abarcan todo el período. Fundamentalmente, consistieron, por
una parte, en atacar el déficit de la balanza mediante una conjunción de
medidas que incluían el proteccionismo aduanero, el fomento de las actividades productivas y la incorporación al mercado de habitantes marginales a
e1. Y, por otra, en prohibir la extracción de oro y plata, así como de joyas
o monedas de esos metales. Estas prohibiciones, adoptadas en enero de
1825 y reiteradas en varias oportunidades, fueron refonadas por la obligación impuesta a los comerciantes (decreto de diciembre de 1826) de cubrir el valor de las importacionP-S con el importe de exportaciones de productos de la provincia. La medida del gobierno reglamentaba las formas de
cobro y pago de las mercancías introducidas en el territorio provincial y las
penalidades a los infractores. 29
Por otra parte, se establecían procedimientos relativos a las libranzas
para otras plazas, disponiendo la obligación de ser infonnadas al gobierno
a los efectos de conceder a éste prioridad para tomarlas en caso que nece. dos en otras provmc1as.
--aoLos
sitase girar contra fond os suyos depos1ta
considerandos del decreto, relativamente extensos, comenzaban con una
referencia adversa al papel moneda de Buenos Aires -que se quería, denunciaba, «introducir en los demás pueblos de la nación"- al que adjudica el
efecto de alterar las relaciones que existían en el comercio antes de su aparición
.. .las causas que obligaron a echar mano de aquel recurso -afirma con un criterio cuantitativista respecto de la moneda- obligan y obligarán siempre, a que la emisión del papel sea excesivamente preponderante sobre todos los artículos y mercaderías
cuyos valores entran en la circulación al estímulo del interés real
que busca el comercio, y en esta desproporción en que la mercadería moneda pierde el nivel que siempre procura con todos los
artículos de cambio, ella es forzoso que decaiga al último abatimiento, y por una contraria proporción adquieren los efectos de
valor real un precio, el más alto, y excesivamente extraordinario.
De allí se sigue la pérdida de la estimación pública por el papel moneda.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 101
Por otra parte, añadía el decreto, otra consecuencia nociva del papel era
la inevitable escasez y quizás total desaparición del metálico. De manera
que, considerando que la prohibición de extraer metálico, establecida en
enero de 1825, no surtió el efecto buscado, el gobierno se ve obligado a
prevenir los males que pudiesen sobrevenir, adoptando las medidas ya
comentadas.31
El decreto es en parte un recurso defensivo contra la depreciación del
papel moneda de Buenos Aires, comenzada en febrero de 1826 y agravada
en la segunda mitad del año. Proceso inflacionario que continuó hasta
1830, con una breve pausa durante el fugaz gobierno de Dorrego. 32 Esta
depreciación había tenido efectos inmediatos en Corrientes, al punto que
en julio y agosto de ese año dos comerciantes demandaron a colegas que
habían entregado libranzas pagaderas en Buenos Aires a cambio de sumas
de metálico recibidas en Corrientes. Los dos demandantes informaban que
el pago de las libranzas había sido hecho en papel moneda y no en metálico, con pérdidas sensibles para ellos, pues se había tomado el cambio oficial de diecisiete pesos papel
onza de oro, mientras ésta se cotizaba
en realidad a veintitrés pesos. 3

¡or

La escasez de metales preciosos no era nueva pero parece haberse
agravado al coinienzo del período que consideramos. Hemos visto que los
Rohertson describen con frecuencia el trueque en las compras al menudeo
pero también, junto a él, dan testimonio del uso de moneda de plata. En
cambio, hacia 1822 el gobernador Blanco debió solicitar autorizaci~n del
Cabildo -en funciones sustitutas del Congreso en receso- para enviar un
mensajero a Buenos Aires con dos mil pesos en onzas de oro a fin de cambiarlas por monedas de plata. El gobernador explicó que, pese a haber realizado las mayores diligencias en Corrientes, no había podido cambiar las
onzas debido a la escasez de plata, cosa que impedía el pago de las tropas y otros gastos indispensables. 34 Y, en mayo Je 1826 se intentó un
rudimentario papel moneda provincial, en una emisión cuyo monto alcanzaba a 3 000 pesos fuertes. Modesta cantidad que indica, en realidad,
la limitada pretensión de atender con estos billetes, más bien vales, el pago de ciertas obligaciones del estado, especialmente sueldos burocráticos
y militares, así como facilitarles a las familias de ese personal sus compras
menudas.

Los billetes, del valor de un peso fuerte, eran canjeables por onzas de
oro en la colecturía general cuando el portador reuniese los diecisiete pesos
fuertes papel equivalentes. El gobierno hacía obligatoria su aceptación en
mercados y en cual~er operac~ón comercial, así como ~os ~dmit~a en el
pago de impuestos. 5 Los considerandos del decreto atribu1an la mnovación a la extrema escasez de moneda de plata, que causaba quebrantos a la

T

�102

Siglo XIX

tropa y a las familias de todas las clases en el cambio de onzas de oro por
plata, aparentemente por el premio de la plata sobre el oro derivado de esa
escasez.
Pocos meses después de la emisión, a fines de octubre del mismo año,

el gobierno tuvo que retirar de la circulación el papel emitido porque " ...algún genio enemigo de todo orden físico y moral" había lanzado a la circulación billetes falsificados. Un año después, vuelve a lanzarse otra emisión,
por la misma suma. Esta vez, los billetes eran en parte del valor de un peso
de a ocho reales, como en la anterior, y en parte de dos reales. El decreto·
alude a la desaparición de la causa que obligó al retiro de la emisión anterior y a la subsistencia de los mismos problemas que la motivaron.36

...

Al rechazo del papel moneda de Buenos Aires, Corrientes añadió,
entonces, las medidas referidas a la existencia de metálico y a su disponibilidad, la limitada emisión de papel moneda convertible con una relación oro-plata-papel :fijada oficialmente, y la fiscalización de las libranzas
sobre otras provincias como parte de la obligación que impuso a los comerciantes de exportar por igual valor de lo importado.

No vuelve a tenerse noticia de otras emisiones. Sí de la persistencia de
la escasez de metálico, testimoniada por la referida reiteración de los controles sobre extracción de moneda o de metales, y por la introducción,
descubierta en enero de 1833, de moneda falsa de plata, del valor de dos
reales. Y, asimismo, por otra medida del gobierno provincial que, en 1835,
reglamentó la venta de joyas u otros objetos de metal precioso, imponiendo la intervención de la policía para convalidar las operaciones. 37
Sin embargo, algunos comentarios oficiales pueden permitir suponer
que las disposiciones legales relativas al comercio exterior y al fomento
de la producción tendieron a aliviarla por su sensible efecto, ya comentado, sobre el déficit de la balanza de comercio: cuando el gobierno de Buenos Aires solicita al de Corrientes hacer suya la prohibición de exportar
metálico, adoptada en 1837 en Buenos Aires cuando el conflicto con
Francia, el gobernador correntino le expresa a Rosas su satisfacción por ver
triunfar
...unos principios que el Gobierno de esta Provincia había adoptado desde mucho tiempo atrás para impedir la extracción de plata y oro y cortar anticipadamente los males que la codicia extranjera ha hecho sentir en otras partes.
Con evidente regocijo ante la oportunidad de desquitarse de las críticas recibidas de la prensa porteña por el rigor de la legislación local, el gobernador correntino señalaba que, fuese por la severidad de la ley o por su es-

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 103

tricta aplicación, " ...nunca han faltado los medios de cambio y circulación tan necesarios al comercio... ,,as De manera que, aún habida cuenta
de la probable exageración del gobernador, el efecto conjugado de las disposiciones legales que prohibían la salida del metálico, y de la reducción
del déficit de la balanza comercial, parecerían haber aliviado la escasez de
moneda.
En el agravamiento de la escasez de plata, a comienzos del período,
debe haber conc11rrido también un refuerzo de la tendencia a la tesaurización, derivada de la inseguridad vivida por la población correntina d11rante la ocupación de la provincia por tropas artiguistas y bajo la subsiguiente dominación del caudillo entrerriano Ramírez. D'Orbigny advertía
que en Corrientes el dinero "se echa a tierra", hábito que unido al déficit de la balanza comercial le hacían parecer razonables las medidas oficiales de prohibir la exportación del metálico. 39
No es de extrañar, entonces, que perdurase la extendida vigencia del
crédito, tanto en el comercio como en la producción, conocida ya desde
antes de la independencia. El trueque y el crédito eran modalidades de amplio predominio en la vida económica correntina, como ya tuvimos oportunidad de comprobarlo más arriba. Una fuente importante de crédito eran las
casas comerciales de Buenos Aires que enviaban mercancías y recibían letras de cambio, giradas contra otros comerciantes de Buenos Aires de quie- '
nes los correntinos eran acreedores por el envío de productos locales.
En el ámbito del comercio exterior de la provincia era común la letra
de cambio, cuya utilidad se acrecentaba, como es conocido, por la posibilidad de sucesivos endosos. Las letras de cambio pagaderas en Buenos Aires permitían facilitar las transacciones entre ambas plazas tanto a los mercaderes como al mismo estado correntino que, en su ya comentada resolución de diciembre .de 1826, se reservaba el privilegio de disponer de las libranzas efectuadas por aquellos mercaderes que debían docul'!1entar los
saldos negativos de sus balanzas individuales. 40
Por otra parte, ya lo señalamos, no existían en la provincia instituciones modernas de crédito y banca. Ni siquiera, casas mercantiles que tuviesen cierta especialización en algunos servicios de tipo bancario. Préstamos
en metálico se podían obtener, como era normal en este tipo de economía,
de parte de algunos mercaderes de fortuna, con garantía de hipotecas sobre
establecimientos rurales, al 6°/o de interés, y con plazos que variaban de
meses a años (algunos hasta cinco años, cosa posible por la hipoteca del inmueble). Pero, por la abundancia de registros en los inventarios de bienes
de los testamentos, se infiere que eran más frecuentes los préstamos en metálico de cortas cantidades.41

�104

Siglo XIX

Asimismo, una de las fonnas más difundidas para lograr capital, fuese
para el comercio o para la producción, comportaba también una variante
tradicional del crédito. Nos referimos a la conocida con el nombre de
habilitación, que ya describimos más arriba. El crédito podría ser en dinero
o en mercancías, caso este último más común por la comentada escasez de
moneda metálica. En caso de ser efectuada en dinero, consistía en lo que la
jurisprudencia designaba con el nombre de mutuo, una de las formas de
contratos reales. En caso de realizarse mediante la entrega de mercancías
poseía la naturaleza jurídica de una venta al fiado: esto es, una variante de
la compra venta, una de las formas de contratos consensuales. 42
Las habilitaciones se encuentran con frecuencia en las relaciones de
comerciantes mayoristas con sus colegas minoristas de las localidades del
interior de la provincia o con corredores que cumplían análogas funciones.
Pues, más allá de su estricta forma jurídica, cumplían la más compleja función, en las condiciones de esa economía pre-capitalista, de poner en marcha un mecanismo de succión de las producciones locales: el comerciante
lugareño habilitado por su colega de la capital o de algún otro puesto exportador de la provincia saldaba sus obligaciones así contraídas mediante
el envío de "frutos del país" de los que era acopiador natural por mérito
de sus conexiones mercantiles y de su disponibilidad de mercancías. En
este punto la inicial habilitación comercial daba lugar a otro tipo de habilitación: la del productor por el comerciante. Este entregaba mercancías,
habilitaba, al productor a condición de una futura entrega suya de sus
productos en forma de pago. Sustancialmente, las habilitaciones a los
productores configuran un fenómeno similar al conocido con el nombre
de trabajo a domicilio y utilizado en Europa desde la baja Edad Media por
los mercaderes para ampliar la producción industrial. 43
Otro procedimiento habitual de obtener o completar un capital, fuese
para operaciones comerciales o productivas, era la constitución de compañías, la antigua y difundida forma de sociedad mercantil que en Europa
surgió a fines de la Edad Media en sustitución de la commenda. Compañías de hecho o legalizadas ante escribano, familiares o no, se utilizaban
para múltiples fines. Los protocolos de escribanos registran la constitución,
o disolución, de diversas compañías, tanto para explotación de una tienda,
como para la de una estancia o la de una embarcación fluvial, entre otras.
Los compañeros podían aportar dinero o, más frecuentemente, mercane ías, en calidad de capital. Asimismo, caso también usual, uno aportaba
mercancías e instalaciones y otro su trabajo personal. Los contratos respectivos suelen incluir estipulaciones sobre otras obligaciones de cada
miembro de la compañía y sobre reparto de utilidades. En caso de omisiones, la legislación española aún vigente contemplaba normas precisas.44

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

105

Mediante este tipo de asociación mercantil se evitaban desembolsos monetarios, aprovechándose la disponibilidad de bienes por parte de unos -que,
dado el carácter frecuentemente aleatorio de las comunicaciones transoceánicas podía abarrotar de mercancías en los momentos menos esperados a cualquier comerciante- y la experiencia mercantil por parte de
otros.
Mientras el valor de la exportación no iguale al de la introducción,
no podrá el comerciante dar por concluído el negocio: será considerado como verdadero deudor, con arreglo al tenor y espíritu del
art. 2 y sufrirá los mandamientos de apremio prevenidos en el
art. 3.
Fae artículo 5o. del ya citado decreto de diciembre de 1826, con su in•
tento de aplicar en escala individual la doctrina de la balanza favorable
-medida empleada ya a fines de la Edad Media en Venecia-, traduce en la
fonna más aguda no solo la necesidad de mejorar la recaudación fiscal sino,
sobre todo, la urgencia del estado correntino en promover la mercantilización de la vida económica provincial: urgencia manifestada en otros ámbitos de su política económica, además del comercio exterior. Y revela, también, las mayores limitaciones para el desarrollo y transformación de esa
economía provincial: aquellas que provenían de la escasa magnitud del excedente capaz de ser comercializ11do.
Esas limitaciones se observan en la amplitud de la economía de subsistencia, en la frecuencia del trueque junto a esporádicas operaciones mone•
tarias, en la difusión de distintas formas de crédito tradicional para compensar la escasa circulación monetaria -desde las ventas con pagos diferidos hasta las habilitaciones, tanto para el comercio y producción del interior de la provincia, como para el comercio exterior.
Ese escaso desarrollo del mercado monetario corría parejo, señalamos,
con el limitado desarrollo de los mercados de tierras, mano de ohra y capitales. Habilitaciones y compañías, junto a la sociedad familiar tradicional, fueron procedimientos habituales para compensar aquellas caracterís•
licas mediante la reunión inmediata de medios de producción diversos:
mercancías y tierra, men:ancías y trabajo personal capacitado, esto mismo
Y tierra, entre otros, fueron frecuentes casos de poner en marcha empresas
comerciales, industriales, agropecuarias o navieras, sin desembolsos monetarios.
A través de estos procedimientos, un grupo mercantil antiguo, y aún
fuerte pese a las viscisitudes posteriores a la independencia, continuó
IL'!ufructuando las posibilidades de expansión mercantil de esa economía,
al par que intentaba desesperadas medidas de ruptura de sus limitaciones
en el plano de la poi ítica interprovincial rioplatense.

�106

Sig/Q XIX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

-

cional, Río de Janeiro, Brasil, t. I 30, 26, 89. Este personaje, al que parece habérsele confiado la misión de ayudar al pueblo de Belén, en Paraguay, consulta si
dado el infeliz estado de la población de Belén, la podrá "fomentar y auxiliar"
con sus "propios intereses" para que sus habitantes puedan emprender algunos
trabajos útiles, " ...llevando una cuenta exacta -agrega- a fin de que se me pague con preferencia, como es debido a todo Habilitador... ".

NOTAS

1.- El texto de esta ponencia reúne varios fragmentos de un trabajo a publicar, cuyo título es Mercaderes del Litora~ la cuestión regional argentina en la primera
mitad del siglo XIX y el caso de la provincia de Corrientes. El autor agradece el
apoyo del Social Science Research Council para la investigación que hizo posible
ese trabajo.
2.- "Informe del Diputado por Corrientes, Dn. Isidoro Martínez Cires", Telégrafo
Mercan~ Rura~ Po/ítico-&amp;onómico e Hi$toriográf,co del Río de la Plata,
(1801-1802), Reimpr. Facsimilar por la Junta de Historia y Numismática Argentina, T. Vl, Año 1801, Buenos Aires, 1914, pág. 368 -número del 22/VIll/801.
3.- Informe del Alcalde Provincial, José J. de Goytía, al Gobernador Blanco, Batel,
19/ll/822, Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentación Hi$tórica, Años 1821 y 1822, Corrientes, 1928, pág. 156.
4.- A. D'Orbigny, Viaje a la América Meridional Tomo I, Buenos Aires, Futuro,
1945.
5.- J. P. y G. P. Robertson, Cartas de Sud-América, Primera Serie, Andanzas por el
Litoral Argentino (1815-1816), Buenos Aires, Emecé, 1950.
6.- Véanse los aranceles eclesiásticos para bautismos, casamientos, y entierros; Ley
del 22/V/827, Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, t. ll. pág. 112.
7 .- Cuentas de León Spaldin&amp; Archivo General de la Provincia de Corrientes, Papeles de Particulares, Leg. Unico.
8.- Asiento de venta de 41 cabezas de ganado vacuno a cambio de tabaco y miel
(uno de los negocios por trueque asentados en las cuentas de Spalding), ldem,
Leg. cit., Correspondencia de José Cayetano Femández con José Fontenau,
septiembre de 1834 a noviembre de 1835 (pago de efectos diversos, parte en metálico y parte con productos ganaderos de San Antonio del Palmar, al comerciante residente en Corrientes), en "Fernández, José Cayetano, Concurso",
ldem, Expedientes Administrativos, Sec. Judicial. 1835, Leg. 83, Expdte. Civil
2253.
9.- Reglamento Provisorio Constitucional (1821), y Ley Constitucional (1824),
Regi$tro Oficial de la Provincia de Corrientes, t. I, págs. 25 y 247; Ley del
22/1/830, Id., t. 11, pág. 359.
10.- J. P. y G. P. Robertson, ob. cit., págs. 195 y sigts.; A. D'Orbigny, ob. cit.,
pág. 232. En la obra de Robertson se ilustra la situación privilegiada del habilitador frente al productor: los productores. .. "encontraban más cómodo llevar sus
pocos cueros a Goya que viajar con ellos a Corrientes. Nada sabían de números,
cuentas, medidas o pesas... "(pág. 178).
11.- J. P. y G, P. Robertson, ob. cit., pág. 249.
12.- A. D'Orbigny, ob. cit., págs. 158 y 321; J. P. y G. P: Robertson, ob. cit., pág.5.
195 y sigts; Decto. del 19/X/829, Reg. Of,cial. .., cit., t. ll pág. 344; Oficio de
Teófilo Yusi, Belén, 29/1/812, Col~o Visconde do Río Branco, Biblioteca Na-

107

13.· Dectos. del 19/X/829 y del 23NIII/833, Reg. Oficial. • ., cit., t. II. pág. 344, y
HI, pág. 191, respectivamente.
14.• Reg. Oficial. .., cit., t. I, pág. 35 7.
15.- Ley de arancel y reglamento general de aduanas, 26/1/825, ldem, ldem, pág.
3~4; Ley del 17/Vl/825 -habilitando el puerto de Bella Vista para las operaciones de carga y descarga-, ldem, ldem, pág. 375. La exclusividad de esos tres
puertos volvió a ser ratificada por decreto del 17/X.11/829 -Idem, t. II, pág. 328.
El puerto más importante, luego del de Corrientes, era el de Goya, sobre el que
explicaba D'Orbigny:"...Goya no creció realmente hasta 1812, porque, esperando que las leyes provinciales se sancionaran. ese lugar empezó por servir de
puerto a las mercaderías extranjeras y para la exportación de los numerosos product?s de estas comarcas, lo que determinó que, en 1823, se le diera el título
de ciudad Y fuera el segundo puerto de la provincia. El comercio es aJJ í tan libre
como en Corrientes. Gran número de comerciantes se establecieron para embarcar.los cueros_ del abundante ganado que cubre las orillas de los tres grandes ríos
vecinos Y debido a la concentración de los productos de los tabacales, en medio
de los bosques de palmeras yatais, que se extienden desde allí hasta Caacaty...
Todo anu~cia que Goya será muy importante por su comercio, siendo, por derecho, la saltda de todos los productos de las regiones australes de ese país tan ricas en establecimientos donde se cría ganado...Hay numerosos negoci¿s atendidos por extranjeros e indios... ". Ob. cit., pág. 3_47.

16.- Decto. del 30/VII/830 y Ley del Il/XTl/830, Reg. Oficial. .. , cit., t. II, págs.
393 y 381, respectivamente.
17.- A. D'Orbigny, ob cit., pág. 320. Del mismo autor: "Se fabrica en Córdoba la
mayoría de los ponchos de lana usados en Corrientes; son más o menos finos y
generaimente gnses con rayas rojas y azules. Hay también de otros colores y de
distintas telas. Los colores más usados son el azul, el rojo y el verde. Las mujeres
hacen en Corrientes ponchos de lana, adornados de vivos colores y que son de
una gran solidez. Se emplean como mordentes el alumbre y los orines putrefactos. Ellas tejen también ponchos de algodón, de un tejido muy cerrado y casi
impermeable, rayado alternativamente de blanco y azul". ldem, pag. 355.
l8.- Cuentas de León Spalding, Cuentas de Peones, Archivo G. P."Corrientes, Papeles
de Part., Leg. único; "Razón ... de los efectos que introdujo con guía de Buenos
Aires Don Baltasar Forman", Goya, 20/Ill/833, ldem, Expedientes Administrativos, 1833, Leg. 38. Este documento, representativo del conjunto, permite distinguir con seguridad el origen de cada producto, pues los clasifica a los efectos
de aplicarles los distintos aranceles correspondientes a mercancías rioplatenses y
extranjeras.
19

-· Woodbine Parish, Buenos Aires y las provincias del R(o de la Plata, Buenos Aires, Hachette, 1958, pág. 527; L B. Mackinnon, La /!$Cuadra anglo-francesa en el
Paraná, 1846, Buenos Aires, 1957, pág. 119.

�108 Siglo XIX
20.- "De los géneros que Ud. me ofrece -le escribe al importador un comerciante del
interior correntino- si hay pañuelos de lanilla de bonitos colores y buen gusto
podrá mandarme una 1/2 docena y otra 1/2 docena de los de punto blancos, 2
docenas de muselina de 4/4 con cenefa color y sin ella, una docena de espumilla
si son medianos y baratos, o de seda medianos de buen gusto baratos; si hay
algunas 3 o 4 medias piezas de linón estampado de colores _que si es posible no
sea el fondo blanco y que su precio no sea caro; algunas docenas de cuchillos de
cabo blanco medianos como de 2 pesos docena y ordinarios de 10 a 12 rs., 4
docenas de vainas de cuchillos diferentes tamaños; dos cajitas de zarcillos de
diferente gusto que los que me mandó; y una de sortijas, y alguna otra chuchería
si tiene siendo barato para estos destinos", La insistencia en la baratura concuerda con el rechazo de otros artículos: " ... debo decirle que los 4 velos de punto
son enteramente inútiles para estos destinos, si a Ud. no le sirve de inconveniente se los devolveré muy bien acondicionados. Los pañuelos de espumilla ha hecho bien de no mandarlos pues son muy caros". Correspondencia de José Cayetano Fernández con José Fontenau, cit.
21 .- Las cifras de las exportaciones correntinas, cuyos principales rubros hemos mostrado en los cuadros 2 y 3, corresponden a cantidades de cada producto y no a
valores. No nos es posible estimar el valor de esas exportaciones a partir de la
fuente utilizada, pues solo consigna cantidades de las mercancías exportadas, y
no valores, ni precios. Y, en cuanto a las series de precios pecuarios elaboradas
por Julio Broide (La evolución de los precios pecuarios argentinos en el período
1830-1850, Buenos Aires, Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenns Aires, 1951.) ellas corresponden, en el caso de los
cueros, a una medida y una calidad del producto -la pesada de cueros de 35 libras y la mejor calidad de cueros de buey- que torna muy incierta su aplicación
a las cifras de nuestro cuadro, referidas a unidades y sin especificación de calidad. Aspecto, este úitimo, que hace también más riesgosa la conversión de unidades a pesadas. Por otra parte, las series de Broide no incluyen suelas y solo
nos servirían para seis años de exportaciones de astas, y para los tres de tasajo
que registró el comercio exterior correntino en el período. Respecto de las medidas de peso utilizadas entonces en Buenos Aires, escribía Senillosa: Los cueros
vacunos y caballares... "Se venden al tirar o por piezas, o al peso constando la
pesada de 35 libras si son secos y 60 libras si son salados. Los cueros vacunos secos menores de 18 libras se consideran como becerros o de desecho. Los cueros
de vaca pesan regularmente de 21 a 23 libras, si son cueros secos, y de 55 a 60
si son cueros salados. Los cueros de novillo secos pesan, término medio, de 28
a 33 libras, y de 70 a 80 si son salados". Felipe Senillosa, Memoria sobre los pesos y medidas eacrita. .. en 1835, Buenos Aires, 1876, pág. 48.
22.- Sobre los precios de Hamburgo, véase el citado cuadro 4. Los de Londres, en
Tulio Halperín Donghi, "La expansión ganadera en la campaña de Buenos Aires
(1810-1852)", Desarrollo económico, vol 3, no. 1-2, 1963, págs. 61 y sigts.
Respecto de los mercados de las exportaciones, así como del contrabando con
los países limítrofes, nos ocupamos en el trabajo mencionado en la nota 1, del
que están extraídas estas páginas.
23.- Véanse las referencias sobre propiedades y negocios en LB. Mackinnon, ob. cit.,
págs. 153 y sigts.; J. P. y G.P. Robertson, ob. cit., págs. 270 y sigts.; A. D'Orbigny, ob. cit., págs. 121 y 122.
24.- Respecto de la ocupación irregular del suelo, la política de tierras del gobierno
de Corrientes, y otros aspectos del mismo asunto que mencionamos en esta

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 109
página y las que le siguen, véase nuestro trabajo "Organización del Estado y
construcción del orden social: la política económica de la provincia de Corrientes hacia 1821-1840'', Anuario del Instituto de Investigaciones Hístóricas, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, Rosario,
1985.
25.- M F. Mantilla, pág. 202. El dato coincide con el de los Robertson: ob. cit.,
pág. 74.

26.- C~municación del gobierno de Mendoza al de Buenos Aires, del 7 /1/835, en Hamilton a Wellington, 4/11/835, Public Record Office, Foreign Office, Londres,
Gran Bretaña, no. 15, fs. 133 a 135. Se trata de una nota del gobernador Molina
a Rosas en la que exh.tbe el déficit de la balanza, describe la abultada salida de
metálico que ha reducido el comercio, afirma, al trueque practicado en los primeros tiempos del poblamiento de la provincia, y señala: "Una situación semejante, aleja indefinidamente la época tan deseada de poder constituirnos· siendo
éste otro de los males de gravedad que es preciso prevenir". Sé trata de' una de
las presiones que llevaron a la ley de aduanas de 1835. Rosas remitió la nota a la
Cámara de Representantes para su consideración.
f

27.- Nótese que la serie de importaciones y exportaciones de Corrientes que analiza
F1 Lucero -y que reproducen Ravignani (Documentos para la Historia Argentina, Tom_o XVII, Relaciones int~provinciales, La Liga Litoral, 1829-1833),
Buenos Aires, Facultad de Ftlosofia y Letras, Instituto de Investigaciones Históricas, 1922, pág. 201) Y Miron Burgin (Aspectos económicos del federalismo
argentino, Buenos Aires, Solar/Hachette, 1960, pág. 297) -termina en 1830.
La serie de nuestro cuadro 1, al incluir los años siguientes a las medidas del más
fuerte proteccionismo correntino, se presta a distintas inferencias. Sin haberse
conseguido eliminar el déficit, su acentuada reducción era un argumento más
que acicateaba la lucha contra el monopolio del comercio exterior por Buenos
Aires.
28.- Por una factura de venta de cueros del estado correntino en Buenos Aires, en
1837, se comprueba una pérdida (por diferencia de precios, impuestos bonaerenses y comisión de venta) de 2.13 pesos papel por pesada de cuero vacuno de buena calidad (0.26 pesos plata según la cotización del peso papel en julio y agosto
de 1837, meses de esta operación). Un 6°/o de pérdida por pesada: "Cuenta de
venta y gastos de 110 cueros vacunos que de parte del Estado de la provincia de
Corrientes remitió a mi consignación con fecha 5 de mayo el Sr. Colector General, Y 1 200 dichos que remitió el Receptor de Alcabalas de la Villa de Goya en
la Goleta Cincinati con fecha 20 de mayo pasado", Buenos Aires, 19/VII/837
firmado por el consignatario Rem_igío G. Moreno. Archivo G. P. Corrientes,
Exps. Admvos., cit., 1837. El promedio de peso de los cueros era de 31, 18 libras cada uno, lo que los colocaba en la cotización más alta de mercado: 35 a 36
pesos papel por pesada, según La Gaceta Mercantil; o un promedio de 35.44 pesos en julio y 36 pesos papel en agosto, según la serie de Julio Broide (ob.cit.,
pág. 41, cuadro 16). Los cueros del gobierno de Corrientes habían sido vendidos
por su consignatario, al mejor precio que pudo obtener, a un promedio de 30.89
pesos papel por pesada de 35 libras.
29.- Decreto del 20/Xll/826, Reg. Oficial P. C., cit., t. II, pág. 65. Reiterado por
Decto. del 8/1/830, Id., pág. 389. Las prohibiciones sobre el metálico formaban
ya parte de la Ley de arancel y reglamento general de aduana de enero de 1825,
cap. VII, art. lo., ya citada previamente; el Cabildo había dispuesto similar me-

�110

Siglo XIX

dida en 1822, en un decreto sobre comercio de mulas, en el que un artículo
prohibía a los arrieros la extracción de alhajas de plata y oro y de moneda sellada (Id., t. 1, pág. 121). Las prohibiciones se Ieiteraron en años posteriores:
Dectos. del 3/XII/829, Id., t. ll, pág. 347, y el ya citado de 1830.
30.- Decto. del 30/XIl/826, cit., art. 6, pág. 67.
31.- Id., págs. 65 y sigts.
32.- M Burgin, ob. cit., págs. 82 y 103.
33.- "Domingo Latorre contra Domingo Dagorret sobre cambio de letra en moneda
de oro" y "Ramón Bejarano contra Juan Manuel Bedoya sobre un contrato de
préstamo", el primero iniciado el 11/VII y el segundo el 2/Vlll/826. Archivo
G. P. Corrientes, Archivo de los Tribunales de Corrientes., Expdtes. Civiles,
1826.
34.- Sesión capitular del 4/XI/822, en Archivo G. P. Corrientes, Documentación
Histórica. .• , cit., pág. 273.
35.- Dcto. del 30/V/826, Reg. Oficial P. Corrientes, t. II, pág. 49.
36.- Dectos. del 31/X/826 y 20/V/827., Reg. Oficial P. Corrientes, t. ll, págs. 59 y
163.
37 .- Id., t. lll, pág. 185; Id., Dcto. del 12/Xl/835, pág. 298.
38.- Rosas a Gramajo, Buenos Aires, 12/X/837; Gramajo a Rosas, Corrientes,
22/XI/837. Ambas (la de Rosas es un borrador) en Archivo Gral. de la Nación
Buenos Aires, Aigentina, Gobierno, Corrientes, X-5-7~.
39.- A. D'Orbigny, ob. cit.
40.- Respecto de la difusión de la letra de cambio en Buenos Aires, véase Samuel
Amaral, "Comercio y crédito: El Banco de Buenos Aires (1822-1826)", América, no. 4, año ll, Buenos Aires, abril de 1977.
41.- Entre los préstamos de cierta magnitud: Pedro Leoncio Cabral presta a Machado 250 pesos plata al 6°/o anual sobre hipoteca de la Chacra, Archivo Pcia. de
Corrientes, Expedientes Administrativos, Sección Judicial, 1835, Cabral a Machado por cobro de pesos. Rolón recibe de Pedro Ferré 100 onzas de oro al
6 °/o, con hipoteca; Isasa recibe de los herederos de Juan Francisco Cabra! 1794
pesos con hipoteca; Ferré presta Juan Oporto y A. Pacheco 8 500 pesos plata
con hipoteca: Idem, Protocolos de Escribanos, 1835, varios. Seis años más tarde
el interés es el mismo: Miguel lsasa recibe de Isabel Cabra! 1794 'besos 5 rs.
plata, correspondientes al testamento de Juan Francisco Cabra!. al 6 '/o con hipoteca de un campo, ldem, Idem, Protocolos de Ramón Beláustegu~ 1841.
42.- Pedro Somellera, Principios de Derecho Civil (Curso dictado en la Universidad
de Buenos Aires en el año 1824), Buenos Aires, Instituto de Historia del Derecho argentino, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, 1939, pág. 223, José
María Alvarez, lnstituciones de Derecho Real de Castilla y de Indias, t. II, México, UNAM, 1982, Libro III, págs. 40 y 100.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

111

43.- Véase, al respecto, nuestro trabajo Formas de sociedad y economÚJ en Hispanoamérica, México, Grijalbo, 1984, págs. 180 y sigts.
44. Hemos ya referido las compañías formadas por Spalding para la venta de productos agrarios - compañía de corta duración- y para la explotación de una
tienda. Eran frecuentes también en la instalación de estancias, para explotar el
transporte fluvial en diversos tipos de embarcaciones, entre otras, según consta
en los protocolos de escribanos y en las testamentarías. Respecto de las prescripciones jurídicas, véase J. M. Alvarez, ob. cit., pá~. 179 y sigts.

.. .

�Itapúa: Comercio y Frontera en el
Paraguay del Doctor Francia
ALGUNAS CONSIDERACIONES

Nidia R Afeces y Nora E. Bouvet*

INTRODUCCION
La problemática global en la cual se encuadra el caso que estudiamos se
centra en la conformación y consolidación del estado paraguayo en la época del doctor José Gaspar Rodríguez Francia, Estado-nación que se organiza en su conjunto sobre una matriz no capitalista y que, a pesar de su acción "reguladora" para impedir la penetración colonialista, entra en contacto con el sistema mundial capitalista dominado por Inglaterra. Sin embargo, estos CQntactos están muy mediatizados por la fuerte presencia e&amp;
tatal.
ltapúa y su comercio durante la Dictadura evidencian que el mercado paraguayo mantuvo relación con el exterior bajo el control de un estado que :fiscalizaba la entrada y salida tanto de personas como de productos, asegurando los circuitos de comunicación e intercambio en una frontera bélica y móvil por medio de la vigilancia y acción del ejército. El funcionamiento de Itapúa, como centro nodal de esta frontera, tiene su hase
de sustentación en la política socio-económica de la Dictadura.
El objeto de estudio abordado en algunos de sus aspectos nos permite
acercarnos a la comprensión del proceso histórico que se desarrolla en un
amplio espacio ligado a los ríos Paraná y Uruguay, cuya salida hacia el
Atlántico se logra vía Brasil o Río de la Plata, amplio espacio que incluye
el Paraguay (entre el río del mismo nombre y el Paraná), el litoral argentino, Río Grande del Sur y el Uruguay; y, con esta comprensión, poder salir
de las estrechas historias nacionales para aprehender un espacio que, en
la primera mitad del siglo XIX, tiene una coherencia dada por condiciones
estructurales semejantes.
En este abordaje inicial utilizamos fundamentalmente como hase do*Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario (Argentina)

.,.

�114 Siglo XIX

cumental los oficios de Francia a sus funcionarios en Itapúa: correspondencia constante y minuciosa que contiene valiosos infonnes sobre la actividad administrativa, las fonnas y mecanismos de realización de los intercambios entre el Estado y los comerciantes extranjeros, la atención y el
movimiento de la tropa así como de la situación del distrito misionero y
de sus repetidos con:llictos. La documentación empleada deberá ser complementada con otras fuentes (Libros de Caja, Registros de Aduana, Comprobantes de Alcabala, etc.) para lograr comprender en su complejidad el
nivel de la circulación y el mercado paraguayo en la primera mitad del
siglo XIX.
ITAPUA Y SU ESPACIO
En la frontera sur paraguaya, consolidada la dictadura francista, durante
las décadas del 20 y 30, los dos puertos abiertos al comercio exterior son
Pilar e ltapúa.
Pero es este último el que a partir de su apertura, en 1823, permanecerá habilitado sin experimentar interrupciones. Pilar -centro comunicante con el litoral argentino- sufre en cambio clausuras temporarias por el
bloqueo del río Paraná y por el problemático resguardo de su área de influencia, debido a ese estado de "guerra no declarada" entre Paraguay y
Corrientes. 1
En la frontera norte, desde los primeros tiempos del gobierno del
doctor Francia y hasta 1819, el comercio con los portugueses se venía
realizando por Borhón y Concepción. El acrecentamiento de las fuerzas
portuguesas en Coimbra y el auxilio que éstas brindaban a los mbayás y
guanás en sus continuos asaltos depredatorios, llevó a que el Estado paraguayo prohibiera todo tráfico por el Matto Grosso y que estableciera y
reforzara presidios para impedir el avance brasilefio en una zona de muy
difícil control.
En lo que se refiere a la cuestión de fronteras la posición de la Dicta-

mra es defuúda y consecuente. Cerrado el norte, habilita y resguarda el sur
cuyas condiciones y posibilidades son mejores tanto para lograr contactos
más directos con el exterior como para la fiscalización de su espacio. La
Dictadura proclamó sus derechos al dominio sobre todo el Otaco hasta el
río Jaurí, al norte, y la isla de Atajo, al sur: es decir, hasta la confluencia
del río Paraguay con el Paraná, así como sohre las Misiones hasta el rÍo
Uruguay.2
Implementó una política de puestos defensivos con tres frentes: en
el norte, para contener el expansionismo brasileiio y a los mbayás y gua-

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

115

nás; en el Chaco occidental, para contener a los indios no sometidos; y en
el sur, para asegurar los dominios misioneros cuya posesión era cuestionada por artiguistas y correntinos.

El espacio que con1rola Itapúa -área de las antiguas misiones jesuíticas- llegó a tener en el período que estudiamos un dinamismo en lo político, económico y militar que borra la imagen de un Paraguay completamente cerrado al exterior durante la Dictadura que dieron viajeros de la
época. En este antiguo espacio de circulación de las misiones, ltapúa, fundada en 1619, era una de las ocho reducciones que la orden había establecido entre los río, Paraná y Paraguay, hoy en territorio paraguayo, ubicada
frente a Candelaria, cabecera de las reducciones. San Borja, cabecera de las
siete reducciones portuguesas, en el actual territorio de Río Grande del
Sur, conectaba estos pueblos con Buenos Aires, la Banda Oriental y el
Brasil.3 Para llegar de ltapúa -en la margen derecha del río Paraná- a San
Borja -en la margen izquierda del río Uruguay- había que atravesar el
territorio de Candelaria, cuyo dominio estaba en disputa entre correntinos y paraguayos.
La organización económico-social que la orden jesuita había impuesto
a estos pueblo., conjuntamente con condiciones naturales favorables
-abundancia de vegetales, tierras aptas para agricultura y pastoreo, un
clima templado subtropical-, posibilitaron el aumento demográfico, el
incremento de la productividad y un fluido y floreciente tráfico interno y
externo. El área de las reducciones era un espacio integrado entre sí y, al
mismo tiempo, conectado con otros espacios a través de los mecanismos de
la misma orden.
Esta integración espacial se fue modificando a partir de la expulsión
de los jesuitas, cuando las reducciones pasaron a ser controladas por otros
administradores laicos y religiosos: entraron en una general decadencia,
acentuada durante el artiguismo y los con:llictos en el litoral. La población de ltapúa, cuyo crecimiento había sido significativo en1re l 750 y
1767 -de 3 276 a 4 600 habitantes-, ya en 1784 había descendido a
2 800 y en 1801 a 2 100 habitantes.4
En plena etapa del artiguismo, hacia 1815, cuando el comerciante inglés Rohertson visita las Misiones, describe así a Itapúa:
Triste, melancólico, desolado era su aspecto y el de su pueblo. Todas las cosas estaban destruyéndose -iglesia, colegio, chozasmuchas de las últimas estaban en ruinas; los hombres de a pie, indiferentes en sus puertas; malezas y zarzas brotaban por doquier;
la población mermaba diariamente; y con dificultad dos curas en
cada pueblo podían arañar lo bastante del trabajo de toda la co-

�116

SigloXJX

munidad, para escasamente alimentar y malamente vestir a los indios... E.n ltapúa se nos informó haberse destruido la balsa que
antes servía para transportar carruajes a través del río y que había
tan poco tráfico entre Paraguay y Candelaria, la capital de Misiones, que nunca se había creído necesario construir una nueva... 5
En los momentos iniciales de la apertura de ltapúa hacia 1823, el agente
francés Grandsir, que tramitaba la liberación de Bonpland, señala:
Itapúa tiene 2000 habitantes... Este magnífico país puede llegar
a ser un día de la mayor importancia para el comercio europeo,
pero al presente sólo es accesible a los habitantes del Brasil. Doce
o quince comerciantes de esta nacionalidad mantienen ellos solos
las relaciones comerciales con la provincia de Matto Grosso...6
Mientras que, en el mismo año, el enviado brasileño Antonio Manuel Correa da Cámara, retenido en ltapúa por Francia, influenciado por el fracaso
de su misión diplomática y comercial dice:
Este Povo, cercado de Ríos, e de Arroyos sujeitos a repetidas enchentes annuaes, que inundao o Territorio adjacente cobrindo-o
de hum Limo infecto e prejudicial; he ao mesmo tempo rodeado
de Pantanos, e €barcos inmundos dónde fluem continuamente
pestíferas miasmas. Bosques impenetraveis, e sombríos, que se
perdem coro a vista por hum Terreno inmenso, e alagadico ...
Tempestades temerozas, ventos dezabridos, hum ár já seco, e
humido, a calma ardente e hum frío penetrante e insoffrivel, a
chuva de pedras, ou descarregada por torrentes, tudo isto se
succede nó curto espaco de hum día, e hum día nao tero aqui
differenca de que se lhe segue en todo hum anno. Tal he o clima
do Mercado Paraguayo aberto ao Commercio do Brazil-! 7
La ruta que unía Itapúa a Asunción por un lado, e Itapúa a Buenos Aires,
la Banda t1riental y Porto Alegre, por San Borja, por otro, permaneció
asegurada durante las décadas de estabilización de la Dictadura por efectivos militares paraguayos que tenían órdenes expresas de proteger a los comerciantes autorizados por el Estado.
El tramo Asunción-Itapúa, que atravesaba los pueblos de ltá, Yaguaron, Villa Rica, Caazapá, Yuti, Jesús -66 leguas según Robertson8 - se
cubría en carretas, carruajes, cargueros y caballos siguiendo los mejores pasos de los rÍos y las mejores sendas de los bosques. Arenales y pantanos dificultaba el tránsito en amplios sectores y el paso de los ríos más caudalosos se realizaba en balsas.
De Itapúa a San Borja, el camino se extendía apenas 34 leguas que se

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

117

recorrían aproximadamente en dos días a través del actual territorio misionero y correntino. En Itapúa era preciso atravesar el río Paraná para llegar
a Candelaria, cruce que era escoltado frecuentemente por el ejército paraguayo que patrullaba la región. La mayorÍa de los comerciantes que llegaban a ltapúa, intermediarios de mayoristas de plazas más importantes, tenían su residencia permanente en San Borja. Hasta esta población, el tráfico por la conflictiva área de Candelaria se hacía en caravanas de carretas
fuertemente custodiadas. Salto era el puerto de mayor significación sobre
el río Uruguay donde desembocaban los productos paraguayos para alcanzar los mercados brasileños y del Río de la Plata. 9
En el período estudiado, Itapúa era una de las cuatro delegaciones,
junto con San Isidro de Curuguaty, Pilar de Neembucú y Villa Concepción. La delegación de Itapúa era administrada por un Delegado, cargo que
entre 1820 y 1840 desempeñaron José Norberto Ortellado, José León Ramírez y Casimiro Roxas.
El Delegado poseía una amplia jurisdicción en lo político, económico y judicial como ejecutor de Jas órdenes y agente de información por
excelencia del Dictador con quien mantenía un trato directo y permanente.
Esta jurisdicción comprendía los pueblos misioneros de Candelaria,
al sur, y los partidos de Jesús, Trinidad, Carmen y San Cosme, al norte,
hasta Yutí, sobre el río Tebicuary. De la delegación de Itapúa dependía la
subdelegación de Santiago, a la que Pstahan subordinados los mayordomos de los Pueblos de Indios. Los Comandantes de Urbanos ejercían una
actividad predominantemente militar con la función específica de promover el reclutamiento y la instrucción de dicho cuerpo, y colaboraban
con la tropa en la defensa del territorio y la protección del comercio que
se realizaba por el área. En los distintos pueblos de la jurisdicción de Itapúa, Jueces Comisionados cumplían diversas funciones realizadas para el
fomento de la · agricultura, la instrucción popular y el mantenimiento del
· · • 10
orden y de la JUSbc1a.
El Receptor de la Aduana de Itapúa, Ramón León entre otros, fiscalizaba la entrada y salida de productos y cobraba los derechos aduaneros,
controlaba los fardos, cajones y bultos y hacía el inventario, memorial o
razón, completo y detallado, de los efectos que intentaban introducir los
comerciantes. Lo enviaba, junto con muestras de los mismos, a la Tesorería en Asunción para ser aforados, así como enviaba las remesas de lo recaudado en la Aduana cuyo registro era muy estricto y supervisado directamente por el Dictador.

�118 Siglo XIX

APERTURA DE ITAPUA. INTERCAMBIO Y CONTROL ESTATAL
Durante la primera década del Paraguay independiente, su comercio exterior, que se realizaba primordialmente por el sur siguiendo la vía natural de
los río,, se vio afectado por los agudos conflictos con Buenos Aires y las
provincias del litoral argentino.
Si bien este comercio no cesó enteramente, su decadencia era notoria
hacia 1822: fue ésta una de las causas de la creciente oposición oligárquica
que culmina en "la gran conspiración de 1820", reprimida enérgicamente
por la Dictadura Suprema y Perpetua.
Las exportaciones cayeron de 391 233 pesos en 1816 a 291 564
pesos en 1818;a 191852en 1819,asolamente57493en1820.
De la misma manera, como se refleja en los impuestos de importación, cayeron de 83 640 pesos en 1816 a 58 840 pesos en 1820
debido al desarrollo de la guerra civil de ese año, sólo para continuar declinando a 44 346 pesos en 1821, alcanzando finalmente
su punto más bajo de 4 828 pesos en 1822. 11
La necesidad de revertir esta situación para que el Estado contara nuevamente con la importante fuente de recursos proveniente de los derechos de
importación y exportación, así como de los otros impuestos que recaían
sobre el comercio, y la presión del capitalismo inglés -vía Brasil-, confluyeron en la apertura de ltapúa hacia 1823. La coyuntura era favorable para dicha apertura en la medida en que el mercado paraguayo requería mínimamente de ciertos productos manufacturados. Al mismo tiempo, necesitaba abrir una vía de comercio legal, una válvula, que pudiera controlar y
reducir de esta manera el contrabando (que si bien en términos absolutos
no era importante tenía un peso relativamente significativo en la economía
paraguaya) y, por otro lado, obligar a los comerciantes particulares a no
operar sin licencias, a pagar los derechos e impuestos y a respetar los precios que fijaba el Estado.
En la década del 20, Brasil, buscando garantizar la neutralidad paraguaya en la inminente guerra Cisplatina con las Provincias Unidas del Río
de la Plata, envía distintas misiones oficiales que fracasan.
En enero de 1822 llegó a Asunción, don Pablo Machado, emisa,rio Brasilero para proponer al Dictador, entablar relaciones entre
ambos países y el Dictador después de estudiar la propuesta, la
aceptó: pero con la condición de ser provisoria y como ensayo
por un año, designando a "ltapúa" como único punto para el intercambio comercial debiendo los brasileros llevar sus productos a
dicho puerto, sin poderse extender más de una legua de aquél lu-

Areces-Bou11et: Comercio y frontera en Paraguay

119

gar. Los brasileros con las condiciones expuestas, no les convenía el negócio, así que pocos llegaron a Itapúa, pero en cambio.
se aventuraron a llegar varios comerciantes Correntinos y Entrerrianos, y éstos con pasaportes de Montevideo y como los productos de mercadería que llevaban tenía un precio excesivo, debido a
que el viaje que tenían que hacer por tierra era largo, fueron pocos los que se exponían a un negocio que no les rendía ganancia
y más bien pérdidas, por las grandes trabas que se les ponían, de
manera que el arreglo comercial con los brasileros pudo darse
por fracasado. 12

En 1824 arribó a Asunción el cónsul brasileño Antonio Manuel Correa da
Cámara. El doctor Francia presionó para que terminaran las incursiones
brasileñas en la frontera norte y el apoyo d~do a los indios. Correa reconoció las quejas paraguayas como legítimas y aseguró al gobierno que las
violaciones cesarían, lo que no se cumplió.

Es a partir de una gestión directa entre el comandante de las Misiones de San Borja y el delegado de Itapúa, que comerciantes brasileiios
residentes en San Borja logran la habilitación del puerto. Este primer intercambio permitido legalmente está encuadrado en los términos de una
simple operación mercantil: traían diversos efectos y "algún Dinero con
intención de imhertirlo en Yerba y Tabaco", no traían "cosa mayor por
no saber el estado de este País" y solicitaban "auxilio de Soldados y Cargueros hasta las inmediaciones del Uruguay" para el transporte de las mer13
caderías. La operación se centró en la compra inmediata de 3 tercios de
yerba y 8 aITohas de tabaco por lo que se pagaron respectivamente 8 y 30
reales la arroba.
Los dos primeros comerciantes brasileños habilitados, Antunes y Al'taeta, acordaron negocios posteriores: uno con el pueblo de Trinidad por
100 arrobas de yerba a 9 reales, puesta la mercadería en Itapúa; y otro por
200 arrobas también de yerba, para lo cual depositaran en poder en dos
personas las onzas y el resto de sus efectos, para el P3&amp;° de los tra~ concertados prometiendo volver cuanto antes con los art1culos anunciados y
'
asegurando
que con ellos han de venir otros trayendo carretas y bueyes. 14
Se están exportando los productos tradicionales, yerba y tabaco, que desde
la época colonial tenían mercado en el exterior, y, al mismo tiempo, se
están concertando distintas operaciones, lo que seiiala el interés por mantener abierto el tráfico.
En el transcurso del mismo año 1823, la Dictadura dispuso que una
tercera parte de los productos llevados al mercado de ltapúa debía ser yerba perteneciente a los propios de la ciudad, la cual tenía que adquirirse de
los respectivos almacenes a razón de un peso la arroba ( quedando exonera-

�120 Siglo XIX

A reces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

da de pagar el impuesto de 4 reales por tercio fijado anterionnente). Así
se daba salida a la "crecida porción de Hacienda destinadas al bien común
y exigencias públicas, aprovechando el comercio abierto en la Frontera de
la República con los Portugueses Americanos del Brasil ". 15
Hasta fines de la década del 30, por Itapúa, la yerba y el tabaco serán
los rubros de exportación más importantes. Seguían el ganado, los cueros y
otros productos primarios que nunca alcanzan los elevados procentajes de
los primeros. 16

...

Los frutos del país eran intercambiados por productos manufacturados de diversa índole y de procedencia sobre todo inglesa: gran variedad de
tejidos de lana y algodón (paño, brin, bayeta, lienzo, casimir, lanilla, etc.);
herramientas y utensilios (hachas, tijeras, azadas, clavos, limas, calderas,
jarros, cuchillos,. navajas, sierras, etc.); metal en bruto (hierro y acero); sus•
tancias alimenticias y farmacéuticas (condimentos, canela, pasa de Málaga,
añil, etc.); artículos varios (vidrios, espejos, cuadernos, papel, lentes, botones, loza, adornos, etc.); material de guerra (pólvora, municiones, sables,
pistolas, tercerolas, etc.); y juguetes e instrumentos musicales.
El siguiente memorial de los efectos comprados en Itapúa a un comerciante brasileño que "corresponde a la tropa de carretas despachada a
Asunción el 14 de febrero de 1837 con las mercaderías adquiridas a un
sólo comerciante", es una muestra de la procedencia y de la variedad de
los productos introducidos:

Razón de algunos de los efectos comprados a Olivera
2
2
1
1
6
3
24
15
12

docenas... tijeras de costura las mejores
a
gruesas.... cuerdas romanas comunes
para guitarra, cada gruesa a
docena .... sombreros negros de pelos
finos de los de inferior calidad a
arroba .... anís, la arroba a
libras .... comino, la libra a
libras .... pimienta, la libra a
sombreros negros de pelo, fábrica porteña copa ancha arriba, calidad inferior de
a 8 y 1/2 pulgadas de alto a
.... sombreros blancos de pelo de la misma calidad inferior de a 8 y 1/2 pulgadas
de alto a
.... abanicos de papel, varillas de hueso
caladas de buena vista, de 1O pulgadas de

4 $ 4 reales
6 reales
4$
2 reales
2
,,
2

alto a
.... abanicos de papel, varillas de madera
ordinaria a
1
docena ..... anteojos de patillas, vidrios blancos ovalados de
32
estuches de a 2 navajas, cabos blancos
de hueso para barba, calidad inferior, el
estuche a
16
.. . . estuches de cartón negro de a 2 navajas, cabos negros de asta para barba de
mejor calidad, el estuche a
1
gruesa . ... cuerda de Chile para guitarra
surtidos en grosor - en
24
.... armónicas de a 4 y 3 y 1/2 pulgadas
de largo a
24
.... armónicas de a 3 pulgadas a
48
.... armónicas de a 2 y 1/2 pulgadas y a
figuras de peras a
1 y 1/2 docenas .... tijeras elásticas de a una pulgada oja por docena a

a

4$

6

12
4$

12 reales

24

1 y 1/2 docenas .... tijeras elásticas 6 y 1/2 pulgadas oja por docena a
20
calderas de fierro estañadas de a 6 pulgadas de fondo y 3 de boca a
6
. • .. pizarras de a 12 pulgadas largas de alto y 8 de ancho con 80 lápices para ella a
20.000 .... agujas a saber 4.000 del No. 1 - 2.000
del No. 2 - 6.500 del No. 3 - 4.500 del No.
4-2.000 del No. 5 y 1.000 del No. 6, buena calidad, el millar a
20
.... azuelas inglesas, corbadas ojos cuadrados de a 7 y 1/2 pulgadas de alto y
4 1/2 de boca a
18
.... azuelas buenas ojos redondos de a 7
pulgadas de alto y 3 y 1/2 de boca la docena a
8
docenas .... azadas de fierro de a 1/4 de
varas de alto y de boca y 3 y 1/2 la docena a
32
arrobas .... acero grueso bueno la arroba

arrobas .... fierro en 6 planchas de 1 y
1/2 pulgadas de ancho la arroba a
arrobas .. . . fierro en 7 barras cuadradillos
la arroba a

121

3 "
12 $
8 reales

10
6

2

"

1 y 1/2 real
1 real

9$
9$
7 reales
8

2$
10 reales

15 $
12 $

9 $ 3 reales
10 reales
10

La calidad de los variados productos transportados en convoyes que cada

�122

Siglo XIX

uno de los comerciantes aforaba en ltapúa, era controlada en Asunción_por
medio de las muestras enviadas. Eran revisados cuidadosamente asimismo
el peso y las medidas declaradas de los productos que los comerciantes intentaban ingresar al país, y muchas veces rechazados "para que vean que
también aquí entendemos y queremos cosas buenas supuesto que se las ha
. "18
de pagar bien
.
Por ejemplo, se rechazaron al comerciante Palmeiro
9 piezas que trabe por lila, diciéndole que no son verdadera lila.
sino el que llaman Chamelote de Olanda que es una tela muy sencilla, que no sirve aquí para nada y mucho menos para tropa por19
que casi es los mismo que la lanilla delgada.
!k• .....

a 111,

.,,,

o "hcchisos inservibles en figura de sable" con recomendación de decirle al
comerciante que
en el Paraguay no se admiten tales disparates inútiles y que así lo
lleve y remita de nuevo otra vez, porque no se le ha de permitir
poner en venta, pues no se han de aforar, para que no se engañe a
ningún simple y también, para que esos Lucitanos no se acostumbren a traher basuras para llevarse los buenos ganados que tanto
le sirven, y necesitan, así como las buenas haciendas, que tanto se
.
, :1)
estunan
y valen en otros patses.

Palmeiro es uno de los tantos comerciantes que llegan a Itapúa como Peralta, Guimarais, Ximénez, Farías, Yardin, Souza, Rego y Olivera Blanco.
La extensión y los inconvenientes que presentaba la ruta obstaculizaban el traslado de los chasques que hacían el recorrido entre Itapúa y
Asunción y, por lo tanto, dilataban las operaciones. Estas y otras demoras
dificultaban la vehiculización del capital comercial, retenido por largos meses en Itapúa. Correa da Cámara informa acerca de estos inconvenientes:
Os chamados Negociantes Portuguaes, que aquí soiao negociar,
demoravao-se a concluir os seos tratos, quando muito seis mexes;
durante este tempo faziao repetidas visitas a S. Borja para mudarem de ares; os seos Peons, e Domesticos permaneciao sobre a
margem esquerda do Paraná em frente de ltapúa para fogirem
quanto !hes hera possivel a peste que o devasta; apezar de todas
estas precaucoens viviao huns, e outros huma vida enfoerma. e
mizeravel. A Escolta que para qui mandei com o Capitao Silva
volveo toda a S. Luis estropeada, Hum d'aquelles que a compunhao morreo poucos días depois de chegar a S. Niláo. . . 21

Una vez que el Dictador autorizaba la operación y ésta se concretaba, gran
parte de los efectos comprados por el gobierno se depositaban en los alma-

Arece1-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

123

cenes o tiendas del Estado. Su encargado era directamente el ministro de
Hacien~a quien "8&lt;:omo~ en Cajones numerados los efectos siguientes
...po~~ndo a continuacion de esta Orden Nota individual de lo que trai~
cada caJon, para que se traslade a los almacenes de la casa de Gobierno". 22
Los efectos almacenados eran ofrecidos en venta directa al público con
precios fijados por el Estado.
En este medio de ese~ monetaria los efectos se intercambiaban por
otros efectos, la mercaderia por otra mereadería, siendo éste el mecanismo
más ~cuenteme°:te utilizado ~or los comerciantes y por el Estado para
negociar. De este tipo de operaciones seleccionamos algunos casos que consideramos significativos:
Dile á Acuña que supuesto que a Silva le han venido paños de
la estrella _Proc~e componerse con él, para que le cesa al me?ºs una ~ieza, o todo lo que le queda. sea a pagarle en dinero,
o a camb10 de otros efectos que tenga. ó le haga traher de cuyo m?do f~ tendrá menos que retomar, de lo que debe ~ la Tesorena, diciéndole igualmente que también se le recibirá paño
de menos an~ho qu~ sea de buena calidad dando algunas varas
~as. Puedes ir vendiendo a los siete pesos los mancarrones vieJOS, que te parezca, pero solamente a cambio de paño regular
de la estrella, que no se destiña, y a los precios de su aforo. De
ese mo_&lt;lo el qu,e quiera Caballos, diligenciará esos paños con
otros, º, los hara traher. De azero y bayeta tiene muchísimo la
Tesoreria. por que los Correntinos tambien han trahido
mucho. 23

En otra transacción, por ejemplo, se acuerda que
Se tomarán las cinco piezas paño de segunda de Rego con ciento
treinta y cuatro y media varas a los tres pesos que ha ofrecido las
que se pagarán en puras zuelas á tres pesos c~atro reales y as/ correspon?e darle ciento, quin~e zuelas faltando un peso, 'que debe
~sprec_iars~! respecto a que a mas de darsele estas a bajo precio, y
sm obligacion de pagar su extracción, sus paños son todos defectuosos. Supongo que quedará contento. 24

O se estipula que
Se entregarán desde luego a Barbosa las 200 arrobas de tabaco y
a Ribero los 26 cueros de garra comunes, por la seda verde, de la
que cada chasque me vendrá trayendo a 2 libras. De los mismos
cueros se entregarán a Hurtado los 336, que se le deben por el trato anterior.25

Aparece aquí d débito o el crédito de uso comente en la colonia y

�124

Siglo XIX

que se mantiene para llevar a cabo las transacciones:
Los restos, trapería, y cosas despreciables, é inutiles para Tezorería que manifiesta Farias, no son abono para el c~o porque t~poco han de producir el dinero, ni los efectos utiles del deb1to.
Así rio solo no se Je hade permitir mas extracción de cosa alguna,
sino que con él y con los otros deudores se hade tener el cuidado,
que ya hé indicado, de que á nombre de otro, ó en cabeza agena
no hagan alguna extracción clandestina, fraudulenta; pero se l~s
puede decir, que haga priniero traher algunas cosas p~~-Tezorena
á cuenta de sus obligaciones, y entonces se le perm1trra extraher
otra vez, pues que despues de la primera remes~ que hizo, aun no
ha hecho traher cosa alguna. Supongo, que asi el como Sousa ya
remitieron algunos productos de sus ventas, y el total de sus debítos ya es de consideracion. 35
Est.amos considerando las operaciones que el mismo estado par,.guayo realiza con los comerciantes extranjeros, observando cómo dicho Estado intenta regular las mismas obligando a la compra de detenninados efectos.

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

125

sus funcionarios es el de ser infonnantes y hasta espías, lo que llevaba a
una cierta complicidad en el trato. La Dictadura repetidamente encarga,
por ejemplo a Morínigo, subdelegado de Santiago, que
reservadamente averigüe siempre con los comerciantes que están
allá y con los que en adelante vengan de las noticias, que hayan de
Europa porque se aguardan grandes novedades sobre las Américas
y los Portugueses del Janeiro y Montevideo por su situación las
pueden saber primero que en Buenos Aires. De cualquier noticia
que adquiera, se me avisará inmediatamente. 29
Apreciamos algunos de los límites del mercado paraguayo: básicamente, la
persistencia de una economía premonetaria en la que las mercancías anticipadas son las que dan vida a la circulación de mercancías. Este cuadro no
está completo en la medida en que no incorporamos al comerciante particular paraguayo, para de esa manera poder testimoniar su participación y
peso en el comercio por Itapúa.
Este comercio, que fue muy importante durante las décadas estudia-

das -representa el 74.50% del total de las exportaciones en 1829, el

En 1831, uno de los años de gran incremento del ganado, los comerciantes deudores son obligados a comprar los ganados de las Estancias de
la Patria a cambio de traer "para su pago los generos y efectos que ya saben ellos cuales son los que conviene a la Tezorería ". Z1

92.49°/o en 1832, el 90.42°/o en 1835 y el 79.95% en 183730 - , no estaba acompañado por la presencia fluida de la moneda metálica en la órbita de la circulación, fenómeno más acentuado en otras villas y pueblos
del interior paraguayo donde, en general, prevalecía el trueque.

La necesidad de conocer los precios de los productos en el mercado
exterior para acordar un trato equivalente es preocupación constante del
gobierno, lo que explica -entre otros motivos- los pedidos insisten~s de
gacetas (La Gaceta Mercantil, El Lucero, El Diario de la Tarde, El ~ibera/
y otros). Sus principales proveedores eran estos mercaderei; que arnbaban
a ltapúa. Las gacetas aportaban los valores de las mercade~1&amp;: en el mercado exterior. Conociendo éstos se intentaba obtener un prec10 JU5to para los
efectos del país.

De todas maneras, siendo Itapúa un centro de concentración mercantil se realizaban pagos en moneda, aunque aparentemente en forma limitada, interviniendo el Estado en la circulación de metálico. Desde antes
de la apertura de Itapúa, la Dictadura instrumentó severas medidas para
evitar la evasión de moneda, con algunas excepciones referidas a la compra
de material bélico cuya adquisición se privilegiaba.31

De todas maneras, el mismo mecanismo del capital comercial hacía
que los comerciantes obtuviesen ventajosas ganan~ias a pesar de las protestas y reclamos de la Dictadura, que se repiten en las décadas que ~alizamos. Por ejemplo, en 1829 el gobierno se quejó de que los comerciantes
brasileños se resistían a pagar 20 reales (menos de 3 pesos) la_~oha de
yerba que vendían en Buenos Aires a 50 pesos. 28 Esta explot::ic1on _del capital comercial de uno de los polos productores en par_te explica la importante afluencia de comerciantes de distinta procedencia, pero sobre todo
brasileña, al puerto de Itapúa.
Otro servicio que el Estado requiere de los comerciantes a través de

Al iniciarse el comercio por ltapúa, las operaciones mercantiles realizadas durante los dos primeros años no se ajustaron a las reglamentaciones
y disposiciones vigentes sobre extracción de metálico. Esta situación se re.lleja en los considerandos del Decreto -francista de noviembre de 1825:
.. .los Comerciantes que vienen a Ytapúa, exportan algunas cantidades no solo por varios informes de los que de aquí han ido al
Comercio de aquel Pueblo, sino por el hecho mismo de que no todos los sobredichos Comerciantes llevan en haciendas, o frutos del
país todo el valor de los efectos, que introducen, lo que manifiesta evidentemente, que lo demás del importe de sus géneros lo llevan y sacan en plata sellada, siendo un comprobante de lo mismo
las considerables ventas, que se les ha tolerado hacer en dinero
efectivo, que no vuelven a emplear en compra de haciendas, o fru-

�126 Siglo XIX
tos, cuando uno de los motivos, que se ha tenido en la observancia de no percibirse de ellos sino en sus mismos generos casi toda,
o la mayor parte de los Derechos de introducción, ha sido el excusarse la precisión de hacer crecidos expendios a plata selladas, y
que así verificasen generalmente extraher y con cuya condición
se abrió y franqueó el comercio en el expresado pueblo.. .
y se encarga al mayordomo Receptor que
en adelante no consienta la frecuencia y continuación de tales empleos, ó compras á dinero efectivo no siendo en aquella moderada
y muy precisa porción, ó cantidad, que se considere indispensable
para pago de algunos Derechos, y de los gastos precisos, que tengan para su subsistencia los mencionados comerciantes, y que no
puedan proporcionarlos con sus mismos Efectos, zelando al propio tiempo con particular cuidado por todos los medios que le
dicten la prudencia, y las circunstancias del régimen, que aquellos
comerciantes obserban asi en sus pasages á la otra banda, como en
el de sus peones ó sirvientes, y en los transportes de sus Haciendas, el que en ninguna ocasion se vuelvan á hacer exportaciones
de dinero, practicando al efecto los registros y reconocimientos
que convengan, ó sea necesario en sus Equipages y en las mismas
Haciendas, que se transportan ...32
En 1829, cuando el comercio se normaliza después de la guerra Cisplatina,
se vuelven a reiterar esas disposiciones porque
hubo en esto gran abuso, y los portugueses extrajeron algunas
cantidades de dinero, habiéndose sabido, que uno llamado José
López, se llevó hasta tres mil pesos y así otros porque no se ponía
reparo por total descuido y falta de celo del Mayordomo Morínigo, que hacía de Comandante...33
Para evitar entonces la extracción clandestina de metales se debía efectuar
un registro minucioso no sólo de las personas de los mercaderes sino de sus
mercaderías y monturas: "Años pasados, yo (Francia) mandé hacer aquí
barrenas largas que atravesaban todo el tercio de yerba de un costado a
otro, porque no hay arbitrio y artificio o fraude que no discurran para extraer monedas. " 34

Arece1-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

127

efectos convenientes, no menos que p. r. la falta de anteriores correspondencias y relaciones comerciales bien que el giro mismo y
el curso de los ne~cios podrán ir facilitando sus progresos. Además la franca y libre Navegación del Paraná, q. e debe sostenerse
como de una vía pública exenta de toda traba, y la entera franqueza de los Puertos de la Rep. ca, que con absoluta libertad de
comerciar, ha resuelto mi Gov. no el modo q.e otros Estados y
Países de América constituídos independientes como el Paraguay, dan lugar a Ex tensas especulaciones mercantiles.
Puede ser q.e de aquí a algun tiempo vayan de esta parte otros
Negociantes llevando hasta el paso de Santo Tomé Azúcar., Miel,
Sal, Yerba, y Tabaco bien q.e no en mayores porciones, pr. ignorarse, si en este Destino se encontrarán a cambio los géneros, q.e
se busquen aunque de los más usuales.35
En una de las comunicaciones de rutina que el Dictador envía a sus Comandantes sintetiza los objetivos dd comercio paraguayo reactivado por
Itapúa:
de este modo se contribuirá al comercio, yendo muchos pobres
con sus cortas partidas a expenderlas allá con estimación, y proveerse de géneros baratos. No habrá el monopolio de los europeos
y extraños que abarcando todo el comercio (roto) recogiendo miles en dinero sin beneficio, utilidad, ni adelantamiento alguno de
los hijos del país, que hasta aquí sólo han enriquecido a extraños.
Y por último se guardará en mucha parte la ocasión y facilidad de
sacar la plata en lo que debe tenerse un contínuo e incesante cuidado y vigilancia a prevenir las fatales consecuencias de la escasez
y falta de dinero.36

CANDELARIA: FRONTERA BELICA
~ara_ concretar los objetivos económicos del gobierno paraguayo era prion~o asegurar la, ruta c~ercial a través del distrito de Misiones y alcanzar
d no Uruguay, v1a de salida no bloqueada al exterior.

Estas medidas, referidas al metálico y el intento de bloquear la salida
de los mismos, están englobadas en el programa económico que la Dictadura implementó. En particular respecto al comercio exterior expresa:

La situación de conflicto entre Corrientes y Asunción data de 1810:
cuando la convocatoria de la Junta de Buenos Aires fue acatada por Corrientes mientras que Asunción continuaba su lucha frente a la supremacía portefta. La Junta ordenó a las autoridades correntinas que interrumpieran todo comercio y correspondencia con el Paraguay.

El tráfico en nuestras respectivas Fronteras será acaso limitado en
sus principios por la dificultad de los transportes, y por las distancias al interior p. a. el surtimiento de los artículos, frutos y

LI)! aflos 1811 y 1812 estuvieron mareados por una tregua armada,
sin grandes hostilidades reales. Sin embargo, respondiendo a las órdenes de

�128 Siglo XIX

A reces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

129

Buenos Aires, el teniente gobernador de Corrientes estableció un bloqueo:
capturó los buques paraguayos que iban en tránsito hacia el sur y se impusieron nuevos y altos impuestos a los productos paraguayos en los mercados rioplatenses ( de todas maneras, a través del contrabando, se mantuvo
una relativa comunicación).

amenaza para el Paraguay. Se ordenó entonces desmantelar Santa Ana y
las patrullas paraguayas capturaron a Bonpland, hecho que tuvo gran repercusión. Bonpland fue obligado a permanecer en el Paraguay nueve años,
durante los cuales montó establecimientos rurales, se dedicó a la agricultura y a la fabricación de medicamentos y dulces.

Uno de los problemas más difíciles de resolver era determinar a
quién pertenecía el departamento de Candelaria. Durante la época colonial había dependido de Asunción. Sus pueblos formaron parte de las Misiones del Paraguay que, a partir de 1810, se consideraron integrantes de
Corrientes. El tratado del 12 de octubre de 1811 había dejado sin resolver los límites entre Corrientes y Paraguay y en misiones diplomáticas pos37
teriores esta cuestión no llegó siquiera a plantearse.

Cuando había preparado una buena provisión, partía cada ocho
días del lugar de mi residencia para Itapúa, acompañado de un
carguero, llegado a esta pequeña villa, alquilaba una pieza y exponía allí mi mercadería. También establecí una fábrica de aguardientes y licores; en fin tuve un taller de carpintería y un aserradero, que no solamente me sirvieron para la explotación de mi donúnio sino que me procuraron algunos recursos pecuniarios.40

Todavía en 1831, el doctor Francia continuaba reafirmando el dominio paraguayo sobre el distrito misionero:
... aún se les puede decir que a más de otras razones, Velazco
último Gobernador Europeo del Paraguay era al mismo tiempo
Gobernador de Misiones hasta Yapeyú, y la Cruz, porque Misiones ha sido siempre un Gobierno político y militar distinto del de
Buenos Aires, y que si van a Buenos Aires, digan por allá que
los paraguayos conociendo que se le quiere estorbar su comercio,
están dispuestos a destruir y desbaratar cualquier establecimiento
en esos lugares. 38
La aparición y constante incf!'mento del comercio brasileño por Itapúa,
cruzando el castigado departamento de Candelaria, hizo que patrullas paraguayas entraran desde 1821 en ese territorio para asegurar la ruta comer•
cial. El gobierno paraguayo tenía sobrados motivos para defender a toda
costa Misiones. A este respecto Francia decía que debía impedirse que los
enemigos sacasen la yerba "para sostenerse y criar fuerzas contra el Paraguay", y que la República -consultando su propia seguridad y tranquilidad- debía dominar hasta el río Uruguay.39
Un intruso famoso, Aimé Jacques Bonpland, naturalista francés, con
el apoyo de Francisco Ramfrez y habiendo recibido una concesión del gobierno entrerriano, puso en marcha en Santa Ana una empresa yerbatera.
Esta instalación fue considerada por el Dictador como amenazante para los
intereses paraguayos por su cercanía a Itapúa. Temía que se estableciese
allí una hase de operaciones que permitiese la invasión de los ejércitos de
Ramírez, conociendo la relación que éste tenía con Bonplancl.
Luego de la derrota del entrerriano, el científico francés se alió con el
caudillo Nicolás Aripi, considerado también por el Dictador como una

El incremento del comercio hizo que el doctór Francia adoptara la medida de ocupar Candelaria por la fuena, y comenzaron los trabajos de construcción del fuerte San José sobre el río Paraná. En 1832, una expedición
de aproximadamente un mes de duración apresó a toda la gente sospechosa y estas acciones preocuparon a los correntinos que las consideraban como una invasión a su territorio. La guerra entre Paraguay y Corrientes no.
se declaró en 1832, porque esta provincia no encontró en las otras del litoral argentino el apoyo necesario para iniciar la lucha. 41 La Dictadura estableció guarniciones al sur del Paraná, envió patrullas y expediciones regulares por las rutas comerciales y por los ríos con la orden de aprehender a
toda persona que anduviese sin licencia. De esa manera mantuvo el control
,obre Candelaria.
Entre 1831 y 1832, patrullas correntinas, partiditas y algunas emboscadas, irrumpen en el área. Francia insiste en qur. los terrenos entre el
Aguapei y el Uruguay, incluso las poblaciones de Yapeyú y La Cruz, pertenecen al Paraguay.42 En octubre de 1832, Ferré declara la guerra, tropas
correntinas ocupan Candelaria y la guarnición paraguaya se retira sin luchar. A pesar de las fuertes recriminaciones a sus oficiales, Francia no ordena una decidida ofensiva para reconquistar Candelaria, sino que se limita
a proteger el tráfico comercial:
El fin es proteger el pasaje de hacienda, para lo que basta que la
tropa se mantenga en alguna de las dos picadas, de las que se me
informara cual será la más aparente, supuesto que en cualquiera
de ellas pueden alojarse en tiendas, y barracas aunque sean .doscientos hombres. Ni hay necesidad de tanta gente, y mucho menos de andar con Artillería lo que sería una faena bien escusada.
Tampoco es preciso meterse en el monte, que será intolerable de
sabandijas, y la emboscada puede hacerse cuando bien se proporcione. Un oficial, o sargento, que supiese portarse con cincuenta
fusileros, era muy suficiente para ahuyentar a esos salvajes, que en

�130

SigloXIX

percibiendo haver tropa, ninguno se acercaría a tiro.- Lo que
estoy previendo es, que de resulta se a~arán y ya no andarán
con confianza lo que trastorna mis planes.
El tono y contenido de este oficio se repite en las distintas comunicaciones de Francia al delegado de Itapúa en estos años. Durante los enfrentamientos, el Paraguay ordenó abandonar el campamento de Salto y cerró
las tranqueras de Loreto y San Miguel, lo que obligó a arrear el ganado a la
banda occidental. Entre 1832 y 1834 se produjeron continuos enfrentamientos. La provincia de Corrientes dominó transitoriamente Candelaria,
explotó sus yerbales y estableció puertos sobre el rÍo Uruguay al sur de
San Borja. En los años finales de la Dictadura, el Paraguay ejerce progresivamente el control: es intensa la activiaad militar de tipo defensivo.
La consideración de Itapúa como centro nodal de esta zona de opera•
ciones, reforzada con otros fuertes, guardias y fortale'las, hace de esta villa
sede de una importante concentración de efectivos militares. En 1832, año
de auge del comercio por Itapúa y de recrudecimiento de la ofensiva correntina, se encuentran destacados en ltapúa "133 individuos entre soldados y Tambores de las dos Compañías de Cavallería y troeo de fusileros,
44
18 Cabos, 5 Sargentos y 3 Sub-tenientes", sin tener en cuenta que en
los otros puestos, fuertes y guardias existentes en el distrito se encuentran
igualmente destacadas otras guarniciones militares.
En otros documentos se habla de escoltar a los comerciantes con
45
250 hombres. Y en distintos oficios, el mismo Dictador llega a fantasear con un ejército de 4 000 hombres que se concentraría en Pilar para
asaltar a Corrientes.46 No se tiene conocimiento exacto del total de efectivos: como una medida de seguridad, las cifras exactas sólo eran conocidas por el Dictador y su tesorero.
De todas maneras las fuerzas armadas llegaron a constituir el sector
más importan te y costoso de los egresos de la Tesorería. R A. White,
contabilizando los sueldos anotados en los Libros Manuales de la Tesorería General, calcula para 1828 un total de 1 167 efectivos distribuidos entre 5 compañías de carabineros, 4 de granaderos a caballo, 3 de infantería,
3 de caballería y 2 de artiUería; y, en 1837 un total de 1 760 organizados en
4 compaf\Ías de infantería, 4 carabineros, 4 de caballería, 3 de lanceros, 3
de granaderos, 1 de artillería y 1 banda militar.4 7
Dicho historiador considera como promedio válido un poco más de
1 200 soldados incorporados durante todo el período del gobierno de
Francia,48 núentras que Andrada estima 3 000 hombres en servicio con una
reserva de algunos miles de Urbanos considerados como la continuación de
las antiguas milicias. 49

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

131

La milicia colonial había llegado a la revolución controlada por las
clases propietarias, y es esta milicia proveniente de las encumbradas familias terratenientes la que es decapitada por Francia, quien depura y
controla el cuerpo de oficiales. Su gravitación política también tennina por
ser severamente limitada, aunque sólo luego de un complejo proceso entre
1810 y 1816, fecha del último Congreso que otorga la perpetuidad a la
Dictadura y donde los militares ya no tienen peso político.
El reclutamiento se realizaba entre los hombres más fuertes de cada localidad, excluidos los de familias distinguidas; no por privilegio sino para
evitar su inclusión en las filas del ejército y, desde esos cuadros, tener la
posibilidad de organizar y fomentar alguna fuena de oposición a la Dictadura. La oficialidad estaba integrada por los .Comandantes de fuertes y
puestos, los Delegados jefes militares con amplia jurisdicción en sus respectivas delegaciones, y los Comandantes de Urbanos en sus respectivos partí•
dos.
La formación de esta oficialidad era precaria puesto que prácticamente
no recibían instrucción militar ni había escuela preparatoria alguna. No
existían rangos mayores a capitanes y tenientes y entre los mismos se realizaba una rotación periódica de los lugares de destino. Los ascensos eran
minucioSélÚlente estudiados, teniendo en cuenta principalmente la aptitud
y la adhesión a la causa de la República, aplicando severos castigos y reprimendas a los contraventores. Los sueldos de los militares eran superiores a
cualquier categoría burocrática, reteniéndose parte de ellos para alimentación y vestuario. Las Provisiones eran regularmente remitidas por el Estado
a los distintos cuarteles y provenían de las Estancias de la Patria.
Una gran diversidad de documentos muestra la preocupación de la
Dictadura por las fuenas armadas: desde el unifonne, :fijando las telas
correspondientes para las estaciones del año, y el alojamiento (estableciendo pautas para la construcción), hasta la salud de la tropa, que Jbozaba de
períodos de descanso sobre todo las establecidas en las fronteras.
Al no existir una Escuela de preparación militar, el Dictador ( que
ejercía las funciones de ministro de Guerra, comandante en Jefe y Auditor de Guerra) personalmente se encargaba de la instrucción, en particular de la caballería. En Asunción, el centro militar más importante seguido de Itapúa y Pilar, recibía los partes de los jefes de las distintas unidades y sin demoras resolvía sobre las distintas cuestiones que se le presentaban. A partir de 1819 un decreto del Dictador organiza los regimientos de Milicias de costa arriba y costa ahajo con sus presidios. 51 El doctor
Francia entendía que la renovación del ejército no era posible sin su modernización: buen equipamiento técnico y efectivas tácticas y estrategias.

...

�132

Siglo XIX

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

Este ejército, que mantuvo una posición defensiva en la conflictiva
frontera sur -juego político-rrúlitar frente a los correntinos de avances y
retrocesos, de emboscadas y partiditas-, logró asegurar las antiguas vías
de circulación del espacio misionero.

-

NOTAS

133

12.- Wisner de Morgenster, Enrique, El Dictador del Paraguay. Dr. José Gaspar
Rodríguez de Francia, Concordia, 1923, p. 123.
13.- Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (BNRJ) Colee. Río Branco, 1-30, 21, 86.
José Pedro César a José Norberto Ortellado, San Borja, lo. de febrero de 1823.
14.- BNRJ, Colee. Río Branco, 1-29, 23, 28. Ortelladoal Dictador. ltapúa 8 de mano
de 1823.
15.- ANA, Sección Historia (SH), 237, Decreto Supremo, 12 de septiembre de 1823.
16.- White, R. A., op. cit., pp. 246-252.

1.- Williams, John Hoyt, "La guerra no declarada entre el Paraguay y Corrientes" en
Estudios Paraguayos. Vol. 1, No. 1, Asunción, noviembre de 1973, pp. 35-43.

2.• Los derechos sobre el área misionera son afirmados en los oficios a Comandantes, que eran transmitidos a los comerciantes con licencia que frecuentaban la
zona sur.
3.- En territorio paraguayo: San Ignacio Guazú, Santa María de la Fe, Santa Rosa,
Santiago, San Cosme, Itapúa, Tónidad y Jesús. En la actual República Argentina: Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní, Corpus, San Carlos, San
José, Mártires, Concepción, Apóstoles, Santa María Mayor, San Javier, Santo
Tané, La Cruz y Yapeyú. Al este del río Uruguay, hoy en Brasil: San Borja,
San Nicolás, San Luis Gonzaga, San Miguel Arcángel, San Lorenzo, San Juan
Bautista y San Angel..
4.- White, Richard Alan, Paraguay's autorwmous Revolution. 1810-1840, University of New Mexico Press, Alburquerque, 1974, p. 26.
5.- Robertson, Juan P., y Guillermo P., La Argentina en la época de la Revolución. Cartas sobre el Paraguay comprendiendo la relación de una residencia de
cuatro años en esa República bajo el gobierrw del Dictador Francia, trad. y
prólogo de Carlos Aldao, La Cultura Argentina, Buenos Aires, 1920 pp. 67-64.

17.- Vázquez, José Antonio, El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos,
Eudeba, Buenos Aires, 1975, pp. 321-322.
18.- ANA, SH. 24J, 12. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 25 de octubre de 1832.
19.- ANA, SH, 241, 12. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 17 de marzo de 1832.
,¡

20.- ANA, SH, 241, 7. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 18 de junio de 1831.
21.- Anais do ltomaratí, cit., p. 245.
22.- ANA, NE, 3106. Orden de Francia, 28 de diciembre de 1825.
23.- ANA, SH, 240-2. Francia al Deleg. de ltapúa, 2 de octubre de 1829.
24.- ANA, SH, 241-12. Francia al Deleg. de Itapúa, 25 de octubre de 1832.-

25.- ANA, SH, 243-12. Francia al Deleg. de ltapúa, 27 de junio de 1838.

26.- ANA, SH, 241-7. Francia al Deleg. de ltapúa, 18 de junio de 1831.
27.- ANA, SH, 241-7, cit.

6.- Carta de Grandsir a Humboldt, Itapúa 10 de septiembre de 1824. En Pérez
Acosta, "Juan F. Francia y Bonpland" Instituto de Investigaciones Históricas,
No. LXXIX, Buenos Aires, 1942.
7.- Anais do ltamaratí, t. 111, introducción de Aurelio Porto, Río de Janeiro, 1938,
p. 247.

28,- ANA, SH, 240. Decreto del 11 de mano de 1829 y Oficio de Francia al Delegado de ltapúa, junio de 1829; BNRJ, Cuaderno de Autos Supremos, 17-2-8, pp.
3841. Decreto 4 de noviembre de 1825.
29 .- ANA, NE, 2561. Oficio de Francia aJ Subdelegado de Santiago, 17 de junio de
1824.

8.- Robertson, op. cit., p. 65.
30.- Whlte, R. A., op. cit., en base al cuadro de p. 145.
9.- Andrada e Silva, Raúl, Ensaio sobre a Dictadura do Paraguay, 1814-1840.
Universidad de Sao Pablo, Fundo de Pesquisa do Museu Paulista, Sao Pablo,
1978,pp. 217 y 220.

31.- ANA, SH, 218. Decreto de la Junta, 7 de julio de 1812.
ANA, SH, 223.-4. Decreto del Dictador, 13 de noviembre de 1814.

10.- Archivo Nacional de Asunción (ANA), Nueva Encuadernación (NE). 3111.
Auto de Francia,27 dejuniode 1827.
11.- White, R. A., op. cit., p. 108.

ANA, SH, 226. Decreto del Dictador, 8 de septiembre de 1816.
32.- ANA, SH, 237-10. Decreto 4 de noviembre de 1825.
33.- ANA, SH, 240-2. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 9 de febrero de 1829.

�134 Siglo XIX
34.- ANA, SH, 240-2. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 17 de junio de 1829.

Espacios Coloniales y Economías
Nacionales: Bolivia y el Norte Argentino
(1810-1930)

35.- BNRJ, Colección Río Branco, 1-29-23-28. Francia a Norberto Ortellado febrero
de 182;:3, en Justo_ Pastor Benítez, La Vida Solitaria del Dr. J. G. de F,;ncia F1
Ateneo, Buenos Aires, 1937, pp. 254-255.
'

36.- ANA, NE. 3107. Oficio del Dictador al Cte. de Pilar, 16 de noviembre de 1825.
37.- Archivo General dela Nación Aigentina (AGNA), Leg. X.1-9-12; Leg. X. 1-9-13.

Erick D. Langer*

38.- ANA, S. A. 241-7. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 30 de diciembre de
1831.
39.- BNRJ, Col. R. Branco oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 3 de febrero de
1822.
40.- Louis Adolphe Brunel,Biographie de Aimé Bonpland Pari's, 1871 pp 84-85
A t v
.
Bonpland, cit. p. 43.
•
, .
, en
J• »e'
e, rez cos a, rranc,a y
4 1.- Willi~s, John N., "La guerra no declarada entre Paraguay y Corrientes" en
Estudws Paraguayo,, Vol 1, No. 1, Asunción, noviembre de 1973, pp. 3543.
42.- ANA, SH, 241, 12- Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 14 de agosto de
1832 Y 28 de octubre de 1832.
43.- ANA, SH, 241-7. Francia al Delegado de ltapúa, 27 de febrero de 1833.
44.- ANA, SH, 241-12. Orden de Francia. 17 de marzo de 1832.
45.- Ver Supra.
46.- ANA,_ SH, 241-12-Francia al Delegado de Itapúa. 25 de octubre de 1832;
Francia del Delegado de ltapúa, 28 de octubre de 1832.
47 .- Wbite. R A., op. cit., apéndice, pp. 259-261.48.- White RA., op. cit., Y_ol. DI, No. 2, diciembre de 1975, p. 120. Rengger, Juan
J., ~ongc~p, ~arcelmo, Ensayo hútórico ,obre la Revolución del Paraguay y
go_bierno dictatorial del Doctor Francia, Imprenta y librería de Mayo Buenos
Arres, 1883, p. 148.
'
49.- Andrada e Silva, Raúl de, op. cit., p. 184.
50.- ANA, ~H, 243. 12. Oficios de Francia, 14 de noviembre. 22 de noviembre y 29
de noVJembre de 1838.
51.- ANA, SH, 229-9. Decreto de Francia, 13 de marzo de 1819.

Para la mayoría de los historiadores latinoamericanos, el siglo XJX representa un período durante el cual las repúblicas recién establecidas se consolidaron como naciones, aunque este proceso fue en ocasiones difícil y
soportó intensas disputas internas y el nacimiento del caudillismo divisivo. No obstante, los historiadores tradicionales que han tratado temas
políticos del siglo XIX aceptaron implícitamente a la nación como unidad
apropiada de análisis. Los pocos historiadores económicos que han escrito sobre el siglo XIX (a menudo como "antecedente" de temas del siglo
XX) han aceptado generalmente a las fronteras de los nuevos países como
límites económicos viables. Hasta cierto punto este enfoque fue impuesto
por las fuentes disponibles y el aumento de las economías de exportación
ligadas al comercio británico. Obviamente, el comercio con Europa dependía en gran parte de las políticas seguidas por los nuevos gobiernos latinoamericanos, haciendo factible un análisis basado en las unidades nacionales.
Durante los últimos quince años, en la medida que los historiadores

han empezado a descubrir y usar los abundantes recursos documentales de
las regiones fuera de las ciudades capitales, se ha hecho aparente que el comercio regional era mucho más importante de lo que indicarían los registros en las capitales nacionales. Aunque muchos de estos nuevos estudios
se concentraron con frecuencia precisamente en sus propias regiones particulares, se tomó visible que el comercio interno conservó su importancia.
Este intercambio incluía el comercio dentro de los límites nacionales,
así como el comercio entre los países latinoamericanos basado frecuentemente en patrones coloniales. Por supuesto, el comercio interno y los mercados eran más importantes lejos de las ái-eas costeras a las que los comer•
ciantes británicos poaían llegar con faciliélad. Sin embargo, estas regiones
*Departamento de Historia, Carnegie-Mellon Univeuity (Pittsburgh, USA). Traducción de Laura Gorena M. y Guadalupe Almaguer S.

·11'

�136 Siglo XIX
no costeras representaban áreas sumamente importantes en donde vivía
la mayor parte de la población latinoamericana en la primera mitad del
siglo después de la independencia, como en el centro de México y la región
andina.
Para mostrar la dinámica de los mercados internos durante el siglo
XIX este estudio examina el comercio en la región central de los Andes,
donde se incluye al sur del Perú, Bolivia y la parte norte de Argentina.
Aunque se enfoca en los primeros cincuenta años después del establecimiento de las nuevas repúblicas y especialmente en Bolivia, el centro económico de la región durante el período colonial, la hipótesis es que, a través de la óptica de las relaciones comerciales, es necesario ubicar la consolidación económica de los estados latinoamericanos hacia la década de
1930.
Queda mucho por hacer al respecto para esclarecer los puntos espe~íficos y lo que aquí se incluye es un bosquejo basado e~ gr~ p~rte_ en mfonnación secundaria así como en algunas fuentes pnmanas. Sm embargo de esta evaluación tentativa es posible discernir ciertas tendenci~
generales. Durante el período que se extiende desde la Independencia
hasta la división de la región en sus respectivas economías nacionales en la
década de 1930, se manifiestan cuatro etapas en las relaciones comerciales
entre Bolivia y el norte de Argentina. Desde luego, esta periodización es
sólo aproximada: las fechas proporcionadas son, en el mejor de los casos,
preliminares ya que el proceso del cambio económico varió de un área a
otra.
La primera etapa, de 1810 a 1825, abarcó los trastornos de las luch,as
por la independencia. Durante la segunda fase, de 1825 a 1860, el patron
comercial colonial siguió siendo débil pero permaneció intacto en su mayor parte. El período de 1860 a 1890 fué de transición: mientras que 1~
econ~mía de extracción de plata boliviana disfrutó de un breve resurgimiento y hasta cierto punto fortaleció al comercio interno, se desarrollaron tendencias centrífugas que con el tiempo provocaron la desintegración
de la red colonial. En la última fase, de 1890 a 1930, la floreciente economía argentina llenó el vacío comercial que dejó el declive abrupto de la
economía basada en la extracción de plata en la región sudeste de Bolivia. Sólo durante la Gran Depresión y la Guerra del Chaco (1932-1935),
la región se dividió en economías particulares siguiend~ en ~n part~ las
fronteras políticas nacionales a la vez.que los estados nnpoman ":'e~das
proteccionistas y se fortalecían en general al tratar asuntos econom1cos.

E. Langer-: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

137

rante la mayor parte del período colonial el motor de la economía sudameric~na española. Como ha demostrado Carlos Sempat Assadourian,
el funcwnamiento de las minas de Potosí requirió la creación de una extensa red comercial que abarcaba casi todo el continente y era alimen~da por_ la circulación interna de la plata extraída de las mina8 para pagar
bienes diversos, como telas baratas, mulas, ganado, trigo, coca, yerba mate y otros bienes necesarios que no eran proporcionados por España.2 La
demanda de productos provenía tanto de las regiones mineras como de la
ciudad de Potosí, la que durante el siglo XVllalcanzó un total de 160 000
habitantes.
Es evidente que la importancia de otros centros comerciales aumentó
al declinar la productividad de Potosí en la segunda mitad del siglo XVII.
Uno de los casos más nótables fue el desarrollo impresionante de Buenos
Aires durante el siglo XVID, lo que en 1776 obligó a la Corona Española a
separar Bolivia (llamada Alto Perú en el período colonial) y lo que ahora
es Argentina, Paraguay y Uruguay del antiguo virreinato de Lima. La floreciente ciudad de Buenos Aires se convirtió en la capital del nuevo virreinato. Sin embargo, la intensa presión ejercida por los comerciantes limeños
para que la Corona devolviera a Lima la jurisdicción del Alto Perú, demuestra que la región platera de Potosí siguió siendo un importante centro económico que los peruanos no estaban dispuestos a perder. 3
En vísperas de la independencia, a pesar de la disminución de la producción de plata, Alto Perú permaneció como uno de los mercados más
importantes de Sudamérica. Con un millón de habitantes, contenía aproximadamente el doble de la población de la futura nación dr Argentina.4
No obstante que una cantidad importante dr residentes del Alto Perú
eran indios comunitarios, autosuficientes en sus necesidades, P.staban más
atados a la economía mercantil a través de la necesidad de pagar tributo
y la mita (tributo pagado principalmente en plata, no en mano de obra)
que i;ná~ adelante e~, el siglo XIX. 5 Como resultado, d antiguo "espacio
econom,co peruano tomando la frase de Assadourian, con Potosí como su centro, mantuvo su atracción como un mercado importante a pesar del flujo de_ plata a través del pu~rto de Buenos Aires. Las regiones que
rodeaban las minas de plata dependian todavía de esos mercados. Eso sucedía especialmente en el mismo Alto Perú y en las provincias norteñas de
la actual Argentina: Catamarca, Santiago del Estero Tucumán Salta
Jujuy y parte de Córdoba. 6
'
'
'
EL PERIODO DE LA INDEPENDENCIA.1810-1825

EL LEGADO COLONIAL
El caso de Bolivia resulta especialmente ilustrativo, puesto que tas minas de
plata de Potosí, localizadas en la región central sur del país, fueron du-

La larga guerra civil de quince años que acompañó a las luchas por la independencia afectó seriamente a los patrones del comercio colonial. Esto
sucedió particularmente en la región que comprende el norte de Argentina

�138

Siglo XIX

y Bolivia. Aunque Alto Perú pertenecía al virreinato de la Plata, los patriotas en Buenos Aires no lograban apoderarse de esa región. En cambio, las
incursiones de las fuerzas argentinas semejaban las acciones de las fuerzas
realistas: ambas vaciaban la Casa de la Moneda en Potosí de todo el metálico que ésta había acumulado. La falta de seguridad y la fuga constante de
recursos durante la guerra obstaculizaron la extracción a gran escala de
minerales; los pozos mineros fueron inundados y sólo mineros a pequeña
escala, con frecuencia indios, explotaban los residuos de minerales. Como
resultado, el mercado minero, que había mostrado cierto repunte durante
los últimos años del régimen colonial, decayó significativamente.
La capacidad productiva de las regiones que tradicionalmente abastecían a las minas en Potosí fue arrasada durante las guerras de independencia. ~n la provincia de Cinti, una área que suministraba vino, aguardiente y fruta· a los mercado adyacentes de las tierras altas, los lados
contrarios en la larga contienda guerrillera destruyeron los viñedos, confiscaron el ganado, y saquearon las casas de hacienda. Los peones de las
haciendas huyeron hacia la frontera, a las junglas de las tierras bajas en
donde los guerreros chiriguanos recapturaron sus tierras ancestrales en posesión de las misiones españolas y los pocos soldados realistas apostados
allí.7 La destrucción masiva de la base agrícola se generalizó en todo Alto
Perú, que no se independizó sino hasta 1825.
Las provincias del norte de Argentina se vieron igualmente afectadas.
Jujuy y Salta, por ejemplo, sufrieron repetidas veces las invasiones de las
tropas españolas entre 1812 y 1822; el "sistema Güemes," que mantenía
abastecido al ejército gaucho patriota, se nutría de las fuertes extorsiones a
los grandes terratenientes y comerciantes, precisamente quienes dependían
de las conexiones con los mercados del Alto Perú para mantener sus posiciones financieras, relaciones ahora difíciles de mantener debido a la guerra
y a la pérdida constante de capital otorgado a los caudillos patriotas. Martín de Güemes, líder militar de la revolución en el norte, con conocimiento
de causa, afirmó que "esta provincia por todos sus aspectos no me repre8
senta más que un semblante de miseria, de lágrimas y agonía."
A pesar de estos problemas, el comercio continuó, i~cluso a través de
las líneas enemigas. Los circuitos comerciales coloniales, que unían al
norte de Argentina con Bolivia, permanecieron intactos porque en realidad no había alternativa. Además, indudablemente los comerciantes veían
grandes oportunidades de lucro a pesar de los altos riesgos durante el conflicto. Existen pruebas suficientes que confirman que el comercio continuó
y que de hecho era pennitido. Por ejemplo, un comerciante de Santiago
del Estero en 1820 cuya mercancía textil estaba destinada a Tupiza (en
Alto Perú) y presumiblemente hacia regiones al norte, la perdió en el sa-

E. Lariger: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

139

queo de Salta de ese año. Además, los altos oficiales del gobierno patriota
no prohibieron el comercio con el Alto Perú durante la lucha, solamente lo
gravaban con impuestos más altos. Sólo se prohibió la venta de mulas a AJ.
to Perú debido a su valor militar, aunque incluso é'stas penetraron en grandes cantidades a los territorios en posesión de los realistas. En 1823 las
autoridades de Salta permitieron la entrada de casi 3 000 mulas a las regiones controladas por los españoles. Esto se sumaba al probable contrabando
masivo de estos animales con los enemigos realistas.9
La evidencia sugiere que el intercambio entre el Bajo Perú (El Perú
actual) y P_o tosí revivió durante las luchas por la independencia a costa
del _comercio con _las provincias argentinas, mientras que las tierras altas
andinas perma~e~1~ en ~anos de los r~listas. El viajero inglés Joscph
Pe~tland, que visito Potosi un año despues de la victoria de los rrvolucionanos, estimó que el comercio con Perú era mucho más importan~ que
con las provincias bajo el gobierno de Buenos Aires. Este retroceso de los
patrones de finales del siglo XVIII, de los que Perú había sido excluído,
ocurrió mucho antes de que se diera la independencia final en 1825. Entre la producción peruana se incluía algodón para la fabricación de tela
en Cochahamha, vinos y aguardiente de Moqur,gua y Tambo, así como lana
de Cuzco, Puno, y otros puntos en las tierras altas del sur de Perú. 1º De
esta manera perduraron los antiguos circuitos comerciales, aún cuando las
guerras de independencia representaron una gran desorganización en el
comercio y casi con certeza los trastornos sociales y económicos más graves del siglo XIX. De hecho, la separación de las provincias argentinas del
Alto Perú, la ocupación de la costa del Pacífico por las fuerzas patriotas de
San Martín, y la integración efímera de las tierras altas peruanas y bolivianas bajo las fuerzas realistas ayudó a la restauración de la mitad norte del
"espacio económico peruano" que había desaparecido cuando en 1776 la
C_orona Española había prohibido el comercio entre Alto Perú y Bajo Peru.

CONSERV ACION POR ABANDONO. 1826-1860
Sin embargo, la descripción del comercio en Potosí realizada por Joseph
Pentland subrayaba el declive del comercio interregional como resultado
de la acometida de los textiles ingleses, que estaban desplazando a los
productores tradicionales. Por esta razón, afirmaba Pentland, el comercio
~n~ Argentina y Bolivia había disminuído considerablemente. El viajero
tngles colocaba esto dentro del contexto de la producción de plata que era
extremadamente débil después de la independencia. Los tejidos de Cochahan1ba y Mojos, la única exportación importante de Bolivia a la Argentina
(después del comercio de la plata suspendido temporalmente), no podían
competir con las telas que los comerciantes británicos volcaban en América

�140

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

Siglo XIX

141

del Sur. Esto significaba que los bolivianos no podían vender sus productos
de exportación y obtener el capital suficiente para comprar mulas y caballos en la Rioja y Tucumán, uno de los pocos intercambios todavía existentes entre los dos países. 11 Por supuesto, tampoco facilitaba las cosas el
impuesto del 40°/o que las autoridades bolivianas exigían en 1827 a todos
los productos argenlinos; es probable que esta medida haya aumentado el
contrabando de manera considerable, poniendo en duda las cifras aduaneras como fuente.

poco más de 30 000 pesos, mientras que los productos importados de Argentina y Perú hacia Potosí eran valorados en
poco menos de los
10 000 pesos. En 1841 la situación era aún todavía peor, si nos confiamos
en los registros aduaneros de Potosí. Mientras que el valor de la categoría
"efectos de ultramar'' se ~antenía constante alrededor de 800 000 pesos,
los productos de otras regiones del interior de Bolivia habían declinado a
8 500 pesos las importaciones de Argentina y Perú a un poco más de los
3 000 pesos. 4

Los ingleses también se interesaron brevemente en las minas de, plata
de Potosí pero no lograron llegar más allá de una actividad especulativa.
Desafortunadamente para los que esperaban que los ingleses invirtieran
grandes cantidades en las minas de plata, la quiebra de la bolsa de valores
londinense en 1825, tras la independencia boliviana, dió fin a esta oportunidad. Aparentemente una compañía, _la Asociación Minera Peruana de
Potosí y La Paz, acumuló un capital de un millón de libras esterlinas; sin
embargo, sólo se invirtieron 80 000 en maquinaria y otros bienes. La
compañía quebró después de ciertas dificultades. De allí en adelante, la industria minera boliviana no dispuso de fuentes importantes de capital extranjero hasta la segunda mitad del siglo XIX. Los capitalistas locales continuaron la obra que los ingleses abandonaron; para finales de la década de
1820 los inversionistas locales, prin~ipalmente las antiguas familias involucradas en la minería durante el período colonial, empezaron a invertir sumas importantes en la rehabilitación de las minas, aun1ue estas empresas
1
seguían experimentando una escasez general de capital.

Estas cifras, aunque valiosas, son engañosas por varias razones.
En primer lugar, los artículos de lujo obviamente son más costosos
que las mercancías producidas localmente y para un mercado más amplio.
En _s~ndo luga~, en 1841 las importaciones aumentaron pues el gobierno
hoh~ano levanto breve~ente las restricciones sobre las importaciones extranJeras. Lo que es mas importante, los registros aduaneros subestiman
gravemente al comercio interno. Mientras que todas las mercancías importadas de Europa e_r~n gravada~, esto ?º suc~día con los artículos producidos, dentro de_ Bol1V1a o los pa1ses vecmos. Solo las bebidas alcohólicas aparec1an e~ las hsta_s de los productos domésticos bajo impuesto. De Argentina Y Peru, telas, Jabones y el alcohol pasaban la revisión del agente aduanero. De ~ta m_a~era, no existe información sobre algunos de los renglones
de comerc1? mas unportantes, como el trigo, las telas y el ganado domésticos. Del mismo modo,
en el norte de Argentina
por lo menos, las p·1c1es,
.
_
las mulas y otro tipo de ganado eran probablemente artículos mercantiles
mucho más importantes que los que eran gravados.

La expansión de los tejidos y el capital ingleses en las tierras altas andinas demostró ser de corta duración. Se hizo evidente para finales de la
década de 1820 que las oportunidades mercantiles se mantenían restringidas para los fabricantes europeos. La industria minera no revivió hasta el
punto anticipado por los especuladores británicos, haciendo a esta área
menos atractiva de lo que esperaban. Los productos importados continuaron llegando, pero eran canalizados principalmente a través de un puerto,
Cobija (también llamado La Mar), y es probable que se limitaran a artículos de lujo. Desafortunadamente los registros aduaneros disponibles con
frecuencia no especifican el producto preciso; y cuando lo hacen, aparecen en los registros artículos como "una docena de teteras y media arroba
13
de coñac", artículos difícilmente considerados de consumo popular.

?tras evidencias sugieren que hasta la década de 1860 el sistema comercial con hase ~n Potosí? q~e incluía_!ª mayor parte del sur de Perú y
el norte de Argentina, contmuo manteruendose más o menos intacto. Esto
lo sugiere la observación de Joseph Pentland de que la feria en las tierras
altas holivian_as en Paria (O~ro) co?tinuaba abasteciendo grandes cantidad_es de algodon peruano a la mdustna textil de Cochabamba. En 1826 por
eJemplo, Pentland calculó que los habitantes de Cochabamha compr~ron
8 O~ cargas ~e algo~ón, co~ un valor de $600 000. Hasta cierto punto esta cifra desm1e?te la rmpres1~n que Pentland, quien tenía interés en exagerar l~s opo~mdade~ comerc1ales británicas, intentó crear con respecto aJ
d_e,chve de la mdu~!X'ª te~til local. Lo mismo se puede argumentar en relac1on a la prod_ucc1on de VInos la cual reconoció el viajero inglés al referirse
a los terrateruentes de Cinti: "produce... en abundancia una industria
que se incrementa a diario",16
'

Al calcular el valor de los diferentes tipos de mercancías, se tiene la
impresión de que las mercancías importadas de Europa superaban al comercio local. Por ejemplo, de acuerdo a los registros aduaneros de 1839 la
importación de "efectos de ultra.mar" en Potosí excedía los 800 000 pesos. Las mercancías de las regiones del interior de Bolivia sólo sumaban un

l

Asim_ismo, durante la primera mi~d del siglo XIX, el comercio de granos, particularmente el tngo y el ma1z, provenía exclusivamente de los
productores locales, incluyendo Cochabamba, el norte de Potosí y Chu-

�142 Siglo XIX
quisaca. Lo interesante son los métodos diferentes de producción que se
utilizaban en cada región para abastecer de granos a los mercados de las
tierras altas. En Chuquisaca, las haciendas de la añeja aristocracia minera y terrateniente abastecían a "las provincias más frías" con trigo
y maíz. A su vez, los pequeños productores de Cochabamba cultivaban y
vendían granos a los mercados de las tierras altas como consecuencia de la
desintegración de las haciendas durante el siglo XVIII cuando se redujo el
mercado minero. El valle de Cochabamha, el granero tradicional boliviano
desde el siglo XVI, con toda probabilidad abastecía la mayor parte de los
productos agrícolas, el maíz en particular. Las comunidades indígenas del
norte de Potosí, que rodeaban a algunas de las minas de plata más importantes, abastecían también cantidades importantes de trigo no sólo a los
pueblos mineros, sino incluso a las demás regiones del altiplano del sur de
Perú. Tristan Platt supone que los caciques indígenas dominaron este comercio, práctica que se remonta al período colonial.16
José María Dalence, cuyo Bosquejo estadístico &lt;k Bolivia, escrito en
1846, es la fuente publicada más importante sobre la condición económica
del país a mediados del siglo XIX, consideraba que el valor del comercio
interior superaba al comercio extranjero por casi seis veces. Aunque Dalence podía haber exagerado un poco, puesto que era un partidario del grupo
dentro de las élites b9livianas que apoyaban las medidas proteccionistas
para los productores locales, sus meticulosas recopilaciones siguen siendo
recordatorios apremiantes y sugerentes de la importancia contínua de los
circuitos comerciales que se concentraban ~n las regiones mineras de plata.17

-.

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

143

cer brevemente la Confederación peruano-boliviana (1835-39) y también
intentó incorporar a las provincias de la parte más septentrional de Argentina a la esfera boliviana mediante una anexión forzada. Explotó con habilidad los sentimientos separatistas en Jujuy en 1837, pero sus planes grandiosos se vieron frustrados cuando Chile ganó la guerra contra la Confederación en 1839 .19 La contienda sobre el contorno territorial de los nuevos
estados republicanos no disminuyó porque todavía en 1841 el caudillo peruano Agustín Gamarra invadió el altiplano boliviano con la intención de
unir nuevamente a Perú con Bolivia. La muerte de Gamarra en el campo
de batalla de lngavi ese mismo año destruyó todas las esperanzas de unificar los dos países.
Si la circulación de la plata potosina era el indicador principal de la
extensión del espacio económico peruano, como lo definió Carlos Sempat
Assadourian para el s~lo XVI, la influencia de las minas de plata bolivianas
debió habet sido enorme. Esta influencia abarcaba desde los departamentos de Tacna, Moquegua, Puno y Cuzco al sur de Perú hasta casi todo el interior de Argentina, desde d sector norte a Cuyo, cerca de la frontera de
Chile a la altura de Santiago. Cuando el gobierno argentino intentó imponer su papel moneda en 1854 prohibiendo la circulación de los pesos de
plata bolivianos, hubo disturbios en La Rioja, Córdoba y otras provincias.
En Tucumán así como más al norte, los comerciantes simplemente se negaron a aceptar la nueva moneda nacional.20

Como ha señalado Antonio Mitre, la visión de Dalence era hasta cierto punto estrecha, pues el definía el "comercio interior" a lo largo de los
límites nacionales en vez de tomar en cuenta la dependencia económica en
los mercados mineros bolivianos de regiones como el norte de Argentina y
el sur de Pení. El que Dalence no tomara esto en cuenta condujo quizá a
la eventual derrota en la segunda mitad del siglo XIX de los proteccionistas asociados con los productores, artesanos y ciertos grupos de terratenientes coloniales a manos de un grupo nuevo de mineros de plata y comerciantes de productos importados y exportados.18 Hay indicaciones que
durante este período el comercio entre el norte de Argentina y el sur de
Pení con Boliria siguió siendo fuerte y no existían aún mercados nacionales verdaderos, delineados por fronteras políticas.

De hecho, a pesar de los graves problemas que ocasionaba a los mineros de plata el uso creciente del gobierno boliviano de las monedas de pla!:a devaluadas, llamadas pesos febles, ayudó a mantener al antiguo espacio
económico. Las devaluaciones efectivas de la moneda encarecieron las
importaciones extranjeras, puesto que los comerciantes europeos sólo
aceptaban el valor intrínseco de la plata en las monedas. De esta manera,
los fabricantes y los productores agrícolas dentro de la región donde circulaba la moneda boliviana estaban protegidos de la competencia externa
hasta cierto punto en tanto dedicaron su producción a la compra dentro
de la región. Esto aparentemente provocó un intercambio comercial importante: como un observador de la época anotó, "la moneda feble acumulada en el Sur de Pení es la• que ha fomentado y desarrollado con una
rápidez inesperada las industrias que hoy dan tanta importancia a aquellos
departamenlos límilrofes ". 21

En realidad, durante la primera mitad del siglo XIX las propias fronteras políticas eran precarias en el mejor de los casos. Andrés de Santa
Cruz, presidente de Bolivia entre 1829 y 1839, por ejemplo, intentó unificar bajo su dominio la mayor parte del área andina central. Logró estable-

Antes de 1854 el gobierno de Buenos Aires ayudó y estimuló implí•
citamente fa dependencia del norte de Argentina con Bolivia porque no hizo nada por romper las numerosas baneras aduanales de las provincias que
con frecuencia hacía de las importaciones lejos de la costa prohibitivamen-

�144 Siglo XIX
te costosas, aun exceptuando los costos de transporte. 22 El caudiJlismo
que invadió a la política argentina, señal de una falta de centralización
política, ayudó a mantener antiguos patrones de comercio. Buenos Aires
no podía imponerse por completo en las provincias; aún si lo hacía mediante alianzas políticas y asesinatos, no era capaz de afectar de ninguna
manera a los patrones económicos debido a la debilidad inherente del modelo político caudillista.23
El comercio entre las provincias continuó a pesar de las numerosas barreras, y especialmente después de que la fuerza del comercio británico diminuyó en Ja década de 1830. Por ejemplo, Cuyo enviaba cantidades considerables de muJas y licores a Salta, que obviamente se encontraba todavía
bajó la influencia de la economía minera boliviana. A su vez, Salta pagaba
con la plata que adquiría de los productos vendidos en Bolivia, muchos de
los cuales provenían de las provin&lt;:ias argentinas. En cierto srntido Salta,
con su feria importante, servía de intermediario entre los mercados mineros de plata bolivianos y el interior de Argentina, además, en Argentina el
oro era especialmente codiciado y la mayoría de las «&gt;Xportaciones de oro
boüviano iban dirigidas a ese país en lugar de exportado directamentf" a
través de los puertos del Pacífico. 24 Hasta la década de 1860 Salta exportaba más mercancías hacia Bolivia, y de aU í a Perú, que a !as ciernas. provincias
argentinas. En comparación las importaciones europeas hacia Salta permanecieron en un nivel insignificante. Mientras que Bolivia no correspondía
con mucho más que coca y chocolatf" el antiguo patrón colonial de intercambiar mercancías por metálico debió continuar en este período. En
1851, por ejemplo, Salta exportó mercancías con un valor de 345 500
pesos a Bolivia y Perú, mientras que sólo vendió 258 300 pesos al resto de
Argentina. En la categoría anterior, 9 000 muJas, valoradas en 227 000 pesos, representaban claramente la exportación más importante. Las exportaciones a la segunda área consistían casi exclusivamente en oro y plata;
puesto que la mayor parte de estos metales preciosos provenía presumiblemente de Bolivia, esta es otra indicación del predominio de las conexiones
comerciales de Salta con el norte. En palabras de la Cámara de Comercio
Exterior de Salta en 1852, "~se dinero sencillo (boliviano) y onzas de oro
de todos los cuños es el qut&gt; el comercio de SaJta desparrama rn las provincias interiores de la Confederación por la carrrra de Buenos Aires y algún
tanto por la de Cuyo". A su Vt&gt;Z, Salta sólo compró el equivalente a
110 000 pesos de productos importados europeos.26
Aunque los detalles anteriores apoyan enérgicamente la persistencia
del espacio económico colonial ubicado en Potosí, no debe exagerarse la
importancia de la fuerza y el tamaño de este mercado interno. Tristan
Platt ha criticado correctamente el argumento historicista de muchos bolivianistas que veían los primeros años del siglo XIX meramente como un

E. Langer: Bolivia y el n-0rte argentino (I 810-1930)

145

preludio del dominio del modelo económico liberal en la segunda mitad
del mismo siglo. Platt asevera que el desarrollo de los mercados internos,
mediante la política de producción de pesos febles, representó una alternativa viable a la economía no intervencionista orientada a las exportaciones que las nuevas élites políticas impusieron en la década de 1870.26
A pesar de las cualidades atractivas de este argumento y su rectitud esencial para las primeras décadas después de la independencia, el mercado
interno que sobrevivió al período colonial tenía serias debilidades que provocaron su rápida desaparición en la segunda mitad del siglo XIX.
Tres problemas, la naturaleza de la demanda del mercado interno, el
papel de la plata como mercancía y moneda, y las políticas inciertas en
relación con las importaciones extranjeras son esenciales para comprender
la dinámica del cambio económico que abarcó a la región desde principios
de la década dt&gt; 1860. En priml'r lugar, los mercados mineros siguieron operando a pequeña escala en comparación con los períodos anteriores. Aunque hubo un pequeño auge en la producción de plata durante la década de
1840, muy pocos trabajadores regresaron a las minas. La ciudad de Potosí,
que había sido tradicionalmente el centro de la actividad minera, perdió
importancia respecto a las minas en las provincias del departamento de
Potosí. Esto estuvo estrechamentl' ligado ron la abolición, después de la independencia, de la mita qui" obligaba a la mano de obra minera india a trabaj;ir en las minas de Potosí. Aunque la producción de plata de las regiones
qut&gt; no tenían t'I beneficio de la mita impuesta por el gobierno prospt•ró
también durante el período colonial y de hecho, para los siglos XVII y
XVIII la mita se había convertido Pn otra exacción monetaria para los indios más que en un tributo laboral, el dinero que los propietarios de las
minas recibían para pagar a los trabajadores voluntarios o sencillamente para subsidiar a las empresas mineras de Potosí había tenido una gran importancia en la evolución del mercado minero de Potosí.27

U na vez desaparecido este impuesto excesivo, los campesinos que habitaban las comurúdades indígenas, la gran mayoría de la población rural
de la nación, volvían genf"ralmrntr a las ac·tividades de subsistrncia. Claro
que la exacción de los pagos tributarios no relacionados con la mita continuaron y representaron una gran fuente de ingresos para el estado durante casi todo el siglo XIX. 28 De igual manera, las exacciones tributarias continuaron estimulando la participación en el mercado de los miembros de
la comurúdad quienes tenían que adquirir dinero para pagar el impuesto
principal y explica la importante, ~~d_ucción de trigo en e! ~~ea domina~a
por el ayllu del norte de Potosi. No obstante, la aboltc1on de la mita
disminuyó significativamente la participación en el mercado de una gran
parte de la población dC"bido a la disminución de la demanda de efectivo
entre el campesinado autosuficiente. Esto sucedió junto con la desurbani-

�146

Siglo XIX

E. Langer: Bolivia y el ,wrte argentino (1810-1930)

147

zación de la región, tendencia que se inició en la segunda mitad del siglo
XVll. Para 1800 la población de la alguna vez poderosa Potosí oscilaba entre los 20 000 habitantes, de los 160 000 que eran en 1640. La disminución de la población urbana se estabilizó alrededor de 1800; después sólo
La Paz y, durante un corlo período Cochabamba, experimentaron un au30
mento en la población durante el siglo XIX.

sentó una fuga de la moneda de plata boliviana hacia la esfera de influencia
chilena.31 También debe tomarse en cuenta el grado de comercio en plata
con Buenos Aires y sus efectos pero resulta muy difícil su cuantificación
debido al uso de la moneda boliviana como divisa en los ámbitos del norte
de la Confederación y la importancia del conlrabando sin registrar hacia la
capilal argentina.32

En esencia, lo que había hecho al Alto Perú un mercado importante
en casi toda Sudamérica fue la monetarización de la economía regional debido a las intensas actividades mineras. La mayor parte de la comercialización de las actividades había sido impuesta por el gobierno colonial; una
vez que las parles principales de esta actividad coercitiva fueron abolidas
por la independencia, la demanda del mercado disminuyó correspondientemente. Esto, por supuesto, no niega el hecho que incluso las poblaciones
rurales autosuficientes participaban en el mercado. La disminución en las
actividades comerciales en la región durante el siglo XIX debe verse como
una baja de niveles anormalmente altos a niveles más "nonnales" compatibles con la gran población campesina de la región.

Las políticas del gobierno lampoco eran consistentes. Aunque, como
Tihor Wittman ha señalado, existió un debate progresivo sobre la promoción de las importaciones/exportaciones o el comercio interno, incluso los
líderes que parecían favorecer a los productos locales, como Andrés de
Santa Cruz, tenían políticas contradictorias. Aún cuando Santa Cruz ponía en circulación pesos febles, por lo menos al principio, con la justificación de que deseaba proporcionar el dinero suficiente para la demanda interna, también fue uno de los principales promotores del puerto de Cobija
en el Pacífico el cual, gracias a políticas ara_ncelarias favorables, funcionaba
como un punto importante de entrada para los efectos de ultramar que
contribuyó a la ruina de las manufacturas locales. Quizás sólo Manuel Belzú (1848-1855) permaneció fiel a sus aliados artesanos, pero para entonces
ya se había hecho mucho daño. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, incluso el grupo proteccionista definió su posición en líneas puramente nacionalistas, y no logró comprender la importancia de sostener
los lazos de las porciones complementarias de las cercanas Argentina y Pero que mantenían la autosuficiencia del mercado interior. 33

Otro problema se relacionaba con el papel de la plata como mercancía y como moneda. Al principio los pesos febles servían como moneda
en el mercado interno mientras que el gobierno producía pesos fuertes
para exportación. Este sistema, sin embargo, se desintegró cuando el gobie1no aumentó la producción de pesos febles a costa de la acuñación intrínsecamente más valiosa. Esto obligó a los comf'rciantes importadores/
exportadores a aceptar pesos febles, provocando la pérdida de la moneda
para los mercados internos.

UN PERIODO DE TRANSICION: 1860-1890

Este problema se presentaba especialmente en dos regiones: a lo largo
de la costa del Pacífico en Bolivia y en la región de Cuyo en Argentina. A
pesar de los esfuerzos por parle de varias administraciones bolivianas por
fomentar el desarrollo de una economía a lo largo del litoral boliviano
junto con las Lierras altas del interior del país, los chilenos desde un principio empezaron a dominar el comercio del territorio costeño boliviano.
Los chilenos, que estaban estrechamente comprometidos con los intereses
comerciales ingleses, aceptaban cada vez con mayor frecuencia los pesos febles como pago de las importaciones del extranjero, aunque al valor inherente. Puesto que las áreas costeras se encontraban extremadamente aisladas de los centros de las tierras altas, tenían que depender en gran parte
de las mercancías importadas, y de esta manera comerciar incluso con
pesos febles.

Resulta irónico que el declive del espacio económico supranacional con base en los mercados mineros de Potosí coincida con el resurgimiento de las
minas de plata en Bolivia durante la segunda mitad del siglo XIX. ¿Cómo
fue posible? Tanto los cambios internos como en las economías de las naciones vecinas precipitaron el colapso de los antiguos circuitos comerciales.
Internamente, el surgimiento de una élite minera nueva y dinámica ligada
al capital chileno, la imposición exitosa de su programa de reformas no intervencionista y la forma como se exportaba la plata provocaron un cambio en la estructura productiva de la economía regional. También fueron
factores importantes el desarrollo del comercio mundial y sus efectos en
Perú y Argentina, los que ayudaron en gran parte a integrar a regiones
periféricas en sus respectivas economías nacionales. Todos estos elementos provocaron la desintegración de los vestigios del antiguo "espacio económico peruano" a finales del siglo XIX.

En el mismo caso, la economía de Cuyo, que durante la primera mitad
del siglo XIX comerciaba más con Santiago que con Buenos Aires, repre-

Como ha afinnado Antonio Milre, para la década de 1860 había sur-

�148

Siglo XIX

gido una nueva élite de mineros de plata. Las antiguas famil~as de la ind_ustria minera al enfrentarse al fracaso de sus empresas, recumeron a capitalistas y comerciantes que recorrían los caminos del Pacífico que contaban
con los requisitos o conexiones con los mercados financieros chilenos
para rescatar sus empresas. Con el tiempo estos nuevos empresarios se
hicieron cargo de las minas de plata inyectándoles nuevo capital y la maquinaria más moderna. Esto provocó aumentos importantes en la producción. Por ejemplo, entre 1865 y 1895 se cuadruplicó la producción de plata en la Compañía Huanchaca, una de las empresas mineras más grandes.
Otras compañías experimentaron curvas de producción similares, creando
grandes fortunas para los accionistas de las compañías mineras. La producción aumentó a pesar de una baja notable en el precio de la plata,
lo que se hizo notable especialmente a principios de la década de 1870.34
Una vez que los nuevos mineros lograron un predominio económico, !11·
gresaron a la política para instituir un número de reformas que eUos cre1an
• sus propios
· bo1s1·11os. 35
traerían progreso al país y, de paso, llenanan
El primer punto que unificó a los mineros fue en tomo a la exporta•
ción libre de la plata y la emisión de pesos febles. Los gobiernos republicanos habían continuado la práctica colonial de exigir a todos los mineros que llevaran su plata a bancos mineros especiales en los que el metal
era acuñado y los mineros recibían un precio inferior que en el mercado
abierto. Además de los impuestos gubernamentales sobre la acuñación, las
ganancias de los mineros disminuían todavía más por el pago de una proporción creciente de sus utilidades en pesos febles. Para la década de 1850,
esto costaba a los empresarios hasta el 28% del valor original del mineral.36 Para 1873 los mineros, aliados con los comerciantes de importaciones/exportaciones, lograron una victoria importante cuando el estado declaró que el mineral de plata podía ser exportado libremente, sin pasar
por los bancos. Todavía de una mayor relevancia resultó que después de
1871 la casa de moneda de Potosí dejara de producir el peso feble. Aunque
los esfuerzos del gobierno por cambiar al peso feble fracasaron, estas medidas condujeron inevitablemente al declive del espacio económico supr~nacional cuando la reducción en el suministro de las monedas de plata eliminó la desventaja comparativa de los precios de las mercancías importadas.
Este proceso de contracción no fue de ninguna man&lt;'ra repentino: los
pesos bolivianos continuaron circulando en un área más allá de los límites
nacionales. 37 De igual manera, el resurgimiento de la extracción de plata
creó temporalmente nuevas demandas que dieron por resultado el resta·
blecimiento, o , en algunos casos, la creación de circuitos comerciales locales ubicados en los distritos mineros. Esto sucedió con la producción azucarera en Santa Cruz, la cual aumentó dramáticamente durante el período

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

149

del auge minero. Desde finales de la década de 1870 el departamento exportó firmemente más de 800 000 kilogramos de azúcar al afio; éste fue
un aumento substancial sobre las exportaciones en años anteriores, cuando
estas promediaban un poco menos de los 600 000 kilogramos. 38 Del mismo modo, la provincia de Tomina en Chuquisaca experimentó una prosperidad considerable durante la segunda mitad del siglo XIX con la crianza
del ganado: los comerciantes de Cochahamba se establecieron en la región
y compraron pieles que después vendían a la floreciente industria peletera
en su departamento de procedencia, industria 1ue había logrado una importancia considerable desde la década de 1830. 9
No obstante, la nueva prosperidad en las minas· tuvo mucho que ver
con la destrucción de muchos circuitos comerciales que habían sobrevivido
desde el período colonial. Esto se hizo evidente por primera vez en el comercio del trigo. Como se explicó con anterioridad, las comunidades indígenas del norte de Potosí producían trigo que vendían hasta el sur de
Perú y el altiplano boliviano. Durante la presidencia de Mariano Melgarejo (1866-1871), quien favorecía los intereses chilenos, las importaciones
de harina de trigo de ese país empezaron a desplazar a la producción del
norte de Potosí.40
La actitud no intervencionista hacia las importacionl',s extranjeras que
caracterizó el régimen de Melgarejo no cesó después de su caída; a pesar
del repudio de los gobiernos subsecuentes a las políticas de Melgarejo, esto
no se extendió hacia su inclinación por un comercio liberal. Como lo demuestra el ejemplo de la extracción librt&gt; d&lt;· plata, las nuevas élites políticas de Bolivia favorecían en la década de 1870 las políticas no intervencionistas y de libre comercio. Esta actitud se extendió también a las importaciones extranjeras; la harina de trigo chilena continuó invadiendo al país.
En 1876 una vía férrea de Moliendo en la costa peruana a Puno, m el lado
peruano del Lago Titicaca, reorientó al comercio del norl&lt;: de Bolivia, La
Paz en particular, hacia Perú. Desde esta fecha hasta los inicios del siglo
XX el altiplano boliviano, con su gran población indígena.cayó bajo la influencia de la región económica de Arequipa. A cambio de la lana de ovejas y alpaca, las firmas comerciales de Arequipa aprovisionaban la región
con productos importados del extranjero.41
Las políticas de libre comercio adoptadas por el gobierno boliviano
produjeron la fragmentación del país en tres esferas separadas que provocó la desintegración efectiva del antiguo espacio económico localizado
en las minas de Potosí. La Paz y el norte de Bolivia, por medio del ferrocarril Moliendo-Puno y la ruta Arica-La Paz, orientó el comercio hacia
Perú. Con el tiempo la región sureste de Bolivia, se convirtió en una dependencia de la economía de Buenos Aires; y la región central se rela-

..

�150 Siglo XIX
cíonó con la economía chífona, La Guerra del Pacífico (1879-1884), en
la que Bolivia, aliada con Perú, perdió su costa del Pacífico en favor de
Chile, fué un elemento crucial en esta transformación. Al principio, la
guerra reorientó el comercio hacia Argentina, fortaleciendo quizá temporalmente las relaciones del norte de Argentina con el sur de Bolivia. Entre
1879 y 1880 el comercio de Bolivia con Argentina se triplicó a casi
700 000 pesos argentinos, puesto que el estado de guerra a lo largo de la
costa del Pacífico imposibilitaba el comercio.42 Los comerciantes bolivianos en Tarija, a lo largo de la frontera argentina, se beneficiaron más que
todo de este cambio en los patrones comerciales, a pesar de sus quejas frecuentes sobre los medios deficientes de comunicación. Las firmas familiares como Trigo Hermanos, V. Navajas e Hijos, Paz Hermanos, y M. Araoz
e Hijos, lograron importancia durante este período aliándose con los bancos y las compañías comerciales de Buenos Aires.43
Sin embargo, las relaciones con Argentina fueron efímeras en lo que
respecta a las regiones mineras del centro de Bolivia. El Pacto de Tregua de
1884 con Chile dió a la nación victoriosa un control substancial sobre el
comercio de Bolivia. Los productos chilenos entraron sin ninguna barrera
arancelaria, creando grandes dificultades a la industria nacional. Todavía
más destructiva resultó la construcción de vías férreas entre la costa del
Pacífico y los centros mineros de Bolivia. Uno de los planes más importantes de los mineros de plata era construir ferrocarriles para exportar hacia la
costa los minerales a bajo costo. Esto se hiw finalmente posible después de
la guerra cuando los capitalistas chilenos y también los ingleses S(' aliaron
con los mineros bolivianos en la construcción de los ferrocarriles di" la costa del Pacífico (ahora propiedad de Chile) hacia los centros mineros. Así
por ejl"mplo la comp;tñía Huanchaca, la cual contaba con una participación
importante de financieros chilenos, logró que se extendiera una vía férrea
que llegaba a los depósitos dP. nitrato hasta la región minera boliviana.
El ferrocarril llegó al pueblo minero de Uyuni en 1889, Oruro en
1892, y La Paz en 1908. La compañía Huanchaca estableció también ramales tributarios hacia sus minas ubicadas en el centro de Potosí, reduciendo en gran parle los costos de tra11sporte. 44 Los ferrocarriles eran una necesidad indudable para la prosperidad de las compañías mineras, pues los
precios de la plata continuaban disminuyl"ndo al transcurrir el siglo. De
esta manera las empresas mineras podían reducir no sólo los costos de
transportación, sino además los gastos de refinamiento enviando los minerales en un estado de menor pureza. 45
DE LA PLATA AL ESTAÑO. 1890-1930
A pesar di" los esfuerzos de los mineros por conlrarrrslar la caída en los

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

151

precios de la plata, esto resultó imposible para principios de 1890. Las
compañías mineras explotadoras de plata fueron quebrando una tras otra,
ocasionando esto grandes dificultades no solamente entre los trabajadores
sino a la vez entre la oligarquía minera antigua. No fue sino hasta finales de
siglo cuando el estaño empezó a ocupar el lugar de la plata como metal
principal de exportación. Como resultado, se fue desplazando el centro
económico del país hacia el norte, concretamente a La Paz, en donde ya
grandes empresas extranjeras habían asentado sus centros de operaciones.
Incluso Simón Patiño, el gran magnate boliviano del estaño, contaba con
apoyo importante de intereses norteamericanos.46 Las tendencias emergentes en la última década del período anterior se acentuaron cada vez más.
Aunque la influencia del ferrocarril vino a ser una bendición para los
mineros del estaño, resultó desastrosa para los remanentes del mercado interno. Costaba menos transportar granos por ferrocarril desde Chile hacia
los centros mineros y urbanos que desde los centros de producción más
cercanos y tradicionales. Como declaró en 1894 un administrador de haciendas tanto en Cochabamba como en Chuquisaca:
El año agrícola ha sido bueno, y será mejor con la perspectiva de
buenos precios, salvo la competencia lo haga bajar, y en especial
la que nos hace el ferrocarril, que vomita en cada tren cientos de
quintales de harina de trigo que se sobreponen en el mercado a las
que rinden nuestros molinos.47
Asimismo, las telas fabricadas en telares al igual que otros productos importados eran vendidas con mucha frecuencia más baratas en las regiones
mineras que lo que se producía en la localidad.
A pesar de esta tendencia, los pequeños poblados esparcidos por el altiplano boliviano experimentaron un resurgimiento en importancia comercial y política. Silvia Rivera ha formulado la hipóLesis de que los mestizos
que predominaban en estos poblados fueron capaces finalmt&gt;nte de monopolizar el comercio en las provincias como resultado di• la llegada dl"I ferrocarril que reemplazó a los numerosos arrieros, indios en su mayoría,
quienes habían impedido inicialmente la concentración de mercados en los
pueblos dominados por los mestiws.48
El proceso de expansión de las haciendas durante finales del siglo
diecinueve y en los inicios del veinte, que daría por resultado la incorporación de grandes partes de tierras comunitarias a las fincas del altiplano, también indudablemente tuvo mucho que ver con el desarrollo de las
poblaciones provincianas. Aunque muchas haciendas mantenían relaciones
tradicionales en las tierras recientemente adquiridas, la organización del

�152 Siglo XIX
área rural en haciendas encauzó un porcentaje mucho mayor del excedente
del campesinado del altiplano hacia la economía monetaria y contribuyó
a proporcionarle a las poblaciones una importancia comercial adicional,
como nexos importantes entre el campesinado y la economía urbana.
Los ferrocarriles de la costa del Pacífico no llegaron a Potosí hasta
1911 y no lograron integrar gran parte de las porciones este y sur del
país a la red minera central. Estas regiones, incapaces de competir con las
importaciones baratas, e ignoradas en gran medida por la oligarquía argentífera dominante. se fueron convirtiendo en dependencias económicas de
los países cercanos. Tal vez el caso más flagrante fue el de las zonas de
Acre y Beni, productores de caucho en la parte noreste de Bolivia, pero
esta área siempre había permanecido extremadamente marginada de la red
comercial en la parte central del Potosí.49 Lo que es mucho menos conocido es que ocurrió un proceso similar a lo largo de la frontera sureste de
Bolivia. Hacia finales del siglo diecinueve, cuando millones de inmigrantes
inundaron el litoral argentino, el estado federal consolidó finalmente su
control político sobre las áreas alejadas, y (en forma relacionada) se construyeron ferrocarriles desde Buenos Aires hacia el interior. La economía
de la región sureste de Bolivia (Tarija, el oriente de Chuquisaca y el sur de
Santa Cruz) fue quedando cada vez más bajo el control de la economía
del Atlántico basada en Buenos Aires.
Los comerciantes establecidos en Tarija, quienes empezaron a prosperar durante la Guerra del Pacífico, estaban en una posición de sacar ventaja
de innumerables contactos con sus colegas argentinos y empezaron a importar enormes cantidades de textiles de fabricación europea desde Buenos
Aires hasta el sureste de Bolivia. Transportaban su mercancía de Buenos
Aires por ferrocarril al extremo de la línea cercana a la frontera boliviana, y
luego transbordaban sus productos a lomo de burro y de mulas, en caravanas de hasta 200 cabezas, conducida por muleros provenientes de la provincia de Catarnarca al norte de Argentina. Otros iban hacia la feria en
Yavi, cerca del centro ferroviario argentino, para comprar mercancía europea. Compraban algunos artículos de lujo y telas ligeras, al igual que algo
de azúcar de Jujuy, con los que abastecían gran parte de la región marginada por el desplome de mercados de plata y la reorientación del comercio
de las regiones montañosas occidentales hacia el Pacífico. 50
El comercio no se restringía al movimiento hacia el norte de manufacturas extranjeras principalmente al sureste de Bolivia. Asimismo y en
forna creciente se desplazaban hacia el sur hombres y animales del Chaco
Boliviano. Los indios Chiriguanos, el grupo étnico más numeroso a lo largo
de las estribaciones de los Andes en Bolivia con 46 000 miembros en 1880,
emigraban cada ve--¡; más hacia los ingenios florecientes de Jujuy para traba-

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

153

jar durante la zafra. Aún cuando este desplazamiento puede remontarse a
la década de 1850, empezó a tener importancia durante los últimos años
del siglo diecinueve, ya que innumerables indios permanecieron en Argentina, ocasionando esto una escasez laboral excesiva en las haciendas de Bolivia de donde habían venido.51
Esta migración a su vez se debía en gran parte no solamente a la
atracción que ejercía en los indios la próspera economía azucarera del
noroeste Argentino, sino también a los patrones de colonización ocasionados por el éxito de los comerciantes de Tarija. Conforme dichos
comerciantes acumulaban capital, invertían grandes porciones del mismo
en terrenos. Esto a su vez condujo a una concentración de tierras en los
valles alrededor del Tarija en manos de ricos comerciantes y a la expulsión
de pequeños granjeros, quienes habían vivido en estas tierras, hacia territorio fronterizo al norte y al este en las márgenes del Chaco. La presión
ejercida por estos colonizadores condujo al éxodo de los Chiriguanos hacia
la Argentina, donde percibían muchos mejores sueldos y eran tratados con
mayores consideraciones que en su tierra natal. Hacia principios del siglo
veinte los cultivadores de la caña azucarera, particularmente en el valle de
Ledesma en el Jujuy, ya se habían vuelto extremadamente dependientes
de los Chiriguanos y de otras tribus del Chaco para su fuerza laboral. Como señaló un observador contemporáneo,
el chiriguano es irremplazable en el trabajo de pala y en la labor,

como el mataco (otra tribu Chaco) lo es en el corte y en la hacha. El ingenio es su creación; suprímase el indio, y todas esas
riquezas, toda esa civilización naciente, muere, falta de trabajo
que elabore. 52
Además, el comercio de la ganadería del Chaco boliviano unía la región con el norte de Argentina. Sin embargo, este ganado no era consumido en la Argentina, sino engordado en Salta y reexportado hacia las minas de nitrato del norte de Chile, varias en territorios anteriormente bolivianos.53 Así nació un nuevo circuito comercial, que hasta cierto punto
reunificó un área que había sido subdividida entre tres estados diferentes.
No obstante, este nuevo circuito utilizó la red ferroviaria argl'ntina extensamente para traer ganado a los mercados. La culminación de este negocio
comercial ocurrió entre los inicios de la Primera Guerra Mundial y la Gran
Depresión cuando, conforme a un cálculo, Bolivia exportó 25 000 cabezas
de ganado a la Argentina en 1921, cuando tuvo su máxima prosperidad.
Desafortunadamente, las cifras oficiales son totalmente inadecuadas para la
medición de este comercio, ya que con demasiada frecuencia se sufría de
contrabandos a lo largo de la frontera escasamente poblada e indefensa.64

...

�154

Siglo XIX

La dependencia económica del suroeste de Bolivia con Argentina fue
observado con alarma sólo cuando el gobierno central se interesó en el Pilcomayo y en otros ríos en el Chaco como una vía para disminuir su dependecia de Chile para las exportaciones. Como observó el Ministro de Colonización, el proceso de integración de la región a la economía argentina había ido demasiado lejos. De acuerdo a este oficial
hasta ahora Cordillera, el Azero y el Chaco, no tienen más comercio que con la Argentina, donde exportan su producción ganadera... De otro lado, los consumos del Chaco principalmente en la
región del Pilcomayo, son atendidos desde Fonnosa,JujuyySalta.
El Chaco, siendo una región políticamente boliviana, es una de55
. d el extranJero
.
' ·
pendencia
en lo comerc1"al y econom1co.
La sangrienta Guerra del Chaco (1932-35), que entablaron Paraguay y
Bolivia en esta región, puso fin a estos patrones comerciales. La guerra aniquiló los grandes rebaños de ganado, y los Chiriguanos huyeron de los
ejércitos hacia el interior o permanecieron como refugiados en la Argentina. Además, la Gran Depresión virtualmente cerró las minas del norte de
Chile, destruyendo esta oportunidad de mercado. En efecto, la Depresión
de los años 30 eventualmente condujo a una mayor participación del estado en asuntos económicos en todo el hemisferio. Las medidas proteccionistas adoptadas en todas partes anunciaron el fin de la economía regionaJ
que abarcaba la región central de los Andes. Efectivamente, este fue el fin
de lo que quedaba del espacio económico en el antiguo Potosí.
CONCLUSIONES
En realidad, las fronteras políticas no correspondieron a las regiones económicas en el corazón de América del Sur hasta muy avanzado el siglo XX.
Como ha sido cada vez más evidente, patrones heredados de la época colonial jugaron un papel mucho más importante en el desarrollo de la región
de Jo que se pensaba anteriormente. Aún aceptando que el área centTal andina es fuertemente representativa de este fenómeno -dado el aislamiento
de la región hasta fines del XIX y la fuerza del "espacio económico peruano" con centro en la minería y los mercados urbano.s de Potosí- la persistencia e importancia de patrones comerciaJes supranacionales en América
Latina durante el XIX es un asunto de extrema importancia, que ha sido
casi completamente ignorado como consecuencia de la más reciente concentraci~n de los enfoques sobre el comercio ultramarino con las economías del Atlántico norte.
¿Qué implicaciones tiene esta perspectiva sobre los mercados internos
para el estudio histórico de la América Latina del siglo diecinueve? Por
una parte, el modelo orientado hacia la exportación que logró predominio

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (l 810-1930)

155

a finales del siglo diecinueve tuvo que reemplazar a otro sistema económico viable, aunque quizá no tan dinámico, ya implantado. Así, el triunfo
del liberalismo implicó la destrucción de un orden anterior que había proporcionado un cierto nivel de prosperidad o cuando menos una mínima
seguridad económica a un extenso segmento de la población en Latinoamérica.
Aunque es un truismo que el nuevo modelo económico ocasionó una
gran miseria, especiaJmente entre la población ruraJ, las causas de esto,
fincadas en un profundo conocimiento de los cambios en la estructura económica desde el movimiento de independencia y no solamente desde finales del sigfo XIX, no se han esclarecido. Más aún. debemos redefinir nuestras unidades de análisis. Como he tratado de sugerir en estP bosquejo sobre un área particular, el concepto de "economía ~acionaJ" es, en gran medida, irrelevante para una interpretación de la historia económica de la región hasta el siglo veinte.
En el caso de la región central andina, aún la destrucción de los antiguos patrones comerciales supranacionales no implicó el establecimiento
de nna economía nacional. De esta manera, Bolivia quedó dividida en tres
o hasta cuatro regiones económicas (si uno considera la economía del caucho dr las regione.s selváticas marginales del noreste) para fines del siglo
diecinueve. Cada una de ellas tenía mayor contacto con alguno de los países vecinos que con otras regiones económicas dentro de la nación. ¿No
podría ser aplicable este modelo, por el cual no queda establecida una verdadera economía nacional hasta mucho después de las declaraciones formales de independencia, para otras partes de América Latina?

NOTAS

1.- Cualquiera que esté trabajando sobre el problema de los efectos de la economía
minera argentífera en el Potosí debe sentirse agradecido con Carlos Sempat
Assadourian y con Tristán Platt, Antonio Mitre y Heraclio Bonilla. Para un deuneamiento bastante sugestivo de un proyecto en colaboración que enfoca este
problema. ver Minería y eapacio económico en los Andes, siglos XVI-XX, de
Carlos Sempat Asi.adourian, Heraclio Bonilla. Antonio Mitre y Tristán Platt (Lima. 1980).

2.- Carlos Sempat Assadourian, El sistema de la economía colonial: Mercado interno, regiones y espacio económico (Lima. 1982).

�E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

156 Siglo XIX

157

3.- Guillenno Céspedes del Castillo, "Lima y Buenos Aires: Repercusiones económicu y políticas de la creación del virreinato de la Plata", Anuario de Estudios
Americanos, 3 (1946), pp. 669-874; Jonathan Brown, A Socio--Economic History of Argentina, 1776-1860 (Cambridge, 1979), pp. 9-49.

10.- Joseph Barclay Pentland, Informe sobre Bolivia, tr. de Jack Aitken Soux (Potosí, 1975), pp. 103-105.

4.- Asthenio Averanga Mollinedo, Aspectos generales de la población boliviana (La
Paz, 1974), p. 2. Aunque esta cifra data de 1831, presumiblemente la población
de Bolivia no había cambiado mucho (y quizá hasta hubiera disminuído) desde
1800. Para el caso de Argentina, ver Ernesto J. A. Maeder, Evolución demográfica argentina desde 1810 a 1869 (Buenos Aires, 1969).

í2.- Para una estimación de las inversiones británicas dentro de la industria minera en la Bolivia republicana de los primeros años, ver de William Lofstrom,
"Attempted Economic Refonn and lnnovation in Bolivia under Antonio José de Sucre (1825-1828)", Hispanic American Historical Review, 50:2 (1970),
,&gt;p. 279-299 y de Guillermo Ovando Sanz, "British interests in Potosí", Hispa11ic American Historical Review, 45:1 (1965), pp. 64-87; Antonio Mitre, Los
patriarcas de la plata: Estructura socioeconómica de la minería boliviana en el
siglo XIX (Lima, 1981 ), pp. 80-88.

5.- Para valoraciones recientes de las tramfonnaciones de la mita, ver Peter Bakewell, Miners of the Red Mountain: lndian Labour in Potosí, 1545-1650 (Albuquerque, 1984), y Jeffrey A. Cole, The Potosí Mita, 1573-1700: Compulso'!
lndian Labor in the Andes (Stanford, 1985). Por supuesto, gran parte de lo nusmo podría decirse acerca de la orientación subsistente de otros grupos en el
Virreinato de Buenos Aires; como en el caso de la "cultura de la ganadería" en
gran parte autosuficiente que floreció a lo largo de la frontera de las pampas.
Ver Ricardo E. Rodríguez Molas, Historia social del gaucho, 2a. ed. (Buenos
Aires, 1982), y Richard W. Slatta, Gauchos and the Vanishing Frontier (Lincoln, 1983).
6.- Con relación al tema del comercio de mulas, ver de Florencia Cornejo, "El Litoral, Salta y el Perú, unidos por una compañía de mulas (Olavegoya-Candioti~,
1798-1810" Tercer Congreso de Historia Argentina y Regional, 4 (Buenos Aires, 1977), ;p. 151-161; y "El comercio de mulas de Salta con el Litoral, Córdoba, Alto y Bajo Perú (1800-1810)", Cuarto Congreso Nacional Y_,Regional
de Historia Argentina, 1 (Buenos Aires, 1979), pp. 365-373. Ta,rnb1e~ ver de
Carlos Sempat Assadourian, "El sector exportador de una econom1a reg10nal del
interior argentino, Córdoba, 1800-1860 (Esquema cuantitativo Y form~~ de
producción)", en El sistema de la economía colonial, pp. 222-276. Tamb1en se
incluye una buena parte de material sugestivo en Nils Jacobson Y Hans-Ju.rgen
Puhle, eds., The &amp;onomies of Mexico and Pero During the Late Colonial
Period 1760-1810 (Berlín, 1986).
7.- Erick D. Langer, "Rural Society and Land Consolidation in a Declining Economy: Chuquisaca, Bolivia 1880-1930", Tesis Doctoral (Stanford, 1984), pp.
130-133.
8. Citada en Emilio A. Bidondo, La Guerra de la independencia en el norte argentino (Buenos Aires, 1976), p. 159. Además de la obra excelente Y detallada de
Bidondo ver Tulio Halperín Donghi, Poli tics, Economics and Society in Argen•
tina in the Revolutionary Period (Cambridge, 1975), pp. 264-269 para un análisis sucinto del "sistema Güemes".
9.- Archivo Histórico de la Provincia de Jujuy (en lo sucesivo, AHPJ), 1821, Caja
No. l 20 Hacienda, "Expediente referido a productos que consignaba el comerci~nte'Santiagueño José Benigno Frías para la población de Tupiza". Para
el comercio de mulas en 1823, ver Archivo Histórico de la Provincia de Salta,
Hacienda 449, "Libro auxiliar del ramo de Sisa del año 1823". Las prohibiciones contra el comercio están especificadas en AHPJ, 1825, Caja No. 1, 1.1.2.
"Agustín Dávalos al Inte. de Exerto. Don Antonio del Pino Teniente Tesorero de esta Casa", f. l.

11.- /bid., pp. 102-105.

13.- Archivo Nacional de Bolivia, Sucre (en lo sucesivo ANB), Tribunal Nacional
de Cuentas (en lo sucesivo TNC), 2256, "Libro Manual principal de la Aduana
Nacional del Departamento de Potosí. .. 1839", No. 364.
14.- ANB, TNC 2256, passim; TNC 2197, "Libro Manual principal de la Aduana
Nacional de Potosí. . .1841 ". Para 1839, las cifras exactas eran: efectos de
ultramar: 833 817 pesos, bienes domésticos: 30 818 pesos, estados limítrofes:
9 694 pesos. Para 1841, efectos de ultramar: 809 588 pesos, bienes domésticos: 8 593 pesos, estados limítrofes 3 262 pesos.
15.- Pentland, p. 103. De acuerdo al autor, 8 000 cargas equivalían a 200 toneladas
de .algodón limpio. La cita acerca de Cinti es de la pág. 60. Ver también de Edmond Temple, Travels in Various Parts of Pero, 2, (Londres, 1830), p. 346, para otro enfoque de la Cinti republicana de los primeros años.
16.- Para Chuquisaca, ver a Pentland, pp. 56-60; para Cochabamba, ver de Brooke
Larson, "Economic Decline and Social Change in an Agrarian Hinterland: Cochabamba (Bolivia) in the· Late Colonial Period", Tesis Doctoral (Universidad
de Colombia, 1978); ver también del mismo autor, Explotación agraria y resistencia campesina en Cochabamba, 2a. ed. (Cochabamba, 1984), especialmente
pp. 165-191; Erwin P. Brieshaber, "Survival of lndian Communities in Nineteemn-Century- Bolivia", Tesis Doctoral (Universidad de North Carolina, 1977),
p. ~28; P~ra el nor~e del Potosí, ver de Tristán Platt, Estado &amp;liviano y ayllu
andino: Trerra y tributo en el Norte del Potosí (Lima, 1982), pp. 23-35. De
acuerdo con José María Dalence, el Potosí en 1846 produjo las máximas cantidades de trigo, -~92 354 fa,negas, mientras que Cochabamba obtuvo el primer lugar en producc1on de ma1z, aportando 476 794 fanegas. Chuquisaca quedó en
ter~r lugar de la p'toducción de trigo co~ 60 400 fanegas y tercero (después de
Tar1Ja pero antes del Potosí) en produccion de maíz con 242 266 fanegas. Ver
de Dalence, Bosquejo estadístico de Bolivia (1851: reimpreso La Paz 1975)
p. 238.
'
'
. '
17.- Dalence, pp. 278-281; ver también de Tibor Wittman, "Reflexiones sobre las
ideas económicas de José María Dalence", &amp;tudios Históricos sobre Bolivia
(La Paz, 1975), pp. 177-193.
18.- Assadourian, et. al; Antonio Mitre, "Espacio regional andino y política en el
sigl~ XIX", Historia Boliviana, 2:2 (1982), pp. 165-178; Mitre, Los patriarcas,
capitulo 6.

�158 Siglo XIX
19.- Phillip T. Parkerson, Andrés de Santa Croz y la Confederación Pero-Boliviana,
1835-1839 (La Paz, 1984). Para detalles acerca de la invasión del Jujuy, ver
pp. 239-244. Para un mayor contexto geopolítico, ver de Robert N. Bun,
By Reason or by Force: Chüe and the Balancing of Power in South America,
1830-1905 (Berkeley, 1965).
20.- Para el Perú, ver de Assadourian, et. al., pp. 90-91; para efectos de la imposición
del papel moneda en la Argentina, ver Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, Colección Anselmo Rojas, Correspondencia, Vol. 2 (años 1854-1856),
José Hilario Carol a Manuel Taboada, Paraná, 19 de agosto, 1854, y Roque Alvarado a Anselmo Rojas, Jujuy, 7 de septiembre, 1854.
21.- Citado en Assadourian, et. al., pp. 90-91.
22.· Para un resumen de asuntos comerciales, ver de David Bushnell, Reform and
Reaction in the Platine Provinces, 1810-1852 Gainesville, 1983). Mi argumento
en gran parte contradice la obra clásica de Miron Burgin, Aspectos económicos
del federalismo argentino, trad. de Mario Calés (Buenos Aires, 1960), quien
postuló que la industria del interior se deterioró rápidamente con la intromisión impetuosa de los fabricantes británicos. Creo que su concentración sobre
los años iniciales de la república (principalmente la década de 1820) y su enfoque en la provincia de Buenos Aires Jo condujeron erróneamente en cuanto a
los efectos de las importaciones a largo plazo.
23.- Para un análisis sobre el caudillo, ver de Eric R. Wolf y Edward C. Hanson,
"Caudillo Politics: A Structural Analysis", Comparative Studies in Society and
Hi4tory, 9:2 (1967), pp. 168-179.
24.- Por ejemplo, en 1839 todos los embarques de oro, excepto uno (de valor no determinado) iban dirigidos a Salta o a Jujuy, por un valor total de 3,066 pesos.
Ver ANB, TNC 2256.
25.- Las estadísticas comerciales proceden de la Comisión de Comercio, "Informe
económico de los señores Victorino Solá, Juan G. Leguismon, Atanasio Ojeda,
Vicente Ansóategui y Segundo D. de Bedoya, comisionados el 17 de mayo de
1852 por la Junta General de Comerciantes de la Provincia de Salta", Revi4ta de
Economía R~ona/ (1964), pp. 67. La cita es del mismo reporte, p. 68, también
mencionado en Graciela Lloveras de Arce, "Aportes para el estudio del comercio
entre Salta-Cuyo durante el siglo XlX", Cuarto Congreso Nacional y R~onal de
Historia Argentina, 1 (Buenos Aires, 1979), p. 143.
26.- Tristán Platt, Estado tributario y librecambio en Potosí (siglo X[X): Mercado indígena, proyecto proteccionista y lucha de ideologías monetarias (La Paz, 1986),
p. 16.

E. Langer: Bolivia Y el norte argentino (1810-1930)

159

29.- Platt, Estado boliviano, pp. 23-35.
30.- Wolfgang Schoop, Ciudades bolivianas (La Paz, 1981).
31.- Platt'. Estado tributario y de Lloveras de Arce, "Aportes". Salta también tenía
r~lac1ones comerciales con Chile, y la plata pudiera igualmente haber sido canalizada a través de esta región.
32.- Ver _por ejemplo los constantes intentos de Dámaso de Uriburu un comerciante
Y _mmero de_S:i1ta en Bolivia, de extraer mineral como contraban'ao hacia Buenos
~~s. De ~ilham Lofstrom'. f!ámaso de Uriburu: Un empresario minero de princ1p1os del siglo XIX en Bolivia, tr. de Marta Urioste de Aguirre (La Paz, 1982).
33.- Para _el ~esarrollo de Cobija como puerto principal, ver de Femando Cajías, La
prov1~cra de Atacama (1825-1842) (La Paz, 1975), pp. 248-252. Para una valorac10~ de la administración de Belzu, ver de Herbert S. Klein, Bolivia: The
Evolutwn of a -~ulti-Ethnic S?ciety (Nueva York, 1982), pp. 128-131; igualmente, en relacion con las pohticas monetarias, ver de Platt, Estado tributario,
pp. 34-38.
34.- Mitre, Los patriarcas, pp. 25-42.
35.- lbid., pp. 66-{;7; para un contexto mas amplio que la minería, ver de Herbert
S. Klein, Parties and Política/ Change in Bolivia 1880-1952 (Cambridge 1969)
pp. 18-38, y de Langer, "Rural Society", pp. 23-31.
•
'
36. Mitre, Los patriarcas, pp. 46-49; Julio Benavides, Historia de la moneda en
Bolivia (La Paz, 1972), pp. 38-39.
37.- Este fue el caso en Tucumán durante 1875. Ver por ejemplo, de Donna J.
Guy, Argentine Sugar Politics: Tucumán and the Generation of Eighty (fempe, 1980), p. 20.
38.- Gustavo Rodríguez O., "Capitalismo, crisis de mercado y luchas regionales en
Santa Cruz (1891-1932)", Correo, (Cochabamba, 6 y 13 de febrero, 1986),
pp. 4-5.
39 .· ~ara Tomina, ver de Erick D. Langer, "Rural Society and the Mining Economy
m Southem Bolivia", manuscrito sin publicar (1986), capítuJo 7 sobre Cochabamba; ver de Gustavo Rodríguez O., "Análisis histórico del proceso de constru5cción de una región", Los Tiempos (Cochabamba, 14 de septiembre, 1985),
p. .
40.- Platt, Estado boliviano, p. 35.
41.- Alberto F1ores-Galindo, Arequipa y el sur andino (siglos XVII-XX (Lima, 1977),
pp, 61-145.

27 .• Para la mita colonial, ver nota 5. Evidentemente hubo una resurrección parcial
de la mita durante el período republicano como "la mita voluntaria" en 1829.
Ver de Platt, Estado tributario, pp. 31-32. Ver también el Archivo de la Casa de
la Moneda (Potosí), PD 109 "Correspondencia del Tribunal de Minería", Martín
de Jáuregui al Prefecto de Potosí, Potosí, 24 de junio, 1831.

42.- ~in.i~terio de Hacienda, Estadística del Comercio Exterior y de la Navegación
1ntenor y exterior de la República Argentina correspondie,¡te a! año 1880
(Buenos Aires, 1881), pp. 61-{;2.

28.· Nicolás Sánchez Albornoz, Indios y Tributos en el Alto Perú (Lima, 1978),
pp. 187-218.

43.- ":'er por ejemplo La Estrella de Tarija, 6:159 (28 de abril, 1882) p. 2. La histona del desarrollo de las empresas comerciales de Tarija es un relato fascinante

�160 Siglo XIX
que no se há escrito.
44.- Thomas P. O'Brien, "The Antofogasta Company: A Case Study of Peripheral
Capitalism", Hispanic American Historical Review, 60:l (1980), pp. 1-31; Mitre, Los patriarcas, pp. 166-179.

LA FORMACION DEL MERCADO INTERIOR
EN CONDICIONES COLONIALES

Inmigración y Comercio Catalán en las
Antillas Españolas durante el Siglo XIX

45.- Mitre,Lospatriarcas, pp. 191-192.

Jordi Maluquer de Motes*
46.- Herbert S. Klein, "The Creation of the Patiño Tin Empire", lnteramerican &amp;onomic Affairs, 19:2 (1965), pp. 3-23.
47.- Biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz), Colección Gregario
Pacheco, "1893 Jilio (sic) de 1893 a mayo 11 de 1895, libro del Dr. José Ma.
Valda, 1895", p. 274.
48.- Silvia Rivera, "La expansión del latifundio en el altiplano boliviano: Elementos
para la caracterización de una oligarquía regional", Avances, 2:2 (1978), pp.

95-118.

..

49.- Para un panorama general acerca de la economía del caucho en Bolivia, ver de
Valerie J. Fifer, Bolivia: Land, Location and Po/itics Since 1825 (Cambridge,
1973).
50.- Entrevista, Alberto Navajas Trigo, Tarija, 14 de julio, 1986.
51.- La primera noticia sobre el desplazamiento de los Chiriguanos a la Argentina

para laborar en los campos de caña de azúcar proviene de El Comercio (Salta),
3:175 (7 de enero, 1857), pp. 1-2 y 3:178 (10 de enero, 1857), pp. 1-2. Las
formas de migración de los Chiriguanos y sus efectos en la economía rural del
sureste de Bolivia se discuten en Erick D. Langer, "Franciscan Missions and
Chiriguano Workers: Colonization, Acculturation and Indian Labor in Southeastern Bolivia", The Americas, 42 (enero, 1987).
52.- Juan Bialet y Massé, El estado de úu cúues obreros argentinas a comienz:os del
siglo (1904; reimpreso, Córdoba, 1968), p. 83.
53.- Dirección General de Aduanas, Sección de Estadística Comercial, Comercio
especial deB.olivia, afio 1918 (La Paz, 1919), pp. 17-18.
54.- Manuel S. Mendieta, Tie"a rica, pueblo pobre: Por nuestras fronteras (Sucre,
1928), p. 58. Para una discusión sobre el comercio ganadero en el sureste de Bolivia y sus implicaciones, ver de Langer, "Rural Society", pp. 198-204.
55.- Biblioteca Nacional de Bolivia (Sucre), Publicaciones Oficiales, A. Melean, Memoria de Guerra y Coloniz:ación, 1927 (La Paz, 1927), p. 116.

56.- Para los efectos de la gran depresión en Bolivia, ver de Lawrence Whitehead,
"El impacto de la gran depresión en Bolivia", Desarrollo Económico, 12:45
(1972), pp. 49-80 Para el Perú, ver de Rosemary Thorpe y Geoffrey Bertram,
Perú 1890-1977: Growth and Policy in an Open &amp;onomy (Nueva York, 1978);
para la Argentina, dos de los mejores volúmenes son: de Carlos F. Díaz Alejandro, Essays on the Economic History of the Argentine Republic (New Haven,
1970), pp. 94-105 y de Laura Ranclall, An Economic History of Argentina in
the Twentieth Century (Nueva York, 1978).

Cuba y Puerto Rico durante el siglo XIX constituyen un excelente ejemplo del proceso de formación del mercado interior bajo dominio colonial
en régimen esclavista. Las razones son, por lo menos, de dos tipos. En primer lugar, el haberse tratado de un fenómeno tardío le proporciona la
ventaja de la abundancia de información y la posibilidad de contrastar
suficientemente el análisis. En segundo lugar, la rápidez con que tuvo lugar, sobre todo en el caso cubano, le confiere una gran claridad, lo que facilita su estudio. En este trabajo me propongo desentrañar la naturaleza de
los mecanismos más sobresalientes que intervienen en ello y poner de relieve sus principales consecuencias. El importante papel de los comerciantes catalanes en este proceso será el hilo conductor fundamental.
LA ESTRUCTURA DE LA ECONOMIA COLONIAL Y LA FUNCION
DEL COMERCIO EXTERIOR
La estructura de la economía colonial puede ser descrita por medio de un
modelo extraordinariamente simple capaz de mostrar los sectores fundamentales en que está dividida. La fórmula más idónea para lograrlo consiste en agrupar aquellos procesos y productos que, pese a su diversidad, contienen elementos en su comportamiento y/o en su naturaleza suficientemente uniformes como para justificar su agregación. La información concreta sobre la que se ha procedido a diseñar el modelo corresponde fundamentalmente a la isla de Cuba1 y en la definición de los sectores que lo
componen se ha dejado de lado el factor tiempo.
Los principales subconjuntos que integran la producción en el ámbit0
colonial y las corrientes comerciales gue les están asociadas son cinco:
"'Departamento de Economía e Historia Económica. Universidad Autónoma de
Barcelona.

�162

Siglo XIX

1) Agricultura exportadora fuertemente especializada y en régimen de
monocultivo. Constituye una muy elevada proporción del producto nacional y vende la casi totalidad de su producción en el exterior, bien sea de
forma directa o después de su procesamiento por la industria transformadora. Es el sector líder de la economía hasta el punto de que su trayectoria influye decisivamente sobre los restantes que le están subordinados.
Además confonna de un modo muy acusado a la sociedad entera.
2) La industria transformadora de los bienes agrícolas de exportación
tiene un papel auxiliar respecto de la agricultura exportadora: su propia
entidad es función del tamaño de la misma así como de las relaciones con
los mercados externos, que pueden causar la extracción tras un procesamiento parcial o incluso sin ninguno. Obviamente, dirige una proporción
abrumadora de las mercancías elaboradas al exterior.
3) Agricultura y ganadería auxiliar orientadas a cubrir las necesidades
de las actividades exportadoras. En este caso, la producción presenta un
muy alto coeficiente de comercialización y también un carácter de inmediatez, en ocasiones incluso geográfica, muy claro frente a sus habituales
frentes de demanda. Para los consumidores de los bienes producidos por
este grupo, las mercancías se extraen del ámbito local y cuando no pueden
obtenerse de ese modo se adquieren en el área con excedentes más próxima en términos de costes de transporte.
4) Agricultura y ganadería local dirigida a la satisfacción de la demanda final de alimentos, con un fuerte componente de cultivos de subsistencia tanto en las estancias próximas a las poblaciones como, y mucho
más todavía, en los conucos de los esclavos2 • La producción comercial
es distrihúida fundamentalmente en el ámbito local a través de los mercados y de la venta ambulante.
5) Artesanado y pequeña industria urbana aplicados a la producción
de una parte reducida del total de los bienes manufacturados demandados
internamente. Tienen un carácter marginal, limitado a aquellos tipos de
bienes para los cuales los consumidores exigen condiciones específicas, o
complementario respecto de los manufacturados de importación.
Todo el sistema está regido por el sector exportador que determina
la capacidad de importación, la entidad de los sectores orientados hacia la
demanda interna e, incluso, los niveles de la recaudación tributaria. Dado
el carácter esclavista de la economía de plantación (azúcar, café. ..), la

]. Maluquér de Mote,: El mercado interior en la, Antilla, e1pañoúu

163

~uricultura exportadora condiciona el monto total -de la población al prop~rcionar los recursos necesarios para proceder a la inmigración forzada
de mano de obra exterior. Existe, por consiguiente, una fuerte interdependencia estructural bajo el liderazgo de las actividades exportadoras.
Resultados del elevado grado de especialización de la economía y del
escaso desarrollo de la producción orientada hacia el mercado interior son
una peculiar división de la oferta entre productos locales e importaciones,
y la práctica inexistencia de comercio interregional.
Las mercancías de oferta local no precisan generalmente de un sistema
de distribución específico. Tienen, además, carácter de bienes sustitutivos en la mayor parte de los casos, lo que significa que la elevación en el
precio de cualquiera de ellos provoca el desplazamiento hacia la derecha de
la curva de demanda de los demás y un relativamente rápido ree,ruilibramiento del mercado. Por otra parte, su elasticidad-renta suele ser baja y, en
consecuencia, su sensibilidad al crecimiento del ingreso reducida. En algunos casos, registran sensibles incrementos en las cantidades demandadas
cuando desciende la renta de los consumidores y con ella la posibilidad de
adquirir productos de importación. De todos modos, este conjunto de mercancías de oferta local se caracteriza por la estabilidad de sus precios relativos, a Ja vez que por la pronunciada similitud de sus niveles y variaciones
en las distintas regiones.
Por el contrario, las mercancías producidas para el mercado exterior
presentan precios, aunque homogéneos en el conjunto del territorio, fuertemente variables en el tiempo. Las 0uctuaciones pueden llegar a ser extraordinariamente intensas, con aumentos del orden del 1000% (desde 3 a
30 pesos el quintal, por ejemplo) en el caso del café. La determinación de
los ¡,recios depende sólo de factores ajenos a las condiciones internas de
la oferta puesto que se genera en el mercado mundial y tiene carácter externo. A esta fuerte variabilidad de los precios se le une, agravándola en
ocasiones, una segunda circunstancia que afecta cs11ecíficamente a los productos coloniales. Me refiero a la incidencia de la política comercial de los
gobiernos de los países que constituyen los mercados 11rincipales (en este
caso los Estados Unidos): someten a represalias la importación de bienes
de procedencia colonial, del tipo del establecimiento de derechos diferenciales, como forma de 1,resión sobre su respectiva metrópoli. En consecuencia, la economía de las colonias se encuentra afectada de una gran
vulnerabilidad, tanto mayor cuanto menos diversificada sea la gama de
mercados a que tiene acceso. Además, en segundo lugar, los niveles de la

�164

Siglo XIX

renta interior resultan asimismo enormemente fluctuantes, habida cuenta
del gran peso en la misma de las mercancías de exportación.
En razón del mecanismo que se acaba de describir, también varía
con intensidad el consumo interior, lo que priva a la demanda, sobre todo
de productos no imprescindibles, de la conveniente regularidad y estabilidad, cosa que actúa decididamente como factor desincentivador de cualquier tipo de orientación industrializadora. En la misma dirección de bloquear, o por lo menos dificultar, la industrialización, opera la estructura
de la demanda que deriva de la característica disparidad entre los diferentes tipos de ingresos propia de las economías esclavistas. Los esclavos tienen, por definición, un acceso mínimo, casi nulo, a] consumo de manufacturados. Si disponen de alguna capacidad de ahorro, la invierten indefectiblemente en la "coartación", o adquisición de su libertad mediante pagos a plazos, lo que limita el uso de bienes manufacturados en una elevada
proporción de la población total a las "esquifaciones ", o entregas de vestuario por parte de los dueños. La extremada desigualdad de las rentas,
típica del sistema, concentra una gran parle del ingreso total en manos de
un grupo muy restringido de familias. Estas últimas acumulan una fracción muy alta del consumo global, lo que se traduce en una acentuada
diversidad de los manufacturados demandados. En resumidas cuentas, la
disparidad entre los distintos grupos de ingresos condiciona el consumo
privado de modo tal que impide la formación de un mercado masivo de
bienes de consumo corriente y restringe las posibilidades del sistema productivo, sobre todo en el sector industrial.
La marcada especialización productiva hacia bienes de exportación
crea, lógicamente, un gran déficit de alimentos y de manufacturados de
consumo: debe cubrirse a través de la importación, como también la maquinaria e incluso el material de embalaje de las mercancías vendidas al
exterior. En el caso del azúcar, como ejemplo de esto último, la industria
cubana de la tonelería se limitaba a dar forma a los distintos envases (ban-iles, bocoyes o pipas) componiendo un conjunto de piezas de madera y
arcos metálicos importados. De todos los productos procedentes del exterior, sólo los comestibles y bienes de consumo corriente, vestido y calzado
muy principalmente, requieren de un sistema de distribución específico dada la regularidad de la demanda en el tiempo y la necesidad de su suministro.
En esas condiciones, la circulación de mercancías está fundamentalmente formada por flujos de "internación " 3 de bienes procedentes del ex-

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas 165

terior y, en consecuencia, la gestación del mercado interior no guarda nin-

gú,~ tipo de relación con el proceso de formación del mercado nacional que
esta en la base del desarrollo económico moderno. Esto no es conlradictorio, desde luego, con el hecho de que pueda producirse un crecimiento
muy rápido, como sucede en el caso cubano durante los dos primeros tercios del siglo por lo menos. El mercado interior es complementario del comercio_ exterior y plenamente subordinado a él. Así, comercio detallista y
mayorista dependen del comercio de importación-exportación a todos los
efectos. A ello debe unírsele todavía que el sistema depende de los importadores incluso para proveerse de fuerza del trabajo. Un hecho peculiar de
las Antillas, sobre todo de Cuba, es que gran parte del transporte interior
se efectúa a través del tráfico de cabotaje, lo que acentúa más aún la complementariedad entre el comercio interior y el exterior que es siempre,
naturalmente, marítimo.
Las condiciones de privilegio para el comercio metropolitano (¡ue
comporta el régimen colonial proporcionan a los mercaderes peninsulares
la exclusividad o, por lo menos, grandes ventajas en los mercados antillanos, al entregarles el control de los mecanismos de distribución interior
que residen precisamente en la esfera de los intercambios exteriores. Algunos importantes factores extra-económicos, drl tipo de facilidades y
protección proporcionadas por el poder político, que los contempla como
instrumentos de reforzamiento de su dominio, completan el conjunto dr
circunstancias causantes de la peculiar trayectoria adoptada por el proceso de gestación del mercado interior. El uso ~cneralizado del ténnino
despectivo de pulperos4 en el México colonial para designar al conjunto
de los residentes españoles muestra hasta qué punto podía identificarse a
este conjunto humano con el tráfico interior de mercaderías y el comercio detallista. En las Antillas se produjo un fenómeno de estas características, con un muy acentuado protagonismo de inmigrantes de origen
catalán, en los dos primeros tercios del siglo XIX.
La existencia de una corriente migratoria desde Cataluña hacia América y la importante presencia de catalanes en la esfera de los intercambios
comerciales a fines del siglo XVfil y en los primeros años del XIX es algo
bien documentado. 5 Es menos conocida, en cambio, la continuidad dr
esos flujos en los dos primeros tercios del siglo pasado. Entre los estudios
histórico~conómicos dedicados a la Cataluña del ochocientos aparece como un tópico, ampliamente invocado pero escasamente explorado. En los
-apartados siguientes me propongo precisar un tanto su magnitud y sus características.

�166 Siglo XIX

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en la, Antillas española, 167

LA INMIGRACION Y EL COMERCIO CATALAN EN LA REGION DE
SANTIAGO
El análisis estará dirigido a la zona oriental de la isla de Cuba a -la región
de Santiago, por consiguiente-, a cuyo comercio suele imputársele una notable presencia catalana durante el siglo pasado. El registro de la Matrícula
de Comerciante,6 establecido en la isla en 1833, permitirá medir su alcance
sobre cifras seguras y establecer una base de aproximación sólida. Es sabido que esta fuente constituye un listado nominal de los individuos legalmente habilitados para dedicarse a cualquier tipo de actividad comercial.
En nuestro caso, el registro consigna el lugar de nacimiento y el estado civil de cada uno de los inscritos, con lo que pueden clasificarse por procedencias y nacionalidad. Faltan en cambio, desgraciadamente, los datos
necesarios para determinar de manera precisa la clase concreta de actividad a que se dedicaban, el volwnen de sus negocios, sus relaciones con
otros comerciantes de la propia isla o del exterior, etc. Esto significa, por
lo tanto, que la documentación consultada no consiente un conocimiento
completo del segmento más elevado (mayorista y exterior) del comercio
de la zona.

conjunto -un llOCO más del 7°/o-, que deben relacionarse con la emigración desencadenada en la parte francesa de la isla de Sanlo Domingo al
producirse la revolución encabezada por Toussaint Louverture. Sorprende,
en cambio, la bajísima cifra de comerciantes criollos, que no alcanza siquiera un 5°/o del total. Evidentemente, el comercio de esta parte de la
isla estaba, en gran medida, en manos de españoles.
La afirmación que cierra el párrafo anterior es todavía demasiado imprecisa. El cuadro 2 muestra que el grupo dominante en el comercio de la
zona del Oriente cubano era, sin ninguna clase de duda, catalán. Los nacidos en el Principado, hasta un total de 230, representaban el 86.l°lo de
los españoles y nada menos que el 71.4% del total de los comerciantes
de la región. El segundo de los grupos españoles era muy reducido, ya que
sólo integraba ocho personas, y tenía su origen en las Baleares. El hecho de
compartir la lengua con los catalanes explica 1¡ue en Cuba se le confundiera
habitualmente con este otro conjunto mayoritario.

CUADRO 2
CUADRO 1
COMERCIANTES ESPA~OLES DE LA ZONA
DE SANTIAGO EN 1833 POR REGIONES

COMERCIANTES DE LA REGION DE SANTIAGO
EN 1833 POR PAISES DE PROCEDENCIA
España
Antillas Españolas
Francia
útados Unidos

267
13
23
8

Italia
Gran Bretaña
otros
total

3

3
5

322

El principal elemento con que se cuenta en la documentación manejada es un registro exhaustivo de los comerciantes, de todo tipo -conviene recordarlo-, establecidos en la región en el momento de la instauración
de la Matrícula, es decir en el segundo semestre de 1833. Merece la pena
añadir que la inmensa mayoría de ellos actuaban en la misma ciudad de
Santiago. El cuadro l agrupa las cifras totales d.e los comerciantes según
países de procedencia. Resulta especialmente evidente la abrumadora mayoría de los comerciantes españoles que totalizan casi el 83%. En cuanto
a los extranjeros, destaca la lista de los mercaderes franceses, veintitrés en

Cataluña
Baleares
Andalucía
Castilla

230
8
6
6

Cantabria
Galicia
otras
total

5
4
8

267

Los datos relativos al lugar de nacimiento de los mercaderes establecidos entonces en la zona son también de un gran interés. Al margen de una
pequeña fracción de catalanes de quienes no consta el lugar de nacimiento,
más de la mitad de los restantes procedían de una única comarca y, más
concretamente, de Sitges y de la población vecina de Sant Perc de Ribes.
En realidad, la casi totalidad de los inmigrantes había nacido en un número
muy pequeño de poblaciones situadas, sin excepción, en la costa. :"Jo existía emigración alguna a las colonias desde el interior de Cataluña.

�J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolm

168 Siglo XIX

informaciones indirectas y en alguna ocasión por la propia matrícula,
consta el retorno de muchos de ellos a la península.

CUADRO 3

POBLACIONES DE ORIGEN DE LOS COMERCIANTES
CATALANES DE SANTIAGO EN EL AÑO 1833
Sitges
Sant Pere de Ribes
Barcelona
Mataró
La Escala
Calella

85
19
14
13
8
7

Vilanova i la Geltrú
Begur
Sant Feliu de Guixols
otros
desconocidas*
total

169

6
6
6
44
22
230

(*) se indica únicamente "Cataluña".

Las cifras presentadas hasta aquí corresponden a un momento histórico muy concreto y proporcionan una visión estática del tejido mercantil de
la zona. Los datos sobre las actividades específicas de los comerciantes matriculados, sin embargo, no consienten un conocimiento cabal de sus estructuras internas. Se puede afirmar, tan sólo, que la inmensa mayoría de
los inscritos se relacionan con pequeños negocios del comercio al detalle
y con diversos oficios menores. Las anotaciones del documento contienen
principalmente clasificaciones del tipo de "comercio por menor", "tienda
mixta ", "pan, tabaco, azúcar", "tienda de víveres", "pulpería", "panadería", "fonda", "ferretería y quincallería" o "sombrerería". En algunas
ocasiones constan menciones explícitas de sociedades mercantiles de que
formaban parte los matriculados, pero no aportan información cualitativa
al respecto. Así pues, hay que limitarse, de momento, a subrayar el predorrúnio de los pequeños comerciantes y la falta de datos sobre el tráfico de
media o gran importancia.
El resto de la documentación sobre el comercio santiaguero no permite
trazar un cuadro completo de los comerciantes de la región, puesto que registra las nuevas incorporaciones pero no las bajas. Sin embargo, ele las mismas anotaciones del re~tro se deduce claramente que en algunos casos los
nuevos comerciantes ocupaban el espacio dejado por otros que abandonaban la actividad, normalmente a través de la adquisición de un negocio ya
existente. Ignoramos la suerte de quienes salían del comercio, aunque, por

En cualquier caso, sí puede efectuarse una clasificación idéntica a la
que se acaba de presentar y evaluar algunos aspectos relativos al establecirrúento ~e n~ev~s comerciantes en la región. Cabe señalar antes 4ue nada
que- las mscnpc10nes durante los años 1834-1840 son escasísimas. Desde
1841 hasta 1862, fecha final del período cubierto por la documentación
que utilizamos, los datos son, en cambio, bastante abundantes. La clasificación s_egún su o~gen de los matriculados se ha agrupado en dos conjuntos sensiblemente iguales, de alrededor de un millar de personas en ambos
casos, que corresponden los años 1841-1849 y 1850-1862. Algunos de los
dernentos característicos del primer grupo de comerciantes, ya analizado,
vienen confirmados por estos otTos dos. Lo más destacabale es, sin duda la
c?ntin~da~ del predominio aplastante de los nacidos en España, t¡ue s~situan 11racllcame11te al mismo nivel, alrededor del 80% del tola! con una
ligerísima tendencia declinante.
'

CUADRO 4

COMERCIANTES ESTABLECIDOS EN LA REGION
DE SANTIAGO POR PAJSES (1841-1862)

España
Cuba
Francia
Alemania
Italia
otros países europeos
1:1841-1849

l

2

829
95
47
7
6
8

818
210
25
3
2
9

l

2

Venezuela
14
Estados Unidos
7
Haití
4
Santo Domingo
5
otros países americanos 12
totales
1034

6
4
7
4
9
1097

2: 1850-1862.

~estaca ne!amcnte la caída en términos relativos del contingente
de ongen frances. Creer en cambio, como es natural, el grupo de los comerciantes criollos, pero sigue anclado en porcentajes muy bajos por debajo del 10% y del 20% en 1841-1849 y 1850-1862 respecti;amente.

�170

J. Maluquer de Mote,: El mercado interior en hu Antilla, e.1pailoku

Siglo XlX

El resto de las procedencias corresponde a grupos de dimensiones reducidas. Hay que adv~rtir todavía •1ue una parte considerable de &lt;¡uienes han
sido clasificados como americanos, por haber nacido en la misma isla de
Cuba o en otros territorios del continente, eran hijos de inmigrantes españoles y continuadores del negocio familiar. Es imposible establecerlo con
claridad en el caso de 4uienes tenían apellidos castellanos, pero resulta
muy claro para los de origen catalán. He anotado así como criollos a los
santiagueros Magfu Robert, Juan Savanell, Justo Bilhé, Juan y Francisco
Sarret, Jorge Isal~uué, Luis Roca, Juan Roger y Francisco Celí; al bayamés
Francisco Coll; Pooro Rogé y José Barceló, de Baracoa; Mercedes Bonet,
de Trinidad; Juan Arché, de Santa Catalina de Cuantánamo; y Santiago
7
Puncet y Jaime Esteva de Maracaiho.
La distribución por regiones de nacimiento de los comerciantes españoles instalados en la zona santiaguera presenta asimismo algunas diferencias de interés con la que contienen los cuadros del momento inicial de
nuestra documentación, en el año 1833. El contingente mayor corresponde aún a los procedentes de Cataluña que alcanza un total superior a los
1 200 individuos conjuntamente en los dos períodos considerados. Se
trata de una cifra muy alta, sobre todo si tenemos en cuenta que el total
general sobrepasa escasamente los 2 000 inscritos. El contingente de los
comerciantes catalanes es, sin embargo, decreciente en ténninos relativos
puesto que aparecen grupos nuevos con cierta importancia, fundamentalmente procedentes de las regiones cantábricas.

Se encuentran, en efecto, cifras bastante respetables de vascos, gallegos, asturianos y, sobre todo, montañeses. El arranque de la emigración
cantábrica, hacia esta wna por lo menos, parece haber sido bastante más
tardío que el producido en Cataluña, lo que no se aleja mucho de las propuestas que sobre la cuestión han formulados algunos especialistas como
Ojed!i y San Miguel.8 Hay que subrayar otra vez el contingente balear.
Es digno de atención también el hecho de que, como en el caso de los comerciantes criollos y extranjeros, encontramos entre los nacidos en otras
regiones españolas algunos apellidos que sugieren un origen catalán de segunda generación como los de Tomás Vila, de Madrid; José Planell, de Andalucía; Manuel Masforrol, de Cádiz; y Rafael Martí, de Córdoba. Parece
bastante probable, a la vista de estos datos, que algunas parte de las redes
comerciales catalanas extendidas en los mercados español y americano continental a fines del siglo XVIII hubieran sido trasladadas a la isla.

171

CUADRO 5

COMERCIANTES ESPA~OLES EN LA ZONA
DE SANTIAGO POR REGIONES (1841-1862)
l
Cataluña
Baleares
País Vasco
Gálicia

Asturias
Cantabria

...!.

635 573
39 13
11
17
20 30
22 37
52 78

País Valenciano
Castilla-León
Andalucía
otras
totales

l

2

8
13
19

12
27
17
14
818

10

829

1: 1841-1849 2: 1850-1862.

~l aná.~sis de los des conjuntos de comerciantes catalanes que tomo en
cons1d~ra~10n no puede llevarse aJ terreno de su origen según localidades
de nacumento
de . la
·"
·'
fr
1 a causa
•
. disminución de la cali"dad de la 10
10rmac1on
que, su e e registro utilizado. Es factible solamente para el primer
periodo, pero no para el segundo. Habrá que proceder, pues, por separado.
, . En el Japso 1841-1849, bien documentado, se mantienen las caractensticas presentes antes, ya conocidas por los datos que recoge el cuadro 3,
hasta el punto de que las primeras ocho localidades de aquella lista coinciden de una manera casi exacta con las que contienen el cuadro 6. Las variaciones de o~en, incluso, son poco significativas. Se confirma el papel
destacado de S1tges y de Sant Pere de Rihes, así como el carácter casi exclusivamente costero, con muy pocas excepciones y de mínima entidad
~ las poblaciones originarias de los inmigrantes. Cuando se trata, exce/
~onalm~nte, de localidades del interior coinciden siempre en la circunstanCla c~mun de una gran proximidad al mar. Por otra parte, con la única excepc1on de ;Barcelona, cuyas cifras son insignificantes en relación con el ta~ño de la ciudad, no existe ningún tipo de emigración desde las poblaCiones de carácter industrial de Cataluña hacia la :,,ona de Santiago de
Cuba.

�172

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

Siglo XIX

~jercicio -~e la comparación en sentido estricto, toda vez que contiene
mformac1on menos detallada.

CUADRO 6

COMERCIANTES CATALANES DE SANTIAGO
SEGUN SU ORIGEN (1841-1849)
Sitges
Sant Pere de Ribes
Barcelona
Sant Feliu de Guixols
L'Escala
Mataró
Lloret

174
63
47
35

28
26
24

Begur
Vendrell
Calella
otros
descQnocido*
total

173

22
21
15
127

El período del que poseo la información corresponde en este caso a
los años 1833-1841. Se encuentra en la estructura del área mercantil habaner~ Y matancera mayor_complejidad que en Oriente, lo que no impide
el caracter ,ne~mente dommante, también aquí, del grupo de los nacidos
e~ la metropoli, que supera las tres cuartas partes del censo. Los comerc1~ntes cubanos apenas superaban, en cambio, el 8%. El conjunto siguiente, formado por los comerciantes norteamericanos residentes sólo
~cendía al 4%.
'

53

635

CUADRO 7

(*) consta exclusivamente el origen catalán.

Para el período 1850-1862 los datos son menos precisos. En las inscripciones figura normalmente la región de procedencia, pero ,s~lo en una
cuarta parte, más o menos, el lugar concreto de forma exphc1ta. D~ los
comerciantes catalanes consta el origen exacto de 132 sobre 537 registrados en la Matrícula. En general, esta muestra reducida confirma de nuevo
las características apuntadas anteriormente, con una posición muy destacada de Sitges (49 personas) y Sant Pere de Ribes (18 matriculados). El
, comercio catalán en la zona de Santiago mostraba, pues, una fuerte concentración en la procedencia de sus efectivos: las dos localidades recién
citadas son lugar de nacimiento de casi la mitad de los mercaderes del Principado consignados en el registro con indicación exacta de su origen.

LOS CASOS DEL OCCIDENTE CUBANO Y DE PUERTO RICO
El otro gran foco d~ actividad comercial y de recepción de inmigrantes
europeos en Cuba, mucho más importante todavía c1ue el de Oriente,
corresponde al área de La Habana y Matanzas. He utilizado de forma parcial los datos del registro comercial de esta zona para la etapa inicial del
mismo, con la finalidad de obtener un contrapunto para valorar los de Santiago presentados más arriba. La documentación empleada no admite el

COMERCIANTES ESTABLECIDOS EN LA PROVINCIA
DE LA HABANA POR PAISES (1833-1841)

España
Cuba
Estados Unidos
Alemania
Francia

946

102
50
46

36

Gran Bretaña
Italia
Suiza
otro.s
total

18
13

8
39

1258

En cuanto a la composición interna del grupo de comerciantes procedentes de la metrópoli, se comprueba nuevamente la presencia mayoritaria
de los catalanes, como muestra el cuadro 8. En esta otra área occidental de
la isla, con diferencia la de más importancia comercial, alcanzan ya cifras
bastante considerables los grupos procedentes de las regioncs cantábri~s
Qa propia Cantabria, Galicia, País Vasco-Navarra y Asturias) así combandaluces y canarios. El análisis de los comerciantes catalanes no puede efectuarse, como en Oriente, mediante la clasificación según las localidades de
nacimiento a causa del deterioro de la información que contiene la Matrícula.

�J. Maluquer de Motu: El mercado interior en ltu Antilltu espaifoltu 175

174 Siglo XIX

CUADRO 8

COMERCIANTES ESPA~OLES EN LA PROVINCIA
DE LA HABANA POR REGIONES (18.33-1841)
Cataluña
Cantabria
Galicia
Pais Vasco-Navarra
Andalucía
Asturias

373
115

98
80
77
74

Canarias
Castilla la Vieja&gt;II
Baleares
otras
total

61
32
19

17
94€

(*) puede incluir algunos individuos del grupo cántabro.

AW1que el peso relativo de los comerciantes catalanes instalados_ en la
zona de La Habana y Matanzas hacia 1833-1841 era menor que en Oriente,
la cifra total era más elevada allí. Interesa subrayar, sin embargo, que
todo apunta a la existencia de muy estrechas relaciones entre ambos
grupos.

..

,

El control cuasimonopolístico de las actividades mercantiles en el
Oriente cubano desde los años treinta hasta los sesenta por parte de los
comerciantes catalanes, y su fuerte presencia en el área occidental, aparece
igualmente constatada, y con mayor intensidad todavía, en la otra Antilla
9
bajo dominio español en el lapso 1800-1830. En esta etapa, en efecto'. el
00º/0 de los comerciantes de origen conocido instalados en Puerto Rico
eran catalanes. Quizá sea todavía más significativo el dato relativo a la
participación porcentual de la inmigración catalana, sin distinción profesional, en el total de los españoles de origen conocido en la pequeña Antilla: alrededor de las dos terceras partes.
La naturaleza de esta inmigración catalana en Puerto Rico es idéntica
a la que se ha encontrado en Cuba. Su origen coincide en un número limitado de poblaciones, con especial relieve de Lloret de Mar, T~, Blanes,
Sant Feliu de Guixols y Vilanova i la Geltrú. Acaparaban una fracción muy
importante del comercio de importación y exportación en San Juan, pero
también, y principalmente, mantenían una gran cantidad de pulperias Y
tiendas mixtas en los pueblos, sobre todo en las áreas de Ponce, Mayagücz
y Aguadilla.

Un rasgo muy destacable de la emigración catal_ana a las Antillas en
la primera mitad del siglo XIX es su estrechísima relación con las actividades mercantiles. Existe una casi total coincidencia entre el número de
catalanes residentes y el de quienes se dedicaban al comercio. En Puerto
Rico la proporción correspondiente para todo el período 1800-1830 asciende al 89%. Para la isla de Cuba no puedo alcanzar una concreción
completa, pero sí .señalar que multitud de indicios y pruebas indirectas
apun_tan _exactamente en la misma dirección. No se encuentran, por ejemplo, inmigrantes catalanes en la gran Antilla que se dedicaran al cultivo de
la tierra. El único intento de esta clase, promovido por Miguel Estorch en
el ingenio "La Colonia" durante los años 1840 y 1841, terminaría con un
estrepitoso fracaso. 1º
Otro trazo igualmente destacable es la enorme cohesión interna de
estos grupos o "colonias" de comerciantes originarios de la costa catalana.
La inmensa mayoría de los que llegaban a cualquiera de las dos islas tenían
ya previas relaciones familiares o de amistad con otros emigrantes instalados desde bastante antes, lo que les facilitaba la inserción en los circuitos
de la intermediación comercial en ambas sociedades coloniales. Muy frecuentemente tales vínculos vienen determinados por la procedencia de los
mismos lugares de nacimiento. Esto explica la impresionante concentración de vecinos de Sitges y Sant Pere de Rihes en el comercio de la región
santiaguera. Existían, por lo tanto, unos complejos sistemas de acogida que
ayudan a entender la relativa intensidad del flujo de la emigración catalana
a colonias, un tanto insólita en el contexto de una sociedad poco inclinada
a generar corrientes emigratorias en la primera mitad del siglo XIX. 11
Por otra parte, los inmigrantes catalanes en las Antillas no se identificaban demasiado, por lo menos en el primer tercio del siglo, con el espíritu del colonizador ni se esforzaban por consolidar el dominio colonial en
aqu.ello.s territorios. Esto les procuraba una actitud de hostilidad decidida
por parte de las autoridades españolas, como reflejan las Instrucciones al
Diputado del Cabildo de San luan del año 1809. En este texto se advertía
en tono de abierta censura, que "estos hombres -los catalanes- en quien~
se absuelve todo el numerario rara vez construyan fábricas, fomenten haciendas, ni tomen otro destino que la salida, o el transporte con el metálico que han grangeado ". 12
En cambio, los inmigrantes catalanes de aquella primera hora no motivaron, que se sepa, enfrentamíentos con la población criolla. Rosa Marazzi no encontró ni una sola prueba de animadversión hacia los catalanes

�J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

176 Siglo XIX
en los numerosos informes sobre forasteros de los municipios de la isla de
Puerto Rico para el período que estudia. Del mismo modo, tampoco se detectan eo Cuba, durante las primeras décadas del siglo, señales de rechazo
¡,,ntre la población local. Fl testimonio de José Antonio Saco nos aclara
que, durante su infancia en Bayamo, los Españoles eran
casi todos catalanes, casi todos taberneros o tenderos, ninguno
tenía aspiraciones políticas, carecían de influencia social, no pensaban más que en buscar dinero con su industria, y felizmente no
existían entre ellos y los bayameses los odios fratricidas que des·
13
pués se despertaron con tanta fuerza.

Los conflictos aparecieron sólo cuando la ubicación, cada vez más céntrica,
de los comerciantes catalanes en ambas sociedades antillanas acabaría
por interesarles muy directamente en la política colonial.
UNA EMIGRACION DETERMINADA POR FACTORES DE ATRAC-

CION
La emigración catalana a las Antillas en las dos primeras décadas del siglo
XIX no constituye un flujo mu} grande desde el punto de vista cuantitativo. El conjunto de los emigrante$ conocidos a través de las fuentes utilizadas alcanza una cifra inferior a los tres mil individuos. Es cierto que no dispongo de un censo exhaustivo. Algunos de ellos pudieron haberse insta·
lado allí con sus familias, aunque no parece ser una situación frecuente. Para Cuba faltan todos aquellos 1¡ue se ubicaban en el exterior del ámbito
mercantil o incluso dentro de él pero sin disponer de la titularidad de un
negocio. Todo junto no podría sobrepasar, en mi opinión, un total de
10 000 personas para más de sesenta años. Aunque la cifra real resultara
doble de la que he calculado, la proporción que supondría sobre la población catalana total, que se mueve durante el mismo lapso entre cerca del
millón y más del millón y medio de habitantes, no constituye un límite
muy alto. Claro que los porcentajes sobre la población específica de las
localidades concretas de origen ya suponen algo muy espectacular, a la
vista de la fortísima concentración de las procedencias. Pero aún así habría que matizarlo mucho teniendo en cuenta la duración de la estancia
de cada inmigrante, probablemente breve en muchos casos, y el monto,
14
en apariencia muy considerable, de la tasa de retornos.
Es preciso, por consiguiente, situar el terna en el terreno de la valoración cualitativa. Desde la óptica de las sociedades receptoras, las con·
secuencias de esta inmigración catalana, una vez establecido el modelo de

177

creci~ien_to hacia f~era, deben ser consideradas como muy Jlositivas ya
que_1mplicaba una nnportante aportación de caJlilal humano de que las
Antillas estaban escasamente dotadas. Se trataba de un flujo de &lt;.'ntrada
de ho~bres en. edad de trabajar con un tipo de ca1,acitación técnica muy
determmado, liga~o al comercio ultramarino y a la navegación atlántica,
Y_~uy apt~ par~ impulsar el comercio y el transporte interior en las condi~iones mas arriba descritas. Además, la formación de esta fuerza de trahaJo, probablemente bastante calificada, no había producido en las islas
coste alguno en su, infancia o en su adolescencia. Queda JIOr establecer, sin
~n~argo, hasta que punto modificaría estas apreciaciones un mejor conocmue_nt~ del tema de los regresos de los inmigrantes y de sus consecuencias
economicas.
Para Cataluña, la aplicación en el exterior de estos recursos no debió
supon_er una _pérdjda real apreciable puesto que la independencia de las
~lomas contmentales de España y el drástico debilitamiento del comerc10 ultra~arino dejarían, presumiblemente, sin empleo alternativo a estos
grnpos vinculados a la navegación y al tráfico internacionaJ.15 Por otra
parte, se obtuvieron, sin duda, muy importantes ventajas del hecho de contar con _u~~ _organización comercial extendida en el exterior y constituida,
por ~efuuc1~n, en la representación más segura y activa de la producción
~op1a. Gracias a ello, Cataluña sería uno de los principales proveedores de
tmentos Y manu~acturado~ ~iversos en lós mercados coloniales. Por si
e~a. ~o~, ambas islas se er1g1eron en una suerte de cabcza de puente que
~sibil1to alguna conti11uidad del tráfico con las repúblicas independientes
n_uentras no se regularizaron sus relaciones con la antigua metrópoli e hizo
~able ~l mantenimiento de una conexión, fundamental para la economía
mdustnal catalana, con los puertos sureños de los l.:stados Unidos para el
aprovisionamiento de algodón en rama.
R_esta to~avía, de otro lado, la cuestión de los retornos. El flujo rnigratono cons1dc~ado pres~nta la característica de ser en gran medida -no
de forma e~clus1va- de_ tipo t~m¡,oral, I? que significa qui' había de generar una comente de capital hacia la mctropoli en forma de remesas, más 0
menos regulares, o de transferencias. De esa 'repatriación' de capitales existen pruebas abundantes como también de su canalización, directa O indirecta, hacia la moderna industria algodonera y hacia muchos otros sectores
~e 1~ eco~omía catalana. Pero la cuestión de la inversión del capital de los
'indianos queda un poco lejos del tema de este trabajo.
En cuanto a la frecuencia del regreso de Los emigrantes, me limitaré

�178

Siglo XIX

a reproducir dos referencias de la época relativas a poblaci~nes muy
significativas. En 1833 se escribe que una buena parte de los habitantes de
Sitges eran
comerciantes o marinos retirados del comercio y tráfico de la
América, especialmente de la isla de Cuba, que es e! punto_al que
se han mostrado más inclinad?s _Y dirigido des~e l~¿mos tiempos
por sus operaciones y establecumentos mercantiles.

De la ciudad de Vilanova i la Geltrú se nos dice, en el mismo. momen~o,
que sus habitantes se dedicaban mayoritariamente al comerc10 colorual
fundando establecimientos en la América, cuyo emporio ha sido
la ciudad de la Habana, donde la mayor parte de individuos de las
clases pudientes han permanecido muchos años, hasta que _favore·
cidos por la fortuna han regresado a sus hogares para disfruw
tranquilamente en el seno de sus familias el fruto de sus afanes.

De estos y otros muchos testim~~os se d~uce de fonna incontrovertible que se trata de una emigrac10n detenmnada fundamen~ente por
factores de atracción. A.sí, en el centro mismo de nuestro penodo, el ~tahlecimiento de la fábrica de hilados de algodón_ de la e~rresa Batllo Y
Cía en Sitges, que tantos vecinos tenía en las Antillas, ob~o ~ rec_lutar lo~
1
cerca de cien trabajadores ocupados fuera de la poblac1on. , V1l31:1ova 1
la Geltrú debía contratar para la vendimia y otras faenas_ 3lNcolas Jornaleros procedentes de los más lejanos rincones de Ca':81una. Desde ~ta
ciudad se observaba en 1843 que "a las comarcas vecmas no las ha per.iudicado directamente. la aglomeración de obreros en Barcelona; lo q~e. les
que tenían los mozos de pasar a nuestras Amencas
perjudicó fue la manía
,,20
para probar fortuna •

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas 179

de un activo comercio con las colonias, fenómeno ron el t¡uc mantenía
una relación de causa y efecto de doble dirección. Esto creaba mecanismos de información y sistemas de acogida, incentivos y oportunidades
para maximizar el aprovechamiento de la capacitación específica que abundaba en las poblaciones de la costa catalana. La emigración y el comercio
catalán con las Antillas a lo largo de los dos primeros tercios del siglo
XIX no son otra cosa, en última instancia, que las dos vertientes de un
único fenómeno histórico.
El proceso de gestación del mercado nacional, o, si se prefiere designarlo de otro modo, la formación de una economía de mercado, contiene
cierto tipo de re&lt;¡uerimientos que las sociedades esclavistas incumplen por
definición. Falta en todo caso, evidentemente, la condición necesaria ele la
movilidad de los factores de producción desde el momento que el mismo
trabajo está sometido, por lo menos en parte, a restricciones insalvables.
Todo mercado se halla políticamente determinado en sus dimensiones y
en la normativa que rige su evolución a través de su legislación fundamental
y de la política económica del gobierno. Cuando la dirección política opera desde el exterior y con criterios orientado~ a garantizar las ganancias
obtenidas en el exterior, el proceso tampoco puede encaminarse hacia la
diversificación productiva y hacia un desarrollo económico relativamente
armónico. La formación del mercado interior en las economías exportadoras, mucho más todavía cuando están estructuradas bajo condiciones coloniales, aparece como un fenómeno complementario del comercio exterior y subordinado a él.

-

NOTAS

Evidentemente, los catalanes marchan a colonias durante los primeros sesenta años del siglo pasado no por la necesidad de emigrar sino por
Ja existencia de oportunidades económicas, por la posibilidad de forjar una
fortuna O "hacer la América". Como advierte Estela Cifre de Loubriel, rara vez el catalán atraviesa el Atlántico durante ese período sin contar previamente con una ocupación.21 Naturalmente, esto no significa que falten del todo factores de expulsión. Toda corriente migratoria encuentra
alguna base en dificultades surgi_das en lo~ focos d~ origen de la_ m~m~- Pero, sin duda, Cataluña incorporo en la prunera mitad del XIX mc~ugr~t~
en número bastante superior a los emigrantes que dejaron su temt~no. ~1
se generaba un flujo de salida de cierta consideración era por la existencia

1.- Existe una información impresa muy abundante fonnada por libros de viajeros

v, mejor aún, por análisis realizados en la época, sobre la economía cubana de
los dos primeros tercios del siglo XIX. No son pocos, asimismo, los estudios
modernos sobre el tema. En cambio es más escasa la información disponible sobre Puerto Rico, a pesar de que una joven historiografía, muy reciente y también muy calificada, está cambiando radicalmente el panorama. Dejo p-ira una
versión ulterior de este trabajo, mucho más extensa, las referencias bibliográficas precisas.
2.- Las estancias eran las explotaciones rurales próximas a las poblaciones destinadas a la producción de alimentos, tales como legumbres, verduras, hortalizas,
volatería, leche, queso o forraje, para el mercado urbano. Los conucos eran pequeñas suertes de tierra que los propietarios cedían a los esclavos para cultivar

�180

Siglo XIX

]. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

181

en su propio beneficio. Los esclavos más laboriosos y con escasas cargas familiares podían alcanzar la libertad en el conuco por medio de su auto-compra a
término o "coartación".

15.- Para el marco general del comercio colonial en el XlX, mi estudio "El mercado
colonial antillano en el siglo XlX", en Jordi Nadal y Gabriel Tortella (eds.):
Agricultura, comercio colonial y crecimiento econ6mico en la España contemporánea, Barcelona, 1974, pp. 322-356.

3.- Tomo el empleo de este expresivo concepto de un texto de la época Véase
"Cuba", Gaceta de Madrid, 4 de febrero de 1841.

16.- Diccionario Geográfico Universal, Barcelona, 1832-1834, vol. lX, p. 108.

4.- Harold D. Sims: La expulsión de los españoles de México (1821-1828), Madrid,
1974.
5.- Josep M. Delgado Ribas: "La emigración española a América Latina durante la
época del comercio libre (1765-1820). El ejemplo catalán", Boletín Americanista, XXIV (1982), 32, pp. 115-137.
6.- La documentación pertenece al Archivo Nacional de Cuba, de la Habana. He
empleado fundamentalmente una Relaci6n de los individuos que desde Julio de
1833 hasta Dicieml,r,e de 1849 han sido presentados. .. en la matrícula de Comerciantes y su continuación, así como el Registro público y general de comercio de la provincia de la Havana.
7 .- En algunos casos, como en el de Juan AIChé, consta el origen catalán de su padre
(J. A. Arché).
8.- Germán Ojeda y José Luis San Míguel: Campesinos, emigrantes, úulianos, Salinas, 1985. Sobre algunos aspectos de la emigración gallega en estos mismo años,
Norma Peraza: "'Esclavos· gallegos en Cuba", Revista de la Biblioteca Nacional
José Martí, XXII (1983), 3, pp. 111-132; y Ma. Xosé Rodryroez Galdo y Fausto
Dopico: Crisis agrarias y crecimiento económico en Galicia en el siglo XIX, La
Coruña, 1981.

9.- Rosa Marazzi: El impacto de la inm.igraci6n a Puerto Rico, 1800 a 1830: análisis
estadístico, San Juan, s. a.
10.- Jordi Maluquer de Motes: "La burguesía catalana y la esclavitud en Cuba: polÍtica y prÓducción", Revista de la Biblioteca Nacional losé Martí, XVIIl (1976),
2, pp. 11-81.
11.- Según Jordi Nada!, la población catalana creció entre 1814 y 1857 con una tasa
anual del 1 °/o. En cambio, entre 1857 y 1910 lo haría sólo con el modesto ritmo del O 43º/o. Véase su capítulo en Joaquim Nada! i Farreras Y Philippe
Wolff (dirs.): Hiswria de Catalunya, Barcelona, 1984.
12.- R. Marazzi: op. cit., p. 39.
13.- José Antonio Saco había nacido en el año 1797. La cita, tomada de su Autobiografía, está reproducida en Eduardo Torres-Cuevas: La polémica de la esclavitud, José Antonio Saco, La Habana, 1984, p. 7.
14.- En este punto discrepo de las afirmaciones de Estela Cifre de Loubriel, que tiende a minimizar los retornos en su monumental estudio La formaci6n del pueblo
puertorriqueño. La contribución de los catalanes, baleárico, y valencianos, San
Juan, 1975.

17 .- ld. id., vol. X. p. 735.
18.- Lluís Jou Mirabent: Notes pera l'estudi de la Marina de Sitges, 1840-1880,
Villafranca del Penedes, 1977.p. 32.
19. - Alb.ert Virella i Bloda: ''De quan Vilanova i la Geltrú era un empori del vi",
Miscel. lania Penedesenca, 1978,pp. 205-240. Véase pp. 217-218.

20.- "Industria vitícola catalana", El &amp;o del Comercio, 5 de marzo de 1843.
21.- E_ Cifre de Loubriel: op. cit., p. 25.

�El Impacto de la Guerra de
Independencia en la Economía Catalana

Antonio Moliner Prada*

Esta,; breve,; nota,;, extraída,; de un trabajo sobre la ]unta Superior de Cataluña, pretenden ofrecer una primera aproximación sobre las repercusiones que tuvo la guerra de la Independencia en la economía catalana.
El desarrollo espectacular del último cuarto del siglo XVIll quedó
bruscamente interrumpido por esta guerra. La prosperidad de la manufactura algodonera se debía a la exportación de tejidos y aguardiente al
mercado colonial español. La introducción de tejidos franceses e ingleses
durante esta guerra, la ocupación de los principales puertos por los franceses y el mismo levantamiento de las colonias americanas, suponían un
golpe mortal contra la naciente industria catalana. A ello hay que añadir
las consecuencias negativas de la grave crisis de 1811-1812, que afectó
con dureza al Principado de Cataluña, así como la destrucción de las cosechas, ganados y propiedades, acaparamiento de los productos de primera necesidad y aumento de la presión fiscal en los pueblos.
Ante el vacío de poder creado por Jas autoridades, incapacr,s de hacer
frente a la situación de la invasión del ejército francés, nace la Junta Superior de Cataluña, al igual que en las demás provincias del Estado espailol. La comisión de hacienda, creada en el interior de la Junta, intentó
desde el principio reunir los fondos necesarios para sufragar los cuantiosos
gastos existentes, obligando a todos los pueblos y grupos sociales a prestar su colaboración. Pero el sistema fiscal que impuso no funcionó. En el
mejor de los casos no llegó a recaudar ni la mitad de los gastos, sin contabilizar la fiscalización de los ejércitos de José I y Napoleón y lo incautado
por las tropas francesas.
Por otra parte, el gobierno central (Junta Central, Consejo de Regencia, Cortes) se vio en serias dificultades en la Hacienda. Uno tras otro fueron fracasándo los diversos proyectos emprendidos, como lo ha puesto de
*San Juan, Alicante (España}

�184

Siglo XIX

manifiesto J. Fontana recientemente (Guerra y Hacienda. La hacienda del
gobierno central en los años de la guerra de la Independencia (1808-1814),
Alicante, 1986).

La depresión general de la economía europea tras las guerras napoleónicas dificultó después la reactivación catalana.
L

••

LAS TRANSFORMACIONES DEL SIGLO XVIII

A pesar de que Cataluña perdió su organización institucional propia, tras
la guerra de Sucesión y los decretos de Nueva Planta de principios del siglo
XVUI, a lo largo de esta centuria conoció una serie de transformaciones tan
importantes que provocaron un cambio profundo en el modo de producción. La aportación de P. Vilar al conocimiento de estos cambios en su
obra La Cat.alogne dans l'Espagne moderne (París, l'.162, 3 vols.) es fundamental.1
a)

El crecimiento de la población.

A lo largo del siglo XVIIl la población catalana se duplicó. En poco menos
de 70 años pasó de 407 432 habitantes en 1718 a 814 412 en 1787
(año del Censo de Floridablanca~2 lo q'!e significaba una densidad de población de más de 27 habitantes por km 2 . El crecimiento de su población
era superior al del resto de España, invirtiéndose el equilibrio demográfico
peninsular a favor de 1~ periferia marítima respecto del interior. Este impulso demográfico catalán lo sitúa P. Vilar entre los años 1715-1748,
época de bajos precios de trigo. A partir del 48 y en la década de los 60 los
salarios se mantuvieron bajos y los precios subieron provocando una corriente migratoria hacia el exterior (América, etcétera).
Este crecimiento no fue homogéneo.3 Hubo un movimiento de lapoblación de la montaña hacia el llano, buscando tierras más aptas para los
cultivos. Las comarcas que tuvieron un crecimiento rápido se sitúan a lo
largo de la costa catalana, desde Blanes hasta el delta del Ebro y excepcionalmente algunas interiores, como el Segria. Dicho crecimiento no se debió sólo al crecimiento vegetativo o natural sino al fenómeno de la inmigración. Como áreas deprimidas o estancadas cabe situar a las zonas de montaña, el Pirineo y el Prepirineo.
Este crecimiento demográfico supone la entrada en una etapa moderna de la historia de la población catalana, con un crecimiento casi ininterrumpido y por la pirdida de la virulencia de 1~ m~rtali~ades catastró~cas
de siglos anteriores, aunque afectaron todav1a ep1dem1as como el colera
en el siglo XIX.

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

185

b) El desarrollo de la agricultura

La expansión demográfica de los primeros años del siglo está unida a la
expansión agrícola. Las transformaciones que sufrió la agricultura catalana
a lo largo del siglo fueron profundas. En primer lugar la producción aumentó debido a la ampliación de la superficie de l¡¡s tierras dedicadas al
cultivo, mediante la roturación de nuevas tierras de bosques y la desecación de tierras pantanosas y fluviales-marítimas (delta del Ebro y del
Llobregat). Esta agricultura, basada en la utilización de nuevas tierras, se
dió preferentemente en la franja litoral y en las depresiones interiores. En
segundo lugar la producción se intensificó mediante la introducción de
nuevas técnicas agrícolas, la utilización de abonos y nuevos sistemas de
rotación de cultivos (suprimiendo el barbecho), la expansión de cultivos
arbustivos de secano en la costa (principalmente la vid), 5 así como otros
productos que desplazaron a los clásicos mediterráneos (cereales, olivo)
por otros nuevos como el maíz, la patata, los forrajes, el cáñamo o el arroz .
Tales transformaciones no fueron iguales en toda la geografía del
Principado. Hay que distinguir entre las zonas montañosas, poco fértiles,
que proseguían la tendencia al autoconsumo y que no dispoman de núcleos importantes de población, y las zonas costeras, más aptas para una
especialización agrícola, incluso rayando el monocultivo (vid, arroz). En
una zona intermedia, en las depresiones interiores, se produjo una disminución del barbecho y una extensión de los cultivos.

Tal prosperidad agrícola se logró por la posibilidad de comercialización de los excedentes en el mercado y el aumento de la demanda. A lo
largo del siglo se da un proceso de integración del mercado regional, que
posibilita pasar de una economía agraria de autoconsumo, ligada en cuanto a los precios a las variaciones cíclicas y estacionales, a otra de tipo moderno, donde las variaciones periódicas son más moderadas.6 El comercio
regional se ensanchó con el mercado colonial donde los catalanes vendían
sus productos, principalmente vino, aguardiente y textiles.
El alza de los precios desde 1784-85, el paro y el estancamiento de los
salarios provocaron en Barcelona y otras ciudades (Vic, Mataró, Valis) los
célebrf'..S " rebomboris del pa" (tumultos populares por la carestía del
pan). 7 En el último tercio del siglo se produjo tatnhién un aumento de la
presión señorial en el campo catalán, provocando serios conflictos entre
señores y vasallos en muchos pueblos al oponerse éstos a pagar tales derechos (así por ejemplo los vecinos de Vimbodí se negaron a pagar los diezmos y demás derechos al real Monasterio de Poblet).

�186
c)

Siglo XIX
La formación del capital comercial y las transformaciones de la
manufactura.

El incremento de la población hasta 1740 se basó en el bajo precio de los
granos y condujo a un descenso del salario agrícola y a un aumento de la
renta señorial. P. Vilar calcula que durante el siglo XVIII mientras las rentas señoriales se cuadruplicaron, los precios agrícolas se triplicaron y los
salarios se doblaron. Una parte de estas rentas señoriales se canalizaron hacia actividades mercantiles a través de un triple canal: el arriendo del cobro
de las rentas señoriales por la burguesía barcelonesa, la compra de fincas, y
la conversión en mercaderes de los segundones de las familias que se veían
obligados a abandonar las masías catalanas.
A mediados del siglo la crisis del comercio catalán con Inglaterra hizo
que éste se orientase hacia las colonias americanas, primero a través de
Cádiz, después directamente con las Antillas americanas: la acumulación
comercial refor.¿Ó de este modo la primitiva acumulación agraria. El aumento de este comercio, que se legalizó oficialmente a partir de 1778 con
la libertad de comercio con América, queda demostrado por la proliferación de las destilerías de aguardientes entre 1760 y 1780, que se multi8
plicaron por tres, y por el desarrollo del crédito.
A mediados del siglo, un nuevo desequilibrio entre hombres y recursos. por la reducción en beneficio de la vid del área destinada ~ los cereale~,
reintrodujo la crisis demográfica. Al contra~o de lo que_ ~ucediera en la p~mera mitad del siglo, hacia 1770-7 5 sobreviene una cns1s basada e~ la disminución de la fuerza de mano de obra, el incremento de los salanos y el
descenso de la renta agraria. A partir de 1778 también se p~odujo un de~
censo de los precios de las exportaciones de vino~ y aguardien!es: Esta situación orientó al burgués catalán hacia otras acbVJdades econom1cas relacionadas con las posibilidades del comercio americano: la fabricación de
tejidos de algodón de una fonna industrial, sector nuevo en el que no había ningún control gremial.9 Así, el beneficio industrial sustituía a la
renta señorial como medio de acumulación de capital.
No hay ninguna duda de que a finales del siglo, a partir de 1768-70, ya
se había establecido en el Principado el tipo de trabajo empresarial, superando el trabajo de tipo doméstico. Del estudio de Grau y López se desprende que ya a mediados del siglo XVIII, y no tan tardí~~nte co~o _se
afirmaba, existían muchos telares: en concreto, las ocho fáhncas de mdia10
nas establecidas en Barcelona sumaban más de 300. En la difusión de las
nuevas técnicas jugó un papel importante la Junta particular de comercio
de Barcelona, instaurada en 1758, siendo muy escaso el de las Sociedades
Económicas de Amigos del País establecidas en Cataluña a partir de 1776.

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

187

En t~as las tr~nsformaciones apuntadas, íntimamente relacionadas,
tuv_o una_ rmportanc1a capital la estructura de la propiedad de la tierra la
cas1-prop1e~ad de los contratos enfiteúticos. Los cultivadores enfiteu~,
con su caracter perpetuo, sometidos a un censo fijo y módico, pagado ge~eralmente en productos, se beneficiaron de la subida de los precios del
siglo, au~que p~gasen también los diezmos y otras cargas señorialessll
lo que hizo posible que parte de los beneficios se reinvirtieran en las tierras.
Co_n el algodón, detrás de los vinos, Cataluña se había acostumbrado a
produci_r n_o _para el consumo sino para la venta, lo que suponía un cambio
en el pnncipio del modo de producción.
Estas transformaciones se vieron truncadas por los efectos negativos
de las guerras, con Francia en 1793-95 y 1808-14 y contra Inglaterra en
1799-1801 Y 1804-1808, que bloquearon el comercio colonial Según R
Ferr~r, contemporáneo de la época, las fábricas y el comercio. quedaro~
paralizados después de la guerra de 1804. La Junta de Comercio en el balance de 1807 ~~aluaba di~has pérdidas en una disminución de las 2/3
partes ~e la ac~IVld_ad economica catalana. 12 Tras la e:uerra del frances el
comercio colorual solo se recuperaría ya parcialmente. r3

2 .- LA CRISIS DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
De 1808 a 1814 la Guerra de la Independencia
can:ibió el he1?°oso semblante que presentaba Cataluña; dirigió las
meJores Y mas fundadas_ esperanzas; paralizó el trabajo; detuvo
~s progresos que se babia consagrado al beneficio de la mina más
nea '.}ue tienen los Estados, de aquella que nunca se apura y que
continuamente se está produciendo. Aquellas ostentosas manufacturas que eran ya la envidia del extranjero, si no por lo que elaboraban por lo que podían elaborar, dirigidas por hombres activos Y naturalmente industriosos, redujéronse a cenizas, y a montones de escombros las mayores fábricas. 14
Según Vicens Vives la invasión francesa, la guerra, la destrucción de

las cosechas Y ~l acap~ramiento de los productos de primera necesidad
15
provocaron
' para
1
, un ciclo alcISta de carácter inflacionan·o • U n d uro reves
a econom!a catal?na, sobre todo para el campesinado que se vió sometido
a una creciente tributación directa y vió disminuir sus cosechas y ganados.

. ¿Cómo refleja la documentación de la época esta difícil situación? Lógicamente la guerra suponí~ una sangría para la economía del Principado
en hombres, productos y dinero. Desde el principio la C01nisión de Hacie-

�188

Siglo XIX

da, creada dentro de la Junta Superior, dirigió todos sus esfuerzos para lograr que todos los pueblos y grupos sociales contribuyeran a la marcha de
la guerra. La excesiva presión fiscal a la que se sometió a los pueblos provocó una cierta pasividad en sus gentes y al mismo tiempo su repulsa contra los excesos cometidos por los soldados en las cosechas de los campesinos. Las Juntas locales y los guerrilleros se incautaron sucesivamente de
sus productos y en ocasiones se vieron sometidos a la .fiscalidad francesa
cuando sus territorios caían en sus manos.
a)

Los problemas económicos

Los problemas económicos fueron graves durante estos años. A las malas
cosechas de 1809 y 1811 hay que añadir la pobreza, hambre, miseria,
epidemia y desesperación de 1812. Como ha demostrado J. Nada! esta
crisis de subsistencia desató otra vez la crisis demográfica. Más que por las
campañas militares, las muertes se debieron a las penalidades sufridas y al
hambre. En una muestra de doce localidades catalanas, los muertos pasaron de 1 704 en 1808 a 4 203 en 1809 (año en el que hubo una
campaña
16
militar desastrosa) y 2 308 en 1812, año de hambre catastrófica.
Los precios del trigo se incrementaron más aún en las ciudades sitiadas. Así por ejemplo en Gerona, según el Informe de E. l. Ruiz (Capitán
Comisario de Guerra), el pan de libra llegó a valer 8 reales de vellón y la
cuartera de trigo candeal 112 reales. 17 La escasez de granos provocó el
consiguiente acaparamiento de ellos y la subida de precios, beneficiándose
los hacendados y perceptores de diezmos. En el mercado de Igualada, que
se celebraba los miércoles y sábados, los precios del trigo casi se duplicaron en el corto período de tres semanas (finales de marzo a mediados de
abril de 1810): "(...) el que se compraba a 3 duros y medio la quartera
se pagó el día 14 a seis duros y medio y el que se compraba a 4 duros y
medio se vendía a 8".18 En Sant Feliu Sassera la cosecha de 1810 no llegaba ni para cubrir las necesidades de una tercera parte del año, por lo que
su Ayuntamiento pidió a la Junta Superior el penniso para valerse del
trigo correspondiente al noveno.19 A finales de este año la situación era
preocupante en Reus. Según un Informe de su Ayuntamiento la falta de
brazos había provocado un aumento de los salarios, el éxodo de los fabricantes había hecho disminuir la producción y el comercio y los propieta20
rios no podían hacer frente a tantas contribuciones.
La incipiente industria textil catalana su.frió un gran revés en 1808 al
autorizar al Capitán General y Gobernador de Cádiz Tomás de Merlo, con
el consentimiento de la Junta sevillana, la libre entrada de tejidos ingleses
de algodón por el puerto gaditano. Por este motivo, los diputados catalanes
en la Junta Central pidieron medidas proteccionistas para la industria tex-

A. Moliner Prada: Gue"a de Independencia y economfo catalana

189

til catal ana y por consiguiente la prohibición de los textiles ingleses:
~adíe ignora que en España la industria acaba de nacer, que necesita de t_?da la p~otección del Govierno (... ). Las fábricas de hilazas y teJidos estan muy diseminadas y emplean a más de 150.000
~a~ entre hombres y mujeres y niños de ambos sexos (•.. ).
c:.'?ue haremos de la rica y abundante cosecha de algodón de Motril y de Menorca y de nuestra América(... ), entre todas las manufactur~ que h_ay en ~uestro país no hay otra que reuna más
las ventajas de la mdustna popular que la del algodón que ocupa a
las personas de todas las clases y edades de ambos sexos, que sus
operaciones pueden hacerse en cualquier parte y a cualquier hora
(... ), que son de fácil ejecución. De ello es una prueba irrecusable
el habers~ extendido tanto en la población rural, en la que por
este medio se ha amalgamado la agricultura y la industria con notable mejora de la primera (... ). Se trata de arruinar la Provincia
~ás industriosa de España; se trata de arruinar no sólo esta preciosa rama de nuestra industria, sino también a todos los capitalistas que se ocupan en ella.21

La Central acogió favorablemente esta petición y suspendió la orden dictada por el Capitán General.
La industria lanera se vió afectada en 1810 por el impuesto introducido ~60 reales por arroba) por las Juntas de Valencia y Murcia. J. Bautista
G:ah_,, en nombre de los fabricantes de la ciudad de Terrassa, exigió la med_1ac1on d~ la J~ta C~?greso de Tarragona para que dichas Juntas permitieran la libre c1rculac10n de la lana de sus territorios respectivos. Dos eran
las razones aducidas: 1) por los vínculos fraternales que unían a ambos reinos ~on el P?nc~~ado ca1:3lán _; y 2) por las nefastas consecuencias que
ti:aena la aphcac10n de dicho impuesto a muchas familias de Olesa, Momstr?l, _F.sparraguera e Igualada que perderían su trabajo por el cierre de
l~s fáhncas. 22 Dicha peticion fné aceptada por la Junta valenciana en noviembre y por la de Murcia en octubre de este mismo año.
. La penuri~ e~~ó~ica fue t?davía mayor en 1811. La Junta Supenor de Cataluna dirtg10 al arzobispo de Valencia una llamada de auxilio
exhortándole para que sus fieles socorrieran al desdichado pueblo cata~
lán. El hambre empezaba ya a aparecer:
Dígase al arzobispo de Valencia que así como ofreció continuos
auxilios, que ahora debemos reclamar todo recurso, y que espera
la Junta qu~ exh_ortarf a su Cab~do y sus feligreses para que socorran, en la mtehgencia que aqu1 se apurarán todos los tristes recursos que puede prestar a esta desolada Provincia hasta ~uedarse
sin comer sus habitantes. 23

�190

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y econom(a catalana

Siglo XIX

La cosecha de este año fue notablemente inferior a la de años anteriores.
La imposibilidad de importar granos del e:'tranjero y su ext~acci~~ de lo~
pueblos cercanos a la capital, hicieron mas vulnerable esta Situac~on. As1
lo denunciaba la Junta corregimental de Manresa a la Junta Supenor en el
mes de noviembre:
En la calamitosa época en que nos hallamos, y en la ocasión que
aumentando diariamente los apuros, nos encaminamos a padecerlos considerable es por la falta de trigo y otros granos, por causa
de la cortísima cosecha, y no venir del extranjero (... ). Se observa la más escandalosa extracción (...) de infinitos negociantes
que permanecen en Sabadell, Tarrasa y Caldes y demás pueblos
rayanos al Corregimiento de Barcelona, donde se transportan a
tropel granos de las citadas especies, carbón y otros efectos para
introducirlos en dicha plaza. 24
Como medida la Junta Superior prohibió tajantemente la salida de productos a zonas ocupadas por las tropas francesas.

r

El corregimiento del Valles sufrió gran carestía de trigo otros _víveres a causa de los continuos saqueos de la tropa Su voz llego al gobierno
central que se limitó a ordenar al Intendente prestase la ayuda solicitada. 25
El problema se agravó más aún en 1812. La escasez de alimentos provocó el hambre y apareció una fuerte epidemia. En febrero la Junta del
Principado nombró a tres de sus vocales (V. Sis~ennes, J. Ferr~r y J. Bta.
Galí) para que "mediten y propongan los medios para remediar la suma
escasez que experimenta la Provincia y evitar el hambre, que amenaza de
cerca". 26"

Las peticiones de ayuda se sucedieron a lo largo del año. En _e~ mes de
febrero la Junta solicitó de la comisión enviada a Mallorca que h1c1era ges·
tiones a través del cónsul español o británico en Argel para adquirir granos. La situación era dramática:
Las devastaciones que el enemigo aflige a este Principado -afir-

maba-, se hacen tanto más sensibles para quanto le han reducido
a la más lamentable miseria y a una escasez absoluta de granos
siendo la carestía de estos otro poderoso enemigo, que se hace
aún más terrible, que los mismos vándalos que intentan oprimirnos. Antes que es~e ~al llegue ~ su colmo y al extremo de hacer
experimentar al Pnnc1pado los ngores del hambre (... ). 27
Al mismo tiempo la Junta se dirigió a los diputados en Cortcssolicitando
su ayuda: "Todo, todo, Srs. Diputados -manifestaba- presenta en Catalu-

191

ña el aspecto más lúgubre; y lo que es más sensible, la hambre va a sellar
mui en breve el heroísmo". 28
En febrero la Junta elaboró un plan para procurar los víveres necesarios. Para solucionar la carestía de cereales pensaba reunir un fondo de
cincuenta o sesenta mil duros mensuales para su compra, facilitando su entrada en los puertos de mar sin ningún recargo y embargando los buques
que llevasen este cargamento. 29 Con el mismo objeto elaboró un plan de
recaudación de trigo, distribuido equitativamente entre todos los corregimientos y pueblos, cuyas cantidades debían &lt;'ntregar en el punto señalado antes del 15 de agosto. En septiembre se dirigió al Consejo de Regencia pidiéndole tomara cuantas medidas fueran necesarias para evitar el
hambre en todo el territorio.30
Sin embargo en la Cataluña franct&gt;sa, aunqu" no SI' manifestó la crisis de 1812 con tanta virulencia, su menor efecto se debió a las precauciones tomadas por Decaen prohibiendo las exportaciones de granos a zonas
enemigas, y a una St&gt;ril' de medidas sanitarias que combatían la epidemia.
En definitiva, a pesar de la guerra, la situación fue más favorable en las zonas ocupadas por los franceses. J. Mercader ha señalado que el comercio,
aunque no recuperó el ritmo anterior de 1808, no permaneció estancado:
trabajaban algunas fábricas de estampados y los tejedores de lino, en cuyas
industrias estaban empleados no pocos jóvenes que habían desertado del
ejército de la Provincia.31
Ante esta crisis que afectó duramente a toda España, el gobierno exhortó a los prelados, Juntas Superiores e intendentes, para que orientasen
a los campesinos de los pueblos en los cultivos agrícolas (granos y legumbres) y así remediar "la escasez de subsistencias que aflige a gran parte de
32
la península". Difícilmente tal situación podía subsanarse con estos consejos gubernamentales sin tomar otro tipo de medidas en el sector agrario.
b) Los problemas de la Hacienda.

Uno de los problemas básicos que tuvo que afrontar la junta de Cataluña
desde su constitución fue la cuestión financiera. La situación era crucial
en esta guerra al estar ocupada gran parte del territorio del Principado por
las tropas francesas. Según un cálculo prudencial, realizado por la Junta,
las Rentas en un año normal ascendían a un total de 57 614 611 reales de
vellón. 33
Básicamente lo recaudado debía emplearse en la manutención del
ejército. Si bien la Junta suprimió algunas contribuciones antiguas, las
circunstancias le obligaron a introducir otras nuevas, que fueron una pesa-

�192

A. Moliner Prado: Guerra de Independencia y economía catalana

SigloXIX

da carga para los campesinos en una coyuntura económica recesiva y de
crisis, cuyo punto álgido fueron los años 1811-1812. Entre los impuestos abolidos estaban el odioso tributo personal (30 junio 1808), el del
cuartillo de vino y aguardiente (6 julio 1808), el del tres y tercio de los
frutos que no diezman y el de los diezmos exentos (6 julio 1808). En
febrero de 1809 se aplicó el decreto real (20 noviembre) que abolía las
tasas sobre los legados y sucesiones colaterales. En octubre de 1809 la
Junta suprimió el derecho de peaje sobre los puentes; el 28 de abril de
1810 el congreso de Solsona abolió el derecho del 25°/o (que cargaba
sobre los diezmos percibidos por laicos) y en diciembre del mismo año
el de Tarragona anuló la percepción del veinteno de todas las rentas.

193

gar los gastos del ejército, al oro y a la plata de las Jnlesias
1
ueblos " · uil d
.
&amp;
Y nunca a os
.
,
aruq
a
os
por
la
larga
decadencia
del
comercio
como
y
de
la
P
contmua ex:inc10~
., d. ~ pagos en los años anteriores, circunstancias
'
ue les
han dexado imposib1litados a practicar lo que harían gustosos »_36 q
La_ crítica situación económica, debida a las malas cosechas a la crisis
c~mercial de años anterio~ y a la presencia de las tropas enemi~as, motivo que algunas Juntas particulares le pidiesen una disminución en sus tributos o su total exención.
En 1809 la Junta creó en cada distrito una caja especial para sufra ar

1~ g~stos de los somatenes. La desorganización de la Hacienda era to!J •
La política de la Junta se basó en exigir con prontitud todos los
impuestos que se cobraban anterionnente, tal como señalara en el plan de
contribuciones de 26 de junio de 1808, e introdujo otros nuevos con el
fin de resolver situaciones apuradas ( donativos, capitación, subsidios eclesiásticos, pensiones, carnes, carrozas, diplomas, loterías, etcétera). Sin
embargo fue incapaz, por las muchas dificultades que encontró, de estructurar un sistema eficaz para recaudar dichos impuestos.
Para tener una breve idea de la situación económica y financiera del
Principado conviene ver su evolución a lo largo de los años de la guerra, a
través de la documentación de la Junta en el ramo de Hacienda.
Una de las primeras decisiones de la Junta fue adoptar un plan de
contribuciones y arbitrios para formar el fondo necesario para la manutención del ejército y otros gastos (26 de junio de 1808). Comprendía este plan los siguientes tributos: doble catastro;salinas; aduanas; papel sellado; casas diezmeras y noveno decimal; vacantes eclesiásticas; fondo beneficial, subsidio eclesiástico, bulas de cruzada y carnes; patrimonio real; dona·
ti vos voluntarios de propietarios, comerciantes y eclesiásticos; el 17 .50°/o
con que contribuían al Rey los propios y arbitrios de los pueblos del Principado; contribuciones sobre carnes; impuesto del 5°/o sobre el producto
de las fraguas de hierro y otros minerales; bienes y rentas de la orden de
San Juan de J erusal~n; la capitación general y otros arbitrios (puertos, canales, puentes y caminos).

34

Sin embargo, a pesar de las exhortaciones de la Junta a pagar los viejos y nuevos tributos impuestos, todos los grupos sociales se resistían a
aportarlos, principalmente los campesinos. Incluso algunas Juntas -eomo
la de Tarragona- se negaron a satisfacer los arbitrios señalados, enfrentán35
dose directamente con la Junta Superior. Las quejas fueron frecuentes.
El baile de Ribes de Freser, del corregimiento de Puigcerda, le envió un
memorial señalando que debía recurrir a las personas pudientes para sufra-

exJSlrnn ~uchos empleados de hospitales y finanzas sin ser necesarios.
contable~ inexpertos, gente que cobraba los impuestos fraudulentament;
Y n_ioroSidad en l_o~ p~o~, Las medidas introducidas por la Junta fueron
antJpopulares: ~x1gir mas impuestos. Intentó cobrar Lodas las contribuciones atrasadas e impuso una contribución extraordinaria de 24 millones de
reales
7 millones a los clériaos
y 481 000 reales a l as congre. a los seglares,
. .
i:,
gaciones re1igiosas. Para hacer frente al sitio de Gerona el congreso d M
sa
d,
, . f
e an~e _a,cor o un ~mpr~tlto orzoso de 40 millones de reales y para su amorbzaci?n ~e penso en imponer un veinteno sobre los frutos, lucros y rentas
del Pnncipado. 37
Durante 1_810 lo~ co~fesos de Solsona y Tarragona intentaron hacer
frente
· ., con
1 • a la delicada s1tuac10n hacendística· Se nombro' a u na com JS1on
e ob1eto de buscar los recursos oportunos, como el aumento de los derech~ de aduana de algunos productos (cochinilla, café, cacao, azúcar, algodon, cuero, madera, etcétera) y la supresión del contrabando canal,·
.
d 1
· , .
,
zan
. º, ~ _co'.°erc10 um~amente a través ~el puerto de Tarragona. 38 Todo fue
mut'.l. m los em_penos de 1~ Junta, ru los congresos sirvieron para sanear la
Hacienda. Las cifras obtemdas eran muy inferiores a las de un año normal
Desde el lo. de junio de 1809 al 31 de mayo de 1810 el producto total d~
las ~entas Y contribuciones ascendía a un total de 48 201 432 reale d
~M~
se
_L~ crisis se agravó en 1811. Los resultados fueron muy pobres, de poco SJ.rV1eron los buenos propósitos de la Junta para obtener más recursos.
Las Juntas se negaban reiteradamente a dar eumta de los wbros de im~uesto,s, desobedeciendo las llamadas del lntendenll'} de la Junta. El exceSJ.vo numero de empleados en la Hacienda se llevaba cuantiosas sumas de lo
recaudado rar~ pagar sus ~arios. El crecido número de oficiales existentes en el e1erc1to en, relacion con la tropa acrecentaba más aún el déficit
40
mensual, que ascendia a 3.5 millones de reales.

�194

A. Moliner Prada: Guerra de Jndependencia
. Y econom,a
, catalana

Siglo XIX

Un nuevo plan de reorganización de la Hacienda se puso en práctica
en 1812. Su objetivo era recaudar las rentas con prontitud, proporción y
equidad para remediar las necesidades del ejército. Se establecieron comisarios de guerra contra el carácter ele ministros de la Reaf Hacienda, representando al Intendente en cada cantón, para activar el cobro de las contribuciones ordinarias y extraordinarias, procurar la asistencia a la tropa, cuidar de su
socorro en los casos urgentes, evitar la percepción de ayudas dobles, dar razón a los caudales existentes en cada cantón, instar a las comisiones populares a que presentasen sus cuentas y ser intermediarios entre el Intendente, administradores y contribuyentes. Sin embargo, la aplicación de este
nuevo plan solucionó muy pocas cosas. Más aún, ocasionó continuos roces ep.tre la Junta y el Intendente. El saneamiento de la Hacienda fue
imposible conseguirlo en un año tan crítico como el de 1812. A juicio de
la Junta la situación caótica de la Hacienda se debía principalmente a la inseguridad reinante en todo el territorio, al extravío de papeles y a los continuos cambios en su administración:
Puesto el gobierno de Cataluña, como el de las demás provincias, en tantas manos divididas, en tantos trozos quantos son los
partidos de que consta, la variación de gobernantes quasi continua
o a lo menos muy frecuente y la inseguridad general del Principado con las fugas, emigraciones, extravíos o pérdida de papeles y
otras causas, tal es el origen funesto del caos en que se halla el ra41
mo de contribuciones y de la hacienda pública en Cataluña.
Los proyectos de la Junta a lo largo de este año tampoco se cumplieron. A
finales de noviembre trazó un balance de lo recaudado en concepto de
arriendos de medios diezmos, noveno decimal, casas mayores dezmeras y
contribución extraordinaria: de los 10 704 374 reales previstos sólo había
obtenido una tercera parte de ellos, 3 611 518. Esta era la cruda realidad.42
Evaluar los costos de la guerra de la Independencia en Cataluña es
difícil de realizar. La tesorería general señalaba en febrero de 1814 la cantidad de 488 224·657 reales gastados por el ejército en los cinco primeros
años de la guerra. Cifra a la que hay que añadir los 40 mil millones aportados para el sitio de Gerona y unos 500 000 en razón de alimentos. En
total más de 1 000 millones de reales. Sin embargo, estas cifras no son de
ningún modo exactas, pues es claro el fracaso de la Junta en llevar a cabo
un plan eficaz en la Hacienda durante estos años. El dinero se sacaba de
donde se podia. Los guerrilleros y las Juntas locales pedían a los pueblos
los impuestos neresarios para subsistir en forma de préstamo forzoso. En
ciudades y pueblos se constituyeron Juntas de recursos para hacer frente
a las necesidades más perentorias. Sería necesario tener muy en cuenta las

195

cantidades
a ambos bandos, la fiscal.izac10n
. , mme
.
d"iata de los
bJ ( entregadas
, .
pue _os todav1a sm contabilizar), el número de muertos, los robos destrucciones de casas, cosechas y ganados.43
y
. Una vezb más, los gas~os recayeron principalmente sobre los campesmos
re la pequeña
. rural . La h urguesia,
, en su mayor parte hu ,y soMali
, mdustna
,
yo
a
orca
llevandose
consigo
gran
parte
de
sus
.
Laguerra sup
nquezas.
totalm us; ~~ ~ptut traumática para la economía campesina que quedó
. en, e e enora_ a. La protesta del campo se alzaría des ués en 1
zonas mas empobrecidas por la contienda. En defirútiva ¡
p d
as
de la r l ·, · d
J
, a segun a etapa
evo uc1on m ustria en Cataluña se construiría sobre la ruina del
campo y no sobre su esplendor como en la primera etapa.

-

NOTAS

1.- Existe una tradm;ción catalana de esta obra en Ediciones 62 Importa sob

t
do ~.1 volumen. ~11: "Les transformacions del segle X:Vlll ca tala''
re oIV, La formac10 Jel capital comercial", Barcelona, 1966-68.
Y el volumen

2 ·• ~~~:: e~Ce~;~r¡~ri~ab~: en Cataluña El cens del Compte de Fl(&gt;l"idalgl .
• ª
e at unya. lntroducció, edició ¡ index per Jo
eSJes. Barcelona, Fundació Vives Casajuana, 1969-70, 2 vols.
sep
3.- Vilar, P., op. cit., pp. 57 y s.
4.- ~-.N~dal señala que la reducción de la mortalidad catastrófica, especialmente .
d~•ca. ya ~b?zada
el _s,iglo XVl1I español. no culminaría hasta 1900 cue~~
s~ gla,eneralizo la utihzac1on de la vacuna contra la viruela. Cfr La pob'la .,
espano Barcelona,1971,p.1 4 .
·
c1on

~~

5·- n·
Giralt•. EM
"La
d vificu lt ura Y el comercio catalán del siglo XVIII" en E tud· d
1$1ona
o erna 'Barcelona, II (1952), pp. 157-176.
•
s ws e
6

··

~~~ª!:~~~¡:~º~:¡~~~~:~~
Barcelona, L (1970), pp. 83-121.

!~!

rnercat ca~a en el segle XVUI. Una prim~
s grans a Tarrega: 1732-1811", Recerques,

7 •· Castells,
"Els
rebomboris del pa de 1789 a Barcelona", Recerques, Barcelona,
l (1970),l.pp.
51-81.
8.- Sobre ~ irnpor~ncia del comercio colonial Nada!, J. Y Torrella, G A . 1
comercio colonial y crecimiento econó .
la Es ., 15;rcu tura,
celona, 1975 (
d
.
,
m,cuen
pana contemporanea Barlzard),
son e gran •nteres las aportaciones de Fontana, García .Baq~ero e
9.- Sobre
la indóstria
M lndwtr·
r .,algodonb er~ se d ebe consultar entre otros los trabajos de lzard.
.,
,a izacron y o rerumo, Barcelona, 1973 y Nada!, J., El fracaso de In

�A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

196

197

Siglo XIX
revolución industrial en España (1814-1913), Barcelona, 1975 (capítulo 7o).

10.- Grau R. y López, M., "Empresari i capitalis~ ~ la ma~ufa_ctur~, catalana del
segle XVIIL Introducció a I 'estudi de les fabnques d md1anes , Recerques,
Barcelona, IV (1974) pp. 19-47.
11.- Balcells, A., Cataluña Contemporánea (siglo XIX), Bar~lona, 1977, P: 5. La
situación de los nuevos enfiteutas nacidos a lo largo del siglo XVIII fue diferente
a la de los antiguos, pues los nuevos "establiments" ya no eran perpetuos Y no
rentaban un censo fijo.
.
Respecto a las rentas señoriales éstas ascendían a unos 20 millones de reales, no
existiendo grandes latifundios. La lglesia poseía alrededor de una cuarta parte de
las tierras.
12.- Ferrer, R, Barcelona cautiva o sea diario exacto de lo ocurrido en la misma ciudad mientrru la oprimieron los franceses, esto es, desde el 13 de febrero de 1808
hasta el 28 de mayo de 1814, Barcelona, 1815, vol 1, pp. 3-4.

25.- A.C.A., G.I., vol. 4, fs. 358-358v.

26.- A.J.S.C., sesión 15 de febrero de 1812, A.C.A., vol. 2, f. 282v.
27.- A.C.A., G.I., vol 29, fs. 63-63v.
Sobre la tributación de los distintos corregimientos en este crítico año existe el
estudio de Corona, C. y Asensio, E., "Reparto y cobro de tributos en los corregimientos catalanes en la cosecha de 1812", en Estudios de la Guerra de la Independencia, Zaragoza, 1864, vol. 1, pp. 363-376.
28.- A.C.A., G.I., vol. 19, f. 24.
29.- AC.A., GI., vol. 29. Biblioteca de Cataluña (B.C.). folletos Bonsoms, no. 8481.
30.- A.C.A., G.I., vol 19, fs. 346-347.
31.- Mercader, J., Catalunya i l'imperi napoleónic, Barcelona, 1978, p. 307.
32.- A C.A., G. L, vol. 10, f. 7v.

13.- Fontana, J, "Formación del mercado nacional y ~orna de ~onciencia de la burguesía" en Cambio económico y actitudes políticas del siglo XTX, Barcelona,
1973, pp. 43-48.

33.- A.C.A, G.I. vol. 4, f. 72v. Sobre esta cuestión ver mi artículo "Los problemas
de la Hacienda en Cataluña durante la guerra de la Independencia". en Anales
de la Universidad de Alicante. Historia contemporánea, 2 (1983) pp. 35-ó7.

14.- Texto citado por Nada! (en El fracaso de la revolución i'!dustrial, p. 192) de M.
Ma. Gutiérrez, Impugnación a las cinco proposiciones de Pebrer sobre los gra1;·
des males que causa la ley de los aranceles a la nac_ión en general, a la Cataluna
en particular y a las mismas fábricas catalanas, Madnd, 1835, p. 145.

34.- Plan de las contribuciones y arbitrios para la manutención del ejército de Cataluña, Lérida, 26 de junio de 1808. A.J.S.C., sesión 25 de junio de 1808, vol. 1,
fs. 45-52; B. C. folletos Bonsoms, no. 8463.

15.- Vicens Vives, J., lndustrials i politics (segle XIX), Barcelona, 1972, p. 177.

35.- A.C.A., G. L, vol. 33, fs 275-276v.

16.- Nada!, J.,Lapoblación española, cit., pp. 122-123.

36.- A.C.A, G.L, caja 150.

17.- Precios de los comestibles de la Plaza de Gerona durante el_ sitio ~e.~ 809 des~e
el módico hasta el mas subido según crecía la escasez y la 1mpos1bilidad de 111troducirlos, Mataró, 22 de diciembre de 18~9. Citado_ por el Conde de T?re~o,
Historia del levantamiento, guerra y revolución, Madri?, 1948, vol. 2, ~pend1ce
no. 1, pp. 26-27. (La fanega de trigo se pagó en Aragon y en Andaluc1a a 450
reales y en Madrid llegó hasta 540).

37.- A.C.A., G.L,caja 117.

18.- Oficio de la Junta del Principado, Igualada, 18 de abril de 18 ~O. Archivo. de la
Corona de Aragón (A.C.A.), Sección Guerra de la Independencia (G. l.) caJa 12.

38.- AC.A., G.I., vol. 28, fs. 289-291.
39.- Informe Comisión de Hacienda, A.C.A., G,l, vol. 174.
40.- A.C.A., G.I., vol. 41, f. 140.
41.- AC.A., G.I., vol 19, f. 303v.

19.- A.C.A., G. l,.caja 178.

42.- A.C.A., G.I., vol 29, f. 616.

20.- A.C.A., G. I.,cajas 175 y 178.

43.- J. Fontana ha señalado reiteradamente la necesidad de realizar estudios locales
con este fin. Cfr., "La financiación de la Guerra de Independencia", Hacienda
Pública &amp;,,añola, Ministerio de Hacienda, Instituto de Estudios Fiscales", Madrid, 1981, pp. 209-217; Qui va pagar la Guerra del Frances? en La invasió
napoleónica, Bellaterra, 1981, pp. 7-20. Sobre la guerra de la independencia en
Cataluña ver mi tesis doctoral "Estructura, funcionamiento y terminología de
las Juntas Supremas Provinciales en la Guerra contra Napoleón. Los casos de
Mallorca, Cataluña, Asturias y León", Universidad Autónoma de Barcelona,
1981 (inédita), vol. II: Id "Movimientos populares en Cataluña durante la Guerra de la Independencia", en Estudios de Historia Social, III-IV (1982). pp. 23-40.

21.- A.C.A., G. l., caja 3.
22.- A.C.A, G.L, vol 40, fs. 145v-146; Id. caja 117.
23.- Actru Junta Superior de Cataluña (J.S.C.), Sesión 2 de junio 1811, A.C.A., vol.
2, f. 183.
24.- Oficio de la Junta corregimental de Manr~ a la Junta Superior del Principado,
22 de diciembre de 1811, A.C.A., G. l., caJa 16.

�La Formación del Mercado Interior en
la España del Siglo XIX

Ramón Garrahou* y Jesús Sanz Fernánde,¿**

Uno de los elementos estructurales de la economía del antiguo régimen
era la fragmentación del sistema de intercambios en una multiplicidad de
pequeños mercados locales y comarcales con un funcionamiento autónomo y escasamente relacionados entre sí. Sólo determinadas mercancías, generalmente de valor elevado en relación a su peso, podían superar estas
barreras y tenían un área de distribución mucho inás amplia. Los efectos
sobre el sector agrario de esta estructura de mercados son bien conocidos:
generalización de un policultivo que cubriera las necesidades de autoahastecimiento con predominio de cereales, violentas oscilaciones de los precios que en poco tiempo pasaban de cotizaciones muy alLas a precios Ínfimos, inversamente a las fluctuaciones de las cosechas; Lodo ello se traducía en la inexistencia de estímulos para incrementar la producción y frecuentemente desembocaba en una caída de la remuneración.
G. Anes1 ha demostrado mediante el análisis de los precios, con sus diferencias de nivel y sus agudas fluctuaciones, multiplicadas por maniobras
especulativas, el escaso grado de integración de la economía española a
fines del siglo XVIll. P. Vilar2 estableció la distinta dinámica de la agricultura catalana con una clara tendencia a la especialización, lo que conlleva
unas estructuras mercantiles más evolucionadas, posible gracias a la extracción de determinados productos agrarios hacia los mercados europeos y
americanos. A su vez J. Fontana3 mostró cómo el crecimiento económico
del siglo XVIII catalán se hizo a espaldas de la España interior: las importaciones de cereales extranjeros hicieron posible una dedicación creciente a
aquellos productos que encontraban una salida en los mercados exteriores.
Quizá se tendría que matizar esta afirmación en el sentido de que una par*Colegio Universitario de Gerona. Universidad Autónoma de Barcelona
**Universidad Complutense de Madrid
Este artículo reproduce una parte de la introducción al tomo II de H istorw agraria de
la España contemporánea. Expansi/m y crisis (1850-1900), Barcelona. Crítica-Grijalbo, 1985.

�200

Carrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

te del consumo catalán de cereales se cubría con gran9s procedentes de
4
Aragón y del litoral mediterráneo, como observ_a J. M. Fra~era ~n- su estudio sobre los circuitos comerciales catalanes a fines del antiguo regimen. Es
de suponer que gran parte del trigo que se importaba del_ litor~ medi~erráneo procediera del área manchega, pero, con todo, el trafico mterregional
entre la España interior y el litoral era muy limitpdo e irregular. El elevado
coste del transporte de la mayor parte de los productos agrarios, que según
los datos aportados por Santos Madrazo5 frecucnt~~ente doblaba el ~recio del punto de origen al .superar los 400 o 500 kilometros de recomdo,
bloqueaba un tráfico regular y sólo podía resultar rentable en años de precios excepcionalmente altos.
En estas circunstancias una gran parte de la p~oducci~n agrari~,' especialmente la de cereales, era autoconsumida: semilla y ahmentac10~ humana y animal absorbían una porción sustancial de la cosec~a. Ciertamente los agricultores vendían en el mercado pero no produc1an para el
mercado, ya que una gran parle de ellos realizaba sus ventas de una forma
irregular y escasa, excepto en los años de buenas cosechas c~ando los precios eran mínimos. Es verdad que el segmento de la poblacion ~ue c~~
guía disponer de excedentes comercializables de una manera SISte1?atica
-perceptores de rentas feudales, grandes propietari~s y arre_ndatanos de
una cierta cuantía- acumulaban voluminosas ganancias, gracias al_c~n~ol
que ejercían sobre estos mercados; pero tambié~ l~ es que una dm~?ª
semejante enlorpecía más que estimulaba el crec1m1ento de la producc1on
agrícola. Sin posibilidad de dar salida a un hipotético aumento de las cosechas, los precios se derrumbaban, la remuneración ~inuía, y creemos
que ésta es una de las claves para explicar el estancamie~to de ~a producción agrícola a corrúenzos. del siglo XIX: las notables difere~c1a~ de p~cios entre localidades relativamente cercanas, y una extraordinana amplitud del movimiento cíclico, se convierten en el testimonio evidente de la
escasa integraci6n económica del estado español a comienzos del siglo
pasado.

A) LA REORJENTACION DE LA ECONOMIA ESPAÑOLA A PARTIR
DE LA PROHIBICION DE LA ENTRADA DE CEREALES
♦

La pérdida de las colonias y las dificultades de funcionamiento del estado
absolutista impusieron un giro radical a la política económica, cuyas líneas
maestras han sido definidas con claridad por J. Fontana: problemas presupuestarios, dificultades financieras, crisis de los sectores agrícolas y manufactureros que se habían desarrollado en contacto con los mercados coloniales, tendencia a la baja de los precios, obligaron a adoptar una serie ~e
medidas que fundamentalmente pasaban por el impulso de las exportaciones y la reducción de las importaciones con Europa por un lado y, por

201

otro, por el ~~Ímulo de la producción autóctona. Así, se procuraba activar la extracc1on de aquellos productos que ya tenían una cierta tradición
y se ~tent:ma i~troducir otros en el marco de la división intraeuropea del
trabaJo agncola mherente al desarrollo del capitalismo.
De todos modos, el esfuerzo oásico pasaba por incrementar la producción, y este objetivo estaba estrechamente unido con el establecimiento de
intercambios interregionales, con una profundización de la división del
trabajo y con una especialización en las actividades para las que cada zona
estaba mejor d?tada. En la medida en que los excedentes de cada región
encontraran salida en los mercados interiores o exteriores y se regularizaran los intncambios, sr evitaría el derrumbe de los precios, se procednía
a una nivelación de las cotizaciones, las áreas más deprimidas percibirían
una mejor remuneración por su trabajo y el consumidor adquiriría los productos más baratos. Así se crearían las condiciones necesarias para incremen ~r la prod~cción, y de forma progresiva la explotación agrícola que
se onentara hacia el mercado desplazaría a la que estaba centrada en el autoconsumo.

A partir de 1820 estr modelo de desarrollo basado en la potenciación
del mercado interior y en las exportaciones se formula con loda claridad, y
en las décadas siguientes se convirtió en el eje fundamental de la política
económica española. Sin embargo, la articulación de un mercado inlerior
exige cambios en la produccion, en la distribución y en la circulación, y su
puesta en funcionamiento resulta más compleja que la promulgación de
medidas arancelarias o de política comrrcial. Todavía estamos muy maJ inf?_rmados sobre la cronología y el ritmo con que se procrdió a la integracion de la economía r.spañola. Las crisis de subsistencias, muy activas hasta el último tercio del siglo XIX, las fluctuaciones intensas dr la produceión }
de los precios a comienzos drl siglo actual, frecurnlrmenle han sido interpretadas como uno dr los indicadores más expresivos del inmovilismo de la
agricultura española y de la lentitud en la formación del mercado interior.
Nosottos mismos, en más de una ocasión, habíamos mantenido posiciones
similares.
Ciertamente, este texto no puede sustituir la falta de investigaciones
sobre las décadas centrales del siglo pasado. Pero disponemos de elementos
para avanzar algunas hipótesis sobre la dinámica real de la agricultura española durante la etapa expansiva que se inicia a partir de la década de
1830-1840, que cuestionan aquellas interpretaciones. Dada la imposibilidad de seguir en toda su amplitud un proceso tan complejo centraremos
nuestra atención en un producto, el trigo, e intentaremos reconstruir la
cronología del establecimiento del tráfico regular de cereales y harinas entre la submeseta Norte, en especial el área estructurada alrededor de Valladolid, y el litoral mediterráneo. La importancia del cultivo cereal, y el vo-

�Gorrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

202

203

Siglo XI'!(

1828
1829
1830
1838-1842
1846

lumen de su producción en la meseta casteUana, pensamos que justifican
la elección.

B) EL FLUJO DEL TRIGO CASTELLANO HACIA LOS MERCADOS
DEL LITORAL MEDITERRANEO
La extracción de cereales de Castilla septentrional con destino a los centros
de consumo del Meditemfueo había sido prácticamente inexistente hasta
las primeras décadas del siglo XIX. El transporte hasta cualquier punto del
litoral y su posterior envío por cabotaje significaba frecuentemente doblar
el precio de los mercados de origen, y excepto en momento de alzas espectaculares no resultaba rentable. Además, para que su transporte por cabotaje no fuera excesivamente caro requería disponer de carga de retomo, lo
que implicaba un cierto grado de organización, y esto explica que no se
pudiera improvisar de la noche a la mañana.
Así no ha de sorprender que a pesar del decreto de 1820 prohibiendo
la introducción de cereales extranjeros, el envío de los excedentes de granos castellanos hacia Cataluña no fuera inmediato sino que exigió una
etapa de preparación. Como es sabido, la ruta elegida fue la que los conducía hacia el Cantábrico, sobre todo hacia Santander, y posterionnente
eran transportados por cabotaje hasta el ~editerráneo. Según J. M. Fradera,6 de hecho no fue sino hasta fines de la década 1820-1830 cuando se
consolidó un flujo regular de cereales del interior hacia los mercados mediterráneos. En los primeros años de este de&lt;"l'nio los granos llt•gados a Barcelona procedentes de Santander fueron más bien escasos. Gran parte de la
demanda catalana continuó cubriéndosr con granos extranjeros, bien fuera a
lraVt'S d1· autorizaciones tcmporall's o a través dr la 1•11trada fraudulenta
mediante el contrabando, en cuyo tráfico parece que estaban implicadas
algunas casas comerciales catalanas para las cuales el comercio de granos
constituía una piPza fundamental de su sistema mercantil.
Si bien es cierto que desde 1820 se cotizan cereales procedentes de
Santander en el mercado barcelonés, lodo Ueva a suponer que durante
es7
tos primeros años su volumen era muy reducido. Martínez Vara, basándose en una memoria de la Junta de Coml'rcio de Santander, evalúa que el
promedio anual entre 1824.-1832 de las extracciones desde el puerto del
Cantábrico a Cataluña fue solo de 4 950 trn. Esta cifra quizás es válida para
los primeros años de la década 1820-1830, pero proba.l?lemente es baja
para los años finales del decenio. En efecto, según los datos contenidos en
la Información Arancelaria di' 184'78 que parecen bastante sólidos, las salidas de trigo y harina por cabotaje desde Santander fundamentalmente clirigidai:; a los puertos catalanes evolucionaron así:

20 727
8 631
32 739
27 664

tm

"
"
"

31 716 "

1:

~i se aceptan estas cifras se constata que alrededor de 1830 las salid
de tngo y harina hacia los puertos españoles se sitllan alrededor de
~O ~00 tm, c1~a ya re~prtahle y que al parecer se mantuvo en las décadas
9
61_gu~entes. Segun Martmez Vara, a partir de 1846 se inicia un notable crecumento, hasta ll3:&gt;3, después disminuye, hasta llegar a cifras ínfimas en
1855-1858. Las pnmeras e~dísticas regulares del comercio de cabotaje
cree~os que confirman la validez de las cifras que hemos manejado hasta
aqu1, como se puede ver en el cuadro siguiente:

CU tDRO J

TRIGO SALIDO POR CABOTAJE DEL PUERTO DE SA'\JTA.NDER
(EN TM)

Trigo
1857
1858
1859
1860
1861
1862
1863
1864

2 563
5 116
2 405
3 826
1502
22

Harina reducida
a trigo
3 781
7 092
33 099
67 957
77 085
86 985
80 024
39 856

Total
3 781
7 092
35 662
73 073
79 490
90 811
81 526
39 878

FUENTE: Estadísticas del comercio de cabotaje (reducción de harina a trigo: 100 kg de trigo igual a 70 kg de harina}.

Observ_emos en primer lugar la escasa importancia del tráfico de trigo.
Ya ~n la de&lt;:3da de 1840-1850, se comprobaba la rápida sustitución de los
env1os de tngo por harina a partir del desarrollo de una industria harinera
casteUa~_a. Pero hay que destacar sobre todo el volumen alcanzado por la
extracc1on d~ cereales castellanos por el puerto de Santander. Dejando al
n_iargen las cifras de 1857-1858, anómalas debido a la crisis de subsisten~as de estos años y a la autorización de la importación de granos extranJeros, en 1859 se recupera el nivel de los años cuarenta y casi Uega a tri-

�204

Ga"abou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

plicarse en 1862-1863. Estos años fueron sin nin~na duda la ~tapad~ máxima expansión del comercio de trigo por cabotaJe santandenno: mas de
1 000 000 hl de trigo castellano se enviaban regularmente hacia los puer10
tos del Atl"1tico y, sobre todo, a los del Mediterráneo. El ferrocarril representó un primer golpe para este tráfico de cereales organizado a través
del eje Valladolid-Santander. La caída de 1864 no es casual: el año anterior se habían terminado los enlaces ferroviarios que permitían el transporte directo desde Valladolid a Barcelona. Los comerciantes trigueros
optaron de forma creciente por el nuevo sistema ~e tr~porte, aun~e
eran tantos los intereses alrededor de este comple30 hannero-mercantil,
que todavía las salidas por cabotaje se mantuvieron unas décadas, si bien a
un nivel muy inferior.

C) LA AMPLIACION DEL MERCADO INTERIOR A LAS COLONIAS
ANTILLANAS
Santander, aJ mismo tiempo que canalizaba las extracciones hacia los mercados de la periferia peninsular, se convirtió en el principal y durante m~chos años único puerto de exportación de los cereales castell~os hacia
Cuba. Este tráfico se había iniciado en el siglo XVIII y de fines de ese
siglo data una cierta implantación de la industria h~era montañesa. Per~
todos los testimonios coinciden en señalar que la hanna se elaboraba casi
totalmente con granos importados del extranjero y sólo de fonna marginal
se utilizaban cereales castellanos; unas 1 500 tm en 1787, 0,09 tm en 1790
11 Ad
'
, estas
y unas 300 en 1793, se elaboraron con granos autoctonos.
emas,
exportaciones escasas e irregulares se interrumpieron durante la guerra de

205

~cultura, sobre una petición de las diputaciones de Zamora y Valiadolid para que se prohíba la entrada de trigos extranjeros en Cuba ante la noticia de que se va a construir en la isla una gran harinera moderna. Según
este organismo,
~as col~nias deberían carecer de grandes focos de ilustración y de
mdustna que no pueden menos de confluir a un punto diametralmente opuesto al que se busca. Nada de universidades, ni de Academias ni de grandes fábricas. Las primeras no deben autorizarse:
las segundas no es menester prohibirlas directamente. 12
En consecuencia, el Consejo acaba proponiendo que se prohiba la entrada
de granos extranjeros en la isla; así, indirectamente, se impedirá que se
construya la harinera y se garantizará el disfrute exclusivo de este mercado
para la metrópoli. En este tipo de literatura nadie pone en duda la legitimidad de mantener los mercados antillanos reservados a las harinas españolas.
Cuando en 1830, por razones fiscales, se imponga un gravamen de 30 reales por barril, la Junta de Comercio de Santander inicia una campaña para
conseguir su eliminación y encuentra eco en varias ciudades castellanas.
Conjuntamente, a comienzos de la década siguiente presionaron para que
se prohibiese la entrada en la isla de harina norteamericana, su principal
competidor. A pesar de que no alcanzan plenamente el objetivo, ya que la
harina española continuó gravada y la extranjera continuó entrando en la
isla, sin embargo, como puede versr en el cuadro 2, se mantuvo una posición privilegiada para los harineros castellanos. 13

la Independencia.

CUADR02

Constituye un tópico situar el punto de arranque de la exportación de
harinas castellanas hacia Cuba en la circular del intendente de La Habana
de 5 de septiembre de 1819, por la que se gravaba con 170 reales el barril
de harina extranjera y se decretaba la libre introducción de harinas españ~
las. En la abundante literatura sobre el comercio hispanocubano de la pnmera mitad del siglo XIX se hace referencia constante a esta circ?l'.'-1°? Y ~
la elogia con parecidos términos que los dedicados al decreto prohih1c1orusta de 1820. Los argumentos que se utilizan para justificar la reserva del
mercado interior a los agricultores españoles son muy similares a los que se
emplean para exigir que las harinas castell:m~ tengan un mer~do reservado en las Antillas Se plantea con frecuencia s1 Cuba debe coJlSlderarse una
provincia o una colonia. En el primer cas?, se_ dice, debe seguirs? la mis~a
legislación prohihicionista que en la metropoli y, en conse~u?nc1a, debena
eliminarse cualquier recargo a las harinas españolas y prohihrrse la entrada
de las extranjeras o mantener aranceles tan altos que impidan su introducción. Si, por el contrario, Cuba se conceptúa como u;°a colonia, a~n tienen más argumentos para reservar su disfrute excl_u&amp;vo a la metropo~. No
nos resistimos a transcribir un párrafo de un dictamen del Conse10 de

5?

PRECIOS Y GRAVAMENESDELA HARINA
(REALES POR BARRIL)

1830
1834
1843
1863

Derechos a la harina
española
(bandera española)

1mpuestos a la harina
extranjera
(bandera extranjera)

Precio medio del
barril en
La Habana

30
40
44
45

160
190
200
195

150 a 200 (1841)
250 (1860)

Las elevadas tarifas con que se gravaban las harinas extranjeras, cuatro o cinco veces superiores a las españolas, que algunos años igualaban el
precio de venta de la harina en La Habana, significaban un auténtico muro que mantenía los mercados antilJanos prácticamente reservados a los

�206

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

exportadores españoles. Por estas razones creemos que es adecuado considerar el mercado cubano una extensión del mercado interior.
El flujo de cereales castellanos hacia Cuba, a pesar de las frecuentes
quejas de los exportadores castellanos, es perfectamente comparable al que
por estas mismas fechas se dirigió hacia el litoral mediterráneo. También
fue a partir de la década 1820-1830 cuando empezó a consolidarse, aunque el arranque se inicia un poco más tarde que las extracciones hacia Cataluña,14 como puede verse en el cuadro que sigue:
CUADR03
EXPORTACION A CUBA DE HARIN '\ REDUCIDA
A TRIGO, PROMEDIO ANUAL (EN TM)
1825-1829
1830-1834
1835-1839
1840-1844
1845-1849
1850-1854
1855-1859
1860-1864

,,

7 685
8 007
12 233
18 718
28 887
37 309
42 540
49 691

100
104.2
159.2
243.6
375.9
485.4
553.5
646.6

Las exportaciones inician desde 1835-1839 un crecimiento notable
en cuyo período superan en un 60º/o las cifras iniciales. Se mantiene
la misma tendencia en los años siguientes y en 184.5-1849 se multiplican
por cuatro las cantidades iniciales, y en 1860-1864 cerca de siete veces.
Señalemos, asimismo, la extraordinaria regularidad de la serie a diferencia de lo que sucede en el comercio de cabotaje y todavía más en las exportaciones a Europa. Conviene no olvidar que estas cifras se refieren al
total de las extracciones españolas; hasta finales de la década de 1840-1850
los testimonios son unánimes en afirmar que la casi totalidad de las salidas
se realizaban desde Santander. Sólo diez años después la Dirección General
de Aduanas empezará a facilitar el detalle de los puertos de exportación, y
según estas informaciones los envíos de harinas a Cuba se realizan desde diversos puertos. pero Santander continúa canalizando un alto porcentaje de
este tráfico y por regla general supera el 70% de las exportaciones. Bilbao, los puertos guipuzcoanos y algunos puertos de Galicia tienen una
cierta entidad y también empieza a aparecer Barcelona como puerto exportador. Pero no creo que sea exagerado considerar que hasta comienzos de
la década 1860-1870 un mínimo del 80°/o de los envíos de harinas a Cuba
procede de granos castellanos canalizados a través de los puertos del Cantá-

207

brico. De ser exacto este porcentaje representaría para aquellas fechas unas
40 000 tm. Además, a estas cantidades extraídas por cabotaje y hacia Cuba, habría que añadir las exportaciones a Europa, que también tnvieron en
Santander su puerto natural de salida y que gozaron de años de esplendor
en las décadas centrales del siglo pasado.
Conviene no olvidar que la importante movilización de los excedentes
trigueros castellanos a través del comercio de cabotaje fue posible en la
medida en que se consiguió articular un tráfico de ida y retomo entre el
Atlántico y el Mediterráneo, sin el cual hubiera resultado muy costoso:
flujo de mercancías bastante más complejo que el tópico intercambio
trigo contra tejidos. Ya en una etapa tan temprana como la de 1824-1832,
la contrapartida a los envíos de harina y cereales a Cataluña desde Santander eran el aguardiente, el vino, el aceite, el papel y el jabón,15 sin que ni
tan siquiera se mencionen los tejidos. Era el sector agrario catalán el principal beneficiario de la activación del tráfico. El mismo comentario tendríamos que hacer respecto al envío de harina a Cuba, que sirvió de hase
a un sistema de intercambio bastante complejo. En este caso la contrapartida eran productos coloniales, el azúcar sobre todo y también el café. Esto explica en parte la extraordinaria estabilidad del envío de harinas desde
Santander a las Antillas. Los enormes capitales comprometidos en este comercio, así como las inversiones en la industria harinera, no permitían la
paralización del tráfico, y así resulta comprensible que, incluso en años de
dificultades de abastecimiento interno tales como 1847 o 1856-1858 las
exportaciones se mantuvieron muy altas.
'
D) EL COMERCIO DE CEREALES A :\lEDIADOS DEL SIGLO XIX
Hasta ahora nos hemos referido al surgimiento y desarrollo de intercambios de gran entidad entre Castilla y Cataluña a través de Santander entre
1830 y 1860, pero es de suponer que procesos similares tuvieron lugar entre otras regiones y lógicamente que afectaron a una serie más amplia de
productos que el trigo y la harina. Sin que podamos disponer de datos tan
concluyentes como los que hemos utilizado hasta ahora, diversos testimonios parecen indicar tendencias similares en otras regiones, especialmente
las que podían utilizar fácilmente el transporte marítimo. Quizá, como
recuerda J. M. Fradera,16 se ha tendido a prestar menos atención al tráfico
de cabotaje por el litoral mediterráneo por el hecho de que este tipo decircuitos comerciales contaban con una larga tradición, mientras que el comercio con el Cantábrico fue la gran novedad.
Siguiendo con el tráfico de cereales, sabemos que desde siglos anteriores los trigos aragoneses llegaban hasta Cataluña y que los manchegos &amp;yudaban a cubrir el déficit crónico del País Valenciano, e incluso algunas can-

�208

Garrabou-Sanz Fernández: Lafonnacwn del mercado interior en España

Siglo XIX

tidades se enviaban hacia Cataluña a través de los puertos de esta región.
Asimismo, en Andalucía el comercio interregional de granos debía
tener
una cierta actividad. Las extracciones hacia Portugal, utilizando el Duero,
eran una de las vías tradicionales de salida de los granos castellanos. Resulta significativo que a partir de 1820 se hicieran diversos proyectos para
adecuar la navegación por este río desde Salamanca; incluso se pensaba que
desde Valladolid se podía llegar hasta Oporto. Sin embargo, dichas salidas
de cereales nunca tuvieron entidad y sólo se extraían pequeñas cantidades.
La primera visión de conjunto del comercio de cabotaje de cereales
conocida por nosotros es la contenida en la Información Arancelaria de
1847, ya que las estadísticas regulares de cabotaje no se empezarán
a ela17
borar hasta 1857. Con estas fuentes se ha elaborado el cuadro 4.
Empecemos con algunas observaciones sobre las cifras de 1846. No se
trata, a diferencia de las columnas siguientes, del saldo regional de las entradas y salidas de trigo y harina, sino sólo de los puertos por donde se han
realizado las extracciones con destino al conjunto de puertos catalanes.
Además, en el caso de Santander y Sevilla se dan también el total de las
salidas. Por tanto, para 1846 no hemos podido establecer el saldo regional
entre salidas y entradas, y lógicamente las cifras tienen un valor más aproximado que los datos referidos a períodos posteriores.
A pesar de estas limitaciones, pensamos que dibujan con claridad las
grandes rutas de circulación de los cereales españoles a mediados del siglo
pasado, desde un centro productor a los puntos de consumo de la periferia.
La suhmeseta Norte extrae masivamente sus excedentes por Santander y
cantidades insignificantes por Asturias, Galicia y País Vasco. Hasta aquí
una confinnación más de lo que se ha venido argumentando. El dato revelador, y pensamos que de enorme interés, es la aparición del País Valenciano como un área exportadora, con un volumen superior incluso al de Santander. Así como por este puerto la harina domina sobre el conjunto de las
extracciones, en el caso valenciano trigo y harina mantienen una posición
equilibrada. Evidentemente, no se trata de cereales autóctonos; con toda
probabilidad nos encontramos ante los excedentes de la submeseta inferior que llegan a Cataluña a través del País Valenciano. Las salidas murcianas, especialmente el trigo de Aguilas, puerto de embarque de los excedentes de la zona de Lorca, se cotiza regularmente en el mercado barcelonés y alcanza un cierto relieve. Nos queda finalmente el caso andaluz, que
si aceptamos estas cifras se convertiría en la principal región exportadora.
Los autores de la Información Arancelaria de 1847 destacan el surgimiento
de Sevilla, un puerto tradicionalmente receptor, como el gran centro de
extracción de trigo, que llegaría a superar a Santander. Probablemente sea
cierto que el puerto andaluz se consolidó como puerto de salida de los excedentes de cereales del valle del Guadalquivir, pero la cifra que le atribu-

209

CUADR04

TRANSPORTE DE TRIGO Y HARINA POR CABOTAJE
(TM)

1846

Santander

+ 31 593

A

B + 1057

e
Asturias

1875
1879

1885

lll89

1890
1894

51.7 463
A+ 2 109+ 2 922.2 + 4 742.4+
B + 29 484 + 67 237.2 +48637. 4 + 23 049.9 + 18 528

e
P. Vasco

1859
1863

+ 70 159.4 + 53 379. 8 + 23 101.6 + 28 065
152. 4+
157.4
+ 1 945.9 +
+ 11 261.8 + 4840. 1 + 9 607.8

+ 1 057 + 13 207.7 + 4 992.5 + 9 765.2

A+
B +

708
369

-

508.7 7 474.3 -

816.3
1 761.9

-

-

78.8
6 882.9

-

e +
Galicia
.

6 .961. 7
7 983.0
2 578.2
1 077
169 +
444.6 +
363
A+ 1538 + 1 702.9 +
B +
194 - 8 482.7 - 14 963.9 - 6 534.7 - 6 422
6 059
e + 1 732 - 6 779.8 - 14 767.9 - 6 090.1
A

Andalucía

B

+ 40 995 + 1 563 -

3 756.6 + 6 378.8 + 14 866.9 + 13 072
25 529.6 - 20 004.5 - 12 209.9 -39 754

e

+42 558 - 29 286.2 - 13 625.7 + 2 657
35
2 732 + 4 312
+ 643.8 B
- 5 883.6 - 2 898.7 - 3 126.5

26 682

A +

Murcia

e +
P. Valenc.

2 732 -

-

+ 25 018.9 + 6 333.0

3 161.5

16 614.1

40 204

A - 24 911 - 23 732.6 - 12 941.6 - 5 205.2 - 3 806
B -22 870 - 39 486.1 + 3 198.8 + 18 419.1 + 65 910

e - 47781 - 63 218.7
Baleares

2 254.9

A + 12 539 + 18 958.5 + 4 490.7 - 6 264.3 - 6 768
B + 11 202 + 6 060.4 + 1 842.3 - 10 349.8 - 33 436

e + 33 741
Cataluña

1 5 71.6

A+
B +

345 69 -

5 550.7 2 841.6

e +

414 -

8 392.3

-

9 742.8 + 13 213.9
2 954.8 - 2 116. 7
2 954.8 -

+ 62 104

2 116.7

A ~ Saldo general del comercio de trigo. B = Saldo general del comercio de
hanna reducida a trigo. C = Saldo de A y B.

�210

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

yen los autores de la Información Arancelaria de 1847, pensamos que es
muy exagerada. A falta de otros testimonios creemos que es suficiente
comprobar que las cifras más altas de salida de trigo por Sevilla que conocemos a partir de 1857 en ningún caso llegan a la mitad de la supuesta cantidad de 1846. Santander, País Valenciano y Murcia y de forma menos clara Andalucía serían las zonas de salida de un importante tráfico de trigo y
harina que se encamina hacia los mercados catalanes. En 1846 se introdujeron en los puertos catalanes 47 .7 millares de toneladas que superan ampliamente los 37 o 40 millares de tonaledas de granos extranjeros que se
importaban antes de 1820.
Las cifras ya mucho más seguras del período 1859-1863 confirman
en lo esencial esta estructura del mercado triguero. Santander ha reforzado su posición, multiplicándose por más de dos su saldo positivo; y el País
V asco, concretamente Bilbao, se consolida como puerto de salida, relativamente importante, de los cereales castellanos; por el contrario, tanto en
Asturias como en Galicia las entradas superan ampliamente a las salidas,
aunque en esta última el tráfico de trigo tenía un saldo ligeramente positivo. También el País Valenciano mantiene su posición de zona extractora, aunque con un retroceso respecto a 1846, atribuible parciahnente a las
deficiencias de las estadísticas de cabotaje de 1859, que sólo dan una cantidad agregada para cereales y que no se ha contabilizado. Señalemos, sin
embargo, que la salida de trigo ha crecido sustanciahnente. Alicante se
confirma como el principal punto de extracción de trigo mientras que las
salidas de harina por Valencia han disminuido de forma notable. El caso
más sorprendente es Andalucía, que ha pasado de región exportadora en
1846 a la más deficitaria después de Cataluña. Inexplicablemente registra
un saldo negativo también de trigo. Estas fluctuaciones del comercio de
cereales andaluz por cabotaje, se repetirán como veremos en las décadas
siguientes.
Las cifras aportadas hasta aquí son suficientes para comprobar cómo a
mediados de siglo XIX, antes de que el ferrocarril tuviera una eficacia real,
el comercio interregional del trigo y de la harina había adquirido una importancia indiscutible y mostraba una clara tendencia alcista, como se pone de manifiesto al examinar el total de salidas por cabotaje:
TRIGO Y H \RL\ \ REDUCIDA A TRIGO (EN TM)

No. índice
1846
1857-1859
1860-1864

103 970
58612
168 270

100
56
161

21 l

Es probable que el crecimiento entre la primera y la última fecha sea
incluso más alto, debido a los problemas de las cifras de 1846. La caída de
1857-1859 no significa un cambio de tendencia sino que es el resultado de
la fuerte incidencia de las malas cosechas, como la de 1856-1857, que reduce drásticamente los intercambios entre el interior y el litoral al abastecerse este ~timo con cereales extranjeros. Estas cifras también sirven para
constatar como a lo largo de estos años flujos crecientes de cereales del interior llegan a la periferia, y que el tradicional tráfico de la periferia mediterránea se ha_ ~ctivado. De todas fo?°as, no deja de impresionar la capacidad de absorc1on del mercado catalan por un lado, que importa más de la
mitad del trigo y harina transportados por cabotaje, y, por otro, el volumen
extraordinario de los excedentes castellanos. Para el período 1859-1863,
si sumamos las extracciones realizadas a través de Santander y del País
Vasco, evidentemente de trigos castellanos, alcanzan un promedio anual
de 86 715 tm. Si a esta cifra agregamos las exportaciones a Cuba y a Europa realizadas por estos puertos del Cantábrico, que dan un promedio
anual de unas 80 000 tm para 1861-1863 (únicos años de esta etapa en
que cons,ta_n las salidas por provinc!as), llegamos a la conclusión de que,
como mrnuno, los excedentes de tngo y harina de Castilla la Vieja-León
alcanzaban las 166 000 tm, cifra inferior pero perfectamente comparable
a la que obtiene J. Sanz18 para el período 1890-1894, que calcula
l&lt;:&gt;5 excedentes de esta región en 282 513 tm. Es cierto que las exportaClones en 1861 fueron elevadas, y al promediar sólo con los dos años siguientes nos ~a ~na cifra un p~co más alta, pero no podemos olvidar que
computando umcamente las salidas por los puertos del Cantábrico no se
contabilizan las cantidades extraídas por vía terrestre hacia el Sur, especialmente hacia Madrid.
E) LOS PRECIOS CO~1011\DICADOR
Los precios pueden proporcionar informaciones bastante precisas acerca
del grado de integración de un mercado; los historiadores han recurrido
frecuentemente a este indicador y de modo especial han interpretado la
existencia de violentas oscilaciones como el claro exponente de una economía escasamente integrada. ¿Cómo evolucionaron los precios españoles del
trigo después de las terribles alzas de comienzos de siglo? Poco se ha publicado e investigado sobre el tema para el período que transcurre entre el fi~al de la gue~a de la Independencia y mediados de siglo. Las series de precios que publicaba de forma regular la Gaceta de Madrid a partir de 1856,
permitieron a Nicolás Sánchez Albornoz constatar la gravedad de las crisis de subsistencias de 1856-1857 y de 1867-186819 que han contribuido a
reforzar las interpretaciones de que poco habían cambiado las cosas en la
agricultura española por aquellas fechas.
Pero volvamos a la pregunta quf' formulábamos anteriormenle acerca

�212

Gorrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

SigloXIX

de la evolución de los precios del trigo entre 1814 y 1860. L_a e~casa información } reflexión disponible sobre el tema creemos que_ Justifican la
formulación de algunas hipótesis a partir de unas cuantas senes, la mayor
parte de ellas publicadas y las restantes cedid: ~nerosamente por c?le2
gas amigos. Como se puede ver en el cuadro 5, disponemos de las cotizaciones de tres mercados de zonas productoras, y de otros dos que corresponden a mercados de consumo del litoral.

CUADR05
AMPLITUD DEL MOVIMIENTO CICLICO
(°lo ENTRE EL MINIMO Y MAXIMO DE CADA PERIODO)

Valladolid
1815-1819
1820-1830
1831-1840
1841-1850
1851-1860
1861-1870
1871-1880
1881-1890

77

57
109.7
107.6
168
110.6
46.6
45.3

Zaragoza

Sevilla

Barcelona

Valencia

85.6
150
196
38.6
106.2
87.5
34.7
74.6

19.6
85.9
93.2
98.9
127.5
55.7
58.4
66.4

65
32.5
44.4
62.4
53.0
36.7
14.7
35.4

41.3
53.3
35.7
45.1
73.6
25.7
30.5
27.9

Una primera observación nos permite constatar una ve~ ?1:ás el distinto
comportamiento de los mer?ados que v~os a ~amar perif~~cos respe~~
a los del interior. En los pnmeros, las diferencias entre maxunos y m1rumos siempre son menores y tienden a reducirse más pronto. Pensamos que
es interesante observar la notable atenuación de las oscilaciones que los
mercados del litoral habían alcanzado a comienzos de los años 1840, a
pesar del establecimiento de la política prohibicionista. Después de un~~ve período inicial, las dificultades parec~n super~ y ~os ~ercados perifericos son abastecidos sin problemas, casi se podría decir meJor que cuan~o
se importaban granos extranjeros, por lo menos esto es lo que parece mdicar la evolución de los precios.
La ausencia de alzas violentas en los mercados del litoral en el período
1835-1840, parece confirmar este supuesto. En cambio, Valladolid, Zaragoza y Sevilla aparecen como un símbolo de contin~ida~. ~-duso se puede
pensar que la situación ha empeorado respecto al c1?lo 1mc1al; ?ºr l~ menos Sevilla y Zaragoza en la década 1820-1830 registran una mtensificación de las oscilaciones, mientras Valladolid parece reducirlas. Sin emhar-

213

go, en la década siguiente el movimiento ríclico tanto en Sevilla (1835) como en Zaragoza (1838) o Valladolid (1~;$5-1838), se activa enormemente.
Destaquemos la diversidad de fechas como una manifestación más de la falta de homogeneidad, y señalemos que en 1837-1838 también registran un
máximo importante los mercados mediterráneos.
De todos modos, resulta lógico que el proceso de integración de los
mercados del interior fuera más complejo y lento, y que la intensidad de
las oscilaciones se mantuviera hasta la década de los cuarenta.
Más difícil de explicar resulta en cambio lo que sucede en las décadas
posteriores. Por un lado, nos encontramos con un signo de homogeneización: las crisis de 1847, 1856-1867 y 1868, se manifiestan en todas las series. Es significativo que las dos primeras fechas significan, tanto para V alencia como Barcelona, una inlensiíicación del movimiento cíclico;
pero, sobre todo, asombra la amplitud de Valladolid y Sevilla durante la
crisis de 1856-1857 y de 1867-1868.
¿Cómo interpretar ei agravamiento de las crisis de subsistencias entre
1840-1870? ¿Se rompió el equilibrio población-subsistencias? ¿Las frágiles
estructuras del mercado triguero perdieron eficacia a partir de estos años?
¿La agudización del movimiento cíclico se debe ver como un retroceso en
la articulación de un mercado interior?
Con la información disponible no parece creíble que la producción registrara un estancamiento sino más bien al contrario; consideraciones similares podrían hacerse respecto a los mecanismos comerciales y a su capacidad de movilizar los excedenles de las regiones productoras. No creemos
que las explicaciones tengan relación con ello. Nos parece más razonable
relacionar la agudización de las crisis de subsistencias con el proceso de integración a un mercado interior y de la producción española en los mercados internacionales.
En efecto, a medida que se abren nuevos mercados a las wnas productoras las extracciones tienden a aumentar hasta liquidar cualquier reserva,
y el advenimiento de una mala cosecha se puede convertir en una auténtica
catástrofe. Más todavía en el caso español, que a diferencia de los restantes
países europeos mantiene cerradas las fronteras a los cereales extranjeros y,
lógicamente, en un momento de carestía como los que todavía se producen en la Europa de mediados del siglo XIX, tiene muchas más dificultades
que los restantes países para abastecerse. Todo ello sin olvidar los grupos
de presión partidarios de una política prohibicionista y que en estas circunstancias accionan para for1,ar el alza. Esta hipótesis parece bastante verosímil cuando se comprueba que en los años inmediatamente anteriores

�214

Garrabou-Sanz Fernóndez: La fomiación del mercado interior en España

Siglo XIX

a las crisis de subsistencias, las exportaciones de cereales a las Antillas Y a
Europa, según las estadísticas del comercio extP,rior, registran un alza espectacular como se puede comprobar en el cuadro 6.

CUADRO 7
COEFICIENTE DE VARJACION VALLADOLID-BARCELONA

CUADR06

Porcentaje

EXPORTACIONES TOTALES DE TRIGO Y HARINA
(l'ROMEDIO ANUAL, EN TM)

Trigo
1846
1849-1852
1853-1855
1862-1864
1865-1867

26 816
3 411
87 366
1 887
43 126

Harina
21 188
27 600
69 383
39 748
55 314

Harina reducida
en trigo
30 299
39 468
99 218
56 840
79 099

Total
57 115
42 879 100
186 584 435
58 727 100
122 225 208

La incidencia de las exportaciones creo que es indiscutible, sobre todo en el desencadenamiento de la crisis de 1856-1857. No olvidemos que
en el período de máximo esplendor del comercio de cabotaje, 1860-1864,
se extrajeron 168 270 tm. Además, otro hecho a tener en cuenta es que las
exportaciones a Cuba, en contra de lo previsible, en el momento más agudo de la crisis. por ejemplo, en 1856-1857, no se reducen sino que tienden
a aumentar l~eramente; la naturaleza del comercio colonial así lo exigía,
aunque ello significara desabastecer el mercado interior.
Otro de los métodos utilizados para conocer el proceso de formación
de un mercado interior y de homogeneización de los diversos mercados locales y comarcales es el coeficiente de variación. Un valor alto expresa que
el grado de autonomía de los mercados que se comparan es muy elevado, y
su ritmo de reducción nos puede proporcionar pistas interesantes respecto
a las etapas decisivas en que se logran avances hacia la fusión en un único
mercado. Con las series anteriores hemos elaborado el cuadro 7.
Observemos en primer lugar los altos valores del período inici~l, que
confirman nuevamente la escasa o nula articulación del mercado tnguero
español en general y entre Barcelona y Valladolid en particular. Una evidencia más de un sistema mercantil que actúa con un alto grado de autonomía en cada zona. Pero tan interesante como esta constatación, previsible
por otra parte, es la notable reducción que se produce en el período siguiente del orden del 30º/o y que se consolidará entre 1845-1854
hasta valores que representan una caída superior al 40°/o respecto ~l
período inicial. Somos conscientes de la precaución con que se han de uti-

215

1817-1829
1830-1844
1845-1854
1855-1864
1865-1874
1874-1884
1885-1896
1897-1906

43.65
31.59
28.30
15.30
11.50
13
7.80
5.97

No. Indice
100
72.4
54.8
33
24.8
28.1
16.8
12.9

!izar estas cifras, pero creemos que expresan modificaciones importantes
de las estructuras mercantiles durante este período. Es cierto que todavía los
valores son muy altos. Baste recordar que hacia 1840 el coeficiente de variación de los precios del trigo en Francia era de un 16 por 100,21 pero
tanto como los valores absolutos interesa detectar la tendencia, y ésta nos
parece que se muestra con toda claridad.
Juntamente con el movimiento cíclico y los coeficientes de variación
que en cierto modo reflejan la dinámica de cad;i serie, el nivel de precios
alcanzado en cada uno de los mercados constituye otro indicador significativo del grado de homogeneización de una estructura mercantil al que se
ha prestado menos atención hasta ahora. A las economías precapitalistas
corresponderían diferencias sustanciales en los niveles de precios durante
un mismo año, mientras que las economías capitalistas se caracterizarían
por una tendencia a la igualación. El estudio desde esta perspectiva de estas series pensamos que aporta muchas enseñanzas, como puede comprobarse en el gráfico l. La comparación entre los precios del trigo de Valladolid y Barcelona resulta altamente ilustrativa. El trigo entre 1815-1830 se
cotiza en la ciudad catalana entre dos y tres veces más caro que en Valladolid. Un indicador más de la total falta de conexión entre ambos mercados.
Asimismo, ante estas cifras queda perfectamente justificada la queja tan
frecuente desde fines del siglo XVIII de la extraordinaria desvalorización
de los cereales en la España interior en años de cosecha normal, mientras
en la periferia alcanzaban elevadas cotizaciones. Otra consideración que sugieren estas cifras, y hasta ahora muy poco tenida en cuenta, es la escasa
remuneración que percibían los productores de cereales castellanos, en re-

�216

Siglo XIX

Carrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

GRAFICO 1
PRl~CIOS DEL TRIGO EN VARIOS MERCADOS ESPA~OLES
(PTAS. /hl)
35

217

ferencias, pero en todos los casos es moderado, y no contradice en nada la
tendencia general a la reducción cuyos momentos decisivos se sitúan en los
quinquenios 1830-1834 y 1855-1859. Conviene recordar que por estas
mismas fechas el coeficiente de variación entre Barcelona y Valladolid registra una notable reducción, y que fue a partir de 1830 cuando se consolidó la extracción de cereales y harinas por Santander hacia Cataluña y
Cuba.

30

Señalemos, además, que hasta los años cincuenta la reducción de las
25

GRAFICO 2

20

DIFERENCIAS DEL PRECIO DEL TRIGO ENTRE
15
10

5

Barcelona
- - Valencia
- · - Zaragoza
---- Sevilla
........Yalladolid

VALLADOLID Y BARCELONA
35

30

PRECIOS DEL TRIGO
EN BARCELONA

25

o 4---.----,-..---,---r--,--r--,--r--ir---r---r--,--r-"T"""-r.....,.--,
1815
1825
1835
1845
1855
1865
18/!,
1865
1895
1~
19 1820 29 1830 39 1840 49 1850 59 J&amp;.0 69 1870 J'J 1&amp;80 89 1&amp;90 \19 1900 O!/
24
34
44
54
64
74
64
94
04

20
15

10
PRECIOS DEL TRIGO EN VALLADOLID

!ación con otros agricultores mejor situados para abastecer los centros de
con.sumo. El trigo castellano bien poco vaJía, y en consecuencia el estímulo para impulsar la producción era escaso. Las rentas diferenciales que podía obtener un agricultor catalán o de otra zona que le permitiera acceder
al mercado barcelonés eran enormes, aunque los costes de producción fueran más altos, como se señala en determinadas ocasiones. Pensamos que estas cifras aportan sugerencias interesantes para explicar el distinto grado de
desarrollo aJcanzado por la agricultura castellana y la catalana a fines del
antiguo régimen. Pero esto no es todo.
Como puede comprobarse en los gráficos 1 y 2, el desnivel entre ambas series empieza a reducirse significativamente a partir de 1830, y entre
esta fecha y mediados de la década sii,iiente los precios barceloneses se
sitúan sólo entre un 80 y un 100°/o ~r encima de los de Valladolid,
lo que significa una drástica reducción de la diferencia respecto al período
anterior. Sigue la misma tendencia en la década siguiente, aunque con menor intensidad, y de nuevo entre 1855-1864 se sitúa otra etapa de sustancial disminución. Ciertamente, el movimiento no es lineal: en los períodos
1840-1844, 1850-1854 o 1860-1864 se produce un incremento de las di-

1815
19

1825
29

183 5 1845
39
49

~~t

~~~;

1855
59

1865
69

1875
79

1885
89

1895
99

Costes del transporte de VaUadolid a
Barcelona más gastos de comercialización

diferencias es el resultado de un doble fenómeno: tendencia a la baja
de los precios de Barcelona y movimiento de signo contrario en Valladolid. Los precios de esta ciudad registran un incremento notable a partir
de 1830 hasta 1850-1854. Tampoco en este caso se trata de un alza continuada entre ambos períodos; en 1840-1844 o 1850-1854 se producen ligeros retrocesos, pero los mínimos siempre se sitúan en puntos más altos y
el movimiento alcista es indiscu tibie. En el caso de Valladolid el final de
la depresión se puede situar a fines de la década 1820-1830.
El otro período durante el cual se produce un acercamiento entre las
dos series, 1855-1859, coincide con una etapa de alza en las dos series, pe-

�218

Siglo XIX

ro '!'lucho más intensa en el caso castellano que en el de Barcelona. Con
mucho, es el tirón más importante y que estabilizó las diferencias hasta
la etapa de la crisis finisecular. En esta ocasión, la demanda europea, estimulada por las dificultades de abastecimiento provocadas por la guerra
de Crimea, junto con la canalización de las extracciones hacia los mercados periféricos y antillano, fueron los factores que provocaron el espectacular incremento.
Ante los hechos que evidencian la evolución comparada de los precios de Barcelona y Valladolid, resultan mucho más comprensibles las frecuentes alusiones respecto al crecimiento de la agricultura cerealística castellana y a las expectativas favorables de que España se convirtiera en un
país exportador. Frases como "las frraces llanuras castellanas son un gra22
nero inagotable que la naturaleza renueva sin cesar" o los campos
"castellanos arrojan espontáneamente los tesoros que depositó en sus entrañas la fecunda naturaleza",23 pueden ser consideradas como algo más
que meros recursos retóricos; por el contrario pensamos que expresan los
cambios cualitativos que se habían producido en unas pocas décadas. Sin
duda, manifiestan la toma de conciencia de que se había conseguido impulsar el aprovechamiento de unos recursos, improductivos hasta aquel
momento.
El secreto del dinamismo de la agricultura castellana en las décadas
centrales del siglo pasado, como diría P. Vilar al referirse a la agricultura
catalana del siglo XVlli, está en el hecho de que encontró salida para sus
productos, trigos y harinas, y esto determinó que se produjera de forma
creciente para el mercado. El contraste entre los campos castellanos de los
años veinte y de los cincuenta es señalado una y otra vez: "Las Castillas
yacían también en el abandono más lastimoso, depreciados sus campos,
depreciados sus ricos frutos y pereciendo de necesidad los labradores en
medio de la abundancia, mas el tráfico harinero comenzó a desarrollarse
y todo cambió de aspecto", explica el secretario de la Junta de Comercio de Santander, y prosigue:
F.I comercio, por su parte, se dedicó con ardor a mejorar la ela·

boración de las harinas, a establecer fábricas por los métodos
más adelantados de la maquinaria, a construir buques, a facilitar
arrastres, a introducir, en fin, el espíritu de la más estricta economía en todas las operaciones de tráfico. Hasta qué punto han llegado sus esfuerzos lo demuestran más de 500 000 fanegas de tierra de sembradura, hoy convertidas por el arado en feraces mieses,
cuando hace pocos años eran en totalidad presa lastimosa del parásito abrojo y de la estéril maleza; lo demuestran cincuenta fábricas, planteadas con inmensos costos en las provincias produc·
toras y en la de Santander; lo demuestran más de 60 barcos con
14 000 toneladas, que el comercio de esta plaza adquirió para los

Garrabou-Sanz Femández: La formación del mercado interior en Espo,la

2 L9

tran~orte~... lo demuestran millares de familias, que cifran su
su~sistenc~a en la pr?ducción, en los transportes, y en otras operaciones aJenas al trafico de harinas ... ; lo demuestran en fin más
de 500 millones de reales puestos en movimiento en tierras, fábricas, buques, carros, bestias, embases y jornales para dar alimento
al comercio de harina.24
Testimonios semejantes son frecuentes durante los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado y en todos ellos sorprende la coincidencia en la
caracte~ación del cambio, sus causas e incluso su cronología.25 Las transformaciones dr la a¡,-icultura castellana rntre 1820 y 1850 furron sin duda
profundas cuando dejaron estas huellas.
La formación de un mercado triguero a escala estatal comportaba de
fo~a fundamental ~a homogeneización de los mercados castellano y catalan pero no excluSivamente. Otras regiones contaban también con excedentes para ~astecer los centros de consumo. Cataluña había recibido
d~s~e muy ~nt~uo crre~les aragoneses'. ) aunque hay noticias de que este
tráfic_o contm~o en el _siglo XIX no d1Sponemos de información que nos
perm~t:1 cuanti~carlo m conocer su evolución durante estos años. La comparac1on del mvel d~ precios entre Barcelona y Zaragoza indica un fenó~~no bastante parecido al que acabamos de describir para Castilla. Tamb1e_n ~n el caso_ a~agonés los precios de trigo inician un movimiento alcista,
pracb~ente mmterrumpido desde 1830-1834 hasta 1855-1859, sólo con
una ~aida en los_años anteriores a este último período. Dada la tendencia
de s~o c~ntrano que reg~tran los precios barceloneses, se produce una
apro~a~1on de ambas senes como puede verse en los gráficos 1 y 3. Las
modificaciones operadas entre la etapa inicial y mediados de siglo, aunque
men?s espectac~lares ~ue en el ejemplo de Valladolid, son también significativas. Las diferencias en la etapa inicial no alcanzan los valores del
mercado castellano, perfectamente explicables si tenemos en cuenta las
rel~cio~~s cxiste?tes entre mercados catalanes y aragoneses. Hasta 1840 la
cotizac1~n del tngo ,en Zaragoza se sitúa alrededor de un 50% por debajo
~el precio barceJones, aunque ~n el período_ 1_8~5-1829 el desnivel puPJe
acercarse al 100 1/o. Pero a partir de 1840 se m1e1a una clara rrducció11. Las
~erencias en términos absolutos se sitúan entre 5 y 7 pesetas por hectoli~o, lo que representa que las co~izarione;, aragonesas perma111·ce11 habitualmente entre un 30 y un 35 1/o por debajo de las de Barcelona.
. Más complej,o es el movimiento de los precios en Sevilla, con oscilac1on~ mucho mas b":'scas ~ue parecen expresar un movimiento de la prod~cc1on con fluctuaciones intensas, que pasan fácilmente de la abundancia a la c~tía. ~~bablemente, estas variaciones de la producción dificultan la arbculac1on de un sistema comercial, como sucedía en regiones
con excedentes regulares. Es significativo que Cádiz y Málaga fueran las

�Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

221

Siglo XIX

220

GRAFICO 3
DIFERENCIAS ENTRE LOS PRECIOS DE BARCELONA Y LOS DE
VALLADOLID. Z \RAGOZA, SE\ Il,LA Y VALENCIA (PT \S./hi)
25

Sevilla

20

Valladolid
Zaragoza
Valencia

- .-.-

15
10
5

o
/

·-·__.,.

1825
29

1835
39

'\

Finalmente, resulta interesante el análisis del caso valenciano: tanto
en el movimiento de la serie como en el nivel muestra una extraordinaria
similitud con los precios de Barcelona. En ambos mercados la tendencia
es clarame~te descendente hasta 1850-1854. Como corresponde a los
mercados htorales altamente integrados, las diferencias nunca superan el
14% y puede~ ~r tanto de s~no positivo como negativo; prohablemen~ las caracteristicas de la sene de precios de Barcelona, formada excluSlv~en te con las ~otizaciones de trigos de Santander, que por regla general siempre son mas baratos que los procedentes de Valencia dificultan la
comparación entre el nivel de precios valenciano y barcelon6s. De lo contrario ~o se explicana_ que desde Valencia se pudieran mandar granos a
Cataluna como lo atestiguan numerosos testimonios.

F) ELSISTEMADETRANSPORTETRADICIO 'AL, ¿UI\ OB~TACULO
INSALVABLE?

.... ✓

-5
1815
19

~ones hacia Cataluña p~ce que se han estabilizado. Pero en el quinqueruo 1855-1859 los prectos sevillanos se sitúan al mismo nivel que los de
~~elona, y la reducida diferencia del quinquenio siguiente no parece suf1c1ente para hacer rentable el rnvío de granos andalucPS a los puertos catalanes.

1845
49

1855
59

1865 1875
69
79

1885
89

1895
99

1905
09

únicas provincias que recurrieran de una forma ilegal a las importaciones de granos extranjeros en 1835,26 y que en Sevilla, en 1847 o 1856, los
precios se duplicaran respecto a los años anteriores. Sería interesante que
se investigara sobre el funcionamiento del mercado triguero andaluz, para
eitplicar cómo se puede pasar tan fácilmente de extracciones voluminosas
a las importaciones y, en definitiva, que dieran razón del hecho sorprendente de que Andalucía disponía de mejores condiciones que Castilla
(tierras, situación geográfica) y no aprovechara las posibilidades que se
abrían a los productores trigueros con las ventas en los mercados catalán
)' antillano e incluso al propio mercado andaluz. De todos modos, los
precios sevillanos participan de las mismas tendencias que los de las regiones productoras. Inician un movimiento alcista a partir de 1830 hasta
1850-1854, pero poco activo y con retrocesos en 1840-1844 y 1850-1854.
En el quinquenio 1855-1859 la serie da otro salto que iguala los precios
de Sevilla a los de Barcelona. Respecto a las diferencias entre ambas series,
también se observa un movimiento particular, nunca alcanzan los valores
de Valladolid ni de Zaragoza; como máximo se sitúan en un 46% por debajo de las cotizaciones de Barcelona, pero pueden descender a cifras
mucho más bajas. A partir del período 1835-1839 la diferencia se esta·
biliza alrededor de las 4 o 5 pesetas, que representan entre un 25 y un
30%. Durante esta etapa, que se mantiene hasta 1850-1854, las exporta-

La may?r parte de los autores que desde el siglo XVIII se han preocupado por unpulsar el desarrollo económico español, se refieren de una for~ obsesiva ~ _mal estado de caminos y carreteras y a la persistencia de los
SÍStemas tradictonales de transporte, que encarecían extraordinariamente
los productos hasta el punto de que· su comercialización ofrecía escasas
expectativas de beneficios. En especial rsto es palpable en aquellos artículos que, como los cereales, tienen un valor relativamente escaso en relación
con su peso. Otras mercancías más valiosas soportan mejor los altos costes
del transporte y ello explica su radio de circulación mucho más extenso.
28

Los trabajos de Ringro~,27 de P. Ponsot y, más recientemente, de
Santos _\1adra~o. aportan _e~1dencias suficientes para constatar que a fin~
del antigu? reg':°1~n el sl.Sl:ema de transportes era lento, irregular, tenía
una capactdad limitada y, sobre todo, era extraordinariamente caro. La
constatación, hecha tantas veces, de que mientras una comarca se encuentra en una situación miserable por un exceso de producción, otra relativamente cercana sufre los rigores de la carestía, se debe en gran parte al
coste elevado del transporte, que desanima los intercambios hasta que los
d~niveles de pre~ios no alcancen un margen remunerador para el comerctante o transportista.
S~n Santos Madrazo,29 el valor de productos como el trigo podía
verse mcrementado en un 50 y hasta en un 100% al recorrer una cierta

�222

Siglo XIX

distancia. Lógicamente este porcentaje descenderá en años de precios altos, pero en otros puede incrementarse, y su costo podrá variar si existe un
transporte organizado o si se dispone de carga para el retorno. En consecuencia, es arriesgada cualquier generalización. También resulta muy complejo establecer unos precios medios del coste del transporte. Los datos
aportados por los autores citados muestran tales discrepancias - lógicas por
otra parte, dada la heterogeneidad de las fuentes y la diversidad de factores que influyen en la fijación de tarifas- que no permiten ver con suficiente claridad si entre fines del siglo XVID y mediados del siglo XIX se
redujeron o si, por el contrario, se mantuvieron sin grandes variaciones.
Santos Madrazo, sin aportar demasiadas evidencias empíricas, afirma:
En 1850, con respecto a la centuria anterior las tarifas habían
bajado como consecuencia del alza del precio del trigo, de las mejores comunicaciones y del aumento de la carga útil en un grado
superior al del precio del ganado y forrajes y al menor de salarios
de conductores y empleados de este sector. Aunque no puede generalizarse, debido a la diversidad de los ejemplos que van desde
los 45 a los 100 M/T/K (es decir de 0,33 a 0,75 pesetas por tonelada y kilómetro, R.G. y ].S.F.) el transporte de mercancías en
galeras y mensajerías supone un descenso de los costes pese a la
especialización de dicho. tráfico.30
No hay ninguna duda de que a mediados del siglo XIX el sistema tradicional de transporte era un obstáculo importante para la homogeneización del
mercado interior. Los contemporáneos se refieren constantemente al tema
y no cesan de reclamar al estado que tome medidas. La comisión que elaboró un proyecto de ley de cereales en 1842, que no llegó a aprobarse, se
lamenta de que las medidas liberalizadoras del comercio interior de granos
de poco servirán si no se destruyen las trabas ñsicas
que internamente le imposibilitan por falta de caminos, canales,
ferrocarriles, únicos medios que facilitan las comunicaciones de
las provincias entre sí, cuya falta o mal estado impiden que de
una a otra se transporten con facilidad y economía sus respectivas
producciones. Entonces y sólo entonces podremos prometernos
los grandiosos resultados de este comercio de cereales como los de
las demás fuentes de nuestra agricultura.31
Si interpretásemos de una forma mecánica este tipo de observaciones, probablemente válidas a nivel general, ¿cómo explicar el indiscutible avance
de la producción agrícola castellana y su creciente especialización cerealística, en gran medida posible gracias a la oportunidad creada por la política
prohibicionista de acceder a mercados tan alejados como los de la periferia

Ca"abou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

223

mediterránea y los de las Antillas? Es evidente que en este caso se consiguió superar el obstáculo que representaba el precario sistema de transporte, y ello nos lleva a destacar la importancia de otros factores. El hecho
fundamental era la capacidad de producción de excedentes y de conseguir
mercados donde venderlos. El fenómeno ya constatado para la Cataluña
del siglo XVID pensamos que se repite en Castilla a partir de la cuarta década del siglo pasado.
Centrándonos de nuevo en el caso castellano, creemos que simultáneamente al crecimiento de los excedentes estimulado por la reserva del
mercado interior y colonial, y a la organización de un importante comercio
de trigo y harina en el que Santander desempeñó un papel fundamental, se
consiguió comprimir de forma sustancial el coste del transporte. Como recordará el secretario de la Junta de Comercio de Santander a mediados de
la década 1840-1850, el éxito de la etapa inicial de este comercio
(1820-1830) se basaba en el bajo precio del trigo en los centros de producción, que permitía absorber con éxito costes elevados de transporte, fabricación de harina y corretaje. Pero a medida que la demanda se incrementó,
los precios pagados al agricultor aumentaron notablemente y surgieron dificultades de venta; para mantener el beneficio fue necesario comprimir los
restantes gastos, entre ellos el transporte. El consulado de Santander presionó para que se mejoraran las comunicaciones, y consiguió "la compostura de la carretera de Reinosa y su continuación hasta el interior de la provincia de Palencia". Se forzó a los transportistas, empacadores y barrileros
32
a que redujeran a más de la mitad los precios de sus operaciones.
Veamos en qué medida las cifras disponibles sobre tarifas de transporte confirman estas afirmaciones. Los cereales de Tierra de Campos para acceder hasta el puerto de embarque de Santander podían utilizar en una
parte del trayecto el -canal de Castilla, pero tenía que cubrir la última parte, unos 138 kilómetros por rutas terrestres, es decir la distancia entre
Alar del Rey y la capital de la Montaña. De nuevo aquí tropezamos con la
diversidad de cifras, como puede verse en el cuadro 8, en donde se intenta
establecer el coste del transporte. 33
Digamos, de entrada, que la heterogeneidad de las cifras obedecen al
hecho de que el coste de los transportes fluctúa
constantemente por multitud de causas. Cuando el comercio recibe noticias funestas, que desalientan a los especuladores; cuando
en la estación de verano los caminos se hallan más transitables;
cuando la miseria pública atrahe mayor número de carros que el
ordinario, cuando el canal de Castilla se halla espedito y algo mejor servido. Y en ocasiones semejantes, los transportes se hacen
con bastante economía, pues que exceden muy poco o nada de 4

,.

�224

Siglo XIX

Garrabou-Sanz Fernández:: La formación del mercado interior en España

mrs. por arroba y legua por tierra (0,46 pesetas por tonelada y
kilómetro, R. G. y ].S.F.). Al contrario, en la estación en que los
carreteros, que también son labradores, se dedican al cultivo de sus
haciendas, cuando las nieves y temporales del invierno obstruyen
los caminos, o hacen muy penoso el tránsito; cuando se hiela el
canal; y cuando otras causas imprevistas exigen celeridad y aumento en los arrastres, suben los portes de una a dos terceras
partes. 34

CVADROB

36

d~ verano y 0.1~5 pesetas por tonelada y kilómetro los de invierno. A la
VISta_ de estas cifr~ _vensamos que el ~anal fue un elemento decisivo para
explicar la expans1on de la econom1a cerealística castellana a partir de

1830.
Con todas estas informaciones conviene que intentemos contestar a la
pregunta que formulábamos al principio de este epígrafe: ¿los transportes
bloquearon el proceso de especialización triguera y comercialización de la
agricultura castellana? Un artículo publicado en una revista gerundense en
1852, en donde se expresa la preocupación por la creciente llegada de cereales castellanos, ayuda de forma adecuada a esbozar la respuesta; según

COSTE DEL TRANSPORTE DE TRIGO ENTRE ALAR DEL REY Y
SANTANDER (EN PESETAS POR TONELADA Y KILOMETRO)

{

Respuesta de la Junta de Comercio de Santander
al cuestionario de 1845
L. M. de la Sierra (Cuestión de harinas)

1830

1845

N. Heras de Puig
Nicolás Sánchez Albornoz
A. Gómez Mendoza

1852
1855
1850

0.761
0.460
0.860

{

0.349
0.262
0.293
0.474
0.532

Sin entrar a discutir cada una de estas cifras parece aceptable admitir que
el transporte de trigo entre Alar y Santander oscilaría entre 0.262 y 0.470
pesetas por tonelada y kilómetro, que si lo comparamos con las 0.411 pesetas por tonelada y kilómetro que Santos Madrazo35 calcula para otras
regiones, pueden ser tomados como unos costes relativamente favorables
para el transporte terrestre del grano castellano hacia el Cantábrico. Sin
embargo, la posicion ventajosa para el transporte de los cereales de Tierra
de Campos se basa sobre todo en la posibilidad de utilizar casi en la mitad
del trayecto (130 kilómetros entre Valladolid y Alar) un sistema de transporte mucho más barato: el arrastre por el canal de Castilla Desde fines
del siglo XVIII se utilizaba el ramal norte; en 1835 entró en servicio el canal sur que ponía en comunicación Valladolid con Alar, y en 1849 se inauguró el tercer canal de Campos. Los costes del transporte por el canal son
sustancialmente más bajos. Desde mediados de la década de 1840-1850,
tenemos constancia, y esta vez coincidente, de que las tarifas que impuso
la Compañía del Canal de Castilla, oscilan entre 0.173 pesetas los meses

225

CUADRO 9

COSTE DEL TRANSPORTE DE UN HECTOLiTRO DE TRJGO
DE VALLADOLID A BARCELONA
Transporte Valladolid-Alar
(Canal de Castilla)
Transporte Alar-Santander

1.66 ptas. (0.163 ptas. tm/km) 1.66
3.15
(0.293 ptas. tm/km) 4.95 (0.46
ptas.t~km).
3.15

3.15

7.96 ptas.

9.76

Almacenamiento, comisiones,
embarque y seguros
1.53 ptas.

1.53

Santander-Gerona
Total transporte

TOTAL

9.49 ptas.

11.29 ptas.

Narciso Heras, el autor del artículo, la estructura de costes del transporte
37
de cereales entre Valladolid y Gerona era la expresada en el Cuadro 9.

La primera columna del cuadro corresponde a las cifras de N. Heras

y la segunda se ha modificado, considerando que la tarifa entre Alar y
Santander fuera de 0.46 pesetas por tonelada y kilómetro. Estos cálculos
disipan muchas dudas: para que el trigo de Valladolid pudiera venderse en
Barcelona sin pérdidas, como mínw10 debía cotizarse a 9. 49 pesetas por
hectolitro menos que en Cataluña según los cálculos de N. Heras, o de
11.29 pesetas por hectolitro, según las correcciones introducidas. Conviene

�226

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

recordar ahora las diferencias del precio del trigo entre ambos mercados,
recogidas en el cuadro siguiente:

1825-1829
1830-1834
1835-1839
1840-1844
1845-1849
1850-1854
1855-1859
1860-1864

14.30 ptas.
10.21 ,,"
12.00
11.28 "
,,
10.31
9.76 ,,"
5.14
7.28 "

De estas cifras se deduce que hasta el período 1840-1844 las diferencias del nivel de precios entre ambos mercados superan ampliamente las
929 pesetas, y en consecuencia es perfectamente admisible que los trigos
castellanos pudieran venderse en Cataluña aunque el transporte fuera más
caro. Pero en el período 1845-1854, la posibilidad de extracción exigía
que el coste del transporte y comercialización se contuviera alrededor de
las 9 pesetas, cifra que como puede comprobarse coincide con la que da
nuestro autor. Unas tarifas de transporte más altas hubieran hecho ruinoso el tráfico, como sucedió durante la crisis de subsistencias de 1856-1857,
en que al elevarse el precio d.el trigo castellano por estas fechas, Santander
no realizó envios a Cataluña. Probablemente, en los primeros años de la
década 1860-1870, antes de que entraran en funcionamiento las grandes
redes ferroviarias, todavía este sistema tradicional de extracción de los cereales castellanos vía Santander redujo las tarifas. De lo contrario no se
explicaría que se siguiera mandando harina por cabotaje hacia Cataluña,
habiendo disminuido la diferencia de precios hasta 7.28 pesetas por hectolitro. Pero estos años fueron el canto del cisne de la ruta ValladolidSantander. La Compañía de Ferrocarriles del Norte concluyó en 1863 la
red que ponía en comunicación Valiadolid y Barcelona; al año siguiente
las salidas por Santander cayeron a menos de la mitad y el ferrocarril
acabó captando gran parte del tráfico de cereales entre la submeseta
'orte } Cataluña.
Es indiscutible que con el ferrocarril la integración en un único mercado se aceleró, pero lo que hemos intentado mostrar a lo largo de estas
páginas es que el proceso había empezado antes y que a mediados de siglo
se habían dado pasos importantes, especialmente por parte de aquellas regiones que habían conseguido dar salida a su producción. Otras, el caso
más evidente es Extremadura, continuaron bajo el predominio de una
agricul1ura de autoabastecimiento y de fragmentación del mercado. Igual
sucedió en las áreas de difícil acceso dentro de cada región. En el fondo,

227

1~ cut:5tión i~portante es poder detectar cómo una nueva clase de propietarios actua, s~ mue~e, ~ara sentar las bases sobre las que pueda funcionar. un~ econori:na capitalista. El caso castellano, o mejor dicho, el del
tem!ono organizado alrededor del eje Valladolid-Santander, pensarnos
que ilustra con bastante claridad cómo, a partir de la tercera o cuarta décad_a del siglo pasado, se ponen en funcionamiento fuerzas económicas y
~•al~ ~e rompen con las formas tradicionales de producción y dis~-uc1~?• impulsa~ un crec~ento de la producción, intensifican la espeaaltzac1on y constituyen una tmportante red comercial. En definitiva, fuero~ 1~ necesidad:5 ~readas por estas nuevas formas de organización de las
actiVtdades econolTUcas las que exigieron encontrar una alternativa más
ooi:ata al sistema de transporte. Ello nos lleva a pensar que el mercado intenor no surgió a partir del ferrocarril sino al contrario: el ferrocarril se
construyó, precisamente, por la presión que ejercieron aquellos sectores de
~ economía ~pañola, y entre ellos los agricultores castellanos, que a mediados del Siglo pasado necesitaban reducir los costes del transporte.
RECUENTO
El aná~isis del crecimiento y consolidación de los intercambios de trigo entre regiones productoras y consumidoras y la constatación de cómo se pasa de un movimiento de precios del trigo, sometido a violentas fluctuaciones, con un alto grado de autonomía y con unas enormes diferencias de nivel entre unos y otros mercados, a un comportamiento distinto f'n el que
el ~novimiento cíclico se ha reducido, igual que las diferencias y todas las
senes adquieren una dinámica semejante, han sido los dos principales instrumentos que nos han permitido seguir el proceso de formación de un
mercado interior. Proceso evidentemente prolongado, que se dilata a lo
largo de varias décadas ya que, arrancando de la década 1830-1840, ha
alcanzado ya un gran dinamismo a comienzos de la década 1860-1870
se ha intensificado con la construcción de la .red ferroviaria y a comienzo~
del siglo XX el mercado triguero se encuentra sólidamente homogeneizado.
Paralelamente, otros sectores agrícolas registran procrsos similares e
incluso más rápidos. Todo ello ha sido causa y efecto, a la vez, de la imp~a~tación de nuevas formas de organizar la producción en las que las tradicionales exp1otacionf'-S orientadas aJ auto-abastecimiendo se han visto desplazadas por otras cuyo objetivo fundamental es la producción de mercancías. En este contexto, en la medida que se ha conseguido dar salida a unos
crecientes excedentes han desaparecido viejos obstáculos y la producción
registró un incremento muy notable, aunque difícil de medir, pero creemos
que indiscutible.

�228

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

Para evitar confusiones quizá convenga recordar que la formación de
un mercado interior, el crecimiento de )a producción, la llamada modernización en definitiva no significó superar la mísera situación de una parte
numerosa de la población rural española sino que, a corto plazo, probablemente muchos jornaleros, colonos o pequeños propietarios vieron empeorar
su nivel de vida. Es necesario tener presente que la implantación de una
economía capitalista, de la cual el mercado interior constituía una pieza
fundamental, no fijaba su horizonte en mejorar el nivel de vida del conjunto de la población sino en crear las condiciones para que el capital pudiera reproducirse lo más ampliamente posible, y desde este punto de vista el
éxito de la burguesía española parece indiscutible.

-

NOTAS

l. Gonzalo Ancs, "Las crisis agrarias en la España moderna", Taurus, Madrid,
1970, y del mismo autor, "Las fluctuaciones de los precios del trigo de la cebada y del aceite en España (1718-1808): un contraste regional", en Economía
e llustración en la España del siglo XVW, Ariel, Barcelona, 1969, pp. 43-70.

2.- P. Vilar, Catalunya dins l'Espanya moderna. Les transformacions agraries del
seg/e XVlll catala, vol. Ill, Barcelona, 1966.
3.- J. Fontana, La quiebra de la monarquía absoluta, 1804-1820, Ariel, Barcelona,
1971, y del mismo autor, "Colapso y transformación del comercio exterior español entre 1792 y 1827", en Moneda y Cridito, no. 115 (1970), pp. 3-23.
4.- J. M. Fradera, "Crisi colonial i mercal interior, 1814-1837 (Les basescomercials
de la industria catalana moderna)", tesis doctoral inédita, presentada a la UAB,
1983, especialmente cap. 1, apartados 3 y 5.
5.- Santos Madrazo, "Precios del transporte y tráfico de mercancías en la España de
finales del Antiguo Régimen", en Moneda y Crédito, no. 159 (1981). pp. 39-71.
6.- J. M. Fradera, "El comercio de cereales y la prohibición de 1820. El caso del
mercado catalán", en curso de publicación en Agricultura y Sociedad. Según este autor, entre julio de 1821 y marzo de 1822 sólo habían entrado por cabotaje
un poco más de 2 000 tm de trigo español, y una cifra ligeramente superior entre mayo y diciembre de 1826. Ambas cantidades están muy alejadas de las
37 000 a 40 000 tm que se importaban del exterior en los años inmediatamente
anteriores a la prolúbición. Es interesante la constatación que hace este autor respecto a la actitud adversa al prolúbicionismo triguero que mostraban determinados sectores de la burguesía mercantil catalana.
7.- T. Martínez Vara, Santander de villa a ciudad (un siglo de esplendor y crisis),
Santander, 1983, p. 215. El autor reproduce sin ningún comentario ni aclaración
las cifras de esta Memoria y las de la Información Arancelaria de 1847 (véase
nota siguiente), que son muy diferentes.

229

8.- "Dictamen que la sección de cereales someta a la aprobación de la Junta General de Información creada por R D. de 4 de marzo de 1847", publicado en la
Gaceta de Madrid el 15-16 y 20 de mayo de 1847 y reproducido en Agricultura
y Sociedad (enero-marzo de 1979). A partir de ahora se citará como Informa- ,
ción Arancelaria de 1847.
9.- T. Martínez Vara, Santander de villa a ciudad.. . Esto se puede desprender del
gráfico que publica en la p. 223.

10_- Ante estas cifras uno no deja de sorprenderse de que A Gómez Mendoza, despues de laboriosos cálculos sobre el tráfico ferroviario de cereales descubre que
"En 1909, los barceloneses comían pan de trigo cosechado en España, a 800 kilómetros de sus tahonas" (Antonio Gómez Mendoza, Ferrocarriles y cambio
económico en &amp;paña, 1855-1913, Alianza Editorial, Madrid, 1982, p. 200).

11 .- "Memoria sobre el estado del comercio que publica la Real Junta de Santander,
redactada por su secretario, D. Luis María Sierra", Santander, 1833, p. 567, citada por M. Terán, " Santander puerto de embarque para las harinas de Castilla",
en Estudios Geográficos, no. 29 (noviembre 1948), p. 748.
12.- Dictamen elaborado por una comisión del Consejo de Agricultura, Industria y
Comercio en 1849. Archivo Ministerio Agricultura, leg. 6, exp_ 11 _
13.- Las cifras de los aranceles de 1830 y 1834 proceden de la Información Arancelaria de 1847. La de 1843, de M. Torrente, Memoria sobre la cuestión de Harinas, Madrid, 1845; y la de 1863, de Consulta elevada al Excmo. Sr. Ministro de
Ultramar por la )unta provincial de Agricultura, Industria y Comercio de Santander sobre la introducción en las Antillas de las harinas nacionales y extranjeras, Santander, 1863. De este mismo folleto procede el precio medio del barril
de harina de este año. El valor correspondiente a 184 I procede de una exposición de la Junta de Comercio de Santander al Congreso de Diputados (Archivo
Congreso Diputados, leg. 63, no. 48).
14.- L~ cifras correspondientes al período 1825-1845 proceden de la Información
Arancelaria de 1847. Para 1846 he preferido la cifra que se publica en Gaceta
de Madrid de 17-lV-1848. La exportación de 1847 procede del Diccionario de
Madoz (t. 13, p. 768) y corresponde sólo a Santander_ La cifra de 1848 del
Boletín Oficial del Ministerio áe Hacienda, t n. no. 34 (agosto 1850), pp. 236238, parece más fiable que otra estadística referente a la exportación de harina
a la isla de Cuba, publicada en este mismo boletín (t. Ill, no. 57, 1851, P- 150).
Para los restantes años, proceden ya de las Estadísticas de Comercio Exterior.
15.- T. Martínez Vera, Santander de villa a ciudad..., p. 215.
16.- J. M. Fradera, " El comercio de cereales", art. cit.
17 .- Para el período 1890-1894 aparecen agrupadas las cifras de Santander, País
Vasco y Asturias y también las del País Valenciano y Murcia. Las diferencias que
se observan entre el volumen de las extracciones realizado por Santander correspondientes al período 1859-1863 y las que constan en el cuadro 2, se deben a
que en este último caso no se han descontado las cantidades entradas en los
puertos de estas zonas.
18.- Esta cifra la obtiene J. Sanz tras una minuciosa elaboración de los datos conteni-

�230

Siglo XIX

dos en el Informe acerca de la producci6n, comercio y consumo de trigo en España, Madrid, 1896, estudio contenido en su tesis doctoral inédita.
19.- NicoJ;f, Sánchez Albornoz, Las crisis de subsistencias de España en el siglo XIX,
Instituto de Investigaciones Históricas, Rosario, 1963.
20. La procedencia de las series del cuadro es la siguiente: para el tramo 1891-1906,
Grupo de Estudios de Historia Rural, Los precios del trigo y la cebada en España, 1891-1907, Servicio de Estudios, Banco de España, Madrid, 1980; para el
período 1847-1890, excepto 1850-1852, Gaceta de Madrid; en ambos períodos
se trata de cotizaciones medias de las provincias. Menos homogeneidad tienen las
series de la primera mitad de siglo, que proceden de fuentes locales que recogen
las cotizaciones de un único mercado, generalmente el de la capital de la provincia
Las fuentes son las siguientes:

BARCELONA (1815-1846 y 1850-1852). Precios publicados en el Diario de
Barcelona y recogido por A. Segura, "El mercat de cereals i llegums a Barcelona
(1814-1868)" en Recerques, no. J4 (1983). La serie se ha construido ~xclusivamente con las cotizaciones del trigo de Santander, excepto para un numero reducido de años en que no se cotiza. y entonces se toma la media de las diversas
variedades de trigo cotizados en el mercado barcelonés. En todos los casos los
precios corresponden a la primera quincena de julio.
VALLADOLID (1815-1840). Condiciones del trigo en el mercado de Medina de
Rioseco, procedentes del Archivo Históri~o Municipal de e~ta localidad (caj~
266, no. 4 843), recopiladas por Bartolome Yun cuya generosidad nos ha permitido disponer de las cotizaciones de este mercado castellano, que era clave para
nuestra argumentación.
VALLADOLID (1841-1848 y 1850-1852). Precios de la ciudad de Valladolid
publicados por Germán Rueda Hemanz, La dcsamortizaci6n de Mendizábal en
Valladolid (/836-53). Transformaciones y constantes en el mundo rural y urbano de Castilla la Vieja, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1980, p. 597.
ZARAGOZA (1815-1846 y 1850-185i). Precios en el mercado de esta capital
según datos de Ja Sociedad Económica de Amigos del País publicados a fines del
siglo pasado por Pío Cerrada, La riqueza agrícola y pecuaria en España. M~ograf(a presentada al concurso abierto en 31 de enero de 1893. ~ea/ Academia de
Ciencias Morales y Políticas, Madrid, 1896, pp. 52-53. Esta sene presenta graves
deficiencias y sólo de torma muy imprecisa y aproximada registra el movimiento y el nivel de los precios zaragozanos. A pesar de ello hem_os decidido utiJ!·
zarla. con todas las reservas que se quiera. ya que hemos considerado que tema
interés disponer de los precios de otro mercado interior. Sin embargo para medu
la amplitud cíclica del período 1831-1840 (Pío Ce~ad~ da para 1_836 un valor
absolutamente increfüle) hemos preferido las cotJzacmnes publicadas por el
Diario de Zaragozo. Esto ha sido posible gracias a la investigación ~ue está realizando Antonio Peiró sobre los precios zaragozanos y a la generosidad con que
nos ha permitido utilizar sus resultados.
SEVILLA (1815-1846 y 1850-1852). Cotizaciones de la Alhóndiga de Sev~a,
por tanto corresponden al precio de esta ciudad. El tramo 1815-1833 ha sido
publicado por María José AJvarez Pantoja, Aspectos econ6micos de la Sevilla

Garrabou-Sanz Fernándl'z: /,a formació11 del mPrcado interior"" f;spaña

:!:J 1

Jnnandina (1800-1833), ScviUa, 1972, vol. 11, pp. 113-114. Los valores de los
períodos 1834-1846 y 1850-1852 nos han sido facilitados amablemente por A
M. Bernal Y coinciden con la serie publicada por J.M. Benavides a mediados del
siglo pasado y reproducida por Nicolás Sánchez Albornoz, Las crisi.~ dP subsistencias de f;spaña &lt;'n el siglo)./'(, cit., p. 122.

VALENCIA (1816-1846 y 1850-1852). Precios de la ciudad de Valencia. publicados en la prensa de esta ciudad y que han sido recopilados por Telésforo Marcial Hemández y J. Piqueras."Materiales para la historia de los precios t:n Valencia durante el siglo XIX", en Estudis, no. 7 (1978), pp. 155-216, especialmente
apéndices l a 4. Las cifras de nuestro cuadro proceden de promediar, a partir de
1821, las series de "Trigo Huerta de Valencia" y "Trigo fuerte de Castilla". Para 1816-~81 sólo se dispone de la rr!rnera serie, y para 1820 no se registra ninguna cotízac1on. .Al comparar esta sene con las elaboradas a partir de los datos
de la Gaceta de Madrid en los años cincuenta, se comprueba un movimiento similar pero diferencias de nivel significativas: los precios de la ciudad de Valencia. que son los que utilizamos para la primera mitad del siglo, siempre se sitúan
por encima de los precios provinciales que da la Caceta de Madrid. Conviene tener presente estos problemas para interpretar adecuadamente el nivel de los precios a partir de 1853, ya que utilizamos los datos provinciales.

?,

21.- Roger Price, The modernization ofrural f'rance, Hutchison University Library,
1983,p. 310.
22.- "Exposición de la Junta de Comercio de Santander al Congreso de Diputados,
junio de 1840", leg. 63, no. 48, Archivo Congreso Diputados.
23 .- "Exposición al Congreso de Diputados del Ayuntamiento y de la Junta de Comercio de Santander, mayo 1842", leg. 62, no. 11, AIChivo Congreso Diputados.
24.- L. M. de la Sierra, Cuestión de harinas, contestación al Sr. D. Mariano Torrente,
Santander, 1845, pp. IV y 50.
25.- Veamos cómo captan el mismo fenómeno un grupo de ciudadanos de Valladolid en una exposición dirigida al Congreso de Diputados, solicitando que se indemnice a los propietarios de las fábricas de harinas destruidas durante los motines por la crisis de subsistencia de 1856: "La prosperidad actual de Castilla,
el repentino desarrollo de la agricultura, principal riqueza de su suelo, la acumulación de capitales en estas provincias, tan pacíficas como leales; la fabricación
de harinas en una escala que honra a nuestra Nación y el haberse triplicado el valor de la propiedad rústica y urbana de pocos años a esta parte ha sido todo consecuencia de la apertura de los canales de Castilla, fundamento principal de la
exportación de cereales, de la que surgen como consecuencia enlazadas todas las
ventajas indicadas". Concluyen la exposición expresando temor de que las destrucciones de fábricas aludidas, espanten a los capitalistas e impidan "que los
naturales elementos para que Castilla sea agrícola y fabril no se utilizarán y empezará desde hoy la decadencia de estas provincias" (''Exposición a las Cortes
Constituyentes, junio de 1856 ", Archivo Congreso Diputados, leg. 104, no. 39).
26.- En el &lt;\!Chivo General de Sirnancas, Sección Consejo Real de España e indias,
legs. 24 y 25, se conserva un amplio expediente titulado "Málaga y Cádiz. Sobre las importaciones de granos extranjeros 'lUe se han hecho por aquellos puertos, 1835", que concluye con una severa conden~ y una negativa explí-:ita de

�Siglo XI\'

que continúen la~ importaciones sin una previa autori1.ación del Conscio.
27 .- D. R. Ringrose, Lo., transportes y rl Pstuncamirnto 1•conómico .J,, f.&lt;.spañtL
1750 1850, Tecnos, Madnd, 1972.

28.- P. Ponsot. "Andalousic occidcntalc: systcmes de transports et développcmcnt
économique (XVlc-XIXe siecles)", en '111nu/,,., (1976), pp. 1 19S-l 212.
29.- 1:1 tngo adquirido por la ciudad de Cácercs entre 173S y 1739 doblaba su precio a partir de los 260 km, según Santos Madrazo. Fn cambio, otros datos aportados por el mismo autor muestran que la duplicación del precio se realizaría
entre los 426 y 766 km. A mediados del siglo XIX. en un año de precios relativamente bajos, el precio del trigo doblaba su valor al superar los S00 km. (Santos
Madrazo, "Precios del transporte", cit., pp. 43, 57 y 67).

l:l.· Santos Madrazo, "Precios del transporte", cit., p. 67.
31.- "Proyecto de ley de cereales, 1842", Archivo Congreso Diputados, legajo 22,
11.
32.- L. M. de la Sierra, CuPstión de harinas, cit., pp. 50 y 61. en una nota a pie de la
última página, dice: "Los fletes que llegaron a pagarse a 100 reales barril, hoy
son de 28 a 30; costaba un barnl para empacar harina de IS a 18 reales, hoy no
pasa de 8 a 9; costaba el porte de una arroba de harina 3 o 4 reales desde Reinosa a Santander, hoy cuesta de 9 a 12 cuartos aunque los portazgos han subido.
33.- La Junta de Comercio de Santander, en la contestación a un cuestionario que le
envió la administración y reproducido como apéndice en el texto ya citado de L
M. de la Sierra (CuPstió11 de harinas, p. 88), se refiere a las frecuentes variaciones
del coste del transporte y dice que en condiciones favorables resulta a 0.461
ptas. por tm/km, pero que en otras se encarecen y en tiempo de guerra llegó a
pagarse hasta a 0.761 ptas. por tm/km. En unas páginas anteriores (pp. 61~2)
de este mismo texto, L. M. de la Sierra dice que al iniciarse el tráfico de harinas
por Santander, que hemos situado hacia 1830, se pagaba entre tres y cuatro reales por arroba entre Reinosa y Santander, y que en 184S costaba de 9 a 12
cuartos; hechas las oportunas reducciones, son las cifras que constan en el cuadro. Para las restantes cifras las referencias son las siguientes: Narciso Heras de
Puig, "Porvenir del cultivo de trigo en la provincia de Gerona", en La Granja,
No. 7 (18S2), pp. 172-174 (debo el conocimiento de este interesante artículo,
al que más adelante me referiré, al amigo J. M. Fradera). Nicolás Sánchez Albornoz. Las crisis de subsistencias en &amp;paña, cit., p. 72, nota 38. Y A. Gómez Mendoza, "La Compañía del canal de Castilla y el ferrocarril de Isabel JI: dos empresas de transporte en Castilla", en Historia económica y pen&amp;11miento social.
Estudios en homenaje a Diego ,'tfateo del Peral, Alianza/Banco de España, Madrid, 1983, p. 375.
34.- L. M. de la Sierra, Cuestión de harinas, cit., Apéndice, pp. 88-89.
35.- Santos Madrazo, "Precios del transporte", cit., p. 6 7.
36.- A. Gómez Mendoza (op cit., p. 376) dice que al constituirse la empresa del canal de Castilla en 1831 se lijaron las tarifas en 0.3516 ptas. por tm/km y que al
transformarse en una compañía por acciones, en 1842, se redujeron a 0.17S8
ptas. por tm/km. Tanto la Junta de Comercio de Santander como Narciso H.

Garrabou-Sanz Fernández·· Lajiormac,on
., d e 1mncado interior e11 España

23:{

de Puig Y los datos del Dicci n · M d
• .
diados de la década 1840-1 o un~ a oz _c_omc1den en señalar que, desde meperíodo del año, que oscilan8;~;r~ª ;~;jan1~ aphca tanfas ~1ferentes, según el
por tm/km de mayo a noviembre.
.
en os meses de tnVJcrno Y 0.115 ptas.
37.- Narciso Heras dePuig "Porvenir d 1 1 .
.
ctt, p. 173. La tarifa de 0.46 pt:Scu t1vo d/e~1go en la provincia de Gerona",
reunidas en el cuadro anterior.
· por tm
procede de otras estimaciones

��JUAN CARLOS ÜARAVAGLIA Y JUAN CARLOS ÜROSSO,

Un análisis regional de la Nueva España borb6nica
• MAiuo CERUTII, El gran norte oriental y la
formaci6n del mercado nacional en México • JosE
CARLOS ÜIIARAMONTE, Mercados de mercancías,
monetario y de capitales en el Litoral argentino •
NIDIA ARECES Y NoRA BOUVET, Comercio y
frontera en el Paraguay del doctor Francia • ErucK
LANGER, Espacios coloniales y economías
nacionales: Bolivia y el norte argentino • JoRD1
MALUQUER DE MoTES, La formación del mercado
interior en condiciones coloniales: las Antillas
españolas en el XIX• ANTONIO MoLINER PRADA,
La guerra de Independencia y la economía catalana
• RAM:oN GARRABOU y JESUS SANZ FERNANDEZ, la
formación del mercado interior en la España del
siglo XIX•

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="366">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3295">
                <text>Siglo XIX : Revista de Historia</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479037">
                <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="398717">
            <text>Siglo XIX : Revista de Historia</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="398719">
            <text>1987</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="398720">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="398721">
            <text>4</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="398722">
            <text> Julio-Diciembre</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="398723">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="398724">
            <text>Semestral</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="398741">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1754019&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398718">
              <text>Siglo XIX : Revista de Historia, 1987, Año 2, No 4, Julio-Diciembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398725">
              <text>Flores Flores, Bernardo, Director</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398726">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="398727">
              <text>Historia</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="398728">
              <text>América Latina</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="398729">
              <text>Siglo XIX</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="398730">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398731">
              <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398732">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Filosofía y Letras</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398733">
              <text>Cerutti, Mario, Editor</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="398734">
              <text>Vázquez Buenfil, Luis, Cuidado de la Edición</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398735">
              <text>01/07/1987</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398736">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398737">
              <text>tex/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398738">
              <text>2016607</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398739">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398740">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398742">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398743">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="398744">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="4765">
      <name>Comercio</name>
    </tag>
    <tag tagId="867">
      <name>Economía</name>
    </tag>
    <tag tagId="760">
      <name>Inmigración</name>
    </tag>
    <tag tagId="9439">
      <name>Mercado</name>
    </tag>
    <tag tagId="10512">
      <name>Paraguay</name>
    </tag>
    <tag tagId="449">
      <name>Veracruz</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
